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éPOR QUE EXISTE EL SUFRIMIENTO? TIENE ALGUN SENTIDO? El problema del sufrimiento, y el del mal en general, es tan antiguo como el hombre mismo. La Biblia, ya en el Antiguo Testamento, se hace eco de ello, primero en el libro del Génesis y mas tarde en el impresionante libro de Job. La pregunta del hombre sobre el por qué del sufrimiento seguramente le ha atormentado siempre. Muchos lo aducen como raz6n de su incredulidad; con frecuencia sacude la fe de los mismos creyentes provocando en ellos dudas ¢ interrogantes. La pregunta surge con mas fuerza cuando el dolor nos hiere en la propia carne o en la de aquellos a quienes queremos mas. Una mujer, muy religiosa, ante la muerte repentina de su marido, que cae muerto en la calle al salir al mediodia del trabajo para ir a comer, cuando le dan la noticia, exclama: “{Por qué Dios me mand6 esto’ Es que las enfermedades, los accidentes y demés adversidades, acontecen porque Dios las va mandando y repartiendo, segtin le parece, entre los mortales? Evidentemente, no. Eso no puede ser asi. Pero entonces surge otra pregunta {Por qué Dios, siendo bueno y todopoderoso, permite el mal? Ante todo conviene distinguir entre mal ffsico y mal moral. El primero tiene su origen en las leyes de la naturaleza; por ejemplo: enfermedades, cataclismos y la misma muerte; el segundo lo provocamos los hombres con nuestra mala conducta, usando mal la libertad; por ejemplo: guerras, injusticias, asesinatos, etc. En este capitulo estan la mayor parte de los males. En definitiva, los males fisicos proceden de la condicién finita, y por ello vulnerable, de los seres humanos, y los morales del mal uso que hace el hombre de su libertad. Pero aceptado que Dios no manda el mal, {por qué lo permite? Aqui hay que reconocer que no tenemos una respuesta clara y precisa. Nuestra capacidad de conocer es muy limitada y la realidad es muy amplia y muy compleja. No somos capaces de abarcar la totalidad de cuanto existe. Aqui topamos con un misterio. Pero misterio no significa contradicci6n ni absurdo, sino algo que supera totalmente nuestra capacidad de comprensi6n. A esto se referia san Agustin, de inteligencia privilegiada y penetrante, cuando afirmaba que “algtin sentido tiene que tener dentro del conjunto de la creacién el que el mal exista cuando Dios lo permite”. RISTO Y Jesucristo nunca explicé el por qué del sufrimiento, ni pronuncié discurso alguno sobre él. Pero de su manera de actuar cuando lo encuentra en el camino, en su entorno 0 en su propia vida, podemos deducir algo sobre cual era su forma de pensar y su actitud en este tema. De entrada hay que decir que rechaza que el sufrimiento sea un castigo de Dios por los pecados del que sufre o de sus padres (Jn.9,1-3). El personalmente no busca el dolor, pero tampoco lo rehuye cuando aparece en el camino de la vida: por encima de todo esté cumplir la voluntad del Padre (Mt.26,39); preferira morir antes que dejar de proclamar la verdad y practicar la justicia. No explicé el sufrimiento, pero luché contra él curando enfermos, escuchando y acogiendo a los marginados de la sociedad, etc. Por eso Paul Claudel pudo escribir: “Dios no vino a suprimir el sufrimiento; tampoco vino a explicarlo; vino a Ilenarlo de su presencia”. Con su propio caso, con su vida, Jesucristo dejé claro que el que alguien sufra mucho no significa que Dios no le ame ni que le ame menos ni que le tenga abandonado, olvidandose de ¢1; pues Dios no podfa por menos de amar a su Hijo, al que proclamé su “hijo amado” cuando es bautizado por Juan en el rio Jordan (Mt. 3,17). Y sobre todo avalé su persona, sus ensefianzas y su conducta al resucitarlo (Mt. 27,54). Y sin embargo, ha permitido que sufriera mucho, hasta morir en. una cruz, con una muerte cruel y humillante. Pero el calvario no fue la tiltima estacién; la tiltima estacién fue la Casa del Padre, en la que entré al resucitar (Jn.14,1-3). Alguien dijo que no importa como sea el camino si hay una meta. La fe nos asegura que hay una meta —la Casa del Padre, de la que habl6 Jestis a sus discfpulos al despedirse de ellos, vispera de su muerte— en ella (Jn.14,1-3) Debe ser la misma de Jesucristo: No buscarlo, pero tampoco rehuirlo cuando se presenta en el camino del deber o del servicio que se puede prestar. No olvidar que también en el sufrimiento se puede realizar el hombre. El tener que sufrir mucho no significa necesariamente un fracaso en la vida. Dios mismo lo asumi6, en la persona de su Hijo, como instrumento de salvacién y se hace presente junto al que sufre para ayudarle a seguir adelante. Para ser buen cristiano no hace falta buscar el dolor; basta con hacer el bien, pero sin olvidar que en este nuestro mundo hacer el bien a menudo lleva unida la cruz, por eso alguien pudo decir: “Ti haz el bien; la cruz ya otros te la pondran”. Como le ocurrié a Jestis de Nazaret, que no buscé la Cruz, pero tampoco escap6 de ella para evitar el sufrimiento. Y finalizo estas reflexiones sobre el tema siempre candente del mal en el mundo, con una cita del Papa Francisco en su primera enciclica, la Lumen fidei ("La luz de la fe”). Dice el Papa: "La luz de la fe no nos lleva a olvidarnos del sufrimiento del mundo... No disipa todas nuestras tinieblas, sino que, como una lampara, guia nuestros pasos en la noche, y esto basta para caminar. Al hombre que sufre, Dios no le da un razonamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que le acompafia, con una historia de bien que se une a toda historia de sufrimiento para abrir en ella un resquicio de luz. En Cristo, Dios mismo ha querido compartir con nosotros este camino y ofrecernos su mirada para darnos luz (L.F, 57). Rea wee 1. Prefiero que compartas conmigo unos pocos minutos ahora qué” estoy vivo y no una noche entera cuando yo muera. 2. Prefiero que estreches suavemente mi mano ahora que estoy vivo, y no apoyes tu cuerpo sobre mi cuando yo muera. 3. Prefiero que hagas una sola Ilamada por teléfono ahora que estoy vivo y no mil voces al viento cuando yo muera. 4, Prefiero que me regales una sola flor ahora que estoy vivo y no me envies un hermoso centro cuando yo muera. 5. Prefiero que elevemos al cielo una oraci6n ahora que estoy vivo y no una misa cantada cuando yo muera. 6. Prefiero que me digas unas palabras de aliento ahora que estoy vivo y no un desgarrador poema o lagrimas cuando yo muera. 7. Prefiero escuchar un solo acorde de guitarra ahora que estoy vivo, y no una conmovedora melodia cuando yo muera. 8. Prefiero me dediques una leve plegaria ahora que estoy vivo y no un bonito epitafio sobre mi tumba cuando yo muera. Prefiero disfrutar de los més minimos detalles ahora que estoy vivo y no de grandes manifestaciones y duelos. cuando yo muera. escucharte un poco nervioso diciendo lo que sientes por mi ahora que estoy vivo y no un gran lamento porque, no lo dijiste a tiempo, y ahora estoy muerto.