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El que invita, paga.

/ Patty Marroquin A todos nos gustara ir a cenar a un restaurante fino, donde se preparan exquisitos platillos, servidos con toda elegancia, no es verdad? Tal vez has estado en la incmoda situacin de tener que excusarte, inventando cualquier pretexto, frente a una salida a cenar con amigos a un lugar elegante, porque cada quien debe pagar su cuenta y es muy caro, y tus recursos no te lo permiten o hay otras prioridades en tu presupuesto. "... Cierto hombre prepar un gran banquete e invit a muchas personas. A la hora del banquete mand a su siervo a decirles a los invitados: "Vengan, porque ya todo est listo." Pero todos, sin excepcin, comenzaron a disculparse". Lc. 14:16-18 Claramente este no es el caso, pero si fue una invitacin que Jess narr a los fariseos miles de aos atrs. Se trata de un hombre que hizo un gran banquete, pero ninguno de sus invitados quiso ir, no por el precio, sino por falta de inters. No fue una invitacin cualquiera, se trataba de un banquete apotesico en el mejor de los lugares y sin costo para ellos. Todo estaba pagado, slo tenan que asistir, pero eso no les import y cada uno de ellos se fue excusando por uno u otro motivo para no asistir. El dueo del banquete termin invitando a las personas que no eran cercanos a l, y que adems eran despreciadas por todos. Hoy, casi 2000 aos despus, esta misma invitacin sigue en pie. Dios es su infinita paciencia no ha perdido la esperanza de que nosotros aceptemos su invitacin, que vayamos a su mesa y cenemos con l, sin que comencemos a darle una y otra excusa para no ir. (2 Pe.3:9) Es cierto, todos tenemos ocupaciones y responsabilidades: nuestro esposo(a), los hijos, padres, estudios, el trabajo, el ministerio, etc. Todas razones muy legtimas, pero ninguna de ellas lo suficientemente grande o de peso, como para compararla con la invitacin gratuita que Dios nos hace para estar con l. Es gratuita para nosotros, porque el precio ya fue pagado por l, con la vida de su Hijo Jess, cuando muri en la cruz para darnos vida. En sntesis, cualquier motivo, por legtimo que podamos tener, es secundario y pasa a ser un obstculo si impide que corramos a su mesa y cenemos con l. Todava es tiempo de escuchar la dulce voz de Dios que nos invita a su banquete. Hoy es tiempo de dejar las migajas para disfrutar del banquete que l tiene preparado para nosotros. Vamos, no perdamos ms tiempo, esta cena ya fue pagada!