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3º Atención y Percepción

3º Atención y Percepción

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U N I V E R S I D A D DE SAN MARTÍN DE PORRES

FACULTAD DE CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN, TURISMO Y DE PSICOLOGÍA

ESCUELA PROFESIONAL DE PSICOLOGÍA

MANUAL TEÓRICO PRÁCTICO DEL CURSO

ATENCIÓN Y PERCEPCIÓN

III CICLO

SEMESTRE 2005-II

ELABORADO POR: Dr. ROBERTO BUENO CUADRA

Centro de Producción de Documentos de la Universidad Particular de San Martín de Porres

Material didáctico para uso exclusivo en clase

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INTRODUCCION A LOS PROCESOS COGNITIVOS Los términos “cognición” y “procesos cognitivos” se suelen utilizar para hacer referencia a aquellos aspectos del comportamiento relacionados con la adquisición, mantenimiento y uso de habilidades y conocimientos. La psicología tradicional identifica ciertas clases de procesos cognitivos. Para individualizarlos, utiliza denominaciones tomadas del lenguaje ordinario, tales como “atención”, “sensación”, “percepción”, “memoria”, “aprendizaje”, “imaginación”, “pensamiento”, etc. Es decir, cada una de estas palabras se refiere a alguna clase de procesos cognitivos. Existen en la actualidad tres puntos de vista principales o “paradigmas” acerca de la naturaleza de los procesos cognitivos. a. La psicobiología. Este enfoque plantea que los denominados “procesos cognitivos” son la misma actividad del cerebro, o actividades que surgen a partir de la actividad cerebral. Por tanto, el “pensamiento”, la “memoria”, etc. serían actividades cerebrales, o el producto directo de éstas. El punto de vista psicobiológico moderno se inicia con Pavlov, quien sostuvo enérgicamente que los procesos mentales no son más que la actividad nerviosa superior, es decir, cortical. La investigación actual en neurociencias ha prolongado, desde otro ángulo, el mismo punto de vista. El desarrollo de las técnicas modernas de neuroimagen, tales como la tomografía por emisión de positrones (TEP) (véase, por ejemplo, Raichle, 1994) ha aportado datos acerca de lo que sucede en el cerebro cuando se llevan a cabo actividades cognitivas. La TEP permite observar la actividad del cerebro en un individuo consciente, en el mismo momento en que ésta se realiza. Así, es posible visualizar qué partes del cerebro están especialmente activas cuando el individuo ve, oye o recuerda. Sin embargo, es conveniente no malinterpretar la importancia de los datos aportados por las técnicas de neuroimagen. Todo lo que esas técnicas nos permiten observar es la actividad física del cerebro. Lo que llamamos “procesos cognitivos”, sin embargo, involucra mucho más que esa actividad física. Dicha actividad física forma parte de la actividad psicológica, pero no es igual a ella. Por ejemplo, el “ver” implica actividades concretas en la corteza cerebral, pero también requiere de condiciones existentes en el estímulo, en la experiencia pasada del individuo, en sus necesidades y expectativas, etc. La interacción en conjunto de todos estos factores conduce a la visión, de la cual la actividad cortical es solamente una parte. b. El conductismo radical. Con frecuencia se dice que el conductismo radical no está interesado en investigar la cognición, sin embargo, esta afirmación es completamente errada (véanse los trabajos de Skinner y de Kantor). El conductismo radical es escéptico en cuanto a la idea de que los procesos cognitivos sean procesos, mecanismos, sistemas, etc. ubicados en la mente o en el cerebro de la persona y que actúen como causas de la conducta. En vez de ello, el conductismo radical postula que los términos “cognitivos” (tales como “atención”, “percepción”, etc.) son términos que las personas utilizan para hacer referencia a la conducta misma. Es decir, cuando decimos que alguien “percibe”, no estamos describiendo su actividad mental, ni cerebral, sino más bien su conducta. Así, una conducta no se debe a que el individuo sea capaz de percibir, sino más bien, decimos que el individuo “percibe”, cuando efectivamente observamos cómo se comporta, es decir, observamos un comportamiento y la manera y circunstancias en que ocurre (Bueno, 1993). Por tanto, para el conductismo radical, la investigación de los procesos cognitivos, no requiere, ni consiste en, la observación de estados mentales ni cerebrales. Investigar la cognición significa, más bien, la observación de comportamientos, ocurriendo bajo circunstancias específicas. Los procesos cognitivos pueden ser investigados mediante un análisis experimental de aquellos comportamientos que, al ser observados, solemos denominar “atender”, “percibir”, “recordar”, etc. (Bueno, 1996). c. El cognitivismo. Con este nombre se puede designar a una diversidad de teorías que parten del siguiente postulado: El individuo no responde directamente al estímulo, sino que su respuesta está modulada, mediada o determinada también por ciertas estructuras, procesos y contenidos, elementos que son llamados colectivamente “cognición” (de Vega, 1985). Sin embargo, el cognitivismo no es un punto de vista unitario, ya que, dentro de ese enfoque, existe una variedad de opiniones en cuanto a la naturaleza y origen de los procesos cognitivos. Algunos teóricos sostienen que los procesos cognitivos se refieren únicamente a “estrategias” y “planes” para la acción, sin embargo, estas estrategias pueden ser solamente habilidades aprendidas, enfoque que es totalmente compatible con el conductismo radical. (Sobre este punto puede mencionarse el caso del gran psicólogo ruso Lev Vigotsky. Este autor investigó los orígenes de la actividad mental, concluyendo que “lo mental” no es una entidad previa a la conducta y que se manifiesta por medio de ella. Para Vigotsky, “lo mental” llega a existir como resultado de las constantes interacciones reales que el niño mantiene con su ambiente físico y social. El niño aprende habilidades motoras, posteriormente el lenguaje sustituye simbólicamente la acción motora y finalmente, el habla se vuelve “interiorizada”, es decir, se vuelve “pensamiento”. Aunque el enfoque de Vigotsky es totalmente compatible con el conductismo radical, muchos autores no han dudado en clasificar a Vigotsky como cognitivista y como un antecesor del “constructivismo”). Sin embargo, otros autores cognitivos tienen una opinión distinta acerca de la naturaleza y origen de los procesos cognitivos. Para algunos, los procesos cognitivos son actividades mentales o cerebrales reales. Además, estas actividades se basan en mecanismos o sistemas innatos, ya instalados en el individuo. Uno de los críticos más fuertes del conductismo, el lingüista Noam Chomsky, por ejemplo, propuso que el cerebro humano posee mecanismos innatos que capacitan al individuo para adquirir el lenguaje y que la gramática se encuentra de alguna manera, ya “pre-programada” en el cerebro. Por tanto, no resulta sorprendente que muchos teóricos e investigadores sostienen un punto de vista que integra conceptos psicobiológicos y cognoscitivistas, posición que es claramente opuesta al conductismo.

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Aspectos críticos del cognitivismo. El punto de vista cognitivista comenzó a tener un gran auge a partir de los años 60 en los Estados Unidos, aun cuando siempre tuvo gran influencia en la psicología europea. Actualmente, está ampliamente difundido en el mundo y se presenta a sí mismo como un “nuevo paradigma” de la psicología, en reemplazo del conductismo. Sin embargo, en mayor o menor medida, las diversas teorías enmarcadas en la filosofía cognitivista están sujetas a críticas serias, que vamos a resumir del siguiente modo. 1. Los problemas de investigación y los conceptos teóricos de la mayoría de las psicologías cognitivas se formulan básicamente partiendo de los conceptos del lenguaje ordinario. Así, asumen que los términos psicológicos comunes como “memoria”, “atención”, etc. se refieren a entidades reales, y no, como sucede en realidad, que son solamente descripciones del comportamiento ocurriendo bajo determinadas circunstancias. 2. Cuando los psicólogos cognitivos señalan algún proceso mental o cognitivo, como causa de la conducta, creen haber dado ya una “explicación” de ella, deteniéndose aquí la investigación. Por tanto, se posterga o se interfiere con una investigación más profunda de las condiciones reales en que ocurre la conducta, y que pueden explicarla de manera más efectiva. 3. La mayoría de las explicaciones cognitivas de la conducta son circulares. Por ejemplo, un comportamiento es explicado como resultado de la acción de un “proceso” cognitivo interno, sin embargo, no es posible comprobar de manera independiente que dicho proceso haya ocurrido, la única evidencia de tal proceso es la conducta misma que trata de explicar. 4. Aun cuando algunos cognitivos consideran que los procesos mentales no son más que la actividad del sistema nervioso, ello no necesariamente elimina conceptos no científicos, como el dualismo (la distinción mente-cuerpo) y en algunos casos, el animismo (la creencia de que lo mental interno determina la conducta). 5. En algunos casos extremos, el cognitivismo supone una invitación al subjetivismo. Algunos teóricos (ejemplos: Humberto Maturana, los filósofos post-racionalistas, etc.), proponen que, dado que cada individuo tiene su propia percepción de las cosas, el conocimiento objetivo es imposible. Sin embargo, aun cuando es verdad que el conocimiento está influido por factores individuales y se halla sujeto al error, es posible acercarse progresivamente a la verdad, como sostiene Popper. En cambio, sugerir, como hacen los constructivistas y los post-racionalistas, que la objetividad es desde el principio una meta imposible, es renunciar a la búsqueda de todo conocimiento científico. Además, tal postura es lógicamente insostenible, ya que si todo conocimiento es subjetivo, también lo serían las afirmaciones de los propios constructivistas. 6. Una de las críticas de cognitivismo, y en particular del constructivismo, hacia el conductismo consiste en que éste último, supuestamente, ha negado hechos válidos como el que los individuos responden a los objetos de acuerdo con la manera en que “interpretan” o “experimentan” dichos objetos. Sin embargo, el conductismo nunca negó tal hecho. Y, más bien, la pregunta básica del conductista es ésta: ¿de dónde surge esta “interpretación” o “experiencia” individual? Estas observaciones nos abocan a dos conclusiones. La primera es que la mayoría de los temas investigados por los psicólogos cognitivos son válidos y de gran importancia, pues ellos se interesan por averiguar cómo aprendemos, cómo percibimos, cómo recordamos, etc. Además, están firmemente comprometidos con el empleo de métodos científicos en sus investigaciones. Sin embargo, el cognitivismo no es un marco adecuado para elaborar una teoría acerca de los fenómenos psicológicos. Se puede investigar los procesos cognitivos sin necesidad de conceptos y teorías cognitivistas, los cuales, como acabamos de ver, están sujetos a severa crítica, y no representan necesariamente un pensamiento mejorado respecto del conductismo (Bueno, 1996, 2001). LA INVESTIGACIÓN DE LOS PROCESOS COGNITIVOS Los eventos psicológicos, se les llame “cognitivos” o no, consisten en la interacción real de un individuo, animal o humano, con determinados objetos-estímulo (Kantor, 1959). Entre esos objetos-estímulo se hallan las cosas, otros organismos, o aun la propia actividad del mismo individuo (en el caso humano, incluso su propio lenguaje). Las interacciones requieren que el individuo actúe, reaccionando a los estímulos. Hay dos razones por las que es conveniente definir los fenómenos psicológicos (cognitivos y no cognitivos) como interacciones, en vez de conceptualizarse como eventos internos, mentales o neurales. Primero, si los temas psicológicos, y los “cognitivos” en particular, se formulan como comportamientos y circunstancias de tales comportamientos, es decir, interacciones, podemos comenzar con eventos concretos, localizados claramente en el tiempo y el espacio. Y segundo, como un derivado del primero, estos eventos concretos se prestan a la medición, es decir, podemos aislar o identificar propiedades o características y éstas pueden cuantificarse, de manera que podemos expresar cuánto de cada una de estas características poseen esos eventos. Y por supuesto, una representación cuantitativa es sumamente precisa. De este modo, y tal como lo hemos señalado en otro lugar (Bueno, 1996), lo “cognitivo” no hace referencia a entidades o eventos internos, ni físicos ni mentales, sino a las formas complejas en que el organismo, animal o humano, se relaciona con los objetos-estímulo. A fin de poder expresarse con rigor, la psicología científica ha introducido un conjunto de términos técnicos. Es necesario conocerlos pues, desde ahora en adelante, formarán parte del vocabulario que deberemos utilizar si queremos hacer una descripción precisa de algún fenómeno psicológico. Estímulos y respuestas. Como ya indicamos, todo fenómeno psicológico, por simple o complejo que sea, consiste en la interacción del individuo con los objetos-estímulo. Los objetos-estímulo pueden ser cosas,

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animales, personas o productos culturales de todo tipo, incluyendo productos del lenguaje de otros, o de uno mismo. El individuo interactúa con cualquiera de estos objetos-estímulo. Cuando hablamos de algún “proceso cognitivo”, siempre estamos haciendo referencia a alguna de estas interacciones. Cuando se realiza la descripción científica de una interacción psicológica, lo primero que debe hacerse es identificar los objetos-estímulo y las respuestas participantes. Los objetos-estímulos pueden afectar el comportamiento de los organismos por medio de las energías físicas que emiten o que provienen de ellos. Esta energía puede ser luminosa, mecánica, química, etc. Se usa el término estimulación, para referirse al hecho de que cierta energía física está presente de manera continua durante un tiempo relativamente prolongado. El término estímulo suele emplearse para referirse a un cambio discreto en la estimulación (por ejemplo, un breve destello de luz, o el encendido o el apagado de una luz). En el caso del comportamiento humano en la vida diaria, la interacción con un objeto-estímulo puede implicar estimulaciones y/o estímulos sumamente complejos. Por ejemplo, al saludar a un amigo a quien vemos de lejos, el objeto-estímulo es en realidad el amigo, pero el estímulo al que se responde está formado por un complejo patrón de tonalidades y matices. En el acto específico de saludar no se responde solamente a algún aspecto particular del físico o de la vestimenta del amigo, sino al amigo como un todo. Sin embargo, en el laboratorio, los estímulos utilizados en los experimentos suelen ser bastante simples, tales como la luz de una lámpara iluminando un área bastante pequeña, o un tono sonando un corto período de tiempo. El uso de estímulos en la forma de eventos discretos se hace con el fin de que se puedan realizar observaciones exactas y que no dejen lugar a dudas en cuanto a cuál es realmente el estímulo al que responde el sujeto. Las respuestas son las reacciones que pueden observarse en el individuo. Nuevamente, en la conducta humana de la vida diaria, las respuestas pueden ser bastante complejas. Un tipo importante de respuestas son las respuestas pre-currentes. Estas son las que sirven para preparar en el ambiente o en el organismo las condiciones necesarias para iniciar una conducta. En la conducta de alimentarse, una respuesta pre-currente puede ser la de asearse (antes de coger los alimentos); en el acto de buscar algo, una respuesta pre-currente puede consistir en encender la luz del cuarto. Otro tipo importante de respuestas son las respuestas instrumentales. Estas son respuestas que sirven para modificar los objetos-estímulo, es decir, generan efectos en los objetos estímulo. Así en la conducta de alimentarse, existen variadas respuestas instrumentales que pueden llevarse a cabo, una de las más inmediatas sería la de servirse la comida. En la conducta de buscar, las respuestas instrumentales son todas las acciones de búsqueda que se llevan a cabo (mover o destapar objetos, por ejemplo). Finalmente, las respuestas consumatorias, son aquellas con las que finaliza una conducta. Por ejemplo, en el acto de alimentarse, la respuesta consumatoria consiste en llevarse el alimento a la boca y masticarlo. En la conducta de buscar un objeto, la respuesta consumatoria ocurre cuando el objeto es hallado y se realiza la acción para la cual se lo buscaba. Así, una conducta dada se inicia con respuestas pre-currentes, se desarrolla o se lleva a cabo mediante respuestas instrumentales, y finaliza con una respuesta consumatoria. Como sucede con los estímulos, también se procura simplificar las respuestas en situaciones de laboratorio. El objetivo es el mismo: facilitar el logro de observaciones más exactas. Por ejemplo, una respuesta puede consistir en presionar una tecla. Esta respuesta, cuando ocurre, puede ser fácilmente registrada (por el aparato mismo) y por lo tanto, identificada sin lugar a dudas. Métodos experimentales en la investigación de los procesos cognitivos. Toda interacción psicológica consiste en las respuestas de los individuos a los objetos-estímulo. En realidad, el individuo influye en el objeto-estímulo, tanto como éste en aquél. Para tener una descripción rigurosa de tal interacción debemos identificar los estímulos y respuestas participantes, y debemos determinar cómo están relacionados. Por tanto, para realizar un estudio científico de estas interacciones, debemos producir en el laboratorio un modelo experimental de la interacción que nos interesa investigar. En el laboratorio presentamos determinados estímulos simples e instruimos al sujeto a reaccionar a ellos mediante respuestas simples. Esta es la forma en que en realidad los psicólogos “cognitivos” investigan los procesos cognitivos. Los tiempos de hacer “introspección” de la “vida mental”, ya forman parte de la pre-historia de la psicología. Los experimentos que investigan la cognición suelen ser de dos clases. En primer lugar, consisten únicamente en presentar estímulos discretos y registrar las respuestas a los mismos (este tipo de experimentos suele estar más interesado en investigar las bases biológicas de la conducta, que la conducta en sí). Otros estudios, de mayor interés para los psicólogos, consisten básicamente en proponer al sujeto una o más tareas experimentales. Una tarea es alguna situación problema o actividad que se propone al sujeto, como medio para estudiar algún proceso psicológico. En el ámbito de la investigación básica, las tareas cognitivas se desarrollan como tareas experimentales en el laboratorio. En un experimento típico, se dan instrucciones al sujeto acerca de lo que debe hacer. Usualmente se presenta un estímulo o conjunto de estímulos y el sujeto responde a ellos, en muchos casos la respuesta consiste en presionar un botón o una palanca, a fin de que su respuesta quede claramente registrada y pueda ser además automáticamente computada. En el campo de la investigación aplicada y en la intervención psicológica, las tareas cognitivas se hallan estandarizadas, constituyendo las pruebas psicométricas o tests psicológicos. Algunas de las tareas experimentales más usadas en el estudio de la “cognición” son las siguientes: 1. Tiempo de reacción. Consiste en responder lo más rápidamente posible ante la presencia de un estímulo. 2. Detección. Consiste en percibir la presencia o ausencia de un estímulo previamente indicado. 3. Discriminación. Se refiere a percibir la diferencia entre un par de estímulos, presentados simultánea o sucesivamente. 4. Identificación. Se presentan dos o más estímulos y el sujeto debe decidir si ambos estímulos son iguales en función de un criterio pre-establecido (por ejemplo, si son dibujos, en su significado; si

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son palabras, en su rima). A veces esta tarea también es conocida con el nombre de tarea de juicios igual-diferente. 5. Recuerdo. Consiste en evocar o recuperar cierta información previamente aprendida, sin ningún tipo de ayuda o indicios. 6. Reconocimiento. Se presenta una determinada información al sujeto, y éste debe decidir si dicha información es la misma que ha aprendido y memorizado previamente. 7. Búsqueda. El sujeto debe reconocer, entre un conjunto amplio de información, si se incluye aquella que ha aprendido y memorizado previamente. Cuando lo que el sujeto debe hacer es reconocer si, entre un conjunto de información presentada, alguno de los ítems pertenece a una categoría semántica previamente establecida, la tarea de búsqueda se conoce como búsqueda categorial. Métodos de simulación. La Simulación (S) y la Inteligencia Artificial (IA) son dos tipos de programas de computadora capaces de mimetizar (imitar) aspectos concretos del comportamiento inteligente humano. Ninguna de las dos constituyen métodos de experimentación o de recolección de datos. El objetivo de la S y de la IA no es más que someter a prueba las teorías que los psicólogos cognitivos formulan acerca de cómo funciona determinado proceso psicológico. Sin embargo, hay diferencias entre ambas. La S pretende que el programa imite con fidelidad el comportamiento humano -incluso los errores y sesgos- y que el programa se "parezca" al sistema cognitivo humano. El programador de IA está más interesado en la eficiencia de su modelo; éste debe ser un buen algoritmo que resuelva las tareas con el costo mínimo de recursos de procesamiento, por tanto, un programa IA no actúa necesariamente siguiendo el mismo procedimiento que aplicaría un humano frente al mismo problema. Por tanto, una S es únicamente una representación del evento real. En la S, el programador aplica alguna teoría o conjunto de leyes acerca del fenómeno en cuestión e introduce los parámetros del caso. El programa de la computadora utiliza esta información y genera como respuesta un conjunto de datos que representan, simulan o imitan el evento real. Si el producto de la operación de S, es decir, la representación generada coincide con los datos empíricos (por ejemplo, el desempeño de los sujetos frente a las tareas cognitivas), se considera aceptable la teoría utilizada. De esta teoría es posible formular nuevas hipótesis. De no coincidir, es decir, en caso de que la simulación no se parezca o no tenga las características del evento real, la teoría será revisada. DATOS FUNDAMENTALES EN LA INVESTIGACIÓN DE LA COGNICIÓN Como hemos señalado, en los estudios psicológicos se presentan al sujeto ciertas tareas experimentales. El psicólogo registra ciertos datos, que básicamente son diferentes formas en que pueden medirse las respuestas que el sujeto realiza antes, durante y después de la presentación de la tarea. Pero, ¿qué respuestas registra el psicólogo? Existen básicamente dos tipos de datos. El primer conjunto de datos permite determinar la manera en que el sujeto interactúa con la tarea experimental. Es decir, permiten determinar la manera en que el sujeto resuelve el problema o tarea planteado. Un segundo tipo de datos no se interesa tanto en determinar cómo resuelve el sujeto la tarea, sino más bien en determinar qué partes del organismo participan en la respuesta que se da a la tarea experimental. Los revisaremos a continuación. INVESTIGANDO LA INTERACCIÓN SUJETO-TAREA Los datos de desempeño, como ya se ha señalado, proporcionan información acerca de la manera en que el sujeto se enfrenta a la tarea propuesta. Estos datos son de dos tipos: Datos de respuesta verbal o autoinformes; y datos de respuesta no verbal, o datos de desempeño. Datos de autoinforme. Las técnicas de autoinforme tienen cierta relación con la introspección, en el sentido de que implican una especie de "autoobservación", sin embargo no son exactamente lo mismo. Los psicólogos cognitivos modernos comparten las críticas del conductismo y de otros autores hacia la introspección que se practicaba en la psicología del siglo XIX, en el sentido de que, aunque la "conciencia" es un objeto de estudio legítimo, no es ella misma un adecuado instrumento de investigación. Además, muchos autores creen que lo que se observa introspectivamente son solamente los "productos" de la actividad mental, mas no la actividad mental misma, o sean las estructuras y los procesos. Por tanto, los psicólogos cognitivos, en vez de practicar los métodos introspectivos clásicos, se limitan a los procedimientos modernos de autoinforme. En estos casos, los sujetos son preguntados acerca de las actividades mentales que realizan cuando están realizando alguna tarea experimental, por ejemplo, de resolución de problemas. Los sujetos pueden presentar estos informes al mismo tiempo que resuelven la tarea, o después, por medio de una entrevista o cuestionario especial. Datos de desempeño. Corresponden a las clásicas medidas de respuesta, cada una de las cuales pueden obtenerse de muchos tipos diferentes de actividad motora. Entre las más comunes están: a. El tiempo de reacción o latencia de respuesta, ya definido. b. La precisión de la respuesta, o sea el porcentaje de respuestas correctas. c. La duración de la respuesta, o tiempo que transcurre entre el inicio y el final de la respuesta. d. La tasa de la respuesta, o cantidad de veces que se repite una respuesta de la misma clase, por unidad de tiempo. DETERMINANDO LOS COMPONENTES DE LA RESPUESTA: ESTUDIOS PSICOFISOLOGICOS

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Los datos a recolectarse a fin de determinar los componentes de respuesta consisten en mediciones de la actividad psicofisiológica. Se llama actividad psicofisiológica a toda aquella actividad del organismo que tenga alguna relación con procesos psicológicos. Esta puede ser la actividad del sistema nervioso, de los músculos, glándulas, órganos, etc. En los estudios que miden respuestas psicofisiológicas, se investiga una o más de las tres condiciones siguientes: a. El nivel de la actividad psicofisiológica, bajo condiciones constantes de estimulación. b. El nivel de la actividad psicofisiológica durante la realización de alguna tarea. c. Los cambios en dicha actividad cuando ocurre algún cambio discreto de estímulo (por ejemplo, aparece un destello de luz, o un sonido breve). Los niveles o cambios observados en una actividad fisiológica, siguiendo a la presentación de un estímulo o durante la realización de una tarea, es lo que suele considerarse como indicador de que está ocurriendo un cambio en la actividad cognitiva. En este punto, puede comentarse que muchos autores denominan “correlatos fisiológicos de la cognición” a los cambios que se producen en el sistema nervioso (SN) cuando el sujeto realiza alguna actividad cognitiva. Pero este nombre de “correlatos” no es muy afortunado ya que sugiere incorrectamente que la “cognición” es alguna otra cosa, separada de los procesos fisiológicos. Como ya hemos visto, “lo cognitivo” se refiere no a actividades concretas mentales o fisiológicas, sino al propio comportamiento del individuo. Así, las respuestas psicofisiológicas no son la cognición, ni son indicadores de ella. Solamente, son partes de la respuesta que se da a una situación problema, es decir, partes de un comportamiento complejo. Las medidas de actividad psicofisiológica más comunes en los estudios cognitivos son: a. Electroencefalografía. Registro de la actividad eléctrica de las neuronas corticales. Las neuronas de las corteza cerebral emiten de forma continua y espontánea una actividad eléctrica de un determinado potencial. Dicha actividad se conoce como actividad electroencefalográfica (EEG). La actividad EEG aparece como una onda sinusoide en la que se aprecia un conjunto variado de frecuencias, en el que suele predominar una de ellas. El EEG nos informa fundamentalmente del tono atencional general de un organismo. El EEG sufre variaciones irregulares que dependen del estado de sueño-vigilia en el que se encuentra el individuo, y se analiza en aparatos de registro que describen el potencial eléctrico como una onda sinusoide cuya frecuencia y voltaje puede variar. Cuando un individuo se encuentra despierto y relajado, presenta un tipo de ondas que oscilan de 8 a 10 cps (ciclos por segundo), o herzios, y cuya amplitud oscila entre los 40 y 50 V. Dicha actividad se conoce como actividad alfa. Pero cuando se halla especialmente atento se produce una respuesta electroencefalográfica conocida con el nombre de patrón de activación o desincronización EEG. Dicha respuesta consiste en la desaparición del ritmo alfa presente hasta ese momento, que es sustituido por un ritmo beta más rápido, de 18 a 30 cps y cuya amplitud sobrepasa los 20  V. b. Registro de potenciales evocados. Además de la actividad continua de las neuronas corticales, estas emiten otro tipo de actividad eléctrica que se superpone a la EEG espontánea de fondo y que se produce en situaciones específicas, tales como cuando aparece un estímulo o se producen cambios importantes en la estimulación ambiental. Dicha respuesta se conoce con el nombre de potencial evocado. El potencial evocado es un cambio muy breve y característico en la actividad eléctrica de cierta zona de la corteza, como respuesta a un estímulo. Los potenciales evocados se registran con instrumentos especiales, capaces de diferenciar esta onda del EEG, como una onda que tiene una determinada latencia, amplitud y polaridad. c. La actividad electrodérmica (AED) es simplemente la actividad eléctrica de la piel. Se denomina también respuesta electrodérmica (RED) o resistencia eléctrica de la piel, y se define como el conjunto de cambios que sufren las propiedades eléctricas de la piel. Dicha actividad depende a su vez directamente de la acción de las glándulas sudoríparas que se hallan a lo largo de todo el cuerpo, y que se aglutinan especialmente en las palmas de las manos y pies, lo que hace que éstas sean las zonas más indicadas para registrar esta actividad. Los cambios en la AED pueden ser de dos tipos: tónicos y fásicos. La actividad tónica hace referencia a los cambios que se producen en el nivel basal durante un período de tiempo determinado. Por su parte, la actividad fásica se define como los cambios breves y pasajeros que tiene lugar en el nivel tónico de la AED. Dicha actividad puede tener lugar, o bien en ausencia de un estímulo, en cuyo caso hablamos de respuestas no específicas, o bien ante la presencia de estímulos específicos (un sonido, unas instrucciones, etc.), en cuyo caso hablamos de respuestas específicas. La AED es una de las respuestas más empleadas en el estudio de la atención. Para algunos investigadores es una medida importante de la respuesta de orientación y del proceso de habituación, así como del tono atencional y los estados de alerta y de vigilancia. d. Electromiografía. Consiste en el registro de la actividad eléctrica muscular. Se registra el número de despolarizaciones que tienen lugar cuando el músculo es activado. En el campo de la psicología de la atención, la EMG es considerada como un índice de la actividad mental, en la medida en que aumenta especialmente en aquellas tareas que exigen mayor esfuerzo atencional. Por otra parte, también es un índice del nivel de activación o vigilia de un organismo. e. Electrocardiografía. Registro de la actividad eléctrica cardíaca. El ritmo cardíaco o frecuencia cardíaca (FC), se define como el número de latidos del corazón durante un período de tiempo determinado. La tasa cardíaca oscila en condiciones normales y de reposo entre los 60 y 100 latidos, si bien dicho ritmo puede presentar fluctuaciones en cada latido. Al igual que la actividad EMG, la tasa

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cardíaca es también un índice del nivel de activación de un organismo y de la atención que se presta a un estímulo. Asimismo, aquellas tareas que exigen atención y esfuerzo pueden llegar a provocar fluctuaciones importantes del ritmo cardíaco. Pupilometría. La pupila es el orificio que se halla en el centro del iris. Como resultado de la contracción o relajación de la musculatura del iris, la pupila aumenta o disminuye de tamaño. Se ha observado que una de las respuestas atencionales más típicas es la dilatación pupilar. Dicha dilatación ocurre cuando aparecen estímulos novedosos o interesantes para el individuo, que provocan una orientación hacia dicho estímulo, así como cuando se desarrollan tareas que exigen atención y esfuerzo mental. Registro de la actividad motora. Aquí se incluye el registro de una variedad de respuestas detectables a simple vista, o a través de instrumentos, que abarcan una mayor o menor extensión del cuerpo y en las que suelen participar varios grupos musculares actuando de manera simultánea y coordinada. Algunos ejemplos son los cambios de los giros de la cabeza, detener ciertas actividades motoras que se estaban realizando hasta que un estímulo capta la atención, señalar el objeto o fuente estimular, desarrollar ciertos ajustes posturales, o llevar a cabo ciertos movimientos oculares que se desarrollan cuando se “presta atención” a un objeto o suceso. Una de las actividades motoras más estudiadas corresponde a los movimientos oculares. Estos se investigan mediante diferentes técnicas. Una de estas técnicas, llamada método óptico, proporciona medidas de recorrido, duración y longitud de los movimientos; así como medidas de los puntos de fijación. Actividad cerebral captada mediante técnicas de neuroimagen. Consiste en el registro de imágenes cerebrales por computadora. Una de estas técnicas es la tomografía por emisión de positrones (TEP), la cual consiste en analizar el flujo sanguíneo cerebral en áreas localizadas del cerebro. La visualización de dichas áreas es posible mediante la inyección de una sustancia radiactiva de vida muy corta. En los experimentos, esta técnica permite registrar el flujo cerebral de aquellas áreas que supuestamente están implicadas en alguna actividad cognitiva ("atender", "recordar", etc.) Mientras más activa es la zona en cuestión, mayor es su metabolismo y por consiguiente, mayor su consumo de sangre. La metodología consiste en plantear al sujeto tareas cognitivas y registrar el flujo cerebral que se produce durante la fase de realización de la tarea.

NECESIDAD DE UNA TEORÍA OBJETIVA DE LA CONDUCTA PARA UNA ADECUADA INTERPRETACION DE LOS DATOS PSICOLOGICOS García (1997) señaló una serie de preocupaciones con respecto a la representatividad o validez de las diferentes tareas y datos experimentales frecuentemente utilizados en la investigación cognitiva. Veamos. 1. Las actividades fisiológicas no siempre reflejan cambios significativos desde un punto de vista psicológico. Esta apreciación es correcta. Como ya hemos indicado, estas actividades son meramente parte del comportamiento. Únicamente, proporcionan información acerca del componente de respuesta de un evento psicológico, 2. Asimismo, un “proceso cognitivo” no siempre tiene unas manifestaciones conductuales claras. Por ejemplo, se puede estar “prestando atención” a una conversación aunque ello no se demuestre conductualmente. Esta observación es válida siempre y cuando se suponga que la “atención” es “algo” que ocurre internamente y que se manifiesta por medio de una sola respuesta. Sin embargo, cuando se asume que estamos investigando no respuestas causadas por eventos internos, sino interacciones del individuo con el objeto-estímulo, tendremos en cuenta que la conducta abarca varios segmentos de respuesta. Puede haber ausencia de movimiento en un momento dado, pero toda interacción implica diversas respuestas. 3. Finalmente, García planteó el problema de la validez de las tareas experimentales. Argumenta que el rendimiento de los sujetos en las tareas experimentales no depende muchas veces sólo, ni principalmente, de un proceso dado, sino de otros procesos. Por ejemplo, en la tarea del recuerdo, intervienen tanto un proceso de atención, como uno de memoria. ¿Cómo saber cuál de los dos participa, o en qué proporción lo hacen? (Pregunta comparable con el indescifrable enigma medieval acerca de cuántos ángeles pueden danzar en la punta de un alfiler). Nuevamente, si nuestro objeto de estudio son las interacciones reales del individuo, y no los supuestos procesos internos, esta pregunta pierde totalmente su objetivo. El psicólogo científico no prestará atención a este tipo de preguntas, ya que lo que investiga no es “algo” llamado la “atención” o la “memoria”, sino simplemente, las condiciones objetivas de aquellas interacciones conductuales en las que el individuo recuerda algo previamente aprendido.

INTRODUCCIÓN A LA ATENCIÓN ¿Qué es atender? Aun considerando solamente los aspectos psicológicos, en su uso ordinario, el término “atender” está referido a una variedad de aspectos de la conducta. A veces, hace referencia a una manera particular en que respondemos a ciertos estímulos (“atiendo la clase”) Otras veces parece referirse a un estado o disposición para responder a determinados estímulos (“estoy atento a tu llamada”). En éste y en otros casos, puede resaltarse el hecho de que la conducta del individuo está especialmente orientada hacia un

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estímulo particular y no a otros, lo que puede implicar que dicha persona realice ciertas actividades en vez de otras, ya sea en el momento de estar presente dicho estímulo o en algún otro momento. Introduciremos el término control del estímulo, para referirnos al hecho de que la conducta de un organismo varía significativamente cuando ocurre alguna variación en alguna propiedad de un estímulo. En un momento dado, cierto objeto-estímulo, o algún detalle del mismo ejercerá un control fuerte, mientras que otros objetos-estímulos, u otros detalles del mismo objeto, no ejercerán ningún control. Así, dados los estímulos X e Y, decimos que el estímulo X ejerce control, en tanto que el estímulo Y no lo ejerce, cuando vemos que la conducta del individuo varía significativamente cuando varía X, pero no cuando varía Y. En tal caso, cuando varía X, se observa que ciertas respuestas aumentan de fuerza, mientras que otras disminuyen, o simplemente cambian de forma. En cambio, cuando Y varía, no se aprecia ningún cambio en las respuestas del individuo. Por ejemplo, al mirar el semáforo, nuestra conducta cambia cuando cambia la luz de rojo a verde o viceversa. Pero nuestra conducta será esencialmente la misma ante cualquier semáforo, sin importar de qué color esté pintado. Es decir, nuestra conducta se halla bajo el control de la luz y no bajo el control del color de la pintura del semáforo. La “atención” no se refiere a una respuesta, o actividad del organismo (mucho menos “mental”, “psíquica”, etc.), sino más bien, a una forma de relación con los estímulos, relación que consiste en que, en un momento dado, cierto estímulo ejerce un mayor control de la conducta que otros. En realidad, siempre estamos más o menos atentos a algo, en el sentido de que siempre estamos bajo el control de algún estímulo. Cuando un individuo “está atento” a algo, es decir, cuando dicho individuo se halla bajo el control de un estímulo dado, lo usual es que en él predominen determinadas respuestas, que suelen ser las respuestas instrumentales que guardan relación con dicho estímulo. Así, si una persona “presta atención” a la clase, las respuestas que ocupan casi todo el tiempo de actividad de esa persona en ese momento, serán respuestas tales como observar la pizarra o anotar. Al mismo tiempo, no ocurren aquellas respuestas instrumentales que no tienen relación con los estímulos que ejercen un bajo control. Pero el estado que llamamos atención puede modificarse de varias formas. Un tipo de modificación consiste en que la atención se “desplaza” de un objeto-estímulo a otros. Técnicamente, esto significa una alteración en las interacciones. Por alguna razón, un estímulo dado puede perder control, mientras que otro lo gana. En estos casos, se usan expresiones coloquiales tales como: “¡presta atención!”, o “voy a observar atentamente a...”. Parece haber dos casos generales en que la atención puede “desplazarse”. En primer lugar, dicho “desplazamiento” puede surgir como respuesta a un estímulo que se presenta súbitamente, como sucede, por ejemplo, cuando estamos oyendo la clase y en un momento dado y de modo repentino ocurre un fuerte ruido. En esta situación, puede ocurrir que momentáneamente dejemos de oír la clase e incluso, volvamos la cabeza hacia el lugar de donde proviene el ruido. En este caso, el estímulo modifica la atención, de manera que la conducta cae bajo el control del ruido, mientras que los estímulos que provienen de la clase ven reducido el grado de control que ejercen sobre la conducta (Esto significa que un factor suficiente para que un estímulo posea un alto nivel de control sobre la conducta es la intensidad de dicho estímulo). Y esto concretamente quiere decir que mientras “prestemos atención” al ruido, cualquier variación que se produzca en éste, ocasionará un efecto significativo en nuestra conducta, en tanto que los estímulos de la clase no la afectarán en lo más mínimo. Como hemos indicado, adicionalmente a este efecto principal, podemos también observar que surgen respuestas al ruido (volver la cabeza, por ejemplo), mientras que se inhiben o se detienen las respuestas a la clase (por ejemplo, escribir). Como vemos, la atención es modificada esencialmente por la acción de un estímulo. Cuando la modificación se debe principalmente a un estímulo identificable, decimos que se trata de “atención involuntaria”. Un ejemplo de este caso es el reflejo de orientación, que examinaremos después. Pero existe un segundo caso, más complejo, que coloquialmente se denomina “atención voluntaria” en el cual, deliberadamente “prestamos atención” o “dejamos de prestar atención”. En este caso, el cambio en la atención no surge básicamente como efecto directo de un estímulo específico, aun cuando en algunos casos la acción puede iniciarse con un estímulo, sino que se origina como efecto de una compleja interacción de factores. Un ejemplo representativo de ello es cuando empezamos a observar “atentamente” en busca de algo (esto nos recuerda las tareas de detección, búsqueda, etc.) En el curso de estas modificaciones también se inhiben las respuestas a ciertos estímulos y se incrementan las respuestas a otros. Esto ocurre, por ejemplo, cuando queremos leer en una sala de espera donde hay un televisor encendido, y decidimos dejar de prestar atención a la televisión y concentrarnos en la lectura. En este caso, cualquier variación en los estímulos provenientes del material de lectura afectará a nuestra conducta, pero las variaciones que ocurran en la televisión no la afectarán. Obsérvese que en la llamada “atención voluntaria”, el individuo agregará actividades como detectar, buscar o discriminar, las cuales le permitirán mejorar el control La atención voluntaria consiste en elegir qué estímulos ejercerán control sobre nuestra conducta. Y esta elección ocurre porque esperamos ciertas consecuencias por nuestras respuestas. Específicamente, esperamos obtener ciertas recompensas y evitar consecuencias desagradables. Nos esforzamos por leer en la sala de espera y no hacer caso de la televisión, porque esperamos obtener informaciones más valiosas a partir de la lectura que de la televisión. Si esperamos obtener algo valioso, importante o deseable, por realizar una tarea bien hecha, nos esforzaremos por lograrlo, y para lograrlo, la realización de la tarea incluirá aspectos que comúnmente llamamos “estar atento”, y que son formas de control de estímulos, por ejemplo, buscaremos, discriminaremos, detectaremos, etc. lo que sea necesario, para cumplir exitosamente dicha tarea. En resumen, el control de los estímulos (“la atención”), puede ser modificado de un momento a otro por la acción de los estímulos mismos, o por acción de las consecuencias que nuestra conducta ha tenido en el pasado o que puede tener en el momento de ocurrir. (Sin embargo, veremos más abajo que no puede establecerse ninguna división tajante entre atención voluntaria e involuntaria, ni, en general, entre conductas voluntarias e involuntarias. En

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realidad, en ambas participan los mismos factores determinantes, y la diferencia entre actos voluntarios e involuntarios radica únicamente en el grado en que interviene como factor esencial el estímulo o las consecuencias de la respuesta. Por tanto, tal vez lo más correcto sea decir que “voluntario” e “involuntario” en vez de ser categorías separadas son más bien los dos extremos de una misma dimensión). Una relación de atención puede a veces reconocerse o identificarse por medio de ciertas respuestas motoras, cuya finalidad es la de mejorar la “captación de información”, es decir, incrementar la intensidad de los estímulos. Llamaremos a éstas, respuestas de atención (en algunos casos, pueden llamarse también respuestas de observación). Estas son respuestas pre-currentes que preparan las condiciones para la posterior ejecución eficaz de respuestas instrumentales o consumatorias. Entre esas respuestas pre-currentes pueden hallarse el orientar los receptores hacia las fuentes de estimulación, eliminar fuentes de estimulación extrañas, realizar acciones para mejorar la recepción de los estímulos (como acercarse, limpiarse los anteojos, etc.) y muchas otras acciones. Por ejemplo, supongamos el caso de alguien que “está prestando atención” a una conversación en la cual no participa. Podríamos observar que la persona insistentemente mira hacia el lugar de la conversación o acerca el oído. También podemos reconocer una relación de atención examinando las respuestas instrumentales o consumatorias. Podemos determinar si el sujeto “prestó atención”, si podemos comprobar que esas respuestas instrumentales o consumatorias estuvieron bajo el control de dicho estímulo, es decir, comprobando si fueron afectadas por ese estímulo. Por ejemplo, podemos comprobar que la persona estuvo “prestando atención” a esa conversación, si más tarde constatamos que la persona posee información acerca de lo conversado. Tal constatación podría consistir en observar que dicha persona realiza determinadas acciones utilizando eficazmente la información que obtuvo al escuchar la conversación. Estas acciones son respuestas instrumentales o consumatorias. (Por supuesto, en vez de hacer esto, podríamos apelar a algún método “introspectivo”, por ejemplo, preguntar a dicha persona si “estuvo prestando atención”, o preguntarle acerca de lo que supuestamente escuchó. Pero la observación del comportamiento es un método más seguro). Usualmente, decimos que “prestar atención” es importante para poder hacer las cosas bien. Esto quiere decir que “prestamos atención” para que una respuesta instrumental produzca los resultados que deseamos. Para que esto ocurra, la respuesta debe hallarse necesariamente bajo el control de aquellos estímulos que tengan alguna relación con esas consecuencias. En tales casos, “prestamos atención” a las acciones o a sus efectos. Esto significa que dichas acciones o sus efectos ejercen control de estímulos. Por lo tanto, cualquier cambio que ocurra en ellos tendrá un efecto en la conducta del sujeto. Dependiendo del cambio ocurrido, se producirá un efecto determinado, por ejemplo, continuar en la misma actividad, o modificarla en alguna medida (efecto de retroalimentación). El hecho de que el individuo continúe o modifique su actividad, dependiendo de los resultados que observe, le permitirá alcanzar el objetivo que se ha propuesto. Hay casos en los que aparentemente “prestamos atención” solamente para obtener información. Por ejemplo, cuando “observamos atentamente” un cuadro. En este caso, no parece haber ninguna respuesta instrumental que esté bajo el control del cuadro. Pero, preguntémonos, ¿cuál es la razón para mirar atentamente el cuadro? Una razón puede ser meramente estética: disfrutar de él. El mirar el cuadro es una respuesta instrumental que produce consecuencias: la estimulación agradable proveniente del cuadro. Pero las consecuencias pueden ser mucho más agradables, si miramos con atención, u observamos, es decir, si la respuesta instrumental se halla bajo el control del cuadro en su totalidad, o de algún aspecto particular del mismo. Cuando un estímulo ejerce un mejor control, también se incrementan las respuestas a él, incluyendo las reacciones emocionales a él. Es necesario finalizar señalando que, aun cuando la “atención” es una relación y no una respuesta, es posible hasta cierto punto posible controlar dicha relación (hemos visto el caso de la “atención voluntaria”). Existen ejercicios que permiten al individuo aprender a modificar el estado de atención (del mismo modo en que se pueden aprender técnicas para controlar el estrés o el dolor). Nos ocuparemos de algunas de estas técnicas posteriormente. LA RESPUESTA DE ORIENTACION. El fenómeno denominado respuesta de orientación (RO) proporciona un modelo simple y útil para describir el proceso atencional. La RO se define como la primera reacción del organismo ante aquellos estímulos que son nuevos o significativos para él (por tanto, no equivale a la respuesta de atención). En estos casos, el organismo presenta un patrón característico de cambios esqueléticos, hormonales y fisiológicos, llamados en ocasiones componentes de la RO, tales como orientar el cuerpo hacia la fuente concreta de estimulación, interrumpir otras posibles acciones que se estén haciendo en ese mismo momento, aumentar el tamaño de la pupila, la tasa cardíaca se enlentece en un primer momento y justo a continuación se acelera, etc. Dichas manifestaciones siempre son las mismas, es decir, independientes del tipo de fuente estimular que las suscita. Por ello, se dice que la RO es inespecífico respecto al tipo de estimulación que provoca la respuesta. Sin embargo, la magnitud con la que se producen estas manifestaciones, medida a través de la latencia y la duración de los distintos componentes de dicha respuesta, puede variar de un caso a otro. Sokolov (1963) afirma que la función básica de la RO es la de aumentar la sensibilidad de los receptores sensoriales, permitiendo así al organismo ser más receptivo a los cambios ambientales detectados y concentrarse en aquellos que son más relevantes. Por su parte, Walters y Wright (1979) consideran que la RO tiene dos componentes: un primero que facilita la entrada de la información sensorial y prepara al organismo para procesar eficazmente dicha información o ponerse en marcha, y un segundo que tiene como objetivo regular la inhibición de respuestas cuando la estimulación que aparece es irrelevante.

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CARACTERÍSTICAS DE LA ATENCIÓN Amplitud. Mucha gente piensa que sólo puede atender a una cosa a la vez, pero ésta es una creencia errónea. Existe una evidencia clara de que podemos atender al mismo tiempo a más de un evento, un proceso de decisión o una respuesta. El concepto de amplitud o ámbito de la atención hace, pues, referencia a: 1) La cantidad de información que el organismo puede atender al mismo tiempo. Por ejemplo, si presentamos visualmente una serie de 16 letras en un período muy breve de tiempo –tan sólo 50 milisegundos- podemos percibir (atender a) 4 ó 5 letras simultáneamente. 2) El número de tareas que podemos realizar simultáneamente. Incluso en el caso de llevar a cabo una sola tarea, hay veces que la cantidad de procesos implicados en ella es muy grande y tenemos que utilizar varios al mismo tiempo. El ámbito de la atención es variable y su tamaño depende de muchos factores. Por ejemplo, el tener que realizar diversas actividades al mismo tiempo, el poder llevarlas todas a cabo de forma eficaz o sólo una parte de ellas depende de factores tales como el nivel de dificultad de cada una de las tareas. Desde este punto de vista, la amplitud de la atención puede verse ampliada considerablemente gracias al papel que ejerce la práctica. Intensidad. Todos tenemos la experiencia de que, aun bajo las mismas circunstancias, unas veces estamos más atentos y otras veces menos. Dicho fenómeno se conoce con el nombre de intensidad de la atención o tono atencional. La intensidad se define, pues, como la cantidad de atención que prestamos a un objeto o tarea, y se caracteriza por estar relacionada directamente con el nivel de vigilia y alerta de un individuo: cuanto menos despiertos estemos menor es nuestro tono atencional y por el contrario, cuando estamos bajo condiciones de alerta es cuando se intensifica dicho tono. Un hecho importante es que la intensidad de la atención no siempre es la misma, sino que puede variar de unas ocasiones a otras. Cuando se producen cambios de intensidad de la atención tiene lugar un fenómeno conocido con el nombre de fluctuaciones de la atención, y en el caso concreto en que se produzca una descenso significativo de dichos niveles decimos que se produce un lapsus de atención. En cualquier caso, el tiempo que puede durar cada fluctuación puede ser variado, desde tan solo unos milisegundos, hasta horas o incluso días. Cuando los cambios de intensidad de la atención son cortos y transitorios reciben el nombre de cambios fásicos, mientras que cuando son largos y relativamente permanentes se les denomina cambios tónicos. Oscilamiento. La atención cambia u oscila continuamente, ya sea porque tenemos que procesar dos o más fuentes de información, o porque tenemos que llevar a cabo dos tareas y se dirige alternativamente de una a otra. Dicho fenómeno se conoce como oscilamiento o desplazamiento de la atención. La capacidad para oscilar la atención rápidamente es un tipo de flexibilidad que se manifiesta en situaciones diversas, pero muy especialmente en las que tenemos que atender muchas cosas al mismo tiempo o en aquéllas en que tenemos que reorientar nuestra atención porque nos hemos distraído. Control. En ocasiones, las actividades que desarrollamos no están orientadas aparentemente a ningún fin específico y en este caso hablamos de atención libre. Pero en la mayoría de los casos, el sujeto ha de llevar a cabo tareas que le exigen determinadas respuestas y que tienen unos objetivos concretos. Cuando la atención se pone en marcha y sed despliega de una manera eficiente en función de las demandas del ambiente, hablamos de control atencional o atención controlada. A diferencia de la atención libre o no controlada, el control atencional exige en la mayoría de los casos un cierto esfuerzo por parte del sujeto para mantenerla. Algunos autores consideran que el control es la principal característica de la atención. ATENCIÓN Y ACTIVACION El concepto de activación fisiológica o arousal se define como el nivel de receptividad y responsividad que el sistema nervioso posee en un determinado momento ante los estímulos ambientales. Dicha activación se manifiesta mediante unos índices o correlatos fisiológicos y se expresa desde un punto de vista conductual en el grado de actividad que tenemos en un momento determinado: desde un nivel muy bajo cuando estamos dormidos, hasta un nivel muy alto cuando estamos realizando un gran esfuerzo o nos hallamos sometidos a una gran excitación. El arousal se ha relacionado con diversos procesos psicológicos, pero de manera muy especial con los procesos atencionales y emocionales. En efecto, cuando el individuo se encuentra activado: a) b) c) Posee unos niveles más altos de atención y es capaz de concentrarse mejor. Es más capaz de dar respuesta a una gran cantidad de información o desempeñar tareas que exigen distintas habilidades. Mantiene mejor la atención durante períodos de tiempo relativamente amplios.

Eastbrook señaló que el arousal produce un estrechamiento del foco de la atención sobre un número cada vez menor de índices de tarea, es decir, una concentración intensa sobre algunos pocos de todos los estímulos relevantes para una tarea. Sin embargo, parece que una activación intensa también va unida a una

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mayor susceptibilidad a la distracción, de tal forma que los sujetos afectados por niveles muy altos de activación, que llegan incluso a vivenciar la situación como ansiosa, tienden a dejarse influir por un número mayor de actividades de procesamiento irrelevantes para la tarea principal que ha de desarrollar. Condiciones de alta activación pueden estar asociadas al fenómeno conocido como estrés. Se llama estrés a una respuesta global del organismo ante condiciones percibidas como amenazantes. En condiciones como esas, el organismo experimenta un nivel de activación general. En aquellas situaciones de gran estrés y arousal en las que se requiere atender a índices ambientales muy variados para tomar decisiones en cada momento, se produce un deterioro, a veces fatal de la conducta. La razón de ello radica en el fenómeno conocido como Ley de Yerkes-Dodson. Esta ley afirma que el desempeño será óptimo bajo condiciones de activación moderada. Un nivel muy bajo de estrés produce bajos niveles de desempeño, un nivel muy alto de estrés tiende a perjudicar el desempeño. Por tanto, niveles demasiado bajos o demasiado altos de estrés, que producirán niveles demasiado bajos o altos de activación, no favorecerán un buen desempeño. De hecho, se ha observado que cuando se usan agentes estresores externos (tales como ruido, descargas eléctricas, etc.) aumenta el grado de activación y, siempre y cuando este nivel se presente en tareas moderadas, se produce un aumento en el nivel de ejecución. Un hecho adicional que merece mencionarse es que si la tarea es sencilla, la ejecución es mejor cuando los niveles de activación son altos; por el contrario, en una tarea compleja, la ejecución es mejor si el nivel de activación es algo más bajo. El nivel de activación del sistema nervioso presenta una variabilidad a lo largo del día, por tanto, podemos suponer que las tareas atencionales pueden verse alteradas en función de esta variabilidad. Diversos estudios muestran que los ritmos de ejecución dependen en parte, de las demandas de la tarea. Desde este punto de vista, se suele hacer una diferenciación entre: a) tareas que requieren un proceso de información, denominadas en ocasiones de ejecución precepto-motora, y b) tareas en las que están implicados mecanismos de memoria. Muchas tareas atencionales (tachado, tiempo de reacción, etc.) se ha asociado con el primer tipo de tareas que, por otra parte, suelen ir asociadas con el ritmo de temperatura corporal. Puesto que la temperatura corporal es un índice del nivel de activación, y el punto óptimo de este varía en función de la dificultad de la tarea, este tipo de tareas atencionales sencillas deberán realizarse mejor conforme avanza el día, al contrario de las tareas difíciles que exigen carga de memoria. Lo demostrado hasta la fecha indica que, al parecer, las tareas atencionales sencillas siguen casi siempre esta pauta que hemos indicado, pero no está claro cómo la hora del día influye en tareas que exigen mayor selectividad y control atencional. VARIABLES QUE AFECTAN LA ATENCION Las variables que afectan la atención son factores que modifican el control de los estímulos, y por tanto, modifican una o varias de las características de la atención ya mencionadas (amplitud, intensidad, oscilamiento o control). Algunas de estas variables pertenecen a los estímulos, otras al sujeto, y otras más a la interacción entre los estímulos y el sujeto. Usualmente, el efecto final dependerá de la interacción de varios de estos factores y de su intensidad relativa. VARIABLES DEL ESTIMULO

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Intensidad del estímulo. Cuando los estímulos son muy intensos tienen mayores probabilidades de “llamar la atención.” Es evidente que un sonido de gran intensidad es capaz de atraer nuestra atención. Lo mismo sucede con los colores intensos, con respecto a los de tonos más suaves. Cambio del estímulo. Siempre que se presenta un cambio que modifica el campo perceptual del individuo, se produce una respuesta a los estímulos que modifican la situación de estabilidad. Este principio se aplica consistentemente en los medios de comunicación, tratando de presentar una serie de estímulos que rompan con la rutina, a fin de mantener la atención de los receptores de la información. Tamaño. Normalmente, los objetos de mayor tamaño llaman más la atención. En concreto, el doblar el tamaño aumenta el valor de la atención en, aproximadamente un 42-60 % y no en un 100 %. Repetición. Un estímulo débil, pero que se repite constantemente, puede llegar a tener un impacto de gran fuerza en la atención. Cuando se generan las campañas políticas y publicitarias, se acostumbra utilizar este principio para lograr una gran efectividad en los seguidores políticos o en los consumidores. Las compañías en sus anuncios suelen elaborar varios comerciales que manejan una misma idea. Sin embargo, después de cierto límite, la repetición produce los fenómenos de adaptación y de habituación, mediante los cuales se produce una disminución de las respuestas al estímulo y, por tanto, el estímulo pierde toda su capacidad de atraer la atención. El color. Los estímulos en color suelen llamar más la atención del sujeto que los que poseen tonos en blanco y negro. El movimiento. Los estímulos en movimiento captan antes y mejor la atención que los estímulos inmóviles.

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La posición. La parte superior atrae más, la mitad izquierda más que la mitad derecha. Por lo tanto, la mitad superior izquierda de nuestro campo visual es la zona que capta primero la atención.

FACTORES DEL SUJETO 1. Necesidades físicas. Este factor se relaciona con las pulsiones que experimenta el individuo al momento de recibir la estimulación. Si una persona se encuentra sedienta, es seguro que le atraerán más intensamente los estímulos relacionados con la satisfacción de la misma. Está comprobado que cuando un consumidor hace sus compras en una tienda de autoservicio el volumen de ellas se ve afectado por el hambre que posee la persona en el momento de su visita al establecimiento. Intereses. Tendemos a prestar más atención a aquello que nos interesa más. Por supuesto, la atención está en función de los intereses de cada individuo; un aficionado al alpinismo se sentirá fuertemente atraído por una vista de montañas nevadas, mientras que un biólogo será atrapado por la imagen de una especie en peligro de extinción. Expectativas. Se conoce como expectativas, las ideas acerca de lo que el sujeto espera en una situación determinada, por ejemplo, lo que espera sobre las características de la información que va a recibir o sobre la tarea que va a llevar a cabo. Las expectativas son importantes porque facilitan el proceso exploratorio, al limitar el ámbito de la atención a lo esperable. Las expectativas también reducen las alternativas de interpretación de la situación (lo que ocurre es lo que se esperaba que ocurra), lo que facilita la acción. Obviamente, las expectativas no siempre se cumplen. Pero cuando las expectativas no confirmadas, ello puede tener el efecto de sostener la actividad atencional. Fatiga. Mientras mayor sea la fatiga, es más difícil concentrar o mantener la atención. Curso del pensamiento. Independientemente de las pulsiones o de los intereses del individuo, si el curso de su pensamiento se encuentra siguiendo ciertas ideas, y un estímulo relacionado se presenta ante sí en ese momento, este último captará su atención en forma inmediata.

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Estrés. Como ya hemos indicado, bajo condiciones de estrés moderado, el individuo puede lograr un rendimiento óptimo, mejor que con niveles bajos de estrés, o que con niveles demasiado altos. Cuando el estrés alcanza niveles muy altos, el foco atencional se estrecha y se restringe hacia los estímulos que provocan el estrés, sin atender a otros estímulos no estresantes que también podrían ser importantes para la adaptación del individuo al medio. Drogas. Los medicamentos que más claramente se ve que afectan a los procesos de atención son dos cuyos efectos son totalmente distintos: los tranquilizantes y los estimulantes. Dentro de los primeros, uno de los que más sistemáticamente ha sido estudiado ha sido el diazepán. Aunque no siempre influye directamente en tareas atencionales, sí influye en tareas en las que hay implicados oscilamientos de la atención, haciéndolos más lentos. También produce una disminución de los niveles de alerta del individuo. Sueño. Uno de los efectos principales de la privación del sueño es el descenso del nivel de activación. En consecuencia, disminuye la capacidad para enfocar la atención sobre los estímulos relevantes o críticos, aumenta la susceptibilidad a los efectos perturbadores de los distractores, y disminuye la intensidad de la atención. VARIABLES DE LA INTERACCIÓN SUJETO-ESTIMULO 1. Complejidad. La complejidad se define como el grado de información que es trasmitida por el estímulo. En términos generales, los estímulos complejos captan antes la atención que los no complejos. Sin embargo, los objetos excesivamente complejos no captan tanto la atención como aquellos que sufren ciertas modificaciones con respecto a otros que sí nos son familiares. De hecho, parece que las personas se sienten atraídas por patrones de complejidad intermedia. La relevancia. Se entiende por relevancia el hecho de que el estímulo posee, en determinado momento, gran importancia para el sujeto. La importancia del estímulo puede, a subes, hallarse determinada por diferentes factores, por ejemplo, instrucciones de realizar una respuesta motora ante ese estímulo; procesos de pensamiento, la historia del sujeto, etc. La novedad. La novedad de un estímulo se define como el cambio de uno o varios de los atributos que componen un estímulo. El carácter novedoso de un estímulo puede conseguirse de diversas maneras: alterando o modificando las dimensiones físicas de un estímulo, tales como su intensidad, duración, localización, etc., omitiendo la presencia de estímulos inesperados, alterando el orden de una

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secuencia de estímulos y, muy fundamentalmente, haciendo que aparezca un estímulo de forma repentina. La novedad es considerada uno de los factores determinantes más importantes, aunque a veces no es fácil diferenciarla de otros factores como la sorpresa, la incongruencia, el conflicto, la incertidumbre e incluso la complejidad del estímulo. Y es que en realidad, todos estos factores consiguen su efecto determinante sobre la atención a partir de la comparación que el sujeto realiza entre el estímulo recibido y los patrones de estímulo que dicho sujeto ya conoce. Aunque los estímulos novedosos e inusuales atraen más la atención que los familiares, esta relación no siempre es tan sencilla. Ello debido a que la concepción de hasta qué punto un objeto es novedoso para un individuo, depende, evidentemente, de la experiencia previa de dicho sujeto. 4. Adaptación y habituación. Cuando un estímulo se repite varias veces, o se halla presente de manera continua, puede ocurrir que las respuestas provocadas por él pierdan gradualmente su intensidad, de manera que en cada repetición del estímulo, o a medida que pasa el tiempo, la respuesta sea cada vez más débil, hasta que en algún momento cese por completo. En algunos casos, esto ocurre porque han cesado las respuestas sensoriales al estímulo, es decir los sentidos dejan de “captar” el estímulo. Este fenómeno se denomina adaptación. En otros casos, el cese de la respuesta no se debe a que los órganos sensoriales dejan de captar el estímulo, sino que más bien ocurre un proceso de aprendizaje, por el cual disminuye la atención a un estímulo que ya no es novedoso. En este último caso, hablamos de habituación. Un ejemplo de adaptación sucede cuando entramos a un local donde hay música ruidosa, el volumen del sonido parece al comienzo muy alto, pero a medida que pasa el tiempo, el volumen ya no se percibe tan alto. En cambio, en la habituación lo que va a suceder es que al comienzo nos hallamos muy interesados por un hecho novedoso, pero a medida que el mismo hecho se repite, deja de tener interés y por consiguiente, ya no le prestamos atención. TIPOS DE ATENCION Atención selectiva, dividida y sostenida. Muchos autores han propuesto que las respuestas de atención pueden cumplir tres funciones, dando lugar a tres tipos de atención: 1) La atención selectiva, es la que se activa cuando el ambiente nos exige dar respuesta a un solo estímulo o tarea en presencia de otros estímulos o tareas variados y diversos. Por ejemplo, centrarnos en lo que dice nuestro profesor en clase y no en la conversación que paralelamente tiene lugar en el pasillo. 2) La atención dividida se pone en marcha cuando el ambiente nos exige atender a varias cosas a la vez y no, como en el caso anterior, centrarnos en un único aspecto del ambiente. Uno de los ejemplos más claros de esta situación es la actividad de conducir: mientras vamos conduciendo hablamos con nuestro acompañante, miramos por el espejo retrovisor para comprobar si alguien quiere adelantarnos, tenemos que controlar el movimiento de los pedales y la palanca de marchas, etc. 3) La atención sostenida, que se produce cuando tenemos que concentrarnos en una tarea durante períodos de tiempo relativamente amplios. Un ejemplo típico en el que el sujeto ha de estar atento durante mucho tiempo es la actividad desarrollada por un controlador aéreo. Atención interna versus externa. La atención puede ser orientada, o bien hacia los objetos y sucesos ambientales externos, o bien hacia nuestro propio conocimiento, nuestros recuerdos, nuestras emociones y sentimientos, etc. En el primero de los casos hablamos de atención externa y en el segundo de los casos de atención interna. Este tipo de diferenciación no ha de ser confundido con aquel otro que se establece entre factores determinantes externos versus internos de la atención. En este caso, el criterio que establece la diferenciación entre unos y otros determinantes es el origen externo versus interno de la fuente de información que pone en marcha los mecanismos de funcionamiento de la atención. La investigación psicológica en general se ha centrado más en el estudio de la atención hacia los acontecimientos del medio ambiente externo; sin embargo, el análisis del fenómeno conocido en ocasiones con el nombre de autofocalización está cobrando cada vez mayor importancia. Ello se evidencia fundamentalmente cuando se analizan ciertas disfunciones atencionales que tienen lugar en algunos trastornos mentales, y en el entrenamiento de ciertas estrategias de concentración como en el ámbito deportivo. Atención visual versus auditiva. Los sistemas sensoriales son las estructuras que permiten a un organismo recibir información del medio ambiente. Conocer qué información reciben y cómo la reciben es importante. En nuestro caso concreto, nos interesa fundamentalmente saber cómo seleccionan la información que les llega. De las distintas modalidades sensoriales existentes, las dos más estudiadas en el caso de la atención han sido la visual y la auditiva. Se suele hacer una diferenciación entre estos dos tipos de atención porque la mayor parte de las investigaciones evidencian una serie de diferencias claras entre ambas. Una de ellas es que

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mientras que la información visual se halla continuamente disponible en todas las superficies visibles, la información auditiva se halla disponible en momentos temporales aislados. Esto ha dado lugar a afirmar que mientras que el procesamiento de la información visual se realiza en paralelo, esto es, toda la información al mismo tiempo, el procesamiento de la información auditiva se lleva a cabo serial o secuencialmente. Pero la diferencia que a nosotros más nos interesa resaltar en estos momentos es la forma que cada modalidad sensorial tiene de seleccionar la información: los mecanismos que permiten tanto codificar como seleccionar la información visual tienen lugar en buena parte a nivel periférico. Por ejemplo, mediante los movimientos sacádicos de los ojos o la acomodación del cristalino a distintos niveles de profundidad, se selecciona buena parte de la información. Por el contrario, los receptores auditivos, una vez superado su umbral, recogen todos los estímulos acústicos del medio ambiente, y no pueden acomodarse para rechazar parte de ellos: no recogen un mensaje y rechazan otros, sino que han de recoger toda la información auditiva de forma indiscriminada, y tan sólo cuando la información llega al cerebro, esto es, a nivel central, actúan los mecanismos de selección auditiva. El hecho de establecer mecanismos de selección distintos para la atención visual y auditiva ha dado lugar a hablar de una especificidad sensorial del mecanismo atencional. Atención global versus atención selectiva. La atención tiene una determinada amplitud y puede ser más o menos intensa, y desde ese punto de vista el foco atencional se puede ensanchar o contraer, según las demandas del ambiente. Desde este punto de vista, se ha establecido una distinción entre atención global y atención selectiva. Mientras que la atención global tiene como finalidad llevar a cabo una estructura organizada de las partes o elementos que componen una información o una tarea, la atención selectiva se centra en el análisis de los detalles que componen una información o tarea. En otras palabras, mientras que la atención selectiva busca la intensidad, la atención global busca la amplitud. Atención voluntaria versus atención involuntaria. Cuando dirigimos nuestra atención hacia nuestros objetivos e inhibimos respuestas inapropiadas se ponen en marcha los mecanismos de la atención voluntaria, también llamada en ocasiones secundaria. En estos casos, se dice que tenemos un gran “control atencional”, y suele exigir un cierto esfuerzo por nuestra parte para mantenerlo. Pero también existe una atención involuntaria o primaria que tiene lugar sin que medie proceso volitivo alguno. A nivel perceptivo, este tipo de atención depende fundamentalmente de las características de los propios estímulos ambientales; y cuando se trata de llevar a cabo una tarea, nuestro rendimiento se ve mediatizado por factores motivacionales y emocionales que, o bien nos permite concentrarnos mejor y atender más intensamente, o bien hace que cualquier estímulo o situación nos distraiga e influya negativamente sobre la ejecución de la tarea. Al analizar las variables que afectan la atención hemos visto cómo ciertos rasgos físicos de los objetos pueden captar involuntariamente la atención. Pero aún en estos casos, pronto ejercemos mecanismos de control para seguir atendiendo o no a los objetos que poseen estos rasgos. Una de las respuestas que tradicionalmente se ha considerado de naturaleza involuntaria ha sido la respuesta de orientación (RO), tanto por la psicología soviética (Luria, 1979) como por algunos psicólogos cognitivos (por ejemplo, Glass, Holydak y Santa, 1979). Sin embargo, parece que dicha respuesta puede ser también provocada por procesos de pensamiento, y no sólo por estímulos externos. Ello ha hecho que algunos autores (por ejemplo, Maltzman, 1977) distingan entre respuestas de orientación voluntarias e involuntarias. Ya hemos señalado antes (págs. 11-12) los mecanismos psicológicos que explican ambas clases de atención. Atención consciente versus atención inconsciente. El hecho de que en muchas ocasiones nos demos cuenta o nos percatemos de que atendemos a los estímulos, o que estamos más o menos concentrados a la hora de llevar a cabo una tarea, ha dado lugar a que, en ocasiones, atención y consciencia hayan sido considerados como un mismo fenómeno. Sin embargo, esto no es del todo cierto. Atención y consciencia no son sinónimos, ya que no todo lo atendido se hace consciente. Muchas veces podemos prestar atención sin darnos cuenta de que estamos atendiendo. Un ejemplo típico en nuestra vida cotidiana es el fenómeno que se conoce con el nombre de atención habitual, y que se refiere a la atención automática e inconsciente que prestamos a aquellos objetos y/o tareas que forman parte de nuestros hábitos: poner las llaves en el mueble del recibidor cuando llegamos a casa, quitarnos anillos o sortijas y depositarlos en el cajón de la mesilla cuando vamos a dormir, etc. Generalmente, si se nos pregunta si hemos realizado estas acciones al cabo de un cierto tiempo de haberlas hecho, no solemos recordarlo a no ser que hagamos un claro esfuerzo de memoria, y aún así hay ocasiones en que no somos capaces de recordar. Sin embargo, puede decirse que todo lo que es consciente ha sido atendido. TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN CON HIPERACTIVIDAD (TDA-H)

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Actualmente se denomina Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDA-H) a aquel síndrome que ha recibido con anterioridad toda una pluralidad de términos, tales como lesión cerebral, síndrome Strauss, disfunción cerebral mínima, síndrome hipercinético, reacción hipercinética en la infancia y la adolescencia o hiperactividad. Los aspectos básicos de su sintomatología se aprecian en la Tabla 1. Según el DSM-IV (APA, 1994) el trastorno por déficit de atención con hiperactividad se caracteriza por "un patrón persistente de desatención y/o hiperactividad/impulsividad que es más frecuente y grave que el observado habitualmente en sujetos de un nivel de desarrollo similar". Además, distingue tres tipos de trastornos por déficit de atención con hiperactividad: trastorno por déficit de atención con hiperactividad, tipo con predominio del déficit de atención; trastorno por déficit de atención con hiperactividad, tipo con predominio hiperactivo/impulsivo; y tipo combinado. DIFERENTES MODELOS DE LA INTERVENCIÓN EN EL TDA-H No hay un modelo único de intervención en TDA-H. Existen distintas perspectivas relacionadas con los diferentes enfoques del problema que se han sucedido a lo largo del tiempo. Tres son los procedimientos con más vigencia en la actualidad: el farmacológico, que se basa en la prescripción de psicoestimulantes; el conductual, que intenta manipular las contingencias ambientales; y el cognitivo-conductual, que combina el anterior con la enseñanza de técnicas de autorregulación y de solución de problemas para potenciar el autocontrol. Tabla 1. Sintomatología básica del TDA-H Inatención Son menos capaces de mantener el mismo grado de compromiso en las tareas que otros niños. No pueden prestar atención suficiente a los detalles. Pierden su concentración en tareas rutinarias. Sus trabajos suelen ser sucios y desordenados. Cambian de una actividad a otra sin terminar ninguna de ellas. Pierden el material y olvidan las cosas. Impulsividad Son impacientes, les cuesta mucho respetar el turno e interrumpen constantemente a los otros. Sufren accidentes al realizar acciones sin pensar los peligros que conllevan. No reflexionan sobre distintas alternativas disponibles. Incumplimiento de normas básicas del hogar o la escuela. La impulsividad no disminuye con la edad, como ocurre con la actividad Hiperactividad Excesivo movimiento corporal que se traduce en una actividad casi permanente e incontrolada que se caracteriza por no tener una meta concreta y por aparecer en los momentos más inoportunos. Su energía la dirige hacia tareas y objetivos diferentes a los encomendados por sus padres y profesores. Falta de flexibilidad y cierto grado de rigidez. Sufren caídas y tropezones frecuentes. Suelen ser torpes ante cualquier actividad que requiera coordinación visomotora.

1.

Tratamientos farmacológicos

Una gran mayoría de escolares con un diagnóstico TDA-H reciben tratamiento médico que consiste en la administración de psicoestimulantes. El nombre de psicoestimulantes obedece al efecto positivo que ejercen sobre el nivel de activación cerebral al aumentar la disponibilidad de ciertos neurotransmisores en el cerebro. Los psicoestimulantes potencian la motivación y hacen posible que se intensifique el esfuerzo intelectual, disminuyendo la fatiga. Con la toma de los fármacos pueden aparecer efectos indeseables que no suelen revestir gravedad, como insomnio, pérdida de apetito, dolores de cabeza y de estómago y, con menor frecuencia, síntomas de ansiedad, como onicofagia. Potencian la emotividad y la irritabilidad, sobre todo en las últimas horas de la tarde, cuando ha desaparecido su acción positiva. Entre las razones que justifican iniciar un tratamiento medicamentoso ante un caso de TDA-H, los expertos destacan la severidad de los síntomas y el grado de tensión que suscite en el propio niño, en sus padres o en sus profesores. En las fases verdaderamente críticas, la medicación constituye la modalidad de intervención más efectiva. Otras terapias, como las conductuales o las cognitivas, parecen necesitar más tiempo para proporcionar efectos beneficiosos. Ahora bien, muchos investigadores y clínicos coinciden en afirmar que los estimulantes no parecen ser suficientes para el tratamiento de los niños con TDA-H, requiriendo un tratamiento adicional. 2. Tratamientos conductuales

Las técnicas de modificación de conducta constituyen, junto con las cognitivo-conductuales, las intervenciones psicológicas más relevantes para niños con TDA-H dentro del sistema escolar. La modificación de

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conducta aglutina un conjunto de estrategias que utilizan el refuerzo y el castigo para establecer o incrementar las conductas positivas y para reducir o eliminar las conductas negativas, conductas disruptivas e hiperactivas. La idea central es que las conductas están moldeadas por contingencias ambientales. En el caso de las conductas hiperactivas, por contingencias inadecuadas. Una modificación directa de las mismas llevará a cambios en comportamientos concretos que se generalizarán por el aumento de refuerzos positivos y la mayor aprobación social, lo que redundará en sentimientos de dignidad y de responsabilidad sobre la propia conducta. Estos métodos son fáciles de implementar, rápidos, de bajo costo y adaptables a múltiples contextos. De hecho, es frecuente y recomendable que participen en la intervención activamente padres y profesores. En general, el proceso que se sigue en los programas de intervención conductuales consiste en 5 pasos: 1. Determinar las conductas objeto de modificación; 2. Elaborar, a partir de los datos obtenidos mediante registros observacionales, la línea base de dichas conductas. 3. Planificar el programa de contingencias especificando con toda claridad los procedimientos a utilizar así como la forma de aplicación. 4. Aplicar los procedimientos seleccionados de forma contingente a las conductas que queremos modificar, y 5. Evaluar los resultados comparando los datos del postratamiento y los del seguimiento con los del pretratamiento o línea base. Los padres y los maestros disponen de un repertorio de técnicas y procedimientos mediante los cuales pueden disciplinar a sus hijos y alumnos con eficacia, sin enfadarse, sin gritar y sin utilizar el castigo físico. Básicamente existen dos grandes grupos de técnicas para modificar la conducta de los niños: técnicas para incrementar el comportamiento deseado y técnicas para disminuir las conductas indeseadas. Técnicas para incrementar el comportamiento deseable La alabanza, los premios, los privilegios comparten el hecho de ser técnicas con consecuencias positivas que pueden ayudar a los padres y profesores a conseguir incrementar conductas que consideren positivas. Los pre-requisitos para su aplicación son tres: a) Detectar el comportamiento correcto. b) Aplicar las técnicas con frecuencia y rapidez. c) Dirigir la atención sólo a los comportamientos en los que se desea aumentar su frecuencia de aparición. Las técnicas positivas requieren que los educadores presten atención a las conductas adecuadas, que normalmente pasan inadvertidas. Por ejemplo, cuando un niño trabaja o juega tranquilamente, este es el momento óptimo para el uso de alabanzas, premios o privilegios. Si no se actúa así y sólo se responde ante las malas conductas se creará un círculo de castigo y mal comportamiento en el niño que estará mantenido por la misma atención de los adultos. Entre las técnicas positivas pueden distinguirse las alabanzas y las recompensas. La alabanza sirve de fundamento a otras técnicas. Las recompensas o privilegios suelen ser las técnicas óptimas para la adquisición de conductas positivas. Una técnica de recompensa frecuentemente utilizada es la "ley de la abuela", llamada así porque es frecuentemente utilizada por estas personas con una enorme sabiduría popular. Esencialmente implica exigir a los niños que hagan algo que no les gusta hacer como condición indispensable para conseguir hacer algo que les gusta y que habían planificado hacer. Técnicas para disminuir la conducta inadecuada Padres y profesores disponen de un repertorio de técnicas para hacer frente a los comportamientos incorrectos de sus hijos y alumnos: extinción, coste de respuesta, aislamiento y castigo. La extinción se puede definir como la retirada sistemática de la atención que sigue inmediatamente a un comportamiento no deseado como una manera de mostrar al niño que su conducta no merece nuestra atención. El aislamiento es un procedimiento que es adecuado para tratar la desobediencia ante reglas básicas, la hiperactividad y la agresividad. Consiste en enviar al niño a un lugar relativamente aislado y aburrido durante unos minutos inmediatamente después de un comportamiento incorrecto. Debe permanecer allí por 3 ó 5 minutos. Es conveniente aplicarlo después de una advertencia y si se ha mandado al niño a aislamiento por desobediente debe darse la misma orden inmediatamente después de salir y, si no obedece, mandarle nuevamente a time-out. Por último, debe alabarse al niño por la primera conducta positiva que realice después de salir del aislamiento. La retirada de privilegios o coste de respuesta significa que el niño tiene que pagar con un beneficio o privilegio la realización de una conducta inapropiada. Los privilegios deben retirarse inmediatamente después del mal comportamiento, deben ser proporcionales a la conducta realizada, deben cambiarse los privilegios que se retiran con cierta frecuencia y debe aplicarse combinada con otras técnicas positivas contingentes a las conductas deseables. El castigo físico tiene muchas consecuencias negativas: puede provocar miedo y rechazo y enseña a los hijos, por modelado, a solucionar sus problemas mediante la agresividad. Sin embargo, puede ser

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conveniente su empleo, si otros métodos no dan resultado, pero su aplicación requiere de ciertas recomendaciones. Mantenimiento de los cambios conductuales Las técnicas mencionadas anteriormente son esenciales en las fases iniciales de la intervención conductual, sin embargo, a fin de mantener a largo plazo los cambios obtenidos y generalizarlos a otros ambientes, el tratamiento conductual se complementa con procedimientos adicionales. El objetivo de estos procedimientos es conseguir por parte del niño el desarrollo del autocontrol, es decir, el control de su propia conducta. Los métodos de autocontrol parten el hecho de que los niños TDA-H no formulan ni internalizan reglas. Su conducta es impulsiva y se caracteriza por una escasa comprensión de la naturaleza del problema, un fracaso en la producción de mediadores adecuados y la no aplicación de los que produce. Entre las técnicas que potencian el autocontrol del propio niño tenemos: la autoobservación, técnicas de control de estímulos y el entrenamiento autoinstruccional. ATENCIÓN E INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA El objetivo básico de la psicología aplicada es el de intervenir, esto es, actuar de una manera concreta en aquellas áreas y campos que la sociedad demanda. Para ello, utiliza toda una serie de procedimientos bastante sistematizados (véase cuadro adjunto). De todas estas técnicas, a continuación nos vamos a centrar en cómo se evalúan los procesos atencionales, así como en las principales técnicas para la adquisición de estrategias de atención. • • • • • Diagnosticar: Evaluar y/o medir ciertas características de un individuo, con el fin de asignarlo a una determinada categoría diagnóstica. Orientar o asesorar: Ayudar a una persona o colectivo a resolver un problema y /o tomar una decisión al respecto. Seleccionar: escoger a un individuo o grupo de individuos en base a unos criterios previamente establecidos. Alterar o cambiar ciertas características (habilidades, rasgos, conductas)de una persona con el fin de conseguir mayor adaptación a las demandas del ambiente. Prevenir la presencia de determinadas situaciones que pueden provocar actividades y conductas desadaptativas al ambiente.

ATENCIÓN Y EVALUACIÓN PSICOLÓGICA El primer objetivo en el ámbito de la intervención psicológica es el diagnosticar, es decir, evaluar al sujeto en aquella dimensión que es objeto de su interés. En el caso de la atención, las formas de evaluación más importantes llevadas a cabo han sido dos, a saber: la evaluación conductual y la evaluación cognitiva o psicométrica. En ocasiones, también se lleva a cabo una evaluación neurológica y/o psicofisiológica, pero tan sólo en aquellos casos en los que se sabe que puede haber un trastorno psicobiológico de base. Veamos más detenidamente cada una de ellas. La evaluación conductual, como su propio nombre indica, consiste en analizar las manifestaciones conductuales de la atención. Las técnicas principales con las que se lleva a cabo este tipo de evaluación son la observación directa, la entrevista y las escalas y cuestionarios. De manera intuitiva, parece que lo mejor es observar directamente las posibles “conductas de atención”, o, en su defecto, conductas de falta de atención que un individuo pueda manifestar. En estos casos, la técnica más frecuente es elaborar un protocolo de posibles conductas de atención organizadas en una hoja de registro que nos permita anotar de forma sistemática las conductas seleccionadas. Pero la observación de este tipo de conductas es insuficiente. Además, en el ámbito de la psicología aplicada existen otras técnicas complementarias tales como la entrevista y las escalas y cuestionarios que son utilizados con mucha frecuencia. Los cuestionarios, por ejemplo, son instrumentos diseñados para ser contestados por el propio individuo, si bien en el caso de los niños pequeños suelen ser contestados por otras personas, generalmente padres y/o maestros. Son, pues, una estrategia de evaluación indirecta que si bien cuenta con algunas limitaciones (subjetividad en su elaboración, ambigüedad en la interpretación de los ítems o reactivos que lo componen, etc.), son indudablemented útiles. Una de las mayores ventajas que presenta es la facilidad y brevedad para ser contestados, pudiéndose obtener datos de muy diversas situaciones. Dentro de las escalas de comportamiento infantil destacan las conocidas con el nombre de escalas de calificación (rating scales) o listas de chequeo. En dichas escalas, se pide a los informantes (maestros, padres, etc.) que puntúen ciertas conductas del niño observadas en el pasado. La mayoría de estas escalas están

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construidas para evaluar a niños entre 7 y 11 años y detectar, fundamentalmente, problemas de inatención diferentes de lo que es en sí la hiperactividad. Las más utilizadas son la CBCL (Child Behavior CheckList) desarrollada por Achenbach y Edelbrock (1983); el CAP (Child Atention Profile), elaborado por Edelbtrock en 1986 y la ECI (Escala de Comportamiento Infantil). Por su parte, la evaluación cognitiva se lleva a cabo mediante la aplicación de tests psicométricos. En realidad, el número de tests exclusivamente atencionales es muy escaso. La mayoría de ellos son en realidad pruebas que miden inteligencia y que incluyen alguna prueba atencional, o tests de percepción que evalúan conjuntamente habilidades perceptivas y atencionales. En el caso de los tests de inteligencia, los más numerosos se han elaborado en el ámbito infantil. De hecho, algunas pruebas utilizadas para la evaluación cognitiva en los primeros meses de vida contienen ya algunos ítems que permiten evaluar componentes atencionales. Por ejemplo, algunos ítems de la Escala BAYLEY; o algunos del área perceptivo-cognoscitiva del Inventario de Desarrollo EP-1 (Estimulación Precoz de Mollá y Zulueta). En el ámbito pre-escolar, por ejemplo, la parte de memoria del Test de Aptitudes y Psicomotricidad para niños McCarthy está bastante saturada de pruebas de atención tales como señalar dibujos muy simples, representar secuencias de palabras muy sencillas, etc. En la edad escolar, algunos de de los tests de inteligencia que contienen específicamente subpruebas de atención son el WISC-R (Kaufman, 1975), que incluye el Indice de Dependencia a la Distracción, y el Weschler (Porteurs, 1967; Wescher, 1993) con la prueba de laberintos. En el caso de los tests de percepción, éstos incluyen diversas tareas que implican el uso de estrategias atencionales, discriminar pequeños detalles que faltan en un objeto para que éste sea idéntico a su homólogo (percepción de diferencias); identificar los elementos que son iguales a un modelo dado de entre un conjunto de ellos que son perceptualmente diferentes (discriminación visual); identificar objetos comunes habituales a partir de la presentación imcompleta de ellos (integración visual); localizar un estímulo entre un conjunto de estímulos más amplios (rapidez perceptiva). Pero también existen algunas pruebas consideradas como tests específicos de atención tales como el TP (Toulouse-Pieron), el CPT (Continuus Performance Test), el Test Stroop de Independencia Palabra-Color, el Test de Escucha Dicótica con Atención Forzada, y las pruebas BG-3, BG-9 y BG-10. El Toulouse-Pieron , por ejemplo, mide aptitudes perceptivas, atención concentrada, rapidez de ejecución y resistencia a la monotonía utilizando como estímulos elementos gráficos. La prueba consta de una hoja llena de pequeños elementos gráficos, en concreto, cuadrados de 2 mm de lado, con una línea en diferentes posiciones, dando lugar a ocho figuras distintas que el sujeto tiene que discriminar. La tarea del sujeto consiste en tachar las figuras que sean iguales a tres modelos que se le proponen. Por su parte, el CPT (Continuus Performance Test) (Etsepareborda, 1994; Klee y Garfinkel, 1983) es una prueba informatizada diseñada para medir el mantenimiento de la atención durante un peíodo de 17 minutos en una tarea que requiere vigilancia. Consiste en presentar estímulos simples (letras, dígitos, etc.) durante un período muy breve, en una secuencia aleatoria y a intervalos constantes. La tarea del sujeto es presionar una llave cada vez que saparece en la pantalla un estímulo crítico, que tiene lugar, como promedio, una vez cada 5 presentaciones. Esta prueba es considerada desde hace años como el test más fiable para estudiar experimentalmente la ejecución de los sujetos en situaciones que exigen atención sostenida. Finalmente, el Test Stroop de Independencia Palabra-Color (Etsepareborda, 1994; Stroop, 1935), es otra de las pruebas recientemente incorporada al mercado, y mide distraibilidad en los niños. ATENCION Y ENTRENAMIENTO EN HABILIDADES ATENCIONALES Ya hemos indicado que la atención, como cualquier otro proceso cognitivo, ha de ser entendida como un recurso o habilidad que se adquiere a través del ejercicio. El primer paso es conocer la situación concreta y aplicar estrategias específicas a dicha situación. Uno de los campos donde se evidencia la importancia del entrenamiento de habilidades y estrategias atencionales es el campo deportivo. Pero ha sido en el campo educativo donde más sistemáticamente se han desarrollado técnicas de entrenamiento para mejorar las habilidades atencionales. Se considera que las estrategias más importantes que el niño ha de desarrollar son: 1) Estrategias de atención global. Consiste en atender lo más posible a toda la información que se presenta. Una técnica importante para ello es la exploración o escudriñamiento de la información. 2) Estrategias de atención selectiva. Una vez explorada toda la información se selecciona la más relevante. En este sentido, técnicas importantes son las de fragmentación o la de subrayado de aquella materia que estamos estudiando. 3) Automatización de los pasos y estrategias que utilizamos. Su propósito es tener más recursos disponibles para orientarlos a otras tareas. 4) Estrategias de atención sostenida. Para ello se utilizan técnicas que también son técnicas de memoria: elaboración de esquemas, hablar y repetir la información en voz alta, etc. El entrenamiento de este tipo de estrategias, si bien es útil para todos los niños, suele utilizarse más en aquellos niños que precisamente tienen problemas específicos de atención, tales como niños diagnosticados con TDA o problemas de aprendizaje, y también dentro del ámbito de la educación especial, para aquellos niños con ciertas discapacidades y/o con retraso mental. En este sentido, es importante tener en cuenta la edad del niño, porque cuanto mayor sea, también mayor es la dificultad para mejorar la atención.

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En el primero de los casos, una técnica muy útil en cualquier tratamiento cognitivo y metacognitivo es la aplicación constante e intensa de ejercicios. Normalmente se utilizan técnicas y ejercicios existentes en el mercado, y si es necesario, se elaboran ejercicios nuevos adaptados a las características del niño. En cualquiera de los casos, la naturaleza de los ejercicios a practicar por el niño dependerá del tipo de problema atencional diagnosticado. Gosálbez (1990) por ejemplo, propone una serie de ejercicios y estrategias concretas para aquellos niños con escasa concentración y excesiva imaginación, algunos previos al estudio para eliminar las imágenes potencialmente perturbadoras, y otros destinados específicamente a la concentración. Estos ejercicios pueden ser gráficos o mentales. Los primeros exigen concentrarse en las tareas, no son excesivamente cansados, y consiguen que no se piense en nada una vez acabados, por lo que facilitan llevar a cabo la tarea de estudiar. Por su parte, los ejercicios mentales tratan de controlar tanto la atención inmediata como a mediano plazo o a lo largo del día (ver cuadro). Finalmente, se puede indicar que las técnicas de modificación de conducta pueden también aplicarse con el fin de ayudar a establecer y mantener habilidades de atención y concentración.

Ejercicios mentales para niños con escasa concentración y excesiva imaginación 1) Para la concentración inmediata . Ejercicios de recuerdo de números bajo ciertas condiciones (por ejemplo, de una serie de números recordar unos y olvidar los restantes) . Pensar en imágenes que resulten agradables, alternándolas con espacios sin pensar en nada. . Pensar en imágenes que no son agradables, alternando con espacios en blanco.

. Pensar en cualquier imagen que se desee, alternando con espacios sin pensar en nada. 2) Para el dominio de la imaginación a largo plazo . Enumeración de los momentos del día de mayor distracción y clase de pensamientos que se producen. . Jerarquización de los mismos (jerarquías de imaginación). . Elección del pensamiento que menos distrae, para controlarlo. . Autoaplicación de la relajación muscular.

INTRODUCCIÓN A LA PERCEPCIÓN LA EXPERIENCIA PERCEPTUAL Los organismos vivos se conectan con su entorno a través de los órganos de los sentidos. Éstos reciben estímulos aislados como la luz, las imágenes, los olores, los sonidos, los contactos corporales, los sabores, etc. La información recibida por el cerebro –en forma de impulsos nerviosos-, se organiza e interpreta dando lugar a lo que conocemos como percepción. La percepción supone la extracción de información del medio que nos rodea, y se realiza de forma automática e inconsciente. La interpretación de la información recibida por los órganos de los sentidos está basada en experiencias pasadas y en nuestros deseos y necesidades al enfrentarnos con el mundo. Por lo tanto, la percepción supone un proceso de toma de información del exterior para organizarla de forma significativa, de modo que podamos responder adecuadamente a los objetos y eventos que nos rodean. La percepción sensorial no es suficiente para identificar al mundo exterior; es necesario que intervengan también otros procesos, como la atención (concentración sobre un determinado estímulo), la memoria (comparación con otros estímulos percibidos en el pasado) y, en el caso de que se trate de un estímulo nuevo, la imaginación (para tratar de deducir su posible significado). Hastfor, Schneider y Polefka (1970) han identificado y definido cinco características de la experiencia perceptual: (a) Inmediatez, en tanto que el proceso perceptual ocurre sin mediatización del pensamiento o la interpretación.

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(b) Estructura, es decir, los perceptos se perciben como todos organizados más que como adiciones simples
de elementos dispares.

(c) Estabilidad o Constancia, es decir que, independientemente de cambios circunstanciales (por ejemplo,
iluminación, distancia o posición) un estímulo se identifica como tal.

(d) Significación, o sea que los estímulos se perciben en términos de la experiencia del organismo con ellos y
en términos de su relación con otros estímulos.

(e) Selectividad, o sea, la percepción de sólo algunos estímulos de aquellos fisiológicamente susceptibles de
ser percibidos en un momento y circunstancia específica. Tanto las características de los estímulos como las del observador (todas las cuales serán referidas después) determinan que lo percibido no constituya una reproducción exacta del mundo real. Los objetos los percibimos no exactamente según sus cualidades físicas, sino de acuerdo con sus relaciones con otros objetos y al aprendizaje que hemos realizado sobre sus dimensiones y cualidades. Un gato colocado a 20 centímetros de distancia no parece más peligroso que un tigre situado a 10 metros, aunque la proyección retiniana sea mayor en este caso para el gato que para el tigre, y continuamos percibiendo las personas según dimensiones constantes, más allá de que se alejen de nosotros. Si colocamos el dedo pulgar por delante del ojo, a una distancia de 5 centímetros, podemos cubrir la persona que se encuentra a 20 metros o el edificio de 15 pisos situado a 500 metros, pero esto no hace que percibamos nuestro pulgar más grande que la persona o que el edificio, o que consideremos que los objetos se vuelvan pequeños al alejarnos de ellos. CONSTANCIA PERCEPTUAL Y FLUCTUACIÓN PERCEPTUAL Los fenómenos de la constancia perceptual y de fluctuación perceptual nos ayudan a comprender mejor el concepto de percepción. Asumimos que percibimos en categorías y la percepción es un proceso de reconocimiento, de adscripción de los objetos a determinada categoría perceptual unificada. Los objetos son percibidos no según sus cualidades actuales, sino que son adscritos a categorías perceptuales. Y son incluidos dentro de estas categorías a pesar de las modificaciones que pueda sufrir su información actual. A este fenómeno lo denominamos constancia perceptual: los objetos los percibimos como iguales a pesar de sus cambios circunstanciales. Es decir, percibimos el mismo objeto aunque la información sensorial pueda variar según las circunstancias. En el caso de la visión, podemos percibir un objeto como el mismo, aun cuando ocurran cambios en el tamaño de la imagen retiniana al situar el objeto a diferentes distancias (constancia del tamaño), al colocarlo en posiciones diferentes en relación con el receptor (constancia de la forma) o bajo diferentes niveles de iluminación existentes (constancia del color). En ocasiones no resulta sencillo adscribir un objeto a una categoría definida. Algunas figuras pueden adscribirse a diferentes categorías perceptuales, porque existen tantas señales para que sean organizadas de una manera o de otra. A este fenómeno se denomina fluctuación perceptual y aparece como consecuencia de la existencia de señales igualmente fuertes para adscribir la información de una u otra categoría perceptual. Si tanto la una como la otra forma de organizar la información son igualmente "buenas", la percepción fluctúa entre el reconocimiento de una y otra. Este es el caso inverso del de la constancia: en la fluctuación perceptual, la misma información sensorial puede interpretarse de una u otra manera. Los estímulos que provocan fluctuación perceptual se llaman estímulos fluctuantes o estímulos ambiguos, cuando se trata de estímulos visuales se denominan figuras fluctuantes o figuras ambiguas. Quizá el ejemplo más conocido de figura fluctuante sea el dibujo de Boring "mi esposa y mi suegra" (véase la Figura 1). Si la observamos, sin desplazar siquiera los ojos, veremos que a intervalos más o menos regulares aparece la cara de una mujer joven y la de una mujer vieja. Existen muchos ejemplos que ilustran como la ambigüedad perceptual permite la fluctuación.

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Figura 1. Dos versiones de la famosa figura fluctuante de Boring.

FACTORES QUE INFLUYEN SOBRE LA PERCEPCIÓN FACTORES DEL ESTÍMULO a) b) c) d) e) Valor, definido en términos de los aspectos subjetivos y personales que pueden adquirir los estímulos en función de la experiencia con ellos. Esta propiedad fue especialmente estudiada por los psicólogos del New Look (por ejemplo, Brüner, 1958) en relación con la acentuación perceptual. Significado, definido en términos del umbral de reconocimiento del estímulo que adquiere propiedades de desencadenar respuestas emocionales. A partir de esta propiedad se ha intentado dar explicación a los fenómenos de defensa y sensibilización perceptuales. Familiaridad, definida en términos de la frecuencia de exposición al estímulo. Intensidad, definida en términos de las propiedades físicas del estímulo y su relación con los umbrales de percepción. La investigación sobre esta propiedad atrajo el interés de los psicólogos interesados en los fenómenos de percepción subliminal. Saliencia funcional (Tajfel, 1969), definida como la facilitación de algunas discriminaciones perceptuales en función de las propiedades ecológicas del ambiente.

FACTORES DEL OBSERVADOR a) La atención. Como expusimos anteriormente, la atención consiste en responder selectivamente a los estímulos presentes en un momento determinado. Muchos son los estímulos sensoriales que están presentes durante el estado de vigilia y que compiten para "captar nuestra atención”. Pero no reaccionamos de igual forma a todos ellos. Seleccionamos algunos en cada momento, mientras el resto permanece en un segundo plano. Mientras leemos concentrados, no percibimos la temperatura ambiental o la presión de la ropa que vestimos. Necesidades. Cuando se proyecta sobre una pantalla una serie de estímulos muy ambiguos, a un grupo de personas con diversos períodos de privación de alimento, los sujetos más hambrientos verán mayor número de objetos relacionados con la comida que los menos hambrientos. Cuanto más ambiguos o indefinidos sean los estímulos, en cualquier orden de la vida, tanto más probable es que las motivaciones del individuo influyan en la forma de percibirlos. La influencia de las necesidades es especialmente importante en momentos de crisis. Si dos personas han tenido una discusión y, por lo tanto, están inseguras de sus actitudes mutuas, el significado de los actos de cada una de ellas, se hace incierto para la otra. Los sentimientos hostiles, la ansiedad, o el deseo de seguridad, influirán en la manera de percibir la conducta del otro. Valores. Los valores sociales se agregan a los objetos como parte de su enriquecimiento perceptual. Una vez agregados, pueden afectar a impresiones tan directas como las del tamaño. Se ha

b)

c)

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comprobado que los niños de hogares más necesitados, cuando de memoria emparejaban tamaños, tendían a sobrestimar los tamaños de las monedas más que los niños de familias acomodadas. d) Actitudes. Se ha demostrado la importancia de las actitudes en este experimento: A varios sujetos se les da la misma puntuación en una determinada prueba, pero los miembros de sus respectivos grupos valoraban esta puntuación de forma diferente si el individuo ocupaba una posición sobresaliente dentro del grupo, o si ocupaba una posición secundaria. En el primer caso, se sobrevaloraba dicha puntuación; en el segundo, se infravaloraba. Esto demuestra la importancia que tenía esta actitud al efectuar la percepción. Emoción. Las emociones influyen notablemente en la percepción. Una actitud de perspectiva, de índole negativa, pesa intensamente a la hora de la percepción. Por ejemplo, se perciben con más claridad los errores de los malos alumnos. Personalidad. Aunque todas las personas tratan de percibir las cosas claras y definidamente, hay diferencias individuales en las necesidades de claridad y percepción. Parece que existe una relación definida entre las actitudes sociales y la percepción de los estímulos ambiguos. Para algunas personas, todas las cosas deben ser blancas o negras. Las personas rígidas, no toleran la ambigüedad, lo manifiestan no solo en sus actitudes sociales, sino también en sus respuestas perceptuales en el laboratorio. Las personas también difieren en la forma en que mantienen su orientación en el espacio. A las personas que se basan en los alrededores visuales para emitir juicios perceptivos, se les llama dependientes de campo; en el otro extremo están los independientes de campo, que aceptan la información de su propio campo y no se dejan inducir a error por las distorsiones del campo visual. Estos resultados tienen una relación con la personalidad, las personas dependientes muestran, en general, más ansiedad; las independientes, más seguras de sí misma, presentan menos. El grado de conformidad con el grupo que posea un individuo le influirá a la hora de captar determinadas percepciones. Asimismo, la opinión de personalidades destacadas y de determinadas instituciones, puede influir en individuos sugestionables cuando ha de percibir o juzgar algo. Algunos psicólogos piensan que través de la “forma de percibir” podemos explorar aspectos importantes de la personalidad; de ello se desprenden las llamadas pruebas proyectivas, que se basan en la presentación de una serie de estímulos ambiguos para que el individuo proyecte su propia personalidad sobre el estímulo que se le presenta. Maduración. Es casi seguro que los umbrales de percepción (intensidad mínima para producir un cambio en la recepción de estimulación) son producto de las estructuras neurales y sensoriales del sistema nervioso. Dicha especificidad anatómica sería de carácter genético. Nosotros no podemos, por ejemplo, aumentar nuestra agudeza visual o nuestra visión nocturna. Todo lo que podemos hacer es usar al máximo nuestra capacidad. En cambio, varios aspectos de la percepción pueden modificarse a través de la evolución individual. Considérese como ejemplo, el desarrollo de la percepción de la profundidad. Como veremos con detalle después, los experimentos sobre la maduración de la percepción de la profundidad, han utilizado el aparato del precipicio visual. Se trata de una caja muy amplia que termina en precipicio o desnivel y con el suelo de vidrio grueso transparente. Se observa si el niño o el animal es capaz de cruzar por encima del precipicio. Los resultados son uniformes: todos los niños y los animales se niegan a cruzar el precipicio visual. Es curioso que este fenómeno se produce aunque los animales comprueben táctilmente la presencia de un suelo de vidrio. A partir de estos experimentos podemos llegar a la conclusión de que la percepción de la profundidad madura lo suficientemente pronto como para ser útil, ya en las fases más tempranas de la evolución del organismo. Se trata de un resultado de la maduración: aparece en el mismo momento en que el animal es ya capaz de moverse. Aprendizaje. Muchas de nuestras percepciones dependen de nuestro aprendizaje previo. Efectivamente, mediante el aprendizaje y el condicionamiento hemos aprendido a asociar entre sí las personas, los objetos, las palabras, los sonidos, etc., con las emociones, los actos, las recompensas y los castigos. Estas asociaciones han contribuido a alterar nuestras percepciones. Un guiso puesto en un escaparate no sólo produce una percepción visual sino también, olfativa y gustativa, aunque no lo olamos; esto es consecuencia de las experiencias anteriores, que nos evocan su olor y gusto. Las experiencias previas alteran nuestras percepciones de una manera casi irreversible. El aprendizaje interviene para modificar la percepción y permitir una serie de discriminaciones que de otro modo son imposibles. El lenguaje. El lenguaje se encuentra entre los más importantes factores determinantes de la percepción. La misma imagen visual puede percibirse en uno u otro sentido dependiendo de cómo es descrita. En verdad, el lenguaje moldea poderosamente nuestras percepciones, lo que vemos. Observe la Figura 2 y trate de reconocer qué se representa en ella. Tal vez no lo descubra hasta que alguien le diga de

e)

f)

g)

h)

i)

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qué se trata y, al instante, usted reconocerá claramente lo que antes de recibir esa información era incapaz de ver. Esta es una demostración bastante clara del poder del lenguaje sobre la percepción. Un ejemplo similar se muestra en la Figura 3. Si no sabemos que hay un perro, jamás lo veremos.

Figura 2.

Figura 3.

REVISION DE LOS ENFOQUES TEÓRICOS DE LA SENSACIÓN Y LA PERCEPCIÓN Aunque las teorías sobre la sensación y la percepción se originan con toda certeza desde hace más de 2,000 años, la presente revisión se limitará al pasado más reciente y examinará seis enfoques: el empirista, el de la Gestalt, el conductista, el gibsoniano, el de procesamiento de información y el computacional. Enfoque empirista El filósofo británico George Berkeley (1685-1753) pretendió resolver el problema de cómo podemos percibir que los objetos tienen una tercera dimensión, la profundidad, si nuestros ojos sólo registran su altura y longitud. Él fue uno de los principales representantes del empirismo, el cual establece que las experiencias sensoriales básicas son combinadas por aprendizaje para producir la percepción. Nosotros no sabemos cómo percibir la profundidad cuando nacemos; debemos adquirir esta capacidad perceptual mediante aprendizaje (Hochberg, 1979; Uttal, 1981). William James (1842-1910), un empirista moderno, que frecuentemente es considerado el psicólogo más grande de Estados Unidos, acuñó la frase “Una confusión que zumba y florece a su alrededor” para describir el mundo perceptual de un recién nacido. Propuso que los neonatos viven en un mundo de confusión que, por medio del aprendizaje, llega a ser relativamente ordenado. Las explicaciones empíricas de la percepción de la Figura 4. William James. distancia y la constancia del tamaño aún siguen siendo aceptadas en nuestros días, sin embargo los psicólogos del desarrollo han descubierto que los bebes tienen mejores capacidades perceptuales que las que James descubrió. Su mundo perceptual no está ordenado como lo es el del adulto pero está alejado del desorden. Enfoque de la Gestalt A principios de este siglo, un grupo de muchos psicólogos alemanes partidarios de la teoría de Gestalt, se opusieron al enfoque empirista de la percepción. Argumentaron que el enfoque empirista era muy artificial y no ponía suficiente atención a la relación entre los diversos componentes del estímulo (Hochberg, 1979; Köhler, 1947). El término Gestalt podría traducirse como “configuración” o “patrón”

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(Uttal, 1981) y el enfoque de la Gestalt insiste que percibimos objetos bien organizados, como estructuras completas más que como partes aisladas, separadas. Así, la forma que vemos es más que una acumulación de sus elementos individuales. El enfoque de la Gestalt desarrolló muchos principios que explican la organización de las formas, mientras que los empiristas acentuaron la contribución del aprendizaje y la experiencia a la percepción, que los teóricos de la Gestalt estudiaron, pero no hicieron hincapié en estos factores. En cambio, insistieron en la capacidad del recién nacido para percibir la forma.

Figura 5. Wolfang Köhler.
Enfoque Conductista Durante tres décadas, la psicología de Estados Unidos estuvo dominada por el llamado conductismo metodológico. Los psicólogos adscritos a este movimiento se limitaron exclusivamente al tratamiento de problemas que pudieran investigarse únicamente por medio de la observación del comportamiento. Debido a que el conductismo metodológico fue el dominante en los Estados Unidos de los años treinta a los años sesenta, la investigación en las áreas más complejas de la percepción disminuyó de manera significativa durante esos años (Hochberg, 1979; Uttal, 1981). La psicofísica fue el área menos influida por el sesgo de los conductistas en contra de la percepción. La psicofísica utiliza métodos claramente definidos para evaluar las reacciones de la gente a estímulos físicos. Ese enfoque cuantitativo y objetivo era compatible con el conductismo metodológico y, por lo tanto, sobrevivió durante su reinado. En décadas más recientes, el conductismo radical de Skinner, Kantor y otros, se ha preocupado por desarrollar un enfoque conductista de los denominados “procesos mentales”, entre ellos la percepción. Como ya vimos en la primera unidad, los conductistas radicales consideran que ni la percepción ni los otros llamados “procesos mentales” deben definirse como “procesos internos” o “subjetivos”. La percepción se refiere a cómo la gente reacciona en un determinado momento a los estímulos, y el conductista estudia las condiciones bajo las cuales el individuo responde de una determinada manera a dichos estímulos. No estudia eventos mentales, ni internos, sino cómo reacciona un sujeto a los estímulos, y las condiciones que determinan esa respuesta. De hecho, los conductistas han desarrollado sofisticadas metodologías para realizar complejos estudios en las áreas de sensación y percepción, incluso en niños muy pequeños y en animales. El enfoque conductista moderno es en esencia una variante del enfoque empirista ya mencionado, aunque menos extremista y menos doctrinario, ya que acepta la posible existencia de mecanismos y tendencias innatas que determinan ciertos aspectos de la percepción; sin embargo, los conductistas creen también que estos mecanismos deben ser comprobados por medio de investigaciones rigurosas, en vez de ser establecidos por la mera especulación teórica.

Figura 6. B. F. Skinner (arriba) y J. R. Kantor.

Enfoque Gibsoniano

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James J. Gibson psicólogo de la Universidad Cornell que murió en 1979, consideró la percepción de manera diferente que los empiristas o los gestaltistas. El enfoque gibsoniano asegura que nuestras percepciones son ricas y elaboradas debido a que los estímulos en nuestro medio son ricos en información, y no que nuestros procesos de pensamiento o experiencias proporcionan esa riqueza (Michaels y Carello, 1981). Por ejemplo, Gibson propuso que percibimos los objetos en tercera dimensión gracias a la información acerca de sus cualidades, como la textura de la superficie. Mientras que los empiristas argumentaban que necesitamos aprender a percibir la profundidad, Gibson señaló que toda la información que necesitamos se encuentra en el estímulo mismo. Como Neisser (1981) remarcó en un obituario: “Gibson inicia no con los órganos de los sentidos ni aún con los organismos, sino con el medio que debe percibirse”. Las teorías de percepción indirecta suponen que los sentidos reciben una descripción empobrecida del mundo; los estímulos no proporcionan información completa y precisa de los objetos o sucesos (Michaels y Carello, 1981). En cambio, Gibson ofreció una teoría de percepción directa, según la cual podemos percibir directamente el medio que nos rodea a partir de la información de los estímulos; no necesitamos recuerdos o procesos de razonamiento. Gibson (1979), también recalcó que nuestra investigación de la percepción debería concentrarse en la percepción del mundo real. Le dio poco valor a las experiencias perceptuales que acontecen solamente en los laboratorios, como mirar una línea blanca sobre una pantalla negra en un cuarto oscuro mientras los movimientos de la cabeza están disminuidos porque está sujeta. Un capítulo de Mace (1977), que proporciona una excelente revisión de la teoría de Gibson, resume en su título al enfoque gibsoniano: “La estrategia de percepción de James J. Gibson: no se pregunte qué hay dentro de su cabeza, sino dentro de qué está su cabeza”. Gibson creía que si podemos describir de manera adecuada las características de los estímulos ambientales, no necesitamos proponer teorías elaboradas para explicar los procesos psicológicos que fundamentan la percepción. Enfoque de Procesamiento de Información El proceso de información fue elaborado por gente interesada en las computadoras y en la ciencia de la comunicación, y es una área dominante en la psicología actual. En el enfoque de procesamiento de información, los investigadores identifican procesos psicológicos y los conectan entre sí proponiendo patrones específicos de flujo de información (Uttal, 1981). Por ejemplo, un acreditado modelo proponía que la información que proviene de nuestros receptores sensoriales pasan por diversas etapas: almacenamiento sensorial breve, memoria a corto plazo y memoria a largo plazo (Atkinson y Aschiffrin, 1968). Después de que en una etapa realizan operaciones específicas, la información pasa a otra, en la que se efectúa otro tipo de procedimiento. Como señala Uttal (1981), es un error referirse al enfoque de procesamiento de información con una teoría: “de hecho, en su concepción actual se encuentra del todo alejada de ser una teoría, pero en cambio deben considerarse un lenguaje particular y de una orientación hacia los procesos psicológicos. Por ejemplo, este enfoque generalmente proporciona una descripción de las fases de los procesos psicológicos, pero no especifica si fueron adquiridas por aprendizaje o son una capacidad innata. En contraste, las cuatro teorías descriptivas más bien se dirigen a explicar los procesos psicológicos, como el origen de la capacidad perceptual. Los modelos de procesamiento de información remarcan que los humanos tienen capacidades limitadas. Así, no podemos percibir muchos objetos a la vez. Si estamos poniendo mucha atención a un mensaje, debemos ignorar otro. El enfoque de procesamiento de información, subraya la continuidad de nuestro manejo de la información, los psicólogos anteriores, los que estaban a favor del enfoque empirista, frecuentemente hacían distinciones entre diversas áreas de la psicología experimental. Por ejemplo, la sensación se refería al contacto inmediato entre el estímulo y los receptores sensoriales. El término percepción se refería agregar un significado y una interpretación a esas sensaciones básicas. Estos psicólogos creían que las sensaciones eran puras y no estaban influidas por el aprendizaje previo ni la experiencia. También pensaban que las percepciones eran diferentes de las sensaciones porque sí estaban influidas por el aprendizaje y la experiencia. Sin embargo, los psicólogos del procesamiento de la información insisten que en la sensación, la percepción y algunos procesos mentales superiores –tales como la memoria- deben ser tratados en un sistema único (Haber, 1974); que, digamos, utilizamos estrategias que involucran a la memoria cuando percibimos. Los psicólogos del proceso de información instan a no dividir la sensación, percepción, memoria y otros procesos en compartimientos aislados y advertir, por el contrario, que cada proceso depende de los otros. Enfoque Computacional El enfoque computacional es parecido al de la percepción directa de Gibson, porque reconoce la riqueza de los estímulos visuales. Pero a diferencia de éste y más acorde con los enfoques de percepción indirecta, ve a la percepción como un proceso de solución de problemas. El enfoque computacional difiere de los de procesamiento de información en que intentan resolver los problemas perceptuales con el conocimiento físico general más que con el conocimiento físico de los objetos tangibles en el momento. David Marr (1982) fue un investigador muy influyente en esta área, hasta su muerte prematura. En un trabajo que simplificaba el enfoque computacional, Marr intentó desarrollar modelos matemáticos para explicar la visión humana. Estos modelos fueron creados para ser consistentes con la información fisiológica y que, por ende, fueran no sólo posibles sino también plausibles. Por ejemplo, la diferencia que representa un borde o un límite es muy importante para el sistema visual.

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LOS SISTEMAS DE PERCEPCIÓN El cuerpo humano dispone de sistemas especializados para la adquisición de la información. Estos sistemas se denominan sentidos y permiten percibir el medio que nos rodea. Actualmente se han catalogado más de diez sentidos, pero existe un cierto acuerdo para agruparlos en cinco sistemas: el sistema de orientación básica (informa de la dirección de la gravedad y la aceleración); el sistema gustativo-olfativo (informan de los olores y valores nutritivos) el sistema auditivo (naturaleza y localización del sonido); el sistema táctil (dolor, presión, frío, calor, cinestesia), y el sistema visual (situación, forma, identidad, y movimiento de las cosas). Aunque todos estos sistemas son importantes, la visión proporciona la mayor parte de la información sobre el medio. Por este motivo dedicaremos mayor atención a este sentido. EL SISTEMA PERCEPTIVO DEL OLFATO La investigación acerca del olfato u olfación, así como la de los otros “sentidos menores”, no es tan abundante como la realizada respecto de la visión y de la audición. A pesar de su importancia, no sabemos mucho acerca del olfato. Gesteland (1978) señala que en su búsqueda en las revistas especializadas en la percepción encontró que aproximadamente 50% de los artículos eran acerca de la visión, 25% de la audición y sólo 2% del olfato. Hay ciertos hechos que explican tal situación: es difícil clasificar los estímulos del olfato, mientras que es fácil especificar las dimensiones de los estímulos visuales y auditivos. Además, el campo de la percepción enfatiza actualmente el conocimiento y el procesamiento de la información. Es fácil ver cómo la visión y la audición son importantes en nuestros procesos de pensamiento, pero la relación entre el olfato y el pensamiento es más remota. Como señala Trygg Engen (1982), el olfato está más estrechamente relacionado con las emociones. Si la psicología en general -y la percepción en particular- pusieran más énfasis en la emoción que en los conocimientos, probablemente habría un estallido de investigaciones acerca de estos temas. CLASIFICACION DE LOS ESTIMULOS DEL OLFATO Como señala Engen (1982), la clasificación ha jugado un papel importante en la investigación acerca del olfato, más que en cualquier otra área de la percepción. El asunto de las clasificaciones del olfato han intrigado a muchos, empezando tal vez con Aristóteles (Caín, 1978a). De hecho, es un reto impresionante establecer un sistema para clasificar los olores. Analizaremos dos de los muchos sistemas que se han propuesto, aunque ninguno es totalmente satisfactorio. Uno de los más frecuentemente estudiados fue propuesto por Henning (1916), quien construyó un prisma para mostrar como el olfato puede definirse en términos de seis olores básicos. Henning propuso que los olores simples deben localizarse en la superficie del prisma, más bien que dentro. Así, un olor simple no podía tener en parte olor quemado, olor a especias y olor a frutas, debido a que esta combinación de olores se localizaría dentro del prisma. Por el otro lado, un olor complejo (como el de un pay quemado de manzana con canela) podría representarse dentro del prisma. Cain, (1978a) estudió algunos de los problemas del modelo propuesto por Henning. Por ejemplo, la gente varía enormemente en sus juicios acerca de los olores. La percepción de una persona puede ser consistente con el sistema, pero las percepciones de otras pueden no coincidir. Amoore (1970) propone una clasificación diferente. Mientras que el sistema de Henning enfatiza las reacciones de las personas que perciben los olores, el sistema de Amoore se basa en la estructura química de los olores. De acuerdo con la teoría estereoquímica de Amoore, las moléculas olorosas tienen formas definidas que determinan la clase de olor que percibimos. Por ejemplo, las fragancias de menta tienen moléculas ovales. Las parecidas a la naftalina son mucho más redondas. Amoore propuso que los receptores están relacionados con las formas de las moléculas, de la misma manera en que las cerraduras se relacionan con las llaves. Amoore pidió a participantes que compararan ciertas fragancias con cinco modelos diferentes. Las fragancias que se juzgaron que olían como los modelos también los semejaron en su estructura química. Amoore sugirió un número limitado de olores primarios. En una versión posterior, Amoore (1977) aumentó el número total de olores humanos primarios a 32. La teoría de Amoore es controversial. Por ejemplo, Schiffman (1974) obtuvo juicios acerca de diversos olores y encontró que frecuentemente eran muy diferentes para dos moléculas con forma y tamaño parecido. Es más, Wright (1982) observó que dos moléculas complejas idénticas tenían fragancias muy diferentes: una olía a yerbabuena y la otra a semilla de alcaravea. Así, cualquier correspondencia entre la forma de una molécula y su olor es muy compleja. Estos dos enfoques no son los únicos intentos para clasificar los olores. Por lo menos se han propuesto otras seis clasificaciones generales desde el siglo XVIII (Amoore, 1977). En resumen, aún no se ha desarrollado una clasificación satisfactoria de los olores. El modelo de Henning de los seis olores primarios no iguala las experiencias perceptuales de todos. La teoría de Amoore -de que la forma molecular está muy relacionada con el olor- es demasiado simplista, y se han encontrado muchas

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excepciones. La visión tiene los colores primarios y el gusto, como veremos, las sensaciones primarias; pero los olores son muy complejos para poder organizarse dentro de alguna clasificación de las propuestas hasta este momento. EL SISTEMA OLFATORIO El aire que contiene los olores, llega a la cavidad nasal a través de dos vías. Obviamente, nosotros inhalamos para llevar hacia adentro el aire. El aire también puede provenir de la parte posterior de la garganta cuando masticamos, bebemos o respiramos por la boca. Los astronautas reportan frecuentemente pérdida del sentido del olfato en el espacio, que tal vez se deba a los efectos de la gravedad cero sobre las moléculas olorosas (Ackerman, 1990). La Figura 7 muestra el área olfatoria en relación con el cerebro. En la parte superior de la cavidad nasal se encuentra el epitelio olfatorio. La palabra epitelio se refiere a un conjunto de células que cubre una superficie corporal. Por tanto, el epitelio olfatorio es la superficie en la cual se encuentran los receptores que captan los olores. El tamaño del epitelio olfatorio es de 2,5 cm2 en cada narina (Engen, 1982). El epitelio olfatorio contiene las pequeñas células receptoras del olfato. Analicemos estos receptores. A diferencia de los receptores de la visión, audición y los sentidos de la piel, el olfato tiene una sola clase de receptores. Cada narina contiene aproximadamente 5 millones de receptores (Caín, 1988), un número que parece impresionante hasta que se sabe que los perros tienen 20 veces más receptores olfatorios (Engen, 1982). Una característica importante de cada receptor son los pequeños cilios, o prolongaciones en forma de pelos, que sobresalen, de cada receptor. Es muy probable que la acción entre el olor y los receptores se lleve a cabo en los cilios (Lancet, 1984). Observe el contacto directo entre el estímulo y el receptor en el caso del olfato. En la visión, la córnea y otras estructuras bloquean el contacto directo, de igual manera que lo hace el tímpano en la audición (Gibbons, 1986); en el olfato, no existen tales barreras. Muchos de los atributos de los sistemas perceptuales son similares, y esto en general es cierto. Sin embargo, los receptores para el olfato difieren de los otros receptores sensoriales por su contacto directo con el estímulo. Las neuronas en otros sistemas son insustituibles. De hecho, esto es cierto para el sistema nervioso de los mamíferos en general. Una neurona se desarrolla en etapas tempranas de la vida, realiza su función y muere sin ser reemplazada. Por el contrario, los receptores del epitelio olfatorio se forman de manera constante durante toda la vida. Cada uno funciona menos de ocho semanas y luego es reemplazado (Gesteland, 1982). Los receptores del olfato son los más importantes en el epitelio olfatorio, pero esta pequeña región también alberga una segunda clase de receptor. El nervio trigémino tiene terminaciones nerviosas libres que se extienden dentro del epitelio olfatorio y que registran sensaciones notables tanto en el olfato como en el gusto. El bulbo olfatorio (Figura 8) desempeña el primer procesamiento de las señales que provienen de los receptores del olfato. Las terminaciones de los receptores hacen sinapsis con otras neuronas en el bulbo olfatorio. El bulbo olfatorio es, de hecho, la terminación agrandada de los lóbulos olfatorios que se encuentran en la parte frontal del cerebro, de manera que éste se encuentra involucrado más íntima y directamente en el olfato que en los otros órganos de los sentidos (Engen, 1982). Como en el caso de los sistemas visual y auditivo, la información que proviene de los dos bulbos olfatorios no se combina sino hasta después, en algún sitio de la vía olfatoria. Las neuronas dejan el bulbo olfatorio a través de dos vías. Se cree que una vía es el tálamo, un área del cerebro rica en sinapsis de todos los sentidos, y la otra es el hipotálamo, estructura importante en la regulación de la ingesta de alimento. La vía del tálamo es más central para los procesos sensoriales; la vía del hipotálamo se cree que es más importante para la regulación del comportamiento. Ambas vías terminan en la corteza frontal (Cain, 1978). Las neuronas de esta parte de la corteza frontal son importantes para la olfación y responden a olores muy específicos (Tanabe, Lino y Takagi, 1975).

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Figura 7. El área olfatoria humana. El cuadrado pequeño muestra la parte superior de la cavidad nasal y se amplía en la Figura 8.

Figura 8. Detalle del epitelio olfatorio y su relación con el bulbo olfatorio.

SENSACIÓN Y PERCEPCIÓN OLFATORIAS UMBRALES ABSOLUTOS Se denomina umbral absoluto a la intensidad mínima a la que un estímulo puede ser percibido. En el caso del olfato, un olor se encuentra en el umbral absoluto cuando su intensidad es tal que el sujeto puede olerlo en el 50 % de las veces que tal estímulo es probado (si lo oliera en menos del 50 % de las veces, el estímulo estaría por debajo del umbral. Si lo olie4ra en más del 50 % de las veces, estaría sobre el umbral). Un umbral absoluto puede medirse por medio de diversos métodos. Utilizando estos métodos, el umbral absoluto sería la concentración de un químico para la cual una persona dice, "sí, lo puedo oler", la mitad del tiempo y "no, no lo puedo oler", la otra mitad. Por ejemplo, una persona puede ser capaz de detectar un químico que tiene una concentración de 3,08 mg de sustancia por litro de aire. La sensibilidad también puede evaluarse mediante técnicas de detección de señales. Los umbrales absolutos olfatorios no son fácilmente medibles. Parte de la dificultad proviene del hecho de que es difícil controlar la concentración de un estímulo olfatorio que llega a la nariz. La situación es aún más complicada debido a que muchas moléculas que entran a la nariz serán absorbidas por el epitelio nasal antes de que lleguen a los receptores. A pesar de estas dificultades, está claro que los humanos son bastante sensibles para algunos olores. El umbral absoluto no es igual a la identificación. La detección de un umbral absoluto sólo requiere que el sujeto determine si el olor está presente o no, pero no necesariamente que diga de qué olor se trata. El mismo olor no produce la misma reacción en toda la gente. Uno de los olores en el estudio de National Geographic era la androsterona. Aproximadamente una tercera parte de las personas en el estudio reportó que no la podía oler (aunque eso podría deberse a que no podía darle un nombre); otra tercera parte dijo que tenía un olor floral parecido al sándalo, y el resto tuvo reacciones muy diferentes. Como dice Morley Kare, director del Centro de los Sentidos Químicos Monell, "una mujer lo podía clasificar como sándalo; un hombre podría pensar que huele como un mingitorio viejo" (Steiman, 1988). Además de las diferencias individuales al mismo olor, existe una amplia gama de sensibilidades a los olores. Por ejemplo, necesitamos más de 4 mg de tetracloruro de carbono por litro de aire para detectar el olor. También somos bastante insensibles al olor de algunos gases peligrosos, como el monóxido de carbono. Es más, los humanos son menos sensibles a algunos olores que algunos animales. Por ejemplo, los perros se usan para rastreo debido a que son 100 veces más sensibles que los humanos a algunos olores. (Gibbsons, 1986; Wright, 1982). En promedio, de cualquier forma, los humanos son mejores al detectar olores que los sensores físicos, como el detector de humo (Engen, 1982). Muchos factores influyen sobre los umbrales. En primer lugar, es importante considerar las amplias diferencias individuales entre la gente en cuanto a sensibilidad olfativa. Estamos acostumbrados al hecho de que la gente difiere en su sensibilidad visual y también en la sensibilidad a los olores. Las diferencias individuales

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pueden variar en un rango de 20 a 1. (Rabin y Cain, 1986). Así, en un grupo dado, la persona "con mejor olfato" puede detectar 0.05 mg de una sustancia por litro de aire, mientras que la persona con "peor olfato" puede requerir de una concentración 20 veces mayor, o 1.0 mg para la misma sustancia. Los ancianos generalmente tienen umbrales de olor elevados, y también los fumadores o la gente que está expuesta al humo del tabaco (Richardson y Zuco, 1989). Diversos estudios han demostrado que las mujeres son más sensibles a los olores que los hombres (Koelega y Koster, 1974). Además, las diferencias de sexo son mayores para olores que pudieran considerarse con significado biológico. Se ha encontrado que la sensibilidad de las mujeres a todos los olores, con significado biológico o no, varía de acuerdo con el ciclo menstrual (Richardson y Zuco, 1989). Analizaremos las diferencias de sexo con mayor detalle en la sección acerca del reconocimiento de olores. ¿Reportará la gente percibir un olor cuando el olor no está presente? Al final de un programa de televisión que trató de los sentidos químicos, se les dijo a los televidentes que era posible transmitir el olor a través del sonido. El conferencista expuso una descripción bastante elaborada que involucraba moléculas vibratorias y también las bases del análisis de Fourier. Se les dijo a los televidentes que cuando se presentara un sonido en particular percibirían una fragancia campestre. Se les pidió que escribieran a la estación reportando su reacción. De 179 televidentes, ¡155 reportaron oler pasto, árboles, flores y frutas!. Los 24 restantes dijeron que no olieron nada. (Este número podría claramente ser un subestimado debido a que era menos probable que quienes no percibieron olor respondieran). Este estudio muestra que las expectativas tienen alguna influencia sobre las percepciones del olor, y producen alguna ilusión olfativa (O'Mahony, 1978). La sensibilidad absoluta depende de varios factores, incluyendo la sustancia estudiada y la especie. La gente difiere de manera sustancial en su sensibilidad olfativa y las mujeres parecen ser más sensibles que los hombres. Finalmente, es posible producir el equivalente a una falsa alarma -informar de la presencia de un olor ilusorio que realmente no está presente- al afectar las expectativas de la gente. El tema enfatiza la importancia de los factores cognitivos en la percepción, y las ilusiones del olfato provienen de estos procesos cognitivos. Cuando no se encuentra un estímulo presente, de modo que los receptores no pueden ser estimulados, las sugestiones acerca del olfato dan origen a expectativas. ¡Estas expectativas pueden hacer que reportemos olores que realmente no están presentes!. ADAPTACIÓN Probablemente ha tenido esta experiencia: entra en una habitación en la cual se ha frito cebollas y el olor es predominante. Si usted permanece en esa habitación durante varios minutos, el olor lo percibe más débil. Después de un rato, apenas nota algo. Usted ha experimentado adaptación, la pérdida temporal de sensibilidad, como resultado de un estímulo constante (Beets, 1978). El poder de la adaptación es especialmente impresionante si usted abandona la habitación en la cual se había adaptado a un olor y luego regresa. Nuevamente el olor es notable. La adaptación presenta tanto ventajas como desventajas en la vida diaria. ¡Si usted se encuentra en una habitación repleta de gente sudorosa, agradece que exista la adaptación!. La adaptación también disminuirá el olor de una fábrica de productos químicos vecina. Por el otro lado, los perfumes parecen esfumarse después de pocos minutos y esta propiedad probablemente se deba a características de nuestra nariz así como a algunas de los perfumes. Un olor a quemado proveniente de un automóvil puede ser imperceptible después de un periodo corto de manejo, cuando debería ser un signo de alerta sobre problemas eléctricos. Algo más peligroso es que podemos no darnos cuenta de un gas venenoso si nos hemos adaptado a su olor. Cain (1978b), señala que la adaptación disminuye nuestra sensibilidad a un olor, pero no elimina la sensibilidad por completo. Aún olemos algo. ¿Qué explicaciones fisiológicas pueden darse de esta reducción tremenda de sensibilidad? La respuesta aún no está clara. Una respuesta intuitiva sería que los receptores simplemente se cansan después de niveles elevados de estimulación. Probablemente los receptores olfatorios juegan algún papel en la adaptación, aunque la mayor parte de la adaptación parece ocurrir a niveles de procesamiento superiores. Por ejemplo, el sistema olfatorio está conectado con un área del cerebro estrechamente asociada con la memoria (el sistema límbico), que podría ser responsable, al menos en parte, de los procesos de adaptación. Las evidencias recientes también asignan un papel importante al bulbo olfatorio, especialmente las conexiones que incluyen al neurotransmisor noradrenalina (Gervais, Holley y Keverne, 1988). Haga la siguiente demostración, tápese la narina izquierda lo más posible. Después de dos minutos, cierre rápidamente la narina derecha y destape la izquierda. Encontrará que la sensibilidad en la narina izquierda es bastante baja, aunque los receptores del olor en esa narina sólo recibieron estimulación mínima cuando estaba cerrada. Algún mecanismo debe haber "apagado" su sensibilidad a un nivel más allá de los receptores. Hemos visto que la adaptación es la pérdida temporal de la sensibilidad a un olor que se presenta durante varios minutos. A este proceso se le llama frecuentemente autoadaptación, para distinguirlo de otro llamado adaptación cruzada. Adaptación cruzada significa que la exposición a un olor influye en el umbral para otros olores. ¿Ha experimentado adaptación cruzada? ¿Cuándo alguien está friendo cebolla es usted menos sensible al olor del ajo frito? ¿Cuándo ha estado probando un perfume en una tienda, detecta menos el siguiente perfume? ¿La exposición a un ácido en el laboratorio de química disminuye el olor de otro ácido?. Un estudio representativo que tiene que ver con la adaptación cruzada fue realizado por Engen (1963), quien estudió algunos químicos del grupo de los alcoholes. Primero presentaba un líquido sin olor o con alcohol; posteriormente, un líquido con alcohol diferente y medía los umbrales de los participantes. Engen encontró que

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los umbrales para estos líquidos nuevos eran mucho más elevados cuando la gente había olido primero un líquido con alcohol que uno sin olor; esto es, la exposición a un alcohol redujo su sensibilidad a otro alcohol. RECONOCIMIENTO DE OLORES ¿Qué tan buenos son los humanos para reconocer olores? ¿Si a usted se le presentara un olor común, como el de vinagre o la naranja, podría identificarlo sin fallar? ¿Si se le presentaran diversos olores al inicio de una sesión experimental, podría decir sin equivocarse diez minutos más tarde qué olores ya había percibido y cuáles eran nuevos?. Finalmente, ¿qué tan preciso sería identificando a los demás basándose solamente en sus olores? Analicemos primero la identificación de olores familiares y posteriormente hablaremos del reconocimiento de humanos basándonos en su olor. Identificación de olores familiares Se cree que los humanos son capaces de discriminar de manera precisa 500,000 olores (Caín, 1988), pero la capacidad de identificación es mucho más limitada. Un estudio característico de identificación fue realizado por Desor y Beauchamp (1974), quienes presentaron a sus participantes olores comunes cotidianos, como el de hígado frito, rosetas de maíz y aceite para motor. La gente fue bastante precisa tratándose de olores como café, pintura, plátano y chocolate. Menos del 20% de los participantes pudieron identificar correctamente olores como el del puro, heces de gato, jamón y aserrín. Es más, la gente hizo juicios mucho menos precisos de elementos que evaluó como familiares; cometía errores debido a que no los podía nombrar de manera adecuada, no porque confundiera sus olores con otros. En otras palabras, los errores pueden deberse a un vocabulario insuficiente y no a un sistema olfatorio inadecuado. Desor y Beauchamp también quisieron demostrar los efectos de la práctica. En la segunda parte, los participantes fueron entrenados de manera exhaustiva hasta que pudieran identificar 32 olores diferentes en dos pruebas sucesivas. Cinco días más tarde, regresaron al laboratorio; su desempeño fue casi perfecto. Es más, la misma gente aprendió más tarde a identificar de manera correcta 64 olores diferentes. Cuando la gente ha practicado, el reconocimiento de olores puede ser impresionante. ¿Ha tenido usted en alguna ocasión la experiencia de que un olor le parecía familiar, pero no lo podía identificar? La capacidad para reconocer un olor como familiar, combinado con la incapacidad para identificar un nombre, recibe el nombre de fenómeno de "la punta de la nariz". (Lawless y Engen, 1977). Semeja el fenómeno por todos conocido de "tener la palabra en la punta de la lengua": sabemos que conocemos la palabra que queremos pronunciar, pero ésta permanece en la punta de nuestra lengua, rehusando a ser pronunciada. Las mujeres son más sensibles que los hombres a diversos olores, presentan umbrales más bajos. De igual manera, ellas son más precisas en las tareas de identificación de olores. Por ejemplo, Cain (1982) descubrió que las mujeres son mejores para identificar el nombre de sustancias típicamente femeninas, como talco para bebé y removedor de barniz de uñas. Es más, son mejores para identificar casi todos los alimentos, los cuales son presumiblemente neutrales con respecto a su asociación con alguno de los sexos. Finalmente -y de manera más sorprendente- también realizan mejor la identificación de sustancias típicamente masculinas, como los puros y aceite para motor. Aún no está claro si la superioridad de las mujeres en la identificación de olores se debe a capacidades de discriminación superiores, a intentos deliberados de aprendizaje acerca de olores (por ejemplo, en la preparación de alimentos) o a algún otro factor (Cain, 1980). Algunas evidencias sorprendentes sugieren que la capacidad olfatoria de las mujeres puede exceder la capacidad de los hombres tan tempranamente como a los dos días del nacimiento (Balogh y Porter, 1986). No sólo las mujeres son mejores para identificar olores, sino que también los ciegos tienen un mejor desempeño que la gente que puede ver. Por ejemplo, en un estudio los ciegos fueron más precisos al identificar 80 olores cotidianos diferentes (Murphy y Cain, 1986). Esta precisión probablemente no pueda explicarse por una diferencia en la sensibilidad, ya que los umbrales absolutos de los ciegos para detectar alcohol fueron más elevados que los de la gente que ve. Las clases de tareas analizadas hasta este momento requieren que el participante proporcione un nombre para el olor que se le presenta. Por el contrario, en otra clase de tarea se le pide que reconozca si un olor ya se le había presentado, no que le dé un nombre. Consideremos un estudio de Engen y Ross (1973), quienes presentaron un olor a los participantes, y varios segundos después otro par de olores. Usted reconocerá éste como el método de elección forzada entre dos alternativas, se instruyó a los participantes para que indicaran cuál de los dos olores era el "viejo" y cuál el "nuevo". Cuando fueron probados por primera ocasión, la precisión de los participantes fue de apenas un 70%. Al pasar el tiempo, el reconocimiento olfatorio presentó una pequeña disminución (Engen y Ross, 1973). Aún después de un año, el reconocimiento cayó sólo otro 5% más. Doce meses más tarde, todavía estaban por encima del 50% al seleccionar cuál miembro del par habían olido. En otro estudio, Michael Rabin y William Cain (1984) presentaron 20 olores familiares como chocolate, cuero, rosetas de maíz y soya. Los participantes evaluaron primero la familiaridad de estos olores y trataron de darles nombres. Para más del 50% de los olores, fueron capaces de proporcionar un nombre correcto o casi correcto. Posteriormente, después de demoras de diez minutos, uno y siete días, se les dio una tarea de reconocimiento en la cual trataban de seleccionar los 20 olores originales de un grupo de 40 olores familiares. La precisión disminuyó con las demoras más largas, y la gente fue menos precisa cuando no había sido capaz de darle el nombre correcto al olor que se le presentó originalmente. Además, la precisión del reconocimiento fue

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mucho más elevada para las sustancias que habían sido calificadas como conocidas que para las sustancias que habían sido etiquetadas como desconocidas, lo cual no resulta sorprendente. Este estudio muestra la gran influencia del lenguaje sobre la identificación y la memoria olfatoria. Reconocimiento de los humanos Entre los estímulos que producen olor en nuestro medio se encuentra la gente, como usted seguramente sabe debido a sus experiencias personales. La obsesión estadounidense de enmascarar los olores del cuerpo queda en evidencia por las tremendas cantidades de dinero que gastan en perfumes, desodorantes y artículos para el aseo bucal. ¿Son estos olores personales estables en el tiempo? ¿Son lo suficientemente distintos para permitirnos identificar a los otros? Diversos investigadores han estudiado los olores humanos, y han logrado conclusiones interesantes. En un estudio prototipo, se pide a los participantes que no se aseen ni utilicen desodorantes durante un día, y que utilicen una playera por 24 horas. Al final de ese día, los investigadores recogen las playeras, las cuales sirven como estímulo en los experimentos. Por ejemplo, los individuos son muy buenos para identificar sus propios olores y escoger la playera que usaron de un conjunto de tres (Rusell, 1976). Los niños son muy hábiles para distinguir el olor de sus hermanos y el de un extraño, y los padres son capaces de distinguir a sus hijos basándose únicamente en el olor (Porter y Moore, 1981). Las madres son muy diestras para identificar el olor de un hijo recién nacido, aunque hayan tenido contacto mínimo con él. (Porter, Cernoch y McLaughlin, 1983). Cernoch y Porter (1985) encontraron que los niños alimentados con el pecho materno eran bastante hábiles para discriminar el olor de su madre y el de otras mujeres, pero no fueron capaces de discriminar el olor de su padre; y los niños alimentados con biberón tampoco el de su madre. Los extraños también son bastante hábiles para igualar los olores de madres y sus hijos, pero son incapaces de hacerlo con los olores de esposos y esposas (Porter, Cernoch y Balogh, 1985). Estos estudios muestran una precisión impresionante, dado que nuestro sistema olfatorio está menos desarrollado que el de otras especies (Halping, 1986). La fuente aromática por la cual reconocemos a otros humanos son probablemente los esteroides olorosos secretados por las glándulas sudoríparas (Gower, Nixon y Mallet, 1988). En diversas especies se han aislado estos esteroides, y algunas investigaciones sugieren que probablemente tengan cierto impacto sobre el comportamiento, tema al cual nos referiremos a continuación. INFLUENCIAS DE LOS OLORES SOBRE EL COMPORTAMIENTO La investigación señala que los humanos y otros animales son relativamente aptos para percibir olores. ¿Pero tienen estos olores alguna influencia en su comportamiento?. El olfato tiene un papel importante en la comunicación entre los miembros de una especie. Los investigadores están interesados especialmente en sustancias llamadas feromonas, las cuales actúan como señales químicas en la comunicación con otros miembros de la misma especie. El nombre feromona se parece a hormona, la sustancia química utilizada para enviar comunicaciones de una parte del cuerpo a otra. Las hormonas son internas y las feromonas son externas. Las feromonas son excretadas por la orina y diversas glándulas sudoríparas. La importancia de las feromonas para los animales inferiores está bien establecida. Su importancia en los humanos aún es controversial. Feromonas y animales inferiores Las perras, yeguas y vacas liberan feromonas cuando están en celo. Estos olores atraen el interés sexual de los machos de la misma especie. Las feromonas también tienen un papel importante en el embarazo en algunas especies. La investigación realizada en ratones ha mostrado que si un ratón macho desconocido es colocado cerca de la caja de una hembra recientemente preñada, es probable que aborte los fetos (Parkes y Bruce, 1961; Rogel, 1978). Las feromonas también son indispensables en la comunicación de los insectos. Esto tiene aplicaciones importantes, por ejemplo, para controlar la destructiva polilla. Beroza y Knipling (1972) describieron cómo una feromona de atracción sexual, llamada disparluro, puede emplearse para llevar a los machos de la polilla dentro de trampas especiales. Capturando a los machos, no pueden engendrar las hembras y la población de polillas disminuye (Nathan, 1982). ¿Existen las feromonas en los humanos? Aún no está claro si las feromonas existen en los humanos. Como aprendimos en este capítulo, los hombres y las mujeres difieren en sensibilidad a diversos olores. Las diferencias de género son especialmente marcadas para olores que tienen significado sexual, como las hormonas sexuales esteroides. Algunos investigadores han encontrado que las diferencias de género en la detección de olores con significado sexual no aparecen hasta la adolescencia. Por ejemplo, Le Magnen (citado por Vierling y Rock, 1967) estudió un químico que tiene un olor almizclado y se utiliza como fijador en los perfumes. Mujeres sexualmente maduras percibieron este olor de manera muy intensa, mientras que mujeres inmaduras y hombres maduros e inmaduros apenas lo notaron.

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Una de los ejemplos más importantes de la posible actividad de las feromonas fue demostrado por una estudiante de preparatoria. Martha McClintock era estudiante del Wellesley College, cuando examinó la creencia popular de que si varias mujeres viven juntas, sus ciclos menstruales llegan a coincidir (McClintock, 1971). Encontró que al inicio del año escolar, entre amigas cercanas y compañeras de cuarto había diferencias de 8 y 9 días en el inicio del ciclo menstrual. Al final de los cursos, la diferencia disminuyó a un promedio de 5 días de diferencia. La similitud en los ciclos menstruales podría deberse al hecho de que las mujeres estaban sometidas a estrés similar al mismo tiempo, pero McClintonck sugirió que las feromonas podrían estar involucradas. Un estudio realizado por Rusell, Switz y Thompson (1980) señaló más claramente la importancia de las feromonas en el ciclo menstrual. Estos investigadores tomaron unos parches de gasa que habían usado mujeres con ciclos menstruales regulares bajo sus brazos, y a intervalos regulares los frotaron sobre el labio superior de mujeres voluntarias. Después de varios meses, los ciclos menstruales de las voluntarias cambiaron de manera significativa hacia los ciclos de las mujeres "donadoras". Esta investigación creó cierta excitación acerca de la importancia de las feromonas humanas, pero algunas críticas posteriores señalaron que se les había mencionado a las voluntarias la naturaleza del experimento, de manera que sus expectativas podían haber influido en los resultados (Doty, 1981; Filsinger y Fabes, 1985). Podemos concluir que las feromonas pueden ser importantes en el ciclo menstrual, aunque su papel exacto aún no ha sido establecido. En su revisión de 1978 sobre las feromonas humanas, Rogel propuso que era más probable que las feromonas estuvieran involucradas en la regulación del ciclo menstrual que en cualquier otro aspecto del comportamiento humano. Ella concluyó que "parece poco probable que la comunicación química juegue algún papel importante en el control del comportamiento sexual y reproductivo de los primates superiores". Por ejemplo, es discutible si las feromonas están involucradas en la determinación de la frecuencia de relaciones sexuales en las parejas casadas (Engen, 1982; Filsinger y Fabes, 1985; Rogel, 1978).. Sin embargo, diversas compañías sospechan el beneficio que pudiera obtenerse de las feromonas humanas. El Monell Chemical Senses Center ha llenado solicitudes para patentar cuatro feromonas (Leo, 1986). Además, la industria del perfume -como cabría esperar- ha entrado a la competencia. Los efectos de diversas esencias sobre el comportamiento humano pueden no ser tan directos como los encontrados en animales inferiores, pero algunas investigaciones recientes sugieren que las esencias pueden tener cierto impacto sobre la percepción de la gente en situaciones sociales (Baron, 1988). Por ejemplo, en situaciones en las que se imitan sesiones de entrevistas, los hombres generalmente calificaban a los "aspirantes" de ambos sexos con valores más bajos en diversos aspectos si usaban alguna esencia que si no lo hacían, pero las mujeres calificaban a los aspirantes con notas más altas si usaban esencias. DEFICIENCIAS EN LA OLFACCIÓN Si lo obligaran a perder alguno de sus órganos de los sentidos, probablemente escogería el olfato. La gente que carece del sentido del olfato tiene una condición llamada anosmia, y ellos le dirían que la pérdida de la capacidad olfatoria no es una condición trivial. La anosmia generalmente se presenta debido a un traumatismo encefálico o a una infección viral, y puede dar origen a una depresión grave (Douek, 1988). Como veremos a continuación, los sabores son totalmente dependientes de la información olfatoria, de manera que los alimentos casi se quedan insípidos sin el olfato. En algunos casos, la capacidad para oler regresa periódicamente durante lapsos breves. Aunque tendemos a minimizar la importancia del olfato, ahora debe quedarnos claro que somos muy dependientes de la olfación. Nuestro sistema sensorial ha evolucionado para permitirnos discriminar una gran gama de estímulos olfatorios, y muchos de estos estímulos pueden tener consecuencias en el comportamiento. Como muchas veces sucede, tendemos a dar por hecho que contamos con nuestras capacidades; la anosmia nos ayuda a poner en claro la importancia de nuestro sentido del olfato. Haremos algunas otras observaciones acerca del olfato después de analizar el sentido del gusto. EL SISTEMA PERCEPTIVO DEL GUSTO El sabor de los alimentos es una combinación de varias experiencias perceptuales, que incluyen el olfato y el gusto. Debido a que los humanos son omnívoros, animales que comen casi de todo, el número de alimentos y sabores a los cuales son expuestos es impresionante. Los sabores de la amplia variedad de alimentos que consumen los humanos son sólo parcialmente determinados por el olfato y el gusto. Mientras masticamos, procesamos propiedades de las texturas como la superficie lisa de los tallarines, las resbalosa de la mantequilla o la costra dura del pan negro de centeno. Cuando masticamos, registramos la consistencia de la sustancia, notamos su grosor; puede ser un caldo bastante ralo o de textura gruesa y correosa como la gelatina de hace tres días que nos sirven en la cafetería. La consistencia también puede ser elástica, blanda, dura o frágil. Estos diversos factores en la textura forman parte de la experiencia del sabor. La gente frecuentemente usa el término "gusto" de manera inapropiada para describir el sabor de un alimento. Sin embargo, estrictamente hablando, el gusto se refiere sólo a las percepciones que resultan del contacto de sustancias con los receptores especiales en la boca (Bartoshuk, 1971). Cuando los psicólogos se refieren al gusto, hablan sólo de una porción muy limitada de las percepciones involucradas en el uso cotidiano de la palabra gusto, sólo percepciones como dulce o amarga. LOS ESTIMULOS DEL GUSTO

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Hemos visto que los estímulos que olemos parecen resistirse a categorizaciones o sistemas de medida, sin embargo, los estímulos del gusto son algo más cooperadores. Aunque existe cierta controversia, la mayoría de los psicólogos está de acuerdo en que saboreamos cuatro tipos básicos de estímulos: dulce, amargo, salado y agrio. La búsqueda de las categorías básicas del gusto se remonta a los griegos. Por ejemplo, Aristóteles propuso esta lista de categorías básicas: dulce, amargo, salado, agrio, astringente, picante y áspero. Se han propuesto otras clasificaciones con los años (Bartoshuk, 1978). A Hans Henning (1927) se le acredita como el promotor de la idea de cuatro sabores básicos. Recuerde que Henning propuso un prisma de seis lados para representar los seis olores básicos. De igual manera, Henning propuso un tetraedro del gusto, una figura de cuatro lados con uno de los sabores básicos en cada extremo. Aunque la clasificación basada en los cuatro sabores primarios es en la actualidad la dominante, algunos investigadores sostienen que existen más de cuatro sabores primarios. Por ejemplo, Schiffman y Dackis (1975) encontraron evidencia que apoya la existencia de los cuatro sabores tradicionales (dulce, amargo, salado y agrio), pero también para otras tres propiedades del sabor: alcalino, sulfuroso y graso. Otros investigadores sostienen que los estudios confirman la teoría de los cuatro sabores primarios porque sólo utilizan estímulos de estas cuatro categorías y porque los experimentadores sesgan a los participantes utilizando las palabras dulce, amargo, salado y ácido en las instrucciones (O'Mahony y Thompson, 1977). De manera interesante, en Japón, las personas que catalogan los sabores agregan una quinta clase, que corresponde al sabor del ac'cent, que emplean frecuentemente en su comida (O'Mahony y Ishii, 1986). Aún otros investigadores sostienen que es posible que existan más de cuatro sabores primarios básicos debido a que existen mezclas (por ejemplo, dulce y salado) que tienen un sabor salado diferente a cada uno de sus componentes por separado (Erickson, 1982; Schiffman y Erickson, 1980). Los investigadores que apoyan la clasificación tradicional de cuatro sabores primarios interpretan aquellos resultados de manera diferente. Por ejemplo, Bartoshuk (1980) afirma que los componentes de las mezclas de sabor pueden reconocerse individualmente; las mezclas no crean nuevas sensaciones de sabor. McBurney (1978) ha enfatizado que otras propiedades propuestas, como la alcalinidad, se deben a sensaciones que provienen de mecanismos distintos de las papilas gustativas. EL SISTEMA DEL GUSTO Receptores del gusto El receptor primario para los estímulos del gusto recibe el nombre de corpúsculo gustativo o botón gustativo (Figura 9). Los receptores se ven al microscopio. Están localizados en toda la boca, no sólo sobre la superficie de la lengua. Por ejemplo, se encuentran en la parte inferior de las mejillas, en el paladar y en la garganta (Oakley, 1986). La mayor parte de la investigación y análisis, sin embargo, se concentra en los receptores que se encuentran en la superficie superior de la lengua. Los corpúsculos gustativos se localizan en forma de pequeñas protuberancias sobre la lengua denominadas papilas (ver Figura 9). Cada papila es pequeña, pero puede verse a simple vista. Los investigadores han identificado por los menos cuatro clases de papilas (Keverne, 1982). Parecen tener algunas diferencias funcionales, aunque no son precisas. Por ejemplo, las papilas más pequeñas no tienen corpúsculos gustativos. Nos ocuparemos sólo de las más grandes, que contienen los receptores del gusto. Actualmente, los investigadores piensan que los estímulos del gusto en la saliva interactúan con moléculas en las membranas de las microvellosidades; de hecho, parece que el estímulo no entra en el receptor (Keverne, 1982). Los humanos tienen diez mil corpúsculos gustativos, aproximadamente (Bartoshuck, 1971). Otras especies presentan variaciones; por ejemplo, los pollos sólo tienen unos 24 corpúsculos (Kare y Ficken, 1963). Por otro lado, considere al siluro, que tiene más de 175 mil corpúsculos gustativos (Pfaffmann, 1978). La mayoría de los corpúsculos se encuentran en la superficie corporal externa, de manera que ese pez puede "probar" el agua en la cual está nadando sin abrir su boca.

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Figura 9. Esquema de una papila gustativa y de un botón a corpúsculo gustativo.
Mientras usted está leyendo esto, sus corpúsculos gustativos están muriendo rápidamente. Beidler y Smallman (1965) demostraron que el promedio de vida de las células de los corpúsculos gustativos es de sólo unos diez días. Los líquidos muy calientes o fríos que pasan sobre ellos y la abrasión en contra de los dientes y el interior de la boca, son algunos de los factores que acortan su vida. ¿Cómo se renuevan los corpúsculos gustativos?. Las células que rodean al corpúsculo se mueven hacia el interior y llegan a la zona central, para reemplazar a las células muertas (Beidler y Smallman, 1965). La estimulación de las terminaciones libres del nervio trigémino (por ejemplo, mediante amonio) produce una sensación punzante. De manera similar, hay terminaciones nerviosas libres del nervio trigémino en la boca. Por ejemplo, una clase de papila tiene más terminaciones nerviosas libres que corpúsculos gustativos (Lawless, 1984). Estas terminaciones nerviosas libres registran los sabores cuando usted come pepinillos. Podría ser que la irritación producida por comer pepinillos haga que el cerebro libere endorfinas, lo que explicaría el entusiasmo de algunos de nosotros por los alimentos muy condimentados. (Naj. 1986). Relación entre el gusto y las regiones de la lengua Tal vez recordará haber aprendido que diferentes regiones de la lengua son sensibles a distintas propiedades de sabor. De hecho, McBburney (1978) cree que este concepto es probablemente el más comúnmente conocido acerca del gusto. Sin embargo, durante muchos años la única evidencia para esta creencia se basaba en la investigación realizada por Hanig (1901), y esta investigación estaba mal interpretada (Bartoshuk, 1991a). En 1974, Collings efectuó un estudio cuidadoso de las regiones de la lengua y del paladar blando, la región superior de la boca, justo por arriba de la parte posterior de la lengua. Ella encontró que los sabores agrios eran más apreciables en los lados de la lengua; los sabores salado y dulce, en la punta de la lengua; los amargos en el paladar blando. Sin embargo, sobre la lengua los sabores amargos eran más notables en la punta y no en la base, como se cree comúnmente (Collings, 1974). La parte media de la lengua carece de corpúsculos gustativos, así que podría llamarse "punto ciego": igual que el punto ciego de la retina, no se encuentran receptores en este sitio. En la Figura 10 se aprecia un diagrama de la localización de la sensibilidad de las diversas partes de la lengua al sabor.

Figura 10. Sensibilidad al sabor de las distintas partes de la lengua.
Vía desde los receptores hacia el cerebro Los nervios de la boca y la garganta se unen en tres haces, uno de la punta de la lengua, otro de la base y uno más de la garganta. Estos tres nervios van desde la boca hasta el tálamo. De ahí, la información viaja

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a diversas regiones en la corteza, principalmente a la corteza somato-sensorial, analizada en relación con el tacto. También sabemos poco de cómo la corteza maneja la información del gusto. Tres investigadores japoneses encontraron que las células corticales del gusto responden a tres o los cuatro estímulos del gusto básicos; sin embargo, al igual que los corpúsculos gustativos, responden más intensamente a sólo uno o dos de ellos (Yamamoto, Yuyama y Kawamura, 1981). Otras investigaciones sugieren que la corteza puede no ser primordial para las clases más primitivas de reacciones del gusto. Por ejemplo, los recién nacidos con defectos congénitos tan severos que carecen de corteza, presentan cierta clase de expresiones faciales negativas similares a las de los neonatos normales cuando prueban soluciones agrias y amargas (Keverne, 1982; Steiner, 1979). SENSACIÓN Y PERCEPCIÓN GUSTATIVAS UMBRALES Los umbrales varían de una sustancia a otra. El sulfato de quinina, que es amargo, es fácil de detectar en pequeñas cantidades. Por el contrario, se necesitan cantidades relativamente grandes de glucosa para su detección. Los umbrales absolutos también están influidos por el volumen del estímulo utilizado en el estudio. Así, las concentraciones más bajas de sal y sacarosa podrían detectarse si el volumen del estímulo se incrementaba. Probablemente, los umbrales más bajos se deban al hecho de que más moléculas del estímulo entran en contacto con áreas más amplias de la boca. Como señalamos en nuestro análisis acerca del olfato, la detección de algunos estímulos es muy diferente de su identificación. Para el gusto, el umbral de reconocimiento es la concentración de una solución que puede identificarse mediante alguna propiedad. El umbral de reconocimiento especifica la cantidad de una sustancia que debe agregarse al agua destilada para que quienes la prueban reconozcan si el sabor es salado, amargo, dulce o agrio. Así, los umbrales de reconocimiento son generalmente más elevados que los umbrales absolutos, ya que los degustadores requieren de una concentración relativamente mayor de una sustancia para identificarla como, por ejemplo, salada. ADAPTACIÓN Recuerde de cuando un olor se presenta de manera continua, la sensibilidad a ese olor disminuye. La adaptación, o una disminución en la sensibilidad después de la presentación continua de un estímulo, también se presenta en el gusto. En otras palabras, cuando una sustancia específica es colocada en su lengua, su umbral para esa sustancia aumenta, usted requiere de una mayor concentración de la sustancia para saborearla. El umbral llega a su máximo en más o menos un minuto. Cuando su lengua se adapta a la sal de su propia saliva, su umbral para la sal se encuentra relativamente elevado. Sin embargo, cuando usted se enjuaga la boca con agua destilada o con agua de la llave, su lengua se adapta a un medio libre de sales. Sus receptores ahora son más sensibles a la sal. En otras palabras, su umbral está relativamente bajo. DEFICIENCIAS EN LA PERCEPCIÓN DEL GUSTO La pérdida del sabor, ageusia, por la cual se pierde todo el sentido del gusto, es muy poco común. La ageusia puede presentarse con la radioterapia y con traumatismos encefálicos (Bartoshuk, 1988). Son mucho más comunes las pérdidas parciales de la capacidad para detectar los sabores, incluyendo la incapacidad para percibir una propiedad específica del sabor (por ejemplo, el amargo). Finalmente, parece que algunos son incapaces de detectar el sabor de ciertas sustancias específicas. Hall, Bartoshuk, Cain y Stevens (1975) analizaron un fenómeno llamado frecuentemente ceguera del sabor, término algo inexacto, igual que el de ceguera del color, ya que la mayoría de las personas con esas deficiencias en realidad no son ciegas para el color, pues pueden ver algunos colores pero no otros. De igual manera, quienes sufren de "ceguera del sabor" de hecho puede detectar el sabor de la mayoría de las sustancias, pero son insensibles a algunos sabores en particular, estas personas reciben el nombre de no degustadores. Los investigadores han encontrado no degustadores para dos sustancias -feniltiocarbamida (PTC) y 6-npropiltiouracilo (PROP). La capacidad de detectar el sabor de estas sustancias amargas se adquiere genéticamente, igual que el color de los ojos o la altura. Pero aun quienes no detectan el sabor de la PTC pueden detectar su sabor si la concentración es 300 veces superior a la normal (Hall, et al, 1975). Estos mismos individuos también fueron mucho menos sensibles al sabor amargo de la cafeína que los que pueden detectar el sabor de la PTC. Quienes no detectaban el sabor del PROP son mucho menos sensibles a los sabores dulces de la sacarosa y la sacarina que quienes sí lo hacen (Gent y Bartoshuk, 1983). Debido a que los no degustadores perciben estas sustancias en concentraciones suficientemente elevadas, puede ser que tengan un número pequeño de receptores tanto para sustancias dulces como amargas. INTERACCION DEL OLFATO, EL GUSTO Y OTROS SENTIDOS

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Como señalan Burdach, Kroeze y Koster (1984), en raras ocasiones encontramos estímulos "puros" del gusto -independientes de sus olores- fuera del laboratorio. Cuando usted se sienta a comer pizza, los olores de la pasta, el orégano y el queso fresco se combinan con el gusto salado para dar el sabor familiar. A menudo, como en caso de la pizza, el olfato es incluso más importante que el gusto para determinar el sabor.

Se ha probado experimentalmente la importancia del olfato en los umbrales del sabor. Hyman, Mentzer y Calderone (1979) presentaron soluciones de jugo de naranja, vinagre y jarabe de chocolate. En algunos casos se permitió a los participantes probar y oler el estímulo pero otros participantes eran impedidos de oler el estímulo. Una taza contenía el estímulo, y otra (presentada sea antes o después) sólo agua. Los participantes tenían que decir cuál taza contenía el estímulo (detección) y qué era (identificación). El estudio mostró que los participantes eran mucho más precisos al juzgar el jugo de naranja y el jarabe de chocolate cuando también se les permitía oler estos estímulos. Sin embargo, para el vinagre, el grupo "probar y oler" no tuvo un mejor desempeño que el del grupo al cual se le permitió sólo “probar". En otras palabras, el olfato es frecuentemente -pero no siempre- útil. Es posible que la capacidad de combinar la información del olfato y del gusto para lograr la experiencia de sabor disminuya con la edad (Stevens y Cain, 1986). La investigación hasta la fecha apoya la idea de que la intensidad de los sabores percibidos se debe tanto a la intensidad del sabor como a la del olor (Enns y Hornung, 1988). No obstante, los juicios de la intensidad total son generalmente inferiores a la suma de los juicios individuales de la intensidad del olfato y del gusto. Finalmente, el gusto también puede ser afectado por la vista y por la percepción de la temperatura. Los sabores agrios presentan relativamente poco impacto por la temperatura, mientras que las otras tres clases de sabor son afectadas sustancialmente, siendo el sabor dulce el que más resulta impactado. LOS SISTEMAS PERCEPTIVOS DE LA PIEL PIEL El tipo de piel que cubre la mayoría de nuestro cuerpo contiene pelos, ya sea notables o casi invisibles. Otra clase, llamada piel gruesa, que se encuentra en las plantas de los pies, las palmas de las manos, y las superficies lisas de los dedos, carece de folículos pilosos. La piel gruesa es parecida a la piel delgada a excepción de que su capa externa es más gruesa y tiene una mezcla más compleja de receptores. Esta complejidad probablemente está relacionada con el hecho de que esas áreas son sensibles a la estimulación, ya que las usamos (especialmente nuestras manos) para explorar activamente las propiedades físicas de los objetos (Carlson, 1991; Vallbo, 1981). La piel puede dividirse en tres capas (véase la Figura 10). La epidermis, o capa externa, que tiene muchas capas de células de la piel que se descaman y mueren. La dermis es la capa que reemplaza con células nuevas a las que se descaman. Estas células nuevas se mueven hacia la superficie y toman el lugar de las células epidérmicas conforme éstas se eliminan. Por debajo de la dermis se encuentra el tejido subcutáneo, que contiene tejido conectivo y grasa. También observe que la piel contiene una gran cantidad de venas, arterias, glándulas sudoríparas, folículos pilosos y receptores. El espesor de la piel varía inmensamente: la piel de la cara mide 0.5 mm (tanto como una página de este libro); la de las plantas de los pies es aproximadamente diez veces más gruesa (Sherrick y Cholewiak, 1986).

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Diseminada a lo largo de la piel, se encuentra una amplia variedad de tipos de receptores, que se distinguen por su estructura y probablemente por diferencias funcionales. A pesar de tal variedad, todos los receptores de la piel son terminaciones de neuronas que llevan información desde la piel hacia niveles de procesamiento más elevados. Algunos receptores de la piel tienen terminaciones nerviosas libres, estos receptores no presentan cubiertas o cápsulas en el extremo más cercano de la epidermis. Por el contrario, los receptores de la piel con terminaciones encapsuladas, tienen pequeñas cubiertas en el extremo más cercano a la epidermis. Estas terminaciones difieren en tamaño, forma y grado de organización, lo que sugiere la posibilidad de diferencias funcionales.

TEORIAS DE LOS SENTIDOS DE LA PIEL La primera que mencionaremos, la teoría de la especificidad, se basa en el pensamiento lógico que hemos expuesto. La teoria de la especificidad está fundada en la doctrina de energías nerviosas específicas, idea propuesta a principios del siglo XIX por el fisiólogo Johannes Müller, la cual dice que nervios sensoriales diferentes tienen su propio tipo característico de actividad, y por tanto, producen sensaciones distintas. Más tarde, el investigador von Frey, amplió la doctrina de las energías nerviosas específicas sugiriendo un tipo particular de estructura de receptor para el tacto, el calor, el frío y el dolor. Así, la teoría de la especificidad establece que cada una de las diferentes clases de receptores responden de manera exclusiva a una sola clase de estímulo físico (por ejemplo, dolor) y que cada clase de receptor es entonces responsable de una sola clase de sensación. Se ha acumulado mucha evidencia en contra de la teoría de la especificidad de Frey. En una investigación común, los investigadores toman una aguja puntiaguda y se pican hasta localizar una pequeña región especialmente sensible al dolor. Luego retiran una pequeña muestra y con un microscopio se determinan qué clase de receptores se encuentran bajo la superficie. El procedimiento se repite para localizar receptores que pudieran estar asociados con el tacto o la temperatura. Por último, estos mutilados investigadores concluyeron que tal tipo de receptor no estaba relacionado con tal tipo de sensación. Una segunda teoría, la teoría del patrón, sugiere que el patrón de impulsos nerviosos determina la sensación. Así, cada clase de receptor respondería a muchas clases diferentes de estimulación, pero más a una que a otras. Un receptor en particular puede responder enérgicamente a un estímulo de frío, menos a uno del tacto, aún menos a uno doloroso y muy poco a uno de calor. Al final, el cerebro puede interpretar un código en términos de la fuerza relativa de las respuestas de un receptor. Melzack y Wall (1962) incorporaron algunos aspectos de cada teoría para sus propósitos. Su artículo ahora se considera como un progreso en la teoría de la sensibilidad de la piel, y los supuestos básicos aún parecen correctos (Sherrick y Cholewick, 1981). Estos autores rechazaron la idea de que cada receptor diferente es sensible, específicamente, a una sensación en particular, mientras que aceptaron la idea de que los receptores difieren. En concreto, cada clase de receptor está especializado de manera tal que puede convertir una clase particular de estímulo en un patrón peculiar de impulsos. Sentimos dolor si los impulsos de una clase de fibra son los dominantes. Por el otro lado, si los impulsos de otra clase de fibra nerviosa son dominantes, sentiremos calor, frío o presión.

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DE LA PIEL AL CEREBRO Los receptores de la piel están distribuidos por todo el cuerpo, de manera que la tarea representa un mayor reto y es más complicada. Un aspecto importante de la transmisión nerviosa es que la información viaja desde los receptores de la piel hacia el cerebro a través de los sistemas: espinotalámico y lemnisco. Nuestros procesos sensoriales frecuentemente dividen las tareas en dos sistemas, cada uno de los cuales tiene una función que realiza mejor. Por ejemplo, el sistema espinotalámico tiene fibras nerviosas pequeñas y transmisión más lenta. (Probablemente resulte de utilidad recordar que el sistema espinotalámico es pequeño y lento mientras que el lemnisco es largo o grande). El sistema lemnisco, sin embargo, tiene mucha más precisión que el espinotalámico. El sistema del lemnisco podría determinar que nuestra piel está siendo estimulada por dos gotas de agua, separadas pocos milímetros, mientras que el sistema espinotalámico las interpretaría erróneamente como una sola gota grande. Los sistemas espinotalámico y lemnisco

pasan finalmente la información a la corteza somatosensorial (véase Figura 11). La Figura 12 ilustra la relación entre áreas corporales y el área de la corteza somatosensorial que procesa la información táctil que proviene de esas áreas.

Figura 11. Muestra algunas de las áreas sensoriales del cerebro.

Figura 12. El homúnculo de Penfield nos muestra la correspondencia entre regiones de la corteza somatosensorial y las partes corporales, vista de frente. Mientras mayor sea el tamaño del área corporal ilustrada, mayor será el área de la corteza dedicada a la entrada de información de dicha parte.
LA DISTRIBUCIÓN DE LA PERCEPCIÓN CUTÁNEA La distribución cutánea se registra por la estimulación mecánica de la superficie del cuerpo. En el hombre, esta información se recibe predominantemente a través de la piel, sobre todo de ciertos apéndices. Los animales inferiores recaban la información cutánea no solo a través de la piel, sino también de otras estructuras

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superficiales externas, como el cabello, las uñas, las garras, los bigotes, etc. Como hemos indicado, los tipos principales de información que proporciona la piel son: • Presión o tacto: Percepción táctil • Dolor: Percepción de dolor • La temperatura: percepción de frío o calor Si se trazara una cuadrícula sobre una parte de la piel de un sujeto vendado y se explora de manera sistemática los cuadros de ésta turnándose con una varilla caliente, una fría, un cabello y una aguja, es probable que el sujeto reporte las experiencias cutáneas de calor, frío, presión y dolor respectivamente, lo que hace suponer que las regiones de la piel no son uniformemente sensibles a todos los estímulos. Algunas pueden ser sensibles solo a un contacto ligero y otras solo a la temperatura. En otras palabras existe una distribución de distintas regiones que son sensibles a diferentes tipos de estímulos. PERCEPCIÓN TACTIL El tacto incluye la sensación producida por la deformación de la piel, esto es, la piel resulta ligeramente distorsionada al tocar o ser tocada por un objeto. Las sensaciones de la presión sobre la piel son importantes en diferentes áreas. Por ejemplo, el tacto es importante para los niños y sus padres en el desarrollo del apego entre el infante y sus padres (Brown, 1984). Los efectos de un ligero toque pueden ser sustanciales. Por ejemplo, un grupo de estudiantes calificó al personal de una biblioteca y las facilidades que les prestaban de manera más positiva si el empleado tocaba sus manos, aunque fuera brevemente, al regresarles sus credenciales de la biblioteca (Fisher, Rytting y Heslin, 1976). También, considere cómo difiere el mensaje de una palmada o un apretón de manos del de un golpe en la nariz. Finalmente, la importancia del tacto en las interacciones sexuales resulta obvia. ASPECTOS SENSORIALES DEL TACTO Nuestro sentido del tacto surge de la estimulación de diferentes tipos de receptores, de los cuales los más estudiados son las terminaciones nerviosas encapsuladas llamadas corpúsculos de Pacini. Los corpúsculos de Pacini son los órganos terminales sensoriales más grandes en el cuerpo, y son muy sensibles a las depresiones en la piel. Algunos son más sensibles al inicio del estímulo y otros al final, están localizados estratégicamente y existen entre unos 1000 a 1500 en la palma de la mano. La información del tacto es transmitida por cuatro canales diferentes: los corpúsculos de Pacini proporcionan información o llevan a un canal, los tres canales restantes reciben información de un tipo de fibra de adaptación rápida (AR) o de dos tipos de fibra de adaptación lenta (AL). Los corpúsculos de Pacini y las fibras de adaptación rápida responden a cambios en la estimulación, pero cesan de responder cuando hay presión continúa sobre la piel y la fibra de adaptación lenta siguen respondiendo ante la presión continua de la piel. La actividad somatosensorial se produce por la estimulación de los receptores de la piel en una de dos formas. En el tacto pasivo, un objeto es colocado sobre la piel; por el contrario, en el tacto activo el sujeto activa interacciones con el medio explorando objetos y tocándolos. Es importante examinar ambos tipos de estimulación debido a que ciertos aspectos de la investigación sugieren que producen percepciones diferentes. Tacto pasivo Es la percepción que se realiza cuando un objeto es colocado sobre la piel, y es capaz de variar dependiendo de la zona de donde se realice la estimulación. La misma que puede ser analizada a través de umbrales absolutos (punto límite en el cual se reporta la mitad de las veces) y umbrales de discriminación de dos puntos (capacidad para notar que dos puntos están siendo tocados en lugar de uno sólo). En el experimento de Weinstein (1968), se encontró diferencia entre la sensibilidad entre las mujeres y varones, concluyendo que: a. Las mujeres son más sensibles al tacto que los hombres, en diversas partes del cuerpo, es decir presentan umbrales más bajos; b. Las partes del cuerpo varían en sensibilidad, por ejemplo: se es más sensible en la cara que en el pie; c. Las mujeres y varones defieren en sus patrones específicos de sensibilidad. Adaptación al tacto En la adaptación al tacto, la intensidad percibida de un estímulo táctil repetido disminuye con el tiempo. Esta mañana, cuando usted se vistió, probablemente notó la presión de su cinturón, sus calcetines y su reloj. Sin embargo, rápidamente estas sensaciones desaparecieron. Tal vez ni siquiera estaba consciente de algunas de sus prendas de vestir hasta que leyó este párrafo. Parece que nos damos cuenta de un estímulo mientras su peso oprime nuestra piel. Sin embargo, cuando el movimiento de la piel cesa, ya no lo notamos más. Una vez que el estímulo es eliminado, nuestra piel se mueve hacia arriba y nosotros nos damos cuenta de las sensaciones de presión una vez más. Como usted

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puede inferir a partir del análisis de los corpúsculos de Pacini, el movimiento de la piel es un factor importante en la percepción del tacto. Los estudios más elaborados fueron realizados por Nafe y Wagoner (1941), quienes se dedicaron a la piel gruesa del muslo, en el área cercana a la rodilla. Sin embargo, como señala Carlson (1991), la adaptación al tacto no puede explicarse como "fatiga" en los procesos del receptor. Por el contrario, la adaptación puede probablemente ser atribuida a la construcción mecánica de los receptores. Por ejemplo, los corpúsculos de Pacini responden mejor cuando el receptor está inclinado por la presión o cuando es liberado. Sin embargo, bajo presión constante, la terminal nerviosa simplemente flota dentro de todas las capas protectoras y no continúa produciendo señales después de la estimulación inicial. Tacto activo Hasta aquí hemos analizado situaciones en las cuales un individuo se sienta pacientemente, esperando a ser picado, aguijoneado y estirado. Pero la mayor parte de las experiencias táctiles en el mundo son mucho más activas. Recordemos que en el tacto activo como su nombre lo indica el sujeto activa interacciones con el medio explorando objetos y tocándolos. ¿Qué pasaría si a una persona se le presentaran cien objetos comunes (por ejemplo, peine, disco, clip, martillo, tenedor) y se le pidiera que los identificara basándose solamente en el tacto activo?. Como se imaginará, la gente puede identificar los objetos con una precisión casi perfecta después de una breve exploración táctil (Klatszky, Lederman y Metzger, 1985). Los aspectos activos del tacto han sido enfatizados especialmente por Gibson (1966). Estamos acostumbrados a creer que la visión es un sentido tan importante que ignoramos las capacidades del tacto activo. Por ejemplo, considere la capacidad del tacto activo al determinar como se “siente” un objeto. Si usted fuera a comprar un colchón nuevo para su cama, ¿confiaría en su sentido de la visión o en su sentido del tacto?. La percepción de los objetos por el tacto recibe el nombre de percepción táctil. La percepción táctil incluye, ocasionalmente, colocar una mano sobre un objeto sin realizar ningún movimiento. Más frecuentemente, buscamos información adicional y, por tanto, movemos las manos explorando activamente las características del objeto. Es posible que no le sorprenda saber que el tacto activo es en general más preciso y útil que el pasivo. Por ejemplo, cuando un pequeño punto presiona la piel, basta, para detectarlo, que mida 10 micrómetros (un micrómetro es la milésima parte de un milímetro). Esta capacidad perceptual es bastante impresionante, hasta que se compara con el umbral para el tacto activo, el cual puede ser incluso menor (Johansson y La Motte, 1983). Cuando se le permite al sujeto mover un dedo sobre una superficie, es mucho más sensible a pequeñas irregularidades. James Gibson, que tuvo una influencia importante sobre la teoría de la visión, también señaló la importancia del tacto activo. De acuerdo a su enfoque general de la percepción, propuso que el estudio del tacto activo proporcionaría más información acerca de las actividades diarias de la gente, mientras que la información acerca del tacto pasivo sería bastante menos útil. Gibson (1962) comparó la percepción activa y pasiva utilizando seis cortadores de galletas metálicos que tenían la forma de una lágrima, una estrella, un triángulo, etc. Cuando el molde era presionado contra de la palma de la mano (percepción pasiva), la precisión era de sólo 29%, cuando se pedía al sujeto que palpara cada cortador (percepción activa), la precisión se elevó hasta 95%. Heller (1984) extendió los hallazgos de Gibson utilizando nueve moldes para probar tres clases de tacto: 1) Exploración activa con el dedo índice. 2) Tacto pasivo, en el cual el borde de un cortador era rotado sobre la punta de un dedo. 3) Estimulación estática, en la cual el cortador de galletas era presionado sobre la punta de un dedo pasivo. Se utilizaron dos períodos de exposición, de 5 y 30 segundos, para cada condición. Los resultados de Heller demostraron que el tacto activo producía una presión de identificación muy elevada. De hecho, la gente con sólo una exposición de cinco segundos de contacto activo, era más precisa que los participantes de cualesquiera de los dos grupos pasivos con exposición completa de 30 segundos. Heller propone varias explicaciones para estos resultados. La piel simplemente puede tener una “precisión” pobre cuando está inmóvil y pasiva. Además, la gente puede experimentar más sensaciones posteriores con el tacto pasivo que con el tacto activo; esto es, la piel puede temblar ligeramente después de que haya sido tocada en forma pasiva, una sensación que puede desviar la atención hacia estímulos nuevos. En cualquier caso, podemos concluir que el tacto activo nos proporciona información útil acerca de los objetos, aún cuando la exposición sea breve. Sin embargo, para discriminaciones más simples el tacto activo parece tener poca ventaja sobre el pasivo. Tanto los ciegos como quienes ven, fueron igualmente buenos para determinar cuál de dos superficies era más suave, independientemente de si sintieron el estímulo abrasivo, contacto activo o pasivo (Heller, 1989c). De manera interesante, los no ciegos tenían un mejor desempeño discriminando la lisura de lijas finas al basarse en el tacto más que en la visión. Como veremos en la próxima sección, el hallazgo bastante más común es que la información visual tiene preferencia sobre la del tacto. Aplicaciones del tacto activo Una aplicación importante del tacto activo es el desarrollo de material para ciegos. El sistema mejor conocido fue desarrollado por Louis Braille, un francés ciego que vivió en el siglo XIX. Estaba desilusionado por la difícil tarea de tratar de leer el número limitado de libros que eran preparados especialmente con versiones

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realzadas de letras comunes. Después de todo, nuestro sistema visual puede distinguir rápidamente una P de una R, pero la tarea representa un reto mucho mayor para nuestro sistema táctil. El sistema Braille es difícil para los novatos; si usted puede conseguir un libro en Braille y una copia del código, vale la pena tratar de descifrar una parte. La mayoría de los ciegos no aprenden Braille nunca. Los ha que pueden leer unas 100 palabras por minuto, velocidad impresionante pero considerablemente lenta en comparación con las más o menos 250 palabras por minuto de los no ciegos leyendo un impreso común (Foulke, 1982). Ya hemos visto que nuestro sistema táctil es menos capaz de percibir estructuras y patrones, como la escritura Braille, de lo que es nuestro sistema visual. La combinación de información visual y táctil, habitualmente dará mejores resultados en tales tareas (Heller, 1985). Sin embargo, a falta de información visual, el tacto puede utilizarse para la tarea de reconocimiento de un patrón, como en la lectura de Braille, sin embargo, esta tarea de la lectura sólo mediante el tacto se hace mucho más difícil si la orientación de las letras Braille no es estándar (Heller, 1987a). Se han desarrollado otras ayudas táctiles para los ciegos; por ejemplo, varios sistemas para permitirles que exploren pinturas de líneas realzadas, como las descritas en la investigación de Heller (Heller, 1989a; Kennedy, 1982). También han sido diseñados mapas de las calles de una ciudad, los túneles para peatones y los Centros Comerciales (James, 1982). El tacto puede ser útil para los sordos igual que para los ciegos. Por ejemplo, con el método de Tadoma un sordo o sordo y ciego, coloca su mano en los labios y en la mandíbula de la persona que habla para captar las sensaciones táctiles de su voz, como el flujo del aire, el movimiento de labios y mandíbulas, y la vibración (Loomis y Lederman, 1986). También se ha desarrollado varios sistemas para presentar exposiciones táctiles de los patrones de la voz (Ccarrey, 19888; Kirman, 1982). Una aplicación final, pero muy importante, del tacto activo se presenta en la medicina. El médico debe palpar la piel de su paciente para determinar la localización, tamaño y forma del feto dentro del útero de una mujer embarazada o un apéndice inflamado (Loomis y Lederman, 1986). Considere también la utilidad del tacto activo para detectar el cáncer de mama. En Estados Unidos, en 1985, aproximadamente 1169 mil mujeres presentaron cáncer de mama y 38,400 murieron de esta enfermedad (Diem y Rose, 1985) ya que la detección temprana del cáncer hace más probable la sobreviva, el autoexamen de la glándula mamaria es una herramienta indispensable para combatir la muerte por ese cáncer, debido a que el autoexamen es un procedimiento sin riesgo, se recomienda que toda mujer de más de 20 años lo realice de manera rutinaria. Las estadísticas sugieren que la mujer que examina sus glándulas mamarias una vez al mes buscando posibles protuberancias o masas, reducirá el riesgo de morir de cáncer en un 15% (Foster, Constanza y Worden, 1985). Probablemente el tacto no sea importante para nuestras vidas como la visión o la audición. Por el otro lado, es útil en muchas fases de nuestra vida diaria, y también tiene aplicaciones importantes al ayudar a ciegos o sordos y en el diagnóstico médico. TACTO Y VISION La revisión de numerosos estudios indica que cuando hay discrepancia entre el tacto y la visión, la gente por lo común confía más en la visión. Como dice Rock (1983), la visión gana y la percepción táctil es recalibrada de modo que iguale lo que vemos. Por ejemplo, Power (1981) decidió investigar si el triunfo visual podía ocurrir con objetos familiares. Power pidió a los sujetos que examinaran una moneda de 20 centavos australianos. Cada participante llevaba puestos lentes especiales que distorsionaban la forma de la moneda. En lugar de perfectamente redonda, la moneda se veía ovalada. La mitad de los participantes vio el eje vertical 80% más largo que el horizontal, y la otra mitad el eje horizontal 80% más largo. Mientras observaban la moneda, la palpaban activamente. Después se les pidió que dibujaran el objeto. Los dibujos mostraron un porcentaje de distorsión del 75%, la gente dibujó lo que vio, no lo que sintió. La experiencia visual era tan dominante que la gente –aun los psicólogos que suelen ser tan suspicaces- estaba convencida realmente de que la moneda era una imitación oval producida en el laboratorio. Así, en el estudio de Power, la visión fue tan dominante que venció al tacto aun cuando los objetos eran familiares. PERCEPCIÓN DEL DOLOR Es difícil proporcionar una definición del dolor. Por ejemplo, el número de Marzo de 1985 de The Behavioral and Brain Sciences consta de artículos de 28 investigadores o grupos provenientes de investigación, todos dedicados a la tarea de definir el dolor (por ejemplo, Rachlin, 1985). Carterette y Friedman (1978) explican que el dolor incluye (a) la percepción de daño tisular real o una amenaza de sufrirlo; y, (b) la experiencia privada de molestias. Esta definición enfatiza que el dolor tiene dos componentes importantes: un componente sensorial y un componente emocional. El dolor está mucho más ligado con las emociones que cualquier otra área de la percepción. Una percepción visual, como una bella puesta de sol, parece existir fuera, en el medio; sentimos que podemos compartir tales percepciones con otras personas. Por el contrario, una percepción de dolor, como un dolor de dientes, parece existir dentro de los confines de nuestro cuerpo; sentimos que esas percepciones son difíciles de compartir con otros (Verillo, 1975). Como señala Wall (1979), el dolor no se parece a la vista ni al oído, que son estímulos de hechos externos; tiene más en común con el hambre y la sed, las cuales son estimuladas para acontecimientos internos.

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Las primeras definiciones de dolor, solían afirmar que era el resultado de una sobreestimulación, ya sea de los receptores para tacto o temperatura. Si un receptor de frío es estimulado moderadamente, sentimos frío; si es estimulado intensamente, produce dolor. Ahora se sabe que estas primeras definiciones son inadecuadas, debido a que muchas veces el dolor no está relacionado con el grado de estimulación; es decir, a menudo hay dolor con apenas una estimulación leve, mientras que una intensa no lo produce. Habitualmente se piensa que la pérdida de experiencias perceptuales (como la ceguera, sordera) es problemática. La mayoría de nosotros, especialmente si tenemos una cefalea intensa o nos acabamos de golpear el pulgar con un martillo, con gusto nos desharíamos de la experiencia del dolor. Sin embargo, en muchos casos el dolor tiene un valor de sobrevivencia; sirve para proteger el cuerpo de un daño posterior. Sternbach (1978) describe las cosas que pueden sucederle a quienes padecen de ciertas alteraciones en la percepción del dolor y que no pueden sentirlo. De entrada, ésta pudiera parecer una condición envidiable, pero los neonatos con insensibilidad al dolor, se pican continuamente las narinas y se muerden la lengua y los dedos por error. Los adultos pueden sufrir la ruptura del apéndice, tener un hueso fracturado o cáncer, y no detectar el problema lo suficientemente temprano para buscar un tratamiento adecuado. De hecho, una mujer murió por daños en la columna, cuando ella no realizó los ajustes postulares que hacemos de manera rutinaria si nuestros músculos y articulaciones empiezan a doler (Sternbach, 1978). Otra persona apenas sintió una ligera cefalea cuando una hacha se le enterró en el cráneo (Dearbon, 1932). Seguro, el dolor no es confortable, ¡pero considere los peligros a los que usted se enfrentaría sin esta capacidad de advertencia!. UMBRALES DEL DOLOR Sherrick y Cholewiak (1986) describieron los estímulos utilizados para probar los umbrales del dolor y las medidas relacionadas: El número de instrumentos y sitios corporales empleados en el estudio del dolor harían sonreír al marqués de Sade de cuyo nombre deriva la palabra sadismo. Se han aplicado o inyectado estímulos mecánicos, térmicos (conductivos y de radiación) químicos y electrocutáneos en miembros, torso, genitales, cara, córnea, paladar, cuero cabelludo y pulpa dentaria de humanos y animales en una búsqueda insaciable de condiciones de producción estable de dolor o de alivio. Aunque la investigación acerca de la percepción del dolor es muy importante, es extremadamente difícil efectuarla debido a consideraciones éticas (American Psychological Association, 1990; Sternbach, 1983). El umbral del dolor es la intensidad de estimulación a la cual un observador dice “duele” la mitad del tiempo y “no duele” la otra mitad. Los umbrales del dolor dependen de muchos factores diferentes. Diferentes partes del cuerpo también tienen sensaciones distintas de dolor, hecho que no es sorprendente si se recuerda que la sensibilidad al tacto depende de la parte corporal estimulada. La córnea, la parte posterior de la rodilla y la región del cuello, son especialmente sensibles, mientras que la planta de los pies, la punta de la nariz y la cara interna de las mejillas, son notablemente insensibles. Tal vez haya descubierto que las partes del cuerpo difieren en su sensibilidad si ha comparado el dolor de una pequeña cortada hecha con una hoja de papel por debajo de la uña, con el que produce una incisión grande en la planta de su pie. Un término relacionado con el umbral del dolor, es el de la tolerancia al dolor, el máximo nivel del dolor que la gente acepta voluntariamente. Tanto el umbral como la tolerancia al dolor, muestran una gran variación de un individuo a otro. Por ejemplo, empleando choques eléctricos para producir dolor. Rollman y Harris (1987), encontraron una proporción de 8 a 1 en la tolerancia y el umbral del dolor más grande y más pequeño entre los 40 participantes en su estudio. Un estímulo en particular puede ser percibido por debajo del umbral del dolor de un individuo, mientras que el mismo estímulo puede estar arriba de la tolerancia de otro. Los investigadores han tratado de identificar características de personalidad que pudieran relacionarse con los umbrales del dolor y la tolerancia. Algunos factores estudiados son la ansiedad, la extraversión y la depresión (Cornwall y Donderi, 1988; Liebeskind y Paul, 1977; Sternbach, 1978; Weisenberg, 1977). ADAPTACIÓN AL DOLOR Recuerde la última ocasión que sufrió un dolor intenso, con una cefalea o una quemadura. Si no tomó ningún medicamento ¿disminuyó la intensidad del dolor con el tiempo?. La mayoría de gente reporta que el dolor sigue siendo tan intenso después de media hora que como era inicialmente. En otras palabras, parece que no hay adaptación a dolores intensos. La adaptación sí se presenta en dolores leves. Como señala Kenshalo (1971), la razón psicológica por el cual nos adaptamos al estímulo frío doloroso, es que el enfriamiento del tejido nervioso bloquea la actividad del receptor y la conducción de impulsos. La adaptación también se presenta con otros dolores leves, como un estímulo de calor punzante y poco doloroso. Por ejemplo, presentamos adaptación al agua caliente con temperatura de hasta unos 46°C. Por el otro lado, presentamos poca o ninguna adaptación con temperaturas superiores (Hardy, Stolwijk y Hoffman, 1968). Si su doctor le recomienda sumergir un dedo infectado en agua tan caliente como puede tolerarla, mantenga la temperatura a 46°C (Matlin y Foley, 1996). CONTROL DEL DOLOR Aproximadamente una tercera parte de los estadounidenses tienen algún dolor crónico, ya sea persistente o recurrente. En total, se emplean unos 70 mil millones anuales en gastos médicos y de compensación por los días laborales perdidos (Wallis, 1984). Existen diversos métodos para aliviar el dolor. Por

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ejemplo, los neurocirujanos pueden cortar las vías nerviosas para eliminar el dolor. Sin embargo, y de manera sorprendente, algunos métodos menos drásticos (como la hipnosis), son con frecuencia, más eficaces (Melzack, 1973; Rachlin, 1985). Medicación Cuando le duele la cabeza, se toma una aspirina. La aspirina es analgésico, un fármaco específicamente diseñado para aliviar el dolor. Los analgésicos también incluyen a la novocaína (lo que le inyecta su dentista antes de hacerle una curación), la codeína (un derivado del opio, que es más fuerte que la aspirina y que se clasifica como un agente narcótico, débil, con poco potencial de adicción) y, a la morfina (otro derivado del opio, más fuerte que la codeína). Debido a su efectividad como analgésico, la morfina es de gran interés para los investigadores y médicos que se dedican al dolor. La morfina es utilizada menos frecuentemente de lo que debiera debido a sus propiedades adictivas. Una forma que revela adicción es el aumento de los niveles de tolerancia. Ciertas investigaciones recientes indican que los niveles de tolerancias aumentados por la morfina podrían tener menos que ver con sus propiedades farmacológicas que con los contextos en los cuales se administra (Freinberg y Riccio, 1990). Otra indicación de la influencia poderosa del contexto, es que la morfina suele ser adictiva, principalmente por sus efectos eufóricos, pero en raras ocasiones se administra para aliviar el dolor (Melzack, 1990). De hecho, cuando es utilizada como un analgésico, la tolerancia a la morfina aumenta ligeramente y después los niveles disminuyen. Cuando es administrada por vía oral como prevención para el dolor, en dosis menores a las que se inyectan, por lo común cuando el dolor llega a un grado intolerable, parece ser un medio efectivo para detener el dolor con pocos efectos secundarios y poca probabilidad de adicción (Melzack, 1990). Los factores psicológicos tienen un impacto importante en la efectividad de los analgésicos (Elton, Stanley y Burrows, 1983). Por ejemplo, con frecuencia no son eficaces si son administrados en un laboratorio o en un lugar de un consultorio médico. Además, el dolor muchas veces puede disminuir dándole al paciente un placebo. El placebo es una sustancia inactiva, como una cápsula de azúcar, que el paciente cree que es un medicamento. Si el doctor le da al paciente un placebo y le dice que es una cápsula de azúcar, no tendrá ninguna acción farmacológica; pero si se cree que el placebo es un analgésico, disminuirá el dolor de manera significativa. De hecho se ha sugerido que la historia de la medicina hasta el siglo XVIII es, en realidad la historia del efecto del placebo, debido a que ninguno de los tratamientos anteriores era útil inherentemente (Critelli y Neumann, 1984). En los últimos tiempos el término placebo se ha aplicado a otras clases de tratamiento, además de la medicación. Procedimientos utilizados por los psicólogos Algunos de los procedimientos que los psicólogos utilizan para controlar el dolor son: la hipnosis y las técnicas cognitivo-conductuales. La hipnosis es un estado alterado de la conciencia en el cual el sujeto es susceptible a las sugestiones del hipnotista (Barber, 1986). Ha sido utilizada para ayudar a la gente que sufre de dolor crónico y para prevenir el dolor en pacientes sometidos a cirugía. Puede proporcionar un alivio importante en algunos casos. Por ejemplo, Bellisimo y Tunks (1984), citan el caso de un hombre que sufría de un doloroso cáncer de garganta. Bajo hipnosis se le dijo que experimentaría una sensación placentera de hormigueo, similar a una corriente eléctrica débil, siempre que empezara a sentir dolor en la garganta. El enfermo sustituyó satisfactoriamente el dolor por el hormigueo placentero. En pacientes que sufren de quemaduras graves, la sugestión hipnótica de que se sienten frescos y confortables, puede reducir sustancialmente el dolor y también el número de veces que requieren medicamentos narcóticos (Ewin, 1986; Kihlstrom, 1985). Durante la labor del parto, las instrucciones hipnóticas pueden disminuir los dolores y acortar la duración del trabajo de parto (Venn, 1986). La hipnosis también puede distorsionar el tiempo, de manera que “el tiempo en el que se siente el dolor” parece pasar más rápidamente (Bellisimo y Tunks, 1984). Algunos investigadores son escépticos en relación con la hipnosis. Por lo común, reconocen que la hipnosis puede de hecho aliviar el dolor, pero argumentan que la gente suele demostrar tanta reducción del dolor cuando se le proporciona sugestiones de reducción del dolor bajo condiciones normales como cuando están hipnotizadas (Barber, 1982). Los resultados sugieren que la hipnosis produce un alivio eficaz del dolor, aunque puede no ser más satisfactorias que técnicas menos misteriosas como las utilizadas en las aproximaciones cognitivo-conductuales. Las técnicas cognitivo-conductuales para el control del dolor son bastante variadas. En general, dichas técnicas se concentran en ayudar al paciente a desarrollar respuestas, cognitivas y conductuales más adaptativas ante un problema físico (Feuerstein et. al., 1986). Algunas de estas técnicas consisten en enseñar al paciente a identificar los pensamientos negativos relacionados con el dolor, sustituirlos por pensamientos más atractivos y utilizar estrategias de afrontamiento como distraerse para minimizar el sufrimiento. Frecuentemente estos procedimientos incluyen la enseñanza a los pacientes de algunos principios de condicionamiento operante, por el cual el comportamiento que no está relacionado con el dolor –por ejemplo, una mayor actividad física- es reforzado. Turk, Meichenbaum y Genest (1983) describen cómo se emplea el enfoque cognitivo conductual en pacientes con cáncer. El enfoque incluye la educación acerca de la enfermedad, entrenamiento para relajarse y ayuda para esclarecer los sentimientos. Un componente común del tratamiento cognitivo-conductual incluye la distracción, o el cambio de la atención hacia algo diferente que el dolor.

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Las técnicas de distracción tienen como objetivo impedir la focalización atencional en determinado tipo de estímulos o situaciones. La técnica distractiva como estrategia de enfrentamiento al dolor consiste en impedir la focalización de la atención sobre aquellos estímulos que son dolorosos y sobre sus efectos. McCaul y Malott (1984) revisaron los estudios acerca de la eficacia de la distracción en el control del dolor y concluyeron que la distracción es de hecho más eficaz que una condición de control mediante placebo para aliviar el dolor. Ellos sugirieron que el efecto de la distracción se debe principalmente a que la distracción sustrae buena parte de atención que se necesita para procesar el dolor. Las técnicas de distracción son especialmente eficaces si requieren un nivel elevado de atención en lugar de sólo distraer ligeramente. La distracción es especialmente eficaz para un dolor de baja intensidad. Las técnicas cognitivo-conductuales han sido especialmente desarrolladas para preparar a las mujeres para el alumbramiento. Los métodos de preparación del parto (como el método Lamaze) se enfocan en la educación de la mujer acerca de la anatomía y fisiología del alumbramiento y la relajación muscular controlada y en enseñarles a poner atención en algo diferente al dolor (Wideman y Singer, 1984). Los estudios acerca de esta técnica han demostrado que las mujeres que han recibido entrenamiento son más tolerantes al dolor y requieren de menos medicamentos durante el parto. Otro método conductual efectivo para el control del dolor es el modelamiento. De acuerdo con el enfoque del modelamiento, la gente aprende tanto comportamientos positivos como negativos simplemente por observar a otra persona en una situación; no tiene que actuar ella misma. Por ejemplo, los niños aprenden que la consulta con el odontólogo es dolorosa a fuerza de ver las reacciones negativas de sus padres. Los padres que reportan estar muy ansiosos en el consultorio del dentista suelen tener niños que son negativos y no cooperan durante los exámenes dentales (Craig, 1978), Edwards, Zeischner, Kuczmierczyk y Boczkowski (1985) analizan otros estudios que han demostrado relaciones similares entre el comportamiento de los padres y de los hijos como reacción a dolores de estómago, de espalda y cefaleas crónicas. Estos autores también encontraron que era probable que los estudiantes que presentaban dolor frecuente tuvieran un gran número de familiares que se quejan de dolor, y que operan como modelos de dolores. Advierta que la teoría del modelamiento ayuda a explicar por qué la acupuntura es más eficaz en China que en Estados Unidos. Los pacientes chinos han estado en contacto con otros que han tenido experiencias satisfactorias con la acupuntura. De hecho, a los nuevos pacientes se les anima para que conversen con quienes ya han experimentado la acupuntura (Craig, 1978). La terapia del modelamiento ha sido utilizada de manera satisfactoria en la atención dental. Por ejemplo, los niños vieron una película en la cual el modelo inicialmente sentía miedo pero lo controlaba y recibía encomio y un juguete al final de la consulta. Estos niños estaban mucho menos ansiosos durante sus propias sesiones con el odontólogo que los niños que no habían visto la película. De manera similar, probablemente habrá escuchado de programas hospitalarios en los cuales los niños que esperan cirugía ven una película acerca de la experiencia de otro niño. Los experimentos han confirmado la efectividad de esta clase de programas de modelamiento (Craig, 1978). Podemos concluir la exposición de las técnicas cognitivo-conductuales señalando que en muchos tratamientos suelen utilizarse varias de ellas en combinación. Es interesante especular por qué estos procedimientos utilizados por los psicólogos son eficaces en el alivio del dolor. Específicamente, ¿disminuyen la sensibilidad o alteran el criterio para reportar el dolor?. PERCEPCIÓN DE LA TEMPERATURA Esta sección estudia la percepción del calor y el frío. En particular, analizaremos cuatro temas: la regulación de la temperatura corporal, los puntos para calor y frío, los umbrales de la temperatura y la adaptación. REGULACIÓN DE LA TEMPERATURA CORPORAL Piense en qué tanto calor o frío siente en este momento. Probablemente se sienta confortable. Su cuerpo tiene una capacidad impresionante para regular su propia temperatura y mantenerla a 37°C aproximadamente. Usted se encuentra en una tormenta de nieve y su temperatura corporal empieza a caer: usted tiembla, proceso útil para producir más calor. También, los vasos sanguíneos cercanos a la superficie de la piel disminuyen su diámetro para que se pierda menos del calor de la sangre a través de la superficie. Si usted está jugando un partido de fútbol bajo el sol de enero, suda, y eso enfría su piel; los vasos sanguíneos aumentan su diámetro, de manera que pueda liberarse más del calor de la sangre. Poulton (1970) señala que podemos perder la conciencia si nuestra temperatura cae por debajo de los 33°C o se eleva por arriba de los 41°C. Así, el papel de la piel en la regulación de la temperatura no es solamente un lujo; es absolutamente necesaria. Generalmente, consideramos que una temperatura ambiental de unos 22°C (72°F) es agradable. Sin embargo, la temperatura ambiental puede influir en qué tan a gusto se siente y qué tan bien se desempeña una persona. PUNTOS DE CALOR Y FRÍO Al parecer, existen sistemas separados para el sentido del calor y para el del frío. Los investigadores concluyeron que deben existir dos sistemas, porque es posible identificar puntos separados calientes y fríos sobre la piel. Por ejemplo, Dallenbach (1927) eligió como estímulo un alfiler de cabeza, lo enfrió y tocó varias

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localizaciones precisas en un área de la piel de 2 cm2 (0.3 pulg2). Repitió el mismo procedimiento para la misma área, utilizando entonces estímulos de calor. No encontró correspondencia entre las áreas que responden a estímulos de frío y las que lo hacen a estímulos de calor. (Tampoco, como probablemente ya haya adivinado de acuerdo con el análisis previo, encontró correspondencia entre el tipo de sensación y el tipo de receptor que se encontraba por debajo de la piel en el punto de estimulación). Así, no deberíamos hablar de un "sentido de la temperatura" como si fuera un sentido único; el sentido del calor y el del frío están de hecho separados. Investigaciones subsecuentes han establecido que estos puntos de calor y frío tienen un diámetro de alrededor de 1 mm (0.04 pulg) (Hensel, 1982). Es posible que los puntos fríos se activen a 45°C (113°F), así como a temperaturas más frías. El hecho de que puedan activarse a temperaturas que no se consideran frías, es lo que probablemente explica el fenómeno de frío paradójico, es decir, la experiencia de frío producida por un estímulo caliente que actúa sobre una zona pequeña de la piel, que contiene receptores del frío. También podemos experimentar calor paradójico, pero no exactamente de la misma manera. Al colocar la mano o el brazo sobre un enrejado con superficies alternativamente caliente y fría se producirá la percepción de calor doloroso en mucha gente. Sherrick y Cholewiak (1986) se refirieron a esta demostración como una "gran pieza de museo", y señalaron que no siempre tiene éxito, lo que sugiere una amplia gama de diferencias individuales. Esta demostración puede encontrarse en museos, como el Centro Científico de Ontario, y la experiencia puede ser impresionante. Colocar la mano sobre un conjunto de tubos produce la percepción de frío, y colocarla en el conjunto que sigue origina la percepción del calor. Si usted es una de las personas que experimentan calor paradójico, el conocimiento de que los tubos no pueden estar calientes no disminuye el poder de la experiencia. UMBRALES PARA LA TEMPERATURA De acuerdo con Stevens, Marks y Simonson (1974), la frente es especialmente sensible al calor. El pecho, el estómago, los hombros y los brazos lo son menos y las pantorrillas son las menos sensibles. La sensibilidad al frío también varía con las diferencias de la región corporal. Stevens (1979) encontró que el tórax era más sensible, observación que usted puede comprobar si un médico coloca el estetoscopio frío sobre su pecho. Los brazos y las piernas son menos sensibles al frío, seguidos de las mejillas y por último de la frente. Frecuentemente podemos detectar pequeños cambios en la temperatura, tan mínimos como 0.003°C (0.006°F) (Kenshalo, 1978). No se puede dar un valor único como umbral absoluto para las sensaciones de calor y frío, porque el umbral depende de diversos factores. Por ejemplo, mientras más grande sea la región de la piel expuesta al estímulo de calor o frío, menor será el umbral; tiene sentido que podamos detectar un pequeño cambio más rápidamente en todo un brazo que en un punto del tamaño de un alfiler. Asimismo, si la temperatura cambia rápidamente, es más probable que lo notemos que si su cambio es gradual (Kenshalo, Holmes y Wood, 1968). Otros factores importantes que influyen en el umbral incluyen la temperatura actual de la piel, la fase del ciclo menstrual en la mujer, la hora del día y el estrés (Kenshalo, 1978). Taus, Stevens y Marks (1975) encontraron que la gente no localiza las sensaciones de temperatura para estímulos por arriba del umbral. Pidieron a participantes que juzgaran si un estímulo era presentado por arriba o por debajo de un punto de referencia particular sobre el brazo. Aun con el estímulo más caliente, la precisión osciló entre 80 y 95%. Por el contrario, la localización del tacto fue de 99% para un cabello que era apenas perceptible. Así, somos mejores para identificar en dónde nos tocó algo que para saber dónde nos calentó. De hecho, si el estímulo térmico no toca nuestra piel, ¡frecuentemente tenemos dificultades para determinar si el estímulo caliente fue presentado a nuestro pecho o a nuestra espalda (Cain, 1973)!. ADAPTACIÓN A LA TEMPERATURA Cuando usted se sienta por primera vez en un baño caliente, la temperatura parecerá extremadamente caliente. Después de pocos minutos, la temperatura parece la adecuada. Si usted se sumerge dentro del agua, de manera que su espalda quede dentro, la temperatura del agua que rodea su espalda es una vez más bastante caliente. El resto de su cuerpo se ha adaptado a la temperatura caliente, pero la piel recién sumergida no lo ha hecho. Como usted sabe, hay adaptación cuando un estímulo se presenta de manera continua; la intensidad percibida del estímulo disminuye con el tiempo. La adaptación térmica es, por tanto, una disminución en la intensidad percibida de una temperatura caliente o fría conforme pasa el tiempo. La adaptación térmica generalmente es estudiada colocando un estímulo caliente o frío sobre la piel y pidiendo al sujeto que reporte cuándo la sensación de temperatura desaparece. Por ejemplo, Kenshalo (1971) reporta que la gente es capaz de adaptarse a las temperaturas sobre la piel en el intervalo de 29 a 37°C (87 a 99°F) a partir de una temperatura de la piel normal de 33°C. Por fuera de este intervalo, la temperatura parecerá persistentemente fría o caliente, no importa cuánto tiempo se deje el estímulo sobre la piel. La gente parece ser capaz de adaptarse bastante bien a los estímulos de frío. Hensel (1981) describe la investigación en algunas personas que son sujetas repetitivamente a condiciones de frío. Por ejemplo, si coloca la mano en agua con hielo, su frecuencia cardíaca y presión arterial aumentan. Si repite este proceso varias veces con intervalos de temperatura ambiente, usted respondería menos dramáticamente. Los estudios acerca de la gente expuesta en repetidas ocasiones a condiciones de frío, ya sea debido a la región en la que viven o a

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su profesión (por ejemplo, los pescadores), muestran que sienten poco o ningún dolor cuando exponen las manos al frío (Hensel, 1981). EL SENTIDO CINESTÉSICO Y EL SENTIDO VESTIBULAR Sabemos relativamente poco acerca de los sentidos cinestésico y vestibular, los cuales nos dan información sobre el movimiento y la conservación de la postura erguida. Estos sentidos son similares en el hecho de que en raras ocasiones estamos conscientes de ellos. Sólo ocasionalmente advertimos cómo nuestra mano se mueve hacia abajo y a la derecha para levantar una pluma, y también de cómo estamos parados en posición erguida en lugar de estar inclinado en un ángulo de 15°. EL SENTIDO CINESTÉSICO El término cinestesia deriva de una palabra griega que significa "percepción del movimiento". Como es empleada hoy, la cinestesia se refiere a la sensación de la posición o del movimiento de las partes del cuerpo de uno mismo. En un sentido más amplio, la cinestesia incluye sensaciones que provienen de la posición y del movimiento de las partes corporales, este movimiento puede ser activo o pasivo. Un término similar usado generalmente de manera indistinta con el de cinestesia es el de propiocepción. El sistema nervioso central tiene dos métodos para obtener información acerca de la posición y el movimiento de las partes corporales: 1) Puede monitorear las órdenes que envía a los músculos, asumiendo que los músculos las realizan. 2) Puede recibir información proveniente de receptores sensoriales apropiados. De hecho, el sistema nervioso central utiliza ambas fuentes de información. Igual que el sistema visual utiliza más de una fuente de información para determinar la distancia de un objeto, el sistema cinestésico utiliza más de una fuente para determinar la posición de las partes corporales. Si usted aleja el brazo hacia la izquierda, en la dirección de una pluma, su sistema nervioso central sabe dónde está el brazo porque él lo envió en esa dirección, y porque hay retroalimentación que proviene del brazo y que le dice al sistema nervioso central dónde se encuentra. Estas dos clases de información cinestésica son completadas por otros sentidos. Por ejemplo, la visión informa al sistema nervioso central acerca de la localización del brazo, el sentido del tacto le hace saber cuándo el dedo hace contacto con la pluma, y aun la audición puede contribuir con información acerca de un pequeño ruido que realiza la pluma sobre la superficie de la mesa cuando la mano llega a su destino (Clark y Horch, 1986). Analicemos brevemente los receptores que proporcionan información cinestésica. La clase de receptor más investigado es el órgano tendinoso de Golgi. El tendón está formado por un material fibroso que une el músculo al hueso. Los órganos tendinosos de Golgi, localizados en los tendones, responden cuando los músculos ejercen presión sobre el tendón (Carson, 1991). Los corpúsculos de Pacini, mencionados en relación con los receptores de la piel, también se localizan en los músculos. Estos receptores responden a una presión profunda sobre los músculos. También, las terminaciones nerviosas libres asociadas con el dolor pueden proporcionar información cuando el movimiento corporal se acompaña de dolor. Los investigadores han explorado diversos temas dentro de la percepción cinestésica: la capacidad para juzgar si las líneas son rectas o curvas basándose en la sensación; la capacidad para juzgar la distancia, basándose en la distancia trazada por los dedos (Loomis y Lederman, 1986); los juicios acerca del ancho del bloque de madera (Baker y Weizz, 1984); y las discriminaciones acerca del peso de un objeto (Brodie y Ross, 1984). Recuerde que cuando la información táctil y visual están en conflicto, la gente tiende a confiar en su visión. Los resultados son similares en la cinestesia, cuando se produce discrepancia al utilizar prismáticos (Welch y Warren, 1980). Si usted mirara a través de unos lentes que presentaran su mano varios centímetros alejada de su localización real, su visión desviaría su sentido acerca de dónde se encuentra la mano. Sin embargo, la visión no puede influir completamente sobre la cinestesia, debido a que la información cinestésica tiene una influencia modesta en los juicios de localización de las partes corporales cuando la información visual y cinestésica son opuestas. Pero, respecto a lo que sucede si la información cinestésica y auditiva son diferentes, Welch y Warren (1980) concluyen que la información cinestésica desvía la audición de manera más acentuada de lo que la audición lo hace con la cinestesia. EL SENTIDO VESTIBULAR El sentido vestibular nos proporciona información acerca de la orientación, el movimiento y la aceleración. Igual que la cinestesia, el sentido vestibular es algo de lo que en raras ocasiones nos damos cuenta. Por lo común, sólo lo notamos cuando nuestros receptores sensoriales son estimulados en forma poco usual, por ejemplo, si hemos estado girando durante cierto tiempo -como en un juego en el parque de diversiones- y hacemos un alto de repente (Benson, 1982). La experiencia de falta de peso de los astronautas ocasiona una estimulación poco usual del sistema vestibular, lo cual ha permitido alentar la investigación más reciente acerca de ese sentido. Los receptores del sentido vestibular son muy pequeños; de hecho, son parte del oído interno (fig. 11).

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Los investigadores interesados en el sentido vestibular han analizado una amplia gama de temas. Algunos han estudiado la forma en que los animales como los conejos y los gatos se las ingenian para caer siempre en cuatro patas cuando son lanzados de cabeza (Howard, 1986). Los interesados en el sentido vestibular en los humanos han analizado los umbrales para la detección del movimiento y la ilusión del movimiento propio. Diversos estudios se han efectuado sobre la percepción en posición recta (Howard, 1986). En algunos experimentos, los sujetos se sientan en una silla que puede inclinarse de un lado a otro; la silla se encuentra en el centro de una habitación que también puede inclinarse. Si usted fuera un participante en el experimento de la habitación inclinada, se le pediría que ajustara su silla hasta que la encontrara derecha. Suponga también que la habitación hubiera sido inclinada en un ángulo de 20°. ¿Ajustaría usted su silla para igualar la orientación de arriba hacia debajo de las paredes o para alinearla con la fuerza de gravedad? La gente resuelve esta discrepancia entre las claves visuales y las vestibulares de diferente manera. Quienes se basan en la orientación de la habitación (claves visuales) reciben el nombre de dependientes del campo, mientras que quienes se apoyan en la orientación del cuerpo (claves vestibulares), son llamados independientes del campo. En vista de las diferencias individuales significativas en esta área, es sorprendente que no hayan sido examinadas en la forma en que la gente resuelve los problemas o conflictos entre los otros sentidos relacionados con el tacto o la visión. Por ejemplo, sería interesante saber si algunas personas ponen atención consistentemente al tacto, mientras que otras atienden la visión. La amplia influencia de J.J. Gibson también se observa en la investigación acerca de la orientación. Recientemente, Thomas Stoffregen y Gary Riccio (Riccio y Stoffregen, 1990; Stoffregen y Riccio, 1988) han utilizado el enfoque ecológico de Gibson en el estudio de la orientación y del sistema vestibular. Sostienen que el sistema vestibular no es de importancia primordial para la percepción de la fuerza gravitacional y la orientación como otros proponen. En lugar de eso, piensan que nuestro sentido de la orientación proviene de diversas fuentes de información -visual, cinestésica y vestibular-, ninguna de las cuales es la principal. Sus argumentos han sido criticados por los investigadores que sostienen que nuestro sistema vestibular es indispensable para detectar la gravedad y el movimiento (Curthoys y Wade, 1990), lo que hace de ésta un área fructífera para investigación futura. EL ESTÍMULO VISUAL ¿Cuáles son las propiedades de la luz?. La luz es una clase de radiación electromagnética. La radiación electromagnética se refiere a todas las formas de ondas producidas por partículas cargadas eléctricamente. La energía electromagnética se compone de ondas. Podemos describir la energía electromagnética en términos de su longitud de onda, así las ondas de radio y televisión; ondas de radar; rayos infrarrojos; luz; rayos ultravioleta y rayos X, son todos energías electromagnéticas que sólo se diferencian entre sí por su longitud de onda. El espectro electromagnético representa todas las ondas electromagnéticas, de diferentes longitudes. Obsérvese en la figura 12 que la luz que los humanos ven ocupa sólo una pequeña porción del espectro electromagnético. Las longitudes de onda correspondientes al espectro visible o luz son tan pequeñas, que se miden en nanómetros. Un nanómetro (nm) equivale a una billonésima parte de un metro. La longitud de onda más corta que podemos ver mide aproximadamente 400 nm; la mayor, casi 700 nm. En suma, la luz visible para el humano es la porción del espectro de radiación electromagnética compuesta de ondas que oscilan de cerca de 380 a casi 780 nm (Figura 13). Otras especies responden a diferentes porciones del espectro. Por ejemplo, las víboras y las boas constrictor tienen órganos sensoriales sensibles a los rayos infrarrojos. Por tanto, estos animales pueden formar imágenes sensitivas al calor de su posible presa (Sinclair, 1985). Algunos animales son sensibles a la luz ultravioleta y pueden ver más fácilmente la ropa después de que haya sido lavada con detergentes que contienen blanqueadores, debido a que la ropa refleja grandes cantidades de luz ultravioleta (Associated Press, 1990). El ojo humano es insensible a las luces infrarroja y ultravioleta. La longitud de las ondas luminosas se relaciona con el matiz de un estímulo visual. El matiz se refiere a la reacción psicológica del color producida, en parte, por una longitud de onda particular. Las ondas luminosas tienen otras dos características, la pureza y la amplitud. La pureza, la mezcla de longitudes de onda en la luz, se relaciona con la saturación percibida de un estímulo visual. Por último, la amplitud, que es la altura de una onda luminosa, está relacionada con la brillantez del estímulo visual. EL SISTEMA VISUAL ESTRUCTURA Y FUNCION DEL OJO (Figura 14) El propósito del sistema visual es transformar la energía electromagnética del estímulo visual a energía nerviosa. La transducción es el proceso de conversión de una forma de energía en otra y, por tanto, los órganos de los sentidos sirven como transductores. Ahora trazaremos la vía por la cual es procesada la energía de un estímulo visual.

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Figura 13. El espectro electromagnético representa un continuo de todas las ondas producidas por partículas cargadas eléctricamente. Nótese la pequeña área entre 400 y 700 nm (dispuesta en la parte baja de la figura). Representa el espectro de luz visible, la única parte que el humano puede ver.
Córnea, esclerótica y cámara anterior. La forma redonda del globo ocular se mantiene por la presión de líquidos internos sobre la membrana externa blanca, la esclerótica. En la parte anterior del globo ocular se encuentra la córnea, membrana transparente que se une con la esclerótica y protruye ligeramente. Si usted ve de lado el ojo de alguien, podrá ver tanto la córnea como la esclerótica. La luz que proviene de los estímulos visuales debe enfocarse en la superficie posterior del globo ocular, y la córnea inicia este proceso. De hecho, cerca de dos tercios de la refracción de la energía luminosa que se encuentra en el globo ocular ocurre en la córnea.

Figura 14. Estructura del ojo.
La esclerótica y la córnea están formadas del mismo material, así que es sorprendente que se vean tan diferentes. La principal razón de que la esclerótica no sea tan transparente es que las fibras que la conforman están dispuestas de manera desorganizada; por el contrario, las fibras que componen la córnea están bien organizadas. La situación es parecida a lo que sucede con una solución de azúcar caliente, la cual puede

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hacerse girar para tener un dulce de algodón opaco que la luz nunca podría atravesar (igual que en la esclerótica) o enfriarse cuidadosamente para formar un dulce claro como una paleta (como en la córnea). Cuando hay deformaciones en la córnea que producen astigmatismo, la persona verá borrosa parte de la luz que entra en el globo ocular. El astigmatismo puede corregirse con el uso de anteojos. Los pediatras se han preocupado por la detección temprana del astigmatismo, ya que puede presentarse un desarrollo neural anormal, si no se detecta a tiempo. ¿Cómo se nutre la córnea?. Muchas partes de nuestro cuerpo son nutridas por vasos sanguíneos, pero los vasos sanguíneos en la córnea interrumpirían el paso de luz proveniente del exterior. Las células de la córnea reciben sus nutrientes y el oxígeno del humor acuoso (humor significa fluido), un líquido acuoso que recuerda al líquido cerebro espinal que rodea el cerebro. Este líquido llena la cámara anterior, que se encuentra inmediatamente detrás de la córnea. La falta de vasos sanguíneos también es una ventaja, ya que la córnea puede trasplantarse con poco peligro de rechazo del tejido. Debido a su localización en la parte anterior del ojo, la córnea puede dañarse accidentalmente, por traumatismos, abrasiones o la introducción de partículas extrañas en el ojo. Cuando está muy dañada, puede remplazarse quirúrgicamente. El humor acuoso es cotidianamente drenado, pero el canal por el cual abandona la cámara anterior puede estar bloqueado, principalmente en los ancianos. Este bloqueo ocasiona un aumento de presión llamado glaucoma. El incremento de presión puede, de hecho, dañar a las células nerviosas sensitivas que se encuentran en la parte posterior del globo ocular. Vaughn y Asbury (1989) calculan que casi el 1.5% de la población mayor de 40 años tiene glaucoma, y que aproximadamente 50,000 personas en Estados Unidos están ciegos debido a esto. Debido a que el glaucoma es un caso relativamente común, por lo general se incluye una prueba de tonometría en la exploración del ojo en los ancianos. La tonometría utiliza un instrumento especial para medir la presión interna del ojo, sobre la córnea. Si el glaucoma se detecta a tiempo, el pronóstico generalmente es bueno, ya que puede recetarse fármacos especiales para reducir la presión interna del ojo. Pupila e iris La mayoría de los organismos deben funcionar bajo un amplio rango de condiciones de luminosidad. La iluminación del sol del medio día es casi 100 millones de veces más intensa que la de la luna (Hood y Finkelstein, 1986). Como veremos, nuestro sistema visual es sorprendentemente sensible a la energía luminosa, así que podemos detectar muy pequeñas cantidades de luz, como las que hay al atardecer. Los animales nocturnos como el gato, son más aptos para detectar niveles bajos de luz que los humanos. Sin embargo, ¿qué sucede con la luz del sol brillante? ¿es posible tener mucho de algo bueno? ¡Aparentemente, si! El sistema visual trabaja intensamente para transmitir la energía luminosa a los fotoreceptores que se localizan en la parte posterior del globo ocular, pero también trabaja para minimizar la gran cantidad de luz que penetra en el globo ocular. Usted no verá claramente cuando la luz excesiva es diseminada en el interior del globo ocular. Si ha estado en una playa sin lentes oscuros, probablemente ha intentado desviar sus ojos o protegerlos con la mano porque de otra manera no vería claramente. ¿Cómo maneja el sistema visual la amplia variedad de condiciones de luminosidad bajo las cuales opera?. La esclerótica opaca garantiza que la mayor parte de la luz puede entrar sólo a través de la córnea transparente. Sin embargo, la córnea permite la entrada de mucha luz bajo condiciones brillantes extremas. Por tanto, el sistema visual requiere de un mecanismo flexible que pueda admitir la máxima energía luminosa en condiciones de penumbra y la mínima energía luminosa en condiciones de luz muy brillantes. El mecanismo que ha evolucionado para cumplir esta función en un anillo de músculos pigmentados llamado en conjunto iris. La pigmentación es importante para la restricción de luz que penetra del exterior: una pigmentación más oscura (por ejemplo café) de hecho es más eficiente que una pigmentación más clara (por ejemplo, azul). Los albinos, que nacen sin pigmentación, padecen diversos problemas visuales y deben usar lentes oscuros para restringir la cantidad de luz que entra al globo ocular. La pupila es una abertura en el centro del iris por el que pasa la información luminosa. El iris tiene dos clases de músculos, unos que lo contraen o cierran (disminuyendo el tamaño de la pupila) y otros que lo dilatan o abren (aumentando el tamaño de la pupila) y otros que lo dilatan o abren (aumentando el tamaño de la pupila). Cuando las luces son tenues, el iris se abre. Realice la demostración para ejemplificar este proceso. En los humanos, la pupila es redonda. Sin embargo, la próxima vez que vea un gato observe que sus pupilas no son redondas. De hecho, se ven como delgadas franjas verticales cuando la luz es brillante La pupila se ve negra porque la mayor parte de la luz que entra en el ojo es absorbida por las sustancias que se encuentran en el interior del ojo. Sólo una pequeña cantidad es reflejada directamente a través de la pupila. Los oftalmólogos y otros especialistas utilizan una herramienta llamada oftalmoscopio para ver dentro del ojo. El oftalmoscopio está equipado con un espejo especial y lentes, que permiten que la luz que proviene del ojo de una persona se refleje hacia el observador. En lugar de la pupila negra que vemos de manera ordinaria, el médico puede ver las estructuras internas del ojo. Cristalino El cristalino es un cuerpo esférico, transparente, localizado exactamente detrás de la pupila. Es ligeramente amarillento y se compone de una capa externa que contiene fibras organizadas como las capas de una cebolla (Koretz y Handelman, 1988). Mencionamos previamente que la córnea desvía los rayos luminosos

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conforme penetran al ojo. El cristalino completa la tarea de enfocar las ondas luminosas sobre los fotorreceptores localizados en la parte posterior del ojo. Ya que el cristalino puede cambiar de forma, puede enfocar los rayos luminosos tanto de objetos cercanos como alejados por el proceso llamado acomodación. Como resultado, vemos objetos claros más que borrosos. El músculo ciliar rodea al cristalino y se fija a éste gracias a ligamentos delgados denominados zónulas de Zinn. Cuando usted ve un objeto alejado (a 6 metros de distancia o más), el músculo ciilar se relaja, lo que ocasiona que el músculo se expanda y jale las zónulas. En este estado (de desacomodación), el cristalino está estirado a su forma más plana, así que su refracción de la luz que entra al globo ocular se desviará menos. Cuando usted ve a un objeto cercano, el músculo ciliar se contrae, lo cual permite que el cristalino regrese a su forma natural. En este estado (de acomodación), el cristalino desviará la mayor parte de la luz. Por otro lado, conforme envejecemos, el cristalino pierde su capacidad de acomodación. Debido a que el cristalino no puede desviar la luz que entra como debería, se hace difícil enfocar objetos cercanos. Esta condición, llamada presbiopía, se debe a diversos factores. El cristalino continúa creciendo durante nuestra vida, de manera que es más grueso en los ancianos. Como resultado, cambia el ángulo en el cual las zónulas se encuentran con el cristalino, así que el cristalino permanece relativamente aplanado. Por ello es más difícil observar los objetos que están cerca, lo que ocasiona que la gente con presbiopía lea sosteniendo el libro a la distancia que le permite su brazo. Para corregir este defecto la gente debería usar lentes para leer, o bifocales, si su visión necesita ser corregida antes de que se declare la presbiopía. Es importante que el cristalino sea claro para que la luz pueda pasar a través de él. Una catarata es un cristalino opaco, lo cual sucede como resultado de una lesión o alguna enfermedad. La mayor parte de las cataratas no son visibles para los observadores casuales hasta que llegan a ser lo suficientemente densas como para ocasionar ceguera. Sin embargo, aun en las etapas tempranas pueden detectarse con un oftalmoscopio (Vaughn y Asbury, 1989). La mayoría de las cataratas se encuentran en ancianos y es normal su formación en personas mayores de 70 años. Cuando se presenta una catarata, el cristalino opaco puede ser eliminado quirúrgicamente. Pueden usarse lentes que realicen las funciones del cristalino. De manera alternativa, puede insertarse en la pupila una lente intraocular, un cristalino sustituto, después de eliminar el cristalino defectuoso. Las diversas estructuras que hemos analizado hasta aquí, desde la córnea hasta el cristalino, nos sirven para enfocar las imágenes sobre los fotorreceptores del ojo. La transducción de la energía luminosa se lleva a cabo en la retina, y ahora nos dedicaremos a este componente importante del sistema visual. Retina La retina es la capa de receptores para la luz, o fotorreceptores y de células nerviosas, que se localiza en la parte posterior del ojo. Los fotorreceptores absorben rayos luminosos y los transforman en información que puede ser transmitida por las neuronas, o células nerviosas. Esta parte extremadamente importante del ojo es tan gruesa como una página de este libro. La fóvea es una región más pequeña que el punto que se encuentra al final de esta oración. Debido a que dentro de la fóvea los fotorreceptores se encuentran en mayor número, ésta representa la porción de la retina que produce una visión más clara. De hecho, conforme usted está leyendo este párrafo, sus ojos brincan a lo largo de la página para registrar las nuevas palabras en su fóvea. Es probable que le parezca que todas las palabras de esta página son claras y que se leen fácilmente. Sin embargo, si usted fija su vista en una sola palabra de la página, las que se encuentran a 3 centímetros de distancia se verán borrosas y será difícil leerlas. Esas palabras están llegando a áreas de la retina fuera de la fóvea, donde la visión es notablemente menos clara. Los humanos tienen una fóvea única localizada en el centro de la retina, pero no debemos asumir que esto es común. La mayoría de los mamíferos no tienen fóveas, y algunos animales (caballos y pájaros) tienen dos fóveas cada ojo. En los caballos ésta es una magnífica adaptación evolutiva, ya que les permite ver claramente el piso sobre el que descansan sus patas y lo que está directamente enfrente de ellos, al mismo tiempo. En el caso de un corte transversal de la retina en el área de la fóvea, la capa superior de células es mucho más delgada en la región central de la fóvea. Este arreglo permite que la luz pase por las células mucho más rápidamente para alcanzar la región de la retina, tan importante para nuestra visión. En el área de la retina llamada “disco óptico”, el nervio óptico abandona el ojo. El nervio óptico representa el haz de neuronas que lleva la información que se origina en la retina. El disco óptico no tiene fotorreceptores, de manera que usted no puede ver nada que caiga en esta parte de la retina. El disco óptico crea un punto ciego. La retina cumple una función extremadamente importante en la función de la visión. A manera de resumen podemos decir lo siguiente: 1. Las células en la retina son los fotorreceptores (conos y bastones), las células bipolares, las células ganglionares, las horizontales y las amacrinas. 2. Los conos y bastones contienen fotopigmentos que son transformados por la luz a diferentes sustancias químicas. Este proceso crea un desbalance eléctrico, y la información es transmitida a niveles superiores de procesamiento visual. 3. Los conos y bastones difieren en su reacción al cambio de condiciones de iluminación brillante al de escasa iluminación (adaptación a la oscuridad). Los conos se adaptan rápidamente pero son relativamente insensibles. Los bastones se adaptan más lentamente pero permiten ver en condiciones de escasa iluminación. Los ojos requieren de 30 minutos, aproximadamente, para la adaptación a la oscuridad.

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Los conos y los bastones también difieren en su reacción a un cambio de condiciones de escasa iluminación a condiciones de iluminación brillante (adaptación a la luz). Los conos se adaptan rápidamente permitiéndonos ver de manera clara. Los bastones son rápidamente blanqueados y no son funcionales en condiciones de iluminación brillante. 5. Los conos permiten la visión a color en condiciones de buena iluminación o fotópicas. Se localizan en la retina pero se concentran en la fóvea y pocos conos comparten cada célula ganglionar. Como resultado, la agudeza en los conos es excelente, pero la sensibilidad es pobre. 6. Los bastones, que permiten la visión en blanco y negro en condiciones de poca iluminación o escotópica, se encuentran en la parte de la retina fuera de la fóvea; muchos bastones comparten cada célula ganglionar. Como resultado, la agudeza en la región de bastones es pobre pero la sensibilidad es excelente. 7. Se encuentran tres clases estructuralmente diferentes de células ganglionares en la retina: las células X, que responden de manera sostenida y recogen detalles precisos acerca del estímulo; las células Y, las cuales responden con estallidos rápidos y son sensibles al movimiento; y las células

W, que responden lentamente y son sensibles al movimiento. 8. Las células amacrinas y horizontales proporcionan conexiones laterales dentro de la retina para influir sobre la actividad de las células que proporcionan conexiones verticales (es decir, los fotorreceptores, células bipolares y células ganglionares). Cámara posterior Entre la retina y el cristalino se encuentra un compartimiento llamado cámara posterior. Este compartimiento contiene al humor vítreo, una sustancia gelatinosa que ayuda a mantener la forma del globo ocular. Si usted presiona suavemente sobre el párpado que cubre la esclerótica, notará que su globo ocular se hunde ligeramente. La presión de los líquidos mantiene al globo ocular casi redondo, a pesar de las presiones externas. La coroides, se encuentra en la parte posterior del ojo dentro de la esclerótica. Tiene dos funciones. Contiene pequeñas arterias y venas, las cuales proporcionan nutrientes y oxígeno a la retina que se encuentra frente de ella, y absorbe la luz adicional que se disemina dentro del ojo. La coroides es de color café oscuro. Este color oscuro le hace un absorbente ideal de luz; capta la energía luminosa que no es absorbida por los fotorreceptores por encontrarse en cantidad adicional en el interior del ojo. En los animales nocturnos, como el gato, la coroides está reemplazada por una superficie reflectiva –el tapetum- para que estas especies tengan mayor oportunidad de detectar pequeñas cantidades de luz. Al manejar en la noche, ocasionalmente descubrirá alguna criatura nocturna frente a las luces de su carro y parecerá que sus ojos brillan. De hecho usted está viendo el reflejo de sus luces en el tapetum. EL CAMINO DEL OJO AL CEREBRO Y LA CORTEZA VISUAL (Figura 16). Las células ganglionares que abandonan el ojo se reúnen en el nervio óptico, que es tan grueso como su meñique. La información que viaja por el nervio óptico ya ha sufrido cierto procesamiento en la retina. Las interconexiones entre las neuronas sirven como medios de procesamiento de información. El procesamiento se lleva a cabo en la sinapsis, espacio que existe entre dos neuronas y por el cual se transmite la información. Las neuronas pueden ser muy largas, así que uno no se imagina a una sinapsis como el mecanismo por el cual las neuronas se conservan unidas. La primera sinapsis de las células ganglionares en el nervio óptico se produce en el núcleo geniculado lateral o en el colículo superior. Así que la primera oportunidad para que se siga procesando la primera información visual, se presenta en esas dos localizaciones. Quiasma óptico El quiasma óptico es el punto donde los dos nervios ópticos se juntan y entrecruzan. El nombre quiasma óptico tiene sentido, ya que óptico significa “que tiene que ver con el ojo” y quiasma viene de la letra griega X; la forma de esta letra corresponde al entrecruzamiento que se presenta en el quiasma óptico. No hay sinapsis en el quiasma óptico, así que no tiene ninguna función en términos de procesamiento del estímulo

Figura 15. Estructura de conos y bastones.

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visual. Solamente representa la porción donde cada nervio óptico cruza al otro lado del cerebro. El sistema visual de hecho presenta dos clases de entrecruzamientos: uno ocurre antes de que el estímulo sea registrado en la retina. Observe la Figura 15. Algo que se ve del lado izquierdo (campo visual izquierdo), se registra en el lado derecho de cada retina. Por el contrario, si algo que se encuentra en el lado derecho (campo visual derecho), se registra en el lado izquierdo de cada retina. La mayoría de las células ganglionares en el nervio óptico terminan en el núcleo geniculado lateral. Sin embargo, antes de hacerlo la mitad de las células ganglionares se cruzan al otro lado del cerebro. Las células ganglionares de la mitad izquierda del ojo izquierdo no se cruzan en el quiasma óptico, sino que continúan hacia atrás, al núcleo geniculado lateral izquierdo. De la misma manera, las células ganglionares de la mitad derecha del ojo derecho permanecen del lado derecho del cerebro. No obstante, las células ganglionares de la mitad derecha del ojo izquierdo se cruzan al lado derecho en el quiasma óptico. Las células ganglionares de la mitad izquierda del ojo derecho se cruzan al lado izquierdo del cerebro. Como resultado, la información del campo visual izquierdo de ambos ojos es llevada al núcleo geniculado lateral y a la corteza visual del lado derecho del cerebro. La información del campo visual derecho es llevada al núcleo geniculado lateral izquierdo y a la corteza visual izquierda.

Figura 16. Vías visuales del ojo al cerebro.

Colículo superior El colículo superior es una parte relativamente primitiva del mesencéfalo, que en los humanos es importante para los movimientos oculares así como para otras funciones perceptuales. Por ejemplo, las células del colículo superior del mono responden más intensamente a un punto de luz cuando el animal ha movido sus ojos para mirarlo. En el sistema visual se encuentran dos colículos superiores, uno para cada tracto óptico. En el humano, algunas de las células ganglionares y todas las células W llegan al colículo superior. Recuerde que las células Y son sensibles al movimiento más que a detalles de la forma. La vía del procesamiento visual continúa desde el colículo superior hasta las áreas 18 y 19 de la corteza visual Núcleo geniculado lateral El núcleo geniculado lateral (NGL) es una parte del tálamo, donde el 80 % de las células ganglionares que se iniciaron en la retina terminan finalmente, trasmitiendo su información a nuevas neuronas (La mayoría del 20 % restante llega al colículo superior). Ya que las células ganglionares que entran al NGL han pasado por el quiasma óptico, la entrada de información al NGL proviene de ambos ojos. Por otro lado, la entrada de los dos

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ojos se mantiene separada en el NGL mediante capas o láminas. De hecho, el NGL contiene seis capas, tres de cada ojo. El resto de la vía desde el NGL a la corteza visual es relativamente directa, sin más entrecruzamientos o sinapsis. Corteza visual La corteza visual es la parte de la corteza cerebral, o la parte más externa del cerebro que interviene en la visión. Es responsable de los niveles más elevados del procesamiento visual, se encuentra en la parte posterior del cerebro (lóbulo occipital). Si usted coloca la mano en la parte posterior de su cabeza, justo debajo de su cuello, la corteza visual se localiza inmediatamente enfrente de su mano. La porción posterior de la corteza visual recibe el nombre de áreas 17, 18 y 19. Las neuronas del NGL terminan en el área 17 de la corteza visual, la cual también recibe el nombre de corteza visual primaria o corteza estriada. Estriada significa “con estrías”; un estudio microscópico de esta área de la corteza revela estrías o bandas pálidas. Convencionalmente, las capas del área 17 se identifican con números romanos. La capa más cercana al cráneo es la capa I y la capa más interna es la VI. Según este sistema de numeración, las células del NGL terminan en la región inferior de la capa IV, la llamada capa IVc. Todos aquellos mensajes neuronales trazados a partir de los fotorreceptores de la retina y a través de las células bipolares, de las células ganglionares y del NGL, terminan finalmente en la capa IVc del área 17 de la corteza visual. Hay diversos temas que pueden analizarse en relación con la corteza visual. Estos temas incluyen la organización espacial en la corteza visual, las neuronas en la corteza visual y las regiones de la corteza visual más allá del área 17. Las áreas 18 y 19 de la corteza visual reciben información proveniente del área 17; transmiten esta información para un procesamiento visual más complejo. Otras áreas de la corteza visual son responsables del procesamiento visual más complejo, incluyendo el aprendizaje y las asociaciones; las funciones de estas áreas aún no son del todo conocidas. Las áreas 18 y 19 son llamadas la corteza visual secundaria. El colículo superior envía información principalmente a la corteza visual secundaria más que a la primaria. En total, probablemente 15 regiones diferentes del cerebro están involucradas en el procesamiento de información visual. Las áreas visuales adicionales generalmente ocupan la región más baja de la corteza frente al área 19. Estas áreas adicionales reciben información de las áreas 18 y 19, y son responsables de procesos visuales extremadamente complejos.

PERCEPCIÓN DE LAS FORMAS Y PATRONES VISUALES Se considera forma como un área que sobresale del resto de lo que estamos viendo debido a que tiene un borde o bordes contiguos. CONSTANCIA DE LA FORMA Cuando observamos una puerta la percibimos siempre como rectangular, a pesar de que la imagen retiniana se modifique a medida que cambia el ángulo con el cual la miramos. Percibimos la puerta como constante en su forma, a pesar de que la información inmediata varía. La sensación es diferente, pero la percepción es unificada. Logramos adscribir la puerta a cierta categoría perceptual ("puerta"), y la percibimos como la misma, como idéntica, a pesar de que la información actual pueda variar de manera considerable (ver Figura 17).

Figura 17. Ejemplo de constancia de la Forma.
Podemos considerar que si presentamos a un sujeto una circunferencia dibujada sobre un papel, y progresivamente modificamos la inclinación del papel, la imagen retiniana adoptará la forma de una elipse, tanto más alargada cuanto mayor sea la inclinación del papel. Podemos entonces preguntarnos qué tanto el sujeto continúa percibiendo una circunferencia o qué tanto se adapta su percepción a la información inmediata que obtiene del estímulo. En otras palabras, el sujeto percibe una elipse más redondeada que la que corresponde a su imagen retiniana. Thouless (1931) observó que si se eliminan las señales espaciales, el valor de la constancia de la forma tiende a cero; es decir, tiende a no haber constancia y la forma percibida se hace igual a la imagen retiniana. Se

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ha propuesto que la exactitud del juicio sobre la forma depende de la del juicio sobre la inclinación del objeto; sin embargo, aunque tal relación sea verdadera, se encuentra lejos de ser perfecta. Se sabe que los objetos que modifican su forma se perciben como objetos tridimensionales que cambian de posición, a pesar de que no existe ninguna señal de tridimensionalidad, como sucede en el cine. Esta es la razón por la cual la constancia de la forma es siempre mayor para los objetos en movimiento que para los estacionarios: una circunferencia que gira tiende a continuarse percibiendo más como una circunferencia que como una elipse, aun si no existe ninguna señal de profundidad, que si se realizan los juicios sobre el objeto estacionario. PRINCIPIOS GESTALTICOS Los psicólogos de la Gestalt estudiaron extensamente algunas propiedades de la percepción visual determinadas por la organización o estructuración que muestran los estímulos. Lo percibido es más que la suma de las partes, ya que percibimos no las partes aisladas, sino un todo que resulta a partir de cómo las partes estén estructuradas Ante la presencia de varios estímulos tendemos a percibirlos como agrupados en una estructura determinada (véase Figura 19). Varios son los principios que rigen esta estructuración.

Figura 19. El todo es más que la suma de las partes.
Proximidad. Los estímulos que están próximos unos a otros en el espacio, tienden a ser percibidos como formando una sola figura. Ver Figura 20 A. Semejanza. Por este principio tendemos a agrupar elementos parecidos de manera que los elementos visuales del mismo color o forma son vistos como si pertenecieran a un mismo grupo. Ver Figura 20 B.

A

B

Figura 20. Ilustración de los principios gestálticos de proximidad y semejanza. En A los círculos parecen formar columnas más que filas. En B los círculos y cuadrados se perciben formando columnas más que filas.
Continuidad. Por este principio, los elementos visuales que forman pautas visuales regulares y uniformes, parecen pertenecer a un mismo conjunto y continuar en la dirección sugerida por el estímulo. Ejemplo: la línea ondulada cuando se superpone sobre la figura de ángulos rectos; la línea ondulada sigue siendo una línea ondulada y las figuras de ángulos rectos también siguen siendo ángulos rectos. El ojo cuando sigue una de estas líneas, no se confunde, sigue en la dirección sugerida en un inicio. Pregnancia o totalidad. Este principio explica la tendencia a hacer que las figuras incompletas se hagan completas; consiste en completar las configuraciones incompletas, también se llaman cierre o totalidad. Véase un ejemplo en la Figura 21

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Figura 21. El triángulo de Kanisza. Los triángulos blanco (en la figura de la izquierda) y negro (en la de la derecha) son subjetivos, no existen físicamente, sin embargo, son percibidos como efecto del principio de totalidad.
FIGURA Y FONDO Los observadores agrupan partes de un diseño de acuerdo con ciertas reglas, y al revisar los principios gestálticos, vimos que la gente tiende a organizar las formas para producir una interpretación simple. La organización no es aleatoria, percibimos patrones en el mundo que nos rodea. Las partes de un diseño también están organizadas con respecto a una figura y sobre un fondo. Cuando dos áreas comparten un límite común, la figura es la forma distintiva con bordes claramente definidos y el resto se llama fondo. En general, cuando percibimos un objeto, una parte tiende a destacar mientras que el resto parece permanecer en el fondo. Los objetos que completan nuestras percepciones cotidianas se destacan como separados del fondo general de nuestra experiencia. Los modelos geométricos se ven contra un fondo y parecen, por lo tanto, objetos con contornos y límites. Las formas no tienen que contener objetos identificables para que sean estructuradas como figura y fondo. La parte vista como figura tiende a parecer en relieve respecto al fondo, aún cuando se sepa que está impresa sobre una superficie plana. La distinción entre figura y fondo la hizo el psicólogo danés Edgar Rubin (1915). Algunas de las características del fenómeno de figura y fondo, expuestas por Rubin y otros investigadores, son: a. El caso más sencillo es cuando el campo visual total consta de porciones de blanco y negro, aquí es más probable que una de estas sea la figura y la parte restante el fondo. No obstante es posible que cualquier parte marcada del campo visual aparezca como figura dejando el resto fondo. b. Según Rubin (1958) “Si uno de los dos campos homogéneos o de color diferente es más grande y cierra al otro existe una gran probabilidad de que el campo pequeño y cerrado sea la figura”. c. En las figuras inestables, se pueden presentar relaciones ambiguas de figura y fondo, es decir, pueden existir dos regiones homogéneas distintas pero ninguna esta encerrada en la otra. Además, ambas partes comparten un contorno común, de manera que no existe ninguna tendencia de que alguna parte sea la figura. d. La figura tiene una cualidad de “cosa” y el contorno aparece en la orilla de la forma de la figura. En contraste, el fondo tiene una característica más similar a la sustancia y aparece relativamente uniforme. e. La figura parece más cercana al observador y frente al fondo. En tanto que el fondo parece localizado con menor claridad que la figura, extendiéndose constantemente detrás de ella. f. Coren (1969) descubrió que la región que se percibe como figura manifiesta una mayor cantidad de contraste de brillantez, que cuando la misma área se percibe como fondo. g. En relación con el fondo, la figura aparece más dominante, se recuerda mejor, y la figura sugiere más asociaciones de formas significativas que el fondo.

Anteriormente se ha mencionado el fenómeno de la fluctuación perceptual, el cual ocurre ante la presencia de señales ambiguas, lo que causa que al observar el estímulo se identifique alternativamente objetos diferentes. Algunas veces, la fluctuación se presenta por ambigüedad en las señales de profundidad: cuál es el

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primer plano (figura) y cuál el horizonte (fondo). En tales casos, de manera alterna, una parte de la figura ocupa el primer plano y otra el fondo; pero como las señales son igualmente fuertes, la figura fluctúa, y lo que era figura se convierte en fondo, y viceversa. Dos ejemplos de ello se ven en Figura 22.

Figura 22. Dos ejemplos de conversión figura fondo. A la izquierda el saxofonista y la corista. A la derecha la famosa imagen de la copa y las dos caras de Rubin.

PERCEPCIÓN DE LA DISTANCIA La percepción de la distancia es importante en tres clases de situaciones. La distancia egocéntrica designa la distancia de un objeto desde usted, el observador. Cuando calcula qué tan lejos se encuentra de la meta de una carrera, está juzgando la distancia egocéntrica. La distancia relativa, se refiere a qué tan lejos están dos objetos entre ellos. Cuando decide que la biblioteca se ve más lejos que el laboratorio, está juzgando la distancia relativa. Finalmente, en la percepción de profundidad usted percibe objetos tridimensionalmente; los objetos tienen profundidad o grosor además de altura y ancho. Así, algunas partes de un objeto se ven más alejadas que otras. La distancia está involucrada en las tres clases de situaciones, y los psicólogos no enfatizan las diferencias entre estas situaciones cuando teorizan sobre la distancia. Consideremos a continuación los factores que afectan la percepción de la distancia. FACTORES MONOCULARES QUE NO INCLUYEN MOVIMIENTO 1. 2. Acomodación o cambio de forma del cristalino. Interposición, significa que juzgamos a un objeto que está parcialmente cubierto como más alejado que el objeto que lo cubre, es una fuente primaria de información de la distancia. 3. Claves de tamaño (ya sea relativo o familiar) importante en los estudios de laboratorio. 4. Gradiente de textura, o incremento en la densidad de la superficie a mayores distancias, fue señalado por Gibson, su importancia ha sido demostrada experimentalmente. 5. Perspectiva lineal, que significa que las líneas paralelas parecen encontrarse en la distancia, es una clave pictórica importante. 6. Perspectiva atmosférica significa que los objetos distantes suelen verse borrosos y azulados, a diferencia de los cercanos. 7. Sombreado, el cual transmite información de profundidad, debido a que la iluminación no es uniforme sobre la superficie y a que los objetos alejados de la fuente luminosa están más sombreados. 8. Claves de la altura, que nos dice que los objetos cercanos al horizonte están más alejados del observador. Las Figuras. 22 y 23 muestran los efectos de algunos de estos factores sobre la percepción de la profundidad.

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FACTORES MONOCULARES QUE INCLUYEN MOVIMIENTO 9. 10. El paralaje del movimiento significa que conforme usted mueve la cabeza hacia los lados, los objetos que se encuentran a diferentes distancias parecen moverse en diferentes direcciones El efecto de la profundidad cinética, es la responsable de que la proyección direccional de un objeto parecen tener profundidad cuando éstos rotan.

FACTORES BINOCULARES 11. 12. Convergencia, por la cual los ojos se juntan para mirar a un objeto cercano, pueden ser en ocasiones una fuente útil de información de profundidad, por lo menos para distancias inferiores a 6 metros aproximadamente. La disparidad binocular, en la cual los ojos presentan dos puntos de vista ligeramente diferentes, es una fuente importante acerca de las distancias de objetos cercanos.

TEORIAS DE LA PERCEPCIÓN DE LA DISTANCIA La teoría empirista Berkeley propuso que llegamos a percibir la distancia por medio del aprendizaje y la experiencia. Específicamente, aprendemos a asociar diversos indicios para la distancia con información cinestésica de la misma (ya hemos analizado antes la información cinestésica). La información cinestésica es importante para la teoría de Berkeley, pero la visión es secundaria. Las claves pictóricas, como la interposición y la perspectiva lineal son importantes y son aprendidas. El tamaño familiar, es específicamente importante para el empirismo, debido a la importancia del aprendizaje y la experiencia. Una variante moderna de este enfoque, denominada teoría constructivista, afirma que la gente usa su experiencia con objetos a diferentes distancias para organizar las sensaciones captadas y de este modo llegar a una conclusión acerca de la profundidad de los objetos. En resumen, la posición empirista –tanto en su concepción original, como en la moderna- recalca que el estímulo visual que alcanza la retina es pobre e inadecuado. Hay que agregar otras claves y fuentes de información para la percepción precisa de la distancia. La teoría Gibsoniana James J. Gibson propuso que el estímulo visual que alcanza la retina es rico y lleno de información. La información visual no necesita complementarse con información no visual. Gibson argumentaba que las claves más tradicionales –la perspectiva lineal; tamaño; sobreposición y perspectiva atmosférica- no son relevantes para la percepción de la profundidad en las escenas del mundo real. Uno de los primeros escritos de Gibson recalcaba la importancia de los gradientes de textura como fuente de información acerca de la distancia. El trabajo posterior de Gibson enfatizó la importancia de la perspectiva en movimiento o del cambio de la forma como se ven las cosas mientras nos movemos en el espacio. Los observadores y los objetos están continuamente en marcha y este movimiento proporciona una gran información acerca de la distancia y profundidad. Así, el enfoque de Gibson propone que la percepción no se basa principalmente en procesos de pensamiento, que es rápida y que incluye factores innatos, pero no a la conciencia. Es probable, como señala Ramachandran (1986) que las teorías empirista y Gibsoniana no sean del todo incompatibles. La percepción de la profundidad requiere un medio visualmente rico, un sistema visual bien equipado para registrar información de la distancia y un receptor pensante y con la capacidad de resolver problemas. La aproximación computacional Este enfoque propone la existencia de un conjunto de reglas y procedimientos que pudieran dar origen a la percepción de estímulos complejos. A diferencia del modelo Gibsoniano, el enfoque computacional reconoce la importancia del conocimiento previo para la percepción. Pero a diferencia del enfoque constructivista, considera que este conocimiento no es tan específico o directamente derivado de la experiencia. Por otro lado, el enfoque computacional concuerda con el enfoque Gibsoniano en que los estímulos portan una gran riqueza de información. Pero los partidarios del enfoque computacional no solamente se interesan en conocer los factores que determinan la percepción de la distancia, sino que desean también elaborar modelos matemáticos o programas de computadora para ver si la computadora puede extraer información sobre profundidad, a partir de la entrada de información visual (estos modelos y programas serían análogos de los que supuestamente funcionarían en el cerebro para permitir la percepción de la distancia y profundidad). Los teóricos del enfoque computacional argumentarían que aunque el estímulo es rico en información, la percepción final se logra de la combinación de entrada de información proveniente de la experiencia y diversos módulos de procesamiento. Un módulo (Fodor, 1983) sería un procesador con una función específica, por ejemplo, la identificación de la forma a partir del sombreado. Cada módulo tendría una arquitectura neural específica.

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PERCEPCIÓN DEL TAMAÑO FACTORES QUE INFLUYEN EN LA PERCEPCIÓN DEL TAMAÑO Determinación del tamaño de los objetos a una sola distancia Cuando dos objetos se encuentran a la misma distancia de nosotros, ¿cómo determinamos cuál de los dos es el más grande? De manera intuitiva, le parecerá a usted que uno de los objetos ocupa más espacio en nuestra retina y que eso basta para saber cuál de los dos es el más grande. Un factor es el ángulo visual, el que tiene el ángulo visual mayor es el más grande. Naturalmente, un factor importante a considerar es el contexto o fondo (véase la Figura 23). Otro factor es la forma. Como demostró Anastasi (1936) un cuadrado o un círculo parecen más pequeños que una estrella o un diamante de tamaño equivalente. Los objetos más elongados parecen más grandes que los objetos de igual tamaño, pero compactos. La percepción del tamaño del objeto también se ve influida por el tamaño del objeto que se encuentre en el fondo. Así, un objeto que se ve contra un fondo grande aparecerá más pequeño que un objeto de igual tamaño con un fondo pequeño. Otro factor que parece influir en la percepción del tamaño, es la luminosidad percibida. Si vemos un cuadrado claro contra un fondo oscuro, parece ser más grande que un cuadrado negro de igual tamaño visto sobre un fondo claro.

Figura 23. En la figura de la derecha la mujer a la derecha parece pequeña, no lejana, porque el pasillo y las claves alrededor de ella no están proporcionadas como lo están en la foto de la izquierda.
Determinación del tamaño de los objetos a distancias variables La distancia es crucial para la percepción del tamaño. La Ley de Emmert relaciona el tamaño percibido y la distancia aparente. Los cambios en la distancia de la imagen retiniana que se acompañan de cambios en la distancia aparente del estímulo harían que percibiéramos el objeto a un tamaño constante (ecuación 1). TP = K ( TR x DP) Donde: TP = tamaño percibido; TR = tamaño retiniano; DP = distancia percibida. CONSTANCIA DEL TAMAÑO Percibimos los objetos según magnitudes constantes a pesar de que nos acerquemos o nos alejemos de ellos. Al alejarnos, éstos no cambian su tamaño perceptual, aunque la imagen retiniana disminuye progresivamente. Si colocamos un objeto a una distancia de un metro de un sujeto y ulteriormente aumentamos su distancia a cuatro metros, el tamaño de la imagen retiniana habrá disminuido a la cuarta parte del tamaño original. Si el sujeto considera que el tamaño del objeto es cuatro veces menor, la constancia será de 0; si, por el contrario, percibe el objeto a 4 metros como de exactamente el mismo tamaño que cuando se encontraba a un metro, el valor de la constancia será de 1. Si la evaluación de su tamaño en la nueva percepción es superior a la hecha en su posición original, habrá una supraconstancia. Brunswick (1929) desarrolló una fórmula matemática (Razón de Brunswick, ecuación 2), para calcular el valor de la constancia perceptual, que puede adoptar valores de 0 (ausencia de la constancia), 1 (constancia (ecuación 1)

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perfecta), o superiores a 1 (supraconstancia). Los valores comprendidos entre 0 y 1 indican que existe una constancia relativa, pero no perfecta. RB = (TP – TR) / (C – TR ) (ecuación 2)

Donde: RB = Razón de Brunswick; TP = tamaño percibido; TR = tamaño retiniano; C = tamaño real. La familiaridad o conocimiento previo del tamaño de los objetos nos ayuda a percibirlos en sus magnitudes reales; sabemos qué tamaño aproximado puede tener una persona o una casa, de tal manera que no sólo los percibimos en su magnitud adecuada, sino que nos permite juzgar el tamaño de los objetos que están adyacentes. Los juicios sobre el tamaño de los objetos desconocidos son siempre más difíciles que aquéllos sobre objetos familiares. Información de la distancia y constancia del tamaño En la vida diaria, usted recibe información sustancial acerca de la distancia como para saber qué tan alejado se encuentra de un objeto. Teóricamente, podría combinar su conocimiento acerca de la distancia de un objeto y de su tamaño retiniano para determinar qué tan grande es “realmente”. Las fotos y figuras pueden verse extrañas si reducen la información acerca de la distancia. Explicación de la constancia del tamaño Ya hemos mencionado que el tamaño familiar puede ser útil; si usted sabe qué tan grande es su lápiz, puede adivinar su tamaño aun cuando la distancia varíe. Una segunda explicación es la hipótesis de no variación del tamaño y la distancia. Esta explicación se aplica a los objetos familiares y a los no familiares. De acuerdo con esta hipótesis, un observador calcula el tamaño del objeto percibido combinando su tamaño retiniano y la distancia percibida. De hecho, en ocasiones probablemente no esté consciente de este proceso. Leibowitz, Shiina y Hennesy (1972) descubrieron que los factores de la distancia, acomodación y convergencia originan una constancia del tamaño para objetos que se encuentran a menos de un metro del ojo. Pero otros investigadores han encontrado que la hipótesis de la no variación del tamaño y la distancia no es muy confiable. Otra explicación tiene que ver con los tamaños relativos de los objetos juzgados. Como ya dijimos, el tamaño del marco dentro del cual se observa un objeto tiene un impacto sobre el tamaño percibido de éste. De acuerdo con esta explicación del tamaño relativo, la gente decide el tamaño de un objeto comparándolo con el de otros. Así, los objetos parecen del mismo tamaño mientras nos alejamos porque conservan su mismo tamaño relativo con respecto a otros objetos que están cerca. En esta teoría, el observador no necesita tomar en consideración la distancia. Relación entre las constancias visuales. Parece claro que no es adecuado incluir las tres formas de constancias (forma, tamaño y color) dentro de una sola categoría unificada, ya que su aparición depende de factores diferentes. En un extenso estudio en que se intentó determinar los valores para diferentes tipos de constancias (Sheehan 1938, citado por Forgus 1972), se observó que las correlaciones entre ellas eran bajas, y sólo significativas para el caso de la constancia del tamaño y de la forma. Esto, naturalmente, se debe a que estos dos tipos de constancias se basan en la utilización de señales similares, como son las de profundidad. Para el caso de la constancia del color, las señales utilizadas son de naturaleza diferente. Estudiaremos más adelante algunas de estas constancias. ILUSIONES VISUALES Las ilusiones son percepciones erróneas, en las cuales existe una base física, son comunes a todos los sujetos (al menos a aquellos que comparten una misma cultura y un medio ecológico), no se modifican con su conocimiento y probablemente se deban a determinados factores de la organización perceptual. ALGUNAS ILUSIONES DE LA DISTANCIA O LONGITUD

1. La ilusión de Müller-Lyer y sus variantes. En la ilusión de Müller-Lyer, dos líneas horizontales de
igual longitud aparentan tener diferente longitud. En la versión más conocida, una línea horizontal termina en sus extremos con dibujos de fechas (Figura 25). La línea con las fechas hacia adentro se ve más corta que la que tiene las flechas hacia afuera. Los estudios parecen mostrar que la ilusión se debe más a la expansión de las líneas con las puntas hacia fuera, que a la contracción de la línea con las puntas hacia adentro. La Figura 26 muestra otras versiones de la ilusión de Müller-Lyer.

2. El paralelogramo de Sander. En una versión, se dibujan contiguos entre sí, dos paralelogramos de
diferente área, pero con diagonales de igual longitud. La diagonal del paralelogramo de menos área tiende a verse como más corta que la del otro (Figura 27).

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3. La ilusión horizontal-vertical. Una línea vertical se dibuja hacia arriba, comenzando en el punto
medio de una línea horizontal, que tiene la misma longitud que la otra línea. La línea vertical tiende a verse más larga que la horizontal.

4. La ilusión de Ponzo. Si varias líneas rectas convergen en un punto y se dibuja una línea horizontal
lejos del punto de convergencia y otra de la misma longitud cerca de ese punto, ésta última se percibirá como más larga que la otra (Figura 28 d). La Figura 28 muestra otros ejemplos de ilusiones de distancia y tamaño. Explicaciones de las de las ilusiones de longitud y distancia de las líneas Tres teorías tratan de explicar las ilusiones de longitud y distancia. La teoría de la constancia mal aplicada, afirma que los observadores interpretan ciertos indicios en la ilusión como claves para mantener la constancia. Por ende, hacen juicios de longitud basándose en la constancia del tamaño, y una línea que se ve más alejada será juzgada como más larga (Gillam, 1980). La teoría de la constancia mal aplicada argumenta que la gente es sensible a los indicios de distancia en las ilusiones, porque ha tenido experiencias como las de líneas que convergen. Entonces, la experiencia es un factor crucial y quienes tienen menos experiencia deberían ser menos engañados por la ilusión. Leibowitz (1971) analizó dos grupos que carecen de experiencia en perspectiva lineal, niños pequeños y gente que vive en áreas con pocas claves de perspectiva. Leibowitz resume los estudios que demostraron que la ilusión de Ponzo no tiene efecto en los niños de cinco años y aún menos. A partir de esa edad, la magnitud de la ilusión se incrementa drásticamente; es tan efectiva para niños de 10 a 15 años como para los adultos. La teoría del movimiento ocular postula que las ilusiones pueden explicarse mediante diferencias en los patrones del movimiento ocular. Por ejemplo, este enfoque de la ilusión de Müller-Lyer sugiere que la distorsión en las longitudes de las líneas puede rastrearse para sistematizar el seguimiento erróneo de dos estímulos. Los ojos siguen una vía más larga en la versión de las puntas hacia adentro que en la otra versión, y por tanto, la gente juzga que la versión con las puntas hacia adentro es la más larga. En el caso de la ilusión vertical-horizontal, se ha asegurado que puede explicarse por el mayor esfuerzo requerido para mover los ojos en una dirección vertical que en una horizontal. Una explicación diferente, la teoría de la comparación incorrecta, establece que los observadores basan sus juicios en la parte incorrecta de las figuras. Esta explicación de la ilusión de Müller-Lyer sostiene que los observadores son incapaces de separar las líneas de las puntas. Como resultado, comparan las distancias entre los extremos de las puntas. Cierta evidencia experimental apoya esta teoría. La evidencia actual sostiene que las ilusiones no se originan en la retina. Algunos estudios han demostrado que las ilusiones aún pueden producirse cuando se presenta a un ojo parte de la figura y otra parte se presenta al otro ojo. Por tanto, la explicación debe originarse en un punto del sistema visual más central que el núcleo geniculado lateral. LA ILUSION DEL AREA Las ilusiones del área son casos en los cuales dos figuras del mismo tamaño se ven como de tamaños diferentes dependiendo del contexto en que se hallan. Consideremos dos círculos del mismo tamaño, uno de ellos está encerrado dentro de otro círculo. El círculo encerrado tiende a verse más pequeño que el otro. Otra manifestación de este tipo de ilusión es la habitación de Ames. La habitación está construida de tal modo que parece que dos personas del mismo tamaño ubicadas al fondo, tuvieran tamaños diferentes. Otro ejemplo de ilusiones del área es la ilusión de la Luna: la Luna parece más grande cuando se ve sobre el horizonte que cuando se ve en puntos más elevados del cielo.

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FIGURA 28. Cuatro ejemplos de distorsiones de la forma producidas por el contexto. La figura d corresponde a la ilusión de Ponzo. ¿En qué consiste cada una de las ilusiones de esta figura?

LA PERCEPCIÓN AUDITIVA EL ESTIMULO AUDITIVO Está constituido por ondas sonoras, que se desplazan en el aire, el agua, el suelo, los metales, la madera, etc. (Los exploradores ponen el oído sobre la tierra o sobre las rieles del ferrocarril para detectar si se acercan los caballos o el tren). Un ejemplo relativamente sencillo de un estímulo auditivo lo da el sonido producido por un instrumento musical. Por ejemplo, al rasgar una cuerda de guitarra, la vibración de la cuerda se trasmite al aire circundante, de modo que las moléculas de aire cercanas a la cuerda también vibrarán, esta vibración a su vez empuja a las moléculas que están ubicadas a continuación, etc. produciéndose así la onda sonora. Así, el estímulo auditivo es el movimiento de las moléculas del aire, que oscilan de un lado a otro, y dicho movimiento es reproducido en las moléculas vecinas. Finalmente, dicho movimiento ondulante se produce en las moléculas de aire que se hallan junto al tímpano, provocando que éste empiece también a vibrar, moviéndose hacia atrás y adelante. Los cambios sucesivos de presión de aire que entra en el oído reciben el nombre de sonido. Ciclo es el cambio de presión atmosférica de normal a superior, inferior y de vuelta a la presión normal. Frecuencia es el número de ciclos que una onda sonora completa en un segundo. Los adultos jóvenes pueden oír tonos con frecuencia entre 20 y 20 mil Hz (Hz es abreviatura de Hertz, unidad de frecuencia. Un Hertz equivale a un ciclo por segundo). Los adultos mayores ya tienen dificultades para escuchar. La frecuencia determina la altura del tono de un sonido (qué tan grave o agudo se le percibe). Por ejemplo, la altura de cada nota musical corresponde a una determinada frecuencia (Figura 29). La amplitud corresponde a la distancia entre la cresta y el valle de la onda, es decir, es la máxima desviación de la presión del aire. Una manera común de medir esta amplitud es la escala de nivel de presión de sonido, cuya unidad es el decibel (dB). La amplitud determina la intensidad del sonido. La sensación de volumen depende de la intensidad del sonido,

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es decir, de la amplitud de la onda. Una onda sonora de amplitud elevada mueve más el tímpano que una onda sonora de baja amplitud y el sonido parece más fuerte.

FIGURA 29. Altura del tono de los instrumentos musicales, con el teclado del piano como referencia. Conforme se va de una tecla a otra del mismo nombre, la frecuencia producida por la tecla es duplicada. Las duplicaciones sucesivas de la frecuencia se conocen como octavas.

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EL SISTEMA AUDITIVO El oído consta de 3 regiones anatómicas que son: Oído externo, oído medio y oído interno (Figura 30). Oido externo La parte más obvia del oído externo es lo que la gente llama "la oreja". El nombre técnico de esta porción de tejido externo es el pabellón auricular. Los pabellones auriculares son importantes debido a que incrementan ligeramente la amplitud del sonido. También de alguna manera ayudan en la determinación de la dirección de la cual proviene el sonido. Sin embargo, otros animales -los perros, caballos, búhos y murciélagostienen pabellones auriculares más útiles y pueden moverse para localizar los sonidos. El llamado conducto auditivo externo se dirige hacia adentro a partir del pabellón auricular. El conducto auditivo externo tiene 0,8 cm de diámetro y 2,5 cm de largo. Esta estructura ayuda a mantener insectos, objetos pequeños y polvo alejados del tímpano, que es muy sensible. Es más, este conducto se comporta de manera similar a un tubo de resonancia, tal como el cañón de un órgano, y puede amplificar algunas frecuencias de manera impresionante. La amplificación máxima es de 10 dB para frecuencias de unos 3,000 Hz. (Utilice la fórmula de los decibeles para que compruebe que un aumento de 10 decibeles significa que la amplitud de la presión sonora casi se triplica). Si es capaz de escuchar el pícolo en una orquesta sinfónica, parte del crédito lo merece su conducto auditivo externo. Finalmente llegamos al tímpano, o membrana timpánica, una membrana delgada que vibra en respuesta a las ondas sonoras. La perforación del tímpano da como resultado una deficiencia en la audición que dependiendo del tamaño y la localización de la perforación, puede ser bastante grave. Por esta razón, probablemente se le haya aconsejado que nunca introduzca nada más pequeño que su meñique dentro del oído. Escuche ese consejo: está bien fundamentado. El tímpano es la estructura más importante del oído externo y marca el límite entre el oído externo y el oído medio. Oído medio El oído medio es el área que se encuentra del lado interior del tímpano, y ocupa un volumen de sólo 2 cm3 aproximadamente. El oído medio consta de tres huesos llamados huesecillos u osículos, que son los más pequeños del cuerpo humano: son el martillo, el yunque y el estribo, y estos nombres se refieren a sus formas. Los huesecillos no son estructuras meramente decorativas, sino que son esenciales en la resolución de un problema al que se enfrenta el sistema auditivo. Las ondas sonoras viajan a través del aire hasta que llegan al oído medio. El aire no ofrece mucha oposición al flujo de ondas sonoras. Sin embargo, dentro del oído interno, las ondas sonoras deberán viajar a través de un líquido, un medio que ofrece oposición al flujo. Esta resistencia al pasaje de las ondas sonoras se conoce como impedancia. Cuando la impedancia entre dos medios es diferente, Las ondas sonoras no pueden transmitirse adecuadamente de un medio a otro. Cuando el sonido en el aire llega a un líquido, la pérdida de presión sonora es de 30 dB, o un 99.9% del poder. La mayor parte de la energía sonora es simplemente reflejada al aire.

FIGURA 30. Anatomía del oído, que muestra las principales partes del oído externo, medio e interno. 64

Tres procesos importantes ayudan a resolver el problema de la desigualdad de impedancia, aumentando la eficiencia con la cual el sonido es transmitido al oído interno. En orden de importancia decreciente, éstos son: 1. La fuerza de las partículas en el aire que golpean la relativamente grande membrana timpánica, es transmitida a una región mucho más pequeña, donde el estribo llega a la ventana oval de la cóclea. De hecho, en los humanos la proporción entre el tamaño de la membrana timpánica y el de la base del estribo es de alrededor de 17 a 1. 2. Los tres huesecillos funcionan como una palanca, lo que ofrece una pequeña pero importante ventaja mecánica. 3. El tímpano tiene una forma parecida a un cono, la cual hace que responda más eficazmente. Al combinarse estos tres factores, la magnitud de las ondas sonoras se eleva en un factor de más de 20 dB para frecuencias de hasta 2,500 Hz. Así, mucha de la pérdida debida a la desigualdad de la impedancia es compensada por la amplificación en el oído medio. No obstante, mucha de la energía que incide sobre el tímpano se pierde en el oído medio debido a la fricción y a otros factores. Sin embargo, el oído medio proporciona una transferencia mucho más eficiente de la energía sonora del mundo externo, de lo que haría un sistema auditivo en el cual las ondas sonoras llegaran directamente a la ventana oval del oído interno Otro ejemplo de la elegancia de nuestros sistemas perceptuales proviene de los músculos del oído medio. Los dos músculos esqueléticos más pequeños del cuerpo están adosados a los huesecillos. Los huesecillos sirven para amplificar los sonidos, pero ¿qué sucede cuando un sonido muy fuerte llega a nuestros oídos?. Si el sonido fuera aún más amplificado por los huesecillos, probablemente se dañarían las delicadas estructuras del oído interno (o los huesecillos mismos). Los músculos del oído medio en los humanos se contraen por reflejo inmediatamente después de que cada oído es expuesto a un sonido fuerte (Borg y Counter, 1989). Los músculos también se contraen por reflejo justo antes de que los humanos y otros animales emitan un sonido (al hablar, murmurar, llorar, cantar, etc.). Esto ocurre, probablemente, para "proteger el oído interno de la fatiga, interferencia y daño potencial ocasionado por el propio lenguaje fuerte, que pueden resultar en niveles de sonido alto dentro de la cabeza" (Borg y Counter, 1989, p. 74). La mayor eficacia de estas contracciones proviene del músculo adosado al estribo, el cual lo desplaza ligeramente. Dependiendo de la cantidad de desplazamiento del estribo, los sonidos de frecuencia baja pueden producirse entre 10 a 30 dB, con una disminución menor para los sonidos de frecuencia alta (Pang y Peake, 1986). Cada oído medio también contiene una Trompa de Eustaquio, que conecta al oído con la garganta. Las trompas de Eustaquio ayudan a igualar la presión del aire en el sistema auditivo. Por ejemplo, cuando usted traga, las trompas de Eustaquio se abren y permiten que el aire fluya dentro o fuera del oído medio. Usted probablemente haya escuchado que sus oídos "truenan" cuando cambia la altitud en un avión o en el elevador de un edificio alto; la pequeña explosión proviene del flujo repentino de aire durante un cambio violento en la presión. Oído interno El hueso más duro del cuerpo humano se encuentra a cada lado de la cabeza, y dentro de él se localiza una cavidad que contiene las dos estructuras que comprende el oído interno. Así como la pupila en realidad no existe como estructura individual, pues simplemente es el área donde el iris se retracta, de igual manera el oído interno no existe como estructura libre, es sólo el área donde no hay hueso. Dentro de este espacio se hallan los canales semicirculares y la cóclea conforman el oído interno. Vimos anteriormente que los canales semicirculares forman parte del sistema vestibular. La cóclea, llena de líquido, contiene receptores para los estímulos auditivos y es crucial para la audición. Cóclea significa "caracol" en latín, lo cual describe de manera apropiada su forma. Debido a que el conocimiento de la cóclea es capital para entender la audición, ahora la analizaremos en detalle (véanse en la fig. 31 detalles anatómicos de la cóclea). El estribo está adosado directamente a la ventana oval, membrana que cubre la abertura de la cóclea. Cuando el estribo vibra, la ventana oval también, y produce cambios de presión en el líquido que se encuentra dentro de la cóclea. El canal donde ajusta el estribo se llama rampa vestibular. En la parte final de la rampa vestibular existe un pequeño orificio llamado helicotrema. Aquí el líquido puede fluir al segundo canal, la rampa timpánica. Observe que la rampa timpánica tiene su propia membrana que cubre la entrada, la ventana redonda. La ventana redonda debe moverse en sentido contrario a la ventana oval, debido a que el líquido de las rampas vestibular y timpánica es difícil de comprimir. Si no fuera por la ventana redonda, el estribo estaría en problemas para empujar a la ventana oval. El conducto coclear, o rampa media, es el más pequeño de los tres canales de la cóclea, y es el que alberga a los receptores auditivos. Está separado de la rampa vestibular por la membrana de Reissner, y de la rampa timpánica por la membrana basilar y las membranas óseas a las cuales está adherida. No sólo el conducto coclear está separado de los otros dos canales, sino que contiene un tipo de líquido completamente diferente, llamado endolinfa. Cuando el estribo hace que la ventana oval vibre, la vibración es transmitida a la membrana basilar, sobre la cual descansan los receptores auditivos (fig. 32). Esta vibración, a su vez, estimula a los receptores. La membrana basilar es relativamente angosta y rígida en su base (cerca del estribo). Conforme se adentra en la cóclea se ensancha (mientras la saliente ósea a la cual está adherida se angosta) y también se hace más flexible.

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El conducto coclear, alberga diversas estructuras cruciales para la audición. El órgano de Corti contiene los receptores que transducen la energía de presión de una onda sonora en la clase de energía eléctrica y química que puede transmitirse a las vías superiores del sistema auditivo. La membrana basilar es la base del órgano de Corti, y la membrana tectoria descansa sobre la punta del órgano. El órgano de Corti también incluye las células ciliadas, los receptores para la audición. Por tanto, la membrana basilar del oído interno semeja a la piel, como se dijo arriba, debido a que los pelos protruyen de su superficie. CÉLULAS CILIADAS INTERNAS Y EXTERNAS Así como la retina tiene dos clases de receptores para la visión, la cóclea posee dos clases de células ciliadas internas y células ciliadas externas. Las células ciliadas internas están acomodadas en una sola fila a lo largo del lado interno del órgano de Corti, y son relativamente escasas. Tres o cuatro filas de células ciliadas externas están localizadas en el lado externo del órgano de Corti, y son más bien abundantes.

Estructura y transducción de las células ciliadas Los pelos que se extienden desde las células ciliadas son llamados estereocilios. En una célula ciliada interna común, se forman alrededor de 40 estereocilios con la silueta de una U poco profunda. En una célula ciliada externa cualquiera, se forman unos 150 estereocilios a modo de una V o W. Cada célula ciliada contiene diversas filas de estereocilios. Los de las células ciliadas internas flotan libremente, pero los estereocilios más largos de las células ciliadas externas están implantados en la membrana tectoria. Los estereocilios más cortos de las células ciliadas externas no lo están, pero se encuentran unidos uno con el otro mediante bandas finas. Tal como los fotorreceptores producen potenciales graduales que generan finalmente potenciales de acción en las células bipolares y neuronas de conexión, las células ciliadas producen potenciales graduales que ocasionan potenciales de acción en las células bipolares del nervio auditivo. El nervio auditivo es el haz de fibras nerviosas que lleva la información del oído interno a los centros superiores del sistema auditivo. ¿Qué es exactamente el proceso de transducción? ¿Qué transforma la información de la onda mecánica de la membrana basilar en cambios en el potencial de la célula ciliada?. Aunque la respuesta a esa pregunta aún permanece abierta, algunas investigaciones recientes ofrecen una teoría prometedora. Todos los científicos están de acuerdo con que la transducción se lleva a cabo en las células ciliadas como resultado de la estimulación de los estereocillos. Como podrá imaginarse, recordando que un pequeño desplazamiento del tímpano es suficiente para organizar la percepción de un sonido, un mínimo movimiento de los estereocillos basta para producir un cambio en el potencial de las células ciliadas.

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Inervación de las células ciliadas Como usted recordará del análisis de los receptores visuales, la retina tiene más bastones que conos. Así, muchos bastones tienen que "compartir" una célula ganglionar, mientras que relativamente pocos conos están conectados a cada una. De igual manera, en el sistema auditivo las células ciliadas internas y las ciliadas externas no comparten las fibras nerviosas auditivas en la misma proporción. En concreto, las relativamente escasas células ciliadas internas se dan el lujo de "poseer" del 90 al 95% de las cerca de 30,000 fibras nerviosas auditivas. Por el contrario, las abundantes células ciliadas externas deben compartir el restante 5 a 10% de esas fibras. En el órgano de Corti, como en la vida, los recursos no son distribuidos de manera equitativa. Las fibras nerviosas que llevan la información del oído interno al cerebro se conocen como fibras aferentes. Además de las fibras aferentes, el oído interno también cuenta con fibras eferentes, que llevan información a las células ciliadas. Las fibras eferentes permiten que los impulsos nerviosos manejen el funcionamiento del oído interno, lo que mejora la codificación de la información de frecuencia en el oído interno. En el oído interno se encuentran relativamente pocas fibras eferentes, y sus conexiones con las células ciliadas externas son cruciales. El registro de la actividad eléctrica de las células ciliadas y el impacto que tienen sobre el medio auditivo es una tarea difícil. Función de las células ciliadas En resumen, la investigación actual sobre las células ciliadas sugiere que las células ciliadas internas son responsables de la transmisión de la información auditiva por las fibras aferentes del nervio auditivo. Las células ciliadas internas probablemente sufren cambios graduales en sus potenciales como resultado del desplazamiento de sus estereocilios en una dirección u otra. Aunque las células ciliadas externas también son capaces de desplazarse y producir cambios graduales en el potencial, tienen relativamente pocas conexiones aferentes. Las células ciliadas externas cambian la longitud de sus estereocilios, tal vez a causa de la llegada de información eferente, la cual se piensa que trabaja como un filtro activo o como un amplificador coclear. Los cambios de la célula ciliada externa probablemente intensifican la actividad de las células ciliadas internas, aunque los mecanismos específicos aún no se han descubierto.

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Tomando como un todo, el sistema auditivo incluye una distribución apropiada de estructuras óseas y estructuras elásticas para garantizar que la presión del sonido (la cual mantiene eficazmente el oído medio) sea transmitida a los transductores auditivos y por último al nervio auditivo. NIVELES SUPERIORES DE PROCESAMIENTO AUDITIVO Así como el nervio óptico toma la información de la retina, las fibras aferentes del nervio auditivo lo hacen de la cóclea. Después de abandonar el oído interno, el nervio auditivo viaja hacia el núcleo coclear, que se encuentra en la parte más baja de la parte posterior del cerebro. En el núcleo coclear, las células del nervio auditivo transmiten su información a células nuevas. No se han encontrado conexiones inhibitorias dentro del nervio auditivo, pero sí dentro del núcleo coclear. La información proveniente del núcleo geniculado medial ahora viaja a la corteza auditiva primaria, que se encuentra en un surco profundo del lóbulo temporal de la corteza (a cada lado del cerebro). DEFICIENCIAS EN LA AUDICION Pueden presentarse varias clases de alteraciones en el sistema auditivo. Por ejemplo, el tinitus es un sonido agudo o un ruido de fondo en los oídos. El sonido o el ruido no es muy fuerte para quien lo padece, pero es bastante molesto. El tinitus puede tener diferentes causas, incluyendo tumores en el nervio auditivo, traumatismos encefálicos y sobredosis de algunos fármacos, aun la aspirina. La aspirina, un medicamento que parecía tan inocuo, puede producir una dificultad temporal en la audición de sonidos de baja intensidad; por tanto, debe utilizarse con cuidado. Dada la amplia gama de causas, no debe sorprendernos que el tratamiento para el tinitus no se determine fácilmente, y en algunos casos ninguno parece ser efectivo. Igual que el sistema visual se ve afectado por la edad avanzada (presbiopía), sucede lo mismo con el sistema auditivo. La presbiacusia es la pérdida de la audición (más común a las frecuencias elevadas) que generalmente acompaña al envejecimiento. Sin embargo, la alteración de la audición mejor conocida es la sordera. La sordera puede evaluarse por medio de una gran cantidad de técnicas. La llamada audiometría de respuesta eléctrica consiste en el registro de la actividad eléctrica en diferentes puntos de la vía auditiva, en respuesta a un estímulo. Sin embargo, la sordera se evalúa más comúnmente mediante la audiometría, o medición de la sensibilidad de la audición. Un método de audiometría presenta una serie de tonos puros, utilizando el método de estímulos constantes, generalmente a frecuencias de 250, 500, 1,000, 2,000 y 4,000 Hz. Los audiólogos miden la diferencia en decibeles entre el umbral de una persona para cada frecuencia y el umbral promedio de la población normal. Otras pruebas auditivas miden la percepción de los sonidos hablados. Las infecciones del oído son otra alteración común, especialmente entre los niños. En una infección del oído, la trompa de Eustaquio se edematiza, interrumpiendo la comunicación entre el oído medio y el tracto respiratorio. Las bacterias pueden reproducirse en el oído medio, dando como resultado dolor ótico y la presencia de líquido en el oído medio, que puede impedir la conducción del sonido. Los niños que presentan infecciones frecuentes pueden tener problemas en el desarrollo normal del lenguaje. La otoesclerosis se presenta más o menos en el 7% de la población adulta. Es una enfermedad ósea hereditaria que puede ocasionar la inmovilización del estribo, lo que dificulta la conducción del estímulo sonoro. La sordera de conducción incluye problemas en la conducción del estímulo sonoro; la insuficiencia está en el oído externo o en el medio. Ya hemos mencionado los problemas que puede resultar de la perforación del tímpano. Puede solucionarse con un aparato auditivo, que hará que los sonidos de todas las frecuencias sean más altos. Esta persona puede oír los sonidos que son conducidos por el hueso que rodea a la cóclea a niveles normales, pero le cuesta escuchar sonidos por el canal del oído medio. El aparato auditivo es útil para personas con niveles moderados de sordera de conducción; puede solucionar problemas del oído externo y medio canalizando las ondas sonoras que viajan por el aire a la parte ósea que rodea el oído, haciendo vibrar y estimulando a la cóclea. En la sordera nerviosa, el problema sucede ya sea en la cóclea o en el nervio auditivo. Por ejemplo, si el oído es expuesto a ruidos muy fuertes, los estereocilios de las células ciliadas del órgano de Corti pueden ser destruidos. Si todas las células ciliadas de un área están dañadas, no existen receptores para transducir las ondas sonoras. Así, ni la conducción por el aire ni por el hueso puede ser transducida; la persona es sorda. Un aparato auditivo no le ayudaría a alguien con sordera nerviosa completa, como unos lentes no le ayudarían a quien tiene desprendimiento de retina. ¿Qué puede hacerse por alguien que tiene sordera nerviosa? Se han desarrollado implantes cocleares para ayudar a la gente con pérdida severa de células ciliadas. Incluyen la inserción de un electrodo dentro del oído interno que esté directamente conectado con las fibras aferentes. Además, si algunas células ciliadas están intactas, un aparato auditivo común puede modificarse de manera que amplifique en forma diferencial las distintas frecuencias. Sin embargo, la gente con sordera nerviosa también muestra frecuentemente una alteración relacionada con la percepción de ruido llamada restablecimiento. El restablecimiento es una condición en la cual una persona parcialmente sorda percibe normalmente sonidos muy fuertes; la percepción de esta persona no difiere de la de una persona normal, si consideramos sólo los sonidos fuertes. Sin embargo, los sonidos muy débiles no los escucha. Así, el diseño de un aparato auditivo para una persona con sordera nerviosa debe tomar en cuenta los dos problemas: una sensibilidad diferencial a varios tonos y una sensibilidad diferencial a varios volúmenes.

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FUNCIONES AUDITIVAS PERCEPCIÓN DE LA ALTURA TONAL La frecuencia de un sonido es la principal determinante de nuestra experiencia perceptual de la altura tonal. Generalmente, los sonidos de frecuencia elevada tienen un tono elevado y los sonidos de frecuencia baja tienen u tono bajo. Sin embargo, la relación entre la frecuencia y la altura tonal no es tan simple. ¿Cómo registra el oído interno la frecuencia? Cuando se toca en el piano el do central se escucha un tono diferente que si fuera tocada la nota la. Históricamente surgieron dos enfoques para la comprender la codificación de la frecuencia, la teoría del lugar y la teoría de la frecuencia. La teoría del lugar propone que la frecuencia de cada onda sonora produce una onda viajera, la cual hace vibrar un lugar particular de la membrana basilar a su nivel máximo. La teoría de la frecuencia propone que la frecuencia de la onda sonora es igualada por la frecuencia de vibración en la membrana basilar, la cual ocasiona que las fibras nerviosas del nervio auditivo disparen a una frecuencia igual. PERCEPCION DEL MOVIMIENTO PERCEPCIÓN VISUAL DEL MOVIMIENTO REAL En el estudio de la visión, utilizamos frecuentemente el término imagen retiniana. Sin embargo, muchos psicólogos consideran que flujo es un término más adecuado (por ejemplo, Johansson, von Hoften y Jansson, 1980; Lee, 1980). Piensan que la clase de percepción estática que implica el término imagen retiniana es artificial. Nuestros ojos cambian constantemente su posición en el espacio mientras caminamos, conducimos, paseamos y cambiamos de postura. Tal vez el único momento en que la cabeza puede permanecer en una posición fija durante cierto lapso es cuando está limitada deliberadamente (Gibson, 1950). Además de los laboratorios de psicología y las cámaras de tortura, la mayoría de nosotros no pasa mucho tiempo con la cabeza atorada en la prensa, ¡y aún así, nuestros ojos están en movimiento! Debido a que el movimiento es tan común, su percepción es un aspecto fundamental de la visión. Como señala Sekuler (1975): "Durante la evolución, la percepción del movimiento fue quizá moldeada por presiones selectivas más fuertes y directas que las determinaban otros aspectos de la visión". Incluso en su vida relativamente civilizada, habrá notado que es más importante responder rápidamente a un objeto que se mueve que reconocer con exactitud qué cosa se ha movido. Por ejemplo, si un objeto ha sido arrojado en dirección de su cabeza, usted detecta el movimiento y se escabuye, en vez de detenerse a contemplar si es un ladrillo, un libro o una caja. Sekuler sugiere que nuestro sistema visual contiene mecanismos nerviosos especializados en analizar el movimiento debido a esa presión evolutiva selectiva para detectarlo. La percepción del movimiento es tan básica que se encuentra en organismos que carecen de otras habilidades visuales. Por ejemplo, los neonatos pueden seguir con los ojos un objeto que se mueve (Barten Birns y Ronch, 1971). Sekuler también señala que la sensibilidad visual para detectar la dirección del movimiento está presente en mamíferos recién nacidos, aunque otras funciones visuales requieren de la estimulación del medio para desarrollarse. Aún más, señala que lesiones cerebrales en adultos humanos pueden causar la pérdida temporal de todas las funciones visuales, y que la primera función recuperada es con frecuencia la percepción del movimiento. La percepción del movimiento no es sólo básica sino también sorprendentemente precisa. Cuando caminamos, no nos tropezamos con objetos ni caemos en agujeros. Cuando compiten nadadores o corredores, no suelen chocar entre ellos. Los pilotos generalmente aterrizan en los sitios apropiados de las pistas, y los automóviles acostumbran evitar a los otros coches. Cutting (1986) calcula que para caminar sin tropezar con objetos fijos, necesitamos ser capaces de juzgar nuestra dirección de movimiento dentro de un ángulo visual de 5 a 10°. Los corredores y conductores requieren de precisiones de juicio de aproximadamente 1° y los aviadores necesitan de un juicio aun más preciso. Si se le pidiera que diseñara el sistema visual humano, ¿cómo explicaría la percepción del movimiento? Es posible que sugiera que nosotros observamos el movimiento siempre que la imagen de un objeto se mueva sobre la retina. Esta respuesta es atractiva, pero es incorrecta. Después de todo, las imágenes de las palabras que se encuentran en esta página se están deslizando sobre su retina mientras usted lee, y la página no parece ondularse. En este caso, las imágenes se mueven, pero no percibimos movimiento. Además, mientras sus ojos siguen el suave vuelo de un pájaro, la imagen del ave permanece aproximadamente en la misma parte de su retina. En este caso, la imagen no se mueve sobre la retina, aunque percibimos el movimiento. Debemos concluir que la percepción del movimiento involucra algo más que el movimiento de imágenes sobre la retina. Umbrales de la percepción del movimiento El movimiento real, el cual incluye movimiento del observador o de los objetos y de la gente que está siendo observada. ¿Qué tan bueno es el ojo humano para detectar el movimiento? Usted no ve la hierba crecer

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ni que las manecillas del reloj se mueven o que el pan está creciendo en el horno. Estos movimientos son demasiado lentos; el ojo tiene capacidad impresionante, ¡pero no es tan bueno!. El umbral de detección de la velocidad es la velocidad mínima que puede detectarse. Generalmente se expresa en minutos (angulares) por segundos, o el número de minutos de la velocidad angular que un objeto recorre en un segundo. Existen varios métodos para una amplia gama de objetivos (Bonnet, 1982). Es más, los umbrales son diferentes para los observadores a quienes simplemente se les pide que detecten el movimiento, en lugar de que reporten su dirección (Bonnet, 1982; Sekuler, Ball, Tynan y Machamer, 1982). Sin embargo, en general, los umbrales humanos para detectar la velocidad oscilan entre 10 y 20 minutos angulares por segundo (Hochberg, 1971). Diversos factores influyen en los umbrales de detección de la velocidad. Por ejemplo, es más difícil detectar que los objetivos se mueven si el observador no está seguro de la dirección en que se moverán (Ball y Sekuler, 1980). Además, los umbrales son menores si un fondo fijo se encuentra detrás del objeto en movimiento. Cuando algunas partes del campo visual permanecen estables, el umbral de detección de la velocidad para un objeto en movimiento disminuye de 1 a 2 minutos de velocidad angular por segundo. En otras palabras, fondo permite detectar movimiento 10 veces más lento del que se detecta sin él. Es también más fácil detectar el movimiento en el centro del campo visual cuando no existe movimiento en la periferia (Mundt, 1988). Con movimiento hacia la izquierda o la derecha del objetivo, o tanto por arriba como por abajo, la gente es menos capaz de detectarla. Otra variable es la región de la retina sobre la cual es detectado el movimiento. Recuerde que la agudeza es mucho mejor en la fóvea que en la periferia. Usted puede notar mucho mejor la diferencia entre la letra O y la C si la letra queda registrada sobre la fóvea, que en la orilla de la retina: generalmente, también somos más sensibles al movimientos en la fóvea que en la periferia (por ejemplo, en la periferia un objeto es percibido más rápidamente si se mueve que si está fijo (por ejemplo, Finlay, 1982). En una palabra, pues, los umbrales de detección de la velocidad no son espectaculares en la periferia, pero la gente funciona mucho mejor detectando objetos en movimiento que fijos. MOVIMIENTO ILUSORIO Iniciamos nuestro análisis de la percepción del movimiento concentrándonos en la percepción del movimiento real en el mundo que nos rodea. Ahora analizaremos el movimiento aparente o ilusorio. Por el movimiento ilusorio, los observadores perciben que un objeto se mueve aunque en realidad esté estático. Recuerde que hemos analizado la percepción ilusoria anteriormente. Como ya hemos mencionado, la distinción entre movimiento real e ilusorio debe parecer algo arbitraria. Mientras usted ve televisión o una película, está completamente consciente de que no hay gente dentro de la pantalla, e incluso quizás argumente que los movimientos que se ven no son ilusorios. Aun viendo caricaturas o juegos de video, especialmente aquellos en los cuales la animación está bien realizada, probablemente tenga una poderosa sensación de movimiento. ¡El hecho real de que usted está viendo un conjunto de dibujos fijos presentados rápidamente, está del todo perdido en su sistema visual! No es necesario decir que las teorías de la percepción del movimiento tienen que ver tanto con el movimiento real como con el aparente. Después de una pequeña revisión de algunos tipos de movimiento ilusorio, volcaremos nuestra atención hacia algunas teorías que podrían explicar nuestra percepción del movimiento, tanto real como aparente. Movimiento estroboscópico El movimiento estroboscópico es la ilusión de movimiento producida mediante un patrón rápido de estimulación sobre distintas partes de la retina. En una demostración común del movimiento estroboscópico, una luz brilla brevemente en una localización. Antes de una décima de segundo, otra luz lo hace en una localización diferente. Los observadores generalmente reportan que la luz se mueve de su primera localización a la segunda. Las primeras investigaciones de este fenómeno las inició Max Wertheimer, el psicólogo de la Gestalt. Si la separación espacial y el tiempo de dos estímulos es el correcto, el movimiento estroboscópico puede ser una ilusión de movimiento poderosa; sin embargo, la ilusión no funciona si la situación no es la ideal. (Burt y Sperling, 1981). El tiempo de presentación entre las dos luces debe ser preciso. Por ejemplo, bajo ciertas condiciones un intervalo de 60 milisegundos es ideal para producir la percepción de un objeto en movimiento por el espacio. De manera interesante, un intervalo de unos 100 milisegundos en esas mismas condiciones podría resultar en la sensación de un movimiento phi: los observadores reportan ver movimiento, aunque de hecho no pueden percibir objeto alguno en movimiento. Si el intervalo es mayor de unos 200 milisegundos, no se perciben movimientos aparentes, sólo parece que dos luces se encienden y apagan. Las películas utilizan el movimiento estroboscópico para dar la impresión de movimiento (Anstis, 1978). Una película es como un conjunto de fotografías instantáneas. ¿Se ha preguntado alguna vez cómo un conjunto de instantáneas aisladas puede dar la impresión de movimiento?. Los observadores perciben movimiento debido a que el proyector de la película presenta cada toma del conjunto muy rápidamente. Usted percibe movimiento de un lugar al siguiente, en lugar de una sucesión de imágenes estáticas (Hochberg y Brooks, 1978). Naturalmente, la velocidad del proyector debe ser la correcta. SI la velocidad es demasiado rápida, usted observaría una mancha; si es demasiado lenta, verá las imágenes de la película por separado, en parpadeos. Otros factores distintos a la velocidad pueden afectar el movimiento estroboscópico. Por ejemplo, Berbaum, Lenel y Rosenbaum (1981) encontraron que los observadores veían movimientos ilusorios cuando las

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dos figuras eran parecidas (por ejemplo, un cuadrado y una paralelogramo). El movimiento fue significativamente menor cuando las figuras eran disímiles (por ejemplo, un cuadrado y un triángulo). Ramachandran y Anstis (1986), también encontraron ilusiones dentro del movimiento ilusorio. Efectos de la oclusión aparente también fueron vistos en otros estudios (Ramachandram y Anstis, 1986). Cuando los observadores veían una exhibición, reportaban que dos puntos se movían hacia la misma localización a la derecha. Sin embargo, si se colocaba un parche oscuro a la derecha del punto interior, la gente reportaba un movimiento horizontal de ambos puntos. Recuerde que la única diferencia entre las dos exhibiciones era el parche negro en la segunda. Sin embargo, el cambio en el movimiento aparente fue dramático. Otros investigadores se han interesado en la interacción entre el movimiento real y el aparente. El movimiento real puede incrementar la fuerza del movimiento aparente cuando dos movimientos se realizan en la misma dirección (Green, 1983). En otras condiciones, el movimiento real y el aparente pueden cancelarse mutuamente (Gregory y Harris, 1984). Además, Berbaum y Lenel (1983) descubrieron que objetos reales, colocados en la ruta del movimiento aparente, puede desviar el movimiento de su línea recta; el movimiento aparente toma una curva alrededor del objeto. Autocinesis La autocinesis se presenta cuando un objeto estacionario y sin fondo claro parece moverse. La autocinesis es probablemente causada por los ligeros movimientos espontáneos de los ojos, aunque existen explicaciones teóricas contrarias (Mack, 1986). Por ejemplo, Pola y Matin (1977) colocaron un lente de contacto en el ojo y registraron los movimientos oculares. Encontraron una relación sistemática entre la dirección del movimiento aparente del objetivo y los movimientos oculares que registraron. Como podría esperar, el efecto autocinético es disminuido si se encuentra cercano otro estímulo parecido. Por ejemplo, cuando un segundo estímulo se encuentra a 1° de distancia del estímulo fijo, se reduce la autocinesis en un 50%, aproximadamente (Post, Leibowitz y Shupert, 1982). También, cuando a los observadores se les dice que esperen movimiento en cierta dirección, los estímulos tienden realmente a moverse en esa dirección (Leibowitz, Shupert, Post y Dichgans, 1983). Con las instrucciones apropiadas y reforzamiento, también es posible hacer que la gente reporte que el movimiento autocinético genera palabras (Rechschaffen y Mednick, 1955). Algunos psicólogos han pensado que la autocinesis podría utilizarse como una prueba de proyección de la personalidad, como la de la mancha de tinta de Rorschach. Sin embargo, aun con elogios por reportar que el movimiento produce palabras, la mayoría de la gente sólo reporta escaso movimiento (Lovelace, 1988). Aparentemente, el efecto autocinético es más una demostración de los movimientos involuntarios del ojo que una prueba proyectiva. Movimiento inducido El movimiento inducido ocurre cuando un marco visual de referencia se mueve en una dirección y produce la ilusión de que un objetivo fijo se mueve en la opuesta. En un estudio característico de movimiento inducido, un observador en una habitación oscura ve un punto luminoso rodeado por un marco rectangular también luminoso (Wallach, 1959). Cuando el marco rectangular se mueve hacia la derecha, el observador percibe el marco como fijo y que el punto está moviéndose hacia la izquierda. La próxima noche de luna con cielo nublado, observe si usted nota algún movimiento inducido. La Luna está básicamente fija y las nubes se mueven frente a ella. Consecuentemente, puede parecer que la Luna se mueve en dirección contraria al movimiento de las nubes. Se observa el mismo efecto cuando un vehículo espacial estacionario es visto a través de la ventana de otro vehículo en movimiento (Haines, 1989). Los psicólogos han investigado el movimiento inducido con una amplia gama de medidas de respuesta, marcos, velocidad y tipo de movimiento del marco, sólo por mencionar algunas de las variables examinadas. Han surgido diversas explicaciones de estas investigaciones (Reinhardt-Rutland, 1988). Una de las primeras explicaciones podría llamarse la teoría del marco de referencia, la cual sostiene que nuestro sistema visual está predispuesto a ver en movimiento las áreas más pequeñas y localizadas centralmente. Quizá esas percepciones se originan por una inferencia basada en nuestra experiencia en el mundo (Rock, 1983). Debido a la complejidad de la experiencia perceptual (donde un marco único de referencia es difícil de identificar), es difícil determinar la validez de este enfoque. Postefectos del movimiento Los postefectos del movimiento aparecen cuando se ha estado mirando un movimiento continuo y luego se observa otra superficie; parecerá que se mueve en la dirección contraria. Intente demostrar los postefectos del movimiento si visita una cascada. Mire fijamente durante varios minutos la caída del agua, luego lleve la mirada hacia un punto cercano. Las piedras y las plantas parecerá que se mueven fuertemente hacia arriba. La explicación de este fenómeno probablemente consiste en alguna clase de adaptación o fatiga de las células involucradas en el procesamiento visual. Podría estar involucrada una clase similar de adaptación en los postefectos del movimiento. La tasa de respuestas de las células sensibles al movimiento pudiera estar disminuida después de que han sido estimuladas durante un tiempo prolongado (Sekuler, 1975). Los niños son casi tan susceptibles a esta ilusión como los adultos, lo que sugiere que la experiencia no tiene ningún papel

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importante (Hershenson y Bader, 1990). Sin embargo, los postefectos del movimiento no pueden explicarse totalmente por mecanismos simples de bajo nivel porque, por lo menos en algunos casos, debe estar involucrado un proceso de nivel más elevado y menos periférico (Weisstein, Maguire y Williams, 1982). PERCEPCION AUDITIVA DEL MOVIMIENTO Cuando se introdujo el sonido estereofónico, muchas tiendas de discos demostraban el impacto de la nueva tecnología tocando un disco de una bola de boliche que parecía rodar desde un lado de la tienda hasta pegar a los bolos que se encontraban del otro lado. En nuestra vida diaria, los sonidos constantemente llegan a nosotros de todas direcciones, y los objetos en movimiento producen sonidos que se desplazan en la misma dirección. Sin embargo, es apenas reciente que los avances tecnológicos nos permiten grabar sonidos reproduciendo las complejidades de las fuentes en movimiento que solemos encontrar. En muchas películas se codifica la pista de sonido en la forma de los sonidos ambientales para que, en una sala de cine adecuadamente equipada, aumente la sensación del movimiento visual en la pantalla gracias a indicios auditivos convincentes. Se ha hecho poca investigación acerca de la sensación del movimiento transmitida por estímulos auditivos. Mucha proviene del laboratorio de David Perrot en la Universidad Estatal de California, en Los Angeles. Dada la importancia del mapeo espacial de los sistemas visual y auditivo, no debe sorprendernos que el sistema auditivo comparta muchas similitudes con la percepción visual del movimiento. Por ejemplo, Perrot y sus colaboradores han encontrado evidencias de movimiento auditivo aparente (Briggs y Perrott, 1972; Strybel, Manligas y Perrott, 1989), incluyendo movimiento autocinético auditivo (Fobes y Perrot, 1973). También encontraron que el sistema auditivo es bastante similar al sistema visual en cuanto a la capacidad de calcular la velocidad de fuentes sonoras en movimiento (Waugh, Strybel y Perrott, 1979). En los estudios de la percepción del movimiento auditivo, la variable dependiente habitual es el ángulo mínimo de movimiento audible. El ángulo mínimo de movimiento audible (AMMA) es el ángulo de movimiento necesario para que un observador determine que una fuente sonora se mueve, en lugar de estar fija. El AMMA es parecido al ángulo mínimo audible, el cual es importante para la determinación de las capacidades de localización espacial auditiva de fuentes sonoras fijas. Por ejemplo, Perrott y Trucker (1988) reprodujeron los primeros trabajos realizados en el laboratorio de Perrott con el hallazgo de que la velocidad influye sobre el AMMA. Si a la gente se le pide que distinga entre una fuente sonora fija y una en movimiento (Perrott y Musicant, 1977) o que determine si una fuente sonora se mueve hacia la izquierda o la derecha (Perrott y Tucker, 1988), el AMMA es mayor cuando la fuente sonora se mueve rápidamente que cuando lo hace lentamente. Ya hemos analizado de que dentro de un rango particular de frecuencias (1,000-5,000Hz) es difícil localizar fuentes sonoras fijas debido a que ni las claves de sonoridad ni de tiempo son especialmente eficaces. Perrott y Tucker (1988) también encontraron que los sujetos tenían dificultades parecidas con los sonidos en movimiento en este rango de frecuencias, lo que sugiere que probablemente utiliza la misma información para juzgar la localización tanto de fuentes sonoras fijas como en movimiento. Así, cuando se emplea el ruido producido por un intervalo de frecuencias, la gente discrimina mejor las fuentes sonoras en movimiento (Perrott y Marlborough, 1989), igual que como lo harían con fuentes sonoras fijas. EXPLICACIONES TEORICAS DE LA PERCEPCION DEL MOVIMIENTO Neuronas sensibles al movimiento No se ha desarrollado completamente una explicación fisiológica de la percepción del movimiento. Comparado, por ejemplo, con nuestro conocimiento de la fisiología de la visión a color, sabemos bastante poco. El sistema magnocelular, con entrada de información de las células Y, parece ser el principal responsable del procesamiento de la información de movimiento (Livingstone y Hubel, 1988). La información del sistema magnocelular es quizá responsable de los campos receptivos de las células complejas sensibles al movimiento de la corteza visual primaria. Debido a la separación de información en los sistemas parvocelular y magnocelular, es posible que los animales y los humanos con lesiones corticales sean capaces de detectar movimiento aunque ya no puedan distinguir las formas (Berkley, 1982). Recuerde que la percepción de la forma es una función importante del sistema parvocelular. A cada lado del cerebro se encuentra una pequeña estructura llamada área MT, que probablemente tenga un papel importante en la percepción del movimiento (Hildreth, 1984). El área MT recibe directamente información que proviene de la corteza visual, tiene un número considerable de neuronas sensibles al movimiento, y envía información a las áreas del cerebro involucradas en el control del movimiento. La importancia de los mecanismos cerebrales para la percepción del movimiento se ilustra mediante el caso de una mujer con lesiones a ambos lados de la corteza occipital (Zihl, von Cramon y Mai, 1983). Ella tenía una agudeza y visión a color normales, y podía detectar algo del movimiento lineal cuando se presentaba cerca de la fóvea. Sin embargo, había perdido la capacidad de detectar el movimiento periférico y no podía percibir el movimiento tridimensional. ¡Aun el simple acto de servir una taza de té se hace difícil si no se puede percibir el movimiento a profundidad! Además, parece que el colículo superior, que recibe información de las células W, también tiene que ver con la detección del movimiento y el control de los movimientos oculares (Schiller, 1986). Las células del colículo superior responden al movimiento visual cuando el ojo está fijo, pero no cuando se está moviendo. Estas células

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pueden ayudar a distinguir entre situaciones en las cuales el observador se está moviendo y aquellas en las cuales los estímulos lo hacen, una distinción importante para la teoría de la descarga corolaria. Teoría de la descarga corolaria De acuerdo con la teoría de la descarga corolaria, el sistema visual compara el movimiento registrado en la retina con cualquier señal que haya enviado el cerebro con respecto al movimiento ocular. La teoría de descarga corolaria específicamente intenta explicar por qué no percibimos el movimiento durante los movimientos oculares normales, como afirma el trabajo de Wallach (1985b, 1987). La teoría puede explicar la percepción con y sin movimientos sobre la retina. También puede explicar la percepción de inmovilidad con y sin movimientos sobre la retina. La teoría de la descarga corolaria sostiene que cuando el cerebro envía un mensaje a los músculos oculares, también manda una copia del mensaje a una estructura en el sistema visual. Esta copia recibe el nombre de descarga corolaria. La palabra corolario significa "derivado". Teoría basada en el enfoque de la percepción directa Gibson y otros que apoyan el enfoque de la percepción directa, sostienen que el estímulo es rico en información de movimiento. Por el contrario, las primeras dos explicaciones de la percepción del movimiento (es decir, las neuronas sensibles al movimiento y la teoría de la descarga corolaria) sustentan el sistema de procesamiento visual. En esta sección, analizaremos seis fuentes de información disponibles de los estímulos. 1. Movimiento relativo. Al percatarnos del movimiento de un objeto en relación con su fondo, somos capaces de decir si nos estamos moviendo o si lo hace un objeto. 2. Obstrucción y desobstrucción. Los objetos que se encuentran en movimiento cubren y descubren sistemáticamente el fondo. Levante su libro y muévalo hacia la izquierda frente a sus ojos; obstruye el fondo que se encuentra a la izquierda. Este proceso es llamado obstrucción. Al mismo tiempo, descubre el fondo a la derecha; este proceso es llamado desobstrucción. La obstrucción y la desobstrucción informan sobre la dirección del movimiento de un objeto. 3. Tamaño de la imagen. El tamaño de la imagen también aumenta conforme uno se aproxima a los objetos y ellos se acercan a uno, como han descrito Regan, Beverley y Cynader (1979). Regan propone que la validez de los indicios monoculares, como el tamaño de la imagen, explica que algunos pilotos y jugadores sigan comportándose de manera efectiva después de haber perdido la visión de un ojo. Sus profesiones se basan en la percepción satisfactoria del movimiento, y tienen información suficiente de claves monoculares. 4. Paralaje del movimiento. El paralaje del movimiento, se presenta cuando usted mueve la cabeza y los objetos que se encuentran a distancias diferentes parecen moverse en diferentes direcciones. 5. Perspectiva del movimiento. La perspectiva del movimiento es un término más general que incluye al paralaje. Mientras usted maneja en la carretera, la perspectiva del movimiento hace que las imágenes de los objetos fluyan por su retina a tasas diferentes. Por ejemplo, si usted mira de frente los objetos cercanos a cualquier lado se deslizan con rapidez; los que se encuentran más alejados lo hacen más lentamente. La perspectiva del movimiento es, claramente, una fuente útil de información efectiva del movimiento. 6. Claves binoculares. La teoría de la descarga corolaria puede aplicarse a un ojo; la información del fondo, los procesos de oclusión y no oclusión, el tamaño de la imagen, el paralaje y la perspectiva del movimiento también pueden funcionar con visión de un ojo. Regan y sus colaboradores (1979) señalan que las claves binoculares son también muy útiles en la percepción del movimiento. Por ejemplo, conforme una pelota se mueve hacia usted, la imagen se mueve a la misma velocidad tanto en la retina derecha como en la izquierda. Ambas imágenes retinianas proporcionan información acerca de la dirección del movimiento. Aproximación computacional La aproximación computacional reconoce la riqueza de los estímulos visuales. Sustenta el concepto de que la percepción requiere de la solución de problemas. Y también intenta solucionar los problemas perceptuales con el conocimiento físico general, más que con el conocimiento específico de los objetos en el campo visual. El enfoque computacional proporciona modelos matemáticos para el cálculo del movimiento. Para percibir el movimiento, el sistema visual debe solucionar varios problemas incluyendo el de la correspondencia.

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ESTUDIO DEL DESARROLLO PERCEPTUAL EN NIÑOS William James, psicólogo estadounidense del siglo XIX, declaró que el mundo para un recién nacido es una "floreciente confusión" (James, 1890, p. 488). De acuerdo con este punto de vista, los niños recién nacidos abrían sus propios ojos y veían un caos sin patrón y no estructurado. En los últimos cien años, los psicólogos han revisado ampliamente sus ideas acerca de lo que perciben los niños. Ahora tenemos evidencia de que el recién nacido posee sistemas perceptuales notablemente buenos -mucho mejores de lo que los primeros investigadores habían imaginado. Aun los niños muy pequeños imponen una estructura al mundo, a diferencia del caos sugerido por James (Gibson, 1987). Es difícil evaluar las habilidades perceptuales de los niños, ya que sus habilidades verbales y motoras son tan limitadas que no pueden informarnos de sus capacidades perceptuales. Después de todo, un niño no puede decir "La figura que se encuentra del lado izquierdo está mucho más alejada". En investigaciones realizadas en diversas especies animales, como palomas y ratas, los psicólogos han tenido que desarrollar técnicas especiales para reunir información. De igual manera, los psicólogos se han visto forzados a inventar métodos para descubrir las capacidades perceptuales de los niños. Los resultados obtenidos son la principal razón de que nuestra evaluación acerca de la percepción infantil realizada en años recientes haya sido alterada. La mayoría de los métodos son variaciones de uno de los tres métodos básicos: el de preferencia, el de condicionamiento y el de habituación. Analizaremos cada uno de ellos en este capítulo. Al parecer, los niños no tienen graves desventajas con respecto a sus capacidades perceptuales, pero sí en su capacidad para informarnos de lo que pueden percibir. El problema de la comunicación no es el único al que se enfrentan los psicólogos del desarrollo. ¡Cambian tantas cosas al mismo tiempo en los niños pequeños! Los sentidos están interrelacionados; es más, muchas de nuestras capacidades perceptuales están interrelacionadas. Por ejemplo, anteriormente ya hemos señalado que la percepción de la luminosidad depende de la percepción de la profundidad. Así, en el niño ocurre el desarrollo simultáneo de varios sistemas interrelacionados. En otras palabras, muchas de las dificultades a las que se enfrentan los organismos en desarrollo, pueden deberse a diferentes tasas de desarrollo de los diversos sistemas perceptuales. Al resumir los resultados de algunas investigaciones recientes acerca de la percepción en niños, Eleanor Gibson (1987) ejemplifica las interrelaciones de los sentidos y los procesos de los sentidos. Ya hemos señalado los falsos conceptos que se pueden originar si se considera a los sentidos por separado, como pueden parecer al estar encasillados en capítulos dentro de un libro. Gibson nos proporciona evidencias de la unidad de los sentidos en la infancia al señalar que aún los recién nacidos buscarán un sonido y abrirán los ojos para ver hacia el sitio de donde provino. El movimiento de un objeto es importante para la percepción de la forma y la profundidad en los adultos, y el mismo concepto es válido para los niños (Gibson, 1987). En parte debido a esa información, el mundo del niño es tridimensional. Es más, como veremos en breve, en los niños están presentes muchas constancias. La percepción en el niño no es pasiva sino activa y exploradora; aun en el recién nacido (Gibson, 1987). Diversos estudios ejemplifican el grado al cual los niños se involucran de manera activa con el medio que los rodea. Un experimento realizado por Held y Hein (1963) proporciona fuerte evidencia acerca de la importancia de la interacción activa con el medio. Estos investigadores criaron dos gatos en condiciones de total obscuridad, durante varias semanas después de nacidos. Después de ese tiempo los gatos recibieron estimulación visual. Ambos gatos fueron expuestos al mismo mundo con un patrón de bandas verticales. Sin embargo, lo que resulta más importante, es que un gato interactuaba activamente con el medio y podía caminar librementre por él. Por el contrario, el otro gato interactuaba pasivamente y era guiado por el movimiento del primer gato. Luego, cuando fueron sometidos a pruebas, el gato activo presentó una percepción de la profundidad normal, pero el gato pasivo no. Por ejemplo, si usted toma un gato normal y lo pasea sobre una superficie plana como una tabla, éste extenderá las patas para conocer la superficie. El gato activo en el estudio de Held y Hein presentó este comportamiento; pero el pasivo no extendía las patas cuando era colocado en una superficie plana. Recuerde que ambos gatos tuvieron experiencias visuales idénticas y que sólo variaba el grado en el cual interactuaban activamente con el medio. Esta investigación demostró la importancia de la exploración activa para un desarrollo perceptual normal. VISION EN LA INFANCIA Nuestro análisis de la visión infantil incluirá diversos temas: capacidades visuales, percepción de la forma, percepción de la distancia y el movimiento, la constancia y la percepción del color. Capacidades visuales ¿Cómo se compara el equipo visual de un recién nacido con el de los adultos? La calidad óptica del ojo del niño pequeño parece ser bastante buena (Banks y Salapatek, 1983; Movshon y Van Sluyters, 1981); esto es, la córnea y el cristalino tienen la capacidad de enfocar una imagen sobre la retina. Sin embargo, la retina no está totalmente desarrollada. Los conos y los bastones en la periferia de la retina son bastante parecidos a los de los adultos. No obstante, los receptores en la fóvea son relativamente inmaduros (Abramov, Gordon, Hendrickson, Hainline, Dobson y La Bessiere, 1982; Banks y Salapatek, 1983). Como descubriremos, esta inmadurez tiene importantes implicaciones para la agudeza visual.

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Conforme nos movemos hacia niveles superiores del sistema visual, vemos que el núcleo geniculado lateral (NGL) ya está organizado en capas en el recién nacido, pero los cuerpos celulares en cada capa son más pequeños que en el adulto (Banks y Salapatek, 1983). Parece que las vías entre el NGL y la corteza -así como la corteza visual misma- no están totalmente desarrolladas en el momento del nacimiento (Maurer y Lewis, 1979). Sin embargo, el desarrollo avanza rápidamente; estas regiones están totalmente maduras a los 2 meses de edad. Cuando los oftalmólogos miden su agudeza, le pedirán a usted que nombre las letras que se encuentran en cada fila de la tabla de Snellen. Piense por un momento cómo trataría de medir la agudeza de un recién nacido. Como puede imaginarse, los primeros investigadores tuvieron dificultades al desarrollar una técnica de medición. Robert Fratz fue responsable de un cambio importante al medir la agudeza en el infante, utilizando el método de la preferencia. El método de la preferencia se basa en la idea de que si un niño pasa largo tiempo viendo una figura a preferencia de otra, entonces debe ser capaz de discriminar entre ambas (Spelke, 1985a). Los investigadores que utilizan el método de la preferencia tratan de descubrir la menor distancia en un patrón de bandas que un bebé preferirá, en lugar de un patrón gris uniforme de brillantez equivalente. Fantz (1961) colocó a los niños en una pequeña andadera dentro de una "cámara de observación" especial. Colocó pares de objetos de prueba -ligeramente separados uno de otro- en el techo de la cámara. El investigador podía ver los ojos de los niños a través de una mirilla. Reflejada en el centro del ojo, justo por arriba de la pupila, estaría la pequeña imagen del objeto de prueba que el niño estuviera mirando (por ejemplo, un patrón con bandas o un patrón gris). El tiempo que el niño pasaba mirando el patrón con bandas y el patrón gris era registrado. Por ejemplo, un niño podía mirar la mancha con bandas el 65% del tiempo y la mancha gris el 35%. Las sesiones de prueba fueron controladas cuidadosamente de manera que el patrón con bandas apareciera en el lado izquierdo del campo la mitad del tiempo y en el lado derecho la otra mitad, para garantizar que cualquier efecto de preferencia de posición no confundiera el estudio. ¿Qué nos dice la información acerca de los tiempos de observación? Si los niños fueran incapaces de notar la diferencia entre los dos objetos, entonces los dos tiempos de observación deberían ser casi equivalentes. Por ejemplo, el niño debería mirar una figura 48% del tiempo y a la otra el 52% restante. Sin embargo, si el niño mira una figura durante un tiempo consistentemente más largo (65% para el patrón con bandas y 35% para el patrón gris), podemos concluir que el niño puede notar la diferencia entre las dos figuras; esto es, la agudeza del niño es lo bastante buena para distinguir las bandas angostas de la mancha gris. Los estudios que utilizan el método de la preferencia de Fantz muestran que niños de un mes de edad pueden distinguir entre una mancha gris y bandas de 1.6 mm de ancho cuando ambas figuras son colocadas a 25 cm de distancia de los ojos del niño (Atkinson y Braddick, 1981). Esta agudeza, sería de 20/400, según la clasificación de Snellen, o del 5% aproximadamente de la agudeza del adulto. Aunque esta agudeza no es muy importante, es suficiente para proporcionar al niño cierta visión funcional. Es más, la agudeza de los niños no es muy afectada por el tamaño o la luminosidad de lo estímulos, mientras la luminosidad sea similar a la encontrada en condiciones de iluminación de día (Dobson, 1990). Percepción de formas Los niños perciben el mundo con objetos tridimensionales y el movimiento juega un papel importante en la percepción de la forma. Fantz (1961) demostró que los niños se interesan más por ciertos patrones que por los colores brillantes. Fantz presentó a niños de 2 a 3 meses de edad seis objetos de prueba: discos planos de 15 cm (6 pulg) de diámetro. Tres de éstos tenían algún patrón -una cara de algún personaje de caricatura, un patrón de palabras y un blanco de tiro. Los otros tres no presentaban nada, sólo eran de color rojo, amarillo fluorescente y blanco. Se presentaban los discos uno por uno y Fantz medía cuanto tiempo miraban los niños a cada objeto la primera vez que se les presentaba. El disco que tenía la cara del personaje de caricatura fue el ganador, seguido por el que tenía palabras y finalmente el del blanco. En investigaciones posteriores, Fantz y Yeh (1979) demostraron que conforme maduran los recién nacidos, cambian sus preferencias. Inicialmente, prefieren patrones simples con elementos muy contrastantes; a los 5 meses de edad, les gusta mirar objetos con variaciones sutiles en el contraste. Otros investigadores descubrieron que los niños pequeños generalmente presentan tres patrones de preferencia: 1) 2) 3) Prefieren patrones curvilíneos a patrones con rectas. Prefieren patrones concéntricos (como el del blanco de tiro) a no concéntricos. Prefieren diseños con orientaciones múltiples a diseños con todas las líneas en la misma orientación (Banks y Salapatek, 1983; Ruff y Birch, 1974).

También está claro que a los bebés les gusta mirar las caras humanas. Los psicólogos alguna vez pensaron que los niños nacían con una preferencia no aprendida por la cara humana. Investigaciones recientes sostienen que es poco probable que la preferencia por las caras sea innata. Por ejemplo, ciertos estudios sugieren que los recién nacidos prefieren mirar las caras porque éstas tienen un alto grado de contorno y se mueven. En efecto, otros objetos que tienen tanto contorno y movimiento capturan la atención del bebé como las caras (Flavell, 1985). Pero, por el contrario, los niños de dos meses presentan cierta preferencia por patrones parecidos a caras (Kleiner y Banks, 1987). En otra investigación acerca de la percepción de los niños se plantea una pregunta diferente: ¿Qué edad debe tener un niño para reconocer la cara de uno de sus padres? Los psicólogos habían sido pesimistas

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con respecto a la capacidad de los niños para reconocer las caras. De hecho, sostenían que los niños no podían establecer lazos sentimentales con sus padres hasta los 6 meses de edad, por lo menos, debido a que no podían distinguir a sus padres de los extraños. Sin embargo, algunos estudios más recientes han demostrado que hemos subestimado la habilidad de los niños; son capaces de realizar estas discriminaciones visuales entre el primer y tercer mes de vida (Barrera y Maurer, 1981; Bushnell, 1982; Ruff, 1982). En los últimos años, los psicólogos han descubierto que los niños son mucho más sorprendentes de lo que esperábamos, ya que pueden captar las expresiones faciales. Por ejemplo, Caron, Caron y Myers (1985) observaron que a los 7 meses de edad los niños podían distinguir entre expresiones faciales de felicidad y de sorpresa. Caron y sus colaboradores demostraron que cuando los bebés habían visto varias caras con expresiones de felicidad, era más probable que pusieran atención a una cara de sorpresa, que a otra de felicidad. También, los niños de 3 meses de edad prefieren ver caras que sonríen intensamente que las que lo hacen a medias (Kuchuk, Vibbert y Bornstein, 1986). Los padres que quieran captar la atención de su bebé deberán, por tanto, sonreír ampliamente, pero intercalar las sonrisas con algunas expresiones de asombro. Percepción de la distancia y el movimiento Un bebé de 10 meses gatea por un pasillo y se detiene frente a las escaleras, mirando hacia atrás y hacia los escalones. ¿Pueden los niños ver la profundidad? ¿Se dan cuenta de cuáles superficies están más alejadas de ellos?. Estas preguntas fueron planteadas por Gibson y Walk (1960), quienes midieron la percepción de la profundidad con un abismo visual. Un abismo visual es un aparato en el cual los niños deben escoger entre un lado que se ve más superficial y uno que parece más profundo. Los niños son colocados en un tablero central con una hoja de vidrio resistente que se extiende hacia ambos lados. En un lado, se ubica un patrón directamente debajo del cristal. En el otro, el mismo patrón de tablero de damas se coloca a cierta distancia por debajo del cristal. El aparato recibe el nombre de abismo visual debido a la pendiente aparente en el "lado profundo" del tablero. Para un adulto, el patrón de la parte superior se ve más alejado debido a que los elementos del dibujo son más pequeños. Gibson y Walk se preguntaron si la percepción de los niños sería similar. En un estudio, Gibson y Walk realizaron pruebas con 36 bebés entre los 6 y 14 meses de edad. Colocaron al bebé en el tablero central y le pidieron a su madre que lo llamara desde el lado superficial y el profundo. Gibson y Walk encontraron que 27 bebés se movieron del tablero central en algún momento durante el experimento, y que los 27 gatearon por lo menos en una ocasión sobre el lado superficial. Por el contrario, sólo tres bebés gatearon sobre el lado profundo. Así, los bebés de esa edad son capaces de discriminar entre la profundidad y lo superficial; su percepción de la profundidad está lo suficientemente bien desarrollada como para evitar el lado profundo, que representaba un riesgo potencial. Estudios posteriores también han demostrado que la experiencia al gatear se relaciona con la evitación del lado profundo de un abismo visual (Rader, Bausano y Richards, 1980; Richards y Rader, 1981). Ahora bien, el abismo visual se diseñó originalmente para realizar pruebas con niños que tuvieran la suficiente edad para gatear. Algunos investigadores, más tarde, midieron la percepción de la profundidad en términos de un cambio en la frecuencia cardíaca de los niños. Los de 2 a 4 meses de edad presentaron un mayor cambio en la frecuencia cardíaca cuando eran colocados sobre el lado profundo del abismo visual que cuando eran puestos sobre el superficial (Campos, Langer y Krowitz, 1970). En general, los bebés pueden utilizar la información binocular de profundidad a la edad de 4 o 5 meses (Banks y Salapatek, 1983; Fox, 1981; Yonas y Granrud, 1985). Esta también es la edad a la cual los bebés empiezan a darse cuenta de la información de profundidad que se muestran en fotografías (Kaufman, Maland y Yonas, 1981; Yonas, Cleaves y Pettersen, 1978). Cuando los bebés llegan a la edad de 6 meses, son expertos en saber que los dedos de sus pies están más alejados que sus rodillas, y que el móvil que se encuentra sobre su cuna está más cerca que el techo. Los bebés responden al movimiento desde que nacen. Goren, Sarty y Wu (1975) presentaron una gran variedad de caricaturas con formas de cara a bebés que tenían un promedio de 9 minutos de nacidos: de manera consistente los bebés volteaban para seguir el estímulo que se movía. A los 5 meses, pueden hacer discriminaciones relativamente sutiles de movimiento (Freedland y Dannemiller, 1987; Ruff, 1985). Por ejemplo, a esa edad pueden decir cuándo sus propios movimientos han producido un movimiento sobre la retina, en comparación con el movimiento producido por un objeto en el medio (Kellman, Gleitman y Spelke, 1987). Los bebés también advierten el movimiento biológico (es decir, el patrón de movimiento de los seres vivientes.) En algún momento entre los 6 y 9 meses de edad, los bebés desarrollan la capacidad para ver una exhibición de luces que se mueven y percibir que representan el movimiento de una persona (Bertenthal, Proffitt y Kramer, 1987; Bertenthal, Proffitt, Sspetner y Thomas, 1985; Fox y McDaniel, 1982). Así, los bebés nacen con la capacidad de notar un movimiento primitivo y la comprensión de las clases más sutiles de movimiento se desarrolla antes de que lleguen al año de edad. Percepción del color ¿Pueden ver los bebés el color? En general las evidencias sugieren que los niños de 1 y 2 meses de edad tienen dificultades al discriminar estímulos rojos o verdes de un fondo amarillo. Sin embargo, después de los 3 meses de edad, los bebés son tricrómatas. Los adultos habitualmente dividen al espectro en un número pequeño de colores básicos. Por ejemplo, consideremos el espectro de luz visible. Si pidiéramos a los adultos que dijeran el nombre del color de la luz de

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450 nm, casi todos responderían "azul". Si les pidiéramos que dijeran el nombre del color de la luz de 480 nm, seguirían respondiendo "azul". Sin embargo, la luz de 510 nm produciría la respuesta "verde". Observe que la luz de 480 nm está físicamente equidistante de la de 450 nm y de la de 510 nm (es decir, 30 nm). Sin embargo, la de 480 nm está más cercana psicológicamente a la de 450 nm que a la de 510 nm; después de todo, la gente responde "azul" tanto para la luz de 450 nm como para la de 480 nm, pero tiene una respuesta psicológica diferente ("verde") para la de 510 nm. Bornstein, Kessen y Weiskopf (1976) se preguntaron si los niños dividen el espectro de la misma manera. Por desgracia, uno no puede señalar una luz de 480 nm y esperar que un bebé diga de qué color es. En lugar de eso, Bornstein y sus colaboradores utilizaron el método de habituación. El método de habituación se basa en el fenómeno conocido como "habituación", que es una disminución en la atención ante una estimulación repetida. Cuando un bebé pone menos atención a un objeto que se le ha presentado varias veces, está demostrando que recuerda haber visto el objeto. Por ejemplo, suponga que presentamos repetidamente una luz de 480 nm a un bebé. Después de varias veces de presentarla, el bebé mostrará habituación y pondrá menos atención a la luz. Si posteriormente presentamos una luz de 680 nm, el bebé probablemente presentará deshabituación, o un incremento en el tiempo de observación. Aparentemente, la luz de 680 nm se ve diferente de la luz previa de 480 nm, de tal manera que el bebé le pondrá atención. Como hemos dicho, los adultos piensan que una luz de 510 nm se ve diferente de una de 480 nm, pero que una de 450 nm se parece mucho a una de 480 nm. Utilizando el método de 480 nm, Bornstein y sus colaboradores demostraron que un bebé de 4 meses coincide con las observaciones del adulto. Específicamente, hicieron que los bebés se habituaran a una luz de 480 nm. Más tarde, cuando presentaron una luz de 450 nm, los bebés la ignoraron, indicando que percibían que era del mismo color que la previa de 480 nm. Sin embargo, cuando se presentaba a los niños que habían sido habituados a una luz de 480 nm una de 510 nm, mostraron deshabituación; miraron la nueva luz. Esta deshabituación indica que percibieron que era de color diferente de la luz de 480 nm. Combinando esta información con datos obtenidos con otras longitudes de onda, Bornstein y sus colaboradores concluyeron que los mundos a color de los bebés y los adultos están organizados de manera similar. Los bebés, igual que los adultos, muestran una percepción categórica de los colores, y tratan de manera similar colores comprendibles en la misma categoría. Constancias perceptuales visuales La constancia del color parece ser el fenómeno más primario, menos dependiente del aprendizaje y más ligado a propiedades fisiológicas del sistema visual, y de más rápido desarrollo en el niño (las diferencias sobre juicios de brillo son similares en un niño de tres años y en un adulto, lo cual señala que en éste ya se ha completado su desarrollo). Por lo demás, la constancia del color parece presentarse desde niveles filogenéticos más arcaicos, tal vez desde el nivel de los peces, o sea que es común por lo menos a anfibios, reptiles, aves y mamíferos. La constancia del tamaño se desarrolla dependiendo con seguridad de los juicios sobre distancias. En sujetos adultos tiende a presentarse una supraconstancia. Probablemente, la constancia del tamaño se presenta al menos desde las aves, lo cual implicaría que depende del desarrollo de estructuras más recientes, como es la corteza cerebral. Por otra parte, la constancia de la forma es un fenómeno mucho más complejo, de desarrollo más lento y más dependiente de variables individuales (tiempo de observación, experiencia artística, inteligencia espacial, etc.). La constancia de la forma parece relacionarse con formas mucho más complejas y filogenéticamente recientes de percepción. Las ratas sólo después de un largo entrenamiento, logran identificar el mismo triángulo en diferentes posiciones o con distintos niveles de inclinación, aunque a nivel de los primates subhumanos aparece ya una adecuada constancia de la forma, unida a la posibilidad de realizar formas de aprendizaje intermodal o cruzado, es decir, la identificación de un objeto utilizando diferentes sistemas sensoriales. AUDICION EN LA INFANCIA Percepción de sonidos no articulados Aun antes de nacer, los bebés tienen muchas oportunidades de oír. La vida dentro del útero puede ser oscura, pero seguramente no es callada. Por ejemplo, el nivel sonoro a la altura de la cabeza del feto es de aproximadamente 80 dB, y la principal fuente de ruido es el pulso de la madre. Esta corresponde a la intensidad de música fuerte de una radio. Los ruidos que provienen del mundo exterior también llegan al feto; los sonidos de frecuencia baja pueden ser sólo 20 dB menos intensos dentro del útero (Morse y Cowan, 1982). Una mujer embarazada debería considerarlo dos veces antes de comprar boletos para un concierto de rock pesado, ya que el feto no puede usar protectores para los oídos. Analizamos la dificultad de determinar lo que puede ver un recién nacido; es aún más problemático determinar lo que puede escuchar. En la investigación realizada en el área visual podemos medir los movimientos de los ojos del niño o sus patrones de fijación; pero, no podemos medir directamente los "patrones de fijación" de los oídos (Aslin, Pisoni y Jusczyk, 1983). Por tanto, los métodos que analizamos en relación con la visión del niño deben modificarse para enfrentarse a los retos adicionales de la medición de la audición. Las habilidades auditivas de los niños son mucho más avanzadas que las visuales (Fernald, 1990). El sistema auditivo se desarrolla más tempranamente en el período prenatal. Por ejemplo, la trompa de Eustaquio

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se forma casi del todo diez semanas después de la fecundación, y los huesecillos (las estructuras óseas localizadas en el oído medio) han alcanzado su tamaño adulto y su forma aproximadamente 15 semanas después de la fecundación (Bredberg, 1985). Por lo tanto el oído medio e interno están relativamente bien desarrollados cuando el bebé nace (Walk, 1978). Sin embargo, los niveles superiores del procesamiento auditivo aún no están maduros, y continúan desarrollándose durante los primeros dos años de vida (Morse y Cowan, 1982). En general, los umbrales de la audición en los recién nacidos son de 10 a 20 dB más elevados que en los adultos (Aslin et al., 1983). A los 3 meses, los bebés son capaces de procesar sonidos de baja frecuencia tan bien como los adultos, y a los 6 meses tienen la capacidad de los adultos para discriminar los sonidos (Spetner y Olsho, 1990). También, los recién nacidos son más sensibles a ruidos complejos -los cuales son más parecidos a los sonidos en el medio que los rodea- que a tonos acústicamente puros (Haith y Ccampos, 1977). Uno de los hallazgos más impresionantes acerca de bebés pequeños es que pueden reconocer melodías cortas, aún cuando estas tonadas sean tocadas en tonos ligeramente más altos o bajos. Utilizando el método de habituación y deshabituación, Trehub (1985) demostró que los bebés de 2 meses ponían más atención a una melodía que era un arreglo de una tonada conocida de 6 notas, que a la misma melodía cuando era tocada en un tono ligeramente más alto o más bajo. Por lo tanto, la constancia de reconocimiento de la música empieza a desarrollarse muy tempranamente en la infancia. LA VISION Y LA AUDICION EN EL ADULTO MADURO Y EL ANCIANO Antes de examinar los cambios perceptuales durante el envejecimiento, necesitamos analizar un problema metodológico potencial en los estudios con ancianos. Frecuentemente es difícil localizar un grupo de gente joven que sea idéntica a un grupo de ancianos en todas sus características importantes a excepción de la edad. Por ejemplo, imagine que usted quiere saber si la sensibilidad a la audición disminuye durante el envejecimiento. Usted realiza una prueba a un grupo de estudiantes cuyo promedio de edad es de 19 años y a un grupo de residentes de un asilo con una edad promedio de 78 años, y encuentra que los estudiantes tienen una mayor sensibilidad auditiva. El problema consiste en que los dos grupos difieren no sólo con la edad, sino también en cierto número de variables extrañas o factores presentes que difieren en el grado en que se presentan en los dos grupos. Por ejemplo, los estudiantes probablemente sean más saludables que los residentes del asilo. Es más, los estudiantes casi seguramente han tenido más educación que la población general en un asilo. Muchos estudios fallan al igualar el nivel de educación o de inteligencia de la gente joven y anciana. Por ejemplo, Basowitz y Korchin (1957) utilizaron a médicos y enfermeras jóvenes para formar su grupo de jóvenes y la población de un asilo para formar el grupo de ancianos en un estudio acerca de las relaciones entre fondo y figura. Storand (1982) señala otra variable extraña: es más probable que los ancianos, especialmente los que viven en asilos, tomen medicamentos que interfieren con sus procesos perceptuales. Si los investigadores no controlan las variables extrañas como el estado de salud, el grado de educación y la ingesta de medicamentos, entonces cualquiera de las diferencias encontradas entre jóvenes y ancianos podría deberse a estos factores en lugar del factor crítico, los cambios en los procesos perceptuales que se presentan con el envejecimiento. En resumen, debemos ser cuidadosos al interpretar estudios que comparan jóvenes con ancianos, especialmente cuando otros factores pueden ser los responsables de algunas diferencias que se presentan en el desempeño. Sin embargo, algunos procesos sensoriales cambian claramente durante el envejecimiento. Conforme lee el resto de este capítulo, sería útil que considerara cómo sería su vida con estas alteraciones en sus experiencias perceptuales. ¿Qué trataría de hacer para compensar estos cambios? LA VISION EN EL ADULTO MADURO Y EN EL ANCIANO Capacidades visuales Conforme los humanos envejecen ocurren algunos cambios importantes en la estructura y el funcionamiento del sistema visual. Por ejemplo, el tamaño de la pupila disminuye. El cristalino también cambia de manera notable. Durante toda la vida el cristalino crece como una cebolla, agregando capa tras capa. Como resultado, el cristalino se hace bastante más grueso. Este engrosamiento, la disminución del tamaño de la pupila y otros cambios relacionados con la edad del ojo disminuyen la cantidad de luz que llega a la retina. De hecho, la retina de una persona de 60 años recibe sólo una tercera parte de luz que la retina de un joven de 20. El engrosamiento del cristalino tiene una influencia importante en la visión a color. Específicamente, las capas del cristalino están pigmentadas; conforme aumentan, los pigmentos absorben luz sobre todo en la porción azul del espectro. Como resultado, la percepción de los colores azules disminuye sistemáticamente mientras la gente envejece. La discriminación entre el amarillo y el blanco también es difícil. Así, las experiencias cotidianas con el color son en cierta medida modificadas, lo que tiene importantes implicaciones en ciertas actividades. El engrosamiento del cristalino tiene otra implicación para la visión, conforme el cristalino se engrosa, también se hace menos elástico. Por ello, los músculos oculares tienen dificultad para cambiar la forma del cristalino y que los objetos cercanos puedan verse, de lo que resulta la presencia de presbiopía. (El prefijo

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presbi significa viejo y opía se refiere a los ojos; por tanto, presbiopía literalmente significa "ojos viejos"). Quien antes era miope, ahora puede requerir de lentes bifocales. Los lentes bifocales constan de dos tipos de lentes, una lente superior para mejorar la visión de objetos distantes y una inferior que se utiliza para la lectura y otros trabajos realizados de cerca. La agudeza también tiende a disminuir conforme la gente envejece. Hasta cierto grado, esta disminución puede deberse a la pérdida de los pigmentos visuales en los fotorreceptores de los ancianos. Percepción visual Hemos analizado los cambios estructurales dentro del ojo que se presentan conforme la gente envejece; estos cambios pueden influir en las capacidades visuales básicas. ¿Los efectos del envejecimiento también influyen en los niveles superiores del procesamiento visual, en los aspectos de la visión habitualmente asociados con la percepción y no con la sensación? Desafortunadamente, se han efectuado bastante menos estudios acerca de la percepción en el anciano que en la infancia, así que nuestro conocimiento de la percepción visual en el anciano es incompleto. En general, los adultos mayores son más lentos para procesar la información visual que los adultos jóvenes. Esta lentitud se debe, al menos en parte, a la pérdida de las neuronas en la corteza visual de los ancianos. Audición en el adulto maduro y el anciano. En relación con la audición, el problema más común que se asocia con el envejecimiento es la presbiacusia. Técnicamente, presbiacusia significa una pérdida progresiva de la audición en ambos oídos para tonos de frecuencia elevada, y el término comprende una amplia variedad de alteraciones auditivas específicas. Entre una décima y una tercera parte de la gente mayor de 65 años tiene deficiencias auditivas debidas a presbiacusia. Así, un número importante de ancianos sufre de presbiacusia. De manera interesante, la incidencia de presbiacusia es diferente en las culturas que tienen menos exposición al ruido. La presbiacusia no es inevitable conforme la gente envejece, y su incidencia podría disminuir evitando los ruidos fuertes. La consecuencia más importante de la presbiacusia es que la gente tiene dificultades para percibir el habla. Una persona que escucha con presbiacusia es probable que confunda dos palabras que tienen una acústica similar, tales como sesenta y setenta. También, debido a que es difícil escuchar los fonemas /s/ y /z/ la gente con presbiacusia tendrá inevitablemente problemas para distinguir los plurales. En resumen, los más ancianos pueden entender bien el habla en un medio ideal y silencioso. Sin embargo, en un medio ruidoso o cuando la voz es distorsionada, los ancianos tienen más dificultad que los jóvenes para entender. FACTORES SOCIALES Y CULTURALES EN LA PERCEPCION Los fenómenos perceptuales han captado una notable proporción de los esfuerzos de investigación desde los orígenes mismos de la psicología. Algunas áreas como la psicofisiología y ciertas orientaciones teóricas como la gestalt y la teoría del campo y, en general, las teorías denominadas "cognoscitivistas", han hecho de los fenómenos perceptuales un fértil campo de estudio; sin embargo, la relación hipotética entre el proceso perceptual y los determinantes sociales y culturales no empezó a captar el interés de los investigadores de manera sistemática sino hasta bien avanzada la primera mitad de este siglo. Algunas excepciones notables, que revisaremos más adelante, no produjeron el desarrollo de la investigación en el área, como era de esperarse. Percepción y variables socioculturales La relación hipotética entre el contexto sociocultural, y en general ecológico, y los procesos de percepción, parten del supuesto de que algunos aspectos marginales de la percepción se pueden relacionar funcionalmente con el contexto ecológico del organismo; sin embargo, no parece válido considerar a la "cultura" en abstracto, como un determinante sui generis de algunas diferencias que se hacen manifiestas en la percepción. En este sentido, la hipótesis general más válida sostiene que, en algunos casos, la ecología física del ambiente y las condiciones de supervivencia relacionadas con ésta son las responsables de la variabilidad intercultural de los procesos de percepción. En otros casos es el ambiente visual el que adquiere propiedades distintivas, debidas éstas, en gran medida, a las propias actividades del hombre. En este caso, es la familiaridad diferencial con los objetos el que parece crear diferencias interculturales. En todo caso, sea que el conjunto de variables seleccionadas se relacionan con las condiciones de supervivencia y con la ecología física o con la adquisición de propiedades distintivas en términos de la familiaridad diferencial, es necesario reconocer que las interpretaciones perceptuales de los contextos ecológicos están anclados en la experiencia pasada del organismo. En términos generales parece existir evidencia que da apoyo a la conclusión de que la selección y organización de las percepciones está controlada, por lo menos en parte, por las mismas clases de

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contingencias de reforzamiento que determinan la conducta manifiesta. La percepción de estímulos puede considerarse como un acto instrumental más que como una respuesta pasiva simple a la estimulación. Algunos autores (por ejemplo, Tajfel, 1969) establecen diferencias entre el proceso perceptual propiamente dicho y el proceso cognoscitivo. La primera se define en términos de identificación, discriminación, reconocimiento y juicio de estímulos experienciados por el organismo a través de la información sensorial. Se diferenciaría de la cognición en que ésta tendría un mayor hincapié en procesos de pensamiento, decisión, elección e inferencia. Finalmente, resumiremos tres aspectos que han signado la investigación intercultural de la percepción y que se refieren a las características de la experiencia perceptual y las variables específicas seleccionadas del amplio espectro cultural. Los tres constituyen, en mayor o menor proporción, la fuente primordial de variables en la investigación transcultural de la percepción. Percepción de colores Una de las primeras investigaciones que se conoce es la de Woodworth (1910), en la cual trató de establecer el origen de las diferencias interculturales en la percepción de los colores. Partió de la observación de que algunas culturas carecían de nombres convencionales para ciertos colores. La investigación de los grupos nativos le permitió establecer a Woodworth cuatro estadios en el establecimiento de nombres para identificar distintos colores o diferentes gamas del mismo color. En el primer estadio, no existen palabras para designar los colores o sus variaciones; en una segunda fase, todos los objetos caracterizados por un color se identifican por el color de un objeto particular; en el tercer estadio, el nombre se hace abstracto en la medida en que no se asocia la palabra que lo designa con un objeto particular. Finalmente, en el cuarto estadio, el nombre se hace obsoleto para ser aplicado a un objeto, convirtiéndose en el nombre del color. Es notable en esta investigación el planteamiento implícito e indirecto del problema de si las diferencias interculturales en la percepción de colores se debe atribuir propiamente al proceso perceptual o al desarrollo mismo de los sistemas de notación. Ray (1953) intentó absolver el interrogante tratando de establecer si las diferencias perceptuales deben ser atribuidas a diferencias de orden fisiológico (pigmentación retiniana) o al desarrollo diferencial del lenguaje. Al estudiar 10 grupos culturales (nueve grupos indígenas estadounidenses y un grupo de blancos) encontró diferencias sustanciales en la forma de nominar los diferentes matices del espectro cromático. De hecho, pudo establecer que las palabras que designan colores no corresponden a la división natural del espectro. Fundamentándose en sus investigaciones, Ray concluyó que los sistemas de notación de los colores no se basan en aspectos pragmáticos (funcionales) y arbitrarios, que determinan la particular división del espectro. En general, dentro de los psicólogos sociales ha tendido a prevalecer la explicación de que las diferencias interculturales en la percepción de colores debe atribuirse a las diferencias en los sistemas de notación lingüística y a los factores de saliencia funcional y familiaridad; sin embargo, Bornstein (1973) intenta una explicación estrictamente física al sostener que algunas zonas geográficas se caracterizan por el predominio de cierto tipo de radiaciones, lo cual se traduce en diferencias en la percepción visual. Un balance de la situación actual de la investigación y análisis teórico de las diferencias de percepción de colores le ha permitido afirmar a Santoro (1976) que la naturaleza psicológica, fisiológica o lingüística de las diferencias está aún por demostrarse. Percepción de espacio e ilusiones geométricas Un buen cúmulo de la investigación reciente se ha concentrado sobre la susceptibilidad diferencial a cierto tipo de ilusiones geométricas; por ejemplo, Segall, Campbell y Herskovits (1963), al utilizar datos de quince sociedades han establecido diferencias sustanciales en la percepción del espacio gráficamente representado y de la susceptibilidad a la percepción de ilusiones geométricas. Para estos autores, los patrones diferenciales de respuestas perceptuales reflejan la adquisición de diferentes hábitos de inferencia perceptual que se relacionan con factores ecológicos y culturales del ambiente. Como ya hemos visto, la rectangularidad del ambiente es un factor que afecta la susceptibilidad a la ilusión Müller-Lyer y a la ilusión generada por el paralelogramo de Sander. Segall y colaboradores (1970) sugieren que los habitantes urbanos de Europa y de Estados Unidos tienen un mayor grado de rectangularidad en sus ambientes, que las personas de culturas no europeizadas. Los autores encontraron que los grupos europeos son más susceptibles a las ilusiones de Müller-Lyer y a la del paralelogramo de Sander. La ilusión vertical-horizontal se explicaría también por medio de la hipótesis ecológica, sugiriéndose que los habitantes de tierras planas son más susceptibles a esta ilusión en la medida en que observan frecuentemente extensiones horizontales y deben inferir distancias horizontales prolongadas de imágenes retinianas cortas; por lo contrario, las personas que viven en las selvas tropicales o en zonas montañosas serían menos susceptibles a la ilusión vertical-horizontal en la medida en que perciben verticalidad en los grandes árboles de los bosques tropicales o en las montañas. Allport y Pettigrew (1957) en una etapa experimental compararon grupos de zulúes primitivos, con zulúes "europeizados" y con europeos, en relación con la susceptibilidad a la ilusión del movimiento trapezoidal. Los hallazgos mostraron que los primeros son menos susceptibles a la ilusión de movimiento trapezoidal que los zulúes aculturados y menos aún que los europeos, hallazgo este que, según los autores citados apoya la teoría empirista de las diferencias perceptuales en la medida en que la ilusión trapezoidal debe atribuirse al aprendizaje y experiencia perceptual con los elementos de la ilusión. El hecho de que los zulúes carezcan en su repertorio verbal de términos para "cuadrado" o "rectángulo", pero sí para "redondo" o "círculo" indica una diferencia de experiencia previa y consecuentemente de aprendizaje de hábitos perceptuales.

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Brislin (1974) realizó una serie de tres experimentos, con el propósito de establecer la naturaleza de las diferencias de susceptibilidad a la ilusión de Ponzo (ver en la Fig. 28d un ejemplo de esta ilusión). Brislin utilizó señales adicionales (dibujando las paralelas sobre una fotografía, lo que da textura, plano y otras señales de profundidad), orientación física del sujeto, edad y cultura para contrastar la hipótesis ecológica con la hipótesis de diferencias en la pigmentación retiniana. Los sujetos (N = 422) fluctuaban entre los tres y los 22 años y vivían en Guam y en Estados Unidos; se les aplicaron varias formas de la ilusión: paralelas sobre líneas convergentes, paralelas sobre la fotografía de una carretera de ferrocarril, paralelas dibujadas sobre un campo de labranza, paralelas sobre once líneas convergentes con el ápice a la izquierda y paralelas con líneas convergentes dos hacia arriba, pero no superpuestas. En el análisis, Brislin indica que las diferencias interculturales establecidas a partir del análisis intracultural de los datos, evidencian la validez de la hipótesis ecológica, en la medida en que la susceptibilidad a las ilusiones aumentó con el incremento de señales adicionales, con la edad y en los grupos estadounidenses aumentó cuando la orientación se asemejó más a los estímulos reales del ambiente; disminuyó en el grupo de Guam que carece de tantas señales ecológicas adicionales. Percepción de profundidad Una característica de las sociedades literatas es la de la representación bidimensional (2D) de estímulos tridimensionales (3D). Desde edad temprana los niños están expuestos a imágenes 2D y son estimulados a representarlas gráficamente; sin embargo, este tipo de situación no se da de manera natural en las culturas no acostumbradas a la representación gráfica. La representación gráfica de escenas 3D requiere de utilizar ciertas convenciones gráficas. En consecuencia, la representación de profundidad en escenas 2D requiere de respuestas a estas señales convencionales. Tres de ellas se refieren exclusivamente a la forma: tamaño del objeto, sobreposición de objetos y perspectiva. Sinha y Shukla (1974) estudiaron el impacto de la deprivación familiar en la adquisición de destrezas en la percepción de profundidad. Para el efecto, investigaron a 125 niños de guarderías y orfanatos en la India, entre los tres y los seis años y medio. Los resultados pudieron de manifiesto una clara tendencia de desarrollo. La inteligencia se correlacionó positivamente con las puntuaciones obtenidas en la percepción de profundidad. Se encontraron efectos significativos de retardo en el grupo de niños de cinco a seis años y medio, pero no en los grupos de niños de tres a cuatro. Esta investigación permitió concluir que la falta de heterogeneidad ambiental y la deficiente estimulación de los orfanatos tiene el efecto general de retardar el desarrollo de la habilidad para la percepción de profundidad. Dawson, Young y Choi (1974) han establecido un modelo de desarrollo en el que se relacionan las tendencias de edad en la adquisición de la percepción 3D, con diferencias sexuales. En las muestras estudiadas por estos autores encontraron que la percepción 3D se incrementa entre los 3 y los 17 años y que los hombres son superiores a las mujeres a partir de los ocho años. Variables fisiológicas interactúan con variables culturales y educacionales, manifestándose en una mayor destreza de los hombres en la percepción de imágenes 3D a partir de estímulos 2D. El nivel socioeconómico bajo, la dependencia de campo, los patrones de crianza severo y las actitudes tradicionalistas están asociados, según el estudio de Dawson y colaboradores, con una menor destreza de percepción 3D. Omari y Cook (1972) sometieron a 40 niños de tercer grado de educación primaria, predominantemente negros, al examen de percepción de profundidad de Hudson (1960). En dicho estudio variaron la forma de presentación de la pregunta ante el estímulo para determinar la relación de las señales verbales con la respuesta de percepción de profundidad. La forma de pregunta se varió de la siguiente manera: "¿Cuál (parece) (está) (más lejano) (más cercano) de (usted) (hombre), el elefante o el antílope?". Estos autores encontraron que las diferencias en el desempeño de la percepción de profundidad eran estadísticamente significativas en relación con las diferencias en el modo de formular la pregunta. Así, la percepción de profundidad fue mayor cuando la pregunta se formulaba en términos de "más lejos". El resto de los efectos de interacción de variables no fue significativo. Los autores discuten sus resultados en términos de los sistemas de notación y de los factores de atención debido a las palabras de relación utilizadas en la pregunta.

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