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SEROS HISTORIA DB LA FILOSOFIA

28

LOS

EXIETENCIALISMOS:

CLAVES PARA SU COMPRENSION

PEDRO FONTAN JURERO

Catedrático dal I B «B&ntla|o Bobrtqué«» 4« 0« om

PAOLO 00 DE

(MJTAV1 FULLAT

Froftsor titular d« li Unhrtnidad Antónoiu dt tircelona

e n

C£l

EDITORIAL

OIHCBL

i I9SS. Pedro Fontán Jubero EDITORIAL CINCEL, S. A. Alberto Aguilera, 32. 26015 Madrid

ISBN: 84-7046-385-3 Depósito legal: M. 19.315-1985

Compuesto en Fernández Ciudad, S. L.

Impreso en Gráficas EMA. Miguel Yusic, 27

Im preso en E spaña - Prínted ín Spaín

LOS

EXISTENCIALISMOS:

CLAVIS

PIBA

BQ

COMPHMSIOH

AUTORES:

21

SCHOFENI1AUER

Y K.1EKKECAARD:

1.

¿QUE

ES

FILOSOFIA?

SENTI MI F-NTO Y P ASI O Sí

Y

Manuel Maccira»

LA SABIDURIA ORIENTAL:

EL

HOMBRE

SU

MUNDO

22.

Manuel M accinu Faftán

EL PENSAMIENTO

2.

DF. NIETZSC1IE

TAOISMO BUDISMO

l.Uii Jim éneí Morcfio

CONFUCIANISMO

23

FREUD Y IVNG:

Tomás Gracia Ib a n

Angel J. Cappelletti

DE LOS SOFISUTAS A PLATON:

24.

EXPLORADORES DEL

INCONSCIENTE

Antonio VAzqucz Fernández

EL KKAUS1SMO Y LA

J.

MITOLOGIA V FILOSOFIA;

4

LOS FRESOCRATIeos

INSTITUCION LIBRE-

POLITICA Y PENSAMIENTO

DE

A.

ENSEÑANZA

Jiménez García

Tomài Calvo

5.

ARISTOTELES:

Y

Io*é Montova y Jesús Conili

»ABI »URIA

FELICIDAD

25.

UNAMUNOr FILOSOFO

DE ENCHUCHADA

Manuel PadLIU Ñovgu

6.

7.

LA FILOSOFIA HELENISTICA:

ETICAS Y SISTEMAS Cario* García Cual

LA CULTURA CRISTIANA

Y

J.

SAN AGUSTIN

A. G arcía-Juncedí

2«.

27-

ORTEGA Y LA CULTURA

ESPAÑOLA

p.

HUSSERL Y LA CRISIS

J. Chamizo Domínguez

DE LA RAZON

Isidro Gúmcz Rotnero

B

EL PENSAMIENTO

HISPANOARABE; AVERROES

íí.

LOS EXIETENCIALISMOS;

CLAVES PARA SU

R.

R u n in

G uerrero

COMPRENSION

9.

TOMAS DE. AQUINO:

Pedro Fonl4n Jubcro

RAZON Y FE

DE OCKHAM A NEWTON;

29.

30-

MARCUSE. FROMM, RE1C1I:

EL FREUDOMARXISMO

y

UN HUMANISMO DEL

Catalina Rajas M or«\o

10.

lesúa García U p c i

Jusif T alxrner Guaxp

LA REVOLUCION DEL PENSAMIENTO CIENTIFICO Cario» M lnauez

SIGLO XX: F.L PEkSONALISMO

11.

EL RENACIMIENTO:

A.

Dominio M unialla

HUMANISMO Y SOCIBDAD

31

LA PSICOLOGIA HOY:

E.

EL RACIONALISMO Y LOS

García E tlébanez

32.

¿ORGANISMOS O MAQUINAS?

y

KL ESTRUCTURALISMO:

Concepción Pérez López

12.

Pilar Lavasa

PROBLEMAS DEL METODO Javier de Lorenzo

13.

EMPIRISMO E ILUSTRACION

DE LEVI-STRAUSS ADERRIDA

AnlutiiO Bolívar Baila

INGLESA: D E H O B B ES A HUME

I,

LA ILUSTRACION FRANCESA.

C. García-Borró«! M oni

33.

FILOSOFIA Y ANALISIS

14.

DEL LENGUAJE

ENTRE V0LTA1R2

J.

J, Attnu Fernández

Y ROUSSEAU

M.

CRITICA Y UTOPIA:

renlo C im a

A -

RANTOLA EXIGENCIA DIVINA

Mcrccdci T orrevelsná

HEGEL, FILOSOFO

.

ROMANTICO

u

LA ESCUELA DE FRANKFURT

.35.

15.

DE UNA RAZON MUNDANA

Adela Cortina LA CIENCIA

CONTEMPORANEA Y SUS

14.

IMPLICACIONES FILOSOFICAS

A. P^ntX de La borda

O

DEL SOCIALISMO UTOPICO

AL ANARQUISMO

Félix C a re » Mdrivúil '

rie t

D lu

. J

EL. EVOLUCIONISMO: DE

36

LA ULTIMA FILOSOFIA

COORDINADORES:

Carlot Díaz

DIRECCION EDITORIAL

Jos4 Rioja. Gómez

17.

ESPAÑOLA: UNA CRISIS

CRITICAMENTE EXPUESTA

]B.

MARX Y ENGELS:'

Carlos Díaz

EL MARXISMO GENUINO Rafael Jerez M lr

19,

20.

COMTE; POSITIVISMO "Y REVOLUCION DalnvacLo Negro Favóa

Manuel Macdras FafiJtn Manuel I'll<iIlla Noven

DARWIN A LA SOCIOBIOLOGIA

Rafael Graba H ernández

Indice

Prólogo de Octavi

Fullat 4,,

9

Cuadro cronológico com parado

12

1.

¿Qué es el exlstenclallsmo?

17

1.1.

El exietencialismo es el producto de una situación de crisis profunda

17

1.2.

El proceso de despersonalización en el plano filosóFico

18

1.3.

El proceso de despersonalización en el plano sociopolílico

19

1.4.

£1 proceso de despersonalización en el plano laboral

19

1.5.

La reacción existcncialista

20

1.6.

Hacia la recuperación de la subjetividad.

21

1.7.

Prioridad de la existencia sobre la esencia. 21

L8.

Prioridad de la vida sobre la razón

23

1.9.

ExistenciaLismo, vitalismo, marxismo

26

1.10, Existencialismo y religión

29

l-l l.

Fenomenología y existencialism o

33

1.12,

Los pensadores existencial i s ta s

35

2.

Sorcn K ierkegaard

39

2.1. Las tres esferas del e x is tir

 

39

2.2. Hegel y K ie rk e g aa rd

47

2.3. La existencia

religiosa

50

2.4. La paradoja,

la angustia, la n a d a

 

52

2.5. K ierkegaard y U n a m u n o

55

3. M artin H e id eg g e r

 

57

3.1.

Vida y escritos

ser

57

3 2 .

El problem a del scr

61

3.3.

El Das e in

62

3.4.

Existencia auténtica e inautèntica

63

3.5.

Los e x isten ciales

€7

3.6.

El olvido del ser en la historia de lafilo­

s o f i a

69

1.7.

La recuperación ontològica del

71

3.8v

Consecuencias del olvido del ser en el

m undo c o n te m p o rà n eo

73

3,9.

En torno al m alentendido ateísm odel

pensam iento h eid eg g erian o

75

4. Jean-Paul S artre

 

78

4.1.

Vida y escritos

 

78

4.2.

La intencionalidad de la conciencia

 

83

4.3.

El

en-sí y el p a ra -sí

 

84

4.4.

La

libertad

86

a)

La responsabilidad

£7

b)

La

a n g

u

s tia

89

c)

El c o m p ro m iso

 

89

d)

La m ala

fe

90

e)

A u te n tic id a d

 

90

4.5.

El absurdo

 

91

4.6.

S artre

y

H

e id eg g e r

 

92

4.7.

La segunda

fase del pensam iento sartria-

no; ¿proteism o o s ín te s is ?

 

94

K arl

5. J a s p e r s

 

99

5.1.

Vida y e s c r ito s

 

99

5.2.

La filosofía existencia lista de Jaspers;Da­ sein y E xistent

.

102

 

5 3,

La libertad

105

5.4.

Libertad y n e c e sid a d

,

106

5.5.

La com unicación

107

5.6.

La T rasc en d e n c ia

109

5.7.

La c i f r a

110

5.a.

El fracaso

112

6*

Gabriel M a rc e l

 

114

61.

Vida y e s c r ito s

114

6.2.

Ser y t e n e r

118

6.3.

Cicncia y filosofía: problem a y m isterio

119

6.4.

La experiencia existencia] jetividad

de

la

inte s u b ­

123

6.5.

La Trascendencia

124

7,

C o n clu sió n

 

126

7.L

¿E s posible definir el exis tendal ismo?

126

7.2.

El existcncialism o a c o s a d o

128

7.3,

La volatilización delexisten cialism o

130

Apéndice

133

 

1. C om entario

de un texto de Jean-Paul

S artre.

135

2. Dos

textos

existencialistas p ara com entar.

145

G

lo sa rlo

 

151

B

ib lio g rafía

 

158

Prólogo

Con el profesor Fontán llevo años de trabajo dedi­ cado a la producción de textos para las enseñanzas secundarias> Le conozco, pues, y en la tarea, precisa­ mente, que le ha ¡levado a producir este texto. No me maravilla, en consecuencia, el acierto con que ha tra­ tado el asunto del exietencialismo, cosa no tan fácil como al pronto pudiera parecerle a alguno. Pedro Fontán reúne dos condiciones m uy pertinen­ tes para el trabaja realizado. Por un lado, la especiali­ dad cursada en la universidad fue ta filosofía; por otro lado, ha andado siem pre ocupado e incluso preocu­ pado por las cuestiones pedagógicas. No basta conocer adecuadamente un tem a para comunicarlo a otros; se requiere, asim ism or poseer información en torno a estos otros y disponerr además, de instrumentos y ape­ ros que faciliten la comunicación con ellos.

las

no técnicas didácticas; se ha interrogado igualmente sobre

El autor de

este

libro

se

ha

contentado con

el

cación

tivas de poder (Ed, CEAC), Metamorfosis de

ción:

prospectiva

mism o

de

hecho

obras

educativo, tales com o

como

lo

prueba

publi­

y sus alterna­

la

la

La cscucla

(Ed.

e d u c a ­

socie­

Pedagogía

Edelvives), La

dad desescolarizada: anatom ía de un mito de nuestro tiem po (Ed. Edetvives). Este hecho le ha permitido disponer de perspectiva ante ta práctica educadora, cosa siem pre de agradecer por cuanto te libera a uno de! riesgo de la práctica per la práctica, deformación más peligrosa de ¡o que es costumbre admitir. La re­

flexión teórica acerca de lo educacional te ha empujado

la Universidad Autónoma de

texto

pensado para adolescentes y para novicios en el tema,

conviene subrayar ta práctica docente de Fontán. En­

el

año 1966. Su experiencia -le hace conocer tanto tos in­

tereses de tos alumnos como sus dificultades de com ­ prensión. La praxis docente, reflexionada en artículos

y libros, ha perm itido la elaboración de este trabajo

el

Pasemos

a exponer

5W5 ideas

en

Barcelona durante algunos cursos.

Pera,

por

encima

seña

filosofía

en

de

el

todo,

tratándose

de

un

Bachillerato

y

COV

desde

destinado

ha

tenido.

principalmente

El

cómo

a alumnos

pues,

como

tos

que

queda,

asegurado.

al qué.

La

Historia

de

ta

Filosofía

es

muy

vasta

y,

según

como

se

mire, es

incluso harto variopinta.

No

resulta

fácil, en consecuencia, entusiasmarse por igual con to­ das las corrientes de pensamiento. Y, tratándose de un texto para principiantes, resulta, en cambio, m uy pru­

dente que el autor del m ism o sienta como si te pettiz*

caran

el

alma

cuando

aborda

una

determinada

filo­

sofía.

E ste

arrebato

se

traduce

en

ensalmos

para

el

atumno

por

poco

m otivado

que

éste

esté

en

vistas

a

aquella concepción filosófica. Pues bien, el profesor Fontán padece el hechizo del interrogante sobre el cada quien. Algunos han resuelto la agonía *yo-iodosn a

base de suprim ir idealdel todos.

tener que el individuo se realiza cuando se acomoda a

ta

persona al sostener que, en caso de no coincidir, el bien de la Ciudad es superior al de cada ciudadano. Fontán padece el dolor de la lucha entre la colectivi­ dad y la conciencia singular; no elimina a ésta, sino que ta aprecia en su tragedia y se esfuerza en intetigir su terrible individualidad. Promotor de lo universal.

el yo en provecho — aunque sólo sea El m ism o Aristóteles, a pesar de sos­

la polis, no hace más que suprim ir ta autonomía de

Fontán no ha marginado, sin embargo, a cada cual, procurando entender a éste en su contradicción. Esta particular sensibilidad Je ha facilitado la captación del existencialismo y la transm isión del mism o. La obra está pensada en tres grandes bloques; el

eidos del existencialismo, las figuras prom inentes que

lo

encarnan y, finalmente, el ejercicio de la razón sobre

el

discurso existencial, con apoyo de vocabulario ade­

cuado, de cuadros cronológicos y

de bibliografía.

Los apartados primero y séptimo se ocupan directa­

mente de indagar qué es el existencialismo, buscando las características que perm itan detectar cuándo un texto es o no es exístencialista. Los apartados del dos al seis abordan los principales autores existencialistas, incluido el preexistencialista Kierkegaard. Siem pre ha­ brá quien discuta una lista, pero parece fuera de duda

que /os nombres

cel resultan indispensables. Estos sont precisamente,

los escritores presentados. El apartado octavo es emi­ nentem ente práctico. En él se lleva a cabo un análisis

de

en modelo y paradigma de otros posibles comentarios

a realizar por los alumnos. Se añaden, a continuación,

textos de Jaspers y de Heidegger, seguidos de pregun­

tas que invitan a m editar sobre el contenido. Enrique­

ce esta últim a

técnicos y de nombres de pensadores citados en la obra. Se añade una bibliografía general sobre et exis­ tencialismo y otras sobre cada uno de los cinco auto­ res tratados. Se trata de unas bibliografías ceñidas, pero pertinentes. Cierra el conjunto un cuadro crono­ lógico que da una visión comparada, por años, de la

filosofía exístencialista, de ¡os acontecimientos políti­ cos y de otros sucesos culturales/

hallamos ante una labor bien desear que sus resultados di­

de Heidegger, Sartre, Jaspers y Mar­

texto — en concreto de Sartre—, que se convierte

parte, además, un glosario de términos

Indiscutiblem ente nos

m e cabe

realizada. Sólo

dácticos sean óptimos.

Octavi Fullat

comparado

Cuadro cronológico

5

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comparado

cronológico

Cuadro

S a rtre ,

Jean-Paul

1980—Fallece

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¿Q ué

es el existenclalism o?

1.1. El existencialUnto es el producto de una situación de crisis profunda

Sin las fitosofias de la existencia sería imposible com­ prender el convulsivo horizonte del pensam iento con­ temporáneo. El penetrante tinte de sus análisis acerca de] dram a existencial humano, sus graves tonos metafí- sicos acerca de su finitud, su angustia desgarrada ante el absurdo de la m uerte, han dejado un rastro indele­ ble en el espíritu del siglo xx. Esta corriente filosófica alcanzó su plenitud en el con­ tinente europeo entre las dos guerras mundiales. Su onda sísmica sacudió el alma de varías generaciones de intelectuales. Y aún hoy, cuando el reflujo de su impacto se hace patente, permanece oculta su huella en la atmósfera general que impregna la conciencia del hombre actual. La filosofía existencial es el producto de una situa­ ción social y cultural de crisis profunda a consecuencia de la terrible ola de violencia y destrucción originada por las dos guerras mundiales, que sembraron la ruina

en todo^el planeta. Este sangriento

y la m uerte masiva

holocausto originó una inmensa crisis de conciencia y

de valores, patentizo c) dram a de la m uerte y la con­ goja de la finitud del hombre, desencadenó y puso súbi­

reflexión sobre el sentido exietencialismo constituye

una respuesta filosófica a este dcsolador m arco his­

tam ente en prim er plano la de la existencia hum ana. El

tórico. Consecuentem ente,

debe

considerarse como formando parte de un movimiento

la

filosofía

existencialista

general

de los espíritus, que no está únicam ente lim i­

tado al

dom inio estrictam ente filosófico, y que repre­

senta una profunda reacción contra el proceso paulatino de disolución de la persona hum ana que se había lle­

vado a cabo a lo largo de los últim os cien años. £1 exis- tencialism o representa el esfuerzo más colosal del hom ­

b re contem poráneo para recuperar

res de la persona humana frente al degradante proceso de despersonalización que se había iniciado de form a irreversible desde comienzos del siglo xix.

los valores singula­

i.2.

£1 proceso

en

de

despersonallzaclón

el plano filosófico

filosóficas

m ienzos del siglo XTX eran el idealismo * hegeliano y el

m aterialism o mecanicista *. Ambas, a pesar de sus plan­

team ientos radicalmente dispares, mantenían un único

criterio en común: considerar al

ser pasivo, inerte, carente de esencia propia. El materialismo mecanicisfa consideraba al hom bre

mero producto de las fuerzas de la m ateria y

todos los rasgos de su conducta podían explicarse por

como un

un

sujeto hum ano como

Las

dos

corrientes

más

pujantes de co­

m eras reacciones fisicoquímicas. El sujeto carecía de

libre Iniciativa y todas sus reacciones futuras podían

determ inarse previam ente m ediante leyes m atem ática­

m ente

los

hom bres reales y concretos sólo la m ateria de la his­

rigurosas.

El

idealismo

hegeliano,

por

otra

parte,

veía

en

* Los asteriscos hacen referencia a términos cuya explicación

hallará el Icciur en el Glosario que aparece al final del libro, pá­ gina LSI.

loria, el medio del que se servía la astucia de la Razón Universal para alcanzar su« objetivos. Si en el materialismo mecanicista el hombre se disol­

vía ante

la realidad m aterial, en el idealismo hegelmtto

quedaba aniquilado ante el Espíritu Absoluto. Y, así, el

singularidad y sus

hom bre concreto, el hom bre en su

cualidades personales, quedaba totalm ente fuera del

horizonte de la reflexión filosófica. Por este cam ino se fue llegando poco a poco a la total pérdida del hombre,

a la negación com pleta de su singular interioridad, de

sus anhelos y angustias especificas, de sus tareas y pro­ yectos existenciales particulares.

13.

El proceso de despersonaltzación

en el plano

soclopolítico

El auge espectacular de los totalitarism os políticos, de derecha o de izquierdas, en el panorama social eu­ ropeo, contribuyó notablem ente a la Funciona lización del hombre y a la degradación de la persona humana

en el ám bito de la vida com unitaria, su

creatividad y libre iniciativa. El individuo quedaba re­ ducido a una pieza anónim a de la gigantesca m áquina del Estado, regido por el solo ritm o y exigencias de ésta. Los estados totalitarios comunistas del este europeo,

al sustraerle,

o los estados fascistas del oeste, fueron lim itando las li­ bertades individuales de pensam iento o acción, acosan­

do con presión creciente los valores de rango perso­ nal, avanzando hacia un proceso de sofocante desper­ sonalización de todos los ciudadanos sometidos a sus órdenes autoritarias.

1.4.

El proceso en el plano

de

despersonallzación

laboral

Por otra parte, en los países capitaíistas^democrdticos el proceso de industrialización empobrecía la subjetivi­ dad humana en el plano Económico-laboral. La división del trabajo y el proceso de progresiva automatización

Inherente al desarrollo de la tecnología, deshumaniza­ ba al trabajador y Jo convertía en un simple objeto desustancia]izado dentro del gigantesco engranaje in­ dustrial de la sociedad de consumu. La sociedad de con­ sumo capitalista transform aba —con presión crecien­ te— a Los hom bres en cosas, y las cosas carecen de sin­

gularidad, de creatividad, de responsabilidad o libertad. Alienación del sujeto por razones políticas en los paí­ ses comunistas o fascistas, alienación del sujeto por razones económicas en los paises capitalistas. Por una

u o tra razón nadie podía escapar al amenazante proceso de despersonalización desencadenado por el desarrollo de la historia contemporánea.

1.5. La reacción exlstenclalista

Toda esta evolución (en la que se aunaban de form a insólita razones filosófica«, poli ticas y económicas) ame­ nazaba con la-ruina definitiva del hom bre concreto, su­

jeto

El existencialism o nació como una poderosa reacción frente a esta demencial tendencia y protagonizó una apasionada protesta contra la ruina del hombre, con­ tra su desin dividua lización y dcspcrsonalización cre­

ciente, contra el injusto desconocimiento de sus pecu­

creador y auto/responsable de su

devenir.

liaridades

lidad personal.

individuales, de su autonomía y

responsabi­

GENESIS DEL EXISTENCIALISMO

A) Plano del pensamiento

» M aterialismo mecanicistal

J

desperso- "'*■

nallzación

* Idealism o hegeliano

del sujeto

Reacción

existen­

B) Plano de la realidad

>eia!isla

* Totalitarismos politicos •\

(afirmación

(fascismo y comunismo) 1

desperso­

del sujeto)

* Maqulnizaclón y auioma->

nalización

tización económica

I

delsujeLo

(capitalismo)

J

1.6.

Hacia la recuperación de la subjetividad

La filosofía existencia]ista iniciará, por esta razón, un proceso de subjetivización del pensamiento. Reflexiona­ rá desde la perspectiva del actor, en lugar de hacerlo, como era habitual en la filosofía tradicional, desde el ángulo del espectador. Los filósofos anteriores al mo­ vimiento existencialista escribían de forma objetiva, expresando sus argum entos de forma fría e impersonal,

no

como personas concretas

sum ergidas en la angustia

de

sus situaciones

hum anas

particulares y sus proble*

mas específicos. Con frecuencia la filosofía de los existencialistas se funde con su biografía y su pensam iento, se Impregna con el calor de sus emociones del momento. La actitud distante que los filósofos del pasado acostum braban a adoptar ante su filosofía, con la finalidad intelectual de darle objetividad y universalidad, se esfuma ante los

existcacialistas. Sus reflexiones, por lo general, brotan de una experiencia personal vivida, en contraste con las especulaciones tradicionales del pensar filosófico fruto de una consideración abiertam ente académica y des­ apasionada.

tiene el m érito de haber contra­

rrestado, m ediante el susodicho proceder, las tenden* cias excesivamente objet¡vistas de su época r que consi­ deraba al hom bre desde fuera, como un simple elemen­ to del m undo, y no veía en él m ás que una cosa entre las cosas, desprovista de intimidad, singularidad y ta­ lante particular.

El

existencialismo

1.7.

Prioridad

de la existencia

sobre la esencia

La metafísica clásica había establecido la distinción entre la esencia y la existencia , La esencia es lo que un ser es: esto es un caballo; aquello es una mesa; yo soy un hombre. La esencia no expresa todo lo que es un ser; única­ m ente hace referencia a lo que dicho ser tiene en co~

m ún con los demás seres de la misma especie. Aristóte­ les *, por ejemplo, definía al hom bre como animal ra­ cionaL Esta sería la esencia del hombre. Es decir, aque­

prescindiendo de

los rasgos singulares de cada hombre en particular, de Pedro, Luis o Melchor. La esencia, por otra parte, no implica ni supone la existencia del ser definido. Puedo definir perfectam en­ te, p o r ejemplo, la esencia del centauro. Pero el centau­ ro no existe. Hay esencias no existentes. Una esencia tiene La posibilidad de existir. Gracias a la existencia dicha posibilidad se realiza. Platón * y sus seguidores consideraban que la esencia

era anterior a la existencia. Y, en general, toda la filo­ sofía occidental ha sido una filosofía fundam entalmente esencialiáta: ha concedido más importancia a la esencia que a La existencia. El existencialismo, por el contrarío, y como su

b re indica, es la doctrina que afirm a la prioridad

existencia en relación con la esencia respecto a la na­

turaleza humana* Las cosas, los objetos, es indudable que tienen esencia, y podemos preguntarnos, por ejem­

plo, Lo que

no puedo preguntarm e lo que es, sino sólo ¿quién es? En el hombre, según los existencialistas, prim a la exis­ tencia sobre La esencia. La existencia es previa a la esen­

cia. Es decir, el hom bre no tiene esencia prefijada, sino que él libremente se la constituye a lo Largo de las vici­ situdes de su existencia en el mundo.

llo que los hom bres tienen en común,

nom ­

de la

es la mesa o el lápiz. Pero acerca del hom bre

Platonismo:

Prioridad de la esencia sobre la existencia.

Existenciútismo:

Prioridad de la existencia sobre la esencia.

La actitud antiesencialista del existenclalista resulta plenam ente comprensible dentro de las coordenadas en las que lo hemos encuadrado. La filosofía esencial ista occidental, utilizando la razón abstracta, definía me­ diante las esencias. Se quedaba, así, con lo común, con lo universal, prescindiendo de lo singular, de Lo particu­

la r Perú hemos dicho que el existencialismo, con su

reacción subje ti vista, se interesaba por recuperar aque­ llo que de propio, o singular, tiene cada persona. Es decir, aquello que por definición escapa siempre al esen- cialismo. A la esencia se le escapa, se le escurre siem ­

m ás interesa al existencialista: captar

pre, aquello que

lo más singular, lo más subjetivo del sujeto, que es lo más valioso de élr

Para el csencialismo lo que define al hom bre es lo co­

m ún (la esencia). Para el existencialismo, lo que lo de­

fine, por el contrario, es lo singular, lo que lo diferencia radicalmente de todos los demás hom bres que han exis­ tido, que existen o que existirán. Es decir, aquello que es irreductible a la esencia: mi existencia. Frente a la tendencia a unlversalizar al hom bre diante la razón, propia de 1a filosofía esencialista que recorre el pensam iento occidental desde Platón hasta Hegel *, el existencialism o tratará de singularizarlo m e­ diante la existencia.

me­

1.8.

Prioridad de la vida sobre la razón

La filosofía occidental, desde Descartes * hasta He­ gel, con su actitud racionalista, había sobrevalorado ex­ cesivamente la razón en detrim ento de las restantes facultades del espíritu humano. El panlogismo de Hegel había llegado a afirm ar que todo lo real es racional y todo lo racional es real. La patológica reducción del espíritu a razón, la hiper- racionaliiación de la vida anímica y espiritual am ena­

zaba con sofocar la espontaneidad

y la capacidad intuitiva. La razón —lógica, fría, obje­

de Jos sentim ientos

tiva, calculadora— destruye Ja vida. Es el resultado ló­ gico al que nuestra cultura llegaba bajo el dom inio unilateral de la lógica cartesiana. El existencialismo debe entenderse también, en gran parte, como una reacción frente a esta tendencia anti­ vital. Para el hegelianismo todas las cosas debían ser explicadas racionalm ente: para el existencialismo las co­ sas no deben ser explicadas, sino vividas.

Mi vida, mi existencia particular no tiene por qué

subordinarse a los dictados de la razón. En todo caso la razón está al servicio de mi existencia. La existencia es un valor irreductible porque es el prim er valor. Uno de los grandes m éritos del cxistencialismo es el haber re-descubierto, contra Descartes y toda especie de ra­ cionalismo * posterior, el carácter prioritario, irreduc­ tible, de la existencia. Hay vivencias existendales que

no pueden ser com prendidas por un saber, que no pue­ den ser reducidas a un conocimiento objetivo.

Las verdades objetivas y universales, de la razón abs­

tracta, no interesan a los existencia listas. Cada cual debe

buscar, en todo caso, su verdad subjetiva, parcial y par­ ticular. Es necesario encontrar mi verdad singular, fru­ to de mis vivencias existenciales, no la verdad objetiva de las definiciones esenciales de la razón filosófica. E sta, m ediante la utilización de los conceptos abstrac­ tos, presenta a la inteligencia un objeto universal, el cual se realiza en una m ultitud indefinida de sujetos. Deja escapar, pues —en todo momento—, la existencia y la individualidad. Más aún, rechaza, desecha todo lo que es de naturaleza existcncial con objeto de quedarse

con la esencia común,- El existente, por tanto, escapa por naturaleza al pen­ sam iento abstracto, a las definiciones esenciales de ta razón; es, pues, im pensable, irrazonable, ilógico o mis­ terioso. No puede ser captado por la razón, sino por

una

ción singular del sujeto protagonista de su propio pro­

yecto

experiencia personal concreta o

existencial.

por alguna

intui­

Y esto es así porque, en realidad, todo conocimiento

es objetivo; puedo, pues, conocer un objeto, pero en ningún caso al sujeto humano. Por definición un sujeto no puede ser objeto. Al intentar objetivar al sujeto lo desubjetivizo, es decir, lo elimino, lo destruyo, lo pul­ verizo. Me quedo sin nada. La razón fracasa ante el sujeto. El sujeto está m ás allá de la razón conceptual. Es irracional o transracional. Es incognoscible, no pue* de ser conocido, sino —en todo caso— existido en su m isteriosa incognoscibilidad.

No hay

que unlversalizar al hom bre m ediante la ra­

zón, sino singularizarlo m ediante su existencia.

EXISTENCIALISMO VERSUS HEGELIANISMO

BIPOLARIDADES FUNDAMENTALES

r

ii

n i

IV

V

VI

VII

v ii r

HEGELIANISMO

Prioridad de la esencia sobre la existencia.

EX ISTENCIALISMO

Prioridad de la existen­ cia sobre la esencia.

Racionalización

de la

Vitalizad ón del pensa­

 

vida.

miento.

El

pensamiento

abs­

La Intuición de viven­

tracto como método

cias singulares como

de conocimiento.

método de conoci­

 

miento.

i

Hiperracional ización. I i-racionalismo.

La razón conceptual.

El sentimiento existen­ cia!.

Búsqueda de

lo gene­

ral, de lo común, de

lo universal.

El hombre abstracto.

La verdad universal.

' Búsqueda de lo singu­ lar, lo especifico, lo peculiar de cada cuaL

El hombre concreto, de carne y hueso.

Mi verdad particular.

El existencialismo representa, pues, una abierta pro­ testa contra la fe incondicional en el poder Ilimitado de la rabión propio de la época de la ilustración Creencia que, en el fondo, no dejaba de ser irracional puesto que la experiencia misma dem uestra que los poderes de la razón tienen unos límites infranqueables y que la m a­

lógica,

nera

abarca sólo un sector reducido de la realidad hum ana.

De modo que el exagerado Insistir en lo racional fue

sustituido por

irracional por parte de los existencialistas.

una insistencia tam bién exagerada, en lo

de

pensar

puram ente

racional,

científica,

1.9.

Exlstenclalismo, vitalismo, marxismo

Em pero no es el exietencialismo la única corriente de pensam iento que reaccionó contra el panlogismo he-

gcliano e inició una ruptura con la filosofía occidental

desde Platón hasta

El m arxism o * y el vitalismo significaron, también,

otros no m enos im portantes frentes de acción reactiva frente al proceso hiperracionalizador del idealismo he­ geliano. Nieizsche *, creador del vitalismo» com parte con Kier­

kegaard —el prim er

mación categórica de la vida frente al intento obsesivo

de racionalizarla por parte de Hegel.

Por o tra parte, Marx com parte con Kierkegaard —a

Hegcl,

filósofo existencialista— la afir­

pesar del carácter diam etralm ente opuesto de sus

filo­

sofías en otros ám bitos— el rechazo de la actitud

teo­

rética y especulativa del sistem a hegeliano. Exi&ten- cialismo y marxismo convergen en su denuncia insis­ tente contra la despersonalización del hombre bajo la creciente presión de los autom atism os socioeconómicos del sistema capitalista imperante. Con K ierkegaard, Nietzsche y Marx soplaron vientos

nuevos en el horizonte europeo, y la filosofía descendió del ciclo de las ideas a la realidad mundana del hom bre inm erso en sus problem as vitales. Pero cuando Nietzsche habla de la vida, cuando afir­ ma el derecho de la vida frente al despotismo de la razón ab stracta o de la moral universal, se refiere a la vida biológica com ún a todos los hombres; y cuando Carlos Marx denuncia valientem ente la explotación del hom bre por el hom bre, se refiere a lo que los hombres de una clase social tienen en común (la burguesía) fren­

te a los hom bres

de o tra clase social (el proletariado),

sin atender a los caracteres específicos de cada indivi­ duo en particular. El existencialism o, en cambio, según hemos ya dicho» representa una llamada a aquellos rasgos que singula­ rizan a cada sujeto y lo hacen, de alguna manera, único e insustituible en el universo. Kierkegaard subrayó, so» bre todo, la singularidad de mi existencia concreta y, consiguientem ente, la irrepctibilidad de la existencia de

cada individuo en su situación vital. Así se convirtió Kicrkegaard en el precursor del exietencialismo del si­ glo xx.

1*10.

Existendalism o y religión

El existencialismo debe entenderse, por otra parte, como un intento —más o menos afortunado— de cubrir el vacío dejado p o r el derrum be del cristianism o en el seno de la filosofía contemporánea. El ateísmo defen­ dido p o r Marx y Nietzsche en el siglo xix, se fue exten* diendo con ím petu a lo largo del siglo xx. Nietzschc, con su aguda intuición, lo había profetizado de m anera asombrosa:

El mayor de los recientes acontecimientos —la muerte de Dios, o dicho de otro modo, el hecho de que ¡a fe en el Dios cristiano ha dejado de ser plau­ sibleempieza ya a proyectar sus primeras sombras sobre Europa. Pocas personas, ciertamente, tienen la - visión lo suficientemente aguda, la desconfianza lo su­ ficientemente despierta como para ver semejante es pectdculo; por lo menost les parece a éstos, que un sol acaba de hundirse en su ocaso, que una antigua y profunda conciencia se ha mudado en duda: cada día que pasa nuesiro viejo mundo les parece cada vez más nocturno, más sospechosa, más extraño, más trasnochado. Pero puede decirse, de modo general, que el acontecimiento es demasiado enorme, dema­ siado lejano, demasiado exterior a las concepciones de la masa para tener el derecho de considerar que la noticia de este hecho —digo simplemente la noti­ ciahaya llegada a las conciencias; para tener el derecho de pensar, con mayor razón, que muchas per­ sonas ya se han dado cuenta perfecta de lo que ha sucedido y de todo lo que va a desmoronarse ahora que ha sido socavada esta fe que era la base, el apo­ yo, la tierra donde crecían tantas cosas: entre otras toda la moral europea.

( N i e t z s c h e :

1973t La voluntad de poder, p , 3 4 3 )

En efecto, Nietzsche descubrió que el ateísm o tran s­

form aría

profundam ente

la

vida

del hom bre

sobre

la

tierra, dado que Dios era el fundam ento de la moral, la verdad, la religión, las costum bres europeas. Y con la m uerte de Dios todo esto se derrum baba. Esto originó una profunda crisis, una conmoción de las conciencias, un vacío metafisico de gran am plitud. Se desmoronaban las creencias espirituales del pasado que servían de tabla de salvación para los hombres. Y,

derrum baba tam bién la seguridad

material ante la salvaje em bestida de la prim era guerra mundial y de la consiguiente crisis económica poste­ rior al crack del año 1929,

Los tem as centrales del existencialismo nacen como respuesta a esta profunda doble crisis —espiritual y m aterial—, crisis profunda y profundam ente vivida de un mundo desgarrado, de un mundo en un callejón sin salida, de un m undo absurdo, pero tam bién de la rebe­ lión contra este absurdo y del intento desesperado de darle un sentido, un significado íntimo y personal que sirviera de tabla de salvación.

al mismo tiempo, se

también,

en cierta m anera, como

dos aquellos que habían perdido su confianza en la re­ ligión tradicional. Por esta razón el existencialismo abor­ dó los problem as propios de la religión (la contingen­

cia, la culpa, la libertad, la nada, el comprom iso, la autenticidad), y les dio un tratam iento filosófico.

El existencialismo.

pues,

debe

entenderse

una vía de salvación para to­

Los existenciaüstas hacen una llam ada al hom bre singular, a cada persona humana, para que no exista simplemente, para que no lleve una vida anónima, vul­ gar, inautèntica, y para que no se contente con cual­

quier cosa periférica, sino que deje muy lejos el m ero existir im personal, se distancie de todos los contenidos uniformizado res del m undo exterior, se aislé, y, a la vista de la nada que entonces se le m anifestará a causa de la ausencia de cualquier esencia preconcebida que

le obligue a com portarse de alguna m anera

nada, procure buscar un centro de actividad persona- Ifsimo y por medio de una entrega incondicionada trate de configurarse y realizarse a sí mismo, conseguir la autenticidad y, de esta m anera, existir como una perso­ na humana.

determ i­

El hombre tiene, pues, que realizar una elección en* tre un-doble modo de existencia: una existencia falsa,

sin ex-sistencia, la existencia de la inautenticidad; y el otro modo de Ja existencia, la existencia verdadera, la existencia de la La existencia inautèntica es estar caído y perdido en

el mundo, en la cotidianidad, en la rutina diaria, deján­

por los acontecimientos. Es la

actitud de la masa, del hombre masa, irresponsable c inconsciente; no ha encontrado todavía el verdadero yo,

la fuente de creatividad que emana del sí mismo.

La sociedad contem poránea arrastra a los hom bres hacia la existencia inautèntica. Ortega y Gasset * ya afirmaba que desde mediados del siglo últim o se adver­ tía en Europa una progresiva publicación de la vida; la

existencia privada, oculta o solitaria, cerrada al público,

al

recogerse sobre sí mismo para descubrir nuestra ideñti- dad, es un logro verdaderam ente penoso para el hom bre de la sociedad occidental. La sociedad de consumo nos hace vivir volcados hacia una perm anente extraversión.

Frente a esta tendencia despersonalizadora, los_exis- tencialistas_p.rpponcn la existencia auténtica. El ex-sistir como existir de la autenticidad y del ser de sí mismo sólo es realizable en la soledad. En la soledad nos re­ encontramos a nosotros mismos, y sólo después será posible, en todo caso, la auténtica comunicación con los demás. Por otra parte, la existencia hum ana se desarrolla en la temporalidad. Mediante nuestros planes, expec­ tativas y proyectos el Futuro se aloja en el presente y lo conforma activam ente. Asimismo el pasado sigue, siempre, de alguna m anera, operando sobre el presente. F.I existir tiene, pues, en todo momento, tres dim ensio­ nes: abraza al m ismo tiempo en su estructura el pasa­ do, el presente y el futuro. El hombre es, así, un ser tem poral, histórico, Pero el hombre nace en un momento determinado de la histo­ ria, en una situación concreta, que pesa sobre él y limi­

ta su acción. La existencia del hombre no puede escapar

a su radical tem poralidad que lo limita ineluctable­

dose llevar pasivam ente

gentío, se va haciendo cada

vez más difícil. M editar,

mente. La experiencia de su radical finitud sumerge al exis tente ante la situación dolo rosa y dram ática de sus limitaciones infranqueables. E ntre las situaciones límites de la finitud humana, la extrem a y últim a que ha de realizar forzosamente todo hom bre es la m uerte. Al final de mi vida veo que me espera inevitablem ente esta m uerte mía, que im­ pregna de finitud todo el horizonte que me rodea. Su presencia am enazadora me sumerge en el tem or y la angustia. Mi existencia no es otra cosa que el ir al en­ cuentro de la m uerte. Ante tal realidad se derrum ba la tranquilidad y todo posible sosiego. Se desvanece la esperanza. El existente se enfrenta ante la nada. Pero la conciencia dram ática de mi finitud, de la nada de mi existencia, no debe ser rehuida. Todo lo contrarío. Pues me sitúa en el buen camino, en la senda de la existencia auténtica. En efecto, cuando el existente llega a tener conciencia de su situación, a vivir la angustia, entonces se despierta de todas las falsas ilusiones y se­

guridades, de

auténticam ente ante sí mismo y conducido a una perso­

nal fsima decisión y realización de sí mismo frente al absurdo del m undo sin sentido que le rodea. Sobre la base de la existencia auténtica, el hombre actualiza su libertad. Deviene creador de valores sub-

su situación

masificada, y se ye situado

EL HOMBRE TIENE DOS ALTERNATIVAS ANTE SU EXISTENCIA

''autentica:

EXISTENCIAS

El sujeto afronta libremen­

te, abiertamente, el sin sen­ tido del mundo, el absur­ do de la muerte, y adopta una respuesta personal (si­ ma, creadora de valores * propios,

xnautehtica: El sujeto renuncia a la liber­

tad; adopta respuestas me­ cánicas, anónimas, estereo­ tipadas;_5c limita a una vida

L vegetativa, falsa, anodina.

jet ivos ante un m undo absurdo, sin sentido, sin esen­

cias objetivas y universales. El existente, entonces, ante

el vértigo de la nada porque no es nada, porque está des­

tinado a la nada, porque ni Dios ni el mundo le obligan

a nada, experimenta con angustia su radical libertad.

Y, desde ella, erigirá su proyecto, suyo, propio, personal, sometido siempre a revisión bajo su responsabilidad y ante las nuevas contingencias que le sobrevengan, pero

a su definitiva disolución

condenado irrem isiblem ente ante la nada.

1.11.

Fenomenología y existencialismo

Hasta ahora hem os visto que los filósofos existencia-

listas se interesan

humana considerada bajo la luz dram ática del contexto

fundam entalm ente por la existencia

político, social,

filosófico y religioso del m om ento

his­

tórico.

-

 

existen-

cialista no se agota en esta angustiosa y patética pre­

Unicamente el pensam iento de K ierkegaard

podría explicarse y agotarse dentro

este dram atism o semirreligioso. Pero Stiren Kierkegaard

existenciali&ta

del

todo

sino un

estricto,

no

de los lím ites de

ocupación,

No

obstante,

el

contenido

det

pensam iento

es

un

pensador

m ero

en

sentido

precursor

existencialismo,

En

caso

puede

afirm arse

que

el

intelectual

danés

funda

la

escuela

existencialista

en

cuanto

aporta

el

trans­

a n d o , la atm ósfera, las ideas de las cuales se nutrirán sus sucesores del siglo xx. Pero Kierkegaard no puede

ser aún considerado un filósofo existencialista por la

simple

Kierkegaard es a la vez literaria, teológica, m oral, reli­ giosa y m ística, pero no filosófica. Pues toda obra filo­

de

razón de

que

él

no

es

un

filósofo. La obra

uso

coherente y sistem ático

Y en Kierkegaard no se

todo filosófico. La filosofía existencialista

cerá cuando los

existencial hasta aquí expuesta, encuentren un m étodo filosófico que-les sirva de guía fehaciente para sus aná-

tem ática

sófica

requiere,

para

ser

tal,

de

un

método,

del

de un método de pensamiento.

encuentra rastro alguno de m é­

propiamente dicha

apare­

im pregnados de la

filósofos

lisis. Para ello hubo que esperar hasta la prim era déca­

da

del

siglo

XX,

cuando

el

filósofo

alemán

Edm und

H usserl * creó

la

fenomenologia,

 

H usserl no era existencialista, sino que se desenvolvía

dentro de la òrbita del esencial ismo. Pero profesó un mè­

investigación, el método fenome­

todo

muy curioso

de

nològico, que por sus propias características se acoplaba bastante bien a los objetivos de la temática existencia- lista. El m étodo fenomenològico rehusaba encerrarse en presupuestos abstractos, y encaminaba su esfuerzo filosófico en describir exactamente los fenómenos tales

com o aparecen a

estudio del hecho concreto, deducción ni interpretación

la conciencia. No autorizaba, para el

alguna;

la

filosofía

debía

lim itarse

a

describir

lo

In­

mediato.

1.

2,

Doctrina de la existencia de Sòren Kierkegaard

(1813-1855)

v.filosofía existencialista Método fÉnomenológico-~~^~^

de

( 1859-1938)

Edm und

Husserl

Pues bien, este m étodo perm itió —por fin— d ar una

form a rigurosam ente filosófica a Las intuiciones de

Kierkegaard.

Nació así la filosofía existencialista.

Los filósofos existencialistas ofrecerán, como m ás ade­ lante veremos, análisis fenomenológjcos de considerable valor e interés. Utilizarán el m étodo para captar la ex­ periencia inm ediata que se despliega en una descrip­ ción analítica. Se aplicará para La descripción de la experiencia religiosa, estética *, axlológica *; veremos, en algunos filósofos existencialistas, Largos y profun­ dos análisis descriptivos fenomenológicos de tem as ta­ les como el tiem po o la tem poralidad, La conciencia del

otro, la m ala fe o el

tanto el existenciaüsm o no se lim ita a se r m era

reacción contra ciertos aspectos de la filosofía anterior,

sino que aporta, tam bién, elementos nuevos dentro del cam po del pensam iento. En el aspecto negativo es re­

amor.

Por lo

chazo del pensam iento abstracto, lógico, objetivo; re­

chazo

rechazo del idealismo escncialista. En el aspecto posi­

tivo: afirmación, en cuanto al objeto, de la existencia

humana en su

uülilación del análisis descriptivo del método fenome- nológico.

realidad concreta; en cuanto al método,

del

proceso

de

despersonalización

del

sujeto;

1.

EXISTENCIALISMO

ASPECTOS

n

e g

a t iv o

s

:

Rechazo

Rechazo de la despersonaliza­

ción del sujeto.

de la abstracción.

Rechazo del esencial ismo.

2. ASPECTOS POSITIVOS: « En cuanto al objeto: afirma­ ción de mi existencia singu-

. lar: Kierkegaard. • En cuanto al método: utiliza­ ción del método íenomenológl-

co:

H usserl.

1.12. Los pensadores exlstenclallstas

Con frecuencia se ha dado a la palabra existencialis­ mo una extensión demasiado amplia que ha dado lugar a grandes m alentendidos. Se ha llegado a calificar de exisiencialistas no sólo a tendencias filosóficas contem ­ poráneas, sino a muchas de las tendencias filosóficas del mundo antiguo grecorrom ano y de la Edad Media. Per ejemplo, el filósofo personalista * francés Enma- nuel Mounier, en su libro Introducción a los existen- cialismos (1947, II), dio una definición am plísim a del existencialismo:

Es una reacción de la filosofía del hombre con­ tra los excesos de la filosofía de las ideas y la filo­ sofía de las cosas.

Atendiendo a esta amplia definición, Mounier afirmó

árbol

alim entado desde sus ralees por Sócrates *, los estoi­

cos San Agustín * y San Bernardo *. Estas filosofías

que

d

existencialismo

puede

compararse

a

un

producen,

posteriorm ente,

filosofías

com o'Jas

de

Pas­

cal *, Maine de Biran * y Kierkcgaard. Y, desde

este

tronco, emerge una fructífera copa de filósofos existen­ cialistas, dispersos en múltiples ramificaciones. El á r­

bol de M ounier, que reproducim os a continuación, In­ cluye dentro de la escuela cxistencialista a una plurali­ dad de filósofos de tendencias muy diversas: Bergson *, Blondel *, Scheler *. Hcidegger, Nietzsche, Sartre, Mar* cel, Jaspers, etc., etc. Esta clasificación del francés Mounier es, por su­ puesto, excesiva, y fuente de confusión. Todos estos filósofos que llevan a cabo un análisis no sistemático,

con

denominados,

todo caso„ filósofos

la existencia, podrían ser

ausencia de

en

método, de

de

la existencia,

pero no existencialistas. El nombre existcncialismo debe reservarse, según hemos ya defendido, para aquellos

filósofos que llevan a cabo existencia m ediante el uso

En este sentido el existencialismo es un fenómeno pri­ vativo del siglo xx. Kierkegaard puede considerarse, tal como lo hem os argum entado antes, como un filósofo preexis tendal ista. Un solitario del siglo xix cuya tem á­ tica antlhegeliana será el núcleo potencial que inspirará el nacim iento del existencialismo.

un anáLisis sistem ático de la del m étodo fenomenológico.

FILOSOFIA EXISTENCIAL

EXISTENCIALISMO

Análisis

no

sistem ático

de

Análisis

de

mi

existencia

la existencia individual.

m ediante

el

m étodo

fe­

Los filósofos

nomenològico.

existencialistas más im portantes, objeto

die estudio en este libro, serán; Martin Heidegger, Karl /a s pers, Gabriel Marcel y Jean-Paul Sartre. Veremos, in­ cluso, que algunos de ellos rehúyen la etiqueta de exis­

tencialistas; y efectivamente, en muchos aspectos sus reflexiones escapan al modelo existencialista tal como

El ârbiil exislencialista (s^gïm axistenciaìixtntìs).

Mniinirr:

Introducción a inf:

lo hemos expuesto. Empero, la atm ósfera general en que suele desenvolverse su filosofía permite inscribirlos den­

tro de La órbita de la filosofía existencialista» y señalar qué aspectos de su pensamiento coinciden y cuáles no

con

Por otra parte, acostum bra a hablarse de dos ten­ dencias principales en el exietencialismo contempo­ ráneo. Cabria hablar, entonces, de cxtstencialismos: el existencialismo ateo y el existencialismo teísta. Los principales representantes del existencialismo ateo serían Martin Heidegger en Alemania y Jean-Pauí Sartre en Francia. Por otra parte, los líderes del existen- cialismo teísta serían Gabriel Marcét y Kart Jaspers en Francia y Alemania, respectivamente.

las

líneas

m aestras de esta escuela.

TRES FECHAS Y CUATRO LIBROS FUNDAMENTALES PARA EL EXISTENCIALISMO

1927

Publicación de Ser y tiempo, de Martin Heidcgger-

1927

Publicaciún

de Journal Mdtaphysigue, de

Gabriel

Marcel.

1933

Publicación de Filosofía, de Karl Jaspers.

 

1942

Publicación

de El ser y la nada, de Jean-Paul

Sartre.

Obviamente los dos existencialismos se distinguen por la posición adoptada frente a Dios. Los existertctalistas ateos niegan la existencia de la trascendencia; consi­

todos los dominios y

el pesim ism o

guientem ente, el absurdo alcanza

extiende su som bra sobre todas las di­

mensiones de la vida humana. Los existencialistas teís­ tas, en cam bio, afirm an la existencia de la trascenden­

cia; aquí el absurdo puro y total queda excluido, mas no el pesimismo y el sentido dram ático de la existen­ cia hum ana.

2

Sören

K ierkegaard

Cada

vez

que

la historia, del mundo da

un

paso

importante

ro difícil, avanza

hacia adelante

y

atraviesa un

desfilade­

de caballos de re­

una formación

fuerzo, hombres célibes, solitariosque sólo viven por una idea.

{S. Kierkbgwrd)

2,1.

Las tres esferas del existir

S¿ir£H Kierkegaard, nacido en Copenhague el año 1813, fue un hom bre m isterioso y atorm entado. Heredó de

su padre un pavoroso sentim iento de culpa y tem or ha­

cia

Dios por una grave falta cometida» que ensom bre­

ció

su vida, im pidiéndole encontrar el sosiego o la se­

. La atm ósfera enrarecida de su hogar, su «alud que­ bradiza» su viva y aguda sensibilidad, provocaron un notable desequilibrio de sus facultades y una acusada tendencia a la melancolía. Lo cierto es que la vida de este hombre singular, enfermizo, intuitivdr inteligente, está rodeada de impenetrables misterios.

rena alegría.

Su educación se desarrolló bajo ía influencia de su padre, im pregnada con la« ideas del deber y del peca­

do, dentro del contexto de la religión protestante. Poste­

de Teología en la Universidad

de Copenhague, llevando una vida irregular, caprichosa y disipada. Constituye la llamada fase estética de su vida.

de su padre experimenta una recon­

versión religiosa, decide casarse y se compromete en

m atrim onio con Regina Olsen, Se plantea el m atrim onio y la profesión de pastor,

fase de su vida, la fase ética. Sin embargo, esta tenta­ tiva no se consumó, Kierkegaard rompió el compromi­ so con Regina Olsen, a pesar de la m utua inclinación que existía entre ambos. Consumada la ruptura, el filósofo danés queda solo consigo m ismo y con Dios. Inicia la tercera etapa de su vida, la fase religiosa. La fase estítica lleva a la angus­ tia, la fase ética lleva a una vida burguesa, anodina, in­ trascendente. Kierkegaard se siente destinado a algo

superior, heroico, mesiánico,. E ntra en su fase religiosa

así entrar, con en la segunda

riorm ente cursó estudios

Tras la m uerte

LAS TRES ESFERAS DEL EXISTIR SEGUN SÖREN KIERKEGAARD

-

ESTETICA

ETICA

RELIGIOSA

Goce

Deber

 

Fe

El instante

El

presente,

pro­

Lo eterno

yectado hacia el futuro.

Pasión

Acción

 

Devoción

Insubordinación

Sumisión a la ley

Sumisión

incon­

moral universal

dicional a Dios, el Absoluto per­ sonal

Lo individual

Lo universal

 

Lo personal

en el instante en que adquiere conciencia de sus rela­ ciones con Dios y de su deber de despertar en el ánimo de sus com patriotas el verdadero espíritu del cristia­ nismo. Según Kierkcgaard estas tres fases de su vida poseían un significado válido para las otras personas y les dio un valor universal. El hom bre de la fase estética rehuye los compromisos, rechaza cualquier tipo de yugo, se desvincula de obliga­ ciones profesionales, familiares o sociales. Busca el deleite, el placer, y va incesantemente hacia nuevos de­ seos. Su vida se encuentra dominada por la imaginación, el ensueño, la fantasía. Lo virtual es más intenso que lo real. El esteta sueña con frecuencia en un acto irreali­ zable, Vive en lo posible y en el pesado. Depende siem­ pre del exterior, pues le resulta necesario un cambio continuo, nuevas y prístinas emociones que exciten su

Sensibilidad-

Consiguientemente la vida del hombre, cuando se des­ envuelve en la fase estética, no tiene continuidad. Ca­ rece de la estabilidad que confieren la institución labo­ ral o la familiar; carece de la estabilidad que confieren los principios morales universales libremente acatados:

carece de la estabilidad del hombre consagrado a un ideal perm anente. Pero la vida del hom bre esteta está condenada al fracaso. Lanzado a la búsqueda del instante que pasa, no vive sino en el instante que ha pasado y cultiva m orbosam ente sus recuerdos. Así el placer se trueca en dolor, el hedonismo en desdicha, la esperanza en deses­ peración. Kierkegaard cuando habla de sus experiencias per­ sonales durante su permanencia en la fase estética, des­ cribe su estado de ánimo en estos términos:

goces de ¡a

la vida iniciado a todos

Iba por

los

vida, pero sin gozar; ntds bien cansándome en des­

pertar

¡a apariencia del goce y encontrando en eso

mi melancólico placer.

por

Así la

fase

estética,

allá

ra,

derse.

rem ite

rgás

de

la insatisfacción

misma

e

invita

que gene­

trascen­

a

Kierkegaard, cu

IH42.

Por encim a de la fase estética, se nos ofrece la fase ética. El individualismo disoluto de la prim era etapa es sustituido por una voluntaria subordinación a la ley moral, de validez objetiva y universal. Aquí no hay po­ sibilidades, sino tareas concretas a realizar. El sujeto no se eleva a sueños fantásticos, sino que se ciñe a la realidad. En térm inos psicoanalíticos * podríam os decir que el principio de placer, del eíto, se subordina al prin­

cipio

súper yo. En el hom bre

tivas del ello se erigen en centro de gravedad del indi­ viduo y burlan los controles del principio de realidad del yo y de la conciencia m oral del súper ego. En el hom bre ético, por el contrario, el centro de gra­

vedad se desplaza hacia el yo y el súper yo; ambos sis­ temas psíquicos aúnan sus fuerzas para mantener a raya las pulsiones del ello.

de

realidad

del yo

y

a

la

conciencia

moral

del

estético Las energías libidinosas instin­

LECTURA PSICOANALITICA DE LAS ESFERAS EXISTENCIALES DE KIERKEGAARD

1.

2.

Conciencia m o r a l . yo: Principio de realidad.

s u p e r

y

o

:

3. e l l o : Principio de placer,

A. FASE ESTETICA:

B. fase etica:

C. FASE religiosa: I + II + III

Inmanencia

El hom bre estético perm anecía en lo inmediato; el ético conserva lo Inmediato, pero en el interior de lo me­ diato. No hay, en su vida, sucesión inconexa de Instan­ tes, sino un conjunto organizado de toda su vida que desde el presente se proyecta sobre el futuro. Es la fase de la previsión, el tiempo y el trabajo. Corresponde al ciudadano y al hombre casado. Por encima, pues, de la variable esfera de lo esté-

tico, la persona de la fase ¿tica edifica las instituciones, el matrimonio, )a socicdad, todo el orden social estable. Por otra parte, el sujeto se subordina a las leyes eti­ cas, jurídicas y sociales de rango universal, válidas para todo el mundo. Corresponde a la fase del pensamiento hegeliano. Por último, la tercera esfera, la religiosa, supone un conflicto con la fase ética anterior. Exige un salto» una

con Dios se lleva a cabo m ediante

la fe, y la fe es

lidad de la fase anterior. La fe es ante todo, para Kier­ kegaard. de orden existencia!, No es un conocimiento, un pensamiento, sino una relación concreta, una co­ municación entre dos existentes: yo y Dios. Además la fe es paradójica y absurda. La fe no es posible más que con un sacrificio total de la razón. Va más allá de la racionalidad de la fase anterior y tam ­ bién más allá de la m oralidad de la fase ética. Kier* kegaard pone, al respecto, el ejem plo de la historia de Abraham. El sacrificio del h ijo ,q u e Abraham estaba dispuesto a realizar porque Dios se lo había ordenado era contrario a la ética universal, a la ley m oral. Pero Abraham reconocía que la relación absoluta del hom­ bre con el Creador trasciende a la ética y a la razón universales. El paso de una fase a otra no se realiza por sucesión natural, sino que es producto de un salto, de una elec­ ción vital. De esta forma ¡as fases son discontinuas. Pre­ cisamente existir consiste en elegir entre caminos di­ versos; la existencia es algo que se adquiere en virtud de una opción que yo debo realizar heroicamente en me­ dio de la soledad y la incertidum bre. Kierkegaard tras pasar por la fase estética, después de abandonar el proyecto de optar por la fase ética, se sumergió en el estadio religioso. Consumada la ruptura, el filósofo se aísla y entrega una parte de su tiem po a polemizar contra los representantes de la iglesia lute­ rana de su pueblo que defienden un cristianismo desús- tandal izado. y la otra, a su obra escrita, de tem ática

esencialment&j’eligiosa e intimlsta.

ruptura. El contacto

irracional, está más allá de la raciona­

dejando

detrás suyo una obra de extensión considerable, asis-

Murió a

los

cuarenta y

dos afios de

edad,

tem ática,

das

p arad ó jica,

intuiciones.

pero

llena

de

p enetran les

y agu­

CRONOLOGIA DE SOR EN KIERKEGAARD

1813.—Nace en Copenhague.

1823.—Nace Regina Olsen. 1830.—Ingreso de Kierkegaard en la universidad. 1838.—Muerte del padre de Kierkegaard, /SW.—Kierkegaard se licencia en Teología. 1841.—Ruptura con Regina Olsen.

1843.—Publicación de O lo uno

o ¡o otro. Temor y tem­

blor, La repetición. Tres discursos edificantes, Cua­ tro discursos edificantes, 1844.—Publicación de Migajas filosóficas y El concepto de la angustia, 1845.—Publicación de Las etapas en el camino de la vida y Dieciocho discursos edificantes.

1846.—Publicación de Apostilla concluyente no científica. 1847.—Publicación de El punto de vista sobre mi activi- *

dad de escritor (póstuma, pero compuesta en este arto) y Vida y reino del amor. Boda de Regina Ol­ sen con F. SchlegeL 1849.—Publicación de Dos pequeños tratados éticoreligio- sos y La enfermedad mortal. 1850.—PubLicnción de La escueta del cristianismo. 1851.—Publicación de Un examen de conciencia recomen­ dado a los contemporáneos. 1855.—Publicación de El instante. El día 2 de octubre es internado en el hospital y muere el 11 de noviem­ bre.

PRINCIPALES OBRAS DE KIERKEGAARD

(I95Í): Diario de un seductor, Buenos Aires, Rueda.

(1958):

(1959) : El concepto de la angustia, Madrid, Espasa-Calpe,

(1951):

Rueda. ( 1959) : Mi punto de vista, Madrid, Aguilar.

Temor y temblor, Buenos Aires, Losada.

Etapas en el camino de la vida, Buenos Aires,

(1955): Diario íntimo, Buenos Aires, Rueda.

2.2,

Hegel y Kierkegaard

Kicrkegaard aparece en la historia de la filosofía como el anti-Hegel. Su contraposición a Hegel es per­ manente, deliberada, obsesiva. Su filosofía hay que en­ tenderla, pues, como el polo opuesto al pensamiento hcgel iano. Conviene, por consiguiente, exponer breve­ m ente vi pensam iento de Hcgel antes de abordar el de Kicrkegaard para estar en condiciones de comprender las tesis centrales del filósofo danés en toda su debida profundidad. La filosofía de Hcgcl está hondam ente m arcada por la formación teológica que recibió, de joven, en la Uni­ versidad de Tubinga. El centro neurálgico de su pen­ samiento gira en tom o al Espíritu Absoluto, según el cual toda la realidad es creación del Espíritu (de ahí el nombre de Idealism o Absoluto que recibe su filo­ sofía). El Absoluto se manifiesta a través del tiempo, a lo largo de la historia, y se realiza en éL El Absoluto va a ser en Hegel esencialmente resultado; es' producto de una evolución; no es algo ya dado, sino que deviene como fruto de un proceso, de una evolución. Dicho Espíritu Absoluto se desarrolla de acuerdo con unas estructuras lógicas que el sujeto puede cono­ cer. El Absoluto es, pues, Razón. Todo lo real perte­ nece, ineluctablemente, al orden del pensamiento. Hegel dirá: Todo lo real es racional y todo lo racional es real. Su filosofía es, esencialmente, panlogista *. Todo el de­ venir del Espíritu Absoluto se desarrolla de acuerdo con unas estructuras lógicas que el sujeto puede conocer. Así el pensam iento mismo, con su desarrollo dialéc­ tico, crea lo real. No hay nada que se resista al Espí­ ritu Absoluto. La trascendencia de Dios, la exterioridad de las cosas, la libertad del hombre concreto, quedan subsumidas, aniquiladas, bajo la totalidad del Espíritu Absoluto. El hombre pierde toda posibilidad de iniciativa, de protagonismo ante el riguroso desarrollo lógico del Es­ píritu Absoluto, que ay^nza de acuerdo con un ritm o que es siempre el mismo y que se desenvuelve en tres

Kierkegaard, en 1SÌS.

fases nítidam ente definidas, llam adas tesis, antítesis y síntesis.

negación. La

síntesis

tesis vuelve a ser negada, el Espíritu Absoluto realiza

un

La tesis es

es

nuevo

afirmación.

de

La antítesis es

la

un

negación.

negación

avance

Cuando

la

antí­

hacia

nivel cualitativam ente dis­

tinto.

Al final del desarrollo, desde la perspectiva de la sín­ tesis, podemos com prender el sentido de la tesis y de la antítesis. Ambas eran realidades incompletas prepara­ torias de la síntesis final. Desde el final del desarrollo

(y no antes) empezamos a com prender el sentido de

cada una de las partes del desarrollo (tesis y antítesis), y el sentido del desarrollo en su totalidad.

Vemos, pues, que en la filosofía hegeliana el pensa­ miento mismo, con su implacable desarrollo dialéctico, crea lo real. No hay nada que sea extranjero a la razón misma. Nada que pueda frenar u oponerse a su m archa

inflexible. El determ inism o * es absoluto. El hom bre no

cuenta, el sujeto humano

fixiante racionalidad del E spíritu Absoluto. En Hegel lo individual y, en concreto, el hom bre singular, el exis­

tente de carne y hueso, quedan absorbidos como un mero momento de un Toda la filosofía de Kierkegaard es un grito de pro­ testa contra tal disolución del hombre concreto dentro de la impersonal m archa del E spíritu Absoluto a tra­ vés de la historia. A los ojos de Kierkegaard la Razón

es

La filosofía hegeliana pretende explicar la realidad

sometiéndola a la

tinada al fracaso. Pues, por una parte, la lógica es in­

temporal, desarrolla sus presupuestos, explícita sus con­

verdades sub specie aeterttitatis;

secuencias, afirm a sus

por otra parte, lo real fluye, se mueve, su existencia es contingente, temporal. Además la lógica es necesaria, su función consiste en cxplicitar la necesidad de las consecuencias, deducién­

dolas de los principios, sin embargo, los individuos exis­ tentes son libres y contingentes. Surge, consecuente­

mente, un divorcio irreductible entre el

lógico y la realidad. La em presa de la ñlosofía hege-

queda aniquilado b ajo la as­

Hegel, y Hegel

es

su

íntim o enemigo.

lógica. Mas esto es una em presa des­

pensam iento

liana es descabellada! absurda, imposible, pues quiere conciliar lo irreconciliable. En conclusión, contra la síntesis y el sistema, Kier­ kegaard reivindica la independencia del individuo y los derechos de su subjetividad. Frente al pensam iento sintético de Hegel, la filosofía de Kierkegaard es la espada que separa: disocia lo sub­ jetivo de lo objetivo, lo lógico de lo vital, lo sustancial de lo existencia^ la tesis de la antítesis. Cada uno de estos elementos, que Megel quiso m ediatizar, unir por medio de la dialéctica, recupera su individualidad, su carácter de oponente, su valor absoluto. Lo que en He­ gel era fusión, será en Kierkegaard elección. O esto o lo otro. Tal es el dilem a en que se desenvuelve, continua­ mente, el existente. Sin posibilidad de conciliación, sin posibilidad de compromiso. La crítica de Kierkegaard dirigida contra Hegel se va a extender a todo el racionalismo y, finalmente, a la razón en si misma. Pues Hegel, en definitiva, no hacia m ás que llevar al lim ite la tendencia intrínseca a toda filosofía: racionalizar el universo.

2.3.

La existencia religiosa

Hegel había acom etido la em presa de llevar todo lo lejos posible la racionalización del cristianism o. La ra ­ zón, superándose a sí misma, veía en la historia la rea­

lización de lo divino. gioso, y en

llano, procurará llevar tan lejos como le sea posible la

irracionalización del cristianismo* La revelación es un escóndalo para la razón. Que lo eterno se haya produci­ do en un m omento dado del tiempo, que lo divino se haya encam ado en lo humano, es incomprensible; sim ­ plemente, absurdo. Pero precisamente porque es ab­ surdo, es.

del

no m enor medida profundam ente antlhege-

Kierkegaard profundam ente reli­

Sustituir

la

fe

por

la razó n .significa

la

muerte

cristianism o. E sto es lo que ha hecho Hegel, esto es lo que han hecho las Iglesias cristianas. Contra ambos, po­ lemizará ininterrum pidam ente Kierkegaard. El esfuer­

zo de la escolástica por conciliar razón y fe es la

del cristianism o. El cristianism o exige el salto irracio­

m uerte

nal a la fe. Elegir la fe, rechazar la razón. Abrazar el

absurdo, rechazar la lógica. Dios es irracional, o trans­ racional. Kicrkegaard concluye: perder la razón para ganar a Divs, es el aejo m ism o de creer. La fe es para­ dójica y absurda. Kierkegaard retom a a los plantea­ mientos de Tertuliano *: Creo en el Absurdo, porque es absurdo. La fe es, ante iodo, de orden existencia): no consiste en un pensamiento, en un conocimiento abs­ tracto, sino en una relación concreta, en una comuni­

cación íntim a entre

Kicrkegaard se propuso, pues, buscar la verdad cris­ tiana no a la m anera de los profesores y los pastores —argum entando razones lógicas—, sino experim entán­ dola en la propia existencia. Esta verdad subjetiva y exi&tencial desbanca a la verdad objetiva y racional, convirtiéndose ésta en un lujo ocioso de la inteligen­ cia, en algo com pletam ente inútil y superfluo. El pensam iento subjetivo, en cambio, es fuente de

salvación para el hombre, pues es el único que nos abre

a la Verdad. El pensam iento subjetivo y existencial,

siempre que se le profundice lo bastante, da acceso a

lo trascendente. Cada hombre es solitario, no puede co­

dem ás ni establecer

m unicarse en profundidad con tos relaciones verdaderam ente íntim as

de entrar, si quiere, m ediante la fe subjetiva y existen­

cial, en comunicación directa, inm ediata, con o tra per­ sona, con otro sujeto: Dios.

dos existentes:

yo y Dios.

con ellos. Pero pue­

1. LA DIALECTICA DE HEGEL

TESIS ---------- »■ANTITESIS ------- >■SINTESIS

A B

(no A)

C (no

B)

Afirmación

Negación

Negación de

la negación

A y

B y

C

Tres pasos necesarios en el desarrollo dialéctico

I({REVERSIBILIDAD D ETERM IN ISM O

Opción estética

A (ni B ni C)

Opción ética

Situación actual ^ —^Opción ética

Opción religiosa

o

A o

B

o

C

B B

C (ni A ni B)

(ni (ni A A ni ni C) C)

Tres opciones exduyentes

REVERSIBILIDAD

LIBERTAD

2.4. La paradoja, la angustia, la nada

Hemos visto, pues, que para Kierkegaard la existen­

existencia religiosa. No

es existente auténtico —para el filósofo danés-— todo

lo es solamente el

sujeto individua] que es consciente de su quehacer de

en su intimidad

vive, más allá de la individualidad de la fase estética, más allá de la universalidad norm ativa de la -fase ética, en la fe irracional ante Dios.

Pero el existente es contradictorio en sí mismo,

puesto que se siente finito e infinito. El existente se

de Dios por su misma

conciencia del pecado, pero este mismo alejamiento de Dios lo aproxim a a Dios. Tal es precisam ente el fondo de contradicción y para­ doja que encierra la existencia hum ana, la cual no se supera en el estadio estético ni en el ético, y ni siquiera (en contra de lo que cabría esperar) en el hom bre que ha alcanzado el estadio religioso. El sosiego, la alegte y rem ansada tranquilidad de vivir, está vedada para el

cia en su m ás ¡alto grado es la

sujeto

hum ano;

existente auténtico

eternidad. E s existente el hombre que

siente infinitam ente alejado

hombre en este m undo, a causa del pecado original, en razón de su naturaleza pecaminosa. Surge así la concien­

cia de culpabilidad, el sufrim iento y la angustia- Kier­

kegaard vive la religión

roicamente trágica, con angustia y temblor.

La angustia se desata en el interior del alm a hum ana

la

existencia cristiana, de la existencia

nazada por la inautcnticidad existencia! que podría re­ presentar una caída —siempre probable— en el estadio

¿tico, o incluso en el estético. Existir es, siempre, ries­ go de elección y caída. Se abren ante mí, a causa de

mi insondable libertad, un am plio abanico de posibili­

dades respecto a mi futuro. Brota ante ello, espontá­ neamente, la angustia interior. La angustia es muy dis­

tinta del miedo. El miedo se refiere siempre a algo. Tengo miedo de esto o de aquello en particular. Mas la angustia, afirm a Kierkegaard, es la realidad de la libertad como posibilidad antes de la posibilidad. Es decir, siento angustia ante la nadar La angustia es el vértigo de la nada. La angustia hace patente la nada.

determ inada y de

Es

hacerse objetivamente capaz de su rtir efectos reales. La nada radica, así, en el seno mismo de la existen­

cia, como

objeto de la experiencia capital que es la

angustia. El concepto de la nada de Kierkegaard ten­ drá. como veremos más adelante, una profunda proyec­ ción sobre los filósofos existencialistas de nuestro si­ glo, en particular sobre Martin Heidegger y Jean-Paut

Sartre, Tal es la visión

tima de la

lo finito y lo infinito, conexión interna de fuerzas con­

trarias que viven en perm anente conflicto irresoluble,

sin posibilidad de síntesis o solución. La paradoja exis-

tendal entre temporalidad y eternidad, finitud e infi­

nitud,, pecaminosidad y religiosidad, es fuente dinamt- zante de angustia y desesperación para el hombre. Consiguientemente, Kierkegaard opone a la síntesis hegetiana la presencia de la tesis y antítesis, una en

otra sin

de

la existencia hum ana y el hecho paradójico del fenó-

dram áticam ente, de forma he­

pecado.

La autenticidad de

religiosa, está am e­

ante

la

posibilidad

del

la pura

posibilidad antes

de ser

kierkegaardiana de la estructura ín­

existencia hum ana. Punto dé unión entre

síntesis, y de ahí la naturaleza

paradójica

HEGEL

KIERKEGAARD

f finito (tesis) infinito

Síntesis*

finito

(tesis)

Paradoja 4,------ > infinito

^(antítesis)

(antítesis)

. SintesLa < | razón (antítesis] . , ^

c .

t

S 1* (tesis)

f vida (tesis)

Síntesis J

j

.

ratón (antitesis) (

r particular (tesis) universal . ^(antítesis)

Stotol* \

Tensión

irreconciliable

 

Paradoja

fe

<------>

razón

(tesis)

(antítesis)

Tensión

irreconciliable

 

Paradoja

vida

<------►

razón

(tesis)

(antítesis)

Tensión

irreconciliable

Paradoja

particular^---- ►universal

(antítesis)

(tesis)

Tensión

irreconciliable

SINTESIS RACIONAL:

EXISTENCIA

PARADOJICA:

unión, superación, disten­ sión, conciliación, armo­

disolución,

disgregación,

nía.

desgarro, angustia.

lo eterno ha aparecido en un momento

de

1c divino se ha hecho hum ano. Tesis y antítesis son po­

los irreconciliables que deben ser vivenciados como rea­ lidad paradójica por et existente.

Hegel, de allanar o su­

p erar las oposiciones y contradicciones de la existencia

finito,

m eno religioso:

la

historia

hum ana,

lo

Infinito

se

ha

hecho

No

trata

K ierkegaard,

como

humana y de combinarlas en una síntesis reconcilia­ dora, sino que la dialéctica kierkegaard ¡ana deja persis­ tir intactos los pares de opuestos, incluso m uestra un vivo interés por agudizarlos y acentuarlos. Todo su pen­ samiento vive y se nutre perm anentem ente de dichas irreconciliables oposiciones. Pero, por otra parte, la obsesiva y reiterada nega­ ción de Hegel, en el seno de la filosofía kierkegaardiana, revela obviamente que está impregnado de él, y que —a consecuencia de ello— su pensamiento, lejos de independizarse, depende del hegelianismo en la misma medida que la negación dialéctica contiene siempre a la afirmación. Kierkegaard ejercerá una profunda influencia sobre los pensadores existenciallstas posteriores. Todos los filósofos existencialistas conservarán del pensam iento de Kierkegaard la idea de angustia, la idea de subjetivi­ dad, las paradojas de la existencia y la idea de la nada. No hay un solo concepto central de la tem ática existen- c¡alista del siglo xx cuyo origen no se encuentre en el

atorm entado pensamiento religioso gaard. '

de Sóren Kierke­ *

'

2-5.

Kierkegaard y Unamuno

Corresponde a don Miguel de Unamuno el m érito in­ negable de haber redescubierto, en el siglo xx, el pen­ samiento de SSren Kierkegaard. El intelectual español se leyó, en un retiro de provincia, al filósofo danés cuan­ do era aún prácticam ente desconocido en Europa. Una­ muno quedó profundam ente conmocionado con el pen­ samiento existencial de Kierkegaard, Se identificó con muchos aspectos centrales de su filosofía y, en cierta manera, descubrió —en el otro extremo de Europa— un alma afín a la suya.

Sin embargo,

no

podemos

hablar de una

identifica­

ción total entre am bos filósofos; aun partiendo de una problemática semejante, no son asimilables el uno al otro, y sus reflexiones tienen una temática singular que los hace irreductibles. Digamos, pues, que hay unos

puntos neurálgicos

filosofías que

de convergencia

en

el

seno de

tienen, ambas, personalidad propia.

dos

La reacción contra la abstracción del sistema hege­ liano es, en prim er lugar, un elemento común de am ­ bas filosofías. En E l sentim iento trágico de la vida, Unam uno tacha de fantasm agórica a la lógica dialécti­ ca de Hegel. Frente al panracionalism o hegeliano, el

filósofo español afirm ará que lo real, lo realmente real,

irracional. Coinciden tam bién, los dos, en el rechazo de la exis­ tencia inautèntica. El hombre masa que se desperso­ naliza, que rechaza la fuerza dinam izante de las p ara­ dojas existenciales para, rendirse ante la comodidad apá­ tica y soporífera, que reniega de la valiosa inquietud in­ finita del espíritu, es fuente continua de desprecio por parte de Kierkegaard. El mismo punto de vista lo po­ demos encontrar en El individualismo español y en Des­ ahogo Urico de Miguel de Unamuno. No obstante, como señala José Antonio Collado en su m agistral-estudio sobre Kierkegaard y Unamuno, existen tam bién puntos im portantes de divergencia entre el filósofo español y el danés. Ni en la concepción del pe­ cado ni en la de la fe —temas centrales en Kierke­ gaard—, se observa influencia esencial y directa entre am bos. Por o tra parte, la cuestión de la inm ortalidad, tem a central en Unamuno, es irrelevante en Kierke­ gaard. Y, finalm ente, la concepción de Dios parece ser

diam etralm ente

es

opuesta

en

sus

respectivas

obras*

Pero

m ás allá de dichas divergencias teóricas se ob­

serva —de form a innegable— una com ún inspiración

filosófica

Lo

cierto es que la filosofía existencialista occidental tie­

m ucho que agradecer a la aportación de don Miguel de Unamuno.

ne

Unamuno ha

de

tipo

existencia!.

Con

razón,

sido llam ado, en ocasiones, el Kierkegaard español.

3

M artín

H eidegger

Lo mortal no es la tan cacareada bomba atómica en su calidad de maquinaria especial de matanza. Lo que tiempo ha amenaza ya al hombre con la muerte, y en particular con la de su esencia, es lo absoluto del mero querer en el sentido deliberado de imponerse en todo. (M . H e id b g g e r : Sendas perdidas)

3.1. Vida y escritos

Heidegger nació en el año

1889, en Messkireh (país de Dadc). En el año 1909 Ini­

ció los estudios de Teología en la Universidad de Fri­ burgo y posteriorm ente estudió filosofía en la m ism a

Universidad, En el año

En

1923 consigue el nom bram iento de catedrático en la

Universidad de M arburgo y, tras la m uerte de Edm und Husscrl, en 1928, accede a la cátedra que éste ostenta­

1914 se graduó doctor con una

tesis sobre La teoría del juicio en el psicologismo.

E] filósofo alemán M artín

ba en la Universidad de Friburgo. Justo un año antes

había

Tiempo).

capital Sein und Zeit (Ser y

publicado su

obra

En el ano 1929 aparecieron tres publicaciones que prosiguieron el pensam iento de Ser y Tiempo: Kant y ei problema de ¡a Metafísica , ¿Qué es metafisica? y La esencia del fundam ento,

de

Adolfo H itler llegaron al poder, Heidegger aceptó el rectorado de la Universidad de Friburgo, alabando la abolición de la libertad académica y las proezas del Führer en su discurso rectoral La autoafirmación de la Universidad alemana, al tiempo que se separaba de

Husserl, a causa de su origen judío.

Empero, a comienzos del año 1934, Heidegger di mi' te de sus funciones de rector y se aparta tím idam ente del régimen fascista, A finales de 1935 el filósofo expe­ rim entó un cam bio de orientación y manifestó una es­ pecial inclinación hacia el arte y la poesia. Siguen unos años de actividad casi por completo de­ dicada a Hölderlin: en 1936 escribe Hölderlin y la esen­

cia de

En

el año

1933, cuando los nazis bajo el mando

la poesía y. posteriorm ente, El himno de Höl­

derlin: Cuaí si en día de fiesta. El cambio de tono re­ sulta evidente. Se observa un abandono del lenguaje fenomenològico de la fase de Ser y Tiempo y la adop­