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Ada Parthenopaeus - Fiestas de Fantasía

Escritoras Excomulgadas

Argumento

Las que habían sido en alguna ocasión las fiestas más aburridas y frías del mundo terminan convirtiéndose, gracias a su impulsiva amiga, en las más calientes, lujuriosas y emocionantes de su vida. Una experiencia que nunca olvidaría.

Las fiestas de fin de año nunca volverían a ser las mismas para Camille.

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Capítulo Uno

Faltaba una semana para Navidad y el frío ya helaba sus venas, el ambiente níveo sería perfecto para la celebración de la Noche Buena si tan sólo tuviera ese estado de ánimo festivo, pero no era así, lo único que deseaba era permanecer todo el día bajo la manta eléctrica o estar en algún lugar lejos de la fría ciudad, preferiblemente en algún cálido lugar paradisíaco, con vista hacia el mar.

Ojala todos los deseos se hicieran realidad pero,… sacudió la cabeza para alejar esas ideas estúpidas e irreales de la cabeza. Juntó coraje para ponerse el gorro de lana sobre su cabeza, envolver la bufanda alrededor de su cuello y usar ese grueso pero cálido anorak de color negro.

Dando dos pasos fuera de su acogedora casa, se regañó a sí misma por ser como era, por haberse ofrecido a acompañar a su desquiciada amiga en unas improvisadas compras de Navidad. No era culpa de su amiga tener tantos sobrinos como un regimiento militar, tampoco lo era que sus hermanos se negaran a convertirla en tía.

Soportó la efervescente energía de su amiga, mientras recorrían miles de almacenes, a fin de procurarles a sus sobrinos, la mejor Navidad.

—Es una vez al año, además, puede que tengas un regalo anticipado de Navidad —se burló su chispeante amiga.

—Sí. —Respondió con desgana—. Vendrá el mismísimo señor de blanco en

su trineo rojo con Rodolfo a la cabeza para llevarme al lugar de mis fantasías con un acompañante de fantasía.

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— ¡Ah! Mujer de poca fe —murmuró su querida amiga con sorna—. Nunca sabes que te deparará el destino. Declaró con solemnidad. No podía olvidar que la demente de su amiga se guiaba por todo aquello del cosmos, la alineación de los planetas, la paz, el amor, sobre todo el amor y más si era por montón—. Yo, por ejemplo, como me he portado excepcionalmente bien, sé que Santa me traerá de regalo un prototipo de G.I Joe de carne y hueso.

—Y yo, como he sido excepcionalmente traviesa, me quedaré en esta ciudad, esperando que mi culo se congele y no me traerá ni un remedo de hombre —respondió sarcástica—, pero puede ser que para el año próximo pueda conseguirlo.

De esa manera, entre risas y bromas subidas de tono, lograron conseguir todos los regalos que su amiga le daría a su familia.

Era otra fría noche y faltaba un día menos para la Navidad; pero para cuando esa fecha llegara ella estaría, literalmente, congelada.

Con el transcurso de los días, el frío de Diciembre se volvía más gélido, las temperaturas descendían cada vez más y su anhelo de estar en un lugar cálido aumentaba. Como no estaba trabajando, al menos una parte de su deseo se hacía realidad, pasaba gran parte del día en la cama. Eso fue así, hasta dos días antes de Navidad, cuando los estruendosos golpes en la puerta le hicieron interrumpir su hibernación. Refunfuñando, caminó lentamente hasta la puerta.

— ¡Por Dios! Casi me congelo. —Chilló su amiga, sacudiendo su grueso

abrigo.

—Tendrías que haber llamado antes de venir, ¿qué hubieras hecho si yo no estaba aquí?

—Sabía que estarías, eres un animal de costumbres.

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— ¿Y si hubiera estado en la cama con un acompañante muy sexy y

caliente?

—La mano no cuenta como un acompañante sexy —respondió su listilla amiga—. Solo aplica en la categoría de caliente y eso es, porque de tanta fricción, su temperatura varía. Y tus juguetes, ni lo uno, ni lo otro —complementó con una sonrisa socarrona.

Si no fuera su mejor amiga…

— ¿Y?, ¿qué te trae por mi humilde y fría morada? —Cuestionó sin

molestarse en ofrecerle alguna bebida caliente, o mantenerse animada.

vamos! —anunció con firmeza el terremoto moreno. — Navidad

lejos de esta ciudad, sólo tú, yo y muchos, muchos, pero muchísimos deliciosos

cuerpos desnudos.

— ¡Nos

Miró fijamente a la mujer de mediana estatura y cuerpo lleno de curvas; no la podía catalogar como delgada ni tampoco como alguien rellenita, sus ojos oscuros conservaban ese brillo de picardía y emoción, y la curvatura en sus labios le provocó un estremecimiento.

Arqueó una ceja a su amiga, interrogándola con escepticismo.

—Amo a mi familia y sabes que rara vez paso estas fechas lejos de ellos,… pero este año no voy a poder digerir los gritos, los alaridos y este condenado frío al mismo tiempo… Así que alista tu cuerpecito, porque partimos mañana, voy a estar esperándote en el aeropuerto a primera hora —de la misma manera en que había llegado la vio dirigirse en dirección a la puerta—. Y no te molestes en negarte, porque ya usé tu tarjeta para hacer el pago. Gracias por el regalo de Navidad.

Suspiró profundamente, y regresó a la cama; no iba a molestarse en indagar cuanto le costaría ese viaje o como era que su amiga se tomaba otra vez la libertad

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de usar sus tarjetas; bueno, la culpa era solo suya por confiar en la condenada mujer, aunque no se arrepentía de esa confianza.

Ciertamente, su amiga tenía razón en algo: el sitio donde la llevó era cálido y muy soleado, en medio del Mar Caribe, con una hermosa playa. Apenas habían tocado tierra firme y su amiga ya la había dejado atrás, la muy sinvergüenza se había hecho “amiga” de un tipo rubio y guapo durante el largo viaje y no le había importado dejarla a la deriva.

Tendría unas horas de sueño y luego acomodaría su ligero equipaje. La habitación se encontraba en el noveno piso y ofrecía una perfecta vista del mar azul brillante y de la gente que disfrutaba de un hermoso día en la playa. Más animada, se apresuró a ponerse el pequeño traje de baño de color rojo, un vestido playero, las gafas de sol, tomó su bolso con todo lo necesario, y se colocó el enorme sombrero de paja para proteger su rostro. Estaba sola pero de todas maneras la pasaría a lo grande, no importaba que fuera el día previo a la Navidad.

Aún faltaban algunas horas para el almuerzo y esperaba que su amiga la acompañara.

Silbando mientras se encaminaba hacia la playa, devoró con la mirada a los especímenes que pasaban junto a ella, aunque a ninguno parecía preocuparle que todas las mujeres salivaran a su alrededor o que muchos de esos deliciosos cuerpos estuvieran acompañados.

Paseando por la playa, observó que el ánimo que reinaba era uno de completa algarabía; los niños corrían, las parejas tanto jóvenes como maduras descansaban debajo de las sombrillas, algunas personas jugaban al voleibol, y otros disfrutaban de un espectáculo ubicado bajo un toldo blanco, que seguramente sería parte de la organización del hotel.

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Se alejó, deseando encontrar un poco de calma, no quería chiquillos corriendo a su alrededor, al menos no en ese momento; lo que en realidad anhelaba era tumbarse alejada de todo, cerrar los ojos y broncearse en paz.

Encontró el sitio perfecto, o así le pareció hasta que notó la pequeña cadena que bordeaba la zona, y a un hombre de mediana edad que le informó las pautas de dicha playa

—No es privada, es una playa nudista,— le anunció el hombre con una enorme sonrisa.— No se permite el ingreso de personas tan…. vestidas.

Su boca hizo una perfecta “O”. Por supuesto que estaba al tanto de playas nudistas aunque no había estado nunca en una, y temía encontrarse con alguien conocido que le contara a sus demás amistades acerca de sus andanzas, pero por un momento, parada en esa solitaria playa, no le importó.

—Entiendo.— Intento cruzar sin mucho éxito, y al final terminó por desnudarse bajo la mirada atenta de ese hombre; no pudo evitar sonrojarse, ya que no estaba acostumbrada a que cualquiera la viera completamente desnuda. Con manos temblorosas dobló y guardó todo en el bolso.

Vestida con sus gafas y el sombrero, llevando el bolso y las sandalias playeras, se adentró en aquella playa. Caminó con una seguridad que no sentía en realidad en ese momento, pero que no le impidió seguir avanzando. A diferencia de la otra playa, ésta estaba casi vacía y a nadie parecía importarle la desnudez de los demás.

Con algo más de tranquilidad, se ubicó en un sitio cómodo y central, extendió la toalla y se sentó en ella, untó una buena capa de bronceador sobre su cuerpo, por lo menos en la parte delantera, lo cual era una experiencia nueva ya que nunca se había bronceado como había venido al mundo; incluso la sola idea le hacía bullir de emoción. Primero, tomó sol boca abajo, permitiendo que su

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trasero estuviera expuesto durante la media hora que permaneció así. Sintió una maldita satisfacción, era relajante estar sin ningún tipo de prenda.

Se giró cuando el calor se hizo palpable, y durante media hora se bronceó boca arriba, permitiendo que todo el que pasara observara su cuerpo entero. La idea la estaba poniendo caliente, cosa que nunca antes había pasado.

Un pequeño grupo de vacacionistas que pasaban le lanzaron piropos que la hicieron sonrojar por completo. Sintiéndose intimidada por tanta atención se obligó a sentarse poniendo sus piernas cruzadas como protección mientras se dedicaba a observar todo a su alrededor.

Gracias a las gafas pudo estudiar descaradamente y con avaricia, los cuerpos masculinos: cuerpos firmes y de todos los tonos de piel, musculosos y casi perfectos, otros delgados y con pocos músculos pero no por ello desagradables. Quizá lo que más le sorprendió fue una pareja mayor, lo suficiente mayor para estar en la otra playa con sus nietos, y no en esa playa, pero debía aplaudir la osadía de la pareja, y la poca importancia que le daban a sus inmediaciones al expresar su amor.

Observó atentamente hacia el mar, disfrutando de la suave brisa y la paz que se respiraba cuando de repente, vio dos potentes hombres, del tipo G.I Joe, iguales a los que su amiga juraba que recibiría de regalo de Navidad, dos hombres que sin reparo saltaban para evitar que el otro anotara en ese mano a mano de voleibol que estaban teniendo; no es que ella se fijara en como cierta parte de su anatomía se balanceaba con cada salto o movimiento fuerte. Solo de verlos su mente cocinó una muy explícita escena en la que ella disfrutaba al máximo de ellos.

Se quedó mirándoles fijamente mientras jugaban, alimentando sus sórdidos pensamientos. Si esos dos hombres supieran lo sexy que era verles desnudos y moviéndose con la destreza con que lo hacían… Sus pensamientos fueron cortados

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por el golpe del balón contra su cuerpo. Mierda, ni siquiera lo había visto venir. Se quejó en voz baja, al menos el balón no había golpeado su cabeza.

—Lo siento. — Murmuró con seguridad la ronca voz del G.I Joe No.1.— Solemos emocionarnos y olvidar que hay gente alrededor —le miraba fijamente, lo supo al momento en que G.I Joe 1 le sonrió coquetamente. Dios, el hombre estaba como un tren y ella se ofrecía a que ese tren chocara contra ella. — Un gusto conocerte, soy Aarón.

—Ca…Camille

—pronunció

torpemente.

— ¡Hola,

guapo!

—soltó

sin

reparos, lo que provocó que el hombre riera con regocijo.

—Te diría ¡hola, guapa! si hubiese tenido el tiempo necesario para estudiarte, —sus mejillas enrojecieron furiosamente, ella había creído que no habían notado que les estaba mirando, y ahora sabía que era algo que no podría negar porque era obvio que sí lo habían hecho—. ¿Quieres venir a jugar con nosotros?

Su mente calenturienta transformó esa inocente pregunta en un juego de tres, y no precisamente uno de voleibol, se relamió los labios con placer, y evitó gemir para no llamar la atención de Aarón, y casi lo logró, pero al mirar hacia el hombre, descubrió que éste la miraba con el mismo descaro que ella. Le paso la yema de sus dedos sobre su rostro con una delicadeza erótica que terminó por hacerle cerrar los ojos y gemir como una gatita.

— Cami, ¿vas a venir a jugar con nosotros?

No se molestó en replicar con la misma confianza con la que le hablaba, así que respiró hondo. — Por supuesto, una mujer no retrocede —, y antes de que él pudiera ofrecerle ayuda, ella se impulsó en sus manos para levantarse. No le pasó desapercibido la mirada que le dio, aunque estuviera oculta por los lentes supo que había reparado en ella.

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Tampoco se dejó cohibir, su vientre no era plano como el de algunas de

las mujeres que estaban en la playa, tampoco tenía el culo esbelto y turgente,

y sus senos no eran tan voluptuosos, ni firmes como los de otras mujeres. Se

consideraba más bien alguien común y corriente, con su largo cabello de color chocolate, era más bien normal y se sentía feliz de serlo. No se negaba ningún capricho, mucho menos una buena comida, así que si a G.I Joe No.1 no le gustaba pues lo lamentaba… por él.

— ¿Vas a quedarte ahí mirándome o vas a venir a jugar con nosotros? —preguntó con ese tonito de doble sentido. Le sonrió traviesamente.

— Tu amigo se ve necesitado… de compañía —agregó.

—Te apuesto que, aunque te dé ventaja, llego antes que tú, — le propuso él sin intención alguna de moverse o dejar de mirarla de arriba hacia abajo.

—Si gano, ¿qué me darás?

—Si ganas, te daré todo… lo que quieras.

En su mente resonó un “Auuuu” largo y fuerte. Podría hacerlo vestir como Santa y que le diera un regalo caliente o…

—Y

si

yo

gano… — no terminó

antes de murmurar—, ya lo sabrás.

la frase, sólo se encogió

de

hombros

Su vena competitiva le urgió a dar la guerra y por poco le gana, o al menos eso pensó hasta que noto que G.I Joe No.2 sonreía ampliamente. Había olvidado su desnudez. Estaba segura que cada parte de su cuerpo se había movido abundantemente en la carrera por llegar donde estaba el G.I Joe No.2.

— ¿Te

gustó? —Preguntó ella con sorna—, digo,

saltar, inclinarse, moverse…

yo

disfrute

viéndoles

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El tono colorado que cubrió la cara de G.I Joe No.2 le provoco satisfacción y seguridad, eliminando cualquier tipo de vergüenza que pudiera haber sentido, que de haber surgido habría sido muy poca.

 

¡Hola, guapísima! —, ronroneo

Aarón

pegando

su desnudo y caliente

cuerpo al suyo. — Estoy

ansioso por pagarte.

 

Y

ella estaba ansiosa por sentir más de ese cuerpo contra ella, sobre

 

todo porque el estar completamente desnudos le permitía sentir todo su cuerpo y provocaba que el suyo reaccionara al instante. Dios, ese hombre no era consciente de todo lo que provocaba.

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Fingiendo que tenerlo hablándole al oído, o que el cálido cuerpo que rozaba el suyo no le afectaba, e ignorando que ellos veían como sus pezones se erguían por la excitación, giró un poco la cabeza asegurándose de no herirle con su sombrero.

—Por el momento disfrutemos, más tarde veré como me pagarás, — volvió su atención hacia G.I Joe No.2. — Mucho gusto, —habló mientras alargaba las vocales—, soy Camille.

—Alejandro, a ella fuera de la realeza.

tus servicios. —Murmuró

haciendo

una

venia, como

si

Rió ante el saludo, ella esperaba un apretón de mano, un beso en la mejilla o al menos que sus cuerpos se tocaran.

Dos minutos más tarde, ella observaba a los hombres jugando de nuevo, y enfocó su atención en los puntos débiles y fuertes de cada uno, sobre todo en los fuertes. Por su altura, Aarón dominaba el balón antes de cruzar la imaginaria red. Alejandro por su parte, era rápido en responder y certero cuando quería anotar un tanto. Alejandro le ganó a Aarón, así que llegó su turno para “jugar”. No les dijo que como deportista tenía la habilidad de una escoba y la destreza

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de un árbol, no es que fuera mala, sino que era pésima. De todos modos, ello no impidió que se atreviera a jugar o a ponerse en ridículo con los sexys G.I Joe.

La pasaron genial, riendo de sus tontos movimientos, aunque eso a ella le importaba muy poco ya que en ese momento tenía a esos dos hombres completamente centrados en su persona.

Cuando Alejandro le ganó, Aarón rápidamente se levantó para unirse a ella. Jugaron alrededor de una hora más. Planeaban ir a comer a la ciudad cuando algo impactó contra ella.

Con el corazón latiéndole a mil se giró para encontrar a su descocada amiga hablando como cotorra mojada, y sus manos no dejaban de agitarse. Y detrás de ella estaba el tipo rubio por el que la había abandonado apenas habían subido al avión.

— ¡Camille! —. Espetó enojada al captar que no le prestaba atención—. Te decía que hoy hay una fiesta de Navidad en el hotel y que debemos ir. Marcos ya ha comprado nuestros boletos.

—Bueno —respondió monótona.

—Y trae a tus nuevos amigos, así no te aburres, — lo que se traducía en:

“estaré con Marcos toda la noche”. Sin más tiempo que perder la abrazó, y fue raro sentir sus cuerpos rozándose completamente desnudos. — Camille, que rica estas —murmuró la santurrona separándose un poco, y dedicándole esa sonrisa que auguraba problemas de los grandes. Hacía tiempo que había dejado de avergonzarse por la manera tan abierta en que ella se expresaba.

Y le importó aún menos que comenzara a moverse como si bailara una canción erótica. Ignoró también que sus acompañantes les miraran atentamente. La situación era incómoda, sumamente incómoda, pero muy excitante.

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—Si no estuviera perdidamente enamorada del género masculino, — habló su amiga en voz alta y clara sin dejar de moverse al ritmo de esa canción que seguramente estaba entonando en su mente—, te seguiría por todos lados hasta meterte en mi cama, y es que, Camille, eres una ricura, ¿verdad, chicos? — Preguntó mirándola fijamente y sin borrar la estúpida sonrisa de su cara.

Un

coro de “síes”,

fueron la respuesta.

y

un “pero

tú estás mejor”

murmurado por Marcos

—Sabes, ellos merecen un premio por ser tan, pero tan buenos y decir lo que se debe cuando se debe — y sin más que decir, acercó su rostro al suyo y la besó.

Permaneció inmóvil, procesando la situación, pero su amiga no cedió sino que la obligó a responder. El maldito beso era… bueno, condenadamente loco lo describía a la perfección, la lengua de su amiga hundiéndose en su boca, ella respondiendo desinhibida. Ninguna parecía querer acabar con ese primer beso, y tiró del cabello de su amiga para profundizar el beso. Ella por su parte, no dudó en pasar sus manos por sus hombros y brazos, hasta llegar a sus senos. Gimió con descaro y sin dejar de mover su boca contra la de ella imitó el proceso. Masajeó los senos de su amiga sin cortar con el beso, movió las manos de la misma manera en que ella lo hacía. Las manos de su amiga descendieron por sus costados hasta alcanzar su cadera, tiró de su cuerpo un poco más cerca, y frotó su cuerpo contra el suyo. La maldita situación la estaba calentando demasiado, la hacía desear más, así que sin dejar de pellizcar los senos de su amiga se atrevió a introducir una de sus piernas entre las de ella para hacer presión sobre su sexo, haciendo que el gemido de ella provocara que su propio sexo se humedeciera más.

— ¡Oh, mi Dios! —. El bajo gemido proveniente de un G.I Joe le hizo

terminar el beso, al parecer el espectáculo había sido excitante para todos. Por lo

menos así

le indicaba los latidos acelerados de su corazón.

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Miró por encima del hombro hacia los dos hombres. Aarón y Alejandro no apartaron sus miradas, y los malditos lentes de sol parecían inexistentes. Rápidamente, volvió su atención a su amiga, y la muy… tenía una enorme sonrisa en el rostro.

—Bueno, nos vemos en la noche guapos. — Chilló alegremente su amiga, como si nada hubiese pasado—. Marcos y yo tenemos que solucionar un problemita y creo que tú, Camille mía, tienes que solucionar dos, — murmuró estirando los labios e indicándole lo que ella había omitido ver—. Con lo que te gustaban las matemáticas en la escuela — siseó entre risitas.

— ¡Oh! — Gimió—, haré el mejor esfuerzo para que no sufran. —Le aseguró pues en lo único que realmente se destacaba era en los experimentos y ahora probaría a ver si lo seguía siendo.

— Y yo que pensaba que era una mala idea traerte. —Habló mirándola a los ojos, ella no los ocultaba tras unas gafas por lo que pudo ver claramente la picardía en esos ojos cafés, y ese brillo le hizo sentirse segura y cómoda.

Nat se atrevió a darle otro beso, uno más rápido y superficial. Y se

separaron entre risas. Su amiga se fue, muy segura de sí misma y moviendo su

1.65 metros como si fuera una gigante. Ella, mordiéndose la parte interna del

labio, se giró hacia los hombres que se encontraban con las piernas separadas, y con las manos cubriendo su reacción, esperando por ella.

— ¿Una carrera hasta el agua? —preguntó con voz temblorosa.

No espero su respuesta, sino que corrió hacia el mar, no lo pensó dos veces antes de meterse de cabeza en el agua. Si creía que con la temperatura de ésta enfriaría lo que el beso de su amiga y la mirada de los hombres había provocado en su interior estaba completamente equivocada.

Nadó hasta la boya que indicaba que el mar dejaba de ser seguro, y regresó a la parte más llana con premura. Pataleó con pereza. Iba a sumergirse

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para regresar cuando fue jalada, tragando agua en el proceso. Presa del pánico, luchó por volver a la superficie, pero algo se lo impedía, así que pataleó con fuerza sin logar emerger, y cuando al fin lo consiguió, respiró agitadamente. No había recuperado completamente el control cuando una boca se presionó contra la suya, haciéndola parpadear sorprendida. Respondió al beso sin pensarlo, disfrutando de las diferencias de éste y el que su amiga le diera antes. Este era más fuerte, más exigente, menos forzado. Podía sentir la raspadura de la barba y las callosas manos acariciando su cuello.

Disfrutó cada bendito segundo del beso, chupó el labio con sumo placer en respuesta a la mordedura que él le diera anteriormente. Succionó su lengua como lo haría si fuera su… el pensamiento fue cortado cuando unas manos se apoderaron de la parte superior de sus muslos y otro cuerpo se pegara a ella, presionando su erección contra su trasero.

—Estás tan condenadamente oído—, y húmeda.

caliente, —ronroneó una voz suave en su

Replicar era inútil, quien la besaba solo le daba tregua para respirar y quien le susurraba al oído ya tenía las manos entre sus piernas pero no alcanzaba su sexo, sino que rodeaba con fuerza esa zona. Gimió cuando el beso cesó y esos labios se deslizaron hasta su cuello.

—Desde que te vimos quisimos enterrarnos por completo en tu cuerpo. — murmuró quien la besaba, con una voz un poco más grave y ronca que la otra. — Penetrarte con fuerza hasta que el placer nos deje ciegos.

Gimió mas fuerte apretando los ojos y queriendo hacerlo también con las piernas, pero las manos entre ellas se lo impidieron.

—Jugar con tu cuerpo será placentero, — susurró la otra voz en su oído. — Apostaría mi trabajo a que estás tan preparada que te dejarías follar aquí mismo,

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—y como para corroborarlo fingió embestirla, al tiempo que una de las manos iba directo a su sexo, deslizando sus dedos a lo largo de su coño.

—Me apuesto a que te daría igual si te lo hiciéramos en la playa, en medio de todos esos desconocidos. —Musitó la voz más grave en el otro oído, y diciendo eso lamió su lóbulo y lo chupó suavemente haciendo que todo su cuerpo vibrara—. ¿Te correrías ahí con todos esos ojos sobre ti mientras Alejandro y yo te tomamos como queremos?

Los dedos de la mano en su sexo se deslizaron dentro de su canal sin reparo alguno. Ser mecidos por las suaves olas solamente aumentaba su ferviente estado. Los dedos bombearon fuertemente, mientras otro par de manos retorcían sus híper-sensibles pezones.

Con la respiración acelerada, el repique de su corazón en la garganta y el ondulante movimiento de las olas contra sus cuerpos, junto al incesante movimiento ejercido por los dos cuerpos, todo eso sumado a los besos que ambos depositaban en su cuerpo, ella se encontraba al límite, deseando más, mucho más, deseándolo todo, deseándolos a ellos de formas inimaginables y en lugares impensables.

—Más, por favor…

Suplicó presa de la excitación. Los dos hombres rieron, lo que causó que un escalofrió le recorriera el cuerpo.

Una de las manos en sus senos descendió hasta llegar a su coño. La mano que aún permanecía en su muslo subió hasta uno de sus senos. Las dos manos en su coño parecían estar sincronizadas: mientras los dedos de uno embestían una y otra vez en su interior, los dedos del otro se encargaban de su clítoris, pellizcando, deslizando los dedos sobre el sensible nudo. Las manos en sus senos estrujaron con fuerza sus pezones haciéndola gemir, y acercándola más hacia el borde.

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Los dedos en su canal fueron retirados, y ella gimió con desesperación queriéndoles de nuevo allí. Los malditos hombres se rieron, antes de arremeter de nuevo, y esta vez no eran sólo los dedos que habían estado anteriormente, sino también los dedos de Aarón. Se sentía tan jodidamente bien.

Creyó que iban a darle todo lo que pedía pero no fue así; los dos la dejaron ir, insatisfecha y desconcertada como el demonio, como si nada hubiese pasado.

—Q… que — masculló quedamente.

—Si vamos a seguir lo haremos a puerta cerrada. —Anunció Alejandro—, ya hemos llamado la atención de algunas personas. —Murmuró mirando fijamente hacia la playa, y ella lo imitó, descubriendo a varias personas con la vista clavada donde ellos se encontraban.

Debería sentirse desconcertada y avergonzada pero no era así, se sentía viva, enérgica y sexy, ningún hombre había osado a hacerle esas cosas con anterioridad.

—En tu habitación o la nuestra. — Intervino Aarón, posándose frente a ella, mirándola fijamente—. Lo más importante es que tienes que estar segura de que quieres esto y que lo estarás hasta que todos decidamos que estamos satisfechos —, sus manos acariciaron su rostro con una tormentosa ternura que la hizo vibrar. La besó fugazmente—. Si quieres, puedes esperarnos en la playa… nosotros requerimos de unos minutos para que se disipe la excitación que sentimos.

Con una sonrisa confiada estuvo a punto de decirles que se podía encargar de ello pero la mirada que tenían se lo impidió, así que con una risita tonta nadó hacia la playa y una vez envuelta en la toalla se sentó a esperarles. Aún se sentía frustrada pero la promesa en el rostro de los hombres hacía que tuviera la confianza necesaria para creer que más tarde disfrutaría de todo el paquete.

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Capítulo Dos

El improvisado almuerzo se convirtió en un juego de seducción, ella los miró con descaro y batió sus pestañas de vez en cuando. Se llevó la cuchara a la boca de forma lasciva, y deslizó su pie por las piernas de uno y de otro. Gimió cuando probó el helado de chocolate, cerrando los ojos para saborearlo, y lamió la comisura de sus labios para limpiar cualquier rastro de comida. Estaba completamente dispuesta y más caliente de lo que esperaba, su juego pretendía excitarlos a ellos pero le había afectado a ella. Pero su descarado coqueteo parecía pasar desapercibido para ellos, cosa que le frustraba de sobremanera. Quería que… que le respondieran, que la incitaran, que terminaran de una vez lo que habían empezado, y esa precisa indiferencia aumentaba aún más su estado de excitación.

—Iré a descansar para la fiesta de la noche, — anunció enojada al final del improvisado almuerzo. — Nos vemos esta noche.

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Ellos no le impidieron que se marchara, lo que ilógicamente la enojo aún más. Sabía que era una soberana ridiculez enfurecerse con dos completos extraños y era aún más descabellado saltar a su cama, aunque era peor haber permitido que la tocaran como lo habían hecho en la playa. Claro que no se arrepentía de ello aunque siguiera siendo una “estupidez de grandes proporciones”, en mayúscula y resaltado.

¿Qué diría su familia si se enterara de lo que estaba haciendo? Seguramente no se sorprenderían, la conocían y hacía años que había dejado de interesarle lo que el resto de la gente pensaba. El lema bajo el cual vivía era <<dale

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a

tus vecinos diversión, dales de que hablar para que sean felices>>.

 
 

Aun así,

la

situación

era la más

tonta y

arriesgada

en la que se

había

metido en los últimos años.

 

Sumida en medio de sus cavilaciones y evitando a tantas personas como le fuera posible, marchó hacia las escaleras, importaba poco los pisos que tendría que subir o lo cansada que estaría dado su pésimo estado físico, pero era mejor que sentirse frustrada sexualmente.

 

Malditos hombres provocadores.

 

—Tonta

Nat. —Chilló jadeante

en el cuarto piso—.

Tú con

el rubiecito

provocando que el cuarto tiemble, mientras yo me quedo así de caliente. Tonta

Nat, por no dejar que mi trasero se congelara en casa.

 

Decidió correr los cinco pisos que le restaban, al llegar al noveno piso sus jadeos eran fuertes. Respiró profundamente varias veces con las manos reposando en las rodillas y el rosto en medio de las piernas.

 

Caminaba

hacia su

habitación cuando

fue

interceptada por Aarón, la

media sonrisa en su boca le provocó un nuevo estremecimiento. Le miró

fijamente y con una indiferencia que no sentía.

 
 

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Le irritó la risa suave que emitió.

—Aun no es de noche —, soltó impertinentemente—. No olvides comprar los boletos, claro si es que quieren ir a la dichosa fiesta —masculló enfurruñada.

La risa de Aarón fue más alta esa vez, iba a soltar una de las dulces palabras que conocía cuándo él la tomó por la cintura y la arrastró dentro de la habitación más cercana.

— ¿Tienes idea de lo condenadamente difícil que fue portarnos decentemente en el maldito restaurante? ¿Cuan ridículos nos vimos al dejar el dinero en la mesa rápidamente y salir corriendo para que nadie viera lo duros que estábamos por una tonta mujer que no se cansaba de atacar nuestra libido? Ahora lo sabrás.

Con una mano en su cuello la acarició con rudeza. Su boca se ciñó sobre la suya con prepotencia, urgiéndole a recibir lo que deseaba darle. El beso fue brusco y nada parecido al que habían compartido en la playa, la lengua de Aarón atacó incansablemente la suya, intercalando el asedio con pequeños mordiscos a sus labios, para luego delinearlos y retomar el beso con severidad.

Sin dejar de besarla, la apremió a moverse hasta que su cuerpo chocó contra una pared. Aarón corto el beso solamente para sonreírle antes de usar sus manos como palanca y elevarla lo suficiente para encajar sus piernas entre las suyas, y ella instintivamente rodeó su cadera con las piernas.

Retomaron los besos con más ímpetu, y su cuerpo, preso del placer, respondió instintivamente. Las manos que la acariciaban, sus caderas moliendo una contra la otra, sentir la dura erección presionando sobre su ropa y el roce de las prendas, la hicieron humedecer.

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Su boca fue directamente al oído de Aarón, su lengua se arremolinó allí, mortificándole, su jadeante respiración daba muestra del grado de excitación en el que se encontraba.

Aarón nunca dejó que sus manos bajaran más allá de sus senos, y aunque ella lo deseaba todo, el maldito hombre parecía querer hacer que rogara.

—Han empezado la fiesta sin mí —, la voz de Alejandro interrumpió sus movimientos, pero Aarón simplemente siguió con lo suyo. Dejó que su cabeza cayera sobre su hombro, gimió suavemente.

—Te queremos desnuda Cami —, ronroneó, sin dar indicio de soltarla—, completamente desnuda —.La aseguró contra la pared durante un momento, imitando una embestida a su cuerpo y presionando su erección con más fuerza contra su sexo antes de ayudarla a bajar.

Temblorosa y con una sonrisa cargada de sensualidad se recargó en la pared, sus ojos velados levemente con sus largas pestañas.

Aarón dio unos pasos hacia atrás, mientras Alejandro se acercaba a ella.

las mejillas

arreboladas. —Susurró mirándola fijamente antes de darle a su amigo una

sonrisa socarrona—. Y nosotros que pensábamos ser buenos esta Navidad.

—No

sabes lo

hermosa que luces así, tan

excitada y

con

Los dos hombres rieron estruendosamente provocando que todo su cuerpo vibrara de placer, disfrutó de las risas masculinas, roncas y profundas, la de Alejandro un poco más suave que la de Aarón.

Alejandro tendió una mano vacilante, que ella tomó. Sin decir una palabra, tiró de ella hacia su cuerpo y la besó, pudo notar la diferencia con el beso de Aarón, ya que este era un más minucioso y corto, y mucho menos licencioso.

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La mano de Aarón aterrizó con fuerza en su trasero cubierto, lo que atenuó el golpe pero no evitó que brincara y chillara, haciendo que recibiera otra nalgada.

—Desnúdate —, ordenó Alejandro—, queremos veces que nos provocaste desde que te vimos.

responder

a todas

las

Ubicada nuevamente en medio de los dos hombres que se habían retirado algunos pasos de ella, comenzó a moverse sensualmente. Primero, se deshizo lentamente de las sandalias planas, poniéndose de puntillas comenzó a moverse como si se tratara de un striptease, balanceándose con entusiasmo y sin recato alguno ante la sensualidad erótica de la que era presa, e intentando aumentar la excitación del ambiente mientras empezaba a tararear una canción de cabaret. Se soltó la coleta que firmemente sujetaba su largo cabello.

Sacudió la cabeza de lado a lado alborotándose un poco el cabello. Recorrió su cuerpo con las manos, poniendo énfasis en sus senos al moldearlos por sobre la ropa. Con el mismo cinismo que usara Nat en la playa, movió sus caderas al mismo tiempo que recorría las manos por ellas. Descendió todo lo que pudo meneando el trasero, y al levantarse alzó la falda de su vestido para enseñarles la tanga negra de su traje de baño.

— ¿Les gusta? — preguntó con fingida timidez.

hacia Aarón y sacudió su culo contra su

visible erección, luego se alejó y caminó hacia Alejandro repitiendo el movimiento,

y entonces se colocó nuevamente en medio de ambos hombres.

Zarandeando el vestido, caminó

Tironeó del vestido hasta sacárselo por la cabeza y lo arrojó hacia Aarón. El sostén del traje de baño le siguió con un simple tirón. Masajeó sus senos como antes lo habían hecho los hombres cuando estaban en el agua, y con la fuerza que Nat había aplicado en su tonteo, pellizcó y tiró de sus pezones, gimiendo con

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toda su alma, ya que nunca había sido así de osada y le estaba gustando ese lado travieso y arriesgado.

Fingía quitarse el tanga cuando Aarón la atrapó por la cintura.

— ¡Hey! —Se quejó, — los estoy seduciendo.

— Pues vas muy lento y no creo aguantar más. —Gruñó mordiendo su

cuello—. Deja que te ayude —. Lo vio inclinarse, y sin decir palabra alguna la

hizo abrir las piernas tanto como pudo, corrió la tanga hacia un lado y acto seguido sumergió su pérfida boca en su coño.

Un largo “mmm” reverberó en su sensible piel, mientras succionaba su clítoris varias veces antes de deslizar la lengua por su raja.

— Por

favor… — masculló entre dientes.

— ¿Por favor qué? — Preguntó

Alejandro

parándose

junto a ella—, ¿por

favor, no sigan? ¿Por favor, más? ¿Por favor, únete? — ronroneó

con malicia.

Incapaz de responder, se retorció de tal manera que la boca de Aarón abarcó más de su sexo. Alejandro abofeteó uno de sus senos haciéndola sobresaltar, nadie nunca le había hecho semejante cosa, así que protestó, o al menos eso le pareció a ella. Al parecer, él no lo tomó como una queja ya que abofeteó el otro seno.

Jadeó presa de las malditas sensaciones provocadas por las bofetadas en sus senos y por la maldita boca que se comía su sexo.

— Levántate —ronroneo Aarón, lo obedeció automáticamente y volvió a

hacerlo cuando se lo volvió a ordenar. Él continuó torturando su sensible intimidad, deslizando la punta de la lengua en su canal. Ella respondía rotando sus caderas contra él, y ese meneo hacía que ejerciera más contacto y profundidad en sus movimientos.

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Alejandro cambió de dar bofetadas a lamer sus senos, chupándolos con fuerza y apretando los globos con sus manos, pellizcando sus pezones tanto con los dedos como con los dientes, haciéndolos rodar entre sus dedos, y lengüeteándolos como si fuera un cachorro bebiendo de su tazón.

 

Todo su cuerpo pendía de un fino hilo, tan fino que estaba por romperse y hacerla explotar. La atención sobre sus senos cesó. Desconcertada, abrió los ojos, queriendo que siguiera con la tortura.

La protesta que quería expresar murió antes de emitirla al sentir el contacto de unos labios sobre su espalda que hizo que se le pusiera la piel de gallina. Gimió encantada y mucho más que excitada, esa maldita boca descendió y no le importó permitir que esa lengua trazara la raya de su trasero o besara sus nalgas.

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—D-dios — susurró jadeante.

 

Aarón estaba usando sus dedos para bombear en su cuerpo, mientras chupaba y tiraba de la sensible piel de su clítoris. La boca que besaba su trasero solo aumentaba el placer y que él muy maldito introdujera un par de sus dedos en su canal para unirlos a los de Aarón sólo la hacían acercarse más al límite.

Le

había sorprendido cuando lo hicieron en la playa, y le

volvía

a

sorprender que lo hicieran como si aquello fuera normal.

 

Los dos bombearon al mismo ritmo. En respuesta, ella apretó todos sus músculos para sentirles más. Cuando Alejandro lo notó abofeteó su trasero, al maldito hombre parecía encantarle hacer eso.

Un par de dedos abandonaron su canal para posarse en el fruncido anillo. Introdujo uno con facilidad, y luego otro. Aarón no dejaba su tarea, la cual la mantenía distraída y le facilitaba a Alejandro el poder introducir dos dedos y juguetear con su ano como le apeteciera. Otro dedo más se unió, y los fuertes embates de la mano de Aarón en su canal la hicieron estallar.

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Gritó cuando el orgasmo recorrió tocarla, de prolongarlo.

su cuerpo,

pero ellos

no dejaron de

Presa de su placer, no notó cuando ellos se bajaron los pantalones cortos y enfundaron sus erecciones con un par de condones. Tampoco fue consciente del momento en que Aarón levantó una de sus piernas, ni cuando Alejandro usó sus fluidos para lubricar su pene.

De una firme embestida, Aarón la penetró por completo, besándola con la misma pasión con la que la embestía. Una vez que el ritmo estuvo marcado respondió ansiosa a los malditos embates. Se hallaba tan perdida por la maravillosa sensación que no protestó cuando Alejandro le abrió las mejillas de su culo y sin tiempo que perder le dio la primera estocada a su trasero, causando cierto escozor por la invasión que, irónicamente, hizo que se elevara aún más su ferviente estado.

—Respira

profundamente. — Sugirió Aarón deteniendo sus movimientos

pero sin abandonar por completo su palpitante coño.

Así lo hizo, pero de todos modos no pudo evitar retorcerse y gritar cuando el pétreo eje de Alejandro la penetró por completo. Se le escaparon algunas lágrimas. Aarón la besó, y ese momento abrumador la transportó a otro mundo, volviéndose más intenso a medida que ambos cuerpos comenzaban a moverse frenéticamente contra ella, machacándola por completo.

hombros, cuello y oídos, la

atención que prodigaban a sus senos, apretándolos y tocándolos suavemente de vez en cuando, todo fue combinándose y haciendo crecer el calor en su cuerpo, sus músculos se tensaron completamente dando indicio de la explosión que ocurriría muy pronto.

El

arduo

vaivén, sus mordiscos en sus

Los gemidos, los roncos jadeos de los tres, el sudor cubriendo sus enredados cuerpos, los juegos previos, todo había creado en ellos un cúmulo

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gigantesco que estalló con fuerza. Unas motas negras empañaron su visión, mientras esperaba que los tres cayeran al suelo en el momento que sus gritos se unían y las ultimas embestidas los liberaban por completo.

Las palpitaciones desde su satisfecho coño se extendieron hacia sus piernas y estómago, mientras grandes bocanadas de aire escapaban de sus pulmones.

Ellos no soltaron su cuerpo ni retiraron sus flácidos miembros hasta que sus respiraciones estuvieron medianamente calmadas.

Entre risas y bromas tontas la llevaron al baño, le prodigaron atenciones y por más que las cosas se calentaron nuevamente, ellos no permitieron que las cosas llegaran más lejos. Luego de envolverla en una toalla, la cargaron hasta la cama, donde se durmió entre esos perfectos modelos G.I Joe.

Capítulo Tres

Llegaron a la fiesta cuando ésta estaba en su máximo apogeo, la música se escuchaba claramente desde que habían salido del ascensor, y toda la gente parecía haberse puesto de acuerdo en el atuendo ya que vestían con prendas rojas y verdes por doquier. Echó un rápido vistazo a sus vestuarios.

Ella había optado por una vaporosa blusa de un color blanco impoluto que dejaba vislumbrar el sostén de satén negro, y un vaquero desgastado; tenía

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maquillaje suficiente para ser vista por todo el mundo. Aarón usaba una chaqueta azul, una camisa blanca, pantalón oscuro y zapatos de material. Alejandro llevaba un atuendo similar aunque su chaqueta era de cuero. A ninguno de los dos parecía importarles el calor que hacía, ya que se veían como esos modelos de revista.

Estudió las facciones de los dos hombres, las similitudes fisionómicas no le pasaron desapercibidas, los dos tenían el cabello ondulado y castaño, la barbilla cuadrada, nariz de modelo, ojos oscuros, cejas tupidas.

— ¡Son hermanos! — Chilló sorprendida y consternada a la vez.

—Medio-hermanos. —Aclaró Aarón.

—Sí,

de la cintura para

abajo. —Comentó con aire casual Alejando. Los

hombres estallaron en carcajadas.

—Eso sucede cuando tienes un padre responsable, cada hijo tiene una madre distinta, —incluyó con amargura Aarón—, pero sobre todo, se aseguró de que las mujeres fueran muy cercanas —rió con malicia—, así sus hijos se conocerían de una manera u otra.

boca, procesó todo lo sucedido, y

tosió con fuerza

hermanos. No era como si fuera la fantasía que algunas tenían de montarse a unos gemelos.

Estaba teniendo sexo con

Tardó algunos segundos en cerrar la

al tiempo que sus mejillas enrojecían.

— ¡Jodidísimo! — Exclamó mirando a uno y al otro de hito en hito—. Son

unos hermanos perversos. —Aseguró entre risas, y tomó a cada hombre de la mano para jalarlos, directo a la fiesta.

Le pareció oír un “no tanto como tú” de uno de sus acompañantes, pero no respondió a eso.

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Durante la primera hora en la concurrida fiesta, su mente no dejó de apostillar: Sexo con hermanos. Las malditas palabras la estaban volviendo loca. Había escuchado historias de algunas personas que se involucraban con uno y luego con otro miembro de la misma familia, pero entre una y otra relación había un lapso de tiempo moderado; ella, por el contrario, se había lanzado a tener sexo con unos desconocidos que para rematar resultaron ser hermanos.

Bebieron algunas cervezas, charlaron con algunos de los otros vacacionistas,

se tomaron turnos para llevarla a la pista. Cuando sonó una canción movidísima

y que incitaba al sexo, obligó a Alejandro a unírseles en el baile. No es como si fueran a montar una escena en medio de todos los presentes.

Bueno, no demasiado, de todos modos.

Se dejaron seducir por “Little Bad Gril”, ella se movió entre medio de los dos hombres, bajó entre ellos, dejando que su culo rastrillara sobre sus braguetas, enredó sus brazos en el cuello de Alejandro mientras los tres se sacudían al lento ritmo de la canción. Las manos de los hombres en su cuerpo eran un condenado infierno.

Besó con pasión a Alejandro como la típica hembra marcando el terreno para las demás, y se giró para besar con la misma pasión a Aarón. Se podía acostumbrar a besar a los dos apuestos hombres como si fuera lo más normal del mundo. Rió feliz, sintiéndose libre.

Si, ser traviesa tenía sus partes buenas. Santa le había anticipado dos bocados de hombre que estaban completamente enfocados en ella. Le importó muy poco que algunas personas les miraran fijamente, y pagó esa atención moviéndose con más descaro, tocando a los hombres como lo haría en privado, aunque sin quitarles la ropa.

Poco a poco se fueron moviendo hacia un rincón oscuro. Disfrutó de ver a Alejandro interponiéndose en medio de Aarón y ella, meneando su maldito

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culo de muerte y casi se infarta cuando la mirada de Alejandro se enganchó a la suya, y sus labios se movieron gesticulando un “Mira”, seguida de una sonrisa fulminante.

Su pantalón se humedeció al captar la mano de Alejandro metiéndose por dentro del pantalón de Aarón, que gimió lo suficientemente alto para que Alejandro riera y metiera la mano completamente en los pantalones de su hermano. Condenados hijos de…

—Recuerda que Aarón

debe

pagar

por perder

la carrera

contigo, —

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en su oído. Cerró los ojos al tiempo que mordía su labio y gemía—. Está tan caliente y duro.

ronroneo

Apretó con fuerza las piernas, sus ojos

volvieron a enfocarse en la mano

dentro de los pantalones de un Aarón completamente perdido, su cabeza echada hacia atrás, ella relamiéndose los labios deseosa de poner no sólo una mano en ellos, sino frotarse con todo su cuerpo.

Tragó saliva, cuando observó que el cuerpo de Aarón se tensaba.

—Demonios, no son gay, ¿verdad? —preguntó con dificultad.

 

Un tajante y seco “no” de parte de Alejandro y un gruñido de Aarón fueron toda la respuesta.

—Bésalo. —Demandó Alejandro mirándola fijamente—. Va a correrse en los pantalones y no queremos que su grito advierta a todos de las cochinadas que le hago a mi hermano.

El recordatorio del vínculo filial derritió todo en ella, malditos hombres calientes y pervertidos, con un poco de vacilación cortó la distancia entre ellos, poniéndose de tal manera que su cuerpo cubría lo que Alejandro hacía, enmarcó el rostro barbudo de Aarón entre sus manos y poniéndose de puntillas

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atacó sus labios lamiendo con pereza el inferior, chupando el superior, besándolo y permitiendo que la lengua de Aarón se introdujera en su boca.

 

Durante todo

el proceso,

no

dejó de moverse al ritmo de la

música que

sonaba de fondo. Alejandro tampoco dejó de bombear el seguramente incómodo

miembro de Aarón.

Los bajos y profundos quejidos de Aarón la tenían en el mismo borde,

 

apretó los muslos

y comenzó a moverse de tal manera que

la

costura del

pantalón friccionara contra su desnudo, húmedo y palpitante sexo.

 

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—Te vas

a correr para nosotros. —Habló

sobre

su boca—. Dejarás

la

mano de tu hermano bañada por completo de tu semen para que yo la pueda lamer a fondo hasta embriagarme de tu sabor —los tres gimieron al unísono—, estoy tan, pero tan caliente.

Alejó su rostro para ir a por la boca de Alejandro. — Haz que se corra. —Habló contra su boca sin estar segura de ser oída. Hundió su lengua en él todo lo que pudo y lo devoró ansiosamente.

El profundo quejido que se produjo contra su boca terminó por que se corriera. Era la primera vez que lo hacía sin tener algo enterrado en su interior, el maldito roce del pantalón y observar a Alejandro masturbar a Aarón, junto a los gemidos de los dos había sido estímulo suficiente. No podía catalogarse de voyerista, ni de exhibicionista pero seguro que desde ese momento lo sería.

Atrapó la mano de Alejandro apenas hubo dejado los pantalones de su hermano, y mirándoles fijamente llevó esa mano hasta su rostro, lamió el espeso fluido con avidez; primero se concentró en la palma donde hizo círculos con la lengua, gimiendo ante el sabor agrio y picante del líquido lechoso, y luego, uno por uno lamió, chupó y succionó los dedos con fuerza, provocando que Alejandro gimiera y mascullara algo ininteligible.

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— ¡Oh, picarona! —El entusiasmado grito de su amiga provocó que los tres se tensaran—. Te he estado buscando por todo el maldito lugar y tú estas escondida aquí arrinconando a este par de hombres. Deberías compartir un poco.

por la situación le manifestó: —Lo siento, tú

tienes el tuyo —. Le tomó toda su voluntad girarse hacia ella con una sonrisa tímida e inocente.

Con las mejillas

calientes

un poquito

de ellos —. No sabía que tan ciertas podían ser las palabras de su amiga pero la idea no la enloquecía.

—Pero,

Camille —protestó haciendo un mohín—,

yo

quiero

Sin embargo, al concluir la fiesta, se encontró nuevamente en la habitación de los G.I Joe, en compañía de una muy ansiosa Nat. Ella misma sentía la maldita emoción correr por su cuerpo con fuerza, aunque podía ser que el efecto fuera en parte debido al alcohol y a todo lo sucedido en la fiesta. Que su amiga no se hubiera despegado de ellos durante el resto de noche no implicaba que ellos dejarán de manosearse cada vez que podían.

Gracias al estado de embriaguez de Marcos, Nat se auto invitó y al ver la cara de emoción de sus “hombres” ella no se pudo negar, no es como si fueran novios ni nada, así que sintiéndose algo reticente y encerrada en si misma, siguió al trío a la maldita habitación.

Nat no dejaba de parlotear y brincar entre los dos hombres, totalmente encandilada. Ni bien hubo cerrado la puerta, cuando la boca de Alejandro ya devoraba la boca de Nat. Mordió con fuerza su labio, y un pensamiento de perra celosa le vino a la mente diciéndole que <<no quería que ella tocara lo suyo>>, no importaba que la mujer fuera su mejor amiga, no quería tenerla allí. Esta era su maldita oportunidad de soltarse el cabello por completo y tener lo que muchas mujeres en silencio deseaban: dos calientes y buenorros hombres solo para ella.

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Tenía que controlar ese tonto impulso posesivo y celoso antes de arruinar la noche de todos. Es una nueva experiencia, se recordó.

Recargada en el resquicio de la puerta de la habitación observó cómo Aarón relevaba a su hermano y besaba a su amiga. El espectáculo era mejor que ver porno pero no por ello disminuía ese sentimiento de traición, además de que los tres estaban tan sumidos en sus besos que no la echaban de menos.

Exhaló varias veces tratando de disipar las ganas locas de golpear a su mejor amiga. La escena terminó por hipnotizarla. La fiereza con la que los tres luchaban con sus ropas era abrumadora, la risa baja de Nat, los susurros roncos de Alejandro.

—Únete a nosotros Cami. —Habló seductoramente Aarón tirando del minúsculo vestido de Nat—. Queremos un espectáculo como el que dieron en la playa.

—Prefiero observar —masculló entre dientes.

Los tres

se detuvieron por completo y al instante. Con una sonrisa

forzada, negó con la cabeza.

—Quiero ver —les aseguró con el tono más disipado que pudo—. Explorar esa parte de voyeur en mí.

No tardaron en volver a lo suyo. Debía dejar la estupidez a un lado, no tenía un vinculo real con ninguno de ellos, sólo con Nat, y ella había estado siempre apoyándola, no era justo portarse de manera tan despreciable aunque en realidad su amiga no se diera cuenta de ello.

A pesar del inicial recelo, se vio arrastrada por la pasión del acto que sucedía frente a ella. Nat estaba recostada en la mullida moqueta con los ojos cerrados y su cuerpo complemente sonrojado, Alejandro se comía su coño con avidez, mientras la polla de Aarón se sumergía en la boca de su amiga. Las

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manos de Nat, se retorcían en las musculosas piernas de Aarón al estar entregada por completo a la lujuria.

 

Levantó sus manos hasta sus senos, tirando del sostén para dejarlos libres bajo su camisa, y por encima de ésta, pellizcó sus pezones con fuerza, uniéndose indirectamente al acto, sintiendo que la aspereza de la prenda solo servía como catapulta para avivar la lujuria.

— ¿Te gusta como Nat se come

tu polla? —cuestionó en voz baja

 

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—Ma

Maldición

si —masculló

Aarón

mirándola fijamente—, quiero

correrme en su boca y que trague por completo mi semilla.

 

—Y a ti Alejandro, ¿te gustaría que ella se corriera en tu boca? ¿No es eso pervertido, caliente y sucio?, ¿que dos hermanos se estén follando dos mejores amigas hasta volarles los sesos? —murmuró con un tono bajo y ronco. Caminó hasta ellos. Inclinándose a su lado susurró: — Que duros están por aquí —Acunó los testículos de ambos en sus manos, haciéndolos rodar y apretándolos con fuerza—. Chupa duro, quiero ver como exprimes por completo su polla.

Los gemidos de Aarón, la manera rápida en que Nat engullía y chupaba esa dura polla y que Alejandro maniobrara para tocarla a ella sobre su cuerpo aún cubierto la hicieron parte del juego. Significaba que: Iban a montarla a lo grande.

—Cami —articuló Aarón—, nena mis pelotas están duras, ven aquí, necesito aquí para chupar tus tetas.

te

Con una risita tonta se arrastró, literalmente, frente a él. Pasó sus manos por el cabello de Aarón, rastrillando con fuerza su cuero cabelludo antes de pegar sus bocas; el ansia, el desespero y esa pizca de perversión hacían que todo fuera mucho más excitante.

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El beso fue corto y cargado de silenciosas promesas. Sin darle tregua, Aarón le susurró para que liberara un seno y se acercara más. Su húmeda boca se posó sobre uno de sus senos como si quisiera chuparlo con fuerza. La lengua se movió alrededor de un pezón y la fricción de la camisa sobre su piel la tuvieron gimiendo en unos segundos.

Arañó apasionadamente la cabeza y los hombros de Aarón. Que los cuatro se manejaran armónicamente fue una locura. Alejandro tenía su boca y algunos dedos en Nat; y Aarón con su fuerte eje se propulsaba dentro y fuera de la boca de su amiga. Aarón trabajaba con su perniciosa boca sobre sus senos. Ella tenía una mano dentro de su pantalón y se masturbaba con descaro, queriendo alcanzar ese clímax al que sus amigos se aproximaban.

—Más pervertido —siseó con esfuerzo Aarón,— es que te montes a tu amiga. Más caliente, es que después de eso nosotros las montemos a ustedes. Joder, yo puedo correrme con solo verlas.

—Muy caliente y muy perverso —jadeó—, quieres un espectáculo lésbico, ver como Nat y yo nos comemos mutuamente nuestros coños mojados, ver como Nat chupa mis tetas y como yo meto mis dedos en sus canales. —gimió con fuerza cuando le mordió el pezón—. Y-yo… lo haría si a cambio ustedes dos hacen lo mismo —manifestó en tono bajo—, pero este espectáculo es privado como pago al desafío de la mañana.

—Eres tremenda.

—Deja de hablar, quiero que te corras en la boca de mi amiga, quiero que eso provoque que Alejandro pueda lamer los jugos de Nat cuando alcance su clímax y su coño palpite en esa dulce boca. Quiero correrme con tu maldita boca mordiendo mis tetas y mis dedos bombeando en mi coño.

Sus palabras parecieron gustar pues cada parte de la ecuación sexual trabajó fuertemente en su parte, y con tanta dedicación, que la explosión llegó

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con un efecto dominó, el estallido de uno dio paso al del otro, y así sucesivamente hasta llegar a ella.

y

movida por la excitación se montó sobre ella, besando fugazmente sus labios

antes de acercar la mano que evidenciaba que ella había sido parte del interludio.

Esperó

que

ellos

dejaran

el

cuerpo

bien

trabajado de su amiga

Los dilatados y oscuros ojos de su amiga brillaron de picardía. Nunca, ninguna de las dos, habían hablado sobre experiencias lésbicas o deseos de hacerlo juntas, así que no lo pensó. Acercó la mano a la boca de su amiga, y para su maldita sorpresa, la muy perra lamió sin reparos su mano de la misma manera en que horas atrás ella lo había hecho con la mano de Alejandro.

Unos jadeos roncos le recordaron la presencia de los dos hombres.

Apenas Nat hubo limpiado su mano, volvió a besarla y saboreó ese sabor agridulce en la boca de su amiga, la mezcla de sus fluidos y de los de Aarón. Sintió las suaves manos de su amiga deslizándose bajo su camisa sin vacilación alguna, sus finos dedos jugueteando alrededor de su ombligo, luego desplazándose hacia arriba.

Farfulló confusamente cuando ella la atrapó con la guardia baja y desprevenida, al impulsarse y hacerla rodar dejándola bajo su desnudo y sudoroso cuerpo.

—Ya fui bocado de ellos, ahora me toca a mí estar al mando —sonrió ampliamente—, mantén esas manos quietecitas durante unos minutos. —Le ordenó—. Si no lo haces le pediré a ellos que te inmovilicen.

Obedeció, su cuerpo se erizó al contacto de esa cálida piel contra la suya. Su amiga no demoró en sacarle la camisa y retirar el desacomodado sostén. Las yemas de sus dedos tocaron suavemente las crestas de sus senos, y repitió el movimiento con sus largas uñas; el cosquilleo que eso le produjo hizo que su

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respiración se agitara. Un estómago.

escalofrió recorrió

su

espalda y se asentó en su

 

Observar la forma en que esa rosada y húmeda lengua se arremolinaba en uno de sus senos y como su amiga se frotaba contra su cuerpo hizo que se humedeciera. La boca de Nat besó sus senos con minuciosidad y casi tiernamente. Sus labios descendieron por su estómago, besando, lamiendo, y chupando.

Le abrió el pantalón con destreza, y antes que le dijera algo ella levantó la cadera por propia iniciativa, lo suficiente para permitirle bajar la prenda.

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—Sabía que eres de las que andan sin bragas, para poder entregarse de inmediato —dijo su amiga mirándola a los ojos. Las dos rieron quedamente.

Sin despegar sus ojos, terminó de sacarle el pantalón, y no le importó que éste se enredara en los altísimos tacones atigrados. Acarició sus piernas, e inclinó el rostro lo suficiente para besar su húmedo sexo.

—Es mi primera vez —habló sobre su coño.

 

—La mía también —respondió temblorosa—, ahora si podemos decir que hemos hecho todo juntas —apostilló, enredando las manos en el cabello de Nat— Ahora, antes de que perdamos el impulso, hagámoslo.

Pero la

maldita p…

se tomó

su

tiempo “para hacer algo”. Usando

sus

manos separó los labios de su coño, dejando expuesta la humedad.

—Sabía que eres

una puta calentona. —Se jactó— Esto

es… raro, pero…

me calienta —aseguró, levantado su rostro un poco—. Voy a comerme tu dulce coño y luego… tú harás lo mismo con el mío.

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Tiró

del cabello

de

Nat

con fuerza,

no quería que la muy perra la

calentara, sus nervios y la excitación la tenían a mil, su corazón latía desbocado, su estómago temblaba de excitación.

 

El primer toque fue uno dudoso y rápido, el segundo un poco más lento, en el tercero la boca de su amiga se enterró por completo en su coño. Automáticamente, pasó una pierna sobre su hombro, y movió sus caderas en pequeños círculos. Las manos de Nat acariciaron el costado de su estómago.

Cada toque producía un fiero estremecimiento que aumentaba cuando sus excitados ojos vislumbraban a los dos hombres con sus pollas en sus manos, haciéndose cargo de su propia excitación. Sonrió quedamente y gimió más alto.

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—Nat — llamó en un susurro a su amiga—, cambio — logró farfullar.

No iba a correrse antes de poder tocar a su amiga, de algún modo se sentía incorrecto hacerlo. Nat la ignoró completamente. Maldita loca. Tiró fuertemente

de

su cabello para llamar su atención.

 

En medio del pequeño forcejeo, ambas quedaron frente a frente, jadeantes

y

sudorosas, se besaron tiernamente, acariciaron sus cuerpos, y el contacto,

aunque era diferente no se sentía mal. Tras largos jadeos y besos terminaron con

la boca de la otra en sus coños.

 

Chuparon, tiraron de la sensible piel, y lamieron con fiereza, usando sus manos para aumentar la humedad de sus sexos, y eso les permitió refregarse a un ritmo más salvaje.

Las palabras susurradas de Aarón y Alejandro sólo echaron mas leña al fuego, y ellas hicieron todo lo que ellos pidieron.

Los muy desesperados interrumpieron el interludio con Nat para tomar a cada una de ellas y follarlas hasta dejarlas sin sentido. Alejandro fue a por Nat y sin vacilar le embistió cual toro de raza. Aarón no se quedo atrás.

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Cuando cada mujer estuvo en el borde ellos cambiaron de coño, la experiencia era la cosa más descabellada que había hecho pero no le importaba, no es como si pudiera pensar con claridad.

En medio de

un

aforado

beso

estalló,

y al correrse gritó

el nombre de

Aarón aunque quien la follaba era Alejandro.

Capítulo Cuatro

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La mañana de Navidad fue una completa locura, despertó en medio de dos cuerpos completamente desnudos, y uno de ellos poseía un par de senos grandes. Parpadeó varias veces antes de captar a su mejor amiga, quien la miraba fijamente.

—No quise irme sin hablar contigo —su voz era un susurro muy bajo—. Gracias por permitirme ser parte de lo de anoche, sé que no te gustaba la idea — declaró jocosa—, a mí tampoco me hubiese gustado tenerte en la misma habitación con Marcos — acarició su rostro con delicadeza—. Gracias riquita—, besó suavemente sus labios—. Esta es la última cosa loca que hago, lo mío con Marcos va muy en serio, por eso es que lo de anoche solo quedará entre nosotros cuatro.

—Nat, lo conociste en el vuelo —le recordó.

—Tú lo conociste ese día, mi relación con el data de meses —rió estruendosamente—, no quería venir sola, por eso te arrastré conmigo, fue algo egoísta pero no me arrepiento de nada, mira lo que has encontrado: dos hombres para ti, ¿te los vas a quedar?

Evitó responder ya que no había ahondado en ello. Físicamente, los dos hombres le gustaban, por el momento les iba muy bien en la cama, pero no sabía

nada más de ellos aparte de que eran

hermanos y que

estaban buenísimos.

La cama fue el mejor lugar para pasar la Navidad, y después de que Nat se hubiese escabullido durmió otro rato abrazándose fuertemente a los dos cálidos hombres.

Después de eso, le siguió un rápido desayuno y una ducha muy larga. Luego, vino el sexo tormentosamente caliente y loco, estar intercalada entre esos hombres, intercambiar besos, saliva, y fluidos. Intentaron ver la televisión, intentaron almorzar en la pequeña sala de la habitación, intentaron dejar la cama para ir al restaurante del hotel. Lo intentaron, pero al final siempre

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terminaban enredados entre ellos, y sus cuerpos luchando eróticamente entre sí. Volvieron a dormirse despatarrados y desnudos en la moqueta.

Los siguientes días pasaron el tiempo disfrutando de algunos paseos por la arena, buceando, nadando en la playa y en la piscina del hotel, visitando la playa nudista, explorando algunos islotes e islas. También compartieron de comidas a la luz de la luna. La mayoría de los días, Nat y su novio les acompañaban, limitando sus manoseos, besos y demás.

Esos días le sirvieron para conocer a los dos locos hermanos que por ironías de la vida provenían de la misma ciudad que ellas, Aarón se dedicaba a la docencia en un pequeño instituto, mientras que Alejandro trabajaba en la banca. Nunca imagino que gente tan “correcta” pudiera ser tan pervertida y caliente.

El sexo era una locura completa, probando ser la mejor dieta del mundo pues podía comer todo lo que quería y no engordaba ya que esos hombres la hacían sudar como una condenada. No importaba que estuvieran en una escapada al mar en horas poco frecuentes, o que bajaran a la piscina a hurtadillas de los empleados del hotel.

La llegada del treinta y uno auguró dos cosas: la primera, que recibirían el Año Nuevo juntos; la segunda, que el idilio en el que se hallaba terminaría una vez que abordara al avión. No sabía si a ellos los esperaba alguien especial en su casa, pues en sus pesquisas se cuidaba de preguntarles cosas que no deseaba saber, como el hecho de si tendrían novias.

Se acicaló cuidadosamente, poniéndose un lindo vestido de tiras de color berenjena, suelto, y que le llegaba por encima de sus rodillas; lo combinó con un pequeño juego de perlas y zapatos de tacón, atigrados, ya que le había tomado cierto aprecio a esos zapatos, y no le importaba si no iban a juego con el lindo vestido. Su maquillaje fue sobrio y natural, y el cabello se lo dejó suelto. Con un bolso estilo “sobre” en sus manos dejó la habitación que solamente le había servido de guardarropa durante su estancia en ese lugar. Las manos le sudaban

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demasiado; saber que todo terminaría a media noche como le había sucedido a la cenicienta le daba pavor, pues ella anhelaba algo mas.

Rescataría lo mejor que pudiera de esa noche, entregaría lo mejor de ella sin arrepentimientos, y sin remordimientos.

Aarón y Alejandro estaban tan guapos como siempre; uno usaba una camisa de color verde esmeralda y el otro tenía una camisa negra; ambos vestían pantalones oscuros y zapatos de material. Le gustaba la forma de vestir que tenían, su estilo, siempre lucían impecables, bien presentables, tan… comestibles. Hagámoslo.

Tomó a cada hombre del brazo, y caminaron en un atípico silencio hacia el ascensor. Se reunirían para cenar con Marcos y Nat, y de allí irían a la última fiesta, juntos. A primera hora, ella abordaría su vuelo mientras que ellos permanecerían algunos días más en la paradisíaca isla.

—Esta noche quiero que me pagues —habló sin atreverse a mirarlos una vez que el ascensor comenzó su descenso—, recuerda lo que pedí la primera noche que pasamos juntos.

—Camille —pronunció enterado de lo que quería.

Alejandro con cuidado. No sabía si él estaba

—Una deuda se paga —declaró culo cuando alguien me debe algo.

firmemente—, y suelo ser un dolor en el

Aprovechó que las puertas se abrieron, para que un pequeño grupo se introdujera en el mismo, lo que sirvo para evitar seguir con la conversación, los nervios la carcomían y temía desmoronarse delante de ellos. La atracción sexual era fuerte, también lo era la atracción emocional que sentía hacia ellos; no podía asegurar que estaba enamorada pero si bastante cautivada.

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Una vez que el ascensor arribó al vestíbulo, caminaron hacia el restaurante. Nat y Marcos ya estaban allí, tan galantes y sonrientes, tan enamorados y ella… tan envidiosa de no poder tener eso. Año nuevo, deseos nuevos, vida nueva, se recordó.

La cena pasó entre risas y una gran sorpresa: Marcos le pidió matrimonio a la descocada de su amiga. Eso dejó en claro cuan serias iban las cosas entre ellos. Se alegró por su amiga. Tras la respectiva celebración continuaron con la cena, hablando de las expectativas para el nuevo año. Salud, empezar el régimen, viajar más, organizar la boda, remodelar la casa, hacer un estudio complementario, hacer esto y aquello. Todos los propósitos eran reales, metas a mediano plazo. En silencio, ella se propuso que para el año nuevo intentaría conocer a alguien y quizás iniciar una relación estable.

El mesero pronto sirvió los postres y una botella del mejor vino, incluso les llevó algunas uvas. Rió ante el cliché, pues sabía que en algunos países la gente comía doce uvas mientras en silencio iba formulando sus deseos y propósitos.

Brindaron y bebieron, mientras se producía el conteo lento y agónico. Al grito emocionado de todos deseando un Feliz Año, siguieron los abrazos, los besos, el comer apresuradamente las uvas para que el Nuevo Año hiciera realidad sus deseos.

Tras dejar el restaurante fueron a una de las mejores discotecas, el ambiente festivo era palpable, gente contorneándose al ritmo de un reggae, las luces de colores destellando sobre los cuerpos que rezumaban por la excitación, luego las secuencias de luces estroboscópicas creando un efecto de lentitud en los movimientos.

Se bebió dos tragos de champán antes de que estuviera moviéndose en la pista junto a Nat al ritmo de la música, meneando el trasero al ritmo del bajo, desordenando su cabello cuando uno de los sonidos lentos aparecía, riéndose como si los problemas no existieran o los pesares no fueran a llegar. Disfrutó como

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nunca antes lo había hecho de la llegada del Nuevo Año, pues sabía que de haberse encontrado en su casa con toda seguridad estaría durmiendo.

Se embriagó con los lentos toques de Aarón cuando se unió a ella en la pista de baile, sus manos fueron a su cadera para pegarla contra su cuerpo, la movió a un ritmo decadentemente sexy y lento mientras Alejando se acercaba para unirse también a ellos, ubicándose delante de ella, de la misma forma en que lo hacían la mayoría de las noches durante la última semana. Eran sólo ellos tres disfrutando de un maravilloso momento. Sin dejar de moverse, ella besó el cuello de Alejandro.

Rió cuando se le ocurrió hacer su paso loco, moviendo su pecho de tal manera que parecía que fueran a salírsele los senos. Movió el culo con más lentitud, restregándose contra los cuerpos de Aarón y Alejandro. Bajó por completo sin que los tacones se le balancearan ni un poco, y subió con el mismo descaro que una bailarina de tubo. Los besó sin atisbo de vergüenza en medio de toda la maldita gente.

Cerró los ojos cuando la canción lenta llegó y los tres bailaron con exacta

bailaban,

sincronía. Luego, se turnaron para disfrutar de la ronda lenta y mientras ella siguió besándolos con toda su alma.

Bebió poco aunque su desinhibida forma de actuar pudiera expresar lo contrario. Habló un poco más de lo que había hecho durante el transcurso de la velada, se rió por tonterías, siguió bailando sin música mientras regresaban al hotel, y nada de eso pareció importarles a los hombres que la acompañaban.

Cuando estaban en el piso donde se hospedaban, se lanzó sobre Alejandro, enredando sus brazos en su cuello y las piernas en sus caderas. Le besó desaforadamente, rastillando sus uñas en su cuero cabelludo. Le metió la lengua hasta la garganta, y se movió sobre sus labios como si estuviera hambrienta. No le permitió dejarle cuando el beso terminó, sino que la tuvo que llevar hacia el cuarto

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en esa posición, ella enredada contra su cuerpo, caliente y ansiosa por una larga maratón de sexo para recordar.

Mientras ellos luchaban por sacarse las ropas, Aarón se desnudó solo. Cuando los tres estuvieron desnudos vino una ronda de caricias, toqueteos, besos, mordiscos, suspiros y susurros. Quizás todo estaba potenciado por el inminente fin de la aventura más loca de sus vidas, o al menos la suya.

—Es… —su mirando fijamente

no era más que un ronco a Aarón—, todo.

voz

jadeo—, todo —murmuró

El que sus ojos estuvieran dilatados y que su boca se curvara un poco hizo que el corazón le doliera, iba a extrañarlos mucho, pero…

Acercó su

boca para un beso

largo y profundo.

Se movió de tal manera que los dos hombres quedaron frente a frente. Alejandro miró con los ojos entrecerrados hacia su hermano. Aarón estaba algo vacilante.

— ¿Nunca han estado juntos? — se atrevió a preguntar.

—No como tú quieres —musitó

Alejandro con voz temblorosa. Y todo

lo que ese maldito tono de voz le provocó.

Su corazón latía desbocado, su respiración era pesada, su garganta estaba seca. El acercamiento de los dos fue titubeante pero caliente, el beso fue lento, un roce esporádico de sus labios, y luego uno de ellos tomó el mando, profundizando el beso, chupando los labios del otro, y sus manos acariciaron inconscientemente sus cuellos. No podía parpadear y perderse tan sublime momento.

Las caricias que siguieron fueron más rudas que las que le había brindado

a ella. Vio como Aarón dejaba los labios de Alejandro para bajar besando su

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cuello y a lo largo de su pecho hasta llegar a su estómago. Observó como su lengua se arremolinaba en el ombligo de Alejandro y como volvía a subir para cerrar los labios sobre el plano pezón derecho. Mientras tanto, ella imitaba aquel movimiento con sus dedos cerrándolos con fuerza sobre sus propios pezones.

Una de las manos de Alejandro bajó hasta la dura erección de Aarón para tomarla en sus manos, ella recordó la noche de la maldita fiesta y gimió. Verlo de primera mano era mejor de lo que fue aquella noche. Los dedos de él se cerraron con fuerza en la erección de su hermano y empezó a bombearlo con firmeza a un ritmo tortuosamente rápido. El maldito loco quería hacer que se corriera antes de que ella disfrutara por completo del espectáculo.

Los

jadeos de

Aarón se perdían en

el pecho de

Alejandro.

El

sudor de

sus cuerpos le hacía querer lamerlos por todos lados.

—Aarón, chúpasela —soltó sin pensárselo dos veces.

Creyó que no le habían oído pues ellos continuaron con sus asuntos. Hasta que Aarón se separó de su hermano y cayó de rodillas. Con manos temblorosas, observó como tomaba la polla de Alejandro después de un extenso momento. Lo primero que hizo fue lamer la punta de la polla, luego movió los labios sobre la cabeza, chupó con un poco de inseguridad, deslizando la boca por la envergadura pero sin meterla por completo en su boca, luego la chupó un poco más antes de sacarla.

— ¿Te gusta Alejandro?, ¿te hace sentir perverso que tu hermano te esté haciendo una mamada? —le preguntó retóricamente—. A mí si me gusta como su boca se come tu polla, creo que debería apretarla un poco y masajear tus bolas.

Para su total asombro lo hizo, masajeó las bolas con mucha destreza, fue algo que notó por la manera en que Alejandro se enervó y jadeó. Mordió su labio. Aarón tragó la dura polla casi hasta la garganta, la chupó, la sacó, la

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lamió, y volvió a metérsela en la boca para continuar chupándola sin dejar de masajear, mover y retorcer las bolas.

Los puños de Alejandro se cerraron sobre el corto cabello de su hermano, tirando de él fuertemente, instándole a tragar más fuerte y más rápido. Los movimientos se hicieron rápidos y arduos. La cara de Alejandro se constriñó antes de emitir un prolongado gemido y temblar visiblemente, su reacción le hizo bajar la vista y ver como Aarón lo succionaba con fuerza. Maldición.

sexo ardía y goteaba, pero había evitado tocarse a sí misma durante el

espectáculo. Aarón se tragó la simiente de su hermano con dificultad pero no renunció a su polla.

Su

Ella prácticamente se arrastró para aliviar la erección de Aarón, no le dio tiempo de reaccionar sino que se metió la polla en su boca, y la chupó con ansiedad, devorándole por completo. Lo lamió, y chupó. Usó una de sus manos para aumentar la presión al momento del bombeo. Lamió los sacos bajo la envergadura. Los succionó en su boca, antes de regresar la atención a su dura erección.

Su mente estaba concentrada en la mamada que le estaba dando a Aarón cuando la caliente boca de Alejandro comenzó a devorar su coño, y ella gimió sin soltar la polla del hombre. Mientras que Alejandro se comía su coño, ella se comía la polla de Aarón. Esa cadena de sexo oral logró el cometido, el cual era que todos se corrieran intensamente.

Apenas tuvieron el tiempo suficiente para recuperarse antes de estar en la cama, compartiendo el sexo más apasionado y enloquecedor. Primero estuvo con uno, y luego con el otro. Su maratón finalizó haciendo un caliente trío, muy sucio y candente.

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Más besos siguieron, algunas caricias más, muchas embestidas y sudor, todo por montón, y a ella le dolía que todo llegara a su fin. Les besó por última vez antes de que cayeran dormidos.

Feliz año y

gracias por las mejores

fiestas. Pensó con suma

tristeza.

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Capítulo Cinco

Abordar el vuelo de regreso fue difícil pues quería volver a la cama y yacer entre Aarón y Alejandro, deseaba poder tener más tiempo para conocerse a fondo y quizás arriesgarse a comenzar una relación.

Nat y Marcos estaban perdidos en su mundo privado.

Ella se dedicó a contemplar el panorama y a mantener su mente en blanco, sobre todo a no recordar las noches sudorosas y calientes que había vivido en las fiestas de fin de año.

Las largas horas del vuelo fueron un suplicio, igual que las horas en su solitaria casa. No desempacó. Se dedicó el resto del día a ver la televisión, y comer.

Se dio un baño largo, y se puso su pijama de franela favorita, las medias de colores, y sintió su cara completamente limpia. Se estaba metiendo bajo las mantas cuando sonó un fuerte golpe en la puerta de entrada. Refunfuñó y decidió ignorar olímpicamente el maldito golpe.

Ya estaba bajo las mantas cuando los golpes volvieron a resonar. Maldijo fuertemente y juró que si era Nat con alguna loca idea la mataría. Refunfuñó durante todo el camino hasta la puerta. Sacó los seguros con lentitud. Otro golpe más resonó y abrió la puerta hecha una furia.

— ¿Qué…

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Su pregunta se perdió en el aire. Frente a ella tenía a los dos hombres calientes y sexys con los que había pasado la última semana, portando sonrisas en sus rostros y con unos malditos gorros que les hacían parecer jovenzuelos.

— ¿Qué hacen aquí? —preguntó sorprendida, sin moverse de la puerta.

—Cami, déjanos entrar que se nos congela el culo —pidió Aarón.

Automáticamente permitió que los hombres entraran. Su boca formo una “O” al ver los equipajes de ellos en sus manos. Cerró la puerta algo dubitativa. Volvió a preguntarles la razón por la que se hallaban en su casa y no en la paradisíaca isla del Caribe.

—Olvidamos decirte… —Habló Alejandro acercándose a ella

— FELIZ AÑO NUEVO. FELIZ VIDA NUEVA —dijeron los dos al unísono.

Vino el beso corto pero dulce y significativo de Alejandro. Luego, Aarón la tomó en sus brazos.

—Espero que durmamos desnudos, cariño —susurró contra sus labios.

Eran las mejores fiestas del mundo, unas fiestas llenas de fantasía, de emoción y de nuevas promesas para el nuevo año. Entre los tres verían hasta donde los conduciría ese nuevo camino.

Fin

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©Titulo Fiestas de Fantasía

© 2013 Ada Parthenopaeus.

Diseño de Portada: Ada Parthenopaeus.

Edición: Marijf22.

Derechos Exclusivos: Ada Parthenopaeus.

Derechos en Ebook: El Club de las Excomulgadas

Distribución Gratuita

Todos los Derechos Reservados

Diciembre 2013.-

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