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U NIVERSIDAD N ACIONAL A UTÓNOMA D E M ÉXICO F ACULTAD DE E STUDIOS S

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U NIVERSIDAD N ACIONAL A UTÓNOMA D E M ÉXICO F ACULTAD DE E STUDIOS S

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO Licenciatura en Psicología

Alumno: Alfredo Isaí Jiménez Arteaga

15/Septiembre/2013

U NIVERSIDAD N ACIONAL A UTÓNOMA D E M ÉXICO F ACULTAD DE E STUDIOS S

¿Cómo influye la sociedad y cultura en las personas?

El hombre es un ser social por naturaleza. Pero estar en una sociedad tiene efectos que no todos notan o comprenden. Ella contiene algo que hemos llamado cultura. Pero ¿qué es la cultura? Sabemos lo que es una sociedad y no confundimos ese término, pero a veces el de “cultura” sí. Por otro lado, no es común que la gente se pregunte por qué es como es. Es precisamente a lo que va encaminado este ensayo: esos efectos de la sociedad, que tiene una cultura intrínseca, sobre nuestra manera de ser, pensar y actuar.

¿Qué es la cultura? Al escuchar esta palabra muchos pensarían inmediatamente en la música, el arte, la pintura, la danza, la literatura, (Gideens, 1995) incluso en los buenos modales. En otras palabras, el decir que una persona tiene cultura es sinónimo de que esa persona está estudiada, es refinada y es un ejemplo. Pero están dejando de lado la definición completa de cultura, en la que, en realidad, todos tenemos cultura. Lo cual no es ni bueno ni malo por sí solo. En sí, podríamos definir a la cultura como los patrones incrustados de valores, creencias, actitudes y conductas que comparten todos, o casi todos, los integrantes de un grupo social (García y Dolan, 1997; Granell, 1997; Peterson y Spencer, 1990.) Aquí encontramos ya esos efectos que mencionaba al principio. La cultura nos da una estructura de valores y conductas que influye fuertemente en nuestro modo de ser. Ese aprendizaje es, a veces, tomado como absolutamente verdadero y único. Es decir, hay personas que consideran que su cultura (aunque no con estas palabras, pues no tienen claro este concepto), es

superior a las demás. Incluso, para otros tantos es difícil concebir la idea de que existan otras culturas. Diría Freud (1929), que este comportamiento puede venir de aquella tendencia a segregar todo lo que pueda producir un displacer, que se contrapone a un yo placentero, representando un mundo exterior ajeno y amenazador. Esto es una manera de proteger su propia identidad, pero no solo como individuo, sino como parte de una sociedad.

Algunas sociedades han tomado la evolución como un pretexto para verse superiores a otras. Han utilizado el argumento de que algunas sociedades se han quedado estancados o atrasados en la evolución de la humanidad, y es por eso que tienen el derecho de conquistar esos territorios con su gente: la raza humana debe continuar mejorando. Pero muchos científicos, sociólogos, entre otros, opinan que esto no es así. Incluso el mismo Darwin se dio cuenta de que no todos entendían su teoría como él la planteaba. Freud (1929) comenta al respecto que “mantenemos el supuesto de que las especies de desarrollo superior provienen de las inferiores. Y a pesar de ello, todavía hoy todavía hallamos entre los seres vivos a todas las formas simples. Entonces, se entiende que los organismos vivos de hoy en día no son una “versión mejorada” de las anteriores. Más bien, son una versión diferente, una versión adaptada a los cambios que ha tenido el medio ambiente. En otras palabras, no es que seamos mejor que las generaciones pasadas, simplemente nos hemos adaptado al medio ambiente actual. Entonces, tal vez preferiría llamarla “adaptación”, en lugar de “evolución”. Muy probablemente nosotros no podríamos sobrevivir en un mundo prehispánico, pero a su vez, los que sí vivieron en esa época tampoco podrían sobrevivir en la

nuestra. Aunque en realidad no podemos comprobar este ejemplo, lo utilizo solo a manera de ejemplo para aclarar mi opinión hacia la evolución: no es en sí para ser mejores que los anteriores, sino para ser adecuados al ambiente que tenemos.

Si viéramos en una metáfora a la sociedad y la cultura como un ser humano, la sociedad serían los huesos y la piel, mientras que la cultura serían los órganos, tejidos y el sistema nervioso. Los huesos dan el soporte que mantiene en pie al cuerpo, la piel es su imagen para el mundo exterior. Todo lo demás es lo que define su comportamiento y lo que mantiene vivo al cuerpo. Freud (1921) opinó que la creación de una masa (o sociedad) solo puede ocurrir si los individuos tienen algo en común, como un mismo interés que les enlace a un mismo objeto, que experimenten los mismos sentimientos en una situación dada y que posean la capacidad de influir unos sobre otros. Retomando la metáfora anterior, vemos el cuerpo tiene una organización en la que cada parte tiene su función y debe permanecer unido para mantener su fuerza. ¿Dónde queda el individuo en todo esto? El individuo serían las células que forman cada una de las partes mencionadas. A esto es interesante agregarle que esas células, al estar unidas, formando parte de un todo, es así precisamente como funcionan. Somos parte de algo más grande que nosotros mismos, nuestra mente empieza a funcionar como una sola mente gigantesca que se extiende a través de cada uno de sus miembros. Dejamos poco a poco de pensar por nosotros mismos y nos preocupamos más por el bienestar del grupo. Ya no somos un solo individuos con sus propias metas, objetivos, creencias… ahora somos una masa que tiene un objetivo común, un sentimiento en común, una cultura en común.

En conclusión, nuestro comportamiento es influenciado enormemente por la cultura. A pesar de que nosotros tenemos nuestro propio carácter, no podemos evitar absorber una parte de la cultura en la que vivimos. Es ella quien nos dice qué nos parece bien o mal, qué deberíamos hacer en tal situación, qué creer. Nosotros podemos decidir hasta qué punto adoptarla, pero esto es algo bastante difícil. Para ello habría que empezar a entender cómo funciona una cultura, y que la sociedad es tan importante como imponente en nuestras vidas individuales.

Referencias

Giddens,

A.

(1995).

Sociología,

cultura

y

sociedad.

Madrid:

Alianza

Universidad Textos.

 

Sigmund,

F.

(1929).

El

malestar

en

la

cultura.

Disponible

en

Sigmund, F. (1921). Psicología de las masas y en análisis del yo. Disponible

 

S.a.

(s.f.)

Fundamentos

de

la

cultura

 

corporativa.

Disponible

en