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LA PIEL DE LA MEMORIA

Barrio Antioquia: Pasado, presente y futuro

Mauricio Hoyos Agudelo

Primera edición Febrero del 2001

ISBN 958-8134-03-X

Editan

Corporación Región Calle 55 No 41-10 Teléfono: 57-4-2166822 Fax: 57-4-2395544 A. A. 67146 Medellín-Colombia Email: coregio@epm.net.co Página web: www.region.org.co

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Comfenalco Antioquia Carrera 25 No 52-51 Teléfono: 57-4-2655050 ext. 124-128 Fax: 57-4- ext. 127 A.A. 6350 Medellín-Colombia Email: eleguaya1@epm.net.co Página web: www.comfenalcoantioquia.com

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Secretaría de Educación y Cultura del municipio de Medellín Calle 42 No 48-55 Teléfono: 57-4-2628811 Fax: 57-4-2626177 Medellín-Colombia Página web:www.educame.gov.co

Editora Luz Elly Carvajal G.

Fotografías y mapas Corporación Región

Diseño e impresión:

Pregón Ltda

Para esta publicación se utilizó papel ecológico fabricado con fibra de caña de azúcar (bagazo).

CONTENIDO

PRESENTACIÓN LA NUBE SE ACLARA ---------------------------------------------------------------------------------

7

PRÓLOGO LA PIEL DE LA MEMORIA UN PROYECTO DE ARTE PÚBLICO COMUNITARIO Patricia Nieto------------------------------------------------------------------------------------------------- 10

D RECUERDO EN RECUERDO-------------------------------------------------------------------------14

RECORDAR PARA PERDONAR-ME------------------------------------------------------------------ 34

LA PIEL DE LA MEMORIA----------------------------------------------------------------------------- 71

RESULTADOS--------------------------------------------------------------------------------------------- 85

Marco Polo describe un puente, piedra por piedra. -¿Pero cuál es la piedra que sostiene el puente? -pregunta Kublai Jan. -El puente no está sostenido por esta piedra o aquella -responde Marco-, sino por la línea del arco que ellas forman. Kublai permanece silencioso, reflexionando. Después añade:

-¿Por qué me hablas de las piedras? Lo único que me importa es el arco. Polo responde: -Sin piedras no hay arco. Italo Calvino

Agradecimientos

La Piel de la Memoria, es una experiencia de vida que grabó en muchos, especialmente en habitantes del barrio Antioquia, recuerdos indelebles, aunque el paso del tiempo quiera sepultarlos en la lejanía, o los lugares muten.

¿Somos piedras, o un pequeño arco de un gran puente que podemos construir? ¿Somos un puente con forma de piedra que nos tenemos que pulir? A todos, puentes, piedras y arcos, gracias, muchas gracias.

En el barrio Antioquia, queremos agradecer a todos sus pobladores, a los visitantes y a los valientes del Grupo Dinamizador, que no temen ser piedras para formar el arco, y de manera especial a: Ómar Aguirre, Fabiola Arango, Adriana Arcila, Juan Camilo Arcila, Luz Dary Balbín, Carlos Alberto Cárdenas, Julian Guillermo Daza, Dora Alba Franco, Janeth Patricia Eusse, Eliot Ethan, Mauricio Giraldo, Edwin Hernández, José Arlen Jaramillo, Lina María Jaramillo, Jenny Jiménez, Yury Alexandra Jiménez, Marcela González, Magdalena Loaiza, Kelly Faisury Lozano (Q.E.P.D.), Alejandra Milena Medina, Rodrigo Alonso Mejía, Luz Elena Montoya, Luis Fernando Montoya, María Cecilia Pérez, Irma Piedrahita, Diana María Quintana, María Eugenia Rendón, Andrea Rendón, Luis Bernardo Rendón, Natalia Rendón, Padre Alejandro Restrepo, Claudia Patricia Rojas, Nancy Ruíz, Wilson Sepúlveda, Bernarda Serna, Clara Sheifer, Maritza Tabares, Marleny Torres, Juan Sebastián Vargas, Juan Fernando Vanegas, Gloria Sueleny Moreno, Sandra Zapata, Tatiana Zapata.

A los combos de La Cueva, Los Ranchos, El Cuadradero, El Coco, El Lavadero, y El

Chispero, y a los nuevos osados que sacudidos por lo que vivimos, se han unido para

seguir haciendo del barrio y de esta ciudad un lugar donde la vida florezca.

A las instituciones, pero especialmente a quienes se la jugaron e hicieron realidad el

sueño de muchos. A todo el equipo de trabajo del parque Comfenalco —Guayabal—, excelentes anfitriones del Bus Museo, a los empleados de la Biblioteca Comfenalco y su director William Álvarez. A la Corporación Presencia Colombo Suiza, y Jorge García. A Eunise, que pacientemente vió llenar la sede del Centro de Capacitación Juvenil — CCJ— de objetos de recuerdos de los habitantes del barrio Antioquia. A Mery, Manena, Sandra, Walter, Calia, Rubén y al equipo de Juventud de la Corporación Región, que

sin su oportuna disposición no hubiéramos resuelto las afugias entre trámite y trámite. A

la Secretaría de Educación Municipal de Medellín, a su Secretario en julio de 1999,

Doctor Juan Luis Mejía, a la Doctora Luz Amanda Ceballos, al equipo de promotores y especialmente a Angela María Velázquez, colaboradora incondicional. A la Acción Comunal del barrio Trinidad porque su apoyo permite que el arco se mantenga.

A quiénes nos tendieron su mano, nos brindaron su hombro y nos dieron aliento: la

Oficina de Asesoría de Paz y Convivencia del municipio de Medellín, a la Cámara de Comercio de Medellín, al Comité Interinstitucional del barrio Antioquia, a la Gerencia Social de la Zona Suroccidental, al Liceo Benjamín Herrara, las escuelas Paraguay y Trinidad, a los preescolares Santísima Trinidad, Nuevos Horizontes, El Rebaño, y Los

Pitufos. Y muy especialmente a la Agencia Española de Cooperación Internacional, que hizo posible que hoy leamos este texto.

Al equipo de profesionales y colaboradores incondicionales que hicieron en su corazón un campo al barrio Antioquia y con sus manos e ideas permitieron hacer realidad un sueño colectivo: Pilar Riaño Alcalá, Suzanne Lacy, Carlos Álvarez, Janeht Birvani Arteaga, Carlos Alberto Castaño, Gladis Franco, Lourdes Franco, Viviana García, Carlos Mario García, Hernando Muñoz, Nicolás Murillo, Pestañas, Victoria Eugenia Ramírez, Luis Carlos Sierra y Jorge Úsuga.

A todos, los nombrados y los que se me escapan, precisamente por esos sortilegios de la memoria, cómplices, conspiradores, constructores de arcos y puentes, muchas gracias.

Presentación LA NUBE SE ACLARA

Tratamos aquí de recuperar fragmentos de una experiencia sobre la memoria del barrio Trinidad en los mapas oficiales o barrio Antioquia para sus habitantes y el resto de la ciudad, un barrio de Medellín, donde se ha buscado aliviar el dolor y el odio que la guerra desencadena en los sobrevivientes, para que pueda servir a otros que anden en las mismas búsquedas y que no teman improvisar en la marcha y relacionarse con otros para encontrar "los factores y dinámicas de los conflictos y las violencias y de las huellas que estos han producido en sus habitantes"1, para contribuir a la reconstrucción del tejido social y a superar la sospecha entre vecinos.

El Proyecto de Arte Público La Piel de la Memoria Barrio Antioquia: Pasado, presente y futuro, ha intentado esta búsqueda arrojando algunas pistas que bien pudieran servir para la realización en el futuro del deseo de un país en paz.

Estos hechos no son sólo exclusivos del territorio nacional, otros países han cruzado en épocas recientes, fatigosas jornadas que muestran cómo la intolerancia y el descreimiento en valores fundamentales toman puesto y se posesionan indiscriminadamente en las formas de vivir y de ser de los pueblos.

Experiencias como la vivida por el pueblo sudafricano, con una violenta historia, diferente en muchos sentidos a la nuestra, pero con elementos similares como el odio y la sevicia entre hermanos y vecinos, nos muestran que es posible basar un proceso de paz, curando los recuerdos dolorosos de las víctimas2. Otros países más cercanos también han emprendido procesos para superar la impunidad y reparar los daños ocasionados a las víctimas, por los efectos de la guerra, la represión militar y las diferencias étnicas y sociales.

Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Perú, Brasil, Paraguay o el caso Chileno, son testimonios imposibles de desconocer en el esfuerzo por esclarecer los hechos que en determinado momento y lugar ocasionaron tanto dolor y rencor entre compatriotas.

El ejercicio de reconocer las faltas, perdonarlas y en algunos casos castigarlas, ha aliviado el dolor de muchos seres humanos que guardaban en su corazón recuerdos de abusos, injusticias, persecuciones, asesinatos y desapariciones, entre otras atrocidades. La idea de estos procesos fue provocar esos relatos oscuros, para compartirlos con otros y así exorcizarlos en el recuerdo individual y colectivo y generar elementos de una reconstrucción social con esperanzas de futuro.

Mientras que para estos países fue posible establecer un común denominador: quién, qué clase social o cuál grupo actúa como victimario y cuál como víctima, en el caso

1 RIAÑO, Pilar. La recuperación de las memorias colectivas en el barrio Antioquia. Informe Final. Corporación Región. Medellín, febrero de 1998. 2 LEÓN, Juanita. En: Lecturas Dominicales, El Tiempo. Bogotá, marzo 14 de 1999.

colombiano estos roles se confunden al punto que un mismo actor puede ser agredido y agresor, enemigo potencial u objeto de una agresión cualquiera. Situación que se hace más compleja cuando hablamos del conflicto urbano.

Este es el caso del barrio Antioquia. Un barrio de la ciudad de Medellín, donde la dolorosa, sangrienta y marginada vida de sus pobladores los ha llenado de rencores y dolores que sólo encuentran en la venganza y el enfado la vía más expedita para manifestarse.

La ciudad de Medellín se ha ganado en las dos últimas décadas un puesto significativo en las listas internacionales de vetos y estrellas rojas, la maquinaria de guerra del negocio del narcotráfico, el tráfico de armas, el crimen organizado y cuanta actividad delictiva pueda pensarse y realizarse logró un lugar importante en esta ciudad llenando constante y dolorosamente la vida de la gran mayoría de sus habitantes.

De igual manera el país ha sucumbido paulatinamente a este caos, donde muchos sectores de la vida nacional entran en la lógica de la oferta y la demanda de los negocios ilícitos, y a la construcción de morales difusas cuando no escasas sobre derechos fundamentales como el respeto a la vida.

En este sentido tenemos que reflexionar sobre la manera en que los colombianos vamos a construir una nación donde el odio y la impunidad se superen para cuando se den las condiciones suficientes para vivir en un país en paz.

El Proyecto La Piel de la Memoria nació como un elemento de apoyo a un pacto de no agresión entre los combos del barrio Antioquia que mantenían en vilo la vida social de sus pobladores. En mayo de 1997, la Corporación Presencia Colombo Suiza3 y la Corporación Región, realizaron el proyecto Historia de Barrio, que consistía en una experiencia puntual de recuperación de la historia del barrio que permitiera a los participantes, la gran mayoría vinculados directamente con el conflicto, conocer su pasado y reconstruirlo colectivamente con los relatos individuales que contenían informaciones comunes sobre momentos coyunturales de la vida comunitaria. Se esperaba en ese entonces —mayo de 1997—, que esta experiencia reconstruyera el tejido social, a partir de la elaboración de los duelos que la gran mayoría de sus habitantes nunca habían logrado realizar.

Al iniciar 1998, la Corporación Presencia Colombo Suiza, la Corporación Región, la Secretaría de Educación y Cultura del municipio de Medellín y la Caja de Compensación Familiar –Comfenalco–, se propusieron continuar el proceso iniciado por las dos primeras instituciones, porque se obtuvieron resultados muy importantes en esta primera fase, se observaron efectos significativos entre los participantes en el campo de la reflexión personal y colectiva relacionados con sus dinámicas y estilos de vida como habitantes del barrio. Y fueron los participantes quienes manifestaron su deseo de

3 La Corporación Presencia Colombo Suiza fue contrada por la Oficina de Asesoría de Paz y Convivencia del municipio de Medellín para realizar actividades que ayudaran a consolidar el pacto de paz entre los actores en conflicto del barrio Antioquia. Es aquí donde se gesta el proceso La Pile de la Memoria.

mantenerse en esta búsqueda, para ahondar en las razones de sus conflictos y su pasado común.

Esta segunda fase del proyecto —1998— se planteó la necesidad de hacer públicos los resultados parciales, hasta llegar a la idea de un gran evento donde la mayoría de habitantes se vieran involucrados. Ahí empieza a tomar cuerpo la idea de un proyecto de arte público construido colectivamente.

Aunque las armas no dejaron de sonar y los funerales se siguieron realizando, un grupo de residentes, en su gran mayoría jóvenes, continuaron trabajando en el proyecto, pensando en su barrio, en sus familias y vecinos, en su manera de ser y de relacionarse con el resto de la ciudad y el mundo, hasta que, en julio de 1999, los resultados se hicieron sentir.

Muchos sectores sociales de la ciudad escucharon, vieron o conocieron por algún medio algo sobre el Bus Museo "que lleva todos los recuerdos" del barrio Antioquia. Cientos de comentarios y reflexiones coincidieron en el impacto estético que produjeron en sus visitantes los más de 400 objetos instalados en vitrinas dentro del Bus, objetos que recuperaron su valor y su sentido, que se convirtieron en memoria, en elementos referenciales, visibles, tangibles, objetos con su carga emotiva y episódica, que llevaron a que los visitantes sintieran desencadenar dentro de sí un universo de emociones.

De igual manera muchos habitantes de la ciudad vieron una casa con todos sus enseres en medio de la vía pública, una sala, una habitación, la cocina, el patio de juegos de los niños y el baño reconstruidos con basuras, permitieron sentir que El barrio es la casa de todos.

Allí se sobrepuso un deseo colectivo de compartir la vida, con sus sentimientos de alegría y dolor, con las afugias y bonanzas diarias. Y eso lo lograron esos objetos, que con sus formas familiares, sus usos conocidos, sus amores íntimos, removieron los recuerdos personales de los que estuvimos en el Bus, aunque algunos leyeron allí la estética de la cultura narcotraficante; otros, vieron los objetos mañé y populares; y unos más, hablaron de símbolos populares de la violencia y el dolor.

Prólogo La Piel de la Memoria Un proyecto de arte público comunitario

Patricia Nieto

Sólo cuando los bombillos iluminaron los rostros perfilados de las cosas, el bus —como ya se habían acostumbrado a llamarlo en el barrio Antioquia de Medellín— se convirtió en museo. El manto de luz igualó y magnificó a más de cuatrocientos objetos señalados por sus dueños como los más queridos; y ordenados según la mirada escrutadora de una artista. Ese primer resplandor mostró un conjunto de cosas —antes inútiles, en ese instante soberbias—- confinadas en vitrinas de cristal. ¿Qué querrían decir las cosas así “acostadas, puestas y dispuestas?

Cuando transcurrió el tiempo suficiente para que las pupilas se acostumbraran a la luz, comenzó la contemplación. El bus-museo abrió sus puertas muy cerca del cruce de la calle 25 con la carrera 65, los meridianos cero de un conflicto barrial entre bandas que ha dejado centenares de jóvenes muertos en los últimos diez años. Arquitectos, artistas, antropólogos, historiadores y habitantes del barrio, encargados de la instalación, bajaron del bus-museo y dieron paso a los visitantes. Como si se tratará de un libro ejemplar, capaz de responder y de inquirir, el museo presentó a cada objeto iluminado para resaltar su sentido, y a cada uno enlazado con el precedente y el siguiente según una gramática caprichosa que sólo enunciaba lo que podía ser escuchado. ¿Qué querrían decir decenas de muñecos apiñados, hacinados, apretados entre los vidrios?, ¿Por qué estará aquí esa peluca color castaño?, ¿Por qué están juntas las cosas de los muertos?

La mujer rubia que miraba desde la calle la circulación de las personas y registraba en su cámara de video las reacciones espontáneas de los visitantes se llevó parte de las respuestas. Suzanne Lacy, experta en construir obras de arte público con intervención de los habitantes del lugar, ha recorrido el mundo dejando una pregunta abierta. Del barrio Antioquia se fue cuando apenas caía el sol del sábado 20 de julio de 1999, cuando en los ojos de los primeros visitantes apareció una lágrima como respuesta a todas las preguntas. No hay porque intervenir cuando los objetos provocan recuerdos, cuando los recuerdos traen palabras.

En el estante más bajo del museo, y al comenzar el recorrido, una maleta café llamaba

poderosamente la atención. ¿Será el recuerdo de un viaje maravilloso? ¿O lo único que queda de quien se despidió una mañana ya lejana? La maleta entreabierta dejaba ver,

a quien se pusiera de rodillas, el brazo cansado de un tocadiscos. La maquinita de

hacer música que ha acompañado durante media vida a una anciana, estaba expuesta

para la contemplación pública, y ella, de 84 años y confinada en su casa, dispuesta a la palabra: “El tocadiscos me lo regaló la hijastra para que yo escuchará música vieja. Yo

lo ponía a funcionar y me sentaba a decorar bizcochos que es lo que he hecho toda la

vida o a ordenar los papeles de la policía cívica, un grupito de niños y de niñas que tuve

durante treinta años”.

La voz asmática de la mujer y la maleta desteñida de su tocadiscos buscaron un lugar en la memoria de los visitantes. A una casilla color marrón, donde se deben agrupar los recuerdos más antiguos, fue a dar la maquinita de hacer música. La mirada escrutadora de los visitantes buscó los objetos conocidos, apreció los familiares, pasó de largo por los ajenos, y la memoria seleccionó aquellos que merecían quedarse para siempre en el recuerdo. Cada visitante recompuso el museo según su comunicación particular con los objetos.

Abajo la maquinita de hacer música y arriba, iluminada por un bombillito de luz amarilla, la columna de El Espectador donde el joven Germán Castro Caicedo escribió la historia de una colombiana presa en Estados Unidos por tráfico de drogas. Desde 1971, cuando la familia le envió el recorte hasta su celda, la protagonista lo guarda con especial cuidado. “Acepté esa entrevista con la idea de que en Colombia la gente supiera lo que me había pasado y no se arriesgara como yo, contó la mujer mientras miraba las fotografías que le recordaban sus treinta meses en prisión.

La crónica, protegida durante 28 años por un plástico transparente, detonó decenas de recuerdos. Otra vez, los nombres de los que perdieron la vida abriendo la ruta Medellín- Nueva York se pronunciaron: ”Hubo mucha mula cuando empezó la droga en grande. Ahí está Gabriela que fue de los primeros muertos que trajeron de allá. Primero

La gente se iba con suerte y traía plata. Eso llenó de

Gabriela y después Pestañas

ambición a muchas personas y comenzaron los viajes. A una de esas aventuras se arriesgó la muchacha que el viejo recorte de periódico exhibido en el museo devolvió a los treinta años.

La mirada pasó sobre porcelanas, espejos, santos, joyas y se detuvo en la fotografía de los novios. Los recién casados bajan de un automóvil blanco. El sonríe y ella, ataviada con su pava blanca, intenta bajar sin dañar su vestido de novia. Esperanza Hincapié, ahora de 32 años, mira la fotografía y habla: “El 1 de enero de 1989, un domingo a las cuatro de la mañana, lo mataron en la esquina del bar Balizca. El era policía, y esa mañana salió de civil. Iba a dar el feliz año a los amigos y luego seguía para la estación. Al momento vinieron a tocar. Yo dije: –se le olvidaron las llaves, pero no. Me dijeron: – ¿Usted es la esposa de Ríos?. Yo dije que si. Y el muchacho me dijo: – venga que allí está muerto. Yo salí como loca. Eran cinco cuadras entre la casa y el Balizca. Allí estaba tirado. El fue el primer muerto del barrio Antioquia en 1989.

De la fotografía de Ríos, en adelante, el museo podía confundirse fácilmente con un osario, ese pabellón de las iglesias dedicado a guardar los huesos que se han secado en las sepulturas. Un osario, por supuesto singular, pues no había un solo hueso en exhibición. Las vitrinas plateadas, los bombillos, los objetos de los finados, los suspiros, las maldiciones, las lágrimas, las sonrisas. Fotografías, anillos, escapularios, bolígrafos, estampas, billeteras, pañuelos, vestidos que traían la imagen de los cientos de muchachos muertos en un duelo barrial que se prolonga por generaciones. Llanto porque el pantalón abaleado revive a Edison asesinado en la flor de la vida. Maldición porque el pantalón abaleado revive al Edison que medio barrio quería muerto. Sonrisas porque el pantalón abaleado es el simple recuerdo de Edison, el enemigo que ya no está.

El pantalón de Edison yacía en el extremo de una vitrina. Como si fuera una escultura en exposición su dueña lo tituló El Rescatado y continuó con estas palabras: “estaba yo aquí cuando vino una muchachita y me dijo que el pantalón de Edison estaba tirado en la avenida. A mí me dio mucha rabia porque Edison era un parcerito mío y saber que una cosa de él estaba tirada por ahí me daba mucha rabia. Cogí la moto, bajé hasta la avenida y allá estaba metido dentro de una bolsa. El pantalón estaba sucio, ensangrentado, roto, olía mal. Cuando yo lo encontré ya habían pasado tres días desde la muerte. Lo cogí, me fui para donde una amiga que era encarrete con él. Ella se metió a lavarlo. Yo lo recogí y ella lo lavó. Por eso ese pantalón es de las dos y por épocas lo guardo yo y en otros tiempos lo guarda ella.

Pantalón abaleado que Pilar Riaño, antropóloga directora del proyecto, contempló con una atención conmovedora y auscultó con el deseo de convertirlo en lenguaje. ¿Qué nos dice este pantalón abaleado?, ¿Por qué dos muchachas deciden guardar la evidencia de una muerte?, ¿Qué sensaciones produce la vista del objeto?, ¿Qué puede uno decirle al objeto? Respuestas que quizá encuentre en el sosiego de su vida académica en Canadá a donde se llevó las palabras estremecedoras de la dueña de una pulsera de hilo que dormía, en el museo, al lado de los escapularios.

La niña hablaba tan rápido que las palabras le quitaban el oxígeno. “Esta era una manilla que yo quería porque me mantenía pidiéndosela a mi hermanito. Yo le decía:

Mono, Mono, démela y él me decía que no. Yo estaba lavando los platos cuando oí el tiro. Uno por aquí dice: Bala, va la madre, cuando oye los disparos. Mi mamá dijo que con la muerte no se jugaba. Salimos a la calle y él estaba tirado. Nadie lo recogía. Todos lo miraban y nadie hacía nada. Yo paré un taxi. Bajé a los pasajeros y lo monté. Prácticamente lo monté yo sola. En el camino le dije que si me escuchaba moviera una mano. El movió el ojo. Lo tenía hinchado porque el balazo se lo habían pegado en la sien. Le toqué el corazón y brincaba. Miré por la ventanilla. Cuando volví a mirarlo, ya no movía el ojo y el corazón no le brincaba. En el velorio, yo me arrimé al cajón y le corté la manillita con un cuchillo”.

Después de lagrimear y espantar el frío que producen las cosas de los muertos, la mirada recorrió estantes, vio reflejos de objetos extraños, se hirió con la intensidad de las bombillas, y encontró sosiego en el soporte de una hornilla que cogió óxido en su viaje desde Suiza hasta Medellín. Después de coronar siete viajes por América Latina, Norteamérica y Europa, su dueña se estripó al dejar el aeropuerto de Zurich. Después de tres años en prisión por introducir ilegalmente tres kilos de cocaína, la mujer recibió una nota que le dolió más que la cárcel: Colombiana indeseable. Con su carta de expulsión de Suiza, un país hermoso donde aún presa fue más feliz que en Colombia, y su hornilla de calentar el café, regresó al barrio sin sentir vergüenza de narrar una y otra vez su aventura.

Ya a punto de despedirse del museo, una fotografía deslucida atrajo por la armoniosa distribución de sus elementos. Siete niños sentados en el antejardín de la casa, un perro que descuidadamente entra a cuadro y al fondo, el frente de una casa engalanada con una chambrana de hierro forjado. La madre de los niños habla: “La

fotografía fue tomada en 1966. Yo había llegado al barrio de quince años, y ahí aparecen mis hijos delante de una casa que sigue intacta”. Treinta y tres años después, de los niños de la fotografía sólo falta una, la más pequeña. Los demás siguen poblando el barrio Antioquia con la ilusión de que sus hijos lo vivan como ellos lo hicieron cuando eran jóvenes.

La familia Gutiérrez, fotografiada en 1966, despidió un recorrido individual por el museo. ¿Cuáles objetos habrán marcado el recorrido de otros?, ¿Por qué un ojo se concentra en un objeto que para otro es indiferente?, ¿Qué pasa en el corazón y en la mente de una comunidad que ha asistido en vida a su arqueología? Extraña arqueología esta, la que rescata los objetos de los vivos. Extraños arqueólogos estos que han redescubierto sus propios artefactos para dar cuenta de lo que son.

Cuando el bus se despidió del barrio Antioquia, después de haber recorrido durante diez días todos sus rincones, treinta jóvenes y cuatro instituciones concluyeron un trabajo de más de un año. Al decirle adiós a La Piel de la Memoria, los muchachos vestidos de mimos para la despedida, habían aprendido a valorar los objetos que evocan recuerdos dolorosos o felices, a escuchar las historias que otros tienen para contar, a vencer el temor de cruzar una calle prohibida dentro del mismo barrio, a darse la mano así pertenezcan a territorios enfrentados, a mediar entre quienes aún dentro del grupo tienen resistencias, a respetar el silencio de algunos vecinos que se niegan a hablar, a saborear el consuelo que dan las utopías.

Dicen los maestros que las utopías “se desarrollan en un espacio maravilloso y liso” donde la sintaxis, la gramática, el lenguaje y la comunicación son posibles. La Piel de la Memoria fue la bella realización de una utopía promovida por cuatro instituciones que hablaba de perdón, de paz, de alegría. Cuando los muchachos vestidos de mimos levantaron la mano para decir adiós no pudieron controlar el llanto porque el bus se llevaba sus huesos y también los sueños de vivir en una ciudad que merezca verlos sonreír.

DE RECUERDO EN RECUERDO

El Proyecto de Arte Público La Piel de la Memoria. Barrio Antioquia: pasado, presente y futuro, es un proceso que ha buscado aliviar el dolor y exorcizar los recuerdos ingratos de los habitantes del barrio Trinidad, más conocido por los habitantes de Medellín como barrio Antioquia, que se han generado desde hace más de cincuenta años. Fortalecer el clima de convivencia barrial entre sus habitantes, a través de estrategias relacionadas con la recuperación de la historia individual y colectiva y su expresión artística que tienen como propósito mejorar las relaciones entre vecinos, elevar el nivel de vida de los pobladores por medio de su cualificación para la inserción laboral, y superar el clima de impunidad en que se desenvuelven, para permitir que la vida fluya sin temores, aunque existan diferencias, para que tengan sentido de humanidad y para que pacten la paz fueron los propósitos de este proyecto.

Este proyecto parte de la idea de que la elaboración del duelo es un elemento vital en el proceso de convivencia de una comunidad, que se manifiesta individual, social y culturalmente, y considera posible la recuperación de los recuerdos dolorosos y significativos del pasado para evitar el congelamiento del odio que se perpetúa como único referente que alimentan la venganza y la inmovilidad. "La clave aquí es cómo el recordar puede permitir la elaboración creativa, cómo el pasado puede utilizarse para

transformar"4.

El barrio Antioquia se constituyó en los últimos 50 años para la mayoría de los habitantes de la ciudad de Medellín en un espacio de peligrosidad por causas que rebasan el comportamiento, la actitud y el interés de sus habitantes. El señalamiento ciudadano, la actitud de las autoridades municipales y el crimen organizado pusieron sus manos e intereses en este territorio y lograron fragmentarlo, despedazarlo, poniendo a sus pobladores a debatirse entre el cielo y el infierno, lo bueno y lo malo, lo blanco o lo oscuro, dicotomías interminables y absolutas que en muchas ocasiones han decidido la paz o la guerra, la vida o la muerte.

Las persecuciones de que fueron víctimas los pobladores del barrio Antioquia, en su mayoría liberales, desde 1948; la decisión de la administración municipal de convertir este barrio en la única zona de tolerancia de la ciudad en 1951; y el hecho de haberse convertido en épocas más recientes en uno de los epicentros del negocio del narcotráfico y el crimen organizado, entre otras razones, hicieron de sus calles trincheras donde los grupos de jóvenes se han venido enfrentando en los últimos quince años en una guerra sin razón y con muchos muertos.

Este proyecto La Piel de la Memoria, iniciado en 1997, es fruto del esfuerzo y la capacidad de construcción y comunicación de un puñado de vecinos de las más diversas características, que en un primer ejercicio de convivencia tuvieron que aceptarse a pesar de sus aparentes diferencias, y fruto también de las alianzas

4 RIAÑO, Pilar. Recuperar las memorias y elaborar los duelos. Documento. Corporación Región. Medellín, 1998.

interinstitucionales5, que por sobre sus intereses particulares pusieron los intereses colectivos.

Este diálogo entre pobladores, líderes e instituciones modificó la vida cotidiana, cuando los pobladores reconocieron a sus vecinos organizando, invitando y coordinando las actividades del evento público; lo que fue posible gracias a un cambio de actitudes, al fortalecimiento de su personalidad y a que pusieran a su servicio sus puntos de vista y sus experiencias, con lo cual el proceso pudo mantenerse, logrando transformaciones fundamentales que les han facilitado replantear las relaciones con sus familias, los vecinos, el barrio y la ciudad.

Hoy el barrio es un territorio donde las instituciones del Estado y las organizaciones sociales ponen a prueba sus modelos de intervención en conflictos urbanos, afectando directamente a quienes se ocupan en actos criminales, el que jala el gatillo, el que atraca un banco, una tienda o un supermercado, el que vende marihuana, pasta base, cocaína o roches, el trabajador sexual, también al vendedor ambulante o al adicto, sus esposas y esposos, hijos, padres, hermanos, los líderes, los jóvenes, en fin, la convocatoria es amplia.

La Piel de la Memoria como proceso interinstitucional, que logró la cualificación de un número importante de jóvenes en técnicas de recolección de información oral, entre otros conocimientos, le dio un nuevo sentido a los recuerdos dolorosos o significativos del pasado de cientos de vecinos del barrio, fortaleciendo el tejido social de la comunidad a través de un proceso de reconstrucción de memoria donde los participantes, además de ser del barrio, podían compartir sus propias experiencias y al mismo tiempo ser receptores de las emociones de quienes las relataban, permitiendo reconocer el pasado desde el presente, con una mirada hacia el futuro, para crear desde el arte público, un espacio de reflexión que contribuya a la convivencia

comunitaria6.

El conflicto armado: argumento para la intervención social en el barrio Antioquia

En Medellín no es nueva la desidia y el abandono a los grupos de población más vulnerables, a lo largo del siglo XX son muchos los ejemplos que nos pueden hablar de esa indiferencia del Estado, que ha provocado en innumerables momentos y circunstancias grandes tensiones. Un caso particular ha sido la forma como se ha

5 Como ya se mencionó el proyecto lo coordinaron y apoyaron cuatro instituciones: Secretaría de

Educación y Cultura del Municipio de Medellín, Caja de Compensación Familiar –Comfenalco–, Corporación Presencia Colombo Suiza, y Corporación Región, además la Cámara de Comercio de Medellín y la Oficina de Asesoría de Paz y Convivencia a través de Presencia Colombo Suiza aportaron recursos económicos importantes para la ejecución de los eventos programados. Hubo otra diversidad de aportes en especie y trabajo que aunque no fueron cuantificados permitieron la concreción de la idea:

Junta de Acción Comunal del barrio Trinidad, la sede del Programa Vida Para Todos del Municipio de Medellín, la Gerencia Social de la zona Suroccidental, el Comité Interinstitucional del barrio Trinidad, liceo Benjamín Herrera, escuelas Santísima Trinidad y Paraguay, los preescolares del barrio, la Parroquia y decenas de vecinos que de manera desinteresada ofrecieron los recursos que a bien podían.

6 Proyecto de Arte Público La Piel de la Memoria. Barrio Antioquia: Pasado, Presente y Futuro. Documento. Corporación Región. Medellín, junio de 1998.

venido visibilizando la población juvenil en las últimas décadas en la ciudad, como causante de los fenómenos de las violencias actuales.

Desde la década de 1980, los jóvenes de Medellín fueron señalados como los protagonistas de los hechos criminales que se dieron en todo los estratos de la sociedad colombiana, se hicieron visibles como los principales actores de los procesos de violencia que se desataron por todo el territorio nacional, pero con mayor énfasis y protagonismo en Medellín y su Área Metropolitana. Aglutinados algunos de ellos en bandas juveniles, organizaciones delincuenciales, milicias urbanas y en las redes del narcotráfico principalmente, fueron tildados como los artífices del caos, en especial entre 1989 y 1991 en que Medellín fue escenario de una de las más crueles violencias privadas vividas internamente.

A pesar de que el negocio del narcotráfico ha permeado toda la estructura social, económica y política del país, la gran mayoría de los colombianos desconocen el tema y las dinámicas que allí se dan, facilitando la visibilización del joven como generador de conflicto y actividades criminales. Decía Antonio Caballero en 1995 que:

Cinco gobiernos colombianos le han hecho la guerra a la droga con resultados que están a la vista: miles de muertos, cinco o seis magnicidios, corrupción generalizada de las instituciones, hundimiento total de la justicia, crecimiento desaforado de la riqueza y el poderío (económico, político y militar) de los narcos; y una notable multiplicación del volumen de droga producido y exportado por Colombia, que además no se limita ya a la sola marihuana, como entonces, sino que abarca además la cocaína y la heroína7.

En este contexto, los jóvenes no fueron exclusivamente culpables o víctimas. Sus anhelos nunca cumplidos fueron utilizados como material de contingencia por otras lógicas más sutiles y oscuras, muy adultas por cierto. Tuvieron los jóvenes que tocar fondo y poner en vilo a toda la sociedad para que los distintos sectores nacionales, inclusive internacionales, prestaran atención a lo que estaba sucediendo y que era del conocimiento de las élites locales.

Numerosos autores han dado cuenta de estos hechos, y destacan la osadía juvenil puesta al servicio de la delincuencia organizada. Es verdad que jóvenes con necesidades económicas apremiantes, sin posibilidades de educación, salud, empleo, recreación, en fin, sin condiciones de vida digna para ellos y sus familias, no vacilaron en colocar bombas, transportar drogas ilícitas, perpetrar homicidios, secuestrar, y demás actos ilícitos, aún a pesar de los riesgos obvios como la captura o la muerte, casi que al mejor estilo kamikasi, con tal de resolver sus necesidades económicas, pero la gran mayoría lo hizo con la aquiescencia de la sociedad, la familia, en muchos casos la iglesia y figuras de la vida pública.

7 CABALLERO, Antonio. En: Cambio 16 Colombia. No. 97. Bogotá, abril 17 de 1995. A los gobiernos que hace mención Caballero son los de López, Turbay, Belisario, Barco y Gaviria, pero dadas las condiciones actuales podemos sumar el de Samper y el actual de Pastrana.

Se tomaron así diversas medidas, instalación de radares norteamericanos, controles aduaneros, persecución al lavado de activos, hasta creación de organismos del orden nacional, departamental y local que intervinieron los grupos sociales en riesgo, en especial a los jóvenes que se señalaron como la amenaza visible para la estabilidad de la sociedad y por lo tanto objeto de la atención institucional. Se diabolizó a la juventud y al mismo tiempo se endiosó.

Para frenar el accionar juvenil y en general el quehacer de la delincuencia organizada también se crearon, desde 1990, consejerías y programas presidenciales para Medellín, su Área Metropolitana y Antioquia, se desarrolló el Primed8, e instancias y programas municipales para la atención directa de los conflictos entre bandas como la Oficina de Asesoría de Paz y Convivencia y Vida Para Todos.

Algunas organizaciones comunitarias y no gubernamentales —ONG— diseñaron formas de intervención social paralelas o en convenio con el Estado, probadas en sus zonas de influencia de manera individual o en alianzas que han servido de estrategia para el mejoramiento de las relaciones y la convivencia entre vecinos y entre barrios.

El Estado a través de instituciones especializadas en la atención de los conflictos y la convivencia urbana, ha enfrentado las negociaciones con los diferentes grupos armados, especialmente con las milicias, la Corriente de Renovación Socialista y algunos pactos con bandas del barrio Antioquia.

Tres son los momentos en los que se divide el plan operativo de la Oficina de Asesoría de Paz y Convivencia: el primero, es el reconocimiento y acercamiento a los actores en conflicto, al igual que la intermediación entre ellos; el segundo, es un acompañamiento que incluye procesos de reeducación y algunos auxilios económicos; el tercero, es el momento relativo a una especie de reinserción o incorporación a la sociedad y que se denomina Barrios de Convivencia. Este es un momento supremamente complicado, pues se trata de lograr la desactivación plena de los proyectos non sanctos de los jóvenes y su reconducción permanente hacia la legalidad. Pero la deuda social que se tiene con estos grupos poblacionales es enorme y no se puede pagar con exiguas partidas de dinero, ni con programas de emergencia. Los jóvenes reclaman soluciones de empleo y educación para los cuales la ciudad y aún el país no están preparados9.

Esta estrategia del Estado que tiene algunos frutos, ha dado mayor protagonismo a los actores armados y escasamente a los actores sociales, propiciando el traslado de los problemas a otros sectores y barrios de la ciudad, además se ha ejercido mayor control sobre los grupos con matiz político, mientras que otro tipo de grupos no han sido objeto claro de los controles e intervenciones oficiales. Este proceso define cerca de 20 barrios

8 PRIMED es el Programa Integral de Mejoramiento de Barrios Subnormales de Medellín, y cuenta con

recursos del municipio de Medellín, el banco Alemán KFW, las Naciones Unidas y el Inurbe, que son administrados por Corvide.

9 JARAMILLO Arbeláez, Ana María, CEBALLOS Melguizo, Ramiro y VILLA Martínez, Marta Inés. En La

Encrucijada. Conflicto y Cultura Política en el Medellín de los Noventa. Corporación Región. Medellín:

1998. Pág. 121.

como sectores de riesgo social y expresiones violentas, que a la postre lo que han hecho es estigmatizarlos para el resto de la ciudad.

El Estado tampoco reconoce que las razones que permiten la existencia de las bandas están íntimamente relacionadas con la rentabilidad que producen las actividades delictivas y además la gente legitima su presencia ante la ausencia de controles y reglas de convivencia ciudadana. Para los pobladores donde existen bandas, sus integrantes no son delincuentes, estos cumplen funciones de normatividad, y en general es muy difícil que estos infractores sean sancionados por un delito, haciendo la actividad delictiva atractiva y efectiva.

Las propuestas que inicialmente se implementaron para atender el caos social, denunciado amplia y tendenciosamente por la prensa, tuvieron como criterio predominante la asistencia social, el desarme y la desactivación de bandas y frentes milicianos. La iniciativa en este tipo de intervención la tuvo el Estado y aunque en su práctica incorporó otros grupos y maneras de intervención social, su papel en este fenómeno social sigue atado a la generación de pactos de no agresión y dejación de armas, muy tímidamente se intervienen grupos vulnerables. Además estos proyectos se ven limitados por los subsidios económicos y nula continuidad en capacitaciones técnicas, que no siempre garantizan la inserción laboral, ya que además han dependido de presupuestos y tiempos de ejecución muy cortos.

Muchas de las experiencias de convivencia y desarme que se han dado en Medellín carecen de procesos de acompañamiento y cualificación permanente que a mediano y largo plazo, permitan transformaciones profundas y sólidas en los comportamientos, calidad de vida y formas de relacionarse de los protagonistas, sus familias y sus comunidades.

De tal manera que la tensión y el conflicto estallan cada vez que el subsidio se agota, entonces aparecen nuevas armas, más sofisticadas y contundentes, se depuran los mecanismos para delinquir y evadir la ley y se renuevan constantemente los cuadros de mando y los integrantes de las bandas, pandillas, grupos de delincuencia y milicias, mejorando su capacidad bélica y estratégica, mejorando su conocimiento, su técnica y eficacia.

Para muchas de estas organizaciones, líderes o instituciones, después del boom de los pactos y la vitrina que se dan algunos funcionarios públicos, vienen grandes penurias e incluso el fracaso. Esto básicamente, por la falta de compromiso y apoyo reales, sobre todo en relación con alternativas económicas para los jóvenes y sus comunidades. Cuando estos procesos pasan de las actividades de integración, sensibilización y construcción de propuestas a la concreción de las mismas, la situación tiende a salirse de las manos de sus promotores. Al no haber ofertas sólidas que permitan efectivamente a estos jóvenes mejorar sus condiciones de vida y sus posibilidades reales de integración social, las actividades delictivas se vislumbran nuevamente como única posibilidad de subsistencia10.

10 VILLA Martínez, Marta Inés. Organizaciones Sociales Comunitarias: Mediadoras Sociales y Políticas. En: desde la Región. # 25, Corporación Región. Medellín, abril de 1998. Pág. 13.

Además, las intervenciones realizadas en este sentido se dan de manera puntual, de acuerdo con la intensidad de los conflictos, de tal manera que uno u otro sector cobra importancia en la agenda de la paz y la convivencia ciudadana, cuando allí, ya se ha desatado el conflicto, usualmente no se emprenden acciones preventivas, sino curativas.

Cuando hicimos el pacto de paz, lo hicimos con una firma y era sobre la palabra, por eso los muchachos dijeron: Ah. Padre, usted se nos torció, y entonces no respeta la palabra, los pelados no creen en eso, el único método como funcionan es cuando no se les queda mal. Si usted les dice: Les voy a dar un confite, consígase ese confite como sea11 .

Por estas razones, entre otras, es que Medellín es una de las ciudades que cuenta con más número de procesos de desarme, liderados por comunidades barriales, organizaciones populares e instituciones que buscan equilibrio y desarrollo con equidad, como sinónimo de convivencia y pacificación.

En el barrio Antioquia los combos se legitiman en la medida en que son quienes han creado horizontes, dado criterios y pensamientos a la población, en especial las referencias y los modelos están íntimamente relacionados con las expresiones y estéticas que caracterizaron el mejor momento de los narcotraficantes.

En la época de los narcos, como conocemos y reconocemos esta parte de la historia de la ciudad, estos grupos lograron satisfacer las necesidades básicas de la gran mayoría de habitantes del barrio, acción que sólo emprendió el Estado y en general las instituciones cuando se evidenciaron las consecuencias del abandono y olvido.

Cuando se intervino inicialmente no fue sobre las causas, no se pensó en educación integral, en prevención de la violencia intrafamiliar, drogadicción o criminalidad, la lectura que se hizo fue sobre los efectos y se propuso reinsertar, reeducar, y ocupar a los actores de primera línea, de tal manera que la oferta no se repartió en los distintos grupos de la población, se focalizó en los grupos sociales con más problemáticas y con menos posibilidades de cambios de hábitos sociales para la inserción al barrio y al resto de la ciudad, sus madres, esposas, hijos, amigos, vecinos y enemigos no fueron considerados.

Políticas sociales de Medellín y sus efectos en el barrio Antioquia

Por lo menos hasta la Constitución Política de 1991, los derechos sociales de los colombianos estuvieron enmarcados en las necesidades físicas y educativas de la población desde un enfoque asistencialista. Se referían a la autoconservación, al mantenimiento de la vida en el límite de la existencia12.

11 LEUDO, Francisco. Pbro. Barrio Caicedo. En: 1er. ENCUENTRO REGIONAL DE PAZ Y TRATAMIENTO DE CONFLICTOS. Medellín, octubre 4 y 5 de 1996. Pág. 55. 12 ALCALDÍA DE MEDELLÍN. SECRETARÍA DE BIENESTAR SOCIAL. Diagnóstico Social de Medellín. Medellín, 1996.

La proyección de la ciudad ha sido funcional y no vivencial, en este sentido la intervención social llegó al barrio Antioquia por la vía de la urbanización. Desde los primeros decenios del siglo XX, el desarrollo y la transformación urbana y social de la ciudad dependió de intereses particulares y el barrio no fue la excepción.

El barrio se construyó con base en el esfuerzo colectivo de los cientos de inmigrantes que llegaron a la ciudad, los grandes propietarios de la zona, empezaron a cambiar y a vender lotes en terrenos anegadizos y pantanosos, que para ese entonces estaban por fuera del perímetro urbano de la ciudad, y no contaban con servicios públicos, ni accesos viales apropiados ni otros tipos de equipamiento urbano.

Mientras tanto la municipalidad enfocó sus esfuerzos de intervención social en el control moral. Sólo desde 1940, se empiezan a hacer intervenciones de fondo, pero que no tenían como meta el mejoramiento de las condiciones de vida de estos pobladores, los esfuerzos estuvieron encaminados a dotar a la instalación industrial de una infraestructura urbana adecuada a sus necesidades, de hecho el ingeniero Manuel Escobar proyectó para la zona suroccidental, el Medellín industrial.

Desde 1945, a partir del Decreto No. 85 expedido por el Concejo municipal, se incluyeron algunas zonas en el perímetro urbano de la ciudad, entre ellas Guayabal y el barrio Antioquia, comenzando un tímido desarrollo urbano, que aún no tenía en cuenta las necesidades básicas de la población. Entre 1922 y 1938 la ciudad creció más de cinco veces incluyendo sectores periféricos de los cuatro puntos cardinales.

Cuando se presentó el Plan de Desarrollo en 1949, se tuvo claro que hacia esta zona se asentaría la industria, ratificando lo proyectado por Manuel Escobar.

La consolidación de estos barrios se da por lo general siguiendo la misma línea; primero la vivienda, luego los servicios públicos, la iglesia, la escuela, la placa polideportiva y el centro de salud13.

El centro de la ciudad, cada vez más caótico, vio comprometida seriamente la tranquilidad de sus habitantes tradicionales. La proliferación de cantinas, casas de lenocinio, guaridas de proxenetas, ladrones y demás delincuentes, no se espantaron con la amenaza de controles policiacos, habían llegado al centro y allí se irían a quedar por mucho tiempo, a pesar de que en la periferia se consolidaron otros sitios y centros de prostitución: La Curva del Bosque —hoy Lovaina—, El Sagrado Corazón, Guanteros, La Estación Villa, Las Camelias, Barrio Colombia, San Germán, Naranjal, La Toma, entre otros.

Quizá y una de las razones que favorecieron la aparición de tantos sitios de dudosa moralidad, fue el acelerado crecimiento de Medellín en los últimos cien años que nunca se preparó para formar una base social, económica, y cultural, explícita y clara para

13 NARANJO Giraldo, Gloria. Medellín en Zonas. Monografías. Corporación Región. Medellín, 1992. Pág.

274.

recibir a los numerosos inmigrantes que de manera aglutinante y desordenada llegaron a la ciudad.

Sin procesos de desarrollo progresivos, sin políticas fuertes y permanentes de crecimiento y bienestar social y a la vez con dinámicos procesos de expulsión de habitantes tradicionales de las zonas céntricas de la ciudad y sin estrategias de reubicación, la gran mayoría de los habitantes de Medellín fueron arrojados a la deriva, como extraños en su propia tierra, alejados de sus prácticas tradicionales, se vieron ocupando territorios muy reducidos, circunscritos a un barrio, una calle o exclusivamente a la vivienda, generando sentido de pertenencia y arraigo en sectores muy delimitados fortaleciendo el desconocimiento de lo que hay por fuera de los espacios que transitan.

“En las décadas del 50 y el 60 —del siglo XX— se pensaba el desarrollo muy ligado a la inversión en infraestructura como medio para reducir la pobreza”14. En parte era el deseo de modernidad de la élite política y económica de la ciudad, que encontró en el Plan de Desarrollo de Sert y Weinner —1949—, el bosquejo de una ciudad racionalizada, con especializaciones de sectores, con vías rápidas y conectivas, con contundentes domesticaciones de zonas cenagosas, en especial en Otrabanda, al occidente, y la idea clara de que una fuerte industrialización nos acercaría al desarrollo.

Los intensos procesos migratorios generados en las décadas de 1950 y 1960, provocaron que cerca del 50% de la población se asentara en núcleos piratas, eso no lo tenía previsto el Plan de Desarrollo, tampoco previeron la gran avalancha de población no apta para el trabajo en las fábricas, sin niveles básicos de escolaridad, con ritmos de vida rurales, con diferentes representaciones sociales del tiempo y del espacio y con necesidades vitales distintas a los pobladores urbanos.

El encuentro masivo de pobladores urbanos e inmigrantes rurales condujo a segregaciones culturales fuertes. La peor parte la llevaron los campesinos llegados de todas partes, que sin conocimientos, ni preparación académica tuvieron que realizar trabajos denigrantes, soportar humillaciones y en muchos casos maltrato físico, para lograr un puesto en la sociedad medellinense. Otros eligieron la informalidad y la ilegalidad como opción de vida.

En 1970 el Estado enfocó sus esfuerzos y recursos en proyectos de desarrollo rural — Desarrollo Rural Integrado, DRI— y en políticas de racionalización de la inversión pública, que se extendieron hasta 1980.

En la ciudad la intervención se enfocó en acciones de construcción, mejoramiento e integración vial principalmente, además se buscaba formalizar y controlar las actividades de la economía informal, especialmente el control del uso del espacio público en el centro de la ciudad, y el control del conflicto urbano, que ya era un hecho, se desatendió al igual que las nuevas problemáticas que trajo consigo: fortalecimiento del crimen organizado, posicionamiento social del narcotráfico, fortalecimiento de la

14 Ibid.

guerrilla y las milicias urbanas, formación de bandas y combos juveniles dedicados a la delincuencia y el aumento del consumo de sustancias ilícitas.

En el barrio Antioquia, el efecto de las políticas sociales locales fue un tímido reflejo, después del proceso de autoconstrucción que se dio desde 1920, la intervención oficial empieza alrededor de 1950, con la construcción de un local para la escuela que albergaba en una jornada a los niños y en la otra a las niñas, el centro de salud y el templo de la Santísima Trinidad. En ese momento la municipalidad estaba muy ocupada preparando y adecuando los terrenos para que la industria se asentara en la ciudad, igualmente construyendo barrios para los empleados municipales, que a la postre terminaron ocupados por clases sociales con mayor poder adquisitivo, como el barrio Laureles.

Otros elementos de equipamiento urbano tuvieron desarrollos muy lentos y sólo se empezaron a ver en la década de 1970 gracias a otros proyectos que de soslayo afectaron al barrio, como la canalización de la quebrada Altavista, la pavimentación de vías y la ampliación de la carrera 65, que logró articular un eje transversal en esta zona, que la unió a otros barrios del sur, el norte y el occidente de Medellín; con esta vía y la calle 25, que es la calle tradicional del barrio, se aumentó a dos el acceso al mismo, pero la carrera 65 creó una barrera territorial, que en los momentos más álgidos de la confrontación armada entre las bandas, se consideró como un muro de Berlín, además de que expulsó a un buen número de habitantes de este sector.

Crimen e informalidad: barrio Antioquia amenaza la ciudad

Desde que el Alcalde Luis Peláez expidió el Decreto 517 de 1951, los habitantes del barrio fueron estigmatizados y señalados como la escoria de la ciudad, no fue importante que existieran otros sitios de prostitución y centros de actividad criminal, el barrio se visibilizó a través de la decisión oficial como el sitio más peligroso de Medellín, atrás quedaron Lovaina, Cisneros, Niquitao y Tenche, los comentarios y la prensa hicieron el resto.

El origen rural de los pobladores del barrio, ajenos e ingenuos a las dinámicas urbanas, los hizo fácil presa de los cambios previstos para la zona, en su condición marginal, poco o nada pudieron hacer para evitar la avalancha de prostitutas y delincuentes que la alcaldía les envió.

Hubo protestas, marchas y titulares en los periódicos locales, pero la decisión no se echó para atrás.

El alcalde, doctor Peláez, anunció que había hecho llamar a los periodistas para darles cuenta de una noticia importante: acababa de ser expedido el decreto 517, por medio del cual se suprimen en su totalidad las actuales zonas de tolerancia, y se establece una sola, en el barrio Antioquia, él mismo dispone que todas las mujeres públicas que actualmente están radicadas en zonas consideradas como de tolerancia deberían trasladarse inmediatamente a la nueva y única zona en tanto

que las residentes en las actuales zonas de tolerancia se les da un plazo de 45 días para hacerlo15.

Esta acción de la municipalidad fue el espaldarazo que se le dio al submundo del crimen para que extendiera sus tentáculos a esta zona de la ciudad. Pocos días después de expedirse el Decreto 517, los vecinos reunidos en la Residencia Social, sede del Centro Cívico del barrio, fueron agredidos por la fuerza pública.

Anoche, cuando un periodista daba cuenta a los vecinos congregados en la Residencia Social sobre la campaña cívica, la policía, por orden del teniente, atacó a culatazos de fusil a quienes estaban en la puerta del edificio, y amenazó con destruir el altoparlante si seguía en funcionamiento16 .

Desde el año de expedición del decreto —1951— se intuía la situación que se podía desatar: "la zona de tolerancia linda con la pista del aeropuerto, lo que verdaderamente es inaudito, por los graves peligros que encierra para sus bodegas, (sabotajes, saqueo, etc.) porque no son precisamente unos santos, los que irían a nacionalizarse en la zona de tolerancia"17.

Las modalidades delictivas, que han encontrado lugar en Medellín y el barrio, en un primer momento la delincuencia común y la prostitución, luego el crimen organizado, el contrabando, la trata de blancas, el tráfico de armas y psicoactivos y la capacitación y organización de grupos de mercenarios privados, desplazaron paulatinamente las actividades tradicionales de la gran mayoría de habitantes que se resistieron a la expulsión que se quería hacer de ellos. No valieron los ofrecimientos de casas prefabricadas en el barrio La Floresta, adquiridas por cuotas al Instituto de Crédito Territorial —ICT— para los inquilinos, o las ofertas de compra a los propietarios.

Los pobladores tradicionales del barrio estuvieron inicialmente ajenos a estas dinámicas. Las mujeres se ocupaban en labores domésticas, lavaban ropa, vendían y fabricaban fritos como morcilla y chorizos, en parte por que el matadero municipal de ganados estuvo ubicado en sus inmediaciones, en el sector de Tenche, hasta su traslado en 1956 al barrio Toscana, cuidaban y engordaban aves de corral, y comercializaban sus productos en la plaza de mercado de Cisneros, en el sector de Guayaquil.

Las ocupaciones masculinas estuvieron relacionadas con actividades agropecuarias y de la construcción: pastoreo de ganado mayor y menor, albañiles, carpinteros, ladrilleros, matarifes, carniceros, talabarteros, paliadores de arena y cascajo del río, cocheros y empañadores de tapias y muros con cagajón, o como cargadores de mercancías en la plaza de mercado y en los patios de carga del ferrocarril, principalmente.

15 EL COLOMBIANO. Medellín, 23 de septiembre de 1951. Págs. 1A y 4A.

16 EL COLOMBIANO. Medellín, octubre 3 de 1951. Pág. 4.

17 EL COLOMBIANO. Medellín, octubre 4 de 1951. Pág. 2.

Pero estas formas de subsistencia comenzaron a perder fuerza cuando el proceso de modernidad de la ciudad presionó cambios de hábitos y consumos a través de la transformación urbana, como la continuación de la rectificación y cuelga del río, la construcción de la autopista sur, la instalación industrial hacia esta zona, la reubicación del matadero de Tenche, la adecuación, modernización y pavimentación del aeropuerto y la domesticación de las quebradas y desecación de los pantanos de la zona que permitieron la urbanización masiva del sector.

Al principio estas transformaciones fueron la posibilidad de inserción laboral para

muchos pobladores del barrio, pero después de la bonanza urbanizadora, llegó el desconcierto. Las actividades económicas tradicionales ya no tenían cabida en la

moderna ciudad que se perfilaba para estos años, las fritangas y cocinas improvisadas para fabricar morcilla y chorizos dieron rápidamente paso a restaurantes y empresas de productos cárnicos y embutidos; los albañiles de hilo y plomada, a topógrafos, ingenieros y arquitectos; las lavanderas a las lavadoras eléctricas; la Plaza de Mercado

de Guayaquil a las plazas de mercado satélites, el Ferrocarril de Antioquia y la gran

terminal de transporte terrestre que era el barrio de Guayaquil, al Centro Administrativo

La Alpujarra, los pozos del río y las quebradas frecuentadas por lavanderas, bañistas y

pescadores a los desechos industriales y a la línea recta de la canalización del río

Medellín sinónimo de orden.

Los habitantes del barrio, sintieron como sus habilidades y conocimientos no eran suficientemente competitivos en el nuevo mercado laboral, se mantuvieron al margen de la economía formal esperando mejor suerte, hasta que esta llegó en forma de cannabis índica. A medida que los habitantes del barrio se fueron desplazando de las ocupaciones formales, comenzó a perfilarse la prostitución, el comercio de la marihuana y el atraco a casas y a transeúntes como una posibilidad de sobrevivencia.

El uso de psicoactivos en la ciudad no ha sido una novedad, desde por lo menos el

siglo XIX, la prensa local ha registrado intoxicaciones por el uso de hongos, cacao sabanero o borrachero y cocaína. Las primeras plantas de marihuana posiblemente llegaron a América con los primeros conquistadores europeos, en Colombia fue introducida entre los siglos XVIII Y XIX, pero su difusión a gran escala se dio en 1947, en especial en Medellín, durante el gobierno de Mariano Ospina Pérez, que importó grandes cantidades de marihuana de la India, con el propósito de mejorar la industria textil nacional, extrayendo el cáñamo que contiene18.

A la par de las importaciones legales llegaron cientos de plantas ilegales, que

rápidamente se valorizaron y comenzaron a articular una forma y un estilo de vida en los años 1950 y 1960 conocido como el estilo camajan, personaje de los barrios que consumía marihuana y algunos de ellos perpetraban asaltos callejeros, a casas y una que otra empresa y banco. Posteriormente conformaron bandas importantes que hicieron modificar los sistemas de seguridad de bancos, almacenes e industrias y la actitud de las autoridades.

18 BETANCOURT, Darío y GARCÍA, Martha L. Contrabandistas, Marimberos y Mafiosos. Historia social de la mafia colombiana (1965-1995). Tercer Mundo Editores. Bogotá: 1994. Págs. 224-225.

Al barrio Antioquia no sólo entró la marihuana, con la expedición del Decreto 517 que

además de trasladar a las prostitutas al barrio, facilitó la llegada de tahúres, ladrones, vagos y vividores, creándose un ambiente de ilegalidad y marginalidad, donde el delito y

lo prohibido se posesionó como forma de vida válida, posible y rentable.

De alguna manera la municipalidad abonó el terreno y propició el espacio para que luego, con el desarrollo e implementación de modalidades novedosas del crimen organizado, se consolidara la ciudad como epicentro del narcotráfico, tráfico de armas, trata de blancas y contrabando de mercancías. Para 1950 se contaba con un aeropuerto en el centro de la ciudad, autoridades corruptas, y un barrio con cientos de habitantes marginados y señalados como delincuentes y prostitutas.

En la actualidad la región del Valle del Aburrá es la segunda zona en Colombia, donde se comete el mayor número de delitos después de Bogotá19. La gran mayoría son contra el patrimonio económico: hurto simple, calificado y agravado, extorsión, estafa, abuso de confianza, dañó en bien ajeno, principalmente, y contra la vida y la integridad personal: homicidio con fines terroristas, preintensional, culposo, agravado, lesiones comunes y culposas, y tentativa de homicidio.

Existen otras modalidades que aunque no desbordan las cifras totales son significativas por la afectación que provocan en la sociedad, delitos contra la familia: en especial la bigamia, inasistencia alimentaria y maltrato infantil; contra la libertad individual:

secuestro extorsivo y simple, amenazas personales ó familiares; contra la libertad y el pudor sexual: acceso y acto carnal violento o mediante engaño, inducción a la

prostitución, trata de mujeres y menores; contra la seguridad pública: tráfico, fabricación

y porte de estupefacientes, destinación de muebles e inmuebles al comercio,

almacenamiento o fabricación de estupefacientes, suministro de estupefacientes a menores, posesión de sustancias precursoras y concierto para realizar delitos de narcotráfico.

En el barrio Antioquia es difícil encontrar cifras definitivas sobre el comportamiento delictivo de sus pobladores, sabemos que muchos de ellos están encarcelados en Estados Unidos y Europa por delitos relacionados con el tráfico ilegal de drogas, igualmente en cárceles nacionales se cuenta con muchos presos que han residido o son oriundos del barrio, por delitos contra la seguridad pública, el patrimonio económico y contra la libertad individual y otras garantías.

Pero quizá las actitudes cotidianas son las que mejor nos pueden hablar de sus formas de relación social. La mayoría de expedientes por contravenciones de la Inspección de Policía de la zona entre 1995 y 1999, muestran comportamientos sociales donde el respeto hacia el otro y los espacios comunes y sus bienes, son vulnerados con una alta frecuencia de violencia física y sexual, entre golpes, amenazas, robos desfachatados, insultos, celos, destrucción de bienes y abusos en el espacio público, han transcurrido muchos de los días de gran cantidad de pobladores del barrio.

19 POLICIA NACIONAL. República de Colombia. Criminalidad. Policía Nacional. Bogotá: 1997.

En medio de estos abusos cotidianos, los niños de ayer y hoy han ido perpetuando la situación, objetos de agresión adulta, a su vez imitan cuando adultos.

El niño de 4, 5 ó 6 años, ellas (las mamás) no se esconden, están ahí con el uno,

con el otro, y el niño sabe. Mi mamá trabaja en un bar, mi mamá es una prostituta,

, ella esta trabajando de 11:00 de la noche a 4:00 de la mañana y ella vive enferma, cuando no es enguayabada, y ellos viven eso20 .

ellos dicen

hubo un caso. Cité a una mamá: no, mí mamá no puede venir porque

El único estudio psicológico que se ha hecho sobre el comportamiento de los habitantes del barrio Antioquia, Combos y Cambios, señala estos hechos.

En las vivencias familiares de su infancia y niñez se encuentran los mismos excesos violentos por parte de los padres y otros familiares encargados de su crianza. Dejarlos desnudos, obligados a arrodillarse sobre granos de maíz, darles golpes con machetes, etcétera, son diversas formas del imperativo super yo, que tiene un modo más sádico que autoritario. Los juegos infantiles tampoco se desvían de esta pauta:

también incluyen los golpes, los maltratos, las batallas y las burlas contra los compañeros, todos con un estilo que difumina los límites entre la ficción lúdica y la

realidad21.

En general todas las estructuras sociales del barrio Antioquia se han permeado durante años por réplicas de abusos y marginamientos que como vía de expresión encontraron la violencia intrafamiliar, armada y la delincuencia organizada.

Nosotros dos somos drogadictos, y es que este señor fuma basuco, esta revolviéndolo con pastillas y yo le he venido diciendo últimamente que no tire más vicio y él no me hace caso, ya que yo estoy enferma de los pulmones y tengo una orden de hospitalización por esta razón, cuando él empieza a tirar vicio, siento esa ansiedad y la necesidad de hacer lo mismo, además entre nosotros siempre ha existido violencia.

En ocasiones anteriores me dañó el tabique y me reventó el labio superior derecho, en otra ocasión me pegó una puñalada en el lado izquierdo de la pierna, levanta a la niña menorcita a la una o dos de la mañana y se la lleva a comprar vicio22.

Desde el poblamiento del barrio, los habitantes han asumido una actitud sumisa con altas dosis de temor que han permitido el abuso por parte de muchos otros habitantes de la ciudad, primero los propietarios de las grandes fincas y los urbanizadores de terrenos cenagosos, que allí encontraron a sus sirvientes, luego, en 1948, fueron señalados como liberales, pecado que pagaron muy caro, cuando el municipio lo señaló

20 Taller con profesores de la zona y estudiantes del Liceo Benjamín Herrera. Medellín, agosto 21 de

1998.

21 ANGEL Pérez, Alina María y otros. Combos y Cambios. Reflexiones psicoanalíticas en un proceso de

paz entre bandas juveniles. Alcaldía de Medellín, Secretaría de Bienestar Social y Universidad de Antioquia, Departamento de Psicoanálisis. Medellín, 1995. Pág. 35.

22 Inspección de Policia 15B. Contravenciones. Medellín, 1998.

y constituyó oficialmente marginal y zona de tolerancia en 1951, que a la postre lo

convirtió en una de las sedes más importantes del crimen organizado de la ciudad.

Pobladores tradicionales del barrio

Sólo la información de contravenciones permite un acercamiento al tipo de señalamiento delictivo que se hace sobre el barrio. Pero en estos expedientes y en general en el seguimiento que los organismos de control le han hecho al comportamiento delictivo de la zona aparecen las cifras finales, los consolidados que desconocen los intersticios y los detalles que permiten entender los ritmos y actitudes cotidianas de estos pobladores.

A los terrenos en que hoy está ubicado el barrio Antioquia, llegaron gentes desde, por lo

menos, la década de 1910, expulsadas por el lastre de las violencias políticas heredadas del siglo XIX, por los variados procesos de marginación social que han sufrido las clases menos favorecidas, y por decisiones oficiales, buscando mejores condiciones de vida para sí y sus familiares, paulatinamente ocuparon el espacio de manera que los pares se encontraron y conformaron desde décadas, sectores definidos, espacialidades con personalidad que han identificado y dado sentido de territorialidad al grupo que lo ocupa, este poblamiento por inmigrantes, donde nadie toca con nadie, ha permitido que el barrio sea una referencia, un centro requerido desde muchos lugares del mundo.

El barrio Antioquia se ha caracterizado porque a él llegan permanentemente inmigrantes, y al mismo tiempo otros tantos emigran hacia otros barrios de la ciudad o a municipios cercanos por temor a ser agredidos, a otras zonas, buscando mejores condiciones de vida y a otros países muy posiblemente detrás de sueños de riqueza, poder y reconocimiento. En otras ciudades de Colombia, en otros países, se encuentran los emigrantes del barrio Antioquia bajo su sombra tutelar, unidos por los sabores, colores y olores del barrio, pero sobre todo por la fiesta, elemento cultural que en medio de alucinante frenesí les permite desbordar sus pasiones y sentimientos, casi siempre adobada por grandes cantidades de licor y otras drogas.

A pesar de esta movilidad los habitantes del barrio poseen un gran sentido de la

solidaridad y se profesan gran afecto entre los grupos en que se relacionan. Proporcional es el odio y los deseos de venganza que habitan a casi todos, desde que

se inicio el comercio de drogas a gran escala, en especial la cocaína.

La marihuana aquí en el barrio apareció hace muchos años, el primer marihuanero que conocí aquí fue Chigua en el año 1940, después a El Rusio. Era gente muy sana. Ellos fueron los dos primeros marihuaneros que tuvo el barrio Antioquia. Pero la marihuana aquí no hizo los estragos que hizo el basuco y la coca, esto fue lo que mató al barrio. La gente sana, y los marihuaneros esos, eran sanos y trabajadores. Gente trabajadora que uno ni siquiera sabía que fumaba marihuana. Lo digo porque la primera vez que yo vi fumar marihuana a Chigua fue allí en la cantina de El Gato, en el año 194023.

23 ANECDOTARIO. Barrio Antioquia. Proceso de Recuperación de Memoria e Historias de Barrio.

Entre los grupos que han llegado al barrio se han destacado 5 grupos étnicos por su resistencia y permanencia:

Campesinos migrantes entre 1920 y 1940. Este grupo se considera el grupo fundacional, son quienes comenzaron el poblamiento del sector y el proceso de urbanización, muchas de estas familias han mantenido su residencia en el barrio, con fuertes nexos en los Estados Unidos, especialmente en New York, se considera como

el grupo de habitantes tradicionales.

Prostitutas y delincuentes comunes. Este grupo de gentes llegaron al barrio en un proceso interno urbano de emigración forzada que se dio simultáneamente con la expedición del Decreto 517 de 1951.

Infinidad de curiosos, empezaron a trasladarse hacia barrio Antioquia. A la una de la mañana ya era difícil circular por sus amplias calles, ya que había centenares de automóviles y de personas, y el movimiento era extraordinario. Las cantinas estaban abiertas, y en todas ellas bailaban las meretrices que iban llegando de los extinguidos barrios de tolerancia, con los juerguistas. Incontables grupos musicales amenizaban la fiesta, que se prolongó hasta las primeras horas de la mañana de ayer24.

Aunque hoy en día no existen casas de prostitución como tal, se encuentran en el barrio

a algunas mujeres y hombres ocupados en esta actividad en otros sectores de la ciudad.

Indígenas ecuatorianos de la región de Otavalo. Desde 1960 comenzaron a llegar estas personas, algunos de los habitantes tradicionales afirman que ellos fueron los que inicialmente empezaron a importar la pasta de base de cocaína para los primeros laboratorios que funcionaron en Medellín, de hecho son asociados con algunos de los duros que vivieron en el barrio entre 1960 y 1970, es el grupo étnico que menos se ha integrado a las dinámicas sociales del barrio, hoy en día se ocupan en actividades comerciales y en algunos casos con el contrabando entre el Ecuador y Colombia.

Eso fue por ahí en la época de 1970. Yo me acuerdo cuando llegó la primera familia de indios que se vestían con la ropa típica. Se vinieron a vivir por aquí por la 25. Primero llegó una familia, luego comenzaron a llegar más y más y ahora hay un montón de indios que tienen plata, tienen carro. Uno ya no los ve con su ropa típica, sino que las muchachas que crecieron aquí, y los muchachos nacieron aquí, ya son como los otros muchachos, de yines, a la moda. Bueno, de lo que me he dado cuenta es que cuando ellos hacen fiestas ponen su música. Una vez me asomé y me tiraron la cortina. Estaban reunidos ahí, todos bailaban pero con su música, cantan en su idioma y todo. A ellos como que no les gusta que uno vaya y los mire ni nada, las fiestas no las hacen sino entre ellos, no invitan a nadie. También tienen la costumbre que se muere alguno y reparten comida para todo el mundo, le echan

cositas y todo al muerto, eso sí ahí si los he visto con sus vestidos, con lo que ellos hacen, con las comidas25.

En 1974 la prensa local sostenía que este grupo étnico participaba activamente de la actividad del narcotráfico.

El personal que viene investigando el movimiento de los narcotraficantes establecieron la razón por la cual estos tienen su sede en varias residencias del barrio Antioquia. Este barrio como Belén quedan muy cerca al aeropuerto.

La coca, como es sabido llega de Tulcán —Ecuador— y otros países cercanos aún sin procesar, por vía aérea, preferiblemente avioneta, a Medellín.

Al ir a tomar pista, quienes la transportan abren una ventanilla y arrojan los paquetes a las mangas aledañas en donde está ubicado el traficante que la recoge

y la traslada a ciertos sitios de la citada fracción, así que ni siquiera tiene necesidad de movilizarse en un vehículo26.

Afroamericanos chocoanos, urabaenses y del nordeste de Antioquia. La gran mayoría de gentes negras que han llegado al barrio lo han hecho en los últimos 20 años del siglo XX, por razones de violencia física y armada en sus zonas de origen, en realidad son uno de los primeros grupos desplazados que llega a la ciudad en esta última expresión del desplazamiento forzoso que estamos viviendo. Muchos de ellos vieron asesinar a sus familiares cercanos, fueron víctimas de escarnios físicos por no tomar partido, o simplemente por vivir en un lugar determinado. En el caso de los oriundos del nordeste antioqueño, algunos tuvieron un contacto directo con narcotraficantes que los emplearon en sus cultivos y laboratorios, lo que se convirtió a la postre en el gancho perfecto para seducirlos y traerlos al barrio entre 1970 y comienzos de 1980 para que invadieran los terrenos aledaños al aeropuerto, en el sector denominado Los Ranchos.

En las referencias cotidianas de los pobladores del barrio, estos no hacen una diferenciación de los grupos de negros que han llegado al mismo de acuerdo a su origen, para ellos todos son chocoanos, así provengan del interior del país o de la costa Atlántica.

Cuando tenía como nueve años me tocó uno de los bailes que los chocoanos hacían, eran espectaculares, con pelea a machete y muerto encima. Eso era lleno

de morenos y con unos colores estrafalarios, no se sabía cual de todos tenía el color más encendido. Ese día, la hija de la comadre de mi mamá, tenía muchas ganas de entrar al baño, pero había un señor sentado en la tasa que no se movía. Ella le dijo

a la mamá que ese señor no quería salir del baño; la mamá se asomó, lo tocó y él ni

se mosquió ni nada, entonces ella lo empujó y ahí nos dimos cuenta que tenía un cuchillo en la espalda. Estaba muerto. Al muerto lo sacaron del baño y lo tiraron a la calle, vino la policía y todo el mundo desapareció, no se supo quién era, ni qué

25 Op. Cit. ANECDOTARIO.

26 EL COLOMBIANO, Medellín, mayo 13 de 1974. Pág. 22

hacía él ahí, no apareció el culpable. Esa fue de las últimas familias chocoanas que quedaban en el barrio27.

Campesinos desplazados, con conocidos en el barrio. Las actuales condiciones de violencia rural que vive el país ha propiciado que lleguen campesinos desplazados a la zona de Los Ranchos, se destaca de este tipo de pobladores la presencia de nexos de diferente índole con personas del barrio, especialmente por tener algún tipo de parentescos o por ser conocidos de tiempo atrás.

Mi mamá llegó al barrio porque aquí vivía una prima de ella que también se había

venido del Valle del Cauca. Yo vine después porque mi abuela me mandó para acá.

La prima de mi mamá nos decía que nos viniéramos porque aquí era muy barato

conseguir una casa por el lado de Los Ranchos y así fue, ahora vivimos ahí28.

Además de los campesinos desplazados al barrio también llegaron habitantes de otros barrios, que dejan su lugar de residencia por las condiciones de violencia que les ha tocado vivir. Algunos también lo hicieron con el interés de tener una vivienda propia en la zona de invasión que linda con la pista del aeropuerto regional Enrique Olaya Herrera.

Gitanos. Aunque el grupo de gitanos que llegó al barrio a finales de 1960 se asentó definitivamente en el barrio Santa María en el municipio de Itagüí, su presencia en el barrio durante unos 5 años significó y aportó referentes importantes de la vida cotidiana de los habitantes del barrio.

Los gitanos llegaron y poblaron eso allá, uno se iba a mirar esas carpas, a mirar los fogones que eran un tubo y una cosa que ellos le hacían así: clap, clap. Aquí hubo muchachas que se casaron con gitanos. Bueno y después esos gitanos se fueron a vivir a Santamaría. Ellos se hicieron a sus casas allá y poblaron todo ese barrio de Santamaría, allá viven. Esta es la manga de los gitanos29.

Igualmente el barrio ha recibido durante mucho tiempo a otro tipo de gentes difíciles de agrupar ya que llegan espontáneamente. Estos buscan transitoriamente techo en las decenas de inquilinatos que existen, de tal manera que cuando mejoran sus condiciones de vida se van a otros barrios.

Las características socioculturales que han vivido generación tras generación los pobladores del barrio, han hecho florecer una comunidad hostil. Décadas de pobreza, discriminación, marginalidad, exclusión y castigos han facilitado que la comprensión y la relación con el mundo sea ambigua, con distorsiones que contradicen el sentido común y escapan a cualquier tipo de control, criando perversas inteligencias que no son posibles de conectar a los circuitos formales de la sociedad desde las intervenciones tradicionales.

27 Op. Cit. ANECDOTARIO.

28 LOZANO, Kelly. Q.E.P.D. Integrante grupo Dinamizador.

29 Op. Cit. ANECDOTARIO.

Estas maneras de ser, no se pueden leer exclusivamente desde las lógicas de los macroindicadores, pues, a pesar de todo han generado una dinámica de resistencia cultural, debido precisamente a los procesos de identidad que han vivido desde las solidaridades familiares, vecinales, afectivas y principalmente desde el estigma de marginalidad que les atañe por igual, y desde la necesidad que han tenido de conformar

territorialidad urbana definida, para hacer valer y respetar sus maneras de relacionarse

y expresarse ante la ciudad.

Aunque la vida en comunidad se avala simbólicamente con la tenencia de dinero, que es la forma de mejorar la posición social y ser respetado.

El motivo de la vida en grupo no se reduce a la satisfacción de las necesidades materiales, sino más bien que ese motivo que justifica y sostiene el lazo social es una instancia simbólica, sin duda variable pero siempre presente: el tóten, el ancestro, el rey, Dios. Contrasta esto con la concepción moderna y corriente, según la cual la sociedad tiene una función económica, que los hombres se agrupan para dividirse el trabajo y aumentar su utilidad30.

Barrio Antioquia, comenzó su camino hacia la construcción de un clima de convivencia barrial, en diciembre de 1993. Con aciertos y desaciertos, el proceso emprendido por iniciativa estatal, ha contado con la participación y la voluntad de muchos de sus habitantes, y de organizaciones públicas y privadas.

En 1993, “los seis combos que mantenían azotado al barrio por las continuas balaceras, decidieron fomentar un cese al fuego”31. Proceso que es reconocido en muchas partes,

y presentado como uno de los más exitosos emprendidos en la ciudad. Pero no siempre ha sido así, este camino ha tenido baches difíciles de sortear.

En 1996, un líder comunitario y un integrante de uno de los combos del barrio, decían:

En vez de asumir esa posición represiva y de señalarnos de viciosos, sicarios o ladrones, sería bueno que trataran de integrarse al proceso de paz y aportaran su granito de arena. Que crean en nosotros y respalden el esfuerzo que estamos haciendo porque el barrio vuelva a sonreír. Ambos expresan su preocupación por la reaparición de brotes de violencia: Están volviendo a disparar algunos pelados y de afuera también. Entonces da miedo que las bandas se toquen y vuelvan a armar la guerra. Sin embargo, observan los líderes: la mayoría de los muchachos quieren la paz. Son pocos los que no. Pero para que los pacíficos no se desmotiven se necesita que el municipio cumpla lo prometido32.

En lo que va corrido desde 1993 al 2000 y a pesar de los pactos y procesos de paz que se han dado en el barrio, los enfrentamientos que se presentan especialmente entre grupos de jóvenes, no han cesado definitivamente. Las acciones complementarias a los

30 ANGEL PÉREZ, Alina María y otros. Combos y Cambios. Reflexiones Psicoanaliticas en un proceso

de paz entre bandas juveniles. Alcaldía de Medellín y Universidad de Antioquia. Medellín: 1995. Pág. 35.

31 EL MUNDO. Separata Metro. En diciembre llegó la paz. Barrio Trinidad, pionero de los procesos de

pacificación. Medellín, miércoles 17 de marzo de 1999. Pág. 8.

32 EL COLOMBIANO. Barrio Antioquia, adelante entre vientos y mareas. Medellín, sábado 27 de enero

de 1996. Pág. 8ª.

pactos que se han emprendido, como talleres de autoestima, sexualidad, relaciones humanas, programas deportivos y recreativos, culturales y actividades de integración, no han logrado silenciar el sonido de las armas de fuego. Los jóvenes buscaron y encontraron salidas a su situación al igual que muchos otros, en el mundo legal e ilegal, los que cayeron en este último terminaron haciendo lo que otros desean, planean, experimentan, viven y proponen.

En parte, esto se debe al discontinuo y escaso flujo de recursos que destina el Estado para políticas de inversión social, y en parte a la permanencia de recuerdos evocativos de dolor que permanecen en el presente bajo la idea de la venganza, allí el perdón se concibe como una demostración de debilidad, que la idiosincracia machista no permite expresar.

Existen otras razones que hacen que la presencia episódica y tímida del Estado y las instituciones se minimice a cada momento. A medida que los cultivos fueron expandiéndose en el territorio nacional, las necesidades fueron otras, desde el aeropuerto se enviaba el alcaloide y por él entraban gran cantidad de mercancías de contrabando y armas ilegales. Medellín también ha sido considerada como epicentro del comercio ilegal de armas entre el norte y el sur de América, de hecho, desde Panamá, Miami, Las Antillas y Centroamérica han llegado todo tipo de armas al departamento de Antioquia, la gran mayoría por el Golfo de Urabá, pasando por Medellín, desde donde se han distribuido a todo tipo de actores armados33.

Fuerzas oscuras, ajenas al barrio y muchas veces con la anuencia de algunas de las autoridades locales y nacionales, han controlado los ritmos vitales de los pobladores. Estos agentes externos han decidido cuándo se inicia "la guerra", cuándo silenciar las armas, ordenan muertes selectivas o ejemplarizantes, y al mismo tiempo son los papá Noel. En entre 1970, 1980 y con menos frecuencia a comienzos de 1990, del siglo XX, llegaban estos benefactores con mercados, cajas de licor, cerdos para ser sacrificados en la vía pública y puñados de dólares y pesos, para ser repartidos entre todos sus allegados.

Hoy, muchos pobladores siguen esperando que llegue alguien y les patrocine unos días de buena comida, rumba y por qué no, mecha y pisos. Pero la opulencia de hace unos años dio paso a la incertidumbre, la pobreza y el resentimiento hacia todo y todos. De vez en cuando llega un duro, que aviva la esperanza de que el negocio mejore. Entre tanto siguen esperando cualquier oportunidad que resuelva el gasto diario y que el Estado haga una presencia efectiva en sus vidas, pues para muchos de ellos la delincuencia ha sido la única forma de trabajo conocida.

Cuando la vida cotidiana depende de la esperanza de una salida fácil es muy difícil la articulación de acciones de intervención social en el grueso de la población. Como muchas de estas intervenciones han sido puntuales y pocas veces coherentes y

33 LA HOJA METRO. Medellín, noviembre 30 a diciembre 6 de 1998. Arriba las manos. Medellín sigue siendo la ciudad latina más violenta. Un informe reveló por qué: es también un centro de tráfico de armas. Pág. 5.

sistemáticas, sin lograr la cualificación de grupos insertos en las diferentes zonas y sectores urbanos en que se ha actuado, no se tiene capacidad de acción, organización

y movilización social, acrecentando la desconfianza y creando un sentido utilitarista de

las poblaciones que se intervienen, frente a las instituciones que emprenden acciones.

Como bien lo dice un líder comunitario del barrio: “En la guerra la plata nunca les faltaba

y en la Paz se morían de hambre”34.

34 GIRALDO, Mauricio. Probapaz. Proyecto Barrio Antioquia de Paz. Documento. Medellín. s.f.

RECORDAR PARA PERDONAR-ME

Las llantas del bus no se movieron ni un centímetro por el barrio Antioquia, pero Luz Helena Montoya sintió que había viajado a más de 200 kilómetros por hora. Tuvo que bajarse a la calle para darse cuenta de que en el recorrido sólo la habían atropellado los recuerdos35.

A finales de 1996 los combos del barrio Antioquia reactivaron sus enfrentamientos, obligando al Estado a una nueva mediación de la Oficina de Asesoría de Paz y Convivencia para frenar el conflicto que se estaba viviendo en el barrio.

Es así como a través de un convenio entre la Asesoría de Paz y Convivencia y la Corporación Presencia Colombo Suiza, se posibilita la realización de un proyecto — Fortalecimiento de la Cultura de la Convivencia Pacífica— que además de dar continuidad a líneas ya contempladas anteriormente, se caracterizó por: a) ampliar

el componente de capacitación para el trabajo, b) enfatizar en la inserción laboral

por medio de una alianza que empieza a gestarse con la Fábrica de Medias Cristal,

y c) abrir un espacio de participación a toda la comunidad, a través de un

componente de recuperación de la historia barrial, encaminado a apoyar la convivencia pacífica mediante un proceso que permitiera la reconstrucción crítica de los factores involucrados en las dinámicas de los conflictos y la reconstrucción de los elementos que han dado cohesión e identidad a la comunidad.

En torno a dicha recuperación de la historia barrial se produce en 1997 la articulación de otra ONG de la ciudad, la Corporación Región, quién a través de un convenio con la Corporación Presencia Colombo Suiza y gracias al apoyo de la Oficina de Asesoría de Paz y Convivencia Medellín, pasa así a sumarse al proceso de pacificación. Este trabajo de recuperación de memoria barrial, dentro del cual se han realizado actividades de mucho impacto a nivel del barrio y la ciudad, tuvo como protagonistas centrales la Junta de Acción Comunal, un grupo de jóvenes vinculados a las actividades de capacitación en mecánica de motos y confección y el grupo juvenil Juventud Emprendedora de Futuro —Juemfu—, constituido por jóvenes que habían venido formándose a través de los anteriores proyectos36.

Como parte de este devenir surgió el Proyecto de Arte Público La Piel de la Memoria. Barrio Antioquia: pasado, presente y futuro, inicialmente como un Proyecto de Recuperación de Historia de Barrio desde la memoria individual, para reconstruir los elementos que le han dado cohesión e identidad como comunidad al barrio, sus potencialidades y redes sociales, y la reconstrucción crítica y reflexiva de los factores y dinámicas de los conflictos y violencias y de las huellas que estos han producido en sus habitantes37, que permitiera a los actores del conflicto armado, a sus familias, allegados

35 MOGOLLÓN V., Glemis. Viaje al pasado en un bus. En: El Tiempo. Bogotá, julio 26 de 1999. Uno de

los eventos que se realizó públicamente fue la exhibición de un museo con una muestra de objetos personales cercana a los 470, todos propiedad de habitantes del barrio y que se denomino Bus Museo La Piel de la Memoria.

36 La alianza para la convivencia social en el barrio Antioquia. Resultante y Génesis de un proceso

múltiple. s. a. Documento. Corporación Presencia Colombo Suiza. Medellín. s.f.

37 RIAÑO, Pilar. La recuperación de la Memorias Colectivas. Barrio Antioquia. Documento. Corporación

y líderes comunitarios, un diálogo con sus memorias, una elaboración de sus duelos, un encuentro y exorcismo con los fantasmas con que han vivido, un fortalecimiento del tejido social y la creación colectiva del deseo de un clima de convivencia pacífica para el barrio.

Luego de iniciar la segunda etapa del proyecto el objetivo fue fortalecer el tejido social de la comunidad a través de un proceso de reconstrucción de memoria para permitir el reconocimiento del pasado desde el presente, con una mirada hacia el futuro, creando desde el arte público, un espacio para la reflexión que contribuya a la convivencia comunitaria, y a la creación de espacios colectivos para la reflexión sobre la relación memoria, presente y futuro, y desarrollar espacios de neutralidad y facilitar la comunicación con otras comunidades con problemáticas similares.

El proceso tiene logros y alcances muy significativos en metodologías de trabajo con los habitantes del barrio en el campo de la intervención social, que pueden ser útiles trabajando con comunidades envueltas en conflictos similares. En primer lugar se consolidó a lo largo del proceso el Grupo Dinamizador38, que se constituyó además de ejecutor, en el interlocutor entre las instituciones y la población en general, permitiendo contrastar ideas y situaciones generales y particulares del barrio, a la hora de tomar decisiones.

En segundo lugar los resultados visibles del trabajo realizado entre 1997 y 1999, la intervención plástica de la vía pública, la formación de un grupo de teatro aficionado juvenil, la creación transitoria de un museo con objetos queridos y significativos de los pobladores y la celebración final con entrega de cartas y saludos de amistad, que tocó a muchos que estaban alejados del proceso y a otros que no lo conocían.

Yo veía que toda la gente salía de las casas a recibir sus cartas, las leían de inmediato y entonces la gente se iba detrás de la comparsa y cuando se encontraron, a mí me pareció como en un sueño porque yo ver tanta gente, todos los pelaos, los mimos, las chirimías, la comparsa y ver que toda la gente estuviera tan pendiente de una misma cosa que nosotros habíamos creado para ellos39.

Durante el trabajo hubo dinámicas y circulaciones de conocimiento entre los beneficiarios directos e indirectos, que motivaron al Grupo Dinamizador a continuar en la búsqueda de mecanismos y acciones para garantizar una calidad de vida digna para sus familias, vecinos y ellos mismos, al hacer evidente que las razones del conflicto en la mayoría de los casos eran exógenas. Cada acción, cada hora de taller, construyó referentes nuevos y distintos que posibilitaron el camino a una comunicación activa con

Región. Medellín, 1998. 38 El Grupo Dinamizador, es el grupo de personas que se fue conformando desde el inició del proceso. Inicialmente asistieron cerca de 90 personas a los talleres, y en la marcha, unos fueron perdido el interés, otros encontraron ocupaciones que les impedían la asistencia a los talleres, otros han abandonado el barrio por temor o persecuciones, otros han muerto, pero se han vinculado nuevos participantes logrando reunir a un gran numero de pobladores en espacios comunes donde las diferencias se han desvanecido al menos temporalmente. 39 La Piel de la Memoria. Proyecto de Arte Público. Evaluación Grupo Dinamizador. Grabación. Corporación Región. Medellín, noviembre 1999.

el resto de la población: "Es un trabajo muy bonito, de gran creatividad. Que bueno fuera si lo pudiéramos adquirir (el bus museo) para guardarlo en alguna institución"40.

Sin embargo, la ausencia de estrategias coadyuvantes, como la generación de empleo, el acceso a servicios de salud, educación, recreación y en general el acceso al bienestar social, ha sido una amenaza significativa que en ocasiones ha puesto en vilo los avances y reflexiones personales logradas por los integrantes del Grupo Dinamizador en los casi tres años de ejecución del proyecto.

El Grupo Dinamizador

Como se ha anotado el grupo que inició el proceso estuvo conformado por cerca de 90 personas, en su gran mayoría jóvenes pero con presencia de adultos, amas de casa, líderes comunitarios y ancianos. Luego de la primera etapa este número se redujo pero conservó la mayoría juvenil y una presencia femenina numerosa.

El grupo estuvo conformado de la siguiente manera, 30 participantes activos y 9 esporádicos, de los activos dos iniciaron como niños y ahora son púberes, 6 son adultos y 22 jóvenes independientes en su mayoría estudiantes del liceo Benjamín Herrera, y otros pertenecientes a los grupos juveniles –Juemfu– Y Jóvenes Llenos de Alegría – Jolleal–, de estas 30 personas, 8 son hombres y 22 mujeres.

Lo anterior nos permite inferir algunas conclusiones que pueden ser útiles en la ejecución de otros proyectos. En el barrio las mujeres tradicionalmente han sido marginadas y sometidas a la voluntad masculina, gracias a su inclusión en los diversos proyectos que se han ejecutado en el barrio, éstas han ganado autonomía y representatividad, constituyéndose en el pilar de nuevos liderazgos en el barrio, ya que además junto con los niños tienen más posibilidades de movilización entre sectores.

El proceso permitió el diálogo intergeneracional, superando los perjuicios que se tienen cuando se trata con personas de edades diferentes, encontrando muchos elementos comunes que los acercaron y los hicieron entender más como conjunto que como individualidades.

Un buen número de los jóvenes participantes hicieron antaño parte de los combos y optaron por cambios fundamentales en sus vidas, logrando aceptación e integración con los participantes que no han hecho parte directa del conflicto, hasta el punto de realizar actividades personales que tienen relación con la formación de lazos afectivos.

Es importante señalar que al emprender acciones de intervención social en el barrio no se han tenido en cuenta elementos relevantes en la historia del barrio y la ciudad que den cuenta de la naturaleza de sus procesos.

En el contexto mencionado, el Proyecto de Arte Público encontró gran parte de su fortaleza, las sesiones y en general actividades que se realizaron con los participantes,

40 Libro de visitantes. Bus Museo La Piel de la Memoria. Bertha Inés Vásquez P. Medellín, 1999.

tuvieron en cuenta en resaltar las virtudes que los identifican como conjunto urbano, testigos anónimos de la historia del barrio y la ciudad, fueron los relatores auténticos de las vivencias y los eventos que han marcado la vida barrial, local y en muchos casos nacional, hecho que se convirtió en el hilo conductor y metodológico que facilitó que cada fase del proceso, no programada desde el inicio, se acoplara con la siguiente, permitiendo coherencia y continuidad.

Recuperación de Historia de Barrio

Desde el inicio del proceso, en mayo de 1997 el proyecto se pensó desde un reconocimiento crítico de las memorias e historias de los habitantes, para apoyar las iniciativas de convivencia pacífica del barrio Antioquia, activando reflexiones sobre elementos de cohesión social y generación de lecturas en perspectiva de la historia individual y colectiva, con énfasis en “los factores y dinámicas de los conflictos y las violencias y de las huellas que éstos han producido es sus habitantes”41.

La estrategia implementada para abordar a los pobladores y hacerlos partícipes del proyecto dependió de sus vínculos y compromisos con el proceso de paz que se adelantaba en aquel momento en el barrio. Cerca de centenar de personas iniciaron el proceso y la gran mayoría tenía algún tipo de relación cercana con el conflicto; y en un concurso de voluntades personales decidieron participar en las 25 sesiones grupales y los tres talleres del recuerdo que se diseñaron para la Recuperación de Historia de Barrio.

La mayoría estaban vinculados a los programas y servicios de la Corporación Presencia Colombo Suiza o articulados a proyectos y organizaciones comunitarias. En la segunda sesión del Comité Interinstitucional participaron los directores y profesores de los distintos colegios y escuelas del barrio. En general se contó con una alta participación de jóvenes, mujeres y líderes comunitarios residentes en diversos sectores del barrio y con edades que variaban entre los 14 y los 65 años42.

Veamos como se llegó aquí: en 1996, los pactos de paz oficializados en 1993, habían decaído notablemente, “cayó en el desinterés de las instancias oficiales y muchos jóvenes volvieron a delinquir, a pesar del esfuerzo solitario de la Acción Comunal y la

parroquia”43.

Por estos hechos la Oficina de Asesoría de Paz y Convivencia relanzó el pacto en barrio Antioquia. Para Mauricio Giraldo líder comunitario y presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio Trinidad.

La fortaleza que podría representar el relanzamiento es que asegura la continuidad de los programas porque aquí nosotros trabajamos tres o cuatro meses con los pelados y

41 RIAÑO, Pilar. La recuperación de las Memorias Colectivas en el Barrio Antioquia. Informe Final. Corporación Región Documento. Medellín, febrero de 1998. 42 Ibid. 43LÓPEZ López, Nestor Alonso. Buscan reactivar pactos en el Barrio Antioquia. En: El Mundo. Medellín, sábado 28 de diciembre de 1996.

los soltábamos. Ahora vamos a tratar de que el proceso tenga una continuidad y un

seguimiento44.

Este replanteamiento que se le hizo al pacto de paz del barrio, fue en primer lugar, una manera de resarcir el incumplimiento del Estado a quienes se habían comprometido con él: integrantes de bandas, combos, líderes comunitarios, comerciantes y en general los pobladores del barrio, “después de un año entero en el abandono”45. En segundo lugar, fue una etapa que aunque no prevista, era necesaria, ya que los ofrecimientos iniciales se circunscribieron a lo asistencial y coyuntural, no a transformaciones fundamentales.

Este refuerzo al proceso de paz, se contempló con un tiempo de ejecución de cinco meses y a partir de dos estrategias fundamentales que hicieron a la comunidad y a sus líderes en protagonistas activos:

La una, Probapaz, proyecto comunitario de iniciativa comunitaria desarrollado entre el 10 de diciembre de 1996 y el 10 de julio de 1997, contó con la coordinación de la Junta de Acción Comunal, este proyecto buscaba “recuperar el estado de convivencia y pacificación que vivió el barrio en los dos años y medio anteriores, a través de un proceso de acercamiento con los jóvenes, familia y comunidad involucrados en el conflicto”46, que implicaba una concertación entre lo público, lo privado y lo comunitario. Se basó en la intervención directa de los jóvenes en conflicto por medio de procesos de convivencia con base en la recreación y la formación humana47.

Y la otra, Fortalecimiento de la Cultura de la Convivencia Pacífica, proyecto que buscó

vincular a la población que no había estado directamente relacionada con los procesos

de violencia armada del barrio, la meta era que en el curso de cinco meses se constituyeran “grupos organizados que dinamicen espacios de conciliación y concertación para elevar los niveles de vida de la comunidad. El énfasis será la capacitación para el empleo, mediante la cual se aspira a frenar la incidencia del desempleo como factor generador de violencia”48. De esta parte del proyecto fue encargada a la Corporación Presencia Colombo Suiza, debido a su experiencia con

procesos de intervención en barrios marginados con altos índices de violencia armada y física entre los integrantes de las comunidades. Además, contempló la recuperación de

la memoria barrial, con el proyecto dirigido por la antropóloga Pilar Riaño, Recuperación

de Historia de Barrio, proyecto que posteriormente dio pie a la formulación del Proyecto de Arte Público La Piel de la Memoria.

Estos esfuerzos fueron un llamado al Estado, a la empresa privada a las organizaciones civiles y a la comunidad para que en 1997 se hiciera del barrio Antioquia un sector de

44 Ibid.

45 Ibid.

46 RESTREPO E., Juan Diego. No es negociar la paz, es pactar la vida. En barrio Antioquia surge

Probapaz, nuevo intento para recuperar la paz y la convivencia en el sector. En: El Colombiano. Medellín, lunes 30 de diciembre de 1996.

47 COMITÉ INTERINSTITUCIONAL BARRIO ANTIOQUIA. Delirios y Sueños. Barrio Antioquia en tres

actos. Ponencia para el Seminario Conflictos Urbanos. Documento. Medellín. s.f.

48 Op. Cit LÓPEZ López, Nestor Alonso.

convivencia49. Estos dos proyectos combinaron diferentes estrategias: encuentros y convivencias, organización de eventos deportivos, celebraciones comunitarias con tablados, títeres, verbenas y marranadas, capacitación para el crecimiento y la formación humana, además, capacitación en peluquería, construcción, pintura, mecánica de motos y confección de ropa.

A finales de 1997, La Oficina de Asesoría de Paz y Convivencia puso en marcha el proyecto Fortalecimiento de la Cooperación Interinstitucional, que buscaba afianzar la cultura participativa a nivel interinstitucional, para fortalecer el tejido social y así incidir en la paz y convivencia del barrio Antioquia, al tiempo que buscaba ratificar los pactos de convivencia y la elección de la no violencia como forma pacífica para resolver los conflictos y fundar en la zona el primer barrio de convivencia en Medellín.

El barrio ya venía de una experiencia previa de cooperación interinstitucional, que sin hablar de pactos o convivencia, tenía como objetivo “un camino hacia la paz”. En junio de 1996, la Secretaría de Educación y Cultura de Medellín, el Liceo Benjamín Herrera, la Biblioteca Comfenalco Guayabal, la Junta de Acción Comunal del barrio Trinidad, la parroquia Santísima Trinidad, varios centros educativos y grupos comunitarios del barrio, entre otros, organizaron la primera versión de Calles de Cultura.

Un evento que busca sensibilizar y recrear la esquina como espacio de animación cultural. Se ha invitado a la poesía, la pintura, la música y los juegos de barrio para que las generaciones que comparten el mismo escenario físico se integren y compartan experiencias de vida. Los organizadores esperan que a través de la lúdica y el arte, las actividades que se realicen contribuyan a abrir espacios de comunicación y participación en el entorno50.

En 1997, esta propuesta de integración barrial y cooperación interinstitucional, recibió de inmediato la aprobación y el apoyo necesario de muchos pobladores y de la gran mayoría de participantes en los procesos anteriores, habitantes, instituciones, comerciantes y la municipalidad, multiplicando esfuerzos y logros. Desde entonces Calles de Cultura, se constituyó en un espacio de neutralidad activa en el barrio, la calle es su escenario por excelencia y la posibilidad del encuentro con el otro es una realidad.

Allí media la fiesta para que sea posible la toma pacífica del espacio público, para que la alegría y los excesos que produce el consumo exacerbado de etílicos y drogas cotidianamente sean posibles en estados no alterados de conciencia.

Calles de Cultura le permite a muchos de los pobladores del barrio, construir lazos y razones conscientes en medio de la fiesta callejera, para el restablecimiento de las relaciones entre vecinos y la superación de la sospecha, al menos transitoriamente. También le sirvió al proyecto de Recuperación de Historia de Barrio, pues en el momento que se inició, hacía un año que Calles de Cultura se celebraba, generando condiciones más generosas y amables entre vecinos, permitiendo además un espacio

49 Op. Cit. RESTREPO E., Juan Diego.

50 EL COLOMBIANO. Medellín, viernes 14 de junio de 1996. Pág. 3c.

para el encuentro entre aparentes enemigos, que han tenido la valentía de contar los relatos dolorosos y los recuerdos placenteros a gentes que inicialmente no se podían ni ver, a pesar de ser vecinos. Luego le sirvió al proyecto de Arte Público La Piel de la Memoria, que fue el escenario donde éste se ejecuto durante 1999.

El resultado del proyecto de Recuperación de Historia Barrial obtuvo tangibles resultados para los participantes y otros pobladores que permitieron el reconocimiento y el respeto entre ellos logrando los objetivos que se había planteado la investigadora Riaño: La reconstrucción de los elementos que le han dado cohesión e identidad como comunidad, de sus potencialidades y redes sociales; y la reconstrucción crítica y reflexiva de los factores y dinámicas de los conflictos y las violencias y de las huellas que éstos han producido en sus habitantes.

Durante las sesiones de los talleres los participantes recrearon y mostraron sus relatos con varios productos: la elaboración y montaje de un sociodrama sobre la época de 1951y los acontecimientos que se desataron por la expedición del Decreto 517, la elaboración de un vídeo sobre la vida cotidiana en el barrio, una exposición de fotografías que acompañadas por textos narraban eventos, épocas, prácticas culturales

e historias del barrio y la transcripción de los relatos hechos durante los talleres en un documento llamado el Anecdotario.

El taller

La metodología que inicialmente se utilizó en Recuperación de Historia de Barrio se articuló en el contexto del taller, los posteriores proyectos que se adelantaron acogieron dicha estrategia, pues mostró su versatilidad como una herramienta que permite diversas maneras de abordar temáticas, de hacer colectivos los pensamientos y pareceres, además que democratiza las relaciones, y genera confianza entre los participantes.

El taller como espacio participativo, hace el uso de la palabra más equitativo, permitiendo que la memoria oral y las experiencias de vida, se compartan y cuestionen de manera colectiva, a través de relatos, imágenes y sonidos, que en conjunto nos hablan sobre las identidades y dinámicas sociales de los habitantes del barrio.

De igual manera, el taller permitió evidenciar los hitos temporales, sociales, culturales y económicos que han marcado la vida de esta comunidad. En muchos casos, desde relatos distintos, confluyen los sujetos en eventos y espacios de identidad: el Bar Medellín, los Plátanitos de Jenaro, el asesinato de Milton, el primer policía asesinado en

el

barrio por orden de Pablo Escobar, el robo de un camión con jabones marca Rexona,

y

que le dio el alias a un famoso ladrón, entre muchos más, son hechos y espacios

constitutivos de la identidad barrial, que deja de ser mero relato y cobra otros sentidos para quienes vivieron los hechos cotidianos y extraordinarios que los marcaron.

En medio de la observación consciente de estos hitos se va desarrollando la vida de los habitantes del barrio, y es ahí, cuando se logra un reconocimiento crítico de las historias individuales y colectivas y así es posible tomar distancia, dejar de culpar a los otros de

las desgracias y circunstancias particulares, para ver en los otros y en sí mismo, la responsabilidad de lo que acontece como comunidad, como vecinos, como familia.

Durante los talleres se dio y es posible potenciar en otros grupos, la construcción de nuevos significados de los relatos y recuerdos que los acompañan. Se pasa de una etapa en que la historia que se cuenta requiere de detalles morbosos e íntimos, donde se detalla el hecho más no el contexto, a otra etapa en la que la historia es parte de una serie y que se entreteje de manera consciente con las otras, con otros actores y con otros hechos que aparentaban ser ajenos al barrio. Por ejemplo, fue significativo para los participantes del proceso, el enfrentamiento militar que tuvo Pablo Escobar con el Estado colombiano, era completamente válido, sólo después de entender las dinámicas y los proceso vividos en el barrio, se han inquietado por construir otros horizontes, por romper los círculos viciosos que los hace vivir y sentirse delincuentes.

Aquí el diálogo ha sido la base del proceso de conocimiento con el otro y de las cosas.

Las estrategias y planteamientos permiten que nuestras exploraciones metodológicas y de trabajo de campo nos lleven a un diálogo directo y a un entendimiento de conocer, no como la búsqueda de verdades inherentes y ocultas sino como un proceso intersubjetivo de experiencia compartida, de comparación de notas, de intercambio de ideas, de encuentro de terrenos comunes. Desde mi punto de vista, la resolución metodológica y epistemológica se tiene que dar en el campo de la praxis investigativa más que en el de la textualidad o en el de la definición teórica o temática51.

Los temas

El desarrollo de los temas que se propusieron inicialmente, tenían que ver con la reconstrucción de las historias personales de los participantes, en especial, con sus recuerdos más dolorosos, se planteaba que era la mejor manera de elaborar duelos de hechos dolorosos, que no se habían elaborado, duelos de seres queridos, por efecto del accionar de los combos u otras razones, pérdida de estatus social en el barrio, generación de desconfianza entre vecinos y amigos, especialmente. Esto llevó a horas de relatos que además de expresar una situación personal, fueron tejiendo una historia del barrio y de la ciudad, vista por sus actores principales.

Luego, se hicieron nuevos encuentros tipo taller, donde se profundizó en temas concretos de la historia barrial relacionados con sus lugares públicos, sus dinámicas sociales y su papel en el contexto de la ciudad. Generando la necesidad de comunicar la experiencia, de compartirla colectivamente.

La reconstrucción de esta historia barrial desencadenó variadas propuestas de socialización, que buscaban compartir lo aprendido y reconocido. En un primer momento la propuesta institucional estuvo relacionada con la realización de un Performance, pero al constituirse los participantes en actores propositivos, la idea varió

51 RIAÑO Alcalá, Pilar. Los Investigadores de Cultura Urbana: metodologías, reflexividad y la interacción investigativa. Documento de trabajo. Medellín. s.f.

a una propuesta de Arte Público, como posibilidad de expresión pública de un proceso pedagógico de convivencia y participación.

El ambiente hostil del barrio, donde a pesar de los pactos de paz, no se ha ingresado

precisamente a nuevas realidades y posibilidades sociales, donde la violencia no cesa, se maltrata al menor, al anciano, a la mujer, al débil, donde se ve en cualquier mirada una ofensa, a un retador, favoreció para que el grupo dinamizador generara internamente un ambiente de convivencia pacífica, no sólo como discurso para entender la convivencia sino como la posibilidad que tienen los individuos de establecer diferentes valores y compartirlos, de comportarse y relacionarse con otros según acuerdos, costumbres, usos y afectos.

Capaces de reconocerse satanizados por el resto de la ciudad, estos pobladores durante años se saben habitantes de un territorio que genera miedo, con nombres evocativos de misterio y violencia, que producen rechazo y al mismo tiempo atractivo, donde hay aventura y prohibiciones, lugar de goce y transgresión, paso iniciático de muchos en la vida urbana. Pero sobre todo, el barrio es oportunidad de sobrevivencia para los que viven en y de él.

Y lo anterior genera otro nivel del conflicto, el del ciudadano y el delincuente. Los

ciudadanos se arman, se rodean de ejércitos privados y oficiales, se distancian de los espacios comunes, públicos. El barrio genera sus propios policías, que fuera de él son delincuentes. La ciudad no los considera colectivo social que sobrevive, que busca reconocimiento, que no quiere ser excluido, marginado. Los ve como delincuentes, y su comunicación con el resto de la ciudad sólo encuentra la vía de la agresión. Empuñar el arma y disparar, golpear a la compañera, violentar al otro, son maneras de decir aquí estamos.

El Anecdotario

El Anecdorario reúne 12 temas principales sobre la historia del barrio y sus distintas

dinámicas. Todos los relatos que allí se contienen, hacen parte de la historia oral que de

manera fragmentada tienen los habitantes, distintas versiones o interpretaciones de un mismo tema, permiten confirmar la variedad de relaciones que en el barrio se han dado. Igualmente la selección que de manera inconsciente o consciente se hace de unos u otros recuerdos, privilegiando unos sobre otros, ocultándolos o exaltándolos.

Este es uno de los resultados de las diferentes sesiones grupales y los talleres que se realizaron inicialmente, respetando la manera en que fueron contadas y recordadas, ya que fueron el piso común en el que se tejieron una experiencia de vida y una historia común.

— Los inicios ¿Cuál fue el origen del barrio? En el Archivo Histórico de Medellín existen documentos que dan cuenta del hecho administrativo, político y demográfico que dio vida al barrio, pero en el imaginario de sus pobladores, los residentes y los "fundadores", ¿qué idea se tiene?

Según sus pobladores "la historia del barrio empezó en 1914"52, y este año es considerado como el momento de fundación, igualmente destacan el hecho de que el barrio aparece como la unión de dos antagónicos.

El barrio hace 50 años estaba dividido en dos partes, una se llamaba Antioquia y quedaba por Las Palmas, lo llamaban así porque habían muchas palmitas es por donde queda el aeropuerto, la otra, la llamaban Fundadores que es por la entrada de Postobón53.

Al parecer no hay una fecha explícita, ni un hecho administrativo que confirme la fundación del barrio, su irrupción en la vida urbana de Medellín es parte del proceso de ocupación informal que se ha hecho del suelo durante el transcurso de la historia de la ciudad. Intereses particulares primaron en el poblamiento de esta zona, en especial de las familias propietarias que facilitaron la ocupación de sus tierras sin documentos ni trámites legales que permitieran corroborar los negocios. Uno de los mayores propietarios de tierra de la zona don Pepe Sierra, reconocido por su sagacidad para los negocios, hábil e inteligente, amasó una inmensa fortuna que creció gracias a la capacidad que tenía de hacer de cualquier producto un bien susceptible de intercambio comercial. Parece que igualmente sagaz fue Don Arturo Vásquez que según los relatos "mucha gente se hizo a casa con ese señor recogiendo boñiga. Sí, con eso le pagaban, lo iba anotando para rebajarle la deuda"54.

— El Decreto 517 de 1951: zona de tolerancia En el imaginario urbano el barrio Antioquia es señalado como un lugar peligroso desde la expedición del Decreto 517, igualmente muchos pobladores cargan con este estigma.

Yo pienso que todavía la violencia que hay en el barrio son secuelas de esa otra violencia que vivimos alguna vez cuando el 51755.

Otros rebasan las opiniones y sospechan que la vida se puso en riesgo cuando llegaron los narcotraficantes.

El bar Andaluz y el bar Balizca eran el centro de los apartamenteros. Las muchachas se pasaban por la 25 para ver si algún amigo del barrio las invitaba, eso fue lo que prostituyó el barrio, las ganas de dinero, las ganas de que un amigo las llevara a la U.S.A. y las llevara a pasear, por eso fue que aquí mucha gente consiguió plata, hubo mucha mula, no fue como alguien dijo que por el 517, no fue cuando eso, fue últimamente, cuando empezó la droga en grande y que muchos consiguieron, por eso también mataron a muchos. El barrio quedó maluco por eso, quedó mucha secuela, mucha gente que no era de aquí se quedó viviendo acá, era gente de Guayaquil, de La Balladera, de Las Camelias, se amañaron y se

quedaron56.

52 Op. Cit. ANECDOTARIO.

53 Ibid.

54 Ibid.

1.55Ibid.

2.56Ibid.

La violencia de los 50

Muchos de los pobladores no tienen referencias significativas sobre la llamada época de la violencia iniciada en 1948, año en que los habitantes empezaron a ser señalados y perseguidos por ser liberales, de hecho y es en este año que se empezó a ventilar la

idea de trasladar todos los barrios de prostitución a este sector.

Cuando vino la violencia en el 48 mucha gente se fue de aquí por miedo de unos señores que los llamaban Los Matías que eran conservadores. Era gente recién llegada de un pueblo; un liberal tenía que acostarse muy temprano porque si no ellos lo mataban. Después vino la zona de tolerancia y ellos se fueron de aquí, eso duró muy poco pero el barrio se desarregló57.

En ese tiempo me tocó la violencia de los partidos, a causa de eso el barrio sufrió mucho, sobre todo con una familia de apellido Matías, ellos eran conservadores, tenían sus señaladores en el barrio que les mostraba quién era liberal, en fin, el barrio sufrió mucho, como también Medellín y el país, en ese entonces mataban a una persona por vestir de rojo. Un señor veía a un muchacho limpiando el carro, y como el dulceabrigo siempre ha sido rojo, lo mataban por eso, aquí hubo mucho problema, mucha violencia, aquí venían a aplanchar de otras partes58.

Una característica muy importante en los resultados de los testimonios de los participantes es la manera fragmentaría y desordenada, en que estaba organizado el tiempo y el espacio en la memoria de los participantes. En el caso de relatos sobre la violencia política iniciada en 1948, año en que se asesinó al líder político liberal Jorge Eliecer Gaitán, es claro que los habitantes del barrio fueron objeto de discriminación y violencia mucho antes de que se expidiera el Decreto 517. Esta situación mostrada de una manera ordenada se convierte en un dispositivo que activa y articula la memoria individual en una memoria crítica, construida de muchas versiones que se logran contrastar y que suscitan reflexión sobre lo que ellos afirman, dicen conocer o dan como un hecho.

— Vida comunitaria

Desde al menos el inicio de la década de 1950 el barrio Antioquia tuvo al igual que muchos otros de la ciudad, incipientes organizaciones sociales, como las juntas de vecinos, los centros cívicos y convites, luego llegó la Acción Comunal y algunas asociaciones. En el barrio realmente esta forma de vida comunitaria, articulada a la vida jurídica e institucional, no ha tenido mucho sentido y aceptación. Los ritmos de vida en el barrio han creado lazos y redes sociales distintas, relacionadas con solidaridades, fidelidades y compromisos más gregarios y al mismo tiempo cerrados.

El barrio ha sido muy alegre y muy cordial, muy amigo porque aquí se muere una

persona y si no tiene con que enterrarla, los vecinos hacen lo que sea para darle a esa persona una cristiana sepultura, cualquier calamidad doméstica ahí están los

, canalizadas, las quebradas eran llenas y cuando había mucho invierno se

quizá ustedes recuerdan que nuestras quebradas no estaban realmente

vecinos

57 Ibid.

58 Ibid.

desbordaban y el caso curioso es que todas las casas se inundaban y era todo el mundo en un charquero y los pelaitos dizque nadando allí y todos felices. Era muy bonito ver como la gente de una cuadra se unía a sacar toda esa cantidad de agua

a punta de balde y tomarse la molestia de transportar esa agua hasta la

canalización hasta dejar las casas sin una gota de agua. La tripería, es lo único que

quedó del matadero de Tenche. Todos íbamos allá a pedir tripas. Eso nunca se acaba, la tripa la lavábamos y hacíamos mondongo. La tripita de la morcilla para comer con arepa, toda la vida ha sido así, uno de niño todo trabado iba a comer allá. Vea yo le digo: eso le ha calmado el hambre a todo el barrio Antioquia59.

— Personajes del barrio

Según los relatos que construyeron los participantes en la Historia de Barrio, se rescataron dos tipos de personajes: los míticos, relacionados con los relatos populares tradicionales de mitos sobre espíritus y fantasmas.

Ella es como loca, le dicen La Galletera, ella ve el diablo y se mantiene hablando con él y con las brujas, habla sola y toda la vida ha sido personaje del barrio, en todas las escuelas está y tiene una cara de bruja. A mi tío le salió el diablo por el callejón porque estaba peleando con mi mamita, se fue todo grosero y le salió un man con cacho y tenedor, él lo pilló y corra porque el man era tras de él con ese

tenedor60.

Relatos sobre personalidades, como boxeadores, futbolistas, líderes comunitarios, y otros más populares y cotidianos.

Aquí también vivió el difunto Majija, un personaje que era muy querido por los ricos

de Medellín, tan así que lo invitaban a todos los grandes bailes del Club Campestre,

Club Unión, lo vestían de frac, el era un gran bailarín, bailaba con la jai, con lo más pesado de las niñas de El Poblado. Manuel Gómez, fue el primer piloto que ha dado

el barrio Antioquia, trabajó hasta que se jubiló en SAM. La que era torera Amina

Asis, ella llegó al barrio muy niña y se crió aquí, el que era muy llave de ella Pelusa,

lo llamaban también Escobarcito también era de aquí del barrio. Recuerdo un

periodista de El Colombiano, Enrique Rodríguez, Octavio Vásquez, el papá del procurador Orlando Vásquez. Doña Aliss es líder comunitaria, trabaja en la Acción Comunal y es una persona que toda la vida se ha metido en todo lo del barrio. Cuando doña Aliss hacía los pesebres, asistían todos los niños, ese tiempo fue muy bueno, iban hasta cien personas, claro que en ese tiempo estaban todos los mafiosos y colaboraban con los regalos que eran muy buenos, además nos daban comida, lechona, nos hacían fiestas muy buenas, nos daban plata. Ella fue una vez a la casa porque como que iba a haber la paz se iban a reunir, el Padre, Roldán, con los de la paz61.

— Fiestas, celebraciones y bares

El barrio, creo que es de los pocos en Medellín en el que casi cada ocho días hay

minitecas, de las diez hasta las siete de la mañana y no ocurre absolutamente nada,

se baila parejo. Por mi calle es de las principales porque la hermana mía la arma

59 Ibid.

60 Ibid.

61 Ibid.

cada quince días o cada mes por cualquier motivo, madres, amor y amistad, diciembre, por los niños62.

En general la vida de los pobladores del barrio tiene como eje socializador la calle y la fiesta, la fiesta es motivada por razones familiares como los cumpleaños, la primera comunión, matrimonios o las ganas de farriar, dándose entre conocidos y personas cercanas.

Hay otro nivel de la fiesta, cuando se vuelve evento colectivo y se da para conmemorar aniversarios, fiestas tradicionales como la navidad o el año nuevo y han existido otros escenarios que se han movido entre lo público y lo privado.

La casita vieja donde está la virgencita toda la vida ha existido, en esa casa habían unas muchachas que eran muy contentas y ellas, apenas salíamos del bar El Oasis abrían las puertas de la casa y cobraban a $100 pesos la entrada, la mayoría de las peladas entrábamos con los muchachos pero siempre teníamos que decirles a ellos que nos parchábamos con ellos adentro siempre y cuando nos dejaran entrar63.

— Educación Los pobladores recuerdan este tema asociado básicamente con los establecimientos educativos.

La educación se inicio con las dos escuelas que eran La Santísima Trinidad y la República del Paraguay, en un principio estaban juntas y se llamaban la escuela de Fundadores, que en ese momento dependía de Belén. Todo dependía de Belén, por lo tanto las escuelas también hasta el 517, en 1951, que se cerraron todas las escuelas. Cuando Elías subió al Congreso con doña Ana Gómez de Sierra, que era de Rionegro, él luchó mucho para sacar avante el proyecto del liceo y fue él quien sacó este proyecto64.

Yo llegué en el 91, a nosotros nos tocó otra fase del problema. Por ejemplo, la historia del 517 para nosotros es como recordar los comienzos de algo con lo que no tuvimos contacto. Después vino otra secuela que es la del narcotráfico y que no fue porque fuera el barrio Antioquia sino porque éste estaba al pie del aeropuerto, el motivo era ese. Esos dos problemas no nos tocaron a nosotros, ni el enfrentamiento político que hubo y que parece que era muy fuerte, ni el enfrentamiento que hubo por el señalamiento del barrio, a mí me tocó otra cosa cuando llegué al Benjamín Herrera en el 1991. Teníamos un promedio de 16 alumnos y exalumnos muertos por año, tanto que recuerdo que en los colegios donde estaba antes asesinaban un muchacho y los rectores teníamos la costumbre de hacer una resolución de duelo, bandera a media asta y en el Benjamín Herrera se nos olvidó hacer eso porque sino nos hubiéramos pasado el tiempo haciendo resoluciones de duelo y con la bandera a media asta, eso fue 1991, 92 y 93 y a principios de 1994 se realizó un encuentro de conciliación que parecía de azúcar decían algunos, pero fue efectivo. A partir de ahí se inició una historia nueva para el barrio65.

3.62 Ibid.

4.63 Ibid.

64 Ibid

65 Ibid.

Llama especialmente la atención que muchos de los conflictos que se han vivido en el barrio han encontrado solución a partir de sus propias dinámicas, posiblemente esta dinámica viene desde la conformación de la Junta Cívica que se organizó en 1951 para luchar por la derogación del Decreto 517. Pero coincidencialmente la intervención del Estado desde 1995, ha hecho que las acciones sean frágiles y transitorias.

— Vida religiosa Aquí las referencias más notables se relacionan con el templo de la Santísima Trinidad y las reacciones del párroco Mario Morales en 1951.

El 15 de septiembre de 1945, ahí empezó la parroquia, y existían la de Cristo Rey, Fátima y otras más. Pasado los días el padre Manuel Morales y Abel Díaz fueron los primeros párrocos; después la curia le entregó esta parroquia a los padres Siervos de María, una comunidad italiana, que estuvieron aquí hasta el año 1988, alrededor de 26 años; ellos fueron creando la casa cural, edificada bajo el tutelaje de los padres Siervos de María, empezaron a levantar paredes de acuerdo a los planos arquitectónicos, levantaron el templo lentamente en 26 años, la obra negra, el techo, colocaron imágenes, construyeron casa atrás, despacho parroquial y en 1988, a finales de agosto ellos entregaron la parroquia y el arzobispo me nombró, desde esa fecha estoy aquí. Yo me he dedicado a las labores del templo, que afortunadamente ya está terminado.

En ese tiempo había aquí un viejito, el padre Díaz, de la capilla vieja y llegó el padre Morales, un montañero, un tipo alto, flaco, huesudo y él era bregando a hacer orden en el barrio, cogía los carros y los aporreaba, enfrentaba a los choferes, peleaba con esas mujeres, con los hombres también.

No, el barrio no estuvo solo, ni sin párroco porque el padre Mario Morales se enfrentó al problema de no permitir que este decreto del gobierno municipal prosperara en el barrio y empezó una tarea fuerte, dinámica, ardua, para que las familias no vendieran las casas ni entregaran sus propiedades para darle paso a todas esas muchachas que venían de Guayaquil, salió victorioso66.

La concomitancia de comportamientos religiosos y actitudes licenciosas ha mostrado igualmente la posibilidad de mezclas, aunque ya no asisten tan constantemente al rito católico, mantienen devociones y fuertes apegos religiosos.

Una vez hubo una balacera en la fiesta de la virgen del Carmen, en 1993, había un muchacho que estaba con deseos de matar a otro y el día de la procesión se armó y fue disparando tranquilamente, yo estaba en la procesión y venía un muchacho todo alberizquiado, en una bicicleta, entonces venía la procesión normal, si o qué, yo llegué y me parché en la esquina cuando él venía y dejó la bicicleta al lado mío cuando encendió a unos pelaos a bala ahí en toda la procesión y esos pelaos lo único que hacían era tirarle tejas, se subieron a los techos y tirándole tejas y qué se yo. Desde ahí es que esos pelaos tienen una maldición, pues dicen que el que daña una procesión no dura, y así fue no duró ocho días, también le pegaron de

66 Ibid.

una, por lo malo que él hizo. Esa es la historia sobre las procesiones, que nadie las debe dañar, ahora todos son muy correctos67.

— Organización comunitaria y liderazgo Desde los inicios del barrio, los vecinos recurrieron a procesos de organización que les permitió la realización de convites para la construcción de muchas de las casas, obras civiles, abastecer de agua al barrio, arreglo de calles y otro tipo de actividades cívicas, posteriormente se mantuvo esta disposición de los habitantes para defenderse de los ataques de los conservadores o también llamados aplanchadores. Es a partir de 1951 con la expedición del Decreto 517 que se estructuró formalmente un comité de defensa, con intereses comunes sobre la defensa de los valores morales de sus familias y su patrimonio, que se conformó como Centro Cívico de los Barrios Unidos Antioquia y Fundadores.

Nosotros empezamos aquí, yo recibí la presidencia de la Acción Comunal a un señor don Ricardo Amaya, que era el presidente en ese entonces, eso fue en 1962. Eso fue cuando esto dejó de ser un centro cívico aquí en el barrio, esta sede no existía. El centro cívico se terminó pero antes de esto el señor Elias Tobón con una corriente política que había aquí de artesanos, gente pobre logró ser elegido diputado de la Asamblea Departamental, allí logró conseguir unos aportes para el liceo Benjamín Herrera, cuando eso tampoco había liceo sino sólo el terreno68.

En 1960 había mucha marihuana y les dije que por qué no poníamos una policía cívica para llamarles la atención a esos jóvenes para que no hicieran eso y que no había necesidad de irse a las malas ni nada, sino que se conversara con ellos. Eran gente ya mayor, gente soltera pero no tan niños como los de ahora. Yo fui donde el inspector, conversé con él y le hice saber mi propósito de conformar una policía cívica pero que la gente no quería porque le daba miedo, entonces me dijo que la conformara con niños, me fui a las escuelas, pedí los niños, les expliqué a las maestras de qué se trataba y me los dieron, empecé con 60, 30 niños y 30 niñas de las dos escuelas, la Paraguay dio 30 niños, porque allá no estudiaban sino niños, y de la Trinidad 30 niñas, todos de 13 años en adelante. Comencé a formarlos, a conversar con ellos, a aconsejarlos como niños buenos, me contaban las cosas que pasaban, todo esto lo iba cogiendo para llamarles la atención a esos señores, conversaba con ellos y fueron dejando su vicio y el barrio se fue limpiando, sin necesidad de otras cosas69.

Nosotros organizábamos los grupos deportivos, y nos ayudaba la mafia, nos regalaban camiseticas y nos daban cualquier cosita, pero hoy en día, se ha dado un proceso en el que los entes gubernamentales, la Acción Comunal y los líderes del barrio, se han dado a la tarea de apoyarnos, lo que anteriormente no hacían, anteriormente lo hacía era gente que colaboraba; a nosotros nos ayudó un mafioso que mataron en Estados Unidos, Eurías, él nos ayudó mucho en esa época, una persona muy despojada, era una persona que sabía para qué era la plata70.

67 Ibid.

68 Ibid.

69 Ibid.

70 Ibid.

— Espantos que espantan

Entre los relatos que hacen los habitantes del barrio destacan algunos relacionados con

la presencia de fantasmas. Muchos han sido transmitidos de generación en generación y hacen parte de la tradición fantástica y mítica de la región antioqueña: caballos que seguían a las personas después de la media noche, curas y jinetes sin cabeza, bellas mujeres que al contacto con personas se convertían en esqueletos, brujas y diablos, espíritus en pena como "un señor carretillero , que le decían El Mocho, el ya murió, dicen que ese señor todavía pasa a las cinco de la mañana con la carretilla y un perro detrás de él"71. Algunas de estas historias se relacionan con hechos recientes del barrio, posiblemente motivados por la ingesta de licor y drogas, sus protagonistas aseguran la veracidad de sus experiencias.

Éramos muchos pelaos que pertenecíamos a un combo y cierto día llegó un parcero lejano, nos dijo que él sabía de un man que sabía mucho de eso y que nos podía decir muchas cosas. Todos con la inquietud fuimos y le dijimos que lo trajera y el man decía que teníamos que salir en Chamber, Chamber es alcohol, lecherita, malta, alcohol bien arreglado y sí, estábamos muchos ahí en una casa y el man llegó y se lo tomó y todos quedaron asombrados porque el man, ¡oigan! se tomó una así de grande de Chamber y como si nada, ni se mosquió, entonces todos, ¡uy! Qué reacción tomamos. Todos nos quedamos mirándolo, el man como si nada y se tiró al suelo pa' poder tener pacto con el diablo y que él ya estaba ahí con nosotros, que el diablo se quería emborrachar y que él era como un medio de comunicación con él72.

Historias entre reales y mágicas como los que se bañan con sangre de gato para la buena suerte, los rezos para no ser asesinados por la espalda, brujas que protegen caletas, el mal de ojo a los negocios ilícitos circulan en la vida cotidiana. Relatos que muy posiblemente se construyen para despertar respeto y temor hacia lugares específicos del barrio o hacia personas que quieren ganarse el respeto de los otros causando temor.

— Tiempos difíciles

En los recuerdos de los pobladores del barrio existen diferentes evocaciones de tiempos y eventos salpicados de violencia. A medida que el ambiente delictivo se posesionó en el barrio, los hechos se volvieron cada vez más sangrientos y de alguna manera ejemplarizantes. Estos recuerdos predominan en todas las evocaciones del pasado que se han hecho con los participantes del proceso, involucrando deseos de venganza y fuertes sentimientos de rencor y temor.

Una cosa me marcó mucho, un día estaba jugando por ahí en El Balizca y había un señor que era muy malo. Entonces pasó otro en bicicleta y lo salpicó, el pelao fue y se disculpó y el man lo mató porque lo había salpicado. Desde eso yo no pasaba por ahí, yo más bien daba la vuelta y pasaba por el otro lado73.

71 Ibid.

72 Ibid.

73 Ibid.

Cuando llegué en 1988 era un barrio con muchas dificultades sociales y morales, estaba empezando esa situación de violencia que después terminó en seis bandas de muchachos que se dedicaban a matar, atracar, robar, aquí mataban y en otras partes mataban y atracaban, eso fue creciendo hasta llegar a su punto máximo de violencia en 1992 y 1993, ¡miedoso! más de 200 muertos. No se podían ver unos con otros, fue una lucha que creó muchos momentos de dolor y puso muchos

muertos74.

Ese sitio (El Lavadero) lo recuerdo tristemente porque estando recién venida a este barrio, un domingo que estaba tranquila escuchamos un changonazo y era un pelaito, un sardinito que lo habían matado, y a mí la tristeza que me dio fue que en vez de socorrerlo le quitaron los tenis, la ropa, eso me impactó mucho, tenía 13

años75.

Quien no conoce la historia está condenado a repetirla, pues yo pienso que en el barrio eso ha significado mucho porque todo el mundo ve los ejemplos de todo el mundo y no aprende de eso, y siempre repite lo mismo, lo mismo y lo mismo y pienso que es muy difícil que a ese ritmo que vamos la violencia termine en el barrio porque eso viene de generaciones y siempre la gente repite lo mismo y así

vamos76.

— Tiempos de cambio y paz En medio de los recuerdos relacionados con la expedición del Decreto 517, la presencia de reconocidos narcotraficantes en el barrio y los enfrentamientos armados entre grupos de vecinos, destacan los relacionados con los pactos de paz iniciados en diciembre de 1993.

En 1993 se hizo el primer pacto de paz, eran como cinco combos. Mi experiencia en el barrio Antioquia es a partir de ahí, sin embargo, como dicen aquí en el barrio Antioquia, ese proceso fue bueno pero le faltó continuidad, fue como un pañito de agua tibia para el barrio77.

Cuando la paz, Roldán fue donde los combos y en cada cuadra les repartía marranos. El se metió mucho en lo de la paz del barrio y todavía ayuda mucho a las personas que necesitan, les da mercado, los pone a trabajar78.

De todas maneras uno siempre lleva en su mente las personas que uno quiso, un amigo, amistades que se fueron, que nunca tuvieron nada que ver en eso y se fueron porque la guerra era así, la ley del talión, ojo por ojo, diente por diente, como en ese tiempo era eso; yo digo que ojalá que las cosas sigan como van ahora, estamos viviendo una tranquilidad en el barrio Antioquia. Primero a uno le daba miedo salir a dar una vuelta o sentarse en la acera, uno hacía esto y cuando menos sonaban los disparos y la gente corriendo. Hoy día uno puede sentarse tranquilo y

74 Ibid.

75 Ibid.

76 Ibid.

77 Ibid.

78 Ibid.

salir por ahí, esperamos que todo siga así, pero uno nunca olvida, menos cuando tuvo amigos ahí79.

Las actividades y resultados logrados en esta primera etapa, detonaron la necesidad de los integrantes del Grupo Dinamizador y de las instituciones que apoyaban, en buscar mecanismos que hicieran pública la experiencia que se estaba viviendo.

La iniciativa institucional fue alrededor de una intervención publica a través de un Performance, la antropóloga Riaño propuso esta continuidad a partir del conocimiento que tenía de experiencias similares desarrolladas en algunos lugares del mundo, por la artista Estadounidense Suzanne Lacy, quién ha tenido trayectoria en trabajos de esta naturaleza con poblaciones en riesgo o afectadas por la violencia, en especial comunidades de inmigrantes, habitantes de zonas de fronteras nacionales, grupos segregados de negros y ancianos y grupos en conflictos de policías y jóvenes.

La idea que propusieron de realizar el Performance tuvo muy buena acogida por todos los participantes, se trataba entonces de pensar cómo se realizaría y qué significado tendría.

Mientras se acordaban estrategias, financiación y se definía el concepto artístico, se consideró necesario continuar las reuniones y talleres con el Grupo Dinamizador, planteándose así una segunda etapa que se siguió desarrollando con la metodología del taller profundizando los temas que ya se habían trabajado.

El museo de los recuerdos

Esta etapa se inicia con talleres preparatorios para la creación de una instalación del Performance donde se cuenta con la participación activa de los habitantes del barrio Antioquia.

La propuesta inicial para la ejecución de estos talleres buscaba explorar elementos nodales del trabajo previo, el tiempo, las dinámicas sociales y los espacios, que por razones de tiempo no se trabajaron con más detenimiento en la Historia de Barrio.

Se parte de la hipótesis de que la experiencia urbana es una experiencia territorial fragmentada, no integrada al conocimiento cotidiano a medida que se conforman ejes urbanos y adquieren características determinadas, éstas se marginan o incluyen en la lógica de la ciudad, y permiten reconocer o atomizar sujetos y objetos de la vida colectiva.

Se buscaba reunir los elementos más significativos sin dejar de diferenciarlos, queríamos explorar el imaginario de los habitantes, construido y alimentado de imágenes y cadenas de palabras, para volverlo una experiencia física, posible de tocar, de mirar, de oler, de saborear y escuchar.

79 Ibid.

Se tuvo además otra percepción de los eventos, los espacios, los tiempos y las personas que recordaron los habitantes del barrio Antioquia, y que sin lugar a dudas hacían parte de sus referentes e imaginarios. Estos se habían constituido en sujetos, portadores de sentidos, dejaron de ser objetos y cosas, para habitar como fantasmas la boca y la memoria de quienes recuerdan y de quienes buscan olvidar sin conseguirlo.

Al menos la primera precisión que se tuvo al iniciar esta segunda etapa del proceso fue que la instalación o Performance tenía que ser una construcción colectiva, no podía ser la obra exclusiva de una artista que involucraba a las personas como parte de su creación, los pobladores tenían que ser también creadores.

La metodología de los talleres igualmente fue exigiendo cada vez nuevas estrategias, se comenzó con talleres del recuerdo individual y colectivo, entrevistas grupales, para identificar usos espaciales, referentes temporales y dinámicas de socialización, luego se diseñaron talleres de conceptualización y contexto histórico, exposiciones de los participantes, confrontaciones de los relatos orales y la realidad, y luego se desarrollaron fases propositivas, donde se preguntaba qué querían decir, cómo se podía decir y si eso era posible.

Los resultados de estas actividades igualmente se plantearon como una valiosa herramienta para la reconstrucción crítica de la memoria social, la identificación de territorialidades e hitos temporales y la ausencia evidente de razones de peso que justificarán el asesinato como un estilo de vida.

Convocatoria y deserción

Para iniciar esta segunda etapa se convocó a todos los participantes que habían estado desde el inicio del proyecto y a otras personas que estuvieron al tanto de lo realizado y mostraron interés, especialmente integrantes del grupo juvenil Juemfu.

Esta convocatoria no tuvo los resultados esperados. Para esta época el apoyo económico de la Oficina Asesoría de Paz y Convivencia había cesado y la gran mayoría de participantes iniciales desertaron. Del centenar de personas que iniciaron sólo respondieron unas quince, de las que habían estado en el proyecto, el resto eran integrantes nuevos, lo que obligó a plantear una estrategia distinta para iniciar.

Este grupo que se logró consolidar se llamó desde ese momento Grupo Dinamizador, una de las características más importante fue que quienes asistieron a los talleres lo hicieron motivados por su propio interés, no asistieron seducidos por algún tipo de contraprestación, la asistencia fue espontánea y voluntaria, eso hizo un grupo motivado e interesado en el bien común.

Los temas predominantes que se trataron fueron: urbanismo, arte y estética, historias de vida, historia documental e historia colectiva.

La principal debilidad que han presentado los diferentes procesos de intervención social realizados en el barrio Antioquia, ha sido la escasa asistencia a pesar de las amplias

convocatorias, existen diferentes explicaciones para esta actitud, pero se resaltan al menos cuatro que podrían aglutinar el resto:

Vida cotidiana: Los habitantes tradicionales del barrio, las gentes que pueden asistir a las sesiones que se programan, tienen ritmos cotidianos diferentes a la de los talleristas, facilitadores y en general a las instituciones, mientras que en la lógica institucional el día comienza a las 8:00 de la mañana, para muchos habitantes del barrio esa es la hora en que su día esta terminando y se disponen a descansar, y aquí hay un primer choque cultural, programar un taller en las primeras horas de la mañana puede ser un fracaso total. Aunque algunas instituciones han obligado cambios en los hábitos de algunos pobladores que se han articulado a los procesos como empleados, asistentes o talleristas, en general es regla que cuando no hay una obligación contractual o incentivo económico, una convocatoria en las primeras horas de la mañana no tiene una asistencia significativa.

1.

Pedagogía y didáctica: Si la convocatoria a un taller supera las limitaciones de la hora,

por ejemplo, el Centro de Salud del barrio programa charlas y talleres en las horas de la tarde sobre diferentes temas de salud física y mental, bajo el enfoque preventivo, la asistencia depende en gran medida de lo que esperan que allí les den: citas médicas gratuitas, mercados y hasta ropa. Luego que entienden que este no es el espacio para esperar este tipo de cosas, se agotan las expectativas y esperan que las dinámicas del taller los atrapen, pero generalmente la deserción es rápida. “Los talleres en el barrio son muy difíciles porque la gente no va a las charlas, empezamos como 10 y ya no somos sino tres o dos"80. Los pobladores que asisten a talleres no soportan fácilmente exposiciones magistrales sobre temas determinados, requieren de actividades que incorporen su saber y acciones propias de los habitantes para que el espacio de la sesión se vuelva dinámico y familiar.

Descreimiento en las intervenciones sociales: Es normal que cuando se inicia un proyecto o proceso en el barrio se crean falsas expectativas con respecto a promesas o posibilidades educativas, laborales y hasta legales, que no se pueden cumplir. Igualmente estos proceso se inician pero no tiene continuidad, dejando a los convocados a medio camino y casi siempre sin saber qué pasó, asuntos que desmotivan la participación.

Paternalismo: Aunque ha habido en el barrio procesos nacidos y desarrollados por los propios habitantes, no es común entre ello la autogestión, la gran mayoría de acciones están determinadas por órdenes externas, ya sea del Estado, las instituciones, o las llamadas oficinas.

5.80 Conversación usuaria Centro de Salud barrio Santísima Trinidad. Medellín, febrero del 2000.

RECONSTRUCCIÓN PEDAGÓGICA

En el hacer pedagógico hay diferentes metodologías que dependen de lo que se quiere. En nuestro caso se tuvo un contexto definido por un grupo humano que caracteriza a los pobladores del barrio Antioquia, marginados en su mayoría de las ofertas formales de empleo y educación, ocupados en actividades ilegales e informales, con grupos familiares carentes en muchos casos de padre, con un alto índice de madre solterismo, escasa escolaridad, con comportamientos violentos y agresivos, y tendencia a la formación de grupos gregarios con sometimiento a líderes demostrativos de fuerza, poder y riqueza.

El punto de partida fue el conocimiento de particularidades colectivas e individuales del pasado, la intencionalidad fue hacer visible y consciente un piso cultural común, un origen del conflicto barrial y personal que atañía por igual a todos, aunque en los primeros acercamientos parecieran completamente distintos, debido principalmente a que los dispositivos de control social se diferencian de acuerdo a la actividad y al grupo social en el que están inscritos.

La reconstrucción que se hizo de la historia del barrio a partir de los relatos de los participantes, se constituyó en la motivación pedagógica para continuar el proceso. En este punto el interés y esfuerzo de los participantes fundamentaron la necesidad de continuar con dirección y guía adecuada, partiendo de sus "marcos personales de referencia que les permiten una primera aproximación a la estructura académica y social de la actividad que enfrentan: pero es a través de la acción conjunta y los intercambios comunicativos, en un proceso de negociación, que se construyen los marcos de referencia interpersonales que conducirán a lograr un significado compartido de la actividad"81. Los integrantes del Grupo Dinamizador habían construido significados de su historia, acordes a su contexto cultural, precisamente en el diálogo e intercambio entre ellos y los facilitadores.

El desarrollo de los talleres fue un acto pedagógico en la medida en que se dio entre sujetos, que intercambiaron saberes y experiencias en espacios y tiempos definidos, donde aprendieron cosas nuevas en tanto reforzaron y alimentaron versiones sobre el barrio y sus pobladores, cualificando su mirada sobre estas expresiones populares de la historia urbana y tomando consciencia de que los eventos vividos no sólo eran responsabilidad de los ejecutores, era una responsabilidad compartida, todo esto con la intencionalidad de aportar al mejoramiento de la convivencia entre vecinos y resimbolizar los recuerdos dolorosos del pasado.

El proceso de La Piel de la Memoria fue la posibilidad para que miradas creativas nombraran y se acercaran de otra manera al conflicto, poniendo en juego estrategias y didácticas que permitieron resignificar y leer desde otros lenguajes la cotidianidad y los hechos significativos del barrio.

81 DÍAZ Barriga, Frida y HERNÁNDEZ, Gerardo. Estrategias docentes para un aprendizaje significativo. Una interpretación constructivista. Mc Graw Hill. México, 1998. Pág. 36.

El proceso hizo importante lo que los niños sueñan, lo que los muchachos hacen, lo que

los adultos piensan y lo que los viejos han vivido. Esta intervención social tiene trascendencia y sentido cuando para la gente lo tiene, cuando pueden ver allí sus sueños, sus ilusiones, sus recuerdos, sus anhelos, cuando estos elementos adquieren estatus social y se convierten en un referente histórico, un elemento de cohesión social que aunque puede ser vivido en otras experiencias personales, se visibiliza y se le da el valor que merece en la construcción del pasado común del barrio, en la construcción de expectativas y de nuevas opciones legítimas, válidas y propias para un mejor futuro.

Criterios pedagógicos

Desde el inicio el proceso tuvo intencionalidades formativas explícitas. En un primer momento tuvo primacía el reconocer el pasado desde las narrativas y diálogos que se propiciaron en los talleres de Historia de barrio.

A través de los talleres se entretejieron relatos que mezclaban tiempos, espacios y

eventos permitiendo aflorar hitos propios del barrio, la ciudad y el país, esto posibilitó

que durante el tiempo de ejecución el hilo conductor estuviera determinado por la historia individual y colectiva.

Algunos de los elementos que las historias rescataron, permitieron contrastar diferentes versiones sobre unos mismos eventos y confirmaron otros comunes para todos, haciendo un piso común, al menos en las elaboraciones mentales de los participantes, sobre las dinámicas y la historia barrial que nunca se había hecho.

Todos estos elementos fueron detonantes para generar el interés y participación de los integrantes del Grupo Dinamizador en la segunda etapa del proceso.

Luego del primer momento de reconocimiento de la historia barrial y los sentimientos de los participantes, se pasó a una etapa de incorporación de saberes, contrastando el acumulado de cada participante y socializándolo con los de los otros para reconstruir un contexto común, ya habían experimentado y vivenciado las ventajas que tiene el compartir recursos, el proporcionar apoyo mutuo y celebrar conjuntamente el éxito. Fue la manera de capitalizar el aprendizaje cooperativo que se había dado, estaban aprendiendo a coordinar sus esfuerzos con los de sus compañeros para lograr

resultados82.

En este punto es importante resaltar como la construcción individual y colectiva del

conocimiento, en este caso del contexto, unida con una participación activa de los sujetos, generó un reconocimiento significativo de ellos mismos y del barrio, orientado a

la comprensión y transformación de su realidad.

Se puede entonces afirmar que a lo largo del proceso se intercalaron tres momentos:

uno de percepción, otro de reflexión y un tercero de acción, cada uno adecuado para un fin: los sujetos, el medio físico y social y los imprevistos metodológicos, todos ellos

82 Op. Cit. DÍAZ Barriga, Frida y otro. Pág. 57.

articulados a tres ejes: lo material, lo subjetivo y las interacciones, vistos desde lo local, el territorio, el ambiente y la ciudad.

Por lo anterior, la primera parte del proceso Historia de Barrio, se constituyó a lo largo del trabajo en la parte demostrativa, ya que hizo público el recuerdo, se compararon y rearmaron las narrativas sobre la historia del barrio y sus pobladores, y se ofreció una nueva información sobre la vida y las dinámicas del barrio.

Para la segunda fase del proceso Talleres Preparatorios para la Creación Colectiva de una Instalación Performance con la participación de los habitantes del barrio Antioquia, el criterio pedagógico se hizo más explícito. Se buscaba profundizar en los conocimientos y en el diálogo de saberes que se había suscitado, para articularlo con conocimientos de orden estético, urbanístico, antropológico, e histórico que permitieran la construcción de una propuesta colectiva de socialización e integración de todos los habitantes del barrio en torno a un objetivo público.

En esta etapa se tomaron elementos significativos de las historias contadas, para ser revisados concienzudamente durante las horas de los talleres, y al mismo tiempo se elaboraron productos plásticos que los representaran.

La idea de trabajar la expresión plástica se hizo imperativa debido a que la lectura y la escritura no son propiamente sus fuertes; este grupo como la gran mayoría de habitantes del barrio, privilegian la transmisión y recepción de información a través de la oralidad y las imágenes, ofrecer lecturas y reflexiones sobre las mismas rápidamente tuvo que ser desechado, sólo se hacían pequeñas lecturas de máximo media página por parte del facilitador, que daban la entrada al tema que se quería trabajar en la sesión.

El énfasis que tuvo esta segunda parte del proceso se centró en las dimensiones urbanas, el propósito era hacerlas cercanas, que se aprehendiera de manera integral el contexto barrio y ciudad, para entender los procesos de socialización y redefinición territorial que han vivido los pobladores del barrio, desde las disputas por el control de áreas urbanas y barriales que tienen un componente anónimo y exógeno pero continuo, con intereses de variada índole: económico, político, social, religioso, urbanístico y militar, principalmente, que paulatinamente han reducido los campos de circulación y ocupación de las gentes que habitan la ciudad y sus barrios.

Luego de la revisión de las historias narradas, se propuso trabajar temas que permitieran articular la experiencia anterior y los saberes propios de los participantes con un proceso de reflexión que diera luces sobre las posibilidades de expresión pública que este resultado podría tener.

En general, estos saberes, concepciones o ideas previas son el producto de las explicaciones que las personas construyen en la vida cotidiana no académica para explicarse los problemas que les surgen en su interacción con el mundo objetivo, social y subjetivo; se transmiten y se reconstruyen socialmente por canales paralelos a la escuela, como la vida familiar, la vida comunitaria, las prácticas

religiosas, las actividades propias de los grupos de edad, etc. En cualquier caso, para cada persona sus modelos mentales son esos y no otros, son los suyos propios, y por tanto apreciados, familiares, defendidos y resistentes al cambio. A

partir de ellos, las personas comprenden su mundo y orientan su acción en él (

Muchos de estos saberes previos contienen percepciones, interpretaciones y comprensiones profundas y ricas de lo real, que se fundamentan en perspectivas que no son propias de las ciencias en su estado actual de desarrollo, pero que recuperan sabidurías culturales ancestrales de enorme valor o configuran combinaciones muy creativas y originales de elementos tomados de las distintas subculturas que complementan, matizan y muchas veces cuestionan los conocimientos académicos83.

)

La memoria fluye

El inicio de los talleres preparatorios para la creación de la Instalación Performance continúo con la reconstrucción de la historia individual y colectiva del barrio, los ejes conductores fueron lo social, lo temporal y espacial.

Lo Social: Metodológicamente se planteó una descripción de la vida social de cada uno de los participantes, desde los lugares frecuentados y familiares y los extraños y lejanos. La idea era que se construyeran narrativas que permitieran describir inicialmente los lugares donde las personas interactuaban con otras, donde las ideas personales se ponían en juego, donde se cruzaban con objetos que obligaban a asumir otras actitudes, a través del tiempo y de los recuerdos de los participantes.

El trabajo se articuló en relación con dos momentos fundamentales de la vida, lo público y lo privado. El resultado suscitó importantes reflexiones sobre el comportamiento de los habitantes del barrio.

Allí los lugares públicos como bares, cantinas, tiendas, parques, son lugares para lo privado y a la vez para lo público, para los participantes la casa o la familia no representan un lugar confiable para lo privado. Lugares como la terminal de buses, la discoteca Nagles, la carrera 68, el bar El Andaluz, La Cueva, El Chispero, Los Ranchos, El Coco, La 59, o La Calle del Infierno, entre otros, fueron privilegiados como lugares donde lo privado gregario se puede expresar, donde las miradas indiscretas de otras zonas no pueden penetrar. Donde se puede confabular, generar complicidades, pero no se manifestaron como lugares de lo íntimo y lo personal.

En otro sentido, otros bares y espacios fueron señalados como públicos: La 25, La Chata, El Oasis, el bar Medellín, El Balizca, o personas como Don Arturo Gallo, o Milton, el primero líder tradicional y el segundo joven líder asesinado, se han constituido en lugares de encuentro y temas donde las diferencias permanecen pero se obvian por algunos momentos, mientras suena la música estridente, o mientras se escucha al líder comunitario.

83 VASCO, Carlos Eduardo y Otros. El saber tiene sentido. Una propuesta de integración curricular. Cinep. Bogotá.1999. Pág. 31.

Por efectos prácticos se agruparon las actividades que señalaron como predominantes en el barrio en siete grandes grupos: recreativas, deportivas, de diversión, económicas, de reflexión y recogimiento, institucionales y de consumo. El resultado que arrojó confirmó comportamientos que caracterizan al barrio como un lugar donde la fiesta y la apariencia son el motor de la vida social.

La mayoría de lugares y actividades identificadas por los participantes se referían a lugares donde se realizan actividades económicas, donde circula dinero de forma legal e ilegal, ya fueran actividades comerciales o de tráfico de sustancias ilícitas; actividades de diversión, donde predomina el baile, la música y la ingesta de licor y otros psicoactivos; y las actividades de consumo, relacionadas en especial con la adquisición de bienes y servicios. El grupo que menos representatividad arrojó fue el de actividades de reflexión, que estuvo relacionado con lugares abiertos como el Cerro Nutibara, el Parque, la Terminal del Sur y el extinto colegio Fimes. El Templo de la Santísima Trinidad no apareció como un lugar significativo.

La motivación inicial fue el resultado de estimular los recuerdos sobre lugares, actividades y personas, que finalmente condujeron a generar dos listados uno donde la gente hace vida pública y otro donde hace vida privada, pero que finalmente se confundían, evidenciando una mezcla entre lo público y lo privado, difícil de esclarecer, ya que actividades privadas como confabular para delinquir, si bien se realizan en lugares exclusivos, estos mismos lugares convocan a muchos otros para lo mismo o para otras actividades. Igualmente relaciones íntimas, que podrían considerarse como del exclusivo conocimiento de los implicados, son realizadas de manera conjunta, es decir, varias parejas, al tiempo, se internan en la pista del aeropuerto o se encuentran en los predios aledaños a Transportadora Comercial Colombiana, –TCC–. Para demostrase el cariño y el amor que se tienen.

Al ir superando las prevenciones iniciales, fue posible no sólo reconstruir una serie de hechos comunes, sino que comenzó un proceso de reflexión personal sobre las realidades individuales y colectivas que han vívido como barrio y comunidad, develando algunos de los motivos que los han impelido a la guerra: interés sobre los bienes raíces del sector, que ha llevado a presiones urbanísticas de diferente índole, presencia de narcotráficantes que sin ser del barrio patrocinan a combos para que se enfrenten con sus vecinos, sujeción de muchos de los pobladores a la voluntad de las llamadas oficinas sometiéndolos a las decisiones de estos grupos delincuenciales. Identificación del chisme y el comentario mal intencionado como un elemento perturbador de la convivencia y el entendimiento entre vecinos.

Lo anterior permitió que los participantes ahondaran en las dinámicas en que están inscritos, uno de los asistentes dijo: "en el barrio como que sólo rumbiamos y gastamos plata". Volvimos así a hechos fundacionales con otra mirada, se trajo a cuenta el origen marginal de los primeros pobladores, la expedición del Decreto 517, y las dinámicas de exclusión social que propiciaron que muchos habitantes optaran por actividades al margen de la ley para mejorar sus condiciones de vida.

Tiempo y espacio: Uno de los elementos del recuerdo y de la historia que más dificultad presenta para ser contrastado y definido es el tiempo, en general se manifiesta en términos humanos en los relatos épicos, míticos y literarios, por eso el tiempo se trabaja a partir de la identificación de los acontecimientos y eventos que han hecho época, que tienen un valor, un sentido de cambio y transformación.

Para evitar distorsiones y confrontaciones de versiones se le pidió a los participantes que comenzaran a hacer memoria sobre momentos, episodios y eventos significativos para la vida personal y colectiva del barrio, del presente hacia el pasado, logrando dos versiones de los hechos y de la temporalidad del barrio. Una recontaba hechos hasta 1986, época en que se empiezan a conformar los combos, la otra versión se fue hasta 1951, año en que se expidió el Decreto 517.

En el ejercicio se identificaron momentos y episodios que estaban determinados por hechos difíciles y trágicos en la dinámica de convivencia barrial, el recuerdo del tiempo se relacionó con hechos dolorosos y con hechos gratos para la vida individual y colectiva. Tan fácilmente se traía a cuento la llamada Gran Guerra vivida entre 1991 y 1992, como las épocas en que se iban a jugar al zoológico o al Cerro Nutibara, en la década de 1950 y 1960.

Cronología 1 Electrovida del barrio Antioquia

Años

Hechos positivos

Hechos negativos

Entre 1998 y 1997

Arte Público

Muerte de Milton, enfrentamientos Cueva v.s. Lavadero

Entre 1997 y 1996

Probapaz, Calles de Cultura, minitecas

Muerte de Tuñeco

Entre 1996 y 1995

Calles de Cultura, los barrenderos, Centro de Capacitación Juvenil

Enfrentamientos entre combos

-CCJ-

Entre 1995 y 1994

Convivencia pacífica

No registraron

Entre 1994 y 1993

Primer proyecto de paz

Rompimiento pacto de paz

Entre 1993 y 1992

Pacto de paz patrocinado por Eduardo Roldán

Gran guerra, más de 200 muertos

Entre 1992 y 1991

Se acaba la guerra con los policías

Enfrentamientos con los policías

La otra reconstrucción temporal la llamaron Tiempos y Vivencias y comienza a relatar hechos desde 1953, año en que asumen se expidió el Decreto 517, aunque en realidad fue en 1951, dando paso a una serie de eventos sin fecha determinada, sólo con el señalamiento de algunos años claves para los participantes.

Cronología 2 Tiempos y vivencias

Año

Eventos

1953

Decretado zona de tolerancia. Se originó el narcotráfico fuerte, ritos satánicos, se esperaban los muertos botados desde carros, bombas en los Centros de Atención Inmediata -CAI-, la visita del Papa Juan Pablo II, personas que han marcado el barrio por

 

inspirar terror, empezaron las guerras entre bandas, fue el primer barrio en iniciar procesos de paz, capacitación y empleo para muchachos en conflicto, la parabólica, segundo proceso de paz, fundación del CCJ y más capacitación y empleo, la industria presiona para que el estrato socio económico del barrio sea más alto, existencia de diferentes sectas y congregaciones religiosas.

1996

Primer evento de Calles de Cultura. Secuestro en Los Ranchos marcó la mala fama del barrio.

1997

El barrio vivió un ambiente de convivencia y paz. Integración del barrio, Probapaz, minitecas y bailes, paseos, este tiempo duro 8 meses, hasta la muerte de Tuñeco, de ahí en adelante la pesadez en el ambiente hasta hoy.

1998

Aprobación de la nocturna (colegio) del barrio, el Fimes, la muerte de Milton, continua el mismo ambiente de zozobra y miedo para los habitantes del barrio, muchachos en conflicto han querido cambiar y han muerto en el intento, la navidad del barrio es de renombre a pesar del conflicto.

Estas dos cronologías resaltan la dicotomía que han vívido en el barrio, entre la guerra y la paz suceden los hechos extraordinarios y cotidianos del barrio, mostrando como lo anómalo para la gran mayoría de habitantes de la ciudad, es normal allí, hace parte de lo cotidiano, se ha incorporado en la idiosincrasia de los pobladores, en su