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La Revolucion Capitalist A en El Peru Actualizada

La Revolucion Capitalist A en El Peru Actualizada

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Libro de Jaime de Althaus sobre La Revolución Capitalista en el Perú.
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Por lo que venimos viendo, entonces, salvo excepciones, las unidades
pequeñas, menores a 5 o 4 hectáreas, no son rentables y no pueden dejar los
niveles de subsistencia si producen para el mercado interno. Más aun
considerando el desgaste del capital social ocasionado por la reforma agraria
que hace muy difícil la conformación de asociaciones o cooperativas de
comercialización o de servicios en general. El mencionado estudio de
CEPES-FAO fue concluyente: encontró que en la campaña 2000-2001 la

agricultura de la costa ―sólo fue rentable para un pequeño grupo de

la cantidad exacta y con la densidad –distancia- también exacta a fin de obtener rendimientos 25%
superiores a los actuales 8 toneladas por hectárea del valle de Huaura, y ahorrar mano de obra, de modo que
el in greso neto del agricultor sería 30% mayor. Este invento está ya patentado y en etapa de validación
técnica en la Universidad Agraria a fin de buscar inversionistas para su lanzamiento comecial.

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agricultores, principalmente agricultores de gran empresa con altos niveles
de inversión en riego tecnificado y con productos de alta tecnología

orientados a mercados externos‖ (Op.cit, p II.2).

El estudio diferencia seis tipos de agricultores: la gran empresa agraria (más
de 80 hectáreas bajo riego), el mediano productor empresarial (entre 25 y 80
hectáreas), el pequeño productor empresarial (entre 12 y 25 hectáreas), el
pequeño productor comercial (entre 6 y 12 hectáreas), el pequeño productor
de sobre vivencia (entre dos y 6 hectáreas), y el minifundista semiproletario
(menos de dos hectáreas). Los tres primeros tipos corresponden al sector
empresarial y los tres últimos al sector de pequeños productores no
empresariales.

Pues bien, de los seis tipos, sólo el primero obtiene ganancias en promedio.
Los cinco restantes obtienen, en promedio, pérdidas netas, si es que
valorizamos todos los costos de producción, incluyendo la mano de obra
familiar, la renta de la tierra, la reutilización de insumos, costos financieros y
costos indirectos. Siguen produciendo pese a dichas pérdidas netas debido
que a que no valorizan esos conceptos o no pagan por ellos, de modo que la
diferencia entre los costos de producción efectivamente pagados y el valor
de venta de la producción, sigue arrojando algún saldo positivo. Pero es un
saldo que no permite acumular y muchas veces ni siquiera alcanza para la
sobre vivencia de la familia, que debe complementar ingresos en otras
actividades. En el caso de las unidades empresariales, las pérdidas netas sí
llevan a la descapitalización, a la quiebra y a la pérdida o venta de la chacra.

Por supuesto, sí existen algunas empresas rentables dentro de cada uno de
los tipos de agricultores, salvo del sexto. De los 56 modelos de finca
identificados en los seis tipos de agricultores, 40 muestran pérdidas netas y
16 sí tienen ganancias (Op.cit. II.3). En términos generales el estudio
comprueba una correlación entre tamaño de la unidad y rentabilidad, lo que
quiere decir que las fincas más grandes tienen más posibilidades de obtener
ganancias (Loc.cit. II.17). Lo que nos lleva a confirmar que la pequeña
agricultura es difícilmente viable como agricultura moderna y empresarial y
que ésta requiere, para generalizarse, de un tamaño mínimo, es decir, de un
proceso de concentración de tierras o de agregación vía asociación de
pequeños agricultores en unidades únicas de producción.

No obstante, Trivelli, Escobal y Revesz (diciembre 2006) encuentran que no
habría evidencia de economías de escala a nivel de parcela por encima de las

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5 hectáreas, y que eventuales políticas dirigidas a buscar tamaños de
propiedad por encima de las 10 hectáreas no se sustentan en criterios de
eficiencia, por lo menos en Piura y el Valle del Mantaro, que es donde ellos
realizaron su investigación. Señalan que hay una asociación entre niveles de
eficiencia y nivel de educación del agricultor, conocimiento técnico, edad
del jefe de hogar (los relativamente jóvenes son más eficientes) y acceso a
asistencia técnica y al crédito. De lo que se desprende que las políticas del
Estado podrían estar orientadas a elevar el conocimiento técnico del
agricultor y brindarle asistencia técnica, pero obviamente no podrían actuar
sobre la edad del jefe del hogar que, en la mayor parte de los casos, como
veremos, es superior a los 50 años, aun cuando posean hijos o yernos que
trabajan en empresas agroexportadoras en las que adquieren conocimientos
técnicos importantes que, en algún momento, podrían precipitar un despegue
de la pequeña agricultura comercial, como también veremos. En todo caso,
debe señalarse que en la muestra de pequeños agricultores comerciales 54
que dichos estudiosos investigan, aquellos que logran estar por encima del
nivel de pobreza –los llamados ―acomodados‖- tienen en promedio 6.13
hectáreas en Piura y 6.53 hectáreas en el Valle del Mantaro. Lo que ya
supone un cierto grado de agregación de tierras.

Hay, pues, un tamaño mínimo para que la agricultura sea rentable o permita
la acumulación. Por lo demás, un pequeño agricultor de 5 hectáreas,
digamos, podría ser muy eficiente, pero sería imposible que todos los
pequeños agricultores lo fueran por la sencilla razón de que no habría
mercado, salvo que exportaran. Si todos son eficientes, hay sobreproducción
y los precios bajan. José Chlimper lo dice de la siguiente manera: ―en el Perú
hay 27 millones de personas: 27 millones de estómagos. Y hay tres millones
de campesinos. Es decir que, en promedio, cada campesino debe alimentar 9
estómagos, que es una producción demasiado pequeña para crecer y
acumular. Se puede aplicar toda la técnica que se quiera, pero no hay
mercado interno considerando el número de productores‖. Ante eso,
continúa Chlimper, hay dos opciones teóricas: ―la primera, concentrar la

tierra de modo que haya sólo 100,000 productores (un promedio de 270
estómagos por productor), y los otros 2'900,000 se reinventan en turismo,
forestería, servicios o como empleados agrícolas. La segunda opción
consiste en ponerles a los tres millones de campesinos mil millones de
estómagos al frente (USA, Canadá, Europa, Asia rica), de modo que los 3

54

Aquellos que trabajan con mano de obra familiar pero vendan la mayor parte de su producción al

mercado.

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millones de campesinos tendrían 330 estómagos de mercado cada uno. Creo

que debemos ir un poco por cada opción y comenzar a decir la verdad‖.

Por eso, lo que debe esperarse es, en efecto, una mayor orientación al
mercado externo y un cierto proceso de concentración de la tierra vía
alquiler y compraventa, que es lo ya ha empezado a ocurrir en algunos valles
de la costa, como veremos en el siguiente acápite.

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