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LA DIOSA DEL BOSQUE Manuel Mara De Arjona

Oh si bajo estos rboles frondosos se mostrase la clica hermosura que vi algn da de inmortal dulzura este bosque baar!. Del cielo tu benfico descenso sin duda ha sido, lcida belleza; deja, pues, diosa, que mi grato incienso arda sobre tu altar. Que no es amor mi tmido alborozo, y me acobarda el rgido escarmiento que oh Piritoo! conden su intento, y tu intento, Ixin. Lejos de mi sacrlega osada; bstame que con plcido semblante aceptes, diosa, en tus altares, pa, mi ardiente adoracin. Mi adoracin y el cntico de gloria que de m el Pindo atnito ya espera; baja t a orme de la sacra esfera, oh, radiante deidad! Y tu mirar ms ntido y suave he de cantar que flgido lucero; y el limpio encanto que infundirle sabe tu dulce majestad. De pureza jactndose Natura, te ha formado del cndido roco que sobre el nardo al apuntar de esto la aurora derram Y excelsamente lnguida retrata el rosicler pacfico de Mayo tu alma: Favonio su frescura grata, a tu hablar traslad. Oh, imagen perfectsima del orden que liga en lazos fciles el mundo, slo en los brazos de la paz fecundo, slo amable en la paz! En vano con esplndido aparato finge el arte solcito grandezas; Natura vence con sencillo ornato tan altivo disfraz. Monarcas que los prsicos tesoros ostentis con magnfica porfa, copiad el brillo de un sereno da sobre el azul del mar. O copie estudio de mula hermosura de mi deidad el mgico descuido; antes veremos la estrellada altura los hombres escalar.

T, mi verso, en magnnimo ardimiento ya las alas del cfiro recibe, y al pecho ilustre en que tu numen vive vuela, vuela, veloz; y en los erguidos lamos ufana penda siempre est ctara aunque nueva que ya a sus ecos hermosura humana no ha de ensalzar mi voz.