Está en la página 1de 7

ead / elarcadigital - Publicación semanal de la Caja de Ahorro y Seguro S.A.

- Publicación semanal de la Caja de Ahorro y Seguro S.A. Joaquín O. Giannuzzi – Un

Joaquín O. Giannuzzi – Un arte callado

«Abrumado por el tabaco y la cultura…»

Huellas de Píndaro Publicado: 23 de Abril de 2009

Huellas de Píndaro De Grecia arcaica al presente

Joaquín Giannuzzi nació en Buenos Aires en 1924 y falleció en Salta en enero de 2004. Recibió el premio Vicente Barbieri (1957), el Primer Premio Fondo Nacional de las Artes (1963 y 1977), el Gran Premio de Honor Fundación Argentina para la Poesía (1979), el Segundo Premio Nacional de Poesía (1990-1982), el Primer Premio Municipal de Poesía, el Primer Premio Nacional de Poesía (1992) y el Premio Esteban Echeverría. Su obra poética incluye los siguientes títulos: Nuestros días mortales (Ed. Sur, 1958), Contemporáneo del mundo (Americalee, 1963), Las condiciones de la época (Sudestada, 1968), Señales de una causa personal (Cuarto Poder, 1977), Principios de incertidumbre (Ediciones O.B.H., 1981), Violín Obligado (1984), Cabeza final (1991), Apuestas en lo oscuro (1991), Obra poética (Emecé, 2000) y Un arte callado (del Dock, ed. Póstuma 2006). Sobre este gran poeta ha recordado Fabián Casas que Giannuzzi solía decir: "Gelman y Leónidas Lamborghini son grandes poetas, yo hago lo que puedo". Le gustaba bromear: "¿Viniste a ver a tu viejo maestro moribundo?", decía, mientras abría la puerta de calle de su casa. Después rengueaba cuando te acompañaba hacia el ascensor. Uno lo notaba y le preguntaba: "¿Qué le pasa, Joaquín?". "Creo que me tienen que amputar la pierna", remataba. Y se ponía a recitar a Rimbaud: "Las mujeres cuidan a los feroces enfermos que regresan de los países cálidos". También recitaba a menudo el "Segundo Advenimiento", de Yeats. O fragmentos de los "Cuatro Cuartetos" de Eliot, a quien admiraba, junto con Eugenio Montale. Ya en su casa, te acercaba un café –lo estoy viendo– y se sentaba frente a vos, en un inmenso sillón que daba al ventanal y al jardín. Si todavía pudiéramos hablar, me gustaría decirle que los poetas más jóvenes buscan sus libros como se busca una revelación, que hace poco estuve en México y que vi, emocionado, cómo los escritores jóvenes y no tanto del D.F. vaciaban la góndola con los libros de su obra poética que se vendían en la librería Gandhi local. Que ayer agarré Un arte callado y abrí al azar el poema que le pone título al libro y leí:

"Nuestros pies perfeccionan/el arte de entrelazar los dedos./Unidas en la almohada/ nuestras cabezas apuestan/ a una boda perpetua./ Expatriados,/cerradas las puertas y las ventanas,/ abrazados al desnudo oponemos/ una ideología de lo callado/ a la manera en que marcha el mundo/ según la pantalla de la televisión".

Amantes en la noche

Nos amamos y apagamos el televisor como negando la realidad. Pero el mundo insiste en sus convicciones o las busca

por motivos que ignoramos o acaso porque el crimen debe seguir su curso. Desde afuera, sus figuras insomnes presionan contras las paredes que nos refugian. Se encarnan en el viento, aullidos de neumáticos y en las inmediaciones de todas las cosas, tiroteos que no resuelven la discordia general. Ahora acumula hojas secas al pie de las ventanas y desliza una carta de origen desconocido por debajo de la puerta. Pero florecemos desnudos en medio de la noche donde el amor decide en su propia voluntad y por él sabemos cómo hacer de la historia un rumoroso escándalo que no nos concierne.

Orquesta degollada

El poema que cada uno va masticando como un chicle de idiota es poca cosa. Una preocupación ridícula de la vida individual, guitarrita de bolsillo, cantito de rana en los pulmons contaminados cuando la calle abunda de gente en todas direcciones. Sólo Dios sabe adónde va cada uno, Pero el Estado sabe dónde van todos con su pequeña música entre los dientes. Traslado a mi oído el verso mascado para probar su sonido: un fracaso que no resuelve esta muchedumbre sentimental hacia el ocaso con su rumor de orquesta degollada.

Fulgor en el subte

Los jóvenes amantes se lamían las caras y las manos, desnudando en la pública luz la energía de la creación, la mutua penetración de la materia viva. Entonces los señores y tristes pasajeros se irguieron esperando que el incendio estallara hacia todas direcciones y destinos:

dejando que esa fuerza se filtrara en ellos y cavara en ropas, carnes, metales y maderas, hasta un liberado resplandor. (De Obra Poética, Emecé, 2000)

La paz del torturador

El torturador está cenando con su sagrada familia. Todo parece andar bien en este pequeño mundo. Él está satisfecho con su trabajo tan gratificante

que con 220 voltios es capaz de hacer maravillas como arrancar de raíz el más recóndito secreto de Dios. La esposa no tiene por qué saber nada acerca de estos asuntos que por otra parte no le servirían para hacer una buena sopa. Sus dos hijitos admiran a papá por su generosa manera de llenar el mundo a su alrededor. Cuando llega de la calle el perro mueve felizmente la cola

y a los dos les da lo mismo

cualquier sistema social. (De Un arte callado, Ediciones del Dock, 2008)

Perplejidades al Amanecer

Un minuto de fe para buscar a tientas la camisa más despierta. Una especie de convicción para sentirme apto. En la oscuridad menguante, el dormitorio huele a existencia en bruto,

a ropa fría, a zapatos caídos

con toda la neura encima. Esto insiste en tener algo que ver contigo. Desde la calle los ruidos ciegos y la jadeante respiración de la materia manufacturada suben con sus propias razones para vivir. He allí lo espumoso, la tierra triunfante que apenas me concierne. Pero la camisa

ya pierde su inocencia, reclama relaciones

y el perpetuo fracaso de la identidad

en el amanecer de este día laborable. (De Cabeza Final, 1991)

Tiroteo en la noche

Una caliente contracción en el indefenso espacio

y los fogonazos en la oscuridad

nos arrojan a una épica impura. Cada cosa es un blanco paralizado bajo el ojo instantáneo del cazador. No es ésta nuestra última cena, pero en las habitaciones la época introduce más muertos de los que merecemos. En el silencio que sigue no hay ninguna explicación sino una brusca asfixia en medio de la comida. La mesa familiar es ahora un centro fracturado. Nadie quiere la historia en su plato de sopa, el síncope detrás de la puerta. Pero el error nos acerca a un combate donde arder a fondo:

ningún crimen es una verdad aislada. La noche nos incluye y hay todavía un último disparo distanciado e irónico: allá afuera alguien se ha tomado su tiempo para liberar nuestro juicio atascado. Lo que ha sucedido busca equilibrio en el cerebro. Un escalofrío en la vajilla le pertenece y su bala final ha definido la situación: un sitio para nosotros en la ardiente comunidad de la cacería. (De Cabeza Final, 1991)

La noche del esposo

Buenas noches. El esposo que hay en mí impide que el sueño nos divida.

Y aunque el cuerpo nupcial

tienda hacia un oscuro estallido, a partir de la bestia cavando en mitad de la almohada

yo escucho el poder unificado que fluye de nuestra vida. Receptivo como la boca de un horno fundiendo metales, devorando tu finitud y la mía absorbiendo profundamente las señales de tu respiración a mi costado. Juntas nuestras amantes cabezas sin error ante la muerte sentada en un rincón del dormitorio, despierta

y hurgando en porciones de mutilada carne con frías uñas bajo las alas plegadas. (De Violín obligado, 1984)

Mi hija se viste y sale

El

perfume nocturno instala su cuerpo

en

una segunda perfección de lo natural.

Por la gracia de su vida la noche comienza y el cuarto iluminado

es una palpitación de joven felino.

Ahora se pone el vestido con una fe que no puedo imaginar

y un susurro de seda la recorre hasta los pies. Entonces gira sobre el eje del espejo, sometida

a la contemplación de un presente absoluto.

Un dulce desorden se inmoviliza en torno

hasta que un chasquido de pulseras al cerrarse anuncia que todas mis opciones están resueltas.

Ella sale del cuarto, ingresa

a

una víspera de música incesante

y

todo lo que yo no soy la acompaña.

(De Principios de incertidumbre, 1980)

Zona Bancaria

A mediodía, la cruda misión de la materia

silba en la zona de oro.

La

divinidad está aquí por una especie

de

delegación sombría,

pero la maquinaria bancaria trabaja para el cielo. Qué propicio el tumulto

de las operaciones bursátiles, qué oportunidad tangible

para una conversión a lo sobrenatural. Pues, ¿cómo no creer en el demonio,

mi paso de animal herido por esta tierra,

mientras huyo del templo corrido a latigazos, la mercancía equivocada de la creación dejando mi dinero

en manos de los oscuros príncipes de nuestro tiempo?

(De Principios de incertidumbre, 1980)

Poética

La poesía no nace.

Está allí, al alcance

de toda boca

para ser doblada, repetida, citada total y textualmente. Usted, al despertar esta mañana, vio cosas, aquí y allá,

objetos, por ejemplo. Sobre su mesa de luz digamos que vio una lámpara, una radio portátil, una taza azul. Vio cada cosa solitaria

y vio su conjunto.

Todo eso ya tenía nombre.

Lo hubiera escrito así. ¿Necesitaba otro lenguaje, otra mano, otro par de ojos, otra flauta? No agregue. No distorsione. No cambie

la música de lugar.

Poesía es la que se está viendo.

Por alguna razón Compré café, cigarrillos, fósforos. Fumé, bebí

y fiel a mi retórica particular

puse los pies sobre la mesa. Cincuenta anos y una certeza de condenado. Como casi todo el mundo fracasé sin hacer ruido; Bostezando al caer la noche murmuré mis decepciones,

escupí sobre mi sombra antes de ir a la cama. Esta fue toda la respuesta que pude ofrecer a un mundo que reclamaba de mí un estilo que posiblemente no me correspondía.

O puede ser que se trate de otra cosa. Quizás

hubo un proyecto distinto para mí

en alguna probable lotería

y mi número no salió.

Quizá nadie resuelva un destino estrictamente privado. Quizás la marea histórica lo resuelva por uno y por todos. Me queda esto. Una porción de vida que me cansó de antemano, Un poema paralizado en mitad de camino hacia una conclusión desconocida; un resto de café en la taza que nunca me atreví a apurar hasta el fondo. (De Señales de una causa personal, 1977)

Virtudes teatrales

Es extraña la manera con que dispones las rosas antes de la comida:

dijo él. Pero es que tenemos una ventana:

dijo ella. Sólo el teatro puede prolongar estas distracciones hacia pesadas agonías.

Fábula

Abrumado por el tabaco y la cultura

y convertido en un engaño por su propia clase

estaba esperando la revolución por la desnuda, terrible acción de los otros en la calle. Pero detrás de los cristales

a cubierto del viento social donde toda culpa

entra en crisis con sus razones podridas, resolvió que el cambio acontecía en las pequeñas mutaciones permanentes del cielo y el polvo, en el giro de la cuchara en la taza de té, en las decepciones periódicas del hígado, en la muerte de papá y de las moscas. Inventó un poema con todo eso

y el resultado es una estafa a la vieja forma,

una lejanía cada vez más vergonzante de un nuevo lenguaje que puede estallar en cualquier momento (De Las Condiciones de la Época, 1967)

*Esta sección cuenta con el asesoramiento del poeta Jorge Ariel Madrazo