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Acontecimientos históricos que generaron el surgimiento de la sociología.

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ACONTECIMIENTOS HISTÓRICOS QUE GENERARON EL SURGIMIENTO DE LA SOCIOLOGÍA. Luis G. Acosta Rivellini Profesor Titular de Sociología. Cátedra “B”.

El Nacimiento de las Ciencias Sociales. En varios momentos de la historia del pensamiento occidental surgieron movimientos que podían haber llevado al establecimiento de las ciencias sociales. Al final del período renacentista, Francis Bacon (siglo XVI) ya había vislumbrado las posibilidades generales de la ciencia social. A partir de entonces y en diversas ocasiones, habría de producirse el paso de la ciencia física a la ciencia social, no solamente por la influencia de Bacon. Un siglo después se produce la incursión de George Berkeley en la física social, con su ensayo De motu (1713). Berkeley trazó analogías entre la acción de la fuerza física en el mundo material y la fuerza moral y psicológica entre las personas. Comparó el principio de atracción del sistema solar con la atracción entre los hombres. Sin embargo, tales esfuerzos en la dirección de la ciencia social eran prematuros. Antes que por su propio derecho pudiera surgir una auténtica ciencia social hubieron de darse dos condiciones fundamentales –señala Martindale-: “1) en la esfera de los fenómenos sociales hubo de establecerse el naturalismo, doctrina según la cuál todos los fenómenos pueden explicarse en términos de secuencias de causa-efecto que se producen en el mundo de la naturaleza. 2) hubo que dejar al margen (cuando no ignorarlos totalmente) los sistemas de valoración ética, para hacer posible el examen de las relaciones sociales aparte de los valores”. El cumplimiento de estas condiciones había sido anticipado muchas veces en la historia, por ejemplo al tratar de Leonardo; pero hasta los siglos XVII y XVIII, con los logros de las ciencias naturales, recientes y al alcance de la mano como modelos, no se produjo el hecho de que un número considerable de grandes inteligencias empezaran a converger en una concepción general dela realidad que sacaría los fenómenos sociales y mentales del campo de lo sobrenatural y los vería por el contrario como elementos del mundo de la naturaleza. El Movimiento que dio cuerpo a la idea de los siglos XVII y XVIII, según el cuál el entendimiento humano pude dominar al mundo sin necesidad de recurrir a ayuda sobrenatural o tradicional, se suele conocer con el nombre de Ilustración. La idea fue aplicada a la ética, la filosofía, la religión, la historia, el derecho y la política. El racionalismo, según el cual el individuo y la vida social pueden ser interpretados y regulados conforme a un conjunto de principios patentes, directamente asequibles por la razón, fue una de las grandes doctrinas de la Ilustración. El término ilustración se refiere al movimiento; el término racionalismo se refiere al punto de vista fundamental mantenido por la Ilustración.

El Racionalismo del Siglo XVIII. Al estudiar cada una de las ciencias sociales hasta sus orígenes en el Siglo XVIII, encontramos siempre a las mismas personas: Voltaire, Condorcet, Goethe, Gibbon, Ferguson, sin olvidar a Juan J. Rousseau y sus colegas, los grandes pensadores de la Ilustración. No todos estos hombres pensaban igual, pero en un estudio retrospectivo podemos sacar una cuantas proposiciones centrales que eran más o menos comunes al racionalismo del siglo XVIII: 1) La razón es la propiedad del hombre que universalmente le distingue. El sentido común como dice Descartes, es de todas las cosas la más ampliamente repartida entre los hombres. 2) La naturaleza humana es en todas partes es la misma. De aquí que las variaciones en la naturaleza humana manifiesta se deban a las condiciones locales, a los accidentes históricos, a la persistencia de la tradición o a la penetración de lo absurdo de la conducta. 3) Las instituciones se hacen para los hombres, y no los hombres para las instituciones. Las instituciones son instrumentos y han de ser valoradas según su capacidad para favorecer la personalidad humana. El hombre, en frase de Rousseau, nació libre y, sin embargo, en todas partes lo encontramos encadenado. 4) El progreso es la ley central de la sociedad. El rasgo más asombroso de la sociedad humana, según lo vio Condorcet, es el continuo perfeccionamiento de la mente humana. Es cierto que toda edad tiene sus errores y problemas característicos, pero es también un estadio en el progreso. De aquí que el hombre haya de apartar sus ojos del pasado para dirigirlos hacia el progreso del presente y las metas del futuro. 5) El ideal que guía al género humano es la realización de la humanidad. Estas fueron las ideas generales corrientes entre los pensadores de la Ilustración. Tales ideas proporcionaron la base racional para liberar el pensamiento social del mundo de lo sobrenatural, y en ésta matriz intelectual fue donde las distintas ciencias sociales empezaron a tomar forma. A su vez fueron las ideas que provocaron La Revolución Francesa del 14 de Julio de 1789, que tanta influencia tuvo en Europa y en América. En el siglo XVIII ya habían cedido la intensidad religiosa que acompañó la Reforma y las pasiones surgidas a lo largo de las luchas entre protestantismo y catolicismo. La fijación política de esas formaciones religiosas ya se habían efectuado al llegar este siglo. La paz política y religiosa se había conseguido, al menos temporalmente. En todo caso los intelectuales no eran líderes religiosos, aunque en ocasiones se vieron preocupados por ésos fenómenos, y normalmente se situaron del lado de aquellas fuerzas de sus respectivos ordenes sociales que veían con agrado la terminación de las guerras de religión. En consecuencia los intelectuales de la ilustración no ignoraron la religión, sino todo lo contrario. El pensado ilustrado solía ver a la religión tradicional como su más digno adversario. Al mismo tiempo, y con pocas excepciones, no estaba dispuesto a prescindir de ella. Más bien uno de los aspectos del pensamiento ilustrado fue la oposición a la religión tradicional y el deseo de llegar a una manifestación nueva y más adecuada, movimiento conocido como “Deísmo”.

El deísmo y la Naturalización de la vida social para el estudio científico. El deísmo contó entre sus adictos a pensadores como Voltaire, los enciclopedistas, Hume, el conde Shftesbury, Benjamín FranKlin, Thomas Jefferson y otros muchos intelectuales de Francia, Inglaterra y Norteamérica. No llegaron a conseguir una unidad completa, pero estaban de acuerdo sobre unos cuantos puntos centrales: 1) trataron de establecer la religión sobre la base de la razón en vez de sobre la autoridad; 2) rechazaron la tradición, excepto en lo que tenía de “razonable”; 3) redujeron la esfera ocupada en la religión por la “revelación” y los “milagros”; 4) criticaron vivamente aquellos dogmas religiosos de difícil justificación racional (como es la doctrina de la Trinidad); 5) creían que hay un conjunto de nociones religiosas universales implantadas en el espíritu de todos los hombres; 6) creían que Dios no interviene continuamente en los procesos naturales del mundo, sino que permite que las leyes naturales actúen una vez que las ha puesto en movimiento. Esta religión, que evitaba cuidadosamente el exceso emocional, concordaba muy bien con el estilo de vida de unos intelectuales de salón, comedidos y delicados. Además, semejante religión no podía dejar de atraer a los administradores políticos responsables, que habían experimentado las rebeliones de los sectarismos religiosos. Una religión que llama a todos los pueblos y aboga por la búsqueda serena de un terreno común en la experiencia religiosa de todos los hombres, no podía carecer por completo de atractivo de los “déspotas ilustrados”, interesados en la paz dentro de sus fronteras nacionales. El deísmo estaba íntimamente ligado al ambiente social. Además, tuvo por si mismo consecuencias de considerable importancia. Representó la penetración del racionalismo en las más profundas esferas del pensamiento religioso. A través de tal penetración quedó ampliamente asegurada la “naturalización” de este importantísimo campo de la experiencia humana. Y si incluso la más sagrada de todas las esferas –la de la vida espiritual del hombre- quedaba sujeta a leyes naturales, no había razón para que no pudiera ser objeto del estudio científico. El deísmo constituyó una imagen de la extensión decisiva de las formas naturalistas del pensamiento a los más lejanos campos de la esfera social. El hecho de que se estaba dando un paso decisivo hacia la naturalización de la vida social, preparándola para el estudio científico, se puso de manifiesto no sólo en el deísmo, sino también en muchas zonas que por entonces formaban un solo bloque bajo el nombre de “filosofía social”, zonas que formarían núcleos de nuevas ciencias sociales. El Nacionalismo y el Capitalismo como marco de la Ciencia Social. Entre los grandes acontecimientos de los tiempos modernos, sobresale como fundamental la aparición del estado nacional y del orden económico capitalista. En efecto, el estado moderno surgió como consecuencia de la alianza de la burguesía y el Rey que limitaron el poder de los señores feudales –en lo interno- y de la Iglesia de Roma y el Imperio –en lo externo-. Estos movimientos se produjeron a lo largo de un período de tiempo considerable, que tiene sus comienzos a finales de la Edad Media. Tanto el nacionalismo como el capitalismo

son formaciones sociales que exigen una considerable reorganización de los anteriores modelos de orden social. Ninguno de los dos pudo avanzar sino a expensas del orden anterior. Esto significó que sólo podían avanzar a expensas de la tradición. Cada avance suyo se vio marcado por la desintegración de costumbres e instituciones tradicionales, y ésta se produjo en parte porque aquellos incorporaron a su servicio ideas creadoras. El siglo XVIII fue una especie de punto culminante en el camino hacia el nacionalismo y el capitalismo modernos. Políticamente se había completado la primera etapa del establecimiento del Estado Moderno. Los “déspotas ilustrados”, como Federico el Grande de Prusia; Catalina de Rusia y José II de Austria, habían conseguido una integración y un equilibrio político temporales. Económicamente fue también un período de “nivelación”. Los grandes viajes de descubrimiento llevados a cabo durante el Renacimiento habían dado su fruto. En el tráfico de Europa se volcaron grandes cantidades de metal precioso traídas especialmente por los españoles y los portugueses, y que fueron en parte responsables de una tendencia inflacionaria secular de amplio alcance. Se dejaban sentir los efectos del tráfico colonial, y la importación de materias primas y la exportación de bienes manufacturados se fue haciendo típica de la relación entre la colonia y la metrópoli. Se había realizado la revolución comercial, como una gran etapa hacia el capitalismo moderno. Más aún, el despotismo ilustrado y el comercio fueron fenómenos asociados, ya que los estados nacionales no sólo crearon zonas de “libre comercio” dentro de la frontera de sus estados, sino que prosiguieron ciertas políticas, llamadas “centralistas” o “mercantilistas”, para conseguir “un balance comercial favorable”: la exportación de manufacturas u otros materiales y la importación de dinero como mecanismo para formar las reservas monetarias de la economía política. Así, la suerte del comercio quedó unida a las del nacionalismo. La Revolución Industrial. Otro acontecimiento de gran significación constituyó la “Revolución Industrial” a fines del siglo XVIII, que implicó la introducción del maquinismo, como el telar mecánico, la máquina a vapor y otros instrumentos que produjo el gran incremento de la “productividad del trabajo” es decir, el aumento de la producción de mercancías a más bajo costo y con mayores posibilidades de incrementar las ganancias de la empresas. Esto tuvo su correlato social inicial, el desplazamiento de mano de obra humana, que luego con la generalización del maquinismo pudo superarse. Sin embargo, comenzaron a gestarse las primeras protestas obreras, que no sólo tenían que ver con el salario y las condiciones de trabajo, sino que comenzaron a manifestarse los primeros conflictos de importancia entre trabajadores y empresarios. En los países de producción capitalista avanzada, se verificó un aumento de tales conflictos y la preocupación por encontrarles un cauce de solución. Y de estos temas no se ocupaba en particular ninguna disciplina científica. Este va a ser el momento propicio para las ciencias sociales y en particular para la Sociología. El acontecimiento tuvo lugar en Inglaterra, Holanda, Alemania, posteriormente en Francia y en América su primer escenario fueron los Estados Unidos. Se trató de un punto de inflexión en la economía y en la sociedad de los países avanzados

pero con hondas repercusiones en los países rezagados, productores primarios y periféricos que comenzaron a demandar los bienes producidos por la industria europea. Fue la primer revolución, a la que habrían de sucederle otras en el siglo posterior y con mayor intensidad en el Siglo XX, sin embargo su presencia marcó la impronta de la “sociedad industrial” que sería tema principal de preocupación de la Sociología ni bien ella surge. La Ciencia Política. El nacionalismo y el capitalismo eran poderosos sistemas de fuerza antitradicional. Cuando en el siglo XVIII consiguieron una estabilidad temporal, proporcionaron esferas de actividad que pedían una explicación racionalista y naturalista. La ciencia política y la economía estaban ya encaminadas hacia su separación como ciencias sociales especiales. En las esferas políticas, la aplicación de los supuestos del naturalismo y el racionalismo se tradujo en el intento de “derivar” el Estado a un acuerdo Contractual, como lo plantearon Thomas Hobbes (“El Leviatán”), John Locke (“Ensayo sobre el Gobierno Civil”) Juan J. Rousseau (“El Contrato Social”) que terminaba con el “estado de naturaleza” representado por los individuos en situación prepolítica. El Estado tenía que ser “racional”, producto de una decisión conciente. Se le hizo descansar sobre la “naturaleza humana” y sobre la capacidad del individuo para prestar consentimiento “racional”. Todos los derechos y deberes políticos habrían de derivar de esta fuente. La Ciencia Económica. El pensamiento económico se liberó de la ética aplicada de la teología medieval, del mismo modo que la actividad económica se liberó de las relaciones propias de una economía feudal de subsistencia. La organización provisional del pensamiento económico llevada a cabo por mercantilistas estaba estrechamente ligada a las necesidades económicas de los nacientes estados nacionales, y no pudo lograr y no pudo lograr el nivel de plena generalidad científica. Si bien es cierto que el mercantilismo planteó cuestiones relativas al valor económico, su carácter y origen, y las técnicas de administración económicas a nivel nacional no es menos cierto que convirtió la economía en una rama de la política aplicada, limitando –al principio- la aparición de una ciencia autónoma. La teoría fisiocrática partió del supuesto de que el comportamiento económico está sujeto a leyes naturales. La motivación económica no es más que un aspecto especial de la naturaleza humana universal. El comportamiento económico esta dirigido hacia la propia riqueza y su incremento. La fuente de ésa riqueza (valor) sólo puede estar en la “agricultura”, ya que entre las actividades humanas, ella es la única que constantemente suministra productos, cuyo consumo mantiene y alimenta la vida. Es estado debía tener un papel pasivo (laiser – faire) sin trabar los fenómenos económicos que obedecen a leyes naturales. Adam Smith tomó tales ideas de las obras de Quesnay, Turgot y otros fisiócratas. Más tarde el pensamiento económico clásico se completa con las ideas de David Ricardo, John Stuart Mill y finalmente por Carlos Marx.

El siglo XIX y la aparición de las Ciencias Sociales. Según la visión de Tocqueville, la Revolución Francesa en unos pocos años hizo más para consolidar el estado que todas las Monarquías durante siglos. Se estableció el Ejército nacional mediante reclutamiento. El patriotismo hacia el estado surgió como una nueva configuración del sentimiento comunitario, a medida que aquél fue asumiendo una forma en la que todo hombre tenía su parte. En la ola de la llamada “reacción” que siguió a la Revolución se puso un nuevo acento sobre la tradición, la costumbre local, la singularidad histórica, y los factores irracionales y emocionales de la conducta humana. El racionalismo tuvo que ceder, como teoría de la naturaleza de la conducta social humana, adecuada a las necesidades de sus propulsores. Pero el hombre aparece reacio a abandonar una vez que ésta ha resultado útil. Mientras el racionalismo declinó como teoría de la conducta humana propia de las clases medias, asumió una forma más radical y fue invocado en nombre de las clases trabajadoras. En esta forma refundida, el “socialismo científico” recogió los restos de la ilustración e impulsó el estudio conforme los mismos. El siglo XVIII estableció los presupuestos de la legalidad y naturalidad de los fenómenos sociales. El siglo XIX los hizo empíricos. Todas las grandes ciencias sociales –antropología, economía, geografía, jurisprudencia, ciencia política, psicología y sociología- quedaban establecidas antes de acabar dicho siglo. Las ciencias sociales se transforman en disciplinas genuinamente empíricas. , aun cuando no hubieran sido creadas por primera vez como ciencias sociales diferentes. Esta transformación puede apreciarse claramente por el desarrollo de la jurisprudencia. Muchos estudiosos, desde Grocio a Kant, contribuyeron de manera brillante al estudio del derecho, que su impronta se hizo permanente en el desarrollo de la disciplina. Sin embargo, esta no tuvo autonomía hasta los estudios de John Austin (1790-1859), bajo la influencia del utilitarismo inglés (heredero del del racionalismo y el naturalismo de la Ilustración), estableció el estudio de la jurisprudencia analítica. Esta trataba al derecho como un cuerpo racionalmente completo y lógicamente cerrado de preceptos, que expresaba la voluntad soberana. El derecho fue establecido como ciencia racional, del mismo modo que la economía ó la teoría del Contrato Social de la Ciencia Política. Luego en tierras germánicas tomó con Savigny el sesgo del despertar de la conciencia nacional con contenido histórico, que se expresaba en la costumbre de los pueblos y la expresión de su desarrollo cultural concreto en el tiempo. Así, el derecho pasaba de ser una ciencia racional a ciencia empírica, se había instituido la observación comparativa del hecho social, se había empezado a acumular el cuerpo de materiales registrados, y había llegado a su plena realización y madurez científica el estudio de una de las áreas decisivas de las relaciones sociales. LA ANTROPOLOGÍA, GEOGRAFÍA Y PSICOLOGÍA. La antropología empezó a tomar forma propia con la obra de Christoph Meiners, Gustav Klemm y Teodor Waitz (1821-1864). Las afinidades de éstos

pensadores con el pensamiento de los siglos anteriores eran claras. Meiners consideró a Montesquieu como un precursor, y Klemm concebía su trabajo como la realización del programa de Voltaire. Meiners examinó la diversidad física del hombre y sus características sociales y empezó a estudiar algunas de sus extrañas costumbres. Concibió la necesidad de una nueva disciplina que historiara al hombre. Klemm era un coleccionista de objetos y un estudioso de la cultura. Weitz estudió la mentalidad primitiva y se ocupó de de los problemas de la determinación geográfica de la cultura. En todos estos autores puede verse la tendencia a realizar la transición desde el racionalismo teorizante de la Ilustración al estudio empírico y metódico de los hechos sociales. Con la aparición de las obras de Augusto Comte en la década de l830, se produjo una mayor influencia de sus ideas sobre el desarrollo antropológico. Poco después, se habría de sentir la influencia de la obra de Ch. Darwin y el florecer del evolucionismo biológico. Luego las obras de Henry Sammer Maine y en otro sentido, Lewis H. Morgan, empezaron a enriquecer el campo. Con Eward B. Taylor alcanzó su mayoría de edad. La Geografía: La geografía estaba en vías de aparición en el siglo XVIII, especialmente con la obra de Montesquieu. Después de las teorías geográficas de este, la figura más importante fue, quizá, la de Johan G. Von Herder (1744-1803), quién concibió a la raza humana subdividida en individualidades nacionales, que a la vez eran producto de otros factores, incluidas las condiciones climatológicas. Desde los tiempos del Renacimiento, la información geográfica se había acumulado rápidamente, empezando con las actividades comerciales de los navegantes. Luego, Alexander von Humbolt (1769-1859) estudió toda una variedad de factores geográficos, en una serie de expediciones científicas a la América Central y del Sur. Karl Ritter (1779-1859), que conoció a Humbolt, hizo de la geografía un trabajo muy significativo y puede considerarse como el fundador de la ciencia. Fue el primer profesor de Geografía de la Universidad de Berlín. Más tarde Friedrich Ratzel (1844-1904) se dedicó a la geografía después que la zoología y el periodismo. Su principal preocupación fue establecer los fundamentos empíricos y metodológicos de la ciencia. A partir de entonces la ciencia alcanzó su mayoría de edad. Las contribuciones de Federic Le Play, Edmond Demlins y Paul Vidal de la Blache, introdujeron nuevas técnicas y quedó asegurado el establecimiento de la geografía como ciencia social. La Psicología. Los comienzos de la moderna Psicología pueden encontrase pensadores como Descartes, Leibnitz y Hobbes. Descartes, por ej. Concebía las actividades de los hombres y animales como máquinas controladas por leyes físicas. Postuló la existencia de “espíritus animales” que se movían en los nervios para producir el movimiento físico. Leibnitz afirmaba que el cuerpo y el espíritu constituían esferas paralelas, pero no en interacción. Los hechos mentales tenían que ser clasificados según su grado de claridad. La percepción se concebía como un estado o condición interna que representaba las cosas internas y la apercepción como conciencia o imágenes reflexivas de este estado interno. Thomas Hobbes concibió una psicología plenamente materialista y behaviorista. Afirmaba se apoya en una serie de impulsos: el miedo, el deseo de fama y

honores y, sobre todo el interés personal. Trabajó sobre las fuentes fisiológicas de la actividad del hombre como el hambre, el sexo y la sed. Los pensadores del siglo XVIII, especialmente Locke y Hume, aportaron una serie de evoluciones. En el siglo XIX aparece la doctrina del asociacionismo construída por James Mill, John Stuart Mill y Aelxander Bain. Sin embargo la psicología sólo alcanzó la edad adulta en el siglo XIX, con la obra de James Mill “Analisis de los fenómenos de la mente humana” (1829). Por su parte Johan F. Herbart (1776-1841) trató de construir la moderna psicología sobre la ciencia natural. También Wilhem Wundt, uno de los grandes estudiosos de la disciplina en el siglo XIX, institucionalizó el método experimental en su laboratorio. Wundt y sus discípulos ejercieron decisiva influencia en el desarrollo de nuevos métodos para el estudio de los procesos mentales: la conciencia, el discernimiento, la imaginación, la memoria, el juicio. Todos temas de examen experimental. Willian James y Stanley Hall tuvieron la influencia de Wundt e iniciaron nuevas escuelas en América de investigación psicológica. En Alemania la psicología Gestalt fue un producto experimental tardío. La obra de William James “Principios de Psicología” implica el desarrollo de la psicología pragmática. John Dewey y James Hall continuaron éste análisis. El evolucionismo en psicología llevó consigo el estudio de los problemas genéticos en psicología. A su vez los estudios de Sir Francis Galton y James Catrell en el campo de la medicina psicológica implicaron un avance. Por entonces la psicología quedó establecida como una ciencia natural, tanto por su contenido como por su método. Luego aparecerá la figura singular de Sigmund Freud y la Escuela del Psicoanálisis dejará su impronta en la primera fase de la ciencia del espíritu humano en Siglo XX. LA SOCIOLOGÍA. Las ciencias sociales especiales tomaron forma solo porque la acumulación de datos empíricos y teoría alcanzó tal volumen que hizo necesarias las disciplinas de ciencias particulares. La Sociología no fue la primera en aparecer. Implícitamente estaba presente en la ciencia política, la economía y la geografía del siglo XVIII. Las contribuciones de Montesquieu y J.J. Russeau primero, y de Saint Simón después, fueron precursoras de la aparición de la nueva disciplina. La Jurisprudencia o el derecho, más que ninguna fue la que señaló el camino más directo a la sociología. Cuando Savigny argüía contra la reconstrucción de la vida jurídica sobre la base de un código racionalmente concebido, afirmando que la experiencia humana no se crea por un acto de voluntad, sino por el contrario, es un lento producto de la experiencia anterior, estaba acusando inconscientemente a los acuerdos racionales de acabar toda la gama o despliegue de las formas sociales. Es más: un aspecto de la experiencia humana dejaba de ser considerado arbitrario por el simple hecho de ser tradicional o irracional. Como hace tiempo observó Albion Small en sus “Orígenes de la Sociología”, estas nociones condujeron rápidamente al intento de recuperar materiales de fuente histórica y al concepto de que el desarrollo jurídico se produce en un cuadro de instituciones sociales particulares. A lo largo de la narración de la historia jurídica en relación con la historia política, el concepto del tema social se amplió hasta hacerse equivalente al de historia social.

Por entonces la evolución ya estaba madura para la obra de Augusto Comte, a quién se atribuye convencionalmente la creación del campo sociológico. El “Curso de Filosofía Positiva” (1830-1842), trataba de establecer una ciencia general de la vida humana. Comte no propugnó las ciencia separadas, sino que concibió a la sociedad como un todo orgánico, caracterizado por unas etapas de su desarrollo, durante las cuales todo aspecto de la vida estaba en típica relación con los demás. Herbert Spencer siguió la evolución de Comte con algunos cambios de acento. Pero marcó la transición de conceptos de subsistemas sociales, instituciones particulares y tipos societarios más manejables. En definitiva, las ciencia sociales tienen su escenario fundamental en el siglo XIX. Las ciencias sociales surgieron como una gran familia de disciplinas, los parecidos entre ellas son grandes. Quizá por esa misma razón muestran a veces preocupación intensa con respecto a su identidad. Ciertamente, existen razones sociales e históricas para la aparición de las distintas ciencias sociales, pero éstas son extrínsecas más que intrínsecas; surgen debido a la situación externa en que una disciplina se encuentra a si misma en vez de nacer de las propiedades internas de su estructura. Todas estas consideraciones llevan a la conclusión general única, la de que las diferencias primordiales existentes entre las diversas ciencias sociales radican en su contenido o materia. Y los límites entre las distintas ciencias sociales son extraordinariamente fluidos y en cualquier momento sus avances o desarrollos más notables pueden producirse precisamente en la zona de transición. Así se explica claramente por qué la sociología fue considerada con tanta insistencia, en el pasado la “ciencia social general”. También se explican las enormes dificultades que tuvo que sortear para definirse como ciencia social especial. Por ello es fácil ver por qué los sociólogos concibieron insistentemente a la sociología como “ciencia social general”, Solo per se, puedo establecerse finalmente la idea de que la sociología estudia materiales que también son intensivamente estudiados por las demás ciencias sociales, pero que, a pesar de ello, es una ciencia especial por propio derecho. Sin embargo, los grandes sociólogos clásicos del mismo siglo como E. Durkheim, C. Marx, M. Weber y A. de Tocqueville habrán de fundar las bases de la disciplina y las más fecundas discusiones teóricas de la misma, como lo admiten hoy Giddens y Turner en su conocida obra “La Sociología hoy”.

BIBLIOGRAFÍA. Castiglione J.C.: “Sociología”. Tomo 1. Edit. El Graduado. 1989. Giddens, Turner y otros. “La Teoría Social hoy”. Edit. Alianza. Bs. As. 1995. Martindale D. “La Teoría Sociológica. Naturaleza y Escuelas. Edit. Aguilar. 1979. Portantiero, J.C.: “La Sociología Clásica”. Zeitlin, I. : “Ideología y Teoría Sociológica” . Edit. Amorrortu. 1982.

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