P. 1
analisis del caracter wilhelm reich

analisis del caracter wilhelm reich

4.75

|Views: 15.048|Likes:
Publicado porRafita
Cuando los padres y educadores sepan por qué y para qué educan en realidad, cuando las autoridades dejen de creer que su actuación se guía por el bien de la humanidad, cuando la sociedad comprenda que la relación entre los niños y los adultos es la oposición entre mundos distintos, entonces, tal vez, existirá una posibilidad de pensar en medidas positivas de educación”. WILHELM REICH (1926)
Cuando los padres y educadores sepan por qué y para qué educan en realidad, cuando las autoridades dejen de creer que su actuación se guía por el bien de la humanidad, cuando la sociedad comprenda que la relación entre los niños y los adultos es la oposición entre mundos distintos, entonces, tal vez, existirá una posibilidad de pensar en medidas positivas de educación”. WILHELM REICH (1926)

More info:

Published by: Rafita on Feb 08, 2008
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

08/16/2013

pdf

text

original

La sexología anterior a Fraud sostenía en esencia el punto de vista
de que el masoquismo representaba una tendencia especial del instinto
a obtener satisíacción del hecho de sufrir un dolor físico o moral. Como
estos objetivos son desagradables, el problema central consistía en deter-
minar cómo era posible que se pudiese aspirar al displacer, o que éste
pudiese brindar siquiera alguna satisfacción. El uso de un termino técnico
era sólo evadir la cuestión: "algolagnia" no significa sino usar un rodeo
para indicar que se hace un intento de obtener placer del hecho de ser
herido u ofendido. Numerosos autores se acercaron más a la verdad
cuando sostuvieron que ser castigado no era el objetivo inmediato sino
sólo un eslabón en la experiencia de la autodepreciación placentera
(Kralft-Ebing). No obstante, la formulación fundamental era la misma:

El masoquista percibe como placer lo que la persona normal percibe
corno displacer, o por lo menos el primero lo percibe como fvente de
placer.

berlineses opuestos a este desatino, sugirieron otro procedimiento: el artículo de
Reich se publicaría conjuntamente con una replica. Así se hizo. Sigfried Bernfeld
escribió esa "réplica" bajo el título Die kommunistische Diskiissiotí uní die Psycho-
analyse und Reich's "Widerlegung der Todestriebhypothese",

y el Irabajo apareció
en el mismo número del Zeitschrifl. Este artículo, de unas 30 páginas, uo se ocu-
paba del problema del masoquismo en manera alguna, sino de las contribuciones de
Reich a la sociología marxista. En otras palabras, como los descubrimientos clínicos
Y las formulaciones de Reich no podían refutarse, se intentó desacreditar su teoría
del masoquismo imputándole motivos políticos y emocionales. El intento fracasó total-
mente. Dejamos a cargo del lector de esta traducción, decidir si se trata de un
artículo de índole clínica, o de índole política y filosófica.

Debe destacarse una vez más que el esclarecimient/) del problema del masoquismo
por parte de la economía sexual —idéntico a la refutación clínica de la teoría del
instinto de muerte— representó un enorme paso adelante en la comprensión de las
neurosis, pues demostró que el sufrimiento humano no se debía a una inalterable
"voluntad biológica de sufrir", a un "instinto de muerte", sino a los desastrosos
efectos de las condiciones sociales sobre el aparato biofísico. Esto implicaba la nece-
sidad de criticar las condiciones sociales que creaban las neurosis —necesidad que la
hipótesis de una voluntad biológica de sufrir había evitado dando un rodeo.

La solución que la economía sexual daba al problema del masoquismo abrió
también un nuevo enfoque de la base biológica de las neurosis. Fué precisamente
el temor ma.soquisla específico a "explotar" el que abrió el camino para comprender
el funcionamiento del aparato vital vegetativo (Cf. The Function of the Orgasin, 1942,
pág. 221-255) .

Publicar la traducción de la presente obra, pues, no es en este momento menos
oportuno que cuando su publicación original^hace 12 años. Pone al descubierto la
naturaleza de ciertos tipos de la llamada crítica científica, el hecho de que hoy no
podría publicarse siquiera una sola de las afirmaciones usadas hace 12 años contra
la teoría de lieich sobre el masoquismo. Este tipo de argumentación nunca tuvo
una base racional, y pertenece al pasado muerto. — T. P. W.

ANÁLISIS DEL CARÁCTER

181

La investigación analítica del contenido latente y la dinámica del
masoquismo aportó abundantes conocimientos nuevos. Freud descubrió
que el masocjuismo y el sadismo no forman una antítesis absoluta, que
uno nunca se presenta sin el otro. Masoquismo y sadismo pueden conver-
tirse uno en el otro. Existe una antítesis dialéctica, determinada por
ima transformación de actividad en pasividad, mientras el contenido
ideativo sigue siendo el mismo. ^ La teoría del desarrollo libidinal de
Freuil distingue tres estadios principales de la sexualidad infantil: oral,
anal y genital. En un comien/o, se atribuyó el sadismo a la tase anal.
Luego se descubrió cpie cada una 'de las etapas del desarrollo sexual
posee su forma de agresión sádica correspondiente. Continuando con el
estudio de este prolílema, descubrí que cada una de las formas de
agresión sádica es una reacción contra la frustración del correspondiente
impulso parcial. C!;onlorme a este concejito, el sadismo de cada nivel
de desarrollo residta de una mezcla del impulso sexual destructivo con-
tra la persona frustrante, con la' correspondiente demanda sexual,^ en
la siguiente forma: succión, frustración -^ tendencia destructiva, mor-
der: sadismo ora!; placer anal, frustración -^ deseo de aplastar, de
]}isotear, de golpear: sadismo anal; placer genital, frustración -^ deseo
de perforar, tie atravesar: sadismo fálico. Este concepto armonizaba per-
fectamente con la formulación original de Freud, segi'in la cual la ten-
dencia destructiva hacia el mundo exterior se desarrolla primero (por
lo común como resultado de la frustración) , y luego se vuelve hacia el
]5ro|)¡o ser cuando éste resulta también inhibido por la frustración y el
miedo al castigo. Al volverse contra uno mismo, el sadismo se convierte
en masocjuismo; el superyó, la representac¡f)n de la persona frustrante,
de las demandas que la sociedad plantea al yo, se convierte en agente
punitivo (conciencia moral). El sentimiento de culpa corresponde al
impulso destructor que se opone al amor y entra en conflicto con él.

Con posterioridad, Freud abandonó este concepto del masoquismo
como formación secundaria y lo reemplazó por el concepto opuesto de
que el sadismo es masoquismo vuelto hacia el mundo exterior; supuso
la existencia de una tendencia biológica primaria hacia la autodestrnc-
ción, un masoquismo primario o erógeno. Este concepto se convirtió
más tarde en el de "instinto de muerte", el antagonista del "eros". Se
concibió el masoquismo primario como expresión de un instinto bioló-
gico de muerte, basado en los procesos de desasimilación de las células
del organismo.

Los defensores de la teoría del instinto de muerte trataron una y
otra vez de substanciar sus opiniones señalando los procesos fisiológicos
de desasimilación. Ninguno de estos intentos fué en manera alguna con-
vincente. Un trabajo reciente * merece mención, pues encara el problema
desde el punto de vista clínico y enuncia argumentos fisiológicos que a

1 Freud, "Triebe und Triebschicksale", Ges. Schr., Bd. V, p. 453.
2 Reich, W., "Ueber die Quellen der neurotischen Angst", Inst. Zeitschr. f. Psa.,

U, 1926, 427.

•'I Therese Bcnedek, "Todestrieb und Angst", Int. Zeitschr. f. Psa. 17, 1931.

182

WILHELM REICH

primera vista parecen convincentes. Benedek basa su argumentación en
los descubrimientos de Ehrenberg. Este biólogo halló que puede deter-
minarse un proceso antitético hasta en el protozoario. Ciertos procesos
protoplasmáticos conducen no sólo a la asimilación del alimento sino
también a una precipitación de substancias antes disueltas. Esta primera
iormación de una estructura es irreversible: las substancias disueltas se
solidifican. Lo que asimila es vivo; lo que se desarrolla por vía de la
asimilación, modifica la célula, le confiere una estructura su¡jerior que
a partir de cierto punto, es decir, cuando adquiere preponderancia, ya
no es más vida, sino muerte. Esto parece lógico, en especial cuando re-
cordamos el endurecimiento de las arterias a medida que aumenta la
edad. Pero el mismo argumento contradice el supuesto de una tendencia
a la muerte, de un instinto de muerte. Lo que ha solidificado y se ha
inmovilizado obstaculiza la vida y su función cardinal, la alternancia
de tensión y relajamiento, tanto en la gratificación del hambre como de
las necesidades sexuales. Esta perturbación del proceso vital es exacta-
mente lo opuesto de lo que caracteriza al instinto. La rigidez imposi-
bilita ima y otra vez el ritmo de tensión y relajamiento. Si quisiéramos
ver un instinto en estos procesos, deberíamos modificar nuestro concepto
del instinto.

Además, si se considera la angustia como expresión de lui "instinto
de muerte liberado", debería explicarse cómo pueden llegar a liberarse
las "estructuras sólidas". La misma Benedek dice que la estructura,
aquello que se ha solidificado, puede considerarse enemigo de la vida
.sólo cuando adquiere predominancia y obstaculiza los procesos vitales.
Además, si los procesos formadores de estructuras son sinónimos del
instinto de muerte, si como lo supone Benedek la angustia corresponde
a la percepción interna de esta creciente solidificacié)n, es decir, a la
muerte, deberíamos esperar que los niños y los adolescentes no sufran
angustia alguna, y en cambio los ancianos tengan sólo angustias. Lo
cierto es exactamente lo opuesto: la angustia es más pronunciada en los
períodos en los cuales la sexualidad está en su apogeo (es decir, cuando
se ve inhibida durante esos períodos) . Conforme a este concepto, encon-
traríamos el temor a la muerte también en el individuo sexualmente
satisfecho, pues está sometido al mismo proceso de desasimilación física
que el sexualmente insatisfecho.
Siguiendo en forma consecuente la teoría de Freud sobre la angustia
actual, he llegado a una modificación de su fórmula original según la
cual la angustia se desarrolla por una conversión de la libido. He des-
cubierto que la angustia es una manifestación de la misma excitación
del sistema vasovegetativo que en el sistema sensorial se experimenta
como placer sexual.*

La experiencia clínica revela que la angustia no es sino la sensación
de una constricción ("angustiae"), de iTna estasis; los temores (la idea
de los peligros) se convierten en angustia efectiva sólo en presencia de
esa estasis. Si más adelante se descubriera que la restricción social de la

•* Reich, Die Funktion des Orgasmus, 1927, p. 63 y sig.

ANÁLISIS DEL CARÁCTER

183

gratiücacicHi sexual acelera el proceso formador de estructuras, es decir
la muerte, este halla/go no demostraría que la angustia es el resultado
lie estos procesos; sólo jjondría de maniíiesto el electo opuesto a la vida
de la moral negadora del sexo.
La modilicación del concepto de masocjuismo implicó automática-
mente inia modilicatión de la íórmiüa etiológica de las neurosis. El con-
cepto original de Frcud era c^ue el desarrollo psíquico tiene lugar en el
seno del conlliclo entre instinto y mundo exterior. yVhora, el concepto
se convirtió en otro segiin el cual el conflicto psíquico era resultado de
un conflicto entre eros (sexualidad, l¡l)ido) , e instinto de muerte (ins-
tinto de aiaodcstru<( ion, masoquismo primario) .
El punto de jiartida clínico para esta dudosa hipótesis era el hecho
jjeculiar de tpie ciertos jjacientes parecen no cjuerer abandonar su sufri-
miento y buscan de (OTitituio situaciones dolorosas. Esto contradecía el
])rincijJÍo del placet. Parecía haber una oculta intención interna de
.iferraise al sufrimiento y de experimentarlo repetidamente, una y otra
ve/. La cuestiíHi era si esta "voluntad de sufrir" constituía una tendencia
biológica primaria, o una formación psíquica secundaria. Parecía haber
mía necesitlad de castigo que mediante el daño a uno mismo satisfacía
las demandas de un sentimiento de culpa inconsciente. Después de la
])ul)licación de Jcnsfiil.s des Liislpr'mzips, los autores psicoanalíticos, en-
cabezados ])or Alexander, Reik, Nunberg y otros, modificaron sin darse
cuenta la linnuda del conflicto neurótico.'' La lormulacicm original
decía que la neurosis resulta del conflicto entre instinto y mundo exte-
rior {Vúñúo—miedo al castigo) . Ahora sostenían que la neurosis resultaba
tlel confJictcj entre instinto y necesidad de castigo (Xihiáo—deseo de casti-
go) . Exactamente lo opuesto. Este concepto se l)asal)a en la nueva hipó-
tesis de la antítesis entre eros e instinto de muerte, y hacía pasar a
segimdo plano, cada vez más, la significación del frustrante y punitivo
numdo exterior. La respuesta a la pregimta de dónde proviene el sufri-
miento, era ahora: "de la voluntad biológica de sufrir, del instinto de
muerte y la necesidad de castigo". Esto hacía olvidar convenientemente
la respuesta correcta: del mundo exterior, de la sociedad frustrante. Esa
formulación blotj.ueó el camino de acceso a la sociología, camino que la
formulación original del conflicto psíquico había dejado expedito. La
teoría del instinto de muerte, de una voluntad biokígica de autodestruc-
ción, conduce a una filosofía cultural tal correo la expuesta por Fretid
en Das Unbeluigen in der Kultur, una filosofía según cuya aseveracicm
el sufrimiento humano es inevitable pues las tendencias autodestructoras
son indominables. A la inversa, la formulación original del conflicto
psíquico lleva inevitablemente a una crítica del orden social.

5 La teoría del instinto de muerte domina en la actualidad la literatura psico-
analitica. En una conversación sostenida hace años, Freud calificó a esta teoria de
hipótesis situada fuera de la experiencia clínica. En Jenseits des Luslprinzips, escribió
que "uno debe estar dispuesto a abandonar un camino que ha seguido durante cierto
tiempo, si éste no parece conducir a nada bueno". A pesar de estas admoniciones,
la hipótesis evolucionó hasta convertirse en una "teoría" clínica; no se la abandonó
y no condujo a nada bueno. Mvichos analistas llegan incluso a sostener que han
observado directamente el instinto de muerte.

184

WILHELM REICH

Desplazar en esta forma la fuente del sufrimiento desde el mundo
exterior, la sociedad, hasta colocarla en el mundo interior, se contra-
ponía al principio básico original de la psicología analítica, el "principio
del placer-displacer". Esta es una ley básica del aparato psíquico, con-
forme a la cual el hombre se esfuerza por conseguir el placer y trata de
escapar al displacer. Según los conceptos psicoanalíticos originales, este
principio determinaba el desarrollo psíquico y las reacciones psíquicas.
El "principio de la realidad" no era una antítesis del anterior; signifi-
caba simplemente que la realidad impone la necesidad de postergar o
renunciar a determinados placeres. Estos "dos principios del funcionar
psíquico", como los denominara Freud, pudieron ser válidos sólo mien-
tras fué válida la formulación original del masoquismo, es decir, mien-
tras se consideró al masoquismo como sadismo inhibido y vuelto contra
el propio ser. Esto era una explicación del masoquismo dentro del
marco de referencia del principio del placer, pero aún dejaba sin res-
puesta el interrogante de cómo puede el sufrimiento ser fuente de placer.
Esto contradecía la función del placer. Podía comprenderse cómo el
placer sin gratificar e inhibido se convertía en displacer, pero no a la
inversa, cómo el displacer podía convertirse en placer. Así pues, la ex-
plicación de que el masoquismo consistía en experimentar el displacer
en forma placentera, nada significaba.

La mayoría de los psicoanalistas creía que suponer la existencia
de una "compulsión de repetición" resolvía a satisfacción el problema
del sufrimiento. Es cierto, eso encajaba a la perfección en las teorías del
instinto de muerte y de la necesidad de castigo, pero se trataba de un
supuesto por demás dudoso. En primer lugar, se apartaba del princijño
del placer. En segundo, introducía en la teoría del principio del placer-
displacer, clínicamente bien fundamentada, un elemento sin duda al-
guna metafísico, una hipótesis no sólo no demostrada, sino imposible de
demostrar, y que causaba un gran daño a la teoría analítica. Se suponía
una compulsión biológica a repetir situaciones de displacer. El "principio
de la compulsión de repetición" nada significaba; era sólo una frase,
mientras la formulación del principio del placer-displacer se basaba en
las leyes fisiológicas de tensión y relajamiento. Mientras la compulsión
de repetición se interpretó como la ley de que todo instinto tiende a
restablecer un estado de reposo, y como la compulsión de volver a experi-
mentar el placer una vez vivido, no podía caber objeción alguna. En
esta forma, la idea constituía una valiosa ampliación de nuestro concepto
del mecanismo de tensión y relajamiento. Pero interpretada de esta ma-
nera, la compulsión de repetición corresponde por entero al marco del
principio del placer; más aún, el principio del placer explica la compul-
sión a repetir la experiencia. En 1923, en forma aún torpe, interpreté
el instinto como la característica del placer a tener que ser repetido. "
Así pues, la compulsión de repetición dentro del principio del placer,
es un importante concepto teórico.

fi Reich, W. "Zur Trieb-Energetik", Zeitschr. /. Sexualwissenschaft, 1923.

ANÁLISIS DEL CAKÁCTER

185

Pero, fué precisamente el principio de la compulsión de repeti-
ción más allá del principio del placer lo que adquirió importancia en la
teoría psicoanalítica; este concepto se usó en un intento de explicar
fenómenos que al parecer no podían ser explicados jjor el principio del
placer. Pero no fué posible establecer pruebas críticas de la compulsión
de repetición como tendencia primaria. Suponíase que explicaría mu-
chas cosas y sin embargo ella misma no pudo ser demostrada ni explicada.
Condujo a no pocos analistas al supuesto de un "ananké" siqjraindivi-
dual. Este siqjuesto era superfino para explicar el impulso a restablecer
un estado de reposo, pues este impulso se explica cabalmente por la
función de la libido de producir un relajamiento. El relajamiento no es
sino el restablecimiento del estado original de reposo, y va implícito
en el concepto de instinto. Digamos de paso que el supuesto de un im-
pídso biológico hacia la muerte también residta superfino cuando re-
cordamos (jue la involución fisiológica del organismo, su muerte gradual,
se inicia en cuanto comienza a-declinar la función del aparato sexual,
la fuente de libido. Morir, pues, no es necesariamente sino la cesación
de la función del aparato vital.

Era el problema clínico del masoqiu'smo el que clamaba por una
solución y el que condujo a la poco afortunada suposición de que un
instinto de muerte, ima compulsión repetitiva y una necesidad de cas-
tigo eran la base del conflicto neurótico. En una polémica con Alexan-
der, '^ quien basaba sobre estos supuestos toda su teoría de la persona-
lidad, yo mismo adherí a la teoría original del masoquismo como última
explicación jjosiljle. Es cierto, ya estaba en el amfjiente el problema de
cé>mo j)ucdc uno esforzarse por lograr el displacer, de cómo puede éste
convertirse en placer, pero yo nada tenía que decir todavía sobre ese
jiroblema. Los supuestos de Sadger, de un masoquismo erógeno, de una
disposición específica del erotismo de las nalgas y de la piel a percibir
el displacer como placer, tampoco eran satisfactorios. ¿Pues por qué
se jjercibiría como placer el erotismo de las nalgas sumado al dolor?
¿Y por qué el masoquista experimentaría como placer lo que los otros,
golpeados en la misma zona erógena, experimentan como dolor y dis-
placer? El mismo Freud desentrañó parte de esta cuestión al descubrir,
tras la fantasía "Un niño es castigado", la situación placentera original:
"No soy yo, sino mi rival, el que sufre el castigo". A pesar de ello,
subsistía la cuestión de por qué el castigo puede ir acompañado de
placer. Todos los masoquistas informan que la fantasía o el acto de ser
castigados brinda placer, y que sólo con esta fantasía pueden experi-
mentar placer o excitación sexual.

Años enteros de estudiar pacientes masoquistas, no aportaron clave
alguna. Sólo cuando comencé a poner en duda la corrección y precisión
de las afirmaciones de esos pacientes, comenzó a hacerse la luz. Era
asombroso ver cuan poco había aprendido, a pesar de décadas de trabajo
analítico, a analizar la experiencia misma del placer. El análisis exacto

•? Reich, W. "Strafbedürfnis und neurotischer Prozess. Kiitische Bemerkungen
M ncueren Auffassungen des Neurosenproblems". Int. Zeitschr. f. Psa., 13, 1927.

186

WILHELM REICH

de la función del placer puso de manifiesto unhecho en unprincipio
totalmente confuso, pero que, pese a ello, explicó de pronto la economía
sexual y conella la base específica del masoquismo. Lo sorprendente y
lo que movía a confusión era que resultaba errónea la formulación "el
masoquista experimenta el displacer como placer". Se demostró que,
por el contrario, en el masoquista el mecanismo especifico del placer
consiste en que mientras él se esfuerza por lograr el placer como cual-
quiera otra persona, unmecanismo perturbador hace fracasar ese es-
fuerzo y le hace experimentar como displacenteras sensaciones que la
persona normal experimenta como placer, una vez que esas experiencias
superan determinada intensidad. Lejos de esforzarse por fjuscar el dis-
placer, el masoquista sufre una intolerancia específica a las tensiones
psíquicas y una excesiva producción de displacer, mucho mayor que en
cualquier otra neurosis.
Al discutir el problema del masoquismo, no tomaré como punto de
partida la perversión masoquista, como es usual, sino su base caractero-
lógica de reacción. Lo ilustraré con la historia de unpaciente a quien
se trató durante casi cuatro años y que resolvió cuestiones que una serie
de casos tratados conanterioridad no habían resuelto, pero que resultaron
claras al mirarlas retrospectivamente, envirtud de los resultados de
este caso.

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->