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Modelo agroexportador y clase dominante

Modelo agroexportador y clase dominante

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Tal vez uno de los objetivos, más importantes de este trabajo sea el poder considerar cómo se conforma y consolida una clase dominante en la Argentina, y su vinculación directa con un modelo económico específico, así como sus características más relevantes.
Se trata de una temática que ya ha sido abordada, por importantes autores (algunos de los cuales se nutrirá el presente trabajo) desde campos disciplinarios distintos y, por ende con enfoques también disímiles, o parciales, intentando hacer una síntesis propia de dichos enfoques.
Tal vez uno de los objetivos, más importantes de este trabajo sea el poder considerar cómo se conforma y consolida una clase dominante en la Argentina, y su vinculación directa con un modelo económico específico, así como sus características más relevantes.
Se trata de una temática que ya ha sido abordada, por importantes autores (algunos de los cuales se nutrirá el presente trabajo) desde campos disciplinarios distintos y, por ende con enfoques también disímiles, o parciales, intentando hacer una síntesis propia de dichos enfoques.

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03/01/2014

*Por Manuel Anido

Modelo Agroexportador y clase dominante

INDICE
Introducción Formación de la clase dominante en Argentina Consolidación del Estado Nacional Conclusiones Bibliografía Pág. 2 Pág. 2 Pág. 17 Pág. 24 Pág. 28

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INTRODUCCIÓN
Tal vez uno de los objetivos, más importantes de este trabajo sea el poder considerar cómo se conforma y consolida una clase dominante en la Argentina, y su vinculación directa con un modelo económico específico, así como sus características más relevantes. Se trata de una temática que ya ha sido abordada, por importantes autores (algunos de los cuales se nutrirá el presente trabajo) desde campos disciplinarios distintos y, por ende con enfoques también disímiles, o parciales, intentando hacer una síntesis propia de dichos enfoques, en tanto eso sea posible. Ocurren, desde mediados del siglo XIX en nuestro país, una serie de transformaciones económicas y políticas que dan lugar a la conformación de una alianza de clase dominante en el poder, en el centro de la cual la burguesía terrateniente adquiere una posición de carácter hegemónico, entendiendo que dentro de esta clase se pueden establecer diferenciaciones económicas importantes. Algunos autores categorizan a la clase dominante de manera absoluta, integrada por lo que aquí se llamará una de sus fracciones (la burguesía terrateniente), ubicando a las otras fracciones como parte de las clases dominadas, otros autores en cambio visualizan como si la clase dominante actuara como un todo sin divisiones internas, o contradicciones. Este análisis se encuentra afianzamiento de una asociado directamente, al desarrollo y agroexportadora, y por ende, y economía

consecuentemente, al cierre de la alternativa de un desarrollo industrial, piedra fundamental en el que se puede sustentar el desarrollo económico independiente de un país.

FORMACIÓN DE LA CLASE DOMINANTE EN ARGENTINA
Cuando anteriormente, en la Introducción, se hablaba de alianza de clases, es una referencia a la constitución de un grupo, no necesariamente homogéneo, pero que pese a sus contradicciones tienen
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algunos objetivos e intereses que pueden resultar comunes, y en cuya conformación, inciden factores económicos y también políticos, como lo puede ser la acción del Estado. Se dan al mismo tiempo procesos de concentración de la propiedad de las tierras productivas, de afirmación de una forma de acumulación agraria y exportadora y de consolidación del Estado nacional, que en su conjunto producen la constitución y afianzamiento de una clase dominante hegemonizada por la burguesía terrateniente. Al decir de Jorge Sábato: “El elemento que a nuestro juicio, tuvo finalmente, una influencia decisiva para marcar el singular curso seguido por la Argentina fue de índole interna, social y económica…Socialmente residío en la unidad con la cual se conformó su burguesía, y en especial, la homogeneidad y concentración de riqueza en el estrato dominante que se definió en su seno”1

La fertilidad de la Región Pampeana
Previamente a la consolidación de esta forma de acumulación agraria-exportadora, la producción ganadera y la actividad comercial ligadas al puerto de Buenos Aires, son las que inician la acumulación de capital en el Litoral. En efecto, entre fines del siglo XVIII y 1860 se dan algunas condiciones que favorecen cierto desarrollo de la producción ganadera. La abundancia en la zona pampeana de tierras fértiles que casi no requieren la contratación de fuerza de trabajo, la liberación del monopolio comercial español, la baja complejidad de la ganadería (la cría, matanza y faena de ganado pueden realizarse con elementos técnicos precarios y escasa organización) y la moderada expansión de la demanda mundial (el incipiente proceso de industrialización de las potencias europeas estimula el comercio mundial de productos tales como las lanas y los cueros al tiempo que crece la demanda de tasajo para el consumo de la mano de obra esclava en Estados Unidos y Brasil) son los factores que permiten la primera expansión ganadera 2.
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La Clase Dominante en la Argentina Moderna. Formación y Características . Jorge Sábato. Pág. 142 Cisea Grupo Editor 2 Fuente: La economía argentina. Las etapas de su desarrollo y problemas actuales. Aldo Ferrer. Fuente: www.educ.ar Biblioteca Digital 3

Dicha expansión hace que la ocupación por el indio de la mayor parte de las tierras se torne problemática. Mientras que para las actividades ganaderas orientadas a una exportación muy limitada o al consumo interno y basadas en la caza a campo abierto (predominantes hasta aproximadamente territorial no 1750) es un la imposibilidad obstáculo serio, de el expandir la apropiación agotamiento

progresivo de la hacienda cimarrona y el desarrollo de la exportación de cueros conducen a la emergencia del rodeo como forma básica de crianza de la hacienda y hacen necesaria la posesión efectiva de las tierras. La constitución de la estancia como forma de organización del trabajo empuja simultáneamente a la expansión de la frontera y a la apropiación privada de la tierra. Al respecto existen posiciones disímiles sobre como se produjo ese proceso, pues en el caso de Rapoport menciona brevemente: “Con posterioridad a la declaración de la independencia, se habían llevado a cabo dos campañas de conquista, bajo las administraciones de Rivadavia y Rosas ”, mencionando a continuación, la política llevada adelante por Roca, su estrategia militar, e incluso la debilidad de los indios frente a enfermedades como la viruela. 3 El punto es que parece asimilar en una misma categoría, la modalidad de las acciones llevadas adelante por ejemplo por Rosas y Roca. En tal sentido, el historiador José María Rosa plantea una diferenciación en las políticas desarrolladas respecto al “indio”, o las comunidades originarias, y dice entre otras cosas que, Rosas, dejó a los indios sin el llamado “camino de las vacas” por el cual, traficaban ganado hacia Chile, pero como no bastaba con ello,: “… Empezó por entenderse con Calfucurá, el poderoso Piedra Azul nuevo señor de Salinas Grandes, y firmó con él un tratado de mutua conveniencia. Calfucurá recibía la divisa punzó y como funcionario de la provincia respondería de las depredaciones de los demás indios: si no podía evitar que alguna partida maloqueara por lo menos avisaría al comandante más próximo. …Rosas agregaba la visita de un médico que vacunaba a los indios contra la viruela, la temible plaga de las tolderías. Por eso Pincén 4 repetiría
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Ibíd. Jorge Sábato Pág. 25 Decía El Ministro Alsina (primer ministro de guerra del presidente Avellaneda ): Pincén, el indio indómito y perverso azote del Oeste y Norte de la Provincia, jamás se someterá a no ser que por un golpe de fortuna nuestras fuerzas se apoderen de su chusma (sus familias). Si esto último no sucede, Pincén se conservará rebelde, aun dado el sometimiento de todas las otras tribus hostiles." Fuente: Comunidad Ranquel Toay. 4

muchos años después: “Juan Manuel muy bueno pero muy loco: nos mandaba un gringo a tajearnos el brazo porque creía que era un gualicho contra la viruela”.5 Indudablemente, por lo menos en este aspecto, es notorio el contraste, con la política de aniquilación de Julio Argentino Roca y otros “ilustres” presidentes Luego de esta digresión y volviendo al proceso de apropiación privada de la tierra, cabe decir, que indudablemente ella no hubiera sido posible sin la acción de políticas estatales específicas. En otras palabras, la acción estatal juega un papel principal en la configuración de los grandes latifundios y, de esta forma, en la constitución de un conjunto de grandes propietarios territoriales. Desde 1822 las políticas estatales de enajenación de las tierras públicas, sobre todo las llevadas adelante por el gobierno de Buenos Aires, llevan a la concentración de las mismas en pocas manos. El régimen de enfiteusis6 rivadaviano es el punto de partida de esa concentración. Éste da al Estado el dominio de la tierra no escriturada (es decir, la mayor parte del campo argentino) prohibiendo por decreto todas las donaciones o ventas de la misma hasta tanto no se cuente con una ley que regule esas transferencias. Tal política tiene como propósito declarado poblar la campaña y asegurar un régimen agrario de pequeños burgueses. Pero esto no sucede. Como la ley no limita la superficie de tierra que cada solicitante puede obtener, los ganaderos, comerciantes e inversores extranjeros de la época son los más grandes enfiteutas.7 La ley de enfiteusis viene entonces a permitir el proceso de enajenación de las tierras fiscales y marca el nacimiento de los grandes terratenientes. En 1828, ya disuelto el gobierno nacional, la legislatura
www.soydetoay.com.ar 5 Rev. Instituto J.M. de Rosas nº 22 1960 Fuente: www.pensamientonacional.com.ar 6 Enfiteusis: Según Gran Diccionario Salvat Tomo 2. Salvat Editores Barcelona 1982: “Cesión del dominio útil de una finca, con reserva del dominio directo, durante un período, a cambio de un canon o pensión anual al que hace la cesión” La primera ley de enfiteusis del 1º de julio de 1822 (dictada en consecuencia de la hipoteca de la tierra pública) dice que esta se entregaría “a quien la denunciare” en arrendamiento mediante canon a convenirse. Nada dice de la extensión máxima, ni del plazo del “arrendamiento”. 7 La real causa de esa medida responde a obligaciones más urgentes: al proscribir la enajenación de tierras, el gobierno busca el que puedan ser ofrecidas como garantía a los prestamistas ingleses. La Banca Baring Brothers otorga al gobierno de Buenos Aires un empréstito de un millón de libras esterlinas sobre esa garantía. Fuente: Nuestro Siglo. Hyspámerica Ediciones 1984 Tomo 2 5

provincial de Buenos Aires dispone el arrendamiento de tierras para pastura y cultivo de las que se benefician apenas unos 538 arrendatarios. En la época de Rosas el mecanismo de apropiación territorial alcanza grandes dimensiones ya que toda una serie de leyes propicia la venta de tierra fiscales. En 1836 se promulga una ley que ordena la venta de 1.500 leguas de tierras fiscales estableciendo además que sólo podían ser compradas por los enfiteutas, es decir, por los que ya arriendan las tierras (éstos no están obligados a comprarlas pero se ven favorecidos si lo hacen porque la ley aumenta al mismo tiempo el alquiler de las tierras no vendidas). En 1838, merced a una ley similar, un buen número de tierras arrendadas queda en manos privadas. No es extraño entonces que en 1840 293 familias posean 3.436 leguas de tierra de la provincia de Buenos Aires, esto es, 9.276.650, 24 hectáreas. Todas las tierras vendidas están situadas en las mejores zonas de la provincia y constituyen grandes parcelas. Entre ese período y 1867, cuando el régimen de enfiteusis es anulado, se dictan más leyes y decretos que favorecen la adjudicación de tierras fiscales. La ley de arrendamiento de 1857 es ejemplar: permite alquilar las tierras que aún quedan en poder del Estado defendidas por la ley de Rivadavia al tiempo que establece la entrega de tierras libre de pagos de arrendamiento más allá de la línea de frontera. Finalmente, la ley de 1867 prohíbe directamente la renovación de los contratos de arrendamiento y ordena la venta de todas las tierras arrendadas en virtud de la ley de 1857 dando prioridad nuevamente a los arrendatarios ya existentes. A esto se deben sumar las múltiples leyes y decretos que autorizan a diferentes municipios de Buenos Aires a vender tierras de propiedad pública. El proceso descrito de adjudicación de tierras fiscales se ve reforzado por la entrega de tierras como forma de pago a los militares de la guerra de la independencia y de los conflictos civiles, las cuales casi inmediatamente son enajenadas. En el momento que la denominada “campaña al desierto” de Roca de 1879 señala la derrota del indio ya está prácticamente consumado el proceso de apropiación privada de las tierras más fértiles de la región pampeana. A su vez esto contribuyó a la intensificación de las corrientes inmigratorias al país, aunque la
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conformación de estas corrientes no fueran las pretendidas, ya que no procedían en su gran mayoría de los países anglosajones o nórdicos. Al respecto, cabe señalar que aún sin generalizar se encuentra instalado el mito, que el “progreso” de la Argentina está construido sobre la base del trabajo de los inmigrantes, y si bien sería necio negar la importancia que pudieron tener en el establecimiento de muchas colonias, puede ser útil, tener en cuenta las opiniones de un testigo de la época, como lo fue, el abogado catalán Juan Bialet Massé, quien por encargo del Ministro del Interior de Roca, Joaquín V. González, recorrió la Argentina, y produjo un Informe, sobre la situación de la clase obrera argentina, de los indios y sobre el estado de desarrollo en las diferentes Provincias, relatando con lujo de detalles sus observaciones, las que sin duda, merecen la realización de un trabajo independiente del actual. No obstante ello, y en relación a los inmigrantes y las colonias, en una parte de su libro relata la siguiente anécdota referida a las colonias de Santa Fe: “Cuando en 1858, don Aarón Castellanos fundó la primera colonia La Esperanza, se dieron a los colonos extranjeros arados, semillas y todos los menesteres para su establecimiento…la primera siembra fue un fracaso y la segunda también. Los colonos desalentados abandonaron la Colonia…estudiadas las causas del fracaso, se vió que los colonos no sabían ni arar, ni sembrar, ni segar ni trillar…cuando los colonos se negaban a volver, se buscaron agricultores criollos, y los colonos volvieron acompañados de un criollo por cada familia. El éxito fue completo” y continúa más adelante: “testigos presenciales….demuestran que los primeros surcos trazados en la Pampa, de una manera racional y eficaz, no fueron trazados por los colonos inmigrantes, sino por los hijos del país que les sirvieron de maestros” 8 Continuando con el tema de la apropiación de la tierra, a las expropiaciones ya mencionadas en las páginas anteriores, deben agregarse las tierras entregadas a los militares de la lucha contra el
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Informe sobre el estado de la clase obrera . Tomo I Juan Bialet Massé. Hispamérica Ediciones Buenos Aires 1984 Nota: En la presentación del Informe marca Bialet Massé: “… la necesidad de legislar para el hijo del país, mirando a su desarrollo y bienestar, haciendo partícipe al huésped de las ventajas acordadas al criollo, pero no dándoles otras que a éste no se concedan, porque además de ser odioso, es en último resultado, contraproducente, y a mi entender esta es la letra y espíritu de la Constitución: dar al extranjero un asiento en la mesa preparada para el hijo del país; no preparar el banquete para el huésped, quedando fuera el dueño de casa” 7

indio, rápidamente vendidas a los propietarios existentes, y las ventas a través de subastas de grandes extensiones disponibles tras la campaña al desierto. Cuando la exportación de capitales y el incremento de la demanda de alimentos por parte de los mercados consumidores europeos comienzan a ejercer su influencia, existen en la Argentina campos localizados en la zona templada, cuya propiedad concentrada, ofrece condiciones óptimas para la producción agraria. Prácticamente no requieren de empleo de abono y los ganados pueden pastar al aire libre gracias al clima benigno. Esa característica particular de la pampa húmeda va a determinar la abundante rentabilidad de los campos propiedad de los terratenientes argentinos, monopolio de la propiedad a su vez posibilitado tanto por las múltiples acciones estatales que tienen lugar desde principios del siglo XIX, como por la existencia de una incipiente acumulación de capital alrededor del comercio portuario y la ganadería. Al respecto de la rentabilidad, Sábato menciona un movimiento de flujo y reflujo de la superficie destinada a la producción agrícola, atribuyéndola a la variación de los precios relativos entre los cereales y la carne, lo que fundamenta su postura acerca de la importancia decisiva de dicha rentabilidad en las decisiones acerca del uso de la tierra. Dice Sábato: “…la explotación agrícola de la pampa, fundamentalmente orientada a la producción cerealera, modificó… una organización y estructura productiva que habrían de permanecer casi invariables en los siguientes sesenta años”9 Él sustenta en su trabajo, que a diferencia de lo planteado por otros autores, los grandes terratenientes pampeanos, no actuaron con pautas económicas precapitalistas, sino de acuerdo a la lógica interna e la organización capitalista del país.10 Sostiene, que la burguesía terrateniente, actuaba en una variada gama de actividades, en procura de la mayor rentabilidad, y que el control del comercio y las finanzas le permitió incursionar

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Ibíd. Jorge Sábato Pág. 142 Ibíd. Jorge Sábato Pág. 53 8

simultáneamente en un variado espectro de actividades productivas y especulativas.11

Argentina y el Mercado Mundial
La plena incorporación de la Argentina al mercado mundial marca la consolidación de un proceso de acumulación del capital basado en la renta agraria. A fines del siglo XIX el desarrollo de la industrialización en Europa y en especial en Gran Bretaña, que hasta la primera guerra mundial ejerce un rol hegemónico en el sistema mundial capitalista, se traduce en una importante exportación de capitales, en la apertura de nuevos mercados para la colocación de las exportaciones, en una creciente demanda de alimentos y materias primas y en desplazamientos migratorios (el proceso industrial de los países europeos libera una enorme masa de trabajadores en condiciones de emigrar a países poco poblados). Si en un primer momento las exportaciones de manufacturas y de capitales ingleses se dirigen principalmente a Europa y Estados Unidos, pronto comienzan a orientarse a nuevas áreas. En efecto, entre 1870 y 1.913 las exportaciones inglesas al resto de Europa y a Estados Unidos decrecen en más de un 8% mientras se incrementan en igual medida las que tienen como destino los países periféricos. Al mismo tiempo, las importaciones de materias primas y alimentos desde Estados Unidos y los países europeos son progresivamente reemplazadas por las de las nuevas áreas de interés. Acelerada la incorporación al mercado mundial de nuevos países proveedores como la Argentina, Gran Bretaña suple a su antigua colonia, Estados Unidos, en el mismo momento en que éste (superada la guerra civil) profundiza su industrialización y expande su mercado interno. El incremento de las exportaciones manufacturadas hacia los países nuevos da lugar a una intensificación del comercio bilateral, acompañado por el crecimiento vertiginoso de las transacciones internacionales que es un signo de estos tiempos: entre 1870 y 1914 se cuadruplican. El mismo proceso se da en lo tocante a las exportaciones de capital: mientras que hacia 1850 Estados Unidos y Europa son los preferidos por
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Ibíd. Jorge Sábato Pag. 110 9

los capitales británicos, en 1890 son los países de escasa población y significativos recursos naturales (Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sud África y América Latina) los que concentran la mayor parte de las inversiones de ese país, las cuales adoptan principalmente la forma de créditos gubernamentales y empresas ferroviarias. Ese proceso del de exportación de capitales en el contribuye a la la profundización desarrollo industrial centro mediante

incorporación a la economía mundial de nuevas economías productoras de alimentos y materias primas a bajo costo. La integración de la Argentina en el mercado mundial como exportadora de materias primas y alimentos e importadora de productos industrializados es así resultado, en el plano internacional, de las necesidades de las burguesías de los países centrales que cuentan con una creciente disponibilidad de capitales. En concreto, requieren mayores beneficios para esos excedentes, 12 la apertura de nuevos mercados para la exportación de productos manufacturados y el abastecimiento de alimentos baratos que les permita incrementar la plusvalía por la vía de la reducción del valor de la reproducción de la fuerza de trabajo. Para la burguesía británica la “asociación” con Argentina no puede ser más ventajosa: coloca los saldos exportables de su producción industrial en su mercado interno, recibe dividendos e intereses por sus inversiones de capital (lo cual acrecienta su capital) y adquiere materias primas y alimentos a bajo precio que le permiten, a su vez, incrementar su exportación de productos industriales. En síntesis, el acoplamiento de los procesos internacionales de aumento de la demanda de alimentos, de exportación de capitales, de caída de los fletes (producto de las innovaciones tecnológicas) y de exceso de mano de obra en los países europeos con la potencialidad de las tierras de la pampa húmeda para la producción de carnes y granos conducen al crecimiento incesante de las producciones agropecuarias una vez que éstas se orientan a la exportación.
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Historia económica, política y social de la Argentina Capítulo I El Modelo Agro Exportador Mario Rapoport. Pág. 32 (extractos proporcionados por la docente de la cátedra): “Lo que determinó la conducta de los inversionistas extranjeros fue la alta tasa de rentabilidad de sus inversiones, que alcanzó picos del 10 al 15 % de dividendos anuales en algunos años, que no se obtenían fácilmente en otras partes del mundo” 10

Las sucesivas apropiaciones de tierra llevadas a cabo en las décadas anteriores adquieren ahora trascendencia económica al tiempo que la expansión de la línea de frontera, el avance del ferrocarril (que reduce los costos internos de transporte), la creciente inmigración (que soluciona el problema de la escasez de manos de obra) y las mejoras técnicas permiten el ingreso de nuevas tierras a la producción. La incorporación de la Argentina al mercado mundial combinada con la propiedad monopólica de grandes extensiones de tierras fértiles, va a permitir la captación de una renta agraria a nivel internacional que resulta de la diferencia entre la cantidad de trabajo empleada en la producción de la mercancía exportada y la que se utiliza para la producción de una cantidad equivalente en el centro. La apertura del mercado interior del centro a la producción agraria de nuevas regiones hasta entonces escasamente pobladas produce el abaratamiento de los alimentos y la caída de la renta agraria al tiempo que un notorio incremento de las exportaciones industriales hace factible el incremento del trabajo en la periferia. La renta obtenida a partir de la exportación de la producción agropecuaria pampeana en condiciones que intensifican la productividad del trabajo, no es apropiada exclusivamente por los terratenientes. Parte de esa renta se distribuirá entre los sistemas de comercialización, transporte y finanzas signados por el capital extranjero. Los recursos financieros emergentes de la integración de la Argentina al mercado mundial capitalista tienen una importancia decisiva en la formación de la clase dominante argentina. La valorización de las tierras inducida por la expansión agrícola y ganadera y la posesión de vacunos, “capital semilíquido”, son los ejes de la captación de recursos financieros. De tal modo, el aumento del precio de la tierra y del ganado – como resultante de la incorporación al mercado mundial- favorecen el crecimiento del capital local y la obtención de una importante cantidad de dinero líquido.
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A su vez, la modalidad adoptada por las exportaciones de capital de las burguesías de los países centrales, contribuye a la consolidación de
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Ibíd Jorge Sábato. “En suma, tanto directa como indirectamente, el agro pampeano cumplió un papel fundamental para proveer una voluminosa cantidad de dinero líquido a un país y aun grupo social que pocas décadas antes carecían casi por completo de este recurso” Pág. 109. 11

una clase dominante basada en una acumulación agroexportadora. Esas exportaciones se orientan a la realización de obras que facilitan la comercialización y el transporte de los productos argentinos en el mercado internacional. La notoria incidencia de los capitales ingleses permite la expansión del ferrocarril y la modernización del puerto de Buenos Aires. Además, si bien, no obstante, las inversiones de capital británico son claramente escasas en el sector industrial, sí se puede decir, que son de origen inglés los capitales que instalan los primeros frigoríficos. La asociación del monopolio de la tierra con los capitalistas ingleses, los que a su vez participan en la producción de uno de los principales bienes exportables, influye fuertemente en el comercio exterior. Los capitales extranjeros incluyen no sólo los frigoríficos y los servicios públicos (ferrocarriles, gas, tranvías, teléfonos, subterráneos y energía eléctrica) sino también las compañías exportadoras de granos, los bancos, las compañías de tierras y las empresas marítimas que transportan la producción argentina. De esta manera, habilitan los mecanismos interno. De tal modo, la Argentina nace como una formación nacional (hacia 1880 se produce la definitiva consolidación del Estado) periférica y dependiente en el mismo momento en que a la forma de expansión del capitalismo por la exportación de mercancías se suma la exportación de capitales. Periférica y dependiente porque, la acumulación del capital deriva principalmente de la de evolución Gran de los países centrales, el país fundamentalmente, de la Bretaña, quedando así comerciales y financieros para la movilización de la producción exportable y la distribución de importaciones en el mercado

subordinado en sus relaciones externas. La relación inversa entre las fases coyunturales de Inglaterra y la de las naciones periféricas vinculadas a ella, posibilitaba que en las fases ascendentes de acumulación del Reino Unido (fuerte importación de materias primas, déficit comercial) se crearan condiciones de prosperidad en sus socios locales basadas en la importación de capitales provenientes de la metrópoli. Por el contrario, cuando en Inglaterra comenzaba la etapa depresiva, los capitales, atraídos por las mayores tasas de interés
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ofrecidas por las instituciones financieras británicas, retornaban a su país de origen descargando las consecuencias de la crisis en los países de la periferia. Gran Bretaña pudo así controlar los ciclos económicos en su propio beneficio dada su posición hegemónica en el comercio y las finanzas internacionales. Los ingresos de capitales y la cantidad de las exportaciones agrarias, pilares del funcionamiento de las de la forma de acumulación de los agroexportadora, dependen condiciones específicas

mercados agrarios y de capitales de los países centrales. El resultado es, claro está, una marcada vulnerabilidad externa: el patrón de oscilaciones económicas (expansión-recesión) encuentra su que origen se en registra la en la economía de las agroexportadora variabilidad

exportaciones y del ingreso de capitales. La forma de acumulación agroexportadora no está sustentada exclusivamente en los ingresos de capitales y en la conservación de los mercados para sus exportaciones sino también en las importaciones de bienes manufacturados. En general, los artículos de consumo, excepto la carne vacuna y otros alimentos, se importan como así también casi la totalidad de las maquinarias y equipos. En relación a la estructura de las importaciones según las industrias de origen, la posición dominante la tienen, incluso a fines de la década del veinte, los productos textiles, el hierro y el acero. De esta manera se conforma un círculo vicioso, del cual resulta una acentuada subordinación a las condiciones externas. Por un lado, ya desde antes de la primera guerra mundial, los servicios de la deuda son superiores al saldo de la balanza comercial. Por tanto, cada año se necesita de la entrada de nuevos capitales para evitar problemas en la balanza de pagos. Fodor y O’Connell14 señalan que en toda la primera mitad del siglo XX la corriente de servicios financieros (intereses, beneficios, amortizaciones) hacia el exterior supera la del capital ingresado al país. Asimismo, no pueden reducirse fácilmente las importaciones ya que contribuyen de manera decisiva a satisfacer el consumo interno. De tal
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La Argentina y la economía atlántica en la primera mitad del siglo XX . Fodor, Jorge G., Alurralde, Lilian O'Connell de. Fuente : www.educ.ar Biblioteca Digital

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modo, representan, al igual que los servicios de la deuda, una carga fija notoriamente inflexible frente a los ingresos de divisas que, por el contrario, son altamente empresas inestables. cerealeras Los y proveedores frigoríficos de divisas al (principalmente, conectados

comercio exterior) están concentrados y ejercen un fuerte control sobre las reservas de dichas divisas, lo cual agrava la vulnerabilidad de la economía. El hecho de que en el mercado mundial se fijen los precios de los productos y el destino de los capitales determina indirectamente qué conviene producir, ya que los centros industrializados tienen así poder de decisión sobre la organización interna de la producción. De tal modo al promediar la segunda mitad del siglo XIX la adecuación a las nuevas exigencias del mercado europeo, desarticula la incipiente economía exportadora apoyada en los cueros y el tasajo para dar paso al desarrollo de la ganadería ovina y la exportación de lanas. Cuando tiene lugar la abolición de la esclavitud en Estados Unidos (1865), en Cuba (1885) y en Brasil (1888), hasta entonces los mercados tradicionales de la exportación ganadera, comienza a declinar la exportación de carne salada argentina y adquiere primacía la crianza de ovinos merinos orientada a los mercados consumidores europeos que requieren para sus industrias de tejidos de lana larga. La introducción de la conservación de carnes congeladas a principios de la década del ochenta produce el desplazamiento del merino: se lo comienza a reemplazar por otras razas o se lo mestiza con el objeto de obtener mejores rendimientos cárneos del ganado ovino. No obstante su pérdida de importancia frente al lanar, el ganado vacuno -convenientemente mejorado para adaptarse al gusto europeo- encuentra una salida merced al desarrollo de la exportación de ganado en pie sobre todo a Inglaterra. Luego, entre 1904 y 1910, la intensificación de la introducción de reproductores importados, y “ la prohibición de la importación de ganado en pie establecida por el Reino Unido en 1900 con el argumento que el animal argentino estaba afectado por la aftosa, inaugura una nueva etapa, en la que predomina la elaboración y exportación de carnes vacunas congeladas y enfriadas” 15 junto al perfeccionamiento de los
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Ibíd Mario Rapoport Pág. 65 14

frigoríficos orientados a la exportación de carnes (ahora también producen carnes enfriadas) conducen al apogeo del vacuno fino, lo cual tiene un efecto contraproducente sobre el lanar hasta entonces predilecto de los ganaderos, dando comienzo entonces al predominio de las exportaciones de carnes vacunas congeladas y enfriadas. Las nuevas técnicas frigoríficas y el mayor refinamiento del ganado van de la mano con el desarrollo agrícola más intenso y acelerado de la región pampeana. Esta expansión de la producción agrícola es significativa sobre todo si tenemos en cuenta que en los años anteriores a 1.880 es tan escasa que es preciso importar trigo y otros cereales para satisfacer el mercado interno y que recién en 1.890 logra abastecerlo. Sus causas son conocidas: el reemplazo de las mayor parte de las ovejas y de casi todo el ganado criollo por vacunos refinados, impulsado por la necesidad de satisfacer la enorme demanda de carnes de calidad del mercado europeo, obliga a alfalfar los campos y a roturar la tierra. La alfalfa, debido a su carácter perenne, aparece como el mejor medio para la implantación de pasturas que posibiliten el engorde final del ganado mestizado. Pero su implantación requiere de la previa preparación del terreno mediante la obtención de varias cosechas. En el primer quinquenio del siglo XX comienza a darse, con el objeto de reemplazar los pastos duros por pastos blandos para el engorde del ganado vacuno, una complementación entre la ganadería y la agricultura a través del mecanismo de los arrendamientos: las tierras se dividen en lotes y se arriendan para dedicarlas a la siembra del trigo y del maíz, dejándolas luego con alfalfa. La producción agrícola no sólo crece en términos absolutos (en efecto, la superficie total sembrada de granos y forrajes pasa de 340 mil hectáreas en 1875 a 6 millones en 1900, a 20 millones en 1913 y a 25 millones en 1929) sino que finalmente alcanza en importancia a la producción ganadera (mientras que en 1870 las exportaciones de productos agrícolas representan menos del 1% del total y las ganaderas el 80%, en 1915 prácticamente se equiparan, constituyendo esto un fenómeno de largo plazo). Es el auge de la producción agropecuaria de exportación: en las décadas del veinte y del treinta Argentina exporta el 60% del maíz, el 40% del trigo y de la carne vacuna, aproximadamente, de las
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exportaciones mundiales de dichos productos. Al tiempo que mientras que en 1900 las exportaciones agropecuarias representan el 55% de la producción total de la región pampeana, hacia 1929 la proporción crece hasta el 70%. Ahora bien, y este dato es de vital importancia para comprender los posteriores problemas en torno al comercio de carnes, son las exportaciones cárnicas las que constituyen la base del comercio con Gran Bretaña. En efecto, en 1914 mientras que del total de las exportaciones de trigo, maíz y lino argentinas se coloca en el Reino Unido el 19,6%, 10,4% y el 13,1%, respectivamente; las exportaciones de carneros congelados a ese país constituyen el 89,3% del total y las de carne bovina congelada y envasada el 83,5%. En 1925, mientras solamente el 10% del maíz y el 34% del trigo exportados por la Argentina tienen como destino Gran Bretaña, el 76% de todas las exportaciones de carne argentina, el 54% de la carne bovina congelada y el 99% de la enfriada son vendidas a Gran Bretaña. En otras palabras, las exportaciones de carnes - sobre todo las de carnes enfriadas- se encuentran extremadamente concentradas en torno a Gran Bretaña mientras que las exportaciones de granos tienen una distribución más diversificada. En fin, el desarrollo de una forma de acumulación asentada en el crecimiento de las exportaciones agropecuarias -posibilitado, a su vez, por la amplitud de la demanda mundial de las mismas- y en las inversiones externas contribuye a que la fracción asociada al comercio exterior y propietaria de las tierras puestas en producción (las cuales cuentan con las ventajas derivadas del humus pampeano, del régimen de lluvias, de la escasa distancia desde los lugares de producción a los puertos de embarque, etc.) ocupe un lugar central en la estructura de clases. Mientras tanto, y en virtud de los mismos procesos que concurren a la consolidación de una alianza dominante que basa su desenvolvimiento en la dinámica de las exportaciones agropecuarias, se consolida una formación social dependiente que no controla internamente el proceso de acumulación.

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CONSOLIDACIÓN DEL ESTADO NACIONAL Si hay trabajos que advierten el papel que tienen los dos primeros procesos, el de la expansión y concentración territorial y el de la forma de acumulación agraria y exportadora, en la conformación de la clase dominante en la Argentina no puede decirse lo mismo en lo referido al rol del Estado. Y, sin embargo, se revela imposible comprender dicha conformación sin tener en cuenta el proceso de construcción del Estado nacional. En la incorporación de este aspecto constitutivo radica, creemos, buena parte de la relevancia de nuestra propuesta. Es el Estado, a través de múltiples mecanismos, el que construye un terreno sólido de confluencia de los intereses de las distintas fracciones de la burguesía. Lo hace, sobre todo, interviniendo activamente en la consolidación de las condiciones necesarias a la forma de acumulación emergente, manteniendo el orden en todo el territorio a través de sus aparatos represivos, fabricando un discurso político e ideológico acorde a las nuevas condiciones y cohesionando la formación social. La fuerte expansión de la demanda mundial de productos agropecuarios de clima templado y la disposición en la Argentina de tierras fértiles para esta producción no son condiciones suficientes para posibilitar el crecimiento de la producción y de las exportaciones agropecuarias. El Estado, que adquiere su consolidación institucional hacia 1.880, tiene un papel decisivo para asegurar el funcionamiento de la forma de acumulación agraria y exportadora. Sus acciones más importantes son las de garantizar la libre circulación de bienes y capitales, favorecer la expansión de la red de transportes orientada al puerto de Buenos Aires y otras obras de infraestructura, facilitar la puesta en producción de las nuevas tierras de la frontera, estimular la inmigración extranjera para obtener fuerza de trabajo y organizar un sistema jurídico monetario. Pero ese Estado nacional no sólo es condición sino al mismo tiempo producto del proceso de expansión capitalista que toma la forma específica de una relación desigual entre una formación central (Inglaterra, luego también EE.UU.) y una Argentina periférica con una forma de acumulación satélite. Por un lado, el Estado tiene un papel constitutivo en la creación y reproducción de las condiciones y recursos
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necesarios a la solidificación del nuevo proceso de producción; papel que en sus inicios se traduce centralmente en la puesta en marcha de los aparatos represivos. Por el otro, aparece como producto de esa expansión: la multiplicación y especialización de las instancias estatales responden, en parte, a la necesidad de resolver los problemas que plantea el desarrollo de la nueva forma de acumulación. En este proceso bilateral el Estado no condensa simplemente los intereses de la burguesía terrateniente sino también los intereses del capital internacional dominante y los de los demás capitales imperialistas. A través de las acciones tendientes a la vigorización de la forma de acumulación agraria y exportadora, de la formalización de un discurso unificador (el del orden y el progreso sin límites) y del disciplinamiento y calificación de la fuerza de trabajo (escolarización, etc.), el Estado viene a cumplir un papel organizador específico respecto de las diferentes fracciones de la burguesía. Crea las condiciones propicias para el desarrollo y homogeneización de unas fracciones que ocupan lugares diferentes en el proceso de producción, ya que en efecto, la burguesía no se presenta constitutivamente unificada, esto es, no constituye una clase social con intereses homogéneos ya en el terreno económico. Si aparece dotada de cierta unidad es por la mediación del Estado: sólo entonces se constituye en un bloque con intereses comunes a pesar de sus contradicciones. Es la autonomía relativa del Estado respecto a cada fracción del bloque en el poder la que le permite asegurar la organización del interés general de la burguesía (su organización política), al tiempo que realizar compromisos con las clases dominadas. Dicho papel del Estado Nacional en la unificación de la clase dominante, puede entenderse mejor si se toman en cuenta las relaciones de fuerza específicas que están en la base de la construcción de dicho Estado. La afirmación del Estado implica la monopolización de la violencia legítima, la consecución de los recursos necesarios a su funcionamiento y la reproducción y puesta en marcha de sus aparatos represivos e ideológicos. Los problemas que se oponen a ello a fines del siglo XIX son, entre otros, el control por parte de las burguesías bonaerenses (los terratenientes ganaderos y los comerciantes) de la renta aduanera, la
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ausencia de un ejército auténticamente nacional, el dominio de gran parte del territorio por los indios y la carencia de una residencia definitiva del Gobierno Nacional. El roquismo (que representa la alianza entre las burguesías provinciales sin conexión con el capital extranjero y que concentra los apoyos de las corrientes populares del alsinismo bonaerense, los intelectuales del interior y el incipiente ejército nacional) resuelve uno por uno esos problemas produciendo la unificación nacional. A través del control del ejército, enfrenta el monopolio de la renta de las burguesías comercial y terrateniente ganadera bonaerenses y la distribuye a todas las provincias al tiempo que obtiene una fuente de recursos (a la que se suman rápidamente los empréstitos extranjeros) para el desenvolvimiento y expansión del Estado nacional. Los límites a la expansión de las fuerzas productivas requerida por las relaciones capitalistas mundiales (anarquía monetaria, población insuficiente, caminos intransitables, aduanas interiores, normas dispersas y contradictorias, etc.), son removidos por el Estado nacional. Éste, a través de los gobiernos con hegemonía roquista, interviene creando y fortaleciendo las condiciones que favorecen el proceso de producción dominante (construcción de nuevas vías de comunicación, imposición de leyes generales que regulan las operaciones comerciales y la propiedad de la tierra, expansión del aparato educativo y del sistema de salud, poblamiento del territorio, etc.). No obstante, el roquismo en el poder pronto se encuentra preso de una antítesis irresoluble. Mientras que las fuerzas que lo integran defienden el proteccionismo estatal, los capitales internacionales - que juegan un papel indispensable en el financiamiento del Estado y en el desarrollo de las relaciones de producción vigentes- no se interesan por la industrialización como tampoco la burguesía terrateniente. La internalizacion de los capitales foráneos y el consiguiente desarrollo de las fuerzas productivas termina produciendo la vinculación entre las burguesías provinciales (representadas por el roquismo) y las burguesías portuarias (representadas por el mitrismo), tomando forma la “oligarquía”. La burguesía con hegemonía terrateniente no encuentra en el Estado un instrumento hecho a su medida (esto porque las distintas
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resistencias se inscriben en la materialidad misma de ese Estado), pero sí haya en él un espacio privilegiado de ejercicio de su hegemonía política. Los principios del liberalismo, con los que la burguesía constituye su identidad política, guardan una relación objetiva con los fundamentos de las instituciones estatales: se da una articulación entre los intereses particulares de la burguesía y el discurso del Estado que proclama la defensa de las libertades, la promoción del progreso y del orden. Un amplio conjunto de funcionarios-intelectuales de la burocracia estatal se identifica así con la ideología propia de la burguesía librecambista. Sintetizando, es recién a partir de la realización del objetivo estratégico de la capitalización de Buenos Aires y la consiguiente nacionalización de la renta, llevada adelante por el roquismo, que el Estado nacional comienza a adquirir capacidad para mantener, más allá de las armas, la cohesión de la formación social argentina hasta ese momento constantemente en jaque. Ciertamente, hasta la configuración del roquismo la correlación de fuerzas no da para la constitución de un Estado nacional. Las clases portuarias producen una estructura política limitada a Buenos Aires y al puerto mientras que el roquismo, representante de los intereses de las burguesías agrarias e industriales del interior, consigue articular los intereses de las interior, etc. Durante las décadas siguientes a la federalización, el roquismo (cada vez más imbricado con la alianza de clase dominante) estimula la consolidación de un sistema de instituciones nacionales relativamente independiente de las alianzas locales. Este sistema desplaza paulatinamente la relación entre provincias como eje de la lucha política, para dar lugar a otras instancias, tales como el congreso nacional y el sistema de partidos. Estas instituciones configuran los nuevos espacios de la lucha política no sólo de las distintas fracciones de la clase dominante sino también de las clases dominadas. En síntesis, por el mismo proceso que se configuran los aspectos constitutivos del Estado nacional toma forma la alianza de clase dominante que aparece dotada de una organización política e ideológica. Por una parte, se consolida un conjunto de aparatos relativamente
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fuerzas nacionales ya mencionadas: el alsinismo

bonaerense, los restos de los ejércitos federales, la nueva agricultura del

autónomos que garantizan la cohesión de la formación social a la vez que condensa las relaciones de fuerza entre las clases presentes en dicha formación. Por la otra, las diferentes fracciones del capital configuran una alianza política de largo plazo y de alcance nacional, un bloque en el poder. Prueba de ello es que las políticas económicas de largo plazo implementadas por el Estado (ya sea en los gobiernos roquistas o en los radicales) durante toda la fase de acumulación basada en las exportaciones agropecuarias giran en torno a la apertura de la economía a las fuerzas operantes en el mercado mundial, a la incorporación masiva de inmigrantes y de inversiones extranjeras, al tratamiento diferencial de las importaciones, a la expansión del gasto público necesario al crecimiento de la economía, a la organización de un sistema monetario estable, a la expansión de un conjunto de bancos estatales que permite la formación de un mercado financiero, a la consolidación del marco legal necesario a las transacciones comerciales (Códigos Penal, de Minería, de Comercio, etc.). En otras palabras, la forma típica de intervención del Estado (que dista mucho de ser un Estado “gendarme” como pretenden los liberales) hace foco en las necesidades de reproducción de la forma de acumulación en que se basa el poder de las fracciones más importantes de la alianza de clase dominante. El manejo de la coyuntura económica, por su parte, al limitarse a acompañar las variaciones del ciclo económico iniciado en los centros industriales, opera en el mismo sentido. En efecto, el Estado capta una buena parte de las inversiones extranjeras a través de los empréstitos gubernamentales (12 millones entre 1880 y 1885, 23 millones entre 1886 y 1890, 34 millones entre 1891 y 1900) y se hace responsable por el capital y los intereses de los préstamos tomados. Préstamos que, una vez cubiertas las necesidades presupuestarias, se dedican a obras de infraestructura y a la construcción de vías férreas, esto es, a la infraestructura básica agroexportadora. Asimismo, no deja de incentivar la inversión extranjera. Con tal fin, garantiza a las inversiones en ferrocarriles beneficios mínimos que llegan hasta el 7% del capital invertido; exime desde 1907 (por medio de la ley Mitre) a las empresas del pago de impuestos a cambio de una obligación

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del 3% sobre las utilidades netas; realiza concesiones de tierras adyacentes a las vías, etc. Estos ejemplos muestran cómo el Estado interviene activamente estimulando el proceso de acumulación. Lo hace sobre la base del endeudamiento externo y la consiguiente salida de divisas. Mecanismo que mostrará su fragilidad en cada crisis, como las de 1890 y 1914, cuando los centros industrializados interrumpen el flujo de capitales. La ausencia de una política de protección industrial, asimismo, no hace otra cosa que posibilitar el crecimiento de las importaciones. Si bien la Ley de Aduanas de 1877 establece derechos aduaneros sobre la importación de diversos productos tales como calzado, ropa y muchos productos mismo alimenticios (favoreciendo presenta así el desarrollo de ciertas un alto industrias) no es acompañada por otro tipo de medidas al tiempo que el sistema arancelario severas limitaciones: porcentaje de importaciones queda libre de derechos y las denominadas ramas dinámicas de la industria quedan desprotegidas. Este “proteccionismo al revés” se profundiza en 1906 cuando la Ley de Aduanas, vigente hasta la década del treinta, es reemplazada por la Ley Arancelaria que fija un valor de aforo para cada producto que sólo puede ser actualizado por otra ley. Al distanciarse los precios internacionales de los valores de aforo se produce una reducción real de las tarifas. Las únicas actualizaciones de esos valores sobre los cuales se determinan las tarifas se hacen en 1920 y 1923. El resultado es que mientras que en 1910 las tarifas representan en promedio el 92.7% de su valor arancelario y en 1916 el 59.4%, en 1918 tan sólo el 33.1%. El conjunto de estas políticas condensa entonces la estrategia propia de los grandes terratenientes aliados con la burguesía comercial y la burguesía financiera que, dadas las condiciones del sistema mundial capitalista, consiste en bloquear el desarrollo interno de la industrialización y en fomentar el desarrollo de las condiciones que permiten la obtención de una renta agraria a escala internacional. Pero, al mismo tiempo, algunas políticas tienen que ver con las necesidades de reproducción del Estado (como la que en 1928 establece el impuesto a las exportaciones, que pasa a ser un interesante recurso fiscal) y con los compromisos políticos asumidos con otros grupos sociales (los gobiernos radicales, por ejemplo, aumentan el gasto público
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en salarios y pensiones, favoreciendo la consolidación de la nueva pequeña burguesía). También, y en atención a los reclamos de los pequeños y medianos productores agrarios,16 en 1921 se dicta una ley de arrendamientos que permite a los que arriendan pequeñas parcelas (menores a 300 hectáreas) prolongar el alquiler cuando el contrato es inferior a tres años y negociar libremente la venta de su producción. Otras medidas, como el reparto de semillas en momentos críticos, se orientan en el mismo sentido. Pero se trata de medidas acotadas y parciales que no alteran el régimen de propiedad de la tierra ni el sistema de arrendamientos. Por todo lo dicho queda claro entonces que no se trata simplemente de que las políticas estatales beneficien los intereses de las fracciones más poderosas de la burguesía. Desde la unificación nacional se da un proceso en el que el Estado, en el conjunto de sus aparatos, interviene en la configuración y consolidación de la alianza de clase dominante o bloque en el poder, empezando por la cohesión del territorio nacional y la recreación acumulación de las condiciones al necesarias al desarrollo y que de una la orientada mercado externo excluye

industrialización.

CONCLUSIONES
En la Argentina la constitución a fines del siglo XIX de las diferentes fracciones de la burguesía (comercial, financiera, agraria, industrial, terrateniente) en una clase dominante con alcance nacional y relativamente unificada bajo la hegemonía de la burguesía terrateniente responde principalmente a la confluencia de intereses. Por una parte, se establece una profunda conexión entre las estrategias desplegadas por las burguesías de los países centrales con
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Hacia 1912 el malestar de los chacareros se hizo visible. Por primera vez, tanto en la modalidad de arrendamiento como en la de mediería, tomaron conciencia activa de la precariedad de su situación y se movilizaron en demanda de modificaciones sustanciales de sus formas laborales. Esto sucedió principalmente en las comarcas trigueras y maiceras de Santa Fe y Córdoba, y culminó con el llamado “Grito de Alcorta”. Su consecuencia más importante fue la creación de la Federación Agraria Argentina, entidad que sería la defensora del pequeño productor rural y los trabajadores del campo en general. Fuente: Nuestro Siglo. Tomo 3 Pág. 129 Hyspamérica Ediciones 1984 Buenos Aires 23

vistas a contrarrestar la tendencia descendente de la tasa de ganancia (importación de alimentos baratos, exportación de capitales, etc.) y la existencia en nuestro país de grandes territorios, de propiedad monopólica, dotados de aptitudes inmejorables para la producción agropecuaria. El consiguiente desarrollo de una acumulación del capital asentada casi exclusivamente en la explotación de una renta agraria internacional hace que la fracción propietaria de las tierras puestas en producción ocupe un lugar central al interior de la burguesía. En efecto, la burguesía terrateniente se apropia privilegiada y crecientemente de la renta agraria obtenida a escala internacional bajo la forma de renta del suelo. Y dentro de la burguesía de terrateniente tierras corresponderán aptas a los invernadores la producción (propietarios especialmente para

agropecuaria) los más altos niveles de valorización de las tierras y de percepción de renta diferencial. Los otros componentes de la clase dominante vinculados al comercio exterior y a la especulación hipotecaria, sobre todo aquellos segmentos concentrados y controlados por capitales extranjeros (piénsese, por ejemplo, en la comercialización de granos, en los frigoríficos, etc.), participan asimismo del proceso de apropiación de la renta agraria y defienden la política librecambista y aperturista. Pero hace falta tener en cuenta la concurrencia de una tercera condición para dar con la formación de la clase dominante en la Argentina, y ésta es la del Estado que, al tiempo que consolida sus aparatos e instituciones, interviene organizando políticamente a las diferentes fracciones de la burguesía como una clase dominante a pesar de sus contradicciones. Para llevar las cosas a un extremo: sin esta organización política las fracciones de la burguesía no llegarían a constituir una clase dominante. Ello porque las diferentes fracciones de la burguesía no se encuentran de por sí unificadas. O lo que es lo mismo: no es posible pensar a la clase dominante, compuesta de varias fracciones, sólo conformada en el área económica. Sólo cuando se produce la unificación nacional, la consolidación de un Estado - esto es, un conjunto de aparatos especializado, centralizado, con autoridad legítima y soberana en todo el territorio, con un poder específico relativamente separado del poder económico y de las alianzas
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localistas- se produce la constitución de los diferentes estratos de la burguesía. Como ya se ha señalado, esa unificación es impuesta por el roquismo (sustentado en la alianza entre las burguesías provinciales desconectadas del capital internacional, en el incipiente ejército nacional y en ciertos sectores populares) a las burguesías comerciales y terratenientes ganaderas bonaerenses que monopolizaban la renta y portaban un proyecto político estrictamente circunscripto a Buenos Aires y su puerto. La hegemonía de la burguesía terrateniente, en fin, no deviene exclusivamente de la dinámica del proceso de acumulación del capital. También se explica por su posicionamiento en el campo estratégico del Estado, ya que en función de sus intereses específicos logra imponer en medio de un contexto mundial que lo permite, el bloqueo de la producción de bienes manufacturados y de capital. Producción que probablemente tendría como efecto una elevación de los costos de las actividades agropecuarias - en relación con el precio de los bienes de capital importados- a que se dedica esta fracción y el rompimiento de las estrechas relaciones entabladas con las burguesías de las formaciones capitalistas centrales, sumamente interesadas en colocar sus propias exportaciones. También es un mérito del papel dominante que ejerce la burguesía terrateniente en el terreno estatal el hecho de que la política agraria no estimule, como en otros países, a los pequeños y medianos productores independientes. Por el contrario, la acción del Estado en este campo favorece la valorización de las tierras e incentiva a sus propietarios a ponerlas en producción. Es más, si bien los cambios en la economía capitalista mundial que tienen lugar a partir de la crisis del treinta conllevarán la crisis definitiva de la forma de acumulación centrada en la exportación de las producciones agropecuarias (cuyos síntomas de descomposición están incluso presentes al finalizar la primera guerra mundial), la burguesía terrateniente mantendrá su posición principal en la relación de fuerzas de la alianza de clase dominante durante toda la década del treinta y la primera mitad de la década del cuarenta. Lo hace adaptándose al nuevo contexto de crisis de las exportaciones de materias primas a través de una estrategia que consiste
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en aceptar ciertas formas restringidas de industrialización, es decir, limitadas a cubrir la declinación de la importación de bienes de consumo. Era la Argentina, resultante, de estas estrategias y alianzas, un país, que depositaba sus proyectos en el exterior, excesivamente confiado en sus recursos naturales, pero también totalmente limitado por la explotación de éstos, y sin vocación de industrialización. Todo esto configuró un país dependiente de las potencias de turno en baja, en ese momento, las europeas, y trabó al mismo tiempo las posibilidades de desarrollo, que si pudieron alcanzar por ejemplo, Australia o Canadá. Lo que Mario Rapoport expresa en el final de El Modelo Agro Exportador, resume lo que aquí se intenta expresar: “… La declinación del viejo esquema de división internacional del trabajo y de la constelación de fuerzas económicas que lo sostenían, contribuyó a reconocer muy pronto los límites de una experiencia que por las características descriptas, no permitió afianzar luego un proceso de desarrollo económico verdaderamente sostenido, como en otros países que comenzaron su proceso de inserción en la economía mundial por la misma época”

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BIBLIOGRAFÍA
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