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De lo que sí sé (Un comentario breve sobre Manolita Saavedra) Por: Francisco SAUCEDO No recuerdo con exactitud cuándo fue la última

vez que vi a Manolita Saavedra, de lo que sí estoy seguro es que fue durante una partida de dominó. Porque además así la conocí, sosteniendo una ficha blanca del juego de Canseco preparada para cerrar o abrir la jugada, lamentando no haber prestado más atención al juego y gozando con los nervios por el resultado. La mayoría de las veces jugaba bien, pero era mejor cuando se equivocaba, porque encontraba la frase justa para hallar en el gozo, lo perdido con la mula de dos. Y mientras cualquiera de nosotros revolvía las fichas, ella levantaba la mirada para recordar algo, una anécdota, un pasaje, una referencia a un libro. Eso, y un trago de tequila, eran las pausas justas. Debo ser sincero y no recuerdo haber visto alguno de los programas de televisión, las actuaciones en películas, las participaciones diversas en el medio. Por eso no hablo de ello, sino de lo que sé. Y sí sé que no convenía mencionarle su baile como Raquel, al lado de Cantinflas, pues lo consideraba como un accidente que la hizo “famosa”. Aunque ella, desde muy chica, se codeó con círculos de intelectuales y gente de la cultura mexicana; desde donde aprendió a escuchar y comprender a los grandes de la literatura. Ahí sí era reconocida y de ello se enorgullecía. Sé que por eso le dolió haber vendido su gran biblioteca, la que tenía en su casa de Cuernavaca, para venirse a Acapulco. Por ello, si podía, pedía consejos de nuevos libros, autores y lugares para comprarlos acá. Lamento decir que casi siempre la pesquisa era infructuosa. Pero nunca dejaba de prestar atención a esos comentarios y a indagar sobre la valía de tal o cual argumento, sobre las pistas que llevan a los buenos escritores. Esa pasión por la expresión artística, que se notaba al hablar con ella sobre algunas películas, obras teatrales, música clásica y poesía, fue la que siendo joven le atrajo casi mágicamente el manuscrito original de Un Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca. Regalo que le hizo la viuda del editor del escritor granadino, al escuchar cómo recitaba los poemas y su conocimiento de la obra del autor de Bodas de Sangre. Así me lo contó ella, y no sé cuáles fueron los argumentos de los parientes de García Lorca cuando le pelearon la posesión del original, porque yo no escribo de lo que no sé. Tampoco sé si el arreglo al que llegaron (mediante la conciliación en los juzgados ingleses) fue justo para Manolita, pero sí sé que ese dinero se uso para que se asentara en un departamento, con uno de los paisajes más bellos que recuerdo haber visto hacia el Pacífico. Y que a ella le encantaba hablar de cómo los jueces y abogados británicos efectivamente usan pelucas blancas. Manolita estaba enferma de enfisema pulmonar. Muchas veces tuvimos que ayudarla descansar de los pasos que daba desde su coche hacia la casa donde nos reuníamos a jugar dominó, y ahí, entre fuertes aspiraciones, lamentaba no haber

soltó una carcajada que le duró al menos 10 minutos. En una ocasión. eso era su búsqueda… más sus hijas y su hijo. su legado. Tras una pausa para tomar aire con dificultad. Manolita contestó una llamada de una de sus dos hijas y tras unos breves comentarios sobre su salud soltó: “Y voy perdiendo todos los juegos. fue alguno de los comentarios que. según ella. De ahí sé que nunca tuvo miedo de aceptar el fin. pero muchas veces escuché hablar sobre la belleza física de Manolita cuando era presentadora y actriz. No se trataba de renegar del tabaco que tanto placer le dio. Me contaron que Manolita se durmió y ya no despertó. pues se debatía entre el agradecimiento y su fino sentido de la realidad. sino de reprochar los impedimentos que la falta de aire le imponía. Manolita divertida (creo yo) azuzaba la disputa. tenían más valía en ese departamento. a mitad de la partida.previsto su enfermedad. De eso sí que sé. nos dijo que su hija había dicho “¿Y ya les soltaste el rollo de la viejita moribunda?” . sus noticias postreras. la información me tranquilizó y reconfortó. nomás no gano. entonces como gran mujer y experta remataba el debate con algo así como: “bueno. descansar en este puerto que nunca llegó a acomodarle del todo y que el tránsito para dejar esta vida fuera en paz. Ahí es cuando mencionaba el nombre de varias actrices que. . decía y todos en la mesa protestábamos. luego de escuchar la respuesta. estos hombres no me dejan ganar nada”. Igual me consta que esas afirmaciones ponían a Manolita en un predicamento. Entonces. Pues eso. De ahí se desataba una discusión sobre el estado del hombre con sus años. “Una de las mujeres más bellas que recuerdo en el cine mexicano”. Hasta que alguien señalaba que las fichas del dominó se estaban enfriando. Tras la oleada de sentimientos encontrados que trae la noticia de la última despedida de alguien que aprecias. eso dicen mis amigas”. decía más o menos. “Ser vieja es terrible para el ego”. No me gusta escribir de lo que no sé. de rebote. alcancé a oir al respecto.

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