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Gasto Público en Argentina

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Como tema de debate se encuentra no solamente la cantidad del gasto sino su calidad, lo que podría ser una sumatoria de transparencia más efectividad, y en este sentido, es indudable que la Argentina se encuentra muy lejos de los países desarrollados y aún de otros con similar nivel de renta per cápita.
Con elevada corrupción y baja eficacia en el uso de los recursos, la carencia de bienes públicos básicos para la mayoría de la población y los incentivos negativos para la actividad económica, son la regla y no la excepción,si a este panorama, además, le agregamos una reducción del gasto público, ¿no haremos otra cosa que agravar el problema?.
Como tema de debate se encuentra no solamente la cantidad del gasto sino su calidad, lo que podría ser una sumatoria de transparencia más efectividad, y en este sentido, es indudable que la Argentina se encuentra muy lejos de los países desarrollados y aún de otros con similar nivel de renta per cápita.
Con elevada corrupción y baja eficacia en el uso de los recursos, la carencia de bienes públicos básicos para la mayoría de la población y los incentivos negativos para la actividad económica, son la regla y no la excepción,si a este panorama, además, le agregamos una reducción del gasto público, ¿no haremos otra cosa que agravar el problema?.

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03/01/2014

*Por Manuel Anido

GASTO PÚBLICO EN ARGENTINA

Introducción Finanzas y Gasto Público El tamaño importa La metodología de las cuentas nacionales Conclusiones Bibliografía

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Introducción
El trabajo “La Ley de Wagner y el Gasto Público en Argentina”, el cual es uno de los textos que se considerarán en el presente trabajo, trata un tema de gran importancia y actualidad para Argentina, cómo es la evolución del gasto público y sus posibles determinantes. El marco de referencia del estudio es la denominada Ley de Wagner o ley de crecimiento de los gastos del Estado. Esta relación empírica formulada por Adolph Wagner en el siglo XIX, estableció que a medida que aumentaba el ingreso per cápita en los países, el Estado incrementaba su participación en el Producto Bruto. Para ello, el trabajo realiza una breve referencia a las distintas teorías sobre el gasto público, luego discute cómo medir el tamaño del Estado, explica la construcción de las series utilizadas y algunas observaciones sobre su evolución. Dice José Bulacio1 en el primer párrafo de su trabajo que: “Busca indagar sobre las causas del pronunciado crecimiento del gasto público observado en las últimas cuatro décadas”, afirmación que puede resultar prematura, cuando se la hace al inicio del trabajo, sin haber realizado el desarrollo necesario, para lo que en realidad, parece una conclusión, más que una Introducción. Otra cuestión, a priori, cuanto menos opinable, es una cierta falta de precisión en cuanto a los datos ofrecidos sobre Gasto Público, ya que no queda claro en primer lugar, en cuanto a la referencia a “millones de pesos”, si la aclaración acerca de millones de pesos de qué año, queda comprendida en la que efectúa, (en la pág. 5),con respecto al PBI: “La serie del Producto Bruto Interno corresponde a los datos de las Cuentas Nacionales de la Secretaría de Programación Económica el período 1993-1997, expresado a pesos de 1993” Cabe destacar, y en relación al otro texto analizado, las definiciones, que nos aporta Belisario Villegas2 con respecto a la definición de Gastos Públicos, ya que en la p. 39, precisa claramente con respecto a la finalidad de éstos: “El Estado se moviliza para atender las necesidades de la población por medio de los servicios públicos; pero también puede satisfacerlos utilizando los efectos que “en si mismos” los gastos públicos provocan en la economía nacional, atento a su importancia cuantitativa y cualitativa (p.ej., un incremento considerable en la cuantía del gasto público puede obrar como reactivador de una economía en recesión, con prescindencia del gasto)”.(El subrayado corresponde al presente trabajo) Cabe la cita, porque en última instancia, no existen las opiniones o decisiones económicas “neutras” o “asépticamente técnicas”, ya que detrás de cada una de ellas José Marcos Bulacio. Universidad Nacional de Tucumán. Autor del trabajo “LA LEY DE WAGNER Y EL GASTO PÚBLICO EN ARGENTINA” 2 Héctor Belisario Villegas. Curso de Finanzas, derecho financiero y tributario. Editorial Astrea. Buenos Aires 2002
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se prefigura, claramente, acerca de cuál es el tipo de Estado al cual se adhiere, y por detrás de ello, un posicionamiento político-ideológico, el cual muchas veces se oculta tras una cortina de “verdades económicas científicamente irrefutables”, que en algunos casos, llegan a adquirir las características de dogmas cuasi religiosos.

Finanzas y Gasto Público
El título de este apartado, tiene que ver, con que no siempre con el término Finanzas Públicas, se comprendía a la teoría del gasto público, lo cual ha quedado superado, por la comprensión, que se trata de dos instancias de la misma problemática, que se encuentran íntimamente relacionados. Para un cálculo racional de los gastos, de forma alguna, se podrá obviar, los recursos con los que el Estado contará, a los efectos de planificar el destino de los gastos públicos, teniendo presente, al decir de Villegas que éstos: “(…) son la indicación más segura que de la actividad que despliega cada pueblo”3 Además del origen del término Finanzas Públicas, -sobre lo que no se abundará en el presente trabajo-, cobra preeminencia, la directa relación que existe entre esta ciencia, y la satisfacción de las necesidades humanas, y con más precisión de las “necesidades públicas”, que son las que surgen de la agrupación humana en sociedad, y que resultan la razón de ser del Estado. De la determinación de cuáles se consideran necesidades privadas, necesidades públicas absolutas o primarias, necesidades públicas secundarias o relativas, so configura el tipo de Estado y su papel, con lo cual la discusión o análisis alrededor de las mismas, no resulta un tema menor. Al respecto Villegas nos dice en la p. 7 de su libro: “La conclusión es que no siempre, en el curso de la historia se tuvo plena conciencia de lo que realmente eran necesidades “públicas” en contraposición a las necesidades “privadas”, y de allí la duda acerca de cuáles servicios debían ser satisfechos por los propios particulares en forma individual y cuáles por el Estado”

El tamaño importa
El gasto público, y más precisamente, sus dimensiones, es demonizado por diversos comentaristas en la Argentina que suponen, con más entusiasmo que razón, que su evolución al alza "explica" los males de la economía local. Según Jorge Schvarzer4, las estadísticas sugieren que el gasto público en las últimas décadas

Ibíd. Belisario Villegas. p. 40 Jorge Schvarzer. Profesor Titular de Estructura Económica Argentina , Secretario de Investigación y Doctorado, Director de CESPA ( Centro de Estudios de la Situación y Perspectivas de la Argentina) Universidad de Buenos Aires
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apenas siguió las tendencias de la población5, debido a que las mayores demandas (jubilaciones, educación, seguridad) están ligadas a esa variable. Se concluye que sus alzas no tuvieron la magnitud que se le adjudican y en todo caso no justifican las polémicas que se generan alrededor del tema: "Los inversores internacionales tienen una visión equivocada respecto al gasto público en la Argentina, porque es un país administrado con un presupuesto tan bajo que ya no tiene margen para recortes adicionales" JEFFREY SACHS, Director del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, citado por La Nación, del 6-10-2001. Pese a estas, en principio, autorizadas afirmaciones, están quienes dicen por ejemplo6: "...el gasto público creció desmesuradamente en estos años: entre la Nación, las provincias y los municipios se pasó de 40.000 a 100.000 millones anuales. Los expertos dicen que debería bajar hasta 70 u 80.000..." MARIANO GRONDONA, "Verdades peligrosas", en Noticias, del 28-7-2001 “Durante los noventa, el gasto público creció 100% contra un crecimiento del PBI de solo 40% y una inflación del 3%... al final explotó” RICARDO LÓPEZ MURPHY, en Ámbito Financiero, 3-10-2001 Bulacio7 nos ilustra, sobre Adolph Wagner, sintetizando que él afirmaba, que a medida que aumenta el ingreso per cápita en los países “en vías de Industrialización”, (uno de los acostumbrados eufemismos por subdesarrollados), el Estado aumenta su participación en el PBI, fundamentándose en algunas interesantes conclusiones, como cuando se dice: “se produciría un aumento de las funciones administrativas y protectoras del Estado, con la consecuente sustitución de la actividad privada por la pública.” “(…) aumentarían los gastos culturales y de bienestar, especialmente los relativos a educación y redistribución de la renta.” “(…) el aumento de la industrialización, daría lugar a la aparición de grandes monopolios, que requerirían la presencia del Estado para su regulación económica, o bien para hacerse cargo de ellos.” (Las negritas corresponden al presente trabajo). Tal vez sería recomendable, que algunos “opinadores interesados” profesionales, tuvieran la oportunidad o las ganas de leer, algunas cuestiones básicas, que plantea Villegas, especialmente las vinculadas a las concepciones modernas, y en tal caso quizás, comprendieran, que el Estado no es un consumidor más, sino “un

“El Gasto Público en Argentina”. La Gaceta de Económicas. 24 de Febrero de 2002, publicado en www.educ.ar 6 Opiniones extractadas del artículo de Jorge Schvarzer, referido en la cita anterior 7 Ibíd. p.2
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redistribuidor de riquezas”, actuando como una bomba aspirante (en la recaudación) e impelente, a partir del gasto público, por sobre toda la economía. En última instancia, cabe preguntarse, cuál es la finalidad última de un Estado, concebido, como forma de organización de la vida en común de un grupo social, o de la vida colectiva, y si ésta se agota sólo en la formalidad de las normativas o leyes, y la delimitación del ámbito de su poder, o tiene más que ver con el primigenio “contrato” que llevó a esos hombres a vivir en comunidad, y en tal sentido parece pertinente, terminar esta parte con lo que dice Villegas en la p.9: “De nada sirve proteger la frontera, dictar buenas leyes, o proporcionar una correcta justicia, si estas funciones están destinadas a una población sumida en la extrema miseria” Indudablemente, que planteadas, las cosas en estos términos, se puede decir, que el tamaño del Estado, (pues en definitiva de esto es lo que estamos hablando), sí importa, porque tiene que ver con la concepción política, que por detrás de los números, aparezca como la determinante de sus dimensiones, en función de las finalidades que se plantee.

La metodología de las cuentas nacionales
En cuanto a las metodologías de las cuentas nacionales, y las pautas que se siguen para clasificar el gasto público, no se reiterará aquí, lo expresado por Bulacio, para no resultar redundante, señalando que en todo caso, cualquiera de ellas puede resultar funcional a las cuestiones que, en cada caso se pretenda dilucidar o investigar. La Secretaría de Política Económica del Ministerio de Economía publica periódicamente estudios sobre el gasto que incluyen la reconstrucción de las series de todo el gasto público (nacional, provincial y municipal) a pesos constantes y evitando superposiciones. Este último factor es muy importante, dado que buena parte del llamado gasto del gobierno federal consiste en transferencias a las provincias y que parte del presupuesto de estas se destina, a su vez, a transferencias a los municipios. Es decir que la adición sin reparos de los gastos de esas distintas jurisdicciones lleva a resultados que superan en mucho el gasto real del conjunto, aunque dicho criterio sea ignorado por economistas con elevada reputación en el país y por periodistas y formadores de opinión. La evolución del gasto público en las últimas dos décadas, separado por jurisdicción, figura en los gráficos que se presentan. Los datos permiten apreciar que el total subió en una proporción del orden de 20% entre extremos en todo ese período, aunque tuvo momentos de valores mínimos en coincidencia con las depresiones profundas que vivió la economía argentina (caso 2002).

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La tendencia de las dos últimas décadas registra, -según Jorge Schvarzer 8- un crecimiento del gasto del orden de menos de 2% anual, ritmo que resulta muy semejante al del aumento de la población. En efecto, una parte apreciable del gasto público tiende a satisfacer necesidades sociales que evolucionan, al menos de manera semejante al del total de ciudadanos. El aumento de la población exige más escuelas y maestros, mayores gastos de seguridad, más hospitales y centros de salud, más servicios de infraestructura urbanos (pavimentos, iluminación callejera, etc.) y rurales (caminos) que son provistos básicamente por el sector público. Estos efectos se mantienen aún después de la privatización de numerosos servicios de carácter semejante, que fueron transferidos a empresas, que en muchos casos son subsidiadas por el Estado, para prestar sus servicios. Un dato no menor, que se puede ver, en las series de datos del Ministerio de Economía, es el cambio de composición, cuando el gobierno nacional trasladó a las provincias gran cantidad de servicios (sobre todo en educación y salud, pero también en otros ámbitos). Conviene señalar que esa estrategia oficial, enérgicamente impulsada por las corrientes neoliberales, por otro lado hace mucho más difícil que antes el control del gasto, ya que ahora, las decisiones finales se toman en un gran número de jurisdicciones independientes (aún, pese a la Ley de Responsabilidad Fiscal).

Conclusiones
Este breve trabajo, es tal vez sólo un “pantallazo”, que requeriría un tratamiento más amplio, el cual excede las limitaciones de tiempo de entrega del mismo. No obstante ello, se espera haber podido plantear algunas cosas mínimas, que en todo caso, puedan abrir las puertas a ulteriores trabajos, o puedan servir como generador de un debate que resulte productivo, a al luz de una cuestión, que suele ser de frecuente mención en los medios, instalándose, la mayor parte de las veces, concepciones e ideas erróneas sobre la temática. Queda pendiente, también la relación del gasto público, con el nivel de las remuneraciones salariales, tema que también es motivo creciente de atención, en no pocas oportunidades, bajo el supuesto “irrefutable”, que los aumentos de salarios, provocan inevitablemente inflación. Para cerrar, otra cuestión a introducir, es no solamente la cantidad del gasto sino su calidad, lo que podría ser una sumatoria de transparencia más efectividad, y en este sentido, es indudable que la Argentina se encuentra muy lejos de los países desarrollados y aún de otros con similar nivel de renta per cápita.
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Con elevada corrupción y baja eficacia en el uso de los recursos, la carencia de bienes públicos básicos para la mayoría de la población y los incentivos negativos para la actividad económica, son la regla y no la excepción, pero si a este panorama, además, le agregamos una reducción del gasto público, probablemente no haremos otra cosa que agravar el problema.

BIBLIOGRAFÍA
• • • • La Ley de Wagner y el Gasto Público en Argentina. José Marcos Bulacio. Universidad Nacional de Tucumán. (Texto proporcionado por el docente) Curso de Finanzas, Derecho Financiero y Tributario. Cap. Primero y Cap. II. Astrea 2002. Buenos Aires 8ª. Edición (1ª Edición 1972) Gaceta de Económicas. Jorge Schvarzer “El Gasto Público en Argentina”. 24 de Febrero de 2002. Fuente: www.educ.ar Oficina Nacional de Presupuesto. Ministerio de Economía y Producción de la Nación. www.mecon.gov.ar/onp/html/
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