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ESPEJO Armando Villanueva Turpo Qu cansada. Eran las once de la noche.

Haba regresado de alguna fiesta, de alguna amanecida en la Casa del Loco? Es que tanto haba bebido como para olvidarlo todo? Pobre borracha. Se tumb sobre la cama. Pens en el espejo; se arrepinti, lo odi; imagin sus cabellos de loca espantosa, el maquillaje, su cara destruida y todo eso. Pens en dormirse rpido, en algn sueo lindo, cuando de pronto crey recordar algo importante, especial. Claro, era l: maana, en el mismo lugar, a la hora de siempre. Llegada la maana siguiente, temprano, escogi una casaquilla roja, un pantaln jeans gris y todo lo necesario. Como para gustar. Era una cita muy importante. Mientras se maquillaba not, o alucinaba, algo raro. Baj la mano, detuvo el lpiz labial. Su piel no tena la misma intensidad de siempre, estaba apagada. A sus ojos les faltaba esa mezcla de misterio y picarda de siempre. An segua borracha? Estaba envejeciendo? Era un resfro? Algo deba de estar ocurriendo. Le quiso dar un vahdo. Qu tontera. Se acercaba la hora.

Que ella supiera, a su edad todava se volvan muchos ojos masculinos y arrechos para analizarla, sopesarla, saborearla, piropearla, y se formaban corrillos de mujeres para envidiarla. Cmo la llenaba de gusto esto: ver a los pobres tropezar, simular, desesperar, y a ellas, voltear los ojos, cuchichear como ratas. Todava era una hembra deseable, tirable, causa de alarmas nerviosas y aparatosas erecciones. Pero, aquella maana, no fue as. Mientras se diriga hacia alguna esquina por la avenida Floral, la mayor de la ciudad, no oy un solo piropo ni not mirada alguna. Esper el colectivo nmero 15, junto a una anciana y dos escolares. Ya en el colectivo nadie le cedi el asiento, cosa increble, y cuando pidi pagar, el cobrador se hizo el cabro, del mismo modo que el conductor, que nunca obedeci a su solicitud de bajar sino al momento en que alguien ms decidi bajar en el Parque. Al bajar, un chico la empuj con violencia. Era una soleada maana. Cuando lleg al Bar Restaurante, antes de decidirse a ingresar y presentarse a quien la estara esperando, se detuvo ante la puerta de vidrio. Angustiada, quera ver en qu haba fallado, si en su vestuario o en su maquillaje. Pero su imagen, por ms movimientos y ademanes que haca, no se reflejaba en el cristal. No exista.