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San Agustn conoce los tres mtodos de la antiguedad.

Pero abre una nueva va totalmente propia: la va de la interioridad o de la introspeccin, que consite en buscar la verdad mirando hacia el propio interior. Las siguientes palabras lo resumen: "Noli foras ire; in interiore homine habitat veritas". En la mayutica y en la dialctica, quien busca la verdad debe dirigirse a otro. Agustn la busca dirigindose a s mismo, busca en s mismo, se interroga a s mismo, y encuentra la respuesta dentro de s. En lugar de recorrer los caminos del cosmos, recorre los del microcosmos, los del alma. XXXXXEste camino no aleja al hombre de Dios, como ha sucedido a muchos filsofos del siglo XX, sino que, al contrario, hace ms fcil y ms directo el encuentro con Dios. No es un puro anlisis descriptivo, existencial o fenomenolgico. Su intento es decididamente trascendental, metafsico. El noverim me est ordenado al noverim te. "La fundacin agustiniana del alma dice Jaspers es la fundacin de Dios, y su fundacin de Dios, es la fundacin del alma". La superacin y el trascenderse del Yo se deriva del mismo Yo. El Yo se refleja y mira atentamente dentro de s mismo, y descubre en s mucho ms de lo que debera tener por su naturaleza finita, fragil y mudable: tiene en s mismo la verdad, la bondad, la belleza, la libertad. Estas perfecciones que estn en l no son suyas, no le pertenecen plenamente y definitivamente. Son de aquel que es la verdad, la belleza, la bondad y la libertad por esencia: Dios. Por lo tanto, conocerse a s mismo es conocer a Dios: "Quisquis ea soli novit quae corporis sensus atingit, non solum cum Deo esse non mihi videtur, nec secum quidem (...). Sapiens prorsus cum Deo est, nam et seipsum intelligit sapiens" ( De ordine 2, 2, 5). Por tanto, en Agustn, interioridad y metafsica no son dos mtodos distintos, sino dos momentos de un nico procedimiento, de un nico mtodo: la verdadera interioridad se da solamente cuando se extiende y se integra en la metafsica. La interioridad sin metafsica es una interioridad superficial, una interioridad truncada, incompleta. El alma que explora atentamente en s misma, con una mirada aguda, que penetrae en las condiciones de su ser, de su conocer, de su amar, de su desear, y descubre su indigencia y su deseo de verdad, de realidad, de bien, no puede dejar de entrever la fuente de su ser, de su verdad, de su bien, Dios. Esto no es un artificio sofstico o un pasatiempo literario, sino un anlisis atento y objetivo de los hechos.