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Introduccion a La Oratoria Moderna - Carlos Alberto Loprete

Introduccion a La Oratoria Moderna - Carlos Alberto Loprete

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INTRODUCCIÓN A LA ORATORIA MODERNA
LA COMUNICACIÓN ORAL
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PLUS ULTRA INTRODUCCiÓN A
lA ORATORIA
MODERNA
La Comunicación Oral
4ta. edición aumentada
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I.S.B.N. 950 - 21 - 0390 - 4

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) © 1992 by Editorial Plus tntra
1) Callao 575 - 1022 Buenos Aires

) Impreso en la Argentina - Printed in Argentina
1) Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723
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INTRODUCCIÓN
  primero existió la lengua y lue-
go la grp.mátiCa, justificada como una codijkación
ordenadora del fenómeno lingüís Hco, con fines
normativos y didácticos. En forma análoga, pri-
mero existieron los oradores y después la retóri-
ca, concebida como sistematización transferible de
las técnicas y recursos expresivos empleados por
aquéllos. Era natural que así acaeciera, porque la.
ciencia no sustituye a la naturaleza, sino que la
interpreta.
La retórica, entendida como metodología delfe-
nómeno oratorio. no como sustituto, estaba ya
constituida entre los griegos y los romanos y go-
zaba de gran prestigio en el mundo de la antigüe-
dad. que no conoció la prensa. la radiofonía, la te-
levisión. y escasamente el libro y la escuela. En
ese periodo de comunicación esencialmente oral,
la palabra hablada estaba sometida con igual ri-
gor a exigencias estéticas y prácticas.
Con la marcha de los siglos algunos tratadistas
y maestros. corifundiendo el mapa con el terreno.
hicieron de la retórica unfin en sí mismo y llega-
ron a mezclarla con la poética. la estética y la pre-
ceptiva literaria, cuando no con lafilosofía ideoló-
gica, que abarcaba en una misma pretensión a la
lógica, la metafísica y la retórica. Sobrevino el
7
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desprestigio de esta disciplina, que el romanticis-
mo, con su carga de libertarismo y de individua-
lismo, acabó de consumar.
En la actualidad, la retórica ha renacido
como arte de la palabra hablada. Se la considera
una disciplina instrumental sinfin en sí misma, o
más exactamente, como una técnica para encau-
zar en formas verbales el fenómeno profundo de
la expresión del hombre. En este sentido, se la ha
separado con meritoria prudencia del ámbito es-
trictamente literario para combinarla con los do-
minios de la psicología, la sociología y las ciencias
de la educación y de la comunicación.
Este enfoque ha ampliado y superado a la vieja
retórica. Ésta pretendía que el orador expresara,
con belleza, sus ideas y sentimientos, mientras
que el moderno arte de la palabra busca que el
individuo "se exprese", esto es, que consiga entre-
gar objetivamente, con palabras, su subjetividad,
en todas las circunstancias de la vida.
Tal planteo comporta una problemática distinta
de la clásica grecolatina, por cuanto aspira, des-
de el punto de vis ta formativo general, a facilitar
la realización del ser humano, que no es plena
mientras se ahoga en la incomunicación expresi-
va y, desde el punto de vista particular de su ac-
tividad profesional y social, a otorgarle un instru-
mento técnico valioso.
También el contenido de la oratoria se ha visto
enriquecido con nuevas especies impuestas por la
evolución social de nuestra época, que ha conver-
tido al diálogo, en todas sus formas, en el vehícu-
lo insustituible para el acuerdo de voluntades, el
análisis de los problemas y la toma de decisiones.
Al lado del clásico monólogo, la oratoria moderna
h<t instalado, con igualdad de títulos, a la delibe-
ración.
En un mundo que desborda las añejas-jormas
de comunicación humana, se comprende que los
8
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nuevos planteas, métodos, formas y fines encuen-
tren una debidajustificación.
El arte de la palabra oral, así concebido, se ha
constituido paulatinamente a través de los siglos
en un patrimonio cultural sin dueños nifórmulas
mágicas. y la tipificación de los temas o capítulos
que lo componen se ha ido formando por acumu-
lación sucesiva de aportes. que en última instan-
cia reconducen a los maestros de Grecia y Roma.
El presente trabqjo intenta ofrecer al lector un
panorama estructurado y actualizado de la orato-
ria, con su temática y metodología, tanto antigua
como moderna, compuesto a partir de los más
reputados tratadistas del género.
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1. FUNDAMENTOS DE LA ORATORIA
1. EL ARTE DE LA PALABRA
El hombre es el único ser viviente que habla, y
la palabra es uno de los dones más extraordina-
rios que posee, pues le permite manifestar la
prodigiosa riqueza de su alma y establecer rela-
ción con sus semejantes.
El ejercicio efectivo de la palabra se apoya en
dos bases: la naturaleza y la educación. Todas
las personas hablan, pero muy pocas lo hacen
con eficacia, pues la facultad elocutiva requiere,
como cualquier otra facultad del hombre, cultivo
y educación. Los seres elocuentes por naturaleza
son la excepción del orden normal humano.
La elocuencia ha sido definida de las más di-
versas formas, tanto por los antiguos como por
los modernos. Para Cicerón, el máximo orador
romano, es un movimiento continuo del alma, y
Dionisia de Halicarnaso la ha definido como el
arte de hacerse creer. Podríanse agregar así mu-
chas otras definiciones, pero en la aparente disi-
militud de todas ellas hay un fondo común de
coincidencia: la elocuencia es el testimonio ex-
terno de un alma profunda.
11
La gramática y la retórica
La gramática tradicional se ha definido como
"el arte de hablar y escribir correctamente". Sin
embargo, la experiencia ha demostrado que el
conocimiento teórico de las formas de una len-
gua-cualquiera no es suficiente para dotar al in-
dividuo de una buena capacidad expresiva. Por
ello. los estudios de gramática se han comple-
mentado desde la antigüedad con otras discipli-
nas más pragmáticas. La corrección gramatical
es sólo un aspecto del arte de hablar.
En tiempos de los griegos y los romanos, exis-
tía una disciplina llamada "retórica", que trataba
particularmente del arte de hablar y escribir, no
ya desde un mero punto de vista gramaticalista,
sino desde un ángulo real y práctico. Numerosos
tratados nos han llegado de aquellos tiempos,
entre los cuales sobresalen el de Aristóteles (Arte
relórica), y los de Cicerón (De la invención, Del
orador, Bruto, El orador y De la perfección orato-
ria) y Quintiliano (Instituciones oratorias).
En los tiempos actuales, esos tratados han co-
brado nueva vigencia, pero modernizados y
adaptados a las necesidades del hombre con-
temporáneo. Es así como han surgido tratados
especializados de 'elocuencia', 'arte de la palabra',
'arte del bien decir'. 'oratoria' y otras denomina-
ciones' que enseñan a las personas a expresarse
con eficiencia. En esto, las universidades y los
tratadistas norteamericanos tienen la primacía
de la originalidad con sus cursos de speech,
professional speech, public speaking, modem
speech, eifective speaking, speech arts, discus-
sion, argumentation, persuasion, etcétera.
1
1 Sobre otras formas modernas de las artes habladas y métodos de
enseilanza. consultar AuCE EVELffi CRAlG, The speech arts; a textbook
of oral English. Nueva York. The Macmillan Company. 1937. Mi libro
El lenguqje oral: Fundamentos. fonnas y técnicas (Bs. As., Plus Ultra.
1984). trata del mismo asunto.
12
En lo esencial, estas disciplinas son derivaciones
de la retórica clásica, complementadas con apor-
tes de la psicología, la sociología y las ciencias
de la comunicación, que han llegado a penetrar
con notable profundidad en el fenómeno de la
creación literaria, en la intimidad anímica
orador, así como también en la del público o el /
participante de una discu$ión.
Siempre se ha debatido sobre la y
utilidad de sistematizar en cuerpos de ensenan-
za la oratoria, pero en la actualidad parece pre-
valecer la opinión de que toda persona puede ser
elevada sobre su rutina expresiva por medio de
métodos, procedimientos y maestros adecuados.
El oficio hace al maestro, se ha dicho desde an-
tiguo.
      el arte del bien decir_
Se denomina retórica -del griego rhétor, ora-
dor- al "arte del bien decir, de embellecer la exj
presión de los conceptos, de dar al e
c ' hablado eficacia bastante para
ersua Ir conmover. srífeza'eTIéxico de la
Aca emm spano a.
La retórica es, pues, un conjunto de preceptos
y reglas para bien hablar. Esta definición presu-
pone, lógicamente, la posibilidad de hacer elo-
cuente al hombre mediante la enseñanza de
ciertos principios. Acerca de esta posibilidad se
ha discutido y aún hoy se discute si el orador
nace o se hace. Si nace, la retórica no tiene juS-
tificación. l -
De ninguna manera podría sostenerse que no
hay hombres naturalmente elocuentes. pues la
experiencia lo desmentiría. La genialidad y el ta-
lento no reconocen escuela. ya que el hombre
superior lleva en sí el asiento de toda sabiduría y
13
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conocimientos. Pero los preceptos de la retórica
no son una creación arbitraria de los hombres
sino que han sido tomados de la realidad
de la palabra humana, del verbo de los hombres
  Esto equivale a afirmar, pues, que
pnmero existieron los grandes oradores y la gran
oratoria, y luego surgió la retórica, como codiIi-
cación de los mejores ejemplos de elocuencia.
Por otra parte, si bien es cierto que los genios
lo encuentran todo en sí mismos, no lo es menos
la mayor parte de los hombres no son genios
ru talentos y necesitan de la retórica para apren-
. o perfeccionar su habitual decir y que, ade-
mas, hasta los mismos genios de la oratoria han
llegado al dominio de la palabra por el estudio.
Dentro de esta línea de pensamiento debe inscri-
birse la opinión de Baudelaire: "Las retóricas y
las prosodias no son tiranías inventadas arbitra-
riamente' sino una colección de reglas reclama-
das por la organización misma del ser espiri-
tual"2.
Por supuesto que no hay arte que pretenda
formar genios, ni tampoco lo pretendería la retó-
rica. Pero se puede llegar a ser un discreto ora-
dar o conferenciante por medio de esta discipli-
na. El grado de altura de la elocuencia a que lle-
gue cada uno dependerá de las condiciones que
traiga de nacimiento. Pero todos pueden ascen-
der por virtud de ella más alto de donde los dejó
la   El espíritu se enriquece y perfec-
ciona con este o cualquier otro aprendizaje.
La retórica tiene legítimos títulos para existir
en el mundo de la cultura, a condición de que no
la confun?a con un recetario de farmacopea,
c?n una mágica capaz de dotar de ge-
ruahdad a qUIen no la tiene, y siempre que se la
•• 2 HOUGARDY, MAuRlCE. La parole au publico Essai sur la rhétorique et
1 eloquence ruyourd hui et dans le passé. p. 21. Paris- Bruselas Baude
1946. . .
14
interprete como una· transferencia util de expe-
riencias ajenas en beneficio de la propia capaci-
dad expresiva. Nunca será sana la disciplina que
intente sobreponerse y asfixiar al espíritu del
hombre o que intente trastrocar la naturaleza en
vez de encauzarla o conducirla. Ocurriría enton-
ces lo denunciado por Pascal en su frase: "La
elocuencia se burla de la elocuencia".
Cicerón, con haber escrito varios tratados re-
tóricos, ha dejado bien clartllcada su opinión al
respecto, declarando que, a su entender, la retó-
rica deriva de la palabra elocuente y no la elo-
cuencia de la retórica.
3

Concebida así. la retórica o arte de la palabra
responde al pensamiento del más grande precep-
tista de la antigüedad. el romano Quintiliano,
quien lo dejó definitivamente establecido en una
. frase inmortal: "El orador se hace, el poeta nace".
Los ('mes de la elocuencia
Los fines específicos de la elocuencia han sido
también materia de debate desde los tiempos
antiguos. Historiar la diversidad de opiniones se-
ria caer en una bizantina y fatigosa enumeración,
ya que. en esencia, coinciden casi todas ellas. La
divergencia de opiniones tiene su origen en los
cambios de perspectivas de las distintas épocas,
países u oradores.
Para Cicerón, la elocuencia tiene por fines ins-
truir, deleitar y conmover. Aristóteles señala:
alabar y vituperar, persuadir y disuadir, acusar
y defender. San Agustín, por lo que se refiere a
la elocuencia religiosa, pide enseñar, conmover y
agradar, y Fenelón, refiriéndose a la elocuencia
en general. postula: probar, conmover y pintar .
3 CICERÓN. MARco Tt)uo. Del orador. libro 111, cap. l. 146: "lntellego esse
non eloquentiam ex artifICio. sed art!ficium ex eloquentia",
15
      André Siegfried sostiene: ha-
_   conmover, para persuadir o para  
\ ñar. o de
!i,exponer .. -
son lógicas. pues todas tienen
f en cuenta el repertorio posible de intenciones hu-
;' manas y la aparente diferenciación no es más que
. un desdoblamiento sutil de los conceptos. La tota-
lidad del ámbito oratorio queda abarcada adop-
tando la clasificación que sigue. con todas las im-
plicaciones que cada término encierra:
------------- "
y ense!}dr:. es decir. transmitir co-
nocim,ientosa-=-otraS personas o investigarlos y
adquirirlos en délioeraciones.
b) o sea convencer a otras personas
<;le que nuestras opirúones son las verdaderas y
moverl;ts., .. de acuerdo con esto. a la acción.
/ """'"
c) esto es, provocar en el espíritu
ajeno detertÍlinados sentimientos pasiones o
emociones.
;'.--_ .......... -.
d) Agradar;, vale decir, producir por medio de
las paiabrasen el alma ajena un sentimiento de
,'placer, con fines determinados.
/ En la realidad oratoria estos fines pueden darse
solos o -lo que es 'muy frecuente- combinados
entre sí. Tanta es la variedad de formas, temas,
ocasiones, lugares, sujetos y fines que se pone
de manifiesto en el ejercicio real de la palabra.
Teorías sobre el bien hablar
Los críticos se han preguntado en todo tiempo
qué es hablar bien. El criterio para discernir qué
4 SIEGFRIED. A'llDRÉ. El arte de hablar en público. Traducción y notas
de Maria Luisa Martínez Alinari. p. 17. Buenos Aires. Edit. Central.
1957.
16
es una pieza oratoria lograda no ha merecido
tampoco acuerdo entre los tratadistas. Se han
propuesto diversas pautas para juzgar la orato-
ria, y ellas son distintas unas de otras.
En opirúón de Mc Burney y Wrage, esta duda
ha tenido grandes respuestas, las que pueden
agruparse en cuatro criterios: 1) teoría de los re-
sultados; 2) teoría de la verdad; 3) teoría ética y
4) teoría artística.
De acuerdo con la teoría de los resultados, es
buena la oratoria que logra los objetivos que se
ha propuesto el orador; según la teoría de la ver-
dad, debe considerarse buena oratoria aquella
cuyo contenido se concilia con la verdad' desde
I '
el puntd de vista ético"Jos mejores discursos son
los que encierran un contenido moral; y en base
a la teoría artística, el fundamento principal de
toda elocuencia es la belleza estilística
5

He aquí una cuádruple opción que todo orador
debe resolver por su propia cuenta. La historia
de la elocuencia pone a nuestra disposición
ejemplos de afamados oradores que han tomado
como norma, separadamente, esos criterios para
componer sus piezas. Los ha habido también
quienes adoptaron dos o más criterios simultá-
neamente.
No es dificil aportar argumentos en defensa o
censura de cada uno de estos criterios de valora-
ción. La decisión corresponde en conciencia a
cada orador. Mas, considerando la enorme in-
fluencia que ejercen los oradores sobre los hom-
bres y los pueblos, y el extraordinario prestigio
de la palabra sobre la mentalidad de los audito-
rios, no dañará a nadie acordar con este otro
principio integral: bueno es el discurso hermosa-
mente escrito y pronunciado. que obtiene resul-
5 Mc BuR.'\"EY, JAMES H. y WRAGE, ERl'"EST J., El arte del bien hablar.
Tratado de elocuencia. Traducción y adaptación de Juan Pelito ps.
25. Barcelona. Angos, 1955.
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tados positivoS sobre los oyentes. exponiendo la
verdad y el bien. La palabra es un don gratuito
en el ser humano. y es lícito exigir a quienes se
sirven de ella, para comunicarse con el semejan-
te, que hagan un uso acorde con su alta digni-
dad de origen y destino.
Elementos de la elocuencia
La elocuencia. como cualquier arte, tiene sus
propios elementos que perso-
na que aspirare a la jerarquía
'viOÍan impunemente las experiencias CUlturales.
  en   ..sx!steE: .....tres
elemenlOs.-cada uno de ellos tan importante
c'()"nÍólos otros. Tomemos la enseñanza del anti-
guo en su célebre Arte retórica
expresaba:   ... de
....  
y el auditorio al cual se que evitar
éCst':ijeto de este oficio
es sólo el orador. Toda elocuencia es una comu-
nicación entre orador y público por medio de- un
instrumento, la palabra hablada.  
es J!IL hecho sodal y no individuql.
-Por esta razón, todo estudio o crítica de la elo-
cuencia debe hacerse analizando estos elemen-
tos, y es también por esta razón por la cual todo
tratado de retórica estudia separadamente al
orador, al discurso y al público.

I1ay __     ... <;'.º!Po temas._
ToGa clasificación en este sentido es muy difícil
6AR1srÓTELES, Arte retórico, libro 1, cap. 11\, pár. l.
18
por la gran variedad de matices de los discursos,
la cual se complica cuando entra a considerarse
el tipo de público, la ocasión en que se pronun-
cia. el sujeto que habla, la forma de producción
y los fines que se persiguen.
Aristóteles expresó en su siglo que no hay más
que tres clases de discursos: los deliberativos, los
judiciales y los demostrativos. Esta clasificación
es sin embargo incompleta. y atiende sobre todo
a las formas de oratoria pública vigentes en su
radical, moderna y com-
pleta de la elocuencia, debe considerar los si-
guientes tipos:
1) llamada también
'académica' o 'ateneísta'. Su objeto específico es
enseñar, informar. transmitir conocimientos.
__    
2) fin propio es e1fQ.o-
}ler o debatir todas las cuestiones relacionadas

"«,,__ -. .. _.,., ...."'>.._.:.,.,,, ...     ••_-i. .... I ... :w __
    es la que tiene
lugar en el ejerciciO del derecho.
denominada también
'sacra' o 'sagrada'. sobre asuntos
de fe y religión.···"····· ·'Ó."·"."'."""'"
'--
5)   llamada también
'augurar, es'fá que tiene por ámbito propio las
múltiples ceremonias humanas.
. )
6) Elocuencia artística, cuyo objeto es producir
"....,,,---.,.""

7) que tiene por objeto ins-
pirar la defensa de la patria y estimuI'ar las vir-
tudes patrióticas y el heroísmo en los soldados.
8) ElocuenCia deliberativa, es la que tiene por
objeto -ercreoareodiscusioñ, y ocurre en las
• ¡¡ •• .... ,,,-:: •. ,
19
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asambleas, reuniones en. que suelen
           
contrastar opini9nesL )
.' e'stas tipos de elocuencia tiene i
( f sus leyes propias y sus fonnas típicas usuales. )
" ./'
El ejercicio de la oratoria no puede desenten-
derse de la verdad y la moral. En los últimos
tiempos se vienen realizando esfuerzos
cos por poner fin al vicio llamado "prevancaclOn
lingüística" _que consiste en    
.12ara glen.1ir ocultar tingUIS-
ta Max Black ha denunciado categoncamente
esta práctica malsana: " ..  
consiste tanto en Q,isimular el GQillo
efifraúsmiÜrlo". r
corriente se la
"doble lenguaje". Sus manllestaclOnes mas gene-
ralizadas son el empleo de palabras sin sentido
(anemia semántica), ambigüedad en las afinnacio-
nes, palabras o frases hechas que ocultan un jui-
cio (estereotipos), vocablos
ideas duras rituales engano-
SltstITsó"presimbólico del lenguaje), mentiras
padas, hablas en clave, deCir indirecto, expreslO-
nes incOñiprens{5!€S Uergas exóticas}, lenguaje
meramente emocional (palabras coloreadas) y otros
dislates que resultaría muy extenso detallar. En
cierto país un organismo estatal tiene prohibida la
frase "crimen político" la cual debe ser reemplaza-
da por "privación ilegítima de la vida". En una
provincia extranjera se decretó prohibir el uso del
término "Dios" para evitar así en las escuelas las
controversias religiosas con lo cual quedó automá-
ticamente permitida la palabra "Diablo".
20
Aunque resultaría Utópico establecer un códi-
go de ética para quienes hablan en público, las
recomendaciones morales que se han fonnulado
estriban en lo siguiente:
«J) N.Q usar persuasivas para con-
   
 
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        ..    
                 
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l\ análisis, la Siem-,
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1) l..estructu[.9- y las palabras, no las (!;í)?1
I í) - ®14iscursº-com!?:illctdo. - En elocuencia, como
) en todo lo nemas, la bondad suele estar en un
n" /\ A plano intermedio. Es rarísima la improvisación
I ¡ J)J absoluta.    
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. _tí _
• I nlll j (1)'' t
01 :];:!tw;ii es pIezas ora arias   en
" -, e sentrcroa"11Smüfo.La improvisación <insoluta
• , ' il!1 coiñosIStema,'"fio-es de ninguna manera
, mendable y prácticamente tampoco existe.
• ) Grandes oradores han revelado en sus memo-
l' . rias los secretos de su elocuencia, y en general,




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", han aconsejado no improvisar absolutamente ni
discursos de memoria:' La-'1ñil5rovisaclon, .
pues:5'Upone "en Hrre'árraad oratoria un largo
trabajo de preparación, anotación del esquema,
estudio de las transiciones, memorización de las
frases de efecto y de los principales razonamien-
tos, análisis detenido de la introducción y de la
conclusión, en fin, una maduración intf'lectual
anterior al acto. Hay quienes escriben su discur-
so previamente en forma total. lo dejan grabado
en su mente y en el momento de pronunciarlo se
entregan a la improvisación, pero conducidos por
esa forma mental que tienen fijada; hay quienes
los escriben' parcialmente, en sus pensamientos
principales y dejan librada a la improvisación la
forma del discurso; hay quienes no escriben ni el
esquema ni las frases de efecto, e improvisan casi
totalmente en el momento; hay, en fin. toda una
serie intermedia de métodos, que combinan en
mayor o menor proporción la preparación y la
improvisación. No existe método único en esto:
24
lo aconsejable es que cada conferenciante u ora-
dor. el que más convenga a su pe-
cuhandad pSlcologlca, entregando a la memoria
y a la meditación anterior todo aquello que no
sea capaz de improvisar. En otras palabras, se
ha de saber necesariamente, por cualquier méto-
do que sea, lo que se ha de decir. A esta combi-
se la denomina método mixto, que es el
mejor de todos, y que puede sintetizar se con esta
definición de Sertillanges: "Escribir lo esencial y
aprenderlo perfectamente; pero sin preocuparse
por eso de una meditación profunda y de múlti-
ples ensayos interiores y abandonar lo accesorio
a la elección e inspiración del momento"7.
La facultad de improvisar se tiene por natura-
leza o se adquiere por la práctica. Al principio no
se puede prescindir del aprendizaje; habrá que
preverlo casi todo,. hacer esquemas muy amplios,
re ,tener gran cantIdad de palabras, frases y aun
parrafos pero al cabo de un tiempo la
facultad estara perfeccionada y nos habilitará
para improvisar en una gran parte nuestra di-
sertación.
En estos tiempos es frecuente el ensayo previo
al compromiso oratorio, sobre todo si el orador
en representación de un grupo u organi-
zaClOn. El responsable 10 hace una o varias ve-
ces, en presencia de sus compañeros de equipo
y, asumen el papel del hipo-
tebco y fomlulan sus criticas y reco-
  me-
-_lQ,num.,Qleza, sm caer en el erroroe1ñt€m'áITe-

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7p. O. P., El orador crisfi?no; tratado de predicación.
TraduccJOn del R. P. Fr. Jesús García Alvarez, O. P., 287. Madrid-
Buenos Aires, Ediciones Studium, 1954.
25
I
1
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2. LA FORMACIÓN DEL-º.RADOR
~   _ --------•.
"Esta necesidad de comunicar el propio pensa-
miento es inherente a la naturaleza del hombre",
ha dicho Hugo Foscolo. Ésta es una de las ten-
dencias innatas que mueven aí ser humano. To-
dos desean expresarse, porque la palabra es un
placer. Hay una alegría de la palabra, que la ex-
perimenta en su propio ser quien convence, per-
suade, conmueve o enseña. Pero este profundo y
sano regocij o del alma sólo es patrimonio de
quienes dominan el instrumento expresivo.
¿Tienen todos los seres humanos el don de ha-
blar con poder de conviccióri, claridad y elegan-
cia? Con esta ardua pregunta se relaciona el don
oratorio, en que intervienen, en distinta propor-
ción y según los individuos, las condiciones na-
turales y las condiciones adquiridas.
El orador debe reunir en sí, para el ministerio
de la palabra pública, cualidades físicas, intelec-
tuales y morales.
í
Cualidades físicas t;/
\
En el orden de las condiciones físicas hay un
ideal, pero muy pocos hombres puede decirse
que lo satisfacen. Como estos atributos no de-
penden del individuo ni pueden modificarse, vale
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C2..,ualidades  
El ejercicio de la palabra requiere inteligencia,
sensibilidad, imaginación y memoria, en tanto
grado como cualquier otra actividad profesional.
Inteligencia. - En la relación verbal no sólo
talento excepcional o geniali-
dad. Hay también lugar para la inteligencia me-
dia o el sentido común, puesto que no toda ora-
toria es científica o académica. Hay oratoria de
todos los asuntos y en todas las ocasiones. Por
otra parte, es cierta aquella afirmación de "que
el sentido común es la cosa mejor distribuida del
mundo", como sostenía Descartes. Es muy raro
que a un hombre de mentalidad media le falte el
sentido común necesario como para enfrentar a
un auditorio. Lo importante es contenerse en las
ambiciones, no ceder al peligro de sobreestimar-
se en demasía y saber impostar la pretensión de
su conferencia en el cuadro de la humanidad y
de la sinceridad. Además, es de pensar que ante
28
la duda, el conferenciante sabrá tomar el conse-
jo de los maestros y trabajar lo suficiente en el
estudio de su asunto.
Una cultura general adquirida en el aprendiza-
_$_:p.aciente a través de los años es una efectiva
garantía de sabiduría. Esto es innegable, porque
da al hombre una visión total de la vida, los he-
chos y las personas, capaz de interesar a cual-
quier auditorio. es posible, también, una ¡
  deteITIlinaoa: /
  ;'
          ó un \
_ En una palabra, o se
lacultura necesaria para exponer un asunto ante
el auditorio, o se la adquiere en cada ocasión por
los maestros, los libros o la investigación. Como
no es fácil improvisarse en hombre culto, convie-
ne ir haciendo el propio equipo de conocimientos
paulatinamente, día a día, para estar bien dota-
do en cualquier momento. sobre todo si nuestro
modo discursivo ha de ser la improvisación. "No
pensemos. con esto, que la elocuencia sea un
arte selectivo, privilegio de gente ilustrada", dice
Joseph Folliet
1

Aunque la competencia de un orador depende
en gran parte de su capacidad y acervo intelec-
tual, conviene sin embargo prevenirse contra la
idea de que un discurso debe estar hecho sola-
mente sobre la base de la inteligencia. Un exceso

La inteligencia sirve para hacemos conocer con
claridad y distinción los problemas y asuntos;
desarrollarlos analíticamente; captarlos en sus
relaciones con los demás temas afines u opues-
1 FOLUET. JOSEPH. Oratoria; introducción al arte de la palabra pública.
p. 21. Buenos Aires. Ediciones del Atlántico. 1958.
29
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11,1'
"'¡
tos; coordinarlos y conciliarlos con el complejo
total de las cosas que sabemos e incorporarlos
como sustancia viva a nuestro mundo de ideas,
opiniones y creencias y, sobre todo, no pensar
que la ciencia cubre toda la realidad. Hay un gi-
gantesco mundo de lo desconocido, adonde no ha
llegado la ciencia, y éste es un sector de la reali-
dad que también debe merecer nuestra medita-
ción. No tomar las cosas por las palabras, pues
las palabras son nada más que un signo conven-
cional de las cosas mismas.
Es ineludible para un orador el cultivo de su
inteligencia. Éste puede hacer confonne a las re-
glas, métodos y procedimientos expuestos por fi-
lósofos y maestros. y aunque no existe. en ver-
dad. método alguno infalible y cada persona
puede crear el propio, no debe olvidarse tampoco
que el comercio con las personas cultivadas. la
observación. la lectura y el sentido común son
métodos también de aprendizaje.
- La inteligencia sola no basta
para hacer un buen discurso. Es una condición
fundamental, por supuesto, pero no lo es todo.
Los oradores esencialmente intelectualistas co-
rren el riesgo de limitar su público a un número
restringido de especialistas. de no hacerse en-
tender por los grandes auditorios o de dejar indi-
ferentes a los oyentes. Salvo excepciones raras,
el tono exclusivamente intelectual de un discur-
so lo deshumaniza. lo seca, lo desvitaliza. Hace
falta otra condición más humana. más común.
,más conm6\redora: la sensibilidad.
\ l ej La sensibilidad es la capacidad de
\:. ?: la vida h<2.m-
'\ l'   : !
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que por el cerebro. Muchos discursos ejemplares
30
pierden al poco tiempo su vigencia y su actuali-
dad por no haber sido más que un amontona-
miento de razones, por haberles faltado emoción.
"En la carrera de un orador. un alma sensible es
una fuerza considerable", recuerda Maurice
Hougardy2. La oratoria tiene algunos puntos de
<$
contacto con el lirismo y la poesía. .Jf, I
El secreto de la sensibilidad está en el amor Oi
las cosas y a las personas. Se siente emoción por .: ,
aquello que se ama, y este sentimiento afectivo! ./fl'l¡
es el que despierta en un alma las simpatías, i
generosidad, el patriotismo, la fe. la piedad, la
clemencia. la compasión. Quintiliano pedía una
elocuencia saturada de sentimiento. Horacio. por
su parte, exigía, al orador: "Si quieres que yo llo-
re, llora tú antes"3. .
El público reacciona inmediatamente, como
diapasón, a la emoción y sensibilidad del orador;
liLfibra   tes }a f!1ás.
segura.   U'ébeTenena siempre el
orador. a condición de que sea verdadera, since-
ra y esté sometida a la honestidad de fines.
La sensibilidad quiere también sus límites. La
sensiblería es el defecto paralelo que debe evitar-
se, pues es ridículo, poco edificante y nada con-
vincente.
El sentimiento es un ingrediente más del dis-
curso y no la médula sustancial. Los oradores
excesivamente afectos a esta tendencia son des-
cubiertos en seguida por el público, que los re-
chaza a poco de conocerlos. pues el ansia de ide-
as, natural al espíritu del hombre, queda insa-
tisfecho. Un exceso de sensiblería es sospechoso
y poco duradero en vez de conmover, provoca ri-
sas; en vez de emocionar, aburre y disgusta.
2 HOUGARDY. MAUruCE. op. cit.. p. 53.
3 HORACIO. Arte poética. v. 102-103: Si vis me flere. doleundum est
primum ipsi ttbL
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N o existe regla para desarrollar o perleccionar
la sensibilidad. Ella se origina en una compren-
sión especial de la vida, que puede explicarse,
comunicarse, pero esto no es suficiente: requiere
ser sentida. La sensibilidad debe ser pura, sin
contaminación, sincera. para ser oratoria y mo-
ral. El fingimiento y la mezcla con finalidades in-
confesables llevan en sí su propia condena y re-
pudio. La conCiencia de cada uno dirá cuándo
debe apelar en su discurso a la sensibilidad y
cuándo será moral su empleo.
Imaginación. - La imaginación es la facultad,
\1
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, que permite las ideas   nueYQ \
¡ 1 concre.-
1I
1 ¡ atractivo cuño.
1\\,\" original y embellecimient
J!ii.J,I->l::,....
arte.
son,
demasiado conocidas y que ex resadas en forma
r . erden el encanto de la origina 1 ad y
la novedad.- TócaTe entonces a la5.i.l:J2acidad !!!la-
ginativa del orador revestirlas de formas origina-
les

de los hombres sobre
el destino, las costumbres, la política, la vida, la
amistad, están encerradas en fórmulas envejeci-
das y son bastante conocidas, porque las ideas
sustanciales y mayores de la humanidad no son
tantas ni tan desconocidas como pudiera creer-
se. Si ante estos asuntos el orador no las recrea,
no las rejuvenece, no las informa de nuevas pa-
labras, correrá el riesgo de caer en la vulgar re-
petición de cosas ordinarias. Hay que recurrir a
nuevas fuentes, a nuevos motivos. y esto se lo-
gra por medio de la imaginación; ella. a poco que
32
se la estimule. habrá de proveernos de los nue-
vos trajes. '
De la imaginación ha dicho un autor que colo-
rea los acontecimientos con un tinte mágico,
desarrolla un magnífico cortej o de sueños, y
"transforma lo cotidiano en eterno, lo relativo en
absoluto". El hombre debe mostrar en imágenes <t.
las ideas y los pensamientos, hacer ver, es decir, .-
realizar 10 teórico y lo abstracto. El oyente, por "-
su parte, no se satisface si el orador no ha toca-
do todas sus facultades. S4 '&,_,
La imaginación debe situarse a igual distancia
de 'la sequedaa'Y la divagación, es decir, lejos de
ambos Si se abusa de las imágenes en
un discurso y no hay ideas, el discurso parece (\;'\ ...... _'
dar vueltas, iU ven!s. ..   El dis- "iI,,,,.
curso-debe decir algo, y este algo lo provee la in-
teligencia.       pues,
awQ}jªL.,,&lve no sino sub-
ordinados a los intelectuales.
para desarrollar o
perfeccionar la imaginación, pero, en cambio,
puede ser fortificada por las lecturas, el trato con
personas imaginativas, la observación detenida y
la ejercitación. ..
'1\iIe,mOri -ka
1 e retener yrecordar. La generalidad de los
homlJt'és fieñé' cO'ñ'Ociñiieñtos de muchas más
cosas de las que habitualmente recuerda. Es éste
un material de gran valor, que, por deficiencia o
insuficiencia de la memoria, no se aprovecha. Sin ,
embargo, la psicología nos enseña que no están
definitivamente perdidos. Los datos recogidos en
la experiencia cotidiana son alojados en la sub-
conciencia, que en un momento determinado, y
mediante la obra de estímulos apropiados, los
devuelve a nuestra conciencia. !-a improvis-ª.ción
:recuerdQ._
Un orador de excelente memoria tiene asegu-
•. ..
33
en ITlQ..lJlentQ el manantial de ide:
as que puede necesitar paiaelatrornr-t11í15'tiéñ

tód'fá'n'1
as
O>'riquezas que en su momento.
Todo cabe en él: frases, vocablos, citas, imáge-
nes, ideas, pensamientos.
No todos tienen una memoria feliz. Pero todos
pueden perfeccionarla, más quizá que la inteli-
gencia, la imaginación o la sensibilidad.
Hay varios tipos de memoria, según el órgano en
que ésta se apoya. Hay una memoria intelectual.
que recoge las ideas y las palabras en general; y
hay también una memoria visual, una auditiva,
una motor, que retienen las formas y colores, los
sonidos, las acciones, respectivamente. El orador
bien dotado necesita de todas estas formas, pero
la más importante. la que conviene estimular y
ejercitar, es la intelectual.
Cualidades morales

Un orador es, ante todo, un hombre. y esto de
ser hombre es una gran responsabilidad. Las
cualidades morales que adornan al orador tienen
decisiva importancia en su carrera. Sucede como
expresa un antiguo adagio: se puede engañar
siempre a una persona. muchas veces a algunas,
pero siempre a todas, no. El orador con fallas
morales, pronto será descubierto por el público y
repudiado.
El orador, por la seducción que ejerce sobre el
público, debe ser un hombre de profunda mora-
lidad. La oratoria es una de las artes que más
exige esta condición, precisamente porque el
fundamento del poder de convicción radica en el
prestigio y la confianza. La antigüedad exigía que
el orador fuera un bonus vir, un hombre hones-
34
to, y Aristóteles recordaba que el orador persua-
de por tres medios: la razón. la probidad y la be-
El público guarda respeto y admira-
Clon por la virtud. y esto obedece a una razón
que la psicología colectiva aclara. El triunfo de la
inmoralidad o el demérito es una excepción pa-
sajera en la historia de la oratoria.
Fenel?n ha expresado en una gran frase es-
te reqUIsito de la palabra pública: "El hombre
digno de ser escuchado es aquel que no se sir-
ve de la palabra sino para el pensamiento. y del
sino para la verdad y la virtud".
QuinUhano. por su parte. enumeró las cuatro
cualidades principales que el orador debía po-
seer: probidad. benevolencia. modestia. pru-
dencia. .
Los antiguos tratados de retórica enumeran y
analizan en detalle cada una de las cualidades
morales y. al respecto. son severos en sus exi-
gencias. Algunos tratados modernos también 10
hacen. Todo esto puede resumirse en una sola
palabra: carácter. El orador deberá ser un carác-
ter. un modelo humano. si es que pretende eri-
girse en conductor de sus oyentes.
conveniencias o precauciones oratorias
--------_. __ . __ . __ .. ----'
En el orden de la práctica profesional. convie-
ne tomar nota de algunas actitudes directamen-
te relacionadas con el ejercicio de la palabra o
cualidades específicas. profesionales
que no excluyen. por supuesto, el fondo alta-
mente moral que conviene al orador, en cuanto
ser humano y social. A ellas se las, denomina
conveniencias o precauciones oratorias.
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Cada una de estas cualidades tiene su opues-
ta, que es el vicio concomitante. Bien entendido,
el ejercicio de cualquiera de estas cualidades
presupone un justo equilibrio que asegure al
orador un comportamiento correcto, pero al mis-
mo tiempo efectivo, en el ejercicio de su impor-
tante [unción.
es lo mismo que la compostura o
fdrmalidad, éonsigüIente, una ac-
 
 

poFerracIo"'serio, grave, responsable. Esto impli-
ca una selección de las ideas, los argumentos, las
frases, para no caer en la ligereza o la superficia-
lidad. Tampoco se opone la seriedad a la clari-
dad y a la sencillez de la exposición, requisitos
que deberán considerarse cuando la mentalidad
mayoritaria del auditorio no esté en situación de
comprender.
Por la modestia, el orador evitará las posturas
de petulancia, o!111!llQ, "pedantería, fatuidad.Es-
tos son vicios que el público ñ'(:)'U)lera ni perdo-
__ en la
...  
Jgualceio"cuidará el orador de nCLCa
er
. en la Jal-
sa modestia, porque ésta tampoco es aceptada
por "los oyentes y por la sociedad. La falsa mo-
destia es en esencia una forma del orgullo y la
vanidad. Hay que permanecer simple, sincero,
mostrar las propias condiciones y la sabiduría -
si se la tiene-, pero con honradez espiritual.
Está reñida con esta condición el falso patetis-
mo, la simulación de pasiones y sentimientos, la
teatralidad de los gestos.
La benevolencia supone un especial senti-
miento hacia .el público y su capacidad, o hacia
nuestros adversarios en el debate. Debe llevarse
36
con particular diplomacia la controversia y la
oposición de ideas, para no herir ni ofender y,
sobre todo, para tratar de comprender, con ge-
nerosidad y altura, aun las opiniones más ilógi-
cas de los demás. Se debe superar al adversario
si es necesario y justo, pero es prudente no ava-
sallarlo ni aplastarlo. En todo momento, tenga-
mos presente que el opositor nuestro tiene dere-
cho a sus propias ideas, y que no siempre una
idea errada procede de una mala fe. La benevo-
lencia se manifiesta en comprensión y generosi-
dad para con la ignorancia aj ena, tolerancia para
los errores y flexibilidad espiritual para adaptar-
se al tono mental del adversario u oyente.
es el sentido interno que cada
orador tiene de su mensaje y de sus conocimien-
tos. Es una condición necesaria para dirigirse al
público. en general,  
      sus
  una enseñanza a su aescó'nocF--d
el orador deberá tener la sufi-
fiente autoridad para atender, a satisfacción, es-
tas req en cuanto se presente la opor-
tunida! i se habla en nombre de un grupo o
de una sociación, este hombre deberá tener
presente que a su autoridad personal, se suma
la autoridad del grupo que lo delegalt.La autori-
dad supone un imperio sobre los en el
sentido más cabal del término, porque la verdad
tiene necesariamente su imperio sobre la igno-
rancia.
La ambición no es lo mismo que el orgullo. El
concepto ambición tiene un sentido noble, y es
el de superación de la propia persona, el de as-
cender siempre en la vida, hacia mej ores y más
altos destinos. Es lícita, así, la ambición en el
orador, lo mismo proyectada en el orden perso-
nal y humano que en el profesional. Distinta de
la ambición noble es la concupiscencia, la codi-
37
,
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!

1''''
cía irrefrenable de posiciones o de glorias. La
competencia limpia es legítima en el hombre, y
por ella el orador tiene el derecho de lograr los
éxitos que su virtud. su mensaje o sus cualida-
des le merecen.
El miedo oratorio

 
"gárita,produce'tráiísplracIoñ:--eYfgenafa
..·,·t··.· ·.m ..·.· , ..... ·s"·d'e"l····cu·· pler-
m en .. os __
y la   que es
  palabra, es un
Para comprender
y superar este fenómeno tan frecuente en la ca-
rrera oratoria. conviene estar advertido sobre al-
gunos puntos. ,
El miedo es un fenómeno común en casi todos
los oradores, incluso en los más famosos. Lo
mismo sucede con los artistas en el escenario.
Cicerón mismo consideraba muy feliz al orador
que no sintiera erizarse los cabellos la pre-
sencia del público. Juvenal se refirio a la emo-
ción que experimenta quien habla en público,
asemejándola a la de quien pone un pie desnudo
sobre un reptil.
Pero si el miedo no es morboso y obsesivo,
desaparece a poco de comenzar a hablar.
des Briand, el famoso parlamentario frances, re-
éonocía que Jamás pudo abordar un público sin
un verdadero malestar ftsico: boca seca, gargan-
ta cerrada. manos muertas. Pero confesaba que
este estado duraba más o menos el mismo tiem-
po que el exordio. pues luego volvía a ser amo de
sí mismo. "Tener miedo antes de hablar, perder-
lo cuando se habla, es la marca del buen artis-
ta", dice un experto.
38
Por otra parte el miedo no está en relación con
el número de oyentes y con la calidad del audito-
rio. Algunos oradores no temen frente a grandes
públicos. pero se atemorizan ante un grupo de
salón, mientras que otros temen al público grue-
so de las asambleas públicas, y en cambio se
desempeñan a la maravilla delante de auditorios
escogidos o académicos. Cada orador deberá dis-
criminar con exactitud cuáles son los públicos y
circunstancias que 10 atemorizan, pues de esta
manera habrá avanzado un paso en la elimina-
ción de ese temor.
En cierto sentido, la timidez es un signo posi-
tivo en el ser humano, pues obedece. desde el
punto de vista psicológico, a una especial sensi-
bilidad del alma y, muy a menudo, a una inten-
sa vida interior. Esta condición es preferible a la
inconsciente temeridad del ignorante pues, su-
perado el temor, quedará como fondo importante
para la oratoria el riquísimo caudal de las inten-
sas experiencias internas.
Hay que poner toda la voluntad y decisión po-
sibles para evitar que el natural se con-
vierta en manía obsesiva. Esta implicaría una
falta de confianza en la propia personalidad y
una falla grave de la voluntad. En realidad,
cuando un hombre siente que tiene algo impor-
tante que decir, que su mensaje es útil, verdade-
ro y valioso, tiene motivos suficientes como para
anular el temor inicial y lanzarse en el campo de
la oratoria.
¿Existe algún remedio contra el temor oratorio?
Si el miedo es el que naturalmente experimenta
todo orador o artista que se presenta ante el pú-
blico, lo hay. Pero en el caso de que este miedo
sea terror obsesivo, la solución se interna en el
dominio de la psicoterapia. En numerosísimos
tratados de oratoria, particularmente en los mo-
dernos, se proponen métodos interesantes para
39
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superar las inhibiciones propias del orador inci-
piente.
Se parte, por supuesto, de una investigación
psicológica del fenómeno del miedo, el que en
definitiva se origina en un estado físico de ner-
viosidad patológica, en un complejo de inferiori-
dad -permanente o transitorio-, en una sobre- .
estimación excesiva del propio yo -que lo torna
sumamente celoso e intolerante con el mínimo
fracaso-, en la falta de suficiente preparación o
en la natural reacción que experimenta toda per-
sona al internarse en una situación inhabitual.
El orador tiene miedo a olvidarse su discurso, a
equivocarse, a promover un espectáculo ridículo,
a transmitir un mensaje mediocre y deslucido, a
atemorizarse ante el püblico, a enfrentarse con
eventos azarosos e imprevistos.
Del análisis de este fenómeno, sus causas,
manifestaciones y efectos, se derivan los conse-
jos para vencer el miedo oratorio. De los nume-
rosos métodos propuestos, son especialmente
recomendables el de Lew Sarett y William Tru-
fant Foster, expuesto en su tratado Basic princi-
ples 01 speech
4
y el de Donald C. Bryant y Karl
R. Wallace, desarrollado en el libro Fundamentals
oJ public speakinif·
Sintéticamente expuesto, el método de Sarett y
Foster contiene sugestiones para 1) controlar los
signos externos de inestabilidad emocional; 2)
hacer un buen uso de las reacciones fisiológicas
naturales en el momento de hablar; 3) simplifi-
car la situación compleja de la oratoria; 4) tras-
ladar la atención que el orador se presta a sí
mismo, hacia los demás y sus intereses.
43ARETI. LEw y FOSTER. Wn.uAI,{ TRUFAI'IT. Basic principles 01 speech.
edición revisada. ps. 52-76. Boston. Houghton. Mifflin Company.
1946.
. 5 BRYAlvr. DONALD C. y WAllACE. KAru. L .• Fundamentals 01 pub/.ic spe-
aking. ps. 60-84. Nueva York-Londres. D. Appleton-Century Company
Ine .• 1947.
40
Esto debe tr.allés
    Elija un tema de .su pro-
pia experiencia. Elija un tema que provoque en
usted una actitud mental de apoyo. Elija un
tema que provoque en usted un espíritu de lu-
cha.
2) Pr,epare un esque-
ma en que .lªs ide,as    
Escriba completamente las tres o cuarro pnme-
ras frases y memorícelas. Escriba
te y memorice las últimas frases. Memorice el
esquema tan a fondo que cuando usted cierre los
oj os pueda verlo claramente en su totalidad. Lle-
ve su esquema al estrado y si es necesario, coló-
quelo en el pupitre.
3)   Rompa el
círculo vicioso de la tensión muscular (el miedo
produce temblor y el sentirse tembloroso aumenta
el miedo) mediante el relajamiento muscular.
en su Relájese en el
una actituQ comoaa en el estrado.
Realice algunos movimientos corporales que le ali-
vien la tensión (tome un libro, acomode las fichas,
tome un diagrama, escriba algo en el encerado,
acomode sus libros de citas, etc.).    
calmarJa tensión. . """.". ..
o'.   ....,
4)        
Existen tres actitudes mentales   ..Y§lrse
ansia por dis-
tribuir (eager-to-shareJ: Cuando tiene para entre-
gar algo qqe entusiasme a su espíritu, el orador
tiende a olvidarse de sí mismo; b) la actitud de
deseo de combatir (will-to-flfJhtJ: Si el orador se
enfrenta al auditorio con decidido espíritu de
lucha, tiene grandes probabilidades de' atraerlo;
el la actitud de hablar por una causa (speaking-
Jor-a-cause): Cuando el orador habla fuertemen-
te convencido de la bondad de su causa o princi-
pios, se toma naturalmente elocuente. /'''''--/
41
Sarett y Fuster agregan a este método otros
consejos para desarrollar el aplomo: pensar que
la anticipación a la turbación es peor que la tur-
bación misma: no hablar sobre las propiq.s apre-
hensiones: no mezclarse con el público antes de
hablar, salvo raras excepciones: recordar que la
mayor parte de las catástrofes que tememos no
suceden y, finalmente, no avegonzarse de la pro-
pia nerviosidad, ya que ésta es una situación
normal en el ser humano.
Más importantes, aún, son los métodos de com-
pensación psicológica tendientes a suprimir o sus-
tituir. real o imaginariamente. los propios defectos.
La compensación psicológica es el esfuerzo cons-
ciente efectuado por el orador en estado de infe-
rioridad para balancear un rasgo o una circuns-
tancia indeseable por otra deseable. atraído
intencionadamente. Entre los métodos de com-
pensación recomendados se cuentan estos:
l. Compensación por ataque directo del defecto:
El orador hace un esfuerzo consciente y sosteni-
do, enfrentando su minusvalía, hasta destruirla.
2. Compensación por desarrollo de otras virtu-
des: Si un defecto no puede vencerse directa-
mente, el orador desarrollará méritos en otro
sentido: la nerviosidad física puede compensarse
con la simpatía, la poca originalidad con una
evidente buena disposición de ánimo hacia el
público, y así otros muchísimos casos.
3. Compensación por ayuda a otros in.fortuna-
dos: Este proceso de ayuda a quienes son más
infortunados, fortifica la moral del individuo. Un
orador puede tonificarse espiritualmente y reco-
brar la confianza en sí mismo. si entiende que
su palabra sirve al prójimo.
4. Compensación por hallazgo de un puesto de
autoridad: Toda persona puede compensar su
sentimiento de inferioridad si encuentra en la
vida social o en el trabajo un empleo o situación
42
en que sean notorios su superioridad y cono-
cimientos con respecto a los demás. Lo mismo
sucede con el orador cuando encuentra el te-
ma en que puede desenvolverse con autoridad y
éxito. &
5. Compensación por consagración a una cau§t.l f
o institución.: MuChOS
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oradorels 10d
grar
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superación dedicán ose a a elensa e una,
causa o institución. Esto permite ganar poder
personal. social y profesional.
El método propuesto por Bryant y Wallace no
difiere sustancialmente del anterior y se apoya en
fundamentos psicológicos más o menos seme-
jantes. Comprende estas reglas:
l. Minimizar el riesgo: Recqnocer que hablar
en público no difiere mayormente de una con-
versación en privado. Conocer tanto como sea
pOSible' al público. Comprender en la práctica
cómo los demás soportan las mismas experien-
cias. Comenzar la preparación de un discurso lo
más tempranamente posible y prepararlo total-
mente.
2. Enfrentar el riesgo: Disipar la idea de que el
peligro sólo puede ser combatido mediante el
aislamiento o la fuga. Reemplazar el miedo por
otra emoción (indignación. humor, piedad. sim-
patía, etc.). Evitar los movimientos de huida y
sustituirlos por otros de confianza y equilibrio.
Los tratadistas rechazan en general los esti-
mulantes artificiales, porque con ellos se arries-
ga más de lo que se puede ganar, y, además,
porque su empleo es una manera de eludir el
problema y no de resolverlo. En lo físico, se reco-
mienda la respiración abdominal que desconges-
tiona y tranquiliza. '
En síntesis, todas las teorías y métodos acon-
sejan, con mínimas diferencias entre sí, ?D pre-
     
el tema y conocer la totalidad de ,los
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con OecIslOn el riesgo, apoyado psico-
loglcamente en una favorable y firme actitud es-
piritual, dispuesto a aceptar como precio del
aprendizaje los fracasos y contratiempos even-
tuales, hasta llegar al dominio de la actitud ora-
toria.
·Por último, son auxiliares algunos trucos o es-
tratagemas, como por ejemplo, el de mirar fija-
mente a una sola persona; suponer que se habla
sin público; mirar lo menos posible a la sala di-
rigiendo la vista un poco por encima de
nunca o; cerrar momentáneamente los oj os:
como coincidir este gesto con algún
pensamIento de nuestro discurso, y abrirlos sólo
pasado el temor. No por simple de-
Jara de ser util el humorístico consejo de Joseph
Folliet: "En todos los casos, repítase a sí mismo
que nadie queda nunca libre del susto. Conviene
tomar las cosas con filosofía"6.
6 FOLUEr, JOSEPH. op. cit., p. 28.
44
n. ELABORACIÓN DEL DISCURSO
3. LA BÚSQUEDA :PE IDEAS
O INVENCION
El tema es el punto de partida de la tarea ora-
toria. Suele hacerse a menudo distinción entre el
tema elegido libremente y el tema impuesto. Este
distingo se refiere nada más que a los orígenes
posibles de un discurso y de ninguna manera
señala una diferencia del trabaj o intelectual en
sí, pues la elaboración sigue un proceso común.
El tema
Lo ideal es poder elegir en cada oportunidad el
tema de la propia disertación, pero esto no siem-
pre es posible. El buen orador debe estar en am-
plia ..

.... .. . , , . . -'
tinguir esta alspoIDollidad de la charlatanería del
ignorante o el audaz, capaces de aceptar irrespon-
sablemente cualquier compromiso oratorio. El
sentido moral indicará a cada orador las fronteras
de sus compromisos, pues no hay elocuencia po-
sible fuera de la sabiduría y el conocimiento. No
se trata, en muchos casos, de tener en el instante
mismo de contraer el compromiso la suma de co-
nocimientos totales del tema, sino de estar poten-
cialmente en condición de adquirirlos con profun-
didad hasta el momento de la disertación.
45
Ciertos temas pueden ser afrontados por la ge-
neralidad de los hombres. mientras que otros.
por su carácter técnico o científico: están reser-
vados únicamente para los especialistas. Similar
reserva debe formularse con respecto a la jerar-
quía del auditorio y la ocasión del discurso. ya
que ellos condicionan también al orador. Salvo
en el tipo de disertación científica o académica. y
otras pocas especies. como la oratoria sagrada o
la forense. queda siempre abierta la posibilidad
de que un orador interese a su auditorio. porque
todo hombre es en sí mismo una permanente
instancia de atracción. Todo dependerá del men-
saje que tenga para transmitir. de la forma como
lo transmita y de la circunstancia en que lo haga.
Contrariamente a la temeridad de algunas per-
sonas. están otras inhibidas por falsos prejuiciOS
acerca del uso de la palabra. pensando que para
hablar en público son necesarios arrebatos pasio-
narios. inspiración esotérica. exclusividad de algún
conocimiento. nivel intelectual óptimo. excelencia
insuperable en el dominio gramatical o literario y
muchos otros sofismos de perfil vulgar. Todo lo
que inhiba o limite la posibilidad expresiva de un
hombre debe desterrarse de la conciencia. ponien-
do en su lugar una exacta y ecuánime valoración
de las propias condiciones e ideas.
La frase del poeta romano Horacio. inserta en
su Arte poélia. seguirá siendo la mejor recomen-
dación para el orador y el artista: proponerse un
asunto al alcance de sus fuerzas y meditarlo lar-
gamente. que a quien elige el tema que le convie-
ne. no le faltará ni la abundancia ni la claridad
ni el orden
l
.
IlloMCIO. Arte poética. V. 38-41: Sumite materiam vestlis qui scribitis
aequam / viribus ... Cuí leda potenter eri.s res, / nec facundia deseret
hunc nec lucidus ardo.
46
Etapas de la elaboración
Una vez determinado el tema y compilado el
material. debe elaborarse el discurso. Esta tarea
se descompone en tres pasos distintos. que en
sustancia. son las mismas etapas de toda labor
literaria: 1) invención; 2) composición; 3) elocu-
ción. Esta división del trabaja literario y retórico
proviene de los antiguos griegos y romanos y ha
conservado vigencia a través del tiempo.
La invención es la búsqueda y elección de los
pensamientos. La composición es el ordenamien-
to y desarrollo de esos pensamientos. La elocu-
ción es la expresión de esos pensamientos me-
diante las palabras. , .
Estas tres operaciones son sustancialmente
distintas, pero no inseparables. pues muchas
veces se encuentra el pensamiento y la expresión
simultáneamente. y otras nos ocurren los pensa-
mientos ya ordenados. De todos modos. esta da-
sificación tiene un valor práctico inestimable. a
condición de que no se la interprete con exceso.
La mecánica de la creación estética es bastante
más complicada que cualquier simplificación di-
dáctica.
La inspiración inicial
La invención parte siempre de una inspiración
inicial. Acerca de la inspiración se ha escrito
mucho. pero. en última instancia. su naturaleza
permanece todavía en el dominio de lo misterio-
so. lo incomprensible o lo inexplicable. Existen
excelentes y cautivantes definicione!5 sobre la
inspiración, pero ninguna es completa. En gene-
ral. es primariamente una idea confusa que se
nos presenta al espíritu en un momento deter-
minado y se nos impone con una especie de en-
47
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tusiasmo que nos seduce y nos domina. Atisba-
mos, presentimos que esta idea es fecunda, que
tiene encerrada en su seno una serie de deriva-
ciones y consecuencias valiosas, y que merece
ser aceptada y analizada. Todo hombre puede
confirmar en su experiencia cotidiana casos de
inspiración, dentro de la actividad en que se
ocupa. La inspiración no es patrimonio exclusivo
de los oradores o de los escritores, sino que se
presenta en el arte, el comercio, la industria, la
conversación, y todo otro lugar donde hay crea-
ción
2

La idea inicial de una obra es siempre confu-
sa, amorfa, y por consiguiente debe ser desple-
gada. Esto presupone un estudio del tema, infor-
mación y meditación. Es importante darse tiem-
po para poder hacer estos trabajos: "Por no haber
pensado bastante sobre su tema, es por lo que
un autor se ve embarazado para escribir", solía
decir Buffon. En efecto, las ideas no siempre
aparecen en el momento en que las necesitamos.
Esto significa que el asunto no está lo suficiente-
mente maduro. Habrá que seguir meditando y
esperar a que el tema se tome fecundo. La ma-
durez se logra a veces sin que tengamos necesi-
dad de meditar directamente sobre el asunto. El
subconsciente tiene una gran importancia en la
invención, y trabaja por nuestra cuenta mientras
nosotros dormimos o estamos dedicados a otras
cosas. Las facultades psíquicas trabajan por
nosotros y.nos dan gratuitamente la solución de
muchos de nuestros problemas que en la vigilia
nos preocupaban y no podíamos resolver. Se ad-
judica a un poeta ruso esta expresión: "Yo no sé
lo que voy a cantar, pero mi canción está madu-
rando".
2 cr. HAYARAWA. s. l.. Languaje in action; a guide to accurate thinking.
reading and writing. Nueva York. Harcourt. Brace and Company.
1948.
48
Aunque parezca extraño, esto es así, y puede
confirmarlo todo artista, escritor u orador. La
inspiración es un fenómeno absolutamente mis-
terioso. No existen, en verdad, reglas sobre ella,
ni podrían existir desde que no están conocidos
sus detalles. Lo recomendable es estimular la
creación por medios indirectos, como ser la lec-
tura de modelos, la observación, etcétera.
La búsqueda de pensamientos
Una vez delimitada la idea esencial del discur-
so, viene la tarea de buscar la materia· que
acompañará a este núcleo primero. lo desarrolla-
rá y le dará fuerza demostrativa y elegancia con-
ceptual. En esto los métodos difieren, según la
idiosincrasia del autor. Es natural entonces, que
cada uno elija el que más se adapte a su perso-
nalidad
3

Algunos oradores suelen escribir primero el
plan desarrollado de su discurso y luego giran
alrededor de él, tratando de encontrar pensa-
mientos que puedan incluirse dentro del esque-
ma así preparado. Trabajan de esta manera has-
ta que el discurso queda concluido. Otros, en
cambio, no escriben su plan por extenso, sino
que trabajan al azar, dando vueltas en tomo al
asunto principal, anotan por separado todos los
pensamientos que se les van presentando en la
meditación, sin orden y a medida que ocurren.
Al final buscan un plan que se adapte a la serie
3 Para un estudio detallado del método de trabajo intelectual. pue-
den consultarse: JEAN GurITON. El trabajo intelectual; consejos a los que
escriben. Buenos Aires. Ediciones Criterio, 1955: CHAVlGNY. 'PAUL MARrE
V¡CfOR, Organización del trabqjo intelectuaL Barcelona-Buenos Aires,
Labor, 1932; SERTILLA.'\IGES, A. D .• La vida intelectual; espúitu, condicio·
nes, métodos. Buenos Aires, Sinopsis. 1958: RAMÓN y CAJAL, SAN!1AGO,
Tónicos de la voluntad; reglas y constVos sobre investigación científICa.
Buenos Aires, Espasa-Calpe Argentina. 1945.
49
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de ideas encontradas, dándoles una motivación
y derivación lógicas. Cualquiera de los dos pro-
cedimientos es bueno: todo depende de las pre-
ferencias y modalidades psicológicas del orador.
A! primero de los procedimientos se le puede ad-
judicar la ventaja de que permite conducir la re-
flexión en orden y en forma sistemática, con lo
que gana la unidad del discurso, mientras que al
segundo se le otorga la excelencia de permitir al
espíritu desplegarse con mayor libertad.
No hay inconveniente alguno, por supuesto, en
que ambos métodos se apliquen combinados.
Puede elaborarse previamente el plan, buscar las
ideas que se adapten a su estructura, anotar
también las ideas que ocurran y no guarden es-
tricta relación con ese esquema fijado, y reformar
finalmente el plan hasta ajustarlo al material ob-
tenido. Si bien el plan facilita el ordenamiento del
trabajo, tampoco debe concebírselo como una
norma rigida, inflexible, que no permita el agre-
gado o supresión de ideas en el transcurso del
desarrollo. En definitiva. éste es el mejor de los
métodos y el que mejor responde a la dinámica
psíquica.
El testimonio histórico prueba que excelentes
oradores han aplicado uno y otro métodos en la
invención y búsqueda de ideas. Nada nos obliga.
al comienzo del trabajo, a comprometemos con
un plan riguroso y severo, que a lo mejor no po-
demos luego cumplir. Muchas veces, a punto de
concluir el discurso descubrimos una idea supe-
rior a la inicial. o se han producido aconteci-
mientos que obligan a modificar nuestro primer
punto de vista. Insensato sería no tirar al cesto
el plan primero y recomenzar la tarea con otra
perspectiva que nos garantice un mejor resulta-
do. En materia espiritual. la libertad es una de
las condiciones del éxito y resulta triste conver-
tirse en esclavo de uno mismo. La opinión de
50
Sertillanges merece cuidadosa atención en este
punto: "Componer así. por medio de islotes que
se fusionan para formar el futuro continente,
hacer preceder el trabajo de organización por una
libre inspiración esporádica o, si se quiere, fijar
puntos para la curva y multiplicarlos para trazar
la línea de un golpe en el momento oportuno, es
librarse de la fatiga de una composición ob.liga-
toria y de la ansiedad que provoca la página
blanca: es asegurarse el trabajo creador"4.
¿Cómo encontrar ideas? ¿Dónde buscarlas
para nuestro discurso? Ha llegado uno de los
momentos más decisivos de nuestro trabajo. Las
fuentes de ideas son muchas y es saludable te-
nerlas presentes para contar con ellas en el ins-
tante preciso. .
Los más famosos retóricos y preceptistas se
han preocupado intensamente de encontrar re-
cursos y procedimientos que beneficien la labor
de creación intelectual. En general. el acto crea-
dor proviene siempre de un antecedente, y a ellos
conviene acudir para nuestro objeto. Las princi-
pales fuentes de información son: 1) la cultura
propia; 2) las lecturas; 3) la observaCión; y 4) la
reflexión e imaginación.
La cultura propia. - Cicerón ha dicho: "El
fundamento de la elocuencia. como el de cual-
quier otra cosa, es la sabiduría". Evidentemente,
toda comunicación espiritual con el prójimo pre-
supone un conocimiento previo. personal, del
mensaje que deseamos transmitir. En el precep-
to ciceroniano, la palabra 'sabiduría' no Significa
un conocimiento radical y supremo de las cosas,
sino lo que en castellano entendemos por 'saber'
o 'buen sentido'. Si así no fuera. quedaríamos
excluidos del uso público de la palabra la gran
4 SERIlUA.'liGES. O. P .. op. cit .. p. 300.
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mayoría de los seres mortales. Todo ser huma-
no, sin necesidad de ser sabia, puede tener un
mensaje interesante que transmitir a sus
jantes, aun sobre los hechos aparentemente mas
nimios e insignificantes, como un viaje, una no-
ticia, o una experiencia vital cualquiera.
La cultura propia está constituida por el con-
junto de conocimientos que se tiene de. las co-
sas, las personas y los hechos. Pero fehzmente,
no es sólo esto. Cultura es mucho más que una
simple acumulación de datos obtenidos en los. li-
bros, o sea lo que habitualmente se  
'instrucción'. Una persona puede ser muy ms-
truida y tener poca cultura, si los
obtenidos en las aulas o en los libros no han SIdo
asimilados humanamente, si no la han provisto
de una concepción acertada de la vida. si no la
han habilitado para la percepción de los hechos
históricos, sociales y humanos, si, en definitiva,
no la han convertido en un ser amplio, compren-
sivo, inteligente, bondadoso. La experiencia vital
nos enfrenta día a día con estas dos clases de
personas, que podríamos llamar librescas y vita-
les, para diferenciarlas. Todos conocemos a per-
sonas de escasa o mediana instrucción, pero que
en punto a este tipo de cultura son superiores a
muchas dotadas de un gran equipo intelectual.
Esto no es, por supuesto, una invitación a la
ignorancia. Sólo significa que, desde el punto de
vista oratorio, la cultura es más valiosa que la
instrucción. Son innumerables las ocasiones en
que una sola idea, pero fecunda en  
nes, sugerencias y contenido, se concilia mejor
con la elocuencia que una retahíla desconcerta-
da incoherente e inarmónica de ideas o noticias.
Es' preferible, en este campo, una sola idea pro-
funda antes que varias superficiales. Esto senala
una opción entre dos posibilidades, de la cual
queda naturalmente descartada la ignorancia.
52
El cultivo del espíritu es arduo, constante y
paciente. Se llega a él por el sacrificio y el traba-
jo, lo cual demanda un sistema de vida bien
orientado y consciente de sus objetivos. Esta
fuente espiritual aportará a cada instante un
lioso sustrato de ideas por la íntima trabazón que/
la conciencia hace de unos datos con otros. Re-
petimos la famosa   del filósofo norteameri-
  Emerson, que aclara este panorama: "Todo
hombre que quiere hacer bien una cosa, debe
descender a ella de más alto". El fulgor de la pa-
labra está en la íntima conexión con la cultura
de cada individuo. Un hombre superior será, por
natural gravitación de sus antecedentes, más
atractivo que uno vulgar, a condición de que esta
superiOridad lo sea real, sustancial y no aparen-
te, externa o superficial.
Las lecturas. - La lectura debe considerarse
como una de las mejores fuentes de información.
Toda sabiduría está en los libros, y en ellos se
contiene la suma de conocimientos disponibles
de la humanidad. El hábito de la lectura es la
mejor práctica intelectual, pues favorece la crea-
ción de pensamientos, activa las facultades espi-
rituales, orienta la constitución de nuestro fondo
ideológico y nos ahorra tiempo en la formación
persona1
5

Es común que los escritores, antes de escribir,
se acerquen a la literatura para encontrar inspi-
ración e ideas: "La lectura es el gran secreto. Lo
enseña todo, desde la ortografía hasta la cons-
trucción de las frases", dice Albalat
6
• ¿Qué se
debe leer para obtener provecho? Esta cuestión
5 Sobre métodos para el aprovechamiento de las lecturas pueden
consultarse: FAGUET. EMILE. El arte de leer. Buenos Aires. El Ateneo.
1951 y CASTAGNlNO. RAÚL H .• Perspectivas de la lectura. Santa Fe. Ins-
tituto Social de la Universidad Nacional del Litoral. 1958.
6 ALBALAT. ANTaINE. El arte de escribir y lafonnación del estilo. Tra-
ducción de Luis Castillo. 2' ed .• p. 30. Buenos Aires. Atlántida. 1949.
53
ha motivado distintas respuestas. En primer lu-
gar, es aconsejable la lectura de autores y temas
que estemos en condiciones de asimilar, es de-
cir, de incorporar a nuestra vida. Luego, convie-
ne leer autores de distinta posición para conocer
los puntos de vista ajenos. Toda ideología com-
porta una toma de posición, y su defensa presu-
pone necesariamente el conocimiento de las ide-
as opuestas. Por último, leer a los maestros. La
bibliografía moderna es tan abundante en títulos
y autores, que no cabe otra solución que selec-
cionarlos. Es muy útil seleccionar autores de
gran responsabilidad científica, moral y artística,
y no perder el tiempo con segundones o tercero-
nes. Generalmente, estos proceden de aquéllos,
y es sensato saltearlos para ir directamente a las
fuentes. .
Disienten los tratadistas sobre si conviene leer
muchos o pocos libros. Por supuesto, cuanto
mayor sea la lectura hay más probabilidades de
sabiduría. Pero tampoco debe creerse que la
abundancia de lecturas sea suficiente para dar
de por sí la sabiduría. La asimilación y el prove-
cho de las lecturas está en relación directa con
la inteligencia y sensibilidad del lector. La lectu-
ra indiscriminada, difusa y sin método, por
abundante que sea, es improductiva. Debe, pues,
leerse con sistema y criterio selectivo.
La lectura de un solo autor o de pocos es perni-
ciosa, pues se corre el riesgo de perder amplitud y
profundidad en el pensamiento. Timeo hominem
unius libri, dice un antiguo adagio. Se corre ade-
más el riesgo de imitarlo inconscientemente y con-
vertirse en un esclavo de él. Debe leerse con espí-
ritu crítico, es decir, con independencia de critero
y disposición inquebrantable de someterlo todo a
la meditación, al análisis y a la comprobación.
Conviene, asimismo, supeditar las lecturas a
nuestra finalidad. Hay autores que son útiles
54
para la formación intelectual; otros son valiosos
únicamente por su estilo y, finalmente, existen
quienes pueden enseñarnos lo mismo en materia
de fondo que de forma.
La mej or manera de aprovechar las lecturas es
tomar apuntes o hacer fichas. El enciclopedismo
de cualquier especialidad, en el mundo moder-
no, exige una portentosa memoria. Pero ésta re-
quiere sus auxiliares. Leer sin tomar notas es
como no leer. En poco tiempo las urgencias de la
vida nos harán olvidar lo leído, si no hemos to-
mado notas. La ficha, por otra parte, permite re-
cordar en pocos minutos una lectura que de-,
mandó días enteros y pone a nuestra disposición,
en el acto, las enseñanzas de todo libro. "La ver-
dadera memoria consiste no en recordar, sino en
tener a mano los medios de volver a encontrar",
dice Albalat.
La forma más simple de tomar notas es hacer-
lo en las mismas páginas del libro, en los márge-
nes, en las páginas en blanco o cualquier otro
lugar disponible. Resulta un recurso eficaz tam-
bién el subrayado de los pensamientos capitales
y la subdivisión del texto en párrafos, mediante
el agregado de signos, palabras o números con-
vencionales. Este sistema tiene el inconveniente,
en cambio, de no ser sistemático, pues en cada
caso tendremos que disponer del libro y repasar-
lo. La ficha, en cambio, permite que se las agru-
pe en grupos por temas, autores, pensamientos,
etc., con lo que se facilita su empleo en cualquier
momento.
Las fichas conviene hacerlas con cartulina, or-
denadas por orden alfabético de autores, por te-
mas, por materias, por nacionalidad, o de acuer-
do con cualquier otro criterio que resulte útil al
lector. El hombre culto moderno las usa, y en
ellas se apoya la erudición. Se pueden resumir
libros, recoger pensamientos importantes, copiar
55
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citas, seleccionar frases famosas, codificar artí-
culos y publicaciones sobre un mismo asunto, y
en fin, ensamblar cualquier información dentro
de un conjunto, de modo que su empleo sea fac-
tible en el momento oportuno.
Es recomendable hacer las fichas a medida que
se lee o inmediatamente después de la lectura,
antes de olvidar nada. Para esto son aconseja-
bles diversas técnicas, pero, repetimos, cada au-
tor deberá valerse preferentemente de su propio
criterio de acumulación, de acuerdo con los fines
de su estudio.
La observación. - Uno de los medios recomen-
dables para obtener información y datos sobre
las cosas, fuera de los libros, es la observación
del mundo que nos rodea. La realidad es uno de
los más grandes maestros. Se ha dicho que el
que sabe más cosas y las sabe mejor, es el que
mejor ha sabido observar y escuchar. El espíritu
menos sagaz y agudo, a fuerza de mirar con in-
quietud a los hombres, de fijar su preocupación
en los sucesos y hechos del mundo, de prestar
atención a la naturaleza, acaba por disponer de
un buen equipo de conocimientos. Hay que tener
presente que toda ciencia deriva, en gran parte,
de la experiencia, pues la ciencia no es en defini-
tiva, más que una codificación de los datos que
nos ofrece el mundo que nos rodea.
En muchas materias, la capacidad de observa-
ción es más importante que la misma lectura,
sobre todo cuando el tema es concreto, particu-
lar y delimitado a un lugar o asunto. La capaci-
dad de observar puede afinarse mediante la
práctica y la comparación sistemática de unas
observaciones con otras. Al cabo de un tiempo
se logra una agudeza perceptiva que nos extraña
y sorprende. Este entrenamiento supone el res-
peto de algunos requisitos que nos preserven de
56
errores. Ante todo es necesario ser objetivo, esto
es, interpretar los hechos observados según son
ellos mismos y sin que los interfieran nuestras
propias ideas, opiniones o pasiones. En segundo
lugar, la observación tendrá que ser directa. in-
mediata y asidua, con lo cual se evita una falsa
o deformada comprensión. La eficacia del resul-
tado de la observación guarda relación con la
cantidad de observaciones efectuadas sobre un
mismo hecho o asunto. Por último, la observa-
ción debe ir a lo esencial, sustancial y determi-
nante de los hechos y cosas, y no a lo superfi-
cial, accidental, accesorio o variable.
La experiencia propia de las cosas tiene un im-
ponderable valor en oratoria, ya que el tono per-
sonal de la exposición y las propias opiniones in-
dividuales sobre las cosas son más atractivas e
interesantes, para el público, que las meras ge-
neralizaciones librescas o pensamientos vagos o
impersonales.
Dentro del orden de la observación tienen espe-
cial importancia la asimilación de las experien-
cias u opiniones ajenas, obtenidas mediante el
diálogo y la conversación. El hombre inteligente
pregunta más de lo que habla, y así se convierte
en un receptor rápido de sabiduría ajena. En
síntesis, la observación está fuertemente trabada
con la vida y la verdad.
La reflexión e imagÚ1ación. - Los datos e in-
formaciones que se obtienen por las lecturas y la
observación no son suficientes para el completo
dominio de un asunto. Se impone luego la pro-
pia reflexión sobre ellos y el empleo de nuestra
capacidad imaginativa, para descubrir las rela-
ciones que tienen nuestros conocimientos y
nuestra experiencia con ellos, y sobre todo, para
organizar esos datos de manera que formen un
conjunto sistemático y coherente de ideas.
57
Toda palabra o idea despierta en nuestra con-
ciencia y subconciencia una serie nueva de ide-
as, de emociones, de tendencias, que dan un
contorno personal a esas ideas adquiridas y per-
miten la manifestación de nuestra íntima indivi-
dualidad. La reflexión fortifica el espíritu, descu-
bre aspectos insospechados en los pensamientos
y las cosas y relaciona lo conocido con lo nuevo.
Se facilita así la expresión de nuestro yo. La me-
ditación habitúa el espíritu al método, lo aguza
en el descubrimiento de relaciones y, sobre todo,
lo acostumbra a centrarse sobre un asunto y re-
solverlo, evitando la dispersión, la ilogicidad y la
incoherencia.
Por medio de la imaginación, proveemos un
alma a las cosas, damos forma sensible a lo abs-
tracto y concebimos situaciones, hechos, objetos
y formas que hacen interesante nuestra exposi-
ción. La imaginación tiene un lugar importante
en el discurso, sobre todo porque da realidad a
nuestros pensamientos, les confiere colorido, vi-
vacidad, realidad, y toca la sensibilidad del audi-
toriQ.
La ciencia de hablar no estriba únicamente en
la imaginación, o sea en la creación de imágenes,
pero ésta la nutre sustancialmente de formas ri-
cas, atrayentes y demostrativas.
Los lugares comunes o tópicos
Por más que la invención no sea un procedi-
miento mecánico de encontrar ideas y requiera
sobre todo un auténtico proceso creativo del ora-
dor, es posible, de alguna manera, servirse de
técnicas que ayuden a la creación.
Los antiguos retóricos, cuyas enseñanzas esta-
ban dirigidas específicamente a la instrucción de
oradores. llegaron a establecer una serie de pun-
58
tos de vista, desde los cuales el orador podía
. considerar el tema de su disertación. Desde
aquellos tiempos de la antigüedad griega y roma-
na, se los llama tópicos o lugares comunes. Más
propiamente, pueden ser considerados como as-
pectos principales de todo asunto. Su validez, por
supuesto, no es la de un dispositivo para inven-
tarlo todo, sino la de una ayuda para recordar
todo cuanto conviene saber de un tema. Algunos
tratadistas no le reconocen más valor que el me-
ramente mnemónico, o el de estimulante de la
invención.
Los principales lugares comunes o tópicos son:
definición, partes, género y especie, causa y
efectos, atributos, semejanzas y, desemejanzas,
relaciones y contrarios.
l. La definición señala la esencia de las cosas
o personas.
2. Las partes de un objeto son los elementos
que lo integran.
3 y 4. El género y la especie señalan, respec-
tivamente, las cualidades que una cosa tiene de
común con otra de mayor o menor ámbito.
5 y 6. Las causas son los motivos o antece-
dentes que originan algo, lo mismo en lo físico
que en lo moral, y los efectos son las conse-
cuencias de un fenómeno o actitud.
7. Los atributos son las cualidades de un ser.
8. Las semejanzas y desemejanzas enseñan a
qué cosa se parece o de cuáles difiere un objeto.
9. Las relaciones señalan las cosas o hechos
con los cuales guarda cierta vinculación el obje-
to tratado.
10. Los contrarios indican lo que se contrapo-
ne a una cosa, objeto, persona o cualidad.
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Además de lo anterior, deberán tenerse en
cuenta en un discurso las circunstancias, que
tienen un gran valor, y que son uno de los gran-
des recursos de la oratoria. Las principales cir-
cunstancias de una cosa o hecho son las de per-
sona, lugar, tiempo, modo, medio, etc., que an-
teceden, acompañan o siguen a una cosa o
persona. Tratándose de personas, esas circuns-
tancias son nombre, nacimiento, familia, fortu-
na, situación, costumbre, inclinaciones, talento,
herencias, etc. Cualquiera de las otras circuns-
tancias puede ser análogamente discriminada.
Para desarrollar, pongamos por caso, el tema
"La novela"; podría expresarse que es la narra-
ción en prosa de un hecho real, ficticio o combi-
nado (definición); que en ella, como en las demás
obras literarias, hay un fondo o asunto y una
forma o estilo, y el suceso se presenta a través
de la exposición, nudo y desenlace (partes); que
pertenece al ámbito de la literatura narrativa en
prosa (género) y puede ser pastoril, picaresca, de
caballerías, bizantina, histórica, de aventuras,
satírica, de costumbres, social, sentimental, ro-
mántica, epistolar, psicológica o policial (espe-
cies); que se origina en la necesidad íntima de
todo escritor de causar placer o comunicar un
mensaje apelando al gusto de los seres humanos
por ver reproducida la vida (causas) y que reper-
cute en la formación de hábitos, costumbres y
modos de ver, pensar y sentir de la sociedad
(efectos); que deben intervenir personajes atra-
yentes, pintarse pasiones, costumbres e ideas,
ofreciéndose así un panorama inventado, copia-
do, mejorado o rebajado de la vida, pero siempre
con valor estético (atributos); que guarda cierta
semej anza con la epopeya, el drama y el cuento
(semejanzas); y se aparta esencialmente de la
poesía lírica (desemejanzas); que participa en al-
gunos casos de la sociología, la historia y la psi-
60
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I

1
I
cología (relaCiones) y que de ninguna manera
puede estar compuesta en verso (contrarios).
Esta disertación podría completarse citando a
grandes novelistas, como Cervantes o Dos-
toyevski (personas), o señalando la evolución del
género novelesco a través de la historia (tiempo)
o de los países (lugar). o analizando el fenómeno
contemporáneo de la extraordinaria predilección
por las obras novelísticas (modo), o, si se consi-
dera oportuno, haciendo la semblanza de un no-
velista célebre, de quien podría relatarse su vida,
familia, inclinaciones, situación, talento, etcétera.
Si bien se mira, se comprenderá que los luga-
res comunes son el repertorio de aspectos posi-
bles de todo tema. Su empleo en el desarrollo de
un tema cualquiera presupone el conocimiento
exhaustivo de dicho tema o asunto. En la prácti-
ca, podemos asimilarlos a una lista de subtemas
que deben conocerse acerca del asunto tema
principal. Se ha dicho, con razón, que su utiliza-
ción puede ser instintiva o sistemática, pues en
el fondo están fundamentados en la lógica del
pensamiento humano.
Roustan ha escrito a propósito de estos luga-
res comunes: "Estos instrumentos no nos servi-
rán siempre para todos los asuntos; nosotros
mismos podremos intentar hallar otros y hasta
es de desear que así lo hagamos ... De todos mo-
dos debemos reconocer que la investigación me-
tódica es siempre más fecunda que una explora-
ción vagabunda".
La elección de pensamientos
A medida que nuestra cultura, las lecturas, la
observación, la reflexión y la imaginación prove-
en materiales para nuestro discurso, debemos
anotarlos para no olvidarlos, dentro de un orden
61
o un plan más o menos primario. Sin embargo al
repasarlos. comprendemos que no todos son
aprovechables en nuestro trabajo, sea porque re-
sultan inconvenientes para la ocasión o audito-
rto, porque carecemos de demostración suficien-
te para ellos, porque se salen del cuadro, del
tema o por cualquier otro motivo. Resta ahora
efectuar una selección de los pensamientos que
habremos de emplear.
En principio, podemos hacer una selección de
lo que diremos y de 10 que dejaremos de decir,
abstrayéndonos de la ordenación que habrán de
tener en definitiva en el texto del discurso. Para
esto. es necesario tener en cuenta ciertos princi-
pios muy útiles.
Por de pronto, el primer criterio de selección es
desechar las ideas, aun las más atractivas y
efectivas, que no se ajusten a los fines y al tema
de nuestra disertación. El sacrificio de ideas y
frases bellas es tarea ingrata para el orador y el
escritor, pero más vale perder una hermosa idea
o dejarla para otra oportunidad, que decirla fue-
ra de ocasión. Nada debe decirse en un discurso
que no sirva a los fines que nos proponemos.
Esta eliminación debe desechar todo 10 que des-
borde, ensanche o alargue inútilmente el discur-
so, y además, todo aquello que no aclare la inte-
ligencia del público, no cautive su imaginación,
no toque su sensibilidad. Con ello se logra dar al
discurso claridad conceptual y unidad. "Quien no
sabe limitarse. jamás sabrá escribir", ha dicho
un preceptista y lo mismo puede afirmarse de la
expresión oral. El sobreexceso es fatigante, y en
esto de hablar ante un auditorio, es preferible
pecar en menos que en más. Los discursos cor-
tos son mejor recibidos que los largos, y esto 10
sabe hasta un escolar. Elección es exclusión.
El segundo criterio selectivo es discernir lo
principal de lo accesorio. En cada una de las
62
partes del discurso debe ponerse sólo lo esencial,
la idea central, capital, el hecho principal, la idea
dominante, dejando lo demás fuera del texto. Los
detalles oscurecen la claridad del texto,   l e t   r g ~
la duración y complican innecesariamente la es:::
tructura, provocando en el oyente una impresión
. de desorden. La demasía de ideas es contrapro-
ducente en oratoria, pues entonces la elocuencia
toma el carácter de desfile interminable y agota
la capacidad de atención del oratorio.
Por último, la selección debe realizarse tenien-
do siempre presente el auditorio, pensando en
las almas a las cuales tenemos que dirigirnos.
Debemos poner en nuestra boca, únicamente
aquellas ideas y frases que nl}estros oyentes
comprenderán y celebrarán. aquellas que con-
moverán su espíritu y provocarán el aplauso ce-
lebratorio. aquellas que hablarán a su intimidad
anímica, a sus gustos, sus opiniones, sus anhe-
los, sus esperanzas y su vida. Una bella idea o
una frase estética no son válidas para cualquier
auditorio ni para cualquier ocasión. Rechacemos
todo cuanto no conduzca a nuestros fines orato-
rios.
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4. LA ORGANIZACIÓN DE LAS IDEAS
O COMPOSICIÓN
Una vez reunidos los materiales del discurso y
seleccionados los que habrán de emplearse, hay
que ordenarlos y distribuirlos del modo más
adecuado a nuestros fines. A esta tarea se la de-
nomina composición o disposición. Esto es más
importante que lo que pudiera suponerse de pri-
mera impresión, pues el orden es uno de los ele-
mentos indispensables del buen discurso. La
gran regla aquí, es que cada parte de la obra
ocupe el lugar que conviene a su importancia y
no otro.
Se trata, pues, de disponer de cada parte del
discurso de acuerdo con su importancia relativa,
derivación e interés en la forma más perfecta po-
sible. Este trabajo requiere cálculo y aplicación
sutil de la inteligencia, pues un buen pensa-
miento puede ser inutilizado por una incorrecta
colocación. Hay que organizar todo de modo que
resulte un encadenamiento natural y lógico, un
ensamblaje perfecto. En suma, la composición es
el desarrollo natural de la idea primera, benefi-
ciada por el conjunto de elementos esenciales
que ha suministrado el trabajo de invención.
Buffon decía acerca de esto: "Para escribir bien
es preciso poseer plenamente el asunto; hay que
reflexionar bastante sobre el mismo para ver cla-
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ram ente el orden de los pensamientos y formar
con ellos una serie. una cadena continua. cada
uno de cuyos eslabones representa una idea ......
La composición no puede ser capriehosa ni ar-
bitraria. Por el contrario, debe responder a una
lógica interna del pensamiento esencial, o sea
que el ordenamiento de las ideas debe respetar
la naturaleza íntima de los hechos y de las co-
sas. en una palabra. y atenerse a su orden
propio. El orador no puede imponer a su antojo
el desarrollo de un discurso, so riesgo de fraca-
sar. Nada hay violento en el mundo de la inteli-
gencia y del arte. La estructura de un discurso
tiene las mismas exigencias de cualquier otra
obra humana o natural; proceder por etapas ne-
cesarias. Dicho con palabras de Fenelón, esto
significa: "Todo autor que no da orden a su dis-
curso. no posee suficientemente la materia ......
Requisitos de la composición
La composición de un discurso debe cumpli-
mentar tres requisitos ineludibles: la unidad. la
variedad y el movimiento. Por el primero de ellos,
la obra debe tender, en su totalidad, a un solo
fin y no separarse de él. Por el segundo, este fin
debe ser beneficiado por una cantidad tal de ele-
mentos que evite la monotonía. Y por el tercero,
el discurso debe marchar inexorablemente a su
fin.
El buen orador será intransigente y severo en
el cumplimiento de estas condiciones, porque
atañen a la naturaleza de toda obra de arte. Ho-
racio se ha burlado de quienes no respetan esta
exigencia intrínseca del arte, y terminan pintan-
do monstruos: cabeza de mujer, cuello de caba-
llo. busto de animales diversos. revestido de plu-
maje, y cola de pescado. Los remiendos literarios
66
y oratorios han sido ridiculizados desde la anti-
güedad.
Componer un discurso es formar un organis-
mo total. con armonía. simetría. donde los ele-
mentos estén organizados. articulados realmente
unos con otros, y no meramente amontonados o
agregados. La forma de lograr esta composición
es teniendo siempre presente el conjunto del dis- ,
curso, al cual debe subordinarse cada parte. El
trabajo es similar al del pintor que, cuando pinta
cada una de las zonas de su tela. tiene presente
cómo resultará el conjunto que ha imaginado.
Para esto debe seguirse una política de subor-
dinación de lo secundario a lo importante o. lo
que es lo mismo, suprimir lo superfluo. lo re-
dundante, lo embarazoso. lo inútil. aun cuando
sean bellos fragmentos. La visión <;lel conjunto y
del objetivo debe presidir esta tarea de organiza-
ción. Las ideas dominantes y las finalidades de
nuestro discurso deben estar al fin de la pieza
oratoria y no en otra parte. Para comprender esta
exigencia, recordemos la frase del P. Lacordaire.
quien decía que hacer un discurso es abrir un
pozo y llenarlo.
El discurso debe tener además un movimiento
de las ideas, una acción interna que lleve todos
los elementos hacia el fin previsto. Elegido el
rumbo y la meta hacia la cual desearnos llegar,
todo debe converger a ella. en continuo movi-
miento de ideas, sin descanso. en marcha conti-
nua. No significa esto que el discurso deba ir rá":
pido, sin pausas ni reposos, sino que todo el tex-
to debe tender implacablemente al fin. apuntar
hacia él. como un caudal de agua que se vierte
en el mar.
La lentitud de las desviaciones de ese objetivo
retardan la marcha de la obra. desvían la ten-
sión del público y hacen perder el interés. El dis-
curso debe marchar siempre hacia adelante. Esta
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marcha no deberá ser tan evidente que revele la
intención del autor y la estructura mental de su
discurso, pues un poco de misterio es necesario
para avivar el interés. Cuando el oyente ha ad-
vertido desde temprano adónde vamos, nuestro
discurso está perdido. Finalmente, tampoco tra-
suntemos apuro en llegar al objetivo, pues el pú-
blico responderá a esta inquietud con otra simi-
lar.
F(l plan o ____a...:..:_s __ d=a=d=--
Para conseguir estos resultados, hay un solo
expediente: trazar con anticipación un esquema
o plan de nuestro discurso. ''Todo depende del
plan", solía decir Goethe, y en esto nadie lo ha
refutado, ni podría hacerlo. Un buen plan es la
base más segura de una buena ejecución. Para
escribir o hablar hay que atenerse a un plan
previo, como en toda 'tarea. El análisis de los
mejores discursos de todos los tiempos permite
la descomposición del texto en un esquema. Éste
es el que hace que en el discurso no falte ni so-
bre nada y que los elementos guarden entre sí .
un equilibrio.
L,as ventajas       meditado, pue-
  así: coTocar en un or-
 
      Y. ...
Q]yido   ..      
arrOITo del discurso y facilita la unidad artística
    Y la
comprensión or arte
.. ' , .. ",. .• _".· . ,.,
--"ACerca del momento más oportuno para trazar
el plan, no hay ninguna opinión de validez abso-
luta. Lo importante es hacerlo en algún momen-
to, pero dotado de tal flexibilidad que permita ir
ajustándolo paulatinamente, a medida que toma
68
el trabajo. En la práctica, la operación de
busqueda y elección de ideas y de elaboración del
plan suele hacerse a veces simultáneamente
pues una idea hallada nos sugiere su
dentro del plan y viceversa, la necesidad de com-
pletar un paso del plan nos sugiere el pensa-
miento que falta.
El procedimiento más aconsejable es trazar
primero un plan previo y provisional, un esbozo
aproximado de lo que tenemos que decir y, luego
de acumuladas las ideas, ajustar el plan primero
a los elementos disponibles. De esta manera,
nuestro trabajo sigue en todo momento un orden
y un sistema.
Algunos oradores no se siIven· de plan alguno.
Una vez conocido el tema de su disertación, co-
mienzan a esbozar ideas, según les vienen a la
conciencia, y agregan aquí, quitari allá, cambian
esta frase, amplían aquella otra, y así, a tanteos,
llegan hasta el fin. En esos casos, la marcha del
discurso está expuesta a innumerables peligros,
que sólo algunos oradores de excepción logran
evitar.
Las partes del discurso
Los antiguos y también los modernos han es-
crito mucho acerca de la división ideal de un
discurso. En general, todos han dado capital im-
portancia a la división del discurso. Cicerón 10
dividía en exordio, proposición, confirmación, re-
futación y peroración. G. V. Vico reprodujo con
leves variaciones la división de los antiguos, sos-
teniendo que el discurso debe dividirse en exor-
dio, narración, proposición, confirmación, confu-
tación y peroración.
Los modernos, más prácticos y menos amigos de
las clasificaciones nominales, han convenido en
69
que el discurso. como toda natural. tiene un
principiO. un medio y un fm. Angel Majorana .10
dice con expresión feliz: "Hacer un buen exordIo;
desarrollar el argumento según las diversas ma-
neras que exijan éste. las circunstancias y el am-
biente; sentar una conclusión eficaz"!.
Resulta superfluo insistir en las sutilezas
de los retóricos antiguos sobre la división. Es sufi-
ciente que un discurso tenga una .(0
exordio). un cuerpo (b medio) y una concluslOn
(o peroración), y que. de acuerdo con una norma
apoyada en el sentido común. primo ne  
medio neo discrepetimum, o sea que el medIO no
discrepe del principiO ni haya discrepancia entre
el fin v el medio. Dos de ellas son por lo menos
imprescindibles, de acuerdo con el precepto de
Aristóteles. pues "necesariamente hay que exponer
un caso y luego demostrarlo"2.
No debe olvidarse que las distintas clasifica-
ciones tienen carácter erudito y provienen de
épocas muy dadas a las sutilezas abstractas. Al-
gunos tratadistas han criticado .las
clásicas, con razón unas veces, sm razon otras.
Lo cierto es que a pesar de las frágiles casillas de
la retórica clásica, los oradores antiguos nos han
dado excelentes piezas oratorias, como las de
Demóstenes y Cicerón, por ejemplo, de lo cual es
lícito inferir que las divisiones no asfIXian de
ninguna manera el talento del hombre: Pero in-
versamente, los modernos tienen en su haber tan
magníficas piezas como los clásicos, y ellas han
sido compuestas sin sujeciÓn a las divisiones
clásicas, de lo cual podemos deducir, con el mis-
mo derecho, que tampoco ellas son estrictamen-
te necesarias para producir excelentes discursos.
1 MAJORA.'iA, Á"GEL. Arte de hablar en público. Trad. Francisco Lom'
bardía. p. 151. Madrid. La España Moderna. s. f.
2 ARIsróTELES. Arte retórica.lib. m. cap. XIII. pár. 1.
70
En realidad, uno y otro sistema tienen venta-
jas e inconvenientes, pues si por una parte las
divisiones encaminan al orador, 10 orientan, 10
conducen y le impiden desviarse o perderse en
su camino, por otra se corre el peligro de coar-
tar, con normas convencionales, la libertad de
movimientos del orador. Lo más aconsejable -lo
prueba la experiencia- es seguir una división
previamente efectuada y estudiada, por 10 menos
durante la gestación y preparación del discurso,
y en el acto de pronunCiarlo, estar dispuesto en
cualquier momento a romper con esta obligación
creada por nosotros mismos, si la ocasión, el au-
ditorio, o la aparición súbita de nuevos e inespe-
rados pensamientos, nos revelan la necesidad de
seguir un rumbo distinto al fijado. Libertad den-
tro de la ley, podriamos decir con esto. Los tiem-
pos modernos han introducido la libertad en la
oratoria, y bien está que nos sirvamos de ella
cuando de su usufructo pensamos obtener bene-
ficios. Por extraordinaria traemos al caso una
frase de Paul Valéry, citada por el P. Sertillan-
ges: "Hay dos peligros que no cesan de amenazar
al mundo: el orden y el desorden"3. Tengamos por
válida esta magistral afirmación en la prepara-
ción de nuestros discursos.
Hay casos en que la división clásica es útil, y otros
en que su aplicación seria ingenua y ridícula. No se
puede imponer, pues, al orador, ninguna regla, y
debe dejárselo en libertad para que en cada oca-
sión, y frente a cada tema, decida con su criterio el
mejor método, pero recordando que si decide pres-
cindir del plan, en el sentido riguroso del término.
no podrá sin embargo prescindir del orden
4

3 SERllLLA1IIGES. P .. op. cit .• p. 329.
4 RICHARD C. BORDEN propone una división psicológica basada en las
cuatro etapas de la reacción de todo oyente: 1) ¡Eh! (Ho hum!): 2) ¿A
qué viene eso? (Why bring that up?); 3) ¿Por ejcmplo? (Vor instance?J;
4) ¿Y a mí qué? (So what?J. (CL Public speaking as listeners like itI.
Nueva York. Harper Brothers. 1935).
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Una disertación sobre "El libro y su destino",
por ejemplo, podria desarrollarse de acuerdo con
este plan:
INTRODUCCIÓN:
1. El hombre primitivo: ignorancia y aisla-
miento.
2. La necesidad de la comunicación: naci-
miento de la escritura y la imprenta.
CUERPO:
1. El libro y el mejoramiento social:
a) atenuación de las diferencias sociales
b) nacimiento de la opinión pública
c) ruina de los despotismos: la democracia
d) la industria editorial y la creación de
nuevas fuentes de trabajo.
2. El libro y la difusión de la cultura:
a) la sabiduría al alcance de todos
b) internalización de la ciencia, la técnica y
las artes
c) instrumento esencial de la escolarización
contemporánea.
3. Los vicios del libro:
72
a) la difusión de ideas malsanas y pernicio-
sas
b) la literatura pornográfica, sensacionalis-
ta y mercantilizada
c) la depravación de los gustos y costum-
bres
d) el envilecimiento de algunos autores.
CONCLUSIÓN:
l. El libro contemporáneo está frente a una
encrucijada. ~
2. Debemos bregar por un destino de sabidu- /'
ría, belleza y verdad. .&
Este plan admite un desarrollo mucho más '
analítico e, inversamente, puede sintetizarse
también. Todo dependerá de lo que el orador
desee decir. Pero en él se puede apreciar el es-
quema típico de una disertación:
1. INTRODUCCIÓN:
1 ........................................................ .
.... • .. • .. •• .... •••••••••• .. •••• .. •• .... •• .. ··1 .. •• .... ••
n. CUERPO:
1
2
3
............................................................... ...................................... ..
III. CONCLUSIÓN:
1 ....................................................... ..
La introducción o exordio
El principio de toda cosa tiene una importan-
cia capital o, como lo decía Aristóteles, "el co-
mienzo es más que la mitad del t o d o ~ . En orato-
ria, las primeras palabras tienen una influencia
decisiva, pues provocan la primera impresión del
auditorio. Hay una razón psicológica para que
esto sea así: la espera crea en el oyente un esta:"
do especial del alma que se exacerba por, el si-
lencio. El público calla y atiende: las primeras
palabras provocan un clima de atención y expec-
tativa, y el público espera interpretar al confe-
renciante, adivinarlo, juzgarlo para ver si satisfa-
73
rá o no su inquietud intelectual. Si el orador ati-
na a decir lo adecuado, rompe esa inquietud
mezclada de desconfianza y conquista al audito-
rio para todo el acto. El exordio es el puente que
el orador debe tender entre su alma y la de los
oyentes, para establecer así la comunicación.
Los antiguos tratados de retórica distinguen
cuatro clases de introducción o exordio:
l. Exordio ex abrupto.
2. Exordio por insinuación.
3. Exordio directo.
4. Exordio pomposo.
El exordio ex abrupto es una entrada inesperada,
brusca y categórica en el tema, con el objeto de
impresionar hondamente al auditorio. satisfa-
ciendo la gran inquietud o preocupación general
que está en los ánimos. Son comienzos explo-
sivos, especialmente recomendables para diri-
girse a las grandes asambleas en momentos de
Singular expectativa, provocada por sucesos gra-
ves o vitales que suceden o se espera que suce-
dan. y que han originado previamente senti-
mientos de odio. patriotismo. temor, indignación,
etc. En circunstancias así. se comprende que el
ex abrupto caiga como un rayo en el estado sen-
timental colectivo.
El más célebre ejemplo y modelo de exordio ex
abrupto será siempre el Quousque tamdem Cati-
linao pronunciado por Cicerón en el senado ro-
mano para denunciar ante ese cuerpo la conspi-
ración de Catilina, jefe del partido popular que
pretendía sustituir al gobierno por una dictadu-
ra. Cicerón. que debía hablar en la oportunidad,
rompió sorpresivamente la expectativa de los se-
nadores. diciendo: "¿Hasta cuándo. Catilina,
abusarás de nuestra pacienciaT. Catilina. de-
nunciado y descubierto. debió huir de Roma.
74
Existen otros excelentes ejemplos históricos de
este tipo de exordios.
El exordio por insinuación es más usual. y
consiste en entrar en contacto con el público de
manera suave y progresiva. creando paulatina-
mente el clima de comunicación, lo que permite
al orador sondear la mentalidad colectiva del pú-
blico con precaución y darle tiempo también para
colocarse espiritualmente en situación de recibir
el discurso. Este tipo de exordio es apto para
cualquier oportunidad y se presta a cualquier
tema. El comienzo lento ha sido empleado por
grandes oradores que necesitaban unos minutos
para superar el temor inicial y adquirir la fuerLa
oratoria. T. B. Macaulay. en la sesión de la Cá-
mara en que se debatía el proyecto sobre refor-
mas populares. se oponía a la moción de Thomas
Duncombe de que se oyese en la Cámara a los
firmantes del peUtorio que había motivado la
cuestión. Macaulay, que se iba a oponer a esta
moción. inició así su famoso discurso:
Señor: Tengo particular empeño en decir al-
gunas palabras sobre este asunto, porque en
una tarde anterior, cuando se discutió una
moción del honorable representante por
Rochdale, me vi privado de estar en mi puesto
por circunstancias accidentales. Yo sé que la
ausencia de alguno de los miembros del últi-
mo gobierno, en esa ocasión, fue considerada
y comentada como muestra de desdén hacia
este asunto o falta de simpatía por los intere-
ses de las más humildes clases populares de
este país. Por mí puedo responder que me vi
obligado a ausentarme a causa de una pasa-
jera indisposición. A un noble amigo mío, a
cuya ausencia se hizo particular alusión, le
fue imposible asistir a la cámara por circuns-
tancias puramente aCCidentales; y a ningún
miembro del último gobierno, estoy persuadi-
do, privó de exponer sus opiniones sobre este
asunto ningún motivo indigno. En las obser-
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vaciones que haré ahora a la cámara intenta-
ré imitar en todo lo que pueda al mismísimo
carácter del discurso del muy honorable ba-
rón, secretario de Estado en el Departamento
del Interior; pero si me traicionase el uso de
algunas expresiones no enteramente confor-
mes con el punto de vista tranquilo de la
cuestión, la cámara deberá atribuirlo al inte-
rés con que miro esta materia en general y
nadie que conozca mis sentimientos lo atri-
buirá a falta de cariño o de buena voluntad
hacia aquellos que han firmado la petición
presentada a la cámara.
Son muchos los tratadistas que afirman la ne-
cesidad de que no se entre de lleno en el asunto,
pues la autoridad se adquiere con lentitud. Hay
oradores que han empleado este modo de intro-
ducción en forma voluntaria y sistemática, ma-
niobrando hábilmente con el alma de los oyen-
tes, hasta colocarlos en el punto psicológico que
les interesaba. Otros en cambio, solicitan para
cierto tipo de conferencias, como las universita-
rias, por ejemplo, una introducción directa, sin
rodeos. Esto piensa André Siegfried, rescatando
un pensamiento aj eno expresado en esta fórmu-
la: "¡La autoridad no se solicita, se toma!"5.
El exordio directo es el comienzo sin preparati-
vos ni precauciones. Se recomienda para el ejer-
cicio de la cátedra y para aquellos casos en que
se está de antemano en la posesión del senti-
miento previo de los oyentes, como en la cátedra
sagrada, la oratoria fúnebre, la militar, etc. Un
exordio de este tipo tiene el famosísimo discurso
pronunciado en Gettysburg por Abraham Lin-
coln:
Ochenta y siete años ha. nuestros padres
dieron a la luz en esta tierra una nueva na-
5 SIEGFRIED, ANDRÉ, op. cit., p. 121.
76
ción, concebida en la libertad y dedicada a la
proposición de que todos los hombres son
con igualdad. Hoy estamos compro-
metIdos en una gran guerra civil, probando si
nuestra nación, o si cualquier nación, así
concebida ya tal fin dedicada. puede subsis-
tir por largo tiempo.
El exordio pomposo es el menos frecuente de
todos'y se lo considera una creación del siglo XVII
frances, el siglo de Luis XIV. Es apto para oca-
siones de gran solemnidad, en que la elevación
del pensamiento y del sentimiento se ajustan a
la nobleza y magnificencia del acto o del asunto.
Es la introducción para las más grandes ocasio-
nes en que pueda hacer uso de' la palabra el
hombre, la oratoria patriótica, la cátedra sagra-
da, los panegíricos fúnebres de personalidades
extraordinarias, etc. En realidad, en nuestro
este tipo de exordio ha dejado de ser,
practicamente, usual. Uno de los más grandes
oradores religiosos de todos los tiempos, Bossuet,
se caracterizó y distinguió en el empleo del exor-
dio pomposo. Muy festejado es el correspondien-
te a la oración fúnebre de Enriqueta María de
Francia, reina de la Gran Bretaña, pronunciado
en 1669, en la iglesia de Santa María de Chai-
llot:
Señor: Aquel que reina en los cielos y del
que dependen todos los imperios; aquel a
quien únicamente pertenecen la gloria, la ma-
jestad y la independencia, es también el único
que se glorifica dictando ley a los reyes y dán-
doles, cuando le place, grandes y terribles lec-
ciones. Ora levante los tronos, ora los humi-
lle, ora comunique su poder a los príncipes,
ora lo recoja en sí mismo, dejándoles sola-
mente su propia debilidad, siempre les ense-
ña sus deberes de una manera soberana y
digna de él. Porque al darle su poder les orde-
na que lo usen como lo emplea él mismo, para
77
el bien del mundo; y al retirárselos, les hace
ver que toda majestad es prestada, y que, por
estar sentados en el trono, no dejan de en-
contrarse bajo su mano y suprema autoridad.
Así es que no instruye a los príncipes con dis-
cursos y palabras solamente, sino que tam-
bién con hechos y con ejemplos. Et nunc, re-
ges, intelligite: qui iudicatis terram
En modo general el exordio debe respetar cier-
tas exigencias naturales del arte oratorio. En
primer término, debe guardar una estrecha rela-
ción con el conjunto del discurso, en materia y
tiempo. Hasta se ha previsto una duración de
cinco a diez minutos, a lo sumo, en una diserta-
ción de tres cuartos de hora a una hora.
Además, aprovechar el exordio para lograr la
captatio benevolentiae, es decir, la benevolencia,
la buena voluntad y la simpatía del público. Esto
requiere diplomacia en los rodeos. El público
debe ser tratado tal como es, sin afectación, des-
dén. suficiencia, ni vulgaridad: si el público es
calificado, podrá hacérsele notar que así lo con-
sideramos. con elegancia y sin remilgos: si es un
público popular, no aceptará el trato desdeñoso.
Deberá despertar interés por el tema que des-
arrollará, lo cual se logra con una presentación
ingeniosa e inteligente. Para ello   con
claridad el asunto principal de la reunion, pero
no anticipará la conclusión a que se ha de llegar.
A lo sumo, y cuando las circunstancias lo re-
quieran, dará una idea vaga de la conclusión,
pero no en detalle. Hay que dejar para el cuerpo
del discurso la serie de argumentos fundamenta-
les. las afirmaciones rotundas, las ideas decisi-
vas. Es de rigor que al terminar el exordio, el
orador haga una pausa antes de pasar adelante.
Finalmente. en lo que se refiere al contenido
mismo del exordio, no existen reglas fijas. El
contenido estará aconsejado por las circunstan-
cias: puede ser una narración; una cita famosa;
78
el recitado de versos; la lectura de un fragmento
interesante; una pregunta; una aseveración ro-
tunda; una acción sorpresiva. como romper un
objeto, mostrar algo. hacer un ademán; un re-
frán, etc. Todo esto, es lógico. requiere una ine-
ludible preparación anterior.
El estilo del exordio deberá ser claro. conciso,
sencillo. sin alarde de elocuencia. No deberá em-
pezarse nunca con un tono retórico elevado, por-
que la linea estilística debe ir subiendo a medida
que se desarrolla el discurso. Sobriedad. modera-
ción, sencillez. claridad, son condiciones generales
de todos los exordios. Luego vendrá 10 deslum-
brante durante el desarrollo del medio o cuerpo.
La actitud del orador tiene importancia en la
introducción. El orador se presentará con humil-
dad y autoridad. simultáneamente, sin hacer os-
tentación ninguna. con gran confianza y seguri-
dad en sí mismo, y, si es posible, con Simpatía y
cordialidad.
El cuerpo o medio
El cuerpo o medio es el núcleo central del dis-
curso. En él se desarrolla el asunto o tema, se
dan los argumentos. se refutan las ideas. se
ejemplifica la demostración, se adopta una posi-
ción. El medio es la conferencia misma.
Las retóricas clásicas han estudiado la división
interna de esta parte del discurso. reduciéndolas
algunos tratadistas a dos. tres o cuatro partes.
según los autores. Estos ensayos de división han
caído en la sutileza escolar y, como consecuen-
cia, han perdido prestigio. En la actualidad no
tiene sentido discutir sobre estas divisiones. así
entendidas, porque la elocuencia se rige por un
criterio más realista que nominalista. En efecto.
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carecen de valor práctico y más complican que
resuelven las cosas.
Es cierto que el cuerpo o medio de un discurso
debe estar dividido de alguna manera, pues esta
división ayuda a conducir el pensamiento dentro
de cierto orden y coherencia, y al mismo tiempo
facilita la retención, librando al discurso de im-
provisaciones y tanteos. Pero de ninguna mane-
ra conviene que esta división sea tan rigurosa,
analítica y contundente que ponga freno a la es-
pontaneidad y libertad del orador en el momento
mismo de enfrentar el tema ante su auditorio.
Llevada al exceso la división, se corre el riesgo
de hacer varios discursos dentro de uno mismo,
y no dar impresión de unidad.
Así pues, las divisiones del discurso deben ha-
cerse, pero no dándole más valor que el de auxi-
liares del pensamiento, el orden y la memoria.
Pero ni aun esto debe tomarse al pie de la letra,
pues todo dependerá de la mentalidad del ora-
dor. Si a su peculiaridad psicológica conviene
una división minuciosa, podrá hacerla. Si su ca-
racterística personal es el enfoque en grandes
grupos de las ideas. saludable será que respete
su modo de ser. Lo que se quiere significar es
que en la actualidad. ha desaparecido la obliga-
toriedad de la división en tantas o cuantas par-
tes. Cada uno elegirá lo que más condiga consi-
go mismo.
En general. la división muy analítica se impone
cuando el discurso es largo: favorece el encadena-
miento del desarrollo y permite pausas psicológi-
cas de descanso a los oyentes. Lo mismo cuando
se traten temas de gran rigor lógiCO y demostrati-
vo. que no admiten saltos ni vacilaciones.
En los demás casos. se aconseja que las divi-
siones no sean muchas, dos o tres a lo sumo, de
manera que no fragmenten demasiado el discur-
so y sean fáciles de recordar. Cada una de estas
80
partes encerrará una idea dominante y en tomo
de ella se agruparán las ideas y demostraciones
secundarias.
En el desarrollo del cuerpo del discurso. deben
atenderse ciertas exigencias, a saber:
a) Unidad: Todo lo que se diga en el cuerpo del
discurso deberá tener una unidad, es decir, cada
idea tendrá que estar relacionada con las otras,
y todas, con el conjunto del tema. No debe haber
mezcla de cosas sin sentido, no debe decirse
nada que no guarde estricta adecuación con el
asunto. Se oponen a esta regla, los siguientes
defectos: 1) las digresiones o salidas del tema; 2)
las redundancias o repeticiones de cosas ya di-
chas o de detalles inútiles o sobreentendidos; 3)
las exageraciones, que amplifican o disminuyen
injustificadamente los hechos, las ideas o las
personas; 4) los alargamientos que llevan el aná-
lisis de los asuntos hasta el extremo, sin necesi-
dad; 5) las omisiones. que suprimen sin razón
ideas, razonamientos o hechos que hacen falta.
b) Orden: Las ideas deben estar desarrolladas
por su orden lógico y los razonamientos deben
derivarse unos de otros, de manera que el asun-
to se despliegue en forma natural. Esto es lo que
suele llamarse el "hilo del discurso", que en nin-
gún momento debe perderse.
c) Progresión: El conjunto debe desarrollarse
paso a paso. marchar en forma creciente hasta
el punto culminante o nudo del asunto, para dar
lugar entonces a la solución final. Este proceso
acrecienta recíprocamente el interés del audito-
rio y permite ir refutando paulatinamente las
opiniones contrarias, por orden de importancia,
o confirmando las nuestras, también por su or-
den jerárquico.
81
d.) Transición: Se denomina transición, en re-
tórica, al paso de un asunto a otro. Son partes
muy difíciles de realizar bien y que conviene
atender con sumo cuidado. Las transiciones de
una idea a otra, de un párrafo a otro, no deben
ser meros artificios del lenguaje, sino que deben
apoyarse en reales transiciones del pensamiento.
De otra manera, el cuerpo da la impresión de ser
un simple amontonamiento de ideas y razona-
mientos, y no un conjunto.
En la preparación de un discurso, debe preverse
mayor cantidad de material que el estrictamente
necesario, para estar a salvo de cualquier olvido,
mal cálculo del tiempo, desviación impuesta por
las circunstancias. etcétera.
La conclusión o peroración
La conclusión o peroración es la parte últi-
ma del discurso. No se concibe que el orador
termine sorpresivamente su discurso y se reti-
re, dejando en suspenso al auditorio. Como dice
un tratadista, "el silencio final también se pre-
para".
La conclusión es, muy a menudo, la parte más
difícil de un discurso. A veces, es también la
parte más decisiva, porque según lo que en ella
se diga se arriesga todo lo logrado durante la ex-
posición. El orador insuficiente o no preparado,
suele dar vueltas sin saber cómo cerrar la confe-
rencia, o en otros. casos, anuncia. con poco co-
nocimiento de la psicología del público, que va a
terminar su disertación y rompe así el encanto
de la peroración.
Este paso debe llegar como una consecuencia
necesaria del discurso. cuando el mismo público
y el orador tienen la impresión de que ya no que-
da nada por decir. Esto supone una disertación
82
bien meditada y bien conducida, porque en rea- ~ ~ @
lidad no basta expresar la fórmula tradicional
"He dicho" para crear en la mente del público la
idea de que todo ha concluido. ~
La conclusión puede estar compuesta a v e   e ~ ~
de dos partes: una corta recapitulación de lo ex- / .s
puesto y un llamado en favor de la causa soste- (,
nida. No siempre, sin embargo, es posible cum-
plimentar estos dos pasos, uno para la razón y
otro para el corazón, como los califica Hougardy.
La ocasión y el tema indicarán al orador sobre lo
conveniente en cada caso.
No debe ser muy larga ni amanerada, pues su
valor radica en la pOSibilidad que tiene de dejar
en el espíritu de los oyentes u,na conclusión o
idea perdurable. Este efecto se pierde si la pero-
ración es complicada. En ella no deben interca-
1arse repeticiones ni ideas accesorias o comple-
mentarias. porque el lugar de estas cosas está en
el cuerpo, y lo que no se dijo en su momento, no
se puede decir aquí.
Aristóteles es categórico a este respecto: "Para
terminar definitivamente, conviene suprimir las
conjunciones, a fin de que el público comprenda
bien que se está en la peroración y no frente a
un nuevo discurso. Diréis: "He dicho. me habéiS
oído. ya lo sabéis, juzgad, entonces"6.
No siempre es posible ser tan categórico
y contundente. y las conveniencias del lugar o
la ocasión reclaman una conclusión suave,
descendente. "Hace falta mucho arte para ter-
minar con una fórmula que resuene netamen-
te como una puerta al cerrarse", afirma Siegfried.
y esto es muy cierto. En muchas oportunida-
des no se atina con esa fórmula ni lo consiente
el auditorio.
6 ArusrÓ'fELES. Arte retórica. lib. 111. cap. XIX. pár. 6.
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Por lo general, la peroración exige ciertas con-
diciones artísticas, cierta dosis de pulimento li-
terario y estético que dejen la impresión· de un
perfume permanente. Todo esto, como es natu-
ral, resulta difícil improvisarlo en el momento
mismo de la terminación del discurso. Requiere,
necesariamente, una preparación previa y bien
meditada. Los mejores oradores han llevado
siempre preparada su peroración.
No existe, tampoco, receta fija para la perora-
ción. Los tratadistas aconsej an diversas formas, y
los retóricos antiguos han cultivado abundantes
sutilezas sobre el particular. Se puede terminar
con un resumen de lo dicho; con una expresión de
cortesía hacia el público; con una exhortación a
seguir la idea explicada; con una cita poética o en
prosa; con una anécdota o frase de buen humor;
con una gradación descendente de pensamientos
o sentimientos; con un resumen; con un retomo
al exordio, etc., e incluso con un ex abrupto, si la
ocasión, el tema y el auditorio lo permiten y si te-
nemos para ello la suficiente capacidad artística.
Es prudente evitar las fórmulas estereotipadas
en esta parte de la oración, como aquella de "Bue-
no, no teniendo más que decir, vaya concluir", o
"Como el tiempo apremia y ustedes están fatiga-
dos ... ", o "Bien, señores, suspendemos aquí nues-
tro t.ema. En la próxima reunión tendremos el pla-
cer de volver sobre el mismo", etc. Al concluir el
desarrollo del tema, el orador deberá hacer una
pausa, anunciadora de la peroración, y sólo en-
tonces decirla, teniendo cuidado de pronunciar las
últimas palabras con una caída del tono de voz.
Los apuntes o guías
Los oradores expertos no usan, por lo general,
los apuntes, notas o fichas, pues se desempeñan
84
con holgura y seguridad sin ellos. Sobre todo
cuando se habla de pie, es particularmente ina-
ceptable su empleo. Cuando se habla sentado, en
una conferencia, un congreso o un debate, puede
utilizárselos. Para el caso de que el orador tema
olvidarse el encadenamiento de su discurso, o le
sea necesario efectuar alguna cita textual difícil y
no confíe en su memoria, o cuando requiera inelu-
diblemente un fuerte sostén psicológico, no le
queda más solución que usarlos, pero a condición
de que sean sacados ostensiblemente en el mo-
mento mismo de iniciar la disertación y colocados
a la vista del auditorio. Ocultar los apuntes, mi-
rarlos de reojo o empezar a utilizarlos en medio de
la exposición, son actitudes reproQhables.
En la confección de los apuntes, cada orador
puede seguir la técnica que más se adapte a sus
características psicológicas: puede ser extenso o
breve; analítico o sintético; transcribir o no las
frases principales o las ideas matrices y secun-
darias; escribirlos con letra manuscrita o de má-
quina; emplear símbolos, dibujos, números, su-
brayados, tintas de varios colores o cualquier
otro recurso que convenga a su mentalidad.
Los apuntes deben seguir estrictamente el plan
de la disertación y es preferible que contengan
únicamente los temas y subtemas enunciados
someramente. No conviene que reproduzcan pá-
rrafos enteros, a menos que se trate de citas tex-
tuales anotadas para ser leídas en su momento.
No debe olvidarse que su único fin es el de fijar
las ideas dominantes del discurso y su relación
recíproca.
La memorización del discurso
Aun cuando el orador hable sin apuntes o fi-
chas, se comprende que deberá retener fielmente
85
en su memoria la totalidad del plan de su diser-
tación. En cualquier tratado práctico sobre la
memoria pueden encontrarse procedimientos
mnemotécnicos que facilitan la recordación.
Los métodos varían de orador a orador, ya que
cada persona se asegura a su manera. El plan
puede memorizarse gráficamente en su totalidad
reteniendo, a través de sucesivos ensayos, la
imagen de su disposición y títulos.
Otra forma consiste en reducir el título de cada
tema a palabras claves -que pueden estar in-
cluidas en las frases o ser convencionales- de
manera que el orador sólo deba hacer el esfuer.w
de recordar una serie de ocho o diez palabras que
le reconstruyen la secuencia de la disertación. En
el ejemplo del plan expuesto anteriormente, esos
vocablos podrían ser: primitivo. comunicación,
mejoramiento. cultura. vicios, etc. Este mecanis-
mo se toma desventajoso cuando el plan es muy
analítico y requiere recordar una larga serie de
términos porque acaban mezclándose en nuestro
recuerdo.
Suele también usarse una palabra clave, cada
una de cuyas letras o sílabas sea la inicial de
una palabra escogida de cada título o subtítulo:
los maestros medievales usaban las palabras
Barbara Celarent Darii Ferio para recordar los
cuatro modos del silogismo y retener por su or-
den estas vocales: AAA, EAE, AlI, EIO.
En algunos tratados mnemotécnicos se reco-
mienda la frase absurda, que consiste en ligar las
palabras claves de cada título en una frase lo
más insólita posible, que facilite su recordación.
Cicerón refiere en uno de sus tratados que los
oradores romanos recurrían en sus discursos a
la memoria tópica o de lugares: referían cada una
de las diversas partes de su discurso a los dis-
tintos lugares de un sitio. y luego. recorriendo
con la vista los diferentes sitios, reconstruían por
86
su orden la secuencia del discurs0
7
• Esto mismo
se puede aplicar imaginando una serie conocida
de lugares o una historia fantástica, cada uno de
cuyos pasos recuerde a una parte del discurso.
Otro de los recursos mnemotécnicos muy usa-
do es el de representar con dibujos simbólicos
cada una de las partes, de manera que el orador
sólo tenga que recordar una serie de gráficos,
antes que palabras o frases.
Lógicamente, estos son recursos de la llamada
memoria artificial, que si bien ayudan, tienden a
sustituir la verdadera memoria, la natural, que
consiste en retener las ideas por su orden, nece-
Sidad y coherencia.
7 CICERÓN. MARco TULlO. Del orador. lib. 11. cap. IJeXXVIl. Lo mismo en
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5. PROCEDIMIENTOS
DE DESARROLLO
Después de acumuladas y dispuestas en el es-
quema previo las ideas del discurso. viene el tra-
bajo de desarrollarlas. es decir. desplegarlas. ex-
trayendo de ellas. todos los elementos de convic-
ción. belleza y fuerza que enCierran, para
presentarlas de modo elocuente. Para este desa-
rrollo es muy útil el conocimiento de las llama-
das 'figuras' retóricas.
Las figuras retóricªs_
Las figuras    
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retóricos han estudiado y clasificado
un gran número de figuras. y han llegado en
ciertos casos a tan prolijas distinciones. que re-
sultan difíciles de retener. En los tiempos mo-
dernos. los tratadistas tienden a suprimir de los
estudios las clasificaciones engorrosas y tipifica-
das que nos ha transmitido la antigüedad clási-
ca. En general. fundan su oposición en razones
de naturalidad. suponiendo que la expresión,
cuando más espontánea. es más valiosa. No to-
dos los tratadistas comparten este criterio, ya
89
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que el estudio analítico de las figuras no condu-
ce necesariamente a la artifkiosidad de la frase,
como no los ha conducido a los clásicos. Una vez
más, el talento y el gusto literario del orador de-
ben decidir'la cuestión.
El conocimiento de las figuras es, en nuestra
opinión, seguramente útil para el escritor y el
orador, a pesar del mal uso que algunos artistas
puedan hacer de ellas. De ninguna manera debe
creerse que sea imprescindible retener en la me-
moria los nombres de las figuras, pues basta sólo
con conocerlas y dejar luego lugar al trabajo de
la propia conciencia. La tipificación y denomina-
ción obedecen a razones de didáctica y de co-
mercio intelectual, pero las figuras mismas han
sido extraídas de la realidad oratoria.
El origen natural de las figuras puede compro-
barse en el lenguaje del pueblo y del vulgo, que
las crea espontáneamente, y las utiliza, sin sa-
ber siquiera su nombre ni su clasificación retóri-
ca. El lenguaje de los campesinos es particular-
mente notable en este sentido. Las personas cul-
tas suelen emplearlas menos en la conversación
habitual. En el discurso, el buen sentido del ora-
dor debe discernir cuáles figuras le conviene em-
plear y cuáles no. La oratoria exige el empleo de
figuras literarias más que cualquier otro género,
pero, al mismo tiempo, es menester recordar que
su aplicación depende en buen grado de la oca-
sión del discurso. el tipo de pieza y el auditorio.
Un discurso técnico o un pú bUco culto soportan
menos las figuras, mientras que ellas son de gran
efecto en los discursos públicos o en los sacros.
Un reputado orador señala, con respecto a
ellas. que "las figuras son felices cuando se las
puede representar, cuando se las puede realizar".
Las figuras ayudan a presentar de manera efec-
tiva el pensamiento, facilitan la comprensión del
auditorio, y dan elegancia. color y fuerza a la ex-
90
presión. Es importante comprender que las figu-
ras no pueden suplir al pensamiento, pues en-
tonces se convierten en meros artificios insus-
tanciales que el oyente nota y repudia. Las figu-
ras deben envolver a las ideas, servirlas y nunca
sustituirlas, y para ello es necesario que sean
verdaderas, propias y naturales y que no se abu-
se de ellas.

.
l. sirven para mostrar los
objetos con viveza y claridad.
2 .   que se emplean para expresar pa-
siones y sentimientos.
3. Lógtcas, que sirven para dar fuerza y claridad
a las ideas. /
4.     que se utilizan para ocultar o ve-
lar el pensamiento.
Figuras descriptivas
Las figuras descriptivas son las que sirven para
mostrar con mayor viveza y claridad los objetos.
Las principales figuras descriptivas son:
Descripción. - Consiste en presentar. por me-
dio de palabras. lugares, escenas. personas o co-
sas, de un modo vivo y artístico. La descripción,
en oratoria, no debe ser prolija, pues conviene
que vaya a 10 esencial, típico. característico y lla-
mativo. Puede hacerse por simultaneidad o por
sucesión.
El estilo más adecuado a la descripCión es el
simple y natural. Una descripción está lograda
cuando hace figurar en la mente del oyente el
cuadro completo, produciendo un efecto psicoló-
gico llamativo. La descripción debe ser viva, ani-
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mada, dar ilusión de realidad y colocar ante la
imaginación del público el objeto.
Esto se consigue percibiendo lo fundamental
de un objeto y presentándolo en forma ordena-
da, según la importancia de los elementos cons-
titutivos. Describir es una de las tareas más di-
fíciles, y no todos los escritores u oradores son
descriptivos. En la descripción tiene particular
importancia' el empleo de los adjetivos, ya que
ellos sirven para caracterizar a los objetos.
El tono y el lenguaje de la descripción deben
guardar relación con el tipo del discurso y el au-
ditorio, para no incidir en discrepancias negati-
vas. El tono y el vocabulario de la descripción
pueden exaltar o disminuir un objeto, ennoble-
cerlo, significarlo o ridiculizarlo. Una descripción
es buena cuando logra el efecto que el orador
pretende.
La descripción puede originarse en la observa-
ción directa o indirecta. La primera está tomada
del natural; la segunda, de fuentes intermedia-
rias, como fotografías, láminas, conversaciones,
etc. Desde el punto de vista literario, interesa
poco que el autor haya visto o no, con sus pro-
pios ojos, el objeto natural, mas nunca debe dar-
se la impresión de hablar en base a pura imagi-
nación. Los principales peligros de la descripción
son: la vulgaridad, la exageración y la fantasía.
"La descripción es la piedra de toque de la ima-
ginación del poeta -dice Blair en su retórica-,
y la que distingue a un ingenio original del que
no es más que un copista". Roustan ha señalado
los tres requisitos de la descripción: "Mirar bien,
retener bien y reconstruir bien".
92
La Biblia.
Libro prodigioso aquel, señores, en que el
género humano comenzó a leer treinta y tres
siglos ha; y, con leer en él todos los días, to-
das las noches, y todas las horas, aún no se
ha acabado su lectura. Libro prodigioso aquel
en que se calcula todo antes de haberse in-
ventado la ciencia de los cálculos; en que, sin
estudios lingüísticos, se da noticia del origen
de las lenguas; en que, sin estudios astronó-
micos, se computan las revoluciones de ~
astros; en que, sin documentos históricos, se,l'
cuenta la historia; en que, sin estudios fisicos, <$
se revelan las leyes del mundo. Libro prodi-
gioso aquel que lo ve todo, que lo sabe todo,
que sabe los pensamientos que se levantan en
el corazón del hombre, y los que están pre-
sentes en la mente de Dios; que ve lo que pasa
en los abismos del mar, y lo que sucede en
los abismos de la tierra; que cuenta o predice
todas las catástrofes de las gentes, y en don-
de se encierran y atesoran todos los tesoros
de la misericordia, todos los 'tesoros de la jus-
ticia, y todos los tesoros de la venganza.
Donoso Cortés, La Biblia.
Retrato. - El retrato es la descripción de una
persona. Puede ser físico o moral, o ambas cosas
al mismo tiempo, según que atienda al aspecto
corporal de una persona, al carácter, o combina-
damente a una y otra condición. El retrato pue-
de referirse a un personaje histórico, vivo o real,
o a un personaje imaginario, fantástico o nove-
lesco. La técnica descriptiva es siempre la mis-
ma.
El retrato histórico, sin embargo, exige veracidad,
obj etividad de información y gran sutileza de in-
terpretación psicológica, pues sin estos atributos,
se corre el riesgo de falsear la historia. Es nece-
sario, para ello, realizar previamente un estudio
completo del personaje, la época, las circunstan-
cias y el ambiente humano.
En todos los casos, es necesaria una gran capa-
cidad de' observación para apreciar los pormeno-
res físicos y psicológicos, una gran comprensión
93
para interpretar el carácter del personaje y una
especial delicadeza expresiva para comunicar
esos matices. Como requisitos comunes a todos
los tipos de retratos, se cuentan la sinceridad, la
subordinación de lo accesorio a lo esencial, la
armonía en el desarrollo de la descripción, "de
suerte que de la complejidad se destaque la uni-
dad", como lo exige el preceptista Miguel de Toro
y Gómez:
y la horda era Facundo; Facundo, encarna-
ción de la más agresiva y procaz de toda la
barbarie ambiente; Facundo ramificado en
pequeños satélites que le secundaban sin
igualarle y reflejado como por una proyección
luminosa en ese Restaurador, que había
aprendido a barnizar de cultura sus instintos.
disimulando el "facón" bajo el frac. pero que
no era sino una d i   i ó n ~ n pasta de aquel ori-
ginal en rústica; Facundo. cuyo redomón se
diría empujado por todos los vendavales del
desierto y cuyos ojos negros brillaban entre la
maraña de la melena y las barbas como dos
pupilas de pantera en una selva; Facundo,
cuya nervuda diestra apretaba una lanza de
ébano con virolas de plata. mientras hundía
la mirada en quién sabe qué ideales sugeridos
por quién sabe qué salvajes atavismos miste-
riosos: Facundo, en fin. que para ejemplo y
consuelo y enseñanza. había de morir dos ve-
ces: primero. bajo el puñal de un asesino. y
después bajo el plumazo de Sarmiento.
Belisario Roldán, Echeverria.
Narración. - La narración es la exposición or-
denada de un hecho o suceso. Ella está, como la
descripción, en el fondo de toda obra literaria.
Puede narrarse un hecho real o un hecho imagi-
nario, pero en ambos casos las exigencias retóri-
cas son las mismas. Cuando la narración es de
carácter histórico, las exigencias son mayores y
94
más severas, pues el· relato debe ajustarse es-
trictamente a la verdad, tal como está compro-
bada y documentada hasta el momento. Por ser,
en suma, una reconstitución histórica, rigen para
ella las reglas de la metodología histórica. Los
otros tipos de narraciones (novelescas, mitológi-
cas. anecdóticas) permiten más libertad al ora-
dor.
En oratoria. es útil el recurso de inventar he-
chos y narrarlos como reales, sobre todo por la
fuerza demostrativa que encierran los relatos.
Esta creación de supuestos hechos se refuerza
en grado sumo cuando el propio orador se pre-
senta como actor del hecho narrado.
La narración debe ser real, y si es inventada,
debe ser verosímil. En su desarrollo, debe ser
breve. clara, ordenada, coherente y proporciona-
da, en extensión y en tono, al contexto del dis-
curso. Es preciso no dar demasiado lugar a la
imaginación, a fin de no peIjudicar la verosimili-
tud del relato. El orden es igualmente importan-
te, para evitar idas y venidas que desfiguran y
oscurecen el hecho narrado. La claridad se logra
prescindiendo de lo inútil; la coherencia. desa-.
rrollando el hecho por orden cronológico. La pro-
porción se consigue adecuando la extensión del
relato al total del discurso, pues las narraciones
demasiado largas son fatigosas y molestan al
auditorio:
El pueblo madrileño. aquel día no midió sus
armas, ni contó las enemigas. ni pensó en el
desenlace. ni escogió la ocasión. ni detuvo el
brazo para la deliberación o para el concierto:
el alrna nacional se declaró presente y afirmó
su voluntad de vida e independencia. que son
una sola cosa. Para esta obra insigne de la
espiritualidad colectiva fueron iguales todos
los madrileños. borradas. en la común alteza
del sentimiento patrio. todas las diferencias de
condición. ¡Prerrogativa del alma por la cual
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somos hermanos! Y sí. ahora. vedlo: no hay
en Madrid quien. por excelso que sea su lina-
je, por grandes que sean las proezas memora-
bles de sus mayores, no se enorgullezca con
la gloria de aquella multitud anónima; y el
mismo Rey, la Majestad misma, cumbre de
toda grandC'¿a y fuente de todo honor, aquí
está, ufanándose de ser hijo de Madrid y par-
tiendo con los más humildes aquella herencia
de luminosa nobleza.
Antonio Maura, en la inauguración del
monumento al pueblo del Dos de Mayo.
Definicibn. - Consiste esta figura en expresar
lo que es un objeto, mostrándolo en sus aspec-
tos esenciales. Desde el punto de vista oratorio,
no es necesario que la definición coincida con lo
que se denomina definición lógica. Conviene, en
los discursos, que las definiciones no sean lar-
gas ni oscuras:
El niño es flor, es luz, es pureza, es armo-
nía siempre. Como el rosal de Francia, que
perfuma toda una casa con uno solo de sus
capullos, él, aunque ya descolorido y mustio
por el ambiente criminal de una familia mal-
dita. pone sus emanaciones de azucena, su
pincelazo de candidez, su chasquido de beso,
su rocío de fraternidad sobre las cosas y los
hechos más innombrables y hace pasar una
rápida iluminación, un relámpago de nobleza
por el alma sucia de los más sucios, por el co-
razón de piedra de los hombres y las mujeres,
que le rodean como los cardos a una verbena.
Pedro B. Palacios (Almafuertel. El niño.
Enumeracibn. - Consiste en la presentación rá-
pida de una serie de ideas u objetos, referidos
todos a un mismo asunto. Su calidad esencial es
96
la viveza e interés de los casos enumerados. Se
la denomina también 'acumulación':
Aquí son las batallas. aquí las caídas. aquí
las victorias. aquí las coronas; quiero decir
que aquí son las caídas de los flacos. aquí las
victorias de los esforzados y aquí las coronas
de los vencedores. y aquí. finalmente. toda la
milicia y ejercicio de la virtud; porque en do-
mar estas fieras y en enfrentar estas bestias
bravas consiste una muy gran parte del ejer-
cicio de las virtudes morales.
Fray Luis de Granada, Guía de pecadores.
Comparación. - Es una figura que consiste en
expresar las semejanzas que existen entre dos
ideas u objetos, con el fin de dar más claridad,
relieve o elegancia al pensamiento. Naturalmen-
te, se comprende que el segundo término de la
comparación debe beneficiar la claridad del pri-
mero y nunca peljudicarla. Se usa con frecuen-
cia para hacer más comprensibles las cosas abs-
tractas. Se la llama también 'semejanza' o 'símil'.
Señores, la humanidad es como el hombre.
Tres facultades intelectuales descubrimos en
el hombre: la sensibilidad que le relaciona con
el mundo exterior; la inteligencia. esfera don-
de se forman las nociones; y la razón, último
extremo de nuestras facultades. hermoso
templo de las ideas. A estas tres facultades
pertenecen tres períodos históricos. Cuando la
sensibilidad predominó en los pueblos, el feu-
dalismo los cautivó amedrentándolos con su
tajante espada y deslumbrándolos con su co-
losal poder; pero cuando la inteligencia domi-
nó la sensibilidad, la tiranía perdió su fuerza,
los magnates perdieron susfueros, y el trono.
institución venerada. institución antiquísima.
concentró en sí todós los derechos; hasta que
la razón. soberana del mundo. levantó el pue-
97
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blo al absoluto ejercicio de la soberanía que
por derecho le corresponde.
Emilio Castelar.
Discurso del 22 de septiembre de 1854.
Anlílesis. - Esta figura es la contraria de la
comparación. Consiste en anteponer una idea a
otra. con el objeto de hacer resaltar y dar fuerza
a la que explicamos. Es más efectiva y brillante
cuanto más simétrica es la construcción de am-
bas frases y cuanto más opuestos son los voca-
blos con que la expresamos. Se la denomina
también 'contraste':
Si os preguntan pues: ¿cuántos sois? res-
ponded: somos uno; porque nuestros herma-
nos somos nosotros mismos y nosotros nues-
tros hermanos. Dios no ha creado ni peque-
ños ni grandes. ni amos ni esclavos. ni reyes
ni vasallos; sino que ha hecho a todos los
hombres iguales.
Lamennais.
Amaos y ayudaos los unos a los otros.
Figuras patéticas
Las figuras patéticas son formas artísticas de
expresar pasiones y sentimientos. con el obj eto
de reforzar la expresión. Las principales figuras
son:
Apóstrofe. - Esta figura consiste en dirigir, de
pronto, la palabra a una persona o ser personifi-
cado. presente o ausente:
98
Padre nuestro que estás en la Gloria; señor
de las agitadas horas liminares. al través de
las cuales cruzó tu imperturbable serenidad
de república como un astro sobre un campo
de batalla; caballero de la benignidad y la
concordia, a quien ni las tiranías ni el soma-
tén de las turbulencias diarias consiguieron
disminuir un momento el inmutable equilibrio
de tu numen; electo de este gran corazón ar-
gentino que hiciste de tu vida un modelo y de
tus balcones un altar, a cuyo pie se agrupa-
ran las nerviosas multitudes para recibir el
Verbo inspirado. que a veces cayó sobre las
cabezas como riego bienhechor en campo
seco; insuperada conjunción de todas las vir-
tudes nativas. tan exuhcrante de gravitaciones
irresistibles que sin hablar. sin accionar. sin
erguirse. sin aparecer -con sólo vivir- ejer-
cías. a la manera del Sol sobre los mundos del
sistema. el imperio dinámico de la total armo-
nía ...
Belisario Roldán. Mitre.
Conminación. - Consiste en amenazar o
anunciar graves daños a la persona o cosa per-
sonificada a la que fingimos dirigir la palabra.
para producir temor y evitar daños:
¡Tres veces felices los que estén con nos-
otros! Prosperarán en su hacienda y en su
condición. ¡Felices los que permanezcan neu-
trales! Tendrán tiempo para conocernos y se
pondrán a nuestro lado. Pero ¡desventurados.
tres veces desventurados los que se armen por
los mamelucos y combatan contra nosotros!
No habrá esperanzas para ellos: ¡todos pere-
cerán!
Napoleón Bonaparte.
A los egipcios. al desembarcar en Alttiandria.
Optación. - Esta figura consiste en formular
un deseo vehemente:
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tiene miedo de que vuestra Asamblea se em-
pobrezca de buenos ciudadanos? ¡Vamos
errores! ¡Miserablcs excusas! ¡Partid. llevad la
energía a todas partes. y habréis cumplido
vuestras funciones! El más santo ministerio
que podríais ejercer es decir al pueblo: "¡Se-
guid el impulso que nosotros os aportamos!
¡Que perezcan nuestros enemigos!"
Danton. Sobre la situación política,
10 de marzo de 1793.
Execración. -- Se comete esta figura cuando
expresamos, en un arranque de dolor y desespe-
ración, el deseo de que esos males recaigan so-
bre nosotros mismos:
¡Persígame el enemigo, y apodérese de mi. y
estrélleme contra el suelo y reduzca a polvo
mi gloria!
Salmos, VII, 6.
Exclamación. -- Esta figura es la expresión
viva, a modo de grito, de un sentimiento, emo-
ción o pasión, en forma admirativa:
Amigos míos. escuchad una palabra, una
sola palabra. Dos siglos de depredaciones y de
pillajes han cavado el abismo en que el reino
está próximo a ser tragado. ¡Es necesario lle-
nar ese vacío espantoso! Y bien, he aquí la
lista de los propietarios franceses. Elegid en-
tre los más ricos. a fin de sacrificar menos a
los ciudadanos; pero elegid: ¿porque acaso no
es necesario que perezca un corto número
para salvar a la masa del pueblo? Vamos, es-
tos dos mil notables poseen con qué llenar el
déficit. Poned en orden las finanzas. la paz y
la prosperidad del reino... ¡Golpead. inmolad
sin piedad a esas tristes víctimas! ¡Precipitad-
las al abismo! Éste se cerrará de nuevo ...
101
Vosotros retrocedéis con honor ... ¡Hombres
inconsecuentes! ¡Hombres pusilánimes!
Mirabeau. Sobre la bancarrota.
26 de septiembre de 1789.
Hipérbole. - Consiste en exagerar, extrema-
damente, las cosas y los hechos, para impresio-
nar el ánimo de los oyentes o de los lectores. Es
una figura muy usada en oratoria:
¡Dios! ¿En dónde podré hallar un asilo con-
tra tu cólera, si mi conciencia llegare a acu-
sarme? Aunque saliese del mundo. siempre
me alcanzarlas. ¿Podría el ciclo ocultarme. si
quisiera huir lejos de ti?.. ¡Estás allí! ¿El
abismo? ¡Estás allí! ¿Podría la muerte sus-
traerme a tu poder? Nada ¡oh. nada puede
sustraerme a ti! ¡Por doquiera estás cerca de
-,
mI.
Federico Schiller, Presencia de Dios.
Pennisión. - Estriba en autorizar a alguien,
con despecho e ironía, para que haga o continúe
haciendo algún malo dai'io que resulta peIjudi-
cial:
102
Yo ya sé. quisiera ignorarlo, que hay quie-
nes dicen que ése es un sentimiento arcaico;
acaso vosotros lo oiréis decir alguna vez. ¡Te-
nedles lástima a los que lo dicen! Padecen la
embriaguez de un naturalismo embrutecedor
y no saben que su propia impotencia les pre-
serva de la regresión a una semibestialidad
salvaje. Porque el sentimiento de la Patria es
uno de los atributos que. con valla infran-
queable, nos separa de los ·irracionales.
Antonio Maura. A los voluntarios catalanes
supervivientes de la guerra de África.
Personificación. - Estriba en atribuir cualidades
humanas. propias de las personas, a los seres o
cosas inanimados o abstractos:
 
La locomotora, después de haber recorrido /  
centenares de leguas. ha entrado por fin en la  
Tierra Prometida -la tierra del sol ardiente.
del suelo fecundo y del laurel altivo que ha
abatido sus frondosas hojas para alfombrar su
paso. Ella ha venido. y ella es la industria. el
comercio. el arte, la ciencia. la poesía. la con-
ductora de hombres y la regeneradora de
pueblos. Esta tierra es desde hoy suya; y yo le
entrego en dominio perpetuo los árboles de la
selva virgen, la caña azucarada. el café aro-
mático, el añil con sus vivos tintos y los pro-
duelos todos del suelo intertropical. para que
los derrame pródiga y triunfante por los de-
más pueblos privados de estos dones.
Nicolás Avellaneda. En la inauguración
del Ferrocarril Central Norte.
Esta figura se denomina 'prosopopeya' cuando
se hace hablar a esos seres inanimados.
Interrogación. - Es una figura bastante gene-
ralizada en la oratoria. por medio de la cual for-
mulamos una pregunta. no en espera de una
respuesta. sino con el objeto de dar una forma
más atractiva a nuestras ideas. Equivale, en
esencia, a una afirmación:
Tiende los ojos por todo este mundo visible.
y mira cuántas y cuán hermosas cosas hay en
él. ¿Cuánta es la grandeza de los cielos?
¿Cuánta claridad y resplandor del sol y de la
luna y de las estrellas? ¿Cuánta hermosura de
la tierra. de los árboles, de las aves y de todos
los otros animales? ¿Qué es ver la llanura de
los campos, la altura de los montes, la verdu-
ra de los valles, la frescura de las fuentes. la
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gracia de los ríos repartidos como venas por
todo el cuerpo de la tierra, y sobre todo la an-
chura de los mares poblados de tantas diver-
sidades y maravillas de cosas?
Fray Luis de Granada, Guia de pecadores.
Subyección. - Es la combinación en el dis-
curso, de una pregunta y una respuesta, formu-
ladas ambas por el orador:
¿Es necesario obrar? Ellos peroran. ¿Es ne-
cesario deliberar? Ellos quieren comenzar por
obrar. ¿Están calmos los tiempos? Ellos se
oponen a todo cambio útil. ¿Están tormento-
sos? Ellos hablan de reforma para trastornar-
lo todo. ¿Queréis contener a los sediciosos?
Ellos reclaman la clemencia de César. ¿Que-
réis arrancar a los patriotas de la persecu-
ción? Ellos os proponen como modelo la seve-
ridad de Bruto. Ellos descubren que tal per-
sona ha sido noble cuando sirve a la
República. y no se acuerdan más de ella
cuando la traiciona. ¿Es útil la paz? Ellos in-
vocar! las palmas de la victoria.
Robespierre, Discurso sobre los principios
rrwrales que deben guiar la Convención,
18 del Pluvioso del año II -
7 de febrero de 1794.
Obtestadón. - Es unjuramento de orador, en
que se pone por testigo a Dios o a los hombres.
Se denomina también a esta figura juramento:
104
El magistrado que escojáis será sin duda un
iris de concordia doméstica. un lazo de frater-
nidad. un consuelo para los partidos abatidos.
Todos los colombianos se acercarán alrededor
de este mortal afortunado; él los estrechará en
los brazos de la amistad. formará con ellos
una familia de ciudadanos. Yo obedeceré con
el respeto más .cordial a este m .. agistrado legí-
timo; lo seguiré cual ángel de paz. lo sosten-
dré con mi espada y con todas mis fuerzas.
Todo añadirá energía. respeto y sumisión a
vuestro escogido. Yo lo juro. legisladores; yo
10 prometo a nombre del pueblo y del ejército
colombiano.
Simón Bolívar. Mensaje al Congreso
Constituyente de Colombia, el 20 de enero
de 1830. día de la instalación de aquel
cuerpo.
Esta figura toma el nombre de 'imposible'
cuando se expresa que antes se alterarán las le-
yes de la naturaleza que deje de cumplirse lo que
afirmamos.
Figuras lógicas
Son formas de presentar los pensamientos de
modo que tengan más claridad y fuerza demos-
trativa. Las principales figuras lógicas son:
Amplificación. - Consiste en expresar una
idea bajo distintos aspectos; su utilidad radica en
que permite explayar un pensamiento, hacerlo
comprender mej or y darle mayor fuerza de de-
mostración. Es un gran recurso oratorio y facili-
ta excelentes despliegues artísticos:
Quiero ser español. y sólo español; yo quie-
ro hablar el idioma de Cervantes; quiero reci-
tar los versos de Calderón: quiero teñir mi
fantasía con los matices que llevaban disuel-
tos en sus paletas Murillo y Velázquez; quiero
considerar como mis pergaminos de nobleza
nacional la historia de Viriato y del Cid; quie-
ro llevar en el escudo de mi patria las naves
de los catalanes que conquistaron a Oriente.
y las naves de los andaluces que descubrie-
ron el Occidente. quiero ser todo de esta tie-
105
ITa. tendida entre los riscos de los Pirineos y
las olas del gaditano mar; de toda esta tierra.
ungida. santificada por las lágrimas que le
costara a mi madre mi existencia; de toda esta
tierra. redimida. rescatada del extranjero y de
sus codicias. por el heroísmo y el martirio de
nuestros inmortales abuelos.
Emilio Castelar. La patria.
Gradación. - Se la denomina también expoli-
ción o conmoración. Es una forma de exponer las
ideas. en forma gradual y progresiva, ya sea au-
mentando, ya disminuyendo el tono. Se la deno-
mina también clímax:
Sube ahora. elévate. asciende. danos tu
alma y tu numen, transfigúrate en luz. desva-
nécete en núcleo, magnificate en astro. cons-
télate en sol... Sé para nosotros los que que-
damos la lumbre propicia que nos guíe en las
horas supremas de la tribulación y el descon-
cierto; inspíranos. señor, que aquí. en el seno
de esta tieITa que te amó como pueblo alguno
osó jamás a un hombre. tu recuerdo retoñará
eternamente en las notas graves y pausadas
del himno de la Patria ...
Uelisario Roldán. Mitre.
Anticipación. - Se comete esta figura cuando
se rebate, por anticipado. alguna objeción que
presumiblemente hará el oyente a nuestra afir-
mación:
106
¡El arte! Al oír esta palabra, aunque tomada
de los labios del mismo Goethe. habrá algu-
nos que me coloquen entre los partidarios de
las reglas convencionales. que usurparon
mucho tiempo ese nombre. Protesto solemne-
mente contra semejante aserción, y no creo
que mis antecedentes lo justifiquen. Yo no
encuentro el arte en los preceptos estériles de
la escuela ...
Andrés Bello. Discursos.
Se la conoce también con el nombre de protep-
siso
Paradqja. - Consiste esta figura en unir dos
ideas o hechos a primera vista inconciliables:
Qué satisfactorio <;!s para mi, señores. ver-
me hoy, como en otro tiempo Timoleón, acu-
sado ante un Senado que él había creado,
acusado por los jóvenes. acusado por malver-
sación, después de los servicios que había he-
cho a la República, y el poderos decir sus
mismas palabras al principio del juicio: oíd a
mis acusadores --decía aquel grande hom-
bre-, oídios, señores, advertid que todo ciu-
dadano tiene derecho de acusarme, y que en
no permitirlo daríais un golpe a esa libertad
que me es tan glorioso haberos dado.
Antonio Mariño, Discurso de defensa.
Sentencia. - Denominase así a una reflexión
o pensamiento importante expresado en forma
sucinta en una frase. Es condición esencial de la
sentencia que ella se ponga de manifiesto en for-
ma nítida y terminante dentro del discurso:
¿Hasta cuándo has de abusar de nuestra
paciencia, Catilina? ¿Cuándo nos veremos li-
bres de tus sediciosos intentos? ¿A qué extre-
mos se arrojará tu desenfadada, audacia? ¿No
te arredran ni la nocturna guardia del Palati-
no ni la diurna vigilancia de la ciudad, ni la
alarma del pueblo, ni el acuerdo de todos los
hombres honrados, ni este fortísimo lugar
donde el Senado se reúne, ni las frases y
semblantes de todos los senadores? ¿No com-
107
1)
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prendes que tus designios están descubiertos?
¿No ves tu conjuración fracasada por cono-
cerla ya todos? ¿Imaginas que alguno de nos-
otros ignora lo que has hecho anoche y antes
de anoche, dónde estuviste, a quiénes convo-
caste y qué resolviste? ¡Oh, qué tiempos! ¡Qué
costumbres!
Cicerón, Primera Catilinaria.
Dentro de la denominación genérica de sen-
tencia, se comprende también el apotegma (sen-
tencia creada por algún autor famoso y que se
toma conocida), la máxima (sentencia que encie-
rra un consejo mora}), y los adagios, refranes,
proverbios, que son frases de carácter popular,
expresadas en lenguaje pintoresco y que encie-
. rran una enseñanza extraída de la mera expe-
riencia.
Epifonema. - Es un pensamiento enfático,
exclamativo, que se hace al final de un párrafo o
del discurso, para rematar 10 dicho con anterio-
ridad:
Sea éste mi último consejo y mi última lec-
ción. Os la doy con mi palabra, os la doy con
mi persona. ¡Y contad conmigo en todos los
terrenos y en todos los teatros de donde no
hay fuerza humana capaz de arrojarme, por-
que tengo una voluntad de hombre libre y una
bandera sacrosanta! ¡De las astillas de las cá-
tedras destrozadas por el despotismo, hare-
mos tribunas para enseñar la justicia y predi-
car la libertad!
José Manuel Estrada, Despedida.
Corrección. - Consiste en sustituir un pensa-
miento o palabra por otro, para corregirlo aparen-
temente, rectificarlo, aumentarlo o disminuirlo:
108
Perdón ... ¡No! La caridad cristiana perdona
al que se purifica en el arrepentimiento y el
dolor; pero la conciencia cívica no perdona a
los tiranos, ni la muerte los sustrae del ana-
tema transmitido de una a otra edad. Rosas,
que perseguía el cadáver de Lavalle para de-
leitarse como un chacal, gruñendo sobre sus
carnes descompuestas; Rosas, que daba
muerte al feto palpitante en las entrañas de
una mujer ... no, no será perdonado.
José Manuel Estrada, La tiranía de Rosas.
Concesión. - Esta figura consiste en aceptar
aparentemente un argumento ajeno, para reba-
tirlo en seguida con fuerza y elegancia, dando así
impresión de gran seguridad en el razonamiento:
No ol'iridéis que fuimos un día pueblo civili-
zado. Nosotros llevamos la civilización a Amé-
rica. Verdad es que América fue ingrata; pero
los pueblos tienen que ser ingratos con los
pueblos para ser agradecidos con la humani-
dad.
Emilio Castelar,
Discurso del 22 de septiembre de 1854,
sobre la democracia.
Figuras ingeniosas
Las figuras ingeniosas, oblicuas o indirectas,
son aquellas que sirven para ocultar, velar o di-
simular el pensamiento, a fin de presentarlo con
provecho en el discurso. Las principales figuras
ingeniosas son:
Perifrasis. - La perífrasis expresa mediante
un rodeo de palabras lo que puede decirse con
menos vocablos o con uno solo. Su finalidad es
hacer notar un-matiz de nuestro pensamiento, en
109
forma bella, agradable, graciosa, variada o con-
veniente:
Vencido por la debilidad corporal que iba
aligerándole el alma en anticipada elevación
de vuelo. entornó con la serenidad de los bue-
nos y de los fuertes. sus ojos claros de niño
preguntón; y para decirlo con la más cariñosa
de sus metáforas, el gran sueño cayó sobre él
como una parva sobre un chingolo. Feliz quien
puede dormirlo así. bajo la dorada pesadez de
sus mieses.
Leopoldo Lugones. Oración fúnebre
ante la tumba de Ricardo GÜiraldes.
Alusión. - Consiste en evocar algún recuerdo
o hecho conocido del público, mediante una re-
ferencia rápida:
Ningún hombre de Estado ha desdeñado en
este siglo el poder de la frase. sin exceptuar a
Metternich que fabricaba artísticamente sus
proverbios para que circularan en las cortes
de Europa; e incluyendo a I3ismarck. cuyos
discursos vulgarizados hoy por la versión
francesa. presentan un nucvo y grande orador
al estudio y a la admisión de sus contemporá-
neos.
Nicolás Avellaneda. Una Jrase.
Ironía. - Por medio de ella, damos a com-
prender lo contrario de lo que decimos, expre-
sando al mismo tiempo desprecio, burla o indig-
nación:
110
Cuando la presidencia de Sarmiento recibía
el fuego implacable de la oposición. refieren
que el estadista genial exclamó un día con
honda pesadumbre: Aquí se necesita más he-
roísmo para. hablar bien de un gobierno que
para hacer una revolución. Yo he envejecido,
señores. sin ensayar este segundo valor, por-
que nunca he sido revolucionario. pero siento
el coraje de la justicia y no callo, ni oculto su
voz impecable.
Roque Sáenz Peña, Discurso programa.
Cuando la ironía es mordaz, cruel e injusta, se
denomina sarcasmo.
Atenuación. - Esta figura consiste en expre-
sar menos de lo que corresponde a una persona
o a un hecho, para dar a entender, por contras-
te, que es mucho más. Se presta a la ironía y al
sarcasmo, según es notorio:
He visto muchas cosas más tarde, por
aquello de que ve bastante el que camina, por
distraído que sea, y he conocido la cara de
casi todas las crisis en varios pueblos, dándo-
me cuenta al final de que el asiento geológico
de los males más diversos era el anotado: los
oficios y las profesiones descuidadamente
servidos.
Gabriela Mistral, El sentido de la proJesión.
Asociación. - Consiste esta figura en incluir-
nos dentro de lo que decimos de otras personas
o en incluir a otras dentro de lo que afirmamos
de nosotros mismos. Esta forma de expresarse
permite hacer reproches, con delicadeza, o velar
con modestia, nuestros propios méritos:
En el discurso que esta noche me honro en
pronunciar ante ustedes, no trato de dar nin-
guna definición abstracta de la belleza, pues
los que trabajamos en el arte no podemos
aceptar teoría alguna a cambio de la belleza
111
1,10
I )
)
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)
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misma, y así, lejos de pretender aislarla en
una fórmula dirigida a la inteligencia, procu-
ramos, por el contrario, materializarla en una
forma que otorgue alegría al alma por inter-
medio de los sentidos.
Osear A. Wilde, A los estudiantes del arte.
Preterición. - Por medio de ella expresamos
que no hablaremos de un asunto, cuando en re-
alidad ya lo damos a conocer con esta simple
aclaración:
No queremos repetir lo que tantas veces se
ha escrito: la explosión de entusiasmo con que
fue saludado el joven orador que apareció de
improviso en Catamarca, pronunciando aque-
llos dos discursos patrios que conmovieron
toda fibra argentina, y corrieron rápidamente
por la América.
Nicolás Avellaneda, Mamerto Esquiú..
Procedimientos modernos de desarrollo
Aparte de las figuras retóricas clásicas, se
aplican en la oratoria moderna ciertos procedi-
mientos destinados a dar variedad y fuerza a la
exposición.
Los ejemplos, reales o hipotéticos, suelen in-
troducirse en el discurso para aclarar o ilustrar
ideas generales o conceptos de dificil compren-
sión. No siempre son reales, ni necesitan serlo.
Basta que sean verosímiles, honestamente pro-
puestos y de vigor demostrativo. Lo particular, lo
inmediato, lo concreto, lo vital, lo sucedido, im-
presionan más al auditorio y tienen mayor poder
de convicción que lo general, lo remoto, lo abs-
tracto, lo teórico o lo irreal.
112
Las estadísticas son un recurso bastante gene-
ralizado en cierto tipo de disertaciones. Prueban.
aclaran y ejemplifican por el prestigio de los nú-
meros. Las referencias estadísticas deben darse
en forma sumamente clara y con exactitud cien-
tífica. Las presunciones o la mera opinión indivi-
dual no son estadísticas. No deben abundar de-
masiado y conviene presentarlas en forma com-
prensible, para lo cual se aconseja traducirlas a
formas y cifras habituales a la mentalidad co-
mún. Es más convincente decir que en el mun-
do, de cada tres personas dos viven sin suficien-
te alimento. vivienda. ropa y asistencia sanitaria.
que referir aritméticamente los datos abstractos
pertinentes.
Las historias, biografías, anécdotas y fábulas
son otra forma de ilustración. Pueden originarse
en hechos históricos reales, en la leyenda, la mi-
tología o la experiencia propia del orador. El pú-
blico moderno se interesa particularmente por
las que tienen relación con su experiencia inme-
diata. .
Las citas son transcripciones de palabras aje-
nas. Deben escogerse con criterio selectivo y ve-
nir al caso. El orador deberá respetar la textua-
lidad de la frase y en todos los casos, mencionar
el autor o la fuente de origen. Se presupone que
la.cita se hará recurriendo a fuentes de gran au-
toridad.
Las ilustraciones son de gran utilidad en cierto
tipo de disertaciones. Pueden emplearse mapas,
gráficos, diagramas, modelos u objetos reales, dia-
positivas, películas cinematográficas, encerados,
discos, grabadores, pinturas, teatralizaciones y
todo cuanto sirva para esclarecer la palabra. Las
ilustraciones tienen la vent3Ja de aflojar la tensión
psicológica del expositor, animar y variar el ritmo
del discurso, llamar la atención del público y ayu-
dar la retentiva.
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e d se usen elementos ilustrativos, debe-
uan o b' . 'bl t r
' 1 carse en un lugar len VISI e. mas ra -
ranco o l' 1
los en el momento oportuno y exp lcar os cO,n
claridad. El material que se prepare debe fa-
cilmente comprensible. breve y  
orador tratará de no cortar su exposlclon con SI-
lencios mientras presenta las ilustraciones y ha-
cerlo siempre mirando al público. Normalmente.
el uso de ilustraciones se practica con anteriori-
dad para evitar errores o eventualidades desa-
gradables.
114
..
6. LA EXPRESIÓN DE LAS IDEAS
O ELOCUCIÓN
Después de preparado el plan y escogidos los
pensamientos que en él tendrán cabida. ha lle-
gado el momento de escrihir el discurso. si será
leído, o de ser pensado en detalle. si se lo impro-
visará. En otras palabras. ha llegado el momento
de poner en vocablos el discurso. Esta etapa se
denomina elocución. La elocución es la expre-
sión, en forma idiomática. de los pensamientos,
imágenes y sentimientos.
Estilo y persona
Ella está íntimamente condicionada por la ma-
nera individual de expresarse que tiene cada
persona. Se ha discutido mucho acerca de si el
buen estilo es un don gratuito que existe en al-
gunas personas o si es el fruto del estudio. A este
propósito se suele recordar con insistencia la
frase de Qulntiliano, Orator jit, poeta nascitur,
que es lo mismo que sostener que el orador se
hace y el poeta nace. 1
El talento oratorio. según algunos, no es más
que una aptitud que se desarrolla con el estudio
y el ejerCicio. BuITon solía decir que todos los días
aprendía a escribir, señalando así a la facultad
115
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de escribir como el fruto natural de la práctica.
Algunos refranes populares aluden también a las
bondades de la ejercitación como medio de ad-
quirir una nueva naturaleza; valga aquí el cono-
cidísimo paremia español: "El ejercicio hace
maestro". Los partidarios de las condiciones na-
turales sostienen, por su parte, que el don orato-
rio, como los demás dones artísticos, se traen del
nacimiento y no hay academia capaz de superar-
los. Estos son los que se pertrechan tras del re-
frán: "Lo que natura non da, Salamanca non
presta".
No toca decir aquí sobre tan debatida materia,
porque no tendrá decisión definitiva jamás. La
experiencia, en cambio, es testigo de que los más
grandes escritores y los más famosos oradores de
todos los tiempos han sido formidables trabaja-
dores y han elaborado su estilo artístico a fuerza
de estudio, ejercicio y paciencia. No en balde se
ha dicho que el genio no es más que una larga
paciencia. Lo cierto es, por otra parte, que el es-
tudio y la ejercitación han elevado siempre a los
artistas por encima de sus propias condiciones
naturales. En la historia de la elocuencia, basta
sólo con pensar en los largos y pacientes estu-
diOS de Demóstenes, Cicerón y Lincoln, para
comprender que tampoco los hombres superio-
res han podido sustraerse a esta inexorable ley
del arte. '
El estilo oratorio
El estilo oratorio existe. La palabra hablada está
por naturaleza sujeta a condiciones distintas de la
palabra escrita, y ésta es una incontrovertible ver-
dad que todo orador conoce. No se habla como se
escribe. Por esta razón, el discurso escrito para ser
leído debe componerse de acuerdo con las carac-
terísticas del estilo hablado.
116
La lengua hablada tiene sus propias leyes, que
no son las mismas de la lengua escrita. El len-
guaje oral permite -y aún más, necesita- repe-
ticiones, suspensos, interrogaciones, exclama-
ciones, y toda una suerte de procedimientos que
son totalmente desaconsejables en la composi-
ción escrita. En cuanto a la frase oratoria, es
muy diferente en su estructura de la escrita ya
que debe tener un ritmo y una extensión que no
tolera el lenguaje escrito. Idéntica afirmación
puede hacerse con respecto al vocabulario. Asi-
mismo, los errores sintácticos o de construcción
son menos graves en el discurso hablado, pues
el público en general no los percibe, ni tienen
tampoco gran importancia.
Quienquiera que haya tenidó que corregir al-
guna vez la versión taquigráfica de un discurso
propio e improvisado, comprenderá rápidamente
lo difícil que resulta adaptarlo para la lectura, y
hasta es muy probable que no reconozca en esa
versión su propio estilo escrito. La palabra ha-
blada, en síntesis, pertenece a un orden de co-
sas especial, donde rigen exigencias propias.
¿Cuáles son las cualidades del estilo oratorio?
El estilo oratorio debe tener: verdad, claridad,
belleza, vitalidad, adecuación, ritmo y naturali-
dad.
Cualidades del estilo oratorio
<.... ----
Verdad. - En primer lugar, la palabra lLablá-"
da debe ser verda . a.h>' ariuñaar sóiO la
yer a envolver nunca la mentira.  
significa aqm el        
yro-que no ser artificiosos fic-
  . a
cllañcroer autor habla de algo en lo que no cree,'
algo que no siente, ni le brota con necesidad de
117
lo íntimo de su alma. Por otra parte, no hay elo-
cuencia fuera de la sinceridad, pues no podemos
contradecir impunemente nuestro yo, sin dela-
tamos por la frialdad de la expresión o la teatra-
lidad del gesto.
El orador falsQ es        
           
    con el
Un estilo que no sea verda-
dero no tiene ninguna probabilidad de imponer-
se, porque no brota de adentro del alma, porque
no tiene el fuego de la convicción, porque no tie-
ne fuer/-a ni vigor. Un estilo así es deplorable, y
10 que es peor, inútil. No sirve ni al oyente ni al
orador.
La palabra que no surge de un pensamiento no
es nada. "Concebir las cosas tal como son y de-
cirlas tal como se piensan, he ahí el estilo", dice
el P. Sertillanges
l
. El amaneramiento es una de
las más frecuentes manifestaciones de la insin-
ceridad y es también la forma de mentira que
más percibe el público. Debemos hablar como
nos es natural, y emplear los recursos aprendi-
dos a medida que ellos vayan incorporándose
naturalmente a nuestra manera de pensar y de
decir. El hombre colocado en orador resulta pe-
dante. fatuo y ridículo. si no lo es en realidad.
Hay que volar hasta donde nos llevan las propias
alas. Estilo verdadero es el que nos es propio y
natural.
La segunda condición es la clari-
'aad. Este prinCipio se apoya en el más elemental
sentido común: ha, lamas para comunicarnos
con el prójimo y est comunicación es impoSible
o nos expresamos con c ari a , .. _ o
pensam eno es :onfundtdu entre un montóii
'" __ .... .......'_. ..
118
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Jo '\tiJ)A..l (!JLO\A .,
p. ..b ... gl§-=(r ..   si Ea!ª-brasj
   
c1arraaade expresión supone en el orador
1pa equivalente de   ppes
no se ve como pueda explicarse claramente lo
que se entiende en [amIa confusa. Además, la
claridad está en relación con la mentalidad co-
mún del auditorio y la naturaleza del tema. Lo
que puede ser claro para un público académico
o especializado, no lo será para un público co-
mún de plaza. Una disertación de análisis mate-
mático será ininteligible para un auditorio de ni-
ños de primeras letras, pero no para estudiantes
universitarios.
Atenta principalmente contra la claridad del
discurso el empleo de un vocabulario rebuscado.
extraño a los oídos del común de los oyentes. Es
un error muy común el creer que un discurso
está mejor hecho cuando más insólitos son los
témIinos que se emplean. La verdadera elocuen-
cia es clara, nítida, y convence o conmueve por
los pensamientos y no por las meras palabras.
Hay que habituarse a emplear las formas más
sencillas de expresión, y entre una fonna y otra,
escoger siempre la más inteligible. La belleza del
discurso no tiene nada que ver con el vocabula-
rio extraño ni con la sintaxis desacostumbrada.
Conviene prevenirse, sin embargo, contra la
idea de que la claridad y sencillez del habla sean
lo mismo que el habla vulgar. insípida y elemen-
tal. Una cosa es decir pensamientos profundos
con sencillez, y otra muy distinta decir neceda-
des en forma también sencilla.
Belleza. - Un discurso es también una obra
de arte. y por consiguiente. debe cumplimentar
la belleza. Importa distinguir aquí 10 que es be-
lleza. para que no se confunda con el alambica-
miento literario. Bello es un término muy amplio,
que comprende varios grados. Hay varios modos
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de belleza, que van desde 10 elegante hasta 10
sublime. Se comprende, entonces, que la belle-
za de un discurso deba estar subordinada, en
cierto modo, a la finalidad del discurso, al audi-
torio, al tema. Un discurso científico será bello
cuando sea claro, bien organizado, sobrio, de-
mostrativo, y si es posible, algo elegante. Un ser-
món sacro, en cambio, para ser bello, tendrá que
conmover hasta 10 más profundo el corazón y la
mente de los feligreses, elevar el espíritu hasta el
éxtasis religioso y provocar en ellos el amor infi-
nito, y esto sólo se consigue con la sublimidad
oratoria.
El imperativo de verdad, naturalidad y claridad
que se exige a todo discurso, no significa que la
pieza oratoria sea banal, trivial, vulgar o chaba-
cana. Un discurso requiere un mínimo de belle-
za, de acuerdo con su naturaleza: debe estar bien
escrito o bien dicho. Ese mínimo impone que la
sintaxis sea por 10 menos correcta, que los voca-
blos sean dignos y acertados, que no se interca-
len vulgaridades, necedades o indiscreciones. que
la lengua sea la castellana sin mezclas espurias
de vocablos extranjeros -salvo las excepciones
insalvables-, que no haya vulgarismos, ni tecni-
cismos, que no sea retorcido el pensamiento ni
la frase, que sea pronunciado en correcta condi-
ción, entonación y articulación.
La belleza en materia oratoria suele ser mal
interpretada a menudo, y es conveniente preca-
verse contra ese preconcepto. Se pretende que un
discurso, para ser bello, debe ser pomposo, ro-
tundo, grandilocuente, exagerado. ¿Es que la so-
briedad no puede ser belleza, como la modestia y
la sencillez? El prejuicio indicado suele llevar a
los creadores inadvertidos a la verbomanía, la
teatralidad. la verborrea insustancial, la exage-
ración y, de paso, al ridículo. Esta belleza será
una orgía verbal, como la calificara un autor, y
120
nunca elocuencia. Para lograr la belleza, es inú-
til el empleo de los procedimientos de desarrollo
o figuras de pensamiento.
En íntima relación con la belleza está la mesu-
ra que debe regir el discurso. Hay que saber
contenerse para ser artista. En la antigüedad no
se exigía esta condición, pues se pretendía que
todo discurso fuera abundante y que el orador
revelara poseer esa "boca redonda" que Horacio
admiraba en los griegos. Cicerón usaba de la
abundancia expresiva, porque en aquellos tiem-
pos el concepto de la elocuencia 10 exigía.
Modernamente, las cosas han cambiado. Has-
ta las grandezas de un Castelar nos parecen hoy
fuera de ocasión. El siglo xx es un siglo realista.
natural, contrario a la copioSidád expresiva. Se
exige más pensamiento y menos forma. más
sustancia y menos envoltorio. La sensibilidad
actual no tolera superabundancias retóricas, y
prefiere la síntesis demostrativa y la elegancia
escueta.
Tampoco la mesura debe interpretarse como
sequedad y penuria de elementos. Ella compren-
de el empleo justo, equilibrado, suficiente, de re-
cursos retóricos; expresar todo 10 que se deba
expresar, emplear todos los recursos estilísticos
y retóricos que sean necesarios, pero ni uno más.
Para obtener este fin. deben evitarse las acumu-
1aciones injustificadas de sinónimos, eludir los
paréntesis abundantes y las intercalaciones in-
necesarias, no abusar de las imágenes, de las
comparaciones ni de los objetivos, relegar al olvi-
do los términos pedantes y eruditos, en una pa-
labra, ser sobrio dentro de la riqueza.
hablada debe tener
   
contrario de esto es el discurso'palido, morteci-
no, sin dinamismo, frío, que se dice sin pasión
121
¡i·
ni sentimiento. No hay que creer que la vitalidad
del discurso involucre gestos desmesurados, fra-
ses pomposas, epítetos altisonantes y toda una
serie de defectos en que suelen incurrir los ora-
dores de teatro. Por vida debe entenderse lo con-
trario de muerte, y un discurso es muerto, cuan-
do no nos llega en nuestra condición de hom-
bres.
La vida es, simultáneamente, ruda, generosa,
cruel, triste, emotiva, risueña. trágica: no falta en
ella nada. Tampoco debe faltar en el discurso. En
cada momento, en cada oportunidad. debe ser de
esas maneras, de todas las maneras como es la
vida misma. El discurso debe tener una liqueza
de tonos. una gama de expresiones que lo abar-
que y comprenda todo.
Ésta es la razón por la cual se repudian los
discursos relamidos. afectados. pulidos. retoca-
dos como fotografías. No revelan realismo. Esta
cualidad se logra desterrando las expresiones re-
buscadas. las frases simétriCas, las palabras
desusuales. los objetivos postizos y repetidos, los
enlaces gramaticales abstractos, las metáforas
triviales, los clisés habituales. los lugares comu-
nes expresivos, el impersonalismo retórico del
orador, la estilización falsa de las frases. las
comparaciones remanidas, la falta de anécdotas,
ejemplos, las citas demasiado frecuentes, los
versos fuera de tiempo, el abuso de términos
abstractos. la continua referencia a ideas y no a
J hechos concretos, los témlinos vagos e impreci-
sos,
Para log!:ar     ..
retorica.  
    d ..  
El discurso no puede S'el rnonocorue, siempre
igual a sí mismo. sin sorpresas, sin novedades.
sin imprevistos. EJ..QJ{S!nte mo-
notonía y cae en el fastIdIo y el aourrIrrilento.
... .•   ....... .. .
122
El buen orador sabe cómo variar los modos de
su discurso con procedimientos formales. Alter-
na las frases cortas con las largas, intercala
anécdotas, deslumbra súbitamente con una
se profunda, hace la broma oportuna cuando He- ,:f
ga el momento, llama la atención con un gesto. <$
profiere interrogaciones y exclamaciones. inter- "".
pela a un oyente. invoca a la patria o a Dios,
jura. efectúa citas, guarda silencio, acelera o re-
tarda la velocidad de su discurso. eleva o baja el
tono de la voz.
En lo que concierne al contenido de su di-
sertación ..  
lo conserva  
te,     lisis .sull:..
les. pronuncia liases   • ..1rata..
de(¡Uéli·expo'SIéióñ"·ofrezca un anorama múlti-
:O--'<: .... ...,'i  
pe.

Adecuació - Una cualidad importantísima
en re anca se logra subiendo o bajando el liris-
mo de acuerdo con la altura del asunto. gesde .el
lenguaje famiJiar al solemne. Existen frases y
pa-i'a6iáS"¡j'aranarmrrclerneroe muerto como del
triunfador deportivo, para hablar del despotismo
del tirano y de la santidad del monje. existe un
estilo de carne, de bronce, de hierro, de mármol,
de granito, de acero, como dice un tratadista. Lo
inlportante es atinar con el tono justo que exige
el tema. Amiel solía decir: "El único estilo que me
agrada es el estilo de las cosas", Ahí radica el se-
creto: hablar de cada cosa con el estilo que con-
dice con su naturaleza.
La segunda de adaptación es la del esti-
lo al auditorio. Este debe ser tomado tal como es,
y no con lamentos sobre cómo debería ser. El
orador está obligado a ser realista con su públi-
co y hablarle a cada oyente como es. Esto exige
que antes de hacer uso de la palabra, el orador
123
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recabe toda la información necesaria, para saber
en qué escala de espiritualidad están colocados
sus oyentes.
Al preparar el discurso, debemos pensar conti-
nuamente en nuestro público, ponderar cada
palabra, cada frase, cada pensamiento, cada re-
curso estilístico, en función de nuestros próxi-
mos oyentes, anticipándonos a la reacción que
éstos tendrán frente a nosotros. '
El estilo debe ir directamente al público, al
hombre, a su condición humana. La palabra
debe ser una especie de diálogo entre el orador y
el público, una comunicación directa entre am-
bos. El orador no debe dar la impresión de estar
hablando a un conjunto impersonal, anónimo,
que lo escucha desde abajo. Por el contrario,
aunque nos dirijamos a un conjunto, debemos
emplear un estilo expresivo que haga sentirse a
cada oyente como destinatario particular de
nuestro mensaje. El oyente no puede verse solo,
ni vernos sólo a nosotros, hablando desde la al-
tura de nuestro estrado.
Esto se consigue empleando interrogantes,
apóstrofes, interpelaciones hablando en plural,
contestando por ellos, anticipándonos a sus ob-
jeciones, señalándolos con la mano, mirándolos
con habilidad, y cuando la ocasión lo permite,
dirigiéndonos con preguntas o interpelaciones a
alguno de ellos, y aun tratándolos por su nom-
bre si viene al caso.
La norma es establecer un contacto humano y
real entre el público y nosotros. Esto hará sentirse
a cada oyente al lado nuestro y comprenderá que
hablamos para un público humano, para él y para
10ca30 no un anónimo y teórico.
Por ultImo, el ntmo. El ritmo es el
/' Jlli>vimiento de la frase. En prosa, el ritmo es li-
(
b.re, sin fIJas, mientras que en poesía el
ntmo esta ÍlJ ado por reglas. De la oratoria se ha
,,,", ,,l
" 12 .
dicho que su ritmo debe situarse a mitad de ca-
mino entre ambos. La lectura en voz alta de al-
gunos famosos oradores, en su lengua original,
nos revela en seguida su dominio del ritmo.
El ritmo tiene sus resortes que conviene cono-
cer. Así, los períodos largos son más apropiados
para ternas majestuosos, mientras que los cortos
se adecuan mejor a los temas cotidianos. Los pe-
ríodos largos son lentos, los cortos rápidos, y la
rapidez y la lentitud tienen relación con la noble-
za del asunto. El discurso político admite un rit-
mo majestuoso; el docente, no. El terna apasio-
nado requiere un ritmo más acelerado y corto, el
calmo uno más retardado.
En realidad, cada orador imponer a su
discurso el ritmo que es consustancial a su na-
turaleza, a su modo de sentir las cosas; enton-
ces ese ritmo será natural, grato y no artificioso.
Wno,

que aernar las [rases"cOrtas' con'1aslargas, y
ambas con los silencios oportunos. La puntua-
ción debe cuidarse especialmente, respetando los
signos respectivos. Deben vigilarse, asimismo, las
uniones de unas palabras con otras, para evitar

en forma  
..j51nañfa$m .. -
st¿ales, ..      
llamativas.
El estIroOratorio moderno tiende cada vez más

   
_miliar. Es efesffio propio de la conversación Tor-
mal, el equivalente en lo escrito al empleado en
los diarios serios.
La falta de naturalidad es sobre tOdo.2!Q"table".,
eñeT uso ael    
,,-,,-,,_._--_._. __ ....... . . . . ' ..
125
¡,I
ji!
l'
sintaxis o construcción de las oraciones y párra-
fos. Es mucho más conveniente decir beso que
< - llrJ5iiSa ue €  
currir a un léxico a   al
oyente contemporáneo; antes bien. suscita sos-
pecha y desconfianza. Por otro lado. la prolifera-
ción de vocablos ajenos a la experiencia cultural
del auditorio no se confunde en estos tiempos
con la profundidad de pensamiento ni con una
inteligencia superior.
Análogo razonamiento es aplicable a la cons-
trucción sintáctica. Giros como acrecentamiento
numérico en lugar de incremento. o evidencia co-
rroborativa en lugar de prueba sólo sirven para
distanciarse del público y no alcanzan a conven-
cerlo.
Aspectos idiomáticos
En este orden de hechos. son aconsejables algu-
nas normas relacionadas con la selección del vo-
cabulario. la primera de las cuales consiste en
emplear toda vez que sea posible el idioma espa-
ñol en su forma pura. sin contaminación de ex-
tranjerismos. No decir, por ejemplo.face toface en
vez de cara a cara, ni mise en scene en lugar de
puesta en escena. a menos que no exista la pala-
bra castellana para expresar un objeto. hecho o
idea. como es el caso de rating o tantos otros tér-
minos de la ciencia y la tecnología actuales. En
esos casos. si el extranjerismo es inevitable debe
traducírselo para asegurarse la interpretación del
auditorio. Aunque no son propiamente extranje-
rismos en sentido estricto pues están incorpora-
dos en el diccionario de la lengua española. los la-
tinismos tampoco son convenientes por su
carácter arcaico: a priori (en principio). álter ego
(persona de confianza). y muchos otros.
126
Para los hispanohablantes las palabras regio-
nales pueden convertirse en un problema. Debe-·
mas usar una lengua común y comprensible
para todos. evitando los regionalismos: pibe
(Buenos Aires), gurí (litoral argentino), botija
(Uruguay), en sustitución de niño. que es total-
mente comprensible en todo el orbe hispánico.
Cuando fuera ineludible, deberá insinuarse há-
bilmente su traducción: taita (bravucón del
arrabal porteño).
Cuando se habla en público debe tratarse de
no recurrir a las frases hechas o lugares comu-
nes, que aunque no siempre incorrectos grama-
ticalmente. reflejan escaso dominio idiomático.
Frases como la nave del Estado. la espada de
Damocles. abnegado servidor público, la segunda
madre (maestra) y mil más, se consideran como
un pobre recurso en el lenguaje.
Por último, el orador aprenderá a través de la
experiencia que muchos vocablos, pese a ser co-
rrectos, carecen de altura expresiva. Todos tene-
mos recuerdos de expositores que en el curso de
su disertación. parecen dar de pronto un traspié
y caer en un vocablo que no concierta con la dig-
nidad del resto: macana por mentira. plata por
dinero.
Los tres estilos clásicos
Las retóricas y poéticas se ocupan desde anti-
guo de los estilos literarios. Las clasificaciones
varian con los criterios de los autores, pero para
el caso particular de la oratoria. mantiene vigen-
cia todavía la división triple, que con distintas
denominaciones, recomiendan Dionisia de Hali-
carnaso, Cicerón, Quintiliano, san Agustín y
otros preceptistas posteriores: el estilo simple
(común), el moderado (templado o mediano) y el
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sublime (grave o grandioso). Cada estilo está de-
terminado por el asunto del discurso y el carác-
ter del orador y del público, pues se comprende
que las palabras han de estar adecuadas a los
objetos
2

El estilo simple es el que corresponde a la
conversación y a la expresión habitual de las
personas cultas. En la oratoria moderna, coinci-
de exactamente con el que se aplica en la espe-
cie denominada charla o comentario:
Ved aquí, señores. las reflexiones que en
medio de la muchedumbre de negocios que
me rodean he podido ordenar a costa de in-
mensos afanes. Cuando proyecté este discur-
so yo no preví que acometía una empresa, no
sólo superior a mis talentos y corta instruc-
ción. sino también al tiempo que me li-
bre las diarias funciones de mi empleo. Más
despacio, y después de un estudio más serio
y reflexivo. hubiera tal vez expuesto mis ideas
con menos aridez y difusión; pero trabajando
interrumpida y precipitadamente. distraído el
ánimo a mil varios importunos objetos, yesti-
mulado a todas horas el deseo de venir a ma-
nifestaros mi gratitud, ¿qué podía yo producir
que fuese digno de la gravedad de la materia
y de la instrucción de! auditorio?
Gaspar Melchor de Jovellanos, Discurso de
ingreso en la Heal Academia de la Historia.
2 Sobre condiciones. características y cultivo de los estilos, los ma-
nuales de preccptiva codifican útiles estudios. Pueden leerse en los
más divulgados: GÓMEZ HER.\!OSIll.A. JosÉ, Arte de hablar en prosa y
verso. París-México. Bouret 1905: TORO y GÓMEZ. MIGUEL DE. El arte de
escribir en veinte lecciones. París. Annand Colín. 1922: ÜWELA, CA-
UXTO. Teoria literaria. Buenos Aires. Estrada, 1902: ALONSO. MARrlN,
Ciencia del lenguqje y arte del estilo. Madrid. Aguilar. 1955. Están
también los tratados de Blair, Roustan. Montau, Coll y Vehi. etc. Muy
usado en la actualidad por su método práctico y utilitario es el de
ALBALAT. A.",.OINE. El arte de escribir y laformación del estilo. Trad. de
Luis Castillo. ed., Buenos Aires. Atlántida. 1949.
128
El estilo moderado es intermedio, supera en
ornato y elegancia al simple, sin llegar a las ex-
celencias y adornos del sublime. En los tiempos
actuales, es más frecuente y aceptado:
Murió Pompeyo por vuestra desdicha: vivió
César por vuestra ruina: mátole yo por vues-
tra libertad. Si esto juzgáis por delito, con va-
nidad lo confieso; si por beneficio, con humil-
dad os lo propongo. No temo morir por mi pa-
tria; que primero decreté mi muerte que la de
César. Juntos estáis y yo en vuestro poder,
quien se juzgare indigno de la libertad que le
doy, arrójeme su puñal. que a mí me será do-
blada gloria morir por haber muerto el tirano.
Francisco de Quevedo y Villegas.
Vida de Marco Bruto.
El estilo sublime es el que por imperio de una
gran concentración de pensamiento, la ocasión
de un terna extraordinario y el dominio de la ex-
presión, llega a alturas de belleza raramente al-
canzadas. Es poco frecuente en la oratoria mo-
derna, por razones de época y gusto:
Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a
quienes los antiguos pusieron nombre de do-
rados, y no porque en ellos el oro (que en
nuestra edad de hierro tanto se afirma) se al-
canzase en aquella época venturosa sin fatiga
alguna, sino porque entonces los que en ella
vivían, ignoraban estas dos palabras de "tuyo*
y "mío". Eran en aquella santa edad todas las
cosas comunes: a nadie le era necesario para
alcanzar su ordinario sustento tomar otro tra-
bajo que alzar la mano, y alcanzarlo de las ro-
bustas encinas que liberalmente los estaban
convidando con su dulce y sazonado fruto.
claras fuentes y corrientes ríos. en mag-
mfIca abundancia, sabrosas y transparentes
aguas le ofrecían. En las quiebras de las pe-
ñas y en los huecos de los árboles formaban
129
'1
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I
130
su república las solícitas y discretas .abejas,
ofreciendo a cualquier mano. sin interes algu-
no, la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo.
Miguel de Cervantes Saavedra. El ingenioso
hidalgo don Quijote de la Mancha, 1, cap. XI.
111. EL EJERCICIO EFECTIVO
DE LA PALABRA
7. LA VOZ
La voz tiene especial significación en la orato·
na. Una buena voz facilita la miSión del orador y
le da un apoyo filme. Por lo general, se descuida
en la vida cotidiana este aspecto de la expresión
oral y se disminuye así el interés de la conversa-
ción.
Para hablar en público, lo ideal seria satisfacer
las cualidades que Quintiliano exigía: una voz
expedita. llena, suave, flexible, sana, dulce,
amable, clara, limpia, penetrante y que dure en
los oídos
l
. Pero las cualidades vocales se traen
desde el nacimiento. Habrá que perfeccionar,
pues, a partir de esas condiciones innatas, la ca-
lidad vocal. Lo principal es darse cuenta de las
virtudes o defectos de la propia voz, para aprove-
char las primeras y corregir, en lo posible, las
segundas.
Hay tres elementos detenninantes de la voz
humana: el organismo, el ambiente y la persona-
lidad. La parte orgánica condiciona la voz, pues
ésta depende en gran parte de la confonnación
del aparato vocal y del estado fisico general. El
ambiente tiene también su importancia, pues
I   M. FABlO. lnslüuciones oratorias, lib. XI. cap. 111, p. 3:
• ... voxJacilis. magna. beata.jlexibilis.ftrma, dulcis. durabais. pura. se'
can. aera, auribus sedens",
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muchos hábitos elocutivos provienen de la imita-
ción o del contagio, como por ejemplo, la típica
tonada o acento regional. Por último, la persona-
lidad también influye. La inteligencia, la entona-
ción, la dirección, etc., revelan indudablemente
el temperamento, el carácter, el yo.
La voz humana

La voz humana tiene, como todo otro sentido,
propias. Ellas son: timbre, can..:
tidad e intensidad.
Tono es la aItu'"ra musical de la voz. Según el
toño, las voces humanas se clasilican eh agudas o
graves. La escala de registros de altura pennite
clasificar a las voces masculinas, por lo común, en
tres categorías: tenór, baritono y bajo. Existen
también tipos de voces intennedias. Desde el pun-
to de vista oratorio, la mejor voz es la del barítono.
Timbre es el matiz de la voz. Es un
fenómeno complejo, y está aetenninado por el
tono fundamental y los annónicos o tonos se-
cundarios. Por el timbre se reconoce a la perso-
na que habla. aun cuando no se la perciba. Hay
voces bien timbradas y agradables, mas las hay
también blancas, roncas y chillonas.
Cantidad es la duración del sonido. Según la
cantict'ád, los 'SOñicrospuecferi ser largos o breves,
con toda la gama intennedia de semilargos, se-
mibreves, etc. La cantidad suele depender, en
general, de las características de cada idioma, de
los hábitos lingüísticos de las regiones o paises,
de la psicología del habitante, etcétera.
Intensidad es la mayor o menor fuerza
se produce la voz. HayV5CesIúértes voces dé-
b-ile-s:--'-""" . "'-...
-'gnTonética, se denomina acento al conjunto de
los anteriores elementos, cuya combinación es-
132
pecial en cada idioma, en cada región de un mis-
mo idioma, y aun en cada individuo, da a ese
idioma o habla una característica distintiva. EI;S>
idioma castellano o español tiene un acento es-
pecial, o ?el inglés, pero den- I
tro del area ImguIstIca del mIsmo castellano, hay .....
un acento argentino, uno mejicano, y así tantos
como los paíse$ donde se habla. La diferencia de
acentos existe también entre zonas o provincias
de un mismo país, y aun entre barrios de una
misma ciudad.
Por último, los sonidos tienen una distinta es-
cala de perceptibilidad o alcance. Hay sonidos
que por propia naturaleza se escuchan desde
más lejas, como la vocal a, mientras que otros se . ..... "'. "'_ ... c
escuchan sólo a menor distancia, como la u. Las
voces tienen también distinto o percepti-
bilidad' según las personas.
, ------..-.----,--.... " ............ __ l ...
Cualidades de un,
___ L;¡
Una buena voz, desde el punto de vista de la
oratoria, debe reunir estos requisitos: imposta-
calidad, alcance, intensidad, claridad. pu-
reza, resIs.m!!l2a y fleXibilidad.
Toda persona haga uso
profesional de la palabra debe tener SJ;1 voz impos-
tada, es decir, colocada correctamente. Cüando no
lo está, se    
tomos que el orador debe evitar. Hablar con Iavoz
fmpostada con naturalidad.
aprovechando al máximo las condiciones fisiológi-
cas del aparato de fonación.
La impostación de la voz consiste en 'apoyarla
en la base de la caja torácica. respirando de ma-
nera que descienda la tráquea, el aire salga con
libertad y produzca los sonidos con amplitud y
en su mejor cualidad. Esto requiere una educa-
133
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ción especial que suele estar a cargo de médicos
foniatras, profesores de canto u otros especialis-
tas. Sólo así conseguirá el orador colocar su voz
en el tono que le es natural para mantener por
más tiempo la palabra sin fatigarse y matizarla
con amplitud, en su grado óptimo.
Por lo general, las personas no saben cuál es
el tono natural de su voz y no lo conocen. La
ayuda de un profesional es necesaria para des-
cubrirlo. Existen, sin embargo, procedimientos
prácticos que permiten al individuo descubrirla
por sí mismo o con ayuda de terceros.
Existen personas con voces
ralmente hermosas, que   $u tinID[e
  _mQ tras, en cambio, las tie-
nen rudas, demasiado suaves, graves, saltarinas,
blancas (sin forma ni timbre), cavernosas, arras-
tradas, demasiado breves, cortadas, etc., en una
palabra, defectuosas. Una voz hermosa es una
gracia de la naturaleza, pero una voz desagrada-
ble puede corregirse en gran parte mediante
ejercicios y educación. Una voz de buena calidad
estética produce sobre el auditorio efectos cauti-
vadores. Quien no posea esta gracia deberá es-
forzarse al máximo para superar los defectos
mediante una ejercitación adecuada.

Alcance.;-. Un orador debe estar en condicio-
  cüalqtiTer-mstancüi:--El ofictOlo
exige, para superarlas-coríIlngeñclas de las sa-
las demasiado grandes, los actos al aire libre o la
ausencia de amplificadores. El alcance de la voz
no es el mismo que la sonoridad o la fuerza. Hay
voces fuertes que no llegan lejos, mientras que
las hay débiles que lo consiguen.
Indudablemente, la acústica del salón tiene
gran importancia cuando falta el micrófono, pero
en ausencia de condiciones favorables. es una
necesidad para el orador hacer llegar su voz has-
134
ta la última fila del público. Hay un límite hu-
mano, por supuesto. Para ello, es necesaIio te-
ner presentes algunas reglas. ,
En las salas pequeñas debe hablarse con poca
voz pero sin apagarla. En las salas grandes, se
debe hablar fuerte, pero sin gritar. La mejor for-
ma de hacer llegar lejos la voz es dando salida al
aire lo más adelante posible, y dirigiendo la co-
lumna de aire un poco hacia arriba con el cuello
algo levantado, como si apuntáramos con la boca
a la última fila.
vollJi1J1tiJ-;;r- La intensidad es la
fuerza con que se habla. La voz debe emitirse con-
intensidad, pero sin grito. Nunca debe vociferar-
se, pero tampoco debe caerse en el defecto
opuesto de hablar tan quedo que no se escuche.
La intensidad debe variarse, para evitar la mo-
notonía. '
Los discursos bien dichos no empiezan jamás
con mucha intensidad. Es conveniente empezar
con voz baja y mantenerla unos minutos, para
concitar la atención del público. Además, la in-
tensidad deberá variarse de acuerdo con los
pensamientos que se expongan. El orador debe
acostumbrarse a conocer la sala ni bien comien-
za su discurso, para no equivocar la intensidad
ni demorar tiempo en conocerla. "Se debe sentir
la sala al borde de los labios", dice un experto
con frase envidiable. La voz se exteriorizará en-
tonces con dominio, proyectándose sobre la tota-
lidad del auditoIio.
Cada expositor ha de conocer por entrena-
miento previo el alcance de su voz máxima, sin
recurrir a los gIitos. Esto se logra con medicio-
nes efectuadas por cada uno, en una sala cual-
quiera vacía, y con la ayuda de un oyente que se
aleja paulatinamente hasta precisar la distancia
en que la voz pierde audibilidad. El expositor ha
de hablar en público con una voz de doble inten-
135
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sidad con que lo hace en una charla de persona
a persona. Cuando su voz resulta poco intensa,
para subirla al volumen requerido ha de
narse mentalmente que habla ante un audItono
de cien a ciento cincuenta personas. En este
caso, la voz resulta animada, el cónferenciante es
escuchado sin fatiga y' proyecta una imagen
enérgica, impositiva y satisfactoria.
Claridad. - Una buena voz debe ser clara,
esto es, perfectamente perceptible. Deben escu-
charse todas y cada una de las palabras del dis-
curso, aún las de tono bajo y menor intensidad.
Esto requiere que se articulen perfectamente to-
dos los sonidos, con las diferencias naturales que
existen entre ellos, para evitar confusiones.
Es necesario, además, que el orador no cometa
vicios de dicción que oscurezcan los sonidos. La
voz debe emitirse libremente, sin forzar ninguno
de los medios naturales de producción del soni-
do.
  la
pureza de .1a voz. Una buena voz debe ser pura,
enersenÜefo--ae-ño estar viciada por defectos del
aparato vocal o fallas de articulación y fonación.
Vicios que deben curarse, corregirse o evitar-
se, según el origen, el tarta-
  .... "     el
__ Estos
por lo general incompatibles con el uso publIco
de la palabra, a menos que se corrijan. Entre los
defectos derivados de la articulación o fonación,
deben contarse: el ceceo, el seseo, el rotacismo,
el sigmatismo.
Están proscriptos de la palabra pública los
acentos vulgares y arrabaleros.
(ResisteTlCtCt,_ ... -'/La resistencia y duración son
coruncn:rné:'.fiíaturales de la profesión del orador.
El orador tiene que hacer esfuerzos grandes para
136
hablar durante largo' tiempo y esto no podrá re-
alizarlo sin una voz durable y resistente. Una vez
más, la condición fundamental reaparece: la im-
postación. Las voces mal colocadas se fatigan y
agotan.
La última cualidad de la voz
es la flexibilidad o sea la capacidad que debe te-
ner de variar el tono, la intensidad, el alcance, la
velocidad, la entonación y las pausas, para darle
una fisonomía variable y atrayente. Nada es tan
contrario a la oratoria como una voz monótona,
siempre igual a sí misma, que no se modifica a
lo largo de una disertación. Esto fastidia la aten-
ción del público y provoca el desinterés.

caaa momento la variación y
  intelectualé3, señsi-
bIes de--nuesffá a1ri:úl;- c-ü'i1fOnné"lásvámos"clés-
      --.--.''.'''.-'.,- ... '-..-
La fonación y la articulación
El sonido articulado se produce en virtud de
una serie de movimientos orgánicos que consti-
tuyen la espiración, o salida de la columna de
aire desde los pulmones a través de los bron-
quios y la tráquea; la fonación, o producción del
sonido en la laringe, y la articulación, o transfor-
mación de ese sonido elemental en sonido arti-
culado, en la cavidad bucal. la cavidad faríngea
y la cavidad nasal, mediante los movimientos de
los labios, la mandíbula inferior, las mejillas. la
lengua y el velo del paladar. Estos dos últimos
actos tienen especial interés para el orador.
El estudio de la articulación indica el lugar
exacto donde se producen las vocales y las con-
sonantes, y los órganos que intervienen. o sea,
la producción misma de esas vocales y conso-
137
nantes, solas o combinadas en sílabas, en pala-
bras o en frases.
Estos procesos son estudiados en detalle por
la fonética, y no cabe sean analizados con la
misma profundidad en este lugar. Conviene, sin
embargo, tener presente que deben considerarse
aceptables la articulación y pronunciación del
hombre culto medio, conforme a las modalidades
idiomáticas del país. Según Navarro Tomás, co-
nocido fonetista de la lengua española, debe
considerarse como nom1a general de buena pro-
nunciación, la que se usa corrientemente en
Castilla en la conversación de las personas ilus-
tres, por ser la que más se aproxima a la escri-
tura. El ámbito de esta pronunciación correcta
-prosigue el autor-, no se limita a esa región
de España, sino que se prolonga en muchas
otras personas doctas, pues el modo correcto ha
llegado hasta ellas por medio de la escuela, la
escena, la tribuna y la cátedra. Este patrón re-
chaza todo vulgarismo provinciano y toda forma
local o regional, y rechaza también toda depura-
ción pedante en las gentes cultas que se esfuer-
zan por introducir rectificaciones. El modelo de
pronunciación ha de ser, según esto, la pronun-
ciación castellana sin vulgarismo y culta sin
afección
2

Este canon, con ser tan sabio, no puede ser
adoptado al pie de la letra ni en la Argentina ni
en ningún otro país hispanoamericano porque a
su vez resultaría una pronunciación afectada o
imitativa. En nuestro país se ha de tomar por
modelo el habla de la gente de cultura general
media, también sin vulgarismos ni pedantismos.
La pronunciación correcta: Hay una pronun-
ciación culta y otra popular o vulgar. En toda
2 NAVARRO. ToMAs T .. Manual de pronunciación española. 6" ed .• ps. 8-
9. Madrid. Consejo SupeIior de Investigaciones Científicas. 1950.
138
exposición pública queda proscripta la pronun-
ciación vulgar o chabacana, desprolija y aun co-
loquial y familiar. Un prudente consejo impide
rebajar la pronunciación a límites incompatibles
con el decoro que merece la expresión ante un
público.
Todo expositor ha de recordar que, aunque una
excelente forma de comunicación es siempre na-
tural y cordial, no es lo mismo hablar ante un
auditorio que en un grupo familiar o de amigos.
La exposición pública se efectúa siempre desde
cierto nivel de dignidad que no puede rebajarse.
No se consideran defectos en Hispanoamérica
el yeísmo (pronunciación igual de la y y la LO, ni
el seseo (pronunciación idéntica de la s, c y z). El
acento regional o "tonada" tampoco se considera
vicio fonético.
La velocidad
Se llama rapidez o tempo a la velocidad ordi-
naria de la conversación o discurso. La rapidez
del discurso varía según la personalidad del ora-
dor, las circunstancias, y principalmente, según
las emociones o ideas que se expresan. Habi-
tualmente las personas se expresan con distinta
rapidez, y lo que en unas es natural y agradable.
en otras es falso y desagradable. '
Según Navarro Tomás, faltan datos precisos
para determinar si la rapidez de la conversación
normal española es mayor o menor que la de
otros idiomas. A los extranjeros suele parecerles
que nuestro idioma es rápido, mientras que a
nosotros nos sucede lo mismo con respecto a
otras lenguas.
De un modo general. las diferencias persona-
les de rapidez son admitidas. a condición de que
no afecten la inteligibilidad del discurso. no fas-
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tidien al auditorio, ni estén en desacuerdo con el
contenido de la· frase o el discurso. Al dirigimos
a un público grande la velocidad deberá ser me-
nor que cuando nos dirigimos a un público corto
o a un grupo familiar.
Asimismo, la exposición de ideas abstractas, de
estadística, de razonamientos difíciles o compli-
cados, debe ser lenta, mientras que las ideas
sencillas pueden decirse con mayor rapidez. En
cuanto a las emociones, las de alegría, gozo, son
más rápidas que las de dolor, pena y tristeza. Los
discursos solemnes exigen también un ritmo
majestuoso, lento, mientras que las arengas mi-
litares o la polémica permiten más rapidez.
Las pausas y silencios
En íntima relación con la rapidez y duración
de un discurso están las pausas. Éstas se anun-
cian en lo escrito por los signos de puntuación, y
en el discurso oral, por la duración relativa del
silencio.
En el discurso leído, las pausas se hacen nor-
malmente en mayor número que los signos es-
critos. Deben aprovecharse en todos los casos
para aspirar aire. Las pausas se utilizan para se-
parar los grupos naturales de ideas de un párra-
fa, para anticipar palabras, frases o ideas que
deseamos destacar, y para meditar lo que se va
a decir a continuación. En el último caso, el
oyente no deberá notar esta estratagema.
140
8. LA ACCIÓN
La acción es de capital importancia en el dis-
curso. Los antiguos la l1amab,an 'discurso del
cuerpo'. El discurso no es sólo el conjunto de
palabras expresadas, sino que es también la voz
con que ellas se pronuncian y la acción de los
brazos, las manos, el cuerpo, y principalmente,
los gestos del rostro. De Cicerón es esta célebre
definición: ''Todo el hablar consiste en la acción
y en la elocución".
En la antigüedad griega y romana, la acción
tenía primordial importancia debido a que los
discursos se pronunciaban al aire libre. En
nuestros días la situación es muy diferente, pues
la mayoría de los discursos se pronuncia en lu-
gares cerrados y con la ayuda de los amplifica-
dores, pero no obstante esto, la acción no ha
disminuido de importancia.
Importancia de la acción
La acción acompaña a las palabras y las hace
más notables e inteligibles. por eso se ha dicho
que subraya el discurso. Va dirigida directamen-
te a los sentidos y toma más inmediata la comu-
nicación. Muchas veces, un gesto vale más que
141
11
una palabra. Un orador que no emplee con
acierto los ademanes, o que los utilice fuera de
conveniencia. desluce su discurso y revela una
desarmonía que el público percibe en seguida.
En algunos casos excesivos. los desaciertos
arruinan totalment6 el discurso: un orador que
se mueve' como animal enjaulado en el estrado o
un conferenciante inmóvil como una estatua, se
exponen al ridículo y al repudio del auditorio.
La comunicación del orador con el público re-
quiere. fatalmente, la acción del cuerpo. Los mo-
vimientos trasuntan la personalidad del confe-
renciante. El auditorio no se satisface única-
mente con el contenido conceptual del discurso:
desea más, entender. comprender la psicología.
el alma y la intimidad del orador. Sólo después
de haber percibido esta intimidad le dará su ad-
hesión o se la negará. Nace de ahí la necesidad
de que el orador muestre. en su acción. toda la
riqueza que lleva en su alma.
Los retóricos antiguos han estudiado en detalle
los movimientos y gestos. y nos han legado reglas
muy minuciosas acerca de cómo comportamos fi-
sicamente durante el discurso. Algunos modernos
no han descuidado tampoco este aspecto de la
elocu encia y han clasificado a su vez los movi-
mientas y los gestos. Entre los antiguos. Cicerón y
el maestro Quintiliano han sido los más precisos.
Los excesos en la reglamentación antigua han
provocado una saludable reacción entre los con-
temporáneos. Hay incluso oradores y maestros
de oratoria que se inspiran en las reglas del tea-
tro para fijar los movimientos y los ademanes.
Estos elementos pueden ser útiles, según el gra-
do de la aplicación. y mientras no se confunda al
orador con el actor de teatro. Es fundamental re-
cordar que el orador debe hacer los movimientos
que son correlativos a su contenido anímico,
mientras que los del actor deben ser los propios
142
de la naturaleza y psicología del personaje que
representa. El gesto en el orador es casi siempre
el resultado natural de su personalidad y de su
mensaje, es un producto casi inconsciente y no
tiene la misma importancia que en el teatro.
Prejuicios acerca de la acción
Acerca de la acción en el discurso existen pre-
juicios bastante generalizados sobre los que con-
viene estar advertidos. De un lado se sitúan los
que la califican despectivamente de mímica y la
proscriben radicalmente. De otro. se agrupan los
partidariOS de la excesiva   que con-
fundiéndola con la acción teatral. recetan proce-
dimientos excesivamente minuciosos. La verdad
está en el punto medio.
Suelen pensar algunos que la acción oratoria
es el ademán ampuloso. exagerado, cuando no la
gesticulación desmesurada. Cierto es que debe
hablarse con todo el cuerpo, pero con modera-
ción. Los gestos y movimientos deben dar una
impresión de libertad del cuerpo y del alma. de
naturalidad y de facilidad. y revelar un tono
muscular fláccido, libre, espontáneo.
Tampoco deben preverse a tal extremo los mo-
vimientos que el orador se convierta en un mu-
ñeco mecánico, con movimientos duros. rígidos y
rápidos. La excesiva preparación en este sentido
quita espontaneidad al orador y distrae su con-
ciencia y atención. Ha de evitarse, pues, la ner-
viosidad derivada de esta concentración de la
mente en los movimientos, para que la acción no
resulte tampoco automática, mecánica ..
Los movimientos deben concordar, sin excep-
ción, con el temperamento y la naturaleza del
orador y del tema. Algunos oradores se han dis-
tinguido por la vehemencia y la amplitud de sus
143
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  mientras que otros han logrado
tamblen la fama con mucha menos acción. Lo
que resulta natural y conveniente en uno, no lo
es en otro. Los movimientos son susceptibles de
las palabras. Y esto se consigue con
la practica y un poco de previsión, antes que con
un maestro de teatro. La acción debe ser inte-
gral, es decir, armonizar con la totalidad de los
elementos constitutivos de la oratoria, desde el
rostro del orador hasta la naturaleza del público.
Principios generales
Existen algunos principios generales que go-
biernan la acción en el discurso. Importa mucho
que estos principios no sean tan abundantes que
lleguen a los detalles más insignificantes, a fin
de permitir que el orador se mueva con libertad
interpretativa dentro de ellos.
Como regla esencial se ha señalado la natura-
lidad, es decir, la concordancia de los movimien-
tos con el conjunto integral, físico, temperamen-
tal y conceptual del orador. Lo que no aparezca
con;o un brote natural del momento y de la idea,
esta mal hecho. Los movimientos y la acción de-
ben ser los propios de cada individuo, de modo
que es desaconsej able todo intento de imitación
Sigamos la receta de Sertillanges: "No se imite:
  la de los demás, como tampoco su
estilo . su   como decíamos a propósito de
la utIhzaclOn de los maestros. Un modelo es
siempre precioso, pero bajo el beneficio de una
adaptación, de una trasposición"l.
Como segunda recomendación, ha de tenerse
en cuenta pureza de los movimientos. Por pu-
reza se entiende la ausencia de todo movimiento
1 SERl1IJ.A.'I1GES. P .• op. cit. p. 401.
144
antinatural, automático, nervioso, como los tics,
las manías, o los gestos y actos estereotipados.
El orador que se presente con gestos o movi-
mientos descomunales, caerá en el ridículo.
La tercera condición es la variedad, para evitar
la repetición insistente o la monotonía que abu-
rre. Los gestos deben ser distintos según la pa-
sión de lo que se dice y el contenido de cada
pensamiento. A cada idea 'corresponde un modo
más o menos convencional en el género
no, de expresarse corporalmente. Pero no se cai-
ga en el error de pensar que pueden existir tan-
tos movimientos como ideas. El repertorio de'
movimientos corporales es sumamente limitado
en relación con el pensamiento, de modo que no
da lugar a una búsqueda caprichosa ni forzada.
Además, la acción debe hacerse en concordan-
cia con el contenido del discurso .. Debe seguir el
curso del pensamiento, progresar de acuerdo con
la línea expresiva del texto, ajustarse a la vitalidad
del discurso, efectuarse coordinadamente con los
otros movimientos totales del cuerpo, y, finalmen-
te, realizarse en el momento oportuno, es decir,
cuando conviene subrayar una idea o pensamien-
to, y nunca a destiempo. No debe olvidarse tampo-
co la adecuación de los gestos a la situación, pues
éste es un aspecto no menos importante. Una sala
grande, un auditorio numeroso, exigen movimien-
tos y gestos amplios y lentos, mientras que un pe-
queño grupo coloquial, una mesa redonda, toleran
muy poco la amplitud y la lentitud. Se ha dicho
que la amplitud de los movimientos está en rela-
ción con la amplitud del auditorio y del lugar.
La actitud o porte
La actitud o porte del orador en la tribuna tie-
ne sus exigencias. El porte tiene alguna relación
145
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con el aspecto físico de la persona, pe:o más !k
tiene con la personalidad y la psicologla. El pu-
blico comienza a juzgar por la actitud inicial del
orador, aun antes de que éste haga uso de la pa-
labra. De ahí la necesidad de adaptarse a alguna
exigencia en este sentido.
La actitud oratoria exige, en primer lugar, se-
renidad y distinción. El movimiento nervioso es
contraproducente, así como la   y du-
reza del cuerpo. Debe evitarse la tenslOn mtema
a todo costo, porque revela una desarmonía de
la personalidad y un proceso psicológico de inse-
guridad que el público aprecia inmediatamente.
El porte debe permanecer también tranquilo
frente a nuestros estados emotivos secretos, y no
revelarlos.
Asimismo, el porte no debe denotar arrogancia,
petulancia, provocación, desafío, menosprecio;
indiferencia, falsa solemnidad. El orador esta
obligado a una nobleza de alma, libre de conta- .
rninaciones malsanas, y su actitud general debe
trasuntar esta buena cualidad y no otra. Debe
revelar también, cortesía, amor, interés y since-
ridad. La mirada debe ser directa, sin huir de la
gente ni seguirla con aspereza.
Si se habla de pie, el cuerpo debe mantenerse
erguido, sin violencia, ofreciendo una
va ligeramente asimétrica, es decir, con el
derecho un poco adelantado con respecto al lZ-
quierdo; esto facilita los movimientos y permite
además el movimiento fácil del brazo derecho. En
el caso de que el izquierdo subraye la acción,
berá cambiarse esta posición, adelantando el lZ-
quierdo. En ambos casos, el peso del cuerpo,
debe descansar sobre ambos pies. Debe evitarse
la rigidez del cuerpo, de las manos y del cuello.
El cuerpo puede adelantarse, de vez en cuando
hacia adelante y hacia atrás, pero no mucho. El
cuello no debe estirarse, ni las piernas ni los
146
brazos deben estar pegados, ni muy abiertos. Los
brazos y manos deben estar en actitud conve-
niente.
Al subir o bajar del estrado, el orador debe cui-
darse de no producir una impresión desagradable.
Conviene marchar con naturalidad y elegancia, sin
rapidez -que denota nerviosidad- ni lentitud -
. que denota timidez-o Hay que ir al estrado direc-
tamente, con sencillez, paso firme y seguro. La sa-
lida debe hacerse en la misma forma.
Al ubicarse, es aconsejable hacerlo en el cen-
tro del escenario o del estrado, mirando al centro
de la sala y situarse lo más cerca posible del au-
ditorio, sin echársele encima ni hacer equilibrios
al borde. No moverse mucho en el estrado, de
adelante hacia atrás o hacia los costados, es de-
cir, no pasearse. En general, con respecto al mo-
vimiento en el escenario, debe tenerse presente
que la inmovilidad está proscripta. El cambio de
lugar aviva el interés y rompe la monotonía. yal
mismo tiempo, el moverse hace descansar al
orador y lo libera de la tensión. Pero los pasos
no deben ser muy frecuentes ni los recorridos
largos. El andar puede aprovecharse también
para llamar la atención sobre lo que estamos di-
ciendo, para concitar la mirada de un grupo o del
salón entero, o para utilizar la resonancia del sa-
lón. Ha de evitarse a toda costa andar sobre el
escenario para impresionar teatralmente a nues-
tro auditorio o revelar vanidad y petulancia. La
violencia y la velocidad del andar son también
contraproducentes. .
Si el orador habla de pie y con un pupitre de-
lante, debe evitar que éste 10 separe del público.
El orador no debe esconderse detrás de él, ni
asomarse como por sobre un balcón.
En los casos en que el orador deba pronunciar
su discurso o disertación sentado, es importante
tener el cuerpo derecho, no volcado sobre la
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mesa ni tendido hacia atrás. El cuerpo debe
perm;necer recto, las piernas sin cruzar, lige:a-
mente separadas una de otra, los pies con ca1?a
normal vertical, ni muy adelante ni muy atraso
Las manos apoyadas naturalmente sobre la tapa
superior, la derecha ligeramente, adelantada,
pues es con la que accionamos El c';lerpo
puede moverse hacia adelante o grrar haCIa los
costados en los pasajes en que des,eamos
más la atención y avivar el intereso Los mOVI:-
mientas del orador sentado no deben ser am-
plios, sino moderados.
La fisonomía y los gestos
El rostro del orador debe acompañar las pala-
bras, sin gesticulaciones ni visajeS
propios de la pantomima. La mirada dIn-
girse al centro del salón, como si se mIrara un
edificio a 10 lejos, y dominar la de .la
sala. No se mire nunca ni al fondo del salan a
la primera fila. Mírese hacia la fila del
Conviene girar la vista paulatinamente a dIestra
y a siniestra, y evitar la insistencia sobre una
sola dirección, para que el parezca
dirigido a un solo grupo. La Ílsonomla .no debe
denotar contrariedades internas, y convIer:e
exprese interés, sinceridad, amor por el publIco.
En algunos casos, sobre todo en los
puede dirigirse el orador a una determmada
sana o sector, como recurso para provocar vItalI-
dad e interés. La mirada debe preceder a la ex-
presión para ayudar a la el público.
No debe ser vaga ni dOrmIda smo VIva. El rostro
de piedra es antielocuente.
Los gestos son los movimientos del rostro. No
tienen nada que ver con las muecas y deforma-
ciones del gesto natural, que están totalmente
148
proscriptas en la oratoria. Los gestos tienen la
ventaja de revelar más aún nuestros pensamien-
tos y nos permiten granjearnos la atención. Los
gestos deben inspirar simpatía y no impresionar
desfavorablemente. No hay que hacer 'contorsio-
nes del rostro. Sonreír es saludable de vez en
cuando y estimula la amistad y el cariño del pú-
bUco. Cuando llegue la ocasión, habrá que saber
mostrar un rostro de firmeza, de intransigencia,
de gravedad, de dolor, de tristeza.
Existen algunos gestos o ademanes que son
verdaderas triquiñuelas para determinados fines,
como por ejemplo, esperas de silencio, tosecillas,
carraspeos, sacar el pañuelo, secarse el rostro,
pasarse la mano por la frente, etc. Estos recur-
sos deben usarse con gran modéración, oportu-
nidad y, sobre todo, parecer naturales, para evi-
tar la teatralidad, pero en general, debe conside-
rárselos inconvenientes, a menos que se tenga
una gran maestría en su uso o sean imperiosa-
mente ineludibles.
En modo general, los gestos deben partir de las
ideas mismas. Acompañan, habitualmente, a las
ideas capitales del discurso. El principio en que
se fundamenta su empleo es el de la utilidad. En
caso contrario, es mej or prescindir de ellos.
Los ademanes
Los ademanes son igualmente importantes.
Reservamos este vocablo para los movimientos de
los brazos y las manos. Los brazos y las manos
son muy-importantes, particularmente el brazo y
la mano derechos, que los antiguos califican de
"lanza del orador". En oratoria, la derecha es más
importante que la izquierda.
Los brazos y manos no deben apoyarse sobre
las caderas, ni tomarse del chaleco o la chaque-
149
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ta, ni colocarse entrecruzados atrás o sobre el
vientre, ni mucho menos en los bolsillos. Deben
caer naturalmente sobre el cuerpo y moverse con
armonía y libertad. El movimiento de un brazo
no debe contradecir el del otro. Lbs hombros no
deben levantarse para manifestar indiferencia ni
otro estado de ánimo. Los brazos no deben ade-
lantarse simétricamente hacia adelante ni en
cruz. Tampoco deben levantarse hasta el máxi-
mo posible. salvo casos excepcionales. Quintilia-
no no pem1itía que el ademán pasara más allá
de la cabeza.
En cuanto al ritmo o estilo general de los ade-
manes, ténganse presentes estas recomendacio-
nes: que no sean angulosos ni tajantes; sino
curvos y elegantes: que no sean demasiado rápi-
dos ni se paren con brusquedad; que no se em-
pleen con reiteración frecuente; que no sean es-
tereotipados; que no sean   que se uti-
licen menos cuando más solemne sea el
discurso: que no sean imprudentes ni descome-
didos: que no lleguen después de haberse enun-
ciado la idea a la cual deben acompañar y, final-
mente, que no se utilicen en caso de duda acer-
ca de su efectividad.
Con respecto a las manos, debe saberse que
son un gran recurso expresivo y su empleo tiene
también requisitos. No deben contraerse ni cris-
parse los dedos: el dedo índice es el más revela-
dor de todos.
De un modo general, si el orador habla de pie,
conviene dejar caer las manos a los lados del
cuerpo, moviéndolas únicamente en los ademanes
exigidos por las circunstancias. La práctica ense-
ña dónde colocarlas en cada oportunidad y el ora-
dor debe tratar de olvidarlas durante el desarrollo
del discurso, pues sólo así las manejará con soltu-
ra. Cuando uno piensa en las manos y no sabe
dónde ponerlas, es porque no sabe utilizarlas.
150
El empleo de material ilustrativo
En algunas disertaciones didácticas se hace
necesario el empleo de material ilustrativo au-
diovisual. Cuando esto ocurra, el expositor debe-
rá atenerse a ciertos principios válidos en esta
materia:
1. Los medios audiovisuales son un apoyo de
la exposición, no un sustituto. Tienen el carácter
de "ayudas audiovisuales" y no más. Acompañan
y clarifican las palabras del conferenciante y no
las reemplazan. Por esta razón resulta absurdo
proyectar un texto escrito y leerlo, o mostrar
gráficos o proyecciones que distraigan la atención
en vez de concentrarla. '
2. Una buena exposición no debe estructurar-
se únicamente sobre la base de una mera expli-
cación de las ilustraciones. El informe personal,
liberado de toda dependencia visual, es irreem-
plazable, y constituye la parte principal de una
conferencia. La ilustración sólo debe permitir
"visualizar" la idea. Todo exceso de material ilus-
trativo peIjudica la disertación.
3. Un gráfico o ilustración no debe anticipar
simultáneamente la totalidad de la exposición,
pues quita interés a lo que sobrevendrá. Cada
ilustración debe presentarse a medida que se
desarrolla la idea respectiva, por su orden. Una
vez utilizada es conveniente retirarla de la vista
del público para no distraerlo. La ilustración to-
tal puede emplearse, en cambio, al final como un
resumen totalizador de lo expuesto.
4. Antes de su presentación cada ilustración
debe ser anticipada para no sorprender y des-
concertar al oyente, y al mismo tiempo, debe
darse la clave de su interpretación con el obj eto
de prevenir errores y orientar la observación ha-
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cia el aspecto dominante que se intenta probar:
"A continuación podrán ver ustedes un mapa fe-
rroviario de la República Argentina y comprobar
que la red nacional confluye en su totalidad ha-
cia el puerto de Buenos Aires como un embudo
con su pico hacia el Río de la Plata."
5. Cada recurso ilustrativo tiene su propia
técnica de diseño y de manejo que es necesario
conocer con suficiente antelación para evitar im-
previstos. Un buen ensayo es la mejor manera de
anticiparse, pero aun así, el expositor deberá te-
ner programada una solución alternativa para el
caso eventual de que la exhibición resultara im-
pOSible o frustrada.
6. El material ilustrativo debe qjustarse a es-
tas condiciones:
a. Claridad: Como la función de una ayuda
audiovisual es clarificar, reforzar y permitir la
memorización de una idea, se comprende que
deberá ser más clara aún que las palabras expli-
cativas. El secreto de la claridad radica en la
conceptualización. esto es, en la reducción de una
idea extensa a un sólo concepto, el cual será re-
presentado por la ilustración. Es la tarea más
dificil.
b. Simplicidad: Una buena ayuda visual no
debe contener demasiada información o abarcar
muchos temas simultáneamente. El oyente de-
berá captar el mensaje fácil y rápidamente. Por
esto es recomendable su brevedad y simplicidad.
c. Facilidad de lectura: El gráfico o ilustración
debe leerse con comodidad y sin apuro durante
el tiempo que dura su presentación. No conviene
incluir textos largos sino palabras claves; las fi-
guras simplificadas son las mejores. Los blancos
deben usarse con generosidad.
152
7. Cada medio es conveniente para ciertos ca-
sos y no para todos. Desde el tradicional piza-
rrón y tiza hasta el más actualizado equipo de
televisión educativa, de filmación y proyección en
la misma aula, son útiles según las circunstart-¿/
cias. En la medida en que aumenta la tecnología  
del recurso la preparación y utilización del mate- (.
rial resulta más compleja y riesgosa, y al mismo
tiempo, requiere mayor aprendizaje previo.
8. La técnica de aplicación de las ayudas au-
diovisuales exige:
a. Planificar y practicar por anticipado cuál
recurso se empleará y en qué momento.
b. Mantenerlos fuera de la vista y ordenados
para presentarlos en el momento oportuno. El
orden de presentación debe ser preferentemente
sucesivo para no dispersar la atención del oyen-
te. Una vez utilizado debe retirárselo.
c. Presentarlos con claridad y explicarlos.
d. Hablar al auditorio, no a la ilustración. En
ningún momento dar la espalda al público, ha-
blar hacia abajo o hacia los costados.
e. Asegurarse de que todos los oyentes lo vean
u oigan.
f. No abrumar y fatigar al auditorio con exce-
so de material.
153
i!
9. EL PÚBLICO
Contrariamente a 10 que supone la opmlOn
vulgar. los retóricos clásicos conocían ya los mo-
dos de reacción psicológica de 'los jueces y los
espectadores, y anticiparon algunas de las leyes
que la pSicología social contemporánea ha siste-
matizado y perfeccionado. Aristóteles sabía ya
que el pensamiento de los oyentes puede ser mo-
dificado u oscurecido por las pasiones y los sen-
timientos' y conocía también que en presencia de
ciertos auditorios es dificil acudir a la ciencia
para sacar argumentos convincentes, porque el
silogismo o pensamiento deductivo es adecuado
sólo a quienes tienen el hábito de la dialéctica.
mientras que para la multitud es preferible usar
la ejemplificación inductiva l.
También Quintiliano sabía que "el mover las
pasiones se hace necesario cuando no hay otra
forma de traer el juez a la razón, pues muchas
veces hacen este oficio hombres ignorantes, a
quienes es preciso engañarlos para que hagan lo
justo". Agregaba. naturalmente: "Verdad que de-
ben confesar todos, y yo principalmente, que no
separo el oficio del orador de la bondad mora1"2.
I ARIsrÓTELES. Arte retórica. libro l. cap. 1, pár. 12 Y Tópicos, VIll, 2.
1 QUl!\'11lJA.'10, Instituciones oratorias, libro 11, capítulo XVIll.
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Los psicólogos y sociólogos modernos hc:n am-
pliado el campo de los conocimientos c1asicos,
aportando valiosos datos so',?re la
mana y las formas de reaccion de los audItonos.
Aun cuando estén superadas en ciertos aspectos,
las ideas de Gustavo Le Bon siguen teniendo vi-
gencia en lo que a la   de las
multitudes. Estudios mas especIalIZados han
ahondado particularmente en el público y los
auditorios, como los de Gabriel Tarde, H. D. Ho-
llingworth, J. Eisenson, Robert T. Oliver, L. L.
Schücking y otros
3

Psicología de los oyentes
La sociología demuestra que el hombre actúa en
privado de acuerdo con sus propios motivos, pero
que en grupo -como lo es un au.ditorio- a?oI?ta
formas de comportamiento del conjunto. El publIco
es una entidad distinta del hombre considerado in-
dividualmente, susceptible de ser comprendida en
sus motivaciones, intereses y reacciones y es posi-
ble obrar sobre él a partir de ese conocimiento.
"Para una persona inexperta -dice Mark Hanna-
una charla en público parece un espantoso proyec-
to. Piensa que el auditorio es un monstruo con mi-
les de ojoS, dientes afilados y una perpetua mir,ada
de sorna. Teme terriblemente que se burle de el, y
acaso lo trate con irrisión cuando la temible prueba
haya pasado. Tartamudea y lo oprime la idea de ser
el centro de una inamistosa atención. La verdad es
que los auditorios no son así"4.
3 Pueden consultarse: TARDE. GABRIEL. L'opinion et la Jou/e; LE BON,
GU5rAVE, Psychologie desJou/es; How:XGWOIml, L. L .. The psychology oJ
speech; OUVER, ROBERI' T., Psychology oJ persuasiue speech; BLOI\'DEL.
CHARLES. Introducción á la psychologie coUective; SCHÚCKiNG. L. L .. El
gusto Uterario; SAUVY. ALFRED. L'opinion publique.
4 I-lA.,\-;-¡A. MARR. PubUc speaking withoutJear and trembUng. ps. 31-32.
Nueva York. The Macmillan Company. 1949.
156
La oratoria es un fenómeno psicosocial que
debe comprenderse. Normalmente el auditorio es
paciente, gentil y tiene la secreta esperanza de
que el orador y el discurso le resulten gratos,
porque es sensible a la belleza y porque le resul-
ta psicológicamente doloroso presenciar el fraca-
so o el ridículo.
Cualquiera sea la finalidad del discurso -per-
suadir, agradar, conmover, instruir-la tarea del
orador consiste en crear estímulos psíquicos en
los oyentes a través de las palabras, la voz, la
acción y otros recursos específicos -ilustracio-
nes, proyección de diapositivas, etc.-, de mane-
ra que las respuestas de los oyentes a esos estí-
mulos, sean las que el orador, desea. Las res-
puestas posibles son: la aceptación, el rechazo o
la indiferencia. El orador buscará, naturalmente,
la primera.
Se produce, así, una oposición o polémica psí-
quica entre el orador y los oyentes, una actitud
de contraste, en que por un lado están los mo-
dos de pensar y sentir del orador, y del otro, en
coincidencia o no, los del público. De este con-
traste, una de las dos actitudes saldrá ganancio-
sa. Si se impone la del público, el orador ha fra-
casado: en caso contrario, el orador habrá cum-
plido con éxito su misión.
La respuesta favorable no puede obtenerse sino
a partir de la peculiaridad psíquica del oyente,
es decir, penetrando en ella, tal como es, obran-
do sobre sus estructuras ideológicas, sentimen-
tales o volitivas, y modificándolas, atenuándolas,
simplificándolas, excitándolas o encauzándolas,
de modo que por un proceso de asimilación, imi-
tación o identificación, se transformen en 10 que
el orador desea. Dicho de otra manera, el orador
debe entrar en el espíritu del oyente, para traerlo
después hacia sí mismo, por más que, como re-
conoce Schücking, "el intento de conducir al pú-
157
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1"
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1::
blico a un terreno distinto de aquel en que prt-
mero se concentró; no siempre se puede realizar
fácilmente y sin sacrificios"5.
Aristóteles reconocía ya en su siglo que "todas
las acciones humanas se originan necesaria-
mente en estas siete causas: ocasión, naturale-
za, compulsión, hábito, reflexión, cólera y de-
seo"6. Quintiliano, por su parte, refiérese en
múltiples lugares de su tratado a la necesidad de
llegar al ánimo del oyente para producir en él la
respuesta esperada, o sea que también interpre-
ta el fenómeno oratorto en la misma fonna: "La
fuerza de la elocuencia -dice- consiste, no pre-
cisamente en causar en el juez los efectos que le
causaría la misma naturaleza de la cosa, sino en
excitar los que no tiene, o si los tiene, avivarlos
más"7. La finalidad de un discurso, según esto,
radicará en motivar en los oyentes nuestros pro-
pios puntos de vista. .
Los estudios más cumplidos sobre psicolog1a
del auditorto coinciden con bastante aproxima-
ción entre sí. Figuran en ellos descripciones so-
bre los motivos básicos de la conducta humana.
Al oyente le resultan gratos los temas que refir-
man sus deseos de preservación de la vida, sa-
lud, alimentación, seguridad, estabilidad, rique-
za, bienestar, reproducción, cambios favorables,
bien común, alegría, amor, libertad, etc. En otras
palabras, lo que en un cierto sentido humano
podrá denominarse "lo bueno". Los temas opues-
tos o que ponen en duda o riesgo estos deseos
innatos son recibidos con desagrado.
La opinión individual y la pública tienden a se-
leccionar, consciente o inconscientemente, las no-
ticias, datos, hechos y verdades, para lograr un
5 ScHÚCKlNG. L. L. El gusto literruiD. 3' edición. ps. 65·72. México-
Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica, 1960.
G ArusrÓTELES, Arte retórica, libro l. cap. x, pár. 8.
7 QUU;I1UANO, Instttuciones oratorias. libro VI. cap. n, pár. 2.
158
apoyo psicológico a los instintos y voliciones natu-
rales en el ser humano. La deformación se hace
siempre en el sentido que favorece al interesado
que las piensa: si están en juego sus intereses
materiales, la desviación se produce en el sentido
que facilita su defensa; si son las pasiones o sen-
timientos los que están en juego, la desviación
tiende a reforzarlas; si se trata de los intereses de
un grupo o colectividad, la defoffimción se produ-
ce para aumentar la cohesión y justificar la lucha
que sostiene: y aun en el caso de que las desvia-
ciones sean inconscientes o involuntarias, las des-
viaciones se verifican también, en la linea tendien-
te a defender la posición adoptada por el indivi-
duo, según la teoría de Alfred SauyyB.
De modo genérico, puede afirmarse también
que el sentimiento y la pasión privan sobre la ra-
zón, lo mismo se considere al público en general
que a cada oyente como individuo en particular.
Por eso, "los conductores de la opinión obran
principalmente sobre las cuerdas sentimentales",
como lo prueba la investigación sociológica.
De lo expuesto, pueden inferirse las Siguientes
características generales del auditorio: a) el pú-
blico es una entidadpsicosocial con modalidades
propias y diferentes de las del individuo conside-
rado aisladamente: b) normalmente, su actitud
inicial frente al orador es de mera expectativa y
no de oposición, pero responderá al fin con acep-
tación, rechazo o indiferencia. según haya sido
la influencia reCibida; c) el público se resiste,
consciente o inconscientemente, a salir de su
propio modo de pensar, sentir y querer; d) sus
motivaciones básicas son las que tienden a favo-
recer su vida y felicidad, y en tal sentido, defor-
ma las ideas o hechos que le son desfavorables,
8 SAuvv. ALFRED. L'opinion publique, ps. 25-28. Paris, Presses Uní-
versitaires de Francc. 1958.
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en sentido favorable; e) en el público, en general,
priva el sentimiento sobre la razón; f) para
atraerlo a su punto de vista, el orador debe co-
menzar por introducirse en su mundo psíquico y
desde allí reconducirlo.
Actitud y reacción del oyente
Como la comunicación es ante todo un acto
psicosocial, el orador ha de conocer al menos al-
gunos principios obtenidos de la ciencia de la
comunicación con respecto al público.
En esencia, el fenómeno expresivo oral puede
reducirse a esta afirmación: el hablante reduce
su pensamiento a un conjunto de signos lingüís-
ticos (codifica) que el oyente percibe e interpreta
(decodifica).
Pero puesto que el hablante efectúa la codifi-
cación en palabras que considera adecuadas al
fin que se propone, el oyente, por su parte, al re-
cibir ese sistema de signos, los decodifica e in-
terpreta según sus posibilidades intelectuales,
profesionales, expectativas, papel empresario,
interés económico, situación biológica, dominio
idiomático, sexo, edad, etcétera, es decir, según
su propia persona total y el contexto situacional
en que se encuentra.
La misión del expositor es tratar de reducir o
anular este aparato de decodificación de sus
oyentes, en lo que ellos están equivocados o des-
informados.
Algunas constataciones fundamentales deben
ser consideradas:
1. No existe acto comunicativo puro, sin fac-
tores deformantes, dada la condición del ser hu-
mano.
160
2. Todo oyente deforma en alguna dirección el
mensaje recibido, pero esta deformación no es
caprichosa sino que obedece a ciertas constan-
t   ~ de la naturaleza humana, relacionada con
sus motivaciones más profundas. Cada persona
tiene una forma de percibir, una forma de inter-
pretar y una forma de reaccionar. .
El problema se reduce entonces a determinar
un punto de convergencia honorable, en que el
expositor no negocie la verdad de su pensamien-
to y el oyente no se vea reducido a una víctima
del acto comunicativo.
3. Los oyentes no perCiben todo 10 que se les
emite, sino sólo una parte, o porque su atención
se diluye o porque al escuchar seleccionan del
mensaje los <;ontenidos especiales en que están
interesados. Esta es la razón por la cual el orador
debe adecuar su mensaje y evitar discordancias
o barreras.
4. Siendo esto así, el disertante ha de estar
advertido de que si su público está compuesto
por veinticinco personas, su mensaje será inter-
pretado en veinticinco formas distintas. Esto es
inevitable y únicamente puede enfrentarse con
conocimiento y arte.
5. La percepción del público está sometida a
leyes registradas por los psicólogos:
a. Intensidad: De dos mensajes o estímulos.
el más fuerte se impone en la psique del oyente:
hablar de la virtud es más fuerte y estimulante
'que hacerlo de la debilidad moral.
b. Dinamismo: Entre lo estático y lo dinámico,
se impone lo segundo: es más interesante hablar
de los animales que de los árboles, y de los árbo-
les que de las piedras.
161
c. Familiaridad: Entre lo·familiar y lo ext:año.
lo conocido y lo desconocido. el oyente atIende
más a lo familiar: hablarle a un de
su comarca es mejor que hacerlo de una cmdad
extraña.
d. Organización:. Entre un mensaje desorgani-
zado y otro organizado, la percepción del oyente
se inclina por este 'último porque le resulta me-
nos fatigoso y más esclarecedor.
e. Tota/.ídad: Un mensaje completo que no
oTI1ite ningún aspecto esencial es preferido in-
completo: es insatisfactorio escuchar a un dIser-
tante que deja de tratar puntos de un tema.
6. El público no es una abstracción teórica
sino una realidad existente. y como tal, suele en-
frentarse al disertante con una de estas tres ac-
titudes:
a. Oposición: Tiene ideas y actitudes
rias a las que expone el disertante. So.luclOn
es no enfrentarlo con violencia o desden. SIlla to-
n1ar en cuenta este hecho, reconocer los
tos ciertos de su posición y a partir de al11 .rrIo
persuadiendo con fuertes hechos y razonanuen-
tos. Refutar la idea y salvar al hombre.
b. Neutralidad: El público es indiferente o
neutral frente al tema o idea propuestos. El en-
foque oratorio radica en descubrir el punto de
interés motivacional en que se mueve, por  
os sucesivos, y luego reforzar la argumentaclOn
en esa dirección.
c. Apoyo: El público está de ac?erdo con el
pensamiento del expositor y se mc:niflesta
ble. Es el caso más fácil de relaciono El
desarrollará su tema apoyándose en las comCl-
dencias, y teniendo especial cautela de no o
crear disensiones. Habitualmente, los pensam1en-
162
tos más generales son los seguros; los de detalle
pueden generar conflictos.
La historia y la experiencia recuerdan intere- _l'f---;! '
santes casos de todos estos tipos de relación ex-<$I
positor-oyentes. Entramos aquí en un mundo / .. ·
complejo y sutil donde tienen cabida por igual la I;y I •
inteligencia, la intuición, la experiencia, la per- "
sonalidad, la educación de los oyentes y el con-
tenido del mensaje en relación con las motiva-
ciones básicas de los oyentes.
Las multitudes
Lo expuesto se refiere a todo grupo de perso-
nas que participan como oyentes en una reunión
oratoria. Sin embargo, desde un punto de vista
más analítico, conviene diferenciar la 'multitud'
(o masa) del 'público', porque revelan signos pro-
pios. No es lo mismo un grupo de veinte o trein-
ta personas que escuchan una conferencia ma-
gistral, que un mitin político de varios miles de
personas. En el primer caso, se habla de públi-
co, mientras que en el segundo se está en pre-
sencia de una multitud o masa, cuyo comporta-
miento es diferente.
Las multitudes se caracterizan, ante todo, por-
que "el orgulloso sentimiento de su número em-
briaga a los hombres reunidos y los hace despre-
ciar al hombre aislado que habla", según apunta
Gabriel Tarde
9
• Este sentimiento grotesco es real,
y el orador se encontrará en dificultades si no ca-
naliza en su mensaje la opinión y los intereses
propios de esa masa. Estará aislado en medio de
una muchedumbre. La experiencia demuestra que
por esta razón los hombres que hablan a grupos
9 TARDE, GABRIEL, L'opinion publique. p. 44, Paris. Alean. 1901.
163
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multitudinarios son los que la conducen como lí-
deres o pretenden asumir este liderazgo, hablán-
doles en su lenguaje y de su mundo animico.
Como todo grupo social revela tipos de con-
ducta y creencias comunes, el individuo actúa en
el conjunto absorbido por los sentimientos o ide-
as colectivas, y deja de lado en gran parte sus
propias experiencias u opiniones particulares. El
hombre, ganado por el sentimiento, incapaz de
razonar según sus propias convicciones, admite
en bloque toda la doctrina y todo el programa,
dice un sociólogo.
De ahí que la oratoria para las multitudes se
proyecte hacia las grandes ideas colectivas acep-
tadas por el grupo y se aparte de disquisiciones
o minucias racionalistas, que no son susceptibles
de ser comprendidas ni asimiladas en el momen-
to, y que, por otra aparte, tampoco   "No
se convence a las masas con razonamiento, sino
con palabras", dice Bernard Grasset
lO
• Maison-
neuve recuerda que las creencias y opiniones se
expresan por palabras y trae al caso la opinión
del publiCista neoyorkino Walter Lippman, quien
sostiene que "la inmensa mayoría de los suj etos
no juzga sobre las cosas, sobre los hechos, sino
sobre sus representaciones de los hechos". Y
agrega Maisonneuve que entre el mundo y nos-
otros se levantan estereotipos, clisés. o sea fra-
ses, pensamientos o palabras ya hechas, que
hacen de su manipulación un medio considera-
ble de propaganda y de distorsión sistemática 11.
Ya se sabe qué significan para ciertos grupos
ideológicos vocablos como "imperialismo", "capi-
talismo", etc. Probablemente para cada individuo
aisladamente signifique una cosa distinta o sig-
10 Citado por I-IOUGARDY. MAurnCE, op. cit.. p. 63.
11 MAlSO;\1\'ElNE. JEA.";. Psicowgía social. Traducción de Silva Naisberg.
1" edición castellana. p. 82. Buenos Aires. Editorial Paidós. 1960.
164
nifique menos o algo distinto de lo que en reali-
dad son, pero las palabras estereotipadas son de
gran efecto convencional. La multitud no es cri-
tica ni racionalista.
La muchedumbre sustituye la actitud intelec-
tual frente a su orador por la actitud instintiva,
imaginativa, fantaSiosa, y se deja dominar por el
inconsciente impulsivo. Recordemos el caso de
oradores populares o de demagogos, y compro-
baremos el fabuloso desborde de planes y pro-
mesas que efectúan en sus discursos. Es que,
como conductores de masas, saben que éstas
tienen apetitos de quimeras y fantasías, y las
aceptan, por lo menos durante el acto oratorio,
como verdaderas. ,
Otras características de las multitudes, apun-
tadas por Tarde, son su intolerancia prodigiosa,
su orgullo grotesco, su susceptibilidad enfermi-
za, el sentimiento enloquecedor de su irrespon-
sabilidad nacido de su poderío y de la pérdida
total del sentido de la mesura, que partiCipa el
exceso de sus emociones naturalmente exalta-
das
12

Resurge aquí, una vez más, el problema de la
moralidad del orador, quien impostado mental-
mente en el ángulo de su auditorio, sólo debe
valerse de la palabra para canalizar hacia el bien
la mentalidad colectiva.
El público
El público, en cambio, es una reunión de per-
sonas que conservan su propia personalidad y
espíritu crítico. Se dice que el públicQ moderno
comenzó a constituirse realmente en el Renaci-
miento, pero acaso sea más acertado remontarlo
12 Citado por Maurice Hougardy. op. cit., p. 646.
165
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a la antigüedad misma. como 10 prueban los
simpoSios y las academias griegas.
De todos modos, el público se da normalmente
en un local cerrado, asiste sentado a la diserta-
ción y se presenta en actitud intelectiva antes
que emocional o instintiva como la multitud. El
número de integrantes de un público puede va-
riar desde la limitada cantidad de alumnos de
una clase hasta un gran auditorio ubicado en
una sala de espectáculos. La diferencia no radi-
ca propiamente en el número de personas, ni en
las características del local, sino en la actitud
psicológica con que los oyentes participan del
acto.
Por supuesto que en todo público, como en
toda multitud, hay que reconocer la existencia de
remisos. indiferentes. contrarios, escépticos. Pero
debe caber en los cálculos de todo orador la pre-
sencia de una razonable cantidad de personas en
actitud antagónica .
Para el caso de la oratoria ante un público. la
palabra del orador deberá ser equilibrada. esen-
cial, meditada y artística. sin olvidar, sin embar-
go, que "es pequeña la clase de personas para las
cuales las razones lógicas en la aceptación de
ideas son superiores. incluida aun la clase pro-
piamente llamada de científicos"13.
Lo ideal es el discurso donde se combinan ar-
mónicamente la razón y la pSicología.
La actitud objetiva
Un orador, frente a su auditorio, sea éste una
multitud o un público, en los sentidos analiza-
dos, puede colocarse en actitud subjetiva o en
actitud objetiva. Por la primera. el orador se ins-
13 DUNIAP. K .... 'GHT. Socíalpsychology .p. 249. Baltimore. Williams and
Wilkins Co. 1925.
166
tala en su propio mundo espiritual y habla des-
de él, a la espera de que sus oyentes lo compren-
dan y lo acepten. Por la segunda, el orador pien-
sa y vive en el mundo de sus oyentes, habla en
su lenguaje, le comunica el mensaje que éste an-
sía y le ofrece un panorama acorde a sus necesi-
dades; "Un orador efectivo es usualmente objeti-
va... Este es uno de los principios básicos del
discurso", dicen Sarett y Fosterl
4

La actitud objetiva se fundamenta en 10 que
podría denominarse el fenómeno de la descarga,
que consiste en facilitar la expresión de las ide-
as, sentimientos y deseos comunes de los oyen-
tes a través de la palabra que se pronuncia en el
estrado. El oyente no tiene posi1?ilidad de expre-
sarse verbalmente cuando integra un auditorio.
pero desearía verlo hecho por la palabra del ora-
dor. Cuando el orador concentra en su verbo el
estado espiritual común del grupo que lo escu-
cha, se produce el fenómeno de la descarga.
El otro fenómeno frecuente en los auditorios es
el del contagio. Los estados de ánimo se difun-
den de uno a otro oyente y pueden llegar en ca-
sos excepcionales a imponerse sobre la totalidad
del grupo. De esta comprobación se deriva la
técnica de insistir sobre aquellos puntos o asun-
tos que entusiasman a la mayoría de los oyentes
o a grupos aislados, con el objeto de ir creando
paulatinamente el contagio en los restantes
miembros del auditorio.
Persuasión y autoridad
Se han propuesto métodos, basados en las in-
vestigaciones psicológicas, para facilitar la tarea
14 SARETl'. LEW y FOSTER. WlLUAM TRUFA;\'T, op. cit., p. 489.
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del orador. En lo fundamental, pueden citarse
dos: el de la persuasión y el de la autoridad.
El método de la persuasión consiste en invadir
paulatinamente el campo de la atención del pú-
blico y llevarlo por progresivos razonamientos al
punto de vista del orador. El de la autoridad
consiste en imponer por presión psicológica la
personalidad del orador, e incluidas en ella, sus
ideas. Podría decirse, metafóricamente, que en la
persuasión el alma del orador se insinúa en la
del oyente y ambas terminan por confundirse en
una sola, mientras que en la autoridad, el alma
del orador se desborda y anega la del oyente.
El método de la persuasión se apoya en el em-
pleo de ciertos procedimientos que responden a
las modalidades psíquicas de los oyentes, y que
se enuncian de distinta forma según los autores.
En síntesis, consiste en hablarle al público de las
cosas que le son familiares; presentarlas con
cierta fuerza de convicción, en forma dinámica,
con planteos ordenados, en que las partes guar-
dan entre sí proximidad, similaridad, continui-
dad e inclusividad; que atiendan a las motivacio-
nes íntimas de los oyentes; que confluyan todas
a una misma idea central, etc. Se preconiza que
el contenido desarrolle temas que interesen
prácticamente al público (la naturaleza, los ani-
males, el dinero, historias, dramas, acción, etc.):
que el lenguaje sea concreto, popular, imaginati-
vo, y que la acción, gestos, ademanes y demás
recursos concuerden con esta finalidad.
El método de la autoridad se apoya en dos
comprobaciones: una, es la de que todo orador,
a la vista general de su público, se reviste de una
cierta superioridad que le es conferida gratuita-
mente, porque se supone que el ejercicio de la
palabra pública encierra un dominio particular
de los temas y de las personas; la otra constata-
ción es que una personalidad colocada en un
168
plano superior -por mérito propio o por delega-
ción de atribuciones- provoca en los demás una
reacción psicológica de disminución. La autori-
dad puede emplearse en ciertas' ocasiones, pero
sólo tendrá efecto si el orador ejerce realmente el
liderazgo del grupo de oyentes y a condición de
que sus mensajes encierren una auténtica ver-
dad, que no desmientan los hechos posteriores.
La autoridad está condicionada también a una
actitud de dependencia o inferioridad real del
auditorio y a la auténtica superioridad del ora-
dor.
Actuar según el principio de autoridad signifi-
ca estar convencido de que uno tiene el dominio
"de la materia y los oyentes deben reconocerlo y
aceptarlo. El expositor parte de una cierta supe-
rioridad que se confiere a sí mismo y la hace no-
tar al auditorio para obtener el dominio del acto
comunicativo. No se habla aquí de la petulancia,
la arrogancia, la vanidad, la soberbia u otros de-
fectos morales análogos, pues están radicalmen-
te proscriptos. Se trata más modestamente de
sentirse maestro en el asunto y hablar en conse-
cuencia.
La autoridad puede emplearse en ocasiones,
con las cautelas oratorias adecuadas, sin llegar
a manifestaciones deformadas, pero sólo será
válida si el expositor es una personalidad real-
mente colocada en un plano superior por presti-
gio, antecedentes científicos o técnicos o méritos
de otra naturaleza. El auditorio reconoce y acep-
ta la autoridad sólo de un auténtico maestro.
La persuasión consiste en hablar al auditorio
con cierta sencillez natural, para conducirlo poco
a poco, a través de métodos no compulsivos, a la
aceptación de la verdad propuesta. El expositor,
aun teniendo el dominio intelectual del asunto,
no lo impone violentamente ni pretende avasa-
llar a sus oyentes, sino que busca convencerlos
169
basado en razones. Invade paulatinamente el
campo de atención del auditorio, se muestra to-
lerante y sereno, razona, argumenta, ejemplifica
y termina conquistando con su personalidad y su
inteligencia a quienes lo escuchan.
La persuasión y la autoridad no son excluyen-
tes ni opuestas. Más bien son complementarias,
y de una conjunción armónica de ambas actitu-
des, con la intención puesta en el servicio y res-
peto del prójimo, surge la mejor de las actitudes
del expositor.
170
N. TIPOS BÁSICOS DE DISCURSOS
PÚBLICOS '
10. LA ORATORIA INDIVIDUAL
Puesto el ser humano en actitud de comunica-
ción oral con sus semejantes, puede transmitir
individualmente su mensaje a un grupo de per-
sonas que 10 escuchan sin intervenir en la expo-
sición, o puede hacerlo, cooperativamente con los
integrantes de un grupo, buscando entre todos.
a través de la discusión, una opinión o decisión
común. En el primer caso, la oratoria es indivi-
dual y en el segundo deliberativa o de grupo. Una
y otra forma comprenden especies propias y en
ambas se aplican técnicas particulares; en la
oratoria individual, la exposición, y en la delibe-
rativa, la discusión.
La clasificación de los discursos individuales
según la naturaleza del tema es sumamente ex-
tensa, ya que en verdad, puede hacerse oratoria
con relación a cualquier asunto. En líneas gen,e-
rales, hay elocuencia sentimental o evocativa,
artística, política, forense, religiosa, militar y di-
dáctica. Dentro ·:de cada uno de estos grandes
grupos caben,a su vez, clasificaciones más mi-
nuciosas. Salvo la elocuencia sentimental o evo-
cativa, todas las demás caen dentro del ámbito
de especialidades profesionales y vocacionales.
La oratoria sentimental es la más frecuente en
la vida cotidiana. Comprende toda una variada
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gama de discursos, muy diferenciados, pero que
en esencia tienen como fin común la alabanza y
el prestigio de un bien y, según la conocida fór-
mula, la exaltación de acontecimientos, hechos o
personas. Se ha discutido bizantinamente sobre
la legitimidad y sinceridad de los discursos pro-
nunciados por imperativos circunstanciales, pero
10 real es que, según los casos y las personas,
pueden variar desde el mero acto de cortesía
hasta la más profunda y sincera expresión de
sentimientos, ideas o deseos.
Los principales tipos de oratoria individual son:
la conferencia, el discurso conmemorativo, el in-
augural, de presentación, de bienvenida, de ofre-
cimiento, de aceptación o agradecimiento, de
despedida, de augurio, de sobremesa, el brindis
y el discurso fúnebre.
La conferencia. - Una forma típica de la ora-
toria individual moderna es la conferencia o di-
sertación, muy usual en nuestra época para di-
fundir ideas. En general, se supone que el confe-
renciante es un experto en la materia o tema que
trata de comunicar a sus oyentes.
Las exigencias fundamentales de la conferen-
cia Son: conocimiento profundo del asunto, ne-
cesidad y oportunidad de la difUSión de ese
asunto, claridad de comunicación y adecuación
al público y al ambiente.
Según la clase de público, el conferenciante
puede adoptar distintos tonos y estilos, pero en
todos los casos, debe analizar el problema que
expone, confirmar los argumentos, rebatir las
opiniones adversas o equivocadas, dejar clara-
mente asentada su propia conclusión y promo-
ver inquietud intelectual, emocional o volitiva en
los oyentes.
Si al término de la exposición el público puede
formular preguntas y expresar sus opiniones, se
172
denomina conferencia abierta al público (lecture
fOffim en la nomenclatura inglesa).
Discurso conmemorativo. - El discurso con- . I
memorativo es uno de los más generalizados en
la vida actual. Su finalidad es evocar el recuerd6S>
de algún acontecimiento histórico, un hombre /
memorable o un hecho caro a los sentimientos {
públicos o privados de un grupo. Son discursos
"interruptores del olvido colectivo", y en general,
se apoyan en la alabanza y la :ralen
también como medio de ilustraclOn y
contribuyen a formar una conciencia comu;n.
Este tipo de discurso suele contener habItual-
mente estas ideas: a) del  
hecho o persona; b} apelacion a los
comunes del auditorio con respecto al asur:to, c}
incitación a obrar el bien imitando la ensenanza
de ese acontecimiento, hecho o persona.
Discurso inaugural. - Es el discurso que se
pronuncia para entregar al público .obra de
interés colectivo, monumento, busto, lapI?a,. pla-
ca, o para abrir un congreso, curso academ.Ico o
escolar, etc., botar una nave, colocar una pledra
fundamental, etcétera.
El discurso inaugural responde por lo general
a las siguientes exigencias: a} referencia al es-
fuerzo y a la obra realizada; b} recuerdo lo.s
autores, gestores o inspiradores; c}. alegna
ca por los beneficios que reportara; d} agradeCI-!;
miento; e} votos auspiciosos de bien y esperanza.
Discurso de presentación. - Es una
congratulatoria con que se recibe en un acto pu-
blico a una persona y se la presenta ante au-
ditorio. Suele expresar 10 siguiente: a) elogIO de
la personalidad del b) de contarlo
en la tribuna que ocupara; c} motIvos de la pre-
sencia del huésped; d) anuncio claro del tema
173
que desarrollará; e) creación del deseo y ansie-
dad por escuchar su palabra; O augurios de feli-
cidad y éxito. La brevedad es una condición bá-
sica de toda presentación. Quien la efectúa, no
debe aprovecharla para hacer alardes oratorios
en beneficio propio.
Discurso de bienvenida. - Es el discurso con
que se recibe y saluda a un visitante o invitado.
Suele expresar las siguientes ideas: a} saludo al
recién   b} expresión de la importancia y
valor que tIene la presencia de tal persona; cl de-
seos de que tenga una pern1anencia grata y útil.
Este discurso no debe ser largo ni minucioso, y
el tono debe ser cálido. sincero y cordial.
Discurso de ofrecimiento. - Por medio de este
tipo de .discurso se ofrece un cargo. un premio. o
cualqUIer otra distinción a una persona. Debe
manifestar estas ideas capitales: a} razones por
las que se ofrece el premio o cargo; b} sentimien-
tos de agrado y reconocimiento de todos por este
acto de justicia; c} augurios de nuevos triunfos;
d} entrega del premio o designación.
. Se presta este tipo oratorio para intercalar al-
gun hecho emotivo o desconocido del público. al-
frase o gesto típico del agasajado. o cual-
qUIer otro recurso emociona1. No debe ser muy
prolijo ni largo.
Discurso de aceptación o agradecimiento. _
Aunque diferentes según la ocasión, estos dos ti-
se ajustan al siguiente contenido: a) expre-
Slon emocionado por el premio
o deslgnaclOn; b) cIta de las personas que tuvie-
ron participación en el mérito; el aceptación del
regalo o título como símbolo, en nombre del gru-
po, clase o institución que representa o a la que
se pertenece; d} promesa de responder con ho-
nor al cargo o premio.
174
No debe ser de estilo rebuscado o ficticio, sino
natural y sentido.
Discurso de despedida. - Se pronuncia este
tipo de discurso cuando una persona se retira de
una sociedad, un empleo, un lugar. Conviene que
exprese lo siguiente: a) alabanza de las personas
con quienes se ha compartido el trabajo o ellu-
gar; b) mención de una experiencia personal y fi-
losófica tenida en el lugar. o narración de un he-
cho o anécdota emotiva y edificante; el promesa
de recuerdo permanente.
Es condición principal la sinceridad y emoti-
vidad.
Discurso de augurio. - Es el que se pronun-
cia en ocasión de cumpleaños. bautismos, bodas.
aniversarios familiares o fechas de especial sig-
nificación para una familia. una inst itución o un
grupo. Debe referirse a lo siguiente: al motivo de
la reunión; b} alegría del festejo; c) augurios para
los actores. No conviene que sean muy extensos.
Discurso de sobremesa. - El discurso de so-
bremesa suele interpretarse, equivocadamente,
como una pieza que debe encerrar sin excepción
una humorada. Estrictamente, puede estar ba-
sado en el humor o en la seriedad, según el ca-
rácter del orador, la condición de los concurren-
tes y el motivo de la reunión.
No hay recomendaciones precisas sobre esta
especie oratoria. pero en general, no puede caer
en un plano exageradamente filosófico. Si no se
tiene sentido del humor, puede recurrirse al tono
simplemente elegante. Puede contener, separada
o combinadamente: a) el relato de una experien-
cia personal; b} explicación de una oQservación
efectuada; c) anécdota, chiste, leyenda o suceso;
d) otro tema ligero y agradable.
Es importante que este tipo de discurso se
adapte al estado de ánimo de los concurrentes,
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para no desentonar. En ello triunfa el orador que
mejor capta el estado de ánimo colectivo. La re-
tórica de sobremesa suele apoyarse en la fórmu-
la latina citada por Majorana: ¡Nunc est biden-
dum! ¡Gaudeamus igitur! (¡Ahora, a beber! ¡Ale-
grémonos pues!).
Brindis. - El brindis se resume en una fór-
mula esencial. Bebo a la salud ... No debe ser
largo y debe expresar: a) salutación al agasajado
o al conjunto reunido, según el caso; b) votos y
augurios de grandeza.
Discurso fúnebre. - Se apoya en una larga
tradición histórica que viene desde los tiempos
más remotos, en que formaba parte de los ritos y
ceremonias funerarios. La forma más pura es la
que tiene lugar delante del cadáver (praesente
eadavere). Vale tanto como la despedida última.
En general, encierra los siguientes pensamientos:
a) dolor por la irreparable pérdida que significa
esa muerte; b) pensamiento filosófico o religioso
sobre la muerte y su universalidad (Hodie tibi,
eras mihi); c) panegírico y narración de las exce-
lencias espirituales y obra del difunto; d) exhor-
tación a imitarlo en sus hazañas y virtudes; e)
consuelo para los deudos y amigos; f) despedida
y votos de beatitud eterna.
Este tipo de discurso debe ser solemne, retóri-
co, místico y encomiástico. .
El discurso radiado. - La radiotelefonía tiene
características técnicas y psicológicas que todo
orador debe conocer antes de enfrentar el micró-
fono
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. Por de pronto, no admite la improvisación,
y esto por razones administrativas de las emiso-
ras y por conveniencias precautorias para el pro-
1 Infonnación de gran utilidad puede encontrarse en AsBOT, WAWO.
Handbook 01 broadcasting, edición revisada. Nueva York, MacGraw-
Hill Book Co. Inc., 1941 y otros manuales sobre la materia.
176
pio orador. El tiempo y la responsabilidad impi-
den el riesgo ante el micrófono.
En cuanto al público, condiciona el estilo y el
tono del discurso. Aun tratándose de cantidades
inmensas y anónimas de oyentes, hay que recor-
dar que en realidad los grupos que se forman al-
rededor del receptor son pequeños, de una a
cuatro personas, más o menos, cada uno de los
cuales actúa como un público particular. El dis-
curso debe estar compuesto, entonces, en tono
familiar, coloquial, "de hombre a hombre". Sue-
len citarse como magistrales en este género, las
fireside chats de Franklin D. Roosevelt.
La lectura debe hacerse con pausa, con voz
normal, articulando correctameI1te todos los so-
nidos, sin forzar la voz: el peligro más generali-
zado es el de pretender gritar o elevar la voz.
Debe evitarse la monotonía al leer, para 10 cual
se ha de variar el ritmo, la entonación, el volu-
men y los matices de la voz. Particular atención
deben merecer las toses, carraspeos, murmullos.
apartes. inflexiones bajas, golpes sobre la mesa,
ruidos de papel. respiración fuerte, etc., todo 10
cual está proscripto severamente del discurso
radiado. porque desluce la transmisión.
En 10 material han de consultarse previamente
los detalles al personal técnico a cargo de la au-
dición' si es que se carece de experiencia. Debe
hablarse siempre de frente al micrófono, sin gi-
rar la cabeza. ni alejarse o acercarse, para evitar
las caídas del volumen de la voz. Hay que cuidar
siempre que el micrófono esté delante de la boca,
a una distancia prudencial que aconsejará el 10-
cutor, y que puede estimarse aproximadamente
en veinte o treinta centímetros. No deben efec-
tuarse desplazamientos ni movimientos.
Un recurso práctico aconsejado por un experto
en cuanto al tono familiar del discurso, consiste
en imaginarse a un amigo o grupo que nos está
177
escuchando, y hablar para ellos como si estuvié-
ramos a su lado. Si fuera posible, es aconsejable
grabar antes la audición.
El discurso televisado. - La televisión, por su
parte, tiene exigencias propias. Si la radiotelefo-
nía no consiente la improvisación, la televisión en
cambio, la requiere fundamentalmente. No es
que no pueda leerse un discurso ante la cámara;
esto es posible si el carácter y la ocasión del dis-
curso 10 pemliten. Pero nODl1almente, rige la ley
de la improvisación, pues da naturalidad y vida
a la transmisión y al discurso.
El estilo de la palabra es también el natural,
coloquial. de la conversación diaria, de la charla
habitual. Pero ha de recordarse que la cámara
revela la falsedad del tono y la insinceridad.
Pueden usarse esquemas, apuntes, notas,
etc., pero es preferible no hacerlo. En caso extre-
mo, no quedará más remedio, pero convendrá no
ocultarlo al público, pues la lectura a escondi-
das, con los ojos vueltos hacia los costados o ha-
cia abajo, provoca una pésima impresión de
fraude.
En lo material, es excelente hablar detrás de
una mesa, sentado con naturalidad. El orador
puede levantarse, moverse, caminar, a condición
de que lo haga con honestidad y evite la teatrali-
dad.
Si se trata de una entrevista, una mesa re-
donda u otro caso similar, convendrá acordar
previamente con el director los detalles sobre las
preguntas y detalles totales, para evitar sorpre-
sas. De modo general, puede decirse que hablar
ante la cámara de televisión tiene, desde el pun-
to de vista oratorio, la misma exigencia que para
hacerlo directamente ante un público.
178
11. LA ORATORIA DELIBERATIVA
La oratoria deliberativa comprende todas
aquellas formas elocutivas en que participan al-
ternadamente y a su turno dos o más personas:
puede   también oratoria de grupo,
y su metodo basico es la discusión. Según la de-
finición de A. Craig Baird, "la discusión es el arte
del pensamiento reflexivo y la comunicación,
usualmente oral. cumplida por miembros de un
grupo, cuyo objetivo es la solución cooperativa de
un problema"
1

En la semántica castellana los términos "dis-
cusión", "debate" y "deliberación" son aproxima-
damente equivalentes, aunque en lengua inglesa
involucran ciertos matices distintivos. originados
convencionalmente en las varias formas concre-
tas que la discusión adopta en la vida práctica.
En rigor, las formas reales de la elocuencia
deliberativa o de grupo, son: la conversación
(formal e informal), la entrevista (periodística,
comercial, de relación laboral, etcétera), la dis-
cusión en grupo (reuniones de comités, juntas,
1 BAlRD. A. CRAlG, Discussion: principles and Lypes. p. 9. Nueva York-
Londres. McGRAw-I-Ilu. BOOK Co .. ¡xc., 1943: Discussúm is the art oJ
rejlectíve thinking and communication. usually oral. by members qf a
group. whose aim is the cooperative solulúm Di a problem
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comisiones, grupos de estudio, etc.), la discusión
ante el público, el simposio, el debate y el Joro.
La conversación
El perfeccionamiento creciente de las formas y
técnicas de comunicación oral en el mundo mo-
derno, ha estimulado a algunos tratadistas a
analizar la conversación humana, inferir de este
análisis una teoría y establecer normas prácticas.
Gran parte de los tratados modernos sobre ora-
toria, particularmente los de procedencia nortea-
mericana' dedican páginas a la conversación, a
la que se considera no solamente como un ins-
trumento vital, sino también como un medio de
equilibrio del pensamiento social. La mentalidad
latina se resiste, en nombre de la espontaneidad
y la naturalidad, a aceptar la teorización llevada
a este extremo, si bien se la acepta y practica en
algunos órdenes profesionales, donde la conver-
sación es el principal medio para el ej ercicio de
una tarea. Tal es el caso de las entrevistas co-
merciales, las de supervisión de personal en las
empresas y otras, eh las que el diálogo no es li-
bre sino condicionado por una finalidad prefija-
da.
Según Borchers y Wise, "la conversación es
un discurso caracterizado por la impredictibili-
dad, prontitud, adaptabilidad, naturalidad, li-
bertad y ausencia de exhibicionismo"2. Las con-
diciones señaladas por esos tratadistas para una
exitosa conversación son: actitud aceptable, ide-
as importantes, lenguaje animado, voz expresiva
y acción corporal comunicativa. La historia cul-
2 BORCHERS, GLADYS L., Y WISE, CIAUDE M .. Modern speech: an mtro·
duction to speakmg and Ilnderstandmg, p. 32. Nueva York, Harcourt,
Brace and Company, 1947.
180
tural abunda en ejemplos de famosos conversa-
dores -Samuel Johnson, Oliver Goldsmith, Na-
poleón, La Bruyere, etc.-, así como de clubes de
conversación -los antiguos simposios griegos, el
Literary Club de Londres en el siglo XVII, el salón
de Mme. Rambouillet, en París, y otros más-.
Los estudios demuestran que, estadísticamen-
te, las personas tratan en su conversación, y por
orden de frecuencia, sobre los siguientes temas:
el trabajo, el hogar, la política, las recreaciones,
la salud y los acontecimientos de interés gene-
raPo
Milton Wright ha estudiado psicológicamente
al tipo medio de interlocutor, señalando que éste
desea sentir su propia importancia, impresionar
a los demás, ser cumplimentado, expresar su
opinión, granjearse favores, tener otras personas
que sepan algo acerca de él, ser apreciado, ha-
blar de su hobby, descubrir que sus interlocuto-
res tienen sus mismos intereses, encontrar que
sus pequeñas necesidades son contempladas por
los demás. estar libre de obligaciones y sentirse
cómodo y tranquilo. De esta investigación con-
cluye el autor las normas para una buena con-
versación: hablar a los demás de sus propias co-
sas, tener un real deseo de agradar y hacer feliz
a quien comparte el diálogo.
Para la conversación en grupo, señala el mis-
mo tratadista estas conveniencias: los temas de-
ben ser agradables a todas las personas; cada
persona debe hablar su parte y no más; no debe
haber períodos de silenCiO; ningún tema debe ser
tratado tan extensamente que llegue a fatigar; el
tono debe guardar los requisitos de una buena
urbanidad, y nada debe decirse que pueda afec-
tar u ofender a los presentes.
3 WRlGlrI", MIL TON , The art oi conversation: and 1ww to apply its tech-
niqlle, p. 109. Nueva York-Londres, McGraw-Hill Book Co. Inc .. 1936.
181
Existe toda una técnica 'analítica para condu-
cir con éxito una conversación, tanto el diálogo
como la conversación en grupo, así como estu-
dios caracterológicos de los distintos tipos de in-
terlocutores posibles: personas de más edad que
uno, de menor edad, superior jerárquico, inferior
o persona de otro sexo. Existe también toda una
sistematización de la técnica de las preguntas. de
las respuestas, de la narración, de la argumen-
tación, etc. La discutible ulilidad de estos estu-
dios es apoyada por sus teorizadores en la nece-
Sidad de participar con eficacia en las conversa-
ciones formales y en el estímulo y creación de
mejores formas de pensamiento en las reuniones
informales: "Conversar -dice J. B. Priestley- es
uno de los signos y marcas de civilización ... "4.
La entrevista periodística
La entrevista periodística es una de las más
modernas formas de la oratoria. En ella, un pe-
riodista dialoga con alguna personalidad científi-
ca, política o de cualquier olra actividad huma-
na, formulándole preguntas de evidente interés
público. La reunión puede ser convenida previa-
mente o accidental, con cuestionario anticipado
o improvisado, por escrito u oral. En cualquiera
de las formas, rigen las mismas condiciones.
El periodista no debe discutir con su entrevis-
tado, ni poner en duda la veracidad de lo que se
le responde, ni enjuiciar las opiniones recibidas,
ni monopolizar el diálogo, ni interpolarlo con sus
propias ideas sobre la cuestión, ni alterar la for-
nla o el contenido de las respuestas recibidas, ni
prejuzgar sobre las intenciones de su entrevista-
4 PruESTLEY. J. B .. Talking. ps. 1-2. Nueva York; I-Iarper. 1937.
182
do. el punto de vista de la opinión públi-
ca, solo mteresan las respuestas del entrevista-
do.
El único instrumento de que dispone el entre-
vistador para obtener la información que
es la pregunta, y en este orden de trabajo,  
ejercitar su ingenio para obtenerla, en tono res- <:y
petuoso y urbano, sin polemizar. e
El entrevistado, por su parte, actúa por me-
dio de las respuestas. Como no toda opinión o
información puede darse en un momento deter-
minado. por múltiples razones, la habilidad dia-
léctica consiste en expresar sólo 10 que se debe
sin caer en contradicciones reveladoras. ni
trar turbación, desconcierto. nerviosidad. mala
voluntad. descortesía o inseguridad.
Las preguntas y las respuestas, así en la en-
trevista periodística como en otros tipos de elo-
cuencia deliberativa, responden a una técnica
especial, ampliamente estudiada por espeCialis-
tas, y que se analizan en este volumen al tratar
de la técnica de la discusión.
La discusión en grupo
La discusión en grupo (en la nomenclatura in-
glesa conference y también infónnal discussion)
es uno de los tipos más frecuentes de oratoria
deliberativa. En ella, un grupo no muy extenso
de personas debate conjuntamente un tema, con
el objeto de analizarlo y estudiarlo o de tomar
una decisión.
El director abre la reunión y presenta el asun-
to o problema. dirige el análisis. informa a los
participantes sobre diversos aspectos de la cues-
tión y ayuda a encontrar una Solución, some-
tiendo finalmente al voto de los presentes el tema
o proposiciones presentados, si fuera el caso.
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Los integrantes pueden dialogar entre sí, for-
mular preguntas al director o a sus colegas, res-
ponder, efectuar exposiciones, presentar mocio-
nes, etcétera.
Esta forma deliberativa acaece en las reunio-
nes de comisiones directivas de instituciones,
subcomisiones, juntas, directorios de empresas,
reuniones de profesores, etc., y tiene la ventaja
de permitir el intercambio de ideas yexperien-
cias y de facilitar la participación activa de todos
los miembros del grupo, en forma coloquial,
amistosa y casi familiar, según la fórmula del
give-and-take. No existe público.
La discusión ante el público
En esta forma deliberativa, llamada también
'mesa redonda' (en inglés panel discussion o
round-table), un grupo, preferentemente no ma-
yor de siete u ocho personas, discute un tema
determinado ante el público y bajo la conducción
de un director o moderador.
El director, en el centro del grupo y de frente
al público, abre la reunión con breves palabras,
expone la naturaleza del tema, presenta a los
oradores uno por uno y explica el procedimiento
a seguir en la discusión. Al término de la reu-
nión' debe resumir las conclusiones obtenidas en
un sumario imparcial y lúcido.
Los integrantes del grupo se sientan a derecha
e izquierda del director, en tomo de una mesa
en forma de herradura o similar -yen su defec-
to sobre el lado mayor de una mesa rectangu-
1ar- cuidando de no dar la espalda al auditorio.
En la discusión ante el público, es fundamen-
tal que cada orador exponga su opinión, sobre
todo desde su particular punto de vista, adap-
tando espontáneamente su argumentación al
184
curso de las ideas que se van desarrollando. No
existen reglas fijas de procedimientos, porque es
un tipo de deliberación informal
5

El simposio
El simposio (symposium en la nomenclatura
inglesa), es una reunión deliberativa ante público,
en que varias personas hablan por tumo sobre un
mismo tema. Los oradores no discuten entre sí,
efectúan sus exposiciones en forma de discursos
-leídos, improvisados o con apuntes-, en plazos
de tiempo iguales que van habitualmente desde los
cinco minutos a los treinta, sin participación del
auditorio.
La finalidad del simposio no es debatir, sino
simplemente explicar, instruir o informar un
tema a través de expertos o personalidades de
gran relevancia en un campo de actividades.
El director de un simposio es generalmente
una autoridad en la materia. Su función se limi-
ta a abrir la sesión, explicar los motivos y finali-
dades de ella y anunciar y explicar brevemente
el tema. Luego presenta y cede la palabra, por
orden, a cada uno de los oradores y agradece al
final de cada una de las disertaciones. Al fin de
todas las exposiciones, debe cerrar el acto con un
breve sumario de lo tratado. Es habitual, ade-
más, que al fin de cada discurso, tome fugaz-
mente la palabra para establecer el paso de un
orador a otro.
El simposio puede organizarse encargando a
cada orador el desarrollo de un aspecto parcial
del tema, o puede escogerse a un grupo de ora-
dores que sostienen distintos criterios sobre un
5 SAA!;;rr, LEW y Fosnm, WllliAl,1 TRUFA."", op. cit. p. 467.
185
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mismo asunto y encomendarles su desarrollo en
forma personal.
En ciertas ocasiones. el simposio puede adop-
tar una forma combinada: al término de cada se-
rie de disertaciones. puede efectuarse un panel
entre los oradores. o abrir la discusión al público
presente. En otros casos el programa comprende
el simposio propiamente dicho con las dos alter-
nativas anteriores.
El debate
En el debate participan dos grupos de orado-
res. los que sostienen una posición afirmativa
frente a una proposición y los que sostienen una
negativa. conducidos por un director. Se realiza
ante público y en él no se discute una pregunta
sino una propuesta o proposición para estable-
cer algo que hasta el momento no existe o no se
practica. El grupo que está por la afirmativa tie-
ne a su cargo la responsabilidad de probar que
la nueva proposición es necesaria. A esta res-
ponsabilidad se la denomina burden oJ proof En
tal sentido, es condición que el debate se centra-
lice únicamente en una sola proposición, expre-
sada en fomla declarativa y con absoluta clari-
dad y precisión.
Esta fonna de elocuencia deliberativa cuenta
con una larga tradición en los Estados Unidos.
donde se la emplea con frecuencia en colegios y
universidades. No se la ha practicado hasla el
presente en la Argentina.
Está sometida a reglas precisas de procedi-
nliento, que puntualizan las obligaciones de la
afimlativa y las de la negativa, la mecánica del
desarrollo y demás detalles. El director abre el
debate y habla alternativamente un orador de
cada posición.
186
El foro
Es cualquier forma de oratoria en que partici-
pa el público. En castellano se la denomina tam-
bién 'discusión abierta al público' y en inglés
Jorum o openJorum.
Este tipo de deliberación se emplea para com-
plementar otras formas de oratoria analizadas
anteriormente: la conferencia, la discusión ante
el público, el debate o combinaciones de esos
procedimientos.
En la nomenclatura inglesa, la palabra Jorum
colocada después del sustantivo que señala el
tipo de oratoria, indica que al término de la reu-
nión los oyentes podrán participar formulando
preguntas. objeciones o exposiciones: lecture Jo-
rum, panel Jorum, symposium Jorum, debate Jo-
rum
El director abre el acto, anuncia el tema, pre-
senta al orador o a los oradores y explica que
después de la conferencia, el panel. el simposio
o el debate, el auditorio será invitado a tomar
participación.
En el momento de las preguntas, el director
toma la palabra y explica claramente las normas
que se aplicarán, procurando motivar inteligente-
mente al auditorio y crear el clima de confianza.
Como la primera pregunta es la más difícil de ob-
tener, tiene atribuciones para formular él mismo
esa pregunta al orador e invitar directamente a al-
gún miembro del auditorio a formularla. Debe
también ayudar a los participantes efectuando ex-
plicaciones o repitiendo las preguntas o por cual-
quier otro medio que estime conveniente. Si nota
que al final algo importante se olvida o se pasa por
alto, puede él mismo sugerir que se efectúe una
pregunta o exposición para cubrir ese vacío.
A veces se formulan las preguntas por escrito,
en hojas en blanco o formularios preparados
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para el caso, pero son más aconsejables las ora-
les. Si algún oyente formula preguntas excesiva-
mente largas, complicadas o aprovecha la opor-
tunidad para hacer exhibicionismo retorico, el
director debe saber cortarlas con habilidad y
cortesía. El riesgo de alargar una discusión es un
peligro latente en toda deliberación. Para evitar-
lo, dos o tres minutos antes del tiempo fijado
para la terminación del acto, el director anticipa-
rá que sólo queda tiempo para contestar una o
dos preguntas más, y señalará cuáles serán en
ese caso los oradores a los que por turno les co-
rresponda formularlas.
188
12. TÉCNICA DE LA DISCUSIÓN
La discusión de ideas ha sido objeto de proli-
jos análisis por parte de los especialistas. pues
constituye el procedimiento esencial de la orato-
ria deliberativa.
La discusión es. ante todo. un método de inves-
tigación. y como tal se 10 practica en grupo cuan-
do es necesario analizar a fondo un determinado
problema o adoptar una decisión. Además de esto,
la discusión es un método de enseñanza. de muy
moderna concepción. que permite que varias per-
sonas intercambien sus experiencias. contrasten
sus propias opiniones. perfeccionen sus hábitos de
pensamiento. conozcan aspectos insospechados de
un tema y se acomoden a los beneficios de la tole-
rancia y la cooperación. Como método didáctico,
complementa al expositivo. y en ciertos aspectos,
lo supera y perfecciona.
En suma. la discusión puede adoptarse cuan-
do se persiguen, aislada o combinadamente, algu-
no de estos tres fines: a) analizar cooperativamen-
te un problema; b) tomar una determinación; c)
enseñar.
Los inconvenientes de la forma deliberativa de
la enseñanza son la lentitud y el riesgo de su de-
formación en mera controversia desordenada.
Estas eventualidades sólo pueden evitarse con
189
!
1'1
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una adecuada preparación y conducción del de-
bate. que debe realizarse con perfecto conoci-
miento de la técnica deliberativa.
Preparación de la discusión
Cualesquiera sean los fines de la discusión.
ésta debe programarse con sumo cuidado. La
preparación de una discusión comprende cuatro
etapas: a) análisis del grupo: b) elección del tema;
c) estudio del lugar y la ocasión; d) planteamien-
to de la conducción.
Análisis del grupo. - Es de fundamental im-
portancia que el grupo deliberante no esté cons-
tituido por más de siete u ocho personas. sobre
todo si la discusión será ante público. pues un
conjunto mayor agudiza los problemas de la
conducción. Excepcionalmente, cuando se trate
de un conjunto habitual e indivisible (comité,
junta. alumnos de una misma clase, etc.) podrá
exceder de ese límite.
El organizador o director debe detemlinar, con
absoluta precisión. la finalidad del debate. para
ordenar todo en función de ese fin. Además, de-
berá conocer con la mayor abundancia posible de
detalles los antecedentes de cada participante y
del grupo a que pertenecen; comportamiento,
ideología, capacidad oratoria, actitud en las dis-
cusiones, motivos por que participan, inteli-
gencia, responsabilidad técnica, científica y mo-
ral, representatividad, antagonismos o coinci-
dencias entre ellos, sin olvidar que la conducta
humana responde principalmente a finalidades o
intereses.
Si la invitación para el debate está a cargo del
director, estos datos previos le permitirán efec-
tuar una selección razonada y eficiente.
190
Elección del tema.- Cualquier tema no es
apto para una discusión. Debe reunir ciertas
condiciones que aseguren un resultado cons-
tructivo. En primer lugar. la proposición o tema
debe ser debatible: no se ajusta a este requisito
un asunto evidentemente cierto ni otro evidente-
mente falso. No debe. por esto mismo. estar con-
c.ebido en témlinos ambiguos ,ni abarcar genera-
hdades vagas, ni aspectos elementales de una
cuestión. Se requiere una cuestión específica,
clara. concreta. particular. encerrada en una idea
central. y al mismo tiempo breve, de modo que
pueda ser debatida en el término disponible.
En segundo lugar, el tema deberá estar ade-
al nivel e intereses del grupo
partICIpante, aSl como a las inquietudes del pú-
blico oyente.
Estudio del lugar y la ocasión. - Las condi-
ciones físicas del lugar tienen que ser considera-
das .. El director. los participantes y
el publIco -SI lo hubiere- deberán contar con
todas las comodidades lógicas. Es conveniente
que el salón no sea chico ni demasiado grande, y
que cuente con buena acústica o parlantes ven-
tilación y temperatura adecuadas. '
El director y los participantes deben ocupar un
lugar bien visible desde todos los ángulos del sa-
lón. preferentemente un estrado. El conductor
dominar a todo el grupo y tener a su dispo-
  en un lugar accesible, un encerado y de-
mas para escribir, tablero para co-
locar lammas o pantalla para proyecciones. etc.
Los participantes, a su vez, dispondrán en su lu-
gar de papel y lápiz para tomar anotaciones ce-
niceros. etcétera. ' '
El principio básico de distribución es que el di-
rector mire de frente. con los participantes sen-
tados a su izquierda y derecha, sin dar la espal-
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da al público, y que el auditorio pueda distinguir
perfectamente a uno y otros. Para ello puede
usarse una mesa en forma de U, con la abertura
hacia el lado del público. Este tipo puede susti-
tuirse también con una mesa o escritorio rectan-
gular, con los participantes sobre tres de los la-
dos, dejando libre el que da a los oyentes. Una
buena organización tendrá que ocuparse igual-
mente de los demás detalles materiales: micrófo-
nos, parlantes, etcétera.
El estudio de la oportunidad en que se reali-
zará el debate escapa a reglas precisas. Se supo-
ne que el organizador o el director sabrán con-
templar todas las probables eventualidades del
acto, para que el debate se desarrolle con nor-
malidad, sin interrupciones extrañas ni riesgos
para nadie.
Planeamiento de la conducción. - El director
deberá estudiar también con antelación suficien-
te el guión o esquema del debate. Este esquema
es primordial para que la discusión se desarrolle
con arreglo a un orden y no se desvíen o desna-
turalicen los objetivos de la reunión.
Los teóricos sostienen opiniones distintas en
cuanto al contenido del guión. Por supuesto que
cada director redactará el que más se adapte a su
idiosincrasia y técnica de conducción, pero es
conveniente que tenga anotados, por 10 menos, los
siguientes puntos: tema central de la discusión;
nombre y antecedentes de cada participante; pala-
bras iniciales del debate o resumen de ellas; notas
sobre los distintos pasos del proceso que seguirá
la discusión; palabras finales de cierre.
Como la responsabilidad mayor del conductor
es lograr que la discusión arribe a un punto de-
terminado
1
, es natural que el esquema deberá
1 Monroe. AJan H .. Principies and types oi speech. p. 365. Nueva
York.
192
contener, analítica o sintéticamente desarrolla-
dos, todos los aspectos del problema. ordenados
en una secuencia lógica; las derivaciones posi-
bles del tema central; los argumentos, objecio
í
\
nes, etc., para tratar de encauzar en " 'I
momento la discusión y resolver los problemas./ I
que se planteen. 4.. ' l' 11
1
Se aconseja también que el director disponga 1 I
de una planilla con el nombre de los participan- II
tes, en la cual irá tildando la actuación de cada II
participante y un resumen sucinto de sus ideas , 11'
y opiniones, las que le permitirán gobernar la W
frecuencia de participación de cada orador y for- ti
mular las conclusiones del acto al término de la I ",
discusión. 1 fti
Conducción de la discusión
En general, los diversos tipos de elocuencia
deliberativa en que participan dos o más perso-
nas, están bajo la conducción de un director, lla-
mado también moderador o conductor. Las fun-
ciones del director son claras y típicas y pueden
resumirse en estos términos: a) organizar el de-
bate en todos sus aspectos preliminares; b) diri-
gir la discusión para que ésta llegue en forma or-
denada a una conclusión.
La dirección misma de la discusión compren-
de las siguientes obligaciones: a) abrir el acto y
presentar el problema a los participantes y al
público; b) presentar por su orden a los orado-
res; e) conducir la discusión, con todas las im-
plicancias de su desarrollo; d) cerrar la discu-
sión.
Según A. Craig Baird
2
, todo director debe co-
nocer el tema del debate, los participantes, el
2 Baird. A. Craig. op. cit.. ps. 89 y sigo
193
 
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público y la ocaSlOn: tener tacto, amplitud de
pensamiento, entusiasmo, ingenio y humor.
Como se comprende. todo esto requiere estudio,
preparación y dotes especiales.
La apertura. - La apertura debe hacerla el
director con manera fáciles, seriedad y naturali-
dad. abandonando toda actitud solemne, para
contribuir así a la creación de un ambiente de
libertad y comodidad entre los participantes. En
la apertura, deben seguirse las siguientes forma-
lidades: a) saludar a los participantes y oyentes;
b) enunciar el tema de la discusión: c) explicar
los objetivos de la reunión; d) señalar el procedi-
nliento al que se ajustarán los participantes y
público;, e) presentar por orden a los participan-
tes. enunciando claramente sus nombres y ape-
llidos, antecedentes. títulos. condición o repre-
sentación que invisten; D finalmente. el director
podrá efectuar cualquier otra aclaración que
considere oportuna y necesaria. tratando de no
dar nada por supuesto y revisando el estado en
que quedó la cuestión, si el debate continúa de
otro anterior.
Debe evitar toda apertura de petulancia o pe-
dantería y sobre todo, no aprovechar la circuns-
tancia para hacer exhibicionismo, recordando
que el público se interesa por la palabra de los
participantes y no por la del director. La apertu-
ra puede durar de tres a cinco minutos, y debe
ser clara, concisa y suficiente. A continuación,
cederá la palabra al primero de los participantes,
de acuerdo con el orden que corresponde. o for-
mulará la cuestión a todo el grupo para que al-
guien solicite contestarla.
Desarrollo de la discusión. - El control y la
orientación del debate es la mayor de las respon-
sabilidades del director. Las preguntas son el
principal expediente de que dispone para orien-
194
tar la discusión y puede formularlas, a su crite-
rio. cuando quiera obtener una aclaración cual-
quiera. hacer hablar a un participante. forzar a
alguien a emitir su opinión. someter a juicio de
los miembros del grupo alguna proposición,
comprobar si se ha comprendido bien algo de lo
e-:cpuesto. orientar la discusión hacia un fin pre-
VIstO. hacer confirmar o rectificar alguna OpinióI1:
expresada con ambigüedad. ayudar a alguien a
aclarar su pensamiento. etcétera.
Las preguntas deben ser claras. concisas,
breves, sencillas, necesarias e inspiradas en un
fi?       No deben hacerse preceder de largas
dIsqUlslclOnes o justificaciones. ni deben com-
prometer la posición de estricta neutralidad que
corresponde mantener al director. ni encerrar
malicia alguna. Pueden dirigirse directamente a
uno, de los participantes o al grupo en general,
segun convenga. .
Una vez formulada una pregunta, debe darse
un tiempo razonable al interrogado para que res-
ponda. pero si no se obtiene una respuesta en
plazo prudencial. el director debe mantenerse
sereno y formular de nuevo la pregunta -en
otros o en los mismos términos-, o girar la pre-
gunta a otro miembro. o inquirir si la pregunta
no ha sido lo suficientemente clara. Puede pre-
guntar también si se desea que sea repetida, si
existe alguna objeción contra ella. si se prefiere
que sea subdividida, si no se desea contestarla o
puede también recurrir a otra pregunta o efec-
tuar alguna sugestión sobre su respuesta.
Cada respuesta debe ser agradecida por el di-
rector con una expresión verbal o ligero asenti-
miento de cabeza, cuidando especialmente que el
rostro ni los ademanes ni el tono expresivo reve-
len sus reacciones internas -agrado, fastidio.
etc.-. y que la fórmula de agradecimiento no
encierre un juicio estimativo de la opinión verti-
195 '
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1:
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da, favorable o desfavorable, pues la
dad es una cualidad esencial en la personalIdad
del conductor.
Las preguntas pueden tenerse previstas
antemano o ser formuladas como consecuenc:a
de la marcha de la discusión. Las preguntas mas
aconsejables son las dirigidas al grupo general,
porque no violentan a nadie, pero las preguntas
----+lÍll'l{d=J-lividuales tienen la ventaja de lograr una par-
ticipación equilibrada de todos los miemb:os.
El control y orientación del debate e?
evitar que éste se desvíe del tema. SI
meno se produce, el director puede mtervelllr
para reencauzar la discusión, usando alguno de
estos procedimientos: a) formular una pregunta
tal que su respuesta reconduzca al tema  
b) expresar francamente al grupo que la dISCU-
sión se está desviando, rogándole volver al tema;
c) hacer una breve recapitulación sobre lo ex-
puesto hasta el momento y volver a formular la
primera pregunta u otra que permita el retorno
al asunto que se debate; d) preguntar al grupo o
a alguno de los participantes si opina que el
nuevo asunto en que se ha entrado contribuye a
esclarecer la cuestión, para proponer luego vol-
ver a ella; e) elogiar la importancia del tema inci-
dental, pero proponerlo para que se discuta en
otra oportunidad; f1 dar por concluido con un
breve resumen el aspecto del asunto que se ha
tratado hasta ese momento y proponer a conti-
nuación otro que esté en íntima conexión con el
tema principal. .
La tarea de orientación del debate eXige una
completa lucidez de parte del director y un.a rá-
pida actividad intelectual. Para ello, ademas de
fomentar la discusión mediante el aprovecha-
miento oportuno de las divergencias ?e
expuestas, debe recurrir a preguntas mcItatIvas
y estimulantes. Debe evitar, en todo momento,
196
Ji"
que el debate se convierta en una mera discu-
sión entre dos o más participantes, en agresión
verbal contra alguno de ellos, en exhibicionismo,
etcétera.
Si alguno de los participantes dirige alguna
pregunta comprometedora al director, éste debe-
rá recordar que debe mantenerse imparcial y no
opinar, para lo cual puede eludir la respuesta
desviándola al grupo, solicitando a alguno de los
participantes que la conteste, pidiendo al mismo
miembro que la formuló que le exprese cómo la
contestaría, o afirmando abiertamente que sus
obligaciones de director le impiden contestarla.
Por último, si el conductor juzga que le corres-
ponde responder, podrá hacerlo con tacto y cau-
tela, sin entrar en compromisos.
Una forma de matizar el debate y romper la
monotonía es recurrir a resúmenes o exposicio-
nes intercaladas; utilizar gráficos o pizarras para
computar y precisar las opiniones vertidas hasta
ese momento, traer a colación citas o aclaracio-
nes, etc. Al efectuar esta tarea de estímulo y fo-
mento de la discusión, el director debe tratar de
obtener el máximo de información posible de
parte de todos los participantes, de modo que
cada uno de ellos tenga la misma cantidad de
oportunidades para expresarse y que ninguno
monopolice la discusión o quede sin formular su
opinión. Un sencillo anotador donde se anota
cada vez que un participante habla, facilita esta
tarea.
Otro importante aspecto del desarrollo es el
ritmo o velocidad del debate. El mejor ritmo es el
moderado, donde cada tema se desarrolla con
amplitud y profundidad y permite llegar a una
conclusión edificante en el tiempo previsto. La
clave de un desarrollo tal está en la planificación
y conducción acertada. Un tema demasiado am-
plio, las divagaciones de los participantes tolera-
197
das por el director, la discusión entre los miem-
bros del grupo, el bizantinismo minucioso de al-
gunas exposiciones, tomarán escaso el tiempo,e
inversamente, un tema muy restringido o un
grupo desinteresado o inhábil, harán terminar
un debate antes de tiempo. No existe regla fija
para regular el ritmo de la discusión, pues ello
depende de la habilidad del director y de su tem-
peramento e inteligencia.
Si el debate se agota antes del tiempo previsto,
es preferible darlo por terminado, antes que pre-
tender alargarlo artificiosamente con preguntas
superOuas, repeticiones o planteos de nuevas
cuestiones. Si no concluye en el plazo correspon-
diente -caso más frecuente- no es aconsejable
  demasiado, por lo cual conviene con-
vocar a una nueva reunión. Es preferible tratar
un asunto con profundidad y dejar pendientes
los demás, que atropellarse sobre el temario des-
arrollándolo superficialmente. Aun en esta even-
tualidad, es obligación del director resumir y va-
lorar el resultado parcial obtenido hasta ese mo-
nlento. Las proposiciones que pueden efectuar en
este caso los participantes son: a) realizar otro
debate para tratar el resto del tema: b) tratar el
tema restante al principio de otro debate: c) incluir
el tema restante dentro de otro de los asuntos
programados y tratarlo conjuntamente.
El cierre de la discusión - El cierre de la dis-
cusión es una tarea delicada. En ella, el director
debe efectuar: a) un resumen sumario de lo
debatido y las conclusiones obtenidas; b) agra-
decimiento a los participantes y al público; c)
anuncio de la próxima sesión u otra noticia de
interés. Esta tarea requiere una gran capacidad
de síntesis. Se comprende que el director habrá
tomado nota. a través del debate de las opiniones
expuestas, a fin de no demorar el resumen y
198
.,(
efectuarlo respetando escrupulosamente el pen-
samiento de cada orador. No deberá consistir en
una mera repetición de lo dicho sino en un
verdadero análisis y valoración. con sentido ins-
tructivo. Si el debate no ha llegado a un acuerdo
de voluntades o ideas que pueda resumirse en
un juicio general. el director no se esforzará en
hacer la síntesis y se limitará simplemente a
poner en evidencia la falta de acuerdo y a pre-
sentar un balance breve de las posiciones sos-
tenidas.
El cierre deberá realizarse en tiempo, para
evitar apresuramiento. Un debate ha sido efi-
ciente y valioso, cuando participantes y oyentes
se retiran con la impresión de que se ha dejado
hablar libremente. que los pensamientos han
sido respetados y que la sesión ha sido ilustrada
y aclaratoria.
Participación en la discusión
Así como el director o moderador debe conocer
las conveniencias, mét.odos y riesgos de su labor,
así también cada participante debe conocer los
de la suya. La cuestión primera que se le plantea
al orador es saber cuándo debe hablar. No existe
en est.o una respuesta categórica y única. Sin
embargo, AJan H. Monroe
3
, da los siguientes
consejos: no hablar fuera de oportunidad;
hacerlo, naturalmente, cuando se tenga un
comentario inteligente o una sugestión que ha-
cer; cuando se deba responder a una pregunta:
cuando se deba presentar un informe, cuando se
pueda aclarar un punto que otra persona ha
desarrollado mal; cuando se tenga que corregir
un error; cuando se pueda ofrecer una infor-
3 MONROE, AlA" H .. op. cit .. ps. 370<372.
199
)
)
)
)
)
mación adicional a lo dicho; cuando se debe
fonnular una pregunta inteligente o cuando se
pueda inyectar un poco de humor en el debate.
En otras palabras, es necesario hacerlo cuando
la palabra es útil, y cualquier momento no lo es
para cualquier afinnación o pregunta.
El protocolo y las precauciones propias de
toda discusión aconsejan tener presente ciertas
reglas o nonnas que facilitan la participación. La
primera es preparar con tiempo el terna y es-
tudiarlo lo más profundamente posible (libros,
publicaciones especializadas, revistas técnicas,
opinión de autoridades, etc.); conocer con certeza
la   que se adoptará; analizar los argu-
mentos (pruebas y objeciones) a emplear y la
técnica dialéctica con que serán expuestos y,
finalmente, redactar un esquema de la propia
exposición y sus eventuales variantes frente a
derivaciones inesperadas.
Esta preparación presupone también conocer
qué personas intervendrán en la discusión, sus
ideologías, opiniones e intereses, la posible actitud
que adoptarán frente a los distintos planteos, así
corno también los fines, declarados o secretos, de
la reunión, el lugar, el tiempo y el local.
Son de utilidad, asimismo, algunas nonnas
sobre el comportamiento psicológico a adoptar
durante una discusión, para crear un ambiente
propicio a la propia persona. Deben aplicarse
actitudes compatibles con las buenas relaciones
humanas: no ofender ni lastimar moralmente;
mostrarse naturalmente simpático; no dar la im-
presión de querer llevarse por delante a los de-
más; tratar con dignidad y altura a todos; no
hacerse el pedante ni el suficiente; captar la
confianza ajena; no mostrar indignación, ironía,
hostilidad o desinterés hacia los demás, y no
despertar recelos ni actuar sospechosamente. En
una palabra, actuar con tacto humano.
200
En lo que atañe a los demás participantes,
conviene prestar suma atención a sus palabras,
gestos y actitudes, para ir reconociendo carac-
terológicamente a los distintos tipos de reacción.
Observar a las personas y tratar de discernir
cuáles son sus verdaderas ideas, distinguiendo
las que expresa de las que oculta, conocer sus
aciertos y errores; ver qué piensan los demás de
lo que sostiene cada uno, para tener una opinión
fonnada sobre la tendencia general de la reunión;
dejar hablar sin interrumpir, molestar ni apurar;
descubrir las presuntas intenciones de los ora-
dores; respetar sus opiniones; no pretender
pensar por los demás; interrogar con cortesía
cuando se necesita una declaración y no
olvidarse de agradecerla; cerciorarse de que se ha
comprendido exactamente el pensamiento ajeno;
pedir las explicaciones que se estimen per-
tinentes y, sobre todo, tornar nota, mentalmente
o por escrito, de lo que va diciendo, para ir
confeccionando así el plan de la propia expo-
sición.
La participación debe llegar en el instante
preciso: no es conveniente apresurar la llegada
de ese momento ni retardarla indebidamente. Por
lo general, es mejor hablar después que otros
oradores lo hayan hecho ya, pues se cuenta en
ese caso con mayores elementos de juicio para
impostar la propia exposición o propuesta.
Al disponerse a hablar, el orador cauteloso
tendrá ya concebido su plan, y sabrá además,
qué ideas apoyar y cuáles rebatir. Un buen plan
de exposición incluye solamente lo esencial y
desecha lo superfluo. La palabra de un orador
diestro rebatirá cordialmente las opiniones con-
trarias que atañen al fondo del asunto; tendrá
expresiones de reconocimiento para los méritos
aj enos; se fundamentará en una sólida y lógica
demostración; será generosa con la ignorancia o
201
la impericia ajena: dejará a salvo el honor y el
prestigio de los demás, pero no concederá nada
que no deba conceder ni traficará con la propia
conciencia.
Toda exposición debe hacerse en un lenguaje
sencillo, claro. preciso, variado, adecuado al am-
biente y convincente, recordando la expresión de
Baird, según la cual "la discusión, como las otras
fonnas de la oratoria. es una comunicación oral
a través de las palabras, acción corporal y so-
nidos"4.
La
La argumentación es el empleo de razona-
miento para probar o refutar algo. Ella supone,
pues, el examen del pro y el contra de toda
opinión, principio, teoría o hecho. Los argu-
mentos en favor se llaman pruebas, en tanto que
los que están en contra se denominan objeciones.
El primer tipo de argumentación se llama de-
mostración y el segundo refutación. La de-
mostración se efectúa, en la práctica oratoria.
con dos fines: probar nuestra afirmación o con-
vencer a otra persona de nuestra afirmación.
El secreto de toda argumentación consiste en
el empleo adecuado de razonami.entos y en la
claridad. fuerza y persistencia de ellos.
Los argumentos. - Los argumentos son los
razonamientos lógicos (intelectuales) por medio
de los cuales se realiza la demostración o la re-
futación. Las operaciones mentales o métodos
por los cuales se efectúan los argumentos son los
siguientes:
Deducción: Es el razonamiento por el cual se
pasa de una ley general a un caso particular. Su
4 BAlAD. A. CRAlo. op. cit.. p. 116.
202
 
ejemplo típico es el silogismo, descubierto por L<, Ci'
Aristóteles: "El hombre es mortal. Sócrates es ¡j I
hombre. Luego, Sócrates es mortal". Para que sea "Ci \::,?,: 1
verdadero, debe serlo la primera premisa o jui- .:;,,:
cia. Puede aplicarse a cualquier clase de objetos.
Inducción: Es el razonamiento en que se par-
te de varios hechos particulares para llegar a úrta
conclusión general que los comprende a todos(
Por ejemplo, de la comprobación de que el calor
dilata a muchos cuerpos. se infiere la ley general
de que el calor dilata a todos los cuerpos. Su
fundamento radica en el principio de causalidad
o de regularidad. Se emplea con los objetos na-
turales.
Analogía: Es el razonamiento en que se pasa
de un hecho particular a otro particular. En
otras palabras, consiste en inferir que si dos ob-
jetos tienen semejanza en varios caracteres. 10
tendrán también en todos los demás. Por ejem-
plo, de ciertas analogías entre la chispa eléctrica
y el fenómeno del rayo, se concluye que el rayo
es también una chispa eléctrica. De la semejan-
za de la Tierra con otros planetas, se supone la
habitabilidad de los demás. La analogía se fun-
damenta también en la regularidad de la natura-
leza.
Es el más riesgoso de todos los razonamientos.
Para que tenga legitimidad, debe tenerse presen-
te que sólo tienen valor y significación aquellas
semejanzas que están en relación directa con la
propiedad inferida y que aquellas cualidades o
caracteres que están en oposición con ella, anu-
lan el valor del razonamientoS.
\
5 La posibilidad de la demostración está relacionada con el tipo de
objetos a que debe aplicarse. La escolástica llevó prácticamente este
capitulo a sus últimas consecuencias. Existen argumentos ah absur'
do. ad hominem. a jortiori. a simili, a priori., a posterinri., etc. que
pueden consultarse en la lógica.
203
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I
Los hechos. - La segunda forma de demos-
tración consiste en probar una afirmación con
ejemplos verificables, testimonios de testigos,
datos estadísticos, objetos físicos, literatura o
escritos y toda otra especie de material percepti-
ble por los sentidos, que no admita discusión ni
sospecha.
Los sofismas
Son razonamientos incorrectos y por esa razón,
no tienen validez. Se los denomina también pa-
ralogismos o falacias.
En toda argumentación debe prestarse especial
atención a los sofismas, que son más comunes
que lo que suele pensarse. La lógica clásica ha
enumerado o clasificado los sofismas en detalle.
Los 'más frecuentes son:
Ignorancia del asunto: Ocurre cuando se res-
ponde a otra cosa de lo que está en cuestión.
Equívoco: Es un argumento construido so-
bre una falsa interpretación del sentido de una
palabra, o cuando en la argumentación se to-
ma a una misma palabra en dos sentidos dife-
rentes.
Petición del principio: Sucede cuando se da por
acordado lo mismo que está en discusión.
Círculo vicioso: Es el argumento en que se in-
tenta probar un juicio A por otro B y este B por
elA.
Generalización abusiva: Consiste en inferir
indebidamente, de uno o pocos casos, una ley
general. Es muy frecuente en la discusión.
Falsa causa: Es el error que consiste en to-
mar una causa por otra.
Falsa analogía: Radica en equiparar dos cosas
o procesos diferentes, por la sola coincidencia de
algún carácter accidental.
204
Ad verecundiam: Consiste en sostener malicio-
samente la validez de una afirmación por la au-
toridad personal de quien la ha formulado.
Ad hominem: Consiste en querer llevar al ad-
versario a aceptar una afirmación nuestra, sos-
teniendo que ésta deriva de una afirmación di-
cha por él.
Mala observación: Ocurre cuando se pretende
interpretar un hecho, pero se lo deforma por
preconceptos o intereses.
Observación incompleta: Sucede este sofisma
cuando no se han observado ciertos hechos o
cuando se han dejado de observar ciertas cir-
cunstancias de los hechos.
En toda argumentación, conviene recordar las
cuatro famosas reglas del método intelectual que
el filósofo francés Descartes ha dado para evitar
errores en nuestros razonamientos.
l. Evitar la prevención y la precipitación: No te-
ner prejuicioS previos sobre las cosas, los hechos,
las personas o las ideas. No emitir juicios sino
después de un examen lo más completo posible.
Guardarse particularmente de las pasiones.
2. Percibir el punto preciso de la cuestión:
Distinguir bien unas cuestiones de otras. Dividir
las dificultades lo más posible y tratarlas sucesi-
vamente. Captar en cuál de ellas radica la esen-
cia del asunto que se trata.
3. Graduar las dificultades: No basta distin-
guir las dificultades de una cuestión, es necesa-
rio escalonarlas, graduarlas, yendo de las más
simples a las compuestas, de las fáciles, a las di-
fíciles.
4. Reunir todos los elementos y luego juzgar:
No emitir un juicio hasta haber reunido la tota-
lidad de los elementos de una cuestión, sin omi-
sión alguna.
205
i
I
'1
I
Éstas son las cuatro operaciones que Descar-
tes llama la "dirección del espíritu", y que pue-
den sintetizarse así: 1) Examinar; 2) Analizar; 3)
Graduar; 4) Coligar.
Las preguntas y las respuestas
En el diálogo y la discusión se hacen necesa-
rias las preguntas. Ellas permiten indagar si el
interlocu tor nos ha comprendido, o si nos hemos
expresado con claridad y precisión. Sirven ade-
más para hacemos aprobar en nuestros argu-
mentos: ayudan a destruir las objeciones. obli-
gando al interlocutor a puntualizar sus opinio-
nes y a aclarar su posición. y penniten ganar
tiempo para ordenar nuestros pensamientos o
encontrar el argumento apropiado.
Las preguntas responden también a una técni-
ca particular: deben fom1Ularse en forma tal que
no admitan una propuesta contraria a nuestro
razonamiento, deben llegar al fondo del asunto
consultado y deben ser categóricas, breves y
concisas.
Las respuestas, por su parte, obedecen. tam-
bién a una técnica. La experiencia demuestra
que conviene tenerlas previstas hasta donde sea
posible. para emitirlas con acierto, seguridad y
rapidez. En general, una pregunta u objeción se
puede contestar de diversas formas, según sean
las circunstancias del caso y la intención del in-
terrogado. Por ejemplo, la respuesta a la pregun-
ta: "¿Qué opina usted de la educación técnica de
la juventud?", puede adoptar estas formas:
Directa: Consiste en responder con precisión al
contenido de la pregunta: "La educación técnica
debe acompañarse con la educación humanísti-
ca y moral".
206
Mayor: Se encierra la respuesta dentro de un
tema más amplio y general: "Los problemas edu-
cativos deben replantearse en su totalidad en
nuestro país. para ofrecer mejores perspectivas a
la juventud".
Menor: Contesta solamente a un aspecto par-
cial de la cuestión: "En el ámbito universitario,
es demasiado teórica".
Futura: Promete para otra oportunidad la res-
puesta: "En su momento daré a conocer una de-
claración sobre el particular".
Pasada: Expresa que ya se ha hablado ante-
riormente del asunto: "Eso ya lo he desarrollado
en mi anterior conferencia".
Negativa: Consiste en negar la respuesta por-
que. real o fingidamente, no se conoce el tema,
porque no compete al interrogado entrar en ese
ámbito. o porque alguna razón obliga al silencio:
"No contesto a esa pregunta".
Abstentiva: El interrogado expresa que prefiere
no opinar sobre la materia: "Lo lamento, señor,
pero prefiero no comentar ese tema tt.
Interrogativa: Estriba en responder a la pre-
gunta con otra pregunta, sin esperar respuesta
del entrevistador: "¿Cree usted que podemos ha-
blar de educación técnica en el estado actual de
nuestro p a í s ? ~   O en recabarle al entrevistador su
propia opinión sobre el asunto: "¿Y cuál es su
idea al respecto?".
Repetitiva: Consiste en repetir la pregunta re-
cibida, simulando no haberla entendido u oído,
con el objeto de ganar tiempo y meditar la verda-
dera respuesta: "¿La educación técnica de la ju-
ventud?". .
Adarativa: Pide aclaración, real o fingidamen-
te, del alcance y contenido de la pregunta: "¿Se
refiere usted a nuestro país o en general?".
Calificativa: Juzga y califica el carácter o in-
tención de la pregunta, con el objeto de ponerla
207
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en evidencia ante quienes escuchan o de no con-
testarla: "Usted me hace una pregunta que re-
quiere dos horas para ser contestada".
Evasiva: Consiste, prácticamente, en no res-
ponder a la cuestión esencial y derivar la res-
puesta hacia otro tema: "La educación debe ser
la primera preocupación de todo gobierno".
Concf?siva: Aprueba o reconoce algo de impor-
tancia secundaria para atacar lo esencial: "Esta-
mos en una etapa de tránsito, pero lo funda-
mental está aún por hacerse".
Condicional: Subordina el valor de la respuesta
al cumplimiento de un requisito o condición que
no depende del interrogado: "Si se cumple la le-
gislación sobre la materia, la juventud tendrá
buenas oportunidades para la especialización
técnica".
Somática: El interrogado no pronuncia pala-
bra alguna y hace un gesto o ademán que debe
ser interpretado por el interlocutor.
Narrativa: El interrogado refiere un hecho,
una anécdota. fábula. etc., cuyo sentido o mora-
leja es la respuesta a la pregunta: "Le voy a con-
tar a usted lo que en cierta oportunidad le suce-
dió a ... ".
Humorística: Estriba en responder con una
frase humorística o una chanza. Este recurso se
utiliza cuando la pregunta, por su índole, no me-
rece respuesta, cuando se desea eludir la res-
ponsabilidad de expresar un juiCio, cuando se
quiere crear un ambiente de desahogomomentá-
neo, o cuando se pretende calmar el ánimo de
alguien. No debe usarse jamás como recurso
para el agravio o la ofensa.
En cuanto a las condiciones genéricas de toda
respuesta, el citado Milton Wright enuncia éstas:
deben ser rápidas, no deben parecer premedita-
das, deben responder a la intención y no a las
palabras de la pregunta y deben hacer resplan-
208
decer la personalidad del interrogado. En otras
palabras, debe ser ingeniosa y hábil.
La misma técnica de las respuestas suele em-
plearse, convenientemente adecuada. a la refu-
tación de objeciones.
En la conversación y discusión suelen emple-
arse técnicas prácticas que facilitan la estrategia
de la argumentación. Algunas fueron ya conoci-
das por los clásicos de la retórica antigua, y otras
han sido extraídas de la experiencia cotidiana por
, I}I Té..cnica del 'Sí' (Yes response). Consiste en con- ,
j
los tratadistas modernos.
. duClrlaconveisación o argumentación de tal
manera. que el interlocutor se vea precisado a;1
responder "sí" a una serie de preguntas que se le .
van formulando, de modo que al final se vea pre- A
cisado a contestar también afirmativamente a la 1 \
pregunta decisiva, por estar incluida dentro de '1
sus afirmaciones anteriores.
.. ...----.,.-="---.....""""""""'''''''-'''-'-_.
Esta técnica tiene relación con el método de la
mayéu tica usado por Platón en sus diálogos. Tie-
ne especial aplicación cuando se trata de obte-
ner aprobación para nuestras opiniones. La de-
fensa contra esta técnica se hace: a) respondien-
do negativamente a una de las preguntas : b)
introduciendo una nueva premisa u objeción en
el razonamiento. que permita desviar el curso de
la conversación.
  (Yes, but): Es un recurso
f dialéctico de contraataque, que consiste en
aceptar parte del argumento contrario o el as-
pecto menos importante de él, para rectificar o
desaprobar el resto o lo de mayor gravitación,
209
"
,i
,
que se introduce con la palabra "pero" o conjun-
ción equivalente.
Esta técnica fue usada 'especialmente por el ora-
dor romano Cicerón en sus famosos alegatos ju-
diciales en el Foro. Se la denomina también 'con-
cesión ciceroniana'.
1
Toda negativa es dolorosa para quien la    
o
proposición, sin herir susceptibilidades, es la si-
guiente: ,l1acer el rechazo con
           
car las raz9rles del rechazo; . expresar pesar por
'no' p'óder' ace"ptar


:1 .. ,-.'  
- (This or noihing): Con-
'/ siste esta técnica en demostrar que el puntOae
visTaopueslo al
" . '-. ,. -O'" < ... - ",,--, .,,-.-'" ".'" .,,, ,.. " .... " .. ""n_ .."
12
eso
   
_  
5)
-', P
¡;;:;;- . , .. , ",,,,,,,"',,,'''' '"'' . ".
p éáiica de la ambigiledad:;Muchas veces, al ha-
:' blar o e' 'no arriesgar
W )  
;..y;/   es lél c()ntestación élrnl:>igua, que
. ' u,edeovseriñt

Y """'íñ:eJ<>rcáUa:f'cfue responder. Todo buen orador
sabe que un debate no se gana necesariamente
refutando una por una todas las afim1aciones de
su interlocutor o adversario. Es útil_.Qtlª-r sin re-
futar o contestar las opiniones o detalles sfu iiñ:-
'- .......____ ."..._'-....,,_..___ .. .-- "-'- "-,,, ..... •. :;, ,,,',, .... r .. _"'''l'''''-''''
210
..  
adversario.
'4- : en posponer la

-"","'-=""
. . o resolución final de pr.oblema Ij
(
para mas adelante. cuando las condICIOnes apa- ¡
recen poco propicias para obtener una determi- .
, 'nación favorable. ..
Al emitir la propia
("<;lpiÍ1iód. suele conveniente ,que precélütoria-
, ,/mente/se la con palabras y tono'que
suntyT1 ciefrto matiz de creencia antes que" dé
dogn;iatisp-i'o categórico y c,errado, y (lue aL mis-
mo térm.inos de r(}al reconoci-
,.   ¡de ,la otra iB¡i:e. \
del  
\9     de la cual        
los Tñref10cutores a aceptar" uña
c'asOs

••.
,ultin:iámnr::J:ffbe recordarse, sin embargo. que
los planteo s violentos., engendran  
igüaíiñeñre-""'vtoientas=Y"gue' ñíngu'ña . persona

-._-,;::;."'¡':', ''''."'; __ - -
El empleo de éstas y otras técnicas está. natu-
ralmente subordinado a la ética. Tanto en la de-
mostración como en la refutación. el orador debe
actuar con seguridad. conocimiento del asunto y
técnica dialéctica. teniendo presentes las reglas
que el sociólogo Gustavo Le Bon daba para lo-
grar el convencimiento del público: afirmar sin
vacilaciones. repetir para hacerse comprender y
convencer y, finalmente. ejemplificar para de-
mostrar.
Entre los clasicos de la retórica, han efectuado
detallados análisis de la técnica de la argumenta-
ció n (demostración y refutaCión), Aristóteles en su
211
t
I
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'\ .
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/
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Arte retórica (libros II y m); Cicerón en su tratado
De la úlVención, íntegramente dedicado a la ma-
teria' y Quintiliano en sus Instituciones oratorias.
Los tratados modernos han abandonado la minu-
ciosidad y sutileza de la antigua tradición, para
adoptar métodos más simplificados y directos,
aunque fundamentados, por supuesto, en la lógi-
ca del pensamiento y la experiencia del alma hu-
mana
6
• '

trategias y digresiones:'
En los debates suelen emplearse ciertos artifi-
cios para entorpecer, desviar, postergar o anular
el tratamiento de un problema. Algunos podrían
considerarse falacias o sofismas del razonamien-
to o falacias psicológicas; otros apenas son ardi-
des viciosos de mala fe. De todos modos, un de-
batiente debe estar advertido de ellos, para ac-
tuar con adecuación en su momento, y en tal
carácter los presentan los tratadistas. En varios
tratados en lengua inglesa se los incluye dentro
de las falacias psicológicas, bajo el nombre
genérico de diversions, y en otr¡;ls se los conside-
ra como estrategias de la discusión.
Toman siempre la investidura de una opinión
honesta, una afirmación' o una proposición, es
decir, se expresan con todas las apariencias
lingüísticas de una idea, pero no deben ser in-
terpretados como auténticos pensamientos sino
como actitudes personales de carácter operativo.
No hay una defensa completa, segura o per-
fecta contra ellos. La respuesta, por supuesto,
6 Muy difundidos son los dos de BAlRD, A. eRAJG, titulados
Argumentation, discussion and debate, y Discussion; principles and
types, así como el de Mc BUR'IEY, JA.'IIES H. Y &'l:CE, KEl\'NETII G., TIte
principles and methods oi discussion.
212
\
tiene que consistir en una razón más fuerte, ar-
gumentada suficientemente, para no incurrir en
el vicio criticado. Quedan la experiencia propia o
el consejo ajeno para superarlos.
V anular" .
/' un argumento provocando la risa o burla sobre
él o sobre su autor u origen: "Pido que se inserte
el acta".
   
idea o proposición con el objeto de obtener algu-
na ventaja: "Solicito que se traiga un traductor
porque me expreso mejor en francés".
  la aten-
Clan sobre    
d.e . la ...
. asunto no puede ser tratado legal-
mente mientras no se provea a los señores asis-
tentes de una copia certllicada ante escribano
público de las declaraciones precisas del citado
ciudadano. De lo contrario, nosotros nos absten-
dremos de participar".
algún
!' cerrar discusión hacia
señor informante ha sosteñIao"'que"éfTest1go se
puso lívido de miedo. Lo que realmente ocurrió
fue que se puso pálido. Esto hay que aclararlo
V
__
Nada!     en no apor-
tar ninguna Ta:ea f5'0SifiVa y limitarse a criticar a
11t\10s demás.
Conqliciones Estriba en reclamar la
suma de '"'TaS'excelerrcrns de una proposición, co-
mo condición para tratarla o aceptarlp.. Es un
"llamado a la perfección": "Esta propuesta no
cuenta con mi asentimiento porque el plan ape-
nas alcanza para dar una copa de leche a los es-
colares de cuatro provincias pobres. O la damos
213
a los niños de todo el país, o no aprobaremos la
@)
,propuesta'"
'+- Silencio: No intervenir ni opinar (excusándose
o no) en determinado asunto.
@ Exageración.. (maxímización o minimización):
Llevar' al extremo o al ridículo un argumento,
ejemplificando o alegando por encima de lo razo-
nable o verdadero: "Al final. Clodio sólo ha ma-
tado a un ignoto ciudadanu. ¿Y por eso caerá la
república?" (minimización): "La presencia de este
ruinoso edificio en nuestra ciudad comporta no
sólo un contraste edilicio, sino mucho más aún,
significa un agravio moral a los habitantes, una
falta de reciprocidad con esta ciudad, y final-
nlente una afrenta a toda la historia del país".
((i;,\ (Maximización).
Abuso de la en LdicjÓn;.. Consiste en intentar la
anulación de un razonamiento opuesto mediante
el empleo abusivo de datos eruditos, general-
mente no verificables en el momento. para apa-
bullar al adversario: "El señor K. ha hecho una
referencia traducida de un texto de Shakespea-
re. Lamentablemente, no podemos otorgarle au-
toridad para citar al dramaturgo inglés. desde
que no conoce el texto original de Hamlet. escrito
en lengua del siglo XVII, no ha demostrado cono-
cer las referencias lingüísticas e históricas de la
obra, ni los eruditos estudios de Dryden, el doc-
tor J ohnson, Lessing, Goethe y Coleridge".
Ref:eR:ewRr.4B-la..pru.eb.a: Argumentar en favor
o en centra de una tesis, ocultando la prueba
demostrativa, para desacreditar "a último mo-
mento" al oponente: "Y bien, como el señor F. ha
afirmado rotundamente que las exportaciones de
nuestro país han sido de 8.000 dólares el año
1980, y no ha habido manera razonable de ha-
cerlo aceptar su error, aquí le ofrezco personal-
mente un ej emplar de la memoria del Banco
Central, donde se expresa oficialmente que las
214
exportaciones mencionadas llegaron a la cifra
4 exacta de 9.234.188 dólares".
  Intentar un resumen conciliatorio
\"".,l entre las partes que sostienen posiciones distin-
"das.
G:11 .._(dilación): Prometer para una
oportunidad futura una opinión o dictamen so-
bre un asunto: "Antes de dar una respuesta pre-
'o' cisa. necesito consultar más detalladamente los
antecedentes del caso. Para la próxima reunión
@
'\prometoaUds.unadefiniciónsobreeltema'"
\,   la discusión: Consiste en llegar
, a la actltud extrema de abandonar la reunión
ru antes que perder la discusión.
Consiste en el empleo
de vocablos o expresiones en sentido diferente u
opuesto al que usualmente tienen en el contexto
social, con lo cual se confunde o complica la dis-
cusión: Las palabras, "fascista", "democrático",
"terrateniente", "capitalista" y muchísimas más,
sobre todo de los campos político e ideológico,
suelen invocarse dentro de contextos significati-
(% vos diferentes.
.,Ata ue alternativo: Estriba en defender una
posición ,atacando a otra B, que no es precisa-
mente su opuesto: "No es cuestión de hablar de
clásicos o de románticos: ambos fueron movi-
mientos esteticistas. El problema está en no
querer ser moderno, yeso es lo que tenemos que
debatir".

215
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BmLIOGRAFÍA SUMARIA
Se citan sólo las obras más accesibles y que
versan estrictamente sobre el género oratorio. No
se incluyen obras sobre preceptiva, estilo, fonéti-
ca, método intelectual, psicología de los audito-
rios, etc. Cuando existe edición en castellano de
obras extranjeras, se las menciona en lugar de
las originarias.
Obras clásicas:
ARISTÓ1ELES: Retórica. Trad., prólogo y notas de
Antonio Tovar. Madrid, Instituto de Estudios Po-
líticos, 1953.
CICERÓN, Marco Tulio: De l'orateur. Texto es-
tablecido y traducido por Edmond Courbaud.
París, Les Belles Lettres, 1922-30, 3 v.
- L'orateur. Du meilleur genre d'orateurs.
Texto establecido y traducido por Henri Bornec-
que. París, Les BeBes Lettres, 1921, 2 v.
- Brutus. La peTjection oratoire. Texto esta-
blecido y traducido por Jules Martha. 2ª edición
revisada y corregida. París, Les Belles Lettres,
1939.
- De l'invention. Texto revisado y traducido por
Henri Bornecque, París, Garnier, s. f.
QUINl1L1ANO, M. Fabio: Instituciones oratorias.
Traducción de Ignacio Rodríguez y Pedro San-
dler. Buenos Aires, Joaquín Gil, 1944.
BAIRD, A. Craig: Díscussion; principles and
iypes. Nueva York-Londres, Mc Graw-Hill Book
Co., 1943.
- Argumentation, discussion and debate.
Nueva York-Londres, Mc Graw-Hill Book Co.,
1950.
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Speech: an introduction to speaking and unders-
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ÍNDICE
Pág.
Introducción................................................... 7
1. FUNDAMENTOS DE IA ORATORIA ....... 11
\ 1. El arte de la palabra.............................. 11
La gramática y la retórica.................... 12
La retórica o arte del bien decir .......... 13
Los fines de la elocuencia.................... 15
Teorías sobre el bien hablar ................ 16
Elementos de la elocuencia ................. 18
Clases de elocuencia ........................... 18
Cuestiones de ética.............................. 20
Métodos oratorios................................ 21
2. Lafonnación del orador ......................... 27
Cualidades físicas................................ 27
Cualidades intelectuales...................... 28
Cualidades morales............................ 34
Las conveniencias o precauciones
oratorias........ ... ................................... 35
El miedo oratorio................................. 38
n. IA ELABORACIÓN DEL DISCURSO...... 45
3. La búsqueda de ideas o invención ........ 45
El tema ................................. ¡............... 45
Etapas de la elaboración ..................... 47
La inspiración inicial ........................... 47
La búsqueda de pensamientos ............ 49
Los lugares comunes o tópicos............ 58
La elección de pensamientos ............... 61
4. La organización de las ideas o
composición .. ............................         ....... 65
Requisitos de la composición............... 66
221
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El plan o esquema: su necesidad y
utilidad.. .......................................... .... 68
Las partes del discurso ....................... 69
La introducción o exordio.................... 73
El cuerpo o medio ............................... 79
La conclusión o peroración.................. 82
Los a puntes o guías ............................ 84
La memorización del discurso ............. 85
5. Procedimientos de desarrollo ................. 89
Las figuras retóricas............................ 89
Figuras descriptivas............................. 91
Figuras patéticas ................................. 98
Figuras lógicas.................................... 105
Figuras ingeniosas .............................. 109
Procedimientos modernos de desarrollo 112
6. La expresión de las ideas o elocución .. 115
Estilo y persona .................................. 115
El estilo oratorio............................. ..... 116
Cualidades del estilo oratorio.............. 117
Aspectos idiomáticos ........................... 126
Los tres estilos clásicos ....................... 127
III. EL EJERCICIO EFECTIVO
DE L'\ PA.LABRA....................................... 131
'9. La voz..................................................... 131
La voz humana ................................... 132
Cualidades de una buena voz............. 133
La fonación y la articulación............... 137
La velocidad........................................ 139
Las pausas y silencios.. ...................... 140
8. La acción ................................................ 141
Importancia de la acción..................... 143
Prejuicios acerca de la acción ............. 144
222
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Principios generales ............................. 144
La actitud o porte .............................. .
La fisonomía y los gestos ................... .
Los ademanes .................................... .
El empleo de material ilustrativo ....... ..
9. El público ............................................... .
Psicología de los oyentes .................... .
Actitud y reacción de los oyentes ....... .
Las multitudes ................................... .
El público ........................................... .
La actitud objetiva ............................. .
Persuasión y autoridad ...................... .
IV. TIPOS BÁSICOS DE DISCURSOS
PÚBLICOS ........................................... 171
10. La oratoria individual............................ 171
11. La oratoria deliberativa ............ ...... ....... 179
La conversación................................... 180
La entrevista periodística .................... 182
La discusión en grupo ......................... 183
La discusión ante el público ............... 184
El Sin1posio ......................................... 185
El debate ........... .................................. 186
El foro ................................................. 187
12. Técnica de la discusión ......................... 189
Preparación de la discusión ................ 190
Conducción de la discusión ................ 193
Participación en la discusión .............. 199
La argumentación ............................... 202
Los sofismas ....................................... 204
Las preguntas y las respuestas ...... ,..... 206
Algunas técnicas dialécticas................ 209
Estrategias y digresiones..................... 212
Bibliografía sumaria .................................. 217
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