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Dos enemigas juradas que no pueden resistirse la una a la otra. Los Blake y los Cavender llevan enfrentados desde 1870 y Vienna Blake, fiel a la tradicion familiar, tiene a los Cavender en su punto de mira a la menor oportunidad. Aun asi, no sale de su asombro cuando Mason Cavender la acusa de asesinato. Vienna hace que seguridad eche ala despampanante y sensual Mason Cavender del edificio pero no puede librarse tan facilmente de la poderosa e instanténea atracci6n que le despierta la mujer a la que ha jurado destruir desde su mas tiema infancia. La Ultima en una larga linea de «Cavenders malditos», como los describen los medios de comunicacién, Mason acaba de salir con vida del accidente de avién en el que ha muerto su hermano. Ahora al frente del tambaleante imperio comercial de la familia, sospecha que ha sido un sabotaje y cree que la hermosa y des- piadada Vienna Blake esta detras de todo. Mason contrata a un detective privado para demostrarlo, pero desvelar los secretos de la familia siempre tiene un precio Traduccién de Raquel Vazquez Ramil egales Jennifer Fulton El jardin oscuro EL JARDIN OSCURO JENNIFER FULTON TRADUCCION DE LAURA G. SANTIAGO BARRIENDOS soa v a BARCELONA -MADRID Titulo original: Derk Garden © Jennifer Fulton, 2009 © Editorial EGALES, SL. 2011 Cervantes, 2.08002 Barcelona, Tel: 98 412 52 61 Hortaleza, 64, 28004 Madrid. Tel: 91 99 wwweditorialegales.com ISBN: 978-84-92815-44-5 Depésito legal: M-23127-2011 © Traductora: Laura G, Santiago Barriendos © Fotografla de portada: Colin Hawkins / age fotostock Maquetacién: Cristihan Gonzélez Disetio de cubierta: Nieves Guerra Imprime: Top Printer Plus. Pol. Industrial Las Nieves C/ Puerto Guadarrama, 48, 28985 Méstoles (Madrid) Cualquier forma de reproduccién, distribucién, comunicasién pablica © trans- formacion de este obra slo puede ser realizads con la autorizati6n de Sus tite Jares, salvo excepeign prevista por la ley: Drfjase 2 CEDRO (Centro espatol de derechos reprogralicns, ww vicedro.org} si necesita fotocopiar o escunear algiin fragmento de este obra, 7 Agradecimientos Esta historia, como mi hfbrido gético Dark Dreamer, tiene su origen en mi infancia. Entre las novelas y la poesfa que més me gustaban de joven, las historias géticas tenian una proporcign abrumadora y siempre he querido usar algunos de esos temas en mis romances También tayo mucho que ver el hecho de vivir algunos afios en un enorme caseron aislado, sin televisidn y con una instalaci6n eléctrica bas- tante pobre. Eso me Hlevé a pasar muchas noches sola en mi habitacién, contemplando un jardin oscuro y un manzanar aterrador, mientras lefa a la luz de las velas y escuchaba relatos de Edgar Allan Poe en una radio decrépita, Las paginas que leeréis a continuacién son un home- naje reconocible a varias autoras de la literatura gética Charlotte y Emily Bronté, Ann Radcliffe, Elizabeth Gaskell x, por supuesto, Daphne du Maurier, cuya novela Rebeca hizo que no s6lo quisiera leer, sino también escribir algo gético y terrorifico. Mi referencia a Ja autora en El jardin oscuro ésté tanto en el titulo como en la tiltima escena del capitulo 10. Mi familia y mis amigos, como siempre, me han brin- dado todo su amor y su apoyo. Connie Ward me ha animado mucho y sus inteligentes comentarios durante los prime- vos capitulos han sido de mucha ayuda. Gracias también a i paciente editora, Len Barot, que fue lo bastante amable como para dejar que me retrasara en los plazos cuando no me quedaba més tiempo para escribir. Publicar un libro es una garantia cuando todas las personas involucradas en él proceso ponen tanto cario en el producto final como en Bold Strokes. En cuanto este libro legé a sus manos, le pusieron una portada preciosa (gracias a Sheri), y Stacia Seaman sufrié lo suyo para limpiar el texto de faltas y otros errores bajo presién y sin tiempo, lo cual le agradezco. Por iiltimo, me gustaria darles las gracias a las muchas lectoras que me han escrito durante los veinte anos que Devo publicando novela romantica lésbica. Ha sido un honor y un placer escribir historias para vosotras. Espero que esta también os resulte placentera, Para JD oust ewan vet zest seat sion ennui epiieg ost cost wipes sro owyéea sts Sev pune ayeya SEOUL seat seer veer veciy Lamon ewe peso S¢8 0 cet ere ‘pmp9u99 ses apuaneDOUEHEN, Ig $01 30 ODIDOWANID TORTY (wpe ap 213998) s002-st6r apa ose vost sues 2up ep eyans3 pers ap sopeuas any sour ua un 0d epetdo, een oe en a dpe tea tse an -| neces os sa | mo aw 7 tmirepascaer | sx ogee: Lx vex Pattee ds || tse CAP{TULO UNO —Esta cargado —afirmé la mujer, mientras la apuntaba con el rifle apoyado en la cadera Era alta y lucia un aspecto desalifiado; la lisa melena azabache le cafa sobre la cara, Cerré la puerta a su espalda —Como te muevas, te juro que te vuelo la puta cabeza Vienna Blake puls6 el boton de la alarma de seguridad que tenfa debajo del escritorio. No es que creyera que aque- la loca hubiera pasado desapercibida al colarse en el edi- ficio. Seguramente un equipo de los SWAT estaba ya de camino, Oué es lo que quieres? —Ya sabes por qué estoy aqui. 13 a hosea y desconfiada, como un animal sal- ué la observase desde detras de unos barrotes de hie ropa parecia sacada del vestuario de una pelicula y no pegaba para nada en un despacho del centro de Boston. ¢Quién si no iba a llevar una chaqueta tres cuartos de terciopelo y una blusa blanca con un pafiuelo al cuello? Sélo Mason Cavender. Vienna supuso que se habfa escon- dido el rifle debajo de la chaqueta, pero enadie habia reparado en las botas y los pantalones de montar negros? —¢Puedes bajar el arma? —pidid Vienna. Me esté poniendo nerviosa. —Mira por dénde, una Blake con sentido del humor —se burlé Mason, mientras paseab por la oficina, Se detuvo a unos pasos del imponente escritorio de cerezo y observé a Vienna ‘con ojos oscuros y amenazadores—. ¢Te parece gracioso? Vienna no dejé que se le notara él miedo, No estaba dis- puesta a ponerse a Hloriquear slo porque la apuntaran al estémago con un rifle —Te vas a meter en un Ifo. —¢Un Ifo? Tu familia ha destruido a la mia. Y ahora thas matado a mi hermano. ¢Ha sido tu momento culmi- nante? gO te parecié mejor ver a mi padre mearse encima el dia que tuvo el ataque? Vienna consideré qué posibilidades tenia de sacar el Smith & Wesson que guardaba en el primer cajén antes de que Mason disparara. Se obligé a mantener la calma y a pensar con claridad —Siento mucho Jo de tu hermano —le dijo. El largo cafién de rifle avanz6 un centimetro més hacia su pecho, —¢Lo sientes? ¢Mi hermano atin esté caliente en su tumba y tienes la desfachatez de enviarme una oferta para quedarte con lo que me pertenece? 4 Se diria que Mason no habfa pegado ojo desde el fune- ral. Vienna era consciente de que la situacién era peligrosa, pero no se permitié el lujo de dejar que le entrara el panico. La gente que se dejaba dominar por el panico cometia erro- res, Ella estaba hecha de otra pasta: era una persona que cometfa errores, sobrevivia a ellos y nunca volvia a renun- ciar al control. Se oblig6 a respirar acompasadamente mientras sopesaba sus opciones. Si lograba sacar el revél- ver del cajén, le bastaria con un disparo. Defensa propia Cualquier abogado competente se asegurarfa de que no se presentaran cargos en su contra Sin embargo, si disparaba a Mason tenfa que ser como ‘iltimo recurso. Aparte de por lo cbvio, porque un final asf no seria satisfactorio para Vienna, que queria que Mason presen— ciara la destruccion final del legado de los Cavender. Queria que aceptara su oferta porque no le quedara otra eleccién. —Ahora que Lynden ya no esta, s6lo queda uno de nosotros —dijo Mason con voz ronca—. Y sélo queda uno de vosotros. La tiltima Cavender acaba con Ia diltima Blake Justicia poética, gno te parece? Vienna suspir6. —No tuve nada que ver con el accidente, y si te hubieras molestado en comprobar los hechos, ta también lo sabrias, Mason dio un pufietazo sobre ]a mesa, Una pila de docu- mentos cayé al suelo. —Mentirosa —Ja acusé en tono monocorde, como si hablara en suefios—. Asesina —La poliefa Hegara de un momento a otro. —Vienna abrié el cajén otro par de centimetros—. Por amor de Dios, vas a acabar herida o algo peor. Te dispararén. Es que quieres morir por nada? —¢Crees que me importa? —rugié Mason, con la res. piracién entrecortada—. Sostuve a mi hermano entre mis 15 brazos mientras exhalaba su iiltimo aliento. Le promet( que lo vengarfa —Entonces, por lo menos elige a la persona adecuada para tu venganza —espet6 Vienna, desdefiosa—. Te Sugiero que empieces por el mecinico del avin. —zPor qué? ¢Le pagaste a él? ¢Para que pareciera un accidente? Vienna estaba a punto de meter la mano en el cajén y mantuvo los hombros quietos para disimular sus intencio- nes. Suavizando la voz, dijo: —Mason, no tuve nada que ver con el accidente. Lo juro por la vida de mi madre. Mason la observé detenidamente durante mucho rato y acontinuacién bajé el rifle. El agotamiento le pesaba en los parpados, pero los ojos negros y salvajes le relucfan bajo las largas y espesas pestafias con el brillo de la venganza —@Por qué serd que cuando una mujer hermosa miente es muy fécil creer cada palabra envenenada que sale de su boca? —Guau, con piropos asf seguro que las tumbas de espaldas. Mason levant6 las pesadas pestafias y su mirada cambié de repente. A Vienna se le cayé el estémago a los pies y el pulso se le aceleré de golpe. Un escalofrio le hizo cos- quillear la piel, como si la Jamieran con delicadeza. Sus pezones respondieron y se le endurecieron contra el fino encaje del sujetador. Vienna se mordié el labio para no res- pingar, pero Mason parecié darse cuenta de su reaccién y una oleada de insolencia ardiente le oscurecié la mirada. La sonrisa cfnica y sensual que le dedicé a Vienna la intran- quilizé ain mas que el arma, Habfa algo descarnado e indomable en Mason que siempre habia perturbado a Vienna, y eso no habfa cambiado 16 desde la Gltima vez que se habfan cruzado sus caminos. Lo més exasperante era que Mason se habia vuelto todavia més atractiva fisicamente con el paso de los afios. La muchacha desmafiada y retozona que habfa sido se habfa convertido en una mujer esbelta y atlética, de curvas sutiles. Los ecos de la nifiez se habian desvanecido de su rostro, sus rasgos eran firmes y su mandibula, bien definida. Vienna con- templé la rara y nervuda belleza de la mano que agarraba élrifle, una extrafia combinacién de elegancia y practicidad artesana, Sabja cémo era ser tocada por aquellas manos. A veces, era como si hubiera pasado toda la vida intentando sofocar aquel recuerdo. Todavia no alcanzaba a compren- der el efecto que Mason tenfa sobre ella Le vino a la cabeza el primer encuentro turbador entre las dos. Los Blake celebraban una boda en Penwraithe, su casa de los Berkshires. Después de la ceremonia, los invi- tados disfrutaban de un picnic y un baile de media tarde, con la esperanza de que la tormenta de verano que ame- nazaba en el horizonte se quedara en nada. Todos retro- cedieron, presa de la confusion, cuando un enorme caballo negro irrumpié en la celebracién y se planté delante de la manta de picnic donde una Vienna de siete afios jugaba con sus mufecas. A juzgar por los rostros helados de sus tfas y primos, Vienna comprendié que estaba en peligro y se aparté de las pezufias inquietas del animal arrastrandose hacia atrés poco a poco. En cuanto estuvo a una distancia prudencial, se puso en pie como pudo y se sacudié al polvo del bonito vestido floreado. Las primeras gotas de luvia le humedecieron el labio superior al levantar la cabeza y mirar a los ojos mas. negros que habia visto nunca. Se pasé Ja lengua por los Jabios para lamer el agua y pregunt6: —¢Puedo montar? 7 La jinete parecié sorprendida. — Pantano,