SÁBADO 18 DE ENERO DEL 2014

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FOTOS: MARCO GARRO

ENRIQUE PLANAS

OLVIDAR Y RECORDAR
“ Es terrible olvidarlo todo, pero la hipertrofia de la memoria también resulta peligrosa”.

P
Óscar Ferreyra
Director del Instituto de Estudios Históricos del Pacífico

Tengo 70 años. Estudié en el colegio Maristas. Suena irónico, pero en quinto de media me jalaron en el curso Historia del Perú por no saber contestar cuándo fue el Combate de Angamos. También es irónico que mi esposa haya nacido en Chile, aunque ella llegó al Perú a los 2 años y es y se siente peruana. Mi mayor virtud es también mi peor defecto: la terquedad. A fines de año esperamos abrir un museo en San Isidro con nuestros hallazgos. Pueden escribirnos a: informes@inehpa.com.

“La historia no está en los libros, se debe salir a investigar”
JUAN AURELIO ARÉVALO

truir esa historia. Ud. ha dicho que uno de sus descubrimientos ha sido el mal diseño de los reductos.

Óscar Ferreyra es el director del Instituto de Estudios Históricos del Pacífico. Junto con su esposa, su hijo y un grupo de profesionales ha realizado hallazgos y adquisiciones de objetos que cuentan cómo fue la guerra con Chile.

T

odo empezó con un detector de metales en el Morro Solar. Lo que parecía una piedra era en realidad un casquillo de bala. Cuando a uno le pasa eso, o deja el objeto o lo estudia. Y Óscar y su familia decidieron investigar. Hoy, más de 25 años después, luego de incansables recorridos por arenales y cumbres andinas, han logrado reunir miles de piezas históricas, entre armas, uniformes, manuscritos, monedas, quepís de ambos países, hasta un plato entero de la vajilla del Huáscar. Su casa es casi un museo de guerra. —Cuando despierta cada mañana, ¿cuál es el objeto que más lo atrae? Uno de los más valiosos es la carabina de Pedro Silva, el general peruano encargado de la defensa de Lima. Su reserva la mandó a hacer a la fábrica Winchester en EE.UU. Tiene el escudo peruano, con la dedicación de su batallón de reserva. A él lo matan en Huamachuco y los chilenos se la llevaron como trofeo de guerra. — ¿Y usted cómo la consiguió? El cuñado de mi esposa estaba de vacaciones en Chile y la vio en un mercado de pulgas. Hasta ahora, no le he dicho a ella cuánto pagué [risas]. Los chilenos nos dieron toda la autorización para traer la carabina. Los problemáticos fueron los peruanos. Querían que la rompiéramos, que

trajéramos la factura de compra de 1877. Increíble. —¿Y ese cañón Krupp alemán que usaron los chilenos en Lima que está en la puerta de su casa? Se dice el milagro, pero no el santo. — Ud. ha conseguido unas cartas que son fascinantes. Están las de Narciso de la Colina, un civil que estaba a cargo del Reducto 3 en Lima. Todos los días le escribió a su esposa, a su “querida Adela”. En esas cartas está la parte humana, aquello que los libros no muestran. —Desconfía de la historia escrita. Yo quisiera preguntarles a nuestros escritores si alguno ha ido a los campos de batalla. Agarra un fusil de 4,800 kg. De 150 tiros. Más tu comida. Ya llevas 20 kilos encima. Ahora sube un cerro, con los chilenos disparándote desde arriba. La historia no está en los libros, se debe salir a investigar. —Sus recorridos por los campos de batalla le han permitido recons-

Tenemos el único peto boliviano completo. La bandera de Cáceres con la que peleó en Huamachuco, el revólver del general chileno Manuel Baquedano”.

En este momento tengo a un arqueólogo trabajando solo en botones. Calculo que hay cerca de 600 variedades de la época”.
VEA EL VIDEO www.elcomercio.pe CONOZCALASDIFERENTESPIEZASQUEGUARDA ÓSCARFERREYRA..

TESORO. Entre los objetos adquiridos por Ferreyra está un trozo de plancha del Huáscar. También tiene un plato entero de la vajilla del monitor.

Para mí uno de los artífices de la derrota del Perú es Piérola. Hizo una defensa ridícula. Empleó una estrategia de la época napoleónica y la usó 100 años después. Los reductos estuvieron mal distribuidos y encima les dio dos días a los chilenos para que se armaran de nuevo. —El armamento marcó diferencias abismales... Ud. está sentado en La Planicie. Aquí atacaron los chilenos. Fueron 3.600 chilenos contra 300 peruanos. Ellos tenían cañones, caballería y armas que disparaban 12 tiros por minuto. —¿Y nosotros? Munición de papel y tres tiros por minuto. Y a pesar de eso, pelearon. — Basadre tenía una frase muy bella sobre el período posterior a la guerra con Chile: “Nuestros abuelos amanecieron cada día con el deseo de seguir siendo peruanos”. No nos salvó un político, un gobernante, sino un espíritu. Eso es orgullo. Mire, los estadounidenses del sur perdieron la guerra, pero se sienten orgullosos. Los peruanos debemos sentirnos siempre orgullosos. —¿No siente que hoy hay desinterés por nuestra historia? Cuando empezamos hace 25 años, nadie nos daba un sol por un sentimiento derrotista. En este tiempo hemos ido cambiando el temperamento y la forma de pensar. Hicimos una exposición en el distrito de Ate, solo de guerra. Nueve vitrinas. ¿Sabe cuántos fueron? 13 mil personas. Hicimos otra de 10 días en Barranco y fueron 1.400 personas. Está surgiendo un nuevo Perú. —¿Esta es la casa más patriota? Sí [risas]. Cuando ni siquiera llegábamos a tener 15% de lo que hay ahora, un coleccionista chileno muy fuerte me dio un cheque en blanco. Se lo rompí. — No vende nada. No. No tiene precio. —¿Se ha imaginado en la guerra? Sí. Más de una vez. —¿Cómo se ve? Vivo. —¿Con Piérola? ¡Con Cáceres!

arecían haberle caído todos los años que por mucho tiempo supo esquivar. El buen humor que solía exhibir se había esfumado y en su lugar su semblante estaba cubierto por una pátina de humedad. Se había afeitado el bigote quizás para parecer más joven, pero la ausencia del accesorio era en realidad la última pérdida de su lento proceso de transformación. Le pregunto cómo estaba, sin adivinar que un saludo común podía abrir una contenida y emocionada necesidad de contarlo todo. Desde la muerte de su esposa, luego de años de padecer el mal de Alzheimer, al dolor de la pérdida se habían sumado sufrimientos en la espalda y descompensación cardíaca. Pero el peor de sus males era el de la explosión de la memoria. Me explico: La compañera de toda su vida se despidió sin saber quién era él y quién era ella. Y el sobreviviente, para salvarse del naufragio, se había aferrado a todos aquellos recuerdos de convivencia. Ahora la casa le resulta enorme, y él va llenando cada ambiente de recuerdos familiares. Yo lo escucho en silencio contarme cómo su esposa iluminaba cada rincón. No se me ocurrió decírselo entonces, pero ahora no dejo de pensar en eso: sin la memoria no existimos, no sabemos adónde vamos. Es terrible olvidarlo todo, pero la hipertrofia de la memoria también resulta peligrosa. El periodista David Rieff, hijo de Susan Sontag, escribió “Contra la memoria” un estimulante y polémico alegato sobre la memoria histórica. En él, da cuenta, por experiencia propia, de cómo las guerras surgen de la hipertrofia de la memoria y nuestra mitificación del pasado. Si la memoria se hipertrofia, no podemos seguir adelante. Allí está para demostrarlo el caso de Funes el memorioso. El personaje de Borges lo recuerda todo y por eso es idiota, es incapaz de abstraer. Incapaz de concentrarnos en la esencia de las cosas. Aquel que todo lo recuerda es incapaz de pensar hacia adelante. Pero el viejo amigo delante de mí sigue contándome historias sobre cómo se mantuvo al cuidado de su esposa, al pie de su cama durante tanto tiempo, recordando exactamente cada cosa que ella iba olvidando. Tomando para sí lo que ella soltaba. Gradualmente para ella fueron desapareciendo los lazos con cada uno de los miembro de la familia, los nietos primero, luego los sobrinos, los hijos, su esposo y finalmente soltó el lastre de sí misma. Nunca más un saludo por la mañana, nunca más una sonrisa antes de dormir. Como si no existiese. Como si lo mirásemos por primera vez en la vida. Nunca más, nada más. Mi viejo amigo intenta recordarlo todo para no admitir la gravedad de lo perdido. Y yo no sé cómo pedirle que detenga todo aquel exceso de memoria que producía sus dolores lumbares, tal era el peso contra sus huesos. Cómo decirle que para mantenerse lúcido, la dosis adecuada de memoria viene compensada con una dosis adecuada de olvido.

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