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Origen Del Hombre

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informacion sobre la prehistoria
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Published by: Jose Eduardo Arvayo Ovalles on Sep 21, 2009
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Origen del hombre

El genero humano es un recién llegado a la Tierra. No llevamos mucho tiempo aquí, en comparación con la larga existencia del planeta, pero sí más del que se suele pensar. Y periódicamente los científicos siguen encontrando nuevos fósiles y haciendo nuevas mediciones cada vez más antiguas. Con el paso del tiempo se hallaron restos óseos (huesos) de seres que no eran totalmente humanos, aunque se parecían más a éstos que a los simios debido a la estructura de su esqueleto. Se les llamó homínidos, y representan una larga serie de especímenes que fueron antepasados (o ramas colaterales) de los modernos seres humanos. Pero antes que aparecieran los homínidos, en la Tierra, al menos en algunos lugares de ella, campeaba la especie llamada procónsul. Aegiptopiteco

En el Mioceno Antiguo africano, de 22 millones a 18 millones de años, se encuentra el género procónsul. Es el más antiguo y recuerda a los grandes primates vivos y al aegiptopiteco. El procónsul era un cuadrúpedo de movimientos lentos, arborícola. Su capacidad craneana oscilaba entre 154 a 180 centímetros cúbicos y su dieta era frugívora. El principal yacimiento del proconsul es Rusinga (Kenia), en donde el medio ambiente se ha supuesto como un bosque tropical húmedo, oscilando hacia un medio más seco con arbolado difuso. Considerado como antepasado de grandes simios y de humanos, el procónsul presenta, en general, una combinación única de caracteres entre mono y antropoide. Por ejemplo, los huesos del tobillo son estilizados, semejantes a los monos. El pulgar del pie es robusto, posee acetábulo grande y plano, caracteres semejantes a los antropoides. Entre otras características, su muñeca es similar a la de los simios catarrinos: en ambos existe una articulación directa entre muñeca y cúbito. Existe, sí, un debate sobre la determinación de su comportamiento, mitad arborícola y mitad terrestre (cuadrúpedo). Asimismo, presenta un dimorfismo sexual muy marcado. Además del procónsul, se conocen cuatro géneros más. El micropithecus y el dendropithecus en Kenia occidental, donde coinciden con restos del procónsul. Sin embargo, el afropithecus y el turcanapithecus aparecen en el norte de Kenia, donde el procónsul es desconocido. El dendropiteco era arborícola, pero adaptado a una marcha cuadrúpeda. Por otro lado, el afropiteco muestra un avance en la separación entre gibones y los grandes primates hominoides, que se calcula sucedió entre los 17 millones y 18 millones de años. En el Mioceno Medio nos encontramos con la supervivencia del proconsul hasta los 8 millones a 9 millones de años. A su lado se encuentra el kenyapithecus, que aparece en yacimientos keniatas datados aproximadamente entre los 16 millones y los 14 millones de años, y se tiende a considerarlo como el ancestro de varios homínidos, criaturas que eran más parecidas al hombre que al mono, del Mioceno, entre ellos del australopithecus. Los homínidos más antiguos fueron los australopithecos. Se los encontró por primera vez en África del sur, y luego también en África oriental. Habitaban estas zonas un una época que va desde los 4 millones de años a los 2-1,5 millones de años. Pudieron tener la talla y la complexión bastante pequeña (1-1,50 metro de estatura y 30-60 kg.) y un cerebro (380-550 cc) no mayor que el de un chimpancé, pero caminaban erguidos y en dos patas como nosotros. Procónsul (ampliar imagen)

En 1925, el paleontólogo Dart descubría en la gruta de Taungs, en el Transvaal, un cráneo infantil, en el que observó que algunos rasgos tenían un marcado carácter humano. Con mucha prudencia le denominó Australopithecus africanus. El descubrimiento de Dart pasó inadvertido. La mayoría de los investigadores creyeron que se trataba de un fósil de chimpancé joven. Pero once años después, el paleontólogo Broom descubría en la gruta Sterkfontein, en las inmediaciones de Pretoria, otro cráneo del mismo tipo, perteneciente a un individuo adulto. Desde entonces (1937) continuó la búsqueda de manera sistemática en África del Sur, hasta 1949. Gracias a ello se descubrieron un gran número de fósiles, cráneos y otros restos óseos que confirmaban las primeras conclusiones de Dart.

Australopithecus africanus (ampliar imagen)

Los descubrimientos de la actividad humana primitiva, realizados en los yacimientos donde fue hallado el Australopithecus, no ofrecen dudas. El australopiteco representa probablemente el primer homo faber (hombre fabricante) conocido que tallaba ya los guijarros por una sola cara. Es difícil eludir la tentación de suponer al australopiteco como origen de una raza humana que conduce al Homo sapiens, pero debemos resistir a ello. En efecto, la paleontología humana está condenada a observar únicamente un número limitado de individuos: unos pocos hitos repartidos en un espacio de varios centenares de miles de años. De la evolución de los homínidos nunca se podrán conocer más que unas pocas etapas determinadas. Hace 2,4 millones de años aparecía el Homo habilis ("hombre hábil"), primer integrante del genero Homo ("hombre" en latín), del cual formamos parte, y según los paleoantropólogos fue el primero en fabricar herramientas de piedra (las más antiguas datan de 2,5 millones de años). Caminaba erguido y tenía un cerebro mayor (500-800 cc) al de los australopitecos, aunque no su talla (1,40 m de altura y 30-40 kg.). Por esta época tenemos dos géneros de homínidos coexistiendo en África. Un grupo de australopitecos y el genero Homo. Los australopitecos se dividían en dos especies: Australopithecus ("simio del sur") africanus, que era grácil y de talla más bien pequeña, y habitaba en África del sur; y Australopithecus robustus, que eran más corpulentos y habitaban África oriental. Ambas especies eran principalmente recolectoras, y comían raíces y frutos duros. Del genero Homo estaba el Homo habilis, habitaban en el África oriental, y eran carroñeros y recolectores. Todos estos primeros homínidos eran de poca talla. No aparecen grandes homínidos hasta hace 1,6 millones de años, época en que entra en escena el Homo erectus (hombre erecto). Este pitecántropo (mono-hombre) fue el primero en extenderse más allá de África, llegando a aparecer en Asia Australopiteco continental (China) e insular (Java), Europa y Medio Oriente. El Homo erectus ya (ampliar imagen) tenía un cerebro bastante desarrollado (750-1.250 cc) y una altura y peso (1,51,80 m y 40-80 kg.) como nosotros. Hace aproximadamente un millón de años era el único homínido sobre la tierra, los demás se habían extinguido, y continuó siéndolo hasta hace unos 200 mil años. El australopiteco se sitúa en el peldaño más antiguo y elemental. Los pitecántropos representan el peldaño siguiente y corresponden a un estadio de desarrollo síquico e intelectual más avanzado. El primer descubrimiento de restos de un pitecántropo se remonta a fines del siglo pasado. Fascinados por el problema de la cuna de la humanidad, los sabios de la época emitieron diversas hipótesis. Eugéne Dubois, durante su estancia en Indonesia como médico militar, en 1891-1892, encontró en la isla de Java un molar, una bóveda craneana, un fémur, un diente y un fragmento de mandíbula. Dubois dio al individuo a que pertenecían estos huesos el nombre de Pitecanthropus erectus; es decir, “hombre-mono de pie”, y la estratigrafía permitió situar a éste a principios del pleistoceno medio, hace medio millón de años.

Mientras permaneció aislado entre los hallazgos de la paleontología, el pitecántropo de Java fue objeto de duras controversias entre partidarios y adversarios de la teoría evolucionista. Durante treinta años, varias expediciones se esforzaron en vano por descubrir nuevos restos de pitecántropo. Por fin, en 1921, el sueco Gunnar Anderson descubrió dos molares de aspecto humano entre los restos petrificados de diferentes mamíferos que llenaban las grietas y cavernas de Chukutien, en los alrededores de Pekín. En 1927, Davidson Black encontró allí mismo un nuevo molar, y en 1929 la primera bóveda craneana. Desde entonces, las excavaciones de estos yacimientos se sistematizaron y en 1939 fueron exhumados los restos de unos cuarenta individuos de todas las edades, que se les conoce con el nombre de sinántropos.

Homo habilis (ampliar imagen)

Durante mucho tiempo se creyó que el grupo de los pitecántropos podía ser localizado en los países del Extremo Oriente, pero en 1954 las excavaciones de los yacimientos de Ternifin, en Argelia, permitieron exhumar tres mandíbulas y un parietal que ofrecían las mismas características del pitecántropo. El Atlanthropus mauritanicus era contemporáneo del sinántropo y sus restos aparecen siempre con abundantes objetos de sílex tallados por ambos lados. Este último hallazgo ha movido a los investigadores a emparentar con el grupo de los pitecántropos al hombre de Heidelberg, cuya mandíbula superior fue encontrada en 1907 en Mauer, cerca de Heidelberg, y al hombre del Montmaurin, hallado en el sudoeste de Francia, cuya mandíbula manifiesta caracteres muy semejantes a los del Atlanthropus. La difusión de los pitecántropos ha correspondido, pues, a todo el Antiguo Continente durante casi trescientos mil años (todo el pleistoceno medio). La mandíbula de Mauer (Heidelberg) se halló en un estrato prechelense, y el individuo que la poseyó tenía muy fuertes elementos pitecoides aunque su dentadura es perfectamente humana. En las exploraciones de 1928 se encontraron algunos restos más de este homo; carece de barbilla, tiene pómulos salientes, frente aplastada y huidiza, y seguramente las circunvoluciones craneales serían de gran sencillez. Homo erectus cazaba Hace unos 600.000 años, la tierra entró en una serie de eras (ampliar imagen) glaciales. Enormes capas de hielo llegaron a cubrir el norte de Europa, América y Asia. El nivel del mar llegó a descender hasta 90 metros por la acumulación de agua en los grandes glaciares que se formaron. El Homo erectus aprendió a dominar el fuego ya hace unos 500 mil años, descubrimiento muy importante para la supervivencia, como abrigo para el rudo clima imperante para la cocción de los alimentos (más digestivos que crudos). El pitecántropo era pequeño, apenas llegaba a 1,60 metro, tenía la frente hundida, los arcos superciliares muy salientes y las mandíbulas prominentes. Vivía de la caza, mejor dicho, de la caza con trampa, pues utilizaba en realidad la zanja. La mayor parte de su industria lítica —sílex de dos caras—, más que para el combate era utilizada para trabajar la madera y descuartizar animales. Sus armas eran, sobre todo, hachas, mazas, arpones y jabalinas. Por otra parte, han sido halladas pruebas de una artesanía ósea y de astas de cérvido. Homo sapiens neardentalensis

En las cavernas de Chukutien se ha encontrado carbón de madera, cenizas y vestigios de fuego. El sinántropo conocía, pues, el arte característicamente humano de “domesticar” el fuego. Ello nos lleva a la memoria el mito griego que cuenta cómo los hombres se prosternaban ante el fuego robado a los dioses por Prometeo. Hace unos 200 mil años, los primeros homínidos con cerebro tan grande como el nuestro evolucionaron a partir del Homo erectus. Era el hombre de Neanderthal (Homo sapiens neanderthalensis), que habitó en Europa y Medio Oriente. Sus características faciales y corporales estaban especialmente adaptadas al frío. Tenían los labios más gruesos y eran más bajos que nosotros, y su cerebro era mayor (1.600cc) al nuestro (1.400-1.500cc).

El tercer peldaño de la evolución humana es el hombre de Neandertal que, por su desarrollo cerebral, su género de vida y su capacidad inventiva, está más próximo del homo sapiens que del pitecántropo. Se le conoce desde mucho antes que sus predecesores, puesto que en 1856 los restos de un hombre de esta raza fueron descubiertos por unos obreros en los alrededores de Dusseldorf, en una cueva del valle de Neanderthal. Hace aproximadamente cien mil años aparece en África el primer ser humano casi como nosotros, pero llamado Homo sapiens arcaico u hombre de Cro-Magnon. Treinta mil años antes los neandertales se extinguían y ya estaban los hombres completamente modernos, Homo sapiens, y unos 5.000 años más tarde el hombre ya habitaba todos los continentes del mundo a excepción de la Antártica. Corría 1868 cuando, en una localidad francesa llamada Les Eyzies, ubicada en el departamento de Dordoña, se encontraron, en un abrigo rocoso llamado Cro-Magnon, restos fósiles humanos. Investigaciones posteriores comprobaron que tenían más de 40.000 años y que este era el representante más antiguo del homo sapiens sapiens; es decir, el primer ancestro del hombre moderno, cuyo desarrollo había comenzado en el periodo llamado Paleolítico superior (hace más de 600.000 años).

Hombre de Cro.Magnon (ampliar imagen)

Cráneo humano, evolución

El cráneo humano ha cambiado drásticamente durante los últimos tres millones de años. La evolución desde el australopithecus hasta el homo sapiens, significó el aumento de la capacidad craneana (para ajustarse al crecimiento del cerebro), el achatamiento del rostro, el retroceso de la barbilla y la disminución del tamaño de los dientes. Los científicos piensan que el increíble crecimiento de tamaño del cerebro puede estar relacionado con la mayor sofisticación del comportamiento de los homínidos. Los antropólogos, por su parte, señalan que el cerebro desarrolló su alta capacidad de aprendizaje y razonamiento después de que la evolución cultural, y no la física, cambiara la forma de vida de los seres humanos.

Evolución de la especie humana

Especie procónsul Australopithecus ramidus Australopithecus afarensis Australopithecus africanus Australopithecus robustus Homo habilis Homo erectus Homo sapiens Homo sapiens neandertalensis Homo sapiens sapiens Cro-Magnon

22 a 18 millones de años 5 millones a 4 millones de años 4 millones a 2,7 millones de años 3,0 millones a 2,0 millones de años 2,2 millones a 1,0 millones de años 2,2 millones a 1,6 millones de años 2 millones a 0,4 millones de años 400.000 a 200.000 años 200.000 a 130.000 años 130.000 años antes de Cristo 40.000 años antes de Cristo hasta hoy

EL ORIGEN DEL HOMBRE

SIGUIENTE

El suceso más antiguo que puede datarse en el universo que conocemos se remonta a unos 12.000 millones de años. En este primer instante, toda la energía (y todo el espacio) del universo se encontraba concentrada en un punto, origen de una gran explosión (big bang). Durante los primeros segundos, la temperatura era de más de un billón de grados y toda la energía se hallaba en forma de radiación. Durante los primeros 10 segundos se formaron las partículas elementales y al cabo de 15 minutos se formaron núcleos de hidrógeno y helio, en proporción de cuatro a uno. Unos 10.000 años después la temperatura había descendido a unos 100.000 grados y se formaron los primeros átomos de hidrógeno. Al cabo de unos 400.000 años el hidrógeno empezó a condensarse en nubes (las futuras estrellas), las cuales a su vez se agrupaban en cúmulos mayores (las futuras galaxias). Hace 11.000 millones de años la temperatura del universo era de unos 3.000 grados, y se formaron las primeras estrellas: la gravedad hizo que los núcleos de muchas nubes de hidrógeno alcanzasen temperaturas elevadas, del orden de 15 millones de grados, lo que permitió la fusión del hidrógeno en helio, proceso que origina la emisión luminosa de las estrellas. Cuando las estrellas agotan el hidrógeno del núcleo son capaces de seguir generando energía fundiendo a su vez el helio en materiales más pesados. De este modo, en los núcleos de las primeras estrellas se formaron todos los elementos químicos que actualmente hay en la Tierra. En las estrellas más grandes, este proceso genera cada vez más energía, hasta que llega un momento en que la gravedad no es capaz de contenerla y la estrella explota lanzando al espacio gran parte de su materia. Esto sucede a una edad diferente según la masa de cada estrella. Las explosiones de estrellas llenaron el espacio de nuevas nubes de gas (esta vez relativamente rico en toda la gama de elementos químicos), a partir del cual se formaron nuevas estrellas, las llamadas estrellas de segunda generación, entre las cuales se encuentra el Sol. El Sol empezó a brillar hace unos 5.000 millones de años. En esta época el universo se había enfriado ya a unos 100 grados bajo cero. Existen muchas teorías sobre cómo se formaron los planetas del sistema solar, pero fuera como fuera, la edad de la Tierra se estima en unos 4.600 millones de años. Al principio era una masa incandescente cuya superficie tardó relativamente poco en enfriarse. Parte de la atmósfera se licuó y se crearon así los mares y océanos. La composición química de la atmósfera y de los océanos era muy diferente de la actual: No existía la capa de ozono que actualmente nos protege de los rayos ultravioleta, la atmósfera soportaba una intensa actividad eléctrica. Estas condiciones fomentaron la formación en las aguas de compuestos químicos cada vez más complejos y variados: compuestos orgánicos que culminarían con la aparición de formas de vida. La vida en la tierra surgió hace unos 3.500 millones de años. Se inició así un proceso evolutivo de animales y plantas del que tenemos pocos datos, pues las primeras formas de vida eran microscópicas y luego animales y plantas blandos (algas, gusanos) que no dejan restos fósiles. Este primer periodo de la vida se conoce como precámbrico, y se extiende hasta el momento en que podemos seguir más fielmente la evolución biológica a través de los fósiles. A partir de aquí, los biólogos dividen el tiempo en eras: La era primaria o paleozoica comienza hace 570 millones de años. Se distinguen a su vez varios periodos: En el periodo cámbrico abundan los trilobites, moluscos y crustáceos. En el periodo ordovícico (que se inicia hace 505 millones de años) siguen abundando los trilobites, se extienden los equinodermos y braquiópodos y aparecen los primeros peces. El periodo silúrico se inicia hace 440 millones de años. Aparecen peces acorazados gigantes, las primeras plantas terrestres y de pantanos, grandes escorpiones marinos. El periodo devónico

empezó hace 410 millones de años. Aparacen los peces modernos y los anfibios, evolucionan las plantas terrestres. En el periodo carbonífero (iniciado hace 360 millones de años) se extienden los anfibios, aparecen los primeros reptiles, la tierra se llena de musgos y helechos, cuyos restos formarán las cuencas de carbón. En el periodo pérmico (que empezo hace 285 millones de años) se extienden los reptiles, mientras los anfibios pierden importancia, se extinguen los trilobites y aparecen las primeras coníferas. La era secundaria o mesozoica empezó hace 245 millones de años. Su primer periodo es el triásico, en el que aparecen los primeros dinosaurios y grandes reptiles marinos. También aparecen los primeros mamíferos. Abundan los amonites, aparecen nuevas especies de plantas, se forman grandes bosques de coníferas. Durante el periodo jurásico (iniciado hace 210 millones de años) los dinosaurios dominan la Tierra. Aparecen reptiles voladores y las primeras aves, junto con nuevas especies de pequeños mamíferos. Durante el periodo cretácico aparecen las primeras plantas con flores. Al final del periodo se extinguen los dinosaurios y muchos otros reptiles, al igual que los amonites. La era terciaria o cenozoica se inicia hace 65 millones de años. Comienza con el paleoceno, en el que proliferan los mamíferos. En el eoceno (hace 60 millones de años) aparecen nuevas especies de animales (caballos y elefantes primitivos) así como de plantas. El oligoceno se inica hace 35 millones de años. Proliferan las plantas con flores, aparecen muchos de los mamíferos actuales, entre ellos los primeros primates. Hace 25 millones de años, en el mioceno, se multiplican los primates, especialmente abundantes en África. Los primates vivían cómodamente en los árboles, alimentados de frutos, prácticamente sin predadores. Sin embargo, hace unos 14 millones de años las cosas empezaron a cambiar. Muchos primates se vieron obligados a abandonar su hábitat arbóreo. Tal vez su vida fácil condujo a la superpoblación y algunos grupos fueron expulsados de los bosques, hacia las sabanas, un ambiente hostil para unos animales incapaces de digerir hierba y pobremente dotados para la caza. De esta época datan los restos más antiguos conocidos de una especie de primate llamada Ramapithecus, que pobló buena parte de Europa, África y Asia (el primer ejemplar se encontró en la India). En su esqueleto se advierten vestigios de posición erguida. Podemos suponer que estos primates desplazados compensaron su debilidad formando manadas, al estilo de los mamíferos cazadores. La postura erguida favorecía que cada miembro de la manada pudiera mantener contacto visual con los restantes, de modo que podían avisarse más eficientemente si detectaban algún peligro. Así pues, la selección natural favoreció a los individuos mejor dotados para la "incómoda" postura erguida. El Ramapithecus se extinguió hace 8 millones de años, pero no era el único primate expulsado del paraíso. Hubo más especies en sus mismas circunstancias que sobrevivieron más o menos tiempo. En general, estos monos cazadores reciben el nombre de homínidos. Desde hace unos 6 millones de años fueron apareciendo en el este de África varias especies de homínidos agrupadas por los biólogos bajo el genero Australopithecus. En realidad son los primeros a los que se puede aplicar sin discusión el calificativo de homínido: paulatinamente, las distintas especies de Australopithecus fueron adquiriendo la postura erguida como postura habitual y su capacidad craneana -aun siendo pequeña en comparación con la del hombre actual- fue aumentando. Lo que estaba sucediendo era que los homínidos compensaban sus pocas dotes de supervivencia con un incremento de sus habilidades: la postura erguida hizo que ya no necesitaran sus manos para caminar, y pronto aprendieron a usarlas para matar presas pequeñas con piedras, potenciaron su agilidad, su capacidad de comunicación y su capacidad de observación, y todo ello se corresponde fisiológicamente con un incremento de la complejidad neuronal de su corteza cerebral. El plioceno se inicia hace unos 5 millones de años, con un enfriamiento del clima que provoca la extinción de muchos grandes mamíferos. Sin embargo, los Australopithecus proliferaron y se vieron obligados a extenderse, pues no había muchas presas a su alcance y una pequeña porción de territorio no podía alimentar a muchos

individuos. Poco a poco fueron ocupando todo el este de África, desde Etiopía hasta el extremo sur. La naturaleza proporcionó entonces una ayuda más a los homínidos: la maduración retardada. En un momento dado, aparecieron homínidos con un defecto genético: nacían prematuramente y su crecimiento era demasiado lento. A primera vista, esto era un grave inconveniente: con el tiempo, las crias llegaron a nacer sin pelo, sin dientes, con la caja craneal todavía sin soldar, sin capacidad de andar, y tardaban un tiempo desmesurado en valerse por sí mismas. Sin embargo, estos inconvenientes eran compensados con creces por una única ventaja: una infancia más larga implicaba mayor tiempo para aprender. En efecto, las crías de los primates actuales muestran un alto grado de curiosidad durante su relativamente breve periodo juvenil, pero después ésta desaparece casi por completo. Los homínidos conservaron su interés por observar y aprender durante toda su vida, y esto los hizo notablemente más inteligentes. Ésta es la razón por la que la selección natural estimuló la maduración retardada, que se fue agudizando a lo largo de las sucesivas especies de homínidos. Hace unos 2.5 millones de años apareció entre los Australopithecus una nueva especie que ya no puede englobarse en este género. Se trataba del Homo habilis, al que, como vemos, los biólogos le han asignado el nuevo género llamado Homo. El Homo habilis superaba a los Australopithecus en capacidad craneana y en inteligencia. Como muestra de ello, nos encontramos con que el Homo habilis fue el primer homínido que aprendió a tallar piedras para hacerlas cortantes o punzantes. Dispuso así de armas de caza significativamente más eficientes. Con la aparición del género Homo y su habilidad para fabricar útiles de piedra se inicia la llamada Edad de Piedra, cuyo primer periodo se conoce como paleolítico y cuya primera etapa, a su vez, es el paleolítico inferior. El Homo habilis se extendió rápidamente por los territorios habitados por los Australopithecus. Poco después de su aparición se produjo un drástico cambio climático: las temperaturas descendieron notablemente en todo el planeta. Desde el precámbrico, la Tierra había pasado por varios periodos de frío conocidos como glaciaciones, algunas de las cuales habían extinguido a algunas especies, pero ésta era la primera glaciación que arrostraban los homínidos. Evidentemente, las condiciones de vida empeoraron. La caza fue más escasa y los inviernos eran periodos de hambre. Pese a ello, los homínidos se adaptaron a las circunstancias. Más aún, en plena glaciación, hace 2 millones de años, surgió una nueva especie del género Homo: el Homo erectus. Con él da comienzo la era cuaternaria, cuyo primer periodo se conoce como pleistoceno. La glaciación duró cerca de un millón de años, es decir, hasta hace 1.5 millones de años, pero la era cuaternaria reservaba cuatro glaciaciones más, separadas por breves periodos interglaciares. La primera glaciación de la era cuaternaria se inició hace algo más de 1 millón de años y fue más intensa que la anterior. La competencia entre las distintas especies de homínidos terminó con la extinción de los Australopithecus poco después del inicio de la glaciación y la del Homo habilis hace 800.000 años. El Homo erectus sobrevivió, entre otras cosas porque aprendió a valerse del fuego. Por aquel entonces no sabía producirlo ni controlarlo, sino que se lo encontraba cuando un rayo incendiaba un árbol. Tal vez aprendió a conservarlo como algo valioso. La glaciación terminó hace unos 700.000 años y no debió de pasar mucho tiempo hasta que el Homo erectus aprendió a controlar el fuego. Esto le supuso una mayor protección frente al frío y los animales carnívoros, así como la posibilidad de alimentarse de la carne de muchos animales que difícilmente podía digerir en estado crudo. La segunda glaciación de la era cuaternaria se extendió desde hace 600.000 años hasta hace algo más de 300.000 años. Durante esta época el Homo erectus aprendió a organizarse para cazar grandes mamíferos. Su modo de vida era ya muy similar al de otros mamíferos cazadores, pues su inteligencia había compensado ya con creces su inferioridad física.

Así pues, la adversidad climática ya no era un obstáculo serio para el Homo erectus, que empezó a proliferar, pero, al igual que les ocurrió a los Australopithecus, se encontró con que cada pequeño grupo requería una gran cantidad de territorio para cubrir sus necesidades, por lo que se extendió paulatinamente por toda la Tierra. No obstante, el número total de habitantes nunca debió de superar el medio millón. Tras un breve periodo interglaciar sobrevino la tercera glaciación, desde hace algo más de 200.000 años hasta hace algo más de 100.000 años. A su término el Homo erectus ya ocupaba medio planeta: poblaba toda África, buena parte de Asia y casi toda Europa (excepto el norte). También había aprendido a fabricar cabañas que le protegieran de la intemperie en ausencia de cuevas naturales, que hasta entonces habían sido su único refugio. Durante la tercera glaciación surgieron las primeras formas de una nueva especie: el Homo sapiens. Con el tiempo se diferenciarían dos subespecies: el Homo sapiens neanderthalensis y el Homo sapiens sapiens. En Alemania se encontró un fósil preneandertalense de al menos 200.000 años y en Israel se ha encontrado un fósil de hace unos 100.000 años antecesor del Homo sapiens sapiens, en compañía de restos neandertalenses y de los últimos vestigios de Homo erectus, que se extinguió hace unos 90.000 años. Con la aparición del Homo sapiens se inicia el paleolítico medio. La capacidad craneal del Homo sapiens triplicaba a la del Homo habilis. En un primer momento, las diferencias entre las dos subespecies de Homo sapiens eran pequeñas, al igual que las diferencias culturales respecto al Homo erectus. No obstante, al principio de la cuarta glaciación, hace unos 80.000 años, encontramos ya una cultura neandertal claramente definida. Entre sus nuevas costumbres se encontraba la de enterrar a los difuntos, y entre sus nuevas habilidades la fabricación de flechas. Respecto a las inhumaciones, no es razonable suponer en los primeros Homo sapiens una capacidad de pensamiento abstracto o religioso, pero sí podemos entrever en ellas cierto grado de autoconciencia. La selección natural fomentó la existencia de relaciones afectivas de los padres hacia los hijos en mayor grado que las usuales en otros animales, pues unas crías absolutamente inválidas no podían sobrevivir sin una buena dosis de paciencia en sus progenitores. Probablemente, los niños Homo sapiens fueron los primeros en reír como recurso para agradar y mantener la atención de sus padres. Estas relaciones afectivas debieron de mantenerse entre adultos, de modo que llegaron a sentir el dolor de la muerte e hicieron lo posible para evitar que sus cadáveres fueran alimento de las fieras. El Homo sapiens se extendió por Europa, Asia y África. Cazaba todo tipo de animales y se adaptó con eficiencia a cada medio ambiente. Hace unos 40.000 años el Homo sapiens sapiens se convirtió en el primer poblador humano de Australia. Hace unos 35.000 años empezó a manifestar su superioridad cultural frente al hombre de Neandertal, dando inicio así al paleolítico superior. Una buena prueba de esta superioridad es que la población mundial pasó en un tiempo muy breve de poco más de un millón de habitantes a casi cinco millones. A esta época corresponden los restos más antiguos conocidos de arte prefigurativo (incisiones y marcas decorativas en hueso y en piedra). Las primeras muestras conocidas de arte figurativo (cabezas y cuartos delanteros de animales pintadas en piedra) datan de hace unos 30.000 años. Este avance hay que asociarlo a una significativa evolución intelectual. Es imposible poner fechas a esto, pero el hombre adquirió la capacidad de pensamiento abstracto, es decir, la capacidad de pensar en algo sin necesidad de ningún estímulo externo que le impulsara a ello. Así mismo desarrolló el lenguaje articulado: los homínidos llevaban mucho tiempo comunicándose entre sí con gran eficiencia, pero siempre mediante signos cuyo significado lo fijaba el contexto (un grito en un momento dado podía ser la señal de iniciar un ataque conjunto a una presa, o el indicio de algún peligro cuya naturaleza había que percibir directamente, etc.). El lenguaje articulado suponía la posibilidad de aludir a algo de forma unívoca independientemente del contexto. Tal vez las figuras esquemáticas fueron al principio un método de ponerse de acuerdo en el significado de las palabras, de convenir qué caza iban a buscar, tal vez se quedó como costumbre hacer dibujos de las presas que esperaban cazar, tal vez llegaron a imaginar que dibujar los animales era una forma mágica de atraerlos. Es difícil saber cómo concebían el mundo estos primeros hombres.

A medida que el Homo sapiens sapiens fue cobrando conciencia de su existencia en el mundo debió de percibir su debilidad e impotencia frente a la naturaleza: había animales feroces a los que era mejor no enfrentarse salvo extrema necesidad, otros, en cambio, podían ser dominados con habilidad. Por otra parte, nada había que hacer contra las fuerzas del cielo, los rayos y los truenos. Sin duda el Sol y la Luna debieron de intrigarle. Probablemente llegó a la conclusión de que en el cielo habitaban seres muy poderosos y de humor voluble, a los que era mejor tener contentos, pues ejercían gran influencia sobre la tierra. En manos de estos seres estaba que hubiera o no buena caza, que las mujeres tuvieran o no hijos... La imaginación del Homo sapiens sapiens ante lo desconocido pudo ir por mil caminos diferentes, creando creencias de toda índole, acompañadas de ritos y costumbres. Es difícil saber qué finalidad concreta tendrían los objetos que hoy calificamos de "manifestaciones artísticas". Se conocen estatuillas femeninas fabricadas desde hace unos 27.000 años. A partir de aquí se van produciendo imágenes pictóricas, bajorelieves y esculturas cada vez más perfeccionadas. Hace unos 25.000 años se extinguió el hombre de Neandertal, con lo que el Homo sapiens sapiens pasó a ser la única especie humana sobre la Tierra y ya podemos referirnos a él simplemente como "el hombre". Aparte de mínimas diferenciaciones raciales, no se ha producido ninguna evolución fisiológica importante desde entonces. La extraordinaria evolución del hombre ha sido puramente cultural. Hace al menos 23.000 años el hombre pobló América por primera vez. Accedió a ella desde Siberia, cruzando un estrecho de Bering seco (el nivel del mar era inferior al actual a causa de la glaciación) o helado. Así, el hombre no tardo mucho en poblar la práctica totalidad de la Tierra.

21 Diciembre 2006

África: el origen del ser humano. Breve historia de nuestros comienzos.

La historia más apasionante del ser humano es, sin duda, la historia de su origen. La evolución del ser humano no ha sido un proceso lineal, no ha existido nunca la finalidad de alcanzar el estado de Homo sapiens, y ello lo demuestra la gran cantidad de homínidos descubiertos que no pertenecen de forma directa a nuestro linaje. Ante diversos cambios del entorno han surgido multitud de "soluciones provisionales", especies emparentadas con Homo sapiens que en determinadas condiciones y en un determinado tiempo estuvieron bien adaptadas y persistieron. La fuerza motriz de los cambios y de las extinciones es la variación del medio ambiente. Si la variación es asumible por la especie, puede que acabe derivando en otra mejor adaptada. Si no lo es, estará abocada a la desaparición. Desde este punto de vista, Homo sapiens también es una "solución provisional", como cualquier otra especie. Desde su aparición, ha sobrevivido a importantes obstáculos que han supuesto la extinción de otros homínidos. Homo sapiens vive en un entorno complejo y artificial, fruto del eficiente funcionamiento de su ingenio y se hace, por ello, complicado no considerar que se trata de una situación constante en el tiempo. Apenas lleva 150.000 años sobre la faz de la Tierra. Homínidos antiguos existieron durante mucho más tiempo, bien adaptados a su entorno, y el final de sus días aconteció sin dejar descendencia ni rastro alguno, salvo fragmentos de huesos y escasos indicios de actividad. Entonces, ¿qué será de Homo sapiens en el futuro? No hay respuesta, pues los senderos de la

evolución son poco menos que aleatorios. Sólo queda intentar descifrar el proceso natural que ha originado al último homínido vivo del mundo. Hace unos seis o siete millones de años (Ma), se produjo en África la divergencia que dio lugar a dos ramas altamente evolucionadas de primates: chimpancés y humanos, es decir, simios que perpetuaron su adaptación a la vida esencialmente arborícola braquiadora y simios que, en un corto periodo de tiempo, abandonaron su primitiva condición arborícola braquiadora para adaptarse al suelo: el inicio de la humanidad fue la bipedación y la revolución consistió en ello. Los lejanos antepasados del ser humano, de hace 6 ó 7 Ma, llevarían una vida similar a la de un gran simio actual: podrían alimentarse y espulgarse los unos a los otros en tierra, pero habitualmente su tiempo transcurriría entre el ramaje, protegidos de los peligros del suelo. Serían braquiadores, con manos y pies prensiles.

El este de África está surcado por una gran fractura activa de unos 8000 km de longitud desde el Mar Muerto (en Asia Menor) hasta el río Zambeze (en el África austral): es el Great Rift Valley. Se bifurca en dos ramas: la occidental y la oriental, alojando el lago Victoria entre ambas. Esta gran estructura comenzó su formación hace unos 20 Ma, entre periodos de calma y convulsiones. Uno de los pulsos más importantes se produjo hace unos 8 Ma y supuso la ruptura definitiva de la placa africana, con la elevación de relieves que rondan los 3000 m de altura.

Remontándonos al Mioceno superior, hace 14 ó 15 Ma el clima global experimentó un drástico cambio hacia el enfriamiento. Las temperaturas descendieron mucho y el hielo aumentó en la Antártida. Al final del Mioceno, entre hace unos 7 y 5 Ma, un manto glacial acaba por cubrir, no sólo el continente austral, sino también toda Groenlandia. El avance de los hielos supone un hecho climático de gran trascendencia en África: el aumento de la aridez, el retroceso de la selva y el avance de la sabana y el bosque bajo.

Todo se fraguó, pues, hace unos 6 ó 7 Ma, como consecuencia de un cambio climático a escala planetaria, que se vio agudizado en África debido a la apertura

del Gran Rift del Este. El porqué de la aparición de los primeros homínidos pretende ser explicado entonces mediante la “East Side Story” (Yves Coppens, 1982) que es la hipótesis que, con los conocimientos y los hallazgos actuales, más se ajusta a lo que podría haber sido, en sus inicios, el proceso de hominización. Si centramos la atención sobre el este de África, nos damos cuenta de que el Great Rift Valley generó una barrera climática que aceleró el avance de la sabana al Este de la gran brecha, diferenciándose dos zonas con régimen climático y vegetación diferentes. Los frentes lluviosos del oeste descargaban las precipitaciones ante la influencia del gran relieve de la vertiente occidental del rift. Al otro lado, la aridez reducía rápidamente las áreas boscosas, limitándolas a manchas aisladas y distantes entre sí, inmersas en una sabana cada vez más extensa. Fue este entorno el que propició que algunos antropoides se vieran obligados a adaptarse a la vida terrestre. Fueron especialmente afectados los antropoides que habitaban el ecotono selva-sabana. La búsqueda de alimento requería alejarse de la seguridad de un parche selvático para recorrer una larga distancia hasta el siguiente. Sería entonces cuando surgió la marcha bípeda como una estrategia de adaptación al suelo, mucho más eficaz que el desplazamiento pseudocuadrúpedo de los simios antropomorfos. Ello indica que los primeros homínidos aún vivirían muy ligados al ambiente boscoso, pero podrían desplazarse con mayor rapidez y eficiencia en el medio abierto.

La bipedación, además, se produjo con anterioridad a la encefalización. Los homínidos fueron bípedos mucho antes de desarrollar un gran cerebro. La locomoción bípeda es una estrategia exitosa pero bastante primitiva, pues homínidos de gran antigüedad ya la presentaban. El tamaño del cerebro, caracterizado por la capacidad craneana, es pequeño hasta que no surge el género Homo. De hecho, los primeros homínidos y hasta los australopitecos y los parantropos podrían considerarse prácticamente –desde un punto de vista radical– simios bípedos. Es, precisamente, el rápido incremento en el tamaño cerebral lo que caracteriza al género Homo. Hace unos 3-2,5 Ma, culminó el acercamiento entre América del Sur y América del Norte formándose el istmo de Panamá. El cierre del estrecho provocó el cese de la circulación marina entre los océanos Atlántico y Pacífico y cambió completamente la distribución de las corrientes. Ello facilitó la formación de los mantos de hielo sobre Norteamérica y Eurasia. Los intensos temporales producían fuertes nevadas, tanto en el nordeste de Canadá y de Estados Unidos como en Escandinavia. En pulsos, crecían y avanzaban los mantos glaciales.

En este contexto surgió Homo habilis / Homo rudolphensis hace 2,5 Ma, el primer Homo. No obstante, aunque el enfriamiento planetario y el cambio climático drástico que supuso y que inició un largo periodo de inestabilidad (Pleistoceno) sería decisivo en la aparición de una nueva especie, la encefalización debió de fraguarse tiempo atrás. El cerebro humano y el resto del sistema nervioso sólo representan el 2% del tamaño corporal, pero consumen un 20% de toda la energía del organismo. Esto significa algo importante: la especie humana sólo puede permitirse tener un cerebro tan grande porque economiza en otras funciones, por ejemplo, la digestiva. La digestión necesita mucha energía. Los herbívoros, sobre todo, tienen pausas digestivas muy largas, pues la materia vegetal es difícil de transformar y requiere de un complejo aparato digestivo, largo y de gran consumo. Un intestino grande es, por tanto, incompatible con un cerebro grande. Los australopitecinos eran estrictamente vegetarianos y sus alimentos más energéticos eran las frutas, las semillas y los tubérculos. Los parantropos, por ejemplo, teniendo en cuenta la vigorosidad de su musculatura masticatoria, deberían de poseer un aparato digestivo voluminoso que les permitiera asimilar gran cantidad de alimento vegetal. Únicamente los restos de Australopithecus garhi muestran indicios de actividad carnívora. Probablemente fuera capaz de utilizar piedras para romper huesos y alimentarse del tuétano. Y es, precisamente, Australopithecus garhi, con un prognatismo menor que cualquier otro australopiteco y con una dentición similar aladel humano moderno, el mejor candidato para ser ancestro directo del linaje Homo. Es obvio: para desarrollar un cerebro de gran tamaño se requiere de una cantidad de energía que una dieta exclusivamente vegetal jamás podría proporcionar. La incorporación de la carne a la dieta fue decisiva en el proceso de encefalización.

Origen del Ser Humano

El enfriamiento de la corteza terrestre hace más de cinco millones de años, dio origen al nacimiento de los bosques tropicales en el Sur de África. El surgimiento de estos ambientes favoreció la aparición de nuevas especies de seres vivos, entre ellos los omnívoros o sea especies animales que se alimentan de plantas, semillas y carne. <P< monos. Los primeros primates o sea los "monos", aparecieron durante el periodo terciario. Se cree que evolucionaron len-ta-men-te, más o menos tardaron unos 40 millones de años antes de que aparecieran por primera vez el hombre y la mujer con las características que tenemos ahora. La evolución del ser humano es sorprendente y como no se sabe bien cómo empezó nuestra vida, se han generado varias teorías, algunas de ellas son de origen religioso y otras que se empezaron a manejar en 1871, se basan en estudios realizados por muchos científicos sobre la evolución de los seres vivos y en especial del hombre. El principal elemento para el estudio de la evolución del ser humano ha sido el tamaño de su cerebro y para ello los restos de cráneos encontrados han sido de mucha utilidad. Pero nuestro origen no viene de un mono cualquiera, sino de una especie que se conoce como Pliopithecus, que después dio origen al Procónsul y de ahí se fueron marcando avances en las características del desarrollo sobre todo del cerebro, en la forma de caminar y en la habilidad para poder mover el dedo gordo de la mano. Así pasamos después por ser Dryopithecus y Oreopithecus, este último empezaba a caminar en dos pies o sea que era bípedo y se podía mantener erguido. Después surgió el Ramapithecus, el Australopithecus Africanus, el Australopithecus Robustus y después empezaron las especies clasificadas como Homo, que quiere decir hombre. Así, después de muchos años de evolución y desarrollo apareció del Homo, que quiere decir Hombre y de él se empezaron a desarrollar distintas especies entre las que destacaron el Homo Habilis, el Homo Erectus, el Hombre de Neanderthal, el Homo Sapiens y por fin el Homo Sapiens Sapiens, o sea nosotros. Estas especies presentaban un cerebro más grande y desarrollado y eran completamente bípedos y caminaban erguidos sobre los dos pies. Otra característica importante fue que empezaron a consumir proteínas animales, o sea carne. Vamos a ver cuáles son las características de cada uno de ellos.

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