R A Í C E S DE P A P E L

Revista de la Plataforma Cultural Raíces de Papel Número 12 - Año 5 - 2014

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SUMARIO
PREGUNTAS CON RESPUESTA Página JULIA GALLO SANZ Entrevista a los Ceramistas: CARLES MONRAT ELISA VIDAL NELA SÁNCHEZ ALONSO ARTÍCULOS ÁNGELA REYES RICARDO GARCÍA FDEZ ANDRÉS R. BLANCO ANTONIO COSTA GÓMEZ LA NOVELA, UN SER VIVO POÉTICA ¡A POSITIVAR! ALBERT CAMUS, LA REBELDÍA LÍRICA GRAFOLÓGICAMENTE HABLANDO NURIA SÁNCHEZ PASEO POR LA HISTORIA POESÍA JULIA GALLO SANZ BLAS MUÑOZ PIZARRO RAQUEL VÁZQUEZ RICARDO GARCÍA FDEZ JOSÉ PEJÓ VERNIS ALFREDO VILLAVERDE TERESA BERENGUER JUAN MANUEL DEL POZO MÓNICA LÓPEZ BORDÓN MANUEL RODRÍGUEZ IBAÑEZ PALOMA FERNÁNDEZ GOMÁ ANTONIA CERRATO BOLO GARCÍA FRANCISCA OLMOS COMINO MARIBEL ALONSO PAQUI QUINTANA VEGA FRANCISCO OLLWEO LOBATO AMOR, ESA EBRIEDAD CONSTANTE... 24 - 25 LLUVIA NUCLEAR ANACREONTICA UN CUENTO DE LUZ UNA MAÑANA DE MAYO EN VENECIA ESA LLUVIA DE ESTRELLAS GARCILLAS UNA MUJER ESCRIBE ESTE POEMA EL REO RÍO DE LA MIEL MUJER, NI MÁS NI MENOS 2 AZARISTMOS ERES DESGUACE ¡QUIERO SER COMO LA TIERRA! PLAYA 62 65 67 69 71 76 79 81 82 83 85 87 89 90 91 93 94 52 28 35 40 49 9

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JAVIER CASTÁN USIETO JUAN B. RGUEZ MANZANARES NATIVIDAD CEPEDA NORBERTO GARCÍA HERNANZ NURIA SÁNCHEZ ANTONIO REIS ROSARIO DE LA CUEVA LUCIA PONS ESCRICH OLGA ARAÚZO JAVIER BUENO JIMÉNEZ JUAN CALDERÓN MATADOR

....Y ESTE TRAQUETEO DE LAS GOTAS CANCIÓN PARA MI NIÑO MUERTO EVOCACIÓN CAMPOS CELESTIALES DE LA NADA DIRECCIÓN CONTRARIA TIANAMÉN OFELIA EN ESTA CIUDAD DE MEDIODIAS MEMORIA DE LA VIDA L "AMENTOS EN OTOÑO" LA BAILAORA PEREGRINA

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NARRATIVA JOSÉ DÍAZ GARCÍA REYES CÁCERES MOLINERO JULIA GALLO SANZ JUAN CARLOS MACIAS TORO RAÚL GARCÉS REDONDO ANDRÉS R. BLANCO NURIA SÁNCHEZ JUAN CALDERÓN MATADOR BAJO LA ALFOMBRA ROJA EL ÚLTIMO PERCHERO EL POSADO EL ALMA DEL CARPINTERO WESTERN HORMIGAS CUANDO LOS ÁRBOLES NO DEJAN VER EL BOSQUE EL JUEGO DEL CHICHIMINICHI 140 142 CAFÉ NOCTURNO 119 120 123 131 138 139

RESEÑAS LIBROS Y REVISTAS RECIBIDOS HUELLAS DE LA PLATAFORMA CULTURAL RAÍCES DE PAPEL

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Raíces de Papel Revista de la Plataforma Cultural Raíces de Papel Nº 12

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Plataforma Cultural Raíces de Papel C/ Benito Castro, 11 2º Izq. 28028 Madrid raicesdepapel@gmail.com http://raicesdepapel.blogspot.com/ Portada: Varios autores (Ayesha López Rubio, Juan Calderón Matador, Javier Bueno (Arvikis) Contraportada y distintas secciones : Miró

Joan Miró (1893 – 1983)

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PREGUNTAS CON RESPUESTA

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Julia Gallo Sanz
TIERRA, FUEGO, AGUA Y AIRE
Es posible que al contemplar o tener entre las manos una pieza de cerámica, una pieza de alfarería, no nos demos cuenta, a primer golpe de pensamiento, que estamos ante una obra que para su realización ha precisado la magia de los cuatro elementos: tierra, fuego, agua y aire, nada más y nada menos. Tres artistas y maestros ceramistas nos hablan de su profesión: Carles Morant, Elisa Vidal y Nela Sánchez Alonso. Carles y Elisa asentaron su vida y su taller en Sobredo, pueblo de la comarca del Bierzo, en la provincia de León.

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Carles desciende de una familia de alfareros. Su afición al dibujo y a la pintura fue un acicate más para asomarse a las posibilidades creativas que ofrecían las técnicas de este bello arte. Durante cinco años cursó estudios de cerámica en la Escuela Massana de Barcelona mientras paralelamente acudía a la Escuela de Cerámica La Bisbal, y, como ayudante y aprendiz, a al taller de Antonia Roig. Trabajó en la fábrica de cerámica “Ceramix”, de Canovelles. Más tarde abrió su propio taller en el Barrio del Carmel, en Barcelona. Como docente ha dado clases en escuelas privadas concertadas de Bellas Artes, y en el Centro Penitenciario de Brians, cerca de Martorell. En aquel tiempo alternaba la docencia en Barcelona con su continuada investigación y formación en el mundo de la cerámica. Ha realizado varias exposiciones. En la actualidad ejerce profesión y enseñanza en este bello lugar del Bierzo, junto a Elisa Vidal, su compañera, también alfarera y ambos fundadores del taller “A Noitiña”. Carles, tú procedes de una estirpe de alfareros, tus padres te enseñaron el oficio, cuéntanos tus comienzos. En realidad no fue así. En mi infancia recuerdo los domingos por la mañana acompañar a mi padre hasta el “Poble Espanyol” en Montjuïc, Barcelona. Allí, mi padre, como también lo había hecho mi abuelo anteriormente, hacía exhibiciones de torno de cerámica para los visitantes. Yo le ayudaba y corría por las calles. Durante algunos años también me contrató un taller que realizaba cuadritos a imitación antiguo a partir de postales con reproducciones de carteles. Mi padre, efectivamente, procede de una familia alfarera en el pueblo de Agost, en Alicante. Agost es un pueblo alfarero al que he visitado varias veces y dónde me he encontrado casi como en casa, pues además, tenemos mucha familia con la que mantenemos una relación… distante, aunque fraternal. También mantengo alguna relación con algún joven alfarero de esta localidad gracias a las ferias y a las redes sociales de Internet. No fue así, en realidad, como me acerqué al mundo de la cerámica. Desde pequeño pensaba que de mayor iba a dedicarme a alguna profesión manual. Sobre todo me atraía mucho el dibujo. Al mismo tiempo me gustaba estudiar y la asignatura de Sociología me atraía especialmente. Durante el 3º de BUP y el COU, compaginaba los estudios 10

reglados con la asistencia a la Escola Massana, dónde aprendía los entresijos del arte y de los oficios. La Escola Massana es un edificio antiguo con un amplio patio (un antiguo hospital) laberíntico y casi sórdido, que permitía desarrollar la imaginación de manera muy libre. En los paseos por el edificio, me asomaba a las tres clases (en los tres niveles) que había de cerámica y me maravilló su meticuloso, técnico y satisfactorio trabajo con el torno y la química. Dejé a mitad el COU y me dediqué a aprender cerámica durante cuatro años más. Mis profesoras fueron María Bofill, Rosa Amorós, Isabel Barba, Elisenda Sala en cuanto a la técnica cerámica. Terminada la escuela me he dedicado a muchos trabajos relacionados con la cerámica exceptuando el tiempo que estuve de mensajero-: ayudante en taller artesano (en Ullastret, en el Ampurdà con Antonia Roig y en Barcelona), peón de fábrica de cerámica, docencia en Centro Penitenciario y en escuelas de Formación Ocupacional, autónomo… junto con algunos seminarios y encuentros de ceramistas a los que durante todos estos años he asistido. ¿Elisa, cómo fue tu incursión profesional en el mundo de la cerámica? Pues, casualidades de la vida. Yo nunca había tocado la arcilla, pero en algún momento dado, ya con el proyecto de Sobredo, había pensado en poder hacer los utensilios de alimentación en casa, con Carles. Y en el año 1994, empezamos a construir el taller de cerámica “A Noitiña” con muchos esfuerzos. Mi primer Maestro-compañero fue Carles y poco a poco fui descubriendo este mundo fantástico y creativo de la cerámica. Han pasado casi 20 años y en este tiempo he seguido formándome en el Centro de Castilla y León (Cearcal, Valladolid) en diferentes técnicas y cursos de formación, así como con diferentes ceramistas, Internet, libros..., etcétera. Carles, ¿de qué otros registros artísticos precisa la cerámica? ¡Uf, qué pregunta más compleja! En nuestro entorno occidental se desprecia la cerámica artística, porque supuestamente y según argumentan sus detractores- se debe demasiado a una técnica, en comparación con otras disciplinas artísticas. Nunca he creído en ello. La cerámica como arte ha seguido una historia en paralelo con las demás.

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Antes de la revolución industrial, las artes y los oficios eran la única producción “industrial”. En el siglo XIX el movimiento “Art and Craft”, liderado por William Morris, redefinió las artes y oficios para, casi sin quererlo, adaptarlo a un mundo postrevolucionario con la filosofía de utilizar la tecnología industrial al servicio del hombre y no al revés. En el siglo XX de las vanguardias artísticas, gente como Llorens Artigas, Bernard Leach o Soji Hamada revolucionaron la cerámica y la llevaron desde el Oficio a la consideración de Arte, al mismo tiempo que otros artistas hicieron lo mismo con otras disciplinas como la pintura, la escultura, el grabado o la joyería. Y así seguimos, en pleno siglo XXI, de cabezazos contra la pared, intentando aún que la industria esté al servicio del ser humano y no del dinero. La cerámica es además una disciplina que se me ocurre completa, ya que cubre un amplio abanico de posibilidades de desarrollo profesional: desde el oficio puro (la alfarería), el juego infantil, el desarrollo manual, la artesanía de producción, la industria (el desarrollo incluso de la gran industria como el desarrollo de nuevos materiales como los superconductores), hasta la artesanía creativa y el arte “puro”. Pero, además, también como arte y artesanía, porque precisa de otras disciplinas artísticas y manuales para su desarrollo. A saber: La escultura es también la disciplina artística hermana de la cerámica ya que ambas trabajan sobre el volumen y ambas comparten técnicas. En este punto me apetece señalar el valor artístico que tiene la cerámica en países como Japón, donde al mismo tiempo valoran de manera especial las tradiciones (mucho más que en nuestro entorno) y que, a su vez, las conjugan de manera magistral con el arte contemporáneo y actual. El dibujo artístico y también lineal es casi imprescindible en mayor o menor medida para el ceramista. A mi primera profesora de cerámica le gustaba insistir en que la cerámica era, por definición, “química -inorgánica- aplicada” al arte, a la artesanía y a la industria. La “utilitariedad” que le damos a nuestra producción -incluida la “utilidad” decorativaprecisa de conocimientos mínimos sobre ergonomía y de otras disciplinas relacionadas con el diseño. Elisa, fabricáis cerámica ornamental, utilitaria…, cuéntanos la variedad de vuestra producción artesanal.

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Bueno, desde el principio hemos hecho cerámica utilitaria, hemos trabajado los tres primeros años con arcilla de baja temperatura, y esmaltes hechos por nosotros también de baja (nuestro primer horno fue un simple bidón de hierro aislado con fibra cerámica); pero pronto nos dimos cuenta de que el grés y la porcelana tienen muchas más posibilidades para nosotros, y siempre nos sorprende la alquimia de las cocidas en alta temperatura 1250ºC, con esmaltes también hechos por nosotros, compramos los productos químicos base y los elaboramos a partir de formulas magistrales y haciendo pruebas hasta que nos sale lo que buscamos, en color, textura, matiz...etc. Prácticamente todo lo que hacemos es torneado (Carles es el tornero oficial) Lavabos, Jaboneras, Cepilleros, Escobilleros, Espejos, Lámparas, Apliques de Luz, Juegos de Café y de Té, Jarrones, Vajillas (Platos llanos, hondos, Ensaladeras, Ollas, Bandejas, Vasos, Copas,)… vaya, todo lo que nos encargan para hoteles, restaurantes, regalos de bodas, bautizos, acontecimientos sociales. También se nos van ocurriendo diferentes objetos cuando no hay ideas concretas, es todo muy creativo. También tenemos una parte de Joyería en porcelana como Colgantes, Collares, Pendientes, Anillos, Pulseras,... Pipas para fumar y de colección; en porcelana y bambú. Cajas, Cajitas, Botones, Agujas, Imanes, Murales, Indicadores de calles, placas conmemorativas… También hemos empezado a hacer (hace un año más o menos) técnicas de reproducción de fotografía en cerámica (serigrafía, grabado...), es genial. Carles, ¿puede el ceramista vivir de su trabajo? El “mercaderismo” ha hecho mucho daño a los oficios y a los artesanos. Ahora todo se vende como “artesanía” (¿Qué me dices, por ejemplo, de las patatas fritas “Artesanas” de Matutano?) y la artesanía en sí misma, cuesta que esté suficientemente reconocida y su mercado está cada vez está más limitado. Nuestra clientela ahora no está en los mercados en la calle (copadas por la reventa y las baratijas o desprestigiadas por éstas mismas). En la organización de las Ferias de Artesanía y sectoriales de cerámica, gastamos energías en hacer ver la diferencia y hacernos valer. Ni siquiera está en la venta directa (aunque puede venderse más en el propio taller, ya que la gente reconoce el trabajo). Está en realidad en la personalización de objetos de uso (y decorativos), o en los objetos que por las medidas o formas no se encuentran en el mercado “industrial”. 13

El objeto artesano es aquel que “personaliza” a quien lo posee, no solo es algo que tiene el valor por haber sido “hecho a mano”. El problema también es de legalidad. Nos lo están poniendo muy difícil. Nosotros, como la inmensa mayoría de artesanos, somos autónomos y, a pesar que nuestro volumen de negocio sea muy inferior, pagamos lo mismo que otros muchos profesionales que pueden facturar mucho más y tener un mayor volumen de beneficios. Además, con el IVA al 21% ya nos han dejado “tiritando”. Antes facturábamos la mayoría de producción al 8%. Llevamos mucho tiempo pidiendo que tengan en cuenta sus mismas leyes, que por ejemplo, tengan en cuenta el artículo 130.1 de la Constitución española y en vez de ello, cada vez lo hacen peor. El vivir en el campo ha representado para nosotros una manera de sortear la economía, reduciendo gastos con la misma calidad de vida -o mejor- y disfrute de la misma.

Elisa, cuando se toma un tazón de leche, de sopa, etcétera, en estos cuencos, ¿crees que el usuario es consciente de lo que tiene entre manos, lo valora? Pues, es difícil encontrarte con personas que sepan lo que es la Alfarería, la Cerámica, y la diferencia entre éstas. Pero a través de los años en las ferias de Cerámica, exposiciones, cursos... las personas han ido conociendo los diferentes materiales con los que trabajamos y nuestra labor de explicar los procesos. Esta forma ha sido la mejor para darnos a conocer, aunque últimamente las mismas palabras utilizadas para otras técnicas hacen que las personas ya no sepan de que se está hablando... ejemplos: porcelana fría que no necesita cocerse, el Fimo que es un plástico...y muchos materiales sintéticos para manualidades, que hace unos años nos han invadido.

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(Carles) Yo sí que veo que hay gente -poca, sí que es verdad- que nos dice que desayuna todos los días con un cuenco de “A Noitiña” y eso te llena de energías, ganas de trabajar y de hacer las cosas cada vez mejor. Carles, ¿esta profesión se da a conocer lo suficiente a nivel docente y publicitario? No. De hecho muchas escuelas de cerámica y secciones de éste arte en escuelas de artes y oficios están cerrando en todo el Estado. Pero el problema no es en las escuelas de estudios secundarios o superiores, el problema está en la docencia en general. Esto se ve en las ferias. A la gente –sobre todo en los últimos años- hay que explicarle casi todo. A veces puede sorprender que visitantes de otros países entiendan suficientemente el significado de Rakú, Gres, engobe, alta temperatura… En este país, en la escuela primaria y secundaria, el tiempo de asignaturas manuales (plástica...) se ha reducido demasiado y no se valora como se debería, aunque sería una buena base para las otras asignaturas, incluso se usa como algo extraescolar o se usa “de prueba” para desarrollar el bilingüismo en las aulas, obligando a enseñar la asignatura de Plástica en inglés. Siempre he creído que las profesiones o actividades manuales en general, ayudan al desarrollo intelectual de la persona (sobre todo en la juventud). Al revés, es prácticamente imposible. Elisa, se viene hablando de que estos oficios artesanales tienden a desaparecer, pero la realidad es que cada vez brota más gente nueva dedicada a esta labor y medio de vida, ¿o me equivoco? No creas, el problema del paro hace que las personas que saben hacer alguna cosa se dediquen a hacer sucedáneos, aunque no sea un oficio artesano, simplemente elaboran cosas o las trasforman para poder salir adelante. Para ser artesano/a, se requieren años de estudio, práctica y dedicación. Hay bastantes personas que se dedican a realizar manualidades y las venden en ferias y mercadillos, sin tener una dedicación profesional ni ninguna preparación académica y teniendo a parte un trabajo del que puede vivir. Ese hecho está ayudando a que la artesanía vaya a menos. 15

Carles, además de vuestra tienda, ¿en qué otros lugares comercializáis vuestras producciones? Aunque parezca obvio, allí donde podemos y nos dejan. Quedan pocas tiendas especializadas en artesanía para regalo. Realizamos exposiciones temporales en locales y plazas junto con otros artesanos y artesanas, aún asistimos a alguna que otra feria sobre todo en pequeñas poblaciones cercanas-, realizamos demostraciones en ferias y otros eventos en la calle, y en los últimos tiempos hemos abierto varias tiendas online (una de ellas en nuestra propio web y otras en portales especializados: Etsy, artesanum, daWanda…), pero en este campo hace falta aún mucha paciencia. La gente sí aprecia nuestras obras por ser útiles y bonitas, y recibimos muchos elogios de nuestros antiguos clientes. Pienso que el “truco” está en la fidelidad bidireccional con nuestros compradores. Muchos de nuestros clientes son -o se convierten en- amigos o, cuanto menos, “conocidos”. Nos escriben en las redes de Internet, el blog y el correo electrónico y/o nos visitan personalmente -o nos buscan- en las ferias, de año en año. Eso, además, es lo que nos “alimenta” el espíritu y nos da ganas de seguir desarrollando nuestra actividad. El problema es que a veces no es así, porque no llegas a ellos/as y entonces, al contrario, bajas el ritmo. Este trabajo es así, dependemos mucho de todo. Elisa, ¿es necesario el asociacionismo en este campo? Sí que es muy importante, pero es difícil ponerse de acuerdo en ocasiones; las asambleas nos ayudan a llegar a estos acuerdos, también son muy importantes las cooperativas integrales, las que estamos intentando formar para desarrollar nuestro trabajo por medio de trueque, dinero, etc. Últimamente, en las ferias de Castilla y León está habiendo una especie de persecución a los artesanos y artesanas que aun estando al día con la Seguridad Social, nos presionan con cosas absurdas, bajo multas de 300 ! como mínimo, nos parece que en estos tiempos que corren, entre lo que nos cobran por la feria (5 días 250 ! más o menos), autónomos 256 ! al mes, vivir esos días fuera de tu casa, desplazamientos, reponer el material que vendes y encima asumir un castigo económico es lo ideal para que nos vayamos a la ruina total, y más en este país donde la corrupción está cada vez más generalizada; siempre somos los más débiles los que tenemos que asumir sus malversaciones con nuestras débiles economías. De todas 16

formas seguiremos resistiendo estos tiempos difíciles con alegría y buen hacer con las pocas personas que nos rodean. Carles, ¿qué materiales empleáis? Desde hace unos años trabajamos el gres y la porcelana. A mí me fascinaron las posibilidades de estos materiales. El trabajar con temperaturas altas (1250ºC 1300ºC) permite desarrollar una amplia gama de técnicas y producir objetos útiles y duraderos, así como murales y objetos decorativos exteriores que resisten las inclemencias del tiempo por muchos años. También nos gusta experimentar con materias primas básicas y especiales. Hemos probado con arcillas locales para incluir en los esmaltes y hemos conseguido desarrollar esmaltes a partir de las cenizas de madera y experimentar al mismo tiempo con cocciones especiales, con leña, serrín... Es muy satisfactorio ver los resultados y poderlos aplicar en nuestra pequeña producción. Y eso necesita ser mostrado, es una de sus razones por las que hemos convertido una simple página web en una ventana a nuestro taller. Elisa, vuestro compromiso social y ambiental os precede a ambos, háblanos de ese respeto mutuo por el entorno. Bueno, llevamos años intentando llevar una vida coherente con el entorno, la salud, la autogestión y el compromiso social global. Eso nos ha llevado a formar parte de diferentes colectivos para el buen funcionamiento de la VIDA en toda su extensión. Intentamos compartir los conocimientos sobre el uso y abuso de herbicidas, pesticidas, fuegos, matanzas desmesuradas de animales que por otra parte todas las personas disfrutamos viéndolos en libertad en el campo y en las montañas...Nos encantaría que las instituciones protegieran la arquitectura popular de los pueblos y no se dejara al libre albedrío, es una pena ver cómo el cemento y los bloques nos rodean en lugares tan emblemáticos como nuestra zona oeste del Bierzo.... Hay tantas cosas denunciables que no pararíamos de hablar, pero creo que ya hay suficiente para hacernos una idea. Carles, sitúanos geográficamente vuestro taller “A Noitiña”, cuéntanos por qué se llama así e infórmanos de la naturaleza de los cursos que impartís. 17

El nombre del taller precede a éste. Cuando yo llegué a Sobredo, Elisa había “bautizado” la casa con este nombre (rebuscando en el vocabulario gallego) A Noitiña quiere decir “la nochecita”, el crepúsculo en gallego y, sin más, así quedó. A mí personalmente me parece que le da un “toque” diferente y original y a la vez también te enraíza al terreno (es ese el espíritu que intentaba darle Elisa en su momento al bautizar la casa). Sobredo, considero que es un lugar privilegiado en varios aspectos: salud, clima, menos contaminación… Creo que en nuestra profesión es necesario estar, cuanto menos, conectado con otras personas que tienen tus mismas necesidades. También es muy importante el apoyo mutuo para, por ejemplo, la adquisición de materias primas, el conocimiento sobre ferias y mercados y otros tipos de venta. Creo que para la artesanía en general es necesario. Me gusta la enseñanza. Siempre se me ha dado bien. Por otro lado, creo que es importante la transmisión de conocimientos, no solo para su supervivencia, sino para mejorarlos, y eso es la base de la supervivencia humana. No solo hemos programado cursos, sino que hemos realizado cursos a medida de las personas que nos lo ha solicitado. Hemos enseñado torno, esmaltes, moldes y demás técnicas y siempre de manera lúdica y profesional. A pesar de lo que piensen algunos, es importante que perduren los oficios. Los necesitamos. Es también por esta razón, que hemos querido convertir nuestro sitio web (www.talleranoitina.es) en una ventana donde enseñar técnicas y dar a conocer nuestra manera de trabajar, incluyendo videos demostrativos, muchas fotos, archivos de todo tipo e incluso conexiones temporales en streaming desde nuestro taller. Elisa, ¿por qué elegisteis ese bello rincón del Bierzo que es Sobredo? Fue por casualidad, un familiar tenía contactos en este pueblo, yo estaba buscando algún lugar que fuera un pueblo pequeñito de montaña, nos lo comentó, vinimos a verlo y nos quedamos, así de sencillo. El cambio fue muy importante porque hay que aprender a prescindir de un montón de cosas que no necesitas, pero que estas acostumbrada a utilizar. Lo que fue importante era que no estuviera afectado por cualquier plan industrial o complejos de cualquier tipo. La situación geográfica y climatológica son geniales, está 18

situado al sur todo el pueblo, a 800 metros de altura, y por el norte lo protege una sierra que hace que esta aldea tenga un micro-clima importante para pasar el invierno suave; nieva una vez al año, y no siempre. Tenemos mucha variedad de árboles frutales: ciruelos, guindos, cerezos, perales, manzanos y de frutos potentes, castaños, nogales, higueras,... Sobra decir que con vuestra profesión habéis dado a conocer un poco más esta localidad berciana. Carles, ¿crees que el entorno influye en la creatividad de ceramistas y alfareros? Si, como para cualquier profesional creativo, es evidente que el entorno es como una materia prima más, influenciando en alguna medida, con la producción. Por otro lado, las características de nuestra profesión permiten desarrollar la actividad sin la necesidad de estar en un núcleo urbano y con muchos menos problemas “técnicos” y esto, para mí, es un privilegio. De todas formas, para comercializar el producto, necesitamos de herramientas como ferias y redes en Internet y movernos de aquí para allá. También el turismo puede ser un buen aliado. Pero hemos encontrado en este sentido, dificultades en nuestro entorno más inmediato, por los intereses económicos de unos pocos frente al interés general de los pueblos. Hay ahora muy poco sentido de colectividad, esa conciencia colectiva, no hace mucho tiempo, era sinónimo de supervivencia. El turismo cultural y otras iniciativas “sostenibles”, son la única manera de parar la pérdida de población en el medio rural... si es que ello se desea. Elisa, además de llevar a cabo este oficio junto a Carles, no paras de dar otros talleres, háblanos de las ventajas de éstos. Cuando llegué al Bierzo, había hecho un montón de cursos alternativos para ir desenvolviéndome a nivel económico: de Quiromasajista, de Apicultura, de Agricultura ecológica, de Medio ambiente y reciclaje...etc., pues ya había renunciado a mi puesto de trabajo fijo el Hospital Clínico de Barcelona, en laboratorio de Inmunología, por lo tanto tenía que seguir viviendo de otras cosas: dar masajes terapéuticos, cursos de reciclaje (juguetes a partir de envases desechables, papel reciclado, de cocinas solares), de alimentación silvestre, de compostaje orgánico, todo esto en colegios, centros de

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Formación P. , Institutos; aparte de tener nuestros huertos biológicos, gallinas…etc., para nuestro abastecimiento...

Carles y Elisa, ¿ser ceramista es simplemente una profesión, o también una forma de vida? (Carles) Claramente es una forma de vida, que enlaza con tradiciones antiguas y a la vez te permite una amplia dosis de creatividad. Somos “raros” según nos ven algunos..., hasta el punto que nos juzgan como vagos, y en cambio es todo lo contrario, somos casi adictos al trabajo porque lo tenemos presente 24 horas al día y 365 días al año. (Elisa) Simplemente intentamos autogestionarnos la vida de una forma sana y coherente con nuestras ideas y forma de ser. En marzo, la Asociación de Mujeres Progresistas Bercianas concedió el “Premio Mujer 2013” a Elisa Vidal Suárez, como reconocimiento a su trayectoria humana y profesional. El acto de homenaje a Elisa, así como la entrega del galardón, se celebró el día 8 de marzo en la sede de esta Asociación en Ponferrada. Enhorabuena. http://www.talleranoitina.es http://www.sobredo.es

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http://pumuki7.wordpress.com En Cabañas de Polendos (Segovia), hallamos a Nela Sánchez Alonso (Talavera de la Reina-Toledo 1977).

Con su obra “Ecuador”, ganadora del XXVII edición del Premio Villa de Avilés. En 2008, Nela realizó sus Estudios Superiores Cerámicos en la ESCM de Manises (Valencia), especializándose después en “Moldes rígidos y flexibles para modelos escultóricos y pequeñas series”. Luego siguieron los cursos de “Cerámica Coreana contemporánea”, “Alfarero ceramista” ,“Formación alfarero” en el taller AT, Augusto Tozzola, Arcueil, Francia, Ciclo Superior de Cerámica Artística, Escuela Oficial de Cerámica “Francisco de Alcántara”, Madrid, Bachillerato Artístico, Escuela de Artes y Oficios nº 1 “La Palma”, Madrid. Ha realizado numerosas exposiciones, destacando: 2013 Selección en XVIII “Concurso de cerámica ciudad de Valladolid” V encuentro internacional. 2010 Selección en el Concurso monográfico-pieza única “Acueducto”, organizado por el Gremio artesanal de Segovia. 2009 Selección en el Concurso monográfico-pieza única “Segovia y su Románico” organizado por el Gremio artesanal de Segovia. 2008 Selección en XIV “Concurso de cerámica ciudad de Valladolid”, I encuentro internacional. Valladolid, Selección en 28º “Concurso internacional de cerámica L’Alcora” Castellón, Selección

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en “IV Premio de Artesanía del barro Joan Daifa”, Ibiza, Baleares. 2007 Selección en “II Bienal de Cerámica de la ciudad de Buñol”, Valencia. 2006 Selección “II Premio Cerámica-mural UNDEFASA”, L’Alcora, Castellón. 2002 Participación en la exposición realizada por el taller AT, Augusto Tozzola en la galería “D’Z Artiste atelier”, Paris, Francia. 2001 Selección en “XXXVI Certamen Nacional de Cerámica”, ciudad de Talavera. 2000 Participación en la exposición “Equilibrio y Composición” del proyecto Ikebana, realizada en el Instituto de Diseño Italiano, Madrid. Selección en el “Certamen 2000 del XII Premio de Cerámica del Ministerio de Agricultura”, Pesca y Alimentación, Madrid. Cuenta con los premios: “Villa de Avilés” 2013, “Ciudad de Castellón” 2010. Mención especial en el “LXXX Concurso de Alfarería y Cerámica de La Rambla”, Mención especial “I Concurso Nacional de Artesanía Segovia – Romana” 2008; en 2003 recibe la Beca Formación Profesional de “La Société d’Encouragement aux Métiers d’Art” SEMA, Paris (Francia), realizando los estudios en el taller cerámico de Mercedes Balaye, en Mantes la Ville.

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¿Nela, por qué decidiste ser ceramista? Del porque soy ceramista, no hay una razón lógica que recuerde. Conocí el barro en mi adolescencia y desde entonces hasta ahora, no pude dejarla. Háblanos de tus inicios Los inicios con el barro fueron en los años 90, cuando estudiaba en la Escuela de Artes y Oficios, Nº 1 “La Palma” en Madrid, continué en la Escuela de Cerámica “Francisco de Alcántara”, recuerdo un grupo de adolescente muy entusiastas, me apasionaba el día a día en el taller pero no fue hasta más tarde una vez que visité Francia que fui consciente del inmenso y diverso mundo que es la cerámica. ¿Trabajar en Francia en tus comienzos marcó un hito en tu carrera? En Francia en los años 2000, trabaje como auxiliar de taller en un pequeño estudio cerámico dirigido por una ceramista española afincada en Francia hacía ya muchos años. Durante este tiempo profundicé la técnica del torno en el taller de Augusto Tozzola, maestro alfarero italiano muy conocido por su buen hacer en Paris. Fue allí que decidí hacer de la cerámica mi trabajo, mi modo de vida. ¿Cuáles son tus fuentes de inspiración? Diversas fuentes de inspiración completan mi trabajo, elementos naturales, entimientos, emociones, figuras geométricas, palabras, imágenes todo aquello que me estimule hace que me ponga a trabajar. ¿Cómo definirías tu obra en cuanto a estilo? En cuanto a estilo, pues no sabría cómo nominarla o dónde “encasillarla”, es cierto que mi trabajo se caracteriza por la repetición y la acumulación, que son las bases del minimalismo.

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Trabajas la esfera principalmente, ¿qué significa para ti esa forma cosmológica? Trabajo con la esfera ya hace cinco años, trabajo con ella por el placer y la rotundidad que proporcionan las líneas redondas. Siempre digo lo mismo, formas orgánicas minimizadoras de agresiones externas, protectoras y envolventes. Con ellas también construyo el vacío, importante espacio que siempre está presente en mi trabajo aunque lo más elemental a primera vista sean las superficies esféricas. Dicen que la maleabilidad del barro cautiva los sentidos, ¿lo crees así? El barro tiene múltiples posibilidades, el mundo cerámico se caracteriza por su diversidad, lo que hace que este trabajo sea tan amplio en cuanto a técnicas de manufactura y decoración. Si los primeros contactos con el barro gustan, seguro que te cautivará para siempre. 24

Cuentas con varios premios y menciones, ¿qué representan, como persona y como artista, estos galardones? Los premios y menciones son un regalo anímico y económico, por supuesto. Un reconocimiento al trabajo. Te hacen seguir adelante en estos tiempos tan duros. ¿En los tiempos que corren, puede el ceramista vivir de su trabajo? Es muy complicado, cada día más. La cerámica es un material desconocido por el público, en España tenemos la idea romántica del alfarero que fabricaba “cacharros” para el consumo diario. Hoy en día todo esto ha desaparecido y la cerámica ha sido sustituida por otros materiales que han desbancado a la cerámica utilitaria. Pero también debemos dar a conocer la cerámica como material de expresión artística tan válida como otras disciplinas. Para vivir o mejor dicho sobrevivir de este trabajo hay que ajustarse el cinturón, minimizar gastos y reinventarse. ¿Cómo compaginas tu tiempo como maestra impartiendo clases en el taller, con tu dedicación a la creación? Era anteriormente que trabajaba con instituciones públicas impartiendo clases, después que la crisis afectará a todos los sectores decidí dejar de trabajar con ellos ya que si no me arruinaría trabajando, esas clases me cogían mucho tiempo y no me permitían prácticamente dedicarme a mi trabajo. Ahora imparto clases en mi taller a título personal y las combino con mi trabajo, de momento es así como lo hago. ¿Hay alguna obra cumbre que anheles realizar? ¿Obra cumbre que anhele realizar? No especialmente, espero poder seguir trabajando en la cerámica, de momento creo que es un gran reto, como decía antes el momento no es muy favorecedor para el artesano.

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¿Nos puedes contar tus proyectos más inmediatos? El mes de agosto asistiré a un master class en cerámica en Irlanda durante diez días, un encuentro entre diseñadores y ceramistas de diferentes países europeos. Más adelante asistiré a la feria de cerámica en” El Vendreill”, Tarragona. Y en un futuro próximo pretendo subir a nuestro país vecino, Francia, para dar a conocer mi trabajo. Gracias a la Plataforma Cultural Raíces de Papel. alen-ceramikart@hotmail.com Tfno: 655265929 921496456 Taller de Cerámica Artística Centro Artesanal “Las Caravas”, Local 4. Cabañas de Polendos 40392 Segovia

Carles Morant, Elisa Vidal y Nela Sánchez Alonso, gracias por vuestro testimonio profesional. Os deseo todo el éxito que merecéis, ha sido un placer entrevistaros para la Plataforma Cultural Raíces de Papel.

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ARTÍCULOS

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Ángela Reyes
LA NOVELA, UN SER VIVO.
EL ESCRITOR DE NARRATIVA

sabe bien lo apasionante que puede llegar a ser sentarse

frente al ordenador, abstraerse de cuanto le rodea y ponerse a crear un mundo de ficción, al que va añadiendo personajes que caminan con sus problemas, alegrías, éxitos, sufrimientos y desilusiones. Esto es, un calco de la propia vida. En pocas ocasiones tendrá la oportunidad de creerse que es un dios menor como cuando está fabulando, llevando y trayendo a su capricho a los personajes a través de las páginas de la novela. Ahora enamorándolos, luego enfrentándolos unos contra otros, a éste ensalzándolo y al de más allá matándolo de un plumazo porque a nadie ha de darle cuentas de sus actos. Sí, el novelista es ese inventor de felices y truculentas historias, que vive dichoso en compañía de sus criaturas. Pero lo que tal vez no sepa él, es que es un pobre fabulador encadenado a unos seres que, en muchos casos, son ellos quienes dirigen y escriben sus propias historias, porque la novela es un ser vivo. Tan vivo que, a lo largo del proceso de creación, puede encontrarse con que algunos de sus personajes hasta se le rebelen o le den la espalda como si no les interesara formar parte de la historia que está inventando para ellos. Y esto ocurre sencillamente porque, como en cualquier casa de familia numerosa, la novela no está formada por un único personaje, sino que es un mundo muy complejo compuesto por el protagonistas y otros más, llamémoslas actores de reparto, cada una con sus vidas y circunstancias, a las que hay

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que ensamblar unas con otras y conducirlas hacia delante, para que arropen y den vida a la historia. Antes de sentarnos a escribir hay que pensar detenidamente qué vamos a escribir y cómo vamos a contarlo, ya que la novela no se escribe desde la pasión y la improvisación sino desde la planificación del argumento, la organización de los personajes que van a intervenir en ella y el desarrollo de la trama; esto último, punto primordial de la obra. Todos tenemos grandes ideas en la cabeza, pero lo difícil es desarrollarlas, entrelazarlas bien unas con otras para que lleguen vivas hasta el final de la historia sin perder el hilo conductor. Y suele ocurrir que el hilo conductor es algo que puede perderse con facilidad en cuanto que la obra empiece a poblarse de personajes, de historias y de situaciones que, si bien la enriquecen, también la complican. Hay que tener en cuenta que toda novela es como una comunidad de vecinos y sería muy raro que alguno de ellos o varios no le causaran problemas al presidente de su comunidad. Uno de los casos más característicos, aunque parezca extraño, es el de la rebelión. Suele presentarse de una forma tan sutil que el autor tarda en darse cuenta de que uno de sus personajes está haciendo lo imposible para que no lo saquen del guión. Se trata de alguien con tan poco reparto en la obra que estaba destinado a desaparecer en los primeros capítulos. Pero el tipo se resiste a que lo anulen y cada vez se va haciendo más imprescindible. El autor, compadecido, le concede unas páginas más de vida porque en realidad no molesta y lo mismo da liquidarlo en el capítulo III que en el V. De esta guisa, la trama avanza, el personaje sigue haciendo méritos y la muerte se aplaza tanto que, al final, consigue llegar esta el final. Esto es lo que, según dicen, le sucedió a Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 1928) con Úsula de Macondo, la protagonista de Cien años de soledad. A la madre de todos los Aurelianos no le había concedido más que unos cuantos capítulos de vida, pero ella se hizo tan consustancial a la obra que, al final, sobrevivió a toda su larga familia. Hay personajes con tanta personalidad que incluso han hecho famoso al lugar donde nacieron. ¿La Mancha hubiera conseguido traspasar las fronteras de Castilla y ser mundialmente famosa sin Don Quijote? ¿Alguien se acordaría de El Toboso de no existir Dulcinea? ¿La ciudad de Verona recibiría tantos turistas para fotografiar el balcón donde, según dicen, se asomaba Julieta? Son personajes que consiguen sobrevivir al paso del tiempo, tienen tal fuerza que, cuando su creador muere, ellos siguen caminando solos, cruzan fronteras y llegan a países donde sus vidas son 29

traducidas a varios idiomas. ¿Acaso don Quijote de la Mancha, Escarlata O’Hara, Hamlet, Fausto, Maqroll el gaviero, necesitan hoy día a sus creadores para seguir siendo famosos? Todo esto se debe a que entre las páginas de la novela la vida palpita y se contorsiona; los personajes aman, sufren y hasta se rebelan contra el autor cuando les obliga a representar un papel que, muchas veces, ni les apetece, ni les interesa. Esta rebelión se da algunas veces cuando, por exigencias del guión, aparece un muerto en uno de los capítulos. Si la muerte no está bien planificada desde un principio, si no hay una trama coherente que la justifique, llamémosla celos, mafia o venganza, seguro que tendremos problemas a la hora de encontrar un asesino para ese muerto. Es como si los propios personajes le advirtieran al autor que no cuenten con ellos para cargar con una muerte que no convence a nadie. Pero, ¿es posible que suceda esto? Pues sí, porque, como dijimos antes, la novela es un ser vivo donde los protagonistas se desgastan y cambian de personalidad a lo largo de las páginas. Con estas vicisitudes puede darse la circunstancia que aquél a quién se había elegido para ser la mano negra que enarbolara un arma, más adelante no convenza al haber perdido el perfil que hay que tener para ser un asesino. Y si esto ocurre, que suele ocurrir muchas veces, al autor no le queda más remedio que detener el trabajo y ponerse a barajar a los personajes de su novela, uno por uno, en busca de aquél o aquella que dé la talla para cargarse a alguien. Pero dejemos descansar en paz al muerto y vayamos ahora con el protagonista fracasado. Nadie puede imaginarse lo decepcionado que se siente el autor ante ese personaje a quien le concedió el papel principal, le reservó los diálogos más inteligentes, la chica más guapa, lo revistió de una gran personalidad y resulta que, en el discurrir de los capítulos, el tipo se va eclipsando, pierde tanta fuerza y se deja comer el terreno por otro de reparto. No, no es tan raro que un subalterno dé un paso al frente, salga de la oscuridad y se coloque en primera línea. Acaso, ¿no ocurre algo parecido con Sancho Panza? Por supuesto que al hidalgo nadie le roba su protagonismo y el derecho de cabalgar sobre “rocín flaco” y llevar lanza y rodela, mientras que su escudero lo hace en jumento, pero a lo largo de la lectura nos da la impresión de que el simple de Sancho Panza va ganado sabiduría, aconseja a su amo con mayor coherencia para evitarle vapuleos y derrotas innecesarios en cuantos entuertos interviene. Poco a poco el bueno, analfabeto y comilón Sancho se va convirtiendo en el compañero imprescindible de Don Quijote, en el siervo paciente que carga con los mal parados huesos de su amo. 30

Hablemos ahora de la sequía literaria. ¿Qué saben de la sequía? Esto es, de ese día en que el autor se sienta muy ufano ante el ordenador con ánimo de seguir con la escritura, coloca sus manos sobre el teclado y se queda agarrotado, incapaz de escribir una sola línea. !Toc-toc-toc!, golpea en las teclas, pidiendo que alguien le eche un capote desde el interior. Pero nadie le responde. !¿Hay alguien ahí?!, insiste nuevamente, sin resultado. Con la intención de poder engancharse al argumento, vuelve a releer las páginas ya escritas, las revisa, las corrige y ni por esas. La novela parece deshabitada, nadie acude a su llamada para darle el tono que necesita y proseguir la historia. Cuántas novelas sin acabar duermen en los oscuros entresijos del ordenador, cuántos personajes literarios se encuentran con sus vidas interrumpidas, a la espera de que a su creador le llegue de nuevo la inspiración y termine de contar la historia que para ellos había preparado. Bien, la novela ya está finalizada, ha reposado unos meses, ahora hay que volver a revisarla con cuidado para corregir los estrafurcios que pudieron colarse y, sobre todo, hay que “vestirla”. Esto es embellecerla, añadirle pequeños detalles que durante el proceso de creación quedaron sin definir. Hay que fijar bien el carácter de cada personaje, sus vicios, incluso las palabrotas que, alguno de ellos, tuviera por costumbre soltar. Hay que llenarla de lunares, cicatrices, flequillos, verrugas, mellas, tics de ojos. Hay que colorear cabellos, ojos y mejillas de cada personaje. Pero, cuidado con estos pequeños detalles que tienen la tendencia a jugarnos muy malas pasadas. Mucha atención a ese cojo que aparece renqueando del pie derecho en la página 12 y más adelante lo hace del izquierdo, porque estaríamos creando un tipo que se sostiene en vilo de casualidad. Y, ¿qué decir de las cicatrices en el rostro? Qué fatalidad, si el navajazo de una mejilla saltara a la contraria. Para evitar estos gazapos tan importantes que, con toda seguridad, el lector caza al vuelo, es preciso abrir una ficha a cada personaje de la obra en donde se va imprimiendo su perfil, además de detalles tan importantes como el tono de voz, la forma de reír y de mover las manos. El autor pecará de ingenuo si piensa que conoce muy bien a todos sus hijos. Claro, los conoce, pero cuando la obra lleva doscientas páginas y a ella siguen sumándose gentes y más gentes, cada cual con su personalidad y sus problemas, es muy fácil que escribamos que al mutilado de guerra le faltaban dos dedos de la mano derecha, en otra página le cortaremos tres dedos y en la siguiente solo uno. Por eso, no cabe duda de que, aparte de estas fichas personales, el mejor método es dejar reposar la novela varios meses y luego volver a leerla. Los errores se detectan con 31

mayor facilidad desde la distancia y con la frialdad que marca el tiempo. Por algo decía Horacio que las obras debían reposar siete años (aunque yo creo que se pasó). Otro punto importante que hemos de vigilar es el tiempo y el lugar en el que se desarrolla la historia y recordar que no siempre existieron los avances en tecnología, en mobiliarios, vestimentas, utensilios, etc., que hoy nos rodean. Hubo un largo periodo en que no se conocían la patata ni el tomate; otro más lejano en que nada se sabía de la gallina y, por consiguiente, el huevo. En las novelas históricas es donde más puede venir algún desliz, tanto más cuanto más lejanas estén de nuestro tiempo. Por ello, además del consabido trabajo de creación, tiene que haber mucho de investigación para aproximarnos lo más posible a nuestros antepasados. Si pensamos ubicar la novela en la mítica época micénica, habitado por hombres guerreros y casi dioses, apenas encontraremos referencias, dado que los pocos que sabían escribir lo hacían en tablillas de barro tierno que luego cocían y, como es lógico, muy pocas de esas tablillas han llegado a nuestros días. Todo lo que no encontremos en la Iliada y la Odisea de Homero y lo que podamos ver en los dibujos que adornan las cerámicas de la época (vasijas, platos, escudos), hemos de inventárnoslo y ahí está el problema. Y llegamos a uno de los apartados más engorrosos de la novela y es el de ponerle título. Esto no debería encerrar ningún problema porque no es tan difícil titular, ¿ verdad? Pues sí y mucho más de lo que parece. Hay que tener en cuenta que poner título a una obra es como bautizarla, darle la entidad que necesita para que pueda ser nombrada y recordada, una vez que el autor la finalice. Daniel Divinsky, de Ediciones de la Flor, dice: “Un título no hace que un libro se venda, pero hace que el candidato a comprarlo lo levante de la mesa”. Claro está que el título no hace a la novela. La prueba es que El Ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, Guerra y Paz, Cien años de Soledad, y tantas otras, triunfaron no por sus títulos sino por la maestría con que las escribieron sus autores. Pueden ser diversos y muy curiosos los caminos por los cuales se alcanza el título soñado. Para algunos escritores lo obtienen mediante una búsqueda que puede ser desesperante al ver que la novela, ya acabada, espera ese nombre feliz que no llega. En cambio, a otros autores les basta una palabra que oyen en cualquier lugar o lo adquieren entre las líneas de la propia obra. Algunos incluso son tan virtuosos que primero la titulan y luego rompen a escribir la historia, acorde con el título. No obstante, a pesar de cuanto se ha dicho, todo escritor sabe que titular bien o mal no es el problema más grave al cual va a enfrentarse. Hay otro mucho más importante y es el de la tremenda competencia que hoy día existe. La globalización ha 32

abierto tantas fronteras que las librerías están a rebosar de obras nacionales y extranjeras, de best seller que se suceden unos a otros, cada año, sin tiempo para leerlos. Da lástima encontrarse con estanterías y mesas repletas de obras a las que nadie presta atención y que, pasado un corto tiempo, son devueltas a sus autores. En vista de ello, para sobrevivir no queda más remedio que titular de la manera más incisiva, más provocativa, más original que los demás, para llamar la atención del comprador apático y conseguir que, al menos, “levante el libro de la mesa”. Pero, ¿Cómo llega un libro a la librería? ¿Cómo consigue el autor verlo colocado en la mesa central de un comercio y su nombre anunciado en grandes cartelones? Eso es un sueño que, salvo media docena de escritores de moda, la mayoría no lo consigue nunca. Lo habitual es que el libro se encuentre puesto de canto y perdido entre las largas y diversas baldas de las librerías; anónimo e inexistente para el público. Y es que ningún editor está dispuesto a gastarse miles de euros para promocionar la obra en medios y revistas; arroparla con presentaciones en diferentes ciudades, como suelen hacer en diversos lugares de los Estados Unidos de Norteamérica, donde el autor y el editor se unen para acercarla al público. Ambos saben que la novela es un producto que necesita (lo que ahora suele llamarse), marketing, si no quieren que ésta pase sin pena ni gloria. En España, los editores no arropan a sus autores. Solo les conceden una tarde de gloria: el día de su presentación para darse a conocer y vender, si acaso, unas pocas docenas de ejemplares a amigos y parientes. Pasado ese momento, lo olvidan y corren para captar otro autor y otro y otro, quienes tendrán la misma suerte que el anterior. Hace algunos años aparecieron las llamadas “editoriales de mujeres”, con el fin de ayudar a las creadoras a abrirse camino en el mundo literario manejado por hombres. Bajo mi punto de vista considero muy nefasto la separación entre el escritor y la escritora. Siempre he creído que ambos debían caminar juntos por la tortuosa senda de la literatura y no como competidores sino como obreros de las letras. Lo curioso es que estas editoriales femeninas, al igual que las otras, pronto se olvidaron del ideal para el cual fueron creadas y ahora no trabajan más que con aquellas autoras que hayan saltado a la fama. Entonces, a la vista de tantas dificultades y de lo inalcanzable que resulta llegar a la meta, y del nefasto panorama que se le presenta al novelista, ¿por qué escribe? Yo diría que por la necesidad que tiene de crear mundos de ficción que de no parirlos, los tendría toda la vida agitándose en su cabeza. También puede ser por la felicidad que 33

siente durante el proceso de creación; por la beuna empatía que llega a crearse entre él y sus personajes. Es tan intensa la compenetración del autor con sus criaturas que cuando la obra finaliza tiene la sensación de haber perdido a su familia.

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Ricardo García Fernández
(Ganador del IV Certamen de Poesía "Poeta Juan Calderón Matador") POÉTICA

Creo recordar que una poética es algo así como el conjunto de reglas que intervienen en la creación literaria de una época, autor u obra y me parece que se trata de una tradición bastante antigua… Me atrevería a afirmar que la más antigua en lengua castellana se titulaba Reglas de Trovar y pertenecía a Don Juan Manuel en el siglo XIV, ni más ni menos. El problema es que es tan antigua la pobre que ni siquiera se conserva y trovar (es decir, lo que es trovar), yo no sé si lo hago mucho. La primera sílaba de la palabra, de hecho, me suena muy poco poética. O quizá, ahora que pienso, deberíamos considerar aquella segunda estrofa del Libro de Alexandre, del siglo XIII, aquella del “mester traigo fermoso…” que tanto hemos repetido en clase y seguimos haciendo repetir, como la primera poética castellana. Esta es más antigua que aquella y, sin embargo, sí se conserva. Estas cosas suceden. Es curioso que en estos casos ninguno de sus supuestos autores se dedicase a la lírica y que el más antiguo ni siquiera fuese concebido como una poética ya que el concepto no existía todavía. Lo que más me seduce es que sin querer hacer una poética le saliera una. Así como si nada. A mí también me gustaría que me sucediera, pero no sé por qué extraña razón confío más en lo contrario: querer hacer una poética y que no me salga, a pesar de dedicarme a la lírica. No sé si habrá alguna relación en esto último…

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Me asaltan a la memoria otras poéticas más modernillas: las de los novísimos de la antología de Castellet en los años 70, por ejemplo. Fue él quien, rescatando lo iniciado por los cancioneros del siglo XV, puso de moda anteceder la obra de cada autor con su propia poética. Y hoy en día parece esto muy moderno, o muy posmoderno, no lo tengo claro porque siento que ya ha quedado todo en la esfera del pasado y ahí todo vale lo mismo. Las poéticas de los novísimos eran muy simpáticas. Hablaban de la música que escuchaban y de los póster que decoraban sus dormitorios. A mí me entran ganas de centrarme en los mismos aspectos. Si no lo hago, es por no adherirme a la materia pasada. Lo mejor es ser honesto y compartir los dilemas que se me presentan a la hora de escribir mi propia poética, que no son pocos. Muchos consideran incorrecto que un autor hable de su propia obra porque entienden que la obra se explica por sí misma. Yo lo he oído infinidad de veces y estoy de acuerdo. La obra es más objetiva, analítica y filológica que cualquiera de nosotros. Teniendo en cuenta esto resulta peligroso que yo escriba mi propia poética. Tal vez lo mejor sería volver a reproducir la obra a comentar y denominarla “poética” o, si no, recopilar la crítica que ha generado. El principio de “explicación por sí misma” no es extensible a los críticos. Ellos, de acuerdo con su condición, se limitan a recoger lo que la obra les dicta. Una cosa es que el autor hable de su obra y otra cosa muy distinta es que lo hagan los demás. No en vano se dice que la obra de un autor es su propia obra y su crítica. Sobre La mano que busca el despertador, el poemario que a mí me concierne, se han dicho y escrito bastantes cosas. Unas son positivas y otras no tanto, pero a mí me gustan todas. Que yo conozca, Julia Gallo le dedicó unas palabras en la entrega del premio y están publicadas en alguna parte de Internet. Rocío Santisteban realizó un análisis para la presentación del libro aunque todavía no está publicado. Víctor Zalalla describió este mismo acto en su blog. Jesús Murillo hizo una reseña para la revista Fábula. Y Fonso Salán escribió un rotundo epílogo que fue publicado al final del libro y sorprendió a muchos. En la presentación del mismo leyó un texto donde se retractaba de algunas de sus anteriores afirmaciones o, al menos, rebajaba su contundencia, pero se quedaron en la oralidad y el impreso de mano en mano… Yo coincido con lo que mi obra dicta de sí misma en algunas cosas y difiero en bastantes otras. Supongo que la controversia entre el autor y su obra es parte del juego. Lo que más me llama la atención es que lo que yo comentaría, sin lugar a duda, por su interés, no aparece expuesto por ningún lado. A veces barajo la disyunción entre su 36

ceguera o mi alucinación y me decanto por la primera opción porque todavía no he descubierto a mis poemas contemplándose frente a un espejo. Y cuando recuerdo aquellas ideas de que la obra, al ser creada, se desprende de su autor y cobra autonomía, pienso que no habría ningún problema en hablar de mi obra porque ya no es mía… Así podría contar todas las cosas que ella no alcanza a ver o no se atreve a contar. Si reprimo esta tentación es porque hacerlo sin detenerme en estas reflexiones me haría sentir el no sé qué de la Santa.

Por otro lado, si escribiera algo teórico sobre La mano creo que cometería una injusticia. Antes de ella hay más obra publicada en blogs, revistas y antologías, y también sin publicar. Quizá debería buscar el denominador común entre todos estos tipos de obra y exponerlo como poética para no caer en el agravio comparativo. El problema está en que hacerlo me ofrecería la impunidad de afirmar lo que quisiera sin oportunidad de comprobación por lo que respecta a la obra sin publicar. Y esto no sería honesto. Además, también hice muchas otras cosas que, a pesar de no depender del papel, también son susceptibles de poética. Si teorizar sobre lo publicado y lo que está

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sin publicar resulta problemático, yo no sé qué resultaría teorizar sobre lo que no está escrito ni publicado. Cuando leo las biografías de otros autores activo inconscientemente varios cálculos: el tiempo que vivieron, la edad en la que publicaron por primera vez, la frecuencia temporal con la que sacan a la luz una nueva obra y los éxitos que lograron a mi misma edad. Estos datos me hacen valorar si voy por el buen o mal camino. En el arte que implica la biografía detecto dos tipos de autor. Uno rellena folios y folios con referencias de dudosa relevancia y otro sintetiza su carrera, abrevia, sugiere y oculta más de lo que revela. Este último tipo de autor coincide con el que yo más admiro y lo imito con pasión, a pesar de poder sacar un monográfico de mis hazañas y podérmelo apuntar como un tanto más. Lo contrario me parecería un inmenso acto de egotismo propio de círculos a los que yo no pertenezco. Por esta razón no estoy dispuesto a soltar prenda, así sin más, y sin prenda, no hay poética posible. Dejando a un lado las pretericiones, para una elaboración apropiada de mi poética se me ocurre que, además de la crítica ya existente, se necesitaría que alguien recopilara la obra anterior a La mano, puesto que yo no estoy por la labor y en ocasiones dudo incluso que esté capacitado. Con este fin debería crearse al menos un equipo de investigación. La dificultad de la tarea no exige menos y una subvención gubernamental no le vendría nada mal para que no cundiera el desánimo. Su misión sería clara: reunir todos aquellos materiales ocultos de mi obra, ya sea porque no se publicaron, porque no están escritos, porque los escondo o porque no los conservo. Es posible que de este modo se encontrara aquella grabación de una de mis primeras lecturas en público: pura génesis en todo su esplendor. Una persona de las que recitó junto a mí tuvo el detalle de llevarse una grabadora para recoger la voz. Lástima que la paga de adolescente que yo recibía por aquel entonces no me alcanzase para hacer frente al precio que después pedía por prestar o copiar aquella maravillosa casette. Este equipo de investigación también tendría la oportunidad de conseguir aquella cinta de VHS donde podía apreciarse un peculiar método con el que ofrecer la creación poética ante un público. Una vez la tuve, la presté y la perdí. Aunque después de diez años sigo preguntando insistentemente por ella, soy incapaz de recuperarla. Esta cinta recoge una parte de mi creación que, aunque no está escrita, para mí no es menos importante que el resto. Estos materiales, entre muchos otros que no enumero para no caer en la elegía, aportarían un testimonio real y verídico de mi poética.

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Hay una cosa más que debería añadir por su importancia: hablar de La mano sin considerar mi obra anterior supondría la misma injusticia que hablar de ella sin considerar mi obra posterior: además de rozar lo cadavérico mostraría una capacidad creativa arrugada. Mi gran obra, de la que se desprenderá la mejor poética, está naciendo en estos precisos instantes. Cuando existen posibilidades es preferible hablar de los trabajos presentes o inminentes antes que de los pasados. Me refiero a versos que se deslizarán musicalmente hasta retumbar en las cortezas internas del cráneo y a un teatro de intensidad y de poesía actual que dotará al género de nuevos horizontes. Esto último se materializará, si no triunfa lo habitual, gracias a un grupo de gente cuya proximidad se inspire en la colaboración y no en la competición. Llegados a este punto, tal vez debería comenzar a redactar la poética esperada. Pero los dilemas son demasiados y el espacio ocupado pide ir concluyendo. Mis sospechas se han cumplido: queriendo escribir mi poética he conseguido no escribirla. Más bien me ha salido una no-poética. Así como si nada. En primer lugar porque no contiene ninguna poética. En segundo lugar porque, aunque la escribiese, faltaría la parte referente a mi obra anterior tanto publicada como sin publicar, e incluso sin escribir. Y en tercer lugar porque estoy convencido de no haberme agotado. No sé si sería pertinente terminar con una disculpa.

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Andrés R. Blanco
(Ganador del III Certamen de Microrrelatos de Cine "Arvikis-Dragonfly")

¡A POSITIVAR!
Responde este escrito al requerimiento que me hizo Javier Bueno para que hablara sobre mi relación con el cine en la revista “Raíces de Papel”, al haber resultado ganador del III Certamen de Microrrelatos sobre Cine Arvikis-Dragonfly. Tengo muy poco interesante que decir sobre cine, ya que soy un simple espectador. Ni entiendo mucho, ni he profundizado en su historia, en sus mecanismos internos, en sus procesos o en la interpretación de las películas. Cuando voy al cine me gusta disfrutar con la historia que me cuentan, nada más. Disfrutar quiere decir divertirme, emocionarme, soltar adrenalina, darme buenos sustos, asombrarme como un niño, reírme a carcajadas o, en alguna ocasión, muy pocas, sentirme elevado y salir de la sala con esa sensación de que el mundo está bien tal y como es (incluso con nosotros en él) y hay algo más allá de lo que somos capaces de percibir que no se puede expresar con palabras. Y no hablo de religión. Es en esas ocasiones cuando el cine se convierte en ARTE para mí, dicho así, con mayúsculas. Las otras muchas veces, sin restarle mérito, no es sino una buena forma artesanal de entretenimiento, un entretenimiento más o menos interesante, más o menos eficaz. Quizá esta manera un tanto “light” de percibir el cine es a la que responde el título que le he dado a este texto. “¡A positivar!”, eso decía –y repetía– el director de cine Ed Wood en la excelente comedia de Tim Burton con ese mismo título, “Ed Wood”, tras 40

rodar una escena con medios mínimos y muy poca exigencia de guión e interpretación. En su caso era para convertir el negativo de la escena rodada en película cuanto antes. En el mío, para darle un aspecto positivo a las muchas películas que he visto, ya fueran buenas, regulares o incluso malas. De la mayoría de ellas he extraído positivas sensaciones, ya sea por una reflexión, una emoción o el simple hecho de pasar un rato

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entretenido viendo cómo se desarrolla una historia e intentando alcanzar lo que el director quería contarnos, aunque en realidad no quisiera contarnos nada concreto sino simplemente entretenernos (tal y como pasa en mucha serie B, una serie B a la que tengo, sobre todo a la de ciencia-ficción, un gran cariño). Para seguir hablando sobre el cine de una manera sensitiva, hecho mano del pasado. La que recuerdo como la primera película que vi fue “El tesoro de los Nibelungos”, una versión italiana de la leyenda realizada en 1957 (el dato, así como el título, los he buscado y encontrado posteriormente). No recuerdo exactamente la edad que tenía (6 ó 7 años), pero fue durante unas Navidades, tiempo que yo pasaba entonces en Madrid ya que el resto del año vivía en Extremadura. Mantengo un vivo recuerdo de la escena en que Brunilda borda un aspa, en el traje blanco de Sigfrido, en el lugar preciso de su espalda que no fue bañado por la sangre del dragón. Y recuerdo el lanzazo traicionero mientras Sigfrido bebía en una fuente. Tuve malos sueños con esa traición durante días. Malos sueños que no fueron óbice para que desde ese momento sintiera la magia del cine y mantuviera durante mucho tiempo la fascinación y lo especial del hecho de acudir a ver una película. Sentarse en una butaca en medio de una gran sala oscura en la que te sientes pequeño, la gran pantalla iluminada delante de ti y la historia en que te metes de cabeza gracias al poder de absorción de esos elementos. Esa es para mí la primera y gran magia del cine: la de ser capaz de hacerte vivir la historia que te están contando simplemente por el entorno en que te hallas. Después, por supuesto y por añadidura, están los factores de la misma película que hacen que comunique más o menos, mejor o peor, contigo.

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A la singularidad de tal momento, en mis tiempos de niñez y juventud, colaboraban unos y otros cines. Ese carácter, esa estructura y decoración especiales que estimulaban el momento mágico. Recuerdo el cine Metropolitano, al lado de Cuatro Caminos, con sus accesos a la sala y al anfiteatro cubiertos de grandes cortinas. O el cine Pleyel, en la calle mayor, con sus finas columnas entre las butacas y espejos en las paredes. Cines con un carácter particular que han ido desapareciendo casi en su totalidad. Ahora se busca la funcionalidad más absoluta y las salas parecen simplemente cajas en las que uno se mete. Admito que no por ello se ha de perder la magia esencial del cine, la de vivir la historia que te están contando en la pantalla, pero no puedo sino echar de menos aquellos cines con personalidad y encanto.

Cine Metropolitano en Avenida de la Reina Victoria (Madrid)

El paso del tiempo y el peso de la experiencia no perdonan. Haber visto muchas, muchas películas (sesiones dobles tantas tardes de “novillos”, por ejemplo, en la sala más barata de mi antiguo barrio, el cine Montija –después Condado– también desaparecido actualmente) quizá disminuye ese sentimiento especial que mantuve durante mucho tiempo. Y es que creo que el cine ha dejado de ser algo mágico. A estas alturas se ha vuelto algo tan familiar y acostumbrado, tan repetitivo (con ayuda de la 43

televisión), que no deja de ser un entretenimiento más, poco valorado en su esencia, aunque sí valorado por su precio. Para mí, ir al cine, ahora, se parece más a leer un libro. No digo que esté mal o sea menos. Leer un libro también puede tener su magia, aunque distinta. Ahora, al cine, voy más ver la historia que me cuentan y cómo me la cuentan. Y quizá esa historia contiene, además, unos apartados técnicos asombrosos que hacer parecer real lo increíble. A pesar de ello, creo, se ha perdido ese carácter algo misterioso que antes tenía el cine. No obstante, incluso con estas últimas valoraciones algo negativas, sigo diciendo “A positivar”. Intento disfrutar al máximo siempre que voy al cine o siempre que veo una película en la televisión. Me gusta concederle a ese acto, ya tan acostumbrado, importancia y respeto. Nunca veo una película empezada. Si llego tarde a la sala de cine, no entro; y si cuando conecto la televisión la película ha dado comienzo, paso a otro canal o a otra actividad. Sé que en estos tiempos mucha gente ve películas a trozos, pero yo no soy uno de ellos. Tal vez por la fascinación que se ejerció sobre mí en los primeros tiempos de mi relación con el cine mantengo ese respeto básico. En cuanto al gusto por los distintos géneros, también soy positivo: no aparto ninguno. Tengo mi preferencia, que es el cine de ciencia-ficción. Sus elementos añadidos que no están presentes en, digamos, la vida del día a día, ese punto de fantasía, me resultan atractivamente estimulantes. A pesar de esa preferencia, sé que la magia del cine, la inmersión profunda en la historia, puede establecerse en cualquier otro ámbito, por supuesto también en la realidad más cotidiana donde la posibilidad de emoción supera al género fantástico. Otra de mis preferencias, de aporte muy distinto, son los musicales. Sin despreciar las grandes bandas sonoras que tan excelentemente acompañan muchas películas (¡Dios bendiga a John Williams!), el hecho de que se fundan música e historia le da un valor añadido tal vez porque la música tiene para mí un significado también especial. El gran espectáculo de los musicales del viejo Hollywood, de temas tan inocentones, y los menos inocentones y más actuales de Bob Fosse, me han hecho disfrutar mucho.

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Dibujo Internet del Compositor John Williams y su mundo Pero si cambio el término “preferencia” por el de “debilidad”, he de decir que mi debilidad principal, en cine, son las historias de amor, aunque éstas no sean necesariamente el motivo principal de la película. Basta con que aparezcan con un desarrollo secundario para que la película adquiera para mí un motivo de deleite más… (el punto romántico que uno tiene). Y después de esta última confesión creo que no me queda más que señalar, a modo de anecdotario particular, algunas de las películas que más me han gustado y que me impresionaron especialmente. Tengo que empezar por “Blade Runner”, de Ridley Scott. La vi a los pocos días de su estreno en Madrid, en el desaparecido cine Avenida, una tarde de diario. Recuerdo que en esa enorme sala sólo estábamos 4 ó 5 personas. La historia, la música, la poesía… Salí impresionado. Aquella tarde la magia del cine tuvo para mí un carácter total. “2001, una odisea del espacio” es otra de las películas del género ci-fi que tengo que remarcar. Con algunas escenas antológicas, siempre supone para mí un reto de carácter intelectual. Del mismo género lindando con el terror, “Alien, el octavo pasajero”. La teniente Ripley forma parte desde entonces de mi plantel de personajes cinematográficos míticos. Y lo mismo Han Solo y compañía. Volver a ser niño cuando uno ha dejado de serlo es algo que tengo que agradecer especialmente a

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George Lucas, así como a Spielberg, al bueno de E.T. y al más famoso arqueólogo aventurero del mundo: El Dr. Jones (y Dios bendiga una vez más a John Williams, que tan bien acompaña). Del género de puro terror, “La noche de los muertos vivientes”, rodada en blanco y negro. Me llevó a verla un primo mío, mayor de edad, al cine Rex (otro desaparecido). Tenía yo 15 años y pasé tres noches sin poder dormir sumido en el más profundo de los terrores. Saltando al género de intriga o policiaco, guardo muy buen recuerdo de varias películas de distinto tono. Los clásicos “Con la muerte en los talones” y “Charada”. Me alcanza la misma diversión aunque las vea repetidas veces. Posteriores a ellas “Harper, investigador privado” y “La noche se mueve”, con sabor del más puro y clásico género negro. Por supuesto, la saga de “El padrino”, que es cine total.

Sigo con el anecdotario y menciono las dos películas –que recuerde– que me han provocado más congoja: “Esplendor en la hierba”, esa historia de vidas fracasadas –un amor sin resolución– y “Las bicicletas son para el verano”. No hay futuro para los perdedores.

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“El club de los poetas muertos”. Y no digo nada más, sólo recordar “oh, capitán, mi capitán”, se me humedecen los ojos.

Imagen del film “El club de los poetas muertos” copyright propiedad de la productora Historias de amor, de distinto signo, como “Los puentes de Madison”, intensa y real, y la fantástica, fresca y poética “Amèlie”. Y hablando de fantasía (y también una historia de amor) anoto una película que he visto no hace mucho y no en el cine sino en la televisión “Big fish”, de esas que te hacen sentirte feliz y a gusto con el mundo. Fantasía y poesía se unen íntimamente en “Eduardo Manostijeras”, de Tim Burton, otro director con el que suelo entenderme. He de mencionar obligatoriamente “El mago de Oz”. Fantasía y musical reunidos que, en definitiva, han provocado que yo esté escribiendo estas líneas. No suelo ver cine del llamado “de arte y ensayo”, pero recuerdo con cariño y admiración la serie “Cuentos de las cuatro estaciones” de Eric Rohmer. Una puesta en escena tan frágil y sencilla, pero tan directa y eficaz, difícilmente igualable. El mundo del “western” es un mundo propio del universo del cine con estrellas rutilantes. Clásicos antiguos vistos en la infancia y la juventud como “Raíces

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profundas” o “Solo ante el peligro”. Y clásicos actuales como “El jinete pálido” y “Sin perdón”, ambas dirigidas y protagonizadas por Clint Eastwood. Quién iba a decir que aquel joven vaquero sin afeitar y con el puro en la boca que veíamos en los “spaguetti” se convertiría en un clásico, maestro indiscutible en distintos géneros cinematográficos. Y termino con el género musical. La impresionantemente coreografiada “West side story”, tragedia musical que a nadie deja indiferente. “Amadeus” –creo que puede considerarse un musical– me hizo salir elevado del cine, por su música, y creo que también por esa frase final de Salieri en el manicomio y que a tantos (aunque todos seamos únicos) nos toca: “Mediocres del mundo, yo os absuelvo”. (No es el caso de John Williams, claro, él no necesita absolución). Y por último, una película que he visto cientos de veces… (sí, vale: exagero). Es un musical, es una historia de amor; y además es sobre el cine mismo. Y le hace a uno cumplir con su destino en este mundo porque, ¿no hemos venido a este mundo a ser felices? Ya lo imaginan: “Cantando bajo la lluvia”. Antidepresiva total. Mejor que el Prozac. Mejor que el chocolate. Tanto como la pelea –a espada y diálogos– de Westley e Íñigo Montoya o el beso final de Buttercup y Westley en “La princesa prometida”… Curioso: He vuelvo a ser un niño. Deben de ser cosas del cine. ¡A positivar!

Imagen propiedad de la productora 48

Antonio Costa Gómez

ALBERT CAMUS, LA REBELDÍA LÍRICA

Se cumplen cien años del nacimiento de Albert Camus. “Oh alma mía no aspires a la inmortalidad,/ pero agota el campo de lo posible”, dice Camus citando a Píndaro al comienzo de “El mito de Sísifo”. Muchas tiranías nos roban la vida posible. Por eso Camus mantuvo su obstinación y su rebeldía. Y sigue más vigente que nunca, él defiende al hombre más allá de las barbaridades de la Historia. Afirmó el lirismo contra la Historia. Otros se encerraban en ideologías, cedían su personalidad a los partidos, él nunca entregó su independencia. Para mí “El hombre rebelde” es como una Biblia. La revolución es sustituir un sistema por otro igual de deshumanizado, la rebeldía es defender al hombre contra todos los sistemas. Es defender la vida , con sus contradicciones, con sus paradojas. El mundo es absurdo, dice Camus, ya no tenemos dioses, nada nos guía. No hay inmortalidad, solo tiempo. Todo lo que hacemos es inútil. Pero nuestra grandeza está en vivir a pesar de todo, y vivir hasta el final. Contra la plaga, el cura de “La peste” habla de resignarse, pero el médico defenderá la vida de cada persona hasta el último instante. Camus es un Dostoyevski sin Dios. Defiende la vida contradictoria contra las abstracciones de la ciencia, el lirismo desesperado, las emociones, el pulso. El sentido de la tierra que quería Nietzsche, nuestras bodas con la tierra como él dice en “Bodas”. Más verdad que los átomos, dice en “El mito de Sísifo”, son “ciertos crepúsculos en que el corazón se dilata”. Es decir, la poesía y la pasión. Por eso se proclama humanista, no existencialista. Y hay que rebelarse en 49

nombre del hombre. Contra la metafísica, contra los sistemas, contra los esquematismos asesinos. Contra los gulags estalinistas. A otros, por beatería progre, por no perder la tribuna, no les interesaba denunciar los gulags. Pero él lo hace antes que nadie, desafiando todos los alineamientos. Igual que defiende a Argelia contra Francia. Se niega a que se maltrate a un solo hombre. A veces llega a ingenuidades idealistas como defender un pacifismo alucinado en vísperas de la invasión de Francia por los nazis. El mundo es absurdo, dice, pero hay que seguir viviendo. Esa es la tragedia moderna, como la concibe Jaspers. La vida se la vivirá mejor precisamente porque es absurda, afirma. Hay que imaginar un Sísifo alegre, dice. Levantar la roca una y otra vez. Hay una gallardía en la vitalidad de Sísifo contra el destino ciego. Hagamos que el morir sea una injusticia, decía Unamuno. Defendamos los límites, lleguemos torrencialmente a ellos. dice Camus, pero

Albert Camus (1913-1960)

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GRAFOLÓGICAMENTE HABLANDO

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Nuria Sánchez

PASEO POR LA HISTORIA

Cuando Emilia de Vars, en su Historia de la Grafología, atribuye, tanto a Aristóteles como a Dionisio de Halicarnaso (historiador griego que murió hacia el siglo VIII a.C.), o al poeta Menandro, frases, aludiendo al conocimiento de la personalidad por medio de sus escritos, no se imaginaba el desarrollo posterior de los estudios e indagaciones sobre Grafología. Las diferentes escuelas grafológicas existentes en el mundo, analizan los manuscritos con los mismos parámetros y normas establecidas a raíz de las investigaciones realizadas hasta la fecha; asimismo, dentro de cada una de las escuelas, se estudian las diferentes especialidades que a continuación describo, entre las que destacan: Grafotecnia: Ciencia general del grafismo. Grafología: Estudio del carácter de las personas a través de su escritura. Grafonomía: analiza las características, exclusivamente gráficas del conjunto del manuscrito.

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Grafoterapia: Curación o mejora de diversas patologías con determinados ejercicios gráficos. Grafología infantil o paidografía: Grafología aplicada a los niños; muy útil en el aprendizaje y para saber su evolución. Grafopatología: a través del estudio de la escritura, es posible definir determinadas enfermedades y dolencias. Diplomática: Estudio de los documentos antiguos. Paleografía: Se estudia exclusivamente la escritura antigua, en lugar del tipo de papel utilizado. Criptografía: Escritura en clave Pericia caligráfica: Es el arte o ciencia del cotejo de varios manuscritos para determinar su autenticidad o falsedad. Grafoscopia: Se utiliza para fines identificatorios. Grafística: Para resolver contenidos y soportes en el ámbito judicial. En el caso de la Escuela Alemana de Grafología, el médico pediatra, Profesor de Fisiología y Grafólogo, Guillermo Thierry Prever (1841-1897), publicó en 1895 “La Psicología de la escritura”, esta obra ha quedado como una curiosidad histórica, para conocer el método de los análisis grafológicos de hace más de un siglo. El Doctor Prever, como pediatra, investigó sobre la Grafología infantil, demostrando que los garabatos y monigotes que hacen los niños, tienen un gran valor grafológico. Igualmente, en el aspecto infantil, los estudios se han ido ampliando a lo largo del tiempo; ha ocurrido lo mismo, en cuanto a la Grafopatología, como 53

herramienta de la Psiquiatría para determinar, a través de los dibujos y trazos gráficos, el establecimiento de diagnósticos y el seguimiento continuado de las distintas fases de la enfermedad. Rafael Schermann, Grafólogo vienés, empezó a ser conocido en 1912, por ser el pionero de la psicografología, descubriendo que la escritura de un muchacho rebelde, era diferente a la de un chico dócil. Hizo estudios comparativos de los escritos, relacionándolos con el temperamento y los movimientos somáticos de los escribientes, es decir, entre los movimiento físicos y los gráficos. Es sabido y contrastado que, de lo más hondo de nuestro subconsciente, emana nuestro impulso con poderosa fuerza, mostrando las tendencias innatas o adquiridas, lo sublime y lo instintivo, el yo y su mundo. Vuelvo a mencionar a Schermann, destacando los trabajos que realizó en los tribunales de justicia alemanes; publicó el libro titulado: “La escritura no miente”, que se agotó hace unos cuantos años, y no se ha vuelto a reimprimir.

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Una vez situada en la Escuela alemana, y por la proximidad de las fechas con estos dos investigadores, analizo la personalidad de Adolf Hitler, una de las figuras más complejas de la Historia, nacido en 1889 y Presidente y Canciller de Alemania entre 1933 y 1945; llevó a Alemania al Tercer Reich, y la dirigió durante la Segunda Guerra Mundial, con los planes expansionistas que todos conocemos. Al margen de sus hazañas bélicas, sus errores y horrores, resulta llamativa su afición a los libros, que leía de forma voraz, haciendo anotaciones a pie de página, con comentarios y exclamaciones. Igualmente su afición a la pintura, de la que se conocen algunas obras. Poseía una importante biblioteca personal con muchos clásicos en sus estanterías: El Quijote, Robinson Crusoe, todas las obras de Shakespeare, del que era apasionado, así como obras religiosas, espirituales, militares, esotéricas y como no, antisemitas. Era seguidor del filósofo alemán del siglo XVIII, Johann Gottlieb Fichte, del que tenía sus obras completas, así como de Neville Chamberlain, político conservador británico que pretendía salvaguardar la paz mundial, cediendo a las exigencias de Hitler; sostenía la tesis de que Jesús era de sangre aria y no semita. A continuación muestro una síntesis de la personalidad de Adolf Hitler, realizada a través de manuscritos aparecidos en diferentes páginas de internet; con las limitaciones propias de este medio, y no disponer de escritos originales a la hora de realizar el análisis grafotécnico; no obstante, sí se aprecia el tamaño, dirección, inclinación de las letras, su forma, clasificaciones, firma, etc, permitiendo de este modo aproximarse de manera certera a su psicología.

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MANUSCRITO DE ADOLF HITLER

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TARJETA POSTAL ESCRITA POR HITLER

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BREVE ANÁLISIS GRAFOTÉCNICO

En el aspecto intelectual, Hitler, poseía una rápida asimilación y captación del sentido de las ideas; era notable su gran riqueza de conocimientos. Persona metódica, y más observador de los detalles, que del conjunto. Su aprendizaje, de forma autodidacta, le lleva a una inquietud por temas de culto, tanto de forma imaginativa como en sus realizaciones, en los que prevalece también la preocupación por los asuntos de tipo místico o filosófico, pero de una manera febril, predominando más la razón que el corazón. Tenía don organizador y de mando, si bien, precipitado, y se imponía a los demás con vehemencia y subjetividad, lo que mermaba ese dominio de la autoridad. Su ambición y ferviente deseo de alcanzar honores, aumenta su carácter depresivo, que a la vez, le impide alcanzar las metas que se propone. Su acción, le llevaba a anticiparse a los hechos y a tomar rápidas decisiones, cuando el momento lo requería, perseverando en la ejecución de los propósitos, con terquedad,

y sin ceder a las instancias y razones de los demás, contra las que se muestra inflexible. En este sentido, manifiesta un anhelo por inculcar a los demás las propias creencias o convicciones, y lo consigue, dado su espíritu dominante. En su personalidad, la grafía, destaca su intransigencia y crueldad, sobre todo cuando se trata de conseguir sus objetivos.

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De carácter reservado e impenetrable, pero apasionado en las cosas que le gustan, y, en ese caso, las pone por las nubes; demostrando un desorden emotivo. En su interior, y de forma muy acusada, denota una naturaleza enfermiza y débil, con tendencia a una melancolía y pesimismo, que no logra vencer. La intrepidez u osadía preside sus actuaciones, así como los malos cálculos, los cuales le hacen entrar en cólera cuando no obtiene los resultados que se propone; siendo notorio, por otro lado, su egocentrismo y vanidad. Su profunda reserva, pudo tener origen en una frustración o trauma vivida en la niñez o adolescencia, lo que desembocó en unas tendencias negativas, entre otras cosas, por falta de confianza en sí mismo que le provocaba, por otro lado, una inadaptación al mundo circundante.

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POESÍA

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Julia Gallo Sanz
(Ganadora del I Certamen de Poesía "Poeta Juan Calderón Matador")

AMOR, ESA EBRIEDAD CONSTANTE… Tan inherente al hombre se consagra en siervo de la piel, dios en el fuego de homenaje a la vida y se renueva por voluntario empeño de la llama. Agro de vid, circunscripción de pulpa donde los huesos aman al rescoldo en el designio fiel de aprehender la dicha, su timón, ser florecido mayo en cada erial y abanderar la torre de la casa. Trascendido el preludio de los ojos, la réplica al espíritu da vida a la substancia y existir tiene nombre, la carne ya no es materia de necrópolis y duelo.

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Se ofrecen los racimos para el lagar más dulce de la sed en ebriedad constante. Por amor escabulle su estirpe de ceniza. Ahora fiesta de nupcias y azahares, múltiplos del origen. Y cuando amar arroba, no hay pavesas que cieguen la visión, ni cielos empañados, ni imposibles, ni lecho sin la siembra en cada surco labrado con los cuerpos al soslayar mugrones. Entonces la codicia de la carne multiplica querencias en hambre de apareo; abarca cada orilla y angostura sin que pueda la sombra deshacer la lazada, transformar lo que es dicha en abrojo.

En este territorio de badana y sentidos, la uva es ofrenda de la viña, en firme eucaristía, el nidal de la nuca, alborozo de cuantas avecillas enjambran la epidermis ungidas por la huella 63

de táctiles veredas; ofertorio y espasmo, en voto consagrado al vértigo del cuello, de la oreja, la frente, el otero de los hombros, la yema del ombligo, las colinas, peristilo de muslos, la loma de la espalda, fortín donde se erizan las pasiones del cabello a los pies. Sobre el polvo nos ciñe en principio de fruto, y el agraz nos devuelve a su edén, vendimiadores.
(I Premio “Soledad Escassi” 2012 Grupo de Poesía del Aula de Encuentros en el Círculo de Bellas Artes)

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Blas Muñoz Pizarro
(Ganador del II Certamen de Poesía "Poeta Juan Calderón Matador")

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A veces ha llegado la verdad a mi puerta, como si fuera el mar desnudo de mi infancia; con el temblor antiguo del proscrito que vuelve... y el niño que yo fui la ha entreabierto, llorando.

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CON qué cuidado sumo hemos vigilado todos

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en esta casa bendecida por diez generaciones el jarrón veneciano que alguien trajo hace siglos. Cerrada en su interior, Pandora espera exangüe.

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Raquel Vázquez
(Ganadora del III Certamen de Poesía "Poeta Juan Calderón Matador"

LLUVIA NUCLEAR Una escalera de caracol se abre en el cielo; la tierra se engalana con su astillada alfombra para la recepción de la lluvia nuclear. Un capítulo más tras aquel esperable éxodo, cuando el vacío comenzó a olerse en cualquier parte. Los huesos no podían prosperar en la espuma que en sueños tiembla, y ahora el imperfecto lamento de hormigón -tan yermo, tan inútiljuega a alternarse en la sombra con las lágrimas contaminadas que las nubes desprenden, antes de que alcancen la soledad de los charcos. Y para que los paraguas, si una leve caricia entre dos gotas los desintegra y se consuma así la ausencia de inarmónicos.

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Por tanto, el cuerpo ya se encuentra bañado en radioactividad así que no podrían ser nunca relevantes los sucesivos regresos al sucedáneo de Chernóbil -allí donde los buitres de vidrio ennegrecen lentamente su mirada-, una ingenua tentativa de violar las alambradas del tiempo, un vuelo sin alas que se pierde en las piezas del desguace, como si fuera posible retornar de la madeja desmenuzada aquellas letras en cirílico que impresas en un eterno presente se esconden incomprendidas tras la puerta.

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Ricardo García Fernández
(Ganador del IV Certamen de Poesía "Poeta Juan Calderón Matador"

ANACREÓNTICA
Esas casualidades de la vida, que suceden a veces, te han traído hasta mi casa. Así que al fin estamos tú y yo solos bebiendo a media luz. Mientras narras tu infancia y tus proyectos no dejo de sentir la atracción de tu piel. Creo que es el momento de quedarnos completamente a oscuras y bailar en medio del salón. En un instante te quitaría la ropa o me desnudaría... si no fuera a quedar como un imbécil. Ahora gas mencionado algo

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sobre una relación tuya y tenemos nuestros vasos vacíos. A mí me daría igual un romance de amor o una aventura de lujuria y pasión , porque contigo quiero lo que conmigo quieras. Estoy por invitarte a que bebamos del secreto invisible de esta noche, pero una sensación adolescente me dice que es mejor beber más whisky.

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José Pejó Vernis
(Ganador del V Certamen de Poesía "Poeta Juan Calderón Matador")

UN CUENTO DE LUZ
-Papá, cuéntame un cuento, pero de trasgus ¿eh? -¿De trasgus? ¿Y cómo son? -El trasgo es verde hiedra, algo borroso y, a veces, gris, o rojo, o amarillo, alegre y quisquilloso, siempre un trasto de estreno. Salta, haciendo piruetas altas, de sombra en sombra, y, en los árboles, va de copa en copa. Le gusta andar haciendo volteretas, con un pie toca tierra, y con el otro, el cielo. -¿Y mueve el aire? -Sí, ¡es un torbellino! -¡Ah!, pues ya sé cuál dices. Una vez me contaron que lo vieron pasar, igual que un pájaro,

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y que perdió una pluma, o la dejó caer… -¿Sí? -Sí. La pluma, luminosa, caía lentamente y, en su vuelo, desprendía chispillas de color limón fosforescente, eso decían. ... “Un día, tarde, cuando ya anochecía y el cielo ya pintaba sus estrellas, un hombre llegaba a una cabaña en medio de un gran bosque; al acercarse, a la luz de un farol, como una luna colgada en la fachada de madera, le pareció que había movimiento y que alguien habitaba, en su interior. Por un momento, entonces, recordó la ardilla, la lechuza y el resto de animales, habitantes del bosque que, poco antes, cruzaron, a su paso. Al llamar a la puerta, alguien le abrió preguntando: ¿quién es?, ¿qué necesita? El hombre dijo: busco al leñador que escribe cuentos; por casualidad, ¿no habrá visto algún trasgo, deambulando por las frondosidades de este bosque? (Tenía que encontrar al leñador que supiera escribir cuentos de luz, pero, también, saber si había visto trasgus en el bosque).

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-Soy Juan, el leñador, le respondió. El leñador, en tanto, parecía contento. El color de su cara reflejaba alegría, igual que un pez que estrena aletas nuevas y agua limpia, aunque más parecía, por sus brazos y su tamaño, un oso sonriente.” ... -Aún no me has contado qué pasó cuando llegó la pluma al suelo. -La pluma con sus luces iniciales edificaba olas que crecían y rodaban, como un caleidoscopio. Las flores eran ojos con pestañas, y los pétalos se abrían como párpados, haciendo guiños; el aire se llenaba de sonrisas voladoras, de mímicas alegres, igual que lamparillas minúsculas aladas; las hojas de las ramas se rizaban en los árboles, y los pájaros cuco con su pico enhebrado con hilos de colores se cosían botones celestes al pijama. Todo se iluminó, como un arco iris grande. Era la luz de la felicidad. -¿Y cómo es esa luz? -Una luz que ilumina la cara de la gente cuando es feliz. 73

Hay palabras con música, que tienen esa magia y encienden las antorchas que disipan las brumas; son las llaves de la felicidad, y si tú las pronuncias, la felicidad llega de inmediato. Entonces, todo aquello que contemplan tus ojos se ilumina y tu rostro resplandece de igual manera. Y, eso es lo que pasó cuando la pluma, chispeante, llegó a tocar el suelo con su nieve de luces. Después, todo quedó en su dulce calma. Se trata de que estés en el momento y en el sitio apropiado, pero de las tres cosas..., lo importante es estar. -Y ¿cuáles son esas palabras mágicas? -Llegan solas, y solas se pronuncian. Flotan cerca, muy cerca de los labios. En su luz, amaneces, y en su luz acuestas tus plegarias, tus sonrisas, tu esperanza, tu paz y tu felicidad. ... -Te quiero, papá —me responde, dulcísima, 74

al tiempo que su cara se ilumina—.

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Alfredo Villaverde

UNA MAÑANA DE MAYO EN VENECIA Esa madeja de luz tu primavera. Se mostraba desnuda en el Canal, hecha de transparencia entre la ciénaga para lamer el liquen de la piedra y besar las arcadas de palacios, las iglesias de altivos campaniles y las sobrias barcazas de transporte. Esbelta refulgía entre las góndolas y se dejaba ir Dogana abajo hasta morir en brazos de la arena allí donde la mar su abrazo vuelca. Y todo era bruñir en el mercado la plateada espalda de los peces, los matices gloriosos de las frutas que sirvieran al ojo del Tiziano. Jugaba con el sol y se teñía

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de rosáceos violetas, de verdes en sazón, de amarillos traslúcidos en el rostro gentil de las doncellas y en la grave piedad de las matronas que al pasar nos miraban envidiosas del gozo que sentíamos. Y todo era huir por las callejas, saberse desgranada por las sombras de soportales ciegos como si la mañana se durmiese en el frescor de las fachadas mustias que en su interior cobijan la historia de tus siglos de opulencia. Lo demás fue tu risa en aquel bar al salir de San Rocco. En tus pupilas ardía el resplandor del Tintoretto y andábamos en brazos de Vivaldi con música de espina y clavicémbalo. Yo pedí un café frío y de repente un gorrioncillo se plantó en mi mano, picoteó sin suerte, lastimero en busca de calor y de alimento. Tú reías feliz y en ese instante la luz fue madurando los colores de un lienzo que Canaletto hubiera pintado sin remedio: La piú bella donna de cabello rojizo y su avecilla con el enamorado trovador que aquí la admira. Sonaron la campanas del ocaso 77

y el corazón deshizo nuestro cruel suspiro por el sueño que aquí nos revestía de sueños y oropel apasionados. La madeja de luz se fue alejando, furtiva se derramó en las sombras y una lágrima vino desde el muelle para anunciar la hora de partida.
(Del libro "La luz de la memoria" 2010)

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Teresa Berenguer

ESA LLUVIA DE ESTRELLAS (A Leopoldo de Luis) Te fuiste mansamente, sin alardes, como quien cambia un dato en el archivo porque así era tu forma de enfocar la existencia y nos dejaste aquí, pendientes de tu gesto, con la esperanza de volver mañana para escuchar tu voz una vez más. Queríamos formar en torno tuyo un corro de cariño para aplazar tu marcha, una valla de brazos protectores, con ganas de decir "espera un poco" porque soplaba el cierzo de noviembre y había más amor en tu presencia viviendo la verdad de tus palabras. Es Navidad, y hay eco de campanas que vienen a alegrar los corazones. Lo nuestro es caminar un poco tristes porque ya no podemos abrazarte ni escuchar tus consejos siempre a punto.

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Seguro que podremos encontrar tu morada cuando al fin descubramos esa lluvia de estrellas que te sigue incansable por las rutas del verso.

Leopoldo de Luis

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Juan Manuel del Pozo
GARCILLAS
Un enjambre de picos desolados, sobre cuellos de garza establecidos, por el hambre caminan perseguidos y se esconden del hambre en los labrados. Fervorosos, detrás de los arados, de arcangélicos hábitos vestidos, laborean los surcos esculpidos con la fe de los monjes descalzados. Sus “azadas”, de usarlas carcomidas, a la tierra le horadan los costados y en maná se convierten las heridas. Y el enjambre de picos desolados pone rumbo -en la tarde- a sus dormidas, con el hambre y el vuelo sosegados.
Premio de Poesía, Nivel Nacional, VIII Certamen Literario de Poesía y Relatos Cortos “Antonia Cerrato” (Santa Amalia, Badajoz, 2012)

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Mónica López Bordón

UNA MUJER ESCRIBE ESTE POEMA Encontré la vida hundiendo la huella desde ese azul luminoso que abre las ventanas. Observo y me encuentro a mí misma en la mirada de otras mujeres. Escribo. Me dejo llevar por la palabra "ahora", instante que abre los ojos y me estremece, me sorprende el paso firme, ágil, como esa boca que besa, que se funde con el viento y se va. Os confieso que esta vez moriré en algún verso, cuerpo y alma entregados en tantas caricias encontradas. Una mujer escribe este poema.
*Poema del libro "Una mujer escribe este poema". Ed. Playa de Ákaba

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Manuel Rodríguez Ibáñez
EL REO
(In memoriam Miguel Servet) Despojado de su honra por completo desde el banco inquisidor del Santo Oficio, niega firme, con razones y principios, el Ser único de Dios en tres sujetos. Delibera exponiendo su alegato, pretendiendo liberarse de la pena. Sutilmente, afilando las palabras que cincela cuando salen de su boca, reivindica con arrojo y valentía, el sublime albedrío de conciencia. La tensión se agudiza y su oratoria, se convierte, al batir, en fina espada. No hay razón que condene al inculpado. Su delito, la insolencia del hereje que se enfrenta con el clero soberano. Imagina la tortura que le aguarda, porque advierte con tristeza que los jueces

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inclementes, han fallado de antemano. Los poderes escarnecen sus derechos y Miguel es ya reo de la hoguera. Se enardece con orgullo frente al fuego, con honor, planta cara a su condena y recobra por entero su dominio para ver el frío rostro de la muerte. ---------------------------------------------Esta vez un científico notable, un teólogo eminente y reflexivo, ha caído como víctima inocente del poder opresivo de la Iglesia. Entretanto…, el de arriba condesciende con quién pinta su fachada de pureza.

Imagen Internet (Miguel Servet)

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Paloma Fernández Gomá

RÍO DE LA MIEL
Ibn-Abi-Ruh te cantase en noches de primavera cuando el canto del ruiseñor despertara su sueño junto a tus aguas imantadas de cristal, en el reflejo de la tarde que experimentaba sus últimos destellos en la orilla que te habitó. Miel de agua en tu cauce de río hacia el mar, pebetero de todas las miradas en la inmensidad del Atlántico que busca el agua mediterránea para hundir su húmeda clámide en inmortal abrazo vertiendo todas las corrientes en el profundo cuenco del Estrecho, donde las olas se hacen cosecha de espuma en el solivianto de sus noches. en aras del perfume del amanecer sobre las playas purificadas en la sal de las dos orillas, buscando el solsticio del amianto, las ráfagas calientes del levante que nos une en una estela de sombras y luz sobre el cauce lento del tiempo que nos ha cruzado tantas veces 85

desde la sima de nuestros ruegos, en la desventura de los que naufragaron y en el áloe caliente que nos habita desde la conciencia de una era nueva que fragüe nuestra unión. El hálito del tiempo secunda las mareas desde el cabo Malabata hasta la bahía de Algeciras, desde Río Martín hasta Punta Paloma. (Del libro Acercando Orillas)

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Antonia Cerrato Martín-Romo

MUJER, NI MÁS NI MENOS
(Para Luisa Galán, Mari Cruz Amaya, Dolores Romo, Tony Rubia y Amalia Mangas: por su sonrisa, apunte imprescindible en mi libro de recetas.)

Las mañanas se transforman a veces en un enorme aeropuerto donde aterrizan sin previo aviso aviones desviados de sus rutas. Invaden la cocina, allí donde el laurel y los ajos viajan en clase turista mientras miran con envidia al aceite y a las almendras. Azafates de porcelana, temblando entre las manos , anuncian las judías, destino estrella de este invierno. Quieren consolarnos las acelgas, prensa diaria que nadie apetece, porque hay un murmullo desinquieto como fantasmas de vacaciones, que nos avisa en un acto heroico de honradez que recojamos el equipaje de mano.

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Así es mi cocina, una cinta de maletas anónimas que alguien olvidó recoger, _no sé si eché sal a la ensalada…._ Un beso enorme de reclamaciones en este apretado calendario muchos recuerdo a la familia… regalo inoportuno olvidado en la alacena. Así es mi cocina, huelga de pilotos y controladores frutero de vuelos cancelados mas a pesar de todo, paraíso por descubrir y compartir.

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Bolo García

2 AZARISTMOS
Camino en círculo, no alcanzo tropiezo. La culpa, marca en la ventana que no mira. (Inéditos)

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Francisca Olmos Comino

Eres,
mi ilusión, mi deseo, mi perdición. Eres el reloj, que late en mi corazón. Eres la melodía, de aquella canción, que cantaba sentada, en la butaca de tu habitación. Eres, mi delirio, mi sueño, mi pasión. Eres el aroma de mi jardín, eres poesía para mi. Mi Hija.

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Maribel Alonso

DESGUACE
Los he tomado de la calle, aquí Los tengo mirándome Son pacientes y callados De reojo esperan mi respuesta ¿Qué vas a hacer conmigo? Yo no sé qué contestar Y tampoco nada les planteo Solo sé de su esperanza Por el modo de llorarme la madera Tan vieja y carcomida Tan llena de gusanos Que nadie la quiere; Son simples objetos de desecho Que infectan el ambiente Arrancados de su hábitat Recuperados para la vida. Escucha su experiencia De madera atormentada Y su piel, que tiene todos los desahucios

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Incrustados en las venas; Irreversibles las secuelas Que dejan clavos y martillos Que tratan de transformar Sus almas de árbol en el mueble Que ahora desluce la sala de tu casa. Después de su desguace Nadie quiere mantenerlos Así somos.
(Del poemario “Elogio de la sangre”)

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Paqui Quintana Vega

¡QUIERO SER COMO LA TIERRA!
¡Quiero ser como la tierra! ¡Renovarme en los despojos, en las propias cicatrices! ¡Horádenme las raíces, aunque alimenten rastrojos! Pido así, con fe y de hinojos: ¡Quiero ser como la tierra!

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Francisco Ollero Lobato

PLAYA
En la playa sólo pesan la luz y el agua. Los montes de arenas se definen con las formas soleadas, y las aguas y el cielo se confunden en un gran desierto inverso. Mientras se amontonan los deseos con la arena, se hace el relieve de las cosas y levemente sueñas con una sucia casa abandonada, un perro y la brisa. Abiertos están tus labios, y dulces como el salitre en otra piel; aunque lo has vivido otras veces, el recuerdo está ausente, vivo solo en un corto rasgo de la memoria. En un planeta duro eres concha o piedra hecha sólo de sombras. Sobre el mar se conoce el horizonte; un barco balbucea suavemente, se diluye por entre la leve curva azulada de la Tierra. Las palabras se agotan y con el tacto se habla. Los amantes se sonríen entre promesas, y un pájaro deja al amor el augurio de su término.

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Javier Castán Usieto

... Y este traqueteo de la gotas
en los tejados, monótono y constante, no instiga a los instantes a destacar sobre sus otros. Ritmo neutro sin melodía, descolorido cielo gris pálido como los crápulas. Caen los segundos aburridos sobre los charcos de horas, y quiero salpicar la tarde con botas de niño, como si bastase cantar bajo la lluvia para ser feliz sin preguntarse cómo. Calcé un día un 40, orgulloso, sin saber

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que de los ‘¡plash!’ porque sí, jubilosos, se pasaba a vivir en función de un tictac desconcertante. Solo hubo un paso fatal. Ahora hay que andar porque sí, tras el tiempo por caminos invisibles... No sé ni pa donde tirar.

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Juan Benito Rodríguez Manzanares

CANCIÓN PARA MI NIÑO MUERTO
(Poema en rima Jotabé) Ese niño yerto en aquella caja, clavó en mi su fría tez cual navaja. Destrozándome el pecho y el sentimiento, y reavivando el viejo sufrimiento, que pensaba llevado por el viento, donde la voz nunca habla de lamento. Donde en roca se torna el corazón, tras una venda de gruesa aflicción. Pero fue el acre olor de su mortaja, o quizá fue su aspecto somnoliento, quien golpeó sin tregua mi razón Creando en mi recuerdo la figura, de un pequeñín de cálida lisura,

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y piel blanca como la de un armiño, al que todas las noches con cariño, besaba sus mejillas con aliño, pues ese tierno infante era mi niño. El hijo que mi esposa en sus entrañas, concibió y luego parió con sus mañas, Cuidó y amamantó con suma ternura, mientras mi hijo con un pícaro guiño, reía todas las pizpirigañas. Pensaba mi vida llena de dicha, hasta que el cruel destino movió ficha, y un drogadicto triste y tembloroso, de muy mala ley y corazón buboso, golpeó mi paz cual derribo y acoso, llenándome de un vacío espantoso. Mi ánima llorosa gritaba herida, y mi voz enmudecía aterida, ante la realidad de mi desdicha, pues al cubrir de tristeza aquel foso en él enterraba mi propia vida.

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Natividad Cepeda

EVOCACIÓN
I Llegáis, amigos, desde un tiempo cerrado donde todos lo sueños bajo lluvia se esconden. Y no me es concedido regresar a ese punto donde era la vida, bajo el sol de la tarde, reino de desafíos infantiles con victorias de carros de cartón anunciada por tambores de latas de tomate. Recuerdo que brillaba la tierra y yo era niña. Creímos que Dios jugaba con nosotros al escondite entre moreras, el laurel, la retama, junto al perro sin raza que jugaba a traernos el sarmiento y arrojarlo a nuestros pies como trofeo. Resbalaban las horas en las manos

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sin reloj, sin urgencias, con la paz de quien todo lo posee. Lo importante era ganar a los otros cromos, canicas, dando capirotes a los escudos de los botellines de cerveza. A la cena los bolsillos reventaban de tesoros y caíamos rendidos entre sábanas con olor a espliego y a frutos de los huertos. Éramos semejantes a las parvas de las eras del pueblo, morenos espigados, con la sed de verano pegada a la garganta y caricias de madres y abuelas con fondo de bolillos. Ellas, guardianas, matronas, cuidaban de los niños asomadas al marco de las desilusiones. II Todo vino cayendo al hondón del olvido. Aunque cuelgan en mudas paredes todavía tiestos vacíos, muñecas de vestidos ajados que suplican no ser miradas, a la sombra huyeron balones en los porches, entre cardos y malezas, los cuentos aprendidos al amor del brasero, el cine de las tardes de domingo con festines de chicles, caramelos y pipas y el loco galopar del corazón que crecía y crecía sin nosotros saberlo. Poco a poco fuimos dejando la costumbre de jugar en la calle, nos hicimos mayores.

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Y ahora, cuando arrastro viejas huellas marchitas, dichoso caminar con un rumor creciente, evoco la inocencia de aquel tiempo profundo. Desde las puertas cerradas creo escuchar susurros de voces muy amadas, el manual del credo cotidiano y me alejo despacio entre las viñas y, volviendo la vista atrás, entiendo que a lo lejos quedan niños que juegan al escondite junto a sus madres. Entonces evito leer lápidas con flores de plástico y los nombres que habitan todavía el pueblo abandonado. Detrás de mí, extendido, queda un mundo de pétalos y aromas.
(2º Premio XII CERTAMEN NACIONAL DE POESÍA “GUADIANA” 2011 GRUPO LITERARIO GUADIANA - CIUDAD REAL – ESPAÑA)

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Norberto García Hernanz
CAMPOS CELESTIALES DE LA NADA
Ecos de luz llegando a mí, de ceniciento ámbar, como brujos del fuego vacuo en osadía frágil. Aterrizarán serenos cuando ambicione el olvido, las dudas del mar, el bamboleo del alga, el equilibrio del muérdago en el aire. Serán sombra acomodada en los disparos de fuego que me seccionan, en los cónclaves de llanto y duda, con madreperlas de luz, que conforman mi callada trayectoria superviviente. Para mí suenan aquí como promesa viva, ecos, llegando y siempre estando en el mí mismo, aunque la esencia se ausentara por los siglos en los tiempos hacia el vértice lingual de una lejana letanía nunca dicha, hacia el posarse enlentecido del recuerdo por los campos celestiales de la nada.

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Nuria Sánchez

“DIRECCIÓN CONTRARIA”
Cuando habla el corazón agitado, el magma discurre por la vertiente que hace temblar la tierra llevándose a su paso por vericuetos el tándem de la lógica y el entendimiento. No quiero que conviertas mi alma en un tejido que filtre tus desórdenes vitales donde vuelques tus resentimientos y conviertas en escarcha lo que inhala el aliento. No deseo que tu ausencia y desamor

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mine canales de pura linfa colocando rompeolas que impidan tocar la paz ya en contiendas, superada. Tampoco pido que lances una soga para salir de mi tormento solo pido amor por todas partes aunque solo sea como reducido obsequio. Y si la ternura no es posible, que tampoco se vuelva hipocresía con frases almibaradas contenidas en frascos de alcanfor custodiadas celosamente y aplicables cuando lo requiera la ocasión. Los eslabones se tensan, el oro no tenía tantos quilates, un leve remolino los ha disminuido y ya no sostiene esta amalgama densa. A veces las rocas se enquistan volviéndose porosas como esponjas, sin embargo, consistentes resquicios hacen circular el agua ésta, en el Océano nunca se estanca.

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Antonio Reis

TIANAMÉN
En la mente fecunda del poeta el Mekong fue otro Tajo, Dinamene, y tú fuiste la ninfa de sus aguas, la inspiración de un alma enamorada, el númen manantial de fuego y nieve. Te quiso diosa y te abrazó doncella y alzó tu pedestal en el palo mayor del bergantín, para admirarte siempre, para adorarte siempre. Como agudos puñales se clavaron tus ojos en su imaginación y su pluma bogó sobre el papel surcando amor, surcando fantasía, iniciando una aurora sin final, dulcemente prendida en tu retina; que todo lisboeta necesita un fetiche y ver de cerca el mar. 105

No interrumpas tu sueño, Dinamene. Profanan tu candor y mancillan el nombre del poeta que te dejó dormida para siempre; ultrajan tu memoria, ultrajan su memoria, deshonran la inocencia. No interrumpas tu sueño y, si despiertas, llora en amargo silencio la traición a la historia de un pueblo que olvidó su propia esencia. No digas nada a Luis, no le despiertes; vigila su reposo y síguele inspirando y custodiando la fuente de sus versos, como siempre.
Arenasil (Antonio Reis 1944-2012)

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Rosario de la Cueva

OFELIA
Es esta atmósfera añeja, de tiempo ido lo que esta tarde mi frente ensombreció Y este aroma centenario a ciprés a sauce a nogal. En este valle de doliente paisaje, he forjado románticas quimeras. He soñado con jinetes y corceles, y con damas, de blondas cabelleras destrenzadas. Desde el castillo de mi soledad, he presentido los silentes pasos de una Ofelia

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buscando el río de la eterna Paz. He visto su silueta deslizarse entre espejos umbríos. Enroscada entre helechos que besaban su piel. ¡AH! dulce virgen de gótico perfil y mente quebradiza, ¿donde está el Príncipe que tu fin propició? ¿Por qué no está meciendo tu cuna de agua helada? Justo en el punto, en que la cruel locura, te raptó, para sí .

Foto de Internet

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Lucía Pons Escrich

En esta ciudad de mediodías
remendada con viejas torres entre la luz y las sombras de un viento que todo se lo traga despojo mis límites como si el cielo se abriera sobre mi frente anunciando desde el vacío la presencia que palpita y teje el universo. Estos muros que desconocen las horas van tendiéndome identidad para que exista y viva, para ser principio de verdad. Miro, toco, eres tú. Descubro un secreto: me quiebro en ti, 109

me perforas la oscuridad del tiempo, me sacrificas la gravedad del dolor. Reconozco las palabras, el entramado de miradas, aquel árbol de una ciudad en la que podría nacer y que, con afán, cobija los días que nunca pasan en vano.

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Olga Araúzo
Memoria de la vida,
que se ha ido, plagada de rubores y de risas, de los prados de invierno y de las rosas (de aquellas las primeras) amanecidas en mis manos a través de las tuyas, los bruños primerizos, florecidos… y los lirios salvajes, los carrizos… Ni lirios ni carrizos, ya ni malvas, anidan las riberas de ese río pequeño y juguetón, que ya ni canta al pie de las ventanas de ese nido que cobijó la vida, la ilusión, los hijos.

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Javier Bueno Jiménez

L "AMENTOS EN OTOÑO"
Es ahora, en otoño, cuando más persigo el tiempo imposible del dorado amento. Es ahora, en otoño, cuando veo extinguirse las pequeñas luces de mis claroscuros, y mis pies se enredan entre la hojarasca de caminos tristes, poco transitados. Te busco, y me busco sin que me dé cuenta, de que mi existir ya no pertenece al amanecer

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en el que tú habitas. Ya todos mis gritos se han quedado secos tras de la garganta, y se han hecho pasto para los insectos que roen el otoño. Hoy he descubierto que ya es imposible conseguir la fuga, pues me atan cadenas de fatal crepúsculo.

Foto de Internet

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Juan Calderón Matador

LA BAILAORA PEREGRINA
La noche tejió en su frente sueños con plumas y alas, y quiso ser bailaora cuando la luna le hablaba: -Será en ciudades remotas, mas vas a triunfar, muchacha. Bebe mi copa de almíbar, que es muy dulce y no emborracha. Y corrieron como niños los lunares de su bata, llenándole los volantes de algarabía temprana. Antes de cantar los gallos, de su casa se alejaba con maleta de ilusiones que la luna le llenara. 114

La niña miró hacia atrás, vio el puente de su Triana, más tarde miró hacia el río y se fundió con el agua. Allí lavó los recuerdos para que la acompañaran, y le pusieran jazmines al óvalo de su cara. Con su bolsa de quimeras a enhebrar caminos marcha con hilo de sueños verdes bordados de madrugada. Pero el polvo del viaje, en la piel, que el sol abrasa, le fue cosiendo senderos de sinsabores que matan. Y bajo un cielo de copla, la bailaora levanta, como mimbres cimbreantes, sus brazos, que son guirnaldas, donde vienen a posarse los gorriones del alba, entre quejíos azules, y lágrimas de guitarra.

Pregunta el astro nocturno: -Dime, niña, ¿qué te pasa? 115

-Que me devora la fiebre, y enferma estoy de añoranza. Huele a flores de azahar el mantoncillo en mi espalda, el repique de palillos es un patio con naranjas, mi peina es el Giraldillo, Guadalquivir es mi enagua, y Parque de María Luisa las palmas que me acompañan, que cuando quiebro mi talle, quien se quiebra es la Giralda, y al hablar mi taconeo es Sevilla la que habla. -Niña, llegó tu momento, ahora estás preparada para vestirnos de baile la noche y la madrugada. La peregrina danzó al escuchar sus palabras y de los brazos salieron el corazón y la entraña. Al ver tanto poderío, tanto arte, tanta alma, tanto sentimiento al aire naciendo bajo su bata, las estrellas se asomaron 116

en el cielo a las barandas, y luego se hicieron oro alrededor de su danza.
1 Premio- XXII Certamen Internacional de Poesía Andaluza (Casa de Andalucía-Benicarló- 2010)

Foto Internet

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NARRATIVA

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José Díaz García
(Ganador del IV Certamen de Microrrelatos de Cine "Arvikis-Dragonfly 2013")

BAJO LA ALFOMBRA ROJA
Me concibieron en una oscura sala de cine. Mi madre era una mujer de la calle y mi padre… bueno, imagino que mi padre era un aficionado a las mujeres como mi madre. Desde muy pequeña, recuerdo esperar en la última fila de aquellas lóbregas salas a que ella terminara sus actuaciones. Me concentraba en las películas con todas mis fuerzas y así conseguía salvaguardar el amor por mi madre y enaltecer cada vez más el que desde temprana edad empecé a sentir por el séptimo arte. El dueño del cine se encariñó conmigo, y pasé de la última fila del local a su lado, y al del enorme proyector que desde la sala nadie podía ver. Allí imitaba a las actrices, bailaba y cantaba. “Tienes talento, mi niña” me decía Arturo, que no mucho después me acompañó a mi primer casting. Han pasado quince años desde entonces. Me he acostumbrado a los flashes, a los directores exigentes, a los viajes, pero no a la soledad. Esta noche, cuando se apaguen las luces y se haga el silencio, sé que escucharé su voz. Como en cada estreno. “Espérame aquí y no te muevas, mamá volverá a buscarte”.

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Reyes Cáceres Molinero EL ÚLTIMO PERCHERO

“El punto universal” era una tienda de las de siempre. Estaba situada en una popular calle de Madrid de un barrio muy comercial. Era una sucursal de una conocida cadena de artículos de punto, un tipo de prendas dirigidas a un sector de gusto más bien clásico, de mediana edad, en progresión hacia la tercera y cuarta. Así que la tienda era un “clásico”, con sus grandes estanterías de madera donde reposaban apilados, con orden y pulcritud, una amplia gama de jerséis: lana merino, angorina, mohair, de punto sencillo, del revés, canalé, ochos, trenzados y del llamado punto bobo que estaba muy de moda y que era así, como sueltecito, y con mucha caída. Había modelos con escote en pico, a la caja, cuello vuelto, cuello cisne, manga corta y, por supuesto, los típicos conjuntos de dos piezas que en inglés se llamaban twin-set. La empresa también trabajaba jerséis para hombres chaquetas más gruesas y hasta unas muy armadas, parecidas a las austriacas, que eran muy calentitas. Hacía ya muchos años en que había hecho furor la manga ranglan, difícil de confeccionar, pero que sentaba muy bien. Todas las señoras de toda la vida tenían un jersey de este estilo. Las dependientas eran también de siempre, Engracia y Maruja. Engracia era de origen extremeño, de Almendralejo. Recién casada se vino a Madrid por el destino del marido, y para sacar adelante los estudios de sus hijos ella también se había puesto a trabajar. Un horario apretado como era el del comercio. Engracia tenía unas cejas muy pobladas que ella procuraba disimular con una gruesa capa de maquillaje que le cubría

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el rostro y se interrumpía al llegar al mentón donde nacía un cuello blanco como la nieve. A veces parecía que llevaba una máscara pero era tan amable y servicial que se te olvidaba la cara enseguida. Maruja era madrileña. Había empezado con ilusión la carrera de Filosofía y Letras pues anhelaba ser restauradora de arte. Logró llegar a comunes, como se decía entonces. Le encantaba el arte y cuando sus ahorros se lo permitían visitaba el Museo del Prado, allí se quedaba extasiada frente a aquellos maravillosos lienzos. Soñó hasta que la realidad la despertó bruscamente de sus sueños y la necesidad económica - viuda con su madre demente y una exigua pensión que no daba para vivir dignamente- dejó los estudios y se colocó en El punto Universal. Maruja siempre llevaba puesta alguna prenda de la tienda para “hacer patria” decía. Armonizaba los jerséis con una falda escocesa, que entonaba bastante bien. Era rubia, teñida por supuesto, con la melena ondulada. Maruja se encargaba de asesorar a las señoras que entraban, lo hacía con tacto y delicadeza, sin apabullar. Siempre sonriente, desplegaba en el inmenso mostrador miles y miles de jerséis, sacaba la tienda entera si hiciera falta con tal de que compraran algo. También acompañaba a las clientas al probador, un probador con un quinqué en la pared, un magnifico espejo, una butaquita forrada de terciopelo azul, algo raído por el tiempo y unas cortinillas a juego, de flores azules y malvas. Mientras la clienta se probaba montañas de prendas, Maruja esperaba fuera, tras las cortinillas, con los brazos cruzados, esperando que saliera con el modelo...Siempre tenía unas palabras agradables: el rosa le favorece muchísimo, ¿quiere que le traga una tallita más?... Este lo tenemos también en verde musgo…Con Maruja era difícil no comprar y casi siempre conseguía que Engracia que solía estar más en la caja terminara la faena. Les iba bien y estaban contentas. Roberto, el dueño, solía estar mucho en la tienda. Así pasaron muchos, muchos años hasta que un día Roberto les dijo que venían tiempos malos, que una especie de crisis se había adueñado de los mercados y que había que vender más o cambiar el estilo de ropa por otra que tuviera más éxito. Engracia y Maruja se disgustaron mucho. La verdad es que la ventas habían disminuido, pero ellas no querían cambiar el tipo de ropa que vendían, tenían su fiel clientela y no podían fallar a sus clientas de toda la vida. Pero a pesar de que redoblaron los esfuerzos no quedó otra. En poco tiempo habría que cerrar así que abarataron los precios de los productos y comenzó una época de rebajas forzadas. “Liquidación por cierre” era el cartel que ostentaba ahora una de las lunas del escaparate de El punto Universal 121

Engracia y Maruja seguían atendiendo con esmero a sus clientas que durante esos días se arremolinaban para adquirir jerséis a precios de ganga. Tenían muchísimo trabajo y a veces cerraban un poquito más tarde. Por la tarde al irse miraban las estanterías, cada vez más vacías, con cierto sentimiento de orfandad. Llegó un día en el que solo quedaba un perchero con varias chaquetas desparejadas y un escaso muestrario de jerséis cuello cisne, tan solo en color rosa palo y de la talla treinta y ocho. Algo poco vendible, pues la talla de sus clientas no era precisamente la treinta y ocho. En toda la semana solo vendieron una chaqueta. El “reducto” llamaban a ese montón de jerséis que se apilaban en un estante. Aquello se acababa. De noche, con sigilo y lagrimas que ninguno podía ocultar, Roberto, Engracia y Maruja recogieron las pocas pertenencias que quedaban en El punto Universal, las monedas que había en la caja, la máquina sumadora… En una furgoneta fueron metiendo el mobiliario, las butaquitas, los espejos, los apliques de luz, el quinqué azul…. Todo había sido arrancado de su lugar donde dejaba sin duda una herida de nostalgia. Las prendas que habían quedado sin vender las metieron en bolsas para donarlas a Cáritas. Al final, la tienda estaba totalmente vacía. Solo quedaban los estantes algo descoloridos y el mostrador. Y un perchero, el último perchero que les había acompañado en los últimos tiempos pero no cabía en la furgoneta, así que pensaron que era mejor dejarlo allí esa noche. Al día siguiente el letrero de liquidación por cierre fue sustituido rápidamente por otro que anunciaba el alquiler del inmueble. Los hombres que lo colocaron entraron en la tienda. Allí seguía el perchero. ¿Qué hacemos con este trasto? Roberto que les había acompañado en tan triste tarea, miró con añoranza ese esqueleto metálico que había sido escenario de tantas historias de El punto Universal, que había sostenido infinidad de bonitas prendas que habían alegrado a tantas clientas y decidió dejarlo allí. Allí quedó como testigo solitario y mudo de épocas felices. Y allí continúa aun ya que la lustrosa esquina de El punto universal sigue sin alquilarse.
(Del libro “Trece historias del trece”)

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Julia Gallo Sanz

EL POSADO

“Se necesita asistenta interna. Interesadas llamar al 645 213 987”, rezaba el anuncio. Llamé con determinación y esperanza. Un hombre, como once años mayor que yo, me abrió la puerta y me condujo a un despacho-biblioteca, bastante decimonónico. Le tendí la mano y me presenté. Él me preguntó la edad, el estado civil, la procedencia geográfica, la experiencia… Contesté que acababa de llegar a aquél pueblo serrano, procedente de Segovia. Omití la razón que me empujó a dejar mi capital de provincias y dije la verdad en cuanto a que nunca había trabajado como empleada de hogar, pero necesitaba ese trabajo. El hombre anotó mis datos y mi número de identidad, mencionando que era pintor de profesión y dueño del inmueble. Me extrañó que el propietario recibiera a las solicitantes. Luego lo comprendí. Fui contratada como limpiadora, con la condición de posar para él cuando me lo pidiese. Cobraría por ello una paga extra, me aclaró. No dudé un instante, deseaba esa colocación por encima de cualquier intrascendencia. No quise dejar que la nostalgia me arrumbara. Salmodié los recuerdos, uno tras otro, rememorando los rostros de los míos. Respiré hondo y todo el aroma de la sierra, condensado en la bonita localidad, me entró de lleno a modo de consuelo. Acababa de iniciar un nuevo capítulo en mi vida.

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El agreste terreno, propiedad del pintor, amurallado por vetusto aligustre, parecía un jardín romántico bastante desatendido, pero hermoso. Me dejé envolver en su halo de misterio con la predisposición más positiva. La entrada lucía una churrigueresca verja de forja de gran belleza artística. Por los intersticios del ramaje enredado en la cancela se vislumbraba el descuidado patio ajardinado, su vegetación, su embrujo y sus parterres florales. Una buganvilla trepaba por encima de los hierros hacia el exterior, exhibiéndose provocadora. El jardín contaba con todos los ornamentos propios de su estilo: la caprichosa fuente herida de costra vegetal, representando dos amantes ensortijados en un abrazo infinito; macizos bien trazados, pero con paupérrimas rosas, pensamientos, gitanillas, geranios, claveles, caléndulas…, todo un mundo floral como a punto de partir al columbario de su especie; árboles de copas enmarañadas que no descifré, por eso de andar mirándolo todo como bobalicona; el merendero de ladrillo y teja árabe, cercado por jirones de celosía; el pozo de piedra -semejante a un sombrero boca abajo-, sobre el que lucía un artístico arco de hierro, del que pendía el cubo de cinc magullado por el tiempo. En la espalda de la casona convivían los árboles frutales. A la vivienda se llegaba por un pasillo de grava, imitación de mosaico helénico. Los variados tonos de los cantos conformaban una alfombra de guijarros cuajada de aves y flores. El bello tapiz terminaba en la embocadura del sobrio y grueso portón de madera. Cuando lo traspasé tuve la sensación de haber entrado en otro mundo. El pequeño zaguán que servía únicamente para frenar la temperatura de las estaciones, me adentró en el gran portal de la vivienda. Seguro que allí se habían celebrado grandes bailes. Por el anchuroso vestíbulo se acedía a la amplia cocina, un aseo, dos dormitorios, biblioteca y ropero. En medio de aquel gran recibidor, donde según mi fantasía parecía haberse fosilizado la música, arrancaba una escalera, extendida a derecha e izquierda, con balaustrada de madera de nogal. La soberbia barandilla vallaba el alto pasillo por el que se llegaba a las habitaciones privadas. En medio del corredor, una quinta puerta, más grande todavía, disimulaba otra escalera que subía a lo más alto del edificio, abuhardillado y diáfano, donde se encontraba el estudio del famoso artista. Si bien toda la vivienda era interesante, esta pieza fue la que más me impresionó por la luz que atravesaba los enormes ventanales, desde los cuales se podía apreciar la

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perspectiva casi total del jardín; pero sobre todo me impactó por lo que contenía y representaba. La casa, repleta de ornamentación, resultaba un inmenso trastero donde cada objeto, cada mueble, tenía su razón de ser para utilidad de cualquier attrezzo pictórico o escénico. Contenía de todo. Cuando digo de todo me refiero a lo común y también a lo inimaginable: moblajes añejos, cuadros antiquísimos o de una modernidad insufrible – eso sí, sabiamente colocados-, lienzos de diferentes tamaños, bastidores, escuadras, tableros, rulos de cañamazo, retales de seda, raso, cretonas estampadas; objetos artísticos, molduras barrocas, alguna estatua alegórica, blasones y montones de elementos variopintos como piedras, ladrillos, vidrieras, tejas, etcétera. Naturalezas muertas amontonadas, colgadas, o por los suelos de tarima flotante. En fin, resultaba una casa complicada hasta para la más experta asistenta, que no era precisamente mi caso. Allí había tajo, pero no me amilané. Cada día limpiaba la vivienda según mi programa y ritmo. En semana tenía dos tardes libres hasta la hora de cenar. Él no exigía tanto como quiso dar a entender en el momento de la entrevista. Me dejaba hacer. Solo cuando me vio dispuesta a “ordenar” lo que yo consideraba desorden, me pidió que no cambiara nada de lugar: “Limpiar y dejar todo como está, esa es la cuestión” –me indicó-. Yo limpiaba y él, de vez en cuando, esparcía una mirada atmosférica y vacua por todo análisis, como para dar a entender que estaba al tanto de mi trabajo, gesto que consideré siempre muy loable, ya que tenía asuntos más importantes que desentrañar en su magín. Posaba cuando me requería. Según el acuerdo: aseaba la casa y posaba. Mi cuerpo joven, nada espectacular pero sí sugestivo, curvilíneo y armonioso, contenía las luces y sombras que él precisaba. Con heladora asepsia profesional opinaba que mi configuración irradiaba un cúmulo de sugerencias. Yo era consciente de que no poseía una estampa de pasarela ni de deidad, tenía más bien una morfología que estimulaba ciertos apetitos, a juzgar por las ganas de comer que suscitaba en los transeúntes que me piropeaban con alusiones culinarias. No obstante, él se servía de mi aspecto para pintar diosas mitológicas, mujeres bellas, maternidades eternales y todas las variaciones susceptibles y correspondientes a la extensa gama femenina. Jamás me 125

reconocí en sus cuadros, aunque en ellos estuviese mi rostro en todo momento. Nunca me adjudiqué la magnificencia de la musa, aunque aquellos cuerpos fuesen mi figura con algunas variantes. Encerraban tanto contenido, sentimiento y belleza, que se me hacían endiosados y ajenos. Simplemente me consideraba en cada cuadro pura temática. Asombrada de cómo transformaba mi aspecto sin cambiarlo, el maestro me parecía un mago. Por otro lado, sus silencios contribuían a que yo me considerase como el gran espejo de la entrada, el sillón rococó compañero de la mesa del despacho, la sólida cortina de terciopelo o la alacena. Y esta apreciación me resultaba muy cómoda. Posé para él en innumerables ocasiones: atenta a sus severas indicaciones primero, adiestrada y sagaz después. No era fácil, él me quería viva pero que posara con la inmovilidad de la muerte. Me enseñó a quedarme quieta, a no sentir ni frío ni calor, a mimetizarme con el motivo de cada pintura. Me enseñó a traslucir las emociones que me embargaban, y a improvisar las que no sentía. Así me especialicé en la ensoñación. Siempre me resultó fácil la sonrisa, complicada la mueca del rencor, cómica la del miedo y confuso el gesto de la locura. El dolor lo llevaba tan adentro que no necesitaba simularlo, lo mismo que la extraña alegría que se fue instalando, poco a poco, entre los costurones de los recuerdos. Una anciana, cuya cara era como el espejo de su alma, hacía las veces de ama de llaves y madre, primero del pintor, luego de los dos. Solíamos comer los tres en la agradable cocina. Él no conversaba, parecía estar siempre abstraído –yo intuía que se perdía en pensamientos creativos-; nosotras solíamos hablar de cosas baladíes. He de reconocer que me rayaba el absurdo silencio del hombre, tanto como me enternecían algunos de sus comportamientos. Habitualmente, siempre encerrado en su mutismo, nos servía la comida a las dos mujeres con cierto mimo y hasta el copete del plato, siempre le daba lo mejor a ella, y eso me conmovía. Yo quería a la longeva dama con respeto, expectación y ternura. Y ella también me quería de verdad. Me daba lástima ver lo que el tiempo le había quitado, considerando la gran belleza que fue y que corroboraba el retrato colgado en la galería. La huella de su hermosura se la quiso dejar en prenda el eterno ladrón de los minutos, confiriendo a su viejo rostro una cálida luz y yo, en mi soledad e interna pena, parecía una polilla revoloteando en torno a ella. Mi protectora, pues así la consideraba, 126

no solo se parecía físicamente a mi abuela, también se asemejaba en su maternal trato; me daba consejos con tanta firmeza y cariño, que yo atendía sus enseñanzas incondicionalmente. Por primera vez desde que dejé mi casa me sentía casi feliz. En el trabajo me esmeraba. Con verdadera y afectuosa disposición ayudaba en pequeñas cosas que no eran de mi competencia. Solía ver recompensada esta dedicación con dinero envuelto en papel de regalo y la nota habitual: “Hija, para que te compres lo que necesites o se te antoje”. Sus muestras de afecto eran incontables y enternecedoras. También empezaba a sentirme serena…, hasta que llegó la noticia en una carta de mi hermano mayor. Tras leerla, ebria de dolor, juré que algún día daría en la cabeza al novio que yo tanto amaba y que me dejó por casarse con otra chica de mejor posición. Cuando la abuela me sorprendió como una Magdalena, no me quedó otra que contarle lo que me ocurría. Me estrechó susurrándome que el ingrato no me merecía, que él se lo perdía y que había más moras en las moreras y zarzales para eliminar una mancha con otra; me dijo que aspirara a algo mucho más elevado y mejor. Pasado el tiempo asimilé aquella derrota, y me ufané de lo bien que me estaban saliendo las cosas. El pintor, siempre distante y parco en palabras, pintaba con encomiable entidad, reconocida por los críticos y aplaudida por el gran público. Su extendida obra lucía en los museos más emblemáticos del país, en otras tantas magníficas iglesias, edificios oficiales nacionales e internacionales y pinacotecas del mundo: el Louvre, la Gallería Degir Uffici, el Hermitage…Yo admiraba su creación casi fanáticamente. Admiraba su estilo y su técnica. No me extrañaba el elevado número de imitadores. Confieso que disfrutaba husmeando entre sus pigmentos cada vez que pasaba el plumero, con suma reverencia, por aquel caos de tarros, pinceles, espátulas, paletas, colores... Hacía tiempo que no me pedía que posara. Pintaba un bodegón, cuya naturaleza muerta estaba más viva en el lienzo que donde yacía como muestra. No me necesitaba. Habían pasado veinte días desde que terminara su magnífico y nutrido cuadro, cuando, al mediodía, me pidió que dejara mi trabajo y posara para un nuevo lienzo. Yo

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lo agradecí, me sentía cansada, vacía y anímicamente arrugada. Posar me relajaría y teatralizar el motivo de la pintura me mantendría la mente ocupada. Terminada la colocación de la composición, el pintor entornó los ojos, me miró unos segundos, los abrió, se sentó en el taburete frente al caballete y me observó largo rato, pergeñando mentalmente la realización. Juntó varias veces los índices y pulgares de ambas manos haciendo ángulo con las falanges, miró otras tantas lo que se veía desde el improvisado marco hecho con los dedos, tomó un largo y delgado pincel, extendió el brazo frente al mostrador donde yo me hallaba escorzada y midió virtualmente, trazando en el aire una cruz como con una batuta. Mi mirada no siguió sus movimientos al detalle como en tantas ocasiones, me encontraba cansada. Él me reprendió por la falta de concentración, cosa que por primera vez no me produjo ninguna sensación de culpa. La verdad es que tenía un mal día y en mis adentros deseaba explotar de alguna manera, catarsis poco recomendable. Me tragué la angustia y posé obediente como siempre, como él me pedía. No nos tratábamos con familiaridad, menos aún con confianza, aunque sí con una extraña complicidad pictórica. El pintor y la modelo no éramos amigos, pero estábamos implicados en un interés común: la obra, que, dicho sea de paso, me importaba como si la mitad del mérito artístico fuese mío. En aquel principio de la tarde las grandes cristaleras hacían de lupa solar. El calor de julio me envolvía y picaba como una manta de arpillera. Empecé a sentir hormiguillo. Durante las sesiones de posado me había acostumbrado a pensar en secuencias gratas para que el mensaje de mi cuerpo optimizara el resultado. Observar y soñar era lo que hacía en aquel tiempo detenido. Pero aquella sesión se escapaba a mi control, no conseguía abstraerme. Él empuñaba el pincel afiebrado, acercándose y alejándose del lienzo como realizando una danza ancestral. En cada creación la misma entrega, la misma fruición, el mismo empeño. Siempre la misma pasión. De haber tenido manos la atmósfera de la habitación, hubiese asegurado que el calor me manoseaba. El hecho de estar desnuda me provocó una conciencia diferente a la habitual. Sentía que los objetos de la sala sobrevolaban y me rozaban. Notaba que el aire tibio se escurría por mi piel, se agazapaba en los pliegues más recónditos de mi 128

anatomía, desheredándola de sosiego. Una compuerta en medio del pecho me dificultaba la respiración. La sangre circulaba efervescente. No podía con el calor. No podía respirar. No controlaba la ansiedad… Como si mi desazón le hubiera avisado, detuvo su trabajo y me miró con extrañeza. Muchas veces me había observado concienzudamente sin que yo sintiera la mínima escabrosidad, ¡nada más lejos!, era su trabajo; pero en aquél momento me sonrojé y las aletas de mi nariz me delataron. El hombre desvió la vista hacia la ventana durante un instante denso, lento, luego devolvió sus ojos a los míos y pude ver en ellos un tiente de duda, miedo y resplandor. Sediento y cegado por su propio pánico me bebió con la mirada, yo sostuve la mía en sus ojos. Se acercó despacio. Muy despacio, y como un indigente recaló en mis pupilas… Tal vez mi aroma pudo más que el olor a pintura concentrado en la estancia, porque sus sabios dedos me acariciaron el contorno del rostro y sentí una descarga. Leve, fugazmente, repitió la caricia inyectándome un reguero de electricidad. Se detuvo en los párpados, la frente y los labios, como si me dibujara. La compuerta de mi pecho se abrió y exhalé el suspiro contenido, que él tradujo. No titubeó más. Me tendió atravesada en aquella especie de catafalco –eso me pareció porque creí morir-, alargó la diestra hacia la estantería más próxima, desempaquetó un pincel sin estrenar y simuló pintarme toda entera con suma lentitud y arrobamiento, deteniéndose allí donde la pleamar se vuelve espuma. Una vorágine de colores comenzó a emborracharme: carmín, magenta, amarillo cadmio, azul brillante…, y la carne dejó de tener nombre para ser delirio únicamente. Lo amé con admiración, respeto y gratitud, también con amor, a qué negarlo, y me entristecí profundamente porque sabía que todo había terminado. Mi vocación, mi carrera, el sueño de mi vida, expandió su gran sombra sobre nosotros. Sobre él, que lo ignoraba. Sí, mis cuadros eran cada vez mejores, más cotizados. Mis pinturas sabían de su método. Mis obras se nutrían de su escuela, y había logrado un estilo propio. Me abrían con facilidad las puertas de las galerías, me solicitaban los mejores marchantes… Y él, embebido como estaba en su trabajo, sin saberlo. Sin saber nada. Cerré los ojos, apreté las lágrimas… Pleamar y espuma… Me marcharía enseguida, en cuanto él aflojara su excelso abrazo…

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¡Lástima no poder confesarle en aquel momento lo buena alumna que había resultado ser! Le fue fácil encontrarme en Segovia y llevarme con él a Moralzarzal. “La vida es un lienzo a la espera de ser pintado”.

(Finalista VII Premio “Don Manuel” de Narrativa Corta 2013, publicado por el Excmo. Ayuntamiento de Moralzarzal en el libro compilatorio del certamen. Requisito mencionar la localidad).

Foto Internet (Moralzarzal)

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Juan Carlos Macías Toro

EL ALMA DEL CARPINTERO

Corría el año de 1767 y el día agonizaba en una dorada tarde de abril, como son las tardes de Sevilla, donde la brisa marinera se adentra hasta las mismas puertas de Triana. Cristóbal Ramos era oficial del gremio de carpinteros con taller propio y al cargo de cinco menestrales, aunque él siempre había modelado en barro y aspiraba a convertirse en escultor. Podría decirse que por sus manos pasaba todo el delicado trabajo mobiliario que disfrutaban las familias más prestigiosas de Sevilla. Aquel día había decidido quitarse las virutas y abandonar por un momento la escuadra y el escoplo para asistir a un acontecimiento que tenía lugar en la ciudad. Muy a pesar del cabildo municipal y de la oposición de la Iglesia hispalense, siempre temerosa de las representaciones teatrales, la compañía de José Chacón traía un espectáculo lírico al nuevo teatro provisional de ladrillo y madera en la calle San Eloy, que previamente había recorrido las principales plazas de Madrid y Barcelona. "El marido discreto", una famosa zarzuela de Ramón de la Cruz, resultaba ser el motivo de la representación. El acontecimiento había sido ansiosamente esperado por una gran parte de la ciudadanía sevillana, pues ofrecía el deleite de poder ver reflejada la crítica al comportamiento de la aristocracia del momento. Para teólogos y aristócratas, censores y defensores de los

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valores tradicionales, el teatro no era más que una perversión de los valores cristianos y la entrada del libertinaje en el diario de un pueblo analfabeto y fácilmente influenciable. Las representaciones no eran sino una invitación a poner en práctica las bajas pasiones de un público hacinado, que asistía enfervorecido y predispuesto a cuestionar el orden social establecido. A la entrada del teatro se repartían pasquines, donde se exhortaba a no imitar todo aquello que causaba el aplauso en las funciones teatrales, puesto que marchitaban el pudor y el recato "propio ornamento de vírgenes", y daba lugar al deseo de manifestarse a los hombres con ostentación y libertad. Los hombres, a quienes contenía el retiro y honestidad de una doncella, se hacían atrevidos y empezaba a descorrerse el velo de la vergüenza y a corromperse la santa inocencia de sus almas. Naturalmente, la intención no hacía más que acrecentar el interés de un gentío que se agolpaba para sacar una entrada al precio de dos reales, empujando y serpenteando ante la misma puerta de entrada. Pero si la representación levantaba gran expectación por el lujo y la puesta en escena de los actores, más enardecían al público la tonadilla y los sainetes de su intermedio, momento en que se añadía todo el casticismo del baile popular. Aquel día cantaba en el intermedio una tonadillera, sobresalienta de la tercera dama cómica, que hacía su debut en el teatro como suplente por enfermedad de ésta. Su nombre era María Antonia Vallejo Fernández, y, aunque su edad no iba más allá de los dieciocho años, éstos no se correspondían con el desparpajo y sensualidad que irradiaba. No hizo más que salir, y, tras un toque de guitarra y a la media vuelta, hizo volar la falda a la vez que guiñaba un ojo al concurso. [...] Chiquilla, dónde te mete, que a tu persona no hay quien la vea ni por ventana ni por zotea, Que sí, que sí, que no te escondas que ya te vi [...]

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El público se levantó y comenzó a aplaudir ininterrumpidamente a aquella chiquilla, que, bien sabía Dios, tenía el don de la fascinación. Se bajó el telón para dar comienzo al segundo acto de la obra, y el público seguía aclamando a la sobresalienta. Hubo que esperar varios minutos a que los ánimos se fuesen calmando, para finalizar ridiculizando la figura del cortejo en defensa de un matrimonio, donde el marido engañado hace ver a su cónyuge cuán falsa era la táctica del cortejo, que, aprovechándose de la ingenuidad de la esposa, tejía, malintencionado, una red de engaños para sacar partido de la dama. Cristóbal quedó estupefacto. No podía quitársela de la cabeza. Su imagen se había quedado grabada para no irse. Recorrió con el pensamiento sus facciones y quiso esculpirla en el aire, quiso inmortalizarla en su corazón. A la salida del teatro la estuvo esperando largo rato apostado contra la pared, nervioso y mirando hacia todas partes, como si de la Justicia tuviera que esconderse, al mismo tiempo que construía conversaciones imaginadas, frases, preguntas, respuestas... Pero ella no salió, o quizás no la viera salir, o tal vez la dejase marchar. A partir de ese día, su vida ya no volvió a ser jamás la que había sido. Descubrió que no había nacido hasta conocerla y que era ella quien le había dado la vida. Al poco tiempo, los acontecimientos harían que aquellos sentimientos tuvieran su recompensa. Por aquel entonces había recibido el encargo de modelar, para una de las hornacinas del retablo de la iglesia de San Juan de la Palma, un San Juan Bautista de terracota policromada, por el que le darían lo suficiente para comer durante un mes sin estrecheces. Todo parecía indicar que iba a cambiar el sino de malvender sus obras en la calle. Aquel día llovía al salir de la iglesia, cuando vio a la tonadillera refugiada bajo los arbotantes de su portada gótica. #¿No entra, mujer? Se va a quedar empapada con este aguacero de abril. De repente la miró y comprobó que sus lágrimas se confundían con las gotas de lluvia en su rostro. "Pero no puede ser que la mujer con más arte y tronío de Sevilla esté aquí, a mi lado, llorando. En esa cara que usted tiene no pueden caber otras lágrimas que no sean de alegría. "La alegría será para quien tenga la Gracia de Dios, porque yo lo que tengo es la mancha de un pecado muy grande que me va a llevar de patitas al infierno.

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"Los ángeles sólo tienen un sitio adonde ir, y le puedo asegurar que éste no es el infierno. Y créame lo que le digo, porque yo los he podido acariciar muchas veces con mis manos llenas de barro. Así que venga, mujer, séquese esas lágrimas y écheme una sonrisa de las suyas, aunque sea pequeña, y ya verá como sale el sol, que es lo propio de un mes de abril en Sevilla. "¿Y se puede saber por qué se preocupa usted tanto por mí? Se quedó mirándola y, sin apenas pensar en la respuesta, cobraron vida propia sus palabras: "Porque estoy solo y así me siento desde que tengo uso de razón, y porque cuando la vi aquel día, en el teatro, me dio usted la vida. Y no lo digo con ánimo de sobrepasarme ni de ser libertino, porque quien habla no soy yo, sino un corazón que jamás había latido antes de verla. La mirada de Antonia se quedó un instante congelada, para romper en sollozos aún más sentidos. "Discúlpeme, señorita, soy un patán. "No es usted ningún patán, soy yo quien no merece este trato. No he tenido buena vida, ¿sabe usted? "La suerte puede cambiar, quizás Dios la oiga y la perdone; está usted a las puertas de su casa. "La suerte ya está echada. Vengo de Cádiz huyendo del padre de este hijo que llevo en mis entrañas y no deseo. Y estoy sola, más solita que la una, más sola de lo que está usted. "¿Dónde se hospeda? "En el mesón del Lucero, cerca de San Pedro. Se hizo el silencio, sólo interrumpido por el repiqueteo de la lluvia sobre la calle adoquinada. A Cristóbal se le agolpaban los pensamientos en su cabeza sin saber cómo expresarlos, sin querer estropear aquel momento con una frase desafortunada o una palabra inadecuada. Y de repente, se lo propuso. "Véngase a mi casa y la cuidaré como a una hija, como a una hermana, como usted quiera que yo la cuide. No tengo para mucho, pero sí tengo para que a usted y a ese

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niño que viene no les falte ni gloria bendita. No me tiene que prometer nada, ni será nada lo que me deba; seré yo, únicamente, el que le deba a usted por permitirme permanecer a su lado. Antonia bajó la mirada, vencida, y asintió. La casa era heredada de su padre, el también escultor Isidoro Ramos, en la calle Feria. Allí, en su planta baja, había montado su pequeño taller de carpintería, donde combinaba el trabajo en madera con el modelado en terracota policromada, según demanda. Los días se sucedían y Cristóbal ocupaba todo su tiempo en trabajar en el taller y en cuidar a Antonia, que cada vez se mostraba más angustiada de vivir entre aquellas cuatro paredes con olor a serrín. Pareciera que la tristeza se había apoderado de su semblante. Aun así, era notorio el esfuerzo que hacía con la mirada y con el gesto por agradecerle a Cristóbal todo lo que hacía por ella. Y aunque no era ésta la mirada que él hubiera deseado, se conformaba con el cariño que Antonia le daba, porque ese otro amor que él pretendía no parecía tener cabida en su persona. Y no era que Antonia lo hubiese engañado, o quizás lo hubiese intentado, pero en asuntos de amor el esfuerzo resulta baldío si el corazón no lo consiente. Las cosas se ponían cada vez más difíciles. Andrés, el hermano de Cristóbal, le llegó a comentar que el vecindario empezaba a murmurar, y que si no se andaba presto en desmentir la situación pecaminosa podría afectarle a los encargos que las parroquias o conventos le pudieran solicitar. "Hermano, hay rumores de que un gaditano anda haciendo preguntas sobre el paradero de Antonia y que promete recompensa a quien facilite alguna información al respecto. Debes pensar bien lo que haces, o de lo contrario no sé en qué enredo te puedes ver metido sin beberlo ni comerlo. "¿Enredo? ¿Qué enredo? Estoy dando cobijo a una mujer encinta que no tiene sitio adonde ir, que está débil y que necesita ayuda. ¿Pecadora? Sí. ¿Pero no hay algo más cristiano que atender a un alma descarriada? Ah, y te aseguro que no sólo es su alma la que andaba descarriada. Así que, hermano, no sé quién atiende a quién. "Mira, hermano, que no soy yo el Santo Oficio para bíblica defensa. Te conozco y sé que te hará daño, que no es mujer para un san Cristóbal como tú.

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"¿Y quién te ha dicho a ti que tengo yo propósito de serlo? Repito que estoy cuidando de ella. "Ya veo, Cristóbal, que la advertencia llega tarde. Por cierto, el sonrojo, con agua fresca se trata. Ambos rompieron en una carcajada. A continuación, y tras un profundo suspiro, Cristóbal soltó la carga de su conciencia. "Andrés, este cuarentón que tienes por hermano es el hombre más feliz del mundo. "¿El hombre más feliz del mundo? "dijo su otro hermano pequeño al entrar en el taller del maestro". Eso se consigue solamente con dos cosas, con dinero o con amor. Así que, conociéndote a ti, deben de haberte hecho un nuevo encargo, ¿verdad? Todos rieron. El niño nació el mismo día en que recibiera el encargo de modelar un Buen Pastor, para el monasterio de Santa Paula, que era en lo que él se había convertido para ella, pensó. Pareciera haber llegado aquella criatura al mundo con un pan bajo el brazo, el mismo que le proporcionaría su ración de leche fresca y, andando el tiempo, hasta su apellido. Era por la mañana y venía de comprar fruta fresca del mercado. De repente, dejó caer la bolsa de manzanas al suelo y se vio empujado contra la pared por la irremediable fuerza de la juventud. Era un hombre alto, de tez morena y el pelo tan azabache como una noche sin luna. "¿Eres tú Cristóbal, el carpintero?, le preguntó. "¿Quién lo quiere saber? "Contesta, gandul, o te rebano el pescuezo. "Sí, yo soy Cristóbal. Lo miró durante largo rato, sin decir nada, imponiendo sobre él su aliento y dejando pronunciada la punta de la alfaca sobre su garganta. "Tenía que verte para saberlo. No es ella virgen para un carpintero. No, no eres tú de ella, aunque tus ojos te delaten. Recuerda, carpintero, que será esta la última vez que la veas, y a mí, que tampoco quieras. Yo soy José, el gaditano.

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Llegó corriendo a casa, enloquecido, con el corazón en la boca, llamándola a gritos. Al entrar, sintió un alivio, miró al cielo y dio gracias. Ella aún permanecía allí. Le había dejado su alma en la cuna.

Foto Internet

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Raúl Garcés Redondo

WESTERN
La noticia había revolucionado el pueblo entero. Una compañía de cine norteamericana, fascinada por el desierto monegrino, había elegido nuestra localidad como escenario para una película del Oeste, ofreciéndonos además a los vecinos la posibilidad de participar como extras. Ilusionados, pronto formamos dos bandos: indios y vaqueros. Pasaron las semanas y nada más se supo del rodaje. Y desde entonces el pueblo vive en una tensa calma. Agazapados tras las ventanas los unos pasamos los días con el rifle preparado, sabedores de que pronto los otros bajarán de las colinas a lomos se sus caballos a por nuestras preciadas cabelleras.

CAFÉ NOCTURNO
Estoy condenado a vivir eternamente aquí, sentado en esta terraza que ilumina la noche de Arlés. Como lo están aquellos que me acompañan, hombres y mujeres de una burguesía trasnochada. Otros tuvieron más suerte, los que abandonaron sus mesas antes de que aquel loco pintor pelirrojo colocara su caballete ante este Café

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Andrés R. Blanco
(Ganador del III Certamen de Micorrelatos de Cine "Arvikis-Dragonfly")

HORMIGAS

Sintió que despertaba y lo primero fue el cosquilleo en las piernas. Su madre le había dicho: “Min Ho, ve a ver si puedes cazar un lagarto para guisárselo a tu abuela. Pero no te internes mucho en la selva, vuelve antes de que anochezca.” Min Ho exploró los alrededores de la aldea sin éxito y se adentró más en la espesa fronda. Lo había hecho ya otras veces. Y además, su abuela le gustaba y quería agradarla. Le divertían los chascarrillos con que entretenía a la familia en las horas aburridas. Tras el cosquilleo sobrevino un intenso dolor. Min Ho chilló y chilló hasta quedarse sin gritos. Anochecía rápidamente. Se arrastró como pudo hasta un árbol cercano y apoyó la espalda en él. Fue demasiado esfuerzo. La luna brillaba y, antes de cerrar los ojos, recordó la explosión y vio las hormigas paseando por sus pies destrozados.

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Nuria Sánchez

CUANDO LOS ÁRBOLES NO DEJAN VER EL BOSQUE

Aquella cercanía obligada, no le permitía descubrir el daño que la estaba causando; él la tenía embelesada por las energías que desplegaba, incrementadas por su vanidad y egocentrismo. Estaba sumida en el bosque más profundo, donde la espesura la atrapaba en las tinieblas; sólo le era permitida una cotidianidad de salidas y entradas, siempre acompañada, y con una percepción enrejada de la realidad circundante. Eternamente atenta y obediente a las órdenes, argumentadas, en no se qué principios ancestrales, le hacían cuadricular, no sólo su mirada, sino también su intelecto. Desde una pequeñita ventana de su hogar, observaba que el mundo no se había quedado anclado en el pasado, sino que éste vivía en el siglo XXI y que las gentes, aún conservando sus culturas y tradiciones, sus vidas no se hallaban confinadas a un exclusivo camino, impregnado de fanatismo que impidiera ver la luz; por lo que, a partir de ese instante decidió rebelarse, y sí, conservar sus costumbres, pero mitigando los extremos para intentar vivir dignamente.

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En su diario, oculto en el lugar más recóndito, se pudo leer el coste de su osadía, es decir, el hecho de haberse despojado de aquel ropaje que le impedía ver con claridad, y cuyo resultado fue que, ya no solo no pudo deambular, ni tan siquiera encerrada en su celda, sino que sus ojos se cerraron para siempre.

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Juan Calderón Matador

EL JUEGO DEL CHICHIMINICHI

Aquella primavera nos cogió con los quince años a punto de caer. Llegó como un tornado que hizo girar todos y cada uno de nuestros sentidos. Ardíamos como ascua. Nuestros ojos respondían continuamente a la llamada del imán de las muchachas, que con el calorcito habían acortado aún más el largo de sus minifaldas. Pero había dos que eran especiales para nosotros y ocupaban el centro de nuestros pensamientos, Purita y Josefina, las hijas del zapatero. Manolo, el Coloraíllo, y yo, Jesús, el de la Tomasa, éramos los monaguillos más populares en la Parroquia de Santa Timotea Delosimposibles. Gozábamos de la simpatía de las parroquianas, que en más de una ocasión nos daban propinilla por hacerles encargos especiales para don Celedonio, el párroco, que siempre nos demostró afecto, como si fuésemos sus nietos. Pero todo aquello terminó la tarde en que inventamos el juego del chichiminichi. Íbamos camino de la parroquia, con tiempo sobrado para preparar el rezo del rosario y la celebración de la misa vespertina, cuando se cruzaron en nuestro camino Purita y Josefina. Nosotros, con un pavo gordo posado sobre nuestras cabezas, las miramos con cara de atontados. Ellas, al vernos babear de aquella forma, no pudieron evitar la risa y,

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sobre todo, el sonrojo. No me pregunten cómo, pero al final acabamos los cuatro en un anexo de la sacristía donde se guardaban las cosas deterioradas o fuera de uso. Al principio no sabíamos qué hacer, aunque Manolo y yo sí teníamos claro lo que deseábamos. Intentamos echar unos bailes mientras tarareábamos el pasodoble El gato montés, entre risas pavas que no tenían ton ni son. Como vimos que las chicas no se arrimaban todo lo que nosotros esperábamos, y hacían una presión horrible con las palmas de sus manos contra nuestro pecho, decidimos animarlas con una copita del vino usado para la celebración de la misa. Manolo, el Coloraíllo, fue a por la garrafa, de la que todos fuimos bebiendo a morro. El vino entraba de maravilla, tan dulcecito, tan afrutado... y bebimos, y bebimos... Entonces se me ocurrió el juego del chichiminichi. -¿Queréis jugar al chichiminichi? Pregunté, poniendo mucha intención en la palabreja. Purita preguntó, muerta de risa -¿Qué es eso del "chimiquinosecuantos"? -Eso, eso, ¿qué es el "nosecuantos" ese?- Añadió Josefina, a punto de hacerse pis entre tantas carcajadas. El Coloraíllo y yo teníamos claro que lo que queríamos era ir al grano, y nos dábamos codazos mientras les explicábamos en qué consistía el juego, una mera disculpa para llegar a donde queríamos llegar. -Por ejemplo: una de vosotras pregunta a uno de nosotros ¿Quién soy yo? y el otro tiene que decirle que es un santo o santa cualquiera de los que hay en este sitio, luego hay que decir alguna cosa por la que sea famoso ese santo. Quien no acierte tendrá que hacer algo que le pida el ganador. -Uf, qué lío, yo no me entero de cómo se juega -aclaró Purita. -Es muy fácil, vamos a probar. Venga, Purita, pregúntame quién eres. -Vale ¿Quién soy? -Eres, eres, eres... ¡La virgen María! -dije, mirando un cuadro, cubierto de polvo, en el que aparecía el nacimiento de Jesús en Belén. -y ahora tienes que preguntarme alguna cosa sobre la Virgen María, si lo adivino he ganado yo, y si no lo adivino has ganado tú y podrás pedirme que haga lo que tú quieras. -Vale. Ummm ¿Cómo se llamaba la prima de la Virgen María que estaba embarazada?

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Vaya, con aquella pregunta no contaba yo. No supe responderle y perdí. Aquello le daba derecho a Purita a pedirme lo que quisiera ¡Y miren lo que se le ocurrió! -¡He ganado, he ganado! Quiero que le gastes una broma a don Celedonio. ¿Que podríamos hacerle, Josefina? -Anda, anda, a ver si vamos a meternos en un lío con el párroco -Respondió su hermana. Y después de pensar entre todos cuál podría ser la broma, al Coloraíllo se le ocurrió la bomba. -Ya sé lo que puedes hacer. ¿Por qué no le cambiamos el nombre a los misterios del rosario, y le ponemos algo gracioso? Como don Celedonio tiene tan mal la vista y se los tenemos que escribir nosotros con letra bien grande todos los días, seguro que no se da ni cuenta, además siempre lo dice todo de carrerilla. -Y dicho y hecho, tras mucho cavilar decidimos hacer algunos cambios en el rezo del rosario. Fui a buscar una cuartilla, en la que escribimos lo que habíamos acordado poner, bueno, la verdad es que las ocurrencias fueron del Coloraíno, y la depositamos en el atril, desde donde don Celedonio rezaba el rosario cada día con las parroquianas. Y continuamos con el juego, sin dejar de empinar la garrafa de vino. -¿Quién soy yo? Le pregunté a Purita -Eres, eres... San Pedro -Hay una cosa muy importante que tiene San Pedro ¿qué es? -¡La corona! -Frío, frío -¿La barba? -Tampoco. Mucho más importante que esas cosas. ¿Qué es? -Pues no lo sé -admitió Purita. -Las llaves del Cielo. Has perdido y tienes que pagar. -¿Y qué tengo que hacer? -Pues, como soy San Pedro y tengo la llave, voy a abrirte el cielo de par en par -Y hasta aquí puedo contarles, porque ha llegado el momento de conocer cómo se desarrolló el juego del Coloraíllo y Josefina. -¿Quién soy yo? Preguntó mi amigo -Eres, eres, eres... ¡Santo Tomás! -Vale. ¿Y qué le pasaba a Santo Tomás? 144

-No tengo ni idea. ¿Qué le pasaba? -Pues que no creía en las cosas hasta que no metía el dedo en la llaga. ¿Tú tienes alguna llaga? -Yo estoy muy sanita y no tengo de esas cosas. -Eso es lo que tú dices, pero como soy Santo Tomás yo no me lo creeré hasta que el dedo me lo aclare. Y entre risas, preguntas y respuestas, bien regadas con vino dulce, se pasó el tiempo y llegó la hora del rosario. Purita, Josefina, el Coloraíllo y yo no quisimos perdernos el efecto de la broma. Don Celedonio comenzó con el rezo. -Primer misterio: El hijo de la Verónica se va a la mili -Y siguió adelante sin que se produjese nada extraño. Él rezaba y las beatas contestaban sin dar muestras de sorpresa. -Segundo misterio: Los apóstoles juegan al chichiminichi con las Santas Mujeres y ganan. La palabreja le costó un poco pronunciarla pero completó la frase sin levantar la vista del papel. Tampoco en esta ocasión parecieron extrañarse el resto de rezadoras. Aquello nos dejó un tanto frustrados, aunque no podíamos disimular las risas, hasta que don Celedonio dio por terminadas las oraciones y el Coloraíllo y yo tuvimos que volver a la sacristía y revestirlo para la celebración de la misa. Entonces fue cuando empezó el problema. Don Celedonio no se había dado cuenta absolutamente de nada al leer los cambios que habíamos hecho en el enunciado de los misterios, pero al comprobar que no quedaba ni una gota de vino para rellenar la vinajera de la misa, rugió como un león sediento y nos desterró del paraíso de la sacristía para siempre jamás, dando por finalizada nuestra carrera eclesiástica. Tuvieron que pasar algunos años para que pudiera introducir mi llave de San Pedro en la cerradura del Cielo de Purita, que aquellos eran otros tiempos y las cerraduras no se abrían así como así. Al Coloraíllo le pasó exactamente igual con su dedo incrédulo de Santo Tomás, y hubo de tener mucha paciencia para poder cerciorarse del lugar exacto donde tenía la llaga Josefina. Hoy, después de tanto tiempo y con una ristra de hijos y nietos alegrándonos la vida, los cuatro seguimos manteniendo la amistad y, con frecuencia, recordamos aquella tarde de vino y risas, como hoy lo hemos hecho en el autocar de un viaje del INSERSO, camino de Benidorm, y el relato ha tenido tanto éxito

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que el autobús entero se ha puesto a jugar al chichiminichi y a empinar la bota que el Coloraíllo lleva siempre en los viajes.

Foto Internet (Benidorm)

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RESEÑAS

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Agustina García Manzano
Título: La magia de las flores Autor: María Huidobro Editorial: Huerga y Fierro Género: Haikus Libro de flores, de flores hechas palabra, de palabra hecha poesía que invita a saber, a buscar todo lo que el tiempo y el arte han ido creando para sentir el alma. María Huidobo ha hecho un regalo a la belleza, para que no se olvide de ninguna de sus criaturas. Y cuando esta reseña está naciendo, la vida de María Huidobro nos ha dejado silenciosamente, por eso vamos a pensar en ella con toda nuestra alma para acompañarla en su gran viaje. Ella se alejó, no quiso decir nada, dejó su libro dedicado a

Y ha sido María Emma, La de la Palma, la isla de las bellas flores, quien tantas invitaciones compartió con María Huidobro, la que me dijo: “estoy llamando a María y no contesta,” y yo le dije que le estaba haciendo una reseña para Raíces de Papel porque Milagros Salvador me trajo el libro. Entonces pregunté a Milagros y no sabía nada, pensaba que estaría retirada unos días en Burgos. Hasta que hoy se nos ha revelado la trágica noticia.

Vamos a escuchar en su memoria el Dúo de las flores de la ópera Lakme de Leo Delibes, cantado por Erika Miklosa (Lakmé) Bernadett Wiedemann (Mallika), que de seguro que es una música que le gustaría a la autora goo.gl/tU3H7 Las dos flores de esta ópera son el jazmín, que simboliza inocencia y amabilidad y la rosa que simboliza majestuosidad. Lakme es la hija de un sacerdote Brahman y Mallika, su criada con nombre de reina. María Huidobro en su libro La magia de las flores. Haikus compone un diccionario de flores, tras el nombre de cada una aparece la expresión de su simbolismo, continúa un haiku y después ofrece un texto con erudición, etimologías,

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vivencias e historia de cada una de las 137 flores que aparecen en el libro. Valga como muestra este ramillete: La rosa de té simboliza gentileza. La rosa de Alejandría belleza. La rosa de color amarillo infidelidad. La rosa blanca sigilo y candidez. La rosa damascena dulzura emponzoñada, según algunos autores, aunque no estoy de acuerdo. La rosa de China, amor voluptuoso… Las flores son el adjetivo de la naturaleza, el sustantivo de la belleza, el lujo de la vida. María Huidobro al escribir de las flores nos habla de: gracia divina, mágica atracción, proverbial belleza, espectaculares floraciones, aspecto estrellado, belleza sublime, increíble vistosidad, milagro de la inmortalidad, angélica arcangélica, color de aurora, claridad alada, delicadas flores, blancura inmaculada, miramelindos, flores solitarias, espléndidos colores, poderes mágicos, ligero aroma, esplendor, elegancia, proverbial, sagrada, perfume, luminosidad, rojo intenso, símbolo de la pasión, tonos anaranjados, milagros, floración amarilla, venerada, buenos presagios, flor de dioses, delicado aroma, excelsa, encantadora delicadeza, nictagínea, muy fragantes, magnífica estrella blanca, bellas flores, vivaz, curativa, albar, menudas, umbeliformes, flor preciosa, intenso olor azucarado, muy apreciadas, hermosas y agradecidas, color blanquecino, aspecto céreo y porcelanoso, púrpura y blanco, de color amarillo oro, purificador, exquisitez de formas y matices, emblemática flor, verdadero regalo para la vista y para el espíritu, dignas de admiración, tirsos laxos, exóticas flores, muy cultivada, silvestre, fuerte y peculiar aroma, salpicadas de manchas oscuras, muy apreciadas, propiedades sorprendentes, acuática, delicadeza y hermosura, brillante tono malva, airoso, colores tornasolados, tono vivo, numerosas, grandes y vivamente coloreadas, redondeadas, color rojo profundo, rosa, malva, morado y azul, flores azuladas muy olorosas, preciosa y exótica, floración invernal, muy efectistas, flores colgantes, flores reunidas,, sensible y pudorosa flor, flor hechicera, fragancia exquisita, espectacular belleza, belleza esplendorosa, primitiva esencia, flor tímida, flores sencillas, sensitiva vergonzosa. María Huidobro ha dedicado un gran esfuerzo al cultivo de las letras, sabía inglés, francés y ruso. Cursó estudios de piano y fue una apasionada de la civilización egipcia. Una curiosidad incesante la llevó a estudiar Humanidades del mundo contemporáneo de una manera profunda. A partir del año 1979 decidió compartir sus hallazgos con los lectores y publicó estos veinticuatro libros, tal vez alguno más: La flor del agua, 1979. La rapsodia del viento, 1979. De nombres y de huellas, 1992. Escrito sobre el viento, 1992. En la línea más húmeda del agua, 1993. Liturgia de los nombres, 1994. La última ola: poemas, 1999. En el país del sol naciente (haikus), 2000. El perdurable encanto de los mitos, 2000. Estambres de crisantemos: poemas, 2001. Esbozos de figuras emblemáticas, 2003. Tallos de bambú (haikus), 2004. Con sabor a té: (haikus), 2005. Tras las huellas de los dioses del Olimpo, 2005. Egipto mágico y mítico, 2005. Las leyendas de la niebla y otros cuentos, 2007. Madera de sándalo, 2007. Sobre la línea azul de los enigmas, 2008. En la rama dorada de los gozos, 2008. Niños, la más pura expresión de lo adorable, 2009. A la sombra de los cerezos en flor, 2010. El hechizo de las perlas, 2011. Fábulas pintorescas, humorísticas y sugerentes, 2012. La magia de las flores. Haikus, 2012.

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Es imposible no subrayar de manera importante que María Huidobro ha dejado, al menos, veinticuatro libros publicados a lo largo de más de treinta años. Sorprende que una constancia y una energía tan intensas no hayan alcanzado un reflejo en el mundo de la crítica, al menos en lo que he podido navegar por internet. Quizá existe una bibliografía ausente en el guirigay de la red que nos resulta inalcanzable. De cualquier modo nos preguntamos ¿Cuál es la Historia de la Literatura que tenemos pendiente? El ignorar a los creadores es un desprecio muy grande al trabajo de personas que se esfuerzan en dar de sí mismas algo a los demás. María Huidobro nos ha dejado una de las más bellas lecciones de literatura en estas palabras con las que presenta su libro de Fábulas donde antepone la emoción estética a otros objetivos que tampoco desdeña: No siempre debe pretenderse que los niños entiendan lo que leen, sea prosa o verso. Es necesario que les produzca emociones estéticas todo aquello que leen. Con esto ya han cumplido algunos de los principales fines de la lectura. Si de poesía se trata, no importa que los niños no entiendan los poemas en todo su significado. La poesía es palabra y es música, y como tal, va dirigida al oído, camino forzoso para tocar la sensibilidad de los niños. El deleite que experimentan al percibir la musicalidad de la lectura, constituye por sí sólo, un material estético de incalculable valor. Con el respeto que impone la muerte nos iremos acercando a esta autora que supo aprovechar los momentos creativos a tiempo. Cuando recibí el libro La magia de las flores. Haikus me sorprendió la flor casi negra de la portada, junto a sus hermanas de colores, creo que ahora sé por qué, Yaiza Guerra, la autora de la portada nos lo podría decir. Documentación On-line goo.gl/2FZfz

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Título: Sirenas de pecho herido Autor: Juan Calderón Matador Editorial: Huerga y Fierro Género: Poesía Religio peperit scelerosa atque impia facta
LUCRECIO

Cuando fui pez aprendí que la infancia es el mar y allí todo es posible porque está lejos y los ojos no ven pero saben que las Sirenas de pecho herido están eternamente naciendo, son seres nacientes que no pueden morir porque no han acabado de nacer, ellas no pasan, ellas no tienen history, sólo son ellas mismas, sólo tienen herstory, así, en femenino. Jamás nadie escribió la masculina Sirena. Juan Calderón nos regala con este libro feminista, delicadamente trágico, que nos lleva a la más amarga pregunta: ¿por qué es bella la guerra? Y ahí está el canto, el rapsoda, el poeta, el dueño del poema. Pero aquí estamos nosotros, los lectores, los ladrones de versos, en la danza de la lectura, como la gitana que cantó Barbara, también ella sirena herida1, todos convertidos en sirenas que cantan, en muchachas callejeras que bailan a la puerta que separa a los vivos de los muertos. Y entonces del diálogo con las estrellas nacen los dioses, que son lujuriosos, avaros y vengativos como los reyes. Hasta que la Poesía nos abre los ojos y Lucrecio nos da la mano porque él es quien lleva casi dos mil años denunciando los crímenes de la religión, de la guerra, de la mitología, del fanatismo encarnados en la figura de Ifigenia, inmolada por su padre a los dioses para que le concedieran vientos favorables en la travesía. ¡A cuántos crímenes puede llevar la religión! Juan Calderón lo sabe y lo escribe. Pero la Poesía no se lee sola, hay que leerla una vez, hay que leerla muchas veces, nunca es suficiente una lectura, siempre hay una más, es infinita. Y qué mejor lectura que poeta leyendo a poeta, es decir, Milagros Salvador leyendo a Juan Calderón, ella sabe y le ha sacado los versos a la cara, se los ha
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La canción compuesta por Jacques Brel se titula Sur la place. No os quedéis sin escuchar este canto de la sirena herida, Barbara, Monique Serf (1930-1997 ). Fue violada por su padre y tuvo el valor de cantar y la fuerza de decírnoslo. goo.gl/F7qbq

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medido, se los ha aprendido y nos los cuenta en un prólogo que hay que leer al principio y al final, en él nos habla de las cuatro historias: Los vientos y la guerra; Tiempo de Inquisición; La sirena y el hombre de coral; La sirena y el marinero. De estos cuatro largos poemas Milagros escribe que Juan Calderón los “ha encajado en esa atmósfera erótico-amorosa con el tono carnal y sublime, pasional y angelical a la vez.” Y Milagros, sensible al mundo de las mujeres, que con tanto amor escribió su poemario de la hache muda: Habitando la sombra ha captado la onda en Sirenas de pecho herido Miriam, la sirena que abandonó su casa sumergida para ser el mascarón viviente. Dos poetas: Milagros y Juan, dos libros: Sirenas de pecho herido y Acrostolio. En estos libros tenemos los poemas de la Historia de la Literatura por escribir, de la literatura en la que las mujeres son, como Dios es. Porque la revolución feminista del S.XX nos ha enseñado que Dios es negra2, gitana y judía. Y si la mar fuera de leche y los barquitos de canela, tal como dice la canción sefardí, la sirena, ¿qué sería la sirena? Pero la vida sigue en “los poemas de hierba” y en las ciudades dulces y saladas que salen en este libro: Sevilla, Londres, La Habana, Barcelona, todas ellas al borde del agua, “el agua es la cortina del misterio” y junto a ella estamos, y con él vivimos y algún día seremos árbol, ceniza, papel . Mientras tanto leemos en internet que de vez en cuando aparece algún ser llamado rinobatos planiceps, y alguna que otra criatura llamada sirena, que infunde terror y piedad. Sin embargo, tenemos derecho a la belleza y por eso Javier Bueno ha navegado entre los prerrafaelitas y ha encontrado una bella pintura de John William Waterhouse, A Mermaid, para la portada de este poemario de homenaje a la mujer, “a la de tierra y a la de agua”.

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Clementina de jesús () trabajó veinte años como criada hasta que fue descubierta como genio de la canción brasileña. Escuchad y leed Marinheiro so, goo.gl/mLc4N También la caboverdeana Cesaria Évora, prostituta y lavandeira se reveló como la diva de los pies descalzos.

goo.gl/J2uqs

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Título: La mano pensativa Autor: Blas Muñoz Pizarro Editorial: Ediciones Fecit

¿SE abre o se cierra? Yo no sé qué sucede tras el poema. Cuánta sabiduría en la pregunta de este poema y cuánto conocimiento en el no saber de la respuesta. Un poeta es muchos poetas: el poeta que lee en una nube el reflejo del agua, el poeta que adivina la hoja no nacida, el poeta que dibuja el aire con sus versos, el poeta que respira la escritura y vive la palabra, el poeta que nos hace sentir que sí se puede lo que no se puede. Cuando leemos a Blas Muñoz Pizarro se nos abren muchas puertas que no existían para nosotros y entonces algo cambia en el mundo. Quien lea La mano pensativa sabrá que el mundo es pequeño para los que no leen porque con este libro nos convertimos en lectores poetas, esta obra nos lleva a la poesía de la lectura por medio de la lectura de la poesía. Cómo no anhelar que todos los lectores con tanto por sentir lleguen a la literatura. Estamos ante un libro completo, un libro entero como un recién nacido. Y tiene final, un final que vale una novela. Un

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poema dramático por visual, trágico por musical, con el lirismo del frío, del fuego, de la poesía, de la muerte, poema titulado Como otras veces. El libro tiene su corazón: Tal vez otra luz, con tres partes.1 Haikus de la piedra en el agua. 2 Senryus del sueño de la tierra.3 Tankas de la sombra del fuego. Leer haikus es un ejercicio espiritual, lees y estás muy lejos, sientes más aire, más claridad, más altura. Es una poesía para respirar y al respirar entras en la poesía, y entonces sabes que la madre del lobezno es madre y amas la naturaleza animada, sientes la respiración y respiras el sentimiento. Leer senryus es entrar en la alta tensión, estamos ante un poema universo, sales de él como sales del tiempo, con respiros y silencios, el sistema nervioso central es leído por el senryu y éste me trae a Mari, la silletera del arrabal, cuando leo que el poeta es hijo de poeta que tose y teje sillas de anea. Leer tankas es darse cuenta del olvido del origen, de lo lejos que está el amor, de lo largo que es el puente. Si el agua fuera el puente el poema sería un pez. El amor, el sueño, el acecho, la ausencia, los libros, el dolor que viaja en ambulancia, el coche, todo esto está en los poemas. Leer el Inicio es leer la Historia de la Literatura en el soneto La mano pensativa, porque como nos dice Susana Benet en el prólogo, Blas Muñoz Pizarro conoce, sabe, hace Poesía “con la misma maestría y concisión con que lo hicieron los poetas clásicos” sea de oriente, sea de occidente. Estimado lector, estimada lectora, hojeas este libro y ves que el haiku es el lugar donde el aire y la tierra juegan al ajedrez. Ojeas La mano pensativa y sientes que el fuego y el agua han jugado al ajedrez. Lees La mano pensativa y entras en la poesía metafísica. Con esta obra se alcanza el ideal anarquista de no separar cabezamanos como nos ha obligado el capitalismo traidor y asesino. El poeta sabe: no sólo la naturaleza, también el asfalto, no sólo el águila, también el ratón, no sólo el canto, también la tos. Blas Muñoz Pizarro es un poeta grande que vale lo mismo para un zurcido que para un bordado, que encuentra la poesía en el toldo de la terraza y en el bosque, ya extinguido. Agradecemos a Ediciones Fecit tan excelente trabajo y felicitamos al ayuntamiento de Lodosa (Navarra) por haber sabido recibir el premio del poeta y por haber sabido concederle a Blas Muñoz Pizarro el premio del XXVIII certamen poético «Ángel Martínez Baigorri», 2011 y a la revista «Raíces de papel» por brindarnos la oportunidad de tan exquisita lectura.

LODOSA

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Ana García

Título: Escribiendo esperanza Autor: Varios autores Editorial: Ediciones Cardeñoso (Vigo) 2013 "Escribiendo Esperanza" es una obra colectiva en el que se reúnen los poemas, relatos cortos y dibujos de 32 autores y 2 artistas con un fin benéfico: ayudar a conseguir la felicidad de un niño cuya vida se apaga por una terrible enfermedad. El estilo y extensión del poemario y del relato en prosa es variado como lo es el número de autores. También es diversa la temática. El conjunto del libro constituye una mezcla donde están presentes la niñez, la adolescencia, las ausencias, los recuerdos, la cotidianidad, la nostalgia del pasado, los sentimientos nobles y los viles como la envidia, el ser amado, la melancolía, etc. Es significativa la vívida descripción de los paisajes transmitiendo sensaciones tan intensas que sumergen al lector en el ambiente hasta llegar a sentir la brisa y el sol en una playa, el ajetreo de una estación de tren o la calma de una tarde de solana en un pueblo de antaño. Es importante resaltar cómo el mar, el sol y la luna se convierten en la encarnación de la luz para celebrar la vida en contraste con la sombra de la tristeza, el aviso sobre lo efímero de la existencia y el error del hombre desperdiciándola, la denuncia de un mundo demasiado material y la reivindicación de los sueños. En suma, es elogiable la obra tanto por su objetivo como por su significado: un canto de esperanza.

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Título: Yo quiero ser... Autor: Varios autores Editorial: Visión Libros. (Madrid) 2013 “Yo quiero ser…”es el resultado literario de un grupo de escritores pertenecientes al colectivo “Tirarse al folio”, que nos presentan sus últimos trabajos. Doce nombres entre los que nos encontramos a Lui Antoniloli, Graziela E. Ugarte, Pilar Martín, Cruz Cartas y F.J. Fayerman, entre otros, pertenecientes a diferentes generaciones y estilos, autores de las historias que nos llegan a comunicar humor, tristeza, ternura, sueños y realidades… todos los ingredientes que iluminan desde siempre la literatura, historias que nos trasladan a muy diversos ambientes, tiempos y situaciones que enmarcan las historias que hemos leído con interés. Cada capítulo, que pertenece a cada uno de los autores se presenta con una fotografía del cada autor, fotografía de su niñez, que enlaza con la intención del propio título “Quiero ser…”, como si nos trasladásemos a un tiempo pasado desde el que se expresa su deseo futuro. Como leemos en el prólogo, “Iniciar la lectura de un libro es una aventura maravillosa” y en esta ocasión también animamos a comenzar este viaje.

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Andrés R. Blanco
Título: Sirenas de pecho herido Autor: Juan Calderón Matador Editorial: Huerga & Fierro (Madrid) 2013 Juan Calderón Matador nos presenta su nuevo poemario “Sirenas de pecho herido”, en edición de Huerga & Fierro. Los cuatro apartados que lo componen tienen como punto común, además del estilo propio del autor –con un cuidado verso blanco repleto de imágenes y metáforas, jaspeado de cierto vocabulario que igualmente lo identifica–, su carácter narrativo susceptible, en mi opinión, de una posible teatralización. Las escenas –los distintos poemas de cada serie– se suceden mediante elipsis temporales o situacionales que nos van llevando por la emoción y la denuncia que Juan Calderón nos quiere transmitir. Emoción, como la desbordante de esperanza y vitalismo en estos versos: “Supieron que el camino era una fosa,/ un estómago hambriento,/ y ellos eran pan y dulce mosto”. Denuncia, como la de la costumbre retrógrada plasmada en la estrofa: “El hombre que la espera no es el hombre,/ por el que se desboca/ su joven corazón,/ pero le fue el futuro concertado/ cuando aún albeaba su existencia”. “Albeaba”, por cierto, bello neologismo como otros que de vez en cuando nos regala el autor. La denuncia inscrita en el poemario tiene un carácter más amplio, ya que engloba algunas de las situaciones que la mujer, a lo largo del tiempo, ha venido padeciendo, tales como el abuso desde una posición de poder masculino o religioso o la muy conocida traición y deslealtad sentimental. El título hace referencia a las heridas “de género” personalizadas en las sirenas que representan la figura femenina. Sirenas, porque el autor sitúa sus historias en un ambiente fabuloso entremezclado con lo mítico, lo épico y lo histórico. Así, vamos escuchando ecos del antiguo mundo griego, del oscurantismo medieval y de la imaginativa “Las 1001 noches”. A lo largo de los poemas, la belleza de las imágenes se funde con el dramatismo de las situaciones: “De la envidia fraterna/ y el ansia de reinar/nació la oscura Guerra,/ domadora de ancianos/ caníbal de la infancia,/ inmensa sombra parda/ que al país trajo luto/ y llenó de congoja/ los vientres femeninos.” ( LOS VIENTOS Y LA GUERRA); o “Era su madre la pavesa/ con la que no dejaba de jugar/ el viento de la tarde.” (TIEMPO DE INQUISICIÓN). Y también “Aquella noche Miriam/ cantó canciones tristes/ asomada al brocal/ del pozo de mis ojos.” (LA SIRENA Y EL MARINERO). Los versos de Juan Calderón en “Sirenas de pecho herido” componen, con su acostumbrado buen hacer, cuentos fantásticos que nos hablan luminosamente de una oscura realidad que poco a poco se va superando pero que ha dejado “una llaga perenne en el recuerdo” de la Historia. Los poemas de Juan conforman cuentos para niños grandes, con su parte de corazón que anhela fantasía y la belleza, y otra parte que ha encontrado y aprendido en la experiencia las dudosas líneas que los hombres han escrito –y aún escriben– a costa de las mujeres.

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Poemario recomendable, de cuidada edición y muy cuidados fondo y forma, envueltos, además de en lo ya dicho, con el precioso halo del misterio fabuloso, como en este poema de LA SIRENA Y EL HOMBRE DE CORAL: “Sin memoria de escamas, /del beso de dos olas,/ brota con forma de sirena/ la que fuera mujer de tierra adentro.// Las plantas de sus pies rozan la orilla/ y allá, donde debieran dibujarse/ talón y dedos breves,/ nace el contorno del misterio/ y una voz que me llama.”

Mª Cristina Borobio Ibarrondo

Título: El último discurso del General Santibañez Autor: Elena Marqués Editorial: Ediciones Oblicuas, S.L. (2012) Cuento largo y no novela, en palabras de su autora quien lo considera como un hijo pequeño que además de cumplir el propósito de rendir homenaje a los personajes de García Márquez, es en primer lugar parte de ella misma —como lo es un hijo— y por ello también parte de su personalidad. A través del retoño podremos conocer a la madre como en cualquier producción humana, sea ésta artística o no. Así, la autora, como hija

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de su tiempo, se deja ver a lo largo de la narración a través de algunas ventanas que nos abre al efecto como cuando califica como “términos de por sí antitéticos” a la ética y a la política, idea muy acorde con el extendido sentimiento entre los ciudadanos de finales del año 2012. Deja al gusto del lector la ubicación espacial y temporal del relato. Hay quienes han identificado al personaje central como un militar mejicano, aunque la mayoría prefiere hablar de un país imaginario del que apreciamos una mordaz caricatura tras el eco de García Márquez, que en realidad se nos aparece como un mero pretexto para dibujar con rasgos exagerados los acontecimientos, escenarios y personajes del espacio en que se narran los hechos, yendo en suma un poco más allá en la crítica a cualquiera de las dictaduras latinoamericanas, de las que se diría estan cortadas casi por el mismo patrón. El relato nos da la impresión de aparecer conformado en dos mitades desiguales en extensión, de las que la primera abarca más allá de la mitad preparándonos para la segunda cuya trama se va entretejiendo en distintas direcciones tras la revelación que de forma sorpresivamente abrupta se nos hace al final del capítulo X para ir llevándonos a partir de ahí a un final inesperado y sorprendente. En un momento dado del relato nos llama la atención la nube negra que se posa sobre las cabezas de los personajes como augurio de nada bueno, recordándonos el pasaje de la Historia de la antigua Roma —más de dos milenios antes— en el que también una nube de tormenta tras posarse sobre las cabezas de todos los soldados en el Campo de Marte cubrió a Rómulo y a partir de ahí los romanos no volvieron a verle entre los vivos considerándole desde entonces como una más de las divinidades. Presagio de muerte, como otro Quirino dos mil años más tarde: hay cosas que no cambian, la humanidad es la que es y la Historia, magistra vitae, se repite inexorable.

Emilio Serrano de Blesa

Título: Doce docenas Autor: Juan Ruiz de Torres Editorial: Corona del Sur (Málaga)

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Leo con fruición DOCE DOCENAS de cuentos (excepto el tomo I) que Juan Ruiz de Torres ha publicado en Corona del Sur, Málaga 2011. El ingenio del autor chispea con movilidad jovial y sorprendente. Al final, una frase resuelve el enigma en cada relato. En el volumen II, unas palabras del autor en su "Presentación" aclaran: "desde la perspectiva de Sherezade, estos relatos tienen la misión de entretener, animar y sorprender". En efecto, en "Historias de Cleta" nos sorprende un elogio a la sopa de ajo en uno de los relatos que otorgan al autor una humanidad fuera de lo común. Recorre el escritor lugares diferentes transfigurando realidades como en "El tesoro chapaneco" de los mayas que me recuerda un viaje personal a las ruinas hondureñas de Copán. Pero este volumen contiene también en las "Historias de un niño" la vuelta a la niñez con los recuerdos emotivos de realismo anecdótico y de amor a la naturaleza. En las "Historias de amor" aparece la frase memorable de "Pontius": ¿qué es la verdad? Tal vez la respuesta se halla en el humilde "Bertold" que no acepta un ascenso fuera de su lugar de origen y en las palabras de "Patricia y Louise": que subir en la vida no es tener más cada día sino aspirar a lo necesario y desdeñar lo superfluo con amor a esa vida que se nos ha dado. En el volumen III, "Historias de arqueología" presentan verdadero suspense, acertada intriga y concentrada acción. Dos planos hay en los relatos: el presente de los restauradores de monumentos encontrando algo sorprendente y el pasado de los constructores como origen del actual suspense. Así, en el "Obstat" del acueducto segoviano o en el "Octaedro" toledano donde una joya de la Cava centra el interés. Verdaderos aciertos literarios, estas "Historias de arqueología", las mejores sin duda de este volumen. Cuentos, en suma, de consistencia, sustancia, enjundia literaria, mejunje. También el volumen IV presenta gran agilidad mental y juego sorprendente de variados relatos: "Historias de misterio y suspense", "Historias del lado oscuro" e "Historias de humor". Recorrido geográfico por América y Europa donde el autor ha vivido conociendo países y lenguas correspondientes. La viveza, el humor, la humanidad y la fusión con la naturaleza. Una joyita literaria se titula "Detrás de la tapia" cuyo protagonista, un ingeniero, se retira del tráfago ruidoso de la mecánica para respirar, silencioso y sosegado en la floresta.

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Milagros Salvador

Título: Escribiré de amor en tus entrañas Autor: Elías Cortés Editorial: Círculo Rojo (2013) Elías Cortés nos presenta su poemario estructurado en tres partes, “De primaveras perpetuas”, “De dolores como epitafios” y De horizontes ansiolíticos”, a través de los cuales nos propone que le acompañemos con nuestra lectura por su itinerario poético, por el que va desgranado sus sentimientos y sus emociones con la cercanía que supone la sensualidad que el cuerpo comunica y que el autor nos traslada con sus versos. “Tu belleza de curvas victoriosas, / tus ojos, esos grandes escenarios, / el botín de tus labios incendiarios, / la fiesta de tus manos amorosas;… ” solamente un ejemplo para demostrar el clima de su entrega. Y como de itinerario se trata, el autor cambia la posición de su mirada para marcarnos otra realidad, porque “dolores son como epitafios / que suenan en el fondo de la noche…” el recorrido que el autor ha seguido también en los títulos de los poemas de esta segunda parte, como “Temblor de gusanos tristes” o “La fracasada luz”, las dos caras del riesgo que también nos presenta la vida. Y todo para terminar es esos “horizontes donde el autor anuda, al menos poéticamente, las dos primeras partes del libro, para terminar con su título “Día de fiesta” que nos abre el corazón y que como dice José Luis Cerón autor del prólogo, “este poema por su condición hímnica, enlaza con el que abre el libro, conformando, pues, una estructura circular que me parece muy lograda”. El autor nos recuerda en todos sus poemas algunos versos significativos de autores que ha considerado dignos de encabezamiento, para dar entrada a los suyos propios.

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Elías Cortés ha cuidado la forma en este poemario, por lo que nos parece un poemario meditado, que vagaba hace tiempo por la intención del autor, y que ahora nos ofrece para compartir los sentimientos que le han llevado a su publicación.

Título: La huella de dos vientos Autor: Juan Manuel del Pozo Jiménez y Paqui Quintana Vega Editorial: Obra Caja Social de Badajoz (2012)

El viento, los vientos, han sido la imagen que Juan Manuel del Pozo y Paqui Jiménez han escogido para el título del poemario, donde como los vientos, el viento, en este caso dos vientos, se anudan, se cruzan, en definitiva se unen e identifican y reconocen que no pasan sin dejar esa huella que queda del paso por la poesía o la vida, que es lo que ellos nos han querido decir. Los vientos son dos, y dos también los autores, pero la fuerza que desprende la unidad les ha llevado a también a este poemario, que ahora nos presentan con intención de que lo sintamos cercano, como la letra en la que han elegido para la celebración de sus versos. Es un poemario muy emocional, desde las dos dedicatorias en la que coinciden en el agradecimiento a sus padres y a Dios.

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A pesar de estar dividido el libro en dos partes, la primera para Juan Manuel, y la segunda para Paqui, dos personas se cruzan en el camino de este poemario, que casi podríamos llamar mutuo, porque la fuente que los inspira mana de las mismas aguas, aunque cada uno mantenga su personalidad. En los temas también confluyen sus aguas, la familia, los hijos, el amor, la dedicación de la esposa al esposo y del esposo a la esposa, los amigos …nos lo van diciendo los propios encabezamientos o dedicatorias de muchos de sus poemas, y así fluyen los versos desde lo más profundo del sentimiento humano, hasta alcanzar la expresión poética que nos presentan sus autores. En “Paladin por amor” dice Juan Manuel a su esposa: “En el blasón de tus labios/- de amor -esculpo una espada / una corona de besos / y un corazón escarlata En “¡Llévame en tus ojos!” dice Paqui a Juan Manuel. …¡ Qué quiero decirlo mirando tus ojos! / ¡perdida mi alma en su mar de laurel! / ¡en ese mar vivo ,que, altivo, o de hinojos / con alas de fuego derrite mi piel! Nos dice Paqui. Pero como dice Alfredo Liñan en el prólogo, “ cada uno con su vida propia y su forma de hacer, de ver y de sentir.” Y añado yo, con su forma de escribir y enfrentarse a la poesía. Y así se entrecruzan los temas y el tono del poemario, donde dos autores manifiestan con sus sonoros versos esa música que llama al corazón.

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Título: De Madrid al cielo pasando por El Escorial Autor: Isabel Díez Serrano Editorial: Dulcinea

Isabel Díez nos presenta en su libro De Madrid al cielo pasando por El Escorial, un poemario dentro de su larga trayectoria como poeta, en la misma línea lírica viva, expresiva, emocionante y rica a la que nos tiene acostumbrados. En este bello libro, la autora nos sumerge en un significativo lugar, a través de una guía que sostiene un eje poético, alrededor del que va desgranando paso a paso o poema a poema los títulos que nos sitúan en su geografía cercana, en su inspiración, como “Sobre la curva del monte”, “Los árboles se visten”, “La casita del príncipe está cerca”, ”Paseo de Felipe II engalanado” “Lágrimas de San Lorenzo” que nos lo confirman. Un acierto del libro, ente otros, es esa manera de conjugar los dos espacios, el interior y el exterior, emoción y paisaje, que se entrecruzan en sus versos y llegan a unirse con el poder de la palabra, porque “La mirada interior y el monte que rodea/ armoniza el paisaje que devuelve el frescor...”, porque “el tiempo avanza hacia la eternidad/ y el paso del deseo va deprisa”, Isabel Díez nos demuestra su oficio de poeta, y una vez más nos deja como huella la resonancia que sigue a todo buen poema, la hondura de su expresión y la facilidad con que nos comunica su rima. El pretexto se ha hecho alma del libro, y sabe fundir espacio y respuesta poética, acaso se funde también con su espacio personal, aquel que ha encontrado en un lugar, El Escorial, que ahora canta y nos recrea, nos lo dice la autora, en “Esta es mi casa”, el lugar sosegado en el que recoge el tiempo que pasa y en el que reposa su lírica, el lugar sereno en el que escribe sus poemas y en el que le deseamos que nos siga deleitando con sus próximos libros.

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Título: Poesía 8 Autor: Maxi Rey Editorial: Libertad 8. Café Literario y Cuadernos del Laberinto

Con el título Los ocho a las ocho en el Libertad 8, se publican en cuadernillos de poesía los recitales que han tenido lugar en el célebre café, autores que van pasando por estas sesiones, y dejan para el recuerdo ediciones como ésta que ahora presentamos. Maxi Rey, autor de todos conocido, no solamente por su obra, sino por el interés documental sobre todos los poetas actuales, en esta ocasión nos presenta una selección del libro aún inédito Escuela de mujeres, introduciéndonos en dos vertientes que siguiendo los títulos apuntan dos coordenadas, “el hombre” y “la naturaleza”, palabras que trasciende para decirnos muchas cosas. En su primer poema nos dice “ No sigas al hombre que viene de lejos/y te habla de la fuerza de la tierra / desde el agua turbia de tu alma..” o “”No creas al hombre desconocido/ a ningún hombre que te hable / en la tarde sobre la colina..” ¿ De qué hombre nos habla? ¿A quién se dirige? La poesía nos impregna con su magia, y Maxi Rey que no es ajeno a ello, va desgranando entre sus versos las emociones que encarnan los versos, enlazados con ideas o reflexiones para hacernos pensar y sentir al tiempo. Y la mujer en el trasfondo de sus palabras, en el fondo de sus poemas, en la intención que sabe administrar poco a poco, para que podamos saborear sus versos, y quién sabe si también comunicarnos el sentimiento que vive en el poeta, para terminar con sus palabras “para que mi sangre (nos dice el poeta) fecunde montes, arroyos y llanuras/hasta el mar inmenso de los sueños”. De los sueños y de la realidad, añado yo.

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Título: Convierte el arte en agua Autor: Álvaro Fierro Editorial: Brabante. Años 2011 y 2012 En apoyo a un proyecto de Missionary Community of Saint Paul the Apostle.

Estas dos publicaciones que se nos presentan con el título común Convierte el arte en agua, nace con la intención de apoyar los proyectos que durante veinticinco años vienen desarrollando la MCSPA en Kenia y Etiopía. El poeta Álvaro fierro ha sabido unir las expresiones artísticas de pintores, escultores y fotógrafos, con esta noble causa, y nombres como Claudia Stilianopoulos, Carlos Sánchez Alonso, Cristina Almodóvar, Alfonso Zubiaga, Águeda de la Pisa, Carlos Arriaga, Juan de la Rosa o Guillermo Formes, por citar algunos han respondido a tan destacada acción, y el resultado han sido dos bellos poemarios que va presentando cada uno de sus poemas acompañado de una expresión artística de cada uno de los autores mencionados. “Nadie puede beber agua en un espejismo”, casi podría ser el alma de esta acción, que nos conmueve a compartir la necesidad que sufre una parte importante de la humanidad. “Nos acercamos a las aguas / para pedirle a Dios / que nos dejase ser octubre. Estaba quieta/ la claridad de la laguna….” Así comienza esta este viaje poético con palabras que unen belleza y concienciación. “Cuando murió la luz / encarcelamos / la lluvia en un estanque…” Muchas son las referencias del agua que nos va llevando de la mano de los bellos versos de Álvaro Fierro, y de las imágenes que acompaña, para “convertir el arte en agua”, y dar al título todo el sentido que ha pretendido el autor, porque “ Al regresar del sueño 166

comprendí/ que el tiempo es el camino que necesita el agua/ para viajar y emocionarse/ para abrazarse al suelo de los charcos/ y en su envoltura fresca recoger/todas las lágrimas.” No se podía expresar de mejor manera esta llamada al corazón, para llegar a emocionarnos, para llegar al conocimiento de la necesidad de los otros. Bellos poemas, y bellas expresiones de otras artes, que se han unido para concienciarnos a través de la belleza.

Título: En la desposesión Autor: Blas Muñoz Pizarro Editorial: Diputación de Cáceres El poeta Blas Muñoz nos presenta esta su última obra, que ha obtenido el merecimiento del premio “Flor de Jara” de Poesía, un reconocimiento, y siempre un estímulo en la vida creativa de los poetas. El título nos acerca a los versos que el propio autor elige como encabezamiento del poemario, con una cita de José Ángel Valente, y otras tres citas para los tres capítulos en los que divide su obra, Juan Gelman, Luis Rosales o Carlos Marzal, que ven “En la desposesión” la esencia poética de la entrega, y en este último autor de manera tan manifiesta, para el que “en la poesía está la esencia, /en la simplicidad, lo permanente. “

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Y así en lo permanente se inspira nuestro poeta, en la esencia de sus 38 poemas, a lo largo de los capítulos de su libro. “Desposesión”, una muestra de cómo una palabra admite la flexibilidad de sus límites, que la creación poética ha superpuesto en el campo semántico del “desposeimiento”, privación y renuncia, que sí aparece en nuestro diccionario. “En el límite herido de la luz / empieza el canto. / Fuera / queda el silencio.” Y también comienza el autor sus versos en este luminoso marco, con un lenguaje lírico, bello, representativo, donde la imaginación y la magia se van enlazando para meternos de lleno en su obra, en su preocupación, en su mundo, en su pensamiento, lo que logra con gran facilidad, con oficio y maestría. Las palabras claves de un poemario nos dicen mucho de la preocupación del poeta, y en esta obra, “vida”, “sombra”, “noche”, “palabra” …y sobre todo “luz”, que incluso encontramos en tres de los títulos de sus representativos poemas, “El el límite herido de la luz”, “Subimos a la luz ingrávida” y “El azar de la luz”, nos sumergen en el fondo marino de esta personal poesía de Blas Muñoz. El espíritu de En la desposesión marca la emoción en todo el poemario, hasta sus últimos versos: “Y en la desposesión / dueño soy/ de una ausencia”. No se podía decir más y mejor, con estas palabras que el autor nos marca, para dejarnos el sabor, la resonancia, el gusto de haber leído una obra merecedora de nuestro tiempo y nuestra atención.

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Título: El parpadeo del tiempo Autor: Lola de la Serna Editorial: Ediciones Vitrubio (Madrid) 2013 Después de los poemarios Curupaití y Adam Kadmon, ahora Lola de la Serna nos presenta El parpadeo del tiempo, un libro que de acuerdo a su título, se adentra en uno de los temas que han tratado los poetas en todas las épocas, el tiempo, aunque el enfoque, el interés y el estilo se hayan ido acoplando a las diferentes modas y a las distintas personalidad de los diferentes poetas. La autora nos marca en el índice del libro las cuatro estaciones en que dividirá su obra, incluyendo en cada uno el nombre de los meses, pero no de una manera excluyente, sino que irá intercambiando pronombres personales, yo, él, ella, nosotros, vosotros,… acaso para ampliar en sus versos el “Yo poético” que singulariza la acción poética y que en cierta medida la reduce. Ya desde el primer poema, que da título al libro, la autora nos advierte “ A veces he sentido su invisible presencia,/ en leve parpadeo, / como si fuese cierta y cierta mi aventura,/ enmascarada, / tras el rostro infinito que vive en los pronombres”.. Y esta es acaso su clave, ese rostro infinito, amplio, en el que se desarrolla el poemario, de versos bellos y rotundos, existenciales y esenciales al tiempo, sensibilidad y oficio que ha marcado a la autora desde el principio y que mantiene a través de todo el poemario. Y el tiempo que es circular nos envuelve, y el poema “Enero” enlaza con el último, también “Enero”…”la misma eternidad” Enero/ es la anciana presencia de lo nuevo y lo eterno”…el siempre que no ha dejado de seducir a los poetas, y que les seguirá seduciendo. Un libro para leer y meditar

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Estrella Cuadrado
Título: Un acto mínimo Autor: Fernando Sánchez Mayo Fernando Sánchez mayo, licenciado en Filosofía y Letras, obtiene el XXVIII Juan Bernier de Poesía que otorga el Ateneo de Córdoba por su libro titulado: Un acto mínimo. El poemario ha sido descrito como una elegía desgarrada de la muerte. Un himno a la muerte, y consta de diecisiete poemas y está dividido en dos partes: “Variaciones de la muerte” y “Egregias muertes”. En la primera parte los poemas tratan de las distintas variaciones de la muerte: la segunda parte es un homenaje a diferentes personajes ilustres que, con su muerte, dejaron una huella en la historia. En el libro descubrimos la honda sensibilidad de este poeta que profundiza en su interior y reflexiona sobre la propia existencia. La suya es una poesía narrativa e intimista, donde utiliza un lenguaje claro y directo. Para Fernando Sánchez mayo la escritura poética es el recurso que todo poeta emplea para materializar la nada que nos abruma y nos sobrecoge. “Un himno a la muerte” es también el título del primer poema del libro donde nos invita a cantar con él al unísono:”Cantemos a la muerte/al momento exacto que partiremos/ de esta nada irrepetible/ a ese tránsito y a su belleza que espera/ en la estación de lo desconocido…” El poeta a través de la belleza de su voz nos hace ver la muerte como una salvación:“Morir es solo un acto mínimo/una transición momentánea y efímera/que apenas duele en las percepciones”. Sus palabras son un bálsamo para nuestro espíritu. Su canto a la muerte es también una profunda reflexión sobre la vida, “esa nada irrepetible”. Nos habla de las distintas variaciones de la muerte. La muerte deseada: “Ven muerte/ rodéame con tus brazos suavemente…” La muerte temida. “Huye de mí y aléjate para siempre…” La muerte temprana e inevitable: “Un niño en la unidad de oncología”: Al final fue la muerte definitiva quien devolvió a su rostro la belleza fulgurante de la infancia con el eterno descanso”. La muerte al final como un triunfo sobre la terrible y pesada carga del dolor y de la vida.

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Francisco Fenoy

Título: Trece historias del trece Autor: Reyes Cáceres Molinero Editorial: Visión Libros (Madrid) 2013

Al libro de relatos Trece historias del trece, de la autora Reyes Cáceres Molinero, puedo hacer mi aportación, ya que de su jugo lingüístico, corresponde a eruditos. Añado, que su lectura, conduce al lector, al menos a mí, como si entrase despacio y desnudo en un apacible, sereno lago; entre aguas cálidas con su agradable frescura. Ameno y sereno, porque las formas de sus relatos, cortos y ceñidos y en su lenguaje sencillo, así lo determina. Y agradable con apenas la frescura suficiente, por el halo de humor sutil, apenas perceptible. Además, el ingenio de la escritora, en cuanto consigue, la identidad de los personajes, con sus hechos., demostrando la autora un dominio total, en cuanto a la realización, tanto de los relatos en sus formas, al no dejarse llevar, ni por los personajes, ni por las acciones, ni por el ritmo; así como en lo que se refiere a la concepción, en su saber exactamente lo que quiere. Como podemos leer en la cubierta del propio libro Trece Historias del Trece, “son trece relatos de la realidad más lacerante o de una fantasía cargada de simbolismo, en los que nada será igual al final de cada relato” Y conociendo su obra anterior, no me cabe la menor duda, de que estamos ante una mente muy fina.

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Cipriano Fontanilla.

Título: El Salón de Baile. Autor: Julián Recuenco. Género: Poesía. Editorial: Cardeñoso. Edición (Vigo) 2013 A.- EL SALÓN DEL BAILE Este Salón de Baile de Julián Recuenco es un caleidoscopio de países, pueblos, tierras o ciudades en el que, al ritmo de conocidas músicas, giran cuerpos, nostalgias, paisajes, escenas y recuerdos del poeta. El baile sirve como oportunidad y excusa para mirar a las almas a través de los cuerpos abrazados: almas casi siempre lejanas de hombres y mujeres recortados en el lienzo de lugares, conocidos o no, siempre sugestivos. No se engaña el ojo del poeta: vibra en el baile casi siempre más que el amor el cálido deseo. Aunque, eso sí, en el baile también descubre innúmeras metáforas del amor y la vida. B.- CUADERNO DE HISTORIA Y GEOGRAFÍA. Historia o Geografía son para Recuenco la piel de la amada, sus labios, el amor de ayer o el de mañana. Mas ha habido un cambio de espectador y de escenario: el poeta no mira aquí sólo a los otros ni imagina sentimientos ajenos. Él es el foco de su análisis y el amor el objeto. Curiosidad: el paisaje y la música vuelven a ser el fondo para aquellos mientras que el micromundo de lo íntimo acoge los sentimientos propios.

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Las cosas también, sí, el entorno, árboles o ciudades, animales, música callejera, viajes que dejan huella y cuatro ramilletes de metáforas para los presocráticos y sus cuatro elementos: todos alzados al Parnaso por el estro. Y Cuenca,¡cómo no en un conquense!, o el célebre auriga de la antigua y próxima Valeria. Disfruten “piano, piano” de este caleidoscopio finalista del IV Certamen de Poesía "Poeta Juan Calderón Matador" 2012.

Título: Escritores extremeños en los cementerios de España. Tomo III Autor: Ricardo Hernández Mejías. Editorial: Beturia. Ediciones (Madrid) 2012

Ricardo Hernández Megías, extremeño nacido en Santa Marta de los Barros, ya publicó en 2004 los dos primeros tomos de Escritores extremeños en los cementerios de España, siguiendo con este tomo III la honorable tarea de de recuperar personajes literarios extremeños, dignos de guardar su memoria, una línea que ha marcado su trabajo también con otros títulos, como Poetas de la Extremadura exterior.

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A través de sus 338 páginas, el autor se va deteniendo en nombres que merecen nuestra atención, Nicolás Díaz Pérez, Rafael García-Plata de Osma, José López Prudencio, Pedro Caba Landa, Eugenio Frutos Cortés, o José Antonio Gabriel y Galán, entre otros, escritores, poetas, periodistas, articulistas, ensayistas… no siempre bien valorados , que han dejado su obra como participación en nuestra cultura y nuestra historia, y con vidas muy distintas se asoman hoy en este volumen para ensanchar nuestro conocimiento. A cada capítulo dedicado a los diferentes nombres, se añade una bibliografía muy completa, que además resaltar la importancia de la obra del autor, nos sirve como marco de referencia de posibles estudios posteriores. En palabras del Hernández Megías, recogemos de la “Breve justificación al Tomo III” sus mismas palabras:”…mi intención no es otra que la de poder acercar de la manera más sencilla y amena que me es posible, la biografía de estos personajes perdidos u olvidados por la Historia, -tanto nacional como autonómica-…” objetivo que publicaciones como esta, ayudan a conseguir.

José Gabriel García.

Título: El limonero de Homero -III Autor: Varios autores Editorial: Páginacero Ediciones. (Valencia) 2013 Basándonos en sus palabras, podemos decir que El limonero de homero III es un grupo de cinco amigos que se reúnen en El Ateneo Mercantil los jueves, y comienzan a

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dar vueltas a las palabras, vestirlas de colores procurando encerrarlas en versos y poemas. Antonio Mayor, María Teresa Espasa, Vicente Barberá, Joaquín Riñón y Blas Muñoz, componentes de esta antología, conocedores del oficio de poeta, de personales y diferentes estilos, han obtenido premios en certámenes nacionales e internacionales, lo que les sigue estimulando en el amor a la literatura, verdadero componente de unión del grupo. Cada poeta dispone de un capítulo en el que nos presenta sus poemas, con el acierto, que cada uno de ellos viene precedido de una introducción que sirve como presentación de la poética personal de sus autores, o sirve como apunte histórico básico que sitúa al poeta, o nos introduce en el tema que más preocupa a su poesía, o son reflexiones que sacan a la luz el pensamiento del poeta, o nos da las claves de algunos de sus libros anteriores. Estas introducciones levan los cinco títulos de “Biopoética”, “Palabras iniciales”, “La conjura de la noche”, “Preámbulo”, y “Justificación”, introducciones nos hacen ver “que estamos ante cinco poetas hacedores de visiones que surgen en su privacidad” que nos regalan el placer de poder leerlos.

Soledad Cavero

Título: De Madrid al cielo pasando por El Escorial Autor: Isabel Díez Serrano Edita. Ed. Dulcinea

Isabel Díez Serrano, tras su larga trayectoria poética aparece con un nuevo libro de prosas y poemas, De Madrid al cielo pasando por el Escorial. Título que nos adelanta la amplia perspectiva en la que intenta transmitirnos sus sensaciones. Afincada la autora en ese lugar vive por primera vez la plenitud del paisaje y descubre otra realidad más vital y más auténtica. “Anclada en un viaje interminable”, donde el tiempo parece diluirse dando paso a lo trascendente, Isabel Díez Serrano se sumerge en la contemplación de todo lo que le rodea sintiéndose conmovida por este regalo. Lejos de la ciudad ha encontrado el hogar que tanto iba buscando. Con los sentidos abiertos a la

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Naturaleza va y viene por el tiempo, arropada por los ángeles y la presencia de Dios mismo. Y así se funde con lo que le rodea creando un paisaje ideal interior, en el que todo entra y es objeto de su canto. En una de estas prosas expresa: “Me voy llenando lentamente de aroma de la noche, aire limpio, las flores se adormecen y guardan su latido, se despiden del sol hasta más tarde. Alas cruzando límites, mares, montañas“. El entorno sanador, aún en el silencio de la noche, es bullicioso. Pero también lo sigue siendo a cualquier hora del día en la que, con visión panteísta y a veces con reminiscencias de culturas orientales, “Prana” la poeta nos dice: “Me levanto. Despierto. Hay bullicio de Dios/Quizás hoy me lo encuentre en una esquina/ del corazón/tal vez el mismo centro – habitual residencia- las flores de mi gruta despiertan los sentidos/ los coloca”. Íntimo encuentro con Dios, en el silencio de su gruta, donde las lágrimas afloran ante el estallido de la belleza. No obstante este sentimiento idealiza cuanto le rodea porque Dios está en todo; la poeta universaliza lo grande y lo diminuto como si ambos estuvieran recogidos en una de sus lágrimas. Por eso El Real sitio donde habita entra de lleno en esa recreación suya. Recreación que le lleva a celebrar los ritos y costumbres de ese lugar, cargado de ecos históricos, en el que ha encontrado su identidad verdadera. Las Fiestas de San Lorenzo, El Real Monasterio, El Valle de los Caídos, forman parte de este entramado poético. “Aquí todo es domingo, bien lo sabe el paisaje”, nos dice sintiéndose feliz entre gentes sencillas, que enriquecen su vida dejándose llevar por sensaciones casi mágicas. En estas ensoñaciones también entran los distintos giros que la poeta va dando a lo largo del libro: Existe gran variedad de formas, haikus, aforismos, tankas, décimas que, saliéndose del principal hilo conductor del libro, dan buena nota de su buen hacer poético . “Ya sueña el tiempo/ que el otoño se acerca./ Es tan temprano”, manifiesta en uno de estos haikus sin abandonar la línea contemplativa en la que se mueve. En realidad lo que Isabel Díez ha encontrado es la paz dentro de esa búsqueda, que continuará mientras viva y tal vez más allá de la muerte. Así nos dice ante las luces y sombras de un nuevo amanecer. “Los ojos que recrea la oscuridad creciente/ encienden su velamen que seguirá alumbrando/ y ya la suave brisa llegará mañanera/ y vestiré otro traje, otra nube, otro sueño”. Y En un sueño, efectivamente, a veces parece navegar la poeta el infinito.

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Aurora de Castro

Título: Una mujer escribe este poema Autor: Mónica López Bordón Editorial: Playa de Ákaba Mónica López Bordón, nos aloja de lleno en su sensibilidad más privada: la del sentimiento amoroso. ´Una mujer escribe este poema´, es un libro de versos sincero y apasionado; lleno de evocaciones y anhelos, de esperanzas y esperas, también de despedidas; de mimetismo y palmaria simbiosis: “Observo y me encuentro a mí misma en la mirada de otras mujeres”, nos dice en el primer poema que abre la obra, cuyo título da nombre a esta caligrafía poética. Veinticinco poemas conforman este poemario, canto total al amor, como veinticinco aves que vuelan sobre una consecutiva página en blanco, capricho de la autora que consigue hacer más notoria la emoción impresa. Permitiéndose únicamente el vaivén de la melancolía, la poeta transgrede la desesperanza dejando bullir un esplendor lenitivo entre sus nostalgias: “Hoy, aquí, te entrego todas las formas de mis sueños/ naciendo en tu nombre…/ Amor, amor, aquí, por fin, / te he encontrado.” En ´Una mujer escribe este poema´, la naturaleza es en ocasiones vena conductora y escenario deliberado para que la remembranza de su autora nos guíe y sitúe en su propio paraíso de emociones, tal ejemplo lo hallamos en el poema titulado ”Razones y paisajes del amor”. Mónica López Bordón hace partícipe al lector del delicado lirismo de su voz poética, del desordenado orden del amor que dictamina las leyes del corazón, y comulga con él en el ensueño magnificado, rendida por el sentir que todo lo anega. El amor siempre llega para partir. Nace para morir, como el mismísimo viaje de la vida.

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Marisol Mariño

Título:El placer de viajar Autor: María Jesús Polo Sánchez Editorial: Ediciones Cardeñoso (Vigo) Este libro está escrito por una mujer viajera que disfruta de las tres manera que puede hacerse tratándose de viajes: preparándolo, realizándolo y lo que casi resulta tan interesante como las dos primera partes, contándolo, es decir, volviendo a disfrutar lo que ha podido visitar e intentando que esta visión suya de los viajes cree interés y despierte la curiosidad de las personas que lo lean. Son siete los viajes que se relatan.. Destacando con ironía y simpatía las aventuras y en algunos casos “desventuras” que, como es natural le ocurren a todo buen viajero. Los relatos son breves y se leen con agrado. La autora desea contagiarnos su amor por los viajes y con éste libro quiere despertar nuestro interés para que seamos capaces de descubrir alguno, de todos los lugares maravillosos que aguardan nuestra visita. Recordando las palabras de su profesor, nos quiere destacar la diferencia que existe entre un turista y un viajero. Ella es una viajera y disfruta con EL PLACER DE VIAJAR.

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Miguel Ortega Isla

Título: El amuleto Autor: Emilio Porta Editorial: Atlantis . 2013 Nuestro buen amigo Emilio Porta se define como escritor, término que abarca a los novelistas, poetas y autores teatrales. Efectivamente su vida es un constante escribir literatura con mayúscula, textos de extraordinaria calidad tanto en sus libros como en su blog o en sus presentaciones. Su último libro El Amuleto, es un ensayo literario en donde expone sus opiniones y puntos de vista, sobre todo lo humano y lo divino. Opiniones que enriquecen al lector, las comparta o no, total o parcialmente, invitándole a reflexionar mientras disfruta de su lectura, cumpliendo así con la máxima de Horacio Enseñar deleitado. Gozar y aprender, Miel sobre hojuelas, como dijo don José Ortega y Gasset, aunque hoy día nadie sabe lo que son las hojuelas. Emilio Porta ha convertido el ensayo en una novela, intercalando sus ideas con una fantasía de rabiosa actualidad. El personaje elegido es un emigrante.

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Elías Cortés Fernández
Título: Sirenas de pecho herido Autor: Juan Calderón Matador Editorial: Huerga & Fierro (Madrid) 2013

Nada más terminar “Los vientos y la guerra” –primera parte del poemario “Sirenas de pecho herido”- yo, que regreso del vendaval épico, sangriento, memorable y eterno de Troya, la verdadera madre de todas las guerras, de todas las literaturas, de todos los poemas, de todos los libros; que navego por el mar de la vida, sorteando obstáculos ingentes camino de mi isla, mi casa y mi familia; que sufro muchos años la ausencia del calor balsámico de las manos de mi esposa; que he quedado seducido por estas estrofas que hablan de criaturas que nacen del amor de los dioses, de ancianos apacibles que enloquecen rendidos a cuerpos no estrenados, de celos injustos que incitan a robar carne inocente y desatan furias incontenibles, de sirenas tristes que alivian el dolor del desastre y franquean puertas a la esperanza; que he valorado firmemente el peligro de caer en el prodigio de ritmos míticos, de palabras seductoras, de voces que me arrebaten el rumbo y me arrastren contra los arrecifes; yo, Ulises-Odiseo, en pleno uso de mis facultades mentales, pero intensamente quebrantado ya por estos versos primiciales, por este temprano y terrible clamor de mar y polvo, de lucha y agua, digo, y señalo y proclamo al cruel Aire enajenado, a los Vientos y la Guerra, y grito a la Paz, la Esperanza y la Vida que rechazo taponar con cera los oídos de mi tripulación, que mantengo el timón con todas mis fuerzas y que, mientras arribo y fondeo mi zarandeada nave en el conmovedor puerto de este libro-cántico, abro y pongo en alerta todos mis sentidos hacia la belleza de la queja y la palabra. Además espero tonificar mi alma con el yodo vivífico de los pechos vulnerados de tanta nereida afligida y me adentro absorto, confiado y expectante en el hechizo profundo que promete cada página con que me sorprenderá el creador de este mundo de leyenda y epopeya femenina, Juan Calderón Matador en el siglo XXI. Así que me sumerjo en la segunda parte de la obra –“Tiempo de inquisición”- y, de repente, se abalanza sobre mí la noche medieval. O sea, de la mano maestra y lírica del autor traspaso temeroso y sin pestañear un umbral de magia e intolerancia. “Era su mente un cofre/ en el que atesoraba/ los remotos secretos de las plantas, / y nació para ser aliviadora/ de los males humanos”. Leo, y luego me muevo estremecido por lugares donde los pájaros huyen recitando el santoral completo, las pupilas reflejan odios cargados de plegarias y el paisaje se llena de crespones. De este modo, avanzando sobre yerbas que enlutan el paisaje y al calor ineludible de vómitos de fuego, despliego mis sensaciones por un amor trágico y cósmico cuyo destino es la mujer de las cenizas y su líquida ternura. Anclado quedo, pues, a esta galaxia de escamas teúrgicas, de pechos reivindicatorios, de sirenas acosadas, sin importarme que su canto sugestionador y deleitoso, como me advirtió la maga Circe, me aparte de mi ruta y mis afectos. Es tal su fuerza inevitable que, tras culminar la tercera parte de este conjunto de poemas que suspiran desde el papel –“La sirena y el hombre de coral”-, siento como mía la tragedia

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universal de la mujer-contrato, “juguete del vacío”, “pájaro sin alas” que “ya es una criatura de las aguas”, y me estremezco ante esa rebeldía suya que la condena a vivir un inextinguible amor de coral. Y al llegar a la cuarta y última sección de este largo himno a la mujer eternamente agraviada –“La sirena y el marinero”-, es tal el atrayente encanto de las metáforas, la apasionante entrega de la ondina confiada, el dolor de la traición en cada puerto, el amargo salitre de la volcánica decepción y el merecido castigo del culpable de tan oceánica deslealtad, que yo, Ulises-Odiseo, soy en este momento un marino arrebatado por el torbellino de versos acuáticos y acusadores de todas las ninfas maltratadas a lo largo de la historia, de todas las madres, hermanas e hijas, y pienso que mi isla de Ítaca puede esperar mientras asumo y culmino mi regocijo y que mi fiel Penélope sabrá comprender el retraso.

Pepa Nieto

Título: Cosas de la vida en do mayor Autor: Raúl Calvo Editorial: Taller del poeta S.L. Conocí a Raúl calvo hace varios años en Madrid, era inevitable, los dos frecuentábamos algunas de las tertulias literarias del momento. Allí donde asomaba el verso, donde se nos ofrecía la oportunidad de escuchar buena poesía y a la vez aprender de otros poetas, allí acudíamos con la humildad que requiere la palabra bien dicha.

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El tiempo, que es testigo de todas las cosas, también lo es hoy de este libro que llega a mis manos escrito por Raúl Calvo, titulado “Cosas de la vida en do mayor”, y del que me piden que haga una reseña. No es fácil descifrar en pocas palabras todo lo que se podría decir de este libro que es toda una antología, un viaje interior por la obra y la vida de este autor gallego que no sólo deja constancia de su buen hacer como poeta, especialmente cuando nos referimos a los bellísimos sonetos, cuya construcción domina a la perfección, nuestro autor escribe, además, novela y ensayo. Aunque conocía la poesía de Raúl Calvo, después de haber hecho un recorrido por los poemas de este libro, pienso que aquí hay mucho de aquel aprendizaje del que hablaba al principio, Aquí estamos hablando de una poesía con voz propia, una poesía sólida y autentica. “Y tenías un nombre entre los nombres una palabra cierta en silencio. Nadie de ti sabía el infinito reverso de lo anónimo. Cantabas con tu voz: historia y arte de guitarra diferente, mientras el mundo dormía la embriaguez de los metales. Agradecer a Raúl Calvo esta nueva entrega con la que pude disfrutar de buenos poemas.

Título: Descartes no es sólo un apellido Autor: Rafael Godoy Editorial: Ediciones Cardeñoso (Vigo) 2012

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Descartes no es solo un apellido, poemario Finalista del IV Certamen de Poesía “ Poeta Juan Calderón Matador” 2012, Convocado por Plataforma Cultural Raíces de Papel y patrocinado por Ediciones Cardeñoso Al final de todas estas corazas un niño mudo juega a hacerle el amor y la guerra a las palabras. Son versos de Rafael Godoy, autor del libro que hoy nos ocupa, y del que no tenía el gusto de conocer un solo verso, ahora sí, ahora que me han pedido que escriba esta reseña, se me presentó la oportunidad de leer al menos este libro, y puedo decir que disfruté mucho leyéndolo. En “Descartes no es solo un apellido” hay buena poesía, poesía que habla de la infancia, de cómo se debería educar a los niños, de mostrarles, por ejemplo, que la vida puede ser un cuento de hadas, pero que al lobo de caperucita como a ellos, también le empezó a nacer vello a los once años. Poesía cargada de erotismo, de amor real, o que lo parece, de desamor… supongamos, por ejemplo, que me quieres y que sabes donde vivo. Por la poesía de Rafael Godoy corre la vida. Porque en la paternidad de la que habla en más de un poema, está la vida. Haberte ahorrado todos esos regalos, padre, y haberme enseñado a llamarte papá. Y Rafael, a través de sus versos, nos traslada a la infancia, a la adolescencia, al hogar perdido. En definitiva al tiempo, esos relojes que van marcando cada etapa de nuestras vidas y de los que el poeta también habla en sus versos. Y regresa. Porque Regresar es comprobar que las cosas no encajan. Regresar es salir a buscarme de nuevo. Dice.

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Reyes Cáceres Molinero

Título: Laberinto de agua Autor: Laura Olalla Editorial: De la Luna libros, 2001 En el poemario “Laberinto de agua” de Laura Olalla, que ha recibido el VII premio Ciudad de Mérida (2000), la autora nos ofrece una poesía esencial que aborda grandes temas de la lírica y lo hace como si desde una ventana exaltara el amor como salvación. Es una voz desde la ausencia, una voz honda que se convierte en búsqueda. La poeta se dirige a veces a un tu en el que personaliza sus dudas e inquietudes, a quien interpela, interroga y en ocasiones añora. El lector hallará en este libro registros de un lenguaje connatural a la naturaleza: la garza, el relámpago, el dondiego, la era o el trillo son algunos de los términos presentes en estas páginas así como los olores y fragancias de los jardines o las luces y sombras del universo físico que se deslizan e insinúan como en estos versos: “Ve, garza mía,/a esos pasos insomne/que caminan sin tiempo,/sin saña, sin ninguna/prisa/por el lecho templado/de un jardín diminuto. También el recuerdo y la memoria son temas recurrentes. “No briegues más, memoria/ no sigas requisando/haberes, /invirtiendo las letras/de tu propio lenguaje.” Todos son poemas breves, intensos, cargados de intención y significado, en los que se advierte cierta nostalgia de algo eterno y universal: “Mujer sin rostro que sostiene/la profunda mirada del espacio, / ¿te ha vuelto a sorprender el corazón?” Una voz que siempre reemprende el camino ya andado. Con este brevísimo poema, en referencia a un jardín, quizá soñado, concluye su libro Laura Olalla: “Aprendo/a vivir/. Aprendo/ a morir/en este diminuto/jardín/que urdió la tejedora. /A su salida, gimen/las puertas.

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Título: Al final del tiempo Autor: Francisco Miguel López Jiménez Editorial: IX Colección ACIS Academia Iberoamericana de Poesía Capítulo de Málaga, 2011 El poemario está estructurado en tres partes: “Brazos de sal”, Penúltimo eslabón” y "Tú y la edad de en medio” que configuran la temática tratada en cada una de ellas aunque el mar, mas presente en el primer apartado, atraviesa constantemente las páginas del libro. Gaviotas, salpicaduras, bravura, espuma, ola, escollera, etc. son términos que López Jiménez emplea con fluidez, queriendo quizá reflejar con ellos la fugacidad del mar que avanza y retrocede. Ese ritmo marítimo produce ecos de añoranza: y el poeta retorna: “En esta edad que sostengo/de tosco sarmiento/abrirme otros caminos/que me lleven a este mismo sitio/de vuelta y de ida“. Es López Jiménez un poeta de amplia riqueza de registros y notable dominio del lenguaje, un lenguaje muy plástico y visual, así como un gran cantor de emociones que a veces contiene y a veces deja que se derramen. Y estas escapan: “…en la complicidad de tu agua/ en la sal de tus brazos.” En “Penúltimo eslabón”, con clara alusión al título del libro, prosiguen los versos en torno al agua, ahora enlazada con la andadura, el trayecto o el ir y volver humano: “He vuelto tantas veces del mismo camino”. En la tercera parte, “Tú y la edad de en medio”, en ocasiones el autor se dirige a un tu, a un personaje llamado Lola: “Sabes, Lola, veo pasar el tiempo/en la piel arrugada de las manos/ y en el salitre verde de la higuera”. Aquí se acentúa la ausencia y el vacío que, junto con el tiempo, protagonizan este conjunto de versos con sugerentes referencias: “Delgada hebra de lino/ sujeta la distancia de la memoria” o “Contemplando fotos olvidadas/de toda una vida, /raspeando desgastados escritos de lo que fue mi sueño”. El poeta, situado ya al final del tiempo, dirige hacia atrás la mirada, a esa meseta de la vida que él denomina “la edad de en medio”: “Qué guardará de nosotros/ la memoria de los espejos…”.

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Título: Antología Autor: Milagros Salvador Editorial: Visión Libros (Madrid) 2013 En esta Antología recientemente publicada, Milagros Salvador nos presenta una selección de su obra poética. La Antología se divide en dos partes, para la primera, la autora ha elegido poemas representativos de sus libros, guardando el orden de publicación, que es el que sigue el propio abecedario, con la única excepción de dos poemas que corresponden al libro Ceremonia, no publicado. En la segunda parte Milagros Salvador nos presenta poemas de sus “Cuadernos” o que han aparecidos en revistas. El primer poema “Metáfora”, que abre el poemario y hace referencia al dibujo de la portada, alude al tiempo, al hilo invisible que subyace en el discurso de cualquier antología, con un matiz lírico muy personal. Esta Antología nos ofrece una mirada poética sobre la obra de la autora y su propio estilo, su fidelidad a su tratamiento del lenguaje –ese amor a la lengua castellanasu preocupación estética y aquello que nos descubre la emoción. En estos versos late el pensamiento, un pensamiento cargado de significado y de belleza. Conforme avanzamos en su lectura respiramos ese lirismo hondo y cercano, tan característico de Milagros Salvador, que en este caso ha elaborado una inteligente y cuidada selección de sus poemas.

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Elena Marqués

Titulo: Vino amargo Autor: José Quesada Moreno Editorial: Autores Premiados

La joven editorial Autores Premiados comienza su andadura con buen pie. Confieso que desconozco casi todo de los cinco títulos anteriores, pero con su sexto toro le auguro vuelta al ruedo y salida por la puerta grande. Vino amargo, del sevillano José Quesada Moreno, es mucho más que una colección de cuentos unidos, entre otros hilos, por el honroso reconocimiento en diversos certámenes literarios; mucho más que los diecinueve sorbos desabridos que nos anuncia su contracubierta preparándonos para el naufragio en la extraña dulzura del sufrimiento ajeno. Si algo los define es el callado relámpago de vida y de muerte irreparables, la sucesión de palabras acertadas que conducen inevitablemente al silencio, el color arrebatado de los pueblos del sur que es la luz de todos los lugares golpeados por los reveses de la fortuna, el olor del cardumen o de la flor marchita remeciendo unas páginas donde participan todos los sentidos y más percibimos el golpe duramente asestado que la infeliz y siempre inacabada caricia. Inmensos son los dramas que airean estas páginas, desde la desventura de los trabajos mineros, en los que el estallido de la barrena y la amenaza constante del grisú nos zarandean con su zarpa de tierra, hasta la soledad de viviendas que se despedazan, habitadas por hombres y mujeres enloquecidos tras la pérdida, por fantasmas temporales o por definitivos muertos en vida; desde el padre envejecido que jamás conoció o reconoció sus afectos hasta algún que otro niño malogrado en un pilón de espumas; cuentos donde los sueños son a veces premonitorios, a veces la tripa de la realidad, en los que corremos por las páginas con la sana intención de despertar antes de la catástrofe. Y donde el amor y el desengaño, temas inevitables, también tienen su espacio de encuentro y desencuentro, bien sea el cariño calmo de la vejez marchita o el envite trágico de la inocente y malograda juventud. 187

Confieso que me he sentido arrobada por la mágica realidad de esas vidas reducidas al silencio, entre paredes corrompidas por el moho amarillo con forma de lagarto y el palpitante crecimiento de los magnolios de culpa. José Quesada es escritor, según sus propias palabras, «para que aquella casa donde nací, y tantas otras cosas y personas que ya no existen, sigan perviviendo, travestidas de fábula y quimera, más allá de la memoria» (o quizás, como la voz que nos habla en Casa con mar, como «una excusa con la que seguir existiendo»); pero igual podía haber sido pintor o cualquier otro oficio relacionado con las Artes, pues su sagaz observación de las zozobras del hombre y de la creación, poblada de infinita y minúscula caterva de hongos que habrán, con el tiempo, de destruirla, se perfila sobre el folio con la sabia mirada del poeta que conoce su impuesta y necesaria tarea en este desquiciado paisaje de hojas muertas. En Vino amargo, la amable descripción de la naturaleza y la oscura sombra de la tristeza gozan de igual trato, pues el autor se cuida mucho de abandonarse a la desgana lingüística. Todo en él se mantiene en equilibrio, con un vocabulario tan rico como preciso, donde cada verbo nos impulsa a la lectura y cada adjetivo deviene irreemplazable. Nada sobra en este encaje de exquisita sensibilidad y mejor factura. Mucho menos cuando, sin apenas darnos cuenta, con una música imperceptible pero que canta y enmudece con el acezante pulso de las chicharras, se nos conduce a un final asombroso, a veces decepcionante cuando la decisión tomada se trunca ante el espejo, ese objeto traslúcido que, en ocasiones, en su reflejo simétrico y multitudinario, nos llega a enloquecer. Ya en su tercer relato, titulado Égloga, se reconoce José Quesada como narrador de tristezas, e incluso asegura que algún día habrá de cambiar de tercio e intentar «una trama sencilla, con escenas de un bucolismo templado y diálogos de almíbar». No quiero yo con mis palabras entorpecerle el camino, que seguro, como los transitados hasta ahora, sabrá dirigir con paso firme; pero yo me reconozco lectora (y autora) de desgracias y bebedora de amarginha y otros licores acres, en cuyos posos la vida se nos muestra en su verdadero color, de cal viva y de metralla, de vida y de conciencia. En fin, pensar que con esta reseña contribuyo a animar a la lectura del libro es un acto (otro más) vanidoso por mi parte. El curioso que lo tome en sus manos y lo abra por cualquiera de sus páginas sentirá su cuerpo habitado por el goce de la Literatura, por la música poética de estos cuentos intemporales y magníficos que lo harán adentrarse, en acto silencioso y concienzudo, en la hermosa fosforescencia que emana de la exactitud de sus palabras.

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Título: Poeta sucumbiendo bajo un alud de ollas de acero inoxidable Autor: Manuel de Mágina

Por esta vez, lector, no te enfrentas al título propio de un poemario, ni a versos escanciados buscando las cosquillas sensibles de los habituales descifradores del arte de la Lírica. Sin embargo, nada mejor que sucumbir a este alud de verdades como puños, a estas letras eminentemente femeninas dirigidas a mí y a todas aquellas que a veces quieren, y consiguen, asir la sartén por el mango. Me refiero, sobre todo, a la primera parte que conforma este libro, Un tiempo de mujeres, en el queya desde el poema inicial empecé a sentirme celosa por ese «Ahora» que imponía el autor, eludiendo a su interlocutora para entregarse al mundo, «amar a otras mujeres, no morir en ti». Pensé que en esa herida establecía (al menos conmigo) una distancia insalvable. Nada más lejos. Manuel de Mágina se acerca y se entrega en cada uno de los poemas sucesivos, orándole al amor para no desfallecer en el silencio, besando como antídoto, trepando torres altas de princesas o a pie de campesina de Millet, en un encuentro en el que a veces la otra parte se ausenta («Toda esta tarde contigo, aunque tú no estaba»), pero nunca el aroma que la envuelve, que ha de ser del jazmín de la nostalgia o de la noche. Hasta aquí parece que me contradigo. Besos y jazmines. Poesía amorosa a la manera acostumbrada. Sin embargo, al finalizar un errático y doblemente solitario paseo espacial, los paisajes se urbanizan y humanizan, bien en la estrechez de una cocina con sus sonidos propios («música o sintonía de lo cotidiano»), o entre hormigón y chatarra y la ropa tendida, donde las parvas labores de una mujer y todas sus cadenas se esfuman como una mala mentira. El lenguaje de este libro da espacio a la palabra malsonante, al neologismo, al improperio; nos abofetea mientras ejecuta un solo de batería que incluso ha trascendido 189

en cómic (a manos de Dorotea Fulde) o pasea por el súper pensando en «un polvo fino y blanco, del que te pegas una raya» para desafiar a un niño difícil al que, por arte (o malas artes) del amor, cuyo ovillo del tiempo «es grande y tiene muchas vueltas», al final siempre encuentra (y toca y paladea) en la inmensidad de su mar propio o en uncauce sin límites. Manuel de Mágina, amante de la Literatura, y, más que eso, enamorado perdidamente de Ella, nos brinda una poesía sensual y sexual, valiente y efectiva, donde «la verdadera heroína, la más grande», prefiere definirse como «madre y poeta»; donde se establecen continuos diálogos y preguntas no siempre respondidas, sin olvidar esa imprescindible y amable concesión a la locura del «Hombre Subido a una Antena de Telecomunicaciones»ocupado en interceptar la contrariedad o la ausencia, captando en su situación privilegiada el paisaje que oculta valses y sueños y otras tantas locuras de ojos verdes. He de confesar que en algún momento, en su lectura, me ha faltado el resuello, me he sentido perro deambulando y en los huesos esperando la caricia de la luna inclinada y el desfile de aves que migran hacia el sur. Por eso es todo un acierto que, tras esa tensión de laberinto, desemboquen los versos, apenas un puñado, en «El Huerto de las 180 Calabazas», donde predomina la luz de los cielos de otoño y el rumor de las aguas de la lluvia en la alberca. Y creo, aunque Manuel no quiera confesarlo, que él también necesita este final apacible para enfrentar la vida diaria. Pues, al fin y al cabo, sin la poesía, ¿qué nos espera sino el invierno?

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Consuelo Triviño Anzola

Título: Noche de tul sobre la piel Autor: Milagros Salvador Editorial: Huerga & Fierro (Madrid) 2012 Noche de tul sobre la piel, poemario de Milagros Salvador, recoge la vena lírica de la autora. Fue escrito en diferentes años, con diferente enfoque poético y métrica. La voz aquí busca los matices de la pasión amorosa, entre luces y sombras, la palabra dicha al oído, o escrita en el cuerpo, para despertar a ese animal dormido que semeja el deseo en la noche. El libro se abre con un epígrafe suyo que sintetiza la idea que transmiten estos versos: …el que crea que el amor se extingue, no conoce a los dioses. El libro es un homenaje a la poesía amatoria de diferentes épocas y culturas. De ahí que la autora haya elegido citas muy representativas. La lírica oriental y occidental convergen en el cuerpo, depositario de los dones y goces del amor. Pensemos en el Cantar de los cantares y en estos versos del emperador Wu Ti: “Mi túnica está aún transida de tu aroma. / Rodeando mi cuerpo / me ceñí el cinturón en doble vuelta / y sueño que nos une a los dos en amoroso nudo”. El poemario sigue una estructura interna en tres tiempos: La celebración de los sentidos, Aromas de ausencia y El tiempo en espirales, son episodios que sintetizan etapas de ese movimiento hacia el otro que dibuja la trayectoria amorosa. La palabra cuerpo se impone insistente en este poemario. La naturaleza y el cuerpo se funden en las imágenes ligadas al sentimiento amoroso, la noche, la sombra, el aire, el mar, la luna, el sol, etc. La infinita extensión de la piel que penetra el sentir, desata un remolino de imágenes y de sensaciones. Expresión del más puro panteísmo vitalista, la poesía amorosa de Milagros Salvador celebra, ante todo, en este poemario el regalo de la vida

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Yara Elizabeth Gordillo Cedeño

Título: Más o menos Autor: Pilar Urkía Editorial: Ediciones Cardeñoso (Vigo) 2013 Esta vez nos presenta Pilar Urkía, una autora preocupada por la música y la infancia, no en vano ella es profesora, este poemario (que sigue en la línea de sus preocupaciones, música, teatro, poesía y docencia), con el título MÄ O MENOS, con la matemática de trasfondo, y que una manera original nos presenta el libro desde dos entradas distintas, una Aritmética y otra Geometría, los dos temas que abordará el poemario escrito con ingenio y humor. Siempre ha sido difícil adaptar el pensamiento al lenguaje infantil, y en estos poemas, la autora nos introduce en la magia que nos presta la poesía para tan alto empeño, siguiendo todo el libro la intención la intención que se ha propuesto Pilar Urkía desde el principio. Podemos rescatar o destacar dos ejemplos para hacer más visible el contenido del libro. El Aritmética: ¿Quién es el seis? El 6 es número par / que se deja o no caer /y va de aquí para allá / sin que sepamos muy bien / si es que viene o es que va. // Se rumorea que un día / el 6 se cayó de un guindo / y en vez de lloriquear / se lo pasó de lo lindo… En Geometría: Paralelas. Las líneas paralelas / siempre van a igual distancia, / siempre, siempre se acompañan / y nadie les ha visto nunca / ni cruzarse una mirada. / Les gusta marcar senderos / en la ciudad, en el campo / y dentro de mi cuaderno…

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Título: Micromundi Autor: Francisco Javier Guerrero Cano Editorial: Ediciones Cardeñoso (Vigo) 2012

Francisco Javier Guerrero Cano es un joven escritor cordobés, que incursiona por la construcción literaria breve con gran ingenio y agudeza reflexiva, desarrollando poesía, relatos breves y microrrelatos. Entre sus publicaciones está su libro de poesías “Cuaderno de ruta”, que resultó finalista del IV Premio La nunca Poesía. Es un escritor dinámico y comprometido que actualmente colabora con la plataforma cultural Raíces de Papel y pública regularmente en la revista Miscelánea Literaria, así como en periódicos y revistas del ámbito universitario. Sus trabajos destacados en relato breve están “Relatos en cadena”, “Antigüedades. Relatos de cine”, “Cachitos de Amor”, “El beso” y “Deseos Humanos”. En este libro que es titulado “micromundi”, el autor presenta microrrelatos que ya ha publicado e incluye otros más, en un total de cincuenta y nueve, que nos invita a ver el mundo y a buscar sentido de lo vivido y de lo imaginado. Francisco Javier Guerrero Cano se interesa por saber que es lo más pequeño y lo más grande que puede existir, planteando en “La búsqueda” y “Micromundi”, microrrelato que lleva el título del libro, la incertidumbre que le genera que no exista nada más allá que el universo. En este último nos dice, que le resulta verosímil la existencia de lo pequeño, pero en cambio le parecía increíble la de lo más grande. En “La búsqueda” vamos dando por sentado la existencia de las cosas, porque nos lo dicen así, cuando no hay nada más real y tangible, que dar un beso a nuestro padre. En “El cine enamorado”, “Carreteras” y en “La batalla” es tan fácil traspasar la barrera de lo real, para pasar a vivir los encantos del cine, la dirección de un ejercito, percibiendo el relinchar de los caballos, así como una estrepitosa carrera que te saca de la pista, pero que luego puedes levantar y mover brazos y piernas.

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Si nos dejamos guiar por el autor, nos conduce con destreza hábil y agudeza de pensamiento a buscar la esencia de los significados de la vida y de la muerte, en “Ironías de la vida”, “Otro hombre” y “Tsunami”. También de lo visible y lo invisible, como en “Los fantasmas no existen” y “El talismán”. El autor nos presenta microrrelatos que guardan la esencia de los significados de lo humano, de sus necesidades y de sus inercias vitales, de la vida y de la muerte, de lo irónico, de lo real y de lo irreal. “Micromundi” es todo un ejercicio de búsqueda de sentido y de significados.

Nancy Dale Nieman

Título: Del amor y sus catástrofes Autor: José Montero Padilla Editorial: Huerga & Fierro (Madrid) 2013 Deliciosa y original colección de historias amorosas, Del Amor y sus catástrofes: algunas historias verdaderas del profesor José Montero Padilla cuenta los amores de

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quince escritores y un infante de España poco conocido. Incluye unas historias más conocidas como las de Machado y Juan Ramón Jiménez, y otras menos famosas como las del infante don Luis Antonio de Borbón y nuestro contemporáneo Rafael de Penagos. Unas son más catastróficas que otras, unas más enigmáticas pero están todas contadas con esta humanidad tan típica del autor y nos llevan de página en página y de historia a historia, siendo difícil dejar el libro hasta el final. Comenzando con Quevedo en el siglo XVII y terminando con Rafael de Penagos en el XX, el profesor Montero selecciona las historias de quince hombres y una mujer, casi todos poetas, de cuatro siglos de literatura española para narrar en orden cronológico sus amores y desgracias. Destapa interesantes amores, narra otros mejor conocidos, pero todos interesantes en la rigurosa prosa del Dr. Montero Padilla. Todo lector puede relacionarse con el arrebatador tema del pequeño libro. El gran conocimiento literario e histórico tanto de españoles como de extranjeros del autor nos mueve a pedirle al autor que escriba más historias sobre los amores (catastróficas o no) de personajes históricos y literarios, conocidos y por conocer. Sería interesante una colección mayor en el estilo hermoso y fluido del autor sobre los amores de grandes hombres y mujeres, sentimiento tan universal entre todos nosotros de mayor o menor grandeza. Reseña por Nancy Dale Nieman, Santa Mónica College, California

Juan de L'encina

Título: Poesía en Diciembre 2013 Autor: Varios autores Editorial: Ediciones Cardeñoso (Vigo) (Para Grupo Literario Tintaviva) 2013 Género: Poesía El Grupo Literario Tintaviva de Cultural Telefónica de Madrid publica su ya tradicional Cuaderno "Poesía en Diciembre", en el que nos ofrece obras de sus componentes y de otros destacados poetas invitados. En esta ocasión conforman la publicación: Julia Gallo 195

Sanz, Juan Calderón Matador, Javier Bueno Jiménez, María Jesús Polo Sánchez, Julián Alonso Alonso, Natividad Cepeda, Luis Alberto de Cuenca, Isabel Díez Serrano, Enrique Gracia, Mariano Íñigo, Blas Muñoz Pizarro, Carlos Murciano, Alfredo Piquer Garzón y Alfredo Villaverde..Cada uno de ellos nos acerca, desde su óptica, a la poesía actual española, quedando patente las diferentes maneras de interpretarla y acuñarla. Una selección ciertamente interesante, que no deja indiferente. En esta ocasión la publicación añade el extra de unas preciosas ilustraciones, correspondientes a las obras ganadoras del I Certamen Internacional de Ilustración "Grupo Tintaviva", convocado con el fin de elegir la imagen que aparece en la portada, en este caso la titulada "Hombre pájaro", de la que es autora, Marisa Wanda Ringer. El segundo premio correspondió a "Frágil", de Verónica González Bootello, y aparece en la página 13. La tercera clasificada fue "Recuerdo", de Asunción Vagazo Marín, publicada en la página 25.

Título: Constructos y Constricciones Autor: Luis Miguel Rubio Domingo Editorial Ediciones Cardeñoso (Vigo) 2013 Género: Poesía El poemario "Constructos y Constricciones" resultó finalista en el V Certamen de Poesía "Poeta Juan Calderón Matador" 2013, convocado por la Plataforma Cultural Raíces de Papel y patrocinado por Ediciones Cardeñoso, interesante editorial, ubicada en Vigo, a la que hay que aplaudir su constante labor de mecenas en diversos proyectos culturales y solidarios. Su autor, el valenciano Luis Miguel Rubio Domingo, es miembro del Liceo Poético de Benidorm. Sus sextinas han sido publicadas en varios medios digitales e impresos, pero 196

es esta la primera vez que doce de ellas se reúnen en un poemario. Esta forma poética había quedado en desuso desde el S. XVII, aunque no totalmente, ya que se conservan algunas muestras más cercanas en el tiempo como la que escribió el poeta mallorquín Tomás Aguiló en la primera mitad del siglo XIX. Ahora es Rubio Domingo el que nos acerca a esta composición poética de mucho artificio, queriendo dotarla de ese mérito que sin duda tiene, que por algo ha merecido el reconocimiento de finalista en el citado certamen poético.

Título: Artapatis, el persa Autor : Juan Ruiz de Torres Editorial: Verbum (Madrid) 2013 Género: Novela

Juan Ruiz de Torres, ingeniero y filólogo madrileño de sólida trayectoria literaria, con basta producción poética e incursiones en la narrativa, el ensayo y el teatro, ha residido en ocho países, lo que le ha dotado de una visión global y culta del mundo, que se trasluce en sus escritos. Ha sido fundador de varias instituciones, tanto en España como en el extranjero, siendo uno de sus mayores logros la Asociación Prometeo de Poesía, de la que se cumplen 34 años desde su creación. En su haber narrativo encontramos "País con islas", novela-travelog, con el heterónimo de Fumío Haruyama, y cinco volúmenes de cuentos, uno de notas autobiográficas "Por poco no lo cuento" y otro de "R-textos", Vivir es lo que hay. En esta ocasión, la Editorial Verbum publica su última obra narrativa, la novela de corte histórico "Artapatis, el persa", un acercamiento al Imperio persa de los Aqueménidas, donde las intrigas a la muerte de el Rey de Reyes, Dario II, y la disputa del trono entre sus hijos, Arsaces y Ciro el Joven, desde la perspectiva de Artapatis, portacetros de este último, son narradas durante las dos primeras partes de la novela, pasando el testigo narrativo en la tercera parte a la helena 197

Milto, que compartió el lecho de sus dos grandes amigos, quizás también amantes entre ellos. Una mujer interesante y culta que luchó por cons3eguir un luigar propio en un mundo de hombres y para hombres. Estos suculentos ingredientes y el buen hacer narrativo de Ruiz de Torres hacen más que interesante la lectura de Artapatis, el persa.

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LIBROS RECIBIDOS

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HUELLAS DE LA PLATAFORMA CULTURAL RAÍCES DE PAPEL

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FALLO DE LOS PREMIOS LITERARIOS RAÍCES DE PAPEL PATROCINADOS POR EDICIONES CARDEÑOSO

ACTA DEL V CERTAMEN DE POESÍA "POETA JUAN CALDERÓN MATADOR" El jurado estuvo formado por los siguientes miembros: Doña Julia Gallo Sanz Doña Carmen Rubio López (Escritora; Ganadora de la primera edición del Certamen) (Poeta)

Don Ricardo García Fernández (Poeta; Ganador de la anterior edición del Certamen) Don Javier Bueno Jiménez -Arvikis- (Escritor) Don Juan Calderón Matador (Escritor)

En Madrid, el día 18 de julio de 2013, acuerdan conceder el premio del V Certamen de Poesía "Poeta Juan Calderón Matador" al poemario "Un pañuelo Bordado y un cuento de luz", de José Pejó Vernis. Resultaron finalistas los poemarios: "Andar", de Ramiro Gairín Muñoz; "Cine mudo V.O., de José Antonio Fernández Sánchez; Constructos y constricciones, de Luis Miguel Rubio Domingo; Cópula, de Luis René Guerra Miranda; Cronos, de Juan Lorenzo Collado Gómez; Embalaje, de Marina Aoiz Monreal; Los días azules, de Saturnino José Valladares López; Polaroids, de Antonio Mayor Sánchez; Renuncia, de Margarita Souviron López. El número de obras recibidas ha sido de 86, de las que 15 fueron retiradas de la competición por no adaptarse a las bases del concurso.

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ACTA DEL IV CERTAMEN DE MICRORRELATOS DE CINE "ARVIKIS-DRAGONFLY"

El jurado estuvo formado por los siguientes miembros: Doña Milagros L. Salvador Don Andrés R. Blanco Don Juan Calderón Matador (Escritora) (Escritor, ganador de la anterior edición del certamen) (Escritor)

Doña Reyes Cáceres Molinero (Escritora y Periodista)

Don Javier Bueno Jiménez -Arvikis- (Escritor) En Madrid, el día 10 de julio de 2013, acuerdan conceder el primer premio al microrrelato titulado: "Bajo la alfombra roja", de José Díaz García; 2º premio: "Cameos", de Manuel Navarro Orcal; 3er premio : "Días rojos de cine", de Ana Isabel Velasco Ortiz. Fueron finalistas las siguientes obras: "El cine de San Adrián", de José Luis Caramés Lage; "Riña de película", de Ginés Egea Parra; "El primero", de Paloma Hidalgo Díez; "Afición compartida", de Paloma Hernández Gayoso; y "Años cuarenta en Canfrac", de Emma Pérez Méndez. Fueron seleccionados para su publicación los siguientes micorrelatos: Año 2025, de José Gálvez Jara; Banda sonora, de Luis Amézaga; Bendita ignorancia, de Iñaki Goitia Lucas; Carrera de artista, de Francisco Manuel Marcos Roldán; Cinema Paradise, de Jes Lavado; El aleteo de mariposas, de Elena Fernández Alonso; El doble, de Diego Iglesias Solano; El libertino, de Helen C. Rogue; El narcoléptico, de Nacho Albert Bordallo; El nombre, de Sandra Monteverde Ghuisolfi; El otro lado, de Francisco Javier Guerrero Cano; El protagonista, de Encarna Gómez Valenzuela; El viejo cinematógrafo, de Francisco García Jiménez; El último cine de barrio, de José María Fernández Álvarez; El western de mi vida, de Félix Domingo Ayuso; Encadenados al pasado, de Salvador Robles Miras; Entelequia insospechada, de Rafael González Casero; Eros, de Miryam Moreno Díez; Escena 2ª -Estación de tren - Interior -Día, de María Esperanza Tirado 217

Jiménez; ¿Feos o indecisos?, de Mª Asunción San Miguel Arteaga; Godzilla contra el público, de Vanessa Proaño Puerta; Grace Kelly ha muerto, de Laura Cano Liébana; Hallazgo de película, de Raúl Garcés Redondo; Hide and seek, de Meritxell Baz García; Insomnia, de Lara Comín Company; La campana del infierno, de Nuria Lucía Ortiz Tornero; La magia del cine, de José Gerardo Vargas Vega; La otra vida, de Antonio Callizo Romero; La suerte de Buñuel, de Sofía García Martos; La última bobina, de Maiol Salse Escudero; La vida en porciones, de Francisco Moreno del Valle; Mágico, de Nerea Peña Peña; Noche de verano, de Ismail Cuellar de la Torre; Norma Jean es de cristal, de Luz Leira Rivas; Nubes, de Miguel Martín Cruz; Pasos de cine, de Purificación Rodríguez Díaz; Perfume de mujer, de Rafael Heredero García; Personajes saliendo del negativo, de Ricardo Gómez Tovar; Preestreno, de David Hernández Ortega; Primera vez, de Rut Oliveira Martínez; Quiero ser Meryl Streep, de Sheyla López Balagué; Recuerdos, de Pablo Deus Abreu; Tiempos de crisis, de Rubén Gozalo Ledesma; W.W. Beauchamp Chuck Judá y John, de Carlos Arauz Arauz. El número de obras presentadas ha sido de 171, de las que 10 fueron retiradas de la competición por no adaptarse a las bases del concurso.

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ACTO DE ENTREGA DE PREMIOS CELEBRADO EL DÍA 8 DE NOVIEMBRE EN EL SALÓN DE ACTOS DE CULTURAL TELEFÓNICA DE MADRID

Pepa de Castañer (presentadora del acto)

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Pepa de Castañer y Severino Cardeñoso, de Ediciones Cardeñoso

Pepa de Castañer y Javier Bueno (Arvikis)

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ENTREGA DE DIPLOMAS A LOS FINALISTAS

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Javier Bueno entrega el Primer premio de Microrrelatos de Cine a José Díaz

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Severino Cardeñoso hace entrega de la edición del libro “Bajo la alfombra roja”

José Díaz, da lectura del microrrelato ganador

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Miembros del jurado de poesía

Juan Calderón da lectura del Acta del Certamen de Poesía

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Juan Calderón entrega el Premio de Poesía a José Pejó Vernis

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José Pejó Vernis

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CÓDIGO QR / BIDI

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