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LUIS HERNANDO MUTIS IBARRA

E-mail: mutis56@googlemail.com mutis56@hotmail.com Página Web: www.D10Z.com

LA FORMACIÓN CIUDADANA COMO PROYECTO SOCIAL

República de Colombia Departamento de Nariño Municipio de pasto

El Individuo social

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Luis Hernando Mutis Ibarra

EL INDIVIDUO SOCIAL La formación ciudadana como proyecto social
CONTENIDO
1. Ciudadanía y/o comunidad 2. La individualidad 3. Sociedad, comunidad y cultura 4. Enfoque integrador de la tensión 5. El sentido cultural y educativo 6. Uniformidad versus diversidad en las instituciones educativas 7. Construir sociedad desde el individuo 7.1. El trabajo 7.2. Conciencia de grupo 7.3. Visibilidad 7.4. Juzgar y condenar 7. 5. Las relaciones humanas 7.5.1. La autoridad externa 7.5.2. La vida familiar 7.5.3. Conflicto de géneros 7.5.4. Podemos llevarnos bien 7.5.5. Competitividad y cooperación 7.5.6. Entender a los demás. 7.6. Vivimos en sociedad Bibliografía

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1. CIUDADANIA Y/O COMUNIDAD
“Cuando la función socializadora es obsesiva en su pretensión homogeneizadora, provoca la resistencia y hasta la rebelión contra la normalización”. GIMENO SACRISTÁN “La comunidad es en nuestros días la última reliquia de las utopías de los viejos tiempos acerca de la buena sociedad” BAUMAN

El primer interrogante que aparece en esta reflexión es: ¿Cómo hacer viable el desarrollo de la individualidad al tiempo que se pertenece y se compromete con las comunidades? ¿Cómo hacer posible enraizar al individuo solidario con los que le rodean con su proyección más universal en relaciones políticas amplias? Una de las necesidades en las instituciones educativas actualmente es la convivencia pacífica, donde se pueda asentar los vínculos que nos ligan con otros, la de ubicar al individuo en la sociedad desde su propia condición de ciudadano. Hablando políticamente, la ciudadanía está de gran relevancia porque la democracia es el lenguaje y la necesidad social que se extiende en todos los espacios humanos; pues, se ve ahora como el único régimen político y de organización de mayor aceptabilidad. La explosión de los llamados derechos ha sido más intenso en estas dos últimas décadas, precisamente cuando se han intensificado las políticas neoliberales, acentuando las desigualdades; lo que ha hecho que se tome mayor conciencia de la necesidad de revitalizar, estimular y nutrir los derechos ciudadanos, creando el otro pilar1 educativo en las instituciones que es la “convivencia, la cultura democrática y el clima o ambiente escolar”. Esto viene, porque la participación va en declive, crece la desconfianza, se patenta y se avala la deslealtad, el engaño y la corrupción, y el desinterés de los individuos cada vez está más alejado de la política de los problemas que nos afectan cotidianamente, deslegitimando la democracia como forma de gobierno de los asuntos colectivos y públicos. Las nuevas realidades que se están experimentando en el ámbito individual y social llevan a una desestabilización, lo cual exige y reclama una renovada atención de la ciudadanía. No podemos sustraernos en enunciar algunas situaciones y fenómenos cruciales que entran en los escenarios de la vida personal y colectiva de estos momentos sociales y que implican tener presentes para manejarlos desde los dos pilares de la educación actual: lo académico y la convivencia.     Aparición de innumerables movimientos sociales Mezcla de culturas, cosmovisiones e idiosincrasias –desplazados, migraciones, estratificaciones sociales, reubicaciones –ciudad, campo, regionesUrbanización versus ruralidad Reducción del sujeto al papel de pieza de la máquina productiva, lo que resta o anula la importancia de lo social, poniendo en peligro la libertad y la autonomía individuales que se recluyen en una privacidad defensiva.

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El primer pilar o eje medular del trabajo educativo es el conocimiento académico, expresado a través de los planes de estudio o currículo escolar. Hoy, comienza a trabajarse el otro pilar simultáneo y tan o más importante que el académico, y son los planes de convivencia escolar.

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Dificultades de integración de los individuos caracterizados como desiguales (o especiales, limitados) por el hecho de ser diferentes. Efervescencia y pujanza de movimientos comunitaristas que reclaman la entrega ciega de los sujetos a las creencias y comportamientos de colectividades (sectas, nacionalismos excluyentes, localismos culturales, colectivos radicales, ideologías coyunturales arbitrarias, movimientos políticos dogmáticos y/o fanáticos, etc.) y que además presionan para poner los sistemas escolares a su servicio. Deterioro de las relaciones sociales en las ciudades Aparición descontrolada de la violencia y de la marginación masiva. Modelos de vida violentos –narcotráfico, guerrilla, pandillismo, paramilitarismo, terrorismoDestrucción de las viejas redes de solidaridad, barridas por el individualismo. Pérdida de capacidad integradora de los lazos familiares. Minado del los estado de Bienestar que vertebran la fraternidad. Vaciado democrático y orfandad política, carentes de canales de comunicación entre los ciudadanos y entre estos y la clase política. Pérdida de protagonismo del ciudadano ente el curso que tomas estas nuevas realidades políticas, económicas, de formación de opinión, etc., que escapan a su control y que les llevan a la abstención. Sustracción ciudadana de las decisiones dominada por los expertos y decididas en eventos (foros, congresos, encuentros, mesas de trabajo) donde ellos no tienen nada que decidir. El imperio de una sociedad donde el mercado lo inunda todo, agota el contenido de la democracia y aniquila las redes de comunicación entre los individuos, y donde la racionalidad ha pasado a ser meramente instrumental y pragmática.

El reto esencial reside en poder preservar el valor del individuo, al tiempo que las relaciones estrechas con otros semejantes, sin ser aniquilados por las tendencias destructoras provenientes del mercado, de la soledad anómica de las sociedades masificadas o de los integrismos. Podemos así, mirar la función educativa para dotarla de contenido en las condiciones cambiantes por la que transcurrimos. “La ciudadanía es una invención, una forma inventada de ejercer la socializad de la persona en el seno de la sociedad jurídicamente regulada, que conjunta y garantiza a los individuos unas ciertas prerrogativas, como la igualdad, libertad, autonomía y derechos de participación. Es una forma de ser persona en sociedad por parte del reconocimiento del individuo como poseedor de unas posibilidades y unos derechos. Se trata de una construcción histórica muy elaborada, cuya esencia radica en comprendernos y respetarnos como libres, autónomos e iguales, al tiempo que se vive con otros; condición de la que se deriva una forma de percibirse a sí mismo en relación con los demás: la identidad” 2. La importancia de este concepto de ciudadanía estriba en que implica definir al individuo como sujeto y verlo en relación con los demás, porque son sujetos en particular los que actúan como ciudadanos. Tiene en sí doble cara: la individual o personal y la grupal o comunitaria, lo que implica simultáneamente doble significado: el uno apela a su condición jurídica, como

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GIMENO SACRISTÁN, José. “Educar y convivir en la cultura global”. Ediciones Morata, S.L. Madrid, España. Colección para educadores, Tomo 10. primera publicación, 2007. Pág. 152.

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reconocimiento formal de los derechos de las personas, de carácter más político (de un pensamiento liberal), y otro que entiende al ciudadano como participante de la sociedad. Esto nos vuelve hacia otras preguntas básicas: ¿Qué poder tiene la educación institucionalizada de invertir los hechos que en la sociedad real son contrarios al modelo ideal de ciudadanía? ¿Cómo hacerlo en lo que le es factible actuar? ¿Cómo integrar el plan de convivencia, las competencias ciudadanas y las áreas obligatorias que pueden contribuir a esta formación? ¿Cómo entender y manejar las formas de igualdad ante una evidencia de la diferencia y los valores de la individualidad? ¿Cómo hacer compatibles las individualidades diferentes en la educación con la igualdad universalizada de los seres humanos? Nos encontramos aquí entonces con otra de las tensiones actuales: lo universal y lo particular. La ciudadanía constituye entonces un gran proyecto a partir del cual surge una agenda de problemas para considerar en la educación. Esto implica: estrategias que deben seguirse en la configuración de los sistemas escolares, los criterios públicos para el diseño de los planes de convivencia y sus respectivos contenidos, el desarrollo metodológico y evaluativo de estas prácticas (relaciones interpersonales, actitudes, formas de trabajo pedagógico, modos de control, ambientes y climas escolares). La ciudadanía y la educación se necesitan y se vivifican recíprocamente. La participación en la vida social requiere ser alimentada por la educación para que la vida democrática sea una cultura enraizada en la mente y en los corazones de los ciudadanos, sin lo cual quedaría reducida a una carcasa de procedimientos de participación formal pero no consciente. Podemos tener reconocido el derecho de expresión, por ejemplo, pero si no disponemos de capacidad cultural para hacerlo realidad, nuestra condición de ciudadanos queda disminuida. Recibir o no educación es condición para la participación en la sociedad desde el momento en que, para el ejercicio de muchas actividades y puestos de trabajo, se requiere una preparación previa y herramientas y habilidades para adquirirla. Estar o no educado, ser o no instruido, se convierte hoy en la llave que permite el ejercicio efectivo y real de una ciudadanía democrática respecto de los tres grupos de derechos que se adjudican al sentido moderno de la misma: el de los coboles (la libertad individual: de conciencia, de pensamiento, de expresión), los derechos políticos (participación); y los derechos sociales (bienestar social, salud, educación, trabajo, vivienda, etc.). Estos últimos se convierten en condiciones para ejercer y poder hacer efectivos los demás, porque su posesión o carencia determinan los mínimos de una vida digna y el ser incluido o excluido de la sociedad. En la sociedad de la información y el conocimiento, la persona no cultivada o con carencias y deficiencias notables en la educación queda excluida, al ser impedida su participación plena en la sociedad, en condiciones de igualdad con los demás. La educación proporcionada por la escolarización pasa a constituirse en un requisito que capacita para el ejercicio igualitario de la ciudadanía. Las desigualdades de educación son también desigualdades de ciudadanía. En la actualidad, la desigualdad para participar en las sociedades del conocimiento es de tal amplitud, que cada vez se requerirá más atención hacia los débiles para que no queden definitivamente excluidos. “La desigualdad implica distancia entre unos y otros, la exclusión supone un alejamiento irrecuperable, la degradación del excluido, que pasa a la categoría de negado”3. Ser más o menos educado, haber disfrutado o no de la escolarización, es un problema de poder ser, estar y sentirse como sujeto que se sabe a sí mismo actor en la sociedad, necesario e importante para algo
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Ibíd. Pág. 160.

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y para alguien. Sólo el sujeto instruido –ilustrado- es quien puede ejercer su libertad de pensamiento, de opinión y de comportamiento responsable; es decir, que la libertad asentada en la educación es el único camino para la autonomía del individuo. El aprendizaje de contenidos y la habilidad perfeccionada de aprender potencian la libertad, pero necesitan también ser significativos para los que aprenden y que puedan degustarlos mientras están aprendiendo, y eso requiere conectar con la vida y con l9os deseos de cada estudiante. Aquí es donde lo académico y de lo que tiene de racionalismo se ha olvidado, ya que ha retirado aquellos contenidos propicios para abordar el sentido del sujeto real y por otro lado a la subordinación de los sujetos a los contenidos como fines y no como herramientas e instrumentos que le mejoren su vida. En este sentido, es necesario un esfuerzo para combatir radicalmente los autoritarismos, la homogeneización estandarizada de personalidades acomodadas a la autoridad arbitraria, al currículo uniforme y a la organización escolar cuasi-militarizada. ¿De qué sirve la libertad de expresión si no tenemos nada que expresar o silos medios para hacerlo están monopolizados? ¿De qué sirve la libertad de pensamiento si no tenemos ideas personales que expresar, si no somos capaces de salirnos de lo que piensa todo el mundo, de lo que dicen los medios de comunicación homogeneizados o lo que dicta el pensamiento único?

2. LA INDIVIDUALIDAD
Se parte de que, la individualidad es el término que designa el modo y el grado en que cada uno se diferencia de los demás, la capacidad para llevar a cabo la autodeterminación individual. La tipificación que iguala u homogeneiza a los individuos no es la única función de la sociedad y la cultura, sino también su potencialidad para hacerlos singulares y heterogéneos. La asimilación cultural nos convierte en individuos determinados, aunque construidos de cultura globalizada y mestiza. Conscientes de los peligros de una globalización económica y cultural que puede arrasar no sólo las peculiaridades de las culturas sino también las luchas dentro de ellas por el respeto de la riqueza de la variabilidad humana, el individualismo puede seguir siendo una reivindicación sana para construir una sociedad libre. El reconocimiento de la individualidad es fruta madura de un largo proceso histórico que comienza en el Renacimiento y que continuó en los siglos posteriores hasta el reconocimiento formal de los derechos de las personas. Tuvo que ver con el desarrollo del pensamiento científico –tanto de las ciencias naturales como sociales- que creó la conciencia de la independencia del ser humano respecto de cualquier destino predicho y respecto de las fuerzas de la naturaleza, como ser que piensa, se hace a sí mismo y se autodetermina. El individuo pasa de la seguridad y obligaciones que la partencia a grupos y/o comunidades, para depender cada vez más de sí mismo; transita desde tener referencias de su pensamiento y de su conducta en el “nosotros” a apoyarse cada vez más en el “yo”. Como consecuencia de ello, hemos aprendido a pensarnos, sentirnos y desearnos como seres individuales independientes de los demás, con una existencia singular, con vida y proyectos propios, más autónomos, pero también con más riesgos, una vez que quedamos a merced de nosotros mismos. Esa fruta madura de la individualidad independiente no lleva aparejada la pérdida de las referencias que da la pertenencia a cualquiera de las agrupaciones sociales y culturales

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que forman la red social en la que participamos y vivimos, sino que supone una forma de estar con los otros. El proceso de individualización es también un proceso de civilización, insertándose ambos en un más amplio proceso que afecta a toda la humanidad. Tanto en los campos político, filosófico y educativo, esta opción liberal de la individualización, pretende configurar un espacio de convivencia y de participación en la sociedad y en la institución educativa basado en un concepto de ciudadano que es universal, en la medida en que se le asignan idénticos derechos y prerrogativas éticas, al margen de las condiciones culturales4 de grupo o de las personales que tenga cada uno, donde la tolerancia y el respeto a la libertad y autonomía de cada cual es un valor prioritario. Esta línea emancipadora del individuo exige poder manejar proactivamente varios peligros: uno es el de no contraponer la individualidad idiosincrásica a la dimensión social del ser humano, a la solidaridad, a la participación y al compromiso con los demás; otra, es el de no reducirla a la competitividad materialista de las sociedades modernas; y, evitar que se vacíe de contenido al traducirse en pura expresividad huera de la libertad que se propicia a través del consumo, tan propia de la era del “vacío” como lo caracteriza Lipovetsky (1986). Lo importante es entender que somos autónomos y podemos ejercer la voluntad con libertad, siendo –como dice Kant- la capacidad y no los resultados lo que nos dignifica; el poder elegir tiene prioridad sobre lo elegido; lo justo prevalece sobre lo que se considere bueno; el sujeto está por delante de los fines que pudiera tener. Los principios básicos del liberalismo democrático nos ponen en guardia para que las “presiones simbólicas”, que tienden a que nos parezcamos a otros en el pensamiento, en cuanto a las aspiraciones sobre modelos de vida, maneras de ser y de expresarse, se produzcan en un escenario social en el que haya garantías para el ejercicio de las libertades del ciudadano singular. La condición objetiva de la singularidad, no sólo es una realidad natural de los individuos que debe ser comprendida y tolerada, sino que dicha cualidad es un valor importante en las sociedades democráticas tolerantes, que reconocen los derechos que protegen y proporcionan espacios a la individualidad: la garantía a la vida privada, el libre pensamiento, el ejercicio libre de las capacidades de cada uno, así como la libertad de expresión, de creación y el derecho a la discrepancia. Las cualidades de ese individuo abstracto y universal son independientes de su origen o condición personal o de procedencia (etnia, género, clase social, estrato, etc.) porque constituyen la base de una identidad esencial para los sujetos. Así lo manifiesta Stuart Mill cuando afirma que “las facultades humanas de percepción, juicio, discernimiento, actividad mental y hasta preferencia moral, sólo se ejercitan cuando se hace elección”. La identidad de los seres humanos como individualidades es la de ser iguales para poder ser diferentes. Definitivamente, el individualismo liberal es la base de las luchas contra la dominación de los poderes tradicionales que aniquilan al sujeto: la autoridad no democrática, el fundamentalismo o la tradición subyugante, así como en la prevención contra el estado moderno interventor y la sociedad de masas y de consumo. El estado entonces, no debe legitimar ni regular ningún modelo de vida buena en particular, en el orden ético o cultural propio de cualquier comunidad prepolítica, más allá de garantizar los derechos de todo tipo, sino ordenar la posibilidad de que sea posible la convivencia de ideales plurales y modos de
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Es contenido de cultura toda elaboración humana, todo aquello que no viene dado por la naturaleza. Forman parte de ella los aspectos materiales u objetivaciones culturales: las construcciones simbólicas, las artísticas, los modos de comportamiento, artefactos tecnológicos, el saber hacer. También la componen las orientaciones de valor que existen dentro de la misma cultura, que le imprimen un desarrollo porque marcan las rutas de la evolución.

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vida diversos en una comunidad amplia integradora, como ocurre con la regulación de la libertad religiosa y de cultos de los estados laicos. Frente al pluralismo (incluido el cultural), la posición liberal permite las opciones culturales y el que se estimulen y se extiendan, siempre que se acepten como libres opciones en un marco general de vida en común donde eso sea posible para todos, en una comunidad política englobante de cualquier diferencia. La comunidad donde se garantiza la libertad individual es política, que puede coincidir o no con la cultural. La diversidad es defendible, como condición del individuo que es culturalmente singular, no en nombre de la cultura en sí o del grupo que la asuma como base de su constitución como tal, porque los hechos culturales no pueden tener personalidad jurídica o moral. El individualismo como actitud militante pro individuo en la actualidad no significa necesariamente insolidaridad o menosprecio de lo interpersonal, de lo social o de lo cultural. No estamos ante un individualismo que se oponga per se a la dimensión social de cada ser humano o que sea contraproducente y amenazante para la sociedad, si es una manifestación egoísta de intereses privados. Este ser único diferenciado de los demás, especialmente singularizados respecto de la masa amorfa, es, sobre todo, un producto y una invención de la evolución social. El individuo ni aparece al margen de la sociedad ni contra ésta, sino que es una consecuencia avanzada y sutil de ella (Savater, 1988. Págs. 302-303). Desde el punto de vista ético, la dignidad, establece un valor intrínseco del ser humano, la presunción de que contiene infinitas posibilidades que precisan la capacidad de autodesarrollarse, la idea de libertad interior o de autodeterminación, la consideración de su privacidad inviolable y la idea de automodelación o cuidado de sí. El sujeto autónomo por lo tanto, no es el fruto maduro al final de un camino de negaciones a ser él mismo, sino un camino que se construye con el desarrollo de constantes manifestaciones de la autonomía y del ejercicio de la libertad a lo largo de toda la vida; lo cual no excluye la disciplina y el esfuerzo, sino todo lo contrario. Viejos poderes del pasado contrarios a la autonomía no se resisten a morir fácilmente, al tiempo que fuerzas potentes de manipulación y de domesticación han surgido como enemigas de estas proclamas liberadoras. Pero no basta con definir al sujeto libre, autónomo y atiborrado de derechos. Hay que ofrecerle posibilidades materiales y oportunidades situaciones que le permitan una vida de realización personal. As{i como además de disponer de un campo de juego, también hay que estar capacitado para jugar en él, de lo contrario el campo se vuelve inútil o lo usan otros. Sólo bajo una democracia social se pueden conjugar esos derechos que facilitan las condiciones mínimas de un proyecto que favorezca a todos.

3. SOCIEDAD, COMUNIDAD Y CULTURA
El sentido de la cultura plantea la diversidad a partir de rasgos parciales como la lengua, religión, etnia, cosmovisiones, raza, sexualidad, tradiciones etc., es un proyecto, una ideología y una cultura; por lo cual, se encuentran razones para respetarla junto a otra para criticarla y oponerse o unirse. La diversidad debe ser reconocida en y entre culturas. Desde una perspectiva conservadora se reclama la restauración de os lazos estrechos más tradicionales que vinculan a los sujetos con los grupos a los que pertenecen, en los que deben vivir insertados, en los que adquieren su identidad, de los que toman sus

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valores morales y respecto de los cuales establecen su fidelidad con otros sujetos y son responsables. Cada cual debería educarse con “los suyos” y de acuerdo con ellos. En su versión más pura, el comunitarismo trata de hacer coincidir el territorio en el que vive, la organización social, el poder político y la cultura, pretendiendo la creación de una sociedad homogénea total. Algo que en el plano de los hechos actuales, es incongruente con el proceso de diferenciación de la experiencia humana. Por otro lado, al insistir en el individuo, es fácil caer o acabar por encontrarse con un individualismo que aleja a los sujetos de sus raíces sociales, con una devaluación del vínculo social que debilita los valores de la comunidad y de la vida pública misma, por el deterioro que produce. Un sujeto desarraigado, sin raíces que le comprometan con los otros, es como un átomo social. Los deseos del individuo liberal son personales, pero no crean pertenencia a comunidad alguna, no generan cohesión. Bien sabido es que los deseos individuales sin vertebrar colectivamente no generan sociabilidad realmente vinculante. Por lo tanto, la idea de ciudadano no se puede definir sólo desde una perspectiva jurídica, a través del reconocimiento de derechos y deberes, sino definiéndola también por vínculos sociales de sentirse formando parte de, como manera efectiva de posibilitar la participación real en las esferas públicas. Al definir al individuo al margen de las condiciones de cultura vivida que le proporcionan una identidad concreta y una posición real en el mundo, la autonomía ilustrada no sirve ni siquiera a los comunitaristas más estrictos, partidarios de la autenticidad, sino que se contemplan los procesos reales contextualizados en los que se crea la subjetividad. Al individuo no se le puede descargar de sus pasiones para reducirlo a un puro ser racional, ni es un individuo aislado de su pertenencia a grupos diversos que le vienen dados y que condicionan desde su nacimiento la construcción de su individualidad. Nadie quiere ser otro. Podemos aspirar a tener lo que el otro tiene pero no a ser suplantado por él. El más humillado quiere seguir siendo él, sin humillaciones. Somos identidades singulares fraguadas en la experiencia, aunque ésta sea la limitada por la miseria. “La identidad se apoya en creencias que son susceptibles de ser analizadas, valoradas críticamente y reconstruidas. Podemos cambiarlas. Pero se enraíza en sentimientos ligados a la pertenencia a un determinado lugar, a una tradición, a una cultura; aspectos que son valorados por los sujetos como algo que les condiciona, que les sitúa en la vida social con los demás, que les enaltece, que les distingue o que les discrimina, materiales con los que han construido o les han acompañado en el proceso de consolidación de sus biografías. El mundo de los sentimientos no es fácil de controlar por la esfera de la racionalidad, pero no por eso, necesariamente, forma parte de la irracionalidad”5. Lo emotivo no se opone a la racionalidad sino a la insensibilidad. Es de hacer énfasis que el sentir y desarrollar un vínculo cultural es un derecho, no una obligación; la identidad cultural no puede ser la suprema identidad; el respeto a la multiculturalidad no puede ser motivo de regreso a la uniformidad en cada cultura respetada. Una cosa es la aniquilación de una cultura por imposición de otra distinta; otra es abandonar a su suerte a una cultura sabiendo que va a desaparecer; otra es querer evitar la transformación inevitable y otra es la reproducción artificial de una cultura con otros fines 6.
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GIMENO S. Op. Cit. Pág. 188. Se estima que en el mundo existen 300 millones de personas pertenecientes a poblaciones autóctonas con más de 5.000 culturas y lenguas diferentes (Rasmussen, H. y Sjoerslev -1999, pág. 85-

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La base fundamental para una protección y consideración está en si la cultura es o no condición esencial para la autonomía ética, moral e integral de la persona. Por eso, una forma muy conveniente y urgente es crear conciencia primero de nuestra propia cultura y sobre la de los demás, lo que lleva a un espacio crítico en el que se toma ciencia de que no todo vale. Sentirse miembro de una cultura, tener una identidad cultural significa tener derecho a la misma, pero no puede convertirse en un vínculo de obligatorio cumplimiento, y la falta de acatamiento en un motivo de exclusión. Es de admitir igualmente las diferencias internas en cada cultura, pero que se procura acercar a los individuos; es decir, que se utilice el principio de tolerancia hacia la cultura de otros vista desde la propia, lo que implica aceptar y admitir al disidente, garantizar su posibilidad y, en ningún caso sistematizarlo. Esta es una condición para el ejercicio de una mayor libertad, de diálogo intercultural, matizando y moderando determinadas posiciones actuales; e inclusive, es un límite para el todo vale y también para el relativismo absoluto. Se puede insistir que se aprecia la diferencia cultural, pero no por ello es obligatorio multiplicarla, porque un mundo diversificado tampoco es el mejor de los mundos posibles. Ser sensible y respetuoso con las diferencias no implica profundizarlas y, menos inventarlas. El pluralismo asegura el respeto y la estima por la diversidad (la homogeneidad no es buena), a la vez que garantiza la asimilación que necesita la integración en la sociedad. Reconoce las diferencias entre culturas, aunque tratará de acercar las distancias entre ellas poniéndolas en relación de diálogo recíproco, evitando eso sí el asimilamiento unilateral y forzado. El hombre en la sociedad civil no es individuo mientras siga siendo un privado; es individuo cuando puede participar libre y efectivamente en la esfera de la comunicación y de la decisión pública con los demás. Individuo no equivale a individualismo social, pues este anularía a aquél como sujeto distinto a otros. Solo soy diferente y puedo llegar a serlo, únicamente puedo afirmar mi individualidad si estoy con otros y en el transcurso de las relaciones con ellos. La disponibilidad y garantía de la vida privada es condición para desarrollar parte de nuestra autonomía y de nuestro proyecto personal, atrapados en la sociedad de masas y de consumo y en el mundo del trabajo, donde no es fácil realizarse y expresarse como persona, al menos para una gran mayoría. El espacio de vida privado es necesario para realizarse personalmente en privado y aun así llevaremos a los otros con nosotros. Pero no se debe olvidar esa otra faceta de la realización del individuo en espacios públicos con los demás, dialogando y participando en causas comunes o por las de otros. Sin esa faceta, el individualismo quedaría reducido a “vida privada” unida a relaciones económicas en el mercado. Para que el individuo no se instale en el individualismo, es preciso añadirle la dimensión del compromiso, solidaridad y fraternidad que se sustancian en torno a empresas concretas que le proporcionan una identidad con referentes nuevos y más amplios.

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4. ENFOQUE INTEGRADOR DE LA TENSION
Frente a las posiciones contrapuestas sobre el individuo y la comunidad (la persona y lo social), a continuación se enuncian algunos rasgos esenciales7 que pretenden suavizar las posiciones desde una mirada integradora, pero que extremándolas se puede caer en excesos como por ejemplo desde el neoliberalismo economicista insolidario, hasta los fanatismos integristas de diverso signo. El punto nodal del debate entre estas posiciones está en el conflicto que supone dar prioridad a la primacía del individuo (a su libertad y autonomía) o a los valores de la cultura de la comunidad y a la integración de aquél en ésta. La diferencia estriba en determinar qué va delante: si el individuo con sus derechos o el bien común de un grupo social y la cultura de referencia. Lo que se busca es la forma de hacer compatibles las libertades del individuo con las diferentes formas de integración humanizadota en las distintas comunidades en la que se participa y respecto de las cuales puede sentirse un ser social solidario, perteneciente a su medio cultural.     El individuo es concebido como libre y autodeterminado, que es parte y miembro de una comunidad y una cultura en los que se relaciona socialmente. Como ser universal tiene una identidad personal que está unida (o ligada) a una cultura y una sociedad. Los derechos y la justicia son de ambos, sin que se caiga en el racismo ni en la insolidaridad o aislamiento. La libertad y la autonomía tiene que manejarse y aprenderse con acuerdos de sus propios límites; por eso es mejor hablar de soberanías, en el sentido que el amor y el afecto son ataduras voluntarias y placenteras en las interrelaciones humanas y naturales. Cada uno con sus características, tomarán como principios la tolerancia o el respeto a sus diferencias, donde no se relegue a esfera de la vida privada ni tampoco a la exaltación localista y/o chauvinista. La educación y el conocimiento serán los ingredientes básicos para afirmar las identidades y la fuerza interna propias de la estima y la valoración de sí mismos y de lo otro y los otros. Ni los lazos de otros deben anular la libertad de los individuos, ni ésta puede desconsiderar los vínculos de fraternidad. El problema de la diversidad, plantea el manejo y uso de los espacios públicos neutrales que garanticen la autonomía de los sujetos como es el caso de las instituciones educativas. Hay que hacer compatibles el sujeto y el derecho a su identidad cultural libremente asumida.

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La ética de la democracia no se define primeramente por una idea de bien o de vida buena, sino por la capacidad de coexistencia y de tolerancia. Lo más sugerente es, la búsqueda del consenso a través del espacio dialogado, antes que la segregación; recordando que los derechos individuales (pluralismo, tolerancia, privacidad, libertad de expresión), son ineludibles para la democracia. Se ha de entender que, la democracia es un
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Estos rasgos están tomados y adaptados de la tabla Nº 4.2. sobre las posiciones confrontadas del liberalismo y del comunitarismo, propuesto por José Gimeno Sacristán. Pág. 195.

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proyecto de comunidad formada por la pluralidad de la sociedad con orientaciones diferentes acerca de lo que es correcto y justo. La democracia es un proyecto liberal y comunitario a la vez, lo que significa renunciar al universalismo que anula todas las adscripciones a grupos culturales, como al comunitarismo basado en el origen o en el destino único de un grupo cultural. El derecho a la diferencia es parte de la dignidad humana y una significación al principio de igualdad, con todas las consecuencias que se derivan de ello para los individuos y para la concepción de la cultura. Hay que recordar que la cultura es una lente para mirarse a sí mismo y ver a los demás (ej: sexo, edad, religión, cosmovisión, crianza, estrato, etc.) y, la mejor forma de de entenderse así mismos es aprender cosas sobre los demás; el conocimiento de otros y de su cultura transforma la idea que tenemos de la cultura propia y, con ello nuestra identidad. La pretensión de la igualdad implica no considerarla ni tomarla como uniformidad, sino como igualdad de oportunidades para que todos puedan encontrar un medio y una forma en el que se pueda expresar y configurar sus diferencias, sin excluir la posibilidad de caminar hacia metas comunes y compartir marcos de conocimiento, de sentimiento y de convivencia. Si hemos de tener un proyecto de educación como motor de ambientes y climas democráticos, el aprendizaje y la enseñanza no podrán reducirse a adaptar a los sujetos a la cultura vigente, sino que, siguiendo este proyecto, se buscará transformar la cultura de acuerdo con ese ideal, que constituye también parte de las aspiraciones educativas, y capacitar a los sujetos para ser libres de asumirla. Este texto a partir del cual se educa, no puede ser sino algo que aproxime, que sea plural, revisable y posible a través de la discusión pública y dialogada. Esto implica entonces, hacer de todo lo escolar un espacio público de discusión, deliberación y de crítica. El modelo democrático tiene los siguientes principios8: a). Valoración de la cultura como capital potencialmente enriquecedor de todos: autorevisable, admitida como algo provisional y relativo con capacidad para descentrarse y observarse a sí misma. b). Democratización de ese capital a través de una escolarización igual para todos. c). Compensación de las diferencias. d). Un marco de referencia básico para seleccionar los contenidos culturales a enseñar. e). La idea de que todo debe contribuir a la emancipación del individuo y al progreso social. La identidad así, se expresa, por un lado, en una forma cultural de ser personal a la que respetar y, por otro, en una identidad pública como ciudadano. La institución Educativa tiene funciones diferenciadas de cara a ambas identidades. Respecto a la primera, partiendo de su admisión, debe profundizar en su conocimiento y concienciar reflexivamente sobre su significado. En relación a la segunda, debe estimularla decididamente en el funcionamiento de la institución y en los contenidos que imparte.

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GIMENO S., José. Op.Cit. pág. 201.

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5. EL SENTIDO CULTURAL Y EDUCATIVO
Las instituciones Educativas con su currículo y sus tradiciones metodológica y evaluativos, son agentes de difusión cultural que tiene sus propias reglas, aunque no operen independientemente de otras que rigen para otros agentes difusores de conocimiento. Esas reglas de difusión y reparto del conocimiento y experiencia disponibles no son del todo deterministas. Las sociedades abiertas permiten a los individuos la toma de decisiones acerca de la cultura a la que se puede acceder, una vez que éstos disponen de unas ciertas competencias culturales y dominan determinadas habilidades. Es decir, el individuo puede automodelar su subjetividad, al margen y sin control total de la familia, las iglesias o la escuela. En las sociedades tradicionales, más cerradas, las limitaciones en este sentido serán evidentes. Hay que entender que la cultura9 es como un texto dispuesto a ser leído, y el texto es la expresión de lo que las capacidades de otros le otorguen. La lectura realizada es la actividad que construirá las capacidades de los lectores; la asimilación real del texto depende del lector. Es el caso de que la familia introduce a los individuos con procedimientos más cálidos en unos tipos de contenidos de la cultura, la institución educativa lo hace en otros de forma más intelectualizada, la iglesia se dedica a los que le son propios. Se habla igualmente de que con frecuencia los media desbanca y es irreverente ante el poder de la escuela o que la familia se está suplantando por la influencia agresiva del grupo de iguales. En síntesis, la comunicación cultural se desarrolla en función del modelo de sociedad vigente, desde unas redes de poder; lo que nos presiona a preguntarnos si dicha sociedad es aceptable o por el contrario, necesitamos un proyecto que lleve a su transformación. La educación por ende, tendrá que centrarse en aquello “a lo que no se dediquen” o puedan dedicarse, la familia, las iglesias o cultos, los medios de comunicación, las pandillas, etc., en vez de sustituir o competir con esos agentes educativos. Es un ámbito que, desde luego, varía con el tiempo y de acuerdo a la evolución social. Su función educativa deberá ir más allá, debe ampliar la experiencia fuera del radio de acción que limitan las condiciones y los medios de los que dispone el sujeto estando en la familia, la comunidad o en la cultura en la que vive para evitar, que esos medios naturales para él se constituyan en prisiones. En la institución educativa se enseña las ciencias porque otros agentes no podrían hacerlo; allí no se aprende el habla familiar o de la calle, sino otras manifestaciones de la lengua y lo que esta representa; en ella no deberían aprender creencias religiosas porque para eso están las iglesias o las familias. Sobre dichas creencias las instituciones deben hacer otras cosas. El más inmediato de los sentidos y las capacidades institucionales será del de hacer disponible lo que sin ellas quedaría vedado, fuera del alcance de los sujetos. El contenido exacto de ese “ir más allá” no es fijo ni universal, sino que o determinan las necesidades de los sujetos en cada circunstancia. Lo cierto es que es una falacia declarar que la escuela ha perdido hoy el sentido de ser informadora en las sociedades de la información y el conocimiento. Tendrá que ser informadora y elaboradora del conocimiento a un nivel de mayor superioridad y
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Morin y Kern afirman: “Contradiciendo de que cada cultura es en sí mismos satisfactoria, Muruyama advierte justamente que cada cultura tiene algo de disfuncional (defecto de funcionalidad), de misfuncionalidad (funcionamiento en una mala dirección) de subfuncional (efectuando una prestación al más bajo nivel) y de toxifuncional (creando daños con su funcionamiento). Hay que respetar las culturas, pero son en sí mismas imperfectas como también nosotros somos imperfectos”. “Tierra patria”. Kairós, Barcelona, 1993, pág. 129.

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aprovechando esas nuevas fuentes; información y conocimiento que existe y circula entre algunos, pero que no todos los seres humanos pueden utilizar en la misma medida. Potencialmente existe una cantidad ingente de variada información sobre el mundo físico, social y cultural con la que nuestra experiencia conecta de manera inevitablemente parcial y desordenada. No podemos desde luego, acceder a toda la disponible; no podemos convertirla en conocimiento, pues información no equivale a conocimiento. Por información se entiende la existencia de noticia sobre algo, se conozca o no por nosotros. El conocimiento supone que el sujeto aprende el significado de la información, te da un sentido, requiriendo la incorporación aprendida de un segmento significativo de aquella. Ni la información potencial ni la experiencia garantizan por sí solas la comprensión y el acercamiento a situaciones, objetos o realidades del tipo que fuere para conocerlas en todas sus dimensiones y con la profundidad que la información potencialmente disponible permitiría. Para eso se requiere provocar la experiencia de aprendizaje de una información seleccionada y ordenada. Y es en esta necesidad donde la escuela sigue desempeñando potencialmente un papel ilustrador. El aprendizaje pasa a ser conocimiento cuando tiene un sentido para quien lo adquiere; lo cual significa que ilumina algo nuevo, lo hace de otra forma o con un tipo de comprensión más profunda, lo que ya se conoce por experiencias previas. Es decir, se precisa engarzar la información proporcionada con la previa existente, contextualizándola subjetivamente. Este enlace que sitúa lo nuevo en conexión con lo anterior puede ocurrir de modo espontáneo o no. Compete a la educación, orientada reflexivamente, el que dicha conexión se produzca, considerando las características y condiciones que afectan a los educandos. Esta es la regla básica del aprendizaje escolar. “La educación conducida reflexivamente debe capacitar para salirse de la cultura, poder estudiarla, rehacerla y mejorarla; es decir distanciarse para tomar perspectiva y poder adoptar una dirección de las múltiples posibles que puede seguir su desarrollo. La cultura es algo dado objetivamente para la educación, pero es contenido que debe ser reflexionado; no es ninguna sacralizad que haya que respetar escrupulosamente –cárcel para los individuos-, sino un patrimonio de todos que puede mejorarse. La actitud educativa por excelencia, cuando es entendida como una acción ejercida reflexivamente, no es la de reproducir cultura, sino la de hacer posible que los individuos sean sus poseedores y no los poseídos”10. La institución educativa es por sí misma un invento social que forma parte de la cultura social y que violenta las culturas en las que se inserta como algo nuevo. La cultura nos importa porque de ella se nutre la persona que madura en el medio educativo. Desde el momento en que la cultura es lo que nos construye, no podemos mantenernos indiferentes ante ella con una perspectiva puramente descriptiva, dado que nos jugamos nuestro ser; ya que, seremos alguien y no seremos de otra manera según los materiales que nos construyen. De ahí el interés que hay que poner para tener los criterios para saber lo que debemos seleccionar y lo que merece la pena de seguir reproduciendo, qué hay que estimular y que se debería corregir y/o transformar. No todo tiene el mismo valor a la hora de incorporarlo a la educación, así como no todo lo existente debe ser reproducido, ni todo lo posible debe ser realizado. Según Villoro11, propone criterios o principios para evaluar una cultura:

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GIMENO S., José. Op.Cit. pág. 221 VILLORO, L. “Estado plural, pluralidad de culturas”. Paidós-UNAM, México, 1998

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Autonomía: que tenga la posibilidad de determinarse y de autodeterminarse a

sí misma, fijar sus metas y determinar sus instituciones, criterios para justificar sus creencias. Capacidad de control sobre sus adquisiciones, las cuales son asumidas y no impuestas. Autenticidad: Sus expresiones y manifestaciones externas son disposiciones de los miembros de su comunidad, consistentes con sus deseos, actitudes, creencias, propósitos e intenciones. Es decir, es adecuada a sus necesidades y a la comunidad. Finalidad: Toda cultura proyecta una serie de fines que dan sentido a la vida personal y colectiva. Marcan la diferencia, entre las cuales los individuos pueden elegir su plan de vida, y es un deber de los individuos el contribuir a que prevalezcan los fines más altos, así como oponerse a los que sean falsos, insuficientes o irracionales. No los impone a otros, pero los comunica si se los cree superiores. Eficacia: Se dispone de los instrumentos que aseguran su eficacia en ese cumplimiento de los fines. Son las técnicas para intervenir en el medio natural y social, en el de la comunicación, en las interrelaciones humanas y en el arte. Esta, puede ser producto de la propia comunidad o adoptada de otras, siendo deber de cada cultura someter a crítica los fundamentos de la eficacia y proporcionar a los demás sus propias creencias: es el derecho a la información, a la comunicación y a la discusión. Los derechos humanos: Se aceptan, si se entienden como derechos morales, con tres prevenciones: 1. Que permitan elecciones y planes de vida a los sujetos. 2. El de pertenecer a una comunidad cultural y el de ésta a ser tal. 3. Deber de los individuos con su propia comunidad: cooperación, la solidaridad.

Lo importante es que cada cultura y sus individuos puedan ser autónomos y sean capaces de aceptar la presencia de otras culturas y asimilar de ellas aquello que enriquezca a la propia. Lo que hay que evitar no es la universalización, sino la dominación.

6. UNIFORMIDAD VERSUS DIVERSIDAD EN LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS
“El mundo no es más que variedad y desemejanza” MONTAIGNE, Ensayos. “No estoy hecho como ninguno de los que he visto, me atrevo a creer que no estoy hecho como ninguno de los que existen” ROUSSEAU, Las confesiones.

La ideas de desarrollar políticas para diversificar el currículo escolar, tuvo su origen en el momento en que las clases populares accedieron de forma masiva a las escuelas. Para los conservadores, el destino de esos advenedizos no podía ser el mismo que el que estaba reservado sólo para ellos. Durante los siglos XIX y XX, la lógica de la moderna racionalidad científica ha consistido en la búsqueda de estrategias para la reducción y supresión de la diversidad manifiesta y hasta medible, a través de la clasificación de estudiantes en categoría y rotulaciones de desclasificación, segregación y exclusión. Ha

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sido la imposición de una mentalidad selectiva y meritocrática en gran lucha con la democratización real del sistema educativo que ha acompañado a la universalización de la educación obligatoria. Hay que recordar que la función socializadora se torna obsesiva en su pretensión de homogeneizar, lo que provoca la resistencia y hasta la rebelión contra esas normas. Con la idea de extender el proyecto con función universalizadota, muchas veces se vuelve pretexto para el sometimiento de lo que es diverso y variado para normalizarlo y uniformarlo. Es verdad que se necesita un orden y una acomodación, sin la cual cualquier forma de vida social se hace inviable; pero el orden no es lo que más nos debe preocupar, sino la unidad en la diversidad. Por eso, el orden y el caos, la unidad y la diferencia, la inclusión y la exclusión son condiciones contradictorias de una orientación que en la educación hay que resolver. Hemos de situarnos y responder a estos dilemas con estrategias inteligentes, conceptuales y de acción flexibles, democráticas y tolerante que viabilicen y hagan cómoda la vida de los individuos que no son idénticos en las instituciones, al tiempo que ellas puedan cumplir con sus funciones. “Para resolver esa colisión o simple contradicción, la racionalidad propia de la modernidad ha abordado la diversidad de dos formas básicas que en el sistema educativo se expresan con una claridad meridiana: por un lado, ejerciendo la presión para asimilar todo lo que es diferente a los patrones unitarios defendidos por las instituciones; por otro, segregando lo que no es asimilado en categorías que ubican las atipicidades fuera de la normalidad dominante. Las contraposiciones entre adaptados de inadaptados, normales y anormales, exitosos y fracasados, buenos y malos alumnos, disciplinados e indisciplinados, motivados y desmotivados, son ejemplos de la presión normalizadota sobre diferentes aspectos de la diversidad de los individuos”12. Si en la vida cotidiana, en cualquier ámbito de relación social, convivir con la diversidad es un hecho de menor tensión (comparado con la vida escolar), en los sistemas educativos la variabilidad intrasubjetiva, intersubjetiva e intergrupal de los seres humanos se vive como un verdadero y gran problema que hay que resolver o como dificultad que se debe suprimir. Tampoco es ajeno el profesorado a esa tendencia, al considerar las clasificaciones (calificar para descalificar) y segregaciones homogeneizadoras facilitadotas de un trabajo profesional más cómodo. El sistema educativo obviamente funciona con lógicas estandarizadotas, a cuya situación colaboran de buena fe tanto los expertos que pretenden racionalizarlo como los profesores. Por lo anteriormente enunciado, es preciso y urgente plantear políticas de la diversidad como alternativas de carácter contrafáctico del statu quo dominante, es decir frente a las políticas y prácticas de la uniformidad u homogeneización que se produce en las instituciones educativas. Esas políticas y prácticas para la pedagogía de la diversidad reclaman antes de aceptarse, algunas precisiones acerca de lo que significan. Demandar diversidad es una llamada a respetar la condición de la realidad humana y de la cultura, forma parte de un programa defendido desde la óptica liberal democrática, a la vez que es una resistencia contra el dominio de las totalidades únicas del pensamiento moderno. Los retos de la diversidad son motivos importantes y urgentes para revisar puntos de vista y prácticas vigentes.

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GIMENO SACRISTAN, 2007. Op. Cit. Pág. 236.

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De entrada, se trata de un término ambiguo, e impreciso al cual le sobrecargamos o le adjudicamos una semántica poco útil en la discusión de los problemas, o muchas veces es sólo un termino sin contenido, que, lleva más a confusión que a apoyo. Por ejemplo, se aplica a estrategias de educación especial, que socialmente reclama su identidad. También es un argumento de los libertarios neoliberales en contra de la educación pública oficial. Así mismo se relaciona con las aspiraciones de los pueblos para su propia autodeterminación, planteamiento que choca con la aspiración a la democracia. Y es, una estrategia para adaptar la enseñanza a los estudiantes. La diversidad entonces, tiene muy desiguales significados y diferentes ámbitos prácticos de realización que plantean retos, posibilidades y consecuencias distintas en cada uno de ellos. Muchas veces, entendemos un significado por oposición a otro, o para complementarlo. Al hablar de diversidad, surge un mundo contrapuesto a la uniformidad o a la unicidad. Si hablamos de diversificación como política educativa, aparece más deseable que el de la homogeneización. Si se propone un currículo diversificado es porque se entiende que hay otro que no lo es (igual para todos). ¿Qué es entonces, diversificar la educación?, ¿Es una táctica para ofrecer diferenciaciones curriculares? ¿Se trata de una estrategia para ofrecer planes de estudio más variados o plurales para todos los sujetos como currículum común? ¿Es una pretensión de los sujetos diferentes puedan alcanzar las mismas metas? Se trata en síntesis, de saber con precisión qué se propone o contra lo que nos oponemos cuando se plantean políticas institucionales para la diversidad. Por lo general, el individuo suele estar penalizado y castigado en medio de tanta uniformidad y estandarización, de tal manera que se sanciona la inteligencia (al más piloso, al más rápido, al más creativo) como la debilidad y la lentitud. La preocupación y reivindicación de la diversidad tiene que ver con la política institucional y educativa que, desde posiciones liberales y psicológicas no represivas, sea más acorde con los sujetos, sus particularidades y sus subjetividades, así como los grupos de sujetos, porque se apoya en el valor de la unicidad de estos. Los sujetos o individuos que poseen condiciones o cualidades disimilares, son acogidos y reaccionan de diferente forma ante los estándares de comportamiento, niveles de rendimiento exigidos o modelos de vida requeridos por la norma institucional. Ese desajuste puede conducir a se etiquetados o rotulados de diferentes, aunque en este caso la diferencia es “desigualdad” o a-normalidad excluyente. La diversificación es contraria, así, a la igualdad cuando ofrece oportunidades diferentes de hecho a estudiantes que tienen unos mismos derechos pero desiguales posibilidades. El derecho a la igualdad obliga al reconocimiento para todos de la diferencia cultural, si bien una cosa es el respeto a la identidad cultural y otra el entenderla como algo que nos distingue de otros y que debe ser acentuado. Es más fácil estar de acuerdo en que la multiculturalidad es un hecho que hay que entender y atender que tratar coercitivamente de homogeneizar o uniformar. En la medida en que se va hibridando la cultura, aparecen más motivos para diversificarse los individuos. La preferencia por ejemplo, por los centros públicos o por los privados, optar por la confesionalidad o la laicidad, querer una enseñanza monolingüe o bilingüe, ser partidarios de la educación con orientación más académica, técnica o a otra más centrada en el desarrollo personal, son expresiones o evidencias que ponen de manifiesto cómo diferentes sectores sociales valoran con esto las finalidades de la educación. Diversificar sólo es éticamente tolerable si se corrigen las desigualdades y no se las aumenta, y si la diferenciación asegura el currículo compartido que se estime sea el mínimo común denominador cultural necesario para vivir y dialogar con otros. En todo caso, es

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preciso considerar que toda cultura es, por sí sola, mucho más diversa que la selección que de ella realiza el currículo educativo. Por eso la diversificación también es un camino en la búsqueda de una mayor representatividad cultural democrática de la enseñanza. “La premisa ilustrada de valorar la tradición, en tanto que acervo acumulado de la experiencia, del conocimiento y de todo lo sentido, tiene que reinterpretarse desde el pluralismo que pone de manifiesto la biodiversidad de la cultura, Aunque sabemos que el conocimiento no genera vínculos fuertes para crear lazos societarios, conocer sobre nosotros o sobre los demás es un principio para crear comunidad. La acción de la educación tiene que construirse en una fuerza cuyo radio de acción (el abarcado por sus contenidos) traspase los intereses de los grupos particulares, de las etnias y de las familias, pues la educación para la libertad y autonomía tiene justificada su intrusividad por encima de intereses y perspectivas particulares. La actitud liberal no significa en educación solo tolerancia ni, mucho menos asunción del relativismo, sino la defensa de unos determinados valores, el desarrollo de ciertos principios que se consideran un progreso para los individuos. No se trata de aceptar el multiculturalismo sin más o de suprimir las diferencias entre las culturas, sino de dialogar sobre las fronteras de las mismas, analizar tanto las culturas locales como las difundidas a través de organizaciones sociales más amplias 13.” No tenemos que valorar lo que procede de otros necesariamente como una expresión del imperialismo cultural, donde la cultura se impone y anula a otra. El texto curricular refleja un sentido normativo de la cultura, pero tampoco obliga a su dominio, ni es un fetiche que tenga que reproducirse; es, ante todo un proyecto propuesto, es un texto más que todo simbólico que está entre todos los proyectos del ser humano y sus prácticas en contextos particulares, donde se intencionan significados determinados que hay que poner en diálogo crítico con los significados más universales de esos textos. El currículo común no tiene que ser una imposición de una determinada opción cultural sobre otras, sino que tendrá que entenderse como un espacio de aspectos, rasgos, productos culturales y orientaciones de valores compartidos para ser aprendidos y como posiciones o problemas que deben resolverse con diálogos. No es una mera respuesta funcional para comprender la complejidad social actual; puede entenderse como un núcleo fuerte de movimiento que pueda dar estabilidad a los sujetos, dotándoles de una racionalidad amplia y diversificada, que garantice el ejercicio de la reflexibilidad en las sociedades inestable y/o de riesgo, básica para mantener la identidad racional de individuos libres y capaces de ejercer su autonomía en dichas sociedades.

7. CONSTRUIR SOCIEDAD DESDE EL INDIVIDUO
La Sociedad es la extensión del individuo. Si el individuo es codicioso, cruel, despiadado, egoísta, así será la sociedad. Es necesario ser sincero consigo mismo; si cada uno de nosotros es corrupto, por lo tanto, se contribuye al crecimiento de una sociedad igualmente corrupta. Esto sólo lo puede resolver el individuo a base de su trabajo personal, desde lo que cada uno pueda dar y aportar, sin que se preocupe que la sociedad cambie para él iniciar su mejoramiento. Todos ya entendemos que cuando un individuo cambia, su entorno cambia. Sabemos que la violencia no resuelve nada. La violencia sólo puede conducirnos al fracaso. Necesitamos paz, serenidad, reflexión, comprensión. El problema del mundo es el
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GIMENO SACRISTAN, 2007. Op. Cit. Pág. 245.

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problema del individuo. Las revoluciones de sangre no resuelven nada. Sólo mediante la inteligencia resolveremos el problema de la convivencia pacífica. Con la formación adecuada del individuo se puede crear una sociedad del conocimiento para el desarrollo humano y no para su destrucción. Si queremos realmente un cambio radical, si queremos un mundo mejor, necesitamos cambiar individualmente, cambiar dentro de nosotros mismos, alterar dentro de nuestra propia individualidad los modelos negativos que en el mundo producen miseria y dolor. Recordemos que la masa es una suma de individuos. Si cada individuo cambia, la masa cambiará. Se requiere acabar con las relaciones humanas engañosas e hipócritas; tenemos que trabajar intensamente los comportamientos reactivos y estimular la Proactividad y el desarrollo personal (espiritual) como las mejores formas del desarrollo de la inteligencia colectiva, sólo así podemos hacer un mundo mejor. Es indispensable ubicar, conocer, reflexionar y comprender el mundo emocional humano; entender las reactividades que cada uno lleva dentro. Cambiando al individuo, cambiará la sociedad, porque ésta sólo es la extensión del individuo. Hay dolor, hay hambre, hay confusión, pero nada de esto se puede eliminar mediante los procedimientos absurdos de la violencia. Quienes quieren transformar el mundo a base de revoluciones de sangre, alcohol y droga, o con golpes de Estado, fusilamientos y asesinatos, están totalmente equivocados, porque la violencia engendra más violencia y el odio más odio. Necesitamos paz si es que queremos resolver los problemas de la humanidad. No se deshacen las tinieblas y la ignorancia a garrotazos y castigos, sino trayendo la luz, el conocimiento, el afecto y la sabiduría. Tampoco se deshace el error combatiéndolo agresivamente, ni tampoco sancionándolo; sino, difundiendo el conocimiento que contribuya a resolver los problemas de manera proactiva, sin necesidad de atacar brutalmente el error. Todo cuanto el uso del conocimiento y la sabiduría avance, el error habrá de retroceder. No hay que resistir a lo negativo, sino practicar lo positivo incondicionalmente y enseñar sus ventajas por la práctica. Atacando el error, provocaremos el odio de los que yerran. Lo que necesitamos es difundir y estimular las capacidades internas del Ser humano, brindando toda clase de herramientas para que puedan usarse desde adentro hacia fuera. Recordemos que el problema no está afuera, ni son los otros; la dificultad está dentro de cada uno, en la actitud, en la visión que se tenga frente a lo de afuera. La sociedad es el individuo. El mundo es el individuo. Si el individuo cambia fundamentalmente, el mundo cambiará inevitablemente. Sólo transformándonos radicalmente como individuos, podemos crecer como personas y provocar una sociedad más humana y pacífica.

7.1. EL TRABAJO
No solamente se trata de determinar quiénes quieren “trabajar duro” y quiénes no. Con frecuencia, es más bien una cuestión de oportunidad, no de buena voluntad. Por consiguiente, el trabajo verdadero y el principal en la reestructuración del orden social es asegurar que cada persona y cada nación tengan iguales oportunidades. Muy de mañana acuden hombres y mujeres a su trabajo. Niños y muchachos van a la escuela. Unos van, otros vienen, cada uno tiene su quehacer. Es sorprendente contemplar la actividad del campo y de la ciudad. Es la vida. Es el trabajo. El trabajo relaciona al hombre con el mundo, con los demás hombres y consigo mismo. El trabajo sostiene y perfecciona la vida social, económica, artística y cultural del país.

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Al caer la tarde, regresan hombres y mujeres a sus casas. Los niños llegaron ya. Todos están algo cansados, pero sienten que su trabajo es indispensable y que su esfuerzo es provechoso para sí mismos y para los demás. Trabajar es un deber14 tanto en relación con la sociedad como con uno mismo, ya que por el trabajo el hombre va haciéndose a sí mismo. No importa que el trabajo sea manual, intelectual o directivo. Todos los trabajos son dignos porque es la persona quien actúa, lo mismo en la investigación que en la mecánica o en los servicios. La única condición es que la persona sea considerada como tal. En realidad se tiene en cuenta muy poco a la persona. No se estima el trabajo 15 del indígena porque sólo produce para la vida de su comunidad. Se valora a una persona por lo que tiene, no por lo que es. Se contabiliza el rendimiento por encima de la realización personal. Unos dan más importancia a las inversiones, otros supeditan el hombre al Estado, en ambos sistemas se explota al hombre y se le esclaviza. Esta situación provoca un evidente desequilibrio. Unos se ven obligados a trabajar demasiadas horas para poder vivir; han de pagar dos y tres veces más por el producto de su trabajo; tienen que emplearse en oficios que no son de su agrado, o que atrofian la creatividad; han de trabajar las tierras de otros; no se ven debidamente remunerados ni satisfechas sus necesidades, porque las condiciones laborales se manejan en términos de explotación y no de justicia16. En cambio satisfacen los intereses de las clases más acomodadas acentuándose más las diferencias entre unos y otros, y fomentan la concentración de capital. Se incrementa por una parte la dependencia interna y externa del país, por otra, el desinterés y la irresponsabilidad del trabajador. Todo es igualmente deshumanizante y desintegrante de la comunidad. Es la Humanidad entera que ha caído en esta deplorable desvalorización de su dignidad17. El incentivo para la mayor parte de la humanidad es lograr, adquirir, obtener cosas. Aquellos a quienes no les interesan, las dejan ir con facilidad. Cantidades menores de personas pueden sobrevivir razonablemente con los elementos básicos de sus vidas, pero luchan por conseguir más, una pequeña cantidad de seguridad, un hogar decoroso, un mañana mejor. Sus mentes están preocupadas con retener todo aquello que han adquirido y con acrecentar lo que tienen. Grandes porciones de la población siguen esforzándose por lograr la simple supervivencia física. Cada día está lleno de momentos de ansiedad, de medidas desesperadas. La mente se enfoca en cuestiones básicas vitales. Hay un grupo menos numeroso –muy pequeño- el cual se ha liberado de la necesidad de las cosas materiales. Le importan la verdad espiritual, la realidad espiritual, la experiencia espiritual. Ven la vida como un encuentro espiritual, como un viaje del alma. Retienen toda la experiencia humana en el seno de ese paradigma. Su lucha tiene que ver con la búsqueda de Dios, con la realización del Ser Intimo y con la expresión de la verdad. Conforme evolucionamos, esta lucha deja de ser una lucha y se convierte en un proceso, un proceso de Autodefinición (no autodescubrimiento), de crecimiento (no aprendizaje), de Ser
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De la Biblia: Quien no quiere trabajar, que no coma: 2 Tes. 3, 6-16. De la Biblia: Ustedes valen más que los lirios del campo: Mateo. 6, 24-34 16 Actualmente se expande la idea explotadora de que cuando alguien hace un contrato (con el Estado, u otra entidad o institución), el objetivo es hacer subcontrataciones donde se paga lo más mínimo posible para que queden “bastantes ganancias, llevando con ello, a que personas profesionales que sometidas y minimizadas a salarios de obrero. 17 El Génesis nos describe ala Humanidad en la desnudez de sus auténticos valores, y en las luchas e intrigas fratricidas (Gen. 3, 10; 4, 8). En consecuencia, el trabajo será realizado con sudor y lágrimas (Gen. 3, 16 -19) pues: “Vivirás lejos de este suelo fértil que se ha abierto para recibir la sangre de tu hermano que tu mano derramó. Cuando cultives la cierra se negará sus frutos" (Génesis.4. 11-12).

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(no hacer). La razón de buscar, esforzarse, indagar, trabajar duro y tener éxito se torna totalmente diferente. Se cambia la razón de hacer algo, y con ello cambia igualmente el hacedor. La razón se convierte en el proceso, y el hacedor se convierte en el Ser pleno. Es muy triste saber que la mayoría de las personas odian su trabajo, e incluso peor, que no saben lo que desean hacer. Encontrar un objetivo en la vida, encontrar un trabajo que nos guste, es amarnos a nosotros mismos tal como somos . El trabajo nos sirve para expresar nuestra creatividad. Es preciso ir más allá de esa sensación de no ser capaz o de no saber lo suficiente. Dejémonos inundar por la energía creativa del Universo, de maneras profundamente gratificantes y satisfactorias. En realidad no importa lo que hagamos mientras resulte satisfactorio y nos sintamos realizados. Si detestamos el lugar donde trabajamos o nos disgusta lo que hacemos, siempre nos pasará lo mismo con el trabajo a no ser que cambiemos en nuestro interior. Si comenzamos un nuevo trabajo con estas mismas creencias, con el tiempo volveremos a sentir lo mismo. Parte del problema reside en que muchas personas piden lo que desean de forma negativa. Tenemos que expresar claramente lo que deseamos. Cuando realizamos un trabajo que detestamos, obstaculizamos la capacidad de nuestro Poder para expresarse. Pensemos en las cualidades que deseamos que tenga un trabajo, en cómo sería si tuviéramos el trabajo perfecto. Es esencial que expresemos con claridad lo que deseamos. Nuestro Ser Superior encontrará el trabajo que nos convenga. Abrámonos a nuestra sabiduría interior. Un problema es una oportunidad para crecer. Cuando tenemos la profunda convicción de que no somos dignos, de que no somos merecedores, encontramos problemas para hacer lo que deseamos. Si los demás nos dicen que no debemos hacer o tener algo y entonces nosotros nos lo negamos, es que nuestro interior cree que no se merece nada bueno. Nuevamente volvemos a la necesidad de aprender y practicar formas de amarnos más cada día. Nuestras relaciones de trabajo son similares a las que tenemos con nuestra familia. Pueden ser sanas o no funcionar bien. Todos tenemos todas las cualidades en nuestro

interior. Si los demás no paran de decir cosas negativas, no prestemos atención. Somos nosotros quienes necesitamos cambiar la conciencia . Ellos reflejan algo negativo que hay

dentro de nosotros de modo que cuando nuestra conciencia cambie verdaderamente, la gente negativa no se nos acercará tanto. Aun cuando nos sintamos frustrados, afirmemos lo que deseamos tener en el lugar de trabajo. Después aceptémoslo con alegría y agradezcámoslo. La competitividad y la comparación son dos importantes obstáculos a nuestra creatividad. Cada uno de nosotros es un ser único y especial, diferente de todos los demás. De modo que ¿para qué compararnos y competir? La comparación nos hace sentir superiores o bien inferiores, lo cual es una expresión de nuestro ego rastrero, de nuestra forma limitada de pensar. Si nos comparamos para sentirnos un poco mejor, con eso damos a entender que otra persona no vale lo suficiente. Tal vez creamos que subvalorando a los demás nos elevamos, pero lo que en realidad hacemos es colocarnos en posición de que los demás nos critiquen. Todos lo hacemos en mayor o menor grado, y es bueno que podamos superarlo. Iluminarse significa entrar en nuestro interior y hacer brillar la luz con el fin de disipar la oscuridad que hay allí. Todo cambia y lo que una vez fue perfecto para nosotros puede que ya no lo sea. Para continuar cambiando y creciendo es preciso que entremos en nuestro interior constantemente, con el fin de escuchar lo que es correcto para nosotros en este lugar y en este momento.

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Muchas veces consideramos «desastres» algunas cosas que suceden, sobre todo en el trabajo. Pero sería mucho mejor que nos las tomáramos sencillamente por lo que son: experiencias de vida que siempre nos enseñan algo. Al final todo resulta para mejor, pero a veces cuesta verlo cuando se está pasando por una mala experiencia. Las personas necesitan obtener de su trabajo algo más que un cheque de pago. Necesitan aportar su contribución al mundo y sentirse realizadas. En el futuro, la capacidad para hacer el bien de forma amplia y universal se superpondrá a las actitudes metalizadas. El trabajo interior y el crecimiento personal es una ocupación de toda la vida y que una vez empezado nunca se detiene. Fundamentalmente se trata de un trabajo al que vale la pena entregar toda la vida. Nadie es inútil18: El trabajo humano es en tal forma parte de la vida que casi se identifica con ella. El trabajo realiza al hombre, de ahí que quien no puede trabajar siente una insatisfacción profunda. Esto ocurre con excesiva frecuencia en nuestra sociedad por el desempleo, la marginación del minusválido, el abandono de los ancianos. Ninguna vida es inútil, pero es necesario dar a cada persona la posibilidad de sentirse útil y aceptado por los demás. Los que han podido escoger su profesión u oficio trabajan a gusto y están contentos porque sienten que hacen algo importante para los demás, aunque sea sencillo. En cambio los que no tienen trabajo o se ven obligados a hacer aquello que no les gusta se sienten tristes porque no se realizan como hombres que crean. El hombre es más hombre y la mujer más mujer cuando son creativos. Cuando una persona desarrolla sus cualidades con alegría el trabajo no resulta tedioso. Hasta el trabajo más humilde engrandece al hombre, si éste lo hace con gusto y según sus capacidades. El trabajo es una obligación de toda persona, así mismo es también un derecho por el que el Estado debe velar. Igualmente es un derecho el descanso, el deporte y el acceso a la cultura con igualdad de oportunidades. La dignificación del trabajo: No siempre el trabajo fue considerado como un elemento de realización humana. Hubo épocas en que era tenido como función propia de esclavos, algo degradante y servil. Por eso llamó poderosamente la atención la actitud de Jesús que "no vino para que le sirvieran, sino para servir" (Marcos. 10, 45). Su ejemplo nos hizo tomar conciencia de que el trabajo es un servicio que los hombres se prestan entre sí. Por su condición social el hombre ha de realizarse no sólo individualmente, sino muy especialmente en su dimensión comunitaria19. Por eso existe una organización social del trabajo. El trabajo une a los hombres, el trabajar con otros fomenta la solidaridad y camaradería, pero también puede originar discordias, puede oprimir, enajenar y esclavizar. Todos los trabajadores, campesinos y obreros, deben sentirse protegidos por sindicatos, cooperativas y organismos propios con los que defiendan sus derechos y luchen por una mayor Justicia y la desaparición de poderes ilegítimos. La responsabilidad del trabajador: Entre las obligaciones del trabajador debemos señalar la honradez, el interés por la producción, la solidaridad con los compañeros, la responsabilidad y el no evadirse del trabajo, alegando enfermedad y pretextos injustificados.
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De la Biblia: Todos formamos un solo cuerpo: 1 Corintios 12, 12-27. De la Biblia: Trabajar para uno mismo y para los compañeros: Hechos. 20, 32-38.

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Aceptar la propia responsabilidad en el trabajo20, tanto si es autónomo como dependiente, así mismo en la familia y en la comunidad, es considerar que nadie realizará en el mundo el trabajo que uno debe realizar. El estudio, la preparación técnica, no han de ser en función de uno mismo, de ganar plata o asegurarse el porvenir. La plenitud del ser humano se alcanza en la entrega sincera y generosa de sí mismo a los demás. Nadie guarda memoria de la persona que vivió sólo para sí. La igualdad: Cuando se habla de igualdad, hablamos de oportunidad igual, no de igualdad de hecho. Igualdad es uniformidad, y lo último que el mundo necesita es uniformidad. Se habla de un mundo que garantice dos aspectos: 1. La satisfacción de las necesidades básicas, 2. La oportunidad de desarrollo. Una Federación mundial unificada produciría: 1. Final de las guerras entre naciones y, arreglo de las disputas por medio de la violencia y la muerte; 2. Final de la pobreza abyecta, muerte por hambre, explotación masiva de personas y recursos; 3. Fin de la destrucción ambiental sistemática de la tierra; 4. Escapar de la interminable lucha de Mayor, Mejor, Más; 5. Una oportunidad para que todo ser humano pueda acceder a la más elevada expresión del Ser; 6. Poner fin a todas las limitaciones y discriminaciones que frenan a la gente en su Ser. Cuando aprendamos a dar incondicionalmente (es decir a amar incondicionalmente), entonces habremos aprendido a recibir incondicionalmente. Las personas tienen derecho a la supervivencia básica. Aun cuando no hagan nada. Aun cuando no aporten nada. La supervivencia con dignidad es uno de los derechos básicos de la vida. Los iluminados verán a los que no contribuyen con una gran compasión, no con resentimiento. Envidia y celos: Lugar de la alegría, así se le llamaría al lugar de trabajo. La envidia es una emoción natural en el sentido de que nos insta a buscar más, no en el sentido de resentirse porque otros tienen. La envidia no tiene nada de malo. Es un motivador, un deseo puro, da nacimiento a la grandeza. Los celos son una emoción hija del temor, que nos hace desear que los demás tengan menos. Es una emoción que suele basarse en la amargura. Es hija de la ira y a ella conduce, y mata. Los celos pueden matar. Todo aquel que ha estado en un triángulo de celos, lo sabe. Los celos matan, la envidia bien utilizada hace nacer. Con el cambio que implica dejar de preocuparse por la supervivencia material, con la situación de la necesidad compulsiva de triunfar para adquirir una cantidad mínima de seguridad, no habrá otra razón de logro; los intereses se enfocarán en otras direcciones y no se buscará ser magnífico, para opacar a otros, sino que se buscará la experiencia de la magnificencia por ella misma. El espíritu se yergue; no se desploma ante el rostro de una verdadera oportunidad. El alma busca una experiencia más elevada de sí misma, no una experiencia inferior. El apartar una fracción (diezmo, propina, óbolo, aporte, ayuda, contribución o como quiera llamársele) de lo que se recibe (lo que llamamos ingreso) para el bien general de la sociedad misma, es una práctica bastante común. Algunos dejarían de trabajar, en especial los que vieran su actividad social como verdadero trabajo, en tanto que aquellos que vieran su actividad como alegría absoluta nunca se detendrían.

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De la Biblia: Trabajar sin perturbar a otros: 1 Tes. 4, 9-12

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7.2. CONCIENCIA DE GRUPO
Aunque aún se dan guerras religiosas, cada vez están menos extendidas, aunque la agudización de la pobreza, está llevando a la sublevación de la misma, estamos comenzando a comunicamos los unos con los otros en niveles de conciencia más elevados. La libertad nos pertenece y se defiende por derecho natural. A medida que despierta la conciencia individual va influyendo en la conciencia de grupo. Cada vez que utilizamos la conciencia de forma positiva, nos comunicamos con otras personas que están haciendo lo mismo. Cada vez que la utilizamos de forma negativa, nos comunicamos con la negatividad. Cada vez que meditamos, nos comunicamos con otras personas que están meditando. Cada vez que visualizamos el bien para nosotros mismos, lo hacemos también para los demás. Cada vez que visualizamos la curación del cuerpo, conectamos con otras personas que están haciendo lo mismo. Nuestro objetivo es ensanchar nuestra forma de pensar para que vaya más allá de lo que fue o de lo que podría ser. Nuestra conciencia puede producir milagros en el mundo. La totalidad de las posibilidades está conectada con todo, incluidos nuestro Universo y el más allá. El prejuicio es una forma de temor. Si tenemos prejuicios, estamos conectados con otras personas que también los tienen. Si abrimos la conciencia y hacemos todo lo posible por llegar al amor incondicional, conectamos con la curva del gráfico que va subiendo. ¿Deseamos quedarnos atrás? ¿O deseamos elevarnos con la curva? Con frecuencia hay crisis en el mundo. ¿Cuántas personas envían energía positiva a la zona conflictiva afirmando que todo se revolverá lo más rápidamente posible y que existe una solución que redundará en el mayor bien para todas las personas involucradas? Es preciso que usemos nuestra conciencia de forma tal que creemos armonía y abundancia para todo el mundo. ¿Qué tipo de energía enviamos nosotros? En lugar de censurar y quejarnos, podemos conectar con el Poder a nivel espiritual y afirmar los resultados más positivos imaginables. Siempre que escuchemos decir que algo es incurable, démonos cuenta de que eso no es cierto, de que hay un Poder mayor. “Incurable” sólo significa que la medicina aún no ha descubierto la forma de curar esa enfermedad determinada. No significa que no sea posible, sino que es necesario que entremos en nuestro interior y encontremos una cura. Podemos ir más allá de las estadísticas, no somos números en un gráfico. Éstos son sólo las proyecciones de otra persona, de la mente limitada de otra persona. Si nos limitamos a aceptar la fatalidad y el desastre, nos bloqueamos. Es preciso que adoptemos un enfoque positivo para encontrar respuestas, que comencemos a utilizar nuestro Poder interior para curarnos. La conciencia de grupo es algo que no se entiende en toda su extensión, sin embargo, es extremadamente poderosa y puede, si no somos cuidadosos, derrotar con frecuencia la conciencia individual. Por lo tanto, si deseamos que sea armoniosa nuestra mayor experiencia de vida en este planeta, siempre debemos empeñarnos en crear conciencia de grupo donde quiera que vayamos, y con todo lo que hagamos. Si estamos en un grupo cuya conciencia no refleja la nuestra, y en ese momento no nos es posible alterar eficazmente la conciencia de ese grupo, lo conveniente es que nos separemos de él, o el grupo podría conducirnos. Irá adonde quiera dirigirse, independientemente de donde nosotros queramos ir. Si no podemos encontrar un grupo cuya conciencia concuerde con la nuestra, seamos la fuente de uno. Otros de conciencia semejante se verán atraídos hacia nosotros.

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A fin de que produzca un cambio permanente e importante, los individuos y los grupos pequeños deben afectar a los grupos más grandes y, a la larga, al grupo mayor, el cual es Toda la humanidad. Nuestro mundo, y la condición en que está, es un reflejo de la conciencia total combinada de todos los habitantes. La mayor parte de las personas están satisfechas con un mundo en el cual se honran las diferencias, no las similitudes, y los desacuerdos se solucionan con conflictos y guerras. La incapacidad para experimentar el sufrimiento de otro como propio es lo que permite que continúe tanto sufrimiento. La separación engendra indiferencia, superioridad falsa. La unidad produce compasión, igualdad genuina. Un concepto colectivo arraigado en un nacionalismo estricto ignora las aflicciones de otros, y, no obstante, atribuye a los demás la responsabilidad por las suyas, justificando así la represión, la rectificación y la guerra. Por ejemplo: El horror de la Experiencia de Hitler no es que la haya cometido en la raza humana, sino que la raza humana se lo haya permitido. Hitler no fue enviado. A Hitler lo creó la sociedad. Surgió de la Conciencia Colectiva, y no podría haber existido sin ella. Ésa es la lección. La conciencia de separación, segregación, superioridad -del nosotros frente a ellos, del nosotros y el ellos- es lo que crea la Experiencia de Hitler. Las ganancias a corto plazo pueden producir pérdidas a largo plazo. Son muchos los que se sienten amenazados por la conciencia de grupo, un concepto como el bien colectivo, una visión global de un solo mundo, o un Dios que existe en unidad con toda la creación, en vez de separado de ella. A pesar de este temor por todo lo que conduzca a la unificación y a la glorificación del planeta –de que Todo Lo que Separa produce división, desavenencia, discordia-, parece que no se tiene la capacidad para aprender incluso de la propia experiencia, y, por lo tanto, los humanos continuamos con las conductas, y con los mismos resultados. La conciencia es todo, y crea la experiencia. La conciencia de grupo es poderosa y produce resultados de indecible belleza o fealdad. La elección es siempre nuestra. Si no estamos satisfechos con la conciencia del grupo, intentemos cambiarla. La mejor forma de cambiar la conciencia de otros es por medio del ejemplo. Si nuestro ejemplo no es suficiente, formemos nuestro propio grupo, seamos la fuente de la conciencia que deseamos que experimenten otros. Ellos lo harán cuando les mostremos el camino. Cuando el dolor es “nuestro”, no sólo “de ustedes”, cuando la alegría es nuestra, no sólo “mía”, cuando la experiencia total de la vida es Nuestra, entonces, al fin, es verdadera una experiencia de Vida significativa y con sentido. A medida que tengamos más entendimiento, más conciencia y más conocimiento, iremos haciendo las cosas de otra manera. Identidad individual frente a identidad grupal : La esencia del conflicto entre grupos parte de la renuncia a la identidad individual, el pensamiento y la expresión propios por la identificación con el grupo. Cuando se cambia la identidad individual por la identidad de grupo también se cambia una parte de la libertad de pensamiento y acción por otra de sumisión al colectivo, que exige uniformidad de creencias y conformidad de actos. Arthur Koestler llamó este fenómeno “identificación autotrascendente”. La corriente delirante que atraviesa la historia no se debe a formas individuales de locura, sino a los delirios colectivos generados por un sistema de creencias basado en las emociones. El beneficio inmediato es la seguridad: el grupo da la bienvenida a un individuo, le evita la problemática búsqueda de uno mismo al ofrecerle una identificación cómoda, y apela al instinto de pertenencia. El grupo hace que el individuo se sienta querido. Todo el mundo quiere sentirse necesario y querido. Cuando más grandes son los grupos unidos por

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una evolución cultural, mayores son los problemas. Uno empezará a ver el mundo dividido entre nosotros y ellos (nosotros y los otros; los elegidos y los condenados; los creyentes y los infieles; el proletariado y la burguesía; los opresores y las víctimas; esta tribu y aquella tribu). Y siempre, se considera que el nosotros es superior al ellos. El reto de cada uno de nosotros es en última instancia poder estar solos, sin miedo y felices de ser exactamente lo que somos. Entonces podríamos identificarnos con la totalidad de la humanidad y vivir juntos en armonía. La costumbre del éxito del ser humano se alcanza cuando uno encuentra su identidad como ser único, y no cuando uno la pierde en una identificación autotrascendente con un grupo. La amistad en los grupos de adolescentes21: En esta época los muchachos tienden a desprenderse de la excesiva protección familiar y se amparan en el "combo" o en la amistad del pequeño grupo de muchachos y muchachas por separado, porque hallan que ellos son rudos y ellas necias, y prefieren evitar el trato; pero pronto aparece una atracción mutua que les lleva a formar grupos mixtos donde se sienten a gusto y donde pueden y deben aprender a estimarse y respetarse. La formación de estos grupos y la relación de unos grupos con otros es fundamental en el desarrollo equilibrado de la afectividad, y marca una etapa decisiva que no debe abreviarse aun cuando la atracción se centre en un compañero o compañera en particular. A cada etapa hay que darle su tiempo. En estas relaciones22 se forja la auténtica amistad, se aprende a compartir, se profundiza en el conocimiento y en los valores de los demás. Juntos, los jóvenes; buscan múltiples formas de comunicación, se complacen en la mutua compañía, se entusiasman con el deporte, juntos se ilusionan por lo bello y noble, juntos se indignan ante la injusticia. Ambientes peligrosos: También el futuro de los adolescentes está amenazado por la manipulación de algunos adultos o del propio ambiente. Se hallan en peligro los jóvenes, al notar los primeros síntomas del amor, cuando afirman que amor y deseo es una misma realidad; cuando reducen el amor a mero complejo biológico; cuando confunden amor con atracción sexual o lo mezclan con sentimientos románticos; cuando jugando y buscándose en pequeños amoríos se incapacitan para amar, que es "darse"; cuando a causa de imágenes y ritmos motrices que aceleran la función hormonal pierden el dominio y autocontrol imaginativo, sensorial y volitivo. Para contrarrestar este ambiente y conseguir el equilibrio, tanto de la persona como de las relaciones con los demás, es necesaria la autoeducación y afirmación de la propia sexualidad. Esta conlleva el desarrollo de las características temperamentales y físicas de las personas, así como el desarrollo armónico de la capacidad genital, superando la masturbación que violenta la propia naturaleza y desvía las motivaciones hacia el egoísmo. Debe, por otra parte, ayudarse con estímulos éticos positivos y con la misma relación entre compañeros mantenida a un nivel de amistad. Vivir es compartir: Ciertamente hoy día detectamos un despertar en la conciencia colectiva que busca relacionarse a nivel mundial en forma más justa y equitativa. No obstante ninguno de sus magníficos proyectos se logrará si antes no aprendemos a compartir en nuestra realidad concreta de familia o comunidad23.
21

SOLÁ, Fernando. O. P. “Hacia la plenitud de Cristo”, Reflexiones para crear conciencia comunitaria de la fe. Ediciones Paulinas. Bogotá, Colombia. 1º de marzo de 1982. Págs. 34-42. 22 De la Biblia: Los doce y algunas mujeres forman el grupo de Jesús: Lucas. 8, 1-3 23 De la Biblia: Consejos de Tobit a su hijo Tobías. Tobías. 4, 14-21

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Compartir implica poner a disposición de los demás nuestras pequeñas pertenencias y no cerrarnos al diálogo y a la amistad. Somos responsables unos de otros y no podemos olvidarlo. Dice el Concilio Vaticano II: "Estamos obligados a relacionarnos con intimidad, a hacernos prójimos de todos los hombres y a ayudarnos eficazmente". El egoísmo es mortal: Nos zafamos de buena gana de ayudar al prójimo. Solemos pensar: "¿Qué me importa a mi el otro?; tal o cual cosa es problema suyo; no es de mi competencia, ni siquiera soy la persona adecuada para ayudarle; otros pueden hacerlo mejor que yo". Y argumentamos: sólo algunas veces se preocupan los demás de mí. El que piensa así no ha entendido qué significa ser persona, puesto que lo que le distingue como tal es su capacidad de relacionarse. Menos aún ha entendido qué es ser espiritual, porque el Ser, a quien pretendemos reconstruir en nosotros, es parte de cada uno de nuestros semejantes. Este modo de pensar, aparentemente inocente e inofensivo, es la raíz que sustenta la miseria, el dolor, las guerras, y todas las injusticias. Nos resistimos a aceptar nuestra participación en el mal del mundo y evadimos nuestra responsabilidad, alegando una falsa concepción de la providencia de Dios que nos pone a prueba y permite el dolor para nuestro bien. Es nuestro propio egoísmo, el que nos lleva a pensar en un Dios déspota y cínico. Perdonarse unos a otros: Si a nosotros nos duele hacer mal a los demás, es comprensible que de igual manera les duela a los demás. Debemos suponer que también ellos aspiran a mejorar su temperamento, su trato con los demás, y que les duele cuando no pueden controlar sus impulsos naturales. A veces les da vergüenza confesarlo y quieren disimular fingiendo que nos molestaron a propósito. Pero sabemos que no es cierto, porque así mismo hemos actuado nosotros otras veces con amigos y familiares. En ocasiones, ya no podemos tolerar ni comprender. Cuando se han burlado de nosotros, o nos han acusado en falso, cuando nos quitaron algo que nos pertenecía, o han hecho todo lo contrario a lo que nosotros habíamos sugerido, entonces montamos en cólera, sentimos que hierve la sangre en nuestras venas. No hay excusa posible. Así parece. En estas circunstancias, si damos cabida en nuestro corazón a la obsesión o a la ira, éstas nos cegarán y nos impedirán ver con objetividad y según la verdad. Sin descartar la posibilidad de que se haya actuado por malicia, es conveniente advertir que la mayoría de nuestros disgustos provienen de un desconocimiento, de un malentendido o falta de comunicación. Por eso, es necesario dialogar, conversar y procurar hacerse entender. Otro motivo que no podemos desconocer es la diversidad de criterios y de opiniones contrapuestas. Es necesario que las haya. Podemos discrepar y discutir, sin romper la amistad. Finalmente, no debemos olvidar que "el espíritu está pronto, pero la carne es débil24"; que a todos nos es difícil liberarnos del egoísmo, de la soberbia y la envidia. Necesitamos sobrellevarnos mutuamente. Tenemos que aceptar a los otros como son. En todas estas ocasiones será oportuno recordar las palabras: "Si tienen algo contra alguien, perdónenlo25" y, en su nombre, perdonar de corazón. Pero será totalmente imprescindible acudir a la fe y a la confianza en las palabras cuando es evidente que el mal que nos hacen proviene de la malicia. Dice Jesús: "Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los maltratan". "Así
24 25

De la Biblia: Mateo, 26, 41. De la Biblia: Marcos. 11, 25.

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serán los hijos de su Padre que está en los cielos26". San Pablo, por su parte en su carta a los Colosenses nos recomienda: "Sopórtense y perdónense unos a otros, si uno tiene motivo de queja contra otro. Como el Señor los perdonó, a su vez, hagan ustedes lo mismo27". Mal uso de las cosas: Vivimos en un mundo lleno de cosas buenas, dispuestos para dar felicidad a todos los seres humanos. Pero el mal uso y el acaparamiento de estas mismas cosas por parte de unos las convierten en nocivas para sí mismos y en fuente de desdichas para otros. Así, cosas que son bellas y generadoras de vida como el trabajo, la camaradería, el sexo, la diversión, la bebida, pueden convertirse, por su abuso, en causas de destrucción28. Y el dinero, la autoridad y el derecho a la propiedad, que debían regular nuestra coexistencia, originan la muerte a millares de personas.

7.3. VISIBILIDAD29
La mayoría de las personas ocultan las cosas de las cuales se avergüenzan o no quieren que otros las conozcan. Ésa es la razón por la cual la mayoría oculta su sexualidad, y casi todos ocultan su dinero. Es decir no son abiertos respecto a estas cuestiones. Consideran su dinero como un asunto muy privado. Se justifican al decir que “El no saber no lastima”. Un desafío ante la sociedad sería entonces: elaborar un sistema monetario internacional que sea abierto, totalmente visible, rastreable de inmediato y completamente explicable. Ese sistema haría imposible que las personas hicieran algo que no quisieran que supieran los demás. Sin embargo, ¿por qué querrían hacer algo así? Porque actualmente vivimos en un sistema social interactivo basado en “sacar ventaja”, “obtener beneficio”, “lograr lo máximo” y “la supervivencia del llamado más apto”. El secreto aquí, el santo y seña aquí, es la visibilidad. Visibilidad en la administración de nuestros asuntos monetarios. Nada genera justicia con más rapidez que la visibilidad. Visibilidad es simplemente otra palabra para verdad. “Conoced la verdad, y la verdad os hará libres” se predica en nuestra religión católica. En las sociedades de alto desarrollo espiritual nadie estará dispuesto a obtener algo, o a tener algo, a expensas de otro. En las relaciones personales (y en todas) se trata de pérdida. Se trata de tener miedo a lo que se podría perder o dejar de ganar. Sin embargo, las mejores relaciones personales, y ciertamente las románticas más valiosas, son relaciones en las cuales cada uno conoce todo; en las cuales la visibilidad no es sólo el santo y seña, sino la única palabra; y en las cuales no hay secretos, sencillamente. En estas relaciones nada se retiene, nada se ensombrece o colorea, ni se oculta o disfraza. No hay nada que se deje fuera o de lo que no se hable. No hay conjeturas, ninguna participación en juegos; nadie está engañado, nadie dirige la situación, o prevalece o deslumbra al otro. Tiene que ver únicamente con ser abierto y honesto en nuestros tratos con otro. Tiene que ver, simplemente, con decir la verdad cuando se habla, y de no callar la verdad cuando sabemos que debe decirse. Se trata de nunca mentir de nuevo, o ensombrecer, o manipular verbal o mentalmente, ni tergiversar nuestra verdad con los innumerables trucos que caracterizan el mayor número de las comunicaciones humanas.
26 27

De la Biblia: Lucas 6, 27-28; Mateo 5, 45. De la Biblia: Colosenses 3,13; Col 3, 10-15. 28 De la Biblia: Denuncia la codicia de los ricos y su explotación del pobre: Amos. 8, 1-10 29 Notas tomadas y adaptadas de: WALSH, Donald. “Conversaciones con Dios”. Tomo 2, página 180-192

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Esto no significa que cada pensamiento, cada temor privado, cada recuerdo más oscuro, cada juicio efímero, opinión o reacción deba colocarse en la mesa para su discusión y examen. Eso no es visibilidad, es demencia, y nos hará perder la cordura. Se habla es de comunicación simple, franca, abierta, honesta, completa. Sin embargo, es un concepto impresionante y que se usa muy poco. Cinco niveles de Veracidad: Busquemos la verdad, digamos la verdad, vivamos la verdad cada día, hagamos esto consigo mismos y con cada persona con cuya vida nos vinculemos. Después preparémonos para la visibilidad. No se trata de revelar cada sentimiento pequeño, pensamiento, idea, temor, recuerdo, confesión, o lo que sea. Se trata simplemente de decir siempre la verdad, mostrándonos a si mismos por completo. Con nuestro ser más querido podemos estar físicamente desnudos, ¿no es así? ¿Entonces, por qué no podemos también estar desnudos emocionalmente? Lo segundo es mucho más difícil que lo primero. Abolir las agendas ocultas, construir una sociedad sobre la visibilidad, decir la verdad todo el tiempo a todos acerca de todo. En las ventas, coloquemos estas dos cifras en la etiqueta de precio: el costo de compra y el precio de venta. Expresémoslas a la esfera de la justicia básica, en vez de “obtén lo que puedas mientras la ganancia sea buena”. Se requerirá un cambio completo de pensamiento. El interés por nuestros consumidores o clientes tendrá que ser de la misma magnitud que el interés por nosotros mismos.

7.4. JUZGAR Y CONDENAR
No condenemos todo aquello que llamamos malo en el mundo. En lugar de ello, preguntémonos qué es lo que consideramos malo y, en este caso, qué podemos hacer para cambiarlo. Investiguemos en ello, preguntándonos: “¿Qué parte de nosotros mismos queremos experimentar ahora ante esta calamidad? ¿Qué aspecto del ser decidimos que surja a partir de ahora?,” porque todo lo vivo existe como una herramienta de vuestra propia creación, y todos sus acontecimientos se presentan simplemente como oportunidades para que decidamos y seamos nosotros. Cada uno crea, en cada momento, la situación y la circunstancia apropiada para su objetivo más elevado.

No juzguemos el camino que recorre otra persona. No envidiemos su éxito, no compadezcamos su fracaso, puesto que no sabemos qué es éxito y qué es fracaso en los cálculos del Ser individual. No llamemos a algo calamidad, ni feliz acontecimiento, hasta que

comprobemos cómo es utilizado; ya que ¿es una calamidad la muerte de uno si con ello salva las vidas de miles? ¿Y es una vida un feliz acontecimiento cuando ésta sólo ha provocado dolor? Sin embargo, aunque no juzguemos, mantengamos siempre nuestro propio criterio, y dejemos que los demás sigan el suyo. Esto no significa que debamos ignorar una petición de ayuda, ni la tendencia del alma a procurar cambiar una circunstancia o condición determinada. Significa que hemos de evitar las etiquetas y los juicios, hagamos lo que hagamos. Para cada circunstancia hay un don, y en cada experiencia se oculta un tesoro. Seamos la luz en la oscuridad y no la maldigamos. Alabemos la creación aunque tratemos de cambiarla. Lo que hagamos en los momentos de más dura prueba puede ser nuestro mayor triunfo, ya que la experiencia que creamos es una afirmación de lo que somos y queremos Ser. Justifiquemos la vida y dotémosla de objetivo. Hagámosla sagrada. En el mundo espiritual no existen los “debo” ni los “no debo”. Hagamos lo que queramos hacer. Hagamos aquello que constituya nuestro reflejo, aquello que nos represente como una versión más magnífica de nosotros mismos. Si queremos sentirnos

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mal, sintámonos mal. Pero no juzguemos, ni condenemos, puesto que no sabemos por qué ocurren las cosas, ni con qué fin. Aquello que condenemos nos condenará, y un día seremos aquello que juzgamos. Tratemos mejor de cambiar –o ayudar a quienes están cambiando-. ¿Cómo es ser el otro?: Si cada uno de nosotros lo supiera, existiría un mayor bienestar, y menos malestar. Es posible experimentar la vida desde una silla de ruedas si uno se confina a una y aprende cómo es. También es posible experimentar la vida como una persona ciega tapándose los ojos e intentando desenvolverse durante todo el día sin la vista. Pero ¿cómo puede un hombre experimentar la vida como una mujer, y una mujer experimentar la vida como un hombre? Esto también se puede hacer, pero no basta con limitarse a cambiar de vestido. Existen varias maneras para que cada uno experimente al Otro. 1. Descubrir al Otro en uno mismo. Es algo que hacemos todos, tarde o temprano. Muchas personas se vuelven menos agresivas, y valoran más las relaciones, durante sus últimos años. Se convierten en jardineras apasionadas y en cariñosos abuelos y abuelas. Su parte masculina deja paso con elegancia a su parte femenina: pero siguen siendo hombres y así las mujeres. 2. Vivir como el Otro. Cada vez hay más oportunidades de hacerlo. Al cambiar el rol aprendemos la esencia de la otra parte. Sólo es necesario encontrar algo que apetezca hacer y que tradicionalmente se lleve a cabo por el otro. Entonces intente hacerlo bien usted mismo. Pronto descubrirá al Otro en su interior. 3. Trascender a ambos. El sexo es biológico; el rol es cultural; la conciencia, trascendente. A medida que subimos una montaña y nos acercamos a la cumbre, vemos un paisaje cada vez más extenso en todas direcciones. Del mismo modo, cuando ascendemos la montaña de la conciencia, podemos ver cada vez mejor los paisajes humanos que la rodean (tanto biológicos como culturales) en todas direcciones. Obtener esa vista de ellos es trascenderlos. Trascenderlos significa percibir al ser (yo) tan claramente como al Otro y, así, elevarse por encima de los conflictos. Llevémonos mejor con los demás: ¿Hay alguien con quien no se hable a causa de una discusión no resuelta? ¿Deseamos hacer las paces, por lo menos para restablecer una comunicación educada? Si es así, demos un paso para conseguirlo. Si se acepta, bien. Si no, por lo menos habremos tenido la voluntad de hacer las paces. Intentemos encontrar a alguien que se muestre, actúe y hable de forma muy distinta a nosotros y a nuestro círculo más cercano. Entablemos conversación con esta persona. Intentemos intercambiar opiniones sobre el mundo (es decir, las creencias fundamentales acerca de las cosas). ¿Cuáles son las diferencias? ¿Cuáles son los puntos en común? ¿Somos capaces de identificar un punto en común de tal forma que nos sintamos lo suficientemente cómodos como para aceptar las diferencias? Pasemos por lo menos un día, solos y lejos de la civilización. Vamos al campo, o la playa. Caminemos por el bosque o paseemos por una colina. Admiremos la flora y la fauna. Observemos y sumerjámonos en la naturaleza, de la cual formamos parte. No llevemos el celular, el discman, el portátil ni ningún otro aparato tecnológico que nos conecte con el caos. Cuando volvamos a la civilización, notemos hasta qué punto hemos estado

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desconectados a las personas, de la serenidad, el equilibrio y la fluidez de la naturaleza y las hemos vuelto frenéticas, desequilibradas y cerradas. Entonces planteémonos una pregunta: “¿Qué puedo hacer yo para obtener serenidad, equilibrio y fluidez, en lugar de socavarla, vituperarla y arruinarla?” ¿Es mucho pedir? En realidad, no. Empecemos por nosotros mismos. Si es posible, busquemos un árbol. Es único, bonito, sólido, flexible y está vivo. No tiene prejuicios ni opiniones. No conoce el terror. Solamente se arraiga y sostiene la tierra. Obtiene agua de la tierra. Extiende un dosel de hojas lleno de sol por encima y umbrío por debajo. Respira. Es maravilloso contemplarlo. Da cobijo a muchas otras formas de vida. Su savia fluye. Ofrece sus frutos cuando llega la estación. Después de haber hecho un bien a su entorno, vuelve a sus orígenes. ¿Puede algún ser humano aspirar a algo más?

7.5. LAS RELACIONES HUMANAS
Thomas Hobbes definió el poder como la capacidad de obtener lo que a uno le gusta o considera beneficioso. A diferencia de Platón, que concebía una forma ideal del bien, Hobbes creía que pensamos que algo es bueno cuando nos gusta; y malo, cuando nos disgusta. Para Hobbes, mantener la propia dicha es el poder fundamental. Así, una relación bien mantenida es una suerte de dicha; es una fuente de poder. Las personas obran por interés propio. Incluso cuando servimos a los demás, solemos hacerlo porque nos reporta beneficios o porque no hacerlo iría en nuestro propio detrimento. Habitualmente, por no decir ante todo, el altruismo satisface una necesidad propia. La lucha de poder está servida, y Hobbes veía toda relación como una forma de lucha de poder. Cuando se habla de mantener una relación, se refiere a la búsqueda de posiciones conciliatorias, de un equilibrio de poder. Lo más maravilloso de una relación es que el todo es mucho mayor que la suma de sus partes. Aunar recursos (como en una cuenta de banco conjunta) hace que éstos adquieran un volumen óptimo, pero si una persona sólo ingresa dinero y la otra lo retira, los cheques pronto se quedarán sin fondos. Muchas veces no hacer nada es la mejor forma de proceder. La maleabilidad es la clave de la supervivencia de toda relación. La filosofía china nos enseña que los finales están contenidos en los principios; las tormentas violentas se forman de prisa pero no duran mucho. Proceder conscientemente a pesar del torbellino de emociones que acompaña a toda nueva relación no garantizará que el camino sea fácil (todas las relaciones tienen sus altibajos), pero a la larga le proporcionará el mejor rendimiento a su inversión. Aunque toda relación personal (con la familia, los amigos, los vecinos y los colegas) satisfaga en parte la bien guardada necesidad humana de contacto social, dicha necesidad se manifiesta más comúnmente en la búsqueda de una relación sentimental. El equilibrio necesario para el buen funcionamiento de un ser vivo cambia de un modo constante, por lo que precisa pequeños ajustes una y otra vez. Con el avance tecnológico de los media, sufrimos la contrapartida de la pérdida del espíritu de comunidad, con el consiguiente debilitamiento del tejido social que los vincula. Con tantas relaciones humanas mediatizadas por dispositivos tecnológicos como el teléfono, el celular y los ordenadores, el contacto entre las personas pierde la intimidad necesaria para establecer relaciones individuales y a su vez comunidades. Es la mecanización del espíritu, como lo anticipaba Henri Bergson.

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Gran parte de la grasa y el aceite que mantienen activa una relación es fruto de la rutina cotidiana, como decidir juntos lo que se va a cenar, ir a la lavandería a recoger la ropa del cónyuge o un beso rápido antes de separarse por la mañana. Ante cualquier situación, debemos saber lo que está en nuestras manos hacer en función de los recursos que tengamos, pero también debemos reconocer las fuerzas del universo sobre las que no ejercemos ningún control.

7.5.1. La autoridad externa
Hobbes escribió que si las personas reconocen una autoridad fuerte común, obedecen a dicha autoridad y se llevan bien. Los límites que todo el mundo respeta son los que restringen los conflictos. En cambio, en ausencia de una autoridad y de unos límites acordados, los conflictos siempre irán en aumento. La autoridad externa que limita los conflictos en las relaciones puede ser eclesiástica, militar, civil o filosófica. Antaño, había una autoridad seglar más fuerte que mantenía unidos a los matrimonios: el estigma del divorcio. Sin un libro de reglas (el manual de convivencia por ejemplo, los códigos penales) al que atenerse, las personas ya no saben cómo comportarse para estar juntas. Si la relación se contempla bajo una luz negativa, el paso siguiente suele ser terminarla en lugar de trabajar para mejorarla. Este planteamiento de “en lo bueno, pero no en lo malo” que se da en las relaciones, nunca conllevará intimidad ni unos vínculos profundos. Sin un compromiso sólido hay menos razones para comportarse de un modo civilizado cuando surgen los conflictos. Heráclito escribió: “La enfermedad hace que la salud resulte buena y agradable”. Laozi por su parte decía: “Lo difícil y lo fácil se definen mutuamente”. Griegos como chinos sostenían antiguamente que los opuestos están interconectados y que depende uno del otro para complementar su perspectiva de existencia. Compartiendo el poder, uno puede sacar fuerzas de la relación en lugar de consumir todo su ímpetu en mantener la supremacía. Los físicos definen la fuerza como la cantidad de energía que se consume en un tiempo determinado. La energía tiene formas distintas: nuclear, química, biológica, emocional e intelectual, entre otras. Si se mantiene bien, una relación también es un generador de fuerza, una fuente de energía limpia, segura y abundante. La proximidad aumenta la capacidad de hacer daño. Vivir con alguien proporciona mucha información sobre cómo hacer desgraciada a esa persona. Su pareja sabe perfectamente dónde le duele más. Si las personas supieran con antelación los estragos emocionales, jurídicos y económicos que conlleva todo divorcio, quizá corroborarían la teoría de Hobbes sobre el efecto disuatorio permaneciendo juntos. El doloroso cataclismo que conlleva el final de casi todas las relaciones sentimentales puede que sea la mejor razón para trabajar duro con vistas a mantener una relación saludable y feliz. Cuando más apasionadas, más pueden atraerse o repelerse. Si deseamos evitar finales dolorosos, tendremos que usar con prudencia nuestra parcela de poder en la relación y efectuar el mantenimiento necesario. Cuando hay que obedecer a ciegas una regla empieza a infligirnos dolor, tal vez sea el momento de cambiarla. No se puede ayudar a los demás a menos que estemos seguros de nosotros mismos. La tradición del budismo sostiene que todo el mundo debe alcanzar la iluminación y, cuando se consigue, se debe volver atrás para ayudar a otros a lograrla. Cuando el egoísmo nace

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de un inteligente interés propio, es una fuerza constructiva; cuando nace de la vanidad, del egocentrismo o el narcisismo, es destructiva. Uno debería fijarse en lo que pierde y lo que permanece. Un hogar no sólo es donde está la chimenea y donde nos cobijamos, sino también donde la gente se interesa por lo que decimos, se interesa por nosotros como seres humanos, sin otras razones, y nos valora por lo que somos. Kant piensa que el deber moral debe cumplirse para uno mismo y que la moralidad procede de la razón. Escribió sobre ciertos deberes perfectos que tenemos los humanos, y su lista de acciones que no hay que hacer nunca (por ejemplo mentir o matar) se parece a los diez mandamientos. También habla de los deberes imperfectos que tenemos, uno de los cuales es mejorarnos a nosotros mismos. Por un lado similar, Jean-Paul Sartre dice que enfrentarse a la propia libertad existencial puede producir ansiedad, y ponerla en práctica requiere conciencia de los obstáculos que aparecen en el camino y comprender que es uno mismo quien los pone. Sartre llama “mala fe” a las restricciones que nosotros mismos ponemos a nuestra libertad.

7.5.2. La vida familiar
Lo importante como padres es identificar los deberes y las obligaciones y explorar como desarrollarlos de una manera acorde a la propia visión espiritual. No se quiere explotar a los hijos, pero tampoco queremos que consideren que el dinero cae del cielo. No se obtiene nada a cambio de nada. O si lo preferimos, no existe la comida gratis. En realidad, eso es una extensión al terreno económico de una de las leyes físicas de Newton, que sostiene que para cada acción existe una reacción apuesta igual. La versión económica es que para cada comida, existe una factura. Las preguntas clave son: ¿quién come? y ¿quién paga? Tanto en economía como en física, no se da nada por nada. Epícteto escribió: “Cuando ves a alguien llorar apenado (...) cuida de que no te arrastre (...). Sin embargo, no dudes en compadecerle”. Hay que ayudar sin descarrilar la propia vida. Sobre la Buena medida, Epícteto dice de nuevo que, “no busques que los acontecimientos sucedan como tú quieres, sino desea que, sucedan como sucedan, tú salgas bien parado”. Algo que ya ha sucedido no puede cambiarse; así que es inútil perder tiempo deseando que hubiera sido de otro modo. Es mejor bregar con las circunstancias tal como son (por dolorosas que sean) que hundirse en el pasado. Ir hacia delante es la única posibilidad de mejora. Recordemos la frase central de los estoicos de que lo único que tiene valor es aquello que nadie puede quitarte. El relativismo está bien hasta que nos cuesta más de lo que nuestra voluntad está dispuesta a pagar. Cuanto más joven es el hijo, más carga descansa sobre los hombres del adulto, pero la carga se hace más llevadera si se comparte a medida que los hijos se convierten en adultos. Lo mejor que los padres pueden hacer para alentar la realización personal de sus hijos es darles libertad para que, a medida que vayan creciendo, tengan más seguridad de sí mismos. La clave en tomar decisiones por otro es dejar al margen las ganancias o pérdidas personales. La responsabilidad de ayudar es a conseguir la autosuficiencia en la toma de decisiones, no la dependencia. Aquellos cuyo propósito es salir vencedores de la batalla tienen más probabilidades de lograrlo. La causa más común de la pérdida de propósito es, simplemente, el aburrimiento. Parece que el aburrimiento es una característica exclusiva de los seres

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humanos. Sin embargo, es peligroso poseer todo lo que se necesita (e incluso es más peligroso poseer todo cuanto se desea). No nos fatiguemos acampando donde no hay agua corriente ni sabemos que nos vamos a sentir desgraciados sin nuestro baño diario. Recordemos que el modo más seguro de contrarrestar los sentimientos de vacío en nuestra vida es ayudando a otros, es teniendo un sentido espiritual. Sentir que la vida carece de sentido es, en cierto sentido, un lujo. Si estuviera luchando por mantenerse con vida nunca se pararía a pensar en el significado de las acciones. De nosotros depende el poco o mucho consuelo que encontremos en la noción de que, si podemos armarnos de paciencia y coraje (dos virtudes cardinales), se producirá un cambio.

7.5.3. Conflicto de Géneros30
Hombres y mujeres estamos tan igualados que nadie gana nunca la guerra, aunque nuestra capacidad de lucha puede prolongarse indefinidamente. Y eso produce malestar. Hay que ayudar a devolver el bienestar a ambos sexos. Pero para conseguirlo, uno debe ser capaz de mirar con la mayor honestidad posible en nuestro interior, y en el interior del Otro. Si no estamos acostumbrados a hacerlo, es probable que el malestar sufra un empeoramiento como parte del proceso de mejora. Pero, tal como Thomas Hobbes dijo sobre la resolución de conflictos humanos, la primera condición para obtener la paz es desearla sinceramente. Así que si realmente buscamos la paz entre nosotros y nuestra pareja, podremos tenerla. Pero, en primer lugar, es necesario entender por qué se ha producido la guerra. La sexualidad humana sirve a muchos propósitos distintos, más allá de la reproducción. Puede usarse en el ocio, en la dominación, en la explotación y en la inspiración. También es un bien de intercambio: el sexo vende, y por eso es usado para vender todo lo que existe sobre la tierra. Los sexos buscan constantemente estar bien el uno en el otro, pero a menudo acaban encontrando malestar. A diferencia de los amigos más íntimos y los enemigos más encarnizados, el hombre y la mujer comparten relaciones de una especial intimidad, que pueden acercarse más profundamente que a dos amigos, pero que también pueden separarse más que a enemigos. Si la intimidad se transforma en animosidad, el conflicto resultante será muy amargo. Las diferencias biológicas entre los sexos causan diferencia de género que provoca conflictos, los cuales deben ser trascendidos hacia un plano más alto, el filosófico y el espiritual. Puesto que nuestro cuerpo es el medio principal con el cual interactuamos con el mundo físico, nuestras diferencias biológicas constituyen la base de todo. Sin embargo, lo que hagamos con esas diferencias en el ámbito cultural dependerá en gran medida de nosotros. Ser macho o hembra es una cuestión biológica. Ser hombre o mujer es una cuestión cultural. Las reglas de la biología y de la reproducción sexual están establecidas por la naturaleza; las reglas del papel de los sexos en la cultura son susceptibles de ser modificadas por la educación. Como seres biológicos, los machos y las hembras no han cambiado de manera significativa en cien mil años o más; en cambio como seres culturales, los papeles se han transformado drásticamente en menos de cien años (por lo menos en el

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Notas tomadas y adaptadas de: MARINOFF, Lou. “Pregúntale a Platón”. Cómo la Filosofía puede cambiar tu vida Traducción de Gloria Sanjuán Castaño. SINE QUA NON, Ediciones B, S.A. Barcelona (España). 1ª edición, marzo 2003. Páginas 217-243

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mundo desarrollado). No obstante, estos cambios mismos han sido, y continúan siendo, fuente de conflicto y malestar. Cuando marido y mujer se ofrecen apoyo y cariño mutuamente, y en la cual cada progenitor ofrece su tipo de amor particular a los hijos, nos encontramos ante un ejemplo de intensificación social de las diferencias entre los sexos. Tanto hombres como mujeres pueden convertirse en conscientes objetores a la violencia; y tanto hombres como mujeres pueden alistarse al ejército si así lo escogen. Las diferencias naturales entre los sexos tienen una gran influencia en la formación de los roles sociales. No se puede llevar la contraria a la naturaleza. Es malo vivir en una contradicción, porque produce malestar. Una mujer no se transforma en hombre por más que se le ofrezcan las mismas oportunidades para tener éxito en la caza. La cultura no sólo puede intensificar, contradecir o distorsionar las diferencias entre los sexos; también puede trascenderlas. Las funciones más nobles, evolucionadas y creativas del ser humano no poseen sexo. Componer música, escribir un poema, pintar un lienzo, probar un teorema no tiene sexo, ni tampoco lo tiene la experiencia del público. Llevar a cabo un acto de amor o de compasión no tiene sexo. Formular o aplicar un principio filosófico –sea estoico, o platónico, o pragmático- no tiene sexo. Practicar la meditación o aumentar la conciencia no tiene sexo, menos aún si se es espiritual. La anatomía y la psicología no son el destino: uno puede luchar por el destino que desee. La voluntad aporta consecuencias reales. Trascender significa ir más allá de las limitaciones de la definición sexual y la previsibilidad de los roles sociales. Trascender significa a menudo negar algo (la condición limitadora impuesta) y preservar, al mismo tiempo, otra cosa (la voluntad y la habilidad natural para llevar a cabo lo que se desea). La trascendencia o espiritualidad requiere fuerza de voluntad, trabajo duro y una buena organización. Lo que tienen en común al trascender y separar sexo y amor, es el bienestar y la paz interior. La paradoja fundamental se manifiesta en la vida diaria en la búsqueda de comida, territorio y pareja, elementos básicos para la supervivencia y la reproducción. Culturalmente, el comportamiento sexual va desde una completa abstinencia (como los votos de castidad católicos) hasta una extrema indulgencia (como la promiscuidad), hasta la homosexualidad y la bisexualidad; desde la monogamia a la poligamia; desde la monogamia en serie hasta compañeros de toda la vida y hasta esposas y esposos “trofeo”. Los humanos de cada sexo están biológicamente predispuestos a seguir estrategias de emparejamiento incompatibles: el macho quiere tantas hembras como pueda conseguir con el mínimo compromiso con cada una de ellas; la hembra, por su parte, quiere que el mejor macho que pueda obtener llegue a un compromiso total con ella. A nivel cultural, esto se traduce en un combate entre libertinaje y monogamia. La mejor de las intenciones puede conducir a la peor de las batallas. La contemporánea combinación de política, economía y ciencia ilustrada, por un lado, y las prácticas profundamente religiosas de las sabias tradiciones asiáticas, por otro, ofrece el mejor enfoque para la emancipación del mayor número de personas en la aldea global. La clave para evitar el malestar en la guerra entre los sexos, consiste en recordar que la igualdad social y política no significa que seamos idénticos. Tratar a la mujer como a un ser igual al hombre es deseable, pero tratarla como a un ser idéntico al hombre no lo es (para ninguno de los sexos). Un dilema actual se le presenta a muchos jóvenes: mantener un estilo de vida acomodado con dos fuentes de ingresos y permitir que los hijos se críen con desconocidos, o sacrificar la comodidad económica y permitir que uno de los progenitores se quede en casa mientras el otro trabaja.

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El poder de la voluntad ha sido muy menospreciado en occidente y casi inexplorado en las terapias psicológicas. No obstante, es uno de los mayores logros del ser humano. El deseo y el propósito son dos cosas completamente distintas. Desear algo casi garantiza que no se consiga, porque desear algo de forma pasiva aumenta la distancia entre uno y el objeto deseado. En cambio, tener el propósito de algo casi garantiza que uno lo conseguirá, con tiempo, porque la voluntad tiende un puente entre uno y lo que quiere conseguirse. Cuando se tiene el propósito de algo, uno se convierte en su propio genio. Fantasear es una forma elaborada de desear que muchos se permiten para escapar de la realidad. Pero es un círculo vicioso: escapar y luego volver nunca mejora la realidad, sólo hace más necesaria la próxima escapada. Por otro lado, aprender a utilizar la fuerza de voluntad para mejorar la propia realidad no hace necesario escapar, rompe el círculo. El poder de un hombre o una mujer siempre se aprovecha mejor si se dirige a un objetivo social, económico, cultural, artístico o político que si se dilapida en escapadas sexuales. Es difícil utilizar la comunicación para resolver un problema de comunicación. ¿Qué ven los hombres y las mujeres?:

Hombres
Tienden a sentirse fascinados por las cosas, las características y las partes de las cosas, cómo funcionan con (o contra) las demás y las leyes que gobiernan el funcionamiento de las cosas.

Mujeres

Tienden a sentirse atraídas por las relaciones entre las personas y entre las cosas, observan detallada y constantemente las interacciones entre las personas e infieren qué es lo que piensan y sienten a partir de cómo se relacionan entre ellas. Ambos tienen razón, por supuesto: cada sexo ve, aproximadamente, la mitad de la imagen. Juntos pueden ver la totalidad, pero si entran en lucha Acostumbra a definirse a sí acerca de cuál de las miradas es real, ambos van a perder mismo básicamente a través de la imagen. lo que se lee en su tarjeta de presentación, y se mide según lo A menudo se definirá a sí misma básicamente a partir de que consiga en el mundo. sus relaciones con los demás, y se mide, según el éxito o el fracaso que tenga en estas relaciones a largo tiempo. Ve a una mujer como una especie de objeto (sea un Ve a un hombre en términos de una relación en potencia compañero de juegos, una (una cita esporádica, una relación seria, una aventura o un esposa, una madre o una matrimonio). compañera)

Siempre resulta útil para un hombre escuchar el punto de vista de una mujer, y viceversa. El D-i-v-o-r-c-i-o: Es la mera continuación del matrimonio en otros medios. El hombre cree que puede sustituir un matrimonio por otro, como si se tratara de un coche. Las mujeres, en cambio, ven el matrimonio como una relación única que nunca podrá ser sustituida. Para una mujer, el divorcio es la muerte de la relación y parte de ella muere también. Las mujeres necesitan preservar sus relaciones para sentirse enteras. Un divorcio, o cualquier relación significativa que haya fracasado, es una fragmentación del ser de la mujer. Cuando una pareja divorciada mantiene una relación amistosa, sea por los niños o simplemente porque quieren llevarse bien, divorciarse se parece más a perpetuar una no relación que una relación. Por otro lado, incluso los acuerdos económicos razonables y amistosos pueden provocar malestar en el hombre. No sólo le golpean en su terreno (en los

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objetos), sino que también se siente obligado a ayudar (y, en ese sentido, proteger) a una familia de la que es excluido. Siente que se ha convertido en un cajero automático humano que ha de pagar por una cosa (la familia) que él ya no puede ver ni de la cual puede obtener cariño. Esto es un trago amargo para el gran cazador. El trabajo: Para los hombres el trabajo es como la caza. Aunque cazar ahora ya es un término simbólico –que implica un sueldo en lugar de una buena pieza-, la competitividad, vinculación y jerarquía masculina todavía predominan. La caza era una actividad extremadamente dura y peligrosa, que exigía una gran habilidad individual, fuerza, coraje, resistencia, astucia y agresividad en el cazador, así como organización del tiempo y el espacio, estrategias y tácticas por parte del grupo cazador. Una carrera de éxito, por sí misma, satisfaría a la mayoría de hombres –o al cazador elemental que hay en ellos- pero muchas mujeres en una situación similar sienten que han fracasado si no se casan y no tienen hijos. Hay algunas excepciones, pero no tantas como los defensores de la liberación femenina suponen. Las mujeres liberadas no suelen convertirse en hombres. Por eso, las mujeres liberadas con hijos se sienten sobrecargadas con las responsabilidades profesionales y domésticas, y les resulta difícil manejar ambas cuestiones al mismo tiempo. Eso requiere una abundante energía, una soberbia organización y un exquisito tiempo. Los intentos de feminizar el lugar de trabajo provoca acerbos conflictos. Ambos sexos necesitan aprender muchas cosas todavía el uno del otro, y sobre la trascendencia, para sentirse cómodos en el trabajo. Cuando cazar dependía básicamente de la fuerza física, la resistencia y la agresividad, y exigía armas manuales, era un trabajo de hombres. Pero ahora que se trata de una actividad que requiere cualificación, comunicación, y organización, que necesita ordenadores y tecnología, los hombres y las mujeres son igualmente aptos. La evolución cultural es un excelente igualador de los sexos. La igualdad de oportunidades no significa igualdad de resultados: de hecho, la verdadera igualdad de oportunidades garantiza resultados desiguales, porque permite que emerjan las diferencias naturales. A pesar de todo, la oposición puede ser buena, porque nos enseña a trascender.

7.5.4. Podemos llevarnos bien31
Cuando –padre, maestro, tutor o canguro- percibe el conflicto, la madurez permite darnos cuenta de que los niños están viviendo un viejo dilema humano: competir o cooperar, monopolizar un recurso o compartirlo. Ha sido preciso reconocer la diferencia entre lo universal y lo particular. Los conflictos entre adultos deben ser resueltos de la misma forma que los conflictos entre niños. Sin embargo, muchos adultos pasamos las veinticuatro horas del día totalmente atrapados en las pequeñas circunstancias personales. La mayor parte de los conflictos humanos se perpetúan precisamente porque las personas (de todas las edades) nos obsesionamos en exceso por los detalles del malestar y porque no queremos o no podemos elevarnos al dominio espiritual, donde encontraríamos el bienestar. Cuando realizamos actividades como estudiar, crear, orar o meditar, no aparecen conflictos abiertos. Esto ofrece claros indicios de que las fuerzas de desacuerdo provienen de nuestra naturaleza animal, no de nuestras capacidades más elevadas y humanas. Por eso, por refinada o noble que sea la vida,

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Tomado y adaptado de: MARINOFF, Lou. “Pregúntale a Platón. Op. Cit. Páginas 185-202

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nuestra naturaleza animal siempre se encuentra al acecho, preparada para saltar sobre los demás si soltamos las riendas. Seguramente, nos sentiríamos más a gusto si aprendiéramos a llevarnos bien los unos con los otros y a convertir las diferencias en una base para la cooperación y no para el conflicto. Las diferencias acerca de la mejor manera de obtener la paz y la buena voluntad se convierten, muy a menudo e irónicamente, en causa de guerra y mala voluntad. Muchos filósofos han conseguido trazar métodos para mitigar futuros conflictos. Platón sobrevivió a la destrucción de la cultura ateniense durante la guerra del Peloponeso en Esparta y, como respuesta, escribió La República, en un intento de dibujar un plan hacia la utopía. De forma similar y después de presenciar el saqueo de Roma por parte de los visigodos, san Agustín escribió La ciudad de Dios, donde proyectaba la utopía para el otro mundo en lugar para éste. Thomas Hobbes escribió Leviatán en el exilio durante la guerra civil inglesa e intentó establecer un estado de paz civil duradera y de unión. Inmanuel Kant aportó su propio intento de resolución de conflictos en un pequeño libro titulado La paz perpetua, en el cual diseñaba un plan para aplacar las diferencias en la Europa de su tiempo de forma no violenta. Curiosamente, tomó el título prestado de un cartel exhibido en una fonda que se encontraba junto a un cementerio. ¡Todos conseguiremos la paz perpetua al final, sólo que será demasiado tarde para que nos sea útil en este mundo y en esta vida! Aldous Huxley, George Orwel, Ayn Rand y Arthur Koestler escribieron obras geniales aunque perturbadoras (respectivamente, Un mundo feliz 1984, La rebelión de Atlas y El cero y el infinito) que plantearon preguntas filosóficas acerca de la naturaleza humana y cuestionaron nuestra capacidad de vivir en paz. La razón y la sabiduría finalmente conducirán a la humanidad por caminos más pacíficos. Llevarse bien con uno mismo: Antes de hablar de llevarse bien con los demás, primero debemos llevarnos bien con nosotros mismos. Todos los conflictos externos entre las personas son manifestaciones de los propios conflictos internos. Las personas que guerrean con los demás han fracasado en la conquista de sí mismos. Muchos tienen tantos conflictos contra sí mismos que no pueden llevarse bien con nadie. Convierten sus relaciones en una extensión de esa guerra contra sí mismos. ¿Qué conflicto interno emerge de mi interior cuando entro en conflicto con los demás? No todos los conflictos externos son bilaterales. Hacen falta dos para bailar, pero sólo uno para entrar en conflicto. Si uno quiere llevarse bien con los demás y también con uno mismo ha de ser responsable de su propia actitud combativa. Es casi seguro que la gente que trata a los demás con amabilidad, consideración y respeto –o con amor y compasión- se lleva bien con ella misma. Una vez se ha conquistado al enemigo interior ya no quedan enemigos en el exterior. Esa es la razón por la cual Gandhi afirmo en su diccionario de resistencia pacífica a la opresión que “no hay ninguna palabra que signifique enemigo”. Cuando uno se encuentra de mal humor, sea durante unos minutos o durante unas horas, uno no se está llevando muy bien consigo mismo y sufre malestar. Si es posible olvidar ese malestar auque sea por un minuto –buscar a alguien para que nos anime, para que nos ayude a olvidarnos de nosotros mismos, o nos haga reír- entonces es posible permitir que el bienestar aparezca en ese lapso. En cambio, si uno se aferra con obstinación a la infelicidad, impide que aparezca ningún tipo de alegría. Nietzsche bien sabía que “la gente feliz no tiene historia”. Permitir que el pasado ocupe el presente y bloquee el futuro es una forma segura de llevarse mal con uno mismo. Si alguien está de mal humor, éste desaparecerá definitivamente si es capaz de olvidar qué lo provocó.

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7.5.5. Competitividad y cooperación
Como las capas de una cebolla. Ambas fuerzas conforman el comportamiento humano social. Cuando alguien quiere entrar en un equipo, en la competencia de prueba se saca lo mejor de sí mismo. No obstante, también da lugar a desengaños, porque lo mejor de cada uno no siempre basta para ingresar en el equipo. Al mismo tiempo, aquellos que superen la prueba y acaben formando parte del equipo deberán cooperar entre ellos. Un buen equipo (sea en el matrimonio, en el deporte, en los negocios, en el ámbito profesional o en las artes) no está formando estrellas individuales, sino por un grupo de trabajo cooperativo. Una de las artes de la vida consiste en aprender eficazmente ambas fuerzas. En ambos casos, es necesario experimentar y revelar las mejores capacidades personales para actuar en su máximo rendimiento. Pero es necesario poseer una filosofía de la competición que nos permita ser buenos perdedores y ganadores corteses. Y también es necesaria una filosofía de la cooperación que nos ayude a esforzarnos para obtener objetivos comunes más ambiciosos que los objetivos personales. Lo relevante desde el punto de vista filosófico no es si uno gana o pierde, sino cómo se comporta cuando gana o pierde. No es posible controlar cómo lo harán los demás, pero sí la propia manera de actuar. Por ello la preparación, la concentración y la relajación desempeñan un importante papel a la hora de sacar lo mejor de uno mismo. Laozi nos da un sabio consejo: “al competir con los demás, en realidad uno no está compitiendo con ellos, sino que tiene la oportunidad de competir consigo mismo”. Tener una mente abierta es vital tanto para el crecimiento profesional como para el desarrollo personal; podemos encontrar oportunidades donde podemos aprender más sobre puntos de vista que son distintos al nuestro.

7.5.6. Entender a los demás.
La observación y la auto-observación son el principal medio que nos permite obtener información de nosotros mismos y de los demás, y el principal medio a través del cual establecemos y restablecemos conexión con nosotros y con los demás. Por desgracia, nuestra percepción de los demás puede ser fácilmente distorsionada por ese mismo sentido cuando confundimos lo que se ve superficialmente (la raza, la etnia, el sexo o el atuendo) con la esencia. La visión más elevada y noble de la humanidad no se obtiene a través de ninguno de los cinco sentidos externos. Para ello poseemos otro sentido interno, que conecta con la razón, la emoción, la intuición y la memoria. Se trata de la intelección y la emoción superior. Estos son sentidos superiores, porque permiten “entender” a través de la miríada de corrientes de información que llegan por los demás sentidos. Ellos realizan el juicio estético sobre esa imagen y la juzga bella o fea. La belleza se encuentra en la mente y el sentir de quien mira. El ojo por sí mismo no establece diferencias entre un cuadro Rembrandt y un envoltorio de caramelos. Como Berkeley dijo: “los sentidos no hacen inferencias”. En otras palabras, no emiten juicios. Ésa es la misión del intelecto y el sentimiento. Martin Luther King aconsejaba no juzgar a la gente por su aspecto, sino por su carácter. La principal idea de Sartre consiste en que nuestras naturalezas están hechas por nosotros, no para nosotros.

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Las diferencias entre las personas: Sucede a menudo que encontramos personas que a primera vista nos simpatizan. Coinciden con nuestros gustos, nuestra manera de pensar o actuar. Otras personas, en cambio, las vemos desde el primer momento como extrañas. Hará falta un esfuerzo de superación personal para lograr una buena comunicación. Las diferencias individuales32 son buenas y necesarias, enriquecen el campo de las relaciones. Las distintas ideologías, tendencias políticas o credos religiosos, jamás deben enemistarnos. La persona es más importante que su modo de pensar. Debemos respetarnos y convivir armoniosamente, no tanto por pertenecer a un mismo partido o club, como por ser vecinos y seres humanos. El respeto por la persona y todo lo que ella es: Hemos de respetar en nuestros compañeros su cuerpo, sus pertenencias, su fama, su ideología, sus sentimientos y sobre todo su libertad. El cuerpo humano no es un elemento accidental en la persona. Nuestro cuerpo nos vincula al universo material y nos permite comunicarnos con los demás. El cuerpo pertenece a la esencia del hombre, por eso debemos respetarlo. No podemos ultrajar el cuerpo sin degradar la persona. El cuerpo no puede ser utilizado sólo para el placer, ni exaltarlo como valor supremo, ni tampoco hacerlo causa de sufrimiento. El respeto a la persona33 implica no reservarse en uso exclusivo lo superfluo cuando a otros les falta lo más necesario. Por otra parte, el fraude viola el derecho de los demás y dificulta un orden justo en la sociedad. La calumnia, la murmuración o el desprecio dañan a la persona más que el robo y la estafa. "El mundo encero no es bueno si no es para todos". Eso es valedero en relación a bienes materiales; el sustento, la salud, la vivienda; pero también al derecho a la educación, la credibilidad y la libertad de pensamiento y de expresión. El amor supera toda obligación, respeta la libertad de todos sin forzar ni esclavizar a nadie. La verdad: Todo proceso de comunicación tiende a buscar y transmitir la verdad, no "mi verdad", y obedece a un íntimo impulso de amor que reúne a los hombres. Una búsqueda en común de la verdad tiene sus características: desinterés personal, comprensión del otro, admiración abierta a todo lo nuevo, sentido crítico y gran respeto mutuo. La discusión es una parte esencial en la búsqueda de la verdad; pretende esclarecer la penumbra de nuestra mente mediante la experiencia y el conocimiento que aportan los participantes en la discusión. La diferencia de opiniones o puntos de vista es necesaria. El diálogo y la discusión llevados con valentía y respeto, nos ayudan a analizar las ideas, los sentimientos, las actitudes, las opiniones y las experiencias de cada uno para adherirnos a las que estimemos útiles y buenas. Descubrir al "otro": Nuestra vida se construye en sociedad y nuestras relaciones son un continuo reencuentro de amigos. Es preciso que juntos busquemos el sentido a esta vida social, y lo primero que se requiere es descubrir al "otro" gracias al cual vivimos y con el cual nos relacionamos. El "otro" son todos aquellos que viven junto a mí. Tal vez hemos vivido idolatrando nuestro "yo". Ha llegado el momento de conocer un "tú". Ese "tú" es el puente que nos facilita llegar a los "otros". A esos "otros" no nos toca inventarlos sino descubrirlos y aceptarlos como son: jóvenes y mayores; amos y empleados; ricos y pobres; simpáticos y
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De la Biblia: El Espíritu de Dios une lo disperso: Hechos. 2, 1-11 De la Biblia: El amor no causa mal al prójimo: Romanos. 13, 8-14

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antipáticos; sabios e ignorantes; hombres y mujeres. Son los vecinos, los compañeros, los propios familiares. Es innegable que nuestra forma de existir es en sociedad y en grupo. Hay una razón natural y es que nos necesitamos unos a otros; pero debemos traspasar el interés personal y egoísta para valorar al "otro" por lo que es y no por lo que tiene o podemos sacar de él. El egoísmo destruye la amistad. Igualmente amenaza la amistad la indiferencia con la que frecuentemente nos tratamos. Podemos vivir al lado de otras personas y, sin embargo, no encontrarnos. Los que acuden a un cine o a un estadio, por más que físicamente estén muy juntos, no comparten, ni se relacionan, ni se da entre ellos conocimiento profundo ni mutua aceptación. Los amigos: Un hombre es alguien cuando tiene amigos. Cuando se ha aislado de amigos y vecinos para vivir en su propio mundo, se da cuenta que su mundo es pequeño y que fuera todos viven una existencia que él no comprende ni sabe compartir. Entonces su situación se hace amarga y dolorosa. En cambio, cuando somos capaces de aceptar a los demás, nuestra inteligencia se abre y nuestro círculo de amigos va creciendo. Para ser felices, e incluso para realizarnos en la vida, necesitamos tener amigos; alguien en quien poder confiar y con quien poder conversar. Necesitamos personas amigas con las que nos sintamos a gusto, y que sepamos que nos escuchan con interés, que nos tienen en cuenta, y que nos aceptan tal como somos. Exigencias de la amistad: La amistad exige compartir. Cuando nos olvidamos de esta exigencia, la amistad es todavía muy superficial. Sólo cuando compartimos con los demás, nuestra unión es real y nuestra amistad es sincera. Aprender a compartir nuestras cosas es fundamental para adquirir una sensibilidad frente a los problemas sociales que nos rodean, y para colaborar en la construcción de un mundo más justo. Empeñarnos en mantener en exclusividad lo nuestro es lo que más nos impide ver la necesidad de los demás y nos incapacita para ayudarles. Otras exigencias de la amistad son: el ser leales, ser discretos, ser tolerantes, evitar las ofensas, perdonar los errores, corregir y aceptar la corrección, construir al amigo y dejarse construir por él. La amistad es un camino ascendente: Al incorporarnos a un grupo (familia, amigos, sociedad) llevamos con nosotros cualidades y defectos que influirán en el grupo. (Tenemos cualidades que determinan nuestra manera de ser y un sinfín de posibilidades por adquirir que constituirán nuestra personalidad). A su vez, el grupo influirá en nosotros. Todos tenemos valores que aportar a un grupo, pero también algo negativo que el grupo puede ayudarnos a superar. Nadie es tan completo que no tenga que adquirir nada, ni tan carente que no tenga nada que ofrecer. Es importante que poco a poco vayamos descubriendo las cosas positivas y negativas que hay en nosotros. También debemos conocer las cualidades y defectos de nuestros amigos para poder ayudarnos. Debemos alegrarnos con las cualidades del compañero y no dar cabida a la envidia 34. Debemos comprender sus debilidades y no alegrarnos de su mal. Algunos compañeros o vecinos son callados y tímidos, sin embargo tienen otras cualidades; no los marginemos, suelen ser los más leales, tenderles la mano con sinceridad significa mucho para ellos. No olvidemos que unos dependemos de los otros. Cada uno puede hacer la felicidad o la desdicha de los otros. Cuando hay verdadera amistad, ésta asume la responsabilidad del destino del amigo.
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De la Biblia: Rivalidad en la estima mutua: Romanos. 12, 4-13.

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En este camino de la amistad, se invita a sobrellevar los desfallecimientos del amigo, sus deficiencias que, aunque reales, no tienen valor a los ojos del amor; construir al amigo y dejarse construir por él hasta la plena realización como personas, como seres libres, que juntos buscan la verdad; ser capaces de sacrificarse por el otro en el amor, en la amistad, hasta perder lo suyo, incluso la propia vida.

7.6. VIVIMOS EN SOCIEDAD35
Cada persona vive en sociedad: en una familia, en una comunidad, en un pueblo o en una ciudad. No vivimos solos36. Necesitamos a los demás y ellos nos necesitan a nosotros. Cada uno según sus cualidades y sus posibilidades colaboramos en el maravilloso regalo que la vida nos da. Por una ley natural somos empujados a reunirnos en grupos. Unos grupos pequeños, como la familia o el círculo de amigos, donde uno recibe seguridad y confianza. Otros grupos, como la comunidad, la ciudad o el país, que permiten una mayor efectividad en el trabajo, potencian la cultura y la religión y facilitan acciones recreativas. Puede ser que en nuestra familia haya armonía y bienestar; puede ser que no encontremos la paz y alegría que debiera existir. No olvidemos que cada uno somos parte de la familia y que está en nuestras manos llevarle un poco de paz, colaborando en casa y siendo responsables y cariñosos. Puede ser que en la comunidad o vecindad no haya unión ni acuerdo para organizarse en lo más mínimo. Ello no es un inconveniente de vivir en sociedad, sino de no haber aprendido a vivir en común. El esfuerzo por superar estas dificultades nos hace más fuertes y nos realza como personas sociables. Las diferencias de carácter, de gustos y preferencias, no han de servir para crear división, sino para enriquecernos mutuamente, corregir los defectos y beneficiarnos de las diferentes cualidades que cada uno posee. La Comunidad como territorio de entrenamiento para crecer internamente como individuo. Debemos aclarar que comunidad es toda aquella reunión o sitio donde se vive, se trabaja y se convive. Estos lugares o sitios cumplen una función esencial en la vida de un pueblo, y una persona que se propone realizar un trabajo, es una célula de esa Comunidad de acuerdo al ordenamiento, obediencia y disciplina que tenga. Esa es la imagen de la Comunidad. La primera Comunidad o reunión de personas es el hogar, sea padre, sea hijo o sea hermano, porque hay un grupo de personas que, aunque en pequeña proporción, lo conforma. Entonces, ya es una Comunidad y, de acuerdo al comportamiento que ese grupo de personas tenga, depende el éxito que va a tener en el paso por esta vida. El destino se puede mejorar o empeorar de acuerdo a la forma como nos comportamos con las personas o con la humanidad. Toda persona que se decida vivir en Comunidad, como miembro activo de una ciencia, cultura o filosofía, debe estar dispuesto a realizar en sí mismo un cambio radical que le permita una integración con todas las personas que constituyen esa Comunidad. Si no es así, es apenas natural, que se van a producir roces y choques entre los miembros de la misma, dañando la armonía y el equilibrio que allí se ha formado.
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Tomado y adaptado de: SOLÁ, Fernando. O. P. “Hacia la plenitud de Cristo”, Reflexiones para crear conciencia comunitaria de la fe. Ediciones Paulinas. Bogotá, Colombia. 1º de marzo de 1982. Págs. 10-27. 36 De la Biblia: Jesús forma el grupo de sus discípulos: Marcos. 3, 15-19.

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No es prudente, ni razonable que a ellas entren personas que sólo quieren mando, poder y se dan a la tarea de sembrar cizañas entre las personas, destruyéndose a sí mismos y destruyendo a otros. Por lo tanto, se recomienda establecer criterios precisos los individuos que quieran ser parte de dichas comunidades. La forma de impulsar el trabajo personal como un ejercicio intenso de crecimiento es, viviendo en comunidad, con los otros y ese instrumento de convivencia data de tiempos muy antiguos, desde los Chinos, Hindúes, Persas, Griegos, Egipcios, Mayas, Incas, donde los Sacerdotes Magos, ejerciendo los poderes flamígeros de su castidad y perfección, ayudaban al pueblo para que se superara en todos los aspectos: físico, mental, emocional y espiritual. Hoy se puede reconquistar estos poderes, pero se necesita que las personas esten prestas para ello, sean serias, disciplinadas, más responsable, que cada quien se dé a la tarea de realizar en sí mismo verdaderos cambios, que permitan desvanecer todo el oscurantismo que se encuentra en el medio ambiente en que vivimos. Hay que hacer de las Comunidades verdaderos núcleos de hermanos, de hermandad y compañerismo, para que se eleven hacia las esferas más altas del Ser y del Saber, todos los ruegos y plegarias que a diario se hacen con la finalidad de alcanzar la gracia y la ayuda para continuar el camino. Si no se hace así, será muy difícil integrar a un pueblo con bases sólidas y a un nivel equilibrado de convivencia Nuestra sociabilidad es un proceso: Históricamente, los hombres han organizado su existencia y forma de vida en sociedad y han ido perfeccionando cada vez más las relaciones entre ellos. En tiempos remotos sólo se conocían tribus o clanes. Hoy vivimos en un mundo donde existen grandes organizaciones nacionales e internacionales, políticas, económicas y religiosas. Se supone que todo ha de ayudarnos a construir una sociedad al servicio del hombre, sin embargo en muchas ocasiones presenciamos un orden inverso colocando al hombre al servicio de organizaciones estatales o particulares. Los medios modernos de comunicación social dan oportunidad de hacer de la humanidad una gran familia en la que codos podamos sentirnos más hermanos. Es importante advertir que nuestro propio comportamiento afecta favorable o desfavorablemente a la sociedad en que vivimos. Del egocentrismo a la sociabilidad: La convivencia nos ha enseñado a salir del egocentrismo de la infancia, para ir puliendo y perfeccionando nuestras relaciones. Hemos descubierto que nuestra vida está entretejida con la vida del "otro" mediante una relación personal en la que damos y recibimos. Abrirse a los demás significa desprenderse de sí mismo, descentralizarse para hacerse generoso, no cerrar el alma, no impedir que las demás personas se introduzcan en nuestra vida. Sólo relacionándonos con los demás nos es posible crecer, llegar a ser personas adultas. En la familia y en el grupo de amigos todos somos distintos, sin embargo tenemos muchas cosas en común. Unos y otros nos aceptamos, nos acogemos, nos ayudamos, nos queremos; compartimos trabajos, sufrimientos, momentos de humor e incluso nos comunicamos una cantidad de pequeñas confidencias. Así se construye la comunidad. El dialogo: durante nuestra vida hemos experimentado la necesidad de comunicarnos. Cuanto más nos comunicamos más nos realizamos, necesitamos tener

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encuentros personales, hay muchas formas y grados de comunicación, el diálogo es un encuentro de persona a persona, el hombre necesita hablar con quien le pueda responder. Toda intercomunicación ha de ser un esfuerzo de ampliar, cambiar o adaptar ideas para adquirir una visión más exacta del mundo. Comunicarse no es pronunciar palabras y oír palabras, es manifestarse a sí mismo y captar al otro, dejar a un lado nuestro punto de vista para situarnos en el punto de vista de los demás, y no sólo a un nivel de ideas, sino de hechos, de alegrías, tristezas, trabajos e ilusiones. El diálogo es una comunicación bondadosa, comprensiva, sincera, confiada y exenta de egoísmo, de vanidad, de deseo de dominio y de crítica agresiva. El diálogo no es gritarle al otro, ni decir muchas palabras bonitas, ni imponer nuestro pensamiento, es buscar luz y construir entre todos. Es oportuno aquí mostrar un diálogo, presentado por medio de pantallas de Power Point llamado “gritos y susurros37”, que baje de Internet en el mes de marzo de 2006 y que lo adapto para mostrarlo con relación al diálogo, y con la pregunta ¿por qué grita la gente?
Un día un niño pregunto a un grupo de adultos lo siguiente: -¿Por qué las personas gritan cuando están enojadas? Los adultos pensaron un momento, y uno de ellos respondió: -Porque perdemos la calma, por eso gritamos. -Pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? Preguntó el niño, ¿no es posible hablarle en voz baja? Los adultos dieron algunas otras respuestas, pero ninguna satisfizo al niño. Finalmente el adulto mayor explicó: -“Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho, y para cubrir esa distancia deben gritar para poder escucharse. Mientras más enojadas estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia. Luego el niño preguntó: -¿qué sucede cuando dos personas se enamoran? El Adulto mayor volvió a responder: -“Ellos no se gritan, sino que se hablan suavemente. -¿por qué? Dijo el niño -“Porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña El niño continuó: Cuando se enamoran más, ¿qué sucede? -No hablan, sólo se susurran y se acercan más en su amor. Finalmente, no necesitan tan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es, ¡qué cerca están dos personas cuando se aman! Luego el niño dijo: -¡Cuando discutáis, no dejéis que vuestros corazones se alejen, no digáis palabras que os distancien! Llegaría un día en que la distancia sería tanta que no encontrarían nunca más el camino de regreso.

La palabra: La palabra es un medio de comunicación, pero no el único. Los sentimientos y las ideas pueden transmitirse por imágenes, signos, mímica, miradas... todos esos medios tienen la capacidad de conectarnos con la persona misma que se está expresando. Cuando la palabra no es expresión de los propios sentimientos y transporta formas estereotipadas o falsas promesas, la misma palabra nos engaña, nos distancia y crea barreras.
37

De Internet: w.w.w. powerpoints.org. Marzo del 2006

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Cada persona resulta un misterio para las otras personas, por eso es necesario saber escucharnos con interés, esforzarnos por entender lo que los demás quieren decirnos y respetar todas las opiniones. El que transmite la idea debe procurar hacerlo con claridad para que la comunicación sea correcta38. El que escucha ha de saber recibir el mensaje sin desfigurarlo con sus propias interpretaciones, ni dar por sabido lo que el otro quiera comunicarnos de sí mismo. El prejuzgar los hechos y las intenciones de los demás nos indisponen para la comunicación y daña la convivencia. Para que la comunicación adquiera niveles de profundidad es necesario que se dé un clima de sinceridad y confianza; superando las deficiencias de lenguaje, se debe intentar captar todo lo que la palabra evoca, todo un mundo interior, toda una vida que se comunica.

38

De la Biblia: Que nuestro si sea sí: Mateo. 5, 33-37.

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31. 32. 33. 34. 35. 36. 37. 38. 39. 40. 41. 42. 43. 44. 45. 46. 47. 48. 49. 50. 51. 52. 53. 54. 55. 56. 57. 58. 59. 60. 61.

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