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 nació en Viena en 1889, hijo de un

próspero industrial del acero. En la casa


paterna, Ludwig creció junto a sus siete
hermanos, en un ambiente rico en
estímulos culturales y artísticos.
Empezó estudios de ingeniería en la
universidad de Berlín y los continuó en
Manchester, dedicándose a la
investigación aeronáutica durante varios
años.
 En el pensamiento de Wittgenstein pueden
distinguirse dos etapas. La primera viene marcada
por la publicación del Tractatus logico-
philosophicus (1921-1922), en el que trata de dar una
salida a los problemas no resueltos del positivismo
clásico respecto a las matemáticas, la ciencia y la
filosofía. Para él, la filosofía no es un saber, sino una
actividad, y su finalidad es aclarar las proposiciones;
así, la filosofía se circunscribe a un análisis del
lenguaje.
La segunda etapa queda definida por su obra
Investigaciones filosóficas, publicada póstumamente
en 1953. Este libro da origen a la corriente
denominada filosofía analítica, que centra su reflexión
en el estudio del lenguaje como único modo de
resolver los problemas filosóficos.
 Para Wittgenstein piensa que el
lenguaje descriptivo funciona igual que
una maqueta, en la cual
representamos los hechos colocando
piezas que hacen las veces de los
objetos representados; en el Tractatus,
el lenguaje está formado
fundamentalmente por nombres
(hablamos, naturalmente, del lenguaje
una vez que es analizado lógicamente).
 Tractatus Lógico-Philosophicus
 Investigaciones filosóficas
 Anotaciones sobre los fundamentos de la
matemática
 Cuadernos azul y marrón-Diario filosófico
1914-1916
 Observaciones filosóficas
 Lecturas de Ética-Lecturas y
conversaciones sobre estética, psicología
y creencias religiosas-
 Sobre la certeza
 Wittgenstein mantuvo una posición
muy crítica sobre sus colegas filósofos
e incluso sobre lo que podían opinar de
él otras figuras del ámbito científico. En
sus opiniones, como siempre, no se
mordía la lengua:
Me es indiferente que el científico
occidental típico me comprenda o me
valore, ya que no comprende el espíritu
con el que escribo. Nuestra civilización
se caracteriza por la palabra 'progreso'.
El progreso es su forma, no una de sus
cualidades, el progresar. Es
típicamente constructiva. Su
actividad estriba en construir un
producto cada vez más complicado.
Y aun la claridad está al servicio de
este fin; no es un fin en sí. Para mí,
por el contrario, la claridad, la
transparencia, es un fin en sí.