I ENCUENTRO INTERNACIONAL SOBRE TOLKIEN Y EL FANTASY ANGLOSAJÓN

MENDOZA, OCTUBRE 2012

La renuncia a Faërie en «El Herrero de Wootton Mayor»: la Eucatástrofe de J.R.R Tolkien como sentido último de la Fantasía
SUBTEMA: DEFINICIONES Y REDEFINICIONES DEL GÉNERO FANTASY A LA LUZ DEL SIGLO XXI

PAULA RIVERA DONOSO

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I INTRODUCCIÓN: ORÍGENES Y CONTEXTO DE EL HERRERO DE WOOTTON MAYOR EN LA OBRA DE TOLKIEN

El Herrero de Wootton Mayor (1967) es uno de los pocos cuentos de hadas que Tolkien escribió y que resulta autónomo en relación al resto de sus trabajos; es también la última obra en ser publicada en vida del autor. Como tal, el relato no sólo demuestra madurez narrativa ni una consagración de su propuesta literaria, sino también una manifestación depurada de su poética sobre el género en su ensayo Sobre los cuentos de hadas. Los orígenes del cuento se deben a una petición que recibió Tolkien para prologar una edición de The Golden Key, de George McDonald. Al emprender esta labor, el Profesor reconsideró su apreciación del texto y rechazó la propuesta. De este cuestionamiento surgió la inspiración para escribir EWM, en una época en la que Tolkien se encontraba consagrado ya tanto como escritor como académico de excelencia. Podría plantearse que esta conjunción de factores lo llevó a escribir un cuento de alto compromiso estético y personal, que no sólo representaría su postura como escritor y lector respecto a los cuentos de hadas, sino también su visión como un ser humano a punto de concluir una existencia vivida bajo los principios de la Fantasía. Esto último queda demostrado en las palabras que Pueppke cita de una carta de Tolkien, en la que se refiere a EWM como “[an] old man‟s book, already weighted with the presage of bereavement” (6). Serán precisamente la nostalgia y sensación de pérdida que se desprenden de estas palabras las que estarán presentes en el tono narrativo de EWM, pero redimidas a través de la epifanía que implica ceder la experiencia de la Fantasía a alguien más. En otras palabras, para esta ponencia se sostendrá como TESIS que este cuento sintetizará la esencia misma de lo que significa el concepto de Fantasía para Tolkien, demostrando que, por medio de los elementos que el autor trazó como característicos (evasión, renovación, consuelo y eucatástrofe), se accederá a una redención que permitirá regresar a lo cotidiano con una visión enriquecida y esperanzadora, si bien no exenta de melancolía.

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II LA FANTASÍA O FANTASY: ALGUNOS CONCEPTOS DESDE LA TEORÍA LITERARIA

Antes adentrarse al análisis de EWM como obra que permita exhibir esta tesis, se hace necesario definir el concepto de Fantasía o fantasy como categoría literaria. Si bien Tolkien mismo fue uno de los precursores en sentar las claves teóricas que permitirían a sus lectores y sucesores plantear las propias, se comenzará citando las nociones que tres autores han sostenido desde distintas aristas para ver cómo se entroncan a pesar de sus diferentes orientaciones. Una vez que éstas se expliquen, quedará más claro que lo que comparten nace de las características que Tolkien le atribuyó a la Fantasía y que aparecen detalladas en profundidad en su ensayo Sobre los cuentos de hadas. Se empezará citando el trabajo enciclopédico de Clute & Grant (1997), que la define como “[Una] narrativa coherente consigo misma […] La historia está ambientada en „Otro Mundo’ —y ese Otro Mundo es imposible— aunque las historias que allí ocurren pueden ser posibles, dentro de los parámetros de dicho mundo” (338). En otras palabras, se presupone la existencia de un universo narrativo autónomo con lógicas y leyes de verosimilitud propias y que no tienen por qué corresponder a las del universo real. Ésta será la diferencia respecto a otras ficciones cuyas historias, de alguna u otra forma, podrían haber ocurrido perfectamente en nuestra realidad cotidiana. Para la académica Jackson (1981), la Fantasía tendría de suyo un valor subversivo por su característica de transgredir las convenciones sociales de la realidad en su manifestación, de ahí que el estudio esté orientado a abordarla antes como un modo que como un género. Al concebirla como literatura del deseo, por otra parte, Jackson señala que se estará aludiendo a una pérdida de un mundo primigenio que se extraña, mientras que al mismo tiempo se estará expresando este deseo de una manera en que éste permite abrirse a la liberación caótica de lo reprimido por los valores hegemónicos sociales. Por último, la escritora Ursula K. Le Guin, refiriéndose a la Fantasía bajo el término de «Elfland», señala que ésta es “a different approach to reality, an alternative technique for apprehending and copying with existence (…) a real wilderness, and those who go there should not feel to safe” (145).

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Destaca en esta cita el potencial riesgo de la Fantasía, puesto que “it can be dangerous; and it will change you” (153). Esto supone un cambio en su visión de la existencia a quien la experimenta, pero sólo si la Fantasía está construida como “a world where no voice has even spoke before; where the act of speech is the act of creation. The only voice that speaks there is the creator‟s voice. And every word counts” (154). Las glosas anteriores permiten identificar al menos tres aspectos relevantes que, de una u otra forma, tienden a repetirse y que se apreciarán asimismo en Tolkien: la Fantasía expondrá un universo alternativo al cotidiano, con sus propias leyes autónomas, lo que supondrá una ruptura subversiva de lo que se comprende por realidad, sobre todo por representar un mundo prístino y a la vez desafiante, que ahora sólo yace en la imaginación, pero cuyo potencial es tal que cualquier acercamiento a él dejará huellas en quien se atreva a ingresar por su umbral.

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III LA FANTASÍA PARA TOLKIEN: IMPORTANCIA DE LA EUCATÁSTROFE

Significativo es que Tolkien defina con tanta profundidad los elementos propios de la Fantasía en un ensayo sobre los cuentos de hadas, pues EWM será uno de los relato de este género que mejor los sintetice. Una primera clave surge cuando el autor precisa que los cuentos de hadas no se definen por la presencia de criaturas mágicas, sino por las aventuras humanas en el País de las Hadas, Faërie. Sólo en este contexto estos relatos abordarán Fantasía como la esencia de universos autónomos propiamente tales. Tolkien los llama Mundos Secundarios para distinguirlos de la realidad primaria, destacando además el potencial de creación inherente a su construcción: “Lo que en verdad sucede es que el inventor de cuentos demuestra ser un atinado „sub-creador‟. Construye un Mundo Secundario en el que tu mente puede entrar. Dentro de él, lo que se relata es „verdad‟: está en consonancia con las leyes de ese mundo. Crees en él, pues, mientras estás, por así decirlo, dentro de él” (286). Y las reglas de verosimilitud específicas de ese mundo dependerán de lo que él llama Fe Secundaria. El concepto, para Tolkien, no sólo se liga a la noción de imaginación como exponente de la irrealidad, sino también al Arte en la más elevada de sus formas, la subcreación (296). El resto de los elementos implicados en la Fantasía son la evasión, la renovación y el consuelo. El primero apuntará a la necesidad humana de sustraerse de la realidad con fines positivos y para recordar el valor de lo arcaico en ésta. Tolkien insta a no confundirla con el escapismo, pues la Fantasía no supone una huida, sino un viaje, una liberación. La renovación se relaciona con lo anterior en la medida en que toda evasión implica un regreso en el que se desarrolle una apreciación restaurada de la realidad. Supone, por ello, una mejoría de la percepción, una visión prístina que permita ver las cosas como se supone que debería hacerse, abandonando el estancamiento de lo conocido. Por último, el consuelo prosigue la noción de salud que provee la Fantasía, sobre todo a través del concepto de Eucatástrofe, que consiste en una pérdida o desgracia que, pese a la tristeza que provoca, es capaz de llevar a la liberación en su recuerdo. Esta epifanía, según Tolkien, pasará por rechazar la derrota y la desesperación
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definitivas, permitiendo a quien la experimente volver a la realidad con un gozo nuevo.

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IV ANÁLISIS DE EL HERRERO DE WOOTTON MAYOR

Para ver cómo se manifiesta la Fantasía y la Eucatástrofe en EWM, se necesita primero conocer cuáles han sido las aproximaciones teóricas más frecuentes. Entre ellas, se destacan al menos dos corrientes. La primera consiste en interpretar el cuento como una alegoría de la existencia del propio Tolkien, dado el contexto de su escritura, como si la despedida del protagonista equivaliese a la de su autor, cediendo la Fantasía a las próximas generaciones de escritores del género. La segunda sostiene que el cuento debe leerse de manera autónoma a todo alcance con su autor, o aun con sus otros mundos narrativos. Pueppke cita a un teórico que planteaba que pretender asignarle una interpretación a EWM equivalía a cortar en dos una pelota en busca de su rebote (14). Si bien adscribimos a la idea de que el cuento es tan rico que es imposible reducirlo a un único sentido, nos basaremos en la premisa que el propio Pueppke expone más adelante para enlazar el texto con la poética de Tolkien hacia la Fantasía, que es el eje de esta tesis: “the similarities between Smithand On Fairy-stories are so strong, so pervasive, that one could easily read one work as an artistic, and one work as an analytical, version of the other” (8-9). A continuación iremos analizando en profundidad algunos episodios relevantes en EWM en los que puedan apreciarse los elementos que Tolkien asignó a la Fantasía en su ensayo, y que permitirán sostener una interpretación conciliadora de la obra, en la que como lectores seremos llevados a Faërie en su lectura.

4.1 ANÁLISIS DE EWM: LLEGADA El contexto del cuento se sitúa en la celebración de una fiesta que sólo ocurre cada ciertos años y a la que se invita un número fijo de niños. Para el acontecimiento, el cocinero mayor debe preparar la Gran Tarta que se encargará de darle fama. En esta oportunidad, el peculiar aprendiz del simplón cocinero Nokes tiene la ocurrencia de depositar una estrella de misteriosa procedencia en el pastel. Esta estrella proviene de Faërie y la engulle sin querer Smith, protagonista, quien desde entonces comienza a experimentar cambios positivos a medida que va
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creciendo. Ante los ojos de los demás, resulta encantador en todo lo que hace, con un resplandor en su frente que es el de la propia estrella. Pero lo más importante es que ésta se convierte en un pasaporte para viajar a placer por la tierra de Faërie, que es descrita como un lugar de nitidez y belleza mayores que Wootton Mayor, pero también como una zona riesgosa, de no ser por esta protección mágica: “la estrella le resplandecía en la frente y él se hallaba todo lo seguro que un mortal puede estarlo en este peligroso país” (210). En efecto, Smith se encuentra en riesgo en más de una oportunidad, y en una de ellas, tras ser rescatado por un Abedul a costa de la pérdida de sus hojas, éste le reprocha: “Tú no perteneces a este lugar. ¡Vete, y no regreses nunca más!” (213). Sin embargo, aun sabiéndose extranjero, Smith no puede evitar seguir adentrándose en Faërie, creyéndose inmune. Pese a ello, el personaje obtiene numerosos dones de estas experiencias. Entre ellos, comprende la crueldad de las armas y dedica su oficio de herrero sólo a instrumentos útiles, lo que quiere decir que Smith empieza a emplear sus descubrimientos en Faërie en su propio mundo. Incluso, el hombre trae a Wootton Mayor una flor del Reino Peligroso, la que
no se marchitó, ni perdió luz; y la conservaron como un secreto y un tesoro. El herrero hizo un pequeño cofre con cerradura, y allí la guardaron, y la familia se la fue transmitiendo de generación en generación; y los que heredaban la llave solían abrir a veces el cofre y se quedaban contemplando la Flor Viva hasta que la tapa volvía a cerrarse: porque no elegían ellos el momento en que esto ocurría (215).

En otras palabras, la Flor queda como testamento eterno de la existencia de Faërie más allá de la imaginación, y aun en su calidad de legado familiar conserva su potestad fantástica, sobreviviendo incluso a quien la trajera alguna vez a Wootton Mayor.

4.2 ANÁLISIS DE EWM: REGRESO Y DECISIÓN Pero este estado de gracia en Smith, a medida que va comprendiendo cómo extenderlo a su vida cotidiana, se acerca lentamente a su fin. Esto se lo comunica la propia Reina de las Hadas, traspasando umbrales: “hablaron largo rato, casi siempre sin palabras, y aprendió de ella muchas cosas, de las que algunas lo alegraron y otras lo llenaron de tristeza” (216). Hasta entonces, Smith sólo había conocido la dicha de Faërie, pero ahora empieza a comprender que existe un lado de tristeza que es tanto más intenso e importante.
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Esta dualidad propia del Reino Peligroso se incrementa cuando la Reina se despide del protagonista: “parecía estar simultáneamente en el Mundo y en Fantasía, y al mismo tiempo fuera de ambos, contemplándolos, de modo que se sintió a la vez desvalido, poderoso y en paz” (217). Se trata, desde luego, de una sensación tan poderosa que resulta confusa de explicar, algo que escapa a la lógica de su mundo. Como le menciona el Rey de las Hadas (el antiguo aprendiz de cocinero), se acerca la hora en la que Smith tendrá que decidir voluntariamente ceder su privilegio de ida a Faërie (la estrella), pues se acerca una nueva celebración de la Gran Tarta y le toca a otro niño recibir esta gracia, para reanudar el ciclo. Es algo que no le pertenece y que le fue prestado sólo por un tiempo, por decisión del abuelo del propio Smith, pero que naturalmente ha significado mucho para él:
[—]¿No es mía? Ella me eligió a mí. ¿No puede uno quedarse con las cosas que recibe, al menos como recuerdo? —Algunas sí. (…) [Otras] están en préstamo. No has pensado que tal vez alguien más pueda necesitarlas. Pero es así. El tiempo apremia (219).

Es en este punto en que el relato se vuelve una encrucijada entre el goce de haber conocido un mundo inagotable y la certeza de que es necesario renunciar prontamente a él.

4.3 ANÁLISIS DE EWM: DESPEDIDA Y REDENCIÓN En este trance, Smith finalmente accede a desprenderse de la estrella. Al hacerlo, el hecho de no poder distinguirla significa que ha perdido la visión sobrenatural que se le había brindado como don y, junto con ella, toda posibilidad de volver físicamente a Faërie. Pese a ello, a Smith le quedan dos consuelos: el saber que este Reino Peligroso existe y que siempre podrá regresar a él en sus recuerdos, y la gracia de poder elegir al siguiente portador de la estrella, tal y como su propio abuelo lo había decidido años atrás para cedérsela a su nieto. La cesión voluntaria de la estrella, por consiguiente, significa que Smith ha aceptado la entrega del don que recibió para ir a Faërie para poder retornar definitivamente a Wootton Mayor, en un viaje que tiene mucho más de espiritual que de físico en su trayecto. Aunque el personaje haya perdido la gracia feérica, permanece en él la experiencia de la aventura como algo que puede emplear en su propia realidad, como le insinúa su hijo:

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—Te estaba esperando desde ayer, papá. (…) ¡Qué cansado pareces! ¿Vienes de muy lejos? —Sí, desde muy lejos, hijo. Todo el camino desde el Alba hasta el Atardecer. (…) —(…) Me preguntaba qué había ocurrido con la estrella. ¡Es una lástima! —Tomó la mano de su padre—. Lo lamento por ti. Pero también tiene su lado bueno para esta casa. ¿Sabes, Maestro Herrero? Todavía puedes enseñarme mucho, si dispones de tiempo. Y no me refiero únicamente al trabajo del hierro (222-223).

A la vez, Smith sabe que estas experiencias las vivirá a su manera el siguiente heredero de la estrella, el nieto de Nokes, con lo que se establecerá el ciclo de viajeros de Faërie para que ésta pueda seguir existiendo en la memoria de los seres humanos, porque será a través de su recuerdo que estos podrán renovarse en el mundo del que proviene. Esto se demuestra también en las palabras del hijo de Smith, que apuntan a remarcar que lo esencial de Faërie permanece ahora con mayor intensidad aún en su padre tras haber renunciado a cruzar de nuevo ese umbral: “—Padre, ¿recuerdas el día en que regresaste con la Flor y yo dije que, por la sombra, parecías un gigante? Aquella sombra era la Verdad, como lo era la misma Reina con quien estuviste bailando. Y a pesar de todo has renunciado a la estrella” (224). La Verdad, por tanto, se refiere a esa visión primigenia y atávica de las cosas, donde las palabras son los elementos que designa y donde éstos y las criaturas vivientes existen en el máximo de sus potenciales, sin las máculas que la cotidianidad pueda adosarles. Ese Smith gigante a los ojos de su hijo correspondía a la visión del hombre como quien en verdad era, más allá de un simple herrero. Podría plantearse al respecto que la redención y superación máxima del personaje vendrá, como se menciona en la cita, porque Smith es capaz de alejarse del Reino en donde ésta se ofrece íntegra, pero para intentar trasladar su pureza a un mundo que se ha olvidado ya de ella, por medio de su evocación.

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V CONCLUSIONES

El análisis anterior ha permitido detenerse en detalle en cada uno de los aspectos del cuento que remitan a los elementos que se han identificado como parte de la poética de Tolkien hacia el género de los cuentos de hadas y, por extensión, a la Fantasía. En primer lugar, el cuento presenta dos entornos distintos: por un lado, la aldea de Wootton Mayor, una localidad rural y cotidiana en donde conviven distintos tipos de personas, algunas (como el cocinero Nokes) de percepción más limitada que otras; por otro lado, el Reino de Faërie, donde la naturaleza y sus habitantes son tan bellos como peligrosos. Éste último se presentará como Mundo Secundario al extenderse de manera paralela a Wootton Mayor, siendo posible su ingreso a través de un umbral que en esta oportunidad dependerá de la cualidad de ser portador de la estrella. Faërie será entonces la concreción de un espacio distinto, en donde las cosas funcionan como debieran funcionar en la realidad. La evasión se presentará a través de la posibilidad de creer en la existencia de este Reino y en la de poder ingresar en él, así como en la de acceder a una manifestación depurada de uno mismo, como sucedía con Smith ante los ojos de los demás. Sin embargo, y a pesar de estas ventajas, la renovación sólo logra concretarse cuando Smith regresa de Faërie, en principio temporalmente, trayendo consigo diversos elementos que atestiguan su paso por ese Reino y que escapan a la lógica cotidiana. Ahora bien, lo relevante no es la posesión de estos objetos, sino la confirmación a través de ellos que existe un mundo distinto del que provienen. A su vez, la renuncia que hace Smith del Reino Peligroso implica no sólo su retorno definitivo a Wootton Mayor —el mundo al que en el fondo pertenece—, sino que también posibilita la evocación de aquél como un medio para intentar preservar esta Verdad en el entorno cotidiano de la aldea. El hecho de que se disponga un heredero de la estrella consigue que esto no se restrinja sólo al protagonista, permitiendo que la experiencia de Faërie la viva alguien más. A esto corresponde el consuelo en la obra: aunque Smith no pueda ya regresar físicamente, sí puede hacerlo a través de su evocación, mientras está al tanto que un nuevo niño vivirá lo mismo que él.
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Así, la Eucatástrofe derivará de los aspectos anteriores, pues Smith no se hunde en la pérdida de Faërie ni se transforma en una persona que viva de la añoranza; por el contrario, hace de su evocación algo que logra tener un valor concreto en su propio mundo, manteniendo además la esperanza de que Faërie siempre existirá para que alguien, al igual que él, pueda recorrer sus tierras algún día, hasta que sea su turno de abandonarla. Si se compara este análisis del cuento con lo narrado en las obras más relevantes de Tolkien, se puede apreciar que se mantiene el modelo de la Eucatástrofe como redención y esperanza últimas tras una pérdida grande. Por ejemplo, en El Señor de los Anillos, Frodo salva La Comarca tras superar todo límite asociado a su condición de hobbit, pero no para sí mismo. Será Sam quien logre regresar totalmente de la aventura y en quien recaerá la esperanza de una vida mejor, pese a su tristeza. Por ello, puede concluirse que efectivamente este relato sintetiza las concepciones de Tolkien hacia la Fantasía, depurando sus manifestaciones literarias anteriores. Aquéllas además no se concentrarán sólo en una poética artística, sino que también podrán interpretarse como huellas del verdadero Reino Peligro, al que nosotros, como lectores, podemos acceder en busca de una vía alternativa para llegar él. Tal y como sin duda llegaron el mismo Tolkien, Lewis, Le Guin y tantos otros autores de Fantasía, cuyas obras nos han permitido entrever el umbral de Faërie.

BIBLIOGRAFÍA

Clute, John & Grant. The Encyclopedia of Fantasy. Londres: St. Martin's Griffin, 1997. Jackson, Rosemary. Fantasy: Literature of Subversion. Londres: Methuen, 1981. Le Guin, Ursula K. “From Elfland to Poughkeepsie”. Ed. David Sandner. Fantastic Literature: A Critical Reader. Westport: Praeger, 2004 (144-155). Pueppke, Michael. “Awakening a World With Words: How J.R. R. Tolkien Uses Linguistic Narrative Techniques to Take his Readers To Faërie in his Short Story „Smith Of Wootton Major‟ ” Tesis de maestría. University of North Texas: Texas, 2007.

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Tolkien, John R.R. “El herrero de Wootton Mayor” y “Sobre los Cuentos de Hadas” en Cuentos desde el Reino Peligroso. Santiago de Chile: Planeta, 2009.

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