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Autobiografía

DESDE LA CÁRCEL
De cómo fui víctima de un complot y montaje político, judicial y comunicacional para silenciarme.

Jorge Lavandero Illanes
Autobiografía DESDE LA CÁRCEL De cómo fui víctima de un complot y montaje político, judicial y comunicacional para silenciarme. Jorge Lavandero Illanes Ediciones Radio Universidad de Chile Miguel Claro 509, Providencia - Fono 977 15 76 www.radio.uchile.cl/editorial Santiago de Chile, junio de 2010 Coordinación: Magdalena Vío V. Diseño portada y diagramación: graficAnimada.cl Fotografía portada: Daniela Miller ISBN: Registro de Propiedad Intelectual: Prohibida la reproducción total o parcial Código de barra: Impreso en LOM

Índice

CRÉDITOS Y AGRADECIMIENTOS PRÓLOGO POLÍTICO PRÓLOGO JURÍDICO EXORDIO LA HISTORIA Y LOS HECHOS DECLARACIONES JURADAS

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Créditos y agradecimientos

No ha sido fácil manuscribir este libro en una cárcel de alta seguridad, sin contar con los elementos necesarios en un primer momento. Y tal vez lo más complejo ha sido llegar a discernir entre lo que pueda resultar interesante desde mi punto de vista y desde mi verdad y lo que le sea verdaderamente atractivo para mi complemento y contraparte: Usted, el lector. Creo que poco a poco, línea a línea se va desarrollando y conformando un drama que ha sido de vida o muerte para mí. O más bien, de vida y de muerte. Quizás porque el solo hecho de recordar todo aquello en profundidad, ha sido revivir a cada paso una huella de dolor y abatimiento producto de la profunda injusticia de la que fui objeto, a manos de insondables y espurios intereses. Porque todo me empujaba a contarle a mis amigos, a los más cercanos, cómo se llevó adelante este juicio que, desde su origen, ya traía adosada una sentencia concebida, pergeñada y parida para caer a plomo sobre mí. Es decir, condenarme a como diera lugar. La paciencia y el estímulo de numerosos amigos me empujaron a trepar desde el infierno en que me sumergí, de aquel pozo profundo en que me encontraba y, con empeño, rescatarme de aquella depresión
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que tañía a muerte como la campanada de un barco en el naufragio. Y gracias a ellos, salir de nuevo a la esperanza que me fue tan esquiva a veces. Volver a ponerme de pie y comprender que el sentido de la lucha y la justicia no podían estar del lado de mis verdugos. Que darme por vencido y derrotado hubiera sido como doblar la cerviz otorgándoles la razón y, por ende, aceptando mi derrota. Pero ellos estuvieron, mis amigos y mis compañeros. Muchos fueron, semana a semana a la CAS y continuaron apoyándome cuando ya salí en libertad. Quiero mencionar -sin ser exhaustivo- a Andrés Zaldívar y a su esposa Inés, a Sergio Bitar, a Hossain Sabaj, a Eduardo Saffirio, a Jorge Pizarro, a Mariano Ruiz Esquide, a Gabriel Valdés, a Eugenio Tuma, a Claudio Huepe que ya no está con nosotros. Al Obispo Bernardino Piñera, a Luis Corvalán y a Carmen Lazo. A los economistas y amigos Julián Alcayaga y Héctor Vega, a Álvaro Escobar, a Juan Carlos Espinoza, a Axel Rivas, mi ex secretario que con asiduidad me iba a alentar a la cárcel, a la gente de mi Región que con grandes sacrificios personales y económicos llegó a visitarme. No puedo dejar de agradecer a Rafael Araya Masry por ayudarme a revisar y ordenar este libro, incluso desde Argentina. Por el entusiasmo personal que puso en él y del que tantas veces me contagió. Otro tanto debo decir de Magaly Alegría, periodista amiga desde mis inicios como Senador y que, desde México, se dio a la ardua tarea de revisar los contenidos, los párrafos repetidos, las fallas ortográficas y las puntuaciones, ambos con una paciencia sin límites en el esfuerzo por editar estas páginas que Usted tiene entre sus manos. A Techy Edwards, que me alentó a escribirlo y con quien conversamos por meses de los contenidos. Lo mismo de Nilda Correa, amiga poeta y escritora. A Jaime Larraín, que desde España me
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aportó muy buenas ideas y un aliento permanente. Y obviamente, no puedo dejar de mencionar a Natalia, que estudió y aprendió el expediente de forma tan exhaustiva, que se transformó en fuente permanente de consulta para los propios abogados, al punto de compenetrarse y conocerlo aun mejor que yo. Ella me ha ubicado en todas las referencias que este libro contiene.

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PRÓLOGO POLÍTICO El último de los políticos populistas

En un editorial de una destacada revista nacional, Jorge Lavandero Illanes fue calificado como “el último de los políticos populistas”. Hijo de la burguesía más encumbrada de Chile, de privilegiado físico que lo llevó a practicar deportes recios y con una personal simpatía, marcó su vida con arrojada voluntad y desafiante postura. Las mismas que lo consignaron como un político insigne y luchador inagotable, que sustentó su vida con gestos testimoniales poco usuales en esta pétrea sociedad chilena. Cuando recibió el apelativo de “populista”, Jorge Lavandero guardaba a su haber un listado enorme de acciones que avalaban ese calificativo. Llegó a ocupar un curul cuando otros aún intentan encauzar sus vidas; de cara al viento entregó extensas propiedades de tierras a campesinos y pobladores de su región. Voluntarioso y a veces voluntarista, desafió y escandalizó a los sectores más conservadores llegando a las sesiones a bordo de su enorme moto blanca o conduciendo -como joven exitoso y pudiente- algún modelo deportivo. Lo anterior no le restó nobleza al promover y propiciar leyes de beneficio social y popular. En pocos años se despojó de las convenciones sociales y de clase al defender posiciones, para algunos, progresistas y para otros, actitudes que colindaban con el simple populismo.

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Cualquiera sea el punto de vista, el resultado quedó registrado en la historia del Parlamento chileno y sus seguidores y electores llegaron a bordear el fanatismo. Los epítetos en su contra fueron suspiro de un día. Pocos parlamentarios de la “antigua” democracia tienen a su haber un historial de coraje convincente. En las décadas en que Chile intentaba ampliar su base y espacio democrático, Lavandero estuvo contra los desarreglos de la Unidad Popular y que desembocaron en la larga dictadura que, obviamente, lo llevó a aliarse en las luchas de ese pueblo que había apoyado a Allende. Al menos un tercio del país que batalló para defender sus derechos a la vida, y otros dos tercios que buscaba la democracia y la justicia durante el pinochetismo. Fue de los primeros que intenta un frente común y organizado, acogiendo las diversas corrientes políticas y sociales que se oponían -de manera fragmentada- al poder de los militares y la derecha. Su cuerpo porta las secuelas de varios atentados, presidio y exilios temporales en ese período siniestro y violento. Ya conquistado el gobierno civil, pronto pudo caer en la cuenta de que el país estaba bajo el imperio de un régimen de amarres, que otorgaría muy poca capacidad de acción a las nuevas fuerzas que habían prometido cambios fundamentales. Fue de las escasas voces que se alzaron en las Juntas Nacionales del PDC para advertir los peligros de administrar un sistema -que se manifiesta impotente- para cumplir los dictados ofrecidos a la mayoría. Las instancias establecidas no son suficientes para enmendar rumbos y es así como en 1996, junto a otros intelectuales escribe
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el libro: “El dilema de Chile: crecimiento sin equidad”. Las cifras macroeconómicas de un país “exitoso” exhiben también, con otra lectura desapasionada, un sistema perverso, que agudiza los males que ya arrastraba en abundancia la sociedad salida de la dictadura. Poco más de diez años han sido suficientes para -a la luz de las crisis mundiales de estos tiempos- corroborar lo que se dijo entonces: el modelo neoliberal ha estrujado a las naciones alrededor del globo de manera implacable y al parecer, irremediable. La batalla que él denominó por la “Dignidad Nacional”, y que parlamentarios de otras latitudes han intentado llevar a cabo en sus países, se libra a finales de los 90. Respecto de Chile, logra crear conciencia acerca de lo impresentable que resultaba un Pinochet en el cargo de Senador Vitalicio, luego de develados los horrores y crímenes de su régimen. Le siguió la batalla por el cobre, de largo aliento a la luz de los nuevos rumbos que ha adoptado el país. Lavandero se dio cuenta de lo deletéreo y absurdo de la política minera que la Concertación implementó, basada en la legislación heredada del régimen de Pinochet, la que deja no sólo intacta sino que profundiza la entrega de esa riqueza nacional, dando condiciones más favorables a los inversionistas transnacionales, comprometiendo un tremendo perjuicio para el interés del pueblo chileno al corto y al largo plazo. Primero y casi solitariamente, se lanza a la denuncia. Luego sobrevienen las acciones. Predica en el desierto del Parlamento, por años, sin que los colegas le presten mínima atención. Sumó a sus rondas semanales por Ministerios habituales, como el del Interior, el
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de Minería que por entonces apenas tenía rango de Subsecretaría. Fastidia a los ministros y subsecretarios, demanda informes desde el Servicio de Impuestos Internos, de COCHILCO, de CODELCO, del BANCO CENTRAL y de cuanta institución se puedan sacar elementos, cifras y políticas para abonar su campaña por la recuperación de la soberanía nacional en el sector minero. Detecta vicios, corruptelas, insuficiencias del Fisco, impotencia jurídica y engañifas que le permiten a las empresas instaladas en Chile, gozar del más increíble paraíso tributario y operativo que ningún país concedió nunca a empresa extranjera. Busca alianzas entre el abanico de parlamentarios; saca libro tras libro en materia de política minera, impulsando y enriqueciendo un debate nacional que los caciques del sistema eluden de manera sistemática y desvergonzada. Denuncia el Tratado Minero con Argentina, enjuague jurídico que las transnacionales “venden” a Menen y a Frei y los únicos beneficiados resultan ser las empresas extranjeras que operan en terrenos de la frontera cordillerana instalando, de paso, un engendro jurídico demencial. Logra detener el avance de ese proyecto, que más que “tratado” era una burla a la inteligencia de los chilenos y una entrega de soberanía y recursos públicos sin ninguna retribución ni ventaja para el país. La más reciente batalla la debe librar en defensa de su honor y libertad. Entre gallos y medianoche y en el fragor de sus propias batallas, se le acusa de una monstruosa conducta. Asoma a la luz pública el “caso Lavandero”, sustancioso para periodistas y ambiciosos fiscales en campaña por implantar el nuevo sistema procesal chileno.
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La naciente estructura jurídica impone escalamientos de poder que azuzan a los fiscales a competir de manera inclemente por alcanzar nombradía y posicionamiento. Como señaló el sabio Michele de Montagne, si usted toma a cualquier persona que circule por las calles y le inicia un proceso, encontrará antecedentes suficientes para ahorcarle cuando menos once veces. Así aconteció con el “caso Lavandero”. Un dossier fílmico y declaraciones avaladas de promesas que incluían indemnizaciones millonarias, altas circulaciones de prensa y captaciones elevadísimas en sintonías, llevó al resultado esperado: condena, inhabilitación política y humillación personal de un líder popular. Más que una amenaza a infantes, se constituía en una amenaza a los buenos negocios que cruza al espectro de las élites políticas y económicas que flotan en las aguas de un sistema distendido y moralmente corrupto. Hoy, cuando la atención no está puesta en él, Lavandero sigue siendo un líder popular; lo saludan por la calle, sus amigos no se han alejado, su nueva familia crece en armonía y las heridas de esta debacle van cicatrizando sin las secreciones pútridas del odio. A pesar de la sospecha y la duda que se han impuesto en su imagen pública, este hombre recorre con paso firme y la mirada en alto las calles de Santiago o La Serena. Su temple forjado en una profunda fe cristiana le permite soportar los males que todo hombre de testimonio sufre mientras habita este mundo. Ser un líder populista, reconocido como “el último”, lejos de ser una ofensa es el más glorioso orgullo. Líderes populistas y naturalmente populares, han cultivado el vicio de ocuparse del pueblo, de sus dolores,
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desengaños e intereses. Los líderes populistas tienen ese sesgo de nacionalismo que lo da el sentimiento de pertenencia, el reconocimiento de identidad (igualdad) con otros hombres humildes y necesitados, que requieren de alguien que eleve su voz, pues ellos no tienen voz audible en un sistema cerrado de intereses. Esa voz que se alzaba en el Parlamento y en las calles del país se ha silenciado por ahora. Y el pueblo no lo pasa nada de bien sin líderes colectivos. Si el testimonio de este último líder populista no ha caído en tierra infértil seguramente con el tiempo, cuando la pútrida caparazón de este sistema muestre signos de descomposición más evidentes, entonces sus argumentos serán escuchados y su palabra y acciones serán elevadas al sitial destacado que merece.

PRÓLOGO JURÍDICO DE JOSÉ GALIANO 1 J´acusse… contre l´injustice .

Emulando la obra magistral de Emile Zola, que denunciara la injusta condena contra Alfred Dreyfus, por el supuesto delito de “traición a la patria”, que jamás había cometido, Jorge Lavandero descorre en este libro el espeso velo publicitario y procesal tejido laboriosamente para destruir la dignidad de un hombre auténtico y justo y de su legítima imagen, propia de un político ejemplar. Porque Jorge Lavandero Illanes se había jugado varias veces la vida contra el despotismo dictatorial; había denunciado sin ambages a los explotadores; había puesto en peligro las ventajas agiotistas de quienes escarban nuestra tierra para llevarse gratis sus riquezas; y presionaba, con fundamentos éticos, jurídicos y sociales, por la urgente reforma de la Constitución, prefabricada entre los asesores políticos del jerarca de facto. Pero además, venía incurriendo ingenuamente en una suerte de estorbo, propio de las conductas meritorias en una cultura egolátrica; Lavandero venía obstruyendo el camino que algunos ambiciosos demasiados impacientes, anhelaban despejar. Este hombre valiente y leal a sus convicciones, había abierto demasiados frentes para combatir en todos al mismo tiempo. ¿Desde cuál de estos focos de resistencia surgiría la intención perversa de destruir
1 Decano Facultad de Derecho U. Arcis, Profesor de Derecho Penal.

Hugo Latorre Fuenzalida Santiago, febrero del 2010

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su imagen y –de una vez para siempre quitarlo de en medio? Porque en la “Democracia Formal”, tan difícilmente conquistada, ya no era posible utilizar los métodos con que se había eliminado a René Schneider, a Salvador Allende, a Carlos Prats y a su esposa Sofía Cuthbert, a José Tohá, a Eduardo Frei Montalva, a Alberto Bachelet, a los Coroneles Cantuarias y Köening, a Víctor Jara, a Alejandro Rodríguez, a Tucapel Jiménez… y a otros mil ciudadanos víctimas de la más brutal crisis de “Dignidad y Humanismo” que haya contaminado de perversión a Chile, a través de toda su historia. Pero superada la tragedia, ¡Qué rigurosa para exigir el respeto a las garantías de los procesados fue nuestra justicia!, ¡qué acuciosa en los procedimientos que exige la prueba de la ilicitud de los hechos y de la participación delictual! Pero además, ¡qué lentas en su sentencia y cuán excepcionales los casos en que se pudo conducir con fallos condenatorios, respecto de esos miles de crímenes horrendos que se habían perpetuado durante 17 años! En cambio, qué rápida, severa e inflexible ha sido en democracia!... Por lo menos en el extraño y emblemático caso Lavandero; uno de los pocos sobrevivientes que estuvieron dispuestos a morir por rescatar la libertad, la dignidad y la convivencia tolerante y civilizada entre los chilenos. Esas cualidades de la vida democrática, que le había valido a nuestra patria un ejemplo meritorio entre las naciones humanas de Ibero América, son las que hoy se extrañan sin que haya un líder político, como Jorge, representándolas en nuestro Congreso Nacional. Jorge -mi estimado amigo, autor de este libro- traza con nitidez, precisión y fundamento, una síntesis biográfica, acuciosa y veraz de su
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vida. Yo puedo corroborar su versión, porque he tenido el honor de ser amigo de Jorge durante casi medio siglo. En 1963 -siendo él Diputado y yo regidor por Santiago- nos correspondió un trabajo en común durante la campaña política de Eduardo Frei Montalva; ese gran Presidente que consolidó el rescate social de los valores cristianos de su secular secuestro político en las celdas centenarias del claustro conservador. Desde esa época hemos compartido una sólida amistad fortalecida por la convergencia de nuestras convicciones. Muy pocas personas podrían adicionar mi conocimiento sobre la trayectoria de su vida, los rasgos de su temperamento y la honestidad de su conducta. Pero de la argumentada trayectoria de la vida de Lavandero, surgen con particular significación dos antecedentes esenciales: Primero: Se trata de un hombre que ha sido padre de 9 hijos, y con todos ha tenido una relación ejemplar. Siete de ellos son adultos y dos niñas, nacidas de su actual pareja. Segundo: Que a través de 58 años de vida adulta, nunca ha dejado de convivir con una pareja estable. Tres matrimonios y dos uniones de convivencia; la primera duró 7 años y la actual se prolonga ya por 12 años. Quien ha conducido su vida en el marco de esta estructura familiar y bajo el influjo permanente de los valores intelectuales y emocionales que implican las relaciones del amor de la pareja y del cariño paternal, carecen de espacio sensual y emotivo para incurrir en las
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anormalidades que se le atribuyeron a Lavandero. A través del informe psicológico del Dr. Peña y Lillo -citado en este libro- se confirma esta obvia realidad. Pero en la sentencia, sin juicio y sin defensa del acusado, ni siquiera se menciona dicho informe. Si a esta característica elemental tan relevante de la personalidad del procesado, se agregan las numerosas diligencias de espionaje premeditado, practicado con dos años de anticipación a la denuncia -no por los órganos oficiales del Ministerio Público ni por los servicios de seguridad sino por tres o cuatro individuos de un canal de televisión dedicados específicamente a construir un montaje que desencadenara un escándalo contra el Senador Lavandero-, se configura un sospechoso pacto conspirativo para socavar su prestigio y destruir su imagen política. Simplemente: el plan se lo conjura para ser capaz de silenciar definitivamente a ese “iluso”, que pretendía corregir los “ilegítimos abusos” de los poderosos. Lo demás correría por cuenta de los juristas: un fiscal, dos abogados y una jueza que, en extraña coherencia, infringieron las más elementales normas del proceso. Porque haber hecho calzar las fechas de las acciones imputadas para que cayeran bajo la competencia del nuevo sistema, sin que la edad de las víctimas sobrepasara los catorce años, y tampoco se alcanzara a cumplir la prescripción. Luego, presionar al denunciado para que renunciara al juicio oral, de modo que ninguna de estas artimañas quedase en evidencia; y además, inducirlo a que indemnizara con decenas de millones a los presuntos ofendidos -en circunstancias que siempre insistió en su inocencia- bajo el engañoso pronóstico de una pena insignificante, que se cumpliría en libertad y no lo inhabilitaría en su carrera política. Todo eso configura una desafiante colección de atropellos al “Derecho a la Justicia” consagrado en el art. 19 No 3 de la Constitución Política, aún vigente. Se trata, en fin, de tantas
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coincidencias infraccionales que resulta difícil atribuirlas a la coincidencia o al error- En otras palabras, parecen ser coherentes con el montaje extrajurídico, anterior a la denuncia y concebido como una tramitación prejudicial, que con mayor urgencia debía traducirse en condena. Pero todas esas irregularidades incomprensibles, ni siquiera son lo más grave de esa inconcebible sentencia dictada contra Jorge lavandero. Porque aun cuando fuera cierto que hubiera realizado los hechos físicos que se le atribuyen, con tres niños menores de 14 años, tales hechos no son constitutivos de los delitos de abuso sexual a menores que sancionan los arts. 336 bis y 336 ter. del Código Penal. En efecto, porque el abuso sexual contra menores, tipificado en esos artículos, exige perentoriamente que los “escarceos físicos que impliquen contacto corporal” requieren “relevancia” y “significación sexual”. Sin esos elementos específicos tales acciones físicas no constituyen delito. Ningún abogado medianamente responsable puede atribuir a cualquier contacto físico, entre adultos o entre adulto y un menor, el carácter de abuso deshonesto, sin que se acredite -más allá de cualquier duda- la manifiesta intención erótica y la trascendencia sexual de dicho contacto. Sin esa exigencia nadie se atrevería a poner una inyección intramuscular en la nalga, ni hacer respiración boca a boca a una persona menor de edad, porque el DERECHO ESCRITO -Ley, Reglamento, Sentencia o resolución judicial- debe interpretarse rigurosamente al tenor de su texto y de acuerdo con el significado de la ley o, en su defecto, el diccionario de la Real Academia de nuestro idioma le asigna.
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En el caso en cuestión, ni la palabra “Relevante” ni el término “Significativo”, están definidos en la Ley, en consecuencia -si hay dudasdebe revisarse el diccionario que dice lo siguiente: “Relevante: Sobresaliente, importante. Dícese: del rasgo significativo que tiene valor diferencial”. “Significativo: Que da a conocer o entender con propiedad una cosa o un hecho”. En consecuencia: -Una palmada en la nalga a una persona -que no se sabe si es menor de 14 años- cuya imagen televisiva, fundamentalmente sospechosa de ser un arreglo fotográfico, carece absolutamente del carácter de prueba en cuanto a su significación sexual, y también, de relevancia. A menos que los procesos judiciales se puedan resolver “por siaca” o porque “a lo mejor” , o porque “le tinca” al juez. Que un niño -no sabemos de qué edad- se meta en la cama de sus padres cuando están durmiendo juntos o aprestándose a dormir, es una decisión infantil que el 80% de las parejas humanas ha experimentado y que incluso, se acepta con agrado. Cuesta precisar si algunos de los tres usuarios del lecho agarró algo a algunos de los otros dos. Atribuirle a este episodio “significación sexual” o “relevancia”, linda con la deducción morbosa. Un beso o una caricia a un menor, aunque se repita todos los días, no conlleva en ese hecho físico reiterado, ilicitud alguna, porque la acción humana -que es el primero de los cuatro elementos genéricos
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que exige todo delito- siendo una expresión de voluntad requiere, para ser ilícita, un propósito, un móvil o una finalidad que estén específicamente penados por la ley. Agradezco a Jorge que me haya concedido esta opción para expresar los fundamentos de mi solidaridad con él, que ha soportado con admirable entereza la perversa difamación de que fue víctima y la incomprensible injusticia con la que fue acogida, por un reducido sector del poder judicial y del Ministerio Público. No lo hago en razón de mi amistad, sino en cumplimiento del deber que tenemos todos los abogados de impetrar justicia cada vez que tengamos conocimiento de que ha sido negada o infringida. Estuve informado del proceso desde sus comienzos: pero este relato de Jorge, que no solo exhibe un estilo literario desde la cárcel, poco común en la narrativa de un político encarcelado y sobre hechos tan dramáticamente increíbles, que me ha vuelto a poner al día, con todos los antecedentes que ha colocado metódicamente distribuidos a través de sus páginas, de la premeditada difamación con que se dañó los derechos esenciales para acallar su voz… Pero se equivocaron -estimado amigo-, porque no has perdido tu libertad de opinión y expresión; y conservas a muchos de tus más leales amigos, que -como nosotros- estamos dispuestos a jugarnos por la auténtica justicia, y por la libertad con igualdad, a la que has dedicado tu activa existencia.

Santiago, febrero 2010

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EXORDIO

El duro precio (o “el pago de Chile”) que he tenido que afrontar por sostener un sueño a lo largo de cincuenta años de vida pública, me empuja a escribir para que la opinión ciudadana tenga un juicio claro de lo que ha sido mi vida política. Es la historia de un Diputado elegido por el voto popular durante cuatro períodos consecutivos, de un Senador de la República electo por otros cuatro períodos, de un hombre que durante diecisiete años de dictadura luchó por recuperar la democracia, la libertad y la justicia social para Chile. He sido un hombre que, restablecido el derecho a voto en el país, protagonicé durísimos enfrentamientos con las empresas multinacionales del cobre, del oro y de la explotación de nuestros recursos naturales, enfrentamientos cuyo norte era la lucha contra la injusta distribución de los ingresos, como asimismo, el infame sistema previsional de las AFP. Estos temas, que animaron mi vida pública, han constituido para mí una razón cotidiana de vida, pero también son rescatados y abordados profusa y diligentemente por todos los protagonistas de la politiquería cuando llega el tiempo de las campañas electorales, casi como una gimnasia rutinaria. Pero ya sea por la falta de consistencia y convicción o por los tremendos intereses económicos que rondan la actividad política, las promesas hechas al pueblo quedan tan sólo en eso: Promesas.
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Por eso este exordio y esta dedicatoria necesaria que incluye a cuantos de manera directa o indirecta, para bien o para mal, me han rodeado a lo largo de mi trayectoria y han caminado por el sendero de los temas importantes que he mantenido. A los buenos y cercanos. Y también, a los otros: A los amigos y amigas que siempre confiaron en nuestras ideas y me apoyaron ayer, ahora y siempre. Gracias, a ellos les prometo: Soy inocente. A los que fueron mis amigos y dudaron: Los convoco a que tengan fe y esperanza porque: Soy inocente. A los que con una ambición ciega y una envidia perversa por mis ideas y mis campañas a lo largo de todo el país y que no dudaron en denigrar mi dimensión humana, política, social y económica, les digo que más temprano que tarde, tendrán que reconocer que siempre fui y Soy inocente. A los que me denostaron, los Piedradura, los Manipulamendariz, los Huenchujudas; a unos cuantos dirigentes políticos y a otros tantos ejecutivos de las multinacionales mineras, que sus conciencias los perdonen porque ante la mía, ante Dios y mi corazón: Soy inocente. A los magistrados grises y venales que se escabulleron de la justicia por timoratos, que no investigaron ni profundizaron en busca de la verdad. Cara a cara les digo: Soy inocente.

A los que amparados con todo el poder de la CNI en 17 años de dictadura atentaron contra mi vida y me investigaron hasta en los últimos detalles sin encontrar manchas; y los cuales finalmente lograron su pírrica victoria en tiempos de esta democracia imperfecta que padece Chile: Soy inocente. A los que me juzgaron en la calle como miembros de la “Santa Inquisición” y que buscaron lincharme sin pensar en lo que hacían: Soy inocente. A los que dijeron que me defendían, pero se vendieron por un plato de lentejas: Soy inocente. A aquellos medios de comunicación, que creyéndose dueños de la verdad absoluta, inventaron y construyeron una imagen falsa de mí sin testigos, pero con personajes de baja calaña y dudosa reputación, les digo: Soy inocente. Al canal de televisión que dice ser “católico”, que Dios lo recompense por sus mentiras, enredos, por sus absurdos montajes, por tratar de demostrar lo indemostrable, tras más de dos años de filmaciones clandestinas infructuosas: NADA ENCONTRARON porque ellos siempre lo supieron: Soy inocente. A los que me negaron un juicio justo, convalidando entre las sombras un acuerdo para ir a un procedimiento abreviado que ni siquiera conocí y que hasta hoy sigue oculto, de frente se los digo: Soy inocente.

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A los cientos de padres y niños que visitaron mi casa y quisieron presentarse espontáneamente al tribunal para dar fiel testimonio de mi inocencia y recibieron un portazo, les agradezco su infinito amor por mí y por la Justicia porque verdaderamente, Soy inocente. A los pobladores y campesinos que me conocieron desde niño y con los que construimos juntos sus hogares llenos de esperanza, les reafirmo con fuerza: Soy inocente. A los progresistas de mi país y de toda América Latina. Aquellos que en charlas, giras y seminarios compartimos nuestras ideas y propuestas para cambiar el alma de estas sociedades injustas: ¡Ánimo! No se puede tapar el sol con un dedo, la verdad asomará una mañana, porque Soy inocente. A los que se entregaron o sucumbieron bajo el peso de un capitalismo salvaje, un individualismo exacerbado y un mercado inhumano y despiadado, llegará el día en que mi grito -que hoy parece solitario- se transformará en una verdad incontrastable y entonces recordarán: Soy inocente.

INTRODUCCIÓN

Las palabras no pueden reemplazar la vida, pero volcarlas sobre el papel, en un libro, impide que la Historia y los recuerdos se disuelvan en el tiempo. Es mi posibilidad cierta de dejar constancia de los hechos y las actitudes que he mantenido frente a las distintas circunstancias que me ha tocado vivir. De allí la ansiedad por escribir. Tal vez a unos cuantos ya nos les importe mi injusta condena, pero a mí sí. Ahora y siempre, en la medida que la misma se sustenta en falsedades que me resultan simplemente inaceptables. Doy fe de algo esencial: Este libro, así como todos los antecedentes que contiene, es entera y absolutamente fiel a los hechos que narro. Algunos personajes secundarios, que aunque existieron con sus cúmulos de bajas pasiones y ambiciones por escalar en nuevas posiciones políticas o económicas, han escapado al juicio de la verdad. Y si lo han evitado, sólo fue posible gracias a la mala memoria colectiva, que les permitió incluso asumir como protagonistas de los hechos, casi como si hubiesen sido partícipes de ellos. En el ejercicio de la política he tocado muchas puertas y sé que herí muchos intereses; he caminado por distintos senderos estudiando
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miles de proyectos de ley y he investigado con tesón infinidad de escritos y antecedentes buscando las formas para hacer realidad la idea de un país más justo. Cantidades de papeles metidos en los lugares más recónditos me han ayudado a consolidar mi verdad. Son testigos muchos chilenos de la pasión que me ha animado para construir los sueños que, coherente con mis ideas, he perseguido a lo largo de toda mi vida con la honestidad por bandera. Lo que relato son algunos episodios que me han tocado vivir desde mi lejana adolescencia, imbuida por una escuela de pensamiento profundamente humanista que miraba por primera vez a los pobres y a los más necesitados. Ese fue el “ventarrón” que me empujó por los caminos de la justicia social y la búsqueda de una alternativa de futuro para los olvidados de la sociedad. Una opción de vida que comencé a recorrer junto con mi generación en la alborada de la fe y la esperanza. Sin temor a equivocarme puedo afirmar que he vivido sin vacilaciones y sin una sola tacha en mi hoja de vida. Y es mi secreto orgullo. Pero la desolación me arrasa al constatar que Chile está sujeto a una camisa de fuerza de un modelo social y económico muy alejado de los sueños primigenios. Los mismos que asomaban al comenzar mi juventud y que procuré mantener a lo largo de una extensa carrera política. Por eso, este camino ha sido abrupta e impensadamente doloroso y frustrante. ¡Qué poco logramos avanzar! Se ha sustituido el bien común, el hombre y la familia por un afán de lucro y un poder sin contrapeso para quienes lo detentan. Íntimamente me siento derrotado por la falta de principios y valores morales en una sociedad egoísta y sin escrúpulos.

RESUMIENDO LA HISTORIA Y LOS HECHOS

Medio siglo en la arena política me basta -bajo el alero de mis convicciones humanistas y cristianas- para relatarles situaciones vivenciadas; algunos episodios anómalos, detestables, chocantes, e irrepetibles: exilios, relegaciones, torturas, atentados, terrorismo, y la peor de todas, la que vivencié en el año 2004 cuando se me informó de la investigación que se llevaba a cabo en mi contra por los supuestos abusos deshonestos. Todos sabían de la investigación, menos yo. Todos hablaban del caso Spiniak en la Región de la Araucanía. No pude imaginar que mi vida iba a estar entrampada en una situación tan horrenda como esa. No sólo a mis cercanos los enlodaron con tan absurda acusación sino que a uno de mis secretarios lo apresaron, torturaron, lo violentaron psicológicamente, para hacerlo declarar en mi contra. Él dijo: “tendría que mentir para reconocer una mala actuación de Jorge Lavandero”. Desconcertado y estresado caí en el entrampamiento jurídico. Mi defensa, o la que parecía mi defensa, desde un comienzo, estuvo enmarcada en errores por desconocimiento y desinformación. La fiscalía no sólo me negaba los expedientes, los medios de comunicación día a día publicaban raudales de notas o “cuñas” que me
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perjudicaban, inclusive declaraciones inapropiadas de quienes se decían mis amigos, tal como lo fue Camilo Salvo. Según mi criterio, a seguir detallo algunos puntos que pueden ser comprobados en el expediente que Armendáriz descartó para llevarme a un abreviado y así puede darse cuenta cualquier abogado, sin que sea especialista en derecho procesal o penal, de cómo se convirtió en el juicio más viciado e injusto de la historia de este país: 1. Se hicieron coincidir las fechas en que supuestamente comenzaron los abusos deshonestos con el inicio de la Reforma Procesal Penal en la Novena Región como plan piloto, el 16 de diciembre del año 2000. No cabe la menor duda que Armendáriz construye un montaje, por ejemplo: cuando solicita las interceptaciones telefónicas y el registro de las llamadas entrantes y salientes desde los teléfonos de los niños e inclusive del mío, lo hace sólo a partir del 16 de diciembre del año 2000, haciendo coincidir las diligencias con las fechas en que se instala en Temuco el Procedimiento Procesal Penal nuevo. Es decir, estaba montando el escenario a partir de una fecha en que se comenzarían a cometer especulativamente los supuestos delitos que le permitirían preconcebidamente a él manejar el juicio y de esta manera evitar que el juicio fuera llevado por los jueces antiguos, procedimientos en los que él no jugaba ningún papel. Esto en buen romance significó adaptar los supuestos delitos a las fechas escogidas por él, descartando así a los jueces correspondientes para que el proceso cayese en una jueza de garantía, doña Georgina Gutiérrez. Esa era la única manera, sí o sí, de armar el proceso para obtener, a como diese lugar,

una sentencia condenatoria. Esto le gustó a Armendáriz porque la juez Gutiérrez se lo aceptó 2 . Más tarde, cuando jurase como fiscal de la zona oriente de Santiago, pretendería hacer lo mismo con varios casos, pero allí los jueces fueron “de garantía” y le rechazaron los procesos a Armendáriz por lo absurdo e ilegal de ese tipo de procedimientos. 2. Pese a la ley, y sin que nadie lo supiera, fue invadida mi privacidad y fueron intervenidos todos mis teléfonos, grabando además, las llamadas con mis abogados, Senadores y Ministros de Estado, incluso antes de que se formalizara la investigación en mi contra, incluyendo mi desafuero. 3. Durante el año 2004, y después que tres fiscales me investigaron sin encontrar ningún argumento, situación o denuncia, procedieron a archivar el caso. A continuación, el Fiscal Nacional nombró a Armendáriz, procediendo a abrir un sumario en contra de todos los que habían participado en la investigación anterior y consiguientemente los sancionó, junto con remover a la Fiscal Regional Sra. Esmirna Vidal. 4. Curiosamente, el fiscal nombrado por Guillermo Piedrabuena el 29 de octubre del año 2004, Xavier Armendáriz, sin siquiera haber jurado como tal (ya que a él le correspondía ejercer en la Región Metropolitana a partir de junio del año 2005), a tres días de haber asumido mi caso ya había obtenido gran parte de las declaraciones que se obtuvieron y construyeron en mi contra, ya que ninguno de los
2 Oficios reservados Nº 1525/04/KG. 09-11-2004, causa RUC Nº 0400157898-2, RIT Nº 4150-2004.

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niños y sus familias había realizado una denuncia contra mí y éste fiscal, valiéndose de quizás qué subterfugios, lo logra en menos de 4 días con la “ayuda” del periodista de canal 13 Emilio Sutherland. 5. En el nuevo sistema procesal, la defensa tiene derecho a conocer el expediente. Al solicitarlo una y otra vez, y después de negarlo en reiteradas ocasiones, éste se nos entregó ocultando información que era sumamente importante para conocer al menos las acusaciones, como también para la solicitud de diligencias oportunas. 6. El fiscal entregaba día tras día, a algunos medios de comunicación, escritos y numerosas declaraciones injuriosas, no probadas y en contra del debido proceso, inclusive cuando la investigación era secreta, con el propósito sólo de aumentar mi desprestigio y restar credibilidad a mis palabras que buscaban demostrar mi inocencia. Esto se sumó a mi indefensión ya que la campaña publicitaria en mi contra fue colosal, que no permitió a los jueces de la Corte de Apelaciones y de la Suprema anular el juicio abreviado y votar con objetividad, es decir, apegados al derecho. 7. Los Fiscales y el abogado defensor de las supuestas víctimas, contratado por la fiscalía, a través de los medios de comunicación y sirviéndose de la construcción del montaje del programa Contacto, recorrieron la Novena Región buscando personas que habían estado en mi parcela para que declarasen en mi contra, por supuesto sin resultado favorable para ellos. Como no logró ninguna declaración en contra fuera de las que fue a obtener a la casa de esas dos familias a las que públicamente se les ofreció previamente dineros hasta por los diarios: Nadie sabe por qué, ni lo censuró la juez de garantía para
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evitar el fracaso de la investigación, dejaron en Santiago un “libro abierto” para que todos mis detractores políticos, enemigos, adversarios, discrepantes de mis luchas e ideas políticas, pudieran utilizarlos como “testigos de contexto”, pese a la ilegalidad de esto, ya que nunca se había hecho una denuncia y/o constancia en mi contra al respecto o por otra causa. Tal como lo afirmó en un comunicado de prensa, en marzo del 2005, el secretario de la Corte Suprema al señalar: que no existía ningún tipo de denuncia en mi contra de ninguna naturaleza, desacreditando totalmente las personas que dicen haber sido abusadas deshonestamente por mí hace más de 30 años. Talvez esto es una de las cosas más insólitas que ha ocurrido a vista y paciencia de los tribunales de justicia. Sacar como testigos de contexto a cualquier adversario político o económico que alguna vez yo lo hubiese molestado con mis investigaciones o denuncias. Esto es lo más parecido a un linchamiento, que lo puedan juzgar por decires, rumores sin fundamento ni denuncia en su momento, pero esto tenía un fin para Armendáriz, destruir mi imagen pública con calumnias o injurias. Así nacieron los testigos de contextos, figura creada bajo los peores argumentos de la ilegalidad, entre ellos el resentimiento de Clara Szcharansky y su hijo. Nunca una denuncia, ella abogado, enviándome cartas de “querido Jorge”, con negocios de por medio. O a lo mejor pudo ser la exigencia continua para que actuase como Presidente del Consejo de Defensa del Estado y en la protección de nuestra principal riqueza, nuestro cobre, eludió defender al Estado como era su deber, y en vez de eso se sumó a los testigos de contexto de Armendáriz, sin ninguna denuncia en su momento y aunque así hubiese sido, con hechos prescritos por la ley, nadie se puede defender y menos si no hay una denuncia. Ella como abogado tenía que saber que estaba infringiendo la ley. Claro, después el asunto
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quedó marginado judicialmente y de nada le sirvió a Armendáriz estos supuestos “testigos de contexto”, engendro jurídico, una aberración gigantesca, pero hecha sibilinamente, para aumentar con la prensa, la animosidad y morbo en mi contra hasta lograr el linchamiento público de mi imagen. 8. Por consejo de algunas personas, se llamó a Susana Pedroza, la famosa sicóloga internacional que atendía en Buenos Aires a las Madres de Mayo y a niños abusados. Antes de aceptar mi caso, solicitó los videos y declaraciones de los niños involucrados en la acusación en mi contra, dijo que estaba en juego su prestigio profesional, por eso ella quería conocer previamente los antecedentes antes de aceptar el caso. Se le enviaron los informes solicitados, donde sin haber revisado nosotros los videos con anterioridad, ya que se nos entregaron casi cuando finalizó la investigación, nos señala que las grabaciones (con formato DVD) estaban ininteligibles, siendo éstos los mismos que había utilizado Jorge Barudi para realizar una pericia que le costó una alta suma de dinero al Ministerio Público. En tanto, los videos fueron llevados, en Argentina, a un experto en el tema, el cual llegó a la conclusión, para sorpresa de todos, que estaban adulterados y con sonidos introducidos intencionalmente. Luego de limpiarlos e intentar sacarle los sonidos, Susana Pedroza al estudiarlos concluyó, entre otras cosas, que “las declaraciones de los menores ante algunos psicólogos, filmadas a través de una sala espejo, eran absolutamente distintas a las declaraciones tomadas por los fiscales, y después de revisar y comparar unas con otras, concluye que los niños fueron “inducidos” y las transcripciones de los videos “adulteradas”.

Esta famosa sicóloga, después de haber revisado los informes enviados y videos, aceptó sin reproches trabajar en mi caso, en tanto realizó un extenso informe que contradice totalmente el que había hecho Jorge Barudi con esos mismos videos y trascripciones adulteradas y que sin haber siquiera entrevistado a los niños o a mí, concluye que yo era culpable y por ende un peligro para la sociedad. Con estas conclusiones se hizo famoso, a través de los medios de comunicación, ya que Armendáriz con profusión lo repartió a todos los medios de prensa, sin embargo, pese a todo el show instalado en la opinión pública, la Corte de Apelaciones de Temuco rechazó su presentación, pero ya el daño a mi imagen estaba hecho, y nada pudo revertir que yo haya sido enjuiciado y condenado y, para decirlo más claro, virtualmente linchado por la opinión pública a través de los medios de comunicación, con toda la orquestación que realizó el periodista Sutherland y Armendáriz. En definitiva la presunción de inocencia jamás se me respetó, ni menos el debido proceso. 9. Los medios de comunicación, como ya se ha dicho, y su rol fundamental para mi enjuiciamiento público, exhibieron a las familias que me acusaron como familias ejemplares, y así lo trató de publicar siempre Armendáriz y sus aliados, omitiendo que todos sus integrantes tenían malos antecedentes, sobre todo antecedentes penales y que existían condenas por robo con violencia, por violación, incluso una de las “niñas”, supuestamente abusadas por mí, fue violada por su vecino, que al parecer era portador de una enfermedad venérea; “condiloma humano”. Esta misma niña reconoce en el expediente, ante Xavier Armendáriz, que mantuvo relaciones incestuosas con su hermano. Este, peor aún, y según el Servicio Médico Legal, también contagiado con la misma enfermedad venérea de la hermana.
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La otra hermana menor también presentaba antecedentes de abuso sexual ocasionado por un profesor de su escuela, el cual fue condenado a tres años y un día, por no someterse a los requerimientos de la madre, la que pedía, para retirar la acusación en su contra, una determinada suma de dinero, la cual no fue pagada y por ende, el profesor fue condenado por la justicia. 10. Ninguno de los declarantes en el expediente señala fecha y hora con precisión, de los supuestos abusos, en tanto todo acto para que se convierta en delito, además del dolo o intención, precisan de un día, hora y lugar. No existen los delitos al voleo. 11. Tras la detallada y constante búsqueda de “pruebas” para condenarme, entre ellas: la revisión completa de mis domicilios, incautación de pertenencias, interferencia en la totalidad de mis teléfonos, grabando la totalidad de mis llamadas telefónicas, etc., nada pudieron encontrar y por ende “la prueba malévola” debieron construirla: “una serie de declaraciones que se contradicen entre sí”, inclusive sin el consentimiento de los propios peritos de la fiscalía, muchos de ellos particulares, que aconsejaban no reinterrogar a las supuestas víctimas. Armendáriz nunca tuvo una prueba. No había día, fecha o circunstancia. Buscó el único camino para lograr una sentencia sin pruebas: el juicio abreviado. Este también lo obtuvo de manera fraudulenta, amañándolo a mis espaldas desde abril del año 2005 para concretizarlo en un contubernio con el abogado Matías Balmaceda meses más tarde. La prueba más fehaciente de que yo no aceptaba el juicio abreviado fueron las declaraciones a la prensa clamando mi
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inocencia e informando de las presiones en la propia audiencia. Yo no aceptaba el juicio abreviado acordado entre él y Armendáriz. En tanto, Balmaceda, presionado por anular el acuerdo privado al que había llegado, prefirió renunciar al patrocinio y abandonar el juicio sin pedir su nulidad. 3 No hay mayor indefensión que cambiar de abogado en medio de un proceso y así entraron a tallar Reynerio y Morgado. Después, cuando mi ex abogado Matías Balmaceda me fue a visitar a la cárcel, me contaría que fue un trato personal con este fiscal Armendáriz. Cuando éste se enteró de que había cambiado de abogado, según me lo relató Balmaceda, el fiscal se sintió autorizado para apelar de su propio acuerdo, y que el actuar de Armendáriz, Julián López y de la Juez Georgina Gutiérrez, en la audiencia del juicio abreviado, había sido un show para la televisión, tal como en su momento lo había señalado, y lo relató nuevamente en la CAS que: “antes de la audiencia del juicio abreviado ya todo estaba arreglado con antelación”. Cabe recordar que para el día del juicio abreviado estaba fijada la audiencia “de preparación de juicio oral”, sin embargo nadie, ni ningún medio de comunicación se imaginaba que aquel día pasaría a la historia de nuestro país, como el día en que se consolidó un acuerdo, el más injusto y viciado de todos, cuya demostración está en las propias palabras de Balmaceda ante la periodista Montserrat Álvarez de TVN, el que señala aquella noche que “estratégicamente le había
3 María Inés Horvitz, que es socia en el estudio jurídico del abogado Julián López, designado para los niños por Armendáriz, en su libro plantea que el “juicio abreviado” es un procedimiento cuya legitimación radica “en el consentimiento libre e informado del imputado, esto es, cuando el imputado acepta este procedimiento especial con pleno conocimiento de la renuncia de su derecho al juicio y se halla ausente toda coacción. Por ello, en mi opinión, el consentimiento abreviado es retractable, pues el derecho al juicio siempre debe prevalecer.”

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mentido a la juez de Garantía ya que su cliente era inocente”. Estas palabras cobran relevancia para el colegio de abogados, ya que según Balmaceda, recibió un llamado de su presidente ordenándole “guardar silencio” o de lo contrario debía someterse a una amonestación. El juicio abreviado es cómodo para un fiscal porque puede lograr, en algunos casos, condenar sin pruebas, más si el o la juez(a) de garantía no es experto/a o, peor aún, si está presente en la ilegalidad comprometida. En definitiva no tuve juicio oral, tampoco abreviado, ni juez de garantía que garantizara mis derechos, sólo una sentencia condenatoria al margen de un debido proceso. ¿Dónde quedan mis derechos elementales como cualquier ciudadano?, ¿dónde quedó mi presunción de inocencia? ¿Acaso el actuar de la juez no es prevaricación, al estar sometida a un acuerdo que se promulgó sin mi conocimiento y consentimiento? 4

El lector de este libro, como persona consciente y razonable, debe saber que para que exista un juicio abreviado, el delito debe estar tipificado con una pena inferior a los 5 años, y dependerá de un acuerdo entre el fiscal y el abogado defensor, cuyo acuerdo debe estar avalado por el juez de garantía, ya que se deben cumplir con los requisitos exigentes en el Código Procesal Penal, entre ellos el que la juez tenga la plena certeza de que el imputado conoce el expediente y que “acepta libre y espontáneamente” y de manera indubitada el acuerdo al que se ha llegado, como también que no se ha ejercido presión alguna sobre el imputado, incluyendo la de terceros. Como se pudo demostrar, ninguno de estos hechos fue acreditado por la juez; es más, se debe tener la certeza de no estar consumiendo algún tipo de estupefaciente y/o bebida alcohólica. Cualquiera de estos requisitos violados invalida de forma tajante el juicio abreviado. sólo el Fiscal mediante un acuerdo y si no existe un acuerdo, no hay juicio abreviado. 12. Volviendo atrás, a través de las empresas de telefonía, se pudo comprobar los cientos de llamados provenientes de las dos familias que me acusaron, los cuales se habían hecho a mi casa de Metrenco, celular y oficina, todas solicitadas por el mismo fiscal Armendáriz, como así mismo mis cartas de reclamos a Telefónica Chile, ya que al haber una contestadora automática en mi casa, las llamadas de cobro revertido eran aceptadas sin que yo estuviera en la parcela, engrosando enormemente mi cuenta mes a mes. A partir de los listados adjuntos en el expediente, se puede deducir que el 99,9% de los cruces de llamados entre mi casa y la de los niños eran provenientes de ellos mismos, incluyendo los días y horas en que yo no me encontraba en la parcela y oficina, mientras que desde mi celular sólo
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4 Lavandero pidió anular juicio abreviado y retomar proceso oral fuente: http://www.cooperativa.cl/p4_noticias/site/artic/20050625/pags/20050625125616.html La nueva defensa del desaforado senador argumentó que no se han respetado los derechos constitucionales del imputado, quien este sábado sería sentenciado por cuatro casos de abuso reiterado de menores. La nueva defensa del desaforado senador Jorge Lavandero solicitó a la jueza de garantía de Temuco, Georgina Gutiérrez, que se anule el proceso abreviado que culminó con la declaración de culpabilidad en contra del parlamentario, por cuatro casos de abuso reiterado de menores. Los abogados presentaron un escrito ante el Tribunal de Garantía de Temuco, en el que aluden al artículo 10 del Código Procesal Penal, titulado Cautelas de Garantía, en el que señala que en cualquier etapa del procedimiento en que el juez de garantía estime que el imputado no está en condiciones de ejercer los derechos que le otorgan las garantías constitucionales, adoptará las medidas necesarias para permitir dicho ejercicio. La defensa del parlamentario pidió a la jueza que cite a una nueva audiencia, antes de dictar sentencia condenatoria, para debatir si se retomará el juicio oral. El fiscal Xavier Armendáriz rechazó el recurso de nulidad y solicitó a la magistrada que no se acepte la petición. En resguardo de los derechos constitucionales de Lavandero, sus abogados pidieron a la magistrada que se realice un juicio oral.

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se cursó una llamada en contestación a otra, equivalente al 0,1% del total de los cruces de llamados. La juez y el fiscal debieron haberse dado cuenta que el acosado fui yo y no al revés, y no debió oponerse a que se realizaran otras diligencias de este tipo, como insistentemente se lo solicitamos, como por ejemplo los llamados telefónicos de Emilio Sutherland a los niños utilizados para la acusación en mi contra, como también a los supuestos testigos que se utilizaron en canal 13. 13. En relación con mi patrimonio y mi indefensión, a través de una medida precautoria se me embargaron todos mis bienes y cuentas. Al punto que no tenía dinero disponible ni para pagar un abogado, donde debí dejar en garantía a Matías Balmaceda, el departamento que le había comprado a Clara Szcharansky y a su marido, el ex cura del Colegio San Ignacio, señor Hevia, por un apuro económico que atravesaban, cuyo departamento, en forma muy anómala, y después de terminado el juicio, estando yo en la Cárcel, Balmaceda se transfirió a su nombre, porque según él yo le adeudaba una fuerte suma de dinero, ya que el cobro que él realizó era como haber terminado en un juicio oral. 14. En plena preparación del juicio oral, se desarrolló el juicio abreviado, donde Matías Balmaceda debió ir a buscarme a mi departamento en Temuco para acudir a éste. Al llegar a la sala me informa la juez de garantía, doña Georgina Gutiérrez, que debía pagar una indemnización de 150 millones, para lo cual suspende la sesión y levanta el embargo que yacía sobre mis bienes por más de 5 meses consecutivos, y me conmina a retirar ese dinero con un vale vista para ponerlo a disposición del tribunal, equivalente al 50% de
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la indemnización por ella ya acordada, mientras que por el resto del dinero me hizo firmar un cheque a fecha, seguramente en acuerdo con el abogado Julián López. En otras palabras, antes de ser sentenciado, yo estaba siendo notificado anticipadamente que sería condenado. La jueza, con esto, sabía en forma prematura que me condenaría, si no ¿cómo me obliga a pagar indemnización antes de la finalización del juicio? Y en este absurdo, ¿si al final del juicio de fondo, ella hubiese tenido que declararme inocente, cómo justificaría esa indemnización anticipada? 15. El Canal Católico estuvo más de dos años, comprobadamente, hurgando vanamente, con filmaciones de mi vida privada que, al ser divulgadas, lo convertiría en culpable de un delito flagrante, violación al artículo 161-A. Frente a la frustración de no haber encontrado nada por tan largo tiempo, el periodista Sutherland programó un montaje coludido con la cuidadora de mi parcela de Metrenco y una de las niñas que posteriormente declararía en mi contra ante el fiscal Aramendáriz. La ocasión era propicia, se trataba de un 19 de diciembre antes de la navidad. Le pidieron a la niña que telefonease al supuesto abusador y que fuese a mi casa, con el pretexto de entregarme un regalo, una muñeca . supuestamente fabricada por ella, y aun cuando tenía otros compromisos, nos vimos obligados, con mi secretario, a detener el auto para recibir el regalo. Ahí ingenuamente caí en la trampa ya que sin tener con qué retribuirle la invité a almorzar. A las 3PM, una vez que terminaron de servirnos el almuerzo, le señalé que debía volver a Temuco para cumplir compromisos en la oficina. Al salir, Ivonne me dijo que quería pasar por delante de la casa frente al río. “Está bien” dije, sin imaginar que todo estaba
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preparado, por el canal 13, con un autor intelectual en Santiago y el autor físico de la jugada, Sutherland, filmando el montaje frente a mi parcela, que en ningún caso tenía nada de particular, ni menos delictual, aun cuando hubiese sido efectiva, y no trabajada, una palmada en el trasero de una niña vestida, a las 3 de la tarde. Ese fue el montaje que mostró con caracteres sórdidos el canal 13 para salvar 2 años de filmaciones con enormes sumas gastadas, sin lograr nunca nada extraño ni consistente que exhibir. 16. Al canal que tanto empeño y por tanto tiempo buscó destruirme, la suerte no le fue favorable. Una de las primeras niñas que había utilizado Armendáriz para incriminarme de abusos deshonestos o vejaciones, Andrea Chávez Ulloa, fue violada por el camarógrafo de canal 13, Raúl Castillo. Producto de esas relaciones sexuales, tuvo una hija bautizada Belén. El hechizo se volvió contra el hechicero… Estos hechos transcurrieron durante el juicio, pero Armendáriz se hizo el sordo frente a estos hechos, más graves aun de los que él que me imputaba. 17. En este caso hay hechos increíbles. Dos niños que fueron utilizados por Armendáriz en mi contra, hicieron declaraciones categóricas que fueron publicadas en el diario Austral, afirmando que Armendáriz le había pagado a uno para inculparme y el otro afirmaría públicamente que “este era un negocio por plata de su madre con Armendáriz”. ¡No puede ser!, Dirá algún lector. Así fue y estas declaraciones están protocolizadas ante notario. Lo increíble es que Armendáriz no respondió ni se querelló en contra de los niños, ni menos en contra mía para mantener su honra a salvo.

18. Ante los peritos los niños declararon haber comenzado a visitar mi parcela en tiempos de la campaña política, es decir 1999, y no como afirmara Armendáriz, que ellos fueron a partir del 16 de diciembre del año 2000. Se cambió artificialmente y en forma mañosa, la fecha o época en la que estos menores habían ido por primera vez a Metrenco, puesto que esa fecha determina si el juicio se inicia en el antiguo y secreto, o en el nuevo y público procedimiento penal, con él incluido. En las declaraciones del 3 de noviembre de 2004, los menores aparecen, inducidos por Armendáriz, señalando que se encontraban en mi casa de Metrenco, casi todos los fines de semana o semana por medio, generalmente los sábados o domingos. Casi todos los fines de semana era algo que al fiscal Armendáriz le interesaba destacar, como delitos reiterados, respecto a mi supuesta perversidad y a lo continuado de mis supuestos abusos, pero resulta que todo ello es desmentido por el informe de Lan Chile, sobre mis viajes a Temuco, solicitado por el mismo fiscal Armendáriz. En el informe de LAN se puede constatar que, entre el año 2001 y el 2003, había períodos en que durante meses yo no viajaba a Temuco, y ello se debía a que los fines de semana tenía charlas, presentaciones de mis últimos libros o foros sobre el cobre en diferentes ciudades del país o en Santiago, y por ello casi no viajaba a Temuco, situación que al parecer desconocía el fiscal Armendáriz. Pero lo más importante de todo, es que el informe de LAN desmiente las declaraciones “de los menores” de noviembre del 2004, al constatarse que entre el 2001 y fines del 2003, las veces que viajé a Temuco, lo hacía los jueves por la tarde y regresaba a Santiago los viernes o a más tardar
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los días sábados después de mediodía, y no podía entonces haber estado casi todos los sábados y domingos como se lee en las inducidas declaraciones de los menores, del 3 de noviembre del año 2004, ante el fiscal Armendáriz. 19. Otro de los antecedentes importantes que demuestran lo viciado del proceso llevado en mi contra, desde el inicio hasta cuando estuve en la Cárcel de Alta Seguridad, son las reuniones de fiscales, la directora regional del Sename Blanca Beraud, y Alfredo Bañados, complotando impúdicamente en mi contra, a altas horas de la noche en casa del que es hoy Director Nacional de Gendarmería de Chile, es decir don Alfredo Bañados, el mismo que una y otra vez se negaría años más tarde a otorgarme el beneficio de libertad que me correspondía. 20. Me querellé contra el Canal 13 por romper mi privacidad, filmando durante dos años sin mi autorización. La vecina del frente desde donde filmaron también se querelló por los daños que le hicieron en su propiedad, incluso aterrizando sin autorización hasta en helicóptero. Pero Armendáriz simuló una investigación en contra del canal 13 para, según él, “defenderme” de la comisión de un delito. Este fiscal que me acusaba de delitos deshonestos con una mano, con la otra quería “defenderme”, y fue a la Corte de Apelaciones de Santiago a solicitarle al Juez Rocha, a cargo de mi querella en contra del canal 13, que se inhabilitara, llevándose mi querella para Temuco y a su cargo, porque él quería “defenderme”. Insólito, y lo logró a su manera: El ministro Rocha se inhabilitó. Tanto el juicio mío como el de la vecina “murieron”, sin ninguna formalización. ¿Qué clase de justicia es la que permite que un fiscal, no sólo acuse con
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una mano y con la otra no sólo simule una defensa para evitarle un juicio al canal 13, sino, lo más grave, para hacer morir y ocultar los principales hechos que públicamente se utilizaron y que constituyen toda la fuente del montaje utilizado en mi contra? 21. Finalmente, para demostrar lo escandaloso de los procedimientos utilizados, debo señalar que el locuaz fiscal Armendáriz, que ante la prensa insistía majaderamente que tenía las pruebas suficientes para encausarme y condenarme, busca y consigue descartar el juicio oral, porque no tenía pruebas para sostenerlo, y se acoge a un juicio abreviado, ofreciendo desesperadamente un acuerdo que no cumple, que apela de él y que de manera absolutamente insólita llega hasta la propia Corte Suprema a alegar, para sostener lo único que podía darle una sentencia condenatoria sin pruebas, el juicio abreviado. En la Corte Suprema sólo se alegan problemas de derecho, pero él exhibió sólo los artículos de prensa que él mismo difundió en los medios de comunicación y por cierto sobre hechos no probados. ¿Pero por qué? A lo mejor diciéndoles que si la opinión pública tenía un juicio formado a través de la prensa, que nadie se atreviese a contradecirla. Lo que dijo El Ministro Sr. Chaigneau fue premonitorio: “… para qué lo juzgamos nosotros si ya ustedes lo han hecho…”, refiriéndose a la prensa. La verdad de todo esto es que sólo fue una parodia de juicio, tal como se ha señalado por diversas facultades de Derecho, cuando se ha estudiado mi caso. Esto de por sí constituye un pequeño resumen de algunas, no todas, las arbitrariedades que se cometieron en mi contra. Cualquier tribunal no sólo me habría absuelto sino -al revés- habría condenado a fiscales, juezas, abogados, periodistas y canales de televisión
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por varios delitos. No es por nada que facultades de Derecho de distintas Universidades, en el estudio de este expediente han llegado a la conclusión de que los procedimientos llevados por el Ministerio Público constituyen una aberración jurídica. ¿Qué puede hacer un ser humano cuando se le han cerrado hábilmente todos los caminos para limpiar su nombre de acusaciones y montajes? Hay mucho más por decir. Soy la persona que durante más tiempo ha participado en política activa, con personajes como Ibáñez, Alessandri, Frei Montalva, Allende, Pinochet y su larga dictadura, Aylwin, Frei Ruiz-Tagle y Lagos. Todo tiene un precio, incluyendo la cárcel de alta seguridad, donde fui llevado. Como hombre político he vivido hechos trágicos, divertidos, muy profundos y serios, con anécdotas muchas de ellas nunca divulgadas.

Las recomendaciones del abogado Reynerio

Era un día frío y el cielo estaba cubierto por gruesos nubarrones. En el departamento que había arrendado en Temuco para soportar los últimos pasos del juicio, esperábamos la notificación de la sentencia que me había condenado en un malicioso juicio abreviado. Reynerio, mi abogado, era partidario de presentarnos sin esperar a que Gendarmería me viniese a buscar para comenzar a cumplir mi condena. Estuve de acuerdo con él y a pesar de la enorme sensación de angustia nos dirigimos al juzgado de Garantía para ser llevado a la cárcel de Temuco”. Al llegar, comenzó el fichaje seguido por una reunión con la Alcaide, el subdirector y otro oficial para explicarme las reglas internas del recinto. Fueron muy cordiales, amables y comprensivos. Me entregaron un dormitorio grande, muy especial, dentro de la pobreza y desaseo en este tipo de locales. Informados con antelación, pareciera que lo habían estado preparando. ¡Era tan grande que podían entrar mi cama y el pequeño living del departamento de Temuco! Acomodé las pocas cosas que pude llevar y en medio del ensimismamiento, un abogado del despacho de Morgado, Ignacio de la Barra, me hablaba de cosas que no lograba entender cabalmente.
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Creo que me señalaba que no habían dejado entrar a Natalia y Axel y que ambos estaban muy angustiados y desesperados en las afueras de este recinto. ¡Fue un momento terrible! Las conversaciones brevísimas con monosílabos en todas las direcciones. La angustia -tan espesa- parecía subir desde las frías baldosas, metiéndose por entre el pantalón con una humedad fría y pegajosa que se colaba hasta los huesos y llenaba todos los espacios. Sentía un vacío muy profundo en el estómago. ¿Por qué esa sensación tan horrible, si antes había estado en la cárcel muchas veces? Pero ahora era distinto. Me encontraba encarcelado no sólo por un delito que no había cometido sino por algo infamante, que desmoronaba mi honra y mi vida y la esperanza de mirar cada día y cada mañana con una tarea por cumplir”. Me daba cuenta de que, de allí en adelante, sólo tendría días de sufrimiento y dolor. No imaginé que alguien estuviese además pensando en hacerla más aflictiva. Y eso también se logró. Al poco rato de haber ingresado, seguramente entre consultas y cavilaciones, llegó la orden para trasladarme en la noche a Santiago, a una cárcel de alta seguridad donde estaban los delincuentes más peligrosos del país. Estaba asustado y adolorido. La brusca depresión me tenía convertido en un sonámbulo. El Jorge Lavandero que era ya no existía y desaparecía en medio de las sombras de la noche.

Arrastrando los pies subí al viejo carromato de gendarmería y entre saltos y vaivenes del camino, me encontré viajando a la morada que sería mi cárcel y tortura, por los cinco años de condena. En ese furgón, uno de los tres gendarmes que me acompañó hasta el relevo en Talca, me distrajo acortando el trayecto. Dijo que su familia y, especialmente su padre, siempre habían votado por mí. Así iniciamos una pequeña conversación que fue muy esclarecedora porque por fin comenzaba a comprender -en parte- lo que hasta ese momento era un misterio. Entre barquinazos y barquinazos en el desvencijado vehículo, ese gendarme me preguntó por qué cambié de abogado, de un Balmaceda a un García de la Pastora y a un Morgado. Le expliqué que Balmaceda me había llevado a un juicio abreviado, presionándome y en contra de mi voluntad, aun cuando yo tenía el propósito de soportar el juicio oral, pese a toda la campaña demoledora de la mayoría de los medios de comunicación”. Fue en aquel momento en que me dejó perplejo lo que más adelante relató el gendarme. Perplejidad y sorpresa que, estoy seguro, llegará a muchos que no conocieron los vericuetos y el teje y maneje tan oscuro del proceso. La mayoría de la gente conoce tal vez lo que se dijo en los medios de comunicación, a partir de ese oscuro reportaje que transmitió el canal 13. Investigaron más de dos años para no encontrar nada. Tendenciosamente juntaron imágenes con sonidos especiales, luces aterrorizadoras, para exhibir a una niña -enteramente vestida- caminando delante del río Quepe. En una imagen captada a la distancia, supuestamente le daba una palmada a esa niña en el trasero. Hasta
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comienzos de siglo, no parecía grave darle una palmada a una persona, como ocurre cariñosamente a diario. Era todo y lo único que tenían, y había que dramatizarlo para la audiencia del programa televisivo. Se le agregaron otras tomas, personas, comentarios en que, subliminalmente, se empujaba al espectador a acribillar profundamente la imagen de un hombre público. El gendarme, ante los pocos y con más confianza de sus colegas, no dudó en explayarse. Me dijo que había sido un error cambiar de abogado. Él había estado presente cuando se tomó el acuerdo para el juicio abreviado. - “Estaba al lado de la puerta de la oficina de la Jueza y pude escuchar a todos los asistentes”. Estaban allí Matías Balmaceda, Julián López, Xavier Armendáriz y la jueza en cuestión. Se acordó ir al juicio abreviado con una pena de tres años y Armendáriz no apelaría. Salvo Balmaceda, que lo haría para rebajar la pena a menos de 541 días, porque se trataba de un delito menor y en tanto yo continuaría en mi cargo como Senador. Escuché atónito. Y no sospeché que hubiese sido así. Nunca supe el acuerdo hasta ese momento. Y si lo hubiese sabido en su totalidad, hubiese dudado en aceptarlo, por más que aparecía conveniente desde el punto de vista procesal. A ningún adversario político, por más encarnizado que hubiese sido conmigo, creo que le hubiese deseado lo mismo que me estaba ocurriendo. Fue el primer choque de la pesadilla en tiempo real que comenzaba a vivir.

En las horas, meses y años siguientes, fui desmenuzando diversas etapas de mi vida, con la fuerza de los años jóvenes o la convicción ya asentada por la larga experiencia política adquirida a través de los gobiernos de más de siete presidentes de Chile, personajes con los cuales tuve que compartir o disentir en problemas y soluciones. Pero en definitiva, será una historia más desapasionada que la actual la que tendrá que hacer un balance de este período en que he vivido, para examinar si mis actos fueron útiles al país. El viaje fue largo y tedioso. Cuando iban trascurriendo los minutos y las horas, iban pasando por mi mente las distintas etapas de mi vida, deteniéndome en las encrucijadas, repasando los acontecimientos desde mi juventud hasta este incierto momento en que me encaminaba hacia una cárcel de alta seguridad. Lejos de todos mis amigos y de mis ideales de siempre. Sabía que la gente de mi región y del país, que tantas veces recorrí pueblo a pueblo, me conocía. Esas familias que eran parte de mi vida y yo de las suyas, me acompañaron. Abuelos, madres, padres, nietos cuyas vidas conozco en detalle tal como ellos conocían la mía. ¿Cómo decirles que no les fallé? ¿Cómo hacerles comprender y explicarles que lo que estaba ocurriendo sólo era un montaje? Me alejaba de mi Región, distanciándome de tantas personas, que me parecía peor que la cárcel a la cual me llevaban en ese frío e inhóspito carromato de gendarmería. Confiaba en que muchos, en silencio y sin poder expresarse, querían decirme que mantenían su credibilidad en mí. Unos pocos, pero tenaces y poderosos, a toda costa querían hacerme aparecer como un criminal.

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LA CAS

Con el sol alumbrando en la mitad del patio J Sur, a las 5:30 de la tarde de un día caluroso, comienza la cuenta de rutina. Cada mañana y cada tarde se repite el monótono ritual en la Cárcel de Alta Seguridad (CAS). - Uno -dice Toño contra la pared y delante de un cabo. - Dos -agrega Carlos. - Tres -sigo yo, con algo de timidez. Sergio dice cuatro, Gustavo cinco y Guzmán seis. Ha terminado el día en nuestro patio de la Cárcel de Alta Seguridad. - ¡Nos falta alguien! -digo yo. Se trata de Héctor Antonio, a quien mandaron anticipadamente al block dormitorio. Héctor fue intervenido en el hospital de la unidad penitenciaria y a raíz de una infección post-operatoria terminó de nuevo en el quirófano, pero esta vez, a costa de la extirpación de uno de sus riñones. Hace un mes y medio que no lo vemos, desde que se lo llevaron nuevamente al Hospital Penal. El día ha terminado sin noticias de Héctor. Salimos de una sala que al principio sólo contenía dos mesas y algunas sillas plásticas en donde
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se desayuna, se almuerza y se toma una colación a las 5 de la tarde. A continuación, debemos pasar por una puerta de barrotes, nos allanan, subimos hasta el tercer piso bajo un calor sofocante y nos metemos en una celda cerrada rigurosamente con llave hasta que llegue el otro día en que bajaremos nuevamente al mismo lugar a las 8:30, para una nueva cuenta y así recomenzar toda la rutina del día a día. No es raro que en esos momentos cada cual comente lo que su abogado hace para obtener la tan ansiada libertad y dejar atrás los delitos de narcotráfico, asaltos y, según alguno, la muerte de otra persona, siempre “en defensa propia”, por supuesto, de acuerdo a sus insistentes explicaciones. Estos son días de calor intenso, con el aire que se hace irrespirable en medio del polvillo que proviene de una construcción colindante, que alojará a los nuevos juzgados y que todo lo cubre. Todas las mañanas hay que sacar aquella pátina terrosa de las celdas y de la sala. Pero ella se instalará recurrente, día tras día. El tiempo se detiene en la obsesión incansable, buscando el hilo conductor que me llevó a una situación tan absurda. Estudiando la paradoja de cómo tras luchar tanto contra una dictadura, una vez instaurado un gobierno civil encontrarme internado en una cárcel a la que, por añadidura, concurrí como Senador, junto al Presidente Aylwin, el día de su inauguración.

RECOMPONIENDO FUERZAS

Seguramente nunca se pudo prever esta vuelta de la vida porque eran días de primavera y la esperanza, que todo lo impregnaba, nos daba la fuerza y la fe en que algunas de nuestras ideas, sostenidas durante tanto tiempo, podrían por fin comenzar a convertirse en realidad. Habíamos esperado tanto tiempo, habíamos luchado siempre por nuestros ideales y -¿por qué no decirlo?- habíamos sobrevivido, a veces de manera solitaria, en un ambiente que aterrorizaba a grandes mayorías que hacían oídos sordos a los llamados que constantemente estábamos haciendo para luchar contra la injusticia social provocada por un modelo económico que le garantizaba todo a quienes ostentaban el poder y que, por ende, era una auténtica bofetada sobre nuestras convicciones. Cuando comenzamos no eran muchos los que querían arriesgarse, posiblemente porque los liderazgos tradicionales habían sido quebrados por la represión desatada y quienes hubieran podido asumirlos estaban fuera del país, exiliados. En los primeros días de la lucha contra la dictadura visitamos a muchas personas en Santiago y en regiones aprovechando que fui elegido Presidente del Automovilismo Deportivo, hecho que nos
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daba cierta fachada, pero al encontrarnos personalmente con ellos, siempre obtuvimos la misma respuesta. Los partidos habían sido disueltos y cada cual estaba en sus actividades particulares tratando de sobrellevar su vida con la mayor normalidad posible o amasando dinero con el nuevo modelo instaurado. En el fondo, lo que existía era un profundo temor que inhibía cualquier iniciativa y paralizaba cualquier decisión. Ya se comenzaba a saber sobre fusilamientos y torturas. Una cultura de muerte se estaba ensañando con un pueblo inerme. Transcurrido el tiempo se hacían más patentes los efectos que causaba la dictadura sobre la sociedad, por lo que había que buscar, inventar y proponer creativamente nuevos caminos para seguir luchando. Cuando el Papa Juan Pablo II vino a Chile, ya se hablaba del capitalismo salvaje que propiciaba la más injusta distribución de los ingresos y de los tributos, imponiéndose a la vez un sistema previsional que facilitaba el gran lucro de sus administradores/propietarios y que, aun cuando se le pretendía publicitar como el mejor del mundo, quedaría desmentido en los hechos, porque no llegaría a cubrir en la vejez más que a la cuarta parte de los afiliados trabajadores y empleados, mientras que a otra cuarta parte se le otorgaría, por parte del Estado y en el mejor de los casos, sólo una pensión mínima de subsistencia. El restante 50% de trabajadores y empleados chilenos quedaría al margen de toda previsión, lo que se verá agravado por el creciente envejecimiento de la población mayor. Y transformará esto en uno de los más graves problemas hacia el futuro que no hemos querido corregir, no obstante las continuas denuncias y advertencias
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públicas que hemos hecho cada tanto. Fue una de las nefastas herencias que nos dejaría la dictadura y que de manera absolutamente irresponsable no hemos querido abordar en estos últimos 20 años. A partir de los años del 80, nos dimos a la tarea de crear un movimiento que reemplazase -al menos momentáneamente- a los partidos disueltos y, de esa forma, continuar con la tarea que nos permitiese recuperar una verdadera democracia, sin las enormes diferencias sociales que nos tienen como uno de los países más desiguales del mundo. Así comenzó a nacer el Proyecto de Desarrollo Nacional (PRODEN S.A.) Dos años nos llevó juntar a personas de valor que tuviesen el coraje suficiente para desafiar públicamente al dictador. El miedo estaba muy extendido. Los dirigentes clásicos estaban encerrados en sus casas, ocultos ante la persecución o haciendo dinero. No podíamos contar con ellos salvo algunos pocos. Así, decidimos convocar a la primera conferencia de prensa y a constituir el movimiento. Llegó al fin el día tan esperado por algunos en que se pudo reunir a personeros de diferentes pensamientos políticos, para tomar decisiones y establecer programas que pudieran cortar esta cadena de injusticias instaurada por la dictadura. Ya desde la semana anterior estábamos nerviosos para esa primera reunión convocada con el propósito de echar las bases de un movimiento que promoviera volver a la libertad y la democracia, recuperar para el país los recursos de la Gran Minería del Cobre, tan necesarios para acortar la gigantesca brecha que comenzaba a formarse entre los más ricos y los más pobres; riquezas que estaban siendo traspasados a las mismas trasnacionales y por las que Salvador Allende, con su vida pagó por devolvérselas a todos los chilenos.
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Pronto nacería el otro brazo, el diario Fortín Mapocho, a través del cual lucharíamos con mucha fuerza para ir informando al pueblo de los avances en las protestas, cuyos instructivos nos tocaba elaborar antes de cada una de ellas. Fueron días de lucha muy intensos, ya que públicamente fuimos los únicos que a cara descubierta, con nombre, apellido y domicilio nos atrevimos a desafiar a la dictadura; por cierto había otras organizaciones que eran clandestinas. Fuimos intensamente investigados por los servicios de inteligencia del régimen, primero la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) y después la Central Nacional de Informaciones (CNI). Cada vez que nos llevaron a la cárcel nunca pudieron encontrarnos nada, porque para desafiar ese tremendo y represivo poder militar, había que estar muy limpio en todo sentido. Así pasó el tiempo en esta larga lucha hasta que recuperamos la libertad pero, curiosamente, una democracia a medias. De la justicia social, disminuida ya con el nombre eufemístico de “equidad” sólo quedó el recuerdo y las promesas de quienes asumieron el poder. Un compromiso vacío que se trepó por encima de las organizaciones sociales que tanto lucharon en el Proden (Proyecto de desarrollo Nacional), y que tantas vidas entregaron, que padecieron la tortura, a los que exiliaron o destruyeron, tal como lo señalamos en “El Precio de Sostener un Sueño”5. Mis compañeros de ruta y yo sabíamos que en el cobre ha radicado siempre un enorme potencial de riqueza en el país, concebido para

que este pudiera contribuir a superar las dificultades sociales, que ya comenzaban a abarcar dramáticamente a la gente modesta en su trabajo y en sus condiciones de vida, a pesar de lo que aseguraba la propaganda oficial. Conscientes de esto, nos dimos a la tarea de recorrer el país junto a Radomiro Tomic, informando y a la vez protestando por los cambios que se querían hacer a la nacionalización del cobre para reprivatizarlo, mediante la concesión plena a privados y transnacionales, inspirada por los ministros de Pinochet, Hernán Büchi y José Piñera. Desde 1990 pudimos en los hechos comprobar con tristeza, pero sin resignación y de manera tangible, que estos recursos naturales no renovables habían sido desnacionalizados por iniciativa del entonces ministro Piñera bajo órdenes del dictador. Y que transcurridos los primeros 5 años en democracia pudimos corroborar, no obstante las promesas políticas que se hicieron, que estas riquezas continuaban yéndose de Chile sin que el Estado percibiese retribución alguna por su explotación. Creo, como así fue, que en esto se suscribió un acuerdo secreto entre bambalinas y que yo desconocí públicamente.

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5 Autor: Lavandero Illanes, Jorge. Editorial LOM, 1995.

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EL SAQUEO DE CHILE CON SU COBRE CONTINÚA EN DEMOCRACIA

La primera y exitosa reunión se hizo el día previsto. Asistieron buenos especialistas que habían luchado ya durante el gobierno militar y que, en su mayoría, habían sido expulsados al exilio por sostener que el cobre era la viga maestra de la economía y el sueldo de Chile, tal como lo declararan en su momento Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende. Julián Alcayaga, Héctor Vega, Antonio Otero Lathrop, Manuel Riesco, Hugo Latorre y otros, tomamos entonces la decisión de crear un movimiento transversal denominado “Movimiento por la Dignidad y la Justicia Social” que lucharía por la recuperación del cobre para los chilenos a través de un plebiscito. También para cambiar la injusta Constitución heredada de la dictadura, única forma de superar las innumerables trampas legales dispuestas por esta y que hacían imposible cualquier reforma legal o constitucional. Pinochet, con esta misma Constitución y su artículo 5º, hoy vigente, había convocado a 3 plebiscitos y antes a una consulta, cortándole la punta de la cédula de identidad como respaldo de seguridad. Entonces ¿por qué las nuevas autoridades, armándose de coraje, no arreglaron estos problemas de una vez y con la misma Constitución con la que Pinochet llamó a 3 plebiscitos, llamaron a otro plebiscito, como consigna el artículo
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5º de la misma? Por eso advertimos además ese día, la más absoluta falta de voluntad política para llevar adelante estos temas. Ese fue un día importante. Nos reunimos, tomamos acuerdos y nos organizamos para llevarlos adelante. Nos dimos a la tarea de escribir libros, artículos, imprimir trípticos, participar en seminarios y realizar intervenciones públicas; todo con el fin de recordarles a los chilenos temas que, a pesar de su importancia, habían quedado “convenientemente” en el olvido. Con mucho esfuerzo y persistencia, fuimos poniendo estos temas en la discusión pública, encontrándonos con dificultades dentro y fuera de la Concertación. Parecía que nos movíamos en el desierto: Nuestros propios dirigentes nos ignoraron, al igual que los medios de comunicación. Había que luchar aún más intensamente de lo que creímos en un principio; fue necesario hacer una ardua tarea de concientización sobre estos temas. Pero la motivación era grande y así comenzamos a recorrer el país con una gran fe y porfía. Nos parecía absurdo que en un país tan pequeño como el nuestro, que tiene una riqueza tan colosal como el cobre en su propio territorio, equivalente a la mitad de las reservas conocidas en el mundo, no hiciera valer su capacidad siendo que, en otro orden, los once países de la OPEP con su petróleo sólo controlan el 35% de la producción mundial y han logrado influir decisivamente en el precio y en la marcha de la economía de todo el planeta.

TIEMPOS DE DIPUTADO

¡Qué buenos días aquellos en que se hacían las cosas por convicciones profundas, por valores y principios! El escenario era la Cámara de Diputados, y el complemento en las reuniones eran los campesinos, los estudiantes y los trabajadores. La política fue animada durante muchos años por una ardiente lucha para erradicar las grandes desigualdades. Dimos grandes batallas con éxitos importantes y otras en las que no se alcanzaron los objetivos que nos habíamos propuesto. Pero siempre se contó con el respaldo popular y de las organizaciones. Aquello era imprescindible para abordar cualquier iniciativa. Así me inicié en un comienzo, en 1957, y a poco andar, organizando el bloque de “Saneamiento Democrático” que, entre otras duras peleas, abordó la existencia de la cédula única para votar y la derogación de “La Ley Maldita”, publicada en tiempos del Presidente Gabriel González Videla y que dejaba fuera del sistema a algunas organizaciones políticas. Se combatía con esto el cohecho inmenso imperante en esa época, como práctica común para acceder a los cargos de representación popular y a un régimen de tolerancia democrática para todas las ideas, cualesquiera que ellas fueran y sin ningún tipo de discriminación, veto
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o censura. Lograrlo fue un gran paso en ese entonces, no sólo para Chile, sino un claro ejemplo para toda América Latina. Sentíamos de verdad que -en esos años- éramos la cabeza pensante del continente sosteniendo ideas como estas, que servían no a la gloria personal, sino a impulsar las grandes reformas que el país y el resto de Latinoamérica requerían. Habiendo retomado estas actividades en plena dictadura, me encontré más tarde y de pronto, recorriendo nuevamente el país allá por 1999, con las mismas y persistentes ideas de solidaridad, participación, justicia social y la recuperación del cobre para los chilenos con el fin de financiar todo lo anterior, y denunciando con energía el pernicioso sistema de previsión social que emanaba de las AFP, agregando a esta agenda el excluyente sistema binominal como modelo electoral. Entonces, sobrevino una primaria para definir los candidatos a senadores en la 1X Región. Y gané limpiamente, no obstante la aseveración de mi adversario, Francisco Huenchumilla, al presidente Ricardo Lagos, de que él me derrotaría “por paliza”, y con gran apoyo, a pesar de las zancadillas de propios y ajenos. Y ese triunfo se transformó en más fuerzas aún para seguir luchando por las ideas tan enraizadas y asumidas en el fondo por cada uno de nosotros. Para lograr esa derrota “por paliza”, Lagos estructuró un gobierno .Regional con una Intendenta, Berta Belmar a la cabeza, gobernadores y hasta el último Secretario Regional Ministerial (Seremi) destinado a lograr mi derrota y a apoyar la candidatura de Francisco Huenchumilla y dificultar la mía, como hay constancia en los medios de comunicación de la época.
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Pero también, con la larga batalla para recuperar el cobre para todos los chilenos, habíamos provocado una decisión, clara para algunos, de sacarme del Senado a como diera lugar, ya que por las urnas no les resultaba posible. Mi situación política frente al país había crecido. Mi activación como precandidato a la Presidencia de la República, constituyó para algunos la ocasión de reunir en torno a una conspiración común a los adversarios políticos y a los económicos. La suerte estaba echada, aquello constituía el principio del fin.

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LA VIDA EN EL PENAL

La vida en el penal es muy tediosa. Días y noches sin fin en medio del desamparo y la soledad, intentando ocupar la mente en compartir ideas y pensamientos mientras se está encerrado en una celda, sabiendo que en ese mismo momento, los ejecutores de tamaña perversidad andan por la calle satisfechos de sus logros y continúan con total normalidad sus vidas, enriqueciéndose y en política, sin que nadie pusiese un pero, sin que nadie les cuestionase, ni ética ni moralmente, su desempeño en ningún plano. He sido “trabajólico” y siempre me ha acompañado una verdadera compulsión por hacer cosas y concretar proyectos. Algunos, lógicamente, fracasaron por no haber conseguido los apoyos necesarios, o tal vez por mis propios errores o inseguridades. Pero otros sí tuvieron éxito y fueron muchos aquellos que lograron disfrutar con la concreción de los sueños compartidos. En la cárcel, sin embargo, se vive a otro ritmo. Aquí la vida es simple, tomando las debidas precauciones. El no molestar a los demás trae aparejado consigo un principio de reciprocidad, que se traduce en tranquilidad para todos. Más aún cuando a uno inevitablemente y de alguna manera han logrado conocerlo.
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Entonces pienso y “re pienso” -porque en ese mundo se transforma en un ejercicio ineludible-, y lo comparo inevitablemente con la vida y el trabajo constante que tuve antes, ese al que siempre estuve habituado. Y caigo en la cuenta de que entre esas murallas carcelarias la vida es, por sobre todo, desesperante y frustrante. Al transcurrir de las horas, los días, los meses, me sumerjo en una nebulosa sin sentido, que me va minando y destruyendo lentamente. Ese es un efecto adicional al del encierro. También padecí por no poder estar en libertad, pero mi angustia provenía de verme reducido a la inactividad, a dejar que el tiempo pasara a mi lado y observarlo como un espectador que en nada puede interferir ni nada puede organizar, como si mi propia existencia no tuviera ningún propósito, tras décadas en que todo mi quehacer estuvo animado –precisamente- por el objetivo casi dogmático de servir a los más desprotegidos de entre mis compatriotas. Algo entonces tenía que hacer para combatir la profunda depresión en que me iba sumiendo. Comencé por la lectura. ¡Cuán trabajoso me resultó en un principio!, pues tenía que leer dos o tres veces un párrafo o frase para poder comprender. El estado en el que me encontraba le impedía a mi mente entender algo. Pero poco a poco y con gran esfuerzo, fui recuperando parte de mi capacidad de retención, a costa de imponerme la obligación de persistir en mi esfuerzo más allá de cómo me sintiese, porque la tentación era simplemente rendirse. Y de allí –en ese estado- a esperar el término de la condena como un ente trashumante y sin voluntad, sólo había un paso. Porque entendí con angustia y desesperación que sólo lograba ocupar, diría yo, un 10 por ciento de mi capacidad mental e intelectual,
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pues la tristeza, el desánimo como una constante y toda la situación que me tocaba vivir y que lograba escapar a mi comprensión racional, no me permitían asimilar lo que leía. Es decir, sobrevivía por inercia, dejándome llevar por la rutina y el día a día que me llegaba como una pesadilla agresiva y hostil. Incomprensible, jamás imaginada. Cumplí mis 76 años en la CAS, el primero bajo encierro. Recuerdo que vinieron muchos amigos de mi región, tampoco faltaron los que están en Santiago. Celebraron conmigo cerca de 60 personas que durante todo el día fueron entrando por turnos. Llegaron desde Temuco para estar conmigo y traerme cientos de mensajes de saludo y cariño de muchísimas personas, todos intentando ayudarme a recuperar la esperanza. Fue entonces que sentí la necesidad de retribuir en alguna forma esa inmensa marea de afecto y el esfuerzo que hacían por estar a mi lado, por no abandonarme. La única manera que tenía a mi alcance era no dejarme aplastar por la depresión con toda su carga de negatividad, por la angustia, la pena profunda y la realidad diaria, que vivía como un tormento, casi como una aplastante derrota a una vida que, como la mía, siempre concebí como una existencia al servicio de los demás y que, en ese momento, parecía haber perdido todo sentido. Así, gracias al afecto de amigos de toda una vida, volví a creer en la necesidad de ponerme a trabajar en algo que me ocupase las horas y el tiempo vacío, para que mi permanencia no fuera ese vacío constante que me iba deshumanizando. No podía darles en el gusto a mis verdugos. No podía más permitir que el encierro cumpliera su objetivo de anularme, de embrutecerme el alma, el corazón y la mente.
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No fue fácil encontrar en una cárcel de alta seguridad alguna actividad que fuese útil tanto para mí como para los demás, hasta que un buen día tuve la idea de implementar una biblioteca. Un espacio donde los internos y los gendarmes -ambos prisioneros al fin- pudiesen encontrar algo de entretención, de cultura, de educación, de un nuevo sentido y respuesta a los días, a las horas y a la vida que se nos escapaba un poco más a todos, sin discriminar entre custodios y custodiados. Al final de cuentas, las rejas no reconocen entre unos y otros. Allí también podría comenzar a darle forma a este libro que usted está leyendo. Mi idea fue apoyada por Gendarmería del CAS y casi seguramente por la Dirección Central. Cuando corrió la noticia fuera del recinto carcelario, muchas personas tanto de mi región como del resto del país, se organizaron espontáneamente para la recolección de libros, usados y nuevos. Todo nos venía bien para el propósito. Y pronto, empezaron a llegar cajas y cajas hasta el penal, enviadas por gente con la que trabajé en algún momento, de muchos conocidos, pero también de innumerables personas a quienes nunca había conocido personalmente. Armar una biblioteca me era una iniciativa tan nueva como desconocida. Tuve que ponerme a estudiar cómo organizarla y controlarla de manera que fuese lo más eficiente posible y accesible a todos. No tenía idea de cómo realizar esta misión que me había impuesto. Así entonces nació la Biblioteca de la CAS, con más de 3 mil libros hasta este momento, abarcando temas de religión, poesía, filosofía, historia, novelas y cuentos, e incluso textos de enseñanza
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primaria y secundaria para los hijos de los internos y los hijos de los gendarmes. Gracias a mi buena conducta, trato y educación, al igual que varios reclusos condenados por asesinato, tráfico, estafas y otro tipo de delitos, y ya desde el comienzo, fui clasificado con un MB (Muy Buena Conducta), sin que se hicieran distinciones ni concesiones de ninguna naturaleza por mi condición previa de parlamentario. Con ese proceder, me hice merecedor de la confianza y el respeto de presos y gendarmes. Junto con leer y trabajar, volví durante un tiempo a jugar al frontón y al ping-pong, como una importante ayuda para liberar tensiones y mantener un buen estado físico. Esto funcionó hasta que se sobrepobló el módulo, el patio y -en su conjunto- todas las cárceles. Los patios eran pequeños al igual que la sala. Los pisos que contenían las celdas para encerrar a los presos de noche se hicieron insuficientes y de uno por celda, llegaron a contener a 4 y más en algunos casos, momento en que la vida y el hacinamiento se hicieron aún más insoportables. Un buen día, apareció una institución católica ofreciendo cursos de carpintería y electricidad, una experiencia nueva para la CAS, donde no es nada habitual que se ofrezcan alternativas de distracción y, mucho menos, posibilidades de aprendizaje que ayuden a quienes saldrán un día de allí, a ganarse la vida. Todo esto me hizo recordar mi antigua dedicación y gusto por la radio afición. Recuerdo que me incorporé al Radio Club de Chile, institución que era muy importante años atrás. Chile es un país de catástrofes, inundaciones y terremotos y cuando
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no existían los medios modernos de hoy para cubrir el territorio nacional, las ayudas y comunicaciones para informar y socorrer a las localidades destrozadas por los desastres, se hacían por intermedio de los radioaficionados. Mi característica identificatoria era CE3IC, la que mantuve hasta después de ser elegido como Diputado por primera vez. Llegué a ser Vicepresidente y, después, Presidente Honorario, pero renuncié cuando también nombraron Presidente Honorario a Pinochet. Así, después de tantos años, regresé en la cárcel a mis tiempos de estudiante. Me inscribí en el curso y, tras cumplir con todas las exigencias, recibí con mucha alegría mi diploma de Electricista Domiciliario, siempre evocando aquella agradable época de radioaficionado, cuando debíamos ingeniárnoslas para fabricar y procurarnos nuestros propios equipos de transmisión/recepción. Al término del curso se hizo una gran fiesta donde asistió a la CAS, entre otros, la relatora de la Corte Suprema, Mónica Maldonado. A los efectos de la celebración, la jefatura del penal determinó festejar junto a las autoridades invitadas y a los titulados en el único recinto realmente grato y cálido de todo el penal, que no era otro que el que ocupaba la recién creada Biblioteca, hecho que reafirmó la buena intención y disposición para transformar en un espacio útil la sala junto a la enfermería que permanecía olvidada y sin provecho.

LA BIBLIOTECA

Los gendarmes y los internos acuden regularmente y cada vez con mayor asiduidad a la biblioteca recién creada. Ciertamente, esto plantea serias dificultades por estar inserta en una cárcel de alta seguridad, en donde rejas y portones de hierro están instalados en laberínticos pasillos con una frecuencia de veinte metros unos de otros, aproximadamente. Esto conlleva -obviamente- a dificultar el fácil acceso hasta ella en busca de los necesarios libros, no obstante la buena disposición de todos los funcionarios del recinto, que entendieron que esta iniciativa ayuda indudablemente a una mejor convivencia entre todos y a aliviar las penas de cada cual. Pero también la existencia de una biblioteca saca a relucir sus propios e involuntarios excluidos a los que habría que integrar. Son los analfabetos, aquellos que no leen ni escriben, tal vez porque sus urgencias y apremios los llevaron por otros caminos más necesarios para sus propias vidas. Parece increíble que a estas alturas de la historia, cuando tantos se jactan de los beneficios del modelo, existan seres humanos que necesitan de otro para enterarse del contenido de una carta que le ha enviado un ser querido. Alguien que les lea. Y fue ésa precisamente una de las
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tareas que abordé con más afecto y comprensión por otros: enseñar a leer y escribir, a sumar dividir, para que nadie se sintiera violentado cuando otro se entrometía en la privacidad de una carta amorosa o en los contenidos de alguna tramitación procesal. Respetar y hacer respetar el pudor propio y el de otros, también era una tarea urgente allí adentro. Entonces, también me convertí en una suerte de profesor de educación básica para unos cuantos, experiencia que fue sumamente gratificante, porque sabía que no sólo estaba entregando un arma de independencia para otros seres humanos, sino que podía constatar diariamente los resultados concretos. Cuando uno conoce más a fondo a las personas, sean éstas de cualquier condición, léase traficantes, asesinos, otros que han adquirido connotación por violaciones, asaltos o robos -conste que no había presos por abusos deshonestos en el CAS y tengo entendido que en ninguna cárcel-, uno puede descubrir que, en muchos de esos presos, existe un trasfondo humano particularmente sensible, en donde se puede advertir claramente la desorientación que padecen y que con tan poco se les puede abrir un camino distinto. Del mismo modo, se hace patente la falta de personal preparado para ayudar a los reclusos a reinsertarse en la sociedad una vez libres, así como para promover que ésta los acepte sin discriminación o menosprecio. Se trata de proporcionarles una verdadera y real oportunidad de trabajo digno, para continuar con sus vidas en mejores condiciones. Este -a no dudar- es el principal motivo de la reincidencia y el porqué de que quien cae a la cárcel en Chile, está condenado a volver a ella.
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Muchos internos reciben cada semana la visita de sus familiares. Para eso se preparan con varios días de anticipación intentando cuidadosamente tener listo cada detalle para darles lo mejor de sí mismos. Otros, los menos, afortunadamente, han sido abandonados por sus parientes. No hay duda de que el Estado debiera trabajar con las familias para darles la oportunidad de evitar verse doblemente castigados y discriminados al momento de salir, evitando que se vean en situaciones que los llevan, repito, casi inevitablemente a reincidir en el delito. En este sentido, la lectura hace bien desde muchos puntos de vista y es una buena forma de terapia, pero siempre debería ir acompañada y complementada con otras medidas eficaces que se aplican en otros países con mayor conciencia social.

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LA VIDA PASA

De mis divagaciones en reclusión guardé algunos apuntes para ordenar ideas. Aún vive y perdura en mí la entrañable memoria de mi madre, que falleció a la edad de 100 años con siete días. Ante ese recuerdo y en medio de esta soledad, me brotan espontáneamente imágenes de toda su vida, de sus últimos meses y de su enfermedad. Murió sólo dos días antes que comenzara el proceso y se hiciera pública la infamia en mi contra. Por eso doy gracias a Dios que ella, con quien conviví durante los últimos 14 años previos a mi condena, no alcanzara a vivir el tremendo dolor que le hubiera producido la injusta sentencia de que fui objeto. Aquí, en mi celda, puedo contemplar su fotografía junto a la de otros familiares tan cercanos como lo son mis hijos. Recuerdo que en su funeral recibí la visita de connotados senadores y autoridades, comenzando por el Presidente del Senado, Hernán Larraín, quienes me entregaron su solidaridad y a algunos de los cuales no he vuelto a ver desde entonces. La vida va pasando, sé que los días afuera se suceden con rapidez, pero aquí en el penal el tiempo parece suspendido. Las noches son largas y de manera espontánea surgen los recuerdos. No se
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puede hacer otra cosa que recordar e involuntariamente las imágenes que vienen a la mente, las ideas, se transforman en análisis. Por ello es que en un comienzo, cuando recién ingresé al penal, hice el intento de orientar mis reflexiones en medio de los insomnios y pude reafirmar algunos conceptos y dudas. Si soy inocente, como estoy absolutamente seguro de serlo, ¿quiénes y por qué perversa razón dirigieron todo su poder para destruirme de una forma tan encarnizada? A veces pienso que tal vez mi larga batalla ha sido escrita en el agua. Los cambios que hemos propiciado se han producido con suma lentitud. Pero en otras oportunidades, también pienso que si no hubiésemos hecho conciencia, a lo mejor algunas de estas reformas jamás hubiesen llegado a ser realidad o se hubiesen demorado aún más para beneficiar a la gente. De lo que sí tengo conciencia es que en el pasado mis compañeros de ruta y yo logramos más que en estos tiempos y que el clamor ciudadano fue más escuchado y acompañado por el Parlamento. Entonces, comencé a mirar hacia atrás, a recordar hechos recientes examinando cuidadosamente mis actitudes, mi visión sobre el país, las distintas intervenciones en la Cámara de Diputados y el Senado. Evoqué las protestas que me tocó organizar durante la dictadura, el peligro que representó para algunos la aparición del diario Fortín Mapocho que tuve el honor de poner en marcha, para que la oposición tuviera un medio con el cual difundir sus actividades y su pensamiento. Recordé cada uno de los pueblos, ciudades y universidades que con mucha constancia visité durante largo tiempo.

También regresaron a mi memoria las persistentes denuncias que hicimos contra grandes intereses que subyugaban la soberanía de todos los chilenos. De acuerdo con este conjunto de antecedentes es que tendrían que surgir las manos y cerebros que estaban detrás de todo, porque era evidente que algo había hecho como para molestar tanto a alguien, para que se tomaran el trabajo de organizar lo necesario a fin de llevarme hasta la cárcel. Una simple cuestión de acción y reacción. Ese fue mi primer punto de apoyo para ir develando a los participantes de la oscura maniobra de conspiración que logró sacarme de Senado. Investigué, até cabos y logré sacar conclusiones. Todos estos recuerdos me llegaban como un fogonazo, como si estuviese observando una película de mi propia vida que pasaba sin que yo pudiese detener las imágenes ni los pensamientos que surgían de ellas, aunque sí seguirlos y ordenarlos dentro de su lógica. De acuerdo con esto y a medida que el tiempo transcurría, tarde o temprano tendrían que emerger las respuestas para conocer la verdad y los porqué de mi situación. Ya no me quedaban dudas al igual que ahora, que ahí, entre los recuerdos que me atormentan con su aparición vertiginosa y recurrente se encuentra escondida la respuesta que busco. Así pues, la primera tarea era determinar a quién estaba afectando con mis ideas, mi trabajo y mi cargo. De allí surgió mi primera opción para comenzar a entender que esta situación fue meditada, organizada y llevada adelante sigilosamente, durante mucho tiempo y amarrándolo todo para no dejar ningún rastro que permitiera alertarme sobre los planes de mis declarados y concertados adversarios.

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Esta búsqueda empecinada en mi interior y las claves que fui descifrando se convirtieron en un buen comienzo que, por lo menos, me permitió conquistar algo de la tranquilidad y paz que requería para superar el estado de angustia en que me hallaba. Así, comencé a buscar entre mis recuerdos de juventud, esos que no muchos conocen, pero que tendrían gran influencia con el correr del tiempo. Esa noche, escarbé muy atrás para reconocerme en mis comienzos…

EL BARRIO DE MI JUVENTUD

En aquel barrio comenzó todo. Recién empezaban a construirse allí edificios en bloque inmensos, los más altos de Santiago. Todo era de puro cemento. Mirando el edificio de La Moneda, la Alameda y hasta el Seguro Obrero, era el entonces fastuoso barrio Cívico. En una callecita con un gran nombre: Valentín Letelier, aledaño a ella, hallaría su lugar la Contraloría, el Ministerio de Agricultura (que jugaba uno de los papeles más importantes) y a media cuadra Impuestos Internos y el Ministerio de Hacienda, que se enfrentaba al Banco Central. Entre medio, el Diario La Nación, un poco más allá El Mercurio, el Palacio del Poder Judicial, enfrente el Congreso Nacional con sus hermosos jardines, la Catedral con la Plaza de Armas como marco, el Correo.

Mi familia ocupaba un departamento en un 5º piso de un edificio en la calle Valentín Letelier, que mientras no se levantaba el barrio cívico -demoró años en terminarse- nos proporcionaba una extraordinaria vista sobre todos los acontecimientos públicos de esos tiempos. Desde Arturo Alessandri Palma, el León de Tarapacá, en adelante, hasta Pedro Aguirre Cerda. A un costado estaba la vieja casona abandonada del histórico Partido Radical, sostenido por la masonería anticlerical de la época. Aquella casa
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con sus amplios jardines era el espacio soñado de nuestras grandes aventuras y escondites, al que ingresábamos con temor porque se decía que allí “penaban”, que había fantasmas y habitaba “El Viejo de Patas Verdes”, cuya sola mención nos causaba terror. Al otro costado de nuestro edificio había un pasaje cortito. Ahí se ubicaba un viejo y gran garaje del cual saldría un mal hablado que nos enseñaría nuestros primeros garabatos y nos impulsaría a algunas actividades non sanctas, como extraer las cañerías del Club Radical para ir a vendérselas dos cuadras más allá al Lauchín, un almacenero que compraba de todo; en ese lugar se construiría después el Ministerio de Educación. Más allá, el edificio de la Caja de Empleados Públicos y Periodistas, de la cual llegaría a ser -varios años después- miembro de su directorio a los 26 años de edad. A media cuadra, yendo por la misma calle Valentín Letelier, estábamos en plena Alameda de Las Delicias. Por ella transitaban algún ciclista despistado y unos pocos automóviles, en su mayoría Ford y Chevrolet del año 38, uno que otro Hudson, Essex, Buick y de tarde en tarde teníamos la oportunidad de contemplar extasiados el paso de algún maravilloso Cadillac. Era fácil atravesar hacia la Alameda, había poco tránsito para llegar a los carros eléctricos con sus acoplados abiertos y a democráticos 5 centavos el pasaje. Sus gordas mujeres cobradoras de riguroso uniforme, seguramente pertenecían al Club de Señoras, donde se asilaban las mujeres progresistas que se atrevían a trabajar en ese mundo absolutamente machista. Eran ellas también quienes manipulaban las manivelas de los frenos de los carros, que andaban con ruedas metálicas sobre los rieles y que en las paradas desparramaban grandes chisporroteos, los que a la distancia y en la noche,
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se podían observar desde varias cuadras cada vez que un carro se aproximaba. Contaban que antes de ser eléctrico, aquel transporte era tirado por caballos. Cerquita de allí, en las calles Amunátegui y Manuel Rodríguez, yendo hacia la estación Mapocho, estaban los famosos burdeles y entre ellos el más renombrado por entonces, el de la Tía Carlina. Parecía que todo estaba a mano, porque la verdad es que ni Providencia existía, ésa era una zona sólo de campo y quintas. Frente a Valentín Letelier, al otro lado de la Alameda, estaban las grandes y entonces modernas casonas de los Errázuriz, de Ross Santamaría y de otras familias acomodadas que habían escapado de los barrios más aristocráticos que representaban las calles Dieciocho, Ejército y lo más granado de las calles República y España. Los chincheles con sus ventas de alcoholes semi clandestinos pululaban tanto como los “curaditos” tirados por las calles inefablemente en el amanecer de los días lunes, sin importar que a pocas cuadras de allí se levantaba el fastuoso y elitista Club de la Unión, un lugar en que la despreocupada aristocracia local se entretenía, formalmente aislados hombres de mujeres en la mayor parte del edificio. Era un lugar imponente en donde los hombres importantes con vinosos apellidos y algunos bolseros con poco o nada en las faltriqueras, se sentaban todo el día con una copa de vino a charlar y a “descuerar” al resto de sus congéneres. Otros jugaban buenas sumas de dinero al póker, al billar o al bridge, tomaban baños de vapor y disfrutaban la piscina climatizada entre
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generosos pisco sour y horchatas. Había allí unos salones especiales -muy pocos por supuesto- a los que se permitía llegar a las señoras, pero jamás hasta el fondo donde estaba el enorme mesón del bar -el más concurrido de Santiago- y en el que solía tomarse un envejecido vino tinto por poca plata. En este recinto los Conservadores -pelucones- primero y después los advenedizos arribistas Liberales -o pipiolos- todos componentes de la derecha más arraigada, tomaban las grandes decisiones contando con los votantes “carneros”, aquellos que se conseguían a punta de cohecho y prebendas para cada elección. Más tarde llegarían los liberales Balmacedistas. Obviamente, por tradición de mi familia también frecuenté esos salones y fui socio del Club de la Unión, pero mi terrestre interés se limitaba al uso de los baños a vapor y a los almuerzos baratos en el centro. Eran las ocho manzanas donde se decidían los destinos del país. Se reunían los dueños de fundos, las grandes bodegas, allí se planeaba todo, desde los “choclones” de gente a punta de empanada y vino tinto, los “acarreadores” y por último, la alternativa de salir arrancando con las urnas de votación robadas. Era la política manipulada por unos pocos, llamada pomposamente democracia. Pero ahí, en esas ocho manzanas se desarrollaba toda la estrecha vida política y social de la aristocracia latifundista de los chilenos. Las entretenciones eran los bailes con grandes y variadas orquestas y en lo cotidiano, los paseos en la calle Ahumada de los días sábados por la mañana, en que los patriarcas se paraban en las escalinatas del Banco de Chile para ver pasar las jóvenes “palomitas” con sus largos, vistosos, floreados y multicolores vestidos primaverales. Los comentarios no se dejaban esperar, la juventud despreocupada terminaba
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tomándose una leche con plátanos en La Novia o una rosquilla de pan dulce. A nadie se le pasaban los pobres por la cabeza, ni menos, los trabajadores o campesinos. Entrando por la calle Lord Cochrane y llegando a Alonso Ovalle se levantaba majestuosa la iglesia de San Ignacio de Loyola. Contiguo a ella, el Colegio de los Jesuitas con su internado, y entre sus asistentes, el estudiante Jorge Lavandero. Allí concurrían a estudiar los hijos de familias pudientes las que -a su vez- pagaban por los alumnos becados, niños sobresalientes de padres pobres. Esos fueron a la larga mis grandes amigos, los que me enseñaron -junto a los jesuitas- a dar los primeros pasos en medio de una sociedad injusta y dramáticamente desigual. Después de la misa de los domingos, aquellos que no iban a la Iglesia de San Francisco con su Pérgola de Flores a pocos metros del gran portal, asistían a la misa en la iglesia de San Ignacio. Algunos, con la esperanza de ver a las jovencitas del Sagrado Corazón, que estaba casi enfrente de la Alameda, para intercambiar miraditas en el paseo dominical posterior que se hacía obligadamente en ese sector, entre San Ignacio y Ejército. Era la vida de estudiante. En nuestro barrio nació una patota, que se formó con los que vivían cerca, los Ariztía, el “Caga Torcido”, un tal Rojas más algunos integrantes del equipo del bádminton y de hockey en patines. Las aventuras, los pecadillos, los primeros amores, todo ligado a ese tiempo y a ese barrio. Un bagaje de cosas que vienen a mi memoria y que seguramente a todos por igual nos toca guardar entre nuestros más significativos recuerdos.
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UNA CURIOSA JUVENTUD

Fui parte de un grupo muy especial de jóvenes al que le tocó caminar entre distintos momentos sociales y políticos de nuestra historia. Fuimos así testigos y partícipes del fin de una especie de colonialismo aristocrático pequeño, poseedor casi exclusivo de la tierra, tiempos de grandes latifundios, de un semi industrialismo, de un intento por una sociedad más igualitaria, hechos todos que fueron marcando sucesivamente la historia y las personas. Fuimos jóvenes de los cuales muchos egresaron de la Universidad de Chile o Católica y entre los que varios alcanzábamos a divisar una sociedad más justa. Esos fragmentos borrosos de vida me marcaron y me sentí no sólo como un observador de mi época, sino como un actor al que hoy le mataron algo en el corazón. Me quedó en el alma y en la memoria un recuerdo un poco más humano en lo que fue nuestro barrio, con sus almacenes y boliches, con sus carteles “Aquí se Fía Caserita” como una invitación a comprar “con libreta” y pagar a fin de mes, o de aquellos infaltables que rezaban “Hoy no se Fía, Mañana Sí” junto a esa cabeza calva llena de clavos y tornillos que promocionaban el Geniol como gran solución a los dolores. En esos almacenes vivía el barrio, se dejaban recados, los teléfonos eran escasos. El barrio giraba en torno a los viejos almacenes llenos de personalidad. Los rumores,
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los pelambres, los amoríos detrás de la puerta y la visión de los “curaditos” que hacían San Lunes, conformaban una parte importante en el devenir nuestro, allá por la adolescencia. Todo pasaba por los almacenes de cada barrio, había una digna pobreza, pero también había ideales por los cuales vivir y luchar, estábamos con los ojos y la mente abierta en aquel verdadero caldo de cultivo que invitaba a la pelea en una sociedad que debía transformarse hacia una mayor y mejor igualdad de oportunidades. Así nos tocó comenzar a vivir desde muy jóvenes. Así era el barrio cívico. Allí no había pandillas como las de hoy y vivían pobres y ricos cercanos. Nos reuníamos cada tanto para hablar de nuestras inquietudes, comenzamos a organizar equipos de hockey en patines en los pavimentos de la Plaza de la Constitución. Allá por los 12 años, la afición a este deporte me llevó a entrar a un equipo -“El Bádminton”- con un entrenador llamado Rahausen, hombre gordo y bonachón, gentil y generoso, que con paciencia nos llevó a ganar el campeonato nacional. Empinándome en los 13, incursioné además en el patinaje artístico y en las carreras en patines. Un día, como cualquier otro, bajó del Palacio de la Moneda el mismísimo Presidente Don Pedro Aguirre Cerda para saludarnos, darnos la mano y entregarnos su estímulo. Esto nos impresionó muchísimo y aunque todavía no sabíamos mucho de política, sí sabía que él era radical, un hombre progresista que se preocupaba principalmente de la educación de todos los chilenos. Por ahí pude leer en los muros de la ciudad “Gobernar es educar”. Esas cosas después las comentaríamos en
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la clausura de los curas Jesuitas, en Alonso Ovalle, con el padre Alberto Hurtado. Así nació también mi amistad con aquel gran hombre, el que tendría una gran influencia en un grupo de nosotros a esa corta edad y muy especialmente en mí y en lo que serían mis futuras y firmes decisiones de vida. Hasta entonces, lo primero era el deporte y luego, a través del humanismo cristiano aprendido día tras día en las numerosas reuniones entre el P. Hurtado y el P. Weigel, se nos infiltró la curiosidad de la cuestión social, la que al final me llevaría muchas veces a la cárcel. Ninguno de nosotros -unos 40 jóvenes- abandonaría jamás esos ideales. Todo el aprendizaje y la práctica de aquellos principios nos marcaron a fuego por el resto de toda nuestra existencia. Fueron tan profundos estos sucesos juveniles que aún hoy, cuando la perversidad de algunos que menciono en este libro me ha perseguido para lograr mi destrucción, rescato de allí finalmente la fuerza para escribir y soportar el periodo más duro y doloroso de mi vida: llegar a la misma cárcel que un día me correspondió inaugurar junto al presidente Aylwin, pero esta vez como un interno común y corriente. Son nostalgias de un pasado en un barrio lleno de cosas tan importantes para lo que fue mi formación. Los almacenes o emporios, las tiendas de ramos generales, la Plaza de la Constitución, los muertos del Seguro Obrero, el colegio de los jesuitas, el Padre Hurtado, las inquietudes sociales, la visión distinta de los más humildes que entonces nos rodeaban en la pequeña sociedad santiaguina. Son las cosas del destino. Si no hubiese vivido allí, probablemente no habría tenido amigos de otra condición social. Tal vez no me
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habría dedicado tanto al deporte y hubiese ido al colegio de otro barrio. Así, no hubiese conocido al P. Alberto Hurtado ni habría tomado el camino de querer cambiarlo todo en mi país a través de la política. Hasta podría haber seguido el camino de las familias más acomodadas de las cuales la mía era parte. Pero la vida es así, uno sabe cuándo comienza pero no logra imaginar dónde y cuándo puede terminar. Me queda la íntima y profunda convicción de que si viviera de nuevo, volvería a elegir la misma vida con su todo. Los éxitos y los fracasos, las grandes alegrías y los colosales sufrimientos. Hoy, quien nos dio la fuerza, se ha convertido en un santo. No sólo a los ojos de la Iglesia Católica, sino a los ojos de su pueblo. Un santo por sus propios e incuestionables méritos. Por su infinita generosidad y solidaridad para con los más desposeídos, verdaderos parias de la sociedad. Yo aún espero, a la luz de semejante ejemplo, seguir consecuente con aquellos ideales, los que intento traspasar aunque sea a unos pocos.

ATANDO CABOS

Cada vez y con mayor asiduidad voy percibiendo por diferentes caminos, informaciones y datos que he logrado recoger, que el origen de mi condena se encuentra en una trama meticulosamente organizada. He llegado a preguntarme de manera bastante consistente y clara: ¿Por qué en vez de esta vileza no me asesinaron físicamente de manera lisa y llana, tal como ocurrió a otros en el pasado? Sin duda, ello me habría causado un sufrimiento menor, pero tuvieron la frialdad de optar por la denigración y la supresión definitiva de mi imagen como hombre público. También deben haber pensado que podrían convertirme en un mártir político y, por lo tanto, mis ideas y lucha se hubieran fortalecido ante la opinión pública. Los responsables de este drama no tenían en sus cálculos que el grupo de amigos con quienes he luchado a lo largo de tantos años, se mantuviese compacto, unido y sin vacilaciones para seguir con nuestra lucha, aun frente a esta diabólica situación que nunca antes se había presentado en la política chilena. Esto se hizo fríamente y con tal perversidad, que ha sido difícil encontrar los caminos de la conspiración y sin el respaldo de muchas personas hubiera sido aún más complejo pasar más allá de la
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imaginación. Al apoyo dado por profesionales y especialistas en los temas necesarios, se ha sumado la decidida, concreta y visible ayuda de cientos de personas en mi región que no creyeron ni se prestaron a avalar esta fábula patética. Muchos de ellos me conocieron cuando era muy joven y otros, a través de mi accionar público y mi línea de conducta que jamás ha variado. Por eso es que gente de todos los estratos sociales, pero particularmente la más modesta, me ha hecho llegar cartas y mensajes de aliento por todos los medios imaginables. Gran parte de ellos son personas que viven en poblaciones y cuentan con pocos o escasos recursos, lo que hace aún más conmovedor que hayan gastado lo que no tienen para venir a visitarme y traerme los saludos de personas que me conocen bien, que mantienen la fe en mi honorabilidad y nunca han dudado. Todos ellos, de una u otra manera, se han hecho presentes de manera constante. Nunca había recibido tanto apoyo moral y sólo si se conocieran las cartas que he recibido, algunas de ellas dramáticas hasta las lágrimas, se podría comprender en toda su magnitud la solidaridad que tan generosamente me han brindado. Esto me ha resultado muy impactante. Me reconforta y me hace sentir un privilegiado ver en la gente los resultados y el alcance de mi actividad política a lo largo de 50 años.

LA PENITENCIARÍA

Prácticamente en el mismo edificio de la CAS está la Penitenciaría, donde habitan hacinados alrededor de seis mil presos. En ese sector la vida es muy dura, verdaderamente dura. Ningún ser humano merece vivir en esas forma por el solo hecho de que son seres humanos, más allá del delito cometido. Sin embargo, viven en condiciones infrahumanas. Nadie puede tener ninguna posesión: Ni un simple y elemental cepillo de dientes es personal allí, menos aún atesorar algún objeto querido; las bandas dirigidas por los más fuertes o audaces crean un verdadero campo de batalla imposible siquiera de imaginar para quien no lo vea o viva. Cuando llega un preso nuevo, no tiene más remedio que afiliarse a alguna banda y luchar por ella. De lo contrario, cualquier cosa le puede ocurrir. En la enfermería me ha tocado ver gente acuchillada con tajos enormes; otros, cansados, se autoinfieren los cortes solo para escapar aunque sea por algún tiempo de ese infierno. Allí se come con la mano y rápidamente para agarrar el mejor pedazo. No existen cubiertos ni platos. Cualquier pertenencia -como puede ser la ropa- desaparece y no se puede siquiera protestar: Perder
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la vida siempre es peor. Si a alguien se le sorprende desprevenido o sin la protección de su banda, las consecuencias pueden ser fatales. La promiscuidad, las mañas y las habilidades para cometer delitos se van mejorando y sofisticando. No hay forma de aprender algo que los prepare para el momento de la salida. Son muy pocos aquellos que premunidos de una tremenda fuerza de voluntad y en forma autodidacta logran rehabilitarse, casi por instinto. Para la mayoría, estar allí es la mejor escuela para aprender nuevas formas de delinquir y adquirir nuevas mañas a fin de evitar ser descubiertos. La triste realidad indica que la sociedad nada hace por revertir esta dramática situación. No hace mucho, Claudio Huepe (hoy fallecido), antes de asumir como embajador chileno en Venezuela, por amistad y a lo mejor también por mi buena conexión con el Presidente Hugo Chávez y con el entonces Vicepresidente de ese país, José Vicente Rangel, pasó a visitarme al CAS y me trajo un interesante libro sobre microeconomía titulado “Frank Economía”, obra de gran éxito editorial, muy premiada, y en donde se explican esencialmente los problemas de causa y efecto y toca, entre otros tópicos, lo ocurrido con la delincuencia en EE.UU. En este sentido, el libro muestra investigaciones que confirman que, a pesar de los graves pronósticos respecto a que la criminalidad se duplicaría en Nueva York y Washington, esta se redujo a la mitad, fenómeno que explica que no tiene relación con el aumento de policías y la dureza de las autoridades, sino por un hecho aparentemente insólito y difícil de relacionar con el problema, al menos a simple vista.

La teoría se basa en el número de mujeres que en Norteamérica eran madres solteras y, por lo general, pertenecientes a los estratos más bajos. Con los datos reunidos, se pudo comprobar y establecer que tener hijos, ser jóvenes, pobres y jefas de hogar, debiendo abandonar sus casas para salir a trabajar, producía el caldo de cultivo ideal para fomentar la delincuencia. Que de ese estrato social y económico provenía el 80% de los delincuentes y se obtenía el más alto índice de criminalidad. Cosa curiosa, se afirma en el libro, la delincuencia en las ciudades señaladas disminuyó en un 50% porque en los respectivos estados se aprobó la ley de aborto, cosa que incidió significativamente en una disminución de los nacimientos de hijos de madres solteras, fuente primaria de la mayor cantidad de delincuentes, según los datos aportados. Si trasladamos estos estudios a Chile, con todas las cárceles saturadas y sobrepasadas en su capacidad y con una sociedad que no ofrece ni trabajos ni la posibilidad de reinserción social y laboral, se hace casi obvio que los delincuentes no podrán rehabilitarse y volverán a delinquir, con el consiguiente aumento de las tasas de criminalidad, lo que se va transformando en un problema sin solución posible. En Chile jamás se ha tenido una visión de futuro que privilegie la prevención, que eduque y entregue oportunidades que signifiquen disminuir el campo delictual. En nuestro país no hay medidas ni criterios que prevengan anticipadamente la comisión de delitos, por lo tanto, siempre caeremos en un círculo vicioso. La política en este ámbito es de corto plazo y el ejercicio de la democracia sólo es pensado para obtener resultados electorales, a pesar que la democracia

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es mucho más que eso y para sostenerla hay que considerar otras iniciativas, permanentes y sustentables en el mediano y largo plazo, que eviten de raíz estos problemas a las futuras generaciones.

FRÍO

La cárcel tiene cosas que pueden resultar desagradables para quien no está acostumbrado ni imagina que puedan ser parte de la normalidad. Por ejemplo, que no exista agua caliente para la ducha de la mañana. Tal vez sea un hábito innecesario que uno ha adquirido durante los años de libertad y que ha asumido como algo normal e inherente a la vida cotidiana, pero su carencia surge aquí con fuerza, más aún en los gélidos días de invierno, en que prácticamente hay que ducharse casi a la intemperie y el agua helada hasta lo indecible hace doler todos los huesos. Pero el hombre a todo se acostumbra y no he sido la excepción, al igual que muchos que no han tenido la posibilidad de contar con un servicio tan elemental. Por alguna razón que desconozco, hoy la cuenta matinal no se hizo en el patio J del módulo al que estamos asignados en el penal, y para los dos grupos de este patio, se hizo a las 8 de un frío día de invierno en un largo y entumecido pasillo. Todos en una fila contra la pared, luego aparecieron unos quince gendarmes encabezados por un mayor y un capitán, que nos ordenaron desnudarnos a todos, sin ningún tipo de explicaciones. Estábamos congelados, yo tiritaba de frío, pero el procedimiento siguió adelante sin contemplaciones. Revisaron prolijamente toda la ropa que traíamos puesta. Después
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nos ordenaron vestirnos nuevamente y esperamos unos veinte minutos, mientras otro grupo de guardias terminaba de desarmar en las celdas nuestras camas y pertenencias registradas. Quedó todo en desorden, tirado por el suelo, pero lo único que tuvieron como logro fue no encontrar nada. Se demostró que era un buen módulo, sin drogas, celulares ni armas hechizas. Más allá de de la diversidad de personas y delitos por los que nos encontramos aquí acusados, nuestro módulo siempre ha tenido el mejor comportamiento dentro del penal. El que nada encontrasen fue un verdadero alivio, no porque me alegrara del fracaso de los gendarmes, sino porque si hubieran encontrado cualquier cosa irregular, la autoridad penitenciaria habría tenido una excusa para quitarnos a todos los pocos derechos que nos correspondían. La norma no escrita, lo usual, es que todos pueden pagan el precio por lo que hacen unos pocos. Eso, de hecho ocurrió una vez, por lo que todos acordamos que nunca más debía ocurrir un problema de esa naturaleza que nos afectaría a todos por igual y decidimos vigilar la conducta de los demás, aunque en la práctica no volvió a ser necesario porque los responsables de ese incidente fueron trasladados a otro módulo. Pasado ese severo allanamiento, Manolo, un interno condenado a cadena perpetua que finalmente ha logrado convertirse en un buen hombre debido a su excelente conducta, se transformó en mi ayudante para dirigir la biblioteca. Él me hizo la observación -valedera o no- de que en ninguna cárcel existe autorización para desnudar a los presos en público. Y por cierto, en algo debe tener razón, de
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acuerdo a algunas disposiciones legales, pero la realidad es que ellas posiblemente no tienen validez en muchos penales y pasan a convertirse en parte de esa letra no escrita, pero sí ejercida. En todo caso debo decir que me sentí humillado, denigrado y rebajado. Para más remate, ese mismo día tampoco había electricidad y los hervidores no funcionaron para calentar el agua y preparar el desayuno. Aclaro que esos hervidores individuales son los únicos artefactos permitidos y la falta de electricidad me hizo darme cuenta que a veces también podía faltar el agua caliente para una taza de té. Esa misma noche decidí revisar los papeles y antecedentes que tenía en mi computador personal, que luego de muchos trámites y dificultades ante la Dirección Nacional de Gendarmería, me fue autorizado ingresar a mí y a otros. No se permite el uso de Internet, televisión por cable, ni teléfonos celulares o públicos. En todo caso y poco a poco, fui reuniendo las diferentes partes del juicio, saqué del computador lo que ya tenía, el documento de Gendarmería sobre el informe pre-sentencial. El mismo contenía entre otras cosas, la opinión de una psicóloga, una profesional con su título recién adquirido y dos años de experiencia, que sostenía mi condición de “peligro público” y que, por tanto, debía cumplir la condena en la cárcel. Así de contundente e ilógico. Creo que sería muy bueno que la psicóloga pudiera explicar cómo llegó a esa conclusión tan tajante, una afirmación tan excesiva que los jueces normalmente debieron haberlo advertido por sí mismos, cosa que no ocurrió. Esto, por la sencilla razón que en mi proceso nada ha sido normal.

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Así, a medida que comienzo a revisar los papeles del proceso caigo en la cuenta de cómo se fueron desarrollando las distintas etapas del juicio. Comprendí que el estrés y la depresión me habían impedido entender las cosas en su real magnitud y significado. Quienes se hayan informado de la investigación y del sumario llevados adelante por la fiscalía, podrán darse cuenta de la gran cantidad de contradicciones, que a todas luces fueron la razón por la que el fiscal nacional Guillermo Piedrabuena y el fiscal encargado de mi caso, Xavier Armendáriz, determinaron llegar a un juicio abreviado a como diera lugar, porque simplemente no tenían las pruebas indispensables para sostener un juicio oral e imprescindibles para arribar a esa instancia. Más adelante veremos cómo funcionó la exigencia del juicio abreviado, a pesar de mi negativa sistemática a adoptar ese procedimiento. Fui elegido cuatro veces diputado y otras tantas más como senador con las más altas mayorías nacionales; fui jefe del Comité de Diputados y de los senadores democratacristianos, Presidente de la Comisión de Hacienda de ambas ramas del Parlamento, Presidente, entre otras, de la Comisión de Presupuesto, que todos los años asigna los recursos para todas las instituciones públicas y los programas y proyectos de cada ministerio. Hay que agregar que, en su momento, el gobierno chileno me designó como Embajador alterno ante la Organización de Naciones Unidas y tuve la responsabilidad por varios años de examinar y aprobar el presupuesto del Poder Judicial. Esto me significó el agradecimiento de sus integrantes por el trabajo realizado. Pero por supuesto y a la hora de las verdades, ningún juez llegó a conocer el juicio ni los errores del fiscal y las
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contradicciones graves que había en la investigación realizada; con el perverso juicio abreviado, se lograron ocultar todas esas fallas, hasta torpezas, en que habían incurrido. La conclusión que se puede extraer de esto no es muy compleja; es decir, si tuve el alto honor de desempeñar tamañas responsabilidades, por una parte, y el informe pre-sentencial de Gendarmería declaraba e insistía en que yo era un peligro público, por otra, era una señal clara de que algo andaba mal o muy mal. No tenía sustento alguno calificar y estigmatizar de esa brutal e indigna forma a una persona que durante 50 años asumió tan delicadas tareas. Después me enteré de que estos errores hubieran echado por tierra la acusación del fiscal Armendáriz por lo que, lógicamente, nunca fueron presentados en el juicio abreviado. Este fue el motivo por el que no pudieron ser conocidos por ningún juez, a pesar de que lo lógico hubiera sido que la Fiscalía actuara coherentemente y reconociera que no había con qué elementos constituir un caso en mi contra. Nada de lo que me hubiese favorecido se pudo conocer en el juicio abreviado, el que se hizo contra mi voluntad y en base a un acuerdo bajo presión a mi abogado de entonces, Matías Balmaceda. Es un asunto que me obsesiona y es un tema recurrente que una y otra vez me lleva a la reiterada pregunta: ¿cómo llegué a esa situación? ¿Cómo no logré nunca entender lo que ocurría? ¿Cómo habían logrado sumar a algunos importantes medios de comunicación para consumar esta perversa trama? ¿Qué relación poderosa existía entre unos y otros?

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A veces siento que la realidad no es como yo la entendía, y eso sólo me trae aparejada más confusión aún. Ha pasado el tiempo y, contra lo que se dice habitualmente, esta vez al menos parece estar haciendo su mejor trabajo y transformándose poco a poco en el mejor juez, el más justo e implacable. El tiempo se ha ido convirtiendo en mi gran amigo, mi aliado indiscutido y comienza a ayudarme, negándose porfiadamente a esconder aquello que permanecía oculto y haciendo aparecer todo lo negro, lo oculto, lo sucio y lo corrupto. Basta con leer algunos diarios para darse cuenta que, con persistencia, aún hasta hoy, cualquier situación que me pueda ser favorable la presentan de tal manera, que la desvirtúan convirtiéndola en un escándalo. ¿Por qué hoy les resulta a todos importante conocer mi opinión, saber qué hago, cuando en el pasado, en momentos en que todos conocían y habían tenido la mejor constatación sobre mí en mi propia vida pública, expuesta y abierta a los medios, intentando explicar y contar mi verdad, algunos me ridiculizaban y se las arreglaban para hundirme más, tergiversando mis palabras, dichos o entrevistas? Resulta hasta gracioso, aún por estos días, cuando tengo que hacer alguna salida por motivos de salud, algunas tan imprevistas que nadie podría preanunciar, esos medios están esperándome, como si alguien dirigiera una campaña publicitaria en mi contra, perfectamente orquestada con una invisible batuta. Esto no deja de tener importancia, porque algunos especialistas y coadyuvantes de la justicia, cuando fueron consultados por los
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fundamentos de sus informes, explicaron que lo hacían motivados por las continuas noticias aparecidas en la prensa y en la gran mayoría de los medios de comunicación. No olvido nunca al ministro de la Corte Suprema, Alberto Chaigneau que, consultado por los diversos medios sobre el caso Lavandero respondió tajante: “Qué me preguntan a mí, si ustedes ya lo juzgaron”. Cuando se producen este tipo de situaciones, pienso con más fuerza que quienes podrían ser los autores de la trama que me envuelve, deben haber tenido momentos de duda. Pero yo y mi conciencia nada hemos tenido jamás para reprocharnos ni de qué sentir arrepentimiento. Por el contrario. A las presuntas víctimas -como a muchos otros- les dediqué mis mayores esfuerzos para mejorar sus vidas y sacar así una sonrisa en sus rostros y en su espíritu. Sólo siento una profunda tristeza de saber que fueron manipulados ya que ellos jamás hicieron una denuncia en mi contra. Ya veremos más adelante cómo se las ingenió el fiscal Armendáriz para hacerlos testigos de los hechos que él presentó y manipuló a su antojo, reuniéndolos en una casa en la ciudad de Villarrica a fin de preparar meticulosamente el libreto de sus testimonios. En esta etapa y con febril insistencia he vuelto a examinar mi mente y mis pensamientos, recorriendo una y otra vez el tiempo y los muchos lugares en los que he estado, pensando a quiénes podría afectar con mis ideas, mis acciones y a quiénes les podría molestar más la larga y consecuente lucha que estaba llevando a cabo. ¿Sería el libro sobre la injusta distribución de los ingresos “Chile: Crecimiento sin equidad” que se agotó en las universidades y permitió reforzar un hecho evidente? ¿Cuál era este hecho? Poner en evidencia que un
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pequeño sector del país, correspondiente al primer quintil de los ingresos, obtenía el 63% del producto nacional y los otros 4 quintiles (el 80% de la población) sólo accedía -y hasta hoy lo hace- al 37% restante, por lo que la tajada de la torta llega a ser tan fina para los más pobres que tienen graves dificultades para garantizar su salud, educación y previsión. Pude quizás haber molestado con el tema previsional, que expuse con fuerza luego de una acuciosa investigación que hiciéramos con Manuel Riesco a propósito de la privatización de la previsión chilena, devenida en las nefastas AFP y las escandalosas utilidades que obtiene la empresa privada por la administración de los dineros de los trabajadores, pero sólo el 25% recibirá una jubilación y esta será mediocre, el otro 25%, sólo una jubilación mínima pagada por el Estado y el resto, el 50% de los trabajadores y empleados, simplemente nada al momento de jubilar. Al final tendrá que pagar el Estado y será una muy seria carga acumulada, si no lo hace, ya que de todas maneras los futuros gobiernos no podrán eludir este grave problema. Comparé mentalmente estas cifras y establecí equivalencias con aquellas que obtenían en 1958 los jubilados de la Caja de Empleados Públicos y Periodistas, de la que fui consejero por cuatro años consecutivos. Los problemas que pudieron generarse con el sistema antiguo no se debieron a razones previsionales o propias de la modalidad utilizada en aquel entonces. Las dificultades surgieron porque el Gobierno estableció la cuenta única fiscal y ocupaba esos recursos sin aportar lo que le correspondía. Al hacer los cálculos actuariales, comprobé que lo que se conoce como previsión solidaria o de reparto, es capaz de soportar las necesidades actuales de quienes se
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jubilan. Pero fue a partir de propagar la mentira de que ese sistema iba a la quiebra, lo que llevó a sustituirlo durante la dictadura militar por José Piñera, a la sazón Ministro de Salud y Trabajo, por uno de “capitalización individual”. El costo de este nuevo sistema para cada imponente llega a la friolera del 29,2% de su propio aporte, por lo que muy pocos y en especial los que tienen altos ingresos para cotizar más, lograrán pensiones decentes, especialmente si se toman en cuenta las lagunas provisionales, por tiempos de desocupados o cambios de trabajo. Los ejecutivos de estas empresas están bien organizados. Constituyeron una verdadera asociación de tipo corporativo que se ocupa de defender sus intereses y sus abultadas ganancias a costa de trabajadores, empleados y aportantes autónomos. ¿Serían ellos -seguía pensando en mi celda- quienes se sintieron tan afectados como para haberse hecho partícipes de esta verdadera conspiración? ¿Sería un grupo de ellos que sintió amenazado el perder sus privilegios cuando dimos a conocer un estudio del gobierno alemán en conjunto con la Universidad de Chile y al que se incorporó más tarde la Subsecretaría de Previsión Social que, a la fuerza, tuvo que reconocer las serias falencias del sistema y que confirmaban todo lo que veníamos denunciando junto con Manuel Riesco? Pensé en ellos también en un comienzo. Con dudas, pero sin que -finalmente- pueda descartarlos. ¿Sería mi participación junto a los trabajadores y empleados? Porque en un momento allí en el Senado, me convertí casi en el único que votaba de forma favorable las peticiones que llegaban por intermedio de la CUT. ¿O tal vez pudo ser porque me constituí en uno de los pocos parlamentarios que llevaba en su voz a la Cámara
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los angustiantes problemas de los jubilados, aquella injusta situación que afecta a muchos servidores públicos que ayer dieron lo mejor de sí para nuestro país? ¿Sería aquella respuesta a los periodistas por la Teletón cuando iniciaba un viaje a China, encabezando una comisión para allanar los problemas que se suscitaban con nuestro cobre? En esos momentos ya se iniciaba la publicidad de ese evento anual. Al subir al avión los periodistas me preguntaron qué me parecía esta nueva Teletón; mi respuesta fue lo que siempre había pensado sobre ese evento y dije escuetamente que “no sabía si la Teletón era un negocio o caridad”. Ahí mismo ardió Troya. Ya en China, Carmen Frei, la subjefe de comité de senadores DC -el jefe era yo- me desautorizó. Fue a hablar con Mario Kreusberger y le ofreció disculpas comprometiéndose, como reparación, sacar un acuerdo del Senado. Lo obtuvo. De inmediato renuncié al comité DC como jefe y miembro de la bancada. Me instalé en el lugar de los independientes. Con insistencia, el resto de los senadores me conminó a volver como jefe del comité pero, tieso de mechas, no acepté sin una disculpa pública y firmada por la propia Carmen Frei. Así ocurrió y como hijo pródigo volví. Este aparente hecho trivial, no lo fue. Según algunas versiones, habría dado origen al contubernio con el que el canal Católico dio paso a las filmaciones de que fui objeto. Una “revancha” orquestada habría impulsado al periodista Sutherland a combinarse con la ex cuidadora de la parcela de Metrenco, Gilda, acusada de robo por mi secretario, precisamente cuando estaba en este viaje por China. El revuelo que originó mi frase al pie del avión me llevó a iniciar una investigación que apoyase mi idea. Desde el punto de vista de los
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empresarios la Teletón es un negocio que les reporta pingües utilidades al donar una parte de lo que se recauda por el aumento de las ventas con que contribuyen los consumidores sino porque, además, descuentan de sus impuestos las donaciones efectuadas. En otras palabras, el que se pone es el “papá Fisco”, pero queda la imagen de que es la generosidad y la caridad de otros los que han puesto las platas. Pero todo aquello que me resultaba casi aplastante me ofrecía simultáneamente la aparición de nuevos caminos para investigar, rememorar y analizar. Una fuerza alentadora me decía que “si soy inocente, tengo que buscar y encontrar al responsable y verdadero culpable de esta situación que parece superarme y destruirme de una forma tan aplastante que parece ser definitiva”. Sin detenerme a pensar de qué color político eran los beneficiados y los afectados -porque simplemente escapaba a mi interés- escarbé en la misma línea de pensamiento. Tal vez contribuyó a que algunos pensaran en mí como un posible precandidato a la Presidencia de la República, como de hecho se comenzaba a perfilar pocos días antes de que se me imputaran las acusaciones. Y la idea de conformar un movimiento pluralista, compuesto por gente progresista sin importar su origen partidario, daría pábulo para presumir que en una lucha presidencial tan estrecha como lo era en ese entonces, mi eventual postulación basada en cinco o seis grandes ideas que interpretaban a mucha gente, podría afectar seriamente a poderosos intereses políticos y económicos. Algunos amigos me dijeron que ahí podía estar el origen de todo. Y aun así, no me lo creí ni me impresioné. Había que seguir buscando
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sin descartar nada, trabajando con la mayor responsabilidad y cuidado en develar la trama que me había conducido a esta dolorosa situación, con fuerza e ímpetu, pero tratando de no dejar nada al azar. Efectivamente, existía y existe aún hoy gente que piensa que soy un político diferente salido de los convencionalismos que por décadas ha dominado la escena política chilena, que no se queda en las palabras, que no promete, que sólo siente la necesidad de escuchar a las personas y actuar en consecuencia para resolver los problemas. Nada de posponerlo para mañana. Pude haberme equivocado en más de una oportunidad, pero nunca dejé de creer en mis valores humanistas y cristianos, reforzados con las largas charlas y conversaciones que sostenían conmigo y con mis compañeros de colegio mis profesores, el padre Alberto Hurtado, hoy profusamente conocido, y el padre jesuita norteamericano, Gustavo Weigel, también profesor de la Escuela Gregoriana en Roma, uno de los 4 mejores filósofos de su época y encargado oficialmente por S.S. el Papa Juan XXIII para organizar el Concilio Vaticano II. Él fue el primero que conocí que no usaba sotanas. Indudablemente ellos no sólo influyeron en mí y en mis otros condiscípulos -ninguno con más de 14 años- sino, nos hicieron mantener nuestra fe y consecuencia derivadas de aquellos principios y valores. Cómo quisiera hoy que estuvieran presentes para pedirles consejo y ayuda, ahora que todo me parece más oscuro, pero también con la experiencia para saber que la noche es más oscura cuando está próxima la alborada.

LA “CARRETA”

Ayer Orlando salió de la CAS. Partió a su casa después de 5 años de reclusión por tráfico de drogas. Él fue con nosotros una muy buena persona, un compañero de mi “Carreta”. Así llamamos a los que comparten sus almuerzos y parte de la actividad cotidiana que se realiza en los módulos. Era nuestro “chef ”, le traían algunos elementos para cocinar y preparaba platos excepcionalmente sabrosos. A Orlando lo recuerdo y lo extraño, fue un buen hombre en la CAS que -en buena hora- eligió un camino diferente al que tenía cuando llegó. En los momentos en que estuve más enfermo y postrado en mi celda, personalmente me llevaba el almuerzo día tras día. Con él y otros organizábamos los partidos de frontón en el patio, recordando mi pasado de frontonista en el Stade Français, en donde por varios años acostumbré a jugar pelota vasca, alcanzando algunos pequeños éxitos y desarrollando mucha amistad. En el patio de la CAS que correspondía a nuestro módulo, jugábamos intensamente para eliminar parte del stress, la impotencia y la depresión que nuestras propias e individuales situaciones nos acarreaban a cada uno. Desgraciadamente y a la larga, perdí ese partido. Me lo ganó la desazón profunda que me llevó a abandonar este juego compartido del frontón, el ping-pong y cualquier otra actividad. A la situación de111

presiva -y tal vez como producto de ella- se agregó una infección grave ocasionada por una intervención quirúrgica que me hicieron a fin de realizarme una biopsia en la próstata. Fue una situación parecida a la que padeció Héctor Manuel, una infección adquirida también en el hospital penal, que finalmente lo llevó a perder uno de sus riñones. Estas cosas que ocurren con demasiada frecuencia no le importan a nadie porque no forman parte de la farándula noticiosa que reina en los medios de comunicación. Al fin y al cabo, son sólo dolores humanos, indignos de mayor atención pública. Esa es la lógica imperante. La sala que me correspondió ocupar en el Hospital Penal no se parecía en nada a la habitación de un centro médico. Todo lucía decadente y mugriento. Incluso había allí en las sábanas algodones ensangrentados de antiguos pacientes, lo que indicaba a las claras que no habían sido mudadas ni estaban limpias. Las cucarachas que circulaban por el baño y el dormitorio, eran mis visitantes más asiduos. La pared en que se apoyaba la cama tampoco lucía limpia. Durante los cinco días que estuve internado no logré ni amigarme ni asumir la existencia de tan repulsivos e indeseados visitantes. No hay caso ni remedio: las cucarachas me resultan hostiles y sucias, pero eso eran sólo un elemento más. Tal vez por la alta fiebre que me sobrevenía a ratos no me impresionaba ya ni el hecho de que cuando al hacer mi cama y levantar la delgada colchoneta, me encontrara con papel higiénico sucio y ensangrentado. Así y todo, finalmente logré salir en regulares condiciones, aunque mucho mejor de lo que esperaba para las poco higiénicas y prosaicas circunstancias descritas.

PERIODISTA

Desde muy joven comencé a escribir en el diario “La Opinión” de Santiago, cuyo propietario era Don Juan Bautista Rossetti, hombre de gran actuación pública y así, poco a poco, me convertí en periodista, alternando esa actividad con mis estudios de Derecho en la Universidad de Chile, y comencé a cotizar en la Caja de Empleados Públicos y Periodistas. Era joven e idealista, con el gusto por investigar y transmitir lo que descubría. Como todos, hacía mi labor asumiendo que lo importante era la noticia o las opiniones del entrevistado. Hoy por hoy, el invitado o interlocutor no cuenta, solo es un instrumento, un medio o una excusa para que el periodista exprese sus propias opiniones, una vía para lograr los objetivos particulares de algunos profesionales de los medios o de los grupos económicos para los que trabajan, sacrificando así los temas relevantes en provecho de una farándula superficial, carente de todo contenido y que va cooptando cada vez más los espacios que el periodismo más serio y profesional debería preservar para sí. Si Luis Hernández Parker, uno de los grandes periodistas de aquellos tiempos y profesor de muchos, viviera, seguramente volvería a
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su tumba asqueado y escandalizado por la falta de objetividad en las noticias e investigación de verdad en las fuentes informativas.

APUNTES

Entre uno y otro día, entre una noche y otra, continué hurgando en el pasado. Hasta que llegué a establecer con claridad que sería infinitamente mejor continuar con la rutina habitual, para que los verdaderos responsables de mi drama se pusieran nerviosos y no pudieran caminar por la calle tan desenfadadamente, como si aquí nada hubiese ocurrido. Y logré obtener la certeza de que todo comenzó en mi celda, una noche en que doblaba y ordenaba cuidadosa y prolijamente mi ropa y mis enseres, comiendo alguna fruta antes de acostarme mientras -como siempre- arremetían en mi mente los pensamientos como un remolino recurrente y constante, una y otra vez sin tregua y sin pausa, hurgando en mi pasado para intentar encontrar una pista, un dato, un recuerdo que me confirmase lo que ya desde hace algún tiempo estaba pensando. He mirado infinidad de veces las paredes de mi estrecha celda. He recorrido su acotado espacio varias veces, preguntándome cómo una persona puede vivir en un lugar tan reducido, con el inodoro, el lavatorio y la cama compartiendo ese espacio mínimo de 2,5 x 3 metros. Como es de esperarse, allí se juntaban todo tipo de olores.
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Allí, encerrado desde las cinco y media de la tarde, me tomaba una leve merienda, hacía mis necesidades, ahí mismo estaban mis artículos de aseo personal, mi ropa limpia y mi ropa sucia, además de dos escobillones y traperos destinados a la limpieza de ese pequeño habitáculo que hasta el día siguiente se convertía en mi dormitorio. Cada mañana hacemos nuestra cama, lavamos calcetines y calzoncillos mientras contemplamos las fotografías, esos trozos de papel impreso con imágenes que nos traen al corazón a los seres amados, entre ellos -por cierto- mi madre. Su presencia allí también es como una caricia que gratifica y consuela el alma, un aliciente más para continuar sin desmayo buscando la verdad. A pesar del diminuto, estrecho y ajustado espacio que teníamos, había que darse maña para instalar dos roperitos de lata pintada, una pequeña mesita de velador, otra para comer y un pequeño soporte de hierro para fijar un televisor. Debajo de las mesas, las cajas de plástico se convierten en el mejor ropero que, junto con servir de clóset, ayudan a alejar la ropa todo lo que más se pueda del persistente e insalubre polvillo que todo lo invade y hace irrespirable el aire dondequiera que uno esté. Es común -en razón de eso- sentir la aspereza, el permanente carraspeo en la garganta y el consiguiente ardor en los ojos. Pero el hombre se acostumbra a todo, aunque por mi parte, he ido descubriendo que me cuesta muchísimo más adaptarme a situaciones impredecibles como las que me han tocado vivir, que a aquellas que entran en el contexto de lo que sí se puede prever. Así también, puedo decir sin reparos que muchas de las cosas que antes consideraba indispensables y necesarias para vivir y de las que
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hoy carezco, me han demostrado que la vida es posible casi sin nada y que, en definitiva, uno puede adaptarse a cualquier entorno -hostil o benévolo- y a cualquier cosa. Lo que resulta prácticamente imposible es la convivencia con aquello que no se comprende, que escapa a nuestro raciocinio y a nuestro sentido común. En reclusión las cosas más simples se convierten en importantes. Tal vez la limpieza personal de los presos sea una de las preocupaciones que se atienden de la forma más meticulosa, más aún y en especial, cuando una o dos veces a la semana habrá de llegar la visita de los parientes, de los afectos cercanos. La limpieza es una rutina que se convierte en una actividad obligada. Hay que lavar la ropa, razón por la que un detergente y demás elementos de aseo son elementos muy apreciados y los familiares los proveen en los turnos de visita. Pero también hay presos que no son visitados y cuando tienen la necesidad deben comprarlos a un mayor precio en el quiosco del Penal que está dirigido por los cabos y cuyas utilidades seguramente contribuyen a incrementar en algo el paupérrimo salario que perciben por parte del servicio penitenciario. Tal como mencionaba, hacer el aseo es una de las rutinas más importantes para trapear las celdas, el recinto donde se almuerza y las piezas en las que también se reciben las visitas conyugales. Se trata de dejar un inequívoco olor a limpio. El pan es un alimento de suma relevancia en este lugar. Después de almorzar, algunos, para quedar satisfechos, se comen hasta 3 unidades en cualquiera de sus variantes conocidas, sea este francés o marraquetas y hallullas. Es como un necesario complemento.
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Luego se lava la loza, por lo que conseguirse un buen líquido lavaplatos se convierte en un importante logro y hay que cuidar su uso dosificándolo para que alcance hasta la próxima vez en que nuestros familiares nos traigan los elementos que van faltando. La ropa interior, las poleras, los sweaters, son motivo de lavados continuos. Logramos colocar unos cordeles en el patio para secar la ropa en primavera y verano, de lo contrario, hay que colgarlas en unos cuartos que se usan a manera de bodega o despensa. En las celdas la cama está compuesta por un “catre de hierro” y una colchoneta rellena de goma espuma en su interior, por lo que el sueño compartido por todos es conseguir colchones de verdad. Las perchas o ganchitos plásticos para colgar la poca ropa que se puede tener son de primera importancia. No están permitidos los clavos por lo cual fabricamos y pegamos “perchas plásticas”, tarea que mis compañeros me enseñaron y que, a lo mejor, me servirá una vez que salga de aquí en libertad: Se pica abundante papel higiénico, se humedece en cola fría y se revuelve. Esta mezcla se coloca en la pared, la que previamente se ha raspado un poco a objeto de conseguir una mejor adherencia; luego se pone la percha o madera que hemos confeccionado, presionando bien para fijarla y terminar el trabajo. Mi celda está llena de perchitas para colgar, por lo que a veces me pienso que vivo dentro de un bazar o de una antigua mercería. Convivo con condenados por asesinato y tráfico de drogas, delincuentes responsables de los más diversos delitos, pero eso no cuenta para la vida en comunidad, porque lo que es verdaderamente relevante es una gran solidaridad entre todos. A nadie se le ocurre ejercer algún tipo de discriminación, sea cual fuere, o cometer ofensas
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entre nosotros. Las conversaciones giran en torno a las posibilidades -ciertas o no- planteadas por los abogados de cada cual para obtener la ansiada libertad, los éxitos y fracasos de las gestiones hechas por los defensores y sobre todo, la decisión firme de poder dedicarse en plenitud a educar a los hijos y a sostener a las respectivas familias. Esa es la aspiración al momento de pensar en el día en que recuperen la libertad. Pero junto con esa esperanza convive también en cada uno la angustia y el temor más grandes, ya que se sabe que al momento de ir a solicitar un trabajo los antecedentes penales cierran las puertas de forma casi automática, sin dar siquiera el más elemental beneficio de la duda o una oportunidad para demostrar que se ha logrado una verdadera rehabilitación. Es por ello que ante el cierre de un horizonte que represente una nueva alternativa, diferente de la que ofrece el mundo del delito, la mayoría ha pasado por otras “canas”. En las cárceles hay un lenguaje propio y diferente al del común de los mortales; es el de la “cana”. Y en ese idioma exclusivo es que he sido receptor de muchas de las penurias por las que han tenido que pasar y vivir los reclusos, muchas de ellas espantosas y que seguramente no se conocen ni se conocerán jamás fuera de estos verdaderos ghettos. Todas se refieren a aguantar y aceptar situaciones y condiciones verdaderamente infrahumanas, quizás con la ilusión de que algo de eso pueda ser conocido fuera de los muros del penal por el resto del país. Todos quienes transcurren sus vidas en los penales -sean presos o gendarmes- colaboran y me alientan permanentemente a escribir este libro, por lo que hoy conforman una parte fundamental en la creación de estas páginas y en mi vida diaria. Ellos mismos se ofrecieron a describir y relatar en pequeños resúmenes sus pasos por los diferentes penales del país y según sus relatos, la CAS es una de
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las mejores cárceles, por lo que el estar aquí y a pesar de la extrema vigilancia que incluye rejas cubriendo los patios -medida adoptada luego de espectacular fuga en helicóptero-, es preferible a estar recluido en cualquier otro centro penitenciario. Las conquistas aquí son más importantes que en el exterior. Intentaré más adelante describirlas desde mí doble perspectiva y experiencia, como recluso y como ex-Senador. El 18 de septiembre –como era lógico- hubo una celebración especial. Nos juntamos con el otro módulo, el J Norte. Allí están los alemanes de Colonia Dignidad, Claudio Spiniak, Manuel Guerrero (miembro de una ONG), el gordo Miranda con sus CD de películas, los que presta amablemente a los que, después de largo tiempo y trámites, consiguen la autorización para ingresar un reproductor de DVD o un pasapelículas. Esta fecha constituye también un hito importante en esta cárcel y por eso se nos autorizó a reunirnos con los reclusos de los dos patios del J, algo raro porque no tenemos contacto con otros presos más que con los del propio módulo que habitamos. Para la celebración todos contribuimos con algo. Los alemanes de Colonia Dignidad trajeron tortas y flores -entre otras exquisiteces- e hicimos una “vaca” para comprar carne y bebidas gaseosas. Nada de vino o alcohol, por supuesto. Armamos así una larga mesa donde compartimos y conversamos entre todos y en donde pude conocer más de cerca a Claudio Spiniak, a quien le presté un libro sobre economía y con quien tuve una
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interesante conversación, que me permitió conocer su experiencia desde otra perspectiva. Otros presos me contaron que antes pasaba solo en el patio y que durante las noches, había en su celda una luz encendida de manera permanente y un gendarme al lado de la puerta siempre abierta para vigilarlo mejor. Lógicamente, esta situación le llegó a provocar un stress y una profunda depresión. No era ya el karateca ni el hombre exitoso que conoció la opinión pública, solo era un hombre panzón, triste, callado, y había mostrado recién una leve sonrisa cuando logró que lo sacasen del patio solitario y lo trasladasen al patio J Norte, donde tuvo la posibilidad de compartir y tener contacto recién con otros seres humanos. Lleva casi cinco años y hoy se le abrió la posibilidad de salir a la calle y en libertad. Pasamos un gran día este 18 de septiembre. Comimos un asado y disfrutamos de otras cosas que hace mucho no veíamos o jamás habíamos tenido aquí en el Penal, salvo como recuerdos de cuando estábamos en libertad. Por cierto, fue enteramente distinto a las celebraciones tradicionales del 18 de septiembre en el Congreso, en donde se festejaba con grandes discursos, desfiles militares entrevistas a los palomillas, y los senadores y diputados disfrutando su protagonismo ante las cámaras de TV. Recordemos que tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados existen salas de prensa y comedores especiales para los periodistas, donde se traspasan la información entre los que son más astutos. Y los más quedados, se limitan a copiarla. En esa celebración hay toda una parafernalia y viajes. Carreras de los ministros, a veces con choques en las carreteras, aun cuando éstas se
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cerraban para que el tránsito fuese más expedito. Así y todo, no dejaban de caer las piedras a la pasada que llegaban desde la población que está a la salida de Valparaíso. Tuve contacto con sus pobladores, quienes me contaron sus desesperanzas y el abandono en que se encontraban, y que era la razón de su malestar contra esos vehículos que, con todas las comodidades posibles, iban a una fiesta a la que los pobladores, evidentemente, no estaban invitados. Tanto en el Senado como en el Penal, y en cualquier grupo humano, siempre han existido los negociadores, aquellos que conseguían un acuerdo entre gobierno y oposición, para aquellos que disfrutan la presidencia del Senado o de una comisión importante. Los jefes de los comités también desempeñan en esta situación un papel relevante. Cada grupo de parlamentarios de un mismo partido designa a uno de sus miembros como jefe de comité. Dependiendo del número de integrantes de cada comité será el número de jefes y semanalmente se reúnen con el presidente de la correspondiente rama del Poder Legislativo para planificar las sesiones siguientes y ver los proyectos que se pondrán en tabla. También se reúnen para tomar acuerdos que no siempre se cumplen cuando ocurren situaciones graves o extraordinarias. En el penal los negociadores hacen una tarea más simple pero más efectiva. La mayor parte de las veces, por lo menos en estos tiempos, los temas que abordan son muy importantes para la vida diaria y apuntan a aspectos tales como conseguir la autorización para reemplazar platos y cubiertos, tratando de contar con elementos de mejor calidad que los de plástico, habitualmente autorizados. Esto depende fundamentalmente de la conducta que presentemos
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los reclusos, así como de la discreción y del buen criterio de las autoridades del penal. En general nos ha ido bien, aunque con mucho esfuerzo y tiempo pudimos conseguir cosas sencillas como, por ejemplo, un refrigerador, indispensable en verano para que no se descompongan los alimentos que pueden quedar inservibles en un solo día. La juguera o licuadora y el tostador de pan, fueron otras grandes conquistas. Del mismo modo que en el Parlamento, en el Penal también se trata de obtener avances en las condiciones de vida, aunque aquí se trata de alimentarse, bañarse; cosas tan esenciales que en otros lugares parecen tan obvias, aquí forman parte de la sobrevivencia. Otra conquista importante fue conseguir un horno de microondas y un basurero plástico. Todo representa muchas complicaciones y trámites. A fin de graficarlo mejor cito como ejemplo el caso de los tallarines. Para que estos logren llegar a nuestras manos puede requerir más de 24 horas dependiendo del día y de quién se encuentre en la sala de ingreso. Sucede que a veces los gendarmes han tenido un día difícil, complicaciones en otros sectores y están “de mala”, y los tallarines y la carne son rechazados sin ninguna razón lógica. Sólo porque sí. Las visitas son meticulosamente revisadas. La mayor parte de las veces tienen que desnudarse y sacarse los zapatos. A las mujeres no se les permite el ingreso con zuecos o zapatos con plataforma y aunque pueda parecer exagerado, de hecho en estas revisiones se ha dado el caso de que se ha tratado de ingresar teléfonos celulares.

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Lo que no hemos podido lograr por ningún motivo y a pesar de numerosos intentos, es una conexión a Internet o a la televisión por Cable, a pesar de que pienso que en el caso de la red bien se podría bloquear fácilmente el acceso a determinados sitios y que su autorización podría convertirse en un premio de evidente valor para quienes muestren buena conducta; además podría utilizarse en presencia y bajo la supervisión y propio provecho de gendarmes. Pero la cultura disponible en los canales de historia, programas educativos, documentales e informativos, no sólo chilenos sino también de otros países, está vetada.

LA ESPADA DE LA JUSTICIA SOCIAL

Otro sueño es el poder tener un lavarropas. Son cosas tan sencillas y hasta obvias para quienes sólo tienen que preocuparse de tener el dinero necesario para su adquisición, sin pensar en peticiones formales a autoridades que dependen más de su propio estado de ánimo para dar su aprobación, que de un criterio racional o del sentido común.

Mis pensamientos se suceden y deambulan por una bruma de recuerdos, intenciones, y sueños. Se me aparecen los tiempos vividos como senador y diputado y, entre ellos, el viaje a la República Popular China, realizado por pedido del Gobierno de la época y puesto a mi cargo como Jefe de Delegación. En esa ocasión, fui acompañado por una parte de la Comisión de Hacienda del Senado que yo presidía y seguramente por mi buena capacitación y experticia en esta materia, se me escogió como jefe de esa delegación, no obstante que viajaba con nosotros el propio Presidente del Senado, Sergio Diez. Viajar al exterior no era “mi” constante. No me gustaba viajar al extranjero ni interrumpir mis recorridos por el país -y especialmente por mi Región- para explicar el significado e importancia que tiene el cobre para nuestro futuro, explicar temas como el royalty a la minería, la pesca, las AFP con sus trampas y tantas preocupaciones de los trabajadores y los más desamparados. Me sentía más a gusto cumpliendo con las invitaciones que se me hacían para discutir con los sindicatos sus problemas, las municipalidades, o los seminarios con estudiantes y profesores en las universidades. Pasaron dos años en que viajé muy intensamente difundiendo la injusta situación de la minería, en que las empresas multinacionales -privatizadas por el
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gobierno militar y su inefable ministro de Minería José Piñera- se quedaban con las riquezas nacionales. Pero en este viaje a la China también se trataba de obtener por parte de ese país en plena expansión, un nuevo mercado para el cobre. En el itinerario trazado para aquel viaje recuerdo que estaba programado llegar a Japón, Singapur y Corea, todos compradores de cobre. Se trataba de mejorar los términos de intercambio y de adquisición, buscando que compraran el cobre refinado, que significaba más mano de obra chilena y más valor agregado, en lugar de llevarse sólo el concentrado como una materia prima. Se buscaba también tratar sobre la sobreproducción mundial de cobre, originada en el exceso de producción que se realizaba desde Chile por parte de las multinacionales, situación que era especialmente inquietante por ser el cobre un recurso natural no renovable que podría agotarse sin que las multinacionales pagaran ni un solo centavo al Estado. Si esto no era posible, la idea era promover un mayor uso del mineral para equilibrar la oferta con una mayor demanda. Sobre un total de ocho libros escritos y publicados, cuatro abordaron el tema del cobre. Cuando no era escuchado por las autoridades o el Senado, escribía un libro para intentar convencerlos mediante la difusión y explicación de estas ideas y -al menos- dejar un claro e inequívoco testimonio para el futuro. Comprendí y llegué a manejar bien los vericuetos de este complicado tema, pues siempre estuve asesorado por excelentes especialistas y catedráticos, como los son Julián Alcayaga, Héctor Vega, Orlando Caputo, Manuel Riesco, además de las personas que integraban el Comité de Defensa del Cobre.
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También estuve presente desde la oposición a Pinochet, en que me tocó compartir muchos viajes con Radomiro Tomic, para dar a conocer al país el significado y trascendencia de la oscura concesión plena propuesta por el entonces ministro José Piñera y que significaría la desnacionalización lisa y llana de nuestra minería, lo que implicaba un retroceso sin ambages para el país, la pérdida de recursos para todos los chilenos de hoy y de las generaciones venideras y el desmantelamiento ruin de los organismos fiscalizadores del cobre. Todo esto y mucho más trajo consigo la concesión plena. Aunque al mismo tiempo, pudimos vivir la alegría que produjo a muchos chilenos nuestra visita en plena dictadura, nuestro paso por el Norte, destinado a convencer a nuestros compatriotas sobre la conveniencia de usar los colosales recursos de la minería en favor de los sectores más pobres del país y sus regiones más atrasadas. Sostuvimos multitudinarias reuniones en el ex Congreso Nacional para recordar la nacionalización del cobre, la ruta del cobre en Chile con la “chilenización” y nacionalización pactada con Eduardo Frei, la posterior y total nacionalización con Salvador Allende, proyectos que también me tocó impulsar y aprobar como diputado. Esta larga tarea no se detuvo con la llegada de la democracia. Por el contrario, la sostuve aun con más tenacidad -aun si es posible- con el recuerdo de Eduardo Frei Montalva, de Radomiro Tomic, de Salvador Allende, y de las dificultades con la dictadura de Pinochet, todo lo cual concluyó -de manera segura- con mi internación en esta Cárcel de Alta Seguridad, tan llena de puertas de acero, de barrotes, de una gran cantidad de cámaras de TV por circuito cerrado, con el solo objeto de vigilarnos en todo momento y en todo lugar, incluso
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mientras dormimos. Esto sin duda me afectó complicando mi estado y condición de salud, pues la depresión se hizo más fuerte y ha jugado un papel gravitante en mi capacidad para sobreponerme a este injusto castigo y descubrir las verdaderas razones de mi reclusión. No he podido olvidar que nacionalizar el cobre al Presidente Salvador Allende le costó la vida, y, según se ha descubierto recientemente, por Chilenizar el cobre, al Presidente Frei Montalva, también le habría costado la vida. Los chilenos no conocen a los extremos que estas colosales multinacionales han llegado para apoderarse y defender esos intereses malamente adquiridos. En algunas oportunidades, amigos e incluso desconocidos me envían flores para que ponga en la Biblioteca, algo de lo que me siento agradecido no solo porque siempre me han gustado, sino por el gesto que ello encierra y porque, sin duda, me ayudan a superar aunque sea momentáneamente este soterrado y lúgubre sentimiento de tristeza con el que casi todos convivimos en el día a día. A mí me tocó el mismo módulo y patio desde donde los presos políticos se escaparon en el helicóptero. Conocí la historia en detalle, esta vez contada desde el interior del penal por los demás reclusos con un indisimulable y evidente sentimiento de felicidad. La mayoría de los presos sueña con escaparse, cosa absolutamente comprensible, en la medida que las condiciones de encierro deterioran el ánimo a tal punto límite, que se piensa en que cualquier alternativa será mejor al hecho tan oscuro e incontrastable de tener que enfrentar años y años de aislamiento.

LOS COTONITOS Y UN DECÁLOGO

Si usted llega a caer en la cárcel -tal como decía el famoso diputado socialista Mario Palestro- “por si las moscas”, le recomiendo tener presente los siguientes consejos que a lo mejor, en su vida normal, le pasan desapercibidos: 1. En primer lugar sin apelación, son indispensables los “cotonitos”, adminículos imprescindibles para sacarse el polvo que, de manera implacable y persistente, está siempre omnipresente. Aun allí donde a cualquier persona puede resultarle inimaginable. Si no los usa, el resultado será invariablemente tener las narices y las orejas sucias de manera permanente. 2. Tener siempre a mano detergentes y lavaplatos como si en ello le fuera la vida. Si nunca ha lavado ropa, cubiertos u otros utensilios de cocina, será de suma importancia que vaya practicando porque en la cárcel -invariablemente- deberá hacerlo sin atenuantes. 3. Si no cuenta con un compañero aficionado a la cocina, tendrá que manejar algunas normas básicas, o de lo contrario pasará irremisiblemente hambre o deberá comer muy seguido porotos con riendas y asumir luego las desagradables consecuencias, tanto para
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usted como para el resto de sus compañeros, lo que podría resultar imperdonable. 4. Un cortauñas es absolutamente vital, pues no está permitido bajo ningún concepto el ingreso de tijeras. Considere que para cortarse el pelo casi siempre habrá un preso bien dispuesto a desempeñarse como “coiffeur”, pero sin pretender aspirar a los cortes acostumbrados. Aquí las variantes son bien diferentes: estilo fraile franciscano (bien pelado abajo y con una coronilla), o el corte tipo milico o prusiano (bien cortito, y arriba -si todavía tiene ahí algunos pelos- lo puede mantener un poco más largo. O sea, opcional). Hay gran variedad de cortes. El menos popular es el estilo Kojak, o sea, pelado al cero. Lo que unifica los diversos estilos, es que absolutamente todos se hacen con un único peluquero, cuyas tijeras deben ser entregadas, finalizados los cortes de pelo, al cabo del módulo para guardarse en custodia. 5. Jabón, shampoo, peineta, traperos, escobilla de dientes, unos buenos cuchillos, cucharas y tenedores de plástico son todos indispensables, pero no es fácil su ingreso, y el resto es casi misión imposible. 6. No hay problemas para ingresar aparatos de televisión, siempre y cuando sean de 14 pulgadas y ni un milímetro más. Los equipos de música son muy apreciados. Intente procurarse uno bien potente y con mucho volumen para poder neutralizar el sonido de los otros, que de manera estridente, suenan todo el día y a veces hasta de madrugada. Si consigue música clásica, suave y relajante, aún mejor. 7. No se olvide de las zapatillas y un buzo bien abrigado. Es lo que más usará, pero tendrá que aprender a lavarlos, no se haga el tonto.
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Aquí, esto es una ciencia. Si es friolento, intente con bastantes chalecos gruesos de lana. Camisetas y calzoncillos largos ayudan mucho y serán altamente valorados. Por ningún motivo debe olvidar las poleras, sobre todo musculosas o tipo camiseta para el verano. El calor llega a ser tan sofocante que se acordará de mí. Si las tareas domésticas jamás fueron su fuerte lleve bastantes calzoncillos, sobre todo si no está dispuesto a lavarlos muy seguido. Como sucede con algunos presos, con dos puede ser suficiente ya que mientras usa uno, lava el otro. Si esa es su elección, después no ande llorando por los rincones. Lo mejor que puedo desearle en estas circunstancias es que lo acompañe el buen tiempo para que sus íntimas prendas alcancen a secarse de un día a otro y no tenga que ponerse ropa interior completamente húmeda. Las consecuencias no son gratas. 8. No olvide los zapatos con suela de goma, ya que donde se lava la loza, un sitio que está junto al inodoro y a la ducha (prácticamente a la intemperie para no confundir los olores) todo el piso se moja. Le aseguro que chapotear con zapatos con suela de cuero definitivamente no será ni grato para sus pies ni beneficioso para su salud, sobre todo en invierno. 9. Si usted tiene un sistema digestivo muy ágil, puntual y poderoso, está embromado. Tendrá que acostumbrarse a hacer sus necesidades fisiológicas con público y en espacios abiertos en que es inevitable que, mientras alguien esté en esa natural y pedestre empresa, algún otro estará lavando la loza y otro metido bajo la ducha. Estar “en pelotas” no asombra a nadie, así que intente no traumatizarse ni incomodarse y asumir el trance con la mayor naturalidad posible. Terminará acostumbrándose.
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10. Elimine de su vocabulario la palabra celular. Y también de sus pensamientos. Están completa y definitivamente prohibidos. Cambie su objeto de deseo comunicacional porque en ello radicará gran parte de su salud mental y psicológica. Desconozco aún si las palomas están permitidas (sea para mensajes, cazuelas o estofados). Tomando todas estas recomendaciones al pie de la letra, junto con otras que van más adelante, podrá tener un buen pasar -dentro de las posibilidades- mientras intenta combatir y evitar la depresión que le sobrevendrá invariablemente. Pero todo se puede solucionar allí. Un último consejo: No discuta, no pelee. Por el contrario, muestre su mejor cara y trate de hacerse amigos o se verá enfrentado a serios problemas.

EL “CHICO” JORGE

Hoy, el primer compañero de módulo me entregó su testimonio, tal como se comprometieron otros aquí. Salvo pequeñas modificaciones para su mejor comprensión, transcribiré el texto tal cual me fue entregado por “El Chico” Jorge, y que contiene la descripción de su vida, de su carrera delictiva, sus sueños y los esfuerzos con que ha intentado persistentemente -aún hasta hoy- readaptarse a la sociedad que a todos espera al término de la condena. Cada uno podrá juzgar por sí mismo y con su propio criterio a este preso cuyo nombre es Jorge Guzmán. A mí me corresponde y resta sólo agradecer su valentía, generosidad y su disposición para cooperar con su relato y estimularme a continuar con la realización de este libro. Habla Jorge Guzmán Vera, el “Chico Jorge” “Empecé a delinquir a los 14 años. Robaba en las tiendas del centro de Santiago. Yo cometía hurto; la policía lo llama “descuido de tiendas”. Robé en Chile hasta los 18 años y después viajé a Buenos Aires donde estuve hasta los 20. En los dos años que estuve en la Argentina entré y salí de la cárcel varias veces. Volví a Chile para visitar a mis padres y
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hermanos y a la vez despedirme, ya que viajé a Europa, más específicamente a Francia, Italia, España e Inglaterra. Pasó lo mismo que antes, entré y salí de todas las cárceles de Europa. Hasta ese continente viajé cuatro veces hasta que decidí no viajar más, ya que conocí a la que es mi esposa con quien formé una familia, la cual me ha asistido y ha estado a mi lado todos estos años que llevo en prisión. Después que decidí no viajar más, comencé a delinquir de nuevo aquí en Chile pero de otra manera, no ya como ladrón de tiendas, sino que tomé una pistola y empecé a cometer un sinfín de ilícitos: asaltos a joyerías, empresas y bancos hasta que fui detenido. Y hasta allí llegó mi carrera; me condenaron a 28 años de cárcel por todos los delitos cometidos. Llevo 23 años en prisión y pasé toda mi juventud en la cárcel. Estoy muy arrepentido de todos los líos en que me metí, ahora quiero readaptarme y hacer un bien a la sociedad. A la fecha me encuentro en la CAS, junto a don Jorge Lavandero, ya que somos vecinos de pieza, en el mismo piso y módulo”. Jorge Guzmán siempre me ha llamado “El Papi Senador”. Por las tardes me pide un CD de música o un DVD de películas para matar las interminables horas y la soledad de la celda, que es donde se pasa la mayor parte del tiempo. Mientras tanto, yo escribo en mi pequeño espacio. Deshilachando recuerdos, parte de mi vida y de mi largo pasado como parlamentario, trayendo al presente algunas de mis acciones que, puestas sobre
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el papel, pueden ser a veces un poco curiosas y otras un tanto tediosas, de acuerdo al temperamento y al estado de ánimo con el que me toque convivir en cada momento.

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EL PELUQUERO

¿Cómo me convertí en el peluquero oficial del bloque sur y cómo después fui -en parte- desplazado? Pues bien, un día se me ocurrió pedir que me trajeran un Trim. Recuerde siempre que las tijeras están prohibidas. El Trim - averigüe con sus amigos o algún experto qué es, para qué sirve y cómo funciona- tuvo que quedar por obvias razones en el tercer piso del módulo, en manos de los gendarmes que cuidan los pisos con celdas. Sólo con esa condición se permitió su ingreso. Probablemente algo de razón tenían ya que, siendo un adminículo que utiliza hojas de afeitar en su mecanismo, bien podría alguien desarmarlo para hacerse de ellas y “cortar” a otro. A uno se le pega el lenguaje “canero”, los garabatos y conoce historias buenas y malas. El hecho es que en los baños, concretamente en el excusado o inodoro, para no tirar y desparramar los pelos por todas partes, comencé a cortarme el pelo tal como lo había hecho casi por 20 años. Había perdido la costumbre, por cierto. En el Senado teníamos un peluquero que diligentemente se encargaba de dejarnos presentables, bien compuestos y arreglados para asistir al trabajo de comisiones y a las sesiones plenarias. Esto resultó ser bueno y malo a la vez ya que, por la mano del coiffeur, mi cabeza tomaba un aspecto más regular
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y algunos pelos que se habían caído parecían más normales. Pero lo malo es que esa comodidad me llevó a perder la gran habilidad que antes tenía cuando me cortaba solo. Afortunadamente, pronto la fui recuperando. En vista de eso y del corte de pelo que empecé a lucir, al poco tiempo y con mucha timidez, algunos presos del módulo asumieron el riesgo de cortarse el pelo conmigo. Debido a los paulatinos mejores resultados, pasé a convertirme -tal como mencionaba antes- en el “peluquero oficial”, hasta que transcurridos seis meses llegaron otros con más habilidad en la materia, lo que redundó en una significativa disminución de mi clientela. Algunos, por hábito -y tal vez por un no confesado sentimiento de solidaridad- continuaron cortándose el pelo conmigo, cosa no menor que tengo que alabar y agradecer por su constancia y por el riesgo que libremente asumían con este peluquero voluntarioso, un poco improvisado y nacido de la necesidad. ¿Como me convertí en paramédico? Cuando entusiasmé a la gente de mi sector para realizar actividades deportivas y de esparcimiento. A la acostumbrada práctica habitual del Ping-Pong les propuse una alternativa distinta: Jugar frontón en el patio, un deporte cuya ejercitación, como ya he relatado, mantuve por largos años. Ahora se trataba de introducirlo en nuestro patio, por lo que me conseguí algunas raquetas, unas pelotas de tenis usadas, que le encargué a un amigo tenista, Guillermo, el que generosamente me trajo como 60 entre usadas y nuevas, convirtiéndose en nuestro proveedor en la materia.

Y así entonces, comenzó el frontón en la cárcel. Poco a poco se fueron incorporando todos, al punto que debimos llegar a hacer turnos para jugar, pese a lo cual pudimos realizar ejercicios con bastante intensidad. Esto me trajo algunos problemas, porque desafortunadamente ya no soy el de antes -más allá de lo que me gustaría creer- y como he sido apasionado siempre por la práctica deportiva, continué jugando a pesar de los costalazos, raspones, chichones y moretones. Así llegué hasta el kinesiólogo “Jaime”, que atendía en una sala pequeñita, la que se suponía, era destinada para kinesiología. Pero el especialista carecía de todos los medios. No contaba más que con una ampolleta de luz infrarroja que produce un calor especial, y un aparato de ultrasonido para los dolores e inflamaciones traumáticas, producto de golpes o desgarros, que es una situación bastante frecuente aquí. Además nos hacían ejercicios especiales para evitar los dolores a la columna o los desgarros, los que se enseñaban en una camilla para después repetirlos y continuar en la propia celda. Fui cliente asiduo del kinesiólogo por mis variados traumas en el frontón, muy a pesar mío y de lo que los golpes constituían para mi propio ego y autoestima: un problema de asumir una realidad distinta, tenía más años y eso me daba cuenta que tenía que asumirlo. Como consecuencia de mis constantes visitas a esa dependencia terapéutica, establecimos una buena relación con Jaime, por lo que me enseñó a aplicarme las dos variantes de tratamiento que poseía: el ultrasonido y la luz infrarroja, razón por la cual, cuando no estaba el kinesiólogo, los gendarmes e internos me pedían clandestinamente que les hiciese el tratamiento. Los internos juegan bastante fútbol
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y los más gorditos caían -para bien o para mal- invariablemente en mis manos por lo que, de esa forma, me convertí en una suerte de paramédico. Al frente de la salita de kinesiología está la enfermería, donde acudían toda clase de internos y algunos gendarmes a fin de mitigar algunas dolencias que muchos padecen debido a su avanzada edad y por la preexistencia de diversas enfermedades, tanto físicas como psicológicas. Precisamente por este último rubro, existe mucha demanda por las pastillas más diversas, como la pomada del “oso blanco”, aquella que los charlatanes antiguamente recomendaban para la caída del cabello y dolores de estómago. Aún no sabemos si se utilizaba para generarlo o para curarlo. En la enfermería, sin embargo, se trata de dar asistencia con más seriedad y para eso disponen de un libro en el que se explican los medicamentos y las cantidades adecuadas en que deben ser administrados. De vez en cuando aparecía un buen médico, como el Dr. Reyes o algún otro profesional que provenía del contiguo Hospital Penal. A ésos se les tenía un poco de miedo y en especial a los médicos extranjeros, porque aplicaban soluciones más drásticas y dolorosas que poco tenían que ver con el propósito primario de la medicina, tal es, mitigar el dolor. Hacían suturas hasta sin anestesia, como más de una vez pude constatarlo en el Hospital. Otros, por cierto, eran más amables, sobre todo algún especialista, pero aun así los elementos son escasos y bastante anticuados. Lo normal y habitual es que carezcan de la mayoría de las cosas elementalmente necesarias para atender de manera adecuada a los enfermos. Puedo asegurar sin temor a equivocarme, que si alguna autoridad hubiese hecho una visita, todo aquello lo hubieran clausurado por insalubre lisa y llanamente. Pero es lo que se tiene, y justo es reconocer que
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hacen lo mejor que pueden, aún cuando a veces se producen profundos y graves desaciertos como en el caso de Héctor Manuel Chacana, que perdió un riñón por la infección intrahospitalaria que adquirió luego de una casi trivial cirugía por cálculos. Pude confirmar lo anterior cuando tuve que ingresar por mi próstata, que derivó en una prostatitis severa, según arrojaron los resultados de la biopsia a la que fui sometido. Como la operación implica necesariamente traspasar la pared del colon -llena de elementos fecales- a fin de acceder a la próstata misma, la falta de higiene o la falta de antibióticos me significó una gran infección, tal como le ocurrió a Chacana, lo que me obligó a permanecer internado en el Hospital Penal. Fue allí donde hice amistad con las cucarachas que continuamente me visitaban y allí donde tuve que combatir el frío, producto de la altísima, sostenida y obstinada fiebre. Fue después de llegar a ese estado que me dieron grandes dosis de antibióticos, los que esta vez cumplieron su cometido. El drama es que una cosa trajo otra y me comencé a apestar. En mi vida normal nunca fui un asiduo visitante de hospitales en calidad de paciente, salvo las veces que debí concurrir a ellos por situaciones traumáticas como con los atentados que sufrí en tiempos de Pinochet. Esto me hace recordar aquel terrible intento que hicieran en la dictadura para eliminarme y a causa del cual estuve agonizando durante más de 5 días. Me significó perder la audición total y para siempre en mi oído izquierdo y me trizaron el cráneo. Lamentablemente para ellos, logré sobrevivir, y nunca imaginé que tendría que vivir otra traumática situación hospitalaria.

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Después de la experiencia vivida en el hospital penal, mi hija Carolina, junto con mi abogado Reyniero García de la Pastora, consiguieron llevarme a la Clínica Indisa, donde ya me conocían pues siempre me atendí en ella. En el 2004 me hicieron allí otra craneotomía debido esta vez a un accidente automovilístico, ocurrido justo enfrente de la clínica cuando estaba esperando frente a la luz roja de un semáforo. Fue en ese momento que un hincha del seleccionado chileno de fútbol, tras el triunfo sobre Venezuela y absolutamente alcoholizado, a toda velocidad y sin frenar embistió una carroza fúnebre, el automóvil de una señorita y cayó luego sobre el techo de mi pequeño Peugeot 206, destrozándolo por completo. Por supuesto, conmigo adentro. Este accidente ocurrió antes de viajar a un Congreso Bolivariano al que fui invitado en Venezuela para participar en él y dictar unas charlas sobre el cobre en algunas universidades peruanas, las que me resultaron muy interesantes y en las que expuse la necesidad de incorporar un royalty a los minerales, tal como existía en casi todos los países del mundo, como una forma de obtener más ingresos y defender así a los países latinoamericanos de la sobreexplotación indiscriminada de nuestras materias primas no renovables y entre las que el cobre juega un rol fundamental para Chile. Estas multinacionales van a Perú y le dicen que les deben entregar más privilegios para sus inversiones y que si no se las dan, las harán en Chile. A nosotros nos dicen lo mismo pero al revés, al final terminan bajándoles los pantalones a ambos países con tremendos beneficios y muy, pero muy pocos aportes a nuestros países. Lo mismo ocurrió con Menen en Argentina, con la empresa binacional Pascua Lama de la Barrick Gold.

Esto debiera empañar la historia entre ambos países y avergonzar a ambos presidentes que firmaron ese acuerdo binacional que sólo le entregó privilegios enormes a esas empresas como para construirles un país virtual insertado entre ambas fronteras, con un verdadero “gobierno de carácter administrativo en materias mineras y jurisdicción en las concesiones mineras y servidumbres, sin ninguna regulación, lo que les permite, apoderarse de servidumbres de agua y mineras a lo largo de Chile y Argentina. No exagero. Pero quisieron extender esta franja hasta Aysén sin tener minas allí. Pero hay reservas de agua y energía disponible. ¡Qué bien le vendría a los chilenos conocer el valor de su patrimonio, pesquero, forestal, químico e hidráulico! Con el cobre se llevarían una sorpresa. El valor de Codelco en sus solas reservas y recursos en cobre, descontado su costo de explotación, lo conocí el 2003 cuando oficialmente el Ministerio de Minería me respondió que son 191 millones de toneladas de reservas y, descontado el costo de explotación por libra de cobre extraído y refinado por Codelco y al precio de US.3 dólares la libra, los chilenos pueden advertir con ese informe del Ministerio que se llega a un total muy aproximado de 880 mil millones de dólares. Es el mínimo del valor total de Codelco, faltando solo los agregados por molibdeno, que elevarían en un 20% más su valor y sin considerar sus instalaciones e inversiones y los minerales de oro y plata contenidos. Una riqueza incalculable si se reduce a pesos y a cosas materiales como casas para la gente, educación buena y gratis, salud de la mejor, con buenos hospitales para todos. Los chilenos no saben que viven en uno de los siete países potencialmente más ricos del mundo
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por sus recursos. Pero de la explotación de los mismos la riqueza originada no queda mayoritariamente en Chile. Peor aun, no hay otro tema más grande que la exención tributaria obtenida entre gallos y medianoche a través de vicios legales. Ese es nuestro verdadero problema y por eso, y a pesar de nuestros recursos, nos elevamos como el cuarto país más desigual, injusto económica y socialmente de todo el planeta. A las multinacionales extranjeras y nacionales se le han entregado gratuitamente 171 millones de toneladas de cobre, por un valor de 753 mil millones de dólares, con el mismo procedimiento que oficialmente determinó el Ministerio de Minería y Serneageomin. ¿Quién en la Concertación responde por esto? O ¿qué dice el autor de este disparate económico, llevado adelante por el gobierno militar y sus ministros Buchi y José Piñera? En Perú basé mis intervenciones en la fábula de la hormiga y la cigarra -tan conocida por muchos- y que conocí mientras era estudiante de francés. Se refiere a la distinta suerte que corre quien se prepara para los tiempos de escasez y quien disfruta alegremente del bienestar presente sin pensar en el futuro. Los jóvenes peruanos, estimulados y contentos, prometieron invitarme nuevamente para seguir conociendo y sacando experiencia del lado negativo de lo que se estaba viviendo en Chile, en donde, como sabemos, las multinacionales que explotan nuestro cobre no solo no pagan impuestos sino que tampoco royalties lo que, paradójicamente, sí deben hacerlo escrupulosamente en sus propios países de origen. En Venezuela, país que acogió a muchos chilenos, me correspondió
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inaugurar el “Congreso de Países Bolivarianos, del Caribe y América Latina”. Fue un retorno estimulante y provechoso a las tierras caribeñas tras largos años de ausencia, entorpecido por las llamadas insistentes de periodistas que intentaban por todos los medios conocer mi opinión, por las acciones que llevaba en mi contra el protagónico y mediático fiscal, Xavier Armendáriz. Volviendo al accidente que me llevó a la Clínica Indisa, mediante una complicada craneotomía -cirugía en la cabeza- en que se me extirpó un gran coágulo alojado al interior del cerebro. Durante varios días me mantuvieron con unas perillas de goma -drenajes- introducidas al interior de mi cabeza para extraerme los restos de sangre. Me cosieron colocando la misma tapa de hueso recortada y me vendaron con la orden de guardar un rígido reposo tras darme el alta. Desobedecí la recomendación para viajar a Valparaíso al día siguiente y defender en el Senado el proyecto que habíamos presentado para establecer un royalty a la minería, el que finalmente fue rechazado a pesar de los buenos y contundentes argumentos y la documentación presentada como parte de la fundamentación. Los “lobistas” de las multinacionales una vez más hicieron su trabajo. Fue un fracaso en el que, por cierto tuvo una gran culpa el Poder Ejecutivo. Con la firma de los tres senadores de Gobierno de la Comisión de Minería enviamos al Presidente Lagos un proyecto para modificar el Código de Minería (aprobado antes de los quórum especiales de la Constitución de año 80 y que solo requería de mayoría simple). Pero como le habíamos “doblado la mano”, envió otro que, para ser aprobado, requería los dos tercios de los senadores lo que, como lo suponíamos, el Ejecutivo lo envió para ser rechazado.
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Nunca tuvimos ese número de senadores y diputados en cada Cámara para lograr aprobar proyectos con esos quórum. La frustración se hizo extensiva a la mayoría de quienes participaron de mis continuas exposiciones a lo largo del país y que, comprensiblemente, se habían creado muchas expectativas. Como si fuera poco, cuando me estaban desaforando como senador, el Ejecutivo mandó otro proyecto de “royalty”. Las grandes empresas privadas del cobre debían pagar un 42% por acogerse al DL.600 de invariabilidad tributaria. No lo pagaron por la corruptela encubierta en maquillajes legales pero que cualquier gobierno se los podría exigir. La administración Lagos envió un “proyecto de royalty” en que se rebajó el impuesto del 42% a un 35% y se agregó un impuesto “disfrazado” de royalty de un 4%. Treinta y cinco más cuatro son 39, menos de los 42 que debían pagar. En definitiva, los impuestos a estas multinacionales descendieron de 42 a 39%. Aun muchos piensan que “ahora sí” estas empresas pagan royalty. Fuimos derrotados, es cierto, pero poco después conseguí la Presidencia de la Comisión de Minería del Senado, desde donde continué hasta obtener la formación de una Comisión Especial, destinada a investigar, conocer e informar por qué las cifras no calzaban y las multinacionales no pagaban impuestos. Los senadores de esta Comisión Especial, junto con los especialistas de Impuestos Internos y algunos de nuestros asesores como Julián Alcayaga, constataron cabalmente lo que veníamos denunciando.
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La Comisión aprobó las conclusiones de forma unánime y se esgrimieron los mejores argumentos; el informe entregado al Senado volvió a ser aprobado en la sala. Con mis abogados logramos un trasladado desde la CAS a la Clínica Indisa, ello fue necesario producto de la infección ocasionada por la cirugía de próstata que se hiciera por Gendarmería; las condiciones en Indisa eran radicalmente distintas: allí logré parar un cuadro general grave, derivado de las bajas defensas, en parte por la gran depresión que venía arrastrando y la enorme cantidad de antibióticos que recibí en el penal debido a los desaciertos de su bizarra y prosaica enfermería. Mi estadía resultó bastante cara pero fui mejor atendido, con dignidad y un excelente trato. Recibí visitas muy connotadas, entre otras la de Inés Hurtado, esposa de Andrés Zaldívar, Ministro del Interior en esos días. Todos me ayudaron donando libros para la Biblioteca de la que estaba organizando. En otras palabras, salí más recuperado y como lógica consecuencia, pude estar más tranquilo.

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EL QUE NADA HACE, NADA TEME

Mientras organizo la biblioteca, el silencio y la soledad me sirven para meditar y recordar con tristeza algunos hechos: el accidente, la craneotomía, mi madre y yo internados en la misma clínica al mismo tiempo. Ella no se encontraba muy bien a sus 100 años de edad y fue una decisión acertada. Inadvertidamente estaba iniciando un proceso que, en menos de tres meses, culminaría con su muerte. En este escenario, después del funeral de mi madre es que me enfrenté al proceso judicial. En el Senado le comenté al entonces presidente de la Democracia Cristiana, Adolfo Zaldívar, lo que se me venía encima. Me dijo: “Cualquier cosa puedo creer, menos el contenido de la imputación que te hacen”. Llamó a sus amigos los abogados Ramón Briones y Hernán Bosselin para que se preocuparan de mi caso. Aún sin tomar en serio el peso de las acusaciones, fui a conversar con estos dos connotados profesionales. Les conté que había ido a visitar al Fiscal Nacional Guillermo Piedrabuena, al cual le dije: “El que nada hace, nada teme” y que por lo tanto estaba dispuesto a declarar cuanto antes frente al Fiscal que él había asignado, Xavier Armendáriz, lo que ocurriría cuatro días después.
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Bosselin y Briones se escandalizaron y me dijeron que por ningún motivo debía ir a declarar mientras no estuviese cerrada la investigación. Además, gozando del fuero parlamentario podía declarar por exhorto y a través de un escrito que sería preparado por abogados. La misma reacción tuvieron otros senadores y amigos del Congreso: de no presentarme a declarar personalmente. Acepté entonces que Briones y Bosselin hablasen con Piedrabuena y Armendáriz, y dejaron acordado lo mismo que me expresaron, en cuanto a que concurriría una vez terminada la investigación. Craso error el mío al creer que “el que nada hace nada teme”. Más adelante comprobaría que por esta actitud se desencadenarían resultados impensables para esos días, en que estaba más preocupado de mis problemas familiares que de cualquier otra cosa. Pronto Adolfo Zaldívar me diría que se había presentado el ex-senador socialista y destacado abogado Hernán Vodanovic, dispuesto a defenderme gratuitamente. Conocía a Vodanovic del tiempo en que ambos coincidimos en el Senado y era especialista constitucional. No tuve inconvenientes, sobre todo, porque a esas alturas del proceso me parecía absurda cualquier acusación, más aún si se trataba de abusos deshonestos, es decir, tocar a alguien de manera sexualmente sospechosa. Tal vez si me hubiesen acusado de “picado de la araña” o de “mujeriego” me hubiese preocupado más. Seguía pensando, todavía a esas alturas, dentro de mi concepción original, en cuanto a que “el que nada hace nada teme”.

En el sur, mis amigos y ex-diputados José Peña y Camilo Salvo me ofrecieron hacerse cargo de mi caso en las instancias judiciales que se desarrollasen en Temuco. Al poco tiempo, José Peña me dijo que ellos no dominaban el nuevo procedimiento procesal pero tenían el nombre de un joven abogado. Así conocí a Matías Balmaceda. Nos reunimos en la oficina de José Peña, se distribuyeron las tareas y todos se pusieron a trabajar, mientras yo me bamboleaba en una mezcla de sentimientos, esperanzado y atemorizado por los artículos de la prensa. Recordando todos estos sucesos, ayer fue 18 de Septiembre, uno más en la cárcel. Alguien se opuso a celebrar juntos el módulo J Sur y Norte, como el año anterior, pero de todas maneras con algunas franquicias que nos dieron se compró la carne, trajeron de alguna parte una parrilla y carbón y así nos preparamos para celebrar los días patrios. Gente de otros bloques me pidió una reseña escrita para recordar a todos el significado de estas fiestas. Lo hice con agrado, naturalmente, y miré con alegría que hicieron un papelógrafo con las frases que les había insinuado dentro del resumen que les había preparado. Tal como lo había hecho tantas veces para acompañarme en estos meses de dolor y depresión, estaba con mi hija Carolina, quien había viajado desde Buenos Aires -lugar de su actual residencia- para visitarme. Ese día, yo escribía y Carolina traspasaba lo escrito para este libro a un computador que habíamos acondicionado, después de una dificultosa conversación, en la biblioteca del Penal.

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No fue un mal 18 de Septiembre y me agradó ver la alegría de algunos presos, para muchos de los cuales seguramente la carne asada es un placer que conocen muy de lejos y otros tenían el recuerdo de otros asados, cuando estaban en libertad. Todo el mundo parecía contento. También los gendarmes, algunos de los cuales se sentaron a la mesa con nosotros. Por cierto no dejé de acordarme de las diferencias en la celebración y participación de los senadores en las ceremonias oficiales, todo bastante más formal, incluso un poco engolado. El almuerzo del 18 en los comedores del Senado es abundante, sabroso, lleno de anécdotas personales, pero tal vez -y puedo equivocarme- muy frío, impersonal, cada uno pensando en sí mismo o en cómo volverse pronto a Santiago. Eso sí, el ambiente es aliñado con los periodistas merodeando a la caza de noticias, o pendientes de quien cometiese un error o dijese algo equivocado o malo. Quien dijese buenas noticias no era tomado en cuenta. Será por eso, después de año y medio aquí en la cárcel, que la prensa aparece para hacer una nota sobre quién me visita y, a partir de eso, se tejen suposiciones y elucubraciones en muchos casos, perversas. Es francamente demoledor ver cómo presentan las pseudo noticias que ellos fabrican. No puedo pensar de otro modo, si a estas alturas aún siguen tratando de oscurecer todos mis asuntos, especialmente para convencer a la opinión pública de sus dichos, que en la mayoría de los casos son falsos. Esto fue lo que me hizo comenzar a sospechar que existía y existe hasta hoy un hilo conductor invisible: No puede ser casual.

Cuando me llevaban a una clínica ya estaban los periodistas atentos al momento de la salida. Cualquier actividad externa que realizara, donde quiera que fuese, ahí estaban. Cuando tenía visitas extraordinarias ya estaban. No quise recibir nunca a periodistas que parecían ensañados conmigo, como si tuviesen una pauta en mi contra, con noticias basadas en especulaciones - nada favorables por cierto- para mantener vivo el tema en la opinión pública, echándole más basura y más porquería encima. Las noticias buenas en mi caso no existen: No son noticia. Nada decente puede ser aceptado como noticia si ésta me favorece. Algunos periodistas son así: no les importa nada, ni el pesar, el daño que causan, ni el dolor ajeno que provocan con sus artículos especulativos sin tener base real alguna, y que apenas disimulan el espíritu sinuoso y perverso de quien mueve y dirige los hilos de la infamia por detrás. Traumado, dejé de ver noticias nuevamente en televisión y de leer los diarios. Es más sano ignorar las estupideces que se me inventan. Escribo en la biblioteca. Es un 19 de septiembre y me acompañan 3 mil libros. Me dejo llevar por ideas para hacer un registro de ellos, cómo hacer para organizarlos con un sistema expedito para ubicar los títulos, los autores, las especialidades, los temas. Afortunadamente, visité muy a menudo la biblioteca del Congreso antes y después del año 1990 y algo aprendí, pero aquí la infraestructura y los elementos disponibles son pocos y diferentes, todo lo cual lo hace difícil cuando además estoy solo, sin otra persona que me dé
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ideas para ordenar eficientemente esta biblioteca. Aun así, estoy decidido a llevarla adelante. Es lo que me anima en mi vida cotidiana. Con envidia recuerdo los trabajos de Ximena Feliú, directora de la Biblioteca del Congreso y cómo me contaba en detalle sus avances y reformas. Aquí eso es prácticamente imposible. Ha sido necesario inventar creativamente otra fórmula, pero poco a poco y con constancia logré crear un pequeño sistema eficaz y adecuado para las necesidades de los presos y gendarmes. Debo decir, con gusto, que todo se ha hecho sin dinero alguno. Instalado en la biblioteca comencé a recibir las más variadas consultas, no sólo sobre novelas, sino también sobre poesías y libros escolares e infantiles. Esto me obligó a prepararme sobre los diferentes temas y a leer bastante sobre todos ellos, tarea que asumí con entusiasmo entre las clases de electricidad, que recibíamos un grupo de internos en las mismas instalaciones. Dentro de las peticiones que recibía, me llegaban consultas sobre agricultura y los diversos aspectos jurídicos de sus casos, por lo que lamenté haber dejado mi profesión de abogado casi cuando comenzaba. De todas maneras pude dar algunas recomendaciones generales, basadas en las mismas leyes que me tocó aprobar como legislador, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. Casi sin advertirlo, esta nueva actividad comenzó a consumir más y más de mi tiempo y así logré llenar mis horas vacías, dándole sentido al paso del tiempo y recuperando mi confianza. Fue una buena decisión que, como tantas otras en el pasado, estaba volcada hacia
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los demás, lo que me permitió darme cuenta que más allá de mis amarguras, es importante para los presos y los gendarmes, disponer de algo para crecer interiormente con la cultura que proporcionan los libros. Sin preconceptos, los reclusos no son todos ignorantes o tontos. Hay gente muy inteligente, habilidosa e interesante. De ellos ya he aprendido muchas buenas cosas, algunas mejores incluso que las de antaño, cuando me encontraba en libertad. Era muy joven e impetuoso cuando llegué por primera vez a la Cámara de Diputados, por allá en 1957 y, tal como esa vez, en que tenía por delante muchas alternativas, hoy siento que el futuro depende de mis decisiones y es mi futuro, en esta ocasión.

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COMIENZOS DEL JUICIO

Aun cuando en tiempos de la dictadura había sido investigado y perseguido constantemente, no sólo por parte de los organismos de inteligencia, sino también por Impuestos Internos y cualquier entidad que pudiera entrometerse en mi vida privada, con su feroz control nunca encontraron nada ni descubrieron algo incorrecto en mi conducta o personalidad. Poder decir siempre lo que he pensado sin cortapisas, exige cuidado tanto en las actuaciones como en la manera de ser. Esa línea de conducta no la he variado jamás. Otra “investigación” no me parecía alarmante. La entonces directora del Servicio Nacional de Menores (Sename) de la IX Región, Blanca Beraud, que formaba equipo político junto a otros personajes como el entonces diputado Francisco Huenchumilla, había acudido a la directora del Sename, Delia Del Gato, y al subsecretario de Justicia Jaime Arellano, para pedir que se designase un tercer fiscal que investigase las denuncias en mi contra, ya que los dos anteriores -sucesivamente- las habían desestimado por no encontrar pruebas que sustentasen las acusaciones hechas tanto por el periodista de Canal 13 Emilio Sutherland, como por la cuidadora de mi parcela en Metrenco, esta última involucrada en un robo a dicha propiedad.

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Hay que recordar también que yo mismo había hecho denuncias anteriores en contra de la directora regional del Sename ante la Contraloría Regional por exigirles dinero a los integrantes de esa repartición y haber falsificado su título de abogado para percibir la asignación por título, por lo que ya estaba prácticamente lista su destitución. Poco antes de mi procesamiento, aporté a las autoridades correspondientes fotocopias de los cheques con que se le había pagado y sus antecedentes universitarios, en donde constaba que Blanca Beraud sólo había cursado el primer año de estudios de Derecho. Sin embargo, Delia Del Gato pidió a Contraloría que detuviese el sumario, para que el propio Sename hiciera una investigación que dio como único resultado la aplicación a la directora regional de una amonestación y una disminución de 5% en el sueldo que percibía; y que comprendía, entre otros, pagos de la Subsecretaria de Justicia, a cargo de Jaime Arellano, por hacer estudios jurídicos. ¿De una persona sin título de abogado? Blanca Beraud había participado en la elección de primarias en la IX Región, junto con Arellano, en donde Huenchumilla perdió frente a mi postulación, luego de haberle asegurado al gobierno que me derrotaría con facilidad, y recibió como recompensa el nombramiento por parte del Presidente Lagos como Ministro Secretario General de la Presidencia, puesto desde el que tenía acceso a todas las instancias gubernamentales, incluyendo la Subsecretaria de Justicia y el Ministerio Público encabezado por Guillermo Piedrabuena, quien accedió a la designación del tercer fiscal, para impulsar una investigación en mi contra (a pesar de que ya dos fiscales habían resuelto
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de manera negativa las acusaciones). Durante la realización de esta campaña había denunciado lo que estaba ocurriendo con insistencia en las reuniones almuerzo que realizábamos con los senadores en el comedor del Senado. Estaba en absoluto y total conocimiento de los hechos presentados ante todos los senadores de la Democracia Cristiana, y a través mío ellos pudieron saber lo que estaba sucediendo. La primera señal de que algo andaba mal la tuve cuando comencé a examinar los antecedentes que pude recoger antes del proceso. Había algo extraño en el comportamiento del Gobierno. En mi condición de Jefe del Comité de Senadores DC me reunía una o dos veces por semana con el Ministro del Interior, José Miguel Insulza, para evaluar los proyectos que se tratarían durante la semana, conocer las prioridades del Gobierno, además de ver las cosas extraordinarias que ocurrían en el país. Es importante destacar que, además de la relación institucional que pudiera mantener con el Ministro del Interior por mi condición de Jefe de los senadores DC, había tenido oportunidad de conocer bastante a José Miguel Insulza en Buenos Aires, con motivo de mi viaje -en tiempos de la dictadura- para alentar a los exiliados en Argentina. La última vez fue en el Luna Park, en el céntrico Buenos Aires. Por lo anterior, su actuación me resulta inexplicable. No puedo entender que si el tema era seguido por el subsecretario de Justicia y debía estar, por tanto, en conocimiento el titular de la cartera, Bates, primero, y después José Antonio Gómez, no se me hubiese comentado nada. Además de que, en mi calidad de Senador y Jefe de Comité DC y conociendo los hechos desde su denuncia -el 6 de mayo del 2004 (fecha de mi cumpleaños)- no me hubiese dicho o preguntado
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algo entre mayo y octubre. A primera vista algo inexplicable, sobre todo si el Gobierno tenía desde bastante tiempo antes información sobre mis denuncias de corrupción en el Sename regional, las que habían sido ratificadas por la Asociación de Empleados de este organismo, según consta en los documentos que obraban en mi poder y en el de ellos, por lo que era evidente la vinculación entre una y otra situación. Me di cuenta de la profundidad del tema cuando, con posterioridad, el fiscal Xavier Armendáriz declaró a la prensa escrita que “se conformaba” con sacarme del Senado. Los que han cometido delitos de abusos deshonestos, han recibido penas menores a tres años y un día. No conozco a nadie que haya cumplido su condena, en presión efectiva, ni bajo el antiguo código de procedimiento ni con el nuevo Código de Procedimiento Penal, y yo que no he cometido el delito recibí una condena de 5 años con reclusión efectiva en prisión. Insisto: No hay ningún preso por abusos deshonestos (que no es lo mismo que abusos sexuales) que esté en la cárcel, salvo yo. Se me acusó y se me condenó por abusos deshonestos. El nuevo Código tipifica todo este tipo de hechos bajo el mismo nombre, como abusos sexuales, lo que ante la opinión de la gente y con la ayuda de la prensa, aparece como que estoy condenado por abusos sexuales reiterados, induciendo así al error y el engaño a la opinión pública y asegurar y fijar en la memoria pública que soy un violador. Eso es también falso.

EL JUICIO ORAL PÚBLICO

En Chile la Reforma Procesal Penal entró en vigencia en las ciudades de La Serena y Temuco en plan “piloto”, en diciembre del año 2000. Paulatinamente se fue extendiendo por las regiones hasta llegar, cinco años más tarde a Santiago (16 de julio del 2005). Este procedimiento procesal señala que todo imputado tiene derecho a un juicio oral público. Un fiscal investiga y aporta pruebas y un tribunal compuesto por tres jueces dictaminan en derecho si el imputado es culpable o inocente. Esta es la regla para garantizar la plena independencia al fallo. Debido al enorme poder que se le entrega al fiscal, se nombra un juez de garantía para hacer respetar los derechos del imputado, presuntamente inocente hasta no ser comprobada -claramente- su culpabilidad. Todas las diligencias del fiscal deben ser autorizadas por ese juez de garantía y entre ambos debe existir absoluta independencia. El Juicio Abreviado Cuando el fiscal no tiene suficientes pruebas o, por lo mismo, el juicio, puede prolongarse, se establece el juicio abreviado. El fiscal -y sólo el fiscal- ofrece este tipo de procedimiento. Para que proceda se requiere un acuerdo entre el imputado y el fiscal.
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Para que exista la posibilidad de este acuerdo -que es de la esencia del juicio abreviado- el fiscal debe ofrecer mejores condiciones que las que le podrían sobrevenir al imputado en el juicio oral. Si no fuere así, jamás un imputado aceptaría un juicio abreviado. En el juicio oral el imputado tiene derecho a defenderse públicamente y tal vez, por falta de pruebas, ser declarado inocente, también públicamente. En síntesis, la naturaleza del sistema indica que cuando el fiscal no dispone de suficientes pruebas para ir al juicio oral, para llegar a un juicio abreviado, debe existir un acuerdo claro, debidamente aceptado por el imputado. Y que para que éste lo acepte, el fiscal debe ofrecer una pena menor a la que le pudo corresponder en un juicio oral público. No hay más alternativas. El fiscal no ha conseguido pruebas suficientes por lo tanto el imputado sigue siendo inocente. Al aceptar el procedimiento abreviado, el imputado debe reconocer el expediente formado por el fiscal y renunciar a su defensa. Si lo hace, es porque se ha llegado a un acuerdo. Y en éste, la pena es menor a la que le correspondería en el Juicio Oral Público. Según Armendáriz, ya en abril ofreció el juicio abreviado, el que no le fue aceptado. Posteriormente volvió a ofrecerlo en junio y éste fue aceptado por el abogado Matías Balmaceda. Un acuerdo que negué y, además, pedí su nulidad, cambiando de abogados antes de la dictación de la sentencia. Balmaceda justificó que -con el cambio de abogados- el fiscal Armendáriz se había sentido con el derecho a no respetar el acuerdo.
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Los acuerdos judiciales nunca pueden ser personales ni ajenos al imputado ya que se atenta en contra del debido proceso. Un Juez de Garantía debe hacerlo respetar para no caer en una aberración jurídica. ¿Por qué la juez de garantía no hizo respetar el acuerdo y no dio lugar a la nulidad reclamada con los nuevos abogados? Sencillamente porque ella estuvo en el acuerdo y al ser así, estaría cometiendo el delito de prevaricación ya que se le exige al juez independencia total. De acuerdo a las circunstancias descritas no hubo Juicio Oral Público Normal sino un juicio abreviado. Siendo de la esencia de un acuerdo una pena menor (que no se respetó como lo reconoció públicamente Balmaceda), significa que tampoco tuve un juicio abreviado propiamente tal. El Fiscal logró sacar del Senado a un parlamentario que nunca tuvo o tiene una sola anotación, ni aun durante la dictadura, que jamás dejó de investigar, y que, por su carrera de servicio y conocidos actos públicos obtuvo la primera mayoría nacional, cada vez que fue a una elección. A pesar de los antecedentes, este parlamentario fue declarado por una institución, en un examen externo previo a la sentencia, como un “peligro público”. Lo que nunca obtuvo la dictadura se logró en democracia: llevar a la cárcel a una persona que había sido cuatro veces diputado y otras cuatro veces senador, siempre con las más altas votaciones, Jefe de los Diputados en el ayer y en el momento de la acusación Jefe de los Senadores DC. Por cinco años presidente de la Comisión de
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Hacienda del Senado y Presidente de la Comisión de Presupuesto del Congreso Nacional, que es la comisión más importante del Congreso porque establece el gasto público y los fondos para cada una de las instituciones del Estado y los planes y proyectos del Ejecutivo. Pero Armendáriz, en el fulgor del establecimiento de la reforma procesal, logró su propósito y fui arrancado del Senado, pese a los antecedentes, sin pruebas serias ni responsables.

EL CANAL 13 Y SU PROGRAMA CONTACTO

En el expediente que se me entrega, no el existente en sí en aquel entonces, ya que el ocultamiento de información era la práctica usual de los fiscales a cargo de la investigación, aparecían diversas declaraciones de personas que habían trabajado en mi parcela de Metrenco, cuyos protagonistas de esta obra macabra eran los mismos que figuran como “pobres trabajadores” “Víctimas” de Lavandero en el Programa Contacto. Iván Cuevas A., Gilda Concha Marquezí, pareja de convivientes que ingresaron a trabajar en el año 2001 a mi parcela de Metrenco, recomendados por Rafael del Canto, quien fue mi amigo, cercano a mis campañas políticas, al que trasformé en el responsable de mi oficina de Temuco, hasta que advertí que utilizaba mi nombre para hacerse aprobar los contratos licitados en obras públicas. Por supuesto que al descubrir esta situación incorrecta guiada por una ambición desmedida, envié una circular a la Dirección de Obras Públicas para frenar este tipo de situaciones anómalas. En fin, luego se transformaría en uno de mis detractores políticos y uno de los artífices de la campaña de desprestigios en mi contra, incluyendo su participación en el programa Contacto.

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A fines del año 2002, comienzos del 2003, Iván y Gilda me señalan, en forma genérica, que les habían ofrecido dinero para “espiarme”. Sin darle mayor importancia les señalé que “el que nada hace nada teme” y continué con mi rutina de siempre. Sin embargo, mi secretario Axel Rivas, un poco más cauteloso, me repitió lo que la pareja de cuidadores le habían señalado, cuyo mensaje era el mismo. Sin indagar más allá, y pensando en que sólo se trataba de uno más de los tantos comentarios, amenazas y rumores, no le dimos mayor importancia, con la salvedad que recordamos en aquel momento las palabras de un integrante de la Comisión de Minería del Senado: ¡Jorge, ten cuidado, por mucho menos de lo que tú has hecho estas grandes empresas han asesinado gente!, refiriéndose a las empresas que explotan nuestro cobre. Quien imaginaría que años más tarde las palabras de la pareja de cuidadores cobrarían relevancia y sólo servirían para atar cabos sueltos, los que hoy resultan evidentes al pensar que esas mismas personas eran las “indicadas” no solo para “espiarme”, sino que para ser partícipes del complot en mi contra, el que se armó con el único fin de enlodar mi nombre, quitarme de en medio del lucro desmedido de personas que no escatimaron en verme aplastado, denostado y humillado por los medios de comunicación, pese a mi historial público y privado. Según la prueba documental que mantenemos hasta hoy intacta, con la esperanza de que algún día sirva para un nuevo juicio justo, Ivan y Gilda, la pareja de cuidadores, ya habían recibido ofrecimientos de dinero para “espiarme” de parte de Fradio Pérez, el vecino de Metrenco, cuando los cuidadores ingresaron a trabajar
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a mi parcela, a fines del año 2001. Según las mismas declaraciones de éstos, señalan que “el vecino tenía unos amigos en el canal 13”. Entonces, ¿alguien se puede explicar el porqué, si a toda la opinión pública, a todo el pueblo de Chile, y más, con su señal internacional, a todo el mundo les señalaron que la “primera información de los supuestos abusos los habían recibido a fines del año 2003”, aparecen indicios de que años antes, a través de este señor Fradio Pérez, “el vecino”, les habían ofrecido dinero? Puedo decir, con propiedad y pruebas documentales, que se encuentran en el mismo expediente que se llevó en mi contra, que Emilio Sutherland, Mercedes Ducci y todos los ejecutivos y miembros de canal 13 son un puñado de mentirosos, farsantes, maliciosos, que movidos por quizás qué intereses o sed financiera montaron un “reportaje” para dañar mi imagen pública. En primer lugar, todos los declarantes provenientes de este canal, señalan que la pareja de cuidadores llamaron a este mismo para entregarles antecedentes de los supuestos abusos que yo cometía a raíz de que los habían acusado de robar en mi parcela de Metrenco en septiembre del año 2003, tras haberse ido de ella en agosto del mismo año. Sin embargo, ¿alguien me puede explicar el porqué, en el expediente, según los antecedentes entregados por las compañías de teléfonos respectivas, aparecen llamadas telefónicas entre Sutherland y la mujer, Gilda Concha, en mayo del mismo año? Esto da a demostrar que la relación, el contacto, la unión, o mejor dicho, el complot, era de mucho antes de lo que precisan todos, tanto a la opinión pública, como a los propios fiscales, inclusive antes que Emilio Sutherland fuera contratado por el Programa televisivo en cuestión.
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En segundo lugar, esta misma mujer me acusó públicamente, a través de este mismo canal, de haber abusado de su hija Sandy. Tengo en mi poder una declaración de esta misma de cinco meses antes, donde relata su pésima y nula relación con su madre, y a la vez, y lo más importante, que “nunca vivió ningún acontecimiento de connotación sexual en mi casa”, dejando en claro que su madre mentía al respecto. Sin embargo, meses después, con quizás qué ofrecimientos y retribuciones la hacen declarar lo contrario, acusándome de la más deleznable imputación. Cabe señalar que la primera declaración de Sandy obliga a cerrar la investigación que se había abierto tras la acusación falsa de la madre de ésta, Gilda, ya que por relato de la misma menor se había comprobado la falsa acusación, donde los mismos fiscales que habían estado investigando señalan que “todo les parecía un acto de revancha y nada creíble”. No quedando satisfechos con su maldad de ser capaz de vender a su propia hija, esta pareja de cuidadores declaran que habían sido testigos de otro abuso. Involucran a Ivonne, una niña que efectivamente había estado en mi casa y frecuentaba mi oficina ya que su madre trabajaba de comerciante ambulante en el centro de Temuco. Esta menor visitaba a diario a mis secretarias, se había ganado el cariño de todos por provenir de una familia sumamente modesta, con problemas que en ese entonces me parecían superables con la ayuda económica que la madre me solicitaba personalmente en mi oficina, tal como lo hacían cientos de pobladores y dirigentes de organizaciones sociales que, como todos saben, pertenecen a una de las regiones más pobres de este país. Sí, en efecto era caridad lo que yo hacía, pero no pueden juzgarme por esto, yo nada pedía a cambio, ni el voto en tiempos de elecciones, sólo pedía que juzgaran mis intenciones y actuaciones para
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con ellos y mi país en general, el que recorrí día a día en mis 54 años de vida política para y con mi pueblo. Es doloroso recordar. Recordar a esa familia me causa un gran dolor, y como decía, Ivonne era una niña de cerca de 14 ó 15 años, con excelente situación académica, pero con una vida miserable. Tiempo después, cuando se formalizó la investigación en mi contra, me enteré que ella estaba involucrada en las acusaciones. Cómo podía imaginar que una niña, a la que tratamos de proteger de los malos pasares de la calle, iba a ser utilizada para una acusación tan ruin. Hoy trato de buscar una explicación, y creo que jamás podré encontrarla. En medio del proceso, sin pedirlos ni buscarlos, llegaron a mi oficina muchos antecedentes de la familia de esta niña, inclusive desde su propio hermano Eduardo Ormeño, que insistentemente trataba de hablar conmigo diciéndome que “todo era un negocio de su madre”, y que por razones obvias, me negué una y otra vez a reunirme con él, dejándole este asunto a mi abogado. No queríamos caer en trampas, como las que muchas veces nos quisieron interponer, incluyendo desde algunos miembros de la policía de investigaciones. Entre los antecedentes, se nos señaló que habían reunido una gran cantidad de firmas en la población donde vivía esta familia, con el fin de sacarlos del lugar donde habitaban, ya que tenían un prontuario de infinitas fiestas donde llegaban choferes de micros, a los que la madre acostumbraba a ofrecer sus hijos a cambio de dinero. En efecto, teníamos entre nuestros listados de testigos a estos mismos choferes y vecinos que declararían a nuestro favor. También nos entregaron los expedientes del hermano de la niña que contenían informes sociales y psicológicos de la familia, por el absoluto abandono de los
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hijos de la señora María Herrera, madre de la niña, como así mismo los antecedentes de abuso sexual al interior de la misma familia. En fin, hoy rstos antecedentes quizás sirvan para “justificar”, tal vez, su tan despiadada acusación. No es mi intención denostar a nadie, sin embargo el tema en cuestión es necesario para aclarar que Ivonne, la niña que utilizaron para la condena pública de mi persona, la que participa del montaje escénico en mi parcela, en que aparentemente le doy una nalgada en el trasero, estaba concertada con el canal 13, a través de su periodista Emilio Sutherland, y con Gilda Concha, la cuidadora, la que abiertamente declara en el expediente que antes de que este mismo se abriera en mi contra se habían reunido en varias oportunidades, describiendo alguna de ellas. Ante esto tengo algunas preguntas, que aunque parezcan obvias, no nos dieron cabida en un juicio oral. ¡A veces una pregunta vale más que mil respuestas! ¿Por qué después de tanto tiempo de reuniones entre Sutherland, Gilda e Ivonne, esta última declara haber sido objeto de abusos deshonestos? ¿Por qué, si canal 13 estuvo filmando por más de 2 años antes que se iniciara el juicio en mi contra, no pudo lograr ni una sola imagen de los supuestos abusos? ¿Por qué Xavier Armendáriz, el fiscal “estrella”, tuvo que ir hasta la casa de Ivonne para obtener una declaración en mi contra sin nunca una denuncia de por medio? ¿Por qué, si canal 13 y la pareja de cuidadores sabían de los niños: la dirección, nombres completos, colegios donde estudiaban, etc., no les entregaron estos antecedentes a los fiscales anteriores que iniciaron el proceso en mi contra?

NO, no digan que no fue premeditado; bien describió Hector Toledo6 la fabricación del video que salió al aire en enero del 2005, el cual marcó el principio de mi ocaso público con imágenes estratégicamente construidas para hacerme aparentar como un monstruoso ser al que había que linchar: “Esta construcción de argumento subliminal fue deliberada y con mucha minuciosidad técnica para hacer caber la totalidad del sonido -la imagen con figura- y total oscuridad, en un segundo. Tiempo suficiente para que el ojo vea y el oído escuche, pero la conciencia no distinga”. En efecto, las declaraciones presentadas en canal 13 constituían la más vulgar de las mentiras, sin dejar al descubierto que “TODOS LOS DECLARANTES”, que ahí aparecen, se conocían entre sí y estaban concertados, según pudimos deducir a partir de las propias declaraciones que aparecen en el expediente. Es más, si cualquier entendedor, sin ser especialista en ninguna materia de derecho, quisiera y se atreviera a comparar las declaraciones de estos personajes del canal 13 con las declaraciones del expediente, realizadas por ellos mismos ante el “fiscal Estrella”, como lo denominó el canal de los angelitos, podrían deducir, sin gran estudio del mismo, que son totalmente contradictorias y totalmente apartadas de la verdad. Sin embargo, nosotros teníamos pruebas que demostraban las mentiras de cada uno de los integrantes del Clan de Sutherland, teníamos en nuestro poder algunas declaraciones juradas, cartas, documentos que nos habían enviado amigos, familiares y vecinos de los que aparecen como “protagonistas de la mentira” en mi contra, pese
6 Prestigioso Académico de la Universidad de Santiago de Chile, quien elaboró un artículo titulado… para ser presentado al momento del juicio oral.

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al miedo suscitado y a las amenazas de sus cercanos para seguir hasta el último por ocultar la verdad que habría llegado a demostrarse en el juicio oral. Es así, como, por ejemplo, Eduardo Andrés Ormeño Herrera, señala en una declaración jurada “que las acusaciones realizadas por su familia hacia mí son absolutamente falsas”, y que “por amenazas de su madre no puede decir lo que ha visto y oído, o su madre iría a parar a la cárcel”. Es efectivo que todos temían que fuera declarado inocente en un juicio oral, ya que no sólo se habría hecho justicia con los injuriosos y calumniadores que declaran en mi contra, sino que también se habría caído el sistema judicial nuevo completo, incluyendo a los sujetos que componen el mismo. Y peor aún, canal 13 se habría ido a la quiebra mucho antes de lo ocurrido en los últimos tiempos, ya que no sólo me habría conformado por un monto indemnizatorio, como debió cancelar con el caso Geisha o Novoa, sino que habría mandado a la cárcel a todos los artífices de esta gran mentira en la que me encuentro sumergido, sustentada por muchos del Ministerio Público que no escatimaron en gastar millones y millones de pesos, de todos los chilenos, en viáticos, millonarias sumas de dinero canceladas por honorarios de supuestos profesionales como Barudy, cinco fiscales que no descansaron hasta convencer, quizás con qué contrapesos, a mi abogado para no ir al juicio oral, como ya lo he explicado en reiterados puntos. Etc., etc., etc. Pero el peso de la conciencia ha podido más que un puñado de lentejas, y así es como uno de los declarantes, que presentaron como
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víctimas, ya al menos me pidió disculpas públicas a través de dos medios escritos, Diario La Tercera y Diario Austral, los cuales fueron los únicos, aunque en letra chica, publicaron el desmentido. Sin embargo ya el daño estaba hecho y consumado, y de nada ha servido su confesión donde declara que los fiscales le habrían cancelado una determinada suma de dinero para que declarara en mi contra, así como también, sus relatos detallados sobre la presión y confabulación de los fiscales con los personeros que aparecen en el programa Contacto. En relación al programa emitido el día 13 de enero del año 2005, muchas personas hablaron de lo “piadosos” que fueron “los del 13” al esperar la formalización de los cargos en mi contra para luego sacar el programa al aire. Pero nadie sabía que con mucha antelación a las fechas que entregan en el expediente de Armendáriz y en el programa al aire, el periodista Sutherland y su equipo preparaban un montaje “mortal”. Mercedes Ducci aquel día señala: “En toda nuestra investigación, que duró más de un año, actuamos con la misma prudencia y cautela”, mientras que Emilio Sutherland, en su declaración al fiscal Armendáriz del 5 de noviembre de 2004 al respecto dice: “…El año pasado surgió la primera información sobre este tema en el último trimestre de 2003, debe haber sido a fines de agosto del 2003, de una persona de nombre Fravio o Flavio Pérez, quien me contactó por teléfono desde la Novena Región, quien es propietario de un camping aledaño a la parcela del senador Lavandero... Esta persona me ofrecía contactarme con una pareja que trabajaba para el senador Lavandero como cuidadores...”. Aunque sea repetitivo, la cuidadora y el periodista ya
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mantenían conversaciones muchos meses antes de la fecha que dan en estas declaraciones, en tanto queda demostrada la confabulación de estos personajes siniestros. En la declaración que realiza Raúl Castillo, camarógrafo de canal 13, el cual tuvo una hija, Belén, con una de mis supuestas víctimas, se comprueba, por sus propias palabras, “que a fines del año 2003 tenían casi la totalidad del reportaje armado”. Nadie, ningún periodista, por trabajólico que sea, puede lograr realizar tantas entrevistas al mismo tiempo de gente que aparenta ser inconexa entre ellos. Esto sólo tiene la explicación que quiero establecer en este libro, y que demuestra que todo fue armado, construido, con propósitos que algún día florecerán y demostrarán mi inocencia a través de la justicia terrenal. Es justamente ahí, cuando ya todos los declarantes en mi contra habían participado del reportaje, cuando todo comienza, escabulléndose en la acusación de robo en mi parcela de parte de los cuidadores Iván y Gilda, quienes se llevan el rol protagónico del reportaje en cuestión, y seguramente por su brillante actuación, y la de sus aliados, tendrían un Oscar. En efecto. Todos fueron muy bien asesorados y guiados durante la programación del complot. En mayo del año 2004, cuando ya estaba listo más de la mitad del reportaje, según el camarógrafo, con todos los discursos de los declarantes se abre el primer expediente por presuntos abusos deshonestos. “Nadie quería realizar una denuncia en mi contra”, pese a las insistentes acudidas de Iván y Gilda a la fiscalía y al Sename, acompañados, siempre, de Emilio Sutherland, y, como
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he sostenido, una pregunta vale más que mil respuestas: ¿por qué Sutherland no entrega los antecedentes y videos que ya tenía en su poder a los primeros fiscales que investigaron el caso?, ¿esperaba que Armendáriz llegara a la zona para entregarle “el material”?, si esa no era la intención, así fue como sucedió. A fines del año 2004, Emilio Sutherland se decide a entregar “el material construido”, y se entrevista con María Elena Santibáñez, quien participa como puente con el entonces fiscal Nacional Guillermo Piedrabuena, el que nada demora en nombrar a Armendáriz para que vaya a la “zona” e “investigue”. Sin embargo, 3 días se demora éste no solo en encontrar a las supuestas víctimas, sino que también en tomarles declaraciones a casi la totalidad de los supuestos denunciantes, a los mismos que, pese a salir a rostro descubierto en el reportaje Contacto (un año antes, cuando se realizaron las filmaciones), decían que no querían realizar denuncias por “temor a posibles represalias de mi parte” por hablar en mi contra. En relación a las personas que aparecen en el programa Contacto, en su totalidad se hacen llamar “testigos de contexto”, las que Armendáriz utiliza para determinar algo así como un “patrón de conducta”, es decir, pese a todo lo horrendo de lo que significaba la acusación que se me estaba imputando, además, para demostrar lo indemostrable, presentaron a personas de dudosa reputación que decían haber sido abusadas hace más de 10 años atrás. Lo curioso es que el relato en sí, de cada uno de ellos, es muy semejante unos con otros. Aparentemente se demuestra que el tutor u asesor de estos realizó muy bien su trabajo y logró persuadir a sus alumnos.

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Finalmente, Mercedes Ducci culmina el reportaje con “palabras de oro”: “tuvimos siempre en cuenta que todos tenemos el beneficio de la duda. Y que el señor Lavandero no es culpable hasta que la Justicia lo determine así”. Pese a estas palabras de la conductora, “blanca y limpiamente vestida aquel día”, como si en ella estuviera reflejada la pureza y la verdad mimetizada en su radiante vestimenta y taza de café, mi futuro estaba resuelto judicial y extrajudicialmente. Instalaron no solo la duda sobre mi inocencia, sino que peor aún, me declararon culpable desde el comienzo. No me dieron tregua para defenderme. La persecución comunicacional fue brutal. En palabras del Académico Héctor Toledo7, quien describe extraordinariamente el video del programa Contacto, en el reportaje en general: “…se usa una música subliminal, con sonidos guturales, otros como latidos de un corazón asustado, golpes de gong como explosiones, campanas, aullidos lejanos, gruñidos como de perros o cerdos, asociadas a la figura del senador. Se insertan escenas crepusculares, o se presentan en blanco y negro o en un color verdoso fangoso que deforma al Senador, fundamentalmente alrededor de los ojos. Es el video, sin lugar a dudas, un panfleto injurioso, laboriosa y deliberadamente trabajado…” En conclusión, fueron tantas las contradicciones y falsedades que se fueron acumulando en el proceso por utilizar el programa Contacto del canal 13, que Armendáriz tuvo que cambiar hasta las víctimas que había utilizado para la formalización en mi contra. Pero además
7 Prestigioso Académico de la Universidad de Santiago de Chile, quien elaboró un artículo titulado “Un montaje en escena”, para ser presentado al momento del juicio oral.

descartar el juicio oral, en el que las pruebas esgrimidas se le derrumbaron “como un castillo de naipes”, como lo descubrió primero el análisis que hizo el fiscal Nacional, y de allí nace la exigencia transmitida a Armendáriz de transformarlo en un juicio abreviado para el que no se requería prueba alguna, sino en este caso la aceptación por Balmaceda de un acuerdo para dejar atrás el juicio normal oral e ir al juicio abreviado, única manera de lograr una sentencia condenatoria. El Canal 13 señaló que estuvieron filmando durante 14 meses en la parcela de Metrenco. Sin embargo, en estas filmaciones sólo se exhibió que una niña pasaba vestida por el costado del río Quepe al lado de Jorge, donde éste supuestamente le daba unas nalgadas. Esta filmación, cuando sale al aire, la exhiben en cámara lenta para tratar de manipular la subjetividad del espectador, haciéndole creer que en vez de nalgadas son caricias en el trasero. En el expediente figuran reuniones entre el periodista Sutherland, de canal 13 y Gilda Concha, en la que, esta última, concurría con micrófonos ocultos facilitados por el propio canal de TV, con el fin de obtener declaraciones de parte de los niños que hoy culpan de abuso a Jorge. Las reuniones se concretaron con la menor Ivonne, la que el 19 de diciembre acude a la parcela para entregarle a Jorge una muñeca de soff fabricada por ella. En el video Contacto se señala (en el programa al aire) que la menor ingresó junto a Jorge el día 19 de diciembre a las 11 AM y permaneció hasta las 16 PM. Sin embargo, en los registros de llamados aparece un cruce desde el teléfono de esta niña al de Jorge a las 12: 38 PM, lo que
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demuestra que es falso lo que argumenta y señala Emilio Sutherland a través del reportaje realizado. Además, existen las pruebas necesarias para confirmar que Emilio Sutherland y Gilda Concha estuvieron planeando la acusación que se dirigió en contra de Jorge, en concordancia con las personas que declaran, ya que Gilda Concha afirma que ella misma ubicó a los supuestos testigos y prueba de ello es que todos lo señalan en sus respectivas declaraciones. Además, y pese a que Emilio señaló que había tenido contacto con Gilda a fines del 2003, en el expediente figura un cruce de llamado entre Gilda y Emilio con fecha de 22 de mayo del 2003, lo que demuestra que es falso que Gilda “habló” de los presuntos hechos que presenció, cuando fue allanada su casa por lo del robo, en septiembre, en la parcela de Metrenco. La emisión del programa Contacto del canal 13, sin lugar a dudas, produjo un fuerte impacto en la opinión pública, lo que además llevó a presentar una querella de parte de Jorge en su contra, por el grave e irreparable daño que le produjeron a su imagen y familia, con declaraciones dudosas, como por ejemplo que Juana Chávez limpiara un vidrio empañado por fuera, o que Carolina Chávez, cuando declaraba, estaba embarazada de una bebé cuyo padre es Raúl Castillo, camarógrafo del canal 13. O bien, que la hija de Victoria Urrutia escribiera un diario de vida a los 6 años de edad, considerando el nivel y calidad de la educación existente en ese periodo, y que declarara que le entraron a robar a su casa sólo llevándose el diario de vida dudosamente escrito. En fin, todas las declaraciones son contradictorias unas con otras y entre víctimas con víctimas y padres de víctimas con su hijos.

LOS TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN EN LIBERTAD

He vuelto a recordar algunos de mis pasos por la Cámara de Diputados. Las cosas en esa época eran mas ardorosas, apasionadas, pues se luchaba por ideas, por ideales y con el convencimiento que dan los valores y principios más profundos, así como un conocimiento más estructurado. Hoy todos juegan al “gatopardo”, para que todo siga igual. Acordarse de Eduardo Frei Montalva es recordar un ideario brillante y luminoso que abrió paso a la revolución en libertad; las raíces del humanismo cristiano que las impulsaron; sus reales principios y valores esenciales en el Hombre, que tanta falta nos hacen hoy día. En definitiva, Frei Montalva es un recordatorio para los demócrata cristianos, en cuanto a que nacieron para servir a los demás con la luz de sus ideas, y no para servirse de los demás con lo peor del materialismo y la resaca del individualismo. La sociedad que queremos coloca al hombre y a la familia en su centro, mediante la solidaridad y la justicia social. No es aceptable para un demócrata y cristiano trastrocar estos valores, para sustituirlos completamente por el egoísmo y el afán de lucro.

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Después del triunfo de Eduardo Frei Montalva, éramos 82 Diputados de la Democracia Cristiana y me correspondió ser el Jefe del comité. Teníamos la oposición de la derecha, minoritaria, pero en donde había personas muy capaces y con gran experiencia y preparación, y una oposición de izquierda, con 36 diputados, entre radicales, socialistas y comunistas. Estos últimos estaban inscritos como el Partido del Pueblo, debido a que el Partido Comunista aún se encontraba disuelto desde la presidencia de Gabriel González Videla, cuando rompió relaciones con los comunistas. Los diputados DC eran en su gran mayoría muy jóvenes, con sólidos conocimientos intelectuales, pero que no tenían la experiencia para luchar con los aguerridos sindicalistas con los que tenían que parlamentar para sacar adelante los proyectos del Gobierno. Por otra parte, para mí era una dura tarea tener que enfrentar ahora como DC a mis antiguos compañeros del Frente de Acción Popular (FRAP), pero si había tomado la decisión de incorporarme a la Revolución en libertad que proponía Eduardo Frei M., tenía que defender a su Gobierno con mis mismas ideas de siempre. Se luchaba y trabajaba afanosamente y se celebraba con pasión cada logro porque se sentían como auténticos logros del alma. Cuando llegué a la Cámara tenía 24 años y la lógica cara de imberbe. Todavía pertenecía al Partido Nacional Agrario de Jaime Larraín y Julián Echavarri, que junto a otras fuerzas constituyó posteriormente la Democracia Cristiana. En esos tiempos, se tramitó una acusación constitucional contra Osvaldo Saint-Marie, ministro del Presidente Ibáñez, que me significó hablar por primera vez en mi carrera
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parlamentaria. Leyendo un papel, con las piernas flojas por los nervios y el miedo, vestido con una chaqueta blanca como se usaba en aquella época, me aprontaba a comenzar a leer cuando el diputado de derecha Errázuriz, de unos 120 kilos de peso, comenzó a gritarme: “Ya pus, Lavandero, sácate la chaqueta blanca”. Muy nervioso le dije al Presidente de la Cámara, Héctor Correa Letelier, que hiciese respetar mis derechos. Este tocó la campanilla para imponer orden, pero todo siguió igual. Me enojé y le dije al Presidente: “Si usted no detiene esto, yo lo haré por mi propia mano”. Como las molestias continuaron, me paré, subí las escaleras y al pasar junto al diputado de derecha Salvador Correa, éste me tiró una bofetada al pecho por lo que me di vuelta, lo alcé en vilo y lo tiré por sobre los asientos rodando. Seguí y llegué donde el “Mono” Errázuriz, le di dos bofetadas y cayó bajo los asientos. Fue una de mis primeras peleas y origen de mi fama como pugilista, recordando los campeonatos de box en la Universidad de Chile, donde participaba en competencias, entre otros deportes. Al tiempo hice gran amistad con el diputado Errázuriz, conocido como el Mono porque, la verdad, no era muy agraciado aunque sí era muy inteligente. Contaban de él que cuando hizo el servicio militar y se hacía la cuenta, cada uno iba diciendo su apellido; cuando le tocó a él, dijo “Errázuriz” y el sargento le respondió: “Oye huevón, ese será el nombre de tu patrón”.

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GRATITUD

Hasta la cárcel ha venido mucha gente de mi región, de todas las clases sociales. Siempre llegan con un regalito, alguna atención, saludos y cartas de mucha gente. Los más pudientes me han traído libros, que también agradezco mucho. Mis ex-secretarios que trabajaron 15 años conmigo, el embajador de Venezuela en Chile, el embajador de Chile en Venezuela, quien me trajo antes de irse un muy buen libro sobre economía, senadores y diputados que me han visitado me confortan y me dan esperanza; los sindicalistas, la gente de la CUT, de las organizaciones de exonerados políticos, me han señalado que tengo que tener mucha fuerza para soportar esta infamia. Mi familia ha sufrido mucho. Semana a semana, sin falta, mis amigos de siempre que participaron conmigo a lo largo de mi vida política y resultaría redundante nombrarlos, estos profesionales destacados en la vida universitaria o en las organizaciones de lucha, me han acompañado. En mi entorno íntimo, han estado presentes mi hija Carolina, con sus continuos viajes desde Buenos Aires, muchas veces acompañada por Roberto, ex-parlamentario en Argentina y destacado político radical. Cuatro o cinco días a la semana, acompañada de Valentina,
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mi hermosa niña, Natalia, mi pareja, que también me acompañó en el juicio con todo su profesionalismo adquirido en la Universidad, como asistente social y su título de magíster en Sociología. No puedo dejar a un lado a la Tía Eugenia, la última de las hermanas de mi madre que aún quedan vivas. Mi primo Eduardo Carmona, mi hermano Exequiel, con su apoyo de ayer, de hoy y de siempre; Tito Noguera, otro primo y actor destacado. Todos ellos me han alentado con firmeza y sin desmayo, aun cuando el dolor causado y la insoportable depresión me han abrumado, mucho más que los garrotazos recibidos o que una bala. En fin, tanta gente que no alcanzaría a nombrar, pero que sin duda han sido y son mis pilares para seguir viviendo. Es, sin duda, una etapa distinta que aquella en que, con aplausos, recorría el país haciendo continuamente exposiciones en las más diversas organizaciones sociales, en las juntas de vecinos, de pobladores, de mineros del norte, en cada ciudad y cada pueblo que visité para alertar sobre las injusticias que se viven en nuestra Patria. A todos, con modestia, ajena hoy a los aplausos, tengo que darles mi agradecimiento muy sincero, por su apoyo permanente y su estímulo a través de las más diversas formas. No tengo otra opción, y sin ninguna vanidad debo mencionar entre quienes me han permitido ayudar a los presos del CAS, a los oficiales Jerez, Ilufi, Sanhueza, Fuentes, Quintana y el Coronel Silva, entre otros. También para ellos las gracias por haberme hecho más tolerable la estadía en la cárcel. Carlos Maslo, Pérez, Espinosa, Álvarez, los cabos de mantención, nuestro
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médico Reyes, el kinesiólogo Jaime Arenas, así como todos aquellos que están en seguridad. Sólo nombro a aquellos que me autorizaron a hacerlo y a aparecer con sus nombres reales en este libro, el que escribo de la forma más fiel y ajustada a la realidad. En el Senado muy pocos agradecen algo; muchos sólo se ocupan de sus intervenciones. Los funcionarios son distintos, dedicados a su trabajo, con alma y corazón en el cuerpo. Hay que decir que toda regla tiene algunas excepciones y también he recibido de algunos parlamentarios algo de amistad. En la Cámara de Diputados, como en el Senado, en general se habla mucho, pero se hace poco. Tampoco se tienen las facultades que existen en todos los congresos y que había en el Parlamento chileno antes que se rompiera la democracia. Existe el temor aún, y no se atreven a reformar la Constitución para que el Poder Legislativo tenga autoridad, como en el resto del mundo. No deja de ser curioso que se haya continuado aceptando el Congreso establecido, al gusto de Pinochet, en Valparaíso. Él pensó que con el Art. 5º. de su Constitución -que rige hoy día- seguiría gobernando con el plebiscito en Santiago y por tanto concibió un Parlamento con pocas facultades y lejos del Gobierno para que no lo molestara. Allí en Valparaíso hoy se hace todo apresurado y más superficialmente. A las 5 de la tarde muchos diputados y senadores se ponen zapatillas con clavos para llegar lo más pronto posible a Santiago, a sus casas, o a algún programa de televisión. Muy distinta era la Cámara de Diputados y el Senado cuando estuvieron situados en el tradicional y hermoso edificio del Congreso
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Nacional en Santiago. Allí las sesiones muchas veces se extendían hasta la madrugada, el gasto era menor, no había almuerzo, salvo las sesiones de la noche para las cuales se disponía de un refrigerio. Hay que hacer notar también que antes el Senado y la Cámara de Diputados tenían más integrantes; además el Ejecutivo con sus ministros estaba a pocas cuadras para la expedición más rápida de las leyes y una mayor y mejor fiscalización de los actos del Gobierno. La distancia y su consecuencia en la menor intromisión parlamentaria en la actividad gubernamental han sido comprobadas por los distintos Presidentes tras el retorno a la democracia, y han encontrado cómoda esta situación, por lo que no han puesto mayor empeño en cambiarla. No parece apropiado hacer regionalismo con los poderes públicos, a pesar de que es evidente que los Poderes del Estado deben estar juntos para controlarse entre ellos mismos, como lo establece cualquier sistema democrático. En esta democracia aparente que nos toca vivir, en que el temor a enfrentar la opinión pública lleva a que se plantee equivocadamente el trabajo del Congreso en la forma que se hace. Nuestro Poder Legislativo sigue funcionando mal en su principal objetivo que es representar a todos los chilenos y fiscalizar al gobierno y a la administración pública. Es evidente que pocos se acuerdan de las grandes jornadas y acontecimientos que se desarrollaron en el antiguo y siempre vigente Congreso Nacional en Santiago. El Gobierno y sus instituciones estaban al lado, al igual que las organizaciones sindicales, las Universidades y por cierto las grandes empresas a las que es necesario fiscalizar para que no se excedan. Hoy podemos apreciar todas las fallas y corrupciones que no logran ser conocidas por algunos acuciosos parlamentarios.
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Ahora, de acuerdo a como se hace todo en Chile -como el “Gato Pardo”-, ambas ramas del Congreso hipócritamente comienzan a funcionar en Santiago para las comisiones, las reuniones de comités y otro tipo de reuniones casi clandestinas para que el público no lo advierta por completo. Ya no existen las reuniones que tan a menudo se hacían antes con los sindicatos, las universidades y las organizaciones sociales. Los mismos ministros no están muchas veces, y los resultados están a la vista con el descontento que existe en las organizaciones respecto a los políticos y los partidos. ¿Qué diría el Ejecutivo si a Pinochet se le hubiese ocurrido determinar que el Congreso estuviera en Melipilla y la Corte Suprema en Temuco? Esto sería la desorganización total de la democracia, con su efecto de no poder evitar la corrupción. En la cárcel sería impensable que ocurrieran cosas como las que se producen en el Congreso, con autoridades insuficientemente preparadas que en ocasiones no tienen los documentos que necesitan y deben llamar a Santiago para que se los lleven a Valparaíso y estos llegan después de dos a tres horas, o al día o a la semana siguiente incluso. Me correspondió presentar varias leyes para cambiar el sistema de funcionamiento del Congreso, pero los falsos intereses regionales y la poca capacidad para afrontar con sinceridad una situación claramente absurda para el desarrollo de una democracia más transparente y eficiente conspiraron para que el Parlamento siga operando aparentemente como si fuera un Congreso moderno y para que el Ejecutivo continúe beneficiándose de la incapacidad de fiscalización del Poder Legislativo respecto de toda la administración pública.
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A pesar de lo que se pudiera pensar, y comparando siempre con el funcionamiento de nuestra débil democracia, en la cárcel todo es más organizado y metódico. Cada uno cumple su rol con la mayor eficiencia posible, o de lo contrario sobrevienen las sanciones. En esta cárcel nada es improvisado y existe absoluta rigurosidad para todos los presos y gendarmes, lo que puede llegar a convertirse en una rutina automatizada, pero nada queda sin castigo o sanción.

IRREGULARIDADES DE LA INVESTIGACIÓN

Para conseguir mi destitución del Senado, el Fiscal Armendáriz usó toda clase de elementos: Unos pocos buenos y otros realmente inaceptables para quien conozca a fondo el proceso. Miremos, por ejemplo, a los niños y familias que utilizó. Veamos un ejemplo cualquiera. Todo cuanto digo a continuación aparece en los antecedentes del proceso, pero la dificultad es que, a pesar de ser público, se ha evitado darlo a conocer hasta a mis abogados. Noemí confiesa que fue violada antes por un vecino, pero esto, que es más grave que un “abuso deshonesto”, el Fiscal Armendáriz no quiso investigarlo. Ella, que señala haber tenido relaciones con su hermano menor, también fue utilizada por el Fiscal en el proceso en mi contra. Según el informe del Instituto Legal contenido en el expediente, ambos tienen la misma enfermedad venérea, condiloma humano. El Fiscal tampoco quiso investigar para identificar al portador cero. El padre fue condenado por violar brutalmente a dos menores, un hermano también fue condenado por violar a otra niña, el otro menor está en la cárcel por robo con violencia y la otra hermana menor fue abusada por un trabajador. Y éste, bien o mal, fue condenado aun cuando la madre le habría exigido una cantidad de
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dinero para retirar la denuncia pero, como el sujeto no logró reunir la suma pedida, fue condenado con pena remitida. Esa es la “familia principal” que utilizó el Fiscal para lograr de una u otra manera mi condena. Por cierto, esto no pudo ser conocido por los jueces debido a la modalidad del juicio abreviado impuesto en mi caso, en el que no se necesita presentar las pruebas, ni mucho menos acreditar su seriedad ni relación con el proceso. Debo insistir que nadie, después de algún tiempo de contar con las informaciones que se obtuvieron a lo largo del proceso, cree en mi culpabilidad. Muchos habían ido a visitarme a la parcela de Metrenco con sus hijos y nada les pasó. Escribieron notas y más de cien personas querían participar como testigos para dar sus testimonios favorables, pero no pudieron hacerlo por el juicio abreviado, que se hizo en contra de mi voluntad y que, según me informó Matías Balmaceda, fue un acuerdo personal al que llegó con Armendáriz y que, al no haber sido establecido en su calidad de abogado, no fue cumplido por Armendáriz. Balmaceda explicó también que él trabajaba en el mismo sector en el que ahora es fiscal Armendáriz, y si Armendáriz se veía perjudicado le podría traer consecuencias a él. De esta manera, ni yo ni nadie ha conocido el acuerdo que me obligó a ir a un juicio abreviado, que en definitiva se configuró como una situación muy distinta a la que en un comienzo se me señaló, en cuanto a que este era un proceso de “coser y cantar”. Porque en cualquier juicio y más aún en el sistema oral, se llegaría a un punto en el que se demostraría que el Fiscal no tenía pruebas, además de presentar como
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testigos a los propios niños, cosa que no es permitida en el sistema procesal penal. Veamos el caso de otra familia. A Ivonne la mantuvieron bajo la excusa de ponerla bajo resguardo del programa de protección a las víctimas, cuando nunca nadie -hasta el día de hoy- ha intentado contactarla. Este control, hasta donde se sabe, persiste incluso por estos días. ¿Qué explicación hay para ello si supuestamente, yo -que soy el peligroso- ya estoy encerrado? Es simple. Es sólo para asegurarse de que no pueda decir la verdad. “Su” verdad y no aquella que ha presentado el fiscal y que fuera fabricada por él mismo. Como corolario, un hermano de Ivonne declaró al Diario Austral de Temuco que este “era un negocio de su madre”. Otro de los testimonios que se utilizó para formalizarme fue la declaración que hizo Jaime Insunza -que no es pariente del Ministro Insulza- en el sentido de que yo casi había violado a esta menor. Después, este joven diría al diario que hizo la publicación cuando yo ya estaba en la cárcel, que Armendáriz le había anticipado el pago de una suma de dinero y que le debía otra. A su vez, él pensaba que esto era para sacarme plata y no para llevarme a la cárcel. Públicamente pidió disculpas debido a que no resistía cargar sobre su conciencia el peso de tan grave mentira.

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RAZÓN DE VIVIR

Ayer me trajeron a mi hija Valentina, con sólo una semana de vida. Casi recién nacida, es finita, rosada, amorosa, ha subido 300 grs. de peso y ha crecido ya medio centímetro. Mi hija mayor, Carolina, llegó a la cárcel con ella y se sentía muy emocionada. Me la trajeron entera vestida de rosado. Calladita, no lloró en ningún momento, salvo unos pequeños y expresivos pucheritos. Puse una foto suya como fondo de pantalla en mi computador. Así la voy conociendo y reconociendo poco a poco. Interrumpí mi relato porque un preso vino justamente a buscar un libro a la biblioteca y me pidió que le regalase uno de los que yo había escrito, aquel en el que relataba el camino que muchos seguimos para recuperar la democracia y la libertad en nuestro país. Me confesó que había leído ya ese libro y que me conocía por la prensa. Su apellido es Rojas, quien muy emocionado me abrazó diciéndome que aun cuando él era delincuente, le parecía una verdadera infamia que los intereses creados hubiesen logrado sacarme del Senado. “Era una piedra en el zapato para algunos grandes”, me comentó.

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Hoy ha venido a buscar otro de mis libros, uno sobre economía. He conseguido poco a poco no solo la comprensión, sino, diría que casi el afecto -si así se puede llamar- de gran cantidad de presos que me visitan, aquí en la biblioteca. Esta ha crecido mucho y de modo repentino. A tal punto, que se hizo necesario pedir una autorización a fin de traer unos estantes que tenía en mi oficina. Mientras, en la carpintería de la cárcel, otros reclusos fabricaron dos más.

TAREA PARA LA CASA

Hoy también decidí seguir escribiendo, cuando desperté en la madrugada en mi celda. Los problemas psicológicos que se traducen en repetir mentalmente y revivir muchos hechos del pasado y repetirlos hasta el cansancio, inevitablemente terminan por quitarme el sueño, por lo que a veces vale la pena salir de la cama para escribirlos. No sólo para no olvidar los detalles, sino porque es un ejercicio que llega a convertirse en una terapia. Hoy siento que, a lo mejor, erré mi camino en la vida. Posiblemente debí escoger la carrera de medicina, porque hubiera sido otra forma de trabajar igualmente para los demás y la vida me hubiese deparado tal vez más tranquilidad, sin riesgos y sin tener que llevar este tremendo dolor que me deja el peso de la injusticia, que no logro comprender y que me causa angustias una y otra vez en lo más profundo del alma. Es difícil que alguien pueda comprender cabalmente lo que siento. Ahora sé que sólo cada cual aprecia en su fuero interno la alegría y el dolor, como una experiencia propia, privadísima y única. Hay un dolor que se hace consciente y que es distinto para cada persona, de acuerdo con los valores que se profesen y ejerciten. A mí -al menos- me afecta
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de una manera tal, que me siento incapaz de describirlo sabiendo que, por el solo hecho de ser cada uno diferente a los demás, se me hace difícil demostrar mi verdad aunque no tenga temor de proclamarla, porque en el tiempo me he mantenido limpio, física y mentalmente. Me doy cuenta de que, antes que nada, tengo que comenzar tímidamente un camino que me lleve a recuperar la esperanza y la fuerza que siempre tuve. Es horrible no conformarse con la nueva vida que uno debe emprender a estas alturas; por eso mi primera tarea en lo inmediato es derrotar los pensamientos pesimistas, por lo que intento concentrarme en escribir este libro, con el que espero lograr un triunfo en esta verdadera batalla que se está produciendo en mi propio interior, conmigo mismo. Estoy cada vez más convencido de que esta puede ser la mejor forma de ganar esta guerra final contra la injusticia y demostrarle por fin al lector y a mucha gente que, a pesar de la ferocidad continua de la que soy objeto, SOY INOCENTE. Recién un gendarme asombrado me ha sacado de mis pensamientos al abrir la celda y encontrarme escribiendo. Han asignado algunos guardias para -según ellos- cuidarme del daño eventual que otros pudieren hacerme o tal vez -y más probablemente- pensando que no podría resistir este encierro y que pudiera tomar el camino último y extremo del suicidio. Creo que nunca podría hacerlo, ya que eso podría dar pie a pensar que ha sido el “peso de mi culpabilidad” lo que me obligó a tomar esa medida. Pero no saben que mi firme propósito, hoy y por lo que me resta de vida, es encontrar y desarmar el hilo conductor de esta conspiración y demostrar con absoluta claridad que siempre he tenido una vida irreprochable.
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En la cárcel ya he pasado dos inviernos y casi dos primaveras. El tiempo transcurre larga y aletargadamente al interior de este mundo tan distinto. Sólo quien ha pasado por lo mismo puede comprenderlo cabalmente. Para mí, la sensación del paso del tiempo es como si fuera el doble del real. Cada hora, cada día aquí, es como si fueran dos afuera. La primavera pasada, observé que todas las mañanas en el patio, aparecían dos pequeños tiestos con agua y otro con pedacitos de pan, migajas. Me preguntaba el porqué y para qué. Hasta que una tarde logré ver a un pequeño pajarito que con sus alas quebradas deambulaba tímidamente por el patio y de repente se hacía visible. Seguramente, al volar sobre la reja que cubre el cielo del patio, se había accidentado quebrándose las alas y cayendo al patio. Me di cuenta de pronto que, sin pensarlo siquiera, las cosas más corrientes, comunes e insignificantes aquí toman otra importancia y adquieren otra dimensión. Pensé en lo curioso que esto resulta, que en nuestra vida cotidiana ese tipo de cosas pase desapercibido la mayor parte de las veces. Algunos pocos presos logran hacerse de un cupo en la carpintería para arreglar los muebles y aprender un oficio, aunque el propósito real es usar el tiempo y dejar de sentir la inutilidad del encierro, pero como no pueden salir ni enviar su trabajo para afuera, se dedican a arreglar los canastos de la celda conyugal, de la que una vez al mes pueden disponer. También aprovechan de arreglar muebles para los gendarmes. Otros no tienen la suerte de hacerse de un lugar en ese taller, pero se las ingenian para hacer cosas y objetos con gran habilidad. Uno de ellos, condenado a prisión perpetua, está tallando unas cajas de madera que él mismo hizo, y según me señaló, eran para mí, “como
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una forma de agradecimiento por los libros que yo le había escogido en la biblioteca. Es un gran e inteligente lector que, en su pasado, había sido carabinero. Sobre la caja está tallando un crucifijo, con unas hojas y el cuerpo mortificado de Jesucristo. Otro interno comenzó a juntar los cuescos de las paltas y diferentes semillas de otras frutas y los guarda meticulosamente en pequeños tiestos de plástico. Me decía que eran para enviarlos a alguna municipalidad para que los planten ya que, con los árboles que de ellos nazcan, se pueda combatir la polución que tanto daño causa y la enorme cantidad de polvo en suspensión, que se mete en todas partes y que a él tanto daño también le causaba. Ambos salieron hoy en libertad. He buscado el pajarito en el patio para seguir con la tarea que habían asumido ellos, pero no lo he encontrado. Comprendí que esa avecilla tenía un solo amigo y que, cuando su compañero salió en libertad, simplemente desapareció. Otro tanto ocurrió con ese pequeño agricultor que cultivaba los cuescos en tiestitos de plástico. No hubo más semillas para las plantaciones en alguna municipalidad del país.

RUTINA

Tengo que interrumpir las ganas de seguir escribiendo y prepararme para cuando llegue el momento de la cuenta diaria en el patio. Antes debo cumplir con la rutina de la celda: Hacer la cama, que no es nada fácil pues se ubica a un costado, pegada debajo de un tubo que bien pudo ser para calefacción pero hoy cumple con la deleznable tarea de molestar por su mala ubicación; hago el aseo cada día con un trapero y un escobillón, los lavo en el inodoro, previa limpieza que consigo tirando a punta de descargas y agregándole un poco de cloro, producto loable -si los hay en estas circunstancias- y que está indefectiblemente incluido en la lista de las cosas absolutamente indispensables. Limpio mientras caliento agua en mi hervidor eléctrico. Al lado de la taza tengo un lavatorio, donde echo el agua caliente conseguida con el hervidor y con una esponja de cocina me enjabono y limpio. El agua sale negra, no obstante que me ducho todos los días, pero el polvo que porfiadamente nos invade no deja de decir presente por todos los rincones, incluyendo las vías respiratorias. Cada día y cada noche tengo -a 70 cm. del suelo- un pequeño estante de madera que alguien me hizo en la carpintería, donde dejo el café, el té, la leche en polvo y un pan. Luego de la cuenta matinal, eso es mi desayuno.
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En el recinto donde estoy la mezcla de los olores no llega a molestar si se piensa que quienes están fuera de los módulos no tienen siquiera, lo poco que nosotros tenemos. Hay que darse maña para lograr que ingrese desodorante ambiental, tan grato en estas condiciones. Pero claro, siempre y cuando sea en botella o en envase de plástico porque no se permite de ningún otro tipo que sea susceptible de ser usado -eventualmente- como arma o herramienta. Ha pasado la cuenta. Ahora somos doce quienes habitamos en este pequeño recinto y los que respondemos el saludo cotidiano, en voz alta, que debemos darle al cabo que toma la cuenta, quien, por seguridad, lo hace siempre acompañado por otro cabo o algún oficial, que se mantiene más atrás. Después de media hora parto ansiosamente hacia mi solitaria biblioteca, la que se ha convertido en el único espacio confortable de todo el lugar y donde se respira un ambiente de mayor sosiego y tranquilidad. Por eso ahora se utiliza para recibir a las visitas ilustres, las que de vez en cuando llegan al CAS; la mayor parte de las veces jueces, funcionarios judiciales y miembros de la Dirección de Gendarmería. Lo que cuento puede resultar poco entretenido pero es mi obra. “No hay hijo feo para su padre” y ya sea por curiosidad, interés en el autor o cualquiera otra razón, espero que se conozca mi verdad y además, otra realidad diferente de aquella a la que está acostumbrada la mayoría de las personas, con gente con la que tuve que convivir en la cárcel. Si de verdad pretendemos combatir y erradicar la delincuencia no podemos desconocer o ignorar.
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No importa el número de lectores, sino la posibilidad de cambiar la opinión del público y poder conquistarlo con esta personal versión de la verdad, la mía. Por lo tanto, este texto a veces será una especie de diálogo cómplice entre ambos, cosa que para mí es muy importante -vital incluso- ya que, debido a las censuras o permanentes tergiversaciones de algunos medios de comunicación respecto de mis dichos y que persisten en degradarme, no tengo la posibilidad de expresarme libremente. Pero sí tengo derecho a que usted y otros sepan y conozcan algo sobre este oscuro episodio de mi vida. Mientras escribo me acompaño con música de fondo, con canciones de moda. Boleros, tangos y melodías suaves, música clásica. La mayoría de quienes están aquí encerrados usan la música como compañía, aunque muchos la hacen sonar de manera estridente. Chacana -por ejemplo- nos despierta con su música, en especial su “Corazón Bandido”, la que, finalmente y a pesar de su volumen, ha llegado a gustarme. ¿Por qué la escucharán tan fuerte? ¿Será para ocultar la soledad, para esconder el silencio o las voces de los presos u olvidar las preocupaciones por los seres queridos? En todo caso, debo tener un poco de cuidado con el volumen de la música, porque me estoy dando cuenta que últimamente he perdido bastante audición en mi único oído bueno. ¿Será por los remedios tan fuertes que tomo cada día, la baja de mis defensas o simplemente la edad, la que se ha hecho más presente y notoria en mí por la angustia y por el desgaste físico de una vida tan agitada, que hoy también me pasa la cuenta?

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Debo tener especiales cuidados con el único oído bueno que me dejó la dictadura, después de aquel atentado de 1984. Se valora más cuando se carece del apoyo del otro y cualquier cosa que le ocurra (como un resfrío fuerte), me causa una gran preocupación pues, medio en broma y medio en serio, antes era estéreo, y la dictadura me dejo en mono. Cuando comencé a preguntar más seguido: - “¿Ahh, ahhh, qué me dijo?”... si alguien me hablaba en medio de una zona ruidosa, me he comenzado a preocupar qué sería de un ex-político sordo como tapia. Quizás algún dispositivo me pueda ayudar. No me gustaría terminar aún más aislado y alejado de la realidad, de la vida, de lo que ya lo estoy. De todos modos, me consuelo pensando que si un ex-político queda sordo, no habrá mucha diferencia con los políticos que existen hoy. Nadie presta atención a sus discursos, y algunos de ellos no escuchan a la gente ni atienden sus necesidades, ni hablar de los más pobres, cuyos temas de fondo tuve necesariamente que abordar por seguir principios de siempre. Tal vez parezca un poco vanidoso pero así es como pienso. Ahora no tengo la oportunidad de escuchar a las personas sino que estoy limitado a oír óperas, Beethoven, Plácido Domingo, alternados con Julio Iglesias o María Marta Serra Lima. Ayer me dijeron los gendarmes y mi hija que vendría Andrés Zaldívar. Su esposa Inés ya me había visitado varias veces. Ellos han contribuido mucho reuniendo libros para la biblioteca y me han levantado el ánimo con un dulce de membrillo exquisito hecho por las propias manos de Inés. Seguramente no sabe cuánto tiempo lo he hecho durar para ir saboreándolo de a poco.

Pienso que mucha gente no conoce realmente a este “chico grande y generoso”, que es Andrés Zaldívar. Nos conocimos en el año 1964, cuando él era Subsecretario de Hacienda y yo Presidente de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados. Visitamos Arica y su puerto libre, clasificación económica y social que surgió a raíz de la iniciativa del presidente Ibáñez, para darle más fuerza a esa ciudad limítrofe con el Perú. Desde todas partes de Chile llegaron oleadas de personas, tal como ocurrió con la fiebre del oro en California. Comerciantes, futuros empresarios, barcos de pesca, toda gente esperanzada en “hacerse la América” con el puerto libre. Asistimos en ese tiempo a varias ceremonias en la ciudad, cumpliendo con las funciones que nos daban nuestras investiduras en ese momento. Con gran alegría de los asistentes, analizamos la idea del Consejo de Adelanto de Arica que, recientemente, se había logrado. Algunos años después, esta institución se acabaría bajo las recomendaciones de algunos “expertos” de la época que ya comenzaban a anunciar el surgimiento de nefastos “Chicago Boys” en el horizonte, cofradía siniestra que privilegia de forma maniqueísta la racionalidad económica por sobre el criterio político y el bienestar social general. Las consecuencias no se hicieron esperar y se dejaron sentir, a pesar de que algún tiempo después se trató de hacer revivir ese Consejo, ya sin el resultado deseado, debido a la engorrosa complejidad legal y por la desconfianza en que estas medidas de trascendencia pudieran perdurar y sostenerse en el tiempo.
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El hecho es que en Tacna el Perú creó otro puerto libre para competir con el chileno y le proporcionó todo el apoyo necesario para que subsistiera hasta hoy, mientras el puerto libre de Arica sucumbía y la tambaleante Zona Franca en Iquique (Zofri), que se mantiene sólo con una actividad inquietantemente débil y poco creíble para los inversionistas en las áreas del comercio y la industria, ha debido ir cerrando sostenida y paulatinamente sus establecimientos, con el consiguiente costo social y económico para los trabajadores que quedan desocupados y carentes de horizonte. En esos años comencé una amistad con Andrés Zaldívar, la que se ha mantenido en el tiempo y en las distintas etapas que a cada uno nos correspondió vivir, cuando Andrés fue Ministro de Hacienda, después como senador, en su exilio a España durante la dictadura. En esa triste ocasión quise acompañarlo en su salida hasta Mendoza. Después me tocó verlo como Presidente mundial de la Democracia Cristiana e incluso también como agricultor en Polpaico y como vecino en Graneros. A través del tiempo lo fui conociendo más profundamente y más que al político, puedo dar fe que conocí a un chileno con el corazón bien puesto, en quien la fe y los principios ocupan un lugar muy importante, lo que me hace sentir un privilegiado por contar con su amistad y su cariño. Desde la CAS, me alegré por su labor como Ministro del Interior. Hoy estoy esperando su visita no como autoridad, sino como mi buen amigo. Mientras, escribo estas líneas, así que después contaré -si puedo- todo lo ocurrido durante nuestro encuentro.
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Al terminar de escribir este día, va surgiendo un estilo coloquial pensando en los posibles y futuros lectores y espero poder hacerme comprender por todos.

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BICICLETA Y AVIÓN

Ayer vinieron Andrés y su esposa Inés Hurtado con su nieto Juan Manuel, un muchacho de 14 años, muy observador, que recorrió toda la biblioteca mirando los ordenados libros allí expuestos, en los estantes. Se interesó por todo, escarbó y preguntó con mucha formalidad. Se sentó, escuchó y compartió la conversación que sostuvimos. Inés me entregó más libros para la biblioteca y con Andrés recordamos un congreso interparlamentario mundial al que asistimos como senadores junto al designado senador, ex almirante y ex jefe de la Armada, Martínez Busch, en el período en el que Andrés era Presidente del Senado. Allí también estuvo Inés, como siempre, junto a su marido. En los ratos libres de aquel congreso conversamos bastante, lo cual extendió mi amistad al matrimonio Zaldívar. Andrés me explicó que no podía venir a verme mientras ejercía en calidad de Ministro del Interior. Lo entendí perfectamente, sobre todo, al imaginarme el revuelo que se habría producido al llegar a la cárcel la segunda autoridad del país para visitar a su amigo Jorge Lavandero. Conversamos de muchos temas interesantes y siempre tengo la certeza de contar con su apoyo, su afecto y su amistad. Me preguntó
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si continuaba haciendo algunos ejercicios, pues recordaba que durante toda mi vida la actividad física había sido una constante. Le comenté que al principio los hacía pero ya no, por lo que me insistió en la necesidad de hacer el esfuerzo por retomar algo de actividad deportiva, aunque fuese haciendo un poco de bicicleta -que no es tan exigente- para fortalecer el cuerpo y la mente y poder así combatir la depresión que me agobiaba. Me sorprendió una vez más con su generosidad al ofrecerme una bicicleta estática y se la agradecí pues en la cárcel no hay ninguna, a pesar de que aquí hay presos con más de 80 años, así como otros que están en silla de ruedas y necesitan hacer ejercicios para tratar algunas dolencias severas. Al despedirse, este “chico grande de corazón y alma, amigo de sus amigos”, me prometió que volvería. Sentí un mejor sabor en mi boca y -sin duda- su visita me llenó de alegría y nuevas esperanzas, sensaciones cuya intensidad había sido cada vez más decreciente en lo más íntimo de mi espíritu. Estuve luego y como siempre con mi hija Carolina, quien hoy llegó acompañada por Gabriel Jara hijo, con cuyo padre -de nombre homónimo- hemos sido amigos de toda la vida y de quien me entregó una emocionante carta. Con Gabriel Jara padre tenemos una larga amistad que comenzó cuando ambos teníamos 12 años. Él fue bodeguero y después administrador de un gran fundo de mi abuelo Exequiel, quien también jugó un papel importante en mi vida. Aun siendo mi padre un senador, a Exequiel Lavandero lo que le importaba era su nieto
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y éramos muy compinches. Después Gabriel fue administrador del fundo agrícola y ganadero “Quepe”, del que fui propietario hasta que llegó la reforma agraria. Participé y apoyé esa reforma, razón de sobra para aceptar que esa propiedad se convirtiese en una más pequeña. En esos tiempos yo era senador por las provincias de Bío-Bío, Malleco y Cautín. En esos complejos días llegaron sorpresivamente a Quepe unas autoridades agrarias acompañadas de algunos detectives de la Policía de Investigaciones. Al verlos venir, Gabriel se asustó sobremanera y tomó algunas armas que yo tenía allí, sin que se le ocurriera mejor idea que lanzarlas a un pozo negro donde seguramente y hasta el día de hoy, duermen el sueño de los justos. Mis hijos eran los reyes de esa propiedad durante su niñez. Allí jugaban en la turbina generadora de electricidad o bañándose en los tranques de agua que tuve que construir, o andando y saltando a caballo por los potreros. Los campesinos siempre fueron amigos importantes para nuestra familia y me acompañaron a lo largo de los años en cada una de mis elecciones. Ellos salían por los campos a conquistar votos como si fuesen verdaderos dirigentes. Otros asiduos visitantes de mi casa, eran las dirigentas de los centros de madres, de las juntas de vecinos y los clubes deportivos que participaban en torneos de fútbol, organizados por ellos mismos con bastante frecuencia.

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Estos campeonatos terminaban casi siempre con una fiesta. Porque no era sólo el asado. Muchas veces saltaba a la escena más de un guitarrista que nos alegraba el final del día. Los premios de los torneos eran habitualmente una gran copa para el primero, juego de camisetas para el segundo y, para el tercero, un paseo en el viejo avión Cessna Centurión que yo piloteaba. Hasta hoy mucha gente se acuerda de lo que significaba para ese entonces que jóvenes de condición humilde, que jamás habían conocido un avión, pudiesen volar. La alegría en sus rostros lo decía todo, era el premio preferido y todos deseaban salir terceros o cambiar su trofeo para volar. El paseo comenzaba con el traslado a una pequeña pista de aterrizaje que había construido en un lugar cercano a mi casa. Al avión no podían subirse más de seis personas por cada vuelo, piloto incluido. Les daba unas cuantas vueltas hasta dejarlos mareados y después iba subiendo el resto. Nos reíamos al verlos salir del avión absolutamente tambaleantes. Las bromas al respecto eran la tónica, mientras caminaban a los tropezones en su retorno a tierra firme. Es interesante volver a recordar las andanzas de juventud, a propósito de la visita de Gabriel Jara. Con su padre nos hacíamos unos garrotes de palo de luma y salíamos -aun niños- a cazar las gallinas de los campesinos y del vecindario rural, para después hacernos entre los árboles, unas -según nosotros- sabrosas cazuelas a orillas del estero Medahue. Más de alguna dificultad tuvimos que pasar con los campesinos cuando esto trascendió. Con Gabriel, a lo largo de nuestras vidas, tuvimos una importante cantidad de experiencias, ya sea comprando animales en la feria de
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Victoria, compartiendo el arriendo de unos pequeños campos en Cautín, Curacautín y en el fundo “La Selva”, el que logré arrendar por esas épocas cuando tenía unos 22 años. Él ha seguido junto a mí hasta hoy, tiempo en que se encuentra bastante enfermo, pero con la alegría estimulante de siempre. La carta que me trajo su hijo desde Temuco es dramática. No pude terminar de leerla cuando me la entregó. Me dice que lloraba muy tristemente por la situación que me ha tocado vivir y él, desde su lecho de enfermo, no deja de estimularme con sus palabras para que tuviera la fuerza suficiente para afrontar los momentos que paso en esta cárcel.

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HOTEL 5 ESTRELLAS

Hoy me he levantado un poco más temprano, cerca de las 5:30. La razón es que durante la noche se han agolpado tantas ideas y recuerdos en mi cabeza que tengo que ordenarlas. Necesito escribir. Como siempre durante esta rutina hago mi cama con muchas dificultades por la posición -que ya he descrito- del bendito tubo que pasa por atrás y que siempre me deja las manos llenas de pequeñas heridas y la piel a la miseria, producto de esas magulladuras. Lo primero es trapear la celda y luego preparo un café con el agua caliente que guardo en el termo. Me aseo en el lavatorio contiguo, recojo la ropa interior que he lavado la noche antes, y cuando he comenzado a doblar cuidadosamente mis pantalones me vuelven los pensamientos. Miro el estrecho recinto y veo la bolsa en que Inés me trajo los libros. Y me asombro: La bolsa que alguna vez sirvió para trasladar algunas compras, tiene una leyenda: “Relax... life is a long weekend. The outdoor experience”. Me rasco la cabeza al traducir estas frases de propaganda impresas -“Relájese... la vida es un largo fin de semana. Una experiencia al aire libre”-. ¿Será casual o una premonición agradable? No es fácil encontrarse con algo así en la cárcel, pero me alegra, me da esperanzas e ilusiones para enfrentar el nuevo día.
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Antes de la cuenta y mientras escucho los ruidos que hacen los candados al abrirse en cada celda de este tercer piso, me siento en la cama a ordenar mis ideas, precediendo al momento en que deberé bajar al patio para cumplir con la rutina matinal. Ya sé que después partiré de prisa, acompañado de un gendarme que me irá abriendo puertas enrejadas, una tras otra, rumbo a la biblioteca para ordenarla, barrerla y trapear hasta dejarla lo más presentable que permitan mis medios y habilidad. Después de todo, ese espacio llamado biblioteca, es para mí una suerte de niña mimada que bien merece todos los cuidados, en tanto y en cuanto se ha transformado en un hábitat tranquilo y acogedor, a pesar de las carencias. Terminada esa faena, pondré música y retomaré la escritura de este libro. El relato minucioso tiene su razón de ser en casi dos años de encierro. Por mi buen comportamiento he logrado manejarme en la biblioteca con mayor libertad y -pensando disparatadamente- me hago a la idea de que estoy en un hotel de cinco estrellas. El ser humano va acostumbrándose a todo, poco a poco, aun hasta lo impensable, tal como lentamente me está sucediendo a mí. Como dije, escribir este libro se va transformando en una terapia para quitarle un poco el sabor de la amargura y la decepción que la política ha dejado en mí, en estos últimos años. Al escribir pienso también en algunos de mis colegas periodistas. En aquellos que le “echan más leña al fuego” para cumplir casi inescrupulosamente con la misión de rellenar las páginas de la prensa sin medir en pleitesía a los grandes intereses que parecen representar. Lo hacen olvidándose del principio fundamental que los llevó a ser profesionales de las
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comunicaciones y de la información, investigando todas las fuentes y acudiendo a todos los matices con el fin de alcanzar la verdad en todos sus comunicados. Y aunque estén amparadas en poderosas sociedades, quienes fueron capaces de concebir en mi contra una conspiración tan perversa son personas de carne y hueso, con nombre y apellido. No fueron instituciones ni directorios, fueron personas. La larga y tremenda batalla por recuperar nuestro cobre a través de todos los tiempos fue, indudablemente, uno de los detonantes más decisivos para que se produjera esta persecución y que se hace presente incluso hasta estos días. Este encarcelamiento no causa solamente un simple efecto personal, afectándome de lleno, sino y tal como lo he comprobado, aflige a cientos de personas que a lo largo de mi vida han confiado en mí. Rememoro la historia del cobre y las sucesivas etapas que ha recorrido después de haber culminado con su nacionalización: El período en que Radomiro Tomic y yo aunábamos fuerzas durante la dictadura de Pinochet; a la creación del PRODEN y del Fortín Mapocho se sumaba la redacción de los instructivos para cada llamamiento a las protestas y concentraciones, comenzando por la de General Velásquez. Una muchedumbre que ansiaba los mismos sueños. Predicábamos en las universidades, de manera clandestina, pero con gran asistencia de profesores y alumnos. ¡Qué tiempos interesantes aquellos! Organizar el diario Fortín Mapocho fue un reto nada menor. Compré el nombre a un comerciante de La Vega y escribí más de trescientas columnas sobre diversos temas, para empujar las protestas.

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El primer gran escándalo que agotó una edición del Fortín Mapocho fue la publicación de diez escrituras públicas maliciosas con las que Pinochet se apoderó de los terrenos en el Melocotón y la casa que éste se hizo construir allí. Por supuesto, todos fuimos a parar a la cárcel. De nuevo entre las rejas, esta vez de la CAS, llegó a visitarme Gabriel Valdés. Vino a darme disculpas por algunas palabras que profirió durante el proceso seguido en mi contra. No anido rencores y menos de compañeros de larga data por lo que, después de escuchar sus sentidas palabras en una de las salitas que el Capitán Alex Ilufí nos facilitó, nos dimos un abrazo. Gabriel Valdés alcanzó a participar en algunas de las últimas protestas y por ahí salió como resabio en la conversación algo que yo había escrito en el libro “El Precio de Sostener un Sueño”, recordando el período en que estuvimos juntos en la cárcel, acompañados también por el secretario del Partido, José de Gregorio, padre del que más tarde sería tri-Ministro concertacionista. Su visita y su gesto me impresionaron menos que su enorme humildad para reconocer algo que lo hacia sentirse incómodo. Recordé al Gabriel recién llegado de EE.UU. en 1983, cuando ya teníamos muy golpeado al sistema y a Pinochet. Para darle relevancia a su retorno, nos pareció bueno elegirlo Presidente de la Democracia Cristiana. Convoqué a una reunión secreta -por supuestoen un fundo que tenía en Graneros, cerca de Santiago. Asistió lo más granado de la Democracia Cristiana, propusimos el nombre de Gabriel Valdés y por unanimidad quedó elegido presidente. Parecía una ficción, porque los partidos estaban disueltos, aunque no muertos.
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En esa fase, el Proden era el que jugaba el mayor papel político y social entre las organizaciones. Por los recelos subsistentes no fue fácil crear este organismo unitario, sin exclusiones. Se construyó como una curiosa sociedad anónima cerrada de estudios y desarrollo, instrumento jurídico recién creado y que sirvió, desde un punto de vista legal, para dar amparo a una enorme organización social. Acunó e impulsó todas las grandes protestas con sus instructivos sociales en contra de la dictadura Ya con claridad, a partir de la primera concentración en General Velásquez, se vislumbraba la caída del régimen. Había miedo, el rastro de sangre era grande y había entumecido el valor en la acción. Nuestra primera tarea fue combatir el temor generalizado, en las poblaciones, en las organizaciones sociales como las del Pem y Pojh, en los sindicatos, en los estudiantes y en los partidos políticos sumergidos. Eran tiempos en que anticipadamente aceptábamos la posibilidad de cárcel -casi siempre una certeza- como consecuencia de la lucha social. Nuestro Proden ocupó un gran espacio cuando los partidos estaban disueltos, y ninguna otra organización se atrevía a enfrentar el sistema dictatorial imperante. Con estos recuerdos en mi celda del módulo “J” fue asomando poco a poco la idea de que era necesario escribir este libro, sin pretensiones literarias pero sí como terapia al echar fuera todas las angustias y dolores, que mi verdad sirva para conocer la terrible experiencia. Y para hacerla más acogedora, sacaré diversas anécdotas. Me ha servido para quitar el sabor amargo y la decepción que la política de estos últimos años me ha dejado. Ver a algunos de mis colegas periodistas echándole leña al fuego, “por unos dólares más” de los grandes intereses de este país pero representados por gente de carne y hueso y que fueron capaces de concebir esta conspiración en mi contra.
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He puesto en el papel algunas de las anécdotas más curiosas vividas a lo largo de la política y actividad parlamentaria. A partir de 1975, en algún momento junto a Enrique Krauss, Hugo Zepeda, Juanito Acevedo y otros ex parlamentarios, constituimos “el primer Congreso Nacional” en la clandestinidad. Sesionábamos tímidamente después de almuerzo en la oficina de Krauss, muy cerca de La Moneda. Atemorizados pero decididos por la necesidad de salir a la luz pública con un organismo que enfrentase la dictadura de Pinochet. Así comenzó a nacer el Proden, que tan relevante papel jugaría en el gobierno militar y la decisiva dirección que logró empujar a una gigantesca cantidad de organizaciones sociales, la mayoría de ellas conectándose con nosotros desde la clandestinidad. Sopesando el recorrido desde entonces hasta ahora, la tremenda batalla por recuperar el cobre a través de todos los tiempos, indudablemente fue uno de los detonantes más radicales en esta persecución que continúa hasta ahora. Deben haber influido los desacuerdos con “Don Francisco” en la Teletón, la porfía por cambiar la estructura previsional de las AFP, la dramática e injusta distribución de los ingresos en el mundo, tema que debió ser prioritario para el país, como lo señalé en “Chile, Crecimiento Sin Equidad”. Todos estos asuntos acabaron con la paciencia de algunos de esos grandes intereses en Chile. En un momento creí que había llegado a un punto cercano para cumplir los propósitos pero no fue así, ellos me aplastaron. Sin embargo he podido comprobar el cariño de cientos de personas que siempre han confiado en mí. Me duelen y pinchan el corazón sus lagrimas, sentir este dolor doble, el mío y el ajeno.
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Entre las últimas acciones, por la mina El Indio y Pascua Lama de la Barrick Gold, ante el Parlamento, las universidades y en distintos seminarios, logré comprobar con documentos provenientes de los organismos mineros y del propio Servicio de Impuestos Internos que jamás pagaron -y jamás pagarán- por esta expoliación que le hacen a todos los chilenos. ¡Qué importante fue la reunión con los altos ejecutivos de la Barrick y mis asesores, donde quedó al descubierto toda la trama de este oscuro negocio que no termina aún de aclararse. Fueron los altos ejecutivos de Barrick Gold los que nos sorprendieron con sus palabras. Ante mi negativa de votar favorablemente el Tratado minero chileno-argentino, nos aseveraron que el proyecto lo habían desarrollado ellos mismos (de acuerdo a sus intereses) y se lo habían entregado a los Presidentes Frei y Menem para que lo presentaran como obra de sus gobiernos en ambos parlamentos. Este se vino a concretar en el gobierno de Lagos y con los últimos coletazos, en los de las Presidentas Bachelet y Kirchner. Ambas, invitadas por la Barrick Gold a EE.UU en señal de agradecimiento, recibieron una medalla de oro -seguramente con nuestro oro de porte libre, tanto en nuestras aduanas como en las argentinas- ¿Somos o no “bananeros”? En parlamentos anteriores a los años 60 no existían entreguistas, ni gobernantes que se atrevieran. Sin ir más lejos, Mariano Puga Vega, diputado de derecha y presidente del Partido Liberal, no sólo escribió un libro -en 1965- “El cobre Chileno” que me lo entregó personalmente, sino asistió a foros en la Universidad de Chile para defenderlo. El Senador Francisco Bulnes Sanfuentes (apodado El Marqués) con su discurso conminó a toda la derecha para aprobar
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por unanimidad la Nacionalización del cobre en tiempos del Presidente Allende. ¿Eran otros tiempos? No, eran ideas de acuerdo a principios. Eran otros parlamentos y otros partidos con conceptos muy claros de lo que significaba la soberanía nacional.

NO ME AYUDE COMPADRE

Dentro de todos los recuerdos me saltan episodios casi olvidados, como la defensa que realicé para que el “Manu-Tara”, ese ahora famoso hidroavión, llegase por primera vez a Rapa Nui, nuestra Isla de Pascua, para unir a los isleños con el continente, en un viaje que no contaba con los radiofaros suficientes ni los instrumentos de orientación que hoy existen y hacen que el desplazamiento sea realmente seguro. Ese apoyo me significó en su momento una gran molestia política frente a la Comandancia Aérea porque, según ellos, el entonces Comandante de Quinteros, Coronel Roberto Parraguez, teniendo la jurisdicción suficiente para toda la Región y la Isla de Pascua, debía informar al mando superior. La realidad era que la iniciativa había despertado los celos de sus superiores, por no ser ellos quienes se quedaran con la fama, en el caso de que la difícil misión tuviera éxito. Por eso, se mantenían en la tesitura de que Parraguez no podía realizar el vuelo sin el conocimiento y consentimiento del Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea. En definitiva, Roberto Parraguez fue exonerado y jubilado de la Fuerza Aérea y a mí me pareció absurdo en ese momento que, con un éxito tan grande y para una tarea tan difícil, hecha con el noble
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propósito de continuar asegurando la soberanía nacional en esta lejana isla chilena, se sancionara así a un buen Coronel como sin duda lo era. Lo defendí con mucha fuerza, hasta que lo amenazaron con que, si yo no detenía mi lucha, lo reintegrarían a las fuerzas activas para luego quitarle su jubilación. Ante eso, en forma reservada primero y luego por la prensa, Roberto Parraguez me pidió desistirme. Su miedo pudo más, habían conseguido asustarlo. Fue así como otros parlamentarios me aplicaron el aforismo chileno “No me ayude compadre”. El Comandante Parraguez, el Manu-Tara y la Isla de Pascua eran asuntos por los que muy pocos se interesaban a pesar de la incontrastable evidencia respecto a que la única alternativa de viaje, que era por barco, resultaba sumamente larga y tediosa, más aún cuando se debe cruzar la Corriente de Humboldt, que recorre toda la costa chilena desde un poco más al norte de La Serena hacia el Sur, pegada a la costa. El hecho es que, con las visitas que me correspondió realizar a la Isla de Pascua, comencé a interesarme por la singular herencia que allí nos han dejado antiguas razas y culturas. Representación clara de esto es su escritura, cuyo origen hasta hace poco no se había logrado descifrar ni menos determinar con certeza, al igual que el misterio que encierran sus moais y todas las piezas arqueológicas que allí se han ido encontrando. Pude comprobar que diferentes arqueólogos extranjeros visitaban de continuo y exploraban la isla, “nuestra” isla. Lo singular es que
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ninguna autoridad se preocupaba ni fiscalizaba los objetos arqueológicos que se llevaban. En esta tarea se encontraban, entre otros, Thor Heyerdahl y el norteamericano William Malloy. Durante dos periodos parlamentarios y con cierta regularidad, exigí defender nuestros tesoros arqueológicos, hasta que por fin logré que se devolviesen 23 tambores repletos de ellos. Aunque pueda parecer exitosa mi gestión, cada vez que me ha tocado viajar me he encontrado con muchos objetos valiosos extraídos y sacados subrepticiamente de Rapa Nui en diferentes museos y ciudades del mundo. Eso está terminantemente prohibido y es un patrimonio protegido tanto por nuestras leyes, como por las extranjeras. Pero Chile es Chile y como país nunca hemos sabido valorar nada de lo que tenemos, tal como ocurre con nuestros recursos naturales -renovables y no renovables- como los mineros, en especial por la explotación inmisericorde por parte de las multinacionales extranjeras. Este es un tema que merece un capítulo especial, porque se trata de un colosal recurso que se explota de manera tenebrosa, oscura, con vicios legales, con la complacencia y hasta incluso con la complicidad -diría yo sin miedo a equivocarme- de muchas de nuestras autoridades. En este caso, más que en otros, las autoridades han hecho oídos sordos a este verdadero clamor nacional en contra de una depredación que continúa hasta el día de hoy y que afecta y afectará el patrimonio de todos los chilenos. Así como estos recursos no renovables se están explotando sin que el país perciba por ese motivo, al menos una parte de lo que en otros
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países más severos reciben, ocurre lo mismo con nuestra riqueza marítima, ictícola, maderera y -por cierto lo vuelvo a repetir como un grito mudo- con todos nuestros demás minerales como son el oro, el molibdeno, el salitre y tantos otros. Dicen que generan trabajo en Chile, pero bien sabemos que por iguales funciones, se pagan salarios muy inferiores a los que cobran los trabajadores que las mismas empresas contratan en otros países donde se han instalado o de aquellos que mantienen como sub -contratados que alcanzan al 51% de la planilla total. Todos saben que los trabajadores subcontratados -que corresponden a la mitad de los trabajadores de planta- reciben apenas un poco más del sueldo mínimo. Hemos visto cómo las últimas huelgas y manifestaciones en demanda de mayores ingresos y mejoramiento de los salarios de trabajadores y empleados -que es casi lo único que dejan las transnacionales- son directamente rechazadas por los ejecutivos de estas grandes empresas. La productividad y sus enormes utilidades no cuentan, las autoridades no revierten esta situación y, más aún, algunos llegan a sus cargos en el gobierno con el propósito de mantener esta situación o allanarles el camino para ampliar hasta el infinito sus pingües utilidades.

INTIMIDADES

Me queda claro que el Pacífico “estratégico” comenzó a emerger en mi vida como diputado. Posteriormente y a propósito de mi amistad con Xung Yang, Embajador de Corea en Chile y que llegó a ser Primer Ministro, me darían más motivos para pedirle al Presidente Frei Montalva que abriese la embajada chilena en Corea. Su hija Mi Hae y mi hija Carolina también se hicieron grandes amigas. Esta última aprendió además mucho de la cultura coreana en sus visitas a la embajada donde le enseñaron de su cultura e incluso le regalaron un vestido de gala típico de Corea, para que lo luciera en las ocasiones que compartía con la familia. Éramos, además, uno de los 5 países administradores del paralelo 38 que dividía a Corea en dos. El Presidente Frei Montalva accedió a mi petición y me entregó las cartas credenciales para el gobierno de ese país. En los días anteriores había sido detenida por la Policía de Investigaciones la directiva del derechista Partido Nacional, debido a una presunta conspiración en contra del Gobierno. Esto ocurrió cuando Bernardo Leighton era Ministro del Interior de Frei, como también una persona de gran trayectoria al interior
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de la Democracia Cristiana. Poco después, en el Congreso Pleno y cuando salía Eduardo Frei Montalva, encabezando su comitiva, saludo de mano a Francisco Bulnes, lo que era una situación casi anormal desde el punto de vista del protocolo de la ceremonia, por lo que se entendió como un acto de desagravio por la detención de la directiva del Partido Nacional. En la comisión me acompañó una muy buena selección de parlamentarios. Los senadores Julio Durán, Francisco Bulnes Sanfuentes, los diputados Raúl Morales Adriazola y Enrique Zorrilla. El comienzo no fue grato, las diferencias políticas eran marcadas. Francisco Bulnes comenzó a criticar duramente junto con Julio Durán al Gobierno de Frei, por lo que les advertí que, como jefe de la delegación y portador de las cartas credenciales para la apertura de la embajada, de continuar con su actitud, seguiría solo si esto seguía ocurriendo. Les manifesté claramente que en el exterior deberíamos tener una sola voz como representantes de Chile. La calma regresó y nos pusimos de acuerdo y a partir de ahí, en cada reunión nos turnaríamos para hacer nuestro discurso representativo, uno en nombre de todos. La tarea se hizo muy bien y surgió una amistad más estrecha. Antes de llegar a Corea, en Taiwán nos alojamos en un hermoso hotelito. Salí a recorrer el barrio aledaño al hotel y encontré un sauna, ese tipo de “baños públicos” desconocido aún en Chile. Entré y una cincuentena de coreanas, tipo geisha, hacían de masajistas. Escogí a una y comenzó el baño dirigido por una chinita vestida apenas con una bata. Tendido en una camilla se subió a mis espaldas y con los pies desnudos, comenzaron los masajes. En un momento se detuvo y me preguntó “special” masaje. Y al preguntarle What´s does mean?
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se rió y comprendí. “I´am okay” y salí del salón de masajes. Le conté a un campechano senador. Lo encontró entretenido y entró mientras yo lo esperaba pacientemente sentado al exterior. Salió muy contento ya que mi “no” a la geisha, él respondió que “sí”. Nos confabulamos para decirle al “Marques Bulnes”, que sería muy relajante para él darse un baño en el vecino sauna. Ese día le tocaba representarnos en un discurso importante ante las autoridades coreanas. Francisco Bulnes, no obstante su gran cultura y elocuencia, no sabía ni una gota de inglés ni francés. Por tanto lo instruimos a decir “ok” cuando la geisha que él escogiera, le preguntase: “special massage”. Así ocurrió. Al verlo salir lo vimos un poco demacrado y con los brazos en jarra pero contento. Ya entonces Bulnes era un hombre mayor, lo que significó a la postre, debido a su cansancio, ser sustituido en ese importante discurso por Julio Durán. Nos reímos mucho con esta historia que pude contarla a muy pocos. Bulnes tenía fama de religioso, conservador y muy serio. Un tiempo más adelante, volvimos a Oriente para visitar la República Popular China. Viajamos entre otros, con los Diputados Julio Montt, que además es doctor, Luis Pareto y Carlos Sívori. Este último, extravertido, ostentoso, simpático y según él, muy “machote”. Nos había amenazado que no dejaría de acostarse con una chinita para ver si “lo tenía” atravesado, como los ojos. Al llegar a China le señaló a la traductora de la comisión que los sudamericanos, y especialmente los chilenos -haciendo un gesto con el puño, golpeando madera- tenían por costumbre acostarse con una mujer cada día. La chinita guardó silencio. Más tarde volvería a insistir diciéndole que ya tenía dolor de cabeza por esta situación negativa en este
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viaje prolongado. La traductora le señaló delante de nosotros que conversaría con algunas personas para encontrarle una solución al problema China, en ese momento había iniciado una campaña para reducir la natalidad de su creciente población. Muy de mañana la traductora china llegó acompañada de una mujer con una bata muy delgada. Carlos Sívori se frotaba las manos de contento y nosotros mirábamos acurrucados detrás de una cortina. La chinita le dijo: “Desnúdese”. Y con gran contento lo hizo. “Dése vuelta”, le agregó la traductora. Y apenas lo hizo, la mujer de la bata le plantó una inyección en los glúteos a nuestro querido Carlos. El desconsolado Sivori estuvo “inapetente” unos seis meses después de aquel calmante de libido. El resto de la gira estuvo muy compungido, tal vez sospechando lo que dirían sus colegas al regresar. ¡Y acertó! Carlos, por “machote”, fue objeto de grandes risas. No puedo dejar de mencionar la historia de Luis Pareto; a la sazón, Presidente de la Cámara de Diputados. Fernando Errázuriz, casado con una hermosa periodista y secretario de comisiones en la Cámara Baja, fue operado de cáncer en un testículo. Nos llegó la noticia en plena sesión, la comentamos con el medico y diputado Julio Montt, con Sergio Páez y subimos a la testera para comentarle el caso al Presidente Pareto. Olvidamos que era el sempiterno hipocondríaco. Nos preguntó cuáles fueron los primeros síntomas de Fernando. Julio Montt le dijo “una picazón”. Pareto se llevó de inmediato las manos a la entrepierna y dijo: “siento una pequeña picazón”. Al verlo pálido le dijimos que dejara la sesión al
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vicepresidente y fuéramos a la oficina de la Presidencia. Ya con un gran número de Diputados presentes, Julio Montt el experto, le dijo: “Bájate los pantalones” y comenzó a tocarle los testículos en medio de las risas generalizadas. Lucho Pareto ha sido un buen amigo, tanto él como Sívori están vivos y espero que no se molesten. Otra anécdota memorable y que ocurrió también cuando era diputado y jefe de los parlamentarios DC fue cuando el Edecán de la Cámara, en medio de una ardiente discusión en un proyecto se me acercó para decirme: “Usted que es amigo del Presidente de la Cámara, por favor vaya al edificio del frente, que en uno de los pisos, se encuentra él en una situación muy delicada. Rápidamente hice lo que se me pedía, subí y me encontré al Presidente de la H. Cámara sentado en el suelo con las piernas en jarra, un serrucho en la mano, aserrando una puerta. Le pregunté si estaba loco, le anticipé el escándalo que se armaría con los periodistas. Me dijo: “Es que aquí hay un hijo de …en mi garçonier, con mi querida…” No fue nada fácil razonar con él, pero lo convencí de volver a la H. Cámara y dejar las cosas hasta ahí, en pro del prestigio parlamentario. Durante largos años hemos sido buenos amigos. Una historia que he lamentado, como jefe del comité DC, porque siento que debería haber sido más responsable y solidario, es la historia de “Canalito”. Después del triunfo arrollador de Eduardo Frei Montalva en 1964 vino una elección parlamentaria. Salieron electos 82 diputados democratacristianos, aunque yo venía de la izquierda, el FRAP. Entre ellos salió electo un obrero campesino muy modesto pero muy bien inspirado. Cuando le pagaron su primera dieta me preguntó si le habían pagado por adelantado todo el año. En algún
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momento el Edecán volvería a llamarme para decirme que ese diputado no estaba en la sala pero me dio una dirección. Se trataba de un prostíbulo que había escogido como residencia. Al verlo me sentí mal. Debería haberle advertido sobre algunas cosas de la gran ciudad, tenerlo más cercano. Hice lo posible pero terminó tomándose copas de más que dieron fin a su carrera parlamentaria.

DOS NOVIOS PARA UNA SOLA MUJER

En un día de abril como cualquier otro había llegado temprano a mi oficina en la calle Agustinas. Debía poner en orden algunos papeles antes de ir a la Cámara de Diputados a participar en algunas comisiones de estudio. Sonó el citófono interno y era mi secretaria para informarme que el Embajador de Uruguay se encontraba en la sala de espera. Pedía entrevistarnos. Lo recibí de inmediato, intrigado por su intempestiva visita. Me explicó que un compatriota uruguayo había ido a visitarlo y quería conversar conmigo, ya que me había “estado esperando y yo no había llegado”. No me parecía haber dejado plantado a nadie. Agregó que su paisano estaba en el Hotel Crillón, a media cuadra de mi oficina y me pedía autorización para traerlo a mi oficina. Intrigado, le dije que sí. Pocos minutos después reapareció con el personaje y después de hacer las debidas presentaciones me dejó hablando con él.

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Se trataba de un hombre culto y agradable que, de entrada, me preguntó qué había pasado. Me habían estado esperando “con toda la gente, invitados, torta y todo”. No sabía de qué me estaba hablando. De pronto, me dijo que su hija estaba en el hotel y me solicita traerla a mi oficina. Por cierto, acepté sin reparos. Pasaron algunos minutos y llegó con una hermosa muchacha, que en medio del llanto me recriminó por no haber llegado… La misma afirmación que me había hecho su padre. Una historia mal contada que ya me intrigó de veras. Le pregunté cuál era el tema sustantivo. Respondió que todos sus amigos y parientes estaban invitados a la ceremonia del casamiento. ¿Cuál casamiento? Ella contestó que “se habían repartido las invitaciones y que todos me esperaban en la iglesia”. Comencé a caer del alto cielo y me di cuenta que se trataba del mío. Esto era algo inimaginable que me sorprendió y tratando de buscar respuestas en mi cabeza, le respondí que yo era casado. Jamás me había comprometido con nadie y era la primera vez que la veía. Nunca antes la había conocido. Pero con paciencia le pedí que me explicara lo sucedido. Cerca de un año atrás comenzó a recibir cartas de un joven de Imperial firmadas como Jorge Lavandero, las cartas incluían intervenciones mías en la Cámara de Diputados. El pretendiente le había mandado una foto: la de Tito Fouilloux. Cartas van cartas vienen y, avanzado el tiempo, se habían comprometido
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fijando una fecha para el feliz enlace. El mismo al que yo no había asistido. Tito Fouilloux, jugador de fútbol de la U. Católica, adorado por las “calcetineras” por su buena pinta, estaba además en la cúspide de su carrera. ¿Como terminó todo? Le sugerí que viajase a Imperial, que fuese a hablar con ese personaje que se hacía aparecer con mi nombre y con el rostro en una fotografía de Fouilloux. Viajó a Imperial y antes de volverse a su país pasó a despedirse y me invitó a visitarla en Punta del Este, Uruguay. Un año después recibí un parte para asistir a su matrimonio. Dudé y finalmente no fui. Es un episodio -“pre Internet”- que para mí fue una de las historias más extraordinarias en que fui involucrado.

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PRESIDENTES Y CANDIDATOS

Eduardo Frei Ruiz-Tagle ya había sido electo Presidente de la República. No obstante, mantenía su cargo como senador en el tiempo que mediaba entre la elección presidencial y la fecha en que asumiría el mando efectivo de la nación. El período para el cual había sido elegido duraba seis años pero algunos políticos lo consideraban demasiado extenso, por lo que comenzaron a promover la idea de reducirlo a cuatro años, argumentando que el poder entregado durante ese lapso en un sistema presidencialista -como el que rige en Chileconstituye un exceso de poder que se hacía necesario corregir. A mí me pareció increíble el oportunismo y la desfachatez de quienes ya se interesaban en competir para ser Presidente de la República, especialmente cuando Frei R.-T. había sido elegido por seis años y no se podía torcer la voluntad de la ciudadanía que ya se había pronunciado a través del voto. De todas maneras el proyecto fue presentado -con mi oposición tenaz- y cuando llegó el momento de votar se produjo un empate gracias a mi abstención. Después de la insistencia del entonces Jefe de Comité DC, el ex Senador Ricardo Hormazábal, se repitió la votación y nuevamente se volvió a empatar porque nuevamente me abstuve. La cuestión era
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que, si se votaba por tercera vez y el empate persistía, de acuerdo al Reglamento del Senado el proyecto quedaba rechazado. En esa situación, decidí irme de la Sala de Sesiones para que con el próximo empate se rechazara de una buena vez. Lo pensé bien y salí con el propósito de abandonar el Congreso y no seguir recibiendo presiones y llamados “para que actuara con espíritu de grupo”, es decir, apoyando disciplinada y mansamente una iniciativa con la que no concordaba en absoluto. Cuando subía al auto recibí el llamado telefónico del senador Eduardo Frei, para pedirme que tuviera la gentileza de regresar al recinto a fin de que se desempatase la votación. Accediendo a su pedido, me dirigí directamente a conversar con Frei R.-T. Ya electo Presidente de la República, asumo que sentí debilidad cuando me insistió que votase la reducción del período. Como contrapartida, le argumenté con vehemencia que él había sido elegido por seis años, en una decisión clara y categórica de la ciudadanía y que en esas circunstancias, aun contra su voluntad, debía mantenerse en la Presidencia por seis años y no por cuatro. Acto seguido, hice traer no sólo al Jefe del Comité de Senadores DC, sino que al subjefe también. Tanto fue lo que me insistieron, que propuse finalmente transar en que este Presidente electo no redujese su período a cuatro años, sino que se mantuviese en el cargo al menos por cinco, salvo que fuera por cuatro años al cabo de los cuales pudiera reelegirse por otros cuatro. Mi tozudez no les dejó otro camino que aceptar mi planteamiento y al volver a la sala a votar, lo hice por la opción de que el período
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fuera por cinco años. En estas condiciones, Frei Ruiz-Tagle, tendría su período de cinco y no de cuatro años, tal como estaba dispuesto a aceptar. ¿Para qué el desgaste? Después de ese día nadie, ni siquiera él mismo, agradeció mi gesto constitucionalmente democrático y, en definitiva, se modificó el mandato reduciéndolo a sólo cinco años. Sin embargo, no se rindieron quienes pretendían que los presidentes duraran solamente cuatro años en el gobierno y volvieron más tarde a la carga para obtener su pírrica victoria, comenzándose a aplicar la modificación con la presidencia de Michelle Bachelet. Ahora se está pensando, tal como lo señalé entonces, que este período es muy corto para hacer una buena tarea a nivel nacional, especialmente si –tal como lo señalé entonces- en este país dos años antes del término del período presidencial comienzan a vislumbrarse y a presentarse los nuevos candidatos a la Presidencia de la República, cosa que se ha traducido, en la práctica, en que hoy un Presidente puede gobernar bien y tranquilo sólo por dos años, reproduciéndose lo que en Estados Unidos se denomina el “Síndrome del Pato Cojo”, es decir, el Presidente preside, pero ya casi sin poder porque todo el mundo está pendiente de las elecciones que vienen. Dicen algunos que nadie es profeta en su tierra, pero esto a veces no se cumple. Pongo como ejemplo lo del período Presidencial en Chile que fue reducido primero de seis a cinco años y después a cuatro, para finalmente darse cuenta que cinco años es el período más apropiado para un país en el que hay tanto por hacer desde el punto de vista del Poder Ejecutivo. Esto, si se trata de hacer realidad las promesas hechas durante las campañas proselitistas. En este sentido, solo la historia podrá juzgar si ha sido bueno o malo reducir tan
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drásticamente el período en que un Presidente de Chile deba dirigir los destinos del país en un período tan breve. Yo -por mi parte- seguiré insistiendo en que cinco años es un tiempo óptimo, por las razones que he expresado. Así es como desde mi celda en la CAS observo y escucho cómo hoy, a solo seis ó siete meses de haber asumido la Presidencia la doctora Michelle Bachelet, ya comenzaron a aparecer los nombres de Lagos, Longueira, Lavín y Alvear como potenciales presidenciables para suceder al actual gobierno. Estos son los vaivenes que hacen pensar que este país no es políticamente estable.

DISYUNTIVAS

El pronóstico del tiempo para hoy aparece controvertido: Unos dicen que será de regular a bueno, otros que estará de regular a malo. El caso es que al salir de mi celda, miré hacia el cielo a través de la reja metálica que fue colocada en este patio para evitar nuevas fugas, como la que protagonizaron unos presos que formaban parte del FPMR (Frente Patriótico Manuel Rodríguez), utilizando un helicóptero. En más de una ocasión ingresé a este penal para visitar y ayudar a algún preso político, que me escribió pidiéndome, como senador y coterráneo, que les viniese a visitar. Un preso en particular era hijo de la dueña del Jardín Lo Prado de Temuco, a quien conocía anteriormente. Pensando en esto, evoco también lo que fue mi propio ingreso a la CAS. Era de noche. Había viajado nueve horas desde Temuco con una breve detención en Talca, en donde se hizo el trasbordo del furgón en que venía a otro que me trasladaría desde Talca al Penal en Santiago. Cambiamos de vehículo y seguimos rumbo. Confieso que me sentía atemorizado por enfrentar todo esto, que era tan desconocido, tan diferente a todo lo que me había tocado vivir. No tenía ninguna experiencia similar y ni imaginaba ciertamente cómo sería.
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Lo desconocido atemoriza. Sé que es normal, pero no deja de producir ansiedad y sufrimiento. De ahora en más, tendría que convivir con delincuentes de verdad peligrosos, gente que había asesinado, que había participado en asaltos y, de seguro, me encontraría con el grupo de Colonia Dignidad que tanta controversia había provocado desde los inicios de mi carrera como parlamentario, cuando fui electo diputado por primera vez allá por el año 1957. A lo largo de mi extensa vida había estado varias veces detenido -siempre por motivos políticos- por haber sostenido mis ideas con toda la fuerza de que era capaz. Esta experiencia tan distinta y brutal amenazaba mi propia integridad moral, jamás puesta en discusión o duda y que fue una constante a lo largo de toda mi vida. A los 24 años, con toda la vida por delante, se puede escoger entre diversos y diferentes caminos y sus distintas opciones para buscar la plenitud, el crecimiento y el desarrollo personal. Yo me sentía distinto de mis coetáneos que -en general- privilegiaban la diversión y el placer, precisamente por ser jóvenes. Sentía fuertemente la necesidad de hacer cosas que venía pensando desde que estudiaba en el colegio. Tal vez que llegué demasiado temprano a vivir una vida que se correspondía más con la de un adulto y donde, para más remate, mi cara de imberbe me delataba estrepitosamente. Ser diputado, pretender ser respetado y además tratar de no ser sólo un número más era algo que me exigiría muchos esfuerzos y sacrificios, pero también entendí y asumí el sentido de las responsabilidades y las dificultades de mi vocación y las consecuentes dificultades que conllevarían. Vacilé en mis propósitos cuando miraba a mis compañeros de colegio, destacándose en la vida social, con paseos y veraneos en lugares
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agradables y concurridos. Tuve unas cuantas opciones además de la política: Había logrado destacarme en varios deportes y en algunos había llegado incluso a ser nominado como seleccionado nacional. Recuerdo también una anécdota en una ocasión en que estaba bailando en una boite ahí en calle Ahumada, llamada por esos tiempos el “Waldorf Astoria” con María Edith Casanova, una amiga que después sería una de “Las cuatro brujas”, conjunto musical muy apreciado en el ámbito artístico nacional. Por esa boite habían pasado grandes artistas como Malú Gatica o Antonio Prieto, que estuvo conmigo en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. Prieto dejó el Derecho e inició su larga y exitosa carrera artística, de la que muchos recordarán su canción “La Novia”. En aquella boite, cuando bailábamos con María Edith al compás de melodiosos boleros y tangos se me acercó un director de cine que venía llegando desde Estados Unidos. El tipo nos propuso ingresar a la vida artística, ir a Hollywood -previo chequeo de aptitudes en Chile- para filmar una película de la que muchas escenas serían rodadas en Chile. No me atrevo a afirmarlo, pero mi impresión es que la idea era que representara el papel de galán en aquel film. María Edith insistió mucho para ir a Chile Films a la prueba de cámara. Insistió tanto que no hubo modo de negarme, así es que partí a hacer la famosa prueba. Las fotos aparecieron en una revista de la época -“Ecrán”- y en diversas poses: hablando por teléfono o conversando. Lamentablemente, ella no pasó la prueba pues solo necesitaban una figura masculina y no una femenina. De cualquier forma, se alegró y me animó para que viajara a los Estados Unidos para iniciar toda una carrera cinematográfica. Provengo de una familia que contaba ya con muchos artistas destacados como Héctor Noguera Illanes, gran actor, protagonista
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de tantas y grandes obras, como “Sucupira” o “Machos”; o como Mauricio de Ferrari, quien a temprana edad había viajado a México y a Estados Unidos, donde realizó excitantes producciones, además de participar del interesante movimiento teatral que había en Chile. Ambos, primos hermanos por nuestras madres triunfaron en el área del cine y el teatro, tal como también lo ha hecho mi medio hermano y gran amigo Ezequiel Lavandero, quien hoy se encuentra con una hermosa familia residiendo en México. Pensé que era una tentadora oportunidad en mi vida, y la anécdota sirvió para comprobar que ya había trazado mi destino. Pudo más la lucha por los principios y valores del humanismo cristiano y las convicciones del padre Alberto Hurtado. En las noches, en la soledad de mi celda, cuando recién había llegado, pensaba machaconamente en el tormentoso camino que había tenido que recorrer. Todo esto se agolpaba en mi mente, cruzándose imágenes tan diferentes. Tantas y tan distintas oportunidades que tuve en mi vida, y escogí esta ultima que había culminado en la cárcel, no a inaugurarla precisamente, sino a vivir la vida como un paria, un desecho de la sociedad, junto a todos los presos que han cometido errores, crímenes o delitos que generaron una conmoción nacional, al igual que mi caso. En un comienzo pensé que toda mi vida había sido un error y que me había equivocado en la elección, Me pregunté obviamente, si tuviera que volver a vivir mi vida, cuál camino seguiría. pero después, poco a poco, comencé a revalorizar el papel que me había tocado jugar en la historia y el curso de mi país. Tantas peripecias, tantas alegrías y
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satisfacción para hacer cambiar un poco la cara de tanta injusticia social que ha existido de una manera tan brutal en nuestra nación. Es cierto que siguen existiendo diferencias sustanciales y una enorme brecha entre pobres y ricos, pero aun así hoy hay menos pobres. Esta aseveración, que parece una curiosa paradoja, es real. Hay menos pobres que entonces, pero la distancia entre los muchos de nivel bajo y los pocos de un nivel colosalmente alto persiste y se ha aumentado, incluso al extremo de constituirnos en uno de los cuatro países con peor distribución de los ingresos y tributos. Esto ha significado que aun cuando han disminuido los pobres relativos, mantenemos como paradoja uno de los países con la mayor injusticia social. Pocas personas tienen ingresos muy altos, y muchas personas tienen ingresos bajos, demasiado escuálidos, como para lograr vivir con dignidad y acceder a los adelantos de esta época que les permitan una mejor calidad de vida, una atención médica buena, o una buena escuela, con todo lo cual habría un mejor equilibrio entre todos los chilenos y verdaderas posibilidades de desarrollo para el conjunto de las personas.

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A LO LARGO DE NUESTRA VIDA

Con todo el dolor que esto ha significado y sin saber si en el futuro la historia -con menos pasión que hoy- reconocerá mi aporte al país. Debo asumir que, si he vivido intensamente, ha sido siempre con el propósito de hacer realidad un cambio profundo en nuestra sociedad. Es esto lo que me deja la satisfacción, la certeza y la tranquilidad de que no he abandonado jamás mi compromiso y que siempre he sido consecuente con él. Siempre durante las madrugadas en la celda, inevitablemente me desvelo y pienso hacia adelante y hacia atrás sumido en la ansiedad y la incertidumbre. ¿Qué será de mí de ahora en más? ¿Qué futuro existe para mí? ¿Qué haré? Toda una vida y una carrera dedicado a legislar, a fiscalizar, a escribir y a organizar. ¿Podré comenzar una vida nueva, alejado de un mundo al que dediqué tantos esfuerzos y que me ha resultado -a la sazón- tan ingrato e hiriente? Ha pasado el tiempo, me encerraron y he buscado no llamar la atención de nadie. En un esfuerzo profundo por reorganizarme de manera tranquila, siempre con un bajo perfil y alejado de toda polémica, he hecho todo lo posible y hasta lo imposible por ser olvidado. Así y todo, no he recibido tregua alguna. No soy ya una persona importante que merezca tanto interés, más aún cuando
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existen problemas tan graves y tan serios en nuestra sociedad que merecen verdadera atención. Se están sucediendo cambios muy profundos en nuestro Chile y se están generando situaciones y hechos que dan señales inquietantes de que estamos ante el comienzo de un estallido social en el que, al parecer, nadie ha reparado. Pero son situaciones sin vuelta atrás.

EL JUICIO ABREVIADO

“Coser y cantar”, me había dicho Balmaceda, tal como también lo había señalado también el abogado y ministro de Justicia al momento de escribir estas líneas, don Isidro Solís. No había nada que pudiese incriminarme: así también lo habían señalado un primer y segundo fiscal regional de la zona. Según Matías Balmaceda -y esto era sólo para asegurarse- había que tener unos cuantos informes psicológicos y sociales. Y para eso, él contaba con algunos expertos que por cierto, decía, eran “caros”. Le repliqué entonces: “para qué tantos informes si soy inocente” y él me señaló que eran para prevenir cualquier cosa. A poco andar, Balmaceda expuso la necesidad de ser él quien debía llevar el control total del juicio, ya que a esa fecha el equipo de abogados estaba integrado además por el ex-senador Hernán Vodanovic, el ex-diputado José Peña y Camilo Salvo, quien, a propósito, realizó ante la prensa algunas declaraciones que no representaban mi realidad y que fueron bastante desafortunadas. Al final, se hizo como lo planteó Balmaceda y fue él quien tomó la dirección total del juicio, argumentando que de esa forma no se cometerían errores, dejando de paso al margen todas las buenas
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intenciones de mis amigos abogados, que inicialmente formaban parte del equipo jurídico, y a cualquier otra persona que quiso de buena fe colaborar. Poco a poco, Balmaceda fue cambiando de opinión y comenzó a subcontratar a otros abogados que eran sus conocidos. Francisco Cox, Piña, Ovalle, Bascuñán, entre otros. La justificación -según él- es que había que fortalecer la defensa en determinados aspectos específicos, con informes y asesorías de especialistas en áreas determinadas, para garantizar, teóricamente, que no hubiera ningún problema en el juicio. Habían transcurrido seis meses hasta el día en que se inició la preparación del juicio oral; esto es, una audiencia que se lleva a cabo en el Juzgado de Garantías y en la cual la defensa y el Ministerio Público se ponen de acuerdo -en una suerte de transacción- sobre los testigos y pruebas que se emplearían en el mismo. Por mi parte, se citaba a declarar al Fiscal Nacional, Guillermo Piedrabuena, a quien el fiscal Armendáriz (según Francisco Cox y Matías Balmaceda) quiso cambiar por dos o tres testigos que él llevaba en su lista. Sin embargo, los abogados lo mantuvieron ya que su relato era de suma importancia en el juicio oral mismo. Según Balmaceda, el viernes 11 de junio del 2005, y en plena negociación de los testigos de la defensa y del Ministerio Público que irían al juicio oral, Armendáriz le presenta el “ofertón” del juicio abreviado, cuyo compromiso entrañaba una pena no superior a los 3 años y 1 día y 150 millones de pesos como indemnización a los supuestos menores involucrados.
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Aquel viernes, hacia el anochecer, acudieron a mi departamento en Temuco los integrantes del equipo de abogados: Cox, Ovalle, Piña y Calderón junto con Matías Balmaceda, quien iba a la cabeza, para presentarme entre todos la propuesta del fiscal, exceptuando a Calderón, quien nunca se convenció de las palabras de Matías. Les señalé de manera vehemente que por ningún motivo aceptaría. Sin embargo y como excusa, Balmaceda señaló que si yo no aceptaba la oferta y en el caso de afrontar un juicio oral, tenía el 97% de probabilidades de ir a la cárcel por 15 años. Parecía una amenaza, sobre todo cuando fue él mismo quien días antes había señalado que era imposible perder. Más aún con todos los abogados e informes que él había incorporado a la causa. Ahora, por alguna inconfesada y desconocida razón, todo parecía distinto. Sin embargo y aunque continuaba confiando en él, me negué a aceptar el juicio abreviado en esas condiciones, ya que mi absoluta inocencia no estaba en discusión entre nosotros. Balmaceda se reuniría al día siguiente con Armendáriz para darle a conocer mi respuesta. Durante la tarde del sábado, mi abogado se comunicó conmigo telefónicamente y me informó que el Fiscal había solicitado posponer la audiencia de preparación de juicio oral por una semana, petición cuyo propósito no confesado -según supe después- era darle tiempo a Balmaceda para convencerme de las bondades que representaba para mí aceptar el juicio abreviado. El domingo me trasladé a Santiago y cada uno de los días subsiguientes, con majadera insistencia y con la complicidad de Cox y Piña, Balmaceda me rogaba una y otra vez que aceptara el juicio abreviado.
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Mientras teníamos estas reuniones, él se comunicaba de manera permanente con Armendáriz para informarle de mi aceptación o negativa al juicio abreviado, según me relató en su momento el propio Balmaceda, quien me aseguró que el Fiscal lo llamaba con insistencia a su teléfono celular. Yo dudaba del enorme interés que éste tenía porque yo aceptara, todo lo cual me hacía pensar cada vez más con más convicción, en la debilidad e inconsistencia del juicio en sí. Sostuve incólume mi negativa hasta el final. Balmaceda insistió en que el acuerdo ofrecido por Armendáriz sería con una sentencia de 3 años y 1 día, que Armedariz no apelaría, sólo él, y que podría rebajarla entre 61 y 241 días y una indemnización muy inferior a los 150 millones, que se estaban exigiendo por intermedio de Julián López, abogado de los menores. Hasta ahí llegaron las conversaciones en Santiago, pero fue tan grande la insistencia de Balmaceda que fue a conversar con los abogados Hernán Bosselin y Ramón Briones, los abogados vinculados al presidente de la DC Adolfo Zaldívar, a fin de que me convencieran de ir al juicio abreviado al que yo me negaba rotundamente. Finalmente y como una forma de sumar más presión, Balmaceda me amenazó con que si yo no aceptaba el trato, él me devolvería el patrocinio como abogado porque -teóricamente- en esas condiciones no podía garantizar un buen resultado. La presión de Piedrabuena y de Armendáriz fue muy grande y algo extraño sucedió, a tal punto que Balmaceda cambió radicalmente el pronóstico que había hecho del juicio desde un comienzo, cuando sostuvo con decisión firme

que él llegaría hasta el final, porque estaba convencido de mi total inocencia y porque las pruebas que se presentaban eran absolutamente inconsistentes. Para avalar aún más sus teorías sobre el juicio abreviado, Balmaceda agregó que el Fiscal Nacional estaba empeñado en que fuera ésa la decisión que yo debía tomar y que así se lo exigía a Armendáriz, quien se lo planteaba a mi abogado con una insistente presión. Mi posición siempre fue que me parecía lógico seguir el proceso hasta el juicio oral, ya que resultaba muy extraña la oscura presión de Armendáriz sobre Balmaceda. Tuve dos razones para sostener firmemente este argumento entonces: primero; no se había presentado en mi contra ninguna prueba concreta. Además, habían cometido el error de poner a los niños presuntamente afectados en calidad de testigos. Esto, según José Galiano, abogado penalista y gran amigo, es constitutivo de una falla jurídica muy grande por parte de la fiscalía. La segunda razón, es que tenía claro que todo esto era una conspiración bien organizada y digitada, con mucho dinero detrás y con altos personeros involucrados. Después de varias investigaciones de algunos hechos, más adelante podría sostener la razón de mis sospechas. De regreso en Temuco, Balmaceda me fue a buscar al departamento y me volvió a decir que estaba de acuerdo con Armendáriz en que se pediría una sentencia de 3 años y 1 día, pero que él obtendría una rebaja a 540 ó 61 días y aun menos, eventualmente, porque tenía tres atenuantes consistentes, entre ellas la irreprochable conducta anterior y que además hasta los 75 años era la primera vez que yo exhibía el carácter de imputado.
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Según sostenía él, el acuerdo con Armendáriz consideraba que la Fiscalía no iba a apelar de la sentencia en primera instancia. Así también asumió el compromiso, tal y como yo se lo había señalado, que no aceptaría un juicio en el que me obligasen a pagar como indemnización la suma de150 millones de pesos. Por cierto, nunca concebí que el juicio pudiese llegar en esas condiciones a una sentencia de 3 años y 1 día o más. Después de mucho insistir, tanto en Santiago como en Temuco, le expresé que el acuerdo -dada la presión de la opinión pública- es que no aceptaría un trato con el fiscal por más de 3 años. Esto, por dos razones: no perdería de esa forma el cargo de Senador y, acto seguido, podría demostrar fácilmente toda la maquinación que existía en mi contra, más adelante. Pero las cosas no sucedieron así. Balmaceda llegó -según él- “a un extraño acuerdo personal con Armendáriz”, del cual me enteraría mucho después de la sentencia condenatoria y en momentos en que ese abogado ya no me representaba. Así, cuando le pregunté cuál era ese acuerdo personal al que había llegado con Armendáriz y cuyo contenido desconocía, Matías Balmaceda, quien fuera mi propio abogado, me explicó que él trabajaba ahora con su estudio en la jurisdicción penal de Santiago Oriente, por lo que debía tramitar distintos juicios en el mismo sector en el cual estaba como fiscal regional el propio Xavier Armendáriz. Y si él señalaba públicamente cuál había sido el tenor de ese acuerdo de carácter personal, podría perjudicar a Armendáriz y, de paso, también perjudicaría a su propio estudio, recién constituido en Santiago. Esto fue textualmente lo que me relató ante testigos, al visitarme en la cárcel de Alta Seguridad en Santiago.
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A manera de estúpida y pobre excusa, me argumentó que “el juicio se había perdido porque él no estuvo hasta el final como abogado y Armendáriz -como consecuencia de ello- se sintió liberado de cumplir con el compromiso que habían suscrito”. Balmaceda se lavó las manos lisa y llanamente, al igual que hizo cuando se comprometió a bajar sustancialmente el monto de la indemnización. Con insistencia me ha repetido el pueril y absurdo argumento de que dicho acuerdo no se respetó porque él ya no estaba en la defensa. Este y otros hechos me fueron indicando que, en este juicio, estaban ocurriendo cosas muy raras y sorprendentes. Basta con recordar el momento en el que la jueza de Garantía, Georgina Gutiérrez, me preguntó, durante el desarrollo del mismo, “si viene en declarar libre y espontáneamente”, a lo que le respondí, sin dudarlo, “que había sido presionado”. En tres ocasiones volvió a preguntarme exactamente lo mismo y yo agregué en mi respuesta que además, los periodistas me estaban presionando ante la opinión pública con sus continuas declaraciones en mi contra. No obstante, no oculté tampoco la razón de fondo, que no era otra que esa presión también provenía de mis propios abogados. Esto es importante: La jueza me preguntó tres veces y yo di siempre la misma respuesta, especialmente cuando el abogado Julián López repreguntó cuál era exactamente el significado de decir que había sido presionado. De inmediato le respondí: “Usted sabe castellano y sabe lo que significa ser presionado, si no, busque en un diccionario”. Pero la jueza de garantía, a pesar de ello, siguió adelante y me preguntó si aceptaba el expediente que se había conformado en el Ministerio Público mientras yo, con toda claridad, le expresé que en estas condiciones y ante la situación en que se me colocaba -sobre todo después de mi insistencia en señalar que
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había sido presionado- no tenía a mi alcance otra opción que no fuera aceptarlo por obligación. El fiscal, no obstante el acuerdo al que según ellos -Balmaceda y Armendáriz- se había llegado, pidió cinco años. Al instante me paré de la audiencia, solicité mi retiro y me fui. A la salida, los periodistas me preguntaron acerca de mi condición de imputado y por qué me retiraba de la audiencia y declaré lo mismo de siempre: “Porque soy inocente”. De inmediato tomé sin dudar la decisión de cambiar de abogado, de modo que si Balmaceda no aceptaba pedir la nulidad del juicio abreviado, pudiera hacerlo con otros defensores. Evidentemente, él se negó a pedir la nulidad y ante mi insistencia, renunció a patrocinarme en el juicio. A esas alturas contraté a los abogados del estudio de Alfredo Morgado, los cuales presentaron a los tres días del juicio abreviado, el escrito en que pedían su nulidad. Sin embargo, el día de la audiencia de dictación de condena, ese escrito no fue acogido por la Jueza de Garantía, cosa que era de suponer ya que, tal como lo afirmó después un funcionario de Gendarmería que se encontraba en la sesión, esta magistrada se hallaba profundamente comprometida tanto con Balmaceda como con Armendáriz. Este relato es absolutamente fiel a lo que ocurrió y a lo que se me señaló. Jamás acepté mi culpabilidad y lo que pasó a continuación fue sólo una deducción interesada, que tanto Armendáriz como Balmaceda expresaron a la opinión pública a través de una emisora en la ciudad de Temuco. Allí, Balmaceda manifestó que me consideraba inocente. No sé qué presiones ejercieron sobre él para que al día
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siguiente se desdijese y afirmase que la resolución de la jueza era de culpabilidad. Por tanto, yo era culpable. Las sorpresas no terminaron ahí porque luego supe que el fiscal Armendáriz había declarado públicamente en la revista Qué Pasa, que él se contentaba con sacarme del Senado.

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VISITAS DEL OBISPO BERNARDINO PIÑERA Y LUIS CORVALÁN

Desde el día en que ingresé a esta Cárcel de Alta Seguridad se acercó mucha gente a visitarme no sólo de mi región. Me traían voces de aliento y hacían mención a que mi fortaleza me ayudaría a sobrepasar esta tremenda prueba. Fue un 8 de febrero que llegaron a visitarme el obispo Bernardino Piñera y el dirigente y ex Secretario General del Partido Comunista, Luís Corvalán. Algo así como el santo y el diablo juntos, de acuerdo al imaginario popular. Ambos me trajeron sendos libros escritos por ellos y recientemente publicados. Conversaron muy animadamente porque los dos son de edades muy parecidas y tuvieron públicas actuaciones en un tiempo que les fue común. Cada cual desde su perspectiva, recordaron hechos, anécdotas y reuniones, tanto en Chile como en el exilio de Luís Corvalán. Antes de irse, ambos me autografiaron sus respectivos libros, fechados obviamente, ese día 8 de febrero. Esa fecha y ese hecho son particularmente importantes por otra cosa que sucedió en paralelo. El Alcalde de Ñuñoa, Pedro Sabat, pocos días después, afirmaba pública y rotundamente que unos amigos suyos “me habían visto descansando en pantalones cortos allá por las
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termas de Puyehue”. Se me vino en el acto a la memoria aquel viejo refrán que reza que “para mentir y comer pescado hay que tener mucho cuidado”, por lo que lo emplacé a explicarse, por medio de un comunicado de prensa, el que se hizo efectivo a través de una conferencia en la que participaron Julián Alcayaga, Axel Rivas y mi gran amiga que hoy se encuentra ausente, Carmen Lazo. Medio acobardado, el Alcalde Sabat respondió que no era él quien me había visto sino unos amigos que le habían comunicado en el acto y con total seguridad que era yo la persona que habían contemplado en las sureñas termas. Lo emplacé de nuevo a que divulgase -también públicamente- los nombres de sus amigos, ya que Corvalán y Monseñor Piñera me habían autografiado en persona sus libros ese mismo día, durante la visita que me hicieran en la Cárcel de Alta Seguridad. Finalmente, Sabat no respondió y, por supuesto, logró dejar confundida una vez más a la opinión pública sobre mi caso. De cualquier forma, la charla con esas connotadas personas que son Piñera y Corvalán fue mucho más trascendente y entretenida, además que me señalaron su incredulidad sobre los hechos aportados al juicio por el fiscal Armendáriz. Aún guardo un mail que le hiciera llegar Luis Corvalán a Carmen Lazo para desmentir a Sabat: Querida Carmen Lazo: He sabido que tú vas a estar, junto a Julián Alcayaga y a Axel Rivas, en un encuentro con la prensa que tendrá lugar mañana jueves 24, para denunciar los verdaderos propósitos que se esconden tras la falsa información de que Jorge Lavandero habría estado en Puyehue los días 7 y 8
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del presente mes. Yo le visité en su lugar de reclusión en la mañana del día 8 de febrero y tuve el agrado de estar con él en una amena conversación en la que participó también el obispo Sr. Bernardino Piñera. Te ruego, Carmen, dar al respecto mi testimonio ante los periodistas y decirles que encontré a Jorge Lavandero muy íntegro, decidido a cumplir la injusta condena a que ha sido sometido y confiado en que ella podrá ser modificada a su favor en un tiempo más o menos cercano. Te saluda fraternalmente, Luis Corvalán. Melipilla 22 de febrero del 2006. Sin embargo, ese malintencionado episodio sirvió para demostrar la facilidad con que se puede enlodar a las personas a partir de hechos falaces porque, a pesar de la evidencia, de las pruebas objetivas que desmienten tales aseveraciones, la falsa información queda impresa en las hojas de los periódicos y en la mente de muchos individuos. Poco antes de la sentencia, estuve con el economista Marcel Claude que, como yo, había sido invitado a la Universidad de Concepción para exponer sobre recursos naturales, entre ellos, el cobre. Al mediodía participamos en una gran concentración organizada por los pescadores artesanales en plena plaza pública, al igual que habían hecho previamente en Puerto Montt. Debido a los momentos que se vivían, estos temas parecían muy interesantes para la gente y por eso, estos actos contaban siempre con mucho público que, en el caso de Concepción, se veía inmensamente fortalecido por la presencia de los mineros del carbón.
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Esta vez y al igual que en otras oportunidades, se hicieron charlas por la periferia de la Región. Estuvimos en Lota, Coronel, Talcahuano y Negrete, para finalizar la gira en la Escuela de Derecho de la Universidad de Bío-Bío y concluir en la Universidad de Concepción. Nuestro norte era claramente la defensa de los recursos naturales. Las intervenciones, tal como había ocurrido tanto en las universidades del norte y en las del sur del país, sea en debates o seminarios, resultaron altamente estimulantes y despertaron una gran participación y mucho entusiasmo tanto de parte de los jóvenes, como de los pescadores. Ante tamaño revuelo y éxito de los encuentros, los directores universitarios propusieron incluir también otros temas, además de los que presentamos, para futuras reuniones, incluyendo al ya largo listado en una sede en Talca.

“ANTES” DE BRUNO

Casi corriendo ya sobre la hora, llegamos al aeropuerto para tomar el avión que ese fin de semana nos devolvería a Santiago. Allí me encontré con Clara Scharanski, presidenta del Consejo de Defensa del Estado. Años antes, habíamos mantenido una larga relación sentimental a la cual me referiré más adelante. Se la presenté a Marcel Claude, comentamos sobre los seminarios de uno y de otro y Clara me comentó que uno de los perros aireadle que yo le había regalado tiempo atrás había muerto, pero que ella me estaba criando uno, hijo de una pareja que ella misma había adquirido recientemente. El avión estaba detenido por mantenimiento, así es que los tres fuimos a comer en el restaurante del aeropuerto a la espera de que pudiésemos embarcar. Charlamos animadamente y, por cierto, sin ninguna señal de posible recelo. Comentamos nuestras actividades en defensa del cobre, los recursos naturales, la explotación que las multinacionales hacían en nuestro país y que en otras naciones -incluyendo los países de origen de esas mismas empresas- no son permitidas y les exigen pagar todos los impuestos que no pagan en Chile. Le recordé a Clara que en varias ocasiones le había enviado oficios del Senado y que las respuestas del Consejo eran evasivas, al igual
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que las de los demás organismos fiscalizadores, lo que constituía una tónica que se configuraba cada vez que esos temas eran tocados. Le explicamos con Marcel que Codelco, explotando la tercera parte del cobre chileno entregaba, en concepto de pago de impuestos al Estado, tres veces más que el conjunto de las empresas extranjeras que explotaban los dos tercios restantes del mineral. Y que a simple vista parecía un auténtico y voraz robo. Era lo que estábamos informando a la opinión pública en seminarios y encuentros, como el que veníamos de protagonizar y que, como consecuencia de llevar nuestra explicación ciudad por ciudad y universidad por universidad, se había logrado -según encuestas recientes- que el 85% de los chilenos opinara que se hacía imprescindible exigir a esas empresas extranjeras el pago de un royalty verdadero, como un precio por el cobre que extraían y que pertenece a todos los chilenos. Mi sorpresa fue descomunal cuando supe que ambos, madre e hijo, habían declarado ante el fiscal. Clara había llevado a Bruno a ver a un amigo psicólogo quien, al momento de prestar declaración, desmintió que Bruno haya estado en un tratamiento. Admitió que fue visitado por éste en sólo una oportunidad: “…Bruno fue a mi consulta, acompañado de Clara, quien nos esperó afuera. Tuve una sesión con él, de alrededor de una hora, en la cual lo abordé profesionalmente y, luego de profundizar en su personalidad, pareciéndome un niño criado entre adultos, despierto, con valores muy claros, del tipo de niño que no duerme si ha dicho una mentira. Y salió el tema de Jorge del cual él, derechamente, se refirió como que no era buena persona.
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Le pregunté por qué y me contestó: ¡porque era muy malo con los animales!”. 8 Nadie puede llamar “tratamiento psicológico” a una sesión de una hora, si fuera cierto que acudió a un psicólogo, ni menos tratar de abusador sexual a una persona que se considera “malo con los animales”, ya que es sólo esto lo que Bruno señala ante el profesional. Esto demuestra que Bruno Coulon jamás estuvo en un tratamiento psicológico, como afirmó el propio profesional y que obviamente, los supuestos abusos a los que él declara haber sido sometido, son mentiras que esconden quizás qué oscuros y mezquinos propósitos. Lo más curioso que afirma el profesional, es que es sólo Clara la que le insiste. Y como se ve, en ningún momento Bruno le relata al psicólogo otro comportamiento exceptuando el que yo sea “malo con los animales”. Bruno tampoco lo comentó con su padre, a pesar de que señala que siempre ha tenido mucha confianza con él y “le ha contado todas sus experiencias sexuales”. Habían pasado más de 7 años antes que la madre hiciera una denuncia tan grave. Mucho después del presunto abuso, Clara me había pedido que “le compre” una propiedad porque “necesitaba dinero”. Hubo múltiples cartas entre 1997 y 2003 que todavía conservo8 , no sólo encabezadas con un: “Querido Jorge”, sino repletas de conceptos encomiásticos para mi persona.
8 Ver anexo

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Normalmente un hombre no relata lo que señalaré, pero está en juego mi honor. Me separé de Clarita cuando me conminó a formalizar nuestra relación. Le respondí que ella tenía un hijo adolescente y yo también. Esto podría crear problemas en ambos lados de tal manera que le propuse que postergásemos esta idea hasta que los muchachos estuviesen más grandes y pudiesen comprender. Ella me había invitado a vivir en su casa. Una convivencia que entendí fundamentada en su mentalidad liberal y su formación marxista. Ella vivía en Las Perdices, con su madre, y allí fue cuando le regalé los perros Aireadle. Hice agrandar su casa para que todos cupiésemos holgadamente. Clarita me gustaba. La vida con ella, no obstante los altos y bajos, era interesante, se trataba de una mujer culta, inteligente, buena moza. Mi primera “desazón” y asombro fue su renuncia al partido Comunista y su inserción al PPD. De mi parte, nunca le pedí que ingresara a mi partido o se transformase en independiente. En todo caso desde hacía algún tiempo que me daba cuenta que Clara tenía una personalidad fuerte y quería llegar “arriba” a como diera lugar. Su “arribismo” quedaba compensado con la vida entretenida en todos los sentidos. Con mi ayuda llegó al Consejo de la Universidad de Chile, después también me pidió ayuda para ingresar al Consejo de Defensa del Estado y lo hice sin problemas, porque sé que era una mujer y profesional muy capaz.

Por lo tanto, cuando le propuse postergar su idea de matrimonio, ella agregó que entonces “tenía que pensar”. Entendí que lo mejor -si tenía que pensarlo- era irme. Y así, sin más, de inmediato tomé mis cosas, las puse en mi camioneta y me fui a la casa de mi madre. Fue una decisión dolorosa, pero la creí necesaria. Clarita me gustaba y sabía que si la volvía a ver podríamos juntarnos de nuevo. Me hice el propósito de esquivarla, de no verla. Pero, por su cargo, ella iba al Senado frecuentemente. Después de tres años de completa separación nos encontramos a la salida de una Comisión. Roto el hielo, quedamos de juntarnos en un café al lado del teatro Las Condes para recordar tiempos pasados. Los casi tres años fueron suficiente distancia para reforzar mi decisión. Y aquí viene lo curioso. Al recordar el pasado, salió a la luz el cómo nos habíamos separado. Le señalé: “Cuando te respondí de postergar la decisión de casarnos, tú me dijiste que tenías que pensarlo”. Y ella, para mi asombro, me respondió muy escuetamente: ¿Y por qué no insististe? De tal manera que algo muy tenebroso debe haber ocurrido porque, de la noche a la mañana, emergieron acusaciones donde Bruno aparece victimado. La opinión que emitió su hijo Bruno sobre mi caso -según él- la concibió por las declaraciones que yo habría hecho sobre las multinacionales y la explotación que hacen de nuestro cobre chileno. Pero los antecedentes que estaban en su conocimiento eran seguramente los que yo le estaba entregando a su madre, en atención a que era en ese entonces la Presidenta del Consejo de Defensa del Estado.
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Por esos mismos días, según me he informado, existía preocupación entre las multinacionales del cobre por las acciones que emprendimos para lograr una producción planificada a los efectos de influir sobre los precios internacionales del mineral. Debido a la sobreproducción existente, proceso de la que esas mismas empresas eran partícipes e impulsoras y que excedía por mucho el consumo mundial de cobre, el precio se mantuvo muy bajo por bastantes años. Mis viajes a China, Japón y Corea, sumados a mi participación en el Comité binacional Chileno-Chino, al que concurrí en calidad de Presidente de la Comisión de Hacienda y también como Presidente de la Comisión de Minería del Senado, me permitieron un acercamiento entre los principales consumidores de cobre del mundo y Chile, que, como productor, ha estado aportando el 62% del cobre que se transa en todo el planeta. Si pensamos que la producción interna de muchos países satisface su propio consumo, éstos no requieren realizar mayores compras del cobre disponible en el mercado internacional. Este era el panorama. La sobreproducción chilena destruía su propio precio, a lo que se agregaba la nula acción de Cochilco (Corporación Chilena del Cobre) y, lo que es aún peor, su desembozada complicidad en el pleno apoyo a esta sobreproducción de Chile, con una constante y sospechosa política de afirmar de manera vehemente que no existía tal fenómeno, con lo que abiertamente contribuía a que el precio internacional del cobre anduviera por los suelos. Cochilco afirmó constantemente que la baja del precio del cobre se debía a la crisis económica en algunos países, entre los cuales
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se encontraban, principalmente, Argentina y algunos del Medio Oriente; a pesar de lo que evidenciaban las estadísticas, la que marcaba de forma inequívoca que el aumento de la producción de cobre chileno coincidía exactamente con la baja del precio internacional. Nuestras denuncias y protestas, las que se nos negaba divulgar o difundir, se hicieron cada vez más duras y, en parte, fue lo que nos llevó a organizar y a promover activamente la toma de conciencia en la opinión pública, informándola de lo que sucedía hasta en los menores detalles. Principalmente a través de charlas, cátedras en universidades y publicación de libros y folletos. Un grupo de profesionales y expertos en estos temas decidimos formar el Comité de Defensa del Cobre, que luego se extendió por toda la Región Metropolitana y algunas otras regiones del país. Esa organización nos permitió acudir a distintos seminarios que se fueron organizando en distintos puntos. La acción tan decidida de este grupo de expertos obligó, tanto a Codelco como a la Billiton, a retener -entre ambas empresas- 500 mil toneladas de cobre con lo que, casi instantáneamente, el precio internacional del mineral rojo comenzó a subir y mantenerse en índices desconocidos, los que se mantienen hasta el día de hoy. Esto es desde los 62 centavos la libra de cobre originales, hasta los cerca de 4 dólares por libra en nuestros días. Con ello, además, se acabó el juego de aportarle a las subsidiarias de estas multinacionales el cobre chileno a precio vil y se demostró la vinculación entre la sobreproducción y el precio en los mercados internacionales.

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Evidentemente, las autoridades chilenas de la época jamás reconocieron el error de mantener una escandalosa sobreproducción de nuestro principal recurso natural no renovable, pero la medida obligada que tomaron ambas empresas ya citadas, dejó al desnudo que estaban equivocados y que nosotros teníamos la razón. Nos pareció muy extraño que se mantuviera un cierto grado de indolencia por la actitud de estas empresas, lo que permitió que el Estado chileno -en la práctica- estuviera subsidiando por segunda vez en nuestra historia a las empresas manufactureras de alto consumo de cobre. No se puede olvidar la situación que soportó Chile en la Segunda Guerra Mundial. Al país se le fijó un precio de cobre tan bajo que generó graves consecuencias sociales y económicas por las limitaciones presupuestarias a que se vio enfrentado el Estado. Tras más de 80 intervenciones en el Senado reiterando la defensa del cobre chileno, se abrió paso a que se creara por primera vez una Comisión Especial para el Estudio de la Tributación Minera, la cual presidí hasta su término. Las conclusiones de esa comisión fueron expuestas en una Sesión Especial, que contó con la presencia e interés de todos los Senadores y logró hacer conciencia sobre la veracidad de lo que veníamos afirmando: Que estas empresas no estaban pagando, en definitiva, ningún impuesto en Chile por la explotación de recursos mineros no renovables. Después de escuchar a cada una de las grandes empresas mineras, una cantidad sustantivamente mayor de senadores y diputados que antes pensaba que era un tema sin sentido, pudo apreciar las
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distintas y oscuras maniobras que hacían estas empresas para evadir o eludir directamente los limitados impuestos que debían pagar. La Disputada de Las Condes, empresa minera filial de la Exxon, declaró durante 24 años que sólo tuvo pérdidas, con lo cual logró eximirse del pago de todos los impuestos que debía cancelar al Estado chileno. Poco tiempo después, esta empresa fue vendida por la Exxon a la Anglo American en 1.200 millones de dólares, a los que le agregó un crédito fiscal de 570 millones de dólares más, justificado por las supuestas pérdidas. Hasta el día de hoy, muchas personas no logran explicarse que un negocio tan malo e ineficiente fuera traspasado en esa suma. Y muchos ignoran que la Anglo American podrá descontar este crédito fiscal de sus propias utilidades de manera tal que en el futuro tampoco pagará el total de los impuestos que le correspondería. Menos conocidas aún resultan las maniobras de la empresa internacional Barrick Gold, dueña de la mina de oro El Indio, la que explotó hasta su agotamiento, sin jamás pagar los impuestos legales, salvo por uno o dos años. Estas acciones ameritaron que desde el Comité de Defensa del Cobre, expresásemos duras opiniones en casi todos los lugares a los que fuimos invitados a exponer. Estas multinacionales declararon en la Comisión Especial del Cobre del Senado de manera francamente impúdica, que en el año 2000 habían pagado 1.600 millones de dólares. Casi de inmediato descubrimos que estas empresas habían sumado como propios los impuestos de declaración de rentas de sus altos ejecutivos y de todos los empleados. Salvo nosotros, todos guardaron un silencio cómplice, incluido el Gobierno.
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En días recientes, estas empresas han declarado que pagarán cerca de 5 mil millones de dólares por explotar los dos tercios del cobre chileno pese al alto precio del metal. Ningún senador ni diputado se ha preocupado de preguntar si en estos 5 mil millones de dólares que están declarando van incluidos también los impuestos a la renta de sus propios ejecutivos y empleados, situación que ya intentaron hacer aparecer como “normal”. Hay un punto en que las frías matemáticas simplemente no cierran: Codelco, que como sabemos explota sólo un tercio del mineral que se extrae del suelo chileno, le entregará como ingresos al Estado chileno cerca de 8 mil millones de dólares. La opinión pública debe saber por otra parte, que lo que declaran estas empresas no son los impuestos realmente pagados, ya que el Estado les devolverá no sólo el IVA y los derechos de aduanas sino además, el impuesto de segunda categoría que han declarado. No hay voces de ninguna autoridad que cuestione o investigue los aportes de estas empresas que permanentemente han hecho elusión y evasión de impuestos. Por el contrario, los mismos de siempre que cuestionan a Codelco por ineficiente, al decir de ellos, nada dicen de estas empresas extranjeras que pagan una miseria en impuestos o que directamente no pagan. Si de eficiencia se trata, el juicio no puede ser más categórico: ¡Dios bendiga la ineficiencia de Codelco que paga!, permitiendo que el Estado pueda promover con esos recursos todo un sinnúmero de iniciativas sociales, y que maldiga la draconiana y mezquina eficiencia de esas empresas extranjeras que no pagan.

BALMACEDA

Es bueno dar una ojeada respecto de quién fue mi primer abogado, Matías Balmaceda. Según él mismo me contó, trabajaba en un estudio jurídico de Hermosilla en Santiago y se había ido al sur para aprender y practicar el nuevo Procedimiento Procesal Penal, que comenzó a aplicarse experimentalmente en la IX Región, antes que en el resto del país. Su memoria y tesis la hizo sobre el juicio abreviado, convenciéndose tal vez de los beneficios de este procedimiento y de cuyas bondades trató denodadamente de convencerme, para llegar conmigo a concretar este modelo de proceso que tan diligentemente le había ofrecido el fiscal Armendáriz, no obstante conocer exactamente de mi oposición a ese tipo de juicio. ¿Cómo podría haberme imaginado en ese entonces que él trataría de aplicar su memoria a como diera a lugar en mi caso concreto? Lo que Balmaceda jamás me informó, es que había estado en calidad de Defensor Público en un pueblo cercano a Temuco y que, por alguna circunstancia, se había visto obligado a abandonar ese cargo. A partir de ese dato, comprendí en parte su tozuda insistencia en ir con mi caso al juicio abreviado, agregando a esto la constante pre271

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sión que -el mismo reconoció- habría ejercido sobre su persona el fiscal nacional, Guillermo Piedrabuena. Ambos fiscales, el nacional Piedrabuena y el ad-hoc Armendáriz, sabían que no tenían ninguna posibilidad de que el Ministerio Público ganase el juicio en mi contra, porque simplemente no tenían ninguna prueba consistente, a tal punto que todos los testigos y la mayoría de las presuntas víctimas, en públicas declaraciones se desdijeron de sus testimonios, derrumbando con ello la formalización del juicio. Algo más insólito aún, según el abogado penalista José Galiano, fue que se colocó a niños menores de edad en calidad de testigos de sí mismos, un hecho inédito en la jurisprudencia de los tribunales de justicia y, de acuerdo a Galiano, otra de las grandes y aberrantes irregularidades que tuvo este proceso. Con toda la parafernalia mediática creada a través de la prensa y los muchos millones de pesos gastados antes del juicio e incluso con los invertidos por el canal 13 de TV, que estuvo siguiéndome y filmando durante dos años y medio, Piedrabuena y Armendáriz no podían aceptar el seguro resultado adverso que les habría propinado el juicio oral con una sentencia absolutoria. Estas fueron algunas de las grandes razones para imponer a como diese lugar un juicio abreviado, originado en un acuerdo cuyo contenido -paradójicamente- no he podido conocer hasta el día de hoy. La respuesta que me entregó mi abogado de entonces, Matías Balmaceda, debería quedar en los anales del Colegio de Abogados y del Poder Judicial cuando me señaló que no podía informarme de los contenidos del mencionado acuerdo porque era “una cuestión
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personal entre él y el Fiscal Armendáriz”. Todo esto, sin considerar además la explicación de que recién se había instalado con su estudio jurídico en Santiago y sus clientes eran del sector oriente de la capital, en donde el fiscal regional no era otro que el propio Xavier Armendáriz y que, por lo tanto, dar a conocer el acuerdo podría perjudicar al fiscal y, por ende, a su propio estudio, por lo que no quería arriesgarse a romper relaciones con la Fiscalía, lo que invariablemente ocurriría si rompía ese secreto tan bien guardado hasta hoy. En estas condiciones y asediado por una verdadera conspiración de intereses políticos y económicos, el resultado no hubiera podido ser diferente del que en definitiva se produjo, tras implementarse un juicio abreviado en contra de mi voluntad y absolutamente a mis espaldas. En correspondencia con aquello, le expresé a la jueza de Garantía de Temuco, Georgina Gutiérrez, y en tres oportunidades, que estaba siendo presionado. Según el Código de Procedimiento Penal actual, hasta allí habría llegado el juicio abreviado. Pero como esto no debía ocurrir, la jueza prosiguió empecinadamente adelante con el juicio para dictar una sentencia increíble bajo la acusación de “abuso deshonesto”, siendo que nadie que haya cometido realmente dicho delito, está en la cárcel cumpliendo pena alguna en la actualidad.

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PARTICIPACIÓN DE LA DIRECTORA REGIONAL DEL SENAME DE TEMUCO

En los continuos viajes que en mi calidad de parlamentario periódicamente hacía a la IX Región y en especial a Temuco, poco a poco fui conociendo de una cantidad de irregularidades que se cometían en algunos servicios públicos, especialmente en aquellos que llevaban adelante procesos de capacitación mediante concursos públicos. Comencé a recibir pruebas de diversas fuentes que hacían constatar tal corrupción al interior del Sename, como también del INP (Instituto Nacional de Previsión, hoy IPS) y del FOSIS (Fondo de Solidaridad e Inversión Social), por lo que solicité a la Contraloría General de la República que se investigase a las direcciones regionales de estas instituciones públicas, ante la posibilidad de que existiera un fraude de proporciones en importantes instituciones de gobierno, afectando éste fundamentalmente a los sectores más modestos y desposeídos de La Araucanía. El resultado fue exactamente el que habíamos supuesto y los directores de estas reparticiones fueron sancionados por la Contraloría, llegando incluso a que algunos fueran llevados ante la justicia, que ratificó la veracidad de las denuncias presentadas. Algunos personeros fueron condenados y en el caso de Blanca Beraud, Directora Regional del Servicio Nacional de Menores (Sename) que era uno
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de los más graves, su Directora Nacional, Delia Del Gato, pidió a la misma Contraloría suspender la sanción administrativa hasta que se pudiera hacer otro sumario interno. Del Gato, militante DC al igual que Beraud, sólo le aplicó en el sumario una amonestación menor y una rebaja en su sueldo de un 5%. Acto seguido, cerró el caso. Junto a otros implicados, Blanca Beraud constituía parte del equipo del entonces Diputado Francisco Huenchumilla, y trabajaron con él y en su interés, la senaduría que yo ostentaba en la IX Región, cuyo cupo se resolvería en elecciones internas dentro de nuestro partido, la Democracia Cristiana. Huenchumilla le había asegurado al entonces presidente Ricardo Lagos, que me derrotaría en estas primarias con total comodidad. Pero llegada la hora de contar los votos, resultó ser él quien perdiera las primarias por una diferencia muy importante y por tanto su equipo, con Blanca Beraud a la cabeza, también salió políticamente derrotado sin apelación. Después de los hechos narrados y que tuvieron una gran publicidad en la zona, la directora regional del Sename, casi a manera de velada revancha, comenzó a exigir la designación de un tercer fiscal para mi caso, ya que los dos anteriores que habían llevado la causa en mi contra, habían señalado sin ambages que las denuncias realizadas ante el Sename eran falsas y obedecían exclusivamente a que las personas denunciantes estaban involucradas en un robo en mi parcela de Metrenco. Incluso, en su momento, la madre de Blanca Beraud me llamó por teléfono amenazándome con las penas del infierno por la denuncia que yo había hecho en contra de su hija ante la Contraloría. Quiero creer que eso era puro amor de madre.

Dos “corderos al matadero…”

Juan Carlos Espinoza, mi secretario en la Novena Región por más de 10 años, estaba a cargo no sólo de mi oficina en la zona, sino además de mi parcela de Metrenco y de la contratación del personal para ambos lugares. En estas condiciones, y debido a que yo me encontraba en el extranjero en septiembre del año 2003, presentó la denuncia por robo ocurrida en la parcela. Nadie imaginaría que este insignificante episodio, meses más tarde cobraría relevancia y relación con las denuncias de las que ambos fuimos objeto. Oficialmente esta denuncia fue el comienzo de todo, ya que Iván Cuevas y su mujer -en todas las declaraciones que entregan, tanto en el expediente como en el programa Contacto- señalan que atestiguan en nuestra contra por los cargos que Juan Carlos les había hecho, con mi respaldo. Sin embargo ya sabemos el trasfondo: mucho antes del despido y acusación de esta pareja de cuidadores, las comunicaciones con el equipo de canal 13 eran un hecho, pruebas son las conversación telefónicas con Sutherland varios meses antes, incluso cuando aún éste no era contratado por el programa en cuestión.

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Juan Carlos fue también duramente perseguido por el fiscal Armendáriz y enjuiciado por el pecado -para ellos- de ser buen trabajador, apegado a su creencia religiosa, un buen padre y amigo. Por supuesto, se requería de alguien cercano a mí y qué mejor que Juan Carlos, un amigo y colaborador. Una noche el fiscal Armendáriz se presentó en persona para interrogar a Juan Carlos, le hizo colocar unas esposas y le espetó la siguiente frase: “Yo tengo el poder para meterte a la cárcel o dejarte en libertad. Si declaras en contra de Jorge Lavandero te dejo en libertad y si te niegas, te mando a la cárcel”. La respuesta de Juan Carlos fue tan simple como sincera. Le explicó que no tenía nada que decirle, ya que en todos los años que había trabajado a mi lado, jamás había visto una situación como la que estaba insinuándole el fiscal “a menos que tuviera que mentirle para sostener lo contrario”. Volviendo a lo anterior, los principales involucrados, Gilda Márquez e Iván Cuevas, replicaron nuestra denuncia afirmando que ellos habían sido testigos de abusos cometidos en contra de su hija. La denuncia de robo quedó atrás y hasta hoy nada se sabe al respecto. Todo lo borraron de un plumazo, como si el robo no hubiese existido. Los cargos por los que Juan Carlos fue imputado, comprendían “tenencia ilegal de armas” y el haber abusado de su propia hija. En el primer caso, la pistola era un regalo que nos hizo el Senado en 1973 y se encontraba en mi propiedad debido a diversos y extraños robos que venían ocurriendo en la parcela desde el año 2003. En cuanto a la segunda y muy grave acusación respecto de su hija, la madre y la abuela públicamente desmintieron las aseveraciones del fiscal
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Armendáriz. Pero no hicieron válidas las palabras de la familia de la niña y la obligaron a someterse a un sinfín de procedimientos en el Servicio Médico Legal y a otras pruebas. Lo “no existente” había que crearlo. Hay que hacer notar que la esposa de Juan Carlos trabajaba en el Sename y la acusaron de proporcionar listados de niñas que realizaban comercio sexual en Temuco para que participaran en “fiestas” en la parcela de Metrenco. Por cierto, todo esto fue esclarecido y se comprobó su falsedad. Sin embargo, esta versión se utilizó en la prensa para una feroz campaña mediática en mi contra y en contra también de Juan Carlos y su familia. Los fiscales Ivelic, Díaz, Pino investigaron en el terreno las denuncias. Recibieron las declaraciones de la propia hija de Gilda Márquez -que vivía con su abuela cerca de Collipulli- y ambas las desmintieron. Este acto de justicia de estos fiscales, algo increíble, serviría para destituirlos junto a la fiscal regional Esmirna Vidal. Sólo cabe la sorpresa al comprender hasta dónde alcanzaba la fuerza de esta conspiración. Se sancionó a los fiscales Ivelic, Díaz, Pino y se pidió la destitución de la Fiscal Regional Esmirna Vidal, los primeros investigadores. Pero eso no servía a los propósitos de los conspiradores y los exoneraron sin piedad ni argumentos válidos. A la postre, Armendáriz lograría su objetivo de condenar a mi secretario, dejándolo además imposibilitado para ejercer cualquier cargo público de por vida. Estuvo con arresto domiciliario por un prolongado período, evitando cualquier participación en el proceso que se llevaba en mi contra. Esto nos dolió a todos, especialmente por las
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ingentes maniobras que se hicieron para lograr a como diera lugar sus propósitos. A pesar de las acusaciones, no había forma de perder en un juicio normal: Los antecedentes que existían eran incontrarrestables tanto de mi parte como de mi secretario. Clara fue la opinión de Juan Carlos Espinoza al referirse sobre el juicio abreviado, en una entrevista publicada en la Revista Vea, al preguntarle sobre su opinión respecto a la justicia [1] “…Creo en el derecho y en la justicia, pero qué derecho y justicia tuvimos…, fueron puros errores. A nosotros nos llevaron a un juicio abreviado, que en lo personal, nunca lo quise aceptar, pero nuestros defensores nos dijeron que era la mejor alternativa porque se iba a aclarar todo y… nos hicieron caminar como dos corderos al matadero…” Juan Carlos describe la realidad, entre Armendáriz y Balmaceda obligaron al abogado de Juan Carlos, Gaspar Calderón, para aceptar el juicio abreviado, tal como él mismo lo señaló posteriormente en una entrevista en TVN. Los medios de comunicación jugaron uno de los papeles más relevantes y tristes sobre la opinión pública y sobre algunos círculos del propio Poder Judicial. A diario salían noticias escandalosas sin ninguna consistencia, pero que servían al propósito de echar más leña al fuego en un estilo que evocaba a lo peor de la prensa amarilla, tanto en su forma como en su fondo. Creo que este escándalo no solo fue

potenciado desde los medios porque “vendían” las malas noticias, sino que -y así me lo dijeron muchas personas y amigos- era factible suponer que había mucho más que el puro afán de satisfacer la morbosidad pública con este proceso. En medio de la causa que se me seguía pude darme cuenta que estaba luchando prácticamente en soledad contra fuerzas muy potentes. Diversos amigos y profesionales especialistas en minería en general y en cobre, en particular, me habían señalado que la Barrick Gold había logrado sacar un Primer Ministro en Canadá por -según ellosdarle unas palmadas en el trasero a su secretaria. Algo parecido ocurrió con dos presidentes en países americanos. Me señalaron además que el golpe militar en contra de Allende, lo habían financiado en gran parte las mismas empresas mineras multinacionales, a las que este Presidente había determinado nacionalizar, en un gesto de absoluta independencia y criterio de soberanía. Estoy sintiendo cada día más los efectos del estrés y la depresión y por eso estoy sometido de manera constante a diversos análisis, entre otros de sangre, para ver si faltan algunos componentes que incidan en esta baja de defensas y que facilitan todo tipo de infecciones y enfermedades. En definitiva, parece ser que la depresión y el stress me han atacado de manera tan fuerte y sostenida, al punto que impide a mi propio organismo atacar los hongos y bacterias que existen naturalmente en el cuerpo humano y el ambiente. Estas dificultades, sin embargo fortalecen mi empecinamiento y decisión por completar este libro y sigo trabajando en redactar mis vivencias -buenas y malas- al igual como lo hice con otros ocho momentos
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[1] En Revista Vea Nº 3.037 del 25 al 31 de julio del 2005

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en que sentí la necesidad de escribir, en especial, cuando he visto que mis ideas sobre los cambios que se requieren en esta sociedad han sido resistidas al punto de boicotearlas y trabarlas para permitir las siempre crecientes diferencias sociales y económicas que, con el actual sistema económico y político, se van profundizando y haciendo más gigantescas e insoportables. Toda nuestra sociedad está infectada por este virus que permite dejar a vastas masas de ciudadanos al margen de los grandes beneficios que prometen los descubrimientos de la ciencia, por ejemplo. Millones de personas que por cierto, en Chile, carecen de los medios o hipotecan sus vidas buscando más esperanza para el futuro de sus hijos. Es triste ver que estas ideas se debaten durante las campañas políticas, especialmente las presidenciales como promesas para el futuro, pero después de electas las autoridades, los grandes intereses involucrados parecen tan grandes, que esas ideas quedan sólo en el papel ante la incapacidad o imposibilidad de desafiarlos. Así se destruye enteramente una actividad como es la política, la que debería estar rodeada de un halo de nobleza intrínseca, pero que se convierte en horriblemente corrupta al cambiar todos los fines sociales por los cuales las grandes mayorías votan a sus representantes en el Congreso, para la Presidencia de la República o hasta en el caso de los más simples comicios municipales. Creo sinceramente que Chile está enfermo de antivalores que representan la ambición, el poder, el inmediatismo y el consumismo; que no se logra mirar en perspectiva de largo plazo ni crear el futuro que todos esperamos y anhelamos. Vivimos y gozamos como en el cuento de la cigarra y la hormiga. Todo para hoy, sin importarnos el mañana.
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Así se ha incubado el desprestigio a la política y a los políticos. La gran mayoría de chilenos y en especial los jóvenes, se sienten excluidos de este sistema y estas promesas. “No están ni ahí” con la política, se sienten completamente frustrados al no poder tener ni prever un futuro y se transforman paulatinamente -en muchos casos- en personas ingobernables y violentas o rayanas en los límites de la delincuencia.

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TELETÓN

Anoche terminé de leer “Inés del Alma Mía” de Isabel Allende. Es una gran historia sobre Inés de Suárez, sus tres maridos y, entre ellos y de manera muy destacada, la vida que tuvo con Pedro de Valdivia. Como todas las novelas de Isabel Allende, es amena, entretenida, muy feminista y nos da a conocer de una u otra manera, a través de sus personajes, una parte de la historia de nuestro país. Esta mañana muy temprano en mi celda, mientras calentaba el agua con el consabido hervidor eléctrico para lavarme y preparar mi desayuno, escuché por la televisión de un vecino de celda, la propaganda de la Teletón. En ella, mi primo y alcalde de Las Condes, Francisco De la Maza, dirigente también de la UDI, decía que él estaba dispuesto a entregar gratuitamente los espacios publicitarios en el ámbito de su comuna, a todos quienes hicieran un llamado a la gente para que se les ablandase el corazón y el bolsillo y pusiesen algo de solidaridad en esta oportunidad pero, tal como en el año anterior, no permitiría publicidad de las empresas en forma gratuita, porque para ellas este era un negocio que obtenían por el solo hecho de ser auspiciadoras de la Teletón.

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Me sorprendió escuchar estas palabras y recordé de inmediato que, tres años atrás, yo mismo señalé algo referido al tema haciéndome la pregunta de si la Teletón era un negocio o era caridad. Hay que introducir en esta parte del relato que el presidente de la Fundación Teletón era un gran empresario, propietario de SONDA y vinculado además a la DC. A la sazón, yo era el Jefe del Comité de esos 14 Senadores y me encontraba en China. Esta gestión no me la podían impedir los gobiernos de la Concertación y era la única herramienta con que contaba para intentar contrarrestar los efectos de la sobreproducción del mineral. Aunque el resultado de mi viaje fue exitoso para Chile, dado su efecto en el precio del cobre, no pude dejar de sentir un sabor muy amargo cuando, a mi llegada, los periodistas me llamaron no para preguntarme sobre las gestiones que estaba haciendo ante esos países, sino por el agravio que yo había proferido en contra de Mario Kreutzberger y para saber si el acuerdo del Senado era una velada sanción a mi persona impulsada por Carmen Frei. La finalidad perseguida por los periodistas al difundir este tipo de noticias, más que dar a conocerlas, era obviamente crear una discordia al interior del Comité de Senadores DC. Francisco De la Maza, a tres años vista, agregó algo más y calificó duramente como “mafioso” a Mario Kreutzberger. Mi corta frase, complementaria a una interrogante mía -sin respuestas hasta el día de hoy- tuvo inesperadas consecuencias. No puedo olvidar que conocí a Mario Kreutzberger en el difícil período del ’73, en un restaurante cercano a Plaza Italia. Me pareció un buen hombre que tenía ideas progresistas y, según pude inferir de la conversación, un poco de izquierda para ese entonces. Pude
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percatarme que era un ser astuto e inteligente. Y no estaba equivocado, porque de vendedor de ropa se transformó en un hombre muy rico, con yates y casas en Miami. No me parece mal que se haya enriquecido y que -junto con eso- haya impulsado proyectos caritativos. De todas maneras, aún continúo preguntándome, tal como lo hace también ahora el Alcalde De la Maza, si la Teletón es un negocio o es una obra de caridad. Aun cuando creo que la caridad es buena, en ningún caso sustituye a la justicia y a la solidaridad. Si de caridad se trata, me quedo con el Hogar de Cristo y el Padre Hurtado, cuyas acciones no son producto de un mayor enriquecimiento de empresas o personas. Decir estas cosas no ha sido fácil y mis palabras han tenido un precio que hoy por hoy, estoy pagando. Sin embargo, me pregunto si después de mi experiencia alguien más se atrevería a hacer estos cuestionamientos con el costo que eso conlleva. Lo he pensado mucho en las noches al interior de mi celda. Al principio tuve muchas dudas. Sin embargo, concluí que valió la pena a pesar de las consecuencias. Como el Alcalde de la UDI, ya otros están planteando situaciones como estas que he descrito y que son de sentido común. Al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios y los recursos de ChileDeportes a los deportistas y no a otras personas. Estoy a días de presentar una solicitud para que se me conceda el beneficio de la salida dominical cada semana, la que habitualmente se otorga a cualquier preso que cumpla con los requisitos, tal como yo he cumplido. Llegan a mi memoria casos de personas que, después de estar hasta siete años en una prisión, se ha demostrado que
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eran inocentes. Sé muy bien que si al ser humano lo rebajan a esas situaciones mínimas y degradantes, el hombre que desea vivir necesariamente, debe adaptarse y termina aceptando la disminución humillante a la que se ve sometida su autoestima. Así dicen muchos. Yo no sé si lograré acostumbrarme y aceptar mi situación, pero mi compromiso conmigo mismo es hacer todos los esfuerzos necesarios para adaptarme y, con el tiempo, demostrar mi inocencia, acción a la que doy comienzo con este libro. A propósito de lo anterior, cuando vino a visitarme Sergio Bitar -a quien conozco desde hace ya largos años- me dijo dos cosas que me impresionaron: “Yo no habría resistido lo que tú; me habría pegado un tiro, esto es peor que lo que me tocó vivir en Isla Dawson. No sé cómo tú lo resistes”. Lo otro que dijo fue algo casi chistoso dentro de este drama: “Cuando me han preguntado por ti, yo les he respondido que ¡es imposible la acusación contra Jorge Lavandero! Lo conocí en el Diario Fortín Mapocho y puedo decir que si me hubieran contado que Jorge andaba con un colchón en su camioneta para atender a las mujeres que llegaban a visitarlo, lo hubiese creído sin dudarlo mucho. Pero esto, está fuera de toda lógica”. Sin duda, Sergio Bitar es un buen amigo, tanto como Ministro de Educación y como Presidente del PPD. Y para un político de su envergadura, no es fácil dar públicamente la cara por un amigo encarcelado, acusado por un delito tan atroz, como son los abusos deshonestos. Jamás tuve esas inclinaciones. Lo prueba mi acción de vida, mi certificado de antecedentes, las profundas y acuciosas investigaciones de la dictadura. Ellos me consideraron muy peligroso, pero fue en la democracia que mi suerte quedó sellada por el Fiscal
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Armendáriz, gracias a un informe pre-sentencial de Gendarmería, hecho por una joven psicóloga convenientemente convocada al efecto y que después desapareció. Como dije, lo que no logró la dictadura, lo lograron los grandes poderes fácticos ocultos tras intereses económicos y políticos, tan insospechados como desconocidos para la mayoría de los chilenos. No será fácil que me otorguen la salida dominical, sin importar que tenga pleno derecho a este beneficio. La posibilidad de salir un día a la semana puede ser para un preso común y corriente que haya cometido el mismo delito del que se me acusa, aunque en la práctica no hay ninguno en la cárcel, porque el abuso deshonesto es considerado como un delito menor, que no merece otra cosa que una pena de tres años y un día como máximo y con pena remitida. Pero mi caso es distinto. Tras bambalinas se tejen cosas más turbias, simplemente porque Jorge Lavandero representa una piedra en el zapato para algunos y teniendo el respaldo que ha tenido, es aún más peligroso y no puede estar en libertad. Así resumió mi situación un amigo, profesor de la Universidad de Santiago y que me ha acompañado en las luchas que hemos afrontado para mejorar las condiciones de vida de la sociedad. Pero fui declarado peligroso de urgencia, a mis años y después de haber participado en la discusión y aprobación de más de 5.200 leyes de un total de poco más de 20 mil que se han dictado desde los inicios de la República en Chile. Los ciudadanos se deben haber equivocado profundamente al darme a lo largo de ocho periodos, las primeras mayorías nacionales. Quisiera pensar que esas mayorías, en cada una de las elecciones en las que participé, me distinguieron por
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mi permanente accionar en favor de la gente inspirada en mi pensamiento progresista, sensible y solidario. Hoy es miércoles. Carlos, un interno con muchas inquietudes, se acerca a la biblioteca para señalarme que el módulo de las celdas para las visitas conyugales está con la pintura y los muebles algo deteriorados. Cree que debemos hacer una “cucha” para comprar algo de madera y pintura a fin de repararlos. Me preguntó si yo estaba disponible para hacerme de las platas recolectadas en esa materia. “La persona que inspira confianza eres tú”. Le contesté que me parecía una buena idea y que contara conmigo, haría las veces de tesorero. Así fue como me vi involucrado en la tarea de mejorar el aspecto de unas celdas que están en el tercer piso de la CAS, destinadas a las visita, de las parejas de los internos. No son más grandes ni más cómodas que el resto de las celdas comunes, y las pude conocer en detalle cuando tuve que hacer las veces de bombero porque se rompieron unas cañerías. Debajo de ellas se encuentra la biblioteca y se mojaron los estantes que agrupaban los valiosos libros que habíamos juntado con tanto esfuerzo. Y no era primera vez que ejercía como “caballero del fuego”. Al entrar a la Universidad, con amigos míos, como José Luis Ariztía, su hermano Hernán y otros compañeros de aventuras, ingresamos a la Quinta Compañía de Bomberos, ubicada en pleno barrio cívico, a orillas del teatro Continental, en la calle Nataniel Cox. Episodios casi olvidados, en que los incendios nos obligaban a estar disponibles a toda hora. Recuerdo los llamados de comandancia cuando, estando con una amiga o “polola”, teníamos que salir disparados
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y pararnos en alguna esquina esperando el paso del carro bomba. Luego, treparse de un salto e ir a enfrentarnos con las llamas de alguna desafortunada persona cuya propiedad se estaba incendiando. Habiéndonos colocado las cotonas y los cascos que iban en la bomba, como emergencia, de inmediato recibíamos instrucciones del teniente y éste a su vez del capitán para ingresar y verificar primero, que no hubiese una persona acorralada por las llamas. Había que identificar de antemano las estructuras para meternos entre las llamas. Fueron muchos los incendios y las guardias nocturnas continuas, alojándonos por semanas en los dormitorios de la Quinta Compañía. Participamos de los ejercicios frente a La Moneda, activamos la rivalidad con la Bomba de la Primera. Nosotros, “los pitucos”. Ellos, los “puro pueblo”, salidos de los liceos y bastante más numerosos que nosotros. Hasta peleamos a combos por un grifo para instalar las mangueras… ¡Alegre juventud! Con el tiempo cumplimos un ciclo y así como recibimos un imborrable bautizo, en la misma bomba recibimos una comida de despedida. Ya era Diputado. El proyecto en la CAS no era tarea menor pero cada uno de los presos quería recibir en la mejor forma a sus seres queridos, cuyo amor se incrementaba con la reclusión obligada. Juntamos la plata, pintamos las celdas, reparamos los muebles, veladores y camas en el taller. Las llaves de agua y los lavatorios, todo, quedó casi como nuevo. Fuimos por etapas y de a cuatro celdas por vez, de un total de 12. Los internos siguieron disfrutando de unas pocas horas de intimidad con sus parejas. Los viernes me tocaba a mí.

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Todos tenían razón para sentirse contentos, prepararse con anticipación, esmerarse y evitar cualquiera dificultad, porque la primera sanción era suprimirle por una o dos veces el acceso a una visita conyugal. Un ritual muy humano y no por eso menos hermoso era ver guiar una fila de mujeres, arregladas y coquetas, subiendo las escaleras para ser encaminadas a cada celda. Nos encerraban con llave por 4 ó 5 horas y volvían a buscar a las damas y nosotros, con una cara distinta a la habitual, regresábamos a nuestros módulos. Allí el amor era fuerte y se hacía extensivo a un enorme respeto por todos los que no habían concurrido al tercer piso por tener a su pareja lejos o estar con problemas familiares entre ellos. Vecino a mi celda dormía un gran traficante de La Legua que tuvo una enorme dificultad con su pareja y su familia. Él actuó duro. Una tarde lo reconvine y me contó sus cuitas. Me acerqué humanamente, lo acompañé en su dolor y traté de convencerlo de cambiar de vida. Parece que se fue acostumbrando a mis consejos y hasta visité a su pareja en una de mis salidas dominicales. Intercedí entre ambos y a ese hombre -tan temido por su historia- logré convencerlo de muchas cosas. Recibí su agradecimiento que no esperaba y como pronto yo saldría con libertad condicional, me hubiese gustado saber de los resultados más permanentes de mis esfuerzos. En pocos días más sabré hasta dónde la calidad de senador que tenía hasta hace poco tiempo, influye en mi contra. Espero vencer esta nueva valla, sabiendo que para algunos puede parecer un obstáculo pequeño pero que, para mí y en la perspectiva de estos últimos tres años, no ha sido nada pequeño; en especial cuando hay que enfrentarse -cara a cara- con estos grandes intereses que empequeñecen nuestro país y a la gran mayoría de los chilenos, en beneficio solo de
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unos pocos. Estos poderes fácticos saben que muy pocas personas se atreven a enfrentarlos y por eso están tan decididos a matar de raíz “la mala hierba” -según ellos- para que no vaya a difundir que son esos poderes los peligrosos. Se me trata como una enfermedad que no se puede propagar en nuestra sociedad y por eso el escarmiento tiene que ser ejemplarizador.

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LO QUE ME DICE MI “VOZ”

Han ocurrido muchas cosas en este tiempo en que dejé de escribir por más de dos meses y algunas de ellas me golpearon muy fuerte. En el penal había logrado el mismo derecho que el común de los presos cuando cumplen con todos los requisitos reglamentarios para algo que es mínimo, como es la salida dominical. Así me lo habían asegurado ya dos alcaides que pasaron por la CAS, quienes me señalaron que este beneficio lo obtendría “sí o sí”, ya que dependía de ellos, según rezaba el reglamento penitenciario. Al final y por razones completamente absurdas, seguramente con un simple llamado telefónico, todo se volvió en mi contra. Las fuerzas que con paciencia y mucha voluntad había logrado tejer y acumular en mi espíritu, rodaron por el suelo, envuelto en la verdadera camisa de fuerza que es la depresión constante que me ha invadido. Había que comenzar de nuevo. A la depresión, por tanto, se unieron varios malestares físicos que me llevaron nuevamente a los hospitales. ¿Cómo pequeñas cosas pesan tanto dentro de uno, cuando uno se sabe inocente y sufre pensando que a nadie le importa la justicia? Buenas palabras, pero cada uno está en su juego, en su vida cotidiana, en la misma que hasta no hace mucho compartía a diario con tanta
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gente, los éxitos y los fracasos de nuestros esfuerzos. Ese dolor que se me ha pegado como una segunda piel al cuerpo, y es que creo que merezco algo más que el olvido ignominioso en el que me encuentro dentro de la huesera de una cárcel. Despojándome de toda vanidad, creo que este país tiene una deuda conmigo. Si volvemos la mirada atrás, he intentado servir a mis conciudadanos con mi vida, recursos, ideas y acciones. Eso muchas veces me hizo levantarme con la mayor fuerza para enfrentarme al egoísmo que anima a unos cuantos que sólo defienden sus propios intereses, escalando posiciones y poder por sobre la pobreza y la miseria. Nunca esperé una recompensa y eso, lejos de ser una carga, lo sentí con agrado como una opción de vida. Logré asimilarlo como una responsabilidad que, al entenderlo las grandes mayorías, lograrían comprender mis posturas y hacerlas suyas con absoluto convencimiento. Pocos han tratado de dar tanto a cambio de nada y mucha gente modesta o sencilla así lo ha comprendido y ha estado a mi lado en esta solitaria batalla que he vivido siempre. Los jubilados, los trabajadores, los empleados del norte, sur y centro han mantenido su fe aun en estas horas donde muchos otros dudaron y a quienes no juzgo. Recorrí con constancia y paciencia todos los rincones de Santiago, sus comunas y barrios predicando didácticamente una verdad que aparece diáfana y transparente y que no es otra cosa que el respeto que se merece cada persona, porque cada uno de nosotros es una excepción irrepetible como ser humano. Somos valiosos porque no hay otro igual a cada uno de nosotros, no somos clones, viviremos una sola vez en esta tierra y las carencias
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de hoy no las tendremos jamás en otra vida terrenal. Podemos ser pobres, estar sin trabajo, tener hasta algunas pequeñas o grandes fallas, vivir en un campamento, pero nunca jamás dejaremos de ser lo importante y esencial: Seres Humanos. Por todo esto y más, insisto, la balanza está desequilibrada y las piezas de este enorme rompecabezas no están en su lugar. Sin ningún asomo de vanidad ni egolatría, desde joven renuncié a muchas cosas, recibí responsabilidades y honores de toda naturaleza. Fui embajador, deportista, diputado y senador; presidí las más relevantes comisiones de ambas cámaras del Congreso Nacional donde verdaderamente se fabrican las leyes y se discute con dureza sobre la base de convicciones o valores. No es una regla infalible, también han aumentado en los últimos años aquellos que trabajan por inconfesables intereses, esos que dejan “el perfume” de testaferros, sea de personas u organizaciones grandes y poderosas, nacionales y extranjeras. Me complace pensar que, según la Oficina de Informaciones del Senado, en todos mis períodos como parlamentario -diputado y senador-, desde 1957 hasta el año 2004, participé en discutir, corregir, mejorar y aprobar más de 5.267 leyes, siendo que a lo largo de nuestra historia republicana hay poco más de 20.000 leyes vigentes. En consecuencia, en mi vida parlamentaria he sido fecundamente responsable de cerca de una cuarta parte de toda la legislación existente en este país. Nadie ha sostenido una batalla más larga, persistente y consistente -por más de 50 años- en defensa de nuestros recursos naturales y muy especialmente por el cobre. He escrito numerosos libros que
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dan testimonio de esta lucha, buscando siempre una mejor distribución de los ingresos y de las cargas tributarias, de un sistema de previsión real y equilibrado y no a lo que hemos arribado, que es sólo un muy buen negocio para unos pocos y una resultante penosa e incierta para dos de cada tres trabajadores y empleados de este país y que calificaría como la mayor estafa que se haya planificado entre cuatro paredes. Cuando quise dejar al descubierto la tremenda injusticia que representa nuestro sistema previsional, respaldado además en serios estudios hechos al respecto provenientes de Alemania y de la Universidad de Chile, la denuncia fue tapada y ocultada, sin importar que fuera yo, en ese entonces Presidente de la Comisión de Trabajo y Previsión Social del Senado. Por mis empeños en ideas como esta o de este tenor, es que hubo serios intentos para proponerme como candidato a la Presidencia de la República de nuestro país, por parte de todos aquellos que han hecho carne este ideario de justicia social, de vivir plenamente una vida distinta y mejor, como en tantos otros países que, aun teniendo muchos menos recursos valiosos que el nuestro, han logrado construir sociedades más equilibradas en donde las personas tienen reales y tangibles oportunidades para desarrollar la plenitud de sus capacidades. Sí, me propusieron como pre-candidato presidencial en esos momentos, gente que jamás imaginó que después de una larga, transparente y conocida vida política, podría ser un hombre peligroso para la sociedad, como trataron de presentarme aquellos para los que era realmente una amenaza: Pocos, pero grandes y poderosos grupos de incalculables intereses económicos.
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He repasado recurrentemente estos tiempos tan difíciles -los más duros de mi vida- intentando descubrir si antes, en algún momento, había pasado por mi mente el deseo de abandonarlo todo sintiendo que ya no vale la pena tanto dolor. Debo confesar y es necesario reconocerlo, que me he desesperado, he descendido hasta los infiernos, la depresión me ha perseguido cual perro de presa, me he rebelado con rabia, con pena, me he quebrado muchas veces en medio de una agobiante sensación de impotencia extrema, más de las imaginables e incluso más de las soportables. En muchos momentos me he compadecido de mí mismo. Debo admitir que, cuando muchos me recalcaban con insistencia, “tú tienes fuerza, has pasado por cosas muy duras en tu vida, tienes que tener la fuerza necesaria para levantarte”, yo pensaba una y otra vez en la validez de sus razones, pero solo escuchaba sus palabras de apoyo como si fuesen voces lejanas que me llegaban difusas y a duras penas dentro de un tintineo de campanitas con música celestial. No penetraban mi alma, ni tocaban mi espíritu. Ni siquiera me resultaban razonables. Más tarde, ya en la oscuridad de mi celda, me decía y hasta me recriminaba por esta batalla interior que se libraba cada noche en mi corazón y mi mente, con tanta fuerza, que sentía que me estaba destrozando por completo, al punto de no poder dormir, sobrepasado por la angustia. Era, claro está, lo único que tenía claro. No encontraba en medio de la soledad la manera de hallar una salida firme y sólida. Sabía que mi capacidad mental se encontraba disminuida al 40 por ciento de lo normal, por intentar graficarlo de alguna manera. Sacar más fuerzas, pero ¿de dónde? Luego me imaginaba que ya estaba absolutamente
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desprovisto de ellas; que ya no me quedaba nada, incluso muy pocas ganas de vivir. Y algo me contradecía, como si fuese una pequeña luz en la oscuridad que me pedía que yo encendiese esa esperanza, que la hiciera destellar, iluminar con más fuerza porque, si no lo hacía, habría sido la constatación de que me habrían derrotado. Logré entender, finalmente, que todo eso formaba una parte indivisible de lo que ellos planearon para mí. Entendí entonces por qué no me mataron. Deben haber pensado que podrían haberme convertido en un mártir y que eso se podía transformar en un inconveniente aun mayor. Evaluado así, prefirieron el camino de asesinar mi imagen con un delito subjetivo, que a los ojos de la ley no tiene necesidad de constatarse porque aquí la carga de la prueba está invertida, es decir, al no presumirse inocencia como en cualquier otra causa, es el acusado quien tiene que probar que no ha cometido el delito y, por tanto, es inocente. Es la prueba diabólica, como la llaman los penalistas italianos. Imputar un delito subjetivo, difícil de eludir y con un escándalo mediático asegurado de antemano. Es una estrategia óptima. De esa forma, la dificultad que yo representaba llegaría a su fin, de la mano de un desprestigio público y personal total e irreversible y donde carecía de interés que el cargo fuese real o ficticio. Con esta estrategia, el camino quedaba expedito. Encontrar un pequeño resquicio –sobre todo para mi propia tranquilidad- fue la lucha de cada noche. Tenía que sacar la fuerza de una trasnochada oscuridad para decirme: “No, no estás derrotado. Eres un guerrero y los guerreros, cuando caen aunque sea muchas veces, vuelven a levantarse. Está en su espíritu. No puedes sentirte contento de continuar allá abajo, en un submundo que bordea el infierno y la autocompasión, en el suelo: Pónte de pie. Tu vida no depende
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de instantes ni de segundos que se suceden como si no tuvieran importancia, sólo para esperar resignado el momento de la muerte. Si aceptas eso, toda tu larga vida, las ideas que has abrazado desde joven junto con tus sueños, estarán derrotados. Los que han creído en ti, estarían derrotados. No. Eso no te lo puedes permitir, ese es el camino fácil de la resignación y el determinismo. Tu vida ha sido de acción, difícil, dura y esta es una nueva prueba. Tus ideas son ciertas y correctas. ¡Protégete en el valor y en la fortaleza de ellas! Porque tienen la fuerza necesaria y por eso deben subsistir. Esos estandartes no pueden desaparecer. Recorriste con ellos un largo, áspero y muchas veces incomprendido camino, pero lograste clavar estas banderas, estos símbolos, estas ideas, en la mitad de la falda de la abrupta montaña que has tenido que recorrer. Haz un esfuerzo más para que todo continúe, con otros o los mismos de siempre. Jóvenes, viejos, mujeres, hambrientos y desesperados que las recogerán y las clavarán un poco más arriba. Tal vez tú no lo verás, pero otros sí alcanzarán la cumbre de ese difícil y sacrificado ascenso que deben emprender los hombres, para encontrar en su cima la esencia de lo que significa un ser humano y saber por qué vivir y tener esperanza”. “Tú puedes no ser el elegido, ni quizás otro que pueda figurar como más importante en un momento determinado, pero puedes ser a lo mejor un anónimo disparador, un catalizador, el promotor constante de la lucha por hacer realidad los cambios imprescindibles para que en Chile los hombres se reconozcan entre sí, para que se puedan mirar a los ojos con serenidad, confianza y en la seguridad que debe despertar a aquellos que, alguna vez, en un pasado muy lejano, decidieron salir de su soledad para construir junto a otros una sociedad que los protegiera. Ya no se trata de levantar refugios
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contra los depredadores y merodeadores del ayer primitivo, aquellos días en que tú, y otros como tú dependían sólo de sus fuerzas en un mundo hostil, agresivo e inseguro. Sin embargo, saliste de esas raíces y antepasados prehistóricos hacia el futuro, para formar una sociedad donde se repartiesen las cargas, los beneficios y las esperanzas. No, no puedes permitir que, sobrepasado por tu dolor y tu debilidad, se apaguen el esfuerzo, la llamarada de la solidaridad con que has encendido tu vida. ¡Tú! Tú no puedes desertar por tu fragilidad presente. Repítete con majadería: No estás derrotado. Tienes que recoger los despojos de tu alma, reconstruirte para tener la fuerza, a fin de saltar esta última valla que la vida y la ingratitud te han colocado a estas alturas del camino, creyendo e incluso apostando algunos que no serías capaz de vencerlas”. Repetí tantas veces ¡No estás derrotado! Piensa, organízate, reúne nuevamente a los amigos que te han seguido y acompañado siempre, y en especial en esta hora. Vuelve a formar un equipo, dale fuerza, entrega tus ideas para que se discutan, se mejoren, se aclaren y salgan convertidas en una clarinada estridente que llegue nuevamente al corazón de todos los chilenos, sólo porque ellos tienen la necesidad de recibir esas banderas, esos símbolos, para despertar el alma de Chile, para despertar el fuego y la pasión de la verdad. Hoy muchos están inmersos en la mediocridad de la farándula, la superficialidad de la nada, aquellas cosas que pasan como un instante fugaz sin trascendencia en la vida, tal vez como la pequeña estela que aparece en el firmamento con el paso de una estrella agonizante. Diles nuevamente que aún no es tarde ni para ti ni para ellos, que el hombre debe trascender, si no va a desaparecer en la nada del tiempo y díles que para lograrlo hay un hilo conductor y que esa guía está en lo más profundo
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de cada individuo. Trata de despertar sus valores dormidos, haz que sueñen con ellos, que los conviertan en la base de sus vidas. Finalmente, ponte como un ejemplo -aunque parezca vanidoso- de lo que significa ser consecuente durante todo tu tránsito por este mundo. Diles que esto es la esencia de la vida, que no se puede cambiar. El ser humano es el fin, el propósito para el que se ha creado esta sociedad. El lucro no puede colocarse como valiosa y única moneda de cambio. Esto es lo más importante. Y no hay que olvidarse de hacerlos pensar en nuestras raíces, en que el hombre, la familia y la sociedad en que se vive, son y siempre serán lo más preciado y relevante, un baluarte que a toda costa hay que proteger y defender. Es nuestra herencia histórica, un legado que sólo el hombre, apoyado en la Divina Providencia, podrá mantener como valor básico si quiere vivir en una auténtica democracia. El hombre y la familia son el fin último, organizados en una sociedad como seres libres y de la cual todos somos responsables. Estas son las cosas que valen y por las cuales se puede entregar hasta la vida. No hay otra verdad. El egoísmo, el capitalismo salvaje, la competencia despiadada, al igual que la del ayer prehistórico -la ley del más fuerte- nunca vencerán al amor, que es lo que en definitiva nos hace distintos, superiores por sobre todas las especies que pueblan nuestro planeta. Sueña y piensa que tienes la fuerza para sostenerlos y no caer derrotado, porque tu derrota no es solo tuya. Sería la suerte nefasta también de muchos que saben estas verdades. Eres un hombre, juega entonces como uno que tiene fe y esperanza; despierta de tu largo y difícil letargo para volver a asumir tu tarea de siempre, con quienes formaste equipos y están dispuestos a acompañarte. Ellos
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no están en un solo partido político, no están en un grupo de defensa de intereses egoístas ni buscan el poder. Están por todas partes y son muchos más de los que crees. Tú recorriste el norte, el centro y el sur, pueblo por pueblo. Allí levantaron sus manos, te acogieron, estuvieron de acuerdo con tus ideas, muchos las asumieron como propias, las mejoraron, las difundieron y allí están: Te están esperando junto a los hombres y mujeres de bien que no tienen prejuicios, que tienen todo para avanzar hacia una sociedad más justa. Esas ideas que sembraste están brotando en la tierra que abonaste por años y años. Lo tuyo no es lo importante, ni siquiera el dolor es más importante que todo eso que va de la vida a la muerte de cada quien, entre vivir una vida sin sentido, o vivir y morir por algo que verdaderamente vale, Nada de esto se puede poner en duda, ni aun en este áspero sendero que ha sido tu existencia. Tú con otros, aunque tantas veces hayan sufrido la persecución por estas ideas, podrán decir para sí mismos que eres un hombre de verdad. Se me ha dicho: “Jorge, despierta de tu sueño, de tu adversidad. Ponte de pie. Al principio, como puedas, y prepárate para recomenzar a luchar por esa verdad que construiste con otros, por tu conciencia y por lo que tienen todos los seres humanos, aunque algunos no lo crean, lo desconozcan, lo tengan muy escondido o ahogado en sus propias conciencias”.

EL JUICIO CARTA POR LA VERDAD Y LA JUSTICIA

Es lamentable que los chilenos, sobre todo los que pertenecen a la religión católica, hayan “lanzado la piedra” contra Jorge Lavandero sin conocer la verdad que ha sido ocultada mezquinamente por parte de la Fiscalía. Prueba de ello es que el mismo Armendáriz propuso un juicio abreviado a fin de que no se conociera la otra cara de la moneda. Yo soy testigo y puedo dar prueba de ello: que Jorge Lavandero es inocente. Soy una de las pocas personas que se han leído el total del expediente y lamento que no se haya llegado a un juicio oral, única instancia de demostrar la inocencia de un ser que ha sido duramente castigado y condenado durante estos 8 meses por la opinión pública sin ninguna misericordia. Lamento que en vez de exigir un juicio justo, las personas se dejen llevar por lo que muestran los medios de comunicación sin poner en duda la existencia y fuente de la información. Es curioso que una Juez de Garantía sea parcial y acepte, sin tener una sola duda, lo que le plantea el Fiscal y no haya sido capaz de garantizar los derechos de un imputado. A tal punto ha sido deplorable su actuación que no fue capaz de leerse el expediente donde aparecen hechos clarísimos de adulteración de la verdad.
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Esto está demostrado en los informes periciales realizados a los menores. Por poner algunos ejemplos: Los peritajes realizados a las familias fueron ejecutados en un marco superficial, ya que sólo se presentan conclusiones en relación a los aspectos económicos de la familia Garrido Carrasco y en relación a la precariedad de roles que debe asumir cada uno de los padres. Esencialmente no se exponen los componentes reales que debe contener un informe válido y que sin embargo aparecen en el contenido del expediente. Lo que no dicen los informes periciales realizados a la familia Garrido Carrasco, con fecha del 27 de diciembre del 2004 por la profesional, Analilian Retamal Matad, es: I) En la familia Carrasco, no se dice que Noemí fue violada cuando tenía 8 años de edad por un vecino y después cuando tenía 10 años mantuvo relaciones sexuales incestuosas con su hermano menor Jeremías, cuando éste tenía 7 u 8 años de edad: “la primera vez que tuve relaciones sexuales fue cuando yo tenía como 8 años y estábamos jugando al doctor con un vecino de nombre Juan Pablo, él tenía unos trece. Yo tenía como 8 años. Recuerdo que estábamos los do, jugando al doctor, y el se bajó los pantalones y me los bajó a mí. Recuerdo que él me puso el pene en la vagina y que me dolió mucho. Yo me corrí y arranqué para el baño y al mirarme el calzón vi que tenía sangre… Después cuando yo tenía unos 10, recuerdo que estábamos con Jeremías que
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tenía unos 7 u 8 años, estábamos jugando a las casitas y jugábamos que era un matrimonio y en esa vez experimentamos con el Jeremías, él me puso el pene en la vagina y lo introdujo un poco…” [1][1] II) No dice el informe social que tanto Noemí como Jeremías, tienen una misma enfermedad venérea de transmisión sexual: “Los exámenes que se tomaron a: Jeremías Josué Garrido Carrasco, muestra Nº 2804, con resultado 3.01, Noemí Bernardita Garrido Carrasco, muestra Nº 2805, con resultado 1.14, certifican la presencia del virus condiloma en sus genitales; este examen no tiene falsos positivos, es absoluto y está reconocido por la FDA… El virus Papiloma Humano (HPV) produce una infección viral que habitualmente se transmite en las relaciones sexuales… El test realizado -Hybrid Capture 2 HPV Test- detecta la presencia de tipos de HPV de alto riesgo y antes de cualquier cambio que sea observado en la células cervicales, permite identificar a las mujeres con riesgo de cáncer cervical y a los hombres con riesgo de cáncer del pene…” III) No dice que el padre de esos niños, Florentino Garrido Mardones, fue condenado por violar salvajemente a dos menores, según sentencia ejecutoriada de fecha 04 de octubre de 1979 y dictada por el Primer Juzgado del Crimen de Temuco. Causa Nº 49179.

[1][1] Declaración tomada por el Fiscal Regional Xavier Armendáriz y el fiscal adjunto Rodrigo de la Barra a la menor de 17 años de edad, Noemí Garrido Carrasco, con fecha 14 de marzo del 2005.

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IV) No dice que María Belén fue abusada sexualmente en su escuela por un profesor, don Manuel Antonio Salinas Riquelme, el que está condenado a 3 años y 1 día, de reclusión menor en su grado máximo. Causa Nº 3956. V) No dice que otro hermano, José Florentino Garrido Carrasco, Rut: 15.243.197-K, ha sido condenado y declarado reo por: “Robo con Intimidación”, por el Primer Juzgado del Crimen de Temuco. Causa Nº 106590, del 09-09-1999. Causa RIT 87 año 2002, del Tribunal Oral en lo Penal. Sin embargo, en todos los peritajes aparece, en dichos de los menores y de la propia madre, que José Florentino G. C. se encuentra viviendo en forma independiente, casado y fuera de Santiago, siendo su situación real y verificable que está cumpliendo la condena, antes señalada, en la cárcel de Temuco. VI) Se le pidió al fiscal Armendáriz con insistencia que se le realizara un examen a toda la familia para investigar el portador cero y trasmisor de la enfermedad venérea HPV (Papiloma Humano). Jorge entregó un certificado médico, donde se especifica que carece de ésta y cualquier otra enfermedad venérea. No obstante se objetó por el mismo Fiscal tal solicitud, y por tanto no dándose a lugar a la petición del ex abogado Matías Balmaceda de tal diligencia, como también se negó a investigar la violación acontecida a Noemí por el vecino que ella menciona, cuya declaración fue tomada por el propio Fiscal Armendáriz. Desde luego los niños fueron abusados (pero no por Jorge Lavandero), sin embargo en ningún informe pericial aparecen señales que se refieran a tales antecedentes expuestos y además se señala que el padre de estos niños no presenta antecedentes delictuales.

EL CANAL 13 Y SU PROGRAMA CONTACTO

El Canal 13 señaló que estuvieron filmando durante 14 meses en la parcela de Metrenco. Sin embargo, en estas filmaciones sólo se exhibió que una niña pasaba vestida por el costado del río Quepe al lado de Jorge, donde éste supuestamente le daba unas nalgadas. Esta filmación cuando sale al aire, la exhiben en cámara lenta para tratar de manipular la subjetividad del espectador, haciéndole creer que en vez de nalgadas son caricias en el trasero. En el expediente figuran reuniones entre el periodista Sutherland, de canal 13, y Gilda Concha, en la que, esta última, concurría con micrófonos ocultos facilitados por el propio canal de TV, con el fin de obtener declaraciones de parte de los niños que hoy culpan de abuso a Jorge. Las reuniones se concretaron con la menor Ivonne, la que el 19 de diciembre acude a la parcela para entregarle a Jorge una muñeca de soff fabricada por ella. En el video Contacto se señala (en el programa al aire) que la menor ingresó junto a Jorge el día 19 de diciembre a las 11 AM y permaneció hasta las 16 PM. Sin embargo, en los registros de llamados aparece un cruce desde el teléfono de esta niña al de Jorge a las 12: 38
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PM, lo que demuestra que es falso lo que argumenta y señala Emilio Sutherland a través del reportaje realizado. Además, existen las pruebas necesarias para confirmar que Emilio Sutherland y Gilda Concha estuvieron planeando la acusación que se dirigió en contra de Jorge, en concordancia con las personas que declaran, ya que Gilda Concha afirma que ella misma ubicó a los supuestos testigos y prueba de ello es que todos lo señalan en sus respectivas declaraciones. Además, y pese a que Emilio señaló que había tenido contacto con Gilda a fines del 2003, en el expediente figura un cruce de llamado entre Gilda y Emilio con fecha de 22 de mayo del 2003, lo que demuestra que es falso que Gilda “habló” de los presuntos hechos que presenció, cuando fue allanada su casa por lo del robo, en septiembre, en la parcela de Metrenco. La emisión del programa Contacto del canal 13, sin lugar a dudas, produjo un fuerte impacto en la opinión pública, lo que además llevó a presentar una querella de parte de Jorge en su contra, por el grave e irreparable daño que le produjeron a su imagen y familia, con declaraciones dudosas, como por ejemplo que Juana Chávez limpiara un vidrio empañado por fuera, o que Carolina Chávez, cuando declaraba, estaba embarazada de una bebé cuyo padre es Raúl Castillo, camarógrafo del canal 13. O bien, que la hija de Victoria Urrutia escribiera un diario de vida a los 6 años de edad, considerando el nivel y calidad de la educación existente en ese periodo, y que declarara que le entraron a robar a su casa sólo llevándose el diario de vida dudosamente escrito. En fin, todas las declaraciones son contradictorias unas con otras y entre víctimas con víctimas y padres de víctimas con su hijos.
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Es dudoso que el Fiscal Armendáriz haya expuesto como fecha en la que supuestamente comenzaron los abusos, el día 16 de diciembre del año 2000, justamente, e increíblemente cuando comenzó a regir el nuevo Sistema Procesal Penal en la Región de La Araucanía. También es curioso, por decir lo menos, que Armendáriz le haya propuesto a Matías Balmaceda, ex Abogado de Jorge, que retirara al Fiscal Nacional, Guillermo Piedrabuena, de su lista de testigos a cambio de sacar dos de los que él tenía en su nómina. Finalmente quiero expresar, después de haber estudiado a fondo el expediente, que puedo aceptar cualquier pregunta o dudas, especialmente de aquellos que no conocen el expediente, para que se imponga la justicia y la verdad y demostrar que Jorge Lavandero es inocente. Natalia Lizama L. -- Asistente Social

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DECLARACIONES JURADAS

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Títulos Publicados
Bajo el Agua Juan Pablo Cárdenas Squella Luz, Cámara, Transición. El rollo del cine chileno de 1993 a 2003 Antonella Estévez B. Relatos y Crónicas para no Olvidar Roberto Hernández P. Diccionario Científico (Aumentado y Corregido) Sergio Prenafeta Chile de Baquelita. Cuando el éxito le ganó a la Felicidad Wilson Tapia V. En Torno a las Artes Margarita Schultz Buscando el Bello Sino Sergio Jara Díaz (Argos Jeria) El Periodismo Comprometido Juan Pablo Cárdenas Squella Su Primer Desnudo José Rodríguez Elizondo Crónicas para los Días de Lluvia Mario Valdovinos Violeta Parra: la Vida Intranquila Fernando Sáez Con los Ojos en los 60 Sergio Jara Díaz (Argos Jeria)

Modelos Imaginarios Acerca de la Enunciación Artística Margarita Schultz Crónicas para Incomodar Juan Pablo Cárdenas Squella El Mayo de los Pingüinos Andrea Domedel y Macarena Peña y Lillo Medio Ambiente, Empresa y Globalización Luís Eduardo Thayer Morel José Carrasco. Asesinato de un Periodista Patricia Collyer y María José Luque Espera Larga, Crónicas de un Actor Nissim Sharim Vuelan las Plumas. Conversaciones con Escritores y Artistas en el Metro de Santiago Vivian Lavín Chile me Quita el Sueño Alex Acosta Malvenda Lenguaje y Poder en la Sociedad del Conocimiento. El Paradigma del Caleidoscopio Roberto Meza A. Habla Ávila. Manifestaciones en Tribunas Nelson Ávila Lo Esencial en el Periodismo. Ayer, Hoy y Mañana. Juan Pablo Cárdenas Squella

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