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Cuadernillo completo del Sistema de Formación Socialista del PSUV

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Sistema de Formación Socialista Simón Rodríguez

Primeras jornadas de pensamiento
y refexión crítica de las bases del PSUV
Nuestro rol
ante la historia
Nº1
AGOSTO 2009
Quiero reiterarlo: si internalizamos las tres preguntas de la jornada,
no podemos menos que reconocer que el papel histórico, que hoy entre
todos protagonizamos, es el mismo, sin duda alguna y quiero enfatizar-
lo, que jugó Bolívar y todos aquellos pueblos hechos ejércitos, como
aquel que el 7 de agosto de 1819, tal día como hoy, diera la batalla
decisiva para garantizar el éxito de la Campaña Libertadora de la
Nueva Granada en el campo de Boyacá. Es nuestra herencia y debemos
responder a nuestro rol de hoy: sumémonos en cuerpo y alma, como
individuos y como colectivo, a la jornada por la nueva independencia de
Venezuela y de toda nuestra América.
No habría Revolución posible si nosotros no nos formamos.
Hugo Chávez, Las líneas de Chávez, 9 de agosto de 2009
Cuadernos de formación ideológica
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
2
APRENDER A PENSAR
Líneas de Chávez
Simón Rodríguez
E
ste jueves 6 de agosto -día en
que recordábamos la entrada
triunfal a Caracas de nuestro
Libertador, para sellar con broche de
oro su prodigiosa Campaña Admirable
de 1813; día en que conmemorábamos
la gesta heroica de Junín en 1824, úl-
tima batalla comandada por Bolívar; y
día en que celebrábamos el nacimiento
de Bolivia como nación independiente
en 1825- no pudo ser más propicio para
dar nacimiento a la Escuela de Cuadros
Políticos del PSUV, en la Ciudad Vaca-
cional de Los Caracas, estado Vargas.
Quiero reiterarlo: si internalizamos las
tres preguntas de la jornada, no pode-
mos menos que reconocer que el papel
histórico, que hoy entre todos protago-
nizamos, es el mismo, sin duda alguna
y quiero enfatizarlo, que jugó Bolívar
y todos aquellos pueblos hechos ejér-
citos, como aquel que el 7 de agosto de
1819, tal día como hoy, diera la bata-
lla decisiva para garantizar el éxito de
la Campaña Libertadora de la Nueva
Granada en el campo de Boyacá. Es
nuestra herencia y debemos respon-
der a nuestro rol de hoy: sumémonos
en cuerpo y alma, como individuos
y como colectivo, a la jornada por la
nueva independencia de Venezuela y
de toda nuestra América.
No habría Revolución posible entonces
si nosotros no nos formamos; no sólo
los cuadros, sino el partido, el pueblo
como un todo: el partido de masas que
hoy constituimos debe ir más allá, por-
que no es sufciente. Debe ser un par-
tido de masas que genere sus propios
cuadros, de forma que el PSUV sea
generador de cuadros, de líderes, de
activadores, de formadores socialistas.
Recordemos la premisa fundamental
de Gramsci, punto de partida, jamás
de llegada, de nuestra organización
política: un partido de masas que cree,
genere, produzca cuadros.
De ahí entonces la necesidad de que
el PSUV -no perdiendo nunca el ob-
jetivo de ser la fel expresión de esa
acumulación de crítica y fuerzas, que
lo es el Poder Popular- se contraponga
a la obscenidad del poder en sí mismo,
como ejercicio del control y domina-
ción política.
Y de allí también la necesidad de que
se constituya en un espacio donde las
relaciones sociales sean sometidas al
control colectivo, el único válido. Val-
ga lo mismo para la formación políti-
ca, sin la cual lo anterior será imposi-
ble: requerimos de una formación de
cuadros que haga imposible los car-
comidos paradigmas de la educación
burguesa, la reproducción de la do-
minación. Recordemos la experiencia
a la luz del modelo robinsoniano y de
Freire. Y de este último, de Freire, trai-
gamos a la memoria aquellas palabras
suyas que encabezan su Pedagogía del
Oprimido (1969):
“La sectarización es siempre castra-
dora por el fanatismo que la nutre.
La radicalización, por el contrario, es
siempre creadora, dada la criticidad
que la alimenta. En tanto la sectari-
zación es mítica y, por ende, alienan-
te, la radicalización es crítica y, por
ende, liberadora. Liberadora ya que,
al implicar el enraizamiento de los
hombres en la opción realizada, los
compromete cada vez en el esfuerzo
de transformación de la realidad con-
creta, objetiva.”
De eso se trata, en síntesis, formar des-
de las raíces -”A la raíz va el hombre
verdadero. Radical no es más que eso:
el que va a las raíces”, decía Martí-,
dentro de un ámbito abierto siempre a
la crítica desde cada quien.
Estamos, pues, a la puerta de un socia-
lismo radicalmente por reinventar, que
es, valga la reiteración, radicalmente
democrático.
Aprender a pensar
Índice
APRENDER A PENSAR
HUGO CHÁVEZ FRÍAS. LÍNEAS DE CHÁVEZ ...................................................................

EL TAMAÑO DE LA RESPONSABILIDAD
ERNESTO CHE GUEVARA.EL CUADRO, COLUMNA VERTEBRAL DE LA REVOLUCIÓN .............
PABLO NERUDA. UN CANTO A BOLÍVAR .......................................................................

LA HISTORIA DE LA OPRESIÓN
EDUARDO GALEANO LAS VENAS ABIERTAS DE AMÉRICA LATINA (FRAGMENTO) ...............

LA HISTORIA DE LA DOMINACIÓN HA COMENZADO POR
INVISIBILIZAR NUESTROS PUEBLOS.
MARIO SANOJA- IRAIDA VARGAS-ARENAS . EL MANEJO POLÍTICO DE LA HISTORIA
INDÍGENA VENEZOLANA ...............................................................................................
LOS IMPERIOS NO SOLO DESHUMANIZAN LAS CIVILIZACIONES QUE
PRETENDEN HACER PRESAS. LAS INVISIBILIZAN, COMO PROCURANDO
BORRAR DE LA MEMORIA DE LOS PUEBLOS SU PROPIO ROSTRO, SU
IDENTIDAD.
MARIO SANOJA- IRAIDA VARGAS-ARENAS. EL ORIGEN DE LOS “MONOS” Y “ESCUÁLIDOS”...

PENSAMIENTO BOLIVARIANO. DOCTRINA LIBERADORA DE
IDENTIDAD, LUCHA Y RESISTENCIA.
FRANCISO PIVIDAL. LO QUE BOLÍVAR NO HIZO, ESTÁ TODAVÍA POR HACER EN AMÉRICA....

TIERRA Y HOMBRES LIBRES
LUIS BRITTO GARCÍA. ZAMORA SOCIALISTA ..............................................................

COLONIA Y NEOCOLONIA EN VENEZUELA
RESISTENCIA Y PARTICIPACIÓN (FRAGMENTOS), IRAIDA VARGAS .....................................
“CHINO” VALERA MORA . YO JUSTIFICO ......................................................................

PETROLEO, RENTA Y NUEVAS FORMAS DE GEOPOLITICA Y DEL
MODELO COMERCIAL EXPOLIATIVO
BERNARD MOMMER . LA CUESTIÓN PETROLERA (FRAGMENTOS) .....................................

PALABRAS DEL PRESIDENTE HUGO CHÁVEZ FRÍAS EN LA
INAUGURACIÓN DE LA IV CUMBRE DE PETROCARIBE.(FRAGMENTOS)
2007. SALVADOR DE LA PLAZA. EL PETROLEO EN LA VIDA
VENEZOLANA (FRAGMENTOS) 1976 ......................................................................

LA VENEZUELA RENTISTA
ALÍ RODRÍGUEZ ARAQUE. EL PROCESO DE PRIVATIZACIÓN PETROLERA EN VENEZUELA .....

PENSAMIENTO ANTIMPERIALISTA
LUIS BELTRÁN PRIETO FIGUEROA..BOLÍVAR Y LA SOLIDARIDAD CONTINENTAL.
EL MAGISTERIO AMERICANO DE BOLÍVAR ......................................................................

RAZONES DE LA CAIDA DE UNA REPUBLICA
SIMÓN BOLÍVAR MEMORIA DIRIGIDA A LOS CIUDADANOS DE LA NUEVA GRANADA POR UN
CARAQUEÑO (MANIFIESTO DE CARTAGENA) ..................................................................

VISIÓN POLÍTICA INTEGRAL, DE TOTALIDAD, DE BOLIVAR DE
AMÉRICA. PROPUESTA POLÍTICA. GEOESTRATEGIA, DE SUR
AMERICA. LAS RAZONES DE LA INDEPENDENCIA
SIMÓN BOLÍVAR . “CARTA DE JAMAICA” ......................................................................

PROPUESTA DE ORGANIZACIÓN DE UNA REPUBLICA.EL
PENSAMIENTO REPUBLICANO DE BOLIVAR.
SIMÓN BOLÍVAR DISCURSO DE ANGOSTURA. (1819)......................................................

ESTUDIO COMPARADO QUE PERMITE SENTAR LAS BASES PARA LA
CONSTRUCCIÓN DE LA REPÚBLICA LATINOAMERICANA SEGÚN
SIMÓN RODRÍGUEZ
SIMÓN RODRÍGUEZ. SOCIEDADES AMERICANAS (FRAGMENTOS) .......................................
VISIÓN LATINOAMERICANISTA DE IDENTIDAD PARA LA
CONSECUCIÓN DEL IDEARIO BOLIVARIANO
JOSÉ MARTÍ. NUESTRA AMÉRICA .................................................................................
LOS PUEBLOS NUESTROAMERICANOS COMO ELEMENTO
INTEGRADOR DE LA REGIÓN
LUIS VILLAFAÑA. MARIÁTEGUI, LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA Y EL SOCIALISMO
NUESTRO AMERICANO .................................................................................................
JOSÉ CARLOS MARIATEGUI. LA UNIDAD DE LA AMÉRICA INDOESPAÑOLA (1924) .............
NECESIDAD DE INTEGRACIÓN PARA COMBATIR EL IMPERIALISMO
AUGUSTO CESAR SANDINO. PLAN DE REALIZACIÓN DEL SUPREMO SUEÑO DE BOLÍVAR ......
FIDEL CASTRO. SEGUNDA DECLARACIÓN DE LA HABANA ..............................................
HUGO CHÁVEZ. VENGO A DENUNCIAR 200 AÑOS DE AGRESIÓN ......................................
JORNADA DE DEBATE EN LAS BASES DEL PSUV
ESTRUCTURA DE LA JORNADA DE DEBATE ......................................................................
NORMATIVAS DEL DEBATE EN LAS PATRULLAS SOCIALISTAS DURANTE LAS JORNADAS FORMATIVAS..
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Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
3
EL TAMAÑO DE LA RESPONSABILIDAD HISTÓRICA
El cuadro, columna vertebral
de la revolución
Ernesto Guevara;
El Che
PUBLICADO EN LA REVISTA CUBA
SOCIALISTA EN SEPTIEMBRE 1962.
En un régimen que
inicia la construc-
ción del socialismo,
no puede suponerse
un cuadro que no
tenga un alto de-
sarrollo político,
pero por desarrollo
político no debe
considerarse sólo
el aprendizaje de
la teoría marxista;
debe también exi-
girse la responsa-
bilidad del indivi-
duo por sus actos,
la disciplina que
coarte cualquier
debilidad transi-
toria y que no esté
reñida en una alta
dosis de iniciativa,
la preocupación
constante por todos
los problemas de la
Revolución.
I
nnecesario sería insis-
tir en las características
de nuestra Revolución,
en la forma original, con
algunos rasgos de esponta-
neidad, con que se produjo
el tránsito de una revolu-
ción nacional libertadora,
a una revolución socialista
y en el cúmulo de etapas
vividas a toda prisa en el
curso de este desarrollo,
que fue dirigido por los
mismos actores de la epo-
peya inicial del Moncada,
pasando por el Granma y
terminando en la declara-
ción de carácter socialista
de la Revolución cubana.
Nuevos simpatizantes,
cuadros, organizaciones,
se fueron sumando a la
endeble estructura orgáni-
ca del movimiento inicial,
hasta constituir el aluvión
de pueblo que caracteriza
nuestra Revolución.
Cuando se hizo patente que
en Cuba una nueva clase
social tomaba defnitiva-
mente el mando, se vieron
también las grandes limi-
taciones que tendría en el
ejercicio del poder estatal a
causa de las condiciones en
que encontráramos el Esta-
do, sin cuadros para desa-
rrollar el cúmulo enorme de
tareas que debían cumplirse
en el aparato estatal, en la
organización política y en
todo el frente económico.
En el momento siguiente a
la toma del poder, los car-
gos burocráticos se desig-
naron «a dedo»; no hubo
mayores problemas, no los
hubo porque todavía no es-
taba rota la vieja estructura.
El aparato funcionaba con
su andar lento y cansino de
cosa vieja y casi sin vida,
pero tenía una organización
y, en ella, la coordinación
sufciente para mantenerse
por inercia, desdeñando los
cambios políticos que se
producían como preludio
del cambio en la estructura
económica.
El Movimiento 26 de Julio,
hondamente herido por las
luchas internas entre sus
alas izquierda y derecha,
no podía dedicarse a tareas
constructivas; y el Parti-
do Socialista Popular, por
el hecho de soportar feros
embates y la ilegalidad du-
rante años, no había podido
desarrollar cuadros inter-
medios para afrontar las
nuevas responsabilidades
que se avecinaban.
Cuando se produjeron las
primeras intervenciones
estatales en la economía, la
tarea de buscar cuadros no
era muy complicada y se
podía elegir entre muchas
gentes que tenían alguna
base mínima para ejercer
el cargo de dirección. Pero,
con el aceleramiento del
proceso, ocurrido a partir
de la nacionalización de las
empresas norteamericanas
y, posteriormente, de las
grandes empresas cubanas,
se produce una verdadera
hambre de técnicos admi-
nistrativos. Se siente, por
otro lado, una necesidad an-
gustiosa de técnicos de pro-
ducción, debido al éxodo
de muchos de ellos, atraí-
dos por mejores posiciones
ofrecidas por las compa-
ñías imperialistas en otras
partes de América o en los
mismos Estados Unidos, y
el aparato político debe so-
meterse a un intenso esfuer-
zo, en medio de las tareas
de estructuración, para dar
atención ideológica a una
masa que entra en contacto
con la Revolución, plena de
ansias de aprender.
Todos cumplimos el papel
como buenamente pudimos,
pero no fue sin penas ni
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
4
apuros. Muchos errores se
cometieron en la parte ad-
ministrativa del Ejecutivo,
enormes fallas se cometie-
ron por parte de los nuevos
administradores de empre-
sas, que tenían responsabi-
lidades demasiado grandes
en sus manos, y grandes y
costosos errores cometi-
mos también en el aparato
político que, poco a poco,
fue cayendo en una tran-
quila y placentera burocra-
cia, identifcado casi como
trampolín para ascensos y
para cargos burocráticos
de mayor o menor cuantía,
desligado totalmente de las
masas.
El eje central de nuestros
errores está en nuestra falta
de sentimiento de la reali-
dad en un momento dado,
pero la herramienta que
nos faltó, lo que fue embo-
tando nuestra capacidad de
percepción y convirtiendo
al partido en un ente buro-
crático, poniendo en peli-
gro la administración y la
producción, fue la falta de
cuadros desarrollados a ni-
vel medio. La política de
cuadros se hacía evidente
como sinónimo de política
de masas; establecer nue-
vamente el contacto con
las masas, contacto estre-
chamente mantenido por
la Revolución en la prime-
ra época de su vida, era la
consigna. Pero establecerlo
a través de algún tipo de
aparato que permitiera sa-
carle el mayor provecho,
tanto en la percepción de
todos los latidos de las ma-
sas como en la transmisión
de orientaciones políticas,
que en muchos casos so-
lamente fueron dadas por
intervenciones personales
del Primer Ministro Fidel
Castro o de algunos otros
líderes de la Revolución.
A esta altura podemos pre-
guntarnos, ¿qué es un cua-
dro? Debemos decir que, un
cuadro es un individuo que
ha alcanzado el sufciente
desarrollo político como para
poder interpretar las grandes
directivas emanadas del po-
der central, hacerlas suyas y
transmitirlas como orienta-
ción a la masa, percibiendo
además las manifestaciones
que ésta haga de sus deseos
y sus motivaciones más ínti-
mas. Es un individuo de dis-
ciplina ideológica y adminis-
trativa, que conoce y practica
el centralismo democrático y
sabe valorar las contradiccio-
nes existentes en el método
para aprovechar al máximo
sus múltiples facetas; que
sabe practicar en la produc-
ción el principio de la dis-
cusión colectiva y decisión
y responsabilidad únicas,
cuya fdelidad está probada y
cuyo valor físico y moral se
ha desarrollado al compás de
su desarrollo ideológico, de
tal manera que está dispuesto
siempre a afrontar cualquier
debate y a responder hasta
con su vida de la buena mar-
cha de la Revolución. Es,
además, un individuo con
capacidad de análisis propio,
lo que le permite tomar las
decisiones necesarias y prac-
ticar la iniciativa creadora de
modo que no choque con la
disciplina.
El cuadro, pues, es un crea-
dor, es un dirigente de alta
estatura, un técnico de buen
nivel político que puede,
razonando dialécticamente,
llevar adelante su sector de
producción o desarrollar a
la masa desde su puesto po-
lítico de dirección.
Este ejemplar humano, apa-
rentemente, rodeado de vir-
tudes difíciles de alcanzar,
está sin embargo, presente
en el pueblo de Cuba y nos
lo encontramos día a día.
Lo esencial es aprovechar
todas las oportunidades
que hay para desarrollarlo
al máximo, para educarlo,
para sacar de cada persona-
lidad el mayor provecho y
convertirla en el valor más
útil para la nación.
El desarrollo de un cuadro
se logra en el quehacer dia-
rio; pero debe acometerse la
tarea, además, de un modo
sistemático en escuelas es-
peciales, donde profesores
competentes, ejemplos a la
vez del alumnado, favorez-
can el más rápido ascenso
ideológico.
En un régimen que inicia la
construcción del socialis-
mo, no puede suponerse un
cuadro que no tenga un alto
desarrollo político, pero por
desarrollo político no debe
considerarse sólo el apren-
dizaje de la teoría marxista;
debe también exigirse la
responsabilidad del indivi-
duo por sus actos, la disci-
plina que coarte cualquier
debilidad transitoria y que
no esté reñida en una alta
dosis de iniciativa, la pre-
ocupación constante por to-
dos los problemas de la Re-
volución. Para desarrollarlo
hay que empezar, por esta-
blecer el principio selectivo
en la masa, es allí donde hay
que buscar las personalida-
des nacientes, probadas en
el sacrifcio o que empiezan
ahora a mostrar sus inquie-
tudes, y llevarlas a escuelas
especiales, o, en su defecto
a cargos de mayor respon-
sabilidad que lo prueben en
el trabajo práctico.
Así hemos ido encontrando
multitud de nuevos cuadros
que se han desarrollado en
estos años; pero su desarro-
llo no ha sido parejo, puesto
que los jóvenes compañeros
se han visto frente a la rea-
lidad de la creación revolu-
cionaria sin una adecuada
orientación de partido. Al-
gunos han triunfado ple-
namente, pero hay muchos
que no pudieron hacerlo
completamente y quedaron
a mitad del camino, o que,
simplemente, se perdieron
en el laberinto burocrático
o en las tentaciones que da
el poder.
Para asegurar el triunfo y
la consolidación total de
la Revolución necesita-
mos desarrollar cuadros de
distintos tipos; el cuadro
político que sea la base de
nuestras organizaciones de
masas, el que oriente a és-
tas a través de la acción del
Partido Unido de la Revo-
lución Socialista (ya se es-
tán empezando a sentar es-
tas bases con las escuelas
nacionales y provinciales
de Instrucción Revolucio-
naria y con los estudios y
círculos de estudios a to-
dos los niveles); también
se necesitan cuadros mili-
tares, para lograr lo cual se
puede utilizar la selección
que hizo la guerra en nues-
tros jóvenes combatientes,
ya que quedó con vida una
buena cantidad sin grandes
conocimientos teóricos
pero probados en el fuego,
probados en las condicio-
nes más duras de la lucha
y de una fdelidad a toda
prueba hacia el régimen
revolucionario, a cuyo na-
cimiento y desarrollo están
íntimamente unidos desde
las primeras guerrillas de
la Sierra. Debemos pro-
mover también cuadros
económicos que se dedi-
El cuadro es la pieza maestra del motor
ideológico que es el Partido Unido de la
Revolución. Es lo que pudiéramos llamar
un tornillo dinámico de este motor; tornillo
en cuanto a pieza funcional que asegura
su correcto funcionamiento, dinámico en
cuanto a que no es un simple trasmisor ha-
cia arriba o hacia abajo de lemas o deman-
das, sino un creador que ayudará al desa-
rrollo de las masas y a la información de
los dirigentes, sirviendo de punto de con-
tacto con aquéllas. Tiene una importante
misión de vigilancia para que no se liquide
el gran espíritu de la Revolución, para que
ésta no duerma, no disminuya su ritmo.
EL TAMAÑO DE LA RESPONSABILIDAD HISTÓRICA
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
5
quen específcamente a las
tareas difíciles de la pla-
neación y a las tareas de
la organización del Estado
socialista en estos momen-
tos de creación. Es necesa-
rio trabajar con los profe-
sionales, impulsando a los
jóvenes a seguir alguna de
las carreras técnicas más
importantes, para tentar de
darle a la ciencia el tono
de entusiasmo ideológico
que garantice un desarrollo
acelerado. Y es imperativo
crear el equipo administra-
tivo que sepa aprovechar y
acoplar los conocimientos
técnicos específcos de los
demás y orientar las empre-
sas y otras organizaciones
del Estado para acoplarlas
al fuerte ritmo de la Revo-
lución. Para todos ellos, el
denominador común es la
claridad política. Esta no
consiste en el apoyo in-
condicional o los postula-
dos de la Revolución, sino
en un apoyo razonado, en
una gran capacidad de sa-
crifcio y en una capacidad
dialéctica de análisis que
permita hacer continuos
aportes, a todos los nive-
les, a la rica teoría y prácti-
ca de la Revolución. Estos
compañeros deben selec-
cionarse de las masas, apli-
cando el principio único de
que el mejor sobresalga y
que al mejor se le den las
mayores oportunidades de
desarrollo.
En todos estos lugares, la
función del cuadro, a pesar
de ocupar frentes distintos,
es la misma. El cuadro es
la pieza maestra del mo-
tor ideológico que es el
Partido Unido de la Re-
volución. Es lo que pudié-
ramos llamar un tornillo
dinámico de este motor;
tornillo en cuanto a pieza
funcional que asegura su
correcto funcionamiento,
dinámico en cuanto a que
no es un simple trasmisor
hacia arriba o hacia abajo
de lemas o demandas, sino
un creador que ayudará al
desarrollo de las masas y a
la información de los diri-
gentes, sirviendo de punto
de contacto con aquéllas.
Tiene una importante mi-
sión de vigilancia para que
no se liquide el gran espí-
ritu de la Revolución, para
que ésta no duerma, no
disminuya su ritmo. Es un
lugar sensible; transmite lo
que viene de la masa y le
infunde lo que orienta el
Partido.
Desarrollar los cuadros, es,
pues, una tarea inaplazable
del momento. El desarro-
llo de los cuadros ha sido
tomado con gran empeño
por el Gobierno revolucio-
nario; con sus programas
de becas siguiendo prin-
cipios selectivos, con los
programas de estudio de
los obreros, dando distin-
tas oportunidades de desa-
rrollo tecnológico, con el
desarrollo de las escuelas
técnicas especiales, con el
desarrollo de las escuelas
secundarias y las universi-
dades abriendo nuevas ca-
rreras, con el desarrollo, en
fn del estudio, el trabajo y
la vigilancia revolucionaria
como lemas de toda nues-
tra patria, basados funda-
mentalmente en la Unión
de Jóvenes Comunistas,
de donde deben salir los
cuadros de todo tipo y aun
los cuadros dirigentes de la
Revolución en el futuro.
Íntimamente ligado al con-
cepto de “cuadro” está el de
la capacidad de sacrifcio,
de demostrar con el propio
ejemplo las verdades y con-
signas de la Revolución. El
cuadro, como dirigente po-
lítico, debe ganarse el res-
peto de los trabajadores con
su acción. Es imprescindi-
ble que cuente con la consi-
deración y el cariño de los
compañeros a quienes debe
guiar por los caminos de
vanguardia.
Por todo ello, no hay me-
jor cuadro que aquel cuya
elección efectúa la masa
en las asambleas que de-
signan los obreros ejem-
plares, los que serán inte-
grados al PURS junto con
los antiguos miembros de
las ORI [Organizaciones
Revolucionarias Integra-
das] que pasen todas las
pruebas selectivas exigi-
das. Al principio consti-
tuirán un partido pequeño,
pero su infuencia entre los
trabajadores será inmen-
sa; luego éste se agranda-
rá cuando el avance de la
conciencia socialista vaya
convirtiendo en una nece-
sidad el trabajo y la entrega
total a la causa del pueblo.
Con dirigentes medios de
esa categoría, las difíciles
tareas que tenemos delan-
te se cumplirán con menos
contratiempos. Luego de
un período de desconcier-
to y de malos métodos
se ha llegado a la polí-
tica justa, la que no será
abandonada jamás. Con
el impulso siempre
renovado de la cla-
se obrera, nutrien-
do con sus fuentes
inagotables las flas
del futuro Par-
tido Unido de
la Revolución
Socialista, y
con la rectoría
de nuestro partido,
entramos de lleno en
la tarea de formación de
cuadros que garanticen el
desarrollo impetuoso de
nuestra Revolución. Hay
que triunfar en el empe-
ño.
Fuente: Che Guevara, Er-
nesto: Obras. 1957-1967,
Casa de las Américas, La
Habana, 1970.
Íntimamente ligado al concepto de “cua-
dro” está el de la capacidad de sacrifcio,
de demostrar con el propio ejemplo las
verdades y consignas de la Revolución. El
cuadro, como dirigente político, debe ga-
narse el respeto de los trabajadores con su
acción. Es imprescindible que cuente con
la consideración y el cariño de los compa-
ñeros a quienes debe guiar por los cami-
nos de vanguardia.
EL TAMAÑO DE LA RESPONSABILIDAD HISTÓRICA
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
6
Un canto a Bolívar
Padre nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire
de toda nuestra extensa latitud silenciosa,
todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada:
tu apellido la caña levanta a la dulzura,
el estaño bolívar tiene un fulgor bolívar,
el pájaro bolívar sobre el volcán bolívar,
la patata, el salitre, las sombras especiales,
las corrientes, las vetas de fosfórica piedra,
todo lo nuestro viene de tu vida apagada,
tu herencia fueron ríos, llanuras, campanarios,
tu herencia es el pan nuestro de cada día, padre.
Tu pequeño cadáver de capitán valiente
ha extendido en lo inmenso su metálica forma,
de pronto salen dedos tuyos entre la nieve
y el austral pescador saca a la luz de pronto
tu sonrisa, tu voz palpitando en las redes.
De qué color la rosa que junto a tu alma alcemos?
Roja será la rosa que recuerde tu paso.
Cómo serán las manos que toquen tu ceniza?
Rojas serán las manos que en tu ceniza nacen.
Y cómo es la semilla de tu corazón muerto?
Es roja la semilla de tu corazón vivo.
Por eso es hoy la ronda de manos junto a ti.
Junto a mi mano hay otra y hay otra junto a ella,
y otra más, hasta el fondo del continente oscuro.
Y otra mano que tú no conociste entonces
viene también, Bolívar, a estrechar a la tuya:
de Teruel, de Madrid, del Jarama, del Ebro,
de la cárcel, del aire, de los muertos de España
llega esta mano roja que es hija de la tuya.
Capitán, combatiente, donde una boca
grita libertad, donde un oído escucha,
donde un soldado rojo rompe una frente parda,
donde un laurel de libres brota, donde una nueva
bandera se adorna con la sangre de nuestra insigne aurora,
Bolívar, capitán, se divisa tu rostro.
Otra vez entre pólvora y humo tu espada está naciendo.
Otra vez tu bandera con sangre se ha bordado.
Los malvados atacan tu semilla de nuevo,
clavado en otra cruz está el hijo del hombre.
Pero hacia la esperanza nos conduce tu sombra,
el laurel y la luz de tu ejército rojo
a través de la noche de América con tu mirada mira.
Tus ojos que vigilan más allá de los mares,
más allá de los pueblos oprimidos y heridos,
más allá de las negras ciudades incendiadas,
tu voz nace de nuevo, tu mano otra vez nace:
tu ejército defende las banderas sagradas:
la Libertad sacude las campanas sangrientas,
y un sonido terrible de dolores precede
la aurora enrojecida por la sangre del hombre.
Libertador, un mundo de paz nació en tus brazos.
La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron,
de nuestra joven sangre venida de tu sangre
saldrán paz, pan y trigo para el mundo que haremos.
Yo conocí a Bolívar una mañana larga,
en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,
Padre, le dije, eres o no eres o quién eres?
Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:
“Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo”.
De Canto General, 1950.
Pablo Neruda
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
7
LA HISTORIA DE LA OPRESIÓN
Las venas abiertas
de América Latina (Fragmento)
Eduardo Galeano
L
a división interna-
cional del trabajo
consiste en que unos
países se especializan en ga-
nar y otros en perder. Nues-
tra comarca del mundo,
que hoy llamamos América
Latina, fue precoz: se espe-
cializó en perder desde los
remotos tiempos en que los
europeos del Renacimien-
to se abalanzaron a través
del mar y le hundieron los
dientes en la garganta. Pa-
saron los siglos y América
Latina perfeccionó sus fun-
ciones Este ya no es el rei-
no de las maravillas donde
la realidad derrotaba a la
fábula y la imaginación era
humillada por los trofeos
de la conquista, los yaci-
mientos de oro y las monta-
ñas de plata. Pero la región
sigue trabajando de sirvien-
ta. Continúa existiendo al
servicio de las necesidades
ajenas, como fuente y re-
serva del petróleo y el hie-
rro, el cobre y la carne, las
frutas y el café, las materias
primas y los alimentos con
destino a los países ricos
que ganan consumiéndo-
los, mucho más de lo que
América Latina gana pro-
duciéndolos. Son mucho
más altos los impuestos
que cobran los comprado-
res que los precios que re-
ciben los vendedores; y al
fn y al cabo, como declaró
en julio de 1968 Covey T.
Oliver, coordinador de la
Alianza para el Progreso,
«hablar de precios justos
en la actualidad es un con-
cepto medieval. Estamos
en plena época de la libre
comercialización...»
Cuanta más libertad se
otorga a los negocios, más
cárceles se hace necesario
construir para quienes pa-
decen los negocios. Nues-
tros sistemas de inquisi-
dores y verdugos no sólo
funcionan para el mercado
externo dominante; propor-
cionan también caudalosos
manantiales de ganancias
que fuyen de los emprés-
titos y las inversiones ex-
tranjeras en los mercados
internos dominados. «Se ha
oído hablar de concesiones
hechas por América Latina
al capital extranjero, pero
no de concesiones hechas
por los Estados Unidos al
capital de otros países...
“Es que nosotros no damos
concesiones”, advertía, allá
por 1913, el presidente nor-
teamericano Woodrow Wil-
son. Él estaba seguro: «Un
país --decía- es poseído y
dominado por el capital que
en él se haya invertido». Y
tenía razón. Por el camino
hasta perdimos el derecho
de llamarnos americanos,
aunque los haitianos y los
cubanos ya habían asoma-
do a la historia, como pue-
blos nuevos, un siglo antes
de que los peregrinos del
Mayfower se establecieran
en las costas de Plymouth.
Ahora América es, para el
mundo, nada más que los
Estados Unidos: nosotros
habitamos, a lo sumo, una
sub-América, una América
de segunda clase, de nebu-
losa identifcación.
Es, América Latina, la re-
gión de las venas abiertas.
Desde el descubrimiento
hasta nuestros días todo se
ha trasmutado siempre en
capital europeo o, más tar-
de, norteamericano, y como
tal se ha acumulado y se
acumula en los lejanos cen-
tros de poder. Todo: la tie-
rra, sus frutos y sus profun-
didades ricas en minerales,
los hombres y su capacidad
de trabajo y de consumo,
los recursos naturales y
los recursos humanos. El
modo de producción y la
estructura de clases de cada
lugar han sido sucesiva-
mente determinados desde
fuera, por su incorporación
al engranaje universal del
capitalismo. A cada cual se
le ha asignado una función,
siempre en benefcio del
desarrollo de la metrópo-
li extranjera de turno, y se
ha hecho infnita la cadena
de las dependencias sucesi-
vas, que tiene mucho más
de dos eslabones, y que por
cierto también comprende,
dentro de América Latina,
la opresión de los países
pequeños por sus vecinos
mayores y, fronteras aden-
tro de cada país, la explo-
tación que las grandes ciu-
dades y los puertos ejercen
sobre sus fuentes internas
de víveres y mano de obra
(Hace cuatro siglos, ya ha-
bían nacido dieciséis de las
veinte ciudades latinoame-
ricanas más pobladas de la
actualidad.)
Para quienes conciben la
historia como una compe-
tencia, el atraso y la miseria
de América Latina no son
otra cosa que el resultado
de su fracaso. Perdimos;
Para quienes conciben la historia como
una competencia, el atraso y la miseria de
América Latina no son otra cosa que el re-
sultado de su fracaso. Perdimos; otros ga-
naron. Pero ocurre que quienes ganaron,
ganaron gracias a que nosotros perdimos:
la historia del subdesarrollo de América
Latina integra, como se ha dicho, la histo-
ria del desarrollo del capitalismo mundial.
Nuestra derrota estuvo siempre implícita
en la victoria ajena; nuestra riqueza ha
generado siempre nuestra pobreza para
alimentar la prosperidad de otros: los im-
perios y sus caporales nativos.
Introducción:
Ciento veinte
millones de
niños
en el centro de
la tormenta.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
8
otros ganaron. Pero ocurre
que quienes ganaron, gana-
ron gracias a que nosotros
perdimos: la historia del
subdesarrollo de América
Latina integra, como se ha
dicho, la historia del desa-
rrollo del capitalismo mun-
dial. Nuestra derrota estuvo
siempre implícita en la vic-
toria ajena; nuestra riqueza
ha generado siempre nues-
tra pobreza para alimentar
la prosperidad de otros: los
imperios y sus caporales
nativos. En la alquimia co-
lonial y neo-colonial, el oro
se transfgura en chatarra, y
los alimentos se convierten
en veneno. Potosí, Zacate-
cas y Ouro Preto cayeron
en picada desde la cumbre
de los esplendores de los
metales preciosos al pro-
fundo agujero de los soca-
vones vacíos, y la ruina fue
el destino de la pampa chi-
lena del salitre y de la sel-
va amazónica del caucho;
el nordeste azucarero de
Brasil, los bosques argenti-
nos del quebracho o ciertos
pueblos petroleros del lago
de Maracaibo tienen dolo-
rosas razones para creer en
la mortalidad de las fortunas
que la naturaleza otorga y
el imperialismo usurpa. La
lluvia que irriga a los cen-
tros del poder imperialista
ahoga los vastos suburbios
del sistema. Del mismo
modo, y simétricamente, el
bienestar de nuestras clases
dominantes - dominantes
hacia dentro, dominadas
desde fuera- es la maldi-
ción de nuestras multitudes
condenadas a una vida de
bestias de carga.
La brecha se extiende. Ha-
cía mediados del siglo an-
terior, el nivel de vida de
los países ricos del mundo
excedía en un cincuenta
por ciento el nivel de los
países pobres. El desarrollo
desarrolla la desigualdad:
Richard Nixon anunció, en
abril de 1969, en su discur-
so ante la OEA, que a fnes
del siglo veinte el ingreso
per capita en Estados Uni-
dos será quince veces más
alto que el ingreso en Amé-
rica Latina. La fuerza del
conjunto del sistema impe-
rialista descansa en la ne-
cesaria desigualdad de las
partes que lo forman, y esa
desigualdad asume magni-
tudes cada vez más dramá-
ticas. Los países opresores
se hacen cada vez más ricos
en términos absolutos, pero
mucho más en términos re-
lativos, por el dinamismo
de la disparidad creciente.
El capitalismo central pue-
de darse el lujo de crear y
creer sus propios mitos de
opulencia, pero los mitos
no se comen, y bien lo sa-
ben los países pobres que
constituyen el vasto capita-
lismo periférico. El ingreso
promedio de un ciudadano
norteamericano es siete ve-
ces mayor que el de un la-
tinoamericano y aumenta
a un ritmo diez veces más
intenso. Y los promedios
engañan, por los insonda-
bles abismos que se abren,
al sur del río Bravo, entre
los muchos pobres y los
pocos ricos de la región. En
la cúspide, en efecto, seis
millones de latinoameri-
canos acaparan, según las
Naciones Unidas, el mismo
ingreso que ciento cuarenta
millones de personas ubica-
das en la base de la pirámi-
de social. Hay sesenta mi-
llones de campesinos cuya
fortuna asciende a veinti-
cinco centavos de dólar por
día; en el otro extremo los
proxenetas de la desdicha
se dan el lujo de acumular
cinco mil millones de dóla-
res en sus cuentas privadas
de Suiza o Estados Unidos,
y derrochan en la ostenta-
ción y el lujo estéril -ofensa
y desafío- y en las inver-
siones improductivas, que
constituyen nada menos
que la mitad de la inversión
total, los capitales que Amé-
rica Latina podría destinar
a la reposición, ampliación
y creación de fuentes de
producción y de trabajo. In-
corporadas desde siempre
a la constelación del poder
imperialista, nuestras cla-
ses dominantes no tienen el
menor interés en averiguar
si el patriotismo podría re-
sultar más rentable que la
traición o si la mendicidad
es la única forma posible de
la política internacional. Se
hipoteca la soberanía por-
que «no hay otro camino»;
las coartadas de la oligar-
quía confunden interesada-
mente la impotencia de una
clase social con el presunto
vatio de destino de cada na-
ción.
Josué de Castro declara:
«Yo, que he recibido un
premio internacional de la
paz, pienso que, infeliz-
mente, no hay otra solución
que la violencia para Amé-
rica Latina».
Ciento veinte millones de
niños se agitan en el centro
de esta tormenta. La pobla-
ción de América Latina cre-
ce como ninguna otra; en
medio siglo se triplicó con
creces. Cada minuto muere
un niño de enfermedad o de
hambre, pero en el año 2000
habrá seiscientos cincuenta
millones de latinoamerica-
nos, y la mitad tendrá menos
de quince años de edad: una
bomba de tiempo. Entre los
doscientos ochenta millones
de latinoamericanos hay,
a fnes de 1970, cincuenta
millones de desocupados o
sub-ocupados y cerca de cien
millones de analfabetos; la
mitad de los latinoamerica-
nos vive apiñada en vivien-
das insalubres. Los tres ma-
yores mercados de América
Latina -Argentina, Brasil y
México- no alcanzan a igua-
lar, sumados, la capacidad
de consumo de Francia o de
Alemania occidental, aun-
que la población reunida de
nuestros tres grandes excede
largamente a la de cualquier
LA HISTORIA DE LA OPRESIÓN
¿Tenemos todo prohibido, salvo cruzarnos de brazos? La pobre-
za no está escrita en los astros; el subdesarrollo no es el fruto de
un oscuro designio de Dios. Corren años de revolución, tiempos
de redención. Las clases dominantes ponen las barbas en remo-
jo, y a la vez anuncian el inferno para todos. En cierto modo, la
derecha tiene razón cuando se identifca a sí misma con la tran-
quilidad y el orden: es el orden, en efecto, de la cotidiana hu-
millación de las mayorías, pero orden al fn: la tranquilidad de
que la injusticia siga siendo injusta y el hambre hambrienta. Si
el futuro se transforma en una caja de sorpresas, el conservador
grita, con toda razón: «Me han traicionado».
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
9
LA HISTORIA DE LA OPRESIÓN
país europeo. América Lati-
na produce hoy día, en rela-
ción con la población, me-
nos alimentos que antes de
la última guerra mundial, y
sus exportaciones per capita
han disminuido tres veces, a
precios constantes, desde la
víspera de la crisis de 1929.
El sistema es muy racional
desde el punto de vista de
sus dueños extranjeros y de
nuestra burguesía de comi-
sionistas, que ha vendido el
alma al Diablo a un precio
que hubiera avergonzado a
Fausto. Pero el sistema es
tan irracional para todos los
demás que cuanto más se
desarrolla más agudiza sus
desequilibrios y sus tensio-
nes, sus contradicciones ar-
dientes. Hasta la industriali-
zación, dependiente y tardía,
que cómodamente coexiste
con el latifundio y las es-
tructuras de la desigualdad,
contribuye a sembrar la des-
ocupación en vez de ayudar
a resolverla; se extiende la
pobreza y se concentra la
riqueza en esta región que
cuenta con inmensas legio-
nes de brazos caídos que se
multiplican sin descanso.
Nuevas fábricas se instalan
en los polos privilegiados
de desarrollo -São Paulo,
Buenos Aires, la ciudad de
México- pero menos mano
de obra se necesita cada
vez. El sistema no ha pre-
visto esta pequeña molestia:
lo que sobra es gente. Y la
gente se reproduce. Se hace
el amor con entusiasmo y
sin precauciones. Cada vez
queda más gente a la vera
del camino, sin trabajo en
el campo, donde el latifun-
dio reina con sus gigantes-
cos eriales, y sin trabajo en
la ciudad, donde reinan las
máquinas: el sistema vomi-
ta hombres. Las misiones
norteamericanas esterilizan
masivamente mujeres y
siembran píldoras, diafrag-
mas, espirales, preservati-
vos y almanaques marca-
dos, pero cosechan niños;
porfadamente, los niños
latinoamericanos continúan
naciendo, reivindicando su
derecho natural a obtener un
sitio bajo el sol en estas tie-
rras espléndidas que podrían
brindar a todos lo que a casi
todos niegan.
A principios de noviembre
de 1968, Richard Nixon
comprobó en voz alta que
la Alianza para el Progreso
había cumplido siete años
de vida y, sin embargo, se
habían agravado la desnu-
trición y la escasez de ali-
mentos en América Latina.
Pocos meses antes, en abril,
George W. Ball escribía en
Life: «Por lo menos duran-
te las próximas décadas, el
descontento de las naciones
más pobres no signifcará
una amenaza de destrucción
del mundo. Por vergonzoso
que sea, el mundo ha vivi-
do, durante generaciones,
dos tercios pobre y un tercio
rico. Por injusto que sea, es
limitado el poder de los paí-
ses pobres». Ball había enca-
bezado la delegación de los
Estados Unidos a la Primera
Conferencia de Comercio
y Desarrollo en Ginebra, y
había votado contra nueve
de los doce principios gene-
rales aprobados por la con-
ferencia con el fn de aliviar
las desventajas de los países
subdesarrollados en el co-
mercio internacional. Son
secretas las matanzas de la
miseria en América Latina;
cada año estallan, silencio-
samente, sin estrépito algu-
no, tres bombas de Hiroshi-
ma sobre estos pueblos que
tienen la costumbre de sufrir
con los dientes apretados.
Esta violencia sistemática,
no aparente pero real, va en
aumento: sus crímenes no se
difunden en la crónica roja,
sino en las estadísticas de la
FAO. Ball dice que la im-
punidad es todavía posible,
porque los pobres no pue-
den desencadenar la guerra
mundial, pero el Imperio se
preocupa: incapaz de mul-
tiplicar los panes, hace lo
posible por suprimir a los
comensales. «Combata la
pobreza, ¡mate a un mendi-
go!», garabateó un maestro
del humor negro sobre un
muro de la ciudad de La Paz.
¿Qué se proponen los here-
deros de Malthus sino matar
a todos los próximos men-
digos antes de que nazcan?
Robert McNamara, el pre-
sidente del Banco Mundial
que había sido presidente de
la Ford y Secretario de De-
fensa, afrma que la explo-
sión demográfca constituye
el mayor obstáculo para el
progreso de América Lati-
na y anuncia que el Banco
Mundial otorgará prioridad,
en sus préstamos, a los paí-
ses que apliquen planes para
el control de la natalidad.
McNamara comprueba con
lástima que los cerebros de
los pobres piensan un vein-
ticinco por ciento menos, y
los tecnócratas del Banco
Mundial (que ya nacieron)
hacen zumbar las computa-
doras y generan complica-
dísimos trabalenguas sobre
las ventajas de no nacer: «Si
un país en desarrollo que
tiene una renta media per
capita de 150 a 200 dólares
anuales logra reducir su fer-
tilidad en un 50 por ciento
en un período de 25 años, al
cabo de 30 años su renta per
capita será superior por lo
menos en un 40 por ciento al
nivel que hubiera alcanzado
de lo contrario, y dos veces
más elevada al cabo de 60
años», asegura uno de los
documentos del organismo.
Se ha hecho célebre la frase
de Lyndon Jonson: «Cinco
dólares, invertidos contra
el crecimiento de la pobla-
ción son más efcaces que
cien dólares invertidos en
el crecimiento económico».
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
10
Dwight Eisenhower pronos-
ticó que si los habitantes de
la tierra seguían multipli-
cándose al mismo ritmo no
sólo se agudizaría el peligro
de la revolución, sino que
además se produciría «una
degradación del nivel de
vida de todos los pueblos, el
nuestro inclusive».
Los Estados Unidos no su-
fren, fronteras adentro, el
problema de la explosión
de la natalidad, pero se
preocupan como nadie por
difundir e imponer, en los
cuatro puntos cardinales, la
planifcación familiar. No
sólo el gobierno; también
Rockefeller y la fundación
Ford padecen pesadillas con
millones de niños que avan-
zan, como langostas, desde
los horizontes del Tercer
Mundo. Platón y Aristóteles
se habían ocupado del tema
antes que Malthus y Mc-
Namara; sin embargo, en
nuestros tiempos, toda esta
ofensiva universal cumple
una función bien defnida:
se propone justifcar la muy
desigual distribución de la
renta entre los países y en-
tre las clases sociales, con-
vencer a los pobres de que
la pobreza es el resultado
de los hijos que no se evitan
y poner un dique al avance
de la furia de las masas en
movimiento y rebelión. Los
dispositivos intrauterinos
compiten con las bombas
y la metralla, en el sudeste
asiático, en el esfuerzo por
detener el crecimiento de la
población de Vietnam. En
América Latina resulta más
higiénico y efcaz matar a
los guerrilleros en los úteros
que en las sierras o en las
calles. Diversas misiones
norteamericanas han esteri-
lizado a millares de muje-
res en la Amazonia, pese a
que ésta es la zona habitable
más desierta del planeta. En
la mayor parte de los países
latinoamericanos, la gente
no sobra: falta. Brasil tiene
38 veces menos habitantes
por kilómetro cuadrado que
Bélgica; Paraguay, 49 veces
menos que
Inglaterra; Perú, 32 veces
menos que Japón. Haití y
El Salvador, hormigueros
humanos de América Lati-
na, tienen una densidad de
población menor que la de
Italia. Los pretextos invoca-
dos ofenden la inteligencia;
las intenciones reales en-
cienden la indignación. Al
fn y al cabo, no menos de
la mitad de los territorios de
Argentina, Bolivia, Brasil,
Chile, Ecuador, Paraguay y
Venezuela está habitada por
nadie. Ninguna población
latinoamericana crece me-
nos que la del Uruguay, país
de viejos, y sin embargo
ninguna otra nación ha sido
tan castigada, en los años
recientes, por una crisis que
parece arrastrarla al último
círculo de los infernos.
Uruguay está vacío y sus
praderas fértiles podrían dar
de comer a una población
infnitamente mayor que la
que hoy padece, sobre su
suelo, tantas penurias.
Hace más de un siglo, un
canciller de Guatemala había
sentenciado proféticamente:
«Sería curioso que del seno
mismo de los Estados Uni-
dos, de donde nos viene el
mal, naciese también el re-
medio». Muerta y enterrada
la Alianza para el Progreso,
el Imperio propone ahora,
con más pánico que gene-
rosidad, resolver los pro-
blemas de América Latina
eliminando de antemano a
los latinoamericanos. En
Washington tienen ya mo-
tivos para sospechar que los
pueblos pobres no preferen
ser pobres. Pero no se puede
querer el fn sin querer los
medios: quienes niegan la
liberación de América Lati-
na, niegan también nuestro
único renacimiento posible,
y de paso absuelven a las
estructuras en vigencia. Los
jóvenes se multiplican, se
levantan, escuchan: ¿qué les
ofrece la voz del sistema?
El sistema habla un lengua-
je surrealista: propone evitar
los nacimientos en estas tie-
rras vacías; opina que faltan
capitales en países donde los
capitales sobran pero se des-
perdician; denomina ayuda
a la ortopedia deformante de
los empréstitos y al drenaje
de riquezas que las inversio-
nes extranjeras provocan;
convoca a los latifundistas
a realizar la reforma agraria
y a la oligarquía a poner en
práctica la justicia social. La
lucha de clases no existe -se
decreta- más que por culpa
de los agentes foráneos que
la encienden, pero en cam-
bio existen las clases socia-
les, y a la opresión de unas
por otras se la denomina el
estilo occidental de vida.
Las expediciones crimina-
les de los marines tienen por
objeto restablecer el orden
y la paz social, y las dicta-
duras adictas a Washington
fundan en las cárceles el es-
tado de derecho y prohíben
las huelgas y aniquilan los
sindicatos para proteger la
libertad de trabajo.
¿Tenemos todo prohibido,
salvo cruzarnos de brazos?
La pobreza no está escrita
en los astros; el subdesarro-
llo no es el fruto de un oscu-
ro designio de Dios. Corren
años de revolución, tiempos
de redención. Las clases do-
minantes ponen las barbas
en remojo, y a la vez
anuncian el inferno
para todos. En
cierto modo,
la derecha
t i e n e
r a -
zón cuando se identifca a
sí misma con la tranquilidad
y el orden: es el orden, en
efecto, de la cotidiana hu-
millación de las mayorías,
pero orden al fn: la tran-
quilidad de que la injusti-
cia siga siendo injusta y el
hambre hambrienta. Si el
futuro se transforma en una
caja de sorpresas, el conser-
vador grita, con toda razón:
«Me han traicionado». Y los
ideólogos de la impotencia,
los esclavos que se miran a
sí mismos con los ojos del
amo, no demoran en hacer
escuchar sus clamores. El
águila de bronce del Maine,
derribada el día de la victo-
ria de la revolución cubana,
yace ahora abandonada, con
las alas rotas, bajo un portal
del barrio viejo de La Haba-
na. Desde Cuba en adelan-
te, también otros países han
iniciado por distintas vías y
con distintos medios la ex-
periencia del cambio: la per-
petuación del actual orden
de cosas es la perpetuación
del crimen. Los fantasmas
de todas las revoluciones
estranguladas o traiciona-
das a lo largo de la tortura-
da historia latinoamericana
se asoman en las nuevas
experiencias, así como los
tiempos presentes habían
sido presentidos y en-
gendrados por las
contradicciones
del pasado.
La historia
es un
pr o-
feta con la mirada vuelta
hacia atrás: por lo que fue,
y contra lo que fue, anuncia
lo que será. Por eso en este
libro, que quiere ofrecer una
historia del saqueo y a la
vez contar cómo funcionan
los mecanismos actuales del
despojo, parecen los con-
quistadores en las carabe-
las y, cerca, los tecnócratas
en los jets, Hernán Cortés y
los infantes de marina, los
corregidores del reino y las
misiones del Fondo Mone-
tario Internacional, los di-
videndos de los trafcantes
de esclavos y las ganancias
de la General Motors. Tam-
bién los héroes derrotados
y las revoluciones de nues-
tros días, las infamias y las
esperanzas muertas y resu-
rrectas: los sacrifcios fe-
cundos. Cuando Alexander
von Humboldt investigó las
costumbres de los antiguos
habitantes indígenas de las
mesetas de Bogotá, supo
que los indios llamaban qui-
hica a las víctimas de las ce-
remonias rituales. Quihica
signifcaba puerta: la muerte
de cada elegido abría un
nuevo ciclo de ciento
ochenta y cinco
lunas.
LA HISTORIA DE LA OPRESIÓN
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
11
El manejo político de la historia
indígena venezolana

LA HISTORIA DE LA DOMINACIÓN HA COMENZADO POR INVISIBILIZAR NUESTROS PUEBLOS.
L
a historiografía tra-
dicional venezolana
-según Vargas-Are-
nas (1995: 48-49)- ha pre-
sentado, generalmente, la
historia de la nación, como
una serie de períodos más
o menos desconectados ta-
les como pre-colombino,
colonial, republicano y era
contemporánea, explicados,
a su vez, por bloques autó-
nomos de conocimiento: la
antropología, la historia, la
sociología, etc. Los cambios
históricos que ocurren en un
período y sus consecuencias
aparecen como conectados
de manera muy tenue con los
acaecidos en períodos ante-
riores o en los posteriores,
excepto en su precedencia
o subsecuencia cronológica.
La alienación que se sus-
tenta en la incomprensión
y el manejo de la historia,
pretende que los factores
causales, las transformacio-
nes, así como los efectos no
poseen un encadenamiento
lógico. La historia se con-
vierte así en una acumula-
ción de experiencias que no
poseen vinculación alguna
con la situación contempo-
ránea y mucho menos con
las transformaciones futuras
Como resultado, las histo-
rias ofciales del período
colonial proporcionan, en
el mejor de los casos, dis-
cusiones superfciales so-
bre las relaciones entre sus
sujetos y lo que ocurrió en
tiempos pre-coloniales, en
tanto que los trabajos de los
arqueólogos muy raramen-
te consideran lo que suce-
dió después de 1500 d.C.
(v.g. Cruxent y Rouse 1961,
Rouse y Cruxent 1963, Mo-
rón 1971). Una vez que el
pasado histórico ha sido
congelado en forma de roda-
jas, la experiencia social del
pasado no es de mucha utili-
dad para la comprensión del
presente o del futuro, excep-
to para proveer referencias
míticas o telones de fondo
que ilustran el progreso de
la sociedad.
La manipulación política
de la historia venezolana
supone también la susten-
tación de los mecanismos
de poder en sus dos vertien-
tes: política y social, y lo
que hace posible ese poder
es el orden social clasista
que descansa en el dominio
económico. Lo relevante de
ese proceso se sustenta en
los privilegios de una bur-
guesía que necesita alienar,
descalifcar históricamente
a los demás habitantes del
país, para poder actuar de
manera hegemónica. Es de
esta manera, como la ideo-
logía ha cumplido un papel
estratégico en la estructura-
ción del poder y en el sos-
tenimiento y reproducción
de dicho poder. Es por ello
que las historias ofciales,
lamentablemente, también
proyectan hacia los vene-
zolanos imágenes negativas
sobre sus orígenes sociales:
el salvajismo y la pereza de
los indios, la herencia escla-
vista y la vulgaridad de los
negros, o la indisciplina y la
corrupción moral aportada
por los castellanos (Vargas-
Arenas 1995: 49). Conse-
cuentemente, es difícil en
Venezuela publicar o dise-
minar ideas que presenten
puntos de vista alternativos
que cuestionen la hegemo-
nía clasista existente. Ello
explica no solamente el que
no existan museos nacio-
nales de historia o antropo-
logía, sino sólo museos de
arte, sino también el que los
textos que sostienen pers-
pectivas críticas en teoría
social y los que se funda-
mentan en investigaciones
históricas y arqueológicas
que cuestionan la ideología
hegemónica de las historias
ofciales, no hayan llegado a
ser integrados -todavía- en
la enseñanza que se imparte
en las escuelas y liceos de
Venezuela. El resultado de
dicho proceso, hasta el pre-
sente, ha sido el empobre-
cimiento de la información
y de la formación sobre la
historia nacional, reducida
a un discurso desorientador
que separa y antagoniza al
estudiante y al ciudadano
común de su propia géne-
sis como pueblo (Vargas-
Arenas y Sanoja 1993: 67,
Vargas Arenas 1999).
Una prueba evidente de lo
anteriormente expuesto, es
la manera como las histo-
rias ofciales han converti-
do la génesis de la nación
venezolana en el producto
de una contingencia históri-
ca: la arribada de Cristóbal
Colón a las costas de Paria
en 1499. Tal interpretación
de los orígenes de la Nación
deja fuera de toda conside-
ración a los miles de años de
vida social organizada, a la
creatividad desplegada por
los aborígenes venezolanos
en diferentes campos de la
tecnología y etnociencia
antes de 1499 (Vargas-Are-
nas 1995:56). Durante esos
14000 años de historia no
reconocida por las historias
ofciales, nuestra sociedad
india, que poblaba las dife-
rentes regiones del territorio
que hoy constituye nuestro
país, estableció las bases hu-
manas y materiales sobre las
cuales se erigiría posterior-
mente la sociedad nacional:
1.un paisaje cultural, un es-
La manipulación política de la historia ve-
nezolana supone también la sustentación
de los mecanismos de poder en sus dos
vertientes: política y social, y lo que hace
posible ese poder es el orden social clasis-
ta que descansa en el dominio económico.
Lo relevante de ese proceso se sustenta en
los privilegios de una burguesía que nece-
sita alienar, descalifcar históricamente a
los demás habitantes del país, para poder
actuar de manera hegemónica.
Mario Sanoja- Iraida Vargas-Arenas. (2007)
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
12
pacio geográfco humaniza-
do en el cual existían aldeas
y pueblos de diversas mag-
nitudes espaciales y demo-
gráfcas, que sirvió de refe-
rencia para delimitar,
2.itinerarios de viaje mar-
cados por senderos cuyo
trazado sirvió de base a las
caminerías coloniales y pos-
teriormente a la actual viali-
dad moderna,
3.modos y dispositivos
para el acarreo terrestre y el
transporte fuvial, los cuales
todavía constituyen en mu-
chas regiones del país, la
base del transporte fuvial y
marítimo y de la pesca arte-
sanal,
4.tradiciones técnicas para
el trabajo agrícola, la caza,
la pesca y la recolección, el
trabajo de la piedra y la ma-
dera,
5.conocimientos sobre el
cultivo y la domesticación
de plantas útiles tanto para
la alimentación como para
usos medicinales,
6.conocimientos de etno-
medicina para la utilización
curativa de plantas medici-
nales, alucinógenos, resinas,
etc.,
7.conocimientos de etnoa-
gronomía para domesticar
plantas silvestres modif-
cando artifcialmente sus
sistemas de reproducción
natural,
8.tradiciones técnicas para
la fabricación de textiles:
telas de algodón, hamacas,
chinchorros, cestas para la
pesca, para el acarreo y el al-
macenamiento de productos
diversos, las cuales todavía
son utilizadas por la pobla-
ción venezolana en muchas
regiones del país,
9.tradiciones técnicas alfa-
reras para la fabricación de
vajillas y otros enseres uti-
lizados para almacenar agua
y sólidos, cocinar y consu-
mir los alimentos y llevar a
cabo funciones rituales,
10.técnicas para preservar
los alimentos vegetales o
animales, para transformar
la materia prima vegetal
en alimentos culturalmente
producidos,
11.tradiciones arquitectó-
nicas para la fabricación
de viviendas de habitación,
para el diseño estructural y
funcional de sus espacios
interiores y la distribución
del mobiliario y enseres uti-
lizados en la vida cotidiana,
12.tradiciones técnicas para
la construcción de estructu-
ras de terracería: montícu-
los, terraplenes, pirámides,
terrazas o andenes para el
cultivo en pendiente, siste-
mas de canales de riego uti-
lizando las pendientes y de
reservorios o “estanques”
para almacenar las reservas
de agua,
13.conocimientos de mecá-
nica y balística para fabricar
arcos, fechas, cerbatanas,
dardos; utilización del prin-
cipio del resorte para fabri-
car sebucanes, trampas para
la caza de pequeños mamí-
feros.
En el campo de la orga-
nización social y política,
aspecto más relevante del
desarrollo sociohistórico al-
canzado por las sociedades
aborígenes, podemos ob-
servar que, para el siglo XV
de la era, en algunas de las
regiones geohistóricas nues-
tras etnias habían consolida-
do la formación de extensos
y complejos señoríos (Sano-
ja y Vargas Arenas 1992a:
189-190), sociedades muy
jerarquizadas con un locus
de poder centralizado, acu-
mulación de fuerza de tra-
bajo, regadío y cultivo en
terrazas, pago de tributos
al Señor por parte de las al-
deas, producción artesanal e
intercambio y distribución
de bienes terminados entre
las diferentes comunidades
que integraban el circuito de
relaciones políticas.
Lo anterior demuestra que
la implantación de la pre-
sencia castellana en el terri-
torio que era propiedad de
las etnias indígenas venezo-
lanas, no se hizo en un vacío
social y cultural sino, por
el contrario, apropiándose
de sus territorios al mismo
tiempo que de todos sus co-
nocimientos y experiencias
milenarias que habían hecho
posible la vida social orga-
nizada de las comunidades
humanas aborígenes. Fue
gracias a ello que pudieron
los castellanos construir una
base de poder para lograr,
posteriormente, dominar y
controlar las comunidades
aborígenes y transformarlas
en una clase social domi-
nada o subordinada. Sin el
concurso y apoyo forzado de
las sociedades autóctonas,
el experimento de conquis-
ta y colonización castellana
no habría sido posible. La
Nación venezolana, como
proceso histórico, tiene sus
raíces en las comunidades
arcaicas que habitaron y de-
sarrollaron su actual territo-
rio antes de 1500 d.C.
La conquista y la coloniza-
ción del territorio que ocu-
paban y usufructuaban las
etnias aborígenes venezola-
nas no se caracterizó por la
imposición mecánica de la
cultura y las instituciones
sociales castellanas sobre
las poblaciones indígenas
sojuzgadas, ya que las con-
diciones históricas particu-
lares de las diversas etnias
conquistadas determinaron
un conjunto de variantes so-
ciales que fueron moldean-
do ciertas formas de inci-
piente nacionalidad. En las
regiones de Iberoamérica
donde ya existían Estados e
imperios aborígenes, como
fue particularmente el caso
de Perú y México y de cierta
manera Colombia y el norte
de Argentina, donde las po-
blaciones indígenas ya es-
taban organizadas política,
social y económicamente,
se crearon virreinatos que
tenían un territorio defni-
do, poblaciones que com-
partían una comunidad de
origen y destino, así como
una lengua ofcial que había
sido impuesta por las clases
dominantes de los antiguos
Estados aborígenes.
En los territorios como Ve-
nezuela, donde para 1500
d.C., coexistían pobla-
ciones que tenían diver-
sos niveles de desarrollo
sociohistórico dentro de
la Formación Social Tri-
bal (Vargas Arenas 1990),
el imperio español se vio
forzado a crear otros siste-
mas de organización polí-
tica del territorio y de las
poblaciones indígenas. De
cierta manera, las fronteras
de las provincias en las que
fue dividido el territorio
venezolano, respondían a
las regiones geohistóricas
que habían sido moldeadas
por la dinámica histórica
de las misma sociedad tri-
bal desde el último milenio
antes de la era cristiana.
La imposición de las ins-
tituciones españolas sobre
aquella diversidad de for-
mas sociales no produjo,
contrariamente a lo que ar-
gumenta la historia ofcial,
una unidad social y cultural
monolítica en las poblacio-
nes indígenas dominadas.
Por el contrario, estimuló
las diferencias regionales
y formalizó al interior de
cada provincia la creación
de élites de poder local, las
cuales funcionaban de facto
como unidades autónomas,
como suertes de “nacio-
nalidades” cuyas raíces se
afncaban en las profundas
particularidades regionales
que habían caracterizado
la historia de la población
autóctona venezolana hasta
el 1500 de la era (Vargas-
Arenas y Sanoja 199.
las historias ofciales han convertido la
génesis de la nación venezolana en el
producto de una contingencia histórica:
la arribada de Cristóbal Colón a las
costas de Paria en 1499. Tal interpreta-
ción de los orígenes de la Nación deja
fuera de toda consideración a los miles
de años de vida social organizada, a la
creatividad desplegada por los aboríge-
nes venezolanos
Durante esos 14000
años de historia no
reconocida por las
historias ofciales,
nuestra sociedad in-
dia, que poblaba las
diferentes regiones
del territorio que
hoy constituye nues-
tro país, estableció
las bases humanas y
materiales sobre las
cuales se erigiría
posteriormente la
sociedad nacional
LA HISTORIA DE LA DOMINACIÓN HA COMENZADO POR INVISIBILIZAR NUESTROS PUEBLOS.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
13
LOS IMPERIOS NO SOLO DESHUMANIZAN LAS CIVILIZACIONES QUE PRETENDEN HACER PRESAS. LAS INVISIBILIZAN,
COMO PROCURANDO BORRAR DE LA MEMORIA DE LOS PUEBLOS SU PROPIO ROSTRO, SU IDENTIDAD
El Origen de “Monos”
y “Escuálidos”
Mario Sanoja- Iraida Vargas-Arenas.
E
n la jerga popular
que distingue al sec-
tor de la población
denominado “escuálidos”,
el vocablo “mono” se utili-
za para designar al 80% de
la población venezolana ex-
cluida y pobre, particular-
mente aquella que vive en
los ghettos urbanos, confor-
mada por mestizos, negros
y blancos pobres pertene-
cientes a los estratos C, D
y E según las encuestadoras
de la opinión pública.
Una mirada científca hacia
el pasado de nuestro pue-
blo, nos permitiría apreciar
que los llamados “monos”
no constituyen una excre-
cencia natural, que su con-
dición sociocultural no es
un accidente histórico, y
que su existencia no es pro-
ducto de las malas inten-
ciones del Presidente Hugo
Chávez hacia la clase media
y la clase alta. Los “monos”
han estado aquí desde los
orígenes más remotos de la
Nación venezolana, traba-
jando en nuestras casas y
en nuestras empresas, solo
que la historia escrita para
complacencia de la oligar-
quía los ha ignorado siste-
máticamente, considerán-
dolos como cosas naturales
o, en el mejor caso, simples
untermenschen, sub-huma-
nos, idea que en la sociedad
venezolana ha permitido
justifcar, durante siglos, la
explotación y la sujección
de los indios, mestizos, ne-
gros y blancos pobres a las
condiciones de vida más
abyectas y degradantes. En
ciertas peluquerías del su-
reste de Caracas, las charlas
cotidianas de las clientes,
acomodadas señoras de las
clases A o B, denigran y
deasbarran sistemáticamen-
te --en voz-- alta del “Mono
Chávez” y de los monos en
general, sin reparar que las
cosas negras, que les lavan
los cabellos y les hacen la
pedicura son “monos” que
habitan –-por ejemplo-- en
barriadas populares como
Santa Cruz o Las Minas,
son las “cachifas” que les
cuidan los hijos, les coci-
nan la comida, les lavan la
ropa de sus familias y les
mantienen sus jardines.
Con base a investigaciones
genéticas, dos científcos,
Miguel Layrisse, venezo-
lano, y Johannes Wilbert,
norteamericano (1) estudia-
ron el poblamiento original
de América, estableciendo
la presencia negativa (Di-)
o positiva (Di+) de un fac-
tor sanguíneo denomina-
do Diego, como elemento
que permite discriminar en
las poblaciones actuales su
relación con las diferentes
oleadas de población hu-
mana, paleomongoloides
y neomongoloides que ha-
brían pasado desde Asia a
América, la primera hace
unos 30.000 años. y la se-
gunda hace unos 10.000
años. Los ancestros de los
“monos”, que lo son tam-
bién de los “escuálidos”,
llegaron al territorio de la
actual Venezuela hacia f-
Para inicios de la era cristiana, la antigua sociedad indìgena
larense ya había inventado y diseñado sistemas de regadío y
conformado sociedades política y socialmente muy complejas
que culminarían, en el siglo XVI, en extensos señoríos como el
de los caquetío cuyo dominio alcanzaba desde el litoral caribe
falconiano hasta los llanos de Apure (4) Los pueblos arawako y
caribe desarrollaron también procesos civilizatorios similares en
la cuenca del Lago de Valencia, en la cuenca del Lago de Mara-
caibo, en la región andina, en el Bajo Caroní y el Bajo Orinoco y
en la costa de Paria, que culminaron con la colonización de todo
el territorio de la actual Venezuela.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
14
nales del período Pleistoce-
no, es decir, unos 15000 a
12000. años antes de ahora.
Estos grupos humanos eran
descendientes de las an-
tiguas poblaciones paleo-
mongoloides que entraron
a Suramérica alrededor de
23.000 años antes del pre-
sente, cuyo modo de vida
se distinguía por una tec-
noeconomía generalizada
de caza, pesca y recolec-
ción. Pertenecían a un stock
humano cuyo habitat se ex-
tendía desde el Orinoco, Ve-
nezuela, hasta los actuales
estados de Santa Catarina y
Río Grande do Sul, Brasil.
Sus testimonios culturales
han sido hallados –-en Ve-
nezuela-- a lo largo de las
subcuencas del río Caroní,
Bajo Orinoco y en el Alto
Orinoco, en la región de
Paria, noreste de Venezue-
la, y en los valles de los
actuales estados Falcón y
Lara. Relictos de aquellas
antiguas poblaciones pa-
leomongoloides serían la
etnia guarao del Delta del
Orinoco (100% Di(a-) y la
etnia yanomama (Waicas,
Sanema), de Venezuela y
Brasil (94-100 Di(a-). Ha-
cia el año 4200 antes del
presente, los paleoguaraos
que habitaban alrededor
de la laguna de Campoma,
estado Sucre, descubrieron
la domesticación y el culti-
vo de plantas comestibles,
posiblemente el ocumo y la
yuca, entre otras, iniciando
una fase de vida seden-
taria, cuya consolidación
tuvo gran infuencia sobre
el curso de la historia del
noreste de Venezuela y las
Grandes Antillas (2)
Hacia comienzos del Ple-
ristoceno o período actual,
hace 10.000 a 8.000 años,
una segunda oleada hu-
mana de neomongoloides
Di(a+) habría atravesado
desde Asia hacia América,
donde los paleomongo-
loides Di(a-) de la prime-
ra oleada de población ya
habían adquirido carta de
nacionalidad suramericana,
difundiéndose luego desde
Norteamérica hacia Sura-
mérica, colonizando la cos-
ta del Pacífco y los Andes,
donde sus representantes
son los pueblos quechua y
aymara. Los primeros asen-
tamientos neomongoloides
amazónicos se establecie-
ron en el piedemonte an-
dino, habitado por pueblos
de habla Ge-Pano-Caribe
y Macro-Arawakos. Desde
ambas regiones, se produ-
jeron movimientos migra-
torios hacia lo que es hoy
Venezuela, de manera que
las antiguas poblaciones
agroalfareras del occidente
del país, emparentadas con
los pueblos neomongoloi-
des del noroeste de Sura-
mérica, aparecen en valle
de Carora, estado Lara, y
en el piedemonte del estado
Trujillo posiblemente hacia
3000 años antes de ahora y
en las riberas orinoquenes
del estado Guárico, hacia
2400 años antes del presen-
te. Por otra parte, los prime-
ros pobladores arawako de
la cuenca del Orinoco apa-
recen hacia 3000 años antes
del presente en Barrancas,
estado Monagas, y las po-
blaciones caribe hacia 1700
años antes del presente en
las riberas orinoquenses del
estado Guárico (3).
En el estado Lara, hacia el
año 3000 antes de ahora, es
decir, 1000 antes de Cristo,
las primeras poblaciones
agroalfareras ya habían ini-
ciado la domesticación y el
cultivo de una raza de maíz
arcaico denominada Pollo.
Para inicios de la era cris-
tiana, la antigua sociedad
indìgena larense ya había
inventado y diseñado sis-
temas de regadío y confo-
mado sociedades política
y socialmente muy com-
plejas que culminarían, en
el siglo XVI, en extensos
señoríos como el de los ca-
quetío cuyo dominio alcan-
zaba desde el litoral caribe
falconiano hasta los llanos
de Apure (4) Los pueblos
arawako y caribe desarro-
llaron también procesos ci-
vilizatorios similares en la
cuenca del Lago de Valen-
cia, en la cuenca del Lago
de Maracaibo, en la región
andina, en el Bajo Caroní y
el Bajo Orinoco y en la cos-
ta de Paria, que culminaron
con la colonización de todo
el territorio de la actual Ve-
nezuela. Contrariamente a
lo que han establecido ge-
neralmente los manuales
escolares para uso de la
escuela básica y el ciclo di-
versifcado, las sociedades
aborígenes venezolanas ya
habían alcanzado para el
siglo XVI un alto grado de
maduración sociopolítica y
cultural, generando impor-
tantes obras hidraúlicas para
el regadío de los campos de
cultivo, terrazas para el cul-
tivo en pendiente e impor-
tantes trabajos de arquitec-
tura en tierra y en madera,
viviendas monticuladas, vi-
viendas sobre plataformas,
templetes de madera, silos
subterráneos y demás. En
regiones como los estados
Bolívar y Carabobo, los
indígenas desarrollaron im-
portantes tradiciones de arte
parietal: pinturas murales y
petroglifos, que denotan la
existencia de una intensa
actividad ceremonial.
El siglo XV marcó el pe-
ríodo fnal de la Alta Edad
Media en Europa. Algunos
autores (5), por su parte,
asimilaron el desarrollo de
los grandes imperios prísti-
nos, de grandes ciudades y
templos que había ocurrido
en Perú y México con una
especie de edad media ame-
ricana que estaba en pleno
proceso de consolidación
política y cultural. La crisis
generalizada de la sociedad
medieval europea se tradu-
jo en viajes de exploración
y grandes adelantos en la
ingeniería naval, la carto-
grafía y la astronomía, a los
fnes de acceder a las rique-
zas del Asia remota descri-
tas por Marco Polo. Fue así
cómo Cristóbal Colón llegó
a las islas del mar Caribe,
creyendo haber alcanzado
las tierras del Gran Khan.
Como conseuencia, se pro-
dujo la expansión de Casti-
lla y Aragón hacia Améri-
ca, dando origen al Imperio
Español y a la destrucción
de las milenarias culturas
aborígenes americanas.
La expansión del colo-
nialismo español originó
grandes fujos migratorios
hacia Latinoamérica y en
particular hacia Venezuela.
Unas personas, volunta-
rias: castellanos, portugue-
ses, andaluces, catalanes,
moriscos, judíos, canarios,
germanos, etc., en tanto que
otras personas mandingas,
congos, bantués fueron traí-
das a la fuerza desde Áfri-
ca Occidental en calidad
de esclavas para trabajar
en las plantaciones y en el
servicio doméstico. Duran-
te ese Holocausto, millones
de africanos fueron sepa-
rados abruptamente de sus
familias por los tratantes de
esclavos, desarraigados de
sus patrias originales, em-
barcados como bestias en
barcos negreros donde mi-
llares murieron durante la
travesía a consecuencia de
maltratos físicos o por ser
arrojados a las aguas infes-
tadas de tiburones. Buena
parte de la población abo-
rigen venezolana fue liqui-
dada físicamente por los
Buena parte de la población aborigen
venezolana fue liquidada físicamente por
los conquistadores españoles, capturada y
vendida como esclava en las Antillas, so-
metida a la servidumbre en las encomien-
das sin gozar de ningún derecho humano
o social, a pesar de las benévolas disposi-
ciones de las Leyes de Indias.
LOS IMPERIOS NO SOLO DESHUMANIZAN LAS CIVILIZACIONES QUE PRETENDEN HACER PRESAS. LAS INVISIBILIZAN,
COMO PROCURANDO BORRAR DE LA MEMORIA DE LOS PUEBLOS SU PROPIO ROSTRO, SU IDENTIDAD
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
15
conquistadores españoles,
capturada y vendida como
esclava en las Antillas, so-
metida a la servidumbre en
las encomiendas sin gozar
de ningún derecho huma-
no o social, a pesar de las
benévolas disposiciones de
las Leyes de Indias.
La forja de la población
venezolana se apoyó en la
servidumbre y la esclavitud
de esa mayoría de personas
desarraigas y oprimidas.
A pesar de su mísera con-
dición socioeconómica, la
tenacidad de esa clase so-
cial hizo posible la consti-
tución de diversos procesos
de trabajo: la agricultura, la
ganadería y la producción
artesanal o semi-industrial
que formaron la base de la
sociedad y la economía ve-
nezolanas (6). En la región
andina, los indígenas y mes-
tizos continuaron trabajan-
do la tierra y produciendo
sustancialmente las mismas
artesanías, mejoradas con la
introducción de máquinas
como el telar de pedales:
mantas de algodón, ces-
tas, esteras, enjalmas para
bestias de carga, vasijas de
barro, cigarros, tabaco de
mascar, chimó, etc. En la
agricultura, se introdujo el
uso del arado o reja tirado
por bueyes, la coa de hierro
o barretón y los calabozos
o primitivos machetes de
uso agrícola, se incorpo-
raron cultivos importados
de alta productividad tales
como el trigo, la cebada, la
avena, los cítricos y el pláta-
no, que complementaron los
cultivos autóctonos como la
papa, la arracacha (apio), la
yuca, el maíz, el tabaco, etc.
integrándose como factores
económicos esenciales den-
tro del proceso de distribu-
ción, cambio y consumo de
la naciente sociedad clasista
venezolana.
De manera similar, las po-
blaciones indias, los escla-
vos negros y los mestizos de
los valles subandinos de los
estados Falcón y Lara trans-
frieron sus procesos de tra-
bajo originales al esquema
productivo de la sociedad
clasista emergente. Los sis-
temas de cultivo en terraza
y los sistemas hidraúlicos
prehispánicos siguieron y
todavía continúan en uso
en muchas partes del estado
Lara. La introducción de te-
lares verticales y del ganado
lanar estimuló una impor-
tante industria textil donde
a la antigua producción de
telas de algodón y de hene-
quén se sumaban los tejidos
de lana de oveja, la produc-
ción alfarera, la talabartería,
la carpintería y la produc-
ción de costales, enjalmas,
zurrones y marusas para el
acarreo de productos agrí-
colas y efectos personales.
En los valles centro costeros
de los estados Aragua, Mi-
randa, Carabobo y la ciudad
de Caracas, la instalación
del sistema de plantaciones
para la explotación de culti-
vos comerciales autóctonos
como el cacao, e importa-
dos como la caña de azú-
car y el café, dieron origen
a una fuerte concentración
de la propiedad territorial y
de la riqueza en manos de
la oligarquía mantuana que
gobernaba y poseía la tierra
y a las poblaciones humanas
de la Provincia de Caracas,
conformadas estas últimas
por indios, negros esclavos
o manumisos, mestizos y
zambos y blancos de orilla
o pobres que formaban la
clase social más desposeída
y explotada, antecedente de
los que hoy son llamados
“monos” por los “escuáli-
dos” caraqueños.
En Guayana, hoy estado
Bolívar, las misiones capu-
chinas catalanas iniciaron
desde el siglo XVIII un pro-
ceso de desarrollo capitalista
basado en la agroindustria,
la ganadería, la minería y la
metalurgia, donde los indí-
genas caribe constituían una
efciente fuerza de trabajo.
Esta importante experiencia
desapareció en el siglo XIX.
Los mantuanos caraqueños
y de otras provincias que co-
mandaban el ejército patrio-
ta, no supieron o no quisie-
ron continuar adelante con
una forma socioeconómica
moderna que les hubiese
obligado a transformar su
condición social latifundista
y esclavista (8).
En los llanos venezolanos, el
mestizaje de indios caribe y
negros con los blancos crio-
llos, dio nacimiento a una
poderosa economía pastoril
ligada a la explotación del
ganado vacuno y caballar
introducido desde Europa,
y a una forma de vida semi-
nomádica donde los princi-
pales protagonistas eran los
llaneros. Los dueños de ha-
tos extraían enormes ganan-
cias con la venta de cueros,
ganado en pié, quesos, carne
salada o seca, de las cuales
sólo un porcentaje ínfmo
llegaba a las manos del tra-
bajador de los llanos.
Hacia fnales del siglo
XVIII, el eje principal del
poblamiento venezolano se
extendía en diagonal desde
la serranía andina hasta el
litoral costero, agrupando
una considerable cantidad
de personas pobres, indí-
genas, mestizas o esclavas
que constituía el 72% de la
población venezolana, do-
minada por una pequeña
burguesía constituida funda-
mentalmente por comercian-
tes, artesanos, productores
agropecuarios, etc., donde
comienzan también a fgu-
rar mestizos, indios y negros
manumisos que representa-
ban el 27% de la población.
Por encima de todos, estaba
la oligarquía mantuana cara-
queña que constituía el 1%
de toda la población, unas
3.000 personas que acapa-
raban por sí solas más del
50% de la riqueza per capita
producida en la Venezuela
de entonces (9).
Como lo indican sus nume-
rosos gentilicios: Angola,
Cabindo, Carabalí, Congo,
Fuló, Wolof, Mandinga,
Malembe, entre otros, los
negros esclavos traídos a Ve-
nezuela fueron capturados y
esclavizados originalmen-
te en el África Occidental.
Muchos de ellos procedían
de sociedades africanas
complejas donde la estruc-
tura laboral de la población
incluía comerciantes, cam-
pesinos, pastores, artesanos,
particularmente mineros,
herreros y fundidores de
metal quienes fueron incor-
porardos a las minas de co-
bre de Cocorote, estado Ya-
racuy, siglo XVII (vaqueros,
carboneros, soldados etc.).
Aunque la estructura la-
tifundista del sistema de
plantación absorbió la ma-
yor parte de la fuerza de tra-
bajo esclava, culturalmente
Las poblaciones indias, los esclavos ne-
gros y los mestizos de los valles subandi-
nos de los estados Falcón y Lara transf-
rieron sus procesos de trabajo originales
al esquema productivo de la sociedad
clasista emergente. Los sistemas de cultivo
en terraza y los sistemas hidraúlicos pre-
hispánicos siguieron y todavía continúan
en uso en muchas partes del estado Lara.
LOS IMPERIOS NO SOLO DESHUMANIZAN LAS CIVILIZACIONES QUE PRETENDEN HACER PRESAS. LAS INVISIBILIZAN,
COMO PROCURANDO BORRAR DE LA MEMORIA DE LOS PUEBLOS SU PROPIO ROSTRO, SU IDENTIDAD
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
16
desarraigada, las tradicio-
nes africanas de la músi-
ca, la magia y la medicina
continuaron viviendo entre
la población negra con una
fuerza extraordinaria, ya
que constituían, aparte del
color de la piel, los elemen-
tos que les permitía conser-
var y expresar su identidad
social. Las esclavas tuvieron
una importancia inmensa en
la vida sexual de los seño-
res de la oligarquía colonial
o republicana, sometidas al
abuso sexual sin límite por
parte de los amos, hecho que
se manifesta en la enorme
cantidad de población mu-
lata que concurría en la for-
mación del sector social de
los pardos venezolanos.
Para el período 1800-1810,
los mulatos o pardos confor-
maban aproximadamente el
61% de la población vene-
zolana, los indios el 18% y
los blancos criollos o penin-
sulares el 20%, hecho que le
imprime su sello particular
a.la cultura y a la historia
social de la nación venezo-
lana. Los negros de origen
mandinga eran los más inte-
ligentes y activos, pero tam-
bién los más desobedientes
y levantiscos, tan malos, en
opinión de los amos, que
eran considerados la misma
representación del Demonio
(10). De allí la adecuación
del nombre de Mandinga
con el del Diablo o Demo-
nio, imagen transferida a los
“monos” populares y a los
círculos bolivarianos que
hoy atormentan y espantan
en la mente de los modernos
“escuálidos” venezolanos.
La fuerza de los intereses
económicos y los privilegios
de la oligarquía que se apo-
deró de la República a partir
de 1830, impusieron y con-
servaron las instituciones
coloniales que consagra-
ban la segregación social,
privando de sus derechos
sociales y políticos a todos
aquellos que no fuesen pro-
pietarios “…por lo menos,
de dos mil pesos en bienes
muebles o raíces libres…”
, creando un sistema políti-
co que facilitó el control y
la explotación de los gru-
pos sociales sometidos. La
República de los oligarcas
impuso en 1856 normas ju-
rídicas tales como la Orde-
nanza sobre Sirvientes, Co-
lonos y Jornaleros, la cual
de manera coercitiva y poli-
cial prohibía el libre despla-
zamiento de los campesinos
y los mantenía como siervos
sujetos al dominio del lati-
fundista (11). Considerando
que los peones de hacienda
representaban el 76% de la
población de Venezuela en
1865, y que cada latifundio
constituía una especie de
ghetto, es probable que se
hayan profudizado las rela-
ciones endógamas multiét-
nicas dentro de las diversas
comunidades campesinas,
generando una variedad de
fenotipos regionales.
A partir de 1936, con el auge
de la industria petrolera y el
fn de la dictadura de Juan
Vicente Gómez, colapsaron
las relaciones de produc-
ción de carácter semifeudal
que caracterizaban a los
latifundios y mantenían a
los campesinos congelados
en sus ghettos. Los campe-
sinos sin tierra, mestizos,
mulatos, indios y negros
comenzaron a migrar ha-
cia las ciudades sumándo-
se al incipiente proletaria-
do urbano que poblaba los
espacios marginales de las
ciudades, particularmente
Caracas. Una de las carac-
terísticas demográfcas de
estas poblaciones exclui-
das, es el predominio de
los jóvenes. Al no poseer
ni educación ni califcación
laboral, esta masa juvenil
tiende a buscar solución a
sus problemas de vida en
la delincuencia o, como se
decía antiguamente, en el
mal vivir (12). El gobierno
de Pérez Jiménez trató de
buscar soluciones estables
a la migración campesina,
creando enormes conjuntos
residenciales como el 23 de
Enero. Pero la demagogia
electoral de la IV Repúbli-
ca estimuló todavía más la
migración campesina, ori-
ginando los cinturones de
miseria donde millones de
pobres concentrados en las
ciudades podían ser ahora
manipulados políticamente
a través de la televisión.
La Constitución de 1947
devolvió a los sectores po-
pulares un derecho social
como fue el voto universal y
secreto. A partir del gobierno
de Marcos Pérez Jiménez, la
bonanza petrolera mejoró las
condiciones materiales de la
clase media venezolana que
hasta entonces había lleva-
do una existencia humilde y
austera, condiciones que se
ampliaron a partir de la bo-
nanza petrolera de los años
70, a la par que prohijaba la
inmigración de nuevos con-
tingentes de población pobre
procedentes de la costa co-
lombiana, Ecuador, Repúbli-
ca Dominicana, Perú, Haití y
Guyana para abaratar el cos-
to de la fuerza de trabajo en
Venezuela.. Paralelamente,
la gente de la clase media
y la gran buguesía, tanto de
izquierda como de derecha,
asumió desde los años sesen-
ta un discurso mesiánico que
las consagraba bien como
vanguardia de la revolución
mundial o del anticomunis-
mo mayamero y como de-
fensores autoproclamados,
ambos, de los intereses de
las clases populares.
A partir de 1998, cuando
los sectores populares, los
“monos”, asumieron su
propia representación polí-
tica, ambos sectores de la
izquierda y la derecha se
sintieron traicionados por
sus súbditos y particular-
mente por su “caporal” re-
belde, Hugo Chávez, quien
desdeñó el empleo de ge-
rente por nueve días que
aquéllos le ofrecían y se
plantó como lo que es, an-
tiguo campesino pobre que
defende preferentemente
los intereses de sus iguales.
Ello explica la convergen-
cia actual de sectores de la
izquierda y la derecha de
clase media, sobre todo uni-
versitarios, que defenden
ahora sus intereses de cla-
se, incluida la jerarquía de
la Iglesia Católica, frente a
la insurrección de los “mo-
nos” que quieren de una vez
por todas ser –-como diría
mi general De Gaulle-- ci-
toyens a part entière, ciuda-
danos con iguales derechos
que los ciudadanos “escuá-
lidos”. He allí el meollo de
tantas marchas, zaperocos
y fraudes organizados por
la oposición golpista, como
dicen los analistas políticos
de Cosecha’e pueblo.
Referencias
1)Miguel Layrisse y Johan-
nes Wilbert 1999. The Die-
go Blood System and the
Mongoloid Realm.
2) Mario Sanoja e Iraida
Vargas 1992. La Huella
Asiática en el Poblamiento
de Venezuela.
3) Mario Sanoja e Iraida
Vargas. 1999. Orígenes de
Venezuela.
4) Juan José Salazar 2002..
Sociedades Complejas. Pe-
ríodo de Contacto en el No-
roccidente de Venezuela.
Félix Gil 2002. Aspectos
Funerarios del Centro Oc-
cidente Venezolano: Caso
Región Larense.
5) Pal Kelemen 1946. Me-
dieval American Art.
6) Mario Sanoja. 1991.
Ideas sobre el Origen de la
Nación Venezolana.
7) Mario Sanoja. 1979. Te-
jedores del Valle de Quíbor.
8) Mario Sanoja e Iraida
Vargas 2003. Las Edades de
Guayana: Arqueología de
una Quimera
9) P.Michael McKinley
1987. Caracas antes de la
Independencia.
Graciela Soriano de Gar-
cía Pelayo 1988. Venezuela
1810-1830. Aspectos des-
atendidos de dos décadas.
Mario Sanoja e Iraida Vargas
2002. El Agua y el Poder.
10) Federico Brito Figueroa
1961. Las insurrecciones de
los esclavos negros en la so-
ciedad colonial venezolana.
Miguel Acosta Saignes
1984. Vida de los esclavos
negros en Venezuela.
11) Federico Brito Figueroa
1987. Historia Económica y
Social de Venezuela
La fuerza de los intereses económicos y los privilegios de la oli-
garquía que se apoderó de la República a partir de 1830, impu-
sieron y conservaron las instituciones coloniales que consagra-
ban la segregación social, privando de sus derechos sociales y
políticos a todos aquellos que no fuesen propietarios
LOS IMPERIOS NO SOLO DESHUMANIZAN LAS CIVILIZACIONES QUE PRETENDEN HACER PRESAS. LAS INVISIBILIZAN,
COMO PROCURANDO BORRAR DE LA MEMORIA DE LOS PUEBLOS SU PROPIO ROSTRO, SU IDENTIDAD
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
17
PENSAMIENTO BOLIVARIANO. DOCTRINA LIBERADORA DE IDENTIDAD, LUCHA Y RESISTENCIA
«Lo que Bolívar no hizo,
está todavía por hacer en América»
A
las 11 de la mañana
del día 22 de junio
de 1826, en la Sala
Capitular del Convento de
San Fran cisco —hoy Salón
Bolívar— en la ciudad de
Pa namá, instalóse la magna
Asamblea, de cuya reunión
preliminar se extendió la si-
guiente Acta:
Presentes y reunidos a las
11 de la mañana de este
día en la Sala Capitular los
Exce lentísimos Señores
Ministros Plenipotenciarios
don Manuel Lorenzo Vi-
daurre y don Manuel Pérez
de Tudela, por la República
del Perú; don Pedro Gual y
General de Bri gada Pedro
Briceño Méndez, por la de
Co lombia; Doctor Antonio
Larrazabal y Pedro Molina,
por la de Centro América;
General de Brigada don
José Michelena, por los Es-
tados Unidos Mejicanos, no
habiendo concurrido a cau-
sa de enfermedad el Exce-
lentísimo señor don José
Domínguez por los mismos
Estados Unidos, se dio prin-
cipio a la Conferencia para
fjar el orden de preceden-
cia y se acordó fuese por
medio de la suerte en todo
el tiempo, de la presen te
reunión y nada más, y ve-
rifcada dicha suerte resultó
por el orden siguiente: pri-
mero Colombia, segundo
Centro América, tercero el
Perú y cuarto los Estados
Unidos Mejicanos.
Se tomó en consideración
la Presidencia y se deter-
minó que se tomase diaria-
mente por el mismo orden
designado con respecto a la
precedencia.
Procedieron los Plenipo-
tenciarios al canje y exa-
men de sus respectivos
Plenos Poderes, y habién-
dolos comprobados con las
copias preparadas al efecto,
las encontra ron conformes
y extendidas en bastante y
debida forma.
Se reservó tratar el arre-
glo de las votacio nes en la
siguiente reunión, que se
designó para mañana a las
siete de la noche.
Delegados, observadores
y secretarios
En el acto de clausura es-
taban presentes los em-
bajadores que laboraron
para edifcar la unidad
continental Latinoamérica
y abrir el camino de la in-
tegración para el desarrollo
económico y el ejercicio
pleno de la so-
beranía nacional.
Fueron ellos los que
comenzaron a convertir
en realidad el sueño cons-
tante de Bolívar:
Por la República del Perú:
Dr. Manuel Lorenzo de Vi-
daurrey Encalada. Dr. Ma-
nuel Pérez de Tudela.
Por la República de la Gran
Colombia (Vene zuela, Co-
lombia, Panamá y Ecua-
dor): Dr. Pedro GuaL
Gral. de Brigada Pedro Bri-
ceño Méndez.
Por Centro América (Gua-
temala, Honduras, Nicara-
gua, El Salvador y Costa
Rica):
Dr. Pedro Molina Flores.
Mons. Dr. Antonio Larra-
zabal y ArriviHaga.
Por los Estados Unidos
Mexicanos:
Gral. de Brigada José Ma-
riano Michelena. Dr. José
Domínguez Manso.
En calidad de observado-
res, participaron, in vitados
por Santander:
Por él Reino Unido de la
Gran Bretaña:
Mr. Edward James Daw-
kins.
Por el Reino de Holanda:
Coronel Carlos Van Veer.
Actuando como secretarios,
est uvi er on
pre sentes:
John James-
Le Mesuriér.
Leonard Chil-
ders.
Éstos dos jóvenes
ingleses, qué ser-
vían de se cretarios
a Mr. Edward James
Dawkins fallecie-
ron, atacados por la
febre amarilla, el 14
dé junio y el 14 de ju-
lio (1826) respectiva-
mente.
Lic. José Agustín Aran-
go, patriota cubano, que
había solicitado del Liberta-
dor la ayuda necesaria para
la independencia de la Isla,
ac tuó como Secretario de la
Delegación peruana. Fruc-
tuoso del Castillo, cubano
que había sen tado plaza en
el ejército de Colombia, y
que, para la fecha del Con-
greso, era edecán del gene-
ral Briceño Méndez, actuó
como secretario de este.
Los que no
concurrieron
Paraguay, país aislado de
todo contacto exterior por
el rígido gobierno del doc-
tor José Gaspar Rodríguez
de Francia, no fue tomado
en cuenta para la Anfctio-
nía.
Haití, nación de negros li-
bertos, en opinión de Fran-
cisco de Paula Santander,
Franciso Pividal; ESPECIALISTA
LATINOAMERICANO EN EL PENSAMIENTO DE
BOLÍVAR, INTELECTUAL E INVESTIGADOR
CUBANO; PRIMER EMBAJADOR DEL GOBIERNO
REVOLUCIONARIO DE CUBA EN VENEZUELA EN
1959. PREMIO CASA DE LAS AMÉRICAS POR EL
ENSAYO. BOLÍVAR: PENSAMIENTO PRECURSOR
DEL ANTIMPERIALISMO (1977)
Pividal, Francisco. Bolívar: Pensamiento precursor del
antimperialismo. La Habana. Fondo Cultural del Alba. 2006
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
18
no fue invita da, porque:
...siendo una república de
color, atraería perjuicios a
la causa americana ante la
opi nión de las potencias eu-
ropeas...
Brasil no era una república,
sino un imperio. Sin embar-
go, Santander lo invitó, tal
como hizo con los reinos de
Inglaterra, Holanda y Fran-
cia. El gobierno imperial
del Brasil designó como
delegado (30 de octubre
de 1825) al comenda dor
Theodoro José Biancardi,
ministro del Con sejo Impe-
rial, quien no pudo concu-
rrir por las difcultades para
realizar el largo viaje. Fue
sus tituido por el vizconde
de San Salvador do Cam-
po, ministro diplomático en
Bogotá. Su presencia, sin
embargo, no aparece regis-
trada en los documentos del
Congreso,
Bolivia se institucionalizó
como República el 18 de
mayo de 1826. Su primer
presidente, mariscal Anto-
nio José de Sucre, aceptó
la invita ción a la Asamblea
del Istmo y nombró delega-
dos a José María Mendizá-
bal y a Mariano Serrano,
Las designaciones se of-
cializaron el 3 de octubre
de 1826. Para esa fecha, la
reunión-de Panamá se ha-
bía disuelto.
Chile designó delegados a
Joaquín Campillo y a José
Miguel Infante. Dichos
nombramien tos tenían que
ser ratifcados por el Con-
greso. Cuando este pudo
reunirse —no antes por
el estado ¿e anarquía que
reinaba en el país— ya era
tarde, porque las sesiones
del Congreso de Panamá
habían concluido.
Argentina o República de
las Provincias Uni das del
Río de la Plata, como se lla-
maba, fue in vitada. Su go-
bierno al principio, cuando
lo presidía Rivadavia, re-
chazó la invitación.
Poco después, bajo el go-
bierno de Juan Gregorio de
las Heras, la invitación fue
acepta da. La Cancillería
de Buenos Aires la estimó
con veniente por cuanto fa-
vorecía la solución de los
problemas que planteaba el
Brasil por la pose sión de la
Banda Oriental -Uruguay
que toda vía no era Repúbli-
ca-. En enero de 1826 fue
designado el Dr. Manuel
Moreno para presidir la
Delegación al Istmo, pero
declinó asistir por que había
sido designado para el Con-
greso. En abril, el nombra-
miento recayó en Manuel
José García, antiguo minis-
tro, que renunció, siendo
reemplazado el 3 de mayo
por el doctor José M. Díaz
Vélez, quien, en el primer
momento se ex cusó, pero
en junio —ya se encontraba
en plena actividad el Con-
greso de Panamá— se deci-
dió a aceptar, según comu-
nicación que le enviara al
Libertador. No obstante, ya
era tarde para tras ladarse al
Istmo y tomar parte en las
delibera ciones.
En aquellos países don-
de las divisiones colom-
bianas no participaron di-
rectamente en las gue rras
por la independencia, el
entusiasmo por la convo-
catoria anfctiónica deca-
yó notablemente.
Francia también fue invita-
da. El 28 de mayo de 1825
se le requirió para que en-
viara observa dores. La in-
vitación le fue reiterada al
año si guiente, pero el Gabi-
nete del Rey Carlos X des-
deñó el gesto y no designó
representante al guno, tal
vez infuyó su alianza con
España, a cuyo Gobierno
no quiso disgustar.
Cuba no podía concurrir al
Congreso de Pa namá por
no gozar para esa fecha de
soberanía propia.
Los Estados Unidos de
Norteamérica no es tuvieron
presentes en el Congre-
so de Panamá. De las dos
personas designadas como
observa dores, una de ellas,
Richard C. Anderson, falle-
ció de febre amarilla en
Cartagena cuando se di-
rigía al Istmo, procedente
de los Estados Uni dos* El
otro, John Sergeant, llegó a
Panamá cuando todo había
concluido, pero hubo de di-
rigirse a Tacubaya.
El temario
El propio Simón Bolívar
adelantó un ternario para
que fuera objeto de estudio
en el Congreso Anfctióni-
co de Panamá. Contiene los
siguien tes puntos:
1° Afanzamiento de la in-
dependencia de las nuevas
naciones y paz frme me-
diante el reconocimiento
por España de la nueva si-
tuación.
2° Seguridad en cuanto al
orden interno y no interven-
ción, excepto para asegurar
ese mismo orden interno
y salvarlo de cualesquiera
acometida de las facciones
anárquicas.
3°.Igualdad jurídica de to-
dos los Estados America-
nos.
4° Estatuto que fjase las re-
laciones entre las Naciones
mediante un Congreso de
Ple nipotenciarios general y
permanente.
5o Reforma social bajo los
auspicios de la li bertad y la
paz.
Desarrollo y resultados
del congreso de Panamá
Las labores propiamente
comenzaron en la se sión
del día 23. Ese día, los De-
legados del Perú presenta-
ron un proyecto de pacto
0 confedera ción americana
que constaba de 25 artícu-
los. La discusión informal
de la ponencia presentada
les llevó a los congresistas
17 días. La tercera sesión
plenaria no vino a cele-
brarse hasta el 10 de julio
en que se puso al debate un
contrapro yecto elaborado
en conjunto por los dele-
gados de Colombia, Centro
América y México.
Él día 11 se celebraron dos
sesiones: una, en las ulti-
mas horas de la mañana, y
otra, en las primeras horas
de la noche, ambas fueron
dedicadas a la discusión del
protocolo en cuestión. Los
días 12 y 13 se celebraron
sendas sesiones. El 14 hubo
igualmente dos reuniones:
al medio día y por la noche.
El día 15 tuvo lugar la se-
sión fnal. Con ella se clau-
suró el Congreso Anfctió-
nico de Panamá.
Como resultado de este cé-
lebre Congreso se frmaron,
por todos los Plenipotencia-
rios que intervinieron en su
elaboración los siguientes
instrumentos jurídicos;
—Un tratado de Unión,
Liga y Confedera ción Per-
petua entre las Repúblicas
de Colombia, Centro Amé-
rica, Perú y Estados Unidos
Mejicanos.
Este tratado consta de 31
artículos; más otro adicio-
nal en el que, se autoriza la
invitación a otras naciones
neutrales no representadas
en el momento, a adherirse
a los convenios que se ajus-
taran bajo la inspiración y
con iguales pro pósitos del
acordado.
Una Convención de Con-
tingentes entre las Repú-
blicas de Colombia, Centro
Améri ca, Perú y Estados
Unidos Mejicanos.
Y un Concierto a que se
refere el Artículo II de la
Convención de Contin-
gentes, ce lebrado entre las
Repúblicas de Colombia,
Centro América, Perú y los
Estados Unidos Mejicanos.
Según el artículo 31 del Tra-
tado de Unión, para poder
llevar a efectividad su apli-
cación, todos y cada uno de
los gobiernos contratantes
debían sancionarlo y el ins-
trumento de ratifcación se
canjearía en la Villa de Ta-
cubaya, en México, donde
se reuniría nuevamente el
Con greso, año y medio más
tarde. ; Respecto al primero
de esos instrumentos jurí-
dicos, el Tratado de liga y
Confederación Perpetua,
no pudo conseguirse que
de ese pac to de amistad fr-
me e inviolable y de unión
ínti ma y estrecha se pasara
a la creación de unos meca-
nismos efcaces para tradu-
cirán realida des esa Unión
íntima.
En cuanto a la Convención
de Contingentes, todos los
delegados coincidieron en
la necesi dad de alguna for-
ma de cooperación militar,
ante los posibles intentos
de reconquista por parte
de España con el apoyo
de la Santa Alian za, pero
este acuerdo no llegaba
hasta admitir que la Liga
dispusiera, como lo quería
Bolívar, de fuerzas milita-
res y navales permanentes,
mantenidas por la Confede-
ración e indepen dientes de
sus partes constitutivas.
Algunos de los gobier-
nos que ayer se mostra ron
celosos de que «nuestra
América» participa se de
esta cooperación militar
que ambicionaba Bolívar,
hoy son los primeros que
concurren a ponerse bajo
la participación y dirección
de las fuerzas militares y
navales de la otra América,
la que no es nuestra.
El Concierto a que se refe-
re el Artículo II de la Con-
vención de Contingentes
PENSAMIENTO BOLIVARIANO. DOCTRINA LIBERADORA DE IDENTIDAD, LUCHA Y RESISTENCIA
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
19
no era más que un instru-
mento jurídico reservado y
comple mentario del ante-
rior, que disponía el orden
con que debían enviarse y
marchar los Contingentes
-tropas- de la Confedera-
ción. Además, se convino
en trasladar la Asamblea
del Istmo para Tacubaya
-México donde continuaría
sesionando-.
El traslado del Congreso a
México trajo la desintegra-
ción de este. Solo la mitad
de los de legados -dos de
México, uno de Colombia
y otro de Centro América-
concurrieron a Tacubaya.
Después de largos
meses de infructuosa es-
pera, los delegados pre-
sentes, a solicitud de don
Pe dro Gual -Briceño había
regresado a Bogotá-, cele-
braron una sola reunión en
casa de este, el 9 de octu-
bre de 1828. Allí, llegaron
a la conclu sión de que,
no habiendo aprobado los
Gobier nos los Convenios
de Panamá, excepto el de
Colombia —que sí los san-
cionó— estos docu mentos
podían considerarse inope-
rantes.
A las once de la noche del
15 de julio de 1826 se frma-
ron ofcialmente, en la Sala
Capi t ul ar
del antiguo
Convento de
San Francis-
co, las Con-
venci ones
aprobadas
d u r a n t e
los debates
del Congreso Anfc-
tiónico de Panamá.
En ceremonia solem-
ne, los delegados se com-
prometieron a recomendar a
sus respectivos gobiernos y
congresos la ratifcación de
los Tra tados, y a obtener que
dichos gobiernos se hi cieran
representar, a la mayor bre-
vedad posible, en la Pri-
mera Asamblea General de
Plenipoten ciarios, que ha-
bría de celebrarse en la Villa
de Tacubaya (México).
Cuba en el congreso de
Panamá
En las instrucciones secre-
tas que el Libertador impar-
tió (15 de mayo de 1825) a
los plenipo tenciarios del
Perú, incluyó la posi-
bilidad de establecer
un acuerdo con Méxi-
co y Centro América, a
fn de:
Adoptar medidas res-
pecto a las islas de
Cuba y; Puerto Rico,
y en caso de que se
re solviese emanci-
parlas, atender a su
desti no futuro: si de-
berían agregarse a algu-
nas de las nuevas repúblicas
ó dejar que se constituyeran
independientes.
Colombia aceptó estas in-
dicaciones de Bolí var, pre-
sentadas por el Perú.
El Libertador conocía la
oposición del gobier no de
los Estados Unidos a este
proyecto de in dependencia
para ambas Islas.
Con el propósito de que
los cubanos estuvie sen in-
formados de los debates
internos que di cho tenia ha-
bría de suscitar en el seno
del Congreso, dispuso la
designación de los dos se-
cretarios, ya referidos,
También fueron objeto de
consideración en el Con-
greso del Istmo, ante la
insistencia del Libertador,
el problema de la libertad
de los es clavos negros y
el famoso proyecto de una
ex pedición conjunta de
Colombia y México para
liberar del dominio espa-
ñol a la isla de Cuba. Esta
última iniciativa langui-
deció en Panamá, porque
las presiones de los Esta-
dos Unidos en Bogotá y
en México habían logra-
do que dichos gobiernos
abandonaran tal idea. Fue
un triunfo de la diploma-
cia norteamericana que
duró has ta el 1ro de enero
de 1959»
Para aquella época, el objeti-
vo de los Estados Unidos era
mantener a Cuba en poder
de Espa ña hasta que la de-
cadencia de esta facilitara el
adueñamiento de la Isla por
parte del águila imperial.
Leamos a continuación con
qué cinismo el secretario de
Estado de los Estados Uni-
dos, Van Burén, se dirigía
al Sr. Van Ness, su ministro
en España:
“Contemplando con mirada
celosa estos úl timos restos
del poder español en Améri-
ca, estos dos Estados (Co-
lombia y México) unieron
en una ocasión sus fuerzas
y levantaron su brazo para
descargar un golpe, que de
haber tenido éxito habría
acabado para siempre con
la infuencia española en
esta región del globo, pero
ese golpe fue dete nido prin-
cipalmente por la oportuna
intervención de este gobier-
no... a fn de preservar para
su Majestad Católica estas
inapreciables porciones de
sus posesiones coloniales.
2 de octubre de 1829.”
La confederación de los
Andes
Bolívar continuó luchando
para impedir el pro ceso de
desintegración de las na-
ciones hispanoamericanas.
Como sustituto del Congre-
so de Panamá intentó for-
mar la Confederación de los
Andes —Gran Colombia,
Perú y Bolivia—. Este es-
fuerzo concitó en su contra
la furia de las cla ses econó-
micamente dominantes de
las repú blicas que trataba
de confederar —llegaron al
extremo de querer asesinar-
lo—y la violenta opo sición
de los Estados Unidos y de
aquellas re públicas del Sur
que, de una u otra forma,
se negaron a concurrir al
Congreso de Panamá. Con
razón dijo José Martí:
«Lo que Bolívar no hizo,
está todavía por ha cer en
América».
PENSAMIENTO BOLIVARIANO. DOCTRINA LIBERADORA DE IDENTIDAD, LUCHA Y RESISTENCIA
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
20
TIERRA Y HOMBRES LIBRES
Zamora socialista
F
ORMACIÓN DE
ZAMORA E IN-
FLUENCIAS EN
SU PENSAMIENTO
Durante su adolescencia
y primera juventud, como
trafcante de ganado y pe-
queño comerciante, Eze-
quiel Zamora pudo cono-
cer directamente la injusta
situación imperante en el
campo venezolano: per-
manencia de la esclavitud,
una situación cuasi feudal
de los campesinos, extre-
ma pobreza de la mayoría,
enormes latifundios y dere-
chos políticos en manos de
una minoría.
El yerno de Zamora, Johan-
nes Gaspers, de origen alsa-
ciano, quien le ayudó para
establecer su pulpería en
Cúa y casi cumplió funcio-
nes de tutor suyo, era un re-
volucionario socialista que
había huido de Europa para
evitar las represiones que si-
guieron a la insurrección de
1830. A través de Gaspers,
Zamora conoció parte del
ideario socialista europeo,
así como las publicaciones
de los revolucionarios del
Viejo Mundo.
José Brandford, amigo de
Zamora de origen británi-
co, quien organizaría su
servicio de inteligencia du-
rante la Guerra Federal, le
escribe en 1846, año de las
insurrecciones campesinas,
poniéndolo al tanto de las
ideas de Auguste Blanqui,
del comunista utópico Gra-
cus Babeuf, de Saint Just, y
comentando la admiración
de Zamora hacia Esparta-
co, el dirigente de la mayor
insurrección de esclavos en
la Roma de los tiempos clá-
sicos:
“He recibido unos papeles
de Trinidad muy intere-
santes, en inglés y francés,
entre M. Lassabe, el ofcial
de artillería de Napoleón I,
que te dio lecciones, y yo
los estamos traduciendo
(…) Hablan de una revo-
lución de proletarios, que
será inevitable. Esto lo dice
un revolucionario llamado
Blanqui, y de la existen-
cia de una sociedad o liga,
que quiere la comunidad
de todos los bienes, no úni-
camente de la tierra (…).
Ahora dicen que Babeuf
es un héroe; éste se llama
como Graco, el romano
que admiras con Espartaco.
(…). Las ideas de Saint-
Just están de moda, con el
posta que venga mandaré
copia de estos papeles; el
material para las balas y los
libros sobre lo militar ya
salieron1.”
En su relación con Gas-
pers, Brandford y Luciano
Requena, Ezequiel Zamora
debate y clarifca el ideario
socialista:
Con José Brandford y Lu-
ciano Requena, las dis-
cusiones son todavía más
importantes, desde el punto
de vista político e ideoló-
gico. El británico sostiene
correspondencia con ami-
gos de Francia, y de esta
manera Zamora obtiene
información sobre la Revo-
lución de Febrero de 1848;
se habla sobre la repúbli-
ca social, sobre Augusto
Blanqui, Armando Barbés,
sobre los continuadores de
Gracus Babeuf. Brandford,
traduce y explica a Zamo-
ra el contenido de artículos
de L’Atelier (revista men-
sual, editada por artesanos
y obreros de París) y de
los periódicos The Daily
News (Londres), La Refor-
me (París), The Economist
(Londres) y Le National
(París)2.
Para muestra de las ideas
con las cuales entraba en
contacto Ezequiel Zamora
desde su primera juventud,
acompañamos una anto-
logía de pensamientos de
Gracus Babeuf, conside-
rado socialista utópico por
haber dirigido durante la
Revolución Francesa un
intento de sublevación des-
tinada a implantar la igual-
dad económica. La rebelión
de Babeuf fracasó, y éste
fue condenado a muerte y
ejecutado, mientras que la
Revolución derivaba cada
vez más hacia un extremo
conservadurismo, que a la
postre se resolvió en restau-
ración monárquica:
“Veo sin camisa, sin traje,
sin zapatos, a la mayoría
de los que cultivan el lino
y el cáñamo, la mayoría de
los que producen las ma-
terias textiles, la lana o la
seda, la mayoría de los que
las hilan, hacen la tela y los
tejidos, preparan el cuero,
confeccionan los zapatos.
Veo igualmente que les
falta casi todo a los que
trabajan manualmente... si
observo seguidamente la
débil minoría a la que nada
falta, aparte de los propie-
tarios de los terrenos, la
veo compuesta de aquellos
que no producen nada... ¡El
pueblo se basta a sí mismo!
¿Se querrán contentar con
mis respuestas?: que la tie-
rra no debe ser alienable;
que en el momento de na-
cer cada hombre debe en-
contrar su parte sufciente
como la encuentra de aire y
de agua; que en el momento
de morir debe dejar como
herederos, no a los más
Luis Britto García
(PEREZ ARCAY, Jacinto. 1977. La Guerra Federal. Consecuencias (tiem-
po de geopolítica). (Fragmento)
La federación tuvo una amplia signifcación para la sociedad venezolana de la
época, pues no fue solamente un modelo político para la organización de la Repú-
blica, sino que se convirtió en sinónimo de libertad para los sectores desposeídos.
Lo que se inició como un enfrentamiento por el poder político entre dos fraccio-
nes de las clases dominantes, se convirtió en una auténtica guerra social contra
la opresión de las clases oligárquicas. La Revolución Federal tuvo como una de
sus principales consecuencias el consolidar las bases del igualitarismo social que
caracteriza a la sociedad venezolana actual.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
21
próximos de la sociedad,
sino a la sociedad entera;
que no ha sido nada más
que este sistema alienable
el que ha transmitido todo
a unos y no ha dejado nada
a otros... Que no exista más
la división de los ciudada-
nos en clases; admisión en
todos los puestos; derecho
de voto para todos, a emitir
sus opiniones en todas las
asambleas... Probaremos
que la tierra no es de na-
die, sino que es de todos...
Que no se llega a tener de-
masiado sino es haciendo
que los otros no tengan
lo sufciente... ¿El pueblo
debe hacer una insurrec-
ción? No hay duda de ello,
si no quiere perder defniti-
vamente su libertad y si no
puede continuar expresan-
do que sus derechos son
violados. ¡La insurrección
es el más indispensable de
los deberes!”
Podemos imaginar el efec-
to de estas doctrinas en una
mente inteligente, sensible,
y que conocía directamen-
te la terrible situación de
las clases oprimidas. Al-
gunas de las afrmaciones
de Babeuf resurgen en los
documentos y en las aren-
gas de Zamora: «La tierra
no es de nadie, sino que es
de todos»… «Que no exis-
ta más la división de los
ciudadanos en clases»…
Fueran citas intencionadas
o reacciones ante una rea-
lidad inadmisible, el espí-
ritu es el mismo.
ZAMORA Y EL PARTI-
DO LIBERAL
Con su experiencia direc-
ta de la injusticia social en
Venezuela y el conjunto de
ideas radicales recibidas en
su adolescencia de Gaspers
y luego de José Brandford
y Luciano Requena, Eze-
quiel Zamora adhiere al
partido liberal, cuyo pro-
grama, redactado por An-
tonio Leocadio Guzmán, es
el siguiente:
“Cumplimiento rígido de
la Constitución y las le-
yes, por lo cual nos llama-
mos partido de oposición
constitucional. Efectividad
del principio de alternabi-
lidad en el desempeño de
los cargos públicos. Uso
o empleo del poder elec-
toral, en virtud del cual, el
Partido, conocida a fondo
la situación moral y ma-
terial de la sociedad, debe
convertir sus convicciones
en propósitos políticos, y
trabajar por constituirse
en mayoría para ganar la
victoria. Creación de dos
grandes partidos nacionales
que, sometidos de buena fe
a las leyes fundamentales
del país, pudieran garanti-
zar las libertades públicas.
Difusión de las republica-
nas prácticas de examinar
libremente, por medio de
la prensa o en asociaciones
públicas, todo lo que pudie-
ra afectar los intereses de la
comunidad.”
Como se puede apreciar,
privilegiaba el partido libe-
ral ciertas libertades forma-
les, tales como la libertad
de prensa, la vía electoral,
la alternabilidad, la cual
era un ataque para la larga
hegemonía de José Anto-
nio Páez. Zamora se unió
a dicho partido porque era
el más avanzado de la épo-
ca, y porque muchos de sus
miembros pensaban utili-
zarlo como plataforma para
un movimiento más radical,
como en efecto sucedió. En
la práctica política, el par-
tido liberal, o su ala radi-
cal, apoyó fervorosamente
la eliminación de las leyes
que permitían la usura y la
ejecución sumaria de los
bienes de los deudores, la
implantación del sufragio
universal, que permitiría
votar a pobres y ricos, y la
TIERRA Y HOMBRES LIBRES
«no hay aldea o
caserío de las re-
giones mencionadas
donde no se agru-
pen los peones, ma-
numisos y esclavos
bajo las banderas
del programa prin-
cipio alternativo,
elección popular,
horror a la oligar-
quía, tierras y hom-
bres libres».
liberación de los esclavos.
Correspondió a Zamora,
durante sus brillantes cam-
pañas militares, ejercer en
nombre del partido libe-
ral medidas radicales tales
como la prohibición de co-
brar la renta de la tierra y el
reparto de tierras, las cuales
le atrajeron la animadver-
sión tanto de los conserva-
dores como de los liberales
de derecha.
LA TRADICIÓN POPU-
LAR RECONOCE EL
SOCIALISMO DE ZA-
MORA
Esta condición radical de
Zamora es reconocida en
las canciones que los crea-
dores populares componen,
cantan y difunden durante
las insurrecciones campesi-
nas de 1846, en las cuales
claramente celebran la idea
de la comunidad de la tierra
e identifcan en forma abso-
lutamente clasista a los ene-
migos como los «godos» y
los «amos», vale decir, los
propietarios de tierras y es-
clavos:
“¡Ay Zamora peliador!
De la comunidá de la tierra
Ponga con todo valor
El machete en la madera
Lleve en alto la bandera
Del color tradicional
Y ponga los godos a tem-
blar
Que nosotros empuñamos
El rabón con interés
Pa´ descogotá de una vez
A los amos asesinos.”
(Brito Figueroa, 116-117)
PRIMERA CAMPAÑA
POR LA LIBERTAD Y
LAS TIERRAS
Ezequiel Zamora inicia la
lucha armada por sus ideas
al unirse a la insurrección
campesina que arranca el 1.°
de septiembre de 1846, con
el alzamiento de Francisco
José Rangel. El contingen-
te rebelde está formado por
campesinos y esclavos, y
su método de lucha expre-
sa sus ideas: según indica
Federico Brito Figueroa,
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
22
cuando en la madrugada
del 3 de septiembre ocupan
la hacienda Yuma, propie-
dad del político más reac-
cionario de la República
oligárquica, «los insurrec-
tos libertan los esclavos, in-
vitan a los peones a que se
les incorporen, queman los
títulos de propiedad y fusi-
lan a los empleados de con-
fanza de Ángel Quintero,
y éste salva la vida porque
se encuentra en Valencia»
(Brito Figueroa, 119). No
se trata, por tanto, de una
mera asonada para dispu-
tar prebendas políticas: se
da libertad a los esclavos,
y se queman los títulos de
propiedad para destruir las
pruebas y fundamentos ju-
rídicos del sistema de lati-
fundio.
Tal proceder se vuelve
práctica ordinaria de los
insurrectos a medida que
la rebelión se extiende por
todo el centro del país. Se-
gún indica también Federi-
co Brito Figueroa, a partir
de esa fecha «no hay aldea
o caserío de las regiones
mencionadas donde no se
agrupen los peones, ma-
numisos y esclavos bajo
las banderas del programa
principio alternativo, elec-
ción popular, horror a la
oligarquía, tierras y hom-
bres libres». Cada uno de
estos puntos tiene un conte-
nido socialista. Se reclama
elección popular, porque la
constitución de la época re-
servaba el derecho de elegir
y ser elegido para los pro-
pietarios, discriminación
que no sólo era política sino
también clasista. El horror
a los oligarcas es asimis-
mo una consigna eminen-
temente clasista contra la
minoría detentadora del po-
der político y económico:
adviértase que se la invoca
en lugar de «horror al par-
tido conservador». Tierras
y hombres libres exige la
libertad de los esclavos,
considerados hasta ese mo-
mento propiedad privada
de los dueños, y de las tie-
rras, que conservan tal con-
dición hasta el día de hoy.
Tales consignas plantean
una transformación total
del modo de producción: el
paso de la propiedad priva-
da sobre hombres y tierras
detentada por una clase
minoritaria, a la propiedad
colectiva o bien en peque-
ñas parcelas trabajadas por
hombres libres en su propio
benefcio.
Esta consigna es repetida
en todos los documentos de
los rebeldes ampliada como
«Viva la libertad, Viva el
Pueblo Soberano, Elección
Popular, Horror a la Oli-
garquía, Tierras y Hombres
Libres».
EL EJÉRCITO POPU-
LAR
Este conjunto de alzamien-
tos espontáneos en más de
una veintena de comuni-
dades es organizado por
Zamora en una fuerza que
termina dirigiendo y a la
cual denomina Ejército del
Pueblo Soberano. El apela-
tivo tiene un preciso valor
ideológico. Para la época,
según hemos señalado, el
derecho de elegir y ser ele-
gido estaba reservado para
los propietarios. La doctri-
na esgrimida por la oligar-
quía y consagrada en las
constituciones era, según
expresó Cecilio Acosta, la
de que Pueblo, en el sentido
que nosotros queremos, en
el sentido que deben que-
rer todos, en el sentido de
la razón, es la totalidad de
los buenos ciudadanos. Y
los buenos ciudadanos de-
ben tener propiedad, o ren-
ta (…). Guardémonos de
las revoluciones como de la
mayor calamidad.
Frente a este concepto res-
trictivo de ciudadanía, de-
fnido por la propiedad, el
concepto invocado por Za-
mora de Ejército del Pue-
blo Soberano invoca el de
un pueblo dotado de todos
los poderes de la soberanía,
y dispuesto a implantarlos
y defenderlos con las ar-
mas. No habría diferencia
entre pueblo y soldados:
así como cada ciudadano
era un soldado para defen-
der sus derechos, cada sol-
dado era un ciudadano en
ejercicio de la soberanía.
En sus cartas dirigidas a
los peones, al programa de
«tierras y hombres libres»
añade Zamora la necesidad
de organizar «a los pobres
contra los poderosos», con-
signa clasista que evidencia
que el movimiento no tenía
sólo el objetivo de una mera
rotación de los hombres o
partidos que ejercían el po-
der (Brito Figueroa, 125).
EL PODER POPULAR
DIRECTO
Tales proclamaciones se
traducen en hechos. Al to-
mar los pueblos, Zamora
convoca asambleas en las
que participan todos los
vecinos. En la plaza de
San Francisco de Tiznado,
se dirige al colectivo con
estas palabras: «… lucha-
mos para proporcionar una
situación feliz a los pobres
(…) los pobres nada tienen
que temer, no tienen nada
que perder, que tiemblen los
oligarcas, no habrá ricos ni
pobres, la tierra es libre, es
de todos» (Brito Figueroa,
127). Los pobres, vale de-
cir, aquellos sin propiedad,
son el sujeto revolucionario
invocado: se procura para
ellos una situación feliz, y
en expresión que prefgura
la del Manifesto Comunis-
ta, se les recuerda que «no
tienen nada que perder».
Para mayor abundamiento,
se amenaza al enemigo de
clase («que tiemblen los
oligarcas»), se promete la
igualdad social y económi-
ca como consecuencia de
la revolución que borrará
las barreras clasistas («no
habrá ricos ni pobres») y
se señala la propiedad co-
lectiva como instrumento
de esta transformación: «la
tierra es libre, es de todos».
TIERRA PARA LOS ES-
CLAVOS LIBERADOS
Con la abolición de la es-
clavitud en 1854 se cumple
el primer enunciado de la
consigna que asume Zamo-
ra: «Hombres libres». Pero
sin el segundo enunciado
según el cual «la tierra es
libre, es de todos», el hom-
bre privado de tierras es de
hecho un esclavo: según
declara posteriormente Za-
mora a su colaborador José
Brandford, «la papeleta de
libertad sin libertad econó-
mica lleva a los manumisos
nuevamente al botalón del
amo». Y en efecto, los es-
clavos son lanzados a la ca-
lle y los caminos sin medios
de subsistencia, sin propie-
dad, y sin otro destino que
contratarse en condiciones
equiparables a las de la
esclavitud. Consciente de
ello, uno de los ideólogos
más avanzados del partido
liberal, Blas Bruzual, traba-
ja con el apoyo de Zamora
en un programa que se de-
bería realizar en los valles
de Aragua, Tuy y Barlo-
vento, y para el cual se de-
forestó un área de tierras
baldías de 10000 fanegadas
en cuadro entre la Victoria
y Zuata, a fn convertir a
los manumisos en peque-
ños propietarios. En virtud
de una extensión de dicho
proyecto también se defo-
restaron 16000 fanegadas
en cuadro en la provincia
de Carabobo, para uso de
los campesinos de Guacara,
Mariara y San Joaquín. A
los pocos años, valiéndose
de mil subterfugios, los lati-
fundistas habían incorpora-
do a sus propiedades ambas
extensiones, y manumisos
y campesinos pobres se
quedaron sin tierras, mien-
tras el latifundio crecía des-
mesuradamente en virtud
de la ley de 10 de abril de
1848, la cual no establecía
límites para la adquisición
de los baldíos (Brito Figue-
roa, 1975, 260-261). De tal
manera, la voracidad de los
latifundistas y la miseria de
los trabajadores rurales hi-
cieron inevitable la nueva
guerra social.
PROHIBICIÓN DEL
PAGO DE RENTA DE
LA TIERRA
Donde Zamora tiene mando
efectivo, aplica su progra-
ma. Durante la campaña de
1849, prohíbe donde ejerce
su poder, por la fuerza mi-
litar, el pago de renta por el
cultivo de la tierra. Prohibir
el pago de la renta por cul-
tivar la tierra equivale a de-
jar sin efectos la propiedad
TIERRA Y HOMBRES LIBRES
La propiedad es un
robo cuando no es
consecuencia del
trabajo.
No habría diferen-
cia entre pueblo y
soldados: así como
cada ciudadano era
un soldado para
defender sus dere-
chos, cada soldado
era un ciudadano
en ejercicio de la
soberanía.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
23
sobre ésta. Por tal motivo,
desde 1851, entablan una
demanda en su contra pro-
pietarios de Acarigua, Gua-
nare y Araure que lo acusan
de haber dañado sus intere-
ses (Brito Figueroa, 252).
Estas medidas explican
que la incorporación de los
campesinos a las fuerzas de
Zamora fuera abundante y
entusiasta, mientras que el
ejército de los conservado-
res tenía que recurrir a la
fuerza bruta para secuestrar
sus reclutas.
ZAMORA ORGANIZA A
LOS ARTESANOS Y
TRABAJADORES UR-
BANOS
Cuando el partido liberal
se abstiene de participar en
las elecciones de 1858, tras
la prisión de José Gregorio
Monagas, Ezequiel Zamora
llega a Caracas, y por con-
sejo de sus amigos france-
ses emigrados de la Revo-
lución de 1848, según narra
el radical Pierre Cerreau en
correspondencia emitida
desde La Victoria el 5 de
mayo de ese año, se dedi-
ca a organizar los grupos
de acción revolucionaria,
por «ofcios y profesiones,
porque los explotados for-
man una sola familia». A tal
efecto, según narra Federi-
co Brito Figueroa:
Así procedió en la práctica
Ezequiel Zamora. En San-
ta Rosalía organizó a los
talabarteros, divididos en
grupos de cinco, que actua-
ban clandestinamente y con
un jefe a la cabeza; en San
Juan, organizó a los sastres,
albañiles, malojeros y «gen-
te de todo ofcio vil», según
las denuncias formuladas
por Nicomedes Zuloaga;
en la Puerta de Caracas y
en Catuche, Zamora orga-
nizó hasta las lavanderas
«y mujeres del servicio do-
méstico». En el mercado de
la ciudad, Zamora contaba
con agentes que le informa-
ban de todo cuanto ocurría
en la ciudad. En Las Adjun-
tas, Mariches, Tazón y la
Rinconada, organizó a los
peones y vegueros (Brito
Figueroa, 279).
De tal manera resulta Za-
mora, no sólo líder agrario,
sino precursor de la orga-
nización de los artesanos
y del proletariado urbano.
Mientras desempeña tales
actividades, es perseguido
por los espías de la jefatu-
ra política, y agredido por
provocadores.
CONFISCACIÓN DE
TIERRAS PARA TO-
DOS
Tras el estallido de la Gue-
rra Federal, después de la
toma de Araure, el 6 de abril
de 1859 convoca al pueblo
a elecciones directas, y rea-
lizadas éstas, pronuncia un
discurso ante «las tropas y
el pueblo reunidos en una
sola masa en la plazoleta
de la villa y con asistencia
del señor cura y nuevas
autoridades», alocución en
la cual proclama la nece-
sidad de «confscar tierras
para distribuirlas después,
la tierra no es de nadie, es
de todos», añadiendo que
«para eso, hay que hacer
la revolución» (Tapia, José
León, (1972) Por aquí pasó
Zamora, p. 15, Barinas). Ha
transcurrido más de una dé-
cada desde las insurreccio-
nes campesinas de 1846, y
Zamora prosigue frme en
su idea de que la tierra es
de todos, y de que proceden
medidas revolucionarias
para apropiarla. Y así, tras
la toma de Barinas, Zamo-
ra expresa sus ideas a sus
inmediatos colaboradores,
y según testimonia José
Brandford, se pronuncia
categóricamente en el sen-
tido de que:
(…) en los Llanos la tierra
no es de nadie, es de todos
en uso y costumbres, y ade-
más, antes de la llegada de
los españoles, los abuelos
de los godos de hoy, la tie-
rra era común, como lo es
el agua, el aire y el sol...
La propiedad es un robo
cuando no es consecuen-
cia del trabajo. (…) Sobre
esos considerandos bastan-
te he hablado con el maes-
tro Pierre Cerreau, y estoy
de acuerdo en una cosa:
la propiedad es un robo
cuando no es consecuen-
cia del trabajo (…). No es
lo mismo la propiedad del
marqués de Pumar que las
propiedades de los vegue-
ros de El Totumal (…). En
una tiene que haber robo,
porque cómo consiguieron
esas tierras los señores del
Pumar, y cómo las consi-
guieron nuestros amigos y
compañeros, los vegueros
de El Totumal (…). Es una
cosa que tenemos que ave-
riguar3.
Zamora se ocupa no sólo
de la propiedad, sino de
las condiciones de quien la
trabaja. Y así, refriéndose
a la condición de los cam-
pesinos, confía a José Bran-
dford que el peonaje:
(…) odiosa forma de es-
clavitud que nos viene de
la colonia (…). El vegue-
ro también es un esclavo,
tan esclavo como lo eran el
negro Mindonga o Manuel
Camejo hasta el Decreto
de marzo de 1854 (…) los
indios sin sus resguardos y
tierras de comunidad tam-
bién son esclavos, la pape-
leta de libertad sin libertad
económica lleva a los ma-
numisos nuevamente al bo-
talón del amo (Brandford,
TIERRA Y HOMBRES LIBRES
«… luchamos para proporcionar una situación feliz a los pobres
(…) los pobres nada tienen que temer, no tienen nada que perder,
que tiemblen los oligarcas, no habrá ricos ni pobres, la tierra es
libre, es de todos»
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
24
1839, folio 70, citado por
Brito Figueroa, 1975, 346).
No se queda Zamora en las
palabras. En cumplimiento
de sus ideas, ordena aplicar
en Barinas las medidas si-
guientes:
1) Cinco leguas de tierra a
la redonda y por los cuatro
puntos cardinales para uso
común de cada pueblo, vi-
lla, ciudad o caserío.
2) Eliminación del sistema
de cobrar arriendo por el
uso de la tierra para fnes
agrícolas o pecuarios.
3) Fijar los jornales de los
peones de acuerdo con las
labores.
4) Que los amos de hatos
empotreren diez vacas pa-
ridas, de modo permanen-
te, en las tierras del común,
para suministrar diaria-
mente y de modo gratuito,
una botella de leche a los
hogares pobres4.
El proyecto socialista de
Zamora, pues, se extiende
de la prohibición de pagar
arriendo por las tierras, a
declarar de uso común las
cinco leguas que rodean a
cada poblado, a conservar
en las tierras del común
diez vacas paridas suminis-
tradas por cada propietario
para garantizar alimentos
gratuitos a las familias po-
bres. Son medidas de emer-
gencia, tomadas en la prisa
de la guerra, pero que anun-
cian la efectiva aplicación
de un programa radical.
RESPETO HACIA LA
PEQUEÑA PROPIEDAD
DEL PUEBLO
Estas medidas drásticas
contra la gran propiedad
coexisten con un escrupu-
loso respeto hacia la peque-
ña propiedad del pueblo.
Narra Laureano Villanueva
que un día se presentó ante
Zamora una mujer lloran-
do, porque un soldado le
había robado unas prendas.
El General del Pueblo So-
berano llamó al culpable,
lo obligó a pagar a la mujer
lo debido, y luego amones-
tó al soldado en estos tér-
minos:
—¿Cómo se ha atrevido
usted a robar a esta infeliz?
¿Qué va usted a remediarse
con esas miserables pren-
das? ¿No sabe usted que
la gente del pueblo es sa-
grada? Le haré dar a usted
unos palos para castigarlo.
Lo que debe cogerse son
los ganados, bestias y tien-
das de los godos; porque
con esas propiedades es
con lo que ellos se impo-
nen, y oprimen al pueblo.
A los godos se debe dejar
en camisa, pero la gente
del pueblo, igual a usted,
se respeta y se protege.
Y según Villanueva, siguió
discurriendo «sobre estas
ideas enteramente revolu-
cionarias, todo con el pro-
pósito de infundir a la tropa
amor al pueblo y odio a los
ricos, aunque fueran libe-
rales; pues decía que las
mismas haciendas de los
Pulidos, aunque éstos eran
liberales, debían destruirse,
porque si no los godos las
tomarían para hacer daño a
los liberales. Eso sí, decía,
«no se debe coger sino lo
indispensable para la tropa,
para comer, vestirse y pe-
lear» (Villanueva II, 133).
SOCIALISMO E
IGUALDAD DE BIENES
Y así, bien puede afrmar
Laureano Villanueva, el
primer gran biógrafo de
Zamora, que «su ambición
constante consistía en ser-
vir al pueblo, a la manera de
Tiberio Graco, con ciertas
ideas utópicas de socialis-
mo e igualdad de bienes»
(Villanueva, II, 279). (Vi-
llanueva, Laureano, (1992)
Vida del valiente ciudada-
no Ezequiel Zamora, Cara-
cas, Monte Ávila Editores).
Graco fue el revolucionario
romano que tomó partido
por los plebeyos, y afrontó
una guerra civil para tratar
de que les fueran acordados
derechos políticos.
GUERRA SOCIAL Y RE-
VOLUCIÓN SOCIAL
El dictador Julián Castro, en
correspondencia desde Ca-
racas el 23 y el 28 de mayo
de 1859, reconoce el efecto
que tales promesas tienen en
las masas como desencade-
nantes de una guerra social
y una revolución social:
… la oferta que los cabezas
de esta revolución hacen a
las masas ha infuido de tal
manera en éstas, que todos
simpatizan con las ideas an-
tisociales y se lanzan, con
fervor espantoso, al extermi-
nio de la República. Nues-
tras fuerzas, ya por fojedad
de sus Jefes, ya porque éstos
toquen con inconvenientes
insuperables, apenas han
tenido triunfos parciales
que en nada han debilitado
al nefando entusiasmo de
esta revolución social (…)
y aquí nos tiene Ud. hoy so-
portando los males de una
guerra social por los hechos
que la caracterizan, y social
y vandálica por las tenden-
cias que abriga (…)5.
Uno de los más encarniza-
dos enemigos de Zamora
le reconoce así, creyendo
infamarlo, el carácter de
conductor de una verdadera
revolución social que se im-
pone mediante una guerra
social. Por ello, en vida de
Zamora, las fuerzas conser-
vadoras «apenas han tenido
triunfos parciales ».
Y José León Tapia señala
que la condición de revolu-
cionario era profesada por la
casi totalidad de seguidores
de Zamora, y que implica-
ba la convicción de que el
trabajador tenía derecho a
tierras para trabajarlas: Aun-
que parezca mentira, ser za-
morista entonces era como
ser revolucionario ahora y
cuando las cosas se empe-
zaron a poner duras esos
hombres no gustaban pues
siempre andaban criticando
y reclamando tierras para el
trabajo6.
La prematura muerte de
Zamora, que algunos han
considerado asesinato pro-
movido por los liberales
reaccionarios, dejó en sus-
penso todo un programa
de reformas que luego fue
transado en el Tratado de
Coche, que puso término a
la Guerra Federal. En nin-
gún momento, mientras
vivió, se desdijo Zamora
de sus ideas ni dejó de apli-
carlas.
Según André Malraux, lo
más terrible de la muerte es
que convierte todo en desti-
no. Para Zamora, la muerte
en combate lo consagra para
la eternidad como lo que fue
desde sus comienzos: agra-
rista, libertario, revolucio-
nario, socialista.
NOTAS
1. Brandford, José, Caracas
2 de noviembre de 1847, ci-
tado en Brito Figueroa, 140-
141.
2. Brito Figueroa, 239.
3. Brandford, José: Anota-
ciones de un revolucionario
(manuscrito), folio 68, Ba-
rinas 1839, citado en Brito
Figueroa, 1975, 346.
4. Brandford, 1839, folio
75, citado en Brito Figue-
roa, 1975, 346.
5. Citado por Federico Brito
Figueroa, 340.
6. Tapia 1976, 273.
BIBLIOGRAFÍA
BRANDFORD, José, Ano-
taciones de un revolucio-
nario (manuscrito) 1839,
citado por Brito Figueroa,
1975.
BRITO FIGUEROA,
(1975) Federico: Tiempo de
Ezequiel Zamora, Caracas:
Ediciones Centauro.
TAPIA, José León, (1976)
Por aquí pasó Zamora, Ca-
racas: Ediciones Centauro.
VILLANUEVA, Laureano,
(1992) Vida del valiente
ciudadano Ezequiel Zamo-
ra, Caracas: Monte Ávila
Editores.
TIERRA Y HOMBRES LIBRES
¡El pueblo se basta a sí mismo! ¿Se querrán contentar con mis
respuestas?: que la tierra no debe ser alienable; que en el mo-
mento de nacer cada hombre debe encontrar su parte sufciente
como la encuentra de aire y de agua; que en el momento de mo-
rir debe dejar como herederos, no a los más próximos de la so-
ciedad, sino a la sociedad entera; que no ha sido nada más que
este sistema alienable el que ha transmitido todo a unos y no ha
dejado nada a otros... Que no exista más la división de los ciuda-
danos en clases; admisión en todos los puestos; derecho de voto
para todos, a emitir sus opiniones en todas las asambleas... Pro-
baremos que la tierra no es de nadie, sino que es de todos...
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
25
COLONIA Y NEOCOLONIA EN VENEZUELA
Resistencia y participación
(fragmentos)
A
partir del origen
de la sociedad re-
publicana, que po-
dríamos ubicar en 1821, la
trasformación del modo de
vida de la sociedad colonial
fue un proceso complejo y
traumático para la socie-
dad venezolana. Durante
el siglo XIX y las décadas
iníciales del siglo XX, su
organización económica y
social no se modifcó sen-
siblemente; los cambios
más aparentes ocurrieron
en la superestructura de la
sociedad venezolana: en
las instituciones políticas,
jurídicas y administrativas,
lo que afectó los intereses
del bloque hegemónico,
aproximadamente el 15%
de la población, quedando
sin resolver los problemas
de la enorme mayoría, del
75% de venezolanos/as
que no conocían la justicia
social y la libertad política
y económica, la salud, la
educación, el disfrute crea-
dor del ocio, en suma, la
felicidad.
El motor de la vida eco-
nómica continuó siendo en
los siglos XIX y XX, como
hasta entonces, el comercio
exterior. En lo que refere
a la propiedad territorial
agraria, pese a los tímidos
ensayos de reforma agraria
ocurridos a mediados del
siglo XX a inicios del go-
bierno de Rómulo Betan-
court, la propiedad de la
tierra siguió concentrada
en las manos de la oligar-
quía terrateniente o “tierra
cojiente” como apuntan
jocosamente algunos ana-
listas políticos aludiendo a
la apropiación descarada,
por empresarios del cam-
po, de ejidos y tierras pú-
blicas propiedad de la na-
ción. La antigua fuerza de
trabajo esclava y servil co-
lonial se fue trasformando
en una masa de asalaria-
dos libres y de pequeños
comerciantes indepen-
dientes, con restricciones
notables en sus libertades
económicas, civiles, polí-
ticas y culturales.
Las clases sociales de la
colonia, basadas en la ri-
queza y el origen social,
fueron suplantadas progre-
sivamente por clases fun-
damentadas en el estatus
socioeconómico y la ads-
cripción a un determinado
grupo político.
A partir de 1830, las con-
tradicciones que se crea-
ron entre los diferentes
grupos económicos, so-
ciales y políticos llegaron
a encauzarse muchas ve-
ces por la confrontación
armada, manipulando
las esperanzas de los/
as humildes explota-
dos/as y excluidos/
as de llegar por fn
a conformar una
revolución social
para lograr su
adhesión física
a los intere-
ses de uno u
otro bando
(Sanoja y
Va r g a s
2004).
El sur-
g i -
mien-
to del
sistema y de
la ideología liberal,
a partir de 1859, determi-
nó la entronización de re-
gímenes autocráticos, de
los cuales el de Antonio
Guzmán Blanco es ejem-
plo en el siglo XIX, en
tanto que las aspiraciones
populares de los campesi-
nos/as pobres y sin tierra,
de los peones llaneros, de
los antiguos esclavos/as y
siervos/as, de la minoría
de comerciantes, profesio-
nales y artesanos quedaban
frustradas ante la realidad
del poder absoluto ejercido
por las diferentes facciones
de poder que formaban el
bloque hegemónico de la
sociedad venezolana.
El
d o mi -
nio que ejerció
la clase dominante le
negó, de entrada, a los/as
indígenas, los mulatos/as y
los mestizos/as que vivían
en condiciones de pobre-
za, los derechos sociales y
culturales mínimos sobre
los cuales, posteriormen-
te, se habría podido desa-
rrollar una fuerte sociedad
civil, de modo que la clase
dominante pudo así llegar
a copar y controlar todos
esos espacios, sin permitir
que otros actores y actrices
sociales fueran capaces de
contribuir en la misma me-
di-
d a
e n
l a
c r e a -
ción de
d i c h a
sociedad.
De esa
manera, ya
desde el siglo
XIX, se negó
a los sectores
sociales distin-
tos a la minoría
de dominadores
la autonomía, la ca-
pacidad para tomar
acciones en benefcio
de sus propias aspira-
ciones y metas sociales.
Por ello no es pues de ex-
trañar que las antiguas co-
lonias posean hoy día una
débil y desestructurada so-
ciedad civil (Lander 1995).
Para justifcar esa nega-
ción, desde el primer ter-
cio del siglo XX, los argu-
mentos de clase dominante
de entonces (y también de
ahora) se apoyaban ideoló-
gicamente en el principio
de una supuesta indiscipli-
na innata que caracteriza
la conducta del pueblo ve-
nezolano, la cuales impe-
Iraida Vargas
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
26
día la gestación de formas
realmente participativas de
dicho colectivo en la vida
social de nuestro país. El
concepto de indisciplina
innata del pueblo venezo-
lano ha sido rotundamente
desmentido, por ejemplo,
por la ejemplar conducta
cívica observada por la po-
blación en las elecciones
celebradas desde 1998 a
la fecha, sus actuaciones
en 2002 ante el Golpe de
Estado, y las de 2002-2003
durante el sabotaje petro-
lero y en todos los subsi-
guientes referendos y elec-
ciones celebradas hasta el
3 de Diciembre de 2006.
Durante el siglo XX la
vida cultural y social vene-
zolana estuvo signada por
la dominancia de la eco-
nomía petrolera, materia
prima de singular impor-
tancia para el comercio y
la producción industrial
mundial. Socialmente, el
petróleo fue el arma de la
dominación neo-colonial
ejercida por el Imperio y
su representación, la oli-
garquía criolla, funda-
mental en el proceso de
acumulación de riqueza
por parte de los consorcios
nacionales y transnaciona-
les. En el caso venezolano,
el petróleo desempeñó un
papel importante en la des-
aparición y transformación
de las bases coloniales de
la sociedad, impulsando
particularmente la prospe-
ridad de la gran burgue-
sía y la clase media, pero
aumentando también los
nexos de dependencia neo-
colonial de nuestro país
con el primer mundo.
El orden económico tra-
dicional de la economía
colonial, fundamentado
principalmente en la agro
exportación, decayó en el
siglo XX. Su declinación
no generó un cambio hacia
la modernización agrícola,
sino que, por el contrario,
acentuó su declive. El pe-
tróleo dislocó las antiguas
relaciones laborales, la
naturaleza y distribución
territorial de la población,
los usos del suelo y de
los recursos naturales re-
novables o no, así como
las relaciones internas y
externas de poder, el sis-
tema político, la naturale-
za del comercio interior y
exterior, el régimen fscal,
cambiario y monetario,
los patrones de consumo,
las esperanzas y objetivos
sociales de la población,
creando en suma una nue-
va forma de vida que no ha
logrado cuajar todavía, en
el siglo XXI, en una socie-
dad integral y verdadera-
mente democrática.
El contenido formal de los
mecanismos de dominación
cambió con la instauración
del sistema democrático
representativo, conservan-
do sin embargo la esencia
represora de los derechos
ciudadanos que ya existía
desde la colonia. Efecti-
vamente, a inicios de los
años sesenta del siglo XX
se inicia el puntofjismo,
nombre que alude al pacto
realizado en Venezuela en-
tre los caudillos políticos
modernos de la democra-
cia representativa. Instru-
mentalmente, se trataba de
imponer una hegemonía
política bipartidista que se
asumía demagógicamente
como la expresión natural
de los deseos y necesida-
des de toda la sociedad ve-
nezolana. Para tales fnes,
se construyó una burocra-
cia de Estado o nomenkla-
tura, integrada por políti-
cos partidistas devenidos
empresarios privados y
por empresarios privados
devenidos dirigentes po-
líticos partidistas, quienes
se repartieron a su gusto y
para su provecho personal
los dineros de la hacienda
pública venezolana, pri-
vatizando el Estado, los
benefcios de las empresas
básicas y de la industria
petrolera, transformando
así al Estado en el gran
negocio de los partidos po-
líticos, de la empresa pri-
vada nacional y de las cor-
poraciones transnacionales
(Vargas 1995, Vargas y
Sanoja 1993).
El fn de la colonia no fue
el fn de las estructuras co-
loniales; por el contrario,
los distintos gobiernos oli-
garcas postcoloniales, fun-
damentalmente aquellos
que existieron durante la
democracia representativa,
continuaron operando con
el propósito de instaurar re-
gímenes neo-coloniales en
los cuales sus bases econó-
micas, sociales y cultura-
les reemplazaron las anti-
guas formas coloniales de
control y administración
por nuevas y más profun-
das formas de relaciones
neo coloniales. Una de las
formas más insidiosas para
lograr la neocolonización
por parte de esos gobiernos
residió en el manejo de una
concepción del pasado –de
cualquier pasado—como
representación del atraso
(Vargas 1999, 2005). La
educación formal indujo en
la mente de los estudiantes
la idea de que al no haber
sido nuestros pueblos ori-
ginarios capaces de formar
Estados en el pasado pre
colonial, de no haber per-
mitido la constitución de
un virreinato en el pasado
colonial, de haber trans-
currido la vida de nuestro
pueblo en el siglo XIX y
parte del XX enzarzada en
las guerras estériles que se
declaraban entre los dife-
rentes caudillos políticos,
los/as venezolanos/as no
éramos aptos, como sí lo
eran los europeos y los es-
tadounidenses, para crear
y mantener por nosotros
mismos el desarrollo so-
cial. Podemos considerar
que estas ideas, acuñadas
inicialmente por la oligar-
quía colonial, fueron adop-
tadas y reforzadas por los
pensadores positivistas de
fnales del siglo XIX; a
mediados del siglo XX, la
democracia representativa,
el puntofjismo las hizo
orgánicamente suyas, po-
niendo esta vez en práctica
una cierta política cultural
de Estado que sirvió para
fortalecer la identidad so-
cial negativa que ya ellas
habían propiciado en la
mayoría pobre de la pobla-
ción venezolana. Mediante
el manejo de estereotipos
igualmente negativos so-
bre el ser nacional, los his-
toriadores/as, flósofos/as y
sociólogos/as de la oligar-
quía trataron de convencer
a propios y extraños, a tra-
vés de la educación formal
e informal, del argumento
racista según el cual entre
los venezolanos/as de los
sectores populares existían
características sociales e
intelectuales atrasadas que
eran innatas y no secuela
de la pobreza que había
generado la condición co-
lonial.
A comienzos del siglo XX
se crearon y se aceptaron,
por parte de la oligarquía
venezolana, estereotipos
positivos sobre lo europeo
COLONIA Y NEOCOLONIA EN VENEZUELA
Socialmente, el
petróleo fue el arma
de la dominación
neo-colonial ejerci-
da por el Imperio y
su representación, la
oligarquía criolla,
fundamental en el
proceso de acumula-
ción de riqueza por
parte de los consor-
cios nacionales y
transnacionales.
La educación formal indujo en la mente de
los estudiantes la idea de que al no haber
sido nuestros pueblos originarios capaces
de formar Estados en el pasado pre colo-
nial, de no haber permitido la constitución
de un virreinato en el pasado colonial, de
haber transcurrido la vida de nuestro pue-
blo en el siglo XIX y parte del XX enzarza-
da en las guerras estériles que se declara-
ban entre los diferentes caudillos políticos,
los/as venezolanos/as no éramos aptos,
como sí lo eran los europeos y los estado-
unidenses, para crear y mantener por noso-
tros mismos el desarrollo social.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
27
COLONIA Y NEOCOLONIA EN VENEZUELA
y lo estadounidense, como
manera de aceptar lo in-
eluctable de la dominación
foránea (Montero 1994).
En tal sentido, se distor-
sionó la historia real para
estereotipar negativamente
a los distintos componen-
tes étnicos que intervinie-
ron en la construcción de
la nación venezolana: los/
as indígenas pre-coloniales
fueron concebidos como
primitivos y salvajes; se
redujeron sus distintas y
variadas formas de vida a
sus instrumentos de traba-
jo; las creaciones materia-
les indígenas del pasado
fueron descontextualiza-
das, concebidas y acepta-
das sólo como expresio-
nes estéticas. Los aportes
del componente étnico de
origen africano fueron re-
ducidos a la creación de
elementos culturales gas-
tronómicos y musicales; al
mismo tiempo, lo criollo
mestizo fue conceptualiza-
do como equivalente al ser
popular venezolano (Var-
gas 2005a).
Con el advenimiento de la
democracia representativa
a mediados del siglo XX
se generaron nuevos este-
reotipos negativos sobre
los grupos culturales que
habían sido considerados
como los íconos de la ges-
ta de independencia nacio-
nal; a partir de ese momen-
to se comenzó a califcar
los llanero, que había sido
defnido como equivalente
a la génesis de la virtud na-
cional, de lo criollo, como
“pavoso”, sinónimo de
atraso y cursilería (Rago
1999).
Todo lo anterior permitió
la reproducción ampliada
e institucionalizada a tra-
vés de la educación formal
e informal, de una identi-
dad social nacional negati-
va (Montero 1984) que se
expresó en la formación de
individuos con vergüenza
étnica, gracias a la acep-
tación generalizada de los
estereotipos negativos so-
bre lo indio, lo hispano y
lo negro: indio como equi-
valente a fojera, indolen-
cia y pasividad, hispano
igual a banalidad festera,
y negro semejante a inso-
lencia e indisciplina (Var-
gas 2005a).
La sociedad venezolana ha
cambiado sensiblemente
en el curso de sus 14.000
años de vida social orga-
nizada. Lamentablemente,
los disfrutes materiales y
las expresiones de moder-
nidad que hoy deslumbran
la mirada de los incautos/
as, venezolanos/as y ex-
tranjeros/as se vieron res-
tringidas, como siempre
había ocurrido desde el
siglo XVI, a una minoría
social. La mayoría social
excluida, por el contra-
rio, sólo logró acumular
pobreza, insufciencia de
empleo, inseguridad, in-
conformidad, frustración y
la esperanza secular de po-
der acceder a un régimen
más humano y solidario y
así a una mínima calidad
de vida.
En la Venezuela contem-
poránea, la población ma-
yoritaria de la sociedad,
integrada por los sectores
populares y la clase media
baja fue, entonces, sempi-
ternamente excluida por
los sucesivos gobiernos de
la oligarquía del disfrute
de una vida digna. Esa ex-
clusión le produjo severas
carencias en las áreas de
identidad cultural y autoes-
tima, salud, vivienda, edu-
cación, disfrute del agua
potable, del tiempo libre,
de los servicios sanitarios,
entre otras, determinando
de esa manera la existencia
de un colectivo que care-
cía de toda posibilidad de
capitalizar sus capacidades
creativas y productivas
para sobreponerse a las
condiciones de pobreza.
Las circunstancias sociales
anteriores fueron llevando
a ese colectivo a implemen-
tar formas de organización
cuyo fn inmediato era ga-
rantizar la sobre vivencia,
sin protegerlo realmente
de la pobreza y la miseria.
Luego de un re examen
coordinado de la cuestión,
podemos ver cómo ciertos
componentes negativos de
la sociedad, que han sido
potenciados como indica-
dores atávicos de la cultu-
ra nacional, representarían
por el contrario formas
de resistencia colectiva al
atropello generalizado, se-
cular e irresponsable que
ha sido característico de la
conducta de las elites de
poder en Venezuela.
Esas formas organizativas
de los sectores popula-
res se han caracterizado,
fundamentalmente, por la
presencia de una cultura
urbana en la cual la reci-
procidad y la solidaridad
–elementos existentes en
dichos sectores como re-
sultado de su herencia
histórica-- constituyen ca-
racteres básicos en la vida
doméstica. Participan en
una estructura de recipro-
cidad basada en elementos
generados por las socieda-
des originarias, pero rese-
mantizados, resignifcados
para dar cuenta de las nue-
vas condiciones sociales en
las que les ha tocado vivir
en los últimos 50 años. Es
la pobreza de la vida en las
barriadas populares, la mi-
seria en todas sus facetas,
la que ha estimulado que
la reciprocidad y la solida-
ridad, tanto comunitarias
como domésticas, se con-
virtieran en mecanismos
defensivos, única manera
que poseían para garanti-
zar su sobre vivencia. El
mismo patrón arquitectó-
nico popular, abigarrado,
de viviendas que se apo-
yan y se mantienen unas
sobre las otras construidas
a lo largo de estrechos pa-
sajes y callejuelas donde
los diferentes ambientes
familiares forman parte,
en realidad, de una espe-
cie de privacidad colectiva,
de una gran vida cotidiana
pública compartida en pri-
vado se fundamenta en la
solidaridad, en el compar-
tir, en el sobrellevar juntos
la miseria y ahora en aupar
en colectivo la esperanza
revolucionaria de una vida
mejor.
Desde la colonia hasta
1998, la exclusión social
infuyó profundamente
para que los sectores popu-
lares construyeran aquellas
formas de organización y
participación alternativas,
distintas a las practicadas
por el resto del colectivo
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
28
COLONIA Y NEOCOLONIA EN VENEZUELA
nacional que posee una
conciencia social basada
en una ideología centrada
en el egoísmo, creada du-
rante centurias de encua-
dramiento clasista y por lo
menos de 800 años de de-
sarrollo capitalista.
A partir de 1998, con el
triunfo de Hugo Chávez en
las elecciones presidencia-
les, se inició en Venezuela
un proceso de profundos
cambios sociales. En cum-
plimiento a la promesa pre-
electoral que hiciera como
candidato el actual Presi-
dente, se llevó a cabo una
consulta popular sobre la
celebración de una Cons-
tituyente. En el marco de
la nueva Constitución de
1999, aprobada también
mediante consulta popular
realizada ese mismo año,
todas las autoridades elec-
tas en 1998, incluyendo
al propio Presidente de la
República, re-legitimaron
sus cargos en nuevas elec-
ciones, siendo ratifcados/
as con una amplia mayo-
ría de votos sobre sus ad-
versarios/as. A partir de
1999 hasta fnales de 2001,
el país comenzó a experi-
mentar señalados cambios
políticos y un notorio cre-
cimiento económico. La
aprobación de leyes habi-
litantes mediante decretos
presidenciales, orientadas
a la búsqueda y acelera-
ción de soluciones a la
pobreza estructural,
especialmente la Ley
de Tierras, radicaliza-
ron las posiciones de los
sectores oligarcas venezo-
lanos quienes percibían que
tales leyes constituían una
amenaza a sus centenarios
privilegios y a los intereses
imperiales, sobre todo los
de EEUU, país que pensa-
ba hasta ese momento que
Venezuela constituía su re-
servorio de recursos natu-
rales: petróleo, gas, agua y
demás.
Por dichas razones, en di-
ciembre de 2001, los sec-
tores oligarcas venezola-
nos convocaron a un paro
patronal que contó con la
participación de FEDE-
CÁMARAS, de la corrupta
y ya casi extinta Confede-
ración de Trabajadores de
Venezuela (CTV), la cual
había sido cooptada por
los partidos políticos y por
la misma Central Patronal
ya desde los inicios de la
IV República, y con la de
muchos pequeños comer-
ciantes intoxicados con el
obsoleto discurso antico-
munista de los tiempos de
la Guerra Fría. Ese lockout
patronal fracasó debido a
que no tuvo eco en la po-
blación general. Sin embar-
go, sirvió para alimentar el
clima de confrontación po-
lítica que se había iniciado
desde el mismo momen-
to cuando el Presidente
Chávez y sus seguidores/
as habían manifestado sus
intenciones de participar
en la contienda electoral
de 1998. Efectivamente, a
partir de esa fecha –media-
dos de los años noventa--
los medios masivos de co-
municación comerciales,
sobre todo los televisivos,
iniciaron una intensa y
agresiva campaña de des-
crédito de Hugo Chávez
y de los partidos políticos
que lo apoyaban, aglutina-
dos en el Polo Patriótico
(Britto 2004, López Maya
2002, López Maya y otros
2003).
Con la ayuda económica
del gobierno de Estados
Unidos, el apoyo logísti-
co y técnico de la CIA y
el respaldo de los gobier-
nos de entonces de España
y Colombia, los sectores
oligarcas y un grupo de
ofciales apátridas vene-
zolanos prepararon y lle-
varon a cabo un Golpe de
Estado en abril de 2002.
Afortunadamente, el pue-
blo conjuntamente con la
mayoría de la ofcialidad
y tropas de la Fuerza Ar-
mada Venezolana lograron
derrotarlo, reponiendo en
el gobierno al Presidente
Chávez y recuperando la
institucionalidad demo-
crática. El breve interludio
dictatorial, que costase la
vida a decenas de compa-
triotas y que dejase una
secuela de violaciones de
los derechos humanos, sir-
vió de acicate a la Fuerza
Armada y al pueblo vene-
zolano para fortalecer en-
tre ellos sus convicciones
democráticas. Sin embar-
go, sirvió asimismo para
estimular la confrontación
y la polarización social y
política existentes, el cual
fue el marco social para el
desarrollo de renovados in-
tentos de desestabilización
y destrucción del gobierno
nacional por parte de las
oligarquías venezolanas y
del imperio estadouniden-
se.
En diciembre de ese mis-
mo año, los sectores anti-
democráticos venezolanos
convocaron a un nuevo
lockout patronal e inicia-
ron un nuevo golpe, esta
vez petrolero, destinado a
destruir nuestra principal
industria y de esa manera el
Estado nacional. Ese gol-
pe, que duró hasta febrero
de 2003, fue igualmente
derrotado por el pueblo y
la Fuerza Armada Nacio-
nal, dejando no obstante
una impronta negativa en
nuestra economía pues
ocasionó la pérdida de de-
cenas de miles de dólares a
la nación venezolana.
La actuación popular en
los eventos recientes, resu-
midos en las páginas pre-
cedentes, demostraron la
fortaleza de sus organiza-
ciones ya existentes y las de
reciente creación. En efec-
to, los sectores populares
que mayoritariamente apo-
yaban al gobierno boliva-
riano pusieron en práctica
ante las terribles amenazas
imperiales, como veremos
más adelante, formas de
resistencia cultural propias
basadas en sus tradiciones
culturales centenarias, in-
troduciendo en ellas no-
vedosas modalidades de
acción y de protesta para
aumentar su efcacia en la
nueva situación histórica.
A fnales de 2006, el Pre-
sidente Chávez fue reelec-
to con una abrumadora
mayoría de votos. En esa
ocasión, la convocatoria
que hiciera Chávez como
candidato al pueblo vene-
zolano se planteó como
objetivo fundamental su-
marnos todos y todas a la
construcción de un socia-
lismo venezolano.
En los actuales momentos
la Revolución Bolivaria-
na trabaja para crear una
nueva condición social en
la cuales el estímulo a las
relaciones sociales basadas
en la generosidad, la soli-
daridad, la reciprocidad,
el compartir y la igualdad
En los actuales momentos la Revolución
Bolivariana trabaja para crear una nueva
condición social en la cuales el estímulo a
las relaciones sociales basadas en la ge-
nerosidad, la solidaridad, la reciprocidad,
el compartir y la igualdad social sean los
fundamentos de la sociedad, las premisas
éticas que regulen las relaciones entre sus
miembros.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
29
COLONIA Y NEOCOLONIA EN VENEZUELA
social sean los fundamen-
tos de la sociedad, las pre-
misas éticas que regulen
las relaciones entre sus
miembros. Fundamentada
en la creación de dichas
condiciones, la Revolución
dirige sus esfuerzos a la
construcción de un nuevo
Estado con objetivos ple-
namente socialistas. Acor-
de con esa meta, la imple-
mentación de las misiones
y planes sociales persigue
promover en toda la ciuda-
danía una nue-
va subjetivi-
dad, una
cultura
p o -
lítica participativa y pro-
tagónica, y de esa manera
un modo de vida acorde
con aquellas premisas éti-
cas. Esas nuevas estructu-
ras organizativas que im-
pulsa la revolución tienen
como fn último lograr la
transformación estruc-
tural de la sociedad
venezolana; dicha
transformación permitirá
resolver de manera def-
nitiva el secular problema
de la pobreza mediante la
reestructuración del tejido
social dentro de los secto-
res populares y de modos
de participación que sean
resultado, a su vez, de las
nuevas formas de organi-
zar las relaciones sociales.
La Constitución de la Re-
pública Bolivariana de Ve-
nezuela plantea, así mis-
mo, mostrar la solidaridad
del país con los que inte-
gran la comunidad latinoa-
mericana. En tal sentido, el
petróleo venezolano ha de-
venido un arma del Estado
venezolano para ayudar a
esos países a subvertir las
condiciones de atraso que
el capitalismo ha creado,
desempeñando así mismo
un papel importante en la
desaparición y transfor-
mación de las terribles e
insidiosas formas neo-co-
loniales que caracterizan
las políticas neoliberales
que el Imperio ha diseñado
para mantener su dominio
sobre esa comunidad. El
ALBA, Alternativa Boli-
variana para la América,
constituye un proyecto que
está signado por la búsque-
da de la solidaridad entre
los pueblos americanos,
partiendo de la idea de ayu-
das mutuas y el compartir
recursos y servicios. El
ALBA pretende potenciar
a niveles muy superiores el
conjunto de naciones sura-
mericanas como un nuevo
bloque económico y políti-
co, para imponer un nuevo
rumbo a la región, se pro-
pone fomentar una rearti-
culación y proyección
de las fuerzas pro-
ductivas conjun-
tas, con apoyo
en un eje ener-
gético común.
El dominio que ejerció la clase dominante le negó, de entrada,
a los/as indígenas, los mulatos/as y los mestizos/as que vivían
en condiciones de pobreza, los derechos sociales y culturales
mínimos sobre los cuales, posteriormente, se habría podido de-
sarrollar una fuerte sociedad civil, de modo que la clase domi-
nante pudo así llegar a copar y controlar todos esos espacios, sin
permitir que otros actores y actrices sociales fueran capaces de
contribuir en la misma medida en la creación de dicha sociedad.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
30
No teníamos ni un gramo de seso para pensar
y el mirar no alcanzaba más allá de nuestras
occidentales narices
arrebatado instinto éramos todos
Pompeyo también era benévolo e ignoraba tanto como nosotros mismos
La Declaración de los Derechos del Hombre
nos desordenaba los cabellos y se explicaba
El Manifesto del Partido era asunto de otros climas
decían los sabios mientras se arreglaban la corbata
un poco volada por la brisa
El problema del poder político dejado en manos del almanaque
para dentro de mil años cuando los monopolios
y los explotadores nacionales comprendieran que hacían mal
y pactos de no agresión con los enemigos de clase fueron frmados
Oh desvergonzada ingenuidad
Ya en el 45 había caído la zamurada sobre el botín
dividido el movimiento obrero alimentadas las jaurías policiales
a cambio dieron al pueblo voto universal y secreto
y en las urnas quedaron promesas
y afuera el hambre foreciendo desde entonces
Llamábase democracia al fascismo y maestro
de juventudes a un viejo celestina de los poderosos
Ahora el adiposo coronel que los aventó en Mirafores
no era un advenedizo ni hijo putativo de nadie
heredaba el gran proscenio recién inaugurado tres años atrás
porque léanse la Leyes de Indias y se entenderá la cuestión del Mayorazgo
Diez años de terror combatíamos buscando salida a la muerte
enseñoreada sobre el hombro de nuestra adolescencia
que procuraba crecer y no desentenderse jamás de su alegato
y como nada sabíamos y nada se nos dijo
el 23 de enero las banderas escondidas en el fondo
quedaron a medio desplegar las masas escarnecidas desatadas
tempestuosamente fueron precipitadas por la indolencia
Porque agitadas las aguas de la insurrección y derrocado el tirano
mientras al burguesía corría al palacio de gobierno
para seguir la festa de privilegios
nosotros nos quedamos en la calle vociferando pidiendo orden
a quienes toda una década clamábamos porque se desordenaran
cortando la protesta con inútiles consignas
tímidamente rogando el descongestionamiento de las cárceles atestadas
cotorras olvidadizas pidiendo elecciones libres
pero aclaró el río revuelto y éramos puro académicos respetuosos
las redes se nos quedaron dormidas en las manos
y como nada se nos dijo tampoco
de nuevo el prostíbulo de la demagogia representativa
encendía su foco de tolerancia
Instantes la toma del presidente de cartón
ante el erizamiento de las bayonetas
los desamparado electores otra vez aislados
y segregados y regresados a la indigencia como siempre
Y no era para menos
Cuando regresaron del ocioso exilio en Norteamérica
entre las letras del Pacto de Nueva York ordenaban ya
la intensifcación de la entrega descarada y la castración de lo nacional
Para ello uncidos hasta los tuétanos de histeria anticomunista
loando la guerra fría y bienaventuranza de los monopolios
haciendo planes para industrializar la acidez de la prostitución
Las conocidas aves temblorosas
queriendo trastocar el amor entre el hombre y la mujer
Como cocodrilos llegaron dándose golpes de pecho
sectarios hasta la partida bautismal desolados perros de cacería
capataces de látigo y sombrero de corcho
cambistas de baja ralea mercaderes de la desvergüenza
reivindicadores de la persecución y la tortura
Nunca tuvo que ver la traición con lo telúrico
II
Una mañana de rata nos ofrecía el opio
del respeto a las instituciones heredadas
y el cauce de las ofensas colmaba ya
los puentes de nuestros corazones
para seguir tendidos sobre el escudo de la ignominia
rumiando largas tiras de melancolía
Y como no queríamos que se nos siguiera escupiendo
asesinando impunemente antes que se nos desterrara
decidimos enguerrillar nuestras posibilidades
tomar las armas para defendernos
y llevar hasta el fn la justa guerra de liberación.
Entonces comenzaron a llamarnos impacientes locos
malos hijos de la patria agentes de Pekín cubanóflos obnubilados
Acusarnos de extranjeros a nosotros
que sólo sabemos de la primavera cuando avistamos forecido el araguaney
Yo justifico
“Chino” Valera Mora
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
31
que nos enteramos del otoño cuando deshoja el algarrobo
que en invierno a nadie le hemos tumbado su sombrero con bolas de nieve
ni abrazados en verano por lo ardiente que desboca avenidas
como soplo del diablo
nosotros con la misma piel resbaladiza de las piedras del río
que nos vio nacer y hacernos audaces en sus riberas
Galope y canta hasta la raíz de los cabellos
Aún no abandonados por el frío de las altitudes
y azules y medrosos como las vías selváticas y marineros en el mar Caribe
Los saludados paisa o ñero o compay o guaro y no de otro modo
Que si hemos traspasado la frontera no ha sido más lejos
del mercado de Cúcuta para comprar un pantalón y una camisa
a mitad de precio que los de aquí y eso no todos hemos ido
Nosotros que no hemos hecho otra cosa que desvivirnos
por esta tierra de gracia y el amor del pobre pueblo marginado
Rabian porque Cuba es el más innato querer
y la vergüenza de Fidel toda la dignidad en pie de guerra
III
Ellos pensaban que Ezequiel Zamora había concluido para siempre
y nunca más el planteamiento de su cuchillo y desmesurado corazón
regresaría a hurgar la paz de los oligarcas
Pero no todos los muertos viajan tranquilos
a algunos les molesta estar ahí sin hacer nada
e insisten con terquedad
y regresan a presidir nuevos combates
a dilucidar el asunto que los vistió de ausencia
Ved al guerrillero mal herido al padre de todos nosotros
crepitando en los últimos carbones federales
cómo rebotan sus huesos sobre la tierra
cómo dieron fuego al pajonal
cómo hoguearon los límites del hombre
Vedlo en traje verde oliva
por montes y calles más terrible
que los que hoy matan y se lavan las manos
y confesan los días de guardar para purgar sus penas
Mas es cierto es reconocido
la caída en el sitio de San Carlos
fue una jugada de mala ley
pero olvidaron enterrar el sonido de sus sienes veladas
Zamora cabalga señores
ya los dientes del pueblo
están royendo los muros de vuestro reino
y no es el desarropado ni el sordo ni el ciego de ayer
ahora tiene bandera poetas y metal organizado
Recojan la cosecha de vientos que sembraron
Y la igualdad fraternidad y libertad que dice la Constitución
se las vana tener que tragar por los ojos
Porque estamos cansados de tanta miseria y circo
y vamos a meterle un balazo en la cabeza al estado de cosas existentes
Eso que llaman Derecho Natural
tendrán mortaja y tumba bajo el aire de nuestra decisión
porque sabemos dirigir el fusil
y la dinamita nos es familiar hasta la audacia
La democracia representativa apesta ya
como un presagio de azufre quemado
el gavilán de la insurrección revolotea sobre las candelas
y está esperando allí está esperando
y bajará y conocerá vuestros despojos
el día del desagravio ante las armas congregadas
Abrid las compuertas del miedo oligarcas
porque la paz no será con vosotros
Zamora cabalga en el incendio
y somos lo que sucede la posibilidad del porvenir
IV
He aquí el cuestionado problema
“Las inversiones norteamericanas en nuestro país
representan aproximadamente el 60% del total
de las inversiones de Estados Unidos
en América Latina”
Sabemos que el inferno del subdesarrollo
toda crueldad es posible
pero no somos la generación de los inmolados
ni nuestros dolores huyen con las armas bajas
y desenterramos el hacha de la guerra
porque el drama venezolano no es cábala
ni enigma ni creación de bellas cosas para el placer
nuestra suerte está signada por el despojo
fuctuante en las estadísticas de los porcientos
Ved lo que toca a nosotros
principales signatarios de la gran factoría yanki
El 60% de todas las amarguras del aire americano
El 60% de las desdichas las frustraciones los hilos cortados
las hambres no satisfechas y la oscuridad de la ignorancia
El 60% de las abstinencias obligadas sobre el derecho al amor
El 60% de las colillas apagadas en el fondo de los ojos
como en el fondo de un cenicero valiosísimo
de los salivazos en la cara los huesos rotos las cabezas turbadas
la sangre prevista en la orina al día siguiente d ela captura
los testículos salvajemente golpeados en la estación de torturas
en nombre de la democracia representativa
El 60% de las plantas de estiércol
tiradas sobre el rostro de 200 millones de nativos
El 60% de los productos de desecho de las fábricas de la metrópoli
vendidos a nosotros a precios de escándalo y ya inservibles en el tiempo
El 60% de las restricciones en el mercado de materia prima
apenas reseñadas por la gran prensa y aplaudidas en ruedas de lacayos
Y de las decisiones tomadas en los organismos internacionales
el 60% de la humillación de la patria renegada
y convertida en descarada puta continental
El 60% del temor de que las muchachas y los muchachos nuestros
sean tentados y precipitados a las aguas verdes
de las drogas los juegos de azar y el comercio de la carne
El 60% de los hogares allanados de los hogares destruidos
de las mujeres y los niños en la indigencia porque los padres
están desocupados o fueron secustrados por los sicarios del régimen
y a vuelta de meses sin noticias de ellos aún
El porcentaje de los rebelados y luego caídos en la lucha
y luego las madres enlutadas y las hermanas enlutadas y las novias
como estrellas desprendidas adentro
y difícilmente restituidas
el porcentaje nuestro sobre el caudal del río
que cruza mordiendo al geografía del llanto
El 60% de la brutalidad sobre los sentidos
y el sordo frenesí de los soberbios porque la sabiduría
fue incautada y quemada en sótanos policiales
para olvidar la dirección del vientoy el terrible anuncio
desde la Isla de Fuego
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
32
Es el peso que nos toca no importa en que sitio del continente
Pero no todo
es puerta cerrada en los basurales del desprecio
ni el destino del corazón del hombre es rebotar
interminablemente ante el muro de la angustia
También el hombre se cansa de sufrir
un día prende la vida como un madero
y labra a su medida la dimensión del tiempo
que se le da sobre la tierra
es la mas alta idiosincrasia del reino animal
la humana condición de realizarse por completo
para ello pone sus fuerzas en tensión
y se decide insurrecto lleno de claridades
Hablo del hombre del tercer Mundo
aferrado al fusil como al aire
V
El hombre aparece en los reales dominios de la violencia
El hombre crece en la táctica y la estrategia del amor
El hombre tutea al amor
El hombre saluda al amor como a un combatiente el amanecer
El hombre dice al paso del amor
Salud
Estrella de cinco puntas
Estrella solidaria
Estrella de los desocupados
Estrella de los apaleados
Estrella de los ofendidos
Salud
Estrella armada
Estrella de ingentes energías
Estrella de las huelgas generales
Estrella de la canción de los ríos
Estrella lavada en los combates
Estrella que ciega los ojos del verdugo
Estrella más libre que los carceleros
Estrella altiva impostergable
Salud
Estrella de la tercera glaciación
Estrella de fuego domeñado
Estrella de la piedra pulimentada
Estrella de la caza del Mamut
Estrella de las cuevas de Altamira
Estrella de la invención de la rueda
Estrella de la invención de la escritura
Estrella de Heráclito en perpetuo movimiento
Estrella de Espartaco
Estrella de la rebelión de los esclavos
Estrella de la caída de roma
Estrella de Jean Huss
Estrella de las guerras campesinas
Salud
Estrella del Renacimiento
Estrella de maderos y velas echados al mar
Estrella de Galileo en la encrucijada de la inquisición
Estrella de los caribes
Estrella de los araucanos
Estrella de Lope de Aguirre
Estrella de los cimarrones
Estrella de Tupac Amarú
Salud
Estrella de la máquina de vapor
Estrella de la toma de La Bastilla
Estrella de Toussaint Louverture
Estrella de Bolívar
Estrella sobre un caballo en 1813
Salud
Estrella del Socialismo Científco
Estrella de la Comuna de París
Estrella de la Revuelta de Canudos
Estrella de la Huelga de Cananéa
Estrella de Emiliano Zapata
Estrella de los Sóviets
Estrella de las montañas de las Segovias
Estrella de Sandino
Estrella del pequeño ejército loco
Estrella de los hermanos de Jhon Reed
Estrella de los hermanos de Paul Robeson
Salud
Sol de la alegría de Julius Fucik
Sol de Stalingrado
Sol del Ejército Rojo en las puertas de Berlín
Sol de los partisanos
Sol de los maquís
Sol de la Gran Marcha
Sol de la Gran Patria China
Sol del Sitio de Diem Bien Phu
Salud
Porque vendrán días mejores
Estrella escupida en Guernica
Estrella fusilada en Grecia
Estrella rota sobre Guatemala
Estrella ahogada en Bolivia
Estrella de Corea for de azalea ofendida
Salud
Estrella de los caminos del cosmos
Estrella del Africa liberada
Estrella de América convulsionada
Estrella del Vietcong
Estrella de Pathet Laos
Estrella de los guerrilleros de Angola
Estrella de los guerrilleros de Guinea
Estrella de la media luna argelina
Estrella de todos los justos
Salud
Sol solitario
Sol de José Martí
Sol del 26 de julio
Sol de la Sierra Maestra
Sol de las Dos Declaraciones de la Habana
Estrella levantada con nuestras manos
Estrella del 23 de Enero
Estrella de las hondas caídas
Estrella del 4 de Mayo
Estrella del 2 de Junio
Estrella de las armas liberadas
Estrella de las montañas de Falcón
Estrella de las montaña de Portuguesa
Estrella de las serranías de Lara
Estrella de Oriente
Salud
Estrella de los libres
hoguera incansable mar de aristas
huracanado drama que nos conmueve
inscrita en la más alta colina de nuestros actos
Sol del mundo que haremos
los que van a vivir te saludan
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
33
PETRÓLEO, RENTA Y NUEVAS FORMAS DE GEOPOLÍTICA Y DEL MODELO COMERCIAL EXPOLIATIVO
La cuestión petrolera (Fragmentos)
INTRODUCCION
L
a industria extrac-
tiva y la agricul-
tura conforman lo
que usualmente se conoce
como el sector primario,
que se caracteriza por la
relación inmediata del tra-
bajo humano con la natu-
raleza. De ello resulta que,
tanto en la ubicación de la
producción como en la pro-
ductividad del trabajo, in-
fuyen de manera esencial
las condiciones naturales;
de ahí la dispersión geográ-
fca de la producción y las
variaciones del volumen de
producción debidas a la na-
turaleza.
Suponiendo un régimen de
producción mercantil sim-
ple, nos encontramos con
que las diferencias indi-
viduales de productividad
derivadas de la naturaleza
son importantes. En este
caso, el valor mercantil se
determina por aquella parte
de la producción que tiene
que generarse bajo las con-
diciones naturales más ad-
versas, a fn de satisfacer la
demanda existente. En con-
secuencia, en la producción
bajo condiciones más ven-
tajosas, surge un plusvalor
extraordinario. En el modo
de producción capitalista,
todas las ulteriores conse-
cuencias que se deriven de lo
di-
cho,
d e -
p e n -
der án
a hor a
de ma-
n e r a
decisi-
va del
régimen
de pro-
p i e d a d
sobre la
tierra, den-
tro de la que
i n c l u i mo s
también los
yaci mi ent os
mineros, los
bosques, las
aguas, etc.
Ahora bien, para
una cabal com-
prensión del pro-
blema del pe-
tróleo, resulta
fundamental
aclarar que
no existe
un régimen
de propiedad
sobre la tierra
que sea específca-
mente capitalista, aún
cuando la tierra puede estar
bajo propiedad privada. Es
a s í
como,
p a r a
poder in-
vertir y pro-
ducir en el sec-
tor primario, el
capital individual
se ve obligado a
frmar un con-
trato de arren-
damiento con el
terrateniente, y
pagar una renta
del suelo, o tener
que adquirir el
pedazo de tierra
correspondiente a
un precio que esen-
cialmente equivale
a la capitalización
de ésta. El monto
de la renta del suelo
depende, en gene-
ral, del poder mono-
pólico de la propiedad
privada territorial y, en
particular, de la produc-
tividad mayor o menor
de cada una de las tie-
rras, de su ubicación
geográfca, etc. La renta
del suelo que es impuesta
por el poder monopólico
de la propiedad territo-
rial, también sobre las
peores tierras o sobre las
inversiones adicionales de
menor productividad, fue
denominada por Marx renta
absoluta, en tanto renta del
suelo
c r e a -
da por
la propiedad
privada territorial. Ella ori-
gina necesariamente un alza
de precio en el producto en
cuestión, ya que el arrenda-
tario solamente se decidirá
a invertir cuando el precio
comercial le deje una ga-
nancia al menos media,
después de haber pagado la
renta. Por lo tanto, la renta
absoluta del suelo no afec-
ta a la fracción del capital
arrendatario en particular
sino que, a través del alza
de los precios, recae sobre
toda la clase capitalista; y,
en la medida en que la renta
absoluta del suelo encare-
ce los costos de reproduc-
ción de la fuerza de traba-
jo, trae como consecuencia
una baja de la cuota media
de ganancia para el capital
en general, o un nivel más
bajo de vida para las clases
trabajadoras asalariadas.
Además, el propietario de
las mejores tierras puede
apropiarse de las ganancias
extraordinarias que resulten
de las diferencias de pro-
ductividad natural en rela-
ción con otras tierras. Marx
llamó renta diferencial1 a
esta parte de la renta.
En cambio, la propiedad
territorial estatal represen-
Bernard Mommer
La tierra, como
propiedad estatal,
se transforma en
bien común de la
clase capitalista, lo
que posee un doble
signifcado: por un
lado, tanto a través
de la propiedad es-
tatal como de la pro-
piedad privada, se
sustrae la tierra al
productor inmedia-
to, transformándolo
en asalariado libre,
condición necesaria
para el surgimiento
del capitalismo
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
34
desde la antigüedad
se ha diferenciado
entre la minería y
el aprovechamiento
agrícola de la su-
perfcie, siendo la
minería mucho más
antigua que la pro-
piedad territorial
privada. Con el desa-
rrollo de la minería,
las ya existentes y
frecuentemente po-
derosas compañías
mineras tuvieron toda
la razón al insistir en
la propiedad estatal
de las minas y de los
yacimientos para, de
esta manera, no verse
obligadas a pagar
renta alguna al dueño
de la superfcie.
PETRÓLEO, RENTA Y NUEVAS FORMAS DE GEOPOLÍTICA Y DEL MODELO COMERCIAL EXPOLIATIVO
ta la solución ideal para
el capital. La tierra, como
propiedad estatal, se trans-
forma en bien común de
la clase capitalista, lo que
posee un doble signifca-
do: por un lado, tanto a tra-
vés de la propiedad estatal
como de la propiedad pri-
vada, se sustrae la tierra al
productor inmediato, trans-
formándolo en asalariado
libre, condición necesaria
para el surgimiento del ca-
pitalismo; por otro lado, la
tierra queda así a la libre
disposición de los capita-
listas interesados. Éstos no
adquieren ningún derecho
de propiedad sobre la tie-
rra cultivada o explotada y
solamente son poseedores
mientras la trabajan; pero,
por esta misma razón, tam-
poco pagan renta alguna.
Por lo tanto, no hay renta
absoluta, lo que viene a
benefciar a los capita-
listas en su conjunto así
como a los asalariados.
Además, el Estado
puede, a través de los
impuestos generales
y como propietario
de la tierra, apro-
piarse de la renta
diferencial que re-
cae sobre las me-
jores tierras y de
esta manera po-
nerla a dispo-
sición de la
clase
capitalista en su conjunto.
Con ello se salvarían en par-
te los obstáculos naturales
con los cuales se encuentra
la competencia capitalista
en el sector primario. Pues
hay que tomar en cuenta
que, por no determinarse
el precio por la productivi-
dad media, los productores
sobre las mejores tierras se
benefcian con ganancias
e x t r a o r -
di na r i a s
que, aún
desde el
punto de
vista ca-
pi t al i s-
ta, son
c o m -
pl e t a -
me n t e
injusti-
fcables.
Ta n t o
la li-
b r e
propiedad estatal como la
propiedad privada serían
entonces, en principio,
compatibles con condicio-
nes capitalistas. La primera
representa la solución teóri-
ca ideal pero a ello se opo-
nen importantísimos incon-
venientes prácticos. Aquí
habría que diferenciar cla-
ramente entre dos formas
de propiedad de las condi-
ciones de trabajo: la propie-
dad de recursos naturales
que es negada radicalmente
y la propiedad del capital,
es decir, de las condiciones
de trabajo producidas por el
hombre, la que constituye
la base intocable y sacro-
santa del sistema capitalis-
ta. Esta diferenciación es
demasiado sutil y demasia-
do peligrosa; es demasiado
sutil aún para el capitalista
mismo, quien cada vez que
ocupa un pedazo de tierra
tiende instintivamente a
tratarlo como parte de su
capital y como propiedad
privada; y es demasiado
peligrosa, ya que puede
ofrecer la oportunidad a los
enemigos del capitalismo
para pasar, de la negación
de la propiedad privada de
los recursos naturales, a la
negación de la propiedad
privada en general.2
Pero en la práctica tampoco
resulta aceptable colocar la
propiedad privada de la tie-
rra en el mismo lugar que la
del capital. Su poder mono-
pólico podría crear una in-
soportable carga rentística
y por ello es limitada por
el capital mediante regla-
mentaciones legales. En
principio, la tierra siem-
pre queda expuesta a una
futura reforma agraria; o,
por ejemplo, en el caso de
construcción de carreteras,
la tierra puede ser expro-
piada a un precio que no
permite al terrateniente
aprovecharse de la nueva
situación del mercado que
resulta de la carretera pla-
nifcada.
Entonces, ni la libre pro-
piedad del Estado, ni la
plena propiedad privada
de los recursos naturales,
son reconciliables en la
práctica con condiciones
capitalistas. Por lo tanto, la
posición propia del capita-
lismo frente a la propiedad
de la tierra es siempre am-
bigua, vacilante y varía de
caso en caso.
Veamos como se presenta
esta problemática desde la
perspectiva histórica, po-
lítica y social europea. El
capitalismo nace y tropie-
za en el seno de la antigua
sociedad feudal con la ren-
ta de la tierra de carácter
feudal como categoría do-
minante. Para desarrollarse
es imprescindible que ésta
sea desplazada y sustituida
por la ganancia capitalista.
Para ello, a la luz de lo ex-
puesto, existen diferentes
vías que se ubican entre dos
extremos.3
La primera vía consiste en
la negación radical de la
propiedad privada sobre
la tierra. Se propone la
nacionalización de la
misma es decir,
c o n v e r t i r -
la en libre
p r o p i e d a d
del Estado a
favor de quie-
nes la trabajan,
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
35
PETRÓLEO, RENTA Y NUEVAS FORMAS DE GEOPOLÍTICA Y DEL MODELO COMERCIAL EXPOLIATIVO
mediante la expropiación
violenta. Con ello, el de-
sarrollo del capitalismo
recibe un enorme impulso
al destruirse la base econó-
mica de la clase enemiga
dominante hasta ahora, li-
berando de golpe al campe-
sinado de sus múltiples ata-
duras feudales, a la vez que
el mercado se ve ampliado
por un aumento signifcati-
vo del nivel de vida de las
masas populares. Sin em-
bargo, evidentemente, esta
vía no es posible sino en los
primeros momentos del de-
sarrollo capitalista, cuando
un importante sector tanto
de los campesinos como de
los burgueses revoluciona-
rios, todavía tiene poco que
perder y mucho que ganar.
En estos momentos, un
ataque radical a la propie-
dad privada sobre la tierra
constituye todavía, inequí-
vocamente, un ataque a la
propiedad feudal.
En cambio, la segunda vía
corresponde al burgués ya
asentado no sólo en las ciu-
dades sino también en el
campo. Este burgués con-
servador teme al burgués
revolucionario por sus ata-
ques a la propiedad priva-
da de la tierra. Tal temor
proviene de la posibilidad
real que dichos ataques
terminen por afectarlo a
él mismo, extendiéndose
a la propiedad privada en
general tanto feudal como
capitalista. Cautelosamente
propone reformas que res-
peten formalmente el de-
recho de propiedad como,
por ejemplo, la distribución
obligatoria entre los campe-
sinos de la propiedad feu-
dal imponiéndoles un tri-
buto para indemnizar a los
terratenientes. Por esta vía
desaparece también fnal-
mente la vieja explotación
feudal, pero transformán-
dose ésta directamente en
capitalista. La masa campe-
sina no llega a disfrutar en
ningún momento la caída
del viejo sistema opresor
que va siendo asimilado
gradualmente por la nueva
explotación capitalista. El
desarrollo del capitalismo
se hace entonces más lento
y a costa de mayores sufri-
mientos para el pueblo.
Ambas vías las denomi-
naremos de izquierda y
derecha, respectivamente
apuntan, sin embargo, en la
misma dirección y al mis-
mo resultado: el pleno de-
sarrollo del capitalismo.4
Más aún, cuando aquel
campesino burgués revolu-
cionario logra su objetivo
como nuevo ocupante de la
tierra, en seguida se propo-
ne anular la nacionalización
de la misma para convertir-
se él en nuevo propietario.
Abandona entonces el dis-
curso revolucionario altiso-
nante de antes, para sumar-
se a las flas de la burguesía
conservadora. Pero de todas
maneras, como resultado la
renta de la tierra ha perdido
su importancia cuantitativa
de antes y seguirá mante-
niéndose a niveles relati-
vamente insignifcantes, no
sólo por los mecanismos
de competencia capitalista,
sino también por el desarro-
llo de una legislación que
sistemáticamente impide
que la renta pueda resurgir
con fuerza.
En síntesis, la transforma-
ción de la tierra en propie-
dad privada es inherente al
capitalismo, lo que es es-
pecialmente evidente en el
caso de EEUU, donde ésta
es un producto puramente
capitalista ya que carece de
una historia precapitalista
que fuera relevante al res-
pecto. Pero, de igual mane-
ra, al capitalismo también
le es inherente la tendencia
a conservar la libre pro-
piedad del Estado, limitar
legalmente la propiedad
privada y aún, en casos ex-
tremos, transformarla de
nuevo en aquélla.
En lo referente a la super-
fcie de la tierra, debemos
observar que en todos los
países capitalistas predomi-
na esencialmente la propie-
dad privada. Sin embargo,
con respecto al subsuelo,
las minas y los yacimien-
tos, en la mayoría de los ca-
sos la propiedad estatal es
preponderante, lo que por
supuesto se explica históri-
camente. Es así como desde
la antigüedad se ha diferen-
ciado entre la minería y el
aprovechamiento agrícola
de la superfcie, siendo la
minería mucho más antigua
que la propiedad territorial
privada. Con el desarrollo
de la minería, las ya exis-
tentes y frecuentemente po-
derosas compañías mineras
tuvieron toda la razón al in-
sistir en la propiedad estatal
de las minas y de los yaci-
mientos para, de esta mane-
ra, no verse obligadas a pa-
gar renta alguna al dueño de
la superfcie. Recordemos,
por ejemplo, que mientras
la clase terrateniente in-
glesa logró adueñarse del
subsuelo al apropiarse de la
superfcie, por lo general no
ocurrió lo mismo en el res-
to de los países europeos.
Sin embargo, aquí debemos
hacer diferencias no sólo
de país a país, sino también
entre los diferentes mine-
rales. Debido a sus parti-
cularidades, es posible que
en un país dado ciertos mi-
nerales constituyan propie-
dad privada mientras otros
Sólo en el caso de Venezuela encontramos la transformación de la
propiedad estatal, desde la libre propiedad a la propiedad estatal
nacional completamente desarrollada en todas sus etapas. En los
demás países petroleros no se conoció el concepto de la libre pro-
piedad del Estado
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
36
PETRÓLEO, RENTA Y NUEVAS FORMAS DE GEOPOLÍTICA Y DEL MODELO COMERCIAL EXPOLIATIVO
constituyen propiedad esta-
tal. Además, pueden jugar
un papel las características
históricas regionales.5
En lo que al petróleo se re-
fere, observamos que den-
tro del mundo capitalista se
encuentra tanto la propiedad
privada como la propiedad
estatal de los yacimientos.
El primer caso predomina
en EEUU, cuna de la in-
dustria petrolera moderna.
Fuera de EEUU prevalece
en todas partes la propiedad
estatal, descontando excep-
ciones que hoy sólo tienen
interés histórico como, por
ejemplo, la Rusia zarista.
Empero, la defnición que
hemos dado hasta ahora de
la propiedad estatal es insu-
fciente en el contexto inter-
nacional; en este caso debe
considerarse también como
propiedad nacional. Si los
yacimientos nacionales es-
tatales son objeto de una
explotación internacional,
puede darse la tendencia en
la clase dominante nacional,
como propietaria común y
ocupante del territorio na-
cional, a considerar estos
yacimientos como propie-
dad nacional, con lo cual
el Estado puede aspirar a
cobrar una renta del suelo
lo más alta posible sobre la
producción a exportar. Esto
signifca entonces que la li-
bre propiedad estatal puede
convertirse aquí conceptual-
mente en su contrario y, en
el contexto internacional,
comportarse en forma aná-
loga a la propiedad terri-
torial privada dentro del
contexto nacional. En este
caso, su poder para imponer
una renta se ve potenciado
a través de sus facultades
como Estado soberano, sin
que éste pueda verse limi-
tado por una legislación o
jurisdicción supranacional
inexistente. Es esta transfor-
mación la que representa la
historia de Venezuela como
país petrolero, desde el co-
mienzo del siglo XX hasta
el año 1976, pudiéndose di-
ferenciar etapas claramente
determinadas.
En los demás países petrole-
ros miembros de la Organi-
zación de los Países Expor-
tadores de Petróleo (OPEP),
en cambio, el punto de par-
tida lo constituye una pro-
piedad estatal precapitalista,
sujeta por lo general a un tri-
buto que, desde el punto de
vista de una sociedad capi-
talista, representa indiferen-
ciadamente, a la vez de un
simple impuesto, también
una renta de la tierra. Con
el desarrollo del capitalismo
y el despertar nacionalista
de los países en cuestión,
se transforma entonces esta
propiedad estatal precapita-
lista, en una propiedad esta-
tal nacional, en el sentido ya
señalado, sin que se pasara
por el concepto de la libre
propiedad del Estado, cul-
minando el proceso en la
década de los setenta.
La historia de este proceso
constituye el objeto de este
libro. El punto de partida de
la misma se encuentra en
EEUU. Los Estados Unidos
no sólo han sido la cuna de
la industria petrolera moder-
na sino que, por su volumen
de producción, fueron hasta
fnes de los años cincuen-
ta un factor determinante
en el mercado mundial. Si
consideramos los períodos
que nos interesan, tenemos
entonces que EEUU, en el
lapso comprendido entre los
años 1917 y 1958, extraían
como promedio el 55% de
la producción mundial; de
1959 hasta 1972 ya era sólo
el 25%, y tan sólo el 15%
de 1973 a 1979, a pesar de
lo cual los Estados Unidos
todavía se encuentran en-
tre los tres primeros países
productores de petróleo del
mundo. Hasta la Segunda
Guerra Mundial EEUU fue
un importante exportador
de petróleo y es apenas en
1947 cuando se transformó
en importador. Pero también
desde este punto de vista,
hoy como importador de pe-
tróleo, juega un importante
papel en el mercado mun-
dial en razón de su extraor-
dinario poder de consumo; y
este papel se hace tanto más
signifcativo cuanto que las
más importantes fuentes al-
ternas de energía se encuen-
tran dentro de su territorio.
Además de esto, a partir de la
Primera Guerra Mundial, el
capital petrolero estadouni-
dense se hizo predominante
en la industria petrolera in-
ternacional, en un proceso
paralelo al ascenso de Es-
tados Unidos a primera po-
tencia capitalista e imperia-
lista del mundo. Con ello las
condiciones prevalecientes
en este país representan el
trasfondo sin el cual se hace
imposible entender al capi-
tal petrolero internacional;
al mismo tiempo, constitu-
yeron una importante pauta
para los países petroleros en
su política como propieta-
rios y soberanos.
La historia de los países
petroleros que hoy se en-
cuentran organizados en la
OPEP, debe ser estudiada
primeramente en Venezuela.
Ello obedece a que, si bien
es cierto que la producción
petrolera de Indonesia e Irán
son más antiguas, también
lo es que hasta la Segunda
Guerra Mundial la primera
era una colonia holandesa,
y el segundo una semicolo-
nia inglesa al momento de
otorgarse la primera con-
cesión, mientras Venezuela
era ya independiente desde
comienzos del siglo pasado.
Por ello, sólo en el caso de
Venezuela encontramos la
transformación de la pro-
piedad estatal, desde la libre
propiedad a la propiedad es-
tatal nacional completamen-
te desarrollada en todas sus
etapas. En los demás países
petroleros no se conoció el
concepto de la libre propie-
dad del Estado, como ya se
señaló. Además, por sumar-
se tardíamente a un proceso
que ya estaba en marcha,
nos encontramos allí con las
diferentes etapas anteriores,
comprimidas en breves pe-
ríodos, a veces coincidentes
o sin que ni siquiera apa-
rezcan. Venezuela constitu-
yó un ejemplo y estableció
pautas también desde un
punto de vista práctico.
De igual manera, debemos
tomar en cuenta la impor-
tancia de Venezuela como
país productor y exportador
de petróleo. Hasta fnales de
los años cuarenta Venezuela
sola exportaba más petróleo
que todos los demás países
petroleros en su conjunto; y
aún en 1960, año de la fun-
dación de la OPEP, la parti-
cipación de este país todavía
alcanzaba el 30% dentro del
mercado mundial. Poste-
riormente, Venezuela bajó
rápidamente en importan-
cia relativa. Esto obedeció a
factores económicos y polí-
ticos pues, por un lado apa-
recieron diversos países con
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
37
volúmenes de producción
comparables al de Venezue-
la, y por otro lado la inde-
pendencia de los países pe-
troleros de África y Asia los
acercó en términos políticos
a la situación de un país su-
ramericano como éste. La
historia de las relaciones
entre el capital internacio-
nal y la propiedad nacional
de los países petroleros se
convirtió así en una historia
colectiva de los países orga-
nizados en la OPEP, con su
centro geográfco y político
en el Golfo Pérsico. Esta
historia llegó a su fase supe-
rior en 1973, como veremos
enseguida, y en este sentido
llegó también a su fn.
A lo largo del presente
análisis nos moveremos
esencialmente al nivel de
Estados nacionales, mien-
tras las diferentes corrien-
tes políticas y sociales que
constituyen las fuerzas
reales que defnen la polí-
tica petrolera de cada país
permanecerán, por lo ge-
neral, en el trasfondo. Sin
embargo, en determinados
momentos se hará inevita-
ble entrar en ciertos deta-
lles al respecto, por lo que
es conveniente hacer aquí
algunas observaciones ge-
nerales que caracterizan
esas fuerzas, aunque sea
de manera muy somera, en
lo referente a la cuestión
petrolera.
Análogamente a lo observa-
do con respecto a los países
europeos en la etapa de las
revoluciones burguesas en
cuanto a la reforma agraria
se refere, podemos distin-
guir aquí en cada país una
corriente de izquierda y
otra de derecha. Ambas se
proponen la misma meta:
cobrar una renta de la tie-
rra internacional lo más alta
posible, sirviendo esta renta
internacional como fuente
principalísima de la acumu-
lación nacional de capital.
Pero el burgués revoluciona-
rio asocia la confrontación
con el capital arrendatario
internacional con una ace-
lerada transformación de las
condiciones precapitalistas
del país, por lo cual se sirve
de un vocabulario radical de
denuncia del capitalismo in-
ternacional y del imperialis-
mo, acusando a las fuerzas
conservadoras nacionales
de encontrarse objetivamen-
te, o incluso subjetivamente
en alianza con y al servicio
de éstos. Desde luego, ello
implica también una propo-
sición en cuanto al destino
de la renta petrolera: ésta,
ante todo, debería favorecer
al pueblo, convirtiéndose en
mejoras salariales y en todo
tipo de benefcios sociales
como punto de partida de un
amplio desarrollo del capi-
talismo.
El burgués conservador, en
cambio, cuida su lenguaje.
Consciente de la naturaleza
del enfrentamiento plantea-
do con el capital interna-
cional una lucha por la dis-
tribución internacional del
ingreso se preocupa de las
repercusiones internas que
puedan tener sus plantea-
mientos. Se trata de impe-
dir que esta lucha se asocie
a las luchas reivindicativas
nacionales en general, y con
respecto a la renta en parti-
cular. Como es lógico, sólo
concibe como benefciario
natural de la renta a la clase
dominante nacional, propo-
niéndose un desarrollo capi-
talista de carácter elitesco y
autoritario. Y en cuanto a los
excesos verbales anticapita-
listas de aquellos burgueses
revolucionarios, no puede
sino aborrecerlos.
Ambas corrientes, en def-
nitiva, apuntaban hacia la
maximización de la renta,
lo que vale decir, como ve-
remos, hacia la nacionaliza-
ción del capital arrendatario
internacional. Cabe pregun-
tarse sobre las consecuencias
políticas internas que puede
haber tenido ésta. Desde
luego, la respuesta depende-
rá mucho de las condiciones
concretas de cada país. Sin
embargo no resulta difícil
suponer que los burgueses
revolucionarios de ayer,
una vez satisfecha su aspi-
ración a una renta máxima
y luego de su lucha exitosa
por lograr una distribución
de la misma que les resultó
ampliamente favorable, ya
no tienen ningún interés en
una redistribución que favo-
rezca a las masas populares
pues la participación de és-
tas en la renta ya no podría
cargarse a cuenta del capital
internacional mediante nue-
vos aumentos en los precios
como ocurría anteriormente.
De allí que, con las múltiples
oportunidades de acumula-
ción que les ha ofrecido una
renta petrolera tan cuantio-
sa, en todas partes pasarán
a engrosar las flas de las
fuerzas burguesas conserva-
doras. Este es el caso, por lo
menos, de Venezuela.
Para fnalizar, volveremos
a refexionar teóricamente
sobre el resultado. Pode-
mos decir que encontramos
una renta internacional del
suelo palpable en los países
petroleros. Pero lo que debe
entenderse por este concep-
to no ha sido tratado nunca
por la literatura teórica co-
nocida. Marx desarrolla su
teoría sobre la renta dentro
del ámbito nacional de In-
glaterra, y la ley del valor
en su modo de operar na-
cionalmente el intercam-
bio igual es esencial para
ella. Contrariamente, el
intercambio desigual es la
esencia de su modo de ope-
rar en el comercio interna-
cional. La teoría de la renta
de Marx debe ser reexami-
nada en este contexto. Sólo
entonces aparecerá clara-
mente en toda su extensión
la signifcación cuantitativa
y, por ende, cualitativa de
la renta petrolera para los
países afectados.
1 Véase Karl Marx: El capi-
tal, t.3, vol. 8, México, Siglo
XXI, 1981, p.823, ss.
2 Véase Karl Marx: Theorien
über den Mehrwert; MEW
t.26.2, Berlín, 1974, p.38,
ss.; y V. I. Lenin: El progra-
ma agrario de la socialde-
mocracia en la primera revo-
lución rusa de 1905 - 1907,
Obras Completas, t.13.
3 Lenin, ob. cit.
4 Lenin habla de la primera
como la vía norteamerica-
na, y de la segunda como la
vía alemana de los Junker;
la primera representa una
evolución burguesa tipo
campesino, la segunda una
evolución burguesa tipo te-
rrateniente. Ob. cit.
5 Véase Adolf Arndt: Berg-
bau und Bergbaupolitik,
Leipzig, 1894; y Rudolf
Isay: Le droit minier des
principaux États civilisés,
París, 1930.
PETRÓLEO, RENTA Y NUEVAS FORMAS DE GEOPOLÍTICA Y DEL MODELO COMERCIAL EXPOLIATIVO
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
38
V
enezuela se ha libe-
rado del mecanismo
colonial que la suje-
tó durante un siglo, fuimos
colonia política, económica,
cultural y sobre todo petrole-
ra, ahí está la raíz del modelo
colonial que le impusieron a
Venezuela desde comienzos
del siglo XX, desde hace 100
años, Salvador de la Plaza,
ilustre venezolano, pensador
e intelectual escribió en 1976
una obra llamada El petróleo
en la vida venezolana, yo se
los voy a leer para concluir
estas palabras y no exten-
derme más allá de lo conve-
niente, como refexión, más
allá de Petrocaribe, más allá
mirando todo este espacio
nuestro de batalla, de lucha
por nuestra dignidad, por
nuestra independencia, al-
gunos dicen nuestra segunda
independencia, lo acabo de
decir incluso yo mismo, pero
creo en el fondo que es la
misma, es el mismo proceso
de independencia, son fases,
son etapas de nuestra inde-
pendencia.
Decía Salvador de La Plaza,
leo: «En Venezuela, no obs-
tante que desde la antigüe-
dad se conocía la existencia
del petróleo, la población in-
dígena llamaba “mene” a los
vertederos de petróleo el cual
usaba como alumbrado y
para tratamiento curativos y
también para la navegación,
para calafatear los barcos,
las canoas con la cual na-
vegaban el Caribe y los ríos
interiores, el Orinoco, has-
ta el Amazonas navegaban
nuestros indígenas Caribes.
Fue apenas en 1917, cuan-
do comenzó a ser explotado
el petróleo comercialmente
hasta convertir a Venezuela
en el primer exportador de
petróleo del mundo y en el
segundo productor del mun-
do, segundo productor y pri-
mer exportador del mundo,
desde esos años comiendo
de la década de los 20 hasta
1960». Es decir, durante 40
largos años Venezuela fue el
primer exportador mundial
de petróleo. Eso no lo sabe
mucha gente en el mundo.
“Incluido el período entre las
dos guerras y el período de la
Segunda Guerra Mundial, la
Guerra Fría, el comienzo de
la Guerra Fría en Venezuela
se explotaba petróleo a todo
vapor, barcos pasaron, millo-
nes, cientos de miles de bar-
cos cargados de petróleo por
aquí por el Caribe pero todos,
todos iban hacia el norte, to-
dos iban hacia el norte”. De-
jaban la estela nada más a lo
mejor el olor y muchas veces
la contaminación.
Sigo leyendo: “En 1917
fueron extraídos del subsue-
lo venezolano 19 mil 256
metros cúbicos —repito la
cifra— 19 mil 256 metros
cúbicos, en 1917, 47 años
después, en 1964, fueron
extraídos 197 millones 500
mil metros cúbicos, es decir,
que la producción de multi-
plicó diez mil 252 veces en
47 años, a pesar de la con-
currencia —sigue diciendo
Salvador de la Plaza— al
mercado internacional del
petróleo de los países del
Medio Oriente interrumpida
ésta sólo por el cielo del Ca-
nal de Suez cuando el aten-
to de las potencias contra
el Estado soberano e inde-
pendiente de Egipto. De su
enorme producción de 1964
Venezuela sólo consumió
—de esos casi 200 millones
de metros cúbicos— Vene-
zuela sólo consumió cinco
millones 181 mil metros cú-
bicos, es decir, 2,5 por ciento
de la producción. Diversas
clases de gasolina, kerosene,
diesel, asfalto y otros. El res-
to de la producción, 186 mil
800...”. Perdón, corrijo “186
millones 887 metros cúbicos
fue exportado”. Esa despro-
porción entre la producción
y el consumo interno y el
hecho de que ese recurso no
renovable esté controlado
por trust extranjeros que re-
tienen en el exterior más del
40 por ciento del valor de la
exportación, evidencian la
mediatización del país por
el capital extranjero que ha
obstaculizado su desarro-
llo económico”. Ésta era la
situación para el año 1976,
cuando Salvador de la Plaza
escribió estas líneas.
Prosigue De la Plaza: “Al
observar que la producción
acumulada entre los años
1917, 1964 inclusive, alcan-
zó la gigantesca cantidad de
2 mil 945 millones de metros
cúbicos, 2 mil 945 millones
de metros cúbicos, con un
valor de exportación de 123
mil millones de bolívares,
sería lógico concluir que
los escasos 8 millones de
habitantes en promedio de
Venezuela —8 millones de
1964— sería lógico concluir
que han disfrutado y disfru-
tan de la más plácida holgan-
za. Sin embargo, no es así
y por el contrario salvo una
pequeñísima minoría que
se ha benefciado, el resto
de la población vive —para
esa fecha 1975— en las más
lamentables condiciones de
miseria”. Fin de la cita.
Debo agregar que Venezuela
terminó el siglo XX con más
del 50 por ciento de la pobla-
ción viviendo en condicio-
nes de pobreza y de miseria
y todavía una dolorosa, una
parte importante de nuestro
pueblo vive en condiciones
de pobreza y de miseria y
ese es el eje central de nues-
tra batalla, de la batalla de la
Revolución Bolivariana.
Pues bien, sólo quería traer
estas citas para darnos
cuenta de que tales circuns-
tancias plagadas de trust y
royalties y demás concesio-
nes, nos ofrecen un retrato
hablado de la Venezuela
que era colonia petrolera,
la explotación petrolera no
tenía rostro nacional, ya
estaba distorsionada por la
intervención directa e indi-
recta de los cárteles trans-
nacionales del momento
hegemonizados por Esta-
dos Unidos, el petróleo de
instrumento para la domi-
nación hoy, ahora, se está
convirtiendo en un instru-
mento para la liberación de
nuestros pueblos
Palabras del Presidente Hugo Chávez Frías
en la inauguración de la IV Cumbre de Petrocaribe.
(Fragmentos) 2007.
Salvador de la Plaza. El petróleo en la vida venezolana.
(Fragmentos) 1976.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
39
LA VENEZUELA RENTISTA
(…)El breve repaso histó-
rico que hacemos en estas
páginas es apenas una in-
vitación a profundizar en
el tema petrolero. La razón
es muy sencilla. El petróleo
—y más precisamente, la
renta petrolera— ha sido, en
última instancia, el principal
factor en la conformación
de la economía, la socie-
dad, la cultura, los valores,
la ética y el comportamiento
político venezolanos del si-
glo XX, proyectándose aún
en el siglo XXI, así como
también de las relaciones de
nuestro país en el entorno
internacional. ¿Cómo en-
tender entonces este país sin
una comprensión del tema
petrolero? Y ¿cómo trans-
formarlo sin esa compren-
sión? Tal asunto adquiere
tanta más importancia cuan-
do el debate que hoy se ha
planteado en Venezuela, se
refere a un dilema entre ca-
pitalismo y socialismo.
Así, antes de continuar debe-
mos detenernos aunque sea
brevemente, en la naturale-
za económica del ingreso
petrolero venezolano. Para
ello se requiere volver a las
herramientas ya olvidadas
de la economía clásica, se-
gún la cual existen tres fac-
tores de producción: capital,
trabajo y tierra. Tal y como
lo desarrolló Carlos Marx
en El Capital, al primero co-
rresponde la ganancia y, más
específcamente, el interés,
al segundo corresponde el
salario y al tercero, la renta
llamada por tanto, renta de
la tierra. Ésta consiste en la
remuneración que impone
el propietario de una por-
ción territorial, o quien ejer-
ce su administración, a todo
aquel que tiene interés
en explotar, bien sea
la superfcie, como
en el caso de la agri-
cultura, los bos-
ques, las caídas
de agua, bien
sean las rique-
zas minerales
que se alojan
en el subsuelo.
El capital y el traba-
jo son factores activos.
El primero interviene
mediante la inversión, la
organización y ejecución
de las distintas actividades
dirigidas a la explotación
del recurso natural, mas su
objetivo es obtener una ga-
nancia, tanto mejor cuanto
más alta ella sea. El trabajo
implica el despliegue de
la energía humana
del trabajador
para producir
los bienes
que per-
s i g u e
el pro-
p i e -
t a -
r i o
del ca-
pital a cam-
bio de lo cual
recibe un salario
destinado a cubrir
su subsistencia. El
Alí Rodríguez Araque
¿Cómo entender entonces este país sin
una comprensión del tema petrolero? Y
¿cómo transformarlo sin esa compren-
sión? Tal asunto adquiere tanta más
importancia cuando el debate que hoy se
ha planteado en Venezuela, se refere a
un dilema entre capitalismo y socialismo.
El proceso de privatización
petrolera en Venezuela
UNA INTRODUCCIÓN NECESARIA.
(FRAGMENTOS) 1977.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
40
propietario de la tierra, en
cambio, no realiza ninguna
actividad, pues se limita a
percibir la renta, esto es, la
contribución que impone
por el acceso a su propiedad
territorial. Su objetivo será
obtener la más alta renta po-
sible. Sin embargo, en cier-
tos casos, el terrateniente
también puede actuar simul-
táneamente como capitalista
al invertir en su propiedad,
interviniendo activamente
en el proceso de producción
en tal condición. De tal ma-
nera se sentirá con derecho
a obtener, no solamente una
renta, sino también una ga-
nancia.
Por otro lado, el
monto de esa
renta pue-
d e
obedecer a distintas cir-
cunstancias. Si, por ejem-
plo, existen yacimientos pe-
troleros que se encuentran
en lugares de fácil acceso,
próximos a los mercados,
tienen una calidad superior
a los de otras tierras, se en-
cuentran más próximos al
mar u otras vías de transpor-
te, y cualquiera otra ventaja
sobre otros yacimientos, se
sentirán con derecho a co-
brar una contribución ma-
yor, una renta mayor que la
de las peores tierras. A esta
renta la denominó Marx,
renta diferencial. En tanto,
la renta que se cobra aún en
las peores tierras la denomi-
nó renta absoluta.
Ahora bien, en
cuanto a la pro-
piedad de las ri-
quezas minerales,
han existido básica-
mente dos posiciones:
una que le
otorga
derechos
al propie-
tario super-
fcial sobre los
minerales alojados
en el subsuelo, como
ocurre en los Estados
Unidos de Norteamé-
rica (EEUU) y otra que
reserva a la nación o al
Estado tales recursos na-
turales. Esta última ha sido
un principio de general
aplicación en el mundo
y en Venezuela. Así, el
Estado venezolano tiene
el monopolio de los re-
cursos naturales, inclu-
yendo los que se en-
cuentran bajo tierra.
De manera que quien
desee acceder a los
mismos, debe hacerlo
previa autorización del
Estado, conforme a las le-
yes y procedimientos vene-
zolanos y mediante el pago
de las contribuciones que
establecen tales leyes. Y es
aquí donde emerge un nue-
vo factor.
Por encontrarse el petró-
leo alojado en la tierra que
representa un componente
fundamental en la existencia
de los Estados, la cuestión
adquiere ahora un rango de
soberanía nacional. De ma-
nera que el Estado actúa li-
teralmente como un Estado
terrateniente pero, al mismo
tiempo, como soberano, he-
cho este que cobra una re-
levancia jurídica, política y
ética muchas veces olvidada
por quienes han administra-
do la hacienda pública en
nuestro país.
Al mismo tiempo, princi-
palmente desde la nacio-
nalización, al invertir en la
exploración, producción,
transporte, refnación y co-
mercio de hidrocarburos, el
Estado actúa también como
un Estado capitalista con lo
cual obtiene, ganancias que
se expresan en las declara-
ciones de dividendos por
parte de la empresa pública
Pdvsa. Ahora bien, es de re-
saltar que en tanto la renta
se expresa como un costo de
producción y se carga a los
precios, la misma solamen-
te se cobra fronteras afue-
ra. De manera que la lucha
interna en Venezuela no ha
sido una confrontación por
la eliminación o reducción
de la renta de la tierra, sino
más bien una lucha distribu-
tiva del fujo rentístico pro-
veniente del exterior. Ello
ha generado, en muchos
momentos de nuestra his-
toria moderna, el espejismo
de una prosperidad que no
se sustenta en un desarrollo
real de nuestras fuerzas pro-
ductivas, sino en un reparto
de la renta que, aunque des-
igual, ha permeado la mayor
parte de los sectores
de nuestra sociedad.
El Estado actúa como un te-
rrateniente solamente más
allá de sus fronteras, toda
vez que en lo interno no se
impone esa renta. Hecho
este que explica por qué,
por ejemplo, los combusti-
bles en el mercado interno
se distribuyen virtualmente
gratis, si se les compara con
sus precios en el mercado
internacional. Así pues, te-
nemos un Estado con un
doble carácter: terrateniente
y capitalista a la vez. Este
último rasgo, como conse-
cuencia de las crecientes
inversiones del Estado, no
solamente en el ámbito pe-
trolero, sino en diversos
sectores de la economía,
tales como acero, electrici-
dad y aluminio, condujo a
la formación del más pode-
roso capitalismo de Estado
conocido en el hemisferio
occidental. Este es un factor
que potencia el ejercicio de
la soberanía nacional y que
abre la posibilidad cierta de
transformaciones profundas,
sin pasar por la expropiación
de los medios de producción
que ya están, en lo que son
sus resortes fundamentales,
en manos del Estado. Pero
sobre esto, ya volveremos
en otra oportunidad. De todo
lo cual se puede comprender
que, al hablar del capitalis-
mo venezolano, resulta de
una importancia decisiva,
precisar su rasgo más carac-
terístico. Para ello es nece-
sario tomar en cuenta que
el capitalismo conocido en
otros países, que podemos
llamar capitalismo normal,
surgió como consecuencia
de la explotación de la clase
obrera que, al generar exce-
dentes de valor en el proce-
so productivo, permitió acu-
mularlos e ir incrementando
el capital, alimentando así
su proceso de reproducción
y expansión. En el caso de
Venezuela, en el proceso de
acumulación, el componen-
te nacional, comparado con
la magnitud del componente
rentista del ingreso petrole-
ro, resulta muy inferior. Un
ingreso que no ha sido ge-
nerado por el desarrollo de
las fuerzas productivas na-
cionales, del capital y el tra-
bajo nacionales. Tal ingreso
es el fruto del ejercicio del
monopolio de la propiedad
nacional, administrada por
el Estado, que impone una
contribución por el derecho
a acceder a los yacimien-
tos petroleros, no importa
si se trata de una empresa
privada o si se trata de una
empresa pública. Esa con-
tribución está representada
por las regalías e impuestos
petroleros que no son fruto
ni del capital, ni del trabajo,
son renta de la tierra. De allí
que, como correctamente lo
expone Bernard Mommer:
Se dispone de una capacidad
de consumo notablemente
superior a la capacidad pro-
ductiva nacional…(dada)…
una transferencia interna-
cional de ingreso desde el
resto del mundo, o sea, renta
petrolera y, en defnitiva, por
LA VENEZUELA RENTISTA
De manera que la lucha interna en Vene-
zuela no ha sido una confrontación por la
eliminación o reducción de la renta de la
tierra, sino más bien una lucha distributiva
del fujo rentístico proveniente del exterior.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
41
la importaciones correspon-
dientes (…) la renta implica
un ingreso sin equivalente
alguno, simplemente fruto
de un monopolio de propie-
dad.
Tal fenómeno pasa casi
imperceptiblemente pues,
como ya se dijo, la renta no
se cobra dentro de las fron-
teras nacionales. Así que, en
el caso de Venezuela, pode-
mos hablar con toda propie-
dad de un capitalismo ren-
tista lo que expresa con toda
nitidez su muy resaltante
peculiaridad.
De tal peculiaridad se deri-
van distintas consecuencias.
La más importante se expre-
sa en la distribución de ese
ingreso sin equivalente. Tal
y como lo expone el mismo
Mommer, la distribución
del ingreso se realiza a tra-
vés del gasto público. His-
tóricamente, los principales
mecanismos de distribución
han consistido en las políti-
cas tributarias, la sobreva-
luación de la moneda, los
subsidios estatales y, en me-
nor medida, la corrupción
en gran parte escondida tras
la apariencia legal de los
créditos públicos otorgados
a los más favorecidos, sin
retorno alguno al Estado6.
La bajísima tributación per-
mitió que las ganancias del
sector privado, con un alto
componente rentista, se ca-
pitalizaran favoreciendo sus
niveles de acumulación. El
bolívar sobrevaluado desde
1934 hasta 1983, permi-
tió igualmente una elevada
importación de bienes de
capital, favoreciendo el pro-
ceso de acumulación, pero
también posibilitó la impor-
tación masiva de bienes de
consumo más baratos que
los producidos en el mer-
cado interno con lo cual se
marcó la ruina de la agricul-
tura nacional, acentuada con
la aplicación de la apertura
de los mercados agrícolas.
Como lo puede revelar la
simple observación empí-
rica, tal sistema de distri-
bución de la renta petrolera
provocó fenómenos muy
notables: capitalistas con
altas ganancias y bajísima
capacidad productiva, tra-
bajadores con niveles sala-
riales superiores al resto de
América Latina con niveles
de productividad relativa-
mente muy bajos. En gene-
ral, lo repetimos, una capa-
cidad de compra superior a
los niveles de productividad
nacional.
Ahora bien, dado que el
factor petrolero y más pre-
cisamente la renta, sigue
teniendo una gravitación
tan desbordante, no sólo en
la economía nacional, sino
también en su expresión
cultural, conformando un
sistema de valores también
rentista, se nos plantea una
pregunta un tanto inquie-
tante: ¿Puede haber un so-
cialismo rentista así como
ha existido un capitalismo
rentista? Y esta pregunta re-
sulta tanto más pertinente en
el presente económico
cuando el signifcativo in-
cremento de ese ingreso sin
equivalente ha alcanzado
tan altos niveles y cuya dis-
tribución provoca, entre sus
efectos correspondientes,
fenómenos como el de la in-
fación.
Este fenómeno, en el caso
venezolano, tiene un carác-
ter estructural pues la distri-
bución de renta, trae consigo
un incremento de demanda
que no tiene corresponden-
cia con la capacidad pro-
ductiva del país con lo que
la única salida es la importa-
ción, so pena de padecer de
escasez.
La respuesta a la anterior
pregunta es uno de los prin-
cipales desafíos teóricos que
tenemos frente a nosotros,
pues la misma arrojará mu-
cha luz sobre los cambios
necesarios y posibles en la
Venezuela actual y la de los
años por venir. Por tal razón,
se hace necesario encontrar-
la aplicando las herramien-
tas teóricas con que nos ha
dotado el conocimiento hu-
mano así como, al mismo
tiempo, indagando en nues-
tra historia, una historia que
ha sido profundamente mar-
cada por el fenómeno petro-
lero, sus consecuencias y las
contradicciones que han ca-
racterizado su dinámica.
De allí que, para la refexión
del presente, debe tomarse
en cuenta una realidad his-
tórica: la renta de la tierra
fue la categoría económica
dominante del feudalismo
como sistema económico,
social y cultural; la ganancia
ha sido —y de la categoría
dominante a lo largo de la
existencia del capitalismo
como sistema. ¿Cuál debe
ser, entonces, la categoría
dominante en el socialismo?
El más elemental racioci-
nio nos conduce al traba-
jo como la fuente de todos
los medios indispensables
para la existencia del ser
humano. Que el trabajo sea
la categoría dominante y el
más alto valor de la socie-
dad humana, es la guía que
orienta y caracteriza todo el
proceso hacia formas socia-
listas de organización y de
vida. Ahora bien, el carácter
de una sociedad no implica
la completa desaparición de
categorías económica pre-
existentes. Así, en el capita-
lismo, subsiste la renta, mas
no como categoría domi-
nante. Más aún, la propie-
dad territorial se asume bajo
la fcción de la tierra como
“un capital”. El socialismo,
como lo han concebido sus
principales teóricos, es una
transición en la cual se en-
tremezclan formas burgue-
sas con formas superiores
de organización económica
y social.
De manera que, avanzar
hacia el socialismo del si-
glo XXI, supone un esfuer-
zo verdaderamente titánico
para impulsar el desarrollo
de las fuerzas productivas
nacionales, comenzando
por la potenciación del fac-
tor trabajo que no es otra
cosa que la potenciación
de la capacidad creadora de
todo nuestro pueblo, de su
nutrición, de su educación,
de su conocimiento, de su
conciencia, expresada en un
nuevo sistema de valores, en
una nueva ética social, aún
cuando subsistan todavía
formas pre-socialistas, para
llamarlas de alguna manera.
Así lo demuestran las expe-
riencias que han sobrevivido
al gran colapso que repre-
sentó la Unión Soviética.
LA VENEZUELA RENTISTA
en el caso de Venezuela, podemos hablar
con toda propiedad de un capitalismo
rentista lo que expresa con toda nitidez su
muy resaltante peculiaridad.
El petróleo —y más precisamente, la renta
petrolera— ha sido, en última instancia, el
principal factor en la conformación de la
economía, la sociedad, la cultura, los va-
lores, la ética y el comportamiento político
venezolanos del siglo XX
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
42
“… andaban quitando los retratos
de Bolívar de todas partes, quitando
los retratos de Bolívar y los tiraban
en un baño por allá, en un sótano.
Le tienen miedo incluso al retrato
de Bolívar los oligarcas de Venezuela.
Bueno, el propio Bolívar al que
le tienen miedo, al Bolívar verdadero,
Al Bolívar revolucionario.
Ese Bolívar (…) hay que buscarlo
en los libros, en los documentos
originarios, hay que apartarse
de las interpretaciones que la oligarquía
hizo sobre Bolívar, porque lo
desfguraron,
y hay que buscar los discursos
de Bolívar, las arengas
de Bolívar, los documentos originarios,
hay que seguirle el rastro por el mapa
a Bolívar, y allí conseguiremos
nutrientes muy poderosos
para la batalla revolucionaria.”
Hugo Chávez Frías
Acto de constitución de la Cátedra
Abierta Libertador Simón Bolívar.
Teatro Nacional de la Cultura Benjamín Carrión
Quito, Ecuador, 12 de julio de 2004.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
43
L
as ideas de Bolívar
tienen un contenido
que trasciende su
época y su tierra, porque
pensó con la vista fja en el
porvenir. Soñar una Améri-
ca unida en el esfuerzo para
conquistar libertades, y uni-
da también para el progreso
y el bienestar de sus pue-
blos. Cuando en 1818, ro-
deado de enemigos, en me-
dio de países efervescentes,
escri bía al Director de las
Provincias Unidas del Río
de la Plata, don Juan Mar-
tín de Pueyrredón, sobre la
necesidad de establecer un
“pacto americano que, for-
mando de todas nuestras
repúblicas un cuerpo po-
lítico, presente la América
al mundo con un aspecto
de majestad y grandeza sin
ejemplo en las naciones an-
tiguas”, establecía las bases
de la solidaridad continen-
tal y afrmaba los ideales
que están abrién dose paso,
a pesar de la cerrazón de in-
comprensiones en el mun-
do entero. Fue el artífce
de las ideas que confguran
una América unida. Qui-
so poner coto a los pleitos
de fronteras y a la querella
intestina, pensando en el
Bolívar y la solidaridad continental
Luis Beltrán
Prieto Figueroa
PENSAMIENTO ANTIMPERLIASTA. JUSTICIA Y DESARROLLO SOCIAL DE LOS PUEBLOS.
DEMOCRACIA POPULAR Y DIRECTA
RAMÓN TOVAR. Bolívar y su visión geohistórica
del espacio. enfoque geohistórico.
Visión integral y geopolítica
de la unidad bolivariana
“El espacio geográfco para Bolívar tiene un carácter
socio político; pueblo, nivel cultural, magnitud del terri-
torio, posición del mismo, forma del gobierno, historia,
personalidad cultural constituye una integridad. Estas
cualidades aparecen recogidas en unidades que confor-
man un conjunto sustentado por un equilibrio interno o
coherencia espacial. este equilibrio, fundamentación
del orden universal, es producto de un desiderátum his-
tórico por lo que no escapa al relativismo y contingencia
de las vicisitudes humanas. este relativismo que vitaliza
el pensamiento bolivariano se apoya en una concepción
global y realista (…)
El Libertador al situarse en los límites de nuestro conti-
nente introduce nuevas variables cuando propone la es-
tructura geopolítica del mismo. (…)
Bolívar si concibe el espacio desde una perspectiva so-
ciopolítica, al nuestro lo incluye dentro de la tipología
de un espacio republicano, igualitario, realista y demo-
crático popular.”
EL MAGISTERIO AMERICANO DE BOLÍVAR. CARACAS.
EDICIONES DEL VICERRECTORADO DE INVESTIGACIÓN
Y POSTGRADO DE LA UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA
EXPERIMENTAL LIBERTADOR. 2002. P.
destino común que habrá de
depararnos el futuro, a fn
de que América unida pue-
da llamarse “la reina de las
Naciones y la madre de las
Repúblicas”.
bolívar siempre actual
Bolívar es actual en cada
día. Cuando nuestras na-
ciones pugnan por salir del
atraso en que han venido su-
mergidas y que fue señalado
por él en su célebre Carta
de Jamaica, que hoy cum-
ple 146 años, encontramos
inspiración para la obra de
progreso que necesitamos,
para el planeamiento de una
actividad constructiva, para
el aprove chamiento de los
recursos naturales en bene-
fcio del pueblo, que es su
propietario, porque, como
hemos dicho en otra parte,
en Bolívar lo grande y lo
maravilloso es que tiene una
solución adecuada para cada
circunstancia. Esa prolífca
manera de proceder lo sitúa
en el centro de actividades-
de un mundo removido. En
él alcanza dimen siones de
excelencia la calidad hu-
mana, la capacidad rectora,
con virtiéndolo en ejemplo y
modelo para un continente.
Repetiré aquí lo dicho por
mí en otra parte: La de Bolí-
var era “más que una acción
libertadora, una acción libe-
radora, porque se dedicaba a
enseñar a los hombres el uso
de la libertad recién amane-
cida y a contener los abusos
y desmanes de quienes, por
no estar acostumbrados a
ac tuar libremente, corrían el
peligro de extraviarse en el
camino”. En él, además del
gran capitán y conductor de
ejércitos, hay que mirar al
conductor de pueblos, que,
superándose en lucha con-
tra la adversidad y contra la
opresión, se hacía pueblo
también para en contrar en
el barro informe de la masa
anónima inspiración
para su obra re-
dentora.
P e n s ó
Bo l í -
v a r
q u e
“ un
pue-
b l o
i gno-
r a n t e
es ins-
t r u m e n t o
ciego de su propia
destrucción”, pero sus
palabras han de ser inter-
pretadas ahora, no sola-
mente como alusión a los
hombres y mujeres analfa-
betos, que eran el material
de los ejércitos que detrás
de él iban sembrando li-
bertades. Porque no es
únicamente la ignorancia
de la letra escrita lo que
destruye a nuestros pue-
blos, ya que hombres le-
trados padecen, a veces,
una ignorancia cegadora
de esa no apren dida cien-
cia que toca al corazón y a
los sentimientos. Por ello,
mien tras e! pueblo humil-
de y analfabeto labra la tie-
rra, apacienta los ga nados
y muere en el abandono,
otros disfrutan en tranqui-
la holganza las letras que
les hacen insensibles y la
riqueza que les separa de
la miseria.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
44
RAZONES DE LA CAIDA DE UNA REPUBLICA
Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada
por un Caraqueño (Manifesto de Cartagena)
Cartagena de Indias, 15 de
diciembre de 1812
Conciudadanos;
Libertar a la Nueva Granada
de la suerte de Venezuela y
redimir a ésta de la que pa-
dece, son los objetos que me
he propuesto en esta memo-
ria. Dignaos, oh mis conciu-
dadanos, de aceptarla con
indulgencia en obsequio de
miras tan laudables.
Yo soy, granadinos, un hijo
de la infeliz Caracas, esca-
pado prodigiosamente de en
medio de sus ruinas físicas
y políticas, que siempre fel
al sistema liberal y justo que
proclamó mi patria, he ve-
nido a seguir aquí los estan-
dartes de la independencia,
que tan gloriosamente tre-
molan en estos estados.
Permitidme que animado de
un celo patriótico me atre-
va a dirigirme a vosotros,
para indicaros ligeramente
las causas que condujeron a
Venezuela a su destrucción;
lisonjeándome que las terri-
bles y ejemplares lecciones
que ha dado aquella extin-
guida República, persuadan
a la América a mejorar de
conducta, corrigiendo los
vicios de unidad, solidez y
energía que se notan en sus
gobiernos.
El más consecuente error
que cometió Venezuela, al
presentarse en el teatro po-
lítico fue, sin contradicción,
la fatal adopción que hizo
del sistema tolerante; siste-
ma improbado como débil
e inefcaz, desde entonces,
por todo el mundo sensato,
y tenazmente sostenido has-
ta los últimos períodos, con
una ceguedad sin ejemplo.
La primeras pruebas que dio
nuestro gobierno de su insen-
sata debilidad, las manifestó
con la ciudad subalterna de
Coro, que denegándose a
reconocer su legitimidad,
lo declaró insurgente y lo
hostilizó como enemigo. La
Junta suprema en lugar de
subyugar aquella indefensa
ciudad que estaba rendida
con presentar nuestras fuer-
zas marítimas delante de su
puerto, la dejó fortifcar y
tomar una actitud tan res-
petable que logró subyugar
después la confederación
entera, con casi igual faci-
lidad que la que teníamos
nosotros anteriormente para
vencerla: fundando la Junta
su política en los principios
de humanidad mal entendi-
da que no autorizan a ningún
gobierno, para hacer, por la
fuerza, libres a los pueblos
estúpidos que desconocen el
valor de sus derechos.
Los códigos que consulta-
ban nuestros magistrados,
no eran los que podían en-
señarles la ciencia práctica
del gobierno, sino los que
han formado ciertos buenos
visionarios que, imaginán-
dose repúblicas aéreas, han
procurado alcanzar la per-
fección política, presupo-
niendo la perfectibilidad del
linaje humano. Por manera
que tuvimos flósofos por
jefes, flantropía por legis-
lación, dialéctica por tácti-
ca y sofstas por soldados.
Con semejante subversión
de principios y de cosas, el
orden social se resintió ex-
tremadamente conmovido,
y desde luego corrió el es-
tado a pasos agigantados a
una disolución universal,
que bien pronto se vio rea-
lizada.
De aquí nació la impunidad
de los delitos de estado co-
metidos descaradamente por
los descontentos, y particu-
larmente por nuestros natos
e implacables enemigos -los
españoles europeos- que
maliciosamente se habían
quedado en nuestro país,
para tenerlo incesantemente
inquieto, y promover cuan-
tas conjuraciones les permi-
tían formar nuestros jueces,
perdonándolos siempre, aun
cuando sus atentados eran
tan enormes, que se dirigían
contra la salud pública.
La doctrina que apoyaba
esta conducta tenía su origen
en las máximas flantrópicas
de algunos escritores, que
defenden la no residencia
de facultad en nadie, para
privar de la vida a un hom-
bre, aun en el caso de haber
delinquido éste, en el delito
de lesa patria. Al abrigo de
esta piadosa doctrina, a cada
conspiración sucedía un
perdón y a cada perdón su-
cedía otra conspiración que
se volvía a perdonar; porque
los gobiernos liberales de-
ben distinguirse por la cle-
mencia. ¡Clemencia crimi-
nal, que contribuyó más que
nada, a derribar la máquina,
que todavía no habíamos
enteramente concluido!
De aquí vino la oposición
decidida a levantar tropas
veteranas, disciplinadas, y
capaces de presentarse en el
campo de batalla, ya instrui-
das, a defender la libertad,
con suceso y gloria. Por el
contrario: se establecieron
innumerables cuerpos de
milicias indisciplinadas, que
además de agotar las cajas
del erario nacional, con los
sueldos de la plana mayor,
destruyeron la agricultura,
alejando a los paisanos de
sus hogares; e hicieron odio-
so el gobierno que obligaba
a éstos a tomar las armas y a
abandonar sus familias.
“Las repúblicas, decían
nuestros estadistas, no han
menester de hombres paga-
dos para mantener su liber-
tad. Todos los ciudadanos
serán soldados cuando nos
ataque el enemigo. Grecia,
Roma, Venecia, Génova,
Simón Bolívar
«no hay aldea
o caserío de las
regiones mencio-
nadas donde no se
agrupen los peo-
nes, manumisos
y esclavos bajo
las banderas del
programa prin-
cipio alternativo,
elección popular,
horror a la oli-
garquía, tierras y
hombres libres».
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
45
Suiza, Holanda y reciente-
mente el Norte de América,
vencieron a sus contrarios
sin auxilio de tropas mer-
cenarias siempre prontas a
sostener el despotismo y a
subyugar a sus conciudada-
nos.”
Con estos antipolíticos e
inexactos raciocinios, fasci-
naban a los simples; pero no
convencían a los prudentes
que conocían bien la inmen-
sa diferencia que hay entre
los pueblos, los tiempos y
las costumbres de aquellas
repúblicas y las nuestras.
Ellas, es verdad, que no pa-
gaban ejércitos permanen-
tes; mas era porque en la
antigüedad no los había, y
sólo confaban la salvación
y la gloria de los estados, en
sus virtudes políticas, cos-
tumbres severas y carácter
militar; cualidades que no-
sotros estamos muy distan-
tes de poseer. Y en cuanto a
las modernas que han sacu-
dido el yugo de sus tiranos,
es notorio que han mante-
nido el competente núme-
ro de veteranos que exige
su seguridad; exceptuando
al Norte de América, que
estando en paz con todo el
mundo, y guarnecido por el
mar, no ha tenido por con-
veniente sostener en estos
últimos años el completo de
tropa veterana que necesita
para la defensa de sus fron-
teras y plazas.
El resultado probó seve-
ramente a Venezuela el
error de su cálculo; pues
los milicianos que salieron
al encuentro del enemigo,
ignorando hasta el manejo
del arma, y no estando habi-
tuados a la disciplina y obe-
diencia, fueron arrollados al
comenzar la última campa-
ña, a pesar de los heroicos
y extraordinarios esfuerzos
que hicieron sus jefes, por
llevarlos a la victoria. Lo
que causó un desaliento ge-
neral en soldados y ofcia-
les; porque es una verdad
militar que sólo ejércitos
aguerridos son capaces de
sobreponerse a los prime-
ros infaustos sucesos de una
campaña. El soldado bisoño
lo cree todo perdido, desde
que es derrotado una vez;
porque la experiencia no le
ha probado que el valor, la
habilidad y la constancia co-
rrigen la mala fortuna.
La subdivisión de la provin-
cia de Caracas proyectada,
discutida y sancionada por
el congreso federal, desper-
tó y fomentó una enconada
rivalidad en las ciudades y
lugares subalternos, contra
la capital: “la cual decían
los congresales ambicio-
sos de dominar en sus dis-
tritos, era la tirana de las
ciudades, y la sanguijuela
del estado”. De este modo
se encendió el fuego de la
guerra civil en Valencia,
que nunca se logró apagar,
con la reducción de aquella
ciudad: pues conservándo-
lo encubierto, lo comunicó
a las otras limítrofes a Coro
y Maracaibo: y éstas enta-
blaron comunicaciones con
aquélla, y facilitaron, por
este medio, la entrada de
los españoles que trajo con-
sigo la caída de Venezuela.
La disipación de las rentas
públicas en objetos frívolos
y perjudiciales; y particular-
mente en sueldos de infni-
dad de ofcinistas, secreta-
rios, jueces, magistrados,
legisladores provinciales y
federales dio un golpe mor-
tal a la república, porque la
obligó a recurrir al peligro-
so expediente de establecer
el papel moneda, sin otra
garantía que la fuerza y las
rentas imaginarias de la
Confederación. Esta nueva
moneda, pareció a los ojos
de los más, una violación
manifesta del derecho de
propiedad, porque se con-
ceptuaban despojados de
objetos de intrínseco valor,
en cambio de otros cuyo
precio era incierto, y aún
ideal. El papel moneda re-
mató el descontento de los
estólidos pueblos internos,
que llamaron al comandante
de las tropas españolas para
que viniese a librarlos de
una moneda que veían con
más horror que la servidum-
bre.
Pero lo que debilitó más al
gobierno de Venezuela, fue
la forma federal que adoptó,
siguiendo las máximas exa-
geradas de los derechos del
hombre, que autorizándolo
para que se rija por sí mis-
mo, rompe los pactos socia-
les, y constituye las nacio-
nes en anarquía. Tal era el
verdadero estado de la Con-
federación. Cada provincia
se gobernaba independien-
temente; y a ejemplo de és-
tas, cada ciudad pretendía
iguales facultades alegando
la práctica de aquéllas, y la
teoría de que todos los hom-
bres y todos los pueblos,
gozan de la prerrogativa de
instituir a su antojo el go-
bierno que les acomode.
El sistema federal, bien que
sea el más perfecto, y más
capaz de proporcionar la
felicidad humana en socie-
dad, es, no obstante, el más
opuesto a los intereses de
nuestros nacientes estados;
generalmente hablando, to-
davía nuestros conciudada-
nos no se hallan en aptitud
de ejercer por sí mismos y
ampliamente sus derechos;
porque carecen de las vir-
tudes políticas que carac-
terizan al verdadero repu-
blicano: virtudes que no se
adquieren en los gobiernos
absolutos, en donde se des-
conocen los derechos y los
deberes del ciudadano.
Por otra parte ¿qué país del
mundo por morigerado y
republicano que sea, podrá,
en medio de las facciones
intestinas y de una guerra
exterior, regirse por un go-
bierno tan complicado y dé-
bil como el federal? No, no
es posible conservarlo en el
tumulto de los combates y
de los partidos. Es preciso
que el gobierno se identif-
que, por decirlo así, al ca-
rácter de las circunstancias,
de los tiempos y de los hom-
bres que lo rodean. Si éstos
son prósperos y serenos, él
debe ser dulce y protector;
pero si son calamitosos y
turbulentos, él debe mos-
trarse terrible y armarse de
una frmeza igual a los pe-
ligros, sin atender a leyes ni
constituciones, ínterin no se
restablecen la felicidad y la
paz.
Caracas tuvo mucho que
padecer por defecto de la
Confederación que, lejos de
socorrerla, le agotó sus cau-
dales y pertrechos; y cuando
vino el peligro la abandonó
a su suerte, sin auxiliarla
con el menor contingente.
Además le aumentó sus em-
barazos habiéndose empe-
ñado una competencia entre
el poder federal y el provin-
cial, que dio lugar a que los
enemigos llegasen al cora-
zón del estado, antes que se
resolviese la cuestión, de si
deberían salir las tropas fe-
derales o provinciales a re-
chazarlos, cuando ya tenían
ocupada una gran porción
de la provincia. Esta fatal
contestación produjo una
demora que fue terrible para
nuestras armas, pues las de-
rrotaron en San Carlos sin
que les llegasen los refuer-
zos que esperaban para ven-
cer.
Yo soy de sentir que mien-
tras no centralicemos nues-
tros gobiernos americanos,
los enemigos obtendrán las
más completas ventajas;
seremos indefectiblemente
envueltos en los horrores
RAZONES DE LA CAIDA DE UNA REPUBLICA
La disipación de
las rentas públicas
en objetos frívolos
y perjudiciales; y
particularmente en
sueldos de infni-
dad de ofcinistas,
secretarios, jueces,
magistrados, legis-
ladores provinciales
y federales dio un
golpe mortal a la
república,
Cada provincia se
gobernaba inde-
pendientemente;
y a ejemplo de és-
tas, cada ciudad
pretendía iguales
facultades alegan-
do la práctica de
aquéllas, y la teoría
de que todos los
hombres y todos los
pueblos, gozan de
la prerrogativa de
instituir a su antojo
el gobierno que les
acomode.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
46
de las disensiones civiles,
y conquistados vilipendio-
samente por ese puñado de
bandidos que infestan nues-
tras comarcas.
La elecciones populares
hechas por los rústicos del
campo y por los intrigantes
moradores de las ciudades,
añaden un obstáculo más a
la práctica de la federación
entre nosotros; porque los
unos son tan ignorantes que
hacen sus votaciones ma-
quinalmente, y los otros,
tan ambiciosos que todo lo
convierten en facción; por
lo que jamás se vio en Ve-
nezuela una votación libre
y acertada; lo que ponía el
gobierno en manos de hom-
bres ya desafectos a la cau-
sa, ya ineptos, ya inmorales.
El espíritu de partido decidía
en todo, y por consiguiente
nos desorganizó más de lo
que las circunstancias hi-
cieron. Nuestras división, y
no las armas españolas, nos
tornó a la esclavitud.
El terremoto de 26 de marzo
trastornó ciertamente, tanto
lo físico como lo moral; y
puede llamarse propiamen-
te, la causa inmediata de
la ruina de Venezuela; mas
este mismo suceso habría
tenido lugar sin producir tan
mortales efectos, si Caracas
se hubiera gobernado enton-
ces por una sola autoridad,
que, obrando con rapidez y
vigor, hubiese puesto reme-
dio a los daños sin trabas, ni
competencias que retardan-
do el efecto de las providen-
cias dejaban tomar al mal un
incremento tan grande que
lo hizo incurable.
Si Caracas, en lugar de una
confederación lánguida e in-
subsistente, hubiese estable-
cido un gobierno sencillo,
cual lo requería su situación
política y militar, tú existie-
ras ¡oh Venezuela! y gozaras
hoy de tu libertad.
La infuencia eclesiástica
tuvo,
después del te-
rremoto, una parte
muy considerable
en la sublevación de
los lugares y ciudades
subalternas y en la intro-
ducción de los enemigos en
el país, abusando sacrílega-
mente de la santidad de su
ministerio en favor de los
promotores de la guerra ci-
vil. Sin embargo, debemos
confesar ingenuamente, que
estos traidores sacerdotes,
se animaban a cometer los
execrables crímenes de que
justamente se les acusa,
porque la impunidad de los
delitos era absoluta, la cual
hallaba en el congreso un
escandaloso abrigo; llegan-
do a tal punto esta injusticia,
que de la insurrección de
la ciudad de Valencia, que
costó su pacifcación cerca
de mil hombres, no se dio
a la vindicta de la leyes un
solo rebelde; quedando to-
dos con vida, y los más con
sus bienes.
De lo referido se deduce,
que entre las causas que han
producido la caída de Vene-
zuela, debe colocarse en pri-
mer lugar la naturaleza de su
constitución que, repito, era
tan contraria a sus intereses
como favorable a los de sus
contrarios. En segundo,
el espíritu de flantropía
que se apoderó de nues-
tros gobernantes. Tercero:
la oposición al estable-
cimiento de un cuerpo
militar que salvase la
república y repeliese los
choques que le daban los
españoles. Cuarto, el te-
rremoto acompañado del
fanatismo que logró sacar
a este fenómeno los más
importantes resultados; y
últimamente, las faccio-
nes internas que en
realidad fueron el
mortal ve-
neno que hicieron descender
la patria al sepulcro.
Estos ejemplos de errores e
infortunios, no serán entera-
mente inútiles para los pue-
blos de la América meridio-
nal, que aspiran a la libertad
e independencia.
La Nueva Granada ha visto
sucumbir a Venezuela; por
consiguiente debe evitar los
escollos que han destroza-
do a aquélla. A este efecto
presento como una medida
indispensable para la segu-
ridad de la Nueva Granada,
la reconquista de Caracas. A
primera vista parecerá este
proyecto inconducente, cos-
toso, y quizás impractica-
ble: pero examinando aten-
tamente con ojos previsivos,
y una meditación profunda,
es imposible desconocer su
necesidad, como dejar de
ponerlo en ejecución, pro-
bada la utilidad.
Lo primero que se presenta
en apoyo de esta operación,
es el origen de la destruc-
ción de Caracas, que no fue
otro que el desprecio con
que miró aquella ciudad la
existencia de un enemigo
que parecía pequeño, y no
lo era considerándolo en su
verdadera luz.
Coro ciertamente no ha-
bría podido nunca entrar
en competencia con Cara-
cas, si la comparamos en
sus fuerzas intrínsecas con
ésta; mas como en el orden
de las vicisitudes humanas
no es siempre la mayoría de
la masa física la que decide,
sino que es la superioridad
de la fuerza moral la que
inclina hacia sí la balanza
política, no debió el gobier-
no de Venezuela, por esta
razón, haber descuidado la
extirpación de un enemigo,
que aunque aparentemente
débil, tenía por auxiliares a
la provincia de Maracaibo;
a todas las que obedecen a
la Regencia; el oro, y la co-
operación de nuestros eter-
nos contrarios, los europeos
que viven con nosotros; el
partido clerical, siempre
adicto a su apoyo y compa-
ñero, el despotismo; y so-
bre todo, la opinión invete-
rada de cuantos ignorantes
y supersticiosos contienen
los límites de nuestros es-
tados. Así fue que apenas
hubo un ofcial traidor
que llamase al enemigo,
cuando se desconcertó la
máquina política, sin que
los inauditos y patrióticos
esfuerzos que hicieron los
defensores de Caracas, lo-
grasen impedir la caída de
un edifcio ya desplomado
por el golpe que recibió de
un solo hombre.
Aplicando el ejemplo de
Venezuela a la Nueva Gra-
nada, y formando una pro-
porción, hallaremos: que
Coro es a Caracas, como
Caracas es a la América
entera: consiguientemen-
te el peligro que amenaza
Nuestras división,
y no las armas es-
pañolas, nos tornó
a la esclavitud.
Yo soy de sentir
que mientras no
centralicemos
nuestros gobiernos
americanos, los
enemigos obten-
drán las más com-
pletas ventajas;
seremos indefecti-
blemente envueltos
en los horrores
de las disensiones
civiles, y conquis-
tados vilipendio-
samente por ese
puñado de bandi-
dos que infestan
nuestras comarcas.
RAZONES DE LA CAIDA DE UNA REPUBLICA
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
47
este país, está en razón de
la anterior progresión; por-
que poseyendo la España
el territorio de Venezuela,
podrá con facilidad sacar-
le hombres y municiones
de boca y guerra, para que
bajo la dirección de jefes
experimentados contra los
grandes maestros de la gue-
rra, los franceses, penetren
desde las provincias de Ba-
rinas y Maracaibo hasta los
últimos confnes de la Amé-
rica meridional. La España
tiene en el día gran número
de ofciales generales, am-
biciosos y audaces; acos-
tumbrados a los peligros y
a las privaciones, que anhe-
lan por venir aquí, a buscar
un imperio que reemplace
el que acaban de perder.
Es muy probable, que al
expirar la Península, haya
una prodigiosa emigración
de hombres de todas clases;
y particularmente de car-
denales, arzobispos, obis-
pos, canónigos y clérigos
revolucionarios, capaces de
subvertir, no sólo nuestros
tiernos y lánguidos estados,
sino de envolver el Nue-
vo Mundo entero, en una
espantosa anarquía. La in-
fuencia religiosa, el impe-
rio de la dominación civil y
militar, y cuantos prestigios
pueden obrar sobre el es-
píritu humano, serán otros
tantos instrumentos de que
se valdrán para someter es-
tas regiones.
Nada se opondrá a la emi-
gración de España. Es vero-
símil que la Inglaterra pro-
teja la evasión de un partido
que disminuye en parte las
fuerzas de Bonaparte en
España y trae consigo el
aumento y permanencia del
suyo en América. La Fran-
cia no podrá impedirla;
tampoco Norte-América y
nosotros menos aún, pues
careciendo todos de una
marina respetable, nuestras
tentativas serán vanas.
Estos tránsfugas hallarán
ciertamente una favorable
acogida en los puertos de
Venezuela, como que vie-
nen a reforzar a los opre-
sores de aquel país, y los
habilitan de medios para
emprender la conquista de
los estados independientes.
Levantarán quince o veinte
mil hombres que discipli-
narán prontamente con sus
jefes, ofciales, sargentos,
cabos y soldados vetera-
nos. A este ejército seguirá
otro todavía más temible,
de ministros, embajadores,
consejeros, magistrados,
toda la jerarquía eclesiásti-
ca y los grandes de España,
cuya profesión es el dolo
y la intriga, condecorados
con ostentosos títulos, muy
adecuados para deslumbrar
a la multitud, los que derra-
mándose como un torrente,
lo inundarán todo arrancan-
do las semillas y hasta las
raíces del árbol de la liber-
tad de Colombia. Las tropas
combatirán en el campo; y
éstos desde sus gabinetes,
nos harán la guerra por los
resortes de la seducción y
del fanatismo.
Así pues, no nos queda otro
recurso para precavernos
de estas calamidades, que
el de pacifcar rápidamente
nuestras provincias suble-
vadas, para llevar después
nuestras armas contra las
enemigas; y formar de este
modo soldados y ofciales
dignos de llamarse colum-
na de la patria.
Todo conspira a hacernos
adoptar esta medida; sin
hacer mención de la necesi-
dad urgente que tenemos de
cerrarles las puertas al ene-
migo, hay otras razones tan
poderosas para determinar-
nos a la ofensiva, que sería
una falta militar y política
inexcusable, dejar de ha-
cerla. Nosotros nos halla-
mos invadidos, y por consi-
guiente forzados a rechazar
al enemigo más allá de la
frontera. Además, es un
principio del arte que toda
guerra defensiva es perjudi-
cial y ruinosa para el que la
sostiene, pues lo debilita sin
esperanza de indemnizarlo;
y que las hostilidades en
el territorio enemigo siem-
pre son provechosas, por el
bien que resulta del mal del
contrario; así, no debemos
por ningún motivo emplear
la defensiva.
Debemos considerar tam-
bién el estado actual del
enemigo, que se halla en
una posición muy crítica,
habiéndosele desertado la
mayor parte de sus soldados
criollos; y teniendo al mis-
mo tiempo que guarnecer
las patrióticas ciudades de
Caracas, Puerto Cabello, la
Guaira, Barcelona, Cumaná
y Margarita, en donde exis-
ten sus depósitos; sin que
se atrevan a desamparar
estas plazas, por temor de
una insurrección general en
el acto de separarse de ella.
De modo que no sería impo-
sible que llegasen nuestras
tropas hasta las puertas de
Caracas, sin haber dado una
batalla campal. Es una cosa
positiva, que en cuanto nos
presentemos en Venezue-
la, se nos agregan millares
de valerosos patriotas, que
suspiran por vernos parecer,
para sacudir el yugo de sus
tiranos, y unir sus esfuerzos
a los nuestros, en defensa
de la libertad.
La naturaleza de la presente
campaña nos proporciona la
ventaja de aproximarnos a
Maracaibo por Santa Mar-
ta, y a Barinas por Cúcuta.
Aprovechemos, pues, ins-
tantes tan propicios; no sea
que los refuerzos que ince-
santemente deben llegar de
España, cambien absoluta-
mente el aspecto de los ne-
gocios, y perdamos, quizás
para siempre, la dichosa
oportunidad de asegurar la
suerte de estos estados.
En honor de la Nueva Gra-
nada exige imperiosamente,
escarmentar a esos osados
invasores, persiguiéndolos
hasta sus últimos atrinche-
ramientos. Como su gloria
depende de tomar a su car-
go la empresa de marchar
a Venezuela, a libertar la
cuna de la independencia
colombiana, sus mártires,
y aquel benemérito pueblo
caraqueño, cuyos clamores
sólo se dirigen a sus ama-
dos compatriotas los grana-
dinos, que ellos aguardan
con una mortal impacien-
cia, como a sus redentores.
Corramos a romper las ca-
denas de aquellas víctimas
que gimen en las mazmo-
rras, siempre esperando su
salvación de vosotros; no
burleis su confanza: no
seáis insensibles a los la-
mentos de vuestros herma-
nos. Id veloces a vengar al
muerto, a dar vida al mori-
bundo, soltura al oprimido
y libertad a todos.
La infuencia eclesiástica tuvo, después
del terremoto, una parte muy considerable
en la sublevación de los lugares y ciuda-
des subalternas y en la introducción de los
enemigos en el país, abusando sacrílega-
mente de la santidad de su ministerio en
favor de los promotores de la guerra civil.
estos traidores sacerdotes, se animaban
a cometer los execrables crímenes de que
justamente se les acusa, porque la impuni-
dad de los delitos era absoluta
¡Gloria al Genio! A la faz de la tierra
de su idea corramos en pos,
que en su brazo hay ardores de guerra
y en su frente vislumbres de Dios.
¡Epopeya! No pinta la estrofa
del gran héroe la espléndida talla
que en su airoso corcel de batalla
es su escudo frmeza y verdad.
Y subiendo a la cima del Ande,
asomado al fulgor infnito
coronado de luz lanza un grito
que resuena doquier ¡Libertad!
Himno al Libertador Simón Bolívar 1883
Rubén Darío, 1867-1916
RAZONES DE LA CAIDA DE UNA REPUBLICA
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
48
VISIÒN POLÌTICA INTEGRAL, DE TOTALIDAD DE BOLIVAR DE AMERICA. PROPUESTA POLITICA,
GEOESTRATEGIA, DE SUR AMERICA. LAS RAZONES DE LA INDEPENDENCIA
“Carta de Jamaica”
Simón Bolívar.
Kingston, setie mbre 6 de
1815
Muy señor mío:
Me apresuro a contestar la carta del
29 del mes pasado que V. me hizo
el honor de dirigirme, y yo recibí
con la mayor satisfacción.
Sensible, como debo, al interés que
V. ha querido tomar por la suerte
de mi patria, afigiéndose con ella
por los tormentos que padece des-
de su descubrimiento hasta estos
últimos períodos, por parte de sus
destructores los españoles, no sien-
to menos el comprometimiento en
que me ponen las solícitas deman-
das que V. me hace, sobre los obje-
tos más importantes de la política
americana. Así, me encuentro en
un conficto, entre el deseo de co-
rresponder a la confanza con que
V. me favorece, y el impedimento
de satisfacerla, tanto por la falta de
documentos y de libros, cuanto por
los limitados conocimientos que
poseo de un país tan inmenso, va-
riado y desconocido como el Nue-
vo Mundo.
En mi opinión es imposible res-
ponder a las preguntas con que V.
me ha honrado. El mismo barón de
Humboldt, con su universalidad de
conocimientos teóricos y prácti-
cos, apenas lo haría con exactitud,
porque aunque una parte de la es-
tadística y revolución de América
es conocida, me atrevo a asegurar
que la mayor está cubierta de ti-
nieblas, y por consecuencia, sólo
se pueden ofrecer conjeturas más o
menos aproximadas, sobre todo en
lo relativo a la suerte futura, y a los
verdaderos proyectos de los ameri-
canos; pues cuantas combinaciones
suministra la historia de las nacio-
nes, de otras tantas es susceptible
la nuestra por sus posiciones físi-
cas, por las vicisitudes de la guerra,
y por los cálculos de la política.
Como me conceptúo obligado a
prestar atención a la apreciable
carta de V., no menos que a sus
flantrópicas miras, me animo a
dirigir estas líneas, en las cuales
ciertamente no hallará V. las ideas
luminosas que desea, mas sí las in-
genuas expresiones de mis pensa-
mientos.
«Tres siglos ha, dice V., que em-
pezaron las barbaridades que los
españoles cometieron en el gran-
de hemisferio de Colón.» Barba-
ridades que la presente edad ha
rechazado como fabulosas, porque
parecen superiores a la perversidad
humana; y jamás serían creídas por
los críticos modernos, si constantes
y repetidos documentos no testif-
casen estas infaustas verdades. El
flantrópico obispo de Chiapa, el
apóstol de la América, Las Casas,
ha dejado a la posteridad una breve
relación de ellas, extractada de las
sumarias que siguieron en Sevilla
a los conquistadores, con el testi-
monio de cuantas personas respe-
tables había entonces en el Nuevo
Mundo, y con los procesos mismos
que los tiranos se hicieron entre sí;
como consta por los más sublimes
historiadores de aquel tiempo. To-
dos los imparciales han hecho jus-
ticia al celo, verdad y virtudes de
aquel amigo de la humanidad, que
con tanto fervor y frmeza denun-
ció ante su gobierno y contempo-
ráneos los actos más horrorosos de
un frenesí sanguinario.
¡Con cuánta emoción de gratitud
leo el pasaje de la carta de V. en que
me dice «que espera que los suce-
sos que siguieron entonces a las ar-
mas españolas, acompañen ahora a
las de sus contrarios, los muy opri-
midos americanos meridionales»!
Yo tomo esta esperanza por una
predicción, si la justicia decide las
contiendas de los hombres. El su-
ceso coronará nuestros esfuerzos;
porque el destino de América se
ha fjado irrevocablemente; el lazo
que la unía a la España está corta-
do; la opinión era toda su
fuerza; por ella se estre-
chaban mutuamente las
partes de aquella inmensa
monarquía; lo que antes
las enlazaba ya las divide;
más grande es el odio que
nos ha inspirado la Pe-
nínsula que el mar
que nos separa
de ella; me-
nos difí-
cil es
unir los dos continentes, que recon-
ciliar los espíritus de ambos países.
El hábito a la obediencia; un co-
mercio de intereses, de jueces, de
religión; una recíproca benevolen-
cia; una tierna solicitud por la cuna
y la gloria de nuestros padres; en
fn, todo lo que formaba nuestra
esperanza nos venía de España. De
aquí nacía un principio de adhesión
que parecía eterno; no obstante que
la inconducta de nuestros domina-
dores relajaba esta simpatía; o por
mejor decir este apego forzado por
el imperio de la dominación. Al pre-
sente sucede lo contrario; la muer-
te, el deshonor, cuanto es nocivo,
nos amenaza y tememos; todo lo
sufrimos de esa desnaturalización
madrasta. El velo se ha rasgado; ya
hemos visto la luz y se nos quiere
volver a las tinieblas; se han roto
las cadenas; ya hemos sido libres,
y nuestros enemigos pretenden de
nuevo esclavizarnos. Por lo tanto,
la América combate con despecho;
y rara vez la desesperación no ha
arrastrado tras sí la victoria.
Porque los sucesos hayan sido par-
ciales y alternados, no debemos
desconfar de la fortuna. En unas
partes triunfan los independientes,
mientras que los tiranos en lugares
diferentes, obtienen sus ventajas,
¿cuál es el resultado fnal? ¿no está
el Nuevo Mundo entero, conmovi-
do y armado para su defensa? Eche-
mos una ojeada y observaremos
una lucha simultánea en la misma
extensión de este hemisferio.
El belicoso Estado de las Provin-
cias del Río de la Plata ha purgado
su territorio y conducido sus armas
vencedoras al Alto Perú, conmo-
viendo a Arequipa, e inquietando a
los realistas de Lima. Cerca de un
millón de habitantes disfruta allí de
su libertad.
El reino de Chile, poblado de
800,000 almas, está lidiando con-
tra sus enemigos que pretenden
dominarlo; pero en vano, porque
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
49
los que antes pusieron un término
a sus conquistas, los indómitos y
libres araucanos, son sus vecinos y
compatriotas; y su ejemplo sublime
es sufciente para probarles que el
pueblo que ama su independencia,
por fn lo logra.
El virreinato del Perú, cuya pobla-
ción asciende a millón y medio de
habitantes, es sin duda el más sumi-
so y al que más sacrifcios se le han
arrancado para la causa del rey; y
bien que sean varias las relaciones
concernientes a aquella porción de
América, es indubitable que ni está
tranquila, ni es capaz de oponerse
al torrente que amenaza a las más
de sus provincias.
La Nueva Granada, que es, por de-
cirlo así, el corazón de la América,
obedece a un gobierno general, ex-
ceptuando el reino de Quito
que con la mayor difcultad
contienen a sus enemigos,
por ser fuertemente adicto
a la causa de su patria, y
las provincias de Panamá
y Santa Marta que surgen,
no sin dolor, la tiranía de
sus señores. Dos millones
y medio de habitan-
tes están esparcidos
en aquel territorio
que actualmente
defienden
contra el ejército español bajo el
general Morillo, que es verosímil
sucumba delante de la inexpug-
nable plaza de Cartagena. Mas si
la tomare será a costa de grandes
pérdidas, y desde luego carecerá de
fuerzas bastantes para subyugar a
los morígeros y bravos moradores
del interior.
En cuanto a la heroica y desdichada
Venezuela, sus acontecimientos han
sido tan rápidos y sus devastacio-
nes tales, que casi la han reducido a
una absoluta indigencia y
a una soledad espantosa, no
obstante que era uno de los más
bellos países de cuantos
hacían el orgullo de
la América. Sus
tiranos gobier-
nan un desierto,
y sólo oprimen
a tristes restos
que escapados de
la muerte, alimentan
una precaria existen-
cia: algunas mujeres,
niños y ancianos son
los que quedan. Los
más de los hombres
han perecido por no
ser esclavos, y los
que viven comba-
ten con furor en los campos y en
los pueblos internos hasta expirar o
arrojar al mar a los que, insaciables
de sangre y de crímenes, rivalizan
con los primeros monstruos que
hicieron desaparecer de la Amé-
rica a su raza primitiva. Cerca de
un millón de habitantes de contaba
en Venezuela; y sin exageración se
puede asegurar que una cuarta parte
ha sido sacrifcada por la tierra, la
espada, el hambre, la peste, las pe-
regrinaciones; excepto el terremo-
to, todos resultados de la guerra.
En Nueva España había en 1808,
según nos refere el barón de Hum-
boldt, 7,800,000 almas con inclu-
sión de Guatemala. Desde aquella
época, la insurrección que ha agi-
tado a casi todas sus provincias,
ha hecho disminuir sensiblemente
aquel cómputo que parece exacto;
pues más de un millón de hombres
han perecido, como lo podrá V. ver
en la exposición de Mr. Walton que
describe con fdelidad los sangui-
narios crímenes cometidos en aquel
opulento imperio. Allí la lucha se
mantiene a fuerza de sacrifcios
humanos y de todas especies, pues
nada ahorran los españoles con tal
que logren someter a los que han
tenido la desgracia de nacer en este
suelo, que parece destinado a empa-
parse con la sangre de sus hijos. A
pesar de todo, los mexicanos serán
libres, porque han abrazado el par-
tido de la patria, con la resolución
de vengar a sus pasados, o seguir-
los al sepulcro. Ya ellos dicen con
Raynal: llegó el tiempo, en fn, de
pagar a los españoles suplicios con
suplicios y de ahogar a esa raza de
exterminadores en su sangre o en
el mar.
Las islas de Puerto Rico y Cuba,
que entre ambas pueden formar una
población de 700 a 800,000 almas,
son las que más tranquilamente po-
seen los españoles, porque están
fuera del contacto de los indepen-
dientes. Mas ¿no son americanos
estos insulares? ¿No son vejados?
¿No desearán su bienestar?
Este cuadro representa una escala
militar de 2,000 leguas de longitud
y 900 de latitud en su mayor exten-
sión en que 16,000,000 americanos
defenden sus derechos, o están
comprimidos por la nación españo-
la, que aunque fue en algún tiempo
el más vasto imperio del mundo,
sus restos son ahora impotentes
para dominar el nuevo hemisferio
y hasta para mantenerse en el an-
tiguo. ¿Y la Europa civilizada, co-
merciante y amante de la libertad,
permite que una vieja serpiente, por
sólo satisfacer su saña envenenada,
devore la más bella parte de nuestro
globo? ¡Qué! ¿está la Europa sor-
da al clamor de su propio interés?
¿No tiene ya ojos para ver la justi-
cia? ¿Tanto se ha endurecido para
ser de este modo insensible? Estas
cuestiones, cuanto más las medito,
más me confunden; llego a pensar
que se aspira a que desaparezca la
América; pero es imposible porque
toda la Europa no es España. ¡Qué
demencia la de nuestra enemiga,
pretender reconquistar la América,
sin marina, sin tesoros, y casi sin
soldados! Pues los que tiene ape-
nas son bastantes para retener a su
propio pueblo en una violenta obe-
diencia y defenderse de sus veci-
nos. Por otra parte, ¿podrá esta na-
ción hacer comercio exclusivo de
la mitad del mundo sin manufactu-
ras, sin producciones territoriales,
sin artes, sin ciencias, sin política?
Lograda que fuese ésta loca empre-
sa, y suponiendo más, aun lograda
la pacifcación, los hijos de los ac-
tuales americanos unidos con los
de los europeos reconquistadores,
¿no volverían a formar dentro de
veinte años los mismos patrióticos
designios que ahora se están com-
batiendo?
La Europa haría un bien a la España
en disuadirla de su obstinada teme-
ridad, porque a lo menos le ahorrará
los gastos que expende, y la sangre
VISIÒN POLÌTICA INTEGRAL, DE TOTALIDAD DE BOLIVAR DE AMERICA. PROPUESTA POLITICA,
GEOESTRATEGIA, DE SUR AMERICA. LAS RAZONES DE LA INDEPENDENCIA
Nosotros somos un pequeño género humano; posee-
mos un mundo aparte, cercado por dilatados mares;
nuevos en casi todas las artes y ciencias, aunque en
cierto modo viejos en los usos de la sociedad civil.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
50
que derrama; a fn de que fjando
su atención en sus propios recin-
tos, fundase su prosperidad y poder
sobre bases más sólidas que las de
inciertas conquistas, un comercio
precario y exacciones violentas en
pueblos remotos, enemigos y po-
derosos. La Europa misma, por mi-
ras de sana política debería haber
preparado y ejecutado el proyecto
de la independencia americana, no
sólo porque el equilibrio del mun-
do así lo exige, sino porque este es
el medio legítimo y seguro de ad-
quirirse establecimientos ultrama-
rinos de comercio. La Europa, que
no se halla agitada por las violentas
pasiones de la venganza, ambición
y codicia, como la España, parece
que estaba autorizada por todas las
leyes de la equidad a ilustrarla so-
bre sus bien entendidos intereses.
Cuantos escritores han tratado la
materia se acordaban en esta parte.
En consecuencia, nosotros espe-
rábamos con razón que todas las
naciones cultas se apresurarían a
auxiliarnos, para que adquiriése-
mos un bien cuyas ventajas son re-
cíprocas a entrambos hemisferios.
Sin embargo ¡cuán frustradas espe-
ranzas! No sólo los europeos, pero
hasta nuestros hermanos del Norte,
se han mantenido inmóviles espec-
tadores de esta contienda, que por
su esencia es la más justa, y por sus
resultados la más bella e importan-
te de cuantas se han suscitado en
los siglos antiguos y modernos;
porque ¿hasta dónde se puede cal-
cular la trascendencia de la libertad
del hemisferio de Colón?
«La felonía con que Bonaparte,
dice V., prendió a Carlos IV y a
Fernando VII, reyes de esta nación,
que tres siglos ha, aprisionó con
traición a dos monarcas de la Amé-
rica Meridional, es un acto muy
manifesto de la retribución divina,
y al mismo tiempo una prueba de
que Dios sostiene la justa causa de
los americanos, y les concederá su
independencia.»
Parece que V. quiere aludir al mo-
narca de México Moctezuma, preso
por Cortés y muerto, según Herre-
ra, por el mismo, aunque Solís dice
que por el pueblo; y a Atahualpa,
Inca del Perú, destruido por Fran-
cisco Pizarro y Diego Almagro.
Existe tal diferencia entre la suerte
de los reyes españoles y los reyes
americanos, que no admiten com-
paración; los primeros tratados con
dignidad, conservados, y al fn re-
cobran su libertad y trono; mien-
tras que los últimos sufren tormen-
tos inauditos y los vilipendios más
vergonzosos. Si a Quauhtemotzin,
sucesor de Moctezuma, se le tra-
ta como emperador, y le ponen la
corona, fue por irrisión y no por
respeto, para que experimentase
esta escarnio antes que las torturas.
Iguales a la suerte de este monarca
fueron las del rey de Michoacán,
Catzontzin; el Zipa de Bogotá, y
cuantos Toquis, Incas, Zipas, Ul-
menes, Caciques y demás dignida-
des indianas sucumbieron al poder
español. El suceso de Fernando
VII es más semejante al que tuvo
lugar en Chile en 1535 con el Ul-
mén de Copiapó, entonces reinante
en aquella comarca. El español Al-
magro pretextó, como Bonaparte,
tomar partido por la causa del legí-
timo soberano, y en consecuencia
llama al usurpador como Fernando
lo era en España; aparenta restituir
al legítimo a sus estados y termina
por encadenar y echar a las llamas
al infeliz Ulmén, sin querer ni aun
oír su defensa. Este es el ejemplo
de Fernando VII con su usurpador;
los reyes europeos sólo padecen
destierros, el Ulmén de Chile ter-
mina su vida de un modo atroz.
«Después de algunos meses, añade
V., he hecho muchas refexiones
sobre la situación de los america-
nos y sus esperanzas futuras; tomo
grande interés en sus sucesos; pero
me faltan muchos informes relati-
vo a sus estado actual y a lo que
ellos aspiran: deseo infnitamente
saber la política de cada provincia
como también su población; si de-
sean repúblicas o monarquías, si
formarán una gran república o una
gran monarquía? Toda noticia de
esta especie que V. pueda darme,
o indicarme las fuentes a que debo
ocurrir, la estimaré como un favor
muy particular.»
Siempre las almas generosas se in-
teresan en la suerte de un pueblo
que se esmera por recobrar los de-
rechos con que el Criador y la natu-
raleza le han dotado; y es necesario
estar bien fascinado por el error o
por las pasiones para no abrigar
esta noble sensación; V. ha pensado
en mi país, y se interesa por él; este
acto de benevolencia me inspira el
más vivo reconocimiento.
He dicho la población que se cal-
cula por datos más o menos exac-
tos, que mil circunstancias hacen
fallidos, sin que sea fácil remediar
esa inexactitud, porque los más de
los moradores tienen habitaciones
campestres, y muchas veces erran-
tes; siendo labradores, pastores,
nómadas, perdidos en medio de es-
pesos e inmensos bosques, llanuras
solitarias, y aislados entre lagos y
ríos caudalosos. ¿Quién será capaz
de formar una estadística completa
de semejantes comarcas? Además,
los tributos que pagan los indígenas;
las penalidades de los esclavos; las
primicias, diezmos y derechos que
pesan sobre los labradores, y otros
accidentes, alejan de sus hogares
a los pobres americanos. Esto es
sin hacer mención de la guerra de
exterminio que ya ha segado cer-
ca de un octavo de la población,
y ha ahuyentado una gran parte;
pues entonces las difcultades son
insuperables y el empadronamien-
to vendrá a reducirse a la mitad del
verdadero censo.
Todavía es más difícil presentir la
suerte futura del Nuevo Mundo,
establecer principios sobre su polí-
tica, y casi profetizar la naturaleza
del gobierno que llegará a adoptar.
Toda idea relativa al porvenir de
este país me parece aventurada.
¿Se pudo prever, cuando el género
humano se hallaba en su infancia
rodeado de tanta incertidumbre, ig-
norancia y error, cuál sería el régi-
men que abrazaría para su conser-
vación? ¿Quién se habría atrevido
a decir tal nación será república
o monarquía, esta será pequeña,
aquella grande? En mi concepto,
esta es la imagen de nuestra si-
tuación. Nosotros somos un pe-
queño género humano; poseemos
un mundo aparte, cercado por di-
latados mares; nuevos en casi to-
das las artes y ciencias, aunque en
cierto modo viejos en los usos de
la sociedad civil. Yo considero el
estado actual de la América, como
cuando desplomado el imperio ro-
mano, cada desmembración formó
un sistema político, conforme a sus
intereses y situación, o siguiendo la
ambición particular de algunos je-
fes, familias, o corporaciones; con
esta notable diferencia que aque-
llos miembros dispersos volvían a
restablecer sus antiguas naciones
con las alteraciones que exigían las
cosas o los sucesos; mas nosotros,
que apenas conservamos vestigios
de lo que en otro tiempo fue, y que
por otra parte, no somos indios, ni
europeos, sino una especie media
entre los legítimos propietarios del
país, y los usurpadores españoles;
VISIÒN POLÌTICA INTEGRAL, DE TOTALIDAD DE BOLIVAR DE AMERICA. PROPUESTA POLITICA,
GEOESTRATEGIA, DE SUR AMERICA. LAS RAZONES DE LA INDEPENDENCIA
...mas nosotros, que apenas conservamos vestigios
de lo que en otro tiempo fue, y que por otra parte,
no somos indios, ni europeos, sino una especie me-
dia entre los legítimos propietarios del país, y los
usurpadores españoles; en suma, siendo nosotros
americanos por nacimientos, y nuestros derechos
los de Europa, tenemos que disputar estos a los del
país, y que mantenernos en él contra la invasión de
los invasores...
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
51
en suma, siendo nosotros america-
nos por nacimientos, y nuestros de-
rechos los de Europa, tenemos que
disputar estos a los del país, y que
mantenernos en él contra la inva-
sión de los invasores; así nos halla-
mos en el caso más extraordinario
y complicado. No obstante que es
una especie de adivinación indicar
cuál será el resultado de la línea de
política que la América siga, me
atrevo a aventurar algunas conje-
turas que desde luego caracterizo
de arbitrarias, dictadas por un de-
seo racional, y no por un raciocinio
probable.
La posición de los moradores del
hemisferio americano ha sido por
siglos puramente pasiva; su exis-
tencia política era nula. Nosotros
estábamos en un grado todavía más
abajo de la servidumbre, y por lo
mismo con más difcultad para ele-
varnos al goce de la libertad. Per-
mítame V. estas consideraciones
para elevar la cuestión. Los estados
son esclavos por la naturaleza de
su constitución o por el abuso de
ella; luego, un pueblo es esclavo
cuando el gobierno, por su esencia
o por sus vicios, holla y usurpa los
derechos del ciudadano o súbdito.
Aplicando estos principios, halla-
remos que la América no solamen-
te estaba privada de su libertad,
sino también de la tiranía activa y
dominante. Me explicaré. En las
administraciones absolutas no se
reconocen límites en el ejercicio de
las facultades gubernativas: la vo-
luntad del Gran Sultán, Kan, Dey y
demás soberanos despóticos, es la
ley suprema, y esta es casi arbitra-
riamente ejecutada por los bajaes,
kanes y sátrapas subalternos de la
Turquía y Persia, que tienen orga-
nizada una opresión de que parti-
cipan los súbditos en razón de la
autoridad que se les confía. A ellos
está encargada la administración
civil, militar, política, de rentas,
y la religión. Pero al fn son per-
sas los jefes de Hispahan, son tur-
cos los visires del gran señor, son
tártaros los sultanes de la Tartaria.
La China no envía a buscar man-
datarios militares y letrados al país
de Gengis Kan que la conquistó,
a pesar de que los actuales chinos
son descendientes directos de los
subyugados por los ascendientes
de los presentes tártaros.
¡Cuán diferente era entre nosotros!
Se nos vejaba con una conducta
que, además de privarnos de los de-
rechos que nos correspondían, nos
dejaba en una especie de infancia
permanente con respecto a las tran-
sacciones públicas. Si hubiésemos
siquiera manejado nuestros asun-
tos domésticos en nuestra admi-
nistración interior, conoceríamos
el curso de los negocios públicos
y su mecanismo. Gozaríamos tam-
bién de la consideración personal
que impone a los ojos del pueblo
cierto respeto maquinal, que es tan
necesario conservar en las revolu-
ciones. He aquí por qué he dicho
que estábamos privados hasta de la
tiranía activa, pues que no nos está
permitido ejercer sus funciones.
Los americanos, en el sistema es-
pañol que está en vigor, y quizá con
mayor fuerza que nunca, no ocu-
pan otro lugar en la sociedad que el
de siervos propios para el trabajo,
y cuando más el de simples consu-
midores; y aun esta parte coartada
con restricciones chocantes; tales
son las prohibiciones del cultivo de
frutos de Europa, el estanco de las
producciones que el rey monopoli-
za, el impedimento de las fábricas
que la misma península no posee,
los privilegios exclusivos del co-
mercio hasta de los objetos de pri-
mera necesidad; las trabas entre
provincias y provincias americanas
para que no se traten, entienden, ni
negocien; en fn, ¿quiere V. saber
cuál era nuestro destino? Los cam-
pos para cultivar el añil, la grana, el
café, la caña, el cacao y el algodón;
las llanuras solitarias para criar ga-
nados; los desiertos para cazar las
bestias feroces; las entrañas de la
tierra para excavar el oro, que pue-
de saciar a esa nación avarienta.
Tan negativo era nuestro estado que
no encuentro semejante en ninguna
otra asociación civilizada, por más
que recorro la serie de las edades
y la política de todas las naciones.
Pretender que un país tan felizmen-
te constituido, extenso, rico y po-
puloso, sea meramente pasivo ¿no
es un ultraje y una violación de los
derechos de la humanidad?
Estábamos, como acabo de expo-
ner, abstraídos y, digámoslo así,
ausentes del universo cuanto es
relativo a la ciencia del gobierno y
administración del Estado. Jamás
éramos virreyes ni gobernadores,
sino por causas muy extraordina-
rias; arzobispos y obispos, pocas
veces; diplomáticos, nunca; milita-
res, sólo en calidad de subalternos;
nobles, sin privilegios reales; no
éramos, en fn, ni magistrados ni f-
nancistas, y casi ni aun comercian-
tes; todo en contraversión directa
de nuestras instituciones.
El emperador Carlos V formó un
pacto con los descubridores, con-
quistadores y pobladores de Amé-
rica que, como dice Guerra, es
nuestro contrato social. Los reyes
de España convinieron solemne-
mente con ellos que lo ejecutasen
por su cuenta y riesgo, prohibién-
doseles hacerlo a costa de la real
hacienda, y por esta razón se les
concedía que fuesen señores de la
tierra, que organizasen la adminis-
tración y ejerciesen la judicatura
en apelación; con otras muchas
exenciones y privilegios que sería
prolijo detallar. El rey se compro-
metió a no enajenar jamás las pro-
vincias americanas, como que a él
no tocaba otra jurisdicción que la
del alto dominio, siendo una espe-
cie de propiedad feudal la que allí
tenían los conquistadores para sí y
sus descendientes. Al mismo tiem-
po existen leyes expresas que fa-
vorecen casi exclusivamente a los
naturales del país, originarios de
España, en cuanto a los empleos ci-
viles, eclesiásticos y de rentas. Por
manera que con una violación ma-
nifesta de las leyes y de los pactos
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GEOESTRATEGIA, DE SUR AMERICA. LAS RAZONES DE LA INDEPENDENCIA
Se nos vejaba con una conducta que, además de pri-
varnos de los derechos que nos correspondían, nos
dejaba en una especie de infancia permanente con
respecto a las transacciones públicas
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
52
subsistentes, se han visto despojar
aquellos naturales de la autoridad
constitucional que les daba su có-
digo.
De cuanto he referido, será fácil
colegir que la América no estaba
preparada para desprenderse de la
metrópoli, como súbitamente suce-
dió por el efecto de las ilegítimas
cesiones de Bayona, y por la inicua
guerra que la regencia nos declaró
sin derecho alguno para ello, no
sólo por la falta de justicia, sino
también de legitimidad. Sobre la
naturaleza de los gobiernos espa-
ñoles, sus decretos conminatorios
y hostiles, y el curso entero de su
desesperada conducta, hay escritos
del mayor mérito en el periódico
El Español, cuyo autor es el Sr.
Blanco; y estando allí esta parte de
nuestra historia muy bien tratada,
me limito a indicarlo.
Los americanos han subido de re-
pente y sin los conocimientos pre-
vios, y, lo que es más sensible, sin
la práctica de los negocios públi-
cos, a representar en la escena del
mundo las eminentes dignidades de
legisladores, magistrados, adminis-
tradores del erario, diplomáticos,
generales, y cuantas autoridades
supremas y subalternas forman la
jerarquía de un Estado organizado
con regularidad.
Cuando las águilas francesas sólo
respetaron los muros de la ciudad
de Cádiz, y con su vuelo arrolla-
ron a los frágiles gobiernos de la
Península, entonces quedamos en
la orfandad. Ya antes habíamos
sido entregados a la merced de un
usurpador extranjero. Después, li-
sonjeados con la justicia que se nos
debía con esperanzas halagüeñas
siempre burladas; por último, in-
ciertos sobre nuestro destino futu-
ro, y amenazados por la anarquía,
a causa de la falta de un gobierno
legítimo, justo y liberal, nos preci-
pitamos en el caos de la revolución.
En el primer momento sólo se cuidó
de proveer a la seguridad interior,
contra los enemigos que encerraba
nuestro seno. Luego se extendió a
la seguridad exterior; se estable-
cieron autoridades que sustituimos
a las que acabábamos de deponer
encargadas de dirigir el curso de
nuestra revolución y de aprovechar
la coyuntura feliz en que nos fuese
posible fundar un gobierno consti-
tucional digno del presente siglo y
adecuado a nuestra situación. To-
dos los nuevos gobiernos marcaron
sus primeros pasos con el estable-
cimiento de juntas populares. Estas
formaron en seguidas reglamentos
para la convocación de congresos
que produjeron alteraciones impor-
tantes. Venezuela erigió un gobier-
no democrático federal, declarando
previamente los derechos del hom-
bre, manteniendo el equilibrio de
los poderes y estatuyendo leyes ge-
nerales en favor de la libertad civil,
de imprenta y otras; fnalmente, se
constituyó un gobierno indepen-
diente. La Nueva Granada siguió
con uniformidad los establecimien-
tos políticos y cuantas reformas
hizo Venezuela, poniendo por base
fundamental de su Constitución el
sistema federal más exagerado que
jamás existió; recientemente se ha
mejorado con respecto al poder
ejecutivo general, que ha obtenido
cuantas atribuciones le correspon-
den. Según entiendo, Buenos Aires
y Chile han seguido esta misma
línea de operaciones; pero como
nos hallamos a tanta distancia, los
documentos son tan raros, y las no-
ticias tan inexactas, no me animaré
ni aun a bosquejar el cuadro de sus
transacciones.
Los sucesos en México han sido
demasiado varios, complicados,
rápidos y desgraciados, para que se
puedan seguir en el curso de su re-
volución. Carecemos, además, de
documentos bastante instructivos,
que nos hagan capaces de juzgar-
los. Los independientes de México,
por lo que sabemos, dieron princi-
pio a su insurrección en setiembre
de 1810, y un año después, ya te-
nían centralizado su gobierno en
Zitácuaro, instalado allí una Junta
Nacional bajo los auspicios de Fer-
nando VII, en cuyo nombre se ejer-
cían las funciones gubernativas. Por
los acontecimientos de la guerra,
esta Junta se trasladó a diferentes
lugares, y es verosímil que se haya
conservado hasta estos últimos
momentos, con las modifcaciones
que los sucesos hayan exigido. Se
dice que ha creado un generalísi-
mo o dictador que lo es el ilustre
general Morelos; otros hablan del
célebre general Rayón; lo cierto es
que uno de estos dos grandes hom-
bres o ambos separadamente ejer-
cen la autoridad suprema en aquel
país; y recientemente ha aparecido
una Constitución para el régimen
del Estado. En marzo de 1812 el
gobierno residente de Zultepec
presentó un plan de paz y guerra
al virrey de México concebido con
la más profunda sabiduría. En él se
reclamó el derecho de gentes esta-
bleciendo principios de una exacti-
tud incontestable. Propuso la Junta
que la guerra se hiciese como entre
hermanos y conciudadanos, pues
que no debía ser más cruel que en-
tre naciones extranjeras; que los
derechos de gentes de guerra, in-
violables para los mismos infeles
y bárbaros, debían serlo más para
cristianos, sujetos a un soberano y
a unas leyes; que los prisioneros
no fuesen tratados como reos de
lesa majestad, ni se degollasen los
que rendían las armas, sino que se
mantuviesen en rehenes para can-
jearlos; que no se entrase a sangre
y fuego en las poblaciones pacíf-
cas, no las diezmasen ni quintasen
para sacrifcarlas, y concluye que,
en caso de no admitirse este plan,
se observarían rigorosamente las
represalias. Esta negociación se
trató con el más alto desprecio; no
se dió respuesta a la Junta Nacio-
nal; las comunicaciones origina-
les se quemaron públicamente en
la plaza de México, por mano del
verdugo; y la guerra de exterminio
continuó por parte de los españoles
con su furor acostumbrado, mien-
tras que los mexicanos y las otras
naciones americanas no lo hacían,
ni aun a muerte con los prisione-
ros de guerra que fuesen españoles.
Aquí se observa que por causas de
conveniencia se conservó la apa-
riencia de sumisión al rey y aun a
la Constitución de la monarquía.
Parece que la Junta Nacional es ab-
soluta en el ejercicio de las funcio-
nes legislativa, ejecutiva y judicial,
y el número de sus miembros muy
limitado.
Los acontecimientos de la Tierra
Firme nos han probado que las ins-
tituciones perfectamente represen-
tativas no son adecuadas a nuestro
carácter, costumbres y luces actua-
les. En Caracas el espíritu de partido
tomó su origen en las sociedades,
asambleas, y elecciones populares;
y estos partidos nos tornaron a la
esclavitud. Y así como Venezuela
ha sido la república americana que
más se ha adelantado en sus institu-
ciones políticas, también ha sido el
más claro ejemplo de la inefcacia
de la forma democrática y federal
para nuestros nacientes Estados.
En Nueva Granada las excesivas
facultades de los gobiernos pro-
vinciales y la falta de centraliza-
ción en el general, han conducido
aquel precioso país al estado a que
se ve reducido en el día. Por esta
razón sus débiles enemigos se han
conservado contra todas las pro-
babilidades. En tanto que nuestros
compatriotas no adquieran los ta-
lentos y las virtudes políticas que
distinguen a nuestros hermanos del
Norte, los sistemas enteramente
Yo deseo más que otro al-
guno ver formar en Amé-
rica la más grande nación
del mundo, menos por su
extensión y riquezas que
por su libertad y gloria.
Los Estados america-
nos han menester de los
cuidados de gobiernos
paternales que curen las
llagas y las heridas del
despotismo y la guerra.
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Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
53
populares, lejos de sernos favora-
bles, temo mucho que vengan a ser
nuestra ruina. Desgraciadamente,
estas cualidades parecen estar muy
distantes de nosotros en el grado
que se requiere; y por el contrario,
estamos dominados de los vicios
que se contraen bajo la dirección
de una nación como la española,
que sólo ha sobresalido en fereza,
ambición, venganza y codicia.
Es más difícil, dice Montesquieu,
sacar un pueblo de la servidumbre,
que subyugar uno libre. Esta ver-
dad está comprobada por los ana-
les de todos los tiempos, que nos
muestran las más de las naciones
libres sometidas al yugo, y muy
pocas de las esclavas recobrar su
libertad. A pesar de este conven-
cimiento, los meridionales de este
continente han manifestado el co-
nato de conseguir instituciones li-
berales, y aun perfectas; sin duda,
por efecto del instinto que tienen
todos los hombres de aspirar a su
mejor felicidad posible, la que se
alcanza infaliblemente en las so-
ciedades civiles, cuando ellas están
fundadas sobre las bases de la jus-
ticia, de la libertad, y de la igual-
dad. Pero ¿Se puede concebir que
un pueblo recientemente desenca-
denado, se lance a la esfera de la
libertad, sin que, como a Icaro, se
le deshagan las alas y recaiga en el
abismo? Tal prodigio es inconcebi-
ble, nunca visto. Por consiguiente,
no hay un raciocinio verosímil que
nos halague con esta esperanza.
Yo deseo más que otro alguno ver
formar en América la más grande
nación del mundo, menos por su
extensión y riquezas que por su li-
bertad y gloria. Aunque aspiro a la
perfección del gobierno de mi pa-
tria, no puedo persuadirme que el
Nuevo Mundo sea por elmomen-
to regido por una gran república;
como es imposible, no me atrevo
a desearlo; y meno deseo aún una
monarquía universal de América,
porque este proyecto, sin ser útil, es
también imposible. Los abusos que
actualmente existen no se reforma-
rían, y nuestra regeneración sería
infructuosa. Los Estados america-
nos han menester de los cuidados
de gobiernos paternales que curen
las llagas y las heridas del despo-
tismo y la guerra. La metrópoli,
por ejemplo, sería México, que es
la única que puede serlo por su po-
der intrínseco, sin el cual no hay
metrópoli. Supongamos que fuese
el Istmo de Panamá, punto céntri-
co para todos los extremos de este
vasto continente; ¿no continuarían
estos en la languidez, y aun en el
desorden actual? Para que un solo
gobierno dé vida, anime, ponga
en acción todos los resortes de la
prosperidad pública, corrija, ilustre
y perfeccione al Nuevo Mundo, se-
ría necesario que tuviese las facul-
tades de un Dios, y cuando menos
las luces y virtudes de todos los
hombres.
El espíritu de partido que al pre-
sente agita a nuestros Estados, se
encendería entonces con mayor en-
cono, hallándose ausente la fuente
del poder que únicamente puede
reprimirlo. Además, los magnates
de las capitales no sufrirían la pre-
ponderancia de los metropolitanos,
a quienes considerarían como a
otros tantos tiranos; sus celos lle-
garían hasta el punto de comparar a
estos con los odiosos españoles. En
fn, una monarquía semejante sería
un coloso deforme, que su propio
peso desplomaría a la menor con-
vulsión.
Mr. de Pradt ha dividido sabiamen-
te a la América en 15 a 17 Estados
independientes entre sí, goberna-
dos por otros tantos monarcas. Es-
toy de acuerdo en cuanto a lo pri-
mero, pues la América comporta la
creación de 17 naciones; en cuanto
a lo segundo, aunque es más fácil
conseguirlo, es menos útil; y así,
no soy de la opinión de las mo-
narquías americanas. He aquí mis
razones. El interés bien entendido
de una república se circunscribe en
la esfera de su conservación, pros-
peridad y gloria. No ejerciendo la
libertad imperio, porque es precisa-
mente su opuesto, ningún estímulo
excita a los republicanos a exten-
der los términos de su nación, en
detrimento de sus propios medios,
con el único objeto de hacer par-
ticipar a sus vecinos de una cons-
titución liberal. Ningún derecho
adquieren, ninguna ventaja sacan
venciéndolos, a menos que los re-
duzcan a colonias, conquistas, o
aliados, siguiendo el ejemplo de
Roma. Máximas y ejemplos tales
están en oposición directa con los
principios de justicia de los siste-
mas republicanos; y aun diré más,
en oposición manifesta con los in-
tereses de sus ciudadanos; porque
un Estado demasiado extenso en sí
mismo o por sus dependencias, al
cabo viene en decadencia, y con-
vierte su forma libre en otra tiráni-
ca; refeja los principios que deben
conservarla, y ocurre por último
al despotismo. El distintivo de las
pequeñas repúblicas es la perma-
nencia; el de las grandes, es vario,
pero siempre se inclina al imperio.
Casi todas las primeras han tenido
una larga duración; de las segundas
sólo Roma se mantuvo algunos si-
glos, pero fue porque era república
la capital y no lo era el resto de sus
dominios, que se gobernaban por
leyes e instituciones diferentes.
Muy contraria es la política de un
rey, cuya inclinación constante se
dirige al aumento de sus posesio-
nes, riquezas y facultades; con ra-
zón, porque se autoridad crece con
estas adquisiciones, tanto con res-
pecto a sus vecinos como a sus pro-
pios vasallos, que temen en él un
poder tan formidable cuanto es su
imperio, que se conserva por me-
dio de la guerra y de las conquistas.
Por estas razones pienso que los
americanos, ansiosos de paz, cien-
cias, artes, comercio y agricultura,
preferirían las repúblicas a los rei-
nos, y me parece que estos deseos
se conformarán con las miras de la
Europa.
No convengo en el sistema federal
entre los populares y representati-
vos, por ser demasiado perfecto y
exigir virtudes y talentos políticos
muy superiores a los nuestros; por
igual razón rehúso la monarquía
mixta de aristocracia y democracia
que tanta fortuna y esplendor ha
procurado a Inglaterra. No siéndo-
nos posible lograr entre las repúbli-
cas y monarquías lo más perfecto
y acabado, evitemos caer en anar-
quías demagógicas o en tiranías
monócratas. Busquemos un medio
entre extremos opuestos que nos
conducirían a los mismos escollos,
a la infelicidad y al deshonor. Voy
a arriesgar el resultado de mis ca-
vilaciones sobre la suerte futura de
la América; no la mejor, sino la que
sea más asequible.
Por la naturaleza de las localidades,
riquezas, población y carácter de
los mexicanos, imagino que inten-
tarían al principio establecer una
república representativa en la cual
tenga grandes atribuciones el poder
ejecutivo, concentrándolo en un in-
dividuo que si desempeña sus fun-
ciones con acierto y justicia, casi
naturalmente vendrá a conservar
una autoridad vitalicia. Si su inca-
pacidad o violenta administración
excita una conmoción popular que
triunfe, este mismo poder ejecutivo
quizás se difundirá en una asam-
blea. Si el partido preponderante es
militar o aristocrático, exigirá pro-
bablemente una monarquía, que al
principio será limitada y constitu-
cional y después inevitablemente
declinará en absoluta; pues debe-
¿Se puede concebir que un pueblo recientemente des-
encadenado, se lance a la esfera de la libertad, sin
que, como a Icaro, se le deshagan las alas y recaiga
en el abismo? Tal prodigio es inconcebible, nunca
visto. Por consiguiente, no hay un raciocinio verosímil
que nos halague con esta esperanza.
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Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
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mos convenir en que nada hay más
difícil en el orden político que la
conservación de una monarquía
mixta; y también es preciso con-
venir en que sólo un pueblo tan
patriota como el inglés es capaz
de contener la autoridad de un rey
y de sostener el espíritu de libertad
bajo un cetro y una corona.
Los Estados del Istmo de Panamá
hasta Guatemala formarán quizás
una asociación. Esta magnífca po-
sición entre los dos grandes mares
podrá ser con el tiempo el emporio
del universo. Sus canales acorta-
rán las distancias del mundo; es-
trecharán los lazos comerciales de
Europa, América y Asia; traerán a
tan feliz región los tributos de las
cuatro partes del globo. ¡Acaso
sólo allí podrá fjarse algún día la
capital de la tierra, como pretendió
Constantino que fuese Bizancio la
del antiguo hemisferio!
La Nueva Granada se unirá con
Venezuela, si llegan a convenirse
en formar una república central,
cuya capital sea Maracaibo o una
nueva ciudad que, con el nombre
de Las Casas (en honor de este hé-
roe de la flantropía), se funde en-
tre los confnes de ambos países,
en el soberbio puerto de Bahía-
honda. Esta posición, aunque des-
conocida, es más ventajosa por to-
dos respectos. Su acceso es fácil, y
su situación tan fuerte, que puede
hacerse inexpugnable. Posee un
clima puro y saludable, un territo-
rio tan propio para la agricultura
como para la cría de ganados, y una
grande abundancia de maderas de
construcción. Los salvajes que la
habitan serían civilizados, y nues-
tras poseciones se aumentarían en
la adquisición de la Goajira. Esta
nación se llamaría Colombia como
un tributo de justicia y gratitud al
criador de nuestro hemisferio. Su
gobierno
podrá imitar al inglés; con la di-
ferencia de que en lugar de un rey
habrá un poder ejecutivo electi-
vo, cuando más vitalicio, y jamás
hereditario si se quiere república;
una cámara o senado legislativo
hereditario, que en las tempesta-
des políticas se interponga entre
las olas populares y los rayos del
gobierno, y un cuerpo legislativo
de libre elección, sin otras restric-
ciones que las de la Cámara Baja
de Inglaterra. Esta constitución
participará de todas formas, y yo
deseo que no participe de todos
los vicios. Como esta es mi patria,
tengo un derecho incontestable
para desearla lo que en mi opinión
es mejor. Es muy posible que la
Nueva Granada no convenga en
el reconocimiento de un gobier-
no central, porque es en extremo
adicta a la federación; entonces
formará por sí sola un Estado que,
si subsiste, podrá ser muy dichoso
por sus grandes recursos de todos
géneros.
Poco sabemos de las opiniones
que prevalecen en Buenos Aires,
Chile y Perú; juzgando por lo que
se trasluce y por las apariencias,
en Buenos Aires habrá un gobier-
no central en que los militares se
lleven la primacía por consecuen-
cia de sus divisiones intestinas y
guerras externas. Esta constitución
degenerará necesariamente en una
oligarquía o una monocracia, con
más o menos restricciones, y cuya
denominación nadie puede adivi-
nar. Sería doloroso que tal cosa
sucediese, porque aquellos habi-
tantes son acreedores a la más es-
pl éndi da gloria.
El rei-
no de
Chi -
l e
está llamado por la naturaleza de
su situación, por las costumbres
inocentes y virtuosas de sus mo-
radores, por el ejemplo de sus ve-
cinos, los feros republicanos del
Arauco, a gozar de las bendiciones
que derraman las justas y dulces
leyes de una república. Si alguna
permanece largo tiempo en Amé-
rica, me inclino a pensar que será
la chilena. Jamás se ha extinguido
allí el espíritu de libertad; los vi-
cios de la Europa y del Asia llega-
rán tarde o nunca a corromper las
costumbres de aquel extremo del
universo. Su territorio es limitado;
estará siempre fuera del contacto
infcionado del resto de los hom-
bres; no alterará sus leyes, usos y
prácticas; preservará su uniformi-
dad en opiniones políticas y reli-
giosas; en una palabra, Chile pue-
de ser libre.
El Perú, por el contrario, encierra
dos elementos enemigos de todo
régimen justo y liberal: oro y es-
clavos. El primero lo corrompe
todo; el segundo está corrompido
por sí mismo. El alma de un siervo
rara vez alcanza a apreciar la sana
libertad; se enfurece en los tu-
multos, o se humilla en las cade-
nas. Aunque estas reglas serían
aplicables a toda la América,
creo que con más justicia las
merece Lima por los concep-
tos que he expuesto y por la
cooperación que ha prestado a
sus señores contra sus
propios her-
manos,
los ilustres hijos de Quito, Chile y
Buenos Aires. Es constante que el
que aspira a obtener la libertad, a
lo menos lo intenta. Supongo que
en Lima no tolerarán los ricos la
democracia, ni los esclavos y par-
dos libertos la aristocracia; los pri-
meros preferirán la tiranía de uno
solo, por no padecer las persecu-
ciones tumultuarias y por esta-
blecer un orden siquiera pacífco.
Mucho hará si concibe recordar su
independencia.
De todo lo expuesto, podemos
deducir estas consecuencias: las
provincias americanas se hallan
lidiando por emanciparse; al fn
obtendrán el suceso; algunas se
constituirán de un modo regular en
repúblicas federales y centrales; se
fundarán monarquías casi inevita-
blemente en las grandes seccio-
nes, y algunas serán tan infelices
que devorarán sus elementos, ya
en la actual, ya en las futuras revo-
luciones; que una gran monarquía
no será fácil consolidar; una gran
república imposible.
Es una idea grandiosa pretender
formar de todo el mundo nuevo
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Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
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una sola nación con un solo vín-
culo que ligue sus partes entre sí
y con el todo. Ya que tiene un ori-
gen, una lengua, unas costumbres
y una religión, debería por consi-
guiente tener un solo gobierno que
confederase los diferentes Estados
que hayan de formarse; mas no
es posible porque climas remo-
tos, situaciones diversas, intereses
opuestos, caracteres desemejantes,
dividen a la América. ¡Qué bello
sería que el Istmo de Panamá fuese
para nosotros lo que el de Corinto
para los griegos! Ojalá que algún
día tengamos la fortuna de insta-
lar allí un augusto congreso de los
representantes de las repúblicas,
reinos e imperios, a tratar de dis-
cutir sobre los altos intereses de la
paz y de la guerra con las naciones
de las otras tres partes del mundo.
Esta especie de corporación podrá
tener lugar en alguna época dicho-
sa de nuestra regeneración; otra
esperanza es infundada; semejante
a la del abate St. Pierre que conci-
bió al laudable delirio de reunir un
congreso europeo para decidir de
la suerte de los intereses de aque-
llas naciones.
«Mutaciones importantes y feli-
ces, continúa, pueden ser frecuen-
temente producidas por efectos
individuales. Los americanos me-
ridionales tienen una tradición que
dice que cuando Quetralcohuatl,
el Hermes o Buhda de la América
del Sur, resignó su administración
y los abandonó, les prometió que
volvería después que los siglos
designados hubiesen pasado, y
que él reestrablecería su gobier-
no y renovaría su felicidad. Esta
tradición, ¿no opera y excita una
convicción de que muy pronto
debe volver? ¿concibe V. cuál será
el efecto que producirá, si un in-
dividuo apareciendo entre ellos
demostrase los caracteres de Que-
tralcohuatl, el Buhda del bosque,
o Mercurio, del cual han hablado
tanto las otras naciones? ¿no cree
V. que esto inclinaría todas las
partes? ¿no es la unión todo lo que
se necesita para ponerlos en es-
tado de expulsar a los españoles,
sus tropas, y los partidarios de la
corrompida España, para hacerlos
capaces de establecer un imperio
poderoso, con un gobierno libre, y
leyes benévolas?»
Pienso como V. que causas indivi-
duales pueden producir resultados
generales, sobre todo en las re-
voluciones. Pero no es el héroes,
gran profeta, o Dios del Anahuac,
Quetralcohualt, el que es capaz de
operar los prodigiosos benefcios
que V. propone. Este personaje es
apenas conocido del pueblo mexi-
cano, y no ventajosamente; porque
tal es la suerte de los vencidos aun-
que sean Dioses. Sólo los historia-
dores y literatos se han ocupado
cuidadosamente en investigar su
origen, verdadera o falsa misión,
sus profecías y el término de su ca-
rrera. Se disputa si fue un apóstol
de Cristo o bien pagano. Unos su-
ponen que su nombre quiere decir
Santo Tomás; otros que Culebra
Emplumajada; y otros dicen que
es el famoso profeta de Yucatán,
Chilan-Cambal. En una palabra,
los más de los autores mexicanos,
polémicos e historiadores profa-
nos, han tratado con más o menos
extensión la cuestión sobre el ver-
dadero caracter de Quetralcohualt.
El hecho es, según dice Acosta,
que él estableció una religión, cu-
yos ritos, dogmas y misterios te-
nían una admirable afnidad con la
de Jesús, y que quizás es la más
semejante a ella. No obstante esto,
muchos escritores católicos han
procurado alejar la idea de que
este profeta fuese verdadero, sin
querer reconocer en él a un San-
to Tomás como lo afrman otros
célebres autores. La opinión ge-
neral es que Quetralcohualt es un
legislador divino entre los pueblos
paganos de Anahuac, del cual era
lugar-teniente el gran Motekzoma,
derivando de él su autoridad. De
aquí se infere que nuestros mexi-
canos no seguirían el gentil Que-
tralcohualt aunque pareciese bajo
las formas más idénticas y favo-
rables, pues que profesan una reli-
gión la más intolerante y exclusiva
de otras.
Felizmente, los directores de la
independencia de México se han
aprovechado del fanatismo con el
mejor acierto, proclamando a la
famosa virgen de Guadalupe por
reina de los patriotas, invocándola
en todos los casos arduos y lleván-
dola en sus banderas. Con esto, el
entusiasmo político ha formado
una mezcla con la religión que ha
producido un fervor vehemente
por la sagrada causa de la liber-
tad. La veneración de esta imagen
en México es superior a la más
exaltada que pudiera inspirar el
más diestro profeta. Seguramente
la unión es la que nos falta para
completar la obra de nuestra rege-
neración. Sin embargo, nuestra di-
visión no es extraña, porque tal es
el distintivo de las guerras civiles
formadas generalmente entre dos
partidos: conservadores y refor-
madores. Los primeros son, por lo
común, más numerosos, porque el
imperio de la costumbre produce
el efecto de la obediencia a las po-
testades establecidas; los últimos
son siempre menos numerosos
aunque más vehementes e ilustra-
dos. De esto modo la masa física
se equilibra con la fuerza moral,
y la contienda se prolonga, siendo
sus resultados muy inciertos. Por
fortuna, entre nosotros la masa ha
seguido a la inteligencia.
Yo diré a V. lo que puede poner-
nos en aptitud de expulsar a los
españoles, y de fundar en gobier-
no libre. Es la unión, ciertamente;
mas esta unión no nos vendrá por
prodigios divinos, sino por efectos
sensibles y esfuerzos bien dirigi-
dos. La América está encontrada
entre sí, porque se halla abandona-
da de todas las naciones, aislada en
medio del universo, sin relaciones
diplomáticas ni auxilios militares
y combatida por la España que po-
see más elementos para la guerra,
que cuantos nosotros furtivamente
podemos adquirir.
Cuando los sucesos no están ase-
gurados, cuando el Estado es dé-
bil, y cuando las empresas son
remotas, todos los hombres vaci-
lan; las opiniones dividen, las pa-
siones las agitan, y los enemigos
las animan para triunfar por este
fácil medio. Luego que seamos
fuertes, bajo los auspicios de una
nación liberal que nos preste su
protección, se nos verá de acuerdo
cultivar las virtudes y los talentos
que conducen a la gloria: entonces
seguiremos la marcha majestuosa
hacia las grandes prosperidades a
que está destinada la América Me-
ridional; entonces las ciencias y las
artes que nacieron en el Oriente y
han ilustrado la Europa, volarán a
Colombia libre que las convidará
con un asilo.
Tales son, señor, las observacio-
nes y pensamientos que tengo el
honor de someter a V. para que los
rectifque o deseche según su mé-
rito; suplicándole se persuada que
me he atrevido a exponerlos, más
por no ser descortés, que porque
me crea capaz de ilustrar a V. en
la materia.
Es una idea grandiosa pretender formar de todo el
mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo
que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tie-
ne un origen, una lengua, unas costumbres y una reli-
gión, debería por consiguiente tener un solo gobierno
que confederase los diferentes Estados que hayan de
formarse; mas no es posible porque climas remotos,
situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres
desemejantes, dividen a la América.
VISIÒN POLÌTICA INTEGRAL, DE TOTALIDAD DE BOLIVAR DE AMERICA. PROPUESTA POLITICA,
GEOESTRATEGIA, DE SUR AMERICA. LAS RAZONES DE LA INDEPENDENCIA
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
56
Discurso de Angostura
Simón Bolívar. (1819)
PROPUESTAS DE ORGANIZACIÒN DE UNA REPUBLICA. EL PENSAMIENTO REPUBLICANO DE BOLIVAR
S
eñor. ¡Dichoso el ciudadano
que bajo el escudo de las armas
de su mando ha convocado la
soberanía nacional para que ejerza
su voluntad absoluta! Yo, pues, me
cuento entre los seres más favoreci-
dos de la Divina Providencia, ya que
he tenido el honor de reunir a los re-
presentantes del pueblo de Venezue-
la en este augusto Congreso, fuente
de la autoridad legítima, depósito de
la voluntad soberana y árbitro del
destino de la nación.
Al trasmitir a los representantes del
pueblo el Poder Supremo que se me
había confado, colmo los votos de
mi corazón, los de mis conciuda-
danos y los de nuestras futuras ge-
neraciones, que todo lo esperan de
vuestra sabiduría, rectitud y pruden-
cia. Cuando cumplo con este dulce
deber, me liberto de la inmensa au-
toridad que me agobiaba, como de la
responsabilidad ilimitada que pesaba
sobre mis débiles fuerzas. Solamen-
te una necesidad forzosa, unida a la
voluntad imperiosa del pueblo, me
habría sometido al terrible y peligro-
so encargo de Dictador Jefe Supre-
mo de la República. ¡Pero ya respiro
devolviéndoos esta autoridad, que
con tanto riesgo, difcultad y pena
he logrado mantener en medio de
las tribulaciones más horrorosas que
pueden afigir a un cuerpo social!
No ha sido la época de la República,
que he presidido, una mera tempes-
tad política, ni una guerra sangrienta,
ni una anarquía popular, ha sido, sí,
el desarrollo de todos los elementos
desorganizadores; ha sido la inun-
dación de un torrente infernal que
ha sumergido la tierra de Venezuela.
Un hombre, ¡y un hombre como yo!,
¿qué diques podría oponer al ímpetu
de estas devastaciones? En medio de
este piélago de angustias no he sido
más que un vil juguete del huracán
revolucionario que me arrebataba
como una débil paja. Yo no he po-
dido hacer ni bien ni mal; fuerzas
irresistibles han dirigido la marcha
de nuestros sucesos; atribuírmelos
no sería justo y sería darme una im-
portancia que no merezco. ¿Queréis
conocer los autores de los aconteci-
mientos pasados y del orden actual?
Consultad los anales de España, de
América, de Venezuela; examinad
las Leyes de Indias, el régimen de los
antiguos mandatarios, la infuencia
de la religión y del dominio extran-
jero; observad los primeros actos del
gobierno republicano, la ferocidad
de nuestros enemigos y el carácter
nacional. No me preguntéis sobre los
efectos de estos trastornos para siem-
pre lamentables; apenas se me puede
suponer simple instrumento de los
grandes móviles que han obrado so-
bre Venezuela; sin embargo, mi vida,
mi conducta, todas mis acciones pú-
blicas y privadas están sujetas a la
censura del pueblo. ¡Representantes!
Vosotros debéis juzgarlas. Yo some-
to la historia de mi mando a vues-
tra imparcial decisión; nada añadiré
para excusarla; ya he dicho cuanto
puede hacer mi apología. Si merezco
vuestra aprobación, habré alcanzado
el sublime título de buen ciudadano,
preferible para mí al de Libertador
que me dio Venezuela, al de Pacif-
cador que me dio Cundinamarca, y a
los que el mundo entero puede dar.
¡Legisladores!
Yo deposito en vuestras manos el
mando supremo de Venezuela. Vues-
tro es ahora el augusto deber de con-
sagraros a la felicidad de la Repúbli-
ca; en vuestras manos está la balanza
de nuestros destinos, la medida de
nuestra gloria, ellas sellarán los de-
cretos que fjen nuestra libertad. En
este momento el Jefe Supremo de la
República no es más que un simple
ciudadano; y tal quiere quedar hasta
la muerte. Serviré, sin embargo, en
la carrera de las armas mientras haya
enemigos en Venezuela. Multitud de
beneméritos hijos tiene la patria ca-
paces de dirigirla, talentos, virtudes,
experiencia y cuanto se requiere para
mandar a hombres libres, son el pa-
trimonio de muchos de los que aquí
representan el pueblo; y fuera de
este Soberano Cuerpo se encuentran
ciudadanos que en todas épocas han
mostrado valor para arrostrar los pe-
ligros, prudencia para evitarlos, y el
arte, en fn, de gobernarse y de go-
bernar a otros. Estos ilustres varones
merecerán, sin duda, los sufragios
del Congreso y a ellos se encargará
del gobierno, que tan cordial y sin-
ceramente acabo de renunciar para
siempre.
La continuación de la autoridad en un
mismo individuo frecuentemente ha
sido el término de los gobiernos de-
mocráticos. Las repetidas elecciones
son esenciales en los sistemas popu-
lares, porque nada es tan peligroso
VERSIÓN PUBLICADO EN EL CORREO DEL ORINOCO,
NÚMEROS 19, 20, 21 Y 22 DEL 20 DE FEBRERO AL
13 DE MARZO DE 1819.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
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PROPUESTAS DE ORGANIZACIÒN DE UNA REPUBLICA. EL PENSAMIENTO REPUBLICANO DE BOLIVAR
como dejar permanecer largo tiempo
en un mismo ciudadano el poder. El
pueblo se acostumbra a obedecerle
y él se acostumbra a mandarlo; de
donde se origina la usurpación y la
tiranía. Un justo celo es la garantía
de la libertad republicana, y nuestros
ciudadanos deben temer con sobra-
da justicia que el mismo magistrado,
que los ha mandado mucho tiempo,
los mande perpetuamente.
Ya, pues, que por este acto de mi
adhesión a la libertad de Venezuela
puedo aspirar a la gloria de ser con-
tado entre sus más feles amantes,
permitidme, señor, que exponga con
la franqueza de un verdadero repu-
blicano mi respetuoso dictamen en
este Proyecto de Constitución que
me tomo la libertad de ofreceros en
testimonio de la sinceridad y del can-
dor de mis sentimientos. Como se
trata de la salud de todos, me atrevo a
creer que tengo derecho para ser oído
por los representantes del pueblo. Yo
sé muy bien que vuestra sabiduría no
ha menester de consejos, y sé tam-
bién que mi proyecto acaso, os pa-
recerá erróneo, impracticable. Pero,
señor, aceptad con benignidad este
trabajo, que más bien es el tributo
de mi sincera sumisión al Congreso
que el efecto de una levedad presun-
tuosa. Por otra parte, siendo vuestras
funciones la creación de un cuerpo
político y aun se podría decir la crea-
ción de una sociedad entera, rodeada
de todos los inconvenientes que pre-
senta una situación la más singular y
difícil, quizás el grito de un ciudada-
no puede advertir la presencia de un
peligro encubierto o desconocido.
Echando una ojeada sobre lo pasado,
veremos cuál es la base de la Repú-
blica de Venezuela.
Al desprenderse América de la Mo-
narquía Española, se ha encontra-
do, semejante al Imperio Romano,
cuando aquella enorme masa, cayó
dispersa en medio del antiguo mun-
do. Cada desmembración formó en-
tonces una nación independiente con
forme a su situación o a sus intereses;
pero con la diferencia de que aque-
llos miembros volvían a restablecer
sus primeras asociaciones. Nosotros
ni aun conservamos los vestigios de
lo que fue en otro tiempo; no somos
europeos, no somos indios, sino una
especie media entre los aborígenes y
los españoles. Americanos por naci-
miento y europeos por derechos, nos
hallamos en el conficto de disputar a
los naturales los títulos de posesión
y de mantenernos en el país que nos
vio nacer, contra la oposición de los
invasores; así nuestro caso es el más
extraordinario y complicado. Toda-
vía hay más; nuestra suerte ha sido
siempre puramente pasiva, nuestra
existencia política ha sido siempre
nula y nos hallamos en tanta más
difcultad para alcanzar la libertad,
cuanto que estábamos colocados en
un grado inferior al de la servidum-
bre; porque no solamente se nos ha-
bía robado la libertad, sino también
la tiranía activa y doméstica. Permí-
taseme explicar esta paradoja. En el
régimen absoluto, el poder autoriza-
do no admite límites. La voluntad del
déspota, es la ley suprema ejecutada
arbitrariamente por los subalternos
que participan de la opresión organi-
zada en razón de la autoridad de que
gozan. Ellos están encargados de las
funciones civiles, políticas, militares
y religiosas, pero al fn son persas
los sátrapas de Persia, son turcos los
bajáes del gran señor, son tártaros
los sultanes de la Tartaria. China no
envía a buscar mandarines a la cuna
de Gengis Kan que la conquistó. Por
el contrario, América, todo lo recibía
de España que realmente la había
privado del goce y ejercicio de la ti-
ranía activa; no permitiéndonos sus
funciones en nuestros asuntos do-
mésticos y administración interior.
Esta abnegación nos había puesto en
la imposibilidad de conocer el curso
de los negocios públicos; tampoco
gozábamos de la consideración per-
sonal que inspira el brillo del poder
a los ojos de la multitud, y que es
de tanta importancia en las grandes
revoluciones. Lo diré de una vez,
estábamos abstraídos, ausentes del
universo, en cuanto era relativo a la
ciencia del gobierno.
Uncido el pueblo americano al triple
yugo de la ignorancia, de la tiranía y
del vicio, no hemos podido adquirir,
ni saber, ni poder, ni virtud. Discí-
pulos de tan perniciosos maestros
las lecciones que hemos recibido, y
los ejemplos que hemos estudiado,
son los más destructores. Por el en-
gaño se nos ha dominado más que
por la fuerza; y por el vicio se nos
ha degradado más bien que por la
superstición. La esclavitud es la hija
de las tinieblas; un pueblo ignorante
es un instrumento ciego de su propia
destrucción; la ambición, la intriga,
abusan de la credulidad y de la inex-
periencia, de hombres ajenos de todo
conocimiento político, económico o
civil; adoptan como realidades las
que son puras ilusiones; toman la li-
cencia por la libertad; la traición por
el patriotismo; la venganza por la
justicia. Semejante a un robusto cie-
go que, instigado por el sentimiento
de sus fuerzas, marcha con la segu-
ridad del hombre más perspicaz, y
dando en todos los escollos no puede
rectifcar sus pasos. Un pueblo per-
vertido si alcanza su libertad, muy
pronto vuelve a perderla; porque en
vano se esforzarán en mostrarle que
la felicidad consiste en la práctica de
la virtud; que el imperio de las leyes
es más poderoso que el de los tira-
nos, porque son más infexibles, y
todo debe someterse a su benéfco
rigor; que las buenas costumbres, y
no la fuerza, son las columnas de las
leyes; que el ejercicio de la justicia es
el ejercicio de la libertad. Así, legisla-
dores, vuestra empresa es tanto más
ímproba cuanto que tenéis que cons-
tituir a hombres pervertidos por las
ilusiones del error, y por incentivos
nocivos. «La libertad-dice Rousseau
es un alimento suculento, pero de
difícil digestión». Nuestros débiles
conciudadanos tendrán que enrobus-
tecer su espíritu mucho antes que lo-
gren digerir el saludable nutritivo de
la libertad. Entumidos sus miembros
por las cadenas, debilitada su vista en
las sombras de las mazmorras, y ani-
quilados por las pestilencias serviles,
¿eran capaces de marchar con pasos
frmes hacia el augusto templo de la
libertad? ¿Serán capaces de admirar
de cerca sus espléndidos rayos y res-
pirar sin opresión el éter puro que allí
reina?
Meditad bien vuestra elección, le-
gisladores. No olvidéis que vais a
echar los fundamentos a un pueblo
naciente que podrá elevarse a la
grandeza que la naturaleza le ha se-
ñalado, si vosotros proporcionáis su
base al eminente rango que le espera.
Si vuestra elección no está presidida
por el genio tutelar de Venezuela que
debe inspiraros el acierto de escoger
la naturaleza y la forma de gobierno
que vais a adoptar para la felicidad
del pueblo; si no acertáis, repito, la
esclavitud será el término de nuestra
transformación.
Los anales de los tiempos pasados os
presentarán millares de gobiernos.
Traed a la imaginación las naciones
que han brillado sobre la tierra, y
contemplaréis afigidos que casi toda
la tierra ha sido, y aún es, víctima de
sus gobiernos. Observaréis muchos
sistemas de manejar hombres, mas
todos para oprimirlos; y si la cos-
tumbre de mirar al género humano
conducido por pastores de pueblos,
no disminuyese el horror de tan cho-
cante espectáculo, nos pasmaríamos
al ver nuestra dócil especie pacer so-
bre la superfcie del globo como viles
rebaños destinados a alimentar a sus
crueles conductores. La naturaleza, a
la verdad, nos dota al nacer del in-
centivo de la libertad; mas sea pere-
...un pueblo ignorante es un instrumento ciego
de su propia destrucción; la ambición, la intriga,
abusan de la credulidad y de la inexperiencia, de
hombres ajenos de todo conocimiento político,
económico o civil; adoptan como realidades las
que son puras ilusiones; toman la licencia por la
libertad; la traición por el patriotismo; la vengan-
za por la justicia...
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PROPUESTAS DE ORGANIZACIÒN DE UNA REPUBLICA. EL PENSAMIENTO REPUBLICANO DE BOLIVAR
za, sea propensión inherente a la hu-
manidad, lo cierto es que ella reposa
tranquila aunque ligada con las tra-
bas que le imponen. Al contemplarla
en este estado de prostitución, parece
que tenemos razón para persuadirnos
que, los más de los hombres tienen
por verdadera aquella humillante
máxima, que más cuesta mantener el
equilibrio de la libertad que soportar
el peso de la tiranía.
¡Ojalá que esta máxima contraria a
la moral de la naturaleza, fuese falsa!
¡Ojalá que esta máxima no estuviese
sancionada por la indolencia de los
hombres con respecto a sus derechos
más sagrados!
Muchas naciones antiguas y moder-
nas han sacudido la opresión; pero
son rarísimas las que han sabido go-
zar de algunos preciosos momentos
de libertad; muy luego han recaí-
do en sus antiguos vicios políticos;
porque son los pueblos, más bien
que los gobiernos, los que arrastran
tras sí la tiranía. El hábito de la do-
minación, los hace insensibles a los
encantos del honor y de la prosperi-
dad nacional; y miran con indolencia
la gloria de vivir en el movimiento
de la libertad, bajo la tutela de leyes
dictadas por su propia voluntad. Los
fastos del universo proclaman esta
espantosa verdad.
Sólo la democracia, en mi concepto,
es susceptible de una absoluta liber-
tad; pero ¿cuál es el gobierno demo-
crático que ha reunido a un tiempo,
poder, prosperidad y permanencia?
¿Y no se ha visto por el contrario la
aristocracia, la monarquía cimentar
grandes y poderosos imperios por
siglos y siglos? ¿Qué gobierno más
antiguo que el de China? ¿Qué Re-
pública ha excedido en duración a la
de Esparta, a la de Venecia? ¿El Im-
perio Romano no conquistó la tierra?
¿No tiene Francia catorce siglos de
monarquía? ¿Quién es más grande
que Inglaterra? Estas naciones, sin
embargo, han sido o son aristocra-
cias y monarquías.
A pesar de tan crueles refexiones, yo
me siento arrebatado de gozo por los
grandes pasos que ha dado nuestra
República al entrar en su noble ca-
rrera. Amando lo más útil, animada
de lo más justo, y aspirando a lo más
perfecto al separarse Venezuela de
la nación española, ha recobrado su
independencia, su libertad, su igual-
dad, su soberanía nacional. Consti-
tuyéndose en una República demo-
crática, proscribió la monarquía, las
distinciones, la nobleza, los fueros,
los privilegios; declaró los derechos
del hombre, la libertad de obrar, de
pensar, de hablar y de escribir. Es-
tos actos eminentemente liberales
jamás serán demasiado admirados
por la pureza que los ha dictado. El
primer Congreso de Venezuela ha
estampado en los anales de nuestra
legislación con caracteres indelebles,
la majestad del pueblo dignamen-
te expresada, al sellar el acto social
más capaz de formar la dicha de una
nación. Necesito de recoger todas
mis fuerzas para sentir con toda la
vehemencia de que soy susceptible,
el supremo bien que encierra en sí
este Código inmortal de nuestros
derechos y de nuestras leyes. ¡Pero
cómo osaré decirlo! ¿Me atreveré yo
a profanar, con mi censura las tablas
sagradas de nuestras leyes?... Hay
sentimientos que no se pueden con-
tener en el pecho de un amante de la
patria; ellos rebosan agitados por su
propia violencia, y a pesar del mismo
que los abriga, una fuerza imperio-
sa los comunica. Estoy penetrado de
la idea de que el gobierno de Vene-
zuela debe reformarse; y que aunque
muchos ilustres ciudadanos piensan
como yo, no todos tienen el arrojo
necesario para profesar públicamen-
te la adopción de nuevos principios.
Esta consideración me insta a tomar
la iniciativa en un asunto de la mayor
gravedad, y en que hay sobrada au-
dacia en dar avisos a los consejeros
del pueblo.
Cuanto más admiro la excelencia de
la Constitución federal de Venezuela,
tanto más me persuado de la imposi-
bilidad de su aplicación a nuestro es-
tado. Y, según mi modo de ver, es un
prodigio que su modelo en el Norte
de América subsista tan próspera-
mente y no se trastorne al aspecto del
primer embarazo o peligro. A pesar
de que aquel pueblo es un mo-
delo singular de virtudes
p o -
l í t i -
cas y de
ilustración
moral; no
obstante que
la libertad ha
sido su cuna,
se ha criado en
la libertad, y se
alimenta de pura
libertad; lo diré
todo, aunque
Bajo de muchos
respectos, este
pueblo es único
en la historia del
género humano
es un prodigio,
repito, que un
sistema tan
débil y com-
plicado como el federal haya podido
regirlo en circunstancias tan difíciles
y delicadas como las pasadas. Pero
sea lo que fuere de este gobierno con
respecto a la nación norteamericana,
debo decir, que ni remotamente ha
entrado en mi idea asimilar la situa-
ción y naturaleza de los Estados tan
distintos como el inglés americano y
el americano español. ¿No sería muy
difícil aplicar a España el Código de
libertad política, civil y religiosa de
Inglaterra? Pues aun es más difícil
adaptar en Venezuela las leyes de
Norteamérica. ¿No dice el Espíri-
tu de las Leyes que éstas deben ser
propias para el pueblo que se hacen?
¿Que es una gran casualidad que las
de una nación puedan convenir a
otra? ¿Que las leyes deben ser rela-
tivas a lo físico del país, al clima, a
la calidad del terreno, a su situación,
a su extensión, al género de vida de
los pueblos? ¿Referirse al grado de
libertad que la Constitución puede
sufrir, a la religión de los habitantes,
a sus inclinaciones, a sus riquezas, a
su número, a su comercio, a sus cos-
tumbres, a sus modales? ¡He aquí el
Código que debíamos consul-
tar, y no el de Washing-
ton!
La Constitución vene-
zolana sin embargo de
haber tomado sus ba-
ses de la más
Tengamos presente que nuestro pueblo no es el eu-
ropeo, ni el americano del norte, que más bien es un
compuesto de África y de América, que una emana-
ción de Europa, pues que hasta España misma, deja
de ser Europa por su sangre africana, por sus insti-
tuciones y por su carácter. Es imposible asignar con
propiedad a qué familia humana pertenecemos. La
mayor parte del indígena se ha aniquilado, el europeo
se ha mezclado con el americano y con el africano, y
éste se ha mezclado con el indio y con el europeo.
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PROPUESTAS DE ORGANIZACIÒN DE UNA REPUBLICA. EL PENSAMIENTO REPUBLICANO DE BOLIVAR
perfecta, si se atiende a la corrección
de los principios y a los efectos be-
néfcos de su administración, difrió
esencialmente de la americana en un
punto cardinal y, sin duda, el más im-
portante. EL Congreso de Venezuela
como el americano participa de algu-
nas de las atribuciones del Poder Eje-
cutivo. Nosotros, además, subdividi-
mos este Poder habiéndolo sometido
a un cuerpo colectivo sujeto, por
consiguiente, a los inconvenientes
de hacer periódica la existencia del
gobierno, de suspenderla y disolver-
la siempre que se separan sus miem-
bros. Nuestro triunvirato carece, por
decirlo, de unidad, de continuación
y de responsabilidad individual; está
privado de acción momentánea, de
vida continua, de uniformidad real,
de responsabilidad inmediata y un
gobierno que no posee cuanto cons-
tituye su moralidad, debe llamarse
nulo.
Aunque las facultades del Presiden-
te de los Estados Unidos están limi-
tadas con restricciones excesivas,
ejerce por sí solo todas las funciones
gubernativas que la Constitución le
atribuye, y es indudable que su ad-
ministración debe ser más uniforme,
constante y verdaderamente propia,
que la de un poder diseminado entre
varios individuos cuyo compues-
to no puede ser sernos menos que
monstruoso.
El poder judicial en Venezuela es
semejante al americano, indefnido
en duración, temporal y no vitalicio,
goza de toda la independencia que le
corresponde.
El Primer Congreso en su Constitu-
ción federal más consultó el espíritu
de las provincias, que la idea sólida
de formar una República indivisible
y central. Aquí cedieron nuestros le-
gisladores al empeño inconsiderado
de aquellos provinciales seducidos
por el deslumbrante brillo de la fe-
licidad del pueblo americano, pen-
sando que, las bendiciones de que
goza son debidas exclusivamente a
la forma de gobierno y no al carácter
y costumbres de los ciudadanos. Y,
en efecto, el ejemplo de los Estados
Unidos, por su peregrina prosperidad,
era demasiado lisonjero para que no
fuese seguido. ¿Quién puede resistir
al atractivo victorioso del goce pleno
y absoluto de la soberanía, de la in-
dependencia, de la libertad? ¿Quién
puede resistir al amor que inspira un
gobierno inteligente que liga a un
mismo tiempo, los derechos particu-
lares a los derechos generales; que
forma de la voluntad común la ley
suprema de la voluntad individual?
¿Quién puede resistir al imperio de
un gobierno bienhechor que con una
mano hábil, activa, y poderosa dirige
siempre, y en todas partes, todos sus
resortes hacia la perfección social,
que es el fn único de las institucio-
nes humanas?
Mas por halagüeño que parezca, y
sea en efecto este magnifco sistema
federativo, no era dado a los venezo-
lanos gozarlo repentinamente al salir
de las cadenas. No estábamos prepa-
rados para tanto bien; el bien, como
el mal, da la muerte cuando es súbito
y excesivo. Nuestra constitución mo-
ral no tenía todavía La consistencia
necesaria para recibir el benefcio de
un gobierno completamente repre-
sentativo, y tan sublime que podía ser
adaptado a una república de santos.
¡Representantes del Pueblo! Voso-
tros estáis llamados para consagrar,
o suprimir cuanto os parezca digno
de ser conservado, reformado, o des-
echado en nuestro pacto social. A
vosotros pertenece el corregir la obra
de nuestros primeros legisladores;
yo querría decir, que a vosotros toca
cubrir una parte de la belleza que
contiene nuestro Código político;
porque no todos los corazones están
formados para amar a todas las bel-
dades; ni todos los ojos, son capaces
de soportar la luz celestial de la per-
fección. EL libro de los Apóstoles, la
moral de Jesús, la obra Divina que
nos ha enviado la Providencia para
mejorar a los hombres, tan sublime,
tan santa, es un diluvio de fuego en
Constantinopla, y el Asia entera ar-
dería en vivas llamas, si este libro de
paz se le impusiese repentinamente
por código de religión, de leyes y de
costumbres.
Séame permitido llamar la atención
del Congreso sobre una materia que
puede ser de una importancia vital.
Tengamos presente que nuestro pue-
blo no es el europeo, ni el americano
del norte, que más bien es un com-
puesto de África y de América, que
una emanación de Europa, pues que
hasta España misma, deja de ser Eu-
ropa por su sangre africana, por sus
instituciones y por su carácter. Es im-
posible asignar con propiedad a qué
familia humana pertenecemos. La
mayor parte del indígena se ha ani-
quilado, el europeo se ha mezclado
con el americano y con el africano,
y éste se ha mezclado con el indio
y con el europeo. Nacidos todos del
seno de una misma madre, nuestros
padres, diferentes en origen y en san-
gre, son extranjeros, y todos diferen
visiblemente en la epidermis; esta
desemejanza trae un reato de la ma-
yor trascendencia.
Los ciudadanos de Venezuela gozan
todos por la Constitución, intérprete
de la naturaleza, de una perfecta igual-
dad política. Cuando esta igualdad
no hubiese sido un dogma en Atenas,
en Francia y en América, deberíamos
nosotros consagrarlo para corregir la
diferencia que aparentemente exis-
te. Mi opinión es, legisladores, que
el principio fundamental de nuestro
sistema, depende inmediata y exclu-
sivamente de la igualdad establecida
y practicada en Venezuela. Que los
hombres nacen todos con derechos
iguales a los bienes de la sociedad,
está sancionado por la pluralidad de
los sabios; como también lo está que
no todos los hombres nacen igual-
mente aptos a la obtención de todos
los rangos; pues todos deben practi-
car la virtud y no todos la practican;
todos deben ser valerosos, y todos no
lo son; todos deben poseer talentos,
y todos no lo poseen. De aquí viene
la distinción efectiva que se observa
entre los individuos de la sociedad
más liberalmente establecida. Si el
principio de la igualdad política es
generalmente reconocido, no lo es
menos el de la desigualdad física
y moral. La naturaleza hace a los
hombres desiguales, en genio, tem-
peramento, fuerzas y caracteres. Las
leyes corrigen esta diferencia porque
colocan al individuo en la sociedad
para que la educación, la industria,
las artes, los servicios, las virtudes,
le den una igualdad fcticia, propia-
mente llamada política y social. Es
una inspiración eminentemente be-
néfca, la reunión de todas las clases
en un estado, en que la diversidad se
multiplicaba en razón de la propaga-
ción de la especie. Por este solo paso
se ha arrancado de raíz la cruel dis-
cordia. ¡Cuántos celos, rivalidades y
odios se han evitado!
Habiendo ya cumplido con la justi-
cia, con la humanidad, cumplamos
Si el principio de la igualdad política es generalmente reconocido, no lo es menos
el de la desigualdad física y moral. La naturaleza hace a los hombres desiguales,
en genio, temperamento, fuerzas y caracteres. Las leyes corrigen esta diferencia
porque colocan al individuo en la sociedad para que la educación, la industria,
las artes, los servicios, las virtudes, le den una igualdad fcticia, propiamente lla-
mada política y social.
El sistema de gobierno más perfecto es aquel que
produce mayor suma de felicidad posible, mayor
suma de seguridad social y mayor suma de estabili-
dad política.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
60
PROPUESTAS DE ORGANIZACIÒN DE UNA REPUBLICA. EL PENSAMIENTO REPUBLICANO DE BOLIVAR
ahora con la política, con la sociedad,
allanando las difcultades que opone
un sistema tan sencillo y natural,
mas tan débil que el menor tropiezo
lo trastorna, lo arruina. La diversidad
de origen requiere un pulso infnita-
mente frme, un tacto infnitamente
delicado para manejar esta sociedad
heterogénea cuyo complicado artif-
cio se disloca, se divide, se disuelve
con la más ligera alteración.
El sistema de gobierno más perfec-
to es aquel que produce mayor suma
de felicidad posible, mayor suma de
seguridad social y mayor suma de
estabilidad política. Por las leyes que
dictó el primer Congreso tenemos
derecho de esperar que la dicha sea
el dote de Venezuela; y por las vues-
tras, debemos lisonjearnos que la se-
guridad y la estabilidad eternizarán
esta dicha. A vosotros toca resolver
el problema. ¿Cómo, después de ha-
ber roto todas las trabas de nuestra
antigua opresión podemos hacer la
obra maravillosa de evitar que los
restos de nuestros duros hierros no se
cambien en armas liberticidas? Las
reliquias de la dominación españo-
la permanecerán largo tiempo antes
que lleguemos a anonadarlas; el con-
tagio del despotismo ha impregnado
nuestra atmósfera, y ni el fuego de la
guerra, ni el específco de nuestras
saludables leyes han purifcado el
aire que respiramos. Nuestras manos
ya están libres, y todavía nuestros co-
razones padecen de las dolencias de
la servidumbre. EL hombre, al per-
der la libertad, decía Homero, pierde
la mitad de su espíritu.
Un gobierno republicano ha sido, es,
y debe ser el de Venezuela; sus bases
deben ser la soberanía del pueblo, la
división de los poderes, la libertad ci-
vil, la proscripción de la esclavitud,
la abolición de la monarquía y de los
privilegios. Necesitamos de la igual-
dad para refundir, digámoslo así, en
un todo, la especie de los hombres,
las opiniones políticas y las costum-
bres públicas. Luego, extendiendo la
vista sobre el vasto campo que nos
falta por recorrer, fjemos la atención
sobre los peligros que debemos evi-
tar. Que la historia nos sirva de guía
en esta carrera. Atenas, la primera,
nos da el ejemplo más brillante de
una democracia absoluta, y al ins-
tante, la misma Atenas, nos
ofrece el ejemplo más
melancólico de la ex-
trema debilidad de esta
especie de gobierno. El
más sabio legislador de
Grecia no vio conservar su
República diez años, y sufrió
la humillación de reconocer la
insufciencia de la democracia
absoluta para regir ninguna es-
pecie de sociedad, ni con la más
cuita, morígera y limitada, porque
sólo brilla con relámpagos de li-
bertad. Reconozcamos, pues, que
Solón ha desengañado al mundo; y
le ha enseñado cuán difícil es dirigir
por simples leyes a los hombres.
La República de Esparta, que parecía
una invención quimérica, produjo
más efectos reales que la obra inge-
niosa de Solón. Gloria, virtud moral,
y, por consiguiente, la felicidad na-
cional, fue el resultado de la legisla-
ción de Licurgo. Aunque dos reyes
en un Estado son dos monstruos
para devorarlo, Esparta poco tuvo
que sentir de su doble trono, en tanto
que Atenas se prometía la suerte más
espléndida, con una soberanía abso-
luta, libre elección de magistrados,
frecuentemente renovados. Leyes
suaves, sabias y políticas. Pisístrato,
usurpador y tirano fue más saludable
a Atenas que sus leyes; y Pericles,
aunque también usurpador, fue el
más útil ciudadano. La República
de Tebas no tuvo más vida que la de
Pelópidas y Epaminondas; porque a
veces son los hombres, no los princi-
pios, los que forman los gobiernos.
Los códigos, los sistemas, los esta-
tutos por sabios que sean son obras
muertas que poco infuyen sobre
las sociedades: ¡hombres virtuosos,
hombres patriotas, hombres ilustra-
dos constituyen las repúblicas!
La Constitución Romana es la que
mayor poder y fortuna ha producido
a ningún pueblo del mundo; allí no
había una exacta distribución de los
poderes. Los Cónsules, el Senado,
el Pueblo, ya eran Legisladores, ya
magistrados, ya Jueces; todos parti-
cipaban de todos los poderes. El Eje-
cutivo, compuesto de dos Cónsules,
padecía el mismo inconveniente que
el de Esparta. A pesar de su deformi-
dad no sufrió la República la desas-
trosa discordancia que toda previsión
habría supuesto inseparable de una
magistratura compuesta de dos indi-
viduos, igualmente autorizados con
las facultades de un monarca. Un go-
bierno cuya única inclinación era la
conquista, no parecía destinado a ci-
mentar la felicidad de su nación. Un
gobierno monstruoso y puramente
guerrero, elevó a Roma al más alto
esplendor de virtud y de gloria; y for-
mó de la tierra un dominio romano
para mostrar a los hombres de cuánto
son capaces las virtudes políticas; y
cuán diferentes suelen ser las institu-
ciones.
Y pasando de los tiempos antiguos
a los modernos encontraremos a
Inglaterra y a Francia llamando la
atención de todas las naciones, y
dándoles lecciones elocuentes de
toda especie en materia de gobierno.
La revolución de estos dos grandes
pueblos, como un radiante meteoro,
ha inundado al mundo con tal profu-
sión de luces políticas, que ya todos
los seres que piensan han aprendido
cuáles son los derechos del hombre
y cuáles sus deberes; en qué consiste
la excelencia de los gobiernos y en
qué consisten sus vicios. Todos sa-
ben apreciar el valor intrínseco de las
teorías especulativas de los flósofos
y legisladores modernos. En fn, este
astro, en su luminosa carrera, aun ha
encendido los pechos de los apáticos
españoles, que también se han lanza-
do en el torbellino político; han he-
cho sus efímeras pruebas de libertad,
han reconocido su incapacidad para
vivir bajo el dulce dominio de las le-
yes y han vuelto a sepultarse en sus
prisiones y hogueras inmemoriales.
Aquí es el lugar de repetiros, legis-
ladores, lo que os dice el elocuente
Volney en la dedicatoria de su Rui-
nas de Palmira: «A los pueblos na-
cientes de las Indias Castellanas, a
los jefes generosos que los guían a
la libertad: que los errores e infor-
tunios del mundo antiguo enseñen
la sabiduría y la felicidad al mundo
nuevo». Que no se pierdan, pues, las
lecciones de la experiencia; y que
las secuelas de Grecia, de Roma, de
Francia, de Inglaterra y de América
nos instruyan en la difícil ciencia de
crear y conservar las naciones con le-
yes propias, justas, legítimas, y sobre
todo útiles. No olvidando jamás que
la excelencia de un gobierno no con-
siste en su teórica, en su forma, ni en
Un gobierno republicano ha sido, es, y debe ser el
de Venezuela; sus bases deben ser la soberanía del
pueblo, la división de los poderes, la libertad civil,
la proscripción de la esclavitud, la abolición de la
monarquía y de los privilegios. Necesitamos de la
igualdad para refundir, digámoslo así, en un todo, la
especie de los hombres, las opiniones políticas y las
costumbres públicas.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
61
PROPUESTAS DE ORGANIZACIÒN DE UNA REPUBLICA. EL PENSAMIENTO REPUBLICANO DE BOLIVAR
su mecanismo, sino en ser apropiado
a la naturaleza y al carácter de la na-
ción para quien se instituye.
Roma y la Gran Bretaña son las na-
ciones que más han sobresalido en-
tre las antiguas y modernas; ambas
nacieron para mandar y ser libres;
pero ambas se constituyeron no con
brillantes formas de libertad, sino
con establecimientos sólidos. Así,
pues, os recomiendo, representantes,
el estudio de la Constitución britá-
nica, que es la que parece destinada
a operar el mayor bien posible a los
pueblos que la adoptan; pero por per-
fecta que sea, estoy muy lejos de pro-
poneros su imitación servil. Cuando
hablo del Gobierno británico sólo me
refero a lo que tiene de republicanis-
mo, y a la verdad ¿puede llamarse
pura monarquía un sistema en el cual
se reconoce la soberanía popular, la
división y el equilibrio de los pode-
res, la libertad civil, de conciencia,
de imprenta, y cuanto es sublime en
la política? ¿Puede haber más liber-
tad en ninguna especie de república?
¿y puede pretenderse a más en el or-
den social? Yo os recomiendo esta
Constitución popular, la división y el
equilibrio de los poderes, la libertad
civil, de como la más digna de servir
de modelo a cuantos aspiran al goce
de los derechos del hombre y a toda
la felicidad política que es compati-
ble con nuestra frágil naturaleza.
En nada alteraríamos nuestras leyes
fundamentales, si adoptásemos un
Poder Legislativo semejante al Par-
lamento británico. Hemos dividido
como los americanos la representa-
ción nacional en dos Cámaras: la de
Representantes y el Senado. La pri-
mera está compuesta muy sabiamen-
te, goza de todas las atribuciones que
le corresponden y no es susceptible
de una reforma esencial, porque la
Constitución le ha dado el origen,
la forma y las facultades que re-
quiere la voluntad del pueblo
para ser legítima y competente-
mente representada. Si el Senado
en lugar de ser electivo fuese he-
reditario, sería en mi concepto la
base, el lazo, el alma de nuestra
República. Este Cuerpo en las
tempestades políticas para-
ría los rayos del gobierno, y
rechazaría las olas popula-
res. Adicto al gobierno por
el justo interés de su propia
conservación, se opondría
siempre a las invasiones que
el pueblo intenta contra la ju-
risdicción y la autoridad de sus
magistrados. Debemos confe-
sarlo: los más de los hombres
desconocen sus verdaderos
intereses y constantemente pro-
curan asaltarlos en las manos de
sus depositarios; el individuo pug-
na contra la masa, y la masa contra
la autoridad. Por tanto, es preciso
que en todos los gobiernos exista
un cuerpo neutro que se ponga
siempre de parte del ofendido y
desarme al ofensor. Este cuerpo
neutro, para que pueda ser tal, no ha
de deber su origen a la elección del
gobierno, ni a la del pueblo; de modo
que goce de una plenitud de indepen-
dencia que ni tema, ni espere nada de
estas dos fuentes de autoridad. El
Senado hereditario como parte del
pueblo, participa de sus intereses, de
sus sentimientos y de su espíritu. Por
esta causa no se debe presumir que
un Senado hereditario se desprenda
de los intereses populares, ni olvide
sus deberes legislativos. Los senado-
res en Roma, y los lores en Londres,
han sido las columnas más frmes so-
bre que se ha fundado el edifcio de
la libertad política y civil.
Estos senadores serán elegidos la
primera vez por el Congreso. Los su-
cesores al Senado llaman la primera
atención del gobierno, que debería
educarlos en un colegio especial-
mente destinado para instruir aque-
llos tutores, legisladores futuros de
la patria. Aprenderían las artes, las
ciencias y las letras que adornan el
espíritu de un hombre público; desde
su infancia ellos sabrían a qué carre-
ra la Providencia los destinaba y des-
de muy tiernos elevarían su alma a la
dignidad que los espera.
De ningún modo sería una violación
de la igualdad política la creación
de un Senado hereditario; no es una
nobleza la que pretendo establecer,
porque, como ha dicho un célebre
republicano, sería destruir a la vez
la igualdad y la libertad. Es un of-
cio para el cual se deben preparar los
candidatos, y es un ofcio que exige
mucho saber, y los medios propor-
cionados para adquirir su instruc-
ción. Todo no se debe dejar al aca-
so y a la ventura en las elecciones:
el pueblo se engaña más fácilmente
que la naturaleza perfeccionada por
el arte; y aunque es verdad que es-
tos senadores no saldrían del seno de
las virtudes, también es verdad que
saldrían del seno de una educación
ilustrada. Por otra parte, los Liberta-
dores de Venezuela son acreedores a
ocupar siempre un alto rango en la
República que les debe su existencia.
Creo que la posteridad vería con sen-
timiento, anonadados los nombres
ilustres de sus primeros bienhecho-
res; digo más, es del interés público,
es de la gratitud de Venezuela, es del
honor nacional, conservar con gloria
hasta la última posteridad, una raza
de hombres virtuosos, prudentes y
esforzados que superando todos los
obstáculos, han fundado la Repúbli-
ca a costa de los más heroicos sacri-
fcios. Y si el pueblo de Venezuela no
aplaude la elevación de sus bienhe-
chores, es indigno de ser libre, y no
lo será jamás.
Un Senado hereditario, repito, será la
base fundamental del Poder Legisla-
tivo y, por consiguiente, será la base
de todo gobierno. Igualmente servirá
de contrapeso para el gobierno y para
el pueblo; será una potestad interme-
diaria que embote los tiros que recí-
procamente se lanzan estos eternos
rivales. En todas las luchas la calma
de un tercero viene a ser el órgano
de la reconciliación, así el Senado
de Venezuela será la traba de este
edifcio delicado y harto susceptible
de impresiones violentas; será el iris
que calmará las tempestades y man-
tendrá la armonía entre los miembros
y la cabeza de este cuerpo político.
Ningún estímulo podrá adulterar un
Cuerpo Legislativo investido de los
primeros honores, dependiente de sí
mismo, sin temer nada del pueblo,
ni esperar nada del gobierno, que no
tiene otro objeto que el de reprimir
todo principio de mal y propagar
todo principio de bien; y que está al-
tamente interesado en la existencia
de una sociedad en la cual participa
de sus efectos funestos o favorables.
Se ha dicho con demasiada razón que
la Cámara alta de Inglaterra, es pre-
ciosa para la nación porque ofrece un
baluarte a la libertad, y yo añado que
el Senado de Venezuela, no sólo se-
ría un baluarte de la libertad, sino un
apoyo para eternizar la República.
El Poder Ejecutivo británico está re-
vestido de toda la autoridad soberana
que le pertenece; pero también está
circunvalado de una triple línea de
diques, barreras y estacadas. Es Jefe
La educación popular debe ser el cuidado primogé-
nito del amor paternal del Congreso. Moral y luces
son los polos de una república; moral y luces son
nuestras primeras necesidades.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
62
del Gobierno, pero sus ministros y
subalternos dependen más de las le-
yes que de su autoridad, porque son
personalmente responsables, y ni aun
las mismas órdenes de la autoridad
real los eximen de esta responsabili-
dad. Es Generalísimo del Ejército y
de la Marina; hace la paz, y declara
la guerra; pero el Parlamento es el
que decreta anualmente las sumas
con que deben pagarse estas fuerzas
militares. Si los Tribunales y Jueces
dependen de él, las leyes emanan
del Parlamento que las ha consa-
grado. Con el objeto de neutralizar
su poder, es inviolable y sagrada la
persona del Rey; y al mismo tiempo
que le dejan libre la cabeza le ligan
las manos con que debe obrar. El So-
berano de Inglaterra tiene tres formi-
dables rivales: su Gabinete que debe
responder al Pueblo y al Parlamento;
el Senado, que defende los intere-
ses del Pueblo como Representante
de la Nobleza de que se compone, y
la Cámara de los Comunes, que sir-
ve de órgano y de tribuna al pueblo
británico. Además, como los jueces
son responsables del cumplimiento
de las leyes, no se separan de ellas, y
los administradores del Erario, sien-
do perseguidos no solamente por sus
propias infracciones, sino aun por
las que hace el mismo gobierno, se
guardan bien de malversar los fon-
dos públicos. Por más que se exami-
ne la naturaleza del Poder Ejecutivo
en Inglaterra, no se puede hallar nada
que no incline a juzgar que es el más
perfecto modelo, sea para un Reino,
sea para una Aristocracia, sea para
una democracia. Aplíquese a Vene-
zuela este Poder Ejecutivo en la per-
sona de un Presidente, nombrado por
el Pueblo o por sus Representantes, y
habremos dado un gran paso hacia la
felicidad nacional.
Cualquiera que sea el ciudadano que
llene estas funciones, se encontrará
auxiliado por la Constitución; autori-
zado para hacer bien, no podrá hacer
mal, porque siempre que se someta
a las leyes, sus ministros cooperarán
con él; si por el contrario, pretende
infringirlas, sus propios ministros lo
dejarán aislado en medio de la Repú-
blica, y aun lo acusarán delante del
Senado. Siendo los ministros los res-
ponsables de las transgresiones que
se cometan, ellos son los que gobier-
nan, porque ellos son los que las pa-
gan. No es la menor ventaja de este
sistema la obligación en que pone a
los funcionarios inmediatos al Poder
Ejecutivo de tomar la parte más inte-
resada y activa en las deliberaciones
del gobierno, y a mirar como propio
este departamento. Puede suceder
que no sea el Presidente un hombre
de grandes talentos, ni de grandes
virtudes, y no obstante la carencia de
estas cualidades esenciales, el Presi-
dente desempeñará sus deberes de un
modo satisfactorio; pues en tales ca-
sos el Ministerio, haciendo todo por
sí mismo, lleva la carga del Estado.
Por exorbitante que parezca la au-
toridad del Poder Ejecutivo de In-
glaterra, quizás no es excesiva en
la República de Venezuela. Aquí
el Congreso ha ligado las manos y
hasta la cabeza a los magistrados.
Este cuerpo deliberante ha asumido
una parte de las funciones ejecutivas
contra la máxima de Montesquieu,
que dice que un Cuerpo Represen-
tante no debe tomar ninguna reso-
lución activa: debe hacer leyes y ver
si se ejecutan las que hace. Nada es
tan contrario a la armonía entre los
poderes, como su mezcla. Nada es
tan peligroso con respecto al pueblo,
como la debilidad del Ejecutivo, y si
en un reino se ha juzgado necesario
concederle tantas facultades, en una
república, son éstas infnitamente
más indispensables.
Fijemos nuestra atención sobre esta
diferencia y hallaremos que el equili-
brio de los poderes debe distribuirse
de dos modos. En las repúblicas el
Ejecutivo debe ser el más fuerte, por-
que todo conspira contra él; en tanto
que en las monarquías el más fuerte
debe ser el Legislativo, porque todo
conspira en favor del monarca. La
veneración que profesan los pueblos
a la magistratura real es un prestigio,
que infuye poderosamente a aumen-
tar el respeto supersticioso que se
tributa a esta autoridad. El esplendor
del trono, de la corona, de la púrpura;
el apoyo formidable que le presta la
nobleza; las inmensas riquezas que
generaciones enteras acumulan en
una misma dinastía; la protección
fraternal que recíprocamente reciben
todos los reyes, son ventajas muy
considerables que militan en favor
de la autoridad real, y la hacen casi
ilimitada. Estas mismas ventajas son,
por consiguiente, las que deben con
frmar la necesidad de atribuir a un
magistrado republicano, una suma
mayor de autoridad que la que posee
un príncipe constitucional.
Un magistrado republicano, es un in-
dividuo aislado en medio de una so-
ciedad, encargado de contener el ím-
petu del pueblo hacia la licencia, la
propensión de los jueces y adminis-
tradores hacia el abuso de las leyes.
Está sujeto inmediatamente al Cuer-
po Legislativo, al Senado, al pueblo:
es un hombre solo resistiendo el ata-
que combinado de las opiniones, de
los intereses y de las pasiones del Es-
tado social que, como dice Carnot, no
hace más que luchar continuamente
entre el deseo de dominar, y el deseo
de substraerse a la dominación. Es,
en fn, un atleta lanzado contra otra
multitud de atletas.
Sólo puede servir de correctivo a esta
debilidad, el vigor bien cimentado y
más bien proporcionado a la resis-
tencia que necesariamente le oponen
al Poder Ejecutivo, el Legislativo, el
Judiciario y el pueblo de una repú-
blica. Si no se ponen al alcance del
Ejecutivo todos los medios que una
justa atribución le señala, cae inevi-
tablemente en la nulidad o en su pro-
pio abuso; quiero decir, en la muerte
del gobierno, cuyos herederos son
la anarquía, la usurpación y la tira-
nía. Se quiere contener la autoridad
ejecutiva con restricciones y trabas;
nada es más justo; pero que se ad-
vierta que los lazos que se pretenden
conservar se fortifcan sí, mas no se
estrechan.
Que se fortifque, pues, todo el sis-
tema del gobierno, y que el equili-
brio se establezca de modo que no
se pierda, y de modo que no sea su
propia delicadeza, una causa de de-
cadencia. Por lo mismo que ninguna
forma de gobierno es tan débil como
la democracia, su estructura debe ser
de la mayor solidez; y sus institucio-
nes consultarse para la estabilidad. Si
no es así, contemos con que se esta-
blece un ensayo de gobierno, y no un
sistema permanente; contemos con
una sociedad díscola, tumultuaria y
anárquica y no con un establecimien-
to social donde tengan su imperio la
felicidad, la paz y la justicia.
No seamos presuntuosos, legislado-
res; seamos moderados en nuestras
pretensiones. No es probable conse-
guir lo que no ha logrado el género
humano; lo que no han alcanzado las
más grandes y sabias naciones. La li-
bertad indefnida, la democracia ab-
soluta, son los escollos adonde han
ido a estrellarse todas las esperanzas
republicanas. Echad una mirada so-
bre las repúblicas antiguas, sobre las
repúblicas modernas, sobre las repú-
blicas nacientes; casi todas han pre-
tendido establecerse absolutamente
democráticas, y a casi todas se les
han frustrado sus justas aspiraciones.
Son laudables ciertamente hombres
que anhelan por instituciones legíti-
mas y por una perfección social; pero
¿quién ha dicho a los hombres que
ya poseen toda la sabiduría, que ya
practican toda la virtud, que exigen
imperiosamente la liga del poder con
la justicia? ¡Ángeles, no hombres,
pueden únicamente existir libres,
tranquilos y dichosos, ejerciendo to-
dos la potestad soberana!
Ya disfruta el pueblo de Venezuela
PROPUESTAS DE ORGANIZACIÒN DE UNA REPUBLICA. EL PENSAMIENTO REPUBLICANO DE BOLIVAR
Cuando deseo atribuir al
Ejecutivo una suma de
facultades superior a la
que antes gozaba, no he
deseado autorizar un dés-
pota para que tiranice la
República, sino impedir
que el despotismo deli-
berante no sea la causa
inmediata de un círculo
de vicisitudes despóticas
en que alternativamente
la anarquía sea reempla-
zada por la oligarquía y
por la monocracia.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
63
de los derechos que legítima y fá-
cilmente puede gozar; moderemos
ahora el ímpetu de las pretensiones
excesivas que quizás le suscitaría la
forma de un gobierno incompetente
para él. Abandonemos las formas fe-
derales que no nos convienen; aban-
donemos el triunvirato del Poder
Ejecutivo; y concentrándolo en un
presidente, confémosle la autoridad
sufciente para que logre mantenerse
luchando contra los inconvenientes
anexos a nuestra reciente situación,
al estado de guerra que sufrimos, y a
la especie de los enemigos externos
y domésticos, contra quienes tendre-
mos largo tiempo que combatir. Que
el Poder Legislativo se desprenda de
las atribuciones que corresponden
al Ejecutivo; y adquiera no obstante
nueva consistencia, nueva infuencia
en el equilibrio de las autoridades.
Que los tribunales sean reforzados
por la estabilidad, y la independencia
de los jueces; por el establecimiento
de jurados; de códigos civiles y cri-
minales que no sean dictados por la
antigüedad, ni por reyes conquista-
dores, sino por la voz de la naturale-
za, por el grito de la justicia y por el
genio de la sabiduría.
Mi deseo es que todas las partes del
gobierno y administración, adquie-
ran el grado de vigor que únicamente
puede mantener el equilibrio, no sólo
entre los miembros que componen el
gobierno, sino entre las diferentes
fracciones de que se compone nues-
tra sociedad. Nada importaría que los
resortes de un sistema político se re-
lajasen por su debilidad, si esta rela-
jación no arrastrase consigo la diso-
lución del cuerpo social, y la ruina de
los asociados. Los gritos del género
humano en los campos de batalla, o
en los campos tumultuarios claman
al cielo contra los inconsiderados y
ciegos legisladores, que han pensado
que se pueden hacer impunemente
ensayos de quiméricas institucio-
nes. Todos los pueblos del mundo
han pretendido la libertad; los unos
por las armas, los otros por las leyes,
pasando alternativamente de la anar-
quía al despotismo o del despotismo
a la anarquía; muy pocos son los que
se han contentado con pretensiones
moderadas, constituyéndose de un
modo conforme a sus medios, a su
espíritu y a sus circunstancias.
No aspiremos a lo imposible, no sea
que por elevarnos sobre la región de
la libertad, descendamos a la región
de la tiranía. De la libertad absoluta
se desciende siempre al poder abso-
luto, y el medio entre estos dos tér-
minos es la suprema libertad social.
Teorías abstractas son las que produ-
cen la perniciosa idea de una libertad
ilimitada. Hagamos que la fuerza pú-
blica se contenga en los límites que la
razón y el interés prescriben; que la
voluntad nacional se contenga en los
límites que un justo poder le señala;
que una legislación civil y criminal
análoga a nuestra actual Constitu-
ción domine imperiosamente sobre
el poder judiciario, y entonces habrá
un equilibrio, y no habrá el choque
que embaraza la marcha del Estado,
y no habrá esa complicación que tra-
ba, en vez de ligar la sociedad.
Para formar un gobierno estable se
requiere la base de un espíritu na-
cional, que tenga por objeto una in-
clinación uniforme hacia dos puntos
capitales: moderar la voluntad ge-
neral, y limitar la autoridad pública.
Los términos que fjan teóricamente
estos dos puntos son de una difícil
asignación, pero se puede concebir
que la regla que debe dirigirlos, es
la restricción, y la concentración re-
cíproca a fn de que haya la menos
frotación posible entre la voluntad y
el poder legítimo. Esta ciencia se ad-
quiere insensiblemente por la prácti-
ca y por el estudio. El progreso de las
luces es el que ensancha el progreso
de la práctica, y la rectitud del espíri-
tu es la que ensancha el progreso de
las luces.
EL amor a la patria, el amor a las le-
yes, el amor a los magistrados son
las nobles pasiones que deben ab-
sorber exclusivamente el alma de un
republicano. Los venezolanos aman
la patria, pero no aman sus leyes;
porque éstas han sido nocivas, y eran
la fuente del mal; tampoco han po-
dido amar a sus magistrados, porque
eran inicuos, y los nuevos apenas son
conocidos en la carrera en que han
entrado. Si no hay un respeto sagra-
do por la patria, por las leyes y por
las autoridades, la sociedad es una
confusión, un abismo: es un confic-
to singular de hombre a hombre, de
cuerpo a cuerpo.
Para sacar de este caos nuestra na-
ciente república, todas nuestras fa-
cultades morales no serán bastantes,
si no fundimos la masa del pueblo en
un todo; la composición del gobier-
no en un todo; la legislación en
un todo, y el espíritu nacional en
un todo. Unidad, unidad, uni-
dad, debe ser nuestra divisa.
La sangre de nuestros ciu-
dadanos es diferente, mez-
clémosla para unirla; nuestra
Constitución ha dividido los
poderes, enlacémoslos para
unirlos; nuestras leyes son funes-
tas reliquias de todos los despotis-
mos antiguos y modernos, que este
edifcio monstruoso se derribe, caiga
y apartando hasta sus ruinas, eleve-
mos un templo a la justicia;
y bajo
los aus-
picios de
su santa ins-
piración dicte-
mos un Código
de leyes venezola-
nas. Si queremos con-
sultar monumentos y mo-
delos de legislación, la Gran
Bretaña, la Francia, la América sep-
tentrional los ofrecen admirables.
La educación popular debe ser el cui-
dado primogénito del amor paternal
del Congreso. Moral y luces son los
polos de una república; moral y luces
son nuestras primeras necesidades.
Tomemos de Atenas su areópago, y
los guardianes de las costumbres y
de las leyes; tomemos de Roma sus
censores y sus tribunales domésticos;
y haciendo una santa alianza de estas
instituciones morales, renovemos en
el mundo la idea de un pueblo que no
se contenta con ser libre y fuerte, sino
que quiere ser virtuoso. Tomemos de
Esparta sus austeros establecimien-
tos, y formando de estos tres manan-
tiales una fuente de virtud, demos a
nuestra República una cuarta potes-
tad cuyo dominio sea la infancia y el
corazón de los hombres, el espíritu
público, las buenas costumbres y la
moral republicana. Constituyamos
este areópago para que vele sobre
la educación de los niños, sobre la
instrucción nacional; para que puri-
fque lo que se haya corrompido en
la República; que acuse la ingratitud,
el egoísmo, la frialdad del amor a la
patria, el ocio, la negligencia de los
ciudadanos; que juzgue de los prin-
cipios de corrupción, de los ejemplos
perniciosos; debiendo corregir
las costumbres con
PROPUESTAS DE ORGANIZACIÒN DE UNA REPUBLICA. EL PENSAMIENTO REPUBLICANO DE BOLIVAR
Yo abandono a vuestra soberana decisión la reforma
o la revocación de todos mis estatutos y decretos;
pero yo imploro la confrmación de la libertad ab-
soluta de los esclavos, como imploraría mi vida y la
vida de la República.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
64
penas morales, como las leyes casti-
gan los delitos con penas afictivas,
y no solamente lo que choca contra
ellas, sino lo que las burla; no sola-
mente lo que las ataca, sino lo que
las debilita; no solamente lo que vio-
la la Constitución, sino lo que viola
el respeto público. La jurisdicción
de este tribunal verdaderamente san-
to, deberá ser efectiva con respecto
a la educación y a la instrucción, y
de opinión solamente en las penas y
castigos. Pero sus anales, o registros
donde se consignan sus actas y de-
liberaciones; los principios morales
y las acciones de los ciudadanos, se-
rán los libros de la virtud y del vicio.
Libros que consultará el pueblo para
sus elecciones, los magistrados para
sus resoluciones, y los jueces para
sus juicios. Una institución semejan-
te que más que parezca quimérica,
es infnitamente más realizable que
otras que algunos legisladores anti-
guos y modernos han establecido con
menos utilidad del género humano.
¡Legisladores! Por el proyecto de
Constitución que reverentemente so-
meto a vuestra sabiduría, observaréis
el espíritu que lo ha dictado. Al pro-
poneros la división de los ciudadanos
en activos y pasivos, he pretendido
excitar la prosperidad nacional por
las dos más grandes palancas de la in-
dustria, el trabajo y el saber. Estimu-
lando estos dos poderosos resortes de
la sociedad, se alcanza lo más difícil
entre los hombres, hacerlos honra-
dos y felices. Poniendo restricciones
justas y prudentes en las asambleas
primarias y electorales, ponemos el
primer dique a la licencia popular,
evitando la concurrencia tumultuaria
y ciega que en todos tiempos han im-
primido el desacierto en las eleccio-
nes y ha ligado, por consiguiente, el
desacierto a los magistrados, y a la
marcha del gobierno; pues este acto
primordial, es el acto generativo de
la libertad o de la esclavitud de un
pueblo.
Aumentando en la balanza de los
poderes el peso del Congreso por el
número de los legisladores y por la
naturaleza del Senado, he procurado
darle una base fja a este primer cuer-
po de la nación y revestirlo de una
consideración importantísima para el
éxito de sus funciones soberanas.
Separando con límites bien señala-
dos la jurisdicción ejecutiva, de la
jurisdicción legislativa, no me he
propuesto dividir sino enlazar con
los vínculos de la armonía que nace
de la independencia, estas potestades
supremas cuyo choque prolongado
jamás ha dejado de aterrar a uno de
los contendientes. Cuando deseo atri-
buir al Ejecutivo una suma de facul-
tades superior a la que antes gozaba,
no he deseado autorizar un déspota
para que tiranice la República, sino
impedir que el despotismo delibe-
rante no sea la causa inmediata de un
círculo de vicisitudes despóticas en
que alternativamente la anarquía sea
reemplazada por la oligarquía y por
la monocracia. Al pedir la estabilidad
de los jueces, la creación de jurados y
un nuevo código, he pedido al Con-
greso la garantía de la libertad civil,
la más preciosa, la más justa, la más
necesaria. En una palabra, la única
libertad, pues que sin ella las demás
son nulas. He pedido la corrección de
los más lamentables abusos que su-
fre nuestra judicatura, por su origen
vicioso de ese piélago de legislación
española que semejante al tiempo re-
coge de todas las edades y de todos
los hombres, así las obras de la de-
mencia como las del talento, así las
producciones sensatas, como las ex-
travagantes, así los monumentos del
ingenio, como los del capricho. Esta
enciclopedia judiciaria, monstruo de
diez mil cabezas, que hasta ahora ha
sido el azote de los pueblos españo-
les, es el suplicio más refnado que la
cólera del cielo ha permitido descar-
gar sobre este desdichado Imperio.
Meditando sobre el modo efectivo
de regenerar el carácter y las costum-
bres que la tiranía y la guerra nos han
dado, me he sentido la audacia de
inventar un poder moral, sacado del
fondo de la oscura antigüedad, y de
aquellas olvidadas leyes que mantu-
vieron, algún tiempo, la virtud entre
los griegos y romanos. Bien puede
ser tenido por un cándido delirio,
mas no es imposible, y yo me lison-
jeo que no desdeñaréis enteramente
un pensamiento que mejorado por la
experiencia y las luces, puede llegar
a ser muy efcaz.
Horrorizado de la divergencia que ha
reinado y debe reinar entre nosotros
por el espíritu sutil que caracteriza al
Gobierno federativo, he sido arras-
trado a rogaros para que adoptéis el
centralismo y la reunión de todos los
Estados de Venezuela en una Repú-
blica sola e indivisible. Esta medida,
en mi opinión, urgente, vital, reden-
tora, es de tal naturaleza que, sin ella,
el fruto de nuestra regeneración será
la muerte.
Mi deber es, legisladores, presenta-
ros un cuadro prolijo y fel de mi ad-
ministración política, civil y militar,
mas sería cansar demasiado vuestra
importante atención y privaros en
este momento de un tiempo tan pre-
cioso como urgente. En consecuen-
cia, los secretarios de Estado darán
cuenta al Congreso de sus diferentes
Departamentos exhibiendo al mismo
tiempo los documentos y archivos
que servirán de ilustración para to-
mar un exacto conocimiento del es-
tado real y positivo de la República.
Yo no os hablaría de los actos más
notables de mi mando si éstos no
incumbiesen a la mayoría de los ve-
nezolanos. Se trata, señor, de las re-
soluciones más importantes de este
último período.
La atroz e impía esclavitud cubría
con su negro manto la tierra de Ve-
nezuela, y nuestro cielo se hallaba
recargado de tempestuosas nubes,
que amenazaban un diluvio de fue-
go. Yo imploré la protección del
Dios de la humanidad, y luego la
redención disipó las tempestades.
La esclavitud rompió sus grillos,
y Venezuela se ha visto rodeada de
nuevos hijos, de hijos agradecidos
que han convertido los instrumen-
tos de su cautiverio en armas de
libertad. Sí, los que antes eran es-
clavos, ya son libres; los que antes
eran enemigos de una madrastra, ya
son defensores de una patria. Enca-
receros la justicia, la necesidad y
la benefcencia de esta medida, es
superfuo cuando vosotros sabéis la
historia de los ilotas, de Espartaco
y de Haití; cuando vosotros sabéis
que no se puede ser libre y esclavo
a la vez, sino violando a la vez las
leyes naturales, las leyes políticas
y las leyes civiles. Yo abandono a
vuestra soberana decisión la refor-
ma o la revocación de todos mis
PROPUESTAS DE ORGANIZACIÒN DE UNA REPUBLICA. EL PENSAMIENTO REPUBLICANO DE BOLIVAR
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
65
PROPUESTAS DE ORGANIZACIÒN DE UNA REPUBLICA. EL PENSAMIENTO REPUBLICANO DE BOLIVAR
estatutos y decretos; pero yo im-
ploro la confrmación de la liber-
tad absoluta de los esclavos, como
imploraría mi vida y la vida de la
República.
Representaros la historia militar de
Venezuela sería recordaros la his-
toria del heroísmo republicano en-
tre los antiguos; sería deciros que
Venezuela ha entrado en el gran
cuadro de los sacrifcios hechos
sobre el altar de la libertad. Nada
ha podido llenar los nobles pechos
de nuestros generosos guerreros,
sino los honores sublimes que se
tributan a los bienhechores del gé-
nero humano. No combatiendo por
el poder, ni por la fortuna, ni aun
por la gloria, sino tan sólo por la
libertad, títulos de libertadores de
la República, son sus dignos ga-
lardones. Yo, pues, fundando una
sociedad sagrada con estos íncli-
tos varones, he instituido el orden
de los Libertadores de Venezuela.
¡Legisladores! A vosotros pertene-
cen las facultades de conocer ho-
nores y decoraciones, vuestro es el
deber de ejercer este acto augusto
de la gratitud nacional.
Hombres que se han desprendido de
todos los goces, de todos los bienes
que antes poseían, como el produc-
to de su virtud y talentosos hom-
bres que han experimentado cuanto
es cruel en una guerra honrosa, pa-
deciendo las privaciones más dolo-
rosas, y los tormentos más acerbos,
hombres tan beneméritos de la pa-
tria, han debido llamar la atención
del gobierno. En consecuencia he
mandado recompensarlos con los
bienes de la nación. Si he contraído
para con el pueblo alguna especie
de mérito, pido a sus representan-
tes oigan mi súplica como el pre-
mio de mis débiles servicios. Que
el Congreso ordene la distribución
de los bienes nacionales, conforme
a la ley que a nombre de la Repú-
blica he decretado a benefcio de
los militares venezolanos.
Ya que por infnitos triunfos he-
mos logrado anonadar las huestes
españolas, desesperada la Corte
de Madrid ha pretendido sorpren-
der vanamente la conciencia de los
magnánimos soberanos que aca-
ban de extirpar la usurpación y la
tiranía en Europa, y deben ser los
protectores de la legitimidad y de
la justicia de la causa americana.
Incapaz de alcanzar con sus armas
nuestra sumisión, recurre España a
su política insidiosa; no pudiendo
vencernos, ha querido emplear sus
artes suspicaces. Fernando se ha hu-
millado hasta confesar que ha me-
nester de la protección extranjera
para retornarnos a su ignominioso
yugo, ¡a un yugo que todo poder es
nulo para imponerlo! Convencida
Venezuela de poseer las fuerzas su-
fcientes para repeler a sus opreso-
res, ha pronunciado, por el órgano
del gobierno, su última voluntad de
combatir hasta expirar, por defen-
der su vida política, no sólo contra
España, sino contra todos los hom-
bres, si todos los hombres se hubie-
sen degradado tanto, que abrazasen
la defensa de un gobierno devora-
dor, cuyos únicos móviles son una
espada exterminadora y las llamas
de la Inquisición. Un gobierno que
ya no quiere dominios, sino desier-
tos; ciudades, sino ruinas; vasallos,
sino tumbas. La declaración de la
República de Venezuela es el Acta
más gloriosa, más heroica, más dig-
na de un pueblo libre; es la que con
mayor satisfacción tengo el honor
de ofrecer al Congreso ya sancio-
nada por la expresión unánime del
pueblo de Venezuela.
Desde la segunda época de la Re-
pública nuestro ejército carecía de
elementos militares, siempre ha
estado desarmado; siempre le han
faltado municiones; siempre ha
estado mal equipado. Ahora los
soldados defensores de la indepen-
dencia no solamente están arma-
dos de la justicia, sino también de
la fuerza. Nuestras tropas pueden
medirse con las más selectas de
Europa, ya que no hay desigualdad
en los medios destructores. Tan
grandes ventajas las debemos a la
liberalidad sin límites de algunos
generosos extranjeros que han vis-
to gemir la humanidad y sucumbir
la causa de la razón, y no la han
visto tranquilos espectadores, sino
que han volado con sus protectores
auxilios, y han prestado a la Repú-
blica cuanto ella necesitaba para
hacer triunfar sus principios flan-
trópicos. Estos amigos de la huma-
nidad son los genios custodios de
América, y a ellos somos deudores
de un eterno reconocimiento, como
igualmente de un cumplimiento re-
ligioso, a las sagradas obligaciones
que con ellos hemos contraído. La
deuda nacional, legisladores, es el
depósito de la fe, del honor y de la
gratitud de Venezuela. Respetadla
como la Arca Santa, que encierra
no tanto los derechos de nuestros
bienhechores, cuanto la gloria de
nuestra fdelidad. Perezcamos pri-
mero que quebrantar un empeño
que ha salvado la patria y la vida
de sus hijos.
La reunión de Nueva Granada y
Venezuela en un grande Estado ha
sido el voto uniforme de los pue-
blos y gobiernos de estas Repúbli-
cas. La suerte de la guerra ha veri-
fcado este enlace tan anhelado por
todos los colombianos; de hecho
estamos incorporados. Estos pue-
blos hermanos ya os han confado
sus intereses, sus derechos, sus des-
tinos. Al contemplar la reunión de
esta inmensa comarca, mi alma se
remonta a la eminencia que exige
la perspectiva colosal, que ofrece
un cuadro tan asombroso. Volan-
do por entre las próximas edades,
mi imaginación se fja en los si-
glos futuros, y observando desde
allá, con admiración y pasmo, la
prosperidad, el esplendor, la vida
que ha recibido esta vasta región,
me siendo arrebatado y me parece
que ya la veo en el corazón del uni-
verso, extendiéndose sobre sus di-
latadas costas, entre esos océanos,
que la naturaleza había separado, y
que nuestra patria reúne con pro-
longados y anchurosos canales. Ya
la veo servir de lazo, de centro, de
emporio a la familia humana; ya la
veo enviando a todos los recintos
de la tierra los tesoros que abrigan
sus montañas de plata y de oro; ya
la veo distribuyendo por sus divi-
nas plantas la salud y la vida a los
hombres dolientes del antiguo uni-
verso; ya la veo comunicando sus
preciosos secretos a los sabios que
ignoran cuan superior es la suma de
las luces, a la suma de las riquezas,
que le ha prodigado la naturaleza.
Ya la veo sentada sobre el trono de
la libertad, empuñando el cetro de
la justicia, coronada por la gloria,
mostrar al mundo antiguo la majes-
tad del mundo moderno.
Dignaos, legisladores, acoger con
indulgencias la profesión de mi
conciencia política, los últimos
votos de mi corazón y los ruegos
fervorosos que a nombre del pue-
blo me atrevo a dirigiros. Dignaos
conceder a Venezuela un Gobierno
eminentemente popular, eminente-
mente justo, eminentemente moral,
que encadene la opresión, la anar-
quía y la culpa. Un Gobierno que
haga reinar la inocencia, la huma-
nidad y la paz. Un Gobierno que
haga triunfar bajo el imperio de
leyes inexorables, la igualdad y la
libertad.
Señor, empezad vuestras funcio-
nes; yo he terminado las mías.
FRAGMENTO DE LA CARTA DE SIMÓN BOLIVAR A SIMÓN RODRIGUEZ,
Pativilca, 19 de enero de 1824
¿Se acuerda Ud. cuando fuimos juntos al Monte Sacro en Roma a jurar sobre aquella tierra santa la libertad
de la patria? Ciertamente no habrá Ud. olvidado aquel día de eterna gloria para nosotros; día que anticipó
por decirlo así, un juramento profético a la misma esperanza que no debíamos tener.
Ud. Maestro mío, cuánto debe haberme contemplado de cerca aunque colocado a tan remota distancia. Con
qué avidez habrá seguido Ud. mis pasos; estos pasos dirigidos muy anticipadamente por Ud. mismo. Ud.
formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero
que Ud. me señaló.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
66
ESTUDIO COMPARADO QUE PERMITE SENTAR LAS BASES PARA LA CONSTRUCCIÓN
DE LA REPÚBLICA LATINOAMERICANA SEGÚN SIMÓN RODRÍGUEZ
Sociedades Americanas
(fragmentos)
Simón Rodríguez
CONCLUSION
De discurso en discurso, hemos venido subiendo al punto de vista, en que debemos considerar la cuestión SOCIAL ,
que el siglo somete a la decisión de los Americanos .
La variedad de hechos , reflexiones , i principios contenidos en este Preliminar , hasta aquí , presenta materia
bastante , para ayudar a fijar la atención en lo que falta
Veamos Veamos
a los europeos ,
inventando medios
de reparar un edificio
viejo , por no tener
donde hacer uno nuevo .

a los americanos ,
en un país vacío ,
perplejos , o imitando
sin necesidad , lo que
hacen los Europeos

Ambos perdiendo el tiempo
en hacer , con palabras
compuestas , nuevas com-
posiciones , para nombrar
las mismas cosas
en EUROPA en AMERICA
monarquía constitucional
o
Constitución monárquica
Democracia monárquica
o
Monarquía democrática

cansados de la
República aristocrática
o
Aristocracia republicana
quieren


República
Real
o
Real
República
Por otra parte
los Comerciantes, los Proyectistas i los Clérigos
Componiendo

Traficracias
Colocracias i
Culticracias
para erijirlas en

Trafagarquías
Colonarquías i
Cultarquías

al cabo , todo viene a ser
forte-piano
o
piano-forte . . .
[72]
i no es poco parecida la historia de este instrumento a la historia del Gobierno .
El CLAVE era muí ruidoso ,, porque heria las cuerdas con plumas : para apagar el sonido , se pensó en poner tiras
de paño a las cuerdas , pero dejando las plumas ,, i el CLAVE se llamó MONACORDIO — despues se pensó en
sustituir martinetes a las plumas , i hacer por medio de rejistros , fuertes o suaves los sonidos =entónces el CLAVE se
llamó forte-piano o piano-forte , en honor de la lengua Italiana , que está en posesion de la Música —Despues viendo
que para tocar FORTE , no es menester estudiar ,, porque cuanto ménos entienda de música el Músico , mas FORTE
toca ,, conviniéron en llamar el instrumento PIANO solamente , i entenderse con la jente del arte , sabiendo que , para
sacar sonidos suaves , es menester tener oído i buen gusto — Así estuvo el Piano, por muchos años , siendo el primer
mueble en los Salones i las delicias del Estrado — en todas partes se construían , mejorando las formas ,, i llegó a
extenderse tanto el uso , que hubo [entre otras] una Compañía de fabricantes en Londres i en Paris , bajo el nombre de
Erard .
¿¡ Se creerá que en medio de tan quieta y pacífica posesión , hubo quien pretendiese restablecer el CLAVE !? Así
fué , pues . Un fabricante apurado que no sabia arreglar sus negocios , intentó echar abajo al PIANO , con un gran
Cajon trapezóide mixtilineo , a imitación del CLAVE antiguo [ él solo ocupaba el lugar de tres Pianos , i algo mas ]
Como los principios están en las cosas con cosas se enseñará a pensar.
Símón Rodríguez
No hay objeto aislado: el mas independiente - al parecer - tiene Relaciones (…)
Símón Rodríguez
Tengan PACIENCIA, los que creen que el saber no consiste en Pequeñeces — los que llaman MINUCIAS
los Principios , i NIMIEDAD su Exposición — los que , por creer esto , juzgan de la Densidad por el
volumen i de la Solidez por el bulto — i permitan que
Los que gustan de minucias i nimiedades vean si el que da lecciones sabe enseñar — si el que habla como
intelijente en Edifcios es Arquitecto , maestro de Obras o simple Sobrestante
Hago un llamado a que luchemos más por la revolución en el terreno de las ideas. No hay
revolución sin teoría revolucionaria. Escuelas de cuadros por todo el país, en los campos,
en las ciudades, en los barrios, en las vaqueras, entre los cafetales, en todas partes vamos a
discutir las ideas la teoría bolivariana revolucionaria.
Hugo Chávez, Aló Presidente 14 de junio 2009
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
67
ESTUDIO COMPARADO QUE PERMITE SENTAR LAS BASES PARA LA CONSTRUCCIÓN
DE LA REPÚBLICA LATINOAMERICANA SEGÚN SIMÓN RODRÍGUEZ
CONCLUSION
De discurso en discurso, hemos venido subiendo al punto de vista, en que debemos considerar la cuestión SOCIAL ,
que el siglo somete a la decisión de los Americanos .
La variedad de hechos , reflexiones , i principios contenidos en este Preliminar , hasta aquí , presenta materia
bastante , para ayudar a fijar la atención en lo que falta
Veamos Veamos
a los europeos ,
inventando medios
de reparar un edificio
viejo , por no tener
donde hacer uno nuevo .

a los americanos ,
en un país vacío ,
perplejos , o imitando
sin necesidad , lo que
hacen los Europeos

Ambos perdiendo el tiempo
en hacer , con palabras
compuestas , nuevas com-
posiciones , para nombrar
las mismas cosas
en EUROPA en AMERICA
monarquía constitucional
o
Constitución monárquica
Democracia monárquica
o
Monarquía democrática

cansados de la
República aristocrática
o
Aristocracia republicana
quieren


República
Real
o
Real
República
Por otra parte
los Comerciantes, los Proyectistas i los Clérigos
Componiendo

Traficracias
Colocracias i
Culticracias
para erijirlas en

Trafagarquías
Colonarquías i
Cultarquías

al cabo , todo viene a ser
forte-piano
o
piano-forte . . .
[72]
i no es poco parecida la historia de este instrumento a la historia del Gobierno .
El CLAVE era muí ruidoso ,, porque heria las cuerdas con plumas : para apagar el sonido , se pensó en poner tiras
de paño a las cuerdas , pero dejando las plumas ,, i el CLAVE se llamó MONACORDIO — despues se pensó en
sustituir martinetes a las plumas , i hacer por medio de rejistros , fuertes o suaves los sonidos =entónces el CLAVE se
llamó forte-piano o piano-forte , en honor de la lengua Italiana , que está en posesion de la Música —Despues viendo
que para tocar FORTE , no es menester estudiar ,, porque cuanto ménos entienda de música el Músico , mas FORTE
toca ,, conviniéron en llamar el instrumento PIANO solamente , i entenderse con la jente del arte , sabiendo que , para
sacar sonidos suaves , es menester tener oído i buen gusto — Así estuvo el Piano, por muchos años , siendo el primer
mueble en los Salones i las delicias del Estrado — en todas partes se construían , mejorando las formas ,, i llegó a
extenderse tanto el uso , que hubo [entre otras] una Compañía de fabricantes en Londres i en Paris , bajo el nombre de
Erard .
¿¡ Se creerá que en medio de tan quieta y pacífica posesión , hubo quien pretendiese restablecer el CLAVE !? Así
fué , pues . Un fabricante apurado que no sabia arreglar sus negocios , intentó echar abajo al PIANO , con un gran
Cajon trapezóide mixtilineo , a imitación del CLAVE antiguo [ él solo ocupaba el lugar de tres Pianos , i algo mas ]
pero no se atrevió el fabricante a ponerle plumas ,, esperando , sin duda que el Cajón las pidiera ; porque Clave perfecto
pide PLUMAS .— Al verlo , en su Sala , una Señora anciana , se dirigió a sus hijas con el discurso siguiente .


“ Este sí que es CLAVE — aunque le faltan las lengüetas , ya vendrán : — es el instrumento de nuestros padres
,, el que todos conocen ; i no ese de moda , que ni es espineta ni es clave : en el de mi tiempo aprendí yo — aquel
clave se oía de todas las distancias , i aun junto al campanario durante los repiques . — Dejémonos de invenciones ,,
que al cabo , i por mas que se diga , al clave volveremos , por mil razones =
Si se echa a perder, cualquiera lo compone
Si se destiempla , fácil es hallar la clavija
Tiene buenas voces
Cualquiera se las saca , si aprieta bien la mano
En un baile , si el clavista es bueno , no se oyen los pies
[73]


En fin, mientras yo viva , en casa no habrá Piano sino Clave — i el que no esté contento , que se vaya .
Eso he dicho yo siempre , mi Señora , i a esta niña se lo he estado diciendo [aprobacion de un jóven que está
negociando casamiento con la hija.]

I U. , Señor , qué dice ?
(pregunta la Señora a otro jóven que está allí de visita , porque ya tomó Estado)


Yo, mi Señora, no soi del parecer del Señor ni del de U.: el Calve no vuelve : el gusto por el Piano es decidido : el
estilo del Piano está unido con el estilo músico del día : si porque el piano se destiempla , o porque el que lo toca no
es músico , se ocurre al clave =el remedio es peor que el mal ,, porque enseñando música habrá MUSICOS i los
músicos sabrán templar . Ni Cimarrosa ni Paesielo ni . . . Rossini se harían oir con gusto en el clave : el proyecto de
emplumar martinetes , no tendrá el suceso que se espera


,, Se
harán

Clavicímbalos
Claviórganos
Clavicordios



que serán claves con azúcar , para hacerlos pasar sin repuguancia ; pero clave solo , no
pasa .
con todo
podemos asegurar , segun el estado actual de la música
,, que

ni con címbalos
ni con órganos
ni con cordios
lo tragan


Se acabó el Clave , mi Señora.
el que lo toque en SALA , espere que lo SILBEN
i si lo toca en PLAZA , lo APEDREAN
El que no vea la historia del Gobierno en la del Piano , será porque no conoce el Piano — o porque no conoce el
Gobierno — o porque ni uno ni otro . Obsérvense las palabras notadas con diferente letra , i háganse aplicaciones =
las mas estan hechas .
Los Nombres no hacen las cosas ;
pero las distinguen :
lo mismo son las Acciones con las Ideas .
[74]
Echan a los Reyes por Malos , i los llaman por Buenos . Siempre serán Monarquistas las Naciones que no pueden o no
saben gobernarse sin Reyes =
las Europeas estan en el primer caso
las Americanas . en el segundo
Las unas deben componer su Clave
Las otras deben templar bien su Piano





Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
68

Erudición i Habilidades
Profesiones i Oficios , en tumulto ,
Herencias , Privilejios i Usurpaciones =
es la divisa de las Monarquías
la de las Repúblicas debe ser
Educación Popular
Destinación a Ejercicios útiles
aspiración fundada a la propiedad
Si es quimérica esta , desprécienla como tal i digan
la MONARQUIA
es el Gobierno natural de ...
la IGNORANCIA
el mas lejítimo , el mas sencillo , el mas durable que se conoce ;
Pero ,
No podemos volver a él , porque las Luces del siglo no lo consienten.
Perderémos el tiempo en tentativas inútiles ,
i qué haremos ?
ERRAR i PADECER
hasta que haya quien conozca
QUE LA NECESIDAD no consulta VOLUNTADES
Para conocer esto , no basta ser Ilustrado :
es menester ser SENSATO i PENSADOR .
Cualidades que pueden hallarse en un Sujeto
pero cuya reunion es rara
Solo los hombres dotados de las 3

ven las cosas como son en sí
i trabajan por hacerlas conocer
Ellos han hecho la Cartilla siguiente — examínese con atencion , i se vera que hai 2 especies de Política
[75]
Popular i
Gubernativa

i que , primero son Políticos

los Pueblos
que
sus Gobiernos
resultará que
2 Gobiernos de América no pueden simpatizar con los de Europa
porque
los Pueblos Americanos , en NADA se parecen a los Europeos .
La Cartilla demuestra
la influencia de las Costumbres en el Gobierno
i la del Gobierno en las Costumbres




El punto de partida indeciso
sobre

si es el Gobierno el que influye
o si son las Costumbres

no lo será para quien piense
i ya múchos lo han decidido .

En el Sistema Republicano

el Gobierno forma las Costumbres
porque enseña a formarlas
En los demas , sean cuales fueren

las Costumbres forman el Gobierno
porque cada uno hace de sus hijos lo que quiere
En vano se atormentan , pues , queriendo que donde cada uno , en su casa , está disponiendo del Gobierno , haya
Gobierno que influya en las Costumbres
Acostumbrados a pedir a Dios milagros cuando buscamos peligros
El punto de partida indeciso
sobre

si es el Gobierno el que influye
o si son las Costumbres

no lo será para quien piense
i ya múchos lo han decidido .

En el Sistema Republicano

el Gobierno forma las Costumbres
porque enseña a formarlas
En los demas , sean cuales fueren

las Costumbres forman el Gobierno
porque cada uno hace de sus hijos lo que quiere
En vano se atormentan , pues , queriendo que donde cada uno , en su casa , está disponiendo del Gobierno , haya
Gobierno que influya en las Costumbres
Acostumbrados a pedir a Dios milagros cuando buscamos peligros
El punto de partida indeciso
sobre

si es el Gobierno el que influye
o si son las Costumbres

no lo será para quien piense
i ya múchos lo han decidido .

En el Sistema Republicano

el Gobierno forma las Costumbres
porque enseña a formarlas
En los demas , sean cuales fueren

las Costumbres forman el Gobierno
porque cada uno hace de sus hijos lo que quiere
En vano se atormentan , pues , queriendo que donde cada uno , en su casa , está disponiendo del Gobierno , haya
Gobierno que influya en las Costumbres
Acostumbrados a pedir a Dios milagros cuando buscamos peligros
ESTUDIO COMPARADO QUE PERMITE SENTAR LAS BASES PARA LA CONSTRUCCIÓN
DE LA REPÚBLICA LATINOAMERICANA SEGÚN SIMÓN RODRÍGUEZ
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
69
le pedimos un Milagro Político,
cuando nos juntamos en Congreso , a tratar de evitar los males que nos hace un Gobierno , que hemos hecho paraque
los haga .
[76]
CARTILLA
El Gobierno de un pueblo Bárbaro es GROSERO
i el . del . Feroz es BRUTAL

En este estado, la Concordancia entre

las costumbres
i
el Gobierno
de uno i otro
es perfecta
pero el Gobierno no dura, i la razon es que

el bárbaro se instruye
i
el feroz se humaniza

La MUERTE aleja a los Pueblos de su oríjen , cada dia —
i la EXPERIENCIA los lleva , de la mano , por 2 caminos
paralelos

por el uno marchan ELLOS
por el otro . sus GOBIERNOS
[78]
Camino del Gobierno i Camino del Pueblo

Un Gobierno grosero , o brutal , no puede
tener
Política : para todo ocurre a la Fuerza , i
los atrevidos lo ayudan .

Sus Violencias hacen al pueblo ASTUTO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . la ASTUCIA


es el 1.
er
grado de Política Popular :
pero
la astucia del pueblo hace al Gobierno
SUSPICAZ (a)

(a)
la SUSPICACIA


es el 1.
er
grado de Política Gubernativa ,
pero
la Suspicacia del pueblo hace al Gobierno

DESCONFIADO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . la DESCONFIANZA


es el 2.
do
grado de Política Popular ;
pero
la desconfianza del pueblo hace al Gobierno
HIPOCRITA (b)

El punto de partida indeciso
sobre

si es el Gobierno el que influye
o si son las Costumbres

no lo será para quien piense
i ya múchos lo han decidido .

En el Sistema Republicano

el Gobierno forma las Costumbres
porque enseña a formarlas
En los demas , sean cuales fueren

las Costumbres forman el Gobierno
porque cada uno hace de sus hijos lo que quiere
En vano se atormentan , pues , queriendo que donde cada uno , en su casa , está disponiendo del Gobierno , haya
Gobierno que influya en las Costumbres
Acostumbrados a pedir a Dios milagros cuando buscamos peligros
ESTUDIO COMPARADO QUE PERMITE SENTAR LAS BASES PARA LA CONSTRUCCIÓN
DE LA REPÚBLICA LATINOAMERICANA SEGÚN SIMÓN RODRÍGUEZ
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
70
ESTUDIO COMPARADO QUE PERMITE SENTAR LAS BASES PARA LA CONSTRUCCIÓN
DE LA REPÚBLICA LATINOAMERICANA SEGÚN SIMÓN RODRÍGUEZ
[79]
(b)
la HIPOCRESIA


es el 2.
do
grado de Política Gubernativa ;
pero
la hipocresía del Gobierno hace al Pueblo

FALSO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . la FALSEDAD


es el 3.
er
grado de Política Popular ;
pero
la falsedad del pueblo hace al Gobierno
ARBITRARIO (c)

(c)
la ARBITRARIEDAD


es el 3.
er
grado de Política Gubernativa ;
pero
la arbitrariedad del Gobierno hace al Pueblo

ATREVIDO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . NO HAI 4.
to
GRADO,

porque
el Pueblo PIERDE EL RESPETO al
Gobierno
Discordancia absoluta , entre las 2 partes , entónces =
el MIEDO hace al Gobierno TIRANICO i el ODIO hace al Pueblo CRUEL
[80]
Aquí entran las Intervenciones . Los Gobernantes hacen destrozar a los pueblos por sostenerse , bajo pretexto de
sostener sus Gobiernos , i causan un mal irreparable a la humanidad . . . un mal , orijen de muchísimos males =el
ODIO ETERNO ! que se profesan las naciones , i que sus J efes protejen para fomento de sus guerras : lo honran con el
nombre de espíritu nacional , con el de rivalidad conservadora , i hasta emulacion se atreven a llamarlo .
El espiritu nacional es el fundamento de la Milicia
la rivalidad conservadora es su sosten
i la emulacion es el refinamiento

de los medios
i
. . modos
de destruirse

“El Soberano N

tiene , en pié de guerra tantos mil hombres
i
puede poner hasta tantos , cuando quiera. ”
es la expresion con que los Estadistas miden el respeto que merecen las naciones



i
cómo se levantan
cómo se mantienen
cómo se tratan
cómo se emplean

estos hombres

es el oprobio del entendimiento
no digamos humano
porque los leones no mandan tropas
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
71
ESTUDIO COMPARADO QUE PERMITE SENTAR LAS BASES PARA LA CONSTRUCCIÓN
DE LA REPÚBLICA LATINOAMERICANA SEGÚN SIMÓN RODRÍGUEZ
Por irrision invocan a la DIVINIDAD ! miéntras pelean , i
por hipocresia estrechan VINCULOS DE AMISTAD! miéntras descansan .
Si con esto prueban las naciones cultas su ALTA civilizacion =
los pueblos bárbaros hacen los mismo , i no profanan los nombres:

los Bárbaros



i
Invaden por Dominar
Destruyen por Vencer
Saquean por Enriquecerse
pero . . .

no dicen al vencido





ni
que lo toman bajo su Proteccion
que lo despojan, por socorrer a sus Defensores
que lo venden , por el bien de su Alma
que lo matan , por rejenerarlo
que se lo comen , por hacerle honor
[81]
“ Así ha sido el mundo i así es ” [ se dirá ]
pero
no se crea que así será ,, porque no debe ser así .
Esto lo saben hoi muchísimos , i cada dia es mayor el número .
Hoi se piensa , como nunca se habia pensado —
se oyen cosas , que nunca se habian oido —
se escribe , como nunca se habia escrito —
i esto va formando opinion en favor de una reforma , que nunca se habia intentado =LA DE LA SOCIEDAD .
Se objetará [ con razon ] que la voz del pueblo no es la del cielo , porque sea verdad lo que el pueblo dice ; sino porque
la voluntad de muchos vale mas que la de pocos

Se distinguirá (con razon tambien)

el todos lo dicen
del todos lo quieren
i del todos lo pueden

haciendo ver

que el todos lo dicen , es prueba de número , que no arguye razon sino para estúpidos .
que el así lo dice el S.D. Fulano , es prueba de autoridad , que no arguye razon sino para limitados
i se alegará que, siendo la fuerza moral el signo de lafuerza física , en vano se quiere lo que no se puede .
Pero
los Pueblos
de hoi


quieren mejorar su suerte, porque mala , pueden mejorarla, porque nada se opone, i dicen [ con mucha
razon ] que a la instruccion todos tienen derecho —i que el fin de la Sociedad es oponerse al abuso de
la fuerza física.


Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
72
VISIÓN LATINOAMERICANISTA DE IDENTIDAD PARA LA CONSECUCIÓN DEL IDEARIO BOLIVARIANO
Nuestra América
José Martí
PUBLICADO EN LA REVISTA CUBA
SOCIALISTA EN SEPTIEMBRE 1962.
C
ree el aldeano
vanidoso que el
mundo entero es
su aldea, y con tal que él
quede de alcalde, o le mor-
tifque al rival que le quitó
la novia, o le crezcan en la
alcancía los ahorros, ya da
por bueno el orden univer-
sal, sin saber de los gigan-
tes que llevan siete leguas
en las botas y le pueden
poner la bota encima, ni de
la pelea de los cometas en
el Cielo, que van por el aire
dormidos engullendo mun-
dos. Lo que quede de aldea
en América ha de despertar.
Estos tiempos no son para
acostarse con el pañuelo en
la cabeza, sino con las ar-
mas en la almohada, como
los varones de Juan de Cas-
tellanos: las armas del jui-
cio, que vencen a las otras.
Trincheras de ideas valen
más que trincheras de pie-
dra.
No hay proa que taje una
nube de ideas. Una idea
enérgica, fameada a tiem-
po ante el mundo, para,
como la bandera mística del
juicio fnal, a un escuadrón
de acorazados. Los pueblos
que no se conocen han de
darse prisa para conocerse,
como
quienes
van a pelear
juntos. Los que en-
senan los puños, como her-
manos celosos, que quieren
los dos la misma tierra, o el
de casa chica, que le tiene
envidia al de casa mejor,
han de encajar, de modo
que sean una, las dos ma-
nos. Los que, al amparo de
una tradición criminal, cer-
cenaron, con el sable tinto
en la sangre de sus mismas
venas, la tierra del hermano
vencido, del hermano casti-
gado más allá de sus culpas,
si no quieren que les llame
el pueblo ladrones, devuél-
vanle sus tierras al herma-
no. Las deudas del honor
no las cobra el honrado en
dinero, a tanto por la bofe-
tada. Ya no podemos ser el
pueblo de hojas, que vive en
el aire, con la copa cargada
de for, restallando o zum-
bando, según la acaricie el
capricho de la luz, o la tun-
dan y talen las tempestades;
¡los árboles se han de poner
en fla para que no pase el
gi-
gan-
te de
las siete le-
guas! Es la hora del recuen-
to, y de la marcha unida, y
hemos de andar en cuadro
apretado, como la plata en
las raíces de los Andes.
A los sietemesinos sólo les
faltará el valor. Los que no
tienen fe en su tierra son
hombres de siete meses.
Porque les falta el valor a
ellos, se lo niegan a los de-
más. No les alcanza al ár-
bol difícil el brazo canijo,
el brazo de uñas pintadas y
pulsera, el brazo de Madrid
o de París, y dicen que no
se puede alcanzar el árbol.
Hay que cargar los barcos
de esos insectos dañinos,
que le roen el hueso a la
patria que los nutre. Si son
parisienses o madrileños,
vayan al Prado, de faroles,
o vayan a Tortoni, de sorbe-
tes. ¡Estos hijos de carpin-
tero, que se avergüenzan de
que su padre sea carpintero!
¡Estos nacidos en América,
que se avergüenzan, por-
que llevan delantal
indio, de la madre que
los crió, y reniegan, ¡bribo-
nes!, de la madre enferma,
y la dejan sola en el lecho
de las enfermedades! Pues,
¿quién es el hombre? ¿el
que se queda con la madre,
a curarle la enfermedad,
o el que la pone a trabajar
donde no la vean, y vive
de su sustento en las tierras
podridas con el gusano de
corbata, maldiciendo del
seno que lo cargó, pasean-
do el letrero de traidor en la
espalda de la casaca de pa-
pel? ¡Estos hijos de nuestra
América, que ha de salvar-
se con sus indios, y va de
menos a más; estos deser-
tores que piden fusil en los
ejércitos de la América del
Norte, que ahoga en sangre
a sus indios, y va de más a
menos! ¡Estos delicados,
que son hombres y no quie-
ren hacer el trabajo de hom-
bres! Pues el Washington
que les hizo esta tierra ¿se
fue a vivir con los ingleses,
a vivir con los ingleses en
los años en que los veía ve-
nir contra su tierra pro¬pia?
¡Estos «increíbles» del ho-
nor, que lo arrastran por el
suelo extranjero, como los
Los pueblos que no
se conocen han de
darse prisa para
conocerse, como
quienes van a pelear
juntos.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
73
increíbles de la Revolución
francesa, danzando y rela-
miéndose, arrastraban las
erres!
Ni ¿en qué patria puede te-
ner un hombre más orgullo
que en nuestras repúblicas
dolorosas de América, le-
vantadas entre las masas
mudas de indios, al ruido de
pelea del libro con el cirial,
sobre los brazos sangrientos
de un centenar de apóstoles?
De factores tan descompues-
tos, ¿amas, en menos tiem-
po histórico, se han creado
naciones tan adelantadas y
compactas.* Cree el sober-
bio que la tierra fue hecha
para servirle de pedestal,
porque tiene la pluma fácil
o la palabra de colores, y
acusa de incapaz e irreme-
diable a su república nativa,
porque no le dan sus selvas
nuevas modo continuo de
ír por el mundo de gamo-
nal famoso, guiando jacas
de Persia y derramando
champaña. La incapacidad
no está en el país naciente,
que pide formas que se le
acomoden y grandeza útil,
sino en los que quie¬ren
regir pueblos originales, de
composición singular y vio-
lenta, con leyes heredadas
de cuatro siglos de práctica
libre en los Estados Unidos,
de diecinueve siglos de mo-
narquía en Francia. Con un
decreto de Hamilton no se
le para la pechada al potro
del llanero. Con una frase
de Sieyés no se desestanca
la sangre cuajada de la raza
india. A lo que es, allí donde
se gobierna, hay que aten-
der para gobernar bien; y el
buen gobernante en Améri-
ca no es el que sabe cómo
se gobierna el alemán o el
francés, sino el que sabe con
qué elementos está hecho su
país, y cómo puede ir guián-
dolos en junto, para llegar,
por métodos e instituciones
nacidas del país mismo, a
aquel estado apetecible don-
de cada hombre se conoce y
ejerce, y disfrutan todos de
la abundancia que la Natu-
raleza puso para todos en el
pueblo que fecundan con su
trabajo y defenden con sus
vidas. El gobierno ha de na-
cer del país. El espíritu del
gobierno ha de ser el del
país. La forma de gobierno
ha de avenirse a la consti-
tución propia del país. El
gobierno no es más que el
equilibrio de los elementos
naturales del país.
Por eso el libro importado
ha sido vencido en Amé-
rica por el hombre natu-
ral. Los hombres naturales
han vencido a los letrados
artifciales. El mestizo au-
tóctono ha vencido al
criollo exótico. No
hay batalla entre
la civilización y
la barbarie, sino
entre la falsa
erudición
y la na-
turale-
za. El
hom-
b r e
natu-
ral es
b u e -
n o ,
y acata y premia la inteli-
gencia superior, mientras
ésta no se vale de su sumi-
sión para dañarle, o le ofen-
de prescindiendo de él, que
es cosa que no perdona el
hombre natural, dispuesto
a recobrar por la fuerza el
respeto de quien le hiere la
susceptibilidad o le perjudi-
ca el interés. Por esta con-
formidad con los elementos
naturales desdeñados han
subido los tiranos de Amé-
rica al poder, y han caído en
cuanto les hicieron traición.
Las repúblicas han purgado
en las tiranías su incapaci-
dad para conocer los ele-
mentos verdaderos del país,
derivar de ellos la forma de
gobierno y gobernar con
ellos. Gobernan-
te, en un pueblo
nuevo, quiere
decir crea-
dor.
E n
pue-
b l o s
c o m -
puestos de
el ement os
cultos e in-
cultos, los
i n c u l t o s
goberna-
rán, por
su hábito
de agre-
dir y re-
s ol ve r
las du-
das con su mano, allí donde
los cultos no aprendan el
arte del gobierno. La masa
inculta es perezosa, y tímida
en las cosas de la inteligen-
cia, y quiere que la gobier-
nen bien; pero si el gobierno
le lastima, se lo sacude y go-
bierna ella. ¿Cómo han de
salir de las universidades los
gobernantes, si no hay uni-
versidad en América donde
se enseñe lo rudimentario
del arte del gobierno, que es
el análisis de los elementos
peculiares de los pueblos de
América? A adivinar salen
los jóvenes al mundo, con
antiparras yanquis o fran-
cesas, y aspiran a dirigir un
pueblo que no conocen. En
la carrera de la política ha-
bría de negarse la entrada a
los que desconocen los ru-
dimentos de la política. El
premio de los certámenes no
ha de ser para la mejor oda,
sino para el mejor estudio
de los factores del país en
que se vive. En el periódico,
en la cátedra, en la acade-
mia, debe llevarse adelante
el estudio de los factores
reales del país. Conocerlos
basta, sin vendas ni amba-
ges; porque el que pone de
lado, por voluntad u olvido,
una parte de la verdad, cae
a la larga por la verdad que
le faltó, que crece en la ne-
gligencia, y derriba lo que
se levanta sin ella. Resolver
el problema después de co-
nocer sus elementos, es más
fácil que resolver el proble-
ma sin conocerlos. Viene el
hombre natural, indignado
y fuerte, y derriba la justi-
cia acumulada de los libros,
porque no se administra en
acuerdos con las necesida-
des patentes del país. Cono-
cer es resolver. Conocer el
país, y gobernarlo conforme
al conocimiento es el único
modo de librarlo de tiranías.
La universidad europea ha
de ceder a la universidad
americana. La historia de
América, de los incas acá,
ha de enseñarse al dedi-
llo, aunque no se enseñe la
de los arcontes de Grecia.
Nuestra Grecia es preferible
a la Grecia que no es nues-
tra. Nos es más necesaria.
Los políticos nacionales han
de reemplazar a los políticos
exóticos. Injértese en nues-
tras repúblicas el mundo;
pero el tronco ha de ser el de
nuestras repúblicas. Y calle
el pedante vencido; que no
hay patria en que pueda te-
ner el hombre más orgullo
que en nuestras dolorosas
repúblicas americanas.
Con los pies en el rosario,
la cabeza blanca y el cuerpo
pinto de indio y criollo, ve-
nimos, denodados, al mun-
do de las naciones. Con el
estandarte de la Virgen sali-
mos a la conquista de la li-
bertad. Un cura, unos cuan-
tos tenientes y una mujer
alzan en México la repúbli-
ca, en hombros de los indios.
Un canónigo español, a la
sombra de su capa, instruye
la libertad francesa a unos
cuantos bachilleres magní-
fcos, que ponen de jefe de
Centro América contra Es-
paña al general de España.
Con los hábitos monárqui-
cos, y el Sol por pecho, se
echaron a levantar pueblos
los venezolanos por el Norte
y los argentinos por el Sur.
Cuando los dos héroes cho-
caron, y el continente iba a
temblar, uno, que no fue el
menos grande, volvió rien-
das. Y como el heroísmo en
la paz es más escaso, porque
es menos glorioso que el de
la guerra; como al hombre le
es más fácil morir con honra
que pensar con orden; como
gobernar con los sentimien-
tos exaltados y uná¬nimes
es más hacedero que di-
rigir, después de la pelea,
los pensamientos diversos,
arrogantes, exóticos o am-
VISIÓN LATINOAMERICANISTA DE IDENTIDAD PARA LA CONSECUCIÓN DEL IDEARIO BOLIVARIANO
Con los oprimidos había que hacer una
causa común, para afanzar el sistema
opuesto a los intereses y hábitos de mando
de los opresores.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
74
biciosos; como los poderes
arrollados en la arremetida
épica zapaban, con la cau-
tela felina de la especie y el
peso de lo real, el edifcio
que habían izado, en las co-
marcas burdas y singulares
de nuestra América mesti-
za, en los pueblos de pierna
desnuda y casaca de París, la
bandera de los pueblos nu-
tridos de savia gobernante
en la práctica continua de la
razón y de la libertad; como
la constitución jerárquica de
las colonias resistía la orga-
nización democrática de la
República, o las capitales de
corbatín dejaban en el za-
guán al campo de bota y po-
tro, o los redentores biblió-
genos no entendieron que la
revolución que triunfó con
el alma de la tierra había de
gobernar, y no contra ella
ni sin ella, entró a pa¬decer
América, y padece, de la fa-
tiga de acomodación entre
los elementos discordantes
y hostiles que heredó de
un colonizador despótico y
avieso, y las ideas y formas
importadas que han venido
retardando, por su falta de
realidad local, el gobierno
lógico. El continente desco-
yuntado durante tres siglos
por un mando que negaba
el derecho del hombre al
ejercicio de su razón, entró,
desatendiendo o desoyendo
a los ignorantes que lo ha-
bían ayudado a redimirse,
en un gobierno que tenía por
base la razón; la razón de to-
dos en las cosas de todos, y
no la razón universitaria de
unos sobre la razón campes-
tre de otros. El problema de
la independencia no era el
cambio de formas, sino el
cambio de espíritu.
Con los oprimidos había que
hacer una causa común, para
afanzar el sistema opuesto
a los intereses y hábitos de
mando de los opresores. El
tigre, espantado del fogona-
zo, vuelve de noche al lugar
de la presa. Muere echando
llamas por los ojos y con las
zarpas al aire. No se le oye
venir, sino que viene con
zarpas de terciopelo. Cuan-
do la presa despierta, tiene
al tigre encima. La colonia
continuó viviendo en la re-
pública; y nuestra América
se está salvando de sus gran-
des yerros —de la soberbia
de las ciudades capitales,
del triunfo ciego de los cam-
pesinos desdeñados, de la
importación excesiva de las
ideas y fórmulas ajenas, del
desdén inicuo e impolítico
de la raza aborigen—, por la
virtud superior, abonada con
sangre necesaria, de la repú-
blica que lucha contra la co-
lonia. El tigre espera, detrás
de cada árbol, acurrucado en
cada esquina. Morirá, con
las zarpas al aire, echando
llamas por los ojos.
Pero «estos países se salva-
rán», como anunció Rivada-
via el argentino, el que pecó
de fnura en tiempos crudos;
al machete no le va vaina de
seda, ni el país que se ganó
con lanzón se puede echar
el lanzón atrás, porque se
enoja y se pone en la puerta
del Congreso de Iturbide «a
que le hagan emperador al
rubio». Estos países se sal-
varán porque, con el genio
de la moderación que pare-
ce imperar, por la armonía
serena de la Naturaleza, en
el continente de la luz, y
por el infujo de la lectura
crítica que ha su¬cedido en
Europa a la lectura de tanteo
y falansterio en que se em-
papó la generación anterior,
le está naciendo a América,
en estos tiempos reales, el
hombre real.
Eramos una visión, con el
pecho de atleta, las manos
de petimetre y la frente de
niño. Éramos una máscara,
con los calzones de Inglate-
rra, el chaleco parisiense, el
chaquetón de Norteamérica
y la montera de España. El
indio, mudo, nos daba vuel-
tas alrededor, y se iba al
monte, a la cumbre del mon-
te, a bautizar a sus hijos. El
negro, oteado, cantaba en la
noche la música de su co-
razón, solo y desconocido,
entre las olas y las feras. El
campesino, el creador, se re-
volvía, ciego de indignación,
contra la ciudad desdeñosa,
contra su criatura. Eramos
charreteras y togas, en paí-
ses que venían al mundo
con la alpargata en los pies
y la vincha en la cabeza. El
genio hubiera estado en her-
manar, con la caridad del co-
razón y con el atrevimiento
de los fundadores, la vincha
y la toga; en desestancar al
indio; en ir haciendo lado al
negro sufciente; en ajustar
la libertad al cuerpo de los
que se alzaron y vencieron
por ella. Nos quedó el oidor,
y el general, y el letrado, y
el prebendado. La juventud
angélica, como de los brazos
de un pulpo, echaba al Cielo,
para caer con gloria estéril,
la cabeza, coronada de nu-
bes. El pueblo natural, con
el empuje del instinto, arro-
llaba, ciego de triunfo, los
bastones de oro. Ni el libro
europeo, ni el libro yanqui,
daban la clave del enigma
hispanoamericano. Se probó
el odio, y los países venían
cada año a menos. Cansados
del odio inútil de la resisten-
cia del libro contra la lanza,
de la razón contra el cirial,
de la ciudad contra el cam-
po, del imperio imposible
de las castas urbanas divi-
didas sobre la nación natu-
ral, tempestuosa e inerte, se
empieza, como sin saberlo,
a probar el amor. Se ponen
en pie los pueblos, y se sa-
ludan. «¿Cómo somos?» se
preguntan; y unos a otros
se van diciendo cómo son.
Cuando aparece en Cojímar
un problema, no van a bus-
car la solución a Dantzig.
Las levitas son todavía de
Francia, peto el pensamien-
to empieza a ser de Améri-
ca. Los jóvenes de América
se ponen la camisa al codo,
hunden las manos en la
masa, y la levantan con la
levadura del sudor. Entien-
den que se imita demasiado,
y que la salvación está en
crear. Crear es la palabra de
pase de esta generación. El
vino, de plátano; y si sale
agrio, ¡es nuestro vino! Se
entiende que las formas de
gobierno de un país han de
acomodarse a sus elemen-
tos naturales; que las ideas
absolutas, para no caer por
un yerro de forma, han de
ponerse en formas relati-
vas; que la libertad, para ser
viable, tiene que ser sincera
y plena; que si la república
no abre los brazos a todos y
adelanta con todos, muere la
república. El tigre de aden-
tro se echa por la hendija, y
el tigre de afuera. El general
sujeta en la marcha la caba-
llería al paso de los infantes.
O si deja a la zaga a los in-
fantes, le envuelve el ene-
migo la caballería. Estrate-
gia es política. Los pueblos
han de vivir criticándose,
porque la crítica es la sa-
lud; pero con un solo pecho
y una sola mente. ¡Bajarse
hasta los infelices y alzarlos
en los brazos! ¡Con el fue-
go del corazón deshelar la
América coagulada! ¡Echar,
bullendo y rebotando, por
las venas, la sangre natural
del país! En pie, con los ojos
alegres de los trabajadores,
se saludan, de un pueblo a
otro, los hombres nuevos
americanos. Surgen los es-
tadistas naturales del estu-
dio directo de Ja Naturaleza.
Leen para aplicar, pero no
para copiar. Los economis-
tas estudian la difcultad en
sus orígenes. Los oradores
empiezan a ser sobrios. Los
dramaturgos traen los carac-
teres nativos a la escena. Las
academias discuten temas
viables. La poesía se corta la
melena zorrillesca y cuelga
del árbol glorioso el chaleco
colorado. La prosa, cente-
lleante y cernida, va cargada
de idea. Los gobernadores,
en las repúblicas de indios,
aprenden indio.
De todos sus peligros se
va salvando América. So-
VISIÓN LATINOAMERICANISTA DE IDENTIDAD PARA LA CONSECUCIÓN DEL IDEARIO BOLIVARIANO
¿En qué patria puede tener un hombre
más orgullo que en nuestras repúblicas
dolorosas de América, levantadas entre
las masas mudas de indios, al ruido de pe-
lea del libro con el cirial, sobre los brazos
sangrientos de un centenar de apóstoles?
Los hombres naturales han vencido a los
letrados artifciales. El mestizo autóctono
ha vencido al criollo exótico. No hay batalla
entre la civilización y la barbarie, sino entre
la falsa erudición y la naturaleza.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
75
bre algunas repúblicas está
durmiendo el pulpo. Otras,
por la ley del equilibrio, se
echan a pie a la mar, a re-
cobrar, con prisa loca y su-
blime, los siglos perdidos.
Otras, olvidando que Juá-
rez paseaba en un coche de
muías, ponen coche de vien-
to y de cochero a una pompa
de jabón; el lujo venenoso,
enemigo de la libertad, pu-
dre al hombre liviano y abre
la puerta al extranjero. Otras
acendran, con el espíritu
épico de la independencia
amenazada, el carácter viril.
Otras crían, en la guerra ra-
paz contra el vecino, la sol-
dadesca que puede devorar-
las. Pero otro peligro corre,
acaso, nuestra América, que
no le viene de sí, sino de la
diferencia de orígenes, mé-
todos e intereses entre los
dos factores continentales,
y es la hora próxima en que
se le acerque, demandando
relaciones íntimas, un pue-
blo emprendedor y pujante
que la desconoce y la des-
deña. Y como los pueblos
viriles, que se han hecho de
sí propios, con la escopeta
y la ley, aman, y sólo aman,
a los pueblos viriles; como
la hora del desenfreno y la
ambición, de que acaso se
libre, por el predominio de
lo más puro de su sangre, la
América del Norte, o en que
pudieran lanzarla sus masas
vengativas y sórdidas, la
tradición de conquista y el
interés de un caudillo hábil,
no está tan cercana aún a los
ojos del más espantadizo,
que no dé tiempo a la prue-
ba de altivez, continua y dis-
creta, con que se la pudiera
encarar y desviarla; como su
decoro de república pone a
la América del Norte, ante
los pueblos atentos del Uni-
verso, un freno que no le
ha de quitar la provocación
pueril o la arrogancia osten-
tosa o la discordia parricida
de nuestra América, el deber
urgente de nuestra América
es enseñarse como es, una
en alma e intento, vencedo-
ra veloz de un pasado sofo-
cante, manchada sólo con
sangre de abono que arranca
a las manos la pelea con las
ruinas, y la de las venas que
nos dejaron picadas nues-
tros dueños. El desdén del
vecino formidable, que no la
conoce, es el peligro mayor
de nuestra América; y urge,
porque el día de la visita
está próximo, que el vecino
la conozca, la conozca pron-
to, para que no la desdeñe.
Por el respeto, luego que la
conociese, sacaría de ella las
manos. Se ha de tener fe en
lo mejor del hombre y des-
confar de lo peor de él. Hay
que dar ocasión a lo mejor
para que se revele y preva-
lezca sobre lo peor. Si .no,
lo peor prevalece. Los pue-
blos han de tener una picota
para quien les azuza a odios
inútiles; y otra para quien no
les dice a tiempo la verdad.
No hay odio de razas,
porque no hay razas. Los
pensadores canijos, los
pensadores de lámparas,
enhebran y recalientan las
razas de librería, que el
viajero justo y el observa-
dor cordial buscan en vano
en la justicia de la Natu-
raleza, donde resalta en el
amor victorioso y el apeti-
to turbulento, la identidad
universal del hombre. El
alma emana, igual y eter-
na, de los cuerpos diversos
en forma y en color. Peca
contra la Humanidad el
que fomente y propague la
oposición y el odio de las
razas. Pero en el amasijo
de los pueblos se conden-
san, en la cercanía de otros
pueblos diversos, carac-
teres peculiares y activos,
de ideas y de hábitos, de
ensanche y adquisición,
de vanidad y de avaricia,
que del estado latente de
preocupaciones nacionales
pudieran, en un período de
desorden interno o de pre-
cipitación del carácter acu-
mulado del país, trocarse
en amenaza grave para las
tierras vecinas, aisladas y
débiles, que el país fuer-
te declara perecederas e
inferiores. Pensar es ser-
vir. Ni ha de suponerse,
por antipatía de aldea, una
maldad ingénita y fatal al
pueblo rubio del continen-
te, porque no habla nuestro
idioma, ni ve la casa como
nosotros la vemos, ni se
nos parece en sus lacras
políticas, que son diferen-
tes de las nuestras; ni tiene
en mucho a los hombres
biliosos y trigueños, ni
mira caritativo, desde su
eminencia aún mal segu-
ra, a los que, con menos
favor de la Historia, suben
a tramos heroicos la vía de
las repúblicas; ni se han de
esconder los datos patentes
del problema que puede re-
solverse, para la paz de los
siglos, con el estudio opor-
tuno y la unión tácita y ur-
gente del alma continental.
¡Porque ya suena el himno
unánime; la generación
actual lleva a cuestas, por
el camino abonado por los
padres sublimes, la Améri-
ca trabajadora; del Bravo a
Magallanes, sentado en el
lomo del cóndor, regó el
Gran Semí, por las nacio-
nes románticas del conti-
nente y por las islas dolo-
rosas del mar, la semilla de
la América nueva.
VISIÓN LATINOAMERICANISTA DE IDENTIDAD PARA LA CONSECUCIÓN DEL IDEARIO BOLIVARIANO
Los jóvenes de Amé-
rica se ponen la ca-
misa al codo, hun-
den las manos en la
masa, y la levantan
con la levadura del
sudor. Entienden
que se imita de-
masiado, y que la
salvación está en
crear. Crear es la
palabra de pase de
esta generación.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
76

Mariátegui, José Carlos
(1894-1930), es el ideólogo
peruano más importante del
siglo XX y posiblemente el pensa-
dor marxista latinoamericano más
infuyente de su época. Aparte de
sus libros, hay que destacar su ac-
ción personal en la vida política pe-
ruana, y su admirable labor como
periodista, especialmente a través
de las páginas de Amauta, revis-
ta fundada por él en 1926, que se
convirtió en uno de los grandes ór-
ganos de difusión del pensamiento,
la crítica y la creación en América.
Esa labor es todavía más notable si
se considera que la cumplió conf-
nado en una silla de ruedas durante
los años decisivos de su vida.”
MARIÁTEGUI Y LA REVOLU-
CIÓN BOLIVARIANA.
(FRAGMENTO)
El principal acercamiento entre
el esfuerzo teórico-político de José
Carlos Mariátegui y la Revolución
Bolivariana reside en el punto de
partida de ambos: la reelaboración
de un pensamiento propio, (…). A
partir de allí se desprenden búsque-
das, encuentros y desencuentros
con las teorías universales vigen-
tes; (…) identifcación del papel de
las grandes mayorías, de la mujer,
del indio, del hombre, del impe-
rialismo. Es mediante la construc-
ción de ese pensamiento original,
(…) que Mariátegui entenderá
que la única forma (…) para que
Nuestramérica sea libre, soberana
y autónoma es enmarcando su ac-
ción en un programa de liberación
anti-imperialista, socialista e indo-
americano.
En el caso de la Revolución Boli-
variana encontramos que ese punto
de inicio –la reelaboración de un
pensamiento propio, en este caso,
el bolivarianismo-, dará continui-
dad a su proceso histórico y senti-
do de pertinencia: la lucha de hoy
es la misma emprendida por Guai-
caipuro y los suyos, José Leonardo
Chirinos, Bolívar, Zamora. Es el
inventario del largo peregrinar de
las masas populares bajo el someti-
miento de los oligarcas, desde Páez
hasta Gómez y desde el primer Be-
tancourt hasta el último Caldera.
Es el reconocimiento de las mino-
rías indígenas, de los negros, de los
explotados de siempre. Encuentro
con el hombre, con la mujer de car-
ne y hueso, dándole ese carácter
humanista al proceso bolivariano.
También es la lucha contra el im-
perialismo y el esfuerzo por la inte-
gración latinoamericana”
LOS PUEBLOS NUESTROAMERICANOS COMO ELEMENTO INTEGRADOR DE LA REGIÓN
Mariátegui, la Revolución Bolivariana
y el Socialismo Nuestroamericano
Luis Miguel Villafaña
(El negro Villafaña)
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
77
L
os pueblos de la
América española
se mueven, en una
misma dirección. La soli-
daridad de sus destinos his-
tóricos no es una ilusión de
la literatura americanista.
Estos pueblos, realmente,
no sólo son hermanos en la
retórica sino también en la
historia. Proceden de una
matriz única. La conquista
española, destruyendo las
culturas y las agrupaciones
autóctonas, uniformó la f-
sonomía étnica, política y
moral de la América Hispa-
na. Los métodos de coloni-
zación de los españoles so-
lidarizaron la suerte de sus
colonias. Los conquistado-
res impusieron a las pobla-
ciones indígenas su religión
y su feudalidad. La sangre
española se mezcló con la
sangre india. Se crearon,
así, núcleos de población
criolla, gérmenes de futu-
ras nacionalidades. Luego,
idénticas ideas y emocio-
nes agitaron a las colonias
contra España. El proceso
de formación de los pue-
blos indoespañoles tuvo,
en suma, una trayectoria
uniforme.
La generación libertadora
sintió intensamente la uni-
dad sudamericana. Opuso
a España un frente único
continental. Sus caudillos
obedecieron no un ideal
nacionalista, sino un ideal
americanista. Esta actitud
correspondía a una necesi-
dad histórica. Además, no
podía haber nacionalismo
donde no había aún nacio-
nalidades. I-a revolución
no era un movimiento de
las poblaciones indígenas.
Era un movimiento de las
poblaciones criollas, en las
cuales los refejos de la Re-
volución Francesa habían
generado un humor revolu-
cionario.
Mas las generaciones si-
guientes no continuaron por
la misma vía. Emancipa-
das de España, las antiguas
colonias quedaron bajo la
presión de las necesidades
de un trabajo de formación
nacional. El ideal america-
nista, superior a la realidad
contingente, fue abando-
nado. La revolución de la
i ndependenci a
había sido un gran acto
romántico; sus conductores
y animadores, hombres de
excepción. El idealismo de
esa gesta y de esos hombres
había podido elevarse a una
altura inasequible a gestas
y hombres menos románti-
cos. Pleitos absurdos y gue-
rras criminales desgarraron
la unidad de la América
indoespañola. Acontecía,
al mismo tiempo, que unos
pueblos se desarrollaban
con más seguridad y velo-
cidad que otros. Los más
próximos a Europa fueron
fecundados por sus inmi-
graciones. Se benefciaron
de un mayor contacto con la
civilización occidental. Los
países hispanoamericanos
empezaron así a diferen-
ciarse.
Presentemente, mientras
unas naciones han liquidado
sus problemas elementales,
otras no han progresado mu-
cho en su solución. Mientras
unas naciones han llegado
a una regular organización
democrática, en otras sub-
sisten hasta ahora densos
re-
s i -
duos de
f e u d a -
lidad. El
proceso del
desarrollo de
todas las nacio-
nes sigue la mis-
ma dirección; pero
en unas se cumple
más rápidamente
que en otras. Pero lo
que separa y aísla a
los países hispanoamerica-
nos, no es esta diversidad
de horario político. Es la
imposibilidad de que entre
naciones incompletamente
formadas, entre naciones
apenas bosquejadas en su
mayoría, se concierte y arti-
cule un sistema o un conglo-
merado internacional. En la
historia, la comuna precede
a la nación. La nación pre-
cede a toda sociedad de na-
ciones. Aparece como una
causa específca de disper-
sión la insignifcancia de
los vínculos económicos
h i s -
panoame-
ricanos. En-
tre estos países
no existe casi
comercio, no exis-
te casi intercambio.
Todos ellos son, más
o menos, productores
de materias primas y
de géneros alimenticios
que envían a Europa
y Estados Unidos, de
donde reciben, en
cambio, máquinas,
manufacturas, et-
cétera. Todos tienen
una economía parecida, un
tráfco análogo. Son países
agrícolas. Comercian, por
tanto, con países indus-
triales. Entre los pueblos
hispanoamericanos no hay
cooperación; algunas ve-
ces, por el contrario, hay
concurrencia. No se nece-
sita, no se complementan,
no se buscan unos a otros.
Funcionan económicamen-
te como colonias de la in-
dustria y la fnanza europea
y norteamericana.
LOS PUEBLOS NUESTROAMERICANOS COMO ELEMENTO INTEGRADOR DE LA REGIÓN
La unidad de la América
indoespañola (1924)
José Carlos Mariátegui
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
78
Por muy escaso crédito que
se conceda a la concepción
materialista de la historia,
no se puede desconocer que
las relaciones económicas
son el principal agente de la
comunicación y la articula-
ción de los pueblos. Puede
ser que el hecho económico
no sea anterior ni superior al
hecho político. Pero, al me-
nos, ambos son consustan-
ciales y solidarios. La histo-
ria moderna lo enseña a cada
paso. (A la unidad germana
se llegó a través del Zoll-
verein. El sistema aduane-
ro que canceló los confnes
entre los Estados alemanes,
fue el motor de esa unidad
que la derrota, la postguerra
y las maniobras del poin-
carismo no han conseguido
fracturar. Austria-Hungría,
no obstante, la heterogenei-
dad de su contenido étnico,
constituía, también, en sus
últimos años, un organismo
económico. Las naciones
que el tratado de paz ha di-
vidido de Austria-Hungría
resultan un poco artifciales,
malogrado la evidente auto-
nomía de sus raíces étnicas e
históricas. Dentro del impe-
rio austro-húngaro la convi-
vencia había concluido por
soldarlas económicamente.
El tratado de paz les ha dado
autonomía política pero no
ha podido darles autonomía
económica. Esas naciones
han tenido que buscar, me-
diante pactos aduaneros,
una restauración parcial de
su funcionamiento unitario.
Finalmente, la política de
cooperación y asistencia in-
ternacionales, que se intenta
actuar en Europa, nace de la
constatación de la interde-
pendencia económicamente
de las naciones europeas.
No propulsa esa política un
abstracto ideal pacifsta sino
un concreto interés econó-
mico. Los problemas de la
paz han demostrado la uni-
dad económica de Europa.
La unidad moral, la unidad
cultural de Europa no son
menos evidentes; pero sí
menos válidas para inducir
a Europa a pacifcarse.)
Es cierto que estas jóvenes
formaciones nacionales se
encuentran desparramadas
en un continente inmenso.
Pero, la economía es, en
nuestro tiempo, más po-
derosa que el espacio. Sus
hilos, sus nervios, supri-
men o anulan las dis-
tancias. La exigüidad
de las comunicaciones
y los transportes es,
en América indoespa-
ñola, una consecuencia
de la exigüidad de las rela-
ciones económicas. No se
tiende un ferrocarril para
satisfacer una necesidad
del espíritu y de la cultura.
La América española
se presenta práctica-
mente fraccionada,
escindida, balcani-
zada. Sin embargo,
su unidad no es
una utopía, no es
una abstracción.
Los hombres
que hacen la
historia hispa-
noamer i cana
no son diversos.
Entre el criollo
del Perú y el crio-
llo argentino no
existe diferencia sen-
sible. El argentino es
más optimista, más afr-
mativo que el peruano, pero
uno y otro son irreligiosos
y sensuales. Hay, entre uno
y otro, dife- rencias de
matiz más
que de color.
De una comarca
de la América
e s p a ñ o -
la a otra
comarca varían las cosas,
varía el paisaje; pero no va-
ría el hombre. Y el sujeto
de la historia es, ante todo,
el hombre. La economía, la
política, la religión, son for-
mas de la realidad humana.
Su historia es, en su esen-
cia, la historia del hom-
bre. La identidad del
hombre hispanoameri-
cano encuentra una ex-
presión en la vida
i nt el ect ual .
Las mismas
ideas, los
mismos
s e n t i -
mientos
c i r - culan por
toda la América in-
doespañola. Toda fuerte
personalidad intelectual
infuye en la cultu-
ra continental.
Sarmi ent o,
Martí, Mon-
talvo, no
pertene-
cen ex-
clusiva-
men-
t e
a sus respectivas patrias;
pertenecen a Hispanoaméri-
ca. Lo mismo que de estos
pensadores se puede decir
de Darío, Lugones, Silva,
Ñervo, Chocano y otros
poetas. Rubén Darío está
presente en toda la literatura
hispanoamericana. Actual-
mente, el pensamiento de
Vasconcelos y de Ingenieros
son los maestros de una en-
tera generación de nuestra
América. Son dos directores
de su mentalidad.
Es absurdo y presuntuoso
hablar de una cultura propia
y genuinamente americana
en germinación, en elabo-
ración. Lo único evidente es
que una literatura vigorosa
refeja ya la mentalidad y el
humor hispanoamericanos.
Esta literatura —poesía,
novela, crítica, sociología,
historia, flosofía— no vin-
cula todavía a los pueblos;
pero vincula, aunque no sea
sino parcial y débilmente, a
las categorías intelectuales.
Nuestro tiempo, fnalmente,
ha creado una comunicación
más viva y más extensa: la
que ha establecido entre las
juventudes hispanoamerica-
nas la emoción revolucio-
naria. Más bien espiritual
que intelectual, esta comu-
nicación recuerda la que
concertó a la generación
de la independencia. Ahora
como entonces la emoción
revolucionaria da unidad a
la América indoespañola.
Los intereses burgueses son
concurrentes o rivales; los
intereses de las masas no.
Con la Revolución Mexi-
cana, con su suerte, con su
ideario, con sus hombres, se
sienten solidarios todos los
hombres nuevos de Améri-
ca. Los brindis pacatos de
la diplomacia no unirán a
estos pueblos. Los unirán en
el porvenir, los votos histó-
ricos de las muchedumbres.
La América española se presenta prácticamente fraccionada,
escindida, balcanizada. Sin embargo, su unidad no es una utopía,
no es una abstracción. Los hombres que hacen la historia hispa-
noamericana no son diversos. Entre el criollo del Perú y el criollo
argentino no existe diferencia sensible. El argentino es más opti-
mista, más afrmativo que el peruano, pero uno y otro son irreli-
giosos y sensuales. Hay, entre uno y otro, diferencias de matiz más
que de color.
LOS PUEBLOS NUESTROAMERICANOS COMO ELEMENTO INTEGRADOR DE LA REGIÓN
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
79
EXORDIO
Variadas y diversas son las
teorías para lograr, ya sea
un acercamiento, ya una
alianza, o ya una Federa-
ción, que comprendiendo
a las veintiún fracciones
de nuestra América inte-
gren una sola NACIONA-
LIDAD. Pero nunca como
hoy se había hecho tan
imperativa y necesaria esa
unifcación unánimemente
anhelada por el pueblo la-
tinoamericano, ni se habían
presentado las urgencias,
tanto como las facilidades
que actualmente existen
para tan alto fn histórica-
mente prescrito como obra
máxima a realizar por los
ciudadanos de la América
Latina.
Ya hemos tenido oportu-
nidad de declarar que se
“cometió el primer error en
nuestra América Indo Lati-
na al no haberla consultado
para la apertura del Canal
de Panamá: pero todavía
podemos evitar un error
más con el Canal de Nica-
ragua.”
Hondamente convencidos
como estamos de que el ca-
pitalismo norteamericano
ha llegado a la última etapa
de su desarrollo, transfor-
mándose como consecuen-
cia, en imperialismo, y que
ya no atiende a teorías de
derecho y de justicia pasan-
do sin respeto alguno por
sobre los inconmovibles
principios de independen-
cia de las fracciones de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA, con-
sideramos indispensable,
más aún inaplazable, la
alianza de nuestros Esta-
dos Latinoamericanos para
mantener incólume esa in-
dependencia frente a las
pretensiones del imperialis-
mo de los Estados Unidos
de Norteamérica, o frente
al de cualquiera otra poten-
cia a cuyos intereses se nos
pretenda someter.
Antes de entrar en materia
deseo que se me permita
bosquejar aquí mismo en
qué circunstancias, cómo y
por qué concebimos la idea
de la necesidad intransferi-
ble de efectuar una alianza
entre nuestros Estados La-
tinoamericanos que propo-
nemos en el presente pro-
yecto.
Las condiciones en que se
ha venido realizando nues-
tra lucha armada en Nica-
ragua contra las fuerzas
invasoras norteamericanas
y las de sus aliados nos die-
ron el convencimiento de
que nuestra persistente re-
sistencia larga de tres años,
podría prolongarse por dos,
tres, cuatro, o quién sabe
cuántos más, pero que al fn
de la jornada, el enemigo,
poseedor de todos los ele-
mentos y de todos los re-
cursos, habría de anotarse
el triunfo, supuesto que en
nuestra acción nos hallába-
mos solos, sin contar con la
cooperación imprescindi-
ble, ofcial o extraofcial, de
ningún Gobierno de nues-
tra América Latina o la de
cualquier otro país. Y fue
esa visión sombría que nos
impelió a idear la forma de
evitar que el enemigo pu-
diera señalarse la victoria.
Nuestro pensamiento tra-
bajaba con la insistencia de
un reloj, elaborando el pa-
norama optimista de nues-
tra América triunfadora en
el mañana.
E s -
t á -
ba mos
i gual ment e
compenetrados
de que el Go-
bierno de los
Estados Unidos
de Norteamérica
no abandonaría ja-
más sus impulsos
para, atropellan-
do la soberanía
centroamericana,
poder realizar sus
ambiciosos proyectos
en esa porción de nuestra
América, proyectos de los
que en gran parte depende
el mantenimiento futuro
del poderío norteamerica-
no, aunque para ello tenga
que pasar destruyendo una
civilización y sacrifcando
innumerables vidas huma-
nas.
De otro lado, Centroaméri-
ca aislada, menos aún Nica-
ragua, abandonada, contan-
do sólo con la angustia y el
dolor solidario del pueblo
latinoamericano, podrían
evitar el que la voracidad
imperialista construya el
Canal Interoceánico y es-
tablezca la base naval pro-
yectados, desgarrando tie-
rras centroamericanas. Al
propio tiempo teníamos la
clara visión de que el silen-
cio con que los Gobiernos
de la América Latina con-
templaban la tragedia
centroamericana,
implicaba
su apro-
b a c i ó n
tácita de
la actitud
a g r e s i v a
e insolente
asumida por los
Estados Unidos de
Norteamérica, en contra
de una vasta porción de este
continente, agresión que
signifca a la vez la norma
colectiva del derecho a la
propia determinación de los
Estados Latinoamericanos.
Obrando bajo el infujo de
estas consideraciones lle-
gamos a comprender la ne-
cesidad absoluta de que el
intenso drama vivido por
las madres, esposas y huér-
fanos centroamericanos,
despojados de sus seres más
queridos en los campos de
batalla de las Segovias por
los soldados del imperialis-
mo norteamericano, no fue
estéril, tampoco defrauda-
da, antes bien, se aprove-
chara para el afanzamiento
de la NACIONALIDAD
LATINOAMERICANA,
rechazando cuantos trata-
dos, pactos o convenios
se hayan celebrado con
pretensiones de legalidad
NECESIDAD DE INTEGRACIÓN PARA COMBATIR EL IMPERIALISMO
Plan de realización del supremo
sueño de Bolívar
Augusto Cesar Sandino
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
80
que lesionen, en una u otra
parte, la soberanía absoluta
tanto de Nicaragua como de
los demás Estados Latinoa-
mericanos. Para lograrlo,
nada más lógico, nada más
decisivo ni vital, que la fu-
sión de los veintiún Estados
de nuestra América en una
sola y única nacionalidad
latinoamericana, de modo
de poder considerar dentro
de ella, como consecuen-
cia inmediata, los derechos
sobre la ruta del Canal In-
teroceánico por territorio
centroamericano y sobre el
Golfo de Fonseca, en aguas
también centroamericanas,
así como aquellas otras zo-
nas encerradas en la vasta
extensión territorial que li-
mitan el Río Bravo al Norte
y el Estrecho de Magallanes
al Sur, comprendidas las is-
las de estirpe latinoameri-
cana, posibles de ser utili-
zadas, ya sea como puntos
estratégicos, ya como vías
de comunicación de interés
común para la generalidad
de los Estados Latinoame-
ricanos. Empero, unidos a
estos graves problemas que
afectan la estabilidad autó-
noma de los Estados Lati-
noamericanos, lo que nos
interesa salvar sin más di-
laciones, son la base naval
en el Golfo de Fonseca y la
ruta del Canal Interoceánico
a través de Nicaragua, luga-
res que en un día no remoto
llegarán a constituir tanto
el imán como la llave del
mundo y, por consiguiente,
de hallarse bajo la sobera-
nía latinoamericana, serán
un baluarte para la defen-
sa de su independencia sin
limitaciones y una válvula
maravillosa para el desarro-
llo de su progreso material
y espiritual rotundos.
Por ello, el proyecto de que
conocerá esta magna asam-
blea, afronta la solución de
los problemas planteados
en los siguientes PUNTOS
BÁSICOS.
PROYECTO
1) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA declara
abolida la doctrina Monroe
y, de consiguiente, anula
el vigor que dicha doctrina
pretende poseer para inmis-
cuirse en la política interna
y externa de los Estados
Latinoamericanos.
2) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA declara
expresamente reconocido
el derecho de alianza que
asiste a los veintiún Esta-
dos de la América Latina
Continental e Insular, y por
ende, establecida una sola
NACIONALIDAD deno-
minada NACIONALIDAD
LATINOAMERICANA,
haciéndose de ese modo
efectiva la ciudadanía lati-
noamericana.
3) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
Nacionalidad Latinoame-
ricana declara acordar el
establecimiento de confe-
rencias periódicas de repre-
sentantes exclusivos de los
veintiún Estados de la Na-
cionalidad Latinoamerica-
na, sin tener ingerencia de
ningún género en ellas otra
u otras nacionalidades.
4) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
Nacionalidad Latinoameri-
cana declara constituida la
Corte de Justicia Latinoa-
mericana, organismo que
resolverá en última instan-
cia sobre todos los proble-
mas que afecten o puedan
afectar en cualquier forma
a los Estados Latinoameri-
canos y en los que la deno-
minada Doctrina Monroe,
ha pretendido ejercer su in-
fuencia.
5) La Conferencia de Re-
presentantes de los vein-
tiún Estados integrantes
de la NACIONALIDAD
LATINOAMERICANA re-
suelve que la CORTE DE
JUSTICIA LATINOAME-
RICANA tenga como sede
el territorio centroameri-
cano comprendido entre la
ruta canalera interoceánica
a través de Nicaragua y la
Base Naval que pueda es-
tablecerse en el Golfo de
Fonseca, sin implicar esto
un privilegio especial para
los Estados Centroameri-
canos, ya que al señalar tal
reglón de nuestro América
como asiento de la CORTE
DE JUSTICIA LATINOA-
MERICANA, se persigue
demostrar ante el mundo
la vigilancia ejercida por
los veintiún Estados Lati-
noamericanos en conjunto
sobre aquella porción geo-
gráfca que en este caso es,
como ninguna otra porción,
punto estratégico para la
defensa de la Soberanía
integral de la NACIONA-
LIDAD LATINOAMERI-
CANA.
6) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados Integrantes de La
Nacionalidad Latinoame-
ricana declara reconocer
como Suprema y única au-
toridad arbitral, a la CORTE
DE JUSTICIA LATINOA-
MERICANA en los casos
de reclamaciones, litigios
de límites y toda otra cau-
sa que en una u otra forma,
afecte o pueda afectar la es-
trecha y sólida armonía que
debe normar las relaciones
de los veintiún Estados La-
tinoamericanos.
7) La Conferencia de Re-
presentantes de los vein-
tiún Estados integrantes
de la NACIONALIDAD
LATINOAMERICANA
acuerda proceder a la in-
mediata organización de un
EJÉRCITO compuesto por
CINCO MIL DOSCIEN-
TOS CINCUENTA ciuda-
danos pertenecientes a la
clase estudiantil, entre los
dieciocho y los veinticin-
co años de edad, contando
con Profesores de Derecho
y Ciencias Sociales. Estos
Profesores, así como la to-
talidad de los componentes
del citado ejército, deberán
ser físicamente aptos para
el servicio militar. Requi-
sito indispensable para po-
der pertenecer al Ejército
propuesto es el de poseer
la CIUDADANÍA LATI-
NOAMERICANA.
Este Ejército no constituye
el efectivo de las FUER-
ZAS DE MAR Y TIERRA
DE LA ALIANZA LATI-
NOAMERICANA, sino
que la Base fundamental de
los efectivos con que habrá
de contar la NACIONA-
LIDAD LATINOAMERI-
CANA para la defensa y el
sostenimiento de su Sobe-
ranía.
La Base del efectivo de las
FUERZAS DE MAR Y
TIERRA DE LA ALIAN-
ZA LATINOAMERICANA
constituye al propio tiempo
una Representación simbó-
lica del acuerdo existente
entre los veintiún Estados
Latinoamericanos, así como
de su decisión por cooperar
conjuntamente a la defensa
de los intereses de la propia
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA.
8) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
Nacionalidad Latinoameri-
cana, acuerda que cada uno
de los veintiún Estados ante
ella acreditados proporcio-
ne DOSCIENTOS CIN-
CUENTA CIUDADANOS
para la constitución del alu-
dido Ejército.
9) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NECESIDAD DE INTEGRACIÓN PARA COMBATIR EL IMPERIALISMO
Hondamente convencidos como estamos
de que el capitalismo norteamericano ha
llegado a la última etapa de su desarrollo,
transformándose como consecuencia, en
imperialismo, y que ya no atiende a teorías
de derecho y de justicia pasando sin respeto
alguno por sobre los inconmovibles princi-
pios de independencia de las fracciones de
la NACIONALIDAD LATINOAMERICA-
NA, consideramos indispensable, más aún
inaplazable, la alianza de nuestros Estados
Latinoamericanos para mantener incólume
esa independencia frente a las pretensiones
del imperialismo de los Estados Unidos
de Norteamérica, o frente al de cualquiera
otra potencia a cuyos intereses se nos pre-
tenda someter.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
81
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA acuerda
que cada uno de sus Go-
biernos mandantes aporte
de sus Tesoros Públicos
una cantidad fja y propor-
cional para el sostenimien-
to de la Base del efectivo de
las FUERZAS DE MAR Y
TIERRA DE LA ALIANZA
LATINOAMERICANA.
10) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA acuerda
investir al ciudadano Presi-
dente de la Corte de Justi-
cia Latinoamericana con el
carácter de Comandante en
Jefe de las FUERZAS DE
MAR Y TIERRA DE LA
ALIANZA LATINOAME-
RICANA.
11) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA aprue-
ba que el período de dura-
ción de las funciones del
ciudadano Presidente de
la CORTE DE JUSTICIA
LATINOAMERICANA,
así como el Comandante
en Jefe de las FUERZAS
DE MAR Y TIERRA DE
LA ALIANZA LATINOA-
MERICANA, sea de SEIS
años, en la inteligencia de
que por acuerdo expreso de
los Representantes de los
veintiún Estados Latinoa-
mericanos ante la Corte de
JUSTICIA LATINOAME-
RICANA, su mandato po-
drá ser revocado en caso de
constituir su permanencia
en tal alto cargo una ame-
naza para la buena marcha
de las funciones que se tie-
ne encomendados ese Tri-
bunal Máximo.
12) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA, acuer-
da que la elección de Pre-
sidente de la CORTE DE
JUSTICIA LATINOAME-
RICANA, se efectuará en el
orden siguiente: Argentina,
Bolivia, Brasil, Colombia,
Costa Rica, Cuba, Chile,
Ecuador, El Salvador, Gua-
temala, Honduras, Haití,
México, Nicaragua, Para-
guay, Perú, Panamá, Puerto
Rico, República Dominica-
na, Uruguay y Venezuela.
13) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA estatuye
que la elección de Presiden-
te de la CORTE DE JUSTI-
CIA LATINOAMERICA-
NA, Comandante en jefe
inmediato de las FUERZAS
DE MAR Y TIERRA DE
LA ALIANZA LATINOA-
MERICANA, será efectua-
da exclusivamente por los
ciudadanos del Estado al
cual corresponda designar
el funcionario aludido en
consideración a que son los
ciudadanos Latinoamerica-
nos de cada Estado, quienes
se hallan más capacitados
para conocer de las virtu-
des públicas y privadas del
ciudadano a quien les toque
elegir para tan alto cargo.
14) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA, inviste
a los Representantes de los
Gobiernos de los veintiún
Estados Latinoamericanos
ante la CORTE DE JUSTI-
CIA LATINOAMERICA-
NA, del derecho de veto en
caso de que la aceptación
en el seno de este alto Tri-
bunal del Presidente electo,
implicara algún daño o per-
juicio para la mejor realiza-
ción de sus fnes.
15) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA, acuerda
que la elección de los DOS-
CIENTOS CINCUENTA
ciudadanos que habrán de
representar a cada uno de
dichos Estados en el seno
de las FUERZAS DE MAR
Y TIERRA DE LA ALIAN-
ZA LATINOAMERICA-
NA se efectúe mediante la
realización de concursos
especiales convocarlos para
el efecto por los Gobiernos
de los veintiún Estados La-
tinoamericanos. Los DOS-
CIENTOS CINCUENTA
ESTUDIANTES que en
cada Estado resulten vence-
dores en los con-
cursos, comprobando así
sus aptitudes físicas e inte-
lectuales serán los que cada
uno de los veintiún Esta-
dos envíe como auténticos
representantes suyos ante
las FUERZAS DE MAR Y
TIERRA DE LA ALIANZA
LATINOAMERICANA.
16) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA, acuer-
da que cada uno de los Go-
biernos mandantes nombre
un número determinado de
Profesores de Derecho y
Ciencias Sociales para ejer-
cer sus funciones de tales
de conformidad con el pun-
to básico 7.
Los DOSCIENTOS CIN-
CUENTA ciudadanos ven-
cedores en los concursos de
cada Estado serán quienes
elijan de entre los compo-
nentes del Cuerpo de Profe-
sores de su propio Estado,
a aquel que habrá de re-
presentar a
é s t e
e n
el seno de la
CORTE DE JUSTICIA LA-
TINOAMERICANA.
17) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA declara
que una de las obligaciones
fundamentales tanto de los
componentes de la Corte de
Justicia Latinoamericana
como de los miembros de
las FUERZAS de MAR Y
TIERRA DE LA ALIANZA
LATINOAMERICANA, es
la de rendir un informe de-
tallado de sus actividades
durante el período de su
gestión ante las Conferen-
cias de Representantes de
los veintiún Estados Lati-
noamericanos que esta pro-
pia conferencia ha acordado
deben realizarse periódica e
intransferiblemente.
18) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA acuerda
que tanto los componen-
tes de la Corte de Justicia
Latinoamericana como
los de las Fuerzas de
Mar y Tierra de la
Alianza Latinoa-
mericana, pro-
testa-
rán ante
la Conferencia de Repre-
sentantes de los veintiún
Estados Latinoamericanos
fdelidad a los principios
constitutivos de la Nacio-
nalidad Latinoamericana
y a la Ley Orgánica y Re-
glamentos estatuidos para
su funcionamiento compro-
metiéndose a velar y hacer
velar con lealtad absoluta
por la conservación de la
Soberanía e independencia
inalienables de la NACIO-
NALIDAD LATINOAME-
RICANA, cuya confanza
le ha sido depositada.
19) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
Nacionalidad Latinoameri-
cana acuerda que los gra-
NECESIDAD DE INTEGRACIÓN PARA COMBATIR EL IMPERIALISMO
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
82
dos y títulos otorgados por
las fuerzas de Mar y Tierra
de la Alianza latinoame-
ricana a sus componentes
serán reconocidos en todos
y cada uno de los Estados
Latinoamericanos en la ple-
nitud de su validez.
20) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA acuerda
que cada uno de los Gobier-
nos de los respectivos Esta-
dos ante ella acreditados,
acepta la permanencia de
un miembro de las Fuerzas
de Mar y Tierra de la Alian-
za Latino americana, en sus
Estados Mayores, patenti-
zando así con una prueba
más la vinculación exis-
tente entre cada uno de los
Gobiernos de los veintiún
Estados Latinoamericanos
y las Fuerzas de la Alianza
Latinoamericana.
21) La
C o n f e -
rencia de
Represen-
tantes de
los veintiún
Estados in-
tegrantes de
la Nacio-
nal i dad
La t i -
noa-
me-
r i -
c a n a ,
pres-
cribe que a todos los com-
ponentes de las Fuerzas de
Mar y Tierra de la Alianza
Latinoamericana les está
terminantemente prohibido,
desde el día de su ingreso a
dicho organismo, pertene-
cer a Partido Político algu-
no y desarrollar actividades
de tal naturaleza dentro o
fuera de la NACIONALI-
DAD LATINOAMERICA-
NA.
22) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
Nacionalidad Latinoame-
ricana acuerda facultar al
Presidente de la Corte de
Justicia Latinoamericana y
Comandante de las Fuerzas
de Mar y Tierra de la Alian-
za Latinoamericana para
que pueda proponer a los
Gobiernos de los veintiún
Estados los Diplomáticos,
técnicos en política inter-
nacional y expertos cuya
capacidad haya sido prácti-
camente comprobada en los
organismos señalados.
23) La Conferencia de Re-
presentantes de los vein-
tiún Estados integrantes
de la NACIONALIDAD
LATINOAMERICANA
designa una COMISIÓN
encargada de elaborar la
LEY ORGÁNICA Y RE-
GLAMENTOS que ha-
brán de regir el funciona-
miento, tanto de la CORTE
DE JUSTICIA LATINOA-
MERICANA COMO DE
LAS FUERZAS DE
MAR Y TIERRA DE
LA ALIANZA LATI-
NOAMERI CANA,
poniéndolas en vigor
previa su aprobación
por los representantes
de los Gobiernos de
los veintiún Estados
Latinoamericanos.
24) La Conferen-
cia de los
Represen-
tantes de
los veintiún Estados inte-
grantes de la Nacionalidad
Latinoamericana declara
que la CORTE DE JUSTI-
CIA LATINOAMERICA-
NA, así como las FUER-
ZAS DE MAR Y TIERRA
DE LA ALIANZA LATI-
NOAMERICANA, reco-
nocen y se esforzarán por
mantener la soberanía abso-
luta de los veintiún Estados
Latinoamericanos y que
las gestiones que efectúen
en uso de sus atribuciones
no entrañan limitación a
la Soberanía de ninguno
de los Estados Latinoame-
ricanos, ya que lo que pu-
diera considerarse como
limitación a la expresada
Soberanía absoluta se hace
de acuerdo con el principio
de NACIONALIDAD LA-
TINOAMERICANA para
formar la cual todos y cada
uno de los Estados Latinoa-
mericanos conceden a esta
idea de defensa y bienestar
comunes todo aquello que,
sin lesionar en caso alguno
las normas de la vida inte-
rior de cada Estado, tien-
da a robustecer y afanzar
dicha NACIONALIDAD
LATINOAMERICANA.
25) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA declara
que en caso de guerra ci-
vil suscitada en cualquiera
de los Estados signatarios
del Pacto de Alianza, co-
rresponde el derecho a las
partes beligerantes para
solicitar, si lo creyeran
conveniente, contingentes
armados de las FUERZAS
DE MAR Y TIERRA DE
LA ALIANZA LATINOA-
MERICANA; contingentes
que, dado su carácter neu-
tral, constituirán una ga-
rantía efectiva para todos
aquellos que, siempre de
existir una razón que lo jus-
tifque ante el concepto de
la CORTE DE JUSTICIA
LATINOAMERICANA, se
desee poner fuera del domi-
nio de las partes beligeran-
tes.
26) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA decla-
ra terminantemente que la
única capacitada para reali-
zar las obras de apertura del
Canal y la construcción de
una Base Naval en el Gol-
fo de Fonseca, en territorio
Centroamericano, así como
toda otra obra que implique
una utilidad común para los
veintiún Estados Latinoa-
mericanos, es la Naciona-
lidad Latinoamericana en
su provecho directo y sin
comprometer en lo mínimo
la Soberanía plena de algún
o algunos Estados signata-
rios del Pacto de Alianza.
27) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
Nacionalidad Latinoameri-
cana aclara que si el desa-
rrollo material y los recursos
económicos actuales no son
por el momento sufcientes
para realizar la apertura de
la vía de comunicación in-
teroceánica por territorio
centroamericano y el esta-
blecimiento de una Base
Naval en el Golfo de Fonse-
ca o en cualquier otro lugar
estratégico para la defensa
de la soberanía e Indepen-
dencia de la Nacionalidad
Latinoamericana, los Esta-
dos signatarios del pacto de
ALIANZA, se reservarán
la totalidad de los derechos
para la construcción o es-
tablecimiento de las obras
aludidas, comprometién-
dose a que en ningún caso
la NACIONALIDAD LA-
TINOAMERICANA per-
mitirá la enajenación, ven-
ta, cesión o arrendamiento
NECESIDAD DE INTEGRACIÓN PARA COMBATIR EL IMPERIALISMO
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
83
de las obras en cuestión o
de otras cualesquiera que
comprometan la estabilidad
de la Soberanía e indepen-
dencia latinoamericanas a
potencia o potencias extra-
ñas a la NACIONALIDAD
LATINOAMERICANA.
28) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
Nacionalidad Latinoameri-
cana acuerda que al efec-
tuarse cualquiera de las
obras, ya sea el Canal Inte-
roceánico, ya la Base Na-
val, la NACIONALIDAD
LATINOAMERICANA se
compromete a exigir que la
empresa o empresas enco-
mendadas de dar realidad
a tales obras, indemnicen a
las ciudades de los Estados
afectados si al efectuarse
aquellas, sufrieren estos en
sus vidas e intereses.
29) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA acuerda
que, en los casos de agre-
sión por una o varias po-
tencias contra uno o varios
Estados de la Nacionalidad
Latinoamericana, los Esta-
dos Latinoamericanos pro-
cederán unánimemente a
expresar su protesta ofcial
contra la o las potencias
agresoras bajo la amenaza
de que efectuarán el retiro
inmediato o conjunto de
sus representantes Diplo-
máticos.
30) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA aprueba
que si después de produci-
das las representaciones de
que habla el punto BÁSICO
anterior, no se lograra la
satisfacción exigida a la o
las potencias agresoras, los
Gobiernos de los veintiún
Estados Latinoamericanos,
procederán a la confsca-
ción automática de los inte-
reses e inversiones que la o
las potencias agresoras tu-
vieren dentro de los límites
de la NACIONALI-
DAD LATINOA-
MERICANA,
s o s t e n i e n d o
con el producto de tal ex-
propiación la guerra a que
diere lugar la agresión de la
o las potencias extranjeras.
31) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA declara
que los Gobiernos de los
veintiún Estados usará para
la defensa de la Soberanía
Latinoamericana, en el caso
de que un conficto interna-
cional no amerite el rompi-
miento de las hostilidades,
el boicot económico contra
la o las potencias que ori-
ginaran la fricción cance-
lando tanto la adquisición
como la venta de productos
con la o las potencias que
provocasen el empleo de
esta medida.
32) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
Nacionalidad Latinoameri-
cana acuerda adoptar como
medida inmediata posterior
a la frma del PACTO DE
ALIANZA la Constitución
de un Comité de
B a n -
que r os
Latinoame-
ricanos, ofcial-
mente respaldado,
que tenga por ob-
jeto elaborar y reali-
zar el plan por medio del
cual la NACIONALIDAD
LATINOAMERICANA
logre, con fondos propios,
cancelar los contratos que
existan entre los Estados
Latinoamericanos y los
Estados Unidos de Nortea-
mérica, haciéndose cargo
dicho Comité de Banque-
ros de la construcción de
obras, materiales y vías de
comunicación y transporte,
así como de la fotación de
empréstitos que en virtud
de los tratados ya existen-
tes entre los Estados Lati-
noamericanos y los Estados
Unidos de Norteamérica,
los Gobiernos de los prime-
ros necesitasen.
33) La Conferencia de Re-
pre-
s e n -
t a n t e s
de los
veintiún Es-
tados integran-
tes de la Na-
ci onal i dad
La t i n o a -
me r i c a na
acuerda que
la Nacionali-
dad Latinoa-
me r i c a n a
use de todos
los medios
Diplomáticos
y pacífcos
que las cir-
cunst an-
c i a s
aconsejen a fn de
adquirir, por intermedio
del Comité de Banqueros
Latinoamericanos los dere-
chos que pretenden mante-
ner bajo el dominio de los
EEUU., al canal de Panamá,
quedando éste como conse-
cuencia bajo el Dominio de
la Soberanía absoluta de la
Nacionalidad Latinoameri-
cana.
34) La Conferencia de los
Representantes de los vein-
tiún Estados integrantes
de la NACIONALIDAD
LATINOAMERICANA
encomiendan a la Corte de
Justicia Latinoamericana la
misión de realizar una in-
vestigación minuciosa en
los Estados de Puerto Rico,
Cuba, Re-
pública Dominicana, Haití,
Panamá, México, Hondu-
ras y Nicaragua, acerca de
las pérdidas de vidas e in-
tereses sufridos por ciuda-
danos Latinoamericanos en
los mencionados Estados
durante las ocupaciones e
invasiones ordenadas por
los diversos Gobiernos de
los Estados Unidos de Nor-
teamérica.
35) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA resuelve
que de acuerdo con el in-
forme que rinda la Corte de
Justicia Latinoamericana, la
Nacionalidad Latinoame-
ricana proceda a exigir la
desocupación inmediata y
total de los Estados que se
hallen intervenidos, recu-
perándose automáticamente
las porciones territoriales
empleadas por los Estados
Unidos de Norteamérica
como Bases Navales, cen-
tros de aprovisionamientos
o en otras obras utilizadas
para posibles agresiones y
que entrañen menoscabo de
la Soberanía de los Estados
Latinoamericanos.
36) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA declara
que ni la Corte de Justicia
Latinoamericana ni ningún
Estado en particular tomarán
en consideración al realizar
la investigación antes dicha
la pretendida responsabili-
dad contraída por los Esta-
dos Latinoamericanos con
el Gobierno de los Estados
Unidos de Norteamérica al
defender aquellos, en el cur-
so o durante las ocupacio-
nes e invasiones efectuadas
NECESIDAD DE INTEGRACIÓN PARA COMBATIR EL IMPERIALISMO
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
84
por las tropas de los Estados
Unidos de Norteamérica,
soberanías atropelladas, ya
que las pérdidas de vidas e
intereses norteamericanos,
como consecuencia de ta-
les agresiones, constituyen
simplemente resultantes del
ejercicio del derecho de de-
fensa, inherente a todo pue-
blo agredido.
37) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA, acuerda
adoptar las medidas condu-
centes a que el ingreso de
ciudadanos de los Estados
Unidos de Norteamérica
en territorio Latinoameri-
cano, no entrañe por nin-
gún motivo una amenaza
a los intereses de cualquier
género de la Nacionalidad
Latinoamericana, evitando
asimismo que el Capital f-
nanciero norteamericano
penetre en los Estados La-
tinoamericanos en forma de
inversiones, o en otras for-
mas distintas, liquidando de
este modo el empleo por el
Gobierno yanqui del soco-
rrido recurso de “proteger
las vidas e intereses de nor-
teamericanos” para violar
la Soberanía de los Estados
Latinoamericanos.
38) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA acuerda
realizar la unifcación de
las tarifas aduanales de los
veintiún Estados, efectuan-
do además, sobre el arancel
ya unifcado, un descuento
del 25% para las exportacio-
nes e importaciones de los
productos de los veintiún
Estados en los mercados de
la Nacionalidad Latinoame-
ricana. Las expresiones de
cultura, libros, revistas, cua-
dros y demás obras necesa-
rias para el desarrollo de las
ciencias y artes gozarán de
la más absoluta franquicia
en los veintiún Estados La-
tinoamericanos.
39) La Conferencia de los
Representantes de los vein-
tiún Estados integrantes
de la NACIONALIDAD
LATINOAMERICANA
acuerda que los Gobiernos
de ella acreditados efectúen
un intercambio metódico
de estudiantes de Ciencias
Económicas y Sociales de
los veintiún Estados Lati-
noamericanos de modo que
cada uno de éstos cree las
becas correspondientes a
determinado número de es-
tudiantes para cada Estado.
40) La Conferencia de los
Representantes de los vein-
tiún Estados integrantes de
la Nacionalidad Latinoa-
mericana acuerda que los
Gobiernos ante ella acredi-
tados fomenten de manera
especial el turismo latino-
americano de manera de
promover el acercamiento
y mutuo conocimiento entre
los ciudadanos de los vein-
tiún Estados Latinoameri-
canos, concediéndoseles a
los turistas, entre otras ven-
tajas, una rebaja del 10% en
los ferrocarriles, vapores y
aviones y demás medios de
comunicación y transporte
que existan o se establezcan
en los veintiún Estados de
nuestra América.
41) La Conferencia de los
Representantes de los vein-
tiún Estados integrantes de
la Nacionalidad Latinoa-
mericana acuerda nombrar
una Comisión especial con
el fn de que ésta elabore las
Bases y convoque los con-
cursos a que hubiere lugar
para dar oportunidad así a
que los intelectuales y cien-
tistas latinoamericanos sean
quienes presenten las fór-
mulas sobre las cuales de-
berá constituirse el Comité
de Banqueros Latinoameri-
canos, la manera mejor de
promover el mutuo cono-
cimiento entre los veintiún
Estados Latinoamericanos,
el modo de reincorporar el
Canal de Panamá a la Na-
cionalidad Latinoamericana
y, en general, elaborar las
bases especiales sobre cada
una de las iniciativas ence-
rradas en este PROYECTO
y que las necesiten.
42) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
Nacionalidad Latinoame-
ricana proclama reconocer
bajo la denominación de
BANDERA DE LA NA-
CIONALIDAD LATINOA-
MERICANA, la que en la
misma Conferencia tiene la
honra de presentar el EJER-
CITO DEFENSOR DE LA
SOBERANÍA NACIONAL
DE NICARAGUA. Ella ex-
presa en un armonioso con-
junto de colores el símbolo
de la fusión de cada una de
las enseñas de los veintiún
Estados Latinoamericanos
hoy congregados en una
sola, fuerte y gloriosa Na-
cionalidad.
43) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la Na-
cionalidad Latinoamericana
adopta como lema ofcial de
la ALIANZA LATINOA-
MERICANA encargada en
la CORTE DE JUSTICIA
LATINOAMERICANA y
en las FUERZAS DE MAR
Y TIERRA DE LA ALIAN-
ZA LATINOAMERICANA
aquel que interpretando el
fecundo destino de la na-
cionalidad que insurge en
la historia del mundo mar-
cando nuevos derroteros,
adoptara la vibrante nueva
generación mexicana, como
lema de hondas inquietudes
creadoras: “POR MI RAZA
HABLARÁ EL ESPÍRI-
TU”.
44) La Conferencia de Re-
presentantes de los veintiún
Estados integrantes de la
Nacionalidad Latinoameri-
cana, que reúne en fraternal
acercamiento a los Gobier-
nos y pueblos de los vein-
tiún Estados, aclara como
denominación del lugar en
que habrá de tener su Sede
la CORTE DE JUSTICIA
LATINOAMERICANA,
la de SIMÓN BOLÍVAR,
elevando asimismo como
un homenaje de admiración
al recuerdo de este egregio
realizador de la indepen-
dencia Latinoamericana,
en el Salón de Honor de la
CORTE DE JUSTICIA LA-
TINOAMERICANA, un
monumento coronado por
la prócer fgura del máximo
forjador de pueblos libres.
CONCLUSIÓN
Ciudadanos Representantes
de los veintiún Estados La-
tinoamericanos:
Al dejar expuesto el PRO-
YECTO original que el Ejér-
cito defensor de la Sobera-
nía de Nicaragua presenta
ante esta magna asamblea
con el alto propósito de rea-
lizar La alianza de inapla-
zables urgencias entre los
veintiún Estados dispersos
de la NACIONALIDAD
LATINOAMERICANA,
nos hallamos plenamente
conscientes de la enorme
responsabilidad histórica
que contraemos con nues-
tra América y con el Mun-
do. Por ello, no hemos in-
tentado la exposición de un
plan fantasioso y aventura-
do, sino que, interpretando
nuestra realidad, nos hemos
esforzado por hacer de este
PROYECTO alto, efectivo
y capaz de afrontar la solu-
ción de nuestros problemas
más inmediatos afrontando
antes que nada la necesi-
dad imperativa de realizar
la unánimemente ansiada
ALIANZA LATINOAME-
RICANA, a la que sólo
pueden oponerse teorías de
un lamentable escepticismo
y de escaso alcance en la
política interna y exterior
de nuestros Estados.
Afrmados en la realidad,
proponemos una ALIAN-
ZA y no una CONFEDE-
RACIÓN de los veintiún
Estados de nuestra Amé-
rica. Comprendemos que
para llegar a este gran fn
precisa, primero que nada,
la fundamentación de una
Base elemental que la
ALIANZA presentará. Esta
no es, pues, la culminación
de nuestras aspiraciones.
Constituye únicamente el
primer paso en frme para
otros venideros y fecundos
esfuerzos de nuestra NA-
CIONALIDAD.
Quizá los hombres posee-
dores de ideas avanzadas
y universales, pensarán en
que nuestros anhelos encon-
traron fronteras en la exten-
sión geográfca limitada por
el Río Bravo al Norte y el
Estrecho de Magallanes en
el Sur de nuestra América.
Pero mediten ellos en la ne-
cesidad vital que tiene nues-
tra América Latina de reali-
zar una ALIANZA, previa
a una CONFEDERACIÓN
de los veintiún Estados que
la integran, asegurando de
este modo nuestra libertad
y nuestra Soberanía interio-
res amenazadas por el más
voraz de los imperialismos,
para cumplir seguidamen-
te con el gran destino de la
NACIONALIDAD LATI-
NOAMERICANA ya cul-
minada, como tierra de pro-
misión para los hombres de
todos los pueblos y de todas
las razas.
El Chipotón, Las Segovias,
Nicaragua, C. A., a los vein-
te días del mes de marzo de
mil novecientos veintinue-
ve.
PATRIA Y LIBERTAD
A. C. Sandino
NECESIDAD DE INTEGRACIÓN PARA COMBATIR EL IMPERIALISMO
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
85
V
ísperas de su muer-
te, en carta incon-
clusa porque una
bala española le atravesó el
corazón el 18 de mayo de
1895, José Martí, Apóstol
de nuestra independencia,
escribió a su amigo Manuel
Mercado: «Ya puedo escri-
bir... ya estoy todos los días
en peligro de dar mi vida
por mi país y por mi deber...,
de impedir a tiempo con la
independencia de Cuba que
se extiendan por las Antillas
los Estados Unidos y cai-
gan, con esa fuerza más, so-
bre nuestras tierras de Amé-
rica. Cuanto hice hasta hoy,
y haré, es para eso...
»Las mismas obligaciones
menores y públicas de los
pueblos... más vitalmente in-
teresados en impedir que en
Cuba se abra, por la anexión
de los Imperialistas... el ca-
mino que se ha de cegar,
y con nuestra sangre esta-
mos cegando, de la anexión
de los pueblos de nuestra
América, al Norte revuelto
y brutal que los desprecia
–les habían impedido la ad-
hesión ostensible y ayuda
patente a este sacrifcio, que
se hace en bien inmediato y
de ellos.
»Viví en el monstruo, y le
conozco las entrañas: –y mi
honda es la de David.»
Ya Martí, en 1895, señaló
el peligro que se cernía so-
bre América y llamó al im-
perialismo por su nombre:
Imperialismo. A los pueblos
de América advirtió que
ellos estaban más que na-
die interesado en que Cuba
no sucumbiera a la codicia
yanqui despreciadora de los
pueblos latinoamericanos.
Y con su propia sangre, ver-
tida por Cuba y por Améri-
ca, rubricó las póstumas pa-
labras que en homenaje a su
recuerdo el pueblo de Cuba
suscribe hoy a la cabeza de
esta Declaración.
Han transcurrido sesenta y
siete años. Puerto Rico fue
convertido en colonia y es
todavía colonia saturada de
bases militares. Cuba cayó
también en las garras del
imperialismo. Sus tropas
ocuparon nuestro territo-
rio. La Enmienda Platt fue
impuesta a nuestra primera
Constitución, como cláusula
humillante que consagraba
el odioso derecho de inter-
vención extranjera. Nuestras
riquezas pasaron a sus ma-
nos, nuestra historia falsea-
da, nuestra administración
y nuestra política moldeada
por entero a los intereses de
los interventores; la nación
sometida a sesenta años de
asfxia política, económica
y cultural.
Pero Cuba se levantó, Cuba
pudo redimirse a sí misma
del bastardo tutelaje. Cuba
rompió las cadenas que
ataban su suerte al imperio
opresor, rescató sus rique-
zas, reivindicó su cultura y
desplegó su bandera sobe-
rana de Territorio y Pueblo
Libre de América.
Ya los Estados Unidos no
podrán caer jamás sobre
América con la fuerza de
Cuba, pero en cambio, do-
minando a la mayoría de los
demás Estados de América
Latina, Estados Unidos pre-
tende caer sobre Cuba con
la fuerza de América.
¿Qué es la historia de Cuba
sino la historia de América
Latina? ¿Y qué es la histo-
ria de América Latina sino
la historia de Asia, África y
Oceanía? ¿Y qué es la his-
toria de todos estos pueblos
sino la historia de la explo-
tación más despiadada y
cruel del imperialismo en el
mundo entero?
A fnes del siglo pasado y
comienzos del presente, un
puñado de naciones econó-
micamente desarrolladas
habían terminado de repar-
tirse el mundo, sometiendo
a su dominio económico
y político a las dos terce-
ras partes de la humanidad,
que, de esta forma, se vio
obligada a trabajar para las
clases dominantes del grupo
de países de economía capi-
talista desarrollada.
Las circunstancias históri-
cas que permitieron a cier-
tos países europeos y a los
Estados Unidos de Nortea-
mérica un alto nivel de desa-
rrollo industrial, los situó en
posición de poder someter a
su dominio y explotación al
resto del mundo.
¿Qué móviles impulsaron
esa expansión de las poten-
cias industrializadas? ¿Fue-
ron razones de tipo moral,
«civilizadoras», como ellos
alegaban? No: fueron razo-
nes de tipo económico.
Desde el descubrimiento de
América, que lanzó a los
conquistadores europeos a
través de los mares a ocu-
par y explotar las tierras y
los habitantes de otros con-
tinentes, el afán de riqueza
fue el móvil fundamental
de su conducta. El propio
descubrimiento de América
se realizó en busca de rutas
más cortas hacia el Oriente,
cuyas mercaderías eran alta-
mente pagadas en Europa.
Una nueva clase social, los
comerciantes y los produc-
tores de artículos manufac-
turados para el comercio,
surge del seno de la socie-
dad feudal de señores y sier-
vos en las postrimerías de la
Edad Media.
La sed de oro fue el resorte
que movió los esfuerzos de
esa nueva clase. El afán de
ganancia fue el incentivo de
su conducta a través de su
historia. Con el desarrollo
de la industria manufacture-
ra y el comercio fue crecien-
do su infuencia social. Las
nuevas fuerzas productivas
que se desarrollaban en el
seno de la sociedad feudal
chocaban cada vez más con
las relaciones de servidum-
bre propias del feudalismo,
sus leyes, sus instituciones,
su flosofía, su moral, su arte
y su ideología política.
Nuevas ideas flosófcas y
políticas, nuevos conceptos
del derecho y del Estado
fueron proclamados por los
representantes intelectuales
de la clase burguesa, los que
Segunda declaración de La Habana
Fidel Castro Ruz
[DISCURSO: TEXTO COMPLETO]
LA HABANA, 4 DE FEBRERO DE 1962
¿Qué es la historia de Cuba sino la histo-
ria de América Latina? ¿Y qué es la histo-
ria de América Latina sino la historia de
Asia, África y Oceanía? ¿Y qué es la histo-
ria de todos estos pueblos sino la historia
de la explotación más despiadada y cruel
del imperialismo en el mundo entero?
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
86
por responder a las nuevas
necesidades de la vida so-
cial, poco a poco se hicie-
ron conciencia en las masas
explotadas. Eran entonces
ideas revolucionarias fren-
te a las ideas caducas de la
sociedad feudal. Los cam-
pesinos, los artesanos y los
obreros de las manufactu-
ras, encabezados por la bur-
guesía, echaron por tierra el
orden feudal, su flosofía,
sus ideas, sus instituciones,
sus leyes y los privilegios de
la clase dominante, es decir,
la nobleza hereditaria.
Entonces la burguesía, con-
sideraba justa y necesaria
la revolución. No pensaba
que el orden feudal podía y
debía ser eterno, como pien-
sa ahora de su orden social
capitalista. Alentaba a los
campesinos a librarse de la
servidumbre feudal, alenta-
ba a los artesanos contra las
relaciones gremiales y re-
clamaba el derecho al poder
político. Los monarcas ab-
solutos, la nobleza y el alto
clero defendían tenazmente
sus privilegios de clase, pro-
clamando el derecho divino
de la corona y la intangibi-
lidad del orden social. Ser
liberal, proclamar las ideas
de Voltaire, Diderot, Juan
Jacobo Rousseau, portavo-
ces de la flosofía burguesa,
constituía entonces para las
clases dominantes un delito
tan grave como es hoy para
la burguesía ser socialista y
proclamar las ideas de Marx,
Engels y Lenin.
Cuando la burguesía con-
quistó el poder político y es-
tableció sobre las ruinas de
la sociedad feudal su modo
capitalista de producción,
sobre ese modo de produc-
ción erigió su estado, sus
leyes, sus ideas e institucio-
nes. Esas instituciones con-
sagraban en primer término
la esencia de su dominación
de clase: la propiedad priva-
da. La nueva sociedad basa-
da en la propiedad privada
sobre los medios de produc-
ción y en la libre competen-
cia quedó así dividida en dos
clases fundamentales: una
poseedora de los medios de
producción, cada vez más
modernos y efcientes; la
otra, desprovista de toda ri-
queza, poseedora sólo de su
fuerza de trabajo, obligada
a venderla en el mercado
como una mercancía más
para poder subsistir.
Rotas las trabas del feuda-
lismo, las fuerzas producti-
vas se desarrollaron extraor-
dinariamente. Surgieron las
grandes fábricas, donde se
acumulaba un número cada
vez mayor de obreros.
Las fábricas más modernas
y técnicamente efcientes
iban desplazando del mer-
cado a los competidores me-
nos efcaces. El costo de los
equipos industriales se hacía
cada vez mayor; era necesa-
rio acumular cada vez sumas
superiores de capital. Una
parte importante de la pro-
ducción se fue acumulando
en número menor de manos.
Surgieron así las grandes
empresas capitalistas y más
adelante las asociaciones
de grandes empresas a tra-
vés de carteles, sindicatos,
«trusts» y consorcios, según
el grado y el carácter de la
asociación, controlados por
los poseedores de la mayo-
ría de las acciones, es decir,
por los más poderosos caba-
lleros de la industria.
La libre concurrencia, ca-
racterística del capitalismo
en su primera fase, dio paso
a los monopolios que con-
certaban acuerdos entre sí y
controlaban los mercados.
¿De dónde salieron las colo-
sales sumas de recursos que
permitieron a un puñado
de monopolistas acumular
miles de millones de dóla-
res? Sencillamente, de la
explotación del trabajo hu-
mano. Millones de hombres
obligados a trabajar por un
salario de subsistencia pro-
dujeron con su esfuerzo los
gigantescos capitales de los
monopolios. Los trabajado-
res acumularon las fortunas
de las clases privilegiadas,
cada vez más ricas, cada vez
más poderosas. A través de
las instituciones bancarias
llegaron a disponer éstas
no sólo de su propio dinero,
sino también del dinero de
toda la sociedad. Así se pro-
dujo la fusión de los bancos
con la gran industria y nació
el capital fnanciero.
¿Qué hacer entonces con los
grandes excedentes de ca-
pital que en cantidades ma-
yores se iba acumulando?
Invadir con ellos el mundo.
Siempre en pos de la ganan-
cia, comenzaron a apoderar-
se de las riquezas naturales
de todos los países econó-
micamente débiles y a ex-
plotar el trabajo humano de
sus pobladores con salarios
mucho más míseros que los
que se veían obligados a pa-
gar a los obreros de la propia
metrópoli. Se inició así el
reparto territorial y econó-
mico del mundo. En 1914,
ocho o diez países imperia-
listas habían sometido a su
dominio económico y polí-
tico fuera de sus fronteras
a territorios cuya extensión
ascendía a 83.700.000 ki-
lómetros cuadrados, en una
población de novecientos
setenta millones de habitan-
tes. Sencillamente se habían
repartido el mundo.
Pero como el mundo era li-
mitado en extensión, reparti-
do ya hasta el último rincón
del globo, vino el choque
entre los distintos países
monopolistas y surgieron las
pugnas por nuevos repartos
originados en la distribución
no proporcional al poder in-
dustrial y económico que
los distintos países monopo-
listas en desarrollo desigual
habían alcanzado. Estallaron
las guerras imperialistas que
costarían a la humanidad
cincuenta millones de muer-
tos, decenas de millones de
inválidos e incalculables
riquezas materiales y cul-
turales destruidas. Aún no
había sucedido esto cuando
ya Marx escribió que «el ca-
pital recién nacido rezuma-
ba sangre y fango por todos
los poros, desde los pies a la
cabeza».
El sistema capitalista de
producción, una vez que
hubo dado de sí todo lo
que era capaz, se convirtió
en un abismal obstáculo al
progreso de la humanidad.
Pero la burguesía desde su
origen llevaba en sí misma
su contrario. En su seno se
desarrollaron gigantescos
instrumentos productivos,
pero a su vez se desarrolló
una nueva y vigorosa fuerza
social: el proletariado, lla-
mado a cambiar el sistema
social ya viejo y caduco del
capitalismo por una forma
económico-social superior y
La nueva sociedad basada en la propiedad
privada sobre los medios de producción y
en la libre competencia quedó así dividida
en dos clases fundamentales: una poseedo-
ra de los medios de producción, cada vez
más modernos y efcientes; la otra, despro-
vista de toda riqueza, poseedora sólo de su
fuerza de trabajo, obligada a venderla en
el mercado como una mercancía más para
poder subsistir
El movimiento de los pueblos dependientes
y colonizados es un fenómeno de carácter
universal que agita al mundo y marca la
crisis fnal del imperialismo.
Cuba y América Latina forman parte del
mundo. Nuestros problemas forman parte
de los problemas que se engendran de la
crisis general del imperialismo y la lucha
de los pueblos subyugados: el choque entre
el mundo que nace y el mundo que mue-
re. La odiosa y brutal campaña desatada
contra nuestra Patria expresa el esfuerzo
desesperado como inútil que los imperia-
listas hacen para evitar la liberación de los
pueblos
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
87
acorde con las posibilidades
históricas de la sociedad hu-
mana, convirtiendo en pro-
piedad de toda la sociedad
esos gigantescos medios de
producción que los pueblos
y nada más que los pueblos
con su trabajo habían crea-
do y acumulado. A tal grado
de desarrollo de las fuerzas
productivas, resultaba cadu-
co y anacrónico un régimen
que postulaba la posesión
privada y con ello la subor-
dinación de la economía de
millones y millones de seres
humanos a los dictados de
una exigua minoría social.
Los intereses de la humani-
dad reclamaban el cese de la
anarquía en la producción,
el derroche, las crisis econó-
micas y las guerras de rapiña
propias del sistema capita-
lista. Las crecientes necesi-
dades del género humano y
la posibilidad de satisfacer-
las exigían el desarrollo pla-
nifcado de la economía y la
utilización racional de sus
medios de producción y re-
cursos naturales.
Era inevitable que el im-
perialismo y el colonialis-
mo entraran en profunda e
insalvable crisis. La crisis
general se inició a raíz de
la Primera Guerra Mundial
con la revolución de los
obreros y campesinos, que
derrocó al imperio zarista
de Rusia e implantó, en di-
fcilísimas condiciones de
cerco y agresión capitalista,
el primer Estado socialista
del mundo, iniciando una
nueva era en la historia de la
humanidad. Desde entonces
hasta nuestros días, la cri-
sis y la descomposición del
sistema imperialista se han
acentuado incesantemente.
La Segunda Guerra Mun-
dial, desatada por las po-
tencias imperialistas, y que
arrastró a la Unión Soviética
y a otros pueblos de Euro-
pa y de Asia, criminalmente
invadidos, a una sangrienta
lucha de liberación, culmi-
nó en la derrota del fascis-
mo, la formación del cam-
po mundial del socialismo
y la lucha por su soberanía
de los pueblos coloniales y
dependientes. Entre 1945 y
1957 más de mil doscientos
millones de seres humanos
conquistaron su indepen-
dencia en Asia y en África.
La sangre vertida por los
pueblos no fue en vano.
El movimiento de los pue-
blos dependientes y colo-
nizados es un fenómeno de
carácter universal que agita
al mundo y marca la crisis
fnal del imperialismo.
Cuba y América Latina for-
man parte del mundo. Nues-
tros problemas forman parte
de los problemas que se en-
gendran de la crisis general
del imperialismo y la lucha
de los pueblos subyugados:
el choque entre el mundo
que nace y el mundo que
muere. La odiosa y brutal
campaña desatada contra
nuestra Patria expresa el
esfuerzo desesperado como
inútil que los imperialistas
hacen para evitar la libera-
ción de los pueblos.
Cuba duele de manera espe-
cial a los imperialistas. ¿Qué
es lo que se esconde tras el
odio yanqui a la Revolución
Cubana? ¿Qué explica ra-
cionalmente la conjura que
reúne en el mismo propósito
agresivo a la potencia impe-
rialista más rica y poderosa
del mundo contemporáneo y
a las oligarquías de todo un
continente, que juntos supo-
nen representar una pobla-
ción de trescientos cincuenta
millones de seres humanos,
contra un pequeño pueblo
de sólo siete millones de
habitantes, económica-
mente subdesarrollado,
sin recursos fnancieros ni
militares para amenazar ni
la seguridad ni la economía
de ningún país?
Los une y los concita el mie-
do. Lo explica el miedo. No
el miedo a la Revolución
Cubana; el miedo a la re-
volución latinoamericana.
No el miedo a los obreros,
campesinos, estudiantes, in-
telectuales y sectores pro-
gresistas de las capas
medias que han to-
mado revoluciona-
riamente el poder
en Cuba; sino el
miedo a que los
obreros, campesi-
nos, estudiantes,
intelectuales y
sectores pro-
gresistas de las
capas medias
tomen revolu-
cionariamente el
poder en los pue-
blos oprimidos,
hambrientos y
explotados por
los monopo-
lios yanquis y
la oligarquía
reacciona-
ria de
A m é -
rica; el miedo a
que los pueblos
saqueados del
continente arre-
baten las armas
a sus opresores
y se decla-
ren, como
Cuba, pueblos libres de
América.
Aplastando la Revolución
Cubana creen disipar el
miedo que los atormenta, y
el fantasma de la revolución
que los amenaza. Liquidan-
do a la Revolución
C u -
bana, creen liquidar el es-
píritu revolucionario de los
pueblos. Pretenden en su
delirio que Cuba es expor-
tadora de revoluciones. En
sus mentes de negociantes
y usureros insomnes cabe la
idea de que las revoluciones
se pueden comprar o vender,
alquilar o prestar, exportar o
importar como una mercan-
cía más.
Ignorantes de las leyes obje-
tivas que rigen el desarrollo
de las sociedades humanas,
creen que sus regímenes
monopolistas, capitalistas
y semifeudales son eternos.
Educados en su propia
ideología reaccionaria,
mezcla de supersti-
ción, ignorancia,
subjetivismo,
pragmatis-
mo y otras
aberra-
c i o -
n e s
d e l
pen-
s a -
mi ent o,
tienen una
imagen del
mundo y de
la marcha de
la historia
acomoda-
da a sus
intereses
de clases
explotado-
ras. Suponen
que las revolucio-
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
88
nes nacen o mueren en el
cerebro de los individuos o
por efecto de las leyes divi-
nas y que además los dioses
están de su parte. Siempre
han creído lo mismo, desde
los devotos paganos patri-
cios en la Roma esclavista,
que lanzaban a los cristia-
nos primitivos a los leones
del circo y los inquisidores
en la Edad Media que, como
guardianes del feudalismo
y la monarquía absoluta,
inmolaban en la hoguera a
los primeros representantes
del pensamiento liberal de
la naciente burguesía, hasta
los obispos que hoy, en de-
fensa del régimen burgués y
monopolista, anatematizan
las revoluciones proletarias.
Todas las clases reacciona-
rias en todas las épocas his-
tóricas, cuando el antago-
nismo entre explotadores y
explotados llega a su máxi-
ma tensión, presagiando el
advenimiento de un nuevo
régimen social, han acudido
a las peores armas de la re-
presión y la calumnia contra
sus adversarios. Acusados
de incendiar a Roma y de
sacrifcar niños en sus alta-
res, los cristianos primitivos
fueron llevados al martirio.
Acusados de herejes, fue-
ron llevados por los inqui-
sidores a la hoguera flóso-
fos como Giordano Bruno,
reformadores como Hus y
miles de inconformes más
con el orden feudal. Sobre
los luchadores proletarios se
ensaña hoy la persecución y
el crimen precedidos de las
peores calumnias en la pren-
sa monopolista y burguesa.
Siempre en cada época his-
tórica, las clases dominantes
han asesinado invocando su
sociedad de minorías pri-
vilegiadas sobre mayorías
explotadas la defensa de la
sociedad, del orden, de la
Patria: «su orden clasista»,
que mantienen a sangre y
fuego sobre los desposeídos,
«la patria» que disfrutan
ellos solos, privando de ese
disfrute al resto del pueblo,
para reprimir a los revolu-
cionarios que aspiran a una
sociedad nueva, un orden
justo, una Patria verdadera
para todos.
Pero el desarrollo de la his-
toria, la marcha ascendente
de la humanidad no se de-
tiene ni puede detenerse.
Las fuerzas que impulsan a
los pueblos, que son los ver-
daderos constructores de la
historia, determinadas por
las condiciones materiales
de su existencia y la aspira-
ción a metas superiores de
bienestar y libertad, que sur-
gen cuando el progreso del
hombre en el campo de la
ciencia, de la técnica y de la
cultura lo hacen posible, son
superiores a la voluntad y al
terror que desatan las oligar-
quías dominantes.
Las condiciones subjeti-
vas de cada país, es decir,
el factor conciencia, orga-
nización, dirección, puede
acelerar o retrasar la revo-
lución según su mayor o
menor grado de desarrollo,
pero tarde o temprano en
cada época histórica, cuan-
do las condiciones objetivas
maduran, la conciencia se
adquiere, la organización se
logra, la dirección surge y la
revolución se produce.
Que ésta tenga lugar por
cauces pacífcos o nazca al
mundo después de un parto
doloroso, no depende de las
fuerzas reaccionarias de la
vieja sociedad, que se resis-
ten a dejar nacer la sociedad
nueva, que es engendrada
por las contradicciones que
lleva en su seno la vieja so-
ciedad. La revolución es en
la historia como el médi-
co que asiste al nacimiento
de una nueva vida. No usa
sin necesidad los aparatos
de fuerza, pero los usa sin
vacilaciones cada vez que
sea necesario para ayudar
al parto. Parto que trae a las
masas esclavizadas y explo-
tadas la esperanza de una
vida mejor.
En muchos países de Amé-
rica Latina la revolución es
hoy inevitable. Ese hecho no
lo determina la voluntad de
nadie. Está determinado por
las espantosas condiciones
de explotación en que vive
el hombre americano, el
desarrollo de la conciencia
revolucionaria de las masas,
la crisis mundial del impe-
rialismo y el movimiento
universal de lucha de los
pueblos subyugados.
La inquietud que hoy se re-
gistra es síntoma inequívo-
co de rebelión. Se agitan las
entrañas de un continente
que ha sido testigo de cua-
tro siglos de explotación
esclava y feudal del hombre
desde sus moradores aborí-
genes y los esclavos traídos
de África, hasta los núcleos
nacionales que surgieron
después: blancos, negros,
mulatos, mestizos e indios
que hoy hermanan el des-
precio, la humillación y el
yugo yanqui, como herma-
na la esperanza de un maña-
na mejor.
Los pueblos de América se
liberaron del coloniaje es-
pañol a principios del siglo
pasado, pero no se libera-
ron de la explotación. Los
terratenientes feudales asu-
mieron la autoridad de los
gobernantes españoles, los
indios continuaron en peno-
sa servidumbre, el hombre
latinoamericano en una u
otra forma siguió esclavo,
y las mínimas esperanzas
de los pueblos sucumbieron
bajo el poder de las oligar-
quías y la coyunda del capi-
tal extranjero. Esta ha sido
la verdad de América, con
uno u otro matiz, con algu-
na que otra variante. Hoy
América Latina yace bajo
un imperialismo más feroz,
mucho más poderoso y más
despiadado que el imperio
colonial español.
Y ante la realidad objetiva
e históricamente inexorable
de la revolución latinoame-
ricana, ¿cuál es la actitud
del imperialismo yanqui?
Disponerse a librar una gue-
rra colonial con los pueblos
de América Latina; crear su
aparato de fuerza, los pre-
textos políticos y los instru-
mentos pseudolegales sus-
critos con los representantes
de las oligarquías reacciona-
rias para reprimir a sangre y
fuego la lucha de los pue-
blos latinoamericanos.
La intervención del Gobier-
no de los Estados Unidos
en la política interna de los
países de América Latina
ha ido siendo cada vez más
abierta y desenfrenada.
La Junta Interamericana de
Defensa, por ejemplo, ha
sido y es el nido donde se
incuban los ofciales más
reaccionarios y proyanquis
de los ejércitos latinoame-
ricanos, utilizados después
como instrumentos golpis-
tas al servicio de los mono-
polios.
Las misiones militares nor-
teamericanas en América
Latina constituyen un apa-
rato de espionaje permanen-
te en cada nación, vinculado
estrechamente a la Agencia
Central de Inteligencia, in-
culcando a los ofciales los
sentimientos más reacciona-
rios y tratando de convertir
los ejércitos en instrumentos
de sus intereses políticos y
económicos.
Actualmente, en la zona del
Canal de Panamá, el alto
mando norteamericano ha
organizado cursos especia-
les de entrenamiento para
ofciales latinoamericanos
de lucha contra guerrillas
revolucionarias, dirigidos a
reprimir la acción armada
de las masas campesinas
contra la explotación feudal
a que están sometidas.
En los propios Estados Uni-
dos, la Agencia Central de
Inteligencia ha organizado
escuelas especiales para
entrenar agentes latinoame-
ricanos en las más sutiles
formas de asesinatos; y es
política acordada por los
servicios militares yanquis
la liquidación física de los
La revolución es en la historia como el
médico que asiste al nacimiento de una
nueva vida. No usa sin necesidad los apa-
ratos de fuerza, pero los usa sin vacilacio-
nes cada vez que sea necesario para ayu-
dar al parto. Parto que trae a las masas
esclavizadas y explotadas la esperanza de
una vida mejor.
Los pueblos de Amé-
rica se liberaron del
coloniaje español a
principios del siglo
pasado, pero no se
liberaron de la ex-
plotación
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
89
dirigentes antiimperialistas.
Es notorio que las embaja-
das yanquis en distintos paí-
ses de América Latina están
organizando, instruyendo
y equipando bandas fascis-
tas para sembrar el terror y
agredir las organizaciones
obreras, estudiantiles e inte-
lectuales. Esas bandas, don-
de reclutan a los hijos de la
oligarquía, a lumpen y gente
de la peor calaña moral, han
perpetrado ya una serie de
actos agresivos contra los
movimientos de masas.
Nada más evidente e in-
equívoco de los propósitos
del imperialismo que su
conducta en los recientes
sucesos de Santo Domingo.
Sin ningún tipo de justif-
cación, sin mediar siquiera
relaciones diplomáticas con
esa República, los Estados
Unidos, después de situar
sus barcos de guerra fren-
te a la capital dominicana,
declararon con su habitual
insolencia que si el Gobier-
no de Balaguer solicitaba
ayuda militar, desembarca-
rían sus tropas en Santo Do-
mingo contra la insurgencia
del pueblo dominicano. Que
el poder de Balaguer fuera
absolutamente espurio, que
cada pueblo soberano de
América debe tener derecho
a resolver sus problemas
internos sin intervención
extranjera, que existan nor-
mas internacionales y una
opinión mundial, que inclu-
so existiera una O.E.A., no
contaban para nada en las
consideraciones de los Esta-
dos Unidos. Lo que sí con-
taban eran sus designios de
impedir la revolución domi-
nicana, la reimplantación de
los odiosos desembarcos de
su Infantería de Marina, sin
más base ni requisito para
fundamentar ese nuevo con-
cepto flibustero del derecho
que la simple solicitud de un
gobernante tiránico, ilegíti-
mo y en crisis. Lo que esto
signifca no debe escapar
a los pueblos. En América
Latina hay sobrados gober-
nantes de ese tipo, dispues-
tos a utilizar las tropas yan-
quis contra sus respectivos
pueblos cuando se vean en
crisis.
Esta política declarada del
imperialismo norteameri-
cano de enviar soldados a
combatir el movimiento re-
volucionario en cualquier
país de América Latina, es
decir, a matar obreros, estu-
diantes, campesinos, a hom-
bres y mujeres latinoa-
mericanos, no tiene
otro objetivo que el de
seguir manteniendo
sus intereses monopo-
listas y los privilegios
de la oligarquía traido-
ra que los apoya.
Ahora se puede ver con
toda claridad que los
pactos militares sus-
critos por el Gobierno
de Estados Unidos con
gobiernos latinoa-
mer i canos,
pactos se-
cretos mu-
chas veces
y siempre a
espaldas de los
pueblos, invocando
hipotéticos peligros
exteriores que na-
die vio nunca por
ninguna parte, te-
nían el único y exclu-
sivo objetivo de pre-
venir la lucha de los
pueblos; eran pactos
contra los pueblos,
contra el único pe-
ligro, el peligro in-
terior del movimiento
de liberación que pusiera en
riesgo los intereses yanquis.
No sin razón los pueblos
se preguntaban: ¿Por qué
tantos convenios militares?
¿Para qué los envíos de ar-
mas que si técnicamente son
inadecuados para una guerra
moderna, son en cambio ef-
caces para aplastar huelgas,
reprimir manifestaciones
populares y ensangrentar el
país? ¿Para qué las misiones
militares, el Pacto de Río de
Janeiro y las mil y una con-
ferencias internacio-
nales?
Desde que
c ul mi nó
la Se-
g u n d a
Gu e r r a
Mundial,
las naciones de
América Latina se han ido
depauperando cada vez más,
sus exportaciones tienen
cada vez menos valor,
sus importaciones
precios más al-
tos, el ingre-
so per cápita
di s mi nuye,
los pavorosos
porcentajes de mortali-
dad infantil no decrecen, él
número de analfabetos es
superior, los pueblos care-
cen de trabajo, de tierras,
de viviendas adecuadas, de
escuelas, de hospitales, de
vías de comunicación y de
medios de vida. En cambio,
las inversiones norteameri-
canas sobrepasan los diez
mil millones de dólares.
América Latina es además
abastecedora de materias
primas baratas y compradora
de
a r -
tículos
el abor a-
dos caros.
Como los pri-
meros conquista-
dores españoles, que cam-
biaban a los indios espejos
y baratijas por oro y plata,
así comercian con América
Latina los Estados Uni-
dos. Conservar ese
torrente de riqueza,
apoderarse cada vez
más de los recursos de
América y explotar a sus
pueblos sufridos: he ahí
lo que se ocultaba tras
los pactos militares, las
misiones castrenses y
los cabildos diplomá-
ticos de Washington.
Esta política de paula-
tino estrangulamiento
de la soberanía de las
naciones latinoame-
ricanas y de manos
libres para interve-
nir en sus asuntos
internos tuvo su
punto culminan-
te en la última re-
unión de cancilleres. En
Punta del Este el impe-
rialismo yanqui reunió
a los cancilleres para
arrancarles, mediante
presión política y chantaje
económico sin precedentes,
con la complicidad de un
grupo de los más despresti-
giados gobernantes de este
continente, la renuncia a la
soberanía nacional de nues-
tros pueblos y la consagra-
ción del odiado derecho de
intervención yanqui en los
asuntos internos de Améri-
ca; el sometimiento de los
pueblos a la voluntad omní-
moda de Estados Unidos de
Norteamérica, contra la cual
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
90
lucharon todos los próceres,
desde Bolívar hasta Sandi-
no.
Y no se ocultaron ni el Go-
bierno de Estados Unidos
ni los representantes de las
oligarquías explotadoras ni
la gran prensa reaccionaria
vendida a los monopolios
y a los señores feudales,
para demandar abiertamen-
te acuerdos que equivalen
a la supresión formal del
derecho de autodetermina-
ción de nuestros pueblos;
borrarlo de un plumazo en
la conjura más infame que
recuerda la historia de este
continente.
A puertas cerradas entre
conciliábulos repugnantes,
donde el ministro yanqui de
colonias dedicó días enteros
a vencer la resistencia y los
escrúpulos de algunos can-
cilleres poniendo en juego
los millones de la Tesorería
yanqui en una indisimulada
compraventa de votos, un
puñado de representantes
de las oligarquías de países
que, en conjunto, apenas
suman un tercio de la pobla-
ción del continente, impuso
acuerdos que sirven en ban-
deja de plata al amo yanqui
la cabeza de un principio
que costó toda la sangre de
nuestros pueblos desde las
guerras de independencia.
El carácter pírrico de tan
tristes y fraudulentos logros
del imperialismo, su fracaso
moral, la unanimidad rota y
el escándalo universal, no
disminuyen la gravedad que
entraña para los pueblos de
América Latina los acuerdos
que impusieron a ese precio.
En aquel cónclave inmoral
la voz titánica de Cuba se
elevó sin debilidad ni miedo
para acusar ante todos los
pueblos de América y del
mundo el monstruoso aten-
tado y defender virilmente
y con dignidad que constará
en los anales de la historia,
no sólo el derecho de Cuba,
sino el derecho desampa-
rado de todas las naciones
hermanas del continente
americano.
La palabra de Cuba no podía
tener eco en aquella mayoría
amaestrada, pero tampoco
podía tener respuesta; sólo
cabía el silencio impotente
ante sus demoledores argu-
mentos, la diafanidad y va-
lentía de sus palabras. Pero
Cuba no habló para los can-
cilleres; Cuba habló para los
pueblos y para la historia,
donde sus palabras tendrán
eco y respuesta.
En Punta del Este se libró
una gran batalla ideológica
entre la Revolución Cubana
y el imperialismo yanqui.
¿Qué representaban allí,
por quién habló cada uno de
ellos? Cuba representó los
pueblos; los Estados Unidos
representó los monopolios.
Cuba habló por las masas
explotadas de América; Es-
tados Unidos, por los inte-
reses oligárquicos explota-
dores e imperialistas. Cuba,
por la soberanía; Estados
Unidos, por la intervención.
Cuba, por la nacionalización
de las empresas extranjeras;
Estados Unidos, por nuevas
inversiones de capital forá-
neo. Cuba, por la cultura;
Estados Unidos, por la ig-
norancia. Cuba, por la refor-
ma agraria; Estados Unidos,
por el latifundio. Cuba, por
la industrialización de Amé-
rica; Estados Unidos, por
el subdesarrollo. Cuba, por
el trabajo creador; Estados
Unidos, por el sabotaje y el
terror contrarrevolucionario
que practican sus agentes, la
destrucción de cañaverales
y fábricas, los bombardeos
de sus aviones piratas con-
tra el trabajo de un pueblo
pacífco. Cuba, por los al-
fabetizadores asesinados;
Estados Unidos, por los
asesinos. Cuba, por el pan;
Estados Unidos, por el ham-
bre. Cuba, por la igualdad;
Estados Unidos, por el pri-
vilegio y la discriminación.
Cuba, por la verdad; Esta-
dos Unidos, por la mentira.
Cuba, por la liberación; Es-
tados Unidos, por la opre-
sión. Cuba, por el porvenir
luminoso de la humanidad;
Estados Unidos, por el pa-
sado sin esperanza. Cuba,
por los héroes que cayeron
en Girón para salvar la Pa-
tria del dominio extranje-
ro; Estados Unidos, por los
mercenarios y traidores que
sirven al extranjero contra
su Patria. Cuba, por la paz
entre los pueblos; Estados
Unidos, por la agresión y la
guerra. Cuba, por el socia-
lismo; Estados Unidos, por
el capitalismo.
Los acuerdos obtenidos por
Estados Unidos con méto-
dos tan bochornosos que
el mundo entero critica, no
restan, sino que acrecentan
la moral y la razón de Cuba,
demuestran el entreguismo
y la traición de las oligar-
quías a los intereses nacio-
nales y enseña a los pueblos
el camino de la liberación.
Revela la podredumbre de
las clases explotadoras, en
cuyo nombre hablaron sus
representantes en Punta del
Este. La O.E.A. quedó des-
enmascarada como lo que
es: un ministerio de colonias
yanquis, una alianza militar,
un aparato de represión con-
tra el movimiento de libera-
ción de los pueblos latinoa-
mericanos.
Cuba ha vivido tres años de
Revolución bajo incesan-
te hostigamiento de inter-
vención yanqui en nuestros
asuntos internos. Aviones
piratas procedentes de Es-
tados Unidos lanzando ma-
terias infamables han que-
mado millones de arrobas
de caña; actos de sabotaje
internacional perpetrados
por agentes yanquis, como
la explosión del vapor «La
Coubre», ha costado dece-
nas de vidas cubanas; miles
de armas norteamericanas
de todos tipos han sido lan-
zadas en paracaídas por los
servicios militares de Esta-
dos Unidos sobre nuestro
territorio para promover la
subversión; cientos de tone-
ladas de materiales explosi-
vos y máquinas infernales
han sido desembarcados
subrepticiamente en nues-
tras costas por lanchas nor-
teamericanas para promover
el sabotaje y el terrorismo;
un obrero cubano fue tor-
turado en la Base Naval de
Guantánamo y privado de
la vida sin proceso previo ni
explicación posterior algu-
na; nuestra cuota azucarera
fue suprimida abruptamente
y proclamado el embargo
de piezas y materias primas
para fábricas y maquinaria
de construcción norteame-
ricana para arruinar nuestra
economía; barcos artillados
y aviones de bombardeo
procedentes de bases pre-
paradas por el Gobierno de
Estados Unidos han atacado
sorpresivamente puestos e
instalaciones cubanas; tro-
pas mercenarias organiza-
das y entrenadas en países
de América Central por el
Ahora se puede ver con toda claridad que los pactos militares sus-
critos por el Gobierno de Estados Unidos con gobiernos latinoa-
mericanos, pactos secretos muchas veces y siempre a espaldas de
los pueblos, invocando hipotéticos peligros exteriores que nadie
vio nunca por ninguna parte, tenían el único y exclusivo objetivo
de prevenir la lucha de los pueblos; eran pactos contra los pue-
blos, contra el único peligro, el peligro interior del movimiento de
liberación que pusiera en riesgo los intereses yanquis.
Las misiones militares norteamericanas
en América Latina constituyen un aparato
de espionaje permanente en cada nación,
vinculado estrechamente a la Agencia
Central de Inteligencia, inculcando a los
ofciales los sentimientos más reacciona-
rios y tratando de convertir los ejércitos
en instrumentos de sus intereses políticos y
económicos.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
91
propio Gobierno han inva-
dido en son de guerra nues-
tro territorio, escoltados por
barcos de la fota yanqui, y
con apoyo aéreo desde ba-
ses exteriores, provocando
la pérdida de numerosas
vidas y la destrucción de
bienes materiales; contra-
rrevolucionarios cubanos
son instruidos en el ejército
de Estados Unidos y nuevos
planes de agresión se reali-
zan contra Cuba. Todo eso
ha estado ocurriendo durante
tres años, incesantemente, a
la vista de todo el continen-
te, y la O.E.A. no se entera.
Los cancilleres se reúnen en
Punta del Este y no amo-
nestan siquiera al Gobierno
de Estados Unidos ni a los
gobiernos que son cómpli-
ces materiales de esas agre-
siones. Expulsan a Cuba, el
país latinoamericano vícti-
ma, el país agredido.
Estados Unidos tiene pactos
militares con países de todos
los continentes; bloques mi-
litares con cuanto gobierno
fascista, militarista y reac-
cionario haya en el mundo;
la O.T.A.N., la S.E.A.T.O.
y la C.E.N.T.O., a las cua-
les hay que agregar ahora
la O.E.A., intervienen en
Laos, en Viet Nam, en Co-
rea, en Formosa, en Berlín;
envía abiertamente barcos
a Santo Domingo para im-
poner su ley, su voluntad y
anuncia su propósito de usar
sus aliados de la O.T.A.N.
para bloquear el comercio
con Cuba; y la O.E.A. no se
entera... Se reúnen los can-
cilleres y expulsan a Cuba,
que no tiene pactos milita-
res con ningún país. Así, el
Gobierno que organiza la
subversión en todo el mun-
do y forja alianzas militares
en cuatro continentes, hace
expulsar a Cuba, acusándola
nada menos que de subver-
sión y de vinculaciones ex-
tracontinentales.
Cuba, el país latinoameri-
cano que ha convertido en
dueños de las tierras a más
de cien mil pequeños agri-
cultores, asegurando empleo
todo el año en granjas y coo-
perativas a todos los obreros
agrícolas, transformado los
cuarteles en escuelas, con-
cedido sesenta mil becas a
estudiantes universitarios,
secundarios y tecnológicos,
creado aulas para la totali-
dad de la población infantil,
liquidado totalmente el
analfabetismo, cuadru-
plicado los servicios
médicos, nacionaliza-
do las empresas mo-
nopolistas, suprimi-
do el abusivo sistema que
convertía la vivienda en un
medio de explotación para
el pueblo, eliminado vir-
tualmente el desempleo,
suprimido la discrimina-
ción por motivo de raza
o sexo, barrido el juego, el
vicio y la corrupción admi-
nistrativa, armado al pue-
blo, hecho realidad viva el
disfrute de los derechos hu-
manos al librar al hombre y
a la mujer de la explotación,
la incultura y la desigualdad
social, que se ha liberado
de todo tutelaje extranjero,
adquirido plena soberanía y
establecido las bases para el
desarrollo de su economía a
fn de no ser más país mono-
productor y exportador de
materias primas, es expul-
sada de la Organización de
Estados Americanos por go-
biernos que no han logrado
para sus pueblos ni una sola
de estas reivindicaciones.
¿Cómo podrán justifcar su
conducta ante los pueblos
de América y del mundo?
¿Cómo podrán negar que
en su concepto la política de
tierra, de pan, de trabajo, de
salud, de libertad, de igual-
dad y de cultura, de desarro-
llo acelerado de la econo-
mía, de dignidad nacional,
de plena autodeterminación
y soberanía es incompatible
con el he-
misferio?
Los pueblos piensan muy
distinto, los pueblos piensan
que lo único compatible con
el destino de América Lati-
na es la miseria, la explo-
tación feudal, el analfa-
betismo, los salarios
de hambre, el des-
empleo, la polí-
tica de repre-
sión contra
las masas
obre-
ras, campesi-
nas y estu-
diantiles, la
discrimina-
ción de la mujer, del negro,
del indio, del mestizo, la
opresión de las oligarquías,
el saqueo de sus riquezas
por los monopolios yanquis,
la asfxia moral de sus inte-
lectuales y artistas, la ruina
de sus pequeños productores
por la competencia extran-
jera, el subdesarro-
llo económico, los
pueblos sin caminos,
sin hospitales, sin vi-
viendas, sin escuelas, sin
industrias, el sometimiento
al imperialismo, la renuncia
a la soberanía nacional y la
traición a la Patria.
¿Cómo podrán hacer enten-
der su conducta, la actitud
condenatoria para con Cuba,
los imperialistas; con qué pa-
labras les van a hablar y con
qué sentimientos, a quienes
han ignorado, aunque sí ex-
plotado, por
tan lar-
g o
t i e m-
po?
Quienes es-
tudian los problemas de
América suelen preguntar
qué país, quiénes han en-
focado con corrección la
situación de los dirigen-
tes, de los pobres,
de los indios,
de los ne-
gros, de la
infancia desva-
lida, esa inmensa in-
fancia de treinta millones
en 1950 (que será de cin-
cuenta millones dentro de
ocho años más), sí, ¿quié-
nes, qué país?
Treinta y dos millones
de indios vertebran
El imperialismo todo lo trastrueca, lo deforma, lo canaliza por sus
vertientes para su provecho, hacia la multiplicación de su dólar;
comprando palabras o cuadros, o mudez, o transformando en si-
lencio la expresión de los revolucionarios, de los hombres progre-
sistas, de los que luchan por el pueblo y sus problemas.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
92
–tanto como la misma Cor-
dillera de los Andes– el con-
tinente americano entero.
Claro que para quienes lo
han considerado casi como
una cosa, más que como una
persona, esa humanidad no
cuenta, no contaba y creían
que nunca contaría. Como
suponía, no obstante, una
fuerza ciega de trabajo, de-
bía ser utilizado, como se
utiliza una yunta de bueyes
o un tractor.
¿Cómo podrá creerse en
ningún benefcio, en ningu-
na Alianza para el Progreso,
con el imperialismo, bajo
qué juramento, si bajo su
santa protección, sus ma-
tanzas, sus persecuciones
aún viven los indígenas del
sur del continente, como los
de la Patagonia, en toldos,
como vivían sus antepasa-
dos a la venida de los des-
cubridores, casi quinientos
años atrás? ¿En dónde los
que fueron grandes razas
que poblaron el norte argen-
tino, Paraguay y Bolivia,
como los guaraníes, que han
sido diezmados ferozmente,
como quien caza animales y
a quienes se les ha enterrado
en los interiores de las sel-
vas? ¿En dónde esa reserva
autóctona, que pudo servir
de base a una gran civili-
zación americana –y cuya
extinción se la apresura por
instantes– y a la que se la ha
empujado América aden-
tro a través de los esteros
paraguayos y los altiplanos
bolivianos, tristes, rudimen-
tarios, razas melancólicas,
embrutecidas por el alcohol
y los narcóticos, a los que se
acogen para por lo menos
sobrevivir en las infrahuma-
nas condiciones (no sólo de
alimentación) en que viven?
¿En dónde una cadena de
manos se estira –casi inútil-
mente– por sobre los lomos
de la cordillera, sus faldas, a
lo largo de los grandes ríos y
por entre las sombras de los
bosques para unir sus mise-
rias con los demás que pe-
recen lentamente, las tribus
brasileñas y las del norte
del continente y sus costas,
hasta alcanzar a los cien mil
motilones de Venezuela, en
el más increíble atraso y sal-
vajemente confnados en las
selvas amazónicas o las Sie-
rras de Perijá, a los solitarios
vapichanas, que en las tierras
calientes de las Guyanas es-
peran su fnal, ya casi perdi-
dos defnitivamente para la
suerte de los humanos? Sí,
a todos estos treinta y dos
millones de indios que se
extienden desde la frontera
con los Estados Unidos has-
ta los confnes del Hemisfe-
rio Sur y cuarenta y cinco
millones de mestizos, que
en gran parte poco diferen
de los indios; a todos estos
indígenas, a ese formidable
caudal de trabajo, de dere-
chos pisoteados, sí, ¿qué les
puede ofrecer el imperialis-
mo? ¿Cómo podrán creer
estos ignorados en ningún
benefcio que venga de tan
sangrientas manos? Tribus
enteras que aún viven des-
nudas; otras que se las supo-
ne antropófagas; otras que
en el primer contacto con la
civilización conquistadora
mueren como insectos; otras
que se las destierra, es decir,
se las echa de sus tierras,
se las empuja hasta volcar-
las en los bosques o en las
montañas o en las profundi-
dades de los llanos en donde
no llega ni el menor átomo
de la cultura, de luz, de pan,
ni de nada.
¿En qué «alianza» –como no
sea una para su más rápida
muerte– van a creer estas ra-
zas indígenas apaleadas por
siglos, muertas a tiros para
ocupar sus tierras, muertas a
palos por miles por no tra-
bajar más rápido en sus ser-
vicios de explotación por el
imperialismo?
¿Y al negro? ¿Qué «alianza»
les puede brindar el sistema
de los linchamientos y la
preterición brutal del negro
de los Estados Unidos a los
quince millones de negros y
catorce millones de mulatos
latinoamericanos que saben
con horror y cólera que sus
hermanos del norte no pue-
den montar en los mismos
vehículos que sus compa-
triotas blancos ni asistir a las
mismas escuelas, ni siquiera
morir en los mismos hospi-
tales?
¿Cómo han de creer en este
imperialismo, en sus benef-
cios, en sus «alianzas» (que
no sean para lincharlos o
explotarlos como esclavos)
estos núcleos étnicos prete-
ridos?
Esas masas, que no han
podido gozar ni mediana-
mente de ningún benefcio
cultural, social o profesio-
nal, que aun en donde son
mayoría, o forman millones,
son maltratados por los im-
perialistas disfrazados de
Ku-Klux-Klan; son arroja-
dos a las barriadas más insa-
lubres, a las casas colectivas
menos confortables, hechas
para ellos, empujados a los
ofcios más innobles, a los
trabajos más duros y a las
profesiones menos lucrati-
vas, que no supongan con-
tacto con las universidades,
las altas academias o escue-
las particulares.
¿Qué Alianza para el Pro-
greso puede servir de estí-
mulo a esos ciento siete mi-
llones de hombres y mujeres
de nuestra América, médula
del trabajo en ciudades y
campos, cuya piel oscura
–negra, mestiza, mulata,
india– inspira desprecio a
los nuevos colonizadores?
¿Cómo van a confar en la
supuesta «alianza» los que
en Panamá han visto con
mal contenida impotencia
que hay un salario para el
yanqui y otro salario para el
panameño, que ellos consi-
deran raza inferior?
¿Qué pueden esperar los
obreros con sus jornales de
hambre, los trabajos más
rudos, las condiciones más
miserables, la desnutrición,
las enfermedades y todos
los males que incuba la mi-
seria?
¿Qué les pueden decir, qué
palabras, qué benefcios
podrán ofrecerles los impe-
rialistas a los mineros del
cobre, del estaño, del hie-
rro, del carbón, que dejan
sus pulmones a benefcio de
dueños lejanos e inclemen-
tes; a los padres e hijos de
los maderales, de los cau-
chales, de los yerbazales,
de las plantaciones fruteras,
de los ingenios de café y de
azúcar, de los peones en las
pampas y en los llanos que
amasan con su salud y con
sus vidas las fortunas de los
explotadores? ¿Qué pueden
esperar estas masas inmen-
sas que producen las rique-
zas que crean los valores,
que ayudan a parir un nuevo
mundo en todas partes, qué
pueden esperar del imperia-
lismo, esa boca insaciable,
esa mano insaciable sin otro
horizonte inmediato que la
miseria, el desamparo más
absoluto, la muerte fría y sin
historia al fn?
¿Qué puede esperar esta
clase, que ha cambiado el
curso de la historia en otras
partes del mundo, que ha re-
volucionado al mundo, que
es vanguardia de todos los
humildes y explotados, qué
puede esperar del imperia-
lismo, su más irreconcilia-
ble enemigo?
¿Qué puede ofrecer el im-
perialismo, qué clase de
benefcio, qué suerte de
vida mejor y más justa, qué
motivo, qué aliciente, qué
El imperialismo, utilizando los grandes monopolios cinematográ-
fcos, sus agencias cablegráfcas, sus revistas, libros y periódicos
reaccionarios acude a las mentiras más sutiles para sembrar di-
visionismo e inculcar entre la gente más ignorante el miedo y la
superstición a las ideas revolucionarias que sólo a los intereses de
los poderosos explotadores y a sus seculares privilegios pueden y
deben asustar.
Se sabe que en América y en el mundo la
revolución vencerá, pero no es de revolu-
cionarios sentarse en la puerta de su casa
para ver pasar el cadáver del imperialismo
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
93
interés para superarse, para
lograr trascender sus senci-
llos y primarios escalones,
a maestros, a profesores, a
profesionales, a intelectua-
les, a los poetas y a los ar-
tistas; a los que cuidan ce-
losamente las generaciones
de niños y jóvenes para que
el imperialismo se cebe lue-
go en ellos; a quienes viven
con sueldos humillantes en
la mayoría de los países; a
los que sufren las limitacio-
nes de su expresión política
y social en casi todas partes;
que no sobrepasan, en sus
posibilidades económicas,
más que la simple línea de
sus precarios recursos y
compensaciones, enterra-
dos en una vida gris y sin
horizontes que acaba en una
jubilación que entonces ya
no cubre ni la mitad de los
gastos? ¿Qué «benefcios»
o «alianzas» podrá ofrecer-
les el imperialismo que no
sean las que redunden en su
total provecho? Si les crea
fuentes de ayuda a sus pro-
fesiones, a sus artes, a sus
publicaciones, es siempre
en el bien entendido de que
sus producciones deberán
refejar sus intereses, sus
objetivos, sus «nadas».
Las novelas que traten de re-
fejar la realidad del mundo,
de sus aventuras rapaces; los
poemas que quieran traducir
protestas por su avasalla-
miento, por su ingerencia en
la vida, en la mente, en las
vísceras de sus países y pue-
blos; las artes combativas
que pretenden apresar en
sus expresiones las formas
y contenido de su agresión
y constante presión sobre
todo lo que vive y alienta
progresivamente, todo lo
que es revolucionario; lo
que enseña; lo que trata de
guiar, lleno de luz y de con-
ciencia, de claridad y de be-
lleza, a los hombres y a los
pueblos a mejores destinos,
hacia más altas cumbres del
pensamiento, de la vida y de
la justicia, encuentra la re-
probación más encarnizada
del imperialismo; encuen-
tra la valla, la condena, la
persecución maccarthista.
Sus prensas se les cierran;
su nombre es borrado de las
columnas y se aplica la losa
del silencio más atroz..., que
es, entonces –una contradic-
ción más del imperialismo–,
cuando el escritor, el poeta,
el pintor, el escultor, el crea-
dor en cualquier material, el
científco, empiezan a vivir
de verdad, a vivir en la len-
gua del pueblo, en el cora-
zón de millones de hombres
del mundo. El imperialismo
todo lo trastrueca, lo de-
forma, lo canaliza por sus
vertientes para su provecho,
hacia la multiplicación de
su dólar; comprando pala-
bras o cuadros, o mudez, o
transformando en silencio la
expresión de los revolucio-
narios, de los hombres pro-
gresistas, de los que luchan
por el pueblo y sus proble-
mas.
No podíamos olvidar en
este triste cuadro la infan-
cia desvalida, desatendida;
la infancia sin porvenir de
América. América, que es
un continente de natalidad
elevada, tiene también una
mortalidad elevada. La mor-
talidad de niños de menos
de un año, en once países,
ascendía hace pocos años a
ciento veinticinco por mil,
y en otros diecisiete, a no-
venta niños. En ciento dos
países del mundo, en cam-
bio, esa tasa alcanza a cin-
cuenta y uno. En América,
pues, se mueren tristemente,
desatendidamente, setenta
y cuatro niños en cada mil,
en el primer año de su na-
cimiento. Hay países lati-
noamericanos en los que esa
tasa alcanza, en algunos lu-
gares, a trescientos por mil;
miles y miles de niños has-
ta los siete años mueren en
América de enfermedades
increíbles: diarreas, pulmo-
nías, desnutrición, hambre;
miles y miles, de otras en-
fermedades, sin atención en
los hospitales, sin medici-
nas; miles y miles ambulan,
heridos de cretinismo endé-
mico, paludismo, tracoma
y otros males producidos
por las contaminaciones, la
falta de agua y otras necesi-
dades. Males de esta natura-
leza son una cadena en los
países americanos en donde
agonizan millares y millares
de niños, hijos de parias, hi-
jos de pobres y de pequeños
burgueses con vida dura y
precarios medios.
Los datos, que serán redun-
dantes, son de escalofrío.
Cualquier publicación of-
cial de los organismos in-
ternacionales los reúne por
cientos.
En los aspectos educacio-
nales, indigna pensar el ni-
vel de incultura que padece
esta América. Mientras que
Estados Unidos logra un ni-
Con lo grande que fue la epopeya de la independencia de América
Latina, con lo heroica que fue aquella lucha, a la generación de
latinoamericanos de hoy le ha tocado una epopeya mayor y más
decisiva todavía para la humanidad. Porque aquella lucha fue
para librarse del poder colonial español, de una España decaden-
te, invadida por los ejércitos de Napoleón. Hoy le toca la lucha de
liberación frente a la metrópoli imperial más poderosa del mundo,
frente a la fuerza más importante del sistema imperialista mundial
y para prestarle a la humanidad un servicio todavía más grande
del que le prestaron nuestros antepasados.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
94
vel de ocho y nueve años de
escolaridad en la población
de quince años en adelante,
América Latina, saqueada
y esquilmada por ellos, tie-
ne menos de un año escolar
aprobado como nivel en esas
mismas edades. E indigna
más aún cuando sabemos
que de los niños entre cinco
y catorce años solamente es-
tán matriculados en algunos
países un 20 por 100 y en
los de más alto nivel el 60
por 100. Es decir, que más
de la mitad de la infancia de
América Latina no concurre
a la escuela. Pero el dolor si-
gue creciendo cuando com-
probamos que la matrícula
de los tres primeros grados
comprende más del 80 por
100 de los matriculados;
y que en el grado sexto, la
matrícula fuctúa apenas en-
tre seis y veintidós alumnos
de cada cien que comenza-
ron en el primero. Hasta en
los países que creen haber
atendido a su infancia, ese
porcentaje de pérdida esco-
lar entre el primero y el sex-
to grado es del 73 por 100
como promedio. En Cuba,
antes de la Revolución, era
del 74 por 100. En la Co-
lombia de la «democracia
representativa» es del 78 por
100. Y si se fja la vista en el
campo, sólo el 1 por 100 de
los niños llega, en el mejor
de los casos, al quinto grado
de enseñanza.
Cuando se investiga este de-
sastre de ausentismo escolar,
una causa es la que lo expli-
ca: la economía de miseria.
Falta de escuelas, falta de
maestros, falta de recursos
familiares, trabajo infantil.
En defnitiva, el imperialis-
mo y su obra de opresión y
retraso.
El resumen de esta pesadi-
lla que ha vivido América,
de un extremo a otro, es
que en este continente de
casi doscientos millones de
seres humanos, formado en
sus dos terceras partes por
los indios, los mestizos y los
negros, por los «discrimi-
nados», en este continente
de semicolonias, mueren de
hambre, de enfermedades
curables o vejez prematura
alrededor de cuatro perso-
nas por minuto, de cinco mil
quinientos al día, de dos mi-
llones por año, de diez mi-
llones cada cinco años. Esas
muertes podrían ser evitadas
fácilmente, pero sin embar-
go se producen. Las dos ter-
ceras partes de la población
latinoamericana vive poco,
y vive bajo la permanente
amenaza de muerte. Holo-
causto de vidas que en quin-
ce años ha ocasionado dos
veces más muertes que la
guerra de 1914, y continúa...
Mientras tanto, de América
Latina fuye hacia los Esta-
dos Unidos un torrente con-
tinuo de dinero: unos cuatro
mil dólares por minuto, cin-
co millones por día, dos mil
millones por año, diez mil
millones cada cinco años.
Por cada mil dólares que se
nos van, nos queda un muer-
to. Mil dólares por muerto:
ese es el precio de lo que se
llama imperialismo! ¡MIL
DÓLARES POR MUER-
TO, CUATRO VECES
POR MINUTO!
Mas a pesar de
esta realidad
a me r i c a n a ,
¿para qué se
reuni eron
en Punta
del Este?
¿ A c a s o
para llevar
una sola
gota de
alivio a
estos ma-
les? ¡No!
Los pue-
blos sa-
ben que
en Punta del Este los canci-
lleres que expulsaron a Cuba
se reunieron para renunciar
a la soberanía nacional; que
allí el Gobierno de Estados
Unidos fue a sentar las ba-
ses no sólo para la agresión
a Cuba, sino para intervenir
en cualquier país de Amé-
rica contra el movimiento
liberador de los pueblos;
que Estados Unidos prepa-
ra a la América Latina un
drama sangriento; que las
oligarquías explotadoras, lo
mismo que ahora renuncian
al principio de la soberanía,
no vacilarán en solicitar la
intervención de las tropas
yanquis contra sus propios
pueblos y que con este fn la
delegación norteamericana
propuso un comité de vigi-
lancia contra la subversión
en la Junta Interamericana
de Defensa, con facultades
ejecutivas, y la adopción de
medidas colectivas. Subver-
sión para los imperialistas
yanquis es la lucha de los
pueblos hambrientos por el
pan, la lucha de los campesi-
nos por la tierra, la lucha de
los pueblos contra la explo-
tación imperialista. Comité
de vigilancia en la Junta
Interamericana de Defen-
sa con fa-
cultades ejecutivas signifca
fuerza de represión conti-
nental contra los pueblos a
las órdenes del Pentágono.
Medidas colectivas signi-
fcan desembarcos de in-
fantes de Marina yanqui en
cualquier país de América.
Frente a la acusación de que
Cuba quiere exportar su re-
volución, respondemos: Las
revoluciones no se exportan,
las hacen los pueblos.
Lo que Cuba puede dar a los
pueblos y ha dado ya es su
ejemplo.
Y ¿qué enseña la Revolu-
ción Cubana? Que la revo-
lución es posible, que los
pueblos pueden hacerla, que
en el mundo contemporáneo
no hay fuerzas capaces de
impedir el movimiento de
liberación de los pueblos.
Nuestro triunfo no habría
sido jamás factible si la re-
volución misma no hubiese
estado inexorablemente des-
tinada a surgir de las condi-
ciones existentes en nuestra
realidad económico-social,
realidad que existe en grado
mayor aún en un
buen
número de países de Améri-
ca Latina.
Ocurre inevitablemente que
en las naciones donde es
más fuerte el control de los
monopolios yanquis, más
despiadada la explotación
de la oligarquía y más inso-
portable la situación de las
masas obreras y campesinas,
el poder político se muestra
más férreo, los estados de
sitio se vuelven habituales,
se reprime por la fuerza
toda manifestación de des-
contento de las masas, y el
cauce democrático se cierra
por completo, revelándose
con más evidencia que nun-
ca el carácter de brutal dic-
tadura que asume el poder
de las clases dominantes. Es
entonces cuando se hace in-
evitable el estallido revolu-
cionario de los pueblos.
Y si bien es cierto que en
los países subdesarrollados
de América la clase obrera
es en general relativamen-
te pequeña, hay una clase
social que por las condi-
ciones subhumanas en que
vive constituye una fuerza
potencial que, dirigida por
los obreros y los
i nt el ect ual es
revolucio-
n a r i o s ,
tiene una
i mpor -
t a n c i a
decisiva
en la lucha
por la libera-
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
95
ción nacional: los campesi-
nos.
En nuestros países se juntan
las circunstancias de una in-
dustria subdesarrollada con
un régimen agrario de ca-
rácter feudal. Es por eso que
con todo lo duras que son las
condiciones de vida de los
obreros urbanos, la pobla-
ción rural vive aún en más
horribles condiciones de
opresión y explotación; pero
es también, salvo excepcio-
nes, el sector absolutamente
mayoritario en proporciones
que a veces sobrepasa el 70
por 100 de las poblaciones
latinoamericanas.
Descontando los terrate-
nientes que muchas veces
residen en las ciudades, el
resto de esa gran masa libra
su sustento trabajando como
peones en las haciendas por
salarios misérrimos, o la-
bran la tierra en condiciones
de explotación que nada tie-
nen que envidiar a la Edad
Media. Estas circunstancias
son las que determinan que
en América Latina la pobla-
ción pobre del campo cons-
tituya una tremenda fuerza
revolucionaria potencial.
Los ejércitos, estructurados
y equipados para la guerra
convencional, que son la
fuerza en que se sustenta el
poder de las clases explo-
tadoras, cuando tienen que
enfrentarse a la lucha irre-
gular de los campesinos en
el escenario natural de éstas,
resultan absolutamente im-
potentes; pierden diez hom-
bres por cada combatiente
revolucionario que cae, y la
desmoralización cunde rá-
pidamente en ellos al tener
que enfrentarse a un enemi-
go invisible e invencible que
no le ofrece ocasión de lucir
sus tácticas de academia y
sus fanfarrias de guerra, de
las que tanto alarde hacen
para reprimir a los obreros y
a los estudiantes en las ciu-
dades.
La lucha inicial de reduci-
dos núcleos combatientes
se nutre incesantemente de
nuevas fuerzas, el movi-
miento de masas comienza
a desatarse, el viejo orden se
resquebraja poco a poco en
mil pedazos y es entonces
el momento en que la clase
obrera y las masas urbanas
deciden la batalla.
¿Qué es lo que desde el co-
mienzo mismo de la lucha
de esos primeros núcleos
los hace invencibles, inde-
pendientemente del núme-
ro, el poder y los recursos
de sus enemigos? El apoyo
del pueblo, y con ese apo-
yo de las masas contarán en
grado cada vez mayor. Pero
el campesinado es una clase
que, por el estado de incul-
tura en que lo mantienen y
el aislamiento en que vive,
necesita la dirección revolu-
cionaria y política de la cla-
se obrera y los intelectuales
revolucionarios, sin la cual
no podría por sí sola lanzar-
se a la lucha y conquistar la
victoria.
En las actuales condiciones
históricas de América La-
tina, la burguesía nacional
no puede encabezar la lucha
antifeudal y antiimperialis-
ta. La experiencia demues-
tra que en nuestras naciones
esa clase, aun cuando sus
intereses son contradicto-
rios con los del imperialis-
mo yanqui, ha sido incapaz
de enfrentarse a éste, para-
lizada por el miedo a la re-
volución social y asustada
por el clamor de las masas
explotadas.
Situadas ante el dilema im-
perialismo o revolución,
sólo sus capas más progre-
sistas estarán con el pueblo.
La actual correlación mun-
dial de fuerzas y el mo-
vimiento universal de li-
beración de los pueblos
coloniales y dependientes
señalan a la clase obrera y
a los intelectuales re-
volucionarios de Amé-
rica Latina su verdadero
papel, que es el de situar-
se resueltamente a la van-
guardia de la lucha contra
el imperialismo y el feuda-
lismo.
El impe-
rialismo,
utilizan-
do los
grandes
mono-
p o -
l i os
c i -
n e -
mato-
gráficos,
sus agen-
cias cable-
gr á f i c a s ,
sus revis-
tas, libros y
periódicos
reacciona-
rios acude
a las men-
tiras más
sutiles para
sembrar di-
visionismo e
inculcar entre
la gente más ig-
norante el miedo
y la superstición a
las ideas revolucio-
narias que sólo a
los intereses
de los po-
derosos ex-
plotadores y a sus seculares
privilegios pueden y deben
asustar.
El divisionismo, producto
de toda clase de prejuicios,
ideas falsas y mentiras; el
sectarismo, el dogmatismo,
la falta de amplitud para
analizar el papel que corres-
ponde a cada capa social, a
sus partidos, organizaciones
y dirigentes, difcultan la
unidad de acción imprescin-
dible entre las fuerzas de-
mocráticas y progresistas de
nuestros
p u e -
b l o s .
S o n
v i c i o s
de cre-
ci mi en-
to, enfermedades de la
infancia del movimiento
revolucionario que deben
quedar atrás. En la lucha
antiimperialista y antifeu-
dal es posible vertebrar la
inmensa mayoría del pueblo
tras metas de liberación que
unan el esfuerzo de la clase
obrera, los campesinos, los
trabajadores intelectuales,
la pequeña burguesía y las
capas más progresistas de
la burguesía nacional. Es-
tos sectores comprenden la
inmensa mayoría de la po-
blación y aglutinan grandes
fuerzas sociales capaces de
barrer el dominio imperia-
lista y la reacción feudal.
En ese amplio movimiento
pueden y deben luchar jun-
tos por el bien de sus na-
ciones, por el bien de sus
pueblos y por el bien de
América, desde el viejo
militante marxista hasta
el católico sincero que no
tenga nada que ver con
los monopolios yanquis
y los señores feudales de
la tierra.
Ese movimiento podría
arrastrar consigo a los
elementos progresistas
de las fuerzas armadas, hu-
milladas también por las mi-
siones militares yanquis, la
traición a los intereses na-
cionales de las oligarquías
feudales y la inmolación
de la soberanía nacional a
los dictados de Washing-
ton.
Allí donde están cerrados
los caminos de los pue-
blos, donde la represión de
los obreros y campesinos es
feroz, donde es más fuerte el
dominio de los monopolios
yanquis, lo primero y más
importante es comprender
que no es justo ni es correc-
to entretener a los pueblos
con la vana y acomodati-
cia ilusión de arrancar, por
vías legales que ni existen
ni existirán, a las clases do-
minantes, atrincheradas en
todas las posiciones del Es-
tado monopolizadoras de la
instrucción, dueñas de todos
los vehículos de divulga-
ción y poseedoras de infni-
tos recursos fnancieros, un
poder que los monopolios y
las oligarquías defenderán a
sangre y fuego con la fuer-
za de sus policías y de sus
ejércitos.
El deber de todo revolucio-
nario es hacer la revolución.
Se sabe que en América y en
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
96
el mundo la revolución ven-
cerá, pero no es de revolu-
cionarios sentarse en la puer-
ta de su casa para ver pasar
el cadáver del imperialismo.
El papel de Job no cuadra
con el de un revolucionario.
Cada año que se acelere la
liberación de América signi-
fcará millones de niños que
se salven para la vida, millo-
nes de inteligencias que se
salven para la cultura, infni-
tos caudales de dolor que se
ahorrarían los pueblos. Aun
cuando los imperialistas
yanquis preparen para Amé-
rica un drama de sangre, no
lograrán aplastar las luchas
de los pueblos, concitarán
contra ellos el odio universal
y será también el drama que
marque el ocaso de su voraz
y cavernícola sistema.
Ningún pueblo de Améri-
ca Latina es débil, porque
forma parte de una familia
de doscientos millones de
hermanos que padecen las
mismas miserias, albergan
los mismos sentimientos,
tienen el mismo enemigo,
sueñan todos un mismo me-
jor destino y cuentan con
la solidaridad de todos los
hombres y mujeres honra-
dos del mundo entero.
Con lo grande que fue la
epopeya de la independen-
cia de América Latina, con
lo heroica que fue aquella
lucha, a la generación de la-
tinoamericanos de hoy le ha
tocado una epopeya mayor
y más decisiva todavía para
la humanidad. Porque aque-
lla lucha fue para librarse
del poder colonial español,
de una España decadente,
invadida por los ejércitos de
Napoleón. Hoy le toca la lu-
cha de liberación frente a la
metrópoli imperial más po-
derosa del mundo, frente a
la fuerza más importante del
sistema imperialista mundial
y para prestarle a la humani-
dad un servicio todavía más
grande del que le prestaron
nuestros antepasados.
Pero esta lucha, más que
aquélla, la harán las masas,
la harán los pueblos; los
pueblos van a jugar un pa-
pel mucho más importante
que entonces; los hombres,
los dirigentes importan e
importarán en esta lucha
menos de lo que importaron
en aquélla.
Esta epopeya que tenemos
delante la van a escribir las
masas hambrientas de in-
dios, de campesinos sin tie-
rra, de obreros explotados,
la van a escribir las masas
progresistas; los intelectua-
les honestos y brillantes que
tanto abundan en nuestras
sufridas tierras de América
Latina; lucha de masas y de
ideas; epopeya que llevarán
adelante nuestros pueblos
maltratados y despreciados
por el imperialismo, nues-
tros pueblos desconocidos
hasta hoy, que ya empiezan
a quitarle el sueño. Nos con-
sideraba rebaño impotente
y sumiso; y ya se empieza
a asustar de ese rebaño; re-
baño gigante de doscientos
millones de latinoamerica-
nos en los que advierte ya
a sus sepultureros el capital
monopolista yanqui.
Con esta humanidad traba-
jadora, con estos explotados
infrahumanos, paupérrimos,
manejados por los métodos
de foete y mayoral no se
ha contado o se ha contado
poco. Desde los albores de
la independencia sus des-
tinos han sido los mismos:
indios, gauchos, mestizos,
zambos, cuarterones, blan-
cos sin bienes ni rentas,
toda esa masa humana que
se formó en las flas de la
«patria» que nunca disfru-
tó, que cayó por millones,
que fue despedazada, que
ganó la independencia de
sus metrópolis para la bur-
guesía, esa que fue deste-
rrada de los repartos, siguió
ocupando el último escalón
de los benefcios sociales,
siguió muriendo de hambre,
de enfermedades curables,
de desatención, porque para
ella nunca alcanzaron los
bienes salvadores: el simple
pan, la cama de un hospital,
la medicina que salva, la
mano que ayuda.
Pero la hora de su reivindi-
cación, la hora que ella mis-
ma se ha elegido, la viene
señalando, con precisión,
ahora, también de un ex-
tremo a otro del continente.
Ahora, esta masa anónima,
esta América de color, som-
bría, taciturna, que canta en
todo el Continente con una
misma tristeza y desengaño,
ahora esta masa es la que
empieza a entrar defnitiva-
mente en su propia historia,
la empieza a escribir con su
sangre, la empieza a sufrir
y a morir. Porque ahora, por
los campos y las montañas
de América, por las faldas
de sus sierras, por sus lla-
nuras y sus selvas, entre la
soledad o en el tráfco de las
ciudades o en las costas de
los grandes océanos y ríos,
se empieza a estremecer
este mundo lleno de razo-
nes, con los puños calientes
de deseos de morir por lo
suyo, de conquistar sus de-
rechos casi quinientos años
burlados por unos y por
otros. Ahora sí, la historia
tendrá que contar con los
pobres de América, con los
explotados y vilipendiados
de América Latina, que han
decidido empezar a escribir
ellos mismos, para siempre,
su historia. Ya se les ve por
los caminos un día y otro, a
pie, en marchas sin término
de cientos de kilómetros,
para llegar hasta los «olim-
pos» gobernantes a recabar
sus derechos. Ya se les ve,
armados de piedras, de pa-
los, de machetes, de un lado
y otro, cada día, ocupando
las tierras, fncando sus gar-
fos en la tierra que les per-
tenece y defendiéndola con
su vida; se les ve, llevando
sus cartelones, sus banderas
sus consignas; haciéndolas
correr en el viento por entre
las montañas o a lo largo
de los llanos. Y esa ola de
estremecido rencor, de jus-
ticia reclamada, de derecho
pisoteado que se empieza
a levantar por entre las tie-
rras de Latinoamérica, esa
ola ya no parará más. Esa
ola irá creciendo cada día
que pase. Porque esa ola la
forman los más mayorita-
rios en todos los aspectos,
los que acumulan con su
trabajo las riquezas, crean
los valores, hacen andar las
ruedas de la historia y que
ahora despiertan del largo
sueño embrutecedor a que
los sometieron.
Porque esta gran humani-
dad ha dicho: «¡Basta!»
y ha echado a andar. Y su
marcha de gigantes, ya no
se detendrá hasta conquistar
la verdadera independencia,
por la que ya han muerto
más de una vez inútilmen-
te. Ahora, en todo caso, los
que mueran, morirán como
los de Cuba, los de Playa
Girón, morirán por su única,
verdadera, irrenunciable in-
dependencia.
¡Patria o Muerte!
¡VENCEREMOS!
EL PUEBLO DE CUBA
La Habana, 4 de febrero de
1962
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
97
Vengo a denunciar
200 años de agresión
Hugo Chávez Frías
A LOS JÓVENES DEL
MUNDO
Quiero saludarlos a todos
con mucho afecto, con mu-
cho cariño; señor presiden-
te, miembros del jurado,
provenientes de todas las
partes del mundo donde
los pueblos luchamos por
la dignidad, la justicia, la
igualdad, la vida; [donde
luchamos] contra la guerra
y el imperialismo; a todos
ustedes, invitados especia-
les, ponentes que han con-
signado cientos de pruebas,
evidencias y testimonios
que han sido presentados
[ante] este tribunal; a to-
dos ustedes, muchachos y
muchachas, delegados del
mundo en este XVI Festi-
val Mundial de la Juventud
y los Estudiantes.
Bomba atómica para la
vida
Me parece muy signifca-
tiva la fuerza que tienen.
Esa pasión desbordada
evidencia algo que, en la
inauguración del Festival,
comentábamos. Como hace
60 años en Hiroshima y en
Nagasaky, la élite imperial
estadounidense lanzó el
más atroz acto de terroris-
mo que se recuerde en la
historia. Así como explo-
taron aquellas bombas ató-
micas llenando de terror y
de muerte a los pueblos del
mundo; hoy, seis décadas
después, en Caracas, en Ve-
nezuela ha explotado otra
bomba atómica: ustedes, la
bomba atómica de la vida,
de la alegría, de la juven-
tud, del futuro.
Son ustedes una bomba ató-
mica para la vida y estamos
obligados, compañeros, ca-
maradas, compatriotas, a
multiplicarlas por el mundo
entero, por América, por
África, por Asia, por Euro-
pa, por Oceanía.
LOS TRIBUNALES AN-
TIIMPERIALISTAS
Es relevante que
este Tribunal, insta-
lado ayer, en este Po-
liedro de Caracas,
se esté desarrollan-
do en el marco de
este XVI Festi-
val Mundial de
la Juventud y
los Estudian-
tes. Este Tribunal
tiene conexión espiri-
tual y moral, sobre todo,
con otras experiencias
parecidas que han su-
cedido, como aquel fa-
mosísimo Tribunal Russell,
llamado así en honor a su
creador, el gran flósofo pa-
cifsta Bertrand Russell, el
cual en la década de 1960
se instaló para denunciar
y enjuiciar atrocidades: las
agresiones terroristas y las
masacres que las fuerzas
militares de los Estados
Unidos cometieron en Viet-
nam. A él asistieron fguras
mundiales como Lázaro
Cár-
denas.
Mu c h o s
soldados que es-
tuvieron en la gue-
rra y que vieron los
horrores de aquello
estuvieron presen-
tes, y muchos
civiles fue-
ron también
testigos allí.
Hubo prue-
bas sufcien-
tes para condenar al
Gobierno de los Estados
Unidos de entonces, a la
élite imperialista.
Hay otro tribunal mundial
al que hay que atender con
cuidado: el Tribunal contra
la Agresión al Pueblo de
Irak, la cual continúa dejan-
do víctimas diariamente. Ya
el Tribunal Russell le emi-
tió veredictos, prue-
bas sufcientes y con-
tundentes de genocidio,
señalados en este mismo
sitio. El Gobierno de los
Estados Unidos jamás dio
ni una sola respuesta a los
pedidos de aquel tribunal.
[Además, hay que] men-
cionar al Tribunal Interna-
cional Benito Juárez que,
desde hace años, denuncia
las agresiones del Gobierno
de Estados Unidos contra
el pueblo cubano y contra
el pueblo mexicano.
VENGO A ACUSAR UNA
LÓGICA IMPERIAL
Juicio a Mister Danger
Sencillamente ésta es la ra-
tifcación de que estamos
ante el imperio más cruel,
exterminador y agresivo
de la historia, y está sien-
do enjuiciado en este XVI
Festival.
Este juicio se concentra en
un Gobierno, en una perso-
na: Mister Danger. Ustedes
DEL DISCURSO PRONUNCIADO EN EL TRIBUNAL
INTERNACIONAL ANTIIMPERIALISTA
EN EL MARCO DEL XVI FESTIVAL MUN-
DIAL DE LA JUVENTUD Y LOS ESTU-
DIANTES
POLIEDRO DE CARACAS, 14 DE
AGOSTO DE 2005
Este discurso ha sido editado con fnes didácticos
por el MINCI, por lo cual su contenido se encuentra
reorganizado y acompañado de subtítulos, para tratar
de facilitar la lectura y resaltar especialmente las ideas
centrales del discurso del Presidente.
ESTE TRIBUNAL NO ES IMPARCIAL, ESTÁ IMPULSADO
POR LA FUERZA Y EL AMOR DE LOS PUEBLOS
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
98
lo saben, pero es bueno re-
frescarlo, sobre todo a los
visitantes de otros países y
otros continentes.
Venezuela ha tenido grandes
escritores, uno de ellos es
Rómulo Gallegos, [quien]
escribió, hace casi ochen-
ta años, una maravillosa
novela costumbrista, Doña
Bárbara, que recoge tradi-
ciones, realidades… y, pre-
cisamente, el dilema mar-
xista de aquel grito, aquel
clamor de Carlos Marx al
que me refería ayer en el
Teresa Carreño, luego repe-
tido por Rosa Luxemburgo
y hoy es una cruda realidad
ante la que estamos: “civi-
lización o barbarie”, decía
Rómulo Gallegos.
Hoy habrá que decir de
nuevo como Carlos Marx,
como Rosa Luxemburgo,
¡no sólo civilización o bar-
barie sino socialismo o bar-
barie!
Gallegos en esa novela re-
coge y personifca ideas,
los confictos entre el inten-
to de avanzar hacia un mo-
delo civilizatorio, humano
y digno, y las fuerzas que
siempre se han opuesto a
ese avance y que nos han
signado con la barbarie.
De ahí el nombre Doña
Bárbara y el de uno de los
personajes: Mister Danger,
[quien] era un estadouni-
dense que vivía en las saba-
nas de Venezuela y era de
verdad un “danger”. Hoy
ustedes, señor presidente,
señores miembros del Tri-
bunal, están enjuiciando a
Mister Danger, lo que vale
decir enjuiciando al impe-
rialismo estadounidense.
Mister Danger es la per-
sonifcación del peligroso
imperio norteamericano
No ha habido imperio más
brutal que el actual impe-
rio norteamericano. No ha
habido uno más cruel, más
cínico, más salvaje, más
hipócrita ni más peligroso.
Por eso el nombre de Ga-
llegos me parece tan apro-
piado. Sabemos que Mister
Danger no es una persona,
es un sistema imperial, un
sistema hegemónico que va
personifcándose de época
en época, en nombres, en f-
guras, en individualidades,
pero es largo este cuento.
Vengo a acusar a la lógica
imperial estadounidense
Yo vengo, señor presidente,
por tanto, no a acusar a una
persona, sino a la lógica
imperial estadounidense.
Las acusaciones que, des-
de aquí, se han lanzado en
estas últimas horas llevan
varios objetivos, no sólo
condenar lo que ya ha sido
condenado por la historia,
sino mucho más importante
aún: despertar con mayor
fuerza en nosotros la con-
ciencia necesaria en cuanto
a lo individual y lo colectivo
para que salgamos de aquí
disparados como un rayo a
salvar el mundo, porque el
mundo está amenazado.
Hegemonía o superviven-
cia
Este libro es uno de los más
recientes de un gran escri-
tor estadounidense a quien
admiro mucho, Noam
Chomsky, antiimperialis-
ta, como muchos estado-
unidenses (por aquí estoy
viendo a uno: William Pe-
pper, y a muchos otros que
están aquí).
El título de Chomsky po-
dría ser de Marx: Hegemo-
nía o supervivencia, es el
mismo dilema: civilización
o barbarie, socialismo o
barbarie. ¡O desmontamos
el imperialismo norteame-
ricano o éste acaba con el
planeta!, ¡he ahí el dilema!
Chomsky es demoledor.
Hay que disfrutar la forma
en que va demoliendo fal-
sedades como si fuera un
huracán ideológico, con
qué fuerza en la idea y en
la pluma va destruyendo
esquemas imperiales. Para
ser más exacto, así comien-
za el libro:
Primer capítulo: Priorida-
des y expectativas:
Hace unos años, una de
las grandes fguras de la
biología contemporánea,
Ernest Mayer, publicó sus
refexiones acerca de las
probabilidades de éxito en
la búsqueda de inteligencia
extraterrestre. Las expec-
tativas le parecían muy re-
ducidas. Su razonamiento
se fundaba en el valor de
adaptación de lo que de-
nominamos inteligencia
superior, esto es, la forma
específcamente humana
de organización intelectual.
Mayer calculó en unos 50
mil millones el número de
especies que han existido
desde el origen de la vida.
No ha habido imperio más brutal que el ac-
tual imperio norteamericano. No ha habido
uno más cruel, más cínico, más salvaje, más
hipócrita ni más peligroso.
Creemos profunda-
mente en la especie
humana
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
99
De entre las cuales sólo una
alcanzó el tipo de inteligen-
cia necesario para estable-
cer una civilización. Y ello
ocurrió muy recientemente,
quizás hace sólo 100 mil
años. Está generalmente
aceptado que sólo sobrevi-
vió un grupo reproductor, y
que todos nosotros descen-
demos de él. Mayer especu-
ló que la modalidad humana
de organización intelectual
podría no haber sido favo-
recida por la selección.
“La historia de la vida en la
tierra”, prestemos atención
a esta afrmación, refuta la
idea de que es mejor ser lis-
to que estúpido. Esto es su-
mamente grave, ¿será me-
jor ser estúpido que listo?:
Al menos a juzgar por el
éxito biológico, escarabajos
y bacterias, por ejemplo,
son infnitamente más ca-
paces que los humanos en
términos de supervivencia.
Apuntó también, de manera
algo ominosa, que la espe-
ranza media de vida de una
especie ronda los 100 mil
años.
Esto hay que enlazarlo con
los 100 mil años que tene-
mos como especie humana.
Es una especulación, por
supuesto. Sigo:
Estamos entrando en un pe-
ríodo de la historia humana
que podría dar respuesta a
la cuestión de si es mejor
ser listos que estúpidos. La
perspectiva más esperanza-
dora es que dicha pregunta
quede sin respuesta. En caso
de recibir una respuesta de-
fnitiva, ésta sólo podría ser
que los humanos fueron
una suerte de error biológi-
co, que
se sirvieron de los 100 mil
años que tenían asignados
para destruirse a sí mismos,
y, de paso, destruir muchas
otras cosas.
Termina Chomsky refrién-
dose a nuestra especie:
Sin duda la especie ha
desarrollado la capacidad
para obrar de ese modo.
Un hipotético observador
extraterrestre bien podría
concluir que los humanos
lo han demostrado a lo
largo de su historia, y con
efectos devastadores en los
últimos siglos, atacando
el entorno que sostiene la
vida, la diversidad de orga-
nismos más complejos, así
como a sus semejantes con
fría y calculada crueldad.
O acabamos con el impe-
rialismo o éste acaba con
el planeta
El mundo está amenazado.
Vaya tarea la que hemos
asumido; vaya tarea la que
tienen ustedes, muchachos,
en el futuro, y en la que los
acompañaremos mientras
haya fuerza en nuestros bra-
zos, en nuestros corazones
y en nuestras almas, abrien-
do el camino, organizando,
orientando, cooperando.
El revolucionario es el es-
calón más alto de la especie
humana.

Creemos profundamente
en la especie humana
Nunca he compartido la
tesis de Thomas Hobbes
del hombre como lobo del
hombre, del Leviatán; más
bien comparto la tesis de
Cristo el Redentor: “El
hombre es el alfa y el ome-
ga”, el comienzo y el fn, y
allí podríamos
a g r e g a r
aquella tesis de
Ernesto Guevara, el infni-
to Che, cuando dijo que “el
revolucionario es el escalón
más alto de la especie hu-
mana”.
Nosotros los revoluciona-
rios debemos demostrarlo.
Demostremos que la tesis
del lobo del hombre no im-
pondrá, demostremos que
sí es mejor ser inteligente
que estúpido, demostremos
que es mejor un ser huma-
no que una cucaracha; de-
mostrémoslo colocándonos
todos en el escalón más alto
de la especie humana; ¡sea-
mos revolucionarios y cam-
biemos al mundo!
Vale la pena ser humano
Si alguien pudiera, con las
refexiones de los científ-
cos y de los flósofos, lle-
narse de al-
guna duda
acerca de
la viabi-
lidad de
nuestra
espe-
c i e ,
so-
bre lo sublime del ser hu-
mano, que vaya y le mire
los ojos a un niño y tendrá
allí la respuesta maravillo-
sa.
Claro que vale la pena ser
humano, claro que la civili-
zación humana está llama-
da a grandes realizaciones,
sólo que estamos en tiem-
pos bastante maduros para
demostrarlo. Y estamos
convencidos, hasta la mé-
dula, como lo hemos dicho
desde hace tiempo, de que
sí es posible que los pue-
blos del mundo conscientes
y aliados logremos destro-
nar los imperios y dar un
verdadero viraje mundial
hacia la vida, para poder
dejar atrás las fronteras de
la muerte, el terror y el fn
de los tiempos.
Vengo a denunciar un mo-
delo imperial
Yo vengo a denunciar un
modelo imperial, como bo-
livariano que soy, seguidor
profundo del proyecto, de
la idea y de la acción de Si-
món Bolívar, el caraqueño
inmortal; vengo a denunciar
180 años de hostigamiento;
para redondear, más bien
digo: ¡vengo a denunciar
200 años de agresión!
Desde que comenzó a apa-
recer en el horizonte del
Caribe y a levantarse en
estas tierras mágicas del
llamado por algunos
“Nuevo Mundo”,
en estas tierras mágicas del
continente americano; des-
de que comenzó a levantar-
se un proyecto de indepen-
dencia, libertad, igualdad e
integración; desde sus mis-
mos orígenes, ese proyecto
que forma parte del proyec-
to de salvación del mundo
comenzó a ser hostigado,
obstaculizado, infltrado y
saboteado por los Gobier-
nos que, desde entonces,
se instalaron en los Estados
Unidos.
PRUEBAS PARA EL TRI-
BUNAL
Un libro de
Francisco Pividal
He aquí otro libro antiim-
perialista que debería tener
todo revolucionario boli-
variano y del mundo; fue
escrito por un cubano, un
revolucionario ya fallecido.
Vivió en Venezuela varios
años: Francisco Pividal. Lo
conocí cuando ya estaba en
sus últimos años. Escribió
este libro: Bolívar, pensa-
miento precursor del an-
tiimperialismo.
Miranda, otro caraqueño
infnito
El 3 de agosto de este año
empezó a conmemorarse en
Venezuela el Año Mirandi-
no y deberíamos conme-
morarlo en el mundo entero
porque ese día desembarcó
en la Vela de Coro, en el
noroccidente venezolano,
aquel otro caraqueño infni-
to que participó con la espa-
da desenvainada en las tres
grandes revoluciones de su
tiempo, cosa nunca vista en
100 siglos.
Aquí todos somos
Bolívar
Lo que Bolívar denunciaba, se vino cum-
pliendo paso a paso: no le permitieron a
ningún pueblo, en estos años, tomar sus
propios caminos.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
100
En la Independencia de
EE.UU
Participó en la independen-
cia de los Estados Unidos y
conoció a los hombres que
condujeron aquella guerra
contra el imperio más viejo,
el británico.
Estuvo al lado de Washing-
ton, fue amigo de Jefferson,
de Madison y conoció a
fondo el pueblo de los Es-
tados Unidos, lo recorrió y
vio cómo comenzó a nacer
aquel sistema.
En la Revolución Francesa
Luego de una pasada por la
corte de Catalina de Rusia y
de cruzar por aquellos mun-
dos de la Eurasia y de llegar
a ser coronel ruso, llegó a
la Francia revolucionaria
de fnales del siglo XVIII
y se enroló en sus tropas, y,
espada en mano y a caballo,
allí fue jefe del Ejército del
Norte, héroe en la batalla de
Valmy y Mariscal de Fran-
cia. Su nombre está inscrito
en el Arco de Triunfo de la
bella París.
En la Independencia
Americana
No contento con aquello,
[encabezó la revolución
Americana] cuando ya ron-
daba los 60 años edad que,
para aquel momento, po-
dríamos decir que era una
edad avanzada. La esperan-
za de vida en 1800 era de
40 años.
Su patria, Venezuela
Según lo dicen sus diarios,
siempre pensó en la inde-
pendencia de su querida
patria, Venezuela. Desde
Nueva York y Washington,
donde tenía una infuencia
notable; hasta Cuba, Ja-
maica, Sudamérica… todas
esas tierras lo vieron pasar.
Un Quijote sin locura
Editó periódicos desde Lon-
dres en inglés, en español y
hasta en portugués que lle-
gaban al reino mismo del
Brasil, ¡tenía conexiones
mundiales aquel hombre!
Conoció a Napoleón Bo-
naparte, quien de él llegó a
decir un día: “Es un Quijote
sin locura”. Si le quitan la
locura al Quijote, he allí a
Miranda.
El boicot histórico de los
gobiernos estadounidenses
Se dirigió Miranda rum-
bo a Estados Unidos. Para
que veamos cómo, desde
entonces, los gobiernos de
Estados Unidos han estado
boicoteando, saboteando y
traicionando este proyecto
al que hoy, honrosamente,
nos hemos sumado millo-
nes de venezolanos: ¡el pro-
yecto bolivariano!, al cual
se siguen sumando cada día
más hombres y mujeres en
esta América nuestra, en el
Caribe, en Sudamérica, en
Norteamérica y, más allá,
en otros continentes. El epi-
centro de ese proyecto, la
cuna originaria y el punto
focal, están en Venezuela),
desde hace 200 años.
Resulta que llegó a Esta-
dos Unidos a buscar a sus
viejos amigos de 1780,
de 1783 (cuando nació
Simón Bolívar, Miranda
estaba en Estados Unidos
participando en aquellos
movimientos independen-
tistas). Como no consiguió
el apoyo que esperaba en
Londres, se vino a Was-
hington y logró hablar con
el Presidente de entonces,
un viejo amigo, y con el
secretario de Estado. Tuvo
una reunión con James Ma-
dison para pedirle apoyo
para su empresa de venir
a libertar a Venezuela. Eso
fue a fnales de 1805, hace
exactamente 200 años, por
eso digo, señor Presidente,
que he venido a denunciar
200 años de agresión.
Miranda impulsó la in-
dependencia de Estados
Unidos
Miranda confó en sus viejos
amigos, a quienes ayudó de
muchas maneras a impulsar
la independencia de Estados
Unidos. Llegó, incluso, a
dirigir una operación de re-
caudación de fondos en La
Habana y, desde allí (esto lo
saben pocos ciudadanos es-
tadounidenses; William Pe-
pper, hay que hacerlo cono-
cer), se ayudó de múltiples
maneras: con armas, ali-
mentos y provisiones a los
independentistas que lucha-
ban en la Florida, sobre todo
en las Bahamas. ¡Desde La
Habana operó Miranda a fa-
vor de la independencia de
Estados Unidos!
Cómo boicotearon
a Miranda
Miranda tuvo varias reunio-
nes con el Presidente de Es-
tados Unidos y el secretario
de Estado, viejos amigos
(no estoy seguro en este
instante de si Madison era
el Presidente o el secretario
de Estado), lo cierto es que
lo traicionaron.
En primer lugar, no le die-
ron el apoyo que solicita-
ba: dinero para comprar
algunos barcos, armas y
cuadros militares que él co-
nocía desde antes. Al fnal,
varios de ellos se fueron
con él y consiguió apoyo
con algunos amigos, pero
no con el Gobierno de Es-
tados Unidos.
¡No sólo no le dieron apoyo
sino que está comprobado
que le comunicaron al im-
perio español de los planes
de Miranda!
Cuando llegó a las costas
de Venezuela, varios me-
ses después, entre abril y
mayo de 1806, lo estaba
esperando la fota españo-
la. Lo que pudo haber sido
una operación sorpresiva,
bien planifcada, [fue sabo-
teada], porque Miranda era
un genio de la guerra, de la
política; era un flósofo, un
humanista, un gran revolu-
cionario.
Miranda se vino en un bar-
co desde Estados Unidos y
recaló en Haití, que era te-
rritorio libre (sede o epicen-
tro de la primera revolución
en este continente). ¡Vaya
que le han cobrado caro a
Haití el haberse atrevido a
aquella revolución de co-
mienzos del siglo XIX! Ahí
llegó, recibió apoyo y pudo
adquirir dos pequeñas em-
barcaciones a las que les
puso un cañón. A la más
grande le puso el nombre
de su hijo, que tenía alre-
dedor de dos años de edad
y quedó en Londres; se
llamaba Leandro y llamó
Leander al barco, era un ro-
mántico aquel hombre. Las
otras dos embarcaciones
zarparon con una pequeña
tripulación.
Era una operación de gue-
rrilla en el agua. Es muy di-
fícil que tres pequeños bar-
cos sean interceptados por
una fota. Miranda, además,
envió gente a tierra frme
para hacer reconocimientos
y venía directo por la en-
senada de Ocumare. Había
escogido bien el sitio del
desembarco para establecer
una cabeza de playa y co-
menzar un proceso que ya
estaba en ebullición.
Era 1806, había ocurri-
do aquí la conspiración de
Gual y España, las rebelio-
nes de los negros y cimarro-
nes, del negro Andresote,
del negro Miguel; y tam-
bién en la Nueva Granada,
en el Ecuador y en México
se levantaban los indios,
los esclavos, los pobres, los
proletarios de la América
india; ¡se levantaban contra
el imperio español!
Las condiciones estaban
La supervivencia en
el planeta está
amenazada
He venido en defensa del proyecto de Si-
món Bolívar, el proyecto de los pueblos de
la América Latinocaribeña que se une al
proyecto por un mundo mejor, por un mun-
do distinto.
Vale la pena ser humano
Si alguien pudiera, con las refexiones de
los científcos y de los flósofos, llenarse
de alguna duda acerca de la viabilidad de
nuestra especie, sobre lo sublime del ser hu-
mano, que vaya y le mire los ojos a un niño
y tendrá allí la respuesta maravillosa.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
101
allí para seguirlas abonan-
do… y venía Miranda, pero
lo estaban esperando. Le
infltraron, incluso, la tripu-
lación y toda la información
llegaba al imperio español.
Le hundieron un barco, casi
lo capturan. Logró escapar a
Trinidad, pero le arrestaron
a casi toda la tripulación.
Comentaba hace poco que
es necesario que le haga-
mos un homenaje a esos
mártires de los que el pue-
blo venezolano no conoce
ni los nombres, porque nos
borraron la memoria histó-
rica, nos negaron la verdad.
Ésa es otra de las tretas del
imperialismo histórico:
nos niega nuestra propia
verdad, nos borra nuestras
raíces.
Aquí, en la Plaza Mayor,
fueron ahorcados los jefes
y ofciales de la tripulación
que fueron capturados, y
hay que decir que allí no ha-
bía ni un venezolano. Eran
norteamericanos, ingleses,
haitianos y jamaiquinos
que se enrolaron en aquella
expedición quijotesca.
Miranda insiste. Desde el
Caribe busca otros apoyos
y logra otra escuadra pe-
queña, y por fn logra pene-
trar las barreras de la fota
española, desembarcando
el 3 de agosto de 1806 en
La Vela de Coro.
Miranda fue víctima de la
traición del Gobierno de
Estados Unidos.
La oposición a Bolívar
A los pocos años llegó Bo-
lívar y comenzó la revolu-
ción de independencia. Éste
toma de Miranda el proyec-
to de la Gran Colombia.
En este libro, como les con-
taba, Pividal deja evidencia
de todas las acciones del
Gobierno de Washington
para frenar, neutralizar,
quebrar el proyecto boliva-
riano. Ese mismo que hoy
dignamente, represento
ante el mundo, en nombre
de millones de hombres y
mujeres de esta Patria.
Dice Pividal:
Los círculos gobernan-
tes de los Estados Unidos
combatieron por espacio
de 63 años la posibilidad
de que las repúblicas his-
panoamericanas
cont i nuar an
los propósi-
tos integra-
cionistas de
la anfctionía,
fuera del dominio
del águila imperial,
cuando en 1889…
Aquí se refere a la
Conferencia Internacio-
nal Americana, que fue de-
nunciada por José Martí.
Ahí se alzó la voz de ese
gran bolivariano y revo-
lucionario. Más adelante,
dice (fíjense cómo llama-
ban a Bolívar los corres-
ponsales, diplomáticos de
Washington en estas tie-
rras: “Tratadista teórico de
propósitos fotantes e indi-
gestos”. Todo esto está en
documentos y cartas):
Todos esos estados, Chile
y Buenos Aires, se unirán
para oponerse a la infuen-
cia del dictador.
El dictador era Bolívar, se-
gún Estados Unidos. Terce-
ra cita:
Muchas importantísimas
cartas de Bolívar arrojan
considerable luz sobre sus
designios y serán una ayuda
poderosa para Santander.
El Gobierno gringo se ganó
a Santander y, aquí, a Páez,
y los pusieron en contra de
Bolívar; una demostración
de ello es que espías nor-
teamericanos, o al servi-
cio de Estados Unidos, le
robaron un baúl de cartas
a Bolívar (la malinche, el
malinchismo, el entreguis-
mo, el lacayismo) y se las
llevan a los enviados de Es-
tados Unidos, “y esas car-
tas”, dice aquí uno de ellos,
“importantísimas cartas de
Bolívar, arrojan considera-
ble luz sobre sus designios
y serán una ayuda poderosa
para Santander contra los
pérfdos designios del usur-
pador”. El usurpador era
Bolívar.
En un capítulo Pividal
resume: “Bolívar
frente a los
Estados
Uni -
d o s ” ,
y hay una
serie de citas
en donde se reve-
la el enfrentamiento
que, desde entonces,
comenzó a levantarse en
estas tierras.
Hay un famoso episodio
aquí referido sobre unos
barcos en los cuales el Go-
bierno de Estados Unidos
enviaba apoyo a los españo-
les en tierra frme; entraban
por el río Orinoco… Fue-
ron detenidos y requisados
los barcos por las tropas de
Bolívar, y se presentó en-
tonces un incidente diplo-
mático.
El Gobierno de Estados
Unidos envió a un ministro
plenipotenciario llamado
Juan Bautista Irving, quien
comienza una serie de re-
clamos dirigidos a Bolívar
y exige que se devuelvan
los barcos.
Uno va siguiendo la lec-
tura y se da cuenta de que
las primeras cartas son muy
diplomáticas, pero luego el
lenguaje se va tensando y el
tono va subiendo. En 1818,
Bolívar le escribe:
Pretender, pues, que las
leyes sean aplicables a no-
sotros y que pertenezcan
a nuestros enemigos las
prácticas abusivas, no es
ciertamente justo, ni es la
pretensión de un verdadero
neutral, es sí condenarnos a
las destructivas ventajas.
[Esto se plantea así] porque
los Estados Unidos se
declaraban neutrales,
pero les exigían a los
venezolanos que
cumplieran las
“leyes” que
querí an
imponer-
les a estas
tierras y
a estos
pueblos
d e s d e
e n t o n -
ces, y eximían de ello a los
imperialistas españoles. Se
pregunta Bolívar en una
carta a Irving, de 1818:
¿No sería muy sensible
que las leyes las practica-
se el débil y los abusos los
practicase el fuerte?, tal
sería nuestro destino si no-
sotros sólo respetásemos
los principios y nuestros
enemigos nos destruyesen,
violándolos.
Catorce días más tarde,
Simón Bolívar vuelve a la
carga con la si-
guiente fra-
se:
N e g a r
a una
p a r t e
los ele-
me nt os
que no
No nos vamos a rendir
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
102
tiene y sin los cuales no
puede sostener su preten-
sión cuando la contraria
abunda en ellos, es lo mis-
mo que condenarla a que
se someta.
El mismo discurso imperial
a lo largo de 200 años de
historia. [Éste es] el resulta-
do de la prohibición de ex-
traer armas y municiones.
Es lo mismo, ahora tienen
un alboroto en el mundo
porque nosotros vamos a
comprarle a Rusia 100 mil
fusiles para nuestras tropas
de infantería.
Es una agresión de 200
años: el mismo discurso.
Aquí parece que Bolívar es-
tuviera defendiendo nuestro
Gobierno, hoy, y en verdad
lo está defendiendo desde
entonces, él mismo lo dijo
a punto de morir:
Mis angustias vivirán en el
futuro, el destino de Vene-
zuela no me será indiferente
ni aún después de muerto.
Fíjense como sigue Bolívar:
El resultado de la prohi-
bición de extraer armas y
municiones califca clara-
mente esta parcialidad. Los
españoles, que no las nece-
sitaban, las han adquirido
fácilmente, al paso que las
que venían para Venezuela
se han detenido.
El Gobierno de EEUU de-
tenía los barcos que, a duras
penas, Bolívar y aquellos
hombres lograban comprar
en el Caribe y en otras par-
tes del mundo. En cambio,
barcos tripulados por esta-
dounidenses entraban por el
río Orinoco llevando armas
a las tropas españolas.
Por eso Bolívar, en alguna
carta, más adelante, cuando
se da cuenta de que ya no
hay ninguna esperanza de
instalar unas relaciones res-
petables con el Gobierno de
Estados Unidos, dice:
¿Qué hermanos son estos
los del Norte que hasta la
España reconoció nuestra
independencia y ellos se
niegan a hacerlo?
En tono mucho más frme,
posteriormente, deja escri-
to, para nosotros y para to-
dos los siglos, algo que es y
debe ser, para todos los ve-
nezolanos, en particular, ra-
zón de vida. Compatriotas
venezolanos, óigan lo que
viene aquí, es igual para to-
dos los pueblos del mundo.
Óigan a Bolívar hablando
con el alma de soldado y
líder de pueblos:
Protesto a usted que no
permitiré que se ultrajen ni
desprecien el Gobierno y
los derechos de Venezue-
la. Defendiéndolos contra
la España ha desaparecido
una gran parte de nuestra
población, y el resto que
queda ansía por merecer
igual suerte.
Lo decimos con igual vigor
los patriotas de Venezuela,
al imperialismo norteame-
ricano, al Mister Danger de
hoy, le respondemos con
esta carta de Bolívar dirigi-
da al Mister Danger [de en-
tonces]. Ese Mister Danger
tiene 200 años y ese Bolí-
var tiene también 200 años.
Aquí todos somos Bolívar:
Defendiendo los derechos
de Venezuela contra la Es-
paña ha desaparecido una
gran parte de nuestra po-
blación, y el resto que que-
da ansía por merecer igual
suerte.
Así termina Bolívar esta
elaboración de la idea, de la
dignidad:
Lo mismo es para Venezue-
la combatir contra la Es-
paña que contra el mundo
entero si todo el mundo la
ofende.
Esto es lo mismo que decir,
Fidel: “¡Patria o muerte!”
Cinco días después, Bolívar
le manda otra carta (parecía
una ametralladora aquel
hombre) a Mister Irving
(pero se trata, realmente,
de Mister Danger). Mister
Irving no se dejaría intimi-
dar, y Bolívar le dice en la
escalada:
El valor y la habilidad,
señor agente, suplen con
ventaja al número. Infe-
lices los hombres si estas
virtudes morales no equi-
librasen y aún superasen
las físicas, el amo del rei-
no más poblado sería bien
pronto señor de toda la tie-
rra, por fortuna, se ha visto
con frecuencia a un puñado
de hombres libres vencer a
imperios poderosos.
Alguien podría pensar que
Fidel Castro fue el que es-
cribió esto; que fue Sandi-
no el que escribió esto; o
Pancho Villa, Mariátegui,
Morazán; alguien podría
pensar que fue el caballero
de la esperanza, Luis Car-
los Prestes o el Che Gue-
vara. Y, en verdad, ellos lo
escribieron y nosotros, hoy,
lo estamos escribiendo una
vez más ante la historia.
Finalmente, Bolívar devol-
vió los barcos pero se que-
dó con las armas, que era
lo que le interesaba. Tenía
presos a los tripulantes que
eran todos estadouniden-
ses; los liberó, pero la gue-
rra continuó. Aquello fue
apenas una batalla, estaba
comenzando una larga gue-
rra entre el bolivarianismo
revolucionario y el impe-
rialismo monroísta. Esta-
ban Bolívar aquí y Monroe
allá, y aquí estamos, en ple-
na batalla.
Brasil en tiempos
del Libertador
Bolívar llega a vislumbrar
en el horizonte lo que aún
no existía, porque Estados
Unidos, no podemos decir
que era, en 1820, un impe-
rio. Los gobiernos de Es-
tados unidos estaban en su
etapa preimperialista. Sin
embargo, Bolívar intuye,
escribe, refexiona, se de-
bate y busca alianzas; bus-
ca unidad con el Río de la
Plata, incluso con el Brasil.
Tenía razones para ser pre-
cavido porque el Brasil era
un imperio, recordémoslo:
producto de la invasión na-
poleónica, se había venido
el imperio de los Bragan-
zas al Brasil y allí se insta-
ló. Bolívar quería una gran
República.
Dada la claridad esplendo-
rosa que aquel hombre tuvo
y la confrontación que se
inició con el imperio o el
preimperio norteamericano,
en enero de 1830, cuando
estaban haciendo esfuerzos
supremos por salvar la uni-
dad grancolombiana que se
quebraba y se hundía de-
lante de sus propios ojos,
a Bolívar le tocó recibir al
primer embajador que el
imperio del Brasil nombró
en Bogotá, y en una carta
que le deja al embajador y a
la historia, le da la bienve-
nida y le dice:
Señor embajador, el im-
perio del Brasil es la ga-
rantía más grande que nos
ha enviado la providencia
para garantizar la con-
tinuidad de nuestras na-
cientes repúblicas.
Una visión geopolítica; a
pesar de que Brasil era ya
un imperio, Bolívar sabía
que no era una amenaza
imperialista para Suraméri-
ca ni para el Caribe. Tenía,
además, a su lado, a uno de
sus más grandes amigos y
aliados: un pernambucano
del norte de Brasil, infnito
revolucionario y socialista,
el general libertador José
Inácio Abreu e Lima. Ya te-
nía contacto con los revolu-
cionarios del Brasil; desde
Angostura, desde el Ori-
noco hasta el Amazonas,
circulaban las corrientes
revolucionarias por todo el
norte del Brasil y el sur de
Venezuela hasta el Caribe.
Bolívar sigue escribiendo y
actuando.
El boicot al Congreso An-
fctiónico de Panamá
Hay una frase premonitoria
que recoge la angustia de
Bolívar y desnuda la ver-
dad de las agresiones de
200 años contra el proyecto
bolivariano:
Los Estados Unidos de
Norteamérica parecen
destinados por la Provi-
dencia a plagar la Améri-
ca de miserias a nombre
de la libertad.
Pareciera que en esa frase
se resume todo lo que Pi-
vidal recoge en este libro,
pero Bolívar sigue dicien-
do, ya en 1825, por ejem-
plo, que “los señores ame-
ricanos serán sus mayores
opositores”; se refería a
la convocatoria al Congre-
Simón Bolívar sigue vigente
El juicio de la historia en el cual estamos
también incluidos, no es a una persona, es
a un sistema mundial que amenaza a todos,
incluyendo al pueblo de Estados Unidos
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
103
so de Panamá, “serán sus
mayores opositores a títu-
lo de la independencia y la
libertad, pero el verdadero
título es por egoísmo y por
ambición”; y así sigue es-
cribiendo:
Yo recomiendo a usted que
haga tener la mayor vigi-
lancia sobre estos america-
nos que frecuentan las cos-
tas: son capaces de vender
a Colombia por un real.
Consigno este libro al Tri-
bunal para que ustedes con
más tiempo revisen las
pruebas.
El atentado al Libertador
de 1828
Las pruebas están a la vis-
ta en miles de documentos.
Trataron de matar a Bolívar
varias veces y la ocasión en
la que los asesinos estuvie-
ron más cerca de lograr su
cometido fue una noche de
septiembre de 1828, en Bo-
gotá. Llegaron a la puerta
de su cuarto, mataron al co-
ronel Ferguson, su edecán,
cuando Bolívar descansaba
con la Manuela, “la Liber-
tadora del Libertador”, su
mujer, la quiteña inmortal,
“la rosa roja insepulta”,
como cantó Neruda.
Era roja Manuela, era gran-
de Manuela, era corone-
la Manuela. Ella le dice a
alguien, con una claridad
espeluznante, en una car-
ta: “No me gané los títulos
de coronela en la cama con
Bolívar, me los gané en el
campo de Ayacucho”.
Manuela la revolucionaria,
aquella que le escribe a Bo-
lívar angustiada, en 1828 ó
1829: “Simón, Simón, Si-
món: si nuestros indígenas
siguen pidiendo limosnas
en las calles ¿de qué sirvió
la independencia?”
Pues Manuela, aquella no-
che, salvó la vida de Bo-
lívar. Sabemos la historia:
él quería salir espada en
mano a enfrentar a los con-
jurados, pero ella, mujer
al fn, le quitó la espada y
lo convenció para que se
lanzara por una ventana y
huyera para salvarse de la
muerte. Entre el bullicio
ocasionado por los tiros en
la puerta, la muerte de Fer-
guson y los gritos: “¡muera
Bolívar, muera el tirano!”,
ella sale, espada en mano
y detuvo a los conjurados
y los confunde: “¡Aquí no
está Bolívar”.
Frenaron el proyecto bo-
livariano
Hay muchas evidencias
que quedaron regadas por
las calles de la Bogotá de
1828, 1829, acerca del pa-
pel que habrían jugado los
enviados plenipotenciarios
de Washington, aliados con
el general Santander, para
liquidar físicamente a Si-
món Bolívar.
Ya lo habían liquidado
moralmente, ya lo estaban
liquidando políticamente,
sólo les faltaba darle el tiro
de gracia.
Lo liquidaron: lograron fre-
nar el proyecto bolivariano,
quebrarlo en pedazos, lo-
graron que las oligarquías
en todos estos países se
impusieran al fn, y que la
frase de Manuela quedara
pendiente: “Si los indios y
los pobres siguen pidiendo
limosna, ¿de qué sirvió, Si-
món, esta independencia?”
Esa frase, hoy, está pen-
diente y suspendida a los
cuatro vientos de la Améri-
ca bolivariana.
El atentado al Gran
Mariscal de Ayacucho
De igual manera, estuvieron
detrás del asesinato del Ma-
riscal Sucre en Berruecos.
El más frme general bo-
livariano y el de mayor
proyección política; había
sido Presidente fundador
de Bolivia ¡y de qué mane-
ra gobernó Sucre a Bolivia,
que hoy le siguen rindien-
do tributo al cumanés los
pueblos indios y los pue-
blos enteros de la Bolivia
hermana! Y no sólo había
fundado Bolivia y demos-
trado una gran capacidad
política, sino que, además,
era un gran general, el Ma-
riscal de Ayacucho. Bolívar
había dicho: “Donde está el
Mariscal Sucre está el alma
del Ejército”.
Sucre tenía una gran ca-
pacidad de liderazgo y de
estadista, ya lo había de-
mostrado. Apenas tenía 35
años cuando la mano ase-
sina lo alcanzó el 4 de ju-
nio de 1830, en la selva de
Berruecos.
América para la élite
imperialista
También quedaron eviden-
cias acerca de la participa-
ción del Gobierno de Mister
Danger en el asesinato del
Gran Mariscal de Ayacu-
cho, en la división entre la
Nueva Granada y Venezue-
la, en la división de la Amé-
rica del Sur y en el fracaso
del Congreso Anfctiónico
de Panamá, que era la vía
para la integración de es-
tos pueblos en el proyecto
que Bolívar llamara “la liga
de unión perpetua entre las
nacientes repúblicas de la
América antes española”.
De esta forma se impuso el
proyecto monroísta “Amé-
rica para los americanos”,
¿Qué estaría pasando en Suramérica si el Gobierno de Allende no
hubiese sido derrocado por el imperialismo?, ¿qué estaría pasan-
do hoy en Suramérica si el Gobierno de Joao Goulart no hubiese
sido derrocado por el imperialismo?
Estoy hablando sólo de gobiernos, pero ¿qué estaría pasando hoy,
en Colombia, si no hubiese sido asesinada la voz del pueblo
colombiano que fue y sigue siendo Jorge Eliécer Gaitán?
¿qué hubiese pasado si no hubiesen asesinado a Pancho Villa, a
Emiliano Zapata, a Augusto Sandino?
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
104
es decir, América para la
élite estadounidense, para
la élite imperialista.
Lo que ha ocurrido en es-
tos años, lamentablemen-
te, no ha sido sino la con-
frmación de la profecía de
Bolívar. Para confrmarla
veamos la historia de he-
chos que aquí han sido de-
nunciados: a fnales del si-
glo XIX, la agresión contra
Cuba y toda la batalla que
dio Martí contra el impe-
rialismo; y en todo el siglo
XX: la agresión contra Cen-
troamérica y su división, la
ocupación de Panamá, el
asesinato de líderes y el te-
rrorismo de Estado contra
los pueblos de la América
Latinocaribeña. Ahí están
todavía frescos los rastros,
para [entablar] el juicio
histórico de estos 200 años
de agresiones e invasiones
contra el proyecto.
Uno podría preguntarse cuál
sería hoy la realidad en este
continente y en el mundo, si
no hubiesen ocurrido algu-
nos de los acontecimientos
[que se han sucedido] a lo
largo de estos 200 años.
Hace poco, en una reunión
de presidentes donde algún
expositor dijo que no había
que buscar las culpas en el
Norte, que ellas estaban en-
tre nosotros, yo respondía
que, como cristiano, estoy
de acuerdo con antes de
ver la paja en el ojo ajeno
mira la viga que tienes en
el tuyo, es cierto, pero hay
que reconocer (aunque sea
la paja en el ojo ajeno), en
el caso de EEUU y América
Latina, ¡ellos tienen la viga
y nosotros tenemos la paja
en el ojo!
El Proyecto Bolivariano
versus el de Mister Danger
La confrontación está cla-
ra, el proyecto Bolivariano
por un lado y el de Mister
Danger, por el otro. Son
200 años de confrontación
y van apenas unos rounds,
¡no ha terminado la bata-
lla!, estamos obligados a
ganarla con la ayuda del
pueblo de EEUU, en el
cual creemos; el pueblo
de Walt Withman, Martin
Luther King, de Mohamed
Alí, Malcolm X y cuántos
[otros]. Pepper, contamos
con el pueblo de EEUU
para salvar al mundo.
Señores miembros del Tri-
bunal Mundial Antiimpe-
rialista, me preguntaba,
para responder a quienes
dicen, desde nuestros pro-
pios pueblos (algunos lo di-
cen de manera inocente, no
podemos condenar a todos),
terriblemente confundidos,
que no podemos echarle la
culpa de nuestros males al
imperialismo, que somos
nosotros los culpables.
El Imperialismo es Herodes
Lo que Bolívar denuncia-
ba, se vino cumpliendo
paso a paso: no le permi-
tieron a ningún pueblo, en
estos años, tomar sus pro-
pios caminos. Así como
Herodes quería cercenar la
cabecita del niño Jesús re-
cién nacido. Claro, 33 años
después cercenaron la vida
del Jesús redentor y már-
tir revolucionario, pero en
esos 33 años Jesús sembró
una doctrina que, sin duda,
es revolucionaria.
Hay que leer al verdadero
Jesús, no al de las élites de
la oligarquía; al verdadero
Jesús: el que nació y creció
entre los pobres, el que en-
frentó al imperialismo ro-
mano de entonces.
El que enfrentó la élite reli-
giosa y económica de enton-
ces, que andaba arengando a
la gente para que se amaran
los unos a los otros.
Si el imperio no hubie-
se boicoteado a nuestros
pueblos
Habría que preguntarse
¿qué habría pasado o qué
estaría pasando hoy exacta-
mente en América Latina y
el Caribe si el imperialismo
norteamericano, si Mister
Danger no hubiese invadido
la Guatemala de Jacobo Ár-
benz en 1954? Por ejemplo.
No les permitieron a los
pueblos de América Latina,
en 100 años, echar adelan-
te sus propios sueños. No
podemos decir que los pue-
blos de este continente no lo
intentaron, ¡vaya que lo in-
tentaron!, ¡vaya que dejaron
sangre y huesos tirados por
los caminos abonando estas
tierras!, ¡vaya que tenemos
pensadores, flósofos, lite-
ratos, escritores, soldados,
revolucionarios, líderes,
hombres y mujeres en estos
200 años y, sobre todo, en el
último siglo!
Para tener otro ejemplo cer-
cano: ¿qué estaría pasando
ahora mismo si el imperio
de Mister Danger no hu-
biese invadido la República
Dominicana, cercenado y
derrocado al gobierno del
infnito dominicano, herma-
no revolucionario, don Juan
Bosch?, ¿qué hubiese pasa-
do si no hubiesen ocurrido
las invasiones de Grenada,
Haití y Panamá?
¿Qué estaría pasando en
Suramérica si el Gobierno
de Allende no hubiese sido
derrocado por el imperia-
lismo de Mister Danger?,
¿qué estaría pasando hoy en
Suramérica si el Gobierno
de Joao Goulart no hubiese
sido derrocado por el impe-
rialismo de Mister Danger?
Estoy hablando sólo de go-
biernos, pero ¿qué estaría
pasando hoy, en Colombia,
si no hubiese sido asesinada
la voz del pueblo colombia-
no que fue y sigue siendo
Jorge Eliécer Gaitán?
Podríamos hacernos mu-
chas otras preguntas: ¿qué
hubiese pasado si no hu-
biesen asesinado a Pancho
Villa, a Emiliano Zapata, a
Augusto Sandino? Y paren
de contar.
Cuando miramos en retros-
pectiva, podemos darnos
cuenta, camaradas, del in-
menso valor de la Cuba Re-
volucionaria: dentro de todo
esto, una excepción.
La supervivencia en el pla-
neta está amenazada
Decía hace poco un vocero
de Mister Danger que ha-
bía un riesgo en América
Latina y que era una ame-
naza para Estados Unidos:
la unión entre el “genio ma-
lévolo” (según ellos, eso es
Fidel: un genio malévolo) y
el “acaudalado petrolero”,
que es Chávez; que triste
papel el que me asignan a
mí. Entonces, la unión del
genio malévolo y el acau-
dalado Chávez, según Mis-
ter Danger, hoy es la mayor
amenaza, ya no sólo para la
América Latina y la estabi-
lidad regional, sino para la
seguridad de EEUU.
Vengo a defender el Proyec-
to de Bolívar
He venido en defensa del
proyecto de Simón Bolívar,
el proyecto de los pueblos
de la América Latinocari-
beña que se une al proyecto
por un mundo mejor, por un
mundo distinto.
Hoy, este proyecto que se
une al mayor proyecto na-
ciente, sin duda, el de salva-
ción del planeta. Voy a in-
sistir en la idea, no estamos
exagerando en lo absoluto,
convenzámonos todos, so-
bre todo los más jóvenes y
ayudemos a convencer al
mundo entero o al menos
a la mayoría en el mundo:
está seriamente amenazada
la supervivencia y la vida
en nuestro planeta; está
seriamente amenazada la
especie humana y las ame-
nazas son distintas, pero la
mayor amenaza que hay
en este momento contra
los pueblos del mundo y la
vida en el planeta se llama
“imperialismo norteameri-
cano”, ¡es la primera de las
grandes amenazas que hay
en el mundo!
Asumo el riesgo por millo-
nes de seres humanos
Después de aquella lección
de amor que nos dio el pue-
blo venezolano, después de
habernos dado aquella lec-
ción de conciencia, después
de haber seguido hasta el
extremo el mandato de Cris-
to que dicta que si te gol-
El mundo que necesitamos, ese otro mundo posible, debe ser plu-
ripolar para que esté equilibrado. Lo que Simón Bolívar llamaba
“el equilibrio del universo”. De allí, la idea bolivariana de nues-
tro proyecto de integración de un polo de fuerzas en América Lati-
na y el Caribe para equilibrar el continente americano y ayudar a
[lograr el] equilibrio del mundo con Europa, Asia, África.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
105
pean una mejilla pongas la
otra... ¡hasta el punto de que
las dos mejillas se nos pu-
sieron moradas!, como dice
Alí Primera; decidí asumir
esta vocería, a nombre de
millones de seres humanos
señalando directamente al
culpable.
Estoy totalmente consciente
de que cada vez que vengo
a escenarios como éste, a
decir estas verdades tan du-
ras como el diamante, tan
claras como un mediodía,
se incrementan los riesgos
de que el imperialismo de
Mister Danger acabe con mi
vida; lo sé.
Tengo muy claro que me
han condenado a muerte en
las élites del imperialismo,
y sobre todo ahora, porque
contra nosotros in-
tentaron la infl-
tración, y lo
lograron.
I n t e n -
t a n d o
domar
l a
con-
ciencia
Recuerdo
cuando ga-
namos las elec-
ciones. A los pocos
días, uno de los vo-
ceros del imperialis-
mo escribió por allí:
“No pudimos contra
el bicho”. Es decir, no
pudieron detener a la
bestia. Según ellos, yo
soy la bestia.
Alexander Hamilton
llamaba al pueblo “la
gran bestia”, esa con-
cepción elitista impe-
rialista nació cuando
nacieron los EEUU,
desde su naci-
miento surgieron
con una visión
imperialista (las
élites, no el pueblo de Esta-
dos Unidos, aclaro una vez
más), y “como no pudimos
con la bestia, entonces ha-
brá que domarla”, y trataron
de “domarme” infltrándose
en mi Gobierno; lograron
sorprenderme muchas ve-
ces en mi buena fe.
Intentando frenar
la Revolución
Un buen amigo, flósofo y
maestro me decía: “Hugo,
tienes que graduarte de
viejo a los 40 años, debes
ser viejo antes de tiem-
po, porque eres un mu-
chacho, no tienes ni una
sola cana y ellas hacen
falta”. Era muy
ingenuo. A
uno le
f a l -
taba mu-
cho aquello
de Cristo, éramos
cándidos como las
palomas, nos fal-
taba la astucia de
la serpiente. Es-
tamos llamados
a seguir siendo
cándidos como
esa paloma,
pero armé-
monos con
la astucia de
la serpiente;
he venido
armándo-
me de ella
es t os
años,
pero
a
fuerza de golpes y latiga-
zos.
Infltraron el Gobierno, ¡y
bien infltrado! Los vene-
zolanos sobre todo, muchos
hermanos latinoamericanos
saben hasta dónde. Incluso,
antes de llegar al Gobierno.
Cuando se dieron cuenta de
que no podían con la bestia,
comenzaron a mover sus
fchas para tratar de domes-
ticarla. Recuerdo, en aque-
llos primeros años, haber
caminado tan mal rodeado.
Cuando veo algunas fotos
me da vergüenza conmigo
mismo.
Yo he paseado con estos pies
por la Gran Manzana, que
es muy lindo (Manhattan);
fui a darle el golpe, con esta
mano izquierda, a la bolsa
de valores de Nueva York y
me aplaudieron mucho.
Era muy ingenuo,
por decir lo me-
nos, y en
u n a
ocasión me invitaron a una
cena en Nueva York, o no
sé si fue en Washington
[cuando pienso en eso me
siento] como el Quijote: en
algún lugar de aquellos la-
res que no quiero recordar,
una cena…
¿Se imaginan ustedes a
Chávez de frac, con una ele-
gancia digna de otros caba-
lleros de la historia? Cuando
me senté a la mesa, no co-
nocía a casi nadie. Estaban
unas damas elegantísimas y
hermosas, unos caballeros
muy bien trajeados en unos
espacios enceguecedores,
¡el veguero de Sabaneta era
yo! Y buen vino, buen whis-
ky, caviar, buena comida;
recuerdo que cuando nos
sentamos a la mesa, tenía de
frente a un caballero, ¡oh,
sorpresa!: ¡Mister Kissin-
ger! ¡Qué mal acompañado
estaba entonces!
Pero el veguero de Sabaneta
parece que tiene sangre de
Florentino, de las vegas, de
los montes, y fue aforando
de alguna parte de las mé-
dulas… y el pueblo venezo-
lano en las calles, además,
estaba clamando.
Poco a poco, me fui dando
cuenta del cerco que me te-
nían.
El cerco
¡En Mirafores
me tenían
un cerco terrible! Cualquier
madrugada de palacio salgo
a caminar, a tomar aire, y
llego a la central telefónica
del Despacho. Entré allí, es-
taba una señora medio dur-
miéndose, a quien saludé.
Me senté a tomarme un café
con ella y le dije: “Préstame
el libro de llamadas; déja-
me ver qué llamadas hay
por ahí”. ¿Sabes qué des-
cubrí, Germán?, ¡no menos
de cinco llamadas de Fidel
Castro!, ¡no me pasaban las
llamadas! Vean hasta dónde
llegan los círculos del po-
der. Había instrucciones de
que no se me pasaran lla-
madas de Fidel Castro, por
ejemplo, y muchas otras; yo
me fui dando cuenta [con el
pasar del tiempo].
En una ocasión me llegaron
con un estudio y unos ex-
pertos (ellos de verdad cre-
yeron que yo era pendejo)
para hacerme ver, con cur-
vas matemáticas y estudios
científcos, que la presencia
de Fidel Castro en Venezue-
la, en la primera visita, no
era conveniente porque “iba
a disparar el riesgo país y,
por tanto, la deuda externa
se iba a disparar, las fnan-
zas se iban a desplomar”.
Cuando yo iba a La Haba-
na [pasaba lo mismo], “no
es conveniente el viaje a La
Habana por esto, por aque-
llo”. ¡Yo voy a La Haba-
na cuando me
dé la gana!
En resumen,
en esa pri-
Levantemos en todo el mundo la gran su-
perpotencia liberadora: las ideas de los
pueblos, la opinión pública de los pueblos
del mundo para decirle no al imperialismo;
para rechazar las políticas imperialistas
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
106
mera etapa trataron de do-
mar a la bestia, trataron de
frenar y de neutralizar el
proyecto bolivariano. Lue-
go, vino la Constitución y
las leyes habilitantes. Re-
cuerdo una madrugada que
fue determinante y que
marcó un hito en el camino:
[en ese momento, mantu-
ve] una conversación, de
no menos de siete horas,
con una persona que venía
de Estados Unidos y vino a
decirme que no era posible
hacer cambios profundos en
Venezuela, que esa persona
con tantos años de experien-
cia sabía lo que decía, que
teníamos que echar atrás las
49 leyes habilitantes.
Era lo que ya pedía furiosa-
mente la oligarquía en las
calles. Quemaban las leyes
en las calles. Había comen-
zado ya el golpe de Estado,
estaban articulándose los
movimientos militares de
las élites y los traidores, ya
estaban alineados los me-
dios de comunicación y dis-
paraban a mansalva contra
el Gobierno.
Todo eso [fue] dirigido des-
de Washington. Aquello fue
como la última oportunidad
que tuvo la bestia, el último
mensaje del imperio, yo lo
entendí muy claro cuando
se me dijo, ya al amanecer:
“Mira Hugo, si tú mantienes
esa posición vendrá un gol-
pe de Estado”. Yo le dije:
“Que venga, pero no hay
cambios en la Revolución”.
El carácter patriótico de
nuestra Fuerza Armada
Y vino el golpe de Estado,
pero, luego, vino la revo-
lución de un pueblo y unos
soldados patriotas que lo
barrieron.
[Fueron] días memorables
aquellos y, luego, la Revo-
lución Bolivariana declara,
por primera vez, su carácter
antiimperialista.
Cuando hablo de estos te-
mas recuerdo aquella ex-
presión, tan gráfca y cer-
tera, de León Trotsky: “La
revolución necesita el látigo
de la contrarrevolución para
probar si es una revolución
verdadera”, y así es como
la Revolución Bolivariana
ha venido profundizándose,
expandiéndose.
Decía que, sobre todo aho-
ra, después de que han
comprobado que no hay
golpe de Estado posible
en Venezuela, que aquí no
van a conseguir a un Pi-
nochet, y cada día menos,
porque se han dado cuenta
del carácter bolivariano de
la Fuerza Armada Venezo-
lana y del inmenso grado
de conciencia [que tiene] el
pueblo bolivariano.
Esas dos fuerzas entrelaza-
das: el pueblo venezolano,
las insti- tuciones del
Gobierno y los soldados,
hacen imposible pensar en
un golpe de Estado en Ve-
nezuela. Nada quita que
no haya un intento, pero
estaría destinado a ser
demolido.
La conciencia revolu-
cionaria en los milita-
res venezolanos ha ve-
nido creciendo, igual
que la conciencia del
pueblo.
Ni con sabotajes pe-
troleros han podido
derrotarnos
Se han dado cuenta los
imperialistas y Mister Dan-
ger que un golpe de Estado,
en Venezuela, es imposible
porque consiguieron a una
clase obrera, a unos solda-
dos, a un pueblo y a un Go-
bierno que fueron capaces
de resistir el embate impe-
rialista que nos saboteó toda
la industria petrolera y toda
la producción de alimentos.
[Además,] trataron de pro-
vocar la implosión de dete-
ner el transporte (el mismo
formato que le aplicaron a
Allende) y nos hicieron un
gran daño, por supuesto.
Trataron de quitarle al pue-
blo los servicios de energía
eléctrica, de agua, de com-
bustible, y fracasaron. Sa-
ben que por esa vía también
vol- verían a fraca-
s a r .
S i
no pudieron entonces, no
podrán jamás.
Una anécdota sobre
el sacrifcio
Nunca se me olvidará la
lección que me dio una mu-
jer de este pueblo aquellos
días terribles de diciembre
de 2002. No había combus-
tible, no había gas, sobre
todo el gas doméstico del
pueblo, para la preparación
de las comidas en las gran-
des ciudades.
No había combustible para
el transporte, la gente tenía
que caminar kilómetros y
kilómetros para ir al traba-
jo, a la casa, al hospital. No
había alimentos sufcientes,
los imperialistas y los laca-
yos derramaron millones de
litros de leche; se negaron a
llevar las reses al matadero.
Se pararon las grandes redes
de transporte de alimentos.
En esos días de diciem-
bre no h a b í a
harina para las arepas, para
las hallacas. Cerraron los
comercios. Hasta el béis-
bol profesional, uno de los
grandes pasatiempos, fue
suspendido. Sólo había
algunos elementos bá-
sicos.
No nos vamos
a rendir
Recuerdo que fui
cerca del Palacio,
hacia el 23 de
Enero para ver
con mis propios
ojos cómo estaba el ánimo
popular y la presión de los
medios y del imperialismo
desde fuera. Me bajé en una
esquina, caminé unos me-
tros y empezó a remolinarse
la gente que estaba en las
calles. Sonaba música, pero
había muchas tensiones, el
bombardeo mediático era
inclemente las 24 horas [del
día].
[Había] una gran incerti-
dumbre y la oligarquía pe-
día: “¡Fuera Chávez!”, y le
decían al pueblo: “la única
forma de que ustedes tengan
comida es que Chávez se
vaya”; día y noche. “¿Quie-
ren gasolina?, ¡que se vaya
Chávez!; ¿quieren ustedes
que abramos el estadio para
el béisbol?, ¡que se vaya
Chávez!; ¿quieren comer
hallacas en Navidad y to-
mar un vino, una cerveza?,
¡que se vaya Chávez!”
Recuerdo a aquella mu-
jer, una mujer fuerte, muy
morena, que debe ser de
Barlovento, estaba, en una
de esas casas que el pueblo
hizo con su esfuerzo y su
sueño, y me dijo: “Chávez”
(me agarró por aquí, duro y
me haló), ven acá, Chávez”
y me dio un café, subimos
la escalera que iba hacia la
planta alta donde estaban
tratando de terminar un
cuarto nuevo, donde había
cabillas y bloques. Ahí es-
taba su esposo enfermo, en
silla de ruedas, un anciano
ya. Ella, con aquella fami-
lia a cuestas: “¡Mira a mis
hijos, mira a mi esposo in-
válido. Chávez, mira a mis
nietos”. Estaban cocinan-
do algo en una olla grande
para la familia, tenían un
agua hirviendo allí y lo que
consiguieron, cuatro papas,
a lo mejor un plátano, no se
conseguía carne de gana-
do, de pescado ni de nada,
pero ¿saben lo que me dijo
la mujer agarrándome por
¡Acuso al imperialismo norteamericano de haber estado obstacu-
lizando, saboteando e interfriendo el proyecto de Simón Bolívar
durante casi 200 años!
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
107
la pechera, como decimos
en el llano, y sacudiéndo-
me duro?, me dijo: “Mira
Chávez, esa madera que
está ahí quemándose para
cocinar, son las patas de lo
que me quedaba de la cama.
Mira muchacho, si tuviera
que tumbar la casa para co-
cinarle a mis hijos ¡tumba-
ría la casa, carajo!, pero ¡no
te rindas, muchacho!”
Así hemos venido alimen-
tándonos el alma y así el
veguero de Sabaneta ha
venido comprometiendo su
vida entera con esa mujer
que recogió, en ese minu-
to exacto, el clamor de un
pueblo, y se lo dije allí, de-
lante de sus hijos y su mari-
do: “Te juro que no me voy
a rendir”. Y hoy lo digo:
“¡No me voy a rendir, no
nos vamos a rendir!”
Simón Bolívar
sigue vigente
Vengo diciendo, hace rato,
que estoy consciente (y lo
asumo) de que, sobre todo
ahora, el riesgo de que la
mano asesina de Mister
Danger intente matarme,
crece; sobre todo ahora,
cuando ellos se dan cuenta y
saben plenamente que no es
posible un golpe de Estado
ni un sabotaje económico
en Venezuela, que por vía
electoral jamás podrán de-
rrotarnos, ¡jamás de los ja-
mases podrán derrotarnos!
Eso quedó demostrado hace
un año, mañana se cumple
un año del referéndum his-
tórico del 15 de agosto.
Para grafcar aún más esta
intervención, que podría
resumirse en una acusa-
ción a nombre de
Bol í var,
una acusación de un boli-
variano en torno a los 200
años de agresión,
habrá que recor-
dar que maña-
na se cumplen
200 años del
Juramento de Si-
món Bolívar en el
Monte Sacro, en
Roma.
Dijo Bolívar, tenía
apenas 22 años, era un
muchacho como uste-
des hoy: “Juro por el
Dios de mis padres,
juro por ellos, juro por
mi honor y juro por
mi Patria, que no
daré descan-
so a mi
brazo ni
reposo a mi
alma, hasta que
hayamos roto las
cadenas que opri-
men a nuestro pue-
blo por voluntad
del poder español”.
¡Viva Bolívar!
Decidimos ser li-
bres
Hoy está más
vivo que
nunca Simón Bolívar, sus
sueños y su proyecto. Más
que sus sueños, su proyecto
concreto de liberación, de
integración y de libertad.
Estamos conscientes de ese
riesgo, cuando el imperia-
lismo se da cuenta de que
nosotros no nos rendimos
ni nos rendiremos, no nos
amedrentan ni nos ame-
drentarán, no nos disuaden
ni nos disuadirán. ¡No tene-
mos miedo! Sencillamente
hemos decidido ser libres
y contribuir a que el
mundo se
l i ber e
d e l
impe-
r i al i smo
de Mister
Danger.
Pueden ver
con sus propios ojos
y constatar cómo la Revo-
lución Bolivariana ya no
está sola, porque aunque
ellos han querido aislarnos
y rodearnos, Venezuela está
más acompañada que nunca
por los pueblos de este con-
tinente y los del mundo.
PROYECTOS DEL SUR
EN MARCHA PARA
SALIR DE LA DEPEN-
DENCIA
Ya existe Telesur
[Se darán cuenta de que la
revolución no está sola,]
sobre todo ahora, cuando
el imperialismo de Mister
Danger se da cuenta de que
ya existe Telesur.
De forma tal que, por ejem-
plo, en Washington, en Nue-
va York, en San Francisco
podrán ver este acto por Te-
lesur. No estoy al tanto de si
en este mismo instante está
transmitiendo en vivo, toda-
vía hay algunas limitaciones
técnicas. Apenas está como
un bebé dando sus primeros
pasos, pero estamos en con-
diciones de transmitir desde
Telesur todos estos discur-
sos, estas acusaciones y la
decisión de este tribunal a
los cuatro vientos: ¡ya exis-
te Telesur!
Alianza energética del Sur
Cuando el imperialismo de
Mister Danger se da cuenta
de que avanza Petrosur, de
que Petrocaribe es una rea-
lidad, que ya no son sólo
ideas o proyectos, que la
alianza petrolera energética
que, desde Venezuela, tenía-
mos seis años proponiendo
pero que no había caído en
tierra fértil, hoy avanza y
crece como la buena planta
en buen terreno, con buena
agua, buen abono y bue-
na mano; cuando Mister
Danger se da cuenta de que
avanza la alianza energética
con los países del Cono Sur,
de que ya Venezuela ha he-
cho acuerdos con el Gobier-
no del Uruguay para la inte-
gración energética, y de que
ya estamos enviando un mi-
llón de barriles, cada mes, a
partir de la semana pasada;
de que mensualmente debe
arribar un supertanquero
venezolano con un millón
de barriles de petróleo al
Río de la Plata para la ref-
nería del Uruguay, el impe-
rialismo de Mister Danger
está convencido de que el
ALCA fracasó defnitiva-
mente, de que el ALCA ha
muerto antes de nacer y de
que no sólo ha muerto, sino
que el ALBA, la Alternativa
Bolivariana para América,
avanza.
Banco del Sur
Todo eso lo sabe Mister
Danger, y sabe también de
nuestros acuerdos estraté-
gicos con Argentina, con
Ese imperialismo salvaje de la élite norte-
americana que hasta ahora ha logrado, o
había logrado, detener, neutralizar y des-
trozar el proyecto de Simón Bolívar, será
derrotado en este siglo
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
108
el Gobierno del compañe-
ro Néstor Kirchner. Mister
Danger sabe ahora algo que
le preocupa mucho. Se está
demostrando que los gobier-
nos se están dando cuenta
de que no es imprescindible
el Fondo Monetario Inter-
nacional, por ejemplo. Los
gobiernos y los pueblos tie-
nen que ir dándose cuenta
de que nosotros bien pode-
mos organizar (y ésta es una
propuesta nuestra que tiene
ya cinco años, pero es ahora
cuando está abriendo algu-
nos espacios porque se está
comenzando a demostrar
que es posible) un banco
sudamericano.
Nuestra América
es el objetivo
Hace poco, Venezuela, de
manera libre y soberana, le
ha comprado 500 millones
de dólares en bonos a la
República Argentina, como
una forma de cooperar con
el Gobierno y el pueblo ar-
gentino. 500 millones de
dólares pareciera una cifra
pequeña y en comparación
con el imperio fnanciero
mundial, verdaderamente,
es una cifra pequeña, pero
así comienzan a abrirse las
brechas, así comienzan a
caminar los niños: con un
primer paso.
Así comienza la gota a rom-
per la roca, con una peque-
ña fsura, para tomar la ima-
gen aquella del gran Bertold
Brecht, el agua mansa en
movimiento triunfa contra
la dura roca con el tiempo;
estamos afojando la roca.
Mister Danger y su Gobier-
no sabe de nuestro acuerdo
estratégico con Brasil. Sabe
que la Faja Petrolífera del
Orinoco, aquí, en Venezue-
la, ya no va a ser para Mis-
ter Danger.
Ese petróleo es, en primer
lugar, para el pueblo vene-
zolano y los de América La-
tina y el Caribe.
Continuaremos suminis-
tro energético a EE.UU
Aún cuando también conti-
nuaremos suministrándole
petróleo al pueblo de los
Estados Unidos, es bueno
que sepan que tenemos en
ese país ocho refnerías y 14
mil estaciones.
William Pepper: seguro
que el combustible que le
colocan a los vehículos de
ustedes, al autobús donde
van, o el combustible para
la calefacción de sus vivien-
das en el invierno, de este a
oeste de los EEUU, es com-
bustible venezolano, buena
parte lo es. Es importante
que se sepa, Debora, el pue-
blo de los Estados Unidos
que buena parte de la ener-
gía que consume va desde
aquí y nosotros no tenemos
ningún plan para cortar ese
suministro… a menos que
Mister Danger lo provoque.
Mister Danger parece que
no se ha puesto a medir la
situación, parece que tiene
muy malos asesores en lo
económico.
Vean la proporción: noso-
tros le estamos enviando
al Uruguay, para poner un
ejemplo, un barco mensual
con un millón de barriles;
en cambio, al pueblo de los
EEUU le estamos enviando
dos barcos diarios, con mi-
llón y medio de barriles de
petróleo. [Esto] debe saber-
lo el pueblo de los EEUU.
No está en nuestros pla-
nes romper relaciones
con EE.UU
A Mister Danger parece que
algo le falla [en la cabeza]
o en las cuentas que saca,
porque no queremos romper
relaciones con el Gobierno
de los EEUU, no está en
nuestros planes, pero si las
agresiones continúan incre-
mentándose, como ha veni-
do sucediendo, podrían es-
tar en riesgo las relaciones
diplomáticas de Venezuela
con los Estados Unidos, y
algo mucho más grave: esos
dos barcos diarios, llenos de
petróleo venezolano, en vez
de ir hacia los Estados Uni-
dos podrían irse hacia otro
lado, no es imprescindible
para nosotros el mercado
norteamericano, sépanlo.
El galón de gasolina en
Nueva York debe estar en
4 ó 5 dólares. Si Venezuela
dejara de mandarle esos dos
barcos diarios de petróleo,
el pueblo de Estados Uni-
dos debe saber que el galón
de gasolina, podría llegar a
10 dólares o más.
Solidaridad para el pueblo
estadounidense
No queremos causar daño
al pueblo norteamericano,
queremos ayudarlo. Lo digo
en nombre de Fidel y de este
servidor, para que ustedes,
delegados estadounidenses,
se lo lleven entre sus planes
[de trabajo]: la Misión Mila-
gro, a través de la cual en La
Habana están operando de la
vista, diariamente, a más de
mil 100 venezolanos, está a
la orden de los pueblos de
este continente, incluyendo
al de los EEUU.
EL IMPERIALISMO ES
DERROTABLE
Enjuiciamos un
sistema mundial
El juicio de la historia en
el cual estamos también in-
cluidos, no es a una perso-
na, es a un sistema mundial
que amenaza a todos, inclu-
El Alba es un tipo de relación guiada por la
solidaridad humana
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
109
yendo al pueblo de Estados
Unidos, porque si el mundo
se acaba se acabará también
el pueblo estadounidense,
¡no se van a ir a la Luna!
La carrera espacial no es
para el desarrollo de la
Humanidad
Estamos muy contentos de
que los tripulantes llegaran
a salvo, no nos importa mu-
cho la nave Discovery, la
nave no nos importa porque
no creo que eso contribuya
para nada al desarrollo de la
humanidad.
Es parte de lo que señala
Noam Chomsky, es parte de
la política imperial de con-
trolar y militarizar el espa-
cio; eso es el Challenger y el
Discovery, donde han per-
dido la vida seres humanos,
calcinados por el empeño
imperialista.
¿Cuánto gastarán en millo-
nes de dólares? Pregúnten-
se, ciudadanos de Estados
Unidos, ¿cuánto gastará su
Gobierno en esos proyec-
tos para dominar el espa-
cio militarmente? Porque,
mientras ese Discovery
o ese Challenger va a una
estación orbital y le dan la
vuelta mañana a la Luna (a
lo mejor para que vayan a
pasear de luna de miel los
ricachones del mundo), en
este mismo instante, cada
tres segundos, según las es-
tadísticas de las Naciones
Unidas, muere de hambre
un niño en el planeta.
La cooperación energética
Estamos inventando fór-
mulas para cooperar con
todos los pueblos con que
podamos hacerlo en mate-
ria energética, dado nuestro
potencial. Venezuela tiene
grandes recursos, lo sabe-
mos, pero no podemos ser
egoístas ni pretender explo-
tar a los pueblos más po-
bres, sobre todo a través del
petróleo, como cualquier
transnacional petrolera im-
perialista, no. Ahí tenemos
que demostrar nuestro ca-
rácter revolucionario y con-
tamos para ello con el apoyo
de todo nuestro pueblo.
Cooperación con el pueblo
estadounidense
Díganle a los ciudadanos
de EEUU que ojalá pudié-
ramos hacer convenios con
organizaciones sociales y
populares para hacer lo que
estamos haciendo con otros
países: les vendemos petró-
leo, en este caso sería gaso-
lina (yo no voy a venderle
crudo, por ejemplo, a una
agrupación de transportistas
públicos de Los Ángeles).
Vendemos directamente
la gasolina, por ejemplo, a
una comunidad, [a algunos]
condados, autoridades le-
gítimas, a un gobernador o
a las organizaciones de los
afrodescendientes, como
a la que pertenece nuestro
amigo Danny Glover.
Si ustedes se organizan en
asociaciones de carácter le-
gal, podríamos ensayar esta
vía: venderles gasolina sin
intermediarios.
Estoy seguro de que, de
esa manera, bajaría el pre-
cio de la gasolina en don-
de hiciéramos ese tipo de
acuerdo de cooperación. El
galón se lo están vendien-
do a ustedes en 5 dólares,
nosotros estamos vendien-
do el galón de gasolina en
2 dólares (menos de la mi-
tad de lo que pagan allá en
las estaciones). ¿A qué se
debe esto? A la especula-
ción de los intermediarios
capitalistas que le aplican
el ácido a los consumido-
res; por tanto, así como lo
estamos haciendo en otras
partes del mundo y con el
ánimo de cooperar con el
pueblo de Estados Unidos,
sobre todo los más pobres,
los más necesitados, po-
dríamos hacerlo con algu-
nas comunidades.
La tiranía estadounidense
tiene secuestrados a cinco
héroes cubanos
Ojalá que los dejen, porque
allá no hay ninguna demo-
cracia; vamos a ver si es
verdad, posiblemente los
meten presos, los persiguen
o les impiden hacer esto.
Porque en Estados Unidos
no hay ninguna democracia,
hay una tiranía.
¡Hay una tiranía que, entre
otras cosas, en este momen-
to tiene secuestrados a cinco
héroes cubanos que batallan
por la dignidad de todos no-
sotros!, ¡están secuestrados
los muchachos y, desde este
tribunal, exigimos su inme-
diata liberación! ¡Libertad,
libertad, libertad!
El Alba es un tipo de rela-
ción guiada por la soli-
daridad humana
Mister Danger sabe que es-
tos proyectos van avanzan-
do: Telesur, Petrocaribe,
Petrosur, Petroamérica, el
Banco del Sur (porque va-
mos a seguir cooperando f-
nancieramente en América
Latina). Hace poco recibí
a un grupo de compatriotas
argentinos, otros brasileños
y uruguayos. ¿Qué vinie-
ron a plantear? Ellos son
los líderes obreros de las
empresas recuperadas; son
trabajadores que han estado
resistiendo, durante años, la
voracidad neoliberal y so-
brevivieron. Tomaron unas
empresas y las recupera-
ron, algunas son pequeñas
y hay otras grandes; pero
¿qué problemas tienen?,
por ejemplo, no consiguen
quien les dé crédito. Ve-
nezuela, a través del Ban-
co Nacional de Desarrollo
Económico y Social, está
dispuesta a darles crédito
a esos trabajadores en Ar-
gentina, Uruguay y Brasil.
Lo conversé con los tres
presidentes, Tabaré, Kirch-
ner y Lula, y me dieron luz
verde para trabajar con esos
compañeros. ¿Qué es eso?,
¡nada más y nada menos
que, en todo su esplendor
de amanecer, el ALBA!,
la Alternativa Bolivariana
para los pueblos de Améri-
ca, es el ALBA y le causa
horror a Mister Danger.
Si algo llegara a ocurrirme,
acuso a Mister Danger
Estoy consciente de que, en
la medida en que este pro-
yecto (que es el de Bolívar,
el de Manuela Sáenz y de
todos aquellos que inter-
vinieron en el proceso de
independencia) siga avan-
zando, ahora con la fuer-
za indetenible del ALBA,
de la integración entre los
pueblos, de la integración
de las juventudes emergen-
te en este festival y con su
tremendo éxito, “bomba nu-
clear para la vida”, tengo la
convicción de que las ame-
nazas de muerte que sobre
mí pesan, provenientes de
la cueva de Mister Danger,
van a crecer.
Les digo que vamos a vivir,
sin duda; pero si, por algu-
na razón, algún descuido o
algún evento, a mí me llega-
Yo estoy seguro de que este proceso
no depende de un hombre
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
110
ra a pasar algo (Dios no lo
quiera), voy a ratifcar ante
este Tribunal que acuso,
desde ahora mismo, a Mis-
ter Danger. Dejo en este tri-
bunal mis “Memorias de ul-
tratumba”, delante de todos
ustedes, para decirle a Mis-
ter Danger que, si lo logran,
¡se van a arrepentir, carajo!
Si algo llegara a pasarme, en
primer lugar y desde ahora,
señalo y acuso al Presidente
de los Estados Unidos; para
hablar más claro: George W.
Bush. Pero estoy seguro, to-
mando a Chateaubriand, de
que se arrepentirían si eso
ocurriese. Sería peor para
ellos, para el empeño hege-
mónico que, desde mi pun-
to de vista, está condenado
a fracasar. (Débora, gracias
por ese grito de apoyo, de
amor y de afecto que lo de-
vuelvo a ti y al pueblo de los
Estados Unidos. Nosotros
aquí estamos luchando por
ustedes también).
Este proceso ya no depen-
de de un hombre
Yo estoy seguro de que este
proceso no depende de un
hombre. Estoy seguro de
que, en ese escenario no
deseado por nosotros (y les
juro que lo vamos a evitar),
se dispararían fuerzas mu-
cho más tremendas y creo
que no sólo en Venezuela.
Hace poco me hablaron
unos indígenas de Suda-
mérica a los que les llegó
una información y me la
transmitieron, sobre un
atentado en contra mía en
algunas de estas reuniones
internacionales. Oyeron un
comentario y rápidamente
vinieron a informarme. Es-
tas informaciones son muy
valiosas porque ayudan a
neutralizar. Uno de ellos
me decía, mientras se des-
pedía, con su mirada de si-
glos: “Chávez estamos ha-
ciendo muchos esfuerzos
para que no se nos vaya
este proceso de las manos
y se desborde.
Estamos tratando de encau-
zar todo hacia las eleccio-
nes”, pero me dijo: “Ten la
seguridad de que si llegara
a pasarte algo nosotros to-
maríamos eso como una
demostración contundente
y defnitiva de que no vale
la pena respetar las llamadas
reglas del juego, porque tú,
me dijo, las has respetado y
cómo...” porque esos indios,
que son miles, millones (por
hablar sólo de los indios de
Suramérica), después de
500 años de explotación y
de coloniaje, están haciendo
un esfuerzo supremo para
(como alguien diría, y es un
lugar común decirlo) “acep-
tar las reglas del juego”. Or-
ganizar partidos políticos,
por ejemplo, es una regla
impuesta, que nos la impuso
la democracia liberal.
Millones de indígenas (ne-
gros y blancos también, pero
en este caso hablo de los in-
dígenas) están haciendo un
gran esfuerzo por organizar
partidos políticos, cosa que
no está en sus tradiciones
ancestrales; están hacien-
do un gran esfuerzo por ir
a procesos electorales; por
aceptar las reglas del juego
impuestas en estos países
por la oligarquía; y mar-
chan, caminan kilómetros y
a veces trancan carreteras.
Dice Mister Danger que yo
los apoyo y les doy dinero.
¡Eso es mentira! ¡Los apoyo
moralmente en su batalla y
en sus luchas! ¡Soy uno de
ellos!
En Venezuela hemos venido
impulsando un proceso cada
día más revolucionario, pero
siempre en el marco de las
llamadas reglas del juego.
Ha habido elecciones todos
los años... ¡hasta un referén-
dum revocatorio!
Hace una semana hubo elec-
ciones de concejales y juntas
parroquiales, en diciembre
habrá otras para la Asam-
blea Nacional y el próximo
será un año de elecciones
presidenciales.
La estrategia
antiimperialista
Hace un rato les citaba este
maravilloso libro [Hege-
monía o supervivencia] de
Noam Chomsky. En el pri-
mer capítulo está explicada
magistralmente la estrate-
gia imperialista de Estados
Unidos.
Estamos llamados a diseñar
la estrategia antiimperialis-
ta. Por eso le decía ayer a
un grupo de líderes de los
jóvenes del mundo, que este
Festival no puede terminar
mañana.
¡Este Festival debe tradu-
cirse en una gran ofensiva
mundial de los jóvenes del
planeta!
No hay imperio que pueda
contra los pueblos
Muchachos, muchachas: no
h a y
i m -
p e r i o
que pueda
con los pueblos
al fnal del ca-
mino, pero es
el momento de
una gran ofen-
siva. El Festival
debe terminar
y yo los voy a
acompañar en la
clausura porque
estoy conven-
cido de que de
sus conclusiones
y de sus accio-
nes subsiguientes,
puede depender, de alguna
manera, la suerte del planeta
tierra.
A trascender y multiplicarse
Hay una anécdota que le oí
a Fidel, de cuando llegaron
a La Habana los barbudos
de la Sierra y había que ha-
cer Gobierno: ahora, no es
lo mismo andar echando ti-
ros en la Sierra que hacer un
Gobierno, y un país quebra-
do, dominado y colonizado
como era Cuba hasta 1959;
y en una reunión de madru-
gada Fidel pregunta: “¿Hay
aquí un economista?”, y el
Che de inmediato respondió:
“¡Yo!”, y Fidel le repregun-
ta: “¿Y tú eres economista,
Che?, tengo entendido que
tú eres médico”. “¡Ah!, yo
oí comunista”, dijo el Che.
Tenemos un gran reto por
delante. Voy a seguir traba-
jando algunas ideas para la
clausura, estamos elaboran-
do algunas propuestas para
que el Festival, verdadera-
mente, no termine mañana.
M u c h a - chos, el Fes-
t i va l
debe
t r a s -
cender,
d e b e
mul t i pl i -
carse, debe
per manecer,
debe traducirse
en un compromiso
organizativo más frme.
Otro mundo es posible
sólo si nosotros lo hace-
mos posible
También me ha llegado de
Europa uno de los últimos
libros de la escritora nor-
teamericana Susan George;
también lo recomiendo. El
título del libro es una re-
fexión y un llamado: Otro
mundo es posible, sólo si...
Entre otras cosas, el libro
desarrolla lo que podríamos
resumir con la frase: “otro
mundo es posible sólo si no-
sotros lo hacemos posible”.
Esta máxima debe recorrer
el mundo, a partir de maña-
na, con mayor fuerza, como
un compromiso de batalla,
de ofensiva, de organiza-
ción, de coordinación. Una
red mundial mucho más
fuerte, de trabajo perma-
nente, de metas, de luchas,
de compromiso intelectual y
trabajo concreto desde Viet-
nam hasta Estados Unidos,
desde Canadá hasta Buenos
Aires, pasando por Europa,
el continente africano, el
asiático, por toda América,
por el Caribe... Son uste-
des los llamados a llevar la
buena nueva, como Cristo la
llevaba.
Sólo la juventud puede ha-
cer revoluciones
Recuerdo aquella expre-
sión de Jean Paul Sartre,
gran flósofo y escritor,
cuando conoció La Haba-
na de 1960, cuando conoció
al Che y a aquellos otros
muchachos que eran Fidel,
Camilo... En esa visita vio
a aquella juventud haciendo
Gobierno (haciendo historia,
más bien) y regresó a París y
escribió cosas maravillosas
sobre Cuba, entre ellas, una
frase que hoy y siempre ten-
drá gran valor para todos,
especialmente para ustedes
los más jóvenes. Dijo Sartre,
luego de señalar (hablando
de la Cuba de la década de
1960) que las condiciones
de la historia exigían e im-
ponían una revolución:
Sólo la juventud tiene el co-
raje, la rebeldía, el furor y la
pureza necesarias para hacer
revoluciones.
Sistema de formación socialista Simón Rodríguez
111
El imperialismo no es in-
vencible
Dentro de este juicio al im-
perialismo, este juicio contra
la guerra y contra la amena-
za que pende sobre nosotros
como una espada de Damo-
cles, vale la pena subrayar
esto: Váyanse por el mundo,
jóvenes de nuestro planeta,
a llevar la buena nueva: el
imperialismo no es inven-
cible, un nuevo mundo es
posible y es necesario, pero
tenemos que hacerlo posible
nosotros, comprometiéndo-
nos con la lucha. Vayan, que
este juicio tampoco termine
hoy con la decisión que nos
anunciará el Tribunal en po-
cos minutos.
Hay que derrotar al impe-
rialismo
Este juicio debe convertir-
se en bandera de batalla de
todos los días, no sólo para
enjuiciar al imperialismo
de Mister Danger sino para
derrotar al imperialismo que
amenaza el planeta. ¡Hay
que derrotarlo, no sólo en-
juiciarlo!
El juicio es el primer paso,
Mister Danger, lo que viene
después es la derrota, y para
que esa derrota ocurra y , en
consecuencia, ocurra nues-
tra victoria, hay muchas co-
sas que hacer.
El mundo no debe ser uni-
polar
El mundo que necesitamos,
ese otro mundo posible,
debe ser pluripolar para que
esté equilibrado. Lo que
Simón Bolívar llamaba “el
equilibrio del universo”. De
allí, la idea bolivariana de
nuestro proyecto de integra-
ción de un polo de fuerzas
en América Latina y el Ca-
ribe para equilibrar el con-
tinente americano y ayudar
a [lograr el] equilibrio del
mundo con Europa, Asia,
África.
Al menos cinco polos de
fuerza, aglutinados en espa-
cios geopolíticos y geoeco-
nómicos, deben existir en el
mundo futuro para que éste
sea equilibrado y para que
se asegure la paz, la sobera-
nía y la vida.
Las dos superpotencias
Hablando de ese mundo, me
conseguí esta mañana con
que Chomsky, en esta parte
del primer capítulo, habla de
dos superpotencias. Es ma-
ravillosa la idea, porque uno
se pregunta ¿cuál es la otra?
y Chomsky apunta que las
dos superpotencias son: la
destructiva (la de la élite de
los Estados Unidos, y graf-
ca el peligro que representa)
y la opinión pública mun-
dial. Ésa es la superpotencia
que podría frenar al impe-
rialismo y derrotarlo.
Ciertamente ya no se tra-
taría de una superpotencia
ubicada en alguna parte del
mundo, como fue la Unión
Soviética. Aquel equilibrio
bipolar se olvidó del “Tercer
Mundo”…
La Unión Soviética
La Unión Soviética (y el Che
Guevara lo dijo muy claro
en Argelia y en otras partes
del mundo), en la década de
1960 comenzó a comportar-
se de manera muy parecida
al imperialismo norteameri-
cano y a olvidar a los pue-
blos del “Tercer Mundo”.
¿Cuánto habría podido ha-
cer la Unión Soviética con
su poderío científcotécnico
y sus avances económicos y
tecnológicos por los pueblos
del “Tercer Mundo”? No es-
toy aquí para condenarla,
podría ser temprano todavía
y quizás muy superfcial.
La opinión pública mundial
Esta otra superpotencia sería
distinta, no estaría ubicada
en un espacio defnido sino
del mundo entero. Cuando
hablamos de la opinión pú-
blica mundial, estamos ha-
blando de los pueblos que ya
asomaron su fuerza con las
tremendas
manifesta-
ciones que
recorrieron
sobre todo
el mundo
del Norte
e n contra de la
guerra y la agresión contra
Iraq, hace casi un año y me-
dio.
El antecedente grandioso
de Vietnam
Hay que reconocer la he-
roicidad y grandiosidad del
pueblo de Vietnam, su lucha
y su resistencia contra el im-
perialismo norteamericano
en particular; también hay
que recordar la fuerza que
introdujo en la batalla por la
dignidad de Vietnam la mis-
ma opinión pública de los
Estados Unidos.
No al imperialismo
Traigamos esta idea de
Chomsky sobre las dos su-
perpotencias. Levantemos
en todo el mundo la gran su-
perpotencia liberadora: las
ideas de los pueblos, la opi-
nión pública de los pueblos
del mundo para de-
cirle no al imperialismo;
para rechazar las políticas
imperialistas del Gobierno
de Mister Danger.
Vayamos a levantar esa gran
potencia, estoy seguro de que
esas visiones cargadas de ca-
tástrofes futuras que forman
parte de la amenaza que pen-
de sobre el planeta, se irán
alejando del horizonte. Y
estoy seguro de que, después
de este juicio y del compro-
miso que de aquí salga para
derrotar al imperialismo y
salvar al mundo, comenzará,
una vez más, a cumplir su sa-
grada tarea, la utopía.
Como dice Eduardo Galea-
no, “¿para qué sirve la uto-
pía? Cuando ella surge en el
horizonte nos llama, si noso-
tros damos dos pasos ella se
aleja dos pasos; nosotros da-
mos 50 pasos y ella se aleja
50 más. ¿Y para qué sirve?
—pregunta alguien— para
avanzar en su dirección,
que no es otra cosa que la
dirección hacia la vida, la
grandeza, hacia el reino que
Cristo vino a anunciar hace
dos mil años”.
El reino de Dios aquí, en la
tierra
Las élites católicas han di-
cho que cuando Cristo dijo
que su reino no era de este
mundo, estaba diciendo que
no importaba que aquí no
hubiera igualdad, sino en el
otro mundo. No, eso no fue
lo que quiso decir Cristo.
Sencillamente, quiso decir lo
mismo que, en 1830, dijo Si-
món Bolívar casi muriendo:
“El gran día de la América
del Sur aún no ha llegado”.
Cristo también dijo algo pa-
recido cuando se dio cuenta
de que iba a morir: “Mi reino
no es de este mundo”. No era
de aquel mundo el reino de
la igualdad y la libertad.
Hagamos nosotros que el
reino de igualdad, libertad y
felicidad que Cristo anunció
para los pueblos, sea, ahora
sí, de este mundo nuestro,
de este siglo XXI que nos
reclama.
ACUSACIÓN
Este siglo será derrotado el
imperialismo norteamerica-
no, así que resumo todo esto
en una acusación que vine a
hacer a este Tribunal y agra-
dezco su invitación:
¡Acuso al imperialismo nor-
teamericano de haber estado
obstaculizando, saboteando
e interfriendo el proyecto
de Simón Bolívar durante
casi 200 años!
ANUNCIO
Pero esta acusación, susten-
tada con infnitas pruebas,
va acompañada de un anun-
cio: Ese imperialismo salva-
je de la élite norteamericana
que hasta ahora ha logrado,
o había logrado, detener,
neutralizar y destrozar el
proyecto de Simón Bolí-
var, será derrotado en este
siglo.¡Un abrazo a todos,
compañeros, camaradas!
¡Hasta la victoria siempre!
¡Patria o muerte!
“Recuerden que el eslabón más alto que puede alcanzar
la especie humana es ser revolucionario.”
Sistema de Formación Socialista Simón Rodríguez
Primeras jornadas de pensamiento
y refexión crítica de las bases del PSUV
Estructura general de la jornada
Son tres preguntas generadoras, lanzadas por el sistema de formación socialista Simón
Rodríguez; a nivel nacional. Cada pregunta lleva aproximadamente un mes y medio de
discusión, debiendo efectuar cada patrulla al menos dos sesiones de trabajo, sobre cada
una. Las normas de trabajo internas de la patrulla se rigen por la pedagogía crítica, por la
horizontalidad; como claves de la construcción colectiva del proceso. No hay jerarquías ni
jefes en las jornadas formativas en las patrullas; el colectivo es el responsable; rotando la
atribución de dirección de debate así como relatorías.
1
2
3
Las tres preguntas de esta primera jornada masiva de refexión implican:
Nuestro rol en la historia. ¿Qué papel está lla-
mado a jugar el pueblo de Bolívar, al inicio del
Siglo XXI?
• El sentido de pertenencia ; los desafíos e impli-
caciones de nuestro proceso histórico
El reto de construir nuestro socialismo. ¿Qué de-
safío implica construir nuestro propio socialismo,
en la historia de la humanidad?
• Los desafíos teóricos prácticos. Premisas refe-
renciales; el signifcado de construir nuestro mo-
delo histórico
La ética de los nuevos hombres y mujeres. ¿Cómo
cambiamos la cultura del poder del capitalismo por
una cultura del poder socialista? o ¿Cómo se cons-
truye una cultura del poder popular socialista?
• Los principios y los valores del socialismo como
fuerza liberadora para la construcción de la demo-
cracia directa y de una nueva cultura del poder
Las tres preguntas generadores deben concluir,
al fnal del proceso, en una refexión colectiva,
preliminar, acerca de cómo es el socialismo, cómo
conquistarlo, construirlo, en el espacio de acción
de la patrulla.
Normativas del debate en las patrullas
socialistas durante las jornadas formativas
En las discusiones de base; en las patrullas socialistas bolivarianas:
• Tod@s somos iguales.
• Se ha concebido como un espacio de refexión y discusión.
• Nadie enseña a nadie. Tod@s aprenden y tod@s enseñan.
• No hay dueños de la razón. Tod@s tenemos la responsabilidad
de estudiar, de leer, de debatir, de opinar. No existe algún tipo de
evaluación o juicio de valor respecto a la opinión de los miembros
de la Patrulla. Sólo se observará pertinencia y coherencia discursiva
con respecto a los contenidos estudiados.
• Cuando las patrullas socialistas se reúnan para las tareas de for-
mación se promueve el debate participativo en una tarea vital para
el desarrollo de la militancia. No se debe mezclar con otros temas o
actividades de trabajo de la patrulla. Evitar la dispersión y el ruido
en una actividad que concentra uno de los temas mas trascendentes
de la revolución.
• Tod@s deben intervenir en el debate y ser escuchados en igual-
dad de condiciones, sin excepción.
• Las relatorías de las discusiones así como la organización del
debate en cuanto derechos de palabra deben ser rotativas; así como
el colectivo defne las normas específcas internas de la patrulla en
cuanto a horarios, puntos de encuentro, ubicación de materiales bi-
bliográfcos, logística.
• Requiere de la confanza en la gente en términos de que éstos tie-
nen la capacidad de construir los saberes revolucionarios socialistas.
¿Qué PrinciPios rigEn La formación
En La PEdagogía crítica?
• HORIZONTALIDAD
• DIALOGICIDAD
• PARTICIPACION
• SOLIDARIDAD
• CO-RESPONSABILIDAD
• DEMOCRACIA
• COOPERACIÓN
• ORGANIZACIÓN
• INCLUSIÓN
• PATRIOTISMO
• IGUALDAD
• UNIDAD EN LA ACCIÓN

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