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teoría del conocimiento[1]

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ELEMENTOS PARA UNA “TEORÍA DEL CONOCIMIENTO”

Cristián Vives Pérez-Cotapos

1.Etapas del Conocimiento
Todo proceso de conocimiento comienza con una disposición o una estructuración del dinamismo personal, el cual orienta el comportamiento individual con respecto a un objeto psico-sociológico. Es lo que llamamos actitud, la cual prepara el dinamismo para la acción. Esta disposición es la resultante de estructuraciones relativamente durables de un conjunto de procesos perceptivos, emocionales motivacionales que se van formando a partir de la captación psicológica de objetos tomados del mundo real. La actitud enfrenta al individuo con la realidad por medio de sensaciones o impresiones. Es la primera etapa del conocimiento humano, la Etapa Sensorial, la cual se manifiesta actuando a través de los órganos de los sentidos. En esta etapa la persona no puede aún formar conceptos, pues éstos corresponden a un nivel más profundo del conocimiento, como tampoco puede sacar conclusiones lógicas. El ser humano, en esta etapa sensorial, se asemeja al mundo animal, puesto que este último también percibe elementos por medio de los sentidos, aunque no puede llegar a conceptualizarlos como en el caso de la persona humana. La actitud, así concebida, llega al individuo en donde se transforma en valor, el cual no es otra cosa que la actitud hecha Concepto. El conjunto de procesos perceptivos, emocionales y motivacionales captados por el individuo a partir de la realidad se transforman en su intelecto en un concepto
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determinado que llamamos, para este efecto, Valor. Dicho de otra forma, tenemos al individuo enfrentado a cada instante a una práctica social, su práctica social, correspondiente a su realidad vivencial, la cual va dando como resultado un acoplo de información en el sujeto, por vía sensorial, hasta producirse, en su intelecto, un cambio en el proceso de conocimiento, dando origen a un Valor o Concepto determinado. El valor, entendido de esta manera, ya no constituye un reflejo o apariencia de las cosas en sus aspectos aislados y en sus conexiones externas, sino que capta la esencia de las cosas, en su conjunto y en sus conexiones internas. Es la segunda etapa del conocimiento: el Conocimiento Racional. Entre el concepto y la sensación no sólo existe una diferencia de orden cuantitativa, sino principalmente de orden cualitativa. El valor es el que condiciona la acción inicial de una persona, pero aún de un modo inorgánico, asistemático, sin que la acción sea estructurada en vistas de un objetivo lógico final. La acción generada por el valor no apunta todavía al elemento causal explicativo del concepto. El individuo se enfrenta así a la realidad actuando de acuerdo al valor asignado a esa realidad. Allí se produce un nuevo encuentro perceptivo, emocional y motivacional, que es captado en término de nuevas actitudes, dando origen a nuevos valores. Este proceso circular da origen en el individuo a un acoplo de valores, los cuales se van estructurando llegando a constituir un Sistema de Valores, que condicionan la acción total de la persona. Al inter-relacionarse los diferentes valores entre sí, se estructura una Teoría de la Sociedad, para el caso de los valores de índole social. Es la etapa del Conocimiento Lógico, que dará como resultado la comprensión de las contradicciones internas de la sociedad, alcanzando al conjunto, la esencia y las conexiones internas de los elementos constituyentes del espectro social.

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El conocimiento lógico es el que nos permite llegar a los elementos causales de los fenómenos sociales, es decir, nos posibilita comprender el porqué de esa realidad captada por la persona, condicionando la acción total del individuo en vistas de posibilitar un cambio social que dé sentido a la vida y existencia humana, de acuerdo al valor asignado a esa realidad.

2.

Simbología de los Valores.

El valor, gestado del proceso circular descrito, no se da en términos abstractos, sino encarnado en símbolos que lo representan. Sea positiva o negativamente, como puede ser una persona, un objeto, una palabra, una institución u otra forma cualesquiera que haga el papel de símbolo. Estos símbolos valorados van adquiriendo connotación social en la medida que son compartidos por un grupo humano. El símbolo valorado es así causa y refuerzo de un conglomerado humano con características relativamente homogéneas.

3.

Teoría de los Contrarios.

Cada valor conlleva la noción de un anti-valor o valor negativo, así por ejemplo, cuando una persona valora positivamente un paisaje con una connotación conceptual de “hermoso”, lo hace, a menudo de manera no racional, por contraposición a una valoración negativa de “feo”. En el plano de las relaciones humanas, cuando se valora conceptualmente una situación de “injusta”, se hace en contraposición a lo que se considera una situación “justa”. El anti-valor no puede existir independientemente del valor; si falta uno de los contrarios (valor y anti-valor), falta la condición para la existencia del otro. Cuando hablamos de “muerte”, lo estamos refiriendo a su contrario, la “vida”, o, cuando nos referimos a una situación de “tristeza”, implícitamente
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pensamos en su contrario positivo, una situación de “felicidad”. Si decimos “hombre” es porque hay “mujer”; si decimos “ser humano” es porque hay “mundo animal”, y así sucesivamente para cada valor. El valor y anti-valor junto con oponerse el uno al otro, están interconectados, se impregnan recíprocamente, se interpenetran y se dependen el uno al otro. Cada uno constituye la condición para la existencia del otro. En ocasiones se busca el contrario para encontrarse con el valor, como puede suceder con los jóvenes que ayudan en una situación de “dolor”: la ayuda a los damnificados de un terremoto, por ejemplo, y, en ese dolor encuentran una satisfacción o “felicidad” de servicio al otro sufriente.

4.

Captación Perceptiva de la Realidad.

La realidad percibida por cada individuo, es diferente de acuerdo a la captación que de esa realidad haga cada cual. No hay cualidades absolutas en el mundo material; éste es un reflejo del aparato sensorial que lo registra. Hay elementos de la realidad que son valorados positivamente por algunos y negativamente por otros, e incluso, para terceros, son indiferentes. Así, el valor como símbolo, pasa a ser realidad, con lo que estamos indicando que al valorar, cada persona o grupo social está creando realidad, al menos en el plano simbólico. La acción de valorar y de crear realidades diferenciadas entre individuos de una misma sociedad está estrechamente ligada a las realidades culturales en donde se desenvuelven los individuos. En la constitución de estas realidades simbólicas diferenciales intervienen las diversas formas de vida que tienen las personas, el estrato social en el cual se ubican, su relación con el sistema de producción de bienes en la sociedad, la educación recibida tanto en términos cuantitativos como cualitativos, la influencia de los medios de comunicación social, el medio ambiente en el cual está inmersa la persona, los grupos a los cuales pertenece, la religión que profesa, su identidad sexual, la sensibilidad política a la cual adhiere, etc. Todos los cuales actúan como
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Marcos de Referencia que condicionan la captación perceptiva de la persona o grupo. Los hechos, individuales o sociales, constituyen el mundo objetivo al presentarse como una realidad independiente del observador. Nuestros cuerpos son un aspecto de ese mundo objetivo. Mente y cuerpo son, sin embargo, elementos separados e independientes entre sí. El mundo físico, incluidos nuestros cuerpos, son una creación subjetiva de nuestra mente observadora. El mundo es un reflejo del aparato sensorial que lo registra. Mente y cuerpo, sin embargo, son inseparables entre sí, y, es a partir de esta fuente unitaria desde donde experimentamos la vida. ¿ Por qué las enfermedades son más probables que se desarrollen en los depresivos crónicos que en personas en situación de normalidad ? Ello ocurre debido a que los estados de aflicción mental se convierten en los bioquímicos que crean la enfermedad. La declinación del vigor en la ancianidad se debe, mayormente, a que la gente espera declinar; sin desearlo, han implantado una intención derrotista bajo la forma de una potente creencia, y el vínculo mente-cuerpo cumple automáticamente esta intención. Estas intenciones crean programas individuales y sociales obsoletos que parecen tener dominio sobre nosotros. La percepción parece ser automática, pero en realidad es un fenómeno aprendido. El mundo en que vivimos, incluido la experiencia de nuestros cuerpos, está inspirado en el modo en que aprendimos a percibirlo. El comportamiento cultural del pasado, semejante en este aspecto a las culturas indígenas, tenía un sentido muy profundo de continuidad a través del recuerdo, la veneración y el culto a las personas mayores y antepasados, que actuaban como guías de vida y marcos de referencia muy poderosos para la persona. Daban al ser humano un sentido de continuidad a la existencia entre el pasado y el futuro en el tiempo. Los abuelos eran las raíces y los guías sociales, y los nietos, las ramas, la vida del actor social era una especie de eslabón entre unos y otros.
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En nuestra cultura del presente, tan acelerada y desgajada, regida por las normas del mercado y la globalización económica y cultural, rodando sin control ni conciencia abusamos de los recursos dejando una estela de desorden y destrucción, sin pensar que tras nosotros, vendrán otros, hijos, nietos, generaciones nuevas, sucesoras en esta larga cadena evolutiva que se inició con la expansión del universo. A los mayores los consideramos como productos de deshecho internándolos en casas para ancianos. El proceso de conocimiento, como vemos, no se inicia desde un punto “cero” en cada individuo, aislado del contexto social y cultural en el cual se inscribe la persona; muy por el contrario, el conocimiento se inscribe al interior de una perspectiva histórica, de una continuidad histórico-cognitiva en la cual el sujeto encuentra símbolos previamente valorados, sea positiva o negativamente, y de manera diferencial por los diversos grupos, culturas, personas, estratos sociales o entidades que inter-actúan en el contexto social. Cada persona adhiere a ciertas valoraciones que le preceden en el proceso histórico, adhesiones debidas a los “marcos de referencia” del actor. El individuo hace fe en esos símbolos valorados en el proceso histórico precedente por quienes son de su “confianza”, valoraciones que actúan como materia prima cognitiva en el individuo, continuando con posterioridad, desde ese cimiento, el proceso de conocimiento.

5.

Origen de los Símbolos.

Las diferentes instituciones y grupos sociales que actúan tanto en el plano público como privado de la sociedad, valoran positiva o negativamente las diversas situaciones que se presentan en la realidad social, estableciendo símbolos para caracterizar las distintas valoraciones efectuadas. Dichos símbolos son asumidos como percepción de realidad por los individuos que depositan su confianza en el grupo emisor del símbolo valorado, gestándose
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así en la sociedad realidades percibidas diferencialmente de acuerdo al grupo, institución o persona que actúe como “marco de referencia” para la persona. Los grupos emisores pretenden captar la percepción del o los actores sociales al marco de intereses que representa el emisor. Los diferentes contenidos de conocimiento que reciben las personas, constituyen los cimientos de formación de las culturas particulares que se inter-articulan en el todo social, de aquí que, necesariamente toda institución o país esté atravesado por una realidad social muy heterogénea que va moldeando la práctica social de los individuos que componen un mismo pensamiento social, debido a que estos tienden a leer la realidad bajo una misma óptica. La práctica social de un grupo no marca, sin embargo, exclusivamente la base cimental valórica de un grupo de iguales, hay otras variables que influyen decisivamente en la creación de la conciencia social.

6.

Producción de Consenso Social.

En toda sociedad, las autoridades, las elites o los diversos grupos de poder, macro o micro sociales, tratan de establecer un consenso social basado en su propio sistema de significación social interpretativo de la realidad. No obstante, estas instancias de poder no pueden consensuar su “marco de significación social” basándose solamente en la fuerza, ellos requieren un consenso social mínimo que les sea favorable. La dominación basada solamente en estructuras económicas o políticas no es funcional, a largo plazo, a su marco de intereses. Se requiere además una intromisión en el terreno cultural. El consenso social, con base en el área cultural, se implementa con un adecuado sistema de socialización tendiente a crear acuerdos básicos en el proyecto social del emisor, y no a partir de los diversos marcos de intereses que existen en toda sociedad. Este proceso se establece en la base cimental cognitiva, es decir, la persona o grupo emisor del mensaje intentará
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entregar a la sociedad receptora de la comunicación, un conjunto símbolos valorados positiva o negativamente, de acuerdo al marco general interpretación de la realidad que le es funcional a su marco de intereses, tal modo que, el proceso perceptivo de los receptores se inicie con conocimiento valórico favorable a dicho marco.

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Estos símbolos valorados, tendientes a crear consenso en una determinada visión de la sociedad, no siempre surgen espontáneamente, como a menudo ocurre a nivel micro-social (grupo familiar, organismo poblacional de barrio, compañeros de curso, etc.), ellos son elaborados por grupos de profesionales de la comunicación, científicos, artistas, intelectuales y pensadores en general que son los encargados de producir y difundir dichos contenidos, principalmente a través de los medios de comunicación social, de aquí que los diferentes grupos que interactúan en la sociedad tiendan generalmente a controlarlos.
7.

Prospección Ética.

Este escrito no ha tenido mas pretensión que mostrar algunos elementos que nos muestran la complejidad de los fenómenos asociados al proceso de conocimiento. Pueden desprenderse, de lo aquí expuesto, enormes y profundas reflexiones de carácter ético, relacionadas con el sentido de la vida, con el tipo de ser humano y sociedad que queremos construir, con el desarrollo de la ciencia y la tecnología, con la significación de las religiones, con la misión del quehacer político, etc. Aunque sin desentenderse de esta noble misión, los factores éticos van más allá de la ciencia social en la cual hemos pretendido enmarcar estas reflexiones. Cualesquier ciencia, sea social o natural, sólo cobra verdadero sentido, si ella tiene por misión hacer que el ser humano sea cada día más persona.

Santiago, Agosto 1998. Actualizado: Diciembre 2003. 8

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