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El Genio Del Idioma

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EL GENIO DEL IDIOMA

Álex Grijelmo

Gema Ferrández Serrano

ÍNDICE

Ficha bibliográfica...........................................1

Presentación.....................................................2

Análisis de contenidos...................................3-7

Valoración global y juicio crítico.....................8

Bibliografía.......................................................9

FICHA BIBLIOGRÁFICA
El genio del idioma
Álex Grijelmo García, 2004 *Santillana Ediciones Generales, S. L., 2004 Torrelaguna, 60. 28043 Madrid

*Aguilar , Altea, Taurus, Alfaguara, S. A. Beazley, 3860. 1437 Buenos Aires

*Santillana Ediciones Generales S. A. de C. V. Avda. Universidad, 767, Col. del Valle, México, D. F. C. P. 03100

*Distribuidora y Editora Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S. A. Calle 80, nº 10-23 Teléfono:6351200 Santafé de Bogotá, Colombia

El libro consta de 257 páginas que carecen de ilustraciones.

PRESENTACIÓN DE LA OBRA
El genio del idioma es un ensayo que pertenece al género literario y que trata una temática lingüística. Su autor, Álex Grijelmo, se sirve a lo largo de esta obra de una extensa y variada cantidad de recursos como citas o referencias a otros autores que le aportan una gran riqueza. Se trata de una novedad bibliográfica, no tanto en temática sino en la forma de abordar y analizar el origen y la evolución de nuestro idioma.

Álex Grijelmo a lo largo de su carrera como periodista se ha centrado en la herramienta principal que utilizan quienes ejercen su profesión, el lenguaje. Se le reconocen una gran variedad de títulos entre los que encontramos:

El estilo del periodista (1997) Defensa apasionada del idioma español (1998) La seducción de las palabras (2000) La punta de la lengua (2004) El genio del idioma (2004) La gramática descomplicada (2006)

ANÁLISIS DE CONTENIDOS
Nuestro idioma, al igual que los demás, ha experimentado un largo proceso de evolución y aún hoy sigue cambiando. Esta evolución que parece dada por la propia casualidad sigue unas leyes que se pueden entender claramente si indagamos y miramos hacia atrás en el tiempo. En esta obra, Álex Grijelmo utiliza una excelente metáfora otorgando al lenguaje una personalidad que viene impuesta por un ser omnisciente que lo gobierna.

A este ser, le atribuye la cualidad de genio y a lo largo de la obra nos lo va presentando descubriéndonos sus más destacables características. Así, en cada capítulo se centra en un aspecto concreto de su forma de ser para lograr entender cómo se mueve, qué le gusta y qué no, y por qué es así y no de otra manera.

En el primer capítulo se nos presenta al genio de un modo general. Sabemos que existe un fuerte vínculo entre nuestro genio y el del latín pero desconocemos si es el mismo mucho más maduro o si se corresponde con un hijo, el caso es que nuestro idioma ha llegado muy lejos, el genio ha trabajado duro para ello y la vía de expansión que más le ha interesado a lo largo de la historia es la seducción.

Hemos descubierto que el genio del idioma tiene un reloj, y es que en el segundo capítulo, Álex Grijelmo nos cuenta que, como se puede comprobar en la actualidad, cada cosa tiene su tiempo y al genio no le gusta la impuntualidad, por ello, si una palabra llega más tarde de lo previsto en referencia a otras de su mismo origen, el genio se toma la justicia por su mano y le hace pagar un peaje. También el genio va cambiando de gustos y adaptándose a los nuevos tiempos, eso lo podemos ver reflejado en la creación de verbos. Por más que nos empeñemos, no podremos crear verbos en la segunda y tercera conjugación, el tiempo de estas ya ha pasado y el genio es severo en ello. Un ejemplo de esto podría ser el verbo “Whatsappear” que es muy reciente y se encuentra en auge dentro del mundo de las nuevas tecnologías, a nadie se le ha ocurrido decir “Whatsappeer” ni mucho menos “Whatsappeir” y la verdad es que nos sonaría demasiado forzado articular esas conjugaciones. Como podemos apreciar, tenemos un genio que se toma su tiempo a la hora de incidir sobre el lenguaje, le podemos definir

como lento pues las prisas son de otros. La “f” no fue sustituida por “h” de una mañana a otra, todo tiene su momento y el genio cree que es mejor así. Hoy todo evoluciona a velocidad de vértigo pero él no va a entrar en esas provocaciones, al igual que no entró en su momento en quienes ambicionaban tierras y conquistas. Él siempre ha ido por su cuenta, analizando y actuando de manera cautelosa, casi sin dejar huella.

Además de lento, se trata de un ser analógico pues se pasa la vida haciendo comparaciones y relacionando elementos con términos y términos con términos y dándoles características comunes. “Entre dos derechos iguales acabe primando el analógico” nos cuenta Álex Grijelmo en el cuarto capítulo y nos pone el ejemplo de ventana (dejó atrás su origen finestra para ser ventana por su relación con viento). “Somos incapaces de observar un paisaje sin compararlo con otro, o un país sin contrastarlo con el nuestro. Algo parecido sucede con el idioma, pues unas palabras nos llevan a las siguientes o a las parecidas, y gracias a eso construimos el pensamiento, merced a una enorme capacidad de deducción”.

El genio del idioma es ordenado y en el quinto capítulo lo podemos apreciar. Los genios del latín y el griego seguían la estructura SUJETO+OBJETO+VERBO, nuestro genio, que guarda fuertes lazos con ambos genios la alteró, quizá por ser más joven y juguetón. De esta forma, en nuestro idioma encontramos la formación

SUJETO+VERBO+OBJETO , mantuvo el sujeto delante para destacar la parte más importante de la oración pero alteró el orden del predicado en busca de claridad y sencillez. Esta misma ley la aplica para la composición de palabras (hombrescome que sería la auténtica traducción del griego derivó en comehombres). Nuestro genio es ordenado pero no es estricto con el orden como lo puede ser el genio del inglés, el nuestro da cabida al cambio pero contamos con el riesgo de alterar el significado de la frase de origen, además contamos con que mediante el orden podemos jugar con la percepción psicológica enfatizando aquello que consideremos más relevante. El hipérbaton, en cambio, dejó de utilizarse hace ya tiempo de forma hablada. Cabe decir, que en el orden se considera el valor de empezar (da prominencia), el género y el número y la remarcable importancia de los signos. Los signos ya existían en el griego y cumplen la función de alterar el orden obteniendo como consecuencia en la mayoría de

los casos un significado distinto. Metafóricamente Álex Grijelmo los describe como “semáforos y guardias de tráfico”.

El conservacionismo se suele relacionar con política pero al genio no le interesan esas cosas, así que matizaremos diciendo que es conservadurista. Lo es por el hecho de que le gusta mantener, guardar y rescatar sus creaciones aunque también se encuentra al pie del cañón innovando y adaptándose a los nuevos tiempos. Mantiene, por ejemplo, la grafía “x” aunque con el paso del tiempo le ha dejado de gustar debido a que en numerosos casos la gente no sabe pronunciarla correctamente, quizá algún día pone remedio a ello, quién sabe. La “h” también es un ejemplo, la mantuvo en la escritura como marcador genético. Además, ha llevado a cabo la reactivación de muchas palabras antiguas que estaban en desuso como es el caso de “chupa” o “azafata” y para hacer referencia a cosas de la actualidad también se ha servido de su vocabulario ya creado. El teclado que ahora asociamos al ordenador casi de manera instantánea en su origen se refería al piano, lo mismo pasa con colgar el teléfono, no significa que lo dejemos suspendido en el aire, encendemos el televisor y no por ello se quema. Además utiliza partes del cuerpo para describir objetos que no tienen nada que ver con él y viceversa (la boca de la cueva, la nuez de la garganta). También cabe destacar el mantenimiento y la consideración que recibe la “ñ” dentro del español.

Nuestro genio está hecho todo un sentimental, en numerosas ocasiones podemos ver que le invade la melancolía, como padre y creador del idioma siente un fuerte aprecio por él y a veces echa en falta aquello que se quedó por el camino a lo largo de su historia. Así, muchas veces sumido en esa melancolía da por bueno cosas que se cuelan disfrazadas de españoladas, que no le parecen extrañas y las acepta sin apenas imponer condiciones. Es el caso de la palabra “computer” que adaptó del inglés convirtiéndola en “computadora”, pero tiene que llevar cuidado con las clonaciones pues a veces no se ha seguido una misma evolución y podemos caer en el error de confiar en “falsos amigos”. Un ejemplo de ello sería “library” que tendemos a asociar con librería cuando en realidad se trata de “biblioteca”. Nuestro genio es muy de pueblo, cuanto más se alejaba de las ciudades más libre se sentía, pues en ellas el genio del latín tenía más fuerza y no le dejaba ser del todo libre.

Muchas de sus melancolías las cura el Nuevo Continente que aún conserva una extensa carga de palabras desaparecidas en España. El genio es de aquellos que “siempre guardaron el placer de recordar lo que era suyo para no perderlo nunca”,como dice Álex Grijelmo.

La sencillez es una virtud a valorar en todos los ámbitos aplicables, no es una excepción en nuestro idioma, el genio ya ha reparado en eso y en el octavo capítulo hacemos un seguimiento de ello. El 71% de nuestro idioma está compuesto por palabras llanas, esa especial debilidad por ellas tiene una razón de ser y es que además de ser herencia del latín, lo que se busca y se consigue con ello es claridad y precisión. Las palabras largas suelen considerarse cultas y suelen ser palabras forzadas, resultado de adhesión de afijos y partículas que elevan a un escalón superior el nivel del lenguaje.

Por ello, muchos políticos se empeñan en esdrujulizar palabras en busca de apariencia refinada (preparación). Mientras estos buscan alargar, el pueblo tiende a acortar términos que resulten más fáciles de pronunciar como es el caso de tele, bici, cine...

Junto a la sencillez cabe asociar la precisión, ya los campesinos medievales tenían el nombre de cada objeto asignado así como cada acción su verbo, de esta manera no se le da cabida a la confusión. Podemos imaginarnos en este caso a un genio jugando al baloncesto buscando la palabra perfecta para hacer canasta. Así es, nuestro genio es preciso y podemos compararlo con otros con palabras como “enamorarse” que en inglés se forman con la acción “to fall in love” y en francés también “tomber amoreux”.

También encontramos en el español palabras con muchos sinónimos pero el genio lo tiene todo medido y es muy difícil llegar a error, mediante el contexto se puede evitar. Además, nuestro idioma cuenta con una fuerte arma de precisión y es la forma verbal del subjuntivo que es capaz de aportar matices que en otras lenguas quedan sin resolver. Nuestro idioma aporta una fuerte riqueza psicológica como resultado de la riqueza gramatical que podemos apreciar a partir de nuestros certeros demostrativos que nos indican tres posiciones en el espacio, tres pronombres personales y tres adverbios de lugar acentuando matices y aclarando conceptos.

Mediante la sencillez y la precisión llegamos a la conclusión en el décimo capítulo de que el genio es tacaño pues se basa en el principio de que lo que está presente ha de servir, rechaza lo superfluo creando mayor validez a lo que se mantiene, evita los pleonasmos (totalmente gratis) y las redundancias (lo vi con mis propios ojos). Es tan ahorrador que muchas veces se come el propio sujeto de la frase y además cuenta con un pronombre neutro “lo” para transmutar adjetivos y hacer referencia a cosas ya nombradas. La ley del mínimo esfuerzo se extiende también a determinadas perezas fonéticas como el uso de la haplología. El genio ha extraído también de nuestra lengua las declinaciones y las ha sustituido por desinencias como marcas redundantes, en definitiva ha eludido todo aquello que consideraba innecesario.

Se trata también de un ser caprichoso que busca siempre las formaciones que él quiere. Por ejemplo: se puede alterar el orden entre “tienes que darme” y “me tienes que dar” pero, en cambio, no lo consiente en “hay que hacerlo” y “lo que hay que hacer” puesto que no guarda el mismo significado. Esta característica se delata sobre todo en la preferencia que siente por la voz activa respecto de la pasiva que ha buscado todas las formas posibles para desplazarla a un último lugar a partir por ejemplo de frases impersonales en plural (anoche le mataron),con pronombre indefinido (alguien me ha robado) o incluso la invención de la pasiva refleja. Pero además de caprichoso también es misterioso porque aún buscando y analizando en lo más profundo de su ser aún contamos con una serie de interrogaciones por resolver como el hecho de por qué se parecen más entre sí nueve y nuevo o ocho y noche en la mayoría de las lenguas que entre otras lenguas incluso. Se trata de un genio con mucho oído, sabemos que tiene mucho ritmo y la certera percepción sobre la tonalidad de las palabras, somos capaces de diferenciar idiomas solo a partir de la pronunciación, en nuestro caso, si escuchásemos una palabra que nos sonara bien a pesar de no existir podríamos pensar que simplemente no la conocemos, en cambio, si escuchásemos la traba de las “erres” lo asociaríamos directamente al francés, mientras que si escuchásemos muchas “ges” lo asociaríamos casi de manera inmediata al alemán. Nuestro genio ha huido de las conglomeraciones consonánticas y ha sido muy maniático con ciertas cosas. Por ejemplo, eliminó la “t” de final de palabra y quién sabe si algún día la “d” correrá la misma suerte dado que ya hay una notable parte de la población que no la pronuncia.

Además de sentimental es pacifista, en la expansiva historia española se produjeron muchas crueldades, pero no en nombre del idioma (salvo en la dictadura franquista). El español quería entrar por la seducción y no por imposición en las mentes de los hablantes. En Al Ándalus, el castellano, por ser pacifista y neutral en aquellos tiempos, sirvió como lengua de mediación entre los creyentes de las tres religiones que convivían: cristiana, musulmana y hebrea. De esta manera le sacó ventaja al latín, el árabe o el hebreo. Tampoco fue belicoso el genio de la lengua durante la Conquista de América pues lo que se disputaba en estas era el territorio aunque de manera indirecta terminó estando presente. Los misioneros en nombre de Dios también se encargaron de expandir el idioma e imponerlo para salvar a los indios. Y así podríamos seguir nombrando hechos históricos, pero en todo ello el genio no tuvo ni voz ni voto.

Nuestro genio es genial y tras todo este exhaustivo estudio lo podemos afirmar. Nos ha abierto un inmenso abanico de posibilidades, tenemos una lengua capaz de expresar desde las emociones más profundas hasta las cosas más chistosas. Contamos con la ironía, que invita a la complicidad y deja de lado a aquellos que no la entienden. Contamos con un montón de recursos lingüísticos dado que tenemos la suerte de contar con un genio ingenioso que ha creado todo esto y nos ha hecho ser como somos, pensar como pensamos, pues nuestra única manera de hacerlo es mediante las palabras, y, lo que es más importante, nos ha dado la posibilidad de comunicarnos en distintos contextos de una manera adecuada y eficaz. El genio del idioma continua presente, sigue estando y no hay más que ver las nuevas modificaciones de la RAE, todavía después de miles de años nuestra lengua ha de revisarse, porque sigue avanzando, sin pausa.

El genio del idioma somos todos, todos los hablantes construimos la lengua y todos somos partícipes en sus progresos y avances. Al fin y al cabo, <<nosotros>> somos los causantes de que un término se emplee o desaparezca. Poseemos entre todos una riqueza común que debemos proteger y cuidar, nos tenemos que ver reflejados en toda la serie de adjetivos ya citados y tenemos que hacer que esa “fuerza descomunal” que posee nuestro idioma prevalezca.

VALORACIÓN GLOBAL Y JUICIO CRÍTICO
Esta obra de Álex Grijelmo cuenta con todas las especies sustanciosas para ser atractiva. Es un viaje a través del idioma que intenta hacer reflexionar al lector qué es lo que nos hace identificar palabras como propias o ajenas, o asignarlas a una u otra lengua. Esta reflexión la lleva a cabo de manera confortable y placentera gracias a las excelentes metáforas de las cuales se sirve el autor, otorgando al lenguaje una personalidad que viene impuesta por un ser omnisciente que lo gobierna, al que el propio autor llama el genio del idioma.

Esta obra se pregunta, y procura algunas respuestas, sobre el genio del idioma español, ya que cada idioma tiene un genio, el cual alcanzamos a identificar someramente incluso aunque no lo conozcamos.

Es extraordinario cómo la evolución de la lengua, que parece dada por la propia casualidad, sigue unas leyes que se pueden entender claramente si indagamos y miramos hacia atrás en el tiempo centrándonos en un aspecto concreto de la forma de ser de la lengua española, para lograr entender qué le gusta y qué rechaza, cómo se comporta desde hace siglos y cuáles son sus manías y sus misterios, y por qué es así y no de otra manera. Sabiendo todo eso, adivinaremos mejor cómo somos nosotros y cómo va a evolucionar nuestra lengua.

Además, a través de la lectura de esta obra, descubrimos que el genio del idioma dispone de un reloj, y que a pesar de que todo avanza muy deprisa, él avanza de forma flemática y gradual.

Con las palabras del idioma español se pueden construir los textos más enrevesados pero también los más sencillos. La diferencia estriba en que el público suele apreciar mejor estos últimos. El genio del idioma también prefiere la sencillez, y sobre ella ha construido su poder, buscando las formas más simples, ya lo hemos visto con su espíritu analógico y su capacidad para dejarse enseñar.

Estos conocimientos deberían ser indispensables para todos los hablantes españoles, conocer su origen y su trayectoria despierta un sentimiento lingüístico que nos lleva a sentirnos afortunados de hablar esta lengua y a esforzarnos por conservarla y contribuir con su evolución.

BIBLIOGRAFÍA
El genio del idioma (Álex Grijelmo) www.elboomeran.com

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