UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL NORTE VICERRECTORIA ACADÉMICA CENTRO DE EDUCACIÓN A DISTANCIA

JESÚS MAESTRO UNA PROPUESTA PEDAGÓGICA

Trabajo de Titulación presentado, para optar al grado de: Licenciado en Educación

ARTURO ELEAZAR BRAVO RETAMAL

ANTOFAGASTA, Julio de 2002

Nellie Eldan Alvarez Profesora Patrocinante

A mis maestros: P. Beltrán Villegas ss.cc. P. Walter Gross Jesús de Nazareth A los profesores que quieren ser maestros

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INDICE I. INTRODUCCIÓN 1. Definición y descripción del problema 2. Motivación 3. Objetivos II. JESÚS MAESTRO 1. Naturaleza de las fuentes 2. La forma de utilizar las fuentes 3. Jesús Maestro 4. La enseñanza y el rol del maestro en el judaísmo contemporáneo a Jesús 5. La enseñanza de Jesús a) Pasajes donde aparece explícitamente que Jesús enseña b) Pasajes donde Jesús enseña sin que aparezca el término “enseñar” - Marcos - Mateo - Lucas 6. Los métodos a) Parábolas y el método parabólico de Jesús b) Sentencias c) Imágenes d) Preguntas e) Citas de la Escritura y del judaísmo f) Propio testimonio g) Denuncia h) Exposición o enseñanza directa i) Enseñanza situacional j) Giros 7. Las actitudes III. CONCLUSIONES Y PROPOSICIONES IV. BIBLIOGRAFÍA

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I. INTRODUCCIÓN 1. Definición y descripción del problema El título más frecuente y característico de Jesús es el de maestro. Así le llamaban sus discípulos y contemporáneos porque el centro de su actividad estaba constituido por el anuncio de un mensaje, anuncio que asumió el carácter de enseñanza. De ahí que Jesús haya sido reconocido como maestro y él mismo se haya dado a conocer como tal, en continuidad pero también en ruptura con los otros maestros de su tiempo. El presente trabajo busca pesquisar en los evangelios sinópticos –Marcos, Mateo y Lucas- todos los textos donde Jesús aparece explícitamente nombrado como maestro y los textos donde aparece enseñando para recoger de ellos la forma, la manera, el modo cómo Jesús enseñaba. Por tanto, el interés de la presente monografía estará centrado no en lo que Jesús enseñaba sino en cómo lo hacía para, a partir de eso, ofrecer una propuesta pedagógica relativa a este punto. Además de hacer un elenco de los textos y antes de entrar a una explicación de los mismos, se mostrará el contexto educativo de Palestina en los tiempos de Jesús: se hará una breve descripción del significado del término “rabbí”, del grupo de los escribas a los que se les llamaba también maestros o doctores de la Ley con su función correspondiente de enseñanza y explicación de la Torah o Ley. Luego vendrá el trabajo directo con los textos para extraer de ellos el cómo enseñaba Jesús, lo que tiene que llevar a las actitudes educativas o existenciales de Jesús, puesto que la forma en que alguien enseña revela su propia forma de ser. El trabajo termina con la propuesta pedagógica que comprenderá lo técnico y lo actitudinal. 2. Motivación Si bien es cierto que los cristianos asociamos a Jesús con el término o título “maestro” no sabemos qué pueda significar esto concretamente en la vida cotidiana y menos aún en el ámbito pedagógico. A esto hay que agregar que la bibliografía al respecto en español parece ser bastante escasa. De ahí que parece muy sugerente el presente intento de sistematizar y presentar el ser maestro de Jesús –evitando, por supuesto, una transposición simplista entre el tiempo y contexto de Jesús y nuestro hoy- a quienes puedan interesarse en este tema, yendo de lo más general a lo más particular: público en general, profesores, profesores que profesan la fe cristiana y profesores de religión. El tomar cuenta de la forma de enseñar de Jesús puede servirnos para nuestras relaciones laborales, familiares, profesionales, comunitarias y societarias. Pero esto ya no forma parte del trabajo sino de la recepción del mismo. 3. Objetivos • Descubrir los métodos a través de los cuales Jesús enseñaba y las actitudes manifiestas o deducibles de su enseñanza. • Elaborar una propuesta pedagógica para los profesores basada en los elementos constitutivos de la pedagogía de Jesús.

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II. JESÚS MAESTRO 1. Naturaleza de las fuentes Tal como se ha dicho en la introducción, las fuentes a utilizar para el presente trabajo son los así llamados evangelios sinópticos: Marcos, Mateo y Lucas. De ahí que haya que precisar su naturaleza a fin de no exigirles más de lo que pueden dar. Contra lo que se ha supuesto durante mucho tiempo, los evangelios no son biografías de Jesús, preocupados nada más de la reconstrucción desinteresada e imparcial de hechos suyos del pasado. Por el contrario, son escritos destinados explícitamente a exponer, despertar y profundizar la fe en Jesús como el Cristo o el Mesías de Dios, a invitar a los lectores a asumir una vida de discípulos suyos, orientada por su estilo y su espíritu. Les interesa en Jesús no primeramente el detalle histórico, sino lo que él significa para la fe. Son la expresión de la fe en Cristo de la Iglesia primitiva. Es por eso que se puede afirmar que los evangelios son escritos de fe para la fe. Esto significa en la práctica que los evangelios, si bien es cierto que son históricos, no lo son de la forma en que habitualmente se piensa, puesto que si, como recién se ha afirmado, no son biografías, entonces las cosas no sucedieron exactamente como aparecen en ellos narradas. Los evangelios son reflejo de la fe de las primeras comunidades cristianas, por tanto, por decirlo así, la historia se encuentra bajo la capa literaria de la fe, es decir, hay que desentrañar lo histórico de los evangelios. Lo histórico no es lo primero que aparece en la lectura de ellos. Dicho brevemente, los evangelios son el resultado de un largo proceso de transmisión oral al interior de las diversas comunidades primitivas sobre los dichos y hechos de Jesús de Nazaret. Esto significa que estos escritos transmiten lo que a su vez recibieron de quienes fueron los tradentes orales: la figura de Jesús como maestro. Es esa figura la que se enraíza en la historia, aunque no podamos conocer los detalles exactos de esa historia. 2. La forma de utilizar las fuentes Marcos, Mateo y Lucas se llaman evangelios sinópticos porque tienen grandes semejanzas entre ellos no sólo en su contenido, sino en su estructura; entonces, se les puede poner en columnas paralelas para tener una “visión de conjunto” (que en griego se dice sinopsis) de ellos. Pero esta similitud lleva a una cuestión más profunda. Como los profesores sabemos tan bien en el caso de las pruebas, cuando dos documentos se asemejan existen dos posibilidades: a) o uno es fuente del otro; o b) los dos tienen una fuente anterior común. No es este el lugar para explicar el problema de lo que se conoce como la sinopticidad de los evangelios, por lo que se presentarán sólo sus resultados, a saber: los evangelios sinópticos tienen una doble fuente: Marcos y un documento desaparecido llamado “Q” (de la palabra alemana “Quelle” que significa “fuente”). Marcos explica las semejanzas entre: • Marcos-Mateo-Lucas • Marcos-Mateo • Marcos-Lucas Q explica las semejanzas entre:

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• Mateo-Lucas De ahí que en el caso de los textos que tengan como fuente a Marcos, se indicarán los paralelos correspondientes, pero se explicará sólo el texto de Marcos, a no ser que alguno de los paralelos presente modificaciones relevantes. Y en el caso de que la fuente sea Q, se explicará el texto según la versión de Mateo, a no ser que la versión de Lucas incorpore algún elemento relevante. 3. Jesús maestro En los evangelios sinópticos, que fueron escritos en griego así como todo el Nuevo Testamento, los términos que corresponden a la palabra maestro y que aparecen relacionados con Jesús son los siguientes: “didavskalo"” (didáskalos), “ejpistavth"” (epistátes), “rabbiv” (rabbí) y “rabbouniv” (rabbuní). A continuación se hará un registro de los lugares donde Jesús aparece explícitamente como maestro utilizando como criterio las personas o grupos que así lo llaman. • Los discípulos le llaman maestro en Mc 4,38 (la tempestad calmada)//Lc 8,24; Mc 13,1; Lc 22,11. • Gente del pueblo en Mc 5,35 (“unos”)//Lc 8,49 (“uno”); 9,17 (“uno de entre la gente”)//Lc 9,38; Mc 10,17.20 (“uno corrió a su encuentro”)//Mt 19,16//Lc 18,18 (“uno de los principales”); Lc 12,13. • Juan (uno de los Doce) en Mc 9,38//Lc 9,49. • Santiago y Juan, hijos de Zebedeo en Mc 10,35. • Fariseos y herodianos en Mc 12,14//Mt 22,16//Lc 20,21. • Saduceos en Mc 12,19//Mt 22,24//Lc 20,28. • Un escriba o escribas en Mc 12,32; Mt 8,19; Lc 10,25; 11,45; 20,39. • Los fariseos en Mt 9,11; 22,36; Lc 19,39. • Escribas y fariseos en Mt 12,38. • Los que cobraban el impuesto para el Templo en Mt 17,24. • Simón en Mc 9,5; 11,21; Lc 5,5; 7,40; 8,45; 9,33. • Diez leprosos en Lc 17,13. • Judas en Mc 14,45//Mt 26,25.49. • Un ciego en Mc 10,51. • El mismo Jesús en Mc 14,14//Mt 26,18//Lc 22,11; Mt 23,8. Como se aprecia con claridad en este listado, a Jesús le llamaban “maestro” personas de los más variados orígenes: sus discípulos, los Doce, gente del pueblo, fariseos, herodianos, saduceos, escribas, publicanos y hasta él mismo se designa con este título. Con esto ha quedado probado en el presente trabajo no sólo que Jesús era reconocido como maestro, sino que era una denominación que se le atribuía con frecuencia. Con relación a la cantidad de ocurrencias o de veces que cada término aparece, hay que decir lo siguiente: “Epistátes” es el término que menos veces aparece. Se encuentra sólo en Lucas en los siguientes lugares: 5,5; 8,24(dos veces).45; 9,33.49; 17,13. Aparece sólo como vocativo, es decir, usado para llamar a Jesús, y casi exclusivamente en boca de los discípulos con la

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sola excepción de 17,13. Tanto la etimología del término, que indica a alguien que en algo se encuentra por encima de otro, como el contexto en el que es usado, muestran que esta expresión es utilizada para mostrar la posición de autoridad de Jesús en el grupo de sus discípulos. Designa, por tanto, su autoridad para instruir y su particular responsabilidad respecto del grupo que reunió. De esto se desprende que la mejor forma de traducir “epistátes” es maestro (cf. 2.1533-1534). La forma “rabbuní” aparece en los evangelios sinópticos sólo una vez en Mc 10,51 y es una forma del arameo palestinense que puede ser traducida por “mi señor”. El término en cuestión no tiene un tratamiento especial en el Diccionario Exegético del Nuevo Testamento, sino que aparece junto y bajo la voz “rabbí”. “Rabbí” aparece en Mc 9,5; 11,21; 14,45//Mt 26,49; Mt 23,7.8; 26,25. No hay ocurrencias, por tanto, en Lucas. Dirigido a Jesús, se usa preferentemente como vocativo. En el judaísmo contemporáneo a Jesús, la gente lo utilizaba para dirigirse a personas instruidas. Era la forma común de llamar a los doctores o maestros de la Ley, conocidos también como escribas (cf. 3.1291-1294). Como se ha podido apreciar, el uso de los términos “epistátes”, “rabbuní” y “rabbí” es bastante reducido. La forma que predomina es “didáskalos”, que “designa al maestro, y se emplea en vocativo como una manera respetuosa y honorífica de dirigirse a alguien” (2.960). “El verbo se encuentra siempre en el sentido de enseñar o... en el sentido de instruir” (2.959-960). Son varios los textos donde Jesús aparece enseñando en sinagogas, como se verá posteriormente, por tanto, Jesús se presenta y es percibido como un maestro judío o doctor de la Ley. 4. La enseñanza y el rol del maestro en el judaísmo contemporáneo a Jesús La educación en el s. I d.C. en el judaísmo se centra en el estudio de la Ley o Torah. Después del exilio de Babilonia, el retorno de los israelitas a su Dios se expresó fundamentalmente en la aceptación de la Ley de Moisés. Esta Ley, que también será nombrada por su nombre técnico de Torah, era considerada la base del sistema social y legal y de la vida tanto de la comunidad como del individuo. De ahí la importancia del estudio de la Torah y de aquellos que se dedicaban a su estudio y enseñanza. Este estudio era bastante más que el aprendizaje de la acción y conducta correctas, era un verdadero acto de culto, de adoración. Este estudio era un deber sagrado cuya realización constituía una profunda experiencia religiosa. Tan importante era el estudio de la Torah, que no estaba limitado sólo a los especialistas, sino que era un tema de la comunidad israelita en general. Cualquiera que hubiere alcanzado algún conocimiento sobre la Torah, estaba obligado a enseñar a otros,; quien no lo hiciere ha “despreciado la palabra de Yahvéh” (Núm 15,31). A partir de la vuelta del exilio en Babilonia, el 539 a.C., la comunidad judía fue progresivamente convirtiéndose en una sociedad centrada en la educación, desde las instituciones públicas hasta las familias particulares; esto hizo que se prestase una especial atención a la educación de los niños. Prueba de ello es la celebración de la Cena de Pascua en la que los niños deben formular determinadas preguntas sobre lo que está sucediendo esa noche especial. Esta costumbre encuentra su fundamento bíblico en los siguientes textos: • Ex 12,24-27: “Observad todo esto como ley perpetua para vosotros y para vuestros hijos. Cuando entréis en la tierra que Yahvé os dará como prometió, observaréis este rito. Y cuando vuestros hijos os pregunten: ‘¿Qué significa este rito para vosotros?’,

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responderéis: ‘Es el sacrificio de la Pascua de Yahvé, que pasó de largo por las casas de los israelitas en Egipto hiriendo a los egipcios y preservando nuestras casas’. Entonces el pueblo se inclinó y se postró”. • Dt 6,20-21: “Cuando el día de mañana te pregunte tu hijo: ‘¿Qué son estos estatutos, estos preceptos y estas normas que Yahvé nuestro Dios os ha prescrito?’, dirás a tu hijo: ‘Eramos esclavos del faraón en Egipto, y Yahvé nos sacó de Egipto con mano fuerte”. Numerosas leyes fueron promulgadas para que los niños fueran educados y se familiarizasen con los mandamientos. Ya en el s. I d.C., e incluso antes, la mayoría de los niños judíos eran educados en escuelas. Un documento de fines del s. I d.C. coloca a la escuela dentro de las instituciones que una ciudad o pueblo deben mantener. Otro documento, que trata sobre la ciudad de Jerusalén antes del año 70 d.C., habla de 480 sinagogas en la ciudad, cada una de las cuales tenía una “casa del libro” (bet sefer) y una “casa del aprendizaje” (bet talmud); en la primera se estudiaba la Ley escrita y en la segunda se estudiaba la Ley oral o Mishnah. Hay tradiciones que indican que en la época de Simeón ben Shetah, quien fue presidente del Sanedrín durante el reinado de Alejandro Janeo y Salomé (103-76 a.C.), él mismo ordenó que se emprendieran acciones para fundar escuelas para niños. También indican que durante el período en el que Joshua ben Gamala se desempeñó como Sumo Sacerdote, poco antes de la destrucción del Templo de Jerusalén ocurrida el año 70 d.C., se progresó mucho en el establecimiento de una red de escuelas en cada poblado. Era, por tanto, hasta cierto punto normal que los niños asistiesen a la escuela, aprendiesen a leer los libros de la Biblia y adquiriesen el conocimiento básico que los capacitaba para participar en la vida judía. Se consideraba que la manutención y conservación de las escuelas era el secreto de la existencia y de la solidez tanto de la nación como de cada poblado. En cuanto a la estructura de las escuelas y los métodos de enseñanza, habría que decir que las fuentes mencionan la división entre la “casa del libro” o bet sefer y la “casa del aprendizaje” o bet talmud, como ya se ha mencionado. En la “casa del libro” el maestro era llamado sofer y se encargaba de enseñar la Ley escrita (que coincide con lo que se conoce como Pentateuco, los cinco primeros libros de la Biblia: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio). Allí los niños aprendían el alfabeto y a leer. Las letras eran escritas por el maestro en pequeñas tablillas de cera con un estilete y los niños las recitaban. De las tablillas pasaban a un pequeño rollo, llamado megillah, donde había pasajes de la Torah escritos, y de la megillah pasaban a la Torah. Objeto del estudio era toda la Torah y los Profetas, los que se estudiaban según su orden. Como en esta época el hebreo no estaba vocalizado, esto es, se escribían sólo las consonantes, la lectura podía ser aprendida únicamente por medio de la lectura del maestro y la memoria auditiva de los alumnos. Un niño o un adulto que no hubiese recibido de un maestro la forma de leer un determinado pasaje no tenía cómo hacerlo correctamente. Este es un rasgo característico y de suma importancia que define la estructura de cualquier cultura de tradición oral, esto es, que transmita su conocimiento, creencias, costumbres, etc. preponderantemente de forma oral. Esto genera un contexto en el que la memoria y los así llamados recursos mnemotécnicos juegan un papel fundamental. En estos ambientes, y contra lo que quizá se pudiese imaginar, la transmisión oral a través de siglos de un determinado material se hace con enorme fidelidad.

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De lo anterior se desprende que la enseñanza de la lectura y de la escritura no iban de la mano, sino que eran dos cosas distintas. Ninguna fuente menciona que en las escuelas se enseñase a escribir. La escritura era una habilidad profesional que se adquiría en forma separada. Referido esto a Jesús, no se sabe si sabía escribir, pero sí que sabía leer, lo que se demuestra cuando lee un rollo de las escrituras en la sinagoga de Nazará (cf. Lc 4,16-30) y en todos los lugares en los que en alguna controversia dice: “¿No habéis leído...?” (Mc 2,25; 12,10; 12,26; Mt 12,2.5; 19,4; 21,16.42; 22,31; Lc 6,3). Esto indica que tanto Jesús como los destinatarios de estas palabras podían leer. En las escuelas se enseñaba a los alumnos cómo leer la Torah y los Profetas, a traducirlos del hebreo al arameo, a recitar la oración principal llamada shemá y otras oraciones; en una palabra, los estudiantes eran educados para desempeñar adecuadamente su rol tanto en la vida de la familia como de la comunidad. En la “casa del aprendizaje” o bet talmud el maestro era llamado mashnéh y se encargaba de enseñar la Ley oral, la que en el s. I d.C. todavía se estudiaba oralmente, a pesar de existir algunas colecciones escritas. El maestro explicaba el tema o la norma a tratar y alentaba a los estudiantes a participar haciendo preguntas y tratando de que ellos las explicasen, pero también se exigía un fuerte trabajo con la memoria. De ahí que tanto el estudio individual como grupal se haya hecho por medio de la repetición en voz alta. Incluso los adultos, que también estudiaban individual o grupalmente, leían en voz alta. Este constituía un medio formidable para asegurar la memorización. La edad para ingresar a la escuela era a los cinco o seis años. Se empezaba con el estudio de la Escritura, a los diez años se pasaba al estudio de la Ley oral o Mishnah. A la edad de doce o trece años el joven terminaba sus estudios. Si era dotado y le interesaba podía continuar “poniéndose a los pies” de los maestros de la Ley junto a otros adultos que estudiaban la Torah en su tiempo libre. Si mostraba capacidades y disposición podía después de algunos años ir donde algún sabio famoso y permanecer con él por un determinado número de años. Pero no parece haber habido una estructura educacional formal para los jóvenes a partir de los doce o trece años. Aquí es importante hacer notar una gran diferencia entre Jesús y los maestros de su tiempo. Como se ha visto, una vez terminado el tiempo escolar normal a la edad de doce o trece años, son los jóvenes que así lo desean los que escogen el maestro del cual quieren ser sus discípulos. En el caso de Jesús, es él quien escoge y llama a sus discípulos, tal como aparece en Juan 15,16: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros”. La disciplina era bastante estricta, basada principalmente en el respeto a la Ley y al maestro que transmite la palabra de Dios. El uso de la correa era permitido y aceptado como un medio para reforzar la disciplina. Pero, ciertamente, lo ideal era que el maestro conquistase los corazones de sus discípulos por medio de un trato amistoso y una enseñanza eficiente. Hay varios proverbios que exaltan las virtudes del maestro que muestra comprensión ante los problemas y dificultades de sus alumnos. La relevancia de esta actividad en Israel coloca al maestro en una posición muy distinta a la del pedagogo del mundo greco-romano. El pedagogo en el mundo greco-romano de la época era un esclavo cuya función era cuidar de los niños y “responsable de llevarlos a la escuela y devolverlos… Como “pedagogo” podía quedarse con el niño durante las lecciones, y adquirir conocimientos útiles para él mismo” (5.59). “La educación del niño griego en las letras, música y en las
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habilidades físicas necesitaba normalmente viajes diarios entre la casa y los diferentes establecimientos de enseñanza, ya fuese la escuela, la palestra o el gimnasio. Para protegerlo, por tanto, del peligro, tanto físico como moral, era confiado al cuidado de un esclavo de confianza de la casa, que lo conducía de un lugar a otro, y que era conocido como el paidagogos”(5.60). “Era natural que los padres que tenían un “pedagogo” inteligente esperasen que no sólo acompañase a sus hijos a la escuela y los trajese de vuelta, sino que procurase que aprendiesen sus lecciones de un modo apropiado… Cuanto más supiese él mismo, mejor, pero, en general, estaba encargado principalmente de vigilar más que de enseñar” (5.61). Esta breve descripción de la condición y del rol del pedagogo en el mundo grecoromano ilustra con claridad las diferencias entre ambas figuras. En Israel la tradición consideraba al maestro, tanto de la Ley escrita como de la Ley oral, realizando la obra de Dios. Son numerosos los pasajes en la literatura rabínica que elogian la ejecución fiel de la labor de los maestros y los comparan con aquellos referidos en Daniel 12,3:“Los maestros brillarán como el resplandor del firmamento, y los que enseñaron a muchos a ser justos, como las estrellas para siempre”. No obstante, se encuentran en último lugar en la jerarquía social, cuyo orden en sentido decreciente es como sigue: sabios, jefes de las sinagogas y maestros. Sin embargo, diversas fuentes cuentan a los maestros dentro de la elite espiritual de la sociedad. Es digno de hacer notar que, a pesar de todo lo dicho, el responsable principal de la educación de los hijos era el padre. A él le correspondía iniciarlos en el estudio de la Torah, preocuparse de proveer lo necesario para sus estudios en las escuelas y a la edad de doce o trece años enseñarles un oficio para incorporarlos al mundo del trabajo. La enseñanza de la Torah no terminaba con la finalización del período escolar. El estudio continuaba para aquellos que se preparaban para ser escribas, maestros, jueces o jefes de las sinagogas. Pero había también grupos de adultos que se reunían para estudiarla, a los que hay que agregar a todos los que se hacían discípulos de un determinado maestro. Por último, se encuentra la enseñanza recibida por los que asistían a las sinagogas los sábados y durante las festividades correspondientes. Los diversos escenarios para la enseñanza y estudio de la Ley entre los adultos pueden agruparse en tres categorías: 1) La bet midrash, cuyos miembros fueran jóvenes o mayores dedicaban la mayor parte de su tiempo al estudio. 2) La sinagoga, donde los asistentes eran instruidos a lo largo de la liturgia. 3) Ocasiones en que ciertos grupos se reunían en torno a una comida común en la que se estudiaba. En esta parte se trata, entonces, de la enseñanza de adultos, la que se daba no en “escuelas básicas”, sino en torno a determinados maestros, quienes a su vez formaban escuelas, pero en el sentido de seguidores y de líneas de interpretación de la Escritura y de la Torah oral. En tiempos de Jesús, había en Jerusalén dos famosos maestros con sus respectivas escuelas: Hillel y Shammai. En este ámbito, el maestro de la Torah en su explicación y enseñanza utilizaba parábolas e imágenes con el fin de hacer su enseñanza más vívida y atractiva. La tarea preeminente de los maestros o sabios consistía en la enseñaza de la Torah, pero así como se esperaba de ellos erudición, también se esperaba una conducta congruente con la enseñanza. Se esperaba que el comportamiento del maestro fuese de tal forma que produjera en los discípulos el deseo de seguir su ejemplo. Aquí el enseñar más que un
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oficio es un estilo de vida. Algo similar se esperaba de los estudiantes de acuerdo al principio de que el estudio precede y conduce a la acción. En una palabra, el estudio de la Torah modela la vida. La enseñanza en las escuelas de los sabios era oral. El sabio daba la lección y los discípulos podían hacer preguntas, más bien toda la enseñanza apuntaba a la participación. Algunos sabios les dirigían preguntas a sus discípulos. Gran parte de la enseñanza se daba en la forma de preguntas y respuestas, como en su momento se verá con relación a Jesús. 5. La enseñanza de Jesús Son múltiples los textos donde aparece Jesús enseñando. En algunos se dice que Jesús enseñaba, sin más; la enseñanza como tal se encuentra como una característica principal de su actividad. En otros se dice que enseña y aparece el contenido de la enseñanza. Por último hay un gran número de textos donde Jesús de hecho enseña sin que aparezca el término “enseñar”. Según Marcos, la acción característica de Jesús consiste en enseñar. También en Mateo la enseñanza tiene un puesto central. Más aún, en Mateo Jesús envía a sus discípulos a enseñar (cf. 2.962). a) Pasajes donde aparece explícitamente que Jesús enseña, esto es, con el verbo “enseñar” Jesús enseña en las sinagogas los sábados: • Mc 1,21: “Llegan a Cafarnaún. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar”. • Mc 6,2: “Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga”. • Mateo en 4,23 hace un sumario de la actividad de Jesús de la siguiente forma: “Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”. • Mt 13,54: “Viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?” • Nuevamente, Mateo coloca un sumario muy similar al de 4,23 en 9,35 como sigue: “Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia”. • Lucas también presenta un sumario de la actividad de Jesús en Galilea en 4,15: “Iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos”. • Lc 4,31: “Bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba”. • Lc 6,6: “Otro sábado entró Jesús en la sinagoga y se puso a enseñar”. • Lc 13,10: “Estaba un sábado enseñando en una sinagoga”. Jesús enseña en o cerca del mar: • Mc 2,13: “Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba”. • Mc 4,1: “Y otra vez se puso a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar”.

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Hay un texto paralelo de Mc 4,1 en Lc 5,3: “Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre”. Mc 6,34: “Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas”.

Jesús enseña con autoridad: los tres sinópticos coinciden en este punto tan importante que muestra que Jesús no sólo enseñaba, sino que, además, lo hacía con autoridad. • Mc 1,21-22: “Llegan a Cafarnaún. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas”. • Mt 7,28-29: “Y sucedió que cuando acabó Jesús estos discursos, la gente se asombraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas”. • Lc 4,31-32: “Bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad”. En Marcos y Mateo aparece la reacción de sorpresa de los coterráneos de Jesús ante su sabiduría y milagros: • Mc 6,1-2: “Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: “¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es esta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos?” • Mt 13,53-54: “Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí. Viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: “¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?” Jesús enseña a sus discípulos: • Mc 8,31: “Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días”. • Mc 9,31: “porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: “El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará”. • Lc 11,1: “Estaba él orando en cierto lugar y cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: “Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos”. Jesús es un maestro itinerante que enseña a la gente: • Mc 6,6: “Y recorría los pueblos del contorno enseñando”. • Mc 10,1: “Y levantándose de allí va a la región de Judea, y al otro lado del Jordán, y de nuevo vino la gente hacia él y, como acostumbraba, les enseñaba”. • Mt 5,1-2: “Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y, tomando la palabra, les enseñaba diciendo:…” • Mt 11,1: “Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades”.

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Lc 5,17: “Un día que estaba enseñando, había sentados algunos fariseos y doctores de la ley que habían venido de todos los pueblos de Galilea y Judea, y de Jerusalén”. Lc 13,22: “Atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén”.

En los tres sinópticos aparece atestiguado que sus adversarios saben que Jesús enseña y lo hace con franqueza y rectitud: • Mc 12,13-14: “Y envían hacia él algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Vienen y le dicen: “Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios”. • Mt 22,16: “Y le envían sus discípulos, junto con los herodianos, a decirle: “Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas”. • Lc 20,20-21: “Quedándose ellos al acecho (los escribas y sumos sacerdotes que aparecen en el versículo 19), le enviaron unos espías, que fingieran ser justos, para sorprenderle en alguna palabra y poderle entregar al poder y autoridad del procurador. Y le preguntaron: “Maestro, sabemos que hablas y enseñas con rectitud y que no tienes en cuenta la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios”. Jesús enseña en el Templo: • Mc 11,16-17: “Y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba, diciéndoles: “¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las gentes? ¡Pero vosotros la tenéis hecha una cueva de bandidos!” • Mc 12,35: “Jesús, tomando la palabra, decía mientras enseñaba en el Templo: “¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David?” • Mc 14,49: “Todos los días estaba junto a vosotros enseñando en el Templo, y no me detuvisteis”. • Hay un texto paralelo de Mc 14,49 en Mt 26,55: “En aquel momento dijo Jesús a la gente: “¿Como contra un salteador habéis salido a prenderme con espadas y palos? Todos los días me sentaba en el Templo para enseñar, y no me detuvisteis”. • Mt 21,23: “: Llegado al Templo, mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: “¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?” • Lc 19,47: “Enseñaba todos los días en el Templo”. • Lc 20,1: “Uno de aquellos días, mientras enseñaba al pueblo en el Templo y anunciaba la Buena Nueva, se acercaron los sumos sacerdotes y los escribas, junto con los ancianos”. • Lc 21,37: “Durante el día enseñaba en el Templo y salía a pasar la noche en el monte llamado de los Olivos”. • Para finalizar este recorrido, se presentan los siguientes dos textos: Jesús dice a sus oyentes en Lc 13,26: “Entonces empezaréis a decir: “Hemos comido y bebido contigo y has enseñado en nuestras plazas”.
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Su enseñanza es un argumento utilizado en su contra por los sumos sacerdotes ante Pilato en Lc 23,5: “Pero ellos insistían diciendo: “Solivianta al pueblo con sus enseñanzas por toda Judea, desde Galilea, donde comenzó, hasta aquí”.

b) Pasajes donde Jesús enseña sin que aparezca el término “enseñar” No es tan fácil, como se podría imaginar, precisar los lugares donde aparece Jesús enseñando. Para expresarlo mejor, habría que decir que hay pasajes en que es más fácil descubrir que Jesús enseña y otros en que se prestaría a discusión. Aquí se hará un elenco de los textos donde resulta evidente la actividad de enseñanza de Jesús. Se seguirá el orden que ya se ha establecido y seguido con anterioridad: primero Marcos y sus paralelos, si los tiene; luego Mateo y el paralelo, en el caso de que exista, en Lucas; y, por último Lucas. Una vez hecho el elenco, se procederá a clasificar los textos según la forma de enseñanza que Jesús utilice. Para no hacer un trabajo innecesariamente extenso, no se citará el pasaje completo, sino que sólo se colocará la referencia, es decir, capítulo y versículos más una frase que sintetice el contenido. No obstante, el pasaje o parte de él será colocado cuando sea necesario para la comprensión del mismo. A fin de presentar el elenco de una forma clara y comprensible, el material se organizará en tres columnas: en la primera la referencia bíblica, en la segunda los destinatarios, y en la tercera el método empleado. Marcos Referencia Mc 2,15-17//Mt 9,10-13//Lc 5,29-32: Jesús come con publicanos y pecadores Mc 2,18-22//Mt 9,14-17//Lc 5,33-39: discusión sobre el ayuno Destinatario(s) Escribas de los fariseos Discípulos de Juan y fariseos • • • Método(s) Sentencia Parábola introducida por una pregunta Imágenes: parche nuevo en vestido viejo y vino nuevo en pellejos viejos. Lucas añade una sobre la degustación de vino nuevo y vino añejo Pregunta Referencia a la Escritura (1Sam 21,2-7) Pregunta A Jesús le preguntan y él responde intercalando otra pregunta: “¿Quién de vosotros que tenga una sola oveja, si ésta cae en un hoyo en sábado, no la agarra y la saca? Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja!”

Mc 2,23-28//Mt 12,1-8//Lc 6,15: espigas arrancadas en sábado Mc 3,1-6//Mt 12,9-14//Lc 6,611: curación de un hombre en sábado Mt 12,9-14: este texto es paralelo del anterior, pero tiene una formulación distinta

Fariseos

• • • •

Asistentes a la sinagoga Asistentes a la sinagoga

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Referencia Mc 3,22-30 //Mt 12,24-32; Lc 11,15-22; 12,10: Jesús es acusado de estar endemoniado Mc 3,31-35//Mt 12,46-50//Lc 8,19-21: verdadero parentesco de Jesús Mc 4,3-9.13-20//Mt 13,3-9.1823//Lc 8,4-8.11-15: el sembrador Mc 4,21-23//Mt 5,15//Lc 8,1617: cómo recibir y transmitir la enseñanza de Jesús Mc 4,24//Mt 7,2//Lc 6,38: la medida con que uno mide Mc 4,25//Mt 25,29//Lc 8,18; 19,26: “Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará” Mc 4,26-29: semilla que crece por sí sola Mc 4,30-32//Mt 13,31-32//Lc 13,18-19: grano de mostaza Mc 4,33-34//Mt 13,34: forma de enseñanza Mc 6,34//Mt 9,35-36: compasión hacia la muchedumbre Mc 7,1-13//Mt 15,1-9: discusión sobre las tradiciones farisaicas Mc 7,14-23//Mt 15,10-20: doctrina sobre lo puro y lo impuro Mc 7,24-30//Mt 15,21-28: curación de la hija de una cananea Mc 8,14-21//Mt 16,5-12//Lc 12,1: la levadura de fariseos y saduceos

Destinatario(s) Escribas, fariseos Mucha gente que le escuchaba

• •

Método(s) Parábola introducida por una pregunta Aprovecha la visita de su madre y hermanos para enseñar sobre su verdadera familia: enseñanza situacional Parábola Imagen en forma de pregunta Sentencia Sentencia Sentencia

Gente que se reunió para escuchar su enseñanza Gente que se reunió para escuchar su enseñanza Gente que se reunió para escuchar su enseñanza Gente que se reunió para escuchar su enseñanza

• • • • •

Gente que se reunió • para escuchar su enseñanza Gente que se reunió • para escuchar su enseñanza • • • • Fariseos y escribas • venidos de Jerusalén • Muchedumbre Gente Mujer cananea Jesús Discípulos • • • •

Parábola Parábola Se dice explícitamente que Jesús hablaba a la gente en parábolas “según podían entenderle” Observa Se compadece Actúa: enseña Cita la Escritura Enrostra prácticas perversas de sus adversarios Sentencias Imagen del mundo doméstico Jesús acoge la reacción de la mujer Imagen de la levadura

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Referencia Mc 8,31-33//Mt 16,21-23//Lc 9,22: primer anuncio de la pasión Mc 8,34-38//Mt 16,24-28//Lc 9,23-27: condiciones para seguir a Jesús Mc 9,14-29//Mt 17,14-20//Lc 9,37-42: el endemoniado epiléptico Mc 9,30-32//Mt 17,22-23//Lc 9,43-45: segundo anuncio de la pasión Mc 9,33-37//Mt 18,1-5//Lc 9,46-48: discusión sobre quién es el mayor Mc 9,41 Mc 9,42-50//Mt 5,13; 18,69//Lc 17,1-2: el escándalo Mc 10,1-12//Mt 19,1-9; 5,32//Lc 16,18: el divorcio Mc 10,13-16//Mt 19,13-15//Lc 18,15-17: Jesús y los niños Mc 10,17-22//Mt 19,16-22//Lc 18,18-23: el hombre rico Mc 10,23-27//Mt 19,23-26//Lc 18,24-27: peligro de las riquezas Mc 10,28-31//Mt 19,27-30//Lc 18,28-30: recompensa por el desprendimiento Mc 10,32-34//Mt 20,17-19//Lc 18,31-33: tercer anuncio de la pasión Mc 10,35-40//Mt 20,20-23: petición de los hijos de Zebedeo Mc 10,41-45//Mt 20,24-28//Lc 22,24-27: los jefes deben servir Mc 11,15-18//Mt 21,12-13//Lc 19,45-48: expulsión de los vendedores del Templo

Destinatario(s) Discípulos Gente y discípulos Discípulos Discípulos Discípulos Discípulos Difícil de precisar Fariseos

• • • • • • • • • • • • • • • • • • •

Método(s) Exposición directa Exposición directa utilizando preguntas Enseñanza situacional sobre la fe Exposición directa Exposición directa con ejemplo concreto Sentencia Serie de sentencias Ante la pregunta que le dirigen, contrapregunta tomando como base la Torah Enseñanza que parte de una situación cotidiana: situacional Cita la Torah Instrucción precisa A partir de la situación enseña en forma directa utilizando una imagen: situacional Exposición directa Exposición directa Responde con una pregunta Exposición directa Exposición directa basada en el propio testimonio Pregunta a base de la Escritura Cita al profeta Isaías (56,7) y al profeta Jeremías (7,11)

Discípulos Hombre rico Discípulos

Pedro y discípulos Los doce Hijos de Zebedeo (Santiago y Juan) Los doce Vendedores en el Templo

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Referencia Mc 11,27-33//Mt 21,23-27//Lc 20,1-8: controversia sobre la autoridad de Jesús Mc 12,1-12//Mt 21,33-46//Lc 20,9-19: los viñadores homicidas Mc 12,13-17//Mt 22,15-22//Lc 20,20-26: tributo al César

Destinatario(s) Sumos sacerdotes, escribas y ancianos

Método(s) Responde con una pregunta aguda Parábola Contrapregunta con gran astucia Utiliza un elemento clave de la situación: situacional Pregunta Utiliza la Escritura Responde a una pregunta apoyándose en la Torah Elogia por su conocimiento a quien le dirigió la pregunta Parte con una pregunta Cita la Escritura Termina con una pregunta Enseñanza directa con ejemplos concretos Enseñanza a partir de la observación de una situación Imágenes del género apocalíptico Imagen Exhortación a la vigilancia por medio de una imagen Enseñanza situacional Cita de la Escritura

Marcos y Mateo no • especifican. Lucas coloca al pueblo Los que le dirigen la • pregunta-trampa • • • • • • • • • • • • • • •

Mc 12,18-27//Mt 22,23-33//Lc Saduceos 20,27-40: resurrección de los muertos Mc 12,28-34//Mt 22,34-40//Lc Escriba, fariseo 10,25-28: el mandamiento principal Mc 12,35-37//Mt 22,41-46//Lc Difícil de precisar 20,41-44: Cristo, hijo y señor de David Mc 12,38-40//Mt 23,5-7//Lc 20,45-47: advertencia sobre los escribas Mc 12,41-44//Lc 21,1-4: la contribución de la viuda Mc 13,5-27//Mt 24,4-31; 10,17-22//Lc 17,31;21,8-28: discurso escatológico Mc 13,28-32//Mt 24,32-36//Lc 21,29-33: “parábola” de la higuera Mc 13,33-37: llamado a estar alerta Mc 14,3-9//Mt 26,6-13: unción en Betania Mc 14,26-28//Mt 26,30-31: escándalo por lo que le va a suceder a Jesús Mateo Referencia Mt 5,1-12//Lc 6,20-23: las bienaventuranzas Destinatario(s) Discípulos y muchedumbre Gente y discípulos Discípulos Discípulos Discípulos Discípulos Discípulos Discípulos

Método(s) Fórmulas de felicitación de tipo sapiencial

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Referencia Destinatario(s) Mt 5,13-16//Lc 14,34-35: sal Discípulos y de la tierra y luz del mundo muchedumbre Mt 5,17-19//Lc 16,17: cumplimiento de la Torah Mt 5,20-37: la justicia nueva superior a la antigua Mt 5,38-48//Lc 6,27-36: la justicia nueva superior a la antigua Mt 6,1-4//Lc 16,14-15: limosna en secreto Discípulos y muchedumbre Discípulos y muchedumbre Discípulos y muchedumbre Discípulos

• • • • • • • • • •

Método(s) Sentencias Imágenes Exhortación Exposición directa Cita la Torah Profundiza la interpretación Cita la Torah Supera la interpretación Cita ejemplos de comportamientos Propone un comportamiento utilizando una imagen corporal Cita comportamientos Presenta el adecuado Cita comportamientos Presenta el adecuado Imagen financiera Sentencias Imagen corporal Imagen social Afirmaciones seguidas de preguntas que invitan a la reflexión para terminar con comparaciones usando diversas imágenes Concreción de la “regla de oro” Imagen corporal absurda Imagen del mundo animal Comparación con imagen familiar Máxima de conducta del judaísmo, pero formulada por Jesús con un giro: la formula positivamente Doctrina del judaísmo

Mt 6,5-15//Lc 11,2-4: Discípulos oración en secreto y el padre nuestro Mt 6,16-18: ayuno en secreto Discípulos Mt 6,19-21//Lc 12,33-34: el verdadero tesoro Mt 6,22-23//Lc 11,34-35: el ojo, lámpara del cuerpo Mt 6,24//Lc 16,13: Dios y el dinero Mt 6,25-34//Lc 12,22-31: abandono en la providencia Discípulos Discípulos Discípulos Discípulos

• • • • • • • • •

Mt 7,1-5//Lc 6,37-42: no juzgar

Discípulos

• • • • •

Mt 7,6: cuidar lo valioso Discípulos Mt 7,7-11//Lc 11,9-13: Discípulos eficacia de la oración Mt 7,12//Lc 6,31: la regla de Discípulos oro

Mt 7,13-14//Lc 13,24: los dos caminos

Discípulos

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Referencia Mt 7,15-20; 12,33-35//Lc 6,43-45: lobos con piel de oveja Mt 7,21-27//Lc 6,46.47-49: el verdadero discípulo

Destinatario(s) Discípulos

• • • • •

Discípulos

Mt 8,5-13//Lc 7,1-10; 13,28- Muchedumbre 29: el criado de un centurión

Mt 8,18-22//Lc 9,57-60: exigencias del discipulado Mt 10,16//Lc 10,3: advertencia sobre persecuciones Mt 10,24-25//Lc 6,40: advertencia sobre persecuciones Mt 10,26-32//Lc 12,2-9; 9,26: instrucciones Mt 10,34-35//Lc 12,51-53: Jesús señal de contradicción Mt 10,37.39; 16,24-26//Lc 14,26-27: condiciones para el seguimiento Mt 11,7-14//Lc 7,24-28: enseñanza sobre Juan el Bautista Mt 11,16-19//Lc 7,31-35: Jesús juzga a su generación Mt 11,29: "aprended de mí" Mt 12,38-42; 16,1-4//Lc 11,29-32//Mc 8,11-12: el signo de Jonás Mt 13,3: Enseñanza de Jesús

Escriba, discípulos, algunos Discípulos

• •

Discípulos Discípulos

• • • •

Método(s) Imágenes de gran actualidad y vigencia: contraposición lobooveja y frutos buenos-malos Exposición directa con una situación figurada Imagen de la construcción Enseñanza en que Jesús destaca la actitud del centurión Imágenes de universalismo y de incomunicación Imágenes del mundo animal y humano Imágenes del mundo animal: ovejas-lobos; prudentes como serpientes, sencillos como palomas Imágenes del contexto social Exposición directa Imágenes sobre el ser humano y la naturaleza Sentencias provocativas y paradójicas

Discípulos

Gente Indeterminado Fatigados y sobrecargados Escribas y fariseos; generación malvada

• • • • • •

Formula preguntas Cita la Escritura y la interpreta Comparación Su propia forma de ser Cita la Escritura Dice explícitamente que "les habló muchas cosas en parábolas" Parábola Parábola

Mt 13,24-30: cizaña Mt 13,33//Lc 13,20-21: levadura

Muchedumbre Muchedumbre

• •

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Referencia Mt 13,36-43: explicación de la parábola de la cizaña Mt 13,44: el tesoro Mt 13,45: la perla Mt 13,47-50: la red Mt 13,52: escribas que aceptan su predicación Mt 17,24-27: tributo del Templo Mt 18,12-14//Lc 15,3-7: la oveja perdida Mt 18,15-17//Lc 17,3: corrección fraterna Mt 18,19-20: sobre la oración Mt 18,21-22//Lc 17, 4: sobre el perdón Mt 18,23-35: siervo sin entrañas Mt 19,10-12: eunucos por el Reino de los Cielos Mt 20,1-16: los obreros de la viña Mt 21,28-32: los dos hijos Mt 22,1-14: el banquete nupcial Mt 23,1-4//Lc 11,46: superficialidad de escribas y fariseos Mt 23,5-7//Lc 11,43: falsas apariencias Mt 23,8-12: instrucciones específicas Mt 23,13-15//Lc 11,52: contra los fariseos Mt 23,16-22: contra los fariseos Mt 23,23-24//Lc 11,42: contra los fariseos

Destinatario(s) Discípulos Discípulos Discípulos

• • • • • •

Método(s) Explica en forma especial la parábola a sus discípulos Parábolas Sentencia que, entre otras cosas, invita a los discípulos a crear nuevas parábolas Pregunta comparativa Parábola Enseñanza directa

Pedro Discípulos Discípulos

Discípulos Discípulos Discípulos Discípulos Sumos sacerdotes y ancianos Difícil de precisar Gente y discípulos

• • • • • • •

Imagen numérica que significa sin límite Parábola Imagen de la época y de la cultura Parábola Parábola Parábola Enseñanza basada en la observación de conductas

Discípulos Fariseos Fariseos

• • • • • •

Exposición directa Invectivas basadas en la observación de conductas Invectivas Preguntas que llaman a la reflexión Invectiva Imagen: colar el mosquito y tragarse el camello

Fariseos

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Referencia Mt 23,25-26//Lc 11,39-40: contra los fariseos Mt 23,27-28: contra los fariseos Mt 23,37-39//Lc 13,34-35: lamentación sobre Jerusalén Mt 24,26-28//Lc 17,2324.37: la venida del Hijo del hombre Mt 24,36: nadie conoce el día ni la hora Mt 24,37-41//Lc 17,2627.35-36: exhortación a la vigilancia Mt 24,42-44//Lc 12,39-40: exhortación a la vigilancia Mt 24,45-51//Lc 12,42-46: el siervo fiel y prudente Mt 25,1-13: estar preparado Mt 25,14-30//Lc 19,12-27: las monedas Mt 25,31-46: el juicio final

Destinatario(s) Fariseos

• • • • • • • •

Fariseos Difícil de precisar Discípulos Discípulos Discípulos Discípulos Difícil de precisar

Método(s) Imagen: purificación de la copa y el plato por fuera y no por dentro Imagen: sepulcros blanqueados Imagen: gallina y sus pollos Imágenes: relámpago y buitres junto a cadáver Sentencia Imagen tomada de la Escritura Imagen del ladrón en la noche Parábolas

Difícil de precisar

Mt 28,19-20: aparición en Galilea

Los once

• • • •

Imágenes Actitudes Sentencias conclusivas Instrucciones en las que explícitamente se les encarga enseñar lo recibido Método(s) Refiere acontecimientos de la Escritura Fórmulas de maldición de tipo sapiencial Exhortación que tiene como modelo el actuar del Padre

Lucas Referencia Lc 4,25-27: prodigios a los paganos Lc 6,24-26: ayes o lamentos Lc 6,36: misericordia y generosidad Destinatario(s) Asistentes a la sinagoga Discípulos Discípulos • • •

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Referencia Lc 7,36-50: la pecadora perdonada

Destinatario(s) Fariseo y comensales

• • • • • •

Lc 10,29-37: el buen samaritano

Legista o doctor de la Ley

Lc 10,38-42: Marta y María Lc 11,5-8: amigo insistente Lc 11,27-28: bienaventuranzas Lc 12,13-21: las riquezas

Marta Discípulos Mujer de entre la gente

• • • • • • • • • • • • • • • • • • • •

Uno de la gente

Lc 12,32: no temer Lc 12,35-38: estar vigilantes Lc 12,47-48: castigo al siervo que no sirve Lc 12,49: misión de Jesús Lc 12,50: sobre su pasión

Discípulos Discípulos Discípulos Discípulos Discípulos

Método(s) Enseñanza situacional Parábola Pregunta Descripción de la situación Sentencias conclusivas Jesús responde con una parábola en la que invierte la pregunta que le ha sido hecha Enseñanza situacional Parábola Ante una fórmula de felicitación responde sobre la misma con otra Ante una pregunta responde con una parábola Sentencia Imagen doméstica Enseñanza directa Sentencia provocativa Sentencia que revela su ánimo Imagen climática Pregunta Consejo de sentido común Enseñanza con preguntas a partir de determinados acontecimientos Sentencias conclusivas Parábola Preguntas sobre la conducta de los asistentes Pregunta conclusiva Imágenes de relaciones sociales Preguntas sobre la conducta de los asistentes Pregunta conclusiva

Lc 12,54-56: sobre el tiempo Gente que ha llegado con Jesús Lc 12,57-59: querella o Gente pleito Lc 13,1-5: exhortación a la Algunos conversión

Lc 13,6-9: sobre la ineficacia Difícil de precisar Lc 13,10-17: curación en Asistentes a la sinagoga sábado Lc 13,25-27: los que quedan fuera Lc 14,1-6: curación en sábado Auditorio indefinido Legistas y fariseos

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Referencia Lc 14,7-11: los primeros puestos Lc 14,12-14: elección de invitados Lc 14,15-24: los comensales en el Reino de Dios Lc 14,28-33: renuncia a los bienes Lc 15,8-10: moneda perdida Lc 15,11-32: hijo perdido Lc 16,1-8: administrador infiel Lc 16,9-12: actitud en lo insignificante Lc 16,19-31: el rico y el pobre Lc 17,7-10: el servicio Lc 17,20-21: llegada del Reino de Dios Lc 18,1-8: juez injusto y viuda insistente Lc 18,9-14: Fariseo y publicano Lc 19,1-10: Zaqueo

Destinatario(s) Invitados Dueño de casa Uno de los comensales Mucha gente Fariseos y escribas Discípulos Discípulos Auditorio indefinido Discípulos Fariseos Discípulos Algunos que se tenían por justos Gente de Jericó

• • • • • • • • • • • • • • • • • •

Método(s) Parábola sobre la misma situación Exposición directa Parábola sobre la misma situación Imágenes de la construcción y bélica Parábola Parábola Exposición directa con preguntas Parábola Preguntas con imágenes Sentencia conclusiva Sentencia que exhorta al análisis Parábola Parábola Enseña con su propia actitud la misericordia de Dios Género lamentación Exhortación “Contrainstrucciones”que surgen del cambio de situación Fórmula de felicitación utilizada irónicamente para expresar la calamidad que se avecina Jesús resucitado explica las Escrituras a partir de sí mismo Instrucciones

Lc 19,41-44: lamentación sobre Jerusalén Lc 21,34-36: estar alerta Lc 22,35-38: tiempos difíciles Lc 23,26-32: camino al Calvario

Auditorio indefinido Discípulos Discípulos

Mujeres de Jerusalén

Lc 24,13-35: Discípulos de Emaús Lc 24,44-49: últimas instrucciones

Dos discípulos

• •

Los once

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6. Los métodos Si se agrupan los métodos utilizados por Jesús, el resultado es el siguiente: a) Parábolas b) Sentencias c) Imágenes d) Preguntas e) Citas de la Escritura y del judaísmo f) Propio testimonio g) Denuncia h) Exposición o enseñanza directa i) Enseñanza situacional j) Giros sorprendentes de Jesús Antes de decir algo sobre cada uno de estos métodos, y aun con el riesgo de mencionar algo demasiado obvio, no está de más notar, como ya se desprende del listado de referencias, que esta clasificación es artificiosa en cuanto aísla los métodos que en los textos se encuentran combinados. a) Parábolas y el método parabólico de Jesús Esta es una figura tremendamente importante y bastante más compleja de lo que uno podría imaginar. En cuanto a lo primero, es tal su importancia, que hay multitud de obras de especialistas dedicadas exclusivamente a su estudio. Para muestra, un botón: aquí se ha utilizado una investigación publicada en Chile el año 1991, llamada “Parábolas: diálogo y experiencia. El método parabólico de Jesús según Dom Jacques Dupont” de 272 páginas. Tal como su título lo indica, se trata de un estudio sobre cómo un especialista –Dom Jacques Dupont- ha tratado el tema de las parábolas… y especialistas sobre este tema hay bastantes más que uno. De ahí que en el presente trabajo ellas tienen un tratamiento especial, porque lo que de ellas se diga se puede aplicar a todos los otros métodos de enseñanza de Jesús. La categoría más amplia es la de parábola, bajo la cual quedan subsumidas todas las otras. Por eso, son tratadas en primer lugar. De lo recién dicho se desprende lo segundo: la complejidad de las parábolas. No es fácil delimitar con precisión el concepto de parábola: hay autores que en los evangelios sinópticos cuentan menos de treinta y otros más de sesenta parábolas. Es evidente que están utilizando criterios diversos para definir este género. Es esencial a la parábola la comparación, pero la parábola es bastante más que una comparación. Se podría decir que toda parábola es una comparación, pero no toda comparación es parábola. Para explicar lo recién dicho, nada mejor que colocar un ejemplo considerado por los especialistas el prototipo de las parábolas bíblicas: la parábola de Natán que se encuentra en 2 Samuel 12,1-4. Pudiese resultar llamativo que se coloque como modelo de parábola un texto del Antiguo Testamento. En efecto, el género parabólico no fue una invención de Jesús, sino que es un género largamente atestiguado en el Antiguo Testamento: “Las parábolas son relativamente numerosas en el AT, y se las encuentra tanto en los libros históricos (v.gr., Jue 9,8-15; 2Sam 12,1-4; 14,4-14) como en los proféticos (v.gr., Is 5,1-6; 28,23-29; Ez 19,1-9) y en los sapienciales (v.gr., Pr 5,15-19; BS 22,19-22). Pero es sobre todo en los escritos
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rabínicos donde abunda este género: se ha calculado que entre el Talmud y los Midrashim se encuentran no menos de dos mil parábolas” (15.42). Las parábolas formaban parte de los métodos de enseñanza habituales en el mundo hebreo. Antes de ir al texto de la parábola de Natán hay que considerar su contexto: el capítulo 11 del segundo libro de Samuel. En él se narra un crimen monstruoso del rey David. Pero decir “un” crimen es poco, pues los actos pecaminosos de David son varios y se van escalonando progresivamente en un in crescendo que culminará con un homicidio por encargo. Al comienzo del capítulo se narra que Israel se encuentra en una campaña militar contra los amonitas. El ejército de Israel, con Joab a la cabeza, derrota a los amonitas y pone sitio a la ciudad de Rabá. David, por su parte, se encontraba en Jerusalén. Una tarde, paseándose el rey por el terrado vio a una hermosa mujer bañándose. Preguntó quién era y le dijeron que era Betsabé, mujer de Urías el hitita. David envió a buscarla y se acostó con ella. Tiempo después, Betsabé le hizo saber a David que estaba encinta. Aquí se encuentra lo que se podría llamar la fase Nº1 del pecado de David. Al enterarse David del embarazo de Betsabé, mandó a decir a Joab que le enviase a Urías. La mención de Joab indica que Urías no siendo israelita, sino hitita, se hallaba combatiendo junto al ejército israelita, que asediaba Rabá. Esta noticia inclina las simpatías hacia este extranjero que, sin tener una obligación directa por su nacionalidad, participa en la guerra o campaña militar de David. Urías el hitita combate por David en Rabá, mientras David se acuesta con Betsabé en Jerusalén. Llega Urías donde David y éste le pregunta por la marcha de la campaña para luego enviarlo a descansar a su casa con un obsequio de la mesa del rey. No hay que ser demasiado agudo para descubrir las intenciones de David: que Urías vaya a su casa, se acueste con su mujer y hacerle creer que el embarazo era obra suya. Esto constituiría la fase Nº2 del pecado de David. Sin embargo, David no contaba con la integridad de Urías, quien no fue a su casa, sino que se acostó a la entrada de la casa del rey. Informado David, le pide una explicación y Urías le dice que no es correcto que mientras sus compañeros de armas combaten y duermen incómodamente, él esté descansando y solazándose con su mujer. Ante tamaños argumentos, David le informa que lo hará volver al campo de batalla al día siguiente, pero antes lo invita a comer y lo hizo beber hasta emborracharlo. No es tampoco difícil imaginar que David lo emborrachó para ver si Urías se entusiasmaba y se iba a su casa a acostarse con su mujer. Esta es la fase Nº3 del pecado de David. Mas Urías ni siquiera borracho fue, sino que, nuevamente, se quedó con la guardia de David. Este acontecimiento es el que provoca la fase Nº4 del pecado de David, fase que constituye su culmen. Al día siguiente, tal como le había dicho, envió David a Urías de regreso al campo de batalla. Le encargó que le llevara una carta a Joab, jefe del ejército, carta que era la sentencia de muerte para Urías, pues en ella ordenaba a Joab colocar a Urías en la primera línea de la batalla, esperar a que la lucha prendiese y cuando alcanzase un punto álgido, que el resto de los combatientes se retirase detrás de Urías, para que fuese herido y muriese. Estas instrucciones fueron cumplidas al pie de la letra y ese día Urías murió en el campo de batalla. Recorrer el texto como se ha hecho aquí es realmente escalofriante. David actúa en una progresión maligna continua que culmina con la traición a Urías llevada a su máxima expresión. Con este contexto de fondo se puede ahora abordar la parábola de Natán. El texto de 2Sam 12,1-4 dice así: “Envió Yahvé a Natán donde David, y llegando a él le dijo:
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‘Había dos hombres en una ciudad, el uno era rico y el otro era pobre. El rico tenía ovejas y bueyes en gran abundancia; el pobre no tenía más que una corderilla, sólo una, pequeña, que había comprado. Él la alimentaba y ella iba creciendo con él y sus hijos, comiendo su pan, bebiendo en su copa, durmiendo en su seno igual que una hija. Vino un visitante donde el hombre rico, y, dándole pena tomar su ganado, sus vacas y sus ovejas, para dar de comer a aquel hombre llegado a su casa, tomó la ovejita del pobre y dio de comer a aquel hombre llegado a su casa’”. Hasta aquí la parábola. Lo que continúa en el texto es la reacción del rey David ante el relato de Natán. Dice 2Sam 12,5-7: “David se encendió en gran cólera contra aquel hombre y dijo a Natán: ‘¡Vive Yahvé! que merece la muerte el hombre que tal hizo. Pagará cuatro veces la oveja por haber hecho semejante cosa y por no haber tenido compasión’. Entonces Natán dijo a David: ‘Tú eres ese hombre’”. Si se sigue con atención el ritmo de los acontecimientos de la forma en que ellos han sido redactados, no es difícil establecer la relación entre la situación comentada del crimen (o los crímenes) de David y el caso que Natán le expone al rey. La pregunta que surge naturalmente es ¿por qué Natán en su condición de profeta del rey David no le recriminó directamente sus faltas? Es sabido que los profetas no tenían “pelos en la lengua”, sin embargo Natán, quien ha sido enviado por Dios (“Envió Yahvé a Natán donde David”) empieza a relatar una historia de una ovejita aparentemente inofensiva, pero que paulatinamente se va convirtiendo en el relato encubierto del crimen de David. Es evidente, que Natán “por razones de seguridad” no se atrevió a encarar a David directamente. Natán, como su profeta, habría sabido lo que sucedió y visto la inescrupulosidad con la que David actuó y cómo no tuvo reparos en mandar a matar a Urías, haciéndolo que él mismo transportase la carta con su sentencia de muerte. Esto habría llevado a Natán a temer por su vida y a formular de tal manera su mensaje que llevase a David a formular un juicio y a que quedase atrapado en su propio juicio. Ante la airada reacción de David, seguramente Natán se frotaría las manos. Este texto muestra lo ya dicho anteriormente: si bien es cierto que se trata de una comparación, ésta va más allá en cuanto involucra al auditor o destinatario de la parábola impeliéndolo a meterse dentro de la situación y a emitir un juicio. Esto es lo que se quiere decir cuando se habla del carácter dialógico de las parábolas: “La parábola es un discurso estructuralmente dialógico, que supone en el narrador la capacidad y la voluntad de ponerse en el punto de vista del interlocutor, sin lo cual no podría encontrar un terreno común que le permita al otro descubrir una nueva dimensión de su existencia, conforme a la óptica del narrador” (15.41). El elemento figurativo o comparativo evoca una determinada situación ante la cual se exige una toma de posición. Es de fundamental importancia comprender no sólo lo que las parábolas enuncian, sino también y sobre todo la forma en que éstas operan. Si no se descubre su estructura dialógica, en realidad es bien poco lo que de ellas se ha comprendido y menos aún el provecho que se les puede sacar como una forma “razonada” y “razonable” de asumir y presentar la realidad. Pero antes de entrar más de lleno en este punto de tanta relevancia, conviene detenerse brevemente en el tema de las parábolas y el uso que Jesús hace de ellas. A la par de la sorpresa de encontrar parábolas, y tan abundantes, en el Antiguo Testamento, puede darse una especie de desencanto o de desilusión al pensar haber descubierto que algo que se creía tan propio y característico de Jesús, en realidad es una forma de enseñanza de vasta y larga tradición en la cultura hebrea. Así como este trabajo no versa sobre el contenido de la
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enseñanza de Jesús sino sobre su forma de enseñar, de lo que se trata específicamente aquí no es de examinar el contenido o mensaje de las parábolas de Jesús sino de analizar globalmente la forma, la manera, el modo en que Jesús utilizó este género literario. Este examen conducirá a resaltar y quizá restituir esa originalidad que se creía perdida. Anteriormente se ha mencionado la gran cantidad de parábolas existentes en la literatura rabínica. Se habló de no menos de dos mil. Es este abundante material el que permite hacer la comparación con las parábolas de Jesús para así establecer lo propio de éste último. “La casi totalidad de las parábolas rabínicas son frías y cerebrales, sin vivacidad ni emoción. En cambio en las de Jesús se trasluce siempre una mirada atenta y simpática a las realidades de la vida cuotidiana de la gente modesta que constituía el mundo al que él mismo pertenecía: el mundo aldeano de una pequeña provincia agrícola, pesquera y artesanal” (15.42). Las parábolas eran utilizadas por los rabinos como una forma de confrontar ideas, es decir, eran empleadas preferentemente en el ámbito de discusiones teóricas. Muchas de ellas comentaban textos sagrados y en la autoridad de tales textos fundaban sus conclusiones. Jesús, en cambio, las usa de una forma bastante diferente, en cuanto sus parábolas “no poseen una finalidad puramente doctrinal, en cuanto proposición de contenidos intelectuales, ni una finalidad puramente estética, como mera expresión poética de vivencias interiores. Las parábolas de Jesús están vinculadas a acciones concretas” (12.120). Esto conlleva a determinar lo propio de las parábolas de Jesús. Son tres los rasgos fundamentales de las parábolas jesuánicas: 1) Hacen referencia no a doctrinas o conceptos teológicos sino a comportamientos. En las parábolas aparece con bastante claridad el comportamiento a seguir y/o el comportamiento que se debe evitar. Un extraordinario ejemplo de lo recién dicho, lo constituye la parábola del Buen Samaritano. En ella aparece tanto el comportamiento indeseado como el requerido. Además, en esta parábola hay otro elemento que la hace ser todavía más penetrante: se rompe la lógica de lo narrado con dos giros intempestivos que hace Jesús. En primer lugar, el legista pregunta : “Y ¿quién es mi prójimo?” (o sea prójimo del legista). Y Jesús, después de exponer la comparación, da vuelta la pregunta y se la devuelve al legista de la siguiente forma: “¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores? Es decir, ¿quién fue el que se comportó como prójimo del necesitado? En segundo lugar, el texto dice que primero pasa de largo un sacerdote, luego un levita y el tercer lugar, en la lógica de la época, le correspondía a un laico, sin embargo, quebrando la expectativa de los auditores, coloca como ejemplo a seguir no sólo a un extranjero, sino a uno perteneciente a un pueblo despreciado por los judíos: un samaritano. 2) Se usan como una instancia de diálogo con los destinatarios. Hay que empezar definiendo los destinatarios. Éstos no son ni adversarios declarados ni seguidores de Jesús, sino aquellos que no compartían su perspectiva, su modo de ver las cosas. Con las parábolas Jesús busca que estas personas compartan su visión, por eso “funcionan” como medio de diálogo. Esto es lo que se ha querido decir cuando se ha afirmado que tienen una estructura dialógica. La situación en ellas referidas es de algún modo analóga a la situación real que les sirve como base, pero justamente por la analogía, saca a los interlocutores del terreno de una posible discusión para llevarlos a discurrir por medio
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de una historia que se les narra. De esta forma evita Jesús la controversia y hace que los destinatarios saquen sus propias conclusiones. En otras palabras, abre a sus interlocutores a una nueva visión de las cosas. Pero no sólo los abre a algo nuevo, sino que él también se coloca en esa actitud de apertura que es tan esencial al diálogo. Éste es un término tan usado pero que la gran mayoría de las veces no es más que la yuxtaposición de monólogos. Para que pueda haber diálogo de verdad, uno tiene que vaciar su mente para realmente escuchar lo que el otro está diciendo, más aún hacer el ejercicio de ponerse en el lugar del otro a fin de mirar lo que se está tratando desde su perspectiva, luego volver a la propia posición habiendo incorporado la visión del otro y así revisar lo dicho y mantenerlo, reformularlo o... botarlo y reconocer hidalgamente el propio error. El diálogo requiere flexibilidad, entereza, honestidad y humildad. 3) Su fuerza argumentativa se fundamenta en la experiencia vivida. La pregunta que aquí habría que formular es la siguiente: ¿Qué hizo que las parábolas quedaran tan vivamente impresas en la memoria de los seguidores de Jesús y que hayan surcado e impregnado dos milenios hasta el día de hoy? ¿Por qué no cayeron simple y llanamente en el olvido? Dos son los motivos que surgen con claridad: por una parte, la fuerza y pertinencia de sus imágenes, lo que será comentado más adelante, y, por otra, su apoyo en la experiencia. Por medio de las parábolas, Jesús incita a sus oyentes a ponerse en contacto con su propia experiencia para resolver así la situación planteada. Esta experiencia se da de tantas formas diversas. Tenemos, por ejemplo, el caso de la parábola de la moneda perdida (Lc 15,8-10): quién de los auditores directos (y quién de nosotros) si se le pierde dinero no revuelve todo buscándolo y se llena de alegría si lo encuentra. Todas las parábolas de Jesús se relacionan con determinados acontecimientos de la vida, de la existencia, ya sea propia o comunitaria, presente o pasada. Las parábolas no son fábulas, no refieren acontecimientos ni de animales ni de otros elementos de la naturaleza aplicándolos a los seres humanos, sino que refieren determinadas actitudes o comportamientos de personas o personajes con los cuales los destinatarios se podían identificar fácil y rápidamente y, lo más importante, tomar posición personal en relación al comportamiento a seguir o al que hay que evitar. Las parábolas no buscan obligar, imponer desde afuera; su finalidad es convencer sin más fuerza que el peso de su evidencia. Esto es lo que permite afirmar, haciendo un juego de palabras, que Jesús tenía autoridad sin ser autoritario. Se ha considerado útil terminar esta parte haciendo una caracterización desde una vía tanto negativa como también positiva del lenguaje parabólico de Jesús: Las parábolas de Jesús no: • son frías y cerebrales; • buscan defender ideas ni apoyar verdades enfrentadas teóricamente; • las emplea para discusiones teóricas; • son instrumentos de polémica; • tienen una finalidad meramente doctrinal, en el sentido que Jesús no las pronunció para expresar verdades universales; • son una mera expresión retórica ni estética;
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son relatos ni de animales personificados ni de fenómenos de la naturaleza; las utiliza para hablar de sí mismo o para justificar su conducta; quieren instruir sobre el ser de Dios o sus características en general; tienen un carácter exegético; tienen como destinatarios ni a sus enemigos o adversarios ni a sus seguidores. Las parábolas de Jesús sí: buscan que los destinatarios emitan un juicio, tomen posición ante lo que se expone; brotan de un contexto preciso que se conecta a la situación expuesta por medio de la analogía; se dirigen a personas que no comparten el punto de vista de Jesús; son, por tanto, instrumentos de diálogo; pretenden que los destinatarios alcancen una nueva visión de las cosas; apuntan a los comportamientos, a la conversión; tienen un marcado carácter realista en cuanto refieren procesos, acciones y actores personales; se basan en la experiencia de los auditores; apuntan a la reflexión de los destinatarios; revelan el sentido del actuar de Jesús al ponerlo en relación en el actuar de Dios: Dios actúa aquí y ahora en Jesús.

Pero, no se puede terminar este tema sin antes dar cuenta de una afirmación que es enormemente problemática y que puede echar por tierra todo lo dicho sobre las parábolas como medio de diálogo, ya que lo contradice flagrantemente. En los tres sinópticos aparece que Jesús habla en parábolas no para aclarar, sino para enredar, para confundir. El evangelista Marcos dice: “Cuando quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. Él les dijo: ‘A vosotros se os ha dado el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone” (Mc 3,10-12//Mt 13,10-15//Lc 8,9-10). Los comentadores ven en este texto y sus paralelos reflejos de la pugna que se dio en los primeros tiempos de la Iglesia entre judíos y cristianos. Se encontraría aquí una reflexión sobre el rechazo de la predicación de Jesús por parte de su pueblo. Y, efectivamente, el texto se ilumina y entiende desde esta perspectiva: las parábolas son claras, pero para los que quieren ver, para los que son capaces de abandonar sus seguridades y abrirse al riesgo del diálogo, abrirse a otras visiones que pudiesen, después de una adecuada valoración, transformar y enriquecer las propias. Para los que no quieren ver, para los que se sepultan en su miope visión, las parábolas se vuelven incomprensibles. Más todavía, las parábolas delatan las negativas al diálogo, a la reflexión. Las parábolas desenmascaran los fundamentalismos. b) Sentencias Corresponden a dichos de Jesús transmitidos en forma aislada. Las sentencias tienen una larga historia en el mundo judío, así como en las culturas de transmisión oral. Las sentencias tienen determinados rasgos característicos que ayudan a que permanezcan
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en la memoria, tales como: estructura (bimemebre o trimemebre), rima, contenidos e imágenes significativas. Es lo que se conoce bajo el nombre de proverbios o máximas: “·Debe destacarse en forma muy especial que en esta forma es como se ha transmitido la casi totalidad de la enseñanza rabínica: la mayoría de las páginas de la Mishnah y del Talmud no contienen otra cosa que sentencias aisladas de los diferentes Rabinos. Y ya buena parte de la enseñanza de los profetas y sobre todo de los sabios de Israel se había conservado en forma de breves sentencias aisladas” (15.39). De acuerdo a su carácter sapiencial, las sentencias recurren a la experiencia de los oyentes, sea a la propia, a la recibida o al sentido común. Sirva a modo de ejemplo la siguiente sentencia que incluso hoy, dos mil años después de pronunciada, no requiere de mayor explicación por la fuerza de la imagen utilizada: “No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mc 2,17). Jesús utiliza las sentencias en dos ámbitos o situaciones: cuando sin hacer referencia a Dios quiere explicar su propia conducta, como sucede con la sentencia recién citada de quiénes necesitan al médico, y en la relación con sus discípulos. Ciertamente, esa relación se dio como era habitual en el Israel de aquel entonces: en el marco “MaestroDiscípulos”. En ese tipo de relación, como ya se ha dicho, la enseñanza era oral y preferentemente a partir de sentencias. Jesús, además, debe haber instruido a sus discípulos antes de enviarlos a predicar (Mc 3,14-15; etc.). Otra sentencia, a propósito de amasar un tesoro consistente, es la siguiente: “Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mt 6,21//Lc 12,34). Ésta máxima, que puede ser considerada como perenne, lleva a preguntar(se) por lo valioso: ¿qué es lo realmente valioso en nuestras vidas? Para quedar bien parados ante los demás podemos decir muchas cosas de gran nobleza, pero el criterio para evaluar el tesoro está en nuestro corazón, que aquí aparece como sinónimo de centro de la vida. Es decir, es cuestión que los demás vean nuestro comportamiento, nuestras actitudes, para deducir de esa observación nuestros reales intereses, qué es lo que verdaderamente nos preocupa, capta nuestra atención y acción. Podemos decir que nos interesa el prójimo, pero si se observa nuestra conducta, quizá ella manifestará que en realidad lo que nos preocupa y mueve es nuestro propio bienestar. En resumen, los términos de esta sentencia se retroalimentan: en aquello que es valioso para nosotros (nuestro tesoro) ponemos nuestra vida (corazón) y, a la inversa, en la práctica es posible ver cuáles son nuestras preocupaciones, las que nos indicarán el “dónde” hemos puesto nuestra vida, ése “dónde” es nuestro tesoro real. Y, más práctico aún: lo que a cada uno le interesa es aquello a lo que le dedica tiempo y/o dinero. Como las sentencias son una forma de enseñar y de transmitir enseñanza, Jesús no solo repite proverbios o máximas de la corriente sapiencial de la Sagrada Escritura o del judaísmo, sino que él mismo formula las propias para entregar de forma pregnante aquello que quiere transmitir. Es lo que sucede con las sentencias de Jesús que se han tomado como ejemplo. En ellas se muestra su capacidad de recoger la experiencia y formularla en forma concisa con una imagen tremendamente significativa a la vez que lapidaria. c) Imágenes Las imágenes formaban parte connatural de la mentalidad hebrea antigua. Ésta era concreta, en el sentido de concreto en cuanto contrario a abstracto. La lengua hebrea no permitía mayores abstracciones y, de hecho, tenía muy pocos adjetivos. Sí abunda en circunlocuciones e imágenes. Era un lenguaje plástico en el que las cosas no se definen sino que se describen. En los relatos de creación del Génesis (capítulos 1 y 2) no se dice
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propiamente qué es el ser humano, sino su misión, la tarea que se le encomienda. Aparece, entonces, definido por su misión. No se trata del ser, sino del hacer. Es por esta razón que son tan importantes y habituales las imágenes en ese tipo de pensamiento. Como es un recurso habitual, se encuentran imágenes en todas las formas de enseñanza de Jesús, naturalmente, en diferente medida. Ella se encuentran en las sentencias, en las parábolas, en las preguntas, en los giros novedosos que Jesús utiliza, etc. Pero, y he aquí lo importante, cualquier imagen no da lo mismo. Para que surta efecto, tiene, por una parte, que ser pertinente, es decir, debe corresponder a la realidad que pretende ilustrar. Por otra parte, tiene que ser una imagen potente, como se dice hoy en día, esto es, vívida, significativa, representativa. Con una imagen equivocada o “impertinente” pueden pasar sólo dos cosas: pasar desapercibida o producir un gran daño en cuanto conduce a los destinatarios a un lugar distinto e incluso opuesto al que se los quería llevar. No basta cualquier imagen. Todo esto se aplica al que formula la imagen. Los destinatarios directos o receptores posteriores de la imagen deben tener en cuenta el carácter funcional de la imagen. Esto significa considerarla en lo que es: una especie de trampolín que impulsa más allá de sí mismo. La imagen representa otra realidad que está más allá de ella misma. Se cae en un completo equívoco si uno se queda en la materialidad de la imagen. Si esto sucede, ella ha quedado absolutamente desnaturalizada. Las imágenes son el vehículo de expresión de las realidades más profundas del ser humano o, dicho de otra forma, expresan lo profundo de la realidad. El lenguaje habitual sirve para expresar los niveles más superficiales o externos, sobre todo si se trata de un lenguaje tecno-científico, pero no es capaz de “contener” o expresar lo más profundo que es lo más propio del ser humano. A la interioridad del ser humano sólo se puede acceder a través de imágenes, eso es el lenguaje poético. A los misterios sobre el origen del ser humano sólo se puede acceder a través de imágenes, eso es el lenguaje mítico. A la angustia de los creyentes en momentos de cruel y sanguinaria persecución sólo se puede responder, consolar y alentar con imágenes, eso es el lenguaje apocalíptico. A los misterios sobre la finalidad del ser humano sólo se puede acceder a través de las imágenes, eso es el lenguaje escatológico. Las imágenes siempre han acompañado al ser humano, más aún, son propias y constitutivas de él. Se dice que nos encontramos en un cambio de época, en un cambio de paradigmas, y que con la computación y el avance de los multimedia nos encaminamos a un tipo de cultura simbólico-imaginaria, cuya expresión más conocida es el tremendo fenómeno de internet. Pero no todo esto es cierto. Si bien es efectivo que hasta no hace mucho no existían los medios de comunicación de los que hoy disponemos, hay una percepción equivocada si se plantea lo de los símbolos e imágenes como algo totalmente nuevo. Nuevo será el televisor, el computador, mas no la imagen. Y quizá se pudiese decir que en el presente la capacidad imaginativa se ha “estandarizado” y, por tanto, empobrecido, porque cuando se ven algunos capítulos de Poirot, el detective belga de las novelas de Agatha Christie, que gustaba jugar a las damas para entrenar sus células grises, todos se ven obligados a quedarse con una imagen de Poirot, la del actor David Suchet que lo representa. Se va perdiendo de esta forma la capacidad de disponer de la propia imaginación. Así se puede llegar a la desconsoladora impresión de que hoy en día la capacidad imaginativa del ser humano en vez de evolucionar se encuentra en un estado de involución. Para terminar el comentario de un par de imágenes.

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En Mt 7,15-17 dice Jesús: “Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos”. Aquí son utilizadas dos imágenes. Por una parte, la de personas con disfraces de ovejas, pero que en verdad son lobos rapaces. Y, por otra, una imagen del mundo agrícola sobre los árboles y sus frutos. Hay, entonces, unos falsos profetas, que aparentan ser buenos, pero en realidad son malos. El primer llamado es a no fijarse tanto en las apariencias o más bien a fijarse si tales apariencias corresponden con el interior, si son congruentes con las verdaderas intenciones. ¡Cuidado con las apariencias! Pueden ser disfraces que engañen y oculten a personas que buscan despojar y destruir. En estos términos se encuentra planteada la situación. Uno podría decir: “Gracias por la advertencia. En realidad, que el interior no coincida con la apariencia puede suceder. Pero ¿cómo voy a reconocer si hay coherencia o incoherencia? Y la imagen inmediatamente siguiente coloca el criterio a utilizar (sobre todo en nuestros tiempos): por sus frutos los conocerán. No se fijen en lo que dicen, fíjense en lo que hacen. Palabras, promesas, golpecitos en la espalda sobran, en especial si uno aspira a un cargo, está en uno o quiere mantenerse en él. En estos casos las “sobreactuaciones” se dan en todas direcciones: de uno hacia los jefes, de los subalternos hacia uno, de uno hacia los subalternos. Jesús es conciso, categórico y lapidario: “por sus frutos los conocerán”. Esto es lo que permite identificar a los “falsos profetas” de los que habla el texto, no se les identifica con nombre y apellido sino por sus actitudes o comportamientos: son los que dicen pero no hacen. De ésos hay que cuidarse (siempre, es decir, ayer y hoy). Esto aparece reforzado por los versículos siguientes sobre los verdaderos discípulos de Jesús. La afirmación inicial clarifica aún más lo recién dicho. Dice el texto de Mt 7,21-23: “No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán aquel Día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’ Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’” No se trata de decir sino de hacer la voluntad del Padre. Los verdaderos discípulos no tienen que ser “acróbatas espirituales”, no tienen que hacer prodigios ni milagros, ni expulsar demonios. Tienen que descubrir la voluntad del Padre en sus vidas y concretarla. Imposible dejar fuera de comentario las imágenes presentes en Mt 23,24//Lc 11,42, donde en una breve sentencia se concentran varias tremendamente potentes: “¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!” Un principio básico para poder comprender adonde apuntan las imágenes consiste en… imaginárselas: las imágenes hay que imaginarlas para captar su valor. La primera imagen habla de “guías ciegos” y no es necesario estrujar demasiado el seso para entender las nefastas consecuencias que acarrearía una acción de esta naturaleza. Se dirige a sus adversarios con esta imagen para expresar que su conducción es la que está llevando a sus guiados al abismo, a la destrucción. La segunda imagen, “colar el mosquito y tragarse el camello”, apunta a que son escrupulosos con los más mínimos detalles (lo que aparece representado con el pago del diezmo por pequeñas hierbas, lo que debe haber sido la nada misma), sin embargo las injusticias que cometen son del porte de un camello, pero de un camello que uno intenta tragar. A esto hay que sumarle la prohibición de comer camello (ver Lev 11,4). Esta imagen del camello corresponde muy bien a nuestra expresión “comulgar con ruedas de carreta”. Hay tantos que son tan cuidadosos e intransigentes en los detalles y no se fijan en las fechorías que cometen. Aunque tampoco se trata de despachar los detalles como si éstos no
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importasen. El texto que continúa tanto en Mateo como en Lucas dice: “esto es lo que había que practicar, aunque sin omitir aquello”. No se trata, entonces, de olvidar los detalles, sino de la coherencia del conjunto. Pagar el diezmo, pero a la vez practicar la justicia, la misericordia, el amor a Dios. Que lo grande sea congruente con lo pequeño. En Mt 23,37, en una lamentación sobre Jerusalén dice: “¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido1” Ésta es una imagen que puede parecer sorprendente, porque Jesús se compara a sí mismo con una gallina, pero la imagen no llama a la risa, sino más bien a las lágrimas por la ternura expresada en ella, puesto que no se trata sólo de una gallina, sino de la gallina que corre para reunir y proteger a los pollos bajo sus alas. Alas que cobijan, que dan calor y seguridad. Imagen tremendamente conmovedora. Como se puede desprender de lo dicho (y de lo imaginado), el que formula la imagen tiende un puente hacia los destinatarios para encontrarse en un terreno común que está mucho más allá de la imagen, terreno que forma parte de las realidades profundas que no se pueden expresar por medio del lenguaje común. El que la formula debe utilizar una imagen pertinente y vívida. El que la recibe debe tener la sensibilidad suficiente, la capacidad de orientación necesaria para no quedarse en la imagen, para no quedarse con los pies clavados en el trampolín, sino proyectarse en la dirección hacia la que la imagen apunta. d) Preguntas Tal como sucede con la mayoría de los otros métodos, las preguntas se encuentran en todos ellos. Hay sentencias en forma interrogativa, parábolas que se inician y/o terminan con preguntas o que están en su interior, estrecha vinculación entre imágenes y preguntas, etc. Además, siguiendo la línea del presente trabajo, hay que resaltar el hecho de preguntar y el tipo de pregunta, y no fijarse sólo en el contenido de la misma. Las preguntas tienen una centralidad basal en la enseñanza de Jesús: “Es interesante constatar que buena parte de la enseñanza de Jesús a sus discípulos la hizo por medio de preguntas. A ellos, que eran rudos pescadores, les enseñó, con interrogantes simples, a plantearse los verdaderos problemas: “¿Quién es tu prójimo?”, “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si después se pierde a sí mismo?”… Preguntas sencillas que tienen perenne actualidad. Estas y otras interrogantes nos llevan al fondo de nosotros y nos obligan a buscar nuestra verdad. Una vez más constatamos que los problemas se resuelven mejor si se plantean correctamente las preguntas. Enseñar preguntando tiene la ventaja de ayudarnos a buscar en lo mejor de nosotros la respuesta y a construir el evangelio prestándole nuestra propia vida. Aprender a preguntarse es signo de madurez. Ello permite romper las falsas seguridades, tomar distancia de uno mismo y descubrir la hondura que tenemos” (10.9).

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En esta cita aparecen bella y profundamente formulados el sentido y la importancia de las preguntas. El preguntar implica respetar al interlocutor, porque se confía en su capacidad de reflexión y de respuesta. Todos los profesores sabemos (o deberíamos saber) formular preguntas. Tal actividad no es fácil, requiere entrenamiento, habilidad, sensibilidad para hacer preguntas de una forma adecuada. Aquí, como en el caso de las imágenes y de prácticamente todo lo que se ha visto, no da lo mismo cualquier pregunta. Hay que hacer las preguntas precisas. El formular preguntas es un verdadero arte que hay que ensayar una y otra vez para irlo dominando. Las preguntas pueden ser una herramienta poderosísima en el aprendizaje, pero sólo a condición de que se sepan utilizar. Las preguntas mal formuladas confunden o inducen a error. El ser humano es el único ser capaz de preguntar y de preguntarse, porque sólo él es capaz de reflexión. Más aún, el ser humano es en sí una gran interrogante. La pregunta pertenece a su estructura. Se avanza enormemente en la comprensión e incluso solución de un problema si se logra plantearlo correctamente, esto es, hacer las preguntas pertinentes que permiten describirlo y delimitarlo. Esto se daba hasta en las matemáticas, cuando en segunda, tercera o cuarta preparatoria se dictaban problemas a los alumnos, el primer paso, que había que escribir en el cuaderno correspondía a lo que muy apropiadamente se llamaba “raciocinio”. Las preguntas no son sólo un ejercicio cerebral, también invitan, molestan, cuestionan, interpelan, motivan, convierten. Las preguntas conducen a niveles más profundos de la realidad, ayudan, por tanto, a la humanización tanto del mismo ser humano como del mundo. Para terminar, va el comentario de una par de preguntas. En Mt 12,9-14 aparece que los asistentes a la sinagoga le preguntan a Jesús si es lícito curar en sábado. Jesús les responde, pero intercalando una pregunta, pregunta que se relaciona directamente con sus propias prácticas: “¿Quién de vosotros que tenga una sola oveja, si ésta cae en un hoyo en sábado, no la agarra y la saca?” Todos conocen la respuesta a esa interrogante: Jesús, los que le preguntaron y nosotros. Esa respuesta “mental” es la que da el sustento a la categórica sentencia que sigue: “Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja!” De esta forma, Jesús “les devuelve la pelota” a los que le interrogan y hace que la respuesta que ellos se dan le otorgue la licitud requerida a su gesto de curación en día sábado. En Lc 10,29-37, en la parábola del buen samaritano se encuentra un hecho sorprendente pero característico de Jesús. Tal como ya ha sido mencionado, la ocasión de la parábola la da un legista que le pregunta a Jesús por la identidad de su prójimo. Jesús cuenta esa historia, que se ha hecho tan conocida, y la termina dirigiéndole una pregunta al que le preguntó, pero dándole un giro insospechado: invierte la situación al preguntarle sobre cuál de los tres personajes fue el que se comportó como prójimo con el herido. Es decir -y esto es lo que aún no es comprendido por tantos predicadores, catequistas, profesores de religión, etc.- el tema no es que el necesitado sea el prójimo, sino quién fue prójimo del necesitado. Con esta “pregunta girada”, Jesús lleva al legista a una nueva comprensión de su existencia: es él el que tiene que ser prójimo de los necesitados que encuentre en el camino de su existencia. El ser prójimo, entonces, aparece como un estilo de vida.

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Hay que estar siempre muy atento a los lugares en que Jesús empieza a preguntar, porque cuando lo hace, la gran mayoría de las veces no pregunta por preguntar sino para enseñar. Las preguntas son un método privilegiado de la enseñanza de Jesús. e) Citas de la Escritura y del judaísmo Son múltiples los lugares donde aparece que Jesús cita la Escritura, lo que se da preferentemente en el marco de polémicas con sus adversarios. También aparece este recurso en otros contextos aunque con una frecuencia considerablemente menor. Las citas de principios tomados de la tradición judía son escasas, sin embargo dignas de ser tomadas en cuenta, porque todo esto nos indica que Jesús se encuentra y se siente enraizado en una tradición, que es la de su pueblo. En ella ha sido formado; ella constituye la base donde se apoya su anuncio y enseñanza. Jesús no desprecia el pasado ni parte de cero, sino que lo recupera. Utiliza la memoria histórica tan vívida de su pueblo. Pero, como es habitual en él según lo que aquí se ha tratado, no sólo cita sino que innova, interpreta, profundiza, radicaliza. No basta con conocer y citar la Escritura: el diablo también lo hace cuando lo tienta en el desierto. Lo que está en juego son los criterios que se utilizan al citar e interpretar la Escritura. Jesús cita e interpreta la Escritura para defender los derechos de Dios, los derechos de los seres humanos como también la interpreta a partir de sí mismo. Por eso que para los cristianos, Jesús constituye la clave de interpretación de toda la Escritura. El criterio fundamental de interpretación que Jesús tiene es su concepción de Dios, esto es, de un padre lleno de misericordia, que busca y acoge a sus hijos y manifiesta una especial solicitud por ellos, sobre todo por los más desposeídos. Jesús redescubre y manifiesta la misericordia como el fundamento de la Ley. En Mt 12,3-4 aparece citado el texto de 1Sam 21,2-7. El texto de Mateo dice: “¿No habéis leído lo que hizo David cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la Presencia, que no le era lícito comer a él, ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes?” Esta cita busca mostrar que por encima de la norma ritual se ubica la necesidad del ser humano, en este caso, el hambre. En Mt 7,12 aparece citada una máxima bien conocida en el judaísmo, dice el texto: “Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas”. Jesús resume toda la Escritura (la Ley o Torah o Pentateuco y los Profetas) en este principio. Pero incluso aquí, Jesús innova. En el judaísmo la formulación era negativa: “No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan” (Tob 4,15). En cambio, Jesús la formula positivamente, lo que eleva los niveles de exigencia. En el episodio de los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35), Jesús resucitado es quien “empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras” (Lc 24,27).

f) Propio testimonio Sin duda, uno de los elementos más significativos de la enseñanza de Jesús lo constituye su propia existencia. Él es un verdadero maestro, de esos que enseñan lo que viven y viven lo que enseñan, de esos ávidos de conocimientos que nunca terminan de aprender ni de incorporar lo aprendido a su propia vida.

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Con relación a escribas y fariseos, dice Jesús: “Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen” (Mt 23,3). El problema no radica en que enseñen cosas equivocadas, sino en que dicen y no hacen. Cualquiera del auditorio podría haberle replicado: “Y ¿cómo andamos por casa?” Pero nadie lo hizo porque Jesús hacía lo que decía. Predicaba la misericordia, él mismo era misericordioso; enseñaba sobre la confianza sin límites en Dios Padre, él mismo confiaba en su Padre plenamente, y a todo esto se podría agregar un largo etcétera. Recordando lo que se ha dicho sobre los falsos profetas con la imagen de lobos con piel de cordero, Jesús podía utilizarla sin temor, porque se le podía aplicar el “test de la coherencia” y el resultado iba a estar a su favor. La cruz es la prueba máxima de una existencia plena entregada completamente a y por los demás. Esto es lo que se llama la “proexistencia” de Jesús, su existencia en favor de otros. Mc 10,41-45 (//Mt 20,24-28//Lc 22,24-27) dice: “Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: ‘Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos’”. Este es el programa de una sociedad alternativa regida por el servicio (sociedad que es o debería ser la Iglesia), programa que se funda en la forma de vida de Jesús. Por eso puede decir Jesús en Mt 11,28-29: “¡Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Los evangelios afirman que la gente quedaba asombrada con Jesús porque enseñaba con autoridad y no como los escribas, que eran los doctores en la Ley; pero no precisan más, es decir, no explican en qué podría consistir tal autoridad. Es una gran ayuda para entender esa autoridad lo que ha sido expuesto aquí, a saber: la coherencia, la congruencia entre el hacer y el decir, que es tan propia y característica de Jesús. Coherencia tan sucintamente expresada en esa breve sentencia de Jesús: “Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí; no, no’: que lo que pasa de aquí viene del Maligno” (Mt 5,37). Es decir, que tu sí sea verdaderamente un sí y tu no un no. Que no se diga no por decir sí y sí por decir no; o sí aquí y no allá, o sí al poderoso y no al pobre. Baste mencionar que no hay que confundir coherencia con rigidez, terquedad o inflexibilidad. En Jesús se da una gran sensibilidad hacia los contextos, lo que lo lleva a utilizar el lenguaje adecuado y proporcional a las diversas realidades de sus destinatarios. g) Denuncia Jesús, si bien es manso y humilde, misericordioso y compasivo, también es enérgico y categórico. Él, como se ha dicho, es el primero en hacer lo que ha dicho, por tanto su sí es un sí y su no, un no. De ahí que denuncie todos los comportamientos que son reñidos con la imagen de Dios que él transmite. Esta denuncia la realiza de dos formas. Por una parte, enfrenta a sus adversarios y les enrostra sus actitudes torcidas y las derechamente perversas. Esto sucede en gran parte de las polémicas contenidas en los evangelios. Tal como sucede prácticamente con todos los “métodos”, la denuncia adquiere las más diversas formas: preguntas, parábolas, sentencias, etc.

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Por otra parte, hay que destacar una forma especial de denuncia que consiste en el anuncio por medio del propio testimonio. Muchas veces no es necesario hablar mucho ni siquiera poco, basta con vivir de una determinada manera. Esa vida, ese testimonio constituye por sí mismo una denuncia sólida, consistente e irrecusable. ¿Por qué se ha colocado la denuncia como un método de enseñanza? Porque lo que Jesús busca no es la perdición del ser humano sino su conversión. La denuncia constituye, junto a otros métodos, un acicate para que sus destinatarios despierten de su modorra o salgan de su obcecación y se abran a la misericordia y a la gracia de Dios. En el lenguaje tantas veces duro y golpeador de Jesús se “transmite en primerísimo lugar un interés por el hombre. Lo que se quiere es que el hombre comprenda quién es y lo que se pide de él. Lo que se intenta es hacerle salir de su reducido mundo, abrirle los horizontes, darle alas… para que comprenda lo que es, lo que puede ser: lo que se desea es hacerle superar lo inmediato y que vea lo profundo de su vida y de su actuación. Pero, como hay murallas que impiden este paso al yo, a la verdad, entonces hay que derribarlas. Esto siempre es algo difícil, doloroso, sí, a veces muy doloroso” (1.103). Las palabras duras de Jesús, sus formulaciones irónicas, no son “salvavidas de plomo”, sino que son dichos punzantes que buscan romper las costras endurecidas de sus contrincantes, para llegar a la carne viva y así, dolidos pero sensibilizados, tengan la posibilidad de cambiar. h) Exposición o enseñanza directa En este trabajo, esta expresión se refiere a los lugares donde Jesús expone su pensamiento simple y llanamente ante sus destinatarios, sin hacer que éstos emprendan en ese momento un camino para explicarse y entender lo que ha dicho. Aquí se encuentran, por ejemplo, los anuncios de la pasión, las instrucciones, etc. Sus destinatarios son siempre los discípulos o los discípulos y la gente, a excepción de un solo caso en Lc 14,12-14 donde se dirige al dueño de casa, aunque bien se pudiese suponer la presencia de los discípulos en esa comida. No se trata tampoco de que todos los otros elementos como las imágenes, preguntas, recurso a situaciones concretas hayan desaparecido, pero se encuentra disminuida tanto su frecuencia como su importancia. Es relevante el hecho recién mencionado de que los destinatarios de este tipo de enseñanza sean los discípulos. Ellos conforman un grupo donde su relación con Jesús es muy estrecha y cotidiana. Esta cercanía les permite comprender más rápidamente lo que Jesús anuncia, porque están en contacto directo con su forma de su existencia, con su estilo de vida. Ellos experimentan a cada instante el estilo de Jesús. Además, este tipo de enseñanza se justifica por la preparación que reciben de Jesús para ser asociados a su misión de predicación y enseñanza. Los discípulos prolongarán en la historia la misión de su maestro y señor. No está de más hacer notar algo que, a lo largo de lo que se ha expuesto, se ha ido perfilando cada vez con mayor claridad: Jesús no aplica sus métodos en forma indiscriminada, es decir, a todos por igual. El método dependerá de dos variables: la naturaleza de lo que se quiere transmitir y los destinatarios. Esto es lo que se llama: lenguaje encarnado.
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i) Enseñanza situacional El fin del párrafo anterior lleva como de la mano al presente. Es enorme la cantidad de textos que han sido calificados en este trabajo con la categoría “enseñanza situacional”. Con esta expresión se quiere indicar la enseñanza que Jesús hace a partir de situaciones concretas que están ocurriendo en el momento. Son tantos los ejemplos y todos son buenos, porque son pertinentes a la situación que los ha visto nacer. En Mc 3,31-35 (//Mt 12,46-50//Lc 8,19-21) aparece lo siguiente: “Llegan su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: ‘¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan.’ Él les responde: ‘¿Quién es mi madre y mis hermanos?’ Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: ‘Estos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre’”. Aprovecha la situación concreta de esa visita familiar para explicar quiénes son los que conforman su familia: aquellos que cumplen, hacen la voluntad de Dios. Lo que, contra lo que uno se pudiera imaginar, no es ninguna ofensa para María, sino más bien un halago, porque quién sino ella ha cumplido ejemplarmente con la voluntad de Dios. Por mencionar otro texto cualquiera (porque, como se ha dicho, todos son buenos), está ese famoso episodio de los niños, los discípulos y Jesús: la gente le presentaba sus niños para que Jesús los tocara y los discípulos trataban de impedirlo. Jesús reprende a sus discípulos y les dice que la única forma correcta de relacionarse con el Reino de Dios es recibiéndolo como reciben las cosas los niños: con alegría, entusiasmo, agradecimiento, sorpresa, con los ojos como plato (Mc 10,13-16//Mt 19,13-15//Lc 18,15-17). Para no ser irrespetuoso, es preferible no comentar el precioso texto sobre la limosna de la mujer pobre. Es tal la claridad y fuerza de la situación que lo mejor que se puede hacer es sólo citarlo: “Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: ‘Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. Pues todos han echado de lo que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir’” (Mc 12,41-44//Lc 21,1-4). j) Giros Bajo este término se entiende la forma en que Jesús usó los aquí llamados métodos. No se trata sólo de aplicar una determinada herramienta, sino de aplicar la herramienta adecuada y hacerlo de forma creativa e innovadora. En este aspecto, Jesús es también un maestro. Los elementos que ha recibido de la tradición, los asume creativamente, en ocasiones con giros realmente sorprendentes que hacen que su enseñanza se incruste todavía con más fuerza en la memoria y en la existencia de sus destinatarios. Este es un rasgo importantísimo y transversal. Esta transversalidad es la que justifica que se termine con los giros la exposición de los métodos. Fin que es congruente con el principio, donde se empezó explicando las parábolas que constituyen la gran categoría bajo la cual se ubican las demás. Se empieza con el elemento mayor y se termina con un elemento transversal. Son precisamente estos giros los que han generado lo que se ha llamado “las cualidades epigramáticas de la predicación de Jesús. Su enseñanza abunda en frases
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memorables” (7.36). El Diccionario de la Real Academia Española coloca como tercera acepción del término epigrama, la siguiente: “Pensamiento de cualquier género, expresado con brevedad y agudeza”. En dos oportunidades anteriores se ha mencionado la parábola del buen samaritano, en esta tercera oportunidad se remite sencillamente a lo ya dicho: cómo Jesús hace una doble inversión de la pregunta: por una parte, le devuelve la pregunta al legista para que sea él mismo quien la responda; por otra parte, la pregunta que le devuelve no es la misma sino que ha invertido los términos. Esto hace que lo dicho quede doblemente anclado tanto en la memoria del destinatario como en la de los oyentes. Aquí es donde encuentra su lugar la agudeza, el ingenio, la rapidez de “reflejos mentales”, la perspicacia, la chispa, el humor, la paradoja, el absurdo. Se trata, en algunos casos, de forzar la lógica y, en la mayoría, de romperla. Una de las mejores formas de que algo quede impreso de forma permanente en la memoria consiste en llevar al auditorio a una determinada expectativa, que todo conduzca sólo a un desenlace y en el momento preciso, hacer el giro, dar el golpe, para sacar una conclusión que nadie imaginaba, a excepción de los más perspicaces. En Mc 11,27-33 (//Mt 21,23-27//Lc20,1-8) los sumos sacerdotes, escribas y ancianos le preguntan a Jesús con qué autoridad realiza su ministerio, a lo que éste reacciona con una especie de acertijo que en realidad es una encrucijada, porque cualquiera sea la respuesta que le den, sus adversarios quedan cazados por ella. De esto ellos se dan cuenta y se niegan a responderle, lo que le da pie a Jesús para, a su vez, negarse a responderle a ellos. Hay sentencias provocativas y paradójicas que han pasado a la historia como: “Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará” (Mt 16,25; 10,39//Lc 9,24; 17,33). En Lc 11,27-28 aparece lo siguiente: “Estaba él diciendo estas cosas cuando alzó la voz una mujer de entre la gente y dijo: ‘¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!’ Pero él dijo: ‘Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan’” Ante una fórmula de felicitación o bienaventuranza que le dirige una mujer, Jesús con gran rapidez, ingenio y profundidad le responde sobre la misma con otra, cuyo tema ya ha aparecido varias veces en este estudio: escuchar la palabra de Dios y ponerla en práctica, este es el significado del término “guardar”. En Lc 23,27-31, Jesús hace gala de una ironía terrible al utilizar una fórmula de felicitación para ilustrar la magnitud de la desgracia que se avecina: “Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús se volvió a ellas y les dijo: ‘Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron! Entonces se pondrán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas: ¡Sepultadnos! Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?’” 7. Las actitudes Pero Jesús no utilizó estos métodos por razones de marketing o por querer fundar la escuela conductista, constructivista o alguna otra -ista. Concebirlo de esta forma sería un infame reduccionismo de la persona de Jesús. Los métodos o formas que Jesús utilizó para enseñar, manifiestan su ser. Tal como ha aparecido repetidamente aquí, el hacer revela el ser. La acción brota del ser y por eso mismo lo descubre, lo expone. Los métodos de Jesús
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son expresión de su ser; por eso aquí hay que hacer el recorrido a la inversa, es decir, de los métodos al ser, que en este caso se ha formulado bajo el concepto de actitudes. Las actitudes se asientan en el ser mismo. Si este último paso no se diera, este trabajo valdría muy poco, porque más que los métodos son estas actitudes la propuesta pedagógica que este trabajo quiere ofrecer como una ayuda en el camino común que conduce del profesor al maestro. Los métodos de Jesús “desnudan” las siguientes actitudes: • Entender al otro en cuanto otro, respetándolo en cuanto tal. Por eso, Jesús no impone, sino que invita a pensar y se abre al diálogo. Esto se ve con gran claridad en las parábolas, consideradas como herramientas de diálogo que buscan por medio de la reflexión un cambio de visión y de comportamiento. Son justamente los cambios de comportamiento los que miden el aprendizaje. • Confianza en las capacidades de los interlocutores. Jesús busca la reacción de sus destinatarios, que se expresen, que expongan sus puntos de vista, que argumenten y tomen posición ante lo que él les plantea. • Valoración de los destinatarios. Al invitar Jesús a sus interlocutores a la reflexión, confía en ellos, como recién se ha dicho, y esto los hace ser y sentirse valorados. • Enorme sensibilidad en el sentido de capacidad de observación. Jesús utiliza imágenes siempre pertinentes de los más diversos ámbitos: de la naturaleza; de oficios como la pesca, agricultura, pastoreo; del mundo doméstico, financiero, social; de la historia y tradición de su pueblo. Jesús ha recogido todos esos elementos y los aplica a su enseñanza. • Sensibilidad ante los contextos. Con esto se quiere indicar que Jesús para enseñar parte de sus destinatarios y de las situaciones. Hay una enseñanza, por tanto, completamente contextualizada. Por una parte, las imágenes son adecuadas a sus interlocutores y, por otra, tanto las situaciones cotidianas como las de los destinatarios son usadas en la enseñanza. Es lo que aquí se ha llamado “lenguaje encarnado”. • Esta sensibilidad muestra la actitud de apertura que lleva a estar constantemente aprendiendo de lo que se percibe. Porque se está abierto se es capaz de incorporar el entorno. Esta apertura se manifiesta en Jesús sobre todo en las siguientes situaciones: a) cuando en Mt 15,28 elogia la fe de una mujer extranjera por la respuesta que ella le dio contradiciendo en cierto modo lo que él le había dicho; b) cuando en Mc 12, 34 elogia a un escriba por la respuesta que le dio, considerando que los escribas aparecen normalmente como adversarios de Jesús; c) cuando en Mt 8,10 elogia la fe del centurión romano. Es decir, Jesús es capaz de reconocer, aprobar y elogiar las respuestas de dos extranjeros, uno de ellos una mujer, las que no eran particularmente consideradas en la sociedad de los tiempos de Jesús, y de un escriba, prácticamente un adversario. • Coherencia o congruencia entre el decir y el actuar. Ha quedado asentado con firmeza que Jesús hace lo que dice y dice lo que hace. Esta coherencia es muy probablemente la que le hace irradiar autoridad. • Autoridad: la gente reconoce que Jesús enseña con autoridad. Se puede decir, sin temor a falsear la verdad, que Jesús tenía autoridad, pero sin ser autoritario. La autoridad de Jesús se fundamenta en que él era creíble, en él se podía confiar plenamente, porque no había dobleces en su forma de ser.

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Jesús es creativo e invita a la creatividad. Se ha visto el carácter transversal de los giros e innovaciones de Jesús. Pero, además está el texto de Mt 13,52 donde al elogiar a los escribas que son capaces de sacar lo nuevo y lo viejo, es decir, conociendo la tradición son capaces de innovar, de recrear. En Jesús la enseñanza tal como ha sido aquí descrita es un estilo de vida.

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III. CONCLUSIONES Y PROPOSICIONES Para los profesores, seguir el modelo de Jesús maestro debería significar antes que nada entender que se trata de un camino que los ha de llevar a convertirse en maestros. Ser maestro significa que el límite entre la enseñanza y la vida se ha prácticamente volatilizado. Significa no almacenar el conocimiento en departamentos estancos, sino integrarlo en un todo cada vez más coherente. Ser capaz de ir penetrando en la comprensión de la realidad y de sus procesos. Las propuestas basadas en el estilo de Jesús son como siguen. Enseñar contenidos, que son importantes, pero junto con eso enseñar a utilizar en forma ordenada y sistemática el pensamiento. Que el pensamiento se transforme en una herramienta útil para una vida razonada y razonable. Enseñar a descubrir las razones, los fundamentos, para actuar más humanamente. Para esto es fundamental el diálogo y la correspondiente apertura que el diálogo conlleva. Esto significa estar abierto a los demás, a sus argumentos, a su forma de ver las cosas y si resulta que esos argumentos tienen más peso y consistencia que los propios, reconocerlo y cambiar. Aquí es donde se aplica el tema de la coherencia entre el decir y el hacer. Algún profesor pudiese decir que la naturaleza de su materia no le permite establecer el vínculo de coherencia entre lo que enseña y la vida. Lo cual es cierto, pero de lo que aquí se trata es de que con la misma inteligencia, con la misma capacidad de raciocinio con la que adquirió sus conocimientos profesionales debe vivir su vida. Aplicar esa inteligencia a todos los aspectos de su existencia. Esto puede traducirse, por ejemplo, en no tener miedo a reconocer, como se ha dicho, que alguien ha expuesto mejores argumentos que los propios, cuando esto sucede la propia autoridad se reafirma. Esto es lo que tradicionalmente se ha llamado honestidad intelectual. Tratar de adquirir autoridad. Para esto lo primero es no confundir entre poder y autoridad. Una buena definición de poder es la siguiente: “La capacidad de forzar o coaccionar a alguien, para que éste, aunque preferiría no hacerla, haga tu voluntad debido a tu posición o tu fuerza” (9.39). En este caso, el profesor en una sala se encuentra de hecho en una situación de poder. Una buena definición de autoridad es la siguiente: “El arte de conseguir que la gente haga voluntariamente lo que tú quieres debido a tu influencia personal” (9.39). No se trata de rechazar el poder, pero sí de ir paulatinamente transformándolo en autoridad, lo que se logra por la experticia, la coherencia intelectual y el enseñar con un estilo propio. Desarrollar las capacidades de los discentes y confiar en ellas, trabajar con ellas, “sacarles el jugo”. Una práctica así les muestra a los estudiantes que son valorados por el docente. No son considerados meros receptáculos de contenidos inconexos. La valoración es un importante estímulo en el proceso de aprendizaje. Ley fundamental para lograr la comunicación es considerar los contextos. El lenguaje que transmite el mensaje debe ser adecuado a los destinatarios y a las diversas situaciones. Eso requiere del docente capacidad de observación y de adecuación. Un alto grado de flexibilidad y de experticia en su propia materia o especialidad. Estar atento, además, a toda situación que pudiese convertirse en ocasión de enseñanza. Todo esto hace que el aprendizaje sea significativo. Considerar el proceso enseñanza-aprendizaje como un proceso constante, en el que siempre todos tienen mucho que aprender y algo que enseñar. Todos deben, según esa
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fórmula que se ha hecho clásica con el peligro de convertirse en cliché, aprender a aprender, y al profesor le corresponde en forma especial aprender a enseñar. La vida en sí es para el ser humano aprendizaje permanente. Desarrollar la creatividad en el propio oficio y de esa manera enseñar a ser creativos. La creatividad brota del conocimiento y dominio de la propia materia. Esto se da con el tiempo y la preparación constante. A medida que uno va logrando una cierta experticia empieza a jugar con su materia, descubre nuevas y múltiples formas de presentarla. Esa familiaridad hace que uno vaya incorporando esos conocimientos y los entregue con parte de uno, los entregue pasados por sí mismo, los conocimientos salen, por tanto, con un sello propio, con un estilo propio. Es sólo en este instante que se ha empezado a ser maestro. Por último, enseñar para la libertad. Que la enseñanza no sea un dominio sobre los otros, sino que entregue las herramientas para que cada uno pueda descubrir y recorrer su propio camino. La vida es diversidad, diferenciación. Biológicamente, los niveles de vida más superiores son donde hay más variedad, más diferenciación. Mientras uno más profundamente penetra en la realidad descubre su multiplicidad, su riqueza y, paradojalmente, su unidad. Unidad no es ni nunca lo fue sinónimo de uniformidad. Le pese a quien le pese. Los alumnos o estudiantes son como los hijos: no son ni deben ser la copia de los padres, los hijos tienen sus vidas propias que los padres deben apoyar y ayudar a desarrollar. Jesús ha llamado al ser humano a seguirlo, pero se trata de un seguimiento inteligente y, por lo mismo, creativo. Jesús invita a la libertad. Él fue un maestro de libertad, hecho que San Pablo captó tan profundamente, por eso afirma en su carta a los Gálatas 5,1: “Para ser libres nos ha liberado Cristo”. A lo que habría que agregar, para finalizar dignamente este trabajo, para ser libres y para enseñar a ser libres.

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BIBLIOGRAFÍA
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