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POR QUÉ Y PARA QUÉ EDUCAR

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Es un breve ensayo de mi autoría que nos indica por qué y para qué debemos educar
Es un breve ensayo de mi autoría que nos indica por qué y para qué debemos educar

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Por qué y para qué educar Asignatura: Filosofía de la educación Ensayo presentado al profesor Alberto Roa Valero Universidad

del Norte Abril 17 de 2.009

POR QUÉ Y PARA QUÉ EDUCAR

¿Por qué y para qué educar?... Esa es la pregunta que debe hacerse todo maestro al tomar la decisión de formarse para la enseñanza… ¿Lo haré para inculcar los valores que me fueron enseñados o intentaré impulsar en mis alumnos el sentido crítico?... Esa es la pregunta que se hará al final de sus estudios como educador. Para responder la pregunta del encabezado, tenemos que preguntarnos primero: ¿Qué es educar?... Según Kant “la educación es una concepción de una perfección que no ha sido alcanzada en la experiencia” (1) y para Rousseau “educar es volver al hombre racional” (2). En ese sentido podemos decir que somos racionales gracias a la educación, pues si los seres humanos no somos formados en las bases culturales y sociales en las que nacemos, seríamos igual que animales: no tendríamos un pasado que transmitir ni unos conocimientos que legar. De ahí que Kant afirme que el ser humano “no sólo puede sino que requiere ser educado para llegar a ser tal (ser humano), para realizar su esencia” (3), pues “la educación le permite pensar y le hace descubrir el sentido de sí” (4). Y Rousseau apunta jocosamente en su Emilio: “a las plantas las endereza el cultivo, y a los hombres la educación” (5), pues considera que “todo cuanto nos falta al nacer y cuanto necesitamos siendo adultos, se lo debemos a la educación” (6). El hombre pasó de ser animal a racional en el momento en que creó el lenguaje, pero eso habría quedado en nada, como le ha sucedido al resto de las especies, si ese lenguaje no hubiera servido para transmitir conocimientos, a través de la educación. Esa transmisión es la que ha permitido a la humanidad sobrevivir como el único animal con historia; ya que ese bagaje cultural transferido de generación en generación, hizo posible el progreso de nuestra especie, al mostrarnos hasta dónde alcanzaron a llegar nuestros antecesores. Por eso Kant se atreve a aseverar que “sobrepasar la natura es obra del arte de la educación, y es función de la escuela que los sujetos aprendan a trabajar no sólo para su autosostenimiento, sino en el sentido de proceso y proyecto de una humanidad que llegará a su propio destino, a un destino autoimpuesto que da sentido a todas las operaciones vitales de cada uno de los miembros de la especie” (7); lo cual implica que la especie humana sin educación se extinguiría, seríamos devorados inmediatamente por la animalidad.

Somos humanos, seres pensantes, porque recibimos una educación; y la evolución que hemos tenido se lo debemos a ella. Por eso, Dewey afirma que “el ideal principal de la educación es proteger, sostener y dirigir ese desarrollo” (8). Aunque Kant asegura que “la educación debe forjar la conciencia, formar las facultades del espíritu” (9), no podemos ceñirnos a los viejos arquetipos kantianos que dicen que “sólo con la intervención de los procesos educativos, la persona llega a convertirse en sujeto moral, que equivale a decir “libre”, dueño de su voluntad, capaz de comprometerse en el mundo con su propia realización y con la puesta en marcha del sentido de humanidad universal” (10), pues lo que debemos buscar con la educación (el “para qué educar”), es lograr que los educandos obtengan esa libertad a través de la ruptura de los antiguos cimientos en los que creció. En mi concepto, la educación debe incitar al individuo a ser un Übermensch, a superar los dogmas doctrinarios en que fue educado, para así crear nuevas ideas, nuevos conceptos que permitan el desarrollo cognitivo de la humanidad. No podemos seguir con los obsoletos conceptos kantianos de que “para llegar a ser “moral” el hombre debe civilizarse mediante disciplina e instrucción” (11), pues esta es la moral de esclavos que debemos superar. La escuela tradicional “se orienta a lograr tanto la sumisión como la obediencia” (12) y no permiten el espíritu de libertad que el hombre necesita para ser un creador. Ciertamente por eso, la posmodernidad propugna por un cambio de paradigma, pues el concepto anacrónico de que “la educación procura el tránsito de “natura” a “cultura”, haciendo que el hombre halle sentido a su humanidad: la instrucción humaniza, conduce a la persona hacia el acatamiento de las leyes” (13) induce al hombre a ser sumiso, sujeto a acatar las órdenes impartidas por los demás, sin ideas para innovar ni imaginación para crear. Por eso, según Rorty, hay una diferencia de concepto entre la izquierda y la derecha de su país, pues para la primera “la educación debe concentrarse en hacer resurgir y restablecer las “verdades fundamentales” que ahora se descuidan o desprecian” y la segunda llama a estas “verdades” el “discurso de poder” de Foucault (14); por lo que “seguir inculcando ese conocimiento tradicional es traicionar a los estudiantes” (15). Esto lo resolvieron en USA, según Rorty,

“conservando la derecha el control de la educación primaria y secundaria; y la izquierda, el control de la educación superior” (16). De este modo, la educación cubre dos procesos por completo distintos: “la socialización y la individualización” (17); entendiendo por “socialización” a la educación dada hasta la secundaria, allí los estudiantes “adoptan el sentido común moral y político de la sociedad tal como es” (18). En USA, y en probablemente la mayoría de los países occidentales que siguen el modelo educativo escolástico, la educación primaria y secundaria “familiariza a los jóvenes con lo que sus mayores toman como verdades, lo sea o no, evitando que impugnen el consenso dominante con respecto a lo que es verdad” (19). Esta socialización está antes que la individualización, que se da en la educación superior, pues allí “se incita a la duda y se estimula la imaginación, desafiando por esta vía el consenso dominante” (20). Esta rebeldía contra los viejos valores fue lo que incitó a Nietzsche a proponer una nueva Aurora, por eso se autodenominó el “filósofo del martillo”, para destruir esos viejos cimientos culturales y doctrinarios y reemplazarlos por algo diferente y más vital, algo que liberara al hombre del yugo en que lo tenía la sociedad juedocristiana de ese entonces, que propugnaba, y aún hoy lo sigue haciendo, el castigo y la humillación. Él pretendía cambiar esa educación escolástica que se ceñía a las estructuras anacrónicas que impedían la libertad del individuo. Por eso, Nietzsche buscó un cambio de paradigma hacia la voluntad de poder, pero Habermas, y ya que estamos en el campo educativo me ciño a eso, lo propuso a través del lenguaje. Para él, el lenguaje “representa el medio en que se producen las materializaciones histórico-culturales del espíritu humano” (21), pues considera que “un análisis metódicamente fiable de la actividad del espíritu, en lugar de partir de los fenómenos de conciencia, ha de partir de sus expresiones lingüísticas” (22). Superamos el deber-ser por el individuo intercomunicante, pasamos del profesor que enseña a los alumnos desde el tablero, al profesor que educa a los alumnos mediante la interacción, aplicando las nuevas tecnología para ello. Ya no se utiliza, ni debería usarse, la clase de tiza y borrador; es imperativo emplear, y eso debe ser una exigencia, el uso de medios como el video beam o

los computadores. Así, concordamos con Habermas en que “hay que abandonar la filosofía de la conciencia para pasar a una teoría de la acción comunicativa” (23), pues la acción comunicativa “pasa a ocupar, mediante el cambio de paradigma, el lugar que ocupaba la conciencia en la filosofía de la reflexión” (24). Al haber un cambio de paradigma, la educación ya adquiere otra connotación, según la acción comunicativa la educación es “un proceso de interacción y comunicación entre sujetos que poseen un acervo cultural. En la interacción es relevante la intención de formación y la de transmisión (o construcción) del conocimiento” (25). Teoría que apoya Gadamer al decir que “el fin de la educación es ser con los otros a través del diálogo y la comprensión, a través del lenguaje” (26). Con esto se busca que el hombre se convierta en un librepensador, que es el fin último de la educación: volver al individuo un ser capaz de tomar sus propias decisiones (el para qué de la educación), luego de haberle inculcado el deseo de conocer (el por qué de la educación). CITAS (1) Kant, Immanuel. Tratado de pedagogía. Traducción: Lorenzo Luzurriaga. Universidad del Valle (Colombia), 2.004. Página7. (2) Rousseau, Jean Jacques. Emilio o la educación. Editorial Purrúa. México. Página 133. (3) Kant, Immanuel. Op. Cit. Pág. 7. (4) Op. cit. Pág. 8. (5) Rousseau, Jean Jacques, Op. cit. Pág. 133. (6) Op. cit. Pág. 133. (7) Kant, Immanuel. Op. Cit. Pág. 10. (8) Rorty, Richard. Educación sin dogma. Facetas, No. 88. Febrero, 1.990. Pág. 4. (9) Kant, Immanuel. Op. Cit. Pág. 10-11. (10) Op. cit. Pág. 10. (11) Op. cit. Pág. 14. (12) Op. cit. Pág. 14. (13) Op. cit. Pág. 15. (14) Rorty, Richard. Op. cit. Pág. 2. (15) Op. cit. Pág. 2. (16) Op. cit. Pág. 2. (17) Op. cit. Pág. 3. (18) Op. cit. Pág. 2. (19) Op. cit. Pág. 4.

(20) Op. cit. Pág. 4. (21) Habermas, Jürgen. Pensamiento posmetafísico. Ed. Taurus. Madrid, 1.990. Página 175. (22) Op. cit. Pág. 175. (23) Roa Valero, Alberto. La teoría de la acción comunicativa. Ediciones Uninorte, Huellas 38, Agosto de 1.993. Barranquilla. Página 26. (24) Op. cit. Pág. 22. (25) Op. cit. Pág. 27. (26) Aguilar, Luis Armando. Conversar para aprender: Gadamer y la educación. Sinéctica 23. Agosto de 2.003. Página 11.

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