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ELECCIONES Y CACIQUISMO EN ÁVILA:

Las elecciones al Congreso de los Diputados,


U

1890-1907

José Angel García Andrino


0B
A mi familia,
la que está y la que nunca se ha ido.

A Pilar, Juan y Eduardo,


por su paciencia y cariño.

2
1. INTRODUCCIÓN.-

2. LA PROVINCIA DE ÁVILA A FINALES DEL SI-


GLO XIX.-

2.1. Geografía.-

2.2. Evolución demográfica.-

2.3. Estructura socioeconómica.-

2.4. Aspectos culturales y asociativos.-

2.5. La Iglesia.-

3. EL SISTEMA POLÍTICO DE LA RESTAURA-


CIÓN.-

4. EL PROCESO ELECTORAL.-

4.1. La normativa electoral: Constitución de


1876 y Ley Electoral de 1890. -

4.2. El Censo electoral.-

4.3. La práctica electoral.-

4.3.1 Organización de los partidos.-

4.3.2 Las campañas electorales.-

4.3.3 El fraude electoral.-

3
5. LAS ELECCIONES AL CONGRESO DE LOS DI-
PUTADOS EN ÁVILA.-

5.1 Las convocatorias electorales.-

5.2 Análisis de resultados electorales.-

5.3 Los diputados.-

5.4 Las relaciones de poder en el marco lo-


cal y provincial.-

6. CONCLUSIONES.-

7. ANEXOS.-

8. FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA.-

4
1. INTRODUCCIÓN.-

5
Iniciar un estudio electoral en la época de la Res-
tauración trae consigo una serie de problemas, metodo-
lógicos y conceptuales, importantes, que son necesa-
rios describir antes de acometer la tarea de exposición
de objetivos y finalidades de este trabajo.

En la historiografía actual se definen dos claras


tendencias que parten de un mismo hecho: el estudio
de las elecciones no puede basarse en el mero objeto
sociológico, por cuanto aquellas fueron manipuladas y
falseadas continuamente. A partir de este hecho objeti-
vo, ya analizado por numerosos autores en profusión de
estudios locales y nacionales, conviene fijarse en la in-
terpretación que se da en estas investigaciones al tema
electoral 1 .
F F

Actualmente sabemos que el caciquismo fue el


medio de intervención del Gobierno en la política elec-
toral española, y que esta intervención desplegó una
serie de situaciones (compra de votos, violencia física,
coacciones administrativas o laborales, etc.) suficiente-
mente analizadas en numerosos trabajos, e incluso do-
cumentadas por políticos de la época. La interpretación
de este hecho continuado en los asuntos públicos espa-
ñoles, el engaño electoral, puede tener una explicación
en la que las bases socioeconómicas de nuestro país
son las que dan a entender esta situación, con la impo-
sición de una clase, la burguesa en alianza con la aristo-
cracia, en razón de sus capacidades económicas, se im-
pone a otra, la menos favorecida económicamente, co-
artándola en la libre expresión del sufragio. Estaríamos
1
DARDÉ, C. "Vida política y elecciones: persistencias y cambios" en
Revista Espacio, Tiempo y Forma, serie V, Hª Contemporánea, t. 6,
1993, págs. 187-206
6
ante un estadio más de la explotación de la oligarquía
hacia el resto de los ciudadanos, lo que Costa definió
como régimen de oligarquía y caciquismo:

"…a un lado, un millar de privilegiados que acapa-


ran todo el derecho, que gobiernan en vista de su
interés personal, confabulados y organizados para
la dominación y la explotación del país, siendo
más que personas sui juris; a otro lado, el país, los
18 millones de avasallados, que viven aún en ple-
na Edad Media, para quienes no ha centelleado
todavía la revolución ni proclamado el santo prin-
cipio de la igualdad de todos los hombres ante el
derecho." 2 F

Serían, por tanto, las estructuras económicas, las


determinantes en el proceso de interpretación del fenó-
meno caciquil: por un lado, la incomunicación de los nú-
cleos rurales, y su consiguiente atraso económico, y el
alto índice de analfabetismo en la España finisecular, y
por otro, la supervivencia de una especie de régimen
señorial que controla distintos grupos humanos en las
provincias y comarcas en razón de su poderío económi-
co y social 3 .F F

Las otras interpretaciones del fenómeno del caci-


quismo rechazan el control económico como base ins-
trumental 4 , apelando a elementos netamente políticos
F F

como la desmovilización general, la indiferencia hacia la


política y la apropiación por parte del cacique de los re-
cursos políticos de la comunidad:
2
COSTA, J. "Oligarquía y caciquismo. Colectivismo agrario y otros
escritos", Madrid, 1984, pág. 27-28
3
COSTA, J. Op. Cit., pág. 86
4
ROMERO MAURA, J. "El caciquismo: tentativa de conceptualiza-
ción" en Revista de Occidente nº127, Oct. 1973, págs. 15-44
7
"Lo que destacaba en aquella España libe-
ral era la desmovilización y la apatía política de la
mayor parte de la población. Desde este punto de
vista, el caciquismo no era el instrumento del sis-
tema moderado para someter a una emergente y
poderosa opinión pública en formación, sino el re-
flejo de la inexistencia de ésta" 5
F

En el mismo sentido, en cuanto planteamiento po-


lítico, se expresa Varela Ortega, al determinar, como
clave del sistema caciquil, el control de la Administra-
ción por parte de la elite política local, ya sea poderosa
económicamente o no, y rechazando, de plano, el ori-
gen del poder político en una oligarquía terrateniente y
financiera todopoderosa 6 . F F

También se plantean problemas historiográficos


en cuanto a que si el sistema de la Restauración evolu-
cionó en el tiempo hacia fórmulas democráticas, que,
en lo político, llevaran a la incorporación de amplias ca-
pas de la población a la participación política, o el régi-
men permaneció inmutable, con un caciquismo capaz
de seguir interviniendo en las elecciones 7 . Esta califica-
F F

ción de persistencia o cambio, nos lleva a la conceptua-


lización de modernidad, entendida como el proceso que
conduce de una sociedad tradicional a otra moderna.

El objeto de este trabajo será, por tanto, el cono-


cimiento del proceso electoral en la provincia de Ávila
5
CORTÁZAR, G. "Alfonso XIII, hombre de negocios", Madrid, 1986,
pág. 20
6
VARELA ORTEGA, J. "Los amigos políticos. Partidos, elecciones y
caciquismo en la Restauración (1875-1900)", Madrid, 1977, pág.
364-369
7
DARDÉ, C. Op. cit. pág. 187-192
8
en las elecciones al Congreso de los Diputados, desde
la aprobación de la Ley del Sufragio Universal en 1890
hasta la posterior promulgación de la ley conocida
como "Ley Maura" de 1907.

El porqué de esta acotación temporal, y no otra,


quiere tener su explicación en la enorme expectación
que suscitó en la política española la vuelta al sufragio
universal (quizá uno de los rasgos que definen la mo-
dernidad), siendo España uno de los primeros países
europeos en instaurarlo; el ceñirlo al periodo 1891-1907
tiene pleno sentido al asentarse las elecciones celebra-
das durante este tiempo a una ley electoral muy con-
creta, y si se quiere ,más democrática que la posterior
ley Maura, y su célebre artículo 29, que proclamaba di-
rectamente al diputado si no tenía contrincante en el
distrito o la circunscripción. Es, también, el que, podría-
mos llamar, primer período de descomposición del sis-
tema restauracionista, ya que es en este momento
cuando comienzan las defecciones en los partidos mo-
nárquicos, divididos en fracciones seguidoras de un no-
table, primero el conservador y su segregación silvelista
y posteriormente la auténtica debacle liberal, que llega-
rá hasta el final del sistema en 1923. Es, por otro lado,
el tiempo del cambio generacional de los políticos que
vivieron la Gloriosa y la Restauración canovista, y que
dejan paso a los nuevos políticos que intentarán dotar
al régimen de un carácter más democrático.

En la búsqueda de estas cuestiones, nos hemos


planteado, en primer lugar, describir la realidad de la
provincia, enmarcándola en los aspectos geográficos,
demográficos, socioeconómicos, culturales y religiosos
del Ávila de fines del siglo XIX, para intentar reconstruir
9
la situación en la que se encontraba la misma, y en la
que se enmarca la política electoral a estudio, por cuan-
to la conformación provincial facilita la práctica electo-
ral del sistema restauracionista.

También hemos intentado, aunque someramente,


analizar el sistema político de la España finisecular, en
especial en el aspecto de la política caciquil, fundamen-
tal para entender cualquier proceso electoral de la épo-
ca, junto con la legislación que regulaba las elecciones
al Congreso de los Diputados. El estudio de la práctica
electoral (organización de los partidos, las campañas
electorales y el, importantísimo, por real, fraude electo-
ral) ha constituido otro punto de interés en el análisis ci-
tado, imprescindible para desentrañar la política clien-
telar abulense.

En este planteamiento de objetivos de trabajo, se


ha pretendido un acercamiento al conocimiento concre-
to del personal político que desempeñó la representa-
ción en el Congreso por la provincia. El desarrollo de las
convocatorias electorales y el recuento de votos (tan
ineficaz, por el número, pero tan interesante por la rela-
ción que se extrae entre votantes y diputados), han
dado paso al estudio de los distritos electorales y de los
diputados elegidos (en el que se pueden establecer re-
laciones entre influencia social y/o económica), no de-
jando de lado la importancia de las relaciones de poder
que se establecieron en el ámbito local y comarcal a
través de la Diputación Provincial y los ayuntamientos.

Por último, se ha huido de dotar al estudio de un


excesivo apéndice documental (las cifras de cada elec-
ción en cada localidad y pueblo), reflejando tan solo en
10
los anexos la información que se ha creído necesaria
para la comprensión de lo expuesto en la investigación.

Las fuentes. Tratamiento de las misma-


U

s .-
U

La búsqueda de las fuentes históricas constituye


el verdadero reto al que tiene que hacer frente el histo-
riador, y que constituye un verdadero manantial de pro-
blemas en el caso del estudio de las elecciones en la
provincia de Ávila. No es este el caso de los estudios re-
alizados en otras provincias, para los que se ha contado
con los archivos particulares o personales de los políti-
cos de la época investigada. En el caso de Ávila no he-
mos encontrado este valiosísimo recurso: los políticos
abulenses y los que en la provincia encontraron acomo-
do, no han sido tan prolíficos como sus contemporáneos
de otros lares, (a la espera de que el tiempo pueda des-
cubrir fondos documentales inéditos o extraviados) ni
reflejaron en sus archivos nada que pueda servirnos de
base documental.

Políticos como Silvela o Sánchez Albornoz vieron


saqueadas sus casas (y por tanto sus escritos y bibliote-
cas) al comienzo de la guerra civil de 1936, desapare-
ciendo así los archivos de dos personajes imprescindi-
bles para entender la política abulense finisecular. El
resto del personal político abulense (Ramón Castillo,
Amat, Ortuño, el Conde de Crescente), que sepamos, no
dejó material alguno a sus descendientes, algunos de
muy difícil localización. Por lo tanto este estudio parte
con el obstáculo añadido de no disponer de un material
de primera mano para entender las relaciones políticas
de la provincia abulense. No obstante la consulta de los
11
documentos epistolares del historiador Claudio Sánchez
Albornoz, conservados en la Biblioteca de la Fundación
que lleva su nombre, se ha hecho imprescindible ya que
el medievalista abulense recogió parte de la clientela
de su padre. Con todo, no se ha encontrado en ellos
ninguna documentación válida para nuestro estudio al
estar datados en fechas muy posteriores a las aquí im-
puestas.

Así las cosas, la prensa ha constituido el principal


soporte documental en el que apoyarse. Los principales
periódicos abulenses, "El Eco de la Verdad" y "El Diario
de Ávila", han constituido las fuentes fundamentales
para reconstruir la vida política de la provincia, en espe-
cial las páginas dedicadas a la política electoral, aunque
han sido consultados todos los años de convocatorias
(en el primer caso sólo contamos con la edición de
1898, pero "El Diario de Ávila conserva en su hemerote-
ca todos los números editados desde esta fecha). Ade-
más, publicaciones marginales, de escasa tirada y de
breve, pero intensa, presencia en la vida provincial, han
sido consultadas. Es el caso de "La Andalucía de Ávila",
"La República Española" o "La Verdad", periódicos que
puntualmente han ayudado al esclarecimiento de algu-
na hipótesis. Otros, también consultados, no figuran
aquí por no aportar nada a la investigación. Todos han
sido examinados en los escasos números sueltos que se
conservan en la Biblioteca Pública de Ávila, y en el caso
de "La Andalucía de Ávila" en una edición facsímil depo-
sitada en el Archivo Histórico Provincial.

Además de la prensa de carácter privado, para el


cotejo de datos electorales u otra información de índole
administrativa (como la lista e mayores
12
contribuyentes), se ha recurrido al Boletín Oficial de la
Provincia, que, aunque, limitado en la forma (ya que in-
cluía los resultados electorales en 3 ó 4 números) reco-
ge los resultados electorales por distrito y por localidad,
sirviendo de base para la elaboración exacta de los dis-
tritos electorales, mapas y tablas explicativos. Este ma-
terial está depositado, casi de forma completa, en el Ar-
chivo Municipal de Ávila, contando el Archivo Histórico
Provincial con ejemplares sueltos.

Es en este Archivo donde están recogidos, en su


sección de Diputación, los legajos que contienen toda la
documentación electoral: proclamación de candidatos
electos, actas de escrutinio, presentación de intervento-
res, firmas de apoyo a los candidatos, etc., material ne-
cesario para cualquier investigación electoral. Como im-
prescindible ha sido la consulta al Archivo del Congreso
de los Diputados, Serie Documentación Electoral, que
recoge las credenciales presentadas al Congreso y en el
que se puede obtener información de la toma de pose-
sión del diputado en cuestión, además de otras referen-
cias relativas al número de votos obtenidos, la profesión
y su residencia en Madrid, por ejemplo, irreemplazables
datos para efectuar una breve biografía de los diputa-
dos abulenses.

Los censos de población, anuarios y reseñas esta-


dísticas han sido otros instrumentos utilizados para re-
construir la provincia de Ávila a finales del siglo XIX y
principios del XX. Prácticamente todo el material con-
sultado se encuentra en el Archivo de la Delegación
Provincial del Instituto Nacional de Estadística, mientras
que algún documento suelto lo encontramos en la bi-
blioteca del Archivo Histórico Provincial. Las relaciones
13
de la Iglesia con el poder civil provincial y su influencia
en la provincia, han sido analizadas partiendo de las
consultas efectuadas en el Archivo Diocesano de la pro-
vincia, siempre a través del Boletín Eclesiástico de la
Diócesis de Ávila, fondos disponibles desde 1865. De
gran utilidad han sido, por último, las publicaciones im-
presas a finales de siglo y principios del XX y, en su ma-
yoría, conservadas en la Biblioteca Pública de Ávila, en
su fondo Local, que han servido para un mayor conoci-
miento de la realidad abulense y de sus representantes.

No quisiera dejar pasar la oportunidad de agrade-


cer a todo el personal de estos Archivos y Bibliotecas
por la gran ayuda suministrada y el apoyo, que en mo-
mentos de desilusión, siempre han demostrado.

14
2. LA PROVINCIA DE ÁVILA A FINALES
DEL SIGLO XIX.-

15
Analizaremos, en primer lugar, la situación en la
que se encontraba la provincia de Ávila a finales del si-
glo XIX y principios del XX. Los aspectos geográficos,
demográficos, socioeconómicos y culturales, nos revela-
rán la auténtica composición provincial, su grado de de-
sarrollo y su dependencia. Otro factor a tener en cuenta
es la iglesia, considerada como componente en torno al
cual se configura la provincia; su carácter marcadamen-
te conservador e ideológicamente integrista impondrá
una serie de condicionantes a la población provincial,
importantes a la hora de observar cómo era Ávila en
torno al año 1890.

2.1. Geografía.-

La provincia de Ávila conserva su forma desde el


Real Decreto de 30 de noviembre de 1833, limitando al
Norte con Valladolid, al Este con Segovia y Madrid, al
Oeste con Salamanca y Cáceres, y al Sur también con
Cáceres y Toledo. Con una superficie de 804.794 Has,
ocupa el lugar 29, por su extensión, entre las provincias
españolas; esta superficie representa el 1,59% de la su-
perficie total nacional 8 .
F F

A finales del XIX, Ávila se agrupa en 270 municipios,


distribuidos en seis comarcas naturales: Arévalo-Madri-
gal, Ávila, Barco de Ávila-Piedrahita, Gredos, Valle del
Bajo Alberche y Valle del Tiétar. La diversidad del clima
de estas comarcas, del mediterráneo templado de Aré-
valo-Madrigal, al mediterráneo subtropical del Valle del
Tiétar, originará, a su vez, una diversificación de los cul-
8
"Mapa de cultivos y aprovechamientos agrarios de la provincia de
Ávila", Dirección General de la Producción Agraria, Madrid, 1983,
pág. 8-9
16
tivos agrícolas, siendo, en general, de secano en la
zona norte de la provincia y de regadío en la parte sur
de la misma.

El relieve de la provincia viene determinado por la


existencia de una gran superficie de sierra y terrenos
quebrados entre los que se intercalan zonas de valle, al
sur, y una extensa llanura, al norte 9 . La sierra está
F F

constituida por cuatro cadenas montañosas pertene-


cientes al Sistema Ibérico, que cruzan la provincia de
este a oeste: Sierra de Gredos, Cadena Central, Sierra
de Ávila y Sierra de Ojos Albos. La llanura ocupa la tota-
lidad de la comarca de Arévalo-Madrigal y la parte nor-
te de la de Ávila, representando una cuarta parte de la
superficie provincial, con una altitud que oscila entre los
800 y 1.000 metros 10 . Esta gran división, sierra y llanu-
F F

ra, determina dos zonas geológicas bien diferenciadas,


con materiales distintos según nos desplacemos del
norte al sur de la provincia. Si exceptuamos las vegas
del Adaja y el Tiétar, y los suelos hidromórficos a lo lar-
go del río Zapardiel, al norte de la provincia, con altos
contenidos de elementos nutritivos y buena profundi-
dad, en general el suelo es de baja calidad.

El suelo de las tierras regables es de composición


discordante, predominando la sílice con muy poca arci-
lla y casi absolutamente carencia de cal, como proce-
dente de la disgregación del granito y otras rocas simi-
lares. En las mejores zonas de regadío llega a alcanzar
este suelo de uno a dos y medio metros de profundidad,
pero en general no es así y a veces aflora la roca subya-
9
SÁNCHEZ, M.RAFAEL, "Comarcas de Ávila: Naturaleza y cultura"
(Inédito)
10
"Mapa de cultivos y aprovechamientos...", pág. 15
17
cente. Así se explica que el cultivo dominante sea el
pratense y en los suelos profundos la patata y hortali-
zas. Los terrenos de secano varían también mucho, se-
gún se considere la zona norte o la sur de la provincia.
En toda la parte llamada de La Moraña, tierra de Aréva-
lo y campo de Pajares (situadas al norte provincial), el
suelo, por lo general, es llano y de mala calidad, gredo-
so en algunos sitios y pedregoso en la extensión que
abarcan las vertientes de la sierra de Ávila; abundando
también las tierras areniscas de muy escasa produc-
ción. En la parte sur de la provincia se encuentra un
gran número de sierras y montañas de origen granítico,
en cuyos valles están las tierras más fértiles de la pro-
vincia.

La orografía, como modificadora del clima, da lu-


gar a una variada producción vegetal, notable en Are-
nas de San Pedro, en cuyas sierras de Gredos se dan las
producciones agrícolas que caracterizan a distintos cli-
mas, desde los cálidos, en sus faldas, hasta los más frí-
os en sus cumbres. Algo parecido se observa también,
aunque en menor escala, al comparar varias de las co-
marcas, pues mientras las llanuras del norte son muy
calurosas, la Paramera, los baldíos de la Sierra de Ávila
y las sierras del Oeste tienen un clima muy frío.

2.2. Evolución demográfica.-

En la población abulense existe una moderada


tendencia al aumento desde mediados del siglo XX,
aunque, como se verá después, no supone un gran cre-
cimiento en la densidad de población, que no llega a la
media española en su conjunto.

18
En el siguiente gráfico se refleja el aumento de la
población, de hecho, en la provincia de acuerdo a los
datos de los censos existentes desde 1860 a 1910:

1860 1877 1887 1897 1900 1910


168.773 180.436 193.093 197.694 202.281 208.796
(Elaboración propia a partir de los censos)

250000
200000
150000
100000
50000
0 1860 1877 1887 1897 1900 1910

Como podemos suponer, ante el leve crecimiento


poblacional, el aumento de la densidad de población es
muy escaso, lo que presupone que la mayoría de la po-
blación se distribuye en zonas rurales con pequeños nú-
cleos de población. Tal es así que en 1900 existen 461
núcleos de población con una población media por nú-
cleo de 435 habitantes. En las mismas fechas, 10 de es-
tos núcleos no tiene población alguna de hecho 11 , es- F F

tando despoblados.

Desde 1860 a 1910 se pasa de un 20,97 % a un


25,95, frente a la media nacional de 30,97% a 39,44%,
lo que significa una población media por ayuntamiento
de 773 habitantes, muy alejada por tanto de la media
nacional, que es de 2.154 habitantes. La evolución de la

11
Anuario Estadístico de España, 1912, pág. 14.
19
densidad de población también se aleja de la media na-
cional, ya que frente a los 5 puntos de aumento provin-
cial nos encontramos con casi 9 de aumento nacional.

Esta dispersión en la población producirá la inco-


municación entre los distintos núcleos rurales, favoreci-
da por la escasa red de carreteras existente 12 , y dando
F F

lugar a actitudes localistas muy arraigadas hasta hace


relativamente poco tiempo. No hay que olvidar que la
mayoría de las carreteras tenían una deficiente cons-
trucción, lo que imposibilitaba el tráfico entre localida-
des, incluso entre las más próximas, y que la mayoría
de ellas no soportaban el tránsito más que de animales
de tiro 13 .
F F

A la vez, el aislamiento de estos pequeños pue-


blos, con la consecuente falta de instrucción y acceso a
la información de cualquier tipo y las más mínimas con-
diciones higiénicas, consigue que la manipulación de la
opinión sea más fácil, o que se creen vínculos clientela-
res con los personajes preeminentes de la localidad al
tratarse de núcleos muy ruralizados: de un total de 270
12
Reseña Geográfica y Estadística de España, Tomo III, 1914. En
1907 el kilometraje de carreteras en la provincia de Ávila era el si-
guiente: Carreteras de 1er orden: 113 km., Carreteras de 2º orden:
47 km., Carreteras de tercer orden: 373 km. Estas últimas suponí-
an, como se aprecia, la mayoría de la red, siendo generalmente ca-
minos de tierra intransitables la mayor parte del año.
13
La construcción de estas carreteras locales, llamadas vecinales,
era competencia de las Diputaciones Provinciales. En el periodo fi-
nal de este trabajo, a 1 de Enero de 1908, el estado no había cons-
truido ningún km. de carretera en la provincia, mientras que el ór-
gano provincial había realizado 198,093 km. No es de extrañar, por
tanto, la enorme importancia de la Diputación en las relaciones con
las entidades locales y sus representantes, influencia extendida
hasta la actualidad.
20
ayuntamientos (número inalterable desde 1860 a
1910), 50 corresponden a localidades de menos de 300
habitantes, 78 a menos de 500, y tan sólo 95 pasan de
éstos, lo que hacen un total de 223, es decir, el 82,59%
de la población vive en áreas totalmente ruralizadas,
sin acceso a los más mínimos servicios y aislados, ge-
neralmente, de los núcleos mayores, de los cuales sólo
la capital, Ávila, supera los 10.000 habitantes no ha-
biendo ningún núcleo de población que supere los
5.000 14 .
F F

Los pueblos de mayor población se distribuyen en


la zona del valle del Tiétar, donde no es raro que sobre-
pasen los mil habitantes, situándose en las cabeceras
de comarca naturales o en la cabeza de partido judicial
y alrededores (ver anexos). Por otro lado, Ávila es la
sexta provincia menos poblada, por detrás de Álava, So-
ria, Segovia, Logroño y Palencia 15 , y en cuanto a su ca-
F F

pital de provincia la población de hecho, con referencia


a 1910, sobrepasa ligeramente los doce mil habitantes,
lo que supone que sea la cuarta capital por detrás de
Soria, Cuenca y Teruel, representando el 5,78 % de la
población del total de la provincia, en esos momentos
de 208.796 habitantes 16 .F F

El crecimiento o variación intercensal (cuadros I y


II) refleja un notable crecimiento en la provincia que no
se traduce en un crecimiento similar en la capital, lo
que nos lleva a la conclusión que la capital no recoge
este excedente provincial. Bien al contrario, la pobla-

14
Anuario Estadístico de España,1912. Imprenta de la dirección del
Instituto Geográfico y Catastral, Madrid, 1913, pag. 103.
15
Ibidem., pag. 88
16
Ibidem., pag.89
21
ción rural sigue viviendo en sus núcleos de origen, tal y
como se aprecia al observar el crecimiento de las locali-
dades y pueblos, en ocasiones muy superior al de la ca-
pital de la provincia, que se configura como una ciudad
sin dinamismo social (ver Anexo III).

Cuadro I
48B

Crecimiento intercensal de la capital


49B

Censos Nº habitantes Crec. Intercen.


1887 10.809
1900 12.202 + 2.607
1910 12.060 + 142

Cuadro II
50B

51B Crecimiento intercensal de la provincia

Censos Nº habitantes Crec. Inter-


cen.
1887 197.694
1900 202.281 + 2.763
1910 208.796 + 8.339

En cuanto a la distribución por edades, el censo


de 1900 nos proporciona información sobre el reparti-
miento de la población, insuficiente para establecer una
pirámide poblacional, aunque sí adecuado para situar la
población abulense en una jerarquía de juventud:

22
Capital Hombres Mujeres
Menores de 12 años 1396 1482
De 12 a 19 años 942 1213
De 20 a 39 años 1885 1952
De 40 a 59 años 1119 1309
De 60 años en adelante 398 506
TOTAL 5740 6462 12202

2000

1500 M en or es de
12 añ os

D e 12 a 19
añ os

1000 De 2 0 a 3 9
añ os

De 4 0 a 5 9
añ os

500 D e 6 0 añ os
en adelan t e

0
Hombres Mujeres

23
Provincia Hombres Mujeres
Menores de 12 años 28944 28683
De 12 a 19 años 16149 15139
De 20 a 39 años 27056 28841
De 40 a 59 años 20164 21109
De 60 años en adelante 7958 8222
No consta 9 7
TOTAL 100280 102001 202281

30000
Menores de 12 años
25000

20000 De 12 a 19 años

15000 De 20 a 39 años

10000 De 40 a 59 años
5000
De 60 años en
0 adelante
Hombres

24
En suma, la provincia abulense puede considerar-
se como una provincia demográficamente joven, lo
que nos hace suponer que los excedentes de pobla-
ción que se dan en la misma, serán recogidos por la
emigración hacia otros lugares de España, e incluso de
ultramar, lo que puede explicar su moderado aumento
de población, inferior a la media nacional.

2.3.1 Estructura socioeconómica.-

Para entender el funcionamiento de cualquier sis-


tema político, es imprescindible conocer el marco gene-
ral de la estructuración de la sociedad, en sus aspectos
puramente sociales, y también económicos, que lo con-
forma, y, en definitiva, lo sustenta. Para ello, a través
de los censos de población, determinaremos cómo esta-
ba estructurada la sociedad abulense, lo que nos dará
una aproximación a la mentalidad de los habitantes de
la misma a finales del siglo pasado y principios del ac-
tual.

Según el censo de 1900 17 , quizás el más comple-


F F

to, por tratarse del primer censo elaborado con una me-
todología más científica que los anteriores, y el que más
nos puede ayudar al estar en el centro cronológico de
este estudio, la estructura de la población activa de la
provincia y la capital, presenta el siguiente panorama:

17
Para elaborar la siguiente tabla se han reducido las categorías de
las profesiones, intentando englobar las que sean del mismo origen
en el mismo bloque, para luego integrarlo en el mismo sector. Por
ejemplo, el censo consigna como profesión "sirvientes de los cul-
tos", su nº, se ha sumado a la profesión "servicios personales y do-
mésticos", por considerar que tienen los mismos cometidos, aun-
que, claro está, en esferas sociales distintas.
25
Cuadro nº III
Estructura de población activa por sectores producti-
vos

Población Población Ávila


Sectores % %
provincia capital
Primario 18
F F 55.893 80,24 702 15,85
Secundario 4.951 7,12 1.135 25,47
Terciario 8.090 12,64 2.619 58,78
TOTAL 68.934 100 4.456 100
(Elaboración propia)

La tasa de productividad es mayor en la capital


-36,51%- que en la provincia -34,07%- lo que puede in-
dicar que la capital sea receptora de parte de la escasa
inmigración, al, ser relativamente más fácil, encontrar
trabajo como sirviente, en los servicios personales y do-
mésticos de las grandes familias de la alta burguesía y
nobleza madrileñas, que poseen casas y patrimonio en
la capital y alrededores, o entre la numerosa población
clerical, como lo prueba el importante número de perso-
nas dedicadas a “sirvientes de los cultos”. Además, hay
que sumar la atracción que supone la ciudad para las
clases menos favorecidas, como medio de huir de las
deficientes condiciones de vida rurales. Con todo, no se
desprende de estos datos que exista una gran corriente
inmigratoria.

18
Se incluyen todas las profesiones relacionadas con la agricultura,
ganadería, pesca, caza y los propietarios rústicos y urbano.
26
Sí podemos afirmar que existe un gran porcentaje
de población no activa, superior al 70%, tanto en la ca-
pital como en el resto de la provincia, lo que puede lle-
varnos a pensar que la provincia abulense es suscepti-
ble de emigración hacia otros lugares con posibilidades
de trabajo, como así lo confirman los anuncios en la
prensa, ofertando billetes de barco a América o el esta-
blecimiento de "cocinas económicas" para "obreros sin
jornal" 19 . El paro estructural es, por tanto, muy impor-
F F

tante en el ámbito provincial, lo que en la mayoría de


los casos lleva a las autoridades locales al acometi-
miento de obras con el fin de mitigar, en lo posible, y
siempre de una forma muy limitada, la falta de trabajo
y las consecuencias sociales que el mismo comporta 20 . F F

Derivadas de esta falta de ocupación de la población se


originaron bolsas de pobreza, muy importantes en la
capital, e imposibles de disolver, por lo que las autori-
dades recurren a las "cocinas económicas", regentadas
por comunidades religiosas, o a los donativos en metáli-
co, pero sin resolver el problema 21 . F F

A simple vista, destaca el gran nº de habitantes


que en la provincia se dedican al sector primario, frente
a la capital, que se configura así como una ciudad típi-
camente administrativa, lo que hoy conocemos como
de "servicios", auténtico centro de la provincia para las
19
El Diario de Ávila, 15-12-1898
20
Ibídem., 15-1-1907: [las obras]"...son una forma clara de aliviar
la crisis por la que atraviesa "las honradas clases trabajadoras"...
21
La República Española, 15-10-1895, en el programa de fiestas de
la capital figura una "limosna para los pobres de la ciudad", en la
que se repartieron 500 bonos de una peseta. El estado de pobreza
de gran parte de la población tuvo que ser importante a contar por
las numerosas colectas, bailes benéficos y demás actos que refie-
ren las crónicas periodísticas.
27
transacciones comerciales, administrativas, judiciales,
etc. Aunque, tanto en la capital, como en la provincia,
también destaca un buen nº de habitantes que se dedi-
can a la industria, no hay que dejarse llevar por las ci-
fras, ya que se trata de pequeñas manufacturas, más
bien, talleres de transformación de materias ya elabo-
radas: confección, madera, cerámica…, sin que poda-
mos hablar de una típica estructura industrial, a pesar
de la cercanía a Madrid y de sus buenas comunicacio-
nes con Valladolid.

La ubicación de los servicios administrativos, fi-


nancieros y judiciales en la capital harán de la misma el
auténtico centro provincial, donde se darán cita todos
aquellos habitantes de la provincia que han de acudir a
ella para resolver sus problemas más frecuentes. Sin
duda, el tener relaciones en la ciudad que ayudaran a
acercar la administración a la masa de campesinos abu-
lenses, tuvo que suponer una gran ayuda a la hora de
realizar los viajes que comunicaban alejadas comarcas
con la capital, a la vez que creó lazos de dependencias
entre los administrados y sus "mediadores".

La provincia es, por tanto, eminentemente rural,


anclada, sin duda, en las tradiciones conservadoras del
campesinado castellano, con su componente ideológico
y religioso, en el analfabetismo y las malas condiciones
de vida. A este respecto, es interesante la descripción
que tenemos de las construcciones típicas de la provin-
cia 22 , encaminadas más a las actividades agrícolas y
F F

22
"Nomenclator de las ciudades, villas, lugares, aldeas y demás en-
tidades de población de España, con referencia al 31 de Diciembre
de 1900". Instituto Geográfico y Estadístico. Madrid, 1904: "El sis-
tema general de construcciones en los partidos de Ávila, Barco de
28
ganaderas que a las propias de cualquier vivienda, y
donde se aprecian las escasas condiciones de habitabili-
dad de las mismas, enmarcadas en una sociedad cuyo
acceso a la higiene es deficitario 23 . La misma capital de
F F

la provincia es poco menos que un pueblo si juzgamos


por las referencias de los viajeros de la época y la pro-
pia prensa local:

"Vedla como siempre [Ávila], con sus desiertas,


sucias y mal empedradas calles, adornadas, cuan-
to más, por los ridículos escaparates de su fingido
comercio; con sus descuidados paseos amarillen-
tos y tristones, en una palabra, con todas las hue-
llas que, cual indeleble estigma, marcan el exte-
rior de un pueblo adormecido, aletargado,
muerto" 24
F

La agricultura es la principal actividad. Esta se de-


sarrolla de una forma arcaica y subdesarrollada, en par-
te por las malas calidades que componen las tierras de
la mayoría de la provincia, en parte por los nulos ade-
lantos técnicos que se ponen en práctica durante estos
años. El sistema cereal es el que ocupa la mayor parte
del área cultivable: 393.476 Hectáreas, seguido de las
dehesas y montes (188.753 Hras.), los cultivos arbóre-
os, arbustivos y hortícolas (42.747 Hras.) y los prados
temporales (41.523 Hras.). El 15,44% del área cultiva-
Ávila y Piedrahita, se distingue por su rusticidad y la mala clase de
los materiales, consistentes en piedra unida con barro y en cajones
de tierra apisonada enlazados con machones de adobes, resultan-
do que casi todas las casas constan únicamente de un piso, y que
muchas sólo reciben luz por la puerta de entrada o por algunas
irregulares aberturas indicadas en la pared o en el tejado."
23
El Diario de Ávila, 31-8-1899, recoge un bando del Ayuntamiento
de la ciudad para prevenir las infecciones, sobre todo la peste bu-
bónica, y abogando por unas buenas condiciones higiénicas.
24
Ibídem. 23-6-1899
29
ble provincial (788.209 Hras.) son tierras improductivas
para la agricultura 25 .
F F

Entre los cultivos arbóreos y arbustivos se cuen-


tan 17.545 Hras. de viña y 7.398 de olivo, diseminados
en las tierras del sur provincial. El cultivo de secano es
mayoritario en la provincia abulense, por el contrario, la
superficie dedicada al regadío es de 31.908 Hras., tan
sólo el 4,08 % del área total dedicado al cultivo, distri-
buyéndose como se consigna en el cuadro nº IV , funda-
mentalmente en las tierras de los partidos de El Barco
de Ávila, Piedrahíta, Arenas de San Pedro y Cebreros,
que reciben riegos constantes. En los valles de Amblés,
Corneja, tierra llana de Arévalo y huertas cercanas a los
pueblos, el regadío se consigue con riegos elevados por
norias y cigüeñales.

Cuadro nº IV
Distribución de los cultivos agrícolas de regadío
(en Hras.)

Cultivo Hectáreas cultiva-


das
Cereales y leguminosas 2.879
Hortalizas 1.917
Raíces y tubérculos 8.865
Lino y cáñamo 205
Árboles frutales 133
Prados 17.909
Total 31.908

"Reseña Geográfica y Estadísitica de España", Tomo IV. Instituto


25

Geográfico y Estadístico. Madrid, 1914, págs. 172-173


30
Así pues, las principales producciones agrícolas
son los cereales, leguminosas, raíces y tubérculos, hor-
talizas, viñas, lino y cáñamo, árboles frutales y parados,
dedicándose la zona norte a la producción cereal y la
zona sur a la de legumbres y hortalizas, destacando la
exportación de judías y patatas. En cuanto al cultivo ce-
real se haya muy generalizado el sistema de año y vez.
Entre las alternativas de cosechas que se siguen en la
provincia, son más frecuentes las siguientes: primer
año, barbecho; segundo, trigo; tercero, cebada; cuarto,
garbanzos; quinto, trigo, y sexto, cebada.

La propiedad territorial 26 ofrece diversos caracte-


F F

res en según qué comarcas y partidos, existiendo fincas


de considerable extensión en los partidos judiciales de
Ávila y Arévalo (los más llanos), mientras que en los de
Barco de Ávila, Cebreros y Arenas de San Pedro la sub-
división es grande. En general nos encontramos con pe-
queños propietarios que explotan fincas de pequeña
magnitud: el 47,04% de los propietarios de fincas lo son
de propiedades de menos de una hectárea, 278.191
fincas de un total de 317.334, esto es, el 87,66 %. Indu-
dablemente este tipo de propiedad rústica sólo podía
dar lugar a pequeñas producciones de carácter autár-
quico, encaminadas al autoconsumo y con muy pocas
posibilidades de excedentes que revertieran en el cir-
cuito comercial, por otro lado casi inexistente, si excep-
tuamos los pequeños mercados semanales de origen
medieval.

26
"Anuario estadístico, 1925-1926" Instituto Geográfico y Estadísti-
co, Madrid, 1926
31
Los grandes propietarios de la tierra estaban vin-
culados a la nobleza en su mayor parte 27 , aunque no
F F

hay que desdeñar el gran número de propietarios enri-


quecidos (y que a la vez, aumentaron sus propiedades)
durante los procesos desamortizadores del siglo XIX,
creando alguno de ellos verdaderos latifundios en la
provincia, lo que les dio el "derecho" de codearse con
los primeros y establecer relaciones profesionales, e in-
cluso familiares 28 .
F F

En cuanto a la forma de explotar la tierra, la ma-


yoría de las fincas agrícolas (78,16%) se dedican al cul-
tivo directo, el 21,41% al arrendamiento y el 0,43% a la
aparcería:

27
ROBLEDO HERNÁNDEZ, R. "La renta de la tierra en Castilla y
León (1836-1913), Banco de España. Servicio de Estudios. Estudios
de Hª Económica, 11, 1984. En esta obra se citan como principales
terratenientes en la provincia de Ávila a los siguientes miembros
de la nobleza: Marqués de Santa Marta, Marqués de Peñafuerte,
Marqués de Cerralbo, Marqués de Piedras Albas, Marqués de Villa-
hermoso, Marqués de Castellanos, Marqués de Torrecilla...Muchos
de estos personajes poseían casas nobles en la capital abulense.
28
Un buen ejemplo de esta afirmación es el caso de la familia Abo-
ín, analizada más adelante. Mariano Aboín era el 3er contribuyente
provincial en Ávila por rentas de la tierra en 1876, de modesto co-
merciante pasó a entroncar con parte de la nobleza abulense como
ya veremos.
32
Cuadro nº V
Distribución de fincas según la distinta forma de ex-
plotación 29F

Cultivo Directo Arrendamiento Aparcería


Nº de fin- Extensión Nº de fin- Extensión Nº de fin- Extensión
cas cas cas
78,16 % 69,13 % 21,41 % 30,60 % 0,43 % 0,27 %

En el anterior cuadro percibimos que casi un ter-


cio de extensión de las fincas se dedica al arrendamien-
to, coincidiendo con las fincas de mayor extensión. La
variedad de contratos de arrendamiento es muy diver-
sa, aunque predominaba la renta en especie, anulando
así los propietarios de la tierra toda iniciativa al arren-
datario, y marcando las condiciones de trabajo y los cul-
tivos, generalmente trigo, cebada y avena, productos tí-
picamente proteccionistas 30 .F F

La ganadería es la segunda gran actividad de la


provincia. Complementaria, en muchos casos, de la
agricultura, adquiere gran importancia provincial debido
a la abundancia y finura de los pastos. Verdadera consi-
deración tiene el ganado vacuno, distribuido por los
pastos serranos y aprovechado por su excelente carne,
aunque no menos importante es la riqueza pecuaria re-
lativa al ganado lanar o cabrío, como recoge la estadís-
tica pecuaria de la provincia en 1907 31 , riqueza que irá
F F

creciendo en años sucesivos, lo que indica una mayor


dedicación de la población a esta actividad:

29
Ibidem. pág. 257-259.
30
ROBLEDO HERNÁNDEZ, R. Op. Cit.
31
Ibidem., pág. 262
33
Clases de ganado Nº de cabezas
Caballar 8.104
Mular 8.934
Asnal 19.414
Vacuno 47.281
Lanar 464.010
Cabrío 91.250
Cerda 38.090

2.3. Aspectos culturales y asociativos.-

Ante el panorama descrito, de gentes dedicadas


fundamentalmente a la agricultura y la ganadería, que
viven en núcleos rurales aislados entre sí, es difícil que
la cultura se extienda de una forma homogénea. Su
principal vehículo, las escuelas, seguía perteneciendo,
casi en su totalidad a los municipios 32 , lo que no asegu-
F F

raba la escasa paga a los maestros y maestras que las


atendían, ni siquiera el mantenimiento de los locales y
materiales propios de la enseñanza 33 . Además, en mu-
F F

chas ocasiones, las malas condiciones higiénicas de las


mismas, ubicadas en sótanos o habitaciones sin ilumi-

32
Reseña Geográfica y Estadística de España, Tomo IV, 1914: en
1908 sólo 2 escuelas eran de titularidad estatal, por 291 municipal,
21 particular y ninguna provincial.
33
Era bastante común, en algunos pueblos, que los ayuntamientos
no pudieran hacerse cargo de los costes que conllevaba la educa-
ción. Para intentar solucionar el tema se recurría a las suscripcio-
nes y donativos particulares, como en el caso de Bohodón y San-
chidrián. La Diputación de Ávila destinaba 9.250 pesetas anuales
para aumentar los costes de la educación, y a pesar de tratarse de
una cantidad ridícula, la institución provincial adeudaba en 1896,
110.000 pesetas por este concepto, deuda contraída en los doce
años precedentes. Vid. En "La instrucción Pública en España, cuar-
to cuaderno, provincia de Ávila", Madrid, 1896
34
nación y los mínimos niveles de habitabilidad, no permi-
tían una difusión académica acorde con las necesida-
des; al mismo tiempo, si a esto unimos la continua abs-
tención en las zonas rurales por motivo del trabajo en
las faenas agrícolas, podremos entender el grado de
analfabetismo padecido por la provincia abulense.

A finales de siglo, aunque no a los niveles de


otras provincias españolas 34 , el analfabetismo seguía
F F

constituyendo en Ávila un porcentaje muy amplio de su


población. En 1900, fecha que marca el centro cronoló-
gico de este trabajo, cerca del 71% de las mujeres eran
analfabetas, pasando del 40% el número de hombres 35 , F F

aunque hay que considerar estas cifras como muy posi-


tivas, teniendo en cuenta que en el censo de 1887 las
mujeres que no sabían leer ni escribir llegaban casi al
78%, siendo el porcentaje superior al 54% en el caso de
los hombres 36 . Son cifras abrumadoras que irán descen-
F F

diendo poco a poco a medida que avance el siglo XX y


se pongan las medidas correctoras por parte del Esta-
do, pero que revelan, en una primera mirada, las insufi-
cientes condiciones culturales de un elevado número de
abulenses, sobre todo de las mujeres.

Paradójicamente, ante este panorama de incultu-


ra generalizada, destaca la profusión de prensa periódi-
ca que se edita en la provincia 37 , de la que, desafortu-
F F

nadamente, tenemos pocas referencias documentales y


34
SAMANIEGO, D. "El problema del analfabetismo en España (1900-
1930)", en Hispania, 124, Madrid, 1973, pág. 375-400
35
Anuario Estadístico de España, 1912
36
Ibidem.
37
Para el conocimiento de la prensa abulense de finales de siglo es
imprescindible FERNÁNDEZ, M. "Prensa y Comunicación en Ávila
(siglos XVI-XIX)", Ávila, 1998
35
de la cual disponemos de pocos ejemplares. "La Andalu-
cía de Ávila" y "La Voz de Arévalo" son algunos de los
periódicos editados fuera de la capital y que tendrán
una vida breve. "La Verdad", "La República Española",
"El Heraldo de Ávila", "El Eco de Castilla", "El Eco de la
Verdad", "El Diario de Ávila", "La Constancia", "El Cim-
balillo", "La Gaceta de Ilustración Pública" y "El Zumbo",
fueron algunas de las publicaciones que coexistieron,
aunque la mayoría desaparecerían a poco de su alum-
bramiento, conformándose, en un primer momento, "El
Eco de la Verdad" como el órgano de difusión de las cla-
ses más favorecidas de la sociedad, para recoger el tes-
tigo "El Diario de Ávila" posteriormente 38 . F F

Esta abundancia de publicaciones periódicas se


caracteriza por una carencia de estructura empresarial,
frecuencia larga y difusión limitada 39 , que en una pro-
F F

vincia de difíciles accesos y alto porcentaje de analfabe-


tismo, no permitía una divulgación homogénea y/o am-
plia. La prensa de carácter político también tiene su re-
presentación, aunque se trata de publicaciones con una
presencia efímera y de tendencia republicana modera-
da o liberal, siendo el "Diario de Ávila", marcadamente
conservador, aunque no partidista, el único periódico
con implantación provincial. Con todo, el censo de pu-
blicaciones periódicas de la provincia se sitúa en los lu-
gares más bajos de la nación, junto con Albacete, Gua-
dalajara, Orense y Zamora 40 . F F

38
SERRANO, J.M. "Un periódico al servicio de una provincia: El dia-
rio de Ávila", Ávila, 1997
39
FERNANDEZ, M. Op. Cit. pág. 499-501
40
La Verdad, 15-10-1899
36
El asociacionismo era escaso y muy limitado a las
actividades profesionales, aunque con el paso del tiem-
po comenzaron a surgir diferentes y variopintas asocia-
ciones, que dieron cabida a todo el espectro social abu-
lense, agrupándose por intereses sectoriales, gremiales
o de clase, o, simplemente, con fines puramente cultu-
rales 41 . La Liga de Contribuyentes de Ávila, La Asocia-
F F

ción Médico Abulense, La Asociación Médico-Quirúrgica


Morañega, La Asociación y Gremio de Labradores, La
Asociación de Misericordia de la Ciudad de Ávila, La So-
ciedad de Peluqueros y La Sociedad de Panaderos son
algunas de estas asociaciones creadas a lo largo del úl-
timo tercio del siglo XIX en la provincia.

El movimiento y asociacionismo obrero, aunque


temprano en su aparición 42 no tuvo una gran repercu-
F F

sión en la provincia, en la que no encontramos referen-


cia alguna en la prensa, ni siquiera en el 1º de Mayo. No
hay que olvidar las dificultades de penetración de las
nuevas ideas en una sociedad netamente agrícola, ce-
rrada y desarticulada socialmente. Sin una organización
clara, el malestar por las desfavorables condiciones de
vida y las deplorables circunstancias laborales se mani-
festaba con las maneras recurrentes del comportamien-
to colectivo, esto es, los motines y atentados a la pro-
piedad, que alcanzarán gran intensidad en la gran crisis
de subsistencias de 1898 y que se extenderán por toda
la geografía abulense durante varios días con el lema,
en la capital, de "pan barato y trabajo para los obreros

41
FERNÁNDEZ, M. "Casino Abulense, un siglo de historia y encuen-
tros (1897-1997)", Ávila, 1997, pág. 31
42
MUÑOZ HERNÁNDEZ, A.L. "La frustrada insurrección cantonal de
Ávila", en Studia Zamorensia nº9, Salamanca, 1988, pág. 121-133
37
de Ávila" 43 . En concreto, este motín de la capital llegó a
F F

reunir a "unos 500 obreros en la Plaza de Santa Ana",


logrando reunirse con el alcalde para hacerle llegar sus
reivindicaciones, más próximas a la penuria que a la de-
fensa laboral 44 . Sólo a principios del siglo XX se produjo
F F

una intensificación del grado de movilización obrera y


campesina 45 , reflejándose en la configuración de sindi-
F F

catos socialistas en Arévalo y Ávila capital y la creación


de asociaciones inspiradas en la doctrina social de la
Iglesia 46 .
F F

Otra forma de asociación era el casino o el círculo


de recreo, lugares en los que se reunía la elite de la lo-
calidad, cumpliendo, así con una doble función: recrea-
tiva, por un lado, y política, por otra, aunque esta últi-
ma no estuviera recogida en los estatutos de estos cen-
tros, llegando a estar prohibida su actividad en la vida
cotidiana del casino 47 . Ubicados, por regla general, en
F F

los edificios más destacados de los pueblos o las ciuda-


des de cierta entidad, representaban la consolidación

43
El Eco de la Verdad, 3-3-1898
44
Ibidem:
"1º Que no se exporten los trigos y demás cereales que sirven de
fabricación del pan.
2º Que se facilite la concurrencia a los proveedores impidiendo
comprar en los almacenes.
3º Que se solicite de los dominicos la continuación de repartos de
alimentos.
4º Que se rebajen los derechos de consumos en trigos y harinas,
solicitando del gobierno la anulación de derechos y la libertad de
introducción por la frontera."
45
MUÑOZ HERNÁNDEZ, A.L. "Sindicalismo católico en Ávila, 1908-
1923", en Cuadernos Abulenses nº14, Ávila, 1990, pág. 125
46
MUÑOZ HERNÁNDEZ, A.L., Op. Cit. Pág.125-128
47
FERNÁNDEZ, M. "Casino Abulense, un siglo de historia y encuen-
tros (1897-1997)", Ávila, 1997, pág. 35
38
de la nueva sociedad liberal y, por tanto, eran exclusi-
vos de la burguesía de la población, a la que se añadían
los nuevos miembros que fueran llegando a la misma, y
que debido al sistema de acceso, (por sociedad, gene-
ralmente, lo que obligaba al pago de cuotas) cortaba el
paso a los miembros menos pudientes de la comuni-
dad 48 . La mayoría de estos locales contaban con una
F F

pequeña biblioteca y, lo que es más importante, con la


posibilidad de lectura de los periódicos, tanto naciona-
les como provinciales, que acercaba la actualidad, en
ocasiones con algunos días de retraso, a la poderosa
mesocracia urbana o semi-urbana.

En definitiva, el casino era un ámbito de represen-


tación del poder local y de discusión de los problemas
comunitarios 49 , como así lo atestigua, por ejemplo, el
F F

que para exponer el problema de la traída de aguas a la


capital, se reunieran en el de Ávila, en 1907, los repre-
sentantes de la ciudad, en su mayoría miembros y so-
cios del Casino Abulense, con el Sr. Cellerier, ingeniero
encargado de las obras 50 , para exponer ante aquellos la
F F

posibilidad de dotar a la capital de un buen suministro,


demanda que la ciudad llevaba muchos años reclaman-
do. El apoliticismo de los casinos era, por tanto, sobre el
papel, ya que es difícil imaginar que en las charlas en-
tre los representantes políticos, como hemos dicho, mu-
chos miembros del casino, no salieran a relucir en tertu-
lias y conversaciones los asuntos políticos del momen-
to, con las ineludibles discusiones y tomas de posición
respecto a los mismos.

48
MORENO LUZÓN, J. "Romanones. Caciquismo y política liberal",
Madrid, 1998, pág. 170
49
Op. Cit. Pág. 171
50
El Diario de Ávila, 10-2-1907
39
Desde finales de siglo nacieron en la provincia
abulense el Círculo de Recreo de Ávila -después Casino
Abulense-, el Casino Hijos del Trabajo y La Peña, (todos
ubicados en la capital), El Casino de Arenas de San Pe-
dro, el Casino de Arévalo y el Casino de Madrigal de las
Altas Torres 51 . Aunque los citados casinos corresponden
F F

a pueblos y localidades de cierta entidad, es muy posi-


ble que en la mayoría de los municipios existieran si no
casinos, pequeños locales en los que se cumplieran las
funciones de tipo social (y como hemos visto, también
políticos) que recogen los aspectos reseñados más arri-
ba, cita obligada para los notables locales y punto de
encuentro cultural y del triste ocio de la época 52 . F F

2.4. La Iglesia.-

El papel de la iglesia, como aglutinador de posi-


ciones ideológicas y actitudes sociales, es importante
de destacar, y más en una provincia con hondas raíces
católicas, como lo atestigua el pasado y el presente cle-
rical abulense. No hay más que examinar las visitas
pastorales del obispo a la provincia 53 , en ellas, pruebas
F F

inequívocas del peso de la iglesia católica en la provin-

51
FERNÁNDEZ, M. "Casino Abulense...", pág.30-36
52
La memoria histórica conservada en muchos pueblos abulenses
sigue denominando "casinos" a los establecimientos públicos don-
de se reúne el pueblo para las celebraciones comunes. También te-
nemos referencias del casino de Villatoro, al que el Diario de Ávila
(5-2-1907) acusa de realizar partidas de naipes que causan alterca-
dos entre los jugadores.
53
Las visitas pastorales están reflejadas, con todo lujo de detalles,
en los Boletines Eclesiásticos de la Diócesis. En ellas se da cuenta
de los pueblos y lugares recorridos, de los discursos y pastorales y
del trato del obispo con el pueblo y las autoridades.
40
cia, el obispo es recibido y despedido en olor de multi-
tudes, además de ser homenajeado por todas las auto-
ridades y prohombres locales.

En principio la jerarquía católica española, y por


extensión, la abulense, era profundamente integrista 54 F F

y por tanto enfrentada al proceso de secularización ini-


ciado desde las primeras décadas del siglo XIX. En efec-
to, el liberalismo, cuyo proyecto modernizador incluía la
secularización del Estado y de la vida pública, encontra-
rá un obstáculo en “una iglesia católica que pretendía
dominar la vida pública y privada del país” 55 , en un in- F F

tento de monopolizar la dirección de las conciencias con


“exclusión legal y real de cualquier manifestación reli-
giosa e ideológica sentida como contraria al dogma ca-
tólico, o a la unidad católica de la patria” 56 . O lo que es
F F

lo mismo, la iglesia católica aspiraba a que su presencia


en todos los ámbitos de la vida nacional fuera determi-
nante, ya que sin su concurso caminaría hacia la ruina.
Para ello era necesario el establecimiento de un poder
político dócil a su modelo confesional, algo por lo que
no estaban dispuestos a pasar los principales políticos
de la Restauración, tanto conservadores como liberales.

Esta idea exclusivista se ve recogida con frecuen-


cia en las pastorales 57 y cartas dirigidas a los fieles, y
F F

54
DE LA CUEVA MERINO, J. “La democracia frailófoba” en SUÁREZ
CORTINA, M. (editor), “La Restauración entre el liberalismo y la de-
mocracia”, Alianza Universidad, Madrid 1997, pág.234
55
Opus Cit. pág.234
56
Opus Cit. pág.235
57
Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Ávila (B.E.D.Av.), 3 de Febre-
ro de 1890, “Carta pastoral para ser leída al pueblo al tiempo de la
misa parroquial”: “...debéis amar a la Iglesia, que representa los
bienes eternos, más que a la Patria, que representa los tempora-
41
en los Congresos Católicos, que desde 1889 se celebra-
rán en España con los objetivos de fomentar la caridad
y restaurar la moral de la sociedad. Es, en el II Congreso
Católico Nacional, celebrado en Zaragoza, el que fija las
reglas para intentar llegar al orden en las filas católicas,
en especial en todo lo relacionado con los asuntos polí-
ticos, dejando bien claro que es la jerarquía católica la
que debe dirigir el proceso de acercamiento político a
los católicos españoles 58 .
F F

Sin embargo será en la enseñanza donde la Igle-


sia española, y también la abulense, intentará extender
su influencia moral. Así, y a partir, sobre todo, de la En-
cíclica papal “sobre el estado actual de los obreros”, la
Iglesia abulense hará suyas las recomendaciones papa-
les. El obispado abulense, que desde 1890 es adminis-
trado por Juan Muñoz Herrera, auspiciará tanto el man-
tenimiento de las antiguas escuelas para obreros como
las que se pudieran crear 59 . Así, en 1891 funcionan en
F F

les; y cuando las leyes de ésta sean contrarias a las enseñanzas de


aquella y a los preceptos de Jesucristo, obedecer a Dios, aunque
hayáis de desobedecer y disgustar a los hombres.”
58
Ibidem. 27 de Diciembre de 1890, “Reglas prácticas que prescri-
ben a los católicos los obispos españoles con ocasión del 2º Con-
greso Católico Nacional”, regla 28.
59
Ibidem. 27 de Junio de 1891: “...y en vista de la insistencia con
que S.S. desea que se promuevan las asociaciones de obreros ca-
tólicos, y que los obispos las den ánimos y extiendan a ellas su
protección, Nos procuraremos fomentar y tomar más y más bajo
Nuestros auspicios, ya las escuelas nocturnas que para los jóvenes
obreros tenemos establecidas en Nuestro Palacio Episcopal, ya las
que así mismo y en el propio local, vienen instituidas para la ense-
ñanza y aprovechamiento de las sirvientas y otras jóvenes obreras,
ya en fin, algunas otras que bien sea en la capital, bien en otros
pueblos de la Diócesis, nos permitan las circunstancias
establecer.”
42
Ávila capital varias escuelas religiosas que atienden al
fin social que la Encíclica papal confiere a la Iglesia: el
Patronato de obreros “Santa Teresa”, la Escuela Domini-
cal de Niñas, las Hijas de la Caridad de San Vicente Paul
y la Asociación de Señoras Católicas 60 , todas ellas dirigi-
F F

das a obreros o hijos de obreros y atendidas, en su ma-


yoría, por personas caritativas, muy vinculadas a los cír-
culos burgueses y adinerados abulenses.

La creación y mantenimiento de estas escuelas


para obreros sigue la línea que la jerarquía católica di-
funde a partir del Congreso Católico de Sevilla de 1891,
al que acude el obispo de Ávila y los padres Cienfuegos
y Vilá, dominicos de Santo Tomás, esto es, la necesidad
de combatir la enseñanza laica en todos sus grados, no
sólo en la enseñanza primaria, sino también en la se-
cundaria y en los estudios de magisterio, tal y como se
recoge en las “Conclusiones” del citado Congreso en su
Sección 2ª, punto 1º:

“1º. Es indiscutible que la escuela laica, atea o neutra,


de instrucción primaria debe ser combatida sin tregua
por la sociedad como institución abiertamente atenta-
toria, no ya de la religión, sí que también a la familia,
a la propiedad y a toda clase de gobierno constituido.
2º. Debe igualmente combatirse el laicismo en la 2ª
enseñanza, ya como deficiente e incompleta bajo el
punto de vista del método, ya como corruptor de la ju-
ventud estudiosa bajo el aspecto moral y religioso...(a
cuyo efecto convendría recordar al Ministro de Fomen-
to que se recuerde a los catedráticos de Instituto la
obligatoriedad de la doctrina cristiana como obligato-
ria para el exámen de ingreso a 2ª enseñanza, y que
se restablezca la asignatura de Hª Sagrada y Religión
y Moral en los institutos con el carácter de lección dia-

60
Ibidem. 10 de Diciembre de 1891, pág.315
43
ria y que se amplie su enseñanza en las Escuelas Nor-
males)...” 61
F

También la beneficencia, considerada como "pro-


moción social" de las clases menos favorecidas dará lu-
gar a una serie de instituciones, que, no tendrán entre
sus objetivos, más labor que mitigar, en lo posible, las
enormes diferencias sociales y económicas de la socie-
dad abulense, sin llegar a atajar la problemática social
desde la raíz 62 . Las "Siervas de María", "Religiosas Re-
F F

paradoras", "Religiosas Adoratrices", "Asilo", "Padres


Dominicos", "Asociación Catequística"... 63 , serán las
F F

más representativas de este fin "social".

Otro campo de acción de la iglesia abulense, qui-


zás más decisivo, por inmediato, es el de su acción ca-
tequista en los pequeños núcleos rurales de la geogra-
fía provincial. En un ámbito territorial donde la cultura
escasea, por decirlo benévolamente, y en la que los
pueblos, como ya hemos visto muy pequeños, y por
tanto de muy limitados contactos sociales, la figura del
cura párroco se alza como el auténtico motor de la vida
local, defensor de las buenas costumbres y la moralidad
más absoluta, a la vez que consejero y ayudante en las
gestiones que el campesino debe llevar en la ciudad. La
influencia del clero es fundamental para entender las
actitudes de sumisión y/o resignación de la población
abulense, en una provincia en la que el 0,53% de la po-
blación tenía en 1900 alguna relación laboral con la
iglesia católica 64 . F F

61
Ibidem, pág.316
62
El Diario de Ávila, 9-8-1899
63
MUÑOZ HERNÁNDEZ, A.L. "Sindicalismo católico en Ávila, 1908-
1923", en Cuadernos Abulenses nº14, Ávila, 1990, pág. 127
44
64
El censo de población de 1900 arroja cifras que conllevan una
fuerte carga de implicación de la población abulense en la iglesia
católica. Así son 575 las personas pertenecientes al clero regular,
308 al secular y 198 se configuran como sirvientes de los cultos.
En total 1.081 personas. Desglosados por sexo, en el clero regular
361 son mujeres y 214 son hombres, mientras que en el secular to-
dos son hombres y en los sirvientes de los cultos tan sólo encontra-
mos 3 mujeres y el resto hombres (monaguillos, campaneros, sa-
cristanes, etc.)
45
3. EL SISTEMA POLÍTICO
DE LA RESTAURACIÓN.-

46
El entramado político sobre el que se sustenta la
Restauración, se nos antoja complejo si lo percibimos
desde la óptica de finales del siglo XX, ante ello nada
mejor que, en unas breves pinceladas, acercarnos al co-
nocimiento general del sistema, sus objetivos y desarro-
llo, siempre dentro de nuestras coordenadas espaciales.

Si bien es cierto que por Restauración conocemos la


época comprendida entre 1875, con la coronación de
Alfonso XII, hasta 1923, con el golpe de Estado del ge-
neral Primo de Rivera, podemos distinguir varias divisio-
nes dentro de este marco temporal, ya sea en función
de quien se encuentre al la cabeza del Estado, el citado
Alfonso XII, la Reina Regente, Mª Cristina, o Alfonso XIII.
Del mismo modo podríamos escoger como criterio las
distintas leyes electorales, lo que nos llevaría a hablar
de una época de sufragio censitario y otra de sufragio
universal masculino, dividido a su vez por las leyes de
1890 y 1907 respectivamente. Sin embargo, estos dis-
tintos estadios espaciales tienen uniformidad en la con-
figuración del sistema político en el que se sustentan.

En efecto, después del tumultuoso periodo de la re-


volución de la Gloriosa y los continuos y vanos intentos
de democratización, la burguesía liberal llega al con-
vencimiento de que las luchas políticas deben dirimirse
en el parlamento, para lo cual se llega a la promulga-
ción de la Constitución de 1876, ley de compromiso y
de pacto entre las facciones políticas, dinásticas, del
momento. Este compromiso, este pacto, resultará de
las apetencias de gobierno de los dos grandes partidos
de notables existentes: el liberal-conservador, liderado
por Cánovas del Castillo, y el liberal-fusionista, coman-
dado por Sagasta.
47
Los dos partidos, con incorporaciones y secesio-
nes puntuales, serán los que lleven a buen puerto los
principios defendidos en la constitución del 76, esto es
el doctrinarismo liberal y, sobre todo, la estabilidad del
régimen político. En términos genéricos podríamos ha-
blar de que lo que pretende el sistema político restaura-
cionista es la gobernabilidad del Estado, o mejor, de un
intento de reconstrucción del mismo, objetivo que es
perseguido ya desde el final del reinado de Fernando
VII 65 y en el que se inscriben las luchas políticas de los
F F

liberales, moderados y progresistas, del siglo XIX.

Como decíamos, los hombres que hicieron posible


la construcción del Estado de la Restauración, no tuvie-
ron otra posibilidad que edificar el sistema restauracio-
nista sobre las bases de un pacto político, basado en el
acuerdo con los notables locales y provinciales (caci-
ques), que asegurara la estabilidad de un estado a pun-
to de desaparecer. No hay que olvidar, al respecto, la
injerencia militar, como imposición partidista, que mar-
có el reinado de Isabel II, con la consiguiente inestabili-
dad política, fruto de la cual se llegó a los sucesos de la
"Gloriosa" y a su posterior evolución.
Para llevar a cabo este pacto o acuerdo entre las
distintas facciones políticas, el gobierno no dudaba en
"fabricar" las elecciones, en un proceso denominado
"encasillado", en el que se disponían los medios para
que en los diferentes distritos electorales salieran elegi-
dos los candidatos favorables al turno. Así, desde el Mi-
nistro de la Gobernación se establecía una pirámide que
65
VARELA ORTEGA, J. "Sobre la naturaleza del sistema político de la
Restauración" en "Nación y Estado en la España liberal", coordina-
do por CORTÁZAR, G., págs. 174-175, Madrid, 1994
48
pasaba por el Gobernador Civil, alcaldes y "hombres de
partido", que negociaban, en el ámbito local, la repre-
sentación en el Congreso de los Diputados.

Ante las alternativas de volver a situaciones an-


teriores (golpismo de partido), o de intentos de demo-
cratización plena, optaron por una tercera vía: buscar la
alternancia política en la legitimación de la Corona
como institución imparcial en las luchas políticas 66 . Sus- F F

tituyeron democracia por alternancia pacífica, opinión,


a través de las consultas electorales, por manipulación
del sufragio, separación de poderes, por preeminencia
del ejecutivo sobre los demás; lo que ha llevado a algu-
nos historiadores a considerar la Restauración como un
sistema previo al democrático 67 , cuando no a negar ex-
F F

plícitamente este carácter 68 . F F

En un sistema que funcionaba de espaldas a la


voluntad popular, la Corona se convirtió en un factor
determinante, al alejar del poder, o llamarlo para que lo
ejerciera, al partido que creía conveniente. Es decir, el
partido en cuestión no llegaba al gobierno por causa de
unas elecciones. El mecanismo era al contrario: el parti-
do era llamado al poder, disolvía las Cortes y organiza-
ba sus propias elecciones en las que resultaba vencedor
con una mayoría holgada. La Corona, la Regente, el
Rey, decidía cuándo se debía producir el cambio, cali-
brando la correlación de fuerzas entre uno y otro parti-
do y dictaminando la hora del relevo.

66
VARELA ORTEGA, J. Opus Cit., pág. 180
67
TUSELL, J. y otros, “Política y sociedad en la España del siglo XX”,
Madrid, 1978, pág.12.
68
CARNERO, T. “Política sin democracia en España” en Revista de
Occidente nº83, págs. 43-58, Madrid, 1988.
49
En definitiva, la monarquía se reservaba un am-
plio espacio de poder a través de la denominada “pre-
rrogativa regia”, reconocida en la Constitución y que su-
ponía la facultad de nombrar y separar libremente a los
ministros, conceder la disolución de las Cortes o la sus-
pensión de las sesiones y, en definitiva de “controlar en
última instancia los actos del ejecutivo con la posibili-
dad de negar su firma a los reales decretos” 69 . De este F F

modo, la legitimidad política durante el periodo restau-


rador se encontraba en la confianza otorgada por el mo-
narca a determinado partido, a determinado líder y en
determinado momento de crisis, ya fuera de gobierno o
del propio partido turnante. Esta situación beneficiaba a
los políticos que “aprenden a convivir y a aprovecharse
de ella de tal modo que sólo buscan en el Palacio la
consecución del poder y no dudaban en invocar la regia
prerrogativa para conseguirlo” 70 . F F

Para ello, no dudarán en utilizar el pacto, como


medio, para conseguir una alternancia en el poder que
asegure la no injerencia militar y el golpismo de partido
de épocas anteriores. Utilizando las armas ancestrales
del caciquismo, liberales y conservadores, e incluso los
otros partidos excluidos, los no dinásticos, harán del
turno pacífico una sucesión de llegadas y salidas del po-
der, enmascarando, a través de distintas Leyes Electo-
rales, la voluntad de un pueblo analfabeto 71 , fundamen-
F F

69
LARIO GONZÁLEZ, Mª A. “La Corona en el régimen politico de
1876”, en Espacio, Tiempo y Forma, Serie V, Hª Contemporánea,
t.6, Madrid,1993, pág.208
70
LARIO GONZÁLEZ, Mª A. Opus Cit. pág. 210
71
En el Anuario Estadísitico de 1912, el nº de personas que no sa-
ben leer ni escribir se aproxima, en la provincia de Ávila, al 61% del
total de la población.
50
talmente agrario, desmovilizado y desprovisto de cultu-
ra política, que va a dar lugar a uno de los espectáculos
más deprimentes de la sociología política española con-
temporánea 72 .
F F

Sin embargo, no es cuestión de moralizar sobre


los comportamientos políticos el objeto de nuestro tra-
bajo, sino de contextualizar tales comportamientos y si-
tuarlos frente a las normas, leyes, y en último término,
frente a la constitución, lo que será un dato científico
con el que ponderar "la ética individual y social de la
clase política de la Restauración" 73 . F F

A este proceso, no era ajena la prensa, que en


continuos artículos de opinión reflejaba estas negocia-
ciones y continuos pactos, siempre dentro de la pers-
pectiva de estabilidad que aquellos proporcionaban y a
la que acudían cuando el panorama político parecía en-
sombrecerse:

"No mirando el asunto con pasión, no hay otro reme-


dio que reconocer que en la provincia de Avila, la paz
y el acuerdo existentes entre fusionistas y silvelistas,
hoy por hoy, da origen a beneficios positivos e indu-
dables."
"Hoy, en la provincia de Ávila podemos leer con indi-
ferencia el decreto, próximo a publicarse, de disolu-
ción de Cortes, porque podemos contar con la casi
seguridad de que no habrá lucha electoral y que la
designación de nuestros futuros representantes en

72
JUTGLAR, A., "Ideologías y clases en la España contemporánea
(1874-1931), Madrid, 1973, pág.88
73
JOVER ZAMORA, J.M., "La época de la Restauración. Panorama po-
lítico-social, 1875-1902", en Hª de España, dirigida por TUÑÓN DE
LARA, M., Tomo 8, pág.299
51
Cortes hárase en beatífica calma y pacífica tranquili-
dad". 74
F

Pero, ¿cómo era posible que se contemplara esta


manipulación de una forma tan transparente sin que se
alzara la voz? Además de las experiencias de desorden
pasadas, creemos que la razón tiene un carácter marca-
damente estructural. España no era un país movilizado
políticamente, la gran mayoría de la población vivía en
zonas rurales, dedicada, en su mayor parte, a una agri-
cultura de subsistencia o cerealística, en gran medida
desfasada y anacrónica 75 , que seguía viviendo en condi-
F F

ciones precarias y alejada de los círculos culturales e in-


formativos. Si a esto unimos el elevado índice de anal-
fabetismo y la falta de infraestructura en comunicacio-
nes, nos encontraremos con un país atrasado social y
culturalmente y, lo que a nosotros nos interesa, política-
mente profano, y por tanto, claramente influenciable en
materia electoral.

Antes se han mencionado las prácticas caciquiles.


Sería necesario, antes de avanzar, qué entendemos por
caciquismo. Básicamente, su noción está relacionada
con el concepto de poder, pero un poder de hecho, fác-
tico, en un grupo o grupos de personas. Este poder pue-
de tener, o no, un origen económico, pero también pue-
de ser consecuencia de un prestigio social o profesional.
Ante este poder de "facto" están los otros, los que no lo
tienen pero lo necesitan para alcanzar algún bienestar
social o laboral; la forma de conseguir que los que tie-
nen el poder lo utilicen en su favor es a través de una
74
EL ECO DE LA VERDAD, 12-I-1898
75
SÁNCHEZ ALBORNOZ, N. "Castilla, el neoarcaísmo agrario (1890-
1930)", en "La Modernización económica de España. Compilación,
Madrid, 1985, págs.287-299.
52
contraprestación, de un clientelismo, que puede ser in-
dividual o colectivo. Los principales favores que se pi-
den son los relacionados con la administración, que, por
las causas mencionadas anteriormente, se encuentra
distante del individuo e inaccesible en sus formas. El
cacique, aquella persona con influencias, pone la admi-
nistración al alcance del individuo, que le devolverá el
favor cuando se le pida, en nuestro caso ante unas
elecciones.

Si nos detenemos en el asunto, podemos apreciar


la existencia de una especie de servilismo, más propio
de un país subdesarrollado, en la que la actitud del caci-
que se asemeja a la del señor feudal hacia sus vasa-
llos 76 . En este sentido hay quien ha visto en estas acti-
F F

tudes una persistencia del pasado. 77 F

Quizá el enfoque es demasiado simplista. Los di-


ferentes estudios sobre el tema ahondan en la descrip-
ción conceptual del término 78 , pero es esta, quizá, la fa-
F F

ceta que mejor explica la práctica caciquil electoral. Por


supuesto que existen otros métodos, más expeditivos y
fuertes, para socavar la voluntad del "ciudadano" ante
las elecciones: la compra de votos y la imposición de
los mismos por métodos coercitivos son también, en se-
gún que latitudes, puestos en práctica hasta el final de

76
LINZ, J.J., "El sistema de partidos en España", Madrid, 1979, pág.
29
77
YANINI, A. "La manipulación electoral en España: sufragio univer-
sal y participación ciudadana (1891-1923). Revista "Ayer", nº3,
1991, págs. 99-114
78
DARDÉ, C. "La implantación de la democracia en la España de la
Restauración", en Revista de Occidente nº50, 1985, págs. 115-126

53
la Restauración, incluso en la misma provincia de Ávila
encontramos este tipo de experiencias.

Sin embargo, como antes se apuntaba, la socie-


dad asumía este "mal menor" a cambio de estabilidad
política y social. Esto no quiere decir que no se alzaran
voces en contra del sistema, voces que, paradójicamen-
te, lo criticaban, pero no se oponían de hecho a él, ya
que el favor podía extenderse a toda la comunidad:

"Deseamos a la vez que la ree-


lección produzca a la vez grandes y positivos
beneficios a la provincia, que tiene derecho a
demandar de sus representantes constante
apoyo y protección para que los poderes pú-
blicos se acuerden de que (sic) también los
pueblos de este rincón de Castilla son acree-
dores a la obtención de los favores oficiales
que los gobiernos, casi siempre mecánica e
inequitativamente, reparten en forma de sub-
venciones para construir edificios públicos,
como escuelas o de concesión de otra clase
de obras como carreteras, caminos y canales.
A la obtención de esta clase de favores
es a lo que deben aspirar los Sres. Silvela
(Fco. y Fco. Agustín), Amat y Albornoz" 79
F

79
EL ECO DE LA VERDAD, 11-1-1898
54
4. EL PROCESO ELECTORAL.-

55
De los elementos fundamentales para cualquier
estudio electoral, por poco riguroso que sea, destacan
las leyes sobre las que se asientan y enmarcan toda la
actividad de los comicios, y el análisis del cuerpo elec-
toral, al que, en teoría, en nuestro caso, le corresponde-
ría el papel protagonista al ser el artífice de los mismos.

4.1. La normativa electoral: Constitución de


1876 y Ley Electoral de 1890.-

La primera de las condiciones que sirve para defi-


nir un sistema político es la participación de los indivi-
duos que lo integran en el proceso que conduce a la for-
mulación de decisiones 80 . Esta participación viene de-
F F

terminada por las distintas normativas electorales, le-


yes que ordenarán el proceso electoral y concretarán la
representación efectiva del pueblo español. Ciertamen-
te, la burguesía, durante todo el siglo XIX, intentará in-
troducir reglamentos electorales que aspiran a moderar
el proceso electivo, conforme a su idea de representa-
ción nacional, frente a la representación sectorial del
Antiguo Régimen, en la que los representantes, reuni-
dos en varios brazos, representaban a sectores distintos
de la sociedad.

Desde 1810 (Instrucción que deberá observarse


para la elección de diputados a Cortes), hasta 1890
(Ley Electoral de 26 de Junio de 1890), se sucederán in-
tentos por preceptuar el proceso electoral, pero es a
partir de la revolución de 1868, cuando los legisladores
liberales asumirán la reivindicación política del sufragio
universal. En el momento que finaliza la revolución, con
80
ARTOLA, M. "Partidos y programas políticos, 1808-1936", 2 Tomos, Ed.
Aguilar, Madrid,1974, pág. 41
56
el caos subsiguiente, el equipo conservador de Cánovas
retrocede al sufragio censitario, para llegar, después del
asentamiento del sistema, a la promulgación del Sufra-
gio Universal masculino, no sin reticencias dentro del
partido conservador y de algunos sectores del liberal.
Estos grupos generaron en el parlamento calurosas dis-
cusiones, a favor y en contra de la ley, que llegaron a
degenerar en tumultos que en ocasiones llegaron hasta
el insulto y la agresión personal 81 , y a las amenazas de
F F

alzamiento militar, pero el gobierno de Sagasta se im-


puso con su mayoría en el Congreso y la ley fue promul-
gada.

La Constitución de 1876, anterior a la ley electo-


ral, dejaba abierta la posibilidad de legislar a favor de la
forma del sufragio, mediante el desarrollo de una ley
electoral posterior. El artículo 28 era muy explícito res-
pecto a este tema: "los diputados se elegirán y podrán
ser reelegidos indefinidamente por el método que de-
termine la ley". No es extraño, por tanto, las luchas dia-
lécticas en los debates previos a su promulgación, entre
los partidarios del sufragio censitario (al que creían ver
como el frente contra la introducción del socialismo en
el sistema) y los seguidores del sufragio universal (con
el que solucionaban sus problemas domésticos, en es-
pecial los liberales, a la vez que atraían a sus filas a los
republicanos moderados).

El número de diputados a elegir no aparecía en la


Constitución como un número fijo, dejando a la futura
ley la posibilidad de ampliarlo o reducirlo y atribuyendo
81
GONZÁLEZ MUÑIZ, M.A. "Constituciones, Cortes y Elecciones Es-
pañolas. Historia y anécdota (1810-1936)", Ed. Júcar, Madrid, 1978,
pág. 200
57
a las juntas electorales su nombramiento. Sí que marca-
ba la carta magna el número mínimo de un diputado
por cada "cincuenta mil almas de población" (art. 27) y
la duración de su mandato, cinco años (art. 30), dejan-
do las incompatibilidades de los diputados y los casos
de reelección para la posterior ley electoral (art.29).

Así las cosas, la Ley Electoral de 26 de Junio de


1890 se configuró en torno a seis títulos, cinco artículos
adicionales y dos disposiciones transitorias. Los títulos
recogían los derechos electorales (I), todo lo relaciona-
do con el censo electoral (II), la distribución de los dis-
tritos y colegios electorales (III), la constitución de las
mesas electorales (IV), el procedimiento electoral en sí
(V) y las sanciones penales por actos contrarios al dere-
cho electoral (VI). Sin entrar en mayores pormenores
(no es el motivo de este trabajo), la importancia de la
ley residía en la conformación que se daba a los distri-
tos electorales, a las mesas y al procedimiento electo-
ral.

Los distritos electorales, de fecha 1 de Enero de


1871, se configuraron como cuatro: Arenas de San Pe-
dro, Arévalo, Ávila y Piedrahíta. Los cuatro distritos com-
binaban zonas muy rurales con otras más urbanizadas.
Un ejemplo de esto es el distrito de Ávila, formado por
la capital de la provincia y un extenso territorio confor-
mado por un total de 72 poblaciones más, algunas muy
poco pobladas. Pero lo mismo podríamos decir del res-
to, articulados alrededor de poblaciones más o menos
numerosas, Barco de Ávila, Piedrahíta, Arenas de San
Pedro o Arévalo, aunque de ningún modo urbanas.

58
El mapa de distritos electorales (Anexo I) muestra
la división, por otro lado un tanto arbitraria, realizada
en 1871 y que perduró hasta la IIª República, a pesar de
los sucesivos cambios de las leyes que regularon las
elecciones a diputados. Estos distritos electorales, en
principio, se corresponden, para el de Ávila, con el parti-
do judicial de Ávila, para el de Arenas de San Pedro, con
los partidos judiciales de Arenas y Cebreros, el de Aré-
valo coincide con su partido judicial, mientras que el de
Piedrahíta está formado por los pueblos pertenecientes
a los partidos de Piedrahíta y Barco de Ávila. El partido
judicial de Cebreros se divide entre los distritos electo-
rales de Arenas de San Pedro y de Ávila. También el par-
tido judicial de Piedrahíta contiene modificaciones, re-
partiéndose entre los distritos electorales de Ávila y el
propio de Piedrahíta. El partido judicial de Barco de Ávi-
la, se integra totalmente en el distrito electoral de Pie-
drahíta. Los pueblos y localidades afectadas por este
cambio administrativo, serán los reflejados en el Anexo
II de este trabajo, la configuración exacta de los distri-
tos electorales abulenses, que fueron la base para las
elecciones, está recogida en el Anexo III..

En cuanto a la distribución de la población por dis-


tritos, es necesario señalar, como se ha dicho, la gran
cantidad de núcleos rurales de cada uno de ellos. En los
siguientes cuadros encontramos la evolución de pobla-
ción y de electores en los años de estudio:

59
Cuadro nº VI
Evolución de la población de los distritos electorales abu-
lenses
(1887-1910)

Población Población Población


núcleos de
según según según censo
población
censo 1887 censo 1900 1910
Arenas de 32 44.609 48.355 53.698
S.
Arévalo 88 46.219 45.832 47.558
Ávila 73 52.041 54.092 56.110
Piedrahíta 77 51.989 52.289 52.663
TOTAL 270 194.858 200.568 210.029

El crecimiento intercensal de los distritos fue el si-


guiente:

Cuadro nº VII
Crecimiento intercensal de los distritos electorales abulen-
ses (1887-1910)

1887-1900 1900-1910
Arenas de S. + 3.746 + 5343
Arévalo - 387 +1.726
Ávila + 2.051 + 2.018
Piedrahíta + 300 + 374

Nos encontramos, por tanto, ante unos distritos


claramente rurales, en los que los núcleos urbanos son
escasos y poco numerosos. Ávila, la capital de provin-
cia, Arévalo y Piedrahíta aglutinan en torno a ellos un
número muy elevado de núcleos rurales, más del doble
que el distrito de Arenas de San Pedro, aunque este últi-
60
mo cuenta con muchas localidades que pasan de los mil
habitantes.

El cuadro nº VIII refleja la dispersión y el número


de localidades en cada distrito electoral.

Por otro lado, la ley electoral, en su artículo 22, in-


troducía una división en los distritos al crear las seccio-
nes electorales en cada término municipal, constituyen-
do, cada quinientos electores una nueva sección. En el
caso de Ávila, lógicamente, los municipios con más sec-
ciones electorales fueron el de la capital y los pueblos
cabezas de partido y/o distrito, por otro lado, los más
poblados de la provincia.

Las votaciones en cada sección electoral estaban


presididas por una mesa (artículo 36) compuesta por un
presidente, los interventores nombrados por la Junta
provincial del censo y por los interventores designados
por los candidatos. La presidencia de esta mesa recaía
en el alcalde del municipio donde estuviera enclavada
la sección electoral, o los tenientes de alcalde o alcal-
des de barrio, por lo que no es extraño que ante una
convocatoria electoral las suspensiones de alcaldes y
concejales tuvieran en este momento su punto más ál-
gido 82 y el partido convocante intentara "colocar" sus
F F

interventores en cada sección. En el caso de que no hu-


biera interventores, la ley permitía el nombramiento de
interventores con electores que estuvieran en el local
de la votación, con preferencia a los mayores que su-
pieran leer y escribir, (artículo 44), por lo que no resulta
muy difícil inferir que en numerosas ocasiones, las me-
82
MORENO LUZÓN, J. "Romanones.Caciquismo y política liberal".
Alianza Editorial, Madrid, 1998, pág. 165
61
sas estuvieron constituidas por personas próximas a las
candidaturas, con todo lo que esto tiene de manipula-
ción. Como de manipulación tiene el hecho de que los
votantes no necesitaban acreditarse ante la mesa, ya
que con decir su nombre, y estar en la lista del censo,
se les admitía el voto (artículos 47 y 48). Ni que decir
tiene, que la configuración de las mesas con "amigos
adictos" y personal político afín, influyó sobremanera en
las votaciones, y no es extraño, por tanto, las acusacio-
nes de "haber hecho votar a los muertos", tan prolífcas
en la historiografía electoral y en los comentarios coetá-
neos, cuando no en las propias actas electorales 83 . F F

En resumen, la ley, que en su desarrollo formal


aparecía como perfectamente legal, fomentaba una se-
rie de situaciones que, en el sistema clientelar de la
Restauración, llevaban al incumplimiento de la misma,
principalmente porque los principales partícipes del pro-
ceso electoral eran los mismos que entraban en la lu-
cha política, bien personalmente, bien a través de los
distintos interventores y personajes que controlaban
todo el proceso.

83
AHP, sección Diputación, legajo 3027: en el acta de escrutinio del
distrito de Arenas de San Pedro, en 1901, se recogen las reclama-
ciones de la sección electoral de Cuevas del Valle, acusando de ha-
ber votado personas ya fallecidas.
62
Cuadro nº VIII
Nº de localidades según población, por distritos electorales

8 0 1 8 0 1 8 0 1 8 0 1 8 0 1 8 0 1 8 0 1
Censos
7 0 0 7 0 0 7 0 0 7 0 0 7 0 0 7 0 0 7 0 0
1
Arenas - - - 3 8 6 - -
5
6 1
Arévalo 1 6 2 - -
3 5
4 2
Ávila - 9 2 - 1
0 1
Piedrahí- 2 3 1
- 1 - -
ta 9 4 1
135

78

41

11

1
Totales 1

-de 100 101-500 501- 1.001- 2.001- 5.001- 10.001-


h. h. 1.000 h. 2.000 h. 5.000 h. 10.000 h. 50.000 h.
(Elaboración propia a partir de los censos de población de 1887, 1900 y 1910)
4.2. El Censo electoral.-

La primera consecuencia de la aprobación de la Ley


del Sufragio Universal es, por supuesto, el aumento del
censo electoral. En 1884 el censo electoral de la provincia
de Ávila estaba compuesto por 10.457 personas 84 , es de- F F

cir el 1,29% de la población. Las elecciones de 1891 am-


pliarán el censo hasta las 45.809 personas, el 23,17% de
la población, un salto tanto cualitativo como cuantitativo,
ya que masas enteras de población adquieren el derecho
al sufragio, cifras que se irán incrementando con el paso
del tiempo hasta alcanzar, como media, a un cuarto de la
población.

El cuadro nº IX recoge el nº de electores en las dis-


tintas convocatorias 85 , distribuidos por los distritos electo-
F F

rales:

84
MARTÍNEZ CUADRADO, M. “La burguesía conservadora (1874-
1931)”, Alfaguara, Madrid, 1974, pág.59
85
Boletines Oficiales de la Provincia de Ávila, en los años correspon-
dientes.
Cuadro nº IX
Nº de electores en los distritos en las 9 convocatorias electorales

1891 1893 1896 1898 1899 1901 1903 1905 1907


Arenas 10.662 10.858 11.047 11.292 11.220 11.250 11.564 11.863 12.055

Arévalo 10.662 10.743 10.671 10.680 10.741 10.805 10.947 11.263 11.263

Ávila 12.095 12.151 12.287 12.295 12.345 12.557 12.434 12.422 13.206

Pie- 12.390 12.459 12.802 12.850 12.849 12.937 12.997 13.559 13.636
drah.
Total 45.80 46.21 46.80 47.11 47.15 47.54 47.94 49.10 50.16
9 1 7 7 5 9 2 7 0
En porcentajes sobre el total de la población de los
cuatro distritos electorales, tomando como naturaleza los
censos de 1887 y 1900, el cuadro nº X refleja la importan-
cia creciente (en número) del censo electoral en las elec-
ciones del sufragio universal, acercándose a la cuarta par-
te del total de la población:
Cuadro nº X
Porcentajes de votantes, en las distintas convocatorias, sobre el total de la población
(en base a los censos de población de 1887 y 1900)

1891 1893 1896 1898 1899 1901 1903 1905 1907


Arenas 23,90 24,34 24,76 25,31 25,15 23,26 23,91 24,53 24,93
Arévalo 23,06 23,24 23,08 23,10 23,23 23,57 23,88 24,57 24,57
Ávila 23,24 23,34 23,61 23,62 23,72 23,21 22,98 22,96 24,41
Piedrah. 23,83 23,96 24,62 24,71 24,71 24,74 24,85 25,93 26,07
Según la ley (artículo10), la formación, revisión, cus-
todia e inspección del censo electoral era atribución de las
diferentes Juntas del Censo, central, provincial o munici-
pal, compuestas por personajes políticos, en ocasiones in-
volucrados en las mismas elecciones y pertenecientes, en
su mayoría, a los partidos en lucha. En el caso de la junta
provincial su composición era la siguiente: el presidente
de la Diputación Provincial, ex presidentes y ex vicepresi-
dentes de la misma y cuatro diputados provinciales en
ejercicio, estando la municipal compuesta por los indivi-
duos del ayuntamiento y los ex alcaldes 86 . F F

El proceso de elaboración era atribuido a las entida-


des locales: El ayuntamiento confeccionaba el censo elec-
toral, con las inclusiones y exclusiones "pertinentes" y la
Junta Municipal, en el que aquel era mayoritario, recibía
las posibles reclamaciones que debían ser decididas por la
Junta Provincial. No era extraño, por tanto, que el censo
no reflejara su realidad, ya que en caso de desacuerdos
en su preparación, existía la posibilidad de recurrir a la
Audiencia, la cual podía condenar en costas al demandan-
te, amenaza que, sin duda, pudo hacer desistir a más de

86
A manera de ejemplo, reproducimos la Junta Provincial del Censo,
publicada en el B.O.P. de Ávila el 31-3-1892, en ella figura como políti-
co emergente el posterior diputado Nicolás Sánchez Albornoz, por en-
tonces miembro de la Diputación Provincial:
Presidente : Felix Bragado
U U

Ex Presidentes de la Diputación : F. González Jiménez, A. Valcarcel y


U U

Osorio, Jerónimo Marazuela y Román Martín Bernal.


Ex Vicepresidente : Pedro Muñoz Morera
U U

Diputados en ejercicio : Nicolás Sánchez Albornoz, V. Varas Malpartida,


U U

F. Iparraguirre y B. Martín Bermúdez.


Un estudio más exhaustivo de la composición de esta Junta Provincial
del Censo a lo largo de las distintas convocatorias electorales, nos lle-
varían, sin duda, a una relación profunda entre sus componentes y los
candidatos a las elecciones, todos ellos personajes de la burguesía
abulense.
un ciudadano excluido 87 . No debe parecernos extraño,
F F

por lo tanto, las fluctuaciones en el número de ciudadanos


con derecho a voto en cada convocatoria electoral.

Desgraciadamente, no disponemos de datos que


nos ayuden a configurar la distribución socio-profesional
de los censos electorales, lo que sin duda contribuiría, en
gran medida, al conocimiento efectivo de la gran masa de
electores y la dependencia de los mismos con respecto al
grupo o grupos de presión a los que pertenecieran o de-
pendieran, explicando así su participación (o inhibición)
en los procesos electorales de la época.

Sin embargo, a grandes rasgos, sí podemos inferir a


través de los censos de población, que un elevado número
de electores eran ciudadanos del ámbito rural, y por tanto
sujetos a algún tipo de dependencia, bien de los propieta-
rios de la tierra que cultivan, bien, en el caso de ser pro-
pietarios, de las autoridades locales, bien de la iglesia y su
influencia inmediata en los pueblos. Esta dependencia
pudo adquirir tintes económicos o sociales, y aunque no
disponemos de documentación, lo que queda claro es que
a través de la misma, los notables locales influirían en su
comportamiento electoral, ya sea en la obligación del voto
hacia determinado candidato, o, por el contrario, a la ne-
gación de la asistencia a las urnas, todo esto existiendo, o
no, medidas coercitivas o de extorsión.

El conocimiento de estos censos electorales se con-


sidera necesario, si no imprescindible, para acercarnos a
la realidad electoral provincial y la posible explicación de
los comportamientos políticos de la misma, sin embargo
este ideal parece imposible en nuestro caso, ya que en
toda la documentación consultada no aparecen más que
87
ARTOLA, M. "Partidos y programas políticos", tomo I, pág. 60
69
los listados de los electores (y sólo en determinadas con-
vocatorias electorales), sin ninguna referencia a su ocupa-
ción, y por tanto, a su posible clasificación en un determi-
nado estrato social, que nos ayude a comprender las rela-
ciones sociales entre administradores y administrados.

Con todo, y a riesgo de poder equivocarnos al no


disponer de un soporte documental, creemos que, al igual
que en otras localidades y regiones españolas 88 , en la pro-
F F

vincia abulense no podemos hablar del comportamiento


electoral del censo, sino de la existencia de "cacicatos",
entendidos como áreas de influencia personalista. Es en
ellos donde debemos buscar la composición real del cen-
so, el cual se mueve en función de las órdenes e influen-
cias de los "monopolizadores de la vida política: los perso-
najes que ocupan los puestos administrativos, políticos y
judiciales"; serán estos los que distribuirán el censo en el
momento de la votación según los intereses en juego.

4.3. La práctica electoral.-

Una vez analizados los factores de influencia del sis-


tema electoral, es conveniente observar como estaban or-
ganizados los partidos políticos, cuáles eran los que entra-
ban en liza en la provincia de Ávila, cómo organizaban las
campañas electorales y a qué métodos se recurría para
asegurarse el triunfo en las elecciones, en definitiva, se
trataría de examinar los procedimientos electorales en
nuestro periodo de estudio.

4.3.1 Organización de los partidos.-

88
TUSELL, J. "Oligarquía y caciquismo en Andalucía", pág. 75
70
No podemos buscar en los partidos políticos de fin
de siglo comparación alguna con los que conocemos ac-
tualmente. La razón fundamental de esta afirmación es
que aquellos estaban constituidos por notables, persona-
jes socialmente influyentes, ya sea a costa de su prestigio
profesional o económico, ya a través de otros mecanismos
sociológicos, entre los que se encontraban el "reparto de
beneficios" de su acción política 89 .
F F

Estas personalidades, políticos profesionales, confi-


gurarán los partidos en torno a ellos, es decir, no vamos a
encontrarnos con partidos de opinión y agrupaciones ideo-
lógicas, basadas en masas de seguidores y con una es-
tructura de carácter democrático 90 , sino con grupos políti-
F F

cos o individuos alrededor de figuras mayores cuyo único


fin es el disfrute del poder, ya sea en el ámbito local, pro-
vincial o nacional. Quizás sea Varela Ortega el historiador
que mejor ha definido a estos personajes, tan influyentes
en la política española de la Restauración: "Estos patronos
políticos pasaron a la jerga del oficio con el nombre de ca-
ciques, eran los jefes locales de los partidos y de ellos de-
rivaba su poder. Poder que, concretamente, se basaba en
su habilidad para manipular la maquinaria administrativa
en beneficio propio y en el de la clientela" 91 . En definitiva,
F F

nos parece indiscutible la afirmación que el profesor Tusell


aportaba para Andalucía, asegurando que los partidos po-
líticos de final de siglo no eran sino un conjunto de clien-
telas "basadas en el favor y con una estructura piramidal
en el que el poder procede fundamentalmente de

89
DARDÉ, C. "El Sistema político y las elecciones", en TUSELL, J. Y
PORTERO, F. (edit.) "Antonio Cánovas y el sistema político de la Res-
tauración", Madrid, 1998, pág. 111-135
90
TUSELL, J. "Oligarquía y caciquismo en Andalucía, 1891-1923", pág.
73
91
VARELA ORTEGA, J. "Los amigos políticos...", pág. 436
71
arriba" 92 , opinión extrapolable, en su conjunto, a los parti-
F F

dos políticos de la provincia de Ávila.

La estructuración de los partidos en comités, siem-


pre alrededor de las figuras políticas más importantes, ya
sea locales, provinciales o nacionales, es otro dato para
comprender la morfología partidista. Presididos por el no-
table de más alto rango, le siguen como miembros del co-
mité los colaboradores más cercanos de aquel, jefe del
partido en el ámbito en el que nos movamos. En un pri-
mer momento, los comités son presididos por el jefe na-
cional, al que siguen el provincial y el local, en una estrati-
ficación puramente piramidal; es el caso del comité liberal
de la localidad de Ávila, que en 1899 está constituido por
los siguientes personajes:

Presidente de Honor: P. M. Sagasta


Presidente provincial: Ramón Castillo y Gª Soriano
Vocales: Joaquín García Ocaña
Felix Sánchez Albornoz
José Álvarez Portal, etc. 93
F

Otro tanto podíamos decir del partido conservador,


que, aunque no tenemos referencias de su organización
provincial, se reunía en torno, de la misma manera que el
liberal, de personajes de reconocido prestigio social, pro-
fesional o económico, como es el caso del Marqués de
Casa Muñoz 94 . Por otro lado, la inexistencia de locales en
F F

donde reunirse (por carecer los partidos de afiliados en el


92
Op. Cit. pág. 73
93
El Diario de Ávila, 21-3-1899, no hemos querido seguir reproducien-
do la lista por razones de espacio, pero los nombres que aparecen
configuran la elite social, en este caso, abulense. Si dispusiéramos de
la lista de todos los comités de las localidades más importantes, ten-
dríamos en nuestras manos la configuración del personal político de
la época. Desgraciadamente, esto no es posible por la escasez de
fuentes.
94
El Diario de Ávila, 16-3-1899
72
sentido moderno del término, con el consiguiente pago de
cuotas y la disponibilidad de fondos) hacía que estos co-
mités se citaran en las casas particulares de los jefes de
las organizaciones, siempre en momentos muy puntuales,
ya fuera en períodos de crisis o en el proceso de "elabora-
ción de elecciones". Nada, por lo tanto, que recuerde a la
existencia de sedes o lugares de encuentro de simpatizan-
tes, hasta bien entrada la segunda decena del siglo XX.
Como corresponde a una estructuración típicamente pira-
midal, nada hay que nos indique que estos comités tuvie-
ran capacidad de decisión en asuntos políticos de trans-
cendencia, bien al contrario, las determinaciones impor-
tantes eran tomadas en Madrid por el alto personal políti-
co 95 .
F F

Del mismo modo que los partidos del turno, el resto


de los partidos políticos abulenses se configuran de la
misma manera, siempre a la cabeza de aquellos un perso-
naje influyente o con capacidad para influir. Es el caso del
comité republicano de 1903, presidido por el editor y pe-
riodista Jorge Navarro y Almansa 96 , constituido en un mitin
F F

al que asistieron 105 personas, una cifra considerable


para la época y que entraña una capacidad de moviliza-

95
Son frecuentes las noticias en la prensa de los viajes que los miem-
bros de los comités realizan a Madrid para "recibir instrucciones". Es
el caso del comité liberal citado anteriormente, que viaja a la capital
"a recibir instrucciones de Sagasta".
96
Jorge Navarro y Almansa fue editor y periodista de publicaciones
abulenses de ideología republicana desde finales de los años ochenta
del siglo XIX. Entre sus aportaciones a la prensa del momento desta-
can "El Garrote" (1882-85), "El Incensario" (1885-86), "El porvenir re-
publicano" (1890), "La República Española" (1894-95), "El Heraldo de
Ávila" (1896) y "El Zumbo" (1897). Todos son periódicos o revistas con
un claro componente satírico, aunque no desprovistos de ideología re-
publicana. Vid. FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ, M., "Prensa y Comunicación
en Ávila..." págs. 488-492
73
ción importante además de nuevos modos, más moder-
nos, a la hora de la elección de cargos 97 . F F

La configuración de estos comités nos va a dar la


clave de quién es quién en cada ámbito espacial. Dicho de
otro modo, la estructura del partido, a escala local, nos
ayudará a comprender quiénes son los artífices de la in-
fluencia política, en suma, quiénes son los caciques del lu-
gar en cuestión, y por tanto quiénes son los personajes
políticos que controlan la vida política y social de esa po-
blación o localidad. Sin embargo ese no es el objeto de
nuestro trabajo, por lo que dejaremos esta cuestión para
otros momentos en que así lo requiera la investigación,
aportando este punto como hipotética línea investigadora
para próximos estudios.

Aunque someramente, ya se han indicado cuáles


eran los partidos de influencia en la provincia de Ávila.
Dentro del partido conservador, las filas silvelistas tuvie-
ron en la provincia uno de sus más destacados feudos, no
sólo porque el artífice de la defección conservadora fuera
diputado por el distrito de Piedrahíta, sino porque la ma-
yoría de los personajes políticos conservadores provincia-
les siguieron a aquel, hasta el punto de que los conserva-

97
El Diario de Ávila, 14-4-1903, en el mitin republicano es designado
el comité republicano: Presidente, Jorge Navarro, Vicepresidente: Luis
Álvarez Morete, Vocales: Eduardo García Godino, Isidro San Segundo,
Federico Santos y Gregorio Resina. Secretario: Adrián Medrano. Este
comité provincial es refrendado por los escritos publicados en El Dia-
rio de Ávila el 28-4-1903, enviados por Ortiz y Ferrero, de Piedrahíta y
Barco, lo que nos hace suponer que estas localidades, al igual que
otras muchas de menor importancia, no asistieron a la designación
del comité. En el mismo ejemplar de la prensa, se recoge la intención
de los republicanos de organizarse en comités locales que depende-
rán del provincial ya citado.
74
dores abulenses pasaron a denominarse silvelistas, rene-
gando continuamente de su origen canovista 98 . F F

Del mismo modo que el partido conservador, los li-


berales contemplan el fraccionamiento del partido en dos
tendencias, sobre todo a partir de la crisis del 98. Los fu-
sionistas abulenses en su mayoría pasan a las filas gama-
cistas, que, con el tiempo, se integrarán en el nuevo parti-
do conservador; tan sólo su antiguo jefe provincial, Ramón
Castillo, junto con un puñado de "amigos" seguirán fieles
a la disciplina de Sagasta, primero, y a la de Alba, poste-
riormente 99 . Como se aprecia, en los dos grandes partidos
F F

del turno las desavenencias no provienen de la concep-


ción política defendida por los disidentes, sino por el aglu-
tinamiento personal en torno a determinados personajes
políticos, reafirmando, así las características personalistas
ya definidas de los partidos abulenses, similares a los de
ámbito nacional, si bien es cierto que los gamacistas pre-
sentaban características propias en torno al proteccionis-
mo.

En cuanto a los partidos fuera del turno, republica-


nos y carlistas, tuvieron cierta y puntual influencia en la
provincia 100 , aunque electoralmente no se vieron refleja-
F F

dos, reduciendo su presencia a un voto marginal y extre-

98
El Diario de Ávila, 3-12-1898: "(...) ¡Bien hizo el Sr. Silvela, en aban-
donar el edificio conservador donde se elaboraban todas las ruinas y
todas las desgracias nacionales!"
99
El Diatio de Ávila, 22-2-1899: "Casi todo el fusionismo de Ávila ha
seguido al diputado de Medina y el Sr. Sagasta se ha visto abandona-
do y sin más compañía que la de sus antiguos amigos, de los cuales
los más prestigiosos son los Sres. Soriano y Albornoz (Felix)"
100
Es el caso de los republicanos, los cuales, como hemos visto, son
capaces de aglutinar en un mitin a cientos de personas pero incapa-
ces de reproducir su fuerza en las sucesivas convocatorias electora-
les.
75
madamente reducido. La influencia de los partidos dinásti-
cos (y de las personas que a ellos representaron) fue tal
en la provincia de Ávila que la aparición esporádica de los
que estaban fuera del turno se reducía a un grupúsculo de
personas, (como ya se ha visto en el caso de los republi-
canos), que tuvieron, en el pasado, cierto peso en la políti-
ca provincial y que se encontraban dispersos y desorgani-
zados en los primeros años del siglo XX y finales del
XIX 101 . En cuanto a los socialistas, su presencia es prácti-
F F

camente inapreciable hasta bien entrado el siglo en el que


aparecen los primeros síntomas de su aparición en el rue-
do político, aunque sin incidencia social ninguna 102 . F F

4.3.2 Las campañas electorales.-

Derivadas del escaso poder de penetración de los


partidos políticos en una sociedad desmovilizada y políti-
camente inexperta, las campañas electorales reflejan esta
atonía social. En una provincia eminentemente rural como
es Ávila, "lo más característico de la propaganda electoral
es su inexistencia" 103 . Las crónicas periodísticas no reco-
F F

gen actividad alguna que se asemeje a lo que entende-


101
La fragilidad de estos partidos extradinásticos queda perfectamen-
te recogida en El Diario de Ávila, 21-2-1899, al realizar un repaso de la
vida política abulense: "(...) el partido republicano, que durante algún
tiempo se mantuvo unido y compacto y, hasta hace algunos años lu-
chó siempre con energía, llegó a ver sus filas aclaradas de tal modo,
que hoy sólo cuenta en Ávila con el platónico amor de unas cuantas
personalidades, más o menos distinguidas y respetables (...) Los
amantes de la tradición (...) son en Ávila, como en el resto de España,
no pocos ni insignificantes. Hállense, sin embargo, dividido el tradicio-
nalismo en dos campos, carlista e integrista (...) [sus partidarios] se
encuentran aislados, sin organización y sin disciplina, y ajenos por
completo a las cosas políticas de cada día y cada momento(...)"
102
El Diario de Ávila, 26-4-1901: "(...) ¡En Ávila un candidato
socialista! ¿Quién será? (...)"
103
Op. Cit., pág. 191
76
mos en la actualidad por una campaña electoral, aunque
una doble lectura de las mismas nos aporta datos que
pueden ayudarnos a entender someramente cómo se rea-
lizaba esta acción, desvelando el innegable poder de la
prensa, al convertirse en verdadero tablón de anuncios de
la actividad política provincial.

Como centro de "operaciones" electorales, la capital


de la provincia se convertía en un auténtico hervidero que
rompía con la monotonía habitual de una ciudad adorme-
cida y tristona. Los ecos de sociedad de "El Eco de la Ver-
dad" y "El Diario de Ávila" recogen en sus páginas un tras-
fondo político innegable: las constantes llegadas a Ávila
de los personajes políticos, ya sean candidatos o amigos
de aquellos, que "vienen a pasar un merecido descanso a
nuestra capital". Puntualmente, los periódicos recogerán
su actividad, pequeños viajes, algún homenaje, algún ban-
quete con sus amigos políticos, loas a su actividad en la
corte y, por fin, su marcha de la ciudad, también recogida
en unas páginas que darán cumplida cuenta de quién le
acompaña y del "entrañable" acto de despedida del que
son objeto por autoridades y amigos.

Los banquetes homenaje y reuniones de encuentro


con los amigos son otra forma de hacer campaña, tam-
bién recogida en la prensa, aunque el contacto con los
electores se limite a la recepción y despedida. El banque-
te estaba reservado a los correligionarios, políticos locales
o personajes públicos. Citaremos, a manera de ejemplo,
por tratarse de las elecciones de 1901 las más documen-
tadas en la prensa abulense, el banquete del candidato li-
beral y cunero, Orueta, a su llegada a la capital 104 , donde
F F

se reúne con los "fusionistas más destacados de Ávila".


Estas reuniones, alejadas de los mítines, por cuantos los
104
El Diario de Ávila, 25-4-1901
77
convocados a las mismas no necesitan ser convencidos o
ilusionados por determinada acción política, desprenden
un halo propagandístico que suele recogerse en la prensa.
Así en el ejemplo anterior, el candidato Orueta establecía
promesas de cultivo de tierras improductivas ante sus co-
rreligionarios, aduciendo lo que "haga falta", para ganar
las elecciones 105 .
F F

Nada, por tanto, que nos recuerde los esquemas for-


males de los mítines, ni siquiera a su filosofía, ya que es-
tas reuniones no tienen un cometido de propaganda, en el
más estricto sentido, sino de aunar voluntades y plantear
estrategias de intervención en ayuntamientos y localida-
des. Así se explica, en nuestro caso, que en la reunión con
Orueta, el jefe del partido liberal, Ramón Castillo plantea-
ra "hacer la guerra sin cuartel a Silvela", o que se relacio-
nen "maniobras electorales" en determinados pueblos de
la provincia 106 , así como destituciones de personajes influ-
F F

yentes en sus actuaciones profesionales con claro ascen-


diente en el electorado rural 107 .
F F

Este tipo de actos se reproduce durante el período


electoral, aunque tampoco con gran profusión, llegando
incluso, a utilizar los resortes gubernativos con el objeto
de concentrar a los amigos adictos: secretarios y alcaldes
de los pueblos, en la capital al objeto de "preparar las
elecciones", sufragando los gastos de transporte y manu-
105
Ibídem. "De las elecciones, sólo os diré que no repararé en sacrifi-
cio; sino basta uno, dos, sino cuatro, si tampoco veinte, ciento mil, lo
que queráis, lo que parezca que haga falta..."
106
Ibídem. Se refiere a los cambios de alcaldía en varios pueblos del
sur provincial, distrito dominado por F.A. Silvela: La Adrada, Piedrala-
ves, Cebreros y Arenas de San Pedro.
107
Un día después, el 26 de Abril, el Diario de Ávila, da cuenta de la
destitución de Trifón Lobo, recaudador de contribuciones y amigo per-
sonal del contrincante de Orueta, F.A. Silvela Casado.
78
tención los propios candidatos 108 . No es extraño, por tan-
F F

to, que desde la prensa se censure y critique el desarrollo


de estos actos y el despilfarro que ocasionan:

"¿Cuánto tiempo perdido significan estos actos? ¿Por-


qué esta clase de reuniones, lejos de abundar en dema-
sía, no se dejan para las grandes ocasiones, en que el in-
terés de una clase o partido lo hiciera absolutamente ne-
cesario? 109 "
F F

Otro método de acción electoral son las múltiples re-


ferencias hemerográficas de los candidatos que "recorren
el distrito". Aunque no conocemos con exactitud estos
desplazamientos, podemos inferir que los objetivos de los
candidatos son variados, entre ellos el de asegurarse el
contacto directo con el distrito, bien por no frecuentarlo,
en el caso de los candidatos cuneros, bien porque, en
caso de conocerlo, el candidato necesitaba "cultivar" las
relaciones con las fuerzas vivas de los municipios, verda-
deros artífices de las elecciones, hacerse ver en un am-
biente distendido (charlas de café, paseos), y escuchar las
solicitudes personalizadas de los amigos políticos locales.
Éstos, a su vez, reforzaban su imagen frente al exterior, el
pueblo, al mismo tiempo que recogían el respaldo de los
candidatos, lo que aseguraba su prestigio en la localidad
de cara a sus futuras actuaciones. No son extrañas las no-
ticias como esta:

"El Sr. Conde de Crescende (...) ha comenzado a visitar


a los electores del distrito de Ávila y a repartir cartas
circulares pidiéndoles su voto en las próximas eleccio-
nes. Dícese que también empezará muy pronto a reco-
rrer personalmente los pueblos del distrito" 110
F

108
El Diario de Ávila, 5-5-1901, los secretarios y alcaldes son convoca-
dos y reunidos en el Gobierno Civil.
109
El Diario de Ávila, 20-4-1901
110
El Diario de Ávila, 29-3-1899
79
El paseo por el distrito es, por tanto, un engranaje
básico 111 en el edificio caciquil, por medio del cual se re-
F F

fuerzan las relaciones clientelares, tan necesarias para


"hacer las elecciones" al futuro diputado. Es tan vital este
medio de campaña que la mayoría de los candidatos recu-
rrirán a esta forma de acción como única arma electoral.
No obstante, el acercamiento a los electores se hace cada
vez más necesario ante lo que los candidatos visitaban
otros lugares y ámbitos, cada vez más abiertos, en donde
el contacto con los votantes era más directo, aunque no
sabemos si más efectivo 112 .F F

Dentro de la estrategia electoral también adquieren


importancia los manifiestos y comunicados en la prensa,
procedimientos que, aparentemente están desprovistos
de la más mínima ideología, tienen una naturaleza clara-
mente electoral. Aunque, como se ha dicho, no conllevan
una carga ideológica, ni ponen sobre la mesa las intencio-
nes de los partidos o los candidatos, iban dirigidos a todos
los lectores, lo que implica un acercamiento a la moderni-
dad, al no restringir la información política a los miembros
del partido y a los "amigos políticos". Estos "manifiestos",
algunos de los cuales son obra del mismo periódico, aun-
que sin duda la mano de la política provincial está por de-
trás de ellos, incidirán en las virtudes personales de los
candidatos, o en las obras incentivadas y llevadas a cabo
por sus iniciativas parlamentarias. Es el caso de la carta
dirigida a El Diario de Ávila, por Jorge del Fresno desde
111
MARCOS DEL OLMO, Mª C. "Voluntad popular y Urnas", Valladolid,
1995, pág. 39
112
El Diario de Ávila, 30-3-1899: los candidatos recorren los mercados
semanales, charlan con los compradores, oyen ofrecimientos. Es una
forma más de acercamiento a la base electoral que presupone cierto
avance modernizador, aunque no podemos concluir que así sea por lo
limitado de las referencias.
80
Mombeltrán el 19 de abril de 1907, en la que, además de
las frases laudatorias para el candidato, Ortuño, se atisba
un completo programa electoral, difundiendo soluciones
para los problemas planteados en el distrito 113 . F F

Otro tipo de noticias, sin ser consideradas manifies-


tos, subraya la importancia de las obras públicas a reali-
zar y los "innumerables esfuerzos" de los candidatos par-
lamentarios para que lleguen a buen puerto. Su fin es de-
mostrar a los lectores que saben "atender" al distrito, y
que, por tanto, su futura acción política en el Parlamento
irá encaminada a la defensa de los "intereses morales y
materiales" de aquella u otra demarcación electoral 114 . F F

Por último, las páginas de opinión, los editoriales, e


incluso las poesías (casi todas de tipo satírico) de los pe-
riódicos jugarán con la eventualidad de la campaña, bien
a través de precisiones sobre los candidatos, bien a través
de comentarios sobre la actitud política de los partidos,
decantándose, en nuestro caso, siempre a favor de los
candidatos conservadores. Sirva de ejemplo el comentario
vertido en el periódico provincial sobre la disidencia silve-
lista:

"Bien hizo el Sr. Silvela en abandonar el edificio conser-


vador donde se elaboraban todas las ruinas y todas las
desgracias nacionales" 115
F

Estamos ante unas verdaderas campañas de opi-


nión. Pero veamos otro ejemplo motivado por la afluencia
a la provincia de candidatos cuneros, en el que el Diario
de Ávila no sólo toma partido sino que inculpa al jefe local
del partido liberal de las posibles consecuencias:
113
El Diario de Ávila, 1-4-1907
114
Ibídem, los números del mes de abril de 1907.
115
Ibídem. 3-12-1898
81
"...Lamentamos que siendo el Sr. Soriano el inspirador
de la política local, haya consentido, más aún, haya
sido el autor de la funesta idea de traer a Ávila ele-
mentos extraños a la provincia, que Dios quiera no re-
sulten nocivos." 116
F

La forma de influencia en la opinión, durante la épo-


ca electoral, adquiere, en ocasiones, forma poética, muy
al gusto de la época, con la publicación de poemas satíri-
cos en los que se recoge una clara dependencia de las ac-
titudes políticas, ya sean a favor de uno u otro candidato
o de recomendaciones de voto. Veamos, sobre el tema an-
terior, la línea abstencionista recomendada por el Diario
de Ávila en las elecciones de 1901:

(...)"por Arenas-Cebreros
va un tal Orueta,
presentó su flamante
candidatura.
Y se trae, según dicen,
en la maleta
Algo... que será un arma
casi segura (...)
(...) Mejor casi votamos
a Muza el Moro
que a Orueta, a Sorianos
y a Bermejillos" 117
F

La influencia de la prensa en periodos electorales,


es innegable, como ha quedado demostrado con estos
ejemplos, lo que constituye, en el caso abulense, al no
existir prensa política de partido con carácter continuado,
una forma más, quizás muy sutil, de hacer campaña elec-
toral a favor de sus "cordiales y estimados amigos".

116
Ibídem. 4-5-1901
117
Ibídem. 5-5-1901
82
4.3.3 El fraude electoral.-

En un sistema que se nutre de ilegalidad 118 al asen-


F F

tarse sobre clientelas y no sobre la opinión de los electo-


res en las urnas, el fraude electoral constituye el principal
recurso para la continuidad del mismo. Como ya ha que-
dado expresado en este trabajo, el fraude electoral se ba-
saba en el pacto político que aseguraba la alternancia de
los políticos en el poder con el fin de no caer en los erro-
res pasados y en las luchas partidistas que llevaran al pro-
nunciamiento militar, tan frecuente durante todo el siglo
XIX.

Dado el carácter no ideológico que tienen los parti-


dos, según ya se ha visto, nada tiene de extraño que los
políticos locales hagan todo lo posible por evitar una lucha
que pueda enfrentarles a unos opositores con los cuales
se entienden perfectamente durante su política diaria y
cotidiana.

No es infrecuente, por lo tanto, las apelaciones al


pacto político que la prensa prodiga en las fechas electo-
rales, aunque, lógicamente, variará el tono de estas inter-
venciones en función de las circunstancias y de la previ-
sión, o no, de lucha electoral. Por ejemplo, en las eleccio-
nes de 1899, el Diario de Ávila celebraba que no hubiera
existido "contienda" en las elecciones, si con ello no se
daba la ocasión de que "en los pueblos renazca la discor-
dia" 119 , sin importarle el signo político de quien fuera ele-
F F

gido, lo principal es que el futuro diputado no tuviera con-


trincante:

118
ROMERO MAURA, J. "El caciquismo", en Hª General de España y
América, tomo XVI-2, "Revolución y Restauración", Madrid, 1981, pág.
79
119
El Diario de Ávila, 21-1-1899
83
"(...) impórtanos poco que pertenezca a este
o al otro partido político y lo que deseamos princi-
palmente es que se presente sólo , sin tener preci-
U U

sión de luchar con otro candidato. De este modo es


como los efectos de las elecciones son menos des-
moralizadores, y no producen antagonismos, siem-
pre peligrosos" 120
F

Otras veces el pacto no se lograba para el reparto


de escaños; cuando entraban en liza los candidatos cune-
ros, los dos partidos, otrora opositores, se aliarán para in-
tentar neutralizar las fuerzas del candidato que viene de
fuera. Es el caso del acuerdo llevado a cabo entre Ortuño,
retirándose de la lucha, y destinando "sus fuerzas" a Amat
(representantes de los partidos conservador y liberal-ga-
macista en el distrito de Arévalo) para hacer frente al cu-
nero Bermejillo en las elecciones de 1901 121 . F F

Por último, también puede darse el caso de que en


uno de los partidos hubiera discrepancias en cuanto al
candidato a presentar, y prestare su apoyo al candidato
opositor frente al candidato disconforme del mismo parti-
do. En esta coyuntura, el pacto no puede llevarse a cabo,
o, como en el distrito de Ávila en 1905, cambia en la for-
ma, pero no en el fondo, pues el fin primordial del acuerdo
es seguir en el poder. En estas elecciones el candidato li-
beral (Ramón Castillo y García Soriano) es apoyado por los
conservadores, enfrentándose al también conservador
Conde de Crecente, que no estaba de acuerdo con el habi-
tual pacto en el distrito 122 .
F F

120
Ibídem. 12-2-1899
121
Ibídem. 7-5-1901
122
Ibídem. 24-8-1905: "(...) por aquí hay marejada de fondo. La lucha
ha de ser encarnizada entre Soriano y el Conde, pues si el uno cuenta
con el apoyo de adictos y contrarios, el otro, a pesar de los consejos
de la comisión conservadora, y aún a trueque de la desautorización
84
El pacto es, en suma, un acto sutil de fraude, sin
embargo, cuando las circunstancias se revelaban especia-
les (en el caso, por ejemplo de la afluencia a la provincia
de candidatos desconocidos o "cuneros"), o era imposible
concretarlo, entraban en liza las llamadas "maniobras
electorales", verdaderos métodos de proceder en las elec-
ciones para asegurarse las mayorías, que no sólo rayaban
en la ilegalidad, sino que, en muchas ocasiones entraban
directamente en ella. Aunque en número escaso, nuestra
provincia no es ajena a estos recursos últimos para asegu-
rar el triunfo, aunque sí son elocuentes de la realidad en
la que se "movían" las elecciones de la Restauración.

Es, quizá, la compra de votos, el subterfugio más co-


nocido y aireado de esta época, aunque no podemos des-
preciar la extorsión, la suspensión de alcaldes y conceja-
les o el voto de personas ya fallecidas. Tampoco podemos
desdeñar los actos ilegales de constitución de mesas, el
recuento de votos o la misma elaboración de las actas
electorales. De todos estos actos, otra vez la prensa, dará
cumplida cuenta, cuando no estas irregularidades se ve-
rán recogidas en las mismas actas de credenciales del
Congreso de los Diputados. Sin embargo, como decíamos,
no las vamos a encontrar en exceso en la provincia de Ávi-
la, sin duda porque la influencia de los personajes políti-
cos era tal que tan sólo se recurría a ellas en el caso de
correr grave peligro los resultados de la elección. De he-
cho los procedimientos fraudulentos que mencionamos
siempre tienen lugar en distritos y elecciones en las que
no se asegura claramente el escaño al diputado "de siem-
pre".

del partido, dice que va a la votación por que "mejor prefiere que le
arrastren las mulillas que no le echen al corral con los cabestros" (...)"
85
Como decíamos, la compra de votos es el recurso
más referido, tanto en la prensa como entre los comenta-
ristas de la época, aunque muchas veces es utilizado
como descrédito del rival más que como queja hacia estas
prácticas:

"(...) Para muestra de la moralidad de las elec-


ciones, allá va un botón. En el distrito de Arévalo ha
habido voto que ha costado al candidato veinte duros
contantes y sonantes, es decir, sonantes no, porque
se pagaron en billetes de banco (...) En Madrigal nos
aseguran que a media mañana se pagaban los votos a
ocho duros ¿A cómo se pagarían a última hora?" 123F

Otras veces las valoraciones de las corruptelas sal-


tan a la prensa con vagos comentarios 124 , o con poemas
F F

satíricos del tipo:

(...) Para conseguir el triunfo


no se ha reparado en medios;
llamada de secretarios,
compra de pueblos enteros,
rotura de papeletas,
detenidos y hasta presos (...)
(...) Y en cuanto a los diputados
por Arévalo y Cebreros
pueden igual que el tenorio
recitar estos versos:
si buenos votos gané,
me costaron buenas perras" 125
F

Si juzgamos por las cifras citadas, las elecciones de-


bían costar montones de dinero a los futuros diputados.
En el mismo periódico, en 1901, las referencias al jornal
123
El Diario de Ávila, 18-4-1899
124
El Diario de Ávila, 19-5-1901: "los votos se cotizan ya en pública
subasta y la corrupción más espantosa se advierte en todos los distri-
tos de la provincia."
125
El Diario de Ávila, 22-5-1901
86
medio de un jornalero le situaba en torno a 1,80 pesetas
diarias lo que nos sugiere que la compra de votos fue tan
sólo utilizada en momentos muy puntuales, como ya se ha
comentado, pues el desembolso hubiera sido muy grande
para los candidatos si hubieran recurrido a este método
en todas las elecciones.

En ocasiones, la venta del voto no se hacía de forma


directa a los electores, sino que se recurría a la comuni-
dad, a la localidad en pleno, ofreciendo dinero para la
construcción de alguna ermita, puente o infraestructura
necesaria para el pueblo 126 . Con todo, no parece que la
F F

provincia se acogiera a estas formas de fraude, salvo en


casos muy puntuales, a juzgar por las escasas reclamacio-
nes recogidas en las actas electorales, otorgándolas el
Congreso de Diputados de insuficiente importancia para
anular o repetir una elección. De hecho en el período de
estudio, las reclamaciones en las actas no superan el es-
pacio de la anécdota, siendo las citadas elecciones de
1901, quizás las más manipuladas por el efecto del cune-
rismo, las que recogen más reclamaciones en el escruti-
nio.

El resto de los métodos de manipulación electoral


tienen en la provincia el eco, otra vez, de la prensa, pero
sin acusaciones precisas y con vaguedades del tipo:

"...al parecer ha habido coacciones en algunos


pueblos para hacer emitir el voto..." 127
F

126
ACD. Serie Documentación Electoral, 115/5: Cita la protesta del in-
terventor de Sotillo de La Adrada, Miguel Ramírez, "por haber ofrecido
dinero para la construcción de una ermita a los electores de Candele-
da que votasen a la candidatura ministerial"
127
El Diario de Ávila, 18-4-1899
87
pero sin entrar con detenimiento, ni citar, siquiera,
los lugares dónde se han producido, por quienes y a favor
de qué, y mostrando una actitud de sumisión ante los he-
chos que, a medida que pase el tiempo, se volverá más
crítica, sobre todo al analizar el pacto político provincial:

"(...) Ha ocurrido lo de siempre, componendas


donde ha sido fácil sacrificar a unos para que
salgan otros de rositas, logrando así el más pa-
cífico de los triunfos; y en donde la lucha se ha
empeñado, lo que es de cajón en el sufragio
universal con tantos esfuerzos conseguido (...)
Gracias a que , a fuerza de desprestigiarse el
U

régimen representativo , va a terminar por con-


U U

sumirse lentamente hasta que desaparezca U

(...)" 128 .
F F

Toda una premonición.

128
El Diario de Ávila, 12-9-1905. El subrayado es mío.
88
5. LAS ELECCIONES AL CONGRESO DE LOS
DIPUTADOS EN ÁVILA.-

89
5.1 Las convocatorias electorales.-

1BU Las elecciones de 1891. -

La ley electoral de 26 de Junio de 1890 reimplanta el


sufragio universal masculino en nuestro país, una vieja as-
piración de las fuerzas políticas progresistas, que es reco-
gida por el partido fusionista liberal, liderado por Sagasta.
La disolución de las cámaras es firmada por la reina re-
gente el 29 de Diciembre de 1890, convocando nuevas
elecciones para el 1de Febrero de 1891. Serán convoca-
das por el gobierno conservador de Cánovas del Castillo,
con la incógnita, más aparente que real, de saber si el
comportamiento electoral de los españoles iba, o no, a su-
frir variaciones respecto a la etapa del sufragio censita-
rio 129 .
F F

En la provincia de Ávila, los partidos políticos, mejor,


los personajes políticos, reproducen el binomio gobernan-
te en España desde la restauración de la monarquía alfon-
sina. Fusionistas-liberales y liberal-conservadores, los dos
con un marcado carácter centrista, aportarán sus hom-
bres políticos a la lucha electoral, si bien entre los segun-
dos, la provincia se decantará por la facción silvelista,
cuyo líder, Francisco Silvela y De le Villeuze, representará
al distrito de Piedrahíta-Barco hasta su fallecimiento. Sería
éste el elegido por Cánovas para preparar las primeras
elecciones del sufragio universal, consiguiendo una mayo-
ría que aseguraba el gobierno al partido conservador.

129
MOLINS, J.M., “Elecciones y partidos políticos en la provincia de Ta-
rragona, 1890-1936”, 2 vol., Diputación de Tarragona, Tarragona,
1985, pág.29
90
Entre las filas fusionistas, y perteneciente a la fac-
ción gamacista, se encontraba su sobrino, Francisco Agus-
tín Silvela Casado, hasta su muerte representante al Con-
greso por el distrito de Arenas-Cebreros. Esta facción dife-
ría del líder del partido, Sagasta, en asuntos económicos,
en especial en el tema del proteccionismo agrario, y aca-
bará, al cabo de pocos años, integrándose en el partido
conservador 130 , por lo que acabamos concluyendo, de
F F

nuevo, la poca diferencia, en términos ideológicos, exis-


tente en los dos partidos.

El silvelista Alberto Muñoz Morera, en dura pugna


con el jefe del partido liberal abulense, Ramón Castillo So-
riano, se hará con el distrito de Ávila, mientras que el úni-
co auténtico representante de las filas conservadoras ca-
novistas en la provincia, el Marqués de Torrecilla, Andrés
Avelino Salabert y Arteaga, derrotó al liberal Jorge Montal-
vo Vega en el distrito de Arévalo.

Los resultados oficiales 131 , en los que no se recoge


F F

reclamación alguna por parte de los interventores, arrojan


el siguiente cuadro:

7BU Distrito de Arenas de San Pedro

F. Agustín Silvela Casado fusionista 6.940 votos


E. Pérez de Guzmán conservador 129

M. Ruiz Zorrilla republicano 4 “
F. Romero Robledo conservador 3 “
J. Buitrago Hernández --------------- 1 “

130
Sobre el tema del proteccionismo y la configuración del espacio
ideológico gamacista, el estudio que hace del mismo VARELA ORTE-
GA, J. “Los amigos políticos...”, págs. 204-301.
131
AHPAv. Sección Diputación, libro 3019
91
8BU Distrito de Arévalo

A.A. Salabert y Arteaga conservador 5.999 votos


Jorge Montalvo y Vega fusionista 3.099 “
J. Sánchez --------------- 4 “
N. Salmerón Alonso republicano 1 “

9BU Distrito de Ávila

A. Muñoz Morera silvelista 5.176 votos


R. Castillo Gª Soriano fusionista 4.366 “
A.A. Salabert y Arteaga conservador 1 “
F. Encinar ---------------- 1 “
P. Amat gamacista 1 “

10BU Distrito de Piedrahíta

F. Silvela y Delle-Villeuze silvelista 8.263 votos


A. Sánchez Monje Martínez fusionista 1.408 “
J.M. Martín Martín --------------- 8 “
F. Pí y Margall republicano 3 “
Isidro de la Vega --------------- 1 “

Hay que destacar, que estos resultados difieren de


los publicados en el Boletín Oficial de la Provincia de Ávila
(B.O.P. Av.) el jueves 5 de Febrero de 1891, cuatro días
después de celebradas las elecciones. Mientras que en las
actas de escrutinio y de proclamación de resultados, se
recogen los votos en blanco y el marginal, por testimonial,
voto republicano, el B.O.P. tan sólo recoge los votos de los
dos candidatos principales, y aún así con errores como en
el distrito de Arenas, donde además de confusión en las
cifras (6.940 votos en las actas, 7.104 en el B.O.P.), el
nombre de un candidato es suplido por la abreviatura
92
“Niembro.”(?). Otro tanto cabe decir del libro de registro
del Congreso de los Diputados, donde figuran los votos de
los diputados elegidos, y dónde, o bien no se correspon-
den las cifras (Muñoz Morera, 5.176 votos en actas, 4.366
en el Congreso), o, sencillamente, no figuran (F. Agustín
Silvela), sin contar con que ni siquiera se recogen los elec-
tores y votantes.

Todo hace pensar que estamos ante unas elecciones


“escritas” desde el gobierno, a pesar de la actitud que
muestra el Ministro de la Gobernación, Silvela, tanto en
sus declaraciones institucionales, como en las circulares
que remite al gobernador de Ávila 132 . Sea como fuere, la
F F

provincia de Ávila se configura como una provincia con


claro matiz conservador, enviando al congreso a dos can-
didatos silvelistas, un conservador y un liberal-gamacista.

2BU Las elecciones de 1893. -

La escisión silvelista en el partido conservador, ya


iniciada en 1891 y confirmada durante todo el año 92,
provocará la disolución de las cortes y la nueva convoca-
toria electoral para el 5 de Marzo de 1893. Presidía, y por
tanto, preparaba las elecciones, el partido fusionista libe-
ral, en lo que sería su tercer turno.
132
B.O.P.Av. 10-7-1890. Extracto de la circular enviada al gobernador
A.Martín Quintana por el Mº de la Gobernación F.Silvela: “La mayor al-
teración en nuestro régimen político es, sin duda alguna, la introduci-
da en el procedimiento electoral; y consituirá desde luego, una de las
más preferentes atenciones de V.S. acerca de lo cual deseo me con-
sulte, sometiéndome todas las dudas que surjan, prestando su coope-
ración a todos los sociales y políticos que la primera aplicación de la
reforma reclama, prestándola, en fin, a todas las garantías de verdad
y sinceridad...La responsabilidad en las vergüenzas electorales que
vienen manchando tan largo y variado período de nuestra historia
contemporánea, sería mayor al inaugurarse un régimen nuevo y una
alteración fundamental en el voto público...”
93
En Ávila el panorama político difiere de las anterio-
res elecciones. Desaparece el líder natural del silvelismo,
retirado momentáneamente de la política, y aparecen los
auténticos “hombres fuertes” de la política abulense del
nuevo siglo: Pascual Amat, Nicolás Sánchez Albornoz y Ra-
món Castillo García Soriano. Fusionistas de la facción ga-
macista, los dos primeros y jefe del partido liberal, el se-
gundo, serán los protagonistas de los continuos pactos
para llevarlos al Congreso, en un primer momento, y al
Senado, al final de sus carreras políticas. Tanto Sánchez
Albornoz como Castillo son oriundos de Ávila, donde tie-
nen casa y bufete de abogados 133 , mientras que Amat,
F F

procedente de Yecla, Murcia, es destinado a la Academia


de Administración Militar, después de Intendencia. Los
tres pertenecerán al partido liberal fusionista hasta la es-
cisión total del grupo gamacista en 1899, de la que toma-
rán partido los dos primeros, permaneciendo fiel a los ide-
ales liberales Ramón Castillo.

Otro dato importante en estas elecciones, tanto a ni-


vel nacional como provincial, será el intento de los repu-
blicanos por conseguir representación en el mayor núme-
ro posible de distritos 134 , para lo que formarán una coali-
F F

ción electoral con el nombre de Unión Republicana, inte-


grada por los partidos federal, progresista y posibilista .
Así parece ser el intento de arrancar el feudo silvelista del
distrito de Arenas a su eterno representante, Francisco Sil-
133
“,págs.5,7 y 9. En ella figura Castillo como colegiado desde 1884,
viviendo en la Plaza del Alcázar,24. Sánchez Albornoz lo hace en
1885, con domicilio en la C/Duque de Alba,2. Amat figura como exde-
cano del mismo, colegiado en 1882 y con domicilio en la C/Tomás Pé-
rez,14, todos en la capital. De los tres, sólo Albornoz no ejercerá en
esta fecha.
134
MARTÍNEZ CUADRADO, M. “Elecciones y partidos políticos de Espa-
ña, 1868-1931”, Madrid, 1969, pág.557
94
vela, por parte de Paulino González 135 , abogado madrileño
F F

sin ninguna vinculación con el distrito.

En efecto, desde “La Andalucía de Ávila”, un periódi-


co local de Arenas de San Pedro, se intenta armonizar una
candidatura que haga frente al todopoderoso Fco. Agustín
Silvela. El director del periódico, que en el día de su pre-
sentación en sociedad se declaró apolítico 136 , hace un lla-
F F

mamiento a los pueblos del distrito, se entiende que a las


personas que los dirigen, sus alcaldes o varios de sus con-
cejales, o prohombres locales, para dar una salida a la fal-
ta de democracia en la elección. El Sr. Emilio F. de Ville-
gas, exalcalde y exdiputado provincial de Arenas, desde la
misma creación del periódico, viene haciendo un llama-
miento para desbancar del escaño al Señor Silvela:

"…lo que necesita este distrito son hechos, y en tanto que no


se mire de otra forma a los pueblos y se atienda debidamente a los
electores; en tanto que no se mejoren las vías de comunicación; en
tanto que no haya un representante de verdad, este desdichado pais
continuará en el atraso que yace…" 137
F

135
AHPAv. Secc. Diputación, Libro 3022, Leg.2, Exp.2, el pliego de fir-
mas de electores de Casillas le presenta como miembro de Unión Re-
publicana, soltero, de profesión abogado, vecino de Madrid y posee-
dor de cédula de novena clase.
136
LA ANDALUCÍA DE ÁVILA, 21-2-1891: "Nuestro periódico no tendrá
colorido político ninguno, en primer lugar porque aquí no hay posi-
ción, no hay lucha política, y últimamente, por que nos tiene sin cui-
dado completamente el que ocupe el poder tal o cual partido, puesto
que Arenas no disfruta beneficio alguno con unos que con otros. Sola-
mente en algunos pueblos de alrededor, viven en constante lucha;
pero es la lucha por la ambición del mando, la lucha por el manejo de
fondos, la lucha por intereses propios, la lucha por la venganza, la lu-
cha por la distinción de familias o de clases: no es una verdadera lu-
cha política puesto que la política es un pretesto (sic.); no es una idea
fija, un sentimiento de conciencia, una opinión propia"
137
Ibidem, 21-10-1892, al respecto de un viaje a Arenas del Sr. Silvela,
al que se le critica por aparecer por el distrito sólo cuando se presume
95
Ante la escasez de fuentes documentales que atesti-
güen la capacidad de movilización política en la provincia,
“La Andalucía de Ávila” es un caso único y precioso de en-
frentamiento ante los comportamientos caciquiles. Las
continuas apelaciones del diario a no dejarse llevar por la
influencia y el prestigio del diputado, le lleva a proponer a
"una persona independiente de los partidos y con influen-
cia sobre los poderes públicos para defender "nuestros in-
tereses llegando el caso" 138 .
F F

Ya desde el verano anterior, el periódico arremete


contra el caciquismo imperante en el distrito, a la vez que
pide soluciones al gran problema de aquel tiempo: la inco-
municación. Se propone la llegada del ferrocarril, que uni-
ría la capital de España con Arenas y su comarca, para en-
lazar luego con Cáceres a traves de Candeleda y Oropesa.
A su juicio la llegada del mismo difundiría y extendería los
productos agrícolas de la comarca a la vez que traería
consigo la comunicación con zonas más desarrolladas cul-
tural y económicamente 139 . Un ejemplo claro sería el co-
F F

rreo que, desde Ávila, tarda varios días en llegar a la ciu-


dad y al que la administración concede la importancia de
ser enviado en caballería para salvar la sierra y sus mal-
trechas carreteras 140 . Estamos ante un programa electoral
F F

dispuesto a la opinión pública a través de un medio de co-


municación. Es tal la agitación política del "apolítico" pe-
riódico que no dejará pasar, en sus comentarios, ninguna
oportunidad para criticar el sistema político y su brazo
práctico, el caciquismo:

Elecciones es el asunto del día:


que puede haber elecciones.
138
Ibidem, 6-1-1893
139
Ibidem., 6-7-1892
140
Ibidem, 21-7-1892
96
¡Qué sufragio! ¿Quién diriía
que hay libertad de opiniones?
Liberales conservados,
conservadores de pega
repúblicos del que llega
y carlistas variados,
todos en su actividad
al pobre le ponen coto,
y obligan a dar su voto
sin saber su voluntad.
Si hay alguien quien deba algún favor
una peseta o un duro,
se le pone en tal apuro
que puede oscilar su honor.
En esto no se repara,
el caso es votos coger,
si le llegan luego a ver
suelen…volverle la cara.
Si Sagasta y Pi Margall
se quisieran convencer
de que hoy no puede ser
el sufragio universal,
recorran ciertos partidos
en periodos de elecciones,
y encontrarán mil razones
para quedarse convencidos 141
F

Dejando de lado el dudoso sentido poético del autor


de estas letras, las mismas exponen el gran problema que
aqueja la política del momento. La coacción, la política
puntual en período de elecciones y la despreocupación
una vez pasadas. Apelando a esta despreocupación, de Vi-
llegas convoca, como antes se comentaba, una reunión
con los "representantes del distrito" (seguramente alcal-
des, concejales, secretarios de ayuntamiento y otro perso-
nal capaz de influir en las localidades) para intentar llegar
a un acuerdo que desplace del ruedo político a Silvela.

141
Ibidem. 21-9-1892
97
La reunión es un fracaso, por cuanto tan sólo están
representados 5 ó 6 pueblos de un total de 38, y a pesar
del escaso número no logran ponerse de acuerdo. El direc-
tor del periódico, días antes, había propuesto como con-
trincante de Silvela a Zoilo Pérez, liberal, que ya había de-
sempeñado el cargo de diputado con anterioridad, en
1871, 72 y 81, y que contaba con todos los parabienes
por tratarse de un hombre afable, preocupado, honrado y
haber nacido en la tierra 142 . Al final, ante la retirada de Pé-
F F

rez se acuerda ofrecer la candidatura a Paulino González.


A partir de este momento "La Andalucía de Ávila" volcará
todos sus esfuerzos en defender con absoluta claridad la
candidatura republicana, más como enfrentamiento hacia
Fco. Agustín Silvela que como convencimiento doctrinal.
Sin embargo, a pesar de los intentos por quebrantar la so-
lidez de Silvela en el distrito, de incluir a un republicano,
en un feudo monárquico, el periódico perdió la partida y
desaparecerá poco después, entre los lamentos y las críti-
cas, hacia sus adversarios políticos, del Sr. Emilo F. de Vi-
llegas.

En el distrito de Piedrahíta, ante la ausencia tempo-


ral del líder del silvelismo, hace su aparición esporádica
en el distrito su sobrino Luis Silvela Casado, quien recoge
el clientelismo implantado por su tío, planteando una dura
lucha al candidato liberal Ramón Castillo. En Arévalo,
Amat, también luchará duramente contra el exdiputado
demócrata por aquel distrito José Canalejas Casas.

Así las cosas los resultados electorales 143 serán los


F F

siguientes:

142
Ibidem. 21-1-1893
143
A.H.P.Av. Sección Diputación, Libro 3021
98
11BU Distrito de Arenas de San Pedro

F. A. Silvela Casado fusionista 6.833 votos


P. González republicano 1.798 “
T. Manso --------------- 1 “
T. Martín Sánchez--------------- 1 “

12BU Distrito de Arévalo

P. Amat fusionista 4.765 votos


J. Canalejas lib. demócrata 3.612 “
A.A. Salabert conservador 485 “
Pí y Margall republicano 1 “

13BU Distrito de Ávila

N. Sánchez Albornoz fusionista 8.246 votos


Otros 144
F F ------------ 27 “

14BU Distrito de Piedrahíta

R. Castillo García Soriano liberal 5.372 votos


Luis Silvela Casado conservador 4.521 “
Pí y Margall republicano 2 “
I. Espinel --------------- 1 “

Como corresponde al sistema del turno, los liberales


ganan las elecciones, aunque en los feudos silvelistas
(distritos de Arenas y Piedrahíta) se adivina lucha política,
tanto en los resultados como en las reclamaciones que

144
Se recogen hasta 18 candidatos más, con un voto muy residual, en-
tre todos, 27 votos, lo que puede indicar que al tratarse de un distrito
dominado por la ciudad, el voto es más libre, aunque no decisivo
como se desprende del resultado obtenido por el triunfador, S.Albor-
noz.
99
constan en las actas electorales 145 , si bien la Junta Central
F F

del Censo las considerará de carácter leve, no haciéndolas


constar posteriormente, a pesar de las graves acusacio-
nes que en ellas se vierten.

Salvo en el distrito de Arenas, el voto republicano es


puramente testimonial, así como el carlista, con un solo
voto en el distrito de Ávila. Es muy significativo el dominio
del distrito de la capital por el candidato N. Sánchez Albor-
noz, sin oposición alguna, fruto de los apoyos recogidos
en su etapa como diputado provincial, de su prestigio pro-
fesional y de su familia, dedicada de antiguo, a la política
local y provincial. La aplastante victoria de S. Albornoz,
con la casi totalidad de los votos, nos sugiere las manio-
bras electorales propias del periodo analizado, maniobras
que su hijo, el historiador y político Claudio Sánchez Albor-
noz, no dudaba en relatar, entre crítico y jocoso, en su
“Anecdotario político” 146 .
F F

3BU Las elecciones de 1896.-

Cánovas, en su última campaña electoral, será el


encargado de disolver las Cortes y convocar nuevas elec-
ciones para el 12 de Abril de 1896, después de un año de
145
AHPAv. Secc.Diputación, Libro 3022, Leg.17
146
SÁNCHEZ ALBORNOZ, C., “Anecdotario político”, ed. Planeta, Barce-
lona, 1976, págs. 57 y 58. “La mesa de billar está cubierta de muchos
montones de duros, cuya plata brilla las todavía tenues luces eléctri-
cas. Advierte su presencia y su asobro su padrino. Se separa del gru-
po que cuenta y agrupa las monedas. Viene a mí, me besa y me dice:
<No te asombres. Acabamos de conseguir en dura lucha que tu padre
–era su cuñado y su principal agente electoral- salga diputado contra
el deseo del gobierno. En los pueblos, los amigos para festejar el
triunfo matan un choto, se comen unos kilos de pastas y se beben
unas arrobas de vino. Y hay que pagar eso y otros muchos gastos que
la lucha ocasiona. Cuando seas mayor te tocará hacer lo mismo. Lo
mismo que hizo tu abuelo y que hace ahora tu padre>”
100
gestión conservadora, tras la defección liberal, ganadores
de las últimas elecciones. Enfrentado abiertamente a Sil-
vela, no dudará en el intervencionismo electoral para pri-
var a los silvelistas de los apoyos que oscurecieran su li-
derazgo 147 . Sin embargo, y a pesar de estas maniobras, F.
F F

Silvela y su corriente conservadora, alcanzará diez actas


de diputado, entre ellas la del lider en “su” distrito de Pie-
drahíta, desapareciendo de escena el lider liberal R. Casti-
llo. El resto de distritos contempla el incumplimiento del
turno, dando el escaño a los candidatos liberales-fusionis-
tas de la elección anterior, aunque en lucha con los candi-
datos conservadores.

Los resultados oficiales 148 son los siguientes:


F F

15BU Distrito de Arenas de San Pedro

F.A. Silvela Casado fusionista 5.753 votos


A. de Palma y Luján conservador 3.591 “
Otros -------------- 4 “

16BU Distrito de Arévalo

P. Amat fusionista 5.118 votos


A.A. Salabert conservador 3.169 “

17BU Distrito de Ávila

N. Sánchez Albornoz fusionista 5.685 votos


S. Rojas Mínguez conservador 3.875 “
Otros ---------------- 5 “

147
MARTÍNEZ CUADRADO, M. Opus Cit., pág. 588
148
B.O.P. de Ávila de 22 de Abril, 1896
101
18BU Distrito de Piedrahíta

F. Silvela Delle-Villeuze silvelista 9.002 votos


Otros --------------- 11 “

Al igual que ocurriera en la elección anterior con el


distrito de Ávila, en las de 1896 es el de Piedrahíta el que
recoge una abultada victoria de su candidato, F. Silvela.
Las cifras oficiales sugieren que no existió confrontación
electoral y que son cifras escritas sobre el papel. Sólo así
se puede entender que pueblos enteros votasen unánime-
mente al candidato conservador.

4BU Las elecciones de 1898.-

Las anteriores Cortes son disueltas en Febrero de


1898, aunque estaban suspendidas desde Junio del año
anterior, y son convocadas elecciones para el 27 de Marzo
de 1898, bajo un clima de pre-guerra y de presión por la
situación en Cuba. El asesinato de Cánovas inducirá a los
notables del partido conservador a la unión del mismo
bajo la dirección de F. Silvela; el nuevo partido, la Unión
Conservadora, que en Piedrahíta, como corresponde a su
tradicional silvelismo, tendrá como candidato al nuevo
presidente del partido.

Son unas elecciones que no se dejarán notar en la


vida pública abulense salvo en las pequeñas notas o co-
mentarios de la prensa diaria, por otro lado, no accesible
para todo el mundo. Ésta misma recogerá, durante los
meses anteriores a la convocatoria, el ambiente de pacto
entre fusionistas y silvelistas, ya adoptado en la anterior
convocatoria 149 , y que, según la misma, tiene como fin “el
F F

bien y la tranquilidad de los electores de los pueblos”. Los


149
EL ECO DE LA VERDAD, 12 de Enero de 1898
102
distritos de Arenas, Ávila y Arévalo repetirán candidatos
fusionistas, como corresponde al turno, sin oposición nin-
guna, si bien en este último, Amat contará con la leve
competencia de Ramón M. Nava, candidato conservador,
aunque su derrota ya estaba vaticinada, de antemano,
por la prensa abulense unos días antes de la elección 150 , F F

al ser el único distrito con oposición real al político fusio-


nista.

El resultado del escrutinio 151 fue el siguiente: F F

19BU Distrito de Arenas de San Pedro

F.A. Silvela Casado fusionista 7.350 votos

20BU Distrito de Arévalo

P. Amat fusionista 6.977 votos


Ramón M. Nava conservador
856 “

21BU Distrito de Ávila

N. Sánchez Albornoz fusionista 7.713 votos

22BU Distrito de Piedrahíta

F. Silvela Delle-Villeuze silvelista 9.912 votos

El desinterés por estas elecciones se refleja en la


abstención, analizada en otro capítulo de este trabajo, y la
utilización de los resortes caciquiles, sobre todo en el dis-
150
Ibidem, 25 de Marzo de 1898
151
Ibidem, 1 de Abril de 1898
103
trito de Piedrahíta, con un número desmesurado de sufra-
gios en correspondencia con lo que era habitual en el mis-
mo. También la prensa, los corresponsales destacados
para la “contienda electoral”, se hará eco de la escasa
motivación de estas elecciones, con los colegios electora-
les vacíos, en un electorado desmovilizado, y apartado de
la política activa 152 , lo que contrasta poderosamente con
F F

las cifras oficiales de participación. Es un dato más que re-


afirma la idea, ya apuntada, de que las elecciones, los re-
sultados, eran continuamente falseadas y sus cifras mani-
puladas desde el poder.

5BU Las elecciones de 1899.-

En Octubre de 1898 el grupo gamacista, ochenta y


ocho diputados, rompe la mayoría liberal en el Congreso,
dinamitando el partido fusionista e iniciando un periodo
de disensiones dentro del mismo. Las elecciones se con-
vocan para el 16 de Abril en un ambiente cargado por la
pérdida de las últimas colonias y la crítica a los gobiernos
que han presidido ésta. Silvela será el encargado de “pre-
parar las elecciones”, que en Ávila incorporan a dos nue-
vos diputados: Emilio Ortuño y Gabriel Alcázar de Guz-
mán, Conde de Crescende, ambos silvelistas. Sólo un ga-
macista, Francisco Agustín Silvela, tendrá representación
por la provincia, habitual feudo de los disidentes, mientras
que luchará por ella Pascual Amat en su habitual compa-
recencia en el distrito de Arévalo. El pacto de elecciones
anteriores, se configura, en ésta, con silvelistas y gama-

152
Ibidem, 30 de Marzo de 1898: “En Cebreros puede decirse que no
se ha notado el día de ayer, a las tres de la tarde que salí de aquella
población estaban completamente desiertos los Colegios, sin que se
notara movimiento alguno...”
104
cistas, desapareciendo los liberales de la escena políti-
ca 153 . De nuevo el turno se cumple.
F F

Los nuevos candidatos y luego diputados, Ortuño y


Alcázar, entrarán a formar parte de la élite política abu-
lense, desde este momento, hasta el final de sus carreras
públicas. Ortuño, emparentado con los Aboín (familia que
emparenta con toda la élite política abulense), recogerá
en el futuro el distrito de Francisco Agustín Silvela, mien-
tras que Alcázar, emparentado con los Silvela, hará lo pro-
pio en el distrito de la capital hasta su muerte en 1907.
Se dieron, por tanto, los siguientes resultados 154 , F F

que no coinciden con los publicados por el "Diario de Ávi-


la" el 21 del mes de Abril 155 F

23BU Distrito de Arenas de San Pedro

F.A. Silvela Casado gamacista 6.990 votos

24BU Distrito de Arévalo

E. Ortuño silvelista 5.283 votos


153
Diario de Ávila, 8-1-1899: "...siguiendo tradición honrosa, nos halla-
mos de acuerdo silvelistas y gamacistas para reorganizar nuestra ad-
ministración sobre bases nuevas, delesnables que las ambiciones de
unos cuantos, que la conveniencia del momento, que el reparto y
aprovechamiento de los destinos y que todo ese artificio con el cual
intenta establecerse un cacicato en esta provincia, dirigido y explota-
do desde Madrid..."
154
A.H.P. Av. Sección Diputación, Libro 3026
155
Diario de Ávila, 21-4-1899: Gabriel del Alcázar: 8.997 votos, Fco.
Silvela: 10.707 votos, Fco. Ag. Silvela: 6.967 votos y E. Ortuño: 5.227
votos. Excepto en el caso de Fco. Silvela, en los demás candidatos no
coincide el nº de votos con los resultados oficiales.
105
P. Amat gamacista 3.748 “

25BU Distrito de Ávila

G. del Alcázar silvelista 8.787 votos

26BU Distrito de Piedrahíta

F. Silvela Delle-Villeuze silvelista 10.707vo-


tos

Sólo el distrito de Arévalo tendrá lucha, en el resto


se repiten las abrumadoras cifras, que una vez más nos
confirman la inexistencia de los comicios, en las que pue-
blos enteros, también las secciones de la capital, votan
unánimemente al único candidato que se presenta. No
obstante, la cerrada pugna en el distrito de Arévalo tuvo
como consecuencia que en el acto de escrutinio los parti-
darios de Amat formularan protestas que se unieron al ac-
ta 156 .
F F

6BU Las elecciones de 1901.-

Serán estas las últimas elecciones de la Regencia de


Mª Cristina, convocadas por el gobierno liberal de Sagasta
para el 19 de Mayo de 1901. Son, quizás, las elecciones
de las que poseemos más información sobre las manio-
bras caciquiles, al no existir previamente ningún pacto en-
tre los distintos notables y hombres de los partidos políti-
cos abulenses. El partido liberal llega a estas elecciones
unido, si exceptuamos la disidencia de Gamazo y sus se-
guidores, cada vez más próximos al partido conservador,
lo que permitirá a Moret, Ministro de Gobernación, la im-
posición de una mayoría liberal sin problemas aparentes
156
Ibidem.
106
en el caso de Ávila, aunque recurriendo a prácticas, no
tanto desconocidas en la provincia, pero sí documentadas,
tanto en los expedientes electorales como en los comen-
taristas políticos del momento.

Esta imposición del turno en 1901, no fue obra de


maniobras políticas sino de "maniobras electorales" pro-
pias del sistema caciquista, como la compra de votos 157 , F F

práctica a la que no es ajena el resto de las elecciones,


pero de la que, desgraciadamente, no tenemos referen-
cias documentales sólidas. Es precisamente esta elección,
1901, que a juicio de los observadores contemporáneos 158 F F

fue la más disputada, la que confirma el peso del sistema


caciquil, por cuanto al no existir, por distintas razones,
una voluntad común para la elección del candidato natu-
ral, un pacto entre partidos o figuras locales, entra en jue-
go el mecanismo de los partidos, que no es otro que el del
falseamiento del sufragio 159 .
F F

En efecto, aparecen en escena los candidatos “cu-


neros”, aquellos que acuden a la provincia para imponer
la voluntad del gobierno. Son José de Orueta y Neira, en el
distrito de Arenas, e Ildefonso Bermejillo en Arévalo. Sin
ninguna vinculación con los distritos, se presentan allí
157
VEGA ALBERCHE "El Bloque y los bloquistas en Piedrahita-Barco",
Ávila, 1910, pág 29: "(el Sr. Bermejillo)…desparramó el dinero a ma-
nos llenas, llegando a pagar algún voto a veinte duros y venció de
este modo al Sr. Amat. En Arenas, el Sr. Ozueta probó también su es-
pléndida generosidad, pues hubo pueblo que le costó treinta y cinco
mil ptas. y consiguió vencer a D. Fco. Agustín Silvela…"
158
Op. Cit. pág. 28.
159
AZCÁRATE, G. "El régimen parlamentario en la práctica", Madrid,
1931, págs. 79-80: "…Cuando las elecciones son más políticas, enton-
ces aparecen en escena los partidos, los cuales, con frecuencia, lo-
gran, con argucias y falsedades, lo que debían conseguir tan sólo por
el valor de sus ideas y el prestigio de sus hombres, sacrificándolo
todo al éxito…"
107
donde el partido, en circunstancias especiales, les necesi-
ta. En este caso, gastarán grandes fortunas para conse-
guir el escaño ante, precisamente, los dos antiguos repre-
sentantes de los distritos citados.

Los resultados, según las actas de escrutinio 160 , son F F

los siguientes:

27BU Distrito de Arenas de San Pedro

J. de Orueta y Neira liberal 4.834 votos


F.A. Silvela Casado gamacista 4.716 “

28BU Distrito de Arévalo

Bermejillo liberal 5.278 votos


P. Amat gamacista 3.705 “

29BU Distrito de Ávila

R. Castillo liberal 5.333 votos


D. del Alcázar silvelista 4.331 “

30BU Distrito de Piedrahíta

F. Silvela Delle-Villeuze silvelista 9.828 votos


Morayta liberal 553 “

La disputa del voto es apreciable en las cifras de


participación y de tantos por ciento obtenidos por el can-
didato ganador, aunque hay que analizarlas con precau-
ción al tratarse de resultados manipulados. En efecto, en
la elección de 1901, si exceptuamos la de 1907, es la de
mayor participación en el distrito de Arenas de San Pedro
160
A.H.P. Av. Sección Diputación, Libro 3027
108
(9.551 votantes de un censo de 11.205), al igual que en el
distrito de Arévalo (9.191 votantes por 10.805 electores),
y sin embargo, es la convocatoria electoral en la que los
candidatos elegidos obtienen menos votos. Así Ozueta
consigue el escaño con el 50,61% de los votos y Bermeji-
llo con el 58,78 %, cifras muy bajas si comparamos los
mismos distritos en convocatorias anteriores donde se lle-
gan a alcanzar cifras del ¡100%! de los votos emitidos. R.
Castillo también obtendrá su escaño por Ávila en dura lu-
cha con el Conde de Crescende, Gabriel de Alcázar y Guz-
mán, y conservará el suyo, casi por unanimidad el lider
conservador F. Silvela.

Las elecciones de 1903.-


U

Convoca las elecciones el partido conservador, silve-


listas y gamacistas ahora integrados en el nuevo partido
se presentan como un partido unido. Desde Diciembre del
año anterior hasta el 26 de Abril, fecha de las elecciones,
Silvela, jefe de Gobierno, y Maura, Ministro de Goberna-
ción, dispondrán de cinco largos meses para "preparar"
las elecciones bajo el signo de la regeneración política y el
"desguaje del caciquismo". En Ávila, este desguaje no pa-
rece ser tanto, ya que salen elegidos notables políticos ya
conocidos en otras convocatorias electorales sin, práctica-
mente, lucha política, como refleja el número de votos y la
ausencia de rivales políticos. Los republicanos, por otro
lado, constituyen la Unión Nacional Republicana obtenien-
do un significativo, por extraño, número de votos en la
provincia.

31BU Distrito de Arenas de San Pedro

F.A. Silvela Casado conservador 4.716 “

109
32BU Distrito de Arévalo

P. Amat conservador 3.705 “

33BU Distrito de Ávila

G. del Alcázar conservador 4.331 “


R. Castillo liberal 5.333
votos

34BU Distrito de Piedrahíta

F. Silvela Delle-Villeuze conservador 9.828 votos


Morayta liberal 553 “

Las elecciones de 1905.-


U

Convocan las elecciones los liberales, llamados al


gobierno por el monarca, para el 10 de Septiembre, bajo
la presidencia provisional de Montero Ríos. En Ávila, tan
sólo el liberal R. Castillo saldrá elegido por el distrito de la
capital. Los demás diputados lo serán por el partido con-
servador, dividido en facciones maurista y robledista, rom-
piendo así el turno impuesto en el resto del estado. Desta-
ca la presencia de un nuevo diputado, que no abandonará
la representación hasta el final de la Restauración. Se tra-
ta del hijo de Francisco Silvela, Jorge Silvela Loring, que
recogerá el testigo de su padre en el distrito de Piedrahíta.
El resto son viejos conocidos: Pascual Amat en Arévalo y F.
A. Silvela Casado en Arenas de San Pedro, aunque este úl-
timo lo hará por última vez.

110
Destacan los votos obtenidos por la Unión Republi-
cana de Nicolás Salmerón en los distintos distritos, indica-
dor de que la presión del ministerio de Gobernación es
menor en estas elecciones que en otras. Así las cosas los
resultados, publicados en el B.O.P. de Ávila el 16 de Sep-
tiembre de 1905, son los siguientes:

35BU Distrito de Arenas de San Pedro

F.A. Silvela Casado conservador 8.172 votos


Eugenio Moriones 247
"
Jaime Borbón 1
Ramón Hernandez Vidal 4
Eusebio González 1

36BU Distrito de Arévalo

P. Amat conservador 6.156 votos


E. Menéndez Pallarés 154 “
Nicolás Salmerón republicano 15
Luis Morote 7
Regino Cabello 1
José Muro republicano 1

37BU Distrito de Ávila

R. Castillo liberal 7.052 votos


G. del Alcázar conservador 32 “
Nicolás Salmerón republicano 17
Joaquín Costa republicano 2
V. Carrascal 2
José Hernández 1
Rodrigo Soriano 1

111
38BU Distrito de Piedrahíta

J. Silvela Loring conservador 10.269


votos
R. Lafarga Crespo republicano 76

A. Chapes Tur 24
Nicolás Salmerón republicano 2
R. Nocedal carlista 1
Rodrigo Soriano 1
H. Tames Oña 1

Salvo en el distrito de Piedrahíta, donde la participa-


ción sobre el papel es muy alta, en los demás se produce
un elevado índice de abstención, lo que no impide la "fa-
bricación" de holgadas mayorías, aunque empiezan a apa-
recer votos residuales de republicanos, inéditos en otras
elecciones. La ruptura del turno en la provincia es obra del
afianzamiento de las posiciones mauristas, que han reco-
gido la fuerza de lo que fuera facción gamacista, a la que
pertenecieron, Silvela Casado y Amat.

Las elecciones de 1907.-


U

La división del partido liberal en distintos grupos


pondrá en bandeja al partido conservador la posibilidad
de volver al poder. Maura vuelve al gobierno en Enero de
1907, convocando elecciones para el 21 de Abril de ese
año. Serán las últimas regidas por la ley del Sufragio Uni-
versal masculino, la próxima convocatoria, 1910, serán
presididas por la nueva ley electoral elaborada por el jefe
conservador. El ministerio de Gobernación, a cuyo frente
se encuentra La Cierva, reducirá al máximo la oposición,
excesivamente residual o inexistente en el caso abulense,
e impondrá a los candidatos mauristas.
112
Destaca la incorporación al distrito de Arenas de
San Pedro de Emilio Ortuño Berte, antiguo silvelista y pos-
terior representante datista en la provincia, que represen-
tará al distrito sin interrupción hasta 1923, en sustitución
de F.A. Silvela Casado. Los resultados 161 apuntan el apoyo F F

incondicional de la provincia al autoritarismo maurista,


siendo la segunda vez que hay unanimidad en los cuatro
distritos abulenses a una misma tendencia política, la pri-
mera fue cuatro años antes. El partido liberal, cuyo máxi-
mo representante en Ávila, Ramón Castillo pasa al Sena-
do, no sólo no obtiene ningún escaño, sino que ni siquiera
consigue un voto mínimamente representativo en la pro-
vincia, lo que indica la notable presión del ministro La
Cierva para obtener la mayoría y el peso personal de Cas-
tillo a la hora de "preparar" las elecciones.

39BU Distrito de Arenas de San Pedro

E. Ortuño Berte conservador 9.988 votos


Nicolás Salmerón republicano 7 “
S. Moret liberal 1 "

40BU Distrito de Arévalo

P. Amat conservador 8.598 votos

41BU Distrito de Ávila

G. del Alcázar conservador 10.275 vo-


tos
161
B.O.P. de Ávila, 3 y 8 de Mayo de 1907 y A.H.P. Sección Diputación,
Libros 3028 y 3029
113
E. Menéndez Pallarés 6
Nicolás Salmerón republicano 1
Alejandro Lerroux republicano 1

42BU Distrito de Piedrahíta

J. Silvela Loring conservador 11.440 votos


E. Menéndez Pallarés 30
M. Morayta republicano 1
J. Olazabal 1
J. Nakens 1
A. García Hernández 1

No obstante, no serían estas las últimas actuaciones


electorales. El distrito de Ávila celebrará elecciones par-
ciales el 14 de Julio de 1907 por fallecimiento de su titular
(sin haber acreditado su cargo en el Congreso), Gabriel
del Alcázar, representante en Ávila, junto con Sánchez Al-
bornoz, del partido conservador. Al estar este represen-
tando al distrito en el Senado, se recurre a la presencia
cunera por medio de Salvador Canals, abogado y periodis-
ta de clara significación maurista. Se enfrentará al inde-
pendiente Isidro González Soto, venciendo sin una clara
contundencia 162 F

5.2 Análisis de resultados electorales.-

Aunque cualquier análisis electoral en la época de la


Restauración debe tomarse con las naturales reservas, de-
162
B.O.P. Ávila, 18 de Julio de 1907
114
bido al continuo falseamiento de las cifras de participa-
ción, votaciones, nº de electores, etc., no por ello debe-
mos dejar de lado las valoraciones que estas arrojan, en-
tre ellas la definición política de la provincia, la respuesta
de los distritos electorales, la abstención o la configura-
ción de, lo que podríamos llamar, la clase política abulen-
se sobre la base de la influencia aportada por las distintas
elecciones.

Un primer análisis de estos resultados apuntan a de-


finir a la provincia de Ávila como netamente conservado-
ra, ya sea a través de la rama canovista, de la facción li-
beral-gamacista (integrada en 1898 en el partido conser-
vador) o de las filas silvelistas. Así en las nueve elecciones
hay una abrumadora mayoría conservadora: 30 candida-
tos conservadores por 6 liberales. El resto de las fuerzas
políticas contemporáneas, integristas o republicanas, se
sitúan en un vértice marginal, acudiendo esporádicamen-
te a las elecciones, sin obtener más que un voto "excesi-
vamente" testimonial. Aunque en un primer momento, la
provincia abulense se configuró como liberal, seguidora
de Sagasta 163 , el deslizamiento de la facción gamacista
F F

del partido liberal-fusionista hacia el conservadurismo, en


un primer momento, silvelista y en épocas posteriores,
que sobrepasan el marco temporal de este trabajo, datis-
ta, dan la imagen de una provincia anclada en el ala con-
servadora. Los liberales permanecerán fieles al partido
hasta la desaparición de su líder, en 1905, a partir de la
cual se decanta por posiciones albistas, ya en la segunda
década del siglo XX.

"La elite parlamentaria abulense", en CARASA, P. "Elites Castella-


163

nas de la Restauración", vol. II, pág. 147


115
Siguiendo el esquema que Tusell aplica para Andalu-
cía 164 , intentaremos definir los distritos electorales abulen-
F F

ses en función de los resultados obtenidos en cada convo-


catoria, reduciendo las categorías aportadas por aquel a
las siguientes:

A= Elecciones competitivas 165


F

B= Elecciones donde hay lucha entre partidos del


turno
C= Elecciones en los que se presentan partidos anti-
dinásticos

Así las cosas, el comportamiento electoral de los


cuatro distritos abulenses, en las elecciones celebradas
desde 1891 a 1907, respondería al siguiente cuadro:

Cuadro nº XI
164
TUSELL, J. Op. Cit. pág. 125
165
Entendemos por elecciones competitivas aquellas convocatorias
electorales en las que hubo lucha efectiva entre los candidatos, es de-
cir, en las que existió un candidato más que los puestos por cubrir y
éste candidato obtuvo un nº de votos igual o superior al 5% de los
electores.

116
Comportamiento electoral de los distritos electorales abulen-
ses

Aréva-
Arenas Ávila Piedr.
lo
A B C A B C A B C A B C
1891 x x x x x X x x x x X
1893 x x x x x x x X
1896 x x x x x x
1898 x
1899 x x
1901 x x x x x x
1903 x X
1905 x x x X
1907 x x x

Observamos que, en un primer momento, los dos


distritos más competitivos son Arévalo y Ávila, por ese or-
den, mientras que el que menor sentido competitivo tiene
es el de Piedrahíta-Barco, en un punto intermedio queda-
ría el de Arenas de San Pedro. Es a partir de las elecciones
de 1901 cuando los cuatro distritos tienden a la igualdad y
las elecciones se hacen menos competitivas. Otro dato in-
teresante es el que aporta la presencia de partidos fuera
del turno, en una primera fase en los primeros años de la
implantación del sufragio universal y en una posterior, a
partir de 1903. Estos momentos de intervención de los
partidos no turnistas (fundamentalmente, los republica-
nos), se corresponderían con el período de crisis del siste-
ma y de reagrupamiento de las fuerzas republicanas, aun-
que en Ávila no tiene especial trascendencia.

Destaca el distrito de Piedrahíta por la casi total au-


sencia de lucha en las sucesivas elecciones, ya que desde
1896 desaparece de escena la habitual confrontación en-
117
tre partidos del turno, para dejar paso a una presencia on-
mipotente del candidato silvelista, ya sea Fco. Silvela, ya
Jorge Silvela Loring. Otro proceso similar se aprecia en el
distrito de Arenas de San Pedro, aunque menos fuerte y
pronunciado que el anterior, con el candidato-diputado,
Fco. Agustín Silvela Casado.

Por lo tanto, y volviendo a la clasificación aportada


por Tusell, con la consiguiente adaptación a nuestro caso,
podemos definir como distritos no competitivos a aquellos
en los que el número de elecciones sin lucha no superen
las seis ocasiones, poco competitivos a los comprendidos
entre 2 y 5, y competitivos en los que no media lucha en-
tre 0 y 2 elecciones. Según esta clasificación los distritos
abulenses pueden considerarse no competitivos, en el
caso de Arenas y Piedrahíta, y poco competitivos, en el
caso de Arévalo y Ávila. Arenas, en 6 elecciones, y Pie-
drahíta, en siete, Arévalo en 4 y Ávila en 5 elecciones,
arrojan unos resultados claros para definir el conjunto de
la provincia como poco competitiva en materia electoral,
a lo que no es ajena, como hemos visto, la presencia en
los distritos de la familia Silvela.

El grado de docilidad de los distritos electorales es


otro dato a tener en cuenta para entender la realidad
electoral abulense. Entendemos por docilidad la capaci-
dad de los distritos para reproducir en diputados los dese-
os del gobierno que convoca las elecciones. Así si la filia-
ción del diputado elegido fue idéntica a la del gobierno
(en nuestro caso en más de 6 elecciones) hablaremos de
distritos muy dóciles, si el número de ocasiones está com-
prendido entre 3 y 6, de dóciles, y si sólo responde a las
pretensiones del gobierno 1 ó 2 veces, de menos dóciles.
En el siguiente cuadro se relacionan las elecciones en la
provincia, atendiendo a los resultados obtenidos en rela-
118
ción con los partidos convocantes de las elecciones, de
esta manera inferiremos el grado de docilidad de los dis-
tritos.

Como se aprecia en el cuadro, los distritos más dóci-


les son los de Arévalo y Ávila con 7 y 8 convocatorias ga-
nadas por los miembros adscritos al partido convocante
de las elecciones. Sin embargo, Arenas y Piedrahíta, con 5
y 6 convocatorias coincidentes, serán los distritos "menos
dóciles", derivada de la presencia de la familia Silvela, au-
téntica propietarias de los mismos, en el sentido de que ni
siquiera la fuerza del gobierno logra desposeerles de los
mismos. Además, en el caso de Arenas, Fco. Agustín Silve-
la esta posesión se pone de manifiesto porde su pertenen-
cia al partido liberal-fusionista, en un primer momento, y
al conservador después de la separación del mismo de la
facción gamacista.

Del mismo modo podemos considerar el grado de


cumplimiento del turno. Siguiendo el cuadro anterior, dis-
tinguimos que el turno se cumple escrupulosamente, si-
guiendo el péndulo conservador-liberal, excepto en los
años 1896 y 1905 en los que el partido convocante no lo-
gra reproducir el pacto entre partidos en la provincia de
Ávila gracias a las distintas defecciones en los partidos di-
násticos.

119
Cuadro nº XII
Relación entre los partidos ganadores en los distritos y
los partidos convocantes de las distintas elecciones

Partido del candidato elegido


Partido Año
Arenas Arévalo Ávila Piedrahíta
convocante
Conservador 1891 Liberal Conservador Conservador Conservador
Liberal 1893 Liberal Liberal Liberal Liberal
Conservador 1896 Liberal Liberal Liberal Conservador
Liberal 1898 Liberal Liberal Liberal Conservador
Conservador 1899 Liberal 166
F F Conservador Conservador Conservador
Liberal 1901 Liberal Liberal Liberal Conservador
Conservador 1903 Conservador Conservador Conservador Conservador
Liberal 1905 Conservador Conservador Liberal Conservador
Conservador 1907 Conservador Conservador Conservador Conservador

En este momento se produce la defección de las filas liberales-fusionistas del grupo gamacista, que
166

pasará en Ávila al partido conservador.


La abstención en los comicios, aún tratándose de
elecciones falseadas de antemano, es indicativa, o podría
serlo, del apoyo recogido por los notables en cada convo-
catoria. El cuadro nº recoge la abstención media de la
provincia en cada elección, y aunque se aprecian partici-
paciones "normales" en todas las convocatorias, las elec-
ciones con mayor abstención se sitúan en 1898, 1903 y
1905. Por distritos, la abstención es más significativa, en
el cuadro nº se recoge esta abstención más localizada,
aunque salvo en el distrito de Piedrahíta, feudo de Fco. Sil-
vela, en los demás las fluctuaciones de participación son
importantes, dándose el caso de abstenciones próximas al
45 % en alguna convocatoria y cayendo al 25% en la si-
guiente (en el caso de Arenas de San Pedro). ¿Significan
algo este baile de cifras? Creemos que no, porque aunque
en un principio pueda parecer que aumenta el grado de
movilización del electorado, reflejándolo en una absten-
ción de "castigo", la no afluencia en las urnas puede tener
otra lectura, que no es sino la de que en ese distrito se ha
logrado el pacto político, el compromiso del apoyo a costa
de no participar en el proceso electoral, y por tanto de la
abstención.

Cuadro nº XIII
Abstención provincial

Elec- % Abstención
ción
1891
1893 22,26
1896 23,37
1898 30,11
1899 23,63
1901 17,94
1903 31,51
1905 34,08
1907 20,13

122
Cuadro nº XIV
Abstención por distritos electorales

1891 1893 1896 1898 1899 1901 1903 1905 1907


Arenas 20,89 16,02 41,58 37,91 14,76 44,70 25,98 18,63
Arévalo 14,61 16,19 22,29 26,50 16,23 14,94 35,83 43,71 23,95
Ávila 21,00 31,38 25,71 31,50 23,77 22,01 30,85 43,13 22,13
Piedrahíta 21,84 20,58 29,46 20,88 16,63 20,05 14,67 23,50 15,82
El apoyo que recogen los candidatos es, quizá, el
dato que más luz arroja a la vista de tantas cifras porcen-
tuales. Cuándo hay lucha entre partidos ésta se verá refle-
jada en los votos obtenidos por cada candidato, por el
contrario, cuando el pacto se consuma, y lo es en muchas
ocasiones como veremos (ver Anexo V), las cifras se dis-
paran hasta alcanzar el ¡100% de los votos! Es el caso del
distrito de Piedrahíta, en el que el candidato Fco. Silvela
recoge más del 99% de los votos en cinco ocasiones, de
las seis veces que se presenta por el distrito. Lo mismo
podríamos decir del distrito de Ávila, que salvo en 1896 y
1901, su candidato ganador lo hace con más del 99% de
los votos. Hasta las elecciones de 1903, salvo en los distri-
tos indicados, podemos inferir que hay lucha en la mayo-
ría de los distritos electorales (salvo casos coyunturales),
pero es a partir de esta fecha cuando los candidatos de-
ben su escaño al pacto político provincial, ya que a partir
de entonces, salen elegidos con el 97 - 99 % de los votos.
Esta tendencia, de clara adulteración del voto, se verá au-
mentada con la nueva ley electoral y su famoso artículo
29.

Las cifras utilizadas corresponden a los resultados


electorales aportados por el B.O.P., las actas de escrutinio
y la prensa local, datos que no siempre se corresponden
con los manejados en el Archivo del Congreso de los Dipu-
tados, en el que se producen variaciones un tanto curio-
sas, cuando no la total ausencia de las mismas, como en
el caso de la elección de 1891 167 . Es un dato más que nos
F F

sugiere las maneras de hacer las elecciones en el sistema

167
ACD. Serie Documentación Electoral, legajo 105/5: en esta docu-
mentación, al contrario que en el resto de los distritos, no constan los
votos obtenidos por el candidato Fco. Agustín Silvela en el distrito de
Arenas de San Pedro. En el anexo VI se recogen esta disparidad en los
datos, comparando los obtenidos en el Congreso de los Diputados y
las otras fuentes consultadas.
político de la Restauración, siempre sujetas a la manipula-
ción de los datos.

Respecto a los diputados elegidos y el número de


actas obtenidas, el siguiente cuadro puede servir de base
para el conocimiento de quién era quién en la provincia y
su influencia política en la misma:

Cuadro nº XV
Nº de actas recogidas por cada diputado

Candidatos Actas recogi-


das
Fco. Agustín Silvela Casado 7
Fco. Silvella y de le Villeuze 6
Pascual Amat 6
Nicolás Sánchez Albornoz 3
Ramón Castillo 3
Gabriel del Alcázar y Guz- 3
mán
Emilio Ortuño Berte 2
Jorge Silvela Loring 2
Marqués de Torrecilla 1
Alberto Muñoz Morera 1
José de Orueta 1
Ildefonso L. Bermejillo 1
Salvador Canals y Vilaró 1

La información que nos suministra la tabla no admi-


te más comentario que el que se deriva de las influencias
de estos diputados en sus distritos. A pesar del turno im-
puesto desde el gobierno, los Silvela, en Arenas de San
Pedro y en Piedrahíta, impondrán su predominio, que se
verá recogido, posteriormente, por Ortuño y Jorge Silvela,
respectivamente. El resto de actas cuentan también con
125
candidatos que se harán con su propio distrito, es el caso
de Amat en Arévalo o Sánchez Albornoz en Ávila 168 , corro- F F

borando, una vez más, los tintes personalistas de la políti-


ca restauracionista. Como no podía ser menos, los diputa-
dos con menos actas en su poder se corresponden con
aquellos que acuden a la provincia como cuneros (Orueta,
Bermejillo y Canals), o a los que coyunturalmente la repre-
sentan (Torrecilla o Muñoz Morera).

5.3 Los diputados.-

Ya se ha comentado el dominio de los Silvela en los


distritos de Arenas y Piedrahíta. Es curioso comprobar que
la familia Silvela desempeña la representación por los dis-
tritos de Arenas de San Pedro y Piedrahíta desde 1871 169 y F F

1869, respectivamente, y que repite la misma hasta la de-


saparición del régimen, convirtiéndolo en un distrito pro-
pio, auténtico feudo electoral silvelista. En el distrito de
Arévalo la figura de Pascual Amat cubre un amplio período
electoral, salvo en 1899 y 1901, que llegará hasta 1921,
en el Congreso, y a 1923 en el Senado.

También se puede considerar como estable la repre-


sentación del candidato conservador, y anteriormente fu-
sionista, Nicolás Sánchez Albornoz, elegido por el distrito

168
Su paso al Senado limitó la tendencia a constituir el distrito abulen-
se como propio, tendencia demostrada en las elecciones de 1893,
1896 y 1898.
169
AHPA, Diputación, lib. 3019, leg.1., exp.5. En éste se recoge Certifi-
cado del Archivero Bibliotecario del Senado, dando fe de que D. Ma-
nuel Silvela ha desempeñado el cargo de senador durante las cortes
de 1871,1876,1879 y 1881. Este certificado era necesario para la de-
signación de los interventores en las mesas electorales como condi-
ción para la presentación de candidaturas, tal y como lo recoge la Ley
Electoral del Sufragio Universal de 26 de Junio de 1890, en su artículo
37.
126
electoral de Ávila, aunque su paso al Senado no nos deja
ver la profundidad de esta afirmación. En el momento de
abandonar aquel vuelve a ser elegido diputado por el mis-
mo distrito (1914). No menos estable será el estableci-
miento de Ortuño Berte en Arenas de San Pedro, en susti-
tución de Fco. Agustín Silvela, con el que le unen vínculos
familiares, y de quien, a buen seguro, recogerá su cliente-
la política.

En cuanto al origen profesional de los candidatos,


podemos afirmar que la mayoría son de profesión aboga-
do, lo que no hace sino reforzar el peso del derecho en la
política de la Restauración, señalando el papel predomi-
nante de los abogados en el sistema 170 . No hay que olvi-
F F

dar que la abogacía era en aquel momento fuente de in-


fluencia en una población necesitada de la mediación de
estos profesionales entre una administración muy alejada,
por ajena, y el resto de la ciudadanía. De los trece diputa-
dos abulenses entre 1891 y 1907, ocho fueron abogados o
ejercieron la abogacía (los Silvela, Sánchez Albornoz, A.A-
velino Salabert, José de Orueta, Pascual Amat y Ramón
Castillo), el resto fueron, propietarios (Alberto Muñoz Mo-
rera y Gabriel del Alcázar), ingenieros (Emilio Ortuño), mi-
litares (Pascual Amat), médicos (Bermejillo) o periodistas
(Salvador Canals).

La relevancia económica es otro de los factores co-


munes a todos los candidatos, que no podía ser de otra
forma al no estar retribuido el cargo de Diputado en Cor-
tes 171 . Nota importante es que los diputados nacidos o
F F

vinculados a la provincia (Marqués de Torrecilla, Francisco


Silvela, Nicolás Sánchez Albornoz, Muñoz Morera, Ramón

JUTGLAR, A. : “Ideologías…” Op. Cit.


170

171
La Ley Electoral del Sufragio Universal, en su artículo 8º, dice : “El
cargo de Diputado a Cortes es gratuito y voluntario”
127
Castillo, Gabriel del Alcázar) pertenecen a familias que, en
su día, adquirieron bienes procedentes de las desamorti-
zaciones 172 , por lo que sería relativamente fácil inferir que
F F

sus orígenes están en la burguesía detentora del poder


económico 173 de mediados del siglo XIX. Desmarcándose
F F

de esta afirmación nos encontramos los casos de diputa-


dos vinculados a la vieja nobleza, como es el caso de Ga-
briel del Alcázar y Guzmán, Conde de Crescente, y Andrés
Avelino Salabert y Arteaga, Marqués de Torrecilla 174 , am- F F

bos propietarios de grandes extensiones de tierra y princi-


pales contribuyentes, y los dos descendientes de grandes
familias de propietarios rurales.

Salvo excepciones, estas familias van a perpetuarse


en el dominio económico y social, principalmente en la ca-
pital y su distrito rural, a través de sucesivas uniones ma-
trimoniales (ver anexo IX), emparentándose entre sí y ex-
tendiendo sus vínculos familiares a otras escenas políti-
cas, como el Ayuntamiento y la Diputación, configurando
una verdadera elite política y social, de carácter provin-
cial, hasta el final de la Restauración 175 . Es esta, quizá,
F F

una de las características más importantes de los diputa-


dos abulenses: la tendencia a extender los vínculos fami-
liares más allá de las relaciones domésticas, como no po-
día ser menos en una sociedad política en la que disponer
172
RUIZ-AYUCAR ZURDO, I. El proceso desamortizador en la Provincia
de Ávila, Ávila, 1990, 2 vol.
173
RUIZ.AYUCAR ZURDO, I. : “El proceso…” Op. Cit. Pág. 129.
174
Los dos diputados provienen de familias ennoblecidas en los siglos
XVII y XVIII y son grandes de España.
175
CARASA, P. (Director) : "Élites Castellanas de la Restauración", 2
vol. Valladolid, 1997, págs. 127-174. Por otro lado, la Dictadura de Pri-
mo de Rivera y la IIª República no contempla el paso de ninguna fami-
lia de las citadas en la política provincial, desapareciendo del mapa
político, con la única excepción del hijo de Sánchez Albornoz, el histo-
riador Claudio Sánchez Albornoz, diputado en todas las legislaturas
republicanas.
128
de una buena red de relaciones era poco menos que im-
prescindible para desarrollar la influencia personalista so-
bre las distintas instituciones y organismos administrati-
vos 176 .
F F

Así, las familias de Gabriel del Alcázar, Silvela, Sán-


chez Albornoz y Ortuño acabaron emparentadas por la su-
cesión de uniones matrimoniales, a la que no fue ajena la
familia Aboín 177 , auténtico "motor" de estos enlaces a tra-
F F

vés de un buen número de sus descendientes que llega-


ron a relacionar a toda la elite política entre sí, elite no
sólo provincial, como en el caso de los diputados que nos
ocupan, sino también local, con otros personajes políticos
dedicados a la carrera del meritaje público en la Diputa-
ción Provincial y en el Ayuntamiento de la capital.

En cuanto a las provincias de origen de los diputa-


dos abulenses, hemos constatado la poca influencia "cu-
nera" de los mismos, ya que a lo largo del periodo de es-
tudio, tan sólo tres diputados acudieron a la provincia con

176
PRO RUIZ,J. " Las élites de la España liberal: clases y redes en la
definición del espacio social (1808-1931)", Historia Social, nº21, págs.
47-69. Del mismo modo que la influencia dada por formar parte de
una misma familia, la importancia de la sociabilidad de esta elite es
manifiesta: "la pertenencia a clubes, casinos y círculos y la asistencia
a bailes y fiestas, son el medio para "tejer vínculos y redes sociales
que, a la larga, acabarán produciendo una identificación de clase"
(pág.69)
177
La familia Aboín tiene su orígen a principios del siglo XIX en el que
poco a poco va desarrollando una pequeña actividad comercial a la
que se une, posteriormente, la compra en desamortización de nume-
rosas propiedades, entre las que destaca la Dehesa de San Simones y
Montefrío. Su estrategia de uniones matrimoniales le emparentó con
todas las familias políticas abulenses (Ortuño, Sánchez Albornoz, Sil-
vela y Crescente). En el ámbito local, la familia también desarrolló
una carrera política notable, tanto en la Diputación Provincial como en
el Ayuntamiento de Ávila, aspecto todavía poco estudiado.
129
tal condición (Bermejillo, Orueta y Canals), el resto son
personajes muy vinculados a la provincia por conexiones
familiares (Silvela, Conde de Cescente, Marqués de Torre-
cilla), destinados en la misma en sus respectivas profesio-
nes (Amat, Ortuño) o nacidos en Ávila o totalmente arrai-
gados en la misma (Sánchez Albornoz, Castillo). Salvo en
el caso de los cuneros, ocasionalmente venidos a la lucha
electoral, el resto permanecerá en la provincia hasta el fi-
nal de sus vidas políticas, pero en todos se aprecia una
especial vinculación con Madrid, en la que la mayoría dis-
pone de vivienda o residencia más o menos estable 178 , F F

cuando no de despacho para sus negocios o trabajos pri-


vados.

Aunque, someramente, y a lo largo de este estudio,


hemos ido conociendo a los distintos personajes, personal
político provincial, no está de más que, en una breve bio-
grafía, nos acerquemos a los diputados abulenses advir-
tiendo aquellos aspectos no citados previamente a lo lar-
go de este trabajo:

Francisco Agustín Silvela Casado: (1860-) Abo-


gado y jurista, fue diputado a Cortes por el distrito de Are-
nas de San Pedro en los años de 1884, 1886, 1891, 1896,
1898, 1903 y 1905, lo que da idea de su arraigo en el dis-
trito, por el que trabajó desde su escaño en Madrid. Obtu-
vo al final de su vida el Marquesado de Santa Mª de Silve-
la y el escaño de senador vitalicio desde 1907. Relaciona-
do familiarmente con el jefe de la facción silvelista del
partido conservador, hasta su paso en el mismo figuró en
las filas gamacistas del partido liberal fusionista.

Francisco Silvela y de le Villeuze (1843-1905):


Doctorado en Derecho, accedió al Congreso por vez pri-
178
ACD Serie Documentación Electoral, legajos 105-121/5
130
mera en 1869; en la restauración representó al distrito de
Piedrahíta-Barco de Ávila en los años 1876, 1879, 1881,
1884, 1886, 1891, 1896, 1898, 1899, 1901 y 1903. Su ca-
rrera política sólo se detuvo con su muerte, heredando su
distrito su hijo Jorge hasta el final de la Restauración. Mi-
nistro en varias ocasiones y Presidente del Consejo de Mi-
nistros, su enfrentamiento a Cánovas del Castillo marcó el
comienzo de un estilo regeneracionista dentro del partido
conservador.

Pascual Amat y Esteve (1856-1928): Abogado y


militar, aparece en la política abulense en 1893 y no la
abandonará hasta el final del régimen, aunque simultane-
ando sus apariciones en el Congreso y en el Senado. Pro-
fesor de la Escuela de Administración Militar de Ávila, al-
canzó los honores políticos de Subsecretario de Gracia y
Justicia y Ministro del mismo ramo y Comisario de Guerra.
Perteneciente a la rama gamacista del partido liberal fu-
sionista, se integró en el partido conservador en el ala
maurista.

Nicolás Sánchez Albornoz y Hurtado (1862-¿? ):


Abogado, con vinculaciones familiares en el ayuntamiento
de Ávila y la Diputación Provincial, de la que fue diputado.
Miembro destacado del partido liberal fusionista en su
rama gamacista antes de ingresar en el partido conserva-
dor. Su vida política transcurrió tanto en el Congreso como
en el Senado, obteniendo el título de senador vitalicio al
final de su vida política.

Ramón Castillo y García Soriano (¿1863?-1924):


Abogado perteneciente a la Academia de Jurisprudencia.
Jefe del partido liberal fusionista en Ávila, permanece fiel a
la jefatura de Sagasta ante la fractura gamacista. Al igual
que los otros diputados abulenses, su familia compra en
131
desamortización y tiene ramificaciones familiares en el
ayuntamiento de la capital y en la Diputación Provincial,
de la que es letrado, adquiriendo un gran prestigio provin-
cial. Del mismo modo que Amat y Sánchez Albornoz, su
vida política tiene lugar en el Senado y en el Congreso,
aunque es en este último lugar donde realiza su mayor
carrera política. De los diputados oriundos de la provincia
es el único al que no hemos encontrado relación familiar
con el resto.

Gabriel del Alcázar y Guzmán, Conde de Cres-


cente (1861-1907): sin profesión conocida, gran propieta-
rio rústico y urbano, perteneciente a una familia de la no-
bleza abulense (marquesado de Peñafuerte), se emparen-
tó con los Silvela al casar a su hija con un hijo de Manuel
Silvela Casado (hermano del diputado por Arenas, Fco.
Agustín), con lo que a su origen aristocrático y económico,
unió así la categoría social de estar emparentado con la
elite local. Diputado en tres ocasiones, siempre represen-
tando al partido conservador, en su ala silvelista.

Emilio Ortuño Berte (1862-1936): Ingeniero civil,


funcionario público y catedrático de la Escuela de Ingenie-
ros de caminos, afincado en Ávila por razones de trabajo,
se casó con una hija de la familia Aboín, lo que le empa-
rentó directamente con Silvela, al que siguió políticamen-
te hasta su integración en el partido conservador. Con
Maura fue subsecretario de la Presidencia y más tarde Di-
rector General de Correos, cargo al que se le deben la mo-
dernización de los servicios postales: creación del monte-
pío de carteros, creación de la Caja Postal, difusión del co-
rreo por ferrocarril, creación del servicio de paquetería
postal y construcción de las casas correo, entre ellas la de
Madrid.

132
Jorge Silvela Loring (1881-1936): Hijo de Fco. Sil-
vela y Amalia Loring, y por tanto vinculado a una de las
principales familias políticas del momento y unido, por su
madre, a los círculos industriales, en los que desempeñó
cargos en los consejos de administración de importantes
compañías industriales. Desde la muerte de su padre, en
1905, representó al distrito de Piedrahíta hasta la desapa-
rición del régimen en 1923. Desempeñó altos cargos en la
Presidencia del Gobierno y del Ministerio de Instrucción
Pública (subsecretario en ambos) y fue Director General
de Correos y Telégrafos.

Marqués de Torrecilla (1864-1925): amigo del rey


Alfonso XIII, con el que participó en varios negocios y sir-
viente del mismo, desempeñó los cargos de Jefe Superior
de palacio y Mayordomo Real. Terrateniente en la provin-
cia, fue designado senador por derecho propio en 1914.

Alberto Muñoz Morera (¿?-1927): Representante


por excelencia de la burguesía abulense enriquecida con
la desamortización, sus vínculos familiares alcanzan la ad-
ministración local (diputación, ayuntamiento) y la élite po-
lítica de las familias abulenses, emparentándose con los
Silvela, y por tanto, con el resto del personal político.

José de Orueta (1815-¿?): industrial vasco, arqueti-


po del candidato "cunero", fue elegido por el distrito de
Arenas en 1901 representando al partido liberal. Hombre
acaudalado, fue gerente de la Sociedad de Construcciones
Metálicas y vocal de la Junta de Aranceles y Valoraciones.
Sus posteriores representaciones políticas las llevó a cabo
en Tolosa (Guipúzcoa) en 1905 y 1914, alejándose por
completo de la política abulense.

133
Ildefonso Luis Bermejillo y Martínez Negrete
(¿?-¿?): concuñado del diputado liberal por Guadalajara,
Conde de Romanones, y por tanto dotado de aptitudes
para el "cunerismo", copartícipe con el rey en inversiones
un tanto extravagantes en Méjico, representó a la provin-
cia en 1901 y posteriormente a Huesca y Burgos. Con el
título de marqués de Mohernando, fue distinguido con al-
tas condecoraciones nobiliarias, entre ellas la de Mayordo-
mo de su Majestad.

Salvador Canals y Vilaró (1867-¿?): Auténtico co-


modín del partido conservador para solucionar los proble-
mas electorales, Canals, representó a distritos de las pro-
vincias de Tarragona, Alicante, Lérida, Valencia y Ávila. Su
actividad como periodista en "Nuestro Tiempo", "El Heral-
do", "El Nacional", "El Español", "España" y "La Época", le
reportaron la confianza de Maura en sus gobiernos, de-
sempeñando el cargo de Subsecretario de la Presidencia.

5.4 Las relaciones de poder en el marco local


y provincial.-

La constante manipulación electoral que hemos ve-


nido refiriendo durante todo nuestro estudio, no hubiera
sido posible sin el conformismo y la implicación de los no-
tables locales y provinciales, verdaderos artífices del pac-
to político que posibilitaba tal práctica, y que como he-
mos visto, estaban enraizados en la estructura de los par-
tidos políticos abulenses.

134
Jueces municipales, secretarios de ayuntamiento 179 , F F

funcionarios y administración en general constituían las


fuerzas de las que se nutría el caciquismo en los pueblos
y pequeñas localidades abulenses. Estos personajes debí-
an sus puestos a los políticos, que habiéndoles nombrado
para sus puestos, reclutaban, así, a un buen número de
incondicionales para su causa, que no era otra que mante-
nerse en el poder. Estos "notables" estaban en contacto
constante con los campesinos (no olvidemos la gran masa
de población abulense dedicada a las actividades agra-
rias) y, por tanto, en disposición de influir sobre ellos.

Este "amiguismo" también nos lo encontramos en


la Diputación Provincial, institución en la que la influencia,
el "conocer a alguien", podía ser sinónimo de construcción
de carreteras, puentes u otras infraestructuras tan nece-
sarias en la provincia. La entidad provincial, se convirtió,
de esta forma, en una de las principales vías de recluta-
miento de clientela, caso no extraño ya que la Diputación
incluía en sus funciones el empleo en sus oficinas y todos
los servicios complementarios (construcción de caminos
vecinales, imprenta y beneficencia, por ejemplo, lo que
podía proporcionar un empleo, desde secretarios a obre-
ros), así como el sostenimiento del hospital provincial y la
inclusa, y la no menos importante Comisión de Recluta-
miento, que revisaba las exclusiones del servicio militar.

179
Los secretarios de ayuntamiento eran la pieza básica de la maqui-
naria administrativa en el ámbito local. Toda la administración local
pasaba por sus manos, y en lo que concierne al proceso electoral, era
el encargado de renovar y custodiar las listas electorales y secretario
de la Junta Municipal del Censo.
135
La importancia de la Diputación Provincial 180 en la F F

configuración de la geografía caciquil abulense, y el cono-


cimiento de su personal político, son claves para desarro-
llar el entramado de favores y clientelas que existieron en
el Ávila de finales de siglo y comienzos del XX. Su estudio,
el origen y evolución de esta elite provincial, se considera
necesario para desentrañar las verdaderas armas del caci-
quismo en la provincia, pues no hay que olvidar que su
Comisión Provincial, su principal arma política, asesoraba
al gobernador civil, principal valedor de la política nacio-
nal en las provincial. La línea de investigación, en este
campo, queda así abierta para futuros estudios y proyec-
tos de trabajo.

De una forma análoga, una institución de origen me-


dieval como el Asocio de la Extinguida Universidad y Tie-
rra de Ávila, poseedor y administrador de grandes propie-
dades de tierra fértil, monte y prados de ganadería en el
sudoeste provincial, utilizó sus recursos a la hora de pre-
parar las elecciones, y no está quitado, como en el caso
anterior, que empleara sus posesiones para establecer re-
des clientelares en los numerosos pueblos de su influencia
directa 181 . La nómina del personal político del Asocio abu-
F F

lense es otra de las claves para entender, tanto las rela-


ciones de poder en la provincia, como las clientelas y el
consiguiente caciquismo desarrollado en la misma; es, o
podría ser, por tanto, como la representación política en la
Diputación Provincial, otro tema de estudio para futuras

180
La historiografía sobre el caciquismo ha dado mucha importancia a
las diputaciones provinciales como lugares de iniciación a la vida polí-
tica, baste, por ejemplo TUSELL, J. "Oligarquía y caciquismo en Anda-
lucía", pág. 334
181
Ya hemos visto como el Asocio utilizó la coacción frente a los gana-
deros de El Tiemblo para que votasen al candidato gubernamental en
las elecciones de 1899.
136
investigaciones, consideración extensible al estudio de la
política local en cada pueblo o localidad.

En los pueblos grandes, cabezas de partido o de dis-


trito, y por supuesto en la capital, Ávila, estos notables
configuraron un grupo social que daba un carácter dife-
rente a las relaciones sociales 182 , y por ende a las políti-
F F

cas. Unidos por lazos familiares, la mayoría de ellos, des-


tacaban sobre el resto de la comunidad por el acceso a la
propiedad, el ejercicio de su profesión o el desempeño de
cargos públicos de especial relevancia. Incluso en la vida
cotidiana estos pequeños/medios burgueses desarrollaron
espacios comunes donde se desenvolvían a diario, aspec-
to en el que ha dejado huella, tanto la arquitectura civil
como la funeraria 183 .
F F

Insistimos: sólo el conocimiento de estos personajes


podrá darnos a entender la estructuración del caciquismo
y sus redes clientelares, y por tanto, la organización de la
sociedad que nos permita conocer las actitudes de domi-
nio, por una parte, y/o de sumisión, por otra, de la pobla-
ción abulense. Queda, por consiguiente, abierta una línea
de acción investigadora para el futuro.
182
MORENO LUZÓN, J. "Romanones..." Op. Cit. pág. 169. La afirmación
de Luzón para Guadalajara puede ser extensible para el caso abulen-
se tanto por la configuración de ambas provincias, netamente rurales,
como por su estructura social y económica, como tal así se ha toma-
do.
183
Es curioso comprobar en el cementerio de Ávila, la distribución de
los modestos, y en algunos casos, grandes, mausoleos, de la burgue-
sía local, ubicados en el mismo espacio y coordenadas del campo san-
to. Otro tanto podemos decir de las escasas edificaciones de fin de si-
glo que se conservan en la capital, siguiendo sus huellas encontramos
el espacio natural donde se desenvolvía este grupo social. Es intere-
sante, a este respecto, la descripción de las ciudades castellanas y la
forma de vida burguesa en las mismas que realiza VARELA ORTEGA, J.
en "Los amigos políticos...", págs. 216-229.
137
6. CONCLUSIONES.-

138
Hemos visto como estaba estructurada la provincia
abulense. La composición de una sociedad marcadamente
rural en la que las influencias de los notables locales inci-
dían, de forma muy trascendente, en las relaciones coti-
dianas de la población, y de forma marcadamente subs-
tancial, en las elecciones al Congreso de los Diputados.
Hemos encontrado las razones de esta influencia de los
notables en el resto de la población en un exceso de loca-
lismo. En efecto, el analfabetismo, aunque no tan pronun-
ciado como en otras regiones y provincias españolas, el
alejamiento de la administración de unos ciudadanos es-
casamente formados en el estado centralista, el difícil ac-
ceso, (aumentado por la configuración orográfica provin-
cial), de sus numerosos núcleos rurales a través de viejas
y complicadas carreteras locales, y la escasa influencia de
la prensa en unas localidades desprovistas de la más mí-
nima información que sobrepasara lo estrictamente local,
propiciaron actitudes localistas a las que acompañaron,
durante muchos años, la influencia de una iglesia católica,
en la que las ideas integristas o ultraconservadoras mar-
caron las actitudes de sometimiento de la población abu-
lense.

De esta situación de dependencia social, cultural y


económica, se aprovecharon los políticos profesionales,
reunidos en torno a elites y a partidos políticos conforma-
dos con ingredientes acentuadamente personalistas, que
con un marcado componente familiar, y relacionadas a
través de vínculos políticos y económicos, dispondrán de
todos los resortes para configurar unas elecciones a su
medida en cada convocatoria electoral y por tanto para
instalar políticamente a la provincia en el ámbito neta-
mente conservador.

139
El análisis de los distritos electorales y de los diputa-
dos a Cortes nos ha llevado al conocimiento de la influen-
cia y dominio que cada uno de ellos disponía en el distrito.
A través del estudio del origen geográfico, la profesión de
los diputados y el prestigio social derivado de la misma,
además de sus relaciones con la elite económica abulen-
se, nos ha ayudado a conocer la configuración de esta au-
téntica elite política abulense, concluyendo el carácter au-
tóctono de la misma, salvo en los casos, muy puntuales,
de cunerismo.

Hemos visto que la práctica electoral abulense estu-


vo supeditada a la inexistencia de partidos políticos mo-
dernos en la provincia, que los métodos electorales utiliza-
dos por la reunión de estos personajes políticos desplega-
ron todo un catálogo de medios de fraude, el principal de
ellos, el pacto político, método de afianzamiento de su po-
der provincial, por un lado, y de apuntalamiento en la con-
figuración del estado restauracionista, por otro. De todo
esto hemos interpretado el escaso avance de la dinámica
política abulense hacia la modernización, al vetar, por
omisión, al resto de la sociedad de la participación efecti-
va en los procesos electorales.

Por último, hemos avanzado las líneas de investiga-


ción que, en un futuro, que deseamos no muy lejano, pue-
dan aportar más conocimientos a la práctica política de la
Restauración en Ávila, esto es, el estudio de la Diputación
y el Asocio abulenses, como lugares de influencia y clien-
telismo, y la imprescindible exploración del personal políti-
co, que constituía el principal soporte clientelar de la prác-
tica caciquil. No hay que dejar de lado, a este respecto, el
indispensable estudio de las entidades locales (ayunta-
mientos) y sus relaciones con los políticos provinciales.

140
7. ANEXOS.-

141
Anexo I. Mapa de la provincia dividido en distritos electo-
rales. (Elaboración propia)

142
Anexo II: Localidades abulenses pertenecientes a un Par-
tido Judicial y adscritas al Distrito Electoral correspondien-
te.-

Partido Judi- Distrito elec-


Municipio o localidad
cial de… toral de…
Aveinte Ávila Arévalo
Berlanas, Las Ávila Arévalo
Blascoeles Ávila Arévalo
Bravos Ávila Arévalo
Cardeñosa Ávila Arévalo
Gotarrendura Ávila Arévalo
Maello Ávila Arévalo
Mingorría Ávila Arévalo
Monsalupe Ávila Arévalo
Muñogrande Ávila Arévalo
Oso, El Ávila Arévalo
Peñalba Ávila Arévalo
Pozanco Ávila Arévalo
Riocabado Ávila Arévalo
San Esteban de los Pa- Ávila Arévalo
tos
San Juan de la Encinilla Ávila Arévalo
Santo Domingo de las P. Ávila Arévalo
Santo Tomé de Zabar- Ávila Arévalo
cos
Sigeres Ávila Arévalo
Tolbaños Ávila Arévalo
Vega de Santa María Ávila Arévalo
Velayos Ávila Arévalo
Villaflor Ávila Arévalo
Aldeanueva de Santa Barco de Ávila Piedrahíta
Cruz
143
Aldehuela, La Barco de Ávila Piedrahíta
Aliseda de Tormes, La Barco de Ávila Piedrahíta
Avellaneda Barco de Ávila Piedrahíta
Barco de Ávila Barco de Ávila Piedrahíta
Becedas Barco de Ávila Piedrahíta
Bohoyo Barco de Ávila Piedrahíta
Carrera, La Barco de Ávila Piedrahíta
Casas del Puerto de Barco de Ávila Piedrahíta
Torn.
Encinares Barco de Ávila Piedrahíta
Gilbuena Barco de Ávila Piedrahíta
Gilgarcía Barco de Ávila Piedrahíta
Horcajada, La Barco de Ávila Piedrahíta
Lastra del Cano, La Barco de Ávila Piedrahíta
Llanos, Los Barco de Ávila Piedrahíta
Losar, El Barco de Ávila Piedrahíta
Medinilla Barco de Ávila Piedrahíta
Nava del Barco Barco de Ávila Piedrahíta
Navalonguilla Barco de Ávila Piedrahíta
Navatejares Barco de Ávila Piedrahíta
Neila Barco de Ávila Piedrahíta
San Bartolomé de Béjar Barco de Ávila Piedrahíta
San Lorenzo Barco de Ávila Piedrahíta
Santa Lucía Barco de Ávila Piedrahíta
Solana de Béjar Barco de Ávila Piedrahíta
Sta. Mª de los Caballe- Barco de Ávila Piedrahíta
ros
Tormellas Barco de Ávila Piedrahíta
Tremedal Barco de Ávila Piedrahíta
Umbrías Barco de Ávila Piedrahíta
Zarza Barco de Ávila Piedrahíta
Adrada, La Cebreros Arenas
Barraco, El Cebreros Ávila
Casillas Cebreros Arenas
144
Cebreros Cebreros Arenas
Escarabajosa Cebreros Arenas
Fresnedilla Cebreros Arenas
Herradón, El Cebreros Ávila
Higuera de las Dueñas Cebreros Arenas
Hoyo de Pinares, El Cebreros Arenas
Navahondilla Cebreros Arenas
Navalperal de Pinares Cebreros Ávila
Navaluenga Cebreros Arenas
Navas del Marqués, Las Cebreros Ávila
Peguerinos Cebreros Ávila
San Bartolomé de Pina- Cebreros Ávila
res
San Juan de la Nava Cebreros Arenas
San Juan del Molinillo Cebreros Arenas
Santa Cruz de Pinares Cebreros Ávila
Sotillo de La Adrada Cebreros Arenas
Tiemblo, El Cebreros Arenas
Amavida Piedrahíta Ávila
Blascomillán Piedrahíta Arévalo
Cabezas del Villar Piedrahíta Arévalo
Gallegos de Sobrino Piedrahíta Ávila
Grandes Piedrahíta Ávila
Herreros de Suso Piedrahíta Ávila
Hurtmpascual Piedrahíta Ávila
Mancera de Arriba Piedrahíta Ávila
Manjabálago Piedrahíta Arévalo
Mengamuñoz Piedrahíta Ávila
Mirón, El Piedrahíta Arévalo
Mirueña Piedrahíta Ávila
Muñico Piedrahíta Ávila
Parral, El Piedrahíta Ávila
Pascualcobo Piedrahíta Ávila
Poveda Piedrahíta Ávila
145
San García de Ingelmos Piedrahíta Arévalo
Solana de Rioalmar Piedrahíta Ávila
Vita Piedrahíta Ávila

146
Anexo III: Relación de localidades que componen los 4
distritos electorales de la provincia de Ávila.

DISTRITO DE ÁVILA
U

1. Ávila (capital) 2. Alamedilla 3. Aldea del Rey 4. Aldea-


vieja 5. Amavida 6. Balbarda 7. Bernuy Salinero 8. Berro-
calejo de Aragona 9. Blacha 10. Barraco, El 11. Burgohon-
do 12. Casasola 13. Chamartin 14. Cillán 15. Colilla, La
16. Fresno, El 17. Gallegos de Altamiros 18. Gallegos de
Sobrinos 19. Gemuño 20. Grajos 21.Grandes 22. Herreros
de Suso 23. Herradón, El 24. Hija de Dios, La 25.Hoyoca-
sero 26. Hurtumpascual 27. Mancera de Arriba 28. Marlín
29.Martiherrero 30. Mediana de Voltoya 31. Mengamuñoz
32. Mironcillo 33. Mirueña 34. Muñana 35. Muñico 36.
Muñochas 37. Muñogalindo 38. Muñopepe 39. Narrillos
del Rebollar 40. Narrillos de San Leonardo 41. Narros del
Puerto 42. Navalacruz 43. Navalmoral 44. Navalosa 45.
Navalperal de Pinares 46. Navaquesera 47. Navarredondi-
lla 48. Navarrevisca 49. Navas del Marqués, Las 50. Nava-
talgordo 51. Niharra 52. Ojos-Albos 53. Padiernos 54. Pa-
rral 55. Pascualcobo 56. Peguerinos 57. Poveda 58. Riofrío
59. Salobral 60. Sanchorreja 61. Santa María del Arroyo
62. Santa Cruz de Pinares 63. San Bartolomé de Pinares
64. Serrada, La 65. Solana de Rioalmar 66. Solosancho
67. Sotalbo 68. Tornadizos de Ávila 69. Torre, La 70. Urra-
ca Miguel 71. Valdecasa 72. Vicolozano 73. Vita.

DISTRITO DE ARÉVALO
U

1.Arévalo 2. Adanero 3. Albornos 4. Aldeaseca 5. Ajo, El 6.


Aveinte 7. Barromán 8. Bercial 9. Berlanas, Las 10. Bernuy
Zapardiel 11. Blascoeles 12. Blascomillán 13. Blasconuño
de Matacabras 14. Blascosancho 15. Bohodón 16. Brabos
147
17. Bularros 18. Cabezas de Alambre 19. Cabezas del Pozo
20. Cabezas del Villar 21. Cabizuela 22. Canales 23. Canti-
veros 24. Cardeñosa 25. Castellanos de Zapardiel 26. Ce-
bolla 27. Cisla 28. Collado de Contreras. 29. Constanzana
30. Crespos 31. Dongimeno 32. Donvidas 33. Espinosa 34.
Flores de Ávila 35. Fontiveros 36. Fuente el Sauz 37. Fuen-
tes de Año 38. Gimialcón 39. Gotarrendura 40. Gutierre-
Muñoz 41. Hernansancho 42. Horcajo de Las Torres 43.
Langa 44. Maello 45. Madrigal 46. Manjabálajo 47. Mam-
blas 48. Mingorría 49. Monsalupe 50. Moraleja de Mataca-
bras 51. Muñogrande 52. Muñomer del Peco 53. Muñosan-
cho 54. Narros del Castillo 55. Narros de Saldueña 56.
Nava de Arévalo 57. Orbita 58. Oso, El 59. Pajares 60. Pa-
lacios de Goda 61. Papatrigo 62. Peñalba 63. Pedro Rodrí-
guez 64. Pozanco 65. Rasueros 66. Riocabado 67. Rivilla
de Barajas 68. Salvadios 69. Sanchidrián 70. San Esteban
de los Patos 71. San Esteban de Zapardiel 72. San García
de Ingelmos 73. San Juan de la Encinilla 74. San Pascual
75. San Pedro del Arroyo 76. San Vicente de Arévalo 77.
Santo Domingo de las Posadas 78. Santo Tomé de Zabar-
cos 79. Sinlabajos 80. Sigeres 81. Tolbaños 82. Tiñosillos
83. Vega de Santa María 84. Velayos 85. Villanueva del
Aceral 86. Villanueva de Gómez 87. Villaflor 88. Viñegra
de Moraña.

DISTRITO DE ARENAS DE SAN PEDRO


U

1.Adrada 2. Arenas de San Pedro 3. Arenal, El 4. Candele-


da 5. Casavieja 6. Casillas 7. Cebreros 8. Cuevas del Valle
9. Escarabajosa 10. Fresnedilla 11. Gavilanes 12. Guisan-
do 13. Higuera de las Dueñas 14. Hornillo, El 15. Hoyo de
Pinares 16. Lanzahita 17. Mijares 18. Mombeltrán 19. Na-
vahondilla 20. Navaluenga 21. Parra, La 22. Pedro Bernar-
do 23. Piedralaves 24. Poyales del Hoyo 25. San Esteban
148
del Valle 26. San Juan del la Nava 27. San Juan del Molini-
llo 28. Santa Cruz del Valle 29. Sotillo de la Adrada 30. Se-
rranillos 31. Tiemblo, El 32. Villarejo del Valle.

DISTRITO DE PIEDRAHITA
U

1.Piedrahita 2. Aldealabad del Mirón 3. Aldanueva de


Santa Cruz 4. Aldehuela 5. Aliseda 6. Arevalillo 7. Avella-
neda 8. Barco de Ávila 9. Becedas 10. Becedillas 11. Boho-
yo 12. Bonilla de la Sierra 13. Carrera, La 14. Carpio Me-
dianero 15. Casas del Puerto de Villatoro 16. Casas del
Puerto de Tornavacas 17. Cepeda de la Mora 18. Collado
del Mirón 19. Diego Álvaro 20. Encinares 21. Garganta del
Villar 22. Gilbuena 23. Gil García 24. Herguijuela 25. Hor-
cajada, La 26. Horcajo de la Ribera 27. Hoyos del Collado
28. Hoyos del Espino 29. Hoyos de Miguel Muñoz 30. Ho-
yorredondo 31. Lastra del Cano 32. Losar, El 33. Llanos
34. Malpartida de Corneja 35. Martínez 36. Medinilla 37.
Mesegar de Corneja 38. Mirón, El 39. Muñotello 40. Narri-
llos del Álamo 41. Nava del Barco 42. Navacepeda de Tor-
mes 43. Navacepedilla de Corneja 44. Navadijos 46. Nava-
escurial 47. Navalperal de la Ribera 48. Navarredonda 49.
Navatejares 50. Neila 51. Pradosegar 52. Santa María del
Berrocal 53. San Bartolomé de Corneja 54. San Bartolomé
de Béjar 55. San Bartolomé de Tormes 56. San Lorenzo 57.
San Martín de la Vega 58. San Martín del Pimpollar 59. San
Miguel de Corneja 60. San Miguel de Serrezuela 61. Santa
Lucía 62. Santa María de los Caballeros 63. Santiago del
Collado 64. Solana de Béjar 65. Tórtoles 66. Tremedal 67.
Tormellas 68. Umbrías 69. Vadillo de la Sierra 70. Valde-
molinos 71. Villafranca de la Sierra 72. Villanueva del
Campillo 73. Villatoro 74. Villar de Corneja 75. Zapardiel
de la Cañada 76. Zapardiel de la Ribera 77. Zarza.

149
Anexo IV: Población de hecho, según censos de 1887,
1900 y 1910, de las localidades que componen los cuatro
distritos electorales abulenses.
(Elaboración propia)

DISTRITO DE ARENAS DE SAN PEDRO

LOCALIDAD 1887 1900 1910

Adrada 1.157 1.289 1.423


Arenas de San Pedro 2.838 3.375 3.785
Arenal, El 1.559 1.623 1.792
Candeleda 2.807 3.239 4.303
Casavieja 2.342 2.548 2.537
Casillas 1.034 993 986
Cebreros 3.683 4.046 4.436
Cuevas del Valle 1.012 1.068 1.086
Escarabajosa 675 628 637
Fresnedilla 463 546 581
Gavilanes 841 885 911
Guisando 1.077 752 922
Higuera de las Dueñas 761 876 1.003
Hornillo, El 703 667 705
Hoyo de Pinares 1.084 1815 2.405
Lanzahita 761 910 992
Mijares 972 1.014 1.360
Mombeltrán 1.417 1.699 1.731
Navahondilla 295 354 380
Navaluenga 1.888 2.124 2.411
Parra, La 482 469 412
Pedro Bernardo 3.044 3.131 3.354
Piedralaves 1.665 1.864 2.052
Poyales del Hoyo 1.543 1.476 1.613
San Esteban del Valle 1.611 1.758 1.943
150
San Juan del la Nava 1.107 1.214 1.246
San Juan del Molinillo 795 919 827
Santa Cruz del Valle 656 732 856
Sotillo de la Adrada 1.831 1.929 2.329
Serranillos 1.075 703 767
Tiemblo, El 2.373 2.696 2.906
Villarejo del Valle 1.058 1.013 1.007
Total Distrito 44.609 48.355 53.698

43B DISTRITO DE ARÉVALO

LOCALIDAD 1887 1900 1910

Arévalo 3.753 3.586 3.700


Adanero 1.043 994 995
Albornos 402 460 484
Aldeaseca 402 401 467
Ajo, El 231 220 249
Aveinte 434 451 401
Barromán 474 483 559
Bercial 477 437 460
Berlanas, Las 594 605 610
Bernuy Zapardiel 363 361 345
Blascoeles 568 535 516
Blascomillán 418 499 514
Blasconuño de Mataca- 121 134 142
bras
Blascosancho 433 471 499
Bohodón 386 392 368
Brabos 294 305 269
Bularros 344 343 363
Cabezas de Alambre 221 189 210
Cabezas del Pozo 407 407 375
Cabezas del Villar 1.038 1.080 1.159
151
Cabizuela 243 223 254
Canales 96 110 128
Cantiveros 389 383 405
Cardeñosa 848 874 992
Castellanos de Zapar- 302 264 307
diel
Cebolla 121 128 122
Cisla 353 329 330
Collado de Contreras. 481 479 521
Constanzana 157 145 228
Crespos 709 784 776
Dongimeno 213 221 215
Donvidas 171 143 161
Espinosa 270 265 240
Flores de Ávila 884 864 942
Fontiveros 1079 1015 1027
Fuente el Sauz 257 273 285
Fuentes de Año 497 483 521
Gimialcón 299 294 302
Gotarrendura 252 311 308
Gutierre-Muñoz 427 429 454
Hernansancho 391 379 406
Horcajo de Las Torres 1036 997 1056
Langa 581 568 624
Maello 1274 1276 1094
Madrigal 3311 3342 3514
Manjabálajo 399 303 313
Mamblas 609 514 554
Mingorría 1035 1043 1021
Monsalupe 293 292 307
Moraleja de mataca- 262 246 307
bras
Muñogrande 379 366 333
Muñomer del Peco 129 126 149
152
Muñosancho 407 390 428
Narros del Castillo 487 636 633
Narros de Saldueña 358 367 417
Nava de Arévalo 826 793 960
Orbita 284 320 357
Oso, El 481 488 471
Pajares 492 497 530
Palacios de Goda 834 832 945
Papatrigo 516 496 458
Peñalba 298 323 354
Pedro Rodríguez 217 230 247
Pozanco 197 187 224
Rasueros 966 942 927
Riocabado 379 339 352
Rivilla de Barajas 213 240 253
Salvadios 267 306 368
Sanchidrián 976 960 986
San Esteban de los Pa- 215 228 227
tos
San Esteban de Zapar- 236 245 246
diel
San García de Ingel- 463 520 556
mos
San Juan de la Encinilla 555 546 507
San Pascual 228 243 257
San Pedro del Arroyo 455 411 462
San Vicente de Arévalo 257 245 300
Sto.Domingo de las Posa- 375 341 328
das
Santo Tomé de Zabar- 313 308 285
cos
Sinlabajos 394 360 393
Sigeres 188 175 163
Tolbaños 693 660 718
153
Tiñosillos 342 307 309
Vega de Santa María 409 402 386
Velayos 975 896 959
Villanueva del Aceral 324 361 402
Villanueva de Gómez 732 692 574
Villaflor 424 420 385
Viñegra de Moraña 293 304 310
46B Total Distrito 46.219 45.832 47.558

DISTRITO DE ÁVILA
44B

LOCALIDAD 1887 1900 1910

Ávila (capital) 10809 11885 12060


Alamedilla 204 252 264
Aldea del Rey 528 575 782
Aldeavieja 658 620 557
Amavida 477 472 488
Balbarda 597 576 627
Bernuy Salinero 324 306 308
Berrocalejo de Aragona 186 196 202
Blacha 332 312 326
Barraco, El 2074 2327 2654
Burgohondo 1247 1578 1754
Casasola 394 475 498
Chamartin 232 260 271
Cillán 295 328 299
Colilla, La 260 308 296
Fresno, El 522 531 535
Gallegos de Altamiros 351 388 482
Gallegos de Sobrinos 324 436 459
Gemuño 543 551 518
Grajos 574 533 646
Grandes 188 199 231
154
Herreros de Suso 527 555 619
Herradón, El 790 833 807
Hija de Dios, La 311 302 307
Hoyocasero 909 868 947
Hurtumpascual 403 486 539
Mancera de Arriba 510 477 531
Marlín 239 270 209
Martiherrero 427 411 379
Mediana de Voltoya 251 282 250
Mengamuñoz 274 254 223
Mironcillo 253 293 259
Mirueña 735 787 832
Muñana 1003 849 1047
Muñico 384 426 606
Muñochas 175 156 188
Muñogalindo 558 614 680
Muñopepe 152 142 139
Narrillos del Rebollar 278 283 296
Narrillos de San Leo- 371 357 343
nardo
Narros del Puerto 304 320 289
Navalacruz 896 984 1006
Navalmoral 1285 1407 1427
Navalosa 967 855 930
Navalperal de Pinares 1040 1092 1211
Navaquesera 228 303 332
Navarredondilla 686 642 678
Navarrevisca 994 799 890
Navas del Marqués, 2803 2647 2767
Las
Navatalgordo 1011 1146 1006
Niharra 370 381 365
Ojos-Albos 277 316 327
Padiernos 612 518 507
155
Parral 249 248 208
Pascualcobo 683 667 651
Peguerinos 1016 923 976
Poveda 212 217 246
Riofrío 1012 1120 1101
Salobral 286 244 240
Sanchorreja 344 315 337
Santa María del Arroyo 283 232 263
Santa Cruz de Pinares 574 663 697
San Bartolomé de Pina- 1427 1356 1285
res
Serrada, La 248 309 288
Solana de Rioalmar 460 604 660
Solosancho 1243 1207 1167
Sotalbo 595 571 571
Tornadizos de Ávila 582 603 605
Torre, La 419 447 443
Urraca Miguel 390 384 384
Valdecasa 360 315 264
Vicolozano 227 222 218
Vita 289 282 313
Total Distrito 52.041 54.092 56.110

DISTRITO DE PIEDRAHÍTA
45B

LOCALIDAD 1887 1900 1910

Piedrahita 2621 2936 2877


Aldealabad del Mirón 252 283 189
Aldanueva de Santa 613 559 486
Cruz
Aldehuela 707 774 739
Aliseda 593 630 633
Arevalillo 421 476 433
156
Avellaneda 418 412 402
Barco de Ávila 1581 1894 2014
Becedas 1349 1483 1249
Becedillas 556 551 591
Bohoyo 1344 1446 1484
Bonilla de la Sierra 1084 1017 978
Carrera, La 685 682 670
Carpio Medianero 328 339 413
Casas del Puerto de Villa- 465 465 394
toro
Cas. del Puerto de Tornava- 790 767 766
cas
Cepeda de la Mora 428 475 467
Collado del Mirón 185 215 213
Diego Álvaro 1043 935 951
Encinares 277 306 343
Garganta del Villar 302 272 266
Gilbuena 1033 1056 1085
Gil García 334 352 312
Herguijuela 353 369 359
Horcajada, La 1521 1541 1445
Horcajo de la Ribera 670 561 657
Hoyos del Collado 198 174 166
Hoyos del Espino 560 515 555
Hoyos de Miguel Muñoz 235 207 233
Hoyorredondo 541 575 585
Lastra del Cano 605 610 523
Losar, El 631 674 740
Llanos 398 411 437
Malpartida de Corneja 485 586 535
Martínez 697 806 847
Medinilla 953 974 983
Mesegar de Corneja 408 443 429
Mirón, El 595 590 539

157
Muñotello 598 594 640
Narrillos del Álamo 822 779 767
Nava del Barco 542 585 567
Navacepeda de Tormes 594 691 734
Navacepedilla de Cor- 778 733 660
neja
Navadijos 264 251 547
Navaescurial 453 430 402
Navalperal de la Ribera 1199 734 755
Navarredonda 738 1017 968
Navatejares 460 303 332
Navalonguilla 996 892 892
Neila 395 416 453
Pradosegar 421 399 480
Santa María del Berro- 1450 1617 1497
cal
San Bartolomé de Cor- 289 325 316
neja
San Bartolomé de Béjar 551 534 547
San Bartolomé de Tor- 551 534 547
mes
San Lorenzo 555 527 488
San Martín de la Vega 797 746 698
San Martín del Pimpo- 521 530 588
llar
San Miguel de Corneja 585 548 510
San Miguel de Serre- 946 945 935
zuela
Santa Lucía 345 303 311
Santa Mª de los Caba-
897 908 887
lleros
Santiago del Collado 936 904 907
Solana de Béjar 574 566 573
Tórtoles 616 580 580
158
Tremedal 210 152 146
Tormellas 379 391 351
Umbrías 703 696 718
Vadillo de la Sierra 1100 923 997
Valdemolinos 348 340 357
Villafranca de la Sierra 1115 1076 1096
Villanueva del Campillo 1041 1016 902
Villatoro 789 950 829
Villar de Corneja 256 331 323
Zapardiel de la Cañada 672 631 761
Zapardiel de la Ribera 780 696 675
Zarza 464 335 339
Total Distrito
47B 51.989 52.289 52.063

159
Anexo V: Resultados electorales obtenidos por cada diputado en cada cita electoral,
por año y distrito.

(Elaboración propia a partir de las actas de escrutinio,


A.C.D., B.O.P. y prensa local)

% sobre
Votos obteni-
el total
Nº Nº dos por el
Año Distri- Abstención % Partici- de los
Electores Votantes candidato
to pación sufra-
elegido
(1) gios

AREN 10.662 6.792 - - 6.940* -


.
1
891
ARV. 10.662 9.104 - - 5.999 -
AV. 12.095 9.555 5.176 -
PIH. 12.390 9.684 - - 8.263 -
*Notesé que el nº de votos es superior al de votantes.

AREN. 10.859 8.591 20,89 79,11 6.833 79,53


ARV. 10.743 8.863 16,19 83,81 4.765 53,76
1893
AV. 12.151 8.300 31,38 68,62 8.246 99,34
PIH. 12.459 9.896 20,58 79,42 5.372 54,28
AREN. 11.047 9.278 16,02 83,98 5.794 62,44
ARV. 10.671* 8.293 22,29 77,71 5.118 61,71
1896
AV. 12.287 9.574 25,71 74,29 5.686 59,39
PIH. 12.802 8.789 29,46 70,54 8.778 99,87
*En las actas del Congreso de los Diputados aparecen 16.666 votantes, quizás por error.

AREN. 11.292 6.597 41,58 58,42 6.597 100


ARV. 10.680 7.850 26,50 73,50 6.987 89
1898
AV. 12.295 7.737 31,50 68,50 7.731 99,92
PIH. 12.850 10.167 20,88 79,12 10.139 99,72

AREN. 11.220 6.967 37,91 62,09 6.967 100


ARV. 10.741 8.998 16,23 83,77 5.227 58,09
1899
AV. 12.345 9.025 23,77 76,23 8.997 99,69
PIH. 12.849 10.712 16,63 83,37 10.707 99,95

161
AREN. 11.205 9.551 14,76 85,24 4.834 50,61
ARV. 10.805 9.191 14,94 85,06 5.403 68,78
1901
AV. 12.557 9.793 22,01 77,99 5.380 54,93
PIH. 12.937 10.344 20,05 79,95 10.344 100

AREN. 11.564 6.395 44,70 55,30 6.351 99,30


ARV. 10.947 7.656 35,83 64,17 7.525 98,28
1903
AV. 12.434 8.599 30,85 69,15 8.566 99,61
PIH. 12.997 11.090 14,67 85,33 11.072 99,83

AREN. 11.863 8.281 25,98 74,02 8.046 97,16


ARV. 11.263 6.339 43,71 56,29 6.159 97,16
1905
AV. 12.422 7.064 43,13 56,86 7.005 99,16
PIH. 13.559 10.373 23,50 76,50 10.268 98,98

AREN. 12.055 9.809 18,63 81,37 9.808 99,99


ARV. 11.263 8.565 23,95 76,05 8.549 99,81
1907
AV. 13.206 10.283 22,13 77,87 10.275 99,92
PIH. 13.636 11.478 15,82 84,18 11.440 99,68

(1) AREN. = Arenas de San Pedro


162
ARV. = Arévalo
AV. = Ávila
PIH. = Piedrahíta

163
Anexo VI
Comparación de los votos obtenidos por los candidatos en
las distintas convocatorias electorales, según A.C.D. y se-
gún otras fuentes (B.O.P., A.H.P.A. y prensa local)

Otras fuen-
Elección Candidatos Según ACD
tes
Fco. A. Silvela No consta 7.104-6.940
Marqués de Torrecilla 5.999
1891
Muñoz Morera 5.176
Fco. Silvela 8.263
Fco. A. Silvela 6.883
P. Amat 4.765
1893
Sánchez Albornoz 8.246
Ramón Castillo 5.372
Fco. A. Silvela 5.794 5.753
P. Amat 5.118
1896
Sánchez Albornoz 5.686 5.685
Fco. Silvela 8.778 9.002
Fco. A. Silvela 6.597 7.350
P. Amat 6.987 6.977
1898
Sánchez Albornoz 7.731 7.713
Fco. Silvela 10.139 9.912
Fco. A. Silvela 6.967 6.990
Emilio Ortuño 5.227 5.283
1899
G. del Alcázar 8.997 8.787
Fco. Silvela 10.707
José de Orueta 4.834
Bermejillo 5.403 5.278
1901
Ramón Castillo 5.380 5.333
Fco. Silvela 10.344 9.828
Fco. A. Silvela 6.351
P. Amat 7.525
1903
G. del Alcázar 8.566
Fco. Silvela 11.072
Fco. A. Silvela 8.046 8.172
1905
P. Amat 6.159 6.156
Ramón Castillo 7.005 7.052
Jorge Silvela 10.268 10.269
Emilio Ortuño 9.808 9.988
P. Amat 8.549 8.598
1907 Canals y Vilaró 10.815 10.275
Jorge Silvela 11.440 11.440

165
Anexo VII:
Relación de diputados electos en las distintas convocato-
rias electorales en cada distrito.

Año Distrito Candidato elegido

Arenas de San Pe- Francisco Agustín Silvela


dro
Arévalo A. Avelino Salabert y Arteaga
1891
Ávila Alberto Muñoz Morera
Piedrahíta Francisco Silvela y de Le Villeu-
ze

Arenas de San Pe- Francisco Agustín Silvela


dro
Arévalo Pascual Amat y Esteve
1893 Nicolás Sánchez-Albornoz y
Ávila
Hurtado
Piedrahíta Ramón Castillo García y Soria-
no

Arenas de San Pe- Francisco Agustín Silvela


dro
Arévalo Pascual Amat y Esteve
1896 Nicolás Sánchez-Albornoz y
Ávila
Hurtado
Piedrahíta Francisco Silvela y de Le Villeu-
ze

166
Arenas de San Pe- Francisco Agustín Silvela
dro
Arévalo Pascual Amat y Esteve
1898 Nicolás Sánchez-Albornoz y
Ávila
Hurtado
Piedrahíta Francisco Silvela y de Le Villeu-
ze

Arenas de San Pe-


Francisco Agustín Silvela
dro
Arévalo Emilio Ortuño Berte
1899
Ávila Gabriel del Alcázar y Guzmán
Piedrahíta Francisco Silvela y de Le Villeu-
ze

Arenas de San Pe- José de Ozueta y Nenin


dro
Ildefonso L. Bermejillo y Martí-
Arévalo
nez-Negrete
1901
Ávila Ramón Castillo García y Soria-
no
Piedrahíta Francisco Silvela y de Le Villeu-
ze

Arenas de San Pe- Francisco Agustín Silvela


dro
Arévalo Pascual Amat y Esteve
1903
Ávila Gabriel de Alcázar y Guzmán
Piedrahíta Francisco Silvela y de Le Villeu-
ze*

167
Arenas de San Pe- Francisco Agustín Silvela
dro
Arévalo Pascual Amat y Esteve
1905
Ávila Ramón Castillo García y Soria-
no
Piedrahíta Jorge Silvela Loring

Arenas de San Pe- Emilio Ortuño Berte


dro
1907 Arévalo Pascual Amat y Esteve
Ávila Salvador Canals y Vilaró**
Piedrahíta Jorge Silvela Loring

* Falleció el 15 de Junio de 1905


** En elección parcial (22-3-08) por fallecimiento del Conde de Cre-
cente, Gabriel del Alcázar, que murió sin haber presentado las creden-
ciales al Congreso.

168
Anexo VIII:
Mapas electorales de la provincia por fecha de elecciones.
(Elaboración propia)

169
170
171
172
Anexo IX:

Familias políticas en Ávila (en negrita, los diputados abulenses en 1891-1907)

Fco. Agustín Silvela Santos Aboín Miguel S.


Blanco Albornoz

Miguel S. Al-
bornoz

Diego del Luis Silvela Fco. Silvela Manuel Silvela Mariano Aboín Claudio S.
Alcázar de de
Claudio
Albornoz
S. Al-
de
le Villeuze le Villeuze le Villeuze bornoz

Gabriel del Jorge Silvela Fco. Ag. Silvela Manuel Silvela Felipa Petra Siro Nicolás S. Al-
Nicolás
Alcázar Loring Casado Casado Aboín Aboín Aboín bornoz
S. Albor-
noz

Sonsoles Felipe Silve- Emilio Ortuño Concepción Abo-


del Alcá- la Aboín Berte ín
zar

Uniones matrimoniales
8. FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA.-
Archivos:
U

Archivo del Congreso de los Diputados (ACD)


Archivo Histórico Provincial de Ávila (AHPA)
Archivo Municipal de Ávila (AMA)
Archivo Diocesano de Ávila (ADA)
Biblioteca Pública de Ávila
Hemeroteca del Diario de Ávila
Archivo Provincial de la Delegación de Estadís-
tica (APDE)
Biblioteca de la Fundación Claudio Sánchez Al-
bornoz

Periódicos:
U

"El Eco de la Verdad"


"La Andalucía de Ávila"
"El Diario de Ávila"
"La República Española"
"La Verdad"

Fuentes impresas:
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