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2 DE AGOSTO DE 1800.

2 DE AGOSTO DE 1800.

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Historia sobre un suceso ocurrido ese dìa, mes y año, en el templo de la Cruz de Zacate de Tepic. En este sitio se encuentran diversas tumbas de los siglos XVIII y XIX.
Historia sobre un suceso ocurrido ese dìa, mes y año, en el templo de la Cruz de Zacate de Tepic. En este sitio se encuentran diversas tumbas de los siglos XVIII y XIX.

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CRONICAS DEL ESTADO. Enrique S. De Aguinaga Cortés.

2 DE AGOSTO DE 1800. En el presente año conmemoramos el 466 aniversario de la aparición de la Santa Cruz de Zacate, misma que, cuenta la tradición, fue encontrada en el año de 1540; pero no existen testimonios fehacientes que nos prueben tan importante suceso. El Cronista Domingo Lázaro de Arregui, que vivió varios años en Tepic, fue el primero en darnos noticias de su aparición en su “Descripción de Nueva Galicia” escrita en el año de 1621. Años más tarde, en 1657 el cronista fray Antonio Tello, en uno de sus seis libros que bajo el nombre de “Crónica miscelánea de la Santa Provincia de Xalisco”, escribió y nos relata estos hechos y nos cuenta también, los primeros milagros. En 1692, Francisco Florencia en su obra “Origen de los celebres santuarios de la Nueva Galicia, Obispado de Guadalajara en América Septentrional”, nos escribe otra narración y nos da las medidas de dicha Cruz. En el Siglo XVIII el cronista Nicolás Antonio de Ornelas Mendoza y Valdivia (“Crónica de la Provincia de Santiago de Xalisco 1719-1722) ;el poeta Rafael Landiva (“Por los campos de México”) y el italiano misionero jesuita Segismundo Taraval, en su escrito literalmente en estilo barroco “El milagro más visible o el milagro de los milagros más patente. La Santísima Cruz de Tepique. Descripción histórica de su situación, materia, forma, medidas y demás circunstancias que la forman” (1729-17519) continúan relatándonos historias de esta Cruz. Todos los anteriores ayudaron mucho para que, poco a poco, se construyera un templo justo cerca de la venerada Cruz. Así encontramos que en 1619 se construye una pequeña ermita con techo de zacate. En 1692 ya existe una capilla, y por el año de 1777, los hermanos José, Agustín y Bernardo Acevedo, ampliaron el templo a las dimensiones que ahora en el Siglo XXI conocemos. En 1850, estando de guardián fray Pablo López, se inició una remodelación de la iglesia y los techos de terrado fueron sustituidos por uno de bóveda y los altares, tanto el mayor como los dos laterales, se construyeron estilo neoclásico. Ahora bien. Después de recordar estos antecedentes del lugar, pasemos a nuestra crónica del día de hoy. En las “Gacetas de México”, Compendio de Noticias de la Nueva España, de los años 1800 y 1801, dedicados al Excmo. Señor don Félix Berenguer de Marquina e impreso por don Mariano de Zuñiga y Ontiveros, en el Tomo X, que se encuentran en el Archivo General de la Nación, encontramos la interesante información sobre “El Convento de la Santa Cruz de Tepic” , sobre un hecho poco conocido por los nayaritas. “El 2 de agosto de 1800 al estarse celebrando el jubileo de la porcíuncula (del lat. Portiuncúla, dim. De portio, porción) f. Primer convento de la orden de San Francisco.

De el toma nombre el jubileo que en las iglesias de dicha orden se gana el día 2 de agosto de cada año.- Acad. –Nota del autor-), en el templo de la Cruz y como a las dos y media de la tarde, cayó un rayo que derribó parte de la coronilla de la torre, entró a la iglesia y tiró a la mayor parte de los feligreses que estaban orando, particularmente a los que estaban situados en la puerta del costado, ya que la puerta de la fachada principal quedó hizo pedazos”. “Siendo un espectáculo del mayor asombro, ver toda aquella gente en el suelo; y no obstante el terror que causó, a aquellos religiosos, acudieron luego a administrarles el Sacramento de la Unción, los frailes trasladaron aquellos cuerpos a la sacristía, portería y claustro para auxiliarlos y aplicarles algunos medicamentos, sobre todo aquellas personas de mayor gravedad que fueron más de cincuenta, a quienes se les aplicó sangrías y se dieron medicinas, apareciendo más de once muertos, y se sepultaron en esta parroquia al día siguiente y fueron: Doña Ana María López, doña Francisca Partida, Petra Nolasco, Rosalía Aguilar; Ana María Piedra, Ana Getrudis, Juan Carlos, Pedro José Navarro, Nicolás Vargas, quienes figuraban entre los adultos, y entre los párvulos, estaban Juana María Sánchez y otro niño, además el sirviente del convento. Quedando todos los habitantes de este lugar, llenos de asombro, dando gracias al Todopoderoso de que hubiese sido a aquella hora, pues de haber sucedido de las tres en adelante, hubiere sido mayor la idea gracia, por el crecido número de gentes que habrían acudido al jubileo…”.

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