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¿Qué es la agresión? ¿Cuáles son algunas de las teorías de la agresión? Claves de
¿Qué es la agresión?
¿Cuáles son algunas de las teorías
de la agresión?
Claves de agresión
Influencia de los medios: pornografía
y violencia sexual
Influencia
de
los
m edio s:
televisión
Agresión como biología
Agresión como respuesta a la frustración
Agresión como comportamiento social
aprendido
Influencia de los medios: videojuegos
Influencias grupales
¿Cómo se reduce la agresividad?
¿Cuáles son algunas de las influen-
cias en la agresión?
¿Catarsis?
Una propuesta de aprendizaje social
Incidentes que generan aversión
Activación
Post scriptum personal: Reforma
de una cultura violenta
capítulo 10
Agresión:
dañar a los demás
"Nuestra conducta
de unos a otros es
el más extraño,
impredecible e
inexplicable de
todos los
fenómenos con
los que estamos
obligados a vivir.
En toda la
naturaleza, nada
amenaza tanto a
la humanidad
como la
humanidad
misma."
a unque no se cumplió el pronóstico en broma de Woody Allen de que "para 1990
la principal forma de trato social será el secuestro", estos años están lejos de ser
.~ ~enos. El horror del 11 de septiembre de 2001 representó el acto de violencia más
. :.:eramático, pero no el más catastrófico en términos de vidas humanas. Por la misma
época se calcula que la carnicería humana de las guerras tribales en el Congo había
costado la vida a tres millones de personas, unas asesinadas con machetes y muchas
otras muertas de hambre y enfermedades al huir del terror de sus aldeas (Sengupta,
2003). Los vecinos ruandeses, que en el genocidio del verano de 1994 vieron la muer-
te de 750 mil personas (incluyendo la mitad de la población tutsi), entienden esta ca-
'
Lewis Thomas
pacidad de masacrar humanos (Staub, 1999).
Tanto odio y destrucción no es particular de las regiones del Medio Oriente y Áfri-
ca luego del 2000. En todo el mundo se gastan a diario más de dos mil millones de dó-
lares en armas y ejércitos, cantidad que podría alimentar, educar y resguardar el
ambiente de millones de pobres del mundo. En el siglo anterior, en aproximadamen-
te 250 guerras murieron 110 millones de personas, cantidad suficiente para poblar
una "nación de muertos" con más de la población conjunta de Francia, Bélgica, Ho-
landa, Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia (figura 10-1). Las muertes no son só-
lo de las guerras mundiales, sino también de genocidios, como el que ocurrió con los
(1981).
382 parte tres Relaciones sociales figura 10-1 El siglo más sangriento. En el siglo xx
382 parte tres
Relaciones sociales
figura 10-1
El siglo más
sangriento.
En el siglo xx la
humanidad fue la más
escolarizada y la más
homicida de la historia
(datos de Renner, 1999).
Además de los genocidios
y las hambrunas
provocadas por el hombre,
hubo aproximadamente
182 millones de "muertes
por desagrado de las
masas" (White, 2000).
"Toda arma fabricada,
todo acorazado botado,
todo cohete lanzado
significa, a fin de
cuentas, un robo a los
que tienen hambre y no
la satisfacen, los que
tienen frío y no se
tapan."
-Presidente Dwight
Eisenhower, discurso ante la
Sociedad Estadounidense de
Editores de Periódicos, 1953.
armenios, de 1915 a 1923, por el Imperio Otomano, el genocidio paquistaní en 1971 de
tres millones de bengalíes y el millón y medio de camboyanos muertos en un reino de
terror iniciado en 1975 (Sternberg, 2003). Como se observa en el genocidio que come-
tió Hitler en contra de millones de judíos, de Stalin contra millones de rusos, de Mao
que involucró a millones de chinos y de los primeros estadounidenses que sacrifica-
ron a millones de amerindios; como se ve, el potencial humano para la crueldad ex-
traordinaria abarca todo el planeta.
¿Somos como el mítico minotauro, mitad hombre y mitad bestia? ¿Qué explica ese
día a mediados del verano de 1941 cuando la mitad no judía del pueblo polaco de Jeb-
wabne mató a la otra mitad en un macabro frenesí de violencia de la que sobrevivie-
ron apenas una docena de los 1 600 judíos? (Gross, 2001) ¿Qué explica esta propensión
a lastimar?
"¿Hay una forma de
liberar a la humanidad
de la amenaza de la
guerra?"
• ¿La agresión es una predisposición biológica o la aprendemos?
• ¿Qué circunstancias disparan los estallidos de hostilidad?
• ¿Los medios influyen en la agresividad?
-Albert Einstein, carta a
Sigrnund Freud, 1932.
• ¿Cómo se detiene la agresividad?
Éstas son nuestras preguntas en este capítulo. Pero antes tenemos que aclar~rel
término "agresión".
¿Qué es la agresión?
Los thugs, miembros de una fraternidad criminal del norte de la India, eran agresivos:
entre 1550 y 1850 estrangularon a más de dos millones de personas y afirmaban que
lo hacían en servicio de su diosa. Pero hay personas que usan también el término
"agresivo" para referirse a un vendedor dinámico. Los psicólogos sociales distinguen
esta conducta segura, enérgica y empeñosa del comportamiento que lastima, daña o
destruye. En el primer caso es asertividad; en el segundo, agresividad.
Agresión: dañar a los demás capítulo 10 383 Grabado del siglo XIX en el que
Agresión: dañar a los demás
capítulo 10
383
Grabado del siglo XIX en el
que se aprecian gue rreros
espaiioles en la conquista del
imperio azteca de
Moctezuma.
En el capítulo 5 definimos agresión como un comportamiento físico o verbal diri-
gido a lastimar a alguien. Esto excluye a los accidentes de tránsito, los tratamientos
dentales, los empujones en las banquetas y el suicidio asistido. Incluye bofetones, in-
sultos directos e incluso chismes, así como hacer que la gente decida cuánto tiene que
dañar a alguien; por ejemplo, qué descarga eléctrica aplicarle a otra persona.
Esta definición abarca dos formas de agresión. Los animales exhiben una agresivi-
dad social, caracterizada por despliegues de ira, y agresividad silenciosa, como cuando
un depredador acecha a su presa. La agresividad social y la silenciosa atañen a regio-
nes cerebrales distintas. En los seres humanos los psicólogos designan a estas dos for-
mas de agresividad "hostil" e "instrumental". La agresión hostil surge de la ira y su
meta es dañar. La agresión instrumental pretende lastimar sólo como medio para
conseguir algún otro fin.
Casi todo el terrorismo es agresión instrumental. "Las campañas de ataques suici-
das terroristas tienen en común una meta secu-
lar y estratégica", concluye Robert Pape
(2003) después de esttlgiar todos los ataques
suicidas con bombas ~ 1980 a 2001. Esta me-
ta es "obligar a las democracias liberales a re-
tirar fuerzas militares del territorio que los
terroristas consideran su patria". En 2003, go-
bernantes estadounidenses e ingleses justifi-
caron el ataque a Irak no como un acto hostil
para matar iraquíes, sino como un acto instru-
mental de liberación de defensa en contra de
supuestas armas de destrucción en masa. La
agresión hostil es "caliente"; la instrumental,
"fría".
Casi todos los asesinatos son hostiles.
Aproximadamente la mitad ocurren en riñas,
agresión
Comportamiento físico o
vetbal que tiene el
propósito de last imar a
alguien.
agresión hostil
Agresión provocada por
enojo y que se ejecuta
como un fin en sí misma
(también llamada agresión
af ectiva) .
agresión
instrumental
Agresión que sirve como
medio para algún otro fin.
.• >
"Desde luego, nunca los usarfamos contra un
La humanidad ha armado su
capacidad de destrucción sin
armar su capacidad de inhibir
la agresión.
mientras que otros son resultado de triángu-
los amorosos o pleitos iniciados por influen-
posible enemigo, sino que nos permitirá
negociar desde una posición de fuerza ."
Reimpreso con autorización de
General Media Magazines.
384 parte tres Relaciones sociales cia del alcoholo las drogas (Ash, 1999). Estos asesinatos son
384 parte tres
Relaciones sociales
cia del alcoholo las drogas (Ash, 1999). Estos asesinatos son accesos emocionales im-
pulsivos, lo que explica por qué los datos de 110 naciones muestran que aplicar la pe-
na de muerte no reduce los homicidios (Costanzo, 1998; Wilkes, 1987). No obstante,
algunos asesinatos y actos violentos de represalias y coerción sexual son instrumen-
tales (Felson, 2000). Desde 1919, más de 1 000 asesinatos de pandillas fueron fríos y
calculados.
¿Cuáles son algunas de las teorías de la agresión?
Al analizar las causas de la agresión hostil y la instrumental, los psicólogos sociales se
han enfocado en tres grandes ideas: 1) hay un instinto agresivo de raíces biológicas, 2)
la agresividad es una respuesta natural a la frustración, y 3) el comportamiento agre-
sivo se aprende.
AGRESiÓN COMO BIOLOGíA
Los filósofos han debatido si nuestra naturaleza humana es en esencia la de un "no-
ble salvaje" benigno y satisfecho o la de un bruto. La primera idea, postulada por el
filósofo francés del siglo XVIII Juan Jacobo Rousseau (1712-1778), culpa a la sociedad,
no a la naturaleza humana, de los males sociales. La segunda, que se vincula al filóso-
fo inglés Thomas Hobbes (1588-1679), considera que las leyes de la sociedad son ne-
cesarias para refrenar y controlar al bruto humano. En el siglo xx la idea" del bruto"
(que el impulso agresivo es innato y, por ende, inevitable) fue defendida por Sigmund
Freud, en Viena, y por Konrad Lorenz, en Alemania.
Teoría del instinto y psicología evolutiva
comportamiento
instintivo
Patrón de
compol'tamiento innato,
no aprendido, que exhiben
todos los miembros de una
especie.
Freud especulaba que la agresividad humana surge de un impulso autodestructivo.
Así, se redirige hacia otros la energía de un impulso primitivo hacia la muerte (que,
en términos generales, llamaba "pulsión de muerte"). Lorenz, experto en comporta-
miento animal, consideraba que la agresividad era un factor de adaptación, más que
de autodestrucción. Freud y Lorenz estaban de acuerdo en que la energía agresiva es
instintiva (no aprendida y universal). Si no se descarga, se supone que se acumula
hasta que explota o hasta que un estímulo apropiado la "libera", como un ratón que
escapa de la ratonera. Aunque Lorenz (1976) también afirmaba que tenemos mecanis-
mos innatos para inhibir la agresividad (como volvernos indefensos), temía en las im-
plicaciones de armar nuestro "instinto de lucha" sin hacer lo mismo con nuestras
inhibiciones. El desequilibrio en el enfoque por el cual se liberan las tendencias agre-
sivas explica por qué en las guerras del siglo xx murieron más personas que en todas
las guerras anteriores.
La idea de que la agresión es un instinto se derrumbó cuando la lista de supuestos
instintos humanos se alargó hasta prácticamente cualquier conducta humana imagi-
nable. En 1924, en una revisión de libros de ciencias sociales, se enumeraron seis mil
supuestos instintos (Barash, 1979) . Los científicos sociales han tratado de explicar el
comportamiento social dándole nombres. Es tentador jugar este juego de explicar
nombrando: "¿Por qué los borregos permanecen juntos?" "Por su instinto gregario."
"¿Cómo sabe que tienen un instinto de rebaño "Mírelos: siempre andan juntos."
La teoría del instinto fracasa al tratar de aclarar las variaciones en la agresividad de
persona a persona y de cultura a cultura. ¿Cómo explicaría un instinto humano com-
partido de agresión universal la diferencia entre los pacíficos iroqueses antes de la lle-
gada de los blancos y los hostiles iroqueses después? (Hornstein, 1976) Aunque la
agresión tiene una influencia biológica, la propensión humana a agredir no parece
cumplir los requisitos para ser un comportamiento instintivo.
Agresión: dañar a los demás capítulo 10 385 Ahora bien, nuestros lejanos antepasados en ocasiones
Agresión: dañar a los demás
capítulo 10
385
Ahora bien, nuestros lejanos antepasados en ocasiones encontraron la agresividad
como algo adaptativo, seílalan los psicólogos evolutivos David Buss y Todd Shackel-
ford (1997). El comportamiento agresivo era una estrategia para adquirir recursos, de-
fenderse de ataques, intimidar o eliminar machos rivales en la competencia por las
hembras y disuadir a las parejas de ser infieles. En algunas sociedades preindustria-
les, ser un buen guerrero confería una posición superior y mayores oportunidades re-
productivas (Roach, 1998). Buss y Shackelford creen que el valor de adaptación de la
agresividad ayuda a explicar los relativamente altos niveles de agresión entre hom-
bres a lo largo de la historia humana. "Esto no significa [
] que los hombres tengan
un 'instinto agresivo' en el sentido de alguna energía reprimida que hay que descar-
gar. Más bien, los hombres heredaron de sus antepasados mecanismos psicológicos"
que aumentan las probabilidades de dejar sus genes en las generaciones futuras.
Influencias neuronales
Como la agresión es una conducta compleja, ningún punto del cerebro la controla; pe-
ro los investigadores han descubierto sistemas nerviosos tanto en animales como en
seres humanos que facilitan la agresión. Cuando los científicos activan estas áreas del
cerebro, la hostilidad aumenta; cuando las desactivan, la hostilidad disminuye. Así, es
posible hacer de animales dóciles una furia y de los iracundos, sumisos.
En un experimento los investigadores colocaron un electrodo en una zona que in-
hibe la agresión del cerebro de un mono dominante. Un mono más pequeño, al que se
entregó un botón que activaba el electrodo, aprendió a oprimirlo cada vez que el tira-
no lo intimidaba. La activación cerebral funciona también con los seres humanos. Des-
pués de recibir estimulación eléctrica indolora en la amígdala (una parte de los
núcleos cerebrales) una mujer montó en cólera, estrelló su guitarra contra la pared y
por poco no atinó a la cabeza de su psiquiatra (Moyer, 1976, 1983).
Entonces, ¿el cerebro de las personas violentas es anormal en algún sentido? Para
averiguarlo, Adrian Raine y colaboradores (1998, 2000) usaron escaneos cerebrales pa-
ra medir la actividad cerebral de asesinos y medir también la cantidad de materia gris
en hombres con trastorno de conducta antisocial. Descubrieron que la corteza pre-
frontal, que funciona como freno de emergencia en las zonas cerebrales profundas re-
lacionadas con el comportamiento agresivo, era 14 por ciento menos activa que lo
normal en asesinos que no habían sido abusados y 15 por ciento menor en los hom-
bres antisociales. Otros estudios de asesinos y presos en espera de ejecución confir-
man que un cerebro anormal contribuye a una conducta anormalmente agresiva
(Davidson y colaboradores, 2000; Lewis, 1998; Pincus, 2001). ¿La anormalidad cere-
bral por sí misma pre9~"One a la violencia? Posiblemente no, pero en algunas perso-
nas violentas es un factor (Davidson y colaboradores, 2000).
Influencias genéticas
La herencia influye en la sensibilidad del sistema nervioso a las claves de la agresivi-
dad. Desde hace mucho se sabe que se pueden criar animales para que sean agresivos.
En unas ocasiones se hace por razones prácticas (la cría de gallos de pelea); en otras,
se hace para investigaciones. La psicóloga finlandesa Kirsti Lagerspetz (1979) tomó
ratones albinos normales y crió juntos a los más agresivos y en otro grupo a los menos
agresivos. Después de repetir el procedimiento durante 26 generaciones, tenía un gru-
po de ratones feroces y otro de ratones tranquilos.
La agresividad varía entre los primates y los seres humanos (Asher, 1987; Olweus,
1979). Nuestro temperamento (qué intensos y reactivos somos) viene en parte con
nosotros al nacer, por la influencia de la reactividad de nuestro sistema nervioso sim-
pático (Kagan, 1989). El temperamento de una persona, manifestado en la infancia,
perdura (Larsen y Diener, 1987; Wilson y Matheny, 1986). Un niño temerario o impul-

386 parte tres

Relaciones sociales

Los genes predispone n la agresiv idad del perro de combate. Influencias bioquímicas • •
Los genes predispone n la
agresiv idad del perro de
combate.
Influencias bioquímicas

sivo y proclive a las rabietas corre el riesgo de ser un adolescente de conducta violen- ta (American Psychological Association, 1993). Un niño que no es agresivo a los ocho años probablemente será una persona pacífica a los 48 (Huesmann y colaboradores, 2003). Así, los gemelos idénticos, cuando se les pregunta por separado, coinciden más que los gemelos fraternos sobre si tienen un "temperamento violento" o si se meten en pleitos (Rushton y colaboradores, 1986; Rowe y colaboradores, 1999). La mitad de los gemelos idénticos de criminales convictos (pero sólo uno de cinco gemelos frater- nos) también tiene antecedentes delictivos (Raine, 1993). En estudios de seguimiento a largo plazo de varias centenas de niños neozelande- ses se revela que el comportamiento agresivo mezcla un gen que altera el equilibrio de los neurotransmisores con abuso infantil (Caspi y colaboradores, 2002; Moffitt y colaboradores, 2003). Ni los "malos" genes ni los "malos" ambientes por sí solos pre- disponen a la agresividad y la conducta antisocial; más bien, los genes predisponen a unos niños a ser más sensibles y a reaccionar más al maltrato. Naturaleza y crianza in- teractúan.

La química sanguínea también influye en la sensibilidad neuronal a la estimulación agresiva. Tanto experimentos de laboratorio como datos de policía indican que cuan- do las personas son provocadas, el alcohol dispara la agresividad (Bushman, 1993; Taylor y Chermack, 1993; Testa, 2002). Las personas más violentas tienen mayor ten- dencia 1) a beber, y 2) a volverse agresivas cuando están alcoholizadas (White y co- laboradores, 1993). Considere lo siguiente:

En experimentos, las personas alcoholizadas aplicaron descargas más intensas y se sintieron más enojadas cuando recordaban conflictos en sus relaciones (MacDonald y colaboradores, 2000).

Los estudios de violadores revelan que poco más de la mitad habían bebido antes de cometer su delito. En una encuesta reciente de casi 90 mil estudiantes de 171 universidades, cuatro de cinco que habían tenido relaciones sexuales

Agresión: dañar a los demás capítulo 10 387 indeseadas reconocieron que antes habían con- sumido
Agresión: dañar a los demás
capítulo 10
387
indeseadas reconocieron
que antes habían con-
sumido alcohol y drogas
(Pressley y colaboradores,
1997). Lo mismo hicieron,
se supone, la mayoría de
sus atacantes.
• En 65 por ciento de los
homicidios y 55 por ciento
de las riñas domésticas y
los ataques, los asaltantes o
la víctima habían bebido
(American Psychological
Association, 1993).
Alcohol y ataque sexual.
"Homb res ordin!lrios qu e
bebieron dema siado ", fue la
descrip ción hecha por el New
York Tim es, de la turba qu e
atacó a unas 50 mujeres que
asistieron al desfile de Nu eva
York en junio de 2000.
"Provistos de bebidas
alcohólicas, pasaron de
molestar a las mujeres a
tocarlas, mojarlas y quitarles
las blusas y los pantalones"
(Staples, 2000).
• Si los alcohólicos que golpean a su esposa se someten a tratamiento y
solucionan su problema de alcohol, por lo regular cesa su conducta violenta
(Murphy y O'Farrell, 1996).
El alcohol aumenta la agresividad porque reduce la conciencia de las personas y su
capacidad de ponderar las consecuencias (Hull y Bond, 1986; Ito y colaboradores,
1996; Steele y Southwick, 1985). El alcohol desindividualiza y desinhibe.
La agresividad también se correlaciona con la hormona sexual masculina, la testos-
terona. Las influencias hormonales son mucho más intensas en animales inferiores a
los seres humanos, pero fármacos que reducen las concentraciones de testosterona en
hombres violentos hacen ceder las tendencias agresivas. Cuando oyen el timbre de los
buscapersonas, los individuos con concentraciones muy elevadas de testosterona in-
dican sentirse algo más inquietos y tensos (Dabbs y colaboradores, 1997). También
son más impulsivos e irritables y toleran menos las frustraciones (Harris, 1999).
Después de los 25 años de edad, las concentraciones de testosterona y los índices
de delitos violentos disminuyen juntos. Las concentraciones de testosterona son ma-
yores en reos de delitos violentos planeados y no provocados, que los de delitos no
violentos (Dabbs, 1992; Dabbs y colaboradores, 1995; 1997, 2001). En el rango normal
entre hombres adolescentes y adultos, los que tienen mayores concentraciones de tes-
tosterona son más proclives a la delincuencia, el consumo de drogas y las respuestas
agresivas a las provocaciones (Archer, 1991; Dabbs y Morris, 1990; Olweus y colabo-
radores, 1988). La testosterona -dice James Dabbs (2000)- "es una molécula peque-
ña de grandes efectos'~~nyectarla a un hombre no lo volverá automáticamente
agresivo, pero los hombres con menos testosterona reaccionan con menos agresividad
cuando los provocan (Geen, 1998). La testosterona es como la potencia de una pila: só-
lo si la pila está muy descargada las cosas se notan lentas.
Otro culpable que también se encuentra a menudo en la escena del crimen es una
concentración baja del neurotransmisor serotonina, para el que los lóbulos frontales
que controlan los impulsos tienen muchos receptores. En primates y seres humanos
se encuentra poca serotonina entre jóvenes y adultos proclives a la violencia (Bern-
hardt, 1997; Mehlman, 1994; Wright, 1995). Además, si en el laboratorio se reducen las
concentraciones de serotonina, aumenta la reacción a sucesos adversos y la disposi-
ción a aplicar supuestas descargas eléctricas.
Es importante recordar que el tránsito entre testosterona, serotonina y comporta-
miento fluye en los dos sentidos. Por ejemplo, la testosterona puede facilitar el afán de
dominio y la agresividad, pero las conductas de dominar o derrotar también aumen-
tan las concentraciones de testosterona (Mazur y Booth, 1998). Después de un partido
de un mundial de futbol o un gran juego de basquetbol entre rivales, la testosterona
"Evitaríamos dos
tercios de todos los
delitos si pusiéramos a
todos los jóvenes aptos
de 12 a 28 años en
suspensión criogénica."
- David Lykken, rILe
Antisocial Personalities, 1995.
Algunos violadores
agresivos, para liberarse
de los impulsos per-
sistentes y nocivos
y reducir sus penas de
cárcel, han solicitado ser
castrados. ¿Hay que
concederles esa solicitud?
y si en tal caso se juzga
que ya no representan un
riesgo de violencia sexual,
¿hay que reducir o
eliminar su condena?
.
\
,.
388 pa rte tres Relaciones sociales aumenta entre los fanáticos del equipo ganador y desciende
388 pa rte tres
Relaciones sociales
aumenta entre los fanáticos del equipo ganador y desciende entre los perdedores
(Bernhardt y colaboradores, 1988). Las personas varadas en la parte baja del escalafón
socioeconómico tienden a tener poca serotonina. Los psicólogos evolutivos han pos-
tulado la existencia de una respuesta natural en preparación para correr los riesgos
que esas personas necesitan en la persecución de sus intereses (Wright, 1995).
Por tanto, las influencias neuronales, genéticas y bioquímicas predisponen a algu-
nas personas a reaccionar con agresividad ante los conflidos y las provocaciones. ¿Pe-
ro la agresión es una parte tal de la naturaleza humana que haga inalcanzable la paz?
La Asociación Psicológica Americana y el Consejo Internacional de Psicólogos se han
unido con otras organizaciones para avalar una declaración sobre la violencia redac-
tada por científicos de una docena de países (Adams, 1991): "Es científicamente inco-
rrecto [decir que] la guerra u otra conducta violenta está programada genéticamente
en nuestra naturaleza humana [o que] la guerra sea causada por 'un instinto' o por
cualquier otra motivación". Así, como veremos, hay maneras de reducir la agresivi-
dad humana.
AGRESiÓN COMO RESPUESTA A LA FRUSTRACiÓN
teoría de la
frustración-agresión
Teoría que afirma que la
frustra ción prepara para
la agresión.
frustración
Imp edim ento de alcan zar
una meta.
desplazamiento
Acto de redirigir la
agres ión a un objetivo
distinto a la fuente de
fru stración. El nuevo
objeti vo es más seguro o
socialmente más
aceptable.
Es una tarde cálida. Cansado y hambriento después de dos horas de estudio, usted pi-
de algunas monedas a un amigo y marcha a la máquina de refrescos más cercana.
Mientras la máquina traga sus monedas, usted casi siente el sabor del refresco frío y
refrescante . Pero cuando oprime el botón, no pasa nada . Lo intenta de nuevo. Nada.
De nuevo oprime los botones. Los golpea. Al final, sacude y aporrea la máquina. Us-
ted vuelve retumbando a sus estudios, con las manos vacías y sin las monedas. ¿Hay
que advertirle a su compañero? ¿Es más probable que usted diga o haga algo d añino?
Una de las primeras teorías de la agresión, la popular teoría de la frustración-agre-
sión, respondía que sí. "La frustración siempre lleva a alguna forma de agresión", de-
cían John Dollard y colaboradores (1939, p. 1). La frustración es todo aquello (como
una máquina vendedora que no sirve) que nos estorba en la consecución de una me-
ta. La frustración aumenta cuando nuestra motivación para alcanzar una meta es muy
fuerte, cuando esperamos una gratificación y cuando el obstáculo es insalvable. Cuan-
do Rupert Brown y colaboradores (2001) entrevistaron a los pasajeros ingleses del
ferry que se trasladaban a Francia y descubrieron muchas más actitudes agresivas en
un día en que embarcaciones francesas bloqueaban el puerto impidiendo su viaje. Im-
posibilitados de alcanzar su objetivo, los pasajeros estuvieron más de acuerdo (al res-
ponder a unas viñetas) en un insulto dirigido a un francés que había derramado café
y con el boicot a una patisserie francesa que ponía en peligro los medios de vida de un
aldeano pastelero local.
Como se ve en la figura 10-2, la energía agresiva no siempre estalla contra su fuen-
te . Aprendemos a inhibir las represalias directas, sobre todo cuando otros desaproba-
rían el castigo; en cambio, des plazamos nuestra hostilidad hacia blancos más seguros.
El desplazamiento se aprecia en la vieja anécdota sobre el hombre que, humillado por
su jefe, regaña a su esposa, la cual grita al hijo, quien patea al perro y éste muerde al
cartero. Sin embargo, en experimentos en la vida real la agresión desplazada es más
probable cuando el blanco comparte alguna semejanza con el instigador y realiza al-
gún acto irritante menor que estimula la agresión desplazada (Marcus-Newhall y co-
laboradores, 2000; Miller y colaboradores, 2003; Pedersen y colaboradores, 2000).
Cuando una persona guarda un enojo de una provocación anterior, incluso una ofen-
sa trivial, una que de ordinario no habría producido ninguna respuesta, pu~de propi-
ciar una reacción explosiva desproporcionada.
Varios comentaristas han observado que la comprensible ira de los estadouniden-
ses por el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 contribuyó al deseo de atacar
Irak. Los estadounidenses buscaban una salida para su ira y la encontraron en un ti-
Agresión: dañar a los demás capítulolQ 389 figura 10-2 fIIII Directa Agresión abierta Teoría clásica
Agresión: dañar a los demás
capítulolQ
389
figura 10-2
fIIII Directa
Agresión
abierta
Teoría clásica de la
frustración y la
agresión.
fIIII
Desplazada
fIIII
In"'g,d6n
La frus tración crea tUl
motivo para agredir. El
miedo al castigo o la
para agredir
desaprobación por agred ir
a la fu ente de la
Agresión interna
Frustración
(como suicidio)
(objeti
frustración hace que el
impulso agresivo se
d esplace h ac ia otro
objetivo o incluso que se
Otras respuestas
(como retraimiento)
dirija a uno mismo.
Fuente: Basado en Doll ard y
colaboradores, 1939, y Mille r,
1941.
rano malvado, Saddam Hussein, que en otro tiempo ha-
bía sido su aliado. "La 'verdadera razón' de esta guerra
-señala Thomas Friedman (2003)- fue que después del
11 de septiembre Estados Unidos necesitaba golpear a al-
guien del mundo musulmán [
]
Golpeamos a Saddam
por una razón simple: porque podíamos y él lo merecía y
porque se encontraba en el corazón de ese mundo." Uno
de los defensores de la guerra, el vicepresidente Richard
Cheney (2003), parece coincidir. Cuando se le preguntó
por qué el resto del mundo estaba en desacuerdo con que
Estados Unidos emprendiera la guerra, contestó: "No pa-
saron por la experiencia del 11 de septiembre".
Teoría revisada de la frustración-agresión
Las pruebas de laboratorio sobre la teoría de la frustración agresión arrojaron resulta-
dos contradictorios: algunas veces la frustración incrementaba la agresividad, pero
otras no. Por ejemplo, si la frustración era comprensible, si, como en un experimento,
un cómplice interrumpía a un grupo que resolvía un problema porque su aparato de
sordera se había descQrmruesto (y no porque dejaba de prestar atención), la frustra-
ción llevaba a la irritaciÓn, no a la agresión (Burnstein y Worchel, 1962).
Leonard Berkowitz (1978, 1989) se dio cuenta de que en la teoría original se exage-
raba el vínculo entre frustración y agresión, así que la revisó. Berkowitz planteó la hi-
pótesis de que la frustración produce ira, una disposición emocional para agredir. La
ira surge cuando alguien que nos frustra podía haber actuado de otro modo (Averill,
1983; Weiner, 1981). Una persona frustrada tiene más probabilidades de atacar si cla-
ves de agresión jalan el tapón y liberan la ira embotellada (figura 10-3). A veces el ta-
pón salta sin esas claves; pero como veremos, las claves de la agresión la amplifican
(Carlson y colaboradores, 1990).
La agres ión provocada por
frustra ción aparece a veces
como ira del conductor.
Obs erve que la teoría de la
frustración-agresión sirve
para explicar la agres ión
hostil, no la instrumental.
¿La frustración es lo mismo que la deprivación?
Imagínese a alguien que se siente extremadamente frustrado en lo económico, lo se-
xual o lo político.
Tengo la sospecha de que se imaginó a alguien económica, sexual o políticamente
deprivado, y por una buena razón: cuando las comunidades sufren despidos labo-
390 parte tres Relaciones sociales figura 10-3 Resumen simplificado de la teoría de la frustración-agresión
390 parte tres
Relaciones sociales
figura 10-3
Resumen
simplificado de la
teoría de la
frustración-agresión
revisada por
Berkowitz.
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:
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"Yo diría que una
persona tiene una
deprivación si le falta
un objeto que en
general se considera
atractivo y deseable,
pero se frustra cuando
había anticipado el
placer de poseer ese
objeto y no puede
satisfacer sus
esperanzas."
-Leonard Berkowitz (1972).
"Los males que se
soportan con paciencia
:uando parecen
mevitables, se vuelven
:nsoportables cuando se
.nsinúa la idea de
~scapar de ellos."
- Alexis d e Tocqueville,
.856.

rales, los índices delictivos aumentan (Catalano y colaboradores, 1997). Cuando el de- sempleo en Estados Unidos se redujo notablemente en la década de 1990, lo mismo ocurrió con los índices de delincuencia. Cuando volvió a aumentar a comienzos del siglo XXI, otro tanto pasó con los delitos violentos. Pero la frustración no siempre se relaciona con la privación. Las personas con ma- yores frustraciones sexuales no son los célibes. Los m ás frustrados en lo económico no son los habitantes pobres de las ciudades perdidas de Jamaica. Cuando la miseria es- taba en todas partes durante la depresión de la década de 1930, el índice de delitos violentos no era demasiado elevado. Como concluyó en 1969 la Comisión Nacional Estadounidense sobre las Causas y la Prevención de la Violencia, el progreso econó- mico llega a aumentar la frustración y acrecienta la violencia. Del mismo modo, los te- rroristas suicidas palestinos no han sido los más deprivados de sus compatriotas. Como el ERI de Irlanda del Norte, las Brigadas Rojas italianas o la banda de Bader- Meinhof de Alemania, por lo regular pertenecen a la clase media (Krueger y Malecko- va, 2003; Pettigrew, 2003). También eran de clase media los atacantes del 11 de septiembre, que habían pasado por un entrenamiento profesional y viajaban por el mundo. La humillación colectiva y el antagonismo nutren el terrorismo mucho más que la deprivación absoluta. Vamos a detenernos para ver por qué. Antes de los tumultos de 1967 en Detroit, en los que murieron 43 personas y se in- cendiaron 683 edificios, el gobernador de Michigan se jactaba ante los medios de co- municación de la legislación de vanguardia en cuanto a derechos civiles en su estado y de los aproximadamente 367 millones de dólares en ayuda federal canalizados a De- troit en los cinco años anteriores. Apenas se acababan de transmitir estas palabras cuando un extenso vecindario afroamericano en Detroit estalló en el peor trastorno ci- vil de Estados Unidos del siglo pasado. Las personas estaban pasmadas. ¿Por qué Detroit? Aunque las cosas todavía eran malas en comparación con la riqueza de la población blanca, había mayores injusticias en otro lado. La Comisión del Consejo Nacional sobre Desórdenes Civiles, estableci- da para que diera con la respuesta, concluyó que una causa psicológica inmediata fue la frustración de las expectativas alimentadas por las victorias de los derechos civiles en los frentes legislativo y judicial en la década de 1960. Cuando ocurre una "revolu- ción de expectativas crecientes", como pasó en Detroit y en otros lados, las frustracio- nes pueden aumentar aun si las condiciones mejoran. El principio funciona dondequiera . El equipo del politólogo y la psicóloga científi-

ca social Ivo y Rosaline Feierabend (1968, 1972) aplicaron la teoría de la frustración-

agresión al estudio de la inestabilidad política en 84 países. Cuando los habitantes de las naciones que se modernizaban rápidamente pasaban a las ciudades y mejoraba el alfabetismo, se vuelven más conscientes de las posibilidades materiales. Pero como la riqueza se reparte con lentitud, la brecha ensanchada entre las aspiraciones de las per- sonas y lo que consiguen intensifican la frustración. Aunque las privaciones son me- nos, la frustración y la agresividad política se incrementan. Las expectativas superan la realidad. El punto no es que la deprivación y la injusticia social sean irrelevantes para las

agitaciones sociales, sino que la frustración surge de la brecha entre expectativas y logros.

Agresión: dañar a los demás capítulo 10 391 Cuando los logros cumplen las expectativas y
Agresión: dañar a los demás
capítulo 10
391
Cuando los logros cumplen las expectativas y cuando los deseos están al alcance de
nuestros ingresos, no nos sentimos frustrados sino satisfechos (Solberg y colaborad o-
res, 2002).
Deprivación relativa
La frustración se complica si nos comparamos con los demás. Los sentimientos de los
trabajadores sobre su bienestar depende de si su pago es justo al compararlo con los que
hacen su mismo trabajo (Yuchtman, 1976). Un aumento de salario a la policía de una
ciudad, a la vez que aumenta su moral, puede desmotivar la de los bomberos.
Estos sentimientos, llamados deprivación relativa, pronostican las reacciones de
los grupos minoritarios a las desigualdades percibidas (Kawakami y Dion, 1993,
1995). La deprivación relativa explica también por qué la felicidad tiende a ser me-
nor y los índices delictivos mayores en comunidades y naciones con grandes desi-
gualdades en el ingreso (Hagerty, 2000; Kawachi y colaboradores, 1999). También
explica por qué los alemanes orientales se volvieron contra su régimen comunista:
deprivación relativa
Percepción de que u no no
es tá tan bien como
aquellos con qu ienes se
compara.
su nivel de vida era superior que el de algunos países de Europa occidental, pero
frustrantemente menor que el de sus' vecinos de Alemania occidental (Baron y co-
laboradores, 1992).
La expresión deprivación relativa fue ideada por investigadores que estudiaban la
satisfacción que sentían los soldados estadounidenses en la Segunda Guerra Mun-
dial (Merton y Kitt, 1950; Stouffer y colaboradores, 1949). Irónicamente, los miem-
bros de la fuerza aérea se sentían más frustrados con sus ascensos que los policías
militares, aunque los ascensos de éstos eran más lentos. Los ascensos en la fuerza
aérea eran rápidos y los integrantes se consideraban, en lo individual, en mejor po-
sición que el promedio de los miembros de esa fuerza (predisposición al servicio del
"Una casa puede ser
grande o p equeña; si
está rodeada de casas
igualmente pequeñas,
satisface todas las
necesidades sociales de
alojamiento. Pero
dejemos que surja un
palacio alIado y, de ser
una casita, se encoje y
se convierte en un
sombrero."
y o ). Así, sus aspiraciones
llegaban más alto que lo que obtenían. El resultado era la
- Carlos Marx.
frustración.
En la actualidad, una fuente posible de esta frustración es la riqueza que se obser-
va en programas y comerciales de televisión. En culturas donde el televisor es un elec-
trodoméstico universal la deprivación absoluta (falta de lo que otros tienen) se
convierte en relativa (sensación de desposeimiento). Karen Hennigan y colaboradores
(1982) analizaron los índices delictivos en ciudades estadounidenses por la época en
que se introdujo la televisión. En 34 ciudades en las que en 1951 era común la pose-
sión de uno de estos aparatos, la tasa de robos de ese año (delitos como hurto en tien-
das o robo de bicicletas) aumen:to de manera extraordinaria. En otras 34 ciudades,
donde el gobierno había congelado la introducción de la televisión hasta 1955, ocurrió
un salto semejante en las tasas de robo, pero hasta ese año.
"El descontento de las
mujeres aumenta en la
misma proporción que
su desarrollo."
- Elizabeth Cady Stanton,
1815-1 902, sufragista
estadounidens e.
-~-
AGRESIÓN COMO COMPORTAMIENTO SOCIAL APRENDIDO
Las teorías sobre la agresión que se basan en el instinto y la frustración suponen que
de las emociones internas surgen impulsos hostiles que saca naturalmente la agre-
sión del interior. Los psicólogos sociales afirman que el aprendizaje también "saca"
la agresión de nosotros.
Los beneficios de la agresión
Por experiencia y por observación de los demás aprendemos que la agresión trae di-
videndos. En experimentos se han transformado animales dóciles en feroces luchado-
res. Por otro lado, las derrotas graves fomentan la sumisión (Ginsburg y Alle, 1942;
Kahn, 1951; Scott y Marston, 1953).
Las personas también aprenden sobre las recompensas de la agresión. El niño cu-
yos actos agresivos intimidan a otros niños será cada vez más agresivo (Patterson y
colaboradores, 1967). Los jugadores de hockey agresivos (los que más son enviados a
392 parte tres Relaciones sociales . ~0 *t"" 1'I~.,',"";.{f" '" Lo que ha ce la
392 parte tres
Relaciones sociales
.
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Lo que ha ce la mano, hll ce la
tras, En el famoso
experim ento de Bandura,
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ex pu estos a III ag resión
de un adulto contra el
muñe co Bobo se inclinaron a
reproducir el acto agresivo
que observaron ,
"
A
~
,
Aprendizaje por observación
teoría del
aprendizaje social
Teoría que establece que
aprendemos el
com portamiento social por
medio de observar e imitar
y a través de recompensas
y cas tigos,
mazo, lo
patea
y lo avienta mientras grita: "Dale en la nariz
. tíralo
patéalo" .

la banca de castigo por juego brusco) anotan más goles que los otros (McCarthy y Kelly, 1978a, 1978b). Los adolescentes canadienses que juegan hockey y cuyos padres aplauden las agresiones físicas exhiben el estilo de juego y actitudes más agresivas (Ennis y Zanna, 1991). En estos casos, la agresión es un medio para conseguir ciertas recompensas. La violencia colectiva también paga. Después de los tumultos de 1967 en Detroit, la Ford Motor Company aceleró sus esfuerzos por contratar trabajadores de minorías, lo que incitó al comediante Dick Gregory a bromear: "El verano pasado el fuego llegó demasiado cerca de la planta de Ford. No quemen sus Mustang, chicos" . Lo mismo ocurre con los actos terroristas, que como consecuencia propician que los impotentes llaman una amplia atención. "Mata uno y atemoriza a diez mil", dice un antiguo proverbio chino. Privado de lo que Margaret Thatcher llamaba "el oxíge- no de la publicidad", seguramente el terrorismo disminuiría, concluyó Jeffrey Rubin (1986). Es como los incidentes de espectadores desnudos en la década de 1970 que sal- taban a las canchas de futbol para aparecer unos segundos en la televisión. Cuando las cadenas decidieron ignorar los incidentes, el fenómeno terminó.

Albert Bandura (1997) propuso una teoría del aprendizaje social de la agresión. Cree que aprendemos la agresión no sólo por experimentar sus beneficios, sino también al observar a otros. Como con la mayoría de las conductas sociales, aprendemos la agre- sión al mirar a otros y tomar nota de las consecuencias. Imagínese esta escena de uno de los experimentos de Bandura (Bandura, 1961). Un niño de una guardería de Stanford trabaja en una actividad interesante. Una adulta se encuentra en otra parte del salón, donde hay juguetes de madera para armar y un mu- ñeco inflable grande, Bobo. Después de trabajar un minuto con las piezas de madera, la mujer se levanta y durante casi diez minutos ataca al muñeco . Lo golpea con un

Después de observar este estallido, el niño pasa a otro cuarto con juguetes muy atractivos. Dos minutos después la experimentadora lo interrumpe, le dice que son sus mejores juguetes y que debe" guardarlos para los otros niños". El niño pasa a otro salón con diversos juguetes para juegos agresivos y pacíficos, incluyendo un muñeco Bobo y un mazo. Los niños que no fueron expuestos al modelo agresivo adulto rara vez desplegaron un juego o una conversación de agresividad. Aunque frustrados, jugaron en paz. Los que habían visto al adulto agresivo tuvieron muchas mayores probabilidades de to- mar el mazo y descargarlo sobre el muñeco. Haber visto el comportamiento agresivo del adulto redujo sus inhibiciones. Además, los niños reprodujeron los actos del mo-

Agresión: dañar a los demás capítulo 10 393 delo y sus palabras. Observar una conducta
Agresión: dañar a los
demás
capítulo 10
393
delo y sus palabras. Observar una conducta agresiva disminuyó sus actitudes y les
mostró formas de agredir.
Bandura (1979) cree que la vida nos expone a modelos de agresividad en la familia,
la subculhlra y los medios de comunicación masiva.
La familia. Los niños que practican la agresividad física suelen ser hijos de padres
punitivos que al disciplinarlos ejemplifican la agresión con gritos, bofetadas y golpes
(Patterson y colaboradores, 1982). Estos padres tuvieron a su vez padres que les apli-
caban castigos físicos (Bandura y Walters, 1959; Straus y Gelles, 1980). Aunque pocos
niños abusados se convierten en delincuentes o en padres golpeadores, alcanzan a ser
30 por ciento los que abusan de sus propios hijos, cuatro veces más la tasa de la pobla-
ción en general (Kaufman y Zigler, 1987; Widom, 1989). La violencia a menudo engen-
dra violencia.
La influencia de la familia también se manifiesta en los mayores índices delicti-
vos en culturas y en familias con padres ausentes (Triandis, 1994). En Estados Uni-
dos, la Oficina de Estadísticas de Justicia indica que la minoría de los delincuentes
juveniles que no crecieron con los dos padres suman 70 por ciento de las detencio-
nes de menores (Beck y colaboradores, 1988). A partir de tales datos, David Lykken
(2000) calculó que los niños estadounidenses criados sin padre tienen aproximada-
mente siete veces más probabilidades de ser abusados, de abandonar la escuela, de
fugarse, de sufrir un embarazo adolescente y de cometer delitos violentos. Las fami-
lias de dos padres no sólo difieren por el mayor cuidado y la disciplina positiva de
los padres, sino también porque son menos pobres, tienen más logros educativos y
sufren menos desalojos. Pero el efecto de la falta del padre está mediado por más
que el hundimiento en la pobreza. La correlación entre la falta del padre y la violen-
cia se extiende a todas las razas, niveles de ingreso, escolaridad y residencia (Staub,
1996; Zill, 1988). Además, en un estudio inglés en el que se hizo el seguimiento de
más de diez mil niños durante 33 años desde su nacimiento, el riesgo de que los ni-
ños tuvieran problemas aumentaba después de la separación de los padres (Cherlin
y colaboradores, 1998).
La correlación también se aprecia con el paso del tiempo. En Estados Unidos, en
1960 apenas poco más de uno de cada diez niños no vivía con sus dos padres y sólo
16 mil infractores juveniles fueron detenidos por delitos violentos . En 2003, tres de
diez niños no vivían con los dos padres y una población de menores de tamaño equi-
valente tuvo más de 100 mil detenciones por delitos violentos. El punto no es que los
hijos de hogares sin padre tienen probabilidades de convertirse en delincuentes o en
individuos violentoS'~ idados por madres atentas y una familia extensa, la mayoría
de estos niños prosperan). Tampoco es la falta del padre la única explicación plausi-
ble de la correlación. El punto es simplemente que cuando y donde falta el padre, el
riesgo de violencia aumenta. Al parecer, la situación tiene su importancia.
La cultura. El ambiente social fuera del hogar también ofrece modelos. En comu-
nidades donde se admiran las imágenes de "machos", la agresión se transmite conti-
nuamente a las nuevas generaciones (Cartwright, 1975; Short, 1969). Por ejemplo, la
violenta subcultura de las pandillas de adolescentes ofrece a sus miembros más jóve-
nes modelos de agresividad.
También importa la extensión de la cultura. Muéstreme un hombre de una cultura
no democrática, subdesarrollada económicamente, con grandes desigualdades econó-
micas, que prepare a los hombres para ser guerreros y que haya participado en una
guerra, y yo le mostraré a alguien que está predispuesto a sostener y exhibir una con-
ducta agresiva (Bond, 2003). Muéstrenos alguien de una cultura que valora el honor y
también mostraremos a alguien con una mentalidad agresiva, añaden Richard Nisbett
394 parte tres Relaciones sociales figura 10-4 Punto de vista sobre la agresión del aprendizaje
394 parte tres
Relaciones sociales
figura 10-4
Punto de vista sobre
la agresión del
aprendizaje social.
La
es timul ación emocional
de una experiencia
aversiva motiva la
agresividad. Que
finalmente se dé una
agresión o cualquier otra
respuesta depende de qué
consecuencias hayamos
aprendido a esperar.
Fuente:
Basado en Bandu ra,
1979, 1997.
(1990,1993) YDov eohen (1996,1998). En Estados Unidos -dicen- el hombre blan-
co sobrio y cooperativo que se estableció en Nueva Inglaterra y la región central del
Atlántico produjo una cultura muy diferente que el blanco agresivo y defensor del ho-
nor (muchos de ellos sOn mis antepasados primos escoceses e irlandeses) que coloni-
zaron el sur de Estados Unidos. Los primeros eran agricultores y artesanos; los
segundos, cazadores y ganaderos más agresivos. Hasta la fecha, las ciudades y regio-
nes estadounidenses pobladas por sureños tienen índices de homicidios entre blancos
mucho mayores que las pobladas por norteños. Por ejemplo, el Texas Panhandle (cu-
yos pobladores vienen del sur alto) tiene índices de homicidios de blancos cuatro ve-
ces superiores a los de Nebraska, cuyos pobladores vinieron del este, el medio oeste y
de Europa. En el Texas Pandhandle incluso poblaciones con bajos índices de pobreza
tienen índices de homicidio mucho mayores que en las poblaciones de Nebraska con
tasas elevadas de pobreza.
No es la violencia en general a la que recurren los sureños, sino -refieren Nisbett
y eohen (1996)- a la violencia que defiende la propiedad y el honor y la que castiga.
"Un hombre tiene derecho a matar para defender su casa", coincidieron 18 por ciento
de blancos no sureños y 36 por ciento de blancos sureños. Los hombres blancos sure-
ños tienen dos veces más probabilidades que los blancos rurales del medio oeste de
declarar que tienen un arma para protegerse. Los sureños apoyan con más firmeza las
guerras y las llamadas de atención (con lo que modelan la violencia en las relaciones
sociales). Además, quienes viven en "culturas de honor", como Brasil, expresan más
simpatía por la reacción violenta de un marido a la humillación de la infidelidad de
su esposa (Vandello y eohen, 2003).
Las personas aprenden respuestas agresivas tanto en la experiencia como por ob-
servación de modelos de agresividad. ¿Pero cuándo ocurren las respuestas agresivas?
Bandura (1979) afirma que los actos agresivos están motivados por experiencias ad-
versas: frustración, dolor, insultos (figura 10-4). Estas experiencias nos activan emo-
cionalmente. Pero que actuemos agresivamente depende de las consecuencias que
anticipemos. La agresividad es más probable si estamos activados y si parece seguro
y productivo agredir.
Resumen
La agresión se manifiesta de dos formas,
como agresión hostil, que surge de emo-
ciones como la ira y pretende lastimar, y
agresión instrumental, que es un medio
para algún otro fin.
Hay tres teorías generales de la agre-
sión. La postura instintiva, defendida por
Sigmund Freud y Konrad Lorenz, afir-
ma que la energía agresiva se acumula
en el interior, como el agua tras un di-
Agresión: dañar a los demás capítulo 10 395 que. Aunque las pruebas que tenemos prestan
Agresión: dañar a los demás
capítulo 10
395
que. Aunque las pruebas que tenemos
prestan poco apoyo a esta teoría, la agre-
sión tiene la influencia biológica de la
herencia, la química sanguínea y el cere-
bro.
De acuerdo con la segunda hipótesis,
la frustración es la causa de ira y hostili-
dad. En presencia de claves de agresión,
esta ira provoca agresividad. La frustra-
ción p"rocede no sólo de la privación, si-
no de la diferencia entre expectativas y
resultados.
La teoría del aprendizaje social presen-
ta la agresión como un comportamiento
aprendido. Por experiencia y en la obser-
vación del éxito de los demás, a veces
aprendemos que la agresión produce ga-
nancias. El aprendizaje social es el ve-
hículo de la influencia familiar, cultural
y mediática sobre la agresión.
¿Cuáles son algunas de las inf!uencias
en la agresión?
¿En qué condiciones agredimos? Los factores que nos jalan del gatillo son incidentes
que generan aversión, activación, los medios de comunicación yel contexto de nues-
tro grupo.
INCIDENTES QUE GENERAN AVERSiÓN
La receta de la agresión incluye muchas veces alguna forma de experiencia aversiva:
dolor, calor excesivo, un ataque o un apiñamiento.
Dolor
El investigador Nathan Azrin quería saber si suspender descargas eléctricas en las pa-
tas de dos ratas reforzaría sus relaciones positivas. Azrin planeó activar las descargas
y luego, cuando las ratas se acercaran una a la otra, suspenderlas. Para su sorpresa, el
experimento resultó imposible. En cuanto las ratas sentían el dolor se atacaban antes
de que el experimentador pudiera apagar las descargas. Cuanto más intensas fueran
las descargas (y el dolor), más violento era el ataque .
¿Esto ocurre sólo con las ratas? Los investigadores descubrieron que en una amplia
variedad de especies, la crueldad que los animales se imponían unos a otros corres-
pondía golpe a golpe con la crueldad que se les imponía a ellos. Como explica Azrin
(1967), la respuesta de dolor y ataque ocurrió
en muchas cepas de rat~=r,.uegovimos que las descargas producían ataques cuando pa-
res de las especies sigtll.m1tes eran enjaulados: ciertos ratones, hámsters, zarigüeyas, ma-
paches, marmotas, zorros, nutrias, gatos, tortugas, monos ardilla, hurones, ardillas rojas,
gallos, lagartos, cangrejos de río, anfibios y varias especies de serpientes, incluyendo la
boa constrictor, la víbora de cascabel, la serpiente marrón, la mocasÍn de agua, la cobra de
Kentucky y la serpiente negra. La reacción de descargas y ataque se manifiesta en mu-
chas especies de criaturas. De todas las especies en que las descargas propiciaban ata-
ques, éstos fueron rápidos y constantes, de la misma manera que en las ratas, como si se
"apretara un botón".
Los animales no eran selectivos con sus blancos. Atacaban animales de su especie y de
otras, muñecos de peluche y aun pelotas de tenis.
Los investigadores variaron también la fuente del dolor. Descubrieron que no sólo
las descargas inducían los ataques. Produjeron las mismas reacciones calor intenso y
"dolor psicológico", como de pronto no premiar a palomas que habían sido entrena- o
das para recibir una recompensa por picar un disco. Desde luego, este"dolor psicoló-
gico" es frustración.
Las norma s éticas actuales
impiden a los maestros el
uso de estímulos
dolorosos.

396

parte tres

Relaciones sociales

El dolor también incrementa la agresividad en los seres humanos. Muchos podemos recordar una reacción
El dolor también incrementa la agresividad en los seres
humanos. Muchos podemos recordar una reacción de esa
clase después de golpearnos un dedo del pie o durante una
jaqueca. Leonard Berkowitz y colaboradores lo demostra-
ron pidiendo a eshldiantes de la Universidad de Wisconsin
que metieran una mano en agua tibia o en agua tan fría que
causaba dolor. Los que metieron la mano en el agua fría di-
jeron que se sentían más irritados y fastidiados, y se sintie-
ron más deseosos de gritar a otra persona que producía un
ruido desagradable. A la vista de tales resultados, 13erko-
witz (1983, 1989, 1998) propuso que la estimulación aversi-
va, más que la frustración, es la energía básica que propicia
la agresión hostil. Sin duda, la frustración es un tipo impor-
tante de estado de desagrado. Pero cualquier suceso ad-
verso, sea una esperanza fallida, un insulto personal o un
dolor físico, puede inCitar un estallido emocional. Incluso el
tormento de un estado depresivo acrecienta la posibilidad
de que se presente un comportamiento agresivo hostil.
Calor
Ataque por dolor. Frustrado
por haber perdido los dos
primeros combates de la pelea
de campeonato de pesos
pesados contra Evander
Holyfield, y sintiendo el dolor
de un cabezazo accidental,
Mike Tyson reacciona
mordiendo la oreja de
Holyfield.
Durante siglos se han propuesto teorías sobre el efecto del
clima en los actos humanos. Hipócrates (cirea 460-377
a.e.) comparaba la civilización griega de sus días con el barbarismo de lo que hoyes
Alemania y Suiza y pensaba que la causa era el clima áspero del norte de Europa. Más
adelante, los ingleses atribuían su cultura "superior" al clima ideal de Inglaterra. Los
pensadores franceses proclamaban lo mismo de Francia. Como el clima se mantiene
constante, al tiempo que las características culturales cambian, es evidente que la teo-
ría climática de la cultura tiene una validez limitada.
Sin embargo, las variaciones climáticas temporales pueden afectar el comporta-
miento. Olores ofensivos, hu~o de cigarro y contaminación del aire se han vinculado
con comportamientos agresivos (Rotton y Frey, 1985). Pero el irritante ambiental más
estudiado es el calor. William Griffitt (1970; Griffitt YVeitch, 1971) descubrieron que,
en comparación con estudiantes que respondieron cuestionarios en una habitación
con temperatura normal, los que estuvieron en un salón demasiado acalorado (más
de 32°C) notificaron sentirse más cansados y agresivos, y expresaron más hostilidad
contra un desconocido. En experimentos de seguimiento se reveló que el calor tam-
bién incita actos vengativos (BeU, 1980; Rule y colaboradores, 1987).
¿El calor incómodo aumenta la agresividad en el mundo real como en ellaborato-
rio? Considere lo siguiente:
"Te ruego, buen
Mercucio,
vayámonos.
El día es cálido, los
Capuleto están
fuera.
Si nos topamos con
ellos, no
escaparemos a una
pelea.
Por ahora, en estos días
ardientes, se agita la
sangre mala."
En la calurosa Phoenix (Arizona), los conductores sin aire acondicionado tocan
más la bocina detrás de un coche parado (Kenrick y MacFarlane, 1986).
En las temporadas 1986 a 1988 de beisbol de ligas mayores, el número de
bateadores golpeados por el lanzador fue dos veces mayor en los partidos
jugados a más de 32°C que en los partidos jugados a menos de 27°C (Reifman
y
colaboradores, 1991). Los lanzadores no tiraron más bolas descontroladas en
días calurosos: no dieron más bases por bola ni más bolas sueltas. Simplemente
le
pegaron a más bateadores.
Los motines ocurridos en 79 ciudades estadounidenses entre 1967 y 1971
sucedieron principalmente en días calurosos.
-Shakespeare, Romeo y
¡ulieta.
En estudios en seis ciudades se ha descubierto que cuando el tiempo es
caluroso, es más probable que ocurran delitos violentos (Anderson y
Agresión: dañar a los demás capítulo 10 397 Los A ngeles, mayo de 1993. Los
Agresión: dañar a los demás
capítulo 10
397
Los A ngeles, mayo de 1993.
Los
motilles so n más
probables en los meses
calurosos del verano.
Anderson, 1984; Cohn, 1993; Cotton, 1981, 1986; Harries y Stadler, 1988; Rotton
y Frey, 1985).
• En el hemisferio norte no sólo en los días calurosos hay más delitos violentos,
sino también en las estaciones más cálidas del año, veranos más calurosos,
años más calurosos, ciudades más calurosas y regiones más calurosas
(Anderson y Anderson, 1998,2000). Anderson y colaboradores anticipan que si
sobreviene un aumento de unos 2°C en la temperatura mundial, sólo en
Estados Unidos habría por lo menos 50 mil asaltos violentos más al año.
¿Estos resultados del mundo real muestran que la incomodidad producida por el
calor propicia directamente la agresividad? Aunque la conclusión parece plausible,
estas correlaciones entre temperatura y agresión no la prueban. Ciertamente, las perso-
nas son más irritables en unc1ima cálido y húmedo. En el laboratorio, las temperatu-
ras elevadas acrecientan la activación, así como pensamientos y sentimientos hostiles
(Anderson y colaboradores, 1999); sin embargo, puede haber otros factores. Quizá las
tardes cálidas de verano empujan a la gente a la calle, donde entran en juego otros fac-
tores que influyen en los grupos.
Ataques
Ser atacado o insultado por otro es un estímulo que conduce a la agresión. En varios
experimentos, incluyendo uno de Kennichi Ohbuchi y Toshihiro Kambara (1985) de
la Universidad de Osaka, se confirma que los ataques intencionales generan ataques
en represalia. En la mayor parte de esos experimentos, una persona compite con otra en
un concurso de tiempos de reacción. Después de cada ensayo de prueba, el ganador
escoge qué tanta descarga eléctrica aplica al perdedor. En realidad, cada persona jue-
ga con un contrario programado, que aumenta continuamente la intensidad de las
descargas. ¿Los verdaderos participantes responden con misericordia? De ninguna
manera. La respuesta más frecuente es "ojo por ojo".
ACTIVACiÓN
Hasta aquí hemos visto que la estimulación aversiva estimula la ira. ¿Tienen el mis-
mo efecto otras activaciones, como las que acompañan al ejercicio o al sexo? Imagi-
nemos que Tawna, quien acaba de terminar una estimulante carrera breve, llega a
casa y se encuentra con que el hombre con el que iba a salir esa noche dejó un reca-
398 parte tres Relaciones sociales do diciendo que tenía otros planes. ¿Es más probable que
398 parte tres
Relaciones sociales
do diciendo que tenía otros planes. ¿Es más probable que Tawna se enfurezca des-
pués de correr que si oyera el mismo mensaje después de despertarse de una siesta?
O al haber terminado de hacer ejercicio ¿sus tendencias agresivas habrán desapare-
cido? Para dar con la respuesta, considere cómo interpretamos y nombramos a nues-
tros estados corporales.
En un famoso experimento, Stanley Schachter y Jerome Singer (1962) encontraron
que experimentamos estados de activación corporal de diversas maneras. Estos in-
vestigadores activaron a hombres de la Universidad de Minnesota inyectándoles
adrenalina. La sustancia produjo rubores corporales, palpitaciones cardiacas y acele-
ración de la respiración. Cuando se les advirtió a los sujetos que la adrenalina produ-
ciría estos efectos, los hombres sintieron pocas emociones, incluso si esperaban con
una persona hostil o eufórica. Desde luego, podían atribuir sus sensaciones corpora-
les a la sustancia. Schachter y Singer hicieron que otro grupo de hombres creyeran
que la adrenalina no producía estos efectos secundarios. Luego los colocaron en com-
pañía de una persona hostil o eufórica. ¿Cómo se sintieron y cómo actuaron? Se eno-
jaron con la persona hostil y se divirtieron con la eufórica. El principio es que un estado
de activación orgánica alimenta una emoción u otra, dependiendo de cómo se interprete y se de-
nomine la activación.
En otros experimentos se indica que la activación no es tan emocionalmente indi-
ferenciada como Schachter creía, aunque la agitación física intensifica casi cualquier
emoción (Reisenzein, 1983). Por ejemplo, Paul Biner (1991) informa que las personas
consideran desagradable la estática del radio, sobre todo si están activadas por una luz
brillante. Dolf Zillmann (1988), Jennings Bryant y colaboradores encontraron que las
personas que acaban de trabajar en una bicicleta de ejercicio o de mirar una película
de un concierto de los Beatles atribuyen fácil y erróneamente su excitación a una pro-
vocación. Luego se desquitan con una agresión mayor. Aunque el sentido común nos
llevaría a suponer que la carrera de Tawna habría agotado sus tensiones agresivas, de
modo que aceptaría la noticia con calma, en estos estudios se indica que la activación
nutre las emociones.
La activación sexual es otra forma de estimulación, como la ira, y por consiguien-
te se amplifican una a la otra (Zillmann, 1989). El amor nunca es tan apasionado co-
mo después de una riña o un susto. En el laboratorio, los estímulos eróticos son más
excitantes para las personas que acaban de ser asustadas. Del mismo modo, la acti-
vación de una montaña rusa puede extenderse a los sentimientos amorosos por
nuestra pareja.
Una situación frustrante, calurosa o insultante aumenta la activación. Entonces, la
activación, combinada con ideas y sentimientos hostiles, forma una receta para una
conducta agresiva (figura 10-5).
CLAVES DE AGRESiÓN
Como dijimos, la violencia es más probable cuando claves de agresión jalan el tapón
y liberan la ira embotellada. Leonard Berkowitz (1968, 1981, 1995) Y colaboradores
descubrieron que la vista de un arma es una de tales claves, sobre todo cuando se per-
cibe como instrumento de violencia y no de recreación. En un experimento, niños que
acababan de jugar con pistolas de juguete se sintieron más dispuestos a derribar los
bloques de otro niño. En otro, hombres irritados de la Universidad de Wisconsin apli-
caron descargas eléctricas más intensas a su atormentador cuando había cerca un ri-
fle y un revólver (supuestamente dejados de un experimento anterior), que cuando se
quedaban raquetas de badminton (Berkowitz y LePage, 1967). Las armas priman
ideas hostiles y juicios de castigo (Anderson y colaboradores, 1998; Dienstbier y co-
laboradores, 1998). Lo que está a la vista está en la mente. Así, Berkowitz no se sintió
sorprendido de que, en Estados Unidos, la mitad de todos los asesinatos fueran come-
Agresión: dañar a los demás capítulo 10 399 figura 10-5 Elementos de la agresión hostil.
Agresión: dañar a los demás
capítulo 10
399
figura 10-5
Elementos de la
agresión hostil.
J
Una situación adversa
puede incitar agresión
porque provoca
cogniciones y
sentimientos hostiles, así
como activación. Estas
reacciones nos hacen más
proclives a percibir
intenciones dai'tosas y a
reaccionar agresivamente.
+
Fuente: Simplificado de
Anderson, Deuser y DeNeve,
1995.
tidos con pistolas y que con las pistolas de los hogares se matara más a los habitantes
que a los intrusos. "Las armas no sólo permiten la violencia -escribió-, sino que la
estimulan. El dedo jala el gatillo, pero el gatillo también puede jalar al dedo."
Berkowitz tampoco se siente sorprendido de que los países donde se prohíben las
pistolas tengan menores tasas de asesinatos. En comparación con Estados Unidos,
Inglaterra tiene una cuarta parte de habitantes y un dieciseisavo de asesinatos. En
Estados Unidos hay diez mil homicidios con arma de fuego al año; en Australia hay
alrededor de una docena, en Inglaterra dos docenas y en Canadá 100. Cuando en
Washington, D.C., se adoptó una ley que restringía la posesión de armas de fuego,
los asesinatos y los suicidios por este medio se redujeron aproximadamente 25 por
ciento. No hubo cambios en otros métodos de asesinato y suicidio ni en las regiones
colindantes a la zona que abarcaba la ley se dieron tales reducciones (Loftin y co-
laboradores, 1991).
Los investigadores también han examinado el riesgo de violencia doméstica con y
sin armas. Estas investigaciones son polémicas, porque los hogares varían de muchas
maneras. En un estudio patrocinado por los Centros de Control de las Enfermedades,
se compararon propiet~os y no poseedores de armas del mismo género, raza, edad
y vecindario. El resultado irónico y trágico fue que los que tenían un arma en casa
(por lo regular para defenderse) tenían 2.7 veces más probabilidades de ser asesina-
dos, casi siempre por un familiar o un amigo cercano (Kellermann, 1993, 1997). En
otro estudio se encontró un aumento de cinco veces en el riesgo de suicidio en hoga-
res con armas (Taubes, 1992). En un reciente estudio nacional se vio que había dismi-
nuido un tanto el vínculo entre armas y homicidio o suicidio. En comparación con
otras personas del mismo género, edad y raza, quienes poseían armas en casa tenían
41 por ciento más probabilidades de ser víctimas de un homicidio y 3.4 veces más
probabilidades de morir por suicidio (Wiebe, 2003). Un arma en casa ha significado a
menudo la diferencia entre un pleito y un funeral o entre el sufrimiento y un suicidio.
Las armas no son sólo claves de agresión, sino que también establecen una distan-
cia psicológica entre el agresor y la víctima. Como nos enseñaron los estudios de obe-
diencia de Milgram, la separación de la víctima facilita la crueldad. Un cuchillo puede
matar a alguien, pero es más difícil atacar con un cuchillo que jalar el gatillo a la dis-
tancia (figura 10-6).
400 parte tres Relaciones sociales figura 10-6 Armas usadas para cometer asesinatos en Estados Unidos,
400 parte tres
Relaciones sociales
figura 10-6
Armas usadas para
cometer asesinatos
en Estados Unidos,
Objetos contusos
5%
2002.
Manos, pies
Fuente: FBI, Informes
homogéneos de delincuencia.
7%
Otras armas
6%
INFLUENCIA DE LOS MEDIOS: PORNOGRAFíA
y VIOLENCIA SEXUAL

El aumento en los delitos violentos informado entre 1960 y comienzos de la década de los noventa, sobre todo entre menores de edad, nos orilla a preguntarnos por las razones del cambio. ¿Qué fuerzas sociales han causado este aumento desmesurado de la violencia? El alcohol contribuye a la agresividad, pero su consumo no ha cambiado mucho desde 1960. Otros factores biológicos (testosterona, genes, neurotransmisores) tam- bién ejercen una influencia en la agresividad pero no explican los grandes cambios culturales. ¿Acaso la nueva violencia está alimentada por el crecimiento del indivi- dualismo y el materialismo? ¿Por la distancia en aumento entre ricos y pobres?¿Por la disminución de familias de dos padres y el aumento de los padres ausentes? ¿Por qué los medios ofrecen más modelos de violencia y de sexualidad sin restricciones? Esta última pregunta surge porque han coincidido los aumentos en las tasas de violencia y de coerción sexual con el aumento en el caos y la insinuación sexual de los medios. ¿Esta correlación histórica es pura coincidencia? Para averiguarlo, los investigadores han explorado las consecuencias sociales de la pornografía (que el diccionario Webs- ter define como representaciones eróticas destinadas a excitar la activación sexual) y los efectos del modelamiento la violencia en películas y televisión. En Estados Unidos, la pornografía se ha convertido en un negocio mayor que el futbol, el basquetbol y el beisbol profesionales juntos, ya que al año se gastan unos 10 mil millones de dólares en cable y cadenas satelitales o en cines y películas de pago por ver, en películas en habitaciones de hotel, sexo por teléfono, revistas de sexo y en unos 400 mil sitios de Internet de paga (National Research Council, 2002; Rich, 2001; Schlosser, 2003). En una encuesta de estudiantes universitarios, 57 por ciento de los hombres y 35 por ciento de las mujeres dijeron que habían buscado sitios relacionados con el sexo, aunque sólo 6 por ciento de los hombres y 1 por ciento de las mujeres lo hacían "frecuentemente" (Banfield y McCabe, 2001). Las investigaciones de la psicología social sobre la pornografía se han centrado prin- cipalmente en las representaciones de violencia sexual. En un episodio común de vio- lencia sexual, un hombre fuerza a una mujer. Al principio, ella se resiste y trata de rechazar a su atacante. Poco a poco se excita y su resistencia se funde . Al final entra en éxtasis y pide más. Todos hemos visto o leído versiones no pornográficas de esa secuencia: ella se resiste, él insiste. Un hombre de empuje toma y besa a la fuerza a

Agresión: dañar a los demás capítulo 10 401 una mujer que protesta. En momentos, los
Agresión: dañar a los demás
capítulo 10
401
una mujer que protesta. En momentos, los brazos que lo querían alejar lo abrazan,
pues la resistencia quedó superada por la pasión desatada de ella . En Lo que el viento
se llevó, Scarlett O'Hara es llevada a la cama entre protestas y patadas, y despierta
cantando.
Los psicólogos sociales señalan que mirar estas escenas de ficción de un hombre
que se impone con su fuerza a una mujer y la excita distorsiona las percepciones de
cómo reaccionan las mujeres en la realidad a la coerción sexual y aumentan la agre-
sión de los hombres contra ellas, por lo menos en el contexto del laboratorio.
Percepciones distorsionadas de la realidad sexual
¿Atestiguar violencia sexual refuerza el "mito de la violación", es decir, que algunas
mujeres aceptan el asalto sexual, que "no significa no"? Para averiguarlo, Neil Mala-
muth y James Check (1981) mostraron a hombres de la Universidad de Manitoba dos
películas de un asalto sexual o bien dos películas en que un hombre vence sexualmen-
te a una mujer. Una semana después, cuando los entrevistó otro investigador, quienes
vieron las películas con la violencia sexual ligera aceptaban más la violencia contra las
mujeres. En otros estudios se confirma que la exposición a la pornografía aumenta la
aceptación del mito de la violación (Oddone-Paolucci y colaboradores, 2000). Por
ejemplo, mientras pasaban tres tardes viendo películas de violencia sexual, especta-
dores hombres en un experimento de Charles Mullin y Daniel Linz (1995) también se
sintieron gradualmente menos molestos por violaciones y vapuleos. En comparación
con otros que no fueron expuestos a las películas, tres días después expresaron tam-
bién menos simpatía por las víctimas de la violencia doméstica y calificaron sus lesio-
nes como menos graves. Así, se preguntaron los investigadores Edward Donnerstein,
Daniel Linz y Steven Penrod (1987), ¿qué mejor manera para un personaje malvado
que hacer que las personas reaccionen impávidamente a las torturas y la mutilación
de mujeres que mostrar una serie progresiva de esas películas?
Observe que el mensaje sexual (que a las mujeres les gusta ser "tomadas") era su-
til y no parecía que suscitara argumentos en contra. Dadas las frecuentes imágenes en
los medios de mujeres que ceden su resistencia en los brazos de un hombre fuerte, no
nos debería sorprender que incluso las mujeres lleguen a pensar que otras mujeres dis-
fruten ser superadas sexualmente, aunque prácticamente ninguna cree que a ella le
gustaría (Malamuth y colaboradores, 1980). "¿Que me excite un hombre que me ven-
za? Jamás en la vida."
Agresión contra las mujeres
Las evidencias tambiéltJ>J!gieren que la pornografía contribuye a la agresión real de
hombres contra mujeres'?'En los estudios correlacionales apareció esta posibilidad. John
Court (1985) observó que en todo el mundo, a medida que la pornografía se hizo más
asequible en las décadas de los sesenta y setenta, la tasa de violaciones denunciadas
aumentó notablemente, excepto en países y regiones donde la pornografía estaba con-
trolada (ejemplos que contradicen esta tendencia, como Japón, donde se consigue por-
nografía violenta pero la tasa de violaciones es baja, nos recuerdan que otros factores
son también importantes). En Hawai, el número de violaciones denunciadas se mul-
tiplicó nueve veces entre 1960 y 1974, cayó cuando se impusieron temporalmente res-
tricciones a la pornografía y volvieron a subir cuando éstas se levantaron.
En otro estudio correlacional, Larry Baron y Murray Straus (1984) descubrieron
que las ventas de revistas de sexo explícito (como Hustler y Playboy) en los 50 estados
de Estados Unidos se correlacionaron con las tasas de violación en dichos estados,
después de controlar otros factores, como el porcentaje de hombres jóvenes en cada
estado. Alaska ocupó el primer lugar en venta de esas revistas y el primer lugar en
violaciones. Nevada fue el segundo en las dos medidas.
"La pornografía que
retrata la agresión
sexual como si fuera
agradable para la
víctima aumenta la
aceptación del uso de la
coerción en las
relaciones sexuales."
-Consenso de las ciencias
sociales, Taller del
Ministerio de Salud sobre
Pornografía y Salud Pública
(Koop, 1987).
402 parte tres Relaciones sociales ¿ Los comentar ios de Ted Bundy (1989) en vísperas
402 parte tres
Relaciones sociales
¿ Los comentar ios de Ted
Bundy (1989) en vísperas de
su ejecución por una serie de
violacio nes y ases ina tos
manifesta ban la parte de la
pornografía o eran una
excusa
fo rm as
a la mano ?: " Las
más nocivas de
pomogrnfía
so n las de
v iolencia
sex ual . Como una
adicción, uno quiere algo
cada vez más intmso, algo
qu e produzca una mayor
se nsación de excitación .
Has ta qu e u no llega al punto
que no traspasa la
pornog rafía, pasa a
preguntarse si come ter los
ac tos puede dar eso
que está
más all á de leer la o ver la. "
La ex posición repetida a
películas eróticas con sexo
rápido y sin compromisos
tiende también a:
Al ser entrevistados, delincuentes sexuales de Canadá y Estados Unidos aceptan
que consumen pornografía. Por ejemplo, William Marshall (1989) notificó que los vio-
ladores y abusadores de niños de Ontario consumen pornografía mucho más que
otros hombres. En un estudio del FBI se refiere también una exposición considerable
a la pornografía entre asesinos en serie; lo mismo indicó el Departamento de Policía
de Los Ángeles a propósito de los abusadores de niños (Bennett, 1991; Ressler y co-
laboradores, 1988).
Aunque los experimentos controlados se limitan a las conductas de corto plazo que
pueden estudiarse en el laboratorio, revelan lo que los estudios correlacionales no ha-
cen: la relación causa-efecto. En una declaración consensuada de 21 de los principales
científicos sociales se resumen los resultados: "La exposición a la pornografía violen-
ta aumenta la conducta punitiva hacia las mujeres" (Koop, 1987). Uno de estos cientí-
ficos sociales, Edward Donnerstein (1980) mostró a 120 hombres de la Universidad de
• Reducir la atracción
por la pareja de uno .
Wisconsin una cinta erótica neutra o una erótica agresiva (una violación). Luego los
hombres, supuestamente como parte de otro experimento, "enseñaron" a un cómpli-
• In crementar la
aceptación del sexo
extramarital y de la
sumisión de las
mujeres a los hombres.
ce, hombre o mujer, algunas sílabas sin sentido y escogían la intensidad de las descar-
gas que aplicaban por las respuestas incorrectas. Los hombres que habían visto la
cinta de la violación aplicaron descargas mucho más intensas (figura 10-7), sobre to-
do si estaban enojados y si la víctima era mujer.
Si la ética de estos experimentos le parece molesta, quédese tranquilo de que los in-
• Aumenta¡' la
percepción masculina
de las mujeres en
términos sexuales.
(Fuente: véase Myers, 2000).
vestigadores saben la experiencia polémica y poderosa que dan a sus sujetos. Éstos
participan después de dar su consentimiento informado. Además, al terminar el ex-
perimento los investigadores develan los mitos que comunican las cintas (Check y
Malamuth, 1984).
La justificación de estos experimentos es, además de científica, de corte humani-
tario:
Agresión: dañar a los demás capítulo 10 403 figura 10-7 Intensidad promedio de las descargas
Agresión: dañar a los demás
capítulo 10
403
figura 10-7
Intensidad promedio de las descargas
5.0 ,-----------------------
4.0
1-------------------, "''''----
Después de ver una
película erótica agresiva,
hombres universitarios
aplicaron descargas más
intensas que antes, sobre
todo a una mujer.
Fuente: Datos tomados de
Donnerstein, 1980.
Blanco masculino
j"','
2.0
1----------------------
.,",,'1,!
'~:;, :':
• En una cuidadosa encuesta nacional en Estados Unidos, 22 por ciento de las
mujeres dijeron que habían sido obligadas por un hombre a realizar alguna
clase de actividad sexual (LaumalU1 y colaboradores, 1994).
• En otra, 18 por ciento de las mujeres refirieron una experiencia que
correspondía a la definición de violación (Tjaden y Thoennes, 2000). Seis veces
de siete el perpetrador fue alguien que conocían.
• En encuestas de 6 200 universitarias de todo el país y 2 200 trabajadoras de
Ohio, Mary Koss y colaboradoras (1988, 1990, 1993) encontraron que 28 por
ciento de las mujeres indicaron haber pasado por una experiencia que llena la
definición legal de violación o intento de violación (aunque la mayoría,
asaltadas en una cita o por un conocido, no lo llamaron violación; los"guiones
" de las mujeres de una violación comprenden la violencia de un desconocido;
Kahn, 1994).
• Encuestas de otros países industrializados arrojan resultados semejantes (véase
la tabla 10-1). Tres de cuatro violaciones de desconocidos y casi todas las
violaciones de conocidos no se denuncian a la policía. Así, la tasa
de violaciones conocida subestima enormemente la tasa real.
~~
.
En ocho encuestas s~pr eguntó a universitarios hombres si había alguna probabili-
dad de que violaran a una mujer "si estuvieran seguros de que nadie lo sabría y no
fuera posible recibir un castigo de ninguna manera (Stille y colaboradores, 1987). Una
proporción perturbadora (alrededor de una tercera parte) admitieron que por lo me-
nos había una ligera pos~bilidad de que lo hicieran. En comparación con los hombres
que indicaron que no había ninguna posibilidad de que violaran a una mujer, aque-
llos se parecían más a los reos de violación en cuanto a que creían en los mitos de la
violación, en que se excitaban con representaciones de violaciones y en que se condu-
cían de manera agresiva hacia las mujeres, tanto en el laboratorio como en las citas
reales. Esta agresividad es mayor entre aquellos que tienen las actitudes en favor de
la violación que cultiva la pornografía (figura 10-8).
"La pornografía es la
teoría y la violación es
la práctica."
- Rabin Margan (1980,
p.139).
Educación consciente sobre los medios de difusión
Así como la mayoría de los alemanes toleraban en silencio las degradantes imágenes
antisemitas que alimentaron el holocausto, en la actualidad la mayoría de las perso-

404

parte tres

Relaciones sociales

tabla 10-1 Porcentaje de mujeres que denuncian violaciones en cinco países y una ciudad Fuente:
tabla 10-1
Porcentaje de mujeres que denuncian violaciones en cinco países
y una ciudad
Fuente: Estudios publicados por Koss, Heise y Russo (1994) y Krahé (1998).
figura 10-8
Hombres agresivos
sexualmente.
Los hombres q).le imponen
el sexo a las mujeres
combinan antecedentes de
relaciones sexuales
impersonales con una
masculinidad hostil,
informa Neil Malamuth
(1996, 2003).

nas toleran imágenes en los medios que nutren el acoso sexual, el maltrato y la viola- ción. Entonces, ¿hay que restringir las representaciones que denigran o violan a las mujeres? En la competencia entre los derechos del individuo frente a los derechos de la co- lectividad, los pobladores de las naciones occidentales toman partido por los derechos individuales. Como alternativa a la censura, muchos psicólogos están en favor de l/un entrenamiento consciente sobre los medios de difusión". Recuerde que investigado- res de la pornografía han logrado volver a sensibilizar y educar a sus sujetos en las respuestas reales de las mujeres a la violencia sexual. ¿De la misma manera podrían los educadores fomentar destrezas para presenciar críticamente los medios? Al sensi- bilizar a las personas ante las imágenes de las mujeres que predominan en la porno- grafía y los temas de acoso y la violencia sexual, debe ser posible contrarrestar el mito de que a las mujeres les gusta que las obliguen. "Nuestra esperanza utópica y quizá ingenua -dicen Edward Donnerstein, Daniel Linz y Steven Penrod (1987, p. 196)- es que, al final, la verdad se revelará por medio de la buena ciencia y prevalecerá y el público quedará convencido de que estas imágenes no sólo denigran a quienes retra- tan, sino también a quienes las ven."

Agresión: dañar a los demás capítulo 10 405 ¿Es una esperanza ingenua? Consideremos lo siguiente:
Agresión: dañar a los demás
capítulo 10
405
¿Es una esperanza ingenua? Consideremos lo siguiente: sin prohibir los cigarros, el
número de fumadores en Estados Unidos se redujo de 42 por ciento en 1965 a 23 por
ciento a comienzos del siglo xx. Sin censurar el racismo, las imágenes antes comunes
en los medios de afroamericanos como bufones aniñados y supersticiosos práctica-
mente han desaparecido. A medida que la gente cambia conscientemente, los guionis-
tas, productores y directivos de los medios decidieron que las imágenes abusivas de
las minorías no eran buenas. Hace poco decidieron que las drogas no son glamorosas,
como daban a entender muchas películas y canciones de las décadas de 1960 y 1970,
sino peligrosas. Así, el consumo de marihuana entre los preparatorianos de último
año en el mes anterior se redujo de 37 por ciento en 1979 a 12 por ciento en 1992, an-
tes de rebotar a 23 por ciento en 1996, cuando el clamor cultural en contra de las dro-
gas se suavizó y el consumo volvió a ensalzarse en canciones y películas (Johnston y
colaboradores, 1996). ¿Algún día veremos con vergüenza la época en que las pelícu-
las entretenían con escenas de explotación, mutilación y coerción?
"Lo que tratamos de
hacer es elevar la
con cien cia de la
violencia en contra de
las mujeres y de la
pornografía, por lo
menos al nivel d e
la
conciencia de la
bibliografía sobre el
racismo y el Ku Klux
Klan."
- Gloria Steinem (1988).
INFLUENCIA DE LOS MEDIOS: TELEVISiÓN
Hemos visto que observar un modelo agresivo puede desatar los impulsos agresivos
de los niños y enseñarles nuevas formas de agresión . También hemos visto que des-
pués de mirar violencia sexual, muchos hombres airados se comportarán más violen-
tamente con las mujeres. ¿La televisión tiene efectos semejantes?
Consideremos estos hechos sobre la televisión. En 1945, en un sondeo Gallup, se
preguntó a los estadounidenses: "¿Sabe usted qué es la televisión?" (Gallup, 1972,
p. 551). En la actualidad, en la mayor parte del mundo industrializado, casi todos los
hogares (por ejemplo, 99.2 por ciento en Australia) tienen un aparato de televisión,
más de los que tienen teléfonos (Trewin, 2001). La mayoría de los hogares tienen más
de un aparato, lo que explica por qué lo que los padres dicen que lo que ven sus hijos
no coincide con lo que los ni1'los dicen que ven (Donnerstein, 1998). Con MTV en 140
países y CNN en todo el mundo, la televisión crea una cultura popular mundial
(Gundersen, 2001).
En el hogar promedio, la televisión está encendida siete horas al día. Como cada
miembro de la familia ve en promedio de tres a cuatro horas, eso significa que si al-
guien vive hasta la edad de 80 años, habrá dedicado una década a mirar la televisión.
Las mujeres ven más televisión que los hombres, los no blancos más que los blancos,
los preescolares y los jubilados más que quienes van a la escuela o trabajan y los que
tienen menos estudios más que los más escolarizados (Comstock y Scharrer, 1999). En
su mayor parte, estos hechos sobre los hábitos televisivos de los estadounidenses tam-
bién son característicQ~ de los europeos, los australianos y los japoneses (Murra y y
Kippax, 1979). -
;f.
Durante todas esas horas, ¿qué conductas sociales se ejemplifican? De 1994 a 1997,
los agotados empleados del Estudio Nacional sobre la Violencia en Televisión (1997)
analizaron unos diez mil programas de las principales cadenas y canales de cable.
¿Sus resultados? Seis de diez programas contenían violencia ("actos que imponen la
fuerza física y amenazan con dañar o matar o que de hecho dañan o matan"). Duran-
te los pleitos a puñetazos, las personas que caían por lo regular se sacudían y se le-
vantaban más vigorosas, a diferencia de las peleas reales a puñetazos que duran un
solo golpe (y que dan por resultado una fractura de mandíbula o de mano). En 73
por ciento de las escenas violentas los agresores no sufrieron ningún castigo. En 58 por
ciento la víctima no pareció sufrir dolor. En los programas infantiles, sólo 5 por ciento
de la violencia tenía consecuencias de largo plazo; en dos terceras partes se retrataba
la violencia como divertida.
¿A qué se reduce todo esto? En resumen, la televisión irradia sus ondas electro-
magnéticas a los globos oculares de los niños durante más horas de crecimiento que

406 parte tres

Relaciones sociales

visto [ ] catarsis Liberación emocional . La perspectiva catártica de la agresión implica el
visto [
]
catarsis
Liberación emocional . La
perspectiva catártica de la
agresión implica el
impulso agresivo se
reduce cuando se "libera"
la energía agresiva, ya sea
actuando agresivamente o
al hacer una fantasía de la
agresión.
"Una de las grandes
aportaciones de la
televisión es que
devolvió el asesinato a
los hogares, que son su
lugar. Ver tm asesinato
en la televisión puede
ser una buena terapia.
Ayuda a resolver
nuestros
antagonismos."
Efectos de la televisión sobre el comportamiento
-Alfred Hitchcock.
(TV Cuide, 1977).
Correlación entre ver televisión y el comportamiento.

las pasadas en la escuela. De hecho, más horas de las que pasan en cualquier otra ac- tividad diurna. Al terminar la primaria, el niño promedio ha visto en televisión unos ocho mil asesinatos y otros 100 mil actos violentos (Hutson y colaboradores, 1992). Al reflexionar en sus 22 años de contar la violencia televisiva, el investigador de medios George Gerbner (1994) se lamentaba: "La humanidad ha tenido eras más sangrien- tas, pero ninguna tan llena de imágenes de violencia como la actual. Estamos inunda- dos por una marejada de representaciones violentas como el mundo nunca había

que calan en todos los hogares con escenas vívidas de brutalidad coreogra-

fiada por expertos". ¿Los crímenes en horario estelar fomentan las conductas que retratan o, como tes- tigos participando vicariamente en los actos agresivos, los programas canalizan ener- gía agresiva? La última idea, una variación de la hipótesis de la catarsis, sostiene que mirar programas violentos permite a la gente liberar su hostilidad guardada. Los de- fensores de los medios citan esta teoría frecuentemente y nos recuerdan que la violen- cia es anterior a la televisión. En un debate imaginario con un crítico de la televisión, el defensor del medio argumentaría que "la televisión no tuvo ningún papel en los ge- nocidios de judíos y amerindios y que sólo refleja y responde a nuestros gustos" . "De acuerdo -responde el crítico-, pero también es verdad que durante la era de la tele- visión, en Estados Unidos las denuncias de delitos violentos han aumentado varias veces más rápidamente que el índice de crecimiento demográfico. De seguro usted no quiere decir que las artes populares son meros reflejos pasivos, sin ningún poder pa- ra influir en la conciencia pública, ni que la fe que tienen los anunciantes en el poder del medio es ilusoria." El acusado contesta: "La violencia recurrente es resultado de muchos factores. La TV quizá reduce la agresividad al sacar de las calles a las perso- nas y al ofrecerles una oportunidad inofensiva de ventilar su agresividad".

Los estudios sobre la televisión y la agresión pretenden identificar los efectos más sutiles y difundidos que los ocasionales asesinos imitadores que atrapan la atención de la opinión pública. Los estudios preguntan cómo influye la televisión en la conduc- ta y el razonamiento de los espectadores.

¿Los espectadores imitan los modelos violentos? Abundan ejemplos de personas que repiten los delitos de la televisión. En una encuesta de 208 presos, nueve de diez ad- mitieron que habían aprendido nuevos trucos delictivos viendo programas policiacos. Cuatro de diez dijeron que habían intentado delitos específicos vistos en la televisión

Las historias de delitos no son

pruebas científicas. Por consiguiente, los investigadores realizan estudios correlaciona-

les y experimentales para examinar los efectos de observar la violencia. Una técnica usada frecuentemente con escolares, consiste en indagar si ver televisión predice la agresividad de los niños. En alguna medida, así lo hace. Cuanto más violento es el con- tenido de lo que ve un niño, más agresivo es éste (Eron, 1987; Turner y colaboradores, 1986). La relación es pequeña, pero se da en América del Norte, Europa y Australia. ¿Podemos así concluir que observar de manera frecuente televisión violenta nutre la agresividad? Quizá usted piensa que como se trata de un estudio correlacional, la relación causal también se da en el sentido opuesto. Tal vez los niños agresivos pre- fieren la televisión violenta o posiblemente un tercer factor, como poca inteligencia, predispone a algunos niños a preferir los programas agresivos y a comportarse agre- sivamente. Los investigadores han desarrollado dos maneras de comprobar estas explicacio- nes. Para probar la "hipótesis del tercer factor escondido", extraen estadísticamente la

Agresión: dañar a los demás

figura 10-9 Hábitos televisivos de los niños y actividades delictivas posteriores. Ver violencia a los
figura 10-9
Hábitos televisivos
de los niños y
actividades
delictivas
posteriores.
Ver violencia a los ocho
años es un
factor d e
pronóstico de delitos
graves a los 30.
Fuente: Datos tomados de Eron
y Huesmann (1984).
influencia de algunos de los factores posibles. Por ejemplo, William Belson (1978; Mu-
son, 1978) estudió a 1 565 niños londinenses. En comparación con los que veían poca
violencia, los que veían mucha (en especial la violencia realista, más que la de carica-
turas), admitieron hasta 50 por ciento más actos violentos durante los seis meses an-
teriores (por ejemplo, "destrocé el teléfono de una cabina"). Belson también examinó
22 terceros factores posibles, como tamaño de la familia. Al final se sostuvo la diferen-
cia entre quienes veían poca televisión y quienes veían mucha, después de equiparar-
los con respecto a los terceros factores. Por tanto, Belson supuso que los que más veían
la televisión eran más violentos por su sobreexposición a la televisión.
Del mismo modo, Leonard Eron y Rowell Huesmann (1980, 1985) encontraron
que la violencia que veían 875 niños de ocho años se correlacionaba con la agresivi-
dad incluso después de extraer estadísticamente varios terceros factores obvios. Ade-
más, cuando volvieron a estudiar a estos sujetos a los 19 años de edad, descubrieron
que ver violencia a los ocho años tenía un valor pequeño de pronóstico de la violen-
cia a los 19 años, pero la agresividad a los ocho no pronosticaba la violencia que se
veía a los 19. La agre&f&n seguía a la observación, no al contrario. Además, para los 30
años, aquellos niños que habían visto más violencia se habían convertido en adultos
con más probabilidades de ser encarcelados por algún delito (figura 10-9).
Huesmann y colaboradores (1984, 2003) confirmaron estos resultados en estudios
de seguimiento de jóvenes de la zona de Chicago. Niños que a los ocho años habían
estado en 20 por ciento de los que más violencia veían, 15 aJ.10S después tenían dos ve-
ces más probabilidades que los otros de aceptar que empujaban, asían y golpeaban a
su esposa y sus contrapartes femeninas tenían dos veces más probabilidades, como jó-
venes, de arrojar algo a su marido.
Los hábitos televisivos de los adolescentes también dan claves sobre el comporta-
miento de los adultos, como descubrieron Jeffrey Johnson y colaboradores (2002)
cuando siguieron a más de 700 sujetos al paso del tiempo. Entre los de 14 años que
veían menos de una hora de televisión al día, 6 por ciento se mezclaron en actos agre-
sivos (como asalto, robo o amenazas de daños) a las edades de 16 a 22, pero cinco ve-
ces más (29 por ciento) fueron los que habían visto televisión más de tres horas al día.

capítulo 10

407

408 parte tres Relaciones sociales ~~~ Tom a do d e FlII!Ily Ti mes, feb
408 parte tres
Relaciones sociales
~~~
Tom a do
d e FlII!Ily Ti mes, feb re r o
"TE DIJE QUE LOS NIÑOS VEÍAN DEMASIADO TELEVISIÓN."
de 1994. Reimpreso con
autorización.
"¿Así pues dejaremos
que nuestros hijos
escuchen cualquier
historia que a
cualquiera se le ocurra
componer, de modo
que recibirán ideas que
muchas veces serán las
contrarias de las que
pensaremos que deben
tener cuando crezcan?"
Experimentos relacionados con ver televisión.
-Platón, La Rep ública, 360
a.e.

Los estudiantes aguzados se preguntarán si estas correlaciones son resultado de mayores niveles de agresión entre aquellos que ya eran agresivos cuando fueron ob- servados por primera vez o entre los menos inteligentes y educados (las personas me- nos inteligentes y escolarizadas ven más televisión). Pero cuando los equipos de investigación de Huesmann y Johnson controlaron esos factores, las diferencias se conservaron. Hay otro hecho que ponderar: donde va la televisión, la sigue mayor violencia. In- cluso las tasas de asesinato se incrementan cuando y donde llega la televisión. En Ca- nadá y Estados Unidos, la tasa de homicidios se duplicó entre 1957 y 1974 con la difusión de la televisión violenta. En regiones del censo donde la televisión llegó des- pués, esa tasa también se incrementó después. En la Sudáfrica blanca, donde la televi- sión no se introdujo sino hasta 1975, una duplicación semejante en la tasa de homicidios no ocurrió sino hasta después de 1975 (Centerwall, 1989). En un pueblo rural canadiense muy estudiado, donde la televisión llegó tarde, la agresión en los pa- tios de juego se duplicó poco después (Williams, 1986). Observe que estos estudios ilustran cómo los investigadores toman los estudios de correlación para sugerir relaciones de causa-efecto. Pero un número infinito de terce- ros factores podrían estar creando una relación meramente coincidental entre ver vio- lencia y la agresión. Por fortuna, el método experimental puede controlar estos factores extraños. Si asignamos al azar algunos niños a que vean una película violen- ta y otros a que vean una sin violencia, cualquier diferencia posterior en agresividad entre los dos grupos se deberá al único factor que los distingue: lo que vieron.

Los experimentos pioneros de Albert

Bandura y Richard Walters (1963) pedían a veces a pequeños que vieran a un adulto aporrear a un muñeco inflado en lugar de observarlo en vivo y el efecto era práctica- mente el mismo. Entonces, Leonard Berkowitz y Russell Geen (1966) descubrieron que universitarios enojados que veían una película violenta se conducían de manera más agresiva que otros estudiantes igualmente enojados que veían películas con au- sencia de violencia. Estos experimentos de laboratorio, aunados a la creciente preocu- pación de la opinión pública, llevaron al secretario de Salud de Estados Unidos a

Agresión: dañar a los demás capihJlo 10 409 encargar 50 estudios de investigación a comienzos
Agresión: dañar a los demás
capihJlo 10
409
encargar 50 estudios de investigación a comienzos de la década de los setenta. En
gran medida, estos estudios y más de 100 posteriores confirmaron que ver violencia
amplifica la agresividad (Anderson y Bushman, 2002; Bushman y Anderson, 2001).
Por ejemplo, equipos de investigadores, uno encabezado por Ross Parke (1977), en
Estados Unidos, y otro por Jacques Leyens (1975), en Bélgica, mostraron a niños de-
lincuentes internos, estadounidenses y belgas, una serie de cintas comerciales agresi-
vas o no agresivas . El resultado constante fue que "la exposición a la violencia filmada
]llevó a un aumento en la agresividad del espectador". En comparación con la se-
[
mana anterior a la proyección de los filmes, los ataques físicos aumentaron notable-
mente en las casas donde los niños habían visto cintas violentas. Dolf Zillmann y
James Weaver (1999) expusieron de la misma manera a hombres y mujeres, durante
cuatro días consecutivos, a películas actuadas violentas y sin violencia. Cuando par-
ticiparon en otro proyecto al quinto día, los expuestos a las cintas violentas fueron
más hostiles con el asistente de la investigación.
La agresión provocada en estos experimentos no es asalto ni ataque; aún más, en la
escala de un empujón en la hilera de la cafetería, un comentario cruel, un gesto de
amenaza. Sin embargo, la convergencia de las pruebas es sorprendente. "La conclu-
sión irrefutable -dijo en 1993 una comisión sobre violencia juvenil de la Asociación
Psicológica Arnericana- es que ver violencia aumenta la violencia." Esto es verdad
sobre todo entre gente con tendencias agresivas (Bushman, 1995). El efecto de ver vio-
lencia también es más fuerte cuando una persona atractiva comete un acto violento
justificado y realista por el que no recibe castigo y del que no se manifiesta ningún do-
lor ni daño (Donnerstein, 1998).
En resumidas cuentas, concluyen los investigadores Brad Bushman y Craig Ander-
son (2001), el efecto sobre la agresividad de ver violencia sobrepasa el efecto del taba-
quismo pasivo en el cáncer pulmonar, la ingesta de calcio en la masa muscular y la
tarea en el rendimiento escolar. Como en el caso del cigarro y el cáncer, no todos mani-
fiestan el efecto, pues otros factores tienen su importancia. Los efectos acumulados a
largo plazo son los preocupantes, y los intereses de las corporaciones desdeñan las
pruebas. Pero ahora las evidencias son "abrumadoras", dicen Bushman y Anderson:
"La elevada exposición
a la violencia en los
medios es una de las
principales causas de la
elevada tasa de
violencia en la moderna
sociedad
estadounidense."
"La exposición a violencia en los medios produce incrementos significativos en la agre-
sividad." La base de investigación es grande; los métodos, diversos, y los resultados
generales, congruentes, coincide un grupo de tarea del Instituto Nacional de Salud
Mental, compuesta por notables investigadores de la violencia en los medios (Ander-
-Psicólogo social Craig A.
Anderson, al rendir
testimonio ante el Comité de
Comercio, Ciencia y
Transporte del Senado
estadounidense e121 de
son y colaboradores, en prensa). "Nuestra revisión exhaustiva
] arroja evidencias
marzo de 2000.
inequívocas de que la exposición a la violencia en los medios incrementa la probabili-
dad de conducta agresiva;.,y violenta en los contextos inmediato y de largo plazo".
Dada la convergencia de las evidencias correlacionales y experimentales, los inves-
tigadores han estudiado por qué ver violencia tiene este efecto. Consideremos tres po-
sibilidades (Geen y Thomas, 1986). Una es que no es el contenido violento el que
causa la violencia social, sino la activación que produce (Mueller y colaboradores,
1983; Zillman, 1989). Corno dijimos, la excitación se propaga: un tipo de excitación es-
.
En otras investigaciones se muestra que ver violencia desinhibe. En el experimento
de Bandura, el adulto que golpea al muñeco Bobo confiere una legitimidad a esas ex-
presiones y reduce las inhibiciones del niño. Ver violencia imprime en el espectador la
conducta agresiva al activar ideas relativas a la agresión (Berkowitz, 1984; Bushman y
Geen, 1990; Josephson, 1987). Escuchar música con letras sexualmente violentas pare-
ce tener un efecto semejante (Barongan y Hall, 1995; Johnson y colaboradores, 1995;
Pritchard, 1998).
Los retratos de los medios también producen imitación. Los niños del experimento
de Bandura repetían las conductas que habían atestiguado. El sector de los comercia-
timula otras conductas.
410 parte tres Relaciones sociales tabla 10-2 El mundo de la televisión estadounidense frente al
410 parte tres
Relaciones sociales
tabla 10-2
El mundo de la televisión estadounidense frente al mundo real
¿En qué medida los programas estelares de las cadenas de televisión reflejan al mundo
circundante? Compárese los porcentajes de personas y conductas en esos programas con los
del mundo real . La televisión acaso refleja los mitos de una cultura, pero distorsiona la
realidad.
,
.
~
Tomado de un análisis hecho por George Gerbner (1993; Gerbner y colaboradores, 1986) de casi 35 000
personajes de televisión desde 1969. Los datos sexuales de la televisión fueron tomados de Fernández-
Collado y colaboradores (1978). Los datos de religión en la televisión fueron tomados de Skill y
colaboradores (1994); los de religión en la vida real, de Saad y McAneny (1994; porcentaje para los que la
religión es importante o muy importante). Datos sobre el alcohol tomados de NCTV (1988). El porcentaje
de los actos sexuales entre parejas sin casarse es sin duda una fracción del que se retrata en la televisión,
dado que casi todos los adultos están casados, la frecuencia del coito es mayor entre casados que entre
solteros y el sexo extramarital es más raro de lo que se pensaba (Greely, 1991; Lawnmill y colaboradores,
1994). Los datos sobre asesinatos son de Oliver (1994).
comportamiento
prosocial
Conducta servicial,
positiva y constructiva; lo
contrario de conducta
antisocial.
les de televisión tiene grandes presiones para rebatir que la televisión lleva a los es-
pectadores a imitar lo que vieron: los anunciantes modelan el consumo. Ahora bien,
¿los directivos de los medios tienen razón cuando afirman que la televisión sólo es el
reflejo de una sociedad violenta? ¿El arte imita a la vida? ¿Entonces el mundo "irreal"
nos muestra el mundo real? De hecho, en los programas de televisión los actos de ata-
que superan los de afecto en cuatro a uno. También en otras formas la televisión mo-
dela un mundo inexistente (tabla 10-2). Un crítico de la televisión calculó que si la
gente fuera asesinada al ritmo de los personajes de la televisión, la población del
mundo estaría muerta en 50 días (Medved~ 1995).
Pero aquí también hay buenas noticias. Si las maneras de relacionarse y resolver
problemas que muestra la televisión estimulan la imitación, sobre todo de los espec-
tadores jóvenes, entonces el modelamiento de un comportamiento prosocial debe ser
benéfico para la sociedad. En el capítulo 12 damos buenas noticias: la influencia sutil
de la televisión verdaderamente puede enseñar a los niños lecciones positivas de
comportamiento.
Efectos de la televisión en el pensamiento
Nos hemos centrado en el efecto de la televisión en el comportamiento. Los investiga-
dores también han examinado los efectos cognoscitivos de ver violencia: ¿ver mucha
televisión nos insensibiliza ante la crueldad? ¿Distorsiona las percepciones de la rea-
lidad? ¿Prima ideas agresivas?
Desensibilización.
Repita una y otra vez un estímulo que active emociones, como
una palabrota. ¿Qué sucede? De sus cursos de introducción a la psicología recordará
Agresión: dañar a los demás capítulo 10 411 que la respuesta emocional 11 se extingue".
Agresión: dañar a los demás
capítulo 10
411
que la respuesta emocional 11 se extingue". Des-
pués de atestiguar miles de actos de crueldad, hay
buenas razones para esperar un embotamiento
emocional semejante. La respuesta más común
podría ser: "Ya no me molestan." Esta respuesta
fue precisamente la que observaron Victor Cline y
colaboradores (1973) cuando midieron la activa-
ción fisiológica de 121 niños de Utah, que vieron
un encuentro de boxeo brutal. En comparación
con los niños que veían poca televisión, las res-
puestas de los que la veían habitualmente fueron
más de indiferencia que de inquietud.
Desde luego, estos niños diferían en otros aspec-
tos aparte de sus hábitos de ver televisión. Pero en
experimentos sobre los efectos de ver violencia se-
xual ocurre una desensibilización semejante (una
especie de embotamiento psíquico) entre hombres
jóvenes que vieron películas de acuchillados. Ade-
más, en experimentos de Ronald Drabman y Mar-
garet Thomas (1974, 1975, 1976) se confirma que
ver estas imágenes fomenta una reacción de más
hastío cuando después se ve la película de un plei-
to o cuando se observa que dos niños pelean.
ESTE MUNDO MODERNO
TOM TOMORROW
EN LA ANTIGÜEDAD . NUESTROS PRIMITIVOS
ANTEPASADOS
MERODEABAN ALREDEDOR DEL CAMPAMENTO EN TOTAL IGNORANCIA
DEL RESTO DEL MUNDO . AHORA . EN ESTE MUNDO MODERNO. LA LUZ DE
LA RAZÓN BRILLA INTENSAMENTE CUANDO LA S FAMILIAS SE REÚNEN
ALREDEDOR DEL CÁLIDO RESPLANDOR DE S U TELEVISI ÓN.
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En una encuesta de 5 456 estudiantes de secun-
daria, estaba muy difundida la exposición a pe- ~
lículas con violencia (Sargent y colaboradores, <=
2002). Dos terceras partes habían visto Scream. Ver e
estos filmes explica por qué, a pesar de los retra-
tos de violencia extrema (o deberíamos decir por su causa), en las encuestas de Gallup
con jóvenes se muestra que el porcentaje de los de 13 a 17 años que piensa que hay
demasiadas películas violentas se redujo de 42 por ciento en 1977 a 27 por ciento en
2003. A medida que el sexo en las películas se ha hecho más explícito, la preocupa-
ción de los adolescentes por el sexo en el cine también se ha reducido. Los adolescen-
tes de hoy "parecen estar bastante más desensibilizados a las representaciones
vívidas de violencia y sexo de lo que estaban sus padres a la misma edad", concluye
~
Las personas que ven
televisión muchas horas
perciben el mundo como un
lugar peligroso.
Reimpreso con autorización de
Dan Perkins.
la investigadora de Gallup, Josephine Mazzuca (2002).
Percepciones alteradas.- Z ¿El mundo ficticio de la televisión también da forma a
nuestras ideas del mundo real? George Gerbner y colaboradores, de la Universidad
de Pensilvania (1979,1994), sospechaban que tal era el efecto más poderoso de la te-
levisión. En sus estudios de adolescentes y adultos se revela que los que ven más tele-
visión (cuatro horas al día o más) tienen más probabilidades que los otros (dos
horas o menos) de exagerar la violencia en el mundo y de temer que sufran un ataque
ellos mismos. Los mismos sentimientos de vulnerabilidad han expresado mujeres su-
dafricanas después de ver actos de violencia contra las mujeres (Reid y Finchilescu,
1995). En Estados Unidos, en una encuesta nacional de niños de siete a 11 años se
encontró que quienes más veían televisión tenían más probabilidades que los otros de
admitir que "estaban asustados de que alguien malo se metiera en su casa" o que "al
salir a la calle, algo malo les sucediera" (Peterson y Zill, 1981).
Imprimación cognoscitiva. Por último, nuevas pruebas revelan que mirar videos
violentos prima cadenas de ideas relacionadas con la agresividad (Bushman, 1998).
Después de ver violencia, las personas ofrecen explicaciones más hostiles del compor-
"Cuanto más se expone
una generación a la
televisión en sus años
formativos, menor es su
participación cívica
[votar, reunirse, asistir a
juntas, donar y hacer
trabajo voluntariol"
-Robert Putnam, Bowling
Alone, 2000.
412 parte tres Relaciones sociales tamiento de los demás (¿el empujón fue intencional?). Interpretan los
412 parte tres
Relaciones sociales
tamiento de los demás (¿el empujón fue intencional?). Interpretan los homónimos ha-
blados con un significado más agresivo (interpretan "puncho como un golpe más que
como una "bebida") y reconocen más rápidamente palabras agresivas.
Quizá el mayor efecto de la televisión se relaciona no con su calidad, sino con su
cantidad. En comparación con las diversiones más activas, mirar televisión agota la
energía de las personas y apaga su ánimo (Kubey y Csikszentmihaly, 2002). Además,
cada año la televisión suplanta en la vida de las personas mil o más horas de otras ac-
tividades . Si usted, como los demás, pasa más de mil horas al año viendo televisión,
piense a qué dedicaría ese tiempo si no hubiera televisión. ¿Qué diferencia tendría en
quien es usted hoy? Al tratar de explicar la disminución después de 1960 de las acti-
vidades cívicas y la afiliación a organizaciones, Robert Putnam (2000) señaló que ca-
da hora del día que se dedica a la televisión compite con la participación cívica. La
televisión roba tiempo para las reuniones de clubes, trabajo voluntario, actividades
eclesiásticas y participación política.
INFLUENCIA DE LOS MEDIOS: VIDEOJUEGOS
"El debate científico sobre si la violencia en los medios tiene un efecto ha concluido",
afirman Douglas Gentile y Craig Anderson (2003). Ahora los investigadores dirigen su
atención a los videojuegos, cuya popularidad se ha expandido y que explotan con
su violencia creciente". En las investigaciones educativas se muestra que los "video-
juegos son excelentes herramientas de aprendizaje", observan Gentile y Anderson. "Si
los videojuegos sobre salud pueden enseñar conductas higiénicas y los simuladores
de vuelo enseñan a pilotear aviones, ¿qué debemos esperar que impartan los juegos
violentos que simulan asesinatos?"
"Tenemos la regla
interna de no tolerar la
violencia contra las
personas."
Juegos que los niños juegan
En 2002 el sector de los videojuegos celebró su trigésimo cumpleaños. Desde el pri-
mer videojuego en 1972 hemos pasado, como se ve en el cronograma de la tabla 10-3,
-Nolan Bushnell, fundador
de Atari.
tabla 10-3
Historia de la violencia en los videojuegos
Agresión: dañar a los demás capítulo 10 413 del ping pong electrónico a los juegos
Agresión: dañar a los demás
capítulo 10
413
del ping pong electrónico a los juegos violentos (Anderson, 2004; Gentile y Ander-
son, 2003).
Estos simuladores de asesinatos en masa no son juegos clandestinos. En el cambio de
siglo, cada año se compraban 200 millones de juegos y el niño promedio de dos a 17
años jugaba videojuegos siete horas a la semana . En una encuesta con niños de cuarto
grado, 59 por ciento de las niñas y 73 por ciento de los niños dijeron que los juegos vio-
lentos eran sus favoritos (Anderson, 2003,2004). Los juegos clasificados "M" (maduros)
se deben vender sólo a mayores de 17 años, pero muchas veces se entregan a menores.
La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos descubrió que en cuatro de cinco
intentos, los niños menores de esa edad podían comprar los videos (Pereira, 2003).
Efectos de los juegos que los niños juegan
Las preocupaciones por los videojuegos violentos aumentaron cuando adolescentes
asesinos en Kentucky, Arkansas y Colorado escenificaron la horrible violencia con la
que tanto habían jugado en las pantallas. La gente se preguntaba si cuando los jóve-
nes juegan a atacar y desmembrar seres humanos, aprenden algo que se les queda.
Pocos fumadores mueren de enfermedad cardiaca. Pocos niños abusados se con-
vierten en abusadores. La mayoría de las personas que dedican cientos de horas a re-
pasar matanzas humanas llevan vidas cordiales. Esto permite a los defensores de los
videos, como en el caso de los intereses de las tabacaleras y la televisión, a decir que
sus productos son inofensivos. "No hay ninguna prueba, ninguna, de que jugar un
juego violento lleve a una conducta agresiva", afirmó Doug Lowenstein (2000), presi-
dente de la Asociación de Software Digital Interactivo. Sin embargo, Gentile y Ander-
son ofrecen algunas razones de que los juegos violentos pu edan tener un efecto m ás
tóxico que ver televisión violenta. En los juegos, los jugadores:
• Se identifican y representan el ro!' de un personaje violento.
• Ensayan la violencia, en lugar de mirarla pasivamente.
• Practican toda la secuencia del acto violento: elegir a las víctimas, conseguir
armas y municiones, acechar a la víctima, apuntar con el arma y jalar del
gatillo.
• Participan en una violencia continua y amenazas de ataque.
• Repiten las conductas violentas una y otra vez.
• Son recompensados por la agresión exitosa.
Por tales razones, las organizaciones militares preparan a los solados para disparar en
combate (se dice que en l~aegunda Guerra Mundial muchos dudaban si disparar o
no) sometiéndolos a juegOS' de simulación de ataque .
¿Pero qué han descubierto las investigaciones actuales? Craig Anderson (2003,
2004; Anderson y colaboradores, en prensa) ofrece resúmenes estadísticos de tres do-
cenas de estudios actuales en las que se manifiestan cinco efectos constantes. Jugar vi-
deojuegos violentos, más que pacíficos:
• Aumenta la activación. Se incrementan la frecuencia cardiaca y la tensión
arterial.
• Aumentan las ideas agresivas. Por ejemplo, Brad Bushman y Anderson (2002)
encontraron que después de jugar juegos como Duke Nukem y Mortal Kombat,
estudiantes universitarios se inclinaron más a conjeturar que un hombre cuyo
coche acababa de recibir un golpe por atrás, reaccionaría agresivamente con un
lenguaje duro, golpeando una ventana o iniciando una pelea. Anderson y
colaboradores (2003) encontraron que las letras de canciones violentas también
priman ideas agresivas y hacen a los estudiantes más proclives a completar
"g_t" como"golpe" que como"guante".
414 parte tres Relaciones sociales J l' ~ . ,,' . '. ;.:; ;.~:",';. I
414 parte tres
Relaciones sociales
J
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I
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figura 10- 10
Los videojuegos
violentos influyen
en las tendencias
agresivas.
• Aumenta
los sentimientos agresivos . Se incrementan los niveles
de frustración, así
como de hostilidad manifiesta.
• Aumentan los comportamientos agresivos. Después de un juego violento, los niños
Fuente: Ad aptad o de Craig A.
A nd e r so n y Br a d J. Bu s hm a n
(2001).
y los jóvenes juegan más agresivamente con sus pares, discuten más con sus
maestros y se enredan en más peleas. El efecto ocurre dentro y fuera del
laboratorio, en los informes personales, en los informes de los maestros y en
los informes de los padres, así como por las razones enumeradas en la figura
10-10.
• Disminuyen los comportamientos prosociales. Después de jugar un videojuego
violento, las personas son más lentas para ayudar a una persona que se queja
en un pasillo y para ofrecer asistencia a sus pares.
Además, cuanto más violento es el juego, mayores son sus efectos. Los videojuegos
se han hecho más violentos, lo que explica por qué los estudios más recientes encuen-
tran los efectos más grandes. Aunque queda mucho por aprender, en estos estudios se
indica que, al contrario de la hipótesis de la catarsis, el ejercicio de la violencia fomen-
ta la expresión de la violencia.
Como científico consciente, Anderson (2003, 2004) exhorta a los padres a que se en-
teren de lo que reciben sus hijos y a ver que su dieta de medios, por lo menos en casa,
sea saludable. Quizá los padres no puedan controlar lo que sus hijos ven, juegan y co-
men en la casa de otros, pero pueden vigilar el consumo en su propia casa y ofrecer
más tiempo para otras actividades. Las relaciones con otros padres fomentan un ve-
cindario conveniente para los niños. Las escuelas pueden ayudar si ofrecen educación
sobre los medios.
INFLUENCIAS GRUPALES
Hemos considerado lo que provoca a los individuos a agredir. Si las frustraciones, in-
sultos y modelos agresivos fomentan las tendencias agresivas de personas solas, es
probable que esos mismos factores exciten las mismas reacciones en los grupos. Cuan-
do se inicia una riña, los actos agresivos se propagan rápidamente después del ejem-
plo 11 disparador" de una persona antagónica. Al
ver que saqueadores toman aparatos
de televisión, testigos que de ordinario respetan la ley dejan sus inhibiciones morales
y los imitan.
Agresión: dañar a los demás capítulo 10 415 Los grupos pueden amplificar las reacciones agresivas
Agresión: dañar a los demás
capítulo 10
415
Los grupos pueden amplificar las reacciones agresivas en parte porque diluyen la
responsabilidad. En las guerras, las decisiones de atacar las tornan estrategas alejados
de las líneas del frente. Dan órdenes y otros las cumplen. ¿Este distanciamiento hace
más fácil recomendar las agresiones?
Jacquelin Gaebelein-y~k thony Mander (1978) simularon esta situación en ellabo-
ratorio. Pidieron a sus estudiantes de la Universidad de Carolina del Norte, en
Greensboro, que aplicaran descargas a una persona o bien que aconsejaran a otra qué in-
tensidad aplicar. Cuando la víctima era inocente de cualquier provocación, corno son
las víctimas de la agresión en masa, los participantes de la línea de vanguardia aplica-
ron menos descargas que las recomendadas por los consejeros, los cuales se sentían
menos directamente responsables de cualquier daño.
La dilución de la responsabilidad aumenta no sólo con la distancia, sino también
con los números (recuerde que en el capítulo 8 estudiarnos el fenómeno de la desindi-
vidualización) . Brian
Mullen (1986) analizó información de 60 linchamientos ocurri-
dos entre 1899 y 1946 Yrealizó un descubrimiento importante: cuantas más personas
hubiera en la turba, más perverso era el asesinato y la mutilación.
Mediante el "contagio" social los grupos magnifican las tendencias agresivas, así
corno polarizan otras tendencias. Los ejemplos son las pandillas de jóvenes, fanáticos
del futbol, soldados rapaces, rijosos urbanos y lo que los escandinavos llaman"ase-
dio": grupos de escolares que hostigan o atacan repetidamente a un compañero inse-
416 parte tres Relaciones sociales Contagio social . Cuando 17 jóvenes elefantes machos huérfanos fueron
416 parte tres
Relaciones sociales
Contagio social . Cuando 17
jóvenes elefantes machos
huérfanos fueron re ubicados a
mediados de la década de
1990 en un parque de
Sudáfrica, forma ron una
pandilla descontrolada de
adolescentes y mataron a 40
rinocerontes. En 1998,
funcionarios preocupados del
parque pusieron entre
aque1los a seis elefantes
machos de más edad y más
fuertes . El resultado fue que
los alborotos se apaciguaron
(Slotow y colaboradores,
2000) . En la foto , uno de los
machos dominantes, a. la
izquierda., se impone a varios
jóven es.
"La peor barbaridad de
la guerra es que obliga
a los hombres en
conjunto a cometer
actos contra los que, en
lo individual, se
negarían con todo su
ser."
-ElI en Key, War, Peace, Ul1d
the Future, 1916.
guro y débil (Lagerspetz y colaboradores, 1982). El asedio
es una actividad de grupo. Un bravucón solo rara vez
amenaza o ataca.
Los jóvenes comparten tendencias antisociales y por la
falta de vínculos familiares y esperanzas de éxito acadé-
mico, encuentran su identidad social en pandilla. A medi-
da que se desarrolla la identidad del grupo, aumentan las
presiones por la conformidad y la desindividualización
(Staub, 1996). La identidad personal disminuye porque los
miembros se entregan al grupo y experimentan una satis-
facción en la unidad con los demás del grupo. El resultado
frecuente es el contagio social: estimulación grupal, desin-
hibición y polarización. Los miembros de las pandillas
conviven hasta que se casan, se hacen viejos, consiguen
trabajo, van a la cárcel o se mueren -explica el especialista en pandillas, Arnold Golds-
tein (1994)-. Definen su terreno, despliegan sus colores, desafían a los rivales y a veces
cometen actos delictivos y pelean por drogas, territorio, honor, chicas o insultos.
Las matanzas del siglo xx que cobraron más de 150 millones de vidas no fueron la
"suma de actos individuales", observa Robert Zajonc (2000). "El genocidio no es el plu-
ral de homicidio". Las matanzas son fenómenos sociales alimentados por "imperativos
morales": una mentalidad colectiva (que incluye imágenes, retórica e ideología) que
moviliza a un grupo o cultura para realizar acciones extraordinarias. Las matanzas de
los tutsi, de Ruanda, los judíos, de Europa, y las poblaciones de indígenas, en Améri-
ca, fueron fenómenos colectivos que requirieron gran apoyo, organización y partici-
pación. El gobierno hutu de Ruanda y los líderes comerciales compararon y
repartieron dos millones de machetes chinos"con un solo propósito".
Experimentos en Israel de Yoram Jaffe y Yoel Yinon (1983) confirman que los gru-
pos pueden amplificar las tendencias agresivas. En uno, hombres universitarios eno-
jados por un supuesto compañero participante, se desquitaron con decisiones de
aplicar descargas mucho más intensas cuando estaban en grupo que cuando estaban
solos. En otro experimento (Jaffe y colaboradores, 1981) los sujetos decidían, ya solos
o en grupo, qué descargas de castigo dar a alguien por sus respuestas incorrectas en
un examen de idioma. Como se indica en la figura 10-11, los individuos dieron las su-
puestas descargas cada vez más intensas a medida que el experimento avanzaba y las
decisiones en grupo magnificaban esta tendencia individual. Cuando las circunstan-
cias provocan en el individuo una reacción de agresión, la amplifica el añadido de la
interacción en el grupo.
Los estudios de la agresión dan una buena oportunidad para indagar si los resul-
tados del laboratorio de psicología social se generalizan a la vida diaria. ¿Las circuns-
tancias que incitan a alguien a aplicar descargas eléctricas nos dicen algo sobre las
circunstancias que estimulan insultos o un puñetazo en la cara? Craig Anderson y
Brad Bushman (1997; Bushman y Anderson, 1998) observan que los psicólogos socia-
les han estudiado la agresión tanto en el laboratorio como en la vida cotidiana y sus
resultados son sorprendentemente congruentes. En los dos contextos, el incremento
en la agresividad es pronosticado por:
• Actores hombres.
• Personalidades agresivas o de tipo A.
• Consumo de alcohol.
• Ver violencia.
Anonimato.
Provocación.
Presencia de armas.
Interacción grupal.
El laboratorio nos permite probar y revisar teorías en situaciones controladas. Los
acontecimientos del mundo real inspiran ideas y dan un marco para aplicar nuestras
Agresión: dañar a los demás capítulo 10 417 figura 10-11 Intensidad de las descargas a:eo
Agresión: dañar a los demás
capítulo 10
417
figura 10-11
Intensidad de las descargas
a:eo ,-----------------------
Agresión acentuada
por el grupo.
-:aIII~D~e~c~is~io~n;e;s ~g~rU~p;a~le~s~~~:::::=
7.00 "L
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',1'
Cuando los individuos
escogen qué descargas
aplicar como castigo por
dar respuestas
equivocadas, aumentan la
intensidad del castigo a
medida que avanza el
experimento. La toma de
decisiones en grupo
polariza aún más esta
tendencia.
Fuente: Datos tomados de Jaffe y
colaboradores, 1981.
.;
sf.
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o"
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teorías. En la investigación de la agresión se ilustra que las relaciones recíprocas entre
los estudios controlados de laboratorio y el complejo mundo real hacen progresar la
aportación de la psicología al bienestar humano. Las conjeturas obtenidas de la expe-
riencia diaria inspiran teorías, las cuales estimulan investigaciones de laboratorio que
ahondan nuestros conocimientos y nuestra capacidad de aplicar la psicología a los
problemas reales.
Las experiencias aversivas incluyen no
sólo frustraciones, sino también incomo-
didad, dolor y ataques personales, tanto
físicos como verbales. La activación de
casi cualquier fuente, incluso el ejercicio
y la estimulación sexual, pueden trans-
formarse en ira.
La televisión muestra una considera-
ble violencia. Los estudios correlaciona-
les y experimentales coinciden en la
conclusión de que ver violencia 1) fo-
menta un aumento modesto en el com-
portamiento agresivo, sobre todo en las
personas provocadas, y 2) insensibiliza a
los espectadores de la ~ resión y altera
su percepción de la realidad. Estos dos re-
sultados concuerdan con resultados de
las investigaciones sobre los efectos de Resumen
mirar pornografía violenta, que puede
aumentar la agresión de los hombres
contra las mujeres y distorsionar sus
percepciones de las respuestas de las
mujeres a la coerción sexual. Jugar repe-
tidamente videojuegos puede aumentar
mucho las ideas, sentimientos y com-
portamientos agresivos.
Buena parte de los actos agresivos se
cometen en grupo. Las circunstancias
que provocan a los individuos también
provocan a los grupos. Al diluir la res-
ponsabilidad y polarizar las acciones, las
situaciones en grupo amplifican las reac-
ciones agresivas.
¿Cómo se reduce la agresividad?
Hemos examinado las teorías del instinto, frustración-agresión y aprendizaje social;
también hemos revisado las influencias en la agresión. ¿Cómo, pues, podemos reducir
la agresión? ¿Las teorías y las investigaciones sugieren formas de controlar la agre-
sión?
¿CATARSIS?
"H ay que enseñar a los jóvenes a ventilar sus enojos." Así aconsejaba Ann Landers
(1969). Si una persona "se guarda su ira, tenemos que encontrar una salida. Tenemos

418 parte tres

Relaciones sociales

Perls (1973). "Si se dejan salir [ ] algunas expresiones de prejuicios [ "Es hora
Perls (1973). "Si se dejan salir [
] algunas expresiones de prejuicios [
"Es hora de atravesar
con una bala, de una
vez y para siempre, el
corazón de la hipótesis
de la catarsis. Las
investigaciones nunca
han respaldado la idea
de que observar la
violencia (o de
'desahogarse') sirva
para deshacerse de
hostilidades ."
-Carol Tavris (1988, p. 194).

que darle la oportunidad de dejarla salir". Así decía el prominente psiquiatra Fritz

] pueden de-

sahogar conflictos mediante palabras, no por medio de acciones." Así hablaba An- drew Sullivan (1999) en un artículo del New York Times Magazine sobre los crímenes de odio. En estos enunciados se asume el "modelo hidráulico": la energía agresiva acu- mulada, como el agua de un embalse, necesita una vía de escape. El concepto de catarsis se atribuye a Aristóteles. Aunque en realidad no dijo nada sobre la agresión, sí afirmó que purgamos nuestras emociones experimentándolas y que ver las tragedias clásicas permitía Una catarsis ("purga") de lástima y miedo. Creía que excitar una emoción equivalía a liberarla (Butcher, 1951). La hipótesis de la catarsis se ha extendido hasta abarcar la descarga emocional que supuestamente se obtiene nO sólo de observar el drama sino también de recordar y revivir aconteci- mientos del pasado, mediante la expresión de las emociones y a través de diversos actos. Suponiendo que los actos agresivos o la fantasía canalizan la agresividad guarda- da, algunos terapeutas y jefes de grupos alientan a las personas a ventilar esta agresi- vidad representándola: se aporrean COn porras de poliestireno o azotan una cama COn una raqueta mientras gritan. Si las personas creen que la catarsis aligera las emocio- nes, reaccionan con más agresividad a un insulto para mejorar su estado de ánimo (Bushman y colaboradores, 2001). Algunos psicólogos, en la idea de que la catarsis es terapéutica, aconsejan a los padres que exhorten a sus hijos a liberar la tensión emo- cional en juegos agresivos. En realidad, señala el investigador Brad Bushman (2002), "ventilar para reducir la ira es como arrojar gasolina al fuego". Muchos legos están convencidos también por la idea de la catarsis, como se manifies- ta en el acuerdo de casi dos a uno con el enunciado siguiente: "Los materiales sexuales ofrecen una vía de escape para los impulsos guardados" (Niemi y colaboradores, 1989). Pero en otras encuestas nacionales se revela que casi la mayoría de los estadounidenses están de acuerdo COn que "los materiales sexuales orillan a las personas a cometer vio- laciones" . Así, ¿la catarsis es o no un método válido? Si ver materiales eróticos proporciona una salida para los impulsos sexuales, los lu- gares con mayor consumo de revistas de sexo deberían tener tasas bajas de violacio- nes. Después de ver estos materiales, las personas deberían sentir que disminuye su deseo sexual y los hombres deberían inclinarse menos a ver y tratar a las mujeres co- mo objetos sexuales. Pero en los estudios se muestra que la verdad es lo contrario (Ke- lley y colaboradores, 1989; McKenzie-Mohr y Zanna, 1990). Los videos sexuales explícitos SOn Un afrodisiaco; alimentan fantasías sexuales que incitan diversas con- ductas sexuales. El consenso entre los psicólogos es que, al contrario de lo que suponían Freud, Lo- renz y sus seguidores, la catarsis tampoco funciona con la violencia (Geen y Quanty, 1977). Por ejemplo, Robert Arms y colegas señalan que los espectadores canadienses y estadounidenses de futbol, lucha libre y hockey exhiben más hostilidad después de ver los encuentros que antes (Arms y colaboradores, 1979; Goldstein y Arms, 1971; Russell, 1983). Ni siquiera la guerra parece purgar los sentimientos agresivos. Des- pués de una guerra, el índice de homicidios de una nación tiende a incrementarse (Ar-

cher y Gartner, 1976). En pruebas de laboratorio sobre la catarsis, Brad Bushman (2002) pidió a partici- pantes enojados que golpearan un saco de arena de entrenamiento (punching bag) mientras pensaban en la persona que los hizo enojar o en mejorar su condición física. Un tercer grupo no golpeó el saco. Luego, cuando tuvieron la oportunidad de lanzar ruidos fuertes a la persona que los hizo enojar, los sujetos que golpearon el saco pen- sando en su enojo se sintieron más airados y fueron más agresivos. No hacer nada es mucho más eficaz para reducir la agresión que"abrir la válvula de escape".

Agresión: dañar a los demás capítulo 10 419 También en algunos experimentos de la vida
Agresión: dañar a los demás capítulo 10 419 También en algunos experimentos de la vida
Agresión: dañar a los demás
capítulo 10
419
También en algunos experimentos de la vida real el acto de agredir ha fomentado
más agresividad. Ebbe Ebbesen y colaboradores (1975) entrevistaron a 100 ingenieros
y técnicos poco después de hacerlos enojar con noticias de despidos. A algunos se les
hicieron preguntas que les dieron la oportunidad de expresar hostilidad contra el pa-
trón o los supervisores (por ejemplo: "¿En qué casos 'cree que la compañía no ha sido
justa con usted?"). Luego respondieron un cuestionario para evaluar sus actitudes ha-
cia la compañía y los supervisores. ¿La oportunidad de "ventilar" o "desahogar" su
hostilidad la redujo? Por el contrario, la hostilidad aumentó. Expresar hostilidad fo-
menta la hostilidad.
¿Le suena familiar? Recuerde que en el capítulo 4 vimos que los actos crueles en-
gendran actitudes crueles. Más aún, como vimos al analizar los experimentos de obe-
diencia de Milgram, los actos agresivos menores producen su propia justificación.
Incluso si las represalias reducen a veces las tensiones (en el corto plazo), a la larga re-
ducen las inhibiciones. Incluso cuando sujetos provocados golpean el saco de arena
creyendo que tendrá un efecto catártico, el efecto es el opuesto, uno que los lleva a ex-
hibir más crueldad, como informan Bushman y colaboradores (1999, 2000, 2001). "Es
como el viejo chiste -reflexiona Bushman-. ¿Cómo llego a la sala de conciertos?
Con práctica, práctica, práctica. ¿Cómo me convierto en una persona muy agresiva?
La respuesta es la misma: con práctica, práctica, práctica."
¿Entonces debemos guardarnos la ira y los impulsos agresivos? Enojarnos en silen-
cio no es más eficaz, porque nos repetimos nuestros agravios en nuestros diálogos
mentales. Por suerte, hay formas pacíficas de expresar nuestros sentimientos e infor-
mar a los otros el efecto que tiene su conducta en nosotros. En todas las culturas, quie-
nes vuelven a expresar los mensajes acusatorios en segunda persona como mensajes
en primera persona: "Tengo hambre" o: "Si dejas platos sucios me enojo") comunican
sus sentimientos en una manera que hace que la otra persona dé respuestas positivas
(Kubany y colaboradores, 1995). Podemos ser asertivos sin ser agresivos.
11Aquel
que se permite
gestos violentos,
aumentará su ira."
UNA PROPUESTA DE APRENDIZAJE SOCIAL
Si el comportamiento agresivo se aprende, entonces hay esperanzas de controlarlo.
Vamos a revisar rápidamente los factores que influyen en la agresión y a especular so-
bre cómo contrarrestarlos.
Las experiencias aversivas, como expectativas frustradas o ataques personales,
predisponen la agresión hostil. Por consiguiente, es aconsejable cultivar expectativas
falsas e inalcanzables en la mente de los demás. Las remuneraciones y los costos an-
ticipados influyen en la agresión instrumental. Esto indica que debemos recompen-
sar la conducta cooper ~ ti".a_ pacífica. En experimentos, los niños son menos agresivos
si sus cuidadores ign-ufcin su conducta agresiva y refuerzan la pacífica (Hamblin y
colaboradores, 1969). Castigar a un agresor es menos eficaz de forma consistente. La
amenaza del castigo disuade al agresor sólo en las situaciones ideales, cuando el cas-
tigo es firme, pronto y seguro; cuando se combina con una recompensa por la con-
ducta deseada, y cuando quien lo recibe no está enojado (R. A. Baron, 1977). Sin tal
disuasión, la agresión puede brotar. Así ocurrió en 1969 cuando la policía de Mon-
treal se puso en huelga 16 horas, en 1992 cuando en la cobertura televisiva por aire
de las riñas en Los Ángeles los helicópteros mostraron zonas abandonadas por la po-
licía. En los dos casos, hubo saqueos y destrucción hasta que volvió la policía, así co-
mo en 2003, cuando Irak era recorrida por saqueadores en el vacío que dejó la policía
deSaddam.
Pero hay límites a la eficacia de los castigos. Casi todas las agresiones mortales son
impulsivas, acaloradas, resultado de una discusión, una pelea o un ataque. Así, debe-
mos prevenir la agresión antes de que ocurra. Debemos enseñar estrategias de solución
pacífica de conflictos. Si las agresiones mortales fueran frías e instrumentales, tendría-

-Charles Darwin, La expresión de las emociones eI1 el homb re y los animales, 1872 .

420 parte tres Relaciones sociales mos la esperanza de que esperar hasta que ocurrieran y
420 parte tres
Relaciones sociales
mos la esperanza de que esperar hasta que ocurrieran y castigar con dureza al crimi-
nal disuadiría de tales actos. En ese mundo, los estados que imponen la pena de
muerte tendrían un índice de homicidios mucho menor que otros. Pero en nuestro
mundo de asesinatos impulsivos no ocurre así (Costanzo, 1998).
El castigo físico también puede tener efectos negativos. El castigo es un estímulo
adverso; ejemplifica la conducta que se quiere prevenir. Además, es coercitivo (re-
cuerde que no asimilamos los actos impuestos con justificaciones externas). Por esta
razón los adolescentes violentos y los padres que maltratan a sus hijos vienen de ho-
gares en los que la disciplina adopta la forma de castigo físico duro.
Para fomentar un mundo más cordial, podíamos ejemplificar y recompensar la
sensibilidad y la cooperación desde una edad temprana, quizá capacitando a los pa-
dres en la disciplina sin violencia. Los programas de capacitación alientan a los padres
a reforzar las conductas deseables y a enmarcar los mensajes de manera positiva
("Cuando termines de limpiar tu cuarto, puedes jugar", en lugar de "Si no limpias tu
cuarto, estás castigado"). Un "programa de sustitución de la agresión" ha reducido las
tasas de nuevo arresto de delincuentes juveniles y pandilleros porque enseña a los jó-
venes y a sus padres destrezas de comunicación, los educa para controlar la ira y au-
menta su razonamiento moral (Goldstein y colaboradores, 1998).
Si observar modelos agresivos reduce las inhibiciones y favorece la imitación, tam-
bién podríamos reducir los retratos brutales y deshumanizados en películas y progra-
mas de televisión, lo que es un paso comparable a los que ya se han dado para reducir
las representaciones sexistas y racistas. También podemos orientar a los niños en con-
tra de los efectos de la violencia en los medios. Eron y Huesmann (1984) se pregunta-
ron si las cadenas de televisión algún día "enfrentarían los hechos y cambiarían su
programación" y enseñaron a 170 niños de Oak Park, Illinois, que la televisión mues-
tra el mundo sin realismo, que la agresión es menos común y menos eficaz de lo que
dice la televisión y que los comportamientos agresivos son indeseables (Eran y Hues-
mann, aprovechando las investigaciones sobre actitudes, alentaron a los niños para
que sacaran estas deducciones ellos mismos y que atribuyeran las críticas expresadas
a sus propias convicciones). Cuando los volvieron a estudiar dos años después, los ni-
ños estaban menos influidos por la violencia televisiva que otros niños sin capacita-
Agresión: dañar a los demás capítulo 10 421 cióI1. En un estudio reciente, investigadores de
Agresión: dañar a los demás
capítulo 10
421
cióI1. En un estudio reciente, investigadores de la Universidad de Stanford ofrecieron
18 lecciones en aula para convencer a niños de que vieran menos televisión y jugaran
menos videojuegos (Robinson y colaboradores, 2001). Una tercera parte redujo sus há-
bitos de ver televisión y su conducta agresiva en la escuela disminuyó en una cuarta
parte, en comparación con los niños de una escuela tes tigo .
Los estímulos agresivos también estimulan la agresividad. Esto sugiere reducir la
disponibilidad de armas como pistolas. En 1974, Jamaica puso en marcha un progra-
ma en contra de la delincuencia que incluía un estricto control de armas y censura de
las escenas con armas de fuego en televisión y cine (Diener y Crandall, 1979). En el si-
guiente año, los robos se redujeron 25 por ciento y las balaceras sin muertos, 37 por
ciento. En Suecia el sector juguetero suspendió la venta de juguetes bélicos. El Servi-
cio de Información de Suecia afirma la opinión nacional: "Jugar a la guerra significa
aprender a resolver las disputas con medios violentos".
Estas sugerencias ayudan a reducir al mínimo la agresividad. Pero dada la comple-
jidad de las causas de la agresividad y la dificultad de controlarlas, nadie puede sen-
tir el optimismo del pronóstico de Andrew Carnegie de que en el siglo xx, "matar a un
hombre será considerado tan repugnante como ahora es comérselo". Desde que Car-
negie profirió estas palabras en 1900, han sido asesinados unos 200 millones de seres
humanos . Es una triste ironía que aunque hoy entendemos la agresividad mejor que
nunca, lo inhumano de la humanidad perdura. Sin embargo, las culturas cambian.
"Los vikingos sacrificaban y azolaban -escribe Natalie Angier-. Sus descendientes
suecos no han peleado una guerra en casi 200 años."
www.mhhe.com/myers8
Conéctese al centro de
aprendizaje en línea para
realizar una actividad
interactiva sobre la
medición de la
agresividad.
¿Cómo se minimiza la agresividad? Al
contrario de la hipótesis de la catarsis,
expresar agresión la estimula más que
reducirla. El método del aprendizaje so-
cial sugiere controlar la agresión contra-
rrestando los factores que la provocan: Resumen
aminorar los estímulos adversos, recom-
pensar y ejemplificar actos pacíficos y
propiciar reacciones incompatibles con
la agresión.
Post scriptum personal: Reforma de una cultura violenta
En 1960 en Estados Unidos (mis disculpas a los lectores de otros países, pe-
ro los estadounidenses tienen un grave problema con la violencia) había 3.3
policías por cada delito violento denunciado. En 1993 tuvimos 3.5 delitos por policía
(Walinsky, 1995). Desde.JIDJQnces, el índice delictivo se ha reducido, como consecuen-
cia, en parte, del encar<:mamiento de seis veces más personas hoy que en 1960 y del
descenso temporal de la población de hombres de 15 a 25 años. Con todo, en mi pe-
queña universidad no necesitábamos vigilancia en 1960 y ahora tenemos seis policías
de tiempo completo y siete de medio tiempo y ofrecemos un servicio de transporte
nocturno para el traslado de los estudiantes por el campus.
Las ideas de protección de los estadounidenses abundan:
• Comprar un arma para defendérnosla defensa propia. En Estados Unidos se
tienen 221 millones de armas, lo que multiplica por tres el riesgo de ser
asesinado, a menudo por un familiar, y por cinco el riesgo de suicidarse
(Taubes, 1992). Sería más sensato copiar las políticas de desarme interno de las
naciones más seguras.
• Construir más cárceles. Ya existen, pero hasta hace poco los delitos no dejaban
de aumentar. Además, son enormes los costos sociales y fiscales del
encarcelamiento de más de dos millones de personas, casi todos hombres.
422 parte tres Relaciones sociales • Imponer un requisito de "la tercera es la vencida"
422 parte tres
Relaciones sociales
• Imponer un requisito de "la tercera es la vencida" de cadena perpetua para
quienes son declarados culpables de tres delitos violentos. ¿Pero la sociedad
está lista para pagar estas cárceles nuevas (y hospitales prisiones y asilos
prisiones) que que se necesitarían para retener y atender asaltantes
envejecidos?
• Disuadir a la gente de cometer crímenes brutales y hacer a un lado los peores
infractores a la manera de Irán e Irak: ejecutándolos. Para mostrar que es malo
matar gente, matemos a la gente que mata gente. Pero casi todas las ciudades y
estados de la Unión Americana con los 12 índices más elevados de crímenes
violentos ya aplican la pena de muerte. Como la mayor parte de los homicidios
son impulsivos o se cometen por la influencia de drogas o alcohol, los asesinos
no calculan las consecuencias.
Más que la gravedad del castigo, importa su certeza. El Consejo Nacional de Inves-
tigación (1993) informa que un incremento de 50 por ciento en la probabilidad de ser
detenido y encarcelado reduce los delitos subsiguientes dos veces más que duplicar
las penas de cárcel. Con todo, el ex director del FBI, Louis Freeh (1993), se sentía es-
céptico de que la respuesta definitiva sea endurecer o suavizar el castigo: "El terrible
grado de anarquía que nos ha sobrevenido como una plaga es más que un problema
de aplicación de la ley. La delincuencia y el desorden que provienen de la pobreza de-
sesperanzada, de niños sin amor y de drogadicción no se resuelven con cárceles sin
fondo, sentencias obligatorias y más policía". Reaccionar a los delitos después de que
ocurren es el equivalente social a usar banditas contra el cáncer.
Una anécdota sobre el rescate de una persona que se ahogaba en la corriente de un
río sugiere una alternativa. Después de dar los primeros auxilios, el rescatista obser-
va otra persona en problemas y la saca. Después de media docena de repeticiones, el
rescatista da media vuelta y corre mientras el río deja ver que arrastra y ahoga a una
persona más. "¿No va a rescatar a esa persona?", le pregunta un testigo. "No -grita
el rescatista-. Voy corriente arriba para averiguar qué empuja a las personas al
agua."
No hay duda de que necesitamos policía, cárceles y trabajadores sociales para en-
frentar las patologías sociales que nos plagan. Está bien aplastar a los mosquitos, pe-
ro es mejor si podemos secar los pantanos: revisar nuestra cultura, objetar las toxinas
sociales que corrompen a los jóvenes y renovar las raíces morales del carácter.
¿Qué piensa usted?
¿Qué formas de violencia son comunes en su comunidad (o en su casa o su univer-
sidad)? ¿Qué castigos o repercusiones tiene esta violencia? ¿Los castigos son satis-
factorios? ¿Disuaden de cometer actos violentos en su comunidad? A partir de la
información de este capítulo, comente la naturaleza de la violencia y qué teoría de
la agresión se aplica mejor. ¿Qué influye en esta agresividad? ¿Cómo se reduciría es-
ta forma de agresión en su comunidad?
Agresión: dañar a los demás capítulo 10 423 Lá conexión social En este capítulo consideramos
Agresión: dañar a los demás
capítulo 10
423
Lá conexión social
En este capítulo consideramos brevemente las ideas de David Buss sobre
la psicología evolutiva de la agresividad. Recordará que en el capítulo 5
vimos las ideas de Buss sobre la evolución, el género y las preferencias de aparea-
miento. En el capítulo 11 veremos una aplicación de Buss de la psicología evolutiva al
atractivo físico. ¿Hay aspectos comunes entre las estrategias de apareamiento de seres
humanos y animales?