"La Sangre", obra que publicara Tulio Manuel Cestero en 1914, es una novela que logra reflejar aspectos del

ambiente urbano y de las tribulaciones político-sociales de la época.

Por el ventanillo del calabozo, un rayo de sol entra jocundo, adorna con ancho galón de oro los ladrillos y trepando por las patas del catre, cosquillea al durmiente en el rostro. Antonio Portocarrero despierta restregándose los ojos con ambos puños, bosteza, la boca abierta de par en par y mira en torno suyo con asombro. Siéntase en la barra del lecho examinando la celda de hito en hito y cual si al fin, libertándose de una pesadilla, comprendiese, murmura: «todavía... otro día más». Joven, de estatura prócer, la fisonomía enérgica y simpática la color melada, cuya palidez actual aumenta la sombra de la barba ida. Los cabellos negros, de rebeldes vedijas, la nariz roma y los labios carnosos de bordes morados, denuncian las gotas de sangre africana que, desleídas, corren por sus venas. Las pupilas grandes y brillantes, henchido el pecho. El preso registra la estancia, tal si la viese por primera vez. En un ángulo, un aguamanil desportillado, de hierro esmaltado, sostenida la jofaina en una trípode. En mitad del testero, junto al muro, una mesita de pino, sin barnizar; al lado de ella una silla, cerca una mecedora, y encima una alcarraza, una copa y varios libros: «Los Girondinos», dos tomos de «El Consulado y el Imperio», «Los Misterios de París», «Historia Universal» por Juan Vicente González, y los «Tres Mosqueteros». El recuerdo de los amigos que le proporcionan el placer de la lectura, le saca a la cara la luz de una sonrisa. En extremo opuesto, vecino a la puerta de roble con hileras de clavos cabezones remachados, un cuñete, ceñido por arcos de acero, receptáculo de sus deyecciones, que dos veces por día un penado carga en hombros y vierte en el mar. Sus emanaciones infectan. Estos objetos, una escoba y el catre con una almohada y dos sábanas, componen el ajuar. El enladrillado es frío. Las piedras de las gruesas paredes han sudado durante siglos. Musgo verdinegro vetea el enjalbegado. La humedad se caía hasta los huesos. Por el día el calor agobia, en las noches invernales el fresco molesta. El aire y la luz entran por el ventanillo de fuertes barrotes de hierro. En las paredes, enlucidas de raro en raro, los cautivos han escrito con carbón sus penas e indignaciones. Entre ellas hay una de su propia letra: «26 de Julio de 1898, a las 9 de la noche». Cuando la hubo leído dos veces, arruga el sobrecejo, exclamando con dolor: « ¡un año ya! » y se pone en pie, encaminándose al lavabo. Con vigor se enjuaga rostro, cuello, sobacos y muñecas; luego arrima la sólida silla de sabina y majagua, y encaramándose en ella, ase los barrotes, y a pulso alcanza el poyo. ¡Qué fiesta para sus ojos! El cielo, azul, límpido, sin una nube. El sol derrama oro obrizo sobre Santo Domingo de Guzmán, con amor fecundante inagotable. El mar cabrillea deshilando sus randas de espuma en la arena de la Playa del Retiro, y muge con ternura de toro en celo en las peñas del acantilado, sostén de la Torre del Homenaje, en donde él está recluso. La vista complacida recorre la ondulosa línea de vegetación que arranca de los almendros de elegantes amplias copas y los guayabos silvestres de la margen del río, y sigue por los uveros, de hojas de abanico, hasta las ríspidas malezas de la Punta Torrecilla. Las lanchas

pescadoras, rezagadas, entran en la ría, a rastras los chinchorros repletos. En la caía, entre los pies de los tripulantes, saltan agónicos jureles y carites de argentinas y róseas escamas. En el Placer de los Estudios, balancean airosos sus cascos blancos, al tope el gallardete tricolor, dos cañoneras de la armada nacional. Una vela cazada vira la punta y enfila hacia la boca, obstruida por la arena acarreada por las dos corrientes. Un bote, al compás de sus cuatro remos, salé. El ambiente, con serenidad jubilosa, afirma que el hombre, señor de esta naturaleza, no ha de sufrir. Sin embargo, Antonio es un contemplador impotente. Y ¿por qué? ¿Qué leyes humanas o divinas violó? Su amor a la libertad, al progreso, le ha sumido en prisión. La tiranía le oprime paralizando sus fuerzas vitales. Las manos entumidas se niegan a sostenerle y, con ira, se arroja al suelo, sentándose en el mecedor, y entre impaciente y perplejo, se pregunta qué hará para ocupar el día. ¿Leer? No. Los libros le hablarán de poder, de riqueza, de amores, de cuanto es triunfo, alegría o dolor en los hombres. Uno, dos, tres..., insensiblemente cuenta los clavos de la puerta. Se levanta, barre; pasea a trancos, empeñándose, pueril, en no pisar las rayas del pavimento, y el nimio detalle conduce su imaginación hacia los días venturosos de la infancia. De nuevo se sienta, gusta la necesidad de enfrentarse con su vida, remontando su curso hasta hoy, hora por hora, reconstruiría analizarla... ¿ Su vida? Sí, ¿ qué ha sido su vida? II En el verdor de la sabana, con sus casitas pintadas de colores vivos, de metálicos tejados relucientes, y los bohíos de adobe cobijados de palma, finge la villa, al lejos, un rosal florido. Colinas suaves la protegen de la una parte, mientras por la otra la pradera abre vía al mar cercano. El río cantor la circunda, y sus linfas retratan garridas doncellas, cuyos cuerpos acarician las aguas voluptuosas borbotando en los chorros y en la somnolencia de los regatos. En las florestas aledañas la atabaiba embalsama leguas y leguas los caminos asoleados. La cabra extrae de las hierbas aromosas leche exquisita, y la abeja, reina de aquel jardín, ahíta de ambrosía, multiplica los panales. Las muchachas de la capital, encuentran en su regazo morbideces para los cuerpos enjutos y paz espiritual ara las penas de amor. El aire sano y los baños fluviales excitan el apetito, y la hospitalidad de la gente crea el contento en torno de los limpios manteles. Galana tierra de bucólica, si engendra héroes, les impone la ecuanimidad de la naturaleza y les siembra en el alma un grano de poesía. Tal es el solar de Antonio Portocarrero. En la soledad del enclaustramiento, ¡cómo le alegra la visión del riente valle nativo, y con qué placer buscaría reposo y olvido en sus montes fragantes! Cada casa, todos los árboles, las vueltas del río, las piedras de las veredas, presentes en su memoria, le evocan mil incidentes que podría hojear ahora cual páginas de álbum iluminado. Su primer recuerdo data de los cinco años: una vecina entra de improviso en la casa tirándole de la oreja y acúsale de haberle sorprendido con su hijita, escondidos entre la ropa sucia. «Jugábamos a los matrimonios», balbucegirimiqueando, y la madre, entre bromas y veras, asienta: «comadre, amarre su gallina que yo tengo mi gallo suelto»; pero a renglón seguido, con un rebenque, le aplica en las espaldas la primera prédica de moral y la mas elocuente demostración de la existencia del pecado original. Diablo de chiquilla aquélla, le

aventajaba en dos años y fue su iniciador. ¿ Qué será de ella? ¡ Honesta casada> sí, y cargada de hijos! Los ojos le echan chiribitas. Hasta los ocho años su vida transcurrió entre juegos con la chiquilla, perturbados por las insinuaciones tempraneras del genio de la especie, y baños en el río, en compañía de las vecinas. ¡ Qué cosas veía!.., y tanto, que alguna guapa moza, advirtiendo su embelesamiento, exclamaba: « ¡miren qué ojos tiene este malvado!». Cada día le aportaba en sus horas un momento de dicha. A la sombra del mango frondoso que asombra el patio, después del almuerzo, su madre cocía en paila de cobre, de interior estañado, sobre cuatro piedras y a fuego de leña, el dulce de leche, industria famosa del lugar y de la cual era ella especialista Toñico, como le apodaban, y su novia, en cuclillas, velaban la paila, siguiendo ansiosos los vaivenes de la paleta moviendo la jalea para que no se pegara del fondo. Las bocas se les hacían agua; pero al fin, extendida la pasta sobre la pulcra tabla para cortaría en panetelas, se les adjudicaban paila y paleta. Los pulgares rebañaban veloces hasta pulir estaño y madera. La saliva fluíales por las barbillas hasta los cuellos. Las disputas menudeaban, y afirmando los moquetes el predominio del macho, desmentían el proverbio, pues, a pesar del amor, no bastaba que uno solo comiese. Otro de sus grandes placeres se lo ofrecía el juego de escondite, entre el pajón de la plaza en cuya linde habitaban. En los atardeceres, de la hierba emergía deliciosa tibieza. El abrojo enjoyaba la verdura con sus estrellas de oro. Los cuerpos chafando tallos y hojas, les extraían sus aromas. Los insectos, viscosos algunos, les hurgaban las piernas, picábantes hormigas, y las espinas arañábanles; acontecía también, y esto era lo más terrible, que a lo mejor, entre los matojos, erguíase Pepe, el gallo de la casa: la cresta sangrienta, las barbas trémulas, erizadas las. plumas, hiriéndoles casi con sus pupilas vidriosas. Molestado en su señorío, empinábase con gravedad cómica, presto a defenderse con sus afilados espolones. ¡Cuántas cosas decía aquella actitud de coraje y retroche! y en tales instantes, cortos felizmente, pues el galio convencido de sus pacíficas intenciones, dardeaba su cantio y aleteando con ruido tornaba a escarbar gusanos, Pepe, les infundía más miedo que las correas de su madre a las cuales llamaban: «Juan Gómez, tanto pica como come». Y a través de los años le impresiona aún la gallardía de aquel reto. ¡Ah, si todos sus compatriotas alegaran así sus derechos, no estarían él y otros en esta cárcel inmunda‟ y el país perdido! Cuando había visitas en las casas respectivas, provistos de la merienda — una galleta sobada y media panetela de dulce de leche —, les enviaban a buscar gambusinas bajo un guayacán rodeado de mullido tapiz de hojas muertas, o enlazadas las manos, serios y cuidadoso! de sus trajes limpios, iban al patio de un bohío inhabitado a encelar en una espiga de pata de gallina, un ñoño. de jazmines don Diego de noche, para adornar la imagen de la virgen de Regla, santificada en los hogares. ¡Dichosa edad! Cumplidos los ocho años, sufrió los primeros cambios desagradables en su vida. Terciada al busto la saqueta de tela con el libro primero de Mantilla, pizarra, cuaderno de escritura, tintero, pluma y clarión, tomó el camino de la escuela de varones. En su casa había aprendido a deletrear, y la escuela fue siempre castigo con el que su madre le amenazó. Ya no le llevaron más a bañarse con las mozas del vecindario, y terminaron los retozos en la grama con la chiquilla. Medrado el cuerpo, la musculatura se anunciaba vigorosa. Nadador como un pez, exploró el fondo de los charcos del río; jinete audaz, echarle la pierna a un burro y tirarle del pelillo obligándole a corcovear, era su placer. La escuela convirtióse pronto en sitio de recreo: la lectura, algarabía coreada, y en los ratos de silencio, una mosca que volaba con un rabo de papel hacía estallar las risas. El‟

maestro manejaba recia palmeta de roble. Los chicos se untaban ajo en la palma de la mano, suponiéndole al zumo, según fama, la virtud de partir la madera. Y con qué hombría las extendían saboreando de antemano la venganza; pero la palmeta resultaba intacta y la mano encandecida. ¡Cuántas ilusiones como ésa habíanse desvanecido en sus luchas con la fuerza! Además de las vacaciones reglamentarias de estío, las de Pascua de Navidad, Semana Santa, los domingos y las numerosas fiestas de guardar, los más de los días eran de asueto, ora por quebrantos de salud del maestro o de los hijos, ora por partos de la mujer y otras causas domésticas. Cuando las puertas del aula cerrábanse, abríanse las del campo. Aquello sí valía la pena. El río, con sus hondos remansos y su rápida corriente, ofrecía liza a los ardidos, quienes zambullían hasta coger arena con la boca o se dejaban ir aguas abajo. Agazapados en las cucarachas del cascajal, atisbaban a las lavanderas que, las faldas arremangadas, bateaban en las grandes piedras marginales, y a las bañistas, al salir, modeladas las formas por la camisa mojada, o cuando tendidas boca arriba, el agua borbollante les cubría el pecho de encajes y las descotaba o alzaba la fimbria, descubriendo ocultas delicias. Si la imprudencia de alguno les vendía, arrancándoles a la contemplación golosa de un blanco muslo venusto, perseguidos por gritos y maldiciones airadas, partían cual potricos por sobre los cayados calientes. Pero mejor eran las carreras en burro, en pelo, en la sabana, y más todavía, una pelea. Dividíanse en dos bandos, uno en cada ribera, baecistas los unos, azules los otros, afiliados de acuerdo con las simpatías partidaristas de las familias. Servíanles de proyectiles los duros cocorrones del guayabo, y se batían, reidores, regocijados, arremetiéndose en el agua misma, con las peripecias de la refriega, hasta que una de las dos guerrillas ponía en práctica el «pies para qué os tengo», o un guijarro lanzado por mano artera, hacía una baja, que conducían a la casa entre gritos de protesta, mientras el aporreado sollipaba presintiendo que encima del chichón recibiría una cueriza. Antonio, de tarde en tarde, placíase paseándose solo por la sabana. Echado sobre la hierba rica en esencias, observaba el cielo azul, muy alto, hasta la hora en que los chivales entran en la población, la abuela a la cabeza, y en pos de ella, en ringla, el cabrio barbudo y apestoso, las hembras, con los cabritos pegados a los pezones, en tanto que berreando los chivos triscan con las madres. Así, iguales, sucediéronse los días medidos por el toque, a la del alba y a la oración, de las alegres campanas de la iglesia, hasta la madrugada de noviembre en que, a horcajadas sobre un caballo, emprendió el camino de la Capital. Contaba a la sazón catorce años. Desde meses antes, un su tío, informado por su madre de su inteligencia y progresos en la escuela, de la que era el primer alumno, había escrito pidiendo se lo enviaran para que ingresara como interno en el Colegio San Luis Gonzaga. La partida, prorrogada de semana en semana, al fin se fijó para después de las fiestas de la Virgen, aprovechándose así la compañía de los capitaleños que viniesen a ellas. ¡Nunca fueron las fiestas como aquel año! Desde las vísperas se animaron las calles solitarias por el tráfico de campesinos que vienen a mercar, y de las pandillas de muchachas, que afanosas y parleras, recorren las tiendas en miras de las novedades recién llegadas de la Capital. En la iglesia se hacen los preparativos, y en las casas el trajín doméstico se aumenta con la labor de pintarlas de nuevo. La cosecha de café fue buena, y todos tenían monis que gastar. La orquesta de baile llegada de Santo Domingo estaba formada por los mejores

instrumentistas, y, entre ellos, el bombardino, natural del pueblo. A la alborada, a la salida de misa y de las salves, a los acordes de danzas y valses, sumábase el estrépito de los triquitraques, cuyos mazos apagaban los granujas con pies y manos, de los montantes y de las detonaciones de las cámaras. ¡Y qué misa, la del día de la Virgen! La iglesia de bote en bote. En la tarde, la imagen de Nuestra Señora de Regla recorrió en procesión las calles principales, barridas, desherbadas ex profeso y cubiertas de pétalos multicolores. Seis doncellas cargaban las andas florecidas. La Virgen, con su joyante túnica blanca bordada de oro, manto azul y corona de pedrería, entre cálices, turíbulos, diosa de aquella Arcadia, ponía en cada pecho el contento de vivir o la promesa de un milagro. Teorías paralelas de muchachas tocadas de albos velos, con cirios encendidos hechos de la cera más fina de las colmenas, precedían: una de ellas, la chiquilla, su ex-novia, que, grave, casta, ni le miró. ¡Quién hace cuenta de cosas de niños! Los bailes, rumbosos Como jamás, y hasta le pareció a él que ni las feas comieron pavo, y las notas de las danzas sugerían más elocuentes las declaraciones de amor a los ladinos capitaleños. ¿Y las corridas de anillos y macutos, y las cenas? No, si todo fue magnífico, hecho adrede, para que él no lo olvidara.‟ ¿ Y el Peroleño?... Érase el Peroleño, legítimo descendiente del ilustre señor don Pedro Leño, perniquebrado, pequeño y redondo, el lampiño rostro malicioso, en los labios finos y rojos, sonrisa despreciativa. La nariz remangada; negro el mostacho; la cabeza de escaso pelo lacio, plantada en un cuello arrecho, se iluminaba con la lumbre de los saltones ojos azules y picarescos, hasta la desfachatez. El pecho abultado y los hombros anchos desafían los golpes del contrario. Colocado en su trono, de modo que se moviera al menor contacto, lucía espada, cruces y medallas; cimera empenachada y adarga embrazada en la diestra. En la izquierda sostenía una calabaza o vasija llena de agua de tuna. Los jinetes contrarios, a escape, le pegaban con la siniestra, y el muñeco a su vez, aplicábales un lamparón bermejo. La victoria era de quien salía ileso del encuentro, y para él, la ofrenda de un lazo con ancha moña rizada que antes se ostentó en corpiño femenil, o palma que, las más de las veces,. correspondió al triunfante Peroleño. Toñico sentía cominillo, irresistibles ganas de correr; se le antojaba fácil el éxito: alcanzar el lazo de la ex-novia, ser admirado y aplaudido. Y tal empeño puso, que alguien complaciente le prestó caballo, por una carrera nada más, e hipándose sobre los estribos, pasó, alcanzando al muñeco con tan leve pasa-gonzalo, que apenas si unas gotas señalaron su primera derrota. ¿Y el testamento del Peroleño .... ¡De rechupete! El noveno día, caballero en un borrico, seguido de ruidosa cabalgata de damas y galanes, paseó el pueblo. En las esquinas fue leído el testamento, en verso, con sal y pimienta, satirizando a las autoridades y notables. Al maestro también le tocó su chinita; y cómo la rieron los alumnos, exclamando: "¡ya nos las pagó todas juntas!". Y después, la despedida de su madre, llorosa, repitiendo consejos y recomendaciones. «estudia, sé bueno, que eres la única esperanza para mi vejez». A cada vado del río, el corazón le da un vuelco. De entre los cendales de la aurora, las lomas surgen azules o verdes, según la distancia, y su mirada zahorí distingue con arrobamiento el guano, la

yaya y el maguey que las tupe, y en la vera del camino, hasta a los cayucos, alpargatas y guazábara ve con afecto olvidando las veces que sus garras le sangraron. Desde sus nidos, ocultos entre las madejas áureas de los fideos, chinchilines y julián-chivies salúdanle con sus píos onomatopéyicos, alborozados con su partida que les libra de un enemigo, mientras las campanillas aljofaradas y las carmíneas flores del carga-agua y las cabritas, con la frescura de sus cerezas, le invitan a quedarse. Los viajeros satisfechos, caminan a pares, escapeando de trecho en trecho, comentaban los incidentes de las fiestas. Alguno se confesaba preso entré las redes de una linda pueblerina; otro insinuaba observación maleante acerca de este o aquel acto, que hacía prorrumpir a esotro: «por eso nos llamanbúcaros a los capitaleños»... Y así, entre bromas y chichisbeos galantes, las lindas amazonas y sus caballeros corrieron las catorce leguas, excediéndose de ojos y boca estrepitosa la alegría. ¡Cómo ha volado el tiempo y mudado los hombres y las costumbres! Su riente pueblo de bucólica ya no será el mismo; pero con todo, con qué placer iría a limpiar su cuerpo de las inmundicias de la prisión, tirándose de cabeza en Los tres charcos o en las chorreras de la Piedra del Chivo, para que el agua corriente le lustrara el espíritu puliendo huellas dolorosas... III Cuando Antonio, conducido por el tío Tomás, traspuso el umbral de «San Luis Gonzaga» al día siguiente de su llegada, sintió que algo se desgarraba en sus entrañas. El severo edificio, de dos pisos, adyacente a la iglesia de Regina Angelorum, abría sobre la calle numerosas ventanas altas y bajas y una sola puerta, flanqueada ésta por dos cañones enterrados boca abajo; Convento de clarisas franciscanas hasta fines del siglo XVIII cuartel en 1822 y en 1863. A su vista, el muchacho se había detenido vacilante, sobrecogido, y su tío hubo de empujarle por el pasaje abovedado comunicante con el claustro. El negro portero, que guardaba la entrada como antaño la hermana tornera, tañó una campana. Detrás de ellos venían, en hombros de dos rapaces, el catre de tijera, con su forro de recia cotonía, un lebrillo y un baulito de cedro, herencia de los abuelos, en el cual el cuidado de la madre había ordenado dos mudas de rayadillo y dos de pearl river vuelto del revés, seis camisas y otros tantos pares de medias; jabón, peine, una latita de betún de la marca «El Gallito», y un cepillo, un par de guillotinas de marroquín morado, aguja, hilo, botones, sus libros y útiles de escritorio, y en un rinconcito, envueltas en papeles de seda y estraza, panetelas de dulce de leche, y un escapulario de la Virgen de Regla relleno de alcanfor. El claustro se ofreció a la mirada de Antonio hecha a registrar el campo con todos sus detalles en pocas ojeadas. Era un cuadrilátero en cuyo límite alzábase el primer cuerpo del edificio en todo su largo. A la derecha, un cuartelillo ruinoso; a la izquierda, la iglesia y viejas paredes, y al fondo, el refectorio, la cocina y un lienzo más, también caduco. La mayor parte del espacio ocúpalo el jardín. Dos palmas airosas le forman portada, y lo encuadra una verja de madera descaecida, apoyada en pilares de mampostería. Los arriates, formados por botellas vacías clavadas de pico, están plantados de cien hojas, mosquetas, purpurinas y un nido de amor que se atavía con espléndidas rosas. Erectas cañas de azucenas, suspenden blancos cálices odorantes; carmesíes lágrimas de Venus que acendran una gotita de miel; la humilde flor de todo el año,inodora; amarillas copadas reventonas como su pariente el clavel; celias, modestas rivales de la

la salvia y la ruda. riega granates. que se agitaba dentro de la sotana de merino. albahaca y reseda. alza un solo ramo nevado. del que tomó posesión. Y tras un imperioso venga. defendidos por cercas de cañas. ceñudo. y su prima. sarmentoso. la celeste rueca hila el linón róseo de la Vara de San José y el níveo o con purpúreas vetas. y con su vocecilla aguda y el índice. vasto salón con ventanas a un ángulo del patio y al coro de la iglesia. la cayena. La verdolaga. La mano rectoral sonó por dos veces una campanilla. Entre el jardín y el edificio. Junto al aljibe. apareció la cara pálida. que rodea su vela blanca con guarda-brisa violeta. acudió un vejete menguado de estatura. LaSangre de Cristo resplandece por sus cinco pétalos. por la escalera de ladrillos. rastreando. se mantenían sobre sus patas por una cuerda enlazada en una de las cabezas. un flamboyán. la cara de hombre. sonriente del Padre Billini. A la puerta de la iglesia. nervioso. el Prefecto. de hojas verdes o manchadas de blanco. un almendro crece a prisa. y en fila. de zumos benéficos. como si estuviera ganoso de favorecer la ventana del Rector. Cuatro naranjos de pomas de oro. parientes y conocidos. y momentos después. ascética. El Padre le entregó al nuevo interno. cual cinco llamas prendidas por la flecha del pistilo. escaleras abajo y arriba. Con discreción de pobres. que cubre con sus ramas sin hojas el brocal del pozo y cuyas vainas negras restallan derramando las duras semillas. y una mata de rabo de ratón. tal era la fama de su caridad. apretándole las alas. comunes ambos al campanario. cerrados. Mientras su tío expresaba la gratitud de la familia por la merced de recibirlo gratis o correspondía a las preguntas del Padre indagando por los del lugarejo. el añoso tronco mútilo. propicio contra el ahogo. y entre la coraza verde de las hojas fulge la flor de cigarrón. malangas. Antonio subió detrás de su tío. amparan bancos de piedra y nutren orquídeas cuyas flores semejan mariposas. Era don Marcelino. conviven con los orgullosos rosales. de frutos regañados por las propias mieles. a quien se le había enseñado a venerar como a un santo. nariz aguileña y finas manos de cera. echó a andar a su zaga hasta las aulas. a la par. después de abrazar a su tío. y el llantén de hojas y espigas eficaces para colirios y tisanas. un redondo arbolillo de granos rojos escuda del sol una tinaja de hierro. nardos. y en último término. Aguaceros.margarita. de los lirios. se mantuvo en pie con el sombrero en las manos. y escalera. cubiertos por sábanas pringosas y teñidas de sangre de chinches. mientras los pomposos girasoles siguen el curso del astro. Don Marcelino le señaló su sitio. el hinojo. es un coágulo sanguino. colocando catre y baúl. En el curso primario ingresó el . En el marco de la ventana más occidental. La cambutera con sus corales escala graciosamente la verja. sendos raquíticos ejemplares de manzano. tal una lámpara azotada por el viento. Los catres. extiende el terciopelo de sus hojas. cuando enfrutecido. al fondo. al que se llegaba por un pasadizo húmedo y estrecho. fuerte. El jazmín del Malabar reta a sus vecinos con el armiño de sus pétalos. aunque las estrellas de sus corolas no hayan sido jamás interrogadas por amantes. que saturan la noche con sus aromas capitosos. y en la presencia del Padre. y dos naranjos gemelos. de ojos inquietos. canijo. y Antonio. hasta el dormitorio. él examinaba con suspicacia campesina al cura.de hojas caprichosamente matizadas y el Corazón de Jesús. les señaló la puerta de acceso a su departamento. con luengas barbas canosas. avellano peral. siguió a aquél por salas y pasillos. ígnea mano crispada. la tónica yerbabuena. Un cerezo que. El cuartelillo está cubierto por las hojas rígidas de la efímera y nocharniega flor de baile y las guirnaldas de la trinitaria. la malva.

comenzaba la clase de Religión: «Diez años después de haber ascendido Nuestro Señor Jesucristo a los cielos. y la americana tenía siempre las sobaqueras señaladas por una mancha sarrosa. suscitábanle discusiones. A las siete en punto de la mañana descargaba otras tantas veces sobre la mesa un mazo. estalló un coro de risas: le habían lanzado un monigote de papel con una pelotilla mascada que. grasiento. Su paciencia superaba a su memoria. sintióse oprimido por una sensación angustiosa. a medida que sus ojos reconocían el ámbito. A cada hora. A los lados. Tocábase con sombrero alón de fieltro blando. entre otros orates que vociferan. azuzados por otros profesores. despistado. mulato.. y otra. él imponía la autoridad inapelable de la letra impresa. perplejo. largas las uñas y con orla negra. fornido. todos los libros de texto. Aquí y allá. el día en que vagando solo por la sabana. Recitaba. él mismo con rapidez ensartaba la respuesta. fue recuperando ánimo. le llamó con la mano desde el extremo opuesto. De memoria sin rival y puntualidad intachable. le alcanzó. variaban la asignatura y el número de porrazos. acosado. se refugió silencioso junto al amigo y continuó la inquisición. sin examen previo. Le revoleaban los ojos chispeando en las órbitas. Poco a poco. La política le separó de las aulas y le encaramó en la judicatura y cátale ahí. él truena predicando a las vecinas y. descubrió caras de compueblanos que le habían precedido. Por las mañanas. sin encuesta alguna que clasificara sus conocimientos. cuando alguien recomendándoselo enumeraba entre sus conocimientos el latín: . Cuando Antonio. recto el índice y con voz tonante. se acogió al asiento más próximo a la entrada. que eludía las preguntas que no estuvieran formuladas con las mismas palabras que él aprendiera. Ni lluvias torrenciales ni ciclones le intimidaban. jamás se violentó contra aquella hampa infantil. Del techo pendían dominguillos zarandeados por la brisa. pegándosele al cuello. Este. escurriéndose. que había experimentado dos veces ya en su vida: una. y de tal modo mecánico. pupitres colectivos con sus bancos de pino y. Corrido. entraba y salía a la hora exacta. para obligarle a razonar. y Antonio. en el manicomio. Érase una sala. ¡Pobre maestro! Antonio evoca su figura con simpatía. desde un muro del ex-Convento de San Francisco. hasta la meridiana. a manera de columnas. si en cortísimo tiempo aprendió sin faltarle una tilde las doscientas páginas de un tratado de Agricultura. partida longitudinalmente por vigas blanqueadas. la zambullidura inesperada y . Vestía de dril. temblequeaba por la espalda. sin que le percibiera el profesor que declamaba a gritos la lección. vinieron los apóstoles San Pablo y San Bernabé». El Presidente Lilís. a los raros transeúntes. e igualmente de dos a cuatro de la tarde. Hasta un ciento de alumnos los ocupaban y producían constante rumor de colmena irritada.recién llegado. recorriendo los rangos. marcada en el reloj de níquel con gruesa cadena de plata. otros más pequeños. Uno de éstos. le sentenció diciendo de él. o un alumno que prevalíase de la ocasión para mofarse del maestro. interrogaba sin que nadie le contestara. en los intercolumnios. Y proseguía. con sus puntos y comas. A su paso. La sala tiene ventanas enrejadas a la calle. alto. y si los discípulos. se extraviara. no el método.por primera vez en un charco hondo del río. las greñas aceitosas. por las cuales se traficaba en golosinas y solía asomar la cara algún muchacho callejero que arrojaba por entre las rejas un grito chusco.

que se aplicaba en cuclillas. o a ley de Bayona. entreteníanse. don Marcelino oyó sus relaciones y le despertó macerándole con la soga las flacas carnes desnudas. asesinaron al General Prim. otros harapientos. Para las faltas graves existía el calabozo: covacha obscura. desollábanse las rodillas y sangraban las bocas. o hacer en el suelo determinado número de cruces con la lengua: las frentes sudorosas manchábanse con el polvo rojizo. en el espacio medianero entre el jardín y el edificio. aquella congregación. era una jauría. piojosos. creyéndose a salvo. según publicara un periódico local. Durante todo el primer día. y cuando la tisis le extinguió el aliento en los pulmones. Otros castigos consistían en arrodillarlos con los brazos abiertos. Ex el Prefecto. recibía el formidable latigazo. confesó haber sido uno de los que en la calle del Turco. la reata se desbordó en todas direcciones. el pelo enredado. huérfanos y ricos. además palmeteaba a trocha y mocha. alineados o en pelotones. pues ninguno tenía puesto fijo. A las cuatro. y cuando el muchacho se regodeaba. alta. receloso. expósitos y vástagos de familias potísimas. después de más de hora. El viejo desfilaba pegando. Los había vestidos con lujo. El demonio castigador. que seguía la maniobra hasta que huía la víctima o se doblaba sollozante bajo el flagelo cruel. sordos a sus lecciones. Los ingenuos echábanse de bruces escondiendo las caras. don Marcelino. y cuando el escándalo invadía las otras aulas. enternecido o vicioso. la piel curtida. quienes pintando monos en los cuadernos o peleando pajaritas de papel engomado. con las orejas terrosas. Siempre zahareño. Sólo el alcohol le dominaba. grabando en ellos palabras obscenas. el cigarrillo en los labios. A las veces les golpeaba en las corvas con una maceta de roble. A la verdad. Antonio no olvidará mientras viva la sorpresa dolorosa de una madrugada: soñando hablaba en voz. para ellos encarnaba a Satanás. de limpias ropas reveladoras de los afanes maternos. su voz ordenó «rompan filas». debajo de la escalera principal. a caza de mutuas simpatías en los rostros vecinos. pero ligados todos por dos sensaciones: hambre y miedo. pobres. A los impenitentes metíanles de pies y también de manos en un cepo. saltar. implacable. acercándose. escalas y argollas. y ejercitarse en barras paralelas. pero su fiereza no igualaba al inquisidor. estudiando el terreno. atados a una vara. malo. al servicio del más rico y del más fuerte. con alegría bulliciosa de la toma que arrolla la presa. Luego el Prefecto mandó las evoluciones militares. quienes labrando con un cortaplumas la madera de los bancos y pupitres. calzados de cabritilla. Adivinaba a los delincuentes. o los denunciaba alguna venganza empapada en lágrimas. con puerta al pasillo de ingreso y ventilada por una claraboya. negro que sabe latín se vuelve loco». y así pasaban horas aduncos o tendidos sobre el piso duro y meado. Antonio permaneció quieto. fingía equivocarse con el vecino.«malo. reñían. y a éstos se agregaban los externos que sólo concurrían a las clases. concluidas las clases. por debajo de las corvas y sobre los codos. Mientras profesaba. el profesor de gimnasia les hizo mover a compás las extremidades. constantemente renovados. aparecía. pulcros. bajo el ojo de don Marcelino. volteaba por sobre su cabeza una pita del grueso del pulgar. sañudo. los muchachos. En el internado se mezclaban orígenes y colores. Viejo terrible. o con la cabeza debajo de los travesaños de bancos y sillas. ni perdonó jamás ni acarició nunca. Disputaban. airado. Antonio fue a sentarse en el cuadro . y cuando al fin. en dos.

chinchoso». y otro sentenciaba: «su madre del que acuse». intactas aún las cuatro paredes de algunas. fingiendo uno de bicho con un palo en los dientes a guisa de cuernos. aguas y güesos. Alguien le colocó una pajita en el hombro. rápido. clasificadas en razón del volumen y pintas en su germanía. sitio de descanso. En las primeras semanas. o con el chato. Baní no tuvo más chinches. en una o varias veces. Tales partidas efectuábanse a resguardo de la mirada zahorí de don Marcelino.formado por bancos de madera entre el aljibe y el pozo. debía salir del espacio demarcado por una raya. lechosos. que mató. de colores. aludiendo al cuento que pretende que las chinches fueron traídas a la capital por los habitantes fugitivos de Baní cuando la invasión de Dessalines. más o menos de su tamaño. que recogidos en la palma de la mano eran lanzados de punta al canto de monedas o botones. situado detrás del claustro. El vencido se levantó. o sobre si el contrario al disparar un por todo lo que coja o un ponte allá. La puya se le clavó. o bailaban trompos. le confió sus secretos. que consistía en introducir monedas desde una distancia convenida en un pequeño agujero escarbado en la tierra. cubría las tapias. La riña había terminado en el mismo instante. el mismo juego de bolos. pero Antonio conquistó de sus pares respeto y también un mote. y desde entonces. o los belicosos firmaban la paz en el calabozo. le embistió derribándole de soberbia morrada en el esófago. a lo cual llamaban la moteca: el ochavo o el botón. bolones. El mayor interés estaba en las disputas por los distintos valores de las bolas de vidrio. la cabeza gacha. Antonio buscó en torno suyo otro pollo. Las parchas y caguazas cuelgan. una lasca redondeada y semillas de cajuil. al menos en su presencia. con usté no va ná». conociendo a cada uno de los condiscípulos. los demás jugaban a los toros. Se plantó. lapatilla y el melón extendían sus sarmientos. luego del recreo y la cena. hiriéndole en los amores por su pueblo. mientras le decían «yo soy tu amigo». El patio. y la gritería manteníase siempre en el tono más agudo. y como viera uno. mangos y caimitos. el trasmano. vigilada por un decurión. Entonces otro gritó: «banilejo. advirtiendo el cogote recio y las manos encallecidas por las jáquimas. el temor a don Marcelino y la morriña hicieron de Antonio un colegial modelo. El cundeamor. jadeante. «compai Toño. adaptado a los medios naturales. el trastrás y el porra. otros dábanse a los bolos. tejiendo mantos de verdura. Los más pobres contentábanse con la rayuela. Los demás se arremolinaron. río y en el pajón de las sabanas. Le miró sin ira. Para tales comisiones escogíase a los mejores o a los más hipócritas. como en los charcos del. El chayote y la auyama. es decir. había o no robado tierra. señal de reto. fifises gaticas. cuya nostalgia sentía con intensidad. pues ningún sedante más eficaz que aquella suerte de caponera para calmar iras y olvidar agravios. La escobita respetaba tan sólo las construcciones pétreas de antiguas tumbas. bolas. En el recreo dividíanse en corros o se aislaban. y por los turnos de salida para determinar quién era el mano. habiéndosele promovido a la categoría de ayo. y . En las mismas celdas de las monjas. Los mayores conversaban o leían. duchos en «tirar la piedra y esconder la mano». sumó amigos y restó simpatías. ganándose tantas cuantas en él cayeran. por lo cual las intervenciones del zurriago eran frecuentes. y ya al morir de cabeza. Las riñas menudeaban. crecían guineos. descubría que también allí sobraban medios de solaz. el ovejo. pronto se adaptó. la que le otorgaba autoridad de segundo sobre una sección de diez. convidando al zumbador y a los chicos con la pulpa roja de sus abiertas cápsulas de oro. La congregación sumaría hasta unos ochenta. que reía enseñándole los puños. También se jugaba al hoyo. desgarrando las pantorrillas de quien buscara en su maraña el gordo fruto escondido. entre los siete y dieciocho años de edad. Mas. y entonces acataron todos al triunfador.

A las seis. sentados en el salón de estudio. baño general. cosechados en el propio colegio. ¿Y los domingos? ¡Tremendos! Obligados a levantarse para asistir a la primera misa. y a las doce el almuerzo: un plato de sopa. y antes del segundo. Los sábados se suprimía el estudio en la prima. ante una imagen de cuerpo de la Purísima. sus ojos y piernas habituados al campo sin vallados. para la cena —pocillo de cacao y un pan seco. en el cual nadan fideos. sin el alboroto y regodeo de las cátedras. maguer las amarguras de entonces y los dolores de hoy. De nuevo al estudio. y entre días.te peti-pié de la yurné. y tras de cantar las Completas en latín de cocina. que algunos (entre ellos él). Tres campanadas ordenaban silencio. Luego otra hora de estudio. o caimitos. arroz y frijoles colorados. cantaban las primas en latín. y cuál sería el fastidio. dirigíanse al salón de estudios. ¡ y qué gabacho! Aún retiene una frase de las que ululaban en coro: . una hora de recreo. la vida del colegio se le va haciendo soportable. convertida en «Isabel la aguja». vestidos. De cuatro a cinco. carne guisada. o mangos. y diez minutos después. y así por el estilo. luego. invierno como verano. Sólo los primeros domingos de mes se les permitía salir hasta el atardecer. ¡Y luego. y corno postres dos guineos. faltaban para que los encerraran en el calabozo. o subir agarrándose de los agujales. El recuerdo de tales cosas le hace reír. completándose en éstos el denominado bandera nacional. como no había baños en el plantel. comenzando las aulas a las dos. peccato gomorrhoerum dijo el santo sienés. bostezando. tal como la frase del «saber la luz». y luego. Allí lo pasaban mejor. el convento en pelota. clases.para alcanzar sus nectarios. En seguida. a la cama. gimnasia y ejercicios militares. que por parejas se les concedía para ir al patio. en torno al brocal del pozo. y por el permiso. pura jerigonza. hechas las abluciones con poca agua. con boca— y ésta sazonada al ir y venir con un coro en español.. Transcurridos los primeros días. vaciándose encima cubos de agua acarreados por cada quisque. en donde. comulgaban aquellos a quienes le cumplía. o jobos. sin concierto ni sentido. ha recorrido la escala de los castigos y sido clasificado entre los revoltosos. interrumpida por quejas de vecinos quisquillosos. Una hora de estudio. Su inquietud de azoguillo.. tan uniformes y reglamentados los días! A las cinco de la mañana. ninguna distracción vale como tenderse boca arriba. El trayecto lo amenizaban con una canción en francés. Y ¡qué latín!. la voz imperativa del Prefecto despegábales las sábanas. destituido de su cargo honorífico de ayo. la de alba. al cabo del primer mes acepta. y antes de dormir. Para Antonio. Una hora más de estudio. en fila india. en el que las expansiones naturales eran comprimidas por la vigilancia del Argos. preciso es trepar por los bejucos tramados „que suelen ceder al peso. a la hila. se enjabonaba. ni los esclavos africanos de Roma lo entendieran. en ringla. y otro de plátanos salcochados. . pero en cambio repetíanse los ejercicios militares y se cantaban las Letanías. De siete a once. peinados. aspirando el olor de la tierra y el aroma de las plantas en aquellos boscajes. algunos de los cuales pudieron ser consumidos por el fuego bíblico. según la estación. padecen en el espacio estrecho de las aulas. al refectorio a desayunarse con una tacita de café claro y un mollete de pan de dos onzas incompletas. causantes de una dosis temprana de rebenque. Aquello era de verse.

o se disponía una confesión general. ahogándolas sin que gritaran. se deslizaban hasta los naranjos. Desde las ocho de la mañana. manifestábanse entonces el polvo en el piojillo de las horas. les brindaba. disputándose quién nadó hasta peñita. Los domingos primeros de mes eran gloria pura. y los árboles que la víspera fingieron grandes vasos de malaquita incrustrados de áureas gemas. pies. y la irrupción en las quintas vecinas. goteados o trepando por las ramas a favor de las paredes. recogidos en la madrugada. encontrábanse baúles y pupitres atestados de naranjas.Pero tan monótona existencia. Don Marcelino. caimitos en Pajarito o limoncillos en San Carlos. se desbandaban por las calles capitaleñas quienes tenían en la ciudad familias o encargados. cajuiles. según las consejas. Las aventuras de tales asuetos eran tópicos para el mes: el baño en la playa de Güibia. hecho entre risa y pavor. desguazando mangos. o el brazo en cabestrillo y con el relato. ¡Zoquete quien revelara! Antonio aprendió en sus propios carrillos que importaba más callar. para comprar casabe de ajonjolí. en otoño jobos. con puños. . y el calabozo apaciguaba los ánimos. a pesar del tirano que la regía a precio de cardenales y encierros. Durante el día. cuya madera frágil causaba frecuentes caídas. el secreto se conservaba fielmente. mameyes y cocales. el patio con sus escondrijos era palestra: a pares o en pandillas. o por El Placer. Cuando acaecían tales depredaciones. o a pedrada limpia. También se robaban las gallinas en complicidad con el propio cocinero. en la noche vagaban las ánimas en pena de aquellos cuyos huesos suelen encontrarse excavando el suelo o que reposan en las tumbas de cal y canto que aún existen. amanecían libres de las pesadumbres de las pomas. naranjas. traidoramente esgrimida. arremetía al modo de amigable componedor. consumaban el despojo. y las excursiones a comer guayabas a los montes de Galindo. y en una cinta negra en letras doradas «Colegio de San Luis Gonzaga». Además. hinchadas las caras por la ponzoña de las avispas. se ventilaban las cuestiones de honor. Sonadas las doce. cabeza. no pasaron más pecados que los comprendidos en los cuatro primeros mandamientos. Toño era de los valerosos. heridos los pies. Había. para sancochos y locrios. provistos de una funda de almohada. En primavera y verano. uñas y dientes. y al pequeño mercado del Ozama. pues forasteros y huérfanos quedaban en libertad en el jardín. con los correspondientes baños en los remansos del río a la sombra de ceibos y copeyes o en la playita del Retiro. desnudos. se practicaba un registro. a los doce días cabales estaban maduros. por la rejilla del confesionario. de haber tragado agua en un cantil. mas. con sus opimos racimos que. separados en manos y escondidos entre las cepas. participaba en ellas. y empinados sobre los poyos de piedra o resistiendo clavadas de espinas y rasguños de los muñones resinosos. el patio. a vergajazos. hasta curazao o hasta santomas. y en invierno. Esto llamábase hacer un nido. con paradas en el pueblo de Los Minas. La rapiña de éstas constituía la más escabrosa empresa: por claustro y patio. y así. Esta era hazaña de los mayores. tenía sus variantes. a gatas. de enero a diciembre. naranjos. jarto reso y conservas de coco y naranja. y alguna vez cuchilla. devorados en conventículos. gorras de paño azul con viseras de hule. los bananos. que no temerles. que así se nombran las tres peñas que casi cuadran el hondo y amplio balneario. uniformados de rayadillo. tan provisto de frutales como un huerto. mangos y caimitos. pero como Antonio poseía la maña necesaria para captar las gallinas que dormían en el higüero del traspatio. rebasando la punta de La Torrecilla. haciéndoles otomías a los campesinos que allí trafican. pues. De tales correterías regresaban algunos. y los paseos en bote hasta los Tres Brazos.

su voz estridente gritaba: «este condenao me está perdiendo mis hijos». sonándose la piel de la barriga como un tambor. en cada dedo un dulce. el alfajor empolvado como presumida señoritinga. que los pilluelos cazan en las calles con varillas de coco. orinando por una ventana del dormitorio que daba al claustro. se fastidió. cual cangilones de noria. se les autorizaba el asalto a las bateas de las vendedoras de dulces que. y a chupar carreteles le condenó mientras los demás engullían tiernas pechugas. y ante ella cantaban a coro —«pide a Dios que yo te imite. para caer sobre la repleta batea de la mulata curazoleña que. echando de menos el bullicio del colegio. dispéptica. los pies. dos días magnos. a filo de las tres. la capillita del estudio. rompió a reír. regañona. ¡cuánta cosa buena! Los bolsillos atestados. «¡muchacho gandío. años. recordando aquel su salto felino. las botellitas. se indultaba a los presos y se penaba a quien fuese con chismes y quejas a los superiores. y el del Rector. y ¡con qué ganas!. únicamente. de esos pollos silvestres nutridos con hierbas . sin derecho a repetir. el bienmesabe. y de los guayabales de Galindo y la Fagina. presidiendo su imagen. acostumbraban poner tienda bajo la propia ventana del Rector o a la sombra de los naranjos de la Virgen. miraba espantada cómo aquellas manos ágiles. sabrosos muslos y alas. Además. se abrían y cerraban apuñando los piñonates melcochosos. chinchosos. El segundo sobresalía por la copia de regalos. reposado arroz con leche. ésa y una madrugada en que. los frágiles y levemente dorados merengues. pudines de a dos libras. a pesar de la garantía. tal un instrumento de tortura. surgió de las tinieblas mudas. ey! ¿quién es el soldado meón? ». y ésta. y como esto lo sabían las interesadas. En las primeras vacaciones de verano se hospedó en casa del tío Tomás. pero cuando pasaron las mariposas de San Juan. confites y una banderita en el ápice— que entraban majestuosas en manos de la negra azafata. Los primos eran tímidos. con prohibiciones. A cada paso. de corazón fundente. a compás del chorro: « ¡ey. llenas de fragantes licores. San Francisco Xavier. Desde la víspera de ambas fiestas. vestida de limpias y sonantes sayas. El Padre pagaba. exclamando en tono tanto más alegre cuanto era raro. suspendíase toda suerte de castigos. después del mediodía. Así discurrían semanas. y en la mesa. le tenía ojeriza. en su mayoría golosinas —frutas. y le manearon. las pastas de leche. los chupa-bebis. meses. el azucarado huevo-mejía sobre papelitos de veriles plegados. santo joven Luis Gonzaga»—. ¿y no había inventado ¡mal rayo lo partiera! que del pollo. Dos veces. deleitándose. en viéndole pasar. si la hubo. Al primero se le hacía el novenario. tenía ganas de sentirse pinpin. criados entre las faldas de la madre. y los gordos canteros de pan de batata. siendo lícitas todas las diversiones. espolvoreado con canela. que después de las mosucasdel colegio. intercesión que. gandío! ». pegados en las orejas. que al romperse corren por las barbillas. señalábanse en el calendario del Colegio con dos cruces: el del patrón San Luis Gonzaga.Pero entre todos los del año. él. blanqueados con suspiro y adornados con grajeas. Antonio se ríe. jamás mereció la merced divina. baqueanos de los caminos de Güibia y de La Fuente. en busca de un rincón oculto entre cepas y sarmientos para darse un atracón. El Padre. empaladas las distintas figurillas acarameladas. fuentes de trémulas natillas. de pasta tan suave como los bizcochos esponjados. las palmas agobiadas. revestida de cándida sobrepelliz. Era el Padre que venía a despertar a los acólitos que le ayudaban a misa. todo medido. su presa preferida era el pescuezo. con el amargor del palomo. le oyó la voz cantarina. traían su venta íntegra. corrió a encerrarse con su botín. y eso era lo de p p y w.

El Padre le hizo monaguillo y lo trasladaron al dormitorio de los que pagaban. y aprovechar los cabos de velas y cirios para fabricar gallos y boliches. alternando. y el hijo de. levantábase a las tres de la. cansado de encontrar aquel diablillo en la sacristía. rodeado de beatas hediondas a andullo y a cucaracha! Empero. finando su servicio religioso sin haber cultivado la matita de mística reseda. próximo al departamento del Rector. echando el incienso en cantidad producía humo negro y de olor ingrato. con la sotana de púrpura. El escozor de semejantes agravios removíale las entrañas. de las suntuosidades litúrgicas. aludiendo a que aquél era empleado de aduana. salves. francés e inglés. un oficiante desapegado. encarnado como pitahaya. le fulminaba con las miradas. novenas. en ayunas. para maravilla de la concurrencia! Cierta vez. con engañifa. en el gran salón de actos. de las frecuentaciones de la iglesia. y púrpura y sobrepelliz dieron en el calabozo. atento más que a las puertas del paraíso a capar el dinero que los feligreses depositaban el cepillo. y cuando de gala. Por otra parte. reventaba de satisfacción. los muchachos repicaban su goleta. fue un buen alumno. desde las cuales se espiaban los patios de las casas fronteras. conjugó los verbos ser y amar. . pues en esas ocasiones recitábanse hasta en latín. Allí estaba más a sus anchas. que una noche. inteligente. y en veces. se le olvidó el texto. alentando envidias y rivalidades. por supuesto. se desvanecía de rodillas en las duras gradas del presbiterio. el Padre le arrojó a puntapiés. pero sí castigó siempre. en realidad. el colegial a quien se le confió el griego. aunque desaplicado. y descendió saludado por salva de aplausos entusiastas. cuando una piedra certera no le rompía la cabeza al infamante. y tras una maldad de a folio. griego. le zamparon en el cepo. tres veces al día. Don Marcelino vigilaba menos y se emborrachaba en grado tal. Mas. expiraba bajo su puño en los labios ensangrentados. y sin vacilar. en cambio. engullirse los recortes de las hostias. hacíase notar por sus travesuras: si le confiaban el incensario. ¡Cómo escamoteaba padre-nuestros y avemarías. balanceábalo de manera que las brasas cayeran sobre la gente apiñada en las bocacalles del trayecto. confesaba y comulgaba con más frecuencia. Fue. ganó varios premios. ¡ Si en tales instantes triunfales le hubiese visto su madre. reuníanse las familias de los alumnos. Sus conocimientos crecían más que su cuerpo. y en las fiestas solemnes. de puntillas en la tribuna.. pacientemente aprendido. Estas punzábanle conmoviéndole hasta las lágrimas. ninguna huella en su espíritu. acumulaba sobresalientes. si la naveta. los jurados y los profesores. no podía reñir por parejo con quien remataba una disputa con un «tu tío es un ladrón». Antonio demostró los buenos elementos aportados de su pueblo. sintiéndose alabado cuando atravesaba el salón con su carga de premios. En la prima noche. Los éxitos le acercaban más y más a las puertas del plantel. predilecto de los profesores. si le hubiese oído. que en el pueblecito batía el dulce de leche sin cesar para vestirle. mientras el maestro. así. con altas ventanas enrejadas a la calle de la Universidad. mañana para ayudar a misa. las injurias alusivas a su madre. el tío Tomás había mejorado de situación económica y le enviaba la comida. ¡Cómo bramó el viejo inquisidor hasta que el propio Padre lo libertara! En los primeros exámenes de fin de curso. Al cabo de los años. seguro de que sólo el catedrático caería en la cuenta. En septiembre ascendió..aromáticas? En las vacaciones siguientes. En las procesiones. pronunciar con genial desenfado el discurso en español. sin medir el tamaño del contrario. quienes en él vinculaban el éxito de los exámenes. se quedó en el colegio. Entonces. tercios.

que por cierto no fue de gracia. resolviendo problemas aritméticos o ecuaciones algebraicas. Pío IX promulgando el dogma de la Infalibilidad. a la postre murió por su propia mano. A medida que sumaba ciencia. a la juventud recién nutrida por las doctrinas de Hostos. su primer dolor de hombre. sus placeres y sus beneficios. mas el dardo. Sus imágenes de la gloria y grandeza humanas. durante el recreo. en donde se alzó en armas. aunque huérfano de popularidad. Cuando un enemigo caído le gritó que su padre fue al lugarejo a darse baños porque estaba podrido. tenía en su haber los resonantes éxitos militares del Cibao y Boca del Vía. señor de horca y cuchilla de la Línea Noroeste. acosado. en la cual las lianas habían tejido una hamaca. y. conmilitones de los tiempos pasados. permaneció clavado muy adentro. después de apagar a tiros las lámparas. con algo de donjuanismo. le ofrecía. le pateó. inteligente. enredábase en mil cálculos por los que llegaba a ser presidente de Francia. imaginando una vida gloriosa de luchas y triunfos. valor. y que. un grabado de «El Correo de Ultramar»: el entierro de Víctor Hugo. Instalado en ella. joven de atractivo talante. de rato en rato. en el concilio de mitras deslumbradoras. a Moya. congregó en torno suyo a los azules liberales. hasta que una ráfaga retozando con las anchas hojas de los bananos. se recogía con un libro en una apartada celda del patio. herida su señora. Antonio apartábase de los entretenimientos. La una proclamaba a Ulises Heureaux. levantando el cuerpecito. solo. no retrocedía ante los obstáculos ni le temía a los muertos. muerto un yanqui. laborioso. seguido de tropas y de muchedumbre. Era inexorable. energía. entregábase a divagar. en los guarismos que escribía con tiza en el pizarrón. Rompía el silencio una lagartija reptando entre el follaje. y. le mordió. En las tardes. vencido por su rival Heureaux. huyendo hasta ganar la provincia de Azua. y en duermevela delicioso. dedada de miel en el áspero cáliz de las flores. escapar por los patios. IV Corría el año 1886. la Capital estupefacta vio cercada la casa del ex-presidente Guillermo. leía con avidez. en un féretro. con fama de valor e inteligencia. y a cuantos poseían aspiraciones y soñaban con el progreso. y él. un cromo. y Benito Monción. alias Lilís. sirviendo de cimientos a la empresa. la otra. atemorizada. la gente ignara creíale brujo. propios de sus años. además. presentía la fuerza del oro. que ya había ejercido la magistratura. le placía más la soledad. Veíase muerto. La otra. perseguido. luciendo al sol la membrana traslúcida del cuello. de repente. de quien se había sorbido «Los Miserables». eran dos estampas: la una. Dos candidaturas presidenciales se disputaban el triunfo. sus virtudes: audacia.haciéndole llorar entre las sábanas. Meses atrás. atraíale con sus encantos de poesía y misterio el estudio del cielo. Presidía la República un general de treinta años. y Monseñor Strossmayer irguiendo su rebeldía en el púlpito. aun cuando en las mismas filas militaran. y quien. quedábase mirando a aquel poderoso. La Historia le enseñaba con sus espejismos el secreto del poder. Estas nociones científicas alimentaban su mente. le escupió con rabia hasta dejarle túmido el rostro. o bien subyugando hombres. encalabrinada por la lectura de las novelas de capa y espada que le prestaba el guardián complaciente de la biblioteca pública anexa al instituto. . vagamente supuestas. empero.

Ambos candidatos tenían para su guarda y defensa escolta de valientes. banderas. con un gran perro al lado. tomando el camino del Cibao. entre todos los que luchaban en la prensa y la tribuna. Los Comités Centrales dirigían con tesón la campaña. Los externos traían el eco de los sucesos. A la oratoria cordial de Federico Henríquez y Carvajal. en banderas y en indumentaria. en donde se efectuaba la función electoral. llevando la voz cantante. Y el mismo Presidente solía concurrir aportando comentarios picantes. inferiores en cantidad. Referíase. y entre los plátanos.La atmósfera se caldea pronto. y travestidos. la observación urbana. los de Lilís. músicas. cambiando los nombres para que sufragaran dos veces y hasta tres en un colegio. A las adhesiones sucedíanse las protestas por usurpación de firmas. a pedradas. Votaron las tropas. En las aulas. La juventud recién salida de las aulas de San Luis Gonzaga y la primera hornada de la Escuela Normal. y que no se cayó un día que se le encabritara. Por las ventanas del colegio entraban las lenguas de fuego que abrasaban las calles. en la mañana y al crepúsculo. Y un coro de carcajadas acogió la ocurrencia maleante.Antonio. había aparecido escrito con carbón un letrero que decía: abajo el negro mañé. y en las propias barbas de las Comisiones fiscalizadoras les sustituían los votos. perteneciendo la supremacía al grupo que contara con la autoridad. A los campesinos se les afeitaba. oponíase el ingenio del poeta Scanlan y el del coplero popular Juan Antonio Alix. después de paisanos. fue el turno de los lilisistas. Además. en el atrio mismo del Palacio del Concejo. ya la cabeza había alcanzado la plaza de la Catedral por la del Conde. que en la casa de Lilís. los moyistas protestaron. y los periódicos. vivas y cohetes. desfila por las calles brillante y numerosa manifestación moyista. entre estandartes. se libraban batallas. su tipo predilecto era uno de sus profesores. el negro llora de noche». se siente solicitado por este candidato a quien había visto alguna vez jinete en potro overo de larga cola. La tarde de un domingo. y el vocerío de las fiestas cívicas transponía los altos muros. cierta mañana. se les conducía en rebaños. pugnando por Moya. altivo. con calor. el fogoso. cuyo tío es partidario de Moya. soplan las llamas. Una madrugada. repitiendo que cuando la cola estaba en el arquillo de la calle Santo Tomás. García. Moya montó a caballo. En la Librería. un negro lacertoso y bellaco. A la octava siguiente. se dividían en moyistas y lilisístas. que servían a Lilís en décimas chispeantes. y al pie de los Manifiestos impresos. En pequeñas . la imagen de Nuestra Señora de la Altagracia.. apretábanse millares de firmas de vivos y difuntos en pro de cada uno de los candidatos. Mariano A. custodiada por centinelas. García opina que sólo el propio Lilis podía haberlo puesto. rociaban la arena con su partidismo ardiente. primero de uniforme. recogiendo las palpitaciones de ambos partidarios. En todos los pueblos de la República ocurría otro tanto. Miguel Ángel Garrido. exprimidos de la malicia campesina y de. con el imperio de sus nobles pasiones. Los adictos se agradaban luego. amén de repetir en San Carlos y Pajarito. a lo cual opuso el Presidente: «no. de las conversaciones y disputas escuchadas en las casas. frente al parque. En la capital. Cestero y José G. Apoyado por la autoridad. Los comicios duraron tres días del mes de julio. más agresivas en el uno y no menos tenaces en el otro. Los boletines por Moya lucían en el reverso los galanos colores nacionales. coaccionaba. tertuliaban hombres notables. en el cual confundíanse el amor a la ciencia y las simpatías por el caudillo.

y se combinó un golpe de mano. la Ceiba de Madera.. candidato a la vicepresidencia. No existía alambre. se encontraron piltrafas de carne y los troncos cercenados. Se organiza con actividad una columna a las órdenes de Lilís. frente a la Catedral. esperaba el momento solemne de la inauguración. Billini. la estatua del Gran Almirante de la Mar Océano. era amigo particular del Presidente. En la segunda quincena del mes se celebraron los exámenes. valiéndose de mañas. como si el escultor. lugares que Antonio ignoraba a pesar de sus estudios de geografía patria. aparece. sentándose a la mesa de la Comisión. señalando hacia el Cibao. se conmovieron los rocosos cimientos de la ciudad: había explotado la dinamita que dos franceses preparaban aceleradamente para Lilís: en las rendijas de los tabiques de madera. y el Hoyo de Lima. El Gobierno cae. pero al que no vota por el compai Lilí. una noche. pues le habían sorprendido escondiendo en su pupitre los dulces que le cometía brindar a la concurrencia. El sol alumbró una mañana la ejecución sumarísima de tres presos políticos. pero. según argüía. caídos los lienzos sobre el zócalo. Las más disparatadas noticias corrían de boca en boca. enmarañando la madeja de las propagandas. y de una se cuenta que el Comandante de Armas. puso en ella su clásico machete de cabo y arengó: «señores.comunas se registraron miles de electores. para combatir la revolución. conservaba su empleo en la Aduana. se decía. suena un disparo de revólver. Las nuevas llegaban del Cibao con asombrosa rapidez. aunque moyista puro. soplando a los vecinos para ser oído por el examinador y protestando cuando lo hacían con él. desocupada previamente por Moya. fue preso y muchos otros más. granjeó los sobresalientes de costumbre. Lilís entró en La Vega. En alta noche. Villanueva le espera en el «Sillón de la Viuda». Pasó las vacaciones en casa del tío Tomás. El tío Tomás. Y las propagandas comenzaron en la medida de la expectación. las alegres canciones de una parranda rompen el silencio. A la mañana siguiente. que sobre el pedestal de granito. Ahora a las diversiones del patio se unía el interés por las noticias políticas. porque. El 21 de julio se pronuncian Moya en La Vega. Un mediodía. con su natural despejo. al primer empellón. fueron cercados en las casas en donde estaban reunidos y capturados los jóvenes que debían realizarlo. en el negrito (ataúd común del Hospital militar). Heureaux salió una hora más tarde al frente de sus tropas. Los ciudadanos pusieron sordina a las voces. hubiese previsto los sucesos de aquellos días. y ya se le veía caer en la emboscada en aquel estrecho pasaje de la montaña. las elecciones son libres. en la Línea. se hacían familiares a causa de los pleitos que en ellos se libraban. pero sí el telégrafo de los campesinos. y en la repartición de premios recitó el discursito. Se formaban planes en los corrillos queriendo transmitirlos .. practicando el cuarto evangelio con sigilo. ¡Buenos tiempos aquéllos! Conquistó a la negrita sirvienta de la casa. en el techo de la casa junto al mar. Los de ambas facciones las aliñaban según sus deseos. y un cuarto de hora después estaba en el calabozo. pasaron los tres cadáveres destilando sangre. y Monción. y un balazo en la cabeza. delatados. con la que se encerraba en la letrina. al extenderle el brazo en tal actitud. se afirmaba. sin embargo. el Aguacate. y por la calle del Arquillo. Antonio había estudiado poco. le trozo la cabeza».

Comisarios de policía. entontecido por aquellas burlas. mientras unos distraían con regateos a la ventorrillera. Cuando rondaban por una calle. Las negras en los patios. Si no te gusta. hasta que una noche. o en Galindo. cuya punta había sido embadurnada de la más ruin materia. lavando. les derribaban en el arroyo. el tío Tomás. con sus secuaces. le sacudió el polvo. extra-muros. y de Rivié. saqueando los ventorros. le hirió con una lezna en la rodilla. un negrito. tirando el cordel escabullirse con la presa. sólo le halagan las conversaciones de la tertulia de su tío a la prima. Fue Antonio. de acera a acera. y quien les apedreaba con furia. con el paraguas viejo. bajo su jefatura. jefe del enemigo. larga americana de dril. al abrigo de miradas inquisidoras. por las calles trajinaba gente de armas. De día y de noche. y organizó. manco y fañoso. para después. el único que produciría el triunfo en brinco y medio. hasta el hueso. El olor avisaba al emporcado su mala ventura. Tomás García y Linares. La muerte de los generales Cartagena y Tavárez. tiraba de él y corrían todos como alma que lleva el diablo. Para unos. y la disputa se prolongaba hasta que un transeúnte intervenía. debatían sus prematuras controversias políticas. y corriendo en dirección contraria a los pasantes. cantaban: General Benito Yo se lo decía Que en el Aguacate. según la gráfica expresión. la desesperación de aquel Hilario. siervo y beato de la Catedral. ¿Por qué habían dejado llegar a Lilís hasta La Vega? se interrogaban. con voz de emasculado. Yo Lilí. que las propagandas daban jugo sustancioso a la charla. pues eran tenidos por hombres de empuje. También. También solían ir a la briba. eran el espanto de los moyistas. una mano de amigos íntimos y correligionarios. para lo cual. gallina de una pata. Desde luego. provistos de un cordel que mantenían tenso. en tanto la burlada llenaba la calle con el escándalo de sus maldiciones. y cada uno desarrollaba allí sus inéditas aptitudes de estratégico. En tales hablillas. tratando de explicarse el retroceso de la revolución. con guayabas. curada y vendada la herida. concertaban una riña entre dos de corpulencia distinta. los mataperros del barrio. Menuda follisca se armó en la casa. a quien gritaban ángel de un ala. El pequeño exigía: «sin palo». y a pedradas en la Sabana del Estado. criticando las operaciones militares y exponiendo su plan. ¡ tanto mejor si era una beata! El del palo le suplicaba que se lo agarrara y cuando éste asía la punta. congregábase en las primas noches. afectos a Moya. La vieja salía.telepáticamente al caudillo. otro clavaba un anzuelo en un racimo de guineos. en la puerta del patio. el gran golpe habría sido prender al Presidente Wos y Gil cuando estuvo en La Vega: . o bien. Aquellas vacaciones fueron realmente las últimas de su infancia. los fondillos flojos. Desatendido de la caza de mariposas y lagartijas..En casa del tío Tomás. los escondidos salvaban los muros medianeros preparándose a correrías por toda la manzana. entreteníanse. el mayor esgrimía un garrote. aplanó a los moyistas. Si tú eres Moya. descaecido. o en un haz de cañas y hasta en un tocino. Yo pa mí. los cuales glosaban a su antojo las noticias del día.

pues que Alejandrito es azul. como piedra en charco de ranas. una vieja. de hirsutas barbas de troglodita. caray. —Pero. no nos salva ni la chiquitina de Higüey __concluye uno. sosteniéndole a don Pablo. como dice Luperón. —Bueno. —Las intransigencias de los sabios nos perderán. muy ancha. hay que ser prácticos. —No y no. cuando vean al manquito volver con el rabo entre las piernas. Y si se perdiere de momento. . y con tal disfraz sale a tomar lenguas. la cabeza envuelta en un abrigo de los que llaman de piel de cabra. con aspecto de lavandera en solicitud de algo a cuenta de la ropa. y le darán mucha agua a beber al Gobierno. y aployarnos. los Tiburcios se meten en las lomas y será como cuando la de Los Pinos. cuyas escrófulas rebosaba en hojas y sucio barboquejo. —No. Mariano tenía razón. no seas pesimista. —Ah sí. que si no. Eso me da mala espina. el cual transitaba por las calles. que le emboza el rostro. qué imprudencia. puede entenderse con Gautier y Damián. porque ésos son como el maquey. a los cuales consultaba en unión de la Vieja María Vicenta Pavilo. ha sido ésa una debilidad de Casimirito. —Pero chico. si llega primero. el asombro rompe en carcajadas estrepitosas. hay que darles candela. que se ha escondido. Cuando se descubre.—Y no hay que darle vueltas. rodeado de laureles rosa de sangrientas flores tóxicas. de almidonada bata de prusiana. Y se relataba entonces que Lilís poseía dos muñequitos. caray. habitante de un bohío de yaguas en el patio del ex-convento de Dominicos. ¿cuándo se ha visto perder una revolución que baja del Cibao? ¡ Ya verás sorpresa uno de estos días! Les contaremos un cuento a estos lilises. si ése fue el plan de Villanueva. que se deja prender asando batatas. zambo sexagenario. el hombre de Santiago. pero Mariano Cestero se opuso. Dejémonos de ilusiones. en compañía de una nietezuela. Y suerte que no pudo llevar la dinasmita. —Y Guelito. en su misma cara. y ¿por qué no esperarían. Es uno de los amigos. pero lo que yo sé es que revolución que no avanza retrocede. y. a Lilís en el Sillón de la Viuda? Eso sí era darle en la yema. que vivía en una casita semejante a un palomar. Una noche cae en la tertulia. don Pablo es rojo. hicotea mea domine. y de Mauricio Vega. —Pero chico. compadre. —Todo eso será así. El negro es brujo. que no era hora de hacer capú.

Pa tomá con té. algunas erizadas de fondos de botellas. evocando la figura de aquel negro viejo. desde su rincón. al abrirse. por hablar. desflecados los bordes y rotas las asas por el trajín. la estera que la luz ha extendido sobre los ladrillos. casi por caridad. barcino. escucha ávido. las carreras por los techos. belfos fláccidos y. El carcelero. con ancas de eunuco. interpela: —¿Quién lo trajo? —El viejo. En tales noches. Antonio. Pa bebé café. esquivando las puertas abiertas. el cerrojo rechina en las anillas. V La llave gira en la cerradura. Antonio. por oír una voz humana. portador del cestillo de mimbre. en la penumbra. y la puerta parte. caminando a trancos. El alcaide entra. que pregona por las calles al son de: Pan sobao. salvando paredes. —Uenos días. como cantaleteaba el viejo Silverio claveteando las suelas. —Hombre.é Tostaíto.. y olvida que le aguarda con sus caricias silenciosas la negrita oliente a aceite de coco. inmóvil para no ser advertido. y al fin pregunta: —¿Pero qué hay de nuevo y de cierto. él se presta a traerle las comidas. con el manojo de llaves pendiente del cinto.. y le mojaron las nalgas con agua salada. avanza hasta la mesita. «dicen que viene y no viene ná».. Sin duda que el alcaide lo recibió a las ocho de la mañana y se lo sirve a las diez.Sólo a ti se te ocurre esto. é.. húmedos. no le importan las diversiones callejeras. contiene el desayuno. en tiempos de Báez. y seguido de un penado astroso.. El recién llegado refiere el fastidio del escondite. sesentón. siquiera fuese la propia. sin perder palabra. Se encamina a la mesa. La cestilla. —Sí. después de .. dicen. y los accidentes por las calles. Como en la casa no hay criados. —¿Y si te topas con Tomás García? Y las miradas escudriñan recelosas. caray?.. rechoncho y vulgar. quebrada cintura. puesta en la cabeza la tabla de pan de gloria. no ande por allí el temido esbirro. argollas de plata en las orejas.. —Buenos días. macizo. chirrían los goznes.

El alcaide se balancea en el mecedor. agitándose. Ningún elogio le placía tanto. se le engarabitaban por encima de las rótulas. a su vez. nunca le da pie. que repetían lo oído en sus casas. al fermentar. difundíanse por aulas y claustros las alternativas de la guerra hasta que se supo que Moya y Monción habían traspuesto la frontera. a fin de ganarse las motas para los jalaos. se refería a César y a la conquista de las Galias. sorbe por el pico el café frío. Las noticias se reflejaban en las caras de los externos.un registro minucioso. y al entusiasmo en los moyistas sucedía el temor a las persecuciones y venganzas. Tras el último sorbo. encogida la tela por las continuas lavadas. Cuando el 1° de septiembre volvió al Colegio. o lanzarían los audaces con su propia mano. Dos simientes trajo en el espíritu. y la imagen de una muchachita. el preso le recomienda: —Mande decir a casa que me envíen ropa limpia y libros. Siempre seco. Entre bocado y bocado. A solas. Supino sobre el catre. por donde se comunicaba con una casa del vecino callejón. él era el único que vestía aún calzones. avivarían los odios. adobadas por los intereses de cada bando. mientras el penado carga en hombros el baché con las excretas que. ensayaba sus gestos. Antonio. soplos caldeados del ágora. untado de mantequilla norteamericana. obstinada en durar sin estirarse a la par que el dueño. hermana de uno de los condiscípulos. y de un tirón cierra la puerta haciendo sonar con fuerza el cerrojo y la llave. Sus compañeros le distinguieron. Antonio. a Napoleón. Antonio ensarta de nuevo el hilo de sus recuerdos. que con la altanería de los vencedores. puso mesa de memorialista. y las golosinas que traían las dulceras. Sus compañeros fueron entonces jóvenes que le superaban en más de tres años. Comenzó de nuevo el desfile interminable de los días. las cuales. Tiene ganas de charlar. y su satisfacción rebozó el día en que le encargara repasar la lección: parecióle recibir el mandato de comunicar a los demás la influencia que le . Lilís había triunfado. cambió de clase. Masca callado con desgana visible. le habían de distraer de los estudios: las pasiones políticas hervorosas. En ambos frutos en agraz mordió con ganas. Un profesor encomió un borrador que le fue aprehendido en un libro de texto. y traía a las aulas el rumor de sus polémicas. Así se inició en las letras. y sus jugos acidulados le producían sensaciones perturbadoras. en cuyo ambiente respiró durante las vacaciones y que continuarían entrando en ráfagas por las ventanas.. El alcaide recoge la cesta. y a la cual había hecho plantón al sol y bajo la lluvia en la esquina. expanden sus pestilencias. y por cierto que. y una arepa de maíz amarillo. escribiendo las cartas amatorias que los compañeros enviarían los domingos de salida con las criadas. que arrojaba al balcón cuando estaba sola. sin que a su vez la chupa bajara más allá de la rabadilla. pero la altivez de Antonio le cohíbe. y. que compraba por un agujero practicado en un muro del patio. el porte viril de su testa. extrae la cafeterita de hoja de lata. escribiendo en la mesa desvencijada de la clase las cartas a la novia. habituado a tales penalidades. y la prosa inflamada y restallante de sus artículos. entrevista en el patio en las visitas de los sábados. y escrito cartitas. y la tarifa que regía su industria marcaba sus admiraciones: en las de a tres por un real. El preso. y así. deseando imitarle en todo. un pan partido en dos. se sintió superior a ellos. aumentándose sus simpatías por aquel de sus maestros que tenía en los tobillos la huella de los hierros. en las de a medio.

de cuyos exámenes saldría armado Caballero de la Ciencia con su título de Bachiller. arrojaban una semilla. aduriéndole la diestra pecadora. Las lecturas en la quietud del patio excitaban sus ansias. deslumbrándole primero con su lujo. o recorrer los barrios en busca de sancochos. y otro. e hiriéndole luego hasta provocar su indignación. Los diablos cojuelos. un medio. Tascaba el freno. y un inglés. y los chicos. sin embargo. alto. a pesar de la largueza con que les repartía en premio libros y dinero. en la época en que se celebran las fiestas consagradas a los patrones. que en antes recorría las calles. que decía descender de los Courtenay de las Cruzadas. profusión de cascabeles. Pardo. para perdonar una falta. seguida de vagabundos. Además. y de que nunca les pegó—. medía el lapso que le separaba del fin del curso. y la novia. colgándosele de las barbas. laborioso. ¡Cómo se pondrían la madrecita. con un macuto lleno de maíz en el brazo izquierdo y una escoba enastada en la diestra. sustituidos por pandillas organizadas por jóvenes. nutrido de ciencia. Eran los días del Empréstito. a los que el espíritu filantrópico del Padre Billini acogía. y profesaba las de francés y astronomía en mal castellano. Antonio cumplió los dieciséis años. con el ardimiento de la sangre nueva y sana. En las noches se escapaba con dos o tres de los mayores para asistir a las zarzuelas que en el Teatro de La Republicana se representaban. Tales aves de paso. tenaz. arriesgándose de cuando en cuando por el de las meretrices. de toscas caretas. rompiéndole el pecho cavernoso. las manos finas. por las aulas pasaban de tiempo en tiempo. descalzos. La vieja roba-la-gallina. al azar. el recuento de cuyas campañas periodísticas y duelos les distraía en la asignatura de lectura razonada que regentó. lucían carátulas finas. y hasta con el mismísimo don Marcelino se atrevió. de fluvial barba blanca. que tal momento lanceaba al tirano. y si las truhanerías le sobornaban. o dibujaban en sus memorias perfiles que al discurrir de los días les hacían reír o añorar. mueve y mueve la paila de dulce de leche. quería realizar. Se creía un hombre y reñía con los profesores. La reclusión pesábale. Lloró con ira aquella debilidad. pues había sido correspondido por vez primera. ¡El Prefecto no les inspiraba ya temor! La tos. cencerros. No le bastaba vaguear. era una simple lección de geografía. y racimos de grandes vejigas de vaca. en la cual las maderas tintóreas de Chile se mezclaban con aquellos nombres de ríos y montañas que las hazañas estupendas de conquistadores hispanos y libertadores americanos han hecho célebres. cayó sobre el papel. La recia palmeta de roble se alzó indignada. que seguía las explicaciones. rojos o negros. que volteaban en cada esquina al grito de . que en el pueblo riente. e impaciente. pulcro.dominaba. Ningún castigo le dolió tanto. La pluma. y por intermedio del hermanito de ella recibía cartitas que le sabían a almíbar! El carnaval de este año señala un hito en su existencia. Cierto día le pilló aceptando una dádiva. cuando hacía sus primeras armas con la pluma. Antonio formó en una de ellas. caía en servilismo político nada grato —jamás tuvo las simpatías de sus discípulos. quien. ¡extraño contraste! siendo probo. y campanillas. Dos no olvida Antonio. figuras errantes de proscriptos o traídas por el oleaje de la vida. alzaban el puño. les echaba. el venezolano Miguel E. Transcurrió un año más. que le rebajaba ante su modelo. bien infladas y hasta limpias. dibujando a la pluma. Entre los profesores se contaban un extranjero librepensador. Aquello no se había visto jamás. un tanto indiferente a la inquietud de aquellas adolescencias. puercas vejigas. Todos los diablos del mismo color. timbre del plantel del cual procedía. sacudíale.

Mi caballero. ovillos de hilo.. Palo con ella. que acompañándose de acordeón y güira vociferaban hasta altas horas de la noche Rumbamba. agitaba las manos de los privilegiados que al sol primaveral encadenaban la autonomía financiera de la República. recibió y devolvió los objetos que esparcía la insensatez desde los coches. cuanto en las tiendas hay que pueda servir de proyectil más o menos galante. en las tardes del domingo. Lo copió con su mejor letra. y las flores y joyas con que los magnates. pomos de esencia. Por ti me muero. o pasmadas por el espectáculo de un navío que navega sobre ruedas. y de quien las malas lenguas echaban cuentas. oriundos de Curazao. de seda y raso. frailes. vino a verle y le regañó. que en las Pascuas del Espíritu Santo venían desde su aldea fluminense de San Lorenzo a bailar sus tangos africanos al son de los cañutos. enhiesto en las bocacalles. monjas. cotejando las teorías de los economistas sobre el empleo reproductivo de los empréstitos con las escenas de Carnestolendas. conducen al Presidente. pero contra ellos prevalecieron las puertas de San Luis Gonzaga y la cólera del Padre Billini. déjate de lirismos. por las que remedan a los negros Minas. rumbaba.alegran y perfuman las calles en la prima noche y bailan en las casas donde hay piano. tan perfectamente imitada que pocos hablan. y con el mismo impulso que le empujara días atrás bajo una careta bicorne. apagando el júbilo de los cascabeles. Manatí. compuesta de parejas distinguidas que sobre tallos de caña brava bailaban con elegancia. muñecos. los sabuesos de la Gobernación le husmearon. Ti-ti-tí. La locura carnavalesca. alimentada por las libras esterlinas del banquero holandés. trenzan danzas.Roba la gallina. pensó con tristeza y vergüenza que su maestro. payasos. El tío Tomás. por haberse opuesto en la prensa al Empréstito. divididos en banderías adversas. murciélagos y Parcas. le reprochaba su debilidad. de vecinos de los solares del Almirante y Aguacate. rumbamba. preso en la Torre del Homenaje. y en el ardor del combate. arroz pintado. pero cuando el Miércoles de Ceniza puso la cruz en las frentes. ¡Cómo había manejado los tropos! ¡Y qué sonoridades tenía su nombre impreso! El lunes temprano. aconsejándole: «muchacho. a los notables de la política y del comercio. y hasta copian el físico de algún representante popular. para terminar amenazando a aquéllos con el anatema de los Padres de la Patria. Las mojigangas barrocas. que conservaba su empleo en la aduana. Los engalanados coches de plaza y los particulares. y al siguiente domingo le deleitó leyendo su prosa de estudiante. escribió un artículo corto. se sintió arrebatado por el torbellino. sentadas en las aceras o asomadas a balcones y ventanas. Rumbamba. copia de rosas. y los grupos de dominós. comparando el sueldo con sus gastos y los ahorros convertidos en casas. callan corridas a la vista de la mascarada que figura la Cámara de Diputados. y sé prudente. que disfrazando la flor y nata capitaleña. quienes derraman sobre las mujeres. . y el viento barrió los restos del arroyo. lunes y martes. Antonio. confites. que Lilís no olvida ni perdona». enviólo a El Eco de la Opinión. huía desalojada de sus dominios por las comparsas de indios emplumados y relucientes de cuentas. ceñida a las reglas de la Retórica. obsequiaban a tiples y coristas en el Teatro. que en torno de un mástil encintado. objetos de fantasía.

Había habitado todos los calabozos de la Torre: éste. el del Profeta.. manchado por la tinta nada más. sin orden ni método. había vivido lo florido de su juventud. Lilís tiene.. cuántos tránsfugas. que corren de boca en boca por el país entre risas y alabanzas. a pleno sol en el cadalso. El calor le angustia. mezclando los juristas con Sué y Víctor Hugo. de doble intención. que obliga a los ciudadanos a andar encorvados y mudos. a través de sus lentes. se hicieron numerosos presos. sin vocación. hasta la tarde de un domingo en que. el de Peynado. ¡Qué horror! ¡Entre estos muros siniestros. incitado por los títulos o la fama de los autores. el tirano en sus papeles públicos y él en sus artículos denominan pueblo dominicano! . ni una gota refrescantes.. y escribe la historia en humilde pupitre de pino. húmedo. pero no le fue dable ir a abrazar a su madre. . ascendiendo las gradas de piedra de la Torre! Unas por sus escritos. mientras don José. tan ansiada. ¿Siempre le oprimirá la tiranía. a menudo caen espigas al surco. decíase que Moya y los expulsos se movían. del incendio de la cocina de un bohío de San Carlos. de orden del Gobernador».. como medio de vida. boca arriba. la atmósfera escalda en la celda.. otras por conspiraciones o porque acaecían levantamientos en el Cibao. Enrique Peynado señala con una raya en un ejemplar del manifiesto a quienes se pasan. en este ambiente mefítico. indigestando mente y memoria de hechos y nombres históricos. Del ochenta y seis a acá. Su nombre figuraba en las listas de la Gobernación y.En julio se graduó. la Capilla con su ventanillo que permite robar al celo de los carceleros el espectáculo de unos metros de calle. en verdad. y hay aún. escudriña la rúa. libertad tan querida. cual si fusta candente brillara amenazante sobre las cabezas gregarias? ¡Y a tal rebaño de castrados.. Ese día y en el mismo sitio. en su telar de encuadernador. De tales graneros.. tensos aún los nervios por los lances de la corrida. debía permanecer en el asilo del Colegio. ¿se ha podrido acaso en el fango? Sin embargo. corazones leales que en el exilio y en la misma tierra palpitan por la patria. con los doce Césares de Suetonio y los discursos de Castelar. enterrando sueños de gloria y de amor! VI La hora meridiana. donde Báez mantuvo durante seis años al general Jacinto Peynado. que tiene la forma de un pañuelo esquinado. los economistas y los poetas deleitándose con los versos de Mármol contra Rosas. casi subterráneo. el de Colón. excelente memoria. ingresó en el profesorado. ¡cuántas veces había entrado por la puerta monumental de la Fortaleza. ¿En dónde están los varones? Y la simiente de hidalguía. comentando los sucesos cotidianos. en verdad. sazonarla con uno de sus cuentos. Después. —¡Qué vida! ¡Ni una ráfaga. el busto desnudo.. En la rebotica de la Librería. cierta vez. en las propias calles capitaleñas. Antonio. se le inculpó conjuntamente con otros correligionarios. Desde entonces. pocos. y con su voz meliflua. si ya casi no restan nombres que tachar entre los firmantes del manifiesto sustentador de la candidatura Moya-Billini. un oficial de la Policía le puso la mano en el hombro a la voz de «venga conmigo. ¡y Dios sabe hasta cuándo! —¡Ah!. También Lilís no desdeña entremeterse de raro en raro a la tertulia. que luego habían de vibrar en su prosa con redobles de tambor. Leyó con furia. a la salida del circo de toros. extrajo algún provecho. el del pañuelo. sin ser cierto. frases rotundas y palabras sonoras y brillantes. que fue encerrado el Descubridor por Bobadilla. o en las sombras. el del aljibe. donde se dice.

El segundo día hubo las protestas de rigor. cofrades. Los ánimos se enardecen. ni se anuncian los movimientos de los cruceritos de la armada. «ése era el saco en que iba a coger toíta la oposición». Es un círculo de hierro al rojo blanco. peregrinan unos por playas extranjeras. valor. cabestrero. Y por todas partes. aún combaten péñolas: Eugenio Deschamps.. Las paredes oyen. el caudillo mesiánico? ¡ Y cómo le escuecen a Antonio las fatigas electorales del 92! Lilís había promulgado su decisión de retirarse del poder. también Antonio y los principales partidarios. Los lilisistas se dividieron en partidarios de Nanita y de Figuereo. se han apropincuado al festín. arrebatando sufragantes de San Carlos y Pajarito al Parque Colón. más o menos periódicas. tocados a las puertas de sus comités eleccionarios. la mirada de Caín que penetra hasta el fondo. Y Lilís. Ni entidad. En los días de las elecciones. a caballo. irritado.. derrotado y burlado en los comicios de 1888 por atabales mandingas. en la esquina frente a la Casa comunal. desaparecido por siempre bajo el oropel de los funerales. que sólo él tomó en serio. y rompiéndolos ordenó: «que no voten más mis electores». fusilado en La Clavellina. por haber lanzado su nombre al debate en 1892.¡Parábolas del Anticristo criollo! —Y la prensa. Se le atribuye carácter. Empero. Semanarios anodinos. ni cosa que lo valga. y hoy ni éstas.. ¿ qué es? se interroga Antonio. y el que se descuida se achicharra. ni poder. fue preso. —Estoy cansado— afirmaba. Y las esperanzas se alejan cada vez más. ¡Cuántas plumas rotas! Los paladines del ochenta y cuatro contra Gollito. retira su candidatura. y algunos. había ocurrido a destiempo. La candidatura Morales-Rivas había triunfado. sin embargo. llega de París unos días antes de los comicios y presenta la suya. arruinado. conocimiento de la estructura íntima de la tiranía. con todos sus prestigios de caudillo restaurador. Moya. cuyos penachos han atraído tantas veces el rayo. arrebató a uno de sus agentes un puñado de votos. el general Morales había resuelto renunciar en su favor. Ni el hermano es de fíar. ministro de Guerra y Marina. Enmurado yace el pensamiento. Marchena. Garrido. Las gentes cargan ese cadáver a la cuenta de Lilís. en lo más recóndito. la comedia no había terminado allí.. ¿Quién. pues según expresión del mandante. mas a pesar de la ola de cieno calcinante. riqueza. y los del ochenta y seis contra Lilís. Figuereo. La vida es una pesadilla. Ya no hacía el cuento de la novia y la escalera. en el muelle. no era ése el momento. y les anuncia que para evitar efusión de sangre. Morales. Lilís reúne a los generales y gobernadores del Cibao. Miguel A. y hojas impresas. un diario de información. ¡De buena había escapado! . a pesar de pesares. espían. Eugenio Generoso de Marchena. regresa caducas las aspiraciones. ducho en hermenéutica criolla. días más tarde. pues. Surge entonces la de Tomás D. en donde la campana tañía convocando a los ciudadanos. el cañón anunció la muerte del primero. destruida la edición del primer tomo de su autobiografía en oculto acto de fe por la propia mano cesárea. al embarcarse provisto de pasaporte diplomático. se disponía a bajar. Pero. En derredor de su bandera reúnense cuantos de veras anhelaban la caída de Lilís. otros anotan cifras en los libros del comercio. ni siquiera se es libre para elogiar. hartos de ayunos. Marchena. apoyado en la espada de Máximo Gómez. agregándose: «Lilís le teme». revistas literarias efímeras. Se pensó en oponerle el rico comerciante Juan Jiménez. Al pobre candidato le dejó entelerido tan estupenda declaración. Antonio recorrió las calles. que un italiano industrioso edita. Luperón. y en seguida. Una tarde. tras un año largo de prisión. después de nueve años de destierro.

fusila a Castillo. González. dirigiéndose al director de la ejecución. la ruta está indicada por cadáveres. va a prosternarse. y abriéndola con sus propias manos.colchón de plumas para caer. En el Consejo. alentaron la ambición de sustituirle o se acercaron a otro candidato. en los montes de Neyba. Y. Pide un cuchillo. Toda culpa tiene en él refugio. A él no le importa que sus tenientes roben. ¡Cuántos de sus amigos. y. engañados por sus propias manifestaciones. Y sin tropas. ¿Y quién resiste a sus órdenes? Un panzudo y . cuyas rivalidades animó el Pacificador. Formidable tela de araña que se extiende por todo el ámbito de la República. a pesar de la autoridad que inviste. que vive. mantiene la enemiga entre la autoridad y el pueblo. detuvo la mula ante un gajo tendido en la vereda. el árbitro supremo. y en la misma orilla quedan derribados ambos. violen. el Pacificador inaugura su tercer período. La villa que conserva en su sociedad la tradición de los caballeros fundadores. Lilís reúne luego a los notables en la sala de actos de la Gobernación. Marchena y ocho más en Azua. Dispone de las vidas como le peta. mueren. que cree su prisión fingida. afirman con la elocuencia terrible de sus muertes. Y Pablo Mamá. Una hora después de la ejecución. La avaricia. acusa al Gobernador Estay de tentativa de asesinato en su persona. Lilís le soporta. Ramón Castillo. que a las claras dice: «tú. los apresa y transpórtalos a su patio de Macorís. pagando dos y tres por ciento al mes por los préstamos que se le hacen. descubre las entrañas explosivas. de día y de noche. Su vida y su poder significan el goce pacífico de tales beneficios. insaciable pulpo que chupa oro y sangre. en tanto el Prelado entona el Te Deum bajo las naves góticas. en todas las regiones. y por ante las tropas formadas frente a la Catedral. y cuando éste. gobernadores provinciales. bigardo corajudo. ministro de Guerra y Marina. permanece una semana. en casa inabordable. ministro de Relaciones Exteriores. trepado en una mesa. Lilís le llama a la Capital.—Lilís logra el máximum de poder. de quien busca con sus actos el aura popular o tiene veleidades políticas! Lilís no les perdona que pongan piedras en ajeno bien o. mulato bravo y soberbio. los lleva a un careo. y. que reside en Macorís del Este. porque así se convino. observa las huellas. la da como feudo a un negro sin letras. Luego. les anuncia la nueva espeluznante. Lilís convoca al pueblo en la plaza de armas y. Isidro Pereyra y Joaquín Campo. transita de un lado a otro. maten. exclama: «General. y el oro le acorre porque incita la angurria. Así. se fuga en un cañonero español y denuncia tratos para arrendar a los Estados Unidos la bahía de Samaná. Antonio tiembla al considerar la trama de intereses ingentes. y es. negro ardido y zahareño. Todos son sus cómplices. que dice preparada contra él. ¡así se hace justicia!». el otro en un camino. gallea. da la horrible noticia: ¡todos eran azuanos! y muestra una bomba. El 27 de febrero. no le teme ni a las iras de los hombres ni a las espinas de la guazábara. que el poder es suyo y nada más que suyo!. de la cual el sátrapa es remate. pero ¡ay. en presencia de Estay. arreglándole el revólver que el otro se ha echado hacia adelante. de allí en adelante. el telón se alza para la tragedia. Tres años más tarde. a mí no me matarás». audaz. centro del sistema. Castillo. al salir del teatro. medro. taimado y matrero. y confía el gobierno del distrito a un leguleyo. le hace un cuento. el uno en la calle. y allí se abatió fulminado por la emboscada. éste le responde: «pues ahora es tu turno». en La Punta. Su voluntad cargó las armas asesinas. ojea las sabanas. si no reconoce al viajero.

¿Y quién chista. El país se arruina. siéntase al borde del catre. luego. Antonio. porque no cumplió una de aquellas órdenes de exterminio. Se le acusó de fraguar la muerte de Lilís. ¿Y cómo. con ademán felino. Recuerda una escena trágica. hay que derribarlo. si él. que en la fosa del poeta Juan Isidro Ortea. se interroga: ¿ya? Si despierta al conticinio. el panamá inclinado hacia adelante. El carcelero se desploma en el mecedor. Pero. ¡ Son los que van a morir! Pero no. rubia la barba. Sin embargo. Ansía sangre. inaugurando un ferrocarril. y. Un dólar vale veinte pesos en billetes. Gotas gruesas de sudor le corren hasta la empella. ¿Y quién protesta. demuestra horror por la letra impresa? En la propia cabeza. desahogando el dolor y la cólera impotentes en un grito mudo: «¡maldito negro! ». duros como suela. amortajado por las rosas del sol occiduo. Lilís arrojó un ejemplar del periódico en el que éste le atacara. sacude la altanera cabeza. arranca a Antonio del soliloquio. les muestra como lección saludable el cadáver del compañero. muere en las calles de la Capital. y tal vez muriendo. ¿quién sería capaz de la hazaña libertadora? ¿ En dónde está el héroe que matando. si ha rendido o muerto a los adversarios. El alcaide entra con la cantina del almuerzo. cintilando en los pelos de tetillas y ombligo. que no leerá la historia. la carne guisada y el plátano salcochado. ¡un día será! Cuantas veces se abre la puerta. El tirano presencia el fusilamiento. El preso. calmada. el arroz con habichuelas tan revuelto. retira la cuchara y el tenedor de estaño. mientras él afirma. si los cadáveres aconsejan resignarse? Las vidas están a merced suya y el oro es su aliado. uno a uno. espera la visita de los ejecutores que. en escucha de los más leves ruidos. El es el amo. en el patio de la Fortaleza. si come. y Abelardo Moscoso puñaladas en la espalda? Así ha creado el silencio.repulsivo esbirro. y arrimando una silla se sienta a comer. encarar el pelotón. Emite papel moneda sin garantía. cual si le hubiese escarbado una gallina. La sopa. conmovido por tal recuerdo. Las cosas alcanzan precios fantásticos. redima? ¡Quién sabe! Un escalofrío le sacude. ¿Y no se cuenta. le chispean las pupilas y ordena imperioso: «traigan a los otros». los platos. la fiera. aunque dice riendo. no ha recibido Eugenio Deschamps dos balas en el pecho. VII El ruido de la puerta al abrirse. Custodio Santo. No obstante. y tiene dinero. Impera por el hierro y por el oro. murmurando palabras vengativas? ¿Y no murió envenenado en esta cárcel (acaso en este mismo cuarto). Los conjurados descienden. cubierta por una capa de grasa fría. Resopla como un escualo varado. en pie. Sus propios pensamientos le infunden pavor. Antonio lo ha aprendido. que esa moneda es tan eficaz contra la avaricia como la de Solón. la camisa desabotonada. Se oprime la frente entre las palmas. pobre negrito. Voz amiga le recuerda ¡cuánto cuadra a su grandeza la clemencia!. En el ardiente crepúsculo. al pie del Aguacatico. El olor de la sangre le embriaga. El negro poderoso se enjuga. las narices se le dilatan. por un artículo mal pergeñado? ¿Y en el extranjero. mira a Manuel Cruz Bobadilla. y después de aspirar con fuerza. sospecha que los pobres manjares han sido envenenados. se dice Antonio. exclama: . toda la sangre. marmóreo. a manos del Jefe de la Policía nocturna. parque y pericia? Una idea le martilla las sienes. si suyos son los hombres de armas. ejecutado preagónico. que fructifica a la vera del río. frente y nuca. le darán cuatro tiros o.

caray. —Pero el país es quien. yo y todos. —Yo ni entiendo de eso. Lilí sabe más que los blancos de la Impruven y les sacará más cuartos. pagará los vidrios rotos. El Generai lo arreglará to. haciendo una mueca lúgubre. no se compra en la plaza una libra de carne. y hoy. Cuando él se va. La República está como una balsa de aceite. que estos zapatos me han costado cien pesos hace una semana. Mira que yo los he visto. El Generai está por el Cibao. qué calor! Antonio engulle a prisa. —Y el comercio. —No creas na. El alcaide continúa: —Mañana voy a ver como te paso al Salón. callado. si que no me gusta.—¡Caray. hombre. quince con ésta. con un peso. ¿ qué dice? —Ello. no parece ni que hay gobierno. —Y se pasa el índice por debajo de la papada. Eso de la papeleta. —¿Y qué hay de nuevo? —inquiere. A más de un gobernador le he remachao . muchacho. muchacho. y el Palacio vacío. —Na. pero al que no coge el billete. con él no hay quien puea. salir de aquí y al otro día ser Papacotes. a la postre. —Pero esa situación es insostenible —replica Antonio con viveza. pero nunca he permanecido tanto tiempo ni tan solo. —Ahora hay pocos presos políticos. usted. ni lo pare. ya tú sabes. papá Quin. —¿Y en qué anda por el Cibao? —Dicen que a recoger la papeleta. allí estarás fresco y te divertirás mirando pal río y pal corral de los criminales. que con los derechos por las nubes no ganamos ni para comer. repinga su miajita. —Se lo agradeceré mucho. ¿Cuántas veces te han metido? —¿A mí?. que ya tienes un año aquí. —¿Usted cree? —¿Que si lo creo? No jeringues. Figúrate. ni me meto. caray. —Sí. Déjate de caballás y arréglate con él. no pasa na. si aquí no ha parlo madre otro igual. que mordían las rejas de rabia.

arrastrando los pies. gallo. que la conversación con el carcelero ha hecho aún más evidente: la potencia de su enemigo. que era brujo. hormiga. papá Quin. según se dice. se le volvió puerco. hay quien se atreva. pero oye lo que te digo por tu bien: arréglate. con un poder tan absoluto? ¿Qué hado le solivia constantemente desde las aventuras en la frontera sur. Su presencia en la Española arroja al Continente y a las Antillas españolas. por la madre. que cree que Lilí es galipote. nieto. y dime si con un marchante así. hasta el Capitolio? Antonio se explica que dominaran Santana y Báez. odia al haitiano. la cultura y la riqueza. nativo de la frontera. —¿Y qué es eso? —Ah. Antonio rompe a reír. le dieron la orden de prender a un vividor de su sección.. A él. Lo que te digo es que sabe más que yo mismo lo que pasa en la caice. distinto de origen. arruina los templos y rompe los pétreos escudos nobiliarios de los portones señoriles. ¿usted cree en eso? —Te diré: yo no lo he visto. poniendo en íntimo contacto nuestra sociedad débil con el invasor fortalecido en una guerra feroz. temerosos de . pero mi compai sí. clausura la Universidad. El barcino. mira que Lilí está untao y no le entran las balas. ¡pero Heureaux!. —¿Y la que le pegó en la nuca en El Cibao?. Los veintidós años de ocupación haitiana habían subvertido las costumbres patriarcales de la colonia en aquella época denominada «España Boba». tradiciones y costumbres. y en cuyas manos puso la espalda libertadora el consejo de los conservadores. siendo pedáneo. —Ello pué que lo sea. hijo de haitiano. Ese negro es el demonio y no hay quien se menee. —Dicen que es brujo —le interrumpe Antonio. La empresa separatista ofrece campo propicio a Pedro Santana que.. cerquininga de una mata de la sabana. ¿tú no sabes lo que es un galipote? —Palabra que no. de abigeo. de un prócer venezolano. y al pecharse con él. Antonio se queda de nuevo frente a la realidad atroz.. —Pues un hombre que tiene la virtud de volverse animal: perro. idioma. caray. más que de guerra. —Pero de veras. To se lo cuentan o lo adivina. El alcaide se incorpora y concluye: —Sí. No seas sonso. ¿Cómo ha escalado la presidencia este hombre.endenantes buenos pares de grillos. cierra tras sí la puerta. Será Presidente hasta que se muera. ríete. Yo tengo un compadre seibano.

En 1847. escribe a los que vagan hambrientos en el exilio. para él. y que desposeído de la autoridad que venera como a cosa suya. que es alternativamente amigo. en las tantas revoluciones que acaudilla. del cual vino y a donde caído o alejado del poder. camino del desierto. uno de sus edecanes se le presenta calzado con botines de charol. valen el árbol y el ganado más que los ciudadanos. yaguas y tablas para fábricas. y . Báez. sus triunfos en las Cortes: ha bailado un rigodón con Isabel II. culpable de haber robado un racimo de plátanos. espera que vayan a buscarle para ofrecerle el poder conquistado a costa de la sangre de sus huestes fascinadas. imperioso. y a las abejas exquisito licor. aprendió en la lidia con los toros las mañas que sirven para sojuzgar pueblos. muere sin honor en la patria anexada. el árbol más útil de la tierra. Cuando el enemigo de allende la frontera y los del lado de acá le asedian y se despeña en la anexión a España. y se indigna cuando uno de aquellos oficialitos rosados. Buenaventura Báez que preside. Su caballo es el mejor. él come en vajilla de porcelana de Sevres a ropas franjas rojas —el color de su divisa—. Su valor cívico es grande. el hábito del mando. con un par de chancletas debajo del brazo. Rico por su casa. le ordena quitárselos y le increpa por su falta. descuella. los que por no confiar en la capacidad del dominicano para el gobierno. de brillantes uniformes. y en aquel tiempo de pobreza. es una figura de jefe nato. Voluntarioso.los sueños de los jóvenes del 27 de Febrero. Cinco veces le alzan sus partidarios hasta la presidencia. espadas y puñales. y son creídas. Es un hombre del agro. y porque hubo de vencer. es decir. sin que los procesos sean conocidos por los jurados. Y tales epístolas se leen con deleite. bufa como los toros. pintada a mano. un decreto castiga el robo con la muerte. brinda al hombre para regalo del paladar la pulpa tierna del palmito. sucesor y émulo de Santana. bravo. produciendo confusión inenarrable. rompe las reglas de la disciplina. le restaurarán en el poder tan pronto como arregle la pendiente cuestión de la Iglesia. Luis Napoleón le promete cinco mil zuavos que. En su mansión reina la abundancia. sin que una sola. con la acometividad de los mestizos. Cuida de mantener su predominio: cierto día. Porque había sido jefe de milicias y tenía. y cuatro meses después se ejecuta a Bonifacio Paredes. Por buenas y malas artes. en la época haitiana ha sido corregidor y diputado. se impone a todos y restablece la calma. buscaban las fuerzas necesarias en el protectorado de una potencia. Encarna el principio de autoridad. le escogieron por caudillo los afrancesados. fuerte cuando manda. por consiguiente. corta una palma. bien regalado. porque engorda al cerdo con sus granos. erigiendo sobre ésta su pequeño cuerpo. solía retirarse. En su hato del Prado. Cuando en el curso de una discusión tumultuosa. es el mismo que sus contemporáneos han visto acoquinado. En el peñón de Curazao. el Presidente Jiménez invade la sala de sesiones del Senado con un grupo que esgrime pistolas. y él cabalga con maestría. se le confía la dirección suprema de la guerra. iguales a los suyos. en que los personajes más conspicuos se sientan en las primas-noches a tertuliar en las puertas vistiendo viejas. y de un salto. para lo cual tiene concertada entrevista con el Papa. aparezca en los campamentos. Cuando pasea por Europa. siega laureles y se abre paso al poder. su voluntad en la diaria brega con los subalternos y con los capitanes generales que le sustituyen. con ademán de petimetre se descalza para no ensuciar la mesa del bufete. y con sus iniciales doradas. zorro. equipados y pagados por el emperador francés. en el muelle.

y dos veces. granjea cómplices venciendo. En tres apoteosis. aprovechar al enemigo de ayer y penar al traidor. Después del fusilamiento de los nueve en La Clavellina. atrancan puertas y ventanas. agasajado. luciendo la alegría de sus colores. en balcones y ventanas la bandera nacional. El Presidente Heureaux intervino. un oficial. al acostarse. Báez. Lilís. limpiando su camino.aquellos hombres se lanzan al campo. e implacable. el poeta nacional le da la bienvenida. Castigo de propietario depredado o desquite. ni ideales. se mete al fin en el Palacio. conoce a los hombres y los maneja como a títeres. Cuéntase que el famoso violinista negro Brindis de Salas. . rodeándose de blancos. honrado por todas las ciudades. le piden la libertad de los presos políticos. la colonia española y la prensa. saludado por salvas de cañones y discursos de ancianos. recorre triunfalmente la República. El artista le visita para darle las gracias y le enristra enfática peroración. sus méritos. con un relampagueo de sus ojos. premia con largueza a los servidores. Heureaux aparece por primera vez en la Historia. alzan arcos bajo los cuales. comprando y matando. fue multado por infracción a las ordenanzas de policía. Las casas tendidas de colgaduras. él se sirve a sí mismo. el Ayuntamiento.. Negro es la palabra más ingrata a su oído y el insulto que jamás perdona. El mar. periodistas y damas. y disimula sus preocupaciones de raza. y de nuevo. ¡Es el Soberano! ¡Dios le es propicio! En la prima noche. criatura de Luperón. ño Brindis. desgreñando el follaje de sauces y laureles tachonado de farolillos. Desde el río hasta la Puerta del Conde. para que. el Concejo le prepara un banquete. el viento silba. tolerando desórdenes. Él sabe olvidar agravios. y calles y parques tejidos de garambainas. Luperón imperante dispara contra el Palacio de la Capital. por las calles jocundas. en su honor se convida a los niños a un bazar. guirnaldas y palmas. expresándole cuán orgulloso sentíase de que uno de su raza hubiese llegado tan alto. a oír el Te Deum que entona el Prelado. se hacen obras de misericordia. a la veneciana. y una cadena que ostenta la inscripción «Paso al progreso» cierra la barra.. sin ahorrar la vida del propio cuñado. Cuando sus corifeos le creen instrumento dócil. y al regreso a la Capital. se pintan y empavesan las embarcaciones. El oro y el hierro adquieren en sus manos virtudes inagotables. le ha roto la diestra de un balazo. termina la audiencia con esta frase: «Mime. va al templo. achicándose. que captura y fusila. aunque no tiene como éste ideas. realizando venganzas inútiles. Los vecinos. apuntando con su arma al general Salcedo. escupe sus espumas hasta el faro. Antonio ha visto expuesto el poder de Lilís. al alcance de todos los abrazos. meloso. cuando entre en la ría. de paso en Santo Domingo. se queman fuegos artificiales: ilumínanse las plazas. y tres generales le saludan en malos versos impresos en seda y desfilando por entre soldados vestidos de gala. Valor y audacia. un viento fresco agita las banderas. condonándole la pena. Durante años es uno de tantos guerrilleros. venga otro día. y una vez en él. y apoyándole la mano en la rodilla. y desde la colina de San Miguel hasta el mar.. figuración del principio aristocrático del Orden. ni le escudan las sergas de la guerra restauradora. la rompa el crucero «Presidente» a cuyo bordo está el feliz magistrado. que yo estoy hoy muy ocupado». mozos y señoritas.. le corta el hilo. Es el dardo que desde Puerto Plata. rige la República. Los empleados fieles erigen un castillo en la esquina de Palacio. Suave. a la cabeza de tropas cibaeñas entra triunfador en ella. la ciudad se adereza para recibirle. en la plaza de Moca. frío y profundo psicólogo. pero no veja ni se abandona a sus pasiones. furioso. cumple el mandato siniestro. procede por cálculo. Después de las doce. meliflua la voz.

en las primas noches. Dizque las cosas están muy malas y no se cobran los alquileres de las casas. Los osados se arriesgan en las calles. amenazando cercenar cabezas. Por el arroyo corren torrentes desbordados. chica!. El baile de trajes que la Sociedad Entre Nous ofrece en el local del Club Unión.. atareadas a no poder más. porque no se puede negar que tiene gusto. y que se anuncia magnífico.. Los árboles arrasados impiden el tráfico por los caminos vecinales. los faroles por tierra. Las centellas alumbran la escena trágica. A la mañana siguiente. y. y los laureles del Parque mostrando al sol sus raíces. cumbreras de bohíos. el viejo está imposible. De hinojos.! van las cuatro. ni la retreta con fuegos artificiales interesan a sus moradores. han corrido de mano en mano.. ruge. —Y las. que bien puede. "¡No hay leche!" gritan las madres ante las cunas tibias. aquel 27 de febrero. Desde que la banda de cornetas y redoblantes ejecutó la Diana en la Puerta del Conde. —Le resultará un primor.. vuelan en las tinieblas planchas de cinc. arcos y adornos. representaciones de personajes históricos. se reúnen a garrulear. se oponía al raso y ahora pretende que no le ponga cascabeles. las mujeres rezan: «Dios te salve María.. —Niña. amontonados. las últimas ráfagas cimbrean los cocoteros y juegan con los restos de castillos. derriba casas. . hembras encinta. herrajes de balcones. dando entre risa y beso. seda y piedras finas. rimeros de tablas. se discute... Dale duro en el codo para que abra la mano. ni el Te Deum. —¿Y tú? . y familias desvalidas abandonan las habitaciones destechadas. pidiendo a los ricos una limosna para los pobres. mujeres desoladas buscan los hijos perdidos. de planchas de cinc. expectación febril sacude la ciudad. ¿Recuerdas qué linda estaba en el baile en casa de.. descuaja árboles. su tijeretazo a las ausentes.brama. llena eres de gracia». de locura. guardándose el secreto para evitar imitaciones. Y el Pacificador. hombres contusos. si tiene el gobierno en casa. Figurines y grabados. todo de seda. acapara toda la atención. En casa de las modistas. incansable.. — Quién como ella. La lluvia impetuosa inunda. ante las imágenes iluminadas por lucecillas votivas. de raso. sacude las puertas.. de las muchachas que se afanan en busca de adornos y perendengues. ¡y qué avíos. le costará un ojo de la cara. Durante un mes ha sido pasto de las lenguas. pintado por ella misma. —¿Y tú? —Ya verás. de Trovador. —Y Antonia P. chica. ¡qué te cuento. Es el Ciclón.. —No creas nada. María se está haciendo un traje de Margarita. modifícanse modelos hasta elegir. El viento y el mar acuerdan antífona estupenda. Ni el mensaje presidencial leído por el propio Lilís en el Congreso. Clamor de miseria surge de los hogares en ruina. pero. ni la inauguración del nuevo edificio de la Aduana. Por las calles se advierte inusitado ajetreo de domésticas que van a las tiendas por muestras y telas. va de puerta en puerta . y ¡con qué lujo!.

calza escarpines de charol con hebillas de oro y medias negras. los borceguíes rojos me los presta un amigo. vampiros. —¡Qué turpén eres! A las 8 de la noche. Tengo vendidos tres meses de sueldo y estoy negociando otros tres. en cuya cinta deslumbran gruesos brillantes y un espejito frontal. por el entablado pulido. lanza en asta y escudo al pecho. los espejos recién dorados y las arañas de cristal. La cuestión es ir. A sotto voce alguien pregunta: —¿Cuál es el traje de Lilís? .. es un banquero millonario. Carlos V. Le acompaña un alto personaje. grecas enlazan las guardamalletas. mostrando. Mis hermanas me hacen . musas. la orquesta toca el himno nacional.. Del brazo de los galanes las damas se pasean exponiendo sus gracias a la vista de los que han hecho del balcón tabladillo para contemplar el espectáculo. colores y líneas. No me salva ni la burburaca. transforma sin cesar crines de caballos en pelucas del siglo XVIII. pero como de noche no se le ven las manchitas. floristas. se entreveran armonizándose. se deslizan. Los sastres rechazan los encargos. hechiceras. Un rumor de admiración sigue por el amplio portal a cada recién llegado.. los otros a pie. ¡Cuánto lujo! Nunca vióse una fiesta igual. mohíno. repúblicas. En las esquinas los jóvenes dialogan: —¿Qué tal? ¿Has conseguido el traje? —En ello ando. y se toca con sombrero panamá forrado de raso gris. poesías. Francisco rutila. Los tres salones del Club resplandecen iluminados a giorno. ya estoy listo.. los unos en coche. palomas. En los balcones y tejados vecinos. Abelardo lo pintará. A su entrada. la acera frente al Club está ocupada por multitud abigarrada. trovadores. luces. racimos humanos. y la golilla me la acredita Rocha Hermanos. entre los brazos de galantes caballeros de Carlos III. clowns y pierrots.. empieza el desfile de los convidados. esperanzas. A las nueve. en una letra a sesenta días. El Presidente viste calzón negro de seda. Ricos y pobres. Cuando rompe el primer vals. grandes y chicos asistirán a la fiesta. el ministro H. que no le solapa los vellos pectorales.. cuajado el sombrero y el peto de diamantes: es un ministro poderoso. que se ahoga ceñido por el frac violeta y la chistera gris embutida hasta las orejas... me ha prestado su firma. Mi amigo.el traje de pierrot. Y con los comentarios picantes regodéase la masa pedestre.—De gitana. se confunden. un centurión romano. Lechuga. pues se lo he prometido a la muchacha. reinas. gordas pantorrillas rurales. —¡Una obra de arte! Los caballeros no se han empeñado menos. —Pues. Lambrequines de papel de colores y guirnaldas de flores naturales paramentan los arcos de las puertas. margaritas. novias suizas. mariposas. rigoletos. —¿Y tú? —Yo he comprado en casa de los Bazil un terciopelo blanco que por mareado lo dan barato.

ni religión: lujo y nada más. si el papá no tiene en qué caerse muerto. ya anda cerca de los treinta. Yo no lo creo. pero si ha tenido tantos novios. se casó hace dos semanas en intimidad. —¿Y el del otro? —De Lorenzo XVII de la Mascota. No hay que negárselo.. ni sociedad. ¡qué va! pero la gente es muy mala y cuando el río suena.. La envidia invectiva. que vestidas de colores serios como sienta a sus años y estado. Cada oveja andaba con su pareja. —¡Ave María Purísima! —¿Qué te sucede? —¿No ves ésa. qué lujo! Después serán los dolores de cabeza y los cobros. —¿Y esta princesa? Pues si es fulanita. es quimá pa sol. custodian a las muchachas. Ahora la cargan con un ministro casado. de dónde ha salido? —No niña. __Chica. pero ya se ve. yo que la conocí de cocinera! —¿Y aquella mulatica. de azul marino. —Y Zutanita. —Pues que no es casada. —Pero se está quedando.. tan apurada. hoy todo está revuelto.—Dicen que de etiqueta parisiense. Es muy buena. —En mi tiempo no se veían estas confusiones. En los huecos de los balcones aposéntanse las mamás. —¿Cómo? —Que está quemada por el sol. ¡qué hermosa y bien puesta!. para poder acompañar a las hijas a los bailes. y mientras éstas se divierten. y se atreve a presentarse aquí. —Te equivocas.. Y las risas estallan a dúo. ¡quién se lo había de decir a su abuela. la pobre. —¡Mira a Fulanita. y. . No sé en qué piensan los jóvenes. que está en aquel rincón? —Sí. ellas hacen trizas los elegantes trajes ricos.

En su tiempo. Las damas saludan. sin probar una gota de licor. La comparsa de los payasos triunfa con sus blancos mamelucos amplios. mustios. favorecido por mayor número de espectadores. danza final. Las ligas de la etiqueta se aflojan. un grupo . cabezas antiguas se muestran sin peluca. Por el balcón. escondiendo bajo las faldas de la levita un pudín de dos libras. y los labios secos. y ella le pone los ojos en blanco. El carabiné. y para todos tiene una amable palabra oportuna. la grasa mancha la cabritilla y con la boca atestada. allí escancian champaña. muchachos. y en pechos y espaldas reptiles cabalísticos. baila con decencia sin arrimarse a las damas. fuertes y blancos. temerosos de equivocarse. algunos mozos se arriman a la cantina. aceleran los giros. baila con garbo. en los salones desiertos. las manos calenturientas y las testas que desfallecen graciosas.. Carlos V se ha desplomado. sonríe a las lisonjas cortesanas murmuradas. traga pastelillos y emparedados. Por la escalera de servicio. Con el ademán felino que le es familiar sécase frente y nuca sudorosas. arrían a los que están en la calle botellas de champaña. El Presidente. desbordándose por los potreros. las mamás soñolientas aguardan en el primer peldaño. Un viejo. las últimas parejas descienden la escalera de mármol. —No seas tonta. en los cuales penetra ya la luz blanquecina del alba. con un rictus que le contrae los labios bezudos. el golpe de un cuerpo contra el pavimento interrumpe la danza. suscitando discusiones rápidas. en donde estacionan de preferencia los que no bailan. luce su marcial apostura. Luego. caldos de manos impacientes. La tanda presidencial elige por escena el segundo salón. Cuando avanza solo. El General se retira temprano. sin desguantarse. En la primera embestida. Hay quien prefiere templarse con una copa de coñac o de ron del país. que están número uno». y junto a él ríe su compañera. una aduana para el padre. En los tres salones se organizan sendas tandas. no hay en la fiesta quien le supere a cortés... afirman. Los pies aplastan melindres. amigos complacientes. aceitunas. es bailado con los chales sobre los hombros femeninos. para no perder tiempo. se cierran conteniendo un alarido de voluptuosidad revelada en las pupilas lánguidas. acarician. y entre alegres risotadas relatan sus impresiones. no era así. los caballeros se mueven mecánicamente. enseñando los dientes. las parejas de la cabecera indican la próxima. deliciosa pastora de Watteau. dos tinajones de frutas cristalizadas desaparecen.. Con el ímpetu con que el ganado se escapa de los corrales tras el ordeño. no pierde un compás. se indignan contra los gandíos que no las sirven. al soslayo va un galán. A las cuatro de la madrugada. El champaña atiza la sangre. La orquesta ejecuta con más brío. previene a los vecinos: «coman turcos. ¡la cuadrilla!. pintarrajadas caras y cráneos. El buffet se abre luego de la medianoche. claman voces. Al terminar las piezas. la multitud lo invade. pues un error es un delito. En la Poule. Al final de cada figura. Dios mío! —Le estará pidiendo un salvoconducto para el tío. Las mamás olvidadas.—Mira al negrito cubaneándose con. sus cobres y cuerdas excitan.. ¡La cuadrilla!. ¡Qué mujeres. En varias sesiones ha sido esmeradamente ensayada. ceremonioso.. atropellándose. se contonean con gentileza. mientras güira y pandereta cosquillean los nervios.. ¡y el tío expulso! Fíjate con qué dulzura le habla él. dulces. sacuden.

una anciana enlutada. Carlos V les escucha complacido. Es tan cuidadoso de su persona. envuelto en una bata color de castaña. y fino jipijapa con estrecha cinta negra. El Parque de Colón. y que con su disfraz de pierrot. obligándolas a alzar el vuelo. improvisan a puja. ¡Es una madre que desde el arroyo implora por la vida del hijo. Entre el Palacio del Ejecutivo y el sardinel de la plaza. Se sienta en el coche. enguirnaldado. ¡Es el Señor! El himno nacional vibra. elévase una. escandaliza a las beatas que salen de las iglesias. Lilís da los buenos días a sus vecinos. la república. la justicia. el Pacificador se yergue. acongoja al preso. que entran a su morada por la puertecilla de la calle Luperón: el jefe del Cuerpo de Serenos. a pie. pantalón de casimir a cuadros o de dril blanco. se contiene toda la vida nacional. espías. El Pacificador la ciñe. con las piernas abiertas y la diestra manca apoyada en el bastón de concha de puño de oro. y entregan al Presidente la espada de honor. su continente es gallardo. corbata de color. reseñará en el diario la suntuosa fiesta mágica. en el cual le acompañan sus secretarios privados. infantitas pueras. A las 9 sale en coche. asustadas. que con sus propias manos hace la raya al pantalón. proxenetas. tirado por yegua mora. Es pulcro. ¡Es el Señor! Su hierro. en la cabeza un gorro encarnado. con interrupción de una hora para el almuerzo. aparece en el balcón de la calle de las Mercedes a cumplir un dulce rito: dar de comer a las palomas realengas que se congregan allí. . embanderado. En la empuñadura de oro fulgen brillantes y rubíes. arrullándose y disputándose el maíz. venezolano el uno. El recuerdo de la tercera de aquellas apoteosis. rebosa de gente. de americana negra de alpaca. En su oficina de Palacio.masculino apura las postreras copas. En aquel sencillo despacho. el Presidente se levanta. amigos íntimos. se detiene en casa de algunas de sus mancebas o con un mendigo o con algún personaje. dominicano el otro. Le rodean funcionarios y diplomáticos. Va al Palacio. de gran uniforme. sin lujo ninguno. esgrimido por su mano potente taja en la hacienda y en la carne del pueblo. Por los escalones asciende una teoría de capullos. Por las calles doradas. Cierto día. que personifican la libertad. De paso. tribuna a la cual se accede por amplia escalinata. el manto a la cara. a la tarde. que le trae el informe de las ocurrencias de la noche. Dos poetas. marcada en la frente la cruz de ceniza. en la cual trabaja sin descanso hasta las 5 de la tarde. las perturba. El sol los derrota. constelado el pecho de condecoraciones europeas y terciada la banda tricolor.. los cabellos sueltos. y de nuevo en sus habitaciones continúa las audiencias mientras se viste y desayuna. y su ojo de halcón contempla el concurso.. Antonio Portocarrero se dirige a su casa en compañía del cronista López que. Al amanecer. en tanto que un pintor le embroma golpeándole el abdomen con el clac. y en el baño comienza a recibir las primeras visitas. Luego. y las tropas le presentan las armas. no hiede. En esa cima. las artes. costeada por subscripción pública. a quien en aquel mismo instante ejecutan en la Fortaleza! Con su voz suave. y las rimas galantes cantan las bellezas de cuantas han zarandeado los corazones. Erase el aniversario de la independencia. chaleco blanco. calamocano. el médico que le pasa la sonda. se dice.

y cuando las querellas degeneran en trifulca. suminístrale dos cartuchos embrujados con una cruz en el plomo. Es un sátiro. De París le han provisto a una doncella. según le convenga. los serenos ocupan las puertas apuntando con sus armas al interior. pero ello no entorpece para que firme protocolos secretos acerca del territorio discutido y negocie con los yanquis. y teniendo excelente memoria. y escolta en un crucero un balandro. e ignorante de las teorías científicas del gobierno y la historia de los pueblos. y lo mismo visita a un diplomático o familia principal o interviene en el milagro de una histérica o platica con una de sus barraganas. amén de las aventuras que la miseria y el temor le proporcionan y de las hetairas portorriqueñas. Crea instituciones a semejanza suya y a la medida de sus necesidades. convertido en patíbulo. El Erario es su hacienda: dispone de él. su actividad incansable. el presidente de Colombia. negras. Blancas. da la mano para agarrarles por el pie. de don Francisco de Quevedo y Villegas. de distintos países las posee. cometerán los serenos en persona que le estorba. y al efecto visita el vecino Estado con pompa. el champaña y la cerveza desbordándose de las copas enchumban el piso. desvía hacia sus bolsillos las rentas y amontona deuda de millones sobre la República. sin embargo. interviene para castigar o proteger al Don Juan. firma una dádiva para una iglesia o una carta de amor. extramuros. El Presidente ha premiado con cien pesos a uno que dio muerte. para el asesinato de un hechicero. compra. Mantiene el arsenal bien provisto de fusiles y cañones. son el espanto del vecindario. Emite papel moneda. acotado por él. ¡malhaya quien tenga que hacer con ellos! El culatazo es la expresión favorita de su autoridad y las carabinas que gastan se disparan solas. él dice riendo que necesita un hijo blanco para meterlo cura. a quien ordena un asesinato.recibe y escribe: es oficina de mandatario y de comerciante. le da el caballo ensillado y le prescribe emplear el puñal. él mismo disfraza a los que en una tarde de carnaval encarga una alta obra de venganza. en coches que pasean la ciudad con . trata las cuestiones internacionales. Casa. lo cobra con la muerte. como prepara un fandango para que sirva de ambiente propicio al asesinato que a la medianoche. cree mantenerse vigoroso merced a inyecciones de Brown Sequard y a pociones copiosas de Elixir Godineau. y con el mismo descoco con que arregla los asuntos internos. Su capacidad de trabajo es extraordinaria. y él mismo se jacta de que le inspiró la reelección de 1892 la lectura de la Vida de Marco Bruto. y otro tanto paga a los fiadores de sus letras. y ante su vientre fecundado. Toma dinero a préstamo al 3 por ciento mensual. e instruyendo a un gobernador supersticioso. bajo su inspección. cuanto le dicen y cuanto observa. defendiéndose. los hombres riñen disputándose las hembras. De los diplomáticos extranjeros se aprovecha: les halaga. con la misma pluma con que ordena una ejecución. anota. Debe millones: no importa. Al crepúsculo pasea en coche por la ciudad. y castigó con el máximum del arresto al jefe del cuerpo por no haber obedecido la orden de hacer fuego sobre un baile de prostitutas en el cual habíase armado un zipizape y uno de cuyos concurrentes era el. mulatas. policía de seguridad nocturna. No cede a sus tenientes el puesto de peligro. En la capital mantiene dieciocho mancebas. es fino en sus maneras. aunque alguien asegura haber visto en su alcoba un libro de Núñez. No conquista.. sus allegados le prestan propósitos de conquista. Minucioso. escribiendo con hermosa letra la pequeña historia vil de su época. al jefe de su Estado Mayor. Dos de éstos han sido cogidos en alegre compañía. sin percatarse que haya o no ministros en la sala. Habla francés e inglés. Si raptan una doncella. arma más segura que el revólver.comandante militar de la plaza. no lee. En tales bailes. arregla los matrimonios desavenidos y divorcia. y sin someterle a juicio. distribuyendo regalos. Estos. combina siniestros planes políticos y organiza bailes y bromas a los íntimos. El ridículo de un cuerno. se solazan la juventud elegante y los funcionarios del gobierno. vela por la fidelidad de sus queridas y las de sus amigos.

en cambio. impera. Antonio revive sus amores. VIII A las cinco de la tarde un ayudante del alcaide le trae la cena: en el mismo cestillo del desayuno. También le han enviado dos libros y un hatillo: A tragos gordos. se transó con Lilís. en cazuela vidriada. calentada por sus declamaciones ciceronianas. En las noches. Luego. que pasa con brío y paciencia la plancha: heroína silenciosa. Antonio. entretanto un muchacho coloca aquellos proyectiles en cajones. se funden unas libras de cera. lee manuscrito: Arturo Aybar. que la tercera impregna de cera caliente y con ellos tapa los agujeros. pero ¡cuan dolorosa! ¡Cómo la conoció! Púber la veía. En la mañana comienza la faena de preparar las municiones. movida por sus insinuaciones. y en el ardor de una de esas bacanales. canastos y . Antonio sorbe el chocolate de agua. Luego. ¡ Si él quisiera. y en las de fiesta nacional se confunde con la multitud apiñada en el parque de Colón y se pasea de chistera. casaca de paño azul con botones de oro estampados con las armas de la nación. otro hace montar guardia a la puerta de una zorra para obligarla a serle fiel. mira él a su mujercita inclinada sobre la tabla. hasta un día de San Andrés. una poción de cacao. se reúnen dos o tres mujeres.. y en torno de la tina de agua de tuna perfumada con «Agua de Florida». que vive siempre bajo su mirada zahorí. redondos. luchador. un mollete con mantequilla y un piñonate de coco. y ahora le envía esos dos libros para que ellos le muestren en su celda los placeres que serían el precio de su conciencia: la tentación. evocando tales escenas. la fimbria de la falda tocó el calzado. Lilís anda por la ciudad. ¡Qué punto!. desde la esquina. éste es envío de su amigo Arturo Aybar. eminente magistrado se ayunta sobre la grama con una grofa. la otra corta parches de trapo. la montaña hecha del almodrote de todos los crímenes. y que en varias casas constituye industria. la retiraron de la escuela.. dadivoso y temido. y «Cosmópolis» de Bourget. humilla. y helo ahí cónsul en París. a la rústica: «París» de Zola. mide la pesadumbre que aniquila al país. Sobre el brasero. De la ropa blanca y lustrosa se desprenden olores de carbón y cera. intercalados con bocados de pan. y a través de los muros. apóstol. la chiquillería proveyéndose de tunas en los batiportes anuncia el famoso día del santo crucificado. que ha regresado de París. en compañía de una hermanita en dirección del Colegio «El Dominicano». mañana y tarde. intransigente. en donde él y otros hacían plantón para ver entrar y salir a las muchachas. el predicador se metió diablo. sin que jamás atrajera su atención aquella chiquilla flacucha y sin gracia. El es el supremo árbitro. lavando los cascarones de huevos que han sido cuidadosamente almacenados durante el año. ¡Ah!. rayando de rojo las paredes de las casas y las ropas de los compañeros y de las negritas sirvientas que transitan por las calles.. y mientras una llena los cascarones. Corrompe. tragedia sin sangre ni muerte. se yergue con su carnavalesco frac rojo. Tras la cubierta amarilla. apagaría la sed de una sola vez! Y desata el lío envuelto en un ejemplar del Listín Diario: calzoncillos y camisilla. la pluma de Antonio atacó al tirano y fue encarcelado!. ¡Cuántas veces. de todos los intereses y de todas las pasiones en cuya cima el tirano. mientras paladea el dulce. en traje civil o disfrazado. La víspera se inicia el juego. hojea los libros. látigo en la diestra. Desde mediados de noviembre.los faroles apagados. y dejó de encontrarla. Y acogiéndose al mecedor.

inflama. algunos. después de una confortante fricción de bay-rum. A veces. y los proyectiles. rociando a las muchachas con polvos y esencias finas. De raro en raro. los bailes blancos. y aquéllos. los lances de semejantes horas de locura que dejan párpados hinchados. con los cuales molestarán a las señoritas ventaneras. en la noche. Cuando la lidia. muertos de cansancio. y sobre el corpiño de la hermosa pinta flor purpúrea. a tiempo que de arriba cae sobre ellos una lluvia roja. se escurren con mucho tiento junto a las paredes. y del balcón o de la calle se retira un combatiente con la mano en el ojo averiado. los criados acarrean agua de pozos y aljibes. algunos jóvenes. y que el progreso ha desterrado de las costumbres dominicanas. lanzando proyectiles a diestro y siniestro. o entra traidor. y más si no juegan. Alguno de estos grupos lleva un charanga que con sus sones alegra la algarada. quienes protegiéndose de los balcones con los paraguas. Al atardecer. de chiquillos que. importando. los de la calle asaltan la casa. o en coches. en acecho del lechero o del panadero. mas suele ser grave o por lo menos exige fomentos constantes y reposo. azul. toneletes y latas que. Después de tales encuentros. nuestros abuelos de la Colonia se desquitaban por adelantado de las penas del Adviento. transportados a balcones y azoteas. no por más galantes. que el combate se reanudará en la tarde con más bríos. arrancándole un grito de susto. los cascarones vuelan agresivos. vienen a comprar su par de docenas. La mañana es propicia a los jugadores furtivos. entusiastas impacientes. en grupos pedestres o a caballo. o se empelucan con polvos de color: hay quien haya dejado un diente o medio carrillo en el canto de una batea. Las muchachas les esperan a pie firme. A las cinco. Tal era el inculto y deleitoso San Andrés. o en la pared chorreándola. y en el arroyo briznas de cáscaras de huevos. armados de una jeringa. una libra de harina o de almagre en la cabeza. brazos molidos. o echan pelucas a los transeúntes. En las casas donde se juega. empieza el trajín. introducen por las rendijas o por el ojo de la cerradura. y se mantienen a obscuras los salones. constituyen el material de guerra de la tropa femenina. en cambio. se empapan. Un armisticio para almorzar. se sumergen en los baños. se oye un grito. se grita. El cascarón revienta en la reja. colmando bateas. se entrecruzan innúmeros. fuerza es cambiar las ropas ensopadas. el accidente es ligero. con el macuto al hombro. entiéndase la ducha. cubiertas las miedosas con mascarillas de alambre. manchas multicolores en las paredes. recorren las calles a pie o en coche. los hombres sin cesar arrojan cascarones. El día 30 desde el amanecer. éstos visitan las casas. amarilla. Sonadas las diez. Los adversarios. y se mojan cuerpo a cuerpo. y cuando descubren una cabeza medrosa. disparan el cascarón que ocultan en el bolsillo y se escapan. amén de uno que otro herido de puñal o revólver. baños. carnaval barato con que. los ofrecen a las muchachas. Desde el arroyo. chorro que hace estallar las lámparas. ahí están las luchadoras en balcones y azoteas. La faena excita a ambos bandos. Los más pudientes. salpicándola. La ventana se cierra con estrépito. los combatientes están listos. en tanto detrás de la reja rompe un ¡ay! A las diez. cada cual rememora en casa. vestidos de dril blanco o de colores desteñidos. canastas y macutos. amagando hasta hallarlas descuidadas. o en carretas.barriles. blancos y frágiles. cargan los cascarones en barriles. En la noche la gente se recluye en las casas calafateando las rendijas. . pues no todos reciben de buen grado. sustituyen los cascarones con flores y confites. En estas casas se congregan las muchachas. Al mediodía. delante de un pocillo de chocolate.

la muchedumbre se derramó por las calles adyacentes. pero la tercera presentaba señales de lecturas. y así los otros domingos. pastoreadas por el papá. y mientras volteaban al compás de la charanga. Esta afirmóle: «le eres simpático. mucha prudencia. que las presta. necesitaba oírla decir que le amaba. y las restantes fueron bien acogidas. Antonio se encontró de improviso frente a frente con aquella chica. Alimentada la llama por miradas furtivas y sonrisas. tienes que darle pruebas. Ya tenía esperanzas. discurrieron los días. y además no le caes bien a la mamá». Se acercó. la charanga partió tocando marcial pasodoble. cuyas tres noches aprovechó. y sintió fuego en las manos de ella cuando estrechaban la suya. se insinuaron bromas denunciadoras de una afinidad electiva. magra y nada bonita. Hubo de comprar la criada para que las llevase. entre los abrazos efusivos de los amigos. turbados. y Antonio. La noche de San Silvestre. Pero eso no era mucho. y con ellas las ocasiones de hablarse. a quien había de regalar motas para dulces. al salir de la misa. y ella le concedió el primer vals y una danza. y el galán respondió arrojando el capullo de rosa que le adornaba la solapa. organizaron entre varios un bailecito a escote. y prometió escribirle. las fiestas finaron. el Parque de Colón. un chubasco inoportuno interrumpía el plantón obligándole a guarecerse a escape en una de las casas o debajo de un balcón. ya sospechada por los demás. de sus proyectos. entre risas y burlas de las vecinas fisgonas. dijo sí. la casualidad los reunió en tertulia para esperar el cañonazo en la cena tradicional: pastelitos. de sus esperanzas. pidiendo la sala a una familia respetable. Buscó un confidente entre las amigas de ella. Furiosamente se bombardearon con higüeras de agua. le miraba altanera. Aquella noche Lilís le pareció menos perverso. Un golpe de agua en pleno rostro ahogó la mirada lasciva. retándole. y con las expansiones del año nuevo. pero chico. cambiando de disfraces para no ser descubierto por la vieja perspicaz. los músculos. . Se detuvieron. tan cerca. Después. la encontró en una jaranita en casa amiga. Ella. cerca. hasta que por pascua de Navidad. el Carnaval parecíale demasiado distante y recurrió a las cartitas. Ella paseaba con su hermana y un grupo de amigas. fláccidos. y las puertas de la casa cerradas violentamente por la madre. les fue favorable. para llevarle la silla hasta la casa vecina del templo.En un asalto. graciosa: algo de ella entraba en él. de plantón en la esquina y esperándola a la salida de la misa dominical. y bailaron una danza. Continuó haciendo el oso. pues el amor existía en sus dominios. en el atrio de la Catedral. Comenzaba a sentir impaciencia. El traje ceñíale las carnes. contemplando la fina silueta que se desvanecía. El Día de Reyes. maní largo y congo. hasta el Carnaval. Y Antonio comenzó a pasear la calle. En el bullicio de las máscaras le susurró algunas palabras al oído. el 27 de febrero en la noche. quien arrellanado en un banco divertíase con los fuegos artificiales. rebosante de multitud que choca y se confunde. pero ya le parecía simpática. mostrando los pechos erectos y la cadera firme. la primera y la segunda le fueron devueltas sin abrir. le habló de su amor. Ella misma tiraría la carta por el balcón en el momento de cerrarlo al día siguiente. a pararse en la esquina. nerviosas. la vio pasar grave y serena. él. decían a las claras que sus propósitos eran conocidos. anhelantes. expresivo y sincero. Las malacrianzas del hermanito de la muchacha. porque en su casa se oponían. apretados los dientes. lerenes. Al fin. y la chica muy queda. sintióse feliz. o en donde las guardan las que habitan lejos. que sentía el calor de sus alientos. No era una buena bailadora. El domingo siguiente. A las diez. A veces. Ante su alborozo le recomendó cautela.

cargaba la Cofradía de los Sanjuaneros. se oía el ruido de las máquinas de coser. conmovía. con frase sobria y perspicua. es señalado honor que se atribuyen y debaten los de la hermandad. revelaban una mujercita orgullosa y leal! El correo se estableció. tan pronto como encerraran el jueves en la Catedral ni circulaban vehículos. Pero conversar. La Semana Mayor era un acontecimiento público en Santo Domingo de Guzmán. sermón. ¡Cuántas cosas dulces contenía aquel pliego escrito con letra menudita y buena ortografía.A la siguiente. itinerario común a todas las procesiones siguientes. Comercio. ni bestias. Antonio espió ansioso todas las puertas. El Presidente de la República. rosario y sermón en la Iglesia Mayor. y alguna vez por medio de la hermanita complaciente. discurriendo en torno de la vida de aquella pecadora redimida por el amor que inspiró las sublimes palabras de la Cena en casa de Simón. prevalecerían contra las obras del demonio. Un silencio de dolor envolvía las cosas. los domingos. El primer número del programa correspondía al Sermón de la Magdalena. durante el día. y horas cantadas. marcha con ritmo de cuadrilla delante del palio . Sonadas las cinco. el jueves del Concilio. pues las Ordenanzas reconocen al Nazareno el grado de Coronel. la recogió. la elocuencia del Padre Meriño cerníase sobre las cabezas de los feligreses que invadían las tres naves. hermoso. y cuando las de la cuadra estuvieron cerradas. principiaba el ajetreo de las costureras y el movimiento en las tiendas. maguer las gentes rieran y los amantes aprovecharan para sus citas las ceremonias litúrgicas y las procesiones. ni se daba un martillazo. era el día de la iglesita del Carmen: misas desde la madrugada hasta las doce del día. y en cada iglesia. El Sábado. El Martes. porque eso sí. a las diez. en el interior de la Metropolitana. presidida por el Meso Polanco. Plateros. Jesús Cautivo salía de la iglesia de la Merced. en conmemoración de la entrada de Jesús sobre la mansa borrica. Alto. de humano parecido. Nueva de las Mercedes y Universidad hasta la propia iglesia. colocadas en las ventanas. misa solemne. las cuales. encomendado siempre a un reputado predicador. de Santa Bárbara. ¡cuán difícil! Un minuto. horas cantadas después. El Lunes. procesión de Jesús Nazareno. en la noche. subyugaba. y. el orador. suerte de telégrafo que manipulaban con extraordinaria rapidez. que en los tiempos coloniales. la imagen más venerada y prestigiosa de todas. Se cuenta que el imaginero oró varios días para que Dios le inspirase. de la Catedral. El Miércoles. propicias contra las tentaciones y los rayos. Jesús en la Peña (Ecce Homo) o la Humildad y Paciencia. Hasta el preciso momento en que las carracas sonaban. el paso de Jesús en el Huerto salía del Convento de Dominicos para recorrer las calles de Universidad. A los privilegiados se les obsequiaba con pencas de hojas entretejidas y adornadas con cintas. si acaso. Jesús en la Columna. El Jueves consagración de los óleos en la Catedral y procesión dentro de la iglesia para encerrar el Santísimo Sacramento. y la mayor. Desde el púlpito de la Catedral. Había que esperar la Semana Santa. repartiéndose a los fieles palmas bendecidas. El Domingo. El Viernes de Dolores. nieve en la testa altiva. y cuyas frases. a las cuatro de la tarde. Quince días antes del Domingo de Ramos. ni se barría con escobas. convencía. embrazado el guión de plata. Llevarlo en hombros. Mercedes. envuelto en la púrpura episcopal. desesperante para los curiosos. A la ceremonia concurren el Gobernador de la Provincia y un batallón de infantería con bandera. o por el balcón. En la noche. aun las más amorosas. la cartita cayó revoloteando. la mejor como talla. celebrábase la fiesta de los Ramos. a Jerusalén. y ¡qué larga y mortificadora aquella cuaresma! Entretanto había que contentarse con hablar por letras de mano. valiéndose de la criada. El espectáculo de la Pasión de Nuestro Señor exigía vestidos y sombreros bonitos y de moda. leyéndola a la luz de un farol.

. portadores del gallo. el paso de la Cruz en la Catedral. María Magdalena y las dos mariquitas. y dan su nota grave los burros portadores del pan y del carbón. el sermón de las Siete Palabras. entona las letanías. blancos. Pópule meus. Le siguen uno tras otro los altos dignatarios. En la noche. mientras el prelado y los canónigos cantan: —Pópule meus. la concurrencia juvenil luce sus galas en el Parque de Colón En la noche. en las calles estallan cohetes y triquitraques y se ajusticia a Judas. misa en la Catedral. Agios o theos. la Virgen. de la Capilla de San Andrés. deposita un ósculo en el cristiano pie y una morocota en el cepillo. Lavatorio en la Catedral y en Regina Angelorum. muñeco de trapo. lo cargan los isleños de San Carlos y le preceden minoristas. lila. —Agios o theos —impreca un coro. hace tres genuflexiones. los clavos. Y luego de sepultado en una capilla de la iglesia Mayor. acompañado de San Juan. y pasadas las diez. —Sanctus fortis. Gloria in excelsis Deo!. a las cuatro de la madrugada. El comercio abre sus puertas. Y la Semana Santa fue. —Agios athánatos eléison imás. procesión del Santísimo en torno de la iglesia. quid feci tibi? aut in quo contristavi te? Respónde mihi. gualdos. El Presidente con la llave del Sagrario al cuello. Después de las diez de la noche. —Santus inmortalis miserére nobis. que peregrina en busca del Hijo. El pesado sarcófago de cristal. En la tarde. la lanza. misa en la Catedral. y el Descendimiento de la Cruz. la procesión del Sexto Dolor: la Virgen con el Hijo en brazos. gris o negro. se reanuda el tráfago de coches y carretas. el Gobernador de la Provincia. Jueves y Viernes son los días de exhibir el lujo. en la iglesia de la Merced. En la noche se baila: ¡Cristo ha resucitado! ¡Hosanna! El domingo. en seguida. tinieblas en Regina. la Madre Dolorosa. Al primero corresponden los trajes azules. El Sábado en la mañana. rodeado de macetas de flores de seda. derribado. la chiquillería lo arrastra y quema. a la voz del oficiante. el velo negro que cubre al altar se rasga y aparece la Resurrección. encintados. un batallón con la bandera enlutada y armas a la funerala. que cuelgan de una soga tendida de casa a casa. adoración del Santísimo en todas las iglesias: Cristo yacente. El Viernes. Como por ensalmo. luego bendice el agua y el fuego. seguido de la procesión del Santo Entierro. sale de Santa Bárbara la procesión de la Soledad. —Santus Deus —responde el otro. Las campanas propagan la buena nueva. la imagen de la Resurrección —Jesús con un estandarte rojo— es conducido a la Merced. los caballos de los lecheros relinchan. los tonos serios. y. la esponja. y contra el cual se disparan piedras y tiros. la corona de espinas. hasta que. y la antífona continúa por sobre las cabezas abatidas.episcopal. al otro. y a las campanas ladinas suceden las roncas carracas. parásti crucem Salvatóri tuo. rojos. Calles y templos tienen aspecto de jubileo. —Agios ischyros. en cuyo cortejo forman el Arzobispo y el clero diocesano. Quia eduxi te de terra ¡Egipti. Por la tarde. y a las diez. las escaleras y el paño de la Verónica. el clero de bruces sobre las gradas del presbiterio. con un cepillo al lado para recibir las limosnas de quienes prosternados besan sus llagas.

Le sigue San Juan Evangelista. filas. cada cual con su vela encendida y protegida por guardabrisa de papel. algunos diabólicos confabúlanse para robar los cepillos. favorece las travesuras. al pasar de las procesiones. pero en cuya tez ambarina. colocado en donde su novia pudiera mirarle sin volver la cara. cargado por los de la hermandad. . una idealidad magnética. en último término. que runrunea el rosario. acariciado por el aroma del incienso. Durante las funciones matinales. sus ardientes miradas comulgaban. pelota de cera endurecida y con perdigones que. el amor había impreso una gracia nueva. a la pata coja. los camaradas de Antonio idearon formar una compañía para velar el Monumento de Regina Angelorum. introduce el pie y lo apoya con fuerza para que las monedas se adhieran. al mando de un capitán. tres sacerdotes con capa pluvial. entre el polvo y los olores fuertes. transida por la espada de los dolores. La romería del Jueves a los monumentos con su entrevero de gente. la multitud se agolpa para ver pasar las santas imágenes. atropellados por la muchedumbre apiñada. el tal sale de estampía. el paso del día. una compañía de infantería. en la boca de grana. Para ellos no existían las amigas. cuando el oficiante alzaba la hostia sobre el cáliz. llevados casi en vilo por la gente joven. Ese año aumentó la concurrencia de muchachas en Regina. Las filas se clarean o se nutren. y al acercarse para besar el Cristo. para ver pasar las procesiones. los ateos. hay zagalejo que esgrime tijeras para cortar las trenzas o que riega cerillas en el piso para que en ardiendo se asusten las mujeres. ¡había que ver a Pancho Peynado y a Lucas T. trasmutando la carne y la sangre. No faltan las pelazgas cuando el que va delante sorprende al de atrás goteándole la americana de casimir con la vela. No. y montan la guardia en el atrio para chicolearlas a la salida. sujeta por una cuerda elástica al puño de la camisa se alarga y encoge rápidamente. de roja capa y pluma en ristre. la Magdalena. simulando perseguir al otro. él tenía necesidad de todo el tiempo. musitando la dulce letanía del amor. escondiéndose en la manga. o bien cuando quedan prendidas dos beatas por los mantones de lana a flecos. de uno en fondo. el lujo chillón. con pobre túnica violeta. con uñas de maya encontradas. de hinojos. la contemplaba a su sabor. y. o cuando ha recibido en la cabeza un golpe de cocomacaco. en la iglesia de turno. El misterio de la Pasión. se apretaban las manos. en pie en las naves o agrupados en las puertas. de niños. ¡ los normalistas. En las esquinas. en los ojos negros y luminosos. que marcha a paso lento y levanta nubes de polvo. los vecinos se echan a la calle en pandillas. a quien había calificado de fea. empujado por el cómplice. los jóvenes. ni las imágenes. y por entre los fieles. en las esquinas. a un lado y otro de las aceras. mirando y haciendo señas a las muchachas. En las noches. cerrando el desfile. formadas de esta guisa: la cruz alta y los cirios. la Virgen. con los críos de la mano o en hombros. contemplaba aquella muchacha. Gibbes. le importaban poco. detrás un coro y orquesta de cuerda. se entretienen charlando. y las manos salvas aprovechan. adolescentes y hombres destocados. del Jueves al Sábado. rendían parias a Jesús! Antonio no formó en aquellas filas milicianas. sólo inquietábales el temor de que los sorprendieran el padre o los hermanos.En tales días la ciudad se anima. según se detenga el Santo ante la puerta de un devoto que ha pagado un motete. en la cabellera que si suelta le caía hasta las corvas. que siempre fue la iglesia predilecta. el más largo sargento que haya sido uniformado y con el fusil terciado! El Padre Billini sonreía complacido. las voces gangosas del coro. Durante las ceremonias en los templos. En aquella Semana Santa. quienes se recogen las faldas chillando. lo cual efectúa el designado untándose de sebo la suela del zapato. y el beaterio.

¡Nunca le pareció Lilís más abominable! El carcelazo duró seis meses. dejando a los vecinos de Santo Domingo de Guzmán tópicos para un mes de relatos. —Pues figúrate que le han puesto un anónimo a la familia. Herminia. por las tardes y primas noches. chico. porque tú no ere más que un candidato perpetuo a la cárcel. —Bueno. y como la madre es la primera que se levanta. El padre intervino. Antonio rondó por la casa a todas horas: el balcón siempre hermético. y qué alegría para la pobre Luisa cuando te vea! —¿Y cómo está?. igual mutismo. lo que tal invitación significaba: el Homenaje. En la noche. al despedirse en la plazuela de la Merced. . que tengas paciencia y consideres lo que sufre. que la hará desgraciada con la política. ¡Qué te parece!. que si tu familia esto y otro. —¡Qué gusto. porque te quiere con toda el alma. Una vez el balcón permaneció cerrado. Venga conmigo. y entonces fue lo gordo: la madre se enfureció y 1e cayó a moquetazos. pero propio era ese momento para esconderse. la gran trifulca. y que patatín y patatán. no digo más. Esta. Transcurrió una semana... quiero saberlo todo. sólo la hermanita. La vieja empezó por aconsejarla que peleara. El hermanito no le pidió motas. No te cuento más. —Sí. la galleta hereje.. y cuando el diálogo mudo se iniciaba. pero Luisa dijo que nones.. Desde por la mañana le avisaron que por el Cibao había movimiento. descubrió. a coger la leche. dame noticias. chico. lo recibió con las manos en la cabeza. Luisa le había dicho. El sabía bien. ¡qué gozo! dos brasas que brillaban detrás de las celosías. y el amante. —Oye: dice Luisa que en estos días no pases por la calle ni le escribas. bueno. —¿Pero de verdad que no sabes nada? —Absolutamente. pero todos están contra ti. Acudió a la amiga confidente. que no se dejara ver. los ojos de ella. el domingo de Resurrección: «ahora hasta Corpus»... comentarios y chismorreos. sí. pero no me vayas a meter en líos. y ahora. y asimismo al día siguiente. Ya puedes estar satisfecho. se le acercó un oficial diciéndole: —El Gobernador quiere verlo. Al fin. la pobre. no te pueden ver ni en pintura. El día en que lo pusieron en libertad. por debajo de la puerta.Aquella Semana Santa terminó.—Son unos infames. empezó a contar los días. te apoya. de facción en la esquina. corrió a casa de la confidente. lo leyó y.

y pendones. mal nombre) y un tocino del Seibo. famosos en la ciudad. alineadas. con dos ventanas. mamones. ha ido en todo este tiempo. Pero si no tienes pérdida. En dos cordeles. En uno de los rincones. ítem más. si tú no te la mereces. amarillos taraceados de negro los manzanos. ¿la recuerdas? —No. ¿de quién es? —De quién va a ser: de Alardo. La familia se ha mudado. en hojas de naranjo. para granjearse la voluntad de la ventera. Debajo del mostrador. agujas. en platos y tacitas. sin pintar. sobre otro y en una batea. los mampurios. latas de petróleo y de melado. a lo largo del cuarto. azúcar. a rezar por ti. ostentan sus magras y gordos. en el cual. chichiguas y un manojo de pulidas higüeras. pintada de azul. ajíes. mostrábanse en frascos bocones que antes contuvieron ciruelas pasas: cigarrillos del país... mangos. En el aparador de pino. —¿Pero dónde viven? —Ya te lo diré. y en otros que fueron de aceitunas: nuez moscada y canela. En la calle de la Merced. puerros. alegría de ajonjolí. una cecina (a la cual seña Catalina llama carne de. —¿Adónde? —Al papá le han quitado el empleo y están mal pasando. en cajones.—Buena. y en cajoncito. Érase una negra alta. En el arroz. cerca de la iglesia. berenjenas y aguacates. una casa de portón grande. sólo a misa. tomates. En el mostrador. En la tarde. figúrate. del propio corral. hilo. ñames y batatas. y la ancha bata de prusiana morada arremangada en las caderas y arrollada hasta el codo. ¡y qué bien se ha portado! No. fideos. hay majarete. y en el opuesto. Al mediodía. pan. por delante un barril de sal con el cuartillo de medirla. Antonio estableció su campamento en el ventorrillo de la esquina. la mamá cocina y plancha. las botellas de prú espumosas. una tabla de dulce de coco hecho con melaza. en una bateíta. y gruesos cárdenos. guayabas. la color de caoba. cincuentona. La ventera. Pendidos: macutos y escobas de Baní. pasto de las moscas. cortado en cuadros y colocados los jalaos. y hasta lavan. racimos de guineos. conservas de coco y de naranja envueltas en hojas secas de plátano. frijoles colorados. papayas. cocos. El establecimiento ocupaba el espacio de una mediana habitación. algarrobas. doblada más que sentada en una sillita . arroz. —¿Medio-Tocino? —Angelina. perejil. y al lado el vidrio con el embudo. y las muchachas cosen para fuera. haces de caña de azúcar. amén de un montón de leña. las frutas de la estación: cajuiles. en la cabeza atado siempre un pañuelo de madrás. caramelos y café en polvo. sin criada. ristras de ajos y cebollas. verdes veteados. harina con dulce y funde. En el suelo. esa misma. con los cuales se arman los papalotes. paquetes de velas y de fósforos. un rimero de petacas de carbón esmeradamente estibadas. la pila de tortas de casabe. compraba cigarrillos y fósforos. madejitas de lana y horquillas. los huevos frescos. fornida. los martinicos. enfrentico de la pulpería de seña Catalina. una lata de mantequilla norteamericana. colgando de las alfaljías. Una damajuana de manteca de cerdo con tapón de tusa. plátanos. azul de bolita. Semejante a fuste de columna.

encelada la joven por el cancel de „madera que defendía el interior de las miradas inquisidoras. pidiendo ñapas o devolviendo lo comprado. pellizcando las frutas. que no le da ni pa jabón. y ahí tá. mulata galana que la suple a ratos en el ventorro y que se ocupa en los quehaceres de la casa. ¿por qué le dicen Medio-Tocino? Y ella. pero la gente que é mu mala. ansina mesmo. cuando iba para clases. canijo! » Antonio le interrogó un día: Seña Catalina. manque le vamo a jacer. Y con mímica despectiva. rematando la gráfica acción con una sonora carcajada. Y la negra juntó „los dedos cabezones y los besó. y mi. y los olores del café tostado y de las fritangas que trascienden de la cocina.baja. jizo un acumulo endespués. revolcando con brío el pilón. o masca andullo y escupe por el colmillo hasta la acera. respira a sus anchas el humo de verduras y carnes. la sacan de quicio. en espera de los compradores. Seña Catalina. a las doce. cuantas veces hacía una diablura por la cual habían de pegarle. maja café. los muchachos y las negritas sirvientas del barrio. ¡qué buen medio tocino!. al llegar a la esquina. los sacudió castañeteándolos y volviéndose. sonantes en la Catedral. cierra sus puertas al tantán de las nueve. a las cinco de la tarde y después de la cena. —¿Y qué tal era el cabo? —Un güen mozo. expresando de ese modo su delectación por los últimos conquistadores. No te pué figurá tú los blanquitos que me cortejiaban. y un maldecío cabo españó. las manos en jarras. eso fue cuando la España. Los parroquianos. y si reposa con las piernas cruzadas. y cuando se encariba. fuma un tabaco que los dientes han convertido en escobilla. con singular destreza. se pasó el índice y el mayor por las narices. es hija de un general y está aplazada con un oficial del Batallón Pacificador. regateando. como toiticos los españoles. al regresar. se distrae bailando la chancleta en la punta del pie desnudo. La madre dice: «es un sinselvir. les increpa: « ¡Condenao. para ir a mercar sus frutos a los campesinos que vienen por el camino de Güibia. alzóse la falda con la siniestra. hasta que la vieja con un bostezo ruidoso le intimaba la orden de retirarse. Sus manos no están nunca ociosas. y el hermanito menor. pero más que en el aula y en su casa. me dio una nalgá diciendo: paisana. pero yo me río. y una real jembra. Tiene una hija. se le encontraba en el ventorrillo a las ocho. Conversaba con Luisa en la ventana. respondióle: —Ajá. enseñó el tocino entero. riendo. echá palante. Una mañanita estaba yo en el mercao. le zumbé una piedra . niño. Antonio continuaba profesando en San Luis Gonzaga. que se levanta cuando las campanas de Regina tocan el Avemaría. a la una. vivo pegá almate pa no necesitá de nadie. La oposición de la madre se mantenía tensa. desgrana mazorcas de maíz o ralla cocos y batatas. Cuando no duerme. a la perra que te volvió a parí. que le sacó al sol doble hilera de dientes fuertes y níveos. disparaba una piedra y entraba en la casa gritando: «Mamá. eso es de familia: a nojotras nos tiran los melitares». Endentonces estaba yo moza. curcuteando una pollona pa encontrale la gordura. para la chuma jablanchina. siempre irritada.

El padre. Si Antonio se refería a los perjuicios que su permanencia podía ocasionarle. con un plátano a medio pelan en la mano. Por entre los hierros de la ventana. tan mal que etán. pué tú no te figura la plata que tenían: ésa era gente de mucha campanita. pue lo que falta se lo han comío ellos. sonaron voces destempladas en el interior. Yo conoco en ete pueblo a tó Dió. con su parlenía. hay día que no comen ma que arró. y lo mesmo fue mi jija. Antonio le regalaba de vez en vez. en pie en la acera. furiosos. les increpó: . según los avatares de la política. un pañuelo de madrás de vivos colores o algún pomito de esencia barata. El chiquillo saltaba de regocijo en la esquina. la madre les acuciaba. avisándole cuando Luisa salía y por qué calle tomaba. y abierta de piernas. a mí me jié la brosa. Y la negra. mi mama fue cocinera de la familia de la niña Rosita. ansí me cogen meno fíao. y mi taita nació en el hato del agüelo de don Pedro. habichuela y plátano. conteniendo el ímpetu de los agresores.. acudiendo en mangas de camisa y pantuflas. Mejó. Antonio se dirigió al ventorrillo. pero no e mala ná. —Ahora va a saber lo que es bueno. por el Tripero. abierta con estrépito. por eso yo le fío tó. Desde el umbral. sí mi amitades son del cogollito. Luisa suplicó: «vete pronto que ahí vienen mis hermanos».. Son buena gente. y hasta solía también intervenir en el servicio postal. Yo los conozco desdenantes. hasta por allá trá. concluía: —Ansí mesmito é. Y la madre engreíale. el primer piano. Tú ve las. que trujenon aquí fue pa ellas. —¿Dónde está ese vagabundo? —preguntaban a la par. —Las probe. Y le mostraba la cuenta de la familia. se llevó la mano al revólver. y cuando sumaban un peso. aparecieron los dos hermanos sin sombrero. La ventorrillera apuntaba en la memoria los créditos. las altas y bajas de las familias. La seña Catalina le instruía de los movimientos de la casa. y deja que jablen. La seña Catalina. an pué. hacía un palote con carbón en la pared. El otro día la muchacha le regalaron una ecofieta a mi nieto. ella replicaba con malicia: —Ni por pienso.a ese vagamundo». manoteando en muslos y regazo. saltó de la hamaca. repasaba la vida del vecindario y de más allá. con sendos garrotes. hasta que dio su mal paso. vive una sin tené en qué caese mueta. Un mediodía estival. Tú ve ese tocino. y ya lo ve. Tú pué creé. primenito. indignada. la probes. a tu mandao en cuantico empuñe. mientras los novios pelaban la pava a la reja.. la vieja jabla. y los vio crecé a tós. Muchacho tú no sea pendejo.. Luisa le dirigía miradas de angustia. detrás de la puerta. que vide al mundo da mucha vuelta. niño. que te lo digo yo. Para tener a la ventorrillera contenta. las probe. Antonio. que dormía la siesta. Por la puerta. librándose el pillastre de la cueriza dos veces merecida. Son buena.

La escena cambió como por encanto. Minutos después. oyeron la misa. durante cuatro años. para el efecto. Cada noche. según tradición familiar. las íntimas de Luisa que habían de pasar con ella el día. esto es. canijo.que eran colocados en jofainas de agua para que no se marchitaran. para él y su mujer. que ella misma confeccionara. el novio. con la boca llena de saliva. tocadas por el vino. ¡Manita con la gente! El padre y dos o tres vecinos. envuelta en amplio velo albo. asomándose a la ventana después de reojear el cielo. El matrimonio religioso habíase celebrado en la madrugada. en el aposento. color de tabaco.. y comulgaron. americanas y de alguna que otra casaca masculina se concertaban. reconviniéndose por naderías. y más tarde. feísimo. esperanzas e ilusiones. y muchachas que. en el salón recién encalado. masculló los actos y los artículos del Código. y poco a poco. atraídos por el alboroto. que eran amigos de infancia. En el último año de las relaciones. confiábanse proyectos. del brazo del papá. sentado frente a sus librotes. allí el tintero y la pluma. en la acera. con la suegra. en voz baja. marchándose Antonio. y aun al despedirse una postdata en la puerta. reinó la alegría en todos. esperando su turno entre bostezo y bostezo. y de acuerdo todos. Luego . El libro registro circuló recibiendo las firmas de novios y testigos. Cuando todos estuvieron en sus puestos. velado. en cuyo ápice tiembla un angelito de biscuit. iba de abrazo en abrazo.. el Oficial del Estado Civil. recibió besos y congratulaciones. La puerta se cerró. dos horas. enlazadas las manos. y resultó que le concedieron a Antonio autorización para visitar la casa en las primas noches y en la tarde de los domingos. en cuyo condimento doña Rosita puso sus primores. El hombre de la ley fuese en dirección del comedor. ya apaciguada. al cual se opondrían en la casa. en torno de la misma mesa que sirvió para el matrimonio de la madre y de la abuela. entonces salió la comitiva nupcial del aposento: la novia. por lo que la vieja. El oficiante les unció con la cadena. promediaron. en la sala. mesa redonda de caoba.—¿Qué e eso? Ustedes tan loco y do contra uno. se mudaron a otra más amplia. les tomó la promesa que unía sus cuerpos y sus bienes. Desde temprano. La desposada. mientras la hermana.. lanzaron bolitas de migas de pan a la nariz de los galanes. En el almuerzo. y en pie. El padre se dormía con el benjamín en las piernas. renovando a crédito el estrado de la sala. fue comprando muebles de lance y dándole a la novia para la habilitación. empezaron a llegar las domésticas de las amigas con bandejas y ramilletes de flores. al que apalearían. el funcionario. El tío Tomás. y detrás los testigos. De hinojos. Por la noche. como los pájaros acarrean briznas para construir el nido. para terminar por mimarlo. El paso se estableció cerca de la puerta. adornada con el ramillete de azucenas y rosas blancas. las lenguas se calentaban. y en los mediodías y atardeceres. fueron bendecidos. favorables o adversas. En el centro. conferenciaron. resuelta. mohíno y agraviado. sonriente. cambiáronse las arras y anillos. y el padre de Luisa. se mecía y abanicaba. los invitados fueron sentándose en filas paralelas. hubo vayas alusivas que provocaron pucheros de risa. toda la ciudad conocía el suceso. Antonio ceñido por la levita. A las ocho en punto. fue nombrado director de una escuela nocturna con un ayudante y pocos alumnos. El padre de Luisa emprendió un negocio. en donde llenó el pañuelo con un par de botellas de cerveza y un gran pedazo de pudín. Los colores de los trajes femeninos y el negro uniforme de levitas. mientras Antonio. El día de las bodas ha sido el único feliz de su vida. carraspeó. en dos mecedoras bajo la mirada de la vieja que. haciendo entrar a los hermanos. se resolvió que el matrimonio se quedara a vivir en la casa. en la reja. lo que le permitía asistir de siete a ocho. Antonio mejoró económicamente. exclamaba: « ¿cómo que va a llover?». solía regalarle con un platito de piñonate o de malarrabia o de suspiro.

batista y lana para la canastilla cuando la eclipsó Lilís con la más injusta prisión. El ventanillo recorta un lienzo de cielo claro. y ya habían comenzado a comprar encajes. La cerrazón del horizonte. . En los planteles. y la tienda. y la botica que acreditaba las medicinas. ¡La casa. es comprometerse. en la plataforma de la torre. Ayudar a quien es mal visto por el Presidente. El cejo se cuela sutil. para capear el temporal. de los potreros de otro. ¡Maldita política!. a una predilecta tocó la corona. Los chicos de la familia ofrecieron a la concurrencia el tradicional pudín. así como el vaso de cerveza espumosa. y la suspicacia escudriña en su vida. En aquella cabecita cubierta de hebras rubias. menos aún en el comercio. a meterse debajo del velo. completa. IX La celda en tinieblas.. lo hubo de recibir en sus brazos. y por grupos. y la pulpería. y sobre la almohada empata el soliloquio. se tomó festiva. cortado en trozos y servido en platillos. Se dijera que las paredes han rezumado sombras. la criada del niño! ¡Cuántas puertas cerradas en su presencia! Sólo mostrábanse benévolos los contrarios: el propietario de la casa. tal un pestilente. y el médico. Sitiado. a eso de las diez. le remplazaron. para repartir a las amigas las flores de azahar del ramo prendido en el pecho. asentó sus sueños. La luna de miel fue realmente plácida. Ni siquiera interroga el porvenir. fueron marchándose aquellos testigos de su ventura. Antonio. y con hijo. y más tratándose de uno de los «impenitentes enemigos del orden». y entre dos barrotes fulgura Venus.. a otra.. pues tales amuletos y prácticas tienen la virtud de facilitar los matrimonios. la gente moza se apresuró. encontró el hogar en la miseria. merced a un permiso del Gobernador para que la esposa le visitara. Había que trabajar y buscó medios: en el periodismo.. en la alcoba de ladrillos. mal dicen. a quien debía meses. quiere vivir de la política». acorralado. Antonio desprendió el velo estrechando contra su corazón a la virgen grave que se daba íntegramente. Entonces comenzó el calvario de Luisa. la leche. que no ha venido por cierto con una hogaza debajo del brazo. La suegra. se dirige a la cama. por causa de la ausencia prolongada. ni pensarlo. iluminada por una lámpara rosada. Y las gentes murmuran. «No trabaja. no le notificaba desahucio lo haría cuando le conviniera.volvió ella a la sala. En esta misma prisión le anunciaron el nacimiento del primogénito y aquí también. Luego. Sentíase rodeado por muro infranqueable: la tiranía. agradable. Este los realizaría. Sí. Cada hora medía una angustia. los que tejiera su imaginación infantil. claveteado de oro. y la leche que criaba al hijo. que tan grato calor daban a sus mejillas cuando lo añoñaba. porque le debe a éste y al otro. lo aprisionan en su red formidable los intereses creados. Había sido preciso deshacerse de los mejores muebles y de algunas prendecitas. los guantes. personaje de la situación. ¡Pobre muñeco! Cuando lo excarcelaron. en parejas. aliviada de los quehaceres de la cocina. a tientas.

el corazón se le oprime. y sospecha las que en su ausencia taladran los oídos de la esposa: «Bien que te lo repetí. Ella y todos. Mortifícale tal interés. se vistió un año entero de listado. Se arrastra por sobre la estera. Si. mientras él. ¡tan milagrosa! Y en promesa. el tirano todopoderoso les tira un mendrugo. Y por un hilo tenue los conduce hacia la montaña de oro. no le sugiere: «claudica. y su lengua que sólo articula monosílabos inconexos le grita: «sacrifícame tu vanidad. decía para fortalecer sus esperanzas. Cuando alguien dice. honesta. los fortificantes y las fricciones de aguardientes balsámicos. y ella no vacila. acaso maligno. La madre no desespera. y amorosa. le ama. gozoso: era la corola que se abría para dar a luz el fruto inmortal de su sangre. y hoy el hijo les separa. fogata impetuosa le caldeó. ¿pero es que eso mismo es posible? A los vencidos. a través de la charca. el torcedor es cruel: si el niño reptando se le acerca. si le llama pa o si aferrado a una silla grita cimbreándose. un podrido». espiaba el vientre de nuevo fecundado. La idea de inspirar conmiseración. son adversarios suyos. Es lindo. ¡ Qué dolor! La inquisición del galeno penetró la ascendencia hasta el abuelo. pero no acepta sin reservas la comunidad. eso se ve todos los días. que pregunta y recetan. y si le obligan a hacer pinitos.. ni siquiera gatea. el coro voceará: «se ha vendido para gozar. que no produce pan ni salud?». nació muerta». En la calle. citando íos casos de muchachos pesados para hablar. «el pobre». y cuando al fin se rinda. le enfadan los conocidos. Comienzan las consultas facultativas y las opiniones de los amigos y las recetas caseras. ¿Y qué Poder humano ni divino transmutará el veneno que corre por sus arterias? Muertos y vivos le precipitan. «Los médicos se equivocan. humíllale exasperándole. sintió vergüenza de sí mismo pero respiró libre de la duda terrible que le había atormentado durante los meses de la preñez. Y ¡cómo le laceraron esta vez los gritos de la puérpera! ¡ Qué distinta la emoción! Antes. ciega. que hablan y corren. hasta que un doctor recién llegado de París. Aquel guiñapo humano exige sacrificios. ¡Aquella larva había sido engendrada por él! En los ojos de la suegra lee la acusación implacable. oyó misas de rodillas. cuando se ase a la esperanza de ir al extranjero en busca de los recursos de la ciencia. altiva. la elegida. para que se atasquen hasta la nariz en el fango purulento. dolores y placeres. y el suyo se arrastra por los ladrillos húmedos del piso o se agita con movimientos de arácnido. reconoce el derecho. Inútiles los andadores. pero ¿ cómo romper la cadena de agravios y sufrimientos en la que cada minuto soldó un eslabón? No. tal vez en el extranjero».. Lágrimas ardientes le rescaldan las mejillas. y come ya pan mojado en salsa de habichuelas. deja esos amores. pero su lengua no ata las sílabas. ¿no comparte ya con orgullo e integralmente sus empresas? Los pesares del noviazgo. y Antonio recordó.. La abuela recorre la escala de la familia. el odio es también una fuerza y ya se las pagarán. y continuó moviendo el pedal de la máquina de coser sin quejas ni reproches. le hiere. demuele la obra hecha.. tampoco anda. Señor. pon tu conciencia en almoneda». líquido álgido circula por sus venas. tan tremenda expiación! ¡Ah!. para ganar su misericordia. las piernecitas se doblan. sentencia: «un macrocéfalo ». ¿Y ella misma. tus ilusiones. Antonio muerde la almohada con ira. atónito. encomendándose a la Virgen de la Altagracia. Cuando la comadrona saliendo del aposento le avisó: «una niña. Ese es el castigo de tu desobediencia». ahora. los preceptos del Código y los del apóstol.. los que asesinan y roban al país poseen el contento en el hogar y se recrean con hijos sanos. ¿no es con él una en carne y espíritu?. Los meses transcurren. y les concede además sol y aire libres. ¡ Esos son los virtuosos! ». las mejillas ardiendo. En la casa. sufrida. ¡Y por qué.. tu dignidad.Al niño le han salido todos los dientes. les apretaron. le han bautizado. arroja lejos de ti el pasado infecundo. los había escuchado impaciente. la injuria del colegio: «tu padre. y frunce los .

tiene cominillo. Más adelante. que brillan. Y con ese néctar en los labios se duerme. no se sulfure. El preso sigue al carcelero por celdas y pasillos. Oficiales y soldados trajinan por el patio. silla. ¡ Había revivido su vida! *** La puerta.párpados de miedo a ver materializarse recuerdos y pensamientos. a pulso. ase los barrotes. y entonces dormirá sin ellos y aun se librará durante el día. sírvese de ella como escalón. Antonio. Uno de los ayudantes se le acerca con un par de grillos. taja el silencio. va al lavabo y se ablusiona. y le ordena: —Amigo. se consuela. mesa y demás trebejos. Antonio prorrumpe: —¿No hay otros más estrechos? Dense gusto. Los gallos. antes que el otro. Se alegra del. Está nervioso. La llama de un candil rasga las sombras. En el patio. que ya cobraremos. han colocado cuatro cañones. y. La voz del hierro rebota en las piedras. El alcaide entra. Se apoya en la cama para que se los ponga. después no se quejen. rodea los anillos de modo que se amortigüe el roce del hierro. se les escapan. y tejiendo con tres de éstas un cordón. algo serio sucede en el país cuando interesa asegurar los presos. y los martillazos sobre la chaveta remáchanle en el hueso. toma un libro. vuelve a repetir. le sacuden. Buenas noches. a saltos de rana. Su primer cuidado es acomodar los grillos. Boca arriba. limará la chaveta. soldado». seguido de dos ayudantes. se incorpora. la hora de la venganza está próxima. Algunos paisanos salen a la calle solitaria por el postigo de la puerta monumental. —Amigo. temen. el dinero. después. El poder. para ensayar. al abrirse. despernanca los calzoncillos que se mudó ayer. voy a querer me haga el favor de venir. pensando: cambio de calabozo y grillos de noche. y en la que se detienen. y. al efecto. Los ayudantes cargan catre. Y avanzando un pie. entre la torre y la puerta. salta hasta el mecedor. Los anillos muerden la piel. que esto no es cosa nuestra. ¿Qué demonios ocurrirá? ¡Daría lo indecible por saber! Se baja. lo anuda por la mitad a la barra a fin de mantenerla suspendida y aligerar el peso. se desperece. La claridad se tamiza por el ventanillo. acarrea la silla. se asoma al ventanillo. Antonio se alza. traslado: este calabozo tiene vista al patio de la fortaleza y a la calle. y haciendo tiras. . X Las cornetas de la diana cantando «despiértate. va al catre. y arrimándola a la pared. despertado. pulidos por los primeros rayos solares. y puerco no se rasca en javillo. Antonio reconoce la antigua Capilla. todavía cerrada. pero mis enemigos entre las sábanas finas. desenroscan las cintas de sus quiquiriquís. Yo dormiré mal. frente a frente.

por la primera cuadra advierte gentes presurosas y bien vestidas que entran en casa del Gobernador. con el almuerzo. ¿De qué tratarán? ¡Ah! ¡poder de adivinar el pensamiento! No le es posible mantenerse más tiempo en vilo.A cosa de las ocho. pues. Se siente libre. derruido las paredes. Antonio registra el pan: ¡ nada! y por el pico de la cafetera comienza a apurar el café. Nunca le ha parecido tan lento el ritmo de las horas. Sería tan triste equivocarse. abre la recámara.. un cabo toma del arcón un cartucho. El estampido rueda por el ámbito de la ciudad dormida entre la colina y el mar. y se marcha sin pasar de los buenos días. un ayudante le introduce el desayuno... la sangre circula vivaz. saludada por toque marcial. Aunque la masa de la Catedral n sus cúpulas. espinosos. Es letra de su mujer. limita la calle Santo Tomás. y no se atreve a aceptar la otra tan grata. es el prócer. El pecho se le hincha. Y en seguida. tiene envarados los pies. Las cornetas a la sordina y los a tambores destemplados indican duelo. ¡Ajá! entre s dos disparos ha transcurrido un intervalo largo son: honores. cargados de flores marchitas. mira abrirse las hojas de roble a grandes clavos. Le parece que un puño invisible le ha roto el grillete. Gana el mecedor. busca. En el patio sigue el trasiego. ¿saberlo todo?. aparece un tupo: cuatro o cinco personas. la guardia de prevención reforzada.. Mataron a Lilís en Moca». Se detiene. ¿Qué pasará? Las manos le escuecen. En la terraza. un oficial acerca uno de los dos cañones. ni tan insoportable la pesadumbre del silencio. En abriéndole lo pone al sol. es un buen hombre. ¿ Cómo vencer las dudas?.. Bailaría de gozo. como las espaldas corcovadas de un gigante. Las tropas están acuarteladas. Improviso arruga el ceño: «si fuese. la noticia le pasma. «Este hombre es muy marrajo.. Ese que no ha tenido siquiera tiempo de vestirse completamente. entra el alcaide.« ¡ Caramba. Por la galería cruza una negra con una jarra de leche hacia la cocina. Pero la han izado solamente hasta media asta. Leer. ¿ dónde y quién le dio muerte? Y su imaginación concede al desconocido las virtudes creadoras de los héroes. Se acuesta. frontera al cuartel. y ávido lee: «Hay mucho movimiento desde ayer tardecita. ¡imposible! Va del ventanillo al mecedor.. y la bandera nacional asciende lentamente. un chiquillo en cueros corre. la cierra. De nuevo la voz del cañón retumba. un engañ9 más no le importa. ¡ si fuera Lilís! ¡ Cómo le pesa no saber de memoria las Ordenanzas Militares! Y se complace observando cómo el sol hila sutilísimos alcatifes sobre los ladrillos. ¿A quién? ¿Al ministro de la Guerra? No. La pieza recula. coloca el tirafrictor. y alejándose unos pasos dispara. en mangas de camisa. es un papelito cuidadosamente doblado. Los balcones cerrados En el patio se yergue un árbol enfrutecido de pomas de oro. que hablan con aparato de misterio. La guardia de prevención se forma presentando las armas. A mediodía.A las seis. Un rayito de sol cabriola en la calva. que da a la calle Colón. mentira». Se frota las manos. El isócrono tronar del cañón interrumpe sus cavilaciones. En viéndole. De nuevo lee y relee. hay un obstáculo que re-presa el líquido. pero eso sería demasiado fúnebre! ». y de súbito abate cabeza y brazos. estalla: . aspira con fuerza. desecha la idea. el humo sube. y junto a él dos cayucos altos. y es capaz de fingir su propia muerte para averiguar quiénes se alegran» . continúa suspenso atalayando. no importa. ¿quiénes serán? Y se empeña por distinguirlas. desabrochado el cuello.

Tú no conoces la gente. Lilís ha sido un padre para nosotros. cogieron el monte... Lilís ha sido un tirano y no otra cosa. un hijo de Memé Cáceres y otros. amigo. —Así será. El viejo se desploma sobre el mecedor. pero yo «visto y después Lisboa» —y el viejo se golpea con fuerza las rodillas. —¿En dónde?. las pupilas brillantes.—¿Cómo está Papá Quin?.. que los ha explotado a todos ustedes.. Antonio. —¿Y usted no me decía que Lilís estaba untado.. ¿qué hay de nuevo? —El desmandingue. ¡qué va!. —No. —¿A quién? —Al Generai. pero los pecharán. así decían. —Y usted cree que está muerto de verdad. ¿quién? —En Moca. mira que ese hombre va a ser mucha falta pa toos. las manos azogadas. no. —¡Al fin. aunque el monte sea más grande que la iglesia.. —¿Y los capturaron? —No. sin cuidarse de la cantina. que lo mataron ayer de tardecita. . libertad. ¿verdad? —Ello. que no le entraban balas? —Ello. y a este país no va a haber quien lo gobierne. —-No crea eso. verá usted como habrá más prosperidad. al fin! —No te alegre. insiste: —¿Pero qué es? —¡Qué va a ser!. exulta. —¿Pero es verdad? —Hombre sí. alégrese usted también. Antonio. —No creas todo monderó. que ahora vamos a tener derechos.. carijo. la boca húmeda. eso es palucha..

y él está retenido allí. se rasca la cabeza en la cual bullen dudas. Y sentándose el uno en el catre y el otro en el mecedor. el mismo que viste y calza. Antonio. inútil. en el cuartel. En la calle. chico. y de estirarse los puños de la camisa. —Cuenta. tú no conoce esta tierra. un día sigue a otro. el bienestar del país. registra menos la comida y se hace más comunicativo. pero yo te digo. Y se estrechan en un abrazo afectuoso.. —¿Tú. o escritos en el fondo ahumado de la cafetera con un alfiler. le quita los grillos. —Yo me negué. Eso no pué sé. «no creas too. Y el viejo replica: —Muchacho. pero se ha suavizado. a mí y a unos cuantos más. de un dulce. pero no eres de la situación? —Sí y no. parque y un cañoncito. en instante tan propicio a su energía. fastidiado. las conversaciones con el alcaide. Eso está muy bueno en los papeles. comienza su peroración: —Recordarás que cuando me convencí de la inutilidad de las revoluciones contra el poder de Lilís. exacerban su impaciencia. a veces dentro de una arepita frita. el tejemaneje de militares y civiles denuncia la agitación exterior. El rosario de las horas es interminable para el preso. y en su marco aparece la figura parisiense de Arturo Aybar. preso también. Antonio le observa de arriba abajo y exclama: —¿Pero eres tú? —Sí. Arturo Aybar después de carraspear para limpiarse la garganta. cuenta. con la frazada terciada. y componen una semana.. y Enriquito nos invitó a ti. confuso. Mientras tanto. en la mansión vecina. ponderándole las libertades que ahora disfrutarán todos. en los mediodías continúa su prédica. Una tarde. que en la frontera Noroeste hay gente en armas. —¿Has venido a visitarme? —No. se abre la puerta. ya verás. los mensajes clandestinos de su esposa. Ha visto desfilar fuerzas del Batallón Pacificador. El alcaide sólo suelta noticias vagas. .Y el alcaide. no creas too». que aguantan too. cuando el tedio de la expectación se trueca en pesimismo. A retazos sabe que los matadores de Lilís escapan a la persecución.

sostiene la una la pura doctrina lilisiaca: el chicote. Pues bien. fiel a mis convicciones y a mi historia. pero no me interrumpas. cada uno de los jefes tira de la manta con el propósito de empuñar la herencia de Heureaux. en París. en sentido liberal. ¡Caray. que en cincuenta años de vida pública jamás ha caído. más o menos. los mozos de Moca triunfan. narra: —Hay varias versiones. y la otra propende a la evolución. e inicié la lucha con un artículo en favor del Manifiesto de Manolao. ahí vienen. eso hubiera sido muy caballeresco. Pero en la bajaíta lo espero. como antes todo proyecto de revolución. y además que yo no servía a Lilís. ¿y tu prisión? —Ya llegamos. —¿Pero por qué te prenden? —A eso voy. —Bueno.. pero los que mangonean aquí no aflojan. pero esta mía es el evangelio. según sus órdenes. y se quedó solo con un oficial y el Secretario para seguir aquella misma tarde. y con razón. porque convencido de que cambiando elementos gastados y malos por nuevos y buenos. cuidadosamente dobladas. me movía para ligar los jóvenes. yo acepté. Al efecto fui nombrado Cónsul General. civilista. qué calor! Y Arturo se desviste. . y atacarlo. sino al país. y sin embargo. y el Gobierno está dividido por dos tendencias. Mientras tanto. los de Moca.. pero muy fácilmente Lilís habría escapado. Lilis sabía desde La Vega que algo serio se tramaba. Como comprenderás. las autoridades locales. se mejoraba indudablemente. Los que operan en El Cibao piden dinero y armas. —¿Y cómo y quiénes mataron al negro? __Un momento. la revolución tiene a Juan Calvo. La culebra se mata por la cabeza. Esto gotea como los guineos maduros. y a paso de carga. y Manolao. pero Loló ha dado un batatazo y me zampa en la cárcel para demostrar que es más fuerte que Enriquito. porque Lilís era invencible. aunque tienen detrás fuerzas numerosas. rompe el equilibrio. y ayer no más han cogido a San Francisco de Macorís. porque la tengo de muy buena tinta. El Gobierno es una olla de grillos. Mon Cáceres rechazó el plan. despachó el Estado Mayor por delante para Santiago. A los conjurados ya les arreglarían las cuentas. porque temen el encumbramiento de aquéllos. Verás: Horario Vázquez propuso esperar a Lilís en el camino con un grupo igual al que le acompañara. pues cada uno relata a su acomodo. ¿ Tú conoces a Moca? —No. y héteme aquí. por gente de adentro. llamado por el Presidente. colocando en el catre las ropas.—Sí. regresé. ladeándose a la izquierda. he apoyado la evolución para ir preparando el terreno.. Una vez en paños menores. y en la Línea se pelea. no te satisfizo la oferta. Hace un mes. ¿Y quién se atreve? Y Mon tomó para sí la empresa en la cual habían de colaborar otros muchachos.

¡Le parecía mentira! Y saltó sobre el caballo y escapó con Pablito. a una calle da la tienda. Lilís se irguió. —Mejor. preguntó: «¿qué hace ahí ese joven Cáceres?». El último disparo fue a quemarropa. y ¡qué ganas tengo de darle un abrazo!. como dos gallos.. —¡Ah! eso ya lo supongo. escapándoseles de milagro. detrás de ella hay una barranca. ¡Qué toro! —Era valiente. pero ese Mon es un héroe epónimo. así se ve en la fotografía del cadáver. dicen que se lo dio por la espalda Jacobito de Lara que salió por la puerta del patio. y despídete de los que la pensaron. Mon es alto. cargó de nuevo el revólver. rato antes. y con el panamá le hacía visajes de brujo. pues fíjate bien. a pesar del plomo que le destrozaba el pecho. dura lex sed lex. Avanzaba increpándole. y hasta ahora la carga es para él. ha hecho servicio eminente al país. Dicen unos que Lilís mató a un viejo limosnero. y pasándolo a la manca hizo un disparo. hercúleo. El oficial que le acompañaba acudió a los tiros. en la puerta de la oficina. Un azafate bien surtido dos veces al día. el bembe chamuscado y tumefacto. El aburrimiento de Antonio se disipa. —Sí. quien tomó el revólver que llevaba en bolsillo trasero del pantalón con la izquierda. Como oyera en la tienda la voz de Mon Cáceres. y se batieron. aunque lo malo es que en este caso la gloria cae dentro del Código. a grupas. y una guásima. otros que fue Pablito Arnaud que hacía fuego desde la esquina. Sin embargo. la gloria será toda suya. en la que están las oficinas. que también tiene puerta a la otra. vio a Mon enfrentársele. Ahora todos encuentran la hazaña fácil. El cadáver quedó tendido en la calle. al cual. y un desayuno suculento. Mon estuvo siempre frente a frente a Lilís. Aún caído. sin que nadie se acercara. y en el acto. Mon. en cuyo tronco amarró Mon Cáceres su caballo. se quedaron solos Lilís y Mon. un hermano de Cáceres. con botas y espuelas calzadas. a quien hubo de conocer la noche antes en el Club. Lilís estaba sentado en la acera. hablando con don Jacobo. pues los otros se sacuden. pero la verdad es que cuando el lance se trabó. le había regalado una papeleta de cinco pesos. Otros dispa-raron. buen tirador y gran jinete. apoyado el cañón en la boca. pero tenía que ser: entre él y la sociedad había pactado un duelo a muerte. también su responsabilidad es grave. retrocediendo cuando Mon le amagaba con el puñal. ya puede seguir el curso de los . en la diestra un revólver y en la siniestra una daga.—Bueno. A Arturo le mandan las comidas del Hotel. —Es verdad. y a Mon mismo debió de asombrarle aquel hombre que acometía impávido. y como la casa es la última de la calle transversal.. Lilís infundía pavor. pero le cerró el paso Manuel. de espalda al árbol. y más aún. le examinó para cerciorarse de que estaba bien muerto. el matador de Lilís es un libertador. —Óyeme. cuando al fin cayó Lilís. El primer tiro. le esperaron más de una vez. El almacén de los Lara forma esquina. —Sí. No olvides ese detalle.

acontecimientos. —¿Cómo? ¡Ah! de modo que vamos a seguir por el mismo camino. palabra por palabra. Oye mi consejo: consigue un Consulado y vete al extranjero. no aflijas. acuérdate de que has pasado muchas crujías. Al que no quiera lo haremos digno y libre a la trágala. cuando era un iluso. desde el Puente Viejo a media noche a Notre Dame. aspiro a que gobiernen los honrados. —Pero chico —replica Arturo—. no lo ignoras. y prepárate al desquite. así pensaba yo. —¡Pues estamos frescos! Con esa cantaleta nos jeringan desde el 44. y hoy después de conocer a Nueva York y a París. media docena. Échale agua al vino. Como tú. la luna entre las dos torres o al Sena. comentan y discuten. lo que importa es restablecer el orden y administrar. —Oye. y cuando hayas contemplado. y si le apalean. ponen entre ambos barricadas. lamiendo el Louvre que la luz matiza. no. Los revolucionarios necesitan a los gobiernistas. como dice don Fellé. se cuidarán de buscar a los prácticos para que los ayuden. Créeme. si no. las noticias de los éxitos de la revolución o la varadura del crucero Restauración en las patas de ñame del puerto de San Pedro de Macorís. Una cosa son las teorías en los libros y otra la acción. aprenderás a sentir la voluptuosidad de nuestro ambiente y a descubrir las sensaciones estéticas contenidas en los arcaicos sillares de La Primada. tendremos jandinga para rato. y a esta hora ya se está tramando una malla impenetrable para los intransigentes como tú. y ¿quiénes son los aptos para esa empresa? ¿Quiénes los puros? Si el que más o el que menos tuvo que hacer con él: unos directamente. por ejemplo. Hay que sanear por el hierro y por el fuego. ésa es la realidad. __¿Pero cuáles son?. a olvidar culpas. compadre. .. y así será mientras no lo eduquemos cívicamente. el pueblo en este país baila al son que le toquen.¿pero tú crees que le temo a los que vienen? No hombre. lo que yo decía hace años. pero sólo así se salvará el país. y ése será el fruto de la transigencia. —¿Y el pueblo? ¿Acaso no apoyará a los que le han librado de la tiranía? —Estás repitiendo. y a nuestra capital fea y fastidiosa. Los intereses creados son mayores de lo que te figuras. aunque te contraríe. __Tú hablas así porque te conviene. yo encontraba pésimo cuanto hacía el Gobierno. pe bu. hasta que los tropezones me hicieron levantar los pies y mirar hacia el suelo.. te juro que no somos tan malos y que abundan bellezas junto a las cuales pasamos indiferentes. Antonio. tarea que requiere tiempo y paz. —No me importa. —¡Ah! . otros por trasmano. silencio. —Sí. si cuando lleguen a Palacio. Lo primero es el orden. Antonio estalla: —¡Hay que acabar con el lilisismo! Es obra gigantesca. lo comprendo.

concluyendo: —¡Qué escuela!. la verás desnuda. adolorida Por unas penas que no tienen nombres.. Y Antonio. yo repetiré con el poeta: Tengo el alma. Que aquella edad con que soñé no asoma. el mayor de los departamentos de la torre. y las alcantarillas. pálido. Y Arturo corea el arrebato lírico con una risotada. cuyas ventanas miran al patio de la Fortaleza. rematándola con el refrán popular: —¡Ay. sin marcialidad. Montmartre. —Bueno. trasladados el alcaide. un par de horas les distraen las evoluciones de los soldados. en un café de la plaza de la Sorbona. repiten durante los cuatro años del enganche los mismos ejercicios.! XI En aquellos días caniculares. —Lee esos versos de Zenea. pero sigue mi consejo. en compañía de una griseta. dos. aquí o allá. Al grito de abajo el lilisismo. y los museos. y si la realidad es la que pintas. los aniversarios patrios. que tú sabes bien que yo tengo razón.. bajo las aspas rojas del simbólico Molino. languidecen. Mis tiempos son los de la antigua Roma. y porque amo la libertad lucho para que rija nuestra vida. y las bibliotecas. frére. se aburren. que a la voz de uno.. otro siglo y otros hombres. En las mañanas y tardes. en donde la primavera resta gravedad a la Ciencia. llegan hasta desfilar.. y que a la postre. y también las cátedras. Señor. los escribió la mano viril de otro intransigente como yo. que exprime tantas vidas. porque te pida. Otra patria. los dos presos. Y no me culpes. —¡Nunca! La verdad es una. a quien los éxitos de la revolución han amansado. en columna de honor. señala a su contrincante un muro del calabozo. así será.¿Has visitado de noche las ruinas del Alcázar de los Colón? —No me vengas con esas filfas. Y mis hermanos con la Grecia han muerto. por . La realidad. expone las visiones tentadoras de París. y no se mezclan impunemente las manzanas buenas con las podridas.Y Arturo balanceándose en el mecedor o recorriendo la celda. la alegría del Barrio Latino. a fuerza de planazos y constancia de los instructores. Nana. no. sal por la boca del Ozama. la Virtud y el Vicio comparten aquel reino encantado. limpiaremos la República. y el gran mercado.. y la voz de los sabios y las risas de las cocottes se armonizan seductoras. a través de una copa de champaña. al río y al interior de la mazmorra. en calzoncillos. Y óyelo bien: nunca apreciarás el valor de sus teorías en nuestro ambiente encendido. tal cual es. el Bulevar. Con mi país de promisión no acierto. al salón.

de año en año. El odio a la tiranía los unió. les fusilan. pueden aislar seres y cosas. las pasiones eran sinceras. exterminar. como Antonio y muchos piensan. o hacen frases y chistes. esperan en las esquinas el condumio con que les regala la criada corteja. pero el uno. Los veintidós años de dominación haitiana disgregaron las castas coloniales. Después del toque de paseo. cuenta las rejas. pero ambos llegan a su hora. Ninguna idea les concierta encerrándose con frecuencia en silencio hostil. duermen en duros camastros. por un quítame allá esas pajas. ahora con palabras a veces agresivas. y si la brisa refresca un tanto. de pipiripao. la abnegación y la implacable saña de sus bregas. Caudillos y huestes concordaban. custodian las yuntas de penados que. que se acusa de tal pecado. el intelecto. ya adolescentes. les apalean. No. Y como él tantos otros. por tanto. jugaron juntos. él que tuvo puesto en la mesa del festín. y ataca sin mirar a su alrededor. Arturo registra ayer y hoy en busca de un hilo para guiarse mañana. y que. pegaron y mordieron. estudiaron en los mismos libros. balanceándose sobre las piernas abiertas. aquella no era una escuela. Cree que su misión es combatir. las clases se mezclan. observándolos por los cuatro lados. y a seguir a paso lento. sin miedo ni fatiga. porque poseen titulo académico. las manos atrás. leen o disputan acerca de las últimas noticias. en los corrillos. y en la primas noches. dados de una democracia! La injusticia les recluta entre la hez urbana y la gente moza campesina. no conoce a los hombres y acepta con la mayor candidez que la tiranía desaparece con Lilís. y en seguida. pues no modelaba los espíritus. nunca supieron el dolor que cuesta alumbrar una idea. Para ellos. y en las horas francas. la fiereza con que Portocarrero se ha estrellado contra la tremenda realidad. y fueron los restos de éstas los que dieron molde a las dos facciones contendientes en la primera república. Los hombres tienen prisa de gozar. no es. adviene un factor nuevo. En Santana predomina el instinto. Es como un dardo: ciego. que no compra a tiempo la autoridad local con potranca fina u onza pelucona. no ha sido adventicia. ¡Pobres sol. y sacudiéndose mutuamente los trajes empolvados. Se conocieron en los bancos de San Luis Gonzaga.delante de la mansión presidencial. se dice. arma terciada. o empollan. hiere o se quiebra. Arturo. que se dicen intelectuales. comunes. por cierto. se dieron las manos. aprovechóse del impulso ingenuo del otro. De niños las dirimían a puñetazos. Arturo recuerda con cierta ternura la última vez que riñeron. en Báez. La tiranía de Heureaux. un articulejo. el consejo virgiliano: cuida el árbol para que tus nietos recojan los frutos. de esas con la efigie del rey Carlos IV. fueron a calmar la calentura con sendos helados en el café La Diana. Por las calles. monologa. las procesiones religiosas. haciéndolos semejantes. sufren la horrible tortura del zapato. y Arturo. son mal pagados. A la verdad. Antonio y Arturo matan el tiempo jugando a la brisca o al tute. carabina al brazo. el . el kepis ladeado hacia la oreja. y desde entonces datan sus divergencias. de noche. amodorrado en el mecedor. que la avaricia entierra. o son lectores de novelas. Con la perspicacia de los ojos que vuelven a ver. y si desertan. Mientras visten el uniforme de dril azul. la disciplina social desaparece. tuvieron los mismos ensueños. a rastras la cadena. limpian las vías o trabajan en las edificaciones de los magnates. en la Plazuela de los Curas: revolcándose. jadeantes. se arañaron. jamás apropiado a sus pies. de ahí el fervor. Con la levadura de los restauradores triunfantes de España. hacen oficio de mandaderos. Sí. más astuto y frío. Antonio pasea a zancadas a lo largo de la estancia. más o menos ingeniosos. reconoce y admira.

pero no. troncos sin savia para otros. Expulsar de sí al sibarita que se place en la lectura de libros bien impresos.. y encumbrará un civil. no queridos. de la raposa y del león. son demasiado honrados para algunos. Arturo. los capitaleños se reirían de él. en la mesa rica. apurarían la cicuta sin temblar. las regiones se imponen. hasta que la anarquía engendra a Heureaux. Como el griego. contagian al adversario. acoplamientos infames. a los pronunciamientos. ¿En dónde el corazón que nos nutra con su sangre generosa? ¿ En cuál cerebro anida el pensamiento mentor? ¿Los viejos? Uno. una mente patricia caída en la dictadura y un poeta epicúreo. se planta en una de las ventanas orientales. el capricho aparea el asesino con el ratero. encastillados en sus virtudes. cuya voluntad suma todas las ajenas. Y. mete al país en el puño de su diestra manca. se destacan un austero ideólogo. por merced arbitraria o por la de su arrojo. esparcen tales miasmas por los campos . sacrificarse por una idea. quienes. Y de un salto. en el vino añejo. Arturo. estudiando a los hombres y sus flaquezas. duermen en calabozos infectos. ¡Quién se atreviera! El diablillo del orgullo le tienta.. en la cama mullida. y. —Oye. mas no sabrían encontrar el ritmo de la vida en la cabellera del discípulo juvenil. permanecerán aislados. Más te importa leer a Maquiavelo y estudiar a Lilís. a los gobiernos estériles. la existencia es la más dura condena. redime. respetados. y cercenando cabezas. así la arriesgan frente a los fusiles de los cabos de vara al primer descuido. y las mismas manos lo derribarán al día siguiente. bajar de la torre de marfil a la arena. en la hembra entre encajes y perfumes. vencer. a la postre. aquí no será profeta uno a quien han visto en mamelucos. sin temer a los dientes de los tiburones ni el mar. volando chichiguas. en la obra de arte. sin embargo. dispersas. se inicia la era de los caudillejos ignorantes. dos. Pero como a su sombra maléfica no ha creado ni una oligarquía vigorosa ni una conciencia nacional. inexorables en el juicio. bajo un jefe único. las figuras efímeras se suceden en Palacio. padecen hambre. triunfar. como quería el florentino. fusilamientos y asesinatos. atisbar en las almas. ser un hombre como los otros. acres vozarrones de bestias en brama. sanguinarios. que no comprende.peculado asoma. odiar. ¡pero qué va!. No. que tenga. que basta vitorear la libertad para alcanzarla. El laurel. medio desnudos. La empresa es hermosa. rotos los ídolos. En la anafaga del río expira la tarde. dar y recibir golpes. o salvando el muro y las rocas. Del corral de los criminales suben ruidos de cacharros. de los campos cultivados vendrá el varón fuerte. no se concilian en una sola aspiración. decir la palabra que alienta. miseria del cuerpo y del alma. El baecismo sobreviviente impera con más vigor que antes frente a los azules. a los golpes de estado. la ocasión es de perlas. en tal ambiente de asonadas. —Déjate de pamplinas. Fragmentados ambos. amar. a espaldas de la ley se libertan. y cuando. de cadenas. tal vez cuatro. La exaltación revolucionaria presumió. un hombre de levita. por sentimentales. o un novel general enamorado de las doctrinas de Hostos. y. . tornamos a las andadas. temidos más bien. sin género de duda. vadean la ría. satisfechos de lo que han sido. esta frase es de Castelar. Los hombres. consuela o fulmina.

se empina el hijo. de bombito y . y de que la revolución. apá. fecundándolo con un beso. Antonio baja a saltos los escalones de piedra y atraviesa como una flecha el patio hasta ganar la puerta. pero no tengas cuidado —y en la oreja siembra el secreto. pero hay que arrancarse de allí. ¡Cómo ha crecido! Antonio le carga en vilo y entra con él en la casa. Antonio acoge el proyecto con fruición. sugestiva. lo que importa es el porvenir que empezará dentro de dos o tres horas. Cuando el coche desemboca por la esquina próxima a su casa. le presenta un gran plato de natillas con sus iniciales en canela espolvoreada. que promete días de prosperidad. es preciso dar un golpe y derribar el Ministerio que asume el Poder Ejecutivo. Por el trayecto hasta su casa le enteran del acontecimiento del día. a realizar los sueños! Le hacen coro. la letra vulgar conmueve acercando a los hombres. otros.. ¿cómo es posible que la victoria sea íntegra para cibaeños y seibanos? No. de dicha. a través de los gruesos muros. y de una vez. Desde las siete de la noche en el Parque de Colón nótase la presencia de corrillos y el ir y venir de gente moza armada. la palestra lo espera. y una impresión. La cuñada. ya era tiempo! Y ahora ¡a triunfar. y cuando se dispone a salir. jubilosa. Le ha anunciado. que avanza por el Norte y el Este. y con voz insinuante pregunta: —¿A qué hora vuelves a cenar? —No sé. Por las calles del tránsito. no me esperes. El contento se pinta en los rostros familiares. Sí. ¡En libertad al fin! Tiene alas en los pies. que saborea en compañía de los amigos. El hechizo del ambiente le encadena. En la calle esperábanle dos amigos en un coche. Y Antonio abraza con fuerza afectiva. que aúlla amá. Hay.. El pronunciamiento se impone. Un abrazo los confunde a los tres. Los ojos de la mujercita reflejan inquietud resignada. ella le acompaña hasta el umbral. Manos a la obra. sujetándose a la puerta. naturalmente. *** Las cinco de la tarde. ¡Caramba. pues. ha de ser de todos. efusivos.Del antro asciende una voz fresca que entona una canción penetrante. vecinos y transeúntes. toca ya con las culatas de sus fusiles a las puertas de la capital. temblequeante. Pero ésta no debe permanecer inerte. ala. que apresurarse. le oprime. la renuncia del Presidente Figuereo. pétalo. desde las puertas y aceras le saludan. pero a qué remover las penas del cautiverio. mezcla de alegría y tristeza. Algunos han vestido chamarra de dril. El lee en todas las pupilas un acuerdo tácito. destila una lágrima de las piedras siniestras: Símbolo de mi amor Inmenso y triste Guardo el blanco pañuelo. Y esta noche será. la misma que a la vera de las rejas sollozan las guitarras a la luz de la luna.

a guisa de cepillo. Antonio. cuyo cuartel está en la planta baja. a repartir desde ya la parte que a cada cual corresponde.. lo llena en el tinajero y asomándose por la ventana de la cocina. en anafe cerca de la puerta. y manos y pies le hacen trizas. sí. El grupo. y se echan de nuevo a la calle. felicitado. roncas las gargantas. ¡Pues. inflamado. presa de vago malestar. se frota los dientes con el índice. toalla al hombro. les moleste. en camisilla. en donde el ministro de Relaciones Exteriores entretiene un corro con su charla amena. y recuerda que el general Figuereo ha renunciado al poder.» Pero otra detiene el coraje. La fogosidad los ciega y los concita. El objetivo de la épica jornada ha sido descubierto. cuyas borras hierven. El pronunciamiento culmina en una Junta Gubernativa. dejando el lecho. ¡Ese rasgo merece más respeto que los fusiles de sus azuanos! Y los gritos llevan el ardimiento de la pasión regeneradora a los habitantes de La Primada.. y sin que la policía. y ciento. reflexiva: «hay que tomar precauciones. a relatar los hechos. sí.saqué cola de pato. uno de cuyos miembros perteneció al Ejecutivo derrocado. tiene azuanos armados en su casa. Descuélganlo. porque. cuchicheando. concertando pareceres. y. edificadas con el oro del pueblo: tiembla entre su lujo. ¡Es verdad! Y la multitud piensa que sería inútil manchar con sangre tal proeza cívica. En cada calle erige un pretorio. Aunque el nuevo Gobernador simpatiza con la revolución. los unos a montar guardia en la Gobernación —es necesario estar alerta.. Un chalet que irradia luz por sus cristales atrae las miradas. y el grupo se disuelve. Luego se sienta en la clásica sillita criolla a esperar el café. embrazan larga carabina y cruzan al pecho la cartuchera repleta. ¡Viva la revolución! ¡Muera el tirano! Un bastón de ébano fracasa el cristal del retrato ecuestre de Lilís. toma camino de su casa. hacen añicos las ventanas. ¿quién quita?. los pies desnudos en holgados chanclos. y no falta quien se tercie el machete de cabo. se enjuaga la boca gargarizando. comedor. Se cuentan entre sí los comprometidos. y escupe las bocanadas al patio. . mientras ellos les devuelven el bien sumo de la libertad. conviene pronunciar la Capital. ¡Abajo el Ministerio! grita una voz. en el Casino o en el en el Club Unión. Provisto de un vaso. cocina y cuarto de baño. con él. los caídos pueden reaccionar— los otros. XII Muy de mañana. desmayados los brazos. a pesar del triunfo. el enemigo se esconde en las casas. que se están quedos y a cal y canto. echar por tierra el Ministerio. sus a él! Y las piedras golpean las mansiones de los engrandecidos. Antonio. abrazado.. Antonio rehúsa la botella de cerveza fría con que le invita uno de sus correligionarios. y a su impulso el grupo se dirige por la calle dcl Conde a la Gobernación de la Provincia. va de aquí para allá. cantarinas. a la planta tercera. escaleras arriba gana el despacho del Gobernador. El contentamiento los impele. acusa lapidando. Una voz apunta: «¡a donde Manolao. y. Hay que galvanizar la ciudad. baja del piso alto. Pedrada certera rompe una vidriera. y otra. empiema unos pantalones remendados. compuesta de zaguán. en el cual están la sala y los dormitorios.

que infesta el recinto y hasta la misma casa. tres piedras carbonizadas y la lata de lejía. atadas con tiras de yagua. el frasco de bija con su muñequita. tiene su sede el fogón: hasta cinco anafes de hierro de diversos tamaños asentados en poyo de mampostería.La suegra preside en el ámbito. En el umbral de la puerta del patio. que es fuerza mantener con las alas cortadas. En la pared del fondo. Al lado. La mitad la ocupa el gallinero. reposan. y «éste que está blandito como barriga de viejo» o «llene bien la medida». Un limoncillo las ampara del sol con sus ramas. En uno de los extremos medra un humilde jardincillo. cercado de cañas de Castilla. espumadera y guayo. la higüerita con la sal. Es un cuadrilátero. Antonio examina la estancia. cetrina la rugosa piel de trigueña. una ventana lateral se abre sobre éste. En un ángulo. y detrás de éstos. En el jardincillo. Hay también hinojo. enfloran mosquetas y cienhojas. el barril del carbón. brinda tribuna a sus estrepitosos cacareos. En cajoncitos. y tuatúa. revelando la frecuencia con que el cuchillo raspa las manchas que la afrentan. está el retrete. debajo de la misma. cuchillos. sale al patio y lo revisa con mirada curiosa. ruda y albahaca. el bebedero. que regala con su sombra el lavadero: una batea de roble sobre un barril vacío. las ollas vidriadas y las pulidas cucharas de higüero. Entonces se escucha su voz que cuenta: «uno. De un clavo cuelgan colador de metal. después de sorber la última gota azucarada. tenazas. recién fregada. las pailas estañadas de hacer dulces. «cámbieme ese mollete que es de ayer». espiga el llantén y brilla el terciopelo de la yerba buena. un geranio escarlata y un clavel de olor. tres». Antonio observa complacido una blanca pollona moñuda. la señora en cuclillas. reclinados en el tabique. en la mesa cuadrilonga. macetas. cerrado por tres tapias erizadas de fondos de botella que lo guardan de los rateros. caliente y aromoso. el aparador de pino. salvia y sábila. en cuyos tramos escurren boca abajo la loza a flores. y un cocotero. defendidos de la adefagia de las lagartijas. se mira coqueta en el agua y lustra con el pico las plumas pectorales. Todo está igual. el almirez de piedra y la hachuela de picar carne. en el cual ponen y encluecan al amor de un gallo una docena de gallinas. que en un pie. Mientras lo paladea a sorbitos. bolillos. y alta claraboya mira al colindante. ha envejecido también. machetes y otros enseres. restando dominio al sol. en cuartucho cobijado de cinc. el pilón de algarrobo de moler café y rajas de cuaba para juntar candela. de la misma madera añosa. despercude cacharros. los calderos. y por encima de la pared medianera extiende el ancho abanico de sus hojas y carga las hermosas esmeraldas peludas de sus mazorcas un pan de fruta. dividen el espacio los cordeles de . guanábanos y limoneros. Antonio. por cáscaras de huevos enhiestas en varillas de coco. un casco de tinaja de hierro. De tapia a tapia y de árbol a árbol. Aquí y allá. concordándose el placer estético con la utilidad de la medicina casera. cuyas hojas purgan arrancadas hacia abajo. flaca. y con ademán cordial le alarga el pozuelo de café tinto. plantado de árboles. en fila. En uno de los ángulos. recostadas en el muro. naranjos. y reclama. un pañuelito blanco anudado en el occipucio. o «esta leche está bautizada y se le ve el azul de la batata». No. la protege de resfriados. según decir. Dos puertas la comunican con el comedor y el patio. faena que abandona para preparar el café de los madrugadores o cuando en el portal suenan la tapa de latón del panadero o las vasijas de la leche. en el borde de aquél. entre la ventana y la puerta del patio. entre arriates de caracoles marinos. dos. y hacia arriba son eméticas. cuyo tronco forma un codo. El sultán engalla la cresta cárdena. «Eso no es tener conciencia».

ella misma le hace el nudo. En el silencio se escucha el raudal. de la cual afirma la conseja popular que. Le sujeta los pantalones por los bajos para que el pie entre recto. libertar y restaurar el país. En el seno profundo espejea la líquida pupila. La mirada escruta la pétrea garganta cavernosa. y avienta los cabellos que han caído sobre la pechera.tender la ropa. Antonio mata con la esperma de un cabo de vela el filo del cuello. Y en compañía de la esposa. en la paz de lo hondo del pozo! Rocía el carrillo para que no chirríe. Sube las escaleras ágilmente. Antonio. la leche que hierve forma una cúpula de nata y se derrama sobre las brasas. encarnada. donde le espera un desayuno extraordinario. es urgente que El Homenaje no sea en lo adelante el domicilio de los dominicanos que piensen en voz alta contra el Gobierno. y en la espalda ni un pliegue. Está un poco estrecho. se allega a él. le besa. burbujas le cosquillean por la espalda. de regreso a su cuarto atraviesa por la cocina. haciendo molinetes con la varita de corozo. ¡Qué delicia! Y pensar que más de un año estuvo privado de ella. Cuando. Y del pretil al baño acarrea el agua. la copa circuida por cinta negra de dos dedos de ancho. las ropas. aquél cuyo nombre será el mismo del primer pordiosero que en tal día haya tocado a su puerta. que surte agua fresca a dos casas. le interesan estas faenas domésticas. ceñido el saqué se planta ante el espejo. las piernas encorvadas. Musgo fino tapiza el brocal de piedra. baja al comedor. y cargándole lo vuelve a la canana colocada en el costado izquierdo. Sentado. pero no la posee. que está allí. La suegra acude presurosa. El claro ojo le fascina. Antonio. y si huele a bencina. Luisa acude a uno de los hermanos y vuelve con una. Bienhechora sensación de calma y de poesía le acaricia. y de la boca surgen graciosos helechos. En el baño. y sigue unos instantes el curso del lácteo chorro. Con la higüera se empapa la cabeza. Aún hay más: dos pesos para los cigarrillos. En su cuarto encuentra ya listas sobre la cama y en el espaldar de una silla. lo aceita. ya cesará en cuanto le dé el aire. goza de la impresión voluptuosa del agua fría. En la opuesta esquina asienta sus reales el pozo. para que las hilachas no le molesten ni el sudor lo ablande Quiere una corbata roja. and 5. y es necesario también que ésta sea la última revolución». la trasiega repetidas veces para enfriarla. de súbito. las solapas caen bien. y echa el recado. el día de San Juan. para ayudarle a vestirse. sustrayéndose a un pensamiento: ¡sería tan fácil acabar. . expresión de su radicalismo. y empinándose al final. mientras se estruja la piel hasta enrojecerla y se enjabona copiosamente. ¡Cómo le ama y admira! Antonio parte el revólver W. rondando. tanto mejor. Se aparta. flamante. asida por la abrazadera la lata que fue de manteca. las muchachas casaderas que se asomen ven retratado el futuro. Antonio se detiene. soga de majagua con dos bambúes. Mas. de alas acanaladas. enfrascándose en sus planes de sanear. así marca las líneas varoniles del tórax. Caía hasta las cejas el sombrero de yarey. y el húmedo vaho le penetra. boca arriba. vertiéndose en la batea. el tronco sumergido hasta la nuca. en las cuales descubre la belleza sencilla. dormir para siempre. y en el bolsillo de pecho guarda el pañuelo blanco de seda perfumado de Yˆlan Yˆlan. repasadas por la mano amorosa de la mujercita. dice para sus adentros: «no importa lo que cueste.

Antonio. La cosa está que arde. que hay mucha gente mala. las golosinas y el azúcar por temor de los muchachos. rechoncho. excelente bailador. aunque yo sé que desde esta madrugada están sacando carabinas y cápsulas. bien entendido. gota a gota. En un plato. ha vuelto del mercado a donde él mismo va con la negrita sirvienta a hacer la compra.. de Palacio para sus casas. huevo frito y media vara de longaniza. La amueblan un tinajero de pino pintado. El habría preferido una pelea. mozo inofensivo. el segundo. doblado en cuatro. encorvado ligeramente. ¡Qué sacos ni ocho cuartos. —Lo que importa es abrir los ojos y no dormirse sobre los laureles. unas perchas o cosa así. y no deben creer sus intrigas. en él están metidos hasta el gollete los jefes de San Carlos y Pajarito. a la panzuda tinaja. relata el pronunciamiento. nosotros los conocemos! —Vamos. en el cual se guardan bajo llave la loza. usted es muy sano. porque eso sería injusto. color encubridor. inmoral --dice uno. El suegro. los culpables colgados de los faroles. lo primero es ir a la Gobernación para poner en cuenta a la Junta. esta gente es capaz de todo. un pan de corteza dorada. que debemos impedirlo. sangre. pues ya hay un complot para reaccionar. destinadas a las tablas para secar al sol los cajuiles y al mármol para estirar y cortar los caramelos. está puesto en una de las cabezas de la mesa de caoba. un cajón alacenado con puertas de tela metálica. un pocillo de leche. don Pedro. ¡santo Dios! ¡qué transformación tan rápida! de espía y alcahuete le reputaban. . pero ¿ cómo referir que las piedras vejaron a quienes más de una vez han favorecido a la familia y a él mismo? Del embarazo le sacan tres conmilitones que llegan presurosos. cargando sacos llenos en un coche —asegura el último. que vele por que no se emplee a los lilisistas. Vienen a buscarle. si en las cajas no hay más que papeles! —¡No. de los mentados dominicos de los campos de San Cristóbal. sobre los cuales atadijos de ropa recién almidonada. La habitación es adyacente al zaguán. pacífico.. —Es necesario que nos reunamos en seguida para constituir una Asociación Cívica.dice persuasivo: —Vayan despacio. no está satisfecho. base de la piedra musgosa que destila el agua. estregada a diario con estropajo de hojas de guayabo. un plátano maduro. los han visto con los claros del día. y el tercero.El mantel de alemanisco azul. y de momento rompen los tiros —noticia otro. No pediremos nada para nosotros. Todos interrogan. pero que no se les dé a ellos. —Sí. entre bocado y bocado. En torno de la mesa la familia se sienta. con un reflejo de bondad en el rostro rasurado. mueble secular. Don Pedro los ha oído suspenso. y en un platillo. medio de mantequilla. pero lo más gordo es que se están llevando el dinero. desean saber qué fue lo de anoche. —Eso no lo logran. El primero ha sido empleado de la tiranía hasta ayer. se siente mohíno. El buen hombre les . baúles viejos. aunque no lo confiesa. como tremenda lección. A la verdad. asado con cáscara en la hornilla.

veló las armas. En el grupo de jinetes que precede. vigorizada por la intransigencia de una cabeza dantoniana. y restalla el látigo de siete colas en su verbo indignado. importada por un negro autodidacto. y gimiendo con los presos. rico en dicterios. Un día. en las cuales la chusma ha sacudido el lodo de sus chancletas sobre las faldas de seda. jinete insigne. armada de largos machetes y al hombro el saco de yute en que almacenan frutos y objetos realengos. un nuevo espíritu animó la ciudad. alto. de la libertad. El ejemplo de los Estados Unidos y de Suiza se cita como meta de la democracia. Cada plaza se convirtió en sucursal del ágora. derrama sobre el pueblo las doctrinas constitucionales de Hostos. el aire embalsamado por las pomarrosas de las sabanas orientales. hace sonar los grilletes y saca de la tierra en que se pudren los cadáveres de las víctimas. encaramada en sillas claudicantes. enciende los cohetes de su prosa. que enantes corrían tras los carruajes en los bautizos rumbosos. graduado de doctor en una Universidad del Norte. Miguel A. mirando el hembrerío de los balcones. mirando a los balcones engalanados. que pasea su vehemencia de chistera y levita. y la Junta forcejeaba. a lo largo de la empavesada calle de la Separación hasta La Fuerza. la cara de risa. los mal intencionados murmuran: «¡son las mismas que bailaban con el negrito!» y los rapazuelos callejeros. o medio a medio de las calles. revuelan los aplausos y aletean las aclamaciones. A su paso. La Junta se opone. Vale más esperar a los del Cibao. las manos entusiastas señalan figuras conocidas: el Jefe. Ramón Cáceres. Las serenatas a los triunfadores sucedíanse por las calles. son matreros. que sea el triunfo uno solo. el héroe. trajo nuevas explosivas: el jefe revolucionario de esas provincias se proponía entrar en la Capital. recién llegado. En las esquinas. La juventud audaz. de gallardo talante. La magna lucha duró seis días. la negra barba en punta. los dineros del Estado y los servicios públicos. y la palabra meeting. los comentarios corren quemantes. y a las que en ellos agitan manos febriles. Garrido. En los días siguientes. se adhirió al vocabulario político. Por la Puerta del Conde seguían entrando los lecheros. ojo avizor hacia San Carlos y Pajarito. y a los oídos de la gente moza las canas duchas insinúan: —¡Cuidado con los del Este. Los soldados de la revolución desfilan. los discursos premiaban el esfuerzo de los caudillos. pasan los revolucionarios. en los cuales la juventud. de la necesidad de que . ambiciosos y amigos de hacer coca! Acuérdense de Santana. con una palmita de guáyiga en los sombreros rotos: es la divisa de las tropas que desde Santiago a la Capital cuentan en su jornada una sola baja: un oficial herido en un muslo por el cuchillo con que hacía rajas una caña. cual tallado en mármol. contra el asalto de las pasiones irascibles y de los nuevos intereses voraces. En la tarde del sexto día. tararean las canciones procaces. y la vieja barca cruzaba el río con los pasajeros trafagadores. de la educación cívica.Y los cuatro salen a cumplir el arduo deber de salvaguardar la paz de la ciudad. Antonio Portocarrero desenvuelve como en un cinematógrafo las visiones de los catorce años de tiranía. lee las cuartillas de sus arengas. Eugenio Deschamps. que no desamparan ni en las marchas penosas ni en las refriegas. manos inexpertas lubrican los fusiles. cuyos faldones ahueca el viento. un tanto ladeado. por debajo del Baluarte del Conde. ¡homérica risa que durante doce años resonará preponderante en la política nacional! Sobre sus cabezas caen pétalos. en corrillos. hermoso. Se confeccionó una lista de candidatos a mejorar las instituciones desde las oficinas. con su taifa de paso tardo. aún oxidados. Arturo Aybar habla del orden.

Pero una noche. reluciente el parisiense sombrero de copa. ni tienes ideas gubernamentales. o «acuérdense de Lilís que tenía experiencia y sabía en donde apretaba el zapato». ¡Usted verá! ». el Listín Diario . la prensa registra nombramientos. Los papeles impresos. en la cual están anotados los que debían morir por el hierro de sus esbirros. —¡A mí! ¡Eso no es posible! —Sí. en una conferencia. Es cátedra de política criolla. En el Jordán de la Revolución zabullen todos. dice que va a desenvainar el encabao y a entrar a planazo limpio a La Bandera Libre. anunciando: ¡se maquina en la sombra! Las miradas se vuelven buscando a los impenitentes lilisistas. su mejor título para legislar. Todos están en la nómina. con títulos alusivos. bregan por hacer la felicidad de la Patria. Se elogia. otro. Acusación o ejemplo. Dicen que eres muy intransigente. El ditirambo y la diatriba se codean. se repite: «el hacía esto así». y las diestras apuñan bajo las chaquetas las cachas de los revólveres. y levantándose el pantalón. aumentan: las piedras de la épica noche se han transformado en tipos de imprenta. borracho de palabras. con sus panamás alones. dice la gente. entona el Te Deum laudamus. Portocarrero está asombrado: nunca supo que tuviera tantos admiradores ni la tiranía tales enemigos. señalados a la burla pública desde los periódicos. En los bancos del Parque se despelleja a los agraciados. la pasión grita en el Parque: «Horacio está que trina. es presa de las lenguas implacables. con gran sigilo. pero está presente. se le combate. bajo las naves de la Catedral. palmotea. le contesta. y limpios de culpas. usted tendrá otro en mi Gobierno. se insulta. En las palabras. domina. En la tarde. Ese muerto gobierna. Los vencedores se dividen en dos grupos. Mas. pasean por las calles. distinguido y de confianza» . que sus oyentes acogen con aclamaciones. que lo discutes todo. bajo un laurel del Parque. diciéndole: «Necesito ese puesto para una combinación. a son de bando. igualmente istas. la levita inglesa abrochada. En una asamblea lanza su candidatura a Diputado. Un día de noviembre. El Metropolitano. se le abomina. Algún orador novel alude al sol y al cielo. Se ha descubierto que existía una lista de puño y letra del tirano. otro hace cambiar las sonrisas que produjera esta poesía. por un gesto de espanto. La candidatura gana prosélitos « ¡Se lo merece y sabrá defender nuestros derechos!». Cada apellido que cae de los labios del pregonero. ni tampoco el candidato a la presidencia. Cuando la naciente oposición da en el blanco. en los pensamientos. uno explica: «yo porque no le saludaba». roídos de ambiciones indiscretas.los hombres idóneos gobiernen. el presidente futuro. exhibe la mordedura de los grillos. amenaza. Y el pueblo. «yo porque no le quise aceptar un puesto». un compañero de la Asociación le confía que el Gobierno Provisional no le apoya. Ningún mérito se les reconoce. se advierte una sombra: Lilís. Se le niega. y no eres un hombre práctico. los cibaeños retornan a sus lares. en los actos. Vientos de Fronda desmadejan el ramaje de álamos y laureles. y del olvido de lo pasado. cruzado el pecho por la banda tricolor. y al pie de los artículos se leen todos los signos del alfabeto o seudónimos. Algunos jefes lilisistas venidos de las provincias. En los días siguientes. A diario. más o menos jacobinos. a ti. se lee el Decreto presidencial nombrando el Gabinete. suena en todas las bocas y obsede las imaginaciones. el elegido jura la Primera Magistratura. en las esquinas alternas.

incisiva. viéndole escribir. será nombrado próximamente secretario de Estado de. a trizas la sucia camisa. Los periódicos suelen publicar gacetillas. la tendrán. Los acreedores presintiendo el fracaso. sin ruido. nunca. otros le asaltan en la calle. Los compañeros que ya alcanzaron su tajada en el botín. «Pero. Antonio espera cada día. atraviesa el Parque. aun para sus propios contrarios.continúa publicando las listas de nombramientos. menos para él. ¡Ya sabrán lo que es candela! Al crepúsculo. Al día siguiente. este hombre nunca está conforme. acariciándose las patillas. El pueblo. «tiene muchos ingleses». cuatro veces al día. desconocido. «Ese es un despechado__afirma otro. seguido de dos edecanes. se cruzó en la calle con el Presidente. los rapaces vociferan: El Listín Diario a rial articulo caliente de Portocarrero. impaciente. hay algo que le repele. Ten paciencia». La suegra murmura. Luisa. «Don Juan —le dicen—. ¿Qué hacer? De arriba. condenado al dolor. el rollo de periódicos debajo del brazo. Los amigos le traen del Palacio consuelos: el majarete cuajará.. un cigarrillo en la boca. la carta del Presidente. y un Secretario del Despacho. XIII . y el Presidente. y airada. y está preparando una combinación. Arturo Aybar. anunciándole su puesto. «Tampoco es serio». han sentenciado. Las manos les arrebatan el papel. a zancadas. acorralado. de todos los cargos. poco a poco. agregan. habla siempre de ti con cariño. le aconsejan calma. y arrellanados en los bancos públicos o en los mecedores de bejuco. la pluma rasga las cuartillas. descalzos. la chistera parisiense y el yarey portorriqueño permanecieron inmóviles en las respectivas testas. le pone motes chocarreros. le interroga con timidez: —¿Otra vez? —Si quieren lucha. Se rebela contra la sorda. La palabra intransigente ha sido escrita como un inri sobre su cruz. mansa y taimada hostilidad ambiente. ¡Pobre mujer!» —opina uno. devoran la prosa vibrante. . en las cuales se recoge el rumor: «se dice que nuestro querido amigo el brillante periodista Antonio Portocarrero. ratificado en su Consulado en París. enseña a los contertulios del Club a descorchar las botellas de champaña. de azul y oro. Es un «espíritu de contradicción». maldito. y producen sensación de fragua. No. de abajo. » En Palacio se le ha ido descartando. en cuyas cláusulas adquieren las palabras extraño sentido. ¡Ah! el triunfo para los otros. Los lilisistas se soban las manos con gusto. mientras prepara las maletas. y él nota un ardor de súplica en las pupilas de su esposa. asedian a Antonio: siempre hay un cobrador de facción en la puerta. a la miseria. acusa: «ese huevo quiere sal». y sin que el espumante vino se derrame. en tanto. los faldones al aire.

según sirva o ataque sus intereses. Portocarrero siéntese satisfecho. los chismes. hum. convergen y se transforman en prosa candente. quebrando lanzas por la Constitución. y un misterioso colaborador que se disfraza con un seudónimo desliza su manuscrito envenenado. rimbombante. han aparecido virginales camisas ensangrentadas con monogramas. Antonio derrama su ira contra el gobierno. Las propagandas. Este. repite con acento afrancesado su estribillo: «Ni un día más. las noticias. y es preciso defender los vitales intereses del país». Los que entretienen sus ansias. . lectores impacientes aguardan a la puerta. En el Parque. aplaudido o denostado. porfían. sentados sobre la mesa y en los rimeros de periódicos sobrantes. ¡Marea de sanies! En la calle. los jimenistas le denigran. El Presidente continúa recorriendo las calles a trancos.. A su vez. que ejerce autoridad. y los domingos oye devotamente la misa en la Catedral. e insinúa que aceptó los favores de la tiranía. que al fin capitulará.industria costea su existencia. los plumíferos empleados le atacan. con una mesa de pino. aquél. Su enemigo es el Palacio. el cronista de salones deshoja flores a los pies de las damas concurrentes al último sarao. Allí se reúnen los opositores y también quienes gustan de encandilar a salva mano. Sus cartas circulan de mano en mano. y los reporteros voluntarios acarrean gacetillas. recomendando el secreto. otro le amenaza con el Archivo del Tirano. —Esa es la obra de los lilisistas. Los lilisistas le elogian. el santurrón quiere embestir. con sonrisa maligna le susurra: «Usted no sabe cómo anda la procesión por dentro. incluyen su nombre en primera línea. es un mentidero. Un seudónimo impenetrable. tres sillas y otros tantos cajones vacíos por mueblaje. establecida en una accesoria de la imprenta. interdiario que ha fundado y dirige. cabeciduro. Cada error gubernativo es una piedra más en su pedestal. y los forasteros visitan para que les pongan un saludo de bienvenida. desmenuzando al contrario. suerte de bubón cuyo pus pringa todas las caras. arrójalos sobre la cabeza de turco del Ejecutivo: el Palacio es el único responsable. qué. su prosa estalla.En las columnas de «La Libertad». que este Pan sobao se las trae. ni un día menos».. y Horacio. Antonio no mira hacia atrás. Al oído del Presidente se insiste: «Usted es muy bueno. ni examina quiénes le impelen. mientras Antonio escribe. le dice al oído: «siga. la gente le estrecha la mano con efusión o esquiva el saludo. A horcajadas. inquiere cómo ha vivido hasta hoy. admirado. acompañado de su familia. El edificio cruje al golpe de las piquetas demoledoras. y don Juan debe pelar el ojo. y agarrarse. entre tales papeles. su fuerza se enfrenta al poder. y truena contra los mismos procedimientos que sólo han cambiado de antifaz. fuerte. charlan. Lilís le habría metido en la cárcel. En los días en que de antemano se sabe que «La Libertad» viene picante. que nos están dividiendo para vencemos.. los nuevos mandarines la violan desahogadamente. amigo. y la maldad adoba y cuchichea que. Es el blanco de todas las flechas. por lo menos». los discutidores se enfurecen. » La redacción. madriguera del despotismo para él. le pisan una punta y se levantan las otras tres. haciendo combinaciones ministeriales. pues a su juicio. —Sí. Esto es un cuero tieso. porque la mulita corcovea. odiado. «Este país no se puede gobernar así». pero él. Los errores de los jefes comunales analfabetos. Elocuente. con sus edecanes a la zaga.

su péndola. los testigos se apartan y los revólveres relucen.. y Portocarrero enristra una catilinaria al Presidente. se repetía a sí mismo. acusa. de usar las mismas prácticas corruptoras. zigzagueando. y se le reconocen cualidades. los movimientos. Las balas habíanle respetado. a todos les ha pellizcado el plomo las orejas. o perfilados detrás de los árboles hasta que las cámaras se vacían. El bastón del periodista se alza. amusga las orejas y lanza un rebuzno formidable. enumera los errores en que ha incurrido. y entre los gritos de los presentes. el otro se escuda en el tronco de un álamo. Portocarrero se planta en la avenida. junto a la puerta. entonces los otros promedian y la policía acude: Muchas puertas se han cerrado. con «la caída del Ministerio». pum. y mi tío es un hombre honrado. Los amigos le asedian. —No ha sido nada. lloraban lamentándose. clava en la picota o elogia sin tasa. «lo que le dicen a don Juan». y barajando los nombres que se indican para el nuevo Gabinete. y la guardia de la Gobernación está firme. Luisa. le acusa de acoger a los lilisistas. Los cobradores le han concedido una tregua. y lo que es peor. una pelotera sin importancia. . El bombín del insultador rueda roto. escribe. aclama o anatematiza. le abrazó. ¡hombrearse conmigo! Después del lance. le satisface. los dos hombres se bombardean.. «La Libertad» relata el duelo. y hasta los tenderos le saludan con una sonrisa prometedora de nuevos créditos. saltando. las manos se tienden afables. pum. los ojos acuosos y enrojecidos. sólo una le repulsa. Los espectadores la cuentan de chiripa. Tres secretarios de Estado han renunciado. ilesos. El paladín le mira retador. alguno afirma que Portocarrero será al fin ministro. «Esta vez sí que llego». «La Constitución es un trapo. si necesario fuere.. excluye. los granujas vocean: «La Libertad». se comenta el artículo. Todos querían saber. que muchas veces con su dinero le ha matado a usted el hambre. sin piedad ni rebozo. y el otro estalla: —Usted no es más que un sinvergüenza. El tributo de tantas manos que estrecharon la suya alabándole por haberse portado como un hombre. la que herida en una pata. En los mentideros del Parque de Colón. enumerando los disparos. y aunque les habían avisado que nada le ocurría. es una borrica que pasa por la calle cargada de petacas de carbón y haces de caña de azúcar. En la casa estaban conmovidos. ¡Un mentecato! .Una tarde. ofrendará la vida». Los combatientes. Todo ha terminado. XIV La noticia le precedió. Cuando llega en busca de los laureles de la jornada. Antonio se sentía más varonil. En todas las combinaciones ministeriales publicadas por los periódicos se le nombra. Su popularidad medra. «Nuestro querido Director —termina— se debe a la Patria. y en sus altares. algunos le piden puestos. cuando debe ser tan sagrada como la bandera nacional». los incidentes y haciendo constar que ni insultos ni tiros le detendrán en su camino. La única baja.

hace un cuerno.—El nombramiento de los nuevos ministros. puertos. replica: «Todavía no sé nada de cierto. portador de la tarjeta de don Juan. le interpela: —¿Qué fue el bando de esta tarde?. Antonio. y alguno de infusión de jengibre o de hojas de naranja. él está preparado.. Hombres como tú e ideas como ésas. esperando al conserje de la Presidencia. Luisa. mucha administración honrada.musitándole: «ya sabes que siempre he sido tuyo». y la abuela doña Altagracia. molesto le alarga un pedazo. sonriente. frente a la taza de chocolate humeante. ofreciéndome el Ministerio de Hacienda o el de Correos y Telégrafos. en Hamburgo. Y se produce el silencio. Antonio. y en la noche sorben el pozuelo de chocolate unos. con retintín. convidándole a una entrevista. compuesto de carne guisada. nacionalismo. En Interior. Esta vez parece seguro. ministro». relata: —Don Juan me mandó un recado ayer. le diga cariñosamente: «adiós. si Instrucción Pública. escuelas y educación cívica. » Y deleitándose promulga sus planes de gobierno: no importa el Departamento que se le destine. a pesar de sus errores: pero los compromisos. —Así es. de acera a acera. Con acritud agrega: «no lo nombran ahora tampoco. ni sé si me convenga aceptar. displicente. En la casa. otros de café con leche. balbuceando. y volviendo el brazo derecho. las que convienen. y cuando ha terminado con su ración. El Presidente está bien inspirado. le fueron ofrecidos. se mantienen alerta. caminos.. apá. En Fomento.. con lentitud unta de mantequilla el mollete de pan. hacer cumplir la Ley con energía. y fuera las asignaciones. economías. que sorprende las murmuraciones. concluye. según él. En Relaciones Exteriores.. calla siempre. sólo interrumpido por los sorbos y la masticación. La suegra protesta:. arroz blanco. en aquella miseria que abate su vanidad. y nacionalismo. a las doce para la comida y a las siete para la cena. La suegra. Reclamos y palabras hostiles le obligan a mentir para engañar la espera dolorosa. -¡Ah!. habichuelas rojas y plátanos salcochados. el unigénito forcejea por alcanzar un pan. rechazando. y no falta quien. . textos en mano.. si no. administración. chacharean hasta acalorarse de los sucesos del día. nos hundimos — asientan los oyentes.. El. inmigración. sus reclamaciones dolosas y sus pretensiones humillantes. los que. habiéndose negado.. gastos reproductivos. pero le contesté que no podía aceptar. pero se muere antes que confesar que él es un embustero». sí. mientras toman la sopa y yantan el plato cotidiano. La familia se reúne en torno de la mesa dos veces a día. «ésta no lo cree. poner a raya a los diplomáticos extranjeros. tembloroso.. Antes había anunciado distintos nombramientos: Cónsul general en New York. En una esquina de la mesa.. En Hacienda. y las responsabilidades. ya verás como se le pela». para salvar la independencia amenazada. Interventor de Aduanas. se adhiere: « ¡porra para él!». apán. El país necesita.

Doña Altagracia pone la oreja en escucha. abogados. un tipógrafo mudo. música. y anuncia: —Oigan.. En el ángulo nordeste. porque yo sé hasta cuando les duele la cabeza. es una tontería comprometerse a última hora». tienen su sede. clama inconforme: —Bueno. descotada la camisa. en busca de aire. exasperado. tal vez me habría sacrificado y eso para tratar de unir a Horacio con don Juan. médicos y gente de lengua chispeante.— La Hacienda está muy embrollada. se monda a cuanto ciudadano recibe la gracia de un nombramiento. Como decían. señora. Y Antonio sale disparado. que habla y gesticula sin cesar. se juntan los políticos activos: empleados. que quiere buscarle la boca. La honradez tiene una condición fatal: la cesantía. replica todos los argumentos. son dueños los galleros..obscuro protector. Y en Correos y Telégrafos sería una figura decorativa. En el Parque los bancos están concurridísimos En el ángulo sureste. y afirma contundentemente: —A mí de gallos no hay quien me enseñe. a juicio del zapatero. un zapatero curazoleño y un pirotécnico los cuales disertan sobre política internacional. —Ninguno de los dos me conviene —prosigue Antonio sin responderle. los belgas. estallará de un momento a otro. puesto que mi criterio radical. entre la Catedral y el Palacio Nacional. En los bancos fronteros a la calle Separación. amén de algunas parejas de amartelados que se agradan en el claro. Unos atacan y otros defienden. agrega: . desenredando esa madeja de la Irnprovement. ¿pero qué han hecho esos tales para que los nombren ministros? ¡Comprométase uno para que otros gocen! Y un burlón. no habría de ser adoptado por el Gobierno. En el segundo y tercer banco del frente del Palacio Municipal. abogados y políticos graves. obligado a asumir las responsabilidades de los errores cometidos y de los disparates que seguirán. entre bromas y veras. se sientan comerciantes. La batuta la lleva un hombre fornido. si no ha querido —refunfuña la suegra. De la mitad de aquel lado hasta la esquina de la calle de Plateros. analizando los cablegramas del Listín. las altas voces reseñan las últimas riñas y enumeran las condiciones de un giro o de un malatobo. aludiendo al grado de coronel que las Ordenanzas militares reconocen a Jesús Nazareno. Sones musicales lejanos llegan hasta el comedor. y no voy yo a exponerme a fracasar.. El tópico palpitante es la guerra entre Francia y Alemania que. parroquianos del café vecino. los franceses y la Deuda flotante interior. conversan a gritos. bajo un laurel. Debe de ser la serenata que le traen a Antonio porque lo han hecho ministro —No. Alguien. con un álamo por medio.—¿Qué sueldo gana un ministro? —pregunta la suegra con viveza. que forman coro en derredor de un álamo.. Porque las cosas andan de mal en peor. periodistas. blanco. Si me hubiera ofrecido la Cartera del Interior. Los nuevos ministros están en la mesa de disección. y pronto llegaremos al rompimiento y a la revolución Luisa aprueba con energía: «has hecho bien. Allí. de cortar por lo sano. los bisturíes afanosos escudriñan en los pliegues de lo pasado. yo. Aquí. domina todas las voces.

le ha exigido con urgencia: se le deben tres semanas. que nunca maldice. en vista de que se tira en sus talleres un periódico de oposición. el dueño de la imprenta en que se edita «La Libertad». ni poder ni riquezas. solo. Este país está perdido. y «La Libertad» habrá muerto. continuará igual! La suegra cocina y plancha. En Gobierno nada es posible. y escucha gotear los higuillos de los ramos sacudidos suavemente por el terral . —Ahí está. Antonio esquiva el Parque de Colón. En el hogar. y el suegro. haciendo de policía o de cura. De esa tiranía nadie le libertará. en donde se sentiría mortificado. él es un honrado padre de familia. ya he quemado las naves. y en la cocina borbota el almíbar en la paila estañada. Esta tarde. le torturan y le enseñan a balbucear obscenidades Es la pesadilla que le abruma. y se ha cargado la cantidad. ¿cómo continuar? Su oposición ha perdido autoridad. ha logrado. pago. no le da trabajo de sus oficinas.—Y lo peor es que han nombrado coronel a Jesús. por otra parte. y el público se cansa. ¡Jesús Nazareno! Y el coro se desternilla de risa. hazmerreír de una trulla de chiquillos que le burlan. tiene que hacer pagos en Europa y. conminándole al. ¡Pobre muchacha. está en ruinas. Luisa y su hermana trabajan de seis a seis. y ¿qué méritos tiene Jesús para eso? Está visto. —¿Y qué Jesús es ése? —Hombre. sólo resta Horacio. que ha tomado a cuenta seis meses de sueldo. y el casero no la repara para que se muden. y eso sería el acabóse. y con frecuencia su mujer mueve el pedal de la máquina. porque eso sí. __Sí . y él mismo está muy alcanzado. y el hijo crece. El patio está siempre lleno de tablas con cajuiles secándose al sol. la situación es intolerable. El editor ha fallado el pleito. se estira. Los cuñados apenas ganan para sus necesidades. caminar. y cuando se case. El administrador dice que los agentes del interior no remiten los fondos. a cada artículo suyo teme que le despidan del empleo que tiene en Palacio. el Gobierno. ¿A qué seguir combatiendo? Y lo que es peor. cosiendo para la calle. . inclina la cabeza. y que las ventas disminuyen. el Cibao que quita y pone Presidentes. Y allí.. hay que tomar una resolución —se dice—. tanto. hasta muy entrada la noche. Esperará una semana más. de las palabras altisonantes. temblequeante. Y abriendo los brazos. Uno o dos números más. y se acoge a la penumbra de la Plaza Duarte. Herminia lava y hace dulces. La casa no la pagan hace años. Luisa no se queja. las cosas están muy malas. y agrega: «más no puedo hacer». necesita el dinero. los brazos abiertos y un hilo de saliva colgante del labio belfo ¡Qué horror! A menudo lo encuentra en la calle. pero late en su reserva una protesta. cavila. al fin. sus ojos descubren dos cuerpos que se abrazan bajo un árbol — una negra sirvienta y un soldado—: animalidad vibrante. Más allá de las lomas. Y ha mostrado las cuentas muy claras. En la oquedad de la plaza. La última ilusión se ha pulverizado. frente a la Iglesia del antiguo Convento de Dominicos.

—No debes matarte tanto. desde que . las sillas. cuyos muebles nunca le parecieron tan viejos. venturosos? Nosotros izamos nuestras velas al viento desconocido y desentrañamos del océano un mundo. El polvo ornamenta la cal de los muros con extraños arabescos. entre vigas y alfaljías. Antonio siente la presión física de aquellos ojos que le dirigen reproches. se abre indicándole un camino. la humedad dibuja fantásticas figuras. marchita. al frente de mesnadas campesinas vencimos a los soldados napoleónicos. armas y atributos de guerra. conserva toda su altivez. edificamos hermosas catedrales. Veinte hijos sanos. rota la rejilla. Conquistamos imperios. y que aquellos labios sensuales le interrogan. y le parece que la diestra que reposa entre dos botones de la túnica militar. Y una sonrisa melancólica enarca levemente la boca fina. Antonio le toma la cara por la barbilla. y bajo una cicatriz que parte la frente. Y vosotros peleáis sin cesar. — ¡Qué buena eres! Se sienta a su lado siguiendo atento el pulgar que pliega las alforcitas de la pechera. cojo. colgante en mitad de la sala. Fecundamos la tierra y el vientre de nuestras mujeres. se apoya en la pared. desasnando muchachos. De regreso. encuentra a Luisa. ogaño una arañita prende sus hilos leves a uno de los ángulos superiores del cuadro. hecha a regir hombres en las filas y a dominar negros en el hato. la nariz aguileña y el mentón pronunciado denuncian la energía de quienes por el mar o en la tierra impusieron su voluntad heroica. la roja espadilla de una encomienda. pues. si son camisas para ti. Las que tienes se están deshaciendo y quería darte la sorpresa el día de tu cumpleaños. la mesa del centro. cosiendo a la luz de la lámpara de petróleo. Luego pasea la mirada por la estancia. el sofá. prósperos. no hay necesidad. pregonaron mi estirpe. matamos indios. En el marco.Hay. llena de máculas. fundamos ciudades. y a1zándola. alzando las dulces pupilas. tantas veces renovada. y restituimos al Rey la Hispaniola. bordada. otra vez a ludir los fondillos. defendimos nuestros bienes del asalto de los corsarios y enseñamos al bucanero de Occidente el hierro de las lanzas castellanas. Y ella. que fueron el lujo de sus bodas. se zarandean de un lado a otro bajo el peso de las personas. descascarados. en las sillas de las escuelas. y la negrada de mis ingenios proclamó que fui amo pródigo de mis caricias y de mi oro. y se excusa: —No. que avivar el fuego y mientras tanto. en cuyo pecho prominente ostenta. le contempla satisfecha. y cuando el Rey nos cedió al francés. —¿Qué has hecho de grande en tu vida? ¿Por qué dilapidas tu energía en palabras? ¿ Qué obra digna de las tradiciones de esta tierra. la besa en los ojos murmurando:. realizan los hombres de estos tiempos? ¿ Sois libres. muchacha —le dice entre cariñoso y reprensivo. desvencijadas. En el testero se destaca el retrato de cuerpo entero de uno de los antepasados de Luisa: señor potentísimo de la Colonia. Los mecedores de bejuco de Viena. una revolución sucede a otra. esclavizamos negros. descaecido por los años. el buril talló entre hojas de laurel y bellotas. La mirada de águila.

y besó la carne muerta de los vástagos. el primer diente o el primer pinito. devocionario en mano. las pasiones de la política le encarcelaron esposo. porfía y curiosea. husmea. Es un cuaderno con tapas de cartón. las angustias de los asedios. palpita en el silencio. un pañuelito esquinado cúbrele la cabellera nevada. y pasar ese día en casa de una de sus amigas de infancia y comadre. En la casa. Su memoria comienza ya a desvariar. Combatís. ha anotado los sucesos de su casa y los de la calle. tócase con manto de merino a flecos.. ni una sola vez agrega al relato. con el mismo ardimiento de nuestra sangre. con lacito en la punta y dos borlas en el remate de la caña. el en que se pone de hinojos ante su confesor.la Colonia se hizo República. en el cual. con malísima ortografía y letra redonda. las pupilas vivas. En el rostro arrugado y moreno. nietos y biznietos. a pesar de sus noventa años. Nadie la ha visto llorar. Empero. junto al nieto. brillan. XV Doña Altagracia. Cuando recibe en su morada interior la eucaristía. ella conserva inmutable la forma del traje y las mismas amistades. y el ruido pasajero de bailes. es cierto. pina. la abuela. y a los impenitentes les . se atiene a su dicho y acude al testimonio de su libro de apuntes. y carga el paquete con la muda de entre casa. las ejecuciones y los pronunciamientos. prende a las orejas zarcillos de azabache y oro. a flores. que toca la trompa en la misa cantada de los sábados. fuerte. Las modas pasan. En tales efemérides. Así. con el nacimiento de hijos. viste bata de prusiana morada. que triunfa corrompiendo y humillando. los hombres nacen y mueren. aunque siempre muestra recato en el juicio. lágrimas o comentario. y es cada vez más terca. Sin embargo. que con los años ha ido perdiendo serenidad. luce sus sayas negras de viuda. en sus páginas se asocian la noticia política. que la auxilia en los accidentes de las aceras. hijos. alto el talle. Recorre la casa sin cesar. escribe: «he cumplido con Dios». bíblica. hermanos. Sufrió reveses de fortuna. la exaltación y caída de los caudillos. de gruesos perfiles. A1máciga preciosa. mojigangas callejeras y fuegos artificiales. adorna el cuello con un pañuelo blanco sujeto por un medallón con el retrato del esposo. Con los años ha perdido la ecuanimidad. en su largo vivir ha sido traspasada por los siete puñales. exclama sin ufanía: «¡nunca le he dado la mano! ». cruzó el mar en buques de vela. medias blancas y guillotinas de marroquín morado. la muerte de los seres más queridos y la primera comunión. por empleos. ¡míseras hazañas! El ruido monorrítmico de la Singer. y se destaca aquilina la nariz. las prisiones. ella que ha sido perseguida y martirizada en los suyos.. el domingo tercero en la Catedral. en el ex Convento de Dominicos. partida en dos trenzas que rodean la cabeza y se juntan en mono. entre los párpados abotargados. y tal amor por los suyos que no les conoce defecto. Y frente a Lilís. camina erguida y despacito. hechas especialmente por José Mena. otra. pero irreducible cuando le rectifican. siempre serena. Sale dos veces al mes: una para adorar al Santísimo. desde los albores del siglo. y la bandera cruzada ondea sobre las piedras yertas que cobijó el pabellón de os leones. rumbo al exilio.. las expulsiones. es una mujercita seca. y al registrar la muerte de un hijo: «Dios le tenga en su santo reino». gozó diez veces el dolor de la maternidad. la pluma consigna el hecho y nada más. buen hombre de figura quijotesca. y calza botín de ternel. regaña a los nietos. cerró los ojos a los padres.

Los jóvenes se marchan tras el último trago de chocolate. para casarse. Don Pedro. doña Altagracia cuenta. por ella misma coleccionados y añadidos. el retrato del abuelo coronel de milicias. Alto. que ajetrea desde que amanece. dura hasta las diez. la visita un primo suyo. pone su fe en otro. los papeles y novenas. mayorazgo. de la cual es devota. componiéndose con blusa de batistilla adornada de encajes y cintas. en mangas de camisa. para ella indiscutiblemente el tiempo pasado fue mejor. a veces. después de la faena. y si le engaña uno. resiste a los más duros embates de la miseria y se conforma con su empleo. que siendo hijo natural. Su casa poseyó capilla. la madejita de lana. tijeras y un cabo de vela. Cubre la cama con colcha de retacitos de diversos colores. Cose. Jamás habla mal de nadie. ni alimenta dudas. que viene en calesa y con chistera. sino de pozo. agujas. depositada en negra alcarraza española. tales sus achaques. En la tertulia inicia las bromas y corta el nudo de tristeza con que suelen atragantarse. Empleado en el comercio. hilo. esclavos. Dos veces al día escancia agua endulzada con papelón. cuando las cosas mejoren. tampoco usa vaso sino una higüerita. cuya paga. después de la cena. ante la de Jesús Nazareno. rebaños. y prepara su espíritu para el coloquio amoroso. mayor de veinticinco. pero ingresan dos visitas: el novio de Herminia. y otra higüera grande le sirve de jofaina. y los miércoles. zurce y pone plantillas nuevas a los calcetines. y cuya madera fue cortada y labrada en tierras propias. y en cestillo cuyos mimbres crecieron hace cincuenta años. no tuvo la tiranía enemigo más firme. pues es preciso que su amada lo crea el más elegante. que llega invariablemente a las siete y media y se despide a las diez. fue desde joven honesto. de Feval o de Pérez Escrich. después de misa. tez cobriza. un día el padre de ella. una pierna sobre el brazo del mecedor. mes. El novio es un buen muchacho. Desde el muro. tanto. a duras penas. de los pozos profundos y poéticos. Florece la negra cabellera con una rosa. satisface los primeros menesteres de la vida. guarda la ropa. Cada noche. en arquilla de cedro. cuyas hazañas rememoran. charla con su amigo en torno de los sucesos de la política. ebanista de oficio. La silla de comodidad procede de su padre. Los días modernos no le impresionan. siempre de excelente humor. trapiches. y un viejo amigo. y la grandeza ancestral la libra de injurias y de vanidades efímeras. reidora. quien desde chico frecuenta la casa. y desde hoy te autorizo a usar nuestro apellido». se asea. cree en los hombres.. Herminia. se baña. cómo él pudo alcanzar en el comercio. y una palma bendita renovada cada Domingo de Ramos. que era de su madre cuando ésta casó. Sano de cuerpo y de espíritu. después de recogidos los peroles de hacer dulce y la tabla y las planchas. de pocas palabras.planta en el cráneo un cocotazo dado con sus nudillos huesudos. les sonríe. la novia. la familia se reúne en la sala. discreto y varonil. gana cuarenta pesos y espera que le aumenten. y sus raíces espirituales se han afirmado hace ya trescientos años en la tierra quisqueyana. No bebe agua de aljibe. gracias a un optimismo ínsito. protege el lecho. y la tertulia animada y. nunca se descubrió al paso de Lilís ni le aceptó una sonrisa. En su alcoba se consume constantemente una lamparilla de aceite ante la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes. posición desahogada. En armario de caoba. botones. a quien ha consagrado su prole. y se sienta en el balcón a leer novelas de Dumas. acicala y perfuma. dedales. falda de lanilla azul obscuro y zapatos de tacón alto. Todas las tardes. fino. y cuando se despide. . El domingo primero de cada. Hablan una hora de las cosas que fueron y de las que son. sin meter un solo contrabando. hasta que llega el novio. haciéndole comparecer a su presencia díjole: «Sé que eres merecedor de llevar el nombre de mi hermano. digno.

aconseja doña Altagracia. —¡Quita de ahí. y poca religión». toditos se quedaron en el ingenio y en los hatos. Y es su conversación pintoresca. y los alzamientos de los esclavos. que les pone con gracejo hilarante. si la dispepsia la atenacea se rebela. Para ella casi todos los vecinos de la ciudad tienen un apodo. a menudo. Y si la madre o la consorte le reprochan. confundiendo fechas y nombres. quedándose allí cual un pelele desmadejado. y cae. que son patrañas! Mi tío Miguel fue hombre muy de bien. La voz de la abuela es la que más suena en la tertulia. las piernas temblorosas. altanera recuenta. que te va a hacer daño». trabajando hasta pagar su rescate. le encontró el padre en la alcoba de la moza. aunque también toma parte en la tertulia. nunca le falta tema. —«Tráemela». A Antonio le gusta oírla y la hace hablar. consciente de su destino que será igual hasta la tumba. entre párrafo y párrafo.. y la apura con deleite. y en seguida intercala. apelotonada. ¡Cuándo los negros de hoy. al mismo tiempo cose o teje o cuida del hijo que anda de un lado para otro. Y ella. y que despertando azorado. casado dos veces y que a sus hijos naturales les dio nombre y les encaminó. “Mi taita reunió a los suyos. Incansable en el trabajo. y les dijo: mis hijos. no la tomes. Un siglo entero se anima en su memoria. los brazos en balance.! Ya todo está cambiado. pero él ase con ambas manos el tazón.. pues remueve pasado y presente. reviviendo días y hombres pretéritos. volvía temprano. coloca un chiste mordaz. —¡Malhaya quien lo diga! —replica. reclama con gozo—. y si es verdad que iba a visitar a sus amistades. hay mucho libertinaje. Nunca salía a la calle de noche sin pedirle la bendición a su taita. Ni preocupaciones ni pesares le quitan el apetito. ora interrogándola. y todos. «Muchacho. «qué gandío eres».por la que pasa sin odios ni envidias. ustedes son libres. Luisa. los percances del año de Toussaint L‟Ouverture. ciento. si evoca. un mazo de triquitraques. trepando para entrar por la azotea se cayó de un alero y estuvo tendido en la acera hasta que el fresco de la madrugada le devolvió el sentido. Y que otra vez un amigo guasón metió por debajo del portal de la casa. —Doña —suele decirle Antonio—. hasta que se duerme sobre el sofá. lee un grueso novelón y. la esposa echa de ver con lástima que se ha quedado una taza de sopa de la que se guardó a mediodía y se va a perder. a veces. . acarreando objetos estrafalarios. las piernas en cruz. virtuosa. Doña Rosita en un rincón. alguna de las tantas famosas indigestiones paternales. con gran escándalo de doña Altagracia. —Pero si cuentan que una noche. es un buen diente cuando hay qué y a toda hora.. replica risueño: «lo mismo era papá y no murió del estómago». la espada debajo del brazo y un farol en la mano —porque entonces no había alumbrado—. que niega indignada. después de los postres. ora contradiciéndola.cuando éste vino del Guarico. tal como se las contó su mamita. y ni jugaba ni tenía deudas. y es entonces cuando sus saetas se clavan en el yerno y da recias nalgadas al nieto. Entonces cada uno vivía de lo suyo. envuelto en la capa. originado por defecto físico o por historieta chusca. sopla la capa de grasa fría que cubre el líquido. en la cual había entrado de tapadillo. he oído hablar de un tío de usted que era muy mujeriego.

. y miles de cabezas de ganado en los hatos. También venían maromeros. ¡Y las mujeres! Mientras mi abuelo sitiaba la ciudad. —Pero no había teatro... ¡Esos sí eran varones!. ¡Quién se lo hubiera dicho a mi compadre el general Santana! Y la anciana. con pantalones viejos. Por cierto que. y además cumplía con su madre. —Esas son historias. y los jóvenes. y bravo. Y se representaban muy buenas comedias y misterios. condenado! Ustedes se mofan de los viejos. triunfante. hacía hilas. y sin la inmoralidad de hoy en día.. Cada familia llevaba sus sillas. se sentaba en la puerta. y el único refresco era el vaso de agua de melao. muy rico. desgranó dos repiques. qué pena! Ella se puso como la grana. se refugia en su alcoba a pasar ante el retablo de Nuestra Señora de las Mercedes. le quiso mucho. y cajones de pesos columnarios. en el patio del Café de la Reina se levantó un tablado para el escenario.. ni crea fina de hilo. ni mantones de china.—El Listín anuncia que viene una compañía dramática. donde cabíamos seis personas.. ¡ Cata uno ahí! —y señalando el retrato del coronel de milicias. cuatro bolas y la bandera roja señalaron vapor del oeste.. Su compadre. de los campeones de la Reconquista. la misma que después vino a ser mi comadre. rezaba. desde la torre del Homenaje. se retiró. y se comía el cuero de las butacas sancochado.. por el ánima de vivos y de muertos. y muy buenos. La herida de la frente se la hizo un franchute con quien se batió frente a frente en Palo Hincado. Antaño era otra cosa.. fue a caer abrazado a mi amiga Pepita Contreras. Mi taita hizo colocar un escaño grande. Don Juan Sánchez Ramírez. su esposa. prosigue—: ése fue rico. ¡Ave María Purísima. y cuando estuvo en la Corte. y copas. ¿Emborracharse? ¡Eso nunca! Se comían pastelitos y se bebía sangría. Ninguna señorita correspondía a un enamorado si aquél no tenía con qué casarse. —Así será ella —dice la abuela—. que están siempre callejeando o con los dientes al sol en las rejas! —Pero doña. ¡Qué diferencia de las muchachas de hoy en día. entre las murallas. su potiza con agua. un gran actor como no vienen agora. Y en los bailes. como en mi tiempo. ¡qué mala lengua tiene este demonio! ¡Ojalá los de hoy! Mucha onza pelucona se guardaba. . erguida. XVI La campana del vigía. quince casas de su rosario. a fumar la cachimba. Cuando vino Pizarrosa. y se han dejado guberciar catorce años por un negro mañé. y mientras estuvieron aquí los titiriteros no se asomó más a la ventana. sino cambalache. — ¡ Ofrézcome al Señor! Si no hacía maldita la falta. de casaca azul con botones de oro. de caoba. uno que saltaba una docena de sillas a lo largo. mi mamita. el Rey Don Fernando le agasajó tanto. Media hora más tarde. ni existía moneda. y en el semáforo. después del toque de las oraciones. una noche. Ojalá ustedes se dieran un trasunto a aquellos hombres. en chancletas. —¡Alabado sea Dios!. todas muy bien puestas. Entonces había valor y virtud. si en aquella época la gente.—¡Anda a la porra. Ya no vienen cómicos buenos.

los aurigas y los carreteros se confunden con los espectadores. cuyos reflejos vivos hieren las pupilas. comienza el desfile. Aún quedan restos del tráfico de la madrugada: pilas de petacas de carbón. «Es la mejor compañía que ha venido». se preguntan: «¿No vas al río?» «¿Qué hay?» «La Compañía de Roncoroni que llega». A espalda de las casas. los pasajeros pasan de babor a estribor. los otros armados de un cuchillo cachicuerno a la cintura y del garrote de guayabo con que castigan las bestias. tomando helados los parroquianos han examinado las bellezas que el retoque presta a las mujeres. el barba. los curiosos atalayan la barra. el talante aristocrático de los galanes. por la aleta de un tiburón. los unos con sus fustas. coches y carretas estacionan. la gorra blanca con galón dorado. Desde un mes antes. en el café «La Tertulia». en otro colmado. que hierve en anafe. y escuchado la cuenta de sus triunfos pregonados por la prensa extranjera. Más allá. esperan apoyados en las carretillas. mientras se diligencia el abono. bonita. suda impaciente. En los balcones de la Capitanía del Puerto. girando merced a los cables. en fila. en el limo fangoso de la orilla. En El Tanque. Al término del muelle. grueso. observa uno. frente a la calle del Tapado. pidiendo práctico. lenta. un hombre en mangas de camisa expende vasos de leche. cruzan yolas. que ya pica. los pantalones arremangados hasta la rodilla. En el puente de mando. es la Adams». el negro piloto. con las piernas muy abiertas. el vapor hace la ciaboga. apiñada. De una a otra banda del río. « ¡Compai. que trae en . y junto a él. goletitas y balandros costeros cabecean. en gran cuadro de felpa. y el público que atiende a descubrirlos saluda a los conocidos. torsos de bronce o de mármol negro. trojes de yerba de maíz. majestuosa. Cuando la masa obscura del «Julia» aparece en el estuario. Detrás de la jaula de hierro. una gruesa cadena enroscada al tronco vencedor del tiempo y de los hombres. frutas y casabe. Los estibadores medio desnudos. Malla. y deslizándose por el cable. se exhiben las fotografías de los artistas dramáticos. Amarradas. reviste el agua. alza su ramaje centenario la Ceiba colombina. alto. el «Julia». por delante de la mitad que resta del puente de hierro. qué hembra! » Algunos se colocan cerca de la escalera para ver las pantorrillas. frente al pequeño mercado. que es el depósito de la Aduana. flagelada por el sol. En la puerta de una casilla de madera. avanza silbando. «Ese es Roncoroni». los espectadores se sienten sobrecogidos. conservas criollas y prú. desgarra la ambiente serenidad matinal. —El suelo está tapizado de cáscaras y relieves descompuestos. y un cochero. en cuclillas. una negra comercia en arepas con entresijo. Frente a la Aduana. Al fin. lava su vehículo. Gentes presurosas bajan en dirección del muelle. rota a veces. de abultados pechos fláccidos. de la matrícula de La Habana con su ronco silbato. tranquilo remanso que el Ozama forma al pie de la muralla. límite del mercado.en El Placer. «Mira. muy a la vista. los índices señalan la figura familiar del capitán Vaca. puesta la escala. La multitud. La maniobra dura cerca de una hora. fríe lonjetas de tocino y mielosos plátanos maduros que vende ensartados en varillas de coco. concluyen convencidos por la locuacidad amena del agente. Un coro de saludos acoge a Alcón. dijérase que entre las rocas hirsutas que soportan la torre y la estacada del muellecito el vapor se ha clavado. pero no. las patillas largas. De acera a acera. una grey humana se mueve por la vera del muelle. granujas en cueros bañan caballos. las canoas de los campesinos. esa alta. y allí. sobre el mostrador. que allí semeja esqueleto de enorme animal atascado. una mulata gruesa. la barca va y viene. La floresta ribereña trepando por la ladera oriental despide por cada una de sus hojas fulgores metálicos. «Ha envejecido». llenando la boca estrecha.

es inferior a la Salas. pues tal como reza el programa. pero Roncoroni se muerde los puños demasiado. No hay ventilación. e interviniendo en las querellas de los carreteros. ¿no es verdad frére? Antonio Portocarrero preside un grupo. El teatro. La campanilla del apuntador suena. está de bote en bote. no hay comparación. en las casas vecinas también hay expendio de pastelitos de harina de Castilla y de catibía. las mujeres. una línea baja luminosa marca los puestos de pastelitos. la noche del estreno. la característica le sigue. altos y bajos. cargada con un loro y un perrito. los fardos de las decoraciones. algunas en bata. Dos vallas humanas forman pasadizo en la puerta central. y muchos. media hora después principiará la función. de rico relleno. y a la Adams le encuentro un no sé qué. ásperas columnas adosadas al muro. El telón cae. una herradura dividida por batandas forma doble serie de palcos. El público masculino disemínase por las dos naves laterales. el foso y los camarines de los artistas. Durante el día. La bóveda ensordece la voz de los cantantes. Los espectadores de infantería se aglomeran detrás de los palcos. los hombres sin cuellos. a veces en voz alta. bien. y en la platea. despeinadas. contando las monedas en la taquilla. amén de la cerveza fría y del ron... los críos gritando y sucios. con cachuchas.. como escriben los cronistas. En el interior.. Los muchachos de la cantina destapan botellas y corren de un lado a otro llevando bandejas con cerveza y dulces a los palcos. que no se suspende por causa de mal tiempo. La sala. presenciando la descarga del equipaje. otros. invadiéndolos. que no pueden asistir al espectáculo. chico. Inclinadas sobre la barandilla. La Compañía se estrena con una de las obras preferidas del público: «Felipe Derblay». Se forman corrillos en los cuales se enristran polémicas. la sala. Por fuera conserva su aspecto secular.—Pero. se ha edificado con madera. La farándula pasa. en los palcos ruedan sillas acomodadas a prisa. y en tanto se alza el telón. . vestidas a escape. austero edificio de sillería. sobre ésta una galería. —¿Qué te ha parecido? —Bien. mañana se cobrará en su crónica del Listín. servidos calentitos. El escenario. Hay que abrirse paso a fuerza de codos para circular. verdes aún por los efectos del mareo. aquélla sí hacía una Clara. de Georges Ohnet. y las segundas partes. sin los prestigios emotivos y deslumbrantes de las candilejas. entrando en la ciudad por la puerta de San Diego. más de cien butacas. sabe llevar muy bien el frac.cada brazo un niño. En la acerca de enfrente. ante la mirada pública. ¿ te acuerdas? —Y Roncoroni. dulces y maní tostado. a mediodía. las mujeres siguen ansiosas las escenas y los hombres discurren. en sala donde flotan las nubes de polvo que levanta la escoba. Está furioso porque no le han dejado entrar en el escenario a saludar a los artistas. solazándose en el ensayo general. en el que fue presbiterio. alumbrados por un candil de aceite. A las 8. es la antigua iglesia de jesuitas. hubo ciudadanos de facción en la acera del teatro «La Republicana». el teatro abre sus puertas. —¡Ah! no. escoltada por una turba de mocosuelos. y se reparte en los coches.

creen ustedes —predica— que esto es arte. ¿y Don Juan Tenorio y El Gran Galeoto? Ahí hay yema. todas las mujeres se sienten Clara. el coloso? ¡Qué «Enemigo del Pueblo»! Esa es la humanidad. he pisado las tablas y mucho que me aplaudían. En los palcos ondula la línea de trajes femeninos de colores tiernos. ni del campo de Don Nuño. las sillas cambian de posición por causa de los mozos visitantes. cada uno entiende de su oficio. y en los días siguientes. —Y ustedes ¿en dónde han visto na mejor? —Amigo mío. señores. No. Yo no le discuto a usted de telas. qué fuerza de símbolo. en el trayecto hasta los respectivos domicilios. glosarán los episodios. y aun a la salida. Ohnet es un pobre diablo. Lea mañana mi crónica. otros desde los pasillos miran y hacen . no arrugue que no hay quien planche. porque la policía no actúa prendiéndole y el juez penando el homicidio. un corcel encabritado sobre una cornalina. ¿ Quién se acuerda de eso. es cierto. ni de otras vascuencias por el estilo? —Bueno. donde todo se arregla al final. se abanican. charlan con las muchachas recostadas en el antepalco. ni de los árboles gigantes. Don Juan Tenorio es para los isleños de San Carlos. —Sí. —No me hagas reír. socio. No y no.. en pie. y Echegaray no tiene en todo su teatro un verdadero tipo de cerebral. —Naturalmente. ¡Hablarme a mí de teatro! —Y obeso y currutaco. la orquesta toca valses y danzones. según la opinión de sobremesa de un viejo publicista. mas la alta crítica no le tiene en cuenta. incómodas en las lunetas de hierro y madera. arte es el de Ibsen. palmotea en el piqué blanco a puntos rosas. y en tropel atorados por el último bocado. ¿Qué problemas plantean? —Y Hamlet. Durante los intermedios. Usted no sabe que yo soy aficionado. ganapán de la pluma. En el próximo entreacto continuarán los debates. cuyos libros se venden. pero gusta. un cerebral. y no estas piezas. ¿y «La Dama del Mar»?. esa la pintura de la realidad. ¿qué te parece? —A mí me gusta más el «Puñal del Godo» y «Flor de un día» —interrumpe un mercachifle del Navarijo. —Amigo. Eso. La campanilla del apuntador les separa. ¿No han leído ustedes a Ibsen. haciendo sonar la gruesa cadena de oro y el dije. empujándose. imaginando si después de la reconciliación serán o no felices Felipe y Clara. pero no me toque a la literatura. o si la justicia castigará a su tiempo al Lázaro de la «Dolores». —Pero. por entre las lunetas. En la platea sólo quedan algunas señoras que.. Algunos. los pulgares en los bolsillos del chaleco. si eso está mandado a recoger. drama in-completo. los espectadores ganan sus localidades. y los hombres se creen vengados de sus ocultas humillaciones familiares por Felipe. —pontifica Portocarrero—.

en la cual Antonio Portocarrero. Era un artículo en que meses antes un seudónimo fisgaba con saña en la vida de Antonio. ruda brega con los otros y con sí mismo para. excelente cocinero y. Al autor lo aplastó con una frase de Lemaitre. a mediodía. preso en los hilos misteriosos de un reato. provocando la hilaridad del público. con el seudónimo de un personaje de Ibsen. bajo un sobre cerrado dirigido a mí». en el sube y baja de los telones que a veces se resisten a medio camino. toscas mesas de pino.alentada por la sola ambición de ganar dinero para volver a Italia a descansar. que luego detonan en palabras malsonantes lanzadas por sobre los tabiques de los camarines. el aroma de los manjares ha trascendido. Antonio en el escenario se distrae con el trajín de entre bastidores: los chismes de los artistas urdidos en los ensayos. ni una sola hora de voluptuosidad.. espolvoreada de parmesano. observa atento el tropel de los tramoyistas. trufas y marsala. ¿Cómo romper la red en que ambos forcejean? El uno tiene en la Península. los apuros para amoldar a las cajas las decoraciones. a la cazadora. culta y discreta. Cierto día. Sentado en el umbral del de su amigo. metidos en los trajes. de triunfo. camas de hierro crujientes. las injusticias y persecuciones que el escritor padece.señas a las dulcineas. se traba pronto entre ambos amistad sincera. y le suscita deseo de emigrar. Las bombillas eléctricas y potentes lámparas de keroseno rescaldan el ámbito. sofás desvencijados. quebrar de nuevo. erguido sobre el payés de ladrillos. Roncoroni se hizo presentar y prodigándole elogios. y el artista entrevió las luchas dolorosas.. Escápate. ¿Y per qué lo hacen? Si has cometido errores en tu vida política no me importan. Había exprimido en ella sus lecturas. con frecuencia. de tentar la fortuna más allá del horizonte nativo. a quienes la vigilante oposición de los papás les veda acercarse. acotan el margen de sus vidas respectivas. dando de paso su pellizco a las primeras partes de la Compañía por la ejecución de la obra. presienten las rechiflas que provocarán cuando les reconozcan sus compañeros de las altas galerías. el artista le recibe alargándole un recorte impreso: «mira. o de fideos. encarnar tipos que no le placen. A la tarde siguiente. en payama. en el Parque Colón. reuníanse ante una fuente de macarrones sazonados con salsa de pollo y tomate. lealmente indignado. de poder. las carreras de los utileros. mío caro. sonora. y paseando bajo los laureles. muchachos de la ciudad que. los lectores del Listín. que reclaman una espada o una peluca. familia que convierte en futilezas el oro de su cerebro. La crónica está esmaltada de citas. sin duda. El cómico. Cada noche de función. o de una olla de arroz. además. El artista se había arruinado más de una vez. Antonio sonríe con tristeza. y las llamadas desesperantes del traspunte que cortan riñas y coloquios. eso me lo ha traído hoy un negrito descalzo. En tales momentos.. Antonio descubrió que el cómico era una buena persona. Antonio no había conocido el placer. inspirados por el vino de Chianti. . fúgate de esta prisión». En la noche. a la milanesa. exclama con voz rauca y marcado acento italiano: « —Esto es miserable. de nombres de dramaturgos y artistas de todos los países y épocas. El cómico era. la confusión de los comparsas. y duélese de su tarea ingrata. tienes talento y nobleza de espíritu. ¿A quién daña su amistad? ¡Ah! sí. a cuyo condimento contribuyeran hongos. de la existencia diaria. el otro. casi un pasquín. los gritos de los comediantes. leían dos columnas de prosa vibrante. asqueada de las cábalas de entre bastidores. acarreando los viejos tereques con que se amueblan las casas ricas: sillas de bejuco. relata sus sensaciones. aquello le hiere humillándole.

los bombos de que se ufanan han sido pagados con monedas o caricias. Los demás le reprochan desamor de artista y liviandades de mujer. la admiración del público se divide. A medida que la temporada avanza. Poco a poco. brilla. hermosas. impiden los movimientos a los tramoyistas. y por un parrafito. según la opinión de otro: ni virtudes ni éxitos. vulgar y triste: tiene un padre anciano y un hijo paralítico en su tierra. Nadie pide sin desmedro para otro. Los amigos.. va con cualquiera que la pague. . cara y mala». pálida. Los poetas entusiastas desde la escena recitan poesías en honor de la agraciada. sin embargo. la escena es un taller donde amasan el pan. los pollitos invaden el escenario. formándose bandos rivales. que rebaten con tempestades de aplausos y a golpe de ramilletes de flores. una llamita turbadora. Las noches de los beneficios. los ojos grandes y febriles. envidias. ofrendados desde los palcos más próximos a las actrices. perfidias. brazo o pantorrilla desnudos. boquiabiertos. Es la querida del consueta. y enracimándose frente a los cuartuchos cerrados. Las frases rimbombantes de las crónicas le son casi indiferentes. enterados del embullo creciente. el hombre desaseado que suda y grita dentro de la concha. y en las crónicas baraja las cualidades que le inventa con las penas que ella le relata. bromean: «Pero si es una gata tísica». Y tales desventuras le conmueven. dándole relieve en sus crónicas. la muerte del esposo. las miradas de los machos la acarician desde la sala. por las confidencias del director. miran arriba y abajo. el polvo y los trastos viejos! De raro en raro. Don Juan censura la frialdad marmórea de Doña Inés. La ciudad se regocija y amortigua las pasiones políticas con las aventuras de las comediantas. ella le ha referido una historia. y. disputándose sus elogios. si le hacen caso. conoce a la compañía por dentro: celos. no nació para esta vida de bohemia. y Desdémona cuenta cómo los rugidos de Otelo estuvieron a punto de hacerla romper en carcajadas al estrangularla. El director le previene: «no vale nada. Antonio va interesándose por ella. Entre dos escenas. ¡cuántas intrigas y pendencias. En los entreactos. que es toda una señora. quienes suelen apelar a la policía para que los desaloje. No obstante. todo mérito se empina sobre el defecto ajeno. que cada noche declama pasiones y dolores extraños. Hamlet murmura de Ofelia. pero desgracias de familia. apenas si lee el ejemplar del periódico que él le ofrece. Es mentira lo que cada uno cuenta. al servicio de su dama pone su pluma. Las mujeres son partidarias de la primera dama. Amojamada. En el fondo de las pupilas negras.Antonio. obsequio de algún conquistador. Los hombres se dividen en dos o tres campos. «No digas. el menor reproche impreso le irrita. el olor de las aguas sucias.. los cosméticos. cuando se encuentran al azar detrás de los bastidores. En torno suyo siente el fuego de las pasiones. la cabellera negra formándole casco de azules destellos. El director se desespera en los ensayos sin lograr una vibración de su cuerpo a líneas de harpa. para esta gente. A su vez. los partidarios se manifiestan con esplendidez en canastillos floridos y regalos. sin embargo. ya lo sabes. en las cuales las miserias de la vida se exponen a la luz de los candiles. en los pasillos o estallan vociferantes en aquella atmósfera inficionada por las emanaciones de la letrina. acechan a fin de entrever pecho. Antonio. y cada noche se acrece el homenaje floreal. y la carne de teatro. a ti siempre te han gustado las feas». y Antonio le oprime las húmedas manos descarnadas. se siente atraído. y los demás se maltratan con furor infatigable. felina. Ella es la única que nada le ha pedido. pasa un mozo de cantina con una botella de champaña. Julieta se mofa de la calva de Romeo. granjeándole simpatías. No es bonita. porque las desprecia. mendiga los aplausos. afirman. que capitanea uno. Las demás son injustas con ella.

suave. ¿ ganar trescientos pesos. no gusta de las piezas modernas. de vivir una novela. A su vez. y el anciano. porque tiene necesidad de creerla. y para vencer a la otra. en donde sobre mesa pringosa. de hembras. vaticina sobre los políticos.Por las noches. Los hombres hablan a voces. ha obtenido para ella un beneficio. y gesticula. pieza de lleno seguro. y las palomas óptimas. Las palomas son exquisitas. o a cenar en innoble figón. Suele concurrir a esas tertulias al aire libre. de puñaladas. con voz de marica. los amigos le incitan: « ¿qué espera. en el arco de su voluntad tiembla la flecha que se plantará triunfadora en el blanco. El miedo le puebla las sombras de ojos que espían. la salsa es suculenta y la rebañan con arepitas de maíz recién fritas. refiriendo cosas curiosas. de tiros. Intrigados por su charla copiosa y estrambótica. el mesonero. Antonio la cree. y el niño paralítico. pues tales huesos pesan mucho en la ruta. pero él es el único que le agrada. ostenta un bigote bufo por lo luengo y espeso. atribuyéndole en el reparto el papel de Ninette. que se creía reina. que su imaginación escarnecida por la locura ancestral descubre en los seres a quienes aplica las observaciones hechas en los gallos. ¡ Si el querido no fuera tan celoso! ¡ No la deja a sol ni a sombra! Ella no le quiere. esmirriado. y con un sollozo cubre las voces acusadoras. porque no va con ninguno.. «Esto es único. por el contrario. de repente. pero la empresa debe complacer al cronista. Sí. precisa sacudirle los nervios.. invitándole a marcharse con él: su pluma le hará brillar en una gran ciudad vecina. se finge loco. el director. Aquí. suavecita. ¿ ser ministro?. explica sus ideas sobre la locura: su hermana y su mujer lo son. Todos la asedian. imponiéndose. tiene una cabeza muy parecida a una gallinita moñuda que tuve y que. me parece muy peligrosa. o con uno de nuestros vinos hechos con sol! Es cosa de maravilla». bajo los laureles del Parque. incitando la curiosidad con promesas de novedades en la . sería peligroso echársela a cuestas. aturde a Antonio a consejos.. al sazonar sus guisos. pero a la verdad. también. silvestres. y así. después de la función. como han hecho otros? » Antonio les oye. Sólo una vez la ha besado. gritando las escenas que en su casa representa o. pero le hace falta un apoyo. pequeño como un gnomo. perdió un caudal en experimentos espiritistas. ¡Lástima que no las mojemos con un añejo borgoña. y el público acude goloso a los estrenos. semeja un brujo preparando filtros. me tenía revuelto todo el gallinero». cuya voz tonante martillea en la noche. por qué no le manda un coche a la salida de la función. pero también ella habla. durante unos meses. ocultos por un rimero de telones en el foso. viejo. oyendo en la habitación vecina los zipizapes y relatos de los cocheros. contento. o bien. El empresario está satisfecho de la temporada: los sábados y domingos se llena el teatro. romántico remedo de apolillado infolio de caballerías. la curó de un acceso de furia. dueño de sí mismo. Antonio. El mozo. Antonio y Roncoroni. discurren acerca de las piezas. por el vellón canoso y largo que le cubre la testa. es la calumnia. saborean un guiso de palomas. pues el mundo es muy malo. gallero de profesión. los sucesos de entre bastidores y la política. a cambio de injurias y claudicaciones? Y en cuanto a ella. junto a las brasas del fogón. con sobrada perspicacia. ¡eh!. ¿ cuál es su aspiración?. libre. afirma el cómico. frente al cementerio. vagan por la ciudad dormida o van a comer un sancocho o un locrio que en San Miguel o por el barrio de la Misericordia han preparado amigos suyos. En gacetillas hábiles ha preparado al público. a la una. y en la boca ardiente le quedó un sabor de carmín.. los huesos mascados segregan un amargor delicioso. destronándola. desconcertantes. la carne prieta nutrida con frutas fragantes. un hombre raro. interroga a Antonio: «¿Cuál es la que te gusta? ¿Esa? Te diré. no vale la pena de perder el tiempo. con la Dama de las Camelias. ¿qué porvenir tiene?. El italiano se exalta en aquel ambiente. Las demás chillan protestando. le repite.

los mangos que protegen las casas de las quintas. cincuenta cañas de azucena en los arriates de la plaza de Colón.. abraza a la hembra . y su mujer y su cuñada han confeccionado ramilletes. rumor formidable que desfallece en la orilla con dulzuras de brama. su hora voluptuosa. en escudos de cartón. aplaudiendo y taconeando estorban por minutos la representación. la sienta en sus rodillas. « ¡Qué escándalo! —cuchichean abanicándose con ira— y la infeliz pegada a la máquina. de dramaturgos y tribunos. que prestan idéntico servicio desde las fiestas del Cuarto Centenario del Descubrimiento de la América. los perros ladran. Esta noche. tres almendros en fila coronan las almenas con sus copas redondas. cautelosa. Nadie ignora que Antonio es el tenorio. encaramándose sobre una. las manos ávidas aprietan la carne estrujando la leve muselina. y un vuelo de pétalos enflora las tablas. un mozalbete. Antonio. hasta que los aplausos le apagan la voz. hija. Han adornado el severo pórtico del teatro con palmas de coco. vence las armas de las provincias y reinos de España. Ella. fingen animales fantásticos. un capítulo de su novela. La luna menguante recorta los cocales. arrastrados por la última creciente. Ella. de Bossuet. burlando la vigilancia de la policía. lánguida. A la entrada de la vereda que conduce a la playa. subyugado por la naturaleza. Antonio hace destapar cerveza. pobres de nosotras las mujeres! » Mas. Entre las cercas. la orquesta y los admiradores ruidosos le forman séquito acompañándola hasta la fonda. de Castelar. los muchachos a los cuales se ha dado entrada gratis. si todo está listo. mezcla nombres de cómicos y de guerreros. troncos esqueléticos. Desde el foso.. La tierra fecundada exhala el aroma de flores. es el placer que llega. descienden. La puerta se cierra. manda a callar la música. y en una esquina próxima. rijo. frutos y bálsamos. y disparado. ¡La tiene al fin a su lado! El coche parte hacia extramuros por la solitaria calle de las Mercedes. El caballo trota por el camino de San Jerónimo. Las señoras se indignan en los palcos. y una mano le alarga un vaso de cerveza. después de la función. de vivir juntos siempre: «quiero ser tu Margarita Gautier». de Mirabeau. y comienza a hablar. rompen en estruendosa ovación. en persona. cortó la víspera. corridas las cortinillas. De la línea argentada del horizonte brota. para cantar a la divina artista.. henchido el pecho. El besa. acompañados de una fotografía en la que el lápiz de Abelardo ha idealizado su figura. intimidados por el rodar del coche. Todavía un cuarto de hora más y la ve salir. ha repartido palcos y lunetas.mesa. los javillos.. El castillo enhiesto desafía al tiempo. En el frontis de palcos y galerías. ¿qué le importa a Antonio?. desde las galerías. al pelo. Antonio se ha despedido. Al aparecer en escena. liras y canastillos ostentando el mayor ancha cinta azul. A la salida. muerde los labios encarminados.presentación del drama y artístico adorno del teatro. En las peñas. y todo por esa ética. ¡valiente sinvergüenza! » «Si mi marido me hiciera una así. lamentando no poseer la elocuencia de Danton. con su propia mano. El piano de la orquesta desaparece bajo flores. le habla de amor. La sangre le arde en las venas. sobre banderas. que toca una danza criolla. ensanchándose. le musita lamiéndole la oreja. Las olas retozonas tejen randas. mientras el otro se come un sancocho en San Antón con un grupo de amigos. la besa oprimiéndola. cruzadas. Su imaginación se inflama. arrebujada la cabeza en un chal. ¡Ay. chupa. ansioso espera en el coche. Antonio ha despojado todos los jardines y hasta el camposanto. que alargan sus brazos colosales. y guirnaldas de flores de papel en el contorno. ella y él. de un salto. Excitado.

Los hombres. jadeantes como dos perros. La prensa partidaria pega. ¡ Qué asco. silenciosos. ¡Qué ridículo! . a dar vueltas en el Parque de Colón. Será el hazmerreír de la ciudad. el revólver en la diestra. las verduras y gallinas suben de precio. Al regreso. maquinar. cogidas del brazo o aparejadas con galanes. y pensar que para eso ha escandalizado y ha sufrido su mujer. distendidos los nervios. se revuelcan en la arena. para atajar a los gallos que quieren arremeterse.. Y el cochero. Antonio se siente cautivo. Alea jacta est!. cual un centauro. necesito un traje de raso rosado y unos zapatos Luis XV. Los caballos están ensillados. De noche bajo los haces de yerba. aumentándose la división entre los dos hombres que usufructúan el poder en un tira y encoge insostenible. mal iluminada y solitaria. tendido sobre el cuello del corcel. las mujeres a balancearse en las puertas de las casas. Las lenguas se anudan y. tal instante el precio de tantos afanes! Ella rompe el mutismo hostil: —El sábado se estrena una comedia. que estuvieron un mes en Nueva York. han introducido. estará mofándose. según la moda que las yanquis y las criollas. y los campesinos se llevan a las hijas que sirven como domésticas. y aprovisiónanse de sal. El coche se detuvo. enfoca la escena con su kodak. me los regalarás.. Una mañana radiosa de aquella primavera. La situación política cada día está peor. felina. ¡ Qué imbécil ! Sí. la ciudad en las primas noches recuperó su monótona calma. se despidieron con un beso helado. mortificado aún por el escozor de su lance amoroso. negrito? —Sí —ha pronunciado él involuntariamente. ¡ unos zapatos doré!. La revolución está en el aire. durante las horas de la retreta. una chispa sola y las llamas crepitarán. mientras rinde la cuenta de la compra a la señora. acuerda un voto de censura. Y el otro. a comadrear sobre política. un docto de vara alta. y ésta lo dirá en el mercado. rotos los músculos. en cafés y parques. Los partidarios del Presidente recogen adhesiones al pie de un documento que le da un voto de confianza. y ella en el estribo. de raso color de rosa». El Congreso pide cuentas al Ejecutivo del manejo de los fondos nacionales. las intrigas bullen y los personajes moran en los caminos. Más . la humillación de pedir a un tendero fiadas unas varas de tela. y después de acalorado debate. doré. se apelotonan en los rincones.. de París. a salvo de miradas delatoras. Antonio. y cada cocinera llevará la noticia a la casa en que sirve. harto de viandas y licor. El caballejo trota. los amigos tenían razón. por la calle del Conde. chapaleando en el lodo. que ha oído. XVII Partida la Compañía de Roncoroni.. y aun conspirar. y encima. Se pegaría para castigarse. insiste: «no te olvides.. en las aceras.. a escape.. ¿ no es verdad. En la penumbra. con dos o tres amigos se refugia en la Plaza Duarte. De boca a oreja se divulgan frases sibilinas. la carne y las verduras. intercalándola entre los fideos. Un repórter de Le Figaro. pasa un general. ha exclamado..magra. lo repetirá a su barragana. disparando.. y jueves y domingos. es posible conversar. El coche salta en los baches. en carretas y en coches. Las dueñas de casa almacenan petacas de carbón. alisándose la barba. trasponen carabinas fuera de la ciudad y damajuanas y bidones llenos de proyectiles. fusilado por sus perseguidores desde la esquina de la Gobernación. El camino es interminable. tan deseada..

se arremolinan. se sale esta noche para Baní. éste. nos meten en la cárcel. yo llevo diez pesos cambiados en nacionales para que abulten. con un grupo... y a mí. El bote está oculto en la sombra. —Sin pero. y ya sabes. aguada de los buques. y Lalo en Bayaguana. —Pero. Oye el plan. sí. Esta noche. busca lo más que puedas. y . nos vamos por el Este. tú. en Guerra. si cogemos el pueblo de Los Llanos. —Sí. y nosotros. que tienen su gentecita lista. Portocarrero ha recibido la visita de su amigo y contertulio Miguel Gómez. en este país los intelectuales no sirven más que para secretarios de los macheteros: hay que hacerse general. y que en esta tierra guapos somos todos. no te olvides de comprarte un sombrero de cana con su divisa roja. Antonio ganó La Fuente. si estás dispuesto. Tengo dos carabinas 50-70 y un sable de cabo. ese Consulado en El Havre? —¿Y las armas. Horacio se ha pronunciado en el Cibao y viene sobre la capital. doscientos tiros en un macuto. y el dinero? —Todo está arreglado. —Sí. Muy de mañana. Allí. se alzarán Amador y Marcos del Rosario. yo quiero probar que soy hombre de acción. —Así me gusta.. en un coche. Compai. En cuanto a dinero. si no. ¿ es seguro? —¡Cómo!.Por detrás de la muralla.tarde. nos espera un bote con dos marineros de confianza. Es la revolución. disfrazado con el sombrero de cana alón y el traje rural. aferrados al cabestro de sus bestias. en la margen del Ozama. rinden más.. ya rompieron los tiros. socio. —Hasta la noche. . —Pero. y en el patio. los campesinos que han venido a mercar. a las ocho.bajo al río. —Bueno. —Y. Desengáñate. que es. —Estamos entendidos. pongo las carabinas entre un paquete de cañas. lo llevas en clavaos. y una chamarra de dril. hay que moverse. se alza el paredón cubierto por manto verde de hiedra. he leído el telegrama en clave que le ha puesto a Corderito. ése para ti. ¿ Quién le quita a usted ese Ministerio de Relaciones Exteriores. junto al brocal del pozo. conferencian. clamorosos. y con el nombre que tú tienes. en La Fuente. tapados con naranjas de china. nos adueñamos de la cosa y damos tamaño golpe. socio.. defendiéndolas de la policía que las requisa. A la luz de las estrellas. que serás el jefe.

la impulsa con el canalete. en tres horas. la saqueta. y grillos y ranas conciertan sus discantes. les proveerá caballos. que no se sepa. pueden llegar. Has prestado un gran servicio a la causa. compadre. Las carabinas en bandolera. De rato en rato. Y entrambos conducen al bote las cañas y el macuto de naranjas. las saquetas de cartuchos a la espalda. es manso. Por ahí. ni . mano Miguel. un general. de rechupete. y ya sabe. se dirigen a la casa del potrero cercano. pa que no digan. En ambas laderas. cantando: ¡ Eh! tololé-tololá. eso sí. ¡Eh! tololé-tololá. el mayoral les dice adiós: —La Virgen los acompañe. los manglares se esfuman con extraños perfiles. no hay quien te lo despinte. les despide: —Buena suerte. ni una casa. No hay silla. derecho. —Socio. la carabina. Antonio se acerca al farol del vehículo. El bote boga río arriba. sable en mano. en las abras que sirven de atracadero. sombría. recomendándoles no tocarlo por detrás. desnudo el torso. el sable. inmóvil. un coche de punto se detiene en el camino. El mayoral mismo les apera el macho. y cuídeme mucho el mulo y los aperos. —¡Cará! no te había conocido. El campesino. y ¿quién puede enlazarlos a tal hora? ¿Por qué no le mandó un recao? ¡Qué cosas las del primo! Pero ya que están en el apuro. En los tres brazos del río desembarcan. una ceiba abre sus ramas o un mamey se yergue alto. una vez corrida la tranquera. —Sí. la yerba páez crece lozana hasta tapar el ganado.Momentos después. El cochero. no se perderá. en dirección contraria pasa una canoa cargada de carbón. un negrito de ojos vivos y finos rasgos. y les da el pie para montar. El terral les trae olores de vacada. Alas torpes agitan las hojas. el estómago le llega a la boca. y ya sabes. pues no quiere comprometerse». de yerba y de frutos. les prestará el mulo de hacer los mandados. El agua trifurcada susurra entre los mangles de la isleta. y Antonio. mañana riegas en el paradero del parque nuestra salida. pariente de Miguel. se excusa: «los caballos están sueltos en los vasos. Mas como éste no ha sido prevenido. la noche está fresca y clara. a cada salto. los pantalones arrollados. Callados. Déjame verte bien. sentado en el centro. atraviesan los potreros. Pronto entran en la parte desierta. El macho trota de modo infernal. pues corcovea. que ha vigilado el camino. y luego. Le molesta el compañero que va a grupas. En la soledad del camino el arrebato de Antonio decae. soy yo. y andador. Miguel registra con la vista el paraje. En la guardarraya. —Venga. sino aparejo. oro molido que quieras. y los acompañará hasta ponerlos en el camino de Guerra. Al pasito. cuando triunfen hay que conseguirme mi despacho de capitán y mi racioncita. en donde el mayoral. y en cuanto te tercies el cabo. le pesan sobre hombros y costillas.

Los canes ladran. Y los muchachos de usted ¿dónde están? —Ello. Siguen. conoce el bohío de un su compadre. comai. Hombre de mucho prestigio. compai. ¡ Qué barbaridad! ¿Cuándo llegarán? A mucho andar. con los índices obscuros de las chimeneas. La plaza está casimente sola. los recibe. Precavido.. en enaguas. dio la vuelta. En el interior se oyen murmullos de voces y de ropas.. a la entrada del camino de Los Llanos. Miguel Gómez.. tiene un flamboyán en la puerta. que tengo que esperarlo. —Espérese. ábrame. es Miguel Gómez. después de cerciorarse bien. me dijo que el Gobierno mandaba esta noche mesma tropa de la Capital.alma viviente a quien interrogar. sin armas. registrando. compai. escondío en el monte. fue a un velorio y entoavía no volvió. divisan las primeras casas del pueblecito. —Este es el amigo que le dije. soy yo. y ahora ¿qué hacemos? . Miguel le abraza efusivo presentándole a Antonio. con él tiene usted seguro su nombramiento de Jefe comunal. Un candil aclara la habitación. El mastín ladra alarmado. —Aquélla es. al fondo la casa de calderas. salió por la puerta del corral y. va a vení ahoritica. compai. pero no. —Y el jefe Horacio. pintadas en el rostro las huellas del sueño. El aroma de la caña molida les sonsaca. Compai. La comadre. ¡Ave María! una pasá na má. con quien en días atrás habló.. —De manera que todo se ha vuelto bulla. Ahora. pa comer vacas na má. El jefe Marco del Rosario anda desde ayer por la sabana con unos viejitos. el ayudante. si entran pueden encontrarse con el Jefe de Orden y ser aprehendidos. Asina es. y luego de un rato de conversación exploradora. compai. —Entonces. Al fin. too el Cibao. —Compai.. de toa confianza de Horacio. pero mi compai. ¡ Qué descanso! Miguel toca en la ventana. con tres mil hombres. distinguen la puerta de un ingenio. Al fin se abre la puerta. De adentro una voz femenina pregunta: —¿Quién va? —Comai. Una mano desconfiada alza la aldabilla de la ventana y por la rendija un ojo escudriña. ¿es verdad? —Cómo. y hace falta plata. Y aparece éste. concluye: —El hombre Juan. al compai Juan que me abra.Es del otro lado. si ya está en Antonsí. ya Miguel es baqueano.. —El no tá.

agarrándose con una mano las polleras. Los dos revolucionarios. en ca el vale Pedro Espíritu Santo. los pila. El huésped les brinda los asientos hechos de troncos toscamente labrados por las caras. Y de nuevo. El compadre Juan se marchó. cuando llegan un destartalado bohío de palma y yagua. con mano firme. la cabeza baja. es un buen escondedero. . y el vale Pedro. —¿Pero en dónde? —Aquí. la mete debajo de la leña colocada entre las piedras del fogón. él es seguro. tiende la otra a las visitas y pregunta por la mujer del vale Juan. lo deposita en el colador. se internan detrás del bohío y. y muerde en el terrón de raspadura con sus dientes amarillos. El aroma de los granos tostados emerge. prometiendo volver al anochecer y recomendándoles no dejarse ver de nadie. La luz láctea del alba mancha el cielo. y. desenjalmando el mulo. que se duermen en pie. Que los amigos desmonten sin cuidado. Asina es. El vale Juan le explica. el fogón. se acuestan sobre la tierra. así no se toma en la Capital. en donde la yerba medra lozana. el ajuar. lo amarra con la soga larga en una cejita de monte. da a cada uno. después de un parlamento. Aceptan. cucharas y un colador. La cocina es un cobertizo hecho de cuatro varas. y cuando ha rumiado bien. el busto desnudo. alargándolo con marchas y contramarchas estratégicas por entre las matas. Tres piedras ennegrecidas. vuelvo y digo. El compadre Juan llama. sale el vale Pedro. —Magnífico. un bocado húmedo de saliva. parten detrás del compadre Juan por la sabana. una raja de cuaba. les brinda en jarritos de hoja de lata con asa. pa que le haga café al vale Juan y la compaña. yo soy suyo. Luego. y. conviene: —Vale.. él oye con la cabeza gacha. cuando el primer trago le conforta. —¡Siña Tanasia. Vamo pa allá. recogiendo con un pedazo de higüera el polvo fragante. entre árboles de mangos y caimitos. que lo mejor es aplastarse un tiempecito. hombre de mucha concencia. desvían el camino. para endulzar su poción. Dios se la guarde! —exclama el vale Juan. cerquininga. se abre la ventana. escupe y se rasca el dedo gordo del pie. indeciso. por detrás del rancho. armado de un trabuco. higüeras. sopla con vigor. corean Antonio y Miguel.El compadre Juan.. y una y otra vez lo pasa. bañándolo con agua hirviente. afirma el burén. alevántate. Con una paleta lo mueve para que no se pegue. en el cual esparce puñados de café. latas ahumadas. qué mano. cubierto de yaguas. a horcajadas en el mulo. la mujer contesta. compai. en las brasas que enterradas guardó el día anterior. yo creo. Enciende. arrodillándose. bajo un mango. A los forasteros. a la postre. —Este es café legítimo. La siña Atanasia. inclinado bajo u propia pesadumbre. a los de confianza en higüeritas. El perro ladra furioso. —Asigún. si al jefe Antonio le parece. hasta que la gente del jefe Horacio llegue a Sabana Grande. —Y alzando la voz—: Tanasia. cuando llamea.

Sentado a la puerta. y allí mismo. ¿has oído? —Sí. la costra de los pies es dura como pezuña. el trabuco se lo regaló Pedro Guillermo por una acción de flor. morro de huevos o banda de tocino. y . cacha de nácar. de quince milímetros. un cuchillo puntiagudo y afilado con el que come. y luego rellena el cachimbo de barro rojo bien curado. y basta. en vaina historiada de arabescos. El platanal le regala pan nutritivo. largo y lacio. las abejas le engríen con la miel y la cera de sus panales.Roncaban como benditos. el moblaje consiste en tres cajones que hacen de armarios y baúles. Sin embargo. los empresta al vale Juan o a otro compadre. siendo buen amigo de las autoridades. se escarba los dientes y se extrae las niguas. —Socio. ha aprendido que los Gobiernos olvidan siempre lo que prometen los caudillos revolucionarios. tabaco o un pantalón. y el machete. que realizó en plena capital. otea la sabana. es áspera y dorada como cordobán antiguo. La tez del rostro y del busto. Y el comandante Pedro Espíritu Santo vive tranquilo. Posee el bohío: dos piezas de piso de hormigón. o corta con pulso sereno finas hebras de andullo. Desde Hato Mayor hasta Santiago de los Caballeros ha engendrado veinte hijos. se mezcla con la barba gris ensortijada que le cubre el mentón. Allí le rompieron una pierna. y mangos y caimitos. cuando le visitan. pica el tabaco. y por tal mérito. y un venerable revólver de pistón. los hijos. la gente se quedará en el pueblo y por estos lados no vienen ni mosquitos. de esos que llaman marmitas. para los apuros mayores. deslomando un azul. comprarse una muda. y si no. curtida por el sol. cuando un toque de corneta en dirección del pueblo les despertó. en un tronco de roble. El sol estaba en el cenit. ahí está el Ingenio: corta caña una semana. una noche. Usa camisa cuando va al pueblo. que espera de ellos cuando «en sus glorias se vean» un alguito para lavarle la cara al rancho. y las palmas le engordan los cerdos. hembras y varones. A una legua reconoce a los conocidos por la pisada de los caballos. las desmenuza entre las palmas. aplazados todos. única prenda que viste. por cama. le traen. sus maduras pomas. Desde entonces es ciudadano pacífico. No hay que preocuparse. una barbacoa cubierta por una estera. ¿Para qué trabajar? La mujer se ocupa en las faenas de la casa y del conuco. El bigote. el general Cesáreo le recompensó con el grado de comandante. de rato en rato. En otro tiempo fue hombre de guerra. el comandante Pedro Espíritu Santo confía al jefe Antonio y al jefe Miguel. lo desenvainó la última vez en La Pomarrosa. El vale Pedro es alto: fornido. Con el general Miches bajó al Cibao. Sus manos son tenazas. el tejado de yaguas se clarea. sala y aposento. que cuelga en la cabecera. un revólver Miste y Ueso. los sujeta a la cintura con una correa de la cual penden el «Collins» de monte. que aspira primero con deleite. pavón negro. y si ha menester ron. un árbol de higüero le provee la vajilla. a un paso. da una vuelta por el fogón. en la calle del Comercio. —¿Y tú crees que estamos seguros aquí? —¡Uy! ¡Como en la iglesia! El vale Pedro se les reúne. de la que aún renquea en los días lluviosos. y los pantalones terrosos. batatas y auyamas frutecen para él. Las tropas de la Capital que llegan. ése es punto de guerrilla.

dos plátanos verdes. carga el agua en calabazas desde el cachón. toos vestidos de azul. deshierba el conuco. asados en las brasas. intranquilo: las pulgas le corren por las piernas. con puerto y aduana. bien equipadas. —¿Y quién es el jefe? —Un chiquito. el comandante Chávez. —Cañones ¿cuántos? —Yo vide uno.un nombramiento de Alcalde pedáneo de la sección. sí. cabecera de provincia. —Cómo tropa. si Dios se lo depara. está en atisbo. Nunca fue celosa. y ha parido doce hijos. —¡Anja! Y dice el vale Juan. ¡Qué golpe! ¡Cómo quedarían los charlatanes de la Capital! Y luego. de súbito. castra las colmenas. reunir los elementos revolucionarios de esas localidades y atacar rápidamente. pero que no tengan cuidao. —¿Y las tropas? —le interrogan. es amiga de las mancebas de su señor. él medita. pero desde su escondite. ello son mucha. Cocina. las pasas cervunas. así quedaría eclipsado por la presencia del jefe superior. lo hace por San Carlos y San Jerónimo. No. porque ello haberá guardia en la boca de los caminos. imagina: «Hay que moverse. quien tan pronto como vibrara la corneta. aunque más joven. sitiando a Santo Domingo por esta parte del río. Tal vez. ¿por qué no? El Gobierno está caído y la resistencia será inútil. convencerle. cortar el telégrafo. a San Pedro de Macorís. buena carabina y amigo nuestro. el suelo es duro. tomaría a Pajarito. calientes. En tanto Miguel ronca ruidosamente. A la puesta del sol el vale Pedro regresa de su excursión: había visto al compadre Juan. mejor plan es entrar a Bayaguana y Los Llanos. no es posible permanecer inertes. teniendo por lecho el piso erizado de pedrezuelas. —¡Ah! sí. con las tropas del Cibao. se encuevó. El rostro libre de arrugas. mientras Horacio. y suaves corno bizcochos. hermano del cantor que viene al pueblo pa las fiestas de San Antonio. Durante el día se alimentaron con plátanos asados y batatas salcochadas. Antonio se revuelve. En la sala se acomodan los dos amigos para dormir. título indiscutible para una . El obscuro pigmento se ha desvanecido adquiriendo un agradable matiz de caoba. y las cartucheras jartas de tiros. Regocijado con la formal promesa. flaquito y feo que ñaman Chavito. ha visto cincuenta veces florecer los flamboyanes. conviene en ir al pueblo a brujulear. hablar con él. parqueadas y veteranas. con frisa y cachufuces nuevecitos. que en cuantico se ponga al habla con sus muchachos. Pero ¿cómo? Escribir a Chávez. ¿no sería ese éxito brillante. Son del batallón y también trujeron cañones. ¡ Qué suerte si lo consigue! Con esas fuerzas. y por almohadas los aperos sudados del mulo. ¿ no son correligionarios? Pero es un militar de honor y no aceptará. esos descoloríos capitaleños van a sentir bajo e berraco. en casa del cura. brazos y pantorrillas viriles. sí. las noticias le inquietan. La siña Atanasia. y con más de una ha compartido en dulce paz el hogar. que en esta nochecita no pué vení. y antes de partir les envía con la Tanasia. y mata y sala el puerco ajeno.

cada plátano es un dedo de gigante. se impondría a la capital misma. —Pué. leyendo en las esquinas promulgue: “Secretario de Estado en los Despachos de lo Interior y Policía. y los errores de éste recaen sobre los Secretarios. y al extremo el floripondio morado donde la abeja vagabunda liba. las mujeres entoavía me apetitean. más le conviene la Gobernación de Macorís. El fue enemigo de Lilís no le ha de gustar ver a Perico y a otros cacaos lilisitas peleando por Jiménez. ¡Le parece que ya oye los alegres redobles del tambor! Pero no. al grato abrigo de las amplias hojas de malaquita. los dos revolucionarios comienzan a sentirse nerviosos. endempués no se olviden del revólver. decididamente.. y jefe Antonio. alumbrado eléctrico. a ver si me pecho con el vale Marco del Rosario. manque yo esté viejo. pero esa carta hay que enviarla. diez ingenios que asisten a las iniciativas progresistas. Sí. y quizás la Delegación en el Este. usted me dispensa. el Presidente hace sombra. la fiesta del árbol.. diré a montear. cuenta con numerosa colonia extranjera. El medio es infalible. a dudar. Las pulgas voraces le cosquillean chupándole la sangre. de la moticas pa el bohío y del papel de Pedáneo. su merced me perdone. ¡Quién sabe!. El vale Pedro. su prestigio irradiando a las otras provincias. acueducto. tan desamorada de sus propios hombres y tan fácil para los del Cibao. Pónselo en la carta. General Antonio Portocarrero”!. yo no la llevo. Al fin propone: —Güeno. Antonio expone su plan. pero yo le oí a un Don de la capital. ¡A güeno! En el platanal.. rascándose la cabeza interviene: —Mi jefe. Eso sí. De ese modo. veladas. sostienen grandes racimos. que vino a alcanzar a Cesáreo. A la mañana siguiente. Y el porvenir. mientras toman el café. además. Miguel asienta: —Después de todo.». nada se pierde. que la política no se ecribe. y. Gobernador de Macorís. Los argumentos y las promesas son inútiles. el vale Pedro es inconvencible. que eso le hará efecto. ¡Eso sí! ¡Cuántas cosas haría! Parques. discursos. en el Gabinete no hay suficiente independencia. rodeadas de cepas mustias y tiernos retoños. Miguel parlamenta con la siña Atanasia. contemplando las gráciles columnas de jaspe que. ´ —Eso será cierto. a desesperarse de la expectación. pa que no digan. Aquello se presta. . escuelas. El vale Pedro irá al pueblo a comprar papel y un lápiz para la carta que escribirá al comandante. calles.cartera en el Gabinete? ¡Qué cara pondrían sus detractores envidiosos cuando el pregonero.. Los estómagos reclaman algo más que frutas y viandas. Ese comandantico tiene la cara muy seria.

sería insufrible. una columna que avanza sobre Santo Domingo. preguntan si no han visto revolucionarios. y en el tránsito. para cuando vaya a verme a la Capital. ya no sueña con la gobernación. Así supieron que en Los Jovillos se ha peleado. jijo. que una columna salió de Caño Hondo con dirección a Guerra. y lo de la columna que dicen. con noticias y un cuarto de novilla. en Bayaguana y Los Llanos. pobrecita. están por el Gobierno. —Hay que atacar a Guerra cuanto antes. que le voy a regalar un pañuelo de madrás de a vara. No.. Antonio empieza a dudar del éxito de la empresa. entrar a Santo Domingo prisionero. tendidos boca abajo entre matorral tupido. —¿Y usted no tendrá algún pedazo de tocino? Vea. de ningún modo. se ha transado por la diputación. apenas tuvieron tiempo de meterse debajo de la barbacoa.. ¡ Propagandas!. en la cual. y fuerzas de éste marchan sobre Santiago. las guerrillas recorren los contornos. De sólo pensarlo.—Mamita. afirma Miguel. si la última que me trujo una jija que tengo por la vuelta e lo Mina. piden agua. Antonio se estremece. el vale Pedro volvió del cantón de Marcos. ni con la cartera.. y. otra. enseñando los afilados caninos. sin saber nada de él. tan mentado. sin embargo. si el triunfo es un hecho. El Gobernador del Seibo. Ese no es más que un mancuenco. es humo e sabana. pronunciado contra el Gobierno. la espera le extenúa. a dos pasos. Por la tarde. se la pagamos bien. la situación de ellos se hace más difícil. las interpretan optimistas. ¡ Qué ridículo. eso es una pendejada. cristiano! —suspiró la negra. de viajito. reconociéndolos por las voces. —No. y el hijo. —¡Ay. saludados por sonrisas irónicas y burlas! No. —Ay. una vez. ha dicho un tenientico. Los días transcurren sin cambios. que Horacio está ya cerca. ¿no habrá por ahí un pollo o una gallinita?. ¡Diablo! si a alguno se le hubiese ocurrido registrar. astrosos. No obstante. será el centro de todos los debates. hasta la Fortaleza. dale que dale a la lengua. El vale Pedro trae del pueblo noticias desalentadoras: Puerto Plata. gente en el monte. Y cierra los ojos para no verle resbalando tremulento por las paredes. y de Caño Hondo. habiéndoles ofrecido sus servicios. han oído hablar a los oficiales. lamentables. la Línea y el Sur. permanece en casa del párroco. lo maldito perro jíbaro. En torno a la lata en que se cuece el sancocho. —Ma. llegan al bohío.. por independiente. sí. el muelle repleto de curiosos. de un momento a otro puede suceder. si el jefe Marco no tiene ma que unos viejitos desarmaos. . lo malo es que Marcos les aconseja esperar quietos aquí. Pero el recuerdo de la familia le perturba: cómo estará su mujer. se la comieron. La angustia de. mamita. y que el compadre Juan. y la suegra.

observa atento la labor de la hormiga. de bruces sobre la tierra fresca. que parecen desafiar el rayo. A la sombra de los mangos. el valle plácido. y el pus sanguinolento le moja los muslos. —Compai.. lo que me faltaba. Al lejos. los calzoncillos se adhieren a los bezos. de la lombriz viscosa. sombrero de yarey y divisa colorada. después. Entre las ramas. un jinete pasa bajo el sol de fuego. Miguel le interrumpe el soliloquio. es él. unido plano verde. ya ganamos. de la abeja. ¿qué será? —Niguas.. un ruiseñor canta. A Antonio. que esa gente iba a sentir bajo e berraco?. con botones militares dorados. los parques empedrados de malas intenciones y las luchas mezquinas de la ciudad?. en efecto. Cuando cesa el combate. le ha salido una negrita. habría sido tendero. que vino con una columna por Bayaguana. que vestido de rayadillo. cortado aquí y allá por meandros de hicacos o por robles solitarios. como sus condiscípulos. y. enseñando las espuelas de plata. Atacan a Guerra. —Hombre. el vale Pedro anuncia: «el potro moro del compadre Juan». seguido durante media hora de descargas cerradas. ¿por qué los abandonó por las calles polvorientas. Al fin. apiarios. seguro. tengo una comezón en el dedo gordo del pie derecho. se zarandea. cuando camina. —¡Qué voz tan argentina! —exclama Miguel. ¿No se lo mandé a decir. el río bullidor!. un tiroteo graneado les sorprende. la brisa les trae las albricias. —Socio. « ¡Viva Horacio! » se oye distintamente. ¡Ah la villa nativa. y esa Comandancia no hay quien me la quite. un buen caballo para caracolear los domingos por las aldehuelas. tiene las nalgas reventadas. se bañaría en el río y aspiraría a presidir el Ayuntamiento. ¿y qué ha ganado? Allí..— ¡Ya era tiempo! Se escucha el galope de un caballo. además tendría chivales.—¿Pero usted ha tomado el pueblo? —En compañía del general Rafael. aquellos se desprenden lastimándole. rato después. —Peor estoy yo. la cabalgata de la primera noche en aparejo le produjo una peladura en la rabadilla.. y luego otra y diez más. pero en justicia. ¡Bonita situación para un caudillo! Y los días transcurren. ¿Quién? —La colunia que a venío de arriba —asegura el vale Pedro.Desde la copa de un caimito abarca la pampa que se tiende leguas y leguas. la acción es mía y de mis muchachos. —¿Qué general Rafael es ese? . bebería leche recién ordeñada.

La Gaceta Oficial. asilándose el Presidente en una Legación.! —vocea haciendo escarcear el jaco. Miguel Gómez. y trajo el uno los pies cuajados de niguas y el otro padece aún de las diabólicas negritas? Lo que es en otra. Antonio adormecía su impaciencia. en los bancos del parque de Colón su campaña es motivo de risa. todos pertenecen al partido revolucionario. en tanto que los nuevos. el general Rafael. a la diestra del General victorioso. En el pueblo. El médico habló de cortar. logra restablecerlo sin intervención del bisturí. pero la mujer terca y cariñosa. y padecieron hambre y tribulaciones. El lilisismo entra de nuevo en Palacio. a otros. no encuentran plato para sus apetitos. no puede andar ni sentarse. y mientras Miguel entrará por la Puerta del Conde. y cuáles méritos poseen los que el cariño regional empina en los eminentes cargos del Estado? Hasta las futuras curules tienen ya dueño. en alta voz repite: . mil cuentos jocosos se refieren.. y los directores de periódicos han entendido que tampoco es lícito combatir al vencedor. ¡ca. En la tertulia.. A mañana y noche le tienen con dolor de cabeza. él lo hará por el río. La Capital capituló. lavándole y aplicándole fomentos de hierbas medicinales. putrefactas.. ¡Viva Horacio!. del reparto del botín. de ambiciones. concluyen. expresó que era voluntad de éste que no se exacerbara al vencido atacándole en la prensa. La campaña había terminado sin las hazañas proyectadas. los que se echaron al monte o conspiraron des-de los escondites. Las nalgas pútridas le han recluido en la casa desde el retorno de la campaña. en un suelto. Por corrillos de parques y esquinas circulan persistentes rumores de disgusto. ahí detrás vienen dos caballos que les manda para que se vayan al pueblo. se protesta contra los nombramientos: a unos se les ha dado en demasía. y en cambio. de concupiscencias. sobre sacos de azúcar. Los empleados del régimen anterior ni con candela renuncian. al día siguiente de la instalación del nuevo Gobierno. convertido en secretario de aquel jefe de operaciones. sin orientación en laberinto de intrigas. entre enjambres de moscas. y Antonio se encuentra sentado ante una mesa de pino. ¿Y para tales cosas expusieron Antonio y Miguel sus vidas. nada. no los pescan. en derredor de la hamaca. pluma en ristre. Algunos han asaltado las oficinas en el tumulto de la primera hora.—El los conoce. acostado en un lanchón.. ¿Qué han hecho esos hombres. meciéndose. abrazándole casi le desmontó del caballo. le ha mantenido al tanto de los sucesos públicos. visita diaria. XVIII En la hamaca. El Presidente provisional está abatido. imposible montar a caballo. ¡ Qué gusto se darán los de los bancos del Parque! ¡ Qué suerte la suya! Las posaderas le torturan. mientras las tropas desfilaban por la calle del Conde. y Miguel.

de mirada límpida. Los presentes miran al recién llegado con recelo: uno más a contender por el hueso. cien dólares. piensa. y a la vez compadece al hombre que tiene delante. y despidiéndose con una negativa. aquéllos a buhar. y los oficiales de la tropa gobiernista. los empleos no alcanzan. en isla vecina. y las batallas de su pluma? Se indigna.—¿No dicen esos malditos. inflado el pecho. y termina pidiéndole que acepte un consulado. que no es posible iniciar. desazón común turba sus ánimos. del tiempo que se pierde en contentar a los que piden. con cien pesos. en la cual puede hacer lo que le place? La suegra opina que ha debido aceptar. se divertían acercándose a la puerta para asustarnos? —¡Charlatanes! —Dicen que llevabas el sable colgado del pescuezo. cruza por entre los que esperan. sí. Antonio no acierta a responder. en espera de turno. Pero ¿y su dignidad y sus aspiraciones? Y además. ¿y su vida de sacrificios. son quinientos nacionales y hay que trabajar mucho para ganarlos. fuerte. que le visitaban. Con palabra adusta le habla de sus planes. Estos en solicitud de empleo. armado de buenas intenciones. es terrible lidiar con tantos vagabundos. Aplastado bajo el repentino derrumbe de sus ilusiones. la mirada soberbia. su estancia. y cuando el mulo corcoveaba te agarrabas de las orejas. indica el edecán. cobra cien. le trajo recado. El calor de la capital le acosa. ¿Qué cree el Presidente? ¿La República es su casa. El Presidente lo recibe cordialmente. pues es necesario hacer economías para pagar las deudas extranjeras. lo que se da a cualquiera!. ¿ Quién entre ellos repulsaría un consulado? En su casa estalla. El castillo de naipes cae por tierra. una vaga sonrisa triste le endulza el rostro. La primera salida de Antonio ha sido para visitar al Presidente. y sus prisiones. el oficial del Cuarto Militar de servicio que le anunciara. Echa de menos el campo y su caballo. que se vayan al monte en la próxima y sabrán dónde les aprieta el zapato. y por mal jinete te has peleado hasta el ombligo. Y los compromisos y las combinaciones.. Quien gastó cinco. excusándose por hallarse reunido con el Consejo de Ministros. ladeándose—. —¡Malsines! —truena Antonio.. una verdadera ofensa. Portocarrero. Alto. en los labios la huella del no rotundo. la patria es de todos. y citándole para el siguiente día temprano. . un consuladito. ¡A él. Eso ha sido un insulto. En la mañana encontró una colección de ciudadanos de todos colores. muchos en demanda del pago de sus cuentas de revolucionarios. renuncia. presa de pasiones que le cercan y de apetitos que tuercen sus miras. y cuando se cierra detrás del privilegiado la puerta del despacho. la testa engallada. nuevo laurel. Se presentó en la tarde. Si esto sigue. clases y cataduras. con ese sueldo . con que fustiga a esa traílla. por ahora. viéndonos los pies. nadie quiere trabajar. ¿Qué quieres?. pues hay que aprovechar. de los cuatro puntos cardinales de la República. y Antonio entra. interrogan las miradas. que hemos estado cinco días debajo de la cama del cura.

y las deudas acumuladas en tantos años que hay que pagar. Cucharas en el aire. cárceles y .. Es el momento. ya llegará su hora.. la frontera próxima le asila. Esgrime de nuevo el látigo de sus acusaciones. certero en el tiro. se nota pronto la labor de zapa. más pujante. bocas abiertas. El Presidente. «la lechosa está madura y al caer de la mata». Los cruceritos de la armada fatigan sus máquinas trasegando soldados reclutados violentamente. lo único con que cuentan para vivir? Y la mujer. el descontento hondo. le exaspera este miedo que escuda al Gobierno. el regnícola es cazador. Su enojo crece en razón de su impotencia. y por las plazas de las Antillas vecinas vagan los expulsos. mas para su artículo no hay letras en las imprentas. ¿qué ha conseguido con tantos años de luchas. el malestar colectivo que precede a las revoluciones.nueva desventura. duda. todas las caras se vuelven hacia él. cada noche. Nadie está satisfecho. ningún periódico ha querido publicarle un artículo. desaparece en un crepúsculo y a la mañana siguiente. El Homenaje rebosa de presos. por calles y plazas de la Capital pululan los confinados. hacia quien torna la opinión veleidosa. enfermo. No y no. ensangrienta las lomas. diestramente algunos le pintan con exageración el cuadro repulsivo de la dictadura y lamentan el silencio de la prensa.. —¿Pero este demontre está loco? ¿Pero usted no se alzó por Horacio? ¡ Su abuela le llevará la comida a la cárcel! —grita la suegra. En efecto. desalentado. la efervescencia solapada que arroja a la superficie palabras imprudentes. vive a caballo en el camino del Cibao. En casa.. Los acreedores le perseguirían como tigres. quienes a su vez afirman que él mismo no sabe lo que quiere. En los campos escabrosos y asoleados de la Línea noroeste iníciase la brega. esta gente no respeta pluma». No. mientras comen. bajo las caretas. en los clubs. los mismos empleados critican en voz alta. a la hora en que la familia se reúne. Antonio. ¡Nunca fue él segundo en la protesta! En el aire cunden voces tentadoras. oyendo las noticias de los contertulios siente latir su rebeldía. y a su insistencia oponen una negativa rotunda. los directores de los periódicos le aconsejan «no meterse en eso. En los días de carnaval. En su refugio de la Plaza Duarte. El terreno le es propicio. siempre resignada. su misma mansedumbre vibra. pero el cadáver del primer fusilado le invita. insinúan. empeñado en unificar las voluntades de sus amigos. y vive del ganado que pasta en sus sabanas. que desertarán a la primer coyuntura o morirán en las llanadas aquellas sin que les calme la sed una fruta ni les perfume una flor. bailan confundidos. le impele. disuadiéndole. él no debe ser el sacrificado. le desautoriza. ¿No calcula que le expone a perder el empleo.no podrían vivir decorosamente en el extranjero. refiere su. El país está perdido. Es cosa de meses. perplejas. los hombres del poder y sus contrarios. y aumenta el prestigio del caudillo caído. Don Pedro interviene. Vacila. estos hombres no durarán en el poder. la protesta armada toma y pierde poblaciones. La revolución se propaga por otras provincias y se alza el patíbulo. que comprime su altivez en presencia de los demás.

O. sigue desde las alcobas aquel duelo. y dotaciones suyas protegen legaciones y consulados. Todos contra él. La facción se atrinchera. sitiado en el Baluarte 27 de Febrero. y rápido. sentado en la escalera de piedra. Los altos muros de las ruinas del Convento de San Francisco se destacan bermejos. los que le traen y llevan chismes y le calientan la cabeza para que se lance. En El Placer están surtos navíos americanos. El hijo.para que otros medren? No. El vecindario. interrumpieron la siesta. magnífico fuego de artificio colosal. De improviso. con barbacanas de alambre de púa y gruesos tubos de hierro. Negros feroces. y a un periodista que corre a la refriega con una larga carabina.miserias. que escriban ellos. Los cañones braman. Y hosco. y desde una furnia que las lluvias han escarbado en la calle. Un mediodía de marzo. le busca. ahumados y enloquecidos. sale por un portillo de la muralla. pidiendo más comida. y San Carlos es tomado.. sienten la caricia terrible de las llamas que. ¡Es la guerra!. descerrajadas las puertas del presidio por la revolución. que a su vez elevan las colisas de la Concepción y San Gil. suben por las cuestas pedregosas de San Carlos. Las balas granizan en la población. golpea en el plato de hojalata. azul. los hombres. «No seas bobo». avanza alucinado. arden. la ciudad es la presa de una facción acéfala. desde los fuertes de la muralla que cual cintura de piedra rodea la ciudad. franceses. Por entre las rejas de las ventanas. estrellado. acarreando cajas de municiones. Camina. distinguiendo las voces de los cañones. repercuten en el cauce del río. cruza el . altas columnas iluminan la ciudad. Combate y entra a Guerra: dos días después. Pajarito es teatro de una acción reñida. devoran cadáveres. los penados. gruñe por entre los cocoteros como un enorme mastín danés. Los del castillo de Santa Bárbara. . Por el . mientras el de 9 del Conde. Presa de irresistible exaltación. los de La Fuerza conmueven los cimientos del Homenaje. está ya en el collado de San Miguel. carne de horca. sería una tontería. rasga las cuartillas y las avienta. ¡Es la guerra!. sus sentimientos les son extraños. engrosan sus filas. a su paso encuentra paisanos. el de la Concepción ha sido tomado. Los heridos pasan fugitivos por las calles. los asaltantes trepan por las piedras urentes. transitan máuser al brazo. sables en la boca. El Presidente está en Santiago. le reprocha con dulzura. se enreda entre los alambres de la cerca. libertados y armados por un carcelero. Los presos políticos. Los heridos.Este avanza el Presidente con tropas. En el aire inflamado vibran los clarines como alaridos. tiros. capitula. cerrando las salidas de la ciudad. el revólver cae al suelo. dulces ojos femeninos vigilan. desfallecientes. el del Conde es abandonado por los defensores. Treinta bocas de fuego. Las caras sonríen. italianos. las casas vecinas y los fuertes del ángulo N. angustiado. alimentándose con la paja de sus bohíos. primero en la Fortaleza. profundo. antes de que lo adviertan los de la trinchera cercana. bajan el tono las piezas pequeñas de San Antón y la Caridad. La sangre enrojece el arroyo. ¡Es la guerra! Antonio Portocarrero contempla el espectáculo estupendo.Una prima noche. han tomado La Fuerza mal guarnecida. sus recuerdos le guían. los jueces se topan en el umbral de sus hogares con aquellos que la víspera condenaran. ni uno solo le apoya. luego en las calles. sin darse cuenta. el tiroteo de los sitiadores se aproxima nutrido. disparan sin cesar. El Gabinete. seguidos de descargas. respiran contentas y sigue el yantar. La ingente hoguera enrisca sus grumos hasta el cielo. vomitan metralla. otros dos. jóvenes imberbes.. achicharrados por el calor.

sale al descampado. sitibundo. El último revés. el fusil a la espalda. una granada rompe el seto. Un oficial le ordena imperativo: « ¡corra a la iglesia. reflejándose en las selvas aledañas. improvisan sobre el terreno sin estrategia. y cuando reúne un puñado de oro. o por las condiciones de un caballo. cubierto en parte por las paredes de la iglesia. vía que remata en el fuerte de la Concepción. Mañana hablarán. y ya está entre los guayabos de Galindo. haciendo añicos la luna de un armario. y prontos a dirimir con los rémingtons sus divergencias. tocado con sombrero de pluma. reclutados el día mismo de la partida. un jefe es decapitado por una granada. rompe las malezas. fatigados. ¡Es la guerra! En los días siguientes. y por qué? El horror de la realidad calma el arrebato impulsivo que le dominó la voluntad. y el incendio. dice el compañero risueño. a bailar un zapateo endiablado. desmazalado. Mil interrogaciones le asedian. agazapados. pulseras en los brazos. sin disciplina. domina la iglesia de San Carlos. ríen y padecen. se desploma sobre un banco. otra se abre en medio de una decena de soldados que tallan en corro y los destripa. atestado de heridos que bromean. segando el follaje de los laureles. se desgarra las carnes en las púas de la otra empalizada. vanidades y ambiciones les dividen. Antonio les grita excitándoles. Antonio estudia el ambiente. celos. libres de la embriaguez de la pólvora o del alcohol. híbrida milicia. desde el día del pronunciamiento ha permanecido en su casa encerrado.camino. destruyendo los bohíos que formaban una suerte de reparos contra las baterías de la línea. Y se duermen. a la mira de la cortina. jamás dispara. Empero. Cada bohío es una candelada: sus pies tropiezan con muertos. Un amigo le ofrece lecho. es la carne que huye del hierro y del fuego. el asalto del fuerte de la Concepción. Y cuando su cabeza se apoya en la almohada. las balas silban sinfonía macabra. Los jefes son esforzados. En el Parque. no llegarán! El templo. Desde el cerro. Detrás de las esquinas descubre soldados en pandilla. las . diga que manden refuerzos volando!». a la cabeza. cárdena. deserta. pudriéndose al sol la carroña carnavalesca. tan fácil al combate como al saqueo. las llamas insaciables. No sabe nada. disputándose unos con Otros constantemente por trampas en el juego. Los jefes. y cátalo aquí. devoran seres y cosas. les ha quebrantado el espíritu. A partir de allí hasta la muralla se extiende un surco de brasas. y soldados regulares. Antonio se orienta. de oeste a este. y las llamas. Uno de éstos. o por si los del Cibao son más bravos que los del Sur o el Este. muerde los bejucos del cundeamor. y corre. norte. en donde estuvo hasta que el incendio le encalabrinó la sangre. otro marcha a vanguardia. les deja a merced de los cañones que comienzan a hacer blanco. sin espíritu militar. pero desprevenidos. Reconoce rostros amigos. son mansos. y con heridos que se arrastran por la cuesta. al fin llega a la Fagina. Antonio. y allí quedó. preñadas de mieles y bálsamos. vestido con un traje de mujer. ¿Cómo ha venido. compónenla campesinos de distintas regiones. desvalija los cadáveres. Son los refuerzos que abandonan a los oficiales. las murallas les infunden respeto. Esta es nuestra retreta. algunos avanzan y disparan sobre la ciudad. La tropa. Los cañones de continuo arrojan granadas de acero que revientan floreciendo en rosas de bengala. dificultando la acción unánime e intensa. reúnen los hombres y los empujan: ¡es inútil. enronquecidos.

superiores a la adversidad. la fusilería los diezma desde la muralla. Sereno. los jefes. el tercero. y es herido ante la puerta obstinadamente cerrada. y por entre el monte suena el rugiente rumor del río. tan imbécilmente vertida. les seducen los botones dorados de las guerreras militares y las ventajas del poder. abandonando los cadáveres. Pero el alcohol les deslumbra haciéndoles olvidar los mejores. logra el uno abrirse paso. Aman el caballo y el arma: su dios es la Fuerza. Antonio. anduvo. a pie. Los hombres. Antonio los compara con los actores de la noche hermosa y trágica: son los mismos seres los que ahora huyen por los caminos hacia sus campos lejanos. La realidad. Ascienden a saltos: el soldado de hoy es general mañana. por donde pasen sembrarán el espanto. el otro. vuelve grupas. Un disparo. precipitarse. y atormentado el espíritu por impías dudas. y pequeño. a la zaga de los comandantes: rubio. anduvo. vigoroso. y. destocados. sin embargo. ¿A qué seguirlos?. si es gala exponer la propia y sacrificar la ajena? Aunque algunos poseen hacienda.victorias nunca son completas. cálculos. El viento sacude colérico los ramajes. buen mozo. ¿Qué concepto tienen estos hombres de la vida. alcanza a San Carlos. deshaciendo la autoridad opresora que. su malicia instintiva les detiene cuando creen que han sumado méritos bastantes para sus aspiraciones. consintiéndoles sus bellaquerías con frecuencia penadas por el Código. crearon con sus brazos armados. pero cae fulminado de la mula. habíale quebrado las alas a su fantasía. lanzan los oficiales contra las obras de acero y alambre.. el tercero se abraza al cañón enemigo y recibe en el pecho la carga. un grito les pondría en fuga. forcejear por entrar en la barca que cruza el Isabela en Santa Cruz. antes de que amanezca. La gente se desbanda. flaquean casi al empezar la acción. El fracaso desolador y rápido conmueve al caudillo tanto como al inferior. con sombrero. ola deshecha. Llueve con furia. reflexivo. recalado. brutal. ya he ganado la Comandancia de Armas y la quiero gozar». contempló durante largo espacio aquellos hombres antes tan fieros. rudos y amables a un tiempo. Y decepcionado. ora le abrazan afectuosos. Hay quien diga: «no peleo más. deserta o se prodiga en palabras. Una madrugada. de vivos ojos. Los hombres huyen. a caballo. se enfrentan a las trincheras. como si el agua quisiera borrar de la tierra las manchas de la sangre. como un espectro. Para imponerse a sus mesnadas. conscientes o ignaros. Es un mecanismo cuyo resorte se ha roto. Las filas se mueven con desgana. contando y comentando el desastre. y aquella masa que ninguna voluntad contiene. Antonio Portocarrero hubo de volver maganto. podría reaccionar. Al anochecer. De tal manera crean entre unos y otros el vinculo gracias al cual afrontan con decisión la muerte. desmarrido. mulato. las columnas se forman: tres que atacarán la capital por el Oeste. delgado. Con el sol alto. atravesando las estancias. el empuje de la acometida desfallece en breve. impetuoso el uno. el derrotado se retira a salvo o si quisiera. el otro irguiéndose ante la noticia. XIX De la última andanza. quiere entrar a la ciudad por una casa edificada a ambos lados de la muralla. A . la tropa retrocede. se desborda por detrás del cementerio y. el fruto no se cosecha.. no hay persecución. Las sombras invaden la ruta. entró en la ciudad silenciosa. las riendas en el cuello de la bestia. entrechocar las monturas. ora doblan o tienden por tierra a un hombre a planazos. y mientras el vencedor se distrae en contar fantaseando la hazaña. ahora pálidos.

amén de los paseantes. cayó al agua. apuñala en torno. en los cuales. acaecida años atrás: un viejo pescador. que es el terror de los gallineros. arrancándole vientre y tórax. La res enlazada por la cornamenta. los tiburones desprevenidos huyen. que expresa con monosílabos las ansias del adolescente. Se acoge. vaga por las estancias. el ganado que olfatea la muerte. cada vez más desgraciada. La puntilla del matarife la descabella. Ella. Una cuadra más al oeste. triscaban sirenas entre las algas: las abuelas que se bañaban en camisa y los muchachos. a soñar. y sus ideas habrán de secarse sin el goce del alumbramiento? La reclusión en la casa. La abuela. la explanada del antiguo fuerte de San Gil es un punto de vista admirable para las marinas que pinta el ocaso. mediante la promesa de diez pesos. como un íncubo. será eterno espejismo para él. siquiera sea el. se arriesga. e introdúcese por la sopeña para surtir en chorro esbelto. se cisca y juega con zulla. que está al lado. el cadáver flota con el vaivén de la ola. sucia. El Caribe. e infecundo todo grano sembrado en ese barro? Separado de los suyos por los mismos prolongados sufrimientos que les ha impuesto. si en calma. le acongoja. En el corral. efímero de la posición política. estréllase contra el acantilado. plañe. que fumaba su pipa con el cordel entre los dedos del pie. la sangre al tobillo. Antonio recuerda una escena de espanto. las fieras le atacan. pues. ¿habría sido estéril. profiriendo palabras obscenas e impregnándolas de su locura. que el azar dispensa? ¿Lo que es tan fácil a los demás. En las tertulias de los parques se perpetúan las mismas cábalas y malsinerías en derredor del presupuesto. Al instante. muge patético. En las rocas. medio siglo ha. mientras desperdicios y coágulos. y el recuerdo de ambos. forcejea. ase el cadáver y gana la orilla. brinda asiento a los que entretienen el ocio con el tráfico del camino líquido. un cuchillo en la diestra. ataviando de espumas hervorosas la roca plana del tripero. aletargado por el bochorno del mediodía. tiende desde el horizonte paño de ormesí esmaltado de lentejuelas áureas. las fauces terribles. la familia grita. por lo menos. y luego. son amables invitaciones a divagar. a los paseos solitarios por los barrios populares. Los pescadores tienden el aparejo a la voracidad de los escualos. tablajeros. no estampará jamás su nombre al pie de un Decreto o de una Ley. En el Matadero público. entre cuatro y seis de la tarde. hierba cuyas hojas aterciopeladas amortigua la dureza de las rocas. esperando que los jureles picaran. seis aletas ya hendían veloces el cristal. añangotado. Por la tarde contempla el mar. hurta los relieves de la mesa. ¿no alcanzará éxito. veían los cuernos al Diablo en la grieta denominada Boca del Infierno. cuando repuestos. vertidos al mar. le dan un aspecto de hechizamiento. temblequeante. Aquí. desnudo hasta la cintura. Sobre las rompientes. siente vivir a los humildes. colgando las bandas blancas y róseas. panquea. ¿ Sería verdad? El tan doloroso empeño de su vida. revuelve el agua ensangrentada. si lo en-crespa la brisa. decrépita. la desuella y descuartiza. en busca de entretenimientos. Cuantas veces se detiene en este paraje de la costa.cada instante las visiones impresas en sus pupilas violan su fe. aún palpitantes. rodeada de gente. se resiste. trepánale días y noches. atándose a un cable por las axilas. el pantalón a la rodilla. Un negro. Muchachos haraposos compran los menudos que cargan en petacas. esquivando. rociando la calle. tirada por un torniquete hasta sujetarla en una de las columnas de hierro sustentadoras de la techumbre. ceban los . y el hijo. persiguiendo al atrevido. Una vela que lo surca o la estela de un vapor. se congregan. médicos y concejales.

tiburones. Enrojecido como un verdugo medioeval, un jifero se ha acercado a Antonio, diciéndole con acento malicioso: —Cuente conmigo. ¿Cuándo empuñamos la jicotea? En las primas noches barzonea por el altaicín del norte, que el terral de los montes de Galindo refresca y aroma, prefiriendo las callejuelas estrechas e intrincadas de uno y otro lado de las fortificaciones. Por las puertas abiertas examina las habitaciones: lámpara mortecina ilumina escasos muebles desvencijados. En los umbrales, las mujeres sentadas sobre las piedras, charlan y fuman; los chiquillos, en cerros, retozan en el arroyo, en el césped de las plazuelas o se escurren por los boquetes de la muralla, por cuya cornisa corretean. Dos novios, recostadas las sillas en las jambas, la doncella al interior, el galán afuera, pelan la pava o puntea el segundo la guitarra, acompañando a la novia que entona melancólica canción de amor. Calle por medio, dos comadres, recogidas las faldas, lo brazos en jarra, riñen a causa de la lejía derramada por un rapaz travieso o de una gallina extraviada; otra, de vuelta del pozo profundo, común al barrio, la lata colma a la cintura, exclama escandalizada: ¡Ave María Purísima y se santigua. —Los hombres forman corros en las esquinas o en los timbiriches que a guisa de pulperías o cafés sirven de puntos de reunión. Estos son los que durante el día sudan al sol en los muelles, calles y talleres, aquéllas las que lavan y planchan de seis a seis. Las mujeres miran a Antonio con picardía; «pájaro de la mar en tierra», suponen que anda a caza de aventuras eróticas o que como tantos otros viejos y mozos mantiene su pelazga por aquellos andurriales. Los hombres le dan las buenas noches con respeto; a los conocidos les estrecha la mano, deteniéndose a charlar con ellos. Quisiera penetrar sus pensamientos, el secreto de sus vidas, saber qué aspiraciones alientan; pero esquivos, se lamentan de la escasez de trabajo, de lo caro que está todo y, de paso, tiran su chinita al Gobierno. Antonio se da cuenta de que algo les separa; acaso le indispone la altivez ingénita de su figura, desprovista del aura de la popularidad, y en sus frases mañeras, equívocas, nota la desconfianza, pues aun los más expansivos, parecen decirle: si vienes a nuestros barrios pobres y nos hablas, si sonríes a nuestras hembras y acaricias las cabezas desgreñadas de sus hijos, es porque buscas escalera para subir. Sin embargo, ellos le inspiran simpatías; pero ¿ cómo lograr que las crean sinceras ni menos que comprendan sus anhelos de bien, nutridos con generosa savia cordial? Y por la periferia cada noche, escapándose de las garras de sus propios recuerdos, continúa sus excursiones, y queriendo sentir las palpitaciones de la ciudad, la circunda. De los altos de San Antón, San Miguel y San Lázaro, baja a las vías nuevas de extramuros, por donde la capital se ensancha en casitas de madera y cinc, pintadas y limpias; entra por la Puerta del Rey a la calle de la Misericordia, cuyas primeras cuadras la forman ruinosos bohíos de tablas de palma; recorre la de San Pedro, en la que alteman el cinc, la yagua y la piedra, y moran pared por me-dio vírgenes y hetairas, y en donde, detrás del fuerte de San Fernando, ofrendan a Afrodita marinos y soldados, con prostitutas alcohólicas, de marchitas carnes enfermas, mulatas y negras que, en batas de colores crudos y en chancletas, se exhiben con un túbano en los belfos, y por quienes las riñas mortales son frecuentes. Más al este, en las celdas donde tiempo atrás oraban las Clarisas germina el hampa ciudadana —borrachos, mendigos, cuanto hiede y repugna —,.oculta a la vista del transeúnte por las casitas fronteras a La Fuerza, habitaciones de buenas gentes

modestas. Sigue después por los solares del Almirante y del Aguacate, separados por la empedrada calle de la Atarazana, extendiéndose el uno detrás de la Casa de los Colón y el otro entre la puerta de la Atarazana, a espaldas de los almacenes y las calles Comercio y Marina, lugares donde procrean y bullen curazoleñas y martiniqueñas, las que enfaldan y anudan el pañuelo en la nuca, con donaire, y preparan los azafates de dulces que se expenden al aire libre. Por fin, Antonio se pierde en las intrincadas callejuelas que corren del Castillo de Santa Bárbara al bastión del Angulo, abrigo de maleantes porteños, y sitio en donde, las vísperas de fiestas, resuenan atabales y acordeones, pautando las guarachas transmitidas de playa en playa por los lobos del Mar Caribe. En el espacio de dos años, las películas se han sucedido en el cinematógrafo político con rapidez ofuscadora. Antonio, desgarrada el ánima, tan pronto febril de deseos, como desasido de todo, ha seguido el desarrollo de los acontecimientos. Los generales que admiró días antes en los campamentos, vienen a inclinarse ante el nuevo Presidente, quien tras un simulacro de comicios, en una mañana de agosto, pasa por las calles en carroza descubierta, en el pecho la banda tricolor, entre improvisados dragones de pantalón de grana, a jurar el cargo. El oro del Erario se dilapida. El Presidente, que es un clubman culto, prosigue frecuentando los casinos, platica de arte, de ciencias, de caballos, de perros, de logística, y recita versos de Virgilio en latín, o pasea la ciudad, en piafante corcel portorriqueño, plantado en la silla con todas las reglas de la equitación. La prensa, temerosa. Al Ejecutivo se le suponen ímpetus y energía. Se conspira. El Homenaje se llena de presos; los vapores que zarpan, llevan cargamentos de expulsos. En noviembre, la capital es sitiada y capitula. Jimenistas y horacistas se han unido y traen en hombros a un cura que ahorcó la sotana, inteligente, audaz. Apenas entra en el Palacio, los jimenistas parten en guerra, y, en diciembre, un cerco de bayonetas se extiende de Pajarito a San Jerónimo, suspendiéndose el tráfico en la ría. Durante cincuenta días, Santo Domingo de Guzmán, encerrada entre sus murallas, se arrulla con la música de cañones y fusiles; su juventud la defiende en las fortificaciones, y las mujeres van a misa, se visitan, y las retretas continúan jueves y domingos, mientras los beligerantes entrecambian plomo. Entonces acaece un hecho insólito, que deprime al soñador: las granadas de navíos de guerra norteamericanos estallan en tierra dominicana, para castigar a los revolucionarios que desde Pajarito han osado cañonear un buque mercante de la Unión. El nuevo Jefe del Ejecutivo, a la cabeza de una charanga, cada vez que sus armas obtienen un triunfo, discurre por la ciudad, exaltando su gente con vítores y promesas. En febrero, una salida de los sitiados rompe el cerco, y Santo Domingo de Guzmán respira. En el Homenaje, no caben más presos, los desterrados pueblan las vecinas islas. El tesoro vacío; hipotecadas las rentas. En el ámbito de la república, dos guerrilleros señalan, con rastro de sangre, el camino de sus victorias. Atan a la cola de sus bridones la devoción de los civiles y de los mismos intelectuales. Una comedia de elecciones consagra constitucionalmente al jefe, quien inaugura su periodo, fusilando en la puerta del Camposanto, a pleno sol, a dos de sus contrarios. El Presidente, vestido de dril blanco, desaliñado, va por las calles inspeccionando las incipientesobras públicas, dialogando de acera a acera, y predicando con la palabra y la iniciativa el progreso en ese campamento en reposo. Los odios partidarios provocan cismas en los hogares; las amistades se quiebran; de reja a reja se cruzan miradas, y alguna vez, palabras agresivas; se querellan las mujeres en las tertulias,

ruegan en los templos, se mortifican con promesas, desertan los bailes; los hombres, en tanto, desaparecida aquella devoción ciega que caracterizó las banderías de la primera república, saltan de una a otra sin más norma que el interés del momento. Llegada la noche, manos salvajes dañan las obras públicas en construcción, y las cartas anónimas, echadas en los buzones van por las manos del cartero a zaherir al primer magistrado y al ciudadano. La prensa discute el nuevo pacto internacional convenido con la Unión. Cercena la soberanía, afirman los opositores, mientras el Gobierno se encarama en él, como en tabla de salvación, y flota. Luchas intestinas dividen a los copartícipes del poder; el telón baja sobre el alzamiento del propio Presidente, quien perseguido por tropas, acusado ante la Cámara, habiéndose fracturado una pierna, atraviesa la ciudad una tarde de enero hacia el exilio. Al nuevo caudillo adornan prestigios de héroe; es fuerte, sano de cuerpo y espíritu, y la general aspiración a la tranquilidad funda en su energía y sencillez la esperanza de días prósperos y tranquilos. El Homenaje continúa siendo medio pacificador, y la razón de Estado siega vidas. Antonio se pregunta, inmutado, si la tragedia se repetirá indefinidamente, cambiando tan sólo la figura corporal del cacique. ¿A qué, pues, luchar? Le enoja la Convención; sus sentimientos la repulsan. ¿A dónde dirigirse, cómo ganarse la vida? Para los particulares, él es un político, bueno nada más que para vivir del presupuesto; para los gobiernos, un opositor inconforme siempre, al cual hay que vigilar y castigar, y para los políticos, un intransigente petulante que les enfada con sus actitudes. Miguel Gómez le reprocha inacción e inhabilidad para abrirse camino hasta Palacio, no entiende la hermenéutica ni sabe menear el majarete, términos con los cuales se significa la destreza para desenmarañar o urdir las intrigas y lograr un puesto gubernativo. El siéntese encadenado al pasado, que le acogota señalándole a la ojeriza de las gentes. « ¿ Para qué puede servir este hombre? ¿ Qué obra ha realizado?», expresan las miradas de sus oyentes cuando, demoledor, critica los sucesos. La prensa alza el tono, traduciendo el malestar del país que discute la Convención. El Gobierno la mantiene; sus contrarios la impugnan. Campaña de palabras desabridas, ayuna de razones reales, que encubren temores y apetitos. Antonio, obligado a permanecer en casa, por un ataque de gripe, las puertas entornadas, recibe a los jóvenes que le traen los ecos de la polémica y le explanan con ardor sus inquietudes e interrogaciones. «El gobierno se impondrá, y el país naufraga. Es necesario luchar, sublevar la conciencia nacional. Su palabra falta, su verbo dará dirección, la autoridad de su vida es indiscutible. En los bancos del Parque nadie se explica su abstención». La fiebre lo debilita y el cerebro le duele; les promete escribir más adelante; pero Miguel Gómez insiste: —No, socio, el momento es de oro. Horacio está a caballo; hable, hable, un catarro no mata. Entonces, con voz débil, entrecortada por la tos, dicta un artículo corto, vibrante como una arenga. Erguido el pecho en la mecedora, cada frase parécele un lanzazo asestado a la Convención. El auditorio aplaude con ahínco aquel estallido impetuoso de sentimientos, de cólera, de amargura. Su índice vengador señala a los réprobos, los acusa, los juzga, los sentencia y ejecuta; y termina con un rasgo soberbio, emplaza en nombre de la patria a los quecomprometen sus libertades, negociando la soberanía y evocando los manes de los héroes de Febrero. Magnífico, afirman; y mientras Miguel Gómez se escapa con las

miran con sus ojos brillantes. —Creo un disparate. se presenta a solicitar a Antonio. Respirando salud el uno. contrasta con la palidez de convaleciente. de tres asientos. las manos en los fierros. Arturo Aybar y Antonio Portocarrero. es presa de una tenaza que le aprieta el cráneo. La mujer. replican con un ¡vaya parejero! El vehículo es pequeño. El día anterior. ella acodada y él afuera. hilvanan el diálogo de amor. hecho un ovillo. en un catre de tijera. sin cuello. un niño que forcejea por correr a su antojo. después de la larga y emocionante sesión legislativa. que escucha cuanto conversan los pasajeros. y los demás corren a pregonar la aparición de la catilinaria destinada a conmover a los diputados y hacer bambolear al Ejecutivo. en el umbral. que aceptes un ministerio de este Gobierno. salta y cruje en baches y zanjas. . el queso y la mantequilla para la cena. El Poder Ejecutivo barruntando la conjura detrás de las palabras violentas incubadoras de revuelta. circuidos de ojeras. el Presidente montó a caballo y fuese a galope camino del Cibao. A simple vista. algunos con el diario en la mano gesticulan. los rostros revelan la alegría del triunfo o la depresión de la derrota. mejor estás en tu Consulado de París. Antonio solo. de uniforme de kaki. En el Parque de Colón y en las esquinas. y de luego en luego requiebra a las negritas que. en pie. pero todos se encalenturan y elevan el tono transportados por el ardor de las palabras. suda. Arturo.cuartillas hacia la imprenta. contraída la faz por los agudos dolores que le trituran el cerebro. las tablillas de chocolate. elegante el traje. desgolletada la camisa. de cuando en cuando le aplica un zurriagazo. rechoncho. los hombres departen agrupados. zahareñas. En algunas rejas. las facciones demacradas y el terno gastado del otro. de parte del Gobernador. envuelto entre velos de polvo. El cochero. quienes gozan además el privilegio de olerle latagarnina y el sobaco. la pupila viva. pasean por la ciudad en coche. el revólver de ordenanza al cinto. al sagitario. dos al fondo y uno junto al auriga. Circulan las criadas con la cesta del pan. acabado de salir del horno. una flor en la cabellera. El coche rueda. engarzado en el brazo y a remolque. vestidas de muselinas claras. hundido en el mecedor. echa sus esbirros a la calle y El Homenaje hospeda a los agitadores. XX En la tarde cálida de mayo. el Congreso Nacional aprobó la Convención Dominico-Americana. leyendo novelas o El Listín. El representante de la fuerza ve al temido luchador. los transeúntes que las saludan quitándose el sombrero o familiarmente con la diestra. las muchachas. Sentadas en los alféizares de las ventanas o en mecedores en las aceras. negro. y en la misma noche. fuma un cigarro. le conduce al aposento. Otras parejas. las manos cuidadas. sin responsabilidades. y sin cesar excita al caballejo con las riendas y la lengua. Un oficial. experta ya. agregando un piropo cuando la intimidad lo permite. ligero.

Arturo. la habría pactado gustosa. —Sí. es sencillamente un acto criminal para mantenerse en el poder. —No y no. —Sí. es el caballo de Troya. sólo que nosotros no nos damos el trabajo de analizar el medio para convencernos. y pronto los muchachos jugarán a la pelota. quiso y conquistó la América. pero como los chicos que gritan. pero no amenaza la independencia: el mal no está en ella sino en nosotros mismos. —La Convención. Verás qué labor realizo. Antonio. en la sucesión de tales hechos. —Pero te haces solidario de la Convención. de cuyas instituciones y costumbres civiles tenemos que aprovecharnos. demasiado voluptuosa. El español. —No. que no es la ambición y las pasiones de los caudillos. Entrando al Gabinete. que tanto clamorea. ya nuestro pueblo baila tow steps. y el basse ball da músculos y enseña a los jóvenes a pensar y ejecutar con ardimiento. transportaron y esclavizaron. nos pone en contacto con una gran nación. —No exageres. —¿Y qué?. El yanqui lo . la República debió ser como la querían los hombres de Febrero. somos un pueblo falto de voluntad. compelidos por los desórdenes internos que nos debilitan y por el peligro vecino. como lo he prometido al Presidente. lloran y patean por un juguete que olvidan a los cinco minutos o lo despedazan para ver lo que tiene dentro y acaban por extasiarse amasando el lodo de la calle. preciso es convenir que existe algo positivo. Los indios haitianos eran más de un millón y se dejaron extinguir en las minas por el jinete blanco. han buscado el equilibrio más allá del mar. socio. Créeme. que la realidad destruyó en crisálida. —Sí. a quien arrancaron de sus tierras nativas. todos los gobiernos que han logrado sostenerse. y tendré ocasión para adaptar lo que he aprendido en medios civilizados. fórmula o no. audacia y energía. un sueño hermoso. serviré al país con más utilidad. Aún persisten en nosotros rastros de aquella voluntad heroica del dominador y los resultados del sometimiento doloroso de los otros. la danza. —¿Y por qué no? ¿Crees tú que es ella obra del Gobierno? No y no. y eso es lo que necesitamos. óyelo bien. queremos. proeza estupenda. Recuerda: desde el año 44. el error es tuyo. no los espasmos de violencia que son nuestras revoluciones. enerva en cambio el tow steps es un baile gimnástico. No te engañes. a ellos que se creen dueños absolutos. ésa es la fórmula con que se pretende excusar la anexión a España. es el fruto natural de los desaciertos de tres generaciones. para ser reemplazados por el negro. —Extremista siempre. La oposición misma. Convengo con que mortifica a nuestro patriotismo. obedece ella a una realidad nacional que se impone a los gobernantes y los apresa. Por otra parte. sí. —A esos blancos le jié mucho el negro —interrumpe el cochero. —Pues bien.—No.

y las ideas y sentimientos del colono que primero la vivió. socio. hemos engendrado a Máximo Gómez. elocuentes páginas de historia. es el eslabón de una cadena.. Mira: hay en la ciudad dos ajimeces. en yegua fina que compró en doscientos cincuenta castellanos. mas no como a cosa muerta sino como a ser vivo. y. y óyelo: partirá el istmo de Darien. nubecillas policromas suben de los cascos y las ruedas. y nuestra isla está en las avenidas de ese gran camino. ¿y las revoluciones.. —Bueno. nos complace admirarlos. ella fue la cuna de la Conquista y amamantó la gente leonina que en la Costa Firme y en las islas se hizo gloriosa por medio de la espada y de las letras. En la margen oriental del Ozama. ¿es que estudiamos nuestra historia tú y yo y los demás de nuestra generación. primer vagido de la nacionalidad. remata frente a la Torre del Homenaje. cintila. en el polvo. marina y fluvial.. formando abra al mar azul. Pues bien.. en incesante comunión con nosotros. amar el pasado. —Ilusiones. bonitas palabras.. el negro dio a España un nuevo Cid en Suero. reverbera. yo no sentencio.. sobre el firme de la ladera. —Palabras. y Lilís mismo. tú concluyes que nuestro destino es ser absorbidos por el yanqui. ¡Cochero.venció al francés. Cada piedra de esas iglesias. revestida de un manto de brocado. las tenemos en la sangre: genio y figura. es un tipo representativo. la suspicacia letal y la aspirabilidad. por esos motivos debemos defenderlas de los hombres. cuya rebeldía transvirtió el estrecho con Hatuey. De la mezcla.. aunque nuestras pasiones lo nieguen. —En resumen. al Palacio Viejo! Desde la azotea de la que fue Capitanía General. que indios y negros regaron copiosamente con su sangre.. dices tú. pero no lo olvides. En esta tierra. ¿Quién era? ¿Lo sabes tú? Ese es un detalle. cocoteros y almendros. cuantas veces pasamos frente a las casas en ruina que ellos adornan y rejuvenecen. —No. Aquí. reconquistándose para darse al Rey. y a la república un prócer en Luperón. el estilete de la punta Torrecilla corta las olas. sin embargo. aplico la lección de los hechos consumados: hay que ser fuertes. y los gobernantes?. —Pues la depuraremos.. ¿Quiénconoce la Primada? ¿ Qué poeta dominicano ha extraído de estas piedras la intensa poesía que en ellas vibra? Por estas calles paseó Hernán Cortés. supones tú que han terminado para siempre? —Aún no. nos vienen el ímpetu y la resignación repentinos. ¿Pero quieres admirar un espectáculo tónico?. del tiempo y del brazo destructor de la naturaleza. pero las matarán los ferrocarriles. En las aguas. cultivar la voluntad. y cinco búcares abren los rubíes de sus flores. y la línea verde de los uveros. la violencia enfática. por el contrario. ambos amigos abarcan la ciudad que áurea lluvia inunda. el español exterminó al indio. —No. en ellas se nutren raíces de nuestro espíritu. muchas veces he sentido la curiosidad de saber quién construyó la casa. y exportó al Continente su cultura. señoreando los dos océanos. ¿ Entonces? Por eso caemos hoy donde ayer nos rompimos la crisma. Al Sur. Palabras. las escuelas y la riqueza. los restos de la primera ermita edificada en la tierra de América. con los bucaneros. pero dime. ..quiere.. el último de los libertadores americanos. El colono combatió con los filibusteros ingleses.

Bajo las bóvedas abatidas reposa Don Bartolomé Colón. la cuesta empinada. En la meseta. tú eres. quiere algo con voluntad cierta. en cambio. pero ya soy un vencido. suben sudorosos. y si la miró con tristeza menguada por las tinieblas. jadeantes. —¿No te invita a la acción. españoles. a lo lejos. Tufo cálido emerge de la tierra. detrás del codo del río. por detrás de aquellas ruinas. basta un poco de ese leve polvo dorado que vuela detrás de los coches. trepando por la cuesta arcillosa. indios y negros la edificaron sillar a sillar. la espadaña de San Antón. no soy yo.festonada de lianas. cabujón zafirino en mitad de ondulosa raya de azur.. Hace unos días la gripe que aquí es un coriza molesto y nada más. mameyes erectos. la iglesia de Santa Bárbara. las plumas suavemente irisadas. mi altivez. largas varas que huellan ruidosas. y así triunfa del hombre y del tiempo con su gracia ingente: el leopardo dejó una garra en sus naves. en los agujeros anidan palomas. El sol. quiere. árboles próceres. los bohíos de Pajarito. . miintransigencia. Por la Puerta de San Diego entran carretas cargadas. la Puerta de San Diego. no es virtud. y la pequeña villa colonial. se destacan de los follajes de Galindo. y sobre la colina. —Sí. soberbios caimitos de hojas bicolores. tres al poniente. Hacia el Oeste. En la margen occidental. y el médico anuncia que una recaída será mortal. y las paredes dentadas semejan enorme parrilla. Hacia el Norte. del artífice inspirado al oscuro picapedrero. una doncella espera el amor que la hará fecunda. los muros negros del convento de San Francisco coronados por un laurel.. constante. se admiran San Nicolás. y la torre cuadrada de la Merced. para ser hollado por cuantos pasaren. sacude el pesimismo. estuvo a pique de matarme. y a su izquierda. hierbas. cubiertas de árboles. enclavada entre los dos mundos. bello. los sillares gafados por los siglos y bronceados por la luz: tres ventanas al mediodía. hombre. la descubrió. y más cerca. La Catedral se adivina: ella es la materialización de un sueño.. no obstante las torres ausentes. pues. el de voluntad demiúrgica. En un balcón. incendia el cielo.. dijo en ella plegaria a su dios. con la higuera bravía arraigada en la cúpula como un penacho. juntándolos con dolores y esperanzas. A través de los árboles. pero calienta entre sus columnas los restos del grande y testarudo ligur. de virutas cobrizas los tejados pajizos. la ignorancia la afrentó. burros arrastrando trojes de cañas. sino consecuencia de terrible herencia. descollando entre los tejados planos de las casas. y galanas palmas solitarias. luchar? Y lo peor es que el médico afirma que mi carácter. es bello. los terremotos la desquiciaron. crecido el gentil edificio. el Alcázar de los Colón. que habrían sido la meta de la potencia creadora. se columbra. mientras que en el umbral. desiguales. o rimeros de petacas de carbón. debió de sentir el orgullo de haber realizado empresa perdurable. toda esa historia petrificada y la lujuria potente de la naturaleza? Atrévete. de redondas copas. ¿A qué. La lámina de acero bruñido del Ozama se descoge entre las riberas. entre las antorchas de los cocoteros. cima eminente de la cordillera. Los hombres que laboran en las oficinas de los muelles. el Sillón de la Viuda. vacías. tres al levante. El rumor del mar se difunde confundiéndose con los sonidos urbanos. Durante veintiséis años. un triunfador. Presión más fuerte de la tenaza que me comprimía el cerebro era suficiente. Ahora resulta que yo.yacía Alonso de Ojeda. que revuelan en torno. —Atrévete. a la mañana siguiente. Cada cual. y las ruinosas chimeneas del Ingenio La Francia. haz.

Arturo había experimentado una intensa emoción ante la imagen de Atenea. inclinóse hacia la flor o la espiga que los ojos de la diosa miran deleitados. siluetas extrañas. los jóvenes. la siniestra en la lanza y abierta la diestra en la cadera. Habana 1911. miserable. los mercachifles. alzándose sobre las tumbas vecinas. el más perfecto. Minutos después. dibujará al caminar. le apretó contra el corazón. pues bien. Arturo.bufas. los pies descalzos. la diosa de formas virginales. su cuerpo tremó de angustia. profesaban con su milagrosa euritmia rota la más elocuente lección de moral y belleza.. las sombras estarcidas ahuman el cielo. La floresta aledaña avanza sus tentáculos constrictores.. abre los brazos para estrechar en magnífica elación las piedras seculares. de la cual ascendía concierto de fuerzas poderosas. pronunciarán discursos en los cuales me calificarán de rebelde. En aquel ápice del espíritu humano. a prisa en busca de la cena que espera en la ciudad. roja. ¿por qué no? ¿Por qué no?. los políticos. interrogó. asistirán los niños de las escuelas.. comprendió. Exaltado. que harán reír. mi hijo. Carne tundida por estacas de yagüeses. la bandera desciende del asta. como he sido maestro a palos. La silenciosa tragedia se le revelaba de improviso. tal una ala rota. Me conformo con la idea de que le harán justicia a mi cadáver. el pueblo. a la deriva hacia fatal destino. El cejo del río humedece el aire. repite ahora. las proas armadas hacia Levante. conmovido. soy un vencido. — Roma 1913 . fija la pupila beata en la tierra en donde perfuma una flor o crece una espiga. en el Pireo. y con los brazos abiertos. seré conducido en andas. azul. con mentes inferiores a su tiempo. al declinar el día. y convirtiendo la vista más allá del golfo de Eleusis. elevó la razón. ansió sembrarlos en la patria lejana. y al son marcial del clarín. mi sangre. que lapidan en las tardes las estatuas por sus propias manos modeladas en la mañana. En mi infancia soñaba tener un entierro suntuoso. y por sobre la cabeza de lo que muere. la voz de bronce lleva de puerta en puerta la divina promesa. los sacros mármoles. cincelada exquisitamente. amó la belleza pura. la guardia de prevención presenta las armas. mientras los generales ignaros triunfan y les uncen? En el Acrópolis. y libertándose de la materia. zigzagueante. esas risas me flagelarán hasta debajo de la tierra.. a la luz de los focos eléctricos. y mientras el sepulturero tapa la fosa. hasta la Antilla ensangrentada. El vaho ardiente de la tierra enardece sus arterias. lo triste es que cuando todos vuelvan del Camposanto. El numen le posee. vacilante. ¿verdad? Un sollozo se extinguió en los labios de Antonio. Ceñido el casco. traerá en las manos los paños blancos que sirven para cargar los muertos. esclarecido por su luz inmortal.. En La Fuerza. libres de la costra de turcos y venecianos. golpeada por molinos. y créeme. Nuevos griegos dialogaban en el jardín de Platón. lenta. desde el Partenón contempló la ciudad blanca. mientras sus ojos escrutan la villa y el campo vecino. ¡el gran rebelde! Pero. cubierto de flores el ataúd de tercera clase. Las campanas de la Catedral tocan el Ángelus. ¿es su ánima la de un hombre o la de toda la gavilla de averiados adoradores de Dulcinea cuya es la prole de débiles turbulentos. blanca. de grávidas entrañas. Es horrible. Por el oriente.—No.

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