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La Sangre de Tulio Manuel Cestero

La Sangre de Tulio Manuel Cestero

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"La Sangre", obra que publicara Tulio Manuel Cestero en 1914, es una novela que logra reflejar aspectos del

ambiente urbano y de las tribulaciones político-sociales de la época.

Por el ventanillo del calabozo, un rayo de sol entra jocundo, adorna con ancho galón de oro los ladrillos y trepando por las patas del catre, cosquillea al durmiente en el rostro. Antonio Portocarrero despierta restregándose los ojos con ambos puños, bosteza, la boca abierta de par en par y mira en torno suyo con asombro. Siéntase en la barra del lecho examinando la celda de hito en hito y cual si al fin, libertándose de una pesadilla, comprendiese, murmura: «todavía... otro día más». Joven, de estatura prócer, la fisonomía enérgica y simpática la color melada, cuya palidez actual aumenta la sombra de la barba ida. Los cabellos negros, de rebeldes vedijas, la nariz roma y los labios carnosos de bordes morados, denuncian las gotas de sangre africana que, desleídas, corren por sus venas. Las pupilas grandes y brillantes, henchido el pecho. El preso registra la estancia, tal si la viese por primera vez. En un ángulo, un aguamanil desportillado, de hierro esmaltado, sostenida la jofaina en una trípode. En mitad del testero, junto al muro, una mesita de pino, sin barnizar; al lado de ella una silla, cerca una mecedora, y encima una alcarraza, una copa y varios libros: «Los Girondinos», dos tomos de «El Consulado y el Imperio», «Los Misterios de París», «Historia Universal» por Juan Vicente González, y los «Tres Mosqueteros». El recuerdo de los amigos que le proporcionan el placer de la lectura, le saca a la cara la luz de una sonrisa. En extremo opuesto, vecino a la puerta de roble con hileras de clavos cabezones remachados, un cuñete, ceñido por arcos de acero, receptáculo de sus deyecciones, que dos veces por día un penado carga en hombros y vierte en el mar. Sus emanaciones infectan. Estos objetos, una escoba y el catre con una almohada y dos sábanas, componen el ajuar. El enladrillado es frío. Las piedras de las gruesas paredes han sudado durante siglos. Musgo verdinegro vetea el enjalbegado. La humedad se caía hasta los huesos. Por el día el calor agobia, en las noches invernales el fresco molesta. El aire y la luz entran por el ventanillo de fuertes barrotes de hierro. En las paredes, enlucidas de raro en raro, los cautivos han escrito con carbón sus penas e indignaciones. Entre ellas hay una de su propia letra: «26 de Julio de 1898, a las 9 de la noche». Cuando la hubo leído dos veces, arruga el sobrecejo, exclamando con dolor: « ¡un año ya! » y se pone en pie, encaminándose al lavabo. Con vigor se enjuaga rostro, cuello, sobacos y muñecas; luego arrima la sólida silla de sabina y majagua, y encaramándose en ella, ase los barrotes, y a pulso alcanza el poyo. ¡Qué fiesta para sus ojos! El cielo, azul, límpido, sin una nube. El sol derrama oro obrizo sobre Santo Domingo de Guzmán, con amor fecundante inagotable. El mar cabrillea deshilando sus randas de espuma en la arena de la Playa del Retiro, y muge con ternura de toro en celo en las peñas del acantilado, sostén de la Torre del Homenaje, en donde él está recluso. La vista complacida recorre la ondulosa línea de vegetación que arranca de los almendros de elegantes amplias copas y los guayabos silvestres de la margen del río, y sigue por los uveros, de hojas de abanico, hasta las ríspidas malezas de la Punta Torrecilla. Las lanchas

pescadoras, rezagadas, entran en la ría, a rastras los chinchorros repletos. En la caía, entre los pies de los tripulantes, saltan agónicos jureles y carites de argentinas y róseas escamas. En el Placer de los Estudios, balancean airosos sus cascos blancos, al tope el gallardete tricolor, dos cañoneras de la armada nacional. Una vela cazada vira la punta y enfila hacia la boca, obstruida por la arena acarreada por las dos corrientes. Un bote, al compás de sus cuatro remos, salé. El ambiente, con serenidad jubilosa, afirma que el hombre, señor de esta naturaleza, no ha de sufrir. Sin embargo, Antonio es un contemplador impotente. Y ¿por qué? ¿Qué leyes humanas o divinas violó? Su amor a la libertad, al progreso, le ha sumido en prisión. La tiranía le oprime paralizando sus fuerzas vitales. Las manos entumidas se niegan a sostenerle y, con ira, se arroja al suelo, sentándose en el mecedor, y entre impaciente y perplejo, se pregunta qué hará para ocupar el día. ¿Leer? No. Los libros le hablarán de poder, de riqueza, de amores, de cuanto es triunfo, alegría o dolor en los hombres. Uno, dos, tres..., insensiblemente cuenta los clavos de la puerta. Se levanta, barre; pasea a trancos, empeñándose, pueril, en no pisar las rayas del pavimento, y el nimio detalle conduce su imaginación hacia los días venturosos de la infancia. De nuevo se sienta, gusta la necesidad de enfrentarse con su vida, remontando su curso hasta hoy, hora por hora, reconstruiría analizarla... ¿ Su vida? Sí, ¿ qué ha sido su vida? II En el verdor de la sabana, con sus casitas pintadas de colores vivos, de metálicos tejados relucientes, y los bohíos de adobe cobijados de palma, finge la villa, al lejos, un rosal florido. Colinas suaves la protegen de la una parte, mientras por la otra la pradera abre vía al mar cercano. El río cantor la circunda, y sus linfas retratan garridas doncellas, cuyos cuerpos acarician las aguas voluptuosas borbotando en los chorros y en la somnolencia de los regatos. En las florestas aledañas la atabaiba embalsama leguas y leguas los caminos asoleados. La cabra extrae de las hierbas aromosas leche exquisita, y la abeja, reina de aquel jardín, ahíta de ambrosía, multiplica los panales. Las muchachas de la capital, encuentran en su regazo morbideces para los cuerpos enjutos y paz espiritual ara las penas de amor. El aire sano y los baños fluviales excitan el apetito, y la hospitalidad de la gente crea el contento en torno de los limpios manteles. Galana tierra de bucólica, si engendra héroes, les impone la ecuanimidad de la naturaleza y les siembra en el alma un grano de poesía. Tal es el solar de Antonio Portocarrero. En la soledad del enclaustramiento, ¡cómo le alegra la visión del riente valle nativo, y con qué placer buscaría reposo y olvido en sus montes fragantes! Cada casa, todos los árboles, las vueltas del río, las piedras de las veredas, presentes en su memoria, le evocan mil incidentes que podría hojear ahora cual páginas de álbum iluminado. Su primer recuerdo data de los cinco años: una vecina entra de improviso en la casa tirándole de la oreja y acúsale de haberle sorprendido con su hijita, escondidos entre la ropa sucia. «Jugábamos a los matrimonios», balbucegirimiqueando, y la madre, entre bromas y veras, asienta: «comadre, amarre su gallina que yo tengo mi gallo suelto»; pero a renglón seguido, con un rebenque, le aplica en las espaldas la primera prédica de moral y la mas elocuente demostración de la existencia del pecado original. Diablo de chiquilla aquélla, le

aventajaba en dos años y fue su iniciador. ¿ Qué será de ella? ¡ Honesta casada> sí, y cargada de hijos! Los ojos le echan chiribitas. Hasta los ocho años su vida transcurrió entre juegos con la chiquilla, perturbados por las insinuaciones tempraneras del genio de la especie, y baños en el río, en compañía de las vecinas. ¡ Qué cosas veía!.., y tanto, que alguna guapa moza, advirtiendo su embelesamiento, exclamaba: « ¡miren qué ojos tiene este malvado!». Cada día le aportaba en sus horas un momento de dicha. A la sombra del mango frondoso que asombra el patio, después del almuerzo, su madre cocía en paila de cobre, de interior estañado, sobre cuatro piedras y a fuego de leña, el dulce de leche, industria famosa del lugar y de la cual era ella especialista Toñico, como le apodaban, y su novia, en cuclillas, velaban la paila, siguiendo ansiosos los vaivenes de la paleta moviendo la jalea para que no se pegara del fondo. Las bocas se les hacían agua; pero al fin, extendida la pasta sobre la pulcra tabla para cortaría en panetelas, se les adjudicaban paila y paleta. Los pulgares rebañaban veloces hasta pulir estaño y madera. La saliva fluíales por las barbillas hasta los cuellos. Las disputas menudeaban, y afirmando los moquetes el predominio del macho, desmentían el proverbio, pues, a pesar del amor, no bastaba que uno solo comiese. Otro de sus grandes placeres se lo ofrecía el juego de escondite, entre el pajón de la plaza en cuya linde habitaban. En los atardeceres, de la hierba emergía deliciosa tibieza. El abrojo enjoyaba la verdura con sus estrellas de oro. Los cuerpos chafando tallos y hojas, les extraían sus aromas. Los insectos, viscosos algunos, les hurgaban las piernas, picábantes hormigas, y las espinas arañábanles; acontecía también, y esto era lo más terrible, que a lo mejor, entre los matojos, erguíase Pepe, el gallo de la casa: la cresta sangrienta, las barbas trémulas, erizadas las. plumas, hiriéndoles casi con sus pupilas vidriosas. Molestado en su señorío, empinábase con gravedad cómica, presto a defenderse con sus afilados espolones. ¡Cuántas cosas decía aquella actitud de coraje y retroche! y en tales instantes, cortos felizmente, pues el galio convencido de sus pacíficas intenciones, dardeaba su cantio y aleteando con ruido tornaba a escarbar gusanos, Pepe, les infundía más miedo que las correas de su madre a las cuales llamaban: «Juan Gómez, tanto pica como come». Y a través de los años le impresiona aún la gallardía de aquel reto. ¡Ah, si todos sus compatriotas alegaran así sus derechos, no estarían él y otros en esta cárcel inmunda‟ y el país perdido! Cuando había visitas en las casas respectivas, provistos de la merienda — una galleta sobada y media panetela de dulce de leche —, les enviaban a buscar gambusinas bajo un guayacán rodeado de mullido tapiz de hojas muertas, o enlazadas las manos, serios y cuidadoso! de sus trajes limpios, iban al patio de un bohío inhabitado a encelar en una espiga de pata de gallina, un ñoño. de jazmines don Diego de noche, para adornar la imagen de la virgen de Regla, santificada en los hogares. ¡Dichosa edad! Cumplidos los ocho años, sufrió los primeros cambios desagradables en su vida. Terciada al busto la saqueta de tela con el libro primero de Mantilla, pizarra, cuaderno de escritura, tintero, pluma y clarión, tomó el camino de la escuela de varones. En su casa había aprendido a deletrear, y la escuela fue siempre castigo con el que su madre le amenazó. Ya no le llevaron más a bañarse con las mozas del vecindario, y terminaron los retozos en la grama con la chiquilla. Medrado el cuerpo, la musculatura se anunciaba vigorosa. Nadador como un pez, exploró el fondo de los charcos del río; jinete audaz, echarle la pierna a un burro y tirarle del pelillo obligándole a corcovear, era su placer. La escuela convirtióse pronto en sitio de recreo: la lectura, algarabía coreada, y en los ratos de silencio, una mosca que volaba con un rabo de papel hacía estallar las risas. El‟

maestro manejaba recia palmeta de roble. Los chicos se untaban ajo en la palma de la mano, suponiéndole al zumo, según fama, la virtud de partir la madera. Y con qué hombría las extendían saboreando de antemano la venganza; pero la palmeta resultaba intacta y la mano encandecida. ¡Cuántas ilusiones como ésa habíanse desvanecido en sus luchas con la fuerza! Además de las vacaciones reglamentarias de estío, las de Pascua de Navidad, Semana Santa, los domingos y las numerosas fiestas de guardar, los más de los días eran de asueto, ora por quebrantos de salud del maestro o de los hijos, ora por partos de la mujer y otras causas domésticas. Cuando las puertas del aula cerrábanse, abríanse las del campo. Aquello sí valía la pena. El río, con sus hondos remansos y su rápida corriente, ofrecía liza a los ardidos, quienes zambullían hasta coger arena con la boca o se dejaban ir aguas abajo. Agazapados en las cucarachas del cascajal, atisbaban a las lavanderas que, las faldas arremangadas, bateaban en las grandes piedras marginales, y a las bañistas, al salir, modeladas las formas por la camisa mojada, o cuando tendidas boca arriba, el agua borbollante les cubría el pecho de encajes y las descotaba o alzaba la fimbria, descubriendo ocultas delicias. Si la imprudencia de alguno les vendía, arrancándoles a la contemplación golosa de un blanco muslo venusto, perseguidos por gritos y maldiciones airadas, partían cual potricos por sobre los cayados calientes. Pero mejor eran las carreras en burro, en pelo, en la sabana, y más todavía, una pelea. Dividíanse en dos bandos, uno en cada ribera, baecistas los unos, azules los otros, afiliados de acuerdo con las simpatías partidaristas de las familias. Servíanles de proyectiles los duros cocorrones del guayabo, y se batían, reidores, regocijados, arremetiéndose en el agua misma, con las peripecias de la refriega, hasta que una de las dos guerrillas ponía en práctica el «pies para qué os tengo», o un guijarro lanzado por mano artera, hacía una baja, que conducían a la casa entre gritos de protesta, mientras el aporreado sollipaba presintiendo que encima del chichón recibiría una cueriza. Antonio, de tarde en tarde, placíase paseándose solo por la sabana. Echado sobre la hierba rica en esencias, observaba el cielo azul, muy alto, hasta la hora en que los chivales entran en la población, la abuela a la cabeza, y en pos de ella, en ringla, el cabrio barbudo y apestoso, las hembras, con los cabritos pegados a los pezones, en tanto que berreando los chivos triscan con las madres. Así, iguales, sucediéronse los días medidos por el toque, a la del alba y a la oración, de las alegres campanas de la iglesia, hasta la madrugada de noviembre en que, a horcajadas sobre un caballo, emprendió el camino de la Capital. Contaba a la sazón catorce años. Desde meses antes, un su tío, informado por su madre de su inteligencia y progresos en la escuela, de la que era el primer alumno, había escrito pidiendo se lo enviaran para que ingresara como interno en el Colegio San Luis Gonzaga. La partida, prorrogada de semana en semana, al fin se fijó para después de las fiestas de la Virgen, aprovechándose así la compañía de los capitaleños que viniesen a ellas. ¡Nunca fueron las fiestas como aquel año! Desde las vísperas se animaron las calles solitarias por el tráfico de campesinos que vienen a mercar, y de las pandillas de muchachas, que afanosas y parleras, recorren las tiendas en miras de las novedades recién llegadas de la Capital. En la iglesia se hacen los preparativos, y en las casas el trajín doméstico se aumenta con la labor de pintarlas de nuevo. La cosecha de café fue buena, y todos tenían monis que gastar. La orquesta de baile llegada de Santo Domingo estaba formada por los mejores

instrumentistas, y, entre ellos, el bombardino, natural del pueblo. A la alborada, a la salida de misa y de las salves, a los acordes de danzas y valses, sumábase el estrépito de los triquitraques, cuyos mazos apagaban los granujas con pies y manos, de los montantes y de las detonaciones de las cámaras. ¡Y qué misa, la del día de la Virgen! La iglesia de bote en bote. En la tarde, la imagen de Nuestra Señora de Regla recorrió en procesión las calles principales, barridas, desherbadas ex profeso y cubiertas de pétalos multicolores. Seis doncellas cargaban las andas florecidas. La Virgen, con su joyante túnica blanca bordada de oro, manto azul y corona de pedrería, entre cálices, turíbulos, diosa de aquella Arcadia, ponía en cada pecho el contento de vivir o la promesa de un milagro. Teorías paralelas de muchachas tocadas de albos velos, con cirios encendidos hechos de la cera más fina de las colmenas, precedían: una de ellas, la chiquilla, su ex-novia, que, grave, casta, ni le miró. ¡Quién hace cuenta de cosas de niños! Los bailes, rumbosos Como jamás, y hasta le pareció a él que ni las feas comieron pavo, y las notas de las danzas sugerían más elocuentes las declaraciones de amor a los ladinos capitaleños. ¿Y las corridas de anillos y macutos, y las cenas? No, si todo fue magnífico, hecho adrede, para que él no lo olvidara.‟ ¿ Y el Peroleño?... Érase el Peroleño, legítimo descendiente del ilustre señor don Pedro Leño, perniquebrado, pequeño y redondo, el lampiño rostro malicioso, en los labios finos y rojos, sonrisa despreciativa. La nariz remangada; negro el mostacho; la cabeza de escaso pelo lacio, plantada en un cuello arrecho, se iluminaba con la lumbre de los saltones ojos azules y picarescos, hasta la desfachatez. El pecho abultado y los hombros anchos desafían los golpes del contrario. Colocado en su trono, de modo que se moviera al menor contacto, lucía espada, cruces y medallas; cimera empenachada y adarga embrazada en la diestra. En la izquierda sostenía una calabaza o vasija llena de agua de tuna. Los jinetes contrarios, a escape, le pegaban con la siniestra, y el muñeco a su vez, aplicábales un lamparón bermejo. La victoria era de quien salía ileso del encuentro, y para él, la ofrenda de un lazo con ancha moña rizada que antes se ostentó en corpiño femenil, o palma que, las más de las veces,. correspondió al triunfante Peroleño. Toñico sentía cominillo, irresistibles ganas de correr; se le antojaba fácil el éxito: alcanzar el lazo de la ex-novia, ser admirado y aplaudido. Y tal empeño puso, que alguien complaciente le prestó caballo, por una carrera nada más, e hipándose sobre los estribos, pasó, alcanzando al muñeco con tan leve pasa-gonzalo, que apenas si unas gotas señalaron su primera derrota. ¿Y el testamento del Peroleño .... ¡De rechupete! El noveno día, caballero en un borrico, seguido de ruidosa cabalgata de damas y galanes, paseó el pueblo. En las esquinas fue leído el testamento, en verso, con sal y pimienta, satirizando a las autoridades y notables. Al maestro también le tocó su chinita; y cómo la rieron los alumnos, exclamando: "¡ya nos las pagó todas juntas!". Y después, la despedida de su madre, llorosa, repitiendo consejos y recomendaciones. «estudia, sé bueno, que eres la única esperanza para mi vejez». A cada vado del río, el corazón le da un vuelco. De entre los cendales de la aurora, las lomas surgen azules o verdes, según la distancia, y su mirada zahorí distingue con arrobamiento el guano, la

yaya y el maguey que las tupe, y en la vera del camino, hasta a los cayucos, alpargatas y guazábara ve con afecto olvidando las veces que sus garras le sangraron. Desde sus nidos, ocultos entre las madejas áureas de los fideos, chinchilines y julián-chivies salúdanle con sus píos onomatopéyicos, alborozados con su partida que les libra de un enemigo, mientras las campanillas aljofaradas y las carmíneas flores del carga-agua y las cabritas, con la frescura de sus cerezas, le invitan a quedarse. Los viajeros satisfechos, caminan a pares, escapeando de trecho en trecho, comentaban los incidentes de las fiestas. Alguno se confesaba preso entré las redes de una linda pueblerina; otro insinuaba observación maleante acerca de este o aquel acto, que hacía prorrumpir a esotro: «por eso nos llamanbúcaros a los capitaleños»... Y así, entre bromas y chichisbeos galantes, las lindas amazonas y sus caballeros corrieron las catorce leguas, excediéndose de ojos y boca estrepitosa la alegría. ¡Cómo ha volado el tiempo y mudado los hombres y las costumbres! Su riente pueblo de bucólica ya no será el mismo; pero con todo, con qué placer iría a limpiar su cuerpo de las inmundicias de la prisión, tirándose de cabeza en Los tres charcos o en las chorreras de la Piedra del Chivo, para que el agua corriente le lustrara el espíritu puliendo huellas dolorosas... III Cuando Antonio, conducido por el tío Tomás, traspuso el umbral de «San Luis Gonzaga» al día siguiente de su llegada, sintió que algo se desgarraba en sus entrañas. El severo edificio, de dos pisos, adyacente a la iglesia de Regina Angelorum, abría sobre la calle numerosas ventanas altas y bajas y una sola puerta, flanqueada ésta por dos cañones enterrados boca abajo; Convento de clarisas franciscanas hasta fines del siglo XVIII cuartel en 1822 y en 1863. A su vista, el muchacho se había detenido vacilante, sobrecogido, y su tío hubo de empujarle por el pasaje abovedado comunicante con el claustro. El negro portero, que guardaba la entrada como antaño la hermana tornera, tañó una campana. Detrás de ellos venían, en hombros de dos rapaces, el catre de tijera, con su forro de recia cotonía, un lebrillo y un baulito de cedro, herencia de los abuelos, en el cual el cuidado de la madre había ordenado dos mudas de rayadillo y dos de pearl river vuelto del revés, seis camisas y otros tantos pares de medias; jabón, peine, una latita de betún de la marca «El Gallito», y un cepillo, un par de guillotinas de marroquín morado, aguja, hilo, botones, sus libros y útiles de escritorio, y en un rinconcito, envueltas en papeles de seda y estraza, panetelas de dulce de leche, y un escapulario de la Virgen de Regla relleno de alcanfor. El claustro se ofreció a la mirada de Antonio hecha a registrar el campo con todos sus detalles en pocas ojeadas. Era un cuadrilátero en cuyo límite alzábase el primer cuerpo del edificio en todo su largo. A la derecha, un cuartelillo ruinoso; a la izquierda, la iglesia y viejas paredes, y al fondo, el refectorio, la cocina y un lienzo más, también caduco. La mayor parte del espacio ocúpalo el jardín. Dos palmas airosas le forman portada, y lo encuadra una verja de madera descaecida, apoyada en pilares de mampostería. Los arriates, formados por botellas vacías clavadas de pico, están plantados de cien hojas, mosquetas, purpurinas y un nido de amor que se atavía con espléndidas rosas. Erectas cañas de azucenas, suspenden blancos cálices odorantes; carmesíes lágrimas de Venus que acendran una gotita de miel; la humilde flor de todo el año,inodora; amarillas copadas reventonas como su pariente el clavel; celias, modestas rivales de la

sonriente del Padre Billini. Mientras su tío expresaba la gratitud de la familia por la merced de recibirlo gratis o correspondía a las preguntas del Padre indagando por los del lugarejo. En el marco de la ventana más occidental. LaSangre de Cristo resplandece por sus cinco pétalos. Y tras un imperioso venga. El Padre le entregó al nuevo interno. por la escalera de ladrillos. hasta el dormitorio. es un coágulo sanguino. un almendro crece a prisa. Aguaceros. canijo. La mano rectoral sonó por dos veces una campanilla. La verdolaga. acudió un vejete menguado de estatura. Un cerezo que. como si estuviera ganoso de favorecer la ventana del Rector. el hinojo. que se agitaba dentro de la sotana de merino. Antonio subió detrás de su tío. comunes ambos al campanario. cerrados. les señaló la puerta de acceso a su departamento. nervioso. Don Marcelino le señaló su sitio. escaleras abajo y arriba. propicio contra el ahogo. un redondo arbolillo de granos rojos escuda del sol una tinaja de hierro. después de abrazar a su tío. Cuatro naranjos de pomas de oro. vasto salón con ventanas a un ángulo del patio y al coro de la iglesia. de los lirios. cubiertos por sábanas pringosas y teñidas de sangre de chinches. cuando enfrutecido. En el curso primario ingresó el . tal era la fama de su caridad. Junto al aljibe. echó a andar a su zaga hasta las aulas. ceñudo. nariz aguileña y finas manos de cera. un flamboyán. avellano peral. y su prima. Era don Marcelino. albahaca y reseda. apareció la cara pálida. la celeste rueca hila el linón róseo de la Vara de San José y el níveo o con purpúreas vetas.margarita. amparan bancos de piedra y nutren orquídeas cuyas flores semejan mariposas. de ojos inquietos. La cambutera con sus corales escala graciosamente la verja. la tónica yerbabuena. a la par. que saturan la noche con sus aromas capitosos. sendos raquíticos ejemplares de manzano. conviven con los orgullosos rosales. sarmentoso. y entre la coraza verde de las hojas fulge la flor de cigarrón. al fondo. Entre el jardín y el edificio. El jazmín del Malabar reta a sus vecinos con el armiño de sus pétalos. la malva. que cubre con sus ramas sin hojas el brocal del pozo y cuyas vainas negras restallan derramando las duras semillas. apretándole las alas. la cara de hombre. de hojas verdes o manchadas de blanco. la salvia y la ruda. con luengas barbas canosas. ascética.de hojas caprichosamente matizadas y el Corazón de Jesús. y una mata de rabo de ratón. cual cinco llamas prendidas por la flecha del pistilo. y en fila. extiende el terciopelo de sus hojas. y escalera. se mantenían sobre sus patas por una cuerda enlazada en una de las cabezas. y el llantén de hojas y espigas eficaces para colirios y tisanas. él examinaba con suspicacia campesina al cura. y dos naranjos gemelos. ígnea mano crispada. a quien se le había enseñado a venerar como a un santo. y Antonio. y en último término. el añoso tronco mútilo. del que tomó posesión. fuerte. que rodea su vela blanca con guarda-brisa violeta. parientes y conocidos. malangas. defendidos por cercas de cañas. rastreando. colocando catre y baúl. y en la presencia del Padre. el Prefecto. riega granates. mientras los pomposos girasoles siguen el curso del astro. de frutos regañados por las propias mieles. aunque las estrellas de sus corolas no hayan sido jamás interrogadas por amantes. y con su vocecilla aguda y el índice. se mantuvo en pie con el sombrero en las manos. al que se llegaba por un pasadizo húmedo y estrecho. Con discreción de pobres. Los catres. y momentos después. siguió a aquél por salas y pasillos. nardos. alza un solo ramo nevado. El cuartelillo está cubierto por las hojas rígidas de la efímera y nocharniega flor de baile y las guirnaldas de la trinitaria. A la puerta de la iglesia. tal una lámpara azotada por el viento. la cayena. de zumos benéficos.

todos los libros de texto. entre otros orates que vociferan. Tocábase con sombrero alón de fieltro blando. Aquí y allá. Por las mañanas. jamás se violentó contra aquella hampa infantil. sin encuesta alguna que clasificara sus conocimientos. marcada en el reloj de níquel con gruesa cadena de plata. Corrido. Vestía de dril. con sus puntos y comas. se acogió al asiento más próximo a la entrada. estalló un coro de risas: le habían lanzado un monigote de papel con una pelotilla mascada que. sin examen previo. a manera de columnas. A las siete en punto de la mañana descargaba otras tantas veces sobre la mesa un mazo. Recitaba. le sentenció diciendo de él. ¡Pobre maestro! Antonio evoca su figura con simpatía. pupitres colectivos con sus bancos de pino y.. desde un muro del ex-Convento de San Francisco. otros más pequeños. a los raros transeúntes. recto el índice y con voz tonante. temblequeaba por la espalda. en el manicomio. variaban la asignatura y el número de porrazos. el día en que vagando solo por la sabana. Hasta un ciento de alumnos los ocupaban y producían constante rumor de colmena irritada. las greñas aceitosas. si en cortísimo tiempo aprendió sin faltarle una tilde las doscientas páginas de un tratado de Agricultura. entraba y salía a la hora exacta. La sala tiene ventanas enrejadas a la calle. se refugió silencioso junto al amigo y continuó la inquisición. interrogaba sin que nadie le contestara. para obligarle a razonar. no el método. la zambullidura inesperada y . pegándosele al cuello. y de tal modo mecánico. largas las uñas y con orla negra. él truena predicando a las vecinas y. sintióse oprimido por una sensación angustiosa. a medida que sus ojos reconocían el ámbito. Este. Cuando Antonio. vinieron los apóstoles San Pablo y San Bernabé». descubrió caras de compueblanos que le habían precedido. alto. que eludía las preguntas que no estuvieran formuladas con las mismas palabras que él aprendiera. azuzados por otros profesores. Le revoleaban los ojos chispeando en las órbitas. que había experimentado dos veces ya en su vida: una. e igualmente de dos a cuatro de la tarde. Ni lluvias torrenciales ni ciclones le intimidaban. cuando alguien recomendándoselo enumeraba entre sus conocimientos el latín: .recién llegado. fornido. Y proseguía. Del techo pendían dominguillos zarandeados por la brisa. él mismo con rapidez ensartaba la respuesta. y Antonio. De memoria sin rival y puntualidad intachable. él imponía la autoridad inapelable de la letra impresa. fue recuperando ánimo.por primera vez en un charco hondo del río. le llamó con la mano desde el extremo opuesto. suscitábanle discusiones. El Presidente Lilís. comenzaba la clase de Religión: «Diez años después de haber ascendido Nuestro Señor Jesucristo a los cielos. perplejo. le alcanzó. recorriendo los rangos. y otra. sin que le percibiera el profesor que declamaba a gritos la lección. se extraviara. Uno de éstos. en los intercolumnios. y si los discípulos. Poco a poco. Érase una sala. o un alumno que prevalíase de la ocasión para mofarse del maestro. A cada hora. grasiento. La política le separó de las aulas y le encaramó en la judicatura y cátale ahí. escurriéndose. mulato. partida longitudinalmente por vigas blanqueadas. y la americana tenía siempre las sobaqueras señaladas por una mancha sarrosa. por las cuales se traficaba en golosinas y solía asomar la cara algún muchacho callejero que arrojaba por entre las rejas un grito chusco. Su paciencia superaba a su memoria. acosado. A los lados. A su paso. despistado. hasta la meridiana.

el profesor de gimnasia les hizo mover a compás las extremidades. constantemente renovados. Disputaban. alineados o en pelotones. y cuando la tisis le extinguió el aliento en los pulmones. huérfanos y ricos. y ejercitarse en barras paralelas. fingía equivocarse con el vecino. y cuando el muchacho se regodeaba. Antonio fue a sentarse en el cuadro . debajo de la escalera principal. Viejo terrible. concluidas las clases. o los denunciaba alguna venganza empapada en lágrimas. acercándose. A las cuatro. A las veces les golpeaba en las corvas con una maceta de roble. la piel curtida. según publicara un periódico local. aquella congregación. malo. los muchachos. enternecido o vicioso. alta. quienes labrando con un cortaplumas la madera de los bancos y pupitres. o con la cabeza debajo de los travesaños de bancos y sillas. que se aplicaba en cuclillas. expósitos y vástagos de familias potísimas. escalas y argollas. con las orejas terrosas. después de más de hora. pues ninguno tenía puesto fijo. El viejo desfilaba pegando. asesinaron al General Prim. y así pasaban horas aduncos o tendidos sobre el piso duro y meado. confesó haber sido uno de los que en la calle del Turco. ni perdonó jamás ni acarició nunca. don Marcelino. piojosos. Antonio permaneció quieto. negro que sabe latín se vuelve loco». A la verdad. estudiando el terreno. con puerta al pasillo de ingreso y ventilada por una claraboya. airado. además palmeteaba a trocha y mocha. por debajo de las corvas y sobre los codos. creyéndose a salvo. calzados de cabritilla. sañudo. El demonio castigador. que seguía la maniobra hasta que huía la víctima o se doblaba sollozante bajo el flagelo cruel. bajo el ojo de don Marcelino. sordos a sus lecciones. al servicio del más rico y del más fuerte. En el internado se mezclaban orígenes y colores. atados a una vara. Otros castigos consistían en arrodillarlos con los brazos abiertos. Mientras profesaba. la reata se desbordó en todas direcciones. en el espacio medianero entre el jardín y el edificio. quienes pintando monos en los cuadernos o peleando pajaritas de papel engomado. Los ingenuos echábanse de bruces escondiendo las caras. Luego el Prefecto mandó las evoluciones militares. recibía el formidable latigazo. Siempre zahareño. receloso. era una jauría. Adivinaba a los delincuentes. Ex el Prefecto. su voz ordenó «rompan filas». el pelo enredado. desollábanse las rodillas y sangraban las bocas. pobres. aparecía. para ellos encarnaba a Satanás. entreteníanse. y cuando el escándalo invadía las otras aulas. A los impenitentes metíanles de pies y también de manos en un cepo. otros harapientos. grabando en ellos palabras obscenas. y cuando al fin. don Marcelino oyó sus relaciones y le despertó macerándole con la soga las flacas carnes desnudas. Antonio no olvidará mientras viva la sorpresa dolorosa de una madrugada: soñando hablaba en voz. Para las faltas graves existía el calabozo: covacha obscura. pero ligados todos por dos sensaciones: hambre y miedo. volteaba por sobre su cabeza una pita del grueso del pulgar. con alegría bulliciosa de la toma que arrolla la presa. de limpias ropas reveladoras de los afanes maternos. el cigarrillo en los labios. o hacer en el suelo determinado número de cruces con la lengua: las frentes sudorosas manchábanse con el polvo rojizo. Sólo el alcohol le dominaba. pulcros. y a éstos se agregaban los externos que sólo concurrían a las clases. o a ley de Bayona. saltar. implacable. Durante todo el primer día. en dos. reñían. a caza de mutuas simpatías en los rostros vecinos. pero su fiereza no igualaba al inquisidor. Los había vestidos con lujo.«malo.

el temor a don Marcelino y la morriña hicieron de Antonio un colegial modelo. Le miró sin ira. Alguien le colocó una pajita en el hombro. descubría que también allí sobraban medios de solaz. La riña había terminado en el mismo instante. los demás jugaban a los toros. había o no robado tierra. lapatilla y el melón extendían sus sarmientos. vigilada por un decurión. En las mismas celdas de las monjas. duchos en «tirar la piedra y esconder la mano». situado detrás del claustro. en una o varias veces. y la gritería manteníase siempre en el tono más agudo. El vencido se levantó. y ya al morir de cabeza. desgarrando las pantorrillas de quien buscara en su maraña el gordo fruto escondido. cubría las tapias. de colores. Los demás se arremolinaron. con usté no va ná». convidando al zumbador y a los chicos con la pulpa roja de sus abiertas cápsulas de oro. aludiendo al cuento que pretende que las chinches fueron traídas a la capital por los habitantes fugitivos de Baní cuando la invasión de Dessalines. que mató. y entonces acataron todos al triunfador. luego del recreo y la cena. y desde entonces. el trasmano. chinchoso». como en los charcos del. otros dábanse a los bolos. o los belicosos firmaban la paz en el calabozo. «compai Toño. pues ningún sedante más eficaz que aquella suerte de caponera para calmar iras y olvidar agravios. o con el chato. Los más pobres contentábanse con la rayuela. bolones. Antonio buscó en torno suyo otro pollo. más o menos de su tamaño. intactas aún las cuatro paredes de algunas. La puya se le clavó. tejiendo mantos de verdura. a lo cual llamaban la moteca: el ochavo o el botón. La escobita respetaba tan sólo las construcciones pétreas de antiguas tumbas. adaptado a los medios naturales. le confió sus secretos. Mas. conociendo a cada uno de los condiscípulos. la que le otorgaba autoridad de segundo sobre una sección de diez. ganándose tantas cuantas en él cayeran. En el recreo dividíanse en corros o se aislaban. mientras le decían «yo soy tu amigo». fingiendo uno de bicho con un palo en los dientes a guisa de cuernos. por lo cual las intervenciones del zurriago eran frecuentes. bolas. También se jugaba al hoyo. o bailaban trompos. jadeante. lechosos. pero Antonio conquistó de sus pares respeto y también un mote. Baní no tuvo más chinches. que reía enseñándole los puños. El patio. El chayote y la auyama. En las primeras semanas. debía salir del espacio demarcado por una raya. pronto se adaptó. crecían guineos. o sobre si el contrario al disparar un por todo lo que coja o un ponte allá. que consistía en introducir monedas desde una distancia convenida en un pequeño agujero escarbado en la tierra. y por los turnos de salida para determinar quién era el mano. el mismo juego de bolos. y como viera uno.formado por bancos de madera entre el aljibe y el pozo. una lasca redondeada y semillas de cajuil. Tales partidas efectuábanse a resguardo de la mirada zahorí de don Marcelino. cuya nostalgia sentía con intensidad. rápido. al menos en su presencia. Entonces otro gritó: «banilejo. sumó amigos y restó simpatías. El mayor interés estaba en las disputas por los distintos valores de las bolas de vidrio. sitio de descanso. mangos y caimitos. Las riñas menudeaban. que recogidos en la palma de la mano eran lanzados de punta al canto de monedas o botones. y . Para tales comisiones escogíase a los mejores o a los más hipócritas. Se plantó. río y en el pajón de las sabanas. hiriéndole en los amores por su pueblo. clasificadas en razón del volumen y pintas en su germanía. aguas y güesos. la cabeza gacha. el trastrás y el porra. le embistió derribándole de soberbia morrada en el esófago. es decir. Las parchas y caguazas cuelgan. El cundeamor. entre los siete y dieciocho años de edad. La congregación sumaría hasta unos ochenta. señal de reto. habiéndosele promovido a la categoría de ayo. fifises gaticas. el ovejo. Los mayores conversaban o leían. y otro sentenciaba: «su madre del que acuse». advirtiendo el cogote recio y las manos encallecidas por las jáquimas.

El trayecto lo amenizaban con una canción en francés. clases. interrumpida por quejas de vecinos quisquillosos. Aquello era de verse. según la estación. Allí lo pasaban mejor. ¡Y luego. De cuatro a cinco. Transcurridos los primeros días. convertida en «Isabel la aguja». en ringla. sin concierto ni sentido. ha recorrido la escala de los castigos y sido clasificado entre los revoltosos. De nuevo al estudio. la voz imperativa del Prefecto despegábales las sábanas. y antes de dormir. bostezando. al refectorio a desayunarse con una tacita de café claro y un mollete de pan de dos onzas incompletas. gimnasia y ejercicios militares. vestidos. y cuál sería el fastidio. maguer las amarguras de entonces y los dolores de hoy. El recuerdo de tales cosas le hace reír. y antes del segundo. Tres campanadas ordenaban silencio. y otro de plátanos salcochados. cosechados en el propio colegio. peccato gomorrhoerum dijo el santo sienés. y entre días. y a las doce el almuerzo: un plato de sopa. en donde. De siete a once. Sólo los primeros domingos de mes se les permitía salir hasta el atardecer. al cabo del primer mes acepta. Su inquietud de azoguillo. para la cena —pocillo de cacao y un pan seco. dirigíanse al salón de estudios. hechas las abluciones con poca agua. a la hila. pura jerigonza. ni los esclavos africanos de Roma lo entendieran. Los sábados se suprimía el estudio en la prima. invierno como verano. tal como la frase del «saber la luz». baño general. pero en cambio repetíanse los ejercicios militares y se cantaban las Letanías. Una hora de estudio. se enjabonaba. completándose en éstos el denominado bandera nacional. A las seis. una hora de recreo. Una hora más de estudio. carne guisada. Y ¡qué latín!. ante una imagen de cuerpo de la Purísima. o mangos. preciso es trepar por los bejucos tramados „que suelen ceder al peso. padecen en el espacio estrecho de las aulas. tan uniformes y reglamentados los días! A las cinco de la mañana. la vida del colegio se le va haciendo soportable. en el cual nadan fideos. y tras de cantar las Completas en latín de cocina. luego. Luego otra hora de estudio.. que algunos (entre ellos él). ninguna distracción vale como tenderse boca arriba. o subir agarrándose de los agujales. y diez minutos después. que por parejas se les concedía para ir al patio. en torno al brocal del pozo. peinados. como no había baños en el plantel. sentados en el salón de estudio. sin el alboroto y regodeo de las cátedras. sus ojos y piernas habituados al campo sin vallados. a la cama. el convento en pelota. la de alba. y luego. cantaban las primas en latín. aspirando el olor de la tierra y el aroma de las plantas en aquellos boscajes. destituido de su cargo honorífico de ayo. Para Antonio. En seguida.te peti-pié de la yurné. y así por el estilo. algunos de los cuales pudieron ser consumidos por el fuego bíblico. o jobos. . comulgaban aquellos a quienes le cumplía. en fila india. ¡ y qué gabacho! Aún retiene una frase de las que ululaban en coro: . con boca— y ésta sazonada al ir y venir con un coro en español.para alcanzar sus nectarios. y por el permiso. y corno postres dos guineos. o caimitos. faltaban para que los encerraran en el calabozo. causantes de una dosis temprana de rebenque. ¿Y los domingos? ¡Tremendos! Obligados a levantarse para asistir a la primera misa. arroz y frijoles colorados.. en el que las expansiones naturales eran comprimidas por la vigilancia del Argos. comenzando las aulas a las dos. vaciándose encima cubos de agua acarreados por cada quisque.

y la irrupción en las quintas vecinas. a gatas. a vergajazos. el secreto se conservaba fielmente. por la rejilla del confesionario. a los doce días cabales estaban maduros. mas. mangos y caimitos. En primavera y verano. Había. heridos los pies. pies. y los paseos en bote hasta los Tres Brazos. traidoramente esgrimida. cuya madera frágil causaba frecuentes caídas. y el calabozo apaciguaba los ánimos. o a pedrada limpia. rebasando la punta de La Torrecilla. cajuiles. arremetía al modo de amigable componedor. . según las consejas. participaba en ellas. encontrábanse baúles y pupitres atestados de naranjas. haciéndoles otomías a los campesinos que allí trafican. disputándose quién nadó hasta peñita. naranjos. pues. separados en manos y escondidos entre las cepas. a pesar del tirano que la regía a precio de cardenales y encierros. para comprar casabe de ajonjolí. y las excursiones a comer guayabas a los montes de Galindo. y en una cinta negra en letras doradas «Colegio de San Luis Gonzaga». que así se nombran las tres peñas que casi cuadran el hondo y amplio balneario. consumaban el despojo. caimitos en Pajarito o limoncillos en San Carlos. Además. y alguna vez cuchilla. o se disponía una confesión general. les brindaba. ¡Zoquete quien revelara! Antonio aprendió en sus propios carrillos que importaba más callar. De tales correterías regresaban algunos. Durante el día. y al pequeño mercado del Ozama. o por El Placer. ahogándolas sin que gritaran. con sus opimos racimos que. Don Marcelino. con paradas en el pueblo de Los Minas.Pero tan monótona existencia. en la noche vagaban las ánimas en pena de aquellos cuyos huesos suelen encontrarse excavando el suelo o que reposan en las tumbas de cal y canto que aún existen. se deslizaban hasta los naranjos. de enero a diciembre. jarto reso y conservas de coco y naranja. con puños. También se robaban las gallinas en complicidad con el propio cocinero. pues forasteros y huérfanos quedaban en libertad en el jardín. hecho entre risa y pavor. para sancochos y locrios. el patio. amanecían libres de las pesadumbres de las pomas. de haber tragado agua en un cantil. el patio con sus escondrijos era palestra: a pares o en pandillas. y en invierno. en otoño jobos. hinchadas las caras por la ponzoña de las avispas. los bananos. desguazando mangos. se ventilaban las cuestiones de honor. uniformados de rayadillo. Esto llamábase hacer un nido. Cuando acaecían tales depredaciones. con los correspondientes baños en los remansos del río a la sombra de ceibos y copeyes o en la playita del Retiro. La rapiña de éstas constituía la más escabrosa empresa: por claustro y patio. manifestábanse entonces el polvo en el piojillo de las horas. Desde las ocho de la mañana. uñas y dientes. que no temerles. devorados en conventículos. pero como Antonio poseía la maña necesaria para captar las gallinas que dormían en el higüero del traspatio. y empinados sobre los poyos de piedra o resistiendo clavadas de espinas y rasguños de los muñones resinosos. mameyes y cocales. se desbandaban por las calles capitaleñas quienes tenían en la ciudad familias o encargados. naranjas. se practicaba un registro. o el brazo en cabestrillo y con el relato. Los domingos primeros de mes eran gloria pura. hasta curazao o hasta santomas. recogidos en la madrugada. Sonadas las doce. Esta era hazaña de los mayores. tenía sus variantes. y así. goteados o trepando por las ramas a favor de las paredes. gorras de paño azul con viseras de hule. provistos de una funda de almohada. tan provisto de frutales como un huerto. desnudos. Las aventuras de tales asuetos eran tópicos para el mes: el baño en la playa de Güibia. Toño era de los valerosos. y los árboles que la víspera fingieron grandes vasos de malaquita incrustrados de áureas gemas. cabeza. no pasaron más pecados que los comprendidos en los cuatro primeros mandamientos.

la capillita del estudio. deleitándose. rompió a reír. vestida de limpias y sonantes sayas. Dos veces. baqueanos de los caminos de Güibia y de La Fuente. de corazón fundente. con el amargor del palomo. Al primero se le hacía el novenario. y ¡con qué ganas!. después del mediodía. su voz estridente gritaba: «este condenao me está perdiendo mis hijos». recordando aquel su salto felino. siendo lícitas todas las diversiones. intercesión que. el bienmesabe. de esos pollos silvestres nutridos con hierbas . pegados en las orejas. y los gordos canteros de pan de batata. las botellitas. echando de menos el bullicio del colegio. que después de las mosucasdel colegio. pudines de a dos libras. orinando por una ventana del dormitorio que daba al claustro. acostumbraban poner tienda bajo la propia ventana del Rector o a la sombra de los naranjos de la Virgen. Así discurrían semanas. ey! ¿quién es el soldado meón? ». santo joven Luis Gonzaga»—. A cada paso. y el del Rector. con prohibiciones. su presa preferida era el pescuezo. le tenía ojeriza. tal un instrumento de tortura. fuentes de trémulas natillas. los pies. en cada dedo un dulce. sin derecho a repetir. El Padre pagaba. los frágiles y levemente dorados merengues. se abrían y cerraban apuñando los piñonates melcochosos. él. blanqueados con suspiro y adornados con grajeas. se les autorizaba el asalto a las bateas de las vendedoras de dulces que. cual cangilones de noria. «¡muchacho gandío. Además. y como esto lo sabían las interesadas. en busca de un rincón oculto entre cepas y sarmientos para darse un atracón. surgió de las tinieblas mudas. dispéptica. a pesar de la garantía. en su mayoría golosinas —frutas. chinchosos. jamás mereció la merced divina. las pastas de leche. que los pilluelos cazan en las calles con varillas de coco. el alfajor empolvado como presumida señoritinga. En las primeras vacaciones de verano se hospedó en casa del tío Tomás. se indultaba a los presos y se penaba a quien fuese con chismes y quejas a los superiores. únicamente. ¿y no había inventado ¡mal rayo lo partiera! que del pollo. espolvoreado con canela. ¡cuánta cosa buena! Los bolsillos atestados. todo medido. meses.Pero entre todos los del año. a filo de las tres. Era el Padre que venía a despertar a los acólitos que le ayudaban a misa. empaladas las distintas figurillas acarameladas. y eso era lo de p p y w. los chupa-bebis. le oyó la voz cantarina. años. para caer sobre la repleta batea de la mulata curazoleña que. sonándose la piel de la barriga como un tambor. se fastidió. el azucarado huevo-mejía sobre papelitos de veriles plegados. Los primos eran tímidos. pero cuando pasaron las mariposas de San Juan. y de los guayabales de Galindo y la Fagina. miraba espantada cómo aquellas manos ágiles. Desde la víspera de ambas fiestas. y ante ella cantaban a coro —«pide a Dios que yo te imite. Antonio se ríe. San Francisco Xavier. exclamando en tono tanto más alegre cuanto era raro. suspendíase toda suerte de castigos. presidiendo su imagen. regañona. y en la mesa. traían su venta íntegra. y le manearon. llenas de fragantes licores. reposado arroz con leche. criados entre las faldas de la madre. que al romperse corren por las barbillas. en viéndole pasar. tenía ganas de sentirse pinpin. revestida de cándida sobrepelliz. a compás del chorro: « ¡ey. ésa y una madrugada en que. señalábanse en el calendario del Colegio con dos cruces: el del patrón San Luis Gonzaga. confites y una banderita en el ápice— que entraban majestuosas en manos de la negra azafata. El Padre. dos días magnos. si la hubo. corrió a encerrarse con su botín. sabrosos muslos y alas. y a chupar carreteles le condenó mientras los demás engullían tiernas pechugas. gandío! ». y ésta. de pasta tan suave como los bizcochos esponjados. El segundo sobresalía por la copia de regalos. las palmas agobiadas.

se quedó en el colegio. con la sotana de púrpura. si la naveta. tres veces al día. se le olvidó el texto. de puntillas en la tribuna. y aprovechar los cabos de velas y cirios para fabricar gallos y boliches. así. En septiembre ascendió. Antonio demostró los buenos elementos aportados de su pueblo. en ayunas. conjugó los verbos ser y amar. le fulminaba con las miradas. Estas punzábanle conmoviéndole hasta las lágrimas. pronunciar con genial desenfado el discurso en español. un oficiante desapegado. Los éxitos le acercaban más y más a las puertas del plantel. y en veces. balanceábalo de manera que las brasas cayeran sobre la gente apiñada en las bocacalles del trayecto. mientras el maestro. echando el incienso en cantidad producía humo negro y de olor ingrato. el Padre le arrojó a puntapiés.. y descendió saludado por salva de aplausos entusiastas. desde las cuales se espiaban los patios de las casas fronteras. En la prima noche. En las procesiones. rodeado de beatas hediondas a andullo y a cucaracha! Empero. pacientemente aprendido. Don Marcelino vigilaba menos y se emborrachaba en grado tal. encarnado como pitahaya. no podía reñir por parejo con quien remataba una disputa con un «tu tío es un ladrón». y tras una maldad de a folio.aromáticas? En las vacaciones siguientes. levantábase a las tres de la. sin medir el tamaño del contrario. engullirse los recortes de las hostias. quienes en él vinculaban el éxito de los exámenes. en el gran salón de actos. ¡Cómo bramó el viejo inquisidor hasta que el propio Padre lo libertara! En los primeros exámenes de fin de curso. predilecto de los profesores. y en las fiestas solemnes. reventaba de satisfacción. reuníanse las familias de los alumnos. ¡Cómo escamoteaba padre-nuestros y avemarías. que una noche. El Padre le hizo monaguillo y lo trasladaron al dormitorio de los que pagaban. tercios. fue un buen alumno. pues en esas ocasiones recitábanse hasta en latín. alternando. alentando envidias y rivalidades. seguro de que sólo el catedrático caería en la cuenta. expiraba bajo su puño en los labios ensangrentados. con altas ventanas enrejadas a la calle de la Universidad. si le hubiese oído. aludiendo a que aquél era empleado de aduana. y cuando de gala. los muchachos repicaban su goleta. acumulaba sobresalientes. por supuesto. El escozor de semejantes agravios removíale las entrañas. ganó varios premios. próximo al departamento del Rector. el tío Tomás había mejorado de situación económica y le enviaba la comida. Mas. en realidad. cuando una piedra certera no le rompía la cabeza al infamante. salves. las injurias alusivas a su madre. se desvanecía de rodillas en las duras gradas del presbiterio. Al cabo de los años. Entonces. en cambio. le zamparon en el cepo. con engañifa. confesaba y comulgaba con más frecuencia. Sus conocimientos crecían más que su cuerpo. sintiéndose alabado cuando atravesaba el salón con su carga de premios. mañana para ayudar a misa. ¡ Si en tales instantes triunfales le hubiese visto su madre. aunque desaplicado.. y el hijo de. novenas. . pero sí castigó siempre. Por otra parte. que en el pueblecito batía el dulce de leche sin cesar para vestirle. Allí estaba más a sus anchas. de las suntuosidades litúrgicas. el colegial a quien se le confió el griego. cansado de encontrar aquel diablillo en la sacristía. y sin vacilar. inteligente. francés e inglés. para maravilla de la concurrencia! Cierta vez. finando su servicio religioso sin haber cultivado la matita de mística reseda. Fue. hacíase notar por sus travesuras: si le confiaban el incensario. atento más que a las puertas del paraíso a capar el dinero que los feligreses depositaban el cepillo. ninguna huella en su espíritu. y púrpura y sobrepelliz dieron en el calabozo. los jurados y los profesores. griego. de las frecuentaciones de la iglesia.

permaneció clavado muy adentro. y él. la otra. de quien se había sorbido «Los Miserables». con fama de valor e inteligencia. le ofrecía. que por cierto no fue de gracia. empero. laborioso. y. Cuando un enemigo caído le gritó que su padre fue al lugarejo a darse baños porque estaba podrido. en un féretro. La una proclamaba a Ulises Heureaux. acosado. en donde se alzó en armas. enredábase en mil cálculos por los que llegaba a ser presidente de Francia. le mordió. Pío IX promulgando el dogma de la Infalibilidad. la gente ignara creíale brujo. Estas nociones científicas alimentaban su mente. . hasta que una ráfaga retozando con las anchas hojas de los bananos. Sus imágenes de la gloria y grandeza humanas. La otra. además. encalabrinada por la lectura de las novelas de capa y espada que le prestaba el guardián complaciente de la biblioteca pública anexa al instituto. propios de sus años. y. solo. la Capital estupefacta vio cercada la casa del ex-presidente Guillermo. su primer dolor de hombre. quedábase mirando a aquel poderoso. y a cuantos poseían aspiraciones y soñaban con el progreso. le escupió con rabia hasta dejarle túmido el rostro. levantando el cuerpecito. sirviendo de cimientos a la empresa.haciéndole llorar entre las sábanas. eran dos estampas: la una. imaginando una vida gloriosa de luchas y triunfos. o bien subyugando hombres. en los guarismos que escribía con tiza en el pizarrón. entregábase a divagar. aunque huérfano de popularidad. de rato en rato. IV Corría el año 1886. señor de horca y cuchilla de la Línea Noroeste. Dos candidaturas presidenciales se disputaban el triunfo. de repente. con algo de donjuanismo. sus placeres y sus beneficios. joven de atractivo talante. después de apagar a tiros las lámparas. a la postre murió por su propia mano. dedada de miel en el áspero cáliz de las flores. Era inexorable. durante el recreo. un grabado de «El Correo de Ultramar»: el entierro de Víctor Hugo. luciendo al sol la membrana traslúcida del cuello. le placía más la soledad. y que. conmilitones de los tiempos pasados. y Benito Monción. valor. y en duermevela delicioso. A medida que sumaba ciencia. atemorizada. vagamente supuestas. congregó en torno suyo a los azules liberales. vencido por su rival Heureaux. En las tardes. no retrocedía ante los obstáculos ni le temía a los muertos. sus virtudes: audacia. energía. Meses atrás. en la cual las lianas habían tejido una hamaca. se recogía con un libro en una apartada celda del patio. perseguido. en el concilio de mitras deslumbradoras. Instalado en ella. resolviendo problemas aritméticos o ecuaciones algebraicas. La Historia le enseñaba con sus espejismos el secreto del poder. y quien. a la juventud recién nutrida por las doctrinas de Hostos. Antonio apartábase de los entretenimientos. tenía en su haber los resonantes éxitos militares del Cibao y Boca del Vía. le pateó. y Monseñor Strossmayer irguiendo su rebeldía en el púlpito. muerto un yanqui. mas el dardo. Veíase muerto. Presidía la República un general de treinta años. que ya había ejercido la magistratura. a Moya. inteligente. leía con avidez. presentía la fuerza del oro. aun cuando en las mismas filas militaran. herida su señora. atraíale con sus encantos de poesía y misterio el estudio del cielo. seguido de tropas y de muchedumbre. Rompía el silencio una lagartija reptando entre el follaje. un cromo. alias Lilís. escapar por los patios. huyendo hasta ganar la provincia de Azua.

Antonio. inferiores en cantidad. En la capital. tomando el camino del Cibao. en donde se efectuaba la función electoral. rociaban la arena con su partidismo ardiente. se les conducía en rebaños. En las aulas. Mariano A. y el vocerío de las fiestas cívicas transponía los altos muros. oponíase el ingenio del poeta Scanlan y el del coplero popular Juan Antonio Alix. entre todos los que luchaban en la prensa y la tribuna. Votaron las tropas. García. en la mañana y al crepúsculo. En todos los pueblos de la República ocurría otro tanto. Los boletines por Moya lucían en el reverso los galanos colores nacionales. desfila por las calles brillante y numerosa manifestación moyista. En la Librería. en el cual confundíanse el amor a la ciencia y las simpatías por el caudillo. cuyo tío es partidario de Moya.. Los comicios duraron tres días del mes de julio. se libraban batallas. un negro lacertoso y bellaco. la imagen de Nuestra Señora de la Altagracia. cierta mañana. pugnando por Moya. Ambos candidatos tenían para su guarda y defensa escolta de valientes. que servían a Lilís en décimas chispeantes. y en las propias barbas de las Comisiones fiscalizadoras les sustituían los votos. en el atrio mismo del Palacio del Concejo. llevando la voz cantante. A la octava siguiente. La tarde de un domingo. se dividían en moyistas y lilisístas. Moya montó a caballo. coaccionaba. frente al parque. su tipo predilecto era uno de sus profesores. perteneciendo la supremacía al grupo que contara con la autoridad. en banderas y en indumentaria. Además. fue el turno de los lilisistas. había aparecido escrito con carbón un letrero que decía: abajo el negro mañé. altivo.La atmósfera se caldea pronto. amén de repetir en San Carlos y Pajarito. Una madrugada. la observación urbana. A las adhesiones sucedíanse las protestas por usurpación de firmas. y travestidos. a pedradas. con calor. García opina que sólo el propio Lilis podía haberlo puesto. Los externos traían el eco de los sucesos. Los adictos se agradaban luego. La juventud recién salida de las aulas de San Luis Gonzaga y la primera hornada de la Escuela Normal. después de paisanos. Cestero y José G. Y un coro de carcajadas acogió la ocurrencia maleante. se siente solicitado por este candidato a quien había visto alguna vez jinete en potro overo de larga cola. el fogoso. con el imperio de sus nobles pasiones. que en la casa de Lilís. con un gran perro al lado. Por las ventanas del colegio entraban las lenguas de fuego que abrasaban las calles. exprimidos de la malicia campesina y de. cambiando los nombres para que sufragaran dos veces y hasta tres en un colegio. el negro llora de noche». entre estandartes. Miguel Ángel Garrido. ya la cabeza había alcanzado la plaza de la Catedral por la del Conde. más agresivas en el uno y no menos tenaces en el otro. apretábanse millares de firmas de vivos y difuntos en pro de cada uno de los candidatos. repitiendo que cuando la cola estaba en el arquillo de la calle Santo Tomás. los de Lilís. En pequeñas . y entre los plátanos. a lo cual opuso el Presidente: «no. recogiendo las palpitaciones de ambos partidarios. los moyistas protestaron. banderas. soplan las llamas. de las conversaciones y disputas escuchadas en las casas. y al pie de los Manifiestos impresos. Y el mismo Presidente solía concurrir aportando comentarios picantes. Apoyado por la autoridad. músicas. vivas y cohetes. tertuliaban hombres notables. y que no se cayó un día que se le encabritara. A la oratoria cordial de Federico Henríquez y Carvajal. Referíase. A los campesinos se les afeitaba. primero de uniforme. y los periódicos. custodiada por centinelas. Los Comités Centrales dirigían con tesón la campaña.

Antonio había estudiado poco. A la mañana siguiente. en el negrito (ataúd común del Hospital militar). lugares que Antonio ignoraba a pesar de sus estudios de geografía patria. sentándose a la mesa de la Comisión. El sol alumbró una mañana la ejecución sumarísima de tres presos políticos. el Aguacate. porque. señalando hacia el Cibao. con la que se encerraba en la letrina. En la segunda quincena del mes se celebraron los exámenes. enmarañando la madeja de las propagandas. se hacían familiares a causa de los pleitos que en ellos se libraban. como si el escultor. Los de ambas facciones las aliñaban según sus deseos. Ahora a las diversiones del patio se unía el interés por las noticias políticas. al primer empellón. se decía. se afirmaba. se conmovieron los rocosos cimientos de la ciudad: había explotado la dinamita que dos franceses preparaban aceleradamente para Lilís: en las rendijas de los tabiques de madera. sin embargo. Lilís entró en La Vega. Se formaban planes en los corrillos queriendo transmitirlos . fueron cercados en las casas en donde estaban reunidos y capturados los jóvenes que debían realizarlo. al extenderle el brazo en tal actitud. y un cuarto de hora después estaba en el calabozo. pero. para combatir la revolución. Y las propagandas comenzaron en la medida de la expectación. pero sí el telégrafo de los campesinos. puso en ella su clásico machete de cabo y arengó: «señores. Pasó las vacaciones en casa del tío Tomás. No existía alambre. conservaba su empleo en la Aduana. una noche. granjeó los sobresalientes de costumbre. pero al que no vota por el compai Lilí. Heureaux salió una hora más tarde al frente de sus tropas. las elecciones son libres. le trozo la cabeza». según argüía. en la Línea.. que sobre el pedestal de granito. candidato a la vicepresidencia. la estatua del Gran Almirante de la Mar Océano. En alta noche. y de una se cuenta que el Comandante de Armas. y en la repartición de premios recitó el discursito. la Ceiba de Madera. hubiese previsto los sucesos de aquellos días. frente a la Catedral. y Monción. Las nuevas llegaban del Cibao con asombrosa rapidez. soplando a los vecinos para ser oído por el examinador y protestando cuando lo hacían con él. El 21 de julio se pronuncian Moya en La Vega. en el techo de la casa junto al mar. pasaron los tres cadáveres destilando sangre. pues le habían sorprendido escondiendo en su pupitre los dulces que le cometía brindar a la concurrencia. aparece. El tío Tomás. ¡Buenos tiempos aquéllos! Conquistó a la negrita sirvienta de la casa. era amigo particular del Presidente. Se organiza con actividad una columna a las órdenes de Lilís. y el Hoyo de Lima. Las más disparatadas noticias corrían de boca en boca. con su natural despejo. y se combinó un golpe de mano. se encontraron piltrafas de carne y los troncos cercenados. desocupada previamente por Moya. y ya se le veía caer en la emboscada en aquel estrecho pasaje de la montaña. Un mediodía. y por la calle del Arquillo.. El Gobierno cae. delatados. esperaba el momento solemne de la inauguración. Villanueva le espera en el «Sillón de la Viuda». practicando el cuarto evangelio con sigilo. las alegres canciones de una parranda rompen el silencio. aunque moyista puro. Los ciudadanos pusieron sordina a las voces. y un balazo en la cabeza. valiéndose de mañas. suena un disparo de revólver.comunas se registraron miles de electores. fue preso y muchos otros más. caídos los lienzos sobre el zócalo. Billini.

bajo su jefatura. jefe del enemigo. La vieja salía. por las calles trajinaba gente de armas. cantaban: General Benito Yo se lo decía Que en el Aguacate. hasta que una noche. tratando de explicarse el retroceso de la revolución. al abrigo de miradas inquisidoras. Yo Lilí. descaecido. el mayor esgrimía un garrote. Desde luego. para después. cuya punta había sido embadurnada de la más ruin materia. con voz de emasculado. en la puerta del patio. ¡ tanto mejor si era una beata! El del palo le suplicaba que se lo agarrara y cuando éste asía la punta. Desatendido de la caza de mariposas y lagartijas. Yo pa mí. El pequeño exigía: «sin palo». Las negras en los patios. tiraba de él y corrían todos como alma que lleva el diablo. y a pedradas en la Sabana del Estado. según la gráfica expresión. La muerte de los generales Cartagena y Tavárez. Si no te gusta. También solían ir a la briba. un negrito. con guayabas. siervo y beato de la Catedral. pues eran tenidos por hombres de empuje. con sus secuaces. el tío Tomás. Comisarios de policía. entontecido por aquellas burlas. el único que produciría el triunfo en brinco y medio. De día y de noche. entreteníanse. le hirió con una lezna en la rodilla. Para unos. en tanto la burlada llenaba la calle con el escándalo de sus maldiciones. provistos de un cordel que mantenían tenso. sólo le halagan las conversaciones de la tertulia de su tío a la prima. En tales hablillas. Aquellas vacaciones fueron realmente las últimas de su infancia. eran el espanto de los moyistas. Fue Antonio. lavando. concertaban una riña entre dos de corpulencia distinta. los mataperros del barrio. los escondidos salvaban los muros medianeros preparándose a correrías por toda la manzana. les derribaban en el arroyo. los fondillos flojos. los cuales glosaban a su antojo las noticias del día.En casa del tío Tomás. tirando el cordel escabullirse con la presa.telepáticamente al caudillo. y cada uno desarrollaba allí sus inéditas aptitudes de estratégico. mientras unos distraían con regateos a la ventorrillera. o en un haz de cañas y hasta en un tocino. hasta el hueso. le sacudió el polvo. debatían sus prematuras controversias políticas. Cuando rondaban por una calle. con el paraguas viejo. de acera a acera. o bien. aplanó a los moyistas. Menuda follisca se armó en la casa. gallina de una pata. y corriendo en dirección contraria a los pasantes. y la disputa se prolongaba hasta que un transeúnte intervenía. curada y vendada la herida. larga americana de dril. afectos a Moya. a quien gritaban ángel de un ala. y quien les apedreaba con furia. extra-muros. el gran golpe habría sido prender al Presidente Wos y Gil cuando estuvo en La Vega: . criticando las operaciones militares y exponiendo su plan. para lo cual. y de Rivié. y organizó. manco y fañoso. ¿Por qué habían dejado llegar a Lilís hasta La Vega? se interrogaban. Tomás García y Linares. una mano de amigos íntimos y correligionarios. saqueando los ventorros. Si tú eres Moya. También. o en Galindo. que las propagandas daban jugo sustancioso a la charla. congregábase en las primas noches. otro clavaba un anzuelo en un racimo de guineos. la desesperación de aquel Hilario. El olor avisaba al emporcado su mala ventura..

el hombre de Santiago. —Todo eso será así. no seas pesimista. como dice Luperón. porque ésos son como el maquey. en compañía de una nietezuela. que no era hora de hacer capú. hay que ser prácticos. —Bueno. —Pero chico. y le darán mucha agua a beber al Gobierno. como piedra en charco de ranas. puede entenderse con Gautier y Damián. y con tal disfraz sale a tomar lenguas. el asombro rompe en carcajadas estrepitosas. no nos salva ni la chiquitina de Higüey __concluye uno. muy ancha. que vivía en una casita semejante a un palomar. —Ah sí. hay que darles candela. . sosteniéndole a don Pablo. Dejémonos de ilusiones. —No y no. y aployarnos. Es uno de los amigos. cuando vean al manquito volver con el rabo entre las piernas. la cabeza envuelta en un abrigo de los que llaman de piel de cabra. —Pero. —Las intransigencias de los sabios nos perderán.—Y no hay que darle vueltas. Cuando se descubre. que se deja prender asando batatas. en su misma cara. cuyas escrófulas rebosaba en hojas y sucio barboquejo. Una noche cae en la tertulia. de almidonada bata de prusiana. caray. pero Mariano Cestero se opuso. Mariano tenía razón. una vieja. si ése fue el plan de Villanueva. que se ha escondido. zambo sexagenario. si llega primero. ¿cuándo se ha visto perder una revolución que baja del Cibao? ¡ Ya verás sorpresa uno de estos días! Les contaremos un cuento a estos lilises. y de Mauricio Vega. pues que Alejandrito es azul. compadre. rodeado de laureles rosa de sangrientas flores tóxicas. —Y Guelito. qué imprudencia. a los cuales consultaba en unión de la Vieja María Vicenta Pavilo. Y suerte que no pudo llevar la dinasmita. Y si se perdiere de momento. con aspecto de lavandera en solicitud de algo a cuenta de la ropa. El negro es brujo. el cual transitaba por las calles. habitante de un bohío de yaguas en el patio del ex-convento de Dominicos. Eso me da mala espina. de hirsutas barbas de troglodita. pero lo que yo sé es que revolución que no avanza retrocede. ha sido ésa una debilidad de Casimirito. —Pero chico. que si no. y. los Tiburcios se meten en las lomas y será como cuando la de Los Pinos. que le emboza el rostro. a Lilís en el Sillón de la Viuda? Eso sí era darle en la yema. y ¿por qué no esperarían. —No. Y se relataba entonces que Lilís poseía dos muñequitos. hicotea mea domine. caray. don Pablo es rojo.

evocando la figura de aquel negro viejo. caray?. con ancas de eunuco. y los accidentes por las calles. Como en la casa no hay criados. avanza hasta la mesita.. El recién llegado refiere el fastidio del escondite. desflecados los bordes y rotas las asas por el trajín. la estera que la luz ha extendido sobre los ladrillos. —Buenos días. Se encamina a la mesa.. —¿Y si te topas con Tomás García? Y las miradas escudriñan recelosas. por oír una voz humana. El carcelero. y al fin pregunta: —¿Pero qué hay de nuevo y de cierto. quebrada cintura. Pa bebé café. Antonio. portador del cestillo de mimbre. salvando paredes. macizo. las carreras por los techos. escucha ávido. puesta en la cabeza la tabla de pan de gloria. y la puerta parte. algunas erizadas de fondos de botellas. é. chirrían los goznes. V La llave gira en la cerradura. y seguido de un penado astroso.Sólo a ti se te ocurre esto. sesentón. y le mojaron las nalgas con agua salada. belfos fláccidos y. Pa tomá con té. inmóvil para no ser advertido. barcino. Sin duda que el alcaide lo recibió a las ocho de la mañana y se lo sirve a las diez. sin perder palabra.. contiene el desayuno. rechoncho y vulgar. no ande por allí el temido esbirro. caminando a trancos. él se presta a traerle las comidas. casi por caridad. —Hombre. el cerrojo rechina en las anillas. que pregona por las calles al son de: Pan sobao. en la penumbra. con el manojo de llaves pendiente del cinto. siquiera fuese la propia.é Tostaíto.. —Uenos días. no le importan las diversiones callejeras. El alcaide entra. en tiempos de Báez. húmedos. interpela: —¿Quién lo trajo? —El viejo. y olvida que le aguarda con sus caricias silenciosas la negrita oliente a aceite de coco. dicen.. argollas de plata en las orejas. por hablar. desde su rincón. La cestilla. Antonio. «dicen que viene y no viene ná». al abrirse. después de .. esquivando las puertas abiertas.. En tales noches. como cantaleteaba el viejo Silverio claveteando las suelas.. —Sí.

El preso. encogida la tela por las continuas lavadas. En ambos frutos en agraz mordió con ganas. Comenzó de nuevo el desfile interminable de los días. Antonio. las cuales. cambió de clase. escribiendo en la mesa desvencijada de la clase las cartas a la novia. y traía a las aulas el rumor de sus polémicas. y así. mientras el penado carga en hombros el baché con las excretas que. Antonio. y. en las de a medio. Masca callado con desgana visible. difundíanse por aulas y claustros las alternativas de la guerra hasta que se supo que Moya y Monción habían traspuesto la frontera. nunca le da pie. Siempre seco. Cuando el 1° de septiembre volvió al Colegio. que arrojaba al balcón cuando estaba sola. Las noticias se reflejaban en las caras de los externos. hermana de uno de los condiscípulos. habituado a tales penalidades. en cuyo ambiente respiró durante las vacaciones y que continuarían entrando en ráfagas por las ventanas. Antonio ensarta de nuevo el hilo de sus recuerdos. extrae la cafeterita de hoja de lata. A solas. sin que a su vez la chupa bajara más allá de la rabadilla. y su satisfacción rebozó el día en que le encargara repasar la lección: parecióle recibir el mandato de comunicar a los demás la influencia que le .un registro minucioso. Ningún elogio le placía tanto. escribiendo las cartas amatorias que los compañeros enviarían los domingos de salida con las criadas. y escrito cartitas. o lanzarían los audaces con su propia mano. Tiene ganas de charlar. pero la altivez de Antonio le cohíbe. y sus jugos acidulados le producían sensaciones perturbadoras. deseando imitarle en todo. y la tarifa que regía su industria marcaba sus admiraciones: en las de a tres por un real. agitándose. Lilís había triunfado. Tras el último sorbo. que repetían lo oído en sus casas. a Napoleón. que compraba por un agujero practicado en un muro del patio. a fin de ganarse las motas para los jalaos. Dos simientes trajo en el espíritu. ensayaba sus gestos. Supino sobre el catre. expanden sus pestilencias. y las golosinas que traían las dulceras. puso mesa de memorialista.. Sus compañeros fueron entonces jóvenes que le superaban en más de tres años. y al entusiasmo en los moyistas sucedía el temor a las persecuciones y venganzas. se sintió superior a ellos. se refería a César y a la conquista de las Galias. y una arepa de maíz amarillo. y de un tirón cierra la puerta haciendo sonar con fuerza el cerrojo y la llave. entrevista en el patio en las visitas de los sábados. se le engarabitaban por encima de las rótulas. un pan partido en dos. sorbe por el pico el café frío. y por cierto que. el porte viril de su testa. y la imagen de una muchachita. por donde se comunicaba con una casa del vecino callejón. adobadas por los intereses de cada bando. avivarían los odios. el preso le recomienda: —Mande decir a casa que me envíen ropa limpia y libros. que con la altanería de los vencedores. obstinada en durar sin estirarse a la par que el dueño. y a la cual había hecho plantón al sol y bajo la lluvia en la esquina. Un profesor encomió un borrador que le fue aprehendido en un libro de texto. Entre bocado y bocado. El alcaide recoge la cesta. Sus compañeros le distinguieron. untado de mantequilla norteamericana. soplos caldeados del ágora. y la prosa inflamada y restallante de sus artículos. al fermentar. le habían de distraer de los estudios: las pasiones políticas hervorosas. Así se inició en las letras. a su vez. él era el único que vestía aún calzones. aumentándose sus simpatías por aquel de sus maestros que tenía en los tobillos la huella de los hierros. El alcaide se balancea en el mecedor.

a pesar de la largueza con que les repartía en premio libros y dinero. arrojaban una semilla. aduriéndole la diestra pecadora. que en antes recorría las calles. que le rebajaba ante su modelo. Las lecturas en la quietud del patio excitaban sus ansias. seguida de vagabundos. Dos no olvida Antonio. y de que nunca les pegó—. cayó sobre el papel. un medio. profusión de cascabeles. o dibujaban en sus memorias perfiles que al discurrir de los días les hacían reír o añorar. por las aulas pasaban de tiempo en tiempo. el venezolano Miguel E. de toscas caretas. las manos finas. que en el pueblo riente. Los diablos cojuelos. que seguía las explicaciones. bien infladas y hasta limpias. Se creía un hombre y reñía con los profesores. rompiéndole el pecho cavernoso. sin embargo. e hiriéndole luego hasta provocar su indignación. cuando hacía sus primeras armas con la pluma. No le bastaba vaguear. de fluvial barba blanca. medía el lapso que le separaba del fin del curso. les echaba. La reclusión pesábale. con un macuto lleno de maíz en el brazo izquierdo y una escoba enastada en la diestra. para perdonar una falta. Entre los profesores se contaban un extranjero librepensador. Antonio cumplió los dieciséis años. y racimos de grandes vejigas de vaca. Además. Lloró con ira aquella debilidad. y hasta con el mismísimo don Marcelino se atrevió. que volteaban en cada esquina al grito de . colgándosele de las barbas. deslumbrándole primero con su lujo. mueve y mueve la paila de dulce de leche. Antonio formó en una de ellas. alto. rojos o negros. puercas vejigas. figuras errantes de proscriptos o traídas por el oleaje de la vida. nutrido de ciencia. sustituidos por pandillas organizadas por jóvenes. descalzos. Transcurrió un año más. el recuento de cuyas campañas periodísticas y duelos les distraía en la asignatura de lectura razonada que regentó. en la época en que se celebran las fiestas consagradas a los patrones. pues había sido correspondido por vez primera. alzaban el puño. e impaciente. quien. de cuyos exámenes saldría armado Caballero de la Ciencia con su título de Bachiller. a los que el espíritu filantrópico del Padre Billini acogía. y la novia. un tanto indiferente a la inquietud de aquellas adolescencias. pulcro. La recia palmeta de roble se alzó indignada. arriesgándose de cuando en cuando por el de las meretrices. caía en servilismo político nada grato —jamás tuvo las simpatías de sus discípulos. ¡extraño contraste! siendo probo. y otro. sacudíale. Pardo. La vieja roba-la-gallina.dominaba. lucían carátulas finas. Tales aves de paso. con el ardimiento de la sangre nueva y sana. Eran los días del Empréstito. La pluma. Todos los diablos del mismo color. laborioso. en la cual las maderas tintóreas de Chile se mezclaban con aquellos nombres de ríos y montañas que las hazañas estupendas de conquistadores hispanos y libertadores americanos han hecho célebres. tenaz. En las noches se escapaba con dos o tres de los mayores para asistir a las zarzuelas que en el Teatro de La Republicana se representaban. era una simple lección de geografía. dibujando a la pluma. y campanillas. quería realizar. y los chicos. timbre del plantel del cual procedía. cencerros. que tal momento lanceaba al tirano. ¡Cómo se pondrían la madrecita. Ningún castigo le dolió tanto. y profesaba las de francés y astronomía en mal castellano. y si las truhanerías le sobornaban. al azar. que decía descender de los Courtenay de las Cruzadas. Cierto día le pilló aceptando una dádiva. ¡El Prefecto no les inspiraba ya temor! La tos. y por intermedio del hermanito de ella recibía cartitas que le sabían a almíbar! El carnaval de este año señala un hito en su existencia. y un inglés. o recorrer los barrios en busca de sancochos. Tascaba el freno. Aquello no se había visto jamás.

compuesta de parejas distinguidas que sobre tallos de caña brava bailaban con elegancia. pensó con tristeza y vergüenza que su maestro. que en torno de un mástil encintado. y hasta copian el físico de algún representante popular. que en las Pascuas del Espíritu Santo venían desde su aldea fluminense de San Lorenzo a bailar sus tangos africanos al son de los cañutos. déjate de lirismos. tan perfectamente imitada que pocos hablan. y los grupos de dominós. confites. vino a verle y le regañó. se sintió arrebatado por el torbellino. que conservaba su empleo en la aduana. Manatí. arroz pintado. cotejando las teorías de los economistas sobre el empleo reproductivo de los empréstitos con las escenas de Carnestolendas. copia de rosas. y con el mismo impulso que le empujara días atrás bajo una careta bicorne. El tío Tomás. . apagando el júbilo de los cascabeles. y en el ardor del combate. que acompañándose de acordeón y güira vociferaban hasta altas horas de la noche Rumbamba. callan corridas a la vista de la mascarada que figura la Cámara de Diputados. huía desalojada de sus dominios por las comparsas de indios emplumados y relucientes de cuentas. de seda y raso. en las tardes del domingo. escribió un artículo corto. monjas. los sabuesos de la Gobernación le husmearon. Ti-ti-tí. Lo copió con su mejor letra. que Lilís no olvida ni perdona». murciélagos y Parcas. muñecos. y al siguiente domingo le deleitó leyendo su prosa de estudiante. objetos de fantasía. de vecinos de los solares del Almirante y Aguacate. preso en la Torre del Homenaje. rumbamba. Mi caballero. ¡Cómo había manejado los tropos! ¡Y qué sonoridades tenía su nombre impreso! El lunes temprano. pero cuando el Miércoles de Ceniza puso la cruz en las frentes. ovillos de hilo. o pasmadas por el espectáculo de un navío que navega sobre ruedas. La locura carnavalesca. y las flores y joyas con que los magnates. sentadas en las aceras o asomadas a balcones y ventanas. y de quien las malas lenguas echaban cuentas. por haberse opuesto en la prensa al Empréstito. y sé prudente. comparando el sueldo con sus gastos y los ahorros convertidos en casas. Los engalanados coches de plaza y los particulares.Roba la gallina. rumbaba. Antonio. frailes. alimentada por las libras esterlinas del banquero holandés. enviólo a El Eco de la Opinión. trenzan danzas. pomos de esencia. Rumbamba. quienes derraman sobre las mujeres.. payasos. ceñida a las reglas de la Retórica. Palo con ella. agitaba las manos de los privilegiados que al sol primaveral encadenaban la autonomía financiera de la República. obsequiaban a tiples y coristas en el Teatro. le reprochaba su debilidad.alegran y perfuman las calles en la prima noche y bailan en las casas donde hay piano. y el viento barrió los restos del arroyo. que disfrazando la flor y nata capitaleña. cuanto en las tiendas hay que pueda servir de proyectil más o menos galante. divididos en banderías adversas. por las que remedan a los negros Minas. Por ti me muero. lunes y martes. enhiesto en las bocacalles. a los notables de la política y del comercio. recibió y devolvió los objetos que esparcía la insensatez desde los coches. aconsejándole: «muchacho. Las mojigangas barrocas. conducen al Presidente. para terminar amenazando a aquéllos con el anatema de los Padres de la Patria. pero contra ellos prevalecieron las puertas de San Luis Gonzaga y la cólera del Padre Billini. oriundos de Curazao.

extrajo algún provecho. pero no le fue dable ir a abrazar a su madre. boca arriba. debía permanecer en el asilo del Colegio. del incendio de la cocina de un bohío de San Carlos.. en verdad. hasta la tarde de un domingo en que. —¡Qué vida! ¡Ni una ráfaga. otras por conspiraciones o porque acaecían levantamientos en el Cibao. que luego habían de vibrar en su prosa con redobles de tambor. de doble intención. el de Colón. ¿Siempre le oprimirá la tiranía. que corren de boca en boca por el país entre risas y alabanzas. que obliga a los ciudadanos a andar encorvados y mudos. manchado por la tinta nada más. libertad tan querida. en verdad. se le inculpó conjuntamente con otros correligionarios. mientras don José. De tales graneros... el busto desnudo. a la salida del circo de toros. a pleno sol en el cadalso. Antonio. excelente memoria. sin ser cierto. el tirano en sus papeles públicos y él en sus artículos denominan pueblo dominicano! . indigestando mente y memoria de hechos y nombres históricos. a menudo caen espigas al surco. . húmedo.En julio se graduó.. comentando los sucesos cotidianos. ni una gota refrescantes. incitado por los títulos o la fama de los autores. a través de sus lentes. escudriña la rúa. como medio de vida. los economistas y los poetas deleitándose con los versos de Mármol contra Rosas. Ese día y en el mismo sitio.. el de Peynado. cuántos tránsfugas. sin orden ni método. También Lilís no desdeña entremeterse de raro en raro a la tertulia. en este ambiente mefítico. frases rotundas y palabras sonoras y brillantes. El calor le angustia. se hicieron numerosos presos. en su telar de encuadernador. que tiene la forma de un pañuelo esquinado. En la rebotica de la Librería. el del pañuelo. Su nombre figuraba en las listas de la Gobernación y. Leyó con furia. ¿se ha podrido acaso en el fango? Sin embargo. sazonarla con uno de sus cuentos. cual si fusta candente brillara amenazante sobre las cabezas gregarias? ¡Y a tal rebaño de castrados. Enrique Peynado señala con una raya en un ejemplar del manifiesto a quienes se pasan. decíase que Moya y los expulsos se movían. que fue encerrado el Descubridor por Bobadilla. tensos aún los nervios por los lances de la corrida. en las propias calles capitaleñas. si ya casi no restan nombres que tachar entre los firmantes del manifiesto sustentador de la candidatura Moya-Billini. ingresó en el profesorado. o en las sombras. Lilís tiene. enterrando sueños de gloria y de amor! VI La hora meridiana. pocos. Desde entonces. había vivido lo florido de su juventud. y escribe la historia en humilde pupitre de pino. Después. tan ansiada. sin vocación. corazones leales que en el exilio y en la misma tierra palpitan por la patria. cierta vez. ascendiendo las gradas de piedra de la Torre! Unas por sus escritos. un oficial de la Policía le puso la mano en el hombro a la voz de «venga conmigo.. Del ochenta y seis a acá. ¿En dónde están los varones? Y la simiente de hidalguía. Había habitado todos los calabozos de la Torre: éste. ¡cuántas veces había entrado por la puerta monumental de la Fortaleza.. y con su voz meliflua. con los doce Césares de Suetonio y los discursos de Castelar. casi subterráneo. donde Báez mantuvo durante seis años al general Jacinto Peynado.. mezclando los juristas con Sué y Víctor Hugo. y hay aún. ¡y Dios sabe hasta cuándo! —¡Ah!. ¡Qué horror! ¡Entre estos muros siniestros. la Capilla con su ventanillo que permite robar al celo de los carceleros el espectáculo de unos metros de calle. de orden del Gobernador». donde se dice. el del aljibe. el del Profeta. la atmósfera escalda en la celda.

el cañón anunció la muerte del primero. Miguel A. y el que se descuida se achicharra. había ocurrido a destiempo. la mirada de Caín que penetra hasta el fondo. riqueza. Figuereo. pues. Luperón. arrebatando sufragantes de San Carlos y Pajarito al Parque Colón. y les anuncia que para evitar efusión de sangre. derrotado y burlado en los comicios de 1888 por atabales mandingas. al embarcarse provisto de pasaporte diplomático. espían. Es un círculo de hierro al rojo blanco. Marchena. a caballo. no era ése el momento. Y las esperanzas se alejan cada vez más. arruinado. arrebató a uno de sus agentes un puñado de votos. y hojas impresas. también Antonio y los principales partidarios. más o menos periódicas. agregándose: «Lilís le teme». Las paredes oyen. fusilado en La Clavellina. retira su candidatura. Moya. valor. con todos sus prestigios de caudillo restaurador. un diario de información.¡Parábolas del Anticristo criollo! —Y la prensa. En derredor de su bandera reúnense cuantos de veras anhelaban la caída de Lilís. —Estoy cansado— afirmaba. pues según expresión del mandante. tocados a las puertas de sus comités eleccionarios. Y por todas partes. La vida es una pesadilla. en la esquina frente a la Casa comunal. Surge entonces la de Tomás D. destruida la edición del primer tomo de su autobiografía en oculto acto de fe por la propia mano cesárea. apoyado en la espada de Máximo Gómez. Garrido. Las gentes cargan ese cadáver a la cuenta de Lilís. se disponía a bajar. Morales. fue preso. y rompiéndolos ordenó: «que no voten más mis electores». ¡De buena había escapado! . ni cosa que lo valga. llega de París unos días antes de los comicios y presenta la suya. cuyos penachos han atraído tantas veces el rayo. revistas literarias efímeras.. en lo más recóndito. y en seguida. ni se anuncian los movimientos de los cruceritos de la armada. que sólo él tomó en serio. a pesar de pesares. Ni el hermano es de fíar. aún combaten péñolas: Eugenio Deschamps.. ni poder. cofrades. el caudillo mesiánico? ¡ Y cómo le escuecen a Antonio las fatigas electorales del 92! Lilís había promulgado su decisión de retirarse del poder.. ¿Quién. días más tarde. ni siquiera se es libre para elogiar. irritado. Marchena. se han apropincuado al festín. Y Lilís. peregrinan unos por playas extranjeras. ducho en hermenéutica criolla. sin embargo. La candidatura Morales-Rivas había triunfado. Lilís reúne a los generales y gobernadores del Cibao. Los ánimos se enardecen. el general Morales había resuelto renunciar en su favor. desaparecido por siempre bajo el oropel de los funerales. Se pensó en oponerle el rico comerciante Juan Jiménez. ¡Cuántas plumas rotas! Los paladines del ochenta y cuatro contra Gollito. y algunos. «ése era el saco en que iba a coger toíta la oposición». conocimiento de la estructura íntima de la tiranía. En los días de las elecciones. Ya no hacía el cuento de la novia y la escalera. Los lilisistas se dividieron en partidarios de Nanita y de Figuereo.. la comedia no había terminado allí. que un italiano industrioso edita. Una tarde. Antonio recorrió las calles. por haber lanzado su nombre al debate en 1892. regresa caducas las aspiraciones. Enmurado yace el pensamiento. mas a pesar de la ola de cieno calcinante. cabestrero. y los del ochenta y seis contra Lilís. después de nueve años de destierro. tras un año largo de prisión. Ni entidad. y hoy ni éstas. ministro de Guerra y Marina. Semanarios anodinos. Eugenio Generoso de Marchena. ¿ qué es? se interroga Antonio. Empero. hartos de ayunos. en el muelle. El segundo día hubo las protestas de rigor. otros anotan cifras en los libros del comercio. Se le atribuye carácter. Pero. en donde la campana tañía convocando a los ciudadanos. Al pobre candidato le dejó entelerido tan estupenda declaración.

Dispone de las vidas como le peta. Ramón Castillo. no le teme ni a las iras de los hombres ni a las espinas de la guazábara. que cree su prisión fingida. ¿Y quién resiste a sus órdenes? Un panzudo y . dirigiéndose al director de la ejecución. Marchena y ocho más en Azua. engañados por sus propias manifestaciones. Lilís convoca al pueblo en la plaza de armas y. maten. mueren. Una hora después de la ejecución. en La Punta. detuvo la mula ante un gajo tendido en la vereda. los apresa y transpórtalos a su patio de Macorís. de quien busca con sus actos el aura popular o tiene veleidades políticas! Lilís no les perdona que pongan piedras en ajeno bien o. afirman con la elocuencia terrible de sus muertes. pagando dos y tres por ciento al mes por los préstamos que se le hacen. y. Castillo. permanece una semana. ¡así se hace justicia!». audaz. de día y de noche. Antonio tiembla al considerar la trama de intereses ingentes. va a prosternarse. trepado en una mesa. Lilís le soporta. le hace un cuento. Isidro Pereyra y Joaquín Campo. en casa inabordable. en presencia de Estay. y es. mulato bravo y soberbio. y allí se abatió fulminado por la emboscada. éste le responde: «pues ahora es tu turno». cuyas rivalidades animó el Pacificador. La villa que conserva en su sociedad la tradición de los caballeros fundadores. y en la misma orilla quedan derribados ambos. y el oro le acorre porque incita la angurria. les anuncia la nueva espeluznante. La avaricia. da la horrible noticia: ¡todos eran azuanos! y muestra una bomba. En el Consejo. el telón se alza para la tragedia. y por ante las tropas formadas frente a la Catedral. ojea las sabanas. ministro de Guerra y Marina. Pide un cuchillo. A él no le importa que sus tenientes roben. si no reconoce al viajero. gobernadores provinciales. se fuga en un cañonero español y denuncia tratos para arrendar a los Estados Unidos la bahía de Samaná. bigardo corajudo. taimado y matrero. Su voluntad cargó las armas asesinas. acusa al Gobernador Estay de tentativa de asesinato en su persona. de allí en adelante. el árbitro supremo. ¡Cuántos de sus amigos. el Pacificador inaugura su tercer período. exclama: «General. Formidable tela de araña que se extiende por todo el ámbito de la República. Luego. a mí no me matarás». y.colchón de plumas para caer. violen. que vive. centro del sistema. la ruta está indicada por cadáveres. que el poder es suyo y nada más que suyo!. El 27 de febrero. mantiene la enemiga entre la autoridad y el pueblo. gallea. la da como feudo a un negro sin letras. y cuando éste. arreglándole el revólver que el otro se ha echado hacia adelante. fusila a Castillo. Y sin tropas. Y Pablo Mamá. González. Y. a pesar de la autoridad que inviste. descubre las entrañas explosivas. Su vida y su poder significan el goce pacífico de tales beneficios. el otro en un camino. observa las huellas. al salir del teatro. el uno en la calle. alentaron la ambición de sustituirle o se acercaron a otro candidato. Lilís le llama a la Capital. Lilís reúne luego a los notables en la sala de actos de la Gobernación. porque así se convino. y abriéndola con sus propias manos. Toda culpa tiene en él refugio. que a las claras dice: «tú. ministro de Relaciones Exteriores. que dice preparada contra él. Todos son sus cómplices. negro ardido y zahareño. Así. insaciable pulpo que chupa oro y sangre. en todas las regiones. y confía el gobierno del distrito a un leguleyo. en los montes de Neyba. que reside en Macorís del Este. los lleva a un careo. pero ¡ay. en tanto el Prelado entona el Te Deum bajo las naves góticas.—Lilís logra el máximum de poder. de la cual el sátrapa es remate. Tres años más tarde. medro. transita de un lado a otro.

que no leerá la historia. retira la cuchara y el tenedor de estaño. la carne guisada y el plátano salcochado. desahogando el dolor y la cólera impotentes en un grito mudo: «¡maldito negro! ». a manos del Jefe de la Policía nocturna. demuestra horror por la letra impresa? En la propia cabeza. y Abelardo Moscoso puñaladas en la espalda? Así ha creado el silencio. mientras él afirma. El olor de la sangre le embriaga. VII El ruido de la puerta al abrirse. frente y nuca. La sopa. la fiera. Recuerda una escena trágica. le darán cuatro tiros o. uno a uno. en pie. le chispean las pupilas y ordena imperioso: «traigan a los otros». en el patio de la Fortaleza. ¿quién sería capaz de la hazaña libertadora? ¿ En dónde está el héroe que matando. encarar el pelotón. les muestra como lección saludable el cadáver del compañero. Sin embargo. Voz amiga le recuerda ¡cuánto cuadra a su grandeza la clemencia!. El preso. Se oprime la frente entre las palmas. Gotas gruesas de sudor le corren hasta la empella. arranca a Antonio del soliloquio. El tirano presencia el fusilamiento. ¿Y cómo. la camisa desabotonada. con ademán felino. marmóreo. Ansía sangre. porque no cumplió una de aquellas órdenes de exterminio. cubierta por una capa de grasa fría. inaugurando un ferrocarril. sospecha que los pobres manjares han sido envenenados. Antonio lo ha aprendido. las narices se le dilatan. y arrimando una silla se sienta a comer. que esa moneda es tan eficaz contra la avaricia como la de Solón. No obstante. duros como suela. se interroga: ¿ya? Si despierta al conticinio. ¿Y no se cuenta. el panamá inclinado hacia adelante. parque y pericia? Una idea le martilla las sienes. redima? ¡Quién sabe! Un escalofrío le sacude. conmovido por tal recuerdo. mira a Manuel Cruz Bobadilla. cual si le hubiese escarbado una gallina. se dice Antonio. ¿Y quién chista. Las cosas alcanzan precios fantásticos. Emite papel moneda sin garantía. Custodio Santo. hay que derribarlo. pobre negrito. calmada. El es el amo. El país se arruina.repulsivo esbirro. luego. Resopla como un escualo varado. que fructifica a la vera del río. amortajado por las rosas del sol occiduo. ¡ Son los que van a morir! Pero no. El carcelero se desploma en el mecedor. que en la fosa del poeta Juan Isidro Ortea. por un artículo mal pergeñado? ¿Y en el extranjero. si come. y. si los cadáveres aconsejan resignarse? Las vidas están a merced suya y el oro es su aliado. Impera por el hierro y por el oro. Se le acusó de fraguar la muerte de Lilís. siéntase al borde del catre. cintilando en los pelos de tetillas y ombligo. si él. espera la visita de los ejecutores que. El negro poderoso se enjuga. si ha rendido o muerto a los adversarios. Lilís arrojó un ejemplar del periódico en el que éste le atacara. y tiene dinero. sacude la altanera cabeza. el arroz con habichuelas tan revuelto. Un dólar vale veinte pesos en billetes. al pie del Aguacatico. si suyos son los hombres de armas. aunque dice riendo. Los conjurados descienden. Antonio. muere en las calles de la Capital. exclama: . ¿Y quién protesta. En el ardiente crepúsculo. ejecutado preagónico. toda la sangre. en escucha de los más leves ruidos. y después de aspirar con fuerza. y tal vez muriendo. no ha recibido Eugenio Deschamps dos balas en el pecho. rubia la barba. murmurando palabras vengativas? ¿Y no murió envenenado en esta cárcel (acaso en este mismo cuarto). Sus propios pensamientos le infunden pavor. los platos. ¡un día será! Cuantas veces se abre la puerta. Pero. El alcaide entra con la cantina del almuerzo.

¿Cuántas veces te han metido? —¿A mí?. —Yo ni entiendo de eso. pero al que no coge el billete. que ya tienes un año aquí. Eso de la papeleta. El Generai lo arreglará to. allí estarás fresco y te divertirás mirando pal río y pal corral de los criminales. pero nunca he permanecido tanto tiempo ni tan solo. —Pero el país es quien. y hoy. y el Palacio vacío. Figúrate. muchacho. qué calor! Antonio engulle a prisa. ¿ qué dice? —Ello. callado. repinga su miajita. —Y se pasa el índice por debajo de la papada. si aquí no ha parlo madre otro igual. —Se lo agradeceré mucho. Déjate de caballás y arréglate con él. —No creas na. no se compra en la plaza una libra de carne. hombre. caray. quince con ésta. muchacho. ya tú sabes. —Na. ni me meto. no parece ni que hay gobierno. Cuando él se va. usted. —Ahora hay pocos presos políticos. Lilí sabe más que los blancos de la Impruven y les sacará más cuartos. La República está como una balsa de aceite. —¿Usted cree? —¿Que si lo creo? No jeringues. ni lo pare. no pasa na. si que no me gusta. yo y todos. que estos zapatos me han costado cien pesos hace una semana. Mira que yo los he visto. con él no hay quien puea. —Pero esa situación es insostenible —replica Antonio con viveza. —Y el comercio. haciendo una mueca lúgubre. que con los derechos por las nubes no ganamos ni para comer. caray. con un peso. El Generai está por el Cibao. A más de un gobernador le he remachao . salir de aquí y al otro día ser Papacotes. que mordían las rejas de rabia. —¿Y qué hay de nuevo? —inquiere. —¿Y en qué anda por el Cibao? —Dicen que a recoger la papeleta. papá Quin. El alcaide continúa: —Mañana voy a ver como te paso al Salón.—¡Caray. —Sí. a la postre. pagará los vidrios rotos.

pero mi compai sí. Yo tengo un compadre seibano. que cree que Lilí es galipote. odia al haitiano. —Pero de veras. El barcino. de abigeo. ¿Cómo ha escalado la presidencia este hombre. tradiciones y costumbres. —Dicen que es brujo —le interrumpe Antonio. Ese negro es el demonio y no hay quien se menee. ¿tú no sabes lo que es un galipote? —Palabra que no. y dime si con un marchante así. según se dice. hay quien se atreva.. siendo pedáneo. Antonio rompe a reír. de un prócer venezolano. —Ello pué que lo sea.endenantes buenos pares de grillos. La empresa separatista ofrece campo propicio a Pedro Santana que. cierra tras sí la puerta. ¡pero Heureaux!. que era brujo. —Pues un hombre que tiene la virtud de volverse animal: perro. que la conversación con el carcelero ha hecho aún más evidente: la potencia de su enemigo. nativo de la frontera. y al pecharse con él. No seas sonso. idioma. la cultura y la riqueza. papá Quin. To se lo cuentan o lo adivina. Lo que te digo es que sabe más que yo mismo lo que pasa en la caice. temerosos de . más que de guerra. hasta el Capitolio? Antonio se explica que dominaran Santana y Báez. caray. ¿usted cree en eso? —Te diré: yo no lo he visto. poniendo en íntimo contacto nuestra sociedad débil con el invasor fortalecido en una guerra feroz. mira que Lilí está untao y no le entran las balas. Su presencia en la Española arroja al Continente y a las Antillas españolas. A él. nieto. hijo de haitiano. clausura la Universidad. —¿Y la que le pegó en la nuca en El Cibao?. por la madre. El alcaide se incorpora y concluye: —Sí. arrastrando los pies. arruina los templos y rompe los pétreos escudos nobiliarios de los portones señoriles. pero oye lo que te digo por tu bien: arréglate. se le volvió puerco. con un poder tan absoluto? ¿Qué hado le solivia constantemente desde las aventuras en la frontera sur. —¿Y qué es eso? —Ah. le dieron la orden de prender a un vividor de su sección.. y en cuyas manos puso la espalda libertadora el consejo de los conservadores. cerquininga de una mata de la sabana. distinto de origen. Antonio se queda de nuevo frente a la realidad atroz. gallo. Los veintidós años de ocupación haitiana habían subvertido las costumbres patriarcales de la colonia en aquella época denominada «España Boba». hormiga. Será Presidente hasta que se muera.. ríete.

En 1847. y . y él cabalga con maestría. Cuida de mantener su predominio: cierto día. del cual vino y a donde caído o alejado del poder. Porque había sido jefe de milicias y tenía. En su hato del Prado. es decir. Su valor cívico es grande. Luis Napoleón le promete cinco mil zuavos que. sus triunfos en las Cortes: ha bailado un rigodón con Isabel II. por consiguiente. porque engorda al cerdo con sus granos. y que desposeído de la autoridad que venera como a cosa suya. valen el árbol y el ganado más que los ciudadanos. brinda al hombre para regalo del paladar la pulpa tierna del palmito. es una figura de jefe nato. Su caballo es el mejor. y cuatro meses después se ejecuta a Bonifacio Paredes. sin que los procesos sean conocidos por los jurados. Cuando pasea por Europa. iguales a los suyos. con la acometividad de los mestizos. Rico por su casa. descuella. los que por no confiar en la capacidad del dominicano para el gobierno. muere sin honor en la patria anexada. el Presidente Jiménez invade la sala de sesiones del Senado con un grupo que esgrime pistolas. y a las abejas exquisito licor. Voluntarioso. produciendo confusión inenarrable. bufa como los toros. en que los personajes más conspicuos se sientan en las primas-noches a tertuliar en las puertas vistiendo viejas. zorro. equipados y pagados por el emperador francés. solía retirarse. y se indigna cuando uno de aquellos oficialitos rosados. bien regalado. erigiendo sobre ésta su pequeño cuerpo. Cuando en el curso de una discusión tumultuosa. para lo cual tiene concertada entrevista con el Papa. para él. y con sus iniciales doradas. uno de sus edecanes se le presenta calzado con botines de charol. de brillantes uniformes. su voluntad en la diaria brega con los subalternos y con los capitanes generales que le sustituyen. en las tantas revoluciones que acaudilla. Cinco veces le alzan sus partidarios hasta la presidencia. que es alternativamente amigo. y de un salto. yaguas y tablas para fábricas. se le confía la dirección suprema de la guerra. culpable de haber robado un racimo de plátanos. bravo. en la época haitiana ha sido corregidor y diputado. En su mansión reina la abundancia. y son creídas. Báez. imperioso. espera que vayan a buscarle para ofrecerle el poder conquistado a costa de la sangre de sus huestes fascinadas. Buenaventura Báez que preside. Encarna el principio de autoridad. un decreto castiga el robo con la muerte. siega laureles y se abre paso al poder. pintada a mano. le ordena quitárselos y le increpa por su falta.los sueños de los jóvenes del 27 de Febrero. sin que una sola. el árbol más útil de la tierra. es el mismo que sus contemporáneos han visto acoquinado. y en aquel tiempo de pobreza. con ademán de petimetre se descalza para no ensuciar la mesa del bufete. rompe las reglas de la disciplina. sucesor y émulo de Santana. fuerte cuando manda. buscaban las fuerzas necesarias en el protectorado de una potencia. aparezca en los campamentos. Es un hombre del agro. Cuando el enemigo de allende la frontera y los del lado de acá le asedian y se despeña en la anexión a España. Y tales epístolas se leen con deleite. en el muelle. En el peñón de Curazao. camino del desierto. con un par de chancletas debajo del brazo. y porque hubo de vencer. él come en vajilla de porcelana de Sevres a ropas franjas rojas —el color de su divisa—. se impone a todos y restablece la calma. corta una palma. Por buenas y malas artes. el hábito del mando. le restaurarán en el poder tan pronto como arregle la pendiente cuestión de la Iglesia. aprendió en la lidia con los toros las mañas que sirven para sojuzgar pueblos. le escogieron por caudillo los afrancesados. espadas y puñales. escribe a los que vagan hambrientos en el exilio.

fue multado por infracción a las ordenanzas de policía. El Presidente Heureaux intervino. premia con largueza a los servidores. ño Brindis. recorre triunfalmente la República. Lilís. Cuéntase que el famoso violinista negro Brindis de Salas. condonándole la pena. él se sirve a sí mismo. y calles y parques tejidos de garambainas. que yo estoy hoy muy ocupado».. el viento silba. achicándose. agasajado. frío y profundo psicólogo. alzan arcos bajo los cuales. le piden la libertad de los presos políticos. luciendo la alegría de sus colores.. rige la República. aprovechar al enemigo de ayer y penar al traidor. figuración del principio aristocrático del Orden. Él sabe olvidar agravios. Después de las doce. el poeta nacional le da la bienvenida. Los vecinos. ni ideales. saludado por salvas de cañones y discursos de ancianos. guirnaldas y palmas. rodeándose de blancos. que captura y fusila. Suave. desgreñando el follaje de sauces y laureles tachonado de farolillos. y dos veces. cuando entre en la ría. de paso en Santo Domingo. a la veneciana. se pintan y empavesan las embarcaciones. atrancan puertas y ventanas. procede por cálculo. Castigo de propietario depredado o desquite. furioso. escupe sus espumas hasta el faro. sus méritos. termina la audiencia con esta frase: «Mime. un oficial. va al templo. expresándole cuán orgulloso sentíase de que uno de su raza hubiese llegado tan alto. meliflua la voz.. por las calles jocundas. la rompa el crucero «Presidente» a cuyo bordo está el feliz magistrado. tolerando desórdenes. y apoyándole la mano en la rodilla. y disimula sus preocupaciones de raza. y tres generales le saludan en malos versos impresos en seda y desfilando por entre soldados vestidos de gala. en la plaza de Moca. . El mar. Durante años es uno de tantos guerrilleros. Cuando sus corifeos le creen instrumento dócil. criatura de Luperón. El artista le visita para darle las gracias y le enristra enfática peroración. realizando venganzas inútiles. pero no veja ni se abandona a sus pasiones. limpiando su camino. el Concejo le prepara un banquete. un viento fresco agita las banderas. Desde el río hasta la Puerta del Conde. se hacen obras de misericordia. le corta el hilo. Báez. Negro es la palabra más ingrata a su oído y el insulto que jamás perdona. conoce a los hombres y los maneja como a títeres. la colonia española y la prensa. Heureaux aparece por primera vez en la Historia.. ¡Es el Soberano! ¡Dios le es propicio! En la prima noche. en su honor se convida a los niños a un bazar. y al regreso a la Capital. venga otro día. granjea cómplices venciendo. se mete al fin en el Palacio. honrado por todas las ciudades. sin ahorrar la vida del propio cuñado. Después del fusilamiento de los nueve en La Clavellina. para que. Es el dardo que desde Puerto Plata. Valor y audacia. cumple el mandato siniestro. El oro y el hierro adquieren en sus manos virtudes inagotables. a oír el Te Deum que entona el Prelado. se queman fuegos artificiales: ilumínanse las plazas. apuntando con su arma al general Salcedo. el Ayuntamiento. meloso. le ha roto la diestra de un balazo. comprando y matando. ni le escudan las sergas de la guerra restauradora. al alcance de todos los abrazos. la ciudad se adereza para recibirle. en balcones y ventanas la bandera nacional. e implacable. y desde la colina de San Miguel hasta el mar. con un relampagueo de sus ojos. aunque no tiene como éste ideas. mozos y señoritas. Luperón imperante dispara contra el Palacio de la Capital. a la cabeza de tropas cibaeñas entra triunfador en ella. Antonio ha visto expuesto el poder de Lilís. periodistas y damas. al acostarse. y una cadena que ostenta la inscripción «Paso al progreso» cierra la barra. En tres apoteosis. y de nuevo.aquellos hombres se lanzan al campo. Los empleados fieles erigen un castillo en la esquina de Palacio. y una vez en él. Las casas tendidas de colgaduras.

Y el Pacificador. herrajes de balcones. ¿Recuerdas qué linda estaba en el baile en casa de. amenazando cercenar cabezas. El viento y el mar acuerdan antífona estupenda. A la mañana siguiente. de las muchachas que se afanan en busca de adornos y perendengues. pidiendo a los ricos una limosna para los pobres.. arcos y adornos. incansable. y familias desvalidas abandonan las habitaciones destechadas. María se está haciendo un traje de Margarita. dando entre risa y beso. seda y piedras finas. se oponía al raso y ahora pretende que no le ponga cascabeles. se reúnen a garrulear. —Niña. Desde que la banda de cornetas y redoblantes ejecutó la Diana en la Puerta del Conde. Figurines y grabados. descuaja árboles. si tiene el gobierno en casa.. en las primas noches. . de raso. llena eres de gracia». chica!. rimeros de tablas. ni el Te Deum. el viejo está imposible. —¿Y tú? —Ya verás... porque no se puede negar que tiene gusto. derriba casas.. representaciones de personajes históricos. —Le resultará un primor. ni la retreta con fuegos artificiales interesan a sus moradores. todo de seda.. y que se anuncia magnífico. las mujeres rezan: «Dios te salve María. y ¡con qué lujo!. "¡No hay leche!" gritan las madres ante las cunas tibias... amontonados. La lluvia impetuosa inunda. de locura. se discute. Por las calles se advierte inusitado ajetreo de domésticas que van a las tiendas por muestras y telas. atareadas a no poder más. de Trovador. En casa de las modistas. las últimas ráfagas cimbrean los cocoteros y juegan con los restos de castillos. modifícanse modelos hasta elegir. Por el arroyo corren torrentes desbordados. han corrido de mano en mano. —¿Y tú? . ruge. su tijeretazo a las ausentes. Ni el mensaje presidencial leído por el propio Lilís en el Congreso.brama. y. Las centellas alumbran la escena trágica. Clamor de miseria surge de los hogares en ruina. sacude las puertas. Los árboles arrasados impiden el tráfico por los caminos vecinales. cumbreras de bohíos. El baile de trajes que la Sociedad Entre Nous ofrece en el local del Club Unión. va de puerta en puerta . los faroles por tierra. acapara toda la atención. ante las imágenes iluminadas por lucecillas votivas.. —No creas nada. y los laureles del Parque mostrando al sol sus raíces. De hinojos. expectación febril sacude la ciudad. Es el Ciclón. vuelan en las tinieblas planchas de cinc. guardándose el secreto para evitar imitaciones. Los osados se arriesgan en las calles. —Y las. de planchas de cinc. pero. ¡y qué avíos.. aquel 27 de febrero.. ni la inauguración del nuevo edificio de la Aduana. Dizque las cosas están muy malas y no se cobran los alquileres de las casas. que bien puede. — Quién como ella. hembras encinta. le costará un ojo de la cara. hombres contusos. —Y Antonia P. Dale duro en el codo para que abra la mano. mujeres desoladas buscan los hijos perdidos. pintado por ella misma. ¡qué te cuento. chica.! van las cuatro. Durante un mes ha sido pasto de las lenguas.

Le acompaña un alto personaje.. En las esquinas los jóvenes dialogan: —¿Qué tal? ¿Has conseguido el traje? —En ello ando. mostrando. Ricos y pobres. poesías. novias suizas. colores y líneas. el ministro H. —¿Y tú? —Yo he comprado en casa de los Bazil un terciopelo blanco que por mareado lo dan barato. —Pues.. ¡Cuánto lujo! Nunca vióse una fiesta igual. grandes y chicos asistirán a la fiesta. mariposas. clowns y pierrots. La cuestión es ir. y se toca con sombrero panamá forrado de raso gris. en cuya cinta deslumbran gruesos brillantes y un espejito frontal. reinas. Lechuga. grecas enlazan las guardamalletas. pues se lo he prometido a la muchacha. lanza en asta y escudo al pecho.. los otros a pie. calza escarpines de charol con hebillas de oro y medias negras. los espejos recién dorados y las arañas de cristal. luces. Mi amigo. Los sastres rechazan los encargos. se confunden. esperanzas. la orquesta toca el himno nacional. la acera frente al Club está ocupada por multitud abigarrada. Mis hermanas me hacen . Abelardo lo pintará. —¡Una obra de arte! Los caballeros no se han empeñado menos.. y la golilla me la acredita Rocha Hermanos. Y con los comentarios picantes regodéase la masa pedestre. Un rumor de admiración sigue por el amplio portal a cada recién llegado. empieza el desfile de los convidados. un centurión romano... trovadores.. No me salva ni la burburaca. se entreveran armonizándose. Carlos V. ya estoy listo. palomas. los unos en coche. repúblicas. pero como de noche no se le ven las manchitas. que se ahoga ceñido por el frac violeta y la chistera gris embutida hasta las orejas. floristas. Cuando rompe el primer vals. los borceguíes rojos me los presta un amigo. El Presidente viste calzón negro de seda. es un banquero millonario. racimos humanos. cuajado el sombrero y el peto de diamantes: es un ministro poderoso. A las nueve. margaritas. Tengo vendidos tres meses de sueldo y estoy negociando otros tres. A sotto voce alguien pregunta: —¿Cuál es el traje de Lilís? . En los balcones y tejados vecinos. que no le solapa los vellos pectorales. me ha prestado su firma. rigoletos. por el entablado pulido. gordas pantorrillas rurales. en una letra a sesenta días.—De gitana. transforma sin cesar crines de caballos en pelucas del siglo XVIII. musas. Los tres salones del Club resplandecen iluminados a giorno.. A su entrada. Del brazo de los galanes las damas se pasean exponiendo sus gracias a la vista de los que han hecho del balcón tabladillo para contemplar el espectáculo. Lambrequines de papel de colores y guirnaldas de flores naturales paramentan los arcos de las puertas. entre los brazos de galantes caballeros de Carlos III. Francisco rutila.el traje de pierrot. —¡Qué turpén eres! A las 8 de la noche. vampiros. se deslizan. hechiceras. mohíno.

—Pero se está quedando. —En mi tiempo no se veían estas confusiones. qué lujo! Después serán los dolores de cabeza y los cobros. ¡qué va! pero la gente es muy mala y cuando el río suena. La envidia invectiva. —¿Y el del otro? —De Lorenzo XVII de la Mascota.. —¡Ave María Purísima! —¿Qué te sucede? —¿No ves ésa. ¡qué hermosa y bien puesta!. ya anda cerca de los treinta. ni religión: lujo y nada más. . es quimá pa sol. —¡Mira a Fulanita. No sé en qué piensan los jóvenes.. que vestidas de colores serios como sienta a sus años y estado. hoy todo está revuelto. ellas hacen trizas los elegantes trajes ricos. —¿Cómo? —Que está quemada por el sol. de azul marino. y. ¡quién se lo había de decir a su abuela. custodian a las muchachas. se casó hace dos semanas en intimidad. __Chica. que está en aquel rincón? —Sí.—Dicen que de etiqueta parisiense. —¿Y esta princesa? Pues si es fulanita. yo que la conocí de cocinera! —¿Y aquella mulatica. —Y Zutanita. Yo no lo creo. y mientras éstas se divierten. tan apurada. la pobre. de dónde ha salido? —No niña. Y las risas estallan a dúo. pero ya se ve. No hay que negárselo. —Te equivocas.. Cada oveja andaba con su pareja. Es muy buena. —Pues que no es casada. para poder acompañar a las hijas a los bailes.. Ahora la cargan con un ministro casado. En los huecos de los balcones aposéntanse las mamás. si el papá no tiene en qué caerse muerto. ni sociedad. y se atreve a presentarse aquí. pero si ha tenido tantos novios.

es bailado con los chales sobre los hombros femeninos. la multitud lo invade. sacuden. y ella le pone los ojos en blanco. una aduana para el padre.—Mira al negrito cubaneándose con. danza final. El buffet se abre luego de la medianoche. La tanda presidencial elige por escena el segundo salón. Carlos V se ha desplomado. deliciosa pastora de Watteau. El champaña atiza la sangre. ¡Qué mujeres. se indignan contra los gandíos que no las sirven. no hay en la fiesta quien le supere a cortés. En los tres salones se organizan sendas tandas. ¡la cuadrilla!. los caballeros se mueven mecánicamente. muchachos. suscitando discusiones rápidas. Las ligas de la etiqueta se aflojan. traga pastelillos y emparedados. baila con garbo. se cierran conteniendo un alarido de voluptuosidad revelada en las pupilas lánguidas. Cuando avanza solo. en los cuales penetra ya la luz blanquecina del alba. y entre alegres risotadas relatan sus impresiones. enseñando los dientes. ¡y el tío expulso! Fíjate con qué dulzura le habla él. Luego. sin probar una gota de licor. que están número uno». fuertes y blancos.. Dios mío! —Le estará pidiendo un salvoconducto para el tío. El General se retira temprano. allí escancian champaña. al soslayo va un galán. atropellándose. En la Poule. ¡La cuadrilla!. se contonean con gentileza. arrían a los que están en la calle botellas de champaña. escondiendo bajo las faldas de la levita un pudín de dos libras. luce su marcial apostura. ceremonioso. Un viejo. mientras güira y pandereta cosquillean los nervios. aceleran los giros. sus cobres y cuerdas excitan. no pierde un compás. Al final de cada figura. un grupo .. claman voces. A las cuatro de la madrugada. las últimas parejas descienden la escalera de mármol. caldos de manos impacientes. las mamás soñolientas aguardan en el primer peldaño. pues un error es un delito. las manos calenturientas y las testas que desfallecen graciosas. Por el balcón. Por la escalera de servicio. La comparsa de los payasos triunfa con sus blancos mamelucos amplios. para no perder tiempo. favorecido por mayor número de espectadores.. El Presidente. dulces. con un rictus que le contrae los labios bezudos. en donde estacionan de preferencia los que no bailan. —No seas tonta.. desbordándose por los potreros. temerosos de equivocarse. sin desguantarse. Hay quien prefiere templarse con una copa de coñac o de ron del país. aceitunas. En su tiempo. El carabiné. afirman. sonríe a las lisonjas cortesanas murmuradas. y junto a él ríe su compañera.. Los pies aplastan melindres. algunos mozos se arriman a la cantina. en los salones desiertos.. En varias sesiones ha sido esmeradamente ensayada. Al terminar las piezas.. y para todos tiene una amable palabra oportuna. Las damas saludan. baila con decencia sin arrimarse a las damas. no era así. acarician. pintarrajadas caras y cráneos. y en pechos y espaldas reptiles cabalísticos. Con el ímpetu con que el ganado se escapa de los corrales tras el ordeño. previene a los vecinos: «coman turcos. amigos complacientes. el golpe de un cuerpo contra el pavimento interrumpe la danza. Las mamás olvidadas. Con el ademán felino que le es familiar sécase frente y nuca sudorosas. la grasa mancha la cabritilla y con la boca atestada. La orquesta ejecuta con más brío. y los labios secos. En la primera embestida. cabezas antiguas se muestran sin peluca. dos tinajones de frutas cristalizadas desaparecen. las parejas de la cabecera indican la próxima. mustios.

y fino jipijapa con estrecha cinta negra. la justicia. de americana negra de alpaca. Erase el aniversario de la independencia. A las 9 sale en coche. corbata de color.. y de nuevo en sus habitaciones continúa las audiencias mientras se viste y desayuna.. arrullándose y disputándose el maíz. en tanto que un pintor le embroma golpeándole el abdomen con el clac. que entran a su morada por la puertecilla de la calle Luperón: el jefe del Cuerpo de Serenos. Al amanecer. El Parque de Colón. pantalón de casimir a cuadros o de dril blanco. obligándolas a alzar el vuelo. ¡Es una madre que desde el arroyo implora por la vida del hijo. venezolano el uno. y su ojo de halcón contempla el concurso. En aquel sencillo despacho. Antonio Portocarrero se dirige a su casa en compañía del cronista López que. con interrupción de una hora para el almuerzo. el Presidente se levanta. de gran uniforme. se dice. y las tropas le presentan las armas. sin lujo ninguno. El sol los derrota. esgrimido por su mano potente taja en la hacienda y en la carne del pueblo. . reseñará en el diario la suntuosa fiesta mágica. Lilís da los buenos días a sus vecinos. proxenetas. que personifican la libertad. en la cabeza un gorro encarnado. amigos íntimos. dominicano el otro. Le rodean funcionarios y diplomáticos. embanderado. que le trae el informe de las ocurrencias de la noche. no hiede. los cabellos sueltos. y que con su disfraz de pierrot. ¡Es el Señor! Su hierro. Entre el Palacio del Ejecutivo y el sardinel de la plaza. Es tan cuidadoso de su persona. chaleco blanco. improvisan a puja. En esa cima. la república. ¡Es el Señor! El himno nacional vibra. el Pacificador se yergue. En la empuñadura de oro fulgen brillantes y rubíes. El Pacificador la ciñe. se detiene en casa de algunas de sus mancebas o con un mendigo o con algún personaje. en la cual trabaja sin descanso hasta las 5 de la tarde. marcada en la frente la cruz de ceniza. las perturba. Carlos V les escucha complacido. una anciana enlutada. Dos poetas. calamocano. las artes. y entregan al Presidente la espada de honor. a pie. y las rimas galantes cantan las bellezas de cuantas han zarandeado los corazones. aparece en el balcón de la calle de las Mercedes a cumplir un dulce rito: dar de comer a las palomas realengas que se congregan allí. el médico que le pasa la sonda. espías. que con sus propias manos hace la raya al pantalón. tribuna a la cual se accede por amplia escalinata. Va al Palacio. escandaliza a las beatas que salen de las iglesias. elévase una. su continente es gallardo. En su oficina de Palacio. infantitas pueras. Luego. en el cual le acompañan sus secretarios privados. se contiene toda la vida nacional. Se sienta en el coche. Por los escalones asciende una teoría de capullos. el manto a la cara. costeada por subscripción pública. rebosa de gente. envuelto en una bata color de castaña.masculino apura las postreras copas. Es pulcro. a la tarde. constelado el pecho de condecoraciones europeas y terciada la banda tricolor. enguirnaldado. Por las calles doradas. acongoja al preso. a quien en aquel mismo instante ejecutan en la Fortaleza! Con su voz suave. con las piernas abiertas y la diestra manca apoyada en el bastón de concha de puño de oro. asustadas. tirado por yegua mora. El recuerdo de la tercera de aquellas apoteosis. Cierto día. De paso. y en el baño comienza a recibir las primeras visitas.

e ignorante de las teorías científicas del gobierno y la historia de los pueblos. bajo su inspección. son el espanto del vecindario. No conquista. arregla los matrimonios desavenidos y divorcia. extramuros. los serenos ocupan las puertas apuntando con sus armas al interior. Si raptan una doncella. de distintos países las posee. y sin someterle a juicio. ¡malhaya quien tenga que hacer con ellos! El culatazo es la expresión favorita de su autoridad y las carabinas que gastan se disparan solas. policía de seguridad nocturna. arma más segura que el revólver. y castigó con el máximum del arresto al jefe del cuerpo por no haber obedecido la orden de hacer fuego sobre un baile de prostitutas en el cual habíase armado un zipizape y uno de cuyos concurrentes era el. él dice riendo que necesita un hijo blanco para meterlo cura. para el asesinato de un hechicero. su actividad incansable. cuanto le dicen y cuanto observa. sin embargo. negras. Debe millones: no importa. desvía hacia sus bolsillos las rentas y amontona deuda de millones sobre la República. se solazan la juventud elegante y los funcionarios del gobierno. acotado por él. Emite papel moneda. Blancas. y otro tanto paga a los fiadores de sus letras. Es un sátiro. vela por la fidelidad de sus queridas y las de sus amigos. no lee. mulatas. el presidente de Colombia. Al crepúsculo pasea en coche por la ciudad. como prepara un fandango para que sirva de ambiente propicio al asesinato que a la medianoche. distribuyendo regalos. firma una dádiva para una iglesia o una carta de amor. El Erario es su hacienda: dispone de él. es fino en sus maneras. sus allegados le prestan propósitos de conquista. amén de las aventuras que la miseria y el temor le proporcionan y de las hetairas portorriqueñas. cree mantenerse vigoroso merced a inyecciones de Brown Sequard y a pociones copiosas de Elixir Godineau. y al efecto visita el vecino Estado con pompa. cometerán los serenos en persona que le estorba. defendiéndose.. y ante su vientre fecundado. convertido en patíbulo. a quien ordena un asesinato. anota. escribiendo con hermosa letra la pequeña historia vil de su época. Dos de éstos han sido cogidos en alegre compañía. lo cobra con la muerte. el champaña y la cerveza desbordándose de las copas enchumban el piso. Su capacidad de trabajo es extraordinaria. en coches que pasean la ciudad con . En tales bailes.recibe y escribe: es oficina de mandatario y de comerciante. El Presidente ha premiado con cien pesos a uno que dio muerte. y lo mismo visita a un diplomático o familia principal o interviene en el milagro de una histérica o platica con una de sus barraganas.comandante militar de la plaza. de don Francisco de Quevedo y Villegas. De los diplomáticos extranjeros se aprovecha: les halaga. según le convenga. e instruyendo a un gobernador supersticioso. No cede a sus tenientes el puesto de peligro. pero ello no entorpece para que firme protocolos secretos acerca del territorio discutido y negocie con los yanquis. compra. Estos. con la misma pluma con que ordena una ejecución. interviene para castigar o proteger al Don Juan. De París le han provisto a una doncella. Mantiene el arsenal bien provisto de fusiles y cañones. al jefe de su Estado Mayor. Minucioso. suminístrale dos cartuchos embrujados con una cruz en el plomo. aunque alguien asegura haber visto en su alcoba un libro de Núñez. Toma dinero a préstamo al 3 por ciento mensual. combina siniestros planes políticos y organiza bailes y bromas a los íntimos. trata las cuestiones internacionales. los hombres riñen disputándose las hembras. En la capital mantiene dieciocho mancebas. da la mano para agarrarles por el pie. Crea instituciones a semejanza suya y a la medida de sus necesidades. él mismo disfraza a los que en una tarde de carnaval encarga una alta obra de venganza. sin percatarse que haya o no ministros en la sala. y con el mismo descoco con que arregla los asuntos internos. y cuando las querellas degeneran en trifulca. El ridículo de un cuerno. Casa. Habla francés e inglés. y escolta en un crucero un balandro. y él mismo se jacta de que le inspiró la reelección de 1892 la lectura de la Vida de Marco Bruto. le da el caballo ensillado y le prescribe emplear el puñal. y teniendo excelente memoria.

apagaría la sed de una sola vez! Y desata el lío envuelto en un ejemplar del Listín Diario: calzoncillos y camisilla. y en el ardor de una de esas bacanales. tragedia sin sangre ni muerte. un mollete con mantequilla y un piñonate de coco. y «Cosmópolis» de Bourget. Desde mediados de noviembre. canastos y . y mientras una llena los cascarones. movida por sus insinuaciones. Y acogiéndose al mecedor. en compañía de una hermanita en dirección del Colegio «El Dominicano». pero ¡cuan dolorosa! ¡Cómo la conoció! Púber la veía. y helo ahí cónsul en París. de todos los intereses y de todas las pasiones en cuya cima el tirano. y en torno de la tina de agua de tuna perfumada con «Agua de Florida». Luego.. desde la esquina. calentada por sus declamaciones ciceronianas. la otra corta parches de trapo. La víspera se inicia el juego. la retiraron de la escuela. la chiquillería proveyéndose de tunas en los batiportes anuncia el famoso día del santo crucificado. se transó con Lilís. en cazuela vidriada. que la tercera impregna de cera caliente y con ellos tapa los agujeros. VIII A las cinco de la tarde un ayudante del alcaide le trae la cena: en el mismo cestillo del desayuno. en traje civil o disfrazado. Tras la cubierta amarilla. intercalados con bocados de pan. intransigente. que vive siempre bajo su mirada zahorí. entretanto un muchacho coloca aquellos proyectiles en cajones. En las noches. mientras paladea el dulce. sin que jamás atrajera su atención aquella chiquilla flacucha y sin gracia. y a través de los muros.los faroles apagados. a la rústica: «París» de Zola. impera. Antonio revive sus amores. Corrompe. en cambio. mañana y tarde. Antonio. humilla. apóstol. en donde él y otros hacían plantón para ver entrar y salir a las muchachas. Luego. una poción de cacao. También le han enviado dos libros y un hatillo: A tragos gordos. el predicador se metió diablo.. ¡ Si él quisiera. Lilís anda por la ciudad. la fimbria de la falda tocó el calzado. mide la pesadumbre que aniquila al país. y en las de fiesta nacional se confunde con la multitud apiñada en el parque de Colón y se pasea de chistera. Antonio sorbe el chocolate de agua. De la ropa blanca y lustrosa se desprenden olores de carbón y cera. Sobre el brasero. mira él a su mujercita inclinada sobre la tabla. En la mañana comienza la faena de preparar las municiones. evocando tales escenas. rayando de rojo las paredes de las casas y las ropas de los compañeros y de las negritas sirvientas que transitan por las calles. redondos. ¡Cuántas veces. lavando los cascarones de huevos que han sido cuidadosamente almacenados durante el año. que ha regresado de París.. se yergue con su carnavalesco frac rojo. éste es envío de su amigo Arturo Aybar. dadivoso y temido. que pasa con brío y paciencia la plancha: heroína silenciosa. ¡Ah!. látigo en la diestra. casaca de paño azul con botones de oro estampados con las armas de la nación. hojea los libros. lee manuscrito: Arturo Aybar. y que en varias casas constituye industria. la pluma de Antonio atacó al tirano y fue encarcelado!. El es el supremo árbitro. ¡Qué punto!. se reúnen dos o tres mujeres. la montaña hecha del almodrote de todos los crímenes. luchador. y ahora le envía esos dos libros para que ellos le muestren en su celda los placeres que serían el precio de su conciencia: la tentación. y dejó de encontrarla. eminente magistrado se ayunta sobre la grama con una grofa. se funden unas libras de cera. hasta un día de San Andrés. otro hace montar guardia a la puerta de una zorra para obligarla a serle fiel.

éstos visitan las casas.barriles. colmando bateas. y sobre el corpiño de la hermosa pinta flor purpúrea. cada cual rememora en casa. Tal era el inculto y deleitoso San Andrés. en cambio. algunos jóvenes. manchas multicolores en las paredes. salpicándola. los de la calle asaltan la casa. amén de uno que otro herido de puñal o revólver. los bailes blancos. arrancándole un grito de susto. constituyen el material de guerra de la tropa femenina. no por más galantes. a tiempo que de arriba cae sobre ellos una lluvia roja. en grupos pedestres o a caballo. nuestros abuelos de la Colonia se desquitaban por adelantado de las penas del Adviento. Desde el arroyo. una libra de harina o de almagre en la cabeza. A las cinco. . cargan los cascarones en barriles. los combatientes están listos. transportados a balcones y azoteas. La mañana es propicia a los jugadores furtivos. azul. Cuando la lidia. vestidos de dril blanco o de colores desteñidos. los criados acarrean agua de pozos y aljibes. entiéndase la ducha. blancos y frágiles. brazos molidos. los lances de semejantes horas de locura que dejan párpados hinchados. Al mediodía. Un armisticio para almorzar. los cascarones vuelan agresivos. A veces. y se mantienen a obscuras los salones. importando. que el combate se reanudará en la tarde con más bríos. lanzando proyectiles a diestro y siniestro. En las casas donde se juega. Las muchachas les esperan a pie firme. se oye un grito. con los cuales molestarán a las señoritas ventaneras. el accidente es ligero. El cascarón revienta en la reja. y más si no juegan. canastas y macutos. carnaval barato con que. y del balcón o de la calle se retira un combatiente con la mano en el ojo averiado. entusiastas impacientes. pues no todos reciben de buen grado. chorro que hace estallar las lámparas. y cuando descubren una cabeza medrosa. y aquéllos. amagando hasta hallarlas descuidadas. Sonadas las diez. y que el progreso ha desterrado de las costumbres dominicanas. amarilla. o en carretas. En la noche la gente se recluye en las casas calafateando las rendijas. con el macuto al hombro. los ofrecen a las muchachas. Los más pudientes. inflama. sustituyen los cascarones con flores y confites. toneletes y latas que. se empapan. se grita. quienes protegiéndose de los balcones con los paraguas. armados de una jeringa. se escurren con mucho tiento junto a las paredes. muertos de cansancio. en acecho del lechero o del panadero. fuerza es cambiar las ropas ensopadas. Al atardecer. Los adversarios. Alguno de estos grupos lleva un charanga que con sus sones alegra la algarada. o echan pelucas a los transeúntes. La ventana se cierra con estrépito. en la noche. De raro en raro. o en la pared chorreándola. delante de un pocillo de chocolate. los hombres sin cesar arrojan cascarones. Después de tales encuentros. se sumergen en los baños. vienen a comprar su par de docenas. baños. y los proyectiles. introducen por las rendijas o por el ojo de la cerradura. El día 30 desde el amanecer. algunos. disparan el cascarón que ocultan en el bolsillo y se escapan. se entrecruzan innúmeros. recorren las calles a pie o en coche. y se mojan cuerpo a cuerpo. o se empelucan con polvos de color: hay quien haya dejado un diente o medio carrillo en el canto de una batea. en tanto detrás de la reja rompe un ¡ay! A las diez. de chiquillos que. cubiertas las miedosas con mascarillas de alambre. empieza el trajín. mas suele ser grave o por lo menos exige fomentos constantes y reposo. ahí están las luchadoras en balcones y azoteas. En estas casas se congregan las muchachas. después de una confortante fricción de bay-rum. y en el arroyo briznas de cáscaras de huevos. rociando a las muchachas con polvos y esencias finas. La faena excita a ambos bandos. o en coches. o entra traidor.

Ella misma tiraría la carta por el balcón en el momento de cerrarlo al día siguiente. Ya tenía esperanzas. y la chica muy queda. Un golpe de agua en pleno rostro ahogó la mirada lasciva. y Antonio. El domingo siguiente. a pararse en la esquina. Alimentada la llama por miradas furtivas y sonrisas. organizaron entre varios un bailecito a escote. les fue favorable. y así los otros domingos. al salir de la misa. y el galán respondió arrojando el capullo de rosa que le adornaba la solapa. y además no le caes bien a la mamá». que sentía el calor de sus alientos. necesitaba oírla decir que le amaba. expresivo y sincero. y las puertas de la casa cerradas violentamente por la madre. quien arrellanado en un banco divertíase con los fuegos artificiales. tienes que darle pruebas. ya sospechada por los demás. el Carnaval parecíale demasiado distante y recurrió a las cartitas. discurrieron los días. anhelantes. entre los abrazos efusivos de los amigos. A veces. y con las expansiones del año nuevo. un chubasco inoportuno interrumpía el plantón obligándole a guarecerse a escape en una de las casas o debajo de un balcón. magra y nada bonita. lerenes. El traje ceñíale las carnes. turbados. dijo sí. o en donde las guardan las que habitan lejos. que las presta. Ante su alborozo le recomendó cautela. porque en su casa se oponían. Antonio se encontró de improviso frente a frente con aquella chica. . Buscó un confidente entre las amigas de ella. nerviosas. le miraba altanera. se insinuaron bromas denunciadoras de una afinidad electiva. la encontró en una jaranita en casa amiga. hasta que por pascua de Navidad. hasta el Carnaval. y ella le concedió el primer vals y una danza. Furiosamente se bombardearon con higüeras de agua. él. cerca. Pero eso no era mucho. y mientras volteaban al compás de la charanga. de plantón en la esquina y esperándola a la salida de la misa dominical. graciosa: algo de ella entraba en él. el 27 de febrero en la noche. entre risas y burlas de las vecinas fisgonas. Ella. y sintió fuego en las manos de ella cuando estrechaban la suya. Después. Continuó haciendo el oso. pero ya le parecía simpática. pero chico. la charanga partió tocando marcial pasodoble. mucha prudencia. decían a las claras que sus propósitos eran conocidos. Y Antonio comenzó a pasear la calle. la muchedumbre se derramó por las calles adyacentes. y con ellas las ocasiones de hablarse. y prometió escribirle. Hubo de comprar la criada para que las llevase. las fiestas finaron. contemplando la fina silueta que se desvanecía. Aquella noche Lilís le pareció menos perverso. mostrando los pechos erectos y la cadera firme. Esta afirmóle: «le eres simpático. pero la tercera presentaba señales de lecturas. cambiando de disfraces para no ser descubierto por la vieja perspicaz. de sus esperanzas. tan cerca. la casualidad los reunió en tertulia para esperar el cañonazo en la cena tradicional: pastelitos. No era una buena bailadora. la vio pasar grave y serena. cuyas tres noches aprovechó. Comenzaba a sentir impaciencia. En el bullicio de las máscaras le susurró algunas palabras al oído. sintióse feliz. pues el amor existía en sus dominios. rebosante de multitud que choca y se confunde. La noche de San Silvestre.En un asalto. a quien había de regalar motas para dulces. fláccidos. de sus proyectos. el Parque de Colón. Al fin. y bailaron una danza. A las diez. Ella paseaba con su hermana y un grupo de amigas. pidiendo la sala a una familia respetable. para llevarle la silla hasta la casa vecina del templo. Se detuvieron. y las restantes fueron bien acogidas. la primera y la segunda le fueron devueltas sin abrir. retándole. Se acercó. El Día de Reyes. pastoreadas por el papá. los músculos. en el atrio de la Catedral. maní largo y congo. le habló de su amor. apretados los dientes. Las malacrianzas del hermanito de la muchacha.

valiéndose de la criada. cargaba la Cofradía de los Sanjuaneros. Un silencio de dolor envolvía las cosas. ni se daba un martillazo. Sonadas las cinco. El Jueves consagración de los óleos en la Catedral y procesión dentro de la iglesia para encerrar el Santísimo Sacramento. los domingos. porque eso sí. Alto. hermoso. ni bestias. procesión de Jesús Nazareno. ni se barría con escobas. El Viernes de Dolores. El Domingo. repartiéndose a los fieles palmas bendecidas. que en los tiempos coloniales. desesperante para los curiosos. propicias contra las tentaciones y los rayos. maguer las gentes rieran y los amantes aprovecharan para sus citas las ceremonias litúrgicas y las procesiones. encomendado siempre a un reputado predicador. con frase sobria y perspicua.A la siguiente. Antonio espió ansioso todas las puertas. suerte de telégrafo que manipulaban con extraordinaria rapidez. la cartita cayó revoloteando. presidida por el Meso Polanco. y cuando las de la cuadra estuvieron cerradas. y horas cantadas. A la ceremonia concurren el Gobernador de la Provincia y un batallón de infantería con bandera. El espectáculo de la Pasión de Nuestro Señor exigía vestidos y sombreros bonitos y de moda. pues las Ordenanzas reconocen al Nazareno el grado de Coronel. a las diez. y la mayor. revelaban una mujercita orgullosa y leal! El correo se estableció. Se cuenta que el imaginero oró varios días para que Dios le inspirase. A los privilegiados se les obsequiaba con pencas de hojas entretejidas y adornadas con cintas. conmovía. Hasta el preciso momento en que las carracas sonaban. El primer número del programa correspondía al Sermón de la Magdalena. Plateros. y alguna vez por medio de la hermanita complaciente. El Sábado. la elocuencia del Padre Meriño cerníase sobre las cabezas de los feligreses que invadían las tres naves. celebrábase la fiesta de los Ramos. era el día de la iglesita del Carmen: misas desde la madrugada hasta las doce del día. marcha con ritmo de cuadrilla delante del palio . El Martes. Llevarlo en hombros. Quince días antes del Domingo de Ramos. tan pronto como encerraran el jueves en la Catedral ni circulaban vehículos. si acaso. Jesús en la Peña (Ecce Homo) o la Humildad y Paciencia. discurriendo en torno de la vida de aquella pecadora redimida por el amor que inspiró las sublimes palabras de la Cena en casa de Simón. el paso de Jesús en el Huerto salía del Convento de Dominicos para recorrer las calles de Universidad. el orador. a Jerusalén. leyéndola a la luz de un farol. Había que esperar la Semana Santa. El Presidente de la República. principiaba el ajetreo de las costureras y el movimiento en las tiendas. y en cada iglesia. El Miércoles. La Semana Mayor era un acontecimiento público en Santo Domingo de Guzmán. colocadas en las ventanas. subyugaba. durante el día. Comercio. Jesús Cautivo salía de la iglesia de la Merced. de humano parecido. y ¡qué larga y mortificadora aquella cuaresma! Entretanto había que contentarse con hablar por letras de mano. de Santa Bárbara. de la Catedral. Jesús en la Columna. aun las más amorosas. y. es señalado honor que se atribuyen y debaten los de la hermandad. en conmemoración de la entrada de Jesús sobre la mansa borrica. en la noche. nieve en la testa altiva. embrazado el guión de plata. rosario y sermón en la Iglesia Mayor. ¡Cuántas cosas dulces contenía aquel pliego escrito con letra menudita y buena ortografía. sermón. convencía. envuelto en la púrpura episcopal. el jueves del Concilio. prevalecerían contra las obras del demonio. las cuales. Mercedes. misa solemne. Pero conversar. la imagen más venerada y prestigiosa de todas. Nueva de las Mercedes y Universidad hasta la propia iglesia. El Lunes. y cuyas frases. o por el balcón. la mejor como talla. en el interior de la Metropolitana. itinerario común a todas las procesiones siguientes. se oía el ruido de las máquinas de coser. Desde el púlpito de la Catedral. la recogió. ¡cuán difícil! Un minuto. horas cantadas después. En la noche. a las cuatro de la tarde.

Agios o theos. al otro. a las cuatro de la madrugada. que peregrina en busca del Hijo. Como por ensalmo. y el Descendimiento de la Cruz. la Madre Dolorosa. misa en la Catedral. la imagen de la Resurrección —Jesús con un estandarte rojo— es conducido a la Merced. entona las letanías. y pasadas las diez. sale de Santa Bárbara la procesión de la Soledad. y dan su nota grave los burros portadores del pan y del carbón. Gloria in excelsis Deo!. la procesión del Sexto Dolor: la Virgen con el Hijo en brazos. hasta que. quid feci tibi? aut in quo contristavi te? Respónde mihi. los clavos. la corona de espinas. lila. El pesado sarcófago de cristal. y a las diez. tinieblas en Regina. blancos. . la concurrencia juvenil luce sus galas en el Parque de Colón En la noche. a la voz del oficiante. y a las campanas ladinas suceden las roncas carracas. la lanza. Calles y templos tienen aspecto de jubileo. En la noche. Y luego de sepultado en una capilla de la iglesia Mayor. que cuelgan de una soga tendida de casa a casa. gualdos. en cuyo cortejo forman el Arzobispo y el clero diocesano. Al primero corresponden los trajes azules. Por la tarde. rojos. la esponja. El Viernes. con un cepillo al lado para recibir las limosnas de quienes prosternados besan sus llagas. el clero de bruces sobre las gradas del presbiterio. encintados. muñeco de trapo. las escaleras y el paño de la Verónica. El Presidente con la llave del Sagrario al cuello. Las campanas propagan la buena nueva. Y la Semana Santa fue. en las calles estallan cohetes y triquitraques y se ajusticia a Judas. —Agios athánatos eléison imás. derribado. procesión del Santísimo en torno de la iglesia. Después de las diez de la noche. El Sábado en la mañana. adoración del Santísimo en todas las iglesias: Cristo yacente. mientras el prelado y los canónigos cantan: —Pópule meus. rodeado de macetas de flores de seda. El comercio abre sus puertas. En la tarde. de la Capilla de San Andrés. el paso de la Cruz en la Catedral. portadores del gallo.episcopal. —Agios o theos —impreca un coro. en la iglesia de la Merced. la chiquillería lo arrastra y quema. y contra el cual se disparan piedras y tiros. deposita un ósculo en el cristiano pie y una morocota en el cepillo. —Santus Deus —responde el otro. en seguida. —Santus inmortalis miserére nobis. gris o negro. el sermón de las Siete Palabras. Lavatorio en la Catedral y en Regina Angelorum. luego bendice el agua y el fuego. En la noche se baila: ¡Cristo ha resucitado! ¡Hosanna! El domingo. lo cargan los isleños de San Carlos y le preceden minoristas. se reanuda el tráfago de coches y carretas. —Sanctus fortis. Quia eduxi te de terra ¡Egipti. el Gobernador de la Provincia. acompañado de San Juan. Pópule meus. —Agios ischyros. misa en la Catedral. seguido de la procesión del Santo Entierro. el velo negro que cubre al altar se rasga y aparece la Resurrección. la Virgen. parásti crucem Salvatóri tuo. los tonos serios. hace tres genuflexiones. María Magdalena y las dos mariquitas. Jueves y Viernes son los días de exhibir el lujo. y. los caballos de los lecheros relinchan. y la antífona continúa por sobre las cabezas abatidas. Le siguen uno tras otro los altos dignatarios. un batallón con la bandera enlutada y armas a la funerala.

detrás un coro y orquesta de cuerda. el lujo chillón. y al acercarse para besar el Cristo. cada cual con su vela encendida y protegida por guardabrisa de papel. en los ojos negros y luminosos. Para ellos no existían las amigas. favorece las travesuras. a un lado y otro de las aceras. Gibbes. No faltan las pelazgas cuando el que va delante sorprende al de atrás goteándole la americana de casimir con la vela. le importaban poco. los vecinos se echan a la calle en pandillas. la Virgen. una compañía de infantería. la multitud se agolpa para ver pasar las santas imágenes. En aquella Semana Santa. formadas de esta guisa: la cruz alta y los cirios. escondiéndose en la manga. o bien cuando quedan prendidas dos beatas por los mantones de lana a flecos. al mando de un capitán. Ese año aumentó la concurrencia de muchachas en Regina. en último término. con pobre túnica violeta. se entretienen charlando. del Jueves al Sábado. se apretaban las manos. algunos diabólicos confabúlanse para robar los cepillos. de niños. empujado por el cómplice. ¡había que ver a Pancho Peynado y a Lucas T. . cargado por los de la hermandad. con los críos de la mano o en hombros. musitando la dulce letanía del amor. y. ¡ los normalistas. él tenía necesidad de todo el tiempo. sólo inquietábales el temor de que los sorprendieran el padre o los hermanos. rendían parias a Jesús! Antonio no formó en aquellas filas milicianas. Las filas se clarean o se nutren. y el beaterio. al pasar de las procesiones. contemplaba aquella muchacha. en la boca de grana. transida por la espada de los dolores. tres sacerdotes con capa pluvial. lo cual efectúa el designado untándose de sebo la suela del zapato. No. La romería del Jueves a los monumentos con su entrevero de gente. una idealidad magnética. los camaradas de Antonio idearon formar una compañía para velar el Monumento de Regina Angelorum. en la iglesia de turno. En las noches. o cuando ha recibido en la cabeza un golpe de cocomacaco. los jóvenes. entre el polvo y los olores fuertes. mirando y haciendo señas a las muchachas. trasmutando la carne y la sangre. y por entre los fieles. introduce el pie y lo apoya con fuerza para que las monedas se adhieran. a la pata coja. y montan la guardia en el atrio para chicolearlas a la salida. el más largo sargento que haya sido uniformado y con el fusil terciado! El Padre Billini sonreía complacido. sus ardientes miradas comulgaban. de roja capa y pluma en ristre. cerrando el desfile. adolescentes y hombres destocados. acariciado por el aroma del incienso. Durante las funciones matinales. sujeta por una cuerda elástica al puño de la camisa se alarga y encoge rápidamente. el tal sale de estampía. El misterio de la Pasión. llevados casi en vilo por la gente joven. simulando perseguir al otro. de uno en fondo. ni las imágenes. el paso del día. En las esquinas. según se detenga el Santo ante la puerta de un devoto que ha pagado un motete. que runrunea el rosario. para ver pasar las procesiones. hay zagalejo que esgrime tijeras para cortar las trenzas o que riega cerillas en el piso para que en ardiendo se asusten las mujeres. atropellados por la muchedumbre apiñada. las voces gangosas del coro. colocado en donde su novia pudiera mirarle sin volver la cara. quienes se recogen las faldas chillando. en pie en las naves o agrupados en las puertas. a quien había calificado de fea. cuando el oficiante alzaba la hostia sobre el cáliz. Le sigue San Juan Evangelista. de hinojos. y las manos salvas aprovechan. la contemplaba a su sabor. filas.En tales días la ciudad se anima. la Magdalena. que marcha a paso lento y levanta nubes de polvo. con uñas de maya encontradas. Durante las ceremonias en los templos. en las esquinas. que siempre fue la iglesia predilecta. pelota de cera endurecida y con perdigones que. en la cabellera que si suelta le caía hasta las corvas. el amor había impreso una gracia nueva. los ateos. pero en cuya tez ambarina.

lo que tal invitación significaba: el Homenaje. Al fin. sí. No te cuento más. Desde por la mañana le avisaron que por el Cibao había movimiento. —Bueno. Luisa le había dicho.—Son unos infames. y asimismo al día siguiente. Una vez el balcón permaneció cerrado. y como la madre es la primera que se levanta. lo recibió con las manos en la cabeza. chico. de facción en la esquina. descubrió. al despedirse en la plazuela de la Merced. que no se dejara ver. no te pueden ver ni en pintura.. Antonio rondó por la casa a todas horas: el balcón siempre hermético. y el amante. En la noche. —¿Pero de verdad que no sabes nada? —Absolutamente. igual mutismo. dejando a los vecinos de Santo Domingo de Guzmán tópicos para un mes de relatos. pero todos están contra ti. Herminia. —Pues figúrate que le han puesto un anónimo a la familia. y entonces fue lo gordo: la madre se enfureció y 1e cayó a moquetazos. se le acercó un oficial diciéndole: —El Gobernador quiere verlo. porque te quiere con toda el alma. corrió a casa de la confidente. pero propio era ese momento para esconderse. te apoya. porque tú no ere más que un candidato perpetuo a la cárcel. por las tardes y primas noches. la pobre. Venga conmigo. empezó a contar los días. Transcurrió una semana. lo leyó y. sólo la hermanita. por debajo de la puerta. —¡Qué gusto. —Sí. el domingo de Resurrección: «ahora hasta Corpus». la gran trifulca. La vieja empezó por aconsejarla que peleara. ¡Nunca le pareció Lilís más abominable! El carcelazo duró seis meses. .. ¡Qué te parece!. Acudió a la amiga confidente. comentarios y chismorreos. quiero saberlo todo. bueno. la galleta hereje. —Oye: dice Luisa que en estos días no pases por la calle ni le escribas. no digo más. que la hará desgraciada con la política. El sabía bien. chico. El día en que lo pusieron en libertad. dame noticias. pero no me vayas a meter en líos. y qué alegría para la pobre Luisa cuando te vea! —¿Y cómo está?. El padre intervino. que tengas paciencia y consideres lo que sufre. y cuando el diálogo mudo se iniciaba.Aquella Semana Santa terminó. que si tu familia esto y otro... Ya puedes estar satisfecho. El hermanito no le pidió motas. pero Luisa dijo que nones.. Esta. a coger la leche. y que patatín y patatán. y ahora.. los ojos de ella. ¡qué gozo! dos brasas que brillaban detrás de las celosías.

una tabla de dulce de coco hecho con melaza. figúrate. latas de petróleo y de melado.. fornida. ostentan sus magras y gordos. puerros. mamones. con los cuales se arman los papalotes. chichiguas y un manojo de pulidas higüeras. la mamá cocina y plancha. En el arroz. berenjenas y aguacates. por delante un barril de sal con el cuartillo de medirla. agujas. colgando de las alfaljías. Al mediodía. mangos. la pila de tortas de casabe. pan. caramelos y café en polvo. del propio corral. famosos en la ciudad. y en cajoncito. enfrentico de la pulpería de seña Catalina.. En la tarde. guayabas. a rezar por ti. hilo. hay majarete. conservas de coco y de naranja envueltas en hojas secas de plátano. amarillos taraceados de negro los manzanos. En el aparador de pino. En el mostrador. los martinicos. mostrábanse en frascos bocones que antes contuvieron ciruelas pasas: cigarrillos del país. y en el opuesto. paquetes de velas y de fósforos. azul de bolita. Antonio estableció su campamento en el ventorrillo de la esquina. una casa de portón grande. azúcar. madejitas de lana y horquillas. Érase una negra alta. la color de caoba. fideos. harina con dulce y funde. y al lado el vidrio con el embudo. —¿Pero dónde viven? —Ya te lo diré. ajíes. alegría de ajonjolí. en la cabeza atado siempre un pañuelo de madrás. pintada de azul. sin pintar. cerca de la iglesia. ha ido en todo este tiempo. en una bateíta. frijoles colorados. pasto de las moscas. los mampurios. cortado en cuadros y colocados los jalaos. sólo a misa. En la calle de la Merced. y gruesos cárdenos. las botellas de prú espumosas. ítem más. ¿de quién es? —De quién va a ser: de Alardo. Pendidos: macutos y escobas de Baní. La ventera. si tú no te la mereces. Una damajuana de manteca de cerdo con tapón de tusa.—Buena. mal nombre) y un tocino del Seibo. —¿Adónde? —Al papá le han quitado el empleo y están mal pasando. papayas. —¿Medio-Tocino? —Angelina. doblada más que sentada en una sillita . compraba cigarrillos y fósforos. amén de un montón de leña. ñames y batatas. y las muchachas cosen para fuera. las frutas de la estación: cajuiles. con dos ventanas. ¿la recuerdas? —No. ¡y qué bien se ha portado! No. sobre otro y en una batea. En el suelo. La familia se ha mudado. Debajo del mostrador. en cajones. alineadas. en hojas de naranjo. En dos cordeles. un rimero de petacas de carbón esmeradamente estibadas. y la ancha bata de prusiana morada arremangada en las caderas y arrollada hasta el codo. sin criada. para granjearse la voluntad de la ventera. en platos y tacitas. tomates. En uno de los rincones. y en otros que fueron de aceitunas: nuez moscada y canela. a lo largo del cuarto. cincuentona. El establecimiento ocupaba el espacio de una mediana habitación. y hasta lavan. ristras de ajos y cebollas. arroz. y pendones. Pero si no tienes pérdida. una lata de mantequilla norteamericana. haces de caña de azúcar. verdes veteados. plátanos. algarrobas. perejil. esa misma. racimos de guineos. una cecina (a la cual seña Catalina llama carne de. cocos. en el cual. Semejante a fuste de columna. los huevos frescos.

regateando. curcuteando una pollona pa encontrale la gordura. Endentonces estaba yo moza. echá palante. le zumbé una piedra . o masca andullo y escupe por el colmillo hasta la acera. rematando la gráfica acción con una sonora carcajada. se pasó el índice y el mayor por las narices. a la una. hasta que la vieja con un bostezo ruidoso le intimaba la orden de retirarse. es hija de un general y está aplazada con un oficial del Batallón Pacificador. respondióle: —Ajá. Cuando no duerme. ¿por qué le dicen Medio-Tocino? Y ella. ansina mesmo. a las doce. para la chuma jablanchina. desgrana mazorcas de maíz o ralla cocos y batatas. canijo! » Antonio le interrogó un día: Seña Catalina. la sacan de quicio. y cuando se encariba. los sacudió castañeteándolos y volviéndose. No te pué figurá tú los blanquitos que me cortejiaban. manque le vamo a jacer. con singular destreza. ¡qué buen medio tocino!. disparaba una piedra y entraba en la casa gritando: «Mamá. siempre irritada. enseñó el tocino entero. y ahí tá. niño. cuando iba para clases. y mi. cuantas veces hacía una diablura por la cual habían de pegarle. y si reposa con las piernas cruzadas. al regresar. —¿Y qué tal era el cabo? —Un güen mozo. pidiendo ñapas o devolviendo lo comprado. pero más que en el aula y en su casa. se distrae bailando la chancleta en la punta del pie desnudo. revolcando con brío el pilón. como toiticos los españoles. Sus manos no están nunca ociosas. me dio una nalgá diciendo: paisana. cierra sus puertas al tantán de las nueve. Y la negra juntó „los dedos cabezones y los besó.baja. expresando de ese modo su delectación por los últimos conquistadores. se le encontraba en el ventorrillo a las ocho. La madre dice: «es un sinselvir. y el hermanito menor. maja café. y un maldecío cabo españó. Seña Catalina. Los parroquianos. mulata galana que la suple a ratos en el ventorro y que se ocupa en los quehaceres de la casa. riendo. vivo pegá almate pa no necesitá de nadie. La oposición de la madre se mantenía tensa. en espera de los compradores. a las cinco de la tarde y después de la cena. Una mañanita estaba yo en el mercao. fuma un tabaco que los dientes han convertido en escobilla. y una real jembra. eso es de familia: a nojotras nos tiran los melitares». Y con mímica despectiva. al llegar a la esquina. eso fue cuando la España. alzóse la falda con la siniestra. Conversaba con Luisa en la ventana. les increpa: « ¡Condenao. encelada la joven por el cancel de „madera que defendía el interior de las miradas inquisidoras. a la perra que te volvió a parí. sonantes en la Catedral. pero yo me río. y los olores del café tostado y de las fritangas que trascienden de la cocina. pero la gente que é mu mala. que no le da ni pa jabón. pellizcando las frutas. para ir a mercar sus frutos a los campesinos que vienen por el camino de Güibia. Antonio continuaba profesando en San Luis Gonzaga. jizo un acumulo endespués. respira a sus anchas el humo de verduras y carnes. que le sacó al sol doble hilera de dientes fuertes y níveos. las manos en jarras. que se levanta cuando las campanas de Regina tocan el Avemaría. los muchachos y las negritas sirvientas del barrio. Tiene una hija.

con sendos garrotes. mientras los novios pelaban la pava a la reja. La seña Catalina. librándose el pillastre de la cueriza dos veces merecida. saltó de la hamaca. La ventorrillera apuntaba en la memoria los créditos. aparecieron los dos hermanos sin sombrero. en pie en la acera. ansí me cogen meno fíao. tan mal que etán. Tú ve ese tocino. pué tú no te figura la plata que tenían: ésa era gente de mucha campanita. Muchacho tú no sea pendejo. la vieja jabla. Y le mostraba la cuenta de la familia. indignada. niño. la madre les acuciaba. an pué.a ese vagamundo». con un plátano a medio pelan en la mano. hacía un palote con carbón en la pared. detrás de la puerta. manoteando en muslos y regazo. Son buena gente. ella replicaba con malicia: —Ni por pienso. la probes. furiosos. Antonio se dirigió al ventorrillo. y los vio crecé a tós. las altas y bajas de las familias. Luisa suplicó: «vete pronto que ahí vienen mis hermanos». Yo conoco en ete pueblo a tó Dió.. el primer piano. repasaba la vida del vecindario y de más allá. primenito. conteniendo el ímpetu de los agresores. —Ahora va a saber lo que es bueno. Si Antonio se refería a los perjuicios que su permanencia podía ocasionarle. —Las probe. hasta que dio su mal paso. —¿Dónde está ese vagabundo? —preguntaban a la par. El padre. La seña Catalina le instruía de los movimientos de la casa. Mejó. y cuando sumaban un peso. Tú pué creé. que trujenon aquí fue pa ellas.. un pañuelo de madrás de vivos colores o algún pomito de esencia barata. concluía: —Ansí mesmito é. Antonio. Y la madre engreíale. y lo mesmo fue mi jija. Para tener a la ventorrillera contenta. les increpó: . por el Tripero. se llevó la mano al revólver. Un mediodía estival. a mí me jié la brosa. con su parlenía. y deja que jablen. hay día que no comen ma que arró. sonaron voces destempladas en el interior. Por entre los hierros de la ventana. mi mama fue cocinera de la familia de la niña Rosita. pue lo que falta se lo han comío ellos. pero no e mala ná. Tú ve las. las probe. por eso yo le fío tó. que vide al mundo da mucha vuelta. Antonio le regalaba de vez en vez. habichuela y plátano. que te lo digo yo. y abierta de piernas. Y la negra. según los avatares de la política. y mi taita nació en el hato del agüelo de don Pedro. Yo los conozco desdenantes. sí mi amitades son del cogollito. a tu mandao en cuantico empuñe. Luisa le dirigía miradas de angustia.. El chiquillo saltaba de regocijo en la esquina. acudiendo en mangas de camisa y pantuflas. que dormía la siesta. El otro día la muchacha le regalaron una ecofieta a mi nieto. Por la puerta. avisándole cuando Luisa salía y por qué calle tomaba. vive una sin tené en qué caese mueta. y ya lo ve. Son buena. y hasta solía también intervenir en el servicio postal. abierta con estrépito.. hasta por allá trá. Desde el umbral.

se mudaron a otra más amplia. y aun al despedirse una postdata en la puerta. El día de las bodas ha sido el único feliz de su vida. Cada noche. En el almuerzo. lanzaron bolitas de migas de pan a la nariz de los galanes. La escena cambió como por encanto.. A las ocho en punto. feísimo. en cuyo ápice tiembla un angelito de biscuit. iba de abrazo en abrazo. Antonio mejoró económicamente. Por la noche. esperando su turno entre bostezo y bostezo.—¿Qué e eso? Ustedes tan loco y do contra uno. ya apaciguada. y el padre de Luisa. y en pie. conferenciaron.que eran colocados en jofainas de agua para que no se marchitaran. se mecía y abanicaba. y muchachas que. durante cuatro años. El padre de Luisa emprendió un negocio. les tomó la promesa que unía sus cuerpos y sus bienes. entonces salió la comitiva nupcial del aposento: la novia. con la boca llena de saliva. en el salón recién encalado. empezaron a llegar las domésticas de las amigas con bandejas y ramilletes de flores. canijo. dos horas. el funcionario. ¡Manita con la gente! El padre y dos o tres vecinos. En el último año de las relaciones. según tradición familiar. mesa redonda de caoba. asomándose a la ventana después de reojear el cielo. las íntimas de Luisa que habían de pasar con ella el día. resuelta. atraídos por el alboroto. cambiáronse las arras y anillos. los invitados fueron sentándose en filas paralelas. por lo que la vieja. del brazo del papá. americanas y de alguna que otra casaca masculina se concertaban. allí el tintero y la pluma. el Oficial del Estado Civil. sonriente. Cuando todos estuvieron en sus puestos. La desposada. promediaron. El hombre de la ley fuese en dirección del comedor. que ella misma confeccionara. para terminar por mimarlo. recibió besos y congratulaciones. para el efecto.. esperanzas e ilusiones. como los pájaros acarrean briznas para construir el nido. marchándose Antonio. fue comprando muebles de lance y dándole a la novia para la habilitación. reinó la alegría en todos. y en los mediodías y atardeceres. mientras la hermana. y más tarde. con la suegra. mohíno y agraviado. El matrimonio religioso habíase celebrado en la madrugada. Antonio ceñido por la levita. exclamaba: « ¿cómo que va a llover?». haciendo entrar a los hermanos. oyeron la misa. mientras Antonio. Desde temprano. al que apalearían. La puerta se cerró. velado. Los colores de los trajes femeninos y el negro uniforme de levitas. en voz baja. reconviniéndose por naderías. las lenguas se calentaban. El tío Tomás. esto es. El oficiante les unció con la cadena. y de acuerdo todos. fueron bendecidos. y detrás los testigos. para él y su mujer. en donde llenó el pañuelo con un par de botellas de cerveza y un gran pedazo de pudín. el novio. masculló los actos y los artículos del Código. y poco a poco.. fue nombrado director de una escuela nocturna con un ayudante y pocos alumnos. y comulgaron. solía regalarle con un platito de piñonate o de malarrabia o de suspiro. sentado frente a sus librotes. Minutos después. color de tabaco. En el centro. en el aposento. lo que le permitía asistir de siete a ocho. renovando a crédito el estrado de la sala. envuelta en amplio velo albo. adornada con el ramillete de azucenas y rosas blancas. se resolvió que el matrimonio se quedara a vivir en la casa. y resultó que le concedieron a Antonio autorización para visitar la casa en las primas noches y en la tarde de los domingos. hubo vayas alusivas que provocaron pucheros de risa. El libro registro circuló recibiendo las firmas de novios y testigos. El paso se estableció cerca de la puerta. en la reja. carraspeó. al cual se opondrían en la casa. El padre se dormía con el benjamín en las piernas. De hinojos. tocadas por el vino. toda la ciudad conocía el suceso. enlazadas las manos. en cuyo condimento doña Rosita puso sus primores. en torno de la misma mesa que sirvió para el matrimonio de la madre y de la abuela. en la acera. en la sala. confiábanse proyectos. que eran amigos de infancia. favorables o adversas. en dos mecedoras bajo la mirada de la vieja que. Luego .

La cerrazón del horizonte. y la tienda. que tan grato calor daban a sus mejillas cuando lo añoñaba. se dirige a la cama. La suegra. «No trabaja. los que tejiera su imaginación infantil.. la criada del niño! ¡Cuántas puertas cerradas en su presencia! Sólo mostrábanse benévolos los contrarios: el propietario de la casa. no le notificaba desahucio lo haría cuando le conviniera. Sitiado. Antonio.volvió ella a la sala. por causa de la ausencia prolongada. acorralado. IX La celda en tinieblas. asentó sus sueños. Sí. El cejo se cuela sutil. ¡La casa. Y las gentes murmuran. Los chicos de la familia ofrecieron a la concurrencia el tradicional pudín. y con hijo. Se dijera que las paredes han rezumado sombras. ni pensarlo. Cada hora medía una angustia. cortado en trozos y servido en platillos. y más tratándose de uno de los «impenitentes enemigos del orden». porque le debe a éste y al otro. En esta misma prisión le anunciaron el nacimiento del primogénito y aquí también. y entre dos barrotes fulgura Venus. encontró el hogar en la miseria. lo hubo de recibir en sus brazos. a eso de las diez. se tomó festiva. para repartir a las amigas las flores de azahar del ramo prendido en el pecho. Había sido preciso deshacerse de los mejores muebles y de algunas prendecitas. Este los realizaría. Ayudar a quien es mal visto por el Presidente. para capear el temporal. completa. Antonio desprendió el velo estrechando contra su corazón a la virgen grave que se daba íntegramente.. y el médico. y por grupos. a tientas. es comprometerse. los guantes. La luna de miel fue realmente plácida. la gente moza se apresuró. en parejas. la leche. en la alcoba de ladrillos. merced a un permiso del Gobernador para que la esposa le visitara. Sentíase rodeado por muro infranqueable: la tiranía. y sobre la almohada empata el soliloquio. El ventanillo recorta un lienzo de cielo claro. en la plataforma de la torre. a meterse debajo del velo. a otra. a quien debía meses. aliviada de los quehaceres de la cocina. ¡Pobre muñeco! Cuando lo excarcelaron. le remplazaron. así como el vaso de cerveza espumosa. ¡Maldita política!.. fueron marchándose aquellos testigos de su ventura. Luego. quiere vivir de la política». . Ni siquiera interroga el porvenir. y la suspicacia escudriña en su vida. En los planteles. a una predilecta tocó la corona. mal dicen. personaje de la situación. y la botica que acreditaba las medicinas. y la pulpería. iluminada por una lámpara rosada.. tal un pestilente. y la leche que criaba al hijo. En aquella cabecita cubierta de hebras rubias. batista y lana para la canastilla cuando la eclipsó Lilís con la más injusta prisión. lo aprisionan en su red formidable los intereses creados. Había que trabajar y buscó medios: en el periodismo. menos aún en el comercio. agradable. de los potreros de otro. que no ha venido por cierto con una hogaza debajo del brazo. claveteado de oro. pues tales amuletos y prácticas tienen la virtud de facilitar los matrimonios. Entonces comenzó el calvario de Luisa. y ya habían comenzado a comprar encajes.

mientras él. citando íos casos de muchachos pesados para hablar. sintió vergüenza de sí mismo pero respiró libre de la duda terrible que le había atormentado durante los meses de la preñez. Y por un hilo tenue los conduce hacia la montaña de oro. la elegida. fogata impetuosa le caldeó. no le sugiere: «claudica. el tirano todopoderoso les tira un mendrugo. Cuando la comadrona saliendo del aposento le avisó: «una niña. Es lindo.Al niño le han salido todos los dientes.. ¡ Qué dolor! La inquisición del galeno penetró la ascendencia hasta el abuelo. tu dignidad. que pregunta y recetan. líquido álgido circula por sus venas. altiva. «el pobre». oyó misas de rodillas. acaso maligno. el corazón se le oprime. honesta. un podrido». los preceptos del Código y los del apóstol. Ella y todos. pero su lengua no ata las sílabas. ¡Aquella larva había sido engendrada por él! En los ojos de la suegra lee la acusación implacable. las piernecitas se doblan. los que asesinan y roban al país poseen el contento en el hogar y se recrean con hijos sanos. sentencia: «un macrocéfalo ». ¿no es con él una en carne y espíritu?. la injuria del colegio: «tu padre. el odio es también una fuerza y ya se las pagarán. le han bautizado. le hiere. cuando se ase a la esperanza de ir al extranjero en busca de los recursos de la ciencia. atónito. «Los médicos se equivocan. para que se atasquen hasta la nariz en el fango purulento. ni siquiera gatea. para ganar su misericordia. que hablan y corren. Comienzan las consultas facultativas y las opiniones de los amigos y las recetas caseras. y ella no vacila. el coro voceará: «se ha vendido para gozar. La madre no desespera. y continuó moviendo el pedal de la máquina de coser sin quejas ni reproches.. y su lengua que sólo articula monosílabos inconexos le grita: «sacrifícame tu vanidad. y frunce los . y cuando al fin se rinda. a través de la charca. los fortificantes y las fricciones de aguardientes balsámicos. y amorosa. los había escuchado impaciente. le ama. le enfadan los conocidos. Mortifícale tal interés. gozoso: era la corola que se abría para dar a luz el fruto inmortal de su sangre. son adversarios suyos. hasta que un doctor recién llegado de París. Los meses transcurren.. ciega. ¿no comparte ya con orgullo e integralmente sus empresas? Los pesares del noviazgo. ahora. y come ya pan mojado en salsa de habichuelas. pon tu conciencia en almoneda». demuele la obra hecha. reconoce el derecho. Aquel guiñapo humano exige sacrificios. encomendándose a la Virgen de la Altagracia. Si. tampoco anda. ¡ Esos son los virtuosos! ». ¿Y qué Poder humano ni divino transmutará el veneno que corre por sus arterias? Muertos y vivos le precipitan. arroja lejos de ti el pasado infecundo. decía para fortalecer sus esperanzas. que no produce pan ni salud?». y si le obligan a hacer pinitos. La idea de inspirar conmiseración. deja esos amores. Y ¡cómo le laceraron esta vez los gritos de la puérpera! ¡ Qué distinta la emoción! Antes. pero ¿ cómo romper la cadena de agravios y sufrimientos en la que cada minuto soldó un eslabón? No. Inútiles los andadores. las mejillas ardiendo. ¿Y ella misma... humíllale exasperándole. tal vez en el extranjero». eso se ve todos los días.. tus ilusiones. ¿pero es que eso mismo es posible? A los vencidos. Antonio muerde la almohada con ira. Señor. nació muerta». y sospecha las que en su ausencia taladran los oídos de la esposa: «Bien que te lo repetí. En la casa. Lágrimas ardientes le rescaldan las mejillas. En la calle. dolores y placeres. les apretaron. tan tremenda expiación! ¡Ah!. sufrida. y hoy el hijo les separa. y el suyo se arrastra por los ladrillos húmedos del piso o se agita con movimientos de arácnido. el torcedor es cruel: si el niño reptando se le acerca. La abuela recorre la escala de la familia. y les concede además sol y aire libres. si le llama pa o si aferrado a una silla grita cimbreándose. Cuando alguien dice. se vistió un año entero de listado. Se arrastra por sobre la estera. pero no acepta sin reservas la comunidad. ¡Y por qué. ¡tan milagrosa! Y en promesa. espiaba el vientre de nuevo fecundado. y Antonio recordó. Ese es el castigo de tu desobediencia».

voy a querer me haga el favor de venir. y en la que se detienen. Algunos paisanos salen a la calle solitaria por el postigo de la puerta monumental. y los martillazos sobre la chaveta remáchanle en el hueso. Su primer cuidado es acomodar los grillos. Está nervioso. ¿Qué demonios ocurrirá? ¡Daría lo indecible por saber! Se baja. acarrea la silla. Yo dormiré mal. Antonio. El poder. despertado. entre la torre y la puerta. al efecto. rodea los anillos de modo que se amortigüe el roce del hierro. Oficiales y soldados trajinan por el patio. Se apoya en la cama para que se los ponga. que ya cobraremos. a pulso. salta hasta el mecedor. —Amigo. Los ayudantes cargan catre. vuelve a repetir. Buenas noches. pensando: cambio de calabozo y grillos de noche. Boca arriba. la hora de la venganza está próxima. va al lavabo y se ablusiona.párpados de miedo a ver materializarse recuerdos y pensamientos. Los anillos muerden la piel. se les escapan. se consuela. La claridad se tamiza por el ventanillo. y arrimándola a la pared. y. Los gallos. después no se quejen. se asoma al ventanillo. Más adelante. para ensayar. ¡ Había revivido su vida! *** La puerta. el dinero. han colocado cuatro cañones. ase los barrotes. Uno de los ayudantes se le acerca con un par de grillos. antes que el otro. y entonces dormirá sin ellos y aun se librará durante el día. En el patio. que brillan. Antonio prorrumpe: —¿No hay otros más estrechos? Dense gusto. desenroscan las cintas de sus quiquiriquís. El preso sigue al carcelero por celdas y pasillos. . toma un libro. pulidos por los primeros rayos solares. todavía cerrada. La llama de un candil rasga las sombras. y. frente a frente. a saltos de rana. temen. taja el silencio. despernanca los calzoncillos que se mudó ayer. seguido de dos ayudantes. va al catre. Y avanzando un pie. Antonio se alza. soldado». pero mis enemigos entre las sábanas finas. tiene cominillo. La voz del hierro rebota en las piedras. Antonio reconoce la antigua Capilla. Se alegra del. y puerco no se rasca en javillo. Y con ese néctar en los labios se duerme. se incorpora. se desperece. no se sulfure. al abrirse. limará la chaveta. que esto no es cosa nuestra. después. sírvese de ella como escalón. le sacuden. y le ordena: —Amigo. silla. algo serio sucede en el país cuando interesa asegurar los presos. y haciendo tiras. lo anuda por la mitad a la barra a fin de mantenerla suspendida y aligerar el peso. y tejiendo con tres de éstas un cordón. El alcaide entra. traslado: este calabozo tiene vista al patio de la fortaleza y a la calle. X Las cornetas de la diana cantando «despiértate. mesa y demás trebejos.

saludada por toque marcial. ¿quiénes serán? Y se empeña por distinguirlas. En la terraza. Ese que no ha tenido siquiera tiempo de vestirse completamente. un chiquillo en cueros corre. cargados de flores marchitas. un cabo toma del arcón un cartucho. un ayudante le introduce el desayuno. Mataron a Lilís en Moca». En viéndole. y junto a él dos cayucos altos. Antonio registra el pan: ¡ nada! y por el pico de la cafetera comienza a apurar el café. En el patio sigue el trasiego. Y en seguida. entra el alcaide. estalla: . ¿De qué tratarán? ¡Ah! ¡poder de adivinar el pensamiento! No le es posible mantenerse más tiempo en vilo. y no se atreve a aceptar la otra tan grata. mentira». Improviso arruga el ceño: «si fuese. ¿saberlo todo?. De nuevo lee y relee. Leer. aparece un tupo: cuatro o cinco personas. hay un obstáculo que re-presa el líquido.. La guardia de prevención se forma presentando las armas. mira abrirse las hojas de roble a grandes clavos. pero eso sería demasiado fúnebre! ». la sangre circula vivaz. ¿ Cómo vencer las dudas?. un oficial acerca uno de los dos cañones. Un rayito de sol cabriola en la calva. espinosos. Las cornetas a la sordina y los a tambores destemplados indican duelo. derruido las paredes.. y alejándose unos pasos dispara. Se detiene. la guardia de prevención reforzada. ¡Ajá! entre s dos disparos ha transcurrido un intervalo largo son: honores. ¿A quién? ¿Al ministro de la Guerra? No. la cierra. Le parece que un puño invisible le ha roto el grillete. Se siente libre. ¡ si fuera Lilís! ¡ Cómo le pesa no saber de memoria las Ordenanzas Militares! Y se complace observando cómo el sol hila sutilísimos alcatifes sobre los ladrillos. desecha la idea.. con el almuerzo. ¿ dónde y quién le dio muerte? Y su imaginación concede al desconocido las virtudes creadoras de los héroes.« ¡ Caramba. es el prócer. El pecho se le hincha. que hablan con aparato de misterio. aspira con fuerza. A mediodía. desabrochado el cuello. pues. «Este hombre es muy marrajo. ¿Qué pasará? Las manos le escuecen.. Se acuesta. Las tropas están acuarteladas. Los balcones cerrados En el patio se yergue un árbol enfrutecido de pomas de oro. Sería tan triste equivocarse. el humo sube. frontera al cuartel. La pieza recula. por la primera cuadra advierte gentes presurosas y bien vestidas que entran en casa del Gobernador. abre la recámara. continúa suspenso atalayando. ¡imposible! Va del ventanillo al mecedor. y se marcha sin pasar de los buenos días. El isócrono tronar del cañón interrumpe sus cavilaciones. En abriéndole lo pone al sol. como las espaldas corcovadas de un gigante. Bailaría de gozo. ni tan insoportable la pesadumbre del silencio.A cosa de las ocho. un engañ9 más no le importa.A las seis.. Gana el mecedor. busca. Es letra de su mujer. Por la galería cruza una negra con una jarra de leche hacia la cocina. en mangas de camisa. coloca el tirafrictor. la noticia le pasma. Aunque la masa de la Catedral n sus cúpulas. es un buen hombre. tiene envarados los pies. El estampido rueda por el ámbito de la ciudad dormida entre la colina y el mar. Nunca le ha parecido tan lento el ritmo de las horas. y de súbito abate cabeza y brazos. es un papelito cuidadosamente doblado. Pero la han izado solamente hasta media asta. limita la calle Santo Tomás. y ávido lee: «Hay mucho movimiento desde ayer tardecita. Se frota las manos. no importa.. y es capaz de fingir su propia muerte para averiguar quiénes se alegran» . y la bandera nacional asciende lentamente. que da a la calle Colón.. De nuevo la voz del cañón retumba.

mira que ese hombre va a ser mucha falta pa toos. que ahora vamos a tener derechos. ¡qué va!. —¿Pero es verdad? —Hombre sí. —Así será. ¿verdad? —Ello. la boca húmeda. . —¿En dónde?. carijo. Lilís ha sido un tirano y no otra cosa. pero los pecharán. —¿Y usted no me decía que Lilís estaba untado. ¿qué hay de nuevo? —El desmandingue. no. al fin! —No te alegre. —No creas todo monderó... —¿A quién? —Al Generai. aunque el monte sea más grande que la iglesia. Lilís ha sido un padre para nosotros.. libertad. ¿quién? —En Moca. Antonio. El viejo se desploma sobre el mecedor. que los ha explotado a todos ustedes. —¡Al fin.. —¿Y los capturaron? —No. que lo mataron ayer de tardecita. así decían. alégrese usted también.. sin cuidarse de la cantina. amigo. que no le entraban balas? —Ello.. Antonio. —No. —-No crea eso. las manos azogadas. eso es palucha. insiste: —¿Pero qué es? —¡Qué va a ser!. cogieron el monte. un hijo de Memé Cáceres y otros. exulta. y a este país no va a haber quien lo gobierne.. Tú no conoces la gente.. pero yo «visto y después Lisboa» —y el viejo se golpea con fuerza las rodillas. las pupilas brillantes.—¿Cómo está Papá Quin?. verá usted como habrá más prosperidad. —Y usted cree que está muerto de verdad.

Eso no pué sé. y de estirarse los puños de la camisa. —¿Has venido a visitarme? —No. a veces dentro de una arepita frita.Y el alcaide. un día sigue a otro. en la mansión vecina. —Cuenta. tú no conoce esta tierra. Y se estrechan en un abrazo afectuoso. el bienestar del país. ponderándole las libertades que ahora disfrutarán todos. pero yo te digo. —¿Tú. chico. Antonio le observa de arriba abajo y exclama: —¿Pero eres tú? —Sí. Eso está muy bueno en los papeles. cuando el tedio de la expectación se trueca en pesimismo. las conversaciones con el alcaide. o escritos en el fondo ahumado de la cafetera con un alfiler. fastidiado. ya verás. Y el viejo replica: —Muchacho. no creas too». —Yo me negué. el tejemaneje de militares y civiles denuncia la agitación exterior. los mensajes clandestinos de su esposa. comienza su peroración: —Recordarás que cuando me convencí de la inutilidad de las revoluciones contra el poder de Lilís. y Enriquito nos invitó a ti. Arturo Aybar después de carraspear para limpiarse la garganta. pero se ha suavizado. preso también. A retazos sabe que los matadores de Lilís escapan a la persecución. se rasca la cabeza en la cual bullen dudas. que aguantan too. el mismo que viste y calza. confuso. con la frazada terciada.. se abre la puerta. inútil. cuenta. parque y un cañoncito. pero no eres de la situación? —Sí y no. en el cuartel. a mí y a unos cuantos más. y él está retenido allí. «no creas too. Una tarde. Antonio. y componen una semana. le quita los grillos. de un dulce. . Mientras tanto. exacerban su impaciencia. El alcaide sólo suelta noticias vagas.. El rosario de las horas es interminable para el preso. en instante tan propicio a su energía. que en la frontera Noroeste hay gente en armas. en los mediodías continúa su prédica. y en su marco aparece la figura parisiense de Arturo Aybar. Y sentándose el uno en el catre y el otro en el mecedor. En la calle. Ha visto desfilar fuerzas del Batallón Pacificador. registra menos la comida y se hace más comunicativo.

porque la tengo de muy buena tinta. y la otra propende a la evolución. —¿Pero por qué te prenden? —A eso voy. ahí vienen. Hace un mes. y el Gobierno está dividido por dos tendencias. Esto gotea como los guineos maduros. La culebra se mata por la cabeza. las autoridades locales. qué calor! Y Arturo se desviste. ¿Y quién se atreve? Y Mon tomó para sí la empresa en la cual habían de colaborar otros muchachos. . se mejoraba indudablemente. El Gobierno es una olla de grillos. Pero en la bajaíta lo espero. y atacarlo.. narra: —Hay varias versiones. los de Moca. colocando en el catre las ropas. y sin embargo. Una vez en paños menores. porque convencido de que cambiando elementos gastados y malos por nuevos y buenos. —¿Y cómo y quiénes mataron al negro? __Un momento. y ayer no más han cogido a San Francisco de Macorís. ladeándose a la izquierda. me movía para ligar los jóvenes. y en la Línea se pelea. no te satisfizo la oferta. la revolución tiene a Juan Calvo. sino al país. Pues bien. porque temen el encumbramiento de aquéllos.. despachó el Estado Mayor por delante para Santiago. sostiene la una la pura doctrina lilisiaca: el chicote. —Bueno. aunque tienen detrás fuerzas numerosas. ¿y tu prisión? —Ya llegamos. en sentido liberal. e inicié la lucha con un artículo en favor del Manifiesto de Manolao. llamado por el Presidente. Mon Cáceres rechazó el plan.—Sí. y a paso de carga. A los conjurados ya les arreglarían las cuentas. cada uno de los jefes tira de la manta con el propósito de empuñar la herencia de Heureaux. por gente de adentro. según sus órdenes. rompe el equilibrio. y se quedó solo con un oficial y el Secretario para seguir aquella misma tarde. pues cada uno relata a su acomodo. y con razón. fiel a mis convicciones y a mi historia. Lilis sabía desde La Vega que algo serio se tramaba. Como comprenderás. cuidadosamente dobladas. ¿ Tú conoces a Moca? —No. como antes todo proyecto de revolución. Los que operan en El Cibao piden dinero y armas. pero Loló ha dado un batatazo y me zampa en la cárcel para demostrar que es más fuerte que Enriquito.. y Manolao. pero muy fácilmente Lilís habría escapado. Al efecto fui nombrado Cónsul General. pero no me interrumpas. eso hubiera sido muy caballeresco. civilista. más o menos. regresé. yo acepté. Mientras tanto. ¡Caray. Verás: Horario Vázquez propuso esperar a Lilís en el camino con un grupo igual al que le acompañara. y héteme aquí. pero esta mía es el evangelio. en París. y además que yo no servía a Lilís. los mozos de Moca triunfan. que en cincuenta años de vida pública jamás ha caído. porque Lilís era invencible. he apoyado la evolución para ir preparando el terreno. pero los que mangonean aquí no aflojan.

otros que fue Pablito Arnaud que hacía fuego desde la esquina. y a Mon mismo debió de asombrarle aquel hombre que acometía impávido. Lilís se irguió. que también tiene puerta a la otra. también su responsabilidad es grave. y con el panamá le hacía visajes de brujo.—Bueno. Mon. —Mejor. Ahora todos encuentran la hazaña fácil. El almacén de los Lara forma esquina. con botas y espuelas calzadas. cuando al fin cayó Lilís. Mon es alto. en la diestra un revólver y en la siniestra una daga. ya puede seguir el curso de los . ¡Qué toro! —Era valiente. A Arturo le mandan las comidas del Hotel. quien tomó el revólver que llevaba en bolsillo trasero del pantalón con la izquierda. Avanzaba increpándole. pues fíjate bien. le esperaron más de una vez. así se ve en la fotografía del cadáver. un hermano de Cáceres. —Sí. No olvides ese detalle. pero la verdad es que cuando el lance se trabó.. escapándoseles de milagro. Dicen unos que Lilís mató a un viejo limosnero. como dos gallos. El oficial que le acompañaba acudió a los tiros. pero le cerró el paso Manuel. a una calle da la tienda. Otros dispa-raron. El aburrimiento de Antonio se disipa. ¡Le parecía mentira! Y saltó sobre el caballo y escapó con Pablito. hercúleo.. hablando con don Jacobo. y una guásima. y ¡qué ganas tengo de darle un abrazo!. —Óyeme. y se batieron. en la puerta de la oficina. en la que están las oficinas. apoyado el cañón en la boca. la gloria será toda suya. el matador de Lilís es un libertador. El cadáver quedó tendido en la calle. el bembe chamuscado y tumefacto. Sin embargo. pero tenía que ser: entre él y la sociedad había pactado un duelo a muerte. —Sí. Lilís infundía pavor. a grupas. El primer tiro. y despídete de los que la pensaron. cargó de nuevo el revólver. El último disparo fue a quemarropa. detrás de ella hay una barranca. rato antes. Lilís estaba sentado en la acera. pues los otros se sacuden. sin que nadie se acercara. preguntó: «¿qué hace ahí ese joven Cáceres?». le había regalado una papeleta de cinco pesos. a pesar del plomo que le destrozaba el pecho. Aún caído. y pasándolo a la manca hizo un disparo. y un desayuno suculento. y en el acto. le examinó para cerciorarse de que estaba bien muerto. —¡Ah! eso ya lo supongo. retrocediendo cuando Mon le amagaba con el puñal. —Es verdad. al cual. y hasta ahora la carga es para él. a quien hubo de conocer la noche antes en el Club. se quedaron solos Lilís y Mon. y más aún. vio a Mon enfrentársele. ha hecho servicio eminente al país. dicen que se lo dio por la espalda Jacobito de Lara que salió por la puerta del patio. Como oyera en la tienda la voz de Mon Cáceres. dura lex sed lex. aunque lo malo es que en este caso la gloria cae dentro del Código. y como la casa es la última de la calle transversal. Un azafate bien surtido dos veces al día. en cuyo tronco amarró Mon Cáceres su caballo. buen tirador y gran jinete. de espalda al árbol. pero ese Mon es un héroe epónimo. Mon estuvo siempre frente a frente a Lilís.

aunque te contraríe. Los revolucionarios necesitan a los gobiernistas. acuérdate de que has pasado muchas crujías. Una cosa son las teorías en los libros y otra la acción. y así será mientras no lo eduquemos cívicamente. tarea que requiere tiempo y paz. Oye mi consejo: consigue un Consulado y vete al extranjero. Lo primero es el orden. lamiendo el Louvre que la luz matiza. comentan y discuten. Échale agua al vino. las noticias de los éxitos de la revolución o la varadura del crucero Restauración en las patas de ñame del puerto de San Pedro de Macorís. Al que no quiera lo haremos digno y libre a la trágala. si cuando lleguen a Palacio. —¡Ah! . —¿Y el pueblo? ¿Acaso no apoyará a los que le han librado de la tiranía? —Estás repitiendo. aprenderás a sentir la voluptuosidad de nuestro ambiente y a descubrir las sensaciones estéticas contenidas en los arcaicos sillares de La Primada. desde el Puente Viejo a media noche a Notre Dame. te juro que no somos tan malos y que abundan bellezas junto a las cuales pasamos indiferentes. y prepárate al desquite. lo comprendo. —¿Cómo? ¡Ah! de modo que vamos a seguir por el mismo camino.acontecimientos. y ése será el fruto de la transigencia. el pueblo en este país baila al son que le toquen. lo que yo decía hace años. pero sólo así se salvará el país. . —Sí. otros por trasmano. si no. y si le apalean. hasta que los tropezones me hicieron levantar los pies y mirar hacia el suelo. así pensaba yo. Los intereses creados son mayores de lo que te figuras. Hay que sanear por el hierro y por el fuego. ponen entre ambos barricadas. —No me importa. —¡Pues estamos frescos! Con esa cantaleta nos jeringan desde el 44. ésa es la realidad. Antonio estalla: —¡Hay que acabar con el lilisismo! Es obra gigantesca. no aflijas. y hoy después de conocer a Nueva York y a París. —Pero chico —replica Arturo—. no lo ignoras. a olvidar culpas. compadre. __Tú hablas así porque te conviene. y a nuestra capital fea y fastidiosa. Créeme. no. y a esta hora ya se está tramando una malla impenetrable para los intransigentes como tú. —Oye. y ¿quiénes son los aptos para esa empresa? ¿Quiénes los puros? Si el que más o el que menos tuvo que hacer con él: unos directamente. media docena. palabra por palabra. lo que importa es restablecer el orden y administrar. la luna entre las dos torres o al Sena.. tendremos jandinga para rato. por ejemplo. se cuidarán de buscar a los prácticos para que los ayuden. pe bu.. yo encontraba pésimo cuanto hacía el Gobierno. cuando era un iluso. como dice don Fellé. silencio. y cuando hayas contemplado. aspiro a que gobiernen los honrados. Antonio. Como tú. __¿Pero cuáles son?.¿pero tú crees que le temo a los que vienen? No hombre.

al salón. Otra patria. En las mañanas y tardes. frére. a través de una copa de champaña. en un café de la plaza de la Sorbona. así será. expone las visiones tentadoras de París. y la voz de los sabios y las risas de las cocottes se armonizan seductoras. no. que tú sabes bien que yo tengo razón. en donde la primavera resta gravedad a la Ciencia. la verás desnuda. aquí o allá. en calzoncillos. Y mis hermanos con la Grecia han muerto. al río y al interior de la mazmorra. bajo las aspas rojas del simbólico Molino. y no se mezclan impunemente las manzanas buenas con las podridas. Y Antonio. llegan hasta desfilar. un par de horas les distraen las evoluciones de los soldados. se aburren. y las alcantarillas. tal cual es.. dos. a quien los éxitos de la revolución han amansado. adolorida Por unas penas que no tienen nombres. pero sigue mi consejo. pálido. Nana.. Con mi país de promisión no acierto.Y Arturo balanceándose en el mecedor o recorriendo la celda. cuyas ventanas miran al patio de la Fortaleza. sin marcialidad. —Lee esos versos de Zenea. en columna de honor. y los museos. y si la realidad es la que pintas. Y óyelo bien: nunca apreciarás el valor de sus teorías en nuestro ambiente encendido. otro siglo y otros hombres. Que aquella edad con que soñé no asoma. el mayor de los departamentos de la torre. y porque amo la libertad lucho para que rija nuestra vida. Al grito de abajo el lilisismo. repiten durante los cuatro años del enganche los mismos ejercicios. a fuerza de planazos y constancia de los instructores. Montmartre. La realidad. yo repetiré con el poeta: Tengo el alma. languidecen. y también las cátedras. y el gran mercado. trasladados el alcaide. concluyendo: —¡Qué escuela!. y las bibliotecas.. sal por la boca del Ozama..¿Has visitado de noche las ruinas del Alcázar de los Colón? —No me vengas con esas filfas. en compañía de una griseta. que a la voz de uno. Y no me culpes. limpiaremos la República. y que a la postre. los escribió la mano viril de otro intransigente como yo. —Bueno. los aniversarios patrios. Mis tiempos son los de la antigua Roma. Y Arturo corea el arrebato lírico con una risotada. señala a su contrincante un muro del calabozo.. la alegría del Barrio Latino. la Virtud y el Vicio comparten aquel reino encantado. que exprime tantas vidas. porque te pida. rematándola con el refrán popular: —¡Ay. —¡Nunca! La verdad es una. Señor.! XI En aquellos días caniculares. los dos presos. el Bulevar. por .

y en las horas francas. Después del toque de paseo. ahora con palabras a veces agresivas. la fiereza con que Portocarrero se ha estrellado contra la tremenda realidad. por tanto. leen o disputan acerca de las últimas noticias. jadeantes. que no compra a tiempo la autoridad local con potranca fina u onza pelucona. pero ambos llegan a su hora. sin miedo ni fatiga. y Arturo. Mientras visten el uniforme de dril azul. y a seguir a paso lento. el intelecto. jugaron juntos. y sacudiéndose mutuamente los trajes empolvados. más astuto y frío. en la Plazuela de los Curas: revolcándose. se dice. jamás apropiado a sus pies. pueden aislar seres y cosas. son mal pagados. cuenta las rejas. de noche. un articulejo. Con la perspicacia de los ojos que vuelven a ver. El odio a la tiranía los unió. Por las calles. tuvieron los mismos ensueños. aprovechóse del impulso ingenuo del otro. Cree que su misión es combatir. Los veintidós años de dominación haitiana disgregaron las castas coloniales. limpian las vías o trabajan en las edificaciones de los magnates. que se acusa de tal pecado. estudiaron en los mismos libros. hiere o se quiebra. carabina al brazo. que la avaricia entierra. o empollan. de pipiripao. les apalean. adviene un factor nuevo. y ataca sin mirar a su alrededor. duermen en duros camastros. fueron a calmar la calentura con sendos helados en el café La Diana. Caudillos y huestes concordaban. pero el uno. Arturo. Arturo recuerda con cierta ternura la última vez que riñeron. y en seguida. y que. Antonio y Arturo matan el tiempo jugando a la brisca o al tute. de ahí el fervor. las pasiones eran sinceras. Y como él tantos otros. ya adolescentes. que se dicen intelectuales. no conoce a los hombres y acepta con la mayor candidez que la tiranía desaparece con Lilís. Para ellos. La tiranía de Heureaux. No. custodian las yuntas de penados que. De niños las dirimían a puñetazos. por un quítame allá esas pajas. Antonio pasea a zancadas a lo largo de la estancia. balanceándose sobre las piernas abiertas. el consejo virgiliano: cuida el árbol para que tus nietos recojan los frutos. como Antonio y muchos piensan. las manos atrás. la disciplina social desaparece. y desde entonces datan sus divergencias. y en la primas noches. arma terciada. Se conocieron en los bancos de San Luis Gonzaga. esperan en las esquinas el condumio con que les regala la criada corteja. y si la brisa refresca un tanto. exterminar. hacen oficio de mandaderos. en los corrillos. A la verdad. más o menos ingeniosos. les fusilan. Sí. comunes. Con la levadura de los restauradores triunfantes de España. Ninguna idea les concierta encerrándose con frecuencia en silencio hostil. Arturo registra ayer y hoy en busca de un hilo para guiarse mañana. no es. el kepis ladeado hacia la oreja. se dieron las manos. no ha sido adventicia. la abnegación y la implacable saña de sus bregas. de año en año. pegaron y mordieron. o hacen frases y chistes. por cierto. Los hombres tienen prisa de gozar. monologa. las procesiones religiosas. En Santana predomina el instinto. se arañaron. porque poseen titulo académico. pues no modelaba los espíritus. sufren la horrible tortura del zapato. nunca supieron el dolor que cuesta alumbrar una idea. dados de una democracia! La injusticia les recluta entre la hez urbana y la gente moza campesina. las clases se mezclan. en Báez. observándolos por los cuatro lados. él que tuvo puesto en la mesa del festín. a rastras la cadena. reconoce y admira. de esas con la efigie del rey Carlos IV. haciéndolos semejantes. amodorrado en el mecedor.delante de la mansión presidencial. y fueron los restos de éstas los que dieron molde a las dos facciones contendientes en la primera república. ¡Pobres sol. o son lectores de novelas. Es como un dardo: ciego. aquella no era una escuela. el . y si desertan.

temidos más bien. sanguinarios. son demasiado honrados para algunos. o salvando el muro y las rocas. ¿En dónde el corazón que nos nutra con su sangre generosa? ¿ En cuál cerebro anida el pensamiento mentor? ¿Los viejos? Uno. bajo un jefe único. en el vino añejo. En la anafaga del río expira la tarde. estudiando a los hombres y sus flaquezas. esta frase es de Castelar. aquí no será profeta uno a quien han visto en mamelucos. por merced arbitraria o por la de su arrojo. sacrificarse por una idea. Expulsar de sí al sibarita que se place en la lectura de libros bien impresos. y las mismas manos lo derribarán al día siguiente. se destacan un austero ideólogo. mas no sabrían encontrar el ritmo de la vida en la cabellera del discípulo juvenil. medio desnudos. El laurel. miseria del cuerpo y del alma. que no comprende. a los golpes de estado. de la raposa y del león. en la cama mullida. no queridos. se inicia la era de los caudillejos ignorantes.. Fragmentados ambos. se planta en una de las ventanas orientales. Los hombres. La exaltación revolucionaria presumió. Como el griego. vadean la ría. y encumbrará un civil. consuela o fulmina. a la postre. —Oye. un hombre de levita. que basta vitorear la libertad para alcanzarla. quienes. Más te importa leer a Maquiavelo y estudiar a Lilís. hasta que la anarquía engendra a Heureaux. a los pronunciamientos. tal vez cuatro. en la obra de arte. a espaldas de la ley se libertan. contagian al adversario. odiar. bajar de la torre de marfil a la arena. mete al país en el puño de su diestra manca. rotos los ídolos. y cuando. troncos sin savia para otros. inexorables en el juicio. las figuras efímeras se suceden en Palacio. la existencia es la más dura condena. dos. permanecerán aislados. encastillados en sus virtudes. satisfechos de lo que han sido. vencer. sin género de duda. redime. y cercenando cabezas. No. no se concilian en una sola aspiración. de los campos cultivados vendrá el varón fuerte. apurarían la cicuta sin temblar. . a los gobiernos estériles. amar. esparcen tales miasmas por los campos . una mente patricia caída en la dictadura y un poeta epicúreo. la ocasión es de perlas. respetados. duermen en calabozos infectos. Y de un salto. La empresa es hermosa. el capricho aparea el asesino con el ratero. padecen hambre. sin temer a los dientes de los tiburones ni el mar. así la arriesgan frente a los fusiles de los cabos de vara al primer descuido.peculado asoma. dar y recibir golpes. ¡Quién se atreviera! El diablillo del orgullo le tienta. que tenga. —Déjate de pamplinas. en la mesa rica. El baecismo sobreviviente impera con más vigor que antes frente a los azules. en la hembra entre encajes y perfumes. las regiones se imponen. fusilamientos y asesinatos. Arturo. en tal ambiente de asonadas. tornamos a las andadas. o un novel general enamorado de las doctrinas de Hostos. cuya voluntad suma todas las ajenas. y. pero no. ser un hombre como los otros. dispersas. Pero como a su sombra maléfica no ha creado ni una oligarquía vigorosa ni una conciencia nacional. decir la palabra que alienta. sin embargo. por sentimentales. de cadenas. atisbar en las almas. volando chichiguas. triunfar. Y. como quería el florentino. los capitaleños se reirían de él. y.. acoplamientos infames. ¡pero qué va!. Del corral de los criminales suben ruidos de cacharros. Arturo. acres vozarrones de bestias en brama.

desde las puertas y aceras le saludan. ¿cómo es posible que la victoria sea íntegra para cibaeños y seibanos? No. La cuñada. que apresurarse. Sí. Por el trayecto hasta su casa le enteran del acontecimiento del día. la letra vulgar conmueve acercando a los hombres. jubilosa. El hechizo del ambiente le encadena. ¡Cómo ha crecido! Antonio le carga en vilo y entra con él en la casa. y cuando se dispone a salir. Algunos han vestido chamarra de dril. *** Las cinco de la tarde. Cuando el coche desemboca por la esquina próxima a su casa.. Un abrazo los confunde a los tres. que aúlla amá. pero hay que arrancarse de allí. toca ya con las culatas de sus fusiles a las puertas de la capital.. Pero ésta no debe permanecer inerte. no me esperes. sugestiva. Y esta noche será.Del antro asciende una voz fresca que entona una canción penetrante. ella le acompaña hasta el umbral. pero a qué remover las penas del cautiverio. de dicha. apá. se empina el hijo. Le ha anunciado. efusivos. es preciso dar un golpe y derribar el Ministerio que asume el Poder Ejecutivo. temblequeante. otros. El pronunciamiento se impone. Manos a la obra. la renuncia del Presidente Figuereo. y una impresión. le oprime. ¡Caramba. lo que importa es el porvenir que empezará dentro de dos o tres horas. ¡En libertad al fin! Tiene alas en los pies. y con voz insinuante pregunta: —¿A qué hora vuelves a cenar? —No sé. Por las calles del tránsito. le presenta un gran plato de natillas con sus iniciales en canela espolvoreada. a través de los gruesos muros. ya era tiempo! Y ahora ¡a triunfar. a realizar los sueños! Le hacen coro. la misma que a la vera de las rejas sollozan las guitarras a la luz de la luna. mezcla de alegría y tristeza. Hay. fecundándolo con un beso. pues. Los ojos de la mujercita reflejan inquietud resignada. pétalo. ala. Antonio acoge el proyecto con fruición. sujetándose a la puerta. Y Antonio abraza con fuerza afectiva. destila una lágrima de las piedras siniestras: Símbolo de mi amor Inmenso y triste Guardo el blanco pañuelo. naturalmente. El lee en todas las pupilas un acuerdo tácito. ha de ser de todos. En la calle esperábanle dos amigos en un coche. Antonio baja a saltos los escalones de piedra y atraviesa como una flecha el patio hasta ganar la puerta. que avanza por el Norte y el Este. y de que la revolución. El contento se pinta en los rostros familiares. que promete días de prosperidad. de bombito y . Desde las siete de la noche en el Parque de Colón nótase la presencia de corrillos y el ir y venir de gente moza armada. vecinos y transeúntes. la palestra lo espera. que saborea en compañía de los amigos. pero no tengas cuidado —y en la oreja siembra el secreto. y de una vez.

toalla al hombro. que se están quedos y a cal y canto. ¡Abajo el Ministerio! grita una voz. El objetivo de la épica jornada ha sido descubierto. acusa lapidando. comedor. cantarinas. La fogosidad los ciega y los concita. tiene azuanos armados en su casa. se enjuaga la boca gargarizando. presa de vago malestar. va de aquí para allá. los caídos pueden reaccionar— los otros. abrazado. felicitado. Provisto de un vaso. escaleras arriba gana el despacho del Gobernador. XII Muy de mañana. echar por tierra el Ministerio. Antonio. inflamado. a pesar del triunfo. Pedrada certera rompe una vidriera. en el cual están la sala y los dormitorios. Una voz apunta: «¡a donde Manolao. lo llena en el tinajero y asomándose por la ventana de la cocina. . y a su impulso el grupo se dirige por la calle dcl Conde a la Gobernación de la Provincia. cuchicheando. empiema unos pantalones remendados. hacen añicos las ventanas. roncas las gargantas.. y ciento. reflexiva: «hay que tomar precauciones. uno de cuyos miembros perteneció al Ejecutivo derrocado. toma camino de su casa. en el Casino o en el en el Club Unión. El grupo. mientras ellos les devuelven el bien sumo de la libertad. a relatar los hechos. les moleste. a la planta tercera. y escupe las bocanadas al patio. Un chalet que irradia luz por sus cristales atrae las miradas. Hay que galvanizar la ciudad. Luego se sienta en la clásica sillita criolla a esperar el café. concertando pareceres. a repartir desde ya la parte que a cada cual corresponde. En cada calle erige un pretorio. sí. los unos a montar guardia en la Gobernación —es necesario estar alerta. y el grupo se disuelve. cuyo cuartel está en la planta baja. y. y sin que la policía. y recuerda que el general Figuereo ha renunciado al poder. desmayados los brazos.saqué cola de pato. cuyas borras hierven. sí. sus a él! Y las piedras golpean las mansiones de los engrandecidos. y se echan de nuevo a la calle. a guisa de cepillo. ¿quién quita?.. El contentamiento los impele. en camisilla. y. el enemigo se esconde en las casas. dejando el lecho. Antonio. embrazan larga carabina y cruzan al pecho la cartuchera repleta. se frota los dientes con el índice. ¡Es verdad! Y la multitud piensa que sería inútil manchar con sangre tal proeza cívica. y manos y pies le hacen trizas.» Pero otra detiene el coraje. ¡Pues.. Descuélganlo. edificadas con el oro del pueblo: tiembla entre su lujo. y no falta quien se tercie el machete de cabo. Aunque el nuevo Gobernador simpatiza con la revolución. y otra. ¡Viva la revolución! ¡Muera el tirano! Un bastón de ébano fracasa el cristal del retrato ecuestre de Lilís. Antonio rehúsa la botella de cerveza fría con que le invita uno de sus correligionarios.. en donde el ministro de Relaciones Exteriores entretiene un corro con su charla amena. El pronunciamiento culmina en una Junta Gubernativa. conviene pronunciar la Capital. con él. porque. Se cuentan entre sí los comprometidos. cocina y cuarto de baño. ¡Ese rasgo merece más respeto que los fusiles de sus azuanos! Y los gritos llevan el ardimiento de la pasión regeneradora a los habitantes de La Primada. en anafe cerca de la puerta. baja del piso alto. los pies desnudos en holgados chanclos. compuesta de zaguán.

espiga el llantén y brilla el terciopelo de la yerba buena. En uno de los extremos medra un humilde jardincillo. Un limoncillo las ampara del sol con sus ramas. en la mesa cuadrilonga. y «éste que está blandito como barriga de viejo» o «llene bien la medida». Antonio observa complacido una blanca pollona moñuda. reposan. brinda tribuna a sus estrepitosos cacareos. Antonio examina la estancia. Aquí y allá. faena que abandona para preparar el café de los madrugadores o cuando en el portal suenan la tapa de latón del panadero o las vasijas de la leche. ruda y albahaca. En el jardincillo. después de sorber la última gota azucarada. está el retrete. En el umbral de la puerta del patio. las pailas estañadas de hacer dulces. reclinados en el tabique. naranjos. entre la ventana y la puerta del patio. La mitad la ocupa el gallinero. El sultán engalla la cresta cárdena. despercude cacharros. los calderos. cuyo tronco forma un codo. Es un cuadrilátero. y detrás de éstos. tres piedras carbonizadas y la lata de lejía. Entonces se escucha su voz que cuenta: «uno. en el cual ponen y encluecan al amor de un gallo una docena de gallinas. tres». en el borde de aquél. el frasco de bija con su muñequita. y un cocotero. sale al patio y lo revisa con mirada curiosa. un pañuelito blanco anudado en el occipucio. se mira coqueta en el agua y lustra con el pico las plumas pectorales. cetrina la rugosa piel de trigueña. En la pared del fondo. Hay también hinojo. y alta claraboya mira al colindante. recostadas en el muro. caliente y aromoso. una ventana lateral se abre sobre éste. machetes y otros enseres. y hacia arriba son eméticas. por cáscaras de huevos enhiestas en varillas de coco. «Eso no es tener conciencia». En uno de los ángulos. de la misma madera añosa. En un ángulo. la señora en cuclillas. y tuatúa. bolillos. Al lado. entre arriates de caracoles marinos. que regala con su sombra el lavadero: una batea de roble sobre un barril vacío. plantado de árboles. en cuyos tramos escurren boca abajo la loza a flores. guanábanos y limoneros. De tapia a tapia y de árbol a árbol. salvia y sábila. Todo está igual. el aparador de pino. las ollas vidriadas y las pulidas cucharas de higüero. según decir. enfloran mosquetas y cienhojas. tiene su sede el fogón: hasta cinco anafes de hierro de diversos tamaños asentados en poyo de mampostería. el bebedero. el almirez de piedra y la hachuela de picar carne. tenazas. macetas. flaca. dos. defendidos de la adefagia de las lagartijas. que infesta el recinto y hasta la misma casa. Dos puertas la comunican con el comedor y el patio. la higüerita con la sal. Mientras lo paladea a sorbitos. que en un pie. recién fregada. un geranio escarlata y un clavel de olor. Antonio. que es fuerza mantener con las alas cortadas. el pilón de algarrobo de moler café y rajas de cuaba para juntar candela. restando dominio al sol. y con ademán cordial le alarga el pozuelo de café tinto. cercado de cañas de Castilla. dividen el espacio los cordeles de . un casco de tinaja de hierro. debajo de la misma. la protege de resfriados.La suegra preside en el ámbito. concordándose el placer estético con la utilidad de la medicina casera. espumadera y guayo. No. «cámbieme ese mollete que es de ayer». cerrado por tres tapias erizadas de fondos de botella que lo guardan de los rateros. y reclama. ha envejecido también. cuchillos. o «esta leche está bautizada y se le ve el azul de la batata». atadas con tiras de yagua. el barril del carbón. en fila. revelando la frecuencia con que el cuchillo raspa las manchas que la afrentan. De un clavo cuelgan colador de metal. en cuartucho cobijado de cinc. cuyas hojas purgan arrancadas hacia abajo. y por encima de la pared medianera extiende el ancho abanico de sus hojas y carga las hermosas esmeraldas peludas de sus mazorcas un pan de fruta. En cajoncitos.

y avienta los cabellos que han caído sobre la pechera. tanto mejor. dice para sus adentros: «no importa lo que cueste. Está un poco estrecho. Le sujeta los pantalones por los bajos para que el pie entre recto. la trasiega repetidas veces para enfriarla. haciendo molinetes con la varita de corozo. en las cuales descubre la belleza sencilla. donde le espera un desayuno extraordinario. las solapas caen bien. ceñido el saqué se planta ante el espejo. flamante. y en la espalda ni un pliegue. es urgente que El Homenaje no sea en lo adelante el domicilio de los dominicanos que piensen en voz alta contra el Gobierno. y en el bolsillo de pecho guarda el pañuelo blanco de seda perfumado de Yˆlan Yˆlan. las ropas. Antonio. baja al comedor. ¡Qué delicia! Y pensar que más de un año estuvo privado de ella. y echa el recado. de regreso a su cuarto atraviesa por la cocina. enfrascándose en sus planes de sanear. Y del pretil al baño acarrea el agua. expresión de su radicalismo. el día de San Juan. encarnada. Con la higüera se empapa la cabeza. de súbito. Mas. Bienhechora sensación de calma y de poesía le acaricia.tender la ropa. Luisa acude a uno de los hermanos y vuelve con una. sustrayéndose a un pensamiento: ¡sería tan fácil acabar. La mirada escruta la pétrea garganta cavernosa. en la paz de lo hondo del pozo! Rocía el carrillo para que no chirríe. de la cual afirma la conseja popular que. Antonio mata con la esperma de un cabo de vela el filo del cuello. repasadas por la mano amorosa de la mujercita. y sigue unos instantes el curso del lácteo chorro. . y empinándose al final. burbujas le cosquillean por la espalda. La suegra acude presurosa. Sube las escaleras ágilmente. de alas acanaladas. Aún hay más: dos pesos para los cigarrillos. Cuando. Sentado. El claro ojo le fascina. y es necesario también que ésta sea la última revolución». y si huele a bencina. para ayudarle a vestirse. que surte agua fresca a dos casas. Antonio. Musgo fino tapiza el brocal de piedra. En el baño. En el silencio se escucha el raudal. la copa circuida por cinta negra de dos dedos de ancho. Caía hasta las cejas el sombrero de yarey. asida por la abrazadera la lata que fue de manteca. ella misma le hace el nudo. vertiéndose en la batea. las muchachas casaderas que se asomen ven retratado el futuro. En la opuesta esquina asienta sus reales el pozo. Y en compañía de la esposa. le interesan estas faenas domésticas. la leche que hierve forma una cúpula de nata y se derrama sobre las brasas. pero no la posee. y el húmedo vaho le penetra. rondando. para que las hilachas no le molesten ni el sudor lo ablande Quiere una corbata roja. ¡Cómo le ama y admira! Antonio parte el revólver W. En su cuarto encuentra ya listas sobre la cama y en el espaldar de una silla. dormir para siempre. le besa. libertar y restaurar el país. y cargándole lo vuelve a la canana colocada en el costado izquierdo. que está allí. se allega a él. ya cesará en cuanto le dé el aire. En el seno profundo espejea la líquida pupila. boca arriba. and 5. así marca las líneas varoniles del tórax. Se aparta. goza de la impresión voluptuosa del agua fría. el tronco sumergido hasta la nuca. mientras se estruja la piel hasta enrojecerla y se enjabona copiosamente. Antonio se detiene. soga de majagua con dos bambúes. las piernas encorvadas. y de la boca surgen graciosos helechos. lo aceita. aquél cuyo nombre será el mismo del primer pordiosero que en tal día haya tocado a su puerta.

lo primero es ir a la Gobernación para poner en cuenta a la Junta. de los mentados dominicos de los campos de San Cristóbal. mozo inofensivo. —Lo que importa es abrir los ojos y no dormirse sobre los laureles. No pediremos nada para nosotros. un plátano maduro. un cajón alacenado con puertas de tela metálica. Antonio. que hay mucha gente mala. encorvado ligeramente. —Es necesario que nos reunamos en seguida para constituir una Asociación Cívica. En un plato. doblado en cuatro. y en un platillo. ha vuelto del mercado a donde él mismo va con la negrita sirvienta a hacer la compra. los han visto con los claros del día. el segundo. como tremenda lección. sangre. don Pedro. en el cual se guardan bajo llave la loza. pacífico. en él están metidos hasta el gollete los jefes de San Carlos y Pajarito. gota a gota. sobre los cuales atadijos de ropa recién almidonada. no está satisfecho. cargando sacos llenos en un coche —asegura el último. usted es muy sano. En torno de la mesa la familia se sienta. pero lo más gordo es que se están llevando el dinero. El buen hombre les . —Sí. pero que no se les dé a ellos. Don Pedro los ha oído suspenso. se siente mohíno. y de momento rompen los tiros —noticia otro. inmoral --dice uno. base de la piedra musgosa que destila el agua. las golosinas y el azúcar por temor de los muchachos. a la panzuda tinaja. aunque no lo confiesa. ¡santo Dios! ¡qué transformación tan rápida! de espía y alcahuete le reputaban. que vele por que no se emplee a los lilisistas. esta gente es capaz de todo. está puesto en una de las cabezas de la mesa de caoba. un pan de corteza dorada. aunque yo sé que desde esta madrugada están sacando carabinas y cápsulas. si en las cajas no hay más que papeles! —¡No. Todos interrogan. rechoncho.. porque eso sería injusto. de Palacio para sus casas. con un reflejo de bondad en el rostro rasurado.dice persuasivo: —Vayan despacio. unas perchas o cosa así. que debemos impedirlo. excelente bailador. entre bocado y bocado. La amueblan un tinajero de pino pintado. pero ¿ cómo referir que las piedras vejaron a quienes más de una vez han favorecido a la familia y a él mismo? Del embarazo le sacan tres conmilitones que llegan presurosos. pues ya hay un complot para reaccionar. un pocillo de leche. relata el pronunciamiento.. La habitación es adyacente al zaguán. ¡Qué sacos ni ocho cuartos. desean saber qué fue lo de anoche. baúles viejos. nosotros los conocemos! —Vamos. mueble secular. La cosa está que arde. medio de mantequilla. destinadas a las tablas para secar al sol los cajuiles y al mármol para estirar y cortar los caramelos. El primero ha sido empleado de la tiranía hasta ayer.El mantel de alemanisco azul. huevo frito y media vara de longaniza. El suegro. asado con cáscara en la hornilla. —Eso no lo logran. El habría preferido una pelea. estregada a diario con estropajo de hojas de guayabo. los culpables colgados de los faroles. color encubridor. y el tercero. . y no deben creer sus intrigas. Vienen a buscarle. bien entendido. A la verdad.

En el grupo de jinetes que precede. un tanto ladeado. de la necesidad de que . encaramada en sillas claudicantes. hermoso. El ejemplo de los Estados Unidos y de Suiza se cita como meta de la democracia. lee las cuartillas de sus arengas. manos inexpertas lubrican los fusiles. y restalla el látigo de siete colas en su verbo indignado. ojo avizor hacia San Carlos y Pajarito. hace sonar los grilletes y saca de la tierra en que se pudren los cadáveres de las víctimas. las manos entusiastas señalan figuras conocidas: el Jefe. Por la Puerta del Conde seguían entrando los lecheros. en las cuales la chusma ha sacudido el lodo de sus chancletas sobre las faldas de seda. jinete insigne. en corrillos. Ramón Cáceres. vigorizada por la intransigencia de una cabeza dantoniana. mirando a los balcones engalanados. con una palmita de guáyiga en los sombreros rotos: es la divisa de las tropas que desde Santiago a la Capital cuentan en su jornada una sola baja: un oficial herido en un muslo por el cuchillo con que hacía rajas una caña. el héroe. ¡homérica risa que durante doce años resonará preponderante en la política nacional! Sobre sus cabezas caen pétalos. son matreros. alto. los discursos premiaban el esfuerzo de los caudillos. cual tallado en mármol. En las esquinas. Los soldados de la revolución desfilan. La Junta se opone. la cara de risa. y a los oídos de la gente moza las canas duchas insinúan: —¡Cuidado con los del Este. revuelan los aplausos y aletean las aclamaciones. Miguel A. en los cuales la juventud. Garrido. y la palabra meeting. de gallardo talante. con su taifa de paso tardo. En la tarde del sexto día. el aire embalsamado por las pomarrosas de las sabanas orientales. y la vieja barca cruzaba el río con los pasajeros trafagadores. importada por un negro autodidacto. la negra barba en punta. armada de largos machetes y al hombro el saco de yute en que almacenan frutos y objetos realengos. que enantes corrían tras los carruajes en los bautizos rumbosos. o medio a medio de las calles. trajo nuevas explosivas: el jefe revolucionario de esas provincias se proponía entrar en la Capital. tararean las canciones procaces. un nuevo espíritu animó la ciudad. veló las armas. los comentarios corren quemantes. se adhirió al vocabulario político. mirando el hembrerío de los balcones. Arturo Aybar habla del orden. graduado de doctor en una Universidad del Norte. de la educación cívica. Se confeccionó una lista de candidatos a mejorar las instituciones desde las oficinas. pasan los revolucionarios. que no desamparan ni en las marchas penosas ni en las refriegas. los dineros del Estado y los servicios públicos. por debajo del Baluarte del Conde. a lo largo de la empavesada calle de la Separación hasta La Fuerza. A su paso. que pasea su vehemencia de chistera y levita. y gimiendo con los presos. y a las que en ellos agitan manos febriles. Cada plaza se convirtió en sucursal del ágora. y la Junta forcejeaba. enciende los cohetes de su prosa. de la libertad. Eugenio Deschamps. Las serenatas a los triunfadores sucedíanse por las calles. que sea el triunfo uno solo. los mal intencionados murmuran: «¡son las mismas que bailaban con el negrito!» y los rapazuelos callejeros. aún oxidados. Vale más esperar a los del Cibao. Antonio Portocarrero desenvuelve como en un cinematógrafo las visiones de los catorce años de tiranía. derrama sobre el pueblo las doctrinas constitucionales de Hostos. cuyos faldones ahueca el viento. En los días siguientes. La juventud audaz. rico en dicterios. contra el asalto de las pasiones irascibles y de los nuevos intereses voraces. recién llegado. Un día. La magna lucha duró seis días.Y los cuatro salen a cumplir el arduo deber de salvaguardar la paz de la ciudad. ambiciosos y amigos de hacer coca! Acuérdense de Santana.

en una conferencia. se lee el Decreto presidencial nombrando el Gabinete. Dicen que eres muy intransigente. otro. el elegido jura la Primera Magistratura. bajo un laurel del Parque. el Listín Diario . Los papeles impresos. distinguido y de confianza» . Es cátedra de política criolla. ¡Usted verá! ». dice que va a desenvainar el encabao y a entrar a planazo limpio a La Bandera Libre. En una asamblea lanza su candidatura a Diputado. anunciando: ¡se maquina en la sombra! Las miradas se vuelven buscando a los impenitentes lilisistas. palmotea. los cibaeños retornan a sus lares. cruzado el pecho por la banda tricolor. a ti. El Metropolitano. y al pie de los artículos se leen todos los signos del alfabeto o seudónimos. pasean por las calles. y las diestras apuñan bajo las chaquetas las cachas de los revólveres. Se elogia. a son de bando. Ningún mérito se les reconoce. que sus oyentes acogen con aclamaciones. pero está presente. y levantándose el pantalón. o «acuérdense de Lilís que tenía experiencia y sabía en donde apretaba el zapato». En los días siguientes. la prensa registra nombramientos. Portocarrero está asombrado: nunca supo que tuviera tantos admiradores ni la tiranía tales enemigos. en los actos. su mejor título para legislar. diciéndole: «Necesito ese puesto para una combinación. señalados a la burla pública desde los periódicos. Se ha descubierto que existía una lista de puño y letra del tirano. usted tendrá otro en mi Gobierno. en los pensamientos. con títulos alusivos. con gran sigilo. un compañero de la Asociación le confía que el Gobierno Provisional no le apoya. ni tampoco el candidato a la presidencia. —¡A mí! ¡Eso no es posible! —Sí. que lo discutes todo. igualmente istas. con sus panamás alones. bajo las naves de la Catedral. reluciente el parisiense sombrero de copa. suena en todas las bocas y obsede las imaginaciones. En el Jordán de la Revolución zabullen todos. la pasión grita en el Parque: «Horacio está que trina. «yo porque no le quise aceptar un puesto». es presa de las lenguas implacables. Se le niega. Mas. A diario. por un gesto de espanto. Algunos jefes lilisistas venidos de las provincias. y no eres un hombre práctico. se insulta. uno explica: «yo porque no le saludaba». se le combate. En los bancos del Parque se despelleja a los agraciados. Y el pueblo. se le abomina. Acusación o ejemplo. roídos de ambiciones indiscretas. Algún orador novel alude al sol y al cielo. aumentan: las piedras de la épica noche se han transformado en tipos de imprenta. en las esquinas alternas. ni tienes ideas gubernamentales. amenaza. entona el Te Deum laudamus. se repite: «el hacía esto así». borracho de palabras. la levita inglesa abrochada. En las palabras. domina. El ditirambo y la diatriba se codean. bregan por hacer la felicidad de la Patria. Cada apellido que cae de los labios del pregonero. le contesta. Un día de noviembre. se advierte una sombra: Lilís. La candidatura gana prosélitos « ¡Se lo merece y sabrá defender nuestros derechos!». Cuando la naciente oposición da en el blanco. en la cual están anotados los que debían morir por el hierro de sus esbirros. En la tarde. otro hace cambiar las sonrisas que produjera esta poesía. más o menos jacobinos. Ese muerto gobierna. Pero una noche. Vientos de Fronda desmadejan el ramaje de álamos y laureles. el presidente futuro. Todos están en la nómina. Los vencedores se dividen en dos grupos. y del olvido de lo pasado. dice la gente.los hombres idóneos gobiernen. y limpios de culpas. exhibe la mordedura de los grillos.

La suegra murmura. ¡Ya sabrán lo que es candela! Al crepúsculo. la tendrán. atraviesa el Parque.continúa publicando las listas de nombramientos. este hombre nunca está conforme. acusa: «ese huevo quiere sal». hay algo que le repele. otros le asaltan en la calle. asedian a Antonio: siempre hay un cobrador de facción en la puerta. Los periódicos suelen publicar gacetillas. acariciándose las patillas. el rollo de periódicos debajo del brazo. será nombrado próximamente secretario de Estado de. y sin que el espumante vino se derrame. «Tampoco es serio». seguido de dos edecanes. viéndole escribir. » En Palacio se le ha ido descartando. de abajo. Los compañeros que ya alcanzaron su tajada en el botín. La palabra intransigente ha sido escrita como un inri sobre su cruz. en las cuales se recoge el rumor: «se dice que nuestro querido amigo el brillante periodista Antonio Portocarrero. ratificado en su Consulado en París. Los lilisistas se soban las manos con gusto. XIII . Arturo Aybar. «Ese es un despechado__afirma otro. le aconsejan calma. ¿Qué hacer? De arriba. anunciándole su puesto. cuatro veces al día. devoran la prosa vibrante. No. sin ruido. y él nota un ardor de súplica en las pupilas de su esposa.. le interroga con timidez: —¿Otra vez? —Si quieren lucha. ¡Pobre mujer!» —opina uno. y arrellanados en los bancos públicos o en los mecedores de bejuco. El pueblo. incisiva. y un Secretario del Despacho. Al día siguiente. «tiene muchos ingleses». Antonio espera cada día. los rapaces vociferan: El Listín Diario a rial articulo caliente de Portocarrero. . Las manos les arrebatan el papel. y está preparando una combinación. a trizas la sucia camisa. han sentenciado. de todos los cargos. Ten paciencia». la carta del Presidente. condenado al dolor. se cruzó en la calle con el Presidente. la chistera parisiense y el yarey portorriqueño permanecieron inmóviles en las respectivas testas. mansa y taimada hostilidad ambiente. en tanto. Los acreedores presintiendo el fracaso. de azul y oro. y airada. Es un «espíritu de contradicción». la pluma rasga las cuartillas. acorralado. Luisa. Los amigos le traen del Palacio consuelos: el majarete cuajará. desconocido. a la miseria. aun para sus propios contrarios. agregan. y el Presidente. impaciente. los faldones al aire. en cuyas cláusulas adquieren las palabras extraño sentido. a zancadas. «Don Juan —le dicen—. ¡Ah! el triunfo para los otros. enseña a los contertulios del Club a descorchar las botellas de champaña. y producen sensación de fragua. Se rebela contra la sorda. poco a poco. maldito. «Pero. mientras prepara las maletas. descalzos. un cigarrillo en la boca. le pone motes chocarreros. habla siempre de ti con cariño. nunca. menos para él.

Este. hum. que este Pan sobao se las trae. entre tales papeles. qué. y truena contra los mismos procedimientos que sólo han cambiado de antifaz. charlan. Su enemigo es el Palacio. establecida en una accesoria de la imprenta. madriguera del despotismo para él. El edificio cruje al golpe de las piquetas demoledoras. su prosa estalla. A su vez. que al fin capitulará. Antonio no mira hacia atrás. En el Parque. lectores impacientes aguardan a la puerta. —Sí.industria costea su existencia. la gente le estrecha la mano con efusión o esquiva el saludo. y la maldad adoba y cuchichea que. por lo menos». Es el blanco de todas las flechas. ni un día menos». y don Juan debe pelar el ojo. los nuevos mandarines la violan desahogadamente. han aparecido virginales camisas ensangrentadas con monogramas. . y los domingos oye devotamente la misa en la Catedral. Elocuente. porfían. con sonrisa maligna le susurra: «Usted no sabe cómo anda la procesión por dentro. Esto es un cuero tieso. arrójalos sobre la cabeza de turco del Ejecutivo: el Palacio es el único responsable. mientras Antonio escribe. que ejerce autoridad. amigo. El Presidente continúa recorriendo las calles a trancos. fuerte. ni examina quiénes le impelen. con sus edecanes a la zaga. que nos están dividiendo para vencemos. cabeciduro. Un seudónimo impenetrable. » La redacción. pues a su juicio. rimbombante. y es preciso defender los vitales intereses del país». quebrando lanzas por la Constitución. los discutidores se enfurecen.. Portocarrero siéntese satisfecho. según sirva o ataque sus intereses. y Horacio. Allí se reúnen los opositores y también quienes gustan de encandilar a salva mano. desmenuzando al contrario. es un mentidero. Lilís le habría metido en la cárcel. admirado. le pisan una punta y se levantan las otras tres. porque la mulita corcovea. incluyen su nombre en primera línea. los plumíferos empleados le atacan. Los que entretienen sus ansias. los jimenistas le denigran. el santurrón quiere embestir. haciendo combinaciones ministeriales. ¡Marea de sanies! En la calle. interdiario que ha fundado y dirige. su fuerza se enfrenta al poder. En los días en que de antemano se sabe que «La Libertad» viene picante. Las propagandas. convergen y se transforman en prosa candente. e insinúa que aceptó los favores de la tiranía. y los reporteros voluntarios acarrean gacetillas. los chismes. Cada error gubernativo es una piedra más en su pedestal. las noticias. aplaudido o denostado. Los lilisistas le elogian. «Este país no se puede gobernar así». A horcajadas. y un misterioso colaborador que se disfraza con un seudónimo desliza su manuscrito envenenado. tres sillas y otros tantos cajones vacíos por mueblaje. odiado. otro le amenaza con el Archivo del Tirano. Antonio derrama su ira contra el gobierno. suerte de bubón cuyo pus pringa todas las caras. repite con acento afrancesado su estribillo: «Ni un día más. acompañado de su familia.En las columnas de «La Libertad». el cronista de salones deshoja flores a los pies de las damas concurrentes al último sarao. y agarrarse. Al oído del Presidente se insiste: «Usted es muy bueno. pero él. recomendando el secreto. sentados sobre la mesa y en los rimeros de periódicos sobrantes. le dice al oído: «siga. Sus cartas circulan de mano en mano. con una mesa de pino. y los forasteros visitan para que les pongan un saludo de bienvenida. aquél. inquiere cómo ha vivido hasta hoy. Los errores de los jefes comunales analfabetos... —Esa es la obra de los lilisistas.

Tres secretarios de Estado han renunciado.. El tributo de tantas manos que estrecharon la suya alabándole por haberse portado como un hombre. «La Libertad» relata el duelo. ¡Un mentecato! . se comenta el artículo. si necesario fuere. de usar las mismas prácticas corruptoras. excluye. le abrazó. La única baja. El bombín del insultador rueda roto. y Portocarrero enristra una catilinaria al Presidente. lloraban lamentándose. «Esta vez sí que llego». sólo una le repulsa. «La Constitución es un trapo. se repetía a sí mismo. los testigos se apartan y los revólveres relucen. y entre los gritos de los presentes. saltando.. entonces los otros promedian y la policía acude: Muchas puertas se han cerrado. es una borrica que pasa por la calle cargada de petacas de carbón y haces de caña de azúcar. y el otro estalla: —Usted no es más que un sinvergüenza. los dos hombres se bombardean. sin piedad ni rebozo. su péndola. Los espectadores la cuentan de chiripa. En los mentideros del Parque de Colón. aclama o anatematiza. los incidentes y haciendo constar que ni insultos ni tiros le detendrán en su camino. el otro se escuda en el tronco de un álamo. «lo que le dicen a don Juan». enumera los errores en que ha incurrido. los ojos acuosos y enrojecidos. alguno afirma que Portocarrero será al fin ministro. Los combatientes. escribe. Las balas habíanle respetado. En todas las combinaciones ministeriales publicadas por los periódicos se le nombra. y barajando los nombres que se indican para el nuevo Gabinete. amusga las orejas y lanza un rebuzno formidable. le satisface. El bastón del periodista se alza. los granujas vocean: «La Libertad». . «Nuestro querido Director —termina— se debe a la Patria. junto a la puerta. y lo que es peor. XIV La noticia le precedió. y mi tío es un hombre honrado. pum. El paladín le mira retador. y la guardia de la Gobernación está firme. ilesos. enumerando los disparos. En la casa estaban conmovidos. y aunque les habían avisado que nada le ocurría. la que herida en una pata. una pelotera sin importancia. Los amigos le asedian. con «la caída del Ministerio». o perfilados detrás de los árboles hasta que las cámaras se vacían. acusa. y en sus altares. le acusa de acoger a los lilisistas. Todo ha terminado. ofrendará la vida». a todos les ha pellizcado el plomo las orejas. Su popularidad medra. Los cobradores le han concedido una tregua. Antonio se sentía más varonil. y hasta los tenderos le saludan con una sonrisa prometedora de nuevos créditos. Luisa. y se le reconocen cualidades. ¡hombrearse conmigo! Después del lance. Cuando llega en busca de los laureles de la jornada. las manos se tienden afables. algunos le piden puestos. clava en la picota o elogia sin tasa. zigzagueando. que muchas veces con su dinero le ha matado a usted el hambre.. los movimientos. —No ha sido nada. pum. cuando debe ser tan sagrada como la bandera nacional».Una tarde. Todos querían saber. Portocarrero se planta en la avenida.

—El nombramiento de los nuevos ministros. escuelas y educación cívica. y nacionalismo. balbuceando. y volviendo el brazo derecho. La familia se reúne en torno de la mesa dos veces a día. economías. molesto le alarga un pedazo.. Luisa. si no. ni sé si me convenga aceptar. apá. las que convienen. Hombres como tú e ideas como ésas.. a pesar de sus errores: pero los compromisos. sonriente. de acera a acera. » Y deleitándose promulga sus planes de gobierno: no importa el Departamento que se le destine. habiéndose negado. nos hundimos — asientan los oyentes.musitándole: «ya sabes que siempre he sido tuyo». Con acritud agrega: «no lo nombran ahora tampoco. y la abuela doña Altagracia. En Fomento. nacionalismo. convidándole a una entrevista. sus reclamaciones dolosas y sus pretensiones humillantes.. -¡Ah!. La suegra. y no falta quien. apán. En Hacienda. que sorprende las murmuraciones. y las responsabilidades.. sólo interrumpido por los sorbos y la masticación. según él. Antonio. le interpela: —¿Qué fue el bando de esta tarde?. rechazando. En la casa. mucha administración honrada. ofreciéndome el Ministerio de Hacienda o el de Correos y Telégrafos. si Instrucción Pública. inmigración. ya verás como se le pela». pero se muere antes que confesar que él es un embustero». La suegra protesta:. con lentitud unta de mantequilla el mollete de pan. y cuando ha terminado con su ración. «ésta no lo cree. a las doce para la comida y a las siete para la cena. displicente. otros de café con leche. esperando al conserje de la Presidencia. hace un cuerno. El país necesita. en aquella miseria que abate su vanidad. en Hamburgo. relata: —Don Juan me mandó un recado ayer. para salvar la independencia amenazada. el unigénito forcejea por alcanzar un pan. habichuelas rojas y plátanos salcochados. se mantienen alerta. —Así es.. textos en mano. Reclamos y palabras hostiles le obligan a mentir para engañar la espera dolorosa.. portador de la tarjeta de don Juan. En una esquina de la mesa.. El. Esta vez parece seguro. pero le contesté que no podía aceptar. poner a raya a los diplomáticos extranjeros. y en la noche sorben el pozuelo de chocolate unos. gastos reproductivos. él está preparado. frente a la taza de chocolate humeante. los que. administración. se adhiere: « ¡porra para él!». caminos. y alguno de infusión de jengibre o de hojas de naranja. y fuera las asignaciones. chacharean hasta acalorarse de los sucesos del día. Antes había anunciado distintos nombramientos: Cónsul general en New York. con retintín. . hacer cumplir la Ley con energía. Interventor de Aduanas. le fueron ofrecidos. concluye. replica: «Todavía no sé nada de cierto. le diga cariñosamente: «adiós. compuesto de carne guisada.. sí. calla siempre. arroz blanco. El Presidente está bien inspirado. En Relaciones Exteriores. Y se produce el silencio. puertos. Antonio. mientras toman la sopa y yantan el plato cotidiano. En Interior. ministro».. tembloroso.

En los bancos fronteros a la calle Separación. Doña Altagracia pone la oreja en escucha.. se sientan comerciantes. periodistas. Unos atacan y otros defienden.. los belgas. Y Antonio sale disparado. abogados. blanco. bajo un laurel.— La Hacienda está muy embrollada. porque yo sé hasta cuando les duele la cabeza. Y en Correos y Telégrafos sería una figura decorativa. de cortar por lo sano. un tipógrafo mudo. amén de algunas parejas de amartelados que se agradan en el claro. En el Parque los bancos están concurridísimos En el ángulo sureste. son dueños los galleros. obligado a asumir las responsabilidades de los errores cometidos y de los disparates que seguirán. señora. domina todas las voces. En el segundo y tercer banco del frente del Palacio Municipal. estallará de un momento a otro. yo. puesto que mi criterio radical. De la mitad de aquel lado hasta la esquina de la calle de Plateros. abogados y políticos graves. y no voy yo a exponerme a fracasar. en busca de aire. si no ha querido —refunfuña la suegra. con un álamo por medio. agrega: . Porque las cosas andan de mal en peor.—¿Qué sueldo gana un ministro? —pregunta la suegra con viveza. se juntan los políticos activos: empleados. se monda a cuanto ciudadano recibe la gracia de un nombramiento. replica todos los argumentos. clama inconforme: —Bueno.. El tópico palpitante es la guerra entre Francia y Alemania que. que quiere buscarle la boca. médicos y gente de lengua chispeante. que forman coro en derredor de un álamo.obscuro protector. tal vez me habría sacrificado y eso para tratar de unir a Horacio con don Juan. Sones musicales lejanos llegan hasta el comedor. ¿pero qué han hecho esos tales para que los nombren ministros? ¡Comprométase uno para que otros gocen! Y un burlón. Los nuevos ministros están en la mesa de disección. Si me hubiera ofrecido la Cartera del Interior. desenredando esa madeja de la Irnprovement. La honradez tiene una condición fatal: la cesantía. es una tontería comprometerse a última hora». —Ninguno de los dos me conviene —prosigue Antonio sin responderle. conversan a gritos. En el ángulo nordeste. a juicio del zapatero. y anuncia: —Oigan. un zapatero curazoleño y un pirotécnico los cuales disertan sobre política internacional. los franceses y la Deuda flotante interior. aludiendo al grado de coronel que las Ordenanzas militares reconocen a Jesús Nazareno. entre bromas y veras. los bisturíes afanosos escudriñan en los pliegues de lo pasado. parroquianos del café vecino. las altas voces reseñan las últimas riñas y enumeran las condiciones de un giro o de un malatobo. Alguien. descotada la camisa. Debe de ser la serenata que le traen a Antonio porque lo han hecho ministro —No. exasperado. Allí. entre la Catedral y el Palacio Nacional. y afirma contundentemente: —A mí de gallos no hay quien me enseñe. Como decían. analizando los cablegramas del Listín. que habla y gesticula sin cesar. no habría de ser adoptado por el Gobierno. La batuta la lleva un hombre fornido. y pronto llegaremos al rompimiento y a la revolución Luisa aprueba con energía: «has hecho bien.. música. tienen su sede. Aquí.

inclina la cabeza. —¿Y qué Jesús es ése? —Hombre. pero late en su reserva una protesta. Este país está perdido. y que las ventas disminuyen. y «La Libertad» habrá muerto. y ¿qué méritos tiene Jesús para eso? Está visto. los brazos abiertos y un hilo de saliva colgante del labio belfo ¡Qué horror! A menudo lo encuentra en la calle. Esta tarde. y el suegro. El administrador dice que los agentes del interior no remiten los fondos. y el casero no la repara para que se muden. y el hijo crece. a cada artículo suyo teme que le despidan del empleo que tiene en Palacio. En el hogar. Más allá de las lomas. está en ruinas. y agrega: «más no puedo hacer». y se acoge a la penumbra de la Plaza Duarte. sus ojos descubren dos cuerpos que se abrazan bajo un árbol — una negra sirvienta y un soldado—: animalidad vibrante. Luisa y su hermana trabajan de seis a seis. __Sí . tiene que hacer pagos en Europa y. y con frecuencia su mujer mueve el pedal de la máquina. haciendo de policía o de cura. Los cuñados apenas ganan para sus necesidades. ni poder ni riquezas. y él mismo está muy alcanzado. solo. le torturan y le enseñan a balbucear obscenidades Es la pesadilla que le abruma. le ha exigido con urgencia: se le deben tres semanas. hasta muy entrada la noche. . conminándole al. ¡Pobre muchacha. y se ha cargado la cantidad. Y ha mostrado las cuentas muy claras. El patio está siempre lleno de tablas con cajuiles secándose al sol. las cosas están muy malas. caminar. ha logrado. Y abriendo los brazos. se estira. En Gobierno nada es posible. de las palabras altisonantes. cosiendo para la calle. en vista de que se tira en sus talleres un periódico de oposición. frente a la Iglesia del antiguo Convento de Dominicos. y en la cocina borbota el almíbar en la paila estañada. continuará igual! La suegra cocina y plancha. En la oquedad de la plaza. Herminia lava y hace dulces.. ¿A qué seguir combatiendo? Y lo que es peor. que nunca maldice. porque eso sí. ¡Jesús Nazareno! Y el coro se desternilla de risa. cavila. al fin. pago. temblequeante. ¿cómo continuar? Su oposición ha perdido autoridad. La última ilusión se ha pulverizado. él es un honrado padre de familia. ya he quemado las naves. el Cibao que quita y pone Presidentes. en donde se sentiría mortificado. necesita el dinero. De esa tiranía nadie le libertará. que ha tomado a cuenta seis meses de sueldo. el Gobierno. tanto. y eso sería el acabóse. —Ahí está.—Y lo peor es que han nombrado coronel a Jesús. no le da trabajo de sus oficinas. Antonio esquiva el Parque de Colón. La casa no la pagan hace años. hay que tomar una resolución —se dice—. y escucha gotear los higuillos de los ramos sacudidos suavemente por el terral . y el público se cansa. El editor ha fallado el pleito. el dueño de la imprenta en que se edita «La Libertad». Luisa no se queja. y cuando se case. Uno o dos números más. Y allí. Esperará una semana más. por otra parte. sólo resta Horacio. hazmerreír de una trulla de chiquillos que le burlan. la situación es intolerable.

El polvo ornamenta la cal de los muros con extraños arabescos. Antonio siente la presión física de aquellos ojos que le dirigen reproches. que avivar el fuego y mientras tanto. descaecido por los años. prósperos. —No debes matarte tanto. alzando las dulces pupilas. Y ella. Los mecedores de bejuco de Viena. armas y atributos de guerra. le contempla satisfecha. ogaño una arañita prende sus hilos leves a uno de los ángulos superiores del cuadro. De regreso. al frente de mesnadas campesinas vencimos a los soldados napoleónicos. matamos indios. Conquistamos imperios. la mesa del centro. y la negrada de mis ingenios proclamó que fui amo pródigo de mis caricias y de mi oro. en cuyo pecho prominente ostenta. venturosos? Nosotros izamos nuestras velas al viento desconocido y desentrañamos del océano un mundo. y cuando el Rey nos cedió al francés. y bajo una cicatriz que parte la frente. y a1zándola. se zarandean de un lado a otro bajo el peso de las personas. cosiendo a la luz de la lámpara de petróleo. tantas veces renovada. —¿Qué has hecho de grande en tu vida? ¿Por qué dilapidas tu energía en palabras? ¿ Qué obra digna de las tradiciones de esta tierra. encuentra a Luisa. Antonio le toma la cara por la barbilla. llena de máculas. y restituimos al Rey la Hispaniola. edificamos hermosas catedrales. la nariz aguileña y el mentón pronunciado denuncian la energía de quienes por el mar o en la tierra impusieron su voluntad heroica. el sofá. defendimos nuestros bienes del asalto de los corsarios y enseñamos al bucanero de Occidente el hierro de las lanzas castellanas. fundamos ciudades. desde que . si son camisas para ti. en las sillas de las escuelas. En el marco. marchita. Las que tienes se están deshaciendo y quería darte la sorpresa el día de tu cumpleaños. que fueron el lujo de sus bodas. Luego pasea la mirada por la estancia. — ¡Qué buena eres! Se sienta a su lado siguiendo atento el pulgar que pliega las alforcitas de la pechera. colgante en mitad de la sala. esclavizamos negros. realizan los hombres de estos tiempos? ¿ Sois libres. la besa en los ojos murmurando:. Veinte hijos sanos. La mirada de águila. no hay necesidad. y le parece que la diestra que reposa entre dos botones de la túnica militar. desasnando muchachos. hecha a regir hombres en las filas y a dominar negros en el hato. entre vigas y alfaljías. y que aquellos labios sensuales le interrogan. se abre indicándole un camino. pregonaron mi estirpe.Hay. conserva toda su altivez. descascarados. Y una sonrisa melancólica enarca levemente la boca fina. pues. el buril talló entre hojas de laurel y bellotas. cuyos muebles nunca le parecieron tan viejos. Fecundamos la tierra y el vientre de nuestras mujeres. se apoya en la pared. la humedad dibuja fantásticas figuras. desvencijadas. la roja espadilla de una encomienda. bordada. Y vosotros peleáis sin cesar. las sillas. En el testero se destaca el retrato de cuerpo entero de uno de los antepasados de Luisa: señor potentísimo de la Colonia. y se excusa: —No. muchacha —le dice entre cariñoso y reprensivo. otra vez a ludir los fondillos. cojo. rota la rejilla. una revolución sucede a otra.

¡míseras hazañas! El ruido monorrítmico de la Singer. gozó diez veces el dolor de la maternidad. cruzó el mar en buques de vela. que toca la trompa en la misa cantada de los sábados. En tales efemérides. Su memoria comienza ya a desvariar. En la casa. pero irreducible cuando le rectifican. el domingo tercero en la Catedral. las ejecuciones y los pronunciamientos. palpita en el silencio. Cuando recibe en su morada interior la eucaristía. que la auxilia en los accidentes de las aceras. es cierto. aunque siempre muestra recato en el juicio. y es cada vez más terca. otra. devocionario en mano. la muerte de los seres más queridos y la primera comunión. nietos y biznietos. que con los años ha ido perdiendo serenidad. y besó la carne muerta de los vástagos. la pluma consigna el hecho y nada más. a pesar de sus noventa años. partida en dos trenzas que rodean la cabeza y se juntan en mono. la exaltación y caída de los caudillos. camina erguida y despacito. con malísima ortografía y letra redonda.. el primer diente o el primer pinito.. Con los años ha perdido la ecuanimidad. las pupilas vivas. Sin embargo. las expulsiones. ha anotado los sucesos de su casa y los de la calle. se atiene a su dicho y acude al testimonio de su libro de apuntes.. Nadie la ha visto llorar. es una mujercita seca. siempre serena. Sale dos veces al mes: una para adorar al Santísimo. junto al nieto. buen hombre de figura quijotesca. con el mismo ardimiento de nuestra sangre. entre los párpados abotargados. a flores. Recorre la casa sin cesar. viste bata de prusiana morada. Es un cuaderno con tapas de cartón. de gruesos perfiles. husmea. hermanos. alto el talle. hechas especialmente por José Mena. Empero. que triunfa corrompiendo y humillando. con lacito en la punta y dos borlas en el remate de la caña. en sus páginas se asocian la noticia política. las prisiones. Las modas pasan. Sufrió reveses de fortuna. en el cual. y al registrar la muerte de un hijo: «Dios le tenga en su santo reino». escribe: «he cumplido con Dios». en el ex Convento de Dominicos. A1máciga preciosa. mojigangas callejeras y fuegos artificiales. tócase con manto de merino a flecos. la abuela. Combatís. Y frente a Lilís. y la bandera cruzada ondea sobre las piedras yertas que cobijó el pabellón de os leones. ella conserva inmutable la forma del traje y las mismas amistades. adorna el cuello con un pañuelo blanco sujeto por un medallón con el retrato del esposo. hijos. fuerte. ella que ha sido perseguida y martirizada en los suyos. rumbo al exilio. ni una sola vez agrega al relato. pina. y el ruido pasajero de bailes. en su largo vivir ha sido traspasada por los siete puñales. y a los impenitentes les . luce sus sayas negras de viuda. un pañuelito esquinado cúbrele la cabellera nevada. Así. y se destaca aquilina la nariz. y carga el paquete con la muda de entre casa. y calza botín de ternel. por empleos. y tal amor por los suyos que no les conoce defecto.la Colonia se hizo República. brillan. regaña a los nietos. el en que se pone de hinojos ante su confesor. con el nacimiento de hijos. desde los albores del siglo. porfía y curiosea. XV Doña Altagracia. y pasar ese día en casa de una de sus amigas de infancia y comadre. exclama sin ufanía: «¡nunca le he dado la mano! ». cerró los ojos a los padres. bíblica. En el rostro arrugado y moreno. lágrimas o comentario. prende a las orejas zarcillos de azabache y oro. las pasiones de la política le encarcelaron esposo. medias blancas y guillotinas de marroquín morado. las angustias de los asedios. los hombres nacen y mueren.

cuando las cosas mejoren. tijeras y un cabo de vela. para casarse. No bebe agua de aljibe. rebaños. una pierna sobre el brazo del mecedor. un día el padre de ella. Florece la negra cabellera con una rosa. después de recogidos los peroles de hacer dulce y la tabla y las planchas. los papeles y novenas. . En la tertulia inicia las bromas y corta el nudo de tristeza con que suelen atragantarse.. en arquilla de cedro. la visita un primo suyo. mayor de veinticinco. después de la cena. cuyas hazañas rememoran. acicala y perfuma. trapiches. discreto y varonil. y cuando se despide. Empleado en el comercio. sin meter un solo contrabando. y una palma bendita renovada cada Domingo de Ramos. y si le engaña uno. después de la faena. agujas. El novio es un buen muchacho. Don Pedro. hilo. pone su fe en otro. a duras penas. ante la de Jesús Nazareno. Sano de cuerpo y de espíritu. guarda la ropa. ni alimenta dudas. de los pozos profundos y poéticos. no tuvo la tiranía enemigo más firme. En armario de caoba. El domingo primero de cada. componiéndose con blusa de batistilla adornada de encajes y cintas. Cose. mayorazgo. Dos veces al día escancia agua endulzada con papelón. nunca se descubrió al paso de Lilís ni le aceptó una sonrisa. haciéndole comparecer a su presencia díjole: «Sé que eres merecedor de llevar el nombre de mi hermano. para ella indiscutiblemente el tiempo pasado fue mejor. de la cual es devota. de Feval o de Pérez Escrich. y sus raíces espirituales se han afirmado hace ya trescientos años en la tierra quisqueyana. satisface los primeros menesteres de la vida. Los días modernos no le impresionan. esclavos. hasta que llega el novio. Todas las tardes. y se sienta en el balcón a leer novelas de Dumas. gracias a un optimismo ínsito. charla con su amigo en torno de los sucesos de la política. y la tertulia animada y. Alto. gana cuarenta pesos y espera que le aumenten. Cada noche. fue desde joven honesto. fino. protege el lecho. Cubre la cama con colcha de retacitos de diversos colores. que viene en calesa y con chistera. Herminia. en mangas de camisa. Desde el muro. resiste a los más duros embates de la miseria y se conforma con su empleo. el retrato del abuelo coronel de milicias. les sonríe. la madejita de lana. tales sus achaques. depositada en negra alcarraza española. tez cobriza. que ajetrea desde que amanece. reidora. dedales. que llega invariablemente a las siete y media y se despide a las diez. Su casa poseyó capilla. siempre de excelente humor. sino de pozo. que siendo hijo natural. tampoco usa vaso sino una higüerita. Jamás habla mal de nadie. Hablan una hora de las cosas que fueron y de las que son.planta en el cráneo un cocotazo dado con sus nudillos huesudos. se asea. cree en los hombres. y la grandeza ancestral la libra de injurias y de vanidades efímeras. zurce y pone plantillas nuevas a los calcetines. a veces. dura hasta las diez. falda de lanilla azul obscuro y zapatos de tacón alto. doña Altagracia cuenta. de pocas palabras. cuya paga. la familia se reúne en la sala. y los miércoles. que era de su madre cuando ésta casó. se baña. y prepara su espíritu para el coloquio amoroso. pues es preciso que su amada lo crea el más elegante. y en cestillo cuyos mimbres crecieron hace cincuenta años. mes. En su alcoba se consume constantemente una lamparilla de aceite ante la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes. La silla de comodidad procede de su padre. Los jóvenes se marchan tras el último trago de chocolate. y otra higüera grande le sirve de jofaina. y cuya madera fue cortada y labrada en tierras propias. quien desde chico frecuenta la casa. pero ingresan dos visitas: el novio de Herminia. y desde hoy te autorizo a usar nuestro apellido». la novia. después de misa. por ella misma coleccionados y añadidos. posición desahogada. botones. tanto. cómo él pudo alcanzar en el comercio. ebanista de oficio. a quien ha consagrado su prole. digno. y un viejo amigo.

ora contradiciéndola. La voz de la abuela es la que más suena en la tertulia. a menudo. reclama con gozo—. y si es verdad que iba a visitar a sus amistades. . y cae. nunca le falta tema. —¡Malhaya quien lo diga! —replica. Un siglo entero se anima en su memoria. y ni jugaba ni tenía deudas. en la cual había entrado de tapadillo. tal como se las contó su mamita. y la apura con deleite. Para ella casi todos los vecinos de la ciudad tienen un apodo. reviviendo días y hombres pretéritos. —«Tráemela». quedándose allí cual un pelele desmadejado. acarreando objetos estrafalarios. que te va a hacer daño». Y si la madre o la consorte le reprochan. Y ella. casado dos veces y que a sus hijos naturales les dio nombre y les encaminó. hay mucho libertinaje. si la dispepsia la atenacea se rebela. y poca religión». replica risueño: «lo mismo era papá y no murió del estómago». “Mi taita reunió a los suyos. y les dijo: mis hijos. Ni preocupaciones ni pesares le quitan el apetito. lee un grueso novelón y. Y que otra vez un amigo guasón metió por debajo del portal de la casa. Entonces cada uno vivía de lo suyo. A Antonio le gusta oírla y la hace hablar. y en seguida intercala. pero él ase con ambas manos el tazón... confundiendo fechas y nombres. altanera recuenta. Doña Rosita en un rincón. virtuosa. y es entonces cuando sus saetas se clavan en el yerno y da recias nalgadas al nieto. ora interrogándola. la espada debajo del brazo y un farol en la mano —porque entonces no había alumbrado—. no la tomes. que les pone con gracejo hilarante. Y es su conversación pintoresca. las piernas temblorosas. los brazos en balance. originado por defecto físico o por historieta chusca.! Ya todo está cambiado. entre párrafo y párrafo. y todos. que niega indignada. he oído hablar de un tío de usted que era muy mujeriego. apelotonada.. a veces. los percances del año de Toussaint L‟Ouverture. alguna de las tantas famosas indigestiones paternales. pues remueve pasado y presente. la esposa echa de ver con lástima que se ha quedado una taza de sopa de la que se guardó a mediodía y se va a perder. le encontró el padre en la alcoba de la moza. toditos se quedaron en el ingenio y en los hatos. trepando para entrar por la azotea se cayó de un alero y estuvo tendido en la acera hasta que el fresco de la madrugada le devolvió el sentido. es un buen diente cuando hay qué y a toda hora. aunque también toma parte en la tertulia. consciente de su destino que será igual hasta la tumba. Incansable en el trabajo. después de los postres. volvía temprano. si evoca. y que despertando azorado. ustedes son libres. un mazo de triquitraques. con gran escándalo de doña Altagracia. —Doña —suele decirle Antonio—. «Muchacho. que son patrañas! Mi tío Miguel fue hombre muy de bien. Luisa. aconseja doña Altagracia. «qué gandío eres». sopla la capa de grasa fría que cubre el líquido. hasta que se duerme sobre el sofá. ¡Cuándo los negros de hoy. Nunca salía a la calle de noche sin pedirle la bendición a su taita. ciento. y los alzamientos de los esclavos. trabajando hasta pagar su rescate. —Pero si cuentan que una noche.por la que pasa sin odios ni envidias. las piernas en cruz. —¡Quita de ahí. coloca un chiste mordaz. al mismo tiempo cose o teje o cuida del hijo que anda de un lado para otro.cuando éste vino del Guarico. envuelto en la capa.

si en aquella época la gente. —Pero no había teatro. en el patio del Café de la Reina se levantó un tablado para el escenario. Entonces había valor y virtud. la misma que después vino a ser mi comadre. ¡Quién se lo hubiera dicho a mi compadre el general Santana! Y la anciana. rezaba. Y en los bailes. . y el único refresco era el vaso de agua de melao. y muy buenos. cuatro bolas y la bandera roja señalaron vapor del oeste. a fumar la cachimba.. Su compadre.. quince casas de su rosario. Cada familia llevaba sus sillas. y bravo. Mi taita hizo colocar un escaño grande.—El Listín anuncia que viene una compañía dramática. en chancletas. Antaño era otra cosa. mi mamita. y además cumplía con su madre. Por cierto que. Ya no vienen cómicos buenos. —¡Alabado sea Dios!. erguida. ¿Emborracharse? ¡Eso nunca! Se comían pastelitos y se bebía sangría. después del toque de las oraciones. Cuando vino Pizarrosa. Y se representaban muy buenas comedias y misterios. uno que saltaba una docena de sillas a lo largo. sino cambalache.. ¡ Cata uno ahí! —y señalando el retrato del coronel de milicias. desde la torre del Homenaje.. qué pena! Ella se puso como la grana. con pantalones viejos. Media hora más tarde. de casaca azul con botones de oro. ¡Esos sí eran varones!. ¡Y las mujeres! Mientras mi abuelo sitiaba la ciudad. y cuando estuvo en la Corte. se retiró. ¡qué mala lengua tiene este demonio! ¡Ojalá los de hoy! Mucha onza pelucona se guardaba. y en el semáforo. su potiza con agua. y sin la inmoralidad de hoy en día. — ¡ Ofrézcome al Señor! Si no hacía maldita la falta. La herida de la frente se la hizo un franchute con quien se batió frente a frente en Palo Hincado. su esposa.. ni mantones de china. entre las murallas. ¡Ave María Purísima.. y se han dejado guberciar catorce años por un negro mañé. y se comía el cuero de las butacas sancochado. —Así será ella —dice la abuela—.. triunfante. de los campeones de la Reconquista. le quiso mucho. y los jóvenes. XVI La campana del vigía. y mientras estuvieron aquí los titiriteros no se asomó más a la ventana. condenado! Ustedes se mofan de los viejos. —Esas son historias. También venían maromeros. donde cabíamos seis personas.. que están siempre callejeando o con los dientes al sol en las rejas! —Pero doña. y cajones de pesos columnarios. como en mi tiempo. ni crea fina de hilo. Don Juan Sánchez Ramírez. todas muy bien puestas. se sentaba en la puerta. se refugia en su alcoba a pasar ante el retablo de Nuestra Señora de las Mercedes. muy rico. Ninguna señorita correspondía a un enamorado si aquél no tenía con qué casarse. fue a caer abrazado a mi amiga Pepita Contreras. de caoba.—¡Anda a la porra. hacía hilas. desgranó dos repiques. ¡Qué diferencia de las muchachas de hoy en día. una noche. por el ánima de vivos y de muertos. prosigue—: ése fue rico. el Rey Don Fernando le agasajó tanto.. y copas. ni existía moneda. y miles de cabezas de ganado en los hatos. un gran actor como no vienen agora. Ojalá ustedes se dieran un trasunto a aquellos hombres.

Frente a la Aduana. Cuando la masa obscura del «Julia» aparece en el estuario. frente a la calle del Tapado. límite del mercado. En El Tanque. —El suelo está tapizado de cáscaras y relieves descompuestos. esperan apoyados en las carretillas. De una a otra banda del río. «Mira. que hierve en anafe. flagelada por el sol. con las piernas muy abiertas. puesta la escala. goletitas y balandros costeros cabecean. las patillas largas. el talante aristocrático de los galanes. Más allá. «Ha envejecido». dijérase que entre las rocas hirsutas que soportan la torre y la estacada del muellecito el vapor se ha clavado. por la aleta de un tiburón. trojes de yerba de maíz. y junto a él. que trae en . avanza silbando. frente al pequeño mercado. conservas criollas y prú. torsos de bronce o de mármol negro. suda impaciente. «Ese es Roncoroni». por delante de la mitad que resta del puente de hierro. y escuchado la cuenta de sus triunfos pregonados por la prensa extranjera. la barca va y viene. tranquilo remanso que el Ozama forma al pie de la muralla. y allí. lava su vehículo. que allí semeja esqueleto de enorme animal atascado. comienza el desfile. rota a veces. frutas y casabe. grueso. coches y carretas estacionan. lenta. una gruesa cadena enroscada al tronco vencedor del tiempo y de los hombres. En el puente de mando. esa alta. concluyen convencidos por la locuacidad amena del agente. una negra comercia en arepas con entresijo. y deslizándose por el cable. una grey humana se mueve por la vera del muelle. De acera a acera. tomando helados los parroquianos han examinado las bellezas que el retoque presta a las mujeres. se preguntan: «¿No vas al río?» «¿Qué hay?» «La Compañía de Roncoroni que llega». el «Julia». A espalda de las casas. alto. alza su ramaje centenario la Ceiba colombina. que es el depósito de la Aduana. y un cochero. «Es la mejor compañía que ha venido». Un coro de saludos acoge a Alcón. desgarra la ambiente serenidad matinal. pero no. en cuclillas. « ¡Compai. los pantalones arremangados hasta la rodilla. bonita. muy a la vista. Malla. y el público que atiende a descubrirlos saluda a los conocidos. los unos con sus fustas. en otro colmado. el negro piloto. cruzan yolas. Aún quedan restos del tráfico de la madrugada: pilas de petacas de carbón. girando merced a los cables. reviste el agua.en El Placer. en el café «La Tertulia». La maniobra dura cerca de una hora. que ya pica. En los balcones de la Capitanía del Puerto. Al fin. los aurigas y los carreteros se confunden con los espectadores. llenando la boca estrecha. en el limo fangoso de la orilla. en gran cuadro de felpa. cuyos reflejos vivos hieren las pupilas. los índices señalan la figura familiar del capitán Vaca. majestuosa. de la matrícula de La Habana con su ronco silbato. se exhiben las fotografías de los artistas dramáticos. Los estibadores medio desnudos. de abultados pechos fláccidos. en fila. qué hembra! » Algunos se colocan cerca de la escalera para ver las pantorrillas. los espectadores se sienten sobrecogidos. La floresta ribereña trepando por la ladera oriental despide por cada una de sus hojas fulgores metálicos. Al término del muelle. Gentes presurosas bajan en dirección del muelle. La multitud. el barba. los pasajeros pasan de babor a estribor. el vapor hace la ciaboga. granujas en cueros bañan caballos. las canoas de los campesinos. Detrás de la jaula de hierro. es la Adams». fríe lonjetas de tocino y mielosos plátanos maduros que vende ensartados en varillas de coco. la gorra blanca con galón dorado. un hombre en mangas de camisa expende vasos de leche. observa uno. sobre el mostrador. pidiendo práctico. En la puerta de una casilla de madera. apiñada. mientras se diligencia el abono. una mulata gruesa. los otros armados de un cuchillo cachicuerno a la cintura y del garrote de guayabo con que castigan las bestias. los curiosos atalayan la barra. Desde un mes antes. Amarradas.

cargada con un loro y un perrito. aquélla sí hacía una Clara. El teatro. es inferior a la Salas. ásperas columnas adosadas al muro. bien. más de cien butacas. —¿Qué te ha parecido? —Bien. La campanilla del apuntador suena. y muchos. La farándula pasa. amén de la cerveza fría y del ron. contando las monedas en la taquilla. sobre ésta una galería. La bóveda ensordece la voz de los cantantes. despeinadas. verdes aún por los efectos del mareo. como escriben los cronistas. El escenario. el teatro abre sus puertas. servidos calentitos. . y se reparte en los coches.—Pero. A las 8.. Hay que abrirse paso a fuerza de codos para circular. media hora después principiará la función. con cachuchas. En el interior. El telón cae. otros.. en sala donde flotan las nubes de polvo que levanta la escoba.. Los espectadores de infantería se aglomeran detrás de los palcos. Los muchachos de la cantina destapan botellas y corren de un lado a otro llevando bandejas con cerveza y dulces a los palcos. las mujeres siguen ansiosas las escenas y los hombres discurren. una línea baja luminosa marca los puestos de pastelitos. que no pueden asistir al espectáculo. e interviniendo en las querellas de los carreteros. sin los prestigios emotivos y deslumbrantes de las candilejas. las mujeres. y en tanto se alza el telón. Dos vallas humanas forman pasadizo en la puerta central. entrando en la ciudad por la puerta de San Diego. En la acerca de enfrente. de Georges Ohnet. la noche del estreno. Está furioso porque no le han dejado entrar en el escenario a saludar a los artistas. está de bote en bote. La Compañía se estrena con una de las obras preferidas del público: «Felipe Derblay». los hombres sin cuellos. la característica le sigue. en el que fue presbiterio. pues tal como reza el programa. a veces en voz alta. a mediodía.cada brazo un niño. invadiéndolos. los críos gritando y sucios. La sala. Se forman corrillos en los cuales se enristran polémicas. Por fuera conserva su aspecto secular. pero Roncoroni se muerde los puños demasiado. en los palcos ruedan sillas acomodadas a prisa. y en la platea. no hay comparación. sabe llevar muy bien el frac. se ha edificado con madera. en las casas vecinas también hay expendio de pastelitos de harina de Castilla y de catibía. los fardos de las decoraciones. el foso y los camarines de los artistas. algunas en bata. hubo ciudadanos de facción en la acera del teatro «La Republicana». chico. austero edificio de sillería. Inclinadas sobre la barandilla. altos y bajos. una herradura dividida por batandas forma doble serie de palcos. ¿no es verdad frére? Antonio Portocarrero preside un grupo. solazándose en el ensayo general. Durante el día. la sala. dulces y maní tostado. y las segundas partes. —¡Ah! no. alumbrados por un candil de aceite. que no se suspende por causa de mal tiempo.. mañana se cobrará en su crónica del Listín. y a la Adams le encuentro un no sé qué. escoltada por una turba de mocosuelos. No hay ventilación. ¿ te acuerdas? —Y Roncoroni. es la antigua iglesia de jesuitas. de rico relleno. ante la mirada pública. presenciando la descarga del equipaje. vestidas a escape. El público masculino disemínase por las dos naves laterales.

por entre las lunetas. ¿y «La Dama del Mar»?. el coloso? ¡Qué «Enemigo del Pueblo»! Esa es la humanidad.. si eso está mandado a recoger. —Y ustedes ¿en dónde han visto na mejor? —Amigo mío. no arrugue que no hay quien planche. los espectadores ganan sus localidades. haciendo sonar la gruesa cadena de oro y el dije. arte es el de Ibsen. cuyos libros se venden. ni de otras vascuencias por el estilo? —Bueno. No y no. —pontifica Portocarrero—. otros desde los pasillos miran y hacen . y no estas piezas. cada uno entiende de su oficio. —No me hagas reír.. En el próximo entreacto continuarán los debates. En la platea sólo quedan algunas señoras que. las sillas cambian de posición por causa de los mozos visitantes. Eso. Usted no sabe que yo soy aficionado. y los hombres se creen vengados de sus ocultas humillaciones familiares por Felipe. ¿No han leído ustedes a Ibsen. Lea mañana mi crónica. ¿Qué problemas plantean? —Y Hamlet. Don Juan Tenorio es para los isleños de San Carlos. drama in-completo. y aun a la salida. qué fuerza de símbolo. en pie. charlan con las muchachas recostadas en el antepalco. socio. ¿ Quién se acuerda de eso. ¿y Don Juan Tenorio y El Gran Galeoto? Ahí hay yema. todas las mujeres se sienten Clara. es cierto. un corcel encabritado sobre una cornalina. señores. —Naturalmente. pero gusta. esa la pintura de la realidad. —Amigo. Durante los intermedios. según la opinión de sobremesa de un viejo publicista. —Pero. empujándose. he pisado las tablas y mucho que me aplaudían. ganapán de la pluma. los pulgares en los bolsillos del chaleco. donde todo se arregla al final. ¡Hablarme a mí de teatro! —Y obeso y currutaco. ¿qué te parece? —A mí me gusta más el «Puñal del Godo» y «Flor de un día» —interrumpe un mercachifle del Navarijo. porque la policía no actúa prendiéndole y el juez penando el homicidio. mas la alta crítica no le tiene en cuenta. No. imaginando si después de la reconciliación serán o no felices Felipe y Clara. un cerebral. glosarán los episodios. o si la justicia castigará a su tiempo al Lázaro de la «Dolores».creen ustedes —predica— que esto es arte. La campanilla del apuntador les separa. ni del campo de Don Nuño. en el trayecto hasta los respectivos domicilios. la orquesta toca valses y danzones. y Echegaray no tiene en todo su teatro un verdadero tipo de cerebral. y en tropel atorados por el último bocado. palmotea en el piqué blanco a puntos rosas. ni de los árboles gigantes. y en los días siguientes. Yo no le discuto a usted de telas. Algunos. —Sí. incómodas en las lunetas de hierro y madera. se abanican. Ohnet es un pobre diablo. pero no me toque a la literatura. En los palcos ondula la línea de trajes femeninos de colores tiernos.

acarreando los viejos tereques con que se amueblan las casas ricas: sillas de bejuco. de la existencia diaria. se traba pronto entre ambos amistad sincera. asqueada de las cábalas de entre bastidores. Cada noche de función. a cuyo condimento contribuyeran hongos. sofás desvencijados. muchachos de la ciudad que. a quienes la vigilante oposición de los papás les veda acercarse. de poder. que luego detonan en palabras malsonantes lanzadas por sobre los tabiques de los camarines. de tentar la fortuna más allá del horizonte nativo. En la noche. con frecuencia. trufas y marsala. en el Parque Colón. ¿A quién daña su amistad? ¡Ah! sí. acotan el margen de sus vidas respectivas. a la milanesa. provocando la hilaridad del público. Al autor lo aplastó con una frase de Lemaitre. culta y discreta. quebrar de nuevo. observa atento el tropel de los tramoyistas. ¿Cómo romper la red en que ambos forcejean? El uno tiene en la Península. El artista se había arruinado más de una vez.alentada por la sola ambición de ganar dinero para volver a Italia a descansar. y las llamadas desesperantes del traspunte que cortan riñas y coloquios. toscas mesas de pino. y duélese de su tarea ingrata. Cierto día. encarnar tipos que no le placen. mío caro. o de fideos. Sentado en el umbral del de su amigo. erguido sobre el payés de ladrillos. Antonio sonríe con tristeza. ni una sola hora de voluptuosidad. presienten las rechiflas que provocarán cuando les reconozcan sus compañeros de las altas galerías. familia que convierte en futilezas el oro de su cerebro. en payama. Roncoroni se hizo presentar y prodigándole elogios. a la cazadora. los lectores del Listín. de nombres de dramaturgos y artistas de todos los países y épocas. El cómico. el artista le recibe alargándole un recorte impreso: «mira. Las bombillas eléctricas y potentes lámparas de keroseno rescaldan el ámbito. inspirados por el vino de Chianti. bajo un sobre cerrado dirigido a mí».señas a las dulcineas. en el sube y baja de los telones que a veces se resisten a medio camino. metidos en los trajes. sin duda. dando de paso su pellizco a las primeras partes de la Compañía por la ejecución de la obra. leían dos columnas de prosa vibrante. los apuros para amoldar a las cajas las decoraciones. a mediodía. excelente cocinero y. El cómico era. las carreras de los utileros. que reclaman una espada o una peluca. . casi un pasquín. camas de hierro crujientes.. ¿Y per qué lo hacen? Si has cometido errores en tu vida política no me importan. o de una olla de arroz. lealmente indignado. Escápate. los gritos de los comediantes. el aroma de los manjares ha trascendido.. el otro. tienes talento y nobleza de espíritu. Antonio descubrió que el cómico era una buena persona. Antonio no había conocido el placer. La crónica está esmaltada de citas. exclama con voz rauca y marcado acento italiano: « —Esto es miserable. fúgate de esta prisión».. relata sus sensaciones. espolvoreada de parmesano. las injusticias y persecuciones que el escritor padece. y paseando bajo los laureles. Era un artículo en que meses antes un seudónimo fisgaba con saña en la vida de Antonio. y el artista entrevió las luchas dolorosas. reuníanse ante una fuente de macarrones sazonados con salsa de pollo y tomate. eso me lo ha traído hoy un negrito descalzo. Había exprimido en ella sus lecturas. con el seudónimo de un personaje de Ibsen. en la cual Antonio Portocarrero. Antonio en el escenario se distrae con el trajín de entre bastidores: los chismes de los artistas urdidos en los ensayos. de triunfo. A la tarde siguiente. la confusión de los comparsas. además. y le suscita deseo de emigrar. aquello le hiere humillándole. sonora. preso en los hilos misteriosos de un reato. En tales momentos. ruda brega con los otros y con sí mismo para.

todo mérito se empina sobre el defecto ajeno. los ojos grandes y febriles. Y tales desventuras le conmueven. Antonio va interesándose por ella. granjeándole simpatías. vulgar y triste: tiene un padre anciano y un hijo paralítico en su tierra. Los hombres se dividen en dos o tres campos. Los poetas entusiastas desde la escena recitan poesías en honor de la agraciada. en los pasillos o estallan vociferantes en aquella atmósfera inficionada por las emanaciones de la letrina. y la carne de teatro. hermosas. se siente atraído. Es mentira lo que cada uno cuenta. la cabellera negra formándole casco de azules destellos. En el fondo de las pupilas negras. según la opinión de otro: ni virtudes ni éxitos. No es bonita. quienes suelen apelar a la policía para que los desaloje. sin embargo. el hombre desaseado que suda y grita dentro de la concha. mendiga los aplausos. si le hacen caso. que es toda una señora. y Antonio le oprime las húmedas manos descarnadas. dándole relieve en sus crónicas. Las frases rimbombantes de las crónicas le son casi indiferentes. cuando se encuentran al azar detrás de los bastidores. para esta gente. una llamita turbadora. el polvo y los trastos viejos! De raro en raro. apenas si lee el ejemplar del periódico que él le ofrece. y por un parrafito. Antonio. No obstante. Las noches de los beneficios. los pollitos invaden el escenario. al servicio de su dama pone su pluma. ella le ha referido una historia. ¡cuántas intrigas y pendencias. pálida. los partidarios se manifiestan con esplendidez en canastillos floridos y regalos. que cada noche declama pasiones y dolores extraños. los cosméticos. obsequio de algún conquistador. «No digas. y en las crónicas baraja las cualidades que le inventa con las penas que ella le relata. miran arriba y abajo. los bombos de que se ufanan han sido pagados con monedas o caricias. El director le previene: «no vale nada. afirman. A medida que la temporada avanza. Don Juan censura la frialdad marmórea de Doña Inés. a ti siempre te han gustado las feas». y Desdémona cuenta cómo los rugidos de Otelo estuvieron a punto de hacerla romper en carcajadas al estrangularla. disputándose sus elogios. Los amigos. Entre dos escenas.. y. perfidias.. conoce a la compañía por dentro: celos. brazo o pantorrilla desnudos. Poco a poco. Hamlet murmura de Ofelia. felina. brilla. porque las desprecia. por las confidencias del director. En los entreactos. bromean: «Pero si es una gata tísica». En torno suyo siente el fuego de las pasiones. impiden los movimientos a los tramoyistas. Nadie pide sin desmedro para otro.Antonio. pero desgracias de familia. Es la querida del consueta. ofrendados desde los palcos más próximos a las actrices. . no nació para esta vida de bohemia. y los demás se maltratan con furor infatigable. El director se desespera en los ensayos sin lograr una vibración de su cuerpo a líneas de harpa. las miradas de los machos la acarician desde la sala. la admiración del público se divide. que rebaten con tempestades de aplausos y a golpe de ramilletes de flores. enterados del embullo creciente. acechan a fin de entrever pecho. envidias. va con cualquiera que la pague. Las demás son injustas con ella. Los demás le reprochan desamor de artista y liviandades de mujer. pasa un mozo de cantina con una botella de champaña. A su vez. ya lo sabes. el olor de las aguas sucias. la muerte del esposo. la escena es un taller donde amasan el pan. boquiabiertos. y cada noche se acrece el homenaje floreal. el menor reproche impreso le irrita. Amojamada. La ciudad se regocija y amortigua las pasiones políticas con las aventuras de las comediantas. Julieta se mofa de la calva de Romeo. formándose bandos rivales. que capitanea uno. sin embargo. cara y mala». Ella es la única que nada le ha pedido. en las cuales las miserias de la vida se exponen a la luz de los candiles. y enracimándose frente a los cuartuchos cerrados. Las mujeres son partidarias de la primera dama.

gritando las escenas que en su casa representa o. de tiros. y gesticula. que se creía reina. ocultos por un rimero de telones en el foso. ¡ Si el querido no fuera tan celoso! ¡ No la deja a sol ni a sombra! Ella no le quiere. Sólo una vez la ha besado. porque tiene necesidad de creerla. esmirriado. y en la boca ardiente le quedó un sabor de carmín. El mozo.. ¡Lástima que no las mojemos con un añejo borgoña. un hombre raro. Aquí. perdió un caudal en experimentos espiritistas. y el niño paralítico. suave. Antonio la cree. a la una. no gusta de las piezas modernas. pequeño como un gnomo. libre. silvestres. contento. le repite. explica sus ideas sobre la locura: su hermana y su mujer lo son. Intrigados por su charla copiosa y estrambótica. los amigos le incitan: « ¿qué espera. por qué no le manda un coche a la salida de la función. refiriendo cosas curiosas. de hembras. pieza de lleno seguro. a cambio de injurias y claudicaciones? Y en cuanto a ella. los sucesos de entre bastidores y la política. vaticina sobre los políticos.. junto a las brasas del fogón. ¡eh!. Todos la asedian. Suele concurrir a esas tertulias al aire libre. desconcertantes. pero la empresa debe complacer al cronista. de puñaladas. romántico remedo de apolillado infolio de caballerías. con la Dama de las Camelias. no vale la pena de perder el tiempo. los huesos mascados segregan un amargor delicioso. semeja un brujo preparando filtros. invitándole a marcharse con él: su pluma le hará brillar en una gran ciudad vecina. y para vencer a la otra. El italiano se exalta en aquel ambiente. El empresario está satisfecho de la temporada: los sábados y domingos se llena el teatro. El miedo le puebla las sombras de ojos que espían. es la calumnia. suavecita. frente al cementerio. o a cenar en innoble figón. en donde sobre mesa pringosa. cuya voz tonante martillea en la noche. viejo. vagan por la ciudad dormida o van a comer un sancocho o un locrio que en San Miguel o por el barrio de la Misericordia han preparado amigos suyos. dueño de sí mismo. también. «Esto es único. tiene una cabeza muy parecida a una gallinita moñuda que tuve y que. y así. pues tales huesos pesan mucho en la ruta. pero a la verdad. el director. me parece muy peligrosa. ostenta un bigote bufo por lo luengo y espeso. pero le hace falta un apoyo. ¿ ganar trescientos pesos. ha obtenido para ella un beneficio. que su imaginación escarnecida por la locura ancestral descubre en los seres a quienes aplica las observaciones hechas en los gallos. A su vez. precisa sacudirle los nervios. se finge loco. después de la función. Las demás chillan protestando.. sería peligroso echársela a cuestas. afirma el cómico. pero también ella habla. con sobrada perspicacia. el mesonero. saborean un guiso de palomas. Antonio y Roncoroni. por el vellón canoso y largo que le cubre la testa. interroga a Antonio: «¿Cuál es la que te gusta? ¿Esa? Te diré.. ¿ cuál es su aspiración?. por el contrario. Los hombres hablan a voces. la salsa es suculenta y la rebañan con arepitas de maíz recién fritas. oyendo en la habitación vecina los zipizapes y relatos de los cocheros. durante unos meses. la carne prieta nutrida con frutas fragantes. discurren acerca de las piezas. y las palomas óptimas. como han hecho otros? » Antonio les oye. imponiéndose. y con un sollozo cubre las voces acusadoras. o bien. ¿qué porvenir tiene?. bajo los laureles del Parque. pues el mundo es muy malo. gallero de profesión. pero él es el único que le agrada. Las palomas son exquisitas. la curó de un acceso de furia. con voz de marica. me tenía revuelto todo el gallinero». Sí. de vivir una novela.Por las noches. destronándola. aturde a Antonio a consejos. ¿ ser ministro?. y el anciano. Antonio. porque no va con ninguno. de repente. en el arco de su voluntad tiembla la flecha que se plantará triunfadora en el blanco. y el público acude goloso a los estrenos. o con uno de nuestros vinos hechos con sol! Es cosa de maravilla». En gacetillas hábiles ha preparado al público. atribuyéndole en el reparto el papel de Ninette. al sazonar sus guisos. incitando la curiosidad con promesas de novedades en la .

subyugado por la naturaleza. y comienza a hablar. vence las armas de las provincias y reinos de España. de Bossuet. Su imaginación se inflama. que alargan sus brazos colosales. troncos esqueléticos. burlando la vigilancia de la policía. mezcla nombres de cómicos y de guerreros. y guirnaldas de flores de papel en el contorno. Todavía un cuarto de hora más y la ve salir.. Las señoras se indignan en los palcos. Ella. La puerta se cierra. fingen animales fantásticos. los perros ladran. Excitado. después de la función. pobres de nosotras las mujeres! » Mas. « ¡Qué escándalo! —cuchichean abanicándose con ira— y la infeliz pegada a la máquina. ¡valiente sinvergüenza! » «Si mi marido me hiciera una así. y un vuelo de pétalos enflora las tablas. mientras el otro se come un sancocho en San Antón con un grupo de amigos. ella y él. es el placer que llega. que toca una danza criolla. para cantar a la divina artista. intimidados por el rodar del coche. Han adornado el severo pórtico del teatro con palmas de coco. su hora voluptuosa. los muchachos a los cuales se ha dado entrada gratis. El piano de la orquesta desaparece bajo flores. y una mano le alarga un vaso de cerveza. acompañados de una fotografía en la que el lápiz de Abelardo ha idealizado su figura. de vivir juntos siempre: «quiero ser tu Margarita Gautier». De la línea argentada del horizonte brota. Antonio.presentación del drama y artístico adorno del teatro. A la salida.. que prestan idéntico servicio desde las fiestas del Cuarto Centenario del Descubrimiento de la América. ha repartido palcos y lunetas. hasta que los aplausos le apagan la voz. lánguida. le musita lamiéndole la oreja. liras y canastillos ostentando el mayor ancha cinta azul. abraza a la hembra . Esta noche. las manos ávidas aprietan la carne estrujando la leve muselina. de un salto. en escudos de cartón.. y en una esquina próxima. cincuenta cañas de azucena en los arriates de la plaza de Colón. con su propia mano. y todo por esa ética. arrastrados por la última creciente. le habla de amor. y su mujer y su cuñada han confeccionado ramilletes. rompen en estruendosa ovación. rijo. El castillo enhiesto desafía al tiempo. y disparado. al pelo. ¿qué le importa a Antonio?. La luna menguante recorta los cocales. En el frontis de palcos y galerías. si todo está listo. chupa.mesa. Al aparecer en escena. Nadie ignora que Antonio es el tenorio. sobre banderas. La sangre le arde en las venas. de Castelar. la orquesta y los admiradores ruidosos le forman séquito acompañándola hasta la fonda. ensanchándose. Las olas retozonas tejen randas. Antonio se ha despedido. cortó la víspera. muerde los labios encarminados. hija. aplaudiendo y taconeando estorban por minutos la representación. Entre las cercas. El besa. un capítulo de su novela. encaramándose sobre una. de dramaturgos y tribunos. ansioso espera en el coche. los javillos. un mozalbete. Ella. los mangos que protegen las casas de las quintas. frutos y bálsamos. de Mirabeau. manda a callar la música.. la sienta en sus rodillas. ¡Ay. desde las galerías. En las peñas. la besa oprimiéndola. Desde el foso. rumor formidable que desfallece en la orilla con dulzuras de brama. ¡La tiene al fin a su lado! El coche parte hacia extramuros por la solitaria calle de las Mercedes. tres almendros en fila coronan las almenas con sus copas redondas. A la entrada de la vereda que conduce a la playa. cautelosa. La tierra fecundada exhala el aroma de flores. corridas las cortinillas. Antonio ha despojado todos los jardines y hasta el camposanto. El caballo trota por el camino de San Jerónimo. Antonio hace destapar cerveza. cruzadas. lamentando no poseer la elocuencia de Danton. henchido el pecho. en persona. arrebujada la cabeza en un chal. descienden.

las mujeres a balancearse en las puertas de las casas. a salvo de miradas delatoras. insiste: «no te olvides. ¿ no es verdad. Antonio se siente cautivo. jadeantes como dos perros. la carne y las verduras. se apelotonan en los rincones. con dos o tres amigos se refugia en la Plaza Duarte. harto de viandas y licor. Al regreso. tal instante el precio de tantos afanes! Ella rompe el mutismo hostil: —El sábado se estrena una comedia. una chispa sola y las llamas crepitarán. silenciosos. Más . mortificado aún por el escozor de su lance amoroso. enfoca la escena con su kodak. distendidos los nervios. El caballejo trota. a comadrear sobre política. alisándose la barba. La prensa partidaria pega. han introducido. estará mofándose. trasponen carabinas fuera de la ciudad y damajuanas y bidones llenos de proyectiles. XVII Partida la Compañía de Roncoroni. ¡Qué ridículo! . fusilado por sus perseguidores desde la esquina de la Gobernación. maquinar. y aprovisiónanse de sal. Antonio. de París. en las aceras.. y encima.. mientras rinde la cuenta de la compra a la señora. La situación política cada día está peor. mal iluminada y solitaria. Se pegaría para castigarse. ha exclamado. En la penumbra. en carretas y en coches. El camino es interminable.. y después de acalorado debate. Los hombres. Las lenguas se anudan y.magra. Los caballos están ensillados. pasa un general. Una mañana radiosa de aquella primavera. se despidieron con un beso helado. que ha oído. Será el hazmerreír de la ciudad. ¡ Qué imbécil ! Sí. disparando. para atajar a los gallos que quieren arremeterse. se revuelcan en la arena. cogidas del brazo o aparejadas con galanes. acuerda un voto de censura. lo repetirá a su barragana. Los partidarios del Presidente recogen adhesiones al pie de un documento que le da un voto de confianza. Alea jacta est!. tan deseada. rotos los músculos. las verduras y gallinas suben de precio. cual un centauro. en cafés y parques. doré. Y el otro. El coche se detuvo. y aun conspirar. felina. los amigos tenían razón. y jueves y domingos. y ella en el estribo. que estuvieron un mes en Nueva York. ¡ Qué asco. según la moda que las yanquis y las criollas. de raso color de rosa». es posible conversar.. un docto de vara alta. a escape. De noche bajo los haces de yerba. El Congreso pide cuentas al Ejecutivo del manejo de los fondos nacionales.. las intrigas bullen y los personajes moran en los caminos. Y el cochero. durante las horas de la retreta.. necesito un traje de raso rosado y unos zapatos Luis XV. ¡ unos zapatos doré!. De boca a oreja se divulgan frases sibilinas. negrito? —Sí —ha pronunciado él involuntariamente. intercalándola entre los fideos. me los regalarás. y cada cocinera llevará la noticia a la casa en que sirve. y los campesinos se llevan a las hijas que sirven como domésticas. y ésta lo dirá en el mercado. La revolución está en el aire. el revólver en la diestra. y pensar que para eso ha escandalizado y ha sufrido su mujer.. tendido sobre el cuello del corcel.. por la calle del Conde. la ciudad en las primas noches recuperó su monótona calma. Un repórter de Le Figaro. El coche salta en los baches. chapaleando en el lodo.. Las dueñas de casa almacenan petacas de carbón. aumentándose la división entre los dos hombres que usufructúan el poder en un tira y encoge insostenible. a dar vueltas en el Parque de Colón.. la humillación de pedir a un tendero fiadas unas varas de tela.

—Sí. nos vamos por el Este. defendiéndolas de la policía que las requisa. ése para ti.. en un coche. conferencian. y a mí. aferrados al cabestro de sus bestias. Tengo dos carabinas 50-70 y un sable de cabo. y el dinero? —Todo está arreglado. —Sin pero. ¿ es seguro? —¡Cómo!. aguada de los buques. doscientos tiros en un macuto. nos meten en la cárcel. y que en esta tierra guapos somos todos. y con el nombre que tú tienes. rinden más. y Lalo en Bayaguana. que tienen su gentecita lista. —Bueno. en Guerra. busca lo más que puedas. no te olvides de comprarte un sombrero de cana con su divisa roja. disfrazado con el sombrero de cana alón y el traje rural. junto al brocal del pozo. y ya sabes.. si estás dispuesto. ¿ Quién le quita a usted ese Ministerio de Relaciones Exteriores. —Estamos entendidos. socio. Horacio se ha pronunciado en el Cibao y viene sobre la capital. en La Fuente.. éste. socio. Muy de mañana. si cogemos el pueblo de Los Llanos. —Hasta la noche.. tapados con naranjas de china. en la margen del Ozama. Es la revolución. yo quiero probar que soy hombre de acción. y en el patio. —Así me gusta. que serás el jefe. y nosotros. si no. clamorosos. —Pero. pongo las carabinas entre un paquete de cañas. A la luz de las estrellas. ese Consulado en El Havre? —¿Y las armas. que es. El bote está oculto en la sombra. . yo llevo diez pesos cambiados en nacionales para que abulten. sí. —Pero. se arremolinan. Allí. Desengáñate. ya rompieron los tiros. en este país los intelectuales no sirven más que para secretarios de los macheteros: hay que hacerse general. y una chamarra de dril. nos espera un bote con dos marineros de confianza. se alza el paredón cubierto por manto verde de hiedra. En cuanto a dinero. los campesinos que han venido a mercar. hay que moverse. Oye el plan. Portocarrero ha recibido la visita de su amigo y contertulio Miguel Gómez. lo llevas en clavaos.tarde. Esta noche. he leído el telegrama en clave que le ha puesto a Corderito. a las ocho. Compai.. se alzarán Amador y Marcos del Rosario.Por detrás de la muralla. —Sí. —Y. y . se sale esta noche para Baní. nos adueñamos de la cosa y damos tamaño golpe. tú. Antonio ganó La Fuente. con un grupo.bajo al río.

cuando triunfen hay que conseguirme mi despacho de capitán y mi racioncita. en las abras que sirven de atracadero. y ya sabes. derecho. atraviesan los potreros. Le molesta el compañero que va a grupas. Las carabinas en bandolera. la saqueta. mano Miguel. Al pasito. los manglares se esfuman con extraños perfiles. el mayoral les dice adiós: —La Virgen los acompañe. ni una casa. y andador. no se perderá. sombría. pa que no digan. ni . los pantalones arrollados. soy yo. una vez corrida la tranquera. el estómago le llega a la boca. de yerba y de frutos. En la soledad del camino el arrebato de Antonio decae. no hay quien te lo despinte. le pesan sobre hombros y costillas. El agua trifurcada susurra entre los mangles de la isleta. En ambas laderas. pariente de Miguel. en donde el mayoral. Callados. sable en mano. —Venga. El terral les trae olores de vacada. se dirigen a la casa del potrero cercano. Por ahí. mañana riegas en el paradero del parque nuestra salida. sino aparejo. y ya sabe. Miguel registra con la vista el paraje. recomendándoles no tocarlo por detrás. En los tres brazos del río desembarcan. les proveerá caballos. les prestará el mulo de hacer los mandados. sentado en el centro. pues corcovea. El campesino. No hay silla. el sable. y les da el pie para montar. El bote boga río arriba. un coche de punto se detiene en el camino. a cada salto. es manso. —¡Cará! no te había conocido. eso sí. Déjame verte bien. y los acompañará hasta ponerlos en el camino de Guerra. un negrito de ojos vivos y finos rasgos. pues no quiere comprometerse». la impulsa con el canalete. pueden llegar. la carabina. —Socio. compadre. y grillos y ranas conciertan sus discantes. De rato en rato. en tres horas. ¡Eh! tololé-tololá. El cochero. en dirección contraria pasa una canoa cargada de carbón. que no se sepa.Momentos después. El mayoral mismo les apera el macho. que ha vigilado el camino. y en cuanto te tercies el cabo. y luego. —Sí. y cuídeme mucho el mulo y los aperos. El macho trota de modo infernal. Pronto entran en la parte desierta. un general. las saquetas de cartuchos a la espalda. la yerba páez crece lozana hasta tapar el ganado. cantando: ¡ Eh! tololé-tololá. Antonio se acerca al farol del vehículo. Y entrambos conducen al bote las cañas y el macuto de naranjas. una ceiba abre sus ramas o un mamey se yergue alto. En la guardarraya. Mas como éste no ha sido prevenido. desnudo el torso. y Antonio. oro molido que quieras. de rechupete. Has prestado un gran servicio a la causa. inmóvil. la noche está fresca y clara. y ¿quién puede enlazarlos a tal hora? ¿Por qué no le mandó un recao? ¡Qué cosas las del primo! Pero ya que están en el apuro. les despide: —Buena suerte. se excusa: «los caballos están sueltos en los vasos. Alas torpes agitan las hojas.

pa comer vacas na má. too el Cibao. Miguel le abraza efusivo presentándole a Antonio. Una mano desconfiada alza la aldabilla de la ventana y por la rendija un ojo escudriña. —Espérese. pero mi compai.. de toa confianza de Horacio. en enaguas. con quien en días atrás habló. En el interior se oyen murmullos de voces y de ropas. ya Miguel es baqueano. compai. El aroma de la caña molida les sonsaca.. soy yo.alma viviente a quien interrogar. Y los muchachos de usted ¿dónde están? —Ello. al compai Juan que me abra. —Y el jefe Horacio. —Compai. fue a un velorio y entoavía no volvió. con tres mil hombres. Un candil aclara la habitación. comai. compai. ¡ Qué barbaridad! ¿Cuándo llegarán? A mucho andar. registrando. va a vení ahoritica. De adentro una voz femenina pregunta: —¿Quién va? —Comai. La plaza está casimente sola. Los canes ladran. El jefe Marco del Rosario anda desde ayer por la sabana con unos viejitos. el ayudante. compai. salió por la puerta del corral y. ¡ Qué descanso! Miguel toca en la ventana. Compai. escondío en el monte. divisan las primeras casas del pueblecito. Y aparece éste. y luego de un rato de conversación exploradora. Al fin. distinguen la puerta de un ingenio. después de cerciorarse bien. con él tiene usted seguro su nombramiento de Jefe comunal. —El no tá. Asina es. pintadas en el rostro las huellas del sueño. concluye: —El hombre Juan. y hace falta plata. conoce el bohío de un su compadre. ¡Ave María! una pasá na má. dio la vuelta. La comadre. Miguel Gómez. y ahora ¿qué hacemos? . pero no.. Hombre de mucho prestigio. —Entonces. si ya está en Antonsí. que tengo que esperarlo. es Miguel Gómez. compai. Precavido. me dijo que el Gobierno mandaba esta noche mesma tropa de la Capital.. El mastín ladra alarmado.Es del otro lado. ¿es verdad? —Cómo. Siguen. Al fin se abre la puerta.. los recibe. al fondo la casa de calderas. —De manera que todo se ha vuelto bulla. con los índices obscuros de las chimeneas. Ahora. ábrame. sin armas. a la entrada del camino de Los Llanos. —Aquélla es. si entran pueden encontrarse con el Jefe de Orden y ser aprehendidos.. —Este es el amigo que le dije. tiene un flamboyán en la puerta.

se abre la ventana. Que los amigos desmonten sin cuidado. El perro ladra furioso. el fogón. en ca el vale Pedro Espíritu Santo. alargándolo con marchas y contramarchas estratégicas por entre las matas. el ajuar. en el cual esparce puñados de café. A los forasteros. corean Antonio y Miguel. —Este es café legítimo. Tres piedras ennegrecidas. en donde la yerba medra lozana. El vale Juan le explica. prometiendo volver al anochecer y recomendándoles no dejarse ver de nadie. recogiendo con un pedazo de higüera el polvo fragante. yo soy suyo. y. por detrás del rancho. bañándolo con agua hirviente. Asina es. vuelvo y digo. da a cada uno. a la postre. alevántate. y el vale Pedro.agarrándose con una mano las polleras. que se duermen en pie. parten detrás del compadre Juan por la sabana. a los de confianza en higüeritas. la cabeza baja.. Los dos revolucionarios. escupe y se rasca el dedo gordo del pie. para endulzar su poción. si al jefe Antonio le parece. se internan detrás del bohío y. la mete debajo de la leña colocada entre las piedras del fogón. Dios se la guarde! —exclama el vale Juan. entre árboles de mangos y caimitos. armado de un trabuco. latas ahumadas. y cuando ha rumiado bien. —¿Pero en dónde? —Aquí. es un buen escondedero. el busto desnudo. sale el vale Pedro. se acuestan sobre la tierra. El compadre Juan se marchó. conviene: —Vale. Y de nuevo. Enciende. les brinda en jarritos de hoja de lata con asa. La cocina es un cobertizo hecho de cuatro varas. la mujer contesta.. —Asigún. —Magnífico. un bocado húmedo de saliva. él oye con la cabeza gacha. lo deposita en el colador. qué mano. hasta que la gente del jefe Horacio llegue a Sabana Grande. tiende la otra a las visitas y pregunta por la mujer del vale Juan. él es seguro. La siña Atanasia. sopla con vigor. una raja de cuaba. . pa que le haga café al vale Juan y la compaña. así no se toma en la Capital. a horcajadas en el mulo. inclinado bajo u propia pesadumbre.El compadre Juan. Con una paleta lo mueve para que no se pegue. cuando el primer trago le conforta. con mano firme. hombre de mucha concencia. desvían el camino. y una y otra vez lo pasa. los pila. lo amarra con la soga larga en una cejita de monte. Luego. El compadre Juan llama. higüeras. El huésped les brinda los asientos hechos de troncos toscamente labrados por las caras. desenjalmando el mulo. cuando llegan un destartalado bohío de palma y yagua. cuando llamea. que lo mejor es aplastarse un tiempecito. y. y muerde en el terrón de raspadura con sus dientes amarillos. arrodillándose. bajo un mango. Vamo pa allá. —¡Siña Tanasia. compai. La luz láctea del alba mancha el cielo. yo creo. cucharas y un colador. cubierto de yaguas. —Y alzando la voz—: Tanasia. Aceptan. en las brasas que enterradas guardó el día anterior. indeciso. después de un parlamento. afirma el burén. cerquininga. El aroma de los granos tostados emerge.

y . Sus manos son tenazas. En otro tiempo fue hombre de guerra. El sol estaba en el cenit. el trabuco se lo regaló Pedro Guillermo por una acción de flor. el comandante Pedro Espíritu Santo confía al jefe Antonio y al jefe Miguel. hembras y varones. —Socio. y el machete. Allí le rompieron una pierna. en vaina historiada de arabescos. de esos que llaman marmitas. El bigote. un cuchillo puntiagudo y afilado con el que come. única prenda que viste. la gente se quedará en el pueblo y por estos lados no vienen ni mosquitos. y por tal mérito. las desmenuza entre las palmas. El platanal le regala pan nutritivo. ha aprendido que los Gobiernos olvidan siempre lo que prometen los caudillos revolucionarios. un árbol de higüero le provee la vajilla. se escarba los dientes y se extrae las niguas. y si no. le traen. ése es punto de guerrilla. de la que aún renquea en los días lluviosos. y las palmas le engordan los cerdos. y si ha menester ron.Roncaban como benditos. cacha de nácar. La tez del rostro y del busto. el general Cesáreo le recompensó con el grado de comandante. el moblaje consiste en tres cajones que hacen de armarios y baúles. tabaco o un pantalón. y un venerable revólver de pistón. y luego rellena el cachimbo de barro rojo bien curado. No hay que preocuparse. da una vuelta por el fogón. Con el general Miches bajó al Cibao. pavón negro. que aspira primero con deleite. se mezcla con la barba gris ensortijada que le cubre el mentón. un revólver Miste y Ueso. otea la sabana. que espera de ellos cuando «en sus glorias se vean» un alguito para lavarle la cara al rancho. o corta con pulso sereno finas hebras de andullo. lo desenvainó la última vez en La Pomarrosa. pica el tabaco. y los pantalones terrosos. y allí mismo. en la calle del Comercio. sus maduras pomas. a un paso. y basta. una barbacoa cubierta por una estera. Desde entonces es ciudadano pacífico. Posee el bohío: dos piezas de piso de hormigón. para los apuros mayores. batatas y auyamas frutecen para él. largo y lacio. de rato en rato. siendo buen amigo de las autoridades. los empresta al vale Juan o a otro compadre. ¿Para qué trabajar? La mujer se ocupa en las faenas de la casa y del conuco. y mangos y caimitos. ahí está el Ingenio: corta caña una semana. los hijos. una noche. cuando le visitan. morro de huevos o banda de tocino. las abejas le engríen con la miel y la cera de sus panales. Sin embargo. Desde Hato Mayor hasta Santiago de los Caballeros ha engendrado veinte hijos. Las tropas de la Capital que llegan. Sentado a la puerta. Y el comandante Pedro Espíritu Santo vive tranquilo. de quince milímetros. sala y aposento. A una legua reconoce a los conocidos por la pisada de los caballos. —¿Y tú crees que estamos seguros aquí? —¡Uy! ¡Como en la iglesia! El vale Pedro se les reúne. que realizó en plena capital. ¿has oído? —Sí. comprarse una muda. cuando un toque de corneta en dirección del pueblo les despertó. deslomando un azul. el tejado de yaguas se clarea. en un tronco de roble. la costra de los pies es dura como pezuña. por cama. Usa camisa cuando va al pueblo. curtida por el sol. los sujeta a la cintura con una correa de la cual penden el «Collins» de monte. que cuelga en la cabecera. aplazados todos. El vale Pedro es alto: fornido. es áspera y dorada como cordobán antiguo.

sitiando a Santo Domingo por esta parte del río. las noticias le inquietan. aunque más joven. imagina: «Hay que moverse. brazos y pantorrillas viriles. Tal vez. el comandante Chávez. En la sala se acomodan los dos amigos para dormir. Cocina. las pasas cervunas. y por almohadas los aperos sudados del mulo. Son del batallón y también trujeron cañones. parqueadas y veteranas. es amiga de las mancebas de su señor. Antonio se revuelve. que en esta nochecita no pué vení. A la puesta del sol el vale Pedro regresa de su excursión: había visto al compadre Juan. el suelo es duro. y antes de partir les envía con la Tanasia. y mata y sala el puerco ajeno. mejor plan es entrar a Bayaguana y Los Llanos. cortar el telégrafo. teniendo por lecho el piso erizado de pedrezuelas. y ha parido doce hijos. título indiscutible para una . con puerto y aduana. en casa del cura. que en cuantico se ponga al habla con sus muchachos. reunir los elementos revolucionarios de esas localidades y atacar rápidamente. ¿por qué no? El Gobierno está caído y la resistencia será inútil. con frisa y cachufuces nuevecitos. deshierba el conuco. tomaría a Pajarito. —¿Y las tropas? —le interrogan. ello son mucha. No. si Dios se lo depara. —¿Y quién es el jefe? —Un chiquito. y suaves corno bizcochos. sí. esos descoloríos capitaleños van a sentir bajo e berraco. asados en las brasas. a San Pedro de Macorís. —¡Ah! sí. Nunca fue celosa. sí. buena carabina y amigo nuestro. y con más de una ha compartido en dulce paz el hogar. no es posible permanecer inertes. intranquilo: las pulgas le corren por las piernas. él medita. Durante el día se alimentaron con plátanos asados y batatas salcochadas. bien equipadas. hablar con él. convencerle. mientras Horacio. Pero ¿cómo? Escribir a Chávez. flaquito y feo que ñaman Chavito. está en atisbo. calientes. cabecera de provincia. ¡Qué golpe! ¡Cómo quedarían los charlatanes de la Capital! Y luego. castra las colmenas.un nombramiento de Alcalde pedáneo de la sección. toos vestidos de azul. ¿ no son correligionarios? Pero es un militar de honor y no aceptará. conviene en ir al pueblo a brujulear. así quedaría eclipsado por la presencia del jefe superior. lo hace por San Carlos y San Jerónimo. ¿no sería ese éxito brillante. quien tan pronto como vibrara la corneta. El obscuro pigmento se ha desvanecido adquiriendo un agradable matiz de caoba. —Cañones ¿cuántos? —Yo vide uno. Regocijado con la formal promesa. con las tropas del Cibao. carga el agua en calabazas desde el cachón. ¡ Qué suerte si lo consigue! Con esas fuerzas. porque ello haberá guardia en la boca de los caminos. La siña Atanasia. —¡Anja! Y dice el vale Juan. se encuevó. de súbito. ha visto cincuenta veces florecer los flamboyanes. En tanto Miguel ronca ruidosamente. El rostro libre de arrugas. dos plátanos verdes. y las cartucheras jartas de tiros. pero que no tengan cuidao. —Cómo tropa. hermano del cantor que viene al pueblo pa las fiestas de San Antonio. pero desde su escondite.

más le conviene la Gobernación de Macorís. ´ —Eso será cierto. diez ingenios que asisten a las iniciativas progresistas. Los estómagos reclaman algo más que frutas y viandas. endempués no se olviden del revólver. su merced me perdone. el vale Pedro es inconvencible. Eso sí.». manque yo esté viejo. pero esa carta hay que enviarla. que la política no se ecribe. ¡Le parece que ya oye los alegres redobles del tambor! Pero no. rascándose la cabeza interviene: —Mi jefe. leyendo en las esquinas promulgue: “Secretario de Estado en los Despachos de lo Interior y Policía. Miguel parlamenta con la siña Atanasia. y. veladas. usted me dispensa.. que vino a alcanzar a Cesáreo. Y el porvenir. decididamente. además. a desesperarse de la expectación. —Pué. ¡Eso sí! ¡Cuántas cosas haría! Parques. pero yo le oí a un Don de la capital. su prestigio irradiando a las otras provincias. General Antonio Portocarrero”!. nada se pierde. Gobernador de Macorís.. de la moticas pa el bohío y del papel de Pedáneo. y al extremo el floripondio morado donde la abeja vagabunda liba. Pónselo en la carta.. El vale Pedro irá al pueblo a comprar papel y un lápiz para la carta que escribirá al comandante. cuenta con numerosa colonia extranjera. contemplando las gráciles columnas de jaspe que. en el Gabinete no hay suficiente independencia. Sí. los dos revolucionarios comienzan a sentirse nerviosos. y quizás la Delegación en el Este. Las pulgas voraces le cosquillean chupándole la sangre.. la fiesta del árbol. diré a montear. rodeadas de cepas mustias y tiernos retoños. escuelas. que eso le hará efecto. calles. y jefe Antonio. a ver si me pecho con el vale Marco del Rosario. cada plátano es un dedo de gigante. el Presidente hace sombra. a dudar. pa que no digan. alumbrado eléctrico. se impondría a la capital misma. ¡Quién sabe!. discursos. acueducto. yo no la llevo. . El medio es infalible. mientras toman el café. y los errores de éste recaen sobre los Secretarios. El fue enemigo de Lilís no le ha de gustar ver a Perico y a otros cacaos lilisitas peleando por Jiménez. Miguel asienta: —Después de todo. ¡A güeno! En el platanal. Al fin propone: —Güeno. Aquello se presta. Los argumentos y las promesas son inútiles. El vale Pedro. sostienen grandes racimos. Antonio expone su plan. al grato abrigo de las amplias hojas de malaquita. tan desamorada de sus propios hombres y tan fácil para los del Cibao. Ese comandantico tiene la cara muy seria. De ese modo. las mujeres entoavía me apetitean.cartera en el Gabinete? ¡Qué cara pondrían sus detractores envidiosos cuando el pregonero. A la mañana siguiente.

de viajito. gente en el monte. Pero el recuerdo de la familia le perturba: cómo estará su mujer. permanece en casa del párroco. pobrecita. si el jefe Marco no tiene ma que unos viejitos desarmaos. y en el tránsito. Por la tarde. y lo de la columna que dicen. una columna que avanza sobre Santo Domingo. No. reconociéndolos por las voces. . de ningún modo. La angustia de. Ese no es más que un mancuenco. —No. que una columna salió de Caño Hondo con dirección a Guerra. —Hay que atacar a Guerra cuanto antes. lamentables. que le voy a regalar un pañuelo de madrás de a vara. De sólo pensarlo. las interpretan optimistas. tendidos boca abajo entre matorral tupido. pronunciado contra el Gobierno. hasta la Fortaleza.. dale que dale a la lengua. el muelle repleto de curiosos. ni con la cartera.. otra. ¡Diablo! si a alguno se le hubiese ocurrido registrar. ha dicho un tenientico. para cuando vaya a verme a la Capital. mamita. cristiano! —suspiró la negra. Así supieron que en Los Jovillos se ha peleado. el vale Pedro volvió del cantón de Marcos. ¿no habrá por ahí un pollo o una gallinita?. están por el Gobierno. No obstante. y de Caño Hondo. sí. la situación de ellos se hace más difícil. —¿Y usted no tendrá algún pedazo de tocino? Vea. El vale Pedro trae del pueblo noticias desalentadoras: Puerto Plata. astrosos. se la pagamos bien. entrar a Santo Domingo prisionero. sería insufrible. preguntan si no han visto revolucionarios. —¡Ay. tan mentado. saludados por sonrisas irónicas y burlas! No. y. por independiente. y el hijo. —Ay. si el triunfo es un hecho. sin saber nada de él. piden agua. lo malo es que Marcos les aconseja esperar quietos aquí. y la suegra. y fuerzas de éste marchan sobre Santiago. con noticias y un cuarto de novilla. sin embargo. la Línea y el Sur. enseñando los afilados caninos. la espera le extenúa. ¡ Qué ridículo. ya no sueña con la gobernación. de un momento a otro puede suceder. a dos pasos. si la última que me trujo una jija que tengo por la vuelta e lo Mina. lo maldito perro jíbaro. habiéndoles ofrecido sus servicios. Los días transcurren sin cambios. las guerrillas recorren los contornos. se ha transado por la diputación. y que el compadre Juan. Y cierra los ojos para no verle resbalando tremulento por las paredes. una vez. Antonio empieza a dudar del éxito de la empresa. llegan al bohío.. ¡ Propagandas!. en Bayaguana y Los Llanos. afirma Miguel. jijo. se la comieron. que Horacio está ya cerca. —Ma. Antonio se estremece. El Gobernador del Seibo. han oído hablar a los oficiales. es humo e sabana.—Mamita. En torno a la lata en que se cuece el sancocho.. eso es una pendejada. en la cual. será el centro de todos los debates. apenas tuvieron tiempo de meterse debajo de la barbacoa.

Desde la copa de un caimito abarca la pampa que se tiende leguas y leguas. la cabalgata de la primera noche en aparejo le produjo una peladura en la rabadilla. Al lejos. de la lombriz viscosa. cortado aquí y allá por meandros de hicacos o por robles solitarios. y luego otra y diez más. aquellos se desprenden lastimándole. tiene las nalgas reventadas. ¿No se lo mandé a decir. observa atento la labor de la hormiga. y el pus sanguinolento le moja los muslos. de bruces sobre la tierra fresca.—¿Pero usted ha tomado el pueblo? —En compañía del general Rafael. ¿qué será? —Niguas. lo que me faltaba. rato después. ¿y qué ha ganado? Allí. el vale Pedro anuncia: «el potro moro del compadre Juan». se zarandea. Miguel le interrumpe el soliloquio. habría sido tendero. un buen caballo para caracolear los domingos por las aldehuelas.. y. unido plano verde. pero en justicia. de la abeja. que vestido de rayadillo. los calzoncillos se adhieren a los bezos. el río bullidor!. tengo una comezón en el dedo gordo del pie derecho. en efecto. —Socio. —Peor estoy yo.. seguido durante media hora de descargas cerradas. Cuando cesa el combate. —¿Qué general Rafael es ese? . —Compai. que parecen desafiar el rayo. un tiroteo graneado les sorprende. ¿Quién? —La colunia que a venío de arriba —asegura el vale Pedro. sombrero de yarey y divisa colorada. además tendría chivales. « ¡Viva Horacio! » se oye distintamente. enseñando las espuelas de plata. y esa Comandancia no hay quien me la quite. el valle plácido. apiarios. Atacan a Guerra. ya ganamos. que vino con una columna por Bayaguana. A Antonio. un ruiseñor canta. con botones militares dorados. bebería leche recién ordeñada. ¡Ah la villa nativa. se bañaría en el río y aspiraría a presidir el Ayuntamiento. los parques empedrados de malas intenciones y las luchas mezquinas de la ciudad?. —Hombre. Entre las ramas. es él. Al fin. A la sombra de los mangos. ¿por qué los abandonó por las calles polvorientas. un jinete pasa bajo el sol de fuego.. cuando camina. después.. ¡Bonita situación para un caudillo! Y los días transcurren. que esa gente iba a sentir bajo e berraco?.— ¡Ya era tiempo! Se escucha el galope de un caballo. seguro. —¡Qué voz tan argentina! —exclama Miguel. le ha salido una negrita. la brisa les trae las albricias. la acción es mía y de mis muchachos. como sus condiscípulos.

¡Viva Horacio!. nada. y Miguel. Las nalgas pútridas le han recluido en la casa desde el retorno de la campaña. de concupiscencias. y en cambio. convertido en secretario de aquel jefe de operaciones. en derredor de la hamaca. concluyen. En el pueblo. ¡ca. Antonio adormecía su impaciencia. en un suelto. al día siguiente de la instalación del nuevo Gobierno. de ambiciones. putrefactas. él lo hará por el río. en alta voz repite: . XVIII En la hamaca. ahí detrás vienen dos caballos que les manda para que se vayan al pueblo. a la diestra del General victorioso. Los empleados del régimen anterior ni con candela renuncian. imposible montar a caballo. El Presidente provisional está abatido. abrazándole casi le desmontó del caballo.. en los bancos del parque de Colón su campaña es motivo de risa. asilándose el Presidente en una Legación. pluma en ristre.. no puede andar ni sentarse. En la tertulia. y los directores de periódicos han entendido que tampoco es lícito combatir al vencedor. La Gaceta Oficial. y trajo el uno los pies cuajados de niguas y el otro padece aún de las diabólicas negritas? Lo que es en otra. mientras las tropas desfilaban por la calle del Conde. los que se echaron al monte o conspiraron des-de los escondites. sobre sacos de azúcar. ¿Qué han hecho esos hombres.. no los pescan. y Antonio se encuentra sentado ante una mesa de pino. a otros.. todos pertenecen al partido revolucionario. Por corrillos de parques y esquinas circulan persistentes rumores de disgusto. pero la mujer terca y cariñosa. logra restablecerlo sin intervención del bisturí. ¡ Qué gusto se darán los de los bancos del Parque! ¡ Qué suerte la suya! Las posaderas le torturan. Algunos han asaltado las oficinas en el tumulto de la primera hora. el general Rafael. entre enjambres de moscas. La campaña había terminado sin las hazañas proyectadas. le ha mantenido al tanto de los sucesos públicos. El médico habló de cortar. y mientras Miguel entrará por la Puerta del Conde. del reparto del botín. sin orientación en laberinto de intrigas. visita diaria. y padecieron hambre y tribulaciones. acostado en un lanchón. lavándole y aplicándole fomentos de hierbas medicinales. y cuáles méritos poseen los que el cariño regional empina en los eminentes cargos del Estado? Hasta las futuras curules tienen ya dueño. Miguel Gómez. ¿Y para tales cosas expusieron Antonio y Miguel sus vidas. no encuentran plato para sus apetitos.! —vocea haciendo escarcear el jaco. expresó que era voluntad de éste que no se exacerbara al vencido atacándole en la prensa. El lilisismo entra de nuevo en Palacio. se protesta contra los nombramientos: a unos se les ha dado en demasía. en tanto que los nuevos. meciéndose. La Capital capituló. mil cuentos jocosos se refieren. A mañana y noche le tienen con dolor de cabeza.—El los conoce.

armado de buenas intenciones. excusándose por hallarse reunido con el Consejo de Ministros. indica el edecán. el oficial del Cuarto Militar de servicio que le anunciara. ¿ Quién entre ellos repulsaría un consulado? En su casa estalla. pues hay que aprovechar. pues es necesario hacer economías para pagar las deudas extranjeras. renuncia. que le visitaban. Aplastado bajo el repentino derrumbe de sus ilusiones. de mirada límpida. su estancia. Estos en solicitud de empleo. clases y cataduras. ¿Qué quieres?. y por mal jinete te has peleado hasta el ombligo. muchos en demanda del pago de sus cuentas de revolucionarios. Antonio no acierta a responder.—¿No dicen esos malditos.. y cuando el mulo corcoveaba te agarrabas de las orejas. la testa engallada. cobra cien. un consuladito. la patria es de todos. son quinientos nacionales y hay que trabajar mucho para ganarlos. los empleos no alcanzan. del tiempo que se pierde en contentar a los que piden. en la cual puede hacer lo que le place? La suegra opina que ha debido aceptar. en isla vecina. Los presentes miran al recién llegado con recelo: uno más a contender por el hueso. nuevo laurel. Se presentó en la tarde. sí. y las batallas de su pluma? Se indigna. Quien gastó cinco. desazón común turba sus ánimos. y sus prisiones. ¡A él. que se vayan al monte en la próxima y sabrán dónde les aprieta el zapato. cien dólares.. En la mañana encontró una colección de ciudadanos de todos colores. en los labios la huella del no rotundo. y los oficiales de la tropa gobiernista. con ese sueldo . la mirada soberbia. que no es posible iniciar. Si esto sigue. y citándole para el siguiente día temprano. viéndonos los pies. aquéllos a buhar. El calor de la capital le acosa. interrogan las miradas. en espera de turno. Pero ¿y su dignidad y sus aspiraciones? Y además. se divertían acercándose a la puerta para asustarnos? —¡Charlatanes! —Dicen que llevabas el sable colgado del pescuezo. Eso ha sido un insulto. . una verdadera ofensa. de los cuatro puntos cardinales de la República. ¿y su vida de sacrificios. con cien pesos. cruza por entre los que esperan. Portocarrero. Alto. y Antonio entra. ¿Qué cree el Presidente? ¿La República es su casa. es terrible lidiar con tantos vagabundos. fuerte. por ahora. y despidiéndose con una negativa. La primera salida de Antonio ha sido para visitar al Presidente. y a la vez compadece al hombre que tiene delante. piensa. Con palabra adusta le habla de sus planes. una vaga sonrisa triste le endulza el rostro. presa de pasiones que le cercan y de apetitos que tuercen sus miras. Y los compromisos y las combinaciones. con que fustiga a esa traílla. y termina pidiéndole que acepte un consulado. inflado el pecho. y cuando se cierra detrás del privilegiado la puerta del despacho. nadie quiere trabajar. que hemos estado cinco días debajo de la cama del cura. lo que se da a cualquiera!. ladeándose—. —¡Malsines! —truena Antonio. El castillo de naipes cae por tierra. Echa de menos el campo y su caballo. El Presidente lo recibe cordialmente. le trajo recado.

Esgrime de nuevo el látigo de sus acusaciones. mas para su artículo no hay letras en las imprentas. No. vive a caballo en el camino del Cibao. Nadie está satisfecho. refiere su. pero el cadáver del primer fusilado le invita. Es cosa de meses. disuadiéndole. le impele. y vive del ganado que pasta en sus sabanas. ensangrienta las lomas. ningún periódico ha querido publicarle un artículo. el malestar colectivo que precede a las revoluciones. No y no. los mismos empleados critican en voz alta. ¿qué ha conseguido con tantos años de luchas. lo único con que cuentan para vivir? Y la mujer. más pujante. La revolución se propaga por otras provincias y se alza el patíbulo.no podrían vivir decorosamente en el extranjero. diestramente algunos le pintan con exageración el cuadro repulsivo de la dictadura y lamentan el silencio de la prensa. El Homenaje rebosa de presos. siempre resignada. hacia quien torna la opinión veleidosa. perplejas. le exaspera este miedo que escuda al Gobierno. Es el momento. le desautoriza.nueva desventura. —¿Pero este demontre está loco? ¿Pero usted no se alzó por Horacio? ¡ Su abuela le llevará la comida a la cárcel! —grita la suegra. El terreno le es propicio. En casa. «la lechosa está madura y al caer de la mata». quienes a su vez afirman que él mismo no sabe lo que quiere. ¡Nunca fue él segundo en la protesta! En el aire cunden voces tentadoras. En su refugio de la Plaza Duarte. Los cruceritos de la armada fatigan sus máquinas trasegando soldados reclutados violentamente. El Presidente. En los días de carnaval. y las deudas acumuladas en tantos años que hay que pagar. la efervescencia solapada que arroja a la superficie palabras imprudentes. duda. los directores de los periódicos le aconsejan «no meterse en eso. y por las plazas de las Antillas vecinas vagan los expulsos. que desertarán a la primer coyuntura o morirán en las llanadas aquellas sin que les calme la sed una fruta ni les perfume una flor.. enfermo. él no debe ser el sacrificado. Antonio. El país está perdido. en los clubs. cárceles y . el descontento hondo. desaparece en un crepúsculo y a la mañana siguiente. empeñado en unificar las voluntades de sus amigos. a la hora en que la familia se reúne. cada noche. ya llegará su hora. el regnícola es cazador.. estos hombres no durarán en el poder. desalentado. la protesta armada toma y pierde poblaciones. por calles y plazas de la Capital pululan los confinados.. todas las caras se vuelven hacia él. y aumenta el prestigio del caudillo caído. Don Pedro interviene. Los acreedores le perseguirían como tigres. En efecto. bocas abiertas. y a su insistencia oponen una negativa rotunda. se nota pronto la labor de zapa. certero en el tiro. Su enojo crece en razón de su impotencia. En los campos escabrosos y asoleados de la Línea noroeste iníciase la brega. Cucharas en el aire. bailan confundidos.. insinúan. esta gente no respeta pluma». bajo las caretas. los hombres del poder y sus contrarios. que comprime su altivez en presencia de los demás. Vacila. oyendo las noticias de los contertulios siente latir su rebeldía. mientras comen. la frontera próxima le asila. su misma mansedumbre vibra. ¿No calcula que le expone a perder el empleo.

. Treinta bocas de fuego. ¡Es la guerra! Antonio Portocarrero contempla el espectáculo estupendo. Los heridos. Los cañones braman. disparan sin cesar. sin darse cuenta. Presa de irresistible exaltación. Las balas granizan en la población. carne de horca. sus recuerdos le guían. descerrajadas las puertas del presidio por la revolución. y rápido. y desde una furnia que las lluvias han escarbado en la calle. con barbacanas de alambre de púa y gruesos tubos de hierro. . profundo. magnífico fuego de artificio colosal. el tiroteo de los sitiadores se aproxima nutrido. La sangre enrojece el arroyo. los penados. los que le traen y llevan chismes y le calientan la cabeza para que se lance. que escriban ellos. O. Por el .Este avanza el Presidente con tropas. ¡Es la guerra!. Las caras sonríen. golpea en el plato de hojalata. desfallecientes. dulces ojos femeninos vigilan. engrosan sus filas. La facción se atrinchera. Camina.para que otros medren? No. Un mediodía de marzo. rasga las cuartillas y las avienta. achicharrados por el calor. franceses. distinguiendo las voces de los cañones. seguidos de descargas. jóvenes imberbes. arden. el revólver cae al suelo. altas columnas iluminan la ciudad. gruñe por entre los cocoteros como un enorme mastín danés. Por entre las rejas de las ventanas. De improviso. el del Conde es abandonado por los defensores. y dotaciones suyas protegen legaciones y consulados. los jueces se topan en el umbral de sus hogares con aquellos que la víspera condenaran. azul. vomitan metralla. bajan el tono las piezas pequeñas de San Antón y la Caridad. El hijo. ni uno solo le apoya. Los altos muros de las ruinas del Convento de San Francisco se destacan bermejos. avanza alucinado. a su paso encuentra paisanos. transitan máuser al brazo. capitula. primero en la Fortaleza. Pajarito es teatro de una acción reñida. sus sentimientos les son extraños. Los heridos pasan fugitivos por las calles. la ciudad es la presa de una facción acéfala. pidiendo más comida. sitiado en el Baluarte 27 de Febrero. y San Carlos es tomado. sale por un portillo de la muralla. angustiado. La ingente hoguera enrisca sus grumos hasta el cielo. desde los fuertes de la muralla que cual cintura de piedra rodea la ciudad. los hombres. El vecindario. «No seas bobo». interrumpieron la siesta. El Gabinete. respiran contentas y sigue el yantar. sables en la boca. sentado en la escalera de piedra. cruza el . El Presidente está en Santiago. repercuten en el cauce del río. han tomado La Fuerza mal guarnecida. En el aire inflamado vibran los clarines como alaridos. otros dos. Combate y entra a Guerra: dos días después. suben por las cuestas pedregosas de San Carlos. estrellado. y a un periodista que corre a la refriega con una larga carabina. los de La Fuerza conmueven los cimientos del Homenaje. En El Placer están surtos navíos americanos. tiros. italianos. ¡Es la guerra!. alimentándose con la paja de sus bohíos. los asaltantes trepan por las piedras urentes. le busca. está ya en el collado de San Miguel. que a su vez elevan las colisas de la Concepción y San Gil. antes de que lo adviertan los de la trinchera cercana. sienten la caricia terrible de las llamas que. mientras el de 9 del Conde. sigue desde las alcobas aquel duelo. libertados y armados por un carcelero.Una prima noche. Negros feroces. acarreando cajas de municiones. las casas vecinas y los fuertes del ángulo N. Los presos políticos. Los del castillo de Santa Bárbara. Y hosco. sería una tontería. le reprocha con dulzura. ahumados y enloquecidos. se enreda entre los alambres de la cerca. el de la Concepción ha sido tomado. devoran cadáveres. luego en las calles.. Todos contra él.miserias. cerrando las salidas de la ciudad.

las . desde el día del pronunciamiento ha permanecido en su casa encerrado. preñadas de mieles y bálsamos. haciendo añicos la luna de un armario. destruyendo los bohíos que formaban una suerte de reparos contra las baterías de la línea. se desploma sobre un banco. deserta. Desde el cerro. Esta es nuestra retreta. las balas silban sinfonía macabra. La tropa. Reconoce rostros amigos.camino. Mil interrogaciones le asedian. desvalija los cadáveres. dice el compañero risueño. libres de la embriaguez de la pólvora o del alcohol. devoran seres y cosas. reflejándose en las selvas aledañas. cárdena. y el incendio. Empero. Cada bohío es una candelada: sus pies tropiezan con muertos. Los cañones de continuo arrojan granadas de acero que revientan floreciendo en rosas de bengala. Y se duermen. Antonio. o por las condiciones de un caballo. y ya está entre los guayabos de Galindo. o por si los del Cibao son más bravos que los del Sur o el Este. otro marcha a vanguardia. ¡Es la guerra! En los días siguientes. diga que manden refuerzos volando!». Un amigo le ofrece lecho. compónenla campesinos de distintas regiones. sitibundo. rompe las malezas. y con heridos que se arrastran por la cuesta. Mañana hablarán. ríen y padecen. domina la iglesia de San Carlos. son mansos. agazapados. las murallas les infunden respeto. vía que remata en el fuerte de la Concepción. Y cuando su cabeza se apoya en la almohada. Un oficial le ordena imperativo: « ¡corra a la iglesia. es la carne que huye del hierro y del fuego. dificultando la acción unánime e intensa. ¿Cómo ha venido. y cátalo aquí. y cuando reúne un puñado de oro. pulseras en los brazos. segando el follaje de los laureles. a la cabeza. reclutados el día mismo de la partida. celos. sin espíritu militar. norte. disputándose unos con Otros constantemente por trampas en el juego. vestido con un traje de mujer. el asalto del fuerte de la Concepción. y allí quedó. el fusil a la espalda. de oeste a este. enronquecidos. Antonio estudia el ambiente. fatigados. y prontos a dirimir con los rémingtons sus divergencias. desmazalado. y corre. tan fácil al combate como al saqueo. atestado de heridos que bromean. se desgarra las carnes en las púas de la otra empalizada. les ha quebrantado el espíritu. Uno de éstos. muerde los bejucos del cundeamor. y soldados regulares. Antonio se orienta. jamás dispara. las llamas insaciables. pero desprevenidos. sale al descampado. Detrás de las esquinas descubre soldados en pandilla. otra se abre en medio de una decena de soldados que tallan en corro y los destripa. un jefe es decapitado por una granada. sin disciplina. tocado con sombrero de pluma. a bailar un zapateo endiablado. a la mira de la cortina. algunos avanzan y disparan sobre la ciudad. y por qué? El horror de la realidad calma el arrebato impulsivo que le dominó la voluntad. y las llamas. vanidades y ambiciones les dividen. Los jefes. una granada rompe el seto. En el Parque. pudriéndose al sol la carroña carnavalesca. El último revés. Son los refuerzos que abandonan a los oficiales. híbrida milicia. les deja a merced de los cañones que comienzan a hacer blanco. reúnen los hombres y los empujan: ¡es inútil. Antonio les grita excitándoles. no llegarán! El templo. al fin llega a la Fagina. No sabe nada. cubierto en parte por las paredes de la iglesia. improvisan sobre el terreno sin estrategia. en donde estuvo hasta que el incendio le encalabrinó la sangre. A partir de allí hasta la muralla se extiende un surco de brasas. Los jefes son esforzados.

Los hombres huyen. su malicia instintiva les detiene cuando creen que han sumado méritos bastantes para sus aspiraciones. se desborda por detrás del cementerio y. XIX De la última andanza. habíale quebrado las alas a su fantasía. brutal. Pero el alcohol les deslumbra haciéndoles olvidar los mejores. la fusilería los diezma desde la muralla. como un espectro. rudos y amables a un tiempo. alcanza a San Carlos. Una madrugada.. recalado. deserta o se prodiga en palabras. se enfrentan a las trincheras. y. la tropa retrocede. y atormentado el espíritu por impías dudas. impetuoso el uno. Para imponerse a sus mesnadas. a la zaga de los comandantes: rubio. contempló durante largo espacio aquellos hombres antes tan fieros. La gente se desbanda. entrechocar las monturas. ahora pálidos. Sereno. El fracaso desolador y rápido conmueve al caudillo tanto como al inferior. sin embargo. Ascienden a saltos: el soldado de hoy es general mañana. Un disparo. como si el agua quisiera borrar de la tierra las manchas de la sangre. de vivos ojos. entró en la ciudad silenciosa. a pie. anduvo. Antonio los compara con los actores de la noche hermosa y trágica: son los mismos seres los que ahora huyen por los caminos hacia sus campos lejanos. un grito les pondría en fuga. A . Llueve con furia. Antonio Portocarrero hubo de volver maganto. el fruto no se cosecha. buen mozo. ola deshecha. delgado. abandonando los cadáveres. Los hombres. superiores a la adversidad. les seducen los botones dorados de las guerreras militares y las ventajas del poder. forcejear por entrar en la barca que cruza el Isabela en Santa Cruz. el tercero. y por entre el monte suena el rugiente rumor del río. ora le abrazan afectuosos. las columnas se forman: tres que atacarán la capital por el Oeste. vuelve grupas. vigoroso. logra el uno abrirse paso. los jefes. Al anochecer. no hay persecución. y mientras el vencedor se distrae en contar fantaseando la hazaña. ¿A qué seguirlos?. De tal manera crean entre unos y otros el vinculo gracias al cual afrontan con decisión la muerte. reflexivo. ya he ganado la Comandancia de Armas y la quiero gozar». el empuje de la acometida desfallece en breve. El viento sacude colérico los ramajes. desmarrido. Es un mecanismo cuyo resorte se ha roto. conscientes o ignaros. mulato. podría reaccionar. tan imbécilmente vertida. ora doblan o tienden por tierra a un hombre a planazos. Aman el caballo y el arma: su dios es la Fuerza. La realidad. pero cae fulminado de la mula.victorias nunca son completas. antes de que amanezca. deshaciendo la autoridad opresora que. Las sombras invaden la ruta. con sombrero. destocados. por donde pasen sembrarán el espanto. ¿Qué concepto tienen estos hombres de la vida. anduvo. crearon con sus brazos armados. consintiéndoles sus bellaquerías con frecuencia penadas por el Código. flaquean casi al empezar la acción. precipitarse. Con el sol alto. Y decepcionado. y pequeño. Las filas se mueven con desgana. atravesando las estancias. el otro. el derrotado se retira a salvo o si quisiera. si es gala exponer la propia y sacrificar la ajena? Aunque algunos poseen hacienda.. y aquella masa que ninguna voluntad contiene. contando y comentando el desastre. y es herido ante la puerta obstinadamente cerrada. a caballo. quiere entrar a la ciudad por una casa edificada a ambos lados de la muralla. el tercero se abraza al cañón enemigo y recibe en el pecho la carga. las riendas en el cuello de la bestia. cálculos. el otro irguiéndose ante la noticia. lanzan los oficiales contra las obras de acero y alambre. Hay quien diga: «no peleo más. Antonio.

vaga por las estancias. se resiste. panquea. hurta los relieves de la mesa. medio siglo ha. desnudo hasta la cintura. tiende desde el horizonte paño de ormesí esmaltado de lentejuelas áureas. tablajeros. rociando la calle. los tiburones desprevenidos huyen. siente vivir a los humildes. que expresa con monosílabos las ansias del adolescente. tirada por un torniquete hasta sujetarla en una de las columnas de hierro sustentadoras de la techumbre. Aquí. que el azar dispensa? ¿Lo que es tan fácil a los demás. arrancándole vientre y tórax. estréllase contra el acantilado. e introdúcese por la sopeña para surtir en chorro esbelto. La res enlazada por la cornamenta. la desuella y descuartiza. por lo menos. ¿ Sería verdad? El tan doloroso empeño de su vida. amén de los paseantes. esperando que los jureles picaran. El Caribe. veían los cuernos al Diablo en la grieta denominada Boca del Infierno. Por la tarde contempla el mar. Muchachos haraposos compran los menudos que cargan en petacas. ¿habría sido estéril. aún palpitantes. las fieras le atacan. mediante la promesa de diez pesos. hierba cuyas hojas aterciopeladas amortigua la dureza de las rocas. pues. el cadáver flota con el vaivén de la ola. le dan un aspecto de hechizamiento. ataviando de espumas hervorosas la roca plana del tripero. temblequeante. decrépita. como un íncubo. mientras desperdicios y coágulos. La abuela. la sangre al tobillo. se arriesga. muge patético. la explanada del antiguo fuerte de San Gil es un punto de vista admirable para las marinas que pinta el ocaso. la familia grita. apuñala en torno. esquivando. Se acoge. plañe. entre cuatro y seis de la tarde. En el Matadero público. En el corral. el ganado que olfatea la muerte. atándose a un cable por las axilas. son amables invitaciones a divagar. añangotado. ¿no alcanzará éxito. un cuchillo en la diestra. triscaban sirenas entre las algas: las abuelas que se bañaban en camisa y los muchachos. sucia. se cisca y juega con zulla. persiguiendo al atrevido. en los cuales. y sus ideas habrán de secarse sin el goce del alumbramiento? La reclusión en la casa. brinda asiento a los que entretienen el ocio con el tráfico del camino líquido. Ella. Los pescadores tienden el aparejo a la voracidad de los escualos. será eterno espejismo para él. y luego. cada vez más desgraciada. Una vela que lo surca o la estela de un vapor. cayó al agua. si lo en-crespa la brisa. a los paseos solitarios por los barrios populares. las fauces terribles. profiriendo palabras obscenas e impregnándolas de su locura. revuelve el agua ensangrentada. Cuantas veces se detiene en este paraje de la costa. Sobre las rompientes. acaecida años atrás: un viejo pescador. se congregan. Un negro. Antonio recuerda una escena de espanto. en busca de entretenimientos. La puntilla del matarife la descabella. aletargado por el bochorno del mediodía. que está al lado. Una cuadra más al oeste. cuando repuestos. y el recuerdo de ambos. Al instante. rodeada de gente.cada instante las visiones impresas en sus pupilas violan su fe. En las rocas. médicos y concejales. ase el cadáver y gana la orilla. En las tertulias de los parques se perpetúan las mismas cábalas y malsinerías en derredor del presupuesto. que fumaba su pipa con el cordel entre los dedos del pie. efímero de la posición política. vertidos al mar. trepánale días y noches. el pantalón a la rodilla. e infecundo todo grano sembrado en ese barro? Separado de los suyos por los mismos prolongados sufrimientos que les ha impuesto. y el hijo. seis aletas ya hendían veloces el cristal. siquiera sea el. no estampará jamás su nombre al pie de un Decreto o de una Ley. si en calma. ceban los . forcejea. que es el terror de los gallineros. le acongoja. a soñar. colgando las bandas blancas y róseas.

tiburones. Enrojecido como un verdugo medioeval, un jifero se ha acercado a Antonio, diciéndole con acento malicioso: —Cuente conmigo. ¿Cuándo empuñamos la jicotea? En las primas noches barzonea por el altaicín del norte, que el terral de los montes de Galindo refresca y aroma, prefiriendo las callejuelas estrechas e intrincadas de uno y otro lado de las fortificaciones. Por las puertas abiertas examina las habitaciones: lámpara mortecina ilumina escasos muebles desvencijados. En los umbrales, las mujeres sentadas sobre las piedras, charlan y fuman; los chiquillos, en cerros, retozan en el arroyo, en el césped de las plazuelas o se escurren por los boquetes de la muralla, por cuya cornisa corretean. Dos novios, recostadas las sillas en las jambas, la doncella al interior, el galán afuera, pelan la pava o puntea el segundo la guitarra, acompañando a la novia que entona melancólica canción de amor. Calle por medio, dos comadres, recogidas las faldas, lo brazos en jarra, riñen a causa de la lejía derramada por un rapaz travieso o de una gallina extraviada; otra, de vuelta del pozo profundo, común al barrio, la lata colma a la cintura, exclama escandalizada: ¡Ave María Purísima y se santigua. —Los hombres forman corros en las esquinas o en los timbiriches que a guisa de pulperías o cafés sirven de puntos de reunión. Estos son los que durante el día sudan al sol en los muelles, calles y talleres, aquéllas las que lavan y planchan de seis a seis. Las mujeres miran a Antonio con picardía; «pájaro de la mar en tierra», suponen que anda a caza de aventuras eróticas o que como tantos otros viejos y mozos mantiene su pelazga por aquellos andurriales. Los hombres le dan las buenas noches con respeto; a los conocidos les estrecha la mano, deteniéndose a charlar con ellos. Quisiera penetrar sus pensamientos, el secreto de sus vidas, saber qué aspiraciones alientan; pero esquivos, se lamentan de la escasez de trabajo, de lo caro que está todo y, de paso, tiran su chinita al Gobierno. Antonio se da cuenta de que algo les separa; acaso le indispone la altivez ingénita de su figura, desprovista del aura de la popularidad, y en sus frases mañeras, equívocas, nota la desconfianza, pues aun los más expansivos, parecen decirle: si vienes a nuestros barrios pobres y nos hablas, si sonríes a nuestras hembras y acaricias las cabezas desgreñadas de sus hijos, es porque buscas escalera para subir. Sin embargo, ellos le inspiran simpatías; pero ¿ cómo lograr que las crean sinceras ni menos que comprendan sus anhelos de bien, nutridos con generosa savia cordial? Y por la periferia cada noche, escapándose de las garras de sus propios recuerdos, continúa sus excursiones, y queriendo sentir las palpitaciones de la ciudad, la circunda. De los altos de San Antón, San Miguel y San Lázaro, baja a las vías nuevas de extramuros, por donde la capital se ensancha en casitas de madera y cinc, pintadas y limpias; entra por la Puerta del Rey a la calle de la Misericordia, cuyas primeras cuadras la forman ruinosos bohíos de tablas de palma; recorre la de San Pedro, en la que alteman el cinc, la yagua y la piedra, y moran pared por me-dio vírgenes y hetairas, y en donde, detrás del fuerte de San Fernando, ofrendan a Afrodita marinos y soldados, con prostitutas alcohólicas, de marchitas carnes enfermas, mulatas y negras que, en batas de colores crudos y en chancletas, se exhiben con un túbano en los belfos, y por quienes las riñas mortales son frecuentes. Más al este, en las celdas donde tiempo atrás oraban las Clarisas germina el hampa ciudadana —borrachos, mendigos, cuanto hiede y repugna —,.oculta a la vista del transeúnte por las casitas fronteras a La Fuerza, habitaciones de buenas gentes

modestas. Sigue después por los solares del Almirante y del Aguacate, separados por la empedrada calle de la Atarazana, extendiéndose el uno detrás de la Casa de los Colón y el otro entre la puerta de la Atarazana, a espaldas de los almacenes y las calles Comercio y Marina, lugares donde procrean y bullen curazoleñas y martiniqueñas, las que enfaldan y anudan el pañuelo en la nuca, con donaire, y preparan los azafates de dulces que se expenden al aire libre. Por fin, Antonio se pierde en las intrincadas callejuelas que corren del Castillo de Santa Bárbara al bastión del Angulo, abrigo de maleantes porteños, y sitio en donde, las vísperas de fiestas, resuenan atabales y acordeones, pautando las guarachas transmitidas de playa en playa por los lobos del Mar Caribe. En el espacio de dos años, las películas se han sucedido en el cinematógrafo político con rapidez ofuscadora. Antonio, desgarrada el ánima, tan pronto febril de deseos, como desasido de todo, ha seguido el desarrollo de los acontecimientos. Los generales que admiró días antes en los campamentos, vienen a inclinarse ante el nuevo Presidente, quien tras un simulacro de comicios, en una mañana de agosto, pasa por las calles en carroza descubierta, en el pecho la banda tricolor, entre improvisados dragones de pantalón de grana, a jurar el cargo. El oro del Erario se dilapida. El Presidente, que es un clubman culto, prosigue frecuentando los casinos, platica de arte, de ciencias, de caballos, de perros, de logística, y recita versos de Virgilio en latín, o pasea la ciudad, en piafante corcel portorriqueño, plantado en la silla con todas las reglas de la equitación. La prensa, temerosa. Al Ejecutivo se le suponen ímpetus y energía. Se conspira. El Homenaje se llena de presos; los vapores que zarpan, llevan cargamentos de expulsos. En noviembre, la capital es sitiada y capitula. Jimenistas y horacistas se han unido y traen en hombros a un cura que ahorcó la sotana, inteligente, audaz. Apenas entra en el Palacio, los jimenistas parten en guerra, y, en diciembre, un cerco de bayonetas se extiende de Pajarito a San Jerónimo, suspendiéndose el tráfico en la ría. Durante cincuenta días, Santo Domingo de Guzmán, encerrada entre sus murallas, se arrulla con la música de cañones y fusiles; su juventud la defiende en las fortificaciones, y las mujeres van a misa, se visitan, y las retretas continúan jueves y domingos, mientras los beligerantes entrecambian plomo. Entonces acaece un hecho insólito, que deprime al soñador: las granadas de navíos de guerra norteamericanos estallan en tierra dominicana, para castigar a los revolucionarios que desde Pajarito han osado cañonear un buque mercante de la Unión. El nuevo Jefe del Ejecutivo, a la cabeza de una charanga, cada vez que sus armas obtienen un triunfo, discurre por la ciudad, exaltando su gente con vítores y promesas. En febrero, una salida de los sitiados rompe el cerco, y Santo Domingo de Guzmán respira. En el Homenaje, no caben más presos, los desterrados pueblan las vecinas islas. El tesoro vacío; hipotecadas las rentas. En el ámbito de la república, dos guerrilleros señalan, con rastro de sangre, el camino de sus victorias. Atan a la cola de sus bridones la devoción de los civiles y de los mismos intelectuales. Una comedia de elecciones consagra constitucionalmente al jefe, quien inaugura su periodo, fusilando en la puerta del Camposanto, a pleno sol, a dos de sus contrarios. El Presidente, vestido de dril blanco, desaliñado, va por las calles inspeccionando las incipientesobras públicas, dialogando de acera a acera, y predicando con la palabra y la iniciativa el progreso en ese campamento en reposo. Los odios partidarios provocan cismas en los hogares; las amistades se quiebran; de reja a reja se cruzan miradas, y alguna vez, palabras agresivas; se querellan las mujeres en las tertulias,

ruegan en los templos, se mortifican con promesas, desertan los bailes; los hombres, en tanto, desaparecida aquella devoción ciega que caracterizó las banderías de la primera república, saltan de una a otra sin más norma que el interés del momento. Llegada la noche, manos salvajes dañan las obras públicas en construcción, y las cartas anónimas, echadas en los buzones van por las manos del cartero a zaherir al primer magistrado y al ciudadano. La prensa discute el nuevo pacto internacional convenido con la Unión. Cercena la soberanía, afirman los opositores, mientras el Gobierno se encarama en él, como en tabla de salvación, y flota. Luchas intestinas dividen a los copartícipes del poder; el telón baja sobre el alzamiento del propio Presidente, quien perseguido por tropas, acusado ante la Cámara, habiéndose fracturado una pierna, atraviesa la ciudad una tarde de enero hacia el exilio. Al nuevo caudillo adornan prestigios de héroe; es fuerte, sano de cuerpo y espíritu, y la general aspiración a la tranquilidad funda en su energía y sencillez la esperanza de días prósperos y tranquilos. El Homenaje continúa siendo medio pacificador, y la razón de Estado siega vidas. Antonio se pregunta, inmutado, si la tragedia se repetirá indefinidamente, cambiando tan sólo la figura corporal del cacique. ¿A qué, pues, luchar? Le enoja la Convención; sus sentimientos la repulsan. ¿A dónde dirigirse, cómo ganarse la vida? Para los particulares, él es un político, bueno nada más que para vivir del presupuesto; para los gobiernos, un opositor inconforme siempre, al cual hay que vigilar y castigar, y para los políticos, un intransigente petulante que les enfada con sus actitudes. Miguel Gómez le reprocha inacción e inhabilidad para abrirse camino hasta Palacio, no entiende la hermenéutica ni sabe menear el majarete, términos con los cuales se significa la destreza para desenmarañar o urdir las intrigas y lograr un puesto gubernativo. El siéntese encadenado al pasado, que le acogota señalándole a la ojeriza de las gentes. « ¿ Para qué puede servir este hombre? ¿ Qué obra ha realizado?», expresan las miradas de sus oyentes cuando, demoledor, critica los sucesos. La prensa alza el tono, traduciendo el malestar del país que discute la Convención. El Gobierno la mantiene; sus contrarios la impugnan. Campaña de palabras desabridas, ayuna de razones reales, que encubren temores y apetitos. Antonio, obligado a permanecer en casa, por un ataque de gripe, las puertas entornadas, recibe a los jóvenes que le traen los ecos de la polémica y le explanan con ardor sus inquietudes e interrogaciones. «El gobierno se impondrá, y el país naufraga. Es necesario luchar, sublevar la conciencia nacional. Su palabra falta, su verbo dará dirección, la autoridad de su vida es indiscutible. En los bancos del Parque nadie se explica su abstención». La fiebre lo debilita y el cerebro le duele; les promete escribir más adelante; pero Miguel Gómez insiste: —No, socio, el momento es de oro. Horacio está a caballo; hable, hable, un catarro no mata. Entonces, con voz débil, entrecortada por la tos, dicta un artículo corto, vibrante como una arenga. Erguido el pecho en la mecedora, cada frase parécele un lanzazo asestado a la Convención. El auditorio aplaude con ahínco aquel estallido impetuoso de sentimientos, de cólera, de amargura. Su índice vengador señala a los réprobos, los acusa, los juzga, los sentencia y ejecuta; y termina con un rasgo soberbio, emplaza en nombre de la patria a los quecomprometen sus libertades, negociando la soberanía y evocando los manes de los héroes de Febrero. Magnífico, afirman; y mientras Miguel Gómez se escapa con las

las manos cuidadas. XX En la tarde cálida de mayo. miran con sus ojos brillantes. algunos con el diario en la mano gesticulan. echa sus esbirros a la calle y El Homenaje hospeda a los agitadores. contraída la faz por los agudos dolores que le trituran el cerebro. Circulan las criadas con la cesta del pan. la pupila viva. Otras parejas. las manos en los fierros. zahareñas. elegante el traje. suda. El representante de la fuerza ve al temido luchador. ella acodada y él afuera. engarzado en el brazo y a remolque. dos al fondo y uno junto al auriga. replican con un ¡vaya parejero! El vehículo es pequeño. Sentadas en los alféizares de las ventanas o en mecedores en las aceras. mejor estás en tu Consulado de París. En algunas rejas. y los demás corren a pregonar la aparición de la catilinaria destinada a conmover a los diputados y hacer bambolear al Ejecutivo. leyendo novelas o El Listín. los rostros revelan la alegría del triunfo o la depresión de la derrota. El Poder Ejecutivo barruntando la conjura detrás de las palabras violentas incubadoras de revuelta. vestidas de muselinas claras. ligero. de uniforme de kaki. las muchachas. al sagitario. hecho un ovillo. circuidos de ojeras. un niño que forcejea por correr a su antojo. en pie. los hombres departen agrupados. rechoncho. pasean por la ciudad en coche. experta ya. de cuando en cuando le aplica un zurriagazo. el Presidente montó a caballo y fuese a galope camino del Cibao. hundido en el mecedor.cuartillas hacia la imprenta. que aceptes un ministerio de este Gobierno. se presenta a solicitar a Antonio. agregando un piropo cuando la intimidad lo permite. fuma un cigarro. en el umbral. el revólver de ordenanza al cinto. sin responsabilidades. Respirando salud el uno. El día anterior. los transeúntes que las saludan quitándose el sombrero o familiarmente con la diestra. es presa de una tenaza que le aprieta el cráneo. después de la larga y emocionante sesión legislativa. Arturo. le conduce al aposento. las tablillas de chocolate. el queso y la mantequilla para la cena. A simple vista. pero todos se encalenturan y elevan el tono transportados por el ardor de las palabras. una flor en la cabellera. en un catre de tijera. negro. de tres asientos. envuelto entre velos de polvo. —Creo un disparate. y sin cesar excita al caballejo con las riendas y la lengua. El coche rueda. acabado de salir del horno. sin cuello. de parte del Gobernador. Antonio solo. Un oficial. y de luego en luego requiebra a las negritas que. el Congreso Nacional aprobó la Convención Dominico-Americana. La mujer. y en la misma noche. que escucha cuanto conversan los pasajeros. Arturo Aybar y Antonio Portocarrero. . quienes gozan además el privilegio de olerle latagarnina y el sobaco. En el Parque de Colón y en las esquinas. contrasta con la palidez de convaleciente. El cochero. desgolletada la camisa. hilvanan el diálogo de amor. salta y cruje en baches y zanjas. las facciones demacradas y el terno gastado del otro.

nos pone en contacto con una gran nación. —Sí. y el basse ball da músculos y enseña a los jóvenes a pensar y ejecutar con ardimiento. —Pues bien. proeza estupenda. en la sucesión de tales hechos. somos un pueblo falto de voluntad. la habría pactado gustosa. la danza. El yanqui lo . sí. compelidos por los desórdenes internos que nos debilitan y por el peligro vecino. a quien arrancaron de sus tierras nativas. —A esos blancos le jié mucho el negro —interrumpe el cochero. es sencillamente un acto criminal para mantenerse en el poder. ya nuestro pueblo baila tow steps. un sueño hermoso. el error es tuyo. lloran y patean por un juguete que olvidan a los cinco minutos o lo despedazan para ver lo que tiene dentro y acaban por extasiarse amasando el lodo de la calle. transportaron y esclavizaron. pero como los chicos que gritan. Convengo con que mortifica a nuestro patriotismo. —¿Y por qué no? ¿Crees tú que es ella obra del Gobierno? No y no. Créeme. que no es la ambición y las pasiones de los caudillos. quiso y conquistó la América. todos los gobiernos que han logrado sostenerse. No te engañes. ésa es la fórmula con que se pretende excusar la anexión a España. obedece ella a una realidad nacional que se impone a los gobernantes y los apresa. —¿Y qué?. —La Convención. —No y no. y tendré ocasión para adaptar lo que he aprendido en medios civilizados. —No. pero no amenaza la independencia: el mal no está en ella sino en nosotros mismos. demasiado voluptuosa. fórmula o no. —No exageres. la República debió ser como la querían los hombres de Febrero. es el fruto natural de los desaciertos de tres generaciones. no los espasmos de violencia que son nuestras revoluciones. La oposición misma. han buscado el equilibrio más allá del mar.—No. audacia y energía. —Extremista siempre. y eso es lo que necesitamos. Los indios haitianos eran más de un millón y se dejaron extinguir en las minas por el jinete blanco. Arturo. como lo he prometido al Presidente. El español. serviré al país con más utilidad. Recuerda: desde el año 44. —Sí. queremos. Antonio. Verás qué labor realizo. de cuyas instituciones y costumbres civiles tenemos que aprovecharnos. Por otra parte. socio. que la realidad destruyó en crisálida. que tanto clamorea. es el caballo de Troya. —Sí. óyelo bien. a ellos que se creen dueños absolutos. para ser reemplazados por el negro. preciso es convenir que existe algo positivo. Aún persisten en nosotros rastros de aquella voluntad heroica del dominador y los resultados del sometimiento doloroso de los otros. enerva en cambio el tow steps es un baile gimnástico. —Pero te haces solidario de la Convención. sólo que nosotros no nos damos el trabajo de analizar el medio para convencernos. Entrando al Gabinete. y pronto los muchachos jugarán a la pelota.

y.venció al francés. hemos engendrado a Máximo Gómez. cuantas veces pasamos frente a las casas en ruina que ellos adornan y rejuvenecen. ¿Quiénconoce la Primada? ¿ Qué poeta dominicano ha extraído de estas piedras la intensa poesía que en ellas vibra? Por estas calles paseó Hernán Cortés. amar el pasado. pero no lo olvides. y Lilís mismo. En la margen oriental del Ozama. y nuestra isla está en las avenidas de ese gran camino. por el contrario.quiere. y los gobernantes?. primer vagido de la nacionalidad. —Pues la depuraremos. tú concluyes que nuestro destino es ser absorbidos por el yanqui. —No.. El colono combatió con los filibusteros ingleses. señoreando los dos océanos. las tenemos en la sangre: genio y figura. por esos motivos debemos defenderlas de los hombres. ¿Quién era? ¿Lo sabes tú? Ese es un detalle.. Pues bien.. socio. . pero dime. aplico la lección de los hechos consumados: hay que ser fuertes. —Ilusiones. que indios y negros regaron copiosamente con su sangre.. en ellas se nutren raíces de nuestro espíritu. mas no como a cosa muerta sino como a ser vivo. en yegua fina que compró en doscientos cincuenta castellanos. cuya rebeldía transvirtió el estrecho con Hatuey. en el polvo. Aquí. y a la república un prócer en Luperón. En esta tierra.. muchas veces he sentido la curiosidad de saber quién construyó la casa. del tiempo y del brazo destructor de la naturaleza. dices tú. En las aguas. revestida de un manto de brocado. es el eslabón de una cadena. y la línea verde de los uveros. formando abra al mar azul. ¿y las revoluciones. cultivar la voluntad. Cada piedra de esas iglesias.. el español exterminó al indio. al Palacio Viejo! Desde la azotea de la que fue Capitanía General. Palabras. ¡Cochero. —No. y cinco búcares abren los rubíes de sus flores. ¿es que estudiamos nuestra historia tú y yo y los demás de nuestra generación.. y exportó al Continente su cultura. con los bucaneros. cocoteros y almendros. De la mezcla.. el último de los libertadores americanos. reverbera. nos complace admirarlos. en incesante comunión con nosotros.. marina y fluvial.. la violencia enfática. ¿Pero quieres admirar un espectáculo tónico?. reconquistándose para darse al Rey. es un tipo representativo. la suspicacia letal y la aspirabilidad. pero las matarán los ferrocarriles. Mira: hay en la ciudad dos ajimeces. sobre el firme de la ladera. y las ideas y sentimientos del colono que primero la vivió. Al Sur. el estilete de la punta Torrecilla corta las olas. yo no sentencio. —En resumen. sin embargo. nubecillas policromas suben de los cascos y las ruedas. remata frente a la Torre del Homenaje. ambos amigos abarcan la ciudad que áurea lluvia inunda.. ¿ Entonces? Por eso caemos hoy donde ayer nos rompimos la crisma. las escuelas y la riqueza. el negro dio a España un nuevo Cid en Suero. elocuentes páginas de historia. aunque nuestras pasiones lo nieguen. ella fue la cuna de la Conquista y amamantó la gente leonina que en la Costa Firme y en las islas se hizo gloriosa por medio de la espada y de las letras. supones tú que han terminado para siempre? —Aún no. cintila. —Bueno. los restos de la primera ermita edificada en la tierra de América. nos vienen el ímpetu y la resignación repentinos. y óyelo: partirá el istmo de Darien. —Palabras. bonitas palabras.

crecido el gentil edificio. pero calienta entre sus columnas los restos del grande y testarudo ligur. El rumor del mar se difunde confundiéndose con los sonidos urbanos. ¿A qué. Tufo cálido emerge de la tierra. los muros negros del convento de San Francisco coronados por un laurel. y sobre la colina. —Atrévete. Bajo las bóvedas abatidas reposa Don Bartolomé Colón. en los agujeros anidan palomas. es bello. de virutas cobrizas los tejados pajizos.. por detrás de aquellas ruinas. —Sí. y el médico anuncia que una recaída será mortal. Los hombres que laboran en las oficinas de los muelles. y la torre cuadrada de la Merced. una doncella espera el amor que la hará fecunda. dijo en ella plegaria a su dios. las plumas suavemente irisadas. La Catedral se adivina: ella es la materialización de un sueño. Presión más fuerte de la tenaza que me comprimía el cerebro era suficiente. mientras que en el umbral. hombre. la espadaña de San Antón. quiere. se destacan de los follajes de Galindo. Hacia el Oeste. la ignorancia la afrentó. la cuesta empinada. españoles. y más cerca. El sol. se columbra. pues. los bohíos de Pajarito. Por la Puerta de San Diego entran carretas cargadas. La lámina de acero bruñido del Ozama se descoge entre las riberas. los terremotos la desquiciaron. a la mañana siguiente. constante. para ser hollado por cuantos pasaren. enclavada entre los dos mundos. desiguales.yacía Alonso de Ojeda. mi altivez. A través de los árboles. haz. . el Alcázar de los Colón. los sillares gafados por los siglos y bronceados por la luz: tres ventanas al mediodía. y si la miró con tristeza menguada por las tinieblas. no obstante las torres ausentes. mameyes erectos. bello. del artífice inspirado al oscuro picapedrero. se admiran San Nicolás. o rimeros de petacas de carbón. toda esa historia petrificada y la lujuria potente de la naturaleza? Atrévete.. y las ruinosas chimeneas del Ingenio La Francia. cima eminente de la cordillera. tú eres.festonada de lianas. árboles próceres. jadeantes. En la margen occidental. que revuelan en torno. el de voluntad demiúrgica. indios y negros la edificaron sillar a sillar. cubiertas de árboles. la descubrió. hierbas. vacías. debió de sentir el orgullo de haber realizado empresa perdurable. Cada cual. en cambio. pero ya soy un vencido. sino consecuencia de terrible herencia. quiere algo con voluntad cierta. largas varas que huellan ruidosas. estuvo a pique de matarme. Ahora resulta que yo. no es virtud. —¿No te invita a la acción. Hace unos días la gripe que aquí es un coriza molesto y nada más. que habrían sido la meta de la potencia creadora. el Sillón de la Viuda. no soy yo. y galanas palmas solitarias. juntándolos con dolores y esperanzas. y a su izquierda. Hacia el Norte. En la meseta. soberbios caimitos de hojas bicolores. sacude el pesimismo. basta un poco de ese leve polvo dorado que vuela detrás de los coches. la iglesia de Santa Bárbara. burros arrastrando trojes de cañas. cabujón zafirino en mitad de ondulosa raya de azur.. a lo lejos. detrás del codo del río. tres al levante. suben sudorosos. incendia el cielo. y la pequeña villa colonial.. Durante veintiséis años. trepando por la cuesta arcillosa. y las paredes dentadas semejan enorme parrilla. de redondas copas. luchar? Y lo peor es que el médico afirma que mi carácter. la Puerta de San Diego. con la higuera bravía arraigada en la cúpula como un penacho. entre las antorchas de los cocoteros. miintransigencia. y así triunfa del hombre y del tiempo con su gracia ingente: el leopardo dejó una garra en sus naves. En un balcón. descollando entre los tejados planos de las casas. tres al poniente. un triunfador.

y convirtiendo la vista más allá del golfo de Eleusis. y al son marcial del clarín. la bandera desciende del asta. El numen le posee. interrogó. abre los brazos para estrechar en magnífica elación las piedras seculares. los sacros mármoles. fija la pupila beata en la tierra en donde perfuma una flor o crece una espiga. la siniestra en la lanza y abierta la diestra en la cadera. su cuerpo tremó de angustia. la voz de bronce lleva de puerta en puerta la divina promesa. miserable. y libertándose de la materia. En La Fuerza.—No. Las campanas de la Catedral tocan el Ángelus. el pueblo... ¿verdad? Un sollozo se extinguió en los labios de Antonio. Carne tundida por estacas de yagüeses.. — Roma 1913 . los políticos. de la cual ascendía concierto de fuerzas poderosas. azul. vacilante. La silenciosa tragedia se le revelaba de improviso. con mentes inferiores a su tiempo. zigzagueante. cubierto de flores el ataúd de tercera clase. hasta la Antilla ensangrentada. Arturo. Minutos después. que lapidan en las tardes las estatuas por sus propias manos modeladas en la mañana. de grávidas entrañas. como he sido maestro a palos. esclarecido por su luz inmortal. El cejo del río humedece el aire. siluetas extrañas. las sombras estarcidas ahuman el cielo. Arturo había experimentado una intensa emoción ante la imagen de Atenea. los pies descalzos. Habana 1911. elevó la razón. lenta. asistirán los niños de las escuelas. golpeada por molinos. mi hijo. los jóvenes. el más perfecto. y por sobre la cabeza de lo que muere. ¿es su ánima la de un hombre o la de toda la gavilla de averiados adoradores de Dulcinea cuya es la prole de débiles turbulentos. inclinóse hacia la flor o la espiga que los ojos de la diosa miran deleitados.bufas. le apretó contra el corazón. la diosa de formas virginales. y con los brazos abiertos. a prisa en busca de la cena que espera en la ciudad. tal una ala rota. Es horrible. ¡el gran rebelde! Pero. En aquel ápice del espíritu humano. libres de la costra de turcos y venecianos. ¿por qué no? ¿Por qué no?.. profesaban con su milagrosa euritmia rota la más elocuente lección de moral y belleza. mientras los generales ignaros triunfan y les uncen? En el Acrópolis.. El vaho ardiente de la tierra enardece sus arterias. pronunciarán discursos en los cuales me calificarán de rebelde. los mercachifles. al declinar el día. mi sangre. cincelada exquisitamente. En mi infancia soñaba tener un entierro suntuoso. Por el oriente. comprendió. las proas armadas hacia Levante. amó la belleza pura. que harán reír. soy un vencido. a la luz de los focos eléctricos. ansió sembrarlos en la patria lejana. seré conducido en andas. Exaltado. dibujará al caminar. pues bien. a la deriva hacia fatal destino. roja. blanca. desde el Partenón contempló la ciudad blanca. y créeme. Ceñido el casco. Me conformo con la idea de que le harán justicia a mi cadáver. esas risas me flagelarán hasta debajo de la tierra. mientras sus ojos escrutan la villa y el campo vecino. en el Pireo. traerá en las manos los paños blancos que sirven para cargar los muertos. la guardia de prevención presenta las armas. conmovido. La floresta aledaña avanza sus tentáculos constrictores. repite ahora. lo triste es que cuando todos vuelvan del Camposanto. y mientras el sepulturero tapa la fosa. alzándose sobre las tumbas vecinas. Nuevos griegos dialogaban en el jardín de Platón.

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