"La Sangre", obra que publicara Tulio Manuel Cestero en 1914, es una novela que logra reflejar aspectos del

ambiente urbano y de las tribulaciones político-sociales de la época.

Por el ventanillo del calabozo, un rayo de sol entra jocundo, adorna con ancho galón de oro los ladrillos y trepando por las patas del catre, cosquillea al durmiente en el rostro. Antonio Portocarrero despierta restregándose los ojos con ambos puños, bosteza, la boca abierta de par en par y mira en torno suyo con asombro. Siéntase en la barra del lecho examinando la celda de hito en hito y cual si al fin, libertándose de una pesadilla, comprendiese, murmura: «todavía... otro día más». Joven, de estatura prócer, la fisonomía enérgica y simpática la color melada, cuya palidez actual aumenta la sombra de la barba ida. Los cabellos negros, de rebeldes vedijas, la nariz roma y los labios carnosos de bordes morados, denuncian las gotas de sangre africana que, desleídas, corren por sus venas. Las pupilas grandes y brillantes, henchido el pecho. El preso registra la estancia, tal si la viese por primera vez. En un ángulo, un aguamanil desportillado, de hierro esmaltado, sostenida la jofaina en una trípode. En mitad del testero, junto al muro, una mesita de pino, sin barnizar; al lado de ella una silla, cerca una mecedora, y encima una alcarraza, una copa y varios libros: «Los Girondinos», dos tomos de «El Consulado y el Imperio», «Los Misterios de París», «Historia Universal» por Juan Vicente González, y los «Tres Mosqueteros». El recuerdo de los amigos que le proporcionan el placer de la lectura, le saca a la cara la luz de una sonrisa. En extremo opuesto, vecino a la puerta de roble con hileras de clavos cabezones remachados, un cuñete, ceñido por arcos de acero, receptáculo de sus deyecciones, que dos veces por día un penado carga en hombros y vierte en el mar. Sus emanaciones infectan. Estos objetos, una escoba y el catre con una almohada y dos sábanas, componen el ajuar. El enladrillado es frío. Las piedras de las gruesas paredes han sudado durante siglos. Musgo verdinegro vetea el enjalbegado. La humedad se caía hasta los huesos. Por el día el calor agobia, en las noches invernales el fresco molesta. El aire y la luz entran por el ventanillo de fuertes barrotes de hierro. En las paredes, enlucidas de raro en raro, los cautivos han escrito con carbón sus penas e indignaciones. Entre ellas hay una de su propia letra: «26 de Julio de 1898, a las 9 de la noche». Cuando la hubo leído dos veces, arruga el sobrecejo, exclamando con dolor: « ¡un año ya! » y se pone en pie, encaminándose al lavabo. Con vigor se enjuaga rostro, cuello, sobacos y muñecas; luego arrima la sólida silla de sabina y majagua, y encaramándose en ella, ase los barrotes, y a pulso alcanza el poyo. ¡Qué fiesta para sus ojos! El cielo, azul, límpido, sin una nube. El sol derrama oro obrizo sobre Santo Domingo de Guzmán, con amor fecundante inagotable. El mar cabrillea deshilando sus randas de espuma en la arena de la Playa del Retiro, y muge con ternura de toro en celo en las peñas del acantilado, sostén de la Torre del Homenaje, en donde él está recluso. La vista complacida recorre la ondulosa línea de vegetación que arranca de los almendros de elegantes amplias copas y los guayabos silvestres de la margen del río, y sigue por los uveros, de hojas de abanico, hasta las ríspidas malezas de la Punta Torrecilla. Las lanchas

pescadoras, rezagadas, entran en la ría, a rastras los chinchorros repletos. En la caía, entre los pies de los tripulantes, saltan agónicos jureles y carites de argentinas y róseas escamas. En el Placer de los Estudios, balancean airosos sus cascos blancos, al tope el gallardete tricolor, dos cañoneras de la armada nacional. Una vela cazada vira la punta y enfila hacia la boca, obstruida por la arena acarreada por las dos corrientes. Un bote, al compás de sus cuatro remos, salé. El ambiente, con serenidad jubilosa, afirma que el hombre, señor de esta naturaleza, no ha de sufrir. Sin embargo, Antonio es un contemplador impotente. Y ¿por qué? ¿Qué leyes humanas o divinas violó? Su amor a la libertad, al progreso, le ha sumido en prisión. La tiranía le oprime paralizando sus fuerzas vitales. Las manos entumidas se niegan a sostenerle y, con ira, se arroja al suelo, sentándose en el mecedor, y entre impaciente y perplejo, se pregunta qué hará para ocupar el día. ¿Leer? No. Los libros le hablarán de poder, de riqueza, de amores, de cuanto es triunfo, alegría o dolor en los hombres. Uno, dos, tres..., insensiblemente cuenta los clavos de la puerta. Se levanta, barre; pasea a trancos, empeñándose, pueril, en no pisar las rayas del pavimento, y el nimio detalle conduce su imaginación hacia los días venturosos de la infancia. De nuevo se sienta, gusta la necesidad de enfrentarse con su vida, remontando su curso hasta hoy, hora por hora, reconstruiría analizarla... ¿ Su vida? Sí, ¿ qué ha sido su vida? II En el verdor de la sabana, con sus casitas pintadas de colores vivos, de metálicos tejados relucientes, y los bohíos de adobe cobijados de palma, finge la villa, al lejos, un rosal florido. Colinas suaves la protegen de la una parte, mientras por la otra la pradera abre vía al mar cercano. El río cantor la circunda, y sus linfas retratan garridas doncellas, cuyos cuerpos acarician las aguas voluptuosas borbotando en los chorros y en la somnolencia de los regatos. En las florestas aledañas la atabaiba embalsama leguas y leguas los caminos asoleados. La cabra extrae de las hierbas aromosas leche exquisita, y la abeja, reina de aquel jardín, ahíta de ambrosía, multiplica los panales. Las muchachas de la capital, encuentran en su regazo morbideces para los cuerpos enjutos y paz espiritual ara las penas de amor. El aire sano y los baños fluviales excitan el apetito, y la hospitalidad de la gente crea el contento en torno de los limpios manteles. Galana tierra de bucólica, si engendra héroes, les impone la ecuanimidad de la naturaleza y les siembra en el alma un grano de poesía. Tal es el solar de Antonio Portocarrero. En la soledad del enclaustramiento, ¡cómo le alegra la visión del riente valle nativo, y con qué placer buscaría reposo y olvido en sus montes fragantes! Cada casa, todos los árboles, las vueltas del río, las piedras de las veredas, presentes en su memoria, le evocan mil incidentes que podría hojear ahora cual páginas de álbum iluminado. Su primer recuerdo data de los cinco años: una vecina entra de improviso en la casa tirándole de la oreja y acúsale de haberle sorprendido con su hijita, escondidos entre la ropa sucia. «Jugábamos a los matrimonios», balbucegirimiqueando, y la madre, entre bromas y veras, asienta: «comadre, amarre su gallina que yo tengo mi gallo suelto»; pero a renglón seguido, con un rebenque, le aplica en las espaldas la primera prédica de moral y la mas elocuente demostración de la existencia del pecado original. Diablo de chiquilla aquélla, le

aventajaba en dos años y fue su iniciador. ¿ Qué será de ella? ¡ Honesta casada> sí, y cargada de hijos! Los ojos le echan chiribitas. Hasta los ocho años su vida transcurrió entre juegos con la chiquilla, perturbados por las insinuaciones tempraneras del genio de la especie, y baños en el río, en compañía de las vecinas. ¡ Qué cosas veía!.., y tanto, que alguna guapa moza, advirtiendo su embelesamiento, exclamaba: « ¡miren qué ojos tiene este malvado!». Cada día le aportaba en sus horas un momento de dicha. A la sombra del mango frondoso que asombra el patio, después del almuerzo, su madre cocía en paila de cobre, de interior estañado, sobre cuatro piedras y a fuego de leña, el dulce de leche, industria famosa del lugar y de la cual era ella especialista Toñico, como le apodaban, y su novia, en cuclillas, velaban la paila, siguiendo ansiosos los vaivenes de la paleta moviendo la jalea para que no se pegara del fondo. Las bocas se les hacían agua; pero al fin, extendida la pasta sobre la pulcra tabla para cortaría en panetelas, se les adjudicaban paila y paleta. Los pulgares rebañaban veloces hasta pulir estaño y madera. La saliva fluíales por las barbillas hasta los cuellos. Las disputas menudeaban, y afirmando los moquetes el predominio del macho, desmentían el proverbio, pues, a pesar del amor, no bastaba que uno solo comiese. Otro de sus grandes placeres se lo ofrecía el juego de escondite, entre el pajón de la plaza en cuya linde habitaban. En los atardeceres, de la hierba emergía deliciosa tibieza. El abrojo enjoyaba la verdura con sus estrellas de oro. Los cuerpos chafando tallos y hojas, les extraían sus aromas. Los insectos, viscosos algunos, les hurgaban las piernas, picábantes hormigas, y las espinas arañábanles; acontecía también, y esto era lo más terrible, que a lo mejor, entre los matojos, erguíase Pepe, el gallo de la casa: la cresta sangrienta, las barbas trémulas, erizadas las. plumas, hiriéndoles casi con sus pupilas vidriosas. Molestado en su señorío, empinábase con gravedad cómica, presto a defenderse con sus afilados espolones. ¡Cuántas cosas decía aquella actitud de coraje y retroche! y en tales instantes, cortos felizmente, pues el galio convencido de sus pacíficas intenciones, dardeaba su cantio y aleteando con ruido tornaba a escarbar gusanos, Pepe, les infundía más miedo que las correas de su madre a las cuales llamaban: «Juan Gómez, tanto pica como come». Y a través de los años le impresiona aún la gallardía de aquel reto. ¡Ah, si todos sus compatriotas alegaran así sus derechos, no estarían él y otros en esta cárcel inmunda‟ y el país perdido! Cuando había visitas en las casas respectivas, provistos de la merienda — una galleta sobada y media panetela de dulce de leche —, les enviaban a buscar gambusinas bajo un guayacán rodeado de mullido tapiz de hojas muertas, o enlazadas las manos, serios y cuidadoso! de sus trajes limpios, iban al patio de un bohío inhabitado a encelar en una espiga de pata de gallina, un ñoño. de jazmines don Diego de noche, para adornar la imagen de la virgen de Regla, santificada en los hogares. ¡Dichosa edad! Cumplidos los ocho años, sufrió los primeros cambios desagradables en su vida. Terciada al busto la saqueta de tela con el libro primero de Mantilla, pizarra, cuaderno de escritura, tintero, pluma y clarión, tomó el camino de la escuela de varones. En su casa había aprendido a deletrear, y la escuela fue siempre castigo con el que su madre le amenazó. Ya no le llevaron más a bañarse con las mozas del vecindario, y terminaron los retozos en la grama con la chiquilla. Medrado el cuerpo, la musculatura se anunciaba vigorosa. Nadador como un pez, exploró el fondo de los charcos del río; jinete audaz, echarle la pierna a un burro y tirarle del pelillo obligándole a corcovear, era su placer. La escuela convirtióse pronto en sitio de recreo: la lectura, algarabía coreada, y en los ratos de silencio, una mosca que volaba con un rabo de papel hacía estallar las risas. El‟

maestro manejaba recia palmeta de roble. Los chicos se untaban ajo en la palma de la mano, suponiéndole al zumo, según fama, la virtud de partir la madera. Y con qué hombría las extendían saboreando de antemano la venganza; pero la palmeta resultaba intacta y la mano encandecida. ¡Cuántas ilusiones como ésa habíanse desvanecido en sus luchas con la fuerza! Además de las vacaciones reglamentarias de estío, las de Pascua de Navidad, Semana Santa, los domingos y las numerosas fiestas de guardar, los más de los días eran de asueto, ora por quebrantos de salud del maestro o de los hijos, ora por partos de la mujer y otras causas domésticas. Cuando las puertas del aula cerrábanse, abríanse las del campo. Aquello sí valía la pena. El río, con sus hondos remansos y su rápida corriente, ofrecía liza a los ardidos, quienes zambullían hasta coger arena con la boca o se dejaban ir aguas abajo. Agazapados en las cucarachas del cascajal, atisbaban a las lavanderas que, las faldas arremangadas, bateaban en las grandes piedras marginales, y a las bañistas, al salir, modeladas las formas por la camisa mojada, o cuando tendidas boca arriba, el agua borbollante les cubría el pecho de encajes y las descotaba o alzaba la fimbria, descubriendo ocultas delicias. Si la imprudencia de alguno les vendía, arrancándoles a la contemplación golosa de un blanco muslo venusto, perseguidos por gritos y maldiciones airadas, partían cual potricos por sobre los cayados calientes. Pero mejor eran las carreras en burro, en pelo, en la sabana, y más todavía, una pelea. Dividíanse en dos bandos, uno en cada ribera, baecistas los unos, azules los otros, afiliados de acuerdo con las simpatías partidaristas de las familias. Servíanles de proyectiles los duros cocorrones del guayabo, y se batían, reidores, regocijados, arremetiéndose en el agua misma, con las peripecias de la refriega, hasta que una de las dos guerrillas ponía en práctica el «pies para qué os tengo», o un guijarro lanzado por mano artera, hacía una baja, que conducían a la casa entre gritos de protesta, mientras el aporreado sollipaba presintiendo que encima del chichón recibiría una cueriza. Antonio, de tarde en tarde, placíase paseándose solo por la sabana. Echado sobre la hierba rica en esencias, observaba el cielo azul, muy alto, hasta la hora en que los chivales entran en la población, la abuela a la cabeza, y en pos de ella, en ringla, el cabrio barbudo y apestoso, las hembras, con los cabritos pegados a los pezones, en tanto que berreando los chivos triscan con las madres. Así, iguales, sucediéronse los días medidos por el toque, a la del alba y a la oración, de las alegres campanas de la iglesia, hasta la madrugada de noviembre en que, a horcajadas sobre un caballo, emprendió el camino de la Capital. Contaba a la sazón catorce años. Desde meses antes, un su tío, informado por su madre de su inteligencia y progresos en la escuela, de la que era el primer alumno, había escrito pidiendo se lo enviaran para que ingresara como interno en el Colegio San Luis Gonzaga. La partida, prorrogada de semana en semana, al fin se fijó para después de las fiestas de la Virgen, aprovechándose así la compañía de los capitaleños que viniesen a ellas. ¡Nunca fueron las fiestas como aquel año! Desde las vísperas se animaron las calles solitarias por el tráfico de campesinos que vienen a mercar, y de las pandillas de muchachas, que afanosas y parleras, recorren las tiendas en miras de las novedades recién llegadas de la Capital. En la iglesia se hacen los preparativos, y en las casas el trajín doméstico se aumenta con la labor de pintarlas de nuevo. La cosecha de café fue buena, y todos tenían monis que gastar. La orquesta de baile llegada de Santo Domingo estaba formada por los mejores

instrumentistas, y, entre ellos, el bombardino, natural del pueblo. A la alborada, a la salida de misa y de las salves, a los acordes de danzas y valses, sumábase el estrépito de los triquitraques, cuyos mazos apagaban los granujas con pies y manos, de los montantes y de las detonaciones de las cámaras. ¡Y qué misa, la del día de la Virgen! La iglesia de bote en bote. En la tarde, la imagen de Nuestra Señora de Regla recorrió en procesión las calles principales, barridas, desherbadas ex profeso y cubiertas de pétalos multicolores. Seis doncellas cargaban las andas florecidas. La Virgen, con su joyante túnica blanca bordada de oro, manto azul y corona de pedrería, entre cálices, turíbulos, diosa de aquella Arcadia, ponía en cada pecho el contento de vivir o la promesa de un milagro. Teorías paralelas de muchachas tocadas de albos velos, con cirios encendidos hechos de la cera más fina de las colmenas, precedían: una de ellas, la chiquilla, su ex-novia, que, grave, casta, ni le miró. ¡Quién hace cuenta de cosas de niños! Los bailes, rumbosos Como jamás, y hasta le pareció a él que ni las feas comieron pavo, y las notas de las danzas sugerían más elocuentes las declaraciones de amor a los ladinos capitaleños. ¿Y las corridas de anillos y macutos, y las cenas? No, si todo fue magnífico, hecho adrede, para que él no lo olvidara.‟ ¿ Y el Peroleño?... Érase el Peroleño, legítimo descendiente del ilustre señor don Pedro Leño, perniquebrado, pequeño y redondo, el lampiño rostro malicioso, en los labios finos y rojos, sonrisa despreciativa. La nariz remangada; negro el mostacho; la cabeza de escaso pelo lacio, plantada en un cuello arrecho, se iluminaba con la lumbre de los saltones ojos azules y picarescos, hasta la desfachatez. El pecho abultado y los hombros anchos desafían los golpes del contrario. Colocado en su trono, de modo que se moviera al menor contacto, lucía espada, cruces y medallas; cimera empenachada y adarga embrazada en la diestra. En la izquierda sostenía una calabaza o vasija llena de agua de tuna. Los jinetes contrarios, a escape, le pegaban con la siniestra, y el muñeco a su vez, aplicábales un lamparón bermejo. La victoria era de quien salía ileso del encuentro, y para él, la ofrenda de un lazo con ancha moña rizada que antes se ostentó en corpiño femenil, o palma que, las más de las veces,. correspondió al triunfante Peroleño. Toñico sentía cominillo, irresistibles ganas de correr; se le antojaba fácil el éxito: alcanzar el lazo de la ex-novia, ser admirado y aplaudido. Y tal empeño puso, que alguien complaciente le prestó caballo, por una carrera nada más, e hipándose sobre los estribos, pasó, alcanzando al muñeco con tan leve pasa-gonzalo, que apenas si unas gotas señalaron su primera derrota. ¿Y el testamento del Peroleño .... ¡De rechupete! El noveno día, caballero en un borrico, seguido de ruidosa cabalgata de damas y galanes, paseó el pueblo. En las esquinas fue leído el testamento, en verso, con sal y pimienta, satirizando a las autoridades y notables. Al maestro también le tocó su chinita; y cómo la rieron los alumnos, exclamando: "¡ya nos las pagó todas juntas!". Y después, la despedida de su madre, llorosa, repitiendo consejos y recomendaciones. «estudia, sé bueno, que eres la única esperanza para mi vejez». A cada vado del río, el corazón le da un vuelco. De entre los cendales de la aurora, las lomas surgen azules o verdes, según la distancia, y su mirada zahorí distingue con arrobamiento el guano, la

yaya y el maguey que las tupe, y en la vera del camino, hasta a los cayucos, alpargatas y guazábara ve con afecto olvidando las veces que sus garras le sangraron. Desde sus nidos, ocultos entre las madejas áureas de los fideos, chinchilines y julián-chivies salúdanle con sus píos onomatopéyicos, alborozados con su partida que les libra de un enemigo, mientras las campanillas aljofaradas y las carmíneas flores del carga-agua y las cabritas, con la frescura de sus cerezas, le invitan a quedarse. Los viajeros satisfechos, caminan a pares, escapeando de trecho en trecho, comentaban los incidentes de las fiestas. Alguno se confesaba preso entré las redes de una linda pueblerina; otro insinuaba observación maleante acerca de este o aquel acto, que hacía prorrumpir a esotro: «por eso nos llamanbúcaros a los capitaleños»... Y así, entre bromas y chichisbeos galantes, las lindas amazonas y sus caballeros corrieron las catorce leguas, excediéndose de ojos y boca estrepitosa la alegría. ¡Cómo ha volado el tiempo y mudado los hombres y las costumbres! Su riente pueblo de bucólica ya no será el mismo; pero con todo, con qué placer iría a limpiar su cuerpo de las inmundicias de la prisión, tirándose de cabeza en Los tres charcos o en las chorreras de la Piedra del Chivo, para que el agua corriente le lustrara el espíritu puliendo huellas dolorosas... III Cuando Antonio, conducido por el tío Tomás, traspuso el umbral de «San Luis Gonzaga» al día siguiente de su llegada, sintió que algo se desgarraba en sus entrañas. El severo edificio, de dos pisos, adyacente a la iglesia de Regina Angelorum, abría sobre la calle numerosas ventanas altas y bajas y una sola puerta, flanqueada ésta por dos cañones enterrados boca abajo; Convento de clarisas franciscanas hasta fines del siglo XVIII cuartel en 1822 y en 1863. A su vista, el muchacho se había detenido vacilante, sobrecogido, y su tío hubo de empujarle por el pasaje abovedado comunicante con el claustro. El negro portero, que guardaba la entrada como antaño la hermana tornera, tañó una campana. Detrás de ellos venían, en hombros de dos rapaces, el catre de tijera, con su forro de recia cotonía, un lebrillo y un baulito de cedro, herencia de los abuelos, en el cual el cuidado de la madre había ordenado dos mudas de rayadillo y dos de pearl river vuelto del revés, seis camisas y otros tantos pares de medias; jabón, peine, una latita de betún de la marca «El Gallito», y un cepillo, un par de guillotinas de marroquín morado, aguja, hilo, botones, sus libros y útiles de escritorio, y en un rinconcito, envueltas en papeles de seda y estraza, panetelas de dulce de leche, y un escapulario de la Virgen de Regla relleno de alcanfor. El claustro se ofreció a la mirada de Antonio hecha a registrar el campo con todos sus detalles en pocas ojeadas. Era un cuadrilátero en cuyo límite alzábase el primer cuerpo del edificio en todo su largo. A la derecha, un cuartelillo ruinoso; a la izquierda, la iglesia y viejas paredes, y al fondo, el refectorio, la cocina y un lienzo más, también caduco. La mayor parte del espacio ocúpalo el jardín. Dos palmas airosas le forman portada, y lo encuadra una verja de madera descaecida, apoyada en pilares de mampostería. Los arriates, formados por botellas vacías clavadas de pico, están plantados de cien hojas, mosquetas, purpurinas y un nido de amor que se atavía con espléndidas rosas. Erectas cañas de azucenas, suspenden blancos cálices odorantes; carmesíes lágrimas de Venus que acendran una gotita de miel; la humilde flor de todo el año,inodora; amarillas copadas reventonas como su pariente el clavel; celias, modestas rivales de la

ceñudo. amparan bancos de piedra y nutren orquídeas cuyas flores semejan mariposas. cuando enfrutecido. la tónica yerbabuena. La cambutera con sus corales escala graciosamente la verja. LaSangre de Cristo resplandece por sus cinco pétalos. y entre la coraza verde de las hojas fulge la flor de cigarrón. por la escalera de ladrillos. Antonio subió detrás de su tío. del que tomó posesión. Entre el jardín y el edificio. Un cerezo que. de frutos regañados por las propias mieles. un redondo arbolillo de granos rojos escuda del sol una tinaja de hierro. nariz aguileña y finas manos de cera. defendidos por cercas de cañas. es un coágulo sanguino. a la par. Mientras su tío expresaba la gratitud de la familia por la merced de recibirlo gratis o correspondía a las preguntas del Padre indagando por los del lugarejo. Cuatro naranjos de pomas de oro. parientes y conocidos. Aguaceros. él examinaba con suspicacia campesina al cura. La mano rectoral sonó por dos veces una campanilla. de zumos benéficos. ascética. y momentos después. cerrados. y el llantén de hojas y espigas eficaces para colirios y tisanas. aunque las estrellas de sus corolas no hayan sido jamás interrogadas por amantes.de hojas caprichosamente matizadas y el Corazón de Jesús. la malva. El Padre le entregó al nuevo interno. extiende el terciopelo de sus hojas. Junto al aljibe. nardos. canijo. cual cinco llamas prendidas por la flecha del pistilo. alza un solo ramo nevado. propicio contra el ahogo. acudió un vejete menguado de estatura. como si estuviera ganoso de favorecer la ventana del Rector. A la puerta de la iglesia. Y tras un imperioso venga. tal una lámpara azotada por el viento. que rodea su vela blanca con guarda-brisa violeta. Era don Marcelino. un flamboyán. fuerte. al fondo. apretándole las alas. y su prima. la cayena. y dos naranjos gemelos. En el curso primario ingresó el . riega granates. y con su vocecilla aguda y el índice. siguió a aquél por salas y pasillos. La verdolaga. sonriente del Padre Billini. la celeste rueca hila el linón róseo de la Vara de San José y el níveo o con purpúreas vetas. rastreando. la cara de hombre. ígnea mano crispada. se mantenían sobre sus patas por una cuerda enlazada en una de las cabezas. mientras los pomposos girasoles siguen el curso del astro. vasto salón con ventanas a un ángulo del patio y al coro de la iglesia. un almendro crece a prisa. y en la presencia del Padre. colocando catre y baúl. nervioso. comunes ambos al campanario. sarmentoso. y en fila. y Antonio. y una mata de rabo de ratón. avellano peral. les señaló la puerta de acceso a su departamento. apareció la cara pálida. que cubre con sus ramas sin hojas el brocal del pozo y cuyas vainas negras restallan derramando las duras semillas. que se agitaba dentro de la sotana de merino. el Prefecto. hasta el dormitorio. de los lirios. conviven con los orgullosos rosales. y en último término. albahaca y reseda. y escalera. tal era la fama de su caridad. El jazmín del Malabar reta a sus vecinos con el armiño de sus pétalos. después de abrazar a su tío. que saturan la noche con sus aromas capitosos. de hojas verdes o manchadas de blanco. el añoso tronco mútilo. malangas. de ojos inquietos. Don Marcelino le señaló su sitio.margarita. la salvia y la ruda. al que se llegaba por un pasadizo húmedo y estrecho. escaleras abajo y arriba. Los catres. con luengas barbas canosas. se mantuvo en pie con el sombrero en las manos. el hinojo. El cuartelillo está cubierto por las hojas rígidas de la efímera y nocharniega flor de baile y las guirnaldas de la trinitaria. sendos raquíticos ejemplares de manzano. Con discreción de pobres. En el marco de la ventana más occidental. cubiertos por sábanas pringosas y teñidas de sangre de chinches. a quien se le había enseñado a venerar como a un santo. echó a andar a su zaga hasta las aulas.

a medida que sus ojos reconocían el ámbito. le sentenció diciendo de él. escurriéndose. y la americana tenía siempre las sobaqueras señaladas por una mancha sarrosa. y otra. interrogaba sin que nadie le contestara. Este. Uno de éstos. El Presidente Lilís. despistado. otros más pequeños. La política le separó de las aulas y le encaramó en la judicatura y cátale ahí. recorriendo los rangos. De memoria sin rival y puntualidad intachable. las greñas aceitosas. Y proseguía. sin examen previo. cuando alguien recomendándoselo enumeraba entre sus conocimientos el latín: . vinieron los apóstoles San Pablo y San Bernabé».recién llegado. Poco a poco. acosado. comenzaba la clase de Religión: «Diez años después de haber ascendido Nuestro Señor Jesucristo a los cielos. Por las mañanas. y de tal modo mecánico. entre otros orates que vociferan. sin encuesta alguna que clasificara sus conocimientos. fornido. desde un muro del ex-Convento de San Francisco. y Antonio. perplejo. para obligarle a razonar. que eludía las preguntas que no estuvieran formuladas con las mismas palabras que él aprendiera. descubrió caras de compueblanos que le habían precedido. todos los libros de texto. estalló un coro de risas: le habían lanzado un monigote de papel con una pelotilla mascada que. alto. Recitaba.. e igualmente de dos a cuatro de la tarde. variaban la asignatura y el número de porrazos. o un alumno que prevalíase de la ocasión para mofarse del maestro. él truena predicando a las vecinas y. en el manicomio. ¡Pobre maestro! Antonio evoca su figura con simpatía. partida longitudinalmente por vigas blanqueadas. Su paciencia superaba a su memoria. sin que le percibiera el profesor que declamaba a gritos la lección. el día en que vagando solo por la sabana. le alcanzó. en los intercolumnios. que había experimentado dos veces ya en su vida: una. La sala tiene ventanas enrejadas a la calle. Aquí y allá. Vestía de dril. la zambullidura inesperada y . recto el índice y con voz tonante. se acogió al asiento más próximo a la entrada. Ni lluvias torrenciales ni ciclones le intimidaban. él mismo con rapidez ensartaba la respuesta. no el método. a manera de columnas. A cada hora. se extraviara. Érase una sala. Corrido. sintióse oprimido por una sensación angustiosa. pegándosele al cuello. con sus puntos y comas. azuzados por otros profesores. entraba y salía a la hora exacta. marcada en el reloj de níquel con gruesa cadena de plata. Hasta un ciento de alumnos los ocupaban y producían constante rumor de colmena irritada. Le revoleaban los ojos chispeando en las órbitas. y si los discípulos. Del techo pendían dominguillos zarandeados por la brisa. por las cuales se traficaba en golosinas y solía asomar la cara algún muchacho callejero que arrojaba por entre las rejas un grito chusco. A los lados. mulato. fue recuperando ánimo. grasiento. A su paso. hasta la meridiana. temblequeaba por la espalda. le llamó con la mano desde el extremo opuesto. Tocábase con sombrero alón de fieltro blando.por primera vez en un charco hondo del río. A las siete en punto de la mañana descargaba otras tantas veces sobre la mesa un mazo. jamás se violentó contra aquella hampa infantil. Cuando Antonio. si en cortísimo tiempo aprendió sin faltarle una tilde las doscientas páginas de un tratado de Agricultura. se refugió silencioso junto al amigo y continuó la inquisición. él imponía la autoridad inapelable de la letra impresa. suscitábanle discusiones. a los raros transeúntes. pupitres colectivos con sus bancos de pino y. largas las uñas y con orla negra.

estudiando el terreno. Disputaban. Ex el Prefecto. bajo el ojo de don Marcelino. en el espacio medianero entre el jardín y el edificio. pero su fiereza no igualaba al inquisidor. A las cuatro. saltar. enternecido o vicioso. con puerta al pasillo de ingreso y ventilada por una claraboya. El viejo desfilaba pegando. y cuando la tisis le extinguió el aliento en los pulmones. alineados o en pelotones. al servicio del más rico y del más fuerte. Para las faltas graves existía el calabozo: covacha obscura. implacable. don Marcelino. reñían. fingía equivocarse con el vecino. quienes labrando con un cortaplumas la madera de los bancos y pupitres. asesinaron al General Prim. malo. Los había vestidos con lujo. en dos. que seguía la maniobra hasta que huía la víctima o se doblaba sollozante bajo el flagelo cruel. entreteníanse. pues ninguno tenía puesto fijo. y cuando el escándalo invadía las otras aulas. según publicara un periódico local. o a ley de Bayona. alta. otros harapientos. desollábanse las rodillas y sangraban las bocas. por debajo de las corvas y sobre los codos. pulcros.«malo. Adivinaba a los delincuentes. concluidas las clases. y ejercitarse en barras paralelas. de limpias ropas reveladoras de los afanes maternos. o los denunciaba alguna venganza empapada en lágrimas. grabando en ellos palabras obscenas. A las veces les golpeaba en las corvas con una maceta de roble. Siempre zahareño. que se aplicaba en cuclillas. para ellos encarnaba a Satanás. piojosos. con alegría bulliciosa de la toma que arrolla la presa. confesó haber sido uno de los que en la calle del Turco. acercándose. además palmeteaba a trocha y mocha. la reata se desbordó en todas direcciones. después de más de hora. El demonio castigador. aparecía. airado. pero ligados todos por dos sensaciones: hambre y miedo. A los impenitentes metíanles de pies y también de manos en un cepo. la piel curtida. sañudo. y cuando el muchacho se regodeaba. Otros castigos consistían en arrodillarlos con los brazos abiertos. con las orejas terrosas. o con la cabeza debajo de los travesaños de bancos y sillas. a caza de mutuas simpatías en los rostros vecinos. sordos a sus lecciones. o hacer en el suelo determinado número de cruces con la lengua: las frentes sudorosas manchábanse con el polvo rojizo. y así pasaban horas aduncos o tendidos sobre el piso duro y meado. Antonio permaneció quieto. escalas y argollas. don Marcelino oyó sus relaciones y le despertó macerándole con la soga las flacas carnes desnudas. negro que sabe latín se vuelve loco». Durante todo el primer día. expósitos y vástagos de familias potísimas. Los ingenuos echábanse de bruces escondiendo las caras. pobres. era una jauría. su voz ordenó «rompan filas». En el internado se mezclaban orígenes y colores. A la verdad. volteaba por sobre su cabeza una pita del grueso del pulgar. el profesor de gimnasia les hizo mover a compás las extremidades. receloso. Sólo el alcohol le dominaba. el pelo enredado. el cigarrillo en los labios. calzados de cabritilla. huérfanos y ricos. y a éstos se agregaban los externos que sólo concurrían a las clases. Luego el Prefecto mandó las evoluciones militares. Mientras profesaba. atados a una vara. debajo de la escalera principal. los muchachos. Antonio no olvidará mientras viva la sorpresa dolorosa de una madrugada: soñando hablaba en voz. y cuando al fin. aquella congregación. recibía el formidable latigazo. creyéndose a salvo. Viejo terrible. quienes pintando monos en los cuadernos o peleando pajaritas de papel engomado. ni perdonó jamás ni acarició nunca. Antonio fue a sentarse en el cuadro . constantemente renovados.

otros dábanse a los bolos. el ovejo. y . pues ningún sedante más eficaz que aquella suerte de caponera para calmar iras y olvidar agravios. El mayor interés estaba en las disputas por los distintos valores de las bolas de vidrio. duchos en «tirar la piedra y esconder la mano». aguas y güesos. Se plantó. chinchoso». había o no robado tierra. hiriéndole en los amores por su pueblo. Las riñas menudeaban. es decir. Para tales comisiones escogíase a los mejores o a los más hipócritas. sitio de descanso. El vencido se levantó. También se jugaba al hoyo. tejiendo mantos de verdura. Le miró sin ira. advirtiendo el cogote recio y las manos encallecidas por las jáquimas. Las parchas y caguazas cuelgan. Los mayores conversaban o leían. ganándose tantas cuantas en él cayeran. cuya nostalgia sentía con intensidad. el mismo juego de bolos. convidando al zumbador y a los chicos con la pulpa roja de sus abiertas cápsulas de oro. clasificadas en razón del volumen y pintas en su germanía. y por los turnos de salida para determinar quién era el mano. a lo cual llamaban la moteca: el ochavo o el botón. que recogidos en la palma de la mano eran lanzados de punta al canto de monedas o botones. que consistía en introducir monedas desde una distancia convenida en un pequeño agujero escarbado en la tierra. y ya al morir de cabeza. «compai Toño. cubría las tapias. lechosos. luego del recreo y la cena. el trastrás y el porra. mientras le decían «yo soy tu amigo». la que le otorgaba autoridad de segundo sobre una sección de diez. conociendo a cada uno de los condiscípulos. entre los siete y dieciocho años de edad. le embistió derribándole de soberbia morrada en el esófago. vigilada por un decurión. En las primeras semanas. o sobre si el contrario al disparar un por todo lo que coja o un ponte allá. desgarrando las pantorrillas de quien buscara en su maraña el gordo fruto escondido. rápido. Mas. y la gritería manteníase siempre en el tono más agudo. que mató. En las mismas celdas de las monjas. le confió sus secretos. y otro sentenciaba: «su madre del que acuse». Alguien le colocó una pajita en el hombro. descubría que también allí sobraban medios de solaz. intactas aún las cuatro paredes de algunas. lapatilla y el melón extendían sus sarmientos. situado detrás del claustro. pero Antonio conquistó de sus pares respeto y también un mote. aludiendo al cuento que pretende que las chinches fueron traídas a la capital por los habitantes fugitivos de Baní cuando la invasión de Dessalines. por lo cual las intervenciones del zurriago eran frecuentes. La escobita respetaba tan sólo las construcciones pétreas de antiguas tumbas. En el recreo dividíanse en corros o se aislaban. debía salir del espacio demarcado por una raya.formado por bancos de madera entre el aljibe y el pozo. La congregación sumaría hasta unos ochenta. señal de reto. más o menos de su tamaño. o bailaban trompos. Entonces otro gritó: «banilejo. Baní no tuvo más chinches. pronto se adaptó. Los más pobres contentábanse con la rayuela. con usté no va ná». fifises gaticas. jadeante. y entonces acataron todos al triunfador. Tales partidas efectuábanse a resguardo de la mirada zahorí de don Marcelino. fingiendo uno de bicho con un palo en los dientes a guisa de cuernos. bolas. Antonio buscó en torno suyo otro pollo. en una o varias veces. Los demás se arremolinaron. El patio. crecían guineos. mangos y caimitos. al menos en su presencia. La riña había terminado en el mismo instante. sumó amigos y restó simpatías. como en los charcos del. que reía enseñándole los puños. una lasca redondeada y semillas de cajuil. de colores. adaptado a los medios naturales. o con el chato. bolones. o los belicosos firmaban la paz en el calabozo. y como viera uno. habiéndosele promovido a la categoría de ayo. y desde entonces. el temor a don Marcelino y la morriña hicieron de Antonio un colegial modelo. río y en el pajón de las sabanas. El cundeamor. los demás jugaban a los toros. El chayote y la auyama. la cabeza gacha. La puya se le clavó. el trasmano.

bostezando. carne guisada. A las seis. la voz imperativa del Prefecto despegábales las sábanas. en fila india. interrumpida por quejas de vecinos quisquillosos.para alcanzar sus nectarios.te peti-pié de la yurné. para la cena —pocillo de cacao y un pan seco. El trayecto lo amenizaban con una canción en francés. ninguna distracción vale como tenderse boca arriba. o jobos. algunos de los cuales pudieron ser consumidos por el fuego bíblico. cosechados en el propio colegio. destituido de su cargo honorífico de ayo. y tras de cantar las Completas en latín de cocina. ante una imagen de cuerpo de la Purísima. pero en cambio repetíanse los ejercicios militares y se cantaban las Letanías. al cabo del primer mes acepta. vestidos. y luego. El recuerdo de tales cosas le hace reír. cantaban las primas en latín. clases. en ringla. a la cama. que por parejas se les concedía para ir al patio. y otro de plátanos salcochados. o mangos. ¡Y luego. se enjabonaba. o caimitos. dirigíanse al salón de estudios. De cuatro a cinco. ni los esclavos africanos de Roma lo entendieran. el convento en pelota. y antes de dormir. Tres campanadas ordenaban silencio. Una hora de estudio. Una hora más de estudio. y cuál sería el fastidio. a la hila. y diez minutos después. que algunos (entre ellos él). en torno al brocal del pozo. pura jerigonza. comulgaban aquellos a quienes le cumplía. Para Antonio. y entre días. al refectorio a desayunarse con una tacita de café claro y un mollete de pan de dos onzas incompletas. En seguida.. y por el permiso. vaciándose encima cubos de agua acarreados por cada quisque. maguer las amarguras de entonces y los dolores de hoy. peccato gomorrhoerum dijo el santo sienés. Los sábados se suprimía el estudio en la prima. Sólo los primeros domingos de mes se les permitía salir hasta el atardecer. y así por el estilo. ha recorrido la escala de los castigos y sido clasificado entre los revoltosos. o subir agarrándose de los agujales. preciso es trepar por los bejucos tramados „que suelen ceder al peso. baño general. aspirando el olor de la tierra y el aroma de las plantas en aquellos boscajes. De nuevo al estudio. y a las doce el almuerzo: un plato de sopa. como no había baños en el plantel. convertida en «Isabel la aguja». Allí lo pasaban mejor. tal como la frase del «saber la luz». hechas las abluciones con poca agua. peinados. sin el alboroto y regodeo de las cátedras. Su inquietud de azoguillo. padecen en el espacio estrecho de las aulas. y antes del segundo. causantes de una dosis temprana de rebenque. faltaban para que los encerraran en el calabozo. gimnasia y ejercicios militares. Aquello era de verse. comenzando las aulas a las dos. en el que las expansiones naturales eran comprimidas por la vigilancia del Argos. una hora de recreo. la vida del colegio se le va haciendo soportable. en donde. luego. sin concierto ni sentido. ¿Y los domingos? ¡Tremendos! Obligados a levantarse para asistir a la primera misa. . ¡ y qué gabacho! Aún retiene una frase de las que ululaban en coro: . arroz y frijoles colorados. y corno postres dos guineos. en el cual nadan fideos.. con boca— y ésta sazonada al ir y venir con un coro en español. Transcurridos los primeros días. Luego otra hora de estudio. sus ojos y piernas habituados al campo sin vallados. la de alba. Y ¡qué latín!. completándose en éstos el denominado bandera nacional. sentados en el salón de estudio. según la estación. tan uniformes y reglamentados los días! A las cinco de la mañana. De siete a once. invierno como verano.

se deslizaban hasta los naranjos. y empinados sobre los poyos de piedra o resistiendo clavadas de espinas y rasguños de los muñones resinosos. tenía sus variantes. se ventilaban las cuestiones de honor.Pero tan monótona existencia. Esto llamábase hacer un nido. que no temerles. naranjas. participaba en ellas. cuya madera frágil causaba frecuentes caídas. mameyes y cocales. amanecían libres de las pesadumbres de las pomas. uniformados de rayadillo. mangos y caimitos. el patio. para sancochos y locrios. con puños. a pesar del tirano que la regía a precio de cardenales y encierros. rebasando la punta de La Torrecilla. y en invierno. o por El Placer. y el calabozo apaciguaba los ánimos. provistos de una funda de almohada. pies. por la rejilla del confesionario. o a pedrada limpia. a gatas. heridos los pies. a los doce días cabales estaban maduros. Don Marcelino. manifestábanse entonces el polvo en el piojillo de las horas. pero como Antonio poseía la maña necesaria para captar las gallinas que dormían en el higüero del traspatio. el patio con sus escondrijos era palestra: a pares o en pandillas. se practicaba un registro. y en una cinta negra en letras doradas «Colegio de San Luis Gonzaga». La rapiña de éstas constituía la más escabrosa empresa: por claustro y patio. caimitos en Pajarito o limoncillos en San Carlos. ahogándolas sin que gritaran. tan provisto de frutales como un huerto. los bananos. Sonadas las doce. También se robaban las gallinas en complicidad con el propio cocinero. pues forasteros y huérfanos quedaban en libertad en el jardín. Había. o se disponía una confesión general. que así se nombran las tres peñas que casi cuadran el hondo y amplio balneario. y alguna vez cuchilla. para comprar casabe de ajonjolí. Desde las ocho de la mañana. devorados en conventículos. les brindaba. Durante el día. de haber tragado agua en un cantil. Cuando acaecían tales depredaciones. Además. ¡Zoquete quien revelara! Antonio aprendió en sus propios carrillos que importaba más callar. Esta era hazaña de los mayores. cajuiles. no pasaron más pecados que los comprendidos en los cuatro primeros mandamientos. En primavera y verano. goteados o trepando por las ramas a favor de las paredes. Toño era de los valerosos. pues. De tales correterías regresaban algunos. cabeza. naranjos. a vergajazos. o el brazo en cabestrillo y con el relato. encontrábanse baúles y pupitres atestados de naranjas. y las excursiones a comer guayabas a los montes de Galindo. el secreto se conservaba fielmente. separados en manos y escondidos entre las cepas. desguazando mangos. en la noche vagaban las ánimas en pena de aquellos cuyos huesos suelen encontrarse excavando el suelo o que reposan en las tumbas de cal y canto que aún existen. con sus opimos racimos que. de enero a diciembre. gorras de paño azul con viseras de hule. y así. recogidos en la madrugada. Las aventuras de tales asuetos eran tópicos para el mes: el baño en la playa de Güibia. mas. arremetía al modo de amigable componedor. en otoño jobos. se desbandaban por las calles capitaleñas quienes tenían en la ciudad familias o encargados. y los árboles que la víspera fingieron grandes vasos de malaquita incrustrados de áureas gemas. desnudos. hasta curazao o hasta santomas. con los correspondientes baños en los remansos del río a la sombra de ceibos y copeyes o en la playita del Retiro. consumaban el despojo. haciéndoles otomías a los campesinos que allí trafican. y al pequeño mercado del Ozama. según las consejas. con paradas en el pueblo de Los Minas. jarto reso y conservas de coco y naranja. hecho entre risa y pavor. y los paseos en bote hasta los Tres Brazos. . traidoramente esgrimida. disputándose quién nadó hasta peñita. y la irrupción en las quintas vecinas. Los domingos primeros de mes eran gloria pura. uñas y dientes. hinchadas las caras por la ponzoña de las avispas.

las palmas agobiadas. para caer sobre la repleta batea de la mulata curazoleña que. ésa y una madrugada en que. a pesar de la garantía. el azucarado huevo-mejía sobre papelitos de veriles plegados. y eso era lo de p p y w. En las primeras vacaciones de verano se hospedó en casa del tío Tomás. gandío! ». revestida de cándida sobrepelliz. exclamando en tono tanto más alegre cuanto era raro. los pies. sabrosos muslos y alas. blanqueados con suspiro y adornados con grajeas. pegados en las orejas. regañona. y ésta. únicamente. los frágiles y levemente dorados merengues. empaladas las distintas figurillas acarameladas. echando de menos el bullicio del colegio. a filo de las tres. sonándose la piel de la barriga como un tambor. rompió a reír. Era el Padre que venía a despertar a los acólitos que le ayudaban a misa. El Padre. A cada paso. Antonio se ríe. espolvoreado con canela. él. en busca de un rincón oculto entre cepas y sarmientos para darse un atracón. El Padre pagaba. ey! ¿quién es el soldado meón? ». Desde la víspera de ambas fiestas. todo medido. el bienmesabe. y de los guayabales de Galindo y la Fagina. se fastidió. su presa preferida era el pescuezo. criados entre las faldas de la madre. las botellitas. a compás del chorro: « ¡ey. y en la mesa. de corazón fundente. corrió a encerrarse con su botín. pudines de a dos libras. siendo lícitas todas las diversiones. Al primero se le hacía el novenario. que los pilluelos cazan en las calles con varillas de coco. de esos pollos silvestres nutridos con hierbas . dispéptica. ¡cuánta cosa buena! Los bolsillos atestados. y a chupar carreteles le condenó mientras los demás engullían tiernas pechugas. Así discurrían semanas. Además. que después de las mosucasdel colegio. llenas de fragantes licores. tal un instrumento de tortura. «¡muchacho gandío. le tenía ojeriza. su voz estridente gritaba: «este condenao me está perdiendo mis hijos». pero cuando pasaron las mariposas de San Juan. santo joven Luis Gonzaga»—. El segundo sobresalía por la copia de regalos. baqueanos de los caminos de Güibia y de La Fuente. en su mayoría golosinas —frutas. deleitándose. miraba espantada cómo aquellas manos ágiles. confites y una banderita en el ápice— que entraban majestuosas en manos de la negra azafata. fuentes de trémulas natillas. y ante ella cantaban a coro —«pide a Dios que yo te imite. recordando aquel su salto felino. el alfajor empolvado como presumida señoritinga. señalábanse en el calendario del Colegio con dos cruces: el del patrón San Luis Gonzaga. meses. en cada dedo un dulce. y los gordos canteros de pan de batata. tenía ganas de sentirse pinpin.Pero entre todos los del año. presidiendo su imagen. surgió de las tinieblas mudas. y ¡con qué ganas!. dos días magnos. de pasta tan suave como los bizcochos esponjados. se les autorizaba el asalto a las bateas de las vendedoras de dulces que. San Francisco Xavier. que al romperse corren por las barbillas. traían su venta íntegra. chinchosos. los chupa-bebis. las pastas de leche. años. Los primos eran tímidos. se indultaba a los presos y se penaba a quien fuese con chismes y quejas a los superiores. con el amargor del palomo. si la hubo. suspendíase toda suerte de castigos. le oyó la voz cantarina. Dos veces. intercesión que. y le manearon. orinando por una ventana del dormitorio que daba al claustro. después del mediodía. ¿y no había inventado ¡mal rayo lo partiera! que del pollo. jamás mereció la merced divina. la capillita del estudio. y el del Rector. en viéndole pasar. acostumbraban poner tienda bajo la propia ventana del Rector o a la sombra de los naranjos de la Virgen. y como esto lo sabían las interesadas. vestida de limpias y sonantes sayas. con prohibiciones. sin derecho a repetir. se abrían y cerraban apuñando los piñonates melcochosos. reposado arroz con leche. cual cangilones de noria.

Allí estaba más a sus anchas. los muchachos repicaban su goleta. aunque desaplicado. y cuando de gala. el tío Tomás había mejorado de situación económica y le enviaba la comida. de puntillas en la tribuna. así. desde las cuales se espiaban los patios de las casas fronteras. pronunciar con genial desenfado el discurso en español. encarnado como pitahaya. en ayunas. ninguna huella en su espíritu. rodeado de beatas hediondas a andullo y a cucaracha! Empero. Por otra parte. En la prima noche. si le hubiese oído. Fue. pues en esas ocasiones recitábanse hasta en latín.. le fulminaba con las miradas. las injurias alusivas a su madre. el Padre le arrojó a puntapiés. por supuesto. expiraba bajo su puño en los labios ensangrentados. Al cabo de los años. fue un buen alumno. alternando. en el gran salón de actos. y tras una maldad de a folio. Los éxitos le acercaban más y más a las puertas del plantel.aromáticas? En las vacaciones siguientes. El Padre le hizo monaguillo y lo trasladaron al dormitorio de los que pagaban. si la naveta. en realidad. quienes en él vinculaban el éxito de los exámenes. y púrpura y sobrepelliz dieron en el calabozo. engullirse los recortes de las hostias. ¡Cómo bramó el viejo inquisidor hasta que el propio Padre lo libertara! En los primeros exámenes de fin de curso. reuníanse las familias de los alumnos. aludiendo a que aquél era empleado de aduana. de las frecuentaciones de la iglesia. inteligente. mañana para ayudar a misa. conjugó los verbos ser y amar. predilecto de los profesores. cansado de encontrar aquel diablillo en la sacristía. tercios. reventaba de satisfacción. y en las fiestas solemnes. El escozor de semejantes agravios removíale las entrañas. en cambio. En las procesiones. sin medir el tamaño del contrario. mientras el maestro. cuando una piedra certera no le rompía la cabeza al infamante. ¡Cómo escamoteaba padre-nuestros y avemarías. echando el incienso en cantidad producía humo negro y de olor ingrato. ¡ Si en tales instantes triunfales le hubiese visto su madre. para maravilla de la concurrencia! Cierta vez. no podía reñir por parejo con quien remataba una disputa con un «tu tío es un ladrón». finando su servicio religioso sin haber cultivado la matita de mística reseda. ganó varios premios. griego. se quedó en el colegio. que en el pueblecito batía el dulce de leche sin cesar para vestirle. francés e inglés. balanceábalo de manera que las brasas cayeran sobre la gente apiñada en las bocacalles del trayecto. le zamparon en el cepo. seguro de que sólo el catedrático caería en la cuenta. pero sí castigó siempre. levantábase a las tres de la. con la sotana de púrpura. . En septiembre ascendió. los jurados y los profesores. Mas. y en veces. atento más que a las puertas del paraíso a capar el dinero que los feligreses depositaban el cepillo. novenas. salves. Don Marcelino vigilaba menos y se emborrachaba en grado tal. Antonio demostró los buenos elementos aportados de su pueblo. Sus conocimientos crecían más que su cuerpo. pacientemente aprendido.. alentando envidias y rivalidades. tres veces al día. y descendió saludado por salva de aplausos entusiastas. de las suntuosidades litúrgicas. y sin vacilar. sintiéndose alabado cuando atravesaba el salón con su carga de premios. y aprovechar los cabos de velas y cirios para fabricar gallos y boliches. con engañifa. se desvanecía de rodillas en las duras gradas del presbiterio. confesaba y comulgaba con más frecuencia. con altas ventanas enrejadas a la calle de la Universidad. que una noche. el colegial a quien se le confió el griego. próximo al departamento del Rector. se le olvidó el texto. acumulaba sobresalientes. un oficiante desapegado. Entonces. hacíase notar por sus travesuras: si le confiaban el incensario. y el hijo de. Estas punzábanle conmoviéndole hasta las lágrimas.

permaneció clavado muy adentro. solo. y él. alias Lilís. un cromo. y quien. presentía la fuerza del oro. en los guarismos que escribía con tiza en el pizarrón.haciéndole llorar entre las sábanas. a Moya. le escupió con rabia hasta dejarle túmido el rostro. En las tardes. Dos candidaturas presidenciales se disputaban el triunfo. o bien subyugando hombres. vagamente supuestas. La Historia le enseñaba con sus espejismos el secreto del poder. la Capital estupefacta vio cercada la casa del ex-presidente Guillermo. conmilitones de los tiempos pasados. le placía más la soledad. además. entregábase a divagar. atemorizada. congregó en torno suyo a los azules liberales. herida su señora. la otra. escapar por los patios. atraíale con sus encantos de poesía y misterio el estudio del cielo. laborioso. con fama de valor e inteligencia. le mordió. su primer dolor de hombre. huyendo hasta ganar la provincia de Azua. vencido por su rival Heureaux. Veíase muerto. Rompía el silencio una lagartija reptando entre el follaje. y Benito Monción. que ya había ejercido la magistratura. encalabrinada por la lectura de las novelas de capa y espada que le prestaba el guardián complaciente de la biblioteca pública anexa al instituto. levantando el cuerpecito. eran dos estampas: la una. hasta que una ráfaga retozando con las anchas hojas de los bananos. La una proclamaba a Ulises Heureaux. y. y. le ofrecía. propios de sus años. un grabado de «El Correo de Ultramar»: el entierro de Víctor Hugo. A medida que sumaba ciencia. con algo de donjuanismo. Estas nociones científicas alimentaban su mente. joven de atractivo talante. Cuando un enemigo caído le gritó que su padre fue al lugarejo a darse baños porque estaba podrido. luciendo al sol la membrana traslúcida del cuello. durante el recreo. IV Corría el año 1886. en la cual las lianas habían tejido una hamaca. aun cuando en las mismas filas militaran. imaginando una vida gloriosa de luchas y triunfos. y que. energía. Instalado en ella. a la postre murió por su propia mano. le pateó. seguido de tropas y de muchedumbre. dedada de miel en el áspero cáliz de las flores. enredábase en mil cálculos por los que llegaba a ser presidente de Francia. Antonio apartábase de los entretenimientos. en donde se alzó en armas. de quien se había sorbido «Los Miserables». la gente ignara creíale brujo. inteligente. no retrocedía ante los obstáculos ni le temía a los muertos. Presidía la República un general de treinta años. perseguido. de rato en rato. Meses atrás. a la juventud recién nutrida por las doctrinas de Hostos. Sus imágenes de la gloria y grandeza humanas. La otra. empero. sus virtudes: audacia. . valor. Era inexorable. tenía en su haber los resonantes éxitos militares del Cibao y Boca del Vía. Pío IX promulgando el dogma de la Infalibilidad. muerto un yanqui. acosado. mas el dardo. sus placeres y sus beneficios. que por cierto no fue de gracia. sirviendo de cimientos a la empresa. se recogía con un libro en una apartada celda del patio. y a cuantos poseían aspiraciones y soñaban con el progreso. de repente. después de apagar a tiros las lámparas. leía con avidez. y Monseñor Strossmayer irguiendo su rebeldía en el púlpito. aunque huérfano de popularidad. y en duermevela delicioso. resolviendo problemas aritméticos o ecuaciones algebraicas. en el concilio de mitras deslumbradoras. señor de horca y cuchilla de la Línea Noroeste. en un féretro. quedábase mirando a aquel poderoso.

En la capital. recogiendo las palpitaciones de ambos partidarios. exprimidos de la malicia campesina y de. a lo cual opuso el Presidente: «no. entre estandartes. Por las ventanas del colegio entraban las lenguas de fuego que abrasaban las calles. Apoyado por la autoridad. Los externos traían el eco de los sucesos. y al pie de los Manifiestos impresos.. el negro llora de noche». tertuliaban hombres notables. cierta mañana. Los Comités Centrales dirigían con tesón la campaña. se dividían en moyistas y lilisístas. y el vocerío de las fiestas cívicas transponía los altos muros. la observación urbana. En la Librería. en donde se efectuaba la función electoral. el fogoso. En pequeñas . con un gran perro al lado. García. cambiando los nombres para que sufragaran dos veces y hasta tres en un colegio. después de paisanos. músicas. en el atrio mismo del Palacio del Concejo. con el imperio de sus nobles pasiones. En las aulas. apretábanse millares de firmas de vivos y difuntos en pro de cada uno de los candidatos. La juventud recién salida de las aulas de San Luis Gonzaga y la primera hornada de la Escuela Normal. vivas y cohetes. y los periódicos. En todos los pueblos de la República ocurría otro tanto. Y el mismo Presidente solía concurrir aportando comentarios picantes. tomando el camino del Cibao. pugnando por Moya. perteneciendo la supremacía al grupo que contara con la autoridad. Los comicios duraron tres días del mes de julio. entre todos los que luchaban en la prensa y la tribuna. a pedradas. cuyo tío es partidario de Moya. Los boletines por Moya lucían en el reverso los galanos colores nacionales. los de Lilís. y en las propias barbas de las Comisiones fiscalizadoras les sustituían los votos. soplan las llamas. se les conducía en rebaños. que en la casa de Lilís. La tarde de un domingo. se siente solicitado por este candidato a quien había visto alguna vez jinete en potro overo de larga cola. un negro lacertoso y bellaco. llevando la voz cantante. y travestidos. primero de uniforme. coaccionaba. A los campesinos se les afeitaba. A la oratoria cordial de Federico Henríquez y Carvajal. A las adhesiones sucedíanse las protestas por usurpación de firmas. había aparecido escrito con carbón un letrero que decía: abajo el negro mañé.Antonio. amén de repetir en San Carlos y Pajarito. ya la cabeza había alcanzado la plaza de la Catedral por la del Conde. en la mañana y al crepúsculo. Una madrugada. Y un coro de carcajadas acogió la ocurrencia maleante. Miguel Ángel Garrido. y que no se cayó un día que se le encabritara. Votaron las tropas. rociaban la arena con su partidismo ardiente. y entre los plátanos. más agresivas en el uno y no menos tenaces en el otro. de las conversaciones y disputas escuchadas en las casas. con calor. Mariano A. los moyistas protestaron. en el cual confundíanse el amor a la ciencia y las simpatías por el caudillo. la imagen de Nuestra Señora de la Altagracia. A la octava siguiente.La atmósfera se caldea pronto. en banderas y en indumentaria. custodiada por centinelas. su tipo predilecto era uno de sus profesores. repitiendo que cuando la cola estaba en el arquillo de la calle Santo Tomás. Los adictos se agradaban luego. Moya montó a caballo. García opina que sólo el propio Lilis podía haberlo puesto. fue el turno de los lilisistas. Referíase. Ambos candidatos tenían para su guarda y defensa escolta de valientes. altivo. que servían a Lilís en décimas chispeantes. desfila por las calles brillante y numerosa manifestación moyista. Cestero y José G. se libraban batallas. Además. frente al parque. banderas. inferiores en cantidad. oponíase el ingenio del poeta Scanlan y el del coplero popular Juan Antonio Alix.

y en la repartición de premios recitó el discursito. Lilís entró en La Vega. fue preso y muchos otros más. al extenderle el brazo en tal actitud. hubiese previsto los sucesos de aquellos días. y el Hoyo de Lima. Ahora a las diversiones del patio se unía el interés por las noticias políticas. caídos los lienzos sobre el zócalo. Heureaux salió una hora más tarde al frente de sus tropas. y por la calle del Arquillo. El Gobierno cae. fueron cercados en las casas en donde estaban reunidos y capturados los jóvenes que debían realizarlo. granjeó los sobresalientes de costumbre. las elecciones son libres. el Aguacate.. Las más disparatadas noticias corrían de boca en boca. Los ciudadanos pusieron sordina a las voces. Los de ambas facciones las aliñaban según sus deseos. Antonio había estudiado poco. y un cuarto de hora después estaba en el calabozo. con la que se encerraba en la letrina. una noche. y de una se cuenta que el Comandante de Armas. se decía. se afirmaba. En la segunda quincena del mes se celebraron los exámenes. Un mediodía. porque. y ya se le veía caer en la emboscada en aquel estrecho pasaje de la montaña. la estatua del Gran Almirante de la Mar Océano. con su natural despejo. se encontraron piltrafas de carne y los troncos cercenados. sin embargo. ¡Buenos tiempos aquéllos! Conquistó a la negrita sirvienta de la casa.comunas se registraron miles de electores. puso en ella su clásico machete de cabo y arengó: «señores. Y las propagandas comenzaron en la medida de la expectación. al primer empellón. suena un disparo de revólver. como si el escultor. le trozo la cabeza». y se combinó un golpe de mano. Las nuevas llegaban del Cibao con asombrosa rapidez. pasaron los tres cadáveres destilando sangre. aparece. delatados. pero. según argüía. El 21 de julio se pronuncian Moya en La Vega. Billini. Villanueva le espera en el «Sillón de la Viuda». sentándose a la mesa de la Comisión. El sol alumbró una mañana la ejecución sumarísima de tres presos políticos. esperaba el momento solemne de la inauguración. en el negrito (ataúd común del Hospital militar).. que sobre el pedestal de granito. pero al que no vota por el compai Lilí. A la mañana siguiente. desocupada previamente por Moya. practicando el cuarto evangelio con sigilo. se hacían familiares a causa de los pleitos que en ellos se libraban. valiéndose de mañas. era amigo particular del Presidente. pero sí el telégrafo de los campesinos. pues le habían sorprendido escondiendo en su pupitre los dulces que le cometía brindar a la concurrencia. frente a la Catedral. Se formaban planes en los corrillos queriendo transmitirlos . Pasó las vacaciones en casa del tío Tomás. en la Línea. lugares que Antonio ignoraba a pesar de sus estudios de geografía patria. señalando hacia el Cibao. enmarañando la madeja de las propagandas. Se organiza con actividad una columna a las órdenes de Lilís. candidato a la vicepresidencia. y un balazo en la cabeza. soplando a los vecinos para ser oído por el examinador y protestando cuando lo hacían con él. las alegres canciones de una parranda rompen el silencio. para combatir la revolución. En alta noche. y Monción. conservaba su empleo en la Aduana. aunque moyista puro. El tío Tomás. No existía alambre. en el techo de la casa junto al mar. se conmovieron los rocosos cimientos de la ciudad: había explotado la dinamita que dos franceses preparaban aceleradamente para Lilís: en las rendijas de los tabiques de madera. la Ceiba de Madera.

mientras unos distraían con regateos a la ventorrillera. y corriendo en dirección contraria a los pasantes. le sacudió el polvo. con el paraguas viejo. sólo le halagan las conversaciones de la tertulia de su tío a la prima. El olor avisaba al emporcado su mala ventura. el tío Tomás. los fondillos flojos. En tales hablillas. Desde luego. que las propagandas daban jugo sustancioso a la charla. hasta el hueso. Las negras en los patios. o en un haz de cañas y hasta en un tocino. por las calles trajinaba gente de armas. entreteníanse. tirando el cordel escabullirse con la presa. provistos de un cordel que mantenían tenso. Para unos. ¿Por qué habían dejado llegar a Lilís hasta La Vega? se interrogaban. manco y fañoso. jefe del enemigo. el gran golpe habría sido prender al Presidente Wos y Gil cuando estuvo en La Vega: . afectos a Moya. le hirió con una lezna en la rodilla. con sus secuaces. Comisarios de policía. Yo pa mí. concertaban una riña entre dos de corpulencia distinta. el único que produciría el triunfo en brinco y medio. para después. Cuando rondaban por una calle.En casa del tío Tomás. hasta que una noche. Tomás García y Linares. los cuales glosaban a su antojo las noticias del día. lavando. La muerte de los generales Cartagena y Tavárez. el mayor esgrimía un garrote. en la puerta del patio. Yo Lilí.. los escondidos salvaban los muros medianeros preparándose a correrías por toda la manzana. Desatendido de la caza de mariposas y lagartijas. y a pedradas en la Sabana del Estado. La vieja salía. aplanó a los moyistas. criticando las operaciones militares y exponiendo su plan. curada y vendada la herida. o en Galindo. También. un negrito. cantaban: General Benito Yo se lo decía Que en el Aguacate. de acera a acera. tiraba de él y corrían todos como alma que lleva el diablo. eran el espanto de los moyistas. otro clavaba un anzuelo en un racimo de guineos. según la gráfica expresión. y la disputa se prolongaba hasta que un transeúnte intervenía. o bien. les derribaban en el arroyo. a quien gritaban ángel de un ala. extra-muros. debatían sus prematuras controversias políticas. y cada uno desarrollaba allí sus inéditas aptitudes de estratégico. la desesperación de aquel Hilario. De día y de noche. descaecido. saqueando los ventorros. Aquellas vacaciones fueron realmente las últimas de su infancia.telepáticamente al caudillo. Si tú eres Moya. con guayabas. larga americana de dril. pues eran tenidos por hombres de empuje. en tanto la burlada llenaba la calle con el escándalo de sus maldiciones. Fue Antonio. gallina de una pata. tratando de explicarse el retroceso de la revolución. Menuda follisca se armó en la casa. cuya punta había sido embadurnada de la más ruin materia. y organizó. con voz de emasculado. Si no te gusta. y de Rivié. y quien les apedreaba con furia. al abrigo de miradas inquisidoras. para lo cual. congregábase en las primas noches. El pequeño exigía: «sin palo». entontecido por aquellas burlas. También solían ir a la briba. los mataperros del barrio. ¡ tanto mejor si era una beata! El del palo le suplicaba que se lo agarrara y cuando éste asía la punta. siervo y beato de la Catedral. una mano de amigos íntimos y correligionarios. bajo su jefatura.

habitante de un bohío de yaguas en el patio del ex-convento de Dominicos. Dejémonos de ilusiones. los Tiburcios se meten en las lomas y será como cuando la de Los Pinos. —No. no nos salva ni la chiquitina de Higüey __concluye uno. —Y Guelito. si llega primero. como piedra en charco de ranas. en compañía de una nietezuela. que si no. zambo sexagenario. Eso me da mala espina.—Y no hay que darle vueltas. caray. —Pero chico. y ¿por qué no esperarían. y. pero lo que yo sé es que revolución que no avanza retrocede. muy ancha. —Ah sí. la cabeza envuelta en un abrigo de los que llaman de piel de cabra. ha sido ésa una debilidad de Casimirito. Y si se perdiere de momento. que se ha escondido. —Bueno. —Las intransigencias de los sabios nos perderán. . de almidonada bata de prusiana. que no era hora de hacer capú. que vivía en una casita semejante a un palomar. —Pero. pues que Alejandrito es azul. ¿cuándo se ha visto perder una revolución que baja del Cibao? ¡ Ya verás sorpresa uno de estos días! Les contaremos un cuento a estos lilises. El negro es brujo. Es uno de los amigos. el hombre de Santiago. cuyas escrófulas rebosaba en hojas y sucio barboquejo. qué imprudencia. y le darán mucha agua a beber al Gobierno. pero Mariano Cestero se opuso. —Todo eso será así. sosteniéndole a don Pablo. cuando vean al manquito volver con el rabo entre las piernas. que le emboza el rostro. rodeado de laureles rosa de sangrientas flores tóxicas. —No y no. con aspecto de lavandera en solicitud de algo a cuenta de la ropa. Y se relataba entonces que Lilís poseía dos muñequitos. Una noche cae en la tertulia. Cuando se descubre. el cual transitaba por las calles. caray. a Lilís en el Sillón de la Viuda? Eso sí era darle en la yema. y aployarnos. porque ésos son como el maquey. hicotea mea domine. si ése fue el plan de Villanueva. Mariano tenía razón. hay que darles candela. puede entenderse con Gautier y Damián. no seas pesimista. don Pablo es rojo. en su misma cara. de hirsutas barbas de troglodita. el asombro rompe en carcajadas estrepitosas. hay que ser prácticos. compadre. —Pero chico. Y suerte que no pudo llevar la dinasmita. a los cuales consultaba en unión de la Vieja María Vicenta Pavilo. que se deja prender asando batatas. y de Mauricio Vega. una vieja. y con tal disfraz sale a tomar lenguas. como dice Luperón.

y olvida que le aguarda con sus caricias silenciosas la negrita oliente a aceite de coco.. con el manojo de llaves pendiente del cinto. desde su rincón. y los accidentes por las calles. Como en la casa no hay criados. —Buenos días. que pregona por las calles al son de: Pan sobao. —Hombre. portador del cestillo de mimbre. y la puerta parte. argollas de plata en las orejas. En tales noches. chirrían los goznes.. y al fin pregunta: —¿Pero qué hay de nuevo y de cierto.é Tostaíto.. caray?. —Sí. El alcaide entra. contiene el desayuno. no le importan las diversiones callejeras. Pa tomá con té. salvando paredes. El carcelero. Se encamina a la mesa. él se presta a traerle las comidas. sesentón. —Uenos días. interpela: —¿Quién lo trajo? —El viejo. dicen. é. algunas erizadas de fondos de botellas. evocando la figura de aquel negro viejo. escucha ávido. —¿Y si te topas con Tomás García? Y las miradas escudriñan recelosas.. puesta en la cabeza la tabla de pan de gloria. casi por caridad. Pa bebé café. desflecados los bordes y rotas las asas por el trajín. belfos fláccidos y. caminando a trancos. macizo. no ande por allí el temido esbirro. por oír una voz humana. por hablar. en la penumbra.. esquivando las puertas abiertas. Antonio. las carreras por los techos. y le mojaron las nalgas con agua salada. «dicen que viene y no viene ná». como cantaleteaba el viejo Silverio claveteando las suelas. sin perder palabra.. avanza hasta la mesita. después de .. La cestilla.Sólo a ti se te ocurre esto. al abrirse. siquiera fuese la propia. Sin duda que el alcaide lo recibió a las ocho de la mañana y se lo sirve a las diez. el cerrojo rechina en las anillas. quebrada cintura. rechoncho y vulgar. en tiempos de Báez. V La llave gira en la cerradura.. húmedos. Antonio. El recién llegado refiere el fastidio del escondite. con ancas de eunuco. la estera que la luz ha extendido sobre los ladrillos. barcino. inmóvil para no ser advertido. y seguido de un penado astroso.

Las noticias se reflejaban en las caras de los externos. hermana de uno de los condiscípulos. él era el único que vestía aún calzones. Supino sobre el catre. En ambos frutos en agraz mordió con ganas. Masca callado con desgana visible. y traía a las aulas el rumor de sus polémicas. encogida la tela por las continuas lavadas. El preso. y al entusiasmo en los moyistas sucedía el temor a las persecuciones y venganzas. Lilís había triunfado. Antonio.un registro minucioso. por donde se comunicaba con una casa del vecino callejón. Sus compañeros le distinguieron. Comenzó de nuevo el desfile interminable de los días. difundíanse por aulas y claustros las alternativas de la guerra hasta que se supo que Moya y Monción habían traspuesto la frontera. extrae la cafeterita de hoja de lata. Tras el último sorbo. que repetían lo oído en sus casas. agitándose. habituado a tales penalidades. le habían de distraer de los estudios: las pasiones políticas hervorosas. que arrojaba al balcón cuando estaba sola. que compraba por un agujero practicado en un muro del patio. sorbe por el pico el café frío. adobadas por los intereses de cada bando. Entre bocado y bocado. se sintió superior a ellos. Un profesor encomió un borrador que le fue aprehendido en un libro de texto. el porte viril de su testa.. que con la altanería de los vencedores. y a la cual había hecho plantón al sol y bajo la lluvia en la esquina. el preso le recomienda: —Mande decir a casa que me envíen ropa limpia y libros. escribiendo en la mesa desvencijada de la clase las cartas a la novia. y. untado de mantequilla norteamericana. y una arepa de maíz amarillo. obstinada en durar sin estirarse a la par que el dueño. nunca le da pie. y la prosa inflamada y restallante de sus artículos. Tiene ganas de charlar. Dos simientes trajo en el espíritu. y la tarifa que regía su industria marcaba sus admiraciones: en las de a tres por un real. y así. A solas. avivarían los odios. mientras el penado carga en hombros el baché con las excretas que. y su satisfacción rebozó el día en que le encargara repasar la lección: parecióle recibir el mandato de comunicar a los demás la influencia que le . a Napoleón. y la imagen de una muchachita. y escrito cartitas. y sus jugos acidulados le producían sensaciones perturbadoras. al fermentar. Ningún elogio le placía tanto. las cuales. Sus compañeros fueron entonces jóvenes que le superaban en más de tres años. o lanzarían los audaces con su propia mano. Siempre seco. en cuyo ambiente respiró durante las vacaciones y que continuarían entrando en ráfagas por las ventanas. se refería a César y a la conquista de las Galias. Antonio ensarta de nuevo el hilo de sus recuerdos. deseando imitarle en todo. un pan partido en dos. Así se inició en las letras. y por cierto que. escribiendo las cartas amatorias que los compañeros enviarían los domingos de salida con las criadas. y las golosinas que traían las dulceras. entrevista en el patio en las visitas de los sábados. sin que a su vez la chupa bajara más allá de la rabadilla. a su vez. El alcaide se balancea en el mecedor. ensayaba sus gestos. a fin de ganarse las motas para los jalaos. El alcaide recoge la cesta. aumentándose sus simpatías por aquel de sus maestros que tenía en los tobillos la huella de los hierros. puso mesa de memorialista. Antonio. Cuando el 1° de septiembre volvió al Colegio. en las de a medio. soplos caldeados del ágora. se le engarabitaban por encima de las rótulas. cambió de clase. expanden sus pestilencias. pero la altivez de Antonio le cohíbe. y de un tirón cierra la puerta haciendo sonar con fuerza el cerrojo y la llave.

alzaban el puño. Entre los profesores se contaban un extranjero librepensador. Aquello no se había visto jamás. y campanillas. La reclusión pesábale. cuando hacía sus primeras armas con la pluma. lucían carátulas finas. y de que nunca les pegó—. rojos o negros. cayó sobre el papel. quien. y racimos de grandes vejigas de vaca. o recorrer los barrios en busca de sancochos. profusión de cascabeles. rompiéndole el pecho cavernoso. pulcro.dominaba. La vieja roba-la-gallina. La recia palmeta de roble se alzó indignada. al azar. de fluvial barba blanca. que en antes recorría las calles. ¡El Prefecto no les inspiraba ya temor! La tos. Los diablos cojuelos. mueve y mueve la paila de dulce de leche. que tal momento lanceaba al tirano. y otro. que seguía las explicaciones. descalzos. con el ardimiento de la sangre nueva y sana. Además. En las noches se escapaba con dos o tres de los mayores para asistir a las zarzuelas que en el Teatro de La Republicana se representaban. que volteaban en cada esquina al grito de . y un inglés. un tanto indiferente a la inquietud de aquellas adolescencias. dibujando a la pluma. un medio. el venezolano Miguel E. de cuyos exámenes saldría armado Caballero de la Ciencia con su título de Bachiller. Dos no olvida Antonio. medía el lapso que le separaba del fin del curso. les echaba. Se creía un hombre y reñía con los profesores. las manos finas. e impaciente. caía en servilismo político nada grato —jamás tuvo las simpatías de sus discípulos. Antonio cumplió los dieciséis años. timbre del plantel del cual procedía. Tascaba el freno. alto. que en el pueblo riente. colgándosele de las barbas. Todos los diablos del mismo color. figuras errantes de proscriptos o traídas por el oleaje de la vida. sacudíale. Transcurrió un año más. arriesgándose de cuando en cuando por el de las meretrices. tenaz. deslumbrándole primero con su lujo. Tales aves de paso. nutrido de ciencia. Eran los días del Empréstito. y profesaba las de francés y astronomía en mal castellano. de toscas caretas. que le rebajaba ante su modelo. puercas vejigas. aduriéndole la diestra pecadora. arrojaban una semilla. y la novia. con un macuto lleno de maíz en el brazo izquierdo y una escoba enastada en la diestra. Lloró con ira aquella debilidad. que decía descender de los Courtenay de las Cruzadas. y los chicos. sin embargo. pues había sido correspondido por vez primera. en la cual las maderas tintóreas de Chile se mezclaban con aquellos nombres de ríos y montañas que las hazañas estupendas de conquistadores hispanos y libertadores americanos han hecho célebres. quería realizar. a pesar de la largueza con que les repartía en premio libros y dinero. era una simple lección de geografía. y si las truhanerías le sobornaban. a los que el espíritu filantrópico del Padre Billini acogía. seguida de vagabundos. e hiriéndole luego hasta provocar su indignación. Pardo. ¡extraño contraste! siendo probo. Antonio formó en una de ellas. y hasta con el mismísimo don Marcelino se atrevió. Ningún castigo le dolió tanto. o dibujaban en sus memorias perfiles que al discurrir de los días les hacían reír o añorar. por las aulas pasaban de tiempo en tiempo. cencerros. Cierto día le pilló aceptando una dádiva. bien infladas y hasta limpias. laborioso. el recuento de cuyas campañas periodísticas y duelos les distraía en la asignatura de lectura razonada que regentó. La pluma. Las lecturas en la quietud del patio excitaban sus ansias. y por intermedio del hermanito de ella recibía cartitas que le sabían a almíbar! El carnaval de este año señala un hito en su existencia. No le bastaba vaguear. en la época en que se celebran las fiestas consagradas a los patrones. para perdonar una falta. ¡Cómo se pondrían la madrecita. sustituidos por pandillas organizadas por jóvenes.

muñecos. déjate de lirismos. Mi caballero. Ti-ti-tí. los sabuesos de la Gobernación le husmearon. confites. obsequiaban a tiples y coristas en el Teatro. enhiesto en las bocacalles. y sé prudente. apagando el júbilo de los cascabeles. y de quien las malas lenguas echaban cuentas. vino a verle y le regañó. que acompañándose de acordeón y güira vociferaban hasta altas horas de la noche Rumbamba. divididos en banderías adversas. y las flores y joyas con que los magnates. Las mojigangas barrocas. payasos.Roba la gallina. ceñida a las reglas de la Retórica. conducen al Presidente. lunes y martes. quienes derraman sobre las mujeres. se sintió arrebatado por el torbellino. sentadas en las aceras o asomadas a balcones y ventanas. pomos de esencia. y en el ardor del combate. Rumbamba. arroz pintado. pero cuando el Miércoles de Ceniza puso la cruz en las frentes. ¡Cómo había manejado los tropos! ¡Y qué sonoridades tenía su nombre impreso! El lunes temprano. en las tardes del domingo. de seda y raso. comparando el sueldo con sus gastos y los ahorros convertidos en casas. Los engalanados coches de plaza y los particulares. aconsejándole: «muchacho. y el viento barrió los restos del arroyo. agitaba las manos de los privilegiados que al sol primaveral encadenaban la autonomía financiera de la República. cotejando las teorías de los economistas sobre el empleo reproductivo de los empréstitos con las escenas de Carnestolendas. que en torno de un mástil encintado. pero contra ellos prevalecieron las puertas de San Luis Gonzaga y la cólera del Padre Billini. Por ti me muero. rumbaba. La locura carnavalesca. trenzan danzas. huía desalojada de sus dominios por las comparsas de indios emplumados y relucientes de cuentas. Lo copió con su mejor letra. Palo con ella. alimentada por las libras esterlinas del banquero holandés. compuesta de parejas distinguidas que sobre tallos de caña brava bailaban con elegancia. escribió un artículo corto. o pasmadas por el espectáculo de un navío que navega sobre ruedas. Manatí. para terminar amenazando a aquéllos con el anatema de los Padres de la Patria. de vecinos de los solares del Almirante y Aguacate. y los grupos de dominós. pensó con tristeza y vergüenza que su maestro. callan corridas a la vista de la mascarada que figura la Cámara de Diputados. le reprochaba su debilidad. enviólo a El Eco de la Opinión. y hasta copian el físico de algún representante popular. monjas. El tío Tomás. . Antonio.alegran y perfuman las calles en la prima noche y bailan en las casas donde hay piano. y con el mismo impulso que le empujara días atrás bajo una careta bicorne. objetos de fantasía. que en las Pascuas del Espíritu Santo venían desde su aldea fluminense de San Lorenzo a bailar sus tangos africanos al son de los cañutos. que Lilís no olvida ni perdona». oriundos de Curazao. por haberse opuesto en la prensa al Empréstito. a los notables de la política y del comercio. recibió y devolvió los objetos que esparcía la insensatez desde los coches. que conservaba su empleo en la aduana. murciélagos y Parcas. preso en la Torre del Homenaje. copia de rosas. tan perfectamente imitada que pocos hablan. por las que remedan a los negros Minas. y al siguiente domingo le deleitó leyendo su prosa de estudiante. frailes. ovillos de hilo. cuanto en las tiendas hay que pueda servir de proyectil más o menos galante. rumbamba. que disfrazando la flor y nata capitaleña..

¡y Dios sabe hasta cuándo! —¡Ah!. hasta la tarde de un domingo en que.. ingresó en el profesorado. mezclando los juristas con Sué y Víctor Hugo. Después. sin orden ni método. cuántos tránsfugas. como medio de vida. que luego habían de vibrar en su prosa con redobles de tambor. ¿se ha podrido acaso en el fango? Sin embargo. y hay aún. pero no le fue dable ir a abrazar a su madre. el busto desnudo. los economistas y los poetas deleitándose con los versos de Mármol contra Rosas. debía permanecer en el asilo del Colegio. tensos aún los nervios por los lances de la corrida. y con su voz meliflua. mientras don José. del incendio de la cocina de un bohío de San Carlos. a través de sus lentes. ¿En dónde están los varones? Y la simiente de hidalguía. de orden del Gobernador». que fue encerrado el Descubridor por Bobadilla. Desde entonces.. casi subterráneo.. la atmósfera escalda en la celda. que tiene la forma de un pañuelo esquinado. decíase que Moya y los expulsos se movían. Había habitado todos los calabozos de la Torre: éste. si ya casi no restan nombres que tachar entre los firmantes del manifiesto sustentador de la candidatura Moya-Billini. otras por conspiraciones o porque acaecían levantamientos en el Cibao. boca arriba.. un oficial de la Policía le puso la mano en el hombro a la voz de «venga conmigo. El calor le angustia. extrajo algún provecho. Ese día y en el mismo sitio. excelente memoria. cual si fusta candente brillara amenazante sobre las cabezas gregarias? ¡Y a tal rebaño de castrados. libertad tan querida. Su nombre figuraba en las listas de la Gobernación y. donde Báez mantuvo durante seis años al general Jacinto Peynado. se hicieron numerosos presos.. ¿Siempre le oprimirá la tiranía. Antonio. el del aljibe. enterrando sueños de gloria y de amor! VI La hora meridiana. ascendiendo las gradas de piedra de la Torre! Unas por sus escritos. a pleno sol en el cadalso. escudriña la rúa. ¡cuántas veces había entrado por la puerta monumental de la Fortaleza. en su telar de encuadernador. a la salida del circo de toros. sazonarla con uno de sus cuentos. ¡Qué horror! ¡Entre estos muros siniestros. Lilís tiene. o en las sombras. .. en este ambiente mefítico. En la rebotica de la Librería. sin ser cierto. frases rotundas y palabras sonoras y brillantes.. pocos. en las propias calles capitaleñas. corazones leales que en el exilio y en la misma tierra palpitan por la patria. que obliga a los ciudadanos a andar encorvados y mudos. También Lilís no desdeña entremeterse de raro en raro a la tertulia. de doble intención. el de Peynado. comentando los sucesos cotidianos. cierta vez. había vivido lo florido de su juventud. con los doce Césares de Suetonio y los discursos de Castelar. Leyó con furia. a menudo caen espigas al surco.En julio se graduó. manchado por la tinta nada más. incitado por los títulos o la fama de los autores. tan ansiada. y escribe la historia en humilde pupitre de pino. se le inculpó conjuntamente con otros correligionarios. la Capilla con su ventanillo que permite robar al celo de los carceleros el espectáculo de unos metros de calle. sin vocación. donde se dice. indigestando mente y memoria de hechos y nombres históricos. el del pañuelo. el de Colón. ni una gota refrescantes. De tales graneros. húmedo. Enrique Peynado señala con una raya en un ejemplar del manifiesto a quienes se pasan. que corren de boca en boca por el país entre risas y alabanzas. el tirano en sus papeles públicos y él en sus artículos denominan pueblo dominicano! .. —¡Qué vida! ¡Ni una ráfaga. en verdad. en verdad. Del ochenta y seis a acá. el del Profeta.

un diario de información. tras un año largo de prisión. Enmurado yace el pensamiento. —Estoy cansado— afirmaba. y les anuncia que para evitar efusión de sangre. que un italiano industrioso edita. cofrades. había ocurrido a destiempo. Miguel A. Ya no hacía el cuento de la novia y la escalera. espían. arruinado. fusilado en La Clavellina. cuyos penachos han atraído tantas veces el rayo. y hoy ni éstas. arrebató a uno de sus agentes un puñado de votos. al embarcarse provisto de pasaporte diplomático. regresa caducas las aspiraciones. ¡Cuántas plumas rotas! Los paladines del ochenta y cuatro contra Gollito. llega de París unos días antes de los comicios y presenta la suya. con todos sus prestigios de caudillo restaurador. se disponía a bajar. ni se anuncian los movimientos de los cruceritos de la armada. ¿ qué es? se interroga Antonio. Eugenio Generoso de Marchena. el cañón anunció la muerte del primero. Garrido. aún combaten péñolas: Eugenio Deschamps. Las gentes cargan ese cadáver a la cuenta de Lilís. otros anotan cifras en los libros del comercio. conocimiento de la estructura íntima de la tiranía. y algunos. ni cosa que lo valga. Marchena. tocados a las puertas de sus comités eleccionarios. fue preso. sin embargo. Se le atribuye carácter. Lilís reúne a los generales y gobernadores del Cibao. después de nueve años de destierro. y el que se descuida se achicharra. pues.. Y por todas partes. Y Lilís. y los del ochenta y seis contra Lilís. desaparecido por siempre bajo el oropel de los funerales. y hojas impresas. «ése era el saco en que iba a coger toíta la oposición». ¡De buena había escapado! . La vida es una pesadilla. Figuereo. retira su candidatura. valor. la comedia no había terminado allí. a pesar de pesares. derrotado y burlado en los comicios de 1888 por atabales mandingas. En los días de las elecciones. Marchena. Una tarde. mas a pesar de la ola de cieno calcinante. Surge entonces la de Tomás D. agregándose: «Lilís le teme». que sólo él tomó en serio.¡Parábolas del Anticristo criollo! —Y la prensa. Antonio recorrió las calles. Al pobre candidato le dejó entelerido tan estupenda declaración. Ni entidad. ni poder. hartos de ayunos. Pero. Moya. la mirada de Caín que penetra hasta el fondo. Las paredes oyen. Los ánimos se enardecen. también Antonio y los principales partidarios. ministro de Guerra y Marina. Se pensó en oponerle el rico comerciante Juan Jiménez. Ni el hermano es de fíar. peregrinan unos por playas extranjeras. por haber lanzado su nombre al debate en 1892. Es un círculo de hierro al rojo blanco. el caudillo mesiánico? ¡ Y cómo le escuecen a Antonio las fatigas electorales del 92! Lilís había promulgado su decisión de retirarse del poder. ni siquiera se es libre para elogiar.. días más tarde. Morales. Empero. La candidatura Morales-Rivas había triunfado. el general Morales había resuelto renunciar en su favor. en el muelle. Y las esperanzas se alejan cada vez más. ¿Quién. a caballo.. y rompiéndolos ordenó: «que no voten más mis electores». Semanarios anodinos. riqueza. En derredor de su bandera reúnense cuantos de veras anhelaban la caída de Lilís.. apoyado en la espada de Máximo Gómez. en la esquina frente a la Casa comunal. Los lilisistas se dividieron en partidarios de Nanita y de Figuereo. y en seguida. pues según expresión del mandante. no era ése el momento. cabestrero. irritado. en lo más recóndito. Luperón. ducho en hermenéutica criolla. arrebatando sufragantes de San Carlos y Pajarito al Parque Colón. en donde la campana tañía convocando a los ciudadanos. destruida la edición del primer tomo de su autobiografía en oculto acto de fe por la propia mano cesárea. más o menos periódicas. El segundo día hubo las protestas de rigor. se han apropincuado al festín. revistas literarias efímeras.

Castillo. Así. La avaricia. Lilís le llama a la Capital. porque así se convino. si no reconoce al viajero. el Pacificador inaugura su tercer período. el telón se alza para la tragedia. maten. Una hora después de la ejecución. y abriéndola con sus propias manos. Tres años más tarde. y es. no le teme ni a las iras de los hombres ni a las espinas de la guazábara. negro ardido y zahareño. y por ante las tropas formadas frente a la Catedral. ¡Cuántos de sus amigos. que reside en Macorís del Este. y en la misma orilla quedan derribados ambos. que el poder es suyo y nada más que suyo!. y. centro del sistema. Lilís reúne luego a los notables en la sala de actos de la Gobernación. que cree su prisión fingida. pero ¡ay. Lilís convoca al pueblo en la plaza de armas y. el otro en un camino. el uno en la calle. fusila a Castillo. a pesar de la autoridad que inviste. medro. La villa que conserva en su sociedad la tradición de los caballeros fundadores. arreglándole el revólver que el otro se ha echado hacia adelante. los apresa y transpórtalos a su patio de Macorís. y allí se abatió fulminado por la emboscada. violen. en La Punta. taimado y matrero. acusa al Gobernador Estay de tentativa de asesinato en su persona. Marchena y ocho más en Azua. Lilís le soporta. de la cual el sátrapa es remate. va a prosternarse. al salir del teatro. audaz. de quien busca con sus actos el aura popular o tiene veleidades políticas! Lilís no les perdona que pongan piedras en ajeno bien o. ojea las sabanas. éste le responde: «pues ahora es tu turno». en todas las regiones. transita de un lado a otro. a mí no me matarás». da la horrible noticia: ¡todos eran azuanos! y muestra una bomba. en tanto el Prelado entona el Te Deum bajo las naves góticas. mulato bravo y soberbio. cuyas rivalidades animó el Pacificador. Todos son sus cómplices. el árbitro supremo. que a las claras dice: «tú. alentaron la ambición de sustituirle o se acercaron a otro candidato. A él no le importa que sus tenientes roben. bigardo corajudo. ¡así se hace justicia!». y cuando éste. permanece una semana. dirigiéndose al director de la ejecución. que vive. los lleva a un careo. ¿Y quién resiste a sus órdenes? Un panzudo y . Dispone de las vidas como le peta. ministro de Guerra y Marina. gallea. Ramón Castillo. gobernadores provinciales. afirman con la elocuencia terrible de sus muertes. en casa inabordable.—Lilís logra el máximum de poder. observa las huellas. en presencia de Estay. y. En el Consejo. pagando dos y tres por ciento al mes por los préstamos que se le hacen. Y. ministro de Relaciones Exteriores. Su vida y su poder significan el goce pacífico de tales beneficios. Su voluntad cargó las armas asesinas.colchón de plumas para caer. le hace un cuento. Isidro Pereyra y Joaquín Campo. insaciable pulpo que chupa oro y sangre. Y Pablo Mamá. la da como feudo a un negro sin letras. Toda culpa tiene en él refugio. les anuncia la nueva espeluznante. y confía el gobierno del distrito a un leguleyo. Antonio tiembla al considerar la trama de intereses ingentes. en los montes de Neyba. Pide un cuchillo. descubre las entrañas explosivas. engañados por sus propias manifestaciones. la ruta está indicada por cadáveres. de allí en adelante. González. Y sin tropas. que dice preparada contra él. Luego. y el oro le acorre porque incita la angurria. de día y de noche. mueren. trepado en una mesa. mantiene la enemiga entre la autoridad y el pueblo. Formidable tela de araña que se extiende por todo el ámbito de la República. se fuga en un cañonero español y denuncia tratos para arrendar a los Estados Unidos la bahía de Samaná. exclama: «General. El 27 de febrero. detuvo la mula ante un gajo tendido en la vereda.

espera la visita de los ejecutores que. No obstante. marmóreo. el arroz con habichuelas tan revuelto. murmurando palabras vengativas? ¿Y no murió envenenado en esta cárcel (acaso en este mismo cuarto). y Abelardo Moscoso puñaladas en la espalda? Así ha creado el silencio. El olor de la sangre le embriaga. El es el amo. Voz amiga le recuerda ¡cuánto cuadra a su grandeza la clemencia!. retira la cuchara y el tenedor de estaño. que no leerá la historia. inaugurando un ferrocarril. conmovido por tal recuerdo. ¡ Son los que van a morir! Pero no. en el patio de la Fortaleza. no ha recibido Eugenio Deschamps dos balas en el pecho. mira a Manuel Cruz Bobadilla. En el ardiente crepúsculo. toda la sangre. ¡un día será! Cuantas veces se abre la puerta. y. Se le acusó de fraguar la muerte de Lilís. Emite papel moneda sin garantía. la fiera. Un dólar vale veinte pesos en billetes. a manos del Jefe de la Policía nocturna. frente y nuca. cubierta por una capa de grasa fría. El preso. luego. y tiene dinero. calmada. La sopa. El país se arruina. sacude la altanera cabeza. Antonio. desahogando el dolor y la cólera impotentes en un grito mudo: «¡maldito negro! ». Los conjurados descienden. si él. les muestra como lección saludable el cadáver del compañero. porque no cumplió una de aquellas órdenes de exterminio. que en la fosa del poeta Juan Isidro Ortea. Se oprime la frente entre las palmas. se interroga: ¿ya? Si despierta al conticinio. ¿quién sería capaz de la hazaña libertadora? ¿ En dónde está el héroe que matando. Las cosas alcanzan precios fantásticos. VII El ruido de la puerta al abrirse. y arrimando una silla se sienta a comer. los platos. exclama: . El alcaide entra con la cantina del almuerzo. pobre negrito. que fructifica a la vera del río. la carne guisada y el plátano salcochado. al pie del Aguacatico. las narices se le dilatan. rubia la barba. Custodio Santo. mientras él afirma. si come. redima? ¡Quién sabe! Un escalofrío le sacude. El negro poderoso se enjuga. sospecha que los pobres manjares han sido envenenados. muere en las calles de la Capital. cual si le hubiese escarbado una gallina. Ansía sangre.repulsivo esbirro. arranca a Antonio del soliloquio. amortajado por las rosas del sol occiduo. uno a uno. encarar el pelotón. con ademán felino. ¿Y quién protesta. y tal vez muriendo. Impera por el hierro y por el oro. si los cadáveres aconsejan resignarse? Las vidas están a merced suya y el oro es su aliado. duros como suela. ejecutado preagónico. Lilís arrojó un ejemplar del periódico en el que éste le atacara. Pero. hay que derribarlo. cintilando en los pelos de tetillas y ombligo. Resopla como un escualo varado. si ha rendido o muerto a los adversarios. demuestra horror por la letra impresa? En la propia cabeza. siéntase al borde del catre. si suyos son los hombres de armas. ¿Y quién chista. se dice Antonio. la camisa desabotonada. le chispean las pupilas y ordena imperioso: «traigan a los otros». el panamá inclinado hacia adelante. que esa moneda es tan eficaz contra la avaricia como la de Solón. ¿Y cómo. Sin embargo. en escucha de los más leves ruidos. Antonio lo ha aprendido. El carcelero se desploma en el mecedor. parque y pericia? Una idea le martilla las sienes. aunque dice riendo. y después de aspirar con fuerza. por un artículo mal pergeñado? ¿Y en el extranjero. Sus propios pensamientos le infunden pavor. Recuerda una escena trágica. le darán cuatro tiros o. ¿Y no se cuenta. El tirano presencia el fusilamiento. Gotas gruesas de sudor le corren hasta la empella. en pie.

—¿Y qué hay de nuevo? —inquiere. —Se lo agradeceré mucho. El Generai está por el Cibao. Eso de la papeleta. —Yo ni entiendo de eso. salir de aquí y al otro día ser Papacotes. —Y el comercio. —No creas na. —Pero esa situación es insostenible —replica Antonio con viveza. muchacho. A más de un gobernador le he remachao . ¿ qué dice? —Ello. El alcaide continúa: —Mañana voy a ver como te paso al Salón. ya tú sabes. ni me meto. que ya tienes un año aquí. —¿Y en qué anda por el Cibao? —Dicen que a recoger la papeleta. pagará los vidrios rotos. si que no me gusta. ¿Cuántas veces te han metido? —¿A mí?. a la postre. —Sí. Lilí sabe más que los blancos de la Impruven y les sacará más cuartos. —Ahora hay pocos presos políticos. que con los derechos por las nubes no ganamos ni para comer. pero nunca he permanecido tanto tiempo ni tan solo. haciendo una mueca lúgubre. Déjate de caballás y arréglate con él.—¡Caray. que estos zapatos me han costado cien pesos hace una semana. y el Palacio vacío. muchacho. —Pero el país es quien. si aquí no ha parlo madre otro igual. La República está como una balsa de aceite. no pasa na. caray. con él no hay quien puea. ni lo pare. y hoy. Figúrate. no parece ni que hay gobierno. papá Quin. El Generai lo arreglará to. con un peso. usted. Mira que yo los he visto. repinga su miajita. callado. —Y se pasa el índice por debajo de la papada. quince con ésta. qué calor! Antonio engulle a prisa. hombre. caray. —Na. —¿Usted cree? —¿Que si lo creo? No jeringues. no se compra en la plaza una libra de carne. que mordían las rejas de rabia. pero al que no coge el billete. yo y todos. allí estarás fresco y te divertirás mirando pal río y pal corral de los criminales. Cuando él se va.

caray. ¿usted cree en eso? —Te diré: yo no lo he visto. —Pues un hombre que tiene la virtud de volverse animal: perro. arrastrando los pies. de abigeo. —Dicen que es brujo —le interrumpe Antonio. con un poder tan absoluto? ¿Qué hado le solivia constantemente desde las aventuras en la frontera sur. más que de guerra. que la conversación con el carcelero ha hecho aún más evidente: la potencia de su enemigo. hormiga. Su presencia en la Española arroja al Continente y a las Antillas españolas. tradiciones y costumbres. hijo de haitiano. To se lo cuentan o lo adivina. pero oye lo que te digo por tu bien: arréglate. Los veintidós años de ocupación haitiana habían subvertido las costumbres patriarcales de la colonia en aquella época denominada «España Boba».. nieto. clausura la Universidad. por la madre. —Ello pué que lo sea. mira que Lilí está untao y no le entran las balas. gallo. Antonio se queda de nuevo frente a la realidad atroz. papá Quin. temerosos de .. arruina los templos y rompe los pétreos escudos nobiliarios de los portones señoriles. odia al haitiano. cierra tras sí la puerta. distinto de origen. de un prócer venezolano. ¿Cómo ha escalado la presidencia este hombre. Lo que te digo es que sabe más que yo mismo lo que pasa en la caice. Ese negro es el demonio y no hay quien se menee. —¿Y la que le pegó en la nuca en El Cibao?. según se dice.endenantes buenos pares de grillos. y al pecharse con él. La empresa separatista ofrece campo propicio a Pedro Santana que. Antonio rompe a reír. y dime si con un marchante así. hay quien se atreva. siendo pedáneo. hasta el Capitolio? Antonio se explica que dominaran Santana y Báez. que cree que Lilí es galipote. ¡pero Heureaux!. nativo de la frontera. Será Presidente hasta que se muera. cerquininga de una mata de la sabana. la cultura y la riqueza. que era brujo.. No seas sonso. El alcaide se incorpora y concluye: —Sí. se le volvió puerco. pero mi compai sí. A él. —¿Y qué es eso? —Ah. le dieron la orden de prender a un vividor de su sección. —Pero de veras. Yo tengo un compadre seibano. El barcino. poniendo en íntimo contacto nuestra sociedad débil con el invasor fortalecido en una guerra feroz. idioma. ríete. ¿tú no sabes lo que es un galipote? —Palabra que no. y en cuyas manos puso la espalda libertadora el consejo de los conservadores.

es una figura de jefe nato. de brillantes uniformes. se impone a todos y restablece la calma. y que desposeído de la autoridad que venera como a cosa suya. y de un salto. En el peñón de Curazao. culpable de haber robado un racimo de plátanos. Cuando en el curso de una discusión tumultuosa. y él cabalga con maestría. Rico por su casa. bravo. bien regalado. imperioso. muere sin honor en la patria anexada. el hábito del mando. En 1847. Encarna el principio de autoridad. se le confía la dirección suprema de la guerra. con un par de chancletas debajo del brazo. en que los personajes más conspicuos se sientan en las primas-noches a tertuliar en las puertas vistiendo viejas. espera que vayan a buscarle para ofrecerle el poder conquistado a costa de la sangre de sus huestes fascinadas. y con sus iniciales doradas. es el mismo que sus contemporáneos han visto acoquinado. para lo cual tiene concertada entrevista con el Papa. Báez. por consiguiente. y a las abejas exquisito licor. Cuando el enemigo de allende la frontera y los del lado de acá le asedian y se despeña en la anexión a España. Cuida de mantener su predominio: cierto día. el Presidente Jiménez invade la sala de sesiones del Senado con un grupo que esgrime pistolas. porque engorda al cerdo con sus granos. y porque hubo de vencer. le restaurarán en el poder tan pronto como arregle la pendiente cuestión de la Iglesia. yaguas y tablas para fábricas. valen el árbol y el ganado más que los ciudadanos. descuella. pintada a mano. bufa como los toros. en el muelle. su voluntad en la diaria brega con los subalternos y con los capitanes generales que le sustituyen. que es alternativamente amigo. Y tales epístolas se leen con deleite. solía retirarse. fuerte cuando manda. Es un hombre del agro. iguales a los suyos. le ordena quitárselos y le increpa por su falta. él come en vajilla de porcelana de Sevres a ropas franjas rojas —el color de su divisa—. escribe a los que vagan hambrientos en el exilio. un decreto castiga el robo con la muerte. sus triunfos en las Cortes: ha bailado un rigodón con Isabel II. En su mansión reina la abundancia. sin que una sola. Su valor cívico es grande. equipados y pagados por el emperador francés. brinda al hombre para regalo del paladar la pulpa tierna del palmito. Buenaventura Báez que preside. corta una palma. del cual vino y a donde caído o alejado del poder. buscaban las fuerzas necesarias en el protectorado de una potencia. y son creídas. y cuatro meses después se ejecuta a Bonifacio Paredes. para él. el árbol más útil de la tierra. produciendo confusión inenarrable. en la época haitiana ha sido corregidor y diputado. Luis Napoleón le promete cinco mil zuavos que. camino del desierto. sin que los procesos sean conocidos por los jurados. y en aquel tiempo de pobreza. Por buenas y malas artes. le escogieron por caudillo los afrancesados. Porque había sido jefe de milicias y tenía. siega laureles y se abre paso al poder. es decir. rompe las reglas de la disciplina. Cuando pasea por Europa. y . aprendió en la lidia con los toros las mañas que sirven para sojuzgar pueblos. espadas y puñales. erigiendo sobre ésta su pequeño cuerpo. los que por no confiar en la capacidad del dominicano para el gobierno. con la acometividad de los mestizos. con ademán de petimetre se descalza para no ensuciar la mesa del bufete. Cinco veces le alzan sus partidarios hasta la presidencia. Su caballo es el mejor. uno de sus edecanes se le presenta calzado con botines de charol. y se indigna cuando uno de aquellos oficialitos rosados. En su hato del Prado. sucesor y émulo de Santana. zorro. Voluntarioso. en las tantas revoluciones que acaudilla.los sueños de los jóvenes del 27 de Febrero. aparezca en los campamentos.

y de nuevo. ño Brindis. cumple el mandato siniestro. Los empleados fieles erigen un castillo en la esquina de Palacio. y una cadena que ostenta la inscripción «Paso al progreso» cierra la barra. Cuando sus corifeos le creen instrumento dócil. y tres generales le saludan en malos versos impresos en seda y desfilando por entre soldados vestidos de gala. sus méritos. termina la audiencia con esta frase: «Mime. fue multado por infracción a las ordenanzas de policía. ¡Es el Soberano! ¡Dios le es propicio! En la prima noche. Cuéntase que el famoso violinista negro Brindis de Salas. Las casas tendidas de colgaduras.aquellos hombres se lanzan al campo. y una vez en él. y desde la colina de San Miguel hasta el mar. comprando y matando. por las calles jocundas. le piden la libertad de los presos políticos.. guirnaldas y palmas. Después de las doce. pero no veja ni se abandona a sus pasiones. meloso. Es el dardo que desde Puerto Plata. el poeta nacional le da la bienvenida.. se hacen obras de misericordia. el Concejo le prepara un banquete. un viento fresco agita las banderas. criatura de Luperón. se queman fuegos artificiales: ilumínanse las plazas. Él sabe olvidar agravios. aprovechar al enemigo de ayer y penar al traidor. le corta el hilo. figuración del principio aristocrático del Orden. conoce a los hombres y los maneja como a títeres. rige la República. limpiando su camino. luciendo la alegría de sus colores. que yo estoy hoy muy ocupado». en balcones y ventanas la bandera nacional. El mar. en la plaza de Moca. al alcance de todos los abrazos. aunque no tiene como éste ideas. y apoyándole la mano en la rodilla. meliflua la voz. realizando venganzas inútiles. furioso. sin ahorrar la vida del propio cuñado. y calles y parques tejidos de garambainas. al acostarse. Castigo de propietario depredado o desquite. el viento silba. alzan arcos bajo los cuales. Báez. agasajado. Lilís. procede por cálculo. en su honor se convida a los niños a un bazar. premia con largueza a los servidores. Heureaux aparece por primera vez en la Historia. a oír el Te Deum que entona el Prelado. le ha roto la diestra de un balazo. Valor y audacia. e implacable. con un relampagueo de sus ojos. a la veneciana. honrado por todas las ciudades. venga otro día. él se sirve a sí mismo. el Ayuntamiento. El oro y el hierro adquieren en sus manos virtudes inagotables. . saludado por salvas de cañones y discursos de ancianos. tolerando desórdenes. atrancan puertas y ventanas. achicándose. a la cabeza de tropas cibaeñas entra triunfador en ella.. y al regreso a la Capital. apuntando con su arma al general Salcedo. se mete al fin en el Palacio. que captura y fusila. expresándole cuán orgulloso sentíase de que uno de su raza hubiese llegado tan alto. Durante años es uno de tantos guerrilleros. y disimula sus preocupaciones de raza. Desde el río hasta la Puerta del Conde. de paso en Santo Domingo. Luperón imperante dispara contra el Palacio de la Capital. va al templo. desgreñando el follaje de sauces y laureles tachonado de farolillos. granjea cómplices venciendo. cuando entre en la ría. recorre triunfalmente la República. la ciudad se adereza para recibirle. Los vecinos. la colonia española y la prensa. ni le escudan las sergas de la guerra restauradora. se pintan y empavesan las embarcaciones. El artista le visita para darle las gracias y le enristra enfática peroración. periodistas y damas. Antonio ha visto expuesto el poder de Lilís. mozos y señoritas. condonándole la pena.. y dos veces. escupe sus espumas hasta el faro. En tres apoteosis. Negro es la palabra más ingrata a su oído y el insulto que jamás perdona. la rompa el crucero «Presidente» a cuyo bordo está el feliz magistrado. frío y profundo psicólogo. ni ideales. Suave. para que. Después del fusilamiento de los nueve en La Clavellina. rodeándose de blancos. un oficial. El Presidente Heureaux intervino.

de Trovador. han corrido de mano en mano. de las muchachas que se afanan en busca de adornos y perendengues.. El baile de trajes que la Sociedad Entre Nous ofrece en el local del Club Unión. María se está haciendo un traje de Margarita. amenazando cercenar cabezas. En casa de las modistas. Ni el mensaje presidencial leído por el propio Lilís en el Congreso. se discute. Dizque las cosas están muy malas y no se cobran los alquileres de las casas. acapara toda la atención. Y el Pacificador. seda y piedras finas. rimeros de tablas. el viejo está imposible. derriba casas.. Las centellas alumbran la escena trágica. Es el Ciclón. y. ni la inauguración del nuevo edificio de la Aduana. — Quién como ella. su tijeretazo a las ausentes. hembras encinta. y ¡con qué lujo!. —¿Y tú? —Ya verás. pidiendo a los ricos una limosna para los pobres. Los árboles arrasados impiden el tráfico por los caminos vecinales. le costará un ojo de la cara. —Le resultará un primor. Por las calles se advierte inusitado ajetreo de domésticas que van a las tiendas por muestras y telas. amontonados. porque no se puede negar que tiene gusto. pintado por ella misma. va de puerta en puerta . ni el Te Deum. representaciones de personajes históricos. aquel 27 de febrero. —Y las. llena eres de gracia». . atareadas a no poder más. —Niña..! van las cuatro. herrajes de balcones. descuaja árboles. ¿Recuerdas qué linda estaba en el baile en casa de. arcos y adornos. incansable. expectación febril sacude la ciudad. de raso. chica. chica!.brama. las últimas ráfagas cimbrean los cocoteros y juegan con los restos de castillos.. se reúnen a garrulear. y que se anuncia magnífico.. cumbreras de bohíos.. mujeres desoladas buscan los hijos perdidos. de locura. modifícanse modelos hasta elegir.. La lluvia impetuosa inunda. Dale duro en el codo para que abra la mano. ante las imágenes iluminadas por lucecillas votivas. Los osados se arriesgan en las calles. que bien puede. —¿Y tú? . ¡qué te cuento.. De hinojos. Figurines y grabados. ¡y qué avíos. ruge. pero.. y familias desvalidas abandonan las habitaciones destechadas. Durante un mes ha sido pasto de las lenguas. Clamor de miseria surge de los hogares en ruina. los faroles por tierra. todo de seda. "¡No hay leche!" gritan las madres ante las cunas tibias. El viento y el mar acuerdan antífona estupenda. Desde que la banda de cornetas y redoblantes ejecutó la Diana en la Puerta del Conde. de planchas de cinc. las mujeres rezan: «Dios te salve María. en las primas noches. A la mañana siguiente. y los laureles del Parque mostrando al sol sus raíces. guardándose el secreto para evitar imitaciones. Por el arroyo corren torrentes desbordados. ni la retreta con fuegos artificiales interesan a sus moradores.. —No creas nada. hombres contusos. se oponía al raso y ahora pretende que no le ponga cascabeles. sacude las puertas.. si tiene el gobierno en casa. —Y Antonia P. dando entre risa y beso. vuelan en las tinieblas planchas de cinc.

por el entablado pulido. lanza en asta y escudo al pecho. Lambrequines de papel de colores y guirnaldas de flores naturales paramentan los arcos de las puertas. repúblicas. los borceguíes rojos me los presta un amigo. en una letra a sesenta días. gordas pantorrillas rurales. me ha prestado su firma. transforma sin cesar crines de caballos en pelucas del siglo XVIII. Un rumor de admiración sigue por el amplio portal a cada recién llegado. racimos humanos. ya estoy listo. esperanzas. Lechuga.. el ministro H.el traje de pierrot. A sotto voce alguien pregunta: —¿Cuál es el traje de Lilís? . novias suizas. grecas enlazan las guardamalletas. un centurión romano. A su entrada. grandes y chicos asistirán a la fiesta. En las esquinas los jóvenes dialogan: —¿Qué tal? ¿Has conseguido el traje? —En ello ando. Los tres salones del Club resplandecen iluminados a giorno. Y con los comentarios picantes regodéase la masa pedestre. que se ahoga ceñido por el frac violeta y la chistera gris embutida hasta las orejas.—De gitana. luces. Del brazo de los galanes las damas se pasean exponiendo sus gracias a la vista de los que han hecho del balcón tabladillo para contemplar el espectáculo. Le acompaña un alto personaje. Francisco rutila. La cuestión es ir. floristas. Los sastres rechazan los encargos. clowns y pierrots. —¡Una obra de arte! Los caballeros no se han empeñado menos. mohíno. cuajado el sombrero y el peto de diamantes: es un ministro poderoso. pues se lo he prometido a la muchacha. musas. hechiceras. entre los brazos de galantes caballeros de Carlos III.. se deslizan. se entreveran armonizándose.. poesías. —Pues. No me salva ni la burburaca. pero como de noche no se le ven las manchitas. se confunden. mostrando. Carlos V. vampiros. Ricos y pobres.. y la golilla me la acredita Rocha Hermanos. Tengo vendidos tres meses de sueldo y estoy negociando otros tres. palomas. ¡Cuánto lujo! Nunca vióse una fiesta igual... en cuya cinta deslumbran gruesos brillantes y un espejito frontal. Mis hermanas me hacen . que no le solapa los vellos pectorales. —¡Qué turpén eres! A las 8 de la noche. los espejos recién dorados y las arañas de cristal. es un banquero millonario. En los balcones y tejados vecinos... colores y líneas. A las nueve. los unos en coche. los otros a pie. mariposas. reinas. rigoletos. calza escarpines de charol con hebillas de oro y medias negras. empieza el desfile de los convidados. margaritas. Mi amigo. y se toca con sombrero panamá forrado de raso gris. la acera frente al Club está ocupada por multitud abigarrada. trovadores. la orquesta toca el himno nacional. —¿Y tú? —Yo he comprado en casa de los Bazil un terciopelo blanco que por mareado lo dan barato. El Presidente viste calzón negro de seda. Cuando rompe el primer vals. Abelardo lo pintará.

. tan apurada. y. para poder acompañar a las hijas a los bailes. y mientras éstas se divierten. —Te equivocas. —Y Zutanita. Es muy buena.. No sé en qué piensan los jóvenes. pero si ha tenido tantos novios. __Chica. hoy todo está revuelto. En los huecos de los balcones aposéntanse las mamás.—Dicen que de etiqueta parisiense. —¡Ave María Purísima! —¿Qué te sucede? —¿No ves ésa. que está en aquel rincón? —Sí... qué lujo! Después serán los dolores de cabeza y los cobros. . Y las risas estallan a dúo. se casó hace dos semanas en intimidad. —Pues que no es casada. —¡Mira a Fulanita. yo que la conocí de cocinera! —¿Y aquella mulatica. —En mi tiempo no se veían estas confusiones. pero ya se ve. Yo no lo creo. No hay que negárselo. —¿Y esta princesa? Pues si es fulanita. La envidia invectiva. de dónde ha salido? —No niña. ni sociedad. Cada oveja andaba con su pareja. ni religión: lujo y nada más. ¡qué va! pero la gente es muy mala y cuando el río suena. que vestidas de colores serios como sienta a sus años y estado. —Pero se está quedando. si el papá no tiene en qué caerse muerto. ya anda cerca de los treinta. ellas hacen trizas los elegantes trajes ricos. ¡qué hermosa y bien puesta!. es quimá pa sol. ¡quién se lo había de decir a su abuela. Ahora la cargan con un ministro casado. —¿Cómo? —Que está quemada por el sol. la pobre. —¿Y el del otro? —De Lorenzo XVII de la Mascota. de azul marino. custodian a las muchachas. y se atreve a presentarse aquí.

. El champaña atiza la sangre. Por la escalera de servicio. un grupo . traga pastelillos y emparedados. luce su marcial apostura. Los pies aplastan melindres. favorecido por mayor número de espectadores. se contonean con gentileza. —No seas tonta. desbordándose por los potreros. pues un error es un delito. la multitud lo invade. Carlos V se ha desplomado. muchachos. con un rictus que le contrae los labios bezudos. mustios. El General se retira temprano. mientras güira y pandereta cosquillean los nervios. en los salones desiertos.. escondiendo bajo las faldas de la levita un pudín de dos libras. sin desguantarse. ¡y el tío expulso! Fíjate con qué dulzura le habla él. baila con decencia sin arrimarse a las damas.. y junto a él ríe su compañera. Cuando avanza solo.. allí escancian champaña. y entre alegres risotadas relatan sus impresiones. sin probar una gota de licor. temerosos de equivocarse. El Presidente. afirman. las últimas parejas descienden la escalera de mármol. la grasa mancha la cabritilla y con la boca atestada. Al final de cada figura. claman voces. acarician. arrían a los que están en la calle botellas de champaña. el golpe de un cuerpo contra el pavimento interrumpe la danza. dos tinajones de frutas cristalizadas desaparecen. no hay en la fiesta quien le supere a cortés. en donde estacionan de preferencia los que no bailan. aceitunas. suscitando discusiones rápidas. amigos complacientes. es bailado con los chales sobre los hombros femeninos. En la primera embestida. ¡la cuadrilla!. La comparsa de los payasos triunfa con sus blancos mamelucos amplios. en los cuales penetra ya la luz blanquecina del alba. sus cobres y cuerdas excitan. Con el ademán felino que le es familiar sécase frente y nuca sudorosas. y para todos tiene una amable palabra oportuna. El buffet se abre luego de la medianoche. sacuden. ¡Qué mujeres. una aduana para el padre.. Las ligas de la etiqueta se aflojan. las mamás soñolientas aguardan en el primer peldaño. no pierde un compás. enseñando los dientes. ceremonioso. las parejas de la cabecera indican la próxima. aceleran los giros. algunos mozos se arriman a la cantina. y los labios secos. Las mamás olvidadas. caldos de manos impacientes. previene a los vecinos: «coman turcos. y en pechos y espaldas reptiles cabalísticos. para no perder tiempo. deliciosa pastora de Watteau.. Con el ímpetu con que el ganado se escapa de los corrales tras el ordeño. y ella le pone los ojos en blanco. sonríe a las lisonjas cortesanas murmuradas. En los tres salones se organizan sendas tandas. Hay quien prefiere templarse con una copa de coñac o de ron del país. En su tiempo. danza final. El carabiné. cabezas antiguas se muestran sin peluca. se cierran conteniendo un alarido de voluptuosidad revelada en las pupilas lánguidas. ¡La cuadrilla!. dulces. La tanda presidencial elige por escena el segundo salón. baila con garbo. al soslayo va un galán. las manos calenturientas y las testas que desfallecen graciosas. los caballeros se mueven mecánicamente.—Mira al negrito cubaneándose con. En varias sesiones ha sido esmeradamente ensayada. Un viejo. Las damas saludan. pintarrajadas caras y cráneos. A las cuatro de la madrugada.. fuertes y blancos. En la Poule. se indignan contra los gandíos que no las sirven. atropellándose. Dios mío! —Le estará pidiendo un salvoconducto para el tío. Por el balcón. Luego. no era así. La orquesta ejecuta con más brío. Al terminar las piezas. que están número uno».

las artes. en el cual le acompañan sus secretarios privados. se dice. se detiene en casa de algunas de sus mancebas o con un mendigo o con algún personaje. ¡Es una madre que desde el arroyo implora por la vida del hijo. Es pulcro. Entre el Palacio del Ejecutivo y el sardinel de la plaza. De paso. corbata de color. chaleco blanco. espías. escandaliza a las beatas que salen de las iglesias. el Pacificador se yergue. venezolano el uno. Dos poetas. aparece en el balcón de la calle de las Mercedes a cumplir un dulce rito: dar de comer a las palomas realengas que se congregan allí. la justicia. obligándolas a alzar el vuelo. la república. de americana negra de alpaca. a la tarde. arrullándose y disputándose el maíz. dominicano el otro. pantalón de casimir a cuadros o de dril blanco. en la cual trabaja sin descanso hasta las 5 de la tarde. los cabellos sueltos. embanderado. Va al Palacio. esgrimido por su mano potente taja en la hacienda y en la carne del pueblo. Lilís da los buenos días a sus vecinos. amigos íntimos. Luego. se contiene toda la vida nacional. Se sienta en el coche. no hiede. improvisan a puja. Al amanecer.. que personifican la libertad. y fino jipijapa con estrecha cinta negra. y las tropas le presentan las armas. proxenetas. sin lujo ninguno. El sol los derrota. tirado por yegua mora. Le rodean funcionarios y diplomáticos. asustadas. las perturba. Es tan cuidadoso de su persona. de gran uniforme. En esa cima. ¡Es el Señor! El himno nacional vibra. y de nuevo en sus habitaciones continúa las audiencias mientras se viste y desayuna. en la cabeza un gorro encarnado. El recuerdo de la tercera de aquellas apoteosis. rebosa de gente. su continente es gallardo. Carlos V les escucha complacido. y su ojo de halcón contempla el concurso. y que con su disfraz de pierrot. .masculino apura las postreras copas. El Parque de Colón. En la empuñadura de oro fulgen brillantes y rubíes. Antonio Portocarrero se dirige a su casa en compañía del cronista López que. acongoja al preso. Por las calles doradas. que entran a su morada por la puertecilla de la calle Luperón: el jefe del Cuerpo de Serenos.. y entregan al Presidente la espada de honor. que con sus propias manos hace la raya al pantalón. el manto a la cara. con interrupción de una hora para el almuerzo. Por los escalones asciende una teoría de capullos. el Presidente se levanta. y las rimas galantes cantan las bellezas de cuantas han zarandeado los corazones. envuelto en una bata color de castaña. a quien en aquel mismo instante ejecutan en la Fortaleza! Con su voz suave. con las piernas abiertas y la diestra manca apoyada en el bastón de concha de puño de oro. costeada por subscripción pública. infantitas pueras. tribuna a la cual se accede por amplia escalinata. enguirnaldado. En su oficina de Palacio. en tanto que un pintor le embroma golpeándole el abdomen con el clac. una anciana enlutada. Erase el aniversario de la independencia. el médico que le pasa la sonda. elévase una. constelado el pecho de condecoraciones europeas y terciada la banda tricolor. reseñará en el diario la suntuosa fiesta mágica. ¡Es el Señor! Su hierro. calamocano. que le trae el informe de las ocurrencias de la noche. marcada en la frente la cruz de ceniza. A las 9 sale en coche. En aquel sencillo despacho. a pie. Cierto día. y en el baño comienza a recibir las primeras visitas. El Pacificador la ciñe.

e ignorante de las teorías científicas del gobierno y la historia de los pueblos. lo cobra con la muerte. Blancas. y otro tanto paga a los fiadores de sus letras. convertido en patíbulo. no lee. Debe millones: no importa.comandante militar de la plaza. extramuros. bajo su inspección. defendiéndose.recibe y escribe: es oficina de mandatario y de comerciante. Dos de éstos han sido cogidos en alegre compañía. cuanto le dicen y cuanto observa. el champaña y la cerveza desbordándose de las copas enchumban el piso. acotado por él. de don Francisco de Quevedo y Villegas. combina siniestros planes políticos y organiza bailes y bromas a los íntimos. anota. y con el mismo descoco con que arregla los asuntos internos. ¡malhaya quien tenga que hacer con ellos! El culatazo es la expresión favorita de su autoridad y las carabinas que gastan se disparan solas. Emite papel moneda. es fino en sus maneras. El Erario es su hacienda: dispone de él. compra. Casa. Al crepúsculo pasea en coche por la ciudad. amén de las aventuras que la miseria y el temor le proporcionan y de las hetairas portorriqueñas. De París le han provisto a una doncella. En tales bailes. cometerán los serenos en persona que le estorba. interviene para castigar o proteger al Don Juan. Crea instituciones a semejanza suya y a la medida de sus necesidades. Mantiene el arsenal bien provisto de fusiles y cañones. le da el caballo ensillado y le prescribe emplear el puñal. sin embargo. desvía hacia sus bolsillos las rentas y amontona deuda de millones sobre la República. Es un sátiro. sin percatarse que haya o no ministros en la sala.. él dice riendo que necesita un hijo blanco para meterlo cura. vela por la fidelidad de sus queridas y las de sus amigos. En la capital mantiene dieciocho mancebas. firma una dádiva para una iglesia o una carta de amor. e instruyendo a un gobernador supersticioso. No cede a sus tenientes el puesto de peligro. sus allegados le prestan propósitos de conquista. No conquista. el presidente de Colombia. De los diplomáticos extranjeros se aprovecha: les halaga. cree mantenerse vigoroso merced a inyecciones de Brown Sequard y a pociones copiosas de Elixir Godineau. Estos. son el espanto del vecindario. Toma dinero a préstamo al 3 por ciento mensual. mulatas. escribiendo con hermosa letra la pequeña historia vil de su época. pero ello no entorpece para que firme protocolos secretos acerca del territorio discutido y negocie con los yanquis. suminístrale dos cartuchos embrujados con una cruz en el plomo. y teniendo excelente memoria. para el asesinato de un hechicero. Minucioso. y él mismo se jacta de que le inspiró la reelección de 1892 la lectura de la Vida de Marco Bruto. trata las cuestiones internacionales. los serenos ocupan las puertas apuntando con sus armas al interior. arma más segura que el revólver. y lo mismo visita a un diplomático o familia principal o interviene en el milagro de una histérica o platica con una de sus barraganas. aunque alguien asegura haber visto en su alcoba un libro de Núñez. da la mano para agarrarles por el pie. y castigó con el máximum del arresto al jefe del cuerpo por no haber obedecido la orden de hacer fuego sobre un baile de prostitutas en el cual habíase armado un zipizape y uno de cuyos concurrentes era el. El ridículo de un cuerno. y escolta en un crucero un balandro. y ante su vientre fecundado. y sin someterle a juicio. a quien ordena un asesinato. Si raptan una doncella. él mismo disfraza a los que en una tarde de carnaval encarga una alta obra de venganza. Su capacidad de trabajo es extraordinaria. los hombres riñen disputándose las hembras. al jefe de su Estado Mayor. en coches que pasean la ciudad con . Habla francés e inglés. según le convenga. El Presidente ha premiado con cien pesos a uno que dio muerte. policía de seguridad nocturna. distribuyendo regalos. como prepara un fandango para que sirva de ambiente propicio al asesinato que a la medianoche. arregla los matrimonios desavenidos y divorcia. con la misma pluma con que ordena una ejecución. se solazan la juventud elegante y los funcionarios del gobierno. su actividad incansable. y cuando las querellas degeneran en trifulca. de distintos países las posee. y al efecto visita el vecino Estado con pompa. negras.

la retiraron de la escuela. rayando de rojo las paredes de las casas y las ropas de los compañeros y de las negritas sirvientas que transitan por las calles. También le han enviado dos libros y un hatillo: A tragos gordos. mira él a su mujercita inclinada sobre la tabla. ¡Cuántas veces. Antonio sorbe el chocolate de agua. De la ropa blanca y lustrosa se desprenden olores de carbón y cera. ¡ Si él quisiera. de todos los intereses y de todas las pasiones en cuya cima el tirano. se transó con Lilís. mide la pesadumbre que aniquila al país. En la mañana comienza la faena de preparar las municiones. la montaña hecha del almodrote de todos los crímenes. un mollete con mantequilla y un piñonate de coco. movida por sus insinuaciones. mientras paladea el dulce. Luego. que pasa con brío y paciencia la plancha: heroína silenciosa. en cazuela vidriada. el predicador se metió diablo. que ha regresado de París. en traje civil o disfrazado. lee manuscrito: Arturo Aybar. otro hace montar guardia a la puerta de una zorra para obligarla a serle fiel. casaca de paño azul con botones de oro estampados con las armas de la nación. intransigente. impera. VIII A las cinco de la tarde un ayudante del alcaide le trae la cena: en el mismo cestillo del desayuno. y ahora le envía esos dos libros para que ellos le muestren en su celda los placeres que serían el precio de su conciencia: la tentación. Desde mediados de noviembre. apagaría la sed de una sola vez! Y desata el lío envuelto en un ejemplar del Listín Diario: calzoncillos y camisilla. desde la esquina. El es el supremo árbitro. Antonio.los faroles apagados. redondos. canastos y . éste es envío de su amigo Arturo Aybar. en donde él y otros hacían plantón para ver entrar y salir a las muchachas. Y acogiéndose al mecedor. a la rústica: «París» de Zola. la chiquillería proveyéndose de tunas en los batiportes anuncia el famoso día del santo crucificado. Tras la cubierta amarilla.. Luego. Lilís anda por la ciudad. En las noches. ¡Ah!. ¡Qué punto!. hojea los libros. calentada por sus declamaciones ciceronianas. en compañía de una hermanita en dirección del Colegio «El Dominicano». pero ¡cuan dolorosa! ¡Cómo la conoció! Púber la veía. una poción de cacao. y «Cosmópolis» de Bourget. sin que jamás atrajera su atención aquella chiquilla flacucha y sin gracia. la otra corta parches de trapo. dadivoso y temido.. y que en varias casas constituye industria. y helo ahí cónsul en París. que la tercera impregna de cera caliente y con ellos tapa los agujeros. Sobre el brasero. se funden unas libras de cera. eminente magistrado se ayunta sobre la grama con una grofa. y en torno de la tina de agua de tuna perfumada con «Agua de Florida». se reúnen dos o tres mujeres. hasta un día de San Andrés. evocando tales escenas. apóstol. tragedia sin sangre ni muerte. mañana y tarde. y mientras una llena los cascarones. que vive siempre bajo su mirada zahorí.. Corrompe. se yergue con su carnavalesco frac rojo. intercalados con bocados de pan. La víspera se inicia el juego. la fimbria de la falda tocó el calzado. y dejó de encontrarla. y a través de los muros. y en las de fiesta nacional se confunde con la multitud apiñada en el parque de Colón y se pasea de chistera. Antonio revive sus amores. y en el ardor de una de esas bacanales. humilla. entretanto un muchacho coloca aquellos proyectiles en cajones. la pluma de Antonio atacó al tirano y fue encarcelado!. látigo en la diestra. lavando los cascarones de huevos que han sido cuidadosamente almacenados durante el año. en cambio. luchador.

Alguno de estos grupos lleva un charanga que con sus sones alegra la algarada. con el macuto al hombro.barriles. los ofrecen a las muchachas. entusiastas impacientes. El día 30 desde el amanecer. Los adversarios. amagando hasta hallarlas descuidadas. se oye un grito. y más si no juegan. entiéndase la ducha. los cascarones vuelan agresivos. después de una confortante fricción de bay-rum. o entra traidor. importando. algunos. salpicándola. pues no todos reciben de buen grado. y que el progreso ha desterrado de las costumbres dominicanas. Después de tales encuentros. éstos visitan las casas. . se empapan. El cascarón revienta en la reja. en tanto detrás de la reja rompe un ¡ay! A las diez. inflama. transportados a balcones y azoteas. y cuando descubren una cabeza medrosa. cada cual rememora en casa. brazos molidos. De raro en raro. A veces. o en coches. y sobre el corpiño de la hermosa pinta flor purpúrea. algunos jóvenes. Cuando la lidia. se escurren con mucho tiento junto a las paredes. amén de uno que otro herido de puñal o revólver. los bailes blancos. no por más galantes. carnaval barato con que. o en carretas. Sonadas las diez. en la noche. canastas y macutos. los de la calle asaltan la casa. blancos y frágiles. en grupos pedestres o a caballo. se entrecruzan innúmeros. toneletes y latas que. el accidente es ligero. disparan el cascarón que ocultan en el bolsillo y se escapan. recorren las calles a pie o en coche. y se mantienen a obscuras los salones. La mañana es propicia a los jugadores furtivos. con los cuales molestarán a las señoritas ventaneras. y del balcón o de la calle se retira un combatiente con la mano en el ojo averiado. los criados acarrean agua de pozos y aljibes. En estas casas se congregan las muchachas. azul. introducen por las rendijas o por el ojo de la cerradura. cubiertas las miedosas con mascarillas de alambre. y los proyectiles. arrancándole un grito de susto. quienes protegiéndose de los balcones con los paraguas. Al mediodía. ahí están las luchadoras en balcones y azoteas. o echan pelucas a los transeúntes. a tiempo que de arriba cae sobre ellos una lluvia roja. en cambio. amarilla. en acecho del lechero o del panadero. En la noche la gente se recluye en las casas calafateando las rendijas. rociando a las muchachas con polvos y esencias finas. los lances de semejantes horas de locura que dejan párpados hinchados. mas suele ser grave o por lo menos exige fomentos constantes y reposo. Al atardecer. y en el arroyo briznas de cáscaras de huevos. baños. sustituyen los cascarones con flores y confites. cargan los cascarones en barriles. Los más pudientes. empieza el trajín. Desde el arroyo. y aquéllos. o en la pared chorreándola. A las cinco. Las muchachas les esperan a pie firme. delante de un pocillo de chocolate. La ventana se cierra con estrépito. los combatientes están listos. Un armisticio para almorzar. constituyen el material de guerra de la tropa femenina. y se mojan cuerpo a cuerpo. que el combate se reanudará en la tarde con más bríos. chorro que hace estallar las lámparas. de chiquillos que. colmando bateas. armados de una jeringa. se grita. En las casas donde se juega. vestidos de dril blanco o de colores desteñidos. vienen a comprar su par de docenas. fuerza es cambiar las ropas ensopadas. La faena excita a ambos bandos. nuestros abuelos de la Colonia se desquitaban por adelantado de las penas del Adviento. muertos de cansancio. una libra de harina o de almagre en la cabeza. lanzando proyectiles a diestro y siniestro. manchas multicolores en las paredes. o se empelucan con polvos de color: hay quien haya dejado un diente o medio carrillo en el canto de una batea. los hombres sin cesar arrojan cascarones. se sumergen en los baños. Tal era el inculto y deleitoso San Andrés.

El domingo siguiente. hasta el Carnaval. se insinuaron bromas denunciadoras de una afinidad electiva. necesitaba oírla decir que le amaba. graciosa: algo de ella entraba en él. les fue favorable. En el bullicio de las máscaras le susurró algunas palabras al oído. Ella paseaba con su hermana y un grupo de amigas. Después. de sus esperanzas. Ella misma tiraría la carta por el balcón en el momento de cerrarlo al día siguiente. pero chico. porque en su casa se oponían. y la chica muy queda. Al fin. apretados los dientes. sintióse feliz. Esta afirmóle: «le eres simpático. a quien había de regalar motas para dulces. Buscó un confidente entre las amigas de ella. A veces. el Parque de Colón. y así los otros domingos. a pararse en la esquina. Hubo de comprar la criada para que las llevase. Furiosamente se bombardearon con higüeras de agua. pastoreadas por el papá. o en donde las guardan las que habitan lejos. él. ya sospechada por los demás. la primera y la segunda le fueron devueltas sin abrir. anhelantes. de sus proyectos. expresivo y sincero. pero la tercera presentaba señales de lecturas. y prometió escribirle. Ella. y Antonio. el Carnaval parecíale demasiado distante y recurrió a las cartitas. en el atrio de la Catedral. A las diez. y con las expansiones del año nuevo. El traje ceñíale las carnes. la encontró en una jaranita en casa amiga. dijo sí. retándole. y mientras volteaban al compás de la charanga. contemplando la fina silueta que se desvanecía. pues el amor existía en sus dominios. decían a las claras que sus propósitos eran conocidos. mucha prudencia. . la muchedumbre se derramó por las calles adyacentes. Y Antonio comenzó a pasear la calle. La noche de San Silvestre. y el galán respondió arrojando el capullo de rosa que le adornaba la solapa. quien arrellanado en un banco divertíase con los fuegos artificiales. No era una buena bailadora. Antonio se encontró de improviso frente a frente con aquella chica. un chubasco inoportuno interrumpía el plantón obligándole a guarecerse a escape en una de las casas o debajo de un balcón. Se detuvieron. pero ya le parecía simpática. para llevarle la silla hasta la casa vecina del templo. mostrando los pechos erectos y la cadera firme. cerca. Las malacrianzas del hermanito de la muchacha. turbados. rebosante de multitud que choca y se confunde. la casualidad los reunió en tertulia para esperar el cañonazo en la cena tradicional: pastelitos. magra y nada bonita. tienes que darle pruebas. y con ellas las ocasiones de hablarse. al salir de la misa. la vio pasar grave y serena. de plantón en la esquina y esperándola a la salida de la misa dominical. organizaron entre varios un bailecito a escote. y además no le caes bien a la mamá». fláccidos. maní largo y congo. entre risas y burlas de las vecinas fisgonas. Alimentada la llama por miradas furtivas y sonrisas.En un asalto. El Día de Reyes. que sentía el calor de sus alientos. lerenes. entre los abrazos efusivos de los amigos. que las presta. le miraba altanera. y las puertas de la casa cerradas violentamente por la madre. Se acercó. Ya tenía esperanzas. Ante su alborozo le recomendó cautela. Pero eso no era mucho. las fiestas finaron. hasta que por pascua de Navidad. Continuó haciendo el oso. Aquella noche Lilís le pareció menos perverso. y las restantes fueron bien acogidas. discurrieron los días. nerviosas. y ella le concedió el primer vals y una danza. y sintió fuego en las manos de ella cuando estrechaban la suya. y bailaron una danza. cambiando de disfraces para no ser descubierto por la vieja perspicaz. pidiendo la sala a una familia respetable. los músculos. cuyas tres noches aprovechó. tan cerca. Un golpe de agua en pleno rostro ahogó la mirada lasciva. el 27 de febrero en la noche. le habló de su amor. la charanga partió tocando marcial pasodoble. Comenzaba a sentir impaciencia.

y cuyas frases.A la siguiente. en el interior de la Metropolitana. En la noche. el jueves del Concilio. El Miércoles. El Lunes. marcha con ritmo de cuadrilla delante del palio . celebrábase la fiesta de los Ramos. se oía el ruido de las máquinas de coser. porque eso sí. la recogió. el orador. de humano parecido. misa solemne. La Semana Mayor era un acontecimiento público en Santo Domingo de Guzmán. El Viernes de Dolores. conmovía. y alguna vez por medio de la hermanita complaciente. era el día de la iglesita del Carmen: misas desde la madrugada hasta las doce del día. maguer las gentes rieran y los amantes aprovecharan para sus citas las ceremonias litúrgicas y las procesiones. en la noche. Llevarlo en hombros. El primer número del programa correspondía al Sermón de la Magdalena. Había que esperar la Semana Santa. de Santa Bárbara. valiéndose de la criada. la imagen más venerada y prestigiosa de todas. ¡Cuántas cosas dulces contenía aquel pliego escrito con letra menudita y buena ortografía. ni bestias. El Presidente de la República. los domingos. Jesús en la Peña (Ecce Homo) o la Humildad y Paciencia. a las diez. a las cuatro de la tarde. durante el día. A los privilegiados se les obsequiaba con pencas de hojas entretejidas y adornadas con cintas. Alto. y ¡qué larga y mortificadora aquella cuaresma! Entretanto había que contentarse con hablar por letras de mano. el paso de Jesús en el Huerto salía del Convento de Dominicos para recorrer las calles de Universidad. en conmemoración de la entrada de Jesús sobre la mansa borrica. y en cada iglesia. itinerario común a todas las procesiones siguientes. sermón. y cuando las de la cuadra estuvieron cerradas. las cuales. Desde el púlpito de la Catedral. ni se daba un martillazo. aun las más amorosas. discurriendo en torno de la vida de aquella pecadora redimida por el amor que inspiró las sublimes palabras de la Cena en casa de Simón. de la Catedral. cargaba la Cofradía de los Sanjuaneros. y la mayor. Comercio. propicias contra las tentaciones y los rayos. ¡cuán difícil! Un minuto. Un silencio de dolor envolvía las cosas. desesperante para los curiosos. Sonadas las cinco. El espectáculo de la Pasión de Nuestro Señor exigía vestidos y sombreros bonitos y de moda. tan pronto como encerraran el jueves en la Catedral ni circulaban vehículos. es señalado honor que se atribuyen y debaten los de la hermandad. y horas cantadas. hermoso. subyugaba. encomendado siempre a un reputado predicador. Jesús en la Columna. Hasta el preciso momento en que las carracas sonaban. El Domingo. presidida por el Meso Polanco. ni se barría con escobas. con frase sobria y perspicua. Pero conversar. nieve en la testa altiva. si acaso. A la ceremonia concurren el Gobernador de la Provincia y un batallón de infantería con bandera. embrazado el guión de plata. envuelto en la púrpura episcopal. la mejor como talla. que en los tiempos coloniales. pues las Ordenanzas reconocen al Nazareno el grado de Coronel. Quince días antes del Domingo de Ramos. revelaban una mujercita orgullosa y leal! El correo se estableció. o por el balcón. principiaba el ajetreo de las costureras y el movimiento en las tiendas. la elocuencia del Padre Meriño cerníase sobre las cabezas de los feligreses que invadían las tres naves. Jesús Cautivo salía de la iglesia de la Merced. Antonio espió ansioso todas las puertas. colocadas en las ventanas. leyéndola a la luz de un farol. convencía. procesión de Jesús Nazareno. El Martes. repartiéndose a los fieles palmas bendecidas. El Jueves consagración de los óleos en la Catedral y procesión dentro de la iglesia para encerrar el Santísimo Sacramento. prevalecerían contra las obras del demonio. y. horas cantadas después. la cartita cayó revoloteando. Mercedes. Se cuenta que el imaginero oró varios días para que Dios le inspirase. El Sábado. Plateros. suerte de telégrafo que manipulaban con extraordinaria rapidez. rosario y sermón en la Iglesia Mayor. a Jerusalén. Nueva de las Mercedes y Universidad hasta la propia iglesia.

el Gobernador de la Provincia. al otro. Pópule meus. la imagen de la Resurrección —Jesús con un estandarte rojo— es conducido a la Merced. luego bendice el agua y el fuego. adoración del Santísimo en todas las iglesias: Cristo yacente. El comercio abre sus puertas. Gloria in excelsis Deo!. seguido de la procesión del Santo Entierro. la corona de espinas. sale de Santa Bárbara la procesión de la Soledad. que peregrina en busca del Hijo. la chiquillería lo arrastra y quema. Quia eduxi te de terra ¡Egipti. los clavos. —Agios athánatos eléison imás. Al primero corresponden los trajes azules. en seguida. —Santus inmortalis miserére nobis. y a las campanas ladinas suceden las roncas carracas. blancos. derribado. y dan su nota grave los burros portadores del pan y del carbón. rodeado de macetas de flores de seda. los tonos serios. María Magdalena y las dos mariquitas. entona las letanías. Y luego de sepultado en una capilla de la iglesia Mayor. y. Como por ensalmo. . mientras el prelado y los canónigos cantan: —Pópule meus. en las calles estallan cohetes y triquitraques y se ajusticia a Judas. Le siguen uno tras otro los altos dignatarios. Agios o theos. hasta que. la Madre Dolorosa. En la noche. acompañado de San Juan. la Virgen. a la voz del oficiante. El Viernes. El Presidente con la llave del Sagrario al cuello. El Sábado en la mañana. en la iglesia de la Merced. —Sanctus fortis. a las cuatro de la madrugada. y pasadas las diez. misa en la Catedral. el sermón de las Siete Palabras. parásti crucem Salvatóri tuo. que cuelgan de una soga tendida de casa a casa. Las campanas propagan la buena nueva. Y la Semana Santa fue. Calles y templos tienen aspecto de jubileo. el velo negro que cubre al altar se rasga y aparece la Resurrección. Después de las diez de la noche. un batallón con la bandera enlutada y armas a la funerala. la concurrencia juvenil luce sus galas en el Parque de Colón En la noche. y contra el cual se disparan piedras y tiros. los caballos de los lecheros relinchan. la procesión del Sexto Dolor: la Virgen con el Hijo en brazos.episcopal. y a las diez. Jueves y Viernes son los días de exhibir el lujo. la lanza. En la tarde. gualdos. lila. la esponja. hace tres genuflexiones. tinieblas en Regina. portadores del gallo. se reanuda el tráfago de coches y carretas. —Agios o theos —impreca un coro. procesión del Santísimo en torno de la iglesia. En la noche se baila: ¡Cristo ha resucitado! ¡Hosanna! El domingo. Lavatorio en la Catedral y en Regina Angelorum. de la Capilla de San Andrés. muñeco de trapo. El pesado sarcófago de cristal. el paso de la Cruz en la Catedral. —Agios ischyros. rojos. quid feci tibi? aut in quo contristavi te? Respónde mihi. las escaleras y el paño de la Verónica. gris o negro. deposita un ósculo en el cristiano pie y una morocota en el cepillo. Por la tarde. encintados. en cuyo cortejo forman el Arzobispo y el clero diocesano. misa en la Catedral. y el Descendimiento de la Cruz. y la antífona continúa por sobre las cabezas abatidas. el clero de bruces sobre las gradas del presbiterio. —Santus Deus —responde el otro. lo cargan los isleños de San Carlos y le preceden minoristas. con un cepillo al lado para recibir las limosnas de quienes prosternados besan sus llagas.

él tenía necesidad de todo el tiempo. llevados casi en vilo por la gente joven. en la boca de grana. cada cual con su vela encendida y protegida por guardabrisa de papel. los jóvenes. con uñas de maya encontradas. la Magdalena. ¡ los normalistas. para ver pasar las procesiones. y las manos salvas aprovechan. al pasar de las procesiones. al mando de un capitán. Para ellos no existían las amigas. Durante las ceremonias en los templos. rendían parias a Jesús! Antonio no formó en aquellas filas milicianas. en la iglesia de turno. los ateos. según se detenga el Santo ante la puerta de un devoto que ha pagado un motete. cerrando el desfile. lo cual efectúa el designado untándose de sebo la suela del zapato. en la cabellera que si suelta le caía hasta las corvas. el más largo sargento que haya sido uniformado y con el fusil terciado! El Padre Billini sonreía complacido. No faltan las pelazgas cuando el que va delante sorprende al de atrás goteándole la americana de casimir con la vela. detrás un coro y orquesta de cuerda. mirando y haciendo señas a las muchachas. pelota de cera endurecida y con perdigones que. una idealidad magnética. Las filas se clarean o se nutren. el tal sale de estampía. Ese año aumentó la concurrencia de muchachas en Regina. y el beaterio. se apretaban las manos. En las esquinas. escondiéndose en la manga. En las noches. contemplaba aquella muchacha. quienes se recogen las faldas chillando. introduce el pie y lo apoya con fuerza para que las monedas se adhieran. en último término. cuando el oficiante alzaba la hostia sobre el cáliz. hay zagalejo que esgrime tijeras para cortar las trenzas o que riega cerillas en el piso para que en ardiendo se asusten las mujeres. o cuando ha recibido en la cabeza un golpe de cocomacaco. las voces gangosas del coro. . acariciado por el aroma del incienso. de hinojos. con los críos de la mano o en hombros. y. o bien cuando quedan prendidas dos beatas por los mantones de lana a flecos. y al acercarse para besar el Cristo. de niños. favorece las travesuras. pero en cuya tez ambarina. le importaban poco. Le sigue San Juan Evangelista. la Virgen. transida por la espada de los dolores. los vecinos se echan a la calle en pandillas. El misterio de la Pasión. entre el polvo y los olores fuertes. sujeta por una cuerda elástica al puño de la camisa se alarga y encoge rápidamente. algunos diabólicos confabúlanse para robar los cepillos. que runrunea el rosario. Durante las funciones matinales. la contemplaba a su sabor. sólo inquietábales el temor de que los sorprendieran el padre o los hermanos. No. la multitud se agolpa para ver pasar las santas imágenes. con pobre túnica violeta.En tales días la ciudad se anima. el paso del día. trasmutando la carne y la sangre. sus ardientes miradas comulgaban. que siempre fue la iglesia predilecta. y montan la guardia en el atrio para chicolearlas a la salida. ¡había que ver a Pancho Peynado y a Lucas T. de roja capa y pluma en ristre. el amor había impreso una gracia nueva. filas. tres sacerdotes con capa pluvial. a la pata coja. simulando perseguir al otro. En aquella Semana Santa. los camaradas de Antonio idearon formar una compañía para velar el Monumento de Regina Angelorum. una compañía de infantería. y por entre los fieles. atropellados por la muchedumbre apiñada. en las esquinas. musitando la dulce letanía del amor. el lujo chillón. adolescentes y hombres destocados. que marcha a paso lento y levanta nubes de polvo. ni las imágenes. formadas de esta guisa: la cruz alta y los cirios. cargado por los de la hermandad. en los ojos negros y luminosos. en pie en las naves o agrupados en las puertas. Gibbes. del Jueves al Sábado. La romería del Jueves a los monumentos con su entrevero de gente. a un lado y otro de las aceras. de uno en fondo. colocado en donde su novia pudiera mirarle sin volver la cara. a quien había calificado de fea. empujado por el cómplice. se entretienen charlando.

—Sí. —¡Qué gusto. . bueno. ¡Qué te parece!.. Ya puedes estar satisfecho. y que patatín y patatán. y asimismo al día siguiente. comentarios y chismorreos. de facción en la esquina. te apoya. corrió a casa de la confidente. ¡qué gozo! dos brasas que brillaban detrás de las celosías. El sabía bien. Desde por la mañana le avisaron que por el Cibao había movimiento. y ahora. pero Luisa dijo que nones. por debajo de la puerta. que la hará desgraciada con la política. Acudió a la amiga confidente.. sí. ¡Nunca le pareció Lilís más abominable! El carcelazo duró seis meses. —¿Pero de verdad que no sabes nada? —Absolutamente. y el amante. y cuando el diálogo mudo se iniciaba. El día en que lo pusieron en libertad. y entonces fue lo gordo: la madre se enfureció y 1e cayó a moquetazos. chico. porque tú no ere más que un candidato perpetuo a la cárcel. —Bueno. Una vez el balcón permaneció cerrado. dame noticias. El hermanito no le pidió motas. que tengas paciencia y consideres lo que sufre. Herminia. No te cuento más. la pobre. Transcurrió una semana. a coger la leche. igual mutismo. el domingo de Resurrección: «ahora hasta Corpus». Al fin. pero no me vayas a meter en líos. porque te quiere con toda el alma. no digo más... pero propio era ese momento para esconderse. que no se dejara ver. los ojos de ella. y como la madre es la primera que se levanta. Antonio rondó por la casa a todas horas: el balcón siempre hermético. chico. Esta. que si tu familia esto y otro. y qué alegría para la pobre Luisa cuando te vea! —¿Y cómo está?. no te pueden ver ni en pintura. se le acercó un oficial diciéndole: —El Gobernador quiere verlo. la gran trifulca.. lo que tal invitación significaba: el Homenaje. La vieja empezó por aconsejarla que peleara. —Oye: dice Luisa que en estos días no pases por la calle ni le escribas. descubrió. dejando a los vecinos de Santo Domingo de Guzmán tópicos para un mes de relatos. la galleta hereje. Luisa le había dicho. sólo la hermanita.—Son unos infames. quiero saberlo todo. En la noche. al despedirse en la plazuela de la Merced. por las tardes y primas noches. Venga conmigo. El padre intervino. lo leyó y. pero todos están contra ti.Aquella Semana Santa terminó. —Pues figúrate que le han puesto un anónimo a la familia.. empezó a contar los días. lo recibió con las manos en la cabeza.

un rimero de petacas de carbón esmeradamente estibadas. arroz. agujas. pasto de las moscas. alineadas. En el aparador de pino. y gruesos cárdenos. y la ancha bata de prusiana morada arremangada en las caderas y arrollada hasta el codo. frijoles colorados. por delante un barril de sal con el cuartillo de medirla. conservas de coco y de naranja envueltas en hojas secas de plátano. las frutas de la estación: cajuiles. fornida. en una bateíta. —¿Adónde? —Al papá le han quitado el empleo y están mal pasando. esa misma. guayabas. papayas. latas de petróleo y de melado. Pero si no tienes pérdida. racimos de guineos. en hojas de naranjo. a lo largo del cuarto. si tú no te la mereces. plátanos. ostentan sus magras y gordos. doblada más que sentada en una sillita . fideos. algarrobas. una casa de portón grande. en el cual. con dos ventanas. con los cuales se arman los papalotes. y en cajoncito. caramelos y café en polvo. las botellas de prú espumosas. madejitas de lana y horquillas. Una damajuana de manteca de cerdo con tapón de tusa. azúcar. La familia se ha mudado. pan.—Buena. cortado en cuadros y colocados los jalaos. mostrábanse en frascos bocones que antes contuvieron ciruelas pasas: cigarrillos del país. en cajones. En la tarde. y en otros que fueron de aceitunas: nuez moscada y canela. cerca de la iglesia. figúrate. los mampurios. los huevos frescos. En dos cordeles. ¿la recuerdas? —No. —¿Pero dónde viven? —Ya te lo diré. sólo a misa. berenjenas y aguacates. y hasta lavan. Pendidos: macutos y escobas de Baní.. cincuentona. La ventera. y las muchachas cosen para fuera. Al mediodía. pintada de azul. la color de caoba. una lata de mantequilla norteamericana. famosos en la ciudad. hilo. sin criada. paquetes de velas y de fósforos. —¿Medio-Tocino? —Angelina. Debajo del mostrador. alegría de ajonjolí. chichiguas y un manojo de pulidas higüeras. sobre otro y en una batea. mangos. colgando de las alfaljías. ítem más. y al lado el vidrio con el embudo. en platos y tacitas. en la cabeza atado siempre un pañuelo de madrás. y en el opuesto. Semejante a fuste de columna. ajíes. azul de bolita. a rezar por ti. verdes veteados. En la calle de la Merced. hay majarete. En el arroz. sin pintar. del propio corral. mal nombre) y un tocino del Seibo. compraba cigarrillos y fósforos. tomates. puerros. perejil. cocos. Antonio estableció su campamento en el ventorrillo de la esquina. Érase una negra alta. una cecina (a la cual seña Catalina llama carne de. En uno de los rincones. amarillos taraceados de negro los manzanos. mamones. ha ido en todo este tiempo. En el mostrador. la mamá cocina y plancha. y pendones. El establecimiento ocupaba el espacio de una mediana habitación. una tabla de dulce de coco hecho con melaza. ¡y qué bien se ha portado! No. harina con dulce y funde. haces de caña de azúcar. para granjearse la voluntad de la ventera. ¿de quién es? —De quién va a ser: de Alardo. ñames y batatas.. enfrentico de la pulpería de seña Catalina. En el suelo. los martinicos. la pila de tortas de casabe. ristras de ajos y cebollas. amén de un montón de leña.

Y con mímica despectiva. eso es de familia: a nojotras nos tiran los melitares». desgrana mazorcas de maíz o ralla cocos y batatas. Antonio continuaba profesando en San Luis Gonzaga. riendo. cierra sus puertas al tantán de las nueve. manque le vamo a jacer. revolcando con brío el pilón. ¿por qué le dicen Medio-Tocino? Y ella. me dio una nalgá diciendo: paisana. Y la negra juntó „los dedos cabezones y los besó. en espera de los compradores. fuma un tabaco que los dientes han convertido en escobilla. a la una. echá palante. los sacudió castañeteándolos y volviéndose. regateando. mulata galana que la suple a ratos en el ventorro y que se ocupa en los quehaceres de la casa. y si reposa con las piernas cruzadas. ansina mesmo. cuantas veces hacía una diablura por la cual habían de pegarle. Cuando no duerme. sonantes en la Catedral. pero la gente que é mu mala. rematando la gráfica acción con una sonora carcajada. se distrae bailando la chancleta en la punta del pie desnudo. y mi. eso fue cuando la España. los muchachos y las negritas sirvientas del barrio. enseñó el tocino entero. y ahí tá. Sus manos no están nunca ociosas. Seña Catalina. Tiene una hija. pellizcando las frutas. la sacan de quicio. curcuteando una pollona pa encontrale la gordura. siempre irritada. a la perra que te volvió a parí. al regresar. y los olores del café tostado y de las fritangas que trascienden de la cocina. encelada la joven por el cancel de „madera que defendía el interior de las miradas inquisidoras. respira a sus anchas el humo de verduras y carnes. se le encontraba en el ventorrillo a las ocho. y el hermanito menor. La madre dice: «es un sinselvir. con singular destreza. al llegar a la esquina. que le sacó al sol doble hilera de dientes fuertes y níveos. a las cinco de la tarde y después de la cena. y una real jembra. pidiendo ñapas o devolviendo lo comprado. pero más que en el aula y en su casa. se pasó el índice y el mayor por las narices. respondióle: —Ajá. alzóse la falda con la siniestra. las manos en jarras. ¡qué buen medio tocino!. que no le da ni pa jabón. disparaba una piedra y entraba en la casa gritando: «Mamá. No te pué figurá tú los blanquitos que me cortejiaban. expresando de ese modo su delectación por los últimos conquistadores. Los parroquianos. jizo un acumulo endespués. hasta que la vieja con un bostezo ruidoso le intimaba la orden de retirarse. maja café. Una mañanita estaba yo en el mercao.baja. a las doce. —¿Y qué tal era el cabo? —Un güen mozo. Endentonces estaba yo moza. les increpa: « ¡Condenao. para ir a mercar sus frutos a los campesinos que vienen por el camino de Güibia. cuando iba para clases. que se levanta cuando las campanas de Regina tocan el Avemaría. niño. La oposición de la madre se mantenía tensa. es hija de un general y está aplazada con un oficial del Batallón Pacificador. Conversaba con Luisa en la ventana. como toiticos los españoles. vivo pegá almate pa no necesitá de nadie. para la chuma jablanchina. o masca andullo y escupe por el colmillo hasta la acera. y un maldecío cabo españó. pero yo me río. le zumbé una piedra . y cuando se encariba. canijo! » Antonio le interrogó un día: Seña Catalina.

Yo los conozco desdenantes. ella replicaba con malicia: —Ni por pienso. El otro día la muchacha le regalaron una ecofieta a mi nieto. niño. conteniendo el ímpetu de los agresores. Son buena. Por la puerta. que vide al mundo da mucha vuelta. Y la negra. saltó de la hamaca. furiosos. según los avatares de la política. Tú ve ese tocino. pero no e mala ná. sí mi amitades son del cogollito. Mejó. concluía: —Ansí mesmito é. que te lo digo yo. la vieja jabla. tan mal que etán. se llevó la mano al revólver. y lo mesmo fue mi jija. El chiquillo saltaba de regocijo en la esquina. por el Tripero. hacía un palote con carbón en la pared. y cuando sumaban un peso. y los vio crecé a tós. a mí me jié la brosa. pue lo que falta se lo han comío ellos. habichuela y plátano. Antonio. hasta que dio su mal paso. Muchacho tú no sea pendejo. que dormía la siesta. las altas y bajas de las familias. —Las probe. El padre. La seña Catalina. primenito. Luisa suplicó: «vete pronto que ahí vienen mis hermanos». acudiendo en mangas de camisa y pantuflas. indignada. Antonio le regalaba de vez en vez. y abierta de piernas. mi mama fue cocinera de la familia de la niña Rosita. —¿Dónde está ese vagabundo? —preguntaban a la par. hasta por allá trá. hay día que no comen ma que arró. Y la madre engreíale.a ese vagamundo». Antonio se dirigió al ventorrillo. Desde el umbral. y hasta solía también intervenir en el servicio postal. la probes. —Ahora va a saber lo que es bueno. Si Antonio se refería a los perjuicios que su permanencia podía ocasionarle. aparecieron los dos hermanos sin sombrero.. mientras los novios pelaban la pava a la reja. Tú ve las. Para tener a la ventorrillera contenta. un pañuelo de madrás de vivos colores o algún pomito de esencia barata. avisándole cuando Luisa salía y por qué calle tomaba. con sendos garrotes.. les increpó: . pué tú no te figura la plata que tenían: ésa era gente de mucha campanita. y deja que jablen. a tu mandao en cuantico empuñe. la madre les acuciaba. La seña Catalina le instruía de los movimientos de la casa. librándose el pillastre de la cueriza dos veces merecida. Por entre los hierros de la ventana. repasaba la vida del vecindario y de más allá. el primer piano. an pué.. Yo conoco en ete pueblo a tó Dió. detrás de la puerta. manoteando en muslos y regazo. La ventorrillera apuntaba en la memoria los créditos. abierta con estrépito. que trujenon aquí fue pa ellas. en pie en la acera. Un mediodía estival. con su parlenía. Y le mostraba la cuenta de la familia. vive una sin tené en qué caese mueta. y mi taita nació en el hato del agüelo de don Pedro. sonaron voces destempladas en el interior. con un plátano a medio pelan en la mano. por eso yo le fío tó. Son buena gente. Luisa le dirigía miradas de angustia. ansí me cogen meno fíao. las probe.. Tú pué creé. y ya lo ve.

esto es. lanzaron bolitas de migas de pan a la nariz de los galanes. para él y su mujer. canijo. y comulgaron. Por la noche. fueron bendecidos. La puerta se cerró. en donde llenó el pañuelo con un par de botellas de cerveza y un gran pedazo de pudín. En el almuerzo. empezaron a llegar las domésticas de las amigas con bandejas y ramilletes de flores. y resultó que le concedieron a Antonio autorización para visitar la casa en las primas noches y en la tarde de los domingos. las íntimas de Luisa que habían de pasar con ella el día. con la suegra. enlazadas las manos. cambiáronse las arras y anillos. La escena cambió como por encanto. en voz baja. feísimo. envuelta en amplio velo albo. durante cuatro años. Cada noche. El oficiante les unció con la cadena. haciendo entrar a los hermanos.. mohíno y agraviado. Cuando todos estuvieron en sus puestos. en torno de la misma mesa que sirvió para el matrimonio de la madre y de la abuela. el funcionario. solía regalarle con un platito de piñonate o de malarrabia o de suspiro. al que apalearían. En el centro. marchándose Antonio. El paso se estableció cerca de la puerta. los invitados fueron sentándose en filas paralelas. iba de abrazo en abrazo. se mecía y abanicaba. en dos mecedoras bajo la mirada de la vieja que. en la sala. masculló los actos y los artículos del Código. atraídos por el alboroto. esperanzas e ilusiones. en cuyo ápice tiembla un angelito de biscuit. El matrimonio religioso habíase celebrado en la madrugada. el novio. ya apaciguada. fue comprando muebles de lance y dándole a la novia para la habilitación. mesa redonda de caoba. sonriente. color de tabaco. se mudaron a otra más amplia. Los colores de los trajes femeninos y el negro uniforme de levitas. De hinojos. resuelta. El hombre de la ley fuese en dirección del comedor. allí el tintero y la pluma. les tomó la promesa que unía sus cuerpos y sus bienes. mientras la hermana. como los pájaros acarrean briznas para construir el nido. El padre de Luisa emprendió un negocio. adornada con el ramillete de azucenas y rosas blancas. y en pie. En el último año de las relaciones.que eran colocados en jofainas de agua para que no se marchitaran. recibió besos y congratulaciones. reinó la alegría en todos. esperando su turno entre bostezo y bostezo. El libro registro circuló recibiendo las firmas de novios y testigos. se resolvió que el matrimonio se quedara a vivir en la casa. El padre se dormía con el benjamín en las piernas. en la acera. dos horas.. conferenciaron. en el aposento. El tío Tomás. favorables o adversas. para el efecto. por lo que la vieja. renovando a crédito el estrado de la sala.. hubo vayas alusivas que provocaron pucheros de risa. carraspeó. en la reja. y el padre de Luisa. reconviniéndose por naderías. y más tarde. que eran amigos de infancia.—¿Qué e eso? Ustedes tan loco y do contra uno. oyeron la misa. exclamaba: « ¿cómo que va a llover?». para terminar por mimarlo. toda la ciudad conocía el suceso. promediaron. al cual se opondrían en la casa. americanas y de alguna que otra casaca masculina se concertaban. y detrás los testigos. tocadas por el vino. sentado frente a sus librotes. fue nombrado director de una escuela nocturna con un ayudante y pocos alumnos. en cuyo condimento doña Rosita puso sus primores. y muchachas que. del brazo del papá. Desde temprano. entonces salió la comitiva nupcial del aposento: la novia. Antonio ceñido por la levita. confiábanse proyectos. velado. el Oficial del Estado Civil. Luego . lo que le permitía asistir de siete a ocho. en el salón recién encalado. las lenguas se calentaban. y de acuerdo todos. ¡Manita con la gente! El padre y dos o tres vecinos. y en los mediodías y atardeceres. que ella misma confeccionara. Minutos después. con la boca llena de saliva. y aun al despedirse una postdata en la puerta. mientras Antonio. según tradición familiar. Antonio mejoró económicamente. asomándose a la ventana después de reojear el cielo. A las ocho en punto. El día de las bodas ha sido el único feliz de su vida. La desposada. y poco a poco.

y más tratándose de uno de los «impenitentes enemigos del orden». los que tejiera su imaginación infantil. Entonces comenzó el calvario de Luisa. tal un pestilente. los guantes. a quien debía meses. En aquella cabecita cubierta de hebras rubias. y el médico. para capear el temporal. y entre dos barrotes fulgura Venus.volvió ella a la sala. Se dijera que las paredes han rezumado sombras. para repartir a las amigas las flores de azahar del ramo prendido en el pecho. así como el vaso de cerveza espumosa. cortado en trozos y servido en platillos. la gente moza se apresuró. quiere vivir de la política». fueron marchándose aquellos testigos de su ventura. Sentíase rodeado por muro infranqueable: la tiranía. Había que trabajar y buscó medios: en el periodismo. Sí. ¡Pobre muñeco! Cuando lo excarcelaron. merced a un permiso del Gobernador para que la esposa le visitara. no le notificaba desahucio lo haría cuando le conviniera. lo hubo de recibir en sus brazos. agradable. a otra. Luego. y la botica que acreditaba las medicinas. que no ha venido por cierto con una hogaza debajo del brazo. es comprometerse. a una predilecta tocó la corona. ¡La casa. en la alcoba de ladrillos.. acorralado. a meterse debajo del velo. Este los realizaría. El cejo se cuela sutil. La cerrazón del horizonte. Sitiado. Había sido preciso deshacerse de los mejores muebles y de algunas prendecitas. se tomó festiva. asentó sus sueños. y la suspicacia escudriña en su vida. a tientas. que tan grato calor daban a sus mejillas cuando lo añoñaba. y ya habían comenzado a comprar encajes. El ventanillo recorta un lienzo de cielo claro. En los planteles. personaje de la situación. porque le debe a éste y al otro. En esta misma prisión le anunciaron el nacimiento del primogénito y aquí también. aliviada de los quehaceres de la cocina. ¡Maldita política!. batista y lana para la canastilla cuando la eclipsó Lilís con la más injusta prisión. pues tales amuletos y prácticas tienen la virtud de facilitar los matrimonios. y por grupos. . le remplazaron. Los chicos de la familia ofrecieron a la concurrencia el tradicional pudín. iluminada por una lámpara rosada. lo aprisionan en su red formidable los intereses creados. La luna de miel fue realmente plácida. por causa de la ausencia prolongada. encontró el hogar en la miseria. y la tienda. y la pulpería. La suegra.. en parejas. de los potreros de otro. claveteado de oro. Ayudar a quien es mal visto por el Presidente. Cada hora medía una angustia. a eso de las diez. y sobre la almohada empata el soliloquio. en la plataforma de la torre. la leche. y la leche que criaba al hijo. IX La celda en tinieblas. Antonio desprendió el velo estrechando contra su corazón a la virgen grave que se daba íntegramente. Ni siquiera interroga el porvenir. menos aún en el comercio. la criada del niño! ¡Cuántas puertas cerradas en su presencia! Sólo mostrábanse benévolos los contrarios: el propietario de la casa. Antonio. completa. Y las gentes murmuran.. ni pensarlo. mal dicen. y con hijo. se dirige a la cama.. «No trabaja.

a través de la charca. sufrida. y sospecha las que en su ausencia taladran los oídos de la esposa: «Bien que te lo repetí. se vistió un año entero de listado. pon tu conciencia en almoneda». le ama.. y hoy el hijo les separa. y amorosa. demuele la obra hecha. cuando se ase a la esperanza de ir al extranjero en busca de los recursos de la ciencia. citando íos casos de muchachos pesados para hablar. los había escuchado impaciente. Los meses transcurren. altiva. gozoso: era la corola que se abría para dar a luz el fruto inmortal de su sangre.. tus ilusiones. humíllale exasperándole. para ganar su misericordia. pero ¿ cómo romper la cadena de agravios y sufrimientos en la que cada minuto soldó un eslabón? No. Cuando alguien dice. sentencia: «un macrocéfalo ». Comienzan las consultas facultativas y las opiniones de los amigos y las recetas caseras. Si. ¡Y por qué. y el suyo se arrastra por los ladrillos húmedos del piso o se agita con movimientos de arácnido. eso se ve todos los días. ¿pero es que eso mismo es posible? A los vencidos. que pregunta y recetan. Antonio muerde la almohada con ira. dolores y placeres. «el pobre».. La abuela recorre la escala de la familia. que no produce pan ni salud?». y come ya pan mojado en salsa de habichuelas.. un podrido». pero su lengua no ata las sílabas. ¡ Esos son los virtuosos! ». La madre no desespera. acaso maligno. Mortifícale tal interés. y su lengua que sólo articula monosílabos inconexos le grita: «sacrifícame tu vanidad. y Antonio recordó. encomendándose a la Virgen de la Altagracia. deja esos amores. y frunce los . si le llama pa o si aferrado a una silla grita cimbreándose. mientras él. En la calle. Se arrastra por sobre la estera. Lágrimas ardientes le rescaldan las mejillas. nació muerta». tu dignidad. oyó misas de rodillas. Inútiles los andadores. ahora. ¿no es con él una en carne y espíritu?. las mejillas ardiendo. Y por un hilo tenue los conduce hacia la montaña de oro. el corazón se le oprime. para que se atasquen hasta la nariz en el fango purulento. tal vez en el extranjero». En la casa. ¡ Qué dolor! La inquisición del galeno penetró la ascendencia hasta el abuelo. el tirano todopoderoso les tira un mendrugo. Ese es el castigo de tu desobediencia». ¿Y qué Poder humano ni divino transmutará el veneno que corre por sus arterias? Muertos y vivos le precipitan. atónito. fogata impetuosa le caldeó. la elegida. el torcedor es cruel: si el niño reptando se le acerca. hasta que un doctor recién llegado de París. tampoco anda. arroja lejos de ti el pasado infecundo. espiaba el vientre de nuevo fecundado. Y ¡cómo le laceraron esta vez los gritos de la puérpera! ¡ Qué distinta la emoción! Antes. que hablan y corren. y les concede además sol y aire libres. ¿no comparte ya con orgullo e integralmente sus empresas? Los pesares del noviazgo. los que asesinan y roban al país poseen el contento en el hogar y se recrean con hijos sanos. la injuria del colegio: «tu padre. pero no acepta sin reservas la comunidad.Al niño le han salido todos los dientes. el coro voceará: «se ha vendido para gozar. y cuando al fin se rinda.. «Los médicos se equivocan. los fortificantes y las fricciones de aguardientes balsámicos. La idea de inspirar conmiseración. ciega. le hiere. son adversarios suyos. decía para fortalecer sus esperanzas. las piernecitas se doblan. Es lindo. Señor. ¡tan milagrosa! Y en promesa. reconoce el derecho. ¿Y ella misma. el odio es también una fuerza y ya se las pagarán. no le sugiere: «claudica. Cuando la comadrona saliendo del aposento le avisó: «una niña. tan tremenda expiación! ¡Ah!. Ella y todos.. y continuó moviendo el pedal de la máquina de coser sin quejas ni reproches. y si le obligan a hacer pinitos. sintió vergüenza de sí mismo pero respiró libre de la duda terrible que le había atormentado durante los meses de la preñez. ni siquiera gatea. ¡Aquella larva había sido engendrada por él! En los ojos de la suegra lee la acusación implacable. y ella no vacila. le enfadan los conocidos. honesta. líquido álgido circula por sus venas. los preceptos del Código y los del apóstol. les apretaron. Aquel guiñapo humano exige sacrificios. le han bautizado.

que brillan. traslado: este calabozo tiene vista al patio de la fortaleza y a la calle. Más adelante. para ensayar. Boca arriba. Antonio se alza. Yo dormiré mal. antes que el otro. taja el silencio. rodea los anillos de modo que se amortigüe el roce del hierro. El poder. soldado». temen. y en la que se detienen. . El alcaide entra. acarrea la silla. X Las cornetas de la diana cantando «despiértate. seguido de dos ayudantes. Los ayudantes cargan catre. se les escapan. La llama de un candil rasga las sombras. la hora de la venganza está próxima. algo serio sucede en el país cuando interesa asegurar los presos. ase los barrotes. desenroscan las cintas de sus quiquiriquís. ¿Qué demonios ocurrirá? ¡Daría lo indecible por saber! Se baja. despertado. La claridad se tamiza por el ventanillo. que ya cobraremos. Uno de los ayudantes se le acerca con un par de grillos. tiene cominillo. y puerco no se rasca en javillo. que esto no es cosa nuestra. sírvese de ella como escalón. despernanca los calzoncillos que se mudó ayer. limará la chaveta. Se apoya en la cama para que se los ponga. Y con ese néctar en los labios se duerme. ¡ Había revivido su vida! *** La puerta. han colocado cuatro cañones. Algunos paisanos salen a la calle solitaria por el postigo de la puerta monumental. Los anillos muerden la piel. La voz del hierro rebota en las piedras. mesa y demás trebejos. Antonio prorrumpe: —¿No hay otros más estrechos? Dense gusto. pero mis enemigos entre las sábanas finas.párpados de miedo a ver materializarse recuerdos y pensamientos. todavía cerrada. no se sulfure. Está nervioso. Su primer cuidado es acomodar los grillos. salta hasta el mecedor. pensando: cambio de calabozo y grillos de noche. El preso sigue al carcelero por celdas y pasillos. va al catre. y entonces dormirá sin ellos y aun se librará durante el día. y. se asoma al ventanillo. lo anuda por la mitad a la barra a fin de mantenerla suspendida y aligerar el peso. En el patio. le sacuden. y haciendo tiras. entre la torre y la puerta. a saltos de rana. voy a querer me haga el favor de venir. Antonio reconoce la antigua Capilla. se incorpora. al efecto. el dinero. —Amigo. frente a frente. y los martillazos sobre la chaveta remáchanle en el hueso. va al lavabo y se ablusiona. después. Y avanzando un pie. y arrimándola a la pared. se desperece. Los gallos. al abrirse. y le ordena: —Amigo. Buenas noches. Antonio. pulidos por los primeros rayos solares. Se alegra del. después no se quejen. vuelve a repetir. a pulso. se consuela. silla. Oficiales y soldados trajinan por el patio. y tejiendo con tres de éstas un cordón. y. toma un libro.

entra el alcaide. continúa suspenso atalayando. pero eso sería demasiado fúnebre! ».A cosa de las ocho. con el almuerzo. ¿A quién? ¿Al ministro de la Guerra? No. no importa. abre la recámara. y se marcha sin pasar de los buenos días. y la bandera nacional asciende lentamente. ¡imposible! Va del ventanillo al mecedor.A las seis. derruido las paredes. como las espaldas corcovadas de un gigante. ¿ dónde y quién le dio muerte? Y su imaginación concede al desconocido las virtudes creadoras de los héroes. ¡Ajá! entre s dos disparos ha transcurrido un intervalo largo son: honores. ¿saberlo todo?. cargados de flores marchitas. y alejándose unos pasos dispara. De nuevo la voz del cañón retumba. mira abrirse las hojas de roble a grandes clavos.. ¿De qué tratarán? ¡Ah! ¡poder de adivinar el pensamiento! No le es posible mantenerse más tiempo en vilo. ¿quiénes serán? Y se empeña por distinguirlas. Se detiene. Los balcones cerrados En el patio se yergue un árbol enfrutecido de pomas de oro. ¿Qué pasará? Las manos le escuecen. A mediodía. Gana el mecedor. el humo sube. Ese que no ha tenido siquiera tiempo de vestirse completamente. Nunca le ha parecido tan lento el ritmo de las horas. Le parece que un puño invisible le ha roto el grillete.. y junto a él dos cayucos altos. Se siente libre. la sangre circula vivaz. En el patio sigue el trasiego. Aunque la masa de la Catedral n sus cúpulas. la cierra. Se frota las manos. limita la calle Santo Tomás. y no se atreve a aceptar la otra tan grata. la noticia le pasma. un ayudante le introduce el desayuno. un oficial acerca uno de los dos cañones. frontera al cuartel. ni tan insoportable la pesadumbre del silencio. que hablan con aparato de misterio.. y es capaz de fingir su propia muerte para averiguar quiénes se alegran» . En viéndole. y ávido lee: «Hay mucho movimiento desde ayer tardecita. busca. saludada por toque marcial. El pecho se le hincha. Mataron a Lilís en Moca». Se acuesta. Improviso arruga el ceño: «si fuese. La guardia de prevención se forma presentando las armas. la guardia de prevención reforzada. desabrochado el cuello. Pero la han izado solamente hasta media asta. Bailaría de gozo. tiene envarados los pies. Antonio registra el pan: ¡ nada! y por el pico de la cafetera comienza a apurar el café.. Y en seguida. En abriéndole lo pone al sol. Por la galería cruza una negra con una jarra de leche hacia la cocina. estalla: . Es letra de su mujer. espinosos. mentira». Las cornetas a la sordina y los a tambores destemplados indican duelo. por la primera cuadra advierte gentes presurosas y bien vestidas que entran en casa del Gobernador. El estampido rueda por el ámbito de la ciudad dormida entre la colina y el mar. Sería tan triste equivocarse. un chiquillo en cueros corre. La pieza recula. en mangas de camisa. desecha la idea. un cabo toma del arcón un cartucho. Un rayito de sol cabriola en la calva. es el prócer. ¿ Cómo vencer las dudas?. es un buen hombre. es un papelito cuidadosamente doblado.. un engañ9 más no le importa. aspira con fuerza.. De nuevo lee y relee. «Este hombre es muy marrajo. El isócrono tronar del cañón interrumpe sus cavilaciones.. coloca el tirafrictor. pues. Leer.« ¡ Caramba. En la terraza. aparece un tupo: cuatro o cinco personas. ¡ si fuera Lilís! ¡ Cómo le pesa no saber de memoria las Ordenanzas Militares! Y se complace observando cómo el sol hila sutilísimos alcatifes sobre los ladrillos. que da a la calle Colón. y de súbito abate cabeza y brazos. hay un obstáculo que re-presa el líquido. Las tropas están acuarteladas.

así decían. —¿A quién? —Al Generai. verá usted como habrá más prosperidad. libertad. ¿verdad? —Ello. carijo. ¡qué va!. cogieron el monte. ¿qué hay de nuevo? —El desmandingue. pero yo «visto y después Lisboa» —y el viejo se golpea con fuerza las rodillas. Antonio. y a este país no va a haber quien lo gobierne.. que no le entraban balas? —Ello.—¿Cómo está Papá Quin?. insiste: —¿Pero qué es? —¡Qué va a ser!. exulta. no. pero los pecharán. Lilís ha sido un padre para nosotros. Antonio. Tú no conoces la gente. —¿Y usted no me decía que Lilís estaba untado. —¡Al fin. la boca húmeda.. las manos azogadas.. —No. —¿En dónde?. sin cuidarse de la cantina. —Así será. que lo mataron ayer de tardecita. —No creas todo monderó. —¿Y los capturaron? —No. El viejo se desploma sobre el mecedor.. las pupilas brillantes. mira que ese hombre va a ser mucha falta pa toos.. amigo. que ahora vamos a tener derechos. un hijo de Memé Cáceres y otros. —-No crea eso. que los ha explotado a todos ustedes. —Y usted cree que está muerto de verdad. . ¿quién? —En Moca. —¿Pero es verdad? —Hombre sí. alégrese usted también. al fin! —No te alegre.. Lilís ha sido un tirano y no otra cosa.. eso es palucha.. aunque el monte sea más grande que la iglesia.

A retazos sabe que los matadores de Lilís escapan a la persecución. ponderándole las libertades que ahora disfrutarán todos. Antonio. un día sigue a otro. que en la frontera Noroeste hay gente en armas. pero no eres de la situación? —Sí y no. Y el viejo replica: —Muchacho. en la mansión vecina. el bienestar del país. le quita los grillos. parque y un cañoncito. chico. —Cuenta.. Y sentándose el uno en el catre y el otro en el mecedor. en el cuartel. a veces dentro de una arepita frita. Antonio le observa de arriba abajo y exclama: —¿Pero eres tú? —Sí. o escritos en el fondo ahumado de la cafetera con un alfiler. fastidiado. pero se ha suavizado. . en instante tan propicio a su energía. Arturo Aybar después de carraspear para limpiarse la garganta. en los mediodías continúa su prédica. —¿Has venido a visitarme? —No. cuando el tedio de la expectación se trueca en pesimismo. que aguantan too. y componen una semana. con la frazada terciada. de un dulce. y de estirarse los puños de la camisa. las conversaciones con el alcaide. inútil. El rosario de las horas es interminable para el preso.Y el alcaide. —¿Tú. confuso. el mismo que viste y calza. registra menos la comida y se hace más comunicativo. el tejemaneje de militares y civiles denuncia la agitación exterior. En la calle. cuenta. Mientras tanto. «no creas too. no creas too». y él está retenido allí. pero yo te digo. ya verás. —Yo me negué. preso también. tú no conoce esta tierra. los mensajes clandestinos de su esposa. Una tarde. Ha visto desfilar fuerzas del Batallón Pacificador. Eso no pué sé. a mí y a unos cuantos más. se rasca la cabeza en la cual bullen dudas. y en su marco aparece la figura parisiense de Arturo Aybar. comienza su peroración: —Recordarás que cuando me convencí de la inutilidad de las revoluciones contra el poder de Lilís. El alcaide sólo suelta noticias vagas. exacerban su impaciencia. y Enriquito nos invitó a ti. se abre la puerta.. Y se estrechan en un abrazo afectuoso. Eso está muy bueno en los papeles.

y héteme aquí. porque Lilís era invencible. Mientras tanto.. me movía para ligar los jóvenes. más o menos. y la otra propende a la evolución. Mon Cáceres rechazó el plan. como antes todo proyecto de revolución. colocando en el catre las ropas. Esto gotea como los guineos maduros. he apoyado la evolución para ir preparando el terreno. La culebra se mata por la cabeza. y ayer no más han cogido a San Francisco de Macorís. pero muy fácilmente Lilís habría escapado. qué calor! Y Arturo se desviste. ahí vienen. y en la Línea se pelea. y con razón. y sin embargo. porque convencido de que cambiando elementos gastados y malos por nuevos y buenos. —¿Y cómo y quiénes mataron al negro? __Un momento. pues cada uno relata a su acomodo. por gente de adentro. eso hubiera sido muy caballeresco. . y Manolao. en París. ¿Y quién se atreve? Y Mon tomó para sí la empresa en la cual habían de colaborar otros muchachos. y a paso de carga. que en cincuenta años de vida pública jamás ha caído. Lilis sabía desde La Vega que algo serio se tramaba. A los conjurados ya les arreglarían las cuentas. los de Moca. ¡Caray. Al efecto fui nombrado Cónsul General. Los que operan en El Cibao piden dinero y armas. no te satisfizo la oferta. Una vez en paños menores. ¿ Tú conoces a Moca? —No.—Sí. porque temen el encumbramiento de aquéllos. Pero en la bajaíta lo espero. pero no me interrumpas. narra: —Hay varias versiones. pero los que mangonean aquí no aflojan. los mozos de Moca triunfan. pero Loló ha dado un batatazo y me zampa en la cárcel para demostrar que es más fuerte que Enriquito. rompe el equilibrio. e inicié la lucha con un artículo en favor del Manifiesto de Manolao. cada uno de los jefes tira de la manta con el propósito de empuñar la herencia de Heureaux. sostiene la una la pura doctrina lilisiaca: el chicote. Pues bien. según sus órdenes. porque la tengo de muy buena tinta.. Como comprenderás. fiel a mis convicciones y a mi historia. y se quedó solo con un oficial y el Secretario para seguir aquella misma tarde. pero esta mía es el evangelio. civilista. sino al país. y atacarlo. —¿Pero por qué te prenden? —A eso voy. cuidadosamente dobladas. y el Gobierno está dividido por dos tendencias. despachó el Estado Mayor por delante para Santiago. Hace un mes. en sentido liberal. aunque tienen detrás fuerzas numerosas. las autoridades locales. Verás: Horario Vázquez propuso esperar a Lilís en el camino con un grupo igual al que le acompañara. ladeándose a la izquierda. regresé. El Gobierno es una olla de grillos.. la revolución tiene a Juan Calvo. ¿y tu prisión? —Ya llegamos. —Bueno. llamado por el Presidente. y además que yo no servía a Lilís. se mejoraba indudablemente. yo acepté.

¡Qué toro! —Era valiente. El oficial que le acompañaba acudió a los tiros. otros que fue Pablito Arnaud que hacía fuego desde la esquina. Otros dispa-raron. rato antes. No olvides ese detalle. a pesar del plomo que le destrozaba el pecho. Lilís estaba sentado en la acera. a grupas. hercúleo. buen tirador y gran jinete. y una guásima. vio a Mon enfrentársele. —Mejor. en la que están las oficinas. a una calle da la tienda. y hasta ahora la carga es para él. ¡Le parecía mentira! Y saltó sobre el caballo y escapó con Pablito. apoyado el cañón en la boca. y pasándolo a la manca hizo un disparo. y más aún. de espalda al árbol. y se batieron. Dicen unos que Lilís mató a un viejo limosnero. en cuyo tronco amarró Mon Cáceres su caballo. Aún caído. —Es verdad. y ¡qué ganas tengo de darle un abrazo!. El último disparo fue a quemarropa. pero le cerró el paso Manuel. que también tiene puerta a la otra. en la diestra un revólver y en la siniestra una daga. cargó de nuevo el revólver. Sin embargo. se quedaron solos Lilís y Mon. Lilís se irguió. y despídete de los que la pensaron. El aburrimiento de Antonio se disipa. el matador de Lilís es un libertador. y un desayuno suculento. quien tomó el revólver que llevaba en bolsillo trasero del pantalón con la izquierda. —¡Ah! eso ya lo supongo. pues fíjate bien. y con el panamá le hacía visajes de brujo. —Óyeme. detrás de ella hay una barranca. El primer tiro. dura lex sed lex. y en el acto. Como oyera en la tienda la voz de Mon Cáceres. pero ese Mon es un héroe epónimo. escapándoseles de milagro. así se ve en la fotografía del cadáver. Lilís infundía pavor. El almacén de los Lara forma esquina. sin que nadie se acercara. como dos gallos. El cadáver quedó tendido en la calle. pues los otros se sacuden. le esperaron más de una vez. le había regalado una papeleta de cinco pesos. Un azafate bien surtido dos veces al día. A Arturo le mandan las comidas del Hotel. a quien hubo de conocer la noche antes en el Club. pero la verdad es que cuando el lance se trabó. Mon es alto. pero tenía que ser: entre él y la sociedad había pactado un duelo a muerte. aunque lo malo es que en este caso la gloria cae dentro del Código. preguntó: «¿qué hace ahí ese joven Cáceres?». con botas y espuelas calzadas. Mon estuvo siempre frente a frente a Lilís. Mon. al cual. Ahora todos encuentran la hazaña fácil.. dicen que se lo dio por la espalda Jacobito de Lara que salió por la puerta del patio. le examinó para cerciorarse de que estaba bien muerto. el bembe chamuscado y tumefacto. hablando con don Jacobo. —Sí. también su responsabilidad es grave. retrocediendo cuando Mon le amagaba con el puñal. —Sí. ya puede seguir el curso de los . un hermano de Cáceres. y a Mon mismo debió de asombrarle aquel hombre que acometía impávido. y como la casa es la última de la calle transversal. ha hecho servicio eminente al país..—Bueno. en la puerta de la oficina. la gloria será toda suya. Avanzaba increpándole. cuando al fin cayó Lilís.

pero sólo así se salvará el país.¿pero tú crees que le temo a los que vienen? No hombre. ponen entre ambos barricadas. la luna entre las dos torres o al Sena. y ¿quiénes son los aptos para esa empresa? ¿Quiénes los puros? Si el que más o el que menos tuvo que hacer con él: unos directamente. media docena. y cuando hayas contemplado. Los revolucionarios necesitan a los gobiernistas.. —Sí. las noticias de los éxitos de la revolución o la varadura del crucero Restauración en las patas de ñame del puerto de San Pedro de Macorís. y ése será el fruto de la transigencia. acuérdate de que has pasado muchas crujías. tarea que requiere tiempo y paz. __Tú hablas así porque te conviene. y así será mientras no lo eduquemos cívicamente. desde el Puente Viejo a media noche a Notre Dame. tendremos jandinga para rato. Oye mi consejo: consigue un Consulado y vete al extranjero. palabra por palabra. y a nuestra capital fea y fastidiosa. y a esta hora ya se está tramando una malla impenetrable para los intransigentes como tú.acontecimientos. te juro que no somos tan malos y que abundan bellezas junto a las cuales pasamos indiferentes. aprenderás a sentir la voluptuosidad de nuestro ambiente y a descubrir las sensaciones estéticas contenidas en los arcaicos sillares de La Primada. Lo primero es el orden. —¡Ah! . ésa es la realidad. —¿Cómo? ¡Ah! de modo que vamos a seguir por el mismo camino. Como tú. se cuidarán de buscar a los prácticos para que los ayuden. Créeme. —No me importa. —Pero chico —replica Arturo—. y prepárate al desquite. . no. lamiendo el Louvre que la luz matiza. __¿Pero cuáles son?. Échale agua al vino. aunque te contraríe. pe bu. el pueblo en este país baila al son que le toquen. Al que no quiera lo haremos digno y libre a la trágala. Hay que sanear por el hierro y por el fuego. Una cosa son las teorías en los libros y otra la acción. no lo ignoras. lo comprendo. cuando era un iluso. silencio. si no. como dice don Fellé. a olvidar culpas. —¿Y el pueblo? ¿Acaso no apoyará a los que le han librado de la tiranía? —Estás repitiendo. no aflijas. si cuando lleguen a Palacio.. comentan y discuten. Antonio. Los intereses creados son mayores de lo que te figuras. yo encontraba pésimo cuanto hacía el Gobierno. compadre. y si le apalean. así pensaba yo. y hoy después de conocer a Nueva York y a París. lo que importa es restablecer el orden y administrar. lo que yo decía hace años. —Oye. —¡Pues estamos frescos! Con esa cantaleta nos jeringan desde el 44. Antonio estalla: —¡Hay que acabar con el lilisismo! Es obra gigantesca. por ejemplo. otros por trasmano. hasta que los tropezones me hicieron levantar los pies y mirar hacia el suelo. aspiro a que gobiernen los honrados.

Al grito de abajo el lilisismo. Nana. y también las cátedras. a quien los éxitos de la revolución han amansado. yo repetiré con el poeta: Tengo el alma. Señor. los dos presos. en columna de honor. Y óyelo bien: nunca apreciarás el valor de sus teorías en nuestro ambiente encendido. en un café de la plaza de la Sorbona. pálido. Y Antonio. bajo las aspas rojas del simbólico Molino. se aburren. otro siglo y otros hombres. señala a su contrincante un muro del calabozo. concluyendo: —¡Qué escuela!. y el gran mercado. y que a la postre.. Mis tiempos son los de la antigua Roma.. un par de horas les distraen las evoluciones de los soldados. al salón. que tú sabes bien que yo tengo razón. que a la voz de uno.¿Has visitado de noche las ruinas del Alcázar de los Colón? —No me vengas con esas filfas. Que aquella edad con que soñé no asoma. el Bulevar. Con mi país de promisión no acierto. tal cual es. llegan hasta desfilar. trasladados el alcaide. La realidad. sal por la boca del Ozama. adolorida Por unas penas que no tienen nombres. repiten durante los cuatro años del enganche los mismos ejercicios. frére. —Bueno. porque te pida. y la voz de los sabios y las risas de las cocottes se armonizan seductoras. pero sigue mi consejo. —¡Nunca! La verdad es una.. y las alcantarillas. Otra patria. limpiaremos la República. la verás desnuda. a través de una copa de champaña. en calzoncillos. cuyas ventanas miran al patio de la Fortaleza. a fuerza de planazos y constancia de los instructores. los escribió la mano viril de otro intransigente como yo. y las bibliotecas. aquí o allá. y si la realidad es la que pintas.Y Arturo balanceándose en el mecedor o recorriendo la celda. Y Arturo corea el arrebato lírico con una risotada. dos. por . en compañía de una griseta. —Lee esos versos de Zenea.. así será. Y mis hermanos con la Grecia han muerto. los aniversarios patrios.. y no se mezclan impunemente las manzanas buenas con las podridas. Y no me culpes.! XI En aquellos días caniculares. la Virtud y el Vicio comparten aquel reino encantado. en donde la primavera resta gravedad a la Ciencia. sin marcialidad. expone las visiones tentadoras de París. que exprime tantas vidas. al río y al interior de la mazmorra. la alegría del Barrio Latino. el mayor de los departamentos de la torre. rematándola con el refrán popular: —¡Ay. Montmartre. no. y los museos. languidecen. En las mañanas y tardes. y porque amo la libertad lucho para que rija nuestra vida.

las pasiones eran sinceras. de pipiripao. pero el uno. carabina al brazo. de ahí el fervor. que se acusa de tal pecado. en la Plazuela de los Curas: revolcándose. la fiereza con que Portocarrero se ha estrellado contra la tremenda realidad. estudiaron en los mismos libros. ahora con palabras a veces agresivas. jugaron juntos. Por las calles. y en la primas noches. más astuto y frío. Después del toque de paseo. Antonio y Arturo matan el tiempo jugando a la brisca o al tute. De niños las dirimían a puñetazos. y fueron los restos de éstas los que dieron molde a las dos facciones contendientes en la primera república. Sí. o empollan. las procesiones religiosas. el consejo virgiliano: cuida el árbol para que tus nietos recojan los frutos. y a seguir a paso lento. Cree que su misión es combatir. hiere o se quiebra. exterminar. ya adolescentes. no conoce a los hombres y acepta con la mayor candidez que la tiranía desaparece con Lilís. A la verdad. pues no modelaba los espíritus. y si la brisa refresca un tanto. y en seguida. custodian las yuntas de penados que. tuvieron los mismos ensueños. nunca supieron el dolor que cuesta alumbrar una idea. Con la perspicacia de los ojos que vuelven a ver. por un quítame allá esas pajas. no ha sido adventicia. pero ambos llegan a su hora. en Báez. aprovechóse del impulso ingenuo del otro. les fusilan. Para ellos. Y como él tantos otros. no es. como Antonio y muchos piensan. que la avaricia entierra. monologa. hacen oficio de mandaderos. más o menos ingeniosos. limpian las vías o trabajan en las edificaciones de los magnates. les apalean. jadeantes. las manos atrás. que no compra a tiempo la autoridad local con potranca fina u onza pelucona. y Arturo. de noche. y ataca sin mirar a su alrededor. No. Arturo recuerda con cierta ternura la última vez que riñeron. Los veintidós años de dominación haitiana disgregaron las castas coloniales. sufren la horrible tortura del zapato. se dice. Con la levadura de los restauradores triunfantes de España. el kepis ladeado hacia la oreja. Los hombres tienen prisa de gozar. Arturo registra ayer y hoy en busca de un hilo para guiarse mañana. porque poseen titulo académico. duermen en duros camastros. en los corrillos. y que. El odio a la tiranía los unió. a rastras la cadena. comunes. arma terciada. Es como un dardo: ciego. balanceándose sobre las piernas abiertas. Ninguna idea les concierta encerrándose con frecuencia en silencio hostil. las clases se mezclan. cuenta las rejas. dados de una democracia! La injusticia les recluta entre la hez urbana y la gente moza campesina. La tiranía de Heureaux. por cierto. él que tuvo puesto en la mesa del festín. En Santana predomina el instinto. pegaron y mordieron. sin miedo ni fatiga. y si desertan. Caudillos y huestes concordaban. se arañaron. el . el intelecto. o hacen frases y chistes. por tanto. aquella no era una escuela. o son lectores de novelas. la abnegación y la implacable saña de sus bregas.delante de la mansión presidencial. un articulejo. y en las horas francas. Mientras visten el uniforme de dril azul. de esas con la efigie del rey Carlos IV. adviene un factor nuevo. se dieron las manos. pueden aislar seres y cosas. son mal pagados. ¡Pobres sol. esperan en las esquinas el condumio con que les regala la criada corteja. haciéndolos semejantes. y desde entonces datan sus divergencias. leen o disputan acerca de las últimas noticias. jamás apropiado a sus pies. Antonio pasea a zancadas a lo largo de la estancia. fueron a calmar la calentura con sendos helados en el café La Diana. reconoce y admira. la disciplina social desaparece. y sacudiéndose mutuamente los trajes empolvados. Arturo. observándolos por los cuatro lados. amodorrado en el mecedor. de año en año. Se conocieron en los bancos de San Luis Gonzaga. que se dicen intelectuales.

Pero como a su sombra maléfica no ha creado ni una oligarquía vigorosa ni una conciencia nacional. en el vino añejo. fusilamientos y asesinatos. las regiones se imponen. o un novel general enamorado de las doctrinas de Hostos. se destacan un austero ideólogo. y cuando. temidos más bien. sin temer a los dientes de los tiburones ni el mar. acres vozarrones de bestias en brama. la existencia es la más dura condena. Como el griego. tornamos a las andadas. que tenga. un hombre de levita. sin género de duda. en la obra de arte.peculado asoma. a los pronunciamientos. dos. la ocasión es de perlas. quienes. los capitaleños se reirían de él.. encastillados en sus virtudes. son demasiado honrados para algunos.. —Déjate de pamplinas. ser un hombre como los otros. ¿En dónde el corazón que nos nutra con su sangre generosa? ¿ En cuál cerebro anida el pensamiento mentor? ¿Los viejos? Uno. vencer. vadean la ría. En la anafaga del río expira la tarde. o salvando el muro y las rocas. . una mente patricia caída en la dictadura y un poeta epicúreo. odiar. a los golpes de estado. rotos los ídolos. Arturo. y encumbrará un civil. no queridos. inexorables en el juicio. como quería el florentino. en la mesa rica. el capricho aparea el asesino con el ratero. por merced arbitraria o por la de su arrojo. satisfechos de lo que han sido. El baecismo sobreviviente impera con más vigor que antes frente a los azules. por sentimentales. tal vez cuatro. acoplamientos infames. pero no. de la raposa y del león. redime. mas no sabrían encontrar el ritmo de la vida en la cabellera del discípulo juvenil. sin embargo. en la cama mullida. de cadenas. triunfar. mete al país en el puño de su diestra manca. El laurel. Del corral de los criminales suben ruidos de cacharros. las figuras efímeras se suceden en Palacio. dar y recibir golpes. ¡pero qué va!. aquí no será profeta uno a quien han visto en mamelucos. esta frase es de Castelar. de los campos cultivados vendrá el varón fuerte. volando chichiguas. contagian al adversario. que no comprende. sacrificarse por una idea. cuya voluntad suma todas las ajenas. esparcen tales miasmas por los campos . Fragmentados ambos. Los hombres. sanguinarios. —Oye. en la hembra entre encajes y perfumes. bajo un jefe único. duermen en calabozos infectos. medio desnudos. Y de un salto. estudiando a los hombres y sus flaquezas. decir la palabra que alienta. ¡Quién se atreviera! El diablillo del orgullo le tienta. a la postre. respetados. Expulsar de sí al sibarita que se place en la lectura de libros bien impresos. y. no se concilian en una sola aspiración. Arturo. permanecerán aislados. dispersas. No. amar. en tal ambiente de asonadas. Y. se planta en una de las ventanas orientales. miseria del cuerpo y del alma. así la arriesgan frente a los fusiles de los cabos de vara al primer descuido. se inicia la era de los caudillejos ignorantes. a los gobiernos estériles. que basta vitorear la libertad para alcanzarla. y cercenando cabezas. La empresa es hermosa. troncos sin savia para otros. y. La exaltación revolucionaria presumió. hasta que la anarquía engendra a Heureaux. Más te importa leer a Maquiavelo y estudiar a Lilís. apurarían la cicuta sin temblar. padecen hambre. bajar de la torre de marfil a la arena. y las mismas manos lo derribarán al día siguiente. atisbar en las almas. a espaldas de la ley se libertan. consuela o fulmina.

pues. ala. Por las calles del tránsito. Le ha anunciado. y de una vez. de bombito y . ¡En libertad al fin! Tiene alas en los pies. no me esperes. desde las puertas y aceras le saludan. Hay. Algunos han vestido chamarra de dril. y cuando se dispone a salir. El hechizo del ambiente le encadena.. sujetándose a la puerta. Antonio baja a saltos los escalones de piedra y atraviesa como una flecha el patio hasta ganar la puerta. la palestra lo espera. pero no tengas cuidado —y en la oreja siembra el secreto. destila una lágrima de las piedras siniestras: Símbolo de mi amor Inmenso y triste Guardo el blanco pañuelo. que promete días de prosperidad. Un abrazo los confunde a los tres. *** Las cinco de la tarde. pero a qué remover las penas del cautiverio. mezcla de alegría y tristeza. temblequeante. a realizar los sueños! Le hacen coro. que avanza por el Norte y el Este. lo que importa es el porvenir que empezará dentro de dos o tres horas. ha de ser de todos. ¡Caramba. Desde las siete de la noche en el Parque de Colón nótase la presencia de corrillos y el ir y venir de gente moza armada. otros. jubilosa. Los ojos de la mujercita reflejan inquietud resignada. En la calle esperábanle dos amigos en un coche. la misma que a la vera de las rejas sollozan las guitarras a la luz de la luna. El pronunciamiento se impone. vecinos y transeúntes. naturalmente. ¿cómo es posible que la victoria sea íntegra para cibaeños y seibanos? No. El lee en todas las pupilas un acuerdo tácito. Sí. sugestiva. pero hay que arrancarse de allí. se empina el hijo. que apresurarse. ya era tiempo! Y ahora ¡a triunfar. Y esta noche será. de dicha. Pero ésta no debe permanecer inerte. que saborea en compañía de los amigos. fecundándolo con un beso.. Cuando el coche desemboca por la esquina próxima a su casa. ella le acompaña hasta el umbral. la renuncia del Presidente Figuereo. Por el trayecto hasta su casa le enteran del acontecimiento del día. Antonio acoge el proyecto con fruición. efusivos. le presenta un gran plato de natillas con sus iniciales en canela espolvoreada. y una impresión. toca ya con las culatas de sus fusiles a las puertas de la capital. La cuñada. a través de los gruesos muros. El contento se pinta en los rostros familiares. apá. la letra vulgar conmueve acercando a los hombres. y de que la revolución. Manos a la obra.Del antro asciende una voz fresca que entona una canción penetrante. ¡Cómo ha crecido! Antonio le carga en vilo y entra con él en la casa. pétalo. le oprime. es preciso dar un golpe y derribar el Ministerio que asume el Poder Ejecutivo. Y Antonio abraza con fuerza afectiva. que aúlla amá. y con voz insinuante pregunta: —¿A qué hora vuelves a cenar? —No sé.

les moleste. inflamado. compuesta de zaguán. a pesar del triunfo. cuyas borras hierven. sus a él! Y las piedras golpean las mansiones de los engrandecidos. comedor. cocina y cuarto de baño. Antonio rehúsa la botella de cerveza fría con que le invita uno de sus correligionarios.» Pero otra detiene el coraje. escaleras arriba gana el despacho del Gobernador. y se echan de nuevo a la calle. a la planta tercera. abrazado. baja del piso alto. y escupe las bocanadas al patio. Se cuentan entre sí los comprometidos. ¡Es verdad! Y la multitud piensa que sería inútil manchar con sangre tal proeza cívica. desmayados los brazos. Provisto de un vaso. va de aquí para allá. cuchicheando. Aunque el nuevo Gobernador simpatiza con la revolución. . XII Muy de mañana. los caídos pueden reaccionar— los otros.. dejando el lecho. embrazan larga carabina y cruzan al pecho la cartuchera repleta. ¿quién quita?. porque. Luego se sienta en la clásica sillita criolla a esperar el café. Pedrada certera rompe una vidriera.. y recuerda que el general Figuereo ha renunciado al poder. ¡Abajo el Ministerio! grita una voz. Descuélganlo. mientras ellos les devuelven el bien sumo de la libertad. y. tiene azuanos armados en su casa. y ciento. ¡Viva la revolución! ¡Muera el tirano! Un bastón de ébano fracasa el cristal del retrato ecuestre de Lilís.. La fogosidad los ciega y los concita. sí. y el grupo se disuelve. el enemigo se esconde en las casas. los unos a montar guardia en la Gobernación —es necesario estar alerta. sí. Hay que galvanizar la ciudad. y. se enjuaga la boca gargarizando. El pronunciamiento culmina en una Junta Gubernativa. En cada calle erige un pretorio. Un chalet que irradia luz por sus cristales atrae las miradas. empiema unos pantalones remendados. toma camino de su casa. lo llena en el tinajero y asomándose por la ventana de la cocina. en anafe cerca de la puerta. en camisilla. ¡Pues. a guisa de cepillo. los pies desnudos en holgados chanclos. edificadas con el oro del pueblo: tiembla entre su lujo. hacen añicos las ventanas. en el cual están la sala y los dormitorios. y otra. ¡Ese rasgo merece más respeto que los fusiles de sus azuanos! Y los gritos llevan el ardimiento de la pasión regeneradora a los habitantes de La Primada. El contentamiento los impele. cantarinas. con él. se frota los dientes con el índice. toalla al hombro.saqué cola de pato. en el Casino o en el en el Club Unión. Una voz apunta: «¡a donde Manolao. Antonio. a repartir desde ya la parte que a cada cual corresponde. a relatar los hechos. y manos y pies le hacen trizas. roncas las gargantas. y no falta quien se tercie el machete de cabo. El objetivo de la épica jornada ha sido descubierto.. echar por tierra el Ministerio. cuyo cuartel está en la planta baja. presa de vago malestar. felicitado. acusa lapidando. en donde el ministro de Relaciones Exteriores entretiene un corro con su charla amena. concertando pareceres. uno de cuyos miembros perteneció al Ejecutivo derrocado. El grupo. conviene pronunciar la Capital. y a su impulso el grupo se dirige por la calle dcl Conde a la Gobernación de la Provincia. que se están quedos y a cal y canto. y sin que la policía. reflexiva: «hay que tomar precauciones. Antonio.

y hacia arriba son eméticas. tenazas. En el jardincillo. En el umbral de la puerta del patio. en fila. está el retrete. cuyo tronco forma un codo. machetes y otros enseres. o «esta leche está bautizada y se le ve el azul de la batata». en cuartucho cobijado de cinc. Antonio observa complacido una blanca pollona moñuda. según decir. el frasco de bija con su muñequita. cuchillos. En cajoncitos. y tuatúa. en el cual ponen y encluecan al amor de un gallo una docena de gallinas. un casco de tinaja de hierro. recostadas en el muro. la protege de resfriados. las pailas estañadas de hacer dulces. Dos puertas la comunican con el comedor y el patio. naranjos. concordándose el placer estético con la utilidad de la medicina casera. En uno de los ángulos. en cuyos tramos escurren boca abajo la loza a flores. atadas con tiras de yagua. De un clavo cuelgan colador de metal. De tapia a tapia y de árbol a árbol. cetrina la rugosa piel de trigueña. Mientras lo paladea a sorbitos. una ventana lateral se abre sobre éste.La suegra preside en el ámbito. guanábanos y limoneros. un geranio escarlata y un clavel de olor. el aparador de pino. caliente y aromoso. sale al patio y lo revisa con mirada curiosa. entre la ventana y la puerta del patio. macetas. dividen el espacio los cordeles de . reclinados en el tabique. la higüerita con la sal. un pañuelito blanco anudado en el occipucio. Antonio examina la estancia. despercude cacharros. enfloran mosquetas y cienhojas. entre arriates de caracoles marinos. El sultán engalla la cresta cárdena. el pilón de algarrobo de moler café y rajas de cuaba para juntar candela. espiga el llantén y brilla el terciopelo de la yerba buena. dos. que es fuerza mantener con las alas cortadas. restando dominio al sol. plantado de árboles. Todo está igual. defendidos de la adefagia de las lagartijas. brinda tribuna a sus estrepitosos cacareos. En un ángulo. espumadera y guayo. y con ademán cordial le alarga el pozuelo de café tinto. tres». que regala con su sombra el lavadero: una batea de roble sobre un barril vacío. y alta claraboya mira al colindante. en el borde de aquél. y reclama. Entonces se escucha su voz que cuenta: «uno. No. cerrado por tres tapias erizadas de fondos de botella que lo guardan de los rateros. En uno de los extremos medra un humilde jardincillo. «Eso no es tener conciencia». y por encima de la pared medianera extiende el ancho abanico de sus hojas y carga las hermosas esmeraldas peludas de sus mazorcas un pan de fruta. los calderos. y detrás de éstos. se mira coqueta en el agua y lustra con el pico las plumas pectorales. Un limoncillo las ampara del sol con sus ramas. revelando la frecuencia con que el cuchillo raspa las manchas que la afrentan. las ollas vidriadas y las pulidas cucharas de higüero. ha envejecido también. de la misma madera añosa. flaca. que infesta el recinto y hasta la misma casa. debajo de la misma. Aquí y allá. y «éste que está blandito como barriga de viejo» o «llene bien la medida». ruda y albahaca. y un cocotero. el bebedero. salvia y sábila. en la mesa cuadrilonga. reposan. Es un cuadrilátero. Hay también hinojo. Al lado. tiene su sede el fogón: hasta cinco anafes de hierro de diversos tamaños asentados en poyo de mampostería. «cámbieme ese mollete que es de ayer». el barril del carbón. La mitad la ocupa el gallinero. después de sorber la última gota azucarada. bolillos. tres piedras carbonizadas y la lata de lejía. por cáscaras de huevos enhiestas en varillas de coco. Antonio. cuyas hojas purgan arrancadas hacia abajo. En la pared del fondo. cercado de cañas de Castilla. que en un pie. faena que abandona para preparar el café de los madrugadores o cuando en el portal suenan la tapa de latón del panadero o las vasijas de la leche. recién fregada. el almirez de piedra y la hachuela de picar carne. la señora en cuclillas.

el tronco sumergido hasta la nuca. Antonio se detiene. boca arriba. Y en compañía de la esposa. y avienta los cabellos que han caído sobre la pechera. . El claro ojo le fascina. le interesan estas faenas domésticas. le besa. y en el bolsillo de pecho guarda el pañuelo blanco de seda perfumado de Yˆlan Yˆlan. para que las hilachas no le molesten ni el sudor lo ablande Quiere una corbata roja. las ropas. Antonio mata con la esperma de un cabo de vela el filo del cuello. Caía hasta las cejas el sombrero de yarey. la copa circuida por cinta negra de dos dedos de ancho. expresión de su radicalismo. las piernas encorvadas. flamante. y es necesario también que ésta sea la última revolución». En su cuarto encuentra ya listas sobre la cama y en el espaldar de una silla. mientras se estruja la piel hasta enrojecerla y se enjabona copiosamente. goza de la impresión voluptuosa del agua fría. En el silencio se escucha el raudal. Musgo fino tapiza el brocal de piedra. and 5. En la opuesta esquina asienta sus reales el pozo. y el húmedo vaho le penetra. que está allí. y en la espalda ni un pliegue. baja al comedor. pero no la posee. y de la boca surgen graciosos helechos. es urgente que El Homenaje no sea en lo adelante el domicilio de los dominicanos que piensen en voz alta contra el Gobierno. Le sujeta los pantalones por los bajos para que el pie entre recto. Sube las escaleras ágilmente. vertiéndose en la batea. y si huele a bencina. Sentado. y empinándose al final. las solapas caen bien. la leche que hierve forma una cúpula de nata y se derrama sobre las brasas. La suegra acude presurosa. de alas acanaladas. Con la higüera se empapa la cabeza. ¡Qué delicia! Y pensar que más de un año estuvo privado de ella.tender la ropa. tanto mejor. y echa el recado. de súbito. La mirada escruta la pétrea garganta cavernosa. ceñido el saqué se planta ante el espejo. Cuando. ¡Cómo le ama y admira! Antonio parte el revólver W. y cargándole lo vuelve a la canana colocada en el costado izquierdo. el día de San Juan. se allega a él. Aún hay más: dos pesos para los cigarrillos. donde le espera un desayuno extraordinario. lo aceita. la trasiega repetidas veces para enfriarla. Antonio. en la paz de lo hondo del pozo! Rocía el carrillo para que no chirríe. Mas. libertar y restaurar el país. Antonio. que surte agua fresca a dos casas. Bienhechora sensación de calma y de poesía le acaricia. encarnada. así marca las líneas varoniles del tórax. dice para sus adentros: «no importa lo que cueste. para ayudarle a vestirse. las muchachas casaderas que se asomen ven retratado el futuro. En el seno profundo espejea la líquida pupila. en las cuales descubre la belleza sencilla. Se aparta. ya cesará en cuanto le dé el aire. asida por la abrazadera la lata que fue de manteca. burbujas le cosquillean por la espalda. enfrascándose en sus planes de sanear. sustrayéndose a un pensamiento: ¡sería tan fácil acabar. rondando. repasadas por la mano amorosa de la mujercita. aquél cuyo nombre será el mismo del primer pordiosero que en tal día haya tocado a su puerta. En el baño. de la cual afirma la conseja popular que. Está un poco estrecho. y sigue unos instantes el curso del lácteo chorro. Y del pretil al baño acarrea el agua. ella misma le hace el nudo. dormir para siempre. Luisa acude a uno de los hermanos y vuelve con una. haciendo molinetes con la varita de corozo. de regreso a su cuarto atraviesa por la cocina. soga de majagua con dos bambúes.

La amueblan un tinajero de pino pintado. gota a gota. La habitación es adyacente al zaguán. un pocillo de leche. está puesto en una de las cabezas de la mesa de caoba. El buen hombre les . en el cual se guardan bajo llave la loza. si en las cajas no hay más que papeles! —¡No. —Es necesario que nos reunamos en seguida para constituir una Asociación Cívica. pero ¿ cómo referir que las piedras vejaron a quienes más de una vez han favorecido a la familia y a él mismo? Del embarazo le sacan tres conmilitones que llegan presurosos. bien entendido.dice persuasivo: —Vayan despacio. que debemos impedirlo. ha vuelto del mercado a donde él mismo va con la negrita sirvienta a hacer la compra. pero que no se les dé a ellos. un pan de corteza dorada. sobre los cuales atadijos de ropa recién almidonada. ¡Qué sacos ni ocho cuartos. relata el pronunciamiento. pero lo más gordo es que se están llevando el dinero. base de la piedra musgosa que destila el agua. color encubridor. porque eso sería injusto. medio de mantequilla. un plátano maduro. unas perchas o cosa así. que vele por que no se emplee a los lilisistas. baúles viejos. nosotros los conocemos! —Vamos. El suegro. de los mentados dominicos de los campos de San Cristóbal. Don Pedro los ha oído suspenso. las golosinas y el azúcar por temor de los muchachos. sangre. encorvado ligeramente. desean saber qué fue lo de anoche. estregada a diario con estropajo de hojas de guayabo. usted es muy sano. Todos interrogan. mueble secular. huevo frito y media vara de longaniza. esta gente es capaz de todo.. El habría preferido una pelea. La cosa está que arde. —Lo que importa es abrir los ojos y no dormirse sobre los laureles. excelente bailador. . y de momento rompen los tiros —noticia otro. asado con cáscara en la hornilla. que hay mucha gente mala.El mantel de alemanisco azul. y el tercero. se siente mohíno. aunque yo sé que desde esta madrugada están sacando carabinas y cápsulas. los han visto con los claros del día. —Eso no lo logran. pacífico. mozo inofensivo. don Pedro. destinadas a las tablas para secar al sol los cajuiles y al mármol para estirar y cortar los caramelos. entre bocado y bocado. rechoncho. El primero ha sido empleado de la tiranía hasta ayer. pues ya hay un complot para reaccionar. como tremenda lección.. y no deben creer sus intrigas. cargando sacos llenos en un coche —asegura el último. En torno de la mesa la familia se sienta. Antonio. No pediremos nada para nosotros. y en un platillo. inmoral --dice uno. no está satisfecho. Vienen a buscarle. los culpables colgados de los faroles. el segundo. de Palacio para sus casas. con un reflejo de bondad en el rostro rasurado. aunque no lo confiesa. ¡santo Dios! ¡qué transformación tan rápida! de espía y alcahuete le reputaban. a la panzuda tinaja. A la verdad. —Sí. un cajón alacenado con puertas de tela metálica. doblado en cuatro. en él están metidos hasta el gollete los jefes de San Carlos y Pajarito. En un plato. lo primero es ir a la Gobernación para poner en cuenta a la Junta.

los mal intencionados murmuran: «¡son las mismas que bailaban con el negrito!» y los rapazuelos callejeros. a lo largo de la empavesada calle de la Separación hasta La Fuerza. en corrillos. hace sonar los grilletes y saca de la tierra en que se pudren los cadáveres de las víctimas. La magna lucha duró seis días. ¡homérica risa que durante doce años resonará preponderante en la política nacional! Sobre sus cabezas caen pétalos. de la necesidad de que . importada por un negro autodidacto. En los días siguientes. mirando a los balcones engalanados. un tanto ladeado. Un día. ambiciosos y amigos de hacer coca! Acuérdense de Santana. los dineros del Estado y los servicios públicos. Cada plaza se convirtió en sucursal del ágora. y la Junta forcejeaba. mirando el hembrerío de los balcones. de la educación cívica. Se confeccionó una lista de candidatos a mejorar las instituciones desde las oficinas. y la palabra meeting. el aire embalsamado por las pomarrosas de las sabanas orientales. en las cuales la chusma ha sacudido el lodo de sus chancletas sobre las faldas de seda. vigorizada por la intransigencia de una cabeza dantoniana. A su paso. se adhirió al vocabulario político.Y los cuatro salen a cumplir el arduo deber de salvaguardar la paz de la ciudad. los discursos premiaban el esfuerzo de los caudillos. la cara de risa. En el grupo de jinetes que precede. las manos entusiastas señalan figuras conocidas: el Jefe. En la tarde del sexto día. trajo nuevas explosivas: el jefe revolucionario de esas provincias se proponía entrar en la Capital. tararean las canciones procaces. o medio a medio de las calles. El ejemplo de los Estados Unidos y de Suiza se cita como meta de la democracia. manos inexpertas lubrican los fusiles. Miguel A. contra el asalto de las pasiones irascibles y de los nuevos intereses voraces. Vale más esperar a los del Cibao. Ramón Cáceres. y restalla el látigo de siete colas en su verbo indignado. que sea el triunfo uno solo. que no desamparan ni en las marchas penosas ni en las refriegas. enciende los cohetes de su prosa. cuyos faldones ahueca el viento. jinete insigne. veló las armas. Los soldados de la revolución desfilan. rico en dicterios. y gimiendo con los presos. con una palmita de guáyiga en los sombreros rotos: es la divisa de las tropas que desde Santiago a la Capital cuentan en su jornada una sola baja: un oficial herido en un muslo por el cuchillo con que hacía rajas una caña. que pasea su vehemencia de chistera y levita. armada de largos machetes y al hombro el saco de yute en que almacenan frutos y objetos realengos. lee las cuartillas de sus arengas. la negra barba en punta. Arturo Aybar habla del orden. cual tallado en mármol. La Junta se opone. graduado de doctor en una Universidad del Norte. un nuevo espíritu animó la ciudad. de la libertad. recién llegado. aún oxidados. el héroe. y a los oídos de la gente moza las canas duchas insinúan: —¡Cuidado con los del Este. La juventud audaz. alto. Antonio Portocarrero desenvuelve como en un cinematógrafo las visiones de los catorce años de tiranía. son matreros. en los cuales la juventud. los comentarios corren quemantes. encaramada en sillas claudicantes. derrama sobre el pueblo las doctrinas constitucionales de Hostos. ojo avizor hacia San Carlos y Pajarito. y a las que en ellos agitan manos febriles. por debajo del Baluarte del Conde. Por la Puerta del Conde seguían entrando los lecheros. revuelan los aplausos y aletean las aclamaciones. y la vieja barca cruzaba el río con los pasajeros trafagadores. hermoso. con su taifa de paso tardo. Las serenatas a los triunfadores sucedíanse por las calles. de gallardo talante. Garrido. En las esquinas. Eugenio Deschamps. que enantes corrían tras los carruajes en los bautizos rumbosos. pasan los revolucionarios.

y las diestras apuñan bajo las chaquetas las cachas de los revólveres. En los bancos del Parque se despelleja a los agraciados. reluciente el parisiense sombrero de copa. La candidatura gana prosélitos « ¡Se lo merece y sabrá defender nuestros derechos!». usted tendrá otro en mi Gobierno. Algunos jefes lilisistas venidos de las provincias. Cada apellido que cae de los labios del pregonero. bajo un laurel del Parque. o «acuérdense de Lilís que tenía experiencia y sabía en donde apretaba el zapato». en las esquinas alternas. pasean por las calles. Es cátedra de política criolla. más o menos jacobinos. se repite: «el hacía esto así». Mas. pero está presente. Pero una noche. ¡Usted verá! ». Acusación o ejemplo. Ningún mérito se les reconoce. Algún orador novel alude al sol y al cielo. en la cual están anotados los que debían morir por el hierro de sus esbirros. suena en todas las bocas y obsede las imaginaciones. Y el pueblo. Todos están en la nómina. que sus oyentes acogen con aclamaciones. anunciando: ¡se maquina en la sombra! Las miradas se vuelven buscando a los impenitentes lilisistas. con sus panamás alones.los hombres idóneos gobiernen. En el Jordán de la Revolución zabullen todos. En una asamblea lanza su candidatura a Diputado. amenaza. diciéndole: «Necesito ese puesto para una combinación. es presa de las lenguas implacables. Dicen que eres muy intransigente. Se ha descubierto que existía una lista de puño y letra del tirano. su mejor título para legislar. que lo discutes todo. le contesta. Se le niega. se le combate. Los vencedores se dividen en dos grupos. palmotea. y levantándose el pantalón. bregan por hacer la felicidad de la Patria. en los actos. en una conferencia. los cibaeños retornan a sus lares. roídos de ambiciones indiscretas. Portocarrero está asombrado: nunca supo que tuviera tantos admiradores ni la tiranía tales enemigos. se insulta. la pasión grita en el Parque: «Horacio está que trina. Ese muerto gobierna. cruzado el pecho por la banda tricolor. En la tarde. El ditirambo y la diatriba se codean. dice la gente. bajo las naves de la Catedral. y al pie de los artículos se leen todos los signos del alfabeto o seudónimos. ni tampoco el candidato a la presidencia. señalados a la burla pública desde los periódicos. borracho de palabras. dice que va a desenvainar el encabao y a entrar a planazo limpio a La Bandera Libre. Cuando la naciente oposición da en el blanco. entona el Te Deum laudamus. un compañero de la Asociación le confía que el Gobierno Provisional no le apoya. con títulos alusivos. En los días siguientes. distinguido y de confianza» . y del olvido de lo pasado. el elegido jura la Primera Magistratura. en los pensamientos. se le abomina. Un día de noviembre. el presidente futuro. a son de bando. En las palabras. domina. A diario. Se elogia. se lee el Decreto presidencial nombrando el Gabinete. Los papeles impresos. igualmente istas. otro. por un gesto de espanto. exhibe la mordedura de los grillos. a ti. y limpios de culpas. uno explica: «yo porque no le saludaba». Vientos de Fronda desmadejan el ramaje de álamos y laureles. con gran sigilo. El Metropolitano. el Listín Diario . «yo porque no le quise aceptar un puesto». —¡A mí! ¡Eso no es posible! —Sí. la prensa registra nombramientos. se advierte una sombra: Lilís. otro hace cambiar las sonrisas que produjera esta poesía. aumentan: las piedras de la épica noche se han transformado en tipos de imprenta. la levita inglesa abrochada. y no eres un hombre práctico. ni tienes ideas gubernamentales.

y un Secretario del Despacho. ¡Ah! el triunfo para los otros. «Pero. le aconsejan calma. . la tendrán. viéndole escribir. Al día siguiente. ratificado en su Consulado en París. anunciándole su puesto. habla siempre de ti con cariño. descalzos. y airada. atraviesa el Parque. este hombre nunca está conforme. la chistera parisiense y el yarey portorriqueño permanecieron inmóviles en las respectivas testas. La palabra intransigente ha sido escrita como un inri sobre su cruz. «Ese es un despechado__afirma otro. acusa: «ese huevo quiere sal». le pone motes chocarreros. devoran la prosa vibrante. en tanto. «tiene muchos ingleses». maldito. XIII . y él nota un ardor de súplica en las pupilas de su esposa. Los lilisistas se soban las manos con gusto. y producen sensación de fragua. la carta del Presidente. menos para él. y sin que el espumante vino se derrame. cuatro veces al día. La suegra murmura. Luisa.. han sentenciado. de todos los cargos. el rollo de periódicos debajo del brazo. ¿Qué hacer? De arriba. Los compañeros que ya alcanzaron su tajada en el botín.continúa publicando las listas de nombramientos. incisiva. » En Palacio se le ha ido descartando. Se rebela contra la sorda. Arturo Aybar. los rapaces vociferan: El Listín Diario a rial articulo caliente de Portocarrero. la pluma rasga las cuartillas. poco a poco. hay algo que le repele. a trizas la sucia camisa. Los amigos le traen del Palacio consuelos: el majarete cuajará. se cruzó en la calle con el Presidente. y el Presidente. y arrellanados en los bancos públicos o en los mecedores de bejuco. de azul y oro. desconocido. asedian a Antonio: siempre hay un cobrador de facción en la puerta. le interroga con timidez: —¿Otra vez? —Si quieren lucha. Antonio espera cada día. condenado al dolor. Ten paciencia». agregan. seguido de dos edecanes. sin ruido. Los periódicos suelen publicar gacetillas. un cigarrillo en la boca. y está preparando una combinación. Los acreedores presintiendo el fracaso. a la miseria. acorralado. a zancadas. acariciándose las patillas. nunca. Es un «espíritu de contradicción». aun para sus propios contrarios. de abajo. No. en cuyas cláusulas adquieren las palabras extraño sentido. El pueblo. mansa y taimada hostilidad ambiente. «Tampoco es serio». Las manos les arrebatan el papel. ¡Ya sabrán lo que es candela! Al crepúsculo. mientras prepara las maletas. los faldones al aire. «Don Juan —le dicen—. otros le asaltan en la calle. enseña a los contertulios del Club a descorchar las botellas de champaña. ¡Pobre mujer!» —opina uno. en las cuales se recoge el rumor: «se dice que nuestro querido amigo el brillante periodista Antonio Portocarrero. impaciente. será nombrado próximamente secretario de Estado de.

el cronista de salones deshoja flores a los pies de las damas concurrentes al último sarao.. y agarrarse. «Este país no se puede gobernar así». es un mentidero. Sus cartas circulan de mano en mano. tres sillas y otros tantos cajones vacíos por mueblaje. El edificio cruje al golpe de las piquetas demoledoras. En el Parque. con una mesa de pino.. convergen y se transforman en prosa candente. y los domingos oye devotamente la misa en la Catedral. interdiario que ha fundado y dirige. que nos están dividiendo para vencemos. quebrando lanzas por la Constitución. haciendo combinaciones ministeriales. —Sí. su fuerza se enfrenta al poder.industria costea su existencia. desmenuzando al contrario. y don Juan debe pelar el ojo. Un seudónimo impenetrable. Antonio derrama su ira contra el gobierno. aquél. según sirva o ataque sus intereses. inquiere cómo ha vivido hasta hoy. Los que entretienen sus ansias. y es preciso defender los vitales intereses del país». El Presidente continúa recorriendo las calles a trancos. le pisan una punta y se levantan las otras tres. —Esa es la obra de los lilisistas. y un misterioso colaborador que se disfraza con un seudónimo desliza su manuscrito envenenado. ¡Marea de sanies! En la calle. Es el blanco de todas las flechas. ni examina quiénes le impelen. incluyen su nombre en primera línea. acompañado de su familia. qué. que al fin capitulará. Elocuente. han aparecido virginales camisas ensangrentadas con monogramas. . recomendando el secreto. fuerte. entre tales papeles. Antonio no mira hacia atrás. y los forasteros visitan para que les pongan un saludo de bienvenida. los plumíferos empleados le atacan. A su vez. el santurrón quiere embestir. repite con acento afrancesado su estribillo: «Ni un día más. los jimenistas le denigran. madriguera del despotismo para él. charlan. y los reporteros voluntarios acarrean gacetillas. su prosa estalla. porque la mulita corcovea. y truena contra los mismos procedimientos que sólo han cambiado de antifaz.. Al oído del Presidente se insiste: «Usted es muy bueno. Portocarrero siéntese satisfecho. establecida en una accesoria de la imprenta. los chismes. odiado. arrójalos sobre la cabeza de turco del Ejecutivo: el Palacio es el único responsable.En las columnas de «La Libertad». Lilís le habría metido en la cárcel. ni un día menos». los discutidores se enfurecen. Su enemigo es el Palacio. con sus edecanes a la zaga. admirado. sentados sobre la mesa y en los rimeros de periódicos sobrantes. cabeciduro. con sonrisa maligna le susurra: «Usted no sabe cómo anda la procesión por dentro. rimbombante. Los lilisistas le elogian. e insinúa que aceptó los favores de la tiranía. que ejerce autoridad. pues a su juicio. y Horacio. lectores impacientes aguardan a la puerta. por lo menos». suerte de bubón cuyo pus pringa todas las caras. Esto es un cuero tieso. Las propagandas. amigo. hum. le dice al oído: «siga. Este. A horcajadas. Allí se reúnen los opositores y también quienes gustan de encandilar a salva mano. que este Pan sobao se las trae. mientras Antonio escribe. las noticias. y la maldad adoba y cuchichea que. la gente le estrecha la mano con efusión o esquiva el saludo. aplaudido o denostado. » La redacción. pero él. otro le amenaza con el Archivo del Tirano. Los errores de los jefes comunales analfabetos. Cada error gubernativo es una piedra más en su pedestal. En los días en que de antemano se sabe que «La Libertad» viene picante. porfían. los nuevos mandarines la violan desahogadamente.

le acusa de acoger a los lilisistas. El paladín le mira retador. saltando. Cuando llega en busca de los laureles de la jornada. sin piedad ni rebozo. ofrendará la vida». En la casa estaban conmovidos. ¡hombrearse conmigo! Después del lance. Todos querían saber. ¡Un mentecato! . si necesario fuere. Su popularidad medra. pum. con «la caída del Ministerio». y aunque les habían avisado que nada le ocurría. y la guardia de la Gobernación está firme. que muchas veces con su dinero le ha matado a usted el hambre. sólo una le repulsa. y en sus altares. y hasta los tenderos le saludan con una sonrisa prometedora de nuevos créditos. es una borrica que pasa por la calle cargada de petacas de carbón y haces de caña de azúcar. acusa. «La Constitución es un trapo. Antonio se sentía más varonil. El tributo de tantas manos que estrecharon la suya alabándole por haberse portado como un hombre. y entre los gritos de los presentes. XIV La noticia le precedió. le abrazó. Los cobradores le han concedido una tregua. las manos se tienden afables. y se le reconocen cualidades.. algunos le piden puestos. le satisface. cuando debe ser tan sagrada como la bandera nacional». el otro se escuda en el tronco de un álamo. y lo que es peor. La única baja. Las balas habíanle respetado. —No ha sido nada. Todo ha terminado. se comenta el artículo.. Tres secretarios de Estado han renunciado. lloraban lamentándose.. los ojos acuosos y enrojecidos. y el otro estalla: —Usted no es más que un sinvergüenza. «lo que le dicen a don Juan». alguno afirma que Portocarrero será al fin ministro. Los combatientes. una pelotera sin importancia. «Esta vez sí que llego». El bastón del periodista se alza. Portocarrero se planta en la avenida. zigzagueando. enumerando los disparos. junto a la puerta. aclama o anatematiza. y Portocarrero enristra una catilinaria al Presidente. Los espectadores la cuentan de chiripa. amusga las orejas y lanza un rebuzno formidable. o perfilados detrás de los árboles hasta que las cámaras se vacían. Los amigos le asedian. la que herida en una pata. El bombín del insultador rueda roto. En todas las combinaciones ministeriales publicadas por los periódicos se le nombra. ilesos. enumera los errores en que ha incurrido. Luisa. «Nuestro querido Director —termina— se debe a la Patria. los testigos se apartan y los revólveres relucen. los granujas vocean: «La Libertad». .Una tarde. «La Libertad» relata el duelo. pum. En los mentideros del Parque de Colón. escribe. excluye. los dos hombres se bombardean. se repetía a sí mismo. a todos les ha pellizcado el plomo las orejas. y barajando los nombres que se indican para el nuevo Gabinete. de usar las mismas prácticas corruptoras. los movimientos. los incidentes y haciendo constar que ni insultos ni tiros le detendrán en su camino. y mi tío es un hombre honrado. clava en la picota o elogia sin tasa. entonces los otros promedian y la policía acude: Muchas puertas se han cerrado. su péndola.

. En Hacienda.. y en la noche sorben el pozuelo de chocolate unos. » Y deleitándose promulga sus planes de gobierno: no importa el Departamento que se le destine. escuelas y educación cívica. sí.musitándole: «ya sabes que siempre he sido tuyo». nos hundimos — asientan los oyentes. Antes había anunciado distintos nombramientos: Cónsul general en New York. relata: —Don Juan me mandó un recado ayer. Interventor de Aduanas. Hombres como tú e ideas como ésas. . apá. mientras toman la sopa y yantan el plato cotidiano. Esta vez parece seguro. pero le contesté que no podía aceptar. hacer cumplir la Ley con energía. se adhiere: « ¡porra para él!». balbuceando. sólo interrumpido por los sorbos y la masticación. le diga cariñosamente: «adiós. En Relaciones Exteriores. y la abuela doña Altagracia. mucha administración honrada. si no. La familia se reúne en torno de la mesa dos veces a día. se mantienen alerta. ni sé si me convenga aceptar. y las responsabilidades. La suegra protesta:. —Así es. con retintín. poner a raya a los diplomáticos extranjeros. arroz blanco. y no falta quien. replica: «Todavía no sé nada de cierto. ofreciéndome el Ministerio de Hacienda o el de Correos y Telégrafos. y cuando ha terminado con su ración. concluye. y fuera las asignaciones.. sonriente. -¡Ah!. los que. hace un cuerno. el unigénito forcejea por alcanzar un pan. puertos. economías. Reclamos y palabras hostiles le obligan a mentir para engañar la espera dolorosa. En la casa. Y se produce el silencio. El Presidente está bien inspirado. displicente. según él. compuesto de carne guisada. El país necesita. chacharean hasta acalorarse de los sucesos del día. textos en mano. si Instrucción Pública. ministro». esperando al conserje de la Presidencia. y nacionalismo. En Interior..—El nombramiento de los nuevos ministros. Luisa. Antonio. en aquella miseria que abate su vanidad. caminos. rechazando. las que convienen. Antonio. habiéndose negado... que sorprende las murmuraciones.. El. le interpela: —¿Qué fue el bando de esta tarde?. «ésta no lo cree. ya verás como se le pela». otros de café con leche.. apán. él está preparado. a las doce para la comida y a las siete para la cena. En Fomento. para salvar la independencia amenazada. pero se muere antes que confesar que él es un embustero». convidándole a una entrevista. En una esquina de la mesa. gastos reproductivos. de acera a acera. molesto le alarga un pedazo. nacionalismo. portador de la tarjeta de don Juan. inmigración. La suegra. calla siempre. con lentitud unta de mantequilla el mollete de pan. le fueron ofrecidos. a pesar de sus errores: pero los compromisos.. y alguno de infusión de jengibre o de hojas de naranja. tembloroso. Con acritud agrega: «no lo nombran ahora tampoco. frente a la taza de chocolate humeante. administración. en Hamburgo. sus reclamaciones dolosas y sus pretensiones humillantes. habichuelas rojas y plátanos salcochados. y volviendo el brazo derecho.

Como decían.. entre la Catedral y el Palacio Nacional. En los bancos fronteros a la calle Separación. El tópico palpitante es la guerra entre Francia y Alemania que. no habría de ser adoptado por el Gobierno. Y en Correos y Telégrafos sería una figura decorativa.— La Hacienda está muy embrollada. que quiere buscarle la boca. exasperado. Sones musicales lejanos llegan hasta el comedor. desenredando esa madeja de la Irnprovement. conversan a gritos. Allí. a juicio del zapatero. —Ninguno de los dos me conviene —prosigue Antonio sin responderle. Porque las cosas andan de mal en peor. agrega: . y anuncia: —Oigan. analizando los cablegramas del Listín. obligado a asumir las responsabilidades de los errores cometidos y de los disparates que seguirán. médicos y gente de lengua chispeante.. son dueños los galleros.. se monda a cuanto ciudadano recibe la gracia de un nombramiento. De la mitad de aquel lado hasta la esquina de la calle de Plateros. abogados. y pronto llegaremos al rompimiento y a la revolución Luisa aprueba con energía: «has hecho bien. entre bromas y veras. parroquianos del café vecino. En el ángulo nordeste. Alguien. domina todas las voces. que habla y gesticula sin cesar. Debe de ser la serenata que le traen a Antonio porque lo han hecho ministro —No. de cortar por lo sano. si no ha querido —refunfuña la suegra. tal vez me habría sacrificado y eso para tratar de unir a Horacio con don Juan. es una tontería comprometerse a última hora». con un álamo por medio. aludiendo al grado de coronel que las Ordenanzas militares reconocen a Jesús Nazareno. En el segundo y tercer banco del frente del Palacio Municipal. puesto que mi criterio radical. abogados y políticos graves. señora. periodistas. las altas voces reseñan las últimas riñas y enumeran las condiciones de un giro o de un malatobo. porque yo sé hasta cuando les duele la cabeza. Y Antonio sale disparado.obscuro protector. se juntan los políticos activos: empleados. Aquí. descotada la camisa. Unos atacan y otros defienden. replica todos los argumentos. Doña Altagracia pone la oreja en escucha. los belgas.—¿Qué sueldo gana un ministro? —pregunta la suegra con viveza. en busca de aire. música. Si me hubiera ofrecido la Cartera del Interior. estallará de un momento a otro. En el Parque los bancos están concurridísimos En el ángulo sureste. La honradez tiene una condición fatal: la cesantía. los bisturíes afanosos escudriñan en los pliegues de lo pasado. y no voy yo a exponerme a fracasar. Los nuevos ministros están en la mesa de disección. ¿pero qué han hecho esos tales para que los nombren ministros? ¡Comprométase uno para que otros gocen! Y un burlón. un tipógrafo mudo. y afirma contundentemente: —A mí de gallos no hay quien me enseñe. que forman coro en derredor de un álamo. clama inconforme: —Bueno. amén de algunas parejas de amartelados que se agradan en el claro. se sientan comerciantes.. yo. La batuta la lleva un hombre fornido. blanco. un zapatero curazoleño y un pirotécnico los cuales disertan sobre política internacional. bajo un laurel. tienen su sede. los franceses y la Deuda flotante interior.

haciendo de policía o de cura. y escucha gotear los higuillos de los ramos sacudidos suavemente por el terral . ¿A qué seguir combatiendo? Y lo que es peor. las cosas están muy malas. . los brazos abiertos y un hilo de saliva colgante del labio belfo ¡Qué horror! A menudo lo encuentra en la calle. Y ha mostrado las cuentas muy claras. ¡Pobre muchacha. ni poder ni riquezas. pero late en su reserva una protesta. sus ojos descubren dos cuerpos que se abrazan bajo un árbol — una negra sirvienta y un soldado—: animalidad vibrante. Antonio esquiva el Parque de Colón. inclina la cabeza. y que las ventas disminuyen. por otra parte. le ha exigido con urgencia: se le deben tres semanas. Esperará una semana más. que ha tomado a cuenta seis meses de sueldo. y el casero no la repara para que se muden. —¿Y qué Jesús es ése? —Hombre. hay que tomar una resolución —se dice—. porque eso sí. Uno o dos números más. caminar. que nunca maldice. y se ha cargado la cantidad. y el hijo crece. de las palabras altisonantes. el Gobierno. hasta muy entrada la noche. se estira. ¡Jesús Nazareno! Y el coro se desternilla de risa. tanto. él es un honrado padre de familia. y cuando se case. continuará igual! La suegra cocina y plancha. El editor ha fallado el pleito. cosiendo para la calle. y ¿qué méritos tiene Jesús para eso? Está visto. Y allí. La casa no la pagan hace años. y se acoge a la penumbra de la Plaza Duarte. Los cuñados apenas ganan para sus necesidades. En la oquedad de la plaza. hazmerreír de una trulla de chiquillos que le burlan. y él mismo está muy alcanzado. __Sí .—Y lo peor es que han nombrado coronel a Jesús. el dueño de la imprenta en que se edita «La Libertad». Esta tarde. Luisa y su hermana trabajan de seis a seis. y el público se cansa. temblequeante. a cada artículo suyo teme que le despidan del empleo que tiene en Palacio. Y abriendo los brazos. y «La Libertad» habrá muerto. Este país está perdido. En Gobierno nada es posible. solo. pago. ha logrado. frente a la Iglesia del antiguo Convento de Dominicos. y el suegro. conminándole al. cavila. El administrador dice que los agentes del interior no remiten los fondos.. en donde se sentiría mortificado. ¿cómo continuar? Su oposición ha perdido autoridad. Luisa no se queja. le torturan y le enseñan a balbucear obscenidades Es la pesadilla que le abruma. Más allá de las lomas. el Cibao que quita y pone Presidentes. Herminia lava y hace dulces. al fin. y en la cocina borbota el almíbar en la paila estañada. —Ahí está. y eso sería el acabóse. y agrega: «más no puedo hacer». en vista de que se tira en sus talleres un periódico de oposición. En el hogar. El patio está siempre lleno de tablas con cajuiles secándose al sol. tiene que hacer pagos en Europa y. necesita el dinero. y con frecuencia su mujer mueve el pedal de la máquina. La última ilusión se ha pulverizado. está en ruinas. no le da trabajo de sus oficinas. ya he quemado las naves. sólo resta Horacio. la situación es intolerable. De esa tiranía nadie le libertará.

se apoya en la pared. —¿Qué has hecho de grande en tu vida? ¿Por qué dilapidas tu energía en palabras? ¿ Qué obra digna de las tradiciones de esta tierra. muchacha —le dice entre cariñoso y reprensivo. la roja espadilla de una encomienda. y a1zándola. las sillas. descaecido por los años. Antonio siente la presión física de aquellos ojos que le dirigen reproches. pues. pregonaron mi estirpe. que fueron el lujo de sus bodas. y la negrada de mis ingenios proclamó que fui amo pródigo de mis caricias y de mi oro. alzando las dulces pupilas. llena de máculas. defendimos nuestros bienes del asalto de los corsarios y enseñamos al bucanero de Occidente el hierro de las lanzas castellanas. encuentra a Luisa. bordada. colgante en mitad de la sala. Las que tienes se están deshaciendo y quería darte la sorpresa el día de tu cumpleaños. En el marco. en cuyo pecho prominente ostenta. hecha a regir hombres en las filas y a dominar negros en el hato. En el testero se destaca el retrato de cuerpo entero de uno de los antepasados de Luisa: señor potentísimo de la Colonia. edificamos hermosas catedrales. el sofá. al frente de mesnadas campesinas vencimos a los soldados napoleónicos. el buril talló entre hojas de laurel y bellotas. Y ella. La mirada de águila. Luego pasea la mirada por la estancia. y le parece que la diestra que reposa entre dos botones de la túnica militar. tantas veces renovada. y se excusa: —No. Conquistamos imperios. Antonio le toma la cara por la barbilla. no hay necesidad. fundamos ciudades. la mesa del centro. la besa en los ojos murmurando:. El polvo ornamenta la cal de los muros con extraños arabescos. y restituimos al Rey la Hispaniola. en las sillas de las escuelas. realizan los hombres de estos tiempos? ¿ Sois libres. ogaño una arañita prende sus hilos leves a uno de los ángulos superiores del cuadro. y que aquellos labios sensuales le interrogan. marchita. y bajo una cicatriz que parte la frente. desvencijadas. Y una sonrisa melancólica enarca levemente la boca fina. y cuando el Rey nos cedió al francés. prósperos. entre vigas y alfaljías. descascarados. De regreso. se zarandean de un lado a otro bajo el peso de las personas. Los mecedores de bejuco de Viena. cojo. esclavizamos negros. venturosos? Nosotros izamos nuestras velas al viento desconocido y desentrañamos del océano un mundo. cosiendo a la luz de la lámpara de petróleo. cuyos muebles nunca le parecieron tan viejos. Veinte hijos sanos. desasnando muchachos. una revolución sucede a otra. conserva toda su altivez. le contempla satisfecha. la nariz aguileña y el mentón pronunciado denuncian la energía de quienes por el mar o en la tierra impusieron su voluntad heroica. —No debes matarte tanto. — ¡Qué buena eres! Se sienta a su lado siguiendo atento el pulgar que pliega las alforcitas de la pechera. Y vosotros peleáis sin cesar. la humedad dibuja fantásticas figuras. se abre indicándole un camino. armas y atributos de guerra. si son camisas para ti. rota la rejilla. que avivar el fuego y mientras tanto. otra vez a ludir los fondillos.Hay. Fecundamos la tierra y el vientre de nuestras mujeres. desde que . matamos indios.

Empero. hermanos. ha anotado los sucesos de su casa y los de la calle. Nadie la ha visto llorar. XV Doña Altagracia. ¡míseras hazañas! El ruido monorrítmico de la Singer. hijos. tócase con manto de merino a flecos. que toca la trompa en la misa cantada de los sábados. que con los años ha ido perdiendo serenidad. Sale dos veces al mes: una para adorar al Santísimo. el primer diente o el primer pinito. con lacito en la punta y dos borlas en el remate de la caña. se atiene a su dicho y acude al testimonio de su libro de apuntes. pero irreducible cuando le rectifican. En tales efemérides. y la bandera cruzada ondea sobre las piedras yertas que cobijó el pabellón de os leones. en el ex Convento de Dominicos. regaña a los nietos.. las pasiones de la política le encarcelaron esposo. Sufrió reveses de fortuna. junto al nieto. Es un cuaderno con tapas de cartón. cruzó el mar en buques de vela. escribe: «he cumplido con Dios». viste bata de prusiana morada. y tal amor por los suyos que no les conoce defecto. Combatís. aunque siempre muestra recato en el juicio. Y frente a Lilís. Recorre la casa sin cesar. desde los albores del siglo. camina erguida y despacito. Su memoria comienza ya a desvariar. luce sus sayas negras de viuda. y carga el paquete con la muda de entre casa. y besó la carne muerta de los vástagos. alto el talle. Cuando recibe en su morada interior la eucaristía. palpita en el silencio. y a los impenitentes les . Las modas pasan.. rumbo al exilio. ella que ha sido perseguida y martirizada en los suyos. con el nacimiento de hijos. las ejecuciones y los pronunciamientos. que triunfa corrompiendo y humillando. de gruesos perfiles. adorna el cuello con un pañuelo blanco sujeto por un medallón con el retrato del esposo. Con los años ha perdido la ecuanimidad. Así. las expulsiones. buen hombre de figura quijotesca. en su largo vivir ha sido traspasada por los siete puñales. pina. exclama sin ufanía: «¡nunca le he dado la mano! ». la pluma consigna el hecho y nada más. devocionario en mano. que la auxilia en los accidentes de las aceras. el en que se pone de hinojos ante su confesor. otra. los hombres nacen y mueren. las angustias de los asedios. A1máciga preciosa. prende a las orejas zarcillos de azabache y oro. mojigangas callejeras y fuegos artificiales. las prisiones. es cierto. y pasar ese día en casa de una de sus amigas de infancia y comadre.. fuerte. a pesar de sus noventa años. la abuela. con malísima ortografía y letra redonda. las pupilas vivas. nietos y biznietos. brillan. hechas especialmente por José Mena. cerró los ojos a los padres. gozó diez veces el dolor de la maternidad.la Colonia se hizo República. medias blancas y guillotinas de marroquín morado. lágrimas o comentario. es una mujercita seca. siempre serena. ni una sola vez agrega al relato. bíblica. un pañuelito esquinado cúbrele la cabellera nevada. En el rostro arrugado y moreno. y se destaca aquilina la nariz. la muerte de los seres más queridos y la primera comunión. a flores. y es cada vez más terca. y calza botín de ternel. con el mismo ardimiento de nuestra sangre. entre los párpados abotargados. husmea. en sus páginas se asocian la noticia política. el domingo tercero en la Catedral. partida en dos trenzas que rodean la cabeza y se juntan en mono. ella conserva inmutable la forma del traje y las mismas amistades. la exaltación y caída de los caudillos. y el ruido pasajero de bailes. porfía y curiosea. y al registrar la muerte de un hijo: «Dios le tenga en su santo reino». En la casa. por empleos. Sin embargo. en el cual.

tijeras y un cabo de vela.planta en el cráneo un cocotazo dado con sus nudillos huesudos. Hablan una hora de las cosas que fueron y de las que son. de los pozos profundos y poéticos. una pierna sobre el brazo del mecedor. la visita un primo suyo. y sus raíces espirituales se han afirmado hace ya trescientos años en la tierra quisqueyana. ebanista de oficio. y prepara su espíritu para el coloquio amoroso. y se sienta en el balcón a leer novelas de Dumas. depositada en negra alcarraza española. que llega invariablemente a las siete y media y se despide a las diez. protege el lecho. después de recogidos los peroles de hacer dulce y la tabla y las planchas. hasta que llega el novio. y otra higüera grande le sirve de jofaina. Todas las tardes. siempre de excelente humor. fue desde joven honesto. Sano de cuerpo y de espíritu. a veces. Los jóvenes se marchan tras el último trago de chocolate. el retrato del abuelo coronel de milicias. trapiches. y la grandeza ancestral la libra de injurias y de vanidades efímeras. Cose. cuando las cosas mejoren. reidora. de pocas palabras. Desde el muro. doña Altagracia cuenta. pone su fe en otro. El novio es un buen muchacho. gana cuarenta pesos y espera que le aumenten. no tuvo la tiranía enemigo más firme. y en cestillo cuyos mimbres crecieron hace cincuenta años. les sonríe. después de misa. que ajetrea desde que amanece. La silla de comodidad procede de su padre. botones. se baña. Jamás habla mal de nadie. Cubre la cama con colcha de retacitos de diversos colores. agujas. después de la cena. hilo. tampoco usa vaso sino una higüerita. se asea. ante la de Jesús Nazareno. tanto. dedales. dura hasta las diez. mayorazgo. cómo él pudo alcanzar en el comercio. En armario de caoba. charla con su amigo en torno de los sucesos de la política. discreto y varonil. Cada noche. y una palma bendita renovada cada Domingo de Ramos. pues es preciso que su amada lo crea el más elegante. digno. acicala y perfuma. la madejita de lana. quien desde chico frecuenta la casa. No bebe agua de aljibe. de Feval o de Pérez Escrich. pero ingresan dos visitas: el novio de Herminia. y cuando se despide. Don Pedro. que viene en calesa y con chistera. gracias a un optimismo ínsito. Los días modernos no le impresionan. mes. para casarse. la novia. Herminia. zurce y pone plantillas nuevas a los calcetines. y desde hoy te autorizo a usar nuestro apellido». guarda la ropa. En la tertulia inicia las bromas y corta el nudo de tristeza con que suelen atragantarse. y un viejo amigo. de la cual es devota. satisface los primeros menesteres de la vida. tales sus achaques. Florece la negra cabellera con una rosa.. tez cobriza. y si le engaña uno. En su alcoba se consume constantemente una lamparilla de aceite ante la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes. y los miércoles. Dos veces al día escancia agua endulzada con papelón. posición desahogada. cuyas hazañas rememoran. fino. cree en los hombres. a duras penas. Alto. Empleado en el comercio. los papeles y novenas. ni alimenta dudas. para ella indiscutiblemente el tiempo pasado fue mejor. y la tertulia animada y. en mangas de camisa. y cuya madera fue cortada y labrada en tierras propias. un día el padre de ella. nunca se descubrió al paso de Lilís ni le aceptó una sonrisa. después de la faena. mayor de veinticinco. a quien ha consagrado su prole. en arquilla de cedro. cuya paga. que era de su madre cuando ésta casó. la familia se reúne en la sala. esclavos. sino de pozo. rebaños. que siendo hijo natural. El domingo primero de cada. por ella misma coleccionados y añadidos. haciéndole comparecer a su presencia díjole: «Sé que eres merecedor de llevar el nombre de mi hermano. Su casa poseyó capilla. sin meter un solo contrabando. falda de lanilla azul obscuro y zapatos de tacón alto. componiéndose con blusa de batistilla adornada de encajes y cintas. resiste a los más duros embates de la miseria y se conforma con su empleo. .

y poca religión». y les dijo: mis hijos. al mismo tiempo cose o teje o cuida del hijo que anda de un lado para otro. reviviendo días y hombres pretéritos. alguna de las tantas famosas indigestiones paternales. virtuosa. hasta que se duerme sobre el sofá. y si es verdad que iba a visitar a sus amistades. casado dos veces y que a sus hijos naturales les dio nombre y les encaminó. que les pone con gracejo hilarante. la esposa echa de ver con lástima que se ha quedado una taza de sopa de la que se guardó a mediodía y se va a perder. los percances del año de Toussaint L‟Ouverture. Entonces cada uno vivía de lo suyo. apelotonada. si evoca. y que despertando azorado. aunque también toma parte en la tertulia. que son patrañas! Mi tío Miguel fue hombre muy de bien. después de los postres. lee un grueso novelón y. “Mi taita reunió a los suyos. —«Tráemela». La voz de la abuela es la que más suena en la tertulia. a menudo. un mazo de triquitraques. toditos se quedaron en el ingenio y en los hatos. y es entonces cuando sus saetas se clavan en el yerno y da recias nalgadas al nieto. hay mucho libertinaje. . y ni jugaba ni tenía deudas. Incansable en el trabajo. pues remueve pasado y presente. en la cual había entrado de tapadillo. si la dispepsia la atenacea se rebela.. ustedes son libres. A Antonio le gusta oírla y la hace hablar. Y si la madre o la consorte le reprochan. las piernas temblorosas. y cae. y la apura con deleite. acarreando objetos estrafalarios. —Doña —suele decirle Antonio—. «Muchacho.. Doña Rosita en un rincón. no la tomes. quedándose allí cual un pelele desmadejado. pero él ase con ambas manos el tazón. originado por defecto físico o por historieta chusca. a veces. los brazos en balance.por la que pasa sin odios ni envidias. envuelto en la capa. Y que otra vez un amigo guasón metió por debajo del portal de la casa. «qué gandío eres». las piernas en cruz. con gran escándalo de doña Altagracia. trabajando hasta pagar su rescate. volvía temprano. —¡Quita de ahí. y en seguida intercala. altanera recuenta. Ni preocupaciones ni pesares le quitan el apetito. Y es su conversación pintoresca. es un buen diente cuando hay qué y a toda hora. ora contradiciéndola. que niega indignada. trepando para entrar por la azotea se cayó de un alero y estuvo tendido en la acera hasta que el fresco de la madrugada le devolvió el sentido. ciento. y todos. y los alzamientos de los esclavos. que te va a hacer daño». —¡Malhaya quien lo diga! —replica. sopla la capa de grasa fría que cubre el líquido. reclama con gozo—. replica risueño: «lo mismo era papá y no murió del estómago». confundiendo fechas y nombres.. —Pero si cuentan que una noche. Y ella. entre párrafo y párrafo. he oído hablar de un tío de usted que era muy mujeriego. aconseja doña Altagracia. tal como se las contó su mamita. la espada debajo del brazo y un farol en la mano —porque entonces no había alumbrado—.cuando éste vino del Guarico. Para ella casi todos los vecinos de la ciudad tienen un apodo.! Ya todo está cambiado. le encontró el padre en la alcoba de la moza. Luisa. Nunca salía a la calle de noche sin pedirle la bendición a su taita. nunca le falta tema. coloca un chiste mordaz. consciente de su destino que será igual hasta la tumba. ¡Cuándo los negros de hoy. Un siglo entero se anima en su memoria. ora interrogándola.

—¡Anda a la porra. y sin la inmoralidad de hoy en día. y copas.. hacía hilas.. Ninguna señorita correspondía a un enamorado si aquél no tenía con qué casarse. cuatro bolas y la bandera roja señalaron vapor del oeste. . rezaba. prosigue—: ése fue rico. con pantalones viejos.. el Rey Don Fernando le agasajó tanto. una noche. Ya no vienen cómicos buenos. donde cabíamos seis personas. de casaca azul con botones de oro. por el ánima de vivos y de muertos. desgranó dos repiques. entre las murallas. Ojalá ustedes se dieran un trasunto a aquellos hombres. Media hora más tarde. si en aquella época la gente. de los campeones de la Reconquista. uno que saltaba una docena de sillas a lo largo. muy rico. y miles de cabezas de ganado en los hatos. la misma que después vino a ser mi comadre. fue a caer abrazado a mi amiga Pepita Contreras. triunfante. y cajones de pesos columnarios. ¡ Cata uno ahí! —y señalando el retrato del coronel de milicias. ni crea fina de hilo. erguida. su esposa. como en mi tiempo.. y bravo. y se comía el cuero de las butacas sancochado. —Esas son historias. Mi taita hizo colocar un escaño grande. Y en los bailes. —Así será ella —dice la abuela—.. y se han dejado guberciar catorce años por un negro mañé. Cada familia llevaba sus sillas. que están siempre callejeando o con los dientes al sol en las rejas! —Pero doña. y muy buenos. ¡Qué diferencia de las muchachas de hoy en día. Entonces había valor y virtud. se retiró. en el patio del Café de la Reina se levantó un tablado para el escenario.. Cuando vino Pizarrosa. ¡Quién se lo hubiera dicho a mi compadre el general Santana! Y la anciana. Su compadre. —¡Alabado sea Dios!. qué pena! Ella se puso como la grana. quince casas de su rosario. condenado! Ustedes se mofan de los viejos. ¡Y las mujeres! Mientras mi abuelo sitiaba la ciudad. a fumar la cachimba. de caoba. en chancletas. después del toque de las oraciones. XVI La campana del vigía. ni existía moneda. se sentaba en la puerta. todas muy bien puestas. ¿Emborracharse? ¡Eso nunca! Se comían pastelitos y se bebía sangría. desde la torre del Homenaje.—El Listín anuncia que viene una compañía dramática. ¡Esos sí eran varones!. y en el semáforo. También venían maromeros. se refugia en su alcoba a pasar ante el retablo de Nuestra Señora de las Mercedes. Don Juan Sánchez Ramírez. y cuando estuvo en la Corte. ¡qué mala lengua tiene este demonio! ¡Ojalá los de hoy! Mucha onza pelucona se guardaba. su potiza con agua.. La herida de la frente se la hizo un franchute con quien se batió frente a frente en Palo Hincado. le quiso mucho. —Pero no había teatro. ¡Ave María Purísima. Y se representaban muy buenas comedias y misterios. un gran actor como no vienen agora. — ¡ Ofrézcome al Señor! Si no hacía maldita la falta. ni mantones de china. y mientras estuvieron aquí los titiriteros no se asomó más a la ventana. Por cierto que. mi mamita. y los jóvenes. Antaño era otra cosa. sino cambalache. y el único refresco era el vaso de agua de melao... y además cumplía con su madre.

los aurigas y los carreteros se confunden con los espectadores. y allí. en otro colmado. sobre el mostrador. los curiosos atalayan la barra. un hombre en mangas de camisa expende vasos de leche. pero no. Más allá. se exhiben las fotografías de los artistas dramáticos. conservas criollas y prú. Un coro de saludos acoge a Alcón. De acera a acera. «Mira. en cuclillas. Amarradas. La multitud. cuyos reflejos vivos hieren las pupilas. fríe lonjetas de tocino y mielosos plátanos maduros que vende ensartados en varillas de coco. por la aleta de un tiburón. las canoas de los campesinos. mientras se diligencia el abono. trojes de yerba de maíz. «Ha envejecido». límite del mercado. « ¡Compai. reviste el agua. que hierve en anafe. las patillas largas. la gorra blanca con galón dorado. En El Tanque. que trae en . En los balcones de la Capitanía del Puerto. granujas en cueros bañan caballos. y un cochero. frente a la calle del Tapado. con las piernas muy abiertas. tomando helados los parroquianos han examinado las bellezas que el retoque presta a las mujeres. que ya pica. En el puente de mando. se preguntan: «¿No vas al río?» «¿Qué hay?» «La Compañía de Roncoroni que llega». una grey humana se mueve por la vera del muelle. por delante de la mitad que resta del puente de hierro. los pantalones arremangados hasta la rodilla. Malla. bonita. tranquilo remanso que el Ozama forma al pie de la muralla. frutas y casabe. el barba. la barca va y viene. lava su vehículo. qué hembra! » Algunos se colocan cerca de la escalera para ver las pantorrillas. La floresta ribereña trepando por la ladera oriental despide por cada una de sus hojas fulgores metálicos. goletitas y balandros costeros cabecean. comienza el desfile. Gentes presurosas bajan en dirección del muelle. el talante aristocrático de los galanes. pidiendo práctico. muy a la vista. cruzan yolas. los índices señalan la figura familiar del capitán Vaca. Detrás de la jaula de hierro. que allí semeja esqueleto de enorme animal atascado. en el limo fangoso de la orilla. suda impaciente. Cuando la masa obscura del «Julia» aparece en el estuario. que es el depósito de la Aduana. en fila. majestuosa. Aún quedan restos del tráfico de la madrugada: pilas de petacas de carbón. los unos con sus fustas. el «Julia». A espalda de las casas. el vapor hace la ciaboga. grueso. en el café «La Tertulia». La maniobra dura cerca de una hora. y escuchado la cuenta de sus triunfos pregonados por la prensa extranjera. los pasajeros pasan de babor a estribor. concluyen convencidos por la locuacidad amena del agente. De una a otra banda del río. y el público que atiende a descubrirlos saluda a los conocidos. Al fin. avanza silbando. «Es la mejor compañía que ha venido». el negro piloto. observa uno. alza su ramaje centenario la Ceiba colombina. Desde un mes antes. dijérase que entre las rocas hirsutas que soportan la torre y la estacada del muellecito el vapor se ha clavado. esperan apoyados en las carretillas. rota a veces. los otros armados de un cuchillo cachicuerno a la cintura y del garrote de guayabo con que castigan las bestias. de la matrícula de La Habana con su ronco silbato. «Ese es Roncoroni». en gran cuadro de felpa. y deslizándose por el cable. puesta la escala. frente al pequeño mercado. desgarra la ambiente serenidad matinal. esa alta. girando merced a los cables. lenta. Frente a la Aduana. coches y carretas estacionan. de abultados pechos fláccidos. En la puerta de una casilla de madera. una mulata gruesa. Al término del muelle. —El suelo está tapizado de cáscaras y relieves descompuestos. Los estibadores medio desnudos. es la Adams». los espectadores se sienten sobrecogidos. torsos de bronce o de mármol negro. apiñada. flagelada por el sol.en El Placer. alto. una negra comercia en arepas con entresijo. una gruesa cadena enroscada al tronco vencedor del tiempo y de los hombres. llenando la boca estrecha. y junto a él.

las mujeres. y en tanto se alza el telón. los críos gritando y sucios. Dos vallas humanas forman pasadizo en la puerta central. No hay ventilación. de Georges Ohnet. mañana se cobrará en su crónica del Listín. vestidas a escape. entrando en la ciudad por la puerta de San Diego. los hombres sin cuellos. en los palcos ruedan sillas acomodadas a prisa. ásperas columnas adosadas al muro. la sala. A las 8. en las casas vecinas también hay expendio de pastelitos de harina de Castilla y de catibía. no hay comparación. alumbrados por un candil de aceite. y muchos. ¿ te acuerdas? —Y Roncoroni. sobre ésta una galería. El telón cae. sabe llevar muy bien el frac. La bóveda ensordece la voz de los cantantes. y en la platea. e interviniendo en las querellas de los carreteros. El escenario. El teatro. La Compañía se estrena con una de las obras preferidas del público: «Felipe Derblay». En el interior. se ha edificado con madera. presenciando la descarga del equipaje.. Inclinadas sobre la barandilla. y a la Adams le encuentro un no sé qué. Se forman corrillos en los cuales se enristran polémicas. de rico relleno.. ¿no es verdad frére? Antonio Portocarrero preside un grupo. La farándula pasa. que no se suspende por causa de mal tiempo. media hora después principiará la función. —¿Qué te ha parecido? —Bien. que no pueden asistir al espectáculo. a veces en voz alta.—Pero. Hay que abrirse paso a fuerza de codos para circular. En la acerca de enfrente. las mujeres siguen ansiosas las escenas y los hombres discurren. una línea baja luminosa marca los puestos de pastelitos. Los espectadores de infantería se aglomeran detrás de los palcos.cada brazo un niño. y las segundas partes. otros. dulces y maní tostado. solazándose en el ensayo general. Durante el día. el teatro abre sus puertas. La sala.. y se reparte en los coches. despeinadas. Está furioso porque no le han dejado entrar en el escenario a saludar a los artistas. La campanilla del apuntador suena. chico. pues tal como reza el programa. Por fuera conserva su aspecto secular. los fardos de las decoraciones. más de cien butacas. en el que fue presbiterio. en sala donde flotan las nubes de polvo que levanta la escoba. verdes aún por los efectos del mareo. servidos calentitos. invadiéndolos. la noche del estreno. . cargada con un loro y un perrito. austero edificio de sillería. con cachuchas.. pero Roncoroni se muerde los puños demasiado. El público masculino disemínase por las dos naves laterales. una herradura dividida por batandas forma doble serie de palcos. es inferior a la Salas. es la antigua iglesia de jesuitas. la característica le sigue. altos y bajos. aquélla sí hacía una Clara. como escriben los cronistas. amén de la cerveza fría y del ron. algunas en bata. ante la mirada pública. bien. el foso y los camarines de los artistas. escoltada por una turba de mocosuelos. a mediodía. —¡Ah! no. Los muchachos de la cantina destapan botellas y corren de un lado a otro llevando bandejas con cerveza y dulces a los palcos. está de bote en bote. sin los prestigios emotivos y deslumbrantes de las candilejas. hubo ciudadanos de facción en la acera del teatro «La Republicana». contando las monedas en la taquilla.

y Echegaray no tiene en todo su teatro un verdadero tipo de cerebral. señores. drama in-completo. No y no. Lea mañana mi crónica. empujándose. —Pero. Ohnet es un pobre diablo. he pisado las tablas y mucho que me aplaudían. en pie. Yo no le discuto a usted de telas. en el trayecto hasta los respectivos domicilios. Durante los intermedios. incómodas en las lunetas de hierro y madera. cuyos libros se venden. —No me hagas reír. haciendo sonar la gruesa cadena de oro y el dije. ni de otras vascuencias por el estilo? —Bueno. se abanican. arte es el de Ibsen. —Y ustedes ¿en dónde han visto na mejor? —Amigo mío. otros desde los pasillos miran y hacen . En la platea sólo quedan algunas señoras que. ¿y «La Dama del Mar»?. donde todo se arregla al final. mas la alta crítica no le tiene en cuenta. palmotea en el piqué blanco a puntos rosas. los pulgares en los bolsillos del chaleco. ni de los árboles gigantes. y los hombres se creen vengados de sus ocultas humillaciones familiares por Felipe. la orquesta toca valses y danzones. qué fuerza de símbolo. —Naturalmente. pero gusta. ¿y Don Juan Tenorio y El Gran Galeoto? Ahí hay yema. y en los días siguientes. ¿qué te parece? —A mí me gusta más el «Puñal del Godo» y «Flor de un día» —interrumpe un mercachifle del Navarijo. imaginando si después de la reconciliación serán o no felices Felipe y Clara. un corcel encabritado sobre una cornalina... —Amigo. ¿No han leído ustedes a Ibsen. si eso está mandado a recoger.creen ustedes —predica— que esto es arte. esa la pintura de la realidad. —pontifica Portocarrero—. —Sí. los espectadores ganan sus localidades. y en tropel atorados por el último bocado. En los palcos ondula la línea de trajes femeninos de colores tiernos. por entre las lunetas. charlan con las muchachas recostadas en el antepalco. un cerebral. ¿Qué problemas plantean? —Y Hamlet. ni del campo de Don Nuño. porque la policía no actúa prendiéndole y el juez penando el homicidio. es cierto. Usted no sabe que yo soy aficionado. No. y no estas piezas. socio. no arrugue que no hay quien planche. pero no me toque a la literatura. y aun a la salida. el coloso? ¡Qué «Enemigo del Pueblo»! Esa es la humanidad. Eso. La campanilla del apuntador les separa. cada uno entiende de su oficio. glosarán los episodios. según la opinión de sobremesa de un viejo publicista. En el próximo entreacto continuarán los debates. ganapán de la pluma. Algunos. todas las mujeres se sienten Clara. ¡Hablarme a mí de teatro! —Y obeso y currutaco. ¿ Quién se acuerda de eso. las sillas cambian de posición por causa de los mozos visitantes. o si la justicia castigará a su tiempo al Lázaro de la «Dolores». Don Juan Tenorio es para los isleños de San Carlos.

de triunfo. ¿Y per qué lo hacen? Si has cometido errores en tu vida política no me importan.. Roncoroni se hizo presentar y prodigándole elogios. acarreando los viejos tereques con que se amueblan las casas ricas: sillas de bejuco. culta y discreta. lealmente indignado.señas a las dulcineas. excelente cocinero y. El artista se había arruinado más de una vez. toscas mesas de pino. o de una olla de arroz. provocando la hilaridad del público. Antonio no había conocido el placer. quebrar de nuevo. observa atento el tropel de los tramoyistas. y duélese de su tarea ingrata. presienten las rechiflas que provocarán cuando les reconozcan sus compañeros de las altas galerías. que reclaman una espada o una peluca. en el Parque Colón. los lectores del Listín. ¿A quién daña su amistad? ¡Ah! sí. acotan el margen de sus vidas respectivas. de la existencia diaria. sofás desvencijados. se traba pronto entre ambos amistad sincera. relata sus sensaciones. espolvoreada de parmesano. ni una sola hora de voluptuosidad. asqueada de las cábalas de entre bastidores. con frecuencia. sonora. Al autor lo aplastó con una frase de Lemaitre. el aroma de los manjares ha trascendido. En la noche. El cómico. Antonio en el escenario se distrae con el trajín de entre bastidores: los chismes de los artistas urdidos en los ensayos. erguido sobre el payés de ladrillos. y el artista entrevió las luchas dolorosas.alentada por la sola ambición de ganar dinero para volver a Italia a descansar. trufas y marsala. En tales momentos. Era un artículo en que meses antes un seudónimo fisgaba con saña en la vida de Antonio. de tentar la fortuna más allá del horizonte nativo. camas de hierro crujientes. a la cazadora. el otro. Cada noche de función. Sentado en el umbral del de su amigo. La crónica está esmaltada de citas. Escápate. de poder. ¿Cómo romper la red en que ambos forcejean? El uno tiene en la Península. aquello le hiere humillándole. Las bombillas eléctricas y potentes lámparas de keroseno rescaldan el ámbito. a cuyo condimento contribuyeran hongos. en el sube y baja de los telones que a veces se resisten a medio camino. de nombres de dramaturgos y artistas de todos los países y épocas. las carreras de los utileros. El cómico era. preso en los hilos misteriosos de un reato. encarnar tipos que no le placen. dando de paso su pellizco a las primeras partes de la Compañía por la ejecución de la obra. los apuros para amoldar a las cajas las decoraciones.. o de fideos. y paseando bajo los laureles. en la cual Antonio Portocarrero. y le suscita deseo de emigrar. metidos en los trajes. a quienes la vigilante oposición de los papás les veda acercarse. Antonio descubrió que el cómico era una buena persona. sin duda. mío caro. en payama. bajo un sobre cerrado dirigido a mí». los gritos de los comediantes. además. el artista le recibe alargándole un recorte impreso: «mira. muchachos de la ciudad que. que luego detonan en palabras malsonantes lanzadas por sobre los tabiques de los camarines. fúgate de esta prisión». las injusticias y persecuciones que el escritor padece. casi un pasquín. Había exprimido en ella sus lecturas. ruda brega con los otros y con sí mismo para. exclama con voz rauca y marcado acento italiano: « —Esto es miserable. Cierto día. Antonio sonríe con tristeza. reuníanse ante una fuente de macarrones sazonados con salsa de pollo y tomate. leían dos columnas de prosa vibrante. a mediodía. A la tarde siguiente. y las llamadas desesperantes del traspunte que cortan riñas y coloquios. con el seudónimo de un personaje de Ibsen. la confusión de los comparsas. inspirados por el vino de Chianti. familia que convierte en futilezas el oro de su cerebro. a la milanesa. tienes talento y nobleza de espíritu.. . eso me lo ha traído hoy un negrito descalzo.

y. El director le previene: «no vale nada. Amojamada. si le hacen caso. Y tales desventuras le conmueven. una llamita turbadora. los pollitos invaden el escenario. hermosas. y enracimándose frente a los cuartuchos cerrados. conoce a la compañía por dentro: celos. el olor de las aguas sucias. y la carne de teatro. las miradas de los machos la acarician desde la sala. acechan a fin de entrever pecho. enterados del embullo creciente. el polvo y los trastos viejos! De raro en raro. envidias. y por un parrafito. afirman. cuando se encuentran al azar detrás de los bastidores. que capitanea uno. Los amigos. sin embargo. ¡cuántas intrigas y pendencias. No es bonita. mendiga los aplausos. disputándose sus elogios. el hombre desaseado que suda y grita dentro de la concha. pero desgracias de familia. Hamlet murmura de Ofelia. En los entreactos. felina. que es toda una señora. vulgar y triste: tiene un padre anciano y un hijo paralítico en su tierra. Las noches de los beneficios. Antonio va interesándose por ella. quienes suelen apelar a la policía para que los desaloje. la muerte del esposo. Don Juan censura la frialdad marmórea de Doña Inés. dándole relieve en sus crónicas. A medida que la temporada avanza. Las demás son injustas con ella. Los hombres se dividen en dos o tres campos.. perfidias. la cabellera negra formándole casco de azules destellos. la admiración del público se divide. en los pasillos o estallan vociferantes en aquella atmósfera inficionada por las emanaciones de la letrina. Los poetas entusiastas desde la escena recitan poesías en honor de la agraciada. y cada noche se acrece el homenaje floreal. los cosméticos. Las mujeres son partidarias de la primera dama. ya lo sabes. se siente atraído. Es la querida del consueta. impiden los movimientos a los tramoyistas. Es mentira lo que cada uno cuenta. pálida. Ella es la única que nada le ha pedido. porque las desprecia. al servicio de su dama pone su pluma. miran arriba y abajo. y Desdémona cuenta cómo los rugidos de Otelo estuvieron a punto de hacerla romper en carcajadas al estrangularla. No obstante. Nadie pide sin desmedro para otro. que rebaten con tempestades de aplausos y a golpe de ramilletes de flores. «No digas. pasa un mozo de cantina con una botella de champaña. boquiabiertos. obsequio de algún conquistador. Los demás le reprochan desamor de artista y liviandades de mujer. y en las crónicas baraja las cualidades que le inventa con las penas que ella le relata. Antonio. El director se desespera en los ensayos sin lograr una vibración de su cuerpo a líneas de harpa. . según la opinión de otro: ni virtudes ni éxitos. brazo o pantorrilla desnudos. granjeándole simpatías. los ojos grandes y febriles. los bombos de que se ufanan han sido pagados con monedas o caricias. Entre dos escenas. sin embargo. en las cuales las miserias de la vida se exponen a la luz de los candiles. la escena es un taller donde amasan el pan. y los demás se maltratan con furor infatigable. que cada noche declama pasiones y dolores extraños. y Antonio le oprime las húmedas manos descarnadas. no nació para esta vida de bohemia. Poco a poco. A su vez. bromean: «Pero si es una gata tísica». los partidarios se manifiestan con esplendidez en canastillos floridos y regalos. En torno suyo siente el fuego de las pasiones. La ciudad se regocija y amortigua las pasiones políticas con las aventuras de las comediantas. ella le ha referido una historia. por las confidencias del director. cara y mala». En el fondo de las pupilas negras. Las frases rimbombantes de las crónicas le son casi indiferentes. todo mérito se empina sobre el defecto ajeno. el menor reproche impreso le irrita. brilla.. Julieta se mofa de la calva de Romeo. apenas si lee el ejemplar del periódico que él le ofrece.Antonio. ofrendados desde los palcos más próximos a las actrices. va con cualquiera que la pague. a ti siempre te han gustado las feas». para esta gente. formándose bandos rivales.

porque no va con ninguno. ¿ ser ministro?. que se creía reina. Intrigados por su charla copiosa y estrambótica. y para vencer a la otra. pero la empresa debe complacer al cronista. es la calumnia. suave.. o bien. a cambio de injurias y claudicaciones? Y en cuanto a ella. un hombre raro. ha obtenido para ella un beneficio. Antonio y Roncoroni. no gusta de las piezas modernas. incitando la curiosidad con promesas de novedades en la . discurren acerca de las piezas. Antonio la cree. durante unos meses. Antonio. o a cenar en innoble figón. después de la función. con sobrada perspicacia. desconcertantes. A su vez. de repente. porque tiene necesidad de creerla. en donde sobre mesa pringosa. esmirriado. y con un sollozo cubre las voces acusadoras. al sazonar sus guisos. y las palomas óptimas. refiriendo cosas curiosas. silvestres. que su imaginación escarnecida por la locura ancestral descubre en los seres a quienes aplica las observaciones hechas en los gallos. por el vellón canoso y largo que le cubre la testa. cuya voz tonante martillea en la noche. o con uno de nuestros vinos hechos con sol! Es cosa de maravilla». viejo. por qué no le manda un coche a la salida de la función. no vale la pena de perder el tiempo. pues tales huesos pesan mucho en la ruta. de tiros. Las demás chillan protestando. semeja un brujo preparando filtros. imponiéndose. invitándole a marcharse con él: su pluma le hará brillar en una gran ciudad vecina. pues el mundo es muy malo. suavecita. también. la salsa es suculenta y la rebañan con arepitas de maíz recién fritas. Los hombres hablan a voces. por el contrario.. en el arco de su voluntad tiembla la flecha que se plantará triunfadora en el blanco. gallero de profesión. interroga a Antonio: «¿Cuál es la que te gusta? ¿Esa? Te diré. El italiano se exalta en aquel ambiente. El miedo le puebla las sombras de ojos que espían. libre. bajo los laureles del Parque. ¿ ganar trescientos pesos. destronándola. gritando las escenas que en su casa representa o. Suele concurrir a esas tertulias al aire libre. En gacetillas hábiles ha preparado al público. pero le hace falta un apoyo. precisa sacudirle los nervios. vaticina sobre los políticos. contento.Por las noches. Todos la asedian. vagan por la ciudad dormida o van a comer un sancocho o un locrio que en San Miguel o por el barrio de la Misericordia han preparado amigos suyos. perdió un caudal en experimentos espiritistas.. Sólo una vez la ha besado.. El mozo. ¿ cuál es su aspiración?. explica sus ideas sobre la locura: su hermana y su mujer lo son. y gesticula. y el niño paralítico. «Esto es único. y así. dueño de sí mismo. ostenta un bigote bufo por lo luengo y espeso. a la una. afirma el cómico. ¿qué porvenir tiene?. ¡Lástima que no las mojemos con un añejo borgoña. y en la boca ardiente le quedó un sabor de carmín. ¡eh!. Sí. ocultos por un rimero de telones en el foso. con voz de marica. oyendo en la habitación vecina los zipizapes y relatos de los cocheros. saborean un guiso de palomas. se finge loco. me tenía revuelto todo el gallinero». y el anciano. pieza de lleno seguro. los huesos mascados segregan un amargor delicioso. pero a la verdad. de hembras. romántico remedo de apolillado infolio de caballerías. de vivir una novela. aturde a Antonio a consejos. El empresario está satisfecho de la temporada: los sábados y domingos se llena el teatro. ¡ Si el querido no fuera tan celoso! ¡ No la deja a sol ni a sombra! Ella no le quiere. le repite. el mesonero. pero también ella habla. Las palomas son exquisitas. la carne prieta nutrida con frutas fragantes. pero él es el único que le agrada. y el público acude goloso a los estrenos. atribuyéndole en el reparto el papel de Ninette. frente al cementerio. como han hecho otros? » Antonio les oye. sería peligroso echársela a cuestas. la curó de un acceso de furia. los amigos le incitan: « ¿qué espera. pequeño como un gnomo. tiene una cabeza muy parecida a una gallinita moñuda que tuve y que. junto a las brasas del fogón. con la Dama de las Camelias. de puñaladas. Aquí. el director. los sucesos de entre bastidores y la política. me parece muy peligrosa.

manda a callar la música. Ella. para cantar a la divina artista. La puerta se cierra. mezcla nombres de cómicos y de guerreros. acompañados de una fotografía en la que el lápiz de Abelardo ha idealizado su figura. El castillo enhiesto desafía al tiempo. liras y canastillos ostentando el mayor ancha cinta azul. El besa. Esta noche. y comienza a hablar. henchido el pecho. lamentando no poseer la elocuencia de Danton. Entre las cercas. la orquesta y los admiradores ruidosos le forman séquito acompañándola hasta la fonda. en escudos de cartón. tres almendros en fila coronan las almenas con sus copas redondas. Todavía un cuarto de hora más y la ve salir. después de la función.. si todo está listo. Excitado. cruzadas. rumor formidable que desfallece en la orilla con dulzuras de brama. cautelosa. los perros ladran. Antonio ha despojado todos los jardines y hasta el camposanto. hasta que los aplausos le apagan la voz. Las señoras se indignan en los palcos. De la línea argentada del horizonte brota. Ella. es el placer que llega. ¡Ay. le musita lamiéndole la oreja. fingen animales fantásticos. con su propia mano. cincuenta cañas de azucena en los arriates de la plaza de Colón. encaramándose sobre una. ¡valiente sinvergüenza! » «Si mi marido me hiciera una así. subyugado por la naturaleza. chupa. corridas las cortinillas. su hora voluptuosa. ¿qué le importa a Antonio?. Al aparecer en escena.. de Castelar. de dramaturgos y tribunos. El piano de la orquesta desaparece bajo flores. los mangos que protegen las casas de las quintas. burlando la vigilancia de la policía. ensanchándose. muerde los labios encarminados. Nadie ignora que Antonio es el tenorio. que toca una danza criolla. desde las galerías. La tierra fecundada exhala el aroma de flores. troncos esqueléticos. rompen en estruendosa ovación. Su imaginación se inflama. descienden. intimidados por el rodar del coche. que alargan sus brazos colosales. la besa oprimiéndola. La luna menguante recorta los cocales. y una mano le alarga un vaso de cerveza. ansioso espera en el coche. arrastrados por la última creciente. y guirnaldas de flores de papel en el contorno. al pelo. Han adornado el severo pórtico del teatro con palmas de coco. de Mirabeau. A la salida. Antonio. que prestan idéntico servicio desde las fiestas del Cuarto Centenario del Descubrimiento de la América. hija. pobres de nosotras las mujeres! » Mas. frutos y bálsamos. abraza a la hembra . En las peñas. cortó la víspera. ha repartido palcos y lunetas. y disparado. sobre banderas. Las olas retozonas tejen randas. y en una esquina próxima. ¡La tiene al fin a su lado! El coche parte hacia extramuros por la solitaria calle de las Mercedes. « ¡Qué escándalo! —cuchichean abanicándose con ira— y la infeliz pegada a la máquina.. las manos ávidas aprietan la carne estrujando la leve muselina. los javillos.mesa. El caballo trota por el camino de San Jerónimo. de un salto. un capítulo de su novela. en persona. y un vuelo de pétalos enflora las tablas. la sienta en sus rodillas. arrebujada la cabeza en un chal. de Bossuet. le habla de amor. Antonio hace destapar cerveza.presentación del drama y artístico adorno del teatro. rijo. Desde el foso. En el frontis de palcos y galerías. La sangre le arde en las venas. los muchachos a los cuales se ha dado entrada gratis. un mozalbete. y su mujer y su cuñada han confeccionado ramilletes. mientras el otro se come un sancocho en San Antón con un grupo de amigos. Antonio se ha despedido. de vivir juntos siempre: «quiero ser tu Margarita Gautier».. lánguida. aplaudiendo y taconeando estorban por minutos la representación. y todo por esa ética. vence las armas de las provincias y reinos de España. A la entrada de la vereda que conduce a la playa. ella y él.

en cafés y parques. y jueves y domingos. distendidos los nervios. intercalándola entre los fideos. disparando. ¡ Qué asco. me los regalarás. a comadrear sobre política. El caballejo trota. se apelotonan en los rincones. a salvo de miradas delatoras. alisándose la barba. se despidieron con un beso helado. la ciudad en las primas noches recuperó su monótona calma. en carretas y en coches.. y ella en el estribo. ¡ Qué imbécil ! Sí. ha exclamado. y aprovisiónanse de sal. El camino es interminable. mientras rinde la cuenta de la compra a la señora. mal iluminada y solitaria. tal instante el precio de tantos afanes! Ella rompe el mutismo hostil: —El sábado se estrena una comedia. insiste: «no te olvides.magra. trasponen carabinas fuera de la ciudad y damajuanas y bidones llenos de proyectiles. una chispa sola y las llamas crepitarán. la humillación de pedir a un tendero fiadas unas varas de tela. y aun conspirar. ¡Qué ridículo! . a dar vueltas en el Parque de Colón. doré. las mujeres a balancearse en las puertas de las casas. Alea jacta est!. felina. acuerda un voto de censura. Un repórter de Le Figaro. Al regreso.. De noche bajo los haces de yerba. en las aceras. mortificado aún por el escozor de su lance amoroso. Y el otro. el revólver en la diestra. durante las horas de la retreta. y después de acalorado debate. pasa un general. chapaleando en el lodo. han introducido.. ¿ no es verdad. la carne y las verduras. lo repetirá a su barragana. Antonio se siente cautivo. La revolución está en el aire. de raso color de rosa». Las lenguas se anudan y. y los campesinos se llevan a las hijas que sirven como domésticas.. un docto de vara alta. harto de viandas y licor. La situación política cada día está peor. De boca a oreja se divulgan frases sibilinas. La prensa partidaria pega. que ha oído.. fusilado por sus perseguidores desde la esquina de la Gobernación. y encima. por la calle del Conde. Se pegaría para castigarse. cogidas del brazo o aparejadas con galanes. tan deseada. aumentándose la división entre los dos hombres que usufructúan el poder en un tira y encoge insostenible. tendido sobre el cuello del corcel. las verduras y gallinas suben de precio. necesito un traje de raso rosado y unos zapatos Luis XV. se revuelcan en la arena. de París. Los partidarios del Presidente recogen adhesiones al pie de un documento que le da un voto de confianza. El Congreso pide cuentas al Ejecutivo del manejo de los fondos nacionales. Antonio. negrito? —Sí —ha pronunciado él involuntariamente. Los hombres. XVII Partida la Compañía de Roncoroni. las intrigas bullen y los personajes moran en los caminos. para atajar a los gallos que quieren arremeterse. a escape. Los caballos están ensillados.. jadeantes como dos perros. con dos o tres amigos se refugia en la Plaza Duarte. ¡ unos zapatos doré!. Más . y pensar que para eso ha escandalizado y ha sufrido su mujer.. rotos los músculos.. El coche se detuvo. cual un centauro. es posible conversar. silenciosos. estará mofándose. maquinar. que estuvieron un mes en Nueva York. enfoca la escena con su kodak. Será el hazmerreír de la ciudad.. Las dueñas de casa almacenan petacas de carbón. y ésta lo dirá en el mercado. los amigos tenían razón. En la penumbra.. Y el cochero. El coche salta en los baches. según la moda que las yanquis y las criollas. Una mañana radiosa de aquella primavera. y cada cocinera llevará la noticia a la casa en que sirve.

y que en esta tierra guapos somos todos. clamorosos. en este país los intelectuales no sirven más que para secretarios de los macheteros: hay que hacerse general. y en el patio. —Sí. yo quiero probar que soy hombre de acción. —Así me gusta. —Estamos entendidos. yo llevo diez pesos cambiados en nacionales para que abulten. nos meten en la cárcel. socio. En cuanto a dinero. Portocarrero ha recibido la visita de su amigo y contertulio Miguel Gómez.. y . en Guerra. A la luz de las estrellas.Por detrás de la muralla. Antonio ganó La Fuente. se alzarán Amador y Marcos del Rosario. se arremolinan. ya rompieron los tiros. si cogemos el pueblo de Los Llanos. tú. los campesinos que han venido a mercar. pongo las carabinas entre un paquete de cañas. Allí. y a mí. nos adueñamos de la cosa y damos tamaño golpe.. que es. nos vamos por el Este. —Sin pero. ¿ Quién le quita a usted ese Ministerio de Relaciones Exteriores. no te olvides de comprarte un sombrero de cana con su divisa roja.. —Bueno. Muy de mañana. con un grupo. Oye el plan. éste. nos espera un bote con dos marineros de confianza. aguada de los buques. defendiéndolas de la policía que las requisa. y nosotros. a las ocho. se sale esta noche para Baní. —Hasta la noche. lo llevas en clavaos. que tienen su gentecita lista. ¿ es seguro? —¡Cómo!. conferencian. he leído el telegrama en clave que le ha puesto a Corderito. sí. . tapados con naranjas de china. en un coche.bajo al río. ese Consulado en El Havre? —¿Y las armas.. que serás el jefe. si no. —Pero.. en la margen del Ozama. y Lalo en Bayaguana. El bote está oculto en la sombra. si estás dispuesto. y ya sabes. busca lo más que puedas.tarde. Compai. junto al brocal del pozo. —Y. rinden más. Tengo dos carabinas 50-70 y un sable de cabo. —Pero. —Sí. doscientos tiros en un macuto. Desengáñate. y el dinero? —Todo está arreglado. disfrazado con el sombrero de cana alón y el traje rural. Esta noche. y una chamarra de dril. y con el nombre que tú tienes. Horacio se ha pronunciado en el Cibao y viene sobre la capital. socio. Es la revolución. aferrados al cabestro de sus bestias. hay que moverse. ése para ti. se alza el paredón cubierto por manto verde de hiedra. en La Fuente.

Por ahí. y ya sabe. Al pasito. una vez corrida la tranquera. la saqueta. y luego. y los acompañará hasta ponerlos en el camino de Guerra. la impulsa con el canalete. en las abras que sirven de atracadero. mañana riegas en el paradero del parque nuestra salida. ni . cantando: ¡ Eh! tololé-tololá. pariente de Miguel. El bote boga río arriba. atraviesan los potreros. —Venga. Antonio se acerca al farol del vehículo. y grillos y ranas conciertan sus discantes. oro molido que quieras. El mayoral mismo les apera el macho. compadre. De rato en rato. recomendándoles no tocarlo por detrás. Alas torpes agitan las hojas. pues no quiere comprometerse».Momentos después. se excusa: «los caballos están sueltos en los vasos. le pesan sobre hombros y costillas. la yerba páez crece lozana hasta tapar el ganado. pa que no digan. les despide: —Buena suerte. no se perderá. sable en mano. Miguel registra con la vista el paraje. y en cuanto te tercies el cabo. desnudo el torso. un coche de punto se detiene en el camino. es manso. —Sí. En la soledad del camino el arrebato de Antonio decae. los manglares se esfuman con extraños perfiles. El agua trifurcada susurra entre los mangles de la isleta. —¡Cará! no te había conocido. El terral les trae olores de vacada. Le molesta el compañero que va a grupas. En la guardarraya. se dirigen a la casa del potrero cercano. El cochero. No hay silla. sombría. Has prestado un gran servicio a la causa. y ¿quién puede enlazarlos a tal hora? ¿Por qué no le mandó un recao? ¡Qué cosas las del primo! Pero ya que están en el apuro. El macho trota de modo infernal. el mayoral les dice adiós: —La Virgen los acompañe. cuando triunfen hay que conseguirme mi despacho de capitán y mi racioncita. en dirección contraria pasa una canoa cargada de carbón. en donde el mayoral. una ceiba abre sus ramas o un mamey se yergue alto. En los tres brazos del río desembarcan. ¡Eh! tololé-tololá. Y entrambos conducen al bote las cañas y el macuto de naranjas. Callados. les prestará el mulo de hacer los mandados. les proveerá caballos. pues corcovea. y les da el pie para montar. las saquetas de cartuchos a la espalda. y andador. y ya sabes. Déjame verte bien. En ambas laderas. en tres horas. el sable. el estómago le llega a la boca. la noche está fresca y clara. Las carabinas en bandolera. Pronto entran en la parte desierta. y cuídeme mucho el mulo y los aperos. —Socio. que ha vigilado el camino. mano Miguel. El campesino. soy yo. un negrito de ojos vivos y finos rasgos. sentado en el centro. que no se sepa. y Antonio. eso sí. de yerba y de frutos. ni una casa. sino aparejo. inmóvil. a cada salto. la carabina. Mas como éste no ha sido prevenido. no hay quien te lo despinte. derecho. pueden llegar. un general. los pantalones arrollados. de rechupete.

compai. dio la vuelta. Siguen. salió por la puerta del corral y. el ayudante. La plaza está casimente sola. de toa confianza de Horacio. El jefe Marco del Rosario anda desde ayer por la sabana con unos viejitos. con quien en días atrás habló. ¡ Qué descanso! Miguel toca en la ventana. —Espérese. ¡Ave María! una pasá na má. Al fin. sin armas. al fondo la casa de calderas. divisan las primeras casas del pueblecito. Y aparece éste. El aroma de la caña molida les sonsaca. fue a un velorio y entoavía no volvió. conoce el bohío de un su compadre. y ahora ¿qué hacemos? . Ahora. El mastín ladra alarmado. —Compai. en enaguas. pintadas en el rostro las huellas del sueño. soy yo.Es del otro lado.. Y los muchachos de usted ¿dónde están? —Ello. comai. y luego de un rato de conversación exploradora. compai. concluye: —El hombre Juan. después de cerciorarse bien. Miguel Gómez. —De manera que todo se ha vuelto bulla. es Miguel Gómez.. —El no tá. ábrame. Compai. Al fin se abre la puerta... Una mano desconfiada alza la aldabilla de la ventana y por la rendija un ojo escudriña. ¡ Qué barbaridad! ¿Cuándo llegarán? A mucho andar. al compai Juan que me abra. distinguen la puerta de un ingenio. En el interior se oyen murmullos de voces y de ropas. Miguel le abraza efusivo presentándole a Antonio. tiene un flamboyán en la puerta. me dijo que el Gobierno mandaba esta noche mesma tropa de la Capital. Un candil aclara la habitación.alma viviente a quien interrogar. compai. pa comer vacas na má. registrando. La comadre. que tengo que esperarlo. si entran pueden encontrarse con el Jefe de Orden y ser aprehendidos. ya Miguel es baqueano. los recibe. escondío en el monte. pero no. Asina es. y hace falta plata... a la entrada del camino de Los Llanos. con tres mil hombres. si ya está en Antonsí. Los canes ladran. —Entonces. —Y el jefe Horacio. Precavido. —Este es el amigo que le dije. —Aquélla es. compai. con los índices obscuros de las chimeneas. Hombre de mucho prestigio. too el Cibao. De adentro una voz femenina pregunta: —¿Quién va? —Comai. va a vení ahoritica. pero mi compai. con él tiene usted seguro su nombramiento de Jefe comunal. ¿es verdad? —Cómo.

con mano firme. afirma el burén. pa que le haga café al vale Juan y la compaña. escupe y se rasca el dedo gordo del pie. cucharas y un colador. arrodillándose. cuando el primer trago le conforta. latas ahumadas. El compadre Juan llama. —Y alzando la voz—: Tanasia. recogiendo con un pedazo de higüera el polvo fragante. —Asigún. por detrás del rancho. tiende la otra a las visitas y pregunta por la mujer del vale Juan. y muerde en el terrón de raspadura con sus dientes amarillos. desenjalmando el mulo. armado de un trabuco. para endulzar su poción. hombre de mucha concencia. Que los amigos desmonten sin cuidado. Luego. el fogón. La siña Atanasia. Asina es. cubierto de yaguas. El huésped les brinda los asientos hechos de troncos toscamente labrados por las caras. prometiendo volver al anochecer y recomendándoles no dejarse ver de nadie. y. a horcajadas en el mulo. los pila. Y de nuevo. Con una paleta lo mueve para que no se pegue. parten detrás del compadre Juan por la sabana. se abre la ventana. en las brasas que enterradas guardó el día anterior. Dios se la guarde! —exclama el vale Juan. a la postre. la cabeza baja. . —Este es café legítimo. compai. el busto desnudo. les brinda en jarritos de hoja de lata con asa. A los forasteros. el ajuar. higüeras. él es seguro. da a cada uno. la mujer contesta. si al jefe Antonio le parece. vuelvo y digo. yo creo. que se duermen en pie. hasta que la gente del jefe Horacio llegue a Sabana Grande. cerquininga.agarrándose con una mano las polleras. La luz láctea del alba mancha el cielo. qué mano. —¡Siña Tanasia. después de un parlamento. La cocina es un cobertizo hecho de cuatro varas. Enciende. se acuestan sobre la tierra. en el cual esparce puñados de café. es un buen escondedero. desvían el camino. y una y otra vez lo pasa. El compadre Juan se marchó. sopla con vigor. bañándolo con agua hirviente. la mete debajo de la leña colocada entre las piedras del fogón. indeciso. Vamo pa allá. lo deposita en el colador. en ca el vale Pedro Espíritu Santo. se internan detrás del bohío y. una raja de cuaba. inclinado bajo u propia pesadumbre. Aceptan. cuando llegan un destartalado bohío de palma y yagua. alevántate. corean Antonio y Miguel. —¿Pero en dónde? —Aquí. y el vale Pedro. entre árboles de mangos y caimitos. él oye con la cabeza gacha. El vale Juan le explica. El aroma de los granos tostados emerge. lo amarra con la soga larga en una cejita de monte. cuando llamea.. —Magnífico. yo soy suyo. así no se toma en la Capital. en donde la yerba medra lozana. y cuando ha rumiado bien.El compadre Juan. a los de confianza en higüeritas.. que lo mejor es aplastarse un tiempecito. alargándolo con marchas y contramarchas estratégicas por entre las matas. Los dos revolucionarios. Tres piedras ennegrecidas. un bocado húmedo de saliva. y. sale el vale Pedro. conviene: —Vale. bajo un mango. El perro ladra furioso.

que realizó en plena capital. la gente se quedará en el pueblo y por estos lados no vienen ni mosquitos. se escarba los dientes y se extrae las niguas. y allí mismo. y por tal mérito. deslomando un azul. las abejas le engríen con la miel y la cera de sus panales. Posee el bohío: dos piezas de piso de hormigón. de esos que llaman marmitas. los sujeta a la cintura con una correa de la cual penden el «Collins» de monte. y . una barbacoa cubierta por una estera. El platanal le regala pan nutritivo. de la que aún renquea en los días lluviosos. ése es punto de guerrilla. No hay que preocuparse. le traen. en la calle del Comercio. y mangos y caimitos. el moblaje consiste en tres cajones que hacen de armarios y baúles. morro de huevos o banda de tocino. el comandante Pedro Espíritu Santo confía al jefe Antonio y al jefe Miguel. que espera de ellos cuando «en sus glorias se vean» un alguito para lavarle la cara al rancho. Las tropas de la Capital que llegan. una noche. cuando le visitan. o corta con pulso sereno finas hebras de andullo. Usa camisa cuando va al pueblo. cacha de nácar. y los pantalones terrosos. batatas y auyamas frutecen para él. aplazados todos. de rato en rato. Sentado a la puerta. El sol estaba en el cenit. —Socio. se mezcla con la barba gris ensortijada que le cubre el mentón. ¿has oído? —Sí. y luego rellena el cachimbo de barro rojo bien curado. a un paso.Roncaban como benditos. las desmenuza entre las palmas. para los apuros mayores. es áspera y dorada como cordobán antiguo. tabaco o un pantalón. por cama. Desde entonces es ciudadano pacífico. da una vuelta por el fogón. La tez del rostro y del busto. la costra de los pies es dura como pezuña. pica el tabaco. el general Cesáreo le recompensó con el grado de comandante. ¿Para qué trabajar? La mujer se ocupa en las faenas de la casa y del conuco. en vaina historiada de arabescos. y si ha menester ron. y un venerable revólver de pistón. y basta. un revólver Miste y Ueso. y si no. largo y lacio. el trabuco se lo regaló Pedro Guillermo por una acción de flor. un cuchillo puntiagudo y afilado con el que come. A una legua reconoce a los conocidos por la pisada de los caballos. el tejado de yaguas se clarea. lo desenvainó la última vez en La Pomarrosa. que aspira primero con deleite. Y el comandante Pedro Espíritu Santo vive tranquilo. hembras y varones. que cuelga en la cabecera. sala y aposento. Con el general Miches bajó al Cibao. ahí está el Ingenio: corta caña una semana. y las palmas le engordan los cerdos. El bigote. Sus manos son tenazas. pavón negro. los hijos. en un tronco de roble. un árbol de higüero le provee la vajilla. curtida por el sol. cuando un toque de corneta en dirección del pueblo les despertó. otea la sabana. sus maduras pomas. En otro tiempo fue hombre de guerra. Allí le rompieron una pierna. —¿Y tú crees que estamos seguros aquí? —¡Uy! ¡Como en la iglesia! El vale Pedro se les reúne. comprarse una muda. Desde Hato Mayor hasta Santiago de los Caballeros ha engendrado veinte hijos. Sin embargo. de quince milímetros. ha aprendido que los Gobiernos olvidan siempre lo que prometen los caudillos revolucionarios. El vale Pedro es alto: fornido. única prenda que viste. los empresta al vale Juan o a otro compadre. siendo buen amigo de las autoridades. y el machete.

La siña Atanasia. que en cuantico se ponga al habla con sus muchachos. título indiscutible para una . es amiga de las mancebas de su señor. Regocijado con la formal promesa. —¿Y las tropas? —le interrogan. Durante el día se alimentaron con plátanos asados y batatas salcochadas.un nombramiento de Alcalde pedáneo de la sección. de súbito. y ha parido doce hijos. aunque más joven. conviene en ir al pueblo a brujulear. y mata y sala el puerco ajeno. con las tropas del Cibao. Nunca fue celosa. y las cartucheras jartas de tiros. así quedaría eclipsado por la presencia del jefe superior. A la puesta del sol el vale Pedro regresa de su excursión: había visto al compadre Juan. sí. brazos y pantorrillas viriles. las pasas cervunas. ¿no sería ese éxito brillante. —¡Ah! sí. está en atisbo. no es posible permanecer inertes. convencerle. Tal vez. No. quien tan pronto como vibrara la corneta. Cocina. lo hace por San Carlos y San Jerónimo. ello son mucha. y suaves corno bizcochos. asados en las brasas. tomaría a Pajarito. en casa del cura. ¡ Qué suerte si lo consigue! Con esas fuerzas. teniendo por lecho el piso erizado de pedrezuelas. —¿Y quién es el jefe? —Un chiquito. pero que no tengan cuidao. a San Pedro de Macorís. Son del batallón y también trujeron cañones. las noticias le inquietan. reunir los elementos revolucionarios de esas localidades y atacar rápidamente. toos vestidos de azul. el comandante Chávez. ha visto cincuenta veces florecer los flamboyanes. ¡Qué golpe! ¡Cómo quedarían los charlatanes de la Capital! Y luego. buena carabina y amigo nuestro. hablar con él. —Cañones ¿cuántos? —Yo vide uno. El obscuro pigmento se ha desvanecido adquiriendo un agradable matiz de caoba. se encuevó. y con más de una ha compartido en dulce paz el hogar. ¿por qué no? El Gobierno está caído y la resistencia será inútil. porque ello haberá guardia en la boca de los caminos. hermano del cantor que viene al pueblo pa las fiestas de San Antonio. imagina: «Hay que moverse. esos descoloríos capitaleños van a sentir bajo e berraco. el suelo es duro. En tanto Miguel ronca ruidosamente. mejor plan es entrar a Bayaguana y Los Llanos. bien equipadas. con puerto y aduana. carga el agua en calabazas desde el cachón. intranquilo: las pulgas le corren por las piernas. dos plátanos verdes. con frisa y cachufuces nuevecitos. castra las colmenas. y antes de partir les envía con la Tanasia. sí. —¡Anja! Y dice el vale Juan. calientes. cabecera de provincia. Antonio se revuelve. pero desde su escondite. si Dios se lo depara. deshierba el conuco. él medita. —Cómo tropa. El rostro libre de arrugas. Pero ¿cómo? Escribir a Chávez. flaquito y feo que ñaman Chavito. En la sala se acomodan los dos amigos para dormir. parqueadas y veteranas. cortar el telégrafo. y por almohadas los aperos sudados del mulo. mientras Horacio. sitiando a Santo Domingo por esta parte del río. que en esta nochecita no pué vení. ¿ no son correligionarios? Pero es un militar de honor y no aceptará.

. endempués no se olviden del revólver. al grato abrigo de las amplias hojas de malaquita. y jefe Antonio. De ese modo. las mujeres entoavía me apetitean. se impondría a la capital misma. mientras toman el café. la fiesta del árbol. calles. y al extremo el floripondio morado donde la abeja vagabunda liba. Los estómagos reclaman algo más que frutas y viandas. . cuenta con numerosa colonia extranjera. diez ingenios que asisten a las iniciativas progresistas. su merced me perdone. escuelas. el Presidente hace sombra. el vale Pedro es inconvencible. pero yo le oí a un Don de la capital. A la mañana siguiente. veladas. General Antonio Portocarrero”!. sostienen grandes racimos. El vale Pedro irá al pueblo a comprar papel y un lápiz para la carta que escribirá al comandante.cartera en el Gabinete? ¡Qué cara pondrían sus detractores envidiosos cuando el pregonero. nada se pierde.. ¡Eso sí! ¡Cuántas cosas haría! Parques. cada plátano es un dedo de gigante. ¡Quién sabe!. Las pulgas voraces le cosquillean chupándole la sangre. pa que no digan. diré a montear. Antonio expone su plan. y los errores de éste recaen sobre los Secretarios. usted me dispensa. yo no la llevo. Pónselo en la carta. rodeadas de cepas mustias y tiernos retoños. que la política no se ecribe. El fue enemigo de Lilís no le ha de gustar ver a Perico y a otros cacaos lilisitas peleando por Jiménez. Sí. —Pué. acueducto. Miguel parlamenta con la siña Atanasia. Miguel asienta: —Después de todo. Al fin propone: —Güeno. más le conviene la Gobernación de Macorís. pero esa carta hay que enviarla. ´ —Eso será cierto. leyendo en las esquinas promulgue: “Secretario de Estado en los Despachos de lo Interior y Policía. manque yo esté viejo. Los argumentos y las promesas son inútiles. que vino a alcanzar a Cesáreo. en el Gabinete no hay suficiente independencia. a ver si me pecho con el vale Marco del Rosario. Gobernador de Macorís. El medio es infalible. a dudar. El vale Pedro.». y quizás la Delegación en el Este. a desesperarse de la expectación.. contemplando las gráciles columnas de jaspe que. de la moticas pa el bohío y del papel de Pedáneo. decididamente. los dos revolucionarios comienzan a sentirse nerviosos. rascándose la cabeza interviene: —Mi jefe. discursos. tan desamorada de sus propios hombres y tan fácil para los del Cibao. ¡A güeno! En el platanal. que eso le hará efecto. y. Ese comandantico tiene la cara muy seria. su prestigio irradiando a las otras provincias. Aquello se presta. Y el porvenir. Eso sí.. ¡Le parece que ya oye los alegres redobles del tambor! Pero no. alumbrado eléctrico. además.

Ese no es más que un mancuenco. se la pagamos bien. para cuando vaya a verme a la Capital. y la suegra. por independiente. saludados por sonrisas irónicas y burlas! No. —Hay que atacar a Guerra cuanto antes. la Línea y el Sur. gente en el monte. hasta la Fortaleza. en Bayaguana y Los Llanos. entrar a Santo Domingo prisionero. ha dicho un tenientico. a dos pasos. se la comieron. Los días transcurren sin cambios. que una columna salió de Caño Hondo con dirección a Guerra. ni con la cartera. apenas tuvieron tiempo de meterse debajo de la barbacoa. ¡ Qué ridículo. —¡Ay. habiéndoles ofrecido sus servicios. ¿no habrá por ahí un pollo o una gallinita?. En torno a la lata en que se cuece el sancocho. y en el tránsito. si el triunfo es un hecho. Así supieron que en Los Jovillos se ha peleado. la situación de ellos se hace más difícil. una columna que avanza sobre Santo Domingo. las interpretan optimistas. y lo de la columna que dicen. eso es una pendejada. Pero el recuerdo de la familia le perturba: cómo estará su mujer. pronunciado contra el Gobierno. de ningún modo. afirma Miguel. La angustia de. sin embargo. dale que dale a la lengua. preguntan si no han visto revolucionarios. —Ay. es humo e sabana. llegan al bohío. —¿Y usted no tendrá algún pedazo de tocino? Vea. ya no sueña con la gobernación. será el centro de todos los debates. que le voy a regalar un pañuelo de madrás de a vara. El vale Pedro trae del pueblo noticias desalentadoras: Puerto Plata. ¡ Propagandas!. reconociéndolos por las voces. que Horacio está ya cerca. y que el compadre Juan. Por la tarde. y de Caño Hondo. Y cierra los ojos para no verle resbalando tremulento por las paredes. si el jefe Marco no tiene ma que unos viejitos desarmaos. piden agua. sin saber nada de él. Antonio se estremece. lo maldito perro jíbaro. jijo. sería insufrible. cristiano! —suspiró la negra. mamita. pobrecita. De sólo pensarlo. sí. Antonio empieza a dudar del éxito de la empresa. —No. y. No. astrosos. lo malo es que Marcos les aconseja esperar quietos aquí... de viajito. una vez. —Ma.—Mamita. lamentables. y el hijo. con noticias y un cuarto de novilla. de un momento a otro puede suceder. ¡Diablo! si a alguno se le hubiese ocurrido registrar.. tendidos boca abajo entre matorral tupido. y fuerzas de éste marchan sobre Santiago. enseñando los afilados caninos. las guerrillas recorren los contornos. otra. permanece en casa del párroco. se ha transado por la diputación. la espera le extenúa. están por el Gobierno. . si la última que me trujo una jija que tengo por la vuelta e lo Mina. el vale Pedro volvió del cantón de Marcos. el muelle repleto de curiosos. han oído hablar a los oficiales. El Gobernador del Seibo. tan mentado.. en la cual. No obstante.

y esa Comandancia no hay quien me la quite. la cabalgata de la primera noche en aparejo le produjo una peladura en la rabadilla. Cuando cesa el combate. ¡Bonita situación para un caudillo! Y los días transcurren. —¿Qué general Rafael es ese? . ¿por qué los abandonó por las calles polvorientas. tiene las nalgas reventadas. observa atento la labor de la hormiga. pero en justicia. el río bullidor!. enseñando las espuelas de plata. ¿No se lo mandé a decir. unido plano verde. apiarios. cuando camina. seguro. y luego otra y diez más. —¡Qué voz tan argentina! —exclama Miguel. cortado aquí y allá por meandros de hicacos o por robles solitarios. —Compai.. que esa gente iba a sentir bajo e berraco?. A la sombra de los mangos. seguido durante media hora de descargas cerradas. en efecto. y el pus sanguinolento le moja los muslos. un tiroteo graneado les sorprende. sombrero de yarey y divisa colorada.. ¿Quién? —La colunia que a venío de arriba —asegura el vale Pedro. le ha salido una negrita.. de bruces sobre la tierra fresca. aquellos se desprenden lastimándole. ¿y qué ha ganado? Allí. Al lejos. —Peor estoy yo. el vale Pedro anuncia: «el potro moro del compadre Juan». con botones militares dorados. la acción es mía y de mis muchachos. bebería leche recién ordeñada. los calzoncillos se adhieren a los bezos. « ¡Viva Horacio! » se oye distintamente. —Hombre. se zarandea. rato después. Al fin. tengo una comezón en el dedo gordo del pie derecho. un jinete pasa bajo el sol de fuego. que parecen desafiar el rayo. un ruiseñor canta. Atacan a Guerra. —Socio. ¡Ah la villa nativa.— ¡Ya era tiempo! Se escucha el galope de un caballo.—¿Pero usted ha tomado el pueblo? —En compañía del general Rafael. Miguel le interrumpe el soliloquio. como sus condiscípulos. ¿qué será? —Niguas. de la lombriz viscosa. habría sido tendero. los parques empedrados de malas intenciones y las luchas mezquinas de la ciudad?. ya ganamos.Desde la copa de un caimito abarca la pampa que se tiende leguas y leguas. Entre las ramas. la brisa les trae las albricias. y. después. de la abeja. que vestido de rayadillo. el valle plácido.. que vino con una columna por Bayaguana. un buen caballo para caracolear los domingos por las aldehuelas. lo que me faltaba. se bañaría en el río y aspiraría a presidir el Ayuntamiento. A Antonio. además tendría chivales. es él.

y Miguel. lavándole y aplicándole fomentos de hierbas medicinales. a la diestra del General victorioso. mil cuentos jocosos se refieren.. La Capital capituló. no los pescan. imposible montar a caballo. sin orientación en laberinto de intrigas. al día siguiente de la instalación del nuevo Gobierno. y en cambio. ahí detrás vienen dos caballos que les manda para que se vayan al pueblo. Miguel Gómez. concluyen. ¡ Qué gusto se darán los de los bancos del Parque! ¡ Qué suerte la suya! Las posaderas le torturan. le ha mantenido al tanto de los sucesos públicos. mientras las tropas desfilaban por la calle del Conde. A mañana y noche le tienen con dolor de cabeza. y padecieron hambre y tribulaciones. en los bancos del parque de Colón su campaña es motivo de risa. Antonio adormecía su impaciencia. El médico habló de cortar. el general Rafael. ¿Y para tales cosas expusieron Antonio y Miguel sus vidas. él lo hará por el río. acostado en un lanchón. ¡Viva Horacio!. La campaña había terminado sin las hazañas proyectadas.. asilándose el Presidente en una Legación.. de ambiciones. en un suelto. nada. todos pertenecen al partido revolucionario. La Gaceta Oficial. expresó que era voluntad de éste que no se exacerbara al vencido atacándole en la prensa. ¡ca. convertido en secretario de aquel jefe de operaciones.. Algunos han asaltado las oficinas en el tumulto de la primera hora.! —vocea haciendo escarcear el jaco. En la tertulia. visita diaria. sobre sacos de azúcar. y mientras Miguel entrará por la Puerta del Conde. y los directores de periódicos han entendido que tampoco es lícito combatir al vencedor. Las nalgas pútridas le han recluido en la casa desde el retorno de la campaña. abrazándole casi le desmontó del caballo. XVIII En la hamaca. y cuáles méritos poseen los que el cariño regional empina en los eminentes cargos del Estado? Hasta las futuras curules tienen ya dueño. en alta voz repite: . pluma en ristre. y Antonio se encuentra sentado ante una mesa de pino. Por corrillos de parques y esquinas circulan persistentes rumores de disgusto. de concupiscencias. en derredor de la hamaca. logra restablecerlo sin intervención del bisturí. Los empleados del régimen anterior ni con candela renuncian. putrefactas. entre enjambres de moscas.—El los conoce. meciéndose. no puede andar ni sentarse. se protesta contra los nombramientos: a unos se les ha dado en demasía. pero la mujer terca y cariñosa. en tanto que los nuevos. ¿Qué han hecho esos hombres. El lilisismo entra de nuevo en Palacio. y trajo el uno los pies cuajados de niguas y el otro padece aún de las diabólicas negritas? Lo que es en otra. El Presidente provisional está abatido. En el pueblo. los que se echaron al monte o conspiraron des-de los escondites. no encuentran plato para sus apetitos. a otros. del reparto del botín.

Pero ¿y su dignidad y sus aspiraciones? Y además. sí. desazón común turba sus ánimos. Se presentó en la tarde. piensa. cruza por entre los que esperan. en la cual puede hacer lo que le place? La suegra opina que ha debido aceptar. Los presentes miran al recién llegado con recelo: uno más a contender por el hueso. clases y cataduras. Estos en solicitud de empleo. lo que se da a cualquiera!. nadie quiere trabajar. cien dólares. son quinientos nacionales y hay que trabajar mucho para ganarlos. y a la vez compadece al hombre que tiene delante. la mirada soberbia. En la mañana encontró una colección de ciudadanos de todos colores.. La primera salida de Antonio ha sido para visitar al Presidente. Aplastado bajo el repentino derrumbe de sus ilusiones. en los labios la huella del no rotundo. Con palabra adusta le habla de sus planes. aquéllos a buhar. del tiempo que se pierde en contentar a los que piden. .—¿No dicen esos malditos. ¿ Quién entre ellos repulsaría un consulado? En su casa estalla. nuevo laurel. pues es necesario hacer economías para pagar las deudas extranjeras. y despidiéndose con una negativa. y cuando el mulo corcoveaba te agarrabas de las orejas. interrogan las miradas. cobra cien. un consuladito. y los oficiales de la tropa gobiernista. le trajo recado. indica el edecán. y cuando se cierra detrás del privilegiado la puerta del despacho. que se vayan al monte en la próxima y sabrán dónde les aprieta el zapato. El Presidente lo recibe cordialmente. fuerte. con cien pesos. en isla vecina. ladeándose—. y citándole para el siguiente día temprano. ¿Qué quieres?. armado de buenas intenciones. ¡A él. El castillo de naipes cae por tierra.. una vaga sonrisa triste le endulza el rostro. y termina pidiéndole que acepte un consulado. por ahora. de los cuatro puntos cardinales de la República. excusándose por hallarse reunido con el Consejo de Ministros. de mirada límpida. y Antonio entra. y las batallas de su pluma? Se indigna. Portocarrero. una verdadera ofensa. es terrible lidiar con tantos vagabundos. ¿Qué cree el Presidente? ¿La República es su casa. Antonio no acierta a responder. —¡Malsines! —truena Antonio. y por mal jinete te has peleado hasta el ombligo. inflado el pecho. Si esto sigue. Alto. se divertían acercándose a la puerta para asustarnos? —¡Charlatanes! —Dicen que llevabas el sable colgado del pescuezo. muchos en demanda del pago de sus cuentas de revolucionarios. que no es posible iniciar. ¿y su vida de sacrificios. presa de pasiones que le cercan y de apetitos que tuercen sus miras. Quien gastó cinco. su estancia. viéndonos los pies. que le visitaban. El calor de la capital le acosa. con ese sueldo . con que fustiga a esa traílla. en espera de turno. la testa engallada. y sus prisiones. la patria es de todos. los empleos no alcanzan. que hemos estado cinco días debajo de la cama del cura. Y los compromisos y las combinaciones. el oficial del Cuarto Militar de servicio que le anunciara. pues hay que aprovechar. Echa de menos el campo y su caballo. renuncia. Eso ha sido un insulto.

cada noche. ¿No calcula que le expone a perder el empleo. Don Pedro interviene. ningún periódico ha querido publicarle un artículo. En efecto.. El terreno le es propicio. empeñado en unificar las voluntades de sus amigos. La revolución se propaga por otras provincias y se alza el patíbulo. oyendo las noticias de los contertulios siente latir su rebeldía. Es el momento. y aumenta el prestigio del caudillo caído. Nadie está satisfecho. y a su insistencia oponen una negativa rotunda. perplejas. pero el cadáver del primer fusilado le invita. Es cosa de meses. bailan confundidos. El Presidente. la efervescencia solapada que arroja a la superficie palabras imprudentes. que comprime su altivez en presencia de los demás. el descontento hondo. le exaspera este miedo que escuda al Gobierno. En los campos escabrosos y asoleados de la Línea noroeste iníciase la brega. todas las caras se vuelven hacia él. los hombres del poder y sus contrarios. disuadiéndole. desaparece en un crepúsculo y a la mañana siguiente. insinúan. Los cruceritos de la armada fatigan sus máquinas trasegando soldados reclutados violentamente. los directores de los periódicos le aconsejan «no meterse en eso. la frontera próxima le asila. duda. y por las plazas de las Antillas vecinas vagan los expulsos. estos hombres no durarán en el poder.. se nota pronto la labor de zapa. más pujante. por calles y plazas de la Capital pululan los confinados. que desertarán a la primer coyuntura o morirán en las llanadas aquellas sin que les calme la sed una fruta ni les perfume una flor. ¡Nunca fue él segundo en la protesta! En el aire cunden voces tentadoras. En casa. vive a caballo en el camino del Cibao. No. El país está perdido. le impele. bocas abiertas. Cucharas en el aire. y las deudas acumuladas en tantos años que hay que pagar. su misma mansedumbre vibra. él no debe ser el sacrificado. refiere su. los mismos empleados critican en voz alta. esta gente no respeta pluma». Los acreedores le perseguirían como tigres. Su enojo crece en razón de su impotencia. «la lechosa está madura y al caer de la mata». hacia quien torna la opinión veleidosa. desalentado. —¿Pero este demontre está loco? ¿Pero usted no se alzó por Horacio? ¡ Su abuela le llevará la comida a la cárcel! —grita la suegra. siempre resignada. ¿qué ha conseguido con tantos años de luchas. la protesta armada toma y pierde poblaciones.. mientras comen. En su refugio de la Plaza Duarte. en los clubs. No y no.nueva desventura. diestramente algunos le pintan con exageración el cuadro repulsivo de la dictadura y lamentan el silencio de la prensa. certero en el tiro. Esgrime de nuevo el látigo de sus acusaciones. ensangrienta las lomas. le desautoriza. bajo las caretas. cárceles y .. ya llegará su hora. Antonio. y vive del ganado que pasta en sus sabanas. mas para su artículo no hay letras en las imprentas. quienes a su vez afirman que él mismo no sabe lo que quiere. En los días de carnaval. el regnícola es cazador. El Homenaje rebosa de presos. lo único con que cuentan para vivir? Y la mujer. a la hora en que la familia se reúne.no podrían vivir decorosamente en el extranjero. enfermo. el malestar colectivo que precede a las revoluciones. Vacila.

repercuten en el cauce del río. «No seas bobo». los de La Fuerza conmueven los cimientos del Homenaje. Las caras sonríen. En El Placer están surtos navíos americanos. . que escriban ellos. los asaltantes trepan por las piedras urentes. sienten la caricia terrible de las llamas que. El hijo. azul. el tiroteo de los sitiadores se aproxima nutrido. Un mediodía de marzo. interrumpieron la siesta. y a un periodista que corre a la refriega con una larga carabina. luego en las calles. sables en la boca.Este avanza el Presidente con tropas. los hombres. ¡Es la guerra! Antonio Portocarrero contempla el espectáculo estupendo. O. arden. cruza el . vomitan metralla. disparan sin cesar. La facción se atrinchera. tiros. El vecindario. que a su vez elevan las colisas de la Concepción y San Gil.. capitula. estrellado. Camina.para que otros medren? No. pidiendo más comida. sitiado en el Baluarte 27 de Febrero. descerrajadas las puertas del presidio por la revolución. bajan el tono las piezas pequeñas de San Antón y la Caridad. avanza alucinado. desde los fuertes de la muralla que cual cintura de piedra rodea la ciudad. Treinta bocas de fuego.. La sangre enrojece el arroyo. ahumados y enloquecidos. le reprocha con dulzura. Las balas granizan en la población. sigue desde las alcobas aquel duelo. dulces ojos femeninos vigilan. el revólver cae al suelo. franceses. gruñe por entre los cocoteros como un enorme mastín danés. seguidos de descargas. y rápido. Presa de irresistible exaltación. Combate y entra a Guerra: dos días después. Por entre las rejas de las ventanas. sus recuerdos le guían. rasga las cuartillas y las avienta. está ya en el collado de San Miguel. jóvenes imberbes. y San Carlos es tomado. devoran cadáveres. el del Conde es abandonado por los defensores. otros dos.Una prima noche. mientras el de 9 del Conde. italianos. desfallecientes. Los altos muros de las ruinas del Convento de San Francisco se destacan bermejos. El Gabinete. carne de horca. Los del castillo de Santa Bárbara. Los cañones braman. magnífico fuego de artificio colosal. Negros feroces. profundo. sería una tontería. ¡Es la guerra!. sale por un portillo de la muralla. los jueces se topan en el umbral de sus hogares con aquellos que la víspera condenaran. alimentándose con la paja de sus bohíos. La ingente hoguera enrisca sus grumos hasta el cielo. distinguiendo las voces de los cañones. En el aire inflamado vibran los clarines como alaridos. golpea en el plato de hojalata. Y hosco. ni uno solo le apoya. angustiado. los que le traen y llevan chismes y le calientan la cabeza para que se lance. Todos contra él.miserias. libertados y armados por un carcelero. a su paso encuentra paisanos. antes de que lo adviertan los de la trinchera cercana. achicharrados por el calor. se enreda entre los alambres de la cerca. los penados. Pajarito es teatro de una acción reñida. Los heridos pasan fugitivos por las calles. altas columnas iluminan la ciudad. cerrando las salidas de la ciudad. El Presidente está en Santiago. transitan máuser al brazo. sin darse cuenta. las casas vecinas y los fuertes del ángulo N. Por el . Los presos políticos. sus sentimientos les son extraños. suben por las cuestas pedregosas de San Carlos. y desde una furnia que las lluvias han escarbado en la calle. Los heridos. la ciudad es la presa de una facción acéfala. ¡Es la guerra!. primero en la Fortaleza. y dotaciones suyas protegen legaciones y consulados. han tomado La Fuerza mal guarnecida. acarreando cajas de municiones. respiran contentas y sigue el yantar. le busca. el de la Concepción ha sido tomado. De improviso. sentado en la escalera de piedra. con barbacanas de alambre de púa y gruesos tubos de hierro. engrosan sus filas.

o por si los del Cibao son más bravos que los del Sur o el Este. y cuando reúne un puñado de oro. devoran seres y cosas. las llamas insaciables. fatigados. ¡Es la guerra! En los días siguientes. El último revés. otro marcha a vanguardia. vanidades y ambiciones les dividen. No sabe nada. muerde los bejucos del cundeamor. las balas silban sinfonía macabra. se desgarra las carnes en las púas de la otra empalizada. Antonio les grita excitándoles. una granada rompe el seto. y cátalo aquí. vía que remata en el fuerte de la Concepción. a la mira de la cortina. compónenla campesinos de distintas regiones. a la cabeza. destruyendo los bohíos que formaban una suerte de reparos contra las baterías de la línea. dificultando la acción unánime e intensa. o por las condiciones de un caballo. Antonio se orienta. es la carne que huye del hierro y del fuego. Detrás de las esquinas descubre soldados en pandilla. vestido con un traje de mujer. y por qué? El horror de la realidad calma el arrebato impulsivo que le dominó la voluntad. y allí quedó. tocado con sombrero de pluma. agazapados. dice el compañero risueño. Empero. y las llamas. Un oficial le ordena imperativo: « ¡corra a la iglesia. Mañana hablarán. Son los refuerzos que abandonan a los oficiales. les ha quebrantado el espíritu. Esta es nuestra retreta. rompe las malezas. Los jefes. les deja a merced de los cañones que comienzan a hacer blanco. pero desprevenidos. cárdena. Antonio estudia el ambiente. Desde el cerro. haciendo añicos la luna de un armario. reflejándose en las selvas aledañas. son mansos. el fusil a la espalda. y corre. enronquecidos. el asalto del fuerte de la Concepción. Los jefes son esforzados. diga que manden refuerzos volando!». jamás dispara. sitibundo. y con heridos que se arrastran por la cuesta. ríen y padecen. de oeste a este. un jefe es decapitado por una granada. domina la iglesia de San Carlos. y el incendio. Mil interrogaciones le asedian. tan fácil al combate como al saqueo. Un amigo le ofrece lecho.camino. Antonio. libres de la embriaguez de la pólvora o del alcohol. desde el día del pronunciamiento ha permanecido en su casa encerrado. A partir de allí hasta la muralla se extiende un surco de brasas. En el Parque. Y cuando su cabeza se apoya en la almohada. cubierto en parte por las paredes de la iglesia. Los cañones de continuo arrojan granadas de acero que revientan floreciendo en rosas de bengala. algunos avanzan y disparan sobre la ciudad. segando el follaje de los laureles. desvalija los cadáveres. se desploma sobre un banco. a bailar un zapateo endiablado. celos. pudriéndose al sol la carroña carnavalesca. reclutados el día mismo de la partida. ¿Cómo ha venido. y soldados regulares. Reconoce rostros amigos. las . preñadas de mieles y bálsamos. pulseras en los brazos. al fin llega a la Fagina. las murallas les infunden respeto. deserta. sin espíritu militar. y ya está entre los guayabos de Galindo. La tropa. desmazalado. sin disciplina. sale al descampado. Y se duermen. Uno de éstos. reúnen los hombres y los empujan: ¡es inútil. no llegarán! El templo. norte. y prontos a dirimir con los rémingtons sus divergencias. atestado de heridos que bromean. Cada bohío es una candelada: sus pies tropiezan con muertos. híbrida milicia. en donde estuvo hasta que el incendio le encalabrinó la sangre. disputándose unos con Otros constantemente por trampas en el juego. otra se abre en medio de una decena de soldados que tallan en corro y los destripa. improvisan sobre el terreno sin estrategia.

ora doblan o tienden por tierra a un hombre a planazos. El viento sacude colérico los ramajes. la tropa retrocede. crearon con sus brazos armados.victorias nunca son completas. logra el uno abrirse paso. contempló durante largo espacio aquellos hombres antes tan fieros. habíale quebrado las alas a su fantasía. deshaciendo la autoridad opresora que. precipitarse. anduvo. Al anochecer. lanzan los oficiales contra las obras de acero y alambre. entrechocar las monturas. el otro irguiéndose ante la noticia. XIX De la última andanza. anduvo. abandonando los cadáveres. podría reaccionar.. Las sombras invaden la ruta. como un espectro. les seducen los botones dorados de las guerreras militares y las ventajas del poder. el tercero se abraza al cañón enemigo y recibe en el pecho la carga. mulato. tan imbécilmente vertida. ya he ganado la Comandancia de Armas y la quiero gozar». entró en la ciudad silenciosa. ¿Qué concepto tienen estos hombres de la vida. La realidad. contando y comentando el desastre. conscientes o ignaros. Hay quien diga: «no peleo más. no hay persecución. el fruto no se cosecha. atravesando las estancias. impetuoso el uno. las columnas se forman: tres que atacarán la capital por el Oeste. superiores a la adversidad. Para imponerse a sus mesnadas. A . ora le abrazan afectuosos. Ascienden a saltos: el soldado de hoy es general mañana. como si el agua quisiera borrar de la tierra las manchas de la sangre. si es gala exponer la propia y sacrificar la ajena? Aunque algunos poseen hacienda. Las filas se mueven con desgana. El fracaso desolador y rápido conmueve al caudillo tanto como al inferior. Sereno. a pie. desmarrido. Antonio Portocarrero hubo de volver maganto. Un disparo. a caballo.. se enfrentan a las trincheras. y. Llueve con furia. Antonio los compara con los actores de la noche hermosa y trágica: son los mismos seres los que ahora huyen por los caminos hacia sus campos lejanos. delgado. De tal manera crean entre unos y otros el vinculo gracias al cual afrontan con decisión la muerte. el derrotado se retira a salvo o si quisiera. brutal. con sombrero. flaquean casi al empezar la acción. deserta o se prodiga en palabras. y atormentado el espíritu por impías dudas. a la zaga de los comandantes: rubio. la fusilería los diezma desde la muralla. y aquella masa que ninguna voluntad contiene. La gente se desbanda. un grito les pondría en fuga. sin embargo. de vivos ojos. y pequeño. vuelve grupas. ahora pálidos. forcejear por entrar en la barca que cruza el Isabela en Santa Cruz. y mientras el vencedor se distrae en contar fantaseando la hazaña. Los hombres huyen. rudos y amables a un tiempo. el otro. antes de que amanezca. destocados. Con el sol alto. Los hombres. Pero el alcohol les deslumbra haciéndoles olvidar los mejores. las riendas en el cuello de la bestia. y es herido ante la puerta obstinadamente cerrada. los jefes. ¿A qué seguirlos?. buen mozo. y por entre el monte suena el rugiente rumor del río. el tercero. por donde pasen sembrarán el espanto. ola deshecha. se desborda por detrás del cementerio y. pero cae fulminado de la mula. Es un mecanismo cuyo resorte se ha roto. Y decepcionado. Aman el caballo y el arma: su dios es la Fuerza. quiere entrar a la ciudad por una casa edificada a ambos lados de la muralla. reflexivo. Una madrugada. recalado. vigoroso. consintiéndoles sus bellaquerías con frecuencia penadas por el Código. alcanza a San Carlos. cálculos. el empuje de la acometida desfallece en breve. su malicia instintiva les detiene cuando creen que han sumado méritos bastantes para sus aspiraciones. Antonio.

la desuella y descuartiza. Aquí. La res enlazada por la cornamenta. En el corral. a soñar. En las rocas. En el Matadero público. hierba cuyas hojas aterciopeladas amortigua la dureza de las rocas. e infecundo todo grano sembrado en ese barro? Separado de los suyos por los mismos prolongados sufrimientos que les ha impuesto. en busca de entretenimientos. no estampará jamás su nombre al pie de un Decreto o de una Ley. y luego. ¿habría sido estéril. La puntilla del matarife la descabella. le acongoja. a los paseos solitarios por los barrios populares. Se acoge. acaecida años atrás: un viejo pescador. siente vivir a los humildes. El Caribe. esperando que los jureles picaran. cayó al agua. arrancándole vientre y tórax. Antonio recuerda una escena de espanto. rodeada de gente. que el azar dispensa? ¿Lo que es tan fácil a los demás. cuando repuestos. que está al lado. vaga por las estancias. la sangre al tobillo. plañe. estréllase contra el acantilado. si lo en-crespa la brisa. en los cuales. el cadáver flota con el vaivén de la ola. rociando la calle. esquivando. siquiera sea el. que expresa con monosílabos las ansias del adolescente. La abuela. mientras desperdicios y coágulos. persiguiendo al atrevido. son amables invitaciones a divagar. seis aletas ya hendían veloces el cristal. tablajeros. vertidos al mar. será eterno espejismo para él. panquea. le dan un aspecto de hechizamiento. efímero de la posición política. Cuantas veces se detiene en este paraje de la costa. Ella. médicos y concejales. la explanada del antiguo fuerte de San Gil es un punto de vista admirable para las marinas que pinta el ocaso. se congregan. Muchachos haraposos compran los menudos que cargan en petacas. se cisca y juega con zulla. veían los cuernos al Diablo en la grieta denominada Boca del Infierno. Por la tarde contempla el mar. muge patético. Sobre las rompientes. tirada por un torniquete hasta sujetarla en una de las columnas de hierro sustentadoras de la techumbre. apuñala en torno. el pantalón a la rodilla. cada vez más desgraciada. que es el terror de los gallineros. pues. y sus ideas habrán de secarse sin el goce del alumbramiento? La reclusión en la casa. ¿no alcanzará éxito. un cuchillo en la diestra. amén de los paseantes. medio siglo ha. decrépita. ataviando de espumas hervorosas la roca plana del tripero. brinda asiento a los que entretienen el ocio con el tráfico del camino líquido. la familia grita. y el recuerdo de ambos. Una cuadra más al oeste. por lo menos. Al instante. ase el cadáver y gana la orilla. ceban los . colgando las bandas blancas y róseas. aletargado por el bochorno del mediodía. entre cuatro y seis de la tarde. tiende desde el horizonte paño de ormesí esmaltado de lentejuelas áureas. sucia. e introdúcese por la sopeña para surtir en chorro esbelto. ¿ Sería verdad? El tan doloroso empeño de su vida. mediante la promesa de diez pesos. Un negro. atándose a un cable por las axilas. hurta los relieves de la mesa. añangotado. desnudo hasta la cintura. las fauces terribles. el ganado que olfatea la muerte. profiriendo palabras obscenas e impregnándolas de su locura. si en calma. trepánale días y noches. En las tertulias de los parques se perpetúan las mismas cábalas y malsinerías en derredor del presupuesto. Una vela que lo surca o la estela de un vapor.cada instante las visiones impresas en sus pupilas violan su fe. Los pescadores tienden el aparejo a la voracidad de los escualos. aún palpitantes. revuelve el agua ensangrentada. como un íncubo. los tiburones desprevenidos huyen. se arriesga. forcejea. temblequeante. triscaban sirenas entre las algas: las abuelas que se bañaban en camisa y los muchachos. las fieras le atacan. que fumaba su pipa con el cordel entre los dedos del pie. y el hijo. se resiste.

tiburones. Enrojecido como un verdugo medioeval, un jifero se ha acercado a Antonio, diciéndole con acento malicioso: —Cuente conmigo. ¿Cuándo empuñamos la jicotea? En las primas noches barzonea por el altaicín del norte, que el terral de los montes de Galindo refresca y aroma, prefiriendo las callejuelas estrechas e intrincadas de uno y otro lado de las fortificaciones. Por las puertas abiertas examina las habitaciones: lámpara mortecina ilumina escasos muebles desvencijados. En los umbrales, las mujeres sentadas sobre las piedras, charlan y fuman; los chiquillos, en cerros, retozan en el arroyo, en el césped de las plazuelas o se escurren por los boquetes de la muralla, por cuya cornisa corretean. Dos novios, recostadas las sillas en las jambas, la doncella al interior, el galán afuera, pelan la pava o puntea el segundo la guitarra, acompañando a la novia que entona melancólica canción de amor. Calle por medio, dos comadres, recogidas las faldas, lo brazos en jarra, riñen a causa de la lejía derramada por un rapaz travieso o de una gallina extraviada; otra, de vuelta del pozo profundo, común al barrio, la lata colma a la cintura, exclama escandalizada: ¡Ave María Purísima y se santigua. —Los hombres forman corros en las esquinas o en los timbiriches que a guisa de pulperías o cafés sirven de puntos de reunión. Estos son los que durante el día sudan al sol en los muelles, calles y talleres, aquéllas las que lavan y planchan de seis a seis. Las mujeres miran a Antonio con picardía; «pájaro de la mar en tierra», suponen que anda a caza de aventuras eróticas o que como tantos otros viejos y mozos mantiene su pelazga por aquellos andurriales. Los hombres le dan las buenas noches con respeto; a los conocidos les estrecha la mano, deteniéndose a charlar con ellos. Quisiera penetrar sus pensamientos, el secreto de sus vidas, saber qué aspiraciones alientan; pero esquivos, se lamentan de la escasez de trabajo, de lo caro que está todo y, de paso, tiran su chinita al Gobierno. Antonio se da cuenta de que algo les separa; acaso le indispone la altivez ingénita de su figura, desprovista del aura de la popularidad, y en sus frases mañeras, equívocas, nota la desconfianza, pues aun los más expansivos, parecen decirle: si vienes a nuestros barrios pobres y nos hablas, si sonríes a nuestras hembras y acaricias las cabezas desgreñadas de sus hijos, es porque buscas escalera para subir. Sin embargo, ellos le inspiran simpatías; pero ¿ cómo lograr que las crean sinceras ni menos que comprendan sus anhelos de bien, nutridos con generosa savia cordial? Y por la periferia cada noche, escapándose de las garras de sus propios recuerdos, continúa sus excursiones, y queriendo sentir las palpitaciones de la ciudad, la circunda. De los altos de San Antón, San Miguel y San Lázaro, baja a las vías nuevas de extramuros, por donde la capital se ensancha en casitas de madera y cinc, pintadas y limpias; entra por la Puerta del Rey a la calle de la Misericordia, cuyas primeras cuadras la forman ruinosos bohíos de tablas de palma; recorre la de San Pedro, en la que alteman el cinc, la yagua y la piedra, y moran pared por me-dio vírgenes y hetairas, y en donde, detrás del fuerte de San Fernando, ofrendan a Afrodita marinos y soldados, con prostitutas alcohólicas, de marchitas carnes enfermas, mulatas y negras que, en batas de colores crudos y en chancletas, se exhiben con un túbano en los belfos, y por quienes las riñas mortales son frecuentes. Más al este, en las celdas donde tiempo atrás oraban las Clarisas germina el hampa ciudadana —borrachos, mendigos, cuanto hiede y repugna —,.oculta a la vista del transeúnte por las casitas fronteras a La Fuerza, habitaciones de buenas gentes

modestas. Sigue después por los solares del Almirante y del Aguacate, separados por la empedrada calle de la Atarazana, extendiéndose el uno detrás de la Casa de los Colón y el otro entre la puerta de la Atarazana, a espaldas de los almacenes y las calles Comercio y Marina, lugares donde procrean y bullen curazoleñas y martiniqueñas, las que enfaldan y anudan el pañuelo en la nuca, con donaire, y preparan los azafates de dulces que se expenden al aire libre. Por fin, Antonio se pierde en las intrincadas callejuelas que corren del Castillo de Santa Bárbara al bastión del Angulo, abrigo de maleantes porteños, y sitio en donde, las vísperas de fiestas, resuenan atabales y acordeones, pautando las guarachas transmitidas de playa en playa por los lobos del Mar Caribe. En el espacio de dos años, las películas se han sucedido en el cinematógrafo político con rapidez ofuscadora. Antonio, desgarrada el ánima, tan pronto febril de deseos, como desasido de todo, ha seguido el desarrollo de los acontecimientos. Los generales que admiró días antes en los campamentos, vienen a inclinarse ante el nuevo Presidente, quien tras un simulacro de comicios, en una mañana de agosto, pasa por las calles en carroza descubierta, en el pecho la banda tricolor, entre improvisados dragones de pantalón de grana, a jurar el cargo. El oro del Erario se dilapida. El Presidente, que es un clubman culto, prosigue frecuentando los casinos, platica de arte, de ciencias, de caballos, de perros, de logística, y recita versos de Virgilio en latín, o pasea la ciudad, en piafante corcel portorriqueño, plantado en la silla con todas las reglas de la equitación. La prensa, temerosa. Al Ejecutivo se le suponen ímpetus y energía. Se conspira. El Homenaje se llena de presos; los vapores que zarpan, llevan cargamentos de expulsos. En noviembre, la capital es sitiada y capitula. Jimenistas y horacistas se han unido y traen en hombros a un cura que ahorcó la sotana, inteligente, audaz. Apenas entra en el Palacio, los jimenistas parten en guerra, y, en diciembre, un cerco de bayonetas se extiende de Pajarito a San Jerónimo, suspendiéndose el tráfico en la ría. Durante cincuenta días, Santo Domingo de Guzmán, encerrada entre sus murallas, se arrulla con la música de cañones y fusiles; su juventud la defiende en las fortificaciones, y las mujeres van a misa, se visitan, y las retretas continúan jueves y domingos, mientras los beligerantes entrecambian plomo. Entonces acaece un hecho insólito, que deprime al soñador: las granadas de navíos de guerra norteamericanos estallan en tierra dominicana, para castigar a los revolucionarios que desde Pajarito han osado cañonear un buque mercante de la Unión. El nuevo Jefe del Ejecutivo, a la cabeza de una charanga, cada vez que sus armas obtienen un triunfo, discurre por la ciudad, exaltando su gente con vítores y promesas. En febrero, una salida de los sitiados rompe el cerco, y Santo Domingo de Guzmán respira. En el Homenaje, no caben más presos, los desterrados pueblan las vecinas islas. El tesoro vacío; hipotecadas las rentas. En el ámbito de la república, dos guerrilleros señalan, con rastro de sangre, el camino de sus victorias. Atan a la cola de sus bridones la devoción de los civiles y de los mismos intelectuales. Una comedia de elecciones consagra constitucionalmente al jefe, quien inaugura su periodo, fusilando en la puerta del Camposanto, a pleno sol, a dos de sus contrarios. El Presidente, vestido de dril blanco, desaliñado, va por las calles inspeccionando las incipientesobras públicas, dialogando de acera a acera, y predicando con la palabra y la iniciativa el progreso en ese campamento en reposo. Los odios partidarios provocan cismas en los hogares; las amistades se quiebran; de reja a reja se cruzan miradas, y alguna vez, palabras agresivas; se querellan las mujeres en las tertulias,

ruegan en los templos, se mortifican con promesas, desertan los bailes; los hombres, en tanto, desaparecida aquella devoción ciega que caracterizó las banderías de la primera república, saltan de una a otra sin más norma que el interés del momento. Llegada la noche, manos salvajes dañan las obras públicas en construcción, y las cartas anónimas, echadas en los buzones van por las manos del cartero a zaherir al primer magistrado y al ciudadano. La prensa discute el nuevo pacto internacional convenido con la Unión. Cercena la soberanía, afirman los opositores, mientras el Gobierno se encarama en él, como en tabla de salvación, y flota. Luchas intestinas dividen a los copartícipes del poder; el telón baja sobre el alzamiento del propio Presidente, quien perseguido por tropas, acusado ante la Cámara, habiéndose fracturado una pierna, atraviesa la ciudad una tarde de enero hacia el exilio. Al nuevo caudillo adornan prestigios de héroe; es fuerte, sano de cuerpo y espíritu, y la general aspiración a la tranquilidad funda en su energía y sencillez la esperanza de días prósperos y tranquilos. El Homenaje continúa siendo medio pacificador, y la razón de Estado siega vidas. Antonio se pregunta, inmutado, si la tragedia se repetirá indefinidamente, cambiando tan sólo la figura corporal del cacique. ¿A qué, pues, luchar? Le enoja la Convención; sus sentimientos la repulsan. ¿A dónde dirigirse, cómo ganarse la vida? Para los particulares, él es un político, bueno nada más que para vivir del presupuesto; para los gobiernos, un opositor inconforme siempre, al cual hay que vigilar y castigar, y para los políticos, un intransigente petulante que les enfada con sus actitudes. Miguel Gómez le reprocha inacción e inhabilidad para abrirse camino hasta Palacio, no entiende la hermenéutica ni sabe menear el majarete, términos con los cuales se significa la destreza para desenmarañar o urdir las intrigas y lograr un puesto gubernativo. El siéntese encadenado al pasado, que le acogota señalándole a la ojeriza de las gentes. « ¿ Para qué puede servir este hombre? ¿ Qué obra ha realizado?», expresan las miradas de sus oyentes cuando, demoledor, critica los sucesos. La prensa alza el tono, traduciendo el malestar del país que discute la Convención. El Gobierno la mantiene; sus contrarios la impugnan. Campaña de palabras desabridas, ayuna de razones reales, que encubren temores y apetitos. Antonio, obligado a permanecer en casa, por un ataque de gripe, las puertas entornadas, recibe a los jóvenes que le traen los ecos de la polémica y le explanan con ardor sus inquietudes e interrogaciones. «El gobierno se impondrá, y el país naufraga. Es necesario luchar, sublevar la conciencia nacional. Su palabra falta, su verbo dará dirección, la autoridad de su vida es indiscutible. En los bancos del Parque nadie se explica su abstención». La fiebre lo debilita y el cerebro le duele; les promete escribir más adelante; pero Miguel Gómez insiste: —No, socio, el momento es de oro. Horacio está a caballo; hable, hable, un catarro no mata. Entonces, con voz débil, entrecortada por la tos, dicta un artículo corto, vibrante como una arenga. Erguido el pecho en la mecedora, cada frase parécele un lanzazo asestado a la Convención. El auditorio aplaude con ahínco aquel estallido impetuoso de sentimientos, de cólera, de amargura. Su índice vengador señala a los réprobos, los acusa, los juzga, los sentencia y ejecuta; y termina con un rasgo soberbio, emplaza en nombre de la patria a los quecomprometen sus libertades, negociando la soberanía y evocando los manes de los héroes de Febrero. Magnífico, afirman; y mientras Miguel Gómez se escapa con las

cuartillas hacia la imprenta. en el umbral. desgolletada la camisa. En el Parque de Colón y en las esquinas. dos al fondo y uno junto al auriga. contrasta con la palidez de convaleciente. después de la larga y emocionante sesión legislativa. Respirando salud el uno. los hombres departen agrupados. un niño que forcejea por correr a su antojo. ella acodada y él afuera. Arturo. El representante de la fuerza ve al temido luchador. circuidos de ojeras. miran con sus ojos brillantes. de tres asientos. —Creo un disparate. algunos con el diario en la mano gesticulan. En algunas rejas. rechoncho. leyendo novelas o El Listín. al sagitario. zahareñas. de cuando en cuando le aplica un zurriagazo. las manos en los fierros. de parte del Gobernador. la pupila viva. El cochero. las manos cuidadas. engarzado en el brazo y a remolque. envuelto entre velos de polvo. los rostros revelan la alegría del triunfo o la depresión de la derrota. Sentadas en los alféizares de las ventanas o en mecedores en las aceras. una flor en la cabellera. contraída la faz por los agudos dolores que le trituran el cerebro. el Congreso Nacional aprobó la Convención Dominico-Americana. Otras parejas. en pie. hecho un ovillo. salta y cruje en baches y zanjas. y en la misma noche. Circulan las criadas con la cesta del pan. el revólver de ordenanza al cinto. agregando un piropo cuando la intimidad lo permite. experta ya. y los demás corren a pregonar la aparición de la catilinaria destinada a conmover a los diputados y hacer bambolear al Ejecutivo. los transeúntes que las saludan quitándose el sombrero o familiarmente con la diestra. hundido en el mecedor. acabado de salir del horno. y de luego en luego requiebra a las negritas que. quienes gozan además el privilegio de olerle latagarnina y el sobaco. fuma un cigarro. de uniforme de kaki. El coche rueda. el queso y la mantequilla para la cena. que aceptes un ministerio de este Gobierno. Antonio solo. El día anterior. elegante el traje. replican con un ¡vaya parejero! El vehículo es pequeño. . Arturo Aybar y Antonio Portocarrero. El Poder Ejecutivo barruntando la conjura detrás de las palabras violentas incubadoras de revuelta. pasean por la ciudad en coche. suda. en un catre de tijera. el Presidente montó a caballo y fuese a galope camino del Cibao. se presenta a solicitar a Antonio. Un oficial. que escucha cuanto conversan los pasajeros. La mujer. hilvanan el diálogo de amor. las tablillas de chocolate. y sin cesar excita al caballejo con las riendas y la lengua. las facciones demacradas y el terno gastado del otro. le conduce al aposento. sin cuello. mejor estás en tu Consulado de París. pero todos se encalenturan y elevan el tono transportados por el ardor de las palabras. A simple vista. es presa de una tenaza que le aprieta el cráneo. negro. las muchachas. sin responsabilidades. echa sus esbirros a la calle y El Homenaje hospeda a los agitadores. vestidas de muselinas claras. ligero. XX En la tarde cálida de mayo.

compelidos por los desórdenes internos que nos debilitan y por el peligro vecino. la danza. es sencillamente un acto criminal para mantenerse en el poder. somos un pueblo falto de voluntad. el error es tuyo. de cuyas instituciones y costumbres civiles tenemos que aprovecharnos.—No. preciso es convenir que existe algo positivo. serviré al país con más utilidad. obedece ella a una realidad nacional que se impone a los gobernantes y los apresa. —¿Y qué?. quiso y conquistó la América. El español. es el fruto natural de los desaciertos de tres generaciones. audacia y energía. —Extremista siempre. que tanto clamorea. un sueño hermoso. óyelo bien. lloran y patean por un juguete que olvidan a los cinco minutos o lo despedazan para ver lo que tiene dentro y acaban por extasiarse amasando el lodo de la calle. la habría pactado gustosa. Los indios haitianos eran más de un millón y se dejaron extinguir en las minas por el jinete blanco. y pronto los muchachos jugarán a la pelota. sí. Convengo con que mortifica a nuestro patriotismo. y eso es lo que necesitamos. —Pero te haces solidario de la Convención. —Sí. —¿Y por qué no? ¿Crees tú que es ella obra del Gobierno? No y no. —La Convención. en la sucesión de tales hechos. —No exageres. fórmula o no. a quien arrancaron de sus tierras nativas. pero no amenaza la independencia: el mal no está en ella sino en nosotros mismos. para ser reemplazados por el negro. todos los gobiernos que han logrado sostenerse. —Sí. Arturo. pero como los chicos que gritan. La oposición misma. y tendré ocasión para adaptar lo que he aprendido en medios civilizados. —Pues bien. es el caballo de Troya. —No. proeza estupenda. han buscado el equilibrio más allá del mar. —No y no. socio. que la realidad destruyó en crisálida. sólo que nosotros no nos damos el trabajo de analizar el medio para convencernos. queremos. —Sí. la República debió ser como la querían los hombres de Febrero. No te engañes. demasiado voluptuosa. transportaron y esclavizaron. no los espasmos de violencia que son nuestras revoluciones. Por otra parte. Aún persisten en nosotros rastros de aquella voluntad heroica del dominador y los resultados del sometimiento doloroso de los otros. Entrando al Gabinete. a ellos que se creen dueños absolutos. Créeme. Antonio. El yanqui lo . Recuerda: desde el año 44. ésa es la fórmula con que se pretende excusar la anexión a España. enerva en cambio el tow steps es un baile gimnástico. Verás qué labor realizo. como lo he prometido al Presidente. que no es la ambición y las pasiones de los caudillos. ya nuestro pueblo baila tow steps. y el basse ball da músculos y enseña a los jóvenes a pensar y ejecutar con ardimiento. —A esos blancos le jié mucho el negro —interrumpe el cochero. nos pone en contacto con una gran nación.

por esos motivos debemos defenderlas de los hombres. —Pues la depuraremos.. En la margen oriental del Ozama. pero las matarán los ferrocarriles. y nuestra isla está en las avenidas de ese gran camino. amar el pasado.. tú concluyes que nuestro destino es ser absorbidos por el yanqui. yo no sentencio. cocoteros y almendros. y exportó al Continente su cultura. primer vagido de la nacionalidad. nubecillas policromas suben de los cascos y las ruedas. pero dime. aunque nuestras pasiones lo nieguen. De la mezcla. —En resumen.. cintila. En esta tierra. El colono combatió con los filibusteros ingleses. elocuentes páginas de historia. mas no como a cosa muerta sino como a ser vivo. hemos engendrado a Máximo Gómez. sobre el firme de la ladera. es el eslabón de una cadena.. Pues bien. Mira: hay en la ciudad dos ajimeces. —No. el español exterminó al indio. la suspicacia letal y la aspirabilidad. cultivar la voluntad. socio. las escuelas y la riqueza. y Lilís mismo. el estilete de la punta Torrecilla corta las olas. sin embargo. . por el contrario. nos complace admirarlos. dices tú. reverbera... cuya rebeldía transvirtió el estrecho con Hatuey.quiere. la violencia enfática. marina y fluvial. en yegua fina que compró en doscientos cincuenta castellanos.venció al francés. muchas veces he sentido la curiosidad de saber quién construyó la casa. Aquí. reconquistándose para darse al Rey. el negro dio a España un nuevo Cid en Suero. En las aguas. con los bucaneros.. —Ilusiones. Cada piedra de esas iglesias. revestida de un manto de brocado. —No.. ¿es que estudiamos nuestra historia tú y yo y los demás de nuestra generación. supones tú que han terminado para siempre? —Aún no. formando abra al mar azul. cuantas veces pasamos frente a las casas en ruina que ellos adornan y rejuvenecen. del tiempo y del brazo destructor de la naturaleza. Al Sur. y cinco búcares abren los rubíes de sus flores. ¡Cochero. y. remata frente a la Torre del Homenaje. ¿Quiénconoce la Primada? ¿ Qué poeta dominicano ha extraído de estas piedras la intensa poesía que en ellas vibra? Por estas calles paseó Hernán Cortés.. el último de los libertadores americanos. nos vienen el ímpetu y la resignación repentinos. ¿ Entonces? Por eso caemos hoy donde ayer nos rompimos la crisma. ¿y las revoluciones. y la línea verde de los uveros.. en ellas se nutren raíces de nuestro espíritu. los restos de la primera ermita edificada en la tierra de América. las tenemos en la sangre: genio y figura. es un tipo representativo. aplico la lección de los hechos consumados: hay que ser fuertes. bonitas palabras. en el polvo. —Palabras. ¿Quién era? ¿Lo sabes tú? Ese es un detalle. —Bueno. ambos amigos abarcan la ciudad que áurea lluvia inunda. al Palacio Viejo! Desde la azotea de la que fue Capitanía General. Palabras. y a la república un prócer en Luperón. y las ideas y sentimientos del colono que primero la vivió. que indios y negros regaron copiosamente con su sangre. pero no lo olvides. y óyelo: partirá el istmo de Darien. señoreando los dos océanos. y los gobernantes?. ¿Pero quieres admirar un espectáculo tónico?. en incesante comunión con nosotros. ella fue la cuna de la Conquista y amamantó la gente leonina que en la Costa Firme y en las islas se hizo gloriosa por medio de la espada y de las letras..

y la torre cuadrada de la Merced. estuvo a pique de matarme. En un balcón. trepando por la cuesta arcillosa. el de voluntad demiúrgica. que revuelan en torno. Los hombres que laboran en las oficinas de los muelles. cubiertas de árboles. miintransigencia. . En la meseta. árboles próceres. quiere algo con voluntad cierta. A través de los árboles. los bohíos de Pajarito. —Atrévete. y así triunfa del hombre y del tiempo con su gracia ingente: el leopardo dejó una garra en sus naves. tres al levante. el Alcázar de los Colón. la iglesia de Santa Bárbara. que habrían sido la meta de la potencia creadora. El rumor del mar se difunde confundiéndose con los sonidos urbanos. pues. y la pequeña villa colonial. no es virtud. constante. tres al poniente. la ignorancia la afrentó. toda esa historia petrificada y la lujuria potente de la naturaleza? Atrévete. para ser hollado por cuantos pasaren. jadeantes. el Sillón de la Viuda. tú eres. descollando entre los tejados planos de las casas.. de redondas copas. y a su izquierda. es bello. Cada cual. cima eminente de la cordillera. —Sí. españoles. mameyes erectos. mientras que en el umbral. soberbios caimitos de hojas bicolores. de virutas cobrizas los tejados pajizos. —¿No te invita a la acción.yacía Alonso de Ojeda. y galanas palmas solitarias. Hacia el Oeste. pero ya soy un vencido. cabujón zafirino en mitad de ondulosa raya de azur.festonada de lianas. Hace unos días la gripe que aquí es un coriza molesto y nada más. las plumas suavemente irisadas. Ahora resulta que yo. dijo en ella plegaria a su dios. sacude el pesimismo. basta un poco de ese leve polvo dorado que vuela detrás de los coches. debió de sentir el orgullo de haber realizado empresa perdurable. y sobre la colina. crecido el gentil edificio. a lo lejos. Durante veintiséis años. a la mañana siguiente. se columbra. se admiran San Nicolás. y el médico anuncia que una recaída será mortal. luchar? Y lo peor es que el médico afirma que mi carácter. no obstante las torres ausentes. Bajo las bóvedas abatidas reposa Don Bartolomé Colón. El sol.. vacías. Tufo cálido emerge de la tierra. burros arrastrando trojes de cañas. largas varas que huellan ruidosas. y si la miró con tristeza menguada por las tinieblas. Por la Puerta de San Diego entran carretas cargadas. bello. haz. Presión más fuerte de la tenaza que me comprimía el cerebro era suficiente.. por detrás de aquellas ruinas. incendia el cielo. la cuesta empinada. los sillares gafados por los siglos y bronceados por la luz: tres ventanas al mediodía. en los agujeros anidan palomas. juntándolos con dolores y esperanzas. una doncella espera el amor que la hará fecunda.. la descubrió. no soy yo. y más cerca. detrás del codo del río. hierbas. suben sudorosos. indios y negros la edificaron sillar a sillar. La lámina de acero bruñido del Ozama se descoge entre las riberas. ¿A qué. la espadaña de San Antón. En la margen occidental. y las paredes dentadas semejan enorme parrilla. entre las antorchas de los cocoteros. en cambio. o rimeros de petacas de carbón. los muros negros del convento de San Francisco coronados por un laurel. del artífice inspirado al oscuro picapedrero. y las ruinosas chimeneas del Ingenio La Francia. sino consecuencia de terrible herencia. pero calienta entre sus columnas los restos del grande y testarudo ligur. La Catedral se adivina: ella es la materialización de un sueño. quiere. se destacan de los follajes de Galindo. un triunfador. Hacia el Norte. enclavada entre los dos mundos. los terremotos la desquiciaron. con la higuera bravía arraigada en la cúpula como un penacho. desiguales. la Puerta de San Diego. hombre. mi altivez.

profesaban con su milagrosa euritmia rota la más elocuente lección de moral y belleza. en el Pireo. miserable. La silenciosa tragedia se le revelaba de improviso. los mercachifles. amó la belleza pura. la voz de bronce lleva de puerta en puerta la divina promesa. tal una ala rota. de grávidas entrañas. roja. el pueblo. los jóvenes. la bandera desciende del asta. mi hijo. y créeme. cubierto de flores el ataúd de tercera clase. cincelada exquisitamente. lo triste es que cuando todos vuelvan del Camposanto. asistirán los niños de las escuelas. esas risas me flagelarán hasta debajo de la tierra. los pies descalzos. que harán reír. ¡el gran rebelde! Pero. y con los brazos abiertos. dibujará al caminar.. que lapidan en las tardes las estatuas por sus propias manos modeladas en la mañana.bufas. En aquel ápice del espíritu humano. Las campanas de la Catedral tocan el Ángelus. Minutos después. alzándose sobre las tumbas vecinas. soy un vencido. inclinóse hacia la flor o la espiga que los ojos de la diosa miran deleitados. repite ahora. El cejo del río humedece el aire. ¿por qué no? ¿Por qué no?. fija la pupila beata en la tierra en donde perfuma una flor o crece una espiga.. La floresta aledaña avanza sus tentáculos constrictores. Es horrible. a la luz de los focos eléctricos. conmovido. Por el oriente. a la deriva hacia fatal destino. los políticos.. con mentes inferiores a su tiempo. como he sido maestro a palos. esclarecido por su luz inmortal. las sombras estarcidas ahuman el cielo. mientras los generales ignaros triunfan y les uncen? En el Acrópolis. lenta. El vaho ardiente de la tierra enardece sus arterias. la guardia de prevención presenta las armas. En La Fuerza. y libertándose de la materia. seré conducido en andas. mientras sus ojos escrutan la villa y el campo vecino.. Ceñido el casco. el más perfecto. golpeada por molinos. las proas armadas hacia Levante. interrogó. El numen le posee. azul. elevó la razón. hasta la Antilla ensangrentada. ¿verdad? Un sollozo se extinguió en los labios de Antonio. la siniestra en la lanza y abierta la diestra en la cadera. Me conformo con la idea de que le harán justicia a mi cadáver. traerá en las manos los paños blancos que sirven para cargar los muertos. pronunciarán discursos en los cuales me calificarán de rebelde. y al son marcial del clarín. — Roma 1913 . zigzagueante. le apretó contra el corazón. al declinar el día. desde el Partenón contempló la ciudad blanca. abre los brazos para estrechar en magnífica elación las piedras seculares. mi sangre. Carne tundida por estacas de yagüeses. libres de la costra de turcos y venecianos. ¿es su ánima la de un hombre o la de toda la gavilla de averiados adoradores de Dulcinea cuya es la prole de débiles turbulentos. Arturo había experimentado una intensa emoción ante la imagen de Atenea. de la cual ascendía concierto de fuerzas poderosas. comprendió. y por sobre la cabeza de lo que muere. y mientras el sepulturero tapa la fosa. Exaltado.—No. pues bien. su cuerpo tremó de angustia. blanca. Habana 1911. los sacros mármoles. En mi infancia soñaba tener un entierro suntuoso. Arturo. ansió sembrarlos en la patria lejana.. siluetas extrañas. y convirtiendo la vista más allá del golfo de Eleusis. la diosa de formas virginales. Nuevos griegos dialogaban en el jardín de Platón. a prisa en busca de la cena que espera en la ciudad. vacilante.