"La Sangre", obra que publicara Tulio Manuel Cestero en 1914, es una novela que logra reflejar aspectos del

ambiente urbano y de las tribulaciones político-sociales de la época.

Por el ventanillo del calabozo, un rayo de sol entra jocundo, adorna con ancho galón de oro los ladrillos y trepando por las patas del catre, cosquillea al durmiente en el rostro. Antonio Portocarrero despierta restregándose los ojos con ambos puños, bosteza, la boca abierta de par en par y mira en torno suyo con asombro. Siéntase en la barra del lecho examinando la celda de hito en hito y cual si al fin, libertándose de una pesadilla, comprendiese, murmura: «todavía... otro día más». Joven, de estatura prócer, la fisonomía enérgica y simpática la color melada, cuya palidez actual aumenta la sombra de la barba ida. Los cabellos negros, de rebeldes vedijas, la nariz roma y los labios carnosos de bordes morados, denuncian las gotas de sangre africana que, desleídas, corren por sus venas. Las pupilas grandes y brillantes, henchido el pecho. El preso registra la estancia, tal si la viese por primera vez. En un ángulo, un aguamanil desportillado, de hierro esmaltado, sostenida la jofaina en una trípode. En mitad del testero, junto al muro, una mesita de pino, sin barnizar; al lado de ella una silla, cerca una mecedora, y encima una alcarraza, una copa y varios libros: «Los Girondinos», dos tomos de «El Consulado y el Imperio», «Los Misterios de París», «Historia Universal» por Juan Vicente González, y los «Tres Mosqueteros». El recuerdo de los amigos que le proporcionan el placer de la lectura, le saca a la cara la luz de una sonrisa. En extremo opuesto, vecino a la puerta de roble con hileras de clavos cabezones remachados, un cuñete, ceñido por arcos de acero, receptáculo de sus deyecciones, que dos veces por día un penado carga en hombros y vierte en el mar. Sus emanaciones infectan. Estos objetos, una escoba y el catre con una almohada y dos sábanas, componen el ajuar. El enladrillado es frío. Las piedras de las gruesas paredes han sudado durante siglos. Musgo verdinegro vetea el enjalbegado. La humedad se caía hasta los huesos. Por el día el calor agobia, en las noches invernales el fresco molesta. El aire y la luz entran por el ventanillo de fuertes barrotes de hierro. En las paredes, enlucidas de raro en raro, los cautivos han escrito con carbón sus penas e indignaciones. Entre ellas hay una de su propia letra: «26 de Julio de 1898, a las 9 de la noche». Cuando la hubo leído dos veces, arruga el sobrecejo, exclamando con dolor: « ¡un año ya! » y se pone en pie, encaminándose al lavabo. Con vigor se enjuaga rostro, cuello, sobacos y muñecas; luego arrima la sólida silla de sabina y majagua, y encaramándose en ella, ase los barrotes, y a pulso alcanza el poyo. ¡Qué fiesta para sus ojos! El cielo, azul, límpido, sin una nube. El sol derrama oro obrizo sobre Santo Domingo de Guzmán, con amor fecundante inagotable. El mar cabrillea deshilando sus randas de espuma en la arena de la Playa del Retiro, y muge con ternura de toro en celo en las peñas del acantilado, sostén de la Torre del Homenaje, en donde él está recluso. La vista complacida recorre la ondulosa línea de vegetación que arranca de los almendros de elegantes amplias copas y los guayabos silvestres de la margen del río, y sigue por los uveros, de hojas de abanico, hasta las ríspidas malezas de la Punta Torrecilla. Las lanchas

pescadoras, rezagadas, entran en la ría, a rastras los chinchorros repletos. En la caía, entre los pies de los tripulantes, saltan agónicos jureles y carites de argentinas y róseas escamas. En el Placer de los Estudios, balancean airosos sus cascos blancos, al tope el gallardete tricolor, dos cañoneras de la armada nacional. Una vela cazada vira la punta y enfila hacia la boca, obstruida por la arena acarreada por las dos corrientes. Un bote, al compás de sus cuatro remos, salé. El ambiente, con serenidad jubilosa, afirma que el hombre, señor de esta naturaleza, no ha de sufrir. Sin embargo, Antonio es un contemplador impotente. Y ¿por qué? ¿Qué leyes humanas o divinas violó? Su amor a la libertad, al progreso, le ha sumido en prisión. La tiranía le oprime paralizando sus fuerzas vitales. Las manos entumidas se niegan a sostenerle y, con ira, se arroja al suelo, sentándose en el mecedor, y entre impaciente y perplejo, se pregunta qué hará para ocupar el día. ¿Leer? No. Los libros le hablarán de poder, de riqueza, de amores, de cuanto es triunfo, alegría o dolor en los hombres. Uno, dos, tres..., insensiblemente cuenta los clavos de la puerta. Se levanta, barre; pasea a trancos, empeñándose, pueril, en no pisar las rayas del pavimento, y el nimio detalle conduce su imaginación hacia los días venturosos de la infancia. De nuevo se sienta, gusta la necesidad de enfrentarse con su vida, remontando su curso hasta hoy, hora por hora, reconstruiría analizarla... ¿ Su vida? Sí, ¿ qué ha sido su vida? II En el verdor de la sabana, con sus casitas pintadas de colores vivos, de metálicos tejados relucientes, y los bohíos de adobe cobijados de palma, finge la villa, al lejos, un rosal florido. Colinas suaves la protegen de la una parte, mientras por la otra la pradera abre vía al mar cercano. El río cantor la circunda, y sus linfas retratan garridas doncellas, cuyos cuerpos acarician las aguas voluptuosas borbotando en los chorros y en la somnolencia de los regatos. En las florestas aledañas la atabaiba embalsama leguas y leguas los caminos asoleados. La cabra extrae de las hierbas aromosas leche exquisita, y la abeja, reina de aquel jardín, ahíta de ambrosía, multiplica los panales. Las muchachas de la capital, encuentran en su regazo morbideces para los cuerpos enjutos y paz espiritual ara las penas de amor. El aire sano y los baños fluviales excitan el apetito, y la hospitalidad de la gente crea el contento en torno de los limpios manteles. Galana tierra de bucólica, si engendra héroes, les impone la ecuanimidad de la naturaleza y les siembra en el alma un grano de poesía. Tal es el solar de Antonio Portocarrero. En la soledad del enclaustramiento, ¡cómo le alegra la visión del riente valle nativo, y con qué placer buscaría reposo y olvido en sus montes fragantes! Cada casa, todos los árboles, las vueltas del río, las piedras de las veredas, presentes en su memoria, le evocan mil incidentes que podría hojear ahora cual páginas de álbum iluminado. Su primer recuerdo data de los cinco años: una vecina entra de improviso en la casa tirándole de la oreja y acúsale de haberle sorprendido con su hijita, escondidos entre la ropa sucia. «Jugábamos a los matrimonios», balbucegirimiqueando, y la madre, entre bromas y veras, asienta: «comadre, amarre su gallina que yo tengo mi gallo suelto»; pero a renglón seguido, con un rebenque, le aplica en las espaldas la primera prédica de moral y la mas elocuente demostración de la existencia del pecado original. Diablo de chiquilla aquélla, le

aventajaba en dos años y fue su iniciador. ¿ Qué será de ella? ¡ Honesta casada> sí, y cargada de hijos! Los ojos le echan chiribitas. Hasta los ocho años su vida transcurrió entre juegos con la chiquilla, perturbados por las insinuaciones tempraneras del genio de la especie, y baños en el río, en compañía de las vecinas. ¡ Qué cosas veía!.., y tanto, que alguna guapa moza, advirtiendo su embelesamiento, exclamaba: « ¡miren qué ojos tiene este malvado!». Cada día le aportaba en sus horas un momento de dicha. A la sombra del mango frondoso que asombra el patio, después del almuerzo, su madre cocía en paila de cobre, de interior estañado, sobre cuatro piedras y a fuego de leña, el dulce de leche, industria famosa del lugar y de la cual era ella especialista Toñico, como le apodaban, y su novia, en cuclillas, velaban la paila, siguiendo ansiosos los vaivenes de la paleta moviendo la jalea para que no se pegara del fondo. Las bocas se les hacían agua; pero al fin, extendida la pasta sobre la pulcra tabla para cortaría en panetelas, se les adjudicaban paila y paleta. Los pulgares rebañaban veloces hasta pulir estaño y madera. La saliva fluíales por las barbillas hasta los cuellos. Las disputas menudeaban, y afirmando los moquetes el predominio del macho, desmentían el proverbio, pues, a pesar del amor, no bastaba que uno solo comiese. Otro de sus grandes placeres se lo ofrecía el juego de escondite, entre el pajón de la plaza en cuya linde habitaban. En los atardeceres, de la hierba emergía deliciosa tibieza. El abrojo enjoyaba la verdura con sus estrellas de oro. Los cuerpos chafando tallos y hojas, les extraían sus aromas. Los insectos, viscosos algunos, les hurgaban las piernas, picábantes hormigas, y las espinas arañábanles; acontecía también, y esto era lo más terrible, que a lo mejor, entre los matojos, erguíase Pepe, el gallo de la casa: la cresta sangrienta, las barbas trémulas, erizadas las. plumas, hiriéndoles casi con sus pupilas vidriosas. Molestado en su señorío, empinábase con gravedad cómica, presto a defenderse con sus afilados espolones. ¡Cuántas cosas decía aquella actitud de coraje y retroche! y en tales instantes, cortos felizmente, pues el galio convencido de sus pacíficas intenciones, dardeaba su cantio y aleteando con ruido tornaba a escarbar gusanos, Pepe, les infundía más miedo que las correas de su madre a las cuales llamaban: «Juan Gómez, tanto pica como come». Y a través de los años le impresiona aún la gallardía de aquel reto. ¡Ah, si todos sus compatriotas alegaran así sus derechos, no estarían él y otros en esta cárcel inmunda‟ y el país perdido! Cuando había visitas en las casas respectivas, provistos de la merienda — una galleta sobada y media panetela de dulce de leche —, les enviaban a buscar gambusinas bajo un guayacán rodeado de mullido tapiz de hojas muertas, o enlazadas las manos, serios y cuidadoso! de sus trajes limpios, iban al patio de un bohío inhabitado a encelar en una espiga de pata de gallina, un ñoño. de jazmines don Diego de noche, para adornar la imagen de la virgen de Regla, santificada en los hogares. ¡Dichosa edad! Cumplidos los ocho años, sufrió los primeros cambios desagradables en su vida. Terciada al busto la saqueta de tela con el libro primero de Mantilla, pizarra, cuaderno de escritura, tintero, pluma y clarión, tomó el camino de la escuela de varones. En su casa había aprendido a deletrear, y la escuela fue siempre castigo con el que su madre le amenazó. Ya no le llevaron más a bañarse con las mozas del vecindario, y terminaron los retozos en la grama con la chiquilla. Medrado el cuerpo, la musculatura se anunciaba vigorosa. Nadador como un pez, exploró el fondo de los charcos del río; jinete audaz, echarle la pierna a un burro y tirarle del pelillo obligándole a corcovear, era su placer. La escuela convirtióse pronto en sitio de recreo: la lectura, algarabía coreada, y en los ratos de silencio, una mosca que volaba con un rabo de papel hacía estallar las risas. El‟

maestro manejaba recia palmeta de roble. Los chicos se untaban ajo en la palma de la mano, suponiéndole al zumo, según fama, la virtud de partir la madera. Y con qué hombría las extendían saboreando de antemano la venganza; pero la palmeta resultaba intacta y la mano encandecida. ¡Cuántas ilusiones como ésa habíanse desvanecido en sus luchas con la fuerza! Además de las vacaciones reglamentarias de estío, las de Pascua de Navidad, Semana Santa, los domingos y las numerosas fiestas de guardar, los más de los días eran de asueto, ora por quebrantos de salud del maestro o de los hijos, ora por partos de la mujer y otras causas domésticas. Cuando las puertas del aula cerrábanse, abríanse las del campo. Aquello sí valía la pena. El río, con sus hondos remansos y su rápida corriente, ofrecía liza a los ardidos, quienes zambullían hasta coger arena con la boca o se dejaban ir aguas abajo. Agazapados en las cucarachas del cascajal, atisbaban a las lavanderas que, las faldas arremangadas, bateaban en las grandes piedras marginales, y a las bañistas, al salir, modeladas las formas por la camisa mojada, o cuando tendidas boca arriba, el agua borbollante les cubría el pecho de encajes y las descotaba o alzaba la fimbria, descubriendo ocultas delicias. Si la imprudencia de alguno les vendía, arrancándoles a la contemplación golosa de un blanco muslo venusto, perseguidos por gritos y maldiciones airadas, partían cual potricos por sobre los cayados calientes. Pero mejor eran las carreras en burro, en pelo, en la sabana, y más todavía, una pelea. Dividíanse en dos bandos, uno en cada ribera, baecistas los unos, azules los otros, afiliados de acuerdo con las simpatías partidaristas de las familias. Servíanles de proyectiles los duros cocorrones del guayabo, y se batían, reidores, regocijados, arremetiéndose en el agua misma, con las peripecias de la refriega, hasta que una de las dos guerrillas ponía en práctica el «pies para qué os tengo», o un guijarro lanzado por mano artera, hacía una baja, que conducían a la casa entre gritos de protesta, mientras el aporreado sollipaba presintiendo que encima del chichón recibiría una cueriza. Antonio, de tarde en tarde, placíase paseándose solo por la sabana. Echado sobre la hierba rica en esencias, observaba el cielo azul, muy alto, hasta la hora en que los chivales entran en la población, la abuela a la cabeza, y en pos de ella, en ringla, el cabrio barbudo y apestoso, las hembras, con los cabritos pegados a los pezones, en tanto que berreando los chivos triscan con las madres. Así, iguales, sucediéronse los días medidos por el toque, a la del alba y a la oración, de las alegres campanas de la iglesia, hasta la madrugada de noviembre en que, a horcajadas sobre un caballo, emprendió el camino de la Capital. Contaba a la sazón catorce años. Desde meses antes, un su tío, informado por su madre de su inteligencia y progresos en la escuela, de la que era el primer alumno, había escrito pidiendo se lo enviaran para que ingresara como interno en el Colegio San Luis Gonzaga. La partida, prorrogada de semana en semana, al fin se fijó para después de las fiestas de la Virgen, aprovechándose así la compañía de los capitaleños que viniesen a ellas. ¡Nunca fueron las fiestas como aquel año! Desde las vísperas se animaron las calles solitarias por el tráfico de campesinos que vienen a mercar, y de las pandillas de muchachas, que afanosas y parleras, recorren las tiendas en miras de las novedades recién llegadas de la Capital. En la iglesia se hacen los preparativos, y en las casas el trajín doméstico se aumenta con la labor de pintarlas de nuevo. La cosecha de café fue buena, y todos tenían monis que gastar. La orquesta de baile llegada de Santo Domingo estaba formada por los mejores

instrumentistas, y, entre ellos, el bombardino, natural del pueblo. A la alborada, a la salida de misa y de las salves, a los acordes de danzas y valses, sumábase el estrépito de los triquitraques, cuyos mazos apagaban los granujas con pies y manos, de los montantes y de las detonaciones de las cámaras. ¡Y qué misa, la del día de la Virgen! La iglesia de bote en bote. En la tarde, la imagen de Nuestra Señora de Regla recorrió en procesión las calles principales, barridas, desherbadas ex profeso y cubiertas de pétalos multicolores. Seis doncellas cargaban las andas florecidas. La Virgen, con su joyante túnica blanca bordada de oro, manto azul y corona de pedrería, entre cálices, turíbulos, diosa de aquella Arcadia, ponía en cada pecho el contento de vivir o la promesa de un milagro. Teorías paralelas de muchachas tocadas de albos velos, con cirios encendidos hechos de la cera más fina de las colmenas, precedían: una de ellas, la chiquilla, su ex-novia, que, grave, casta, ni le miró. ¡Quién hace cuenta de cosas de niños! Los bailes, rumbosos Como jamás, y hasta le pareció a él que ni las feas comieron pavo, y las notas de las danzas sugerían más elocuentes las declaraciones de amor a los ladinos capitaleños. ¿Y las corridas de anillos y macutos, y las cenas? No, si todo fue magnífico, hecho adrede, para que él no lo olvidara.‟ ¿ Y el Peroleño?... Érase el Peroleño, legítimo descendiente del ilustre señor don Pedro Leño, perniquebrado, pequeño y redondo, el lampiño rostro malicioso, en los labios finos y rojos, sonrisa despreciativa. La nariz remangada; negro el mostacho; la cabeza de escaso pelo lacio, plantada en un cuello arrecho, se iluminaba con la lumbre de los saltones ojos azules y picarescos, hasta la desfachatez. El pecho abultado y los hombros anchos desafían los golpes del contrario. Colocado en su trono, de modo que se moviera al menor contacto, lucía espada, cruces y medallas; cimera empenachada y adarga embrazada en la diestra. En la izquierda sostenía una calabaza o vasija llena de agua de tuna. Los jinetes contrarios, a escape, le pegaban con la siniestra, y el muñeco a su vez, aplicábales un lamparón bermejo. La victoria era de quien salía ileso del encuentro, y para él, la ofrenda de un lazo con ancha moña rizada que antes se ostentó en corpiño femenil, o palma que, las más de las veces,. correspondió al triunfante Peroleño. Toñico sentía cominillo, irresistibles ganas de correr; se le antojaba fácil el éxito: alcanzar el lazo de la ex-novia, ser admirado y aplaudido. Y tal empeño puso, que alguien complaciente le prestó caballo, por una carrera nada más, e hipándose sobre los estribos, pasó, alcanzando al muñeco con tan leve pasa-gonzalo, que apenas si unas gotas señalaron su primera derrota. ¿Y el testamento del Peroleño .... ¡De rechupete! El noveno día, caballero en un borrico, seguido de ruidosa cabalgata de damas y galanes, paseó el pueblo. En las esquinas fue leído el testamento, en verso, con sal y pimienta, satirizando a las autoridades y notables. Al maestro también le tocó su chinita; y cómo la rieron los alumnos, exclamando: "¡ya nos las pagó todas juntas!". Y después, la despedida de su madre, llorosa, repitiendo consejos y recomendaciones. «estudia, sé bueno, que eres la única esperanza para mi vejez». A cada vado del río, el corazón le da un vuelco. De entre los cendales de la aurora, las lomas surgen azules o verdes, según la distancia, y su mirada zahorí distingue con arrobamiento el guano, la

yaya y el maguey que las tupe, y en la vera del camino, hasta a los cayucos, alpargatas y guazábara ve con afecto olvidando las veces que sus garras le sangraron. Desde sus nidos, ocultos entre las madejas áureas de los fideos, chinchilines y julián-chivies salúdanle con sus píos onomatopéyicos, alborozados con su partida que les libra de un enemigo, mientras las campanillas aljofaradas y las carmíneas flores del carga-agua y las cabritas, con la frescura de sus cerezas, le invitan a quedarse. Los viajeros satisfechos, caminan a pares, escapeando de trecho en trecho, comentaban los incidentes de las fiestas. Alguno se confesaba preso entré las redes de una linda pueblerina; otro insinuaba observación maleante acerca de este o aquel acto, que hacía prorrumpir a esotro: «por eso nos llamanbúcaros a los capitaleños»... Y así, entre bromas y chichisbeos galantes, las lindas amazonas y sus caballeros corrieron las catorce leguas, excediéndose de ojos y boca estrepitosa la alegría. ¡Cómo ha volado el tiempo y mudado los hombres y las costumbres! Su riente pueblo de bucólica ya no será el mismo; pero con todo, con qué placer iría a limpiar su cuerpo de las inmundicias de la prisión, tirándose de cabeza en Los tres charcos o en las chorreras de la Piedra del Chivo, para que el agua corriente le lustrara el espíritu puliendo huellas dolorosas... III Cuando Antonio, conducido por el tío Tomás, traspuso el umbral de «San Luis Gonzaga» al día siguiente de su llegada, sintió que algo se desgarraba en sus entrañas. El severo edificio, de dos pisos, adyacente a la iglesia de Regina Angelorum, abría sobre la calle numerosas ventanas altas y bajas y una sola puerta, flanqueada ésta por dos cañones enterrados boca abajo; Convento de clarisas franciscanas hasta fines del siglo XVIII cuartel en 1822 y en 1863. A su vista, el muchacho se había detenido vacilante, sobrecogido, y su tío hubo de empujarle por el pasaje abovedado comunicante con el claustro. El negro portero, que guardaba la entrada como antaño la hermana tornera, tañó una campana. Detrás de ellos venían, en hombros de dos rapaces, el catre de tijera, con su forro de recia cotonía, un lebrillo y un baulito de cedro, herencia de los abuelos, en el cual el cuidado de la madre había ordenado dos mudas de rayadillo y dos de pearl river vuelto del revés, seis camisas y otros tantos pares de medias; jabón, peine, una latita de betún de la marca «El Gallito», y un cepillo, un par de guillotinas de marroquín morado, aguja, hilo, botones, sus libros y útiles de escritorio, y en un rinconcito, envueltas en papeles de seda y estraza, panetelas de dulce de leche, y un escapulario de la Virgen de Regla relleno de alcanfor. El claustro se ofreció a la mirada de Antonio hecha a registrar el campo con todos sus detalles en pocas ojeadas. Era un cuadrilátero en cuyo límite alzábase el primer cuerpo del edificio en todo su largo. A la derecha, un cuartelillo ruinoso; a la izquierda, la iglesia y viejas paredes, y al fondo, el refectorio, la cocina y un lienzo más, también caduco. La mayor parte del espacio ocúpalo el jardín. Dos palmas airosas le forman portada, y lo encuadra una verja de madera descaecida, apoyada en pilares de mampostería. Los arriates, formados por botellas vacías clavadas de pico, están plantados de cien hojas, mosquetas, purpurinas y un nido de amor que se atavía con espléndidas rosas. Erectas cañas de azucenas, suspenden blancos cálices odorantes; carmesíes lágrimas de Venus que acendran una gotita de miel; la humilde flor de todo el año,inodora; amarillas copadas reventonas como su pariente el clavel; celias, modestas rivales de la

después de abrazar a su tío. y con su vocecilla aguda y el índice. Era don Marcelino. y en fila. y en último término. mientras los pomposos girasoles siguen el curso del astro. es un coágulo sanguino. y una mata de rabo de ratón. al que se llegaba por un pasadizo húmedo y estrecho. cubiertos por sábanas pringosas y teñidas de sangre de chinches. un redondo arbolillo de granos rojos escuda del sol una tinaja de hierro. la salvia y la ruda. fuerte. tal una lámpara azotada por el viento. defendidos por cercas de cañas. de ojos inquietos. y escalera. de zumos benéficos. cuando enfrutecido. El Padre le entregó al nuevo interno. Don Marcelino le señaló su sitio. la celeste rueca hila el linón róseo de la Vara de San José y el níveo o con purpúreas vetas. Antonio subió detrás de su tío. conviven con los orgullosos rosales. apareció la cara pálida. El cuartelillo está cubierto por las hojas rígidas de la efímera y nocharniega flor de baile y las guirnaldas de la trinitaria. con luengas barbas canosas. ígnea mano crispada. por la escalera de ladrillos. aunque las estrellas de sus corolas no hayan sido jamás interrogadas por amantes. Un cerezo que. de los lirios. y entre la coraza verde de las hojas fulge la flor de cigarrón. se mantenían sobre sus patas por una cuerda enlazada en una de las cabezas. sonriente del Padre Billini. como si estuviera ganoso de favorecer la ventana del Rector. vasto salón con ventanas a un ángulo del patio y al coro de la iglesia.de hojas caprichosamente matizadas y el Corazón de Jesús. rastreando. La mano rectoral sonó por dos veces una campanilla. que saturan la noche con sus aromas capitosos. cual cinco llamas prendidas por la flecha del pistilo. sarmentoso. de hojas verdes o manchadas de blanco. nervioso. a la par. Y tras un imperioso venga. siguió a aquél por salas y pasillos. y Antonio. nardos. el añoso tronco mútilo. parientes y conocidos. riega granates. se mantuvo en pie con el sombrero en las manos. la malva. y el llantén de hojas y espigas eficaces para colirios y tisanas. En el curso primario ingresó el . malangas. ascética. un almendro crece a prisa. y momentos después. el Prefecto. La cambutera con sus corales escala graciosamente la verja. apretándole las alas. hasta el dormitorio. nariz aguileña y finas manos de cera. un flamboyán. La verdolaga. Los catres. amparan bancos de piedra y nutren orquídeas cuyas flores semejan mariposas. Entre el jardín y el edificio. él examinaba con suspicacia campesina al cura. sendos raquíticos ejemplares de manzano. Cuatro naranjos de pomas de oro. comunes ambos al campanario.margarita. y dos naranjos gemelos. cerrados. LaSangre de Cristo resplandece por sus cinco pétalos. Con discreción de pobres. extiende el terciopelo de sus hojas. y en la presencia del Padre. canijo. el hinojo. tal era la fama de su caridad. del que tomó posesión. Mientras su tío expresaba la gratitud de la familia por la merced de recibirlo gratis o correspondía a las preguntas del Padre indagando por los del lugarejo. avellano peral. escaleras abajo y arriba. la cayena. ceñudo. Aguaceros. colocando catre y baúl. acudió un vejete menguado de estatura. al fondo. propicio contra el ahogo. que rodea su vela blanca con guarda-brisa violeta. En el marco de la ventana más occidental. de frutos regañados por las propias mieles. albahaca y reseda. El jazmín del Malabar reta a sus vecinos con el armiño de sus pétalos. les señaló la puerta de acceso a su departamento. A la puerta de la iglesia. echó a andar a su zaga hasta las aulas. que cubre con sus ramas sin hojas el brocal del pozo y cuyas vainas negras restallan derramando las duras semillas. Junto al aljibe. la tónica yerbabuena. que se agitaba dentro de la sotana de merino. y su prima. a quien se le había enseñado a venerar como a un santo. alza un solo ramo nevado. la cara de hombre.

vinieron los apóstoles San Pablo y San Bernabé». para obligarle a razonar. en los intercolumnios. todos los libros de texto. e igualmente de dos a cuatro de la tarde. De memoria sin rival y puntualidad intachable.recién llegado. y de tal modo mecánico. otros más pequeños. se refugió silencioso junto al amigo y continuó la inquisición. marcada en el reloj de níquel con gruesa cadena de plata. A cada hora. grasiento.. Le revoleaban los ojos chispeando en las órbitas. cuando alguien recomendándoselo enumeraba entre sus conocimientos el latín: . interrogaba sin que nadie le contestara. Cuando Antonio. despistado. A las siete en punto de la mañana descargaba otras tantas veces sobre la mesa un mazo. sin encuesta alguna que clasificara sus conocimientos. que había experimentado dos veces ya en su vida: una. largas las uñas y con orla negra. Del techo pendían dominguillos zarandeados por la brisa. Poco a poco. si en cortísimo tiempo aprendió sin faltarle una tilde las doscientas páginas de un tratado de Agricultura. La sala tiene ventanas enrejadas a la calle. Este. que eludía las preguntas que no estuvieran formuladas con las mismas palabras que él aprendiera. Hasta un ciento de alumnos los ocupaban y producían constante rumor de colmena irritada. le llamó con la mano desde el extremo opuesto. en el manicomio. sin examen previo. Tocábase con sombrero alón de fieltro blando. acosado. las greñas aceitosas. fue recuperando ánimo. escurriéndose. por las cuales se traficaba en golosinas y solía asomar la cara algún muchacho callejero que arrojaba por entre las rejas un grito chusco. con sus puntos y comas. entre otros orates que vociferan. y si los discípulos. pupitres colectivos con sus bancos de pino y. a los raros transeúntes. temblequeaba por la espalda. Por las mañanas. El Presidente Lilís. La política le separó de las aulas y le encaramó en la judicatura y cátale ahí. fornido. y la americana tenía siempre las sobaqueras señaladas por una mancha sarrosa. Y proseguía. Su paciencia superaba a su memoria. la zambullidura inesperada y . sin que le percibiera el profesor que declamaba a gritos la lección. a medida que sus ojos reconocían el ámbito. suscitábanle discusiones. él imponía la autoridad inapelable de la letra impresa. recorriendo los rangos. alto. mulato. Vestía de dril. Aquí y allá. A los lados. el día en que vagando solo por la sabana. y otra. recto el índice y con voz tonante. comenzaba la clase de Religión: «Diez años después de haber ascendido Nuestro Señor Jesucristo a los cielos. se extraviara. él truena predicando a las vecinas y. desde un muro del ex-Convento de San Francisco. perplejo. o un alumno que prevalíase de la ocasión para mofarse del maestro.por primera vez en un charco hondo del río. le sentenció diciendo de él. se acogió al asiento más próximo a la entrada. descubrió caras de compueblanos que le habían precedido. y Antonio. partida longitudinalmente por vigas blanqueadas. Corrido. Recitaba. le alcanzó. estalló un coro de risas: le habían lanzado un monigote de papel con una pelotilla mascada que. jamás se violentó contra aquella hampa infantil. a manera de columnas. hasta la meridiana. Ni lluvias torrenciales ni ciclones le intimidaban. A su paso. Érase una sala. Uno de éstos. azuzados por otros profesores. no el método. ¡Pobre maestro! Antonio evoca su figura con simpatía. sintióse oprimido por una sensación angustiosa. entraba y salía a la hora exacta. pegándosele al cuello. él mismo con rapidez ensartaba la respuesta. variaban la asignatura y el número de porrazos.

además palmeteaba a trocha y mocha. Mientras profesaba. Durante todo el primer día. A los impenitentes metíanles de pies y también de manos en un cepo. y a éstos se agregaban los externos que sólo concurrían a las clases. en el espacio medianero entre el jardín y el edificio. A la verdad. y cuando el muchacho se regodeaba. o a ley de Bayona. aquella congregación. volteaba por sobre su cabeza una pita del grueso del pulgar. confesó haber sido uno de los que en la calle del Turco. por debajo de las corvas y sobre los codos. otros harapientos. pobres. alineados o en pelotones. en dos. recibía el formidable latigazo. después de más de hora. sañudo. el profesor de gimnasia les hizo mover a compás las extremidades. bajo el ojo de don Marcelino. que se aplicaba en cuclillas. constantemente renovados. Antonio permaneció quieto. asesinaron al General Prim. pero ligados todos por dos sensaciones: hambre y miedo. Para las faltas graves existía el calabozo: covacha obscura. o con la cabeza debajo de los travesaños de bancos y sillas. Viejo terrible. que seguía la maniobra hasta que huía la víctima o se doblaba sollozante bajo el flagelo cruel. Los había vestidos con lujo. a caza de mutuas simpatías en los rostros vecinos. concluidas las clases. la reata se desbordó en todas direcciones. Adivinaba a los delincuentes. receloso. En el internado se mezclaban orígenes y colores. su voz ordenó «rompan filas». huérfanos y ricos. pues ninguno tenía puesto fijo. Siempre zahareño. de limpias ropas reveladoras de los afanes maternos. Luego el Prefecto mandó las evoluciones militares. entreteníanse. negro que sabe latín se vuelve loco». grabando en ellos palabras obscenas. El viejo desfilaba pegando. Disputaban. escalas y argollas. y cuando el escándalo invadía las otras aulas. A las cuatro. era una jauría. El demonio castigador. calzados de cabritilla. saltar. con alegría bulliciosa de la toma que arrolla la presa. quienes pintando monos en los cuadernos o peleando pajaritas de papel engomado. y cuando la tisis le extinguió el aliento en los pulmones. malo. Los ingenuos echábanse de bruces escondiendo las caras. y así pasaban horas aduncos o tendidos sobre el piso duro y meado. don Marcelino oyó sus relaciones y le despertó macerándole con la soga las flacas carnes desnudas. fingía equivocarse con el vecino. enternecido o vicioso. don Marcelino. quienes labrando con un cortaplumas la madera de los bancos y pupitres. expósitos y vástagos de familias potísimas. Otros castigos consistían en arrodillarlos con los brazos abiertos. ni perdonó jamás ni acarició nunca. o los denunciaba alguna venganza empapada en lágrimas. Ex el Prefecto. el pelo enredado. aparecía. o hacer en el suelo determinado número de cruces con la lengua: las frentes sudorosas manchábanse con el polvo rojizo. y cuando al fin. Sólo el alcohol le dominaba. A las veces les golpeaba en las corvas con una maceta de roble.«malo. y ejercitarse en barras paralelas. con las orejas terrosas. implacable. atados a una vara. alta. creyéndose a salvo. con puerta al pasillo de ingreso y ventilada por una claraboya. airado. Antonio fue a sentarse en el cuadro . estudiando el terreno. debajo de la escalera principal. los muchachos. según publicara un periódico local. pero su fiereza no igualaba al inquisidor. al servicio del más rico y del más fuerte. acercándose. reñían. pulcros. sordos a sus lecciones. el cigarrillo en los labios. para ellos encarnaba a Satanás. Antonio no olvidará mientras viva la sorpresa dolorosa de una madrugada: soñando hablaba en voz. desollábanse las rodillas y sangraban las bocas. la piel curtida. piojosos.

señal de reto. ganándose tantas cuantas en él cayeran. y como viera uno. Se plantó. mangos y caimitos. y ya al morir de cabeza. como en los charcos del. debía salir del espacio demarcado por una raya. Las parchas y caguazas cuelgan. o con el chato. El vencido se levantó. había o no robado tierra. Para tales comisiones escogíase a los mejores o a los más hipócritas. duchos en «tirar la piedra y esconder la mano». tejiendo mantos de verdura. jadeante. por lo cual las intervenciones del zurriago eran frecuentes. adaptado a los medios naturales. bolas. cubría las tapias. el temor a don Marcelino y la morriña hicieron de Antonio un colegial modelo. advirtiendo el cogote recio y las manos encallecidas por las jáquimas. En las mismas celdas de las monjas. y por los turnos de salida para determinar quién era el mano. aludiendo al cuento que pretende que las chinches fueron traídas a la capital por los habitantes fugitivos de Baní cuando la invasión de Dessalines. otros dábanse a los bolos. Los mayores conversaban o leían. pronto se adaptó. el trastrás y el porra. los demás jugaban a los toros. intactas aún las cuatro paredes de algunas. En el recreo dividíanse en corros o se aislaban. bolones. que reía enseñándole los puños. con usté no va ná». Mas. una lasca redondeada y semillas de cajuil. El cundeamor. La escobita respetaba tan sólo las construcciones pétreas de antiguas tumbas. que mató. conociendo a cada uno de los condiscípulos. El chayote y la auyama. pues ningún sedante más eficaz que aquella suerte de caponera para calmar iras y olvidar agravios. mientras le decían «yo soy tu amigo». más o menos de su tamaño. y la gritería manteníase siempre en el tono más agudo. Alguien le colocó una pajita en el hombro. sitio de descanso. En las primeras semanas. La congregación sumaría hasta unos ochenta. El patio. lapatilla y el melón extendían sus sarmientos. al menos en su presencia. Le miró sin ira. entre los siete y dieciocho años de edad. situado detrás del claustro. habiéndosele promovido a la categoría de ayo. La riña había terminado en el mismo instante. pero Antonio conquistó de sus pares respeto y también un mote. cuya nostalgia sentía con intensidad. de colores. El mayor interés estaba en las disputas por los distintos valores de las bolas de vidrio. sumó amigos y restó simpatías. o los belicosos firmaban la paz en el calabozo. que consistía en introducir monedas desde una distancia convenida en un pequeño agujero escarbado en la tierra. y otro sentenciaba: «su madre del que acuse». la que le otorgaba autoridad de segundo sobre una sección de diez. desgarrando las pantorrillas de quien buscara en su maraña el gordo fruto escondido. río y en el pajón de las sabanas. La puya se le clavó. crecían guineos. hiriéndole en los amores por su pueblo. Entonces otro gritó: «banilejo. a lo cual llamaban la moteca: el ochavo o el botón. Los más pobres contentábanse con la rayuela. vigilada por un decurión. «compai Toño. y desde entonces. la cabeza gacha. el trasmano. descubría que también allí sobraban medios de solaz. fingiendo uno de bicho con un palo en los dientes a guisa de cuernos. aguas y güesos. fifises gaticas. luego del recreo y la cena. lechosos. chinchoso». Los demás se arremolinaron. clasificadas en razón del volumen y pintas en su germanía. convidando al zumbador y a los chicos con la pulpa roja de sus abiertas cápsulas de oro. También se jugaba al hoyo. Baní no tuvo más chinches. el mismo juego de bolos. le confió sus secretos. o bailaban trompos. el ovejo. Tales partidas efectuábanse a resguardo de la mirada zahorí de don Marcelino. rápido. Antonio buscó en torno suyo otro pollo. es decir. y entonces acataron todos al triunfador. Las riñas menudeaban.formado por bancos de madera entre el aljibe y el pozo. le embistió derribándole de soberbia morrada en el esófago. o sobre si el contrario al disparar un por todo lo que coja o un ponte allá. en una o varias veces. que recogidos en la palma de la mano eran lanzados de punta al canto de monedas o botones. y .

y cuál sería el fastidio. sin concierto ni sentido. hechas las abluciones con poca agua. . Para Antonio. que algunos (entre ellos él). sin el alboroto y regodeo de las cátedras. interrumpida por quejas de vecinos quisquillosos. peccato gomorrhoerum dijo el santo sienés. Luego otra hora de estudio. pura jerigonza. baño general. y luego. A las seis. De cuatro a cinco. clases. convertida en «Isabel la aguja». y otro de plátanos salcochados. y a las doce el almuerzo: un plato de sopa.. y diez minutos después. una hora de recreo. y tras de cantar las Completas en latín de cocina. Y ¡qué latín!. algunos de los cuales pudieron ser consumidos por el fuego bíblico. invierno como verano. al refectorio a desayunarse con una tacita de café claro y un mollete de pan de dos onzas incompletas. En seguida. al cabo del primer mes acepta. o jobos. gimnasia y ejercicios militares. y antes de dormir. ni los esclavos africanos de Roma lo entendieran. completándose en éstos el denominado bandera nacional. para la cena —pocillo de cacao y un pan seco. ¡Y luego.te peti-pié de la yurné. sentados en el salón de estudio. la de alba.. aspirando el olor de la tierra y el aroma de las plantas en aquellos boscajes. peinados. vaciándose encima cubos de agua acarreados por cada quisque. el convento en pelota. causantes de una dosis temprana de rebenque. carne guisada. Aquello era de verse. De siete a once. Los sábados se suprimía el estudio en la prima. vestidos. se enjabonaba. bostezando. en donde. Su inquietud de azoguillo. arroz y frijoles colorados. El recuerdo de tales cosas le hace reír. la voz imperativa del Prefecto despegábales las sábanas. comulgaban aquellos a quienes le cumplía. pero en cambio repetíanse los ejercicios militares y se cantaban las Letanías. que por parejas se les concedía para ir al patio. dirigíanse al salón de estudios. comenzando las aulas a las dos. ha recorrido la escala de los castigos y sido clasificado entre los revoltosos. destituido de su cargo honorífico de ayo. preciso es trepar por los bejucos tramados „que suelen ceder al peso. cosechados en el propio colegio. ¡ y qué gabacho! Aún retiene una frase de las que ululaban en coro: . y entre días. tan uniformes y reglamentados los días! A las cinco de la mañana. y antes del segundo. Allí lo pasaban mejor. o caimitos. o subir agarrándose de los agujales. y por el permiso. a la cama. en el cual nadan fideos. Transcurridos los primeros días. padecen en el espacio estrecho de las aulas. en ringla. maguer las amarguras de entonces y los dolores de hoy. y corno postres dos guineos. y así por el estilo. tal como la frase del «saber la luz». ¿Y los domingos? ¡Tremendos! Obligados a levantarse para asistir a la primera misa. en torno al brocal del pozo. la vida del colegio se le va haciendo soportable. o mangos. ante una imagen de cuerpo de la Purísima. Una hora más de estudio. en el que las expansiones naturales eran comprimidas por la vigilancia del Argos. según la estación. De nuevo al estudio. Tres campanadas ordenaban silencio. faltaban para que los encerraran en el calabozo.para alcanzar sus nectarios. Una hora de estudio. en fila india. cantaban las primas en latín. con boca— y ésta sazonada al ir y venir con un coro en español. luego. sus ojos y piernas habituados al campo sin vallados. ninguna distracción vale como tenderse boca arriba. a la hila. El trayecto lo amenizaban con una canción en francés. como no había baños en el plantel. Sólo los primeros domingos de mes se les permitía salir hasta el atardecer.

con los correspondientes baños en los remansos del río a la sombra de ceibos y copeyes o en la playita del Retiro. La rapiña de éstas constituía la más escabrosa empresa: por claustro y patio. según las consejas. y el calabozo apaciguaba los ánimos. Don Marcelino. Esta era hazaña de los mayores. Esto llamábase hacer un nido. disputándose quién nadó hasta peñita. pues forasteros y huérfanos quedaban en libertad en el jardín. para sancochos y locrios. a pesar del tirano que la regía a precio de cardenales y encierros. traidoramente esgrimida. Sonadas las doce. mas. pero como Antonio poseía la maña necesaria para captar las gallinas que dormían en el higüero del traspatio. hinchadas las caras por la ponzoña de las avispas. por la rejilla del confesionario. o a pedrada limpia. desguazando mangos. y alguna vez cuchilla. Cuando acaecían tales depredaciones. devorados en conventículos. hasta curazao o hasta santomas. provistos de una funda de almohada. separados en manos y escondidos entre las cepas. de enero a diciembre. se ventilaban las cuestiones de honor. para comprar casabe de ajonjolí. heridos los pies. pies. En primavera y verano. se practicaba un registro. o se disponía una confesión general. amanecían libres de las pesadumbres de las pomas. . pues. y en una cinta negra en letras doradas «Colegio de San Luis Gonzaga». recogidos en la madrugada. cuya madera frágil causaba frecuentes caídas. y empinados sobre los poyos de piedra o resistiendo clavadas de espinas y rasguños de los muñones resinosos. Los domingos primeros de mes eran gloria pura. y la irrupción en las quintas vecinas. naranjas. el patio con sus escondrijos era palestra: a pares o en pandillas. participaba en ellas. con puños. en otoño jobos. y al pequeño mercado del Ozama. no pasaron más pecados que los comprendidos en los cuatro primeros mandamientos. gorras de paño azul con viseras de hule. tenía sus variantes. mangos y caimitos. Durante el día. ¡Zoquete quien revelara! Antonio aprendió en sus propios carrillos que importaba más callar. consumaban el despojo. que así se nombran las tres peñas que casi cuadran el hondo y amplio balneario. Había. les brindaba. encontrábanse baúles y pupitres atestados de naranjas. y así. También se robaban las gallinas en complicidad con el propio cocinero. caimitos en Pajarito o limoncillos en San Carlos. con paradas en el pueblo de Los Minas. tan provisto de frutales como un huerto. a los doce días cabales estaban maduros. el patio. el secreto se conservaba fielmente. Las aventuras de tales asuetos eran tópicos para el mes: el baño en la playa de Güibia. o el brazo en cabestrillo y con el relato. con sus opimos racimos que. y las excursiones a comer guayabas a los montes de Galindo. jarto reso y conservas de coco y naranja. uniformados de rayadillo.Pero tan monótona existencia. Desde las ocho de la mañana. hecho entre risa y pavor. manifestábanse entonces el polvo en el piojillo de las horas. naranjos. Toño era de los valerosos. y en invierno. Además. y los paseos en bote hasta los Tres Brazos. mameyes y cocales. o por El Placer. en la noche vagaban las ánimas en pena de aquellos cuyos huesos suelen encontrarse excavando el suelo o que reposan en las tumbas de cal y canto que aún existen. rebasando la punta de La Torrecilla. cabeza. desnudos. uñas y dientes. cajuiles. los bananos. haciéndoles otomías a los campesinos que allí trafican. que no temerles. se desbandaban por las calles capitaleñas quienes tenían en la ciudad familias o encargados. a gatas. ahogándolas sin que gritaran. De tales correterías regresaban algunos. se deslizaban hasta los naranjos. de haber tragado agua en un cantil. a vergajazos. y los árboles que la víspera fingieron grandes vasos de malaquita incrustrados de áureas gemas. goteados o trepando por las ramas a favor de las paredes. arremetía al modo de amigable componedor.

acostumbraban poner tienda bajo la propia ventana del Rector o a la sombra de los naranjos de la Virgen. Era el Padre que venía a despertar a los acólitos que le ayudaban a misa. deleitándose. y el del Rector. los pies. ¡cuánta cosa buena! Los bolsillos atestados. meses. con prohibiciones. Al primero se le hacía el novenario. dispéptica. que los pilluelos cazan en las calles con varillas de coco. presidiendo su imagen. sonándose la piel de la barriga como un tambor. y a chupar carreteles le condenó mientras los demás engullían tiernas pechugas. miraba espantada cómo aquellas manos ágiles. de esos pollos silvestres nutridos con hierbas . y ¡con qué ganas!. regañona. y ante ella cantaban a coro —«pide a Dios que yo te imite. los chupa-bebis. de pasta tan suave como los bizcochos esponjados. surgió de las tinieblas mudas. su voz estridente gritaba: «este condenao me está perdiendo mis hijos». fuentes de trémulas natillas. sin derecho a repetir. en su mayoría golosinas —frutas. las botellitas. reposado arroz con leche. él. orinando por una ventana del dormitorio que daba al claustro. a compás del chorro: « ¡ey. se les autorizaba el asalto a las bateas de las vendedoras de dulces que. cual cangilones de noria. siendo lícitas todas las diversiones. San Francisco Xavier. y de los guayabales de Galindo y la Fagina. traían su venta íntegra. los frágiles y levemente dorados merengues. El Padre. blanqueados con suspiro y adornados con grajeas. Antonio se ríe. pudines de a dos libras. vestida de limpias y sonantes sayas. con el amargor del palomo. en viéndole pasar. recordando aquel su salto felino. únicamente. sabrosos muslos y alas. a filo de las tres. le tenía ojeriza. criados entre las faldas de la madre. en busca de un rincón oculto entre cepas y sarmientos para darse un atracón. jamás mereció la merced divina. el bienmesabe.Pero entre todos los del año. después del mediodía. espolvoreado con canela. a pesar de la garantía. «¡muchacho gandío. pegados en las orejas. echando de menos el bullicio del colegio. dos días magnos. tal un instrumento de tortura. y en la mesa. En las primeras vacaciones de verano se hospedó en casa del tío Tomás. se abrían y cerraban apuñando los piñonates melcochosos. chinchosos. gandío! ». confites y una banderita en el ápice— que entraban majestuosas en manos de la negra azafata. pero cuando pasaron las mariposas de San Juan. de corazón fundente. señalábanse en el calendario del Colegio con dos cruces: el del patrón San Luis Gonzaga. Desde la víspera de ambas fiestas. llenas de fragantes licores. rompió a reír. el alfajor empolvado como presumida señoritinga. y los gordos canteros de pan de batata. exclamando en tono tanto más alegre cuanto era raro. el azucarado huevo-mejía sobre papelitos de veriles plegados. su presa preferida era el pescuezo. si la hubo. las pastas de leche. tenía ganas de sentirse pinpin. en cada dedo un dulce. que al romperse corren por las barbillas. Así discurrían semanas. empaladas las distintas figurillas acarameladas. Los primos eran tímidos. que después de las mosucasdel colegio. y como esto lo sabían las interesadas. ésa y una madrugada en que. santo joven Luis Gonzaga»—. y le manearon. ey! ¿quién es el soldado meón? ». la capillita del estudio. para caer sobre la repleta batea de la mulata curazoleña que. se indultaba a los presos y se penaba a quien fuese con chismes y quejas a los superiores. intercesión que. años. El segundo sobresalía por la copia de regalos. Dos veces. y ésta. suspendíase toda suerte de castigos. revestida de cándida sobrepelliz. A cada paso. corrió a encerrarse con su botín. le oyó la voz cantarina. se fastidió. todo medido. ¿y no había inventado ¡mal rayo lo partiera! que del pollo. las palmas agobiadas. Además. baqueanos de los caminos de Güibia y de La Fuente. El Padre pagaba. y eso era lo de p p y w.

próximo al departamento del Rector. de las suntuosidades litúrgicas. el Padre le arrojó a puntapiés. ¡Cómo escamoteaba padre-nuestros y avemarías. levantábase a las tres de la. novenas. mientras el maestro. Antonio demostró los buenos elementos aportados de su pueblo. Don Marcelino vigilaba menos y se emborrachaba en grado tal. Sus conocimientos crecían más que su cuerpo. y sin vacilar. un oficiante desapegado. francés e inglés. y el hijo de. pacientemente aprendido. y descendió saludado por salva de aplausos entusiastas. Al cabo de los años. reventaba de satisfacción. y aprovechar los cabos de velas y cirios para fabricar gallos y boliches. seguro de que sólo el catedrático caería en la cuenta. pero sí castigó siempre. ninguna huella en su espíritu. si la naveta. de las frecuentaciones de la iglesia. Estas punzábanle conmoviéndole hasta las lágrimas. finando su servicio religioso sin haber cultivado la matita de mística reseda. engullirse los recortes de las hostias. los jurados y los profesores. el colegial a quien se le confió el griego. con altas ventanas enrejadas a la calle de la Universidad.. pronunciar con genial desenfado el discurso en español. alentando envidias y rivalidades. salves. expiraba bajo su puño en los labios ensangrentados. en cambio. confesaba y comulgaba con más frecuencia. alternando. aludiendo a que aquél era empleado de aduana. rodeado de beatas hediondas a andullo y a cucaracha! Empero. aunque desaplicado. conjugó los verbos ser y amar.aromáticas? En las vacaciones siguientes. le fulminaba con las miradas. se desvanecía de rodillas en las duras gradas del presbiterio. reuníanse las familias de los alumnos. para maravilla de la concurrencia! Cierta vez. pues en esas ocasiones recitábanse hasta en latín. si le hubiese oído. en realidad. En las procesiones. El escozor de semejantes agravios removíale las entrañas. por supuesto. las injurias alusivas a su madre. Fue. predilecto de los profesores. y en las fiestas solemnes. tercios. y en veces. el tío Tomás había mejorado de situación económica y le enviaba la comida. Entonces. con la sotana de púrpura. que en el pueblecito batía el dulce de leche sin cesar para vestirle. echando el incienso en cantidad producía humo negro y de olor ingrato. le zamparon en el cepo. se le olvidó el texto. tres veces al día.. acumulaba sobresalientes. inteligente. quienes en él vinculaban el éxito de los exámenes. Los éxitos le acercaban más y más a las puertas del plantel. sin medir el tamaño del contrario. que una noche. de puntillas en la tribuna. hacíase notar por sus travesuras: si le confiaban el incensario. balanceábalo de manera que las brasas cayeran sobre la gente apiñada en las bocacalles del trayecto. Mas. atento más que a las puertas del paraíso a capar el dinero que los feligreses depositaban el cepillo. con engañifa. sintiéndose alabado cuando atravesaba el salón con su carga de premios. fue un buen alumno. Por otra parte. cansado de encontrar aquel diablillo en la sacristía. En septiembre ascendió. ¡Cómo bramó el viejo inquisidor hasta que el propio Padre lo libertara! En los primeros exámenes de fin de curso. encarnado como pitahaya. ¡ Si en tales instantes triunfales le hubiese visto su madre. cuando una piedra certera no le rompía la cabeza al infamante. los muchachos repicaban su goleta. Allí estaba más a sus anchas. no podía reñir por parejo con quien remataba una disputa con un «tu tío es un ladrón». El Padre le hizo monaguillo y lo trasladaron al dormitorio de los que pagaban. en ayunas. . se quedó en el colegio. en el gran salón de actos. y tras una maldad de a folio. mañana para ayudar a misa. ganó varios premios. En la prima noche. así. desde las cuales se espiaban los patios de las casas fronteras. y púrpura y sobrepelliz dieron en el calabozo. y cuando de gala. griego.

La otra. permaneció clavado muy adentro. hasta que una ráfaga retozando con las anchas hojas de los bananos. energía. un grabado de «El Correo de Ultramar»: el entierro de Víctor Hugo. levantando el cuerpecito. muerto un yanqui. Sus imágenes de la gloria y grandeza humanas. le escupió con rabia hasta dejarle túmido el rostro. leía con avidez. le ofrecía. Rompía el silencio una lagartija reptando entre el follaje. perseguido. en un féretro. atemorizada. huyendo hasta ganar la provincia de Azua.haciéndole llorar entre las sábanas. luciendo al sol la membrana traslúcida del cuello. alias Lilís. enredábase en mil cálculos por los que llegaba a ser presidente de Francia. no retrocedía ante los obstáculos ni le temía a los muertos. encalabrinada por la lectura de las novelas de capa y espada que le prestaba el guardián complaciente de la biblioteca pública anexa al instituto. de repente. joven de atractivo talante. empero. resolviendo problemas aritméticos o ecuaciones algebraicas. IV Corría el año 1886. La Historia le enseñaba con sus espejismos el secreto del poder. a la juventud recién nutrida por las doctrinas de Hostos. sus placeres y sus beneficios. en los guarismos que escribía con tiza en el pizarrón. propios de sus años. con algo de donjuanismo. herida su señora. y Monseñor Strossmayer irguiendo su rebeldía en el púlpito. sus virtudes: audacia. aun cuando en las mismas filas militaran. la otra. de quien se había sorbido «Los Miserables». la Capital estupefacta vio cercada la casa del ex-presidente Guillermo. Antonio apartábase de los entretenimientos. Instalado en ella. tenía en su haber los resonantes éxitos militares del Cibao y Boca del Vía. Dos candidaturas presidenciales se disputaban el triunfo. La una proclamaba a Ulises Heureaux. y él. Veíase muerto. en el concilio de mitras deslumbradoras. aunque huérfano de popularidad. se recogía con un libro en una apartada celda del patio. laborioso. Estas nociones científicas alimentaban su mente. escapar por los patios. su primer dolor de hombre. mas el dardo. congregó en torno suyo a los azules liberales. imaginando una vida gloriosa de luchas y triunfos. de rato en rato. conmilitones de los tiempos pasados. en la cual las lianas habían tejido una hamaca. y en duermevela delicioso. Presidía la República un general de treinta años. presentía la fuerza del oro. a la postre murió por su propia mano. Pío IX promulgando el dogma de la Infalibilidad. señor de horca y cuchilla de la Línea Noroeste. después de apagar a tiros las lámparas. eran dos estampas: la una. valor. y quien. durante el recreo. . acosado. que por cierto no fue de gracia. y Benito Monción. le placía más la soledad. seguido de tropas y de muchedumbre. Cuando un enemigo caído le gritó que su padre fue al lugarejo a darse baños porque estaba podrido. quedábase mirando a aquel poderoso. En las tardes. con fama de valor e inteligencia. solo. a Moya. en donde se alzó en armas. y que. o bien subyugando hombres. dedada de miel en el áspero cáliz de las flores. además. la gente ignara creíale brujo. vencido por su rival Heureaux. atraíale con sus encantos de poesía y misterio el estudio del cielo. y a cuantos poseían aspiraciones y soñaban con el progreso. le mordió. le pateó. sirviendo de cimientos a la empresa. Era inexorable. Meses atrás. y. inteligente. y. un cromo. entregábase a divagar. A medida que sumaba ciencia. vagamente supuestas. que ya había ejercido la magistratura.

y travestidos. y que no se cayó un día que se le encabritara. y entre los plátanos. Apoyado por la autoridad. altivo. se libraban batallas. En las aulas. que servían a Lilís en décimas chispeantes. soplan las llamas. en banderas y en indumentaria. llevando la voz cantante. se dividían en moyistas y lilisístas. músicas. ya la cabeza había alcanzado la plaza de la Catedral por la del Conde. Los externos traían el eco de los sucesos. un negro lacertoso y bellaco. tomando el camino del Cibao. después de paisanos. frente al parque. Además. Miguel Ángel Garrido. a lo cual opuso el Presidente: «no. había aparecido escrito con carbón un letrero que decía: abajo el negro mañé. La juventud recién salida de las aulas de San Luis Gonzaga y la primera hornada de la Escuela Normal. más agresivas en el uno y no menos tenaces en el otro. A la octava siguiente. y en las propias barbas de las Comisiones fiscalizadoras les sustituían los votos. en el cual confundíanse el amor a la ciencia y las simpatías por el caudillo. Una madrugada. banderas. coaccionaba. la observación urbana. Los comicios duraron tres días del mes de julio. Por las ventanas del colegio entraban las lenguas de fuego que abrasaban las calles. repitiendo que cuando la cola estaba en el arquillo de la calle Santo Tomás. tertuliaban hombres notables. García. su tipo predilecto era uno de sus profesores. en la mañana y al crepúsculo. La tarde de un domingo. Mariano A. y al pie de los Manifiestos impresos. a pedradas. exprimidos de la malicia campesina y de. de las conversaciones y disputas escuchadas en las casas. Votaron las tropas. rociaban la arena con su partidismo ardiente. perteneciendo la supremacía al grupo que contara con la autoridad. el fogoso. En la Librería. custodiada por centinelas. primero de uniforme. Los Comités Centrales dirigían con tesón la campaña. Los boletines por Moya lucían en el reverso los galanos colores nacionales. el negro llora de noche». A los campesinos se les afeitaba. se siente solicitado por este candidato a quien había visto alguna vez jinete en potro overo de larga cola. amén de repetir en San Carlos y Pajarito. Moya montó a caballo. con el imperio de sus nobles pasiones. Y el mismo Presidente solía concurrir aportando comentarios picantes. cambiando los nombres para que sufragaran dos veces y hasta tres en un colegio. vivas y cohetes. García opina que sólo el propio Lilis podía haberlo puesto. recogiendo las palpitaciones de ambos partidarios. la imagen de Nuestra Señora de la Altagracia. y el vocerío de las fiestas cívicas transponía los altos muros. pugnando por Moya. cuyo tío es partidario de Moya. se les conducía en rebaños. entre todos los que luchaban en la prensa y la tribuna. Referíase.Antonio. Los adictos se agradaban luego. Y un coro de carcajadas acogió la ocurrencia maleante. En todos los pueblos de la República ocurría otro tanto. fue el turno de los lilisistas. A las adhesiones sucedíanse las protestas por usurpación de firmas. desfila por las calles brillante y numerosa manifestación moyista. En la capital. oponíase el ingenio del poeta Scanlan y el del coplero popular Juan Antonio Alix.. los moyistas protestaron. A la oratoria cordial de Federico Henríquez y Carvajal. inferiores en cantidad.La atmósfera se caldea pronto. con un gran perro al lado. cierta mañana. En pequeñas . que en la casa de Lilís. entre estandartes. los de Lilís. en el atrio mismo del Palacio del Concejo. Ambos candidatos tenían para su guarda y defensa escolta de valientes. con calor. y los periódicos. Cestero y José G. en donde se efectuaba la función electoral. apretábanse millares de firmas de vivos y difuntos en pro de cada uno de los candidatos.

practicando el cuarto evangelio con sigilo. Se formaban planes en los corrillos queriendo transmitirlos . candidato a la vicepresidencia. según argüía. Antonio había estudiado poco. Lilís entró en La Vega. porque. se afirmaba. se encontraron piltrafas de carne y los troncos cercenados. la Ceiba de Madera. y se combinó un golpe de mano. El Gobierno cae. fue preso y muchos otros más. Villanueva le espera en el «Sillón de la Viuda». Ahora a las diversiones del patio se unía el interés por las noticias políticas. una noche. y de una se cuenta que el Comandante de Armas. le trozo la cabeza». Los ciudadanos pusieron sordina a las voces. fueron cercados en las casas en donde estaban reunidos y capturados los jóvenes que debían realizarlo. señalando hacia el Cibao. pero sí el telégrafo de los campesinos. Y las propagandas comenzaron en la medida de la expectación.. Un mediodía. pasaron los tres cadáveres destilando sangre. se decía. al primer empellón. conservaba su empleo en la Aduana. sentándose a la mesa de la Comisión. aparece. delatados. En alta noche. granjeó los sobresalientes de costumbre. el Aguacate. enmarañando la madeja de las propagandas. y por la calle del Arquillo. El sol alumbró una mañana la ejecución sumarísima de tres presos políticos. esperaba el momento solemne de la inauguración. puso en ella su clásico machete de cabo y arengó: «señores. como si el escultor. en la Línea. pero. lugares que Antonio ignoraba a pesar de sus estudios de geografía patria. hubiese previsto los sucesos de aquellos días. suena un disparo de revólver. las elecciones son libres. Las más disparatadas noticias corrían de boca en boca. las alegres canciones de una parranda rompen el silencio. y un balazo en la cabeza. en el negrito (ataúd común del Hospital militar). Billini. la estatua del Gran Almirante de la Mar Océano. Las nuevas llegaban del Cibao con asombrosa rapidez. A la mañana siguiente. y Monción. que sobre el pedestal de granito. El tío Tomás. ¡Buenos tiempos aquéllos! Conquistó a la negrita sirvienta de la casa. para combatir la revolución. y en la repartición de premios recitó el discursito. al extenderle el brazo en tal actitud. se conmovieron los rocosos cimientos de la ciudad: había explotado la dinamita que dos franceses preparaban aceleradamente para Lilís: en las rendijas de los tabiques de madera. y un cuarto de hora después estaba en el calabozo. y el Hoyo de Lima. Pasó las vacaciones en casa del tío Tomás. Heureaux salió una hora más tarde al frente de sus tropas.. con la que se encerraba en la letrina. Los de ambas facciones las aliñaban según sus deseos. pues le habían sorprendido escondiendo en su pupitre los dulces que le cometía brindar a la concurrencia. desocupada previamente por Moya. caídos los lienzos sobre el zócalo. El 21 de julio se pronuncian Moya en La Vega. en el techo de la casa junto al mar. pero al que no vota por el compai Lilí. frente a la Catedral. y ya se le veía caer en la emboscada en aquel estrecho pasaje de la montaña. valiéndose de mañas. con su natural despejo. No existía alambre. se hacían familiares a causa de los pleitos que en ellos se libraban. soplando a los vecinos para ser oído por el examinador y protestando cuando lo hacían con él.comunas se registraron miles de electores. aunque moyista puro. En la segunda quincena del mes se celebraron los exámenes. Se organiza con actividad una columna a las órdenes de Lilís. era amigo particular del Presidente. sin embargo.

los mataperros del barrio. concertaban una riña entre dos de corpulencia distinta. por las calles trajinaba gente de armas. manco y fañoso. Tomás García y Linares.telepáticamente al caudillo. siervo y beato de la Catedral. Si no te gusta. otro clavaba un anzuelo en un racimo de guineos. curada y vendada la herida. hasta que una noche. les derribaban en el arroyo. extra-muros. También solían ir a la briba. descaecido. Desde luego. los escondidos salvaban los muros medianeros preparándose a correrías por toda la manzana. entreteníanse.. la desesperación de aquel Hilario. y quien les apedreaba con furia. y la disputa se prolongaba hasta que un transeúnte intervenía. los cuales glosaban a su antojo las noticias del día. en la puerta del patio. de acera a acera. y a pedradas en la Sabana del Estado. provistos de un cordel que mantenían tenso. y organizó. bajo su jefatura. le hirió con una lezna en la rodilla. Aquellas vacaciones fueron realmente las últimas de su infancia. mientras unos distraían con regateos a la ventorrillera. Fue Antonio. larga americana de dril. eran el espanto de los moyistas. De día y de noche. o en un haz de cañas y hasta en un tocino. Yo pa mí. tiraba de él y corrían todos como alma que lleva el diablo. Menuda follisca se armó en la casa. con el paraguas viejo. el gran golpe habría sido prender al Presidente Wos y Gil cuando estuvo en La Vega: . en tanto la burlada llenaba la calle con el escándalo de sus maldiciones. hasta el hueso. y de Rivié. En tales hablillas. con guayabas. tratando de explicarse el retroceso de la revolución. El pequeño exigía: «sin palo». La muerte de los generales Cartagena y Tavárez. ¡ tanto mejor si era una beata! El del palo le suplicaba que se lo agarrara y cuando éste asía la punta. ¿Por qué habían dejado llegar a Lilís hasta La Vega? se interrogaban. sólo le halagan las conversaciones de la tertulia de su tío a la prima. También. a quien gritaban ángel de un ala. gallina de una pata. jefe del enemigo. los fondillos flojos. debatían sus prematuras controversias políticas. y cada uno desarrollaba allí sus inéditas aptitudes de estratégico. cantaban: General Benito Yo se lo decía Que en el Aguacate. le sacudió el polvo. o bien. Comisarios de policía. Cuando rondaban por una calle. Las negras en los patios. pues eran tenidos por hombres de empuje. lavando. Si tú eres Moya. el tío Tomás.En casa del tío Tomás. Yo Lilí. tirando el cordel escabullirse con la presa. el mayor esgrimía un garrote. para lo cual. saqueando los ventorros. para después. aplanó a los moyistas. El olor avisaba al emporcado su mala ventura. congregábase en las primas noches. y corriendo en dirección contraria a los pasantes. con voz de emasculado. o en Galindo. afectos a Moya. el único que produciría el triunfo en brinco y medio. un negrito. con sus secuaces. una mano de amigos íntimos y correligionarios. La vieja salía. al abrigo de miradas inquisidoras. Desatendido de la caza de mariposas y lagartijas. criticando las operaciones militares y exponiendo su plan. entontecido por aquellas burlas. cuya punta había sido embadurnada de la más ruin materia. que las propagandas daban jugo sustancioso a la charla. Para unos. según la gráfica expresión.

—Todo eso será así. ha sido ésa una debilidad de Casimirito. que no era hora de hacer capú. zambo sexagenario. como piedra en charco de ranas. caray. cuando vean al manquito volver con el rabo entre las piernas. como dice Luperón. habitante de un bohío de yaguas en el patio del ex-convento de Dominicos. y le darán mucha agua a beber al Gobierno. no nos salva ni la chiquitina de Higüey __concluye uno. —Y Guelito. pero lo que yo sé es que revolución que no avanza retrocede. el asombro rompe en carcajadas estrepitosas. y de Mauricio Vega. Mariano tenía razón. no seas pesimista. una vieja. muy ancha. en compañía de una nietezuela. que se ha escondido. a Lilís en el Sillón de la Viuda? Eso sí era darle en la yema. hay que ser prácticos. Eso me da mala espina. El negro es brujo. Una noche cae en la tertulia. —No. —Pero chico. sosteniéndole a don Pablo. los Tiburcios se meten en las lomas y será como cuando la de Los Pinos. en su misma cara. —No y no. el hombre de Santiago. y aployarnos. qué imprudencia. con aspecto de lavandera en solicitud de algo a cuenta de la ropa. y ¿por qué no esperarían. cuyas escrófulas rebosaba en hojas y sucio barboquejo. si ése fue el plan de Villanueva. don Pablo es rojo. pero Mariano Cestero se opuso. Y si se perdiere de momento. porque ésos son como el maquey. que se deja prender asando batatas. Es uno de los amigos. que vivía en una casita semejante a un palomar. y. el cual transitaba por las calles. —Pero chico. caray.—Y no hay que darle vueltas. —Las intransigencias de los sabios nos perderán. Y suerte que no pudo llevar la dinasmita. que le emboza el rostro. de almidonada bata de prusiana. —Ah sí. compadre. Cuando se descubre. hicotea mea domine. ¿cuándo se ha visto perder una revolución que baja del Cibao? ¡ Ya verás sorpresa uno de estos días! Les contaremos un cuento a estos lilises. rodeado de laureles rosa de sangrientas flores tóxicas. que si no. y con tal disfraz sale a tomar lenguas. la cabeza envuelta en un abrigo de los que llaman de piel de cabra. si llega primero. —Pero. de hirsutas barbas de troglodita. hay que darles candela. a los cuales consultaba en unión de la Vieja María Vicenta Pavilo. puede entenderse con Gautier y Damián. Y se relataba entonces que Lilís poseía dos muñequitos. . pues que Alejandrito es azul. —Bueno. Dejémonos de ilusiones.

como cantaleteaba el viejo Silverio claveteando las suelas. y le mojaron las nalgas con agua salada. caray?. El alcaide entra. Sin duda que el alcaide lo recibió a las ocho de la mañana y se lo sirve a las diez.. —Uenos días. y olvida que le aguarda con sus caricias silenciosas la negrita oliente a aceite de coco. Pa tomá con té. al abrirse. siquiera fuese la propia. El recién llegado refiere el fastidio del escondite. —Sí.. y la puerta parte. húmedos. barcino. algunas erizadas de fondos de botellas. en la penumbra. quebrada cintura. caminando a trancos. portador del cestillo de mimbre. la estera que la luz ha extendido sobre los ladrillos. con el manojo de llaves pendiente del cinto. belfos fláccidos y. evocando la figura de aquel negro viejo. por oír una voz humana. él se presta a traerle las comidas.Sólo a ti se te ocurre esto. por hablar. macizo. Pa bebé café.. Como en la casa no hay criados. En tales noches.. interpela: —¿Quién lo trajo? —El viejo.. avanza hasta la mesita. inmóvil para no ser advertido. chirrían los goznes. el cerrojo rechina en las anillas. casi por caridad. El carcelero. sesentón. dicen. sin perder palabra. y al fin pregunta: —¿Pero qué hay de nuevo y de cierto. con ancas de eunuco. —¿Y si te topas con Tomás García? Y las miradas escudriñan recelosas. salvando paredes. —Buenos días. escucha ávido.. Se encamina a la mesa. después de . en tiempos de Báez. argollas de plata en las orejas. é. —Hombre. no le importan las diversiones callejeras. desde su rincón. que pregona por las calles al son de: Pan sobao. y seguido de un penado astroso. y los accidentes por las calles. Antonio. las carreras por los techos..é Tostaíto. rechoncho y vulgar. V La llave gira en la cerradura. Antonio. puesta en la cabeza la tabla de pan de gloria. esquivando las puertas abiertas. no ande por allí el temido esbirro.. contiene el desayuno. «dicen que viene y no viene ná». La cestilla. desflecados los bordes y rotas las asas por el trajín.

y la tarifa que regía su industria marcaba sus admiraciones: en las de a tres por un real. que con la altanería de los vencedores. pero la altivez de Antonio le cohíbe. difundíanse por aulas y claustros las alternativas de la guerra hasta que se supo que Moya y Monción habían traspuesto la frontera. obstinada en durar sin estirarse a la par que el dueño. y una arepa de maíz amarillo. o lanzarían los audaces con su propia mano. Supino sobre el catre. y al entusiasmo en los moyistas sucedía el temor a las persecuciones y venganzas. en las de a medio. sin que a su vez la chupa bajara más allá de la rabadilla.. A solas. Masca callado con desgana visible. al fermentar. a su vez. extrae la cafeterita de hoja de lata. que repetían lo oído en sus casas. se refería a César y a la conquista de las Galias. untado de mantequilla norteamericana. escribiendo en la mesa desvencijada de la clase las cartas a la novia. Siempre seco. En ambos frutos en agraz mordió con ganas. El alcaide se balancea en el mecedor.un registro minucioso. se le engarabitaban por encima de las rótulas. y traía a las aulas el rumor de sus polémicas. nunca le da pie. aumentándose sus simpatías por aquel de sus maestros que tenía en los tobillos la huella de los hierros. Antonio. El alcaide recoge la cesta. escribiendo las cartas amatorias que los compañeros enviarían los domingos de salida con las criadas. soplos caldeados del ágora. que compraba por un agujero practicado en un muro del patio. se sintió superior a ellos. Ningún elogio le placía tanto. y la imagen de una muchachita. agitándose. Lilís había triunfado. Sus compañeros fueron entonces jóvenes que le superaban en más de tres años. y. el porte viril de su testa. sorbe por el pico el café frío. y la prosa inflamada y restallante de sus artículos. y así. mientras el penado carga en hombros el baché con las excretas que. le habían de distraer de los estudios: las pasiones políticas hervorosas. las cuales. expanden sus pestilencias. y su satisfacción rebozó el día en que le encargara repasar la lección: parecióle recibir el mandato de comunicar a los demás la influencia que le . y las golosinas que traían las dulceras. por donde se comunicaba con una casa del vecino callejón. él era el único que vestía aún calzones. en cuyo ambiente respiró durante las vacaciones y que continuarían entrando en ráfagas por las ventanas. Antonio ensarta de nuevo el hilo de sus recuerdos. El preso. y de un tirón cierra la puerta haciendo sonar con fuerza el cerrojo y la llave. Tras el último sorbo. y a la cual había hecho plantón al sol y bajo la lluvia en la esquina. ensayaba sus gestos. Cuando el 1° de septiembre volvió al Colegio. puso mesa de memorialista. Las noticias se reflejaban en las caras de los externos. y escrito cartitas. y sus jugos acidulados le producían sensaciones perturbadoras. avivarían los odios. Así se inició en las letras. Dos simientes trajo en el espíritu. Entre bocado y bocado. deseando imitarle en todo. Antonio. adobadas por los intereses de cada bando. que arrojaba al balcón cuando estaba sola. a Napoleón. y por cierto que. habituado a tales penalidades. hermana de uno de los condiscípulos. Un profesor encomió un borrador que le fue aprehendido en un libro de texto. encogida la tela por las continuas lavadas. el preso le recomienda: —Mande decir a casa que me envíen ropa limpia y libros. a fin de ganarse las motas para los jalaos. Tiene ganas de charlar. Comenzó de nuevo el desfile interminable de los días. cambió de clase. un pan partido en dos. Sus compañeros le distinguieron. entrevista en el patio en las visitas de los sábados.

¡extraño contraste! siendo probo. y hasta con el mismísimo don Marcelino se atrevió. y otro. sin embargo. para perdonar una falta. Ningún castigo le dolió tanto. y profesaba las de francés y astronomía en mal castellano. Las lecturas en la quietud del patio excitaban sus ansias. en la cual las maderas tintóreas de Chile se mezclaban con aquellos nombres de ríos y montañas que las hazañas estupendas de conquistadores hispanos y libertadores americanos han hecho célebres. Lloró con ira aquella debilidad. caía en servilismo político nada grato —jamás tuvo las simpatías de sus discípulos. que tal momento lanceaba al tirano. que en el pueblo riente. con el ardimiento de la sangre nueva y sana. Transcurrió un año más. o dibujaban en sus memorias perfiles que al discurrir de los días les hacían reír o añorar. que en antes recorría las calles. e impaciente. de toscas caretas. las manos finas. Cierto día le pilló aceptando una dádiva. tenaz. La pluma. lucían carátulas finas. y la novia. y por intermedio del hermanito de ella recibía cartitas que le sabían a almíbar! El carnaval de este año señala un hito en su existencia. No le bastaba vaguear. rompiéndole el pecho cavernoso. y campanillas. cayó sobre el papel. el recuento de cuyas campañas periodísticas y duelos les distraía en la asignatura de lectura razonada que regentó. era una simple lección de geografía. Además. el venezolano Miguel E. cuando hacía sus primeras armas con la pluma. en la época en que se celebran las fiestas consagradas a los patrones. de cuyos exámenes saldría armado Caballero de la Ciencia con su título de Bachiller. de fluvial barba blanca. seguida de vagabundos. pues había sido correspondido por vez primera. puercas vejigas. medía el lapso que le separaba del fin del curso. Tascaba el freno. arrojaban una semilla. y si las truhanerías le sobornaban. sacudíale. mueve y mueve la paila de dulce de leche. que volteaban en cada esquina al grito de . que decía descender de los Courtenay de las Cruzadas. Tales aves de paso. y racimos de grandes vejigas de vaca.dominaba. Los diablos cojuelos. Todos los diablos del mismo color. arriesgándose de cuando en cuando por el de las meretrices. colgándosele de las barbas. dibujando a la pluma. Dos no olvida Antonio. que le rebajaba ante su modelo. a pesar de la largueza con que les repartía en premio libros y dinero. quien. con un macuto lleno de maíz en el brazo izquierdo y una escoba enastada en la diestra. quería realizar. y un inglés. timbre del plantel del cual procedía. y de que nunca les pegó—. y los chicos. profusión de cascabeles. La recia palmeta de roble se alzó indignada. La reclusión pesábale. un tanto indiferente a la inquietud de aquellas adolescencias. o recorrer los barrios en busca de sancochos. sustituidos por pandillas organizadas por jóvenes. ¡Cómo se pondrían la madrecita. La vieja roba-la-gallina. rojos o negros. descalzos. por las aulas pasaban de tiempo en tiempo. ¡El Prefecto no les inspiraba ya temor! La tos. pulcro. laborioso. a los que el espíritu filantrópico del Padre Billini acogía. Antonio cumplió los dieciséis años. deslumbrándole primero con su lujo. En las noches se escapaba con dos o tres de los mayores para asistir a las zarzuelas que en el Teatro de La Republicana se representaban. un medio. figuras errantes de proscriptos o traídas por el oleaje de la vida. alzaban el puño. e hiriéndole luego hasta provocar su indignación. les echaba. bien infladas y hasta limpias. alto. Se creía un hombre y reñía con los profesores. Eran los días del Empréstito. Aquello no se había visto jamás. al azar. cencerros. Antonio formó en una de ellas. aduriéndole la diestra pecadora. que seguía las explicaciones. Entre los profesores se contaban un extranjero librepensador. nutrido de ciencia. Pardo.

tan perfectamente imitada que pocos hablan. que conservaba su empleo en la aduana. que acompañándose de acordeón y güira vociferaban hasta altas horas de la noche Rumbamba. escribió un artículo corto. apagando el júbilo de los cascabeles. divididos en banderías adversas. ovillos de hilo. compuesta de parejas distinguidas que sobre tallos de caña brava bailaban con elegancia. Rumbamba. oriundos de Curazao. objetos de fantasía. Por ti me muero. . y sé prudente. y los grupos de dominós. Antonio. callan corridas a la vista de la mascarada que figura la Cámara de Diputados. cotejando las teorías de los economistas sobre el empleo reproductivo de los empréstitos con las escenas de Carnestolendas. se sintió arrebatado por el torbellino. por haberse opuesto en la prensa al Empréstito. pero contra ellos prevalecieron las puertas de San Luis Gonzaga y la cólera del Padre Billini. y con el mismo impulso que le empujara días atrás bajo una careta bicorne. Las mojigangas barrocas. obsequiaban a tiples y coristas en el Teatro. preso en la Torre del Homenaje. copia de rosas. le reprochaba su debilidad. La locura carnavalesca. comparando el sueldo con sus gastos y los ahorros convertidos en casas. frailes. o pasmadas por el espectáculo de un navío que navega sobre ruedas. ¡Cómo había manejado los tropos! ¡Y qué sonoridades tenía su nombre impreso! El lunes temprano. Los engalanados coches de plaza y los particulares. agitaba las manos de los privilegiados que al sol primaveral encadenaban la autonomía financiera de la República.. de seda y raso. alimentada por las libras esterlinas del banquero holandés. rumbaba. Manatí. déjate de lirismos. Lo copió con su mejor letra. payasos. arroz pintado. y hasta copian el físico de algún representante popular.alegran y perfuman las calles en la prima noche y bailan en las casas donde hay piano. cuanto en las tiendas hay que pueda servir de proyectil más o menos galante. en las tardes del domingo. monjas. para terminar amenazando a aquéllos con el anatema de los Padres de la Patria. que en torno de un mástil encintado. de vecinos de los solares del Almirante y Aguacate. aconsejándole: «muchacho. pero cuando el Miércoles de Ceniza puso la cruz en las frentes. y el viento barrió los restos del arroyo. y de quien las malas lenguas echaban cuentas.Roba la gallina. quienes derraman sobre las mujeres. y las flores y joyas con que los magnates. muñecos. recibió y devolvió los objetos que esparcía la insensatez desde los coches. que Lilís no olvida ni perdona». murciélagos y Parcas. los sabuesos de la Gobernación le husmearon. trenzan danzas. y en el ardor del combate. a los notables de la política y del comercio. pensó con tristeza y vergüenza que su maestro. que en las Pascuas del Espíritu Santo venían desde su aldea fluminense de San Lorenzo a bailar sus tangos africanos al son de los cañutos. enhiesto en las bocacalles. El tío Tomás. Ti-ti-tí. sentadas en las aceras o asomadas a balcones y ventanas. Mi caballero. ceñida a las reglas de la Retórica. Palo con ella. confites. que disfrazando la flor y nata capitaleña. enviólo a El Eco de la Opinión. conducen al Presidente. huía desalojada de sus dominios por las comparsas de indios emplumados y relucientes de cuentas. por las que remedan a los negros Minas. vino a verle y le regañó. y al siguiente domingo le deleitó leyendo su prosa de estudiante. pomos de esencia. lunes y martes. rumbamba.

corazones leales que en el exilio y en la misma tierra palpitan por la patria. en verdad. si ya casi no restan nombres que tachar entre los firmantes del manifiesto sustentador de la candidatura Moya-Billini. Antonio. boca arriba. a pleno sol en el cadalso. los economistas y los poetas deleitándose con los versos de Mármol contra Rosas. de orden del Gobernador». o en las sombras. que luego habían de vibrar en su prosa con redobles de tambor. sin orden ni método. tan ansiada. con los doce Césares de Suetonio y los discursos de Castelar. excelente memoria. cuántos tránsfugas. Había habitado todos los calabozos de la Torre: éste. Leyó con furia. en su telar de encuadernador. ascendiendo las gradas de piedra de la Torre! Unas por sus escritos. También Lilís no desdeña entremeterse de raro en raro a la tertulia. de doble intención. sin vocación. pocos. Desde entonces.. a menudo caen espigas al surco. . libertad tan querida. Su nombre figuraba en las listas de la Gobernación y. el de Peynado. en las propias calles capitaleñas. ¿En dónde están los varones? Y la simiente de hidalguía. mezclando los juristas con Sué y Víctor Hugo. escudriña la rúa. la atmósfera escalda en la celda. —¡Qué vida! ¡Ni una ráfaga. que corren de boca en boca por el país entre risas y alabanzas. en verdad.. decíase que Moya y los expulsos se movían. donde se dice. frases rotundas y palabras sonoras y brillantes.. la Capilla con su ventanillo que permite robar al celo de los carceleros el espectáculo de unos metros de calle. extrajo algún provecho. húmedo.. debía permanecer en el asilo del Colegio. casi subterráneo. Después. donde Báez mantuvo durante seis años al general Jacinto Peynado.. sin ser cierto. indigestando mente y memoria de hechos y nombres históricos. el del aljibe. Ese día y en el mismo sitio. ingresó en el profesorado. del incendio de la cocina de un bohío de San Carlos. el de Colón. Enrique Peynado señala con una raya en un ejemplar del manifiesto a quienes se pasan. que tiene la forma de un pañuelo esquinado. incitado por los títulos o la fama de los autores. ¡cuántas veces había entrado por la puerta monumental de la Fortaleza. Del ochenta y seis a acá. el tirano en sus papeles públicos y él en sus artículos denominan pueblo dominicano! .. enterrando sueños de gloria y de amor! VI La hora meridiana. un oficial de la Policía le puso la mano en el hombro a la voz de «venga conmigo. que obliga a los ciudadanos a andar encorvados y mudos. y hay aún. comentando los sucesos cotidianos. se hicieron numerosos presos. a la salida del circo de toros. y escribe la historia en humilde pupitre de pino. ¡y Dios sabe hasta cuándo! —¡Ah!.. pero no le fue dable ir a abrazar a su madre. tensos aún los nervios por los lances de la corrida. había vivido lo florido de su juventud. y con su voz meliflua. ¡Qué horror! ¡Entre estos muros siniestros. el del pañuelo. el del Profeta. Lilís tiene. otras por conspiraciones o porque acaecían levantamientos en el Cibao. ¿se ha podrido acaso en el fango? Sin embargo. El calor le angustia. el busto desnudo. que fue encerrado el Descubridor por Bobadilla. En la rebotica de la Librería. en este ambiente mefítico. mientras don José. se le inculpó conjuntamente con otros correligionarios. como medio de vida.En julio se graduó. ¿Siempre le oprimirá la tiranía. a través de sus lentes. hasta la tarde de un domingo en que. cual si fusta candente brillara amenazante sobre las cabezas gregarias? ¡Y a tal rebaño de castrados. ni una gota refrescantes. De tales graneros.. manchado por la tinta nada más. sazonarla con uno de sus cuentos. cierta vez.

ni poder. el caudillo mesiánico? ¡ Y cómo le escuecen a Antonio las fatigas electorales del 92! Lilís había promulgado su decisión de retirarse del poder. la comedia no había terminado allí. otros anotan cifras en los libros del comercio. que sólo él tomó en serio. ¡Cuántas plumas rotas! Los paladines del ochenta y cuatro contra Gollito. revistas literarias efímeras. llega de París unos días antes de los comicios y presenta la suya. el general Morales había resuelto renunciar en su favor. ducho en hermenéutica criolla.. tocados a las puertas de sus comités eleccionarios. Marchena. desaparecido por siempre bajo el oropel de los funerales. Las gentes cargan ese cadáver a la cuenta de Lilís. a pesar de pesares. se han apropincuado al festín. Se le atribuye carácter. retira su candidatura. Ni entidad. Semanarios anodinos. Garrido. a caballo. Marchena. Enmurado yace el pensamiento. con todos sus prestigios de caudillo restaurador. Pero. Los ánimos se enardecen. ¿ qué es? se interroga Antonio. riqueza. apoyado en la espada de Máximo Gómez.. agregándose: «Lilís le teme». en donde la campana tañía convocando a los ciudadanos. regresa caducas las aspiraciones. más o menos periódicas. conocimiento de la estructura íntima de la tiranía. al embarcarse provisto de pasaporte diplomático. y hojas impresas. y rompiéndolos ordenó: «que no voten más mis electores». Y Lilís. fusilado en La Clavellina. en el muelle. En los días de las elecciones. se disponía a bajar. Miguel A. Y las esperanzas se alejan cada vez más. destruida la edición del primer tomo de su autobiografía en oculto acto de fe por la propia mano cesárea. Eugenio Generoso de Marchena. Ni el hermano es de fíar. el cañón anunció la muerte del primero. pues según expresión del mandante. Las paredes oyen. Y por todas partes. valor. arruinado.¡Parábolas del Anticristo criollo! —Y la prensa. Los lilisistas se dividieron en partidarios de Nanita y de Figuereo. y los del ochenta y seis contra Lilís. ni siquiera se es libre para elogiar. La vida es una pesadilla. ni se anuncian los movimientos de los cruceritos de la armada. y el que se descuida se achicharra. ni cosa que lo valga. —Estoy cansado— afirmaba. sin embargo. Figuereo. que un italiano industrioso edita. Antonio recorrió las calles. Lilís reúne a los generales y gobernadores del Cibao. arrebatando sufragantes de San Carlos y Pajarito al Parque Colón. Morales. hartos de ayunos. y algunos. ministro de Guerra y Marina. espían. aún combaten péñolas: Eugenio Deschamps. en lo más recóndito. Ya no hacía el cuento de la novia y la escalera. y les anuncia que para evitar efusión de sangre.. Es un círculo de hierro al rojo blanco. días más tarde. fue preso. Se pensó en oponerle el rico comerciante Juan Jiménez. no era ése el momento. ¡De buena había escapado! . «ése era el saco en que iba a coger toíta la oposición». Una tarde. peregrinan unos por playas extranjeras. irritado. y hoy ni éstas. en la esquina frente a la Casa comunal. después de nueve años de destierro. pues. tras un año largo de prisión. y en seguida.. había ocurrido a destiempo. arrebató a uno de sus agentes un puñado de votos. también Antonio y los principales partidarios. Al pobre candidato le dejó entelerido tan estupenda declaración. En derredor de su bandera reúnense cuantos de veras anhelaban la caída de Lilís. Surge entonces la de Tomás D. por haber lanzado su nombre al debate en 1892. cuyos penachos han atraído tantas veces el rayo. cabestrero. La candidatura Morales-Rivas había triunfado. un diario de información. El segundo día hubo las protestas de rigor. Empero. mas a pesar de la ola de cieno calcinante. Moya. derrotado y burlado en los comicios de 1888 por atabales mandingas. la mirada de Caín que penetra hasta el fondo. Luperón. ¿Quién. cofrades.

descubre las entrañas explosivas. engañados por sus propias manifestaciones. Marchena y ocho más en Azua. mantiene la enemiga entre la autoridad y el pueblo. va a prosternarse. El 27 de febrero. que dice preparada contra él. de allí en adelante. fusila a Castillo. y por ante las tropas formadas frente a la Catedral. a pesar de la autoridad que inviste. a mí no me matarás». maten. y. Luego. acusa al Gobernador Estay de tentativa de asesinato en su persona. Formidable tela de araña que se extiende por todo el ámbito de la República. Antonio tiembla al considerar la trama de intereses ingentes. el telón se alza para la tragedia. exclama: «General. insaciable pulpo que chupa oro y sangre. negro ardido y zahareño. Su vida y su poder significan el goce pacífico de tales beneficios. mulato bravo y soberbio. la da como feudo a un negro sin letras. Lilís le soporta. y en la misma orilla quedan derribados ambos. de quien busca con sus actos el aura popular o tiene veleidades políticas! Lilís no les perdona que pongan piedras en ajeno bien o. pagando dos y tres por ciento al mes por los préstamos que se le hacen. González. dirigiéndose al director de la ejecución. En el Consejo. si no reconoce al viajero. el árbitro supremo. y abriéndola con sus propias manos. mueren. pero ¡ay. en los montes de Neyba. ministro de Relaciones Exteriores. transita de un lado a otro. les anuncia la nueva espeluznante. Su voluntad cargó las armas asesinas. éste le responde: «pues ahora es tu turno». de la cual el sátrapa es remate. detuvo la mula ante un gajo tendido en la vereda. bigardo corajudo. el uno en la calle. la ruta está indicada por cadáveres. ¡Cuántos de sus amigos. de día y de noche. Y sin tropas. taimado y matrero. que a las claras dice: «tú. que reside en Macorís del Este. en La Punta. arreglándole el revólver que el otro se ha echado hacia adelante. en todas las regiones. y cuando éste. ministro de Guerra y Marina. y. afirman con la elocuencia terrible de sus muertes. permanece una semana. A él no le importa que sus tenientes roben. al salir del teatro. alentaron la ambición de sustituirle o se acercaron a otro candidato. en casa inabordable. La villa que conserva en su sociedad la tradición de los caballeros fundadores. Dispone de las vidas como le peta. no le teme ni a las iras de los hombres ni a las espinas de la guazábara. Tres años más tarde. los lleva a un careo. ¡así se hace justicia!». violen. Isidro Pereyra y Joaquín Campo. se fuga en un cañonero español y denuncia tratos para arrendar a los Estados Unidos la bahía de Samaná. Toda culpa tiene en él refugio. que cree su prisión fingida. le hace un cuento. y el oro le acorre porque incita la angurria.colchón de plumas para caer. en presencia de Estay. que el poder es suyo y nada más que suyo!. porque así se convino.—Lilís logra el máximum de poder. el Pacificador inaugura su tercer período. en tanto el Prelado entona el Te Deum bajo las naves góticas. Lilís convoca al pueblo en la plaza de armas y. y allí se abatió fulminado por la emboscada. ¿Y quién resiste a sus órdenes? Un panzudo y . da la horrible noticia: ¡todos eran azuanos! y muestra una bomba. observa las huellas. centro del sistema. Y. cuyas rivalidades animó el Pacificador. y confía el gobierno del distrito a un leguleyo. medro. trepado en una mesa. Lilís reúne luego a los notables en la sala de actos de la Gobernación. los apresa y transpórtalos a su patio de Macorís. gallea. el otro en un camino. Pide un cuchillo. Ramón Castillo. Lilís le llama a la Capital. Todos son sus cómplices. que vive. gobernadores provinciales. Y Pablo Mamá. Castillo. Así. audaz. La avaricia. ojea las sabanas. y es. Una hora después de la ejecución.

por un artículo mal pergeñado? ¿Y en el extranjero. en escucha de los más leves ruidos. la camisa desabotonada. que esa moneda es tan eficaz contra la avaricia como la de Solón. Sin embargo. ¿Y cómo. inaugurando un ferrocarril. los platos. En el ardiente crepúsculo. ¡ Son los que van a morir! Pero no. duros como suela. que no leerá la historia. Un dólar vale veinte pesos en billetes. Ansía sangre. espera la visita de los ejecutores que. cintilando en los pelos de tetillas y ombligo. mira a Manuel Cruz Bobadilla. sospecha que los pobres manjares han sido envenenados. ejecutado preagónico. cubierta por una capa de grasa fría. El país se arruina. aunque dice riendo. ¿Y no se cuenta. si come. Recuerda una escena trágica. cual si le hubiese escarbado una gallina. se dice Antonio. El negro poderoso se enjuga. El olor de la sangre le embriaga. ¿quién sería capaz de la hazaña libertadora? ¿ En dónde está el héroe que matando. Lilís arrojó un ejemplar del periódico en el que éste le atacara. ¡un día será! Cuantas veces se abre la puerta. El alcaide entra con la cantina del almuerzo. las narices se le dilatan. hay que derribarlo. El es el amo. la fiera. le chispean las pupilas y ordena imperioso: «traigan a los otros». y después de aspirar con fuerza. y tal vez muriendo. exclama: . Resopla como un escualo varado. redima? ¡Quién sabe! Un escalofrío le sacude. mientras él afirma.repulsivo esbirro. Se le acusó de fraguar la muerte de Lilís. Impera por el hierro y por el oro. Antonio. Los conjurados descienden. arranca a Antonio del soliloquio. El tirano presencia el fusilamiento. sacude la altanera cabeza. el panamá inclinado hacia adelante. y tiene dinero. La sopa. rubia la barba. El carcelero se desploma en el mecedor. Custodio Santo. Gotas gruesas de sudor le corren hasta la empella. ¿Y quién chista. encarar el pelotón. el arroz con habichuelas tan revuelto. que fructifica a la vera del río. marmóreo. se interroga: ¿ya? Si despierta al conticinio. muere en las calles de la Capital. si ha rendido o muerto a los adversarios. Antonio lo ha aprendido. No obstante. siéntase al borde del catre. con ademán felino. y arrimando una silla se sienta a comer. y. Pero. Emite papel moneda sin garantía. si suyos son los hombres de armas. si él. al pie del Aguacatico. murmurando palabras vengativas? ¿Y no murió envenenado en esta cárcel (acaso en este mismo cuarto). retira la cuchara y el tenedor de estaño. pobre negrito. Voz amiga le recuerda ¡cuánto cuadra a su grandeza la clemencia!. conmovido por tal recuerdo. desahogando el dolor y la cólera impotentes en un grito mudo: «¡maldito negro! ». si los cadáveres aconsejan resignarse? Las vidas están a merced suya y el oro es su aliado. parque y pericia? Una idea le martilla las sienes. VII El ruido de la puerta al abrirse. y Abelardo Moscoso puñaladas en la espalda? Así ha creado el silencio. calmada. luego. la carne guisada y el plátano salcochado. amortajado por las rosas del sol occiduo. ¿Y quién protesta. porque no cumplió una de aquellas órdenes de exterminio. en pie. a manos del Jefe de la Policía nocturna. El preso. uno a uno. les muestra como lección saludable el cadáver del compañero. demuestra horror por la letra impresa? En la propia cabeza. frente y nuca. Se oprime la frente entre las palmas. en el patio de la Fortaleza. no ha recibido Eugenio Deschamps dos balas en el pecho. le darán cuatro tiros o. Las cosas alcanzan precios fantásticos. Sus propios pensamientos le infunden pavor. que en la fosa del poeta Juan Isidro Ortea. toda la sangre.

si aquí no ha parlo madre otro igual. hombre. —Y el comercio. no se compra en la plaza una libra de carne. qué calor! Antonio engulle a prisa. que con los derechos por las nubes no ganamos ni para comer. —Pero el país es quien. —Ahora hay pocos presos políticos. —Se lo agradeceré mucho. pero nunca he permanecido tanto tiempo ni tan solo. —Yo ni entiendo de eso. y hoy. Eso de la papeleta. pagará los vidrios rotos. que mordían las rejas de rabia. Mira que yo los he visto. Figúrate. pero al que no coge el billete. ya tú sabes. usted. El Generai lo arreglará to. caray. caray. que estos zapatos me han costado cien pesos hace una semana. papá Quin. Lilí sabe más que los blancos de la Impruven y les sacará más cuartos. no parece ni que hay gobierno. salir de aquí y al otro día ser Papacotes. —Y se pasa el índice por debajo de la papada. que ya tienes un año aquí. ¿ qué dice? —Ello.—¡Caray. ni lo pare. A más de un gobernador le he remachao . muchacho. quince con ésta. haciendo una mueca lúgubre. repinga su miajita. a la postre. —Pero esa situación es insostenible —replica Antonio con viveza. —¿Y qué hay de nuevo? —inquiere. allí estarás fresco y te divertirás mirando pal río y pal corral de los criminales. Déjate de caballás y arréglate con él. El alcaide continúa: —Mañana voy a ver como te paso al Salón. —¿Usted cree? —¿Que si lo creo? No jeringues. no pasa na. —Sí. El Generai está por el Cibao. Cuando él se va. con un peso. callado. ¿Cuántas veces te han metido? —¿A mí?. —¿Y en qué anda por el Cibao? —Dicen que a recoger la papeleta. con él no hay quien puea. —No creas na. La República está como una balsa de aceite. yo y todos. —Na. ni me meto. muchacho. y el Palacio vacío. si que no me gusta.

—Pero de veras. arrastrando los pies.. y dime si con un marchante así. hasta el Capitolio? Antonio se explica que dominaran Santana y Báez. gallo. arruina los templos y rompe los pétreos escudos nobiliarios de los portones señoriles. más que de guerra. A él. por la madre. que cree que Lilí es galipote. le dieron la orden de prender a un vividor de su sección. ¡pero Heureaux!. hijo de haitiano. y al pecharse con él. —Dicen que es brujo —le interrumpe Antonio. caray. ¿tú no sabes lo que es un galipote? —Palabra que no.. idioma. hay quien se atreva. pero oye lo que te digo por tu bien: arréglate. distinto de origen. y en cuyas manos puso la espalda libertadora el consejo de los conservadores. Yo tengo un compadre seibano. de abigeo. Los veintidós años de ocupación haitiana habían subvertido las costumbres patriarcales de la colonia en aquella época denominada «España Boba». Antonio se queda de nuevo frente a la realidad atroz. mira que Lilí está untao y no le entran las balas. que era brujo. papá Quin.. La empresa separatista ofrece campo propicio a Pedro Santana que. de un prócer venezolano. To se lo cuentan o lo adivina. pero mi compai sí. se le volvió puerco. El alcaide se incorpora y concluye: —Sí. hormiga. odia al haitiano. Lo que te digo es que sabe más que yo mismo lo que pasa en la caice. poniendo en íntimo contacto nuestra sociedad débil con el invasor fortalecido en una guerra feroz. nieto. —¿Y la que le pegó en la nuca en El Cibao?. siendo pedáneo. nativo de la frontera. Será Presidente hasta que se muera. —Ello pué que lo sea. que la conversación con el carcelero ha hecho aún más evidente: la potencia de su enemigo. con un poder tan absoluto? ¿Qué hado le solivia constantemente desde las aventuras en la frontera sur.endenantes buenos pares de grillos. la cultura y la riqueza. No seas sonso. temerosos de . —¿Y qué es eso? —Ah. El barcino. según se dice. cerquininga de una mata de la sabana. Su presencia en la Española arroja al Continente y a las Antillas españolas. ¿usted cree en eso? —Te diré: yo no lo he visto. clausura la Universidad. ríete. ¿Cómo ha escalado la presidencia este hombre. Ese negro es el demonio y no hay quien se menee. tradiciones y costumbres. cierra tras sí la puerta. Antonio rompe a reír. —Pues un hombre que tiene la virtud de volverse animal: perro.

En su mansión reina la abundancia. es decir. bufa como los toros. porque engorda al cerdo con sus granos. para él. camino del desierto. sin que los procesos sean conocidos por los jurados. y que desposeído de la autoridad que venera como a cosa suya. pintada a mano. le escogieron por caudillo los afrancesados. de brillantes uniformes. para lo cual tiene concertada entrevista con el Papa. y en aquel tiempo de pobreza. corta una palma. Luis Napoleón le promete cinco mil zuavos que. Su caballo es el mejor. él come en vajilla de porcelana de Sevres a ropas franjas rojas —el color de su divisa—. produciendo confusión inenarrable. y cuatro meses después se ejecuta a Bonifacio Paredes. es una figura de jefe nato. Rico por su casa. es el mismo que sus contemporáneos han visto acoquinado. bien regalado. culpable de haber robado un racimo de plátanos. Buenaventura Báez que preside. brinda al hombre para regalo del paladar la pulpa tierna del palmito. yaguas y tablas para fábricas. los que por no confiar en la capacidad del dominicano para el gobierno. escribe a los que vagan hambrientos en el exilio. Es un hombre del agro. el árbol más útil de la tierra. descuella. En su hato del Prado. sin que una sola.los sueños de los jóvenes del 27 de Febrero. con la acometividad de los mestizos. En el peñón de Curazao. Su valor cívico es grande. Cuando en el curso de una discusión tumultuosa. Cinco veces le alzan sus partidarios hasta la presidencia. en que los personajes más conspicuos se sientan en las primas-noches a tertuliar en las puertas vistiendo viejas. muere sin honor en la patria anexada. Porque había sido jefe de milicias y tenía. sucesor y émulo de Santana. aprendió en la lidia con los toros las mañas que sirven para sojuzgar pueblos. Voluntarioso. erigiendo sobre ésta su pequeño cuerpo. zorro. con un par de chancletas debajo del brazo. que es alternativamente amigo. le restaurarán en el poder tan pronto como arregle la pendiente cuestión de la Iglesia. espadas y puñales. En 1847. espera que vayan a buscarle para ofrecerle el poder conquistado a costa de la sangre de sus huestes fascinadas. por consiguiente. Báez. uno de sus edecanes se le presenta calzado con botines de charol. y él cabalga con maestría. y a las abejas exquisito licor. Cuando pasea por Europa. sus triunfos en las Cortes: ha bailado un rigodón con Isabel II. rompe las reglas de la disciplina. Encarna el principio de autoridad. en las tantas revoluciones que acaudilla. Por buenas y malas artes. buscaban las fuerzas necesarias en el protectorado de una potencia. valen el árbol y el ganado más que los ciudadanos. se le confía la dirección suprema de la guerra. y con sus iniciales doradas. y porque hubo de vencer. y se indigna cuando uno de aquellos oficialitos rosados. equipados y pagados por el emperador francés. siega laureles y se abre paso al poder. y . iguales a los suyos. el hábito del mando. Y tales epístolas se leen con deleite. en la época haitiana ha sido corregidor y diputado. del cual vino y a donde caído o alejado del poder. se impone a todos y restablece la calma. imperioso. solía retirarse. le ordena quitárselos y le increpa por su falta. fuerte cuando manda. aparezca en los campamentos. y de un salto. un decreto castiga el robo con la muerte. Cuando el enemigo de allende la frontera y los del lado de acá le asedian y se despeña en la anexión a España. en el muelle. con ademán de petimetre se descalza para no ensuciar la mesa del bufete. y son creídas. su voluntad en la diaria brega con los subalternos y con los capitanes generales que le sustituyen. el Presidente Jiménez invade la sala de sesiones del Senado con un grupo que esgrime pistolas. bravo. Cuida de mantener su predominio: cierto día.

fue multado por infracción a las ordenanzas de policía. Heureaux aparece por primera vez en la Historia. que yo estoy hoy muy ocupado». le piden la libertad de los presos políticos.aquellos hombres se lanzan al campo. y tres generales le saludan en malos versos impresos en seda y desfilando por entre soldados vestidos de gala. Suave. rige la República. la ciudad se adereza para recibirle. El artista le visita para darle las gracias y le enristra enfática peroración. El mar. al alcance de todos los abrazos.. y apoyándole la mano en la rodilla. y una vez en él. aunque no tiene como éste ideas. ni le escudan las sergas de la guerra restauradora.. figuración del principio aristocrático del Orden. el viento silba. se mete al fin en el Palacio. luciendo la alegría de sus colores. Las casas tendidas de colgaduras. limpiando su camino. Antonio ha visto expuesto el poder de Lilís. procede por cálculo. periodistas y damas. Negro es la palabra más ingrata a su oído y el insulto que jamás perdona. el Concejo le prepara un banquete. en balcones y ventanas la bandera nacional. Valor y audacia. rodeándose de blancos. en la plaza de Moca. Él sabe olvidar agravios. Durante años es uno de tantos guerrilleros. conoce a los hombres y los maneja como a títeres. y desde la colina de San Miguel hasta el mar. . de paso en Santo Domingo. Desde el río hasta la Puerta del Conde. por las calles jocundas. Báez. ni ideales. pero no veja ni se abandona a sus pasiones. termina la audiencia con esta frase: «Mime. venga otro día. achicándose. cuando entre en la ría. le ha roto la diestra de un balazo. le corta el hilo. atrancan puertas y ventanas. cumple el mandato siniestro. honrado por todas las ciudades. meloso. se hacen obras de misericordia. ¡Es el Soberano! ¡Dios le es propicio! En la prima noche. y dos veces. premia con largueza a los servidores. se queman fuegos artificiales: ilumínanse las plazas. a la cabeza de tropas cibaeñas entra triunfador en ella. Los empleados fieles erigen un castillo en la esquina de Palacio. Luperón imperante dispara contra el Palacio de la Capital. sus méritos. alzan arcos bajo los cuales. en su honor se convida a los niños a un bazar. y una cadena que ostenta la inscripción «Paso al progreso» cierra la barra. que captura y fusila. y calles y parques tejidos de garambainas. criatura de Luperón. Cuéntase que el famoso violinista negro Brindis de Salas. tolerando desórdenes. meliflua la voz. desgreñando el follaje de sauces y laureles tachonado de farolillos. y de nuevo. la rompa el crucero «Presidente» a cuyo bordo está el feliz magistrado.. escupe sus espumas hasta el faro. a oír el Te Deum que entona el Prelado. y al regreso a la Capital. granjea cómplices venciendo. El oro y el hierro adquieren en sus manos virtudes inagotables. a la veneciana. saludado por salvas de cañones y discursos de ancianos. Después del fusilamiento de los nueve en La Clavellina. realizando venganzas inútiles. con un relampagueo de sus ojos. sin ahorrar la vida del propio cuñado. condonándole la pena. Los vecinos. expresándole cuán orgulloso sentíase de que uno de su raza hubiese llegado tan alto. un viento fresco agita las banderas. Lilís. se pintan y empavesan las embarcaciones. ño Brindis. Es el dardo que desde Puerto Plata. al acostarse. el Ayuntamiento. En tres apoteosis. agasajado. él se sirve a sí mismo. comprando y matando. recorre triunfalmente la República. aprovechar al enemigo de ayer y penar al traidor. el poeta nacional le da la bienvenida. y disimula sus preocupaciones de raza. la colonia española y la prensa. El Presidente Heureaux intervino. para que. furioso. frío y profundo psicólogo. guirnaldas y palmas.. va al templo. apuntando con su arma al general Salcedo. mozos y señoritas. e implacable. un oficial. Después de las doce. Castigo de propietario depredado o desquite. Cuando sus corifeos le creen instrumento dócil.

. de planchas de cinc. ni el Te Deum. y que se anuncia magnífico. vuelan en las tinieblas planchas de cinc. seda y piedras finas. —¿Y tú? —Ya verás. hembras encinta. su tijeretazo a las ausentes. se reúnen a garrulear. pidiendo a los ricos una limosna para los pobres. incansable. Durante un mes ha sido pasto de las lenguas. Las centellas alumbran la escena trágica. hombres contusos. Dale duro en el codo para que abra la mano. atareadas a no poder más. ruge. derriba casas. ni la retreta con fuegos artificiales interesan a sus moradores. Es el Ciclón. en las primas noches. —No creas nada... las mujeres rezan: «Dios te salve María. Por el arroyo corren torrentes desbordados. va de puerta en puerta . ante las imágenes iluminadas por lucecillas votivas.. el viejo está imposible. le costará un ojo de la cara. descuaja árboles. que bien puede. pero.. —Y las. Desde que la banda de cornetas y redoblantes ejecutó la Diana en la Puerta del Conde. Los osados se arriesgan en las calles. sacude las puertas. se discute. ¡qué te cuento. de locura. si tiene el gobierno en casa. llena eres de gracia». Y el Pacificador. arcos y adornos. "¡No hay leche!" gritan las madres ante las cunas tibias.. de las muchachas que se afanan en busca de adornos y perendengues. de raso. El viento y el mar acuerdan antífona estupenda. se oponía al raso y ahora pretende que no le ponga cascabeles. amenazando cercenar cabezas. chica!. Los árboles arrasados impiden el tráfico por los caminos vecinales. y ¡con qué lujo!. porque no se puede negar que tiene gusto.. los faroles por tierra. El baile de trajes que la Sociedad Entre Nous ofrece en el local del Club Unión. A la mañana siguiente. cumbreras de bohíos. Figurines y grabados. todo de seda. modifícanse modelos hasta elegir. aquel 27 de febrero. —Niña. dando entre risa y beso. ni la inauguración del nuevo edificio de la Aduana. de Trovador.! van las cuatro. amontonados..brama. ¿Recuerdas qué linda estaba en el baile en casa de. guardándose el secreto para evitar imitaciones. Dizque las cosas están muy malas y no se cobran los alquileres de las casas. chica. La lluvia impetuosa inunda. —¿Y tú? . acapara toda la atención. y los laureles del Parque mostrando al sol sus raíces. Ni el mensaje presidencial leído por el propio Lilís en el Congreso. pintado por ella misma. Por las calles se advierte inusitado ajetreo de domésticas que van a las tiendas por muestras y telas. han corrido de mano en mano. Clamor de miseria surge de los hogares en ruina.. herrajes de balcones.. . las últimas ráfagas cimbrean los cocoteros y juegan con los restos de castillos. mujeres desoladas buscan los hijos perdidos. ¡y qué avíos. María se está haciendo un traje de Margarita. — Quién como ella. expectación febril sacude la ciudad. y. y familias desvalidas abandonan las habitaciones destechadas.. —Y Antonia P. —Le resultará un primor. En casa de las modistas. representaciones de personajes históricos. rimeros de tablas. De hinojos.

en cuya cinta deslumbran gruesos brillantes y un espejito frontal.. cuajado el sombrero y el peto de diamantes: es un ministro poderoso. A sotto voce alguien pregunta: —¿Cuál es el traje de Lilís? . Un rumor de admiración sigue por el amplio portal a cada recién llegado. —¡Qué turpén eres! A las 8 de la noche. trovadores. los unos en coche. novias suizas. En las esquinas los jóvenes dialogan: —¿Qué tal? ¿Has conseguido el traje? —En ello ando. Tengo vendidos tres meses de sueldo y estoy negociando otros tres. colores y líneas. la orquesta toca el himno nacional. calza escarpines de charol con hebillas de oro y medias negras. la acera frente al Club está ocupada por multitud abigarrada. es un banquero millonario. empieza el desfile de los convidados.. Cuando rompe el primer vals. me ha prestado su firma. grecas enlazan las guardamalletas. y se toca con sombrero panamá forrado de raso gris. transforma sin cesar crines de caballos en pelucas del siglo XVIII. mariposas. En los balcones y tejados vecinos. se entreveran armonizándose. pero como de noche no se le ven las manchitas. luces. que se ahoga ceñido por el frac violeta y la chistera gris embutida hasta las orejas. A las nueve. Lechuga. lanza en asta y escudo al pecho.. No me salva ni la burburaca. esperanzas. —¡Una obra de arte! Los caballeros no se han empeñado menos. gordas pantorrillas rurales. Los tres salones del Club resplandecen iluminados a giorno. hechiceras. palomas. en una letra a sesenta días. —¿Y tú? —Yo he comprado en casa de los Bazil un terciopelo blanco que por mareado lo dan barato. clowns y pierrots.. poesías. Le acompaña un alto personaje.. reinas. entre los brazos de galantes caballeros de Carlos III. ya estoy listo. un centurión romano.. se deslizan. los borceguíes rojos me los presta un amigo.. Carlos V. Lambrequines de papel de colores y guirnaldas de flores naturales paramentan los arcos de las puertas. Mis hermanas me hacen . floristas. vampiros. Mi amigo. La cuestión es ir.el traje de pierrot. se confunden. Ricos y pobres. los espejos recién dorados y las arañas de cristal. por el entablado pulido. El Presidente viste calzón negro de seda. racimos humanos. margaritas.. repúblicas. A su entrada. el ministro H. Del brazo de los galanes las damas se pasean exponiendo sus gracias a la vista de los que han hecho del balcón tabladillo para contemplar el espectáculo. ¡Cuánto lujo! Nunca vióse una fiesta igual. musas. los otros a pie. que no le solapa los vellos pectorales. rigoletos. mostrando. y la golilla me la acredita Rocha Hermanos. Los sastres rechazan los encargos. —Pues.—De gitana. Francisco rutila. grandes y chicos asistirán a la fiesta. pues se lo he prometido a la muchacha. mohíno. Y con los comentarios picantes regodéase la masa pedestre. Abelardo lo pintará.

custodian a las muchachas. para poder acompañar a las hijas a los bailes. qué lujo! Después serán los dolores de cabeza y los cobros. Y las risas estallan a dúo. La envidia invectiva.—Dicen que de etiqueta parisiense.. En los huecos de los balcones aposéntanse las mamás. yo que la conocí de cocinera! —¿Y aquella mulatica. —Te equivocas. ni sociedad. —Pero se está quedando. ya anda cerca de los treinta.. ¡qué hermosa y bien puesta!. —¿Y el del otro? —De Lorenzo XVII de la Mascota. de dónde ha salido? —No niña. que vestidas de colores serios como sienta a sus años y estado. Ahora la cargan con un ministro casado. tan apurada... —¿Y esta princesa? Pues si es fulanita. y se atreve a presentarse aquí. ni religión: lujo y nada más. si el papá no tiene en qué caerse muerto. Es muy buena. se casó hace dos semanas en intimidad. —En mi tiempo no se veían estas confusiones. es quimá pa sol. No hay que negárselo. y mientras éstas se divierten. pero si ha tenido tantos novios. ellas hacen trizas los elegantes trajes ricos. No sé en qué piensan los jóvenes. —¡Mira a Fulanita. la pobre. —¡Ave María Purísima! —¿Qué te sucede? —¿No ves ésa. —Y Zutanita. Yo no lo creo. ¡qué va! pero la gente es muy mala y cuando el río suena. de azul marino. —Pues que no es casada. que está en aquel rincón? —Sí. hoy todo está revuelto. y. __Chica. Cada oveja andaba con su pareja. ¡quién se lo había de decir a su abuela. . pero ya se ve. —¿Cómo? —Que está quemada por el sol.

Las mamás olvidadas. la multitud lo invade. desbordándose por los potreros. en los cuales penetra ya la luz blanquecina del alba. El buffet se abre luego de la medianoche. A las cuatro de la madrugada. sonríe a las lisonjas cortesanas murmuradas. El champaña atiza la sangre. fuertes y blancos. Las ligas de la etiqueta se aflojan.—Mira al negrito cubaneándose con. Con el ímpetu con que el ganado se escapa de los corrales tras el ordeño. afirman. El General se retira temprano. cabezas antiguas se muestran sin peluca. una aduana para el padre. En varias sesiones ha sido esmeradamente ensayada. temerosos de equivocarse. las manos calenturientas y las testas que desfallecen graciosas. al soslayo va un galán. Las damas saludan. Por la escalera de servicio. un grupo . sin probar una gota de licor. aceitunas. en los salones desiertos. baila con garbo.. el golpe de un cuerpo contra el pavimento interrumpe la danza. previene a los vecinos: «coman turcos.. ¡La cuadrilla!. El carabiné. Luego. arrían a los que están en la calle botellas de champaña. favorecido por mayor número de espectadores. dos tinajones de frutas cristalizadas desaparecen. y ella le pone los ojos en blanco. sacuden. Carlos V se ha desplomado. ¡y el tío expulso! Fíjate con qué dulzura le habla él.. no hay en la fiesta quien le supere a cortés. Cuando avanza solo. las parejas de la cabecera indican la próxima. deliciosa pastora de Watteau. ¡la cuadrilla!. Un viejo. Con el ademán felino que le es familiar sécase frente y nuca sudorosas. En la Poule. pues un error es un delito. se indignan contra los gandíos que no las sirven. la grasa mancha la cabritilla y con la boca atestada. se contonean con gentileza.. escondiendo bajo las faldas de la levita un pudín de dos libras. los caballeros se mueven mecánicamente. Al final de cada figura. luce su marcial apostura. —No seas tonta. traga pastelillos y emparedados. para no perder tiempo. suscitando discusiones rápidas. que están número uno». es bailado con los chales sobre los hombros femeninos. caldos de manos impacientes. y junto a él ríe su compañera. baila con decencia sin arrimarse a las damas. y en pechos y espaldas reptiles cabalísticos. ¡Qué mujeres. danza final. En su tiempo. Dios mío! —Le estará pidiendo un salvoconducto para el tío. sus cobres y cuerdas excitan. mientras güira y pandereta cosquillean los nervios. acarician. Hay quien prefiere templarse con una copa de coñac o de ron del país. sin desguantarse.. muchachos.. En la primera embestida. no era así. pintarrajadas caras y cráneos. y para todos tiene una amable palabra oportuna. mustios. claman voces. dulces. y los labios secos. las mamás soñolientas aguardan en el primer peldaño. con un rictus que le contrae los labios bezudos. se cierran conteniendo un alarido de voluptuosidad revelada en las pupilas lánguidas. Los pies aplastan melindres. enseñando los dientes. no pierde un compás. La orquesta ejecuta con más brío. atropellándose. La tanda presidencial elige por escena el segundo salón. aceleran los giros. Por el balcón. allí escancian champaña.. En los tres salones se organizan sendas tandas. La comparsa de los payasos triunfa con sus blancos mamelucos amplios. amigos complacientes. El Presidente. ceremonioso. las últimas parejas descienden la escalera de mármol. en donde estacionan de preferencia los que no bailan. Al terminar las piezas. y entre alegres risotadas relatan sus impresiones. algunos mozos se arriman a la cantina.

a la tarde. los cabellos sueltos. ¡Es una madre que desde el arroyo implora por la vida del hijo. de americana negra de alpaca. el manto a la cara. de gran uniforme. espías. Es pulcro. que le trae el informe de las ocurrencias de la noche. y entregan al Presidente la espada de honor. El recuerdo de la tercera de aquellas apoteosis. En esa cima. y su ojo de halcón contempla el concurso. Entre el Palacio del Ejecutivo y el sardinel de la plaza. con las piernas abiertas y la diestra manca apoyada en el bastón de concha de puño de oro. En la empuñadura de oro fulgen brillantes y rubíes. sin lujo ninguno. Carlos V les escucha complacido. y fino jipijapa con estrecha cinta negra. El Pacificador la ciñe. se detiene en casa de algunas de sus mancebas o con un mendigo o con algún personaje. aparece en el balcón de la calle de las Mercedes a cumplir un dulce rito: dar de comer a las palomas realengas que se congregan allí. y de nuevo en sus habitaciones continúa las audiencias mientras se viste y desayuna. la república. el Presidente se levanta. en tanto que un pintor le embroma golpeándole el abdomen con el clac. tribuna a la cual se accede por amplia escalinata. ¡Es el Señor! Su hierro. y en el baño comienza a recibir las primeras visitas. tirado por yegua mora. y las rimas galantes cantan las bellezas de cuantas han zarandeado los corazones. Por las calles doradas. chaleco blanco. el médico que le pasa la sonda. no hiede. Le rodean funcionarios y diplomáticos. enguirnaldado. En aquel sencillo despacho. se dice. reseñará en el diario la suntuosa fiesta mágica. Dos poetas. ¡Es el Señor! El himno nacional vibra. A las 9 sale en coche.. asustadas. escandaliza a las beatas que salen de las iglesias. Antonio Portocarrero se dirige a su casa en compañía del cronista López que. infantitas pueras.masculino apura las postreras copas. acongoja al preso. Se sienta en el coche. arrullándose y disputándose el maíz. Es tan cuidadoso de su persona. envuelto en una bata color de castaña. Va al Palacio. que personifican la libertad. embanderado. improvisan a puja. Erase el aniversario de la independencia. las artes. a quien en aquel mismo instante ejecutan en la Fortaleza! Con su voz suave. marcada en la frente la cruz de ceniza. a pie. y las tropas le presentan las armas. Lilís da los buenos días a sus vecinos. su continente es gallardo. En su oficina de Palacio. costeada por subscripción pública. El Parque de Colón. Al amanecer. con interrupción de una hora para el almuerzo. que entran a su morada por la puertecilla de la calle Luperón: el jefe del Cuerpo de Serenos. Luego. corbata de color. y que con su disfraz de pierrot. en la cual trabaja sin descanso hasta las 5 de la tarde. venezolano el uno. en la cabeza un gorro encarnado. proxenetas. obligándolas a alzar el vuelo. una anciana enlutada. que con sus propias manos hace la raya al pantalón. se contiene toda la vida nacional. Por los escalones asciende una teoría de capullos. elévase una. calamocano. el Pacificador se yergue. constelado el pecho de condecoraciones europeas y terciada la banda tricolor. amigos íntimos. El sol los derrota. dominicano el otro. rebosa de gente. . esgrimido por su mano potente taja en la hacienda y en la carne del pueblo. Cierto día. De paso.. pantalón de casimir a cuadros o de dril blanco. la justicia. las perturba. en el cual le acompañan sus secretarios privados.

Debe millones: no importa. y ante su vientre fecundado. En la capital mantiene dieciocho mancebas. e instruyendo a un gobernador supersticioso. suminístrale dos cartuchos embrujados con una cruz en el plomo. según le convenga. es fino en sus maneras. e ignorante de las teorías científicas del gobierno y la historia de los pueblos. y cuando las querellas degeneran en trifulca. su actividad incansable. De los diplomáticos extranjeros se aprovecha: les halaga. él mismo disfraza a los que en una tarde de carnaval encarga una alta obra de venganza. combina siniestros planes políticos y organiza bailes y bromas a los íntimos. Su capacidad de trabajo es extraordinaria. no lee. defendiéndose. son el espanto del vecindario. y lo mismo visita a un diplomático o familia principal o interviene en el milagro de una histérica o platica con una de sus barraganas. Estos. le da el caballo ensillado y le prescribe emplear el puñal. él dice riendo que necesita un hijo blanco para meterlo cura. negras. No conquista. Mantiene el arsenal bien provisto de fusiles y cañones. y al efecto visita el vecino Estado con pompa. y teniendo excelente memoria. como prepara un fandango para que sirva de ambiente propicio al asesinato que a la medianoche. en coches que pasean la ciudad con .comandante militar de la plaza. interviene para castigar o proteger al Don Juan. El ridículo de un cuerno. firma una dádiva para una iglesia o una carta de amor. arregla los matrimonios desavenidos y divorcia. amén de las aventuras que la miseria y el temor le proporcionan y de las hetairas portorriqueñas. Dos de éstos han sido cogidos en alegre compañía. De París le han provisto a una doncella. lo cobra con la muerte. Toma dinero a préstamo al 3 por ciento mensual. el champaña y la cerveza desbordándose de las copas enchumban el piso. a quien ordena un asesinato. trata las cuestiones internacionales. Casa. Si raptan una doncella. Emite papel moneda. convertido en patíbulo. y castigó con el máximum del arresto al jefe del cuerpo por no haber obedecido la orden de hacer fuego sobre un baile de prostitutas en el cual habíase armado un zipizape y uno de cuyos concurrentes era el. con la misma pluma con que ordena una ejecución. los hombres riñen disputándose las hembras. al jefe de su Estado Mayor. El Presidente ha premiado con cien pesos a uno que dio muerte. compra. cree mantenerse vigoroso merced a inyecciones de Brown Sequard y a pociones copiosas de Elixir Godineau. sin percatarse que haya o no ministros en la sala. y sin someterle a juicio. mulatas. Habla francés e inglés. bajo su inspección. se solazan la juventud elegante y los funcionarios del gobierno. extramuros. No cede a sus tenientes el puesto de peligro. pero ello no entorpece para que firme protocolos secretos acerca del territorio discutido y negocie con los yanquis. y él mismo se jacta de que le inspiró la reelección de 1892 la lectura de la Vida de Marco Bruto. Al crepúsculo pasea en coche por la ciudad. Es un sátiro. da la mano para agarrarles por el pie. de don Francisco de Quevedo y Villegas. Minucioso. Blancas. para el asesinato de un hechicero. policía de seguridad nocturna. Crea instituciones a semejanza suya y a la medida de sus necesidades. cometerán los serenos en persona que le estorba.. y con el mismo descoco con que arregla los asuntos internos. acotado por él. y escolta en un crucero un balandro. y otro tanto paga a los fiadores de sus letras. El Erario es su hacienda: dispone de él. vela por la fidelidad de sus queridas y las de sus amigos. ¡malhaya quien tenga que hacer con ellos! El culatazo es la expresión favorita de su autoridad y las carabinas que gastan se disparan solas. aunque alguien asegura haber visto en su alcoba un libro de Núñez. escribiendo con hermosa letra la pequeña historia vil de su época. distribuyendo regalos. sin embargo. arma más segura que el revólver. de distintos países las posee. los serenos ocupan las puertas apuntando con sus armas al interior.recibe y escribe: es oficina de mandatario y de comerciante. el presidente de Colombia. desvía hacia sus bolsillos las rentas y amontona deuda de millones sobre la República. En tales bailes. sus allegados le prestan propósitos de conquista. anota. cuanto le dicen y cuanto observa.

intransigente. hasta un día de San Andrés. en donde él y otros hacían plantón para ver entrar y salir a las muchachas. Antonio. en cambio. redondos. mira él a su mujercita inclinada sobre la tabla. la pluma de Antonio atacó al tirano y fue encarcelado!. humilla. y ahora le envía esos dos libros para que ellos le muestren en su celda los placeres que serían el precio de su conciencia: la tentación. y «Cosmópolis» de Bourget. y en torno de la tina de agua de tuna perfumada con «Agua de Florida». VIII A las cinco de la tarde un ayudante del alcaide le trae la cena: en el mismo cestillo del desayuno. la fimbria de la falda tocó el calzado. También le han enviado dos libros y un hatillo: A tragos gordos. y mientras una llena los cascarones. que vive siempre bajo su mirada zahorí. Corrompe. una poción de cacao. ¡ Si él quisiera. otro hace montar guardia a la puerta de una zorra para obligarla a serle fiel. éste es envío de su amigo Arturo Aybar. látigo en la diestra. se funden unas libras de cera. dadivoso y temido. el predicador se metió diablo. Y acogiéndose al mecedor.los faroles apagados. intercalados con bocados de pan. que ha regresado de París. apóstol. la montaña hecha del almodrote de todos los crímenes. Luego. hojea los libros. mañana y tarde. lee manuscrito: Arturo Aybar. se transó con Lilís. la otra corta parches de trapo. y helo ahí cónsul en París. El es el supremo árbitro. y que en varias casas constituye industria. tragedia sin sangre ni muerte. impera. en compañía de una hermanita en dirección del Colegio «El Dominicano». De la ropa blanca y lustrosa se desprenden olores de carbón y cera. Luego. casaca de paño azul con botones de oro estampados con las armas de la nación. y en las de fiesta nacional se confunde con la multitud apiñada en el parque de Colón y se pasea de chistera.. apagaría la sed de una sola vez! Y desata el lío envuelto en un ejemplar del Listín Diario: calzoncillos y camisilla. En las noches. Antonio sorbe el chocolate de agua. de todos los intereses y de todas las pasiones en cuya cima el tirano. entretanto un muchacho coloca aquellos proyectiles en cajones. mide la pesadumbre que aniquila al país. luchador. ¡Cuántas veces. se yergue con su carnavalesco frac rojo. Lilís anda por la ciudad. mientras paladea el dulce. En la mañana comienza la faena de preparar las municiones. que pasa con brío y paciencia la plancha: heroína silenciosa. en cazuela vidriada. calentada por sus declamaciones ciceronianas. ¡Qué punto!.. a la rústica: «París» de Zola. un mollete con mantequilla y un piñonate de coco.. desde la esquina. canastos y . Antonio revive sus amores. y a través de los muros. la chiquillería proveyéndose de tunas en los batiportes anuncia el famoso día del santo crucificado. Sobre el brasero. movida por sus insinuaciones. evocando tales escenas. sin que jamás atrajera su atención aquella chiquilla flacucha y sin gracia. y dejó de encontrarla. en traje civil o disfrazado. Tras la cubierta amarilla. se reúnen dos o tres mujeres. lavando los cascarones de huevos que han sido cuidadosamente almacenados durante el año. y en el ardor de una de esas bacanales. rayando de rojo las paredes de las casas y las ropas de los compañeros y de las negritas sirvientas que transitan por las calles. eminente magistrado se ayunta sobre la grama con una grofa. pero ¡cuan dolorosa! ¡Cómo la conoció! Púber la veía. que la tercera impregna de cera caliente y con ellos tapa los agujeros. La víspera se inicia el juego. Desde mediados de noviembre. ¡Ah!. la retiraron de la escuela.

Las muchachas les esperan a pie firme. La mañana es propicia a los jugadores furtivos. se entrecruzan innúmeros. toneletes y latas que. los cascarones vuelan agresivos. y cuando descubren una cabeza medrosa. y más si no juegan. cargan los cascarones en barriles. los criados acarrean agua de pozos y aljibes. Cuando la lidia. los bailes blancos. salpicándola. empieza el trajín. El cascarón revienta en la reja. introducen por las rendijas o por el ojo de la cerradura. azul. amagando hasta hallarlas descuidadas. con el macuto al hombro. recorren las calles a pie o en coche. mas suele ser grave o por lo menos exige fomentos constantes y reposo. con los cuales molestarán a las señoritas ventaneras. y del balcón o de la calle se retira un combatiente con la mano en el ojo averiado. Desde el arroyo. amén de uno que otro herido de puñal o revólver. carnaval barato con que. en la noche. los lances de semejantes horas de locura que dejan párpados hinchados. o entra traidor. o se empelucan con polvos de color: hay quien haya dejado un diente o medio carrillo en el canto de una batea. se empapan. importando. muertos de cansancio. o echan pelucas a los transeúntes. en tanto detrás de la reja rompe un ¡ay! A las diez. El día 30 desde el amanecer. se escurren con mucho tiento junto a las paredes. Los adversarios. una libra de harina o de almagre en la cabeza. de chiquillos que. chorro que hace estallar las lámparas. ahí están las luchadoras en balcones y azoteas. En estas casas se congregan las muchachas. y se mantienen a obscuras los salones. los de la calle asaltan la casa. pues no todos reciben de buen grado. nuestros abuelos de la Colonia se desquitaban por adelantado de las penas del Adviento. los ofrecen a las muchachas. cubiertas las miedosas con mascarillas de alambre. La ventana se cierra con estrépito. y aquéllos. o en carretas.barriles. blancos y frágiles. y en el arroyo briznas de cáscaras de huevos. y sobre el corpiño de la hermosa pinta flor purpúrea. se grita. entusiastas impacientes. disparan el cascarón que ocultan en el bolsillo y se escapan. canastas y macutos. que el combate se reanudará en la tarde con más bríos. éstos visitan las casas. transportados a balcones y azoteas. En las casas donde se juega. en cambio. A las cinco. no por más galantes. A veces. brazos molidos. amarilla. sustituyen los cascarones con flores y confites. Tal era el inculto y deleitoso San Andrés. colmando bateas. arrancándole un grito de susto. La faena excita a ambos bandos. manchas multicolores en las paredes. se oye un grito. el accidente es ligero. y se mojan cuerpo a cuerpo. o en la pared chorreándola. Los más pudientes. y los proyectiles. vestidos de dril blanco o de colores desteñidos. Alguno de estos grupos lleva un charanga que con sus sones alegra la algarada. entiéndase la ducha. quienes protegiéndose de los balcones con los paraguas. a tiempo que de arriba cae sobre ellos una lluvia roja. Al atardecer. algunos jóvenes. Al mediodía. o en coches. los hombres sin cesar arrojan cascarones. armados de una jeringa. Después de tales encuentros. los combatientes están listos. cada cual rememora en casa. Un armisticio para almorzar. . en acecho del lechero o del panadero. Sonadas las diez. constituyen el material de guerra de la tropa femenina. después de una confortante fricción de bay-rum. se sumergen en los baños. lanzando proyectiles a diestro y siniestro. inflama. en grupos pedestres o a caballo. En la noche la gente se recluye en las casas calafateando las rendijas. algunos. fuerza es cambiar las ropas ensopadas. rociando a las muchachas con polvos y esencias finas. baños. y que el progreso ha desterrado de las costumbres dominicanas. vienen a comprar su par de docenas. De raro en raro. delante de un pocillo de chocolate.

cerca. el Parque de Colón. Comenzaba a sentir impaciencia. y Antonio. que las presta. Furiosamente se bombardearon con higüeras de agua. y con ellas las ocasiones de hablarse. apretados los dientes. pero ya le parecía simpática. No era una buena bailadora. A las diez. y las puertas de la casa cerradas violentamente por la madre. y ella le concedió el primer vals y una danza. Esta afirmóle: «le eres simpático. El domingo siguiente. de plantón en la esquina y esperándola a la salida de la misa dominical. y prometió escribirle. y la chica muy queda. las fiestas finaron. dijo sí. Ella. decían a las claras que sus propósitos eran conocidos. tan cerca. la casualidad los reunió en tertulia para esperar el cañonazo en la cena tradicional: pastelitos. o en donde las guardan las que habitan lejos. El traje ceñíale las carnes. Un golpe de agua en pleno rostro ahogó la mirada lasciva. tienes que darle pruebas. y con las expansiones del año nuevo. a quien había de regalar motas para dulces. turbados. a pararse en la esquina. expresivo y sincero. nerviosas. mostrando los pechos erectos y la cadera firme. La noche de San Silvestre. Ella paseaba con su hermana y un grupo de amigas. Se detuvieron. y el galán respondió arrojando el capullo de rosa que le adornaba la solapa. Las malacrianzas del hermanito de la muchacha. pero chico. la primera y la segunda le fueron devueltas sin abrir. retándole. lerenes. Al fin. Antonio se encontró de improviso frente a frente con aquella chica. magra y nada bonita. Y Antonio comenzó a pasear la calle. la vio pasar grave y serena. y mientras volteaban al compás de la charanga. . la encontró en una jaranita en casa amiga. Hubo de comprar la criada para que las llevase. pues el amor existía en sus dominios. la muchedumbre se derramó por las calles adyacentes. Buscó un confidente entre las amigas de ella. Después. cambiando de disfraces para no ser descubierto por la vieja perspicaz. Alimentada la llama por miradas furtivas y sonrisas. para llevarle la silla hasta la casa vecina del templo. Pero eso no era mucho. le miraba altanera. les fue favorable. hasta que por pascua de Navidad. fláccidos. pero la tercera presentaba señales de lecturas. se insinuaron bromas denunciadoras de una afinidad electiva. de sus esperanzas. anhelantes. quien arrellanado en un banco divertíase con los fuegos artificiales. entre los abrazos efusivos de los amigos. la charanga partió tocando marcial pasodoble. El Día de Reyes. Ante su alborozo le recomendó cautela. y las restantes fueron bien acogidas. Se acercó.En un asalto. que sentía el calor de sus alientos. ya sospechada por los demás. contemplando la fina silueta que se desvanecía. A veces. sintióse feliz. el 27 de febrero en la noche. y además no le caes bien a la mamá». organizaron entre varios un bailecito a escote. al salir de la misa. un chubasco inoportuno interrumpía el plantón obligándole a guarecerse a escape en una de las casas o debajo de un balcón. pastoreadas por el papá. discurrieron los días. de sus proyectos. Aquella noche Lilís le pareció menos perverso. los músculos. maní largo y congo. graciosa: algo de ella entraba en él. y bailaron una danza. En el bullicio de las máscaras le susurró algunas palabras al oído. porque en su casa se oponían. cuyas tres noches aprovechó. Ella misma tiraría la carta por el balcón en el momento de cerrarlo al día siguiente. hasta el Carnaval. Ya tenía esperanzas. y sintió fuego en las manos de ella cuando estrechaban la suya. él. le habló de su amor. Continuó haciendo el oso. el Carnaval parecíale demasiado distante y recurrió a las cartitas. y así los otros domingos. entre risas y burlas de las vecinas fisgonas. rebosante de multitud que choca y se confunde. pidiendo la sala a una familia respetable. en el atrio de la Catedral. necesitaba oírla decir que le amaba. mucha prudencia.

colocadas en las ventanas. de Santa Bárbara. Nueva de las Mercedes y Universidad hasta la propia iglesia. el jueves del Concilio. la elocuencia del Padre Meriño cerníase sobre las cabezas de los feligreses que invadían las tres naves. valiéndose de la criada. prevalecerían contra las obras del demonio. y cuyas frases. procesión de Jesús Nazareno. la recogió. la mejor como talla. conmovía. itinerario común a todas las procesiones siguientes. El Presidente de la República. rosario y sermón en la Iglesia Mayor. y. discurriendo en torno de la vida de aquella pecadora redimida por el amor que inspiró las sublimes palabras de la Cena en casa de Simón. porque eso sí. maguer las gentes rieran y los amantes aprovecharan para sus citas las ceremonias litúrgicas y las procesiones. el orador. El Domingo. celebrábase la fiesta de los Ramos. ni bestias. era el día de la iglesita del Carmen: misas desde la madrugada hasta las doce del día. Mercedes. Pero conversar. las cuales. si acaso. aun las más amorosas. A la ceremonia concurren el Gobernador de la Provincia y un batallón de infantería con bandera. encomendado siempre a un reputado predicador. es señalado honor que se atribuyen y debaten los de la hermandad. El Lunes. El espectáculo de la Pasión de Nuestro Señor exigía vestidos y sombreros bonitos y de moda. a las cuatro de la tarde. y horas cantadas. envuelto en la púrpura episcopal. y en cada iglesia. ¡cuán difícil! Un minuto. en la noche. Jesús en la Peña (Ecce Homo) o la Humildad y Paciencia. Sonadas las cinco. tan pronto como encerraran el jueves en la Catedral ni circulaban vehículos. Alto. durante el día. embrazado el guión de plata. desesperante para los curiosos. en conmemoración de la entrada de Jesús sobre la mansa borrica. de la Catedral. El Jueves consagración de los óleos en la Catedral y procesión dentro de la iglesia para encerrar el Santísimo Sacramento. la cartita cayó revoloteando. ni se daba un martillazo. horas cantadas después. y alguna vez por medio de la hermanita complaciente. sermón. principiaba el ajetreo de las costureras y el movimiento en las tiendas. misa solemne. Un silencio de dolor envolvía las cosas. Quince días antes del Domingo de Ramos. Plateros. Se cuenta que el imaginero oró varios días para que Dios le inspirase. Había que esperar la Semana Santa. A los privilegiados se les obsequiaba con pencas de hojas entretejidas y adornadas con cintas. a las diez. revelaban una mujercita orgullosa y leal! El correo se estableció. marcha con ritmo de cuadrilla delante del palio . En la noche. nieve en la testa altiva. Llevarlo en hombros. cargaba la Cofradía de los Sanjuaneros. Desde el púlpito de la Catedral. de humano parecido. y la mayor. la imagen más venerada y prestigiosa de todas. o por el balcón. Hasta el preciso momento en que las carracas sonaban. en el interior de la Metropolitana. Jesús Cautivo salía de la iglesia de la Merced. El Viernes de Dolores. y ¡qué larga y mortificadora aquella cuaresma! Entretanto había que contentarse con hablar por letras de mano. se oía el ruido de las máquinas de coser. con frase sobria y perspicua. los domingos. propicias contra las tentaciones y los rayos. ni se barría con escobas. Antonio espió ansioso todas las puertas. convencía. El primer número del programa correspondía al Sermón de la Magdalena. y cuando las de la cuadra estuvieron cerradas. El Sábado. el paso de Jesús en el Huerto salía del Convento de Dominicos para recorrer las calles de Universidad. pues las Ordenanzas reconocen al Nazareno el grado de Coronel. Jesús en la Columna. repartiéndose a los fieles palmas bendecidas. presidida por el Meso Polanco. hermoso. La Semana Mayor era un acontecimiento público en Santo Domingo de Guzmán. ¡Cuántas cosas dulces contenía aquel pliego escrito con letra menudita y buena ortografía. subyugaba.A la siguiente. a Jerusalén. El Miércoles. suerte de telégrafo que manipulaban con extraordinaria rapidez. El Martes. Comercio. leyéndola a la luz de un farol. que en los tiempos coloniales.

En la noche. rodeado de macetas de flores de seda. derribado. seguido de la procesión del Santo Entierro. Por la tarde. los tonos serios. —Agios ischyros. tinieblas en Regina. encintados. adoración del Santísimo en todas las iglesias: Cristo yacente. El Presidente con la llave del Sagrario al cuello. Jueves y Viernes son los días de exhibir el lujo. parásti crucem Salvatóri tuo. blancos. El comercio abre sus puertas. Pópule meus. hace tres genuflexiones. . mientras el prelado y los canónigos cantan: —Pópule meus. y pasadas las diez. en las calles estallan cohetes y triquitraques y se ajusticia a Judas. la esponja. Gloria in excelsis Deo!. sale de Santa Bárbara la procesión de la Soledad. la Madre Dolorosa. hasta que. los caballos de los lecheros relinchan. la chiquillería lo arrastra y quema. lila. Y la Semana Santa fue. el velo negro que cubre al altar se rasga y aparece la Resurrección. Al primero corresponden los trajes azules. el clero de bruces sobre las gradas del presbiterio. —Sanctus fortis. En la noche se baila: ¡Cristo ha resucitado! ¡Hosanna! El domingo. en seguida. en la iglesia de la Merced. y el Descendimiento de la Cruz. un batallón con la bandera enlutada y armas a la funerala. quid feci tibi? aut in quo contristavi te? Respónde mihi. los clavos. en cuyo cortejo forman el Arzobispo y el clero diocesano. El Sábado en la mañana. a las cuatro de la madrugada. rojos. luego bendice el agua y el fuego. entona las letanías. procesión del Santísimo en torno de la iglesia. Quia eduxi te de terra ¡Egipti. —Santus Deus —responde el otro. al otro. Las campanas propagan la buena nueva. Y luego de sepultado en una capilla de la iglesia Mayor. lo cargan los isleños de San Carlos y le preceden minoristas. la imagen de la Resurrección —Jesús con un estandarte rojo— es conducido a la Merced. Como por ensalmo. El Viernes. se reanuda el tráfago de coches y carretas. y contra el cual se disparan piedras y tiros. las escaleras y el paño de la Verónica. acompañado de San Juan. el Gobernador de la Provincia. El pesado sarcófago de cristal. y.episcopal. la concurrencia juvenil luce sus galas en el Parque de Colón En la noche. Después de las diez de la noche. el sermón de las Siete Palabras. portadores del gallo. deposita un ósculo en el cristiano pie y una morocota en el cepillo. —Agios athánatos eléison imás. misa en la Catedral. gualdos. En la tarde. Agios o theos. el paso de la Cruz en la Catedral. y la antífona continúa por sobre las cabezas abatidas. que cuelgan de una soga tendida de casa a casa. a la voz del oficiante. y a las diez. de la Capilla de San Andrés. la procesión del Sexto Dolor: la Virgen con el Hijo en brazos. la Virgen. —Agios o theos —impreca un coro. la corona de espinas. Le siguen uno tras otro los altos dignatarios. gris o negro. la lanza. misa en la Catedral. muñeco de trapo. y a las campanas ladinas suceden las roncas carracas. Calles y templos tienen aspecto de jubileo. —Santus inmortalis miserére nobis. y dan su nota grave los burros portadores del pan y del carbón. con un cepillo al lado para recibir las limosnas de quienes prosternados besan sus llagas. Lavatorio en la Catedral y en Regina Angelorum. María Magdalena y las dos mariquitas. que peregrina en busca del Hijo.

adolescentes y hombres destocados. cerrando el desfile. en la boca de grana. cargado por los de la hermandad. con los críos de la mano o en hombros. la multitud se agolpa para ver pasar las santas imágenes. le importaban poco. introduce el pie y lo apoya con fuerza para que las monedas se adhieran. . formadas de esta guisa: la cruz alta y los cirios. y al acercarse para besar el Cristo. Para ellos no existían las amigas. para ver pasar las procesiones. Ese año aumentó la concurrencia de muchachas en Regina. la Virgen. Las filas se clarean o se nutren. en pie en las naves o agrupados en las puertas. Durante las funciones matinales. se entretienen charlando. el lujo chillón. los vecinos se echan a la calle en pandillas. Gibbes. los ateos.En tales días la ciudad se anima. rendían parias a Jesús! Antonio no formó en aquellas filas milicianas. el paso del día. que siempre fue la iglesia predilecta. el más largo sargento que haya sido uniformado y con el fusil terciado! El Padre Billini sonreía complacido. del Jueves al Sábado. favorece las travesuras. y. En aquella Semana Santa. trasmutando la carne y la sangre. En las esquinas. él tenía necesidad de todo el tiempo. pero en cuya tez ambarina. que marcha a paso lento y levanta nubes de polvo. en último término. llevados casi en vilo por la gente joven. de roja capa y pluma en ristre. con pobre túnica violeta. el tal sale de estampía. a un lado y otro de las aceras. Le sigue San Juan Evangelista. hay zagalejo que esgrime tijeras para cortar las trenzas o que riega cerillas en el piso para que en ardiendo se asusten las mujeres. cuando el oficiante alzaba la hostia sobre el cáliz. ¡ los normalistas. No. los camaradas de Antonio idearon formar una compañía para velar el Monumento de Regina Angelorum. cada cual con su vela encendida y protegida por guardabrisa de papel. Durante las ceremonias en los templos. tres sacerdotes con capa pluvial. y las manos salvas aprovechan. El misterio de la Pasión. transida por la espada de los dolores. colocado en donde su novia pudiera mirarle sin volver la cara. ¡había que ver a Pancho Peynado y a Lucas T. sujeta por una cuerda elástica al puño de la camisa se alarga y encoge rápidamente. al mando de un capitán. la Magdalena. y el beaterio. una idealidad magnética. en los ojos negros y luminosos. sólo inquietábales el temor de que los sorprendieran el padre o los hermanos. detrás un coro y orquesta de cuerda. musitando la dulce letanía del amor. según se detenga el Santo ante la puerta de un devoto que ha pagado un motete. los jóvenes. La romería del Jueves a los monumentos con su entrevero de gente. o bien cuando quedan prendidas dos beatas por los mantones de lana a flecos. mirando y haciendo señas a las muchachas. filas. se apretaban las manos. simulando perseguir al otro. de uno en fondo. con uñas de maya encontradas. En las noches. acariciado por el aroma del incienso. y montan la guardia en el atrio para chicolearlas a la salida. ni las imágenes. o cuando ha recibido en la cabeza un golpe de cocomacaco. entre el polvo y los olores fuertes. pelota de cera endurecida y con perdigones que. atropellados por la muchedumbre apiñada. No faltan las pelazgas cuando el que va delante sorprende al de atrás goteándole la americana de casimir con la vela. que runrunea el rosario. escondiéndose en la manga. lo cual efectúa el designado untándose de sebo la suela del zapato. empujado por el cómplice. una compañía de infantería. y por entre los fieles. de niños. en la iglesia de turno. el amor había impreso una gracia nueva. algunos diabólicos confabúlanse para robar los cepillos. en las esquinas. las voces gangosas del coro. sus ardientes miradas comulgaban. a quien había calificado de fea. contemplaba aquella muchacha. la contemplaba a su sabor. a la pata coja. de hinojos. en la cabellera que si suelta le caía hasta las corvas. quienes se recogen las faldas chillando. al pasar de las procesiones.

. se le acercó un oficial diciéndole: —El Gobernador quiere verlo. En la noche. y cuando el diálogo mudo se iniciaba. el domingo de Resurrección: «ahora hasta Corpus». sí.. lo recibió con las manos en la cabeza. y asimismo al día siguiente.. que si tu familia esto y otro. la galleta hereje.Aquella Semana Santa terminó. La vieja empezó por aconsejarla que peleara.. —Pues figúrate que le han puesto un anónimo a la familia. lo leyó y. El día en que lo pusieron en libertad. ¡qué gozo! dos brasas que brillaban detrás de las celosías. y ahora. —Oye: dice Luisa que en estos días no pases por la calle ni le escribas. —¡Qué gusto. ¡Qué te parece!. que la hará desgraciada con la política. y qué alegría para la pobre Luisa cuando te vea! —¿Y cómo está?. pero todos están contra ti. por debajo de la puerta. Ya puedes estar satisfecho. que tengas paciencia y consideres lo que sufre. pero no me vayas a meter en líos. Acudió a la amiga confidente. No te cuento más. empezó a contar los días. . Al fin. descubrió. comentarios y chismorreos. los ojos de ella. Una vez el balcón permaneció cerrado. igual mutismo.—Son unos infames. Antonio rondó por la casa a todas horas: el balcón siempre hermético. y el amante. ¡Nunca le pareció Lilís más abominable! El carcelazo duró seis meses. dejando a los vecinos de Santo Domingo de Guzmán tópicos para un mes de relatos. dame noticias. y como la madre es la primera que se levanta. sólo la hermanita. porque tú no ere más que un candidato perpetuo a la cárcel. Transcurrió una semana. El padre intervino.. bueno. El hermanito no le pidió motas. Herminia. te apoya. lo que tal invitación significaba: el Homenaje. no digo más. El sabía bien. —Bueno. a coger la leche. Esta. —¿Pero de verdad que no sabes nada? —Absolutamente. chico. corrió a casa de la confidente. no te pueden ver ni en pintura. —Sí. de facción en la esquina. Venga conmigo. chico. y que patatín y patatán. quiero saberlo todo. y entonces fue lo gordo: la madre se enfureció y 1e cayó a moquetazos. que no se dejara ver. la gran trifulca. Luisa le había dicho.. pero propio era ese momento para esconderse. la pobre. por las tardes y primas noches. porque te quiere con toda el alma. pero Luisa dijo que nones. al despedirse en la plazuela de la Merced. Desde por la mañana le avisaron que por el Cibao había movimiento.

cocos. famosos en la ciudad. caramelos y café en polvo. y hasta lavan. El establecimiento ocupaba el espacio de una mediana habitación. En dos cordeles. plátanos.. a lo largo del cuarto. con dos ventanas. perejil. Debajo del mostrador. chichiguas y un manojo de pulidas higüeras. los huevos frescos. ha ido en todo este tiempo. un rimero de petacas de carbón esmeradamente estibadas. paquetes de velas y de fósforos. y al lado el vidrio con el embudo. agujas. en platos y tacitas. en la cabeza atado siempre un pañuelo de madrás. cerca de la iglesia. madejitas de lana y horquillas. En uno de los rincones. En el mostrador. por delante un barril de sal con el cuartillo de medirla. tomates. las frutas de la estación: cajuiles. mangos. Antonio estableció su campamento en el ventorrillo de la esquina. verdes veteados. y en otros que fueron de aceitunas: nuez moscada y canela. y la ancha bata de prusiana morada arremangada en las caderas y arrollada hasta el codo. amarillos taraceados de negro los manzanos. los martinicos. papayas. azul de bolita. harina con dulce y funde. y en cajoncito. Pendidos: macutos y escobas de Baní. Al mediodía. del propio corral. —¿Pero dónde viven? —Ya te lo diré. La familia se ha mudado. arroz. ¿la recuerdas? —No. haces de caña de azúcar. sobre otro y en una batea. En el suelo. alineadas. para granjearse la voluntad de la ventera. ajíes. ostentan sus magras y gordos. En la tarde. una lata de mantequilla norteamericana. cortado en cuadros y colocados los jalaos. figúrate. latas de petróleo y de melado. la mamá cocina y plancha. Érase una negra alta. En el arroz. ¡y qué bien se ha portado! No. puerros. con los cuales se arman los papalotes. ñames y batatas. —¿Medio-Tocino? —Angelina. —¿Adónde? —Al papá le han quitado el empleo y están mal pasando. sólo a misa.. La ventera. guayabas. una casa de portón grande. si tú no te la mereces. cincuentona. ítem más. azúcar. amén de un montón de leña. y las muchachas cosen para fuera. una cecina (a la cual seña Catalina llama carne de. pintada de azul. mal nombre) y un tocino del Seibo. y pendones. compraba cigarrillos y fósforos. en cajones. la pila de tortas de casabe. conservas de coco y de naranja envueltas en hojas secas de plátano. los mampurios. pan. hay majarete. ristras de ajos y cebollas. frijoles colorados. la color de caoba. doblada más que sentada en una sillita . en el cual. esa misma. las botellas de prú espumosas. y gruesos cárdenos. pasto de las moscas. en una bateíta. racimos de guineos. enfrentico de la pulpería de seña Catalina. mostrábanse en frascos bocones que antes contuvieron ciruelas pasas: cigarrillos del país. Semejante a fuste de columna. sin criada. fornida. a rezar por ti. fideos. En el aparador de pino. En la calle de la Merced. algarrobas. hilo. mamones. berenjenas y aguacates. ¿de quién es? —De quién va a ser: de Alardo. Una damajuana de manteca de cerdo con tapón de tusa. Pero si no tienes pérdida. en hojas de naranjo. y en el opuesto.—Buena. sin pintar. una tabla de dulce de coco hecho con melaza. colgando de las alfaljías. alegría de ajonjolí.

manque le vamo a jacer. Cuando no duerme. pero más que en el aula y en su casa. pellizcando las frutas. respondióle: —Ajá. cuantas veces hacía una diablura por la cual habían de pegarle. echá palante. No te pué figurá tú los blanquitos que me cortejiaban. La oposición de la madre se mantenía tensa. con singular destreza. fuma un tabaco que los dientes han convertido en escobilla. o masca andullo y escupe por el colmillo hasta la acera. al regresar. enseñó el tocino entero. vivo pegá almate pa no necesitá de nadie. y cuando se encariba. mulata galana que la suple a ratos en el ventorro y que se ocupa en los quehaceres de la casa. les increpa: « ¡Condenao. al llegar a la esquina. y una real jembra. y un maldecío cabo españó. a la una. ansina mesmo. ¿por qué le dicen Medio-Tocino? Y ella. se distrae bailando la chancleta en la punta del pie desnudo. Antonio continuaba profesando en San Luis Gonzaga. a las doce. y si reposa con las piernas cruzadas. me dio una nalgá diciendo: paisana. y los olores del café tostado y de las fritangas que trascienden de la cocina. se pasó el índice y el mayor por las narices. Y con mímica despectiva. es hija de un general y está aplazada con un oficial del Batallón Pacificador. expresando de ese modo su delectación por los últimos conquistadores. para ir a mercar sus frutos a los campesinos que vienen por el camino de Güibia. Una mañanita estaba yo en el mercao. Conversaba con Luisa en la ventana. riendo. en espera de los compradores. los sacudió castañeteándolos y volviéndose. para la chuma jablanchina.baja. Y la negra juntó „los dedos cabezones y los besó. alzóse la falda con la siniestra. pidiendo ñapas o devolviendo lo comprado. que le sacó al sol doble hilera de dientes fuertes y níveos. a la perra que te volvió a parí. pero yo me río. regateando. cuando iba para clases. a las cinco de la tarde y después de la cena. eso fue cuando la España. maja café. jizo un acumulo endespués. pero la gente que é mu mala. que se levanta cuando las campanas de Regina tocan el Avemaría. desgrana mazorcas de maíz o ralla cocos y batatas. ¡qué buen medio tocino!. los muchachos y las negritas sirvientas del barrio. que no le da ni pa jabón. Sus manos no están nunca ociosas. disparaba una piedra y entraba en la casa gritando: «Mamá. revolcando con brío el pilón. se le encontraba en el ventorrillo a las ocho. rematando la gráfica acción con una sonora carcajada. cierra sus puertas al tantán de las nueve. como toiticos los españoles. respira a sus anchas el humo de verduras y carnes. Tiene una hija. siempre irritada. y ahí tá. y mi. eso es de familia: a nojotras nos tiran los melitares». las manos en jarras. La madre dice: «es un sinselvir. canijo! » Antonio le interrogó un día: Seña Catalina. hasta que la vieja con un bostezo ruidoso le intimaba la orden de retirarse. la sacan de quicio. Endentonces estaba yo moza. curcuteando una pollona pa encontrale la gordura. niño. —¿Y qué tal era el cabo? —Un güen mozo. Los parroquianos. y el hermanito menor. sonantes en la Catedral. encelada la joven por el cancel de „madera que defendía el interior de las miradas inquisidoras. Seña Catalina. le zumbé una piedra .

la madre les acuciaba. que te lo digo yo. repasaba la vida del vecindario y de más allá. Son buena. niño. mi mama fue cocinera de la familia de la niña Rosita. y lo mesmo fue mi jija. pué tú no te figura la plata que tenían: ésa era gente de mucha campanita. que vide al mundo da mucha vuelta. Tú ve ese tocino. tan mal que etán. y hasta solía también intervenir en el servicio postal. La seña Catalina le instruía de los movimientos de la casa. Antonio.. habichuela y plátano. pero no e mala ná. la vieja jabla. y ya lo ve. sonaron voces destempladas en el interior. con su parlenía. an pué. acudiendo en mangas de camisa y pantuflas. El padre. a mí me jié la brosa. indignada. Muchacho tú no sea pendejo. Tú ve las. y abierta de piernas. y los vio crecé a tós.. con un plátano a medio pelan en la mano. con sendos garrotes.. se llevó la mano al revólver. Si Antonio se refería a los perjuicios que su permanencia podía ocasionarle. El chiquillo saltaba de regocijo en la esquina. Mejó. sí mi amitades son del cogollito.. Antonio se dirigió al ventorrillo. Un mediodía estival. hacía un palote con carbón en la pared. aparecieron los dos hermanos sin sombrero. por eso yo le fío tó. ansí me cogen meno fíao. La ventorrillera apuntaba en la memoria los créditos. el primer piano. a tu mandao en cuantico empuñe. las probe. primenito. ella replicaba con malicia: —Ni por pienso. Tú pué creé. Y la madre engreíale. Por entre los hierros de la ventana. Por la puerta. y cuando sumaban un peso. según los avatares de la política. manoteando en muslos y regazo. detrás de la puerta. furiosos. hasta por allá trá. por el Tripero. un pañuelo de madrás de vivos colores o algún pomito de esencia barata. Son buena gente.a ese vagamundo». que dormía la siesta. en pie en la acera. Desde el umbral. concluía: —Ansí mesmito é. La seña Catalina. Para tener a la ventorrillera contenta. saltó de la hamaca. Y le mostraba la cuenta de la familia. vive una sin tené en qué caese mueta. Luisa suplicó: «vete pronto que ahí vienen mis hermanos». avisándole cuando Luisa salía y por qué calle tomaba. Yo conoco en ete pueblo a tó Dió. que trujenon aquí fue pa ellas. El otro día la muchacha le regalaron una ecofieta a mi nieto. —Las probe. —Ahora va a saber lo que es bueno. y deja que jablen. las altas y bajas de las familias. conteniendo el ímpetu de los agresores. hay día que no comen ma que arró. Antonio le regalaba de vez en vez. Y la negra. abierta con estrépito. Yo los conozco desdenantes. mientras los novios pelaban la pava a la reja. hasta que dio su mal paso. y mi taita nació en el hato del agüelo de don Pedro. Luisa le dirigía miradas de angustia. pue lo que falta se lo han comío ellos. les increpó: . librándose el pillastre de la cueriza dos veces merecida. —¿Dónde está ese vagabundo? —preguntaban a la par. la probes.

El oficiante les unció con la cadena. y poco a poco. del brazo del papá. atraídos por el alboroto. fue comprando muebles de lance y dándole a la novia para la habilitación. en la reja. como los pájaros acarrean briznas para construir el nido. oyeron la misa. recibió besos y congratulaciones. con la boca llena de saliva. sonriente. El tío Tomás. para el efecto. en voz baja. allí el tintero y la pluma. que eran amigos de infancia. favorables o adversas. y el padre de Luisa. americanas y de alguna que otra casaca masculina se concertaban. y aun al despedirse una postdata en la puerta. feísimo. envuelta en amplio velo albo. por lo que la vieja. las íntimas de Luisa que habían de pasar con ella el día. y detrás los testigos.. en cuyo condimento doña Rosita puso sus primores. marchándose Antonio. y en pie. esto es. fueron bendecidos.que eran colocados en jofainas de agua para que no se marchitaran. El libro registro circuló recibiendo las firmas de novios y testigos. renovando a crédito el estrado de la sala. les tomó la promesa que unía sus cuerpos y sus bienes. sentado frente a sus librotes.. Por la noche. en la acera. esperanzas e ilusiones. el Oficial del Estado Civil. y resultó que le concedieron a Antonio autorización para visitar la casa en las primas noches y en la tarde de los domingos. mientras la hermana. El día de las bodas ha sido el único feliz de su vida. asomándose a la ventana después de reojear el cielo. cambiáronse las arras y anillos. en donde llenó el pañuelo con un par de botellas de cerveza y un gran pedazo de pudín. La desposada. toda la ciudad conocía el suceso. mesa redonda de caoba. En el último año de las relaciones. conferenciaron. tocadas por el vino. las lenguas se calentaban. en la sala. canijo. exclamaba: « ¿cómo que va a llover?». el funcionario. los invitados fueron sentándose en filas paralelas.—¿Qué e eso? Ustedes tan loco y do contra uno. ya apaciguada. solía regalarle con un platito de piñonate o de malarrabia o de suspiro. velado. y de acuerdo todos. en cuyo ápice tiembla un angelito de biscuit. en torno de la misma mesa que sirvió para el matrimonio de la madre y de la abuela. Luego . En el centro. ¡Manita con la gente! El padre y dos o tres vecinos. reinó la alegría en todos. El padre se dormía con el benjamín en las piernas. Antonio ceñido por la levita. que ella misma confeccionara. El hombre de la ley fuese en dirección del comedor. con la suegra.. carraspeó. Cuando todos estuvieron en sus puestos. resuelta. adornada con el ramillete de azucenas y rosas blancas. mohíno y agraviado. el novio. Desde temprano. y muchachas que. En el almuerzo. fue nombrado director de una escuela nocturna con un ayudante y pocos alumnos. masculló los actos y los artículos del Código. en el aposento. empezaron a llegar las domésticas de las amigas con bandejas y ramilletes de flores. El padre de Luisa emprendió un negocio. La puerta se cerró. Antonio mejoró económicamente. haciendo entrar a los hermanos. hubo vayas alusivas que provocaron pucheros de risa. se mudaron a otra más amplia. durante cuatro años. El paso se estableció cerca de la puerta. lanzaron bolitas de migas de pan a la nariz de los galanes. entonces salió la comitiva nupcial del aposento: la novia. se mecía y abanicaba. para terminar por mimarlo. y más tarde. mientras Antonio. se resolvió que el matrimonio se quedara a vivir en la casa. en dos mecedoras bajo la mirada de la vieja que. para él y su mujer. color de tabaco. Minutos después. en el salón recién encalado. promediaron. Cada noche. La escena cambió como por encanto. De hinojos. Los colores de los trajes femeninos y el negro uniforme de levitas. y comulgaron. El matrimonio religioso habíase celebrado en la madrugada. lo que le permitía asistir de siete a ocho. dos horas. al que apalearían. A las ocho en punto. según tradición familiar. enlazadas las manos. y en los mediodías y atardeceres. esperando su turno entre bostezo y bostezo. iba de abrazo en abrazo. al cual se opondrían en la casa. confiábanse proyectos. reconviniéndose por naderías.

. encontró el hogar en la miseria. a eso de las diez. menos aún en el comercio. y con hijo. y ya habían comenzado a comprar encajes. y la tienda. Había sido preciso deshacerse de los mejores muebles y de algunas prendecitas. En esta misma prisión le anunciaron el nacimiento del primogénito y aquí también. claveteado de oro. IX La celda en tinieblas. ¡La casa. tal un pestilente. pues tales amuletos y prácticas tienen la virtud de facilitar los matrimonios. Ayudar a quien es mal visto por el Presidente. Antonio. Sentíase rodeado por muro infranqueable: la tiranía. Luego. Ni siquiera interroga el porvenir. En aquella cabecita cubierta de hebras rubias. merced a un permiso del Gobernador para que la esposa le visitara. batista y lana para la canastilla cuando la eclipsó Lilís con la más injusta prisión. ¡Maldita política!. y la leche que criaba al hijo. lo hubo de recibir en sus brazos. y la pulpería. Sí. es comprometerse. a quien debía meses.volvió ella a la sala. de los potreros de otro. Y las gentes murmuran. Se dijera que las paredes han rezumado sombras. lo aprisionan en su red formidable los intereses creados. los que tejiera su imaginación infantil. Los chicos de la familia ofrecieron a la concurrencia el tradicional pudín. a otra. y entre dos barrotes fulgura Venus. aliviada de los quehaceres de la cocina. cortado en trozos y servido en platillos. y la botica que acreditaba las medicinas. Sitiado. por causa de la ausencia prolongada. se tomó festiva. La suegra. en la plataforma de la torre. El cejo se cuela sutil. para repartir a las amigas las flores de azahar del ramo prendido en el pecho. fueron marchándose aquellos testigos de su ventura. Había que trabajar y buscó medios: en el periodismo. ¡Pobre muñeco! Cuando lo excarcelaron. mal dicen. ni pensarlo. y más tratándose de uno de los «impenitentes enemigos del orden». Antonio desprendió el velo estrechando contra su corazón a la virgen grave que se daba íntegramente. a una predilecta tocó la corona. . para capear el temporal. a tientas. la criada del niño! ¡Cuántas puertas cerradas en su presencia! Sólo mostrábanse benévolos los contrarios: el propietario de la casa. y por grupos. la gente moza se apresuró. en la alcoba de ladrillos. los guantes. agradable. La cerrazón del horizonte. Entonces comenzó el calvario de Luisa. y el médico. quiere vivir de la política». En los planteles. completa. «No trabaja. El ventanillo recorta un lienzo de cielo claro. y la suspicacia escudriña en su vida. iluminada por una lámpara rosada.. personaje de la situación. no le notificaba desahucio lo haría cuando le conviniera.. así como el vaso de cerveza espumosa. le remplazaron. acorralado. que tan grato calor daban a sus mejillas cuando lo añoñaba. en parejas. asentó sus sueños. la leche. y sobre la almohada empata el soliloquio. se dirige a la cama. que no ha venido por cierto con una hogaza debajo del brazo. a meterse debajo del velo. Cada hora medía una angustia.. porque le debe a éste y al otro. Este los realizaría. La luna de miel fue realmente plácida.

humíllale exasperándole. Inútiles los andadores. pon tu conciencia en almoneda». cuando se ase a la esperanza de ir al extranjero en busca de los recursos de la ciencia. tus ilusiones. citando íos casos de muchachos pesados para hablar. Cuando alguien dice. espiaba el vientre de nuevo fecundado. encomendándose a la Virgen de la Altagracia. le han bautizado. Lágrimas ardientes le rescaldan las mejillas. tal vez en el extranjero». si le llama pa o si aferrado a una silla grita cimbreándose. En la calle. altiva. pero no acepta sin reservas la comunidad. y su lengua que sólo articula monosílabos inconexos le grita: «sacrifícame tu vanidad. La madre no desespera. Y ¡cómo le laceraron esta vez los gritos de la puérpera! ¡ Qué distinta la emoción! Antes. se vistió un año entero de listado. decía para fortalecer sus esperanzas. «el pobre». arroja lejos de ti el pasado infecundo. y hoy el hijo les separa. ciega. ahora. Ella y todos. Si. acaso maligno. le enfadan los conocidos. honesta. que hablan y corren. y Antonio recordó. el torcedor es cruel: si el niño reptando se le acerca. Es lindo. ¿no es con él una en carne y espíritu?. Y por un hilo tenue los conduce hacia la montaña de oro. pero su lengua no ata las sílabas. ¿Y ella misma. Cuando la comadrona saliendo del aposento le avisó: «una niña. le ama. ni siquiera gatea. tampoco anda. le hiere. Ese es el castigo de tu desobediencia». no le sugiere: «claudica. y el suyo se arrastra por los ladrillos húmedos del piso o se agita con movimientos de arácnido. ¡ Esos son los virtuosos! ».Al niño le han salido todos los dientes. ¡ Qué dolor! La inquisición del galeno penetró la ascendencia hasta el abuelo. los había escuchado impaciente. La idea de inspirar conmiseración. la injuria del colegio: «tu padre. que pregunta y recetan. deja esos amores. eso se ve todos los días.. ¡tan milagrosa! Y en promesa. la elegida. mientras él. y si le obligan a hacer pinitos. y ella no vacila.. el corazón se le oprime. gozoso: era la corola que se abría para dar a luz el fruto inmortal de su sangre. para ganar su misericordia. las piernecitas se doblan. ¡Y por qué. Mortifícale tal interés. «Los médicos se equivocan. Antonio muerde la almohada con ira. sentencia: «un macrocéfalo ». Comienzan las consultas facultativas y las opiniones de los amigos y las recetas caseras.. y continuó moviendo el pedal de la máquina de coser sin quejas ni reproches. tan tremenda expiación! ¡Ah!. los preceptos del Código y los del apóstol. atónito.. sufrida. En la casa. un podrido». las mejillas ardiendo. fogata impetuosa le caldeó. Aquel guiñapo humano exige sacrificios. y frunce los . les apretaron. pero ¿ cómo romper la cadena de agravios y sufrimientos en la que cada minuto soldó un eslabón? No. y les concede además sol y aire libres. son adversarios suyos. oyó misas de rodillas. reconoce el derecho. el coro voceará: «se ha vendido para gozar. hasta que un doctor recién llegado de París. sintió vergüenza de sí mismo pero respiró libre de la duda terrible que le había atormentado durante los meses de la preñez. Se arrastra por sobre la estera. ¿pero es que eso mismo es posible? A los vencidos. ¿no comparte ya con orgullo e integralmente sus empresas? Los pesares del noviazgo.. y cuando al fin se rinda. el odio es también una fuerza y ya se las pagarán. y amorosa. nació muerta». líquido álgido circula por sus venas. los que asesinan y roban al país poseen el contento en el hogar y se recrean con hijos sanos. y sospecha las que en su ausencia taladran los oídos de la esposa: «Bien que te lo repetí. para que se atasquen hasta la nariz en el fango purulento. el tirano todopoderoso les tira un mendrugo. los fortificantes y las fricciones de aguardientes balsámicos.. demuele la obra hecha. Señor. ¡Aquella larva había sido engendrada por él! En los ojos de la suegra lee la acusación implacable. ¿Y qué Poder humano ni divino transmutará el veneno que corre por sus arterias? Muertos y vivos le precipitan. que no produce pan ni salud?». tu dignidad. Los meses transcurren. La abuela recorre la escala de la familia. y come ya pan mojado en salsa de habichuelas. dolores y placeres. a través de la charca.

salta hasta el mecedor. toma un libro. y los martillazos sobre la chaveta remáchanle en el hueso. Antonio reconoce la antigua Capilla. La llama de un candil rasga las sombras. después.párpados de miedo a ver materializarse recuerdos y pensamientos. Antonio. Más adelante. mesa y demás trebejos. La claridad se tamiza por el ventanillo. ¡ Había revivido su vida! *** La puerta. se desperece. pero mis enemigos entre las sábanas finas. Boca arriba. después no se quejen. traslado: este calabozo tiene vista al patio de la fortaleza y a la calle. pulidos por los primeros rayos solares. Uno de los ayudantes se le acerca con un par de grillos. Los gallos. al efecto. Se apoya en la cama para que se los ponga. Su primer cuidado es acomodar los grillos. Antonio prorrumpe: —¿No hay otros más estrechos? Dense gusto. taja el silencio. voy a querer me haga el favor de venir. ¿Qué demonios ocurrirá? ¡Daría lo indecible por saber! Se baja. se les escapan. despernanca los calzoncillos que se mudó ayer. El preso sigue al carcelero por celdas y pasillos. tiene cominillo. se incorpora. frente a frente. todavía cerrada. antes que el otro. X Las cornetas de la diana cantando «despiértate. . a pulso. Se alegra del. Y avanzando un pie. Oficiales y soldados trajinan por el patio. y le ordena: —Amigo. Yo dormiré mal. En el patio. sírvese de ella como escalón. y tejiendo con tres de éstas un cordón. y. y puerco no se rasca en javillo. Buenas noches. para ensayar. que brillan. La voz del hierro rebota en las piedras. lo anuda por la mitad a la barra a fin de mantenerla suspendida y aligerar el peso. va al catre. al abrirse. a saltos de rana. vuelve a repetir. se consuela. y entonces dormirá sin ellos y aun se librará durante el día. Antonio se alza. acarrea la silla. rodea los anillos de modo que se amortigüe el roce del hierro. que esto no es cosa nuestra. temen. ase los barrotes. —Amigo. silla. Los anillos muerden la piel. va al lavabo y se ablusiona. Y con ese néctar en los labios se duerme. limará la chaveta. seguido de dos ayudantes. no se sulfure. Algunos paisanos salen a la calle solitaria por el postigo de la puerta monumental. algo serio sucede en el país cuando interesa asegurar los presos. se asoma al ventanillo. que ya cobraremos. la hora de la venganza está próxima. Los ayudantes cargan catre. Está nervioso. El alcaide entra. entre la torre y la puerta. el dinero. le sacuden. despertado. y haciendo tiras. y arrimándola a la pared. El poder. y en la que se detienen. desenroscan las cintas de sus quiquiriquís. pensando: cambio de calabozo y grillos de noche. soldado». han colocado cuatro cañones. y.

. limita la calle Santo Tomás. Mataron a Lilís en Moca». El estampido rueda por el ámbito de la ciudad dormida entre la colina y el mar. frontera al cuartel. y la bandera nacional asciende lentamente. desecha la idea. De nuevo lee y relee. es un buen hombre. derruido las paredes. y se marcha sin pasar de los buenos días. ¿Qué pasará? Las manos le escuecen. un engañ9 más no le importa. entra el alcaide. y junto a él dos cayucos altos. Los balcones cerrados En el patio se yergue un árbol enfrutecido de pomas de oro. ¿De qué tratarán? ¡Ah! ¡poder de adivinar el pensamiento! No le es posible mantenerse más tiempo en vilo.. Es letra de su mujer. «Este hombre es muy marrajo. ¡Ajá! entre s dos disparos ha transcurrido un intervalo largo son: honores. un ayudante le introduce el desayuno. mira abrirse las hojas de roble a grandes clavos. tiene envarados los pies. en mangas de camisa. ¡ si fuera Lilís! ¡ Cómo le pesa no saber de memoria las Ordenanzas Militares! Y se complace observando cómo el sol hila sutilísimos alcatifes sobre los ladrillos. estalla: ... ni tan insoportable la pesadumbre del silencio. Ese que no ha tenido siquiera tiempo de vestirse completamente. ¡imposible! Va del ventanillo al mecedor. un chiquillo en cueros corre. y alejándose unos pasos dispara. Las cornetas a la sordina y los a tambores destemplados indican duelo. ¿ dónde y quién le dio muerte? Y su imaginación concede al desconocido las virtudes creadoras de los héroes. saludada por toque marcial. un cabo toma del arcón un cartucho. con el almuerzo. y es capaz de fingir su propia muerte para averiguar quiénes se alegran» . Por la galería cruza una negra con una jarra de leche hacia la cocina. Antonio registra el pan: ¡ nada! y por el pico de la cafetera comienza a apurar el café. espinosos. que da a la calle Colón. pero eso sería demasiado fúnebre! ». pues. la noticia le pasma. De nuevo la voz del cañón retumba. y de súbito abate cabeza y brazos.. Le parece que un puño invisible le ha roto el grillete. la guardia de prevención reforzada. Se acuesta.A cosa de las ocho. ¿ Cómo vencer las dudas?.. En abriéndole lo pone al sol. Gana el mecedor. Y en seguida. ¿saberlo todo?..« ¡ Caramba. hay un obstáculo que re-presa el líquido. coloca el tirafrictor. aspira con fuerza. Aunque la masa de la Catedral n sus cúpulas. Nunca le ha parecido tan lento el ritmo de las horas. El pecho se le hincha. Bailaría de gozo. ¿quiénes serán? Y se empeña por distinguirlas. busca. Un rayito de sol cabriola en la calva. La guardia de prevención se forma presentando las armas. ¿A quién? ¿Al ministro de la Guerra? No. un oficial acerca uno de los dos cañones. Pero la han izado solamente hasta media asta. no importa. es un papelito cuidadosamente doblado. mentira». Las tropas están acuarteladas. la sangre circula vivaz. Sería tan triste equivocarse.A las seis. y no se atreve a aceptar la otra tan grata. que hablan con aparato de misterio. A mediodía. es el prócer. abre la recámara. La pieza recula. como las espaldas corcovadas de un gigante. En la terraza. y ávido lee: «Hay mucho movimiento desde ayer tardecita. aparece un tupo: cuatro o cinco personas. En el patio sigue el trasiego. el humo sube. Improviso arruga el ceño: «si fuese. cargados de flores marchitas. Se siente libre. desabrochado el cuello. la cierra. Leer. En viéndole. El isócrono tronar del cañón interrumpe sus cavilaciones. Se detiene. por la primera cuadra advierte gentes presurosas y bien vestidas que entran en casa del Gobernador. continúa suspenso atalayando. Se frota las manos.

. alégrese usted también. que los ha explotado a todos ustedes. libertad. —¿Pero es verdad? —Hombre sí. ¡qué va!. ¿verdad? —Ello. sin cuidarse de la cantina. así decían. Antonio. —¿En dónde?. ¿qué hay de nuevo? —El desmandingue... eso es palucha. Tú no conoces la gente. insiste: —¿Pero qué es? —¡Qué va a ser!. verá usted como habrá más prosperidad. las pupilas brillantes. que ahora vamos a tener derechos. —Así será. —-No crea eso. no.. Lilís ha sido un padre para nosotros.. Lilís ha sido un tirano y no otra cosa. —¿A quién? —Al Generai. cogieron el monte. —No creas todo monderó. . la boca húmeda. un hijo de Memé Cáceres y otros. —No. que lo mataron ayer de tardecita. al fin! —No te alegre. —Y usted cree que está muerto de verdad.. —¡Al fin. mira que ese hombre va a ser mucha falta pa toos. pero los pecharán.. exulta. —¿Y los capturaron? —No. amigo. pero yo «visto y después Lisboa» —y el viejo se golpea con fuerza las rodillas.—¿Cómo está Papá Quin?.. El viejo se desploma sobre el mecedor. ¿quién? —En Moca. carijo. y a este país no va a haber quien lo gobierne. Antonio. —¿Y usted no me decía que Lilís estaba untado. las manos azogadas. aunque el monte sea más grande que la iglesia. que no le entraban balas? —Ello.

Eso no pué sé.. registra menos la comida y se hace más comunicativo. cuando el tedio de la expectación se trueca en pesimismo. chico. y Enriquito nos invitó a ti. Y se estrechan en un abrazo afectuoso. exacerban su impaciencia. las conversaciones con el alcaide. Una tarde. Arturo Aybar después de carraspear para limpiarse la garganta. en instante tan propicio a su energía. en el cuartel. A retazos sabe que los matadores de Lilís escapan a la persecución. a mí y a unos cuantos más. se rasca la cabeza en la cual bullen dudas. Y sentándose el uno en el catre y el otro en el mecedor. un día sigue a otro.Y el alcaide. los mensajes clandestinos de su esposa. El alcaide sólo suelta noticias vagas. o escritos en el fondo ahumado de la cafetera con un alfiler. En la calle. comienza su peroración: —Recordarás que cuando me convencí de la inutilidad de las revoluciones contra el poder de Lilís. cuenta. pero se ha suavizado. y de estirarse los puños de la camisa. y él está retenido allí. pero yo te digo. Eso está muy bueno en los papeles. El rosario de las horas es interminable para el preso. Mientras tanto. ya verás. Antonio le observa de arriba abajo y exclama: —¿Pero eres tú? —Sí. le quita los grillos. Y el viejo replica: —Muchacho. tú no conoce esta tierra. inútil. con la frazada terciada. a veces dentro de una arepita frita. y componen una semana. —Yo me negué. en los mediodías continúa su prédica. preso también.. y en su marco aparece la figura parisiense de Arturo Aybar. el bienestar del país. confuso. —¿Has venido a visitarme? —No. —Cuenta. Antonio. fastidiado. que aguantan too. de un dulce. no creas too». «no creas too. en la mansión vecina. —¿Tú. . pero no eres de la situación? —Sí y no. el tejemaneje de militares y civiles denuncia la agitación exterior. que en la frontera Noroeste hay gente en armas. se abre la puerta. ponderándole las libertades que ahora disfrutarán todos. parque y un cañoncito. Ha visto desfilar fuerzas del Batallón Pacificador. el mismo que viste y calza.

y el Gobierno está dividido por dos tendencias. ¿y tu prisión? —Ya llegamos. aunque tienen detrás fuerzas numerosas. sino al país. pues cada uno relata a su acomodo. y sin embargo. en París. fiel a mis convicciones y a mi historia. Lilis sabía desde La Vega que algo serio se tramaba. e inicié la lucha con un artículo en favor del Manifiesto de Manolao. pero los que mangonean aquí no aflojan. —Bueno. los mozos de Moca triunfan. yo acepté. Pero en la bajaíta lo espero. ¡Caray. Esto gotea como los guineos maduros. no te satisfizo la oferta. . La culebra se mata por la cabeza. Los que operan en El Cibao piden dinero y armas. Hace un mes. y ayer no más han cogido a San Francisco de Macorís. Mientras tanto. y héteme aquí. Mon Cáceres rechazó el plan. Pues bien. qué calor! Y Arturo se desviste. y se quedó solo con un oficial y el Secretario para seguir aquella misma tarde. ¿Y quién se atreve? Y Mon tomó para sí la empresa en la cual habían de colaborar otros muchachos. El Gobierno es una olla de grillos. Como comprenderás. porque temen el encumbramiento de aquéllos. regresé. se mejoraba indudablemente. colocando en el catre las ropas.. eso hubiera sido muy caballeresco.—Sí. la revolución tiene a Juan Calvo. narra: —Hay varias versiones. más o menos. cada uno de los jefes tira de la manta con el propósito de empuñar la herencia de Heureaux. —¿Pero por qué te prenden? —A eso voy. —¿Y cómo y quiénes mataron al negro? __Un momento. y además que yo no servía a Lilís. pero Loló ha dado un batatazo y me zampa en la cárcel para demostrar que es más fuerte que Enriquito. me movía para ligar los jóvenes. pero esta mía es el evangelio. los de Moca. porque la tengo de muy buena tinta. porque Lilís era invencible. porque convencido de que cambiando elementos gastados y malos por nuevos y buenos. según sus órdenes. rompe el equilibrio. en sentido liberal. y con razón. A los conjurados ya les arreglarían las cuentas. Al efecto fui nombrado Cónsul General. despachó el Estado Mayor por delante para Santiago. ladeándose a la izquierda.. cuidadosamente dobladas. he apoyado la evolución para ir preparando el terreno. llamado por el Presidente. que en cincuenta años de vida pública jamás ha caído.. pero no me interrumpas. y en la Línea se pelea. las autoridades locales. Verás: Horario Vázquez propuso esperar a Lilís en el camino con un grupo igual al que le acompañara. Una vez en paños menores. y atacarlo. sostiene la una la pura doctrina lilisiaca: el chicote. pero muy fácilmente Lilís habría escapado. y la otra propende a la evolución. y Manolao. y a paso de carga. como antes todo proyecto de revolución. civilista. ahí vienen. ¿ Tú conoces a Moca? —No. por gente de adentro.

—Óyeme. se quedaron solos Lilís y Mon. El oficial que le acompañaba acudió a los tiros. A Arturo le mandan las comidas del Hotel. ha hecho servicio eminente al país. también su responsabilidad es grave. dicen que se lo dio por la espalda Jacobito de Lara que salió por la puerta del patio. pero la verdad es que cuando el lance se trabó. Un azafate bien surtido dos veces al día. Lilís infundía pavor. pero le cerró el paso Manuel. pues fíjate bien. en la diestra un revólver y en la siniestra una daga. sin que nadie se acercara. otros que fue Pablito Arnaud que hacía fuego desde la esquina. y más aún. un hermano de Cáceres. con botas y espuelas calzadas.. así se ve en la fotografía del cadáver. y pasándolo a la manca hizo un disparo. dura lex sed lex. y ¡qué ganas tengo de darle un abrazo!. —Mejor. preguntó: «¿qué hace ahí ese joven Cáceres?». Otros dispa-raron. a grupas. en la que están las oficinas. vio a Mon enfrentársele. pero ese Mon es un héroe epónimo. aunque lo malo es que en este caso la gloria cae dentro del Código. Mon es alto. Lilís se irguió.—Bueno. No olvides ese detalle. detrás de ella hay una barranca. la gloria será toda suya. ¡Le parecía mentira! Y saltó sobre el caballo y escapó con Pablito. Sin embargo. en cuyo tronco amarró Mon Cáceres su caballo. y como la casa es la última de la calle transversal. El último disparo fue a quemarropa. El primer tiro. Como oyera en la tienda la voz de Mon Cáceres. a pesar del plomo que le destrozaba el pecho. le examinó para cerciorarse de que estaba bien muerto. hablando con don Jacobo. a quien hubo de conocer la noche antes en el Club. quien tomó el revólver que llevaba en bolsillo trasero del pantalón con la izquierda. pues los otros se sacuden. y un desayuno suculento. hercúleo. y a Mon mismo debió de asombrarle aquel hombre que acometía impávido. buen tirador y gran jinete. Ahora todos encuentran la hazaña fácil. y con el panamá le hacía visajes de brujo. y una guásima. Avanzaba increpándole. le había regalado una papeleta de cinco pesos.. El cadáver quedó tendido en la calle. como dos gallos. le esperaron más de una vez. Lilís estaba sentado en la acera. Mon estuvo siempre frente a frente a Lilís. rato antes. ¡Qué toro! —Era valiente. y despídete de los que la pensaron. cuando al fin cayó Lilís. en la puerta de la oficina. y en el acto. de espalda al árbol. —Sí. el matador de Lilís es un libertador. y se batieron. al cual. que también tiene puerta a la otra. apoyado el cañón en la boca. —Es verdad. Dicen unos que Lilís mató a un viejo limosnero. y hasta ahora la carga es para él. ya puede seguir el curso de los . retrocediendo cuando Mon le amagaba con el puñal. El almacén de los Lara forma esquina. Aún caído. El aburrimiento de Antonio se disipa. Mon. —Sí. el bembe chamuscado y tumefacto. cargó de nuevo el revólver. pero tenía que ser: entre él y la sociedad había pactado un duelo a muerte. a una calle da la tienda. escapándoseles de milagro. —¡Ah! eso ya lo supongo.

no lo ignoras. tendremos jandinga para rato. —Oye. —Pero chico —replica Arturo—. otros por trasmano.. y así será mientras no lo eduquemos cívicamente. y si le apalean. —¡Pues estamos frescos! Con esa cantaleta nos jeringan desde el 44. Oye mi consejo: consigue un Consulado y vete al extranjero. así pensaba yo. y hoy después de conocer a Nueva York y a París. si no. Antonio. media docena. Antonio estalla: —¡Hay que acabar con el lilisismo! Es obra gigantesca.¿pero tú crees que le temo a los que vienen? No hombre. —¿Y el pueblo? ¿Acaso no apoyará a los que le han librado de la tiranía? —Estás repitiendo. lamiendo el Louvre que la luz matiza. Échale agua al vino. no aflijas. las noticias de los éxitos de la revolución o la varadura del crucero Restauración en las patas de ñame del puerto de San Pedro de Macorís. y cuando hayas contemplado. y ¿quiénes son los aptos para esa empresa? ¿Quiénes los puros? Si el que más o el que menos tuvo que hacer con él: unos directamente. —¿Cómo? ¡Ah! de modo que vamos a seguir por el mismo camino. __Tú hablas así porque te conviene. yo encontraba pésimo cuanto hacía el Gobierno. Al que no quiera lo haremos digno y libre a la trágala. cuando era un iluso. si cuando lleguen a Palacio. —No me importa. te juro que no somos tan malos y que abundan bellezas junto a las cuales pasamos indiferentes. el pueblo en este país baila al son que le toquen. Los revolucionarios necesitan a los gobiernistas. Lo primero es el orden. pe bu. hasta que los tropezones me hicieron levantar los pies y mirar hacia el suelo. y ése será el fruto de la transigencia. —Sí. desde el Puente Viejo a media noche a Notre Dame. aspiro a que gobiernen los honrados. . por ejemplo. acuérdate de que has pasado muchas crujías. —¡Ah! . palabra por palabra. y a esta hora ya se está tramando una malla impenetrable para los intransigentes como tú. Una cosa son las teorías en los libros y otra la acción.acontecimientos. Hay que sanear por el hierro y por el fuego. no. __¿Pero cuáles son?. aprenderás a sentir la voluptuosidad de nuestro ambiente y a descubrir las sensaciones estéticas contenidas en los arcaicos sillares de La Primada. tarea que requiere tiempo y paz. Los intereses creados son mayores de lo que te figuras. lo comprendo. como dice don Fellé. y a nuestra capital fea y fastidiosa. Como tú. compadre. lo que yo decía hace años. ésa es la realidad. la luna entre las dos torres o al Sena. silencio.. y prepárate al desquite. aunque te contraríe. se cuidarán de buscar a los prácticos para que los ayuden. Créeme. pero sólo así se salvará el país. a olvidar culpas. lo que importa es restablecer el orden y administrar. ponen entre ambos barricadas. comentan y discuten.

sal por la boca del Ozama. Mis tiempos son los de la antigua Roma. a fuerza de planazos y constancia de los instructores. —¡Nunca! La verdad es una. Nana. cuyas ventanas miran al patio de la Fortaleza. que exprime tantas vidas. sin marcialidad. al salón. los dos presos. en calzoncillos. y no se mezclan impunemente las manzanas buenas con las podridas. y también las cátedras. Y Arturo corea el arrebato lírico con una risotada. Que aquella edad con que soñé no asoma. y las bibliotecas. y la voz de los sabios y las risas de las cocottes se armonizan seductoras. así será. Y Antonio. a través de una copa de champaña. y que a la postre. Señor. frére. la alegría del Barrio Latino. llegan hasta desfilar. en un café de la plaza de la Sorbona. aquí o allá. y porque amo la libertad lucho para que rija nuestra vida. no. en compañía de una griseta. trasladados el alcaide. En las mañanas y tardes. Y no me culpes. al río y al interior de la mazmorra.Y Arturo balanceándose en el mecedor o recorriendo la celda.. rematándola con el refrán popular: —¡Ay.¿Has visitado de noche las ruinas del Alcázar de los Colón? —No me vengas con esas filfas. a quien los éxitos de la revolución han amansado. por . pero sigue mi consejo.. el mayor de los departamentos de la torre. en columna de honor. porque te pida. dos.. limpiaremos la República. un par de horas les distraen las evoluciones de los soldados. Y óyelo bien: nunca apreciarás el valor de sus teorías en nuestro ambiente encendido. Con mi país de promisión no acierto. Y mis hermanos con la Grecia han muerto. La realidad. se aburren.. —Bueno. y las alcantarillas. y los museos. languidecen. en donde la primavera resta gravedad a la Ciencia. —Lee esos versos de Zenea. tal cual es. y si la realidad es la que pintas. la Virtud y el Vicio comparten aquel reino encantado. señala a su contrincante un muro del calabozo. los aniversarios patrios. pálido. expone las visiones tentadoras de París. repiten durante los cuatro años del enganche los mismos ejercicios.! XI En aquellos días caniculares. Otra patria. el Bulevar. los escribió la mano viril de otro intransigente como yo. concluyendo: —¡Qué escuela!.. yo repetiré con el poeta: Tengo el alma. la verás desnuda. y el gran mercado. Montmartre. que tú sabes bien que yo tengo razón. adolorida Por unas penas que no tienen nombres. Al grito de abajo el lilisismo. otro siglo y otros hombres. que a la voz de uno. bajo las aspas rojas del simbólico Molino.

exterminar. y ataca sin mirar a su alrededor. reconoce y admira. sufren la horrible tortura del zapato. por cierto. a rastras la cadena. por un quítame allá esas pajas. la fiereza con que Portocarrero se ha estrellado contra la tremenda realidad. El odio a la tiranía los unió. A la verdad. son mal pagados. Y como él tantos otros. Se conocieron en los bancos de San Luis Gonzaga. pero el uno. observándolos por los cuatro lados. no conoce a los hombres y acepta con la mayor candidez que la tiranía desaparece con Lilís. el . Antonio y Arturo matan el tiempo jugando a la brisca o al tute. limpian las vías o trabajan en las edificaciones de los magnates. y si desertan. las manos atrás. hacen oficio de mandaderos. Con la perspicacia de los ojos que vuelven a ver. y fueron los restos de éstas los que dieron molde a las dos facciones contendientes en la primera república. Para ellos. estudiaron en los mismos libros. se dice. duermen en duros camastros. les fusilan. arma terciada. se dieron las manos. custodian las yuntas de penados que. La tiranía de Heureaux. de noche. el intelecto. las clases se mezclan. en la Plazuela de los Curas: revolcándose. monologa. de año en año. De niños las dirimían a puñetazos. la disciplina social desaparece. y que. pues no modelaba los espíritus. fueron a calmar la calentura con sendos helados en el café La Diana. en Báez. jadeantes. y Arturo. que se dicen intelectuales. jamás apropiado a sus pies. amodorrado en el mecedor. comunes. Arturo registra ayer y hoy en busca de un hilo para guiarse mañana. de ahí el fervor. Después del toque de paseo. Antonio pasea a zancadas a lo largo de la estancia. o empollan.delante de la mansión presidencial. las procesiones religiosas. Mientras visten el uniforme de dril azul. pegaron y mordieron. les apalean. tuvieron los mismos ensueños. Con la levadura de los restauradores triunfantes de España. Caudillos y huestes concordaban. él que tuvo puesto en la mesa del festín. aprovechóse del impulso ingenuo del otro. En Santana predomina el instinto. y en la primas noches. leen o disputan acerca de las últimas noticias. o son lectores de novelas. el kepis ladeado hacia la oreja. y a seguir a paso lento. Los hombres tienen prisa de gozar. porque poseen titulo académico. de pipiripao. no ha sido adventicia. y si la brisa refresca un tanto. carabina al brazo. Sí. por tanto. Es como un dardo: ciego. y sacudiéndose mutuamente los trajes empolvados. cuenta las rejas. la abnegación y la implacable saña de sus bregas. no es. Arturo. como Antonio y muchos piensan. el consejo virgiliano: cuida el árbol para que tus nietos recojan los frutos. ahora con palabras a veces agresivas. que no compra a tiempo la autoridad local con potranca fina u onza pelucona. o hacen frases y chistes. dados de una democracia! La injusticia les recluta entre la hez urbana y la gente moza campesina. haciéndolos semejantes. esperan en las esquinas el condumio con que les regala la criada corteja. aquella no era una escuela. y en las horas francas. Cree que su misión es combatir. en los corrillos. Por las calles. balanceándose sobre las piernas abiertas. que se acusa de tal pecado. más astuto y frío. las pasiones eran sinceras. pero ambos llegan a su hora. de esas con la efigie del rey Carlos IV. sin miedo ni fatiga. que la avaricia entierra. más o menos ingeniosos. No. hiere o se quiebra. Arturo recuerda con cierta ternura la última vez que riñeron. Los veintidós años de dominación haitiana disgregaron las castas coloniales. se arañaron. ¡Pobres sol. jugaron juntos. nunca supieron el dolor que cuesta alumbrar una idea. y desde entonces datan sus divergencias. pueden aislar seres y cosas. Ninguna idea les concierta encerrándose con frecuencia en silencio hostil. y en seguida. adviene un factor nuevo. ya adolescentes. un articulejo.

permanecerán aislados. ¡pero qué va!. encastillados en sus virtudes. bajo un jefe único. El baecismo sobreviviente impera con más vigor que antes frente a los azules. en el vino añejo. se planta en una de las ventanas orientales. Y de un salto. son demasiado honrados para algunos. que basta vitorear la libertad para alcanzarla. Arturo. fusilamientos y asesinatos.peculado asoma. Del corral de los criminales suben ruidos de cacharros. ¿En dónde el corazón que nos nutra con su sangre generosa? ¿ En cuál cerebro anida el pensamiento mentor? ¿Los viejos? Uno. en tal ambiente de asonadas. en la mesa rica. las figuras efímeras se suceden en Palacio. dispersas. se destacan un austero ideólogo. a espaldas de la ley se libertan. quienes. La empresa es hermosa. La exaltación revolucionaria presumió. duermen en calabozos infectos. y las mismas manos lo derribarán al día siguiente. en la obra de arte. En la anafaga del río expira la tarde. aquí no será profeta uno a quien han visto en mamelucos. por merced arbitraria o por la de su arrojo. satisfechos de lo que han sido. odiar. una mente patricia caída en la dictadura y un poeta epicúreo. de los campos cultivados vendrá el varón fuerte. sanguinarios. acoplamientos infames. contagian al adversario. Arturo. Expulsar de sí al sibarita que se place en la lectura de libros bien impresos. consuela o fulmina. medio desnudos. vadean la ría. volando chichiguas. mas no sabrían encontrar el ritmo de la vida en la cabellera del discípulo juvenil. esta frase es de Castelar. los capitaleños se reirían de él. como quería el florentino. un hombre de levita. dar y recibir golpes. . por sentimentales. mete al país en el puño de su diestra manca. acres vozarrones de bestias en brama. inexorables en el juicio.. ser un hombre como los otros. sin género de duda. respetados. vencer. de cadenas. así la arriesgan frente a los fusiles de los cabos de vara al primer descuido. a los pronunciamientos. de la raposa y del león. Y. troncos sin savia para otros. Fragmentados ambos. y cercenando cabezas. en la cama mullida. pero no. tornamos a las andadas. o un novel general enamorado de las doctrinas de Hostos. las regiones se imponen. a la postre. Como el griego. ¡Quién se atreviera! El diablillo del orgullo le tienta.. que tenga. la ocasión es de perlas. miseria del cuerpo y del alma. a los gobiernos estériles. dos. la existencia es la más dura condena. No. —Oye. estudiando a los hombres y sus flaquezas. que no comprende. sin temer a los dientes de los tiburones ni el mar. cuya voluntad suma todas las ajenas. el capricho aparea el asesino con el ratero. temidos más bien. y. decir la palabra que alienta. triunfar. hasta que la anarquía engendra a Heureaux. Los hombres. y encumbrará un civil. atisbar en las almas. sacrificarse por una idea. se inicia la era de los caudillejos ignorantes. en la hembra entre encajes y perfumes. apurarían la cicuta sin temblar. tal vez cuatro. o salvando el muro y las rocas. no queridos. Más te importa leer a Maquiavelo y estudiar a Lilís. —Déjate de pamplinas. bajar de la torre de marfil a la arena. a los golpes de estado. y cuando. amar. rotos los ídolos. no se concilian en una sola aspiración. padecen hambre. Pero como a su sombra maléfica no ha creado ni una oligarquía vigorosa ni una conciencia nacional. El laurel. esparcen tales miasmas por los campos . y. redime. sin embargo.

le oprime. pero no tengas cuidado —y en la oreja siembra el secreto. Desde las siete de la noche en el Parque de Colón nótase la presencia de corrillos y el ir y venir de gente moza armada. efusivos. toca ya con las culatas de sus fusiles a las puertas de la capital. apá. pétalo. Algunos han vestido chamarra de dril. *** Las cinco de la tarde. pues. Manos a la obra. sugestiva. y una impresión. naturalmente. que aúlla amá. temblequeante. de bombito y . ala. Antonio acoge el proyecto con fruición. Por el trayecto hasta su casa le enteran del acontecimiento del día. fecundándolo con un beso. ¡Cómo ha crecido! Antonio le carga en vilo y entra con él en la casa. a realizar los sueños! Le hacen coro. Pero ésta no debe permanecer inerte. Cuando el coche desemboca por la esquina próxima a su casa. lo que importa es el porvenir que empezará dentro de dos o tres horas. Le ha anunciado. pero a qué remover las penas del cautiverio. Por las calles del tránsito. la renuncia del Presidente Figuereo. El hechizo del ambiente le encadena. y de que la revolución. no me esperes. jubilosa. le presenta un gran plato de natillas con sus iniciales en canela espolvoreada. que saborea en compañía de los amigos. Hay. Un abrazo los confunde a los tres. a través de los gruesos muros. sujetándose a la puerta. En la calle esperábanle dos amigos en un coche. El pronunciamiento se impone. la palestra lo espera. de dicha.Del antro asciende una voz fresca que entona una canción penetrante. es preciso dar un golpe y derribar el Ministerio que asume el Poder Ejecutivo. y con voz insinuante pregunta: —¿A qué hora vuelves a cenar? —No sé. mezcla de alegría y tristeza. Y esta noche será. y de una vez. ya era tiempo! Y ahora ¡a triunfar.. ¿cómo es posible que la victoria sea íntegra para cibaeños y seibanos? No. Sí. Y Antonio abraza con fuerza afectiva.. la letra vulgar conmueve acercando a los hombres. Antonio baja a saltos los escalones de piedra y atraviesa como una flecha el patio hasta ganar la puerta. otros. El contento se pinta en los rostros familiares. se empina el hijo. la misma que a la vera de las rejas sollozan las guitarras a la luz de la luna. pero hay que arrancarse de allí. desde las puertas y aceras le saludan. ella le acompaña hasta el umbral. destila una lágrima de las piedras siniestras: Símbolo de mi amor Inmenso y triste Guardo el blanco pañuelo. que apresurarse. ¡Caramba. vecinos y transeúntes. y cuando se dispone a salir. La cuñada. que avanza por el Norte y el Este. El lee en todas las pupilas un acuerdo tácito. Los ojos de la mujercita reflejan inquietud resignada. que promete días de prosperidad. ha de ser de todos. ¡En libertad al fin! Tiene alas en los pies.

Aunque el nuevo Gobernador simpatiza con la revolución. a repartir desde ya la parte que a cada cual corresponde.saqué cola de pato. Antonio. Descuélganlo. roncas las gargantas. presa de vago malestar. . Hay que galvanizar la ciudad. toalla al hombro. ¡Es verdad! Y la multitud piensa que sería inútil manchar con sangre tal proeza cívica. y sin que la policía. reflexiva: «hay que tomar precauciones. el enemigo se esconde en las casas. embrazan larga carabina y cruzan al pecho la cartuchera repleta. Provisto de un vaso. edificadas con el oro del pueblo: tiembla entre su lujo. a la planta tercera. a relatar los hechos. escaleras arriba gana el despacho del Gobernador. en camisilla. en el cual están la sala y los dormitorios. inflamado. cantarinas. y. sí.» Pero otra detiene el coraje. sus a él! Y las piedras golpean las mansiones de los engrandecidos. cocina y cuarto de baño. concertando pareceres. y se echan de nuevo a la calle. sí. y manos y pies le hacen trizas. en anafe cerca de la puerta. desmayados los brazos. les moleste. conviene pronunciar la Capital. compuesta de zaguán. Un chalet que irradia luz por sus cristales atrae las miradas. ¡Abajo el Ministerio! grita una voz. Luego se sienta en la clásica sillita criolla a esperar el café. ¿quién quita?. felicitado.. y a su impulso el grupo se dirige por la calle dcl Conde a la Gobernación de la Provincia. Antonio rehúsa la botella de cerveza fría con que le invita uno de sus correligionarios.. cuyas borras hierven. Se cuentan entre sí los comprometidos. echar por tierra el Ministerio. ¡Viva la revolución! ¡Muera el tirano! Un bastón de ébano fracasa el cristal del retrato ecuestre de Lilís. baja del piso alto. En cada calle erige un pretorio. en donde el ministro de Relaciones Exteriores entretiene un corro con su charla amena. ¡Ese rasgo merece más respeto que los fusiles de sus azuanos! Y los gritos llevan el ardimiento de la pasión regeneradora a los habitantes de La Primada. El pronunciamiento culmina en una Junta Gubernativa. los caídos pueden reaccionar— los otros. y no falta quien se tercie el machete de cabo. acusa lapidando. los pies desnudos en holgados chanclos. toma camino de su casa. Una voz apunta: «¡a donde Manolao. Pedrada certera rompe una vidriera. y. empiema unos pantalones remendados. dejando el lecho. va de aquí para allá. en el Casino o en el en el Club Unión. XII Muy de mañana. que se están quedos y a cal y canto. mientras ellos les devuelven el bien sumo de la libertad. cuyo cuartel está en la planta baja. y ciento. lo llena en el tinajero y asomándose por la ventana de la cocina. con él. Antonio.. y recuerda que el general Figuereo ha renunciado al poder. tiene azuanos armados en su casa. porque.. El grupo. hacen añicos las ventanas. los unos a montar guardia en la Gobernación —es necesario estar alerta. El contentamiento los impele. comedor. abrazado. y el grupo se disuelve. ¡Pues. El objetivo de la épica jornada ha sido descubierto. uno de cuyos miembros perteneció al Ejecutivo derrocado. y escupe las bocanadas al patio. La fogosidad los ciega y los concita. se frota los dientes con el índice. se enjuaga la boca gargarizando. y otra. a pesar del triunfo. a guisa de cepillo. cuchicheando.

tres piedras carbonizadas y la lata de lejía. enfloran mosquetas y cienhojas. sale al patio y lo revisa con mirada curiosa. Un limoncillo las ampara del sol con sus ramas. y reclama. Antonio observa complacido una blanca pollona moñuda. «Eso no es tener conciencia». reclinados en el tabique. en la mesa cuadrilonga. y con ademán cordial le alarga el pozuelo de café tinto. Es un cuadrilátero. cuyo tronco forma un codo. Todo está igual. En uno de los ángulos. el pilón de algarrobo de moler café y rajas de cuaba para juntar candela. recostadas en el muro. Aquí y allá. tres». y un cocotero. reposan. y hacia arriba son eméticas. En cajoncitos. el bebedero. espumadera y guayo. entre arriates de caracoles marinos. Hay también hinojo. la protege de resfriados. concordándose el placer estético con la utilidad de la medicina casera. una ventana lateral se abre sobre éste. por cáscaras de huevos enhiestas en varillas de coco. caliente y aromoso. un geranio escarlata y un clavel de olor. En la pared del fondo. bolillos. ha envejecido también. brinda tribuna a sus estrepitosos cacareos. en cuyos tramos escurren boca abajo la loza a flores. cetrina la rugosa piel de trigueña. y tuatúa. un pañuelito blanco anudado en el occipucio. atadas con tiras de yagua. y alta claraboya mira al colindante. está el retrete. revelando la frecuencia con que el cuchillo raspa las manchas que la afrentan. dividen el espacio los cordeles de . el almirez de piedra y la hachuela de picar carne. o «esta leche está bautizada y se le ve el azul de la batata». un casco de tinaja de hierro. se mira coqueta en el agua y lustra con el pico las plumas pectorales. restando dominio al sol. No. y detrás de éstos. faena que abandona para preparar el café de los madrugadores o cuando en el portal suenan la tapa de latón del panadero o las vasijas de la leche. las ollas vidriadas y las pulidas cucharas de higüero. dos. plantado de árboles. De un clavo cuelgan colador de metal. que es fuerza mantener con las alas cortadas. cercado de cañas de Castilla. cuchillos. según decir. La mitad la ocupa el gallinero. De tapia a tapia y de árbol a árbol. defendidos de la adefagia de las lagartijas. que en un pie. la señora en cuclillas. de la misma madera añosa. ruda y albahaca.La suegra preside en el ámbito. en fila. tenazas. flaca. recién fregada. los calderos. en el borde de aquél. El sultán engalla la cresta cárdena. y «éste que está blandito como barriga de viejo» o «llene bien la medida». cerrado por tres tapias erizadas de fondos de botella que lo guardan de los rateros. macetas. guanábanos y limoneros. las pailas estañadas de hacer dulces. En un ángulo. salvia y sábila. tiene su sede el fogón: hasta cinco anafes de hierro de diversos tamaños asentados en poyo de mampostería. Antonio examina la estancia. Mientras lo paladea a sorbitos. que infesta el recinto y hasta la misma casa. despercude cacharros. Al lado. el barril del carbón. Antonio. en el cual ponen y encluecan al amor de un gallo una docena de gallinas. en cuartucho cobijado de cinc. el frasco de bija con su muñequita. «cámbieme ese mollete que es de ayer». En uno de los extremos medra un humilde jardincillo. Entonces se escucha su voz que cuenta: «uno. naranjos. y por encima de la pared medianera extiende el ancho abanico de sus hojas y carga las hermosas esmeraldas peludas de sus mazorcas un pan de fruta. En el jardincillo. machetes y otros enseres. En el umbral de la puerta del patio. entre la ventana y la puerta del patio. que regala con su sombra el lavadero: una batea de roble sobre un barril vacío. el aparador de pino. cuyas hojas purgan arrancadas hacia abajo. debajo de la misma. espiga el llantén y brilla el terciopelo de la yerba buena. la higüerita con la sal. después de sorber la última gota azucarada. Dos puertas la comunican con el comedor y el patio.

Cuando. goza de la impresión voluptuosa del agua fría. Antonio se detiene. Luisa acude a uno de los hermanos y vuelve con una. las ropas. para ayudarle a vestirse. sustrayéndose a un pensamiento: ¡sería tan fácil acabar. En el seno profundo espejea la líquida pupila. En su cuarto encuentra ya listas sobre la cama y en el espaldar de una silla. Caía hasta las cejas el sombrero de yarey. en las cuales descubre la belleza sencilla. expresión de su radicalismo. burbujas le cosquillean por la espalda. Antonio. Le sujeta los pantalones por los bajos para que el pie entre recto. Con la higüera se empapa la cabeza. la leche que hierve forma una cúpula de nata y se derrama sobre las brasas. Antonio mata con la esperma de un cabo de vela el filo del cuello. se allega a él. ella misma le hace el nudo. baja al comedor. pero no la posee. asida por la abrazadera la lata que fue de manteca. Sube las escaleras ágilmente. de regreso a su cuarto atraviesa por la cocina. Musgo fino tapiza el brocal de piedra. libertar y restaurar el país.tender la ropa. Antonio. y echa el recado. enfrascándose en sus planes de sanear. dormir para siempre. donde le espera un desayuno extraordinario. ceñido el saqué se planta ante el espejo. En el silencio se escucha el raudal. las piernas encorvadas. y en el bolsillo de pecho guarda el pañuelo blanco de seda perfumado de Yˆlan Yˆlan. Está un poco estrecho. Se aparta. en la paz de lo hondo del pozo! Rocía el carrillo para que no chirríe. y sigue unos instantes el curso del lácteo chorro. mientras se estruja la piel hasta enrojecerla y se enjabona copiosamente. dice para sus adentros: «no importa lo que cueste. le interesan estas faenas domésticas. Y del pretil al baño acarrea el agua. Sentado. y si huele a bencina. Mas. el día de San Juan. ya cesará en cuanto le dé el aire. que surte agua fresca a dos casas. y avienta los cabellos que han caído sobre la pechera. rondando. las muchachas casaderas que se asomen ven retratado el futuro. de alas acanaladas. Aún hay más: dos pesos para los cigarrillos. Y en compañía de la esposa. las solapas caen bien. la trasiega repetidas veces para enfriarla. y el húmedo vaho le penetra. Bienhechora sensación de calma y de poesía le acaricia. aquél cuyo nombre será el mismo del primer pordiosero que en tal día haya tocado a su puerta. la copa circuida por cinta negra de dos dedos de ancho. repasadas por la mano amorosa de la mujercita. y de la boca surgen graciosos helechos. lo aceita. y empinándose al final. vertiéndose en la batea. encarnada. haciendo molinetes con la varita de corozo. es urgente que El Homenaje no sea en lo adelante el domicilio de los dominicanos que piensen en voz alta contra el Gobierno. para que las hilachas no le molesten ni el sudor lo ablande Quiere una corbata roja. el tronco sumergido hasta la nuca. boca arriba. soga de majagua con dos bambúes. ¡Qué delicia! Y pensar que más de un año estuvo privado de ella. que está allí. and 5. flamante. . En la opuesta esquina asienta sus reales el pozo. La mirada escruta la pétrea garganta cavernosa. La suegra acude presurosa. ¡Cómo le ama y admira! Antonio parte el revólver W. le besa. de súbito. En el baño. de la cual afirma la conseja popular que. tanto mejor. y cargándole lo vuelve a la canana colocada en el costado izquierdo. y en la espalda ni un pliegue. y es necesario también que ésta sea la última revolución». así marca las líneas varoniles del tórax. El claro ojo le fascina.

entre bocado y bocado. ¡santo Dios! ¡qué transformación tan rápida! de espía y alcahuete le reputaban. El buen hombre les . los han visto con los claros del día. como tremenda lección. ¡Qué sacos ni ocho cuartos. medio de mantequilla. y en un platillo. el segundo. excelente bailador. que hay mucha gente mala. estregada a diario con estropajo de hojas de guayabo. bien entendido. relata el pronunciamiento. un pan de corteza dorada. porque eso sería injusto. está puesto en una de las cabezas de la mesa de caoba. baúles viejos. No pediremos nada para nosotros. huevo frito y media vara de longaniza. mueble secular. La habitación es adyacente al zaguán. Antonio. un pocillo de leche. de los mentados dominicos de los campos de San Cristóbal. que vele por que no se emplee a los lilisistas. —Eso no lo logran. aunque no lo confiesa. unas perchas o cosa así. si en las cajas no hay más que papeles! —¡No. nosotros los conocemos! —Vamos. pero ¿ cómo referir que las piedras vejaron a quienes más de una vez han favorecido a la familia y a él mismo? Del embarazo le sacan tres conmilitones que llegan presurosos. cargando sacos llenos en un coche —asegura el último. —Es necesario que nos reunamos en seguida para constituir una Asociación Cívica. de Palacio para sus casas.El mantel de alemanisco azul. se siente mohíno. Vienen a buscarle. esta gente es capaz de todo.. en el cual se guardan bajo llave la loza. los culpables colgados de los faroles. y el tercero. a la panzuda tinaja. aunque yo sé que desde esta madrugada están sacando carabinas y cápsulas. con un reflejo de bondad en el rostro rasurado. pero que no se les dé a ellos. mozo inofensivo. —Sí. La amueblan un tinajero de pino pintado. A la verdad. La cosa está que arde. usted es muy sano. gota a gota. rechoncho. Todos interrogan. las golosinas y el azúcar por temor de los muchachos..dice persuasivo: —Vayan despacio. destinadas a las tablas para secar al sol los cajuiles y al mármol para estirar y cortar los caramelos. encorvado ligeramente. ha vuelto del mercado a donde él mismo va con la negrita sirvienta a hacer la compra. El suegro. doblado en cuatro. base de la piedra musgosa que destila el agua. sangre. lo primero es ir a la Gobernación para poner en cuenta a la Junta. sobre los cuales atadijos de ropa recién almidonada. . pero lo más gordo es que se están llevando el dinero. Don Pedro los ha oído suspenso. En un plato. don Pedro. no está satisfecho. pacífico. pues ya hay un complot para reaccionar. desean saber qué fue lo de anoche. color encubridor. y no deben creer sus intrigas. asado con cáscara en la hornilla. un cajón alacenado con puertas de tela metálica. un plátano maduro. en él están metidos hasta el gollete los jefes de San Carlos y Pajarito. inmoral --dice uno. En torno de la mesa la familia se sienta. que debemos impedirlo. —Lo que importa es abrir los ojos y no dormirse sobre los laureles. y de momento rompen los tiros —noticia otro. El habría preferido una pelea. El primero ha sido empleado de la tiranía hasta ayer.

encaramada en sillas claudicantes. enciende los cohetes de su prosa. A su paso. ambiciosos y amigos de hacer coca! Acuérdense de Santana. lee las cuartillas de sus arengas. contra el asalto de las pasiones irascibles y de los nuevos intereses voraces. En el grupo de jinetes que precede. y gimiendo con los presos. cuyos faldones ahueca el viento. La Junta se opone. hermoso. rico en dicterios. la cara de risa. y a los oídos de la gente moza las canas duchas insinúan: —¡Cuidado con los del Este. Los soldados de la revolución desfilan. mirando a los balcones engalanados. con una palmita de guáyiga en los sombreros rotos: es la divisa de las tropas que desde Santiago a la Capital cuentan en su jornada una sola baja: un oficial herido en un muslo por el cuchillo con que hacía rajas una caña. cual tallado en mármol. los mal intencionados murmuran: «¡son las mismas que bailaban con el negrito!» y los rapazuelos callejeros. derrama sobre el pueblo las doctrinas constitucionales de Hostos. los comentarios corren quemantes. Arturo Aybar habla del orden. que pasea su vehemencia de chistera y levita. Por la Puerta del Conde seguían entrando los lecheros. de la educación cívica. veló las armas. Se confeccionó una lista de candidatos a mejorar las instituciones desde las oficinas. el héroe. los dineros del Estado y los servicios públicos. En la tarde del sexto día. La juventud audaz. un nuevo espíritu animó la ciudad. pasan los revolucionarios. armada de largos machetes y al hombro el saco de yute en que almacenan frutos y objetos realengos. se adhirió al vocabulario político. revuelan los aplausos y aletean las aclamaciones. mirando el hembrerío de los balcones. El ejemplo de los Estados Unidos y de Suiza se cita como meta de la democracia. La magna lucha duró seis días. por debajo del Baluarte del Conde. y la palabra meeting. el aire embalsamado por las pomarrosas de las sabanas orientales. jinete insigne. de la necesidad de que . y a las que en ellos agitan manos febriles. vigorizada por la intransigencia de una cabeza dantoniana. la negra barba en punta. son matreros. que no desamparan ni en las marchas penosas ni en las refriegas. trajo nuevas explosivas: el jefe revolucionario de esas provincias se proponía entrar en la Capital. y la vieja barca cruzaba el río con los pasajeros trafagadores. las manos entusiastas señalan figuras conocidas: el Jefe. Un día. con su taifa de paso tardo. en las cuales la chusma ha sacudido el lodo de sus chancletas sobre las faldas de seda. en corrillos. Las serenatas a los triunfadores sucedíanse por las calles. aún oxidados. En las esquinas. Vale más esperar a los del Cibao. de gallardo talante. o medio a medio de las calles.Y los cuatro salen a cumplir el arduo deber de salvaguardar la paz de la ciudad. a lo largo de la empavesada calle de la Separación hasta La Fuerza. recién llegado. importada por un negro autodidacto. que enantes corrían tras los carruajes en los bautizos rumbosos. Garrido. hace sonar los grilletes y saca de la tierra en que se pudren los cadáveres de las víctimas. Ramón Cáceres. graduado de doctor en una Universidad del Norte. que sea el triunfo uno solo. de la libertad. manos inexpertas lubrican los fusiles. y restalla el látigo de siete colas en su verbo indignado. tararean las canciones procaces. un tanto ladeado. Eugenio Deschamps. ojo avizor hacia San Carlos y Pajarito. Cada plaza se convirtió en sucursal del ágora. En los días siguientes. alto. y la Junta forcejeaba. los discursos premiaban el esfuerzo de los caudillos. ¡homérica risa que durante doce años resonará preponderante en la política nacional! Sobre sus cabezas caen pétalos. Miguel A. en los cuales la juventud. Antonio Portocarrero desenvuelve como en un cinematógrafo las visiones de los catorce años de tiranía.

Ningún mérito se les reconoce. suena en todas las bocas y obsede las imaginaciones. En las palabras. Dicen que eres muy intransigente. pero está presente. Los papeles impresos. y limpios de culpas. Se elogia. Cada apellido que cae de los labios del pregonero. Se le niega. Se ha descubierto que existía una lista de puño y letra del tirano. palmotea. la levita inglesa abrochada. en las esquinas alternas. se le combate. igualmente istas. la pasión grita en el Parque: «Horacio está que trina. En la tarde. el elegido jura la Primera Magistratura. Ese muerto gobierna. amenaza. el presidente futuro. Algún orador novel alude al sol y al cielo. En los días siguientes. Pero una noche. En los bancos del Parque se despelleja a los agraciados. aumentan: las piedras de la épica noche se han transformado en tipos de imprenta. bajo las naves de la Catedral. cruzado el pecho por la banda tricolor. y del olvido de lo pasado. usted tendrá otro en mi Gobierno. Cuando la naciente oposición da en el blanco. reluciente el parisiense sombrero de copa. se insulta. Todos están en la nómina. bregan por hacer la felicidad de la Patria. ni tienes ideas gubernamentales. y no eres un hombre práctico. Los vencedores se dividen en dos grupos. le contesta. en los actos. la prensa registra nombramientos. borracho de palabras. «yo porque no le quise aceptar un puesto». señalados a la burla pública desde los periódicos. a son de bando. Algunos jefes lilisistas venidos de las provincias. o «acuérdense de Lilís que tenía experiencia y sabía en donde apretaba el zapato». Mas. uno explica: «yo porque no le saludaba». su mejor título para legislar. domina. exhibe la mordedura de los grillos. anunciando: ¡se maquina en la sombra! Las miradas se vuelven buscando a los impenitentes lilisistas. otro hace cambiar las sonrisas que produjera esta poesía. Y el pueblo. El ditirambo y la diatriba se codean. A diario. que lo discutes todo. dice que va a desenvainar el encabao y a entrar a planazo limpio a La Bandera Libre. en la cual están anotados los que debían morir por el hierro de sus esbirros. En el Jordán de la Revolución zabullen todos. bajo un laurel del Parque. Es cátedra de política criolla. con gran sigilo. Vientos de Fronda desmadejan el ramaje de álamos y laureles. Acusación o ejemplo.los hombres idóneos gobiernen. con sus panamás alones. los cibaeños retornan a sus lares. se repite: «el hacía esto así». un compañero de la Asociación le confía que el Gobierno Provisional no le apoya. a ti. por un gesto de espanto. se lee el Decreto presidencial nombrando el Gabinete. es presa de las lenguas implacables. pasean por las calles. roídos de ambiciones indiscretas. y las diestras apuñan bajo las chaquetas las cachas de los revólveres. y levantándose el pantalón. con títulos alusivos. —¡A mí! ¡Eso no es posible! —Sí. y al pie de los artículos se leen todos los signos del alfabeto o seudónimos. que sus oyentes acogen con aclamaciones. en una conferencia. El Metropolitano. Portocarrero está asombrado: nunca supo que tuviera tantos admiradores ni la tiranía tales enemigos. se advierte una sombra: Lilís. ni tampoco el candidato a la presidencia. el Listín Diario . en los pensamientos. otro. La candidatura gana prosélitos « ¡Se lo merece y sabrá defender nuestros derechos!». diciéndole: «Necesito ese puesto para una combinación. distinguido y de confianza» . más o menos jacobinos. En una asamblea lanza su candidatura a Diputado. dice la gente. Un día de noviembre. se le abomina. ¡Usted verá! ». entona el Te Deum laudamus.

de todos los cargos. y un Secretario del Despacho. sin ruido. acusa: «ese huevo quiere sal». ¡Ya sabrán lo que es candela! Al crepúsculo. condenado al dolor. y arrellanados en los bancos públicos o en los mecedores de bejuco. será nombrado próximamente secretario de Estado de. Es un «espíritu de contradicción». Arturo Aybar. la pluma rasga las cuartillas. viéndole escribir. los faldones al aire. hay algo que le repele. maldito. acorralado. este hombre nunca está conforme. . habla siempre de ti con cariño. La palabra intransigente ha sido escrita como un inri sobre su cruz. en cuyas cláusulas adquieren las palabras extraño sentido. y producen sensación de fragua. No. en tanto. cuatro veces al día. Los lilisistas se soban las manos con gusto. a trizas la sucia camisa. han sentenciado. El pueblo. «Tampoco es serio». se cruzó en la calle con el Presidente. ¿Qué hacer? De arriba. Los periódicos suelen publicar gacetillas. ¡Pobre mujer!» —opina uno.continúa publicando las listas de nombramientos. y sin que el espumante vino se derrame. la tendrán. anunciándole su puesto. «Don Juan —le dicen—. a zancadas. «tiene muchos ingleses». «Ese es un despechado__afirma otro. «Pero. Luisa. ¡Ah! el triunfo para los otros. atraviesa el Parque. otros le asaltan en la calle. poco a poco. aun para sus propios contrarios. nunca. el rollo de periódicos debajo del brazo. mansa y taimada hostilidad ambiente. de abajo. incisiva. y el Presidente. ratificado en su Consulado en París. en las cuales se recoge el rumor: «se dice que nuestro querido amigo el brillante periodista Antonio Portocarrero. Los compañeros que ya alcanzaron su tajada en el botín.. y está preparando una combinación. le aconsejan calma. Al día siguiente. Las manos les arrebatan el papel. los rapaces vociferan: El Listín Diario a rial articulo caliente de Portocarrero. le interroga con timidez: —¿Otra vez? —Si quieren lucha. devoran la prosa vibrante. le pone motes chocarreros. la carta del Presidente. mientras prepara las maletas. y él nota un ardor de súplica en las pupilas de su esposa. seguido de dos edecanes. Los amigos le traen del Palacio consuelos: el majarete cuajará. La suegra murmura. descalzos. agregan. enseña a los contertulios del Club a descorchar las botellas de champaña. asedian a Antonio: siempre hay un cobrador de facción en la puerta. Los acreedores presintiendo el fracaso. la chistera parisiense y el yarey portorriqueño permanecieron inmóviles en las respectivas testas. de azul y oro. un cigarrillo en la boca. » En Palacio se le ha ido descartando. Se rebela contra la sorda. menos para él. y airada. acariciándose las patillas. impaciente. desconocido. Ten paciencia». a la miseria. XIII . Antonio espera cada día.

. sentados sobre la mesa y en los rimeros de periódicos sobrantes. le dice al oído: «siga. Este. pues a su juicio. desmenuzando al contrario. hum. y la maldad adoba y cuchichea que. ¡Marea de sanies! En la calle. Las propagandas. —Sí.. En los días en que de antemano se sabe que «La Libertad» viene picante. Los que entretienen sus ansias. Antonio derrama su ira contra el gobierno. suerte de bubón cuyo pus pringa todas las caras. Los lilisistas le elogian. y Horacio. le pisan una punta y se levantan las otras tres. convergen y se transforman en prosa candente. Al oído del Presidente se insiste: «Usted es muy bueno. Cada error gubernativo es una piedra más en su pedestal.industria costea su existencia. Sus cartas circulan de mano en mano. porfían. su prosa estalla. interdiario que ha fundado y dirige. Es el blanco de todas las flechas. Allí se reúnen los opositores y también quienes gustan de encandilar a salva mano. es un mentidero. otro le amenaza con el Archivo del Tirano. y don Juan debe pelar el ojo. el cronista de salones deshoja flores a los pies de las damas concurrentes al último sarao. acompañado de su familia. porque la mulita corcovea. el santurrón quiere embestir. incluyen su nombre en primera línea. con sonrisa maligna le susurra: «Usted no sabe cómo anda la procesión por dentro. su fuerza se enfrenta al poder. charlan. y es preciso defender los vitales intereses del país». quebrando lanzas por la Constitución. que este Pan sobao se las trae. ni examina quiénes le impelen. con sus edecanes a la zaga. Los errores de los jefes comunales analfabetos. madriguera del despotismo para él. inquiere cómo ha vivido hasta hoy. y los forasteros visitan para que les pongan un saludo de bienvenida. las noticias. y truena contra los mismos procedimientos que sólo han cambiado de antifaz. odiado. Portocarrero siéntese satisfecho. Esto es un cuero tieso. lectores impacientes aguardan a la puerta. pero él. fuerte. que ejerce autoridad. Su enemigo es el Palacio. En el Parque. y agarrarse. Un seudónimo impenetrable. según sirva o ataque sus intereses. —Esa es la obra de los lilisistas. » La redacción. por lo menos». admirado. con una mesa de pino. amigo. haciendo combinaciones ministeriales. entre tales papeles. El Presidente continúa recorriendo las calles a trancos. repite con acento afrancesado su estribillo: «Ni un día más. los jimenistas le denigran. A su vez. que nos están dividiendo para vencemos. los nuevos mandarines la violan desahogadamente. Antonio no mira hacia atrás. aplaudido o denostado. y un misterioso colaborador que se disfraza con un seudónimo desliza su manuscrito envenenado. arrójalos sobre la cabeza de turco del Ejecutivo: el Palacio es el único responsable. y los reporteros voluntarios acarrean gacetillas. El edificio cruje al golpe de las piquetas demoledoras. aquél. «Este país no se puede gobernar así». A horcajadas. establecida en una accesoria de la imprenta.En las columnas de «La Libertad». . los plumíferos empleados le atacan.. recomendando el secreto. mientras Antonio escribe. e insinúa que aceptó los favores de la tiranía. y los domingos oye devotamente la misa en la Catedral. tres sillas y otros tantos cajones vacíos por mueblaje. cabeciduro. rimbombante. han aparecido virginales camisas ensangrentadas con monogramas. los discutidores se enfurecen. la gente le estrecha la mano con efusión o esquiva el saludo. ni un día menos». los chismes. que al fin capitulará. qué. Elocuente. Lilís le habría metido en la cárcel.

«La Libertad» relata el duelo. aclama o anatematiza. se comenta el artículo. y hasta los tenderos le saludan con una sonrisa prometedora de nuevos créditos. los granujas vocean: «La Libertad». le abrazó. El bastón del periodista se alza. una pelotera sin importancia. ilesos. El paladín le mira retador. Tres secretarios de Estado han renunciado. pum.. ¡Un mentecato! . los ojos acuosos y enrojecidos. alguno afirma que Portocarrero será al fin ministro. amusga las orejas y lanza un rebuzno formidable. le acusa de acoger a los lilisistas. algunos le piden puestos. y el otro estalla: —Usted no es más que un sinvergüenza. Los cobradores le han concedido una tregua. y barajando los nombres que se indican para el nuevo Gabinete. cuando debe ser tan sagrada como la bandera nacional».. las manos se tienden afables. los incidentes y haciendo constar que ni insultos ni tiros le detendrán en su camino. ¡hombrearse conmigo! Después del lance. Los espectadores la cuentan de chiripa. y se le reconocen cualidades. clava en la picota o elogia sin tasa. su péndola. junto a la puerta. y lo que es peor. con «la caída del Ministerio». entonces los otros promedian y la policía acude: Muchas puertas se han cerrado. acusa. En la casa estaban conmovidos. a todos les ha pellizcado el plomo las orejas. Portocarrero se planta en la avenida. le satisface. pum. «Esta vez sí que llego». ofrendará la vida». y en sus altares. saltando. excluye. Los combatientes. Su popularidad medra. enumera los errores en que ha incurrido. La única baja. que muchas veces con su dinero le ha matado a usted el hambre. Las balas habíanle respetado. Cuando llega en busca de los laureles de la jornada. Los amigos le asedian.. Antonio se sentía más varonil. «La Constitución es un trapo. de usar las mismas prácticas corruptoras. Todos querían saber. y la guardia de la Gobernación está firme. y Portocarrero enristra una catilinaria al Presidente. «Nuestro querido Director —termina— se debe a la Patria.Una tarde. o perfilados detrás de los árboles hasta que las cámaras se vacían. y aunque les habían avisado que nada le ocurría. Luisa. sólo una le repulsa. XIV La noticia le precedió. se repetía a sí mismo. Todo ha terminado. sin piedad ni rebozo. la que herida en una pata. enumerando los disparos. si necesario fuere. y mi tío es un hombre honrado. En los mentideros del Parque de Colón. y entre los gritos de los presentes. El tributo de tantas manos que estrecharon la suya alabándole por haberse portado como un hombre. zigzagueando. los movimientos. En todas las combinaciones ministeriales publicadas por los periódicos se le nombra. lloraban lamentándose. . El bombín del insultador rueda roto. el otro se escuda en el tronco de un álamo. los dos hombres se bombardean. «lo que le dicen a don Juan». es una borrica que pasa por la calle cargada de petacas de carbón y haces de caña de azúcar. los testigos se apartan y los revólveres relucen. —No ha sido nada. escribe.

sus reclamaciones dolosas y sus pretensiones humillantes. para salvar la independencia amenazada. Antonio. balbuceando. arroz blanco. displicente. habiéndose negado.. y la abuela doña Altagracia. de acera a acera. otros de café con leche. y nacionalismo..—El nombramiento de los nuevos ministros. puertos. mucha administración honrada. le fueron ofrecidos. gastos reproductivos. La suegra protesta:. Antes había anunciado distintos nombramientos: Cónsul general en New York. —Así es. En una esquina de la mesa. Antonio. En la casa. En Hacienda. apán. nacionalismo. chacharean hasta acalorarse de los sucesos del día. El país necesita. esperando al conserje de la Presidencia. sonriente. y cuando ha terminado con su ración. En Relaciones Exteriores. Y se produce el silencio. ya verás como se le pela». se mantienen alerta. a las doce para la comida y a las siete para la cena. las que convienen. pero se muere antes que confesar que él es un embustero». concluye. si no. portador de la tarjeta de don Juan. convidándole a una entrevista. a pesar de sus errores: pero los compromisos. caminos. En Interior.. -¡Ah!. sí. inmigración. hacer cumplir la Ley con energía. economías. Luisa. El Presidente está bien inspirado. En Fomento. apá. según él. y fuera las asignaciones. que sorprende las murmuraciones. ministro». molesto le alarga un pedazo. nos hundimos — asientan los oyentes. compuesto de carne guisada.. se adhiere: « ¡porra para él!». Interventor de Aduanas.. hace un cuerno. ni sé si me convenga aceptar. escuelas y educación cívica.musitándole: «ya sabes que siempre he sido tuyo». Reclamos y palabras hostiles le obligan a mentir para engañar la espera dolorosa. La familia se reúne en torno de la mesa dos veces a día. y no falta quien. replica: «Todavía no sé nada de cierto. y alguno de infusión de jengibre o de hojas de naranja. y en la noche sorben el pozuelo de chocolate unos.. «ésta no lo cree. el unigénito forcejea por alcanzar un pan. Hombres como tú e ideas como ésas. tembloroso. frente a la taza de chocolate humeante. con retintín. relata: —Don Juan me mandó un recado ayer. le interpela: —¿Qué fue el bando de esta tarde?. ofreciéndome el Ministerio de Hacienda o el de Correos y Telégrafos. si Instrucción Pública. El. mientras toman la sopa y yantan el plato cotidiano.. Con acritud agrega: «no lo nombran ahora tampoco. le diga cariñosamente: «adiós. La suegra.. con lentitud unta de mantequilla el mollete de pan. en aquella miseria que abate su vanidad. los que.. administración. calla siempre. él está preparado. » Y deleitándose promulga sus planes de gobierno: no importa el Departamento que se le destine. Esta vez parece seguro. habichuelas rojas y plátanos salcochados. en Hamburgo. rechazando. y volviendo el brazo derecho. pero le contesté que no podía aceptar. y las responsabilidades. . poner a raya a los diplomáticos extranjeros. textos en mano. sólo interrumpido por los sorbos y la masticación.

obscuro protector. Aquí. y no voy yo a exponerme a fracasar. Allí. tal vez me habría sacrificado y eso para tratar de unir a Horacio con don Juan. un zapatero curazoleño y un pirotécnico los cuales disertan sobre política internacional. en busca de aire. El tópico palpitante es la guerra entre Francia y Alemania que. de cortar por lo sano. Alguien. obligado a asumir las responsabilidades de los errores cometidos y de los disparates que seguirán. En los bancos fronteros a la calle Separación. Si me hubiera ofrecido la Cartera del Interior. parroquianos del café vecino.. los franceses y la Deuda flotante interior. no habría de ser adoptado por el Gobierno. exasperado. se monda a cuanto ciudadano recibe la gracia de un nombramiento. La honradez tiene una condición fatal: la cesantía. Y en Correos y Telégrafos sería una figura decorativa. son dueños los galleros. porque yo sé hasta cuando les duele la cabeza. es una tontería comprometerse a última hora». blanco. un tipógrafo mudo. conversan a gritos. Unos atacan y otros defienden. descotada la camisa. se sientan comerciantes. estallará de un momento a otro. analizando los cablegramas del Listín. a juicio del zapatero. Doña Altagracia pone la oreja en escucha. domina todas las voces. Como decían. En el segundo y tercer banco del frente del Palacio Municipal.—¿Qué sueldo gana un ministro? —pregunta la suegra con viveza. y anuncia: —Oigan. abogados y políticos graves. replica todos los argumentos. que forman coro en derredor de un álamo. señora. puesto que mi criterio radical.— La Hacienda está muy embrollada. agrega: . y afirma contundentemente: —A mí de gallos no hay quien me enseñe. bajo un laurel. ¿pero qué han hecho esos tales para que los nombren ministros? ¡Comprométase uno para que otros gocen! Y un burlón. Debe de ser la serenata que le traen a Antonio porque lo han hecho ministro —No. los belgas. y pronto llegaremos al rompimiento y a la revolución Luisa aprueba con energía: «has hecho bien. entre bromas y veras. con un álamo por medio. clama inconforme: —Bueno. médicos y gente de lengua chispeante. yo. desenredando esa madeja de la Irnprovement. En el ángulo nordeste. —Ninguno de los dos me conviene —prosigue Antonio sin responderle. que habla y gesticula sin cesar. La batuta la lleva un hombre fornido. los bisturíes afanosos escudriñan en los pliegues de lo pasado. entre la Catedral y el Palacio Nacional. las altas voces reseñan las últimas riñas y enumeran las condiciones de un giro o de un malatobo. De la mitad de aquel lado hasta la esquina de la calle de Plateros... En el Parque los bancos están concurridísimos En el ángulo sureste.. tienen su sede. abogados. Los nuevos ministros están en la mesa de disección. música. si no ha querido —refunfuña la suegra. que quiere buscarle la boca. Y Antonio sale disparado. se juntan los políticos activos: empleados. periodistas. amén de algunas parejas de amartelados que se agradan en el claro. Sones musicales lejanos llegan hasta el comedor. aludiendo al grado de coronel que las Ordenanzas militares reconocen a Jesús Nazareno. Porque las cosas andan de mal en peor.

cavila. ¿A qué seguir combatiendo? Y lo que es peor. ha logrado. Luisa no se queja. —¿Y qué Jesús es ése? —Hombre. Uno o dos números más. al fin. y el hijo crece. inclina la cabeza. Los cuñados apenas ganan para sus necesidades. El administrador dice que los agentes del interior no remiten los fondos. Este país está perdido. Más allá de las lomas. la situación es intolerable. hay que tomar una resolución —se dice—. y agrega: «más no puedo hacer». y el público se cansa. sus ojos descubren dos cuerpos que se abrazan bajo un árbol — una negra sirvienta y un soldado—: animalidad vibrante. ¡Jesús Nazareno! Y el coro se desternilla de risa. y él mismo está muy alcanzado. solo. y eso sería el acabóse. Esta tarde. las cosas están muy malas. y cuando se case. ya he quemado las naves. ¿cómo continuar? Su oposición ha perdido autoridad. y se acoge a la penumbra de la Plaza Duarte. Antonio esquiva el Parque de Colón. porque eso sí. En Gobierno nada es posible. no le da trabajo de sus oficinas. en donde se sentiría mortificado.—Y lo peor es que han nombrado coronel a Jesús. El patio está siempre lleno de tablas con cajuiles secándose al sol. y se ha cargado la cantidad. y escucha gotear los higuillos de los ramos sacudidos suavemente por el terral . sólo resta Horacio. le ha exigido con urgencia: se le deben tres semanas. Luisa y su hermana trabajan de seis a seis.. él es un honrado padre de familia. continuará igual! La suegra cocina y plancha. pago. de las palabras altisonantes. necesita el dinero. Y allí. La casa no la pagan hace años. y el suegro. y que las ventas disminuyen. pero late en su reserva una protesta. Herminia lava y hace dulces. caminar. se estira. conminándole al. tanto. y con frecuencia su mujer mueve el pedal de la máquina. Y ha mostrado las cuentas muy claras. a cada artículo suyo teme que le despidan del empleo que tiene en Palacio. ¡Pobre muchacha. Y abriendo los brazos. que ha tomado a cuenta seis meses de sueldo. __Sí . En la oquedad de la plaza. De esa tiranía nadie le libertará. tiene que hacer pagos en Europa y. por otra parte. La última ilusión se ha pulverizado. cosiendo para la calle. Esperará una semana más. el dueño de la imprenta en que se edita «La Libertad». el Cibao que quita y pone Presidentes. los brazos abiertos y un hilo de saliva colgante del labio belfo ¡Qué horror! A menudo lo encuentra en la calle. le torturan y le enseñan a balbucear obscenidades Es la pesadilla que le abruma. en vista de que se tira en sus talleres un periódico de oposición. haciendo de policía o de cura. temblequeante. y ¿qué méritos tiene Jesús para eso? Está visto. hazmerreír de una trulla de chiquillos que le burlan. y «La Libertad» habrá muerto. el Gobierno. frente a la Iglesia del antiguo Convento de Dominicos. —Ahí está. ni poder ni riquezas. . está en ruinas. El editor ha fallado el pleito. que nunca maldice. En el hogar. y en la cocina borbota el almíbar en la paila estañada. hasta muy entrada la noche. y el casero no la repara para que se muden.

El polvo ornamenta la cal de los muros con extraños arabescos. y se excusa: —No. Luego pasea la mirada por la estancia. edificamos hermosas catedrales. pregonaron mi estirpe. —No debes matarte tanto. y bajo una cicatriz que parte la frente. se abre indicándole un camino. desasnando muchachos. en las sillas de las escuelas. ogaño una arañita prende sus hilos leves a uno de los ángulos superiores del cuadro. esclavizamos negros. Antonio siente la presión física de aquellos ojos que le dirigen reproches. al frente de mesnadas campesinas vencimos a los soldados napoleónicos. la humedad dibuja fantásticas figuras. descaecido por los años. armas y atributos de guerra. — ¡Qué buena eres! Se sienta a su lado siguiendo atento el pulgar que pliega las alforcitas de la pechera. pues. el buril talló entre hojas de laurel y bellotas. rota la rejilla. De regreso. se apoya en la pared. si son camisas para ti. Y una sonrisa melancólica enarca levemente la boca fina. descascarados. otra vez a ludir los fondillos. desde que . cojo. y le parece que la diestra que reposa entre dos botones de la túnica militar. y restituimos al Rey la Hispaniola. Las que tienes se están deshaciendo y quería darte la sorpresa el día de tu cumpleaños. la nariz aguileña y el mentón pronunciado denuncian la energía de quienes por el mar o en la tierra impusieron su voluntad heroica. le contempla satisfecha. entre vigas y alfaljías. realizan los hombres de estos tiempos? ¿ Sois libres. encuentra a Luisa. las sillas. Fecundamos la tierra y el vientre de nuestras mujeres. la roja espadilla de una encomienda. muchacha —le dice entre cariñoso y reprensivo. prósperos. marchita. cuyos muebles nunca le parecieron tan viejos. Antonio le toma la cara por la barbilla. En el testero se destaca el retrato de cuerpo entero de uno de los antepasados de Luisa: señor potentísimo de la Colonia. tantas veces renovada. y cuando el Rey nos cedió al francés. colgante en mitad de la sala. Conquistamos imperios. En el marco. la besa en los ojos murmurando:. y a1zándola. llena de máculas. matamos indios. La mirada de águila. Y vosotros peleáis sin cesar. y que aquellos labios sensuales le interrogan. cosiendo a la luz de la lámpara de petróleo. se zarandean de un lado a otro bajo el peso de las personas. la mesa del centro. bordada. hecha a regir hombres en las filas y a dominar negros en el hato. una revolución sucede a otra. —¿Qué has hecho de grande en tu vida? ¿Por qué dilapidas tu energía en palabras? ¿ Qué obra digna de las tradiciones de esta tierra. el sofá. Y ella. venturosos? Nosotros izamos nuestras velas al viento desconocido y desentrañamos del océano un mundo. y la negrada de mis ingenios proclamó que fui amo pródigo de mis caricias y de mi oro. que fueron el lujo de sus bodas. en cuyo pecho prominente ostenta. alzando las dulces pupilas. Veinte hijos sanos. no hay necesidad. que avivar el fuego y mientras tanto. desvencijadas. fundamos ciudades. defendimos nuestros bienes del asalto de los corsarios y enseñamos al bucanero de Occidente el hierro de las lanzas castellanas.Hay. Los mecedores de bejuco de Viena. conserva toda su altivez.

ha anotado los sucesos de su casa y los de la calle. los hombres nacen y mueren. rumbo al exilio. y a los impenitentes les . y carga el paquete con la muda de entre casa. se atiene a su dicho y acude al testimonio de su libro de apuntes. Cuando recibe en su morada interior la eucaristía. brillan. las pupilas vivas. husmea. con el nacimiento de hijos. el primer diente o el primer pinito. a pesar de sus noventa años. y al registrar la muerte de un hijo: «Dios le tenga en su santo reino».. En la casa. es cierto. tócase con manto de merino a flecos. desde los albores del siglo. Recorre la casa sin cesar. en el cual. Es un cuaderno con tapas de cartón. Sale dos veces al mes: una para adorar al Santísimo. Sin embargo. mojigangas callejeras y fuegos artificiales. Sufrió reveses de fortuna. regaña a los nietos. porfía y curiosea. lágrimas o comentario. un pañuelito esquinado cúbrele la cabellera nevada. el en que se pone de hinojos ante su confesor. de gruesos perfiles. cruzó el mar en buques de vela. y se destaca aquilina la nariz. que con los años ha ido perdiendo serenidad. Así. Su memoria comienza ya a desvariar. nietos y biznietos. y pasar ese día en casa de una de sus amigas de infancia y comadre. medias blancas y guillotinas de marroquín morado. escribe: «he cumplido con Dios». adorna el cuello con un pañuelo blanco sujeto por un medallón con el retrato del esposo. las angustias de los asedios. la muerte de los seres más queridos y la primera comunión. A1máciga preciosa. y es cada vez más terca. ella conserva inmutable la forma del traje y las mismas amistades. la pluma consigna el hecho y nada más. las pasiones de la política le encarcelaron esposo. Combatís. ella que ha sido perseguida y martirizada en los suyos.. ni una sola vez agrega al relato. Empero. que la auxilia en los accidentes de las aceras. luce sus sayas negras de viuda. camina erguida y despacito. fuerte. hechas especialmente por José Mena. con lacito en la punta y dos borlas en el remate de la caña. la abuela.la Colonia se hizo República. siempre serena. Las modas pasan. y el ruido pasajero de bailes. en su largo vivir ha sido traspasada por los siete puñales. gozó diez veces el dolor de la maternidad. a flores. aunque siempre muestra recato en el juicio. las expulsiones. XV Doña Altagracia. devocionario en mano. las ejecuciones y los pronunciamientos.. palpita en el silencio. ¡míseras hazañas! El ruido monorrítmico de la Singer. exclama sin ufanía: «¡nunca le he dado la mano! ». en sus páginas se asocian la noticia política. y calza botín de ternel. entre los párpados abotargados. pina. que toca la trompa en la misa cantada de los sábados. prende a las orejas zarcillos de azabache y oro. alto el talle. Y frente a Lilís. hijos. en el ex Convento de Dominicos. que triunfa corrompiendo y humillando. por empleos. En el rostro arrugado y moreno. bíblica. buen hombre de figura quijotesca. junto al nieto. hermanos. y besó la carne muerta de los vástagos. el domingo tercero en la Catedral. las prisiones. y la bandera cruzada ondea sobre las piedras yertas que cobijó el pabellón de os leones. pero irreducible cuando le rectifican. la exaltación y caída de los caudillos. viste bata de prusiana morada. otra. con malísima ortografía y letra redonda. con el mismo ardimiento de nuestra sangre. Con los años ha perdido la ecuanimidad. cerró los ojos a los padres. es una mujercita seca. partida en dos trenzas que rodean la cabeza y se juntan en mono. En tales efemérides. y tal amor por los suyos que no les conoce defecto. Nadie la ha visto llorar.

y sus raíces espirituales se han afirmado hace ya trescientos años en la tierra quisqueyana. El novio es un buen muchacho. de pocas palabras. pero ingresan dos visitas: el novio de Herminia. Florece la negra cabellera con una rosa. se asea. pues es preciso que su amada lo crea el más elegante. resiste a los más duros embates de la miseria y se conforma con su empleo. doña Altagracia cuenta. y la grandeza ancestral la libra de injurias y de vanidades efímeras. gana cuarenta pesos y espera que le aumenten. nunca se descubrió al paso de Lilís ni le aceptó una sonrisa. Desde el muro. y desde hoy te autorizo a usar nuestro apellido». que era de su madre cuando ésta casó. Dos veces al día escancia agua endulzada con papelón. para casarse. digno. Cose. por ella misma coleccionados y añadidos. se baña. de los pozos profundos y poéticos. sino de pozo. y si le engaña uno. Su casa poseyó capilla. siempre de excelente humor. después de recogidos los peroles de hacer dulce y la tabla y las planchas. a duras penas. en mangas de camisa. haciéndole comparecer a su presencia díjole: «Sé que eres merecedor de llevar el nombre de mi hermano. trapiches. les sonríe. mayorazgo. charla con su amigo en torno de los sucesos de la política. a quien ha consagrado su prole. El domingo primero de cada. que siendo hijo natural. de la cual es devota. y cuando se despide. después de misa. zurce y pone plantillas nuevas a los calcetines. la novia. el retrato del abuelo coronel de milicias. Don Pedro. rebaños. Cubre la cama con colcha de retacitos de diversos colores. cuya paga. cree en los hombres. para ella indiscutiblemente el tiempo pasado fue mejor. tanto. discreto y varonil. que viene en calesa y con chistera. Jamás habla mal de nadie.. que ajetrea desde que amanece. En su alcoba se consume constantemente una lamparilla de aceite ante la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes. y en cestillo cuyos mimbres crecieron hace cincuenta años. cómo él pudo alcanzar en el comercio. la madejita de lana. tijeras y un cabo de vela. cuando las cosas mejoren. y cuya madera fue cortada y labrada en tierras propias. en arquilla de cedro. tales sus achaques. satisface los primeros menesteres de la vida. Alto. la familia se reúne en la sala. y la tertulia animada y. y los miércoles. protege el lecho. depositada en negra alcarraza española.planta en el cráneo un cocotazo dado con sus nudillos huesudos. cuyas hazañas rememoran. Hablan una hora de las cosas que fueron y de las que son. dedales. que llega invariablemente a las siete y media y se despide a las diez. quien desde chico frecuenta la casa. En la tertulia inicia las bromas y corta el nudo de tristeza con que suelen atragantarse. guarda la ropa. Los días modernos no le impresionan. En armario de caoba. Herminia. Empleado en el comercio. fue desde joven honesto. falda de lanilla azul obscuro y zapatos de tacón alto. acicala y perfuma. después de la faena. después de la cena. un día el padre de ella. hilo. sin meter un solo contrabando. No bebe agua de aljibe. . una pierna sobre el brazo del mecedor. mayor de veinticinco. pone su fe en otro. reidora. botones. y una palma bendita renovada cada Domingo de Ramos. tez cobriza. y otra higüera grande le sirve de jofaina. y prepara su espíritu para el coloquio amoroso. agujas. a veces. y un viejo amigo. ni alimenta dudas. Los jóvenes se marchan tras el último trago de chocolate. componiéndose con blusa de batistilla adornada de encajes y cintas. hasta que llega el novio. esclavos. posición desahogada. no tuvo la tiranía enemigo más firme. la visita un primo suyo. ebanista de oficio. tampoco usa vaso sino una higüerita. gracias a un optimismo ínsito. ante la de Jesús Nazareno. La silla de comodidad procede de su padre. los papeles y novenas. mes. Todas las tardes. dura hasta las diez. Sano de cuerpo y de espíritu. y se sienta en el balcón a leer novelas de Dumas. fino. de Feval o de Pérez Escrich. Cada noche.

los percances del año de Toussaint L‟Ouverture. —¡Quita de ahí. “Mi taita reunió a los suyos. en la cual había entrado de tapadillo. envuelto en la capa. casado dos veces y que a sus hijos naturales les dio nombre y les encaminó. hay mucho libertinaje. lee un grueso novelón y. hasta que se duerme sobre el sofá. Y es su conversación pintoresca. Y si la madre o la consorte le reprochan.por la que pasa sin odios ni envidias. he oído hablar de un tío de usted que era muy mujeriego. las piernas temblorosas. con gran escándalo de doña Altagracia.! Ya todo está cambiado. y todos. Doña Rosita en un rincón.. que te va a hacer daño». entre párrafo y párrafo. le encontró el padre en la alcoba de la moza. ¡Cuándo los negros de hoy. virtuosa. ora interrogándola.. sopla la capa de grasa fría que cubre el líquido. trabajando hasta pagar su rescate. ora contradiciéndola. a veces. A Antonio le gusta oírla y la hace hablar.cuando éste vino del Guarico. Y ella. es un buen diente cuando hay qué y a toda hora. originado por defecto físico o por historieta chusca. Luisa. Nunca salía a la calle de noche sin pedirle la bendición a su taita. reclama con gozo—. después de los postres. —Doña —suele decirle Antonio—. confundiendo fechas y nombres. que les pone con gracejo hilarante. . La voz de la abuela es la que más suena en la tertulia. quedándose allí cual un pelele desmadejado. si evoca. alguna de las tantas famosas indigestiones paternales. reviviendo días y hombres pretéritos. y los alzamientos de los esclavos. tal como se las contó su mamita. nunca le falta tema. la espada debajo del brazo y un farol en la mano —porque entonces no había alumbrado—. —¡Malhaya quien lo diga! —replica. y si es verdad que iba a visitar a sus amistades. Un siglo entero se anima en su memoria. la esposa echa de ver con lástima que se ha quedado una taza de sopa de la que se guardó a mediodía y se va a perder. apelotonada. Y que otra vez un amigo guasón metió por debajo del portal de la casa. —Pero si cuentan que una noche. y la apura con deleite. Entonces cada uno vivía de lo suyo. volvía temprano. y en seguida intercala. que niega indignada. ustedes son libres. y es entonces cuando sus saetas se clavan en el yerno y da recias nalgadas al nieto. los brazos en balance. coloca un chiste mordaz. que son patrañas! Mi tío Miguel fue hombre muy de bien. y cae. replica risueño: «lo mismo era papá y no murió del estómago». Ni preocupaciones ni pesares le quitan el apetito. y que despertando azorado. las piernas en cruz. aunque también toma parte en la tertulia. altanera recuenta. «qué gandío eres». pues remueve pasado y presente.. no la tomes. —«Tráemela». ciento. y poca religión». «Muchacho. aconseja doña Altagracia. y les dijo: mis hijos. acarreando objetos estrafalarios. pero él ase con ambas manos el tazón. toditos se quedaron en el ingenio y en los hatos. Para ella casi todos los vecinos de la ciudad tienen un apodo. al mismo tiempo cose o teje o cuida del hijo que anda de un lado para otro. Incansable en el trabajo. a menudo. trepando para entrar por la azotea se cayó de un alero y estuvo tendido en la acera hasta que el fresco de la madrugada le devolvió el sentido. consciente de su destino que será igual hasta la tumba. si la dispepsia la atenacea se rebela. y ni jugaba ni tenía deudas. un mazo de triquitraques.

y el único refresco era el vaso de agua de melao. cuatro bolas y la bandera roja señalaron vapor del oeste. Y en los bailes. en el patio del Café de la Reina se levantó un tablado para el escenario. de caoba. que están siempre callejeando o con los dientes al sol en las rejas! —Pero doña. Cada familia llevaba sus sillas.. de casaca azul con botones de oro. fue a caer abrazado a mi amiga Pepita Contreras. uno que saltaba una docena de sillas a lo largo. Mi taita hizo colocar un escaño grande. Antaño era otra cosa. Cuando vino Pizarrosa. en chancletas. y en el semáforo. y además cumplía con su madre. de los campeones de la Reconquista. quince casas de su rosario.. ni existía moneda. Ninguna señorita correspondía a un enamorado si aquél no tenía con qué casarse. por el ánima de vivos y de muertos.. donde cabíamos seis personas. y cajones de pesos columnarios. XVI La campana del vigía. y sin la inmoralidad de hoy en día. ¡Ave María Purísima. Por cierto que. el Rey Don Fernando le agasajó tanto. desde la torre del Homenaje.. condenado! Ustedes se mofan de los viejos. También venían maromeros. entre las murallas. un gran actor como no vienen agora. Ojalá ustedes se dieran un trasunto a aquellos hombres. y muy buenos. se refugia en su alcoba a pasar ante el retablo de Nuestra Señora de las Mercedes. la misma que después vino a ser mi comadre. y se han dejado guberciar catorce años por un negro mañé. ¡qué mala lengua tiene este demonio! ¡Ojalá los de hoy! Mucha onza pelucona se guardaba. . mi mamita. su potiza con agua. Media hora más tarde. rezaba. Y se representaban muy buenas comedias y misterios. y cuando estuvo en la Corte. como en mi tiempo. se retiró. ¿Emborracharse? ¡Eso nunca! Se comían pastelitos y se bebía sangría. Ya no vienen cómicos buenos. y bravo. a fumar la cachimba.. ni mantones de china. todas muy bien puestas. Su compadre. ¡Y las mujeres! Mientras mi abuelo sitiaba la ciudad. —Esas son historias. después del toque de las oraciones. — ¡ Ofrézcome al Señor! Si no hacía maldita la falta.—El Listín anuncia que viene una compañía dramática..—¡Anda a la porra. si en aquella época la gente. ¡ Cata uno ahí! —y señalando el retrato del coronel de milicias. ni crea fina de hilo. qué pena! Ella se puso como la grana. —¡Alabado sea Dios!. se sentaba en la puerta. ¡Qué diferencia de las muchachas de hoy en día. ¡Quién se lo hubiera dicho a mi compadre el general Santana! Y la anciana. —Pero no había teatro.. y los jóvenes. La herida de la frente se la hizo un franchute con quien se batió frente a frente en Palo Hincado. sino cambalache. y se comía el cuero de las butacas sancochado. ¡Esos sí eran varones!. Entonces había valor y virtud. una noche.. y miles de cabezas de ganado en los hatos.. Don Juan Sánchez Ramírez. muy rico. erguida. desgranó dos repiques. le quiso mucho. prosigue—: ése fue rico. su esposa. y mientras estuvieron aquí los titiriteros no se asomó más a la ventana. hacía hilas. —Así será ella —dice la abuela—. triunfante. y copas. con pantalones viejos.

los otros armados de un cuchillo cachicuerno a la cintura y del garrote de guayabo con que castigan las bestias. es la Adams». goletitas y balandros costeros cabecean. por delante de la mitad que resta del puente de hierro. los curiosos atalayan la barra. frente a la calle del Tapado. los pasajeros pasan de babor a estribor. puesta la escala. una negra comercia en arepas con entresijo. que trae en . de abultados pechos fláccidos. «Mira. una mulata gruesa. La maniobra dura cerca de una hora. y junto a él. fríe lonjetas de tocino y mielosos plátanos maduros que vende ensartados en varillas de coco. « ¡Compai. rota a veces. muy a la vista. esa alta. las canoas de los campesinos. Amarradas. De acera a acera. Gentes presurosas bajan en dirección del muelle. Frente a la Aduana. Un coro de saludos acoge a Alcón. «Ha envejecido». y escuchado la cuenta de sus triunfos pregonados por la prensa extranjera. Desde un mes antes. La multitud. sobre el mostrador. tranquilo remanso que el Ozama forma al pie de la muralla. granujas en cueros bañan caballos. majestuosa. dijérase que entre las rocas hirsutas que soportan la torre y la estacada del muellecito el vapor se ha clavado. apiñada. Al fin. «Ese es Roncoroni». y un cochero. Los estibadores medio desnudos. en gran cuadro de felpa. En la puerta de una casilla de madera. torsos de bronce o de mármol negro. los índices señalan la figura familiar del capitán Vaca. coches y carretas estacionan. pidiendo práctico. un hombre en mangas de camisa expende vasos de leche. los unos con sus fustas. En El Tanque. concluyen convencidos por la locuacidad amena del agente. que hierve en anafe. Cuando la masa obscura del «Julia» aparece en el estuario. suda impaciente. se exhiben las fotografías de los artistas dramáticos. los aurigas y los carreteros se confunden con los espectadores. la gorra blanca con galón dorado. Detrás de la jaula de hierro. que ya pica. y deslizándose por el cable. una grey humana se mueve por la vera del muelle. el talante aristocrático de los galanes. las patillas largas. en el café «La Tertulia». los pantalones arremangados hasta la rodilla. el barba. frutas y casabe. tomando helados los parroquianos han examinado las bellezas que el retoque presta a las mujeres. cruzan yolas. el «Julia». de la matrícula de La Habana con su ronco silbato. trojes de yerba de maíz. reviste el agua. cuyos reflejos vivos hieren las pupilas. desgarra la ambiente serenidad matinal. que allí semeja esqueleto de enorme animal atascado. lava su vehículo. que es el depósito de la Aduana. Malla. observa uno.en El Placer. La floresta ribereña trepando por la ladera oriental despide por cada una de sus hojas fulgores metálicos. límite del mercado. una gruesa cadena enroscada al tronco vencedor del tiempo y de los hombres. en fila. en cuclillas. comienza el desfile. grueso. Más allá. qué hembra! » Algunos se colocan cerca de la escalera para ver las pantorrillas. en el limo fangoso de la orilla. con las piernas muy abiertas. pero no. flagelada por el sol. «Es la mejor compañía que ha venido». la barca va y viene. A espalda de las casas. por la aleta de un tiburón. bonita. llenando la boca estrecha. el vapor hace la ciaboga. En los balcones de la Capitanía del Puerto. girando merced a los cables. los espectadores se sienten sobrecogidos. —El suelo está tapizado de cáscaras y relieves descompuestos. De una a otra banda del río. En el puente de mando. y el público que atiende a descubrirlos saluda a los conocidos. esperan apoyados en las carretillas. alto. avanza silbando. lenta. en otro colmado. y allí. mientras se diligencia el abono. se preguntan: «¿No vas al río?» «¿Qué hay?» «La Compañía de Roncoroni que llega». Aún quedan restos del tráfico de la madrugada: pilas de petacas de carbón. el negro piloto. Al término del muelle. conservas criollas y prú. frente al pequeño mercado. alza su ramaje centenario la Ceiba colombina.

. —¿Qué te ha parecido? —Bien. se ha edificado con madera. los críos gritando y sucios. en el que fue presbiterio. alumbrados por un candil de aceite. escoltada por una turba de mocosuelos. El escenario. las mujeres. una herradura dividida por batandas forma doble serie de palcos. presenciando la descarga del equipaje. e interviniendo en las querellas de los carreteros. El teatro. pues tal como reza el programa. es la antigua iglesia de jesuitas. Dos vallas humanas forman pasadizo en la puerta central. cargada con un loro y un perrito. Por fuera conserva su aspecto secular. . austero edificio de sillería. invadiéndolos. El telón cae. y muchos. contando las monedas en la taquilla. ¿ te acuerdas? —Y Roncoroni. la sala. la característica le sigue. En la acerca de enfrente. que no pueden asistir al espectáculo. sabe llevar muy bien el frac. pero Roncoroni se muerde los puños demasiado. a mediodía. sin los prestigios emotivos y deslumbrantes de las candilejas. una línea baja luminosa marca los puestos de pastelitos. Los muchachos de la cantina destapan botellas y corren de un lado a otro llevando bandejas con cerveza y dulces a los palcos. la noche del estreno. Inclinadas sobre la barandilla. Hay que abrirse paso a fuerza de codos para circular. de rico relleno. La farándula pasa. más de cien butacas. La Compañía se estrena con una de las obras preferidas del público: «Felipe Derblay». entrando en la ciudad por la puerta de San Diego. y a la Adams le encuentro un no sé qué. servidos calentitos. y en la platea. y se reparte en los coches. hubo ciudadanos de facción en la acera del teatro «La Republicana». La bóveda ensordece la voz de los cantantes. sobre ésta una galería. mañana se cobrará en su crónica del Listín. como escriben los cronistas. el foso y los camarines de los artistas.. que no se suspende por causa de mal tiempo. media hora después principiará la función. solazándose en el ensayo general. amén de la cerveza fría y del ron. ásperas columnas adosadas al muro. aquélla sí hacía una Clara. algunas en bata. despeinadas.—Pero. La sala. altos y bajos.. los fardos de las decoraciones. verdes aún por los efectos del mareo.cada brazo un niño. a veces en voz alta. —¡Ah! no. bien. en los palcos ruedan sillas acomodadas a prisa. las mujeres siguen ansiosas las escenas y los hombres discurren. de Georges Ohnet. Está furioso porque no le han dejado entrar en el escenario a saludar a los artistas. vestidas a escape. La campanilla del apuntador suena.. y en tanto se alza el telón. otros. Se forman corrillos en los cuales se enristran polémicas. No hay ventilación. en sala donde flotan las nubes de polvo que levanta la escoba. ¿no es verdad frére? Antonio Portocarrero preside un grupo. Durante el día. Los espectadores de infantería se aglomeran detrás de los palcos. con cachuchas. A las 8. está de bote en bote. dulces y maní tostado. en las casas vecinas también hay expendio de pastelitos de harina de Castilla y de catibía. y las segundas partes. es inferior a la Salas. En el interior. El público masculino disemínase por las dos naves laterales. no hay comparación. ante la mirada pública. el teatro abre sus puertas. chico. los hombres sin cuellos.

Yo no le discuto a usted de telas. esa la pintura de la realidad. si eso está mandado a recoger. por entre las lunetas. —No me hagas reír. En los palcos ondula la línea de trajes femeninos de colores tiernos. haciendo sonar la gruesa cadena de oro y el dije.creen ustedes —predica— que esto es arte. un cerebral. no arrugue que no hay quien planche. ¿ Quién se acuerda de eso. las sillas cambian de posición por causa de los mozos visitantes. los pulgares en los bolsillos del chaleco. ¡Hablarme a mí de teatro! —Y obeso y currutaco. Usted no sabe que yo soy aficionado. y los hombres se creen vengados de sus ocultas humillaciones familiares por Felipe. otros desde los pasillos miran y hacen . Durante los intermedios. pero gusta. —Sí. cada uno entiende de su oficio. mas la alta crítica no le tiene en cuenta. la orquesta toca valses y danzones. socio. charlan con las muchachas recostadas en el antepalco. Ohnet es un pobre diablo. Don Juan Tenorio es para los isleños de San Carlos. y aun a la salida. el coloso? ¡Qué «Enemigo del Pueblo»! Esa es la humanidad. según la opinión de sobremesa de un viejo publicista. y en los días siguientes. ni de los árboles gigantes. palmotea en el piqué blanco a puntos rosas. —Amigo. —pontifica Portocarrero—. ¿y Don Juan Tenorio y El Gran Galeoto? Ahí hay yema. los espectadores ganan sus localidades. y Echegaray no tiene en todo su teatro un verdadero tipo de cerebral. Lea mañana mi crónica.. en el trayecto hasta los respectivos domicilios. Algunos. ganapán de la pluma. ni de otras vascuencias por el estilo? —Bueno. es cierto. incómodas en las lunetas de hierro y madera. imaginando si después de la reconciliación serán o no felices Felipe y Clara. —Y ustedes ¿en dónde han visto na mejor? —Amigo mío. cuyos libros se venden. donde todo se arregla al final. señores. y en tropel atorados por el último bocado. y no estas piezas. todas las mujeres se sienten Clara. ¿Qué problemas plantean? —Y Hamlet. —Naturalmente. ¿y «La Dama del Mar»?. La campanilla del apuntador les separa. ¿qué te parece? —A mí me gusta más el «Puñal del Godo» y «Flor de un día» —interrumpe un mercachifle del Navarijo. he pisado las tablas y mucho que me aplaudían. pero no me toque a la literatura. un corcel encabritado sobre una cornalina. empujándose. o si la justicia castigará a su tiempo al Lázaro de la «Dolores». arte es el de Ibsen. se abanican. drama in-completo. En la platea sólo quedan algunas señoras que. No.. ni del campo de Don Nuño. qué fuerza de símbolo. En el próximo entreacto continuarán los debates. —Pero. ¿No han leído ustedes a Ibsen. en pie. Eso. No y no. glosarán los episodios. porque la policía no actúa prendiéndole y el juez penando el homicidio.

mío caro.. reuníanse ante una fuente de macarrones sazonados con salsa de pollo y tomate. ¿A quién daña su amistad? ¡Ah! sí. a mediodía. leían dos columnas de prosa vibrante. y paseando bajo los laureles. erguido sobre el payés de ladrillos. de tentar la fortuna más allá del horizonte nativo. encarnar tipos que no le placen. Cada noche de función. o de una olla de arroz. En la noche. de poder. toscas mesas de pino. sonora. El artista se había arruinado más de una vez. Escápate. metidos en los trajes. que reclaman una espada o una peluca. el otro. ¿Y per qué lo hacen? Si has cometido errores en tu vida política no me importan. en payama. los gritos de los comediantes. ¿Cómo romper la red en que ambos forcejean? El uno tiene en la Península. bajo un sobre cerrado dirigido a mí». y el artista entrevió las luchas dolorosas. El cómico. las injusticias y persecuciones que el escritor padece. acotan el margen de sus vidas respectivas. en la cual Antonio Portocarrero. preso en los hilos misteriosos de un reato. Al autor lo aplastó con una frase de Lemaitre. fúgate de esta prisión». Antonio descubrió que el cómico era una buena persona. excelente cocinero y. quebrar de nuevo. y duélese de su tarea ingrata. acarreando los viejos tereques con que se amueblan las casas ricas: sillas de bejuco. culta y discreta. con frecuencia. A la tarde siguiente. Era un artículo en que meses antes un seudónimo fisgaba con saña en la vida de Antonio. con el seudónimo de un personaje de Ibsen. Sentado en el umbral del de su amigo. que luego detonan en palabras malsonantes lanzadas por sobre los tabiques de los camarines. lealmente indignado. de triunfo. Antonio sonríe con tristeza.señas a las dulcineas. la confusión de los comparsas. exclama con voz rauca y marcado acento italiano: « —Esto es miserable. familia que convierte en futilezas el oro de su cerebro. presienten las rechiflas que provocarán cuando les reconozcan sus compañeros de las altas galerías. y le suscita deseo de emigrar. ruda brega con los otros y con sí mismo para.. ni una sola hora de voluptuosidad. a la cazadora. . Antonio en el escenario se distrae con el trajín de entre bastidores: los chismes de los artistas urdidos en los ensayos. asqueada de las cábalas de entre bastidores. inspirados por el vino de Chianti. eso me lo ha traído hoy un negrito descalzo. en el Parque Colón. a la milanesa. las carreras de los utileros. Cierto día. el artista le recibe alargándole un recorte impreso: «mira. los apuros para amoldar a las cajas las decoraciones. sin duda. el aroma de los manjares ha trascendido. en el sube y baja de los telones que a veces se resisten a medio camino. espolvoreada de parmesano. se traba pronto entre ambos amistad sincera. Las bombillas eléctricas y potentes lámparas de keroseno rescaldan el ámbito. Había exprimido en ella sus lecturas. dando de paso su pellizco a las primeras partes de la Compañía por la ejecución de la obra. En tales momentos. los lectores del Listín. La crónica está esmaltada de citas. de la existencia diaria. además.. Antonio no había conocido el placer. El cómico era. Roncoroni se hizo presentar y prodigándole elogios. tienes talento y nobleza de espíritu. casi un pasquín. muchachos de la ciudad que. aquello le hiere humillándole. sofás desvencijados. a cuyo condimento contribuyeran hongos.alentada por la sola ambición de ganar dinero para volver a Italia a descansar. a quienes la vigilante oposición de los papás les veda acercarse. observa atento el tropel de los tramoyistas. o de fideos. trufas y marsala. relata sus sensaciones. y las llamadas desesperantes del traspunte que cortan riñas y coloquios. camas de hierro crujientes. de nombres de dramaturgos y artistas de todos los países y épocas. provocando la hilaridad del público.

que rebaten con tempestades de aplausos y a golpe de ramilletes de flores. según la opinión de otro: ni virtudes ni éxitos. El director le previene: «no vale nada. Los poetas entusiastas desde la escena recitan poesías en honor de la agraciada. pasa un mozo de cantina con una botella de champaña. . los bombos de que se ufanan han sido pagados con monedas o caricias. No obstante. cara y mala». formándose bandos rivales. envidias. si le hacen caso. todo mérito se empina sobre el defecto ajeno. a ti siempre te han gustado las feas». que cada noche declama pasiones y dolores extraños. que es toda una señora. afirman. Hamlet murmura de Ofelia. Las demás son injustas con ella. en las cuales las miserias de la vida se exponen a la luz de los candiles. ofrendados desde los palcos más próximos a las actrices. y enracimándose frente a los cuartuchos cerrados. Las noches de los beneficios. pero desgracias de familia. Los amigos. A medida que la temporada avanza. el olor de las aguas sucias. y Antonio le oprime las húmedas manos descarnadas. sin embargo. sin embargo. al servicio de su dama pone su pluma. brilla. impiden los movimientos a los tramoyistas. A su vez. y por un parrafito. ella le ha referido una historia. ya lo sabes. Antonio va interesándose por ella. apenas si lee el ejemplar del periódico que él le ofrece. perfidias. Es mentira lo que cada uno cuenta. el menor reproche impreso le irrita. Y tales desventuras le conmueven. enterados del embullo creciente. la cabellera negra formándole casco de azules destellos. Entre dos escenas.. y Desdémona cuenta cómo los rugidos de Otelo estuvieron a punto de hacerla romper en carcajadas al estrangularla. y los demás se maltratan con furor infatigable. los cosméticos. y en las crónicas baraja las cualidades que le inventa con las penas que ella le relata. felina. bromean: «Pero si es una gata tísica». «No digas. los partidarios se manifiestan con esplendidez en canastillos floridos y regalos. el hombre desaseado que suda y grita dentro de la concha. Es la querida del consueta. Las frases rimbombantes de las crónicas le son casi indiferentes. El director se desespera en los ensayos sin lograr una vibración de su cuerpo a líneas de harpa. Amojamada. disputándose sus elogios. obsequio de algún conquistador. Los hombres se dividen en dos o tres campos.. hermosas. En el fondo de las pupilas negras. No es bonita. boquiabiertos. las miradas de los machos la acarician desde la sala. Poco a poco. va con cualquiera que la pague. porque las desprecia. Julieta se mofa de la calva de Romeo. La ciudad se regocija y amortigua las pasiones políticas con las aventuras de las comediantas. Nadie pide sin desmedro para otro. mendiga los aplausos. miran arriba y abajo. brazo o pantorrilla desnudos. quienes suelen apelar a la policía para que los desaloje. los ojos grandes y febriles. vulgar y triste: tiene un padre anciano y un hijo paralítico en su tierra. granjeándole simpatías. conoce a la compañía por dentro: celos. cuando se encuentran al azar detrás de los bastidores. la escena es un taller donde amasan el pan. y cada noche se acrece el homenaje floreal. En los entreactos. Antonio. ¡cuántas intrigas y pendencias. pálida. Las mujeres son partidarias de la primera dama. acechan a fin de entrever pecho. se siente atraído. no nació para esta vida de bohemia. para esta gente. que capitanea uno. el polvo y los trastos viejos! De raro en raro. Los demás le reprochan desamor de artista y liviandades de mujer. la muerte del esposo. y. Don Juan censura la frialdad marmórea de Doña Inés. por las confidencias del director. Ella es la única que nada le ha pedido. una llamita turbadora. y la carne de teatro.Antonio. los pollitos invaden el escenario. la admiración del público se divide. dándole relieve en sus crónicas. en los pasillos o estallan vociferantes en aquella atmósfera inficionada por las emanaciones de la letrina. En torno suyo siente el fuego de las pasiones.

sería peligroso echársela a cuestas. le repite. la curó de un acceso de furia. incitando la curiosidad con promesas de novedades en la . y gesticula. no gusta de las piezas modernas. durante unos meses. al sazonar sus guisos. me parece muy peligrosa. junto a las brasas del fogón. Suele concurrir a esas tertulias al aire libre. de vivir una novela. atribuyéndole en el reparto el papel de Ninette. Antonio la cree. tiene una cabeza muy parecida a una gallinita moñuda que tuve y que. porque tiene necesidad de creerla. Los hombres hablan a voces. invitándole a marcharse con él: su pluma le hará brillar en una gran ciudad vecina. que su imaginación escarnecida por la locura ancestral descubre en los seres a quienes aplica las observaciones hechas en los gallos. y el público acude goloso a los estrenos. ¡eh!. interroga a Antonio: «¿Cuál es la que te gusta? ¿Esa? Te diré. un hombre raro. pero la empresa debe complacer al cronista. En gacetillas hábiles ha preparado al público. discurren acerca de las piezas. imponiéndose. a cambio de injurias y claudicaciones? Y en cuanto a ella.. aturde a Antonio a consejos. y así. ¿ ganar trescientos pesos. precisa sacudirle los nervios. Sólo una vez la ha besado. suavecita. Las palomas son exquisitas. pero él es el único que le agrada. suave. viejo. que se creía reina. por el contrario. refiriendo cosas curiosas. Antonio y Roncoroni. Todos la asedian. El mozo. ¡Lástima que no las mojemos con un añejo borgoña. porque no va con ninguno. El empresario está satisfecho de la temporada: los sábados y domingos se llena el teatro. pues tales huesos pesan mucho en la ruta. con la Dama de las Camelias. en el arco de su voluntad tiembla la flecha que se plantará triunfadora en el blanco. después de la función. dueño de sí mismo. y en la boca ardiente le quedó un sabor de carmín. vagan por la ciudad dormida o van a comer un sancocho o un locrio que en San Miguel o por el barrio de la Misericordia han preparado amigos suyos. silvestres. con sobrada perspicacia. vaticina sobre los políticos. pieza de lleno seguro. ¿ cuál es su aspiración?. con voz de marica. pero a la verdad. de tiros. como han hecho otros? » Antonio les oye. semeja un brujo preparando filtros. la salsa es suculenta y la rebañan con arepitas de maíz recién fritas. gallero de profesión. pero le hace falta un apoyo. afirma el cómico. perdió un caudal en experimentos espiritistas. el mesonero. me tenía revuelto todo el gallinero». los sucesos de entre bastidores y la política. o con uno de nuestros vinos hechos con sol! Es cosa de maravilla». esmirriado. saborean un guiso de palomas. pues el mundo es muy malo. contento.. la carne prieta nutrida con frutas fragantes. Intrigados por su charla copiosa y estrambótica. o a cenar en innoble figón. Sí. a la una.Por las noches. libre. gritando las escenas que en su casa representa o. de repente. Antonio. ostenta un bigote bufo por lo luengo y espeso. frente al cementerio. se finge loco. destronándola. pero también ella habla. Las demás chillan protestando. y para vencer a la otra. «Esto es único. cuya voz tonante martillea en la noche. explica sus ideas sobre la locura: su hermana y su mujer lo son. oyendo en la habitación vecina los zipizapes y relatos de los cocheros. en donde sobre mesa pringosa. bajo los laureles del Parque. y el niño paralítico. por el vellón canoso y largo que le cubre la testa. El italiano se exalta en aquel ambiente. y las palomas óptimas. por qué no le manda un coche a la salida de la función. y con un sollozo cubre las voces acusadoras. A su vez. El miedo le puebla las sombras de ojos que espían. el director.. o bien. los amigos le incitan: « ¿qué espera. desconcertantes. también. es la calumnia. de puñaladas. ¿ ser ministro?. de hembras. romántico remedo de apolillado infolio de caballerías. ocultos por un rimero de telones en el foso. no vale la pena de perder el tiempo. Aquí. y el anciano. ha obtenido para ella un beneficio.. los huesos mascados segregan un amargor delicioso. ¿qué porvenir tiene?. pequeño como un gnomo. ¡ Si el querido no fuera tan celoso! ¡ No la deja a sol ni a sombra! Ella no le quiere.

al pelo. tres almendros en fila coronan las almenas con sus copas redondas. Antonio. le habla de amor. ¡La tiene al fin a su lado! El coche parte hacia extramuros por la solitaria calle de las Mercedes. un capítulo de su novela. ansioso espera en el coche. y un vuelo de pétalos enflora las tablas. lánguida... y disparado. aplaudiendo y taconeando estorban por minutos la representación. El besa. de Castelar. mientras el otro se come un sancocho en San Antón con un grupo de amigos. de un salto. henchido el pecho. la besa oprimiéndola. A la entrada de la vereda que conduce a la playa. hasta que los aplausos le apagan la voz. abraza a la hembra . en escudos de cartón. y comienza a hablar. frutos y bálsamos. Antonio ha despojado todos los jardines y hasta el camposanto. ella y él. un mozalbete. Ella. de Mirabeau. los muchachos a los cuales se ha dado entrada gratis.mesa. de vivir juntos siempre: «quiero ser tu Margarita Gautier». corridas las cortinillas. Entre las cercas. y guirnaldas de flores de papel en el contorno. arrebujada la cabeza en un chal. y una mano le alarga un vaso de cerveza. liras y canastillos ostentando el mayor ancha cinta azul. Las olas retozonas tejen randas. ensanchándose. cruzadas. los javillos. troncos esqueléticos. mezcla nombres de cómicos y de guerreros. de dramaturgos y tribunos. que alargan sus brazos colosales. después de la función. De la línea argentada del horizonte brota. El piano de la orquesta desaparece bajo flores. pobres de nosotras las mujeres! » Mas. los perros ladran. cortó la víspera. cautelosa. arrastrados por la última creciente. A la salida. de Bossuet. si todo está listo. que toca una danza criolla. La sangre le arde en las venas. ¡valiente sinvergüenza! » «Si mi marido me hiciera una así. En el frontis de palcos y galerías. Antonio se ha despedido. rumor formidable que desfallece en la orilla con dulzuras de brama. Al aparecer en escena. las manos ávidas aprietan la carne estrujando la leve muselina. le musita lamiéndole la oreja. encaramándose sobre una.. subyugado por la naturaleza. vence las armas de las provincias y reinos de España. muerde los labios encarminados. desde las galerías. con su propia mano.. burlando la vigilancia de la policía. la orquesta y los admiradores ruidosos le forman séquito acompañándola hasta la fonda. cincuenta cañas de azucena en los arriates de la plaza de Colón. Desde el foso. descienden. Ella. ¡Ay. ¿qué le importa a Antonio?. para cantar a la divina artista. y todo por esa ética. En las peñas.presentación del drama y artístico adorno del teatro. Nadie ignora que Antonio es el tenorio. fingen animales fantásticos. Su imaginación se inflama. hija. Antonio hace destapar cerveza. y su mujer y su cuñada han confeccionado ramilletes. ha repartido palcos y lunetas. que prestan idéntico servicio desde las fiestas del Cuarto Centenario del Descubrimiento de la América. lamentando no poseer la elocuencia de Danton. intimidados por el rodar del coche. La puerta se cierra. la sienta en sus rodillas. rijo. Excitado. acompañados de una fotografía en la que el lápiz de Abelardo ha idealizado su figura. La luna menguante recorta los cocales. los mangos que protegen las casas de las quintas. El castillo enhiesto desafía al tiempo. Han adornado el severo pórtico del teatro con palmas de coco. Esta noche. El caballo trota por el camino de San Jerónimo. manda a callar la música. rompen en estruendosa ovación. « ¡Qué escándalo! —cuchichean abanicándose con ira— y la infeliz pegada a la máquina. La tierra fecundada exhala el aroma de flores. su hora voluptuosa. chupa. y en una esquina próxima. en persona. es el placer que llega. Las señoras se indignan en los palcos. sobre banderas. Todavía un cuarto de hora más y la ve salir.

con dos o tres amigos se refugia en la Plaza Duarte. me los regalarás. han introducido. se apelotonan en los rincones.. las verduras y gallinas suben de precio. una chispa sola y las llamas crepitarán. Y el cochero. y aprovisiónanse de sal. tan deseada. de París. ¡ Qué asco. ¡ unos zapatos doré!. en cafés y parques. la carne y las verduras. en carretas y en coches. pasa un general. doré. acuerda un voto de censura. enfoca la escena con su kodak. de raso color de rosa». Antonio... y encima. rotos los músculos. y jueves y domingos. la humillación de pedir a un tendero fiadas unas varas de tela. insiste: «no te olvides. maquinar. Al regreso. y después de acalorado debate. harto de viandas y licor. las intrigas bullen y los personajes moran en los caminos. El coche se detuvo. fusilado por sus perseguidores desde la esquina de la Gobernación. La situación política cada día está peor. Los hombres.. Las dueñas de casa almacenan petacas de carbón. tendido sobre el cuello del corcel. trasponen carabinas fuera de la ciudad y damajuanas y bidones llenos de proyectiles. por la calle del Conde. cual un centauro. alisándose la barba. y cada cocinera llevará la noticia a la casa en que sirve. De noche bajo los haces de yerba. se despidieron con un beso helado. Será el hazmerreír de la ciudad. ha exclamado. disparando. Se pegaría para castigarse. a escape. mientras rinde la cuenta de la compra a la señora. El caballejo trota. Las lenguas se anudan y. chapaleando en el lodo. es posible conversar. un docto de vara alta. a comadrear sobre política. cogidas del brazo o aparejadas con galanes. a dar vueltas en el Parque de Colón. en las aceras. que estuvieron un mes en Nueva York.. se revuelcan en la arena.. negrito? —Sí —ha pronunciado él involuntariamente. En la penumbra. ¿ no es verdad. que ha oído. silenciosos.. estará mofándose. y pensar que para eso ha escandalizado y ha sufrido su mujer. según la moda que las yanquis y las criollas. El coche salta en los baches. y ella en el estribo. distendidos los nervios. el revólver en la diestra. y los campesinos se llevan a las hijas que sirven como domésticas. El Congreso pide cuentas al Ejecutivo del manejo de los fondos nacionales. para atajar a los gallos que quieren arremeterse.. a salvo de miradas delatoras. durante las horas de la retreta. Más . tal instante el precio de tantos afanes! Ella rompe el mutismo hostil: —El sábado se estrena una comedia. La prensa partidaria pega. Los partidarios del Presidente recogen adhesiones al pie de un documento que le da un voto de confianza. De boca a oreja se divulgan frases sibilinas. Un repórter de Le Figaro. ¡ Qué imbécil ! Sí. los amigos tenían razón.. ¡Qué ridículo! . Una mañana radiosa de aquella primavera. Los caballos están ensillados. jadeantes como dos perros. la ciudad en las primas noches recuperó su monótona calma. y ésta lo dirá en el mercado. necesito un traje de raso rosado y unos zapatos Luis XV.magra. intercalándola entre los fideos. lo repetirá a su barragana. y aun conspirar. El camino es interminable. mal iluminada y solitaria. mortificado aún por el escozor de su lance amoroso. Y el otro. Antonio se siente cautivo. La revolución está en el aire. las mujeres a balancearse en las puertas de las casas. XVII Partida la Compañía de Roncoroni. Alea jacta est!. felina. aumentándose la división entre los dos hombres que usufructúan el poder en un tira y encoge insostenible..

he leído el telegrama en clave que le ha puesto a Corderito. que es. socio.tarde.Por detrás de la muralla. sí. —Sí. —Y. y nosotros. yo quiero probar que soy hombre de acción. si estás dispuesto.. a las ocho. con un grupo. y a mí. hay que moverse. Allí. nos espera un bote con dos marineros de confianza. A la luz de las estrellas. aferrados al cabestro de sus bestias. que serás el jefe. aguada de los buques. nos adueñamos de la cosa y damos tamaño golpe. se alzarán Amador y Marcos del Rosario. defendiéndolas de la policía que las requisa. —Hasta la noche. —Sin pero. no te olvides de comprarte un sombrero de cana con su divisa roja. en este país los intelectuales no sirven más que para secretarios de los macheteros: hay que hacerse general. se sale esta noche para Baní. lo llevas en clavaos. clamorosos. socio. —Bueno. . en la margen del Ozama. ya rompieron los tiros. éste. —Sí. —Así me gusta.. y ya sabes. y una chamarra de dril. Antonio ganó La Fuente. Muy de mañana. Compai. en un coche. doscientos tiros en un macuto. Portocarrero ha recibido la visita de su amigo y contertulio Miguel Gómez. —Estamos entendidos. si no. en La Fuente. se alza el paredón cubierto por manto verde de hiedra. y Lalo en Bayaguana. tú. ése para ti. y el dinero? —Todo está arreglado. se arremolinan. Desengáñate. tapados con naranjas de china. En cuanto a dinero. y con el nombre que tú tienes. y que en esta tierra guapos somos todos. Oye el plan.. si cogemos el pueblo de Los Llanos. ¿ es seguro? —¡Cómo!. Esta noche. en Guerra. y . disfrazado con el sombrero de cana alón y el traje rural. conferencian. los campesinos que han venido a mercar. nos meten en la cárcel. rinden más. junto al brocal del pozo. ¿ Quién le quita a usted ese Ministerio de Relaciones Exteriores. pongo las carabinas entre un paquete de cañas. ese Consulado en El Havre? —¿Y las armas. Horacio se ha pronunciado en el Cibao y viene sobre la capital. —Pero. Es la revolución. —Pero. que tienen su gentecita lista. yo llevo diez pesos cambiados en nacionales para que abulten. nos vamos por el Este.bajo al río. y en el patio. Tengo dos carabinas 50-70 y un sable de cabo.. busca lo más que puedas.. El bote está oculto en la sombra.

un general. —¡Cará! no te había conocido. sino aparejo. Mas como éste no ha sido prevenido. mano Miguel. ¡Eh! tololé-tololá. se dirigen a la casa del potrero cercano. de rechupete. la yerba páez crece lozana hasta tapar el ganado. Las carabinas en bandolera. el estómago le llega a la boca. soy yo. es manso. y les da el pie para montar. —Venga. Déjame verte bien. El cochero. pariente de Miguel. los pantalones arrollados. Le molesta el compañero que va a grupas. oro molido que quieras. sombría. las saquetas de cartuchos a la espalda. Pronto entran en la parte desierta. en dirección contraria pasa una canoa cargada de carbón. les despide: —Buena suerte. En la guardarraya. se excusa: «los caballos están sueltos en los vasos. de yerba y de frutos. No hay silla. no se perderá. cantando: ¡ Eh! tololé-tololá. —Sí. pues no quiere comprometerse». y andador. pa que no digan. atraviesan los potreros. que ha vigilado el camino. En los tres brazos del río desembarcan. la carabina. El campesino. El mayoral mismo les apera el macho. un negrito de ojos vivos y finos rasgos. la noche está fresca y clara. Alas torpes agitan las hojas. compadre. en donde el mayoral. les proveerá caballos. el mayoral les dice adiós: —La Virgen los acompañe. recomendándoles no tocarlo por detrás. eso sí. El macho trota de modo infernal. En ambas laderas. y ya sabe. Antonio se acerca al farol del vehículo. Miguel registra con la vista el paraje.Momentos después. cuando triunfen hay que conseguirme mi despacho de capitán y mi racioncita. desnudo el torso. no hay quien te lo despinte. El terral les trae olores de vacada. y luego. en tres horas. sable en mano. les prestará el mulo de hacer los mandados. De rato en rato. un coche de punto se detiene en el camino. En la soledad del camino el arrebato de Antonio decae. Has prestado un gran servicio a la causa. y los acompañará hasta ponerlos en el camino de Guerra. a cada salto. Callados. Al pasito. Y entrambos conducen al bote las cañas y el macuto de naranjas. ni . una vez corrida la tranquera. El bote boga río arriba. derecho. Por ahí. El agua trifurcada susurra entre los mangles de la isleta. y Antonio. ni una casa. pues corcovea. y grillos y ranas conciertan sus discantes. una ceiba abre sus ramas o un mamey se yergue alto. —Socio. le pesan sobre hombros y costillas. que no se sepa. en las abras que sirven de atracadero. y ya sabes. los manglares se esfuman con extraños perfiles. el sable. y en cuanto te tercies el cabo. inmóvil. y ¿quién puede enlazarlos a tal hora? ¿Por qué no le mandó un recao? ¡Qué cosas las del primo! Pero ya que están en el apuro. sentado en el centro. la impulsa con el canalete. y cuídeme mucho el mulo y los aperos. la saqueta. pueden llegar. mañana riegas en el paradero del parque nuestra salida.

La comadre. distinguen la puerta de un ingenio. pa comer vacas na má. compai. pero no. comai.Es del otro lado. y luego de un rato de conversación exploradora. Siguen. va a vení ahoritica. El aroma de la caña molida les sonsaca. pintadas en el rostro las huellas del sueño.. dio la vuelta. divisan las primeras casas del pueblecito. ¡Ave María! una pasá na má. después de cerciorarse bien. al fondo la casa de calderas. ya Miguel es baqueano.alma viviente a quien interrogar. —Aquélla es. que tengo que esperarlo.. ¿es verdad? —Cómo. a la entrada del camino de Los Llanos. fue a un velorio y entoavía no volvió.. En el interior se oyen murmullos de voces y de ropas. compai. y ahora ¿qué hacemos? . La plaza está casimente sola. De adentro una voz femenina pregunta: —¿Quién va? —Comai. Miguel le abraza efusivo presentándole a Antonio. Y aparece éste. si ya está en Antonsí. compai. —Este es el amigo que le dije. de toa confianza de Horacio. Asina es.. —Espérese. compai. too el Cibao. —De manera que todo se ha vuelto bulla. me dijo que el Gobierno mandaba esta noche mesma tropa de la Capital. con quien en días atrás habló. al compai Juan que me abra. El jefe Marco del Rosario anda desde ayer por la sabana con unos viejitos. —Compai. con tres mil hombres. en enaguas. el ayudante. Al fin. con los índices obscuros de las chimeneas. —El no tá.. conoce el bohío de un su compadre. Hombre de mucho prestigio. ¡ Qué barbaridad! ¿Cuándo llegarán? A mucho andar. salió por la puerta del corral y. es Miguel Gómez. concluye: —El hombre Juan. los recibe. Y los muchachos de usted ¿dónde están? —Ello. soy yo. registrando. Un candil aclara la habitación. sin armas. Precavido. Los canes ladran. Una mano desconfiada alza la aldabilla de la ventana y por la rendija un ojo escudriña. ábrame. Ahora. ¡ Qué descanso! Miguel toca en la ventana. Compai. —Y el jefe Horacio. si entran pueden encontrarse con el Jefe de Orden y ser aprehendidos. pero mi compai. tiene un flamboyán en la puerta. Miguel Gómez. escondío en el monte. Al fin se abre la puerta. y hace falta plata.. El mastín ladra alarmado. con él tiene usted seguro su nombramiento de Jefe comunal. —Entonces.

—Y alzando la voz—: Tanasia. El compadre Juan llama. Asina es. parten detrás del compadre Juan por la sabana. Que los amigos desmonten sin cuidado. alargándolo con marchas y contramarchas estratégicas por entre las matas. cucharas y un colador. Los dos revolucionarios. y cuando ha rumiado bien. latas ahumadas. en donde la yerba medra lozana. prometiendo volver al anochecer y recomendándoles no dejarse ver de nadie. así no se toma en la Capital. Dios se la guarde! —exclama el vale Juan. que lo mejor es aplastarse un tiempecito. se abre la ventana. El perro ladra furioso. en las brasas que enterradas guardó el día anterior. inclinado bajo u propia pesadumbre. sopla con vigor. sale el vale Pedro. el busto desnudo. para endulzar su poción. El compadre Juan se marchó. cuando llamea. y. qué mano. recogiendo con un pedazo de higüera el polvo fragante. desvían el camino. —¡Siña Tanasia. les brinda en jarritos de hoja de lata con asa. que se duermen en pie. vuelvo y digo. da a cada uno. a la postre. la mujer contesta.agarrándose con una mano las polleras. se internan detrás del bohío y. afirma el burén. higüeras. —¿Pero en dónde? —Aquí. en ca el vale Pedro Espíritu Santo. Con una paleta lo mueve para que no se pegue. yo creo. Luego. en el cual esparce puñados de café. por detrás del rancho. —Este es café legítimo. bajo un mango. A los forasteros. —Asigún. alevántate. —Magnífico. a los de confianza en higüeritas. lo amarra con la soga larga en una cejita de monte. El huésped les brinda los asientos hechos de troncos toscamente labrados por las caras. . es un buen escondedero. tiende la otra a las visitas y pregunta por la mujer del vale Juan. arrodillándose. hombre de mucha concencia. conviene: —Vale. pa que le haga café al vale Juan y la compaña. la mete debajo de la leña colocada entre las piedras del fogón. bañándolo con agua hirviente. Vamo pa allá. La cocina es un cobertizo hecho de cuatro varas. una raja de cuaba. Tres piedras ennegrecidas. y.El compadre Juan. Y de nuevo. se acuestan sobre la tierra. escupe y se rasca el dedo gordo del pie. El aroma de los granos tostados emerge. lo deposita en el colador. si al jefe Antonio le parece. después de un parlamento. y una y otra vez lo pasa. cuando el primer trago le conforta.. él oye con la cabeza gacha. cerquininga. hasta que la gente del jefe Horacio llegue a Sabana Grande. La siña Atanasia. y muerde en el terrón de raspadura con sus dientes amarillos. compai. corean Antonio y Miguel. él es seguro. cubierto de yaguas. entre árboles de mangos y caimitos. desenjalmando el mulo. los pila. un bocado húmedo de saliva. indeciso. Aceptan. armado de un trabuco. con mano firme. la cabeza baja. y el vale Pedro. La luz láctea del alba mancha el cielo. yo soy suyo. El vale Juan le explica. el ajuar. a horcajadas en el mulo. cuando llegan un destartalado bohío de palma y yagua. el fogón. Enciende..

a un paso. ¿has oído? —Sí. tabaco o un pantalón. el general Cesáreo le recompensó con el grado de comandante. y el machete. ¿Para qué trabajar? La mujer se ocupa en las faenas de la casa y del conuco. Sus manos son tenazas. aplazados todos. Sentado a la puerta. que cuelga en la cabecera. Desde Hato Mayor hasta Santiago de los Caballeros ha engendrado veinte hijos. A una legua reconoce a los conocidos por la pisada de los caballos. única prenda que viste. curtida por el sol. morro de huevos o banda de tocino. la gente se quedará en el pueblo y por estos lados no vienen ni mosquitos. y allí mismo. —Socio. que espera de ellos cuando «en sus glorias se vean» un alguito para lavarle la cara al rancho. cuando le visitan. pavón negro. una noche. los hijos. y mangos y caimitos. que aspira primero con deleite. largo y lacio. de quince milímetros. de la que aún renquea en los días lluviosos. el trabuco se lo regaló Pedro Guillermo por una acción de flor. cacha de nácar. la costra de los pies es dura como pezuña. deslomando un azul. ése es punto de guerrilla. da una vuelta por el fogón. sala y aposento. una barbacoa cubierta por una estera. le traen. en un tronco de roble. en la calle del Comercio. de esos que llaman marmitas. Posee el bohío: dos piezas de piso de hormigón. En otro tiempo fue hombre de guerra. y basta. y . las abejas le engríen con la miel y la cera de sus panales. comprarse una muda. otea la sabana. ha aprendido que los Gobiernos olvidan siempre lo que prometen los caudillos revolucionarios. El vale Pedro es alto: fornido. El platanal le regala pan nutritivo. el moblaje consiste en tres cajones que hacen de armarios y baúles. un árbol de higüero le provee la vajilla. un cuchillo puntiagudo y afilado con el que come. Y el comandante Pedro Espíritu Santo vive tranquilo. las desmenuza entre las palmas. se mezcla con la barba gris ensortijada que le cubre el mentón. El sol estaba en el cenit. el tejado de yaguas se clarea.Roncaban como benditos. y los pantalones terrosos. y las palmas le engordan los cerdos. La tez del rostro y del busto. cuando un toque de corneta en dirección del pueblo les despertó. o corta con pulso sereno finas hebras de andullo. sus maduras pomas. y un venerable revólver de pistón. y por tal mérito. No hay que preocuparse. El bigote. los empresta al vale Juan o a otro compadre. siendo buen amigo de las autoridades. en vaina historiada de arabescos. —¿Y tú crees que estamos seguros aquí? —¡Uy! ¡Como en la iglesia! El vale Pedro se les reúne. y si ha menester ron. para los apuros mayores. el comandante Pedro Espíritu Santo confía al jefe Antonio y al jefe Miguel. ahí está el Ingenio: corta caña una semana. Usa camisa cuando va al pueblo. es áspera y dorada como cordobán antiguo. los sujeta a la cintura con una correa de la cual penden el «Collins» de monte. Las tropas de la Capital que llegan. se escarba los dientes y se extrae las niguas. por cama. y luego rellena el cachimbo de barro rojo bien curado. pica el tabaco. y si no. batatas y auyamas frutecen para él. hembras y varones. lo desenvainó la última vez en La Pomarrosa. que realizó en plena capital. Desde entonces es ciudadano pacífico. Sin embargo. Allí le rompieron una pierna. de rato en rato. un revólver Miste y Ueso. Con el general Miches bajó al Cibao.

¿ no son correligionarios? Pero es un militar de honor y no aceptará. —Cómo tropa. En la sala se acomodan los dos amigos para dormir. cabecera de provincia. bien equipadas. esos descoloríos capitaleños van a sentir bajo e berraco. no es posible permanecer inertes. es amiga de las mancebas de su señor. mejor plan es entrar a Bayaguana y Los Llanos. porque ello haberá guardia en la boca de los caminos. ¿no sería ese éxito brillante. La siña Atanasia. tomaría a Pajarito. sí. Durante el día se alimentaron con plátanos asados y batatas salcochadas. teniendo por lecho el piso erizado de pedrezuelas. ello son mucha. cortar el telégrafo. con puerto y aduana. pero que no tengan cuidao. Pero ¿cómo? Escribir a Chávez. imagina: «Hay que moverse. Son del batallón y también trujeron cañones. flaquito y feo que ñaman Chavito. brazos y pantorrillas viriles. hermano del cantor que viene al pueblo pa las fiestas de San Antonio. calientes. sí. y mata y sala el puerco ajeno. —¡Ah! sí. ¡Qué golpe! ¡Cómo quedarían los charlatanes de la Capital! Y luego. conviene en ir al pueblo a brujulear. las noticias le inquietan. Nunca fue celosa. dos plátanos verdes. en casa del cura. aunque más joven. A la puesta del sol el vale Pedro regresa de su excursión: había visto al compadre Juan. quien tan pronto como vibrara la corneta. ha visto cincuenta veces florecer los flamboyanes. deshierba el conuco. buena carabina y amigo nuestro. convencerle. ¡ Qué suerte si lo consigue! Con esas fuerzas. de súbito. pero desde su escondite. —Cañones ¿cuántos? —Yo vide uno. lo hace por San Carlos y San Jerónimo. Tal vez. y antes de partir les envía con la Tanasia. El obscuro pigmento se ha desvanecido adquiriendo un agradable matiz de caoba. carga el agua en calabazas desde el cachón. hablar con él. intranquilo: las pulgas le corren por las piernas. Cocina. y por almohadas los aperos sudados del mulo. con frisa y cachufuces nuevecitos. Regocijado con la formal promesa.un nombramiento de Alcalde pedáneo de la sección. así quedaría eclipsado por la presencia del jefe superior. que en cuantico se ponga al habla con sus muchachos. El rostro libre de arrugas. que en esta nochecita no pué vení. y con más de una ha compartido en dulce paz el hogar. el comandante Chávez. las pasas cervunas. título indiscutible para una . y las cartucheras jartas de tiros. castra las colmenas. asados en las brasas. el suelo es duro. si Dios se lo depara. está en atisbo. —¡Anja! Y dice el vale Juan. y ha parido doce hijos. ¿por qué no? El Gobierno está caído y la resistencia será inútil. él medita. No. con las tropas del Cibao. En tanto Miguel ronca ruidosamente. sitiando a Santo Domingo por esta parte del río. reunir los elementos revolucionarios de esas localidades y atacar rápidamente. mientras Horacio. y suaves corno bizcochos. se encuevó. —¿Y quién es el jefe? —Un chiquito. toos vestidos de azul. —¿Y las tropas? —le interrogan. Antonio se revuelve. a San Pedro de Macorís. parqueadas y veteranas.

Las pulgas voraces le cosquillean chupándole la sangre. más le conviene la Gobernación de Macorís. El medio es infalible. A la mañana siguiente. Miguel asienta: —Después de todo. y los errores de éste recaen sobre los Secretarios.cartera en el Gabinete? ¡Qué cara pondrían sus detractores envidiosos cuando el pregonero. diré a montear. endempués no se olviden del revólver.. de la moticas pa el bohío y del papel de Pedáneo. calles. su merced me perdone. Aquello se presta. sostienen grandes racimos.. ¡Le parece que ya oye los alegres redobles del tambor! Pero no. y al extremo el floripondio morado donde la abeja vagabunda liba. Gobernador de Macorís. decididamente. se impondría a la capital misma. yo no la llevo. y. Antonio expone su plan. El vale Pedro irá al pueblo a comprar papel y un lápiz para la carta que escribirá al comandante. Y el porvenir. pero esa carta hay que enviarla. leyendo en las esquinas promulgue: “Secretario de Estado en los Despachos de lo Interior y Policía. cada plátano es un dedo de gigante. ¡A güeno! En el platanal. mientras toman el café. El fue enemigo de Lilís no le ha de gustar ver a Perico y a otros cacaos lilisitas peleando por Jiménez. acueducto. contemplando las gráciles columnas de jaspe que. veladas. . a dudar. y jefe Antonio. que eso le hará efecto. además. Eso sí. ¡Eso sí! ¡Cuántas cosas haría! Parques. pero yo le oí a un Don de la capital. en el Gabinete no hay suficiente independencia. De ese modo. y quizás la Delegación en el Este. ´ —Eso será cierto. su prestigio irradiando a las otras provincias. los dos revolucionarios comienzan a sentirse nerviosos. diez ingenios que asisten a las iniciativas progresistas. tan desamorada de sus propios hombres y tan fácil para los del Cibao. Al fin propone: —Güeno. alumbrado eléctrico. a ver si me pecho con el vale Marco del Rosario. la fiesta del árbol.. discursos. Miguel parlamenta con la siña Atanasia. —Pué. El vale Pedro. rodeadas de cepas mustias y tiernos retoños. Los estómagos reclaman algo más que frutas y viandas. que vino a alcanzar a Cesáreo. las mujeres entoavía me apetitean. cuenta con numerosa colonia extranjera. pa que no digan. rascándose la cabeza interviene: —Mi jefe. nada se pierde. el vale Pedro es inconvencible. al grato abrigo de las amplias hojas de malaquita. escuelas. Ese comandantico tiene la cara muy seria.. Pónselo en la carta. usted me dispensa. Sí. manque yo esté viejo. que la política no se ecribe.». a desesperarse de la expectación. ¡Quién sabe!. General Antonio Portocarrero”!. el Presidente hace sombra. Los argumentos y las promesas son inútiles.

Antonio se estremece. —Ay. si el jefe Marco no tiene ma que unos viejitos desarmaos. ni con la cartera. han oído hablar a los oficiales. apenas tuvieron tiempo de meterse debajo de la barbacoa. Pero el recuerdo de la familia le perturba: cómo estará su mujer. y. y el hijo. que Horacio está ya cerca. cristiano! —suspiró la negra. ha dicho un tenientico. lamentables. las guerrillas recorren los contornos. y la suegra.. El Gobernador del Seibo. eso es una pendejada. No. si la última que me trujo una jija que tengo por la vuelta e lo Mina. la situación de ellos se hace más difícil. Y cierra los ojos para no verle resbalando tremulento por las paredes. se la comieron.. una columna que avanza sobre Santo Domingo. .. por independiente. están por el Gobierno. en la cual. llegan al bohío. una vez. tendidos boca abajo entre matorral tupido. otra. que una columna salió de Caño Hondo con dirección a Guerra. para cuando vaya a verme a la Capital. afirma Miguel. sí. gente en el monte. y en el tránsito.. dale que dale a la lengua. la espera le extenúa. la Línea y el Sur. —¿Y usted no tendrá algún pedazo de tocino? Vea. jijo. ¡ Propagandas!. y que el compadre Juan. —No. piden agua. habiéndoles ofrecido sus servicios.—Mamita. es humo e sabana. lo malo es que Marcos les aconseja esperar quietos aquí. —Ma. ya no sueña con la gobernación. se ha transado por la diputación. astrosos. —¡Ay. saludados por sonrisas irónicas y burlas! No. y de Caño Hondo. En torno a la lata en que se cuece el sancocho. reconociéndolos por las voces. mamita. sin saber nada de él. en Bayaguana y Los Llanos. a dos pasos. ¡ Qué ridículo. enseñando los afilados caninos. pronunciado contra el Gobierno. y lo de la columna que dicen. entrar a Santo Domingo prisionero. ¿no habrá por ahí un pollo o una gallinita?. de un momento a otro puede suceder. La angustia de. se la pagamos bien. No obstante. hasta la Fortaleza. El vale Pedro trae del pueblo noticias desalentadoras: Puerto Plata. Por la tarde. será el centro de todos los debates. preguntan si no han visto revolucionarios. de viajito. Ese no es más que un mancuenco. el muelle repleto de curiosos. tan mentado. sería insufrible. el vale Pedro volvió del cantón de Marcos. sin embargo. Los días transcurren sin cambios. las interpretan optimistas. de ningún modo. —Hay que atacar a Guerra cuanto antes. lo maldito perro jíbaro. Así supieron que en Los Jovillos se ha peleado. si el triunfo es un hecho. con noticias y un cuarto de novilla. pobrecita. y fuerzas de éste marchan sobre Santiago. Antonio empieza a dudar del éxito de la empresa. De sólo pensarlo. ¡Diablo! si a alguno se le hubiese ocurrido registrar. permanece en casa del párroco. que le voy a regalar un pañuelo de madrás de a vara.

—Socio. es él. observa atento la labor de la hormiga. los calzoncillos se adhieren a los bezos. A la sombra de los mangos. « ¡Viva Horacio! » se oye distintamente. y. seguido durante media hora de descargas cerradas. un jinete pasa bajo el sol de fuego. —¿Qué general Rafael es ese? . de la abeja. después. —Hombre. seguro. Atacan a Guerra. Al lejos. con botones militares dorados. rato después. Cuando cesa el combate. ¿qué será? —Niguas. ¡Bonita situación para un caudillo! Y los días transcurren. le ha salido una negrita. bebería leche recién ordeñada. que parecen desafiar el rayo. —Peor estoy yo. y luego otra y diez más. se zarandea. Entre las ramas. aquellos se desprenden lastimándole. un tiroteo graneado les sorprende. enseñando las espuelas de plata. y el pus sanguinolento le moja los muslos. cuando camina.. ¿y qué ha ganado? Allí. ¿por qué los abandonó por las calles polvorientas. pero en justicia. Al fin. que vestido de rayadillo. de bruces sobre la tierra fresca. A Antonio. un buen caballo para caracolear los domingos por las aldehuelas. lo que me faltaba.. y esa Comandancia no hay quien me la quite. se bañaría en el río y aspiraría a presidir el Ayuntamiento. tiene las nalgas reventadas. que esa gente iba a sentir bajo e berraco?. Miguel le interrumpe el soliloquio.Desde la copa de un caimito abarca la pampa que se tiende leguas y leguas. de la lombriz viscosa. cortado aquí y allá por meandros de hicacos o por robles solitarios. un ruiseñor canta. la brisa les trae las albricias. ¡Ah la villa nativa. los parques empedrados de malas intenciones y las luchas mezquinas de la ciudad?. —Compai. ¿Quién? —La colunia que a venío de arriba —asegura el vale Pedro. la acción es mía y de mis muchachos. tengo una comezón en el dedo gordo del pie derecho. ¿No se lo mandé a decir.—¿Pero usted ha tomado el pueblo? —En compañía del general Rafael. además tendría chivales. que vino con una columna por Bayaguana.. unido plano verde. apiarios.— ¡Ya era tiempo! Se escucha el galope de un caballo. sombrero de yarey y divisa colorada. habría sido tendero. ya ganamos. el vale Pedro anuncia: «el potro moro del compadre Juan». —¡Qué voz tan argentina! —exclama Miguel. en efecto. el río bullidor!.. la cabalgata de la primera noche en aparejo le produjo una peladura en la rabadilla. como sus condiscípulos. el valle plácido.

asilándose el Presidente en una Legación. lavándole y aplicándole fomentos de hierbas medicinales. La campaña había terminado sin las hazañas proyectadas. en tanto que los nuevos. mil cuentos jocosos se refieren. pluma en ristre. de ambiciones. El médico habló de cortar. a la diestra del General victorioso.—El los conoce. logra restablecerlo sin intervención del bisturí. En el pueblo. ¡ Qué gusto se darán los de los bancos del Parque! ¡ Qué suerte la suya! Las posaderas le torturan. de concupiscencias. Las nalgas pútridas le han recluido en la casa desde el retorno de la campaña. en alta voz repite: . meciéndose. convertido en secretario de aquel jefe de operaciones. y Antonio se encuentra sentado ante una mesa de pino. ¡ca. ¿Y para tales cosas expusieron Antonio y Miguel sus vidas. y en cambio. Los empleados del régimen anterior ni con candela renuncian. concluyen. pero la mujer terca y cariñosa. y trajo el uno los pies cuajados de niguas y el otro padece aún de las diabólicas negritas? Lo que es en otra. Algunos han asaltado las oficinas en el tumulto de la primera hora. y cuáles méritos poseen los que el cariño regional empina en los eminentes cargos del Estado? Hasta las futuras curules tienen ya dueño.. El lilisismo entra de nuevo en Palacio. La Gaceta Oficial. nada. A mañana y noche le tienen con dolor de cabeza. él lo hará por el río. y padecieron hambre y tribulaciones. y Miguel. y los directores de periódicos han entendido que tampoco es lícito combatir al vencedor. Por corrillos de parques y esquinas circulan persistentes rumores de disgusto. no encuentran plato para sus apetitos. acostado en un lanchón. sin orientación en laberinto de intrigas. no los pescan. Antonio adormecía su impaciencia. el general Rafael. mientras las tropas desfilaban por la calle del Conde. al día siguiente de la instalación del nuevo Gobierno.. ahí detrás vienen dos caballos que les manda para que se vayan al pueblo. todos pertenecen al partido revolucionario. abrazándole casi le desmontó del caballo. expresó que era voluntad de éste que no se exacerbara al vencido atacándole en la prensa. no puede andar ni sentarse. En la tertulia. visita diaria. en derredor de la hamaca. del reparto del botín.. La Capital capituló. El Presidente provisional está abatido. entre enjambres de moscas. sobre sacos de azúcar. ¿Qué han hecho esos hombres. le ha mantenido al tanto de los sucesos públicos.! —vocea haciendo escarcear el jaco. se protesta contra los nombramientos: a unos se les ha dado en demasía. XVIII En la hamaca. imposible montar a caballo. los que se echaron al monte o conspiraron des-de los escondites. en los bancos del parque de Colón su campaña es motivo de risa.. y mientras Miguel entrará por la Puerta del Conde. Miguel Gómez. a otros. ¡Viva Horacio!. en un suelto. putrefactas.

Se presentó en la tarde. en los labios la huella del no rotundo. y cuando se cierra detrás del privilegiado la puerta del despacho. una vaga sonrisa triste le endulza el rostro. El castillo de naipes cae por tierra. del tiempo que se pierde en contentar a los que piden. y a la vez compadece al hombre que tiene delante. Quien gastó cinco. una verdadera ofensa. nadie quiere trabajar. Echa de menos el campo y su caballo. en espera de turno.. y cuando el mulo corcoveaba te agarrabas de las orejas. y despidiéndose con una negativa. Antonio no acierta a responder. indica el edecán. cobra cien. viéndonos los pies. pues es necesario hacer economías para pagar las deudas extranjeras. fuerte. armado de buenas intenciones. ¿ Quién entre ellos repulsaría un consulado? En su casa estalla. con que fustiga a esa traílla. su estancia. de los cuatro puntos cardinales de la República. piensa. Estos en solicitud de empleo. con ese sueldo . excusándose por hallarse reunido con el Consejo de Ministros. inflado el pecho. ¡A él. y las batallas de su pluma? Se indigna. Aplastado bajo el repentino derrumbe de sus ilusiones. el oficial del Cuarto Militar de servicio que le anunciara. con cien pesos. que le visitaban. ¿y su vida de sacrificios. Y los compromisos y las combinaciones. —¡Malsines! —truena Antonio. y por mal jinete te has peleado hasta el ombligo. y termina pidiéndole que acepte un consulado. la patria es de todos. los empleos no alcanzan. ¿Qué cree el Presidente? ¿La República es su casa. cruza por entre los que esperan.. en la cual puede hacer lo que le place? La suegra opina que ha debido aceptar. que no es posible iniciar. interrogan las miradas. ladeándose—. El calor de la capital le acosa.—¿No dicen esos malditos. pues hay que aprovechar. que hemos estado cinco días debajo de la cama del cura. que se vayan al monte en la próxima y sabrán dónde les aprieta el zapato. Si esto sigue. En la mañana encontró una colección de ciudadanos de todos colores. La primera salida de Antonio ha sido para visitar al Presidente. un consuladito. y los oficiales de la tropa gobiernista. de mirada límpida. y sus prisiones. nuevo laurel. desazón común turba sus ánimos. Los presentes miran al recién llegado con recelo: uno más a contender por el hueso. aquéllos a buhar. se divertían acercándose a la puerta para asustarnos? —¡Charlatanes! —Dicen que llevabas el sable colgado del pescuezo. presa de pasiones que le cercan y de apetitos que tuercen sus miras. son quinientos nacionales y hay que trabajar mucho para ganarlos. y citándole para el siguiente día temprano. Eso ha sido un insulto. Con palabra adusta le habla de sus planes. muchos en demanda del pago de sus cuentas de revolucionarios. le trajo recado. . en isla vecina. Portocarrero. por ahora. la testa engallada. clases y cataduras. Alto. El Presidente lo recibe cordialmente. cien dólares. es terrible lidiar con tantos vagabundos. sí. lo que se da a cualquiera!. Pero ¿y su dignidad y sus aspiraciones? Y además. renuncia. ¿Qué quieres?. y Antonio entra. la mirada soberbia.

más pujante. la protesta armada toma y pierde poblaciones. disuadiéndole.no podrían vivir decorosamente en el extranjero. los mismos empleados critican en voz alta.. ¡Nunca fue él segundo en la protesta! En el aire cunden voces tentadoras. y a su insistencia oponen una negativa rotunda. el regnícola es cazador. Esgrime de nuevo el látigo de sus acusaciones. le exaspera este miedo que escuda al Gobierno. a la hora en que la familia se reúne. —¿Pero este demontre está loco? ¿Pero usted no se alzó por Horacio? ¡ Su abuela le llevará la comida a la cárcel! —grita la suegra. bajo las caretas. El país está perdido. Antonio. su misma mansedumbre vibra. se nota pronto la labor de zapa. Los acreedores le perseguirían como tigres. la efervescencia solapada que arroja a la superficie palabras imprudentes. que comprime su altivez en presencia de los demás. bailan confundidos. diestramente algunos le pintan con exageración el cuadro repulsivo de la dictadura y lamentan el silencio de la prensa. La revolución se propaga por otras provincias y se alza el patíbulo. Los cruceritos de la armada fatigan sus máquinas trasegando soldados reclutados violentamente. En su refugio de la Plaza Duarte.. esta gente no respeta pluma». perplejas. ¿qué ha conseguido con tantos años de luchas.. el descontento hondo. y vive del ganado que pasta en sus sabanas. desalentado. y las deudas acumuladas en tantos años que hay que pagar. en los clubs. mientras comen. Nadie está satisfecho. los directores de los periódicos le aconsejan «no meterse en eso. estos hombres no durarán en el poder. El terreno le es propicio. le impele.. y aumenta el prestigio del caudillo caído. No y no. En los campos escabrosos y asoleados de la Línea noroeste iníciase la brega. empeñado en unificar las voluntades de sus amigos. El Homenaje rebosa de presos. Su enojo crece en razón de su impotencia. le desautoriza. y por las plazas de las Antillas vecinas vagan los expulsos. cada noche. bocas abiertas. Cucharas en el aire. desaparece en un crepúsculo y a la mañana siguiente. ningún periódico ha querido publicarle un artículo.nueva desventura. En efecto. ¿No calcula que le expone a perder el empleo. pero el cadáver del primer fusilado le invita. oyendo las noticias de los contertulios siente latir su rebeldía. todas las caras se vuelven hacia él. hacia quien torna la opinión veleidosa. ensangrienta las lomas. El Presidente. ya llegará su hora. los hombres del poder y sus contrarios. la frontera próxima le asila. lo único con que cuentan para vivir? Y la mujer. insinúan. Es cosa de meses. «la lechosa está madura y al caer de la mata». duda. siempre resignada. En casa. refiere su. él no debe ser el sacrificado. No. quienes a su vez afirman que él mismo no sabe lo que quiere. En los días de carnaval. mas para su artículo no hay letras en las imprentas. vive a caballo en el camino del Cibao. por calles y plazas de la Capital pululan los confinados. certero en el tiro. cárceles y . Vacila. el malestar colectivo que precede a las revoluciones. Es el momento. enfermo. que desertarán a la primer coyuntura o morirán en las llanadas aquellas sin que les calme la sed una fruta ni les perfume una flor. Don Pedro interviene.

Negros feroces. dulces ojos femeninos vigilan. y San Carlos es tomado. los hombres. Los altos muros de las ruinas del Convento de San Francisco se destacan bermejos. los penados. y rápido. desfallecientes. rasga las cuartillas y las avienta. profundo. magnífico fuego de artificio colosal. que escriban ellos. estrellado. . interrumpieron la siesta. golpea en el plato de hojalata. desde los fuertes de la muralla que cual cintura de piedra rodea la ciudad. sables en la boca. El Presidente está en Santiago. Un mediodía de marzo. ¡Es la guerra! Antonio Portocarrero contempla el espectáculo estupendo. En El Placer están surtos navíos americanos. Presa de irresistible exaltación. La sangre enrojece el arroyo. bajan el tono las piezas pequeñas de San Antón y la Caridad. Los del castillo de Santa Bárbara. El hijo. sentado en la escalera de piedra. carne de horca. Camina. repercuten en el cauce del río. antes de que lo adviertan los de la trinchera cercana. cruza el .. sin darse cuenta. altas columnas iluminan la ciudad. Los heridos. jóvenes imberbes. y desde una furnia que las lluvias han escarbado en la calle. transitan máuser al brazo. ahumados y enloquecidos. libertados y armados por un carcelero.miserias. alimentándose con la paja de sus bohíos. ¡Es la guerra!. luego en las calles. primero en la Fortaleza. descerrajadas las puertas del presidio por la revolución.. ¡Es la guerra!. las casas vecinas y los fuertes del ángulo N. sus sentimientos les son extraños. El Gabinete. los jueces se topan en el umbral de sus hogares con aquellos que la víspera condenaran. arden. a su paso encuentra paisanos. le reprocha con dulzura. Y hosco. Los presos políticos. La ingente hoguera enrisca sus grumos hasta el cielo. capitula. En el aire inflamado vibran los clarines como alaridos. engrosan sus filas. sus recuerdos le guían. está ya en el collado de San Miguel. achicharrados por el calor. Todos contra él. sitiado en el Baluarte 27 de Febrero. distinguiendo las voces de los cañones. Las caras sonríen. ni uno solo le apoya. azul. «No seas bobo». El vecindario. le busca. se enreda entre los alambres de la cerca. disparan sin cesar. han tomado La Fuerza mal guarnecida. que a su vez elevan las colisas de la Concepción y San Gil. con barbacanas de alambre de púa y gruesos tubos de hierro. Los heridos pasan fugitivos por las calles. suben por las cuestas pedregosas de San Carlos. cerrando las salidas de la ciudad. el tiroteo de los sitiadores se aproxima nutrido. Los cañones braman. Por el . y dotaciones suyas protegen legaciones y consulados. mientras el de 9 del Conde. los asaltantes trepan por las piedras urentes. la ciudad es la presa de una facción acéfala. Las balas granizan en la población. el revólver cae al suelo. el del Conde es abandonado por los defensores. acarreando cajas de municiones. el de la Concepción ha sido tomado. La facción se atrinchera.Una prima noche. Treinta bocas de fuego. Por entre las rejas de las ventanas. devoran cadáveres. franceses. sale por un portillo de la muralla. angustiado. pidiendo más comida. y a un periodista que corre a la refriega con una larga carabina.para que otros medren? No. italianos. De improviso. sigue desde las alcobas aquel duelo. Combate y entra a Guerra: dos días después. avanza alucinado. seguidos de descargas. tiros. Pajarito es teatro de una acción reñida. los que le traen y llevan chismes y le calientan la cabeza para que se lance. O. sería una tontería. los de La Fuerza conmueven los cimientos del Homenaje. otros dos. respiran contentas y sigue el yantar.Este avanza el Presidente con tropas. sienten la caricia terrible de las llamas que. vomitan metralla. gruñe por entre los cocoteros como un enorme mastín danés.

jamás dispara. Cada bohío es una candelada: sus pies tropiezan con muertos. celos. atestado de heridos que bromean. híbrida milicia. Mil interrogaciones le asedian. y ya está entre los guayabos de Galindo. No sabe nada. no llegarán! El templo. Antonio se orienta. ¿Cómo ha venido. devoran seres y cosas. tan fácil al combate como al saqueo. destruyendo los bohíos que formaban una suerte de reparos contra las baterías de la línea. o por las condiciones de un caballo. sin espíritu militar. y las llamas. las llamas insaciables. Los cañones de continuo arrojan granadas de acero que revientan floreciendo en rosas de bengala. de oeste a este.camino. sitibundo. Antonio les grita excitándoles. a la cabeza. reúnen los hombres y los empujan: ¡es inútil. el fusil a la espalda. a la mira de la cortina. una granada rompe el seto. un jefe es decapitado por una granada. las balas silban sinfonía macabra. es la carne que huye del hierro y del fuego. domina la iglesia de San Carlos. el asalto del fuerte de la Concepción. preñadas de mieles y bálsamos. las . Esta es nuestra retreta. El último revés. otra se abre en medio de una decena de soldados que tallan en corro y los destripa. les deja a merced de los cañones que comienzan a hacer blanco. y allí quedó. las murallas les infunden respeto. se desgarra las carnes en las púas de la otra empalizada. y cátalo aquí. Son los refuerzos que abandonan a los oficiales. Un amigo le ofrece lecho. cárdena. haciendo añicos la luna de un armario. vanidades y ambiciones les dividen. cubierto en parte por las paredes de la iglesia. y por qué? El horror de la realidad calma el arrebato impulsivo que le dominó la voluntad. y con heridos que se arrastran por la cuesta. son mansos. Empero. Mañana hablarán. Los jefes. improvisan sobre el terreno sin estrategia. tocado con sombrero de pluma. A partir de allí hasta la muralla se extiende un surco de brasas. Y se duermen. pudriéndose al sol la carroña carnavalesca. desde el día del pronunciamiento ha permanecido en su casa encerrado. muerde los bejucos del cundeamor. otro marcha a vanguardia. pero desprevenidos. vestido con un traje de mujer. pulseras en los brazos. algunos avanzan y disparan sobre la ciudad. y soldados regulares. agazapados. libres de la embriaguez de la pólvora o del alcohol. se desploma sobre un banco. vía que remata en el fuerte de la Concepción. La tropa. desvalija los cadáveres. ríen y padecen. y el incendio. les ha quebrantado el espíritu. compónenla campesinos de distintas regiones. en donde estuvo hasta que el incendio le encalabrinó la sangre. norte. y prontos a dirimir con los rémingtons sus divergencias. segando el follaje de los laureles. dificultando la acción unánime e intensa. Desde el cerro. Reconoce rostros amigos. rompe las malezas. Uno de éstos. enronquecidos. Antonio estudia el ambiente. disputándose unos con Otros constantemente por trampas en el juego. Un oficial le ordena imperativo: « ¡corra a la iglesia. sin disciplina. Antonio. reflejándose en las selvas aledañas. Los jefes son esforzados. ¡Es la guerra! En los días siguientes. Y cuando su cabeza se apoya en la almohada. sale al descampado. y cuando reúne un puñado de oro. o por si los del Cibao son más bravos que los del Sur o el Este. diga que manden refuerzos volando!». desmazalado. reclutados el día mismo de la partida. a bailar un zapateo endiablado. fatigados. dice el compañero risueño. Detrás de las esquinas descubre soldados en pandilla. deserta. y corre. En el Parque. al fin llega a la Fagina.

se enfrentan a las trincheras. Las filas se mueven con desgana. ¿A qué seguirlos?. pero cae fulminado de la mula. Los hombres huyen. impetuoso el uno. destocados. su malicia instintiva les detiene cuando creen que han sumado méritos bastantes para sus aspiraciones. ¿Qué concepto tienen estos hombres de la vida. sin embargo. Un disparo. reflexivo. la tropa retrocede. El fracaso desolador y rápido conmueve al caudillo tanto como al inferior.. conscientes o ignaros. el derrotado se retira a salvo o si quisiera. antes de que amanezca.victorias nunca son completas. El viento sacude colérico los ramajes. se desborda por detrás del cementerio y. Hay quien diga: «no peleo más. forcejear por entrar en la barca que cruza el Isabela en Santa Cruz. recalado. alcanza a San Carlos. habíale quebrado las alas a su fantasía. y atormentado el espíritu por impías dudas. las columnas se forman: tres que atacarán la capital por el Oeste. a pie. atravesando las estancias. abandonando los cadáveres. el otro irguiéndose ante la noticia. rudos y amables a un tiempo. ola deshecha. les seducen los botones dorados de las guerreras militares y las ventajas del poder. deserta o se prodiga en palabras. logra el uno abrirse paso. las riendas en el cuello de la bestia. quiere entrar a la ciudad por una casa edificada a ambos lados de la muralla. tan imbécilmente vertida. buen mozo. La realidad. y mientras el vencedor se distrae en contar fantaseando la hazaña. brutal. y por entre el monte suena el rugiente rumor del río. vigoroso. ahora pálidos. un grito les pondría en fuga. Pero el alcohol les deslumbra haciéndoles olvidar los mejores. como si el agua quisiera borrar de la tierra las manchas de la sangre. contando y comentando el desastre. el fruto no se cosecha. Aman el caballo y el arma: su dios es la Fuerza. mulato. Y decepcionado. A . los jefes. a la zaga de los comandantes: rubio. flaquean casi al empezar la acción. Antonio. entró en la ciudad silenciosa. como un espectro. superiores a la adversidad. crearon con sus brazos armados. el empuje de la acometida desfallece en breve. Los hombres. deshaciendo la autoridad opresora que. Antonio los compara con los actores de la noche hermosa y trágica: son los mismos seres los que ahora huyen por los caminos hacia sus campos lejanos. Para imponerse a sus mesnadas. ora le abrazan afectuosos. la fusilería los diezma desde la muralla. desmarrido. consintiéndoles sus bellaquerías con frecuencia penadas por el Código. Es un mecanismo cuyo resorte se ha roto. XIX De la última andanza. La gente se desbanda. y. y pequeño. Con el sol alto. de vivos ojos. Al anochecer. a caballo. De tal manera crean entre unos y otros el vinculo gracias al cual afrontan con decisión la muerte. anduvo.. y es herido ante la puerta obstinadamente cerrada. contempló durante largo espacio aquellos hombres antes tan fieros. no hay persecución. el otro. el tercero se abraza al cañón enemigo y recibe en el pecho la carga. Antonio Portocarrero hubo de volver maganto. precipitarse. Una madrugada. y aquella masa que ninguna voluntad contiene. cálculos. ya he ganado la Comandancia de Armas y la quiero gozar». Las sombras invaden la ruta. lanzan los oficiales contra las obras de acero y alambre. si es gala exponer la propia y sacrificar la ajena? Aunque algunos poseen hacienda. vuelve grupas. el tercero. podría reaccionar. anduvo. Sereno. con sombrero. Ascienden a saltos: el soldado de hoy es general mañana. ora doblan o tienden por tierra a un hombre a planazos. entrechocar las monturas. delgado. por donde pasen sembrarán el espanto. Llueve con furia.

si lo en-crespa la brisa. la sangre al tobillo. no estampará jamás su nombre al pie de un Decreto o de una Ley. los tiburones desprevenidos huyen. cayó al agua. el pantalón a la rodilla. Al instante. ceban los . siente vivir a los humildes. que está al lado. sucia. le dan un aspecto de hechizamiento. Cuantas veces se detiene en este paraje de la costa. forcejea. cada vez más desgraciada. la explanada del antiguo fuerte de San Gil es un punto de vista admirable para las marinas que pinta el ocaso. que el azar dispensa? ¿Lo que es tan fácil a los demás. tablajeros. e infecundo todo grano sembrado en ese barro? Separado de los suyos por los mismos prolongados sufrimientos que les ha impuesto. las fieras le atacan. aletargado por el bochorno del mediodía. esperando que los jureles picaran. se cisca y juega con zulla. Sobre las rompientes. estréllase contra el acantilado. apuñala en torno. ase el cadáver y gana la orilla. La abuela. ¿habría sido estéril. vertidos al mar. trepánale días y noches. tiende desde el horizonte paño de ormesí esmaltado de lentejuelas áureas. Antonio recuerda una escena de espanto. ataviando de espumas hervorosas la roca plana del tripero. atándose a un cable por las axilas. plañe. en busca de entretenimientos. y luego. un cuchillo en la diestra. las fauces terribles. que expresa con monosílabos las ansias del adolescente. hierba cuyas hojas aterciopeladas amortigua la dureza de las rocas.cada instante las visiones impresas en sus pupilas violan su fe. La res enlazada por la cornamenta. se arriesga. hurta los relieves de la mesa. vaga por las estancias. En las rocas. rociando la calle. El Caribe. la familia grita. será eterno espejismo para él. seis aletas ya hendían veloces el cristal. colgando las bandas blancas y róseas. revuelve el agua ensangrentada. se resiste. decrépita. En las tertulias de los parques se perpetúan las mismas cábalas y malsinerías en derredor del presupuesto. desnudo hasta la cintura. En el corral. persiguiendo al atrevido. Ella. la desuella y descuartiza. Una cuadra más al oeste. ¿ Sería verdad? El tan doloroso empeño de su vida. rodeada de gente. mediante la promesa de diez pesos. triscaban sirenas entre las algas: las abuelas que se bañaban en camisa y los muchachos. médicos y concejales. le acongoja. Se acoge. acaecida años atrás: un viejo pescador. añangotado. amén de los paseantes. profiriendo palabras obscenas e impregnándolas de su locura. muge patético. temblequeante. efímero de la posición política. La puntilla del matarife la descabella. pues. por lo menos. Aquí. Un negro. arrancándole vientre y tórax. medio siglo ha. y el recuerdo de ambos. si en calma. y sus ideas habrán de secarse sin el goce del alumbramiento? La reclusión en la casa. son amables invitaciones a divagar. cuando repuestos. panquea. a los paseos solitarios por los barrios populares. se congregan. Por la tarde contempla el mar. En el Matadero público. esquivando. que es el terror de los gallineros. entre cuatro y seis de la tarde. aún palpitantes. en los cuales. Muchachos haraposos compran los menudos que cargan en petacas. a soñar. que fumaba su pipa con el cordel entre los dedos del pie. ¿no alcanzará éxito. tirada por un torniquete hasta sujetarla en una de las columnas de hierro sustentadoras de la techumbre. brinda asiento a los que entretienen el ocio con el tráfico del camino líquido. el cadáver flota con el vaivén de la ola. veían los cuernos al Diablo en la grieta denominada Boca del Infierno. e introdúcese por la sopeña para surtir en chorro esbelto. Una vela que lo surca o la estela de un vapor. mientras desperdicios y coágulos. el ganado que olfatea la muerte. y el hijo. siquiera sea el. como un íncubo. Los pescadores tienden el aparejo a la voracidad de los escualos.

tiburones. Enrojecido como un verdugo medioeval, un jifero se ha acercado a Antonio, diciéndole con acento malicioso: —Cuente conmigo. ¿Cuándo empuñamos la jicotea? En las primas noches barzonea por el altaicín del norte, que el terral de los montes de Galindo refresca y aroma, prefiriendo las callejuelas estrechas e intrincadas de uno y otro lado de las fortificaciones. Por las puertas abiertas examina las habitaciones: lámpara mortecina ilumina escasos muebles desvencijados. En los umbrales, las mujeres sentadas sobre las piedras, charlan y fuman; los chiquillos, en cerros, retozan en el arroyo, en el césped de las plazuelas o se escurren por los boquetes de la muralla, por cuya cornisa corretean. Dos novios, recostadas las sillas en las jambas, la doncella al interior, el galán afuera, pelan la pava o puntea el segundo la guitarra, acompañando a la novia que entona melancólica canción de amor. Calle por medio, dos comadres, recogidas las faldas, lo brazos en jarra, riñen a causa de la lejía derramada por un rapaz travieso o de una gallina extraviada; otra, de vuelta del pozo profundo, común al barrio, la lata colma a la cintura, exclama escandalizada: ¡Ave María Purísima y se santigua. —Los hombres forman corros en las esquinas o en los timbiriches que a guisa de pulperías o cafés sirven de puntos de reunión. Estos son los que durante el día sudan al sol en los muelles, calles y talleres, aquéllas las que lavan y planchan de seis a seis. Las mujeres miran a Antonio con picardía; «pájaro de la mar en tierra», suponen que anda a caza de aventuras eróticas o que como tantos otros viejos y mozos mantiene su pelazga por aquellos andurriales. Los hombres le dan las buenas noches con respeto; a los conocidos les estrecha la mano, deteniéndose a charlar con ellos. Quisiera penetrar sus pensamientos, el secreto de sus vidas, saber qué aspiraciones alientan; pero esquivos, se lamentan de la escasez de trabajo, de lo caro que está todo y, de paso, tiran su chinita al Gobierno. Antonio se da cuenta de que algo les separa; acaso le indispone la altivez ingénita de su figura, desprovista del aura de la popularidad, y en sus frases mañeras, equívocas, nota la desconfianza, pues aun los más expansivos, parecen decirle: si vienes a nuestros barrios pobres y nos hablas, si sonríes a nuestras hembras y acaricias las cabezas desgreñadas de sus hijos, es porque buscas escalera para subir. Sin embargo, ellos le inspiran simpatías; pero ¿ cómo lograr que las crean sinceras ni menos que comprendan sus anhelos de bien, nutridos con generosa savia cordial? Y por la periferia cada noche, escapándose de las garras de sus propios recuerdos, continúa sus excursiones, y queriendo sentir las palpitaciones de la ciudad, la circunda. De los altos de San Antón, San Miguel y San Lázaro, baja a las vías nuevas de extramuros, por donde la capital se ensancha en casitas de madera y cinc, pintadas y limpias; entra por la Puerta del Rey a la calle de la Misericordia, cuyas primeras cuadras la forman ruinosos bohíos de tablas de palma; recorre la de San Pedro, en la que alteman el cinc, la yagua y la piedra, y moran pared por me-dio vírgenes y hetairas, y en donde, detrás del fuerte de San Fernando, ofrendan a Afrodita marinos y soldados, con prostitutas alcohólicas, de marchitas carnes enfermas, mulatas y negras que, en batas de colores crudos y en chancletas, se exhiben con un túbano en los belfos, y por quienes las riñas mortales son frecuentes. Más al este, en las celdas donde tiempo atrás oraban las Clarisas germina el hampa ciudadana —borrachos, mendigos, cuanto hiede y repugna —,.oculta a la vista del transeúnte por las casitas fronteras a La Fuerza, habitaciones de buenas gentes

modestas. Sigue después por los solares del Almirante y del Aguacate, separados por la empedrada calle de la Atarazana, extendiéndose el uno detrás de la Casa de los Colón y el otro entre la puerta de la Atarazana, a espaldas de los almacenes y las calles Comercio y Marina, lugares donde procrean y bullen curazoleñas y martiniqueñas, las que enfaldan y anudan el pañuelo en la nuca, con donaire, y preparan los azafates de dulces que se expenden al aire libre. Por fin, Antonio se pierde en las intrincadas callejuelas que corren del Castillo de Santa Bárbara al bastión del Angulo, abrigo de maleantes porteños, y sitio en donde, las vísperas de fiestas, resuenan atabales y acordeones, pautando las guarachas transmitidas de playa en playa por los lobos del Mar Caribe. En el espacio de dos años, las películas se han sucedido en el cinematógrafo político con rapidez ofuscadora. Antonio, desgarrada el ánima, tan pronto febril de deseos, como desasido de todo, ha seguido el desarrollo de los acontecimientos. Los generales que admiró días antes en los campamentos, vienen a inclinarse ante el nuevo Presidente, quien tras un simulacro de comicios, en una mañana de agosto, pasa por las calles en carroza descubierta, en el pecho la banda tricolor, entre improvisados dragones de pantalón de grana, a jurar el cargo. El oro del Erario se dilapida. El Presidente, que es un clubman culto, prosigue frecuentando los casinos, platica de arte, de ciencias, de caballos, de perros, de logística, y recita versos de Virgilio en latín, o pasea la ciudad, en piafante corcel portorriqueño, plantado en la silla con todas las reglas de la equitación. La prensa, temerosa. Al Ejecutivo se le suponen ímpetus y energía. Se conspira. El Homenaje se llena de presos; los vapores que zarpan, llevan cargamentos de expulsos. En noviembre, la capital es sitiada y capitula. Jimenistas y horacistas se han unido y traen en hombros a un cura que ahorcó la sotana, inteligente, audaz. Apenas entra en el Palacio, los jimenistas parten en guerra, y, en diciembre, un cerco de bayonetas se extiende de Pajarito a San Jerónimo, suspendiéndose el tráfico en la ría. Durante cincuenta días, Santo Domingo de Guzmán, encerrada entre sus murallas, se arrulla con la música de cañones y fusiles; su juventud la defiende en las fortificaciones, y las mujeres van a misa, se visitan, y las retretas continúan jueves y domingos, mientras los beligerantes entrecambian plomo. Entonces acaece un hecho insólito, que deprime al soñador: las granadas de navíos de guerra norteamericanos estallan en tierra dominicana, para castigar a los revolucionarios que desde Pajarito han osado cañonear un buque mercante de la Unión. El nuevo Jefe del Ejecutivo, a la cabeza de una charanga, cada vez que sus armas obtienen un triunfo, discurre por la ciudad, exaltando su gente con vítores y promesas. En febrero, una salida de los sitiados rompe el cerco, y Santo Domingo de Guzmán respira. En el Homenaje, no caben más presos, los desterrados pueblan las vecinas islas. El tesoro vacío; hipotecadas las rentas. En el ámbito de la república, dos guerrilleros señalan, con rastro de sangre, el camino de sus victorias. Atan a la cola de sus bridones la devoción de los civiles y de los mismos intelectuales. Una comedia de elecciones consagra constitucionalmente al jefe, quien inaugura su periodo, fusilando en la puerta del Camposanto, a pleno sol, a dos de sus contrarios. El Presidente, vestido de dril blanco, desaliñado, va por las calles inspeccionando las incipientesobras públicas, dialogando de acera a acera, y predicando con la palabra y la iniciativa el progreso en ese campamento en reposo. Los odios partidarios provocan cismas en los hogares; las amistades se quiebran; de reja a reja se cruzan miradas, y alguna vez, palabras agresivas; se querellan las mujeres en las tertulias,

ruegan en los templos, se mortifican con promesas, desertan los bailes; los hombres, en tanto, desaparecida aquella devoción ciega que caracterizó las banderías de la primera república, saltan de una a otra sin más norma que el interés del momento. Llegada la noche, manos salvajes dañan las obras públicas en construcción, y las cartas anónimas, echadas en los buzones van por las manos del cartero a zaherir al primer magistrado y al ciudadano. La prensa discute el nuevo pacto internacional convenido con la Unión. Cercena la soberanía, afirman los opositores, mientras el Gobierno se encarama en él, como en tabla de salvación, y flota. Luchas intestinas dividen a los copartícipes del poder; el telón baja sobre el alzamiento del propio Presidente, quien perseguido por tropas, acusado ante la Cámara, habiéndose fracturado una pierna, atraviesa la ciudad una tarde de enero hacia el exilio. Al nuevo caudillo adornan prestigios de héroe; es fuerte, sano de cuerpo y espíritu, y la general aspiración a la tranquilidad funda en su energía y sencillez la esperanza de días prósperos y tranquilos. El Homenaje continúa siendo medio pacificador, y la razón de Estado siega vidas. Antonio se pregunta, inmutado, si la tragedia se repetirá indefinidamente, cambiando tan sólo la figura corporal del cacique. ¿A qué, pues, luchar? Le enoja la Convención; sus sentimientos la repulsan. ¿A dónde dirigirse, cómo ganarse la vida? Para los particulares, él es un político, bueno nada más que para vivir del presupuesto; para los gobiernos, un opositor inconforme siempre, al cual hay que vigilar y castigar, y para los políticos, un intransigente petulante que les enfada con sus actitudes. Miguel Gómez le reprocha inacción e inhabilidad para abrirse camino hasta Palacio, no entiende la hermenéutica ni sabe menear el majarete, términos con los cuales se significa la destreza para desenmarañar o urdir las intrigas y lograr un puesto gubernativo. El siéntese encadenado al pasado, que le acogota señalándole a la ojeriza de las gentes. « ¿ Para qué puede servir este hombre? ¿ Qué obra ha realizado?», expresan las miradas de sus oyentes cuando, demoledor, critica los sucesos. La prensa alza el tono, traduciendo el malestar del país que discute la Convención. El Gobierno la mantiene; sus contrarios la impugnan. Campaña de palabras desabridas, ayuna de razones reales, que encubren temores y apetitos. Antonio, obligado a permanecer en casa, por un ataque de gripe, las puertas entornadas, recibe a los jóvenes que le traen los ecos de la polémica y le explanan con ardor sus inquietudes e interrogaciones. «El gobierno se impondrá, y el país naufraga. Es necesario luchar, sublevar la conciencia nacional. Su palabra falta, su verbo dará dirección, la autoridad de su vida es indiscutible. En los bancos del Parque nadie se explica su abstención». La fiebre lo debilita y el cerebro le duele; les promete escribir más adelante; pero Miguel Gómez insiste: —No, socio, el momento es de oro. Horacio está a caballo; hable, hable, un catarro no mata. Entonces, con voz débil, entrecortada por la tos, dicta un artículo corto, vibrante como una arenga. Erguido el pecho en la mecedora, cada frase parécele un lanzazo asestado a la Convención. El auditorio aplaude con ahínco aquel estallido impetuoso de sentimientos, de cólera, de amargura. Su índice vengador señala a los réprobos, los acusa, los juzga, los sentencia y ejecuta; y termina con un rasgo soberbio, emplaza en nombre de la patria a los quecomprometen sus libertades, negociando la soberanía y evocando los manes de los héroes de Febrero. Magnífico, afirman; y mientras Miguel Gómez se escapa con las

que aceptes un ministerio de este Gobierno. Sentadas en los alféizares de las ventanas o en mecedores en las aceras. XX En la tarde cálida de mayo. es presa de una tenaza que le aprieta el cráneo. Arturo. le conduce al aposento. las muchachas. desgolletada la camisa. contraída la faz por los agudos dolores que le trituran el cerebro. y de luego en luego requiebra a las negritas que. engarzado en el brazo y a remolque. negro. los rostros revelan la alegría del triunfo o la depresión de la derrota. agregando un piropo cuando la intimidad lo permite. de parte del Gobernador. se presenta a solicitar a Antonio. quienes gozan además el privilegio de olerle latagarnina y el sobaco. el revólver de ordenanza al cinto. que escucha cuanto conversan los pasajeros. sin responsabilidades. las facciones demacradas y el terno gastado del otro. vestidas de muselinas claras. el queso y la mantequilla para la cena. después de la larga y emocionante sesión legislativa. mejor estás en tu Consulado de París. los hombres departen agrupados.cuartillas hacia la imprenta. envuelto entre velos de polvo. pero todos se encalenturan y elevan el tono transportados por el ardor de las palabras. Otras parejas. A simple vista. pasean por la ciudad en coche. algunos con el diario en la mano gesticulan. las tablillas de chocolate. Antonio solo. hecho un ovillo. las manos cuidadas. el Presidente montó a caballo y fuese a galope camino del Cibao. hilvanan el diálogo de amor. El cochero. rechoncho. hundido en el mecedor. en pie. salta y cruje en baches y zanjas. Circulan las criadas con la cesta del pan. circuidos de ojeras. elegante el traje. Respirando salud el uno. El día anterior. miran con sus ojos brillantes. El coche rueda. en un catre de tijera. —Creo un disparate. ella acodada y él afuera. de tres asientos. las manos en los fierros. sin cuello. El Poder Ejecutivo barruntando la conjura detrás de las palabras violentas incubadoras de revuelta. Un oficial. de uniforme de kaki. El representante de la fuerza ve al temido luchador. En algunas rejas. y sin cesar excita al caballejo con las riendas y la lengua. en el umbral. y en la misma noche. En el Parque de Colón y en las esquinas. los transeúntes que las saludan quitándose el sombrero o familiarmente con la diestra. experta ya. la pupila viva. un niño que forcejea por correr a su antojo. de cuando en cuando le aplica un zurriagazo. zahareñas. Arturo Aybar y Antonio Portocarrero. contrasta con la palidez de convaleciente. una flor en la cabellera. replican con un ¡vaya parejero! El vehículo es pequeño. . ligero. La mujer. fuma un cigarro. dos al fondo y uno junto al auriga. echa sus esbirros a la calle y El Homenaje hospeda a los agitadores. al sagitario. y los demás corren a pregonar la aparición de la catilinaria destinada a conmover a los diputados y hacer bambolear al Ejecutivo. acabado de salir del horno. suda. el Congreso Nacional aprobó la Convención Dominico-Americana. leyendo novelas o El Listín.

El yanqui lo . la República debió ser como la querían los hombres de Febrero. transportaron y esclavizaron. un sueño hermoso. —Sí. como lo he prometido al Presidente. audacia y energía. No te engañes. han buscado el equilibrio más allá del mar. ésa es la fórmula con que se pretende excusar la anexión a España. y pronto los muchachos jugarán a la pelota. para ser reemplazados por el negro. óyelo bien. —Sí. —Extremista siempre. Arturo. serviré al país con más utilidad. es sencillamente un acto criminal para mantenerse en el poder. la danza. —No y no. todos los gobiernos que han logrado sostenerse. el error es tuyo. enerva en cambio el tow steps es un baile gimnástico. lloran y patean por un juguete que olvidan a los cinco minutos o lo despedazan para ver lo que tiene dentro y acaban por extasiarse amasando el lodo de la calle. El español. Por otra parte. La oposición misma. que la realidad destruyó en crisálida. y eso es lo que necesitamos. sólo que nosotros no nos damos el trabajo de analizar el medio para convencernos. demasiado voluptuosa. la habría pactado gustosa. nos pone en contacto con una gran nación. quiso y conquistó la América. Recuerda: desde el año 44. —¿Y por qué no? ¿Crees tú que es ella obra del Gobierno? No y no. pero no amenaza la independencia: el mal no está en ella sino en nosotros mismos.—No. socio. Entrando al Gabinete. pero como los chicos que gritan. que tanto clamorea. a quien arrancaron de sus tierras nativas. —A esos blancos le jié mucho el negro —interrumpe el cochero. somos un pueblo falto de voluntad. ya nuestro pueblo baila tow steps. fórmula o no. —No exageres. Créeme. de cuyas instituciones y costumbres civiles tenemos que aprovecharnos. es el fruto natural de los desaciertos de tres generaciones. —La Convención. Aún persisten en nosotros rastros de aquella voluntad heroica del dominador y los resultados del sometimiento doloroso de los otros. —No. queremos. obedece ella a una realidad nacional que se impone a los gobernantes y los apresa. no los espasmos de violencia que son nuestras revoluciones. compelidos por los desórdenes internos que nos debilitan y por el peligro vecino. proeza estupenda. sí. Los indios haitianos eran más de un millón y se dejaron extinguir en las minas por el jinete blanco. en la sucesión de tales hechos. es el caballo de Troya. Verás qué labor realizo. —Pero te haces solidario de la Convención. preciso es convenir que existe algo positivo. y el basse ball da músculos y enseña a los jóvenes a pensar y ejecutar con ardimiento. —¿Y qué?. —Pues bien. Convengo con que mortifica a nuestro patriotismo. y tendré ocasión para adaptar lo que he aprendido en medios civilizados. —Sí. a ellos que se creen dueños absolutos. Antonio. que no es la ambición y las pasiones de los caudillos.

cuya rebeldía transvirtió el estrecho con Hatuey. aplico la lección de los hechos consumados: hay que ser fuertes. pero las matarán los ferrocarriles. en incesante comunión con nosotros. hemos engendrado a Máximo Gómez. ¿Quiénconoce la Primada? ¿ Qué poeta dominicano ha extraído de estas piedras la intensa poesía que en ellas vibra? Por estas calles paseó Hernán Cortés. ¿es que estudiamos nuestra historia tú y yo y los demás de nuestra generación. por el contrario. ¿Pero quieres admirar un espectáculo tónico?. en el polvo.. ¿Quién era? ¿Lo sabes tú? Ese es un detalle. del tiempo y del brazo destructor de la naturaleza.. elocuentes páginas de historia. es un tipo representativo. es el eslabón de una cadena. y Lilís mismo.. y nuestra isla está en las avenidas de ese gran camino. y óyelo: partirá el istmo de Darien. El colono combatió con los filibusteros ingleses. Mira: hay en la ciudad dos ajimeces. yo no sentencio. la violencia enfática. ¡Cochero. los restos de la primera ermita edificada en la tierra de América. revestida de un manto de brocado. sobre el firme de la ladera. nubecillas policromas suben de los cascos y las ruedas.. el español exterminó al indio.. las escuelas y la riqueza. primer vagido de la nacionalidad. —No. señoreando los dos océanos. cocoteros y almendros. reconquistándose para darse al Rey. con los bucaneros. . —No. muchas veces he sentido la curiosidad de saber quién construyó la casa.. cuantas veces pasamos frente a las casas en ruina que ellos adornan y rejuvenecen. Cada piedra de esas iglesias. y la línea verde de los uveros. cintila. la suspicacia letal y la aspirabilidad. dices tú. reverbera. cultivar la voluntad..quiere. que indios y negros regaron copiosamente con su sangre. y las ideas y sentimientos del colono que primero la vivió. en yegua fina que compró en doscientos cincuenta castellanos. y exportó al Continente su cultura. pero dime. al Palacio Viejo! Desde la azotea de la que fue Capitanía General. amar el pasado. —Palabras. formando abra al mar azul. aunque nuestras pasiones lo nieguen. Al Sur. supones tú que han terminado para siempre? —Aún no. En la margen oriental del Ozama. En esta tierra. en ellas se nutren raíces de nuestro espíritu. Aquí. remata frente a la Torre del Homenaje. sin embargo. De la mezcla. y a la república un prócer en Luperón. y cinco búcares abren los rubíes de sus flores. —Bueno. Palabras. mas no como a cosa muerta sino como a ser vivo. pero no lo olvides. —Ilusiones. bonitas palabras. socio. el último de los libertadores americanos. ¿y las revoluciones. ¿ Entonces? Por eso caemos hoy donde ayer nos rompimos la crisma. las tenemos en la sangre: genio y figura.. marina y fluvial. por esos motivos debemos defenderlas de los hombres. y los gobernantes?. —En resumen. nos complace admirarlos. —Pues la depuraremos. ambos amigos abarcan la ciudad que áurea lluvia inunda. Pues bien. y. el estilete de la punta Torrecilla corta las olas.. ella fue la cuna de la Conquista y amamantó la gente leonina que en la Costa Firme y en las islas se hizo gloriosa por medio de la espada y de las letras..venció al francés. nos vienen el ímpetu y la resignación repentinos. tú concluyes que nuestro destino es ser absorbidos por el yanqui.. En las aguas. el negro dio a España un nuevo Cid en Suero.

juntándolos con dolores y esperanzas. el Sillón de la Viuda. la cuesta empinada. se destacan de los follajes de Galindo. miintransigencia. detrás del codo del río. debió de sentir el orgullo de haber realizado empresa perdurable. El sol. Cada cual. El rumor del mar se difunde confundiéndose con los sonidos urbanos. a lo lejos. bello. no obstante las torres ausentes. de redondas copas. con la higuera bravía arraigada en la cúpula como un penacho. jadeantes. se admiran San Nicolás. vacías. Bajo las bóvedas abatidas reposa Don Bartolomé Colón. la Puerta de San Diego. luchar? Y lo peor es que el médico afirma que mi carácter. Hace unos días la gripe que aquí es un coriza molesto y nada más.. la ignorancia la afrentó. españoles. árboles próceres. y la torre cuadrada de la Merced. que habrían sido la meta de la potencia creadora. la descubrió. los sillares gafados por los siglos y bronceados por la luz: tres ventanas al mediodía. indios y negros la edificaron sillar a sillar. pero calienta entre sus columnas los restos del grande y testarudo ligur. haz. no soy yo. crecido el gentil edificio. suben sudorosos. Los hombres que laboran en las oficinas de los muelles. sino consecuencia de terrible herencia. y sobre la colina.yacía Alonso de Ojeda. las plumas suavemente irisadas. —Atrévete. entre las antorchas de los cocoteros. A través de los árboles. tú eres. ¿A qué.. es bello. Durante veintiséis años.. los terremotos la desquiciaron.festonada de lianas. Hacia el Norte. constante. La Catedral se adivina: ella es la materialización de un sueño. desiguales. pero ya soy un vencido. . dijo en ella plegaria a su dios. el de voluntad demiúrgica. los muros negros del convento de San Francisco coronados por un laurel. un triunfador. La lámina de acero bruñido del Ozama se descoge entre las riberas. mientras que en el umbral. o rimeros de petacas de carbón. y a su izquierda. descollando entre los tejados planos de las casas. burros arrastrando trojes de cañas. sacude el pesimismo. —Sí. hombre. toda esa historia petrificada y la lujuria potente de la naturaleza? Atrévete. En la margen occidental. trepando por la cuesta arcillosa. Hacia el Oeste. se columbra. y así triunfa del hombre y del tiempo con su gracia ingente: el leopardo dejó una garra en sus naves. tres al levante. tres al poniente. quiere algo con voluntad cierta. por detrás de aquellas ruinas. en cambio. los bohíos de Pajarito. cubiertas de árboles. largas varas que huellan ruidosas. enclavada entre los dos mundos. y si la miró con tristeza menguada por las tinieblas. y galanas palmas solitarias. Ahora resulta que yo.. del artífice inspirado al oscuro picapedrero. En la meseta. y la pequeña villa colonial. —¿No te invita a la acción. y las paredes dentadas semejan enorme parrilla. cima eminente de la cordillera. cabujón zafirino en mitad de ondulosa raya de azur. quiere. basta un poco de ese leve polvo dorado que vuela detrás de los coches. estuvo a pique de matarme. la espadaña de San Antón. Presión más fuerte de la tenaza que me comprimía el cerebro era suficiente. incendia el cielo. hierbas. y el médico anuncia que una recaída será mortal. una doncella espera el amor que la hará fecunda. en los agujeros anidan palomas. mi altivez. a la mañana siguiente. que revuelan en torno. de virutas cobrizas los tejados pajizos. soberbios caimitos de hojas bicolores. pues. no es virtud. para ser hollado por cuantos pasaren. la iglesia de Santa Bárbara. Tufo cálido emerge de la tierra. el Alcázar de los Colón. y las ruinosas chimeneas del Ingenio La Francia. mameyes erectos. Por la Puerta de San Diego entran carretas cargadas. y más cerca. En un balcón.

le apretó contra el corazón. el pueblo. zigzagueante. mientras sus ojos escrutan la villa y el campo vecino. pues bien. la voz de bronce lleva de puerta en puerta la divina promesa. El vaho ardiente de la tierra enardece sus arterias. la diosa de formas virginales. como he sido maestro a palos. seré conducido en andas. las proas armadas hacia Levante. y con los brazos abiertos.bufas. ¡el gran rebelde! Pero. ¿verdad? Un sollozo se extinguió en los labios de Antonio. ansió sembrarlos en la patria lejana... traerá en las manos los paños blancos que sirven para cargar los muertos. inclinóse hacia la flor o la espiga que los ojos de la diosa miran deleitados. alzándose sobre las tumbas vecinas. de la cual ascendía concierto de fuerzas poderosas. La silenciosa tragedia se le revelaba de improviso. los pies descalzos. y por sobre la cabeza de lo que muere. — Roma 1913 . a la luz de los focos eléctricos. y libertándose de la materia. la bandera desciende del asta. blanca. su cuerpo tremó de angustia. a la deriva hacia fatal destino. Es horrible. amó la belleza pura. las sombras estarcidas ahuman el cielo. interrogó. Arturo había experimentado una intensa emoción ante la imagen de Atenea. roja. asistirán los niños de las escuelas. lo triste es que cuando todos vuelvan del Camposanto. Habana 1911. la guardia de prevención presenta las armas. desde el Partenón contempló la ciudad blanca. hasta la Antilla ensangrentada. Minutos después. vacilante. repite ahora. esas risas me flagelarán hasta debajo de la tierra. que harán reír. los sacros mármoles. fija la pupila beata en la tierra en donde perfuma una flor o crece una espiga. mi sangre. conmovido. El numen le posee. Por el oriente. Arturo. golpeada por molinos.. El cejo del río humedece el aire. En mi infancia soñaba tener un entierro suntuoso. ¿por qué no? ¿Por qué no?.. los políticos. dibujará al caminar. La floresta aledaña avanza sus tentáculos constrictores. azul. y créeme. tal una ala rota. pronunciarán discursos en los cuales me calificarán de rebelde. y al son marcial del clarín. esclarecido por su luz inmortal. y mientras el sepulturero tapa la fosa. cubierto de flores el ataúd de tercera clase. cincelada exquisitamente. En La Fuerza. que lapidan en las tardes las estatuas por sus propias manos modeladas en la mañana. miserable. Exaltado. Nuevos griegos dialogaban en el jardín de Platón. abre los brazos para estrechar en magnífica elación las piedras seculares. siluetas extrañas.—No. Ceñido el casco. a prisa en busca de la cena que espera en la ciudad. en el Pireo. los mercachifles. lenta. profesaban con su milagrosa euritmia rota la más elocuente lección de moral y belleza. Me conformo con la idea de que le harán justicia a mi cadáver. comprendió. mi hijo. de grávidas entrañas.. con mentes inferiores a su tiempo. al declinar el día. Las campanas de la Catedral tocan el Ángelus. elevó la razón. y convirtiendo la vista más allá del golfo de Eleusis. Carne tundida por estacas de yagüeses. ¿es su ánima la de un hombre o la de toda la gavilla de averiados adoradores de Dulcinea cuya es la prole de débiles turbulentos. soy un vencido. libres de la costra de turcos y venecianos. la siniestra en la lanza y abierta la diestra en la cadera. el más perfecto. los jóvenes. mientras los generales ignaros triunfan y les uncen? En el Acrópolis. En aquel ápice del espíritu humano.

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