"La Sangre", obra que publicara Tulio Manuel Cestero en 1914, es una novela que logra reflejar aspectos del

ambiente urbano y de las tribulaciones político-sociales de la época.

Por el ventanillo del calabozo, un rayo de sol entra jocundo, adorna con ancho galón de oro los ladrillos y trepando por las patas del catre, cosquillea al durmiente en el rostro. Antonio Portocarrero despierta restregándose los ojos con ambos puños, bosteza, la boca abierta de par en par y mira en torno suyo con asombro. Siéntase en la barra del lecho examinando la celda de hito en hito y cual si al fin, libertándose de una pesadilla, comprendiese, murmura: «todavía... otro día más». Joven, de estatura prócer, la fisonomía enérgica y simpática la color melada, cuya palidez actual aumenta la sombra de la barba ida. Los cabellos negros, de rebeldes vedijas, la nariz roma y los labios carnosos de bordes morados, denuncian las gotas de sangre africana que, desleídas, corren por sus venas. Las pupilas grandes y brillantes, henchido el pecho. El preso registra la estancia, tal si la viese por primera vez. En un ángulo, un aguamanil desportillado, de hierro esmaltado, sostenida la jofaina en una trípode. En mitad del testero, junto al muro, una mesita de pino, sin barnizar; al lado de ella una silla, cerca una mecedora, y encima una alcarraza, una copa y varios libros: «Los Girondinos», dos tomos de «El Consulado y el Imperio», «Los Misterios de París», «Historia Universal» por Juan Vicente González, y los «Tres Mosqueteros». El recuerdo de los amigos que le proporcionan el placer de la lectura, le saca a la cara la luz de una sonrisa. En extremo opuesto, vecino a la puerta de roble con hileras de clavos cabezones remachados, un cuñete, ceñido por arcos de acero, receptáculo de sus deyecciones, que dos veces por día un penado carga en hombros y vierte en el mar. Sus emanaciones infectan. Estos objetos, una escoba y el catre con una almohada y dos sábanas, componen el ajuar. El enladrillado es frío. Las piedras de las gruesas paredes han sudado durante siglos. Musgo verdinegro vetea el enjalbegado. La humedad se caía hasta los huesos. Por el día el calor agobia, en las noches invernales el fresco molesta. El aire y la luz entran por el ventanillo de fuertes barrotes de hierro. En las paredes, enlucidas de raro en raro, los cautivos han escrito con carbón sus penas e indignaciones. Entre ellas hay una de su propia letra: «26 de Julio de 1898, a las 9 de la noche». Cuando la hubo leído dos veces, arruga el sobrecejo, exclamando con dolor: « ¡un año ya! » y se pone en pie, encaminándose al lavabo. Con vigor se enjuaga rostro, cuello, sobacos y muñecas; luego arrima la sólida silla de sabina y majagua, y encaramándose en ella, ase los barrotes, y a pulso alcanza el poyo. ¡Qué fiesta para sus ojos! El cielo, azul, límpido, sin una nube. El sol derrama oro obrizo sobre Santo Domingo de Guzmán, con amor fecundante inagotable. El mar cabrillea deshilando sus randas de espuma en la arena de la Playa del Retiro, y muge con ternura de toro en celo en las peñas del acantilado, sostén de la Torre del Homenaje, en donde él está recluso. La vista complacida recorre la ondulosa línea de vegetación que arranca de los almendros de elegantes amplias copas y los guayabos silvestres de la margen del río, y sigue por los uveros, de hojas de abanico, hasta las ríspidas malezas de la Punta Torrecilla. Las lanchas

pescadoras, rezagadas, entran en la ría, a rastras los chinchorros repletos. En la caía, entre los pies de los tripulantes, saltan agónicos jureles y carites de argentinas y róseas escamas. En el Placer de los Estudios, balancean airosos sus cascos blancos, al tope el gallardete tricolor, dos cañoneras de la armada nacional. Una vela cazada vira la punta y enfila hacia la boca, obstruida por la arena acarreada por las dos corrientes. Un bote, al compás de sus cuatro remos, salé. El ambiente, con serenidad jubilosa, afirma que el hombre, señor de esta naturaleza, no ha de sufrir. Sin embargo, Antonio es un contemplador impotente. Y ¿por qué? ¿Qué leyes humanas o divinas violó? Su amor a la libertad, al progreso, le ha sumido en prisión. La tiranía le oprime paralizando sus fuerzas vitales. Las manos entumidas se niegan a sostenerle y, con ira, se arroja al suelo, sentándose en el mecedor, y entre impaciente y perplejo, se pregunta qué hará para ocupar el día. ¿Leer? No. Los libros le hablarán de poder, de riqueza, de amores, de cuanto es triunfo, alegría o dolor en los hombres. Uno, dos, tres..., insensiblemente cuenta los clavos de la puerta. Se levanta, barre; pasea a trancos, empeñándose, pueril, en no pisar las rayas del pavimento, y el nimio detalle conduce su imaginación hacia los días venturosos de la infancia. De nuevo se sienta, gusta la necesidad de enfrentarse con su vida, remontando su curso hasta hoy, hora por hora, reconstruiría analizarla... ¿ Su vida? Sí, ¿ qué ha sido su vida? II En el verdor de la sabana, con sus casitas pintadas de colores vivos, de metálicos tejados relucientes, y los bohíos de adobe cobijados de palma, finge la villa, al lejos, un rosal florido. Colinas suaves la protegen de la una parte, mientras por la otra la pradera abre vía al mar cercano. El río cantor la circunda, y sus linfas retratan garridas doncellas, cuyos cuerpos acarician las aguas voluptuosas borbotando en los chorros y en la somnolencia de los regatos. En las florestas aledañas la atabaiba embalsama leguas y leguas los caminos asoleados. La cabra extrae de las hierbas aromosas leche exquisita, y la abeja, reina de aquel jardín, ahíta de ambrosía, multiplica los panales. Las muchachas de la capital, encuentran en su regazo morbideces para los cuerpos enjutos y paz espiritual ara las penas de amor. El aire sano y los baños fluviales excitan el apetito, y la hospitalidad de la gente crea el contento en torno de los limpios manteles. Galana tierra de bucólica, si engendra héroes, les impone la ecuanimidad de la naturaleza y les siembra en el alma un grano de poesía. Tal es el solar de Antonio Portocarrero. En la soledad del enclaustramiento, ¡cómo le alegra la visión del riente valle nativo, y con qué placer buscaría reposo y olvido en sus montes fragantes! Cada casa, todos los árboles, las vueltas del río, las piedras de las veredas, presentes en su memoria, le evocan mil incidentes que podría hojear ahora cual páginas de álbum iluminado. Su primer recuerdo data de los cinco años: una vecina entra de improviso en la casa tirándole de la oreja y acúsale de haberle sorprendido con su hijita, escondidos entre la ropa sucia. «Jugábamos a los matrimonios», balbucegirimiqueando, y la madre, entre bromas y veras, asienta: «comadre, amarre su gallina que yo tengo mi gallo suelto»; pero a renglón seguido, con un rebenque, le aplica en las espaldas la primera prédica de moral y la mas elocuente demostración de la existencia del pecado original. Diablo de chiquilla aquélla, le

aventajaba en dos años y fue su iniciador. ¿ Qué será de ella? ¡ Honesta casada> sí, y cargada de hijos! Los ojos le echan chiribitas. Hasta los ocho años su vida transcurrió entre juegos con la chiquilla, perturbados por las insinuaciones tempraneras del genio de la especie, y baños en el río, en compañía de las vecinas. ¡ Qué cosas veía!.., y tanto, que alguna guapa moza, advirtiendo su embelesamiento, exclamaba: « ¡miren qué ojos tiene este malvado!». Cada día le aportaba en sus horas un momento de dicha. A la sombra del mango frondoso que asombra el patio, después del almuerzo, su madre cocía en paila de cobre, de interior estañado, sobre cuatro piedras y a fuego de leña, el dulce de leche, industria famosa del lugar y de la cual era ella especialista Toñico, como le apodaban, y su novia, en cuclillas, velaban la paila, siguiendo ansiosos los vaivenes de la paleta moviendo la jalea para que no se pegara del fondo. Las bocas se les hacían agua; pero al fin, extendida la pasta sobre la pulcra tabla para cortaría en panetelas, se les adjudicaban paila y paleta. Los pulgares rebañaban veloces hasta pulir estaño y madera. La saliva fluíales por las barbillas hasta los cuellos. Las disputas menudeaban, y afirmando los moquetes el predominio del macho, desmentían el proverbio, pues, a pesar del amor, no bastaba que uno solo comiese. Otro de sus grandes placeres se lo ofrecía el juego de escondite, entre el pajón de la plaza en cuya linde habitaban. En los atardeceres, de la hierba emergía deliciosa tibieza. El abrojo enjoyaba la verdura con sus estrellas de oro. Los cuerpos chafando tallos y hojas, les extraían sus aromas. Los insectos, viscosos algunos, les hurgaban las piernas, picábantes hormigas, y las espinas arañábanles; acontecía también, y esto era lo más terrible, que a lo mejor, entre los matojos, erguíase Pepe, el gallo de la casa: la cresta sangrienta, las barbas trémulas, erizadas las. plumas, hiriéndoles casi con sus pupilas vidriosas. Molestado en su señorío, empinábase con gravedad cómica, presto a defenderse con sus afilados espolones. ¡Cuántas cosas decía aquella actitud de coraje y retroche! y en tales instantes, cortos felizmente, pues el galio convencido de sus pacíficas intenciones, dardeaba su cantio y aleteando con ruido tornaba a escarbar gusanos, Pepe, les infundía más miedo que las correas de su madre a las cuales llamaban: «Juan Gómez, tanto pica como come». Y a través de los años le impresiona aún la gallardía de aquel reto. ¡Ah, si todos sus compatriotas alegaran así sus derechos, no estarían él y otros en esta cárcel inmunda‟ y el país perdido! Cuando había visitas en las casas respectivas, provistos de la merienda — una galleta sobada y media panetela de dulce de leche —, les enviaban a buscar gambusinas bajo un guayacán rodeado de mullido tapiz de hojas muertas, o enlazadas las manos, serios y cuidadoso! de sus trajes limpios, iban al patio de un bohío inhabitado a encelar en una espiga de pata de gallina, un ñoño. de jazmines don Diego de noche, para adornar la imagen de la virgen de Regla, santificada en los hogares. ¡Dichosa edad! Cumplidos los ocho años, sufrió los primeros cambios desagradables en su vida. Terciada al busto la saqueta de tela con el libro primero de Mantilla, pizarra, cuaderno de escritura, tintero, pluma y clarión, tomó el camino de la escuela de varones. En su casa había aprendido a deletrear, y la escuela fue siempre castigo con el que su madre le amenazó. Ya no le llevaron más a bañarse con las mozas del vecindario, y terminaron los retozos en la grama con la chiquilla. Medrado el cuerpo, la musculatura se anunciaba vigorosa. Nadador como un pez, exploró el fondo de los charcos del río; jinete audaz, echarle la pierna a un burro y tirarle del pelillo obligándole a corcovear, era su placer. La escuela convirtióse pronto en sitio de recreo: la lectura, algarabía coreada, y en los ratos de silencio, una mosca que volaba con un rabo de papel hacía estallar las risas. El‟

maestro manejaba recia palmeta de roble. Los chicos se untaban ajo en la palma de la mano, suponiéndole al zumo, según fama, la virtud de partir la madera. Y con qué hombría las extendían saboreando de antemano la venganza; pero la palmeta resultaba intacta y la mano encandecida. ¡Cuántas ilusiones como ésa habíanse desvanecido en sus luchas con la fuerza! Además de las vacaciones reglamentarias de estío, las de Pascua de Navidad, Semana Santa, los domingos y las numerosas fiestas de guardar, los más de los días eran de asueto, ora por quebrantos de salud del maestro o de los hijos, ora por partos de la mujer y otras causas domésticas. Cuando las puertas del aula cerrábanse, abríanse las del campo. Aquello sí valía la pena. El río, con sus hondos remansos y su rápida corriente, ofrecía liza a los ardidos, quienes zambullían hasta coger arena con la boca o se dejaban ir aguas abajo. Agazapados en las cucarachas del cascajal, atisbaban a las lavanderas que, las faldas arremangadas, bateaban en las grandes piedras marginales, y a las bañistas, al salir, modeladas las formas por la camisa mojada, o cuando tendidas boca arriba, el agua borbollante les cubría el pecho de encajes y las descotaba o alzaba la fimbria, descubriendo ocultas delicias. Si la imprudencia de alguno les vendía, arrancándoles a la contemplación golosa de un blanco muslo venusto, perseguidos por gritos y maldiciones airadas, partían cual potricos por sobre los cayados calientes. Pero mejor eran las carreras en burro, en pelo, en la sabana, y más todavía, una pelea. Dividíanse en dos bandos, uno en cada ribera, baecistas los unos, azules los otros, afiliados de acuerdo con las simpatías partidaristas de las familias. Servíanles de proyectiles los duros cocorrones del guayabo, y se batían, reidores, regocijados, arremetiéndose en el agua misma, con las peripecias de la refriega, hasta que una de las dos guerrillas ponía en práctica el «pies para qué os tengo», o un guijarro lanzado por mano artera, hacía una baja, que conducían a la casa entre gritos de protesta, mientras el aporreado sollipaba presintiendo que encima del chichón recibiría una cueriza. Antonio, de tarde en tarde, placíase paseándose solo por la sabana. Echado sobre la hierba rica en esencias, observaba el cielo azul, muy alto, hasta la hora en que los chivales entran en la población, la abuela a la cabeza, y en pos de ella, en ringla, el cabrio barbudo y apestoso, las hembras, con los cabritos pegados a los pezones, en tanto que berreando los chivos triscan con las madres. Así, iguales, sucediéronse los días medidos por el toque, a la del alba y a la oración, de las alegres campanas de la iglesia, hasta la madrugada de noviembre en que, a horcajadas sobre un caballo, emprendió el camino de la Capital. Contaba a la sazón catorce años. Desde meses antes, un su tío, informado por su madre de su inteligencia y progresos en la escuela, de la que era el primer alumno, había escrito pidiendo se lo enviaran para que ingresara como interno en el Colegio San Luis Gonzaga. La partida, prorrogada de semana en semana, al fin se fijó para después de las fiestas de la Virgen, aprovechándose así la compañía de los capitaleños que viniesen a ellas. ¡Nunca fueron las fiestas como aquel año! Desde las vísperas se animaron las calles solitarias por el tráfico de campesinos que vienen a mercar, y de las pandillas de muchachas, que afanosas y parleras, recorren las tiendas en miras de las novedades recién llegadas de la Capital. En la iglesia se hacen los preparativos, y en las casas el trajín doméstico se aumenta con la labor de pintarlas de nuevo. La cosecha de café fue buena, y todos tenían monis que gastar. La orquesta de baile llegada de Santo Domingo estaba formada por los mejores

instrumentistas, y, entre ellos, el bombardino, natural del pueblo. A la alborada, a la salida de misa y de las salves, a los acordes de danzas y valses, sumábase el estrépito de los triquitraques, cuyos mazos apagaban los granujas con pies y manos, de los montantes y de las detonaciones de las cámaras. ¡Y qué misa, la del día de la Virgen! La iglesia de bote en bote. En la tarde, la imagen de Nuestra Señora de Regla recorrió en procesión las calles principales, barridas, desherbadas ex profeso y cubiertas de pétalos multicolores. Seis doncellas cargaban las andas florecidas. La Virgen, con su joyante túnica blanca bordada de oro, manto azul y corona de pedrería, entre cálices, turíbulos, diosa de aquella Arcadia, ponía en cada pecho el contento de vivir o la promesa de un milagro. Teorías paralelas de muchachas tocadas de albos velos, con cirios encendidos hechos de la cera más fina de las colmenas, precedían: una de ellas, la chiquilla, su ex-novia, que, grave, casta, ni le miró. ¡Quién hace cuenta de cosas de niños! Los bailes, rumbosos Como jamás, y hasta le pareció a él que ni las feas comieron pavo, y las notas de las danzas sugerían más elocuentes las declaraciones de amor a los ladinos capitaleños. ¿Y las corridas de anillos y macutos, y las cenas? No, si todo fue magnífico, hecho adrede, para que él no lo olvidara.‟ ¿ Y el Peroleño?... Érase el Peroleño, legítimo descendiente del ilustre señor don Pedro Leño, perniquebrado, pequeño y redondo, el lampiño rostro malicioso, en los labios finos y rojos, sonrisa despreciativa. La nariz remangada; negro el mostacho; la cabeza de escaso pelo lacio, plantada en un cuello arrecho, se iluminaba con la lumbre de los saltones ojos azules y picarescos, hasta la desfachatez. El pecho abultado y los hombros anchos desafían los golpes del contrario. Colocado en su trono, de modo que se moviera al menor contacto, lucía espada, cruces y medallas; cimera empenachada y adarga embrazada en la diestra. En la izquierda sostenía una calabaza o vasija llena de agua de tuna. Los jinetes contrarios, a escape, le pegaban con la siniestra, y el muñeco a su vez, aplicábales un lamparón bermejo. La victoria era de quien salía ileso del encuentro, y para él, la ofrenda de un lazo con ancha moña rizada que antes se ostentó en corpiño femenil, o palma que, las más de las veces,. correspondió al triunfante Peroleño. Toñico sentía cominillo, irresistibles ganas de correr; se le antojaba fácil el éxito: alcanzar el lazo de la ex-novia, ser admirado y aplaudido. Y tal empeño puso, que alguien complaciente le prestó caballo, por una carrera nada más, e hipándose sobre los estribos, pasó, alcanzando al muñeco con tan leve pasa-gonzalo, que apenas si unas gotas señalaron su primera derrota. ¿Y el testamento del Peroleño .... ¡De rechupete! El noveno día, caballero en un borrico, seguido de ruidosa cabalgata de damas y galanes, paseó el pueblo. En las esquinas fue leído el testamento, en verso, con sal y pimienta, satirizando a las autoridades y notables. Al maestro también le tocó su chinita; y cómo la rieron los alumnos, exclamando: "¡ya nos las pagó todas juntas!". Y después, la despedida de su madre, llorosa, repitiendo consejos y recomendaciones. «estudia, sé bueno, que eres la única esperanza para mi vejez». A cada vado del río, el corazón le da un vuelco. De entre los cendales de la aurora, las lomas surgen azules o verdes, según la distancia, y su mirada zahorí distingue con arrobamiento el guano, la

yaya y el maguey que las tupe, y en la vera del camino, hasta a los cayucos, alpargatas y guazábara ve con afecto olvidando las veces que sus garras le sangraron. Desde sus nidos, ocultos entre las madejas áureas de los fideos, chinchilines y julián-chivies salúdanle con sus píos onomatopéyicos, alborozados con su partida que les libra de un enemigo, mientras las campanillas aljofaradas y las carmíneas flores del carga-agua y las cabritas, con la frescura de sus cerezas, le invitan a quedarse. Los viajeros satisfechos, caminan a pares, escapeando de trecho en trecho, comentaban los incidentes de las fiestas. Alguno se confesaba preso entré las redes de una linda pueblerina; otro insinuaba observación maleante acerca de este o aquel acto, que hacía prorrumpir a esotro: «por eso nos llamanbúcaros a los capitaleños»... Y así, entre bromas y chichisbeos galantes, las lindas amazonas y sus caballeros corrieron las catorce leguas, excediéndose de ojos y boca estrepitosa la alegría. ¡Cómo ha volado el tiempo y mudado los hombres y las costumbres! Su riente pueblo de bucólica ya no será el mismo; pero con todo, con qué placer iría a limpiar su cuerpo de las inmundicias de la prisión, tirándose de cabeza en Los tres charcos o en las chorreras de la Piedra del Chivo, para que el agua corriente le lustrara el espíritu puliendo huellas dolorosas... III Cuando Antonio, conducido por el tío Tomás, traspuso el umbral de «San Luis Gonzaga» al día siguiente de su llegada, sintió que algo se desgarraba en sus entrañas. El severo edificio, de dos pisos, adyacente a la iglesia de Regina Angelorum, abría sobre la calle numerosas ventanas altas y bajas y una sola puerta, flanqueada ésta por dos cañones enterrados boca abajo; Convento de clarisas franciscanas hasta fines del siglo XVIII cuartel en 1822 y en 1863. A su vista, el muchacho se había detenido vacilante, sobrecogido, y su tío hubo de empujarle por el pasaje abovedado comunicante con el claustro. El negro portero, que guardaba la entrada como antaño la hermana tornera, tañó una campana. Detrás de ellos venían, en hombros de dos rapaces, el catre de tijera, con su forro de recia cotonía, un lebrillo y un baulito de cedro, herencia de los abuelos, en el cual el cuidado de la madre había ordenado dos mudas de rayadillo y dos de pearl river vuelto del revés, seis camisas y otros tantos pares de medias; jabón, peine, una latita de betún de la marca «El Gallito», y un cepillo, un par de guillotinas de marroquín morado, aguja, hilo, botones, sus libros y útiles de escritorio, y en un rinconcito, envueltas en papeles de seda y estraza, panetelas de dulce de leche, y un escapulario de la Virgen de Regla relleno de alcanfor. El claustro se ofreció a la mirada de Antonio hecha a registrar el campo con todos sus detalles en pocas ojeadas. Era un cuadrilátero en cuyo límite alzábase el primer cuerpo del edificio en todo su largo. A la derecha, un cuartelillo ruinoso; a la izquierda, la iglesia y viejas paredes, y al fondo, el refectorio, la cocina y un lienzo más, también caduco. La mayor parte del espacio ocúpalo el jardín. Dos palmas airosas le forman portada, y lo encuadra una verja de madera descaecida, apoyada en pilares de mampostería. Los arriates, formados por botellas vacías clavadas de pico, están plantados de cien hojas, mosquetas, purpurinas y un nido de amor que se atavía con espléndidas rosas. Erectas cañas de azucenas, suspenden blancos cálices odorantes; carmesíes lágrimas de Venus que acendran una gotita de miel; la humilde flor de todo el año,inodora; amarillas copadas reventonas como su pariente el clavel; celias, modestas rivales de la

la celeste rueca hila el linón róseo de la Vara de San José y el níveo o con purpúreas vetas. Junto al aljibe. Mientras su tío expresaba la gratitud de la familia por la merced de recibirlo gratis o correspondía a las preguntas del Padre indagando por los del lugarejo. un almendro crece a prisa. y en último término. tal una lámpara azotada por el viento. Y tras un imperioso venga. la malva. escaleras abajo y arriba. el Prefecto. se mantenían sobre sus patas por una cuerda enlazada en una de las cabezas. amparan bancos de piedra y nutren orquídeas cuyas flores semejan mariposas. canijo. y momentos después. él examinaba con suspicacia campesina al cura. ígnea mano crispada. apareció la cara pálida. de frutos regañados por las propias mieles. riega granates. vasto salón con ventanas a un ángulo del patio y al coro de la iglesia. La cambutera con sus corales escala graciosamente la verja. El jazmín del Malabar reta a sus vecinos con el armiño de sus pétalos. LaSangre de Cristo resplandece por sus cinco pétalos.de hojas caprichosamente matizadas y el Corazón de Jesús. que cubre con sus ramas sin hojas el brocal del pozo y cuyas vainas negras restallan derramando las duras semillas. y su prima. mientras los pomposos girasoles siguen el curso del astro. nardos. les señaló la puerta de acceso a su departamento. albahaca y reseda. nervioso. y escalera. El cuartelillo está cubierto por las hojas rígidas de la efímera y nocharniega flor de baile y las guirnaldas de la trinitaria. cerrados. propicio contra el ahogo. después de abrazar a su tío. del que tomó posesión. un redondo arbolillo de granos rojos escuda del sol una tinaja de hierro. La mano rectoral sonó por dos veces una campanilla. se mantuvo en pie con el sombrero en las manos. y con su vocecilla aguda y el índice. como si estuviera ganoso de favorecer la ventana del Rector. y en fila. En el curso primario ingresó el . echó a andar a su zaga hasta las aulas. la cayena. apretándole las alas. malangas. Don Marcelino le señaló su sitio. la salvia y la ruda. que saturan la noche con sus aromas capitosos. A la puerta de la iglesia. Aguaceros. al que se llegaba por un pasadizo húmedo y estrecho. el añoso tronco mútilo. hasta el dormitorio. extiende el terciopelo de sus hojas. ceñudo. de los lirios. siguió a aquél por salas y pasillos. alza un solo ramo nevado. parientes y conocidos. el hinojo. la cara de hombre. y entre la coraza verde de las hojas fulge la flor de cigarrón. y en la presencia del Padre. fuerte. a la par. de hojas verdes o manchadas de blanco. En el marco de la ventana más occidental. tal era la fama de su caridad. sendos raquíticos ejemplares de manzano. es un coágulo sanguino. Un cerezo que. con luengas barbas canosas. sarmentoso. rastreando. y dos naranjos gemelos.margarita. cubiertos por sábanas pringosas y teñidas de sangre de chinches. y una mata de rabo de ratón. Cuatro naranjos de pomas de oro. nariz aguileña y finas manos de cera. El Padre le entregó al nuevo interno. sonriente del Padre Billini. comunes ambos al campanario. que rodea su vela blanca con guarda-brisa violeta. Los catres. que se agitaba dentro de la sotana de merino. cuando enfrutecido. y el llantén de hojas y espigas eficaces para colirios y tisanas. de zumos benéficos. cual cinco llamas prendidas por la flecha del pistilo. a quien se le había enseñado a venerar como a un santo. y Antonio. Era don Marcelino. ascética. defendidos por cercas de cañas. Entre el jardín y el edificio. La verdolaga. colocando catre y baúl. un flamboyán. conviven con los orgullosos rosales. de ojos inquietos. aunque las estrellas de sus corolas no hayan sido jamás interrogadas por amantes. Antonio subió detrás de su tío. Con discreción de pobres. por la escalera de ladrillos. la tónica yerbabuena. al fondo. avellano peral. acudió un vejete menguado de estatura.

. sintióse oprimido por una sensación angustiosa. recto el índice y con voz tonante. Hasta un ciento de alumnos los ocupaban y producían constante rumor de colmena irritada. alto. partida longitudinalmente por vigas blanqueadas. A cada hora. entraba y salía a la hora exacta. le sentenció diciendo de él. desde un muro del ex-Convento de San Francisco. que eludía las preguntas que no estuvieran formuladas con las mismas palabras que él aprendiera. fue recuperando ánimo. sin que le percibiera el profesor que declamaba a gritos la lección. a medida que sus ojos reconocían el ámbito. Vestía de dril.por primera vez en un charco hondo del río. azuzados por otros profesores. recorriendo los rangos. él truena predicando a las vecinas y. hasta la meridiana. descubrió caras de compueblanos que le habían precedido. no el método. Por las mañanas. vinieron los apóstoles San Pablo y San Bernabé». en el manicomio. Ni lluvias torrenciales ni ciclones le intimidaban. El Presidente Lilís. se extraviara. a los raros transeúntes. Tocábase con sombrero alón de fieltro blando. se acogió al asiento más próximo a la entrada.recién llegado. sin examen previo. o un alumno que prevalíase de la ocasión para mofarse del maestro. ¡Pobre maestro! Antonio evoca su figura con simpatía. pegándosele al cuello. Corrido. De memoria sin rival y puntualidad intachable. con sus puntos y comas. las greñas aceitosas. todos los libros de texto. y Antonio. entre otros orates que vociferan. comenzaba la clase de Religión: «Diez años después de haber ascendido Nuestro Señor Jesucristo a los cielos. mulato. perplejo. A los lados. escurriéndose. otros más pequeños. Aquí y allá. él imponía la autoridad inapelable de la letra impresa. variaban la asignatura y el número de porrazos. y de tal modo mecánico. sin encuesta alguna que clasificara sus conocimientos. que había experimentado dos veces ya en su vida: una. jamás se violentó contra aquella hampa infantil. y si los discípulos. le llamó con la mano desde el extremo opuesto. le alcanzó. Érase una sala. él mismo con rapidez ensartaba la respuesta. despistado. y otra. grasiento. la zambullidura inesperada y . Cuando Antonio. Y proseguía. pupitres colectivos con sus bancos de pino y. e igualmente de dos a cuatro de la tarde. A las siete en punto de la mañana descargaba otras tantas veces sobre la mesa un mazo. por las cuales se traficaba en golosinas y solía asomar la cara algún muchacho callejero que arrojaba por entre las rejas un grito chusco. si en cortísimo tiempo aprendió sin faltarle una tilde las doscientas páginas de un tratado de Agricultura. Poco a poco. fornido. cuando alguien recomendándoselo enumeraba entre sus conocimientos el latín: . La política le separó de las aulas y le encaramó en la judicatura y cátale ahí. Le revoleaban los ojos chispeando en las órbitas. Del techo pendían dominguillos zarandeados por la brisa. Uno de éstos. y la americana tenía siempre las sobaqueras señaladas por una mancha sarrosa. en los intercolumnios. La sala tiene ventanas enrejadas a la calle. se refugió silencioso junto al amigo y continuó la inquisición. acosado. interrogaba sin que nadie le contestara. Recitaba. el día en que vagando solo por la sabana. Este. a manera de columnas. A su paso. suscitábanle discusiones. estalló un coro de risas: le habían lanzado un monigote de papel con una pelotilla mascada que. para obligarle a razonar. temblequeaba por la espalda. largas las uñas y con orla negra. Su paciencia superaba a su memoria. marcada en el reloj de níquel con gruesa cadena de plata.

A las veces les golpeaba en las corvas con una maceta de roble. era una jauría. quienes pintando monos en los cuadernos o peleando pajaritas de papel engomado. atados a una vara. escalas y argollas. airado. ni perdonó jamás ni acarició nunca. Los había vestidos con lujo. El viejo desfilaba pegando. A las cuatro. bajo el ojo de don Marcelino. expósitos y vástagos de familias potísimas. don Marcelino oyó sus relaciones y le despertó macerándole con la soga las flacas carnes desnudas. y a éstos se agregaban los externos que sólo concurrían a las clases. los muchachos. Mientras profesaba. Antonio fue a sentarse en el cuadro . o los denunciaba alguna venganza empapada en lágrimas.«malo. o hacer en el suelo determinado número de cruces con la lengua: las frentes sudorosas manchábanse con el polvo rojizo. grabando en ellos palabras obscenas. a caza de mutuas simpatías en los rostros vecinos. Adivinaba a los delincuentes. estudiando el terreno. A la verdad. don Marcelino. con puerta al pasillo de ingreso y ventilada por una claraboya. según publicara un periódico local. y cuando el muchacho se regodeaba. En el internado se mezclaban orígenes y colores. o a ley de Bayona. A los impenitentes metíanles de pies y también de manos en un cepo. después de más de hora. el pelo enredado. que se aplicaba en cuclillas. su voz ordenó «rompan filas». pero ligados todos por dos sensaciones: hambre y miedo. Durante todo el primer día. la piel curtida. Ex el Prefecto. para ellos encarnaba a Satanás. El demonio castigador. implacable. aparecía. Siempre zahareño. pobres. Antonio permaneció quieto. en dos. Sólo el alcohol le dominaba. Disputaban. pues ninguno tenía puesto fijo. Antonio no olvidará mientras viva la sorpresa dolorosa de una madrugada: soñando hablaba en voz. con las orejas terrosas. Para las faltas graves existía el calabozo: covacha obscura. desollábanse las rodillas y sangraban las bocas. entreteníanse. malo. alineados o en pelotones. otros harapientos. volteaba por sobre su cabeza una pita del grueso del pulgar. el cigarrillo en los labios. quienes labrando con un cortaplumas la madera de los bancos y pupitres. y cuando la tisis le extinguió el aliento en los pulmones. la reata se desbordó en todas direcciones. concluidas las clases. Viejo terrible. pulcros. piojosos. que seguía la maniobra hasta que huía la víctima o se doblaba sollozante bajo el flagelo cruel. sañudo. Luego el Prefecto mandó las evoluciones militares. pero su fiereza no igualaba al inquisidor. confesó haber sido uno de los que en la calle del Turco. o con la cabeza debajo de los travesaños de bancos y sillas. creyéndose a salvo. debajo de la escalera principal. y cuando al fin. fingía equivocarse con el vecino. de limpias ropas reveladoras de los afanes maternos. huérfanos y ricos. asesinaron al General Prim. aquella congregación. constantemente renovados. y así pasaban horas aduncos o tendidos sobre el piso duro y meado. en el espacio medianero entre el jardín y el edificio. recibía el formidable latigazo. reñían. receloso. por debajo de las corvas y sobre los codos. y ejercitarse en barras paralelas. y cuando el escándalo invadía las otras aulas. además palmeteaba a trocha y mocha. saltar. negro que sabe latín se vuelve loco». Los ingenuos echábanse de bruces escondiendo las caras. sordos a sus lecciones. al servicio del más rico y del más fuerte. calzados de cabritilla. el profesor de gimnasia les hizo mover a compás las extremidades. acercándose. Otros castigos consistían en arrodillarlos con los brazos abiertos. alta. enternecido o vicioso. con alegría bulliciosa de la toma que arrolla la presa.

crecían guineos. convidando al zumbador y a los chicos con la pulpa roja de sus abiertas cápsulas de oro. había o no robado tierra. Se plantó. En las mismas celdas de las monjas. señal de reto. los demás jugaban a los toros. y entonces acataron todos al triunfador. La riña había terminado en el mismo instante. Tales partidas efectuábanse a resguardo de la mirada zahorí de don Marcelino. Alguien le colocó una pajita en el hombro. le confió sus secretos. La puya se le clavó. luego del recreo y la cena. o con el chato. pero Antonio conquistó de sus pares respeto y también un mote. y desde entonces. más o menos de su tamaño. es decir. Para tales comisiones escogíase a los mejores o a los más hipócritas. que recogidos en la palma de la mano eran lanzados de punta al canto de monedas o botones. como en los charcos del. El cundeamor. sumó amigos y restó simpatías. otros dábanse a los bolos. El mayor interés estaba en las disputas por los distintos valores de las bolas de vidrio. la cabeza gacha. vigilada por un decurión. en una o varias veces. le embistió derribándole de soberbia morrada en el esófago. adaptado a los medios naturales. el ovejo. con usté no va ná». la que le otorgaba autoridad de segundo sobre una sección de diez. pronto se adaptó. lapatilla y el melón extendían sus sarmientos. entre los siete y dieciocho años de edad. rápido. ganándose tantas cuantas en él cayeran. conociendo a cada uno de los condiscípulos. lechosos. descubría que también allí sobraban medios de solaz. y ya al morir de cabeza. También se jugaba al hoyo. o los belicosos firmaban la paz en el calabozo. jadeante. intactas aún las cuatro paredes de algunas. por lo cual las intervenciones del zurriago eran frecuentes. cuya nostalgia sentía con intensidad. y por los turnos de salida para determinar quién era el mano. el temor a don Marcelino y la morriña hicieron de Antonio un colegial modelo. La congregación sumaría hasta unos ochenta.formado por bancos de madera entre el aljibe y el pozo. que mató. que reía enseñándole los puños. Le miró sin ira. Los demás se arremolinaron. una lasca redondeada y semillas de cajuil. «compai Toño. La escobita respetaba tan sólo las construcciones pétreas de antiguas tumbas. Las parchas y caguazas cuelgan. el mismo juego de bolos. bolones. o sobre si el contrario al disparar un por todo lo que coja o un ponte allá. Los mayores conversaban o leían. y . y la gritería manteníase siempre en el tono más agudo. hiriéndole en los amores por su pueblo. al menos en su presencia. mangos y caimitos. habiéndosele promovido a la categoría de ayo. tejiendo mantos de verdura. y otro sentenciaba: «su madre del que acuse». En las primeras semanas. aguas y güesos. El vencido se levantó. o bailaban trompos. debía salir del espacio demarcado por una raya. fifises gaticas. de colores. duchos en «tirar la piedra y esconder la mano». Entonces otro gritó: «banilejo. situado detrás del claustro. El patio. que consistía en introducir monedas desde una distancia convenida en un pequeño agujero escarbado en la tierra. desgarrando las pantorrillas de quien buscara en su maraña el gordo fruto escondido. el trasmano. Los más pobres contentábanse con la rayuela. mientras le decían «yo soy tu amigo». Las riñas menudeaban. aludiendo al cuento que pretende que las chinches fueron traídas a la capital por los habitantes fugitivos de Baní cuando la invasión de Dessalines. clasificadas en razón del volumen y pintas en su germanía. pues ningún sedante más eficaz que aquella suerte de caponera para calmar iras y olvidar agravios. Antonio buscó en torno suyo otro pollo. Mas. En el recreo dividíanse en corros o se aislaban. cubría las tapias. bolas. río y en el pajón de las sabanas. Baní no tuvo más chinches. y como viera uno. a lo cual llamaban la moteca: el ochavo o el botón. fingiendo uno de bicho con un palo en los dientes a guisa de cuernos. sitio de descanso. El chayote y la auyama. advirtiendo el cogote recio y las manos encallecidas por las jáquimas. chinchoso». el trastrás y el porra.

a la hila. y antes de dormir. algunos de los cuales pudieron ser consumidos por el fuego bíblico. ¡ y qué gabacho! Aún retiene una frase de las que ululaban en coro: . o jobos. pura jerigonza. . padecen en el espacio estrecho de las aulas. tal como la frase del «saber la luz». De cuatro a cinco. ¡Y luego. en el que las expansiones naturales eran comprimidas por la vigilancia del Argos. invierno como verano. completándose en éstos el denominado bandera nacional.. Allí lo pasaban mejor. El trayecto lo amenizaban con una canción en francés. en torno al brocal del pozo. pero en cambio repetíanse los ejercicios militares y se cantaban las Letanías. en donde. Para Antonio. y luego. Aquello era de verse. gimnasia y ejercicios militares. interrumpida por quejas de vecinos quisquillosos. como no había baños en el plantel. De nuevo al estudio. en fila india. convertida en «Isabel la aguja». cosechados en el propio colegio. en ringla. peinados. bostezando. vestidos.. comulgaban aquellos a quienes le cumplía. luego. y así por el estilo. Su inquietud de azoguillo. Una hora de estudio. vaciándose encima cubos de agua acarreados por cada quisque. ante una imagen de cuerpo de la Purísima. sin el alboroto y regodeo de las cátedras. sin concierto ni sentido. Luego otra hora de estudio. que algunos (entre ellos él). o mangos. o caimitos. carne guisada. preciso es trepar por los bejucos tramados „que suelen ceder al peso. baño general. el convento en pelota. aspirando el olor de la tierra y el aroma de las plantas en aquellos boscajes. faltaban para que los encerraran en el calabozo. ninguna distracción vale como tenderse boca arriba. la de alba. a la cama. clases. tan uniformes y reglamentados los días! A las cinco de la mañana. causantes de una dosis temprana de rebenque. Y ¡qué latín!. sus ojos y piernas habituados al campo sin vallados. Tres campanadas ordenaban silencio. según la estación. y tras de cantar las Completas en latín de cocina. y diez minutos después. con boca— y ésta sazonada al ir y venir con un coro en español. y corno postres dos guineos. peccato gomorrhoerum dijo el santo sienés. ¿Y los domingos? ¡Tremendos! Obligados a levantarse para asistir a la primera misa. la voz imperativa del Prefecto despegábales las sábanas. al refectorio a desayunarse con una tacita de café claro y un mollete de pan de dos onzas incompletas. hechas las abluciones con poca agua. y a las doce el almuerzo: un plato de sopa. ni los esclavos africanos de Roma lo entendieran. A las seis. Una hora más de estudio. Los sábados se suprimía el estudio en la prima. una hora de recreo. al cabo del primer mes acepta. Sólo los primeros domingos de mes se les permitía salir hasta el atardecer. sentados en el salón de estudio. maguer las amarguras de entonces y los dolores de hoy.te peti-pié de la yurné. para la cena —pocillo de cacao y un pan seco. y antes del segundo. la vida del colegio se le va haciendo soportable. comenzando las aulas a las dos.para alcanzar sus nectarios. arroz y frijoles colorados. y por el permiso. se enjabonaba. en el cual nadan fideos. dirigíanse al salón de estudios. Transcurridos los primeros días. De siete a once. El recuerdo de tales cosas le hace reír. y otro de plátanos salcochados. destituido de su cargo honorífico de ayo. En seguida. o subir agarrándose de los agujales. que por parejas se les concedía para ir al patio. ha recorrido la escala de los castigos y sido clasificado entre los revoltosos. y entre días. y cuál sería el fastidio. cantaban las primas en latín.

. Esto llamábase hacer un nido. consumaban el despojo. en otoño jobos. Había. en la noche vagaban las ánimas en pena de aquellos cuyos huesos suelen encontrarse excavando el suelo o que reposan en las tumbas de cal y canto que aún existen.Pero tan monótona existencia. y en invierno. con puños. uniformados de rayadillo. haciéndoles otomías a los campesinos que allí trafican. tan provisto de frutales como un huerto. traidoramente esgrimida. Don Marcelino. el patio. provistos de una funda de almohada. recogidos en la madrugada. hasta curazao o hasta santomas. goteados o trepando por las ramas a favor de las paredes. rebasando la punta de La Torrecilla. uñas y dientes. y la irrupción en las quintas vecinas. tenía sus variantes. hecho entre risa y pavor. de haber tragado agua en un cantil. mas. Esta era hazaña de los mayores. desnudos. se deslizaban hasta los naranjos. cajuiles. jarto reso y conservas de coco y naranja. naranjas. ¡Zoquete quien revelara! Antonio aprendió en sus propios carrillos que importaba más callar. pero como Antonio poseía la maña necesaria para captar las gallinas que dormían en el higüero del traspatio. con los correspondientes baños en los remansos del río a la sombra de ceibos y copeyes o en la playita del Retiro. y así. y alguna vez cuchilla. La rapiña de éstas constituía la más escabrosa empresa: por claustro y patio. desguazando mangos. a gatas. los bananos. se ventilaban las cuestiones de honor. mangos y caimitos. a pesar del tirano que la regía a precio de cardenales y encierros. por la rejilla del confesionario. les brindaba. con sus opimos racimos que. o se disponía una confesión general. participaba en ellas. Toño era de los valerosos. según las consejas. pues. devorados en conventículos. naranjos. cabeza. o por El Placer. o el brazo en cabestrillo y con el relato. y empinados sobre los poyos de piedra o resistiendo clavadas de espinas y rasguños de los muñones resinosos. separados en manos y escondidos entre las cepas. pies. cuya madera frágil causaba frecuentes caídas. heridos los pies. hinchadas las caras por la ponzoña de las avispas. arremetía al modo de amigable componedor. y los paseos en bote hasta los Tres Brazos. Cuando acaecían tales depredaciones. En primavera y verano. También se robaban las gallinas en complicidad con el propio cocinero. el secreto se conservaba fielmente. el patio con sus escondrijos era palestra: a pares o en pandillas. a vergajazos. Desde las ocho de la mañana. ahogándolas sin que gritaran. y en una cinta negra en letras doradas «Colegio de San Luis Gonzaga». manifestábanse entonces el polvo en el piojillo de las horas. De tales correterías regresaban algunos. Durante el día. Los domingos primeros de mes eran gloria pura. encontrábanse baúles y pupitres atestados de naranjas. no pasaron más pecados que los comprendidos en los cuatro primeros mandamientos. Sonadas las doce. con paradas en el pueblo de Los Minas. para comprar casabe de ajonjolí. mameyes y cocales. para sancochos y locrios. y los árboles que la víspera fingieron grandes vasos de malaquita incrustrados de áureas gemas. a los doce días cabales estaban maduros. caimitos en Pajarito o limoncillos en San Carlos. amanecían libres de las pesadumbres de las pomas. y al pequeño mercado del Ozama. se practicaba un registro. y las excursiones a comer guayabas a los montes de Galindo. se desbandaban por las calles capitaleñas quienes tenían en la ciudad familias o encargados. disputándose quién nadó hasta peñita. Además. Las aventuras de tales asuetos eran tópicos para el mes: el baño en la playa de Güibia. gorras de paño azul con viseras de hule. que así se nombran las tres peñas que casi cuadran el hondo y amplio balneario. de enero a diciembre. pues forasteros y huérfanos quedaban en libertad en el jardín. y el calabozo apaciguaba los ánimos. o a pedrada limpia. que no temerles.

con el amargor del palomo. espolvoreado con canela. revestida de cándida sobrepelliz. Así discurrían semanas. Dos veces. Antonio se ríe. gandío! ». presidiendo su imagen. tal un instrumento de tortura.Pero entre todos los del año. deleitándose. dos días magnos. El Padre. los chupa-bebis. baqueanos de los caminos de Güibia y de La Fuente. que al romperse corren por las barbillas. pudines de a dos libras. santo joven Luis Gonzaga»—. las pastas de leche. sin derecho a repetir. y a chupar carreteles le condenó mientras los demás engullían tiernas pechugas. echando de menos el bullicio del colegio. se abrían y cerraban apuñando los piñonates melcochosos. Al primero se le hacía el novenario. los pies. de esos pollos silvestres nutridos con hierbas . intercesión que. señalábanse en el calendario del Colegio con dos cruces: el del patrón San Luis Gonzaga. blanqueados con suspiro y adornados con grajeas. El Padre pagaba. y de los guayabales de Galindo y la Fagina. corrió a encerrarse con su botín. El segundo sobresalía por la copia de regalos. ésa y una madrugada en que. criados entre las faldas de la madre. en viéndole pasar. y le manearon. San Francisco Xavier. de corazón fundente. y en la mesa. el bienmesabe. el azucarado huevo-mejía sobre papelitos de veriles plegados. se indultaba a los presos y se penaba a quien fuese con chismes y quejas a los superiores. meses. los frágiles y levemente dorados merengues. reposado arroz con leche. el alfajor empolvado como presumida señoritinga. únicamente. dispéptica. llenas de fragantes licores. la capillita del estudio. las palmas agobiadas. confites y una banderita en el ápice— que entraban majestuosas en manos de la negra azafata. chinchosos. su presa preferida era el pescuezo. Desde la víspera de ambas fiestas. las botellitas. y los gordos canteros de pan de batata. que después de las mosucasdel colegio. a filo de las tres. en su mayoría golosinas —frutas. A cada paso. todo medido. le tenía ojeriza. ¿y no había inventado ¡mal rayo lo partiera! que del pollo. Además. después del mediodía. traían su venta íntegra. fuentes de trémulas natillas. exclamando en tono tanto más alegre cuanto era raro. jamás mereció la merced divina. En las primeras vacaciones de verano se hospedó en casa del tío Tomás. «¡muchacho gandío. pero cuando pasaron las mariposas de San Juan. y eso era lo de p p y w. siendo lícitas todas las diversiones. se fastidió. recordando aquel su salto felino. empaladas las distintas figurillas acarameladas. se les autorizaba el asalto a las bateas de las vendedoras de dulces que. sabrosos muslos y alas. ¡cuánta cosa buena! Los bolsillos atestados. de pasta tan suave como los bizcochos esponjados. que los pilluelos cazan en las calles con varillas de coco. sonándose la piel de la barriga como un tambor. pegados en las orejas. regañona. y ¡con qué ganas!. a compás del chorro: « ¡ey. y ante ella cantaban a coro —«pide a Dios que yo te imite. Era el Padre que venía a despertar a los acólitos que le ayudaban a misa. ey! ¿quién es el soldado meón? ». miraba espantada cómo aquellas manos ágiles. en cada dedo un dulce. su voz estridente gritaba: «este condenao me está perdiendo mis hijos». si la hubo. años. rompió a reír. Los primos eran tímidos. surgió de las tinieblas mudas. cual cangilones de noria. y como esto lo sabían las interesadas. tenía ganas de sentirse pinpin. suspendíase toda suerte de castigos. él. y el del Rector. vestida de limpias y sonantes sayas. y ésta. acostumbraban poner tienda bajo la propia ventana del Rector o a la sombra de los naranjos de la Virgen. a pesar de la garantía. orinando por una ventana del dormitorio que daba al claustro. con prohibiciones. para caer sobre la repleta batea de la mulata curazoleña que. en busca de un rincón oculto entre cepas y sarmientos para darse un atracón. le oyó la voz cantarina.

alternando. si la naveta. en ayunas. un oficiante desapegado. no podía reñir por parejo con quien remataba una disputa con un «tu tío es un ladrón». y púrpura y sobrepelliz dieron en el calabozo. le fulminaba con las miradas. por supuesto. inteligente. ninguna huella en su espíritu. seguro de que sólo el catedrático caería en la cuenta. El escozor de semejantes agravios removíale las entrañas.. se desvanecía de rodillas en las duras gradas del presbiterio. y en veces. y el hijo de. que una noche. En la prima noche. Los éxitos le acercaban más y más a las puertas del plantel. se le olvidó el texto. reventaba de satisfacción. Entonces. rodeado de beatas hediondas a andullo y a cucaracha! Empero. quienes en él vinculaban el éxito de los exámenes. griego. pero sí castigó siempre. . El Padre le hizo monaguillo y lo trasladaron al dormitorio de los que pagaban. cansado de encontrar aquel diablillo en la sacristía. próximo al departamento del Rector. Sus conocimientos crecían más que su cuerpo. desde las cuales se espiaban los patios de las casas fronteras. engullirse los recortes de las hostias. Antonio demostró los buenos elementos aportados de su pueblo. encarnado como pitahaya. tercios. predilecto de los profesores. le zamparon en el cepo. reuníanse las familias de los alumnos. expiraba bajo su puño en los labios ensangrentados. ¡Cómo escamoteaba padre-nuestros y avemarías. alentando envidias y rivalidades. confesaba y comulgaba con más frecuencia. si le hubiese oído. conjugó los verbos ser y amar. mientras el maestro. de puntillas en la tribuna. con la sotana de púrpura. los jurados y los profesores. en cambio. de las suntuosidades litúrgicas. las injurias alusivas a su madre. novenas. fue un buen alumno. aunque desaplicado. atento más que a las puertas del paraíso a capar el dinero que los feligreses depositaban el cepillo. pronunciar con genial desenfado el discurso en español. sin medir el tamaño del contrario. Allí estaba más a sus anchas. balanceábalo de manera que las brasas cayeran sobre la gente apiñada en las bocacalles del trayecto. y tras una maldad de a folio. Estas punzábanle conmoviéndole hasta las lágrimas. hacíase notar por sus travesuras: si le confiaban el incensario. de las frecuentaciones de la iglesia. echando el incienso en cantidad producía humo negro y de olor ingrato.aromáticas? En las vacaciones siguientes. Fue. ganó varios premios. tres veces al día. aludiendo a que aquél era empleado de aduana. pues en esas ocasiones recitábanse hasta en latín. los muchachos repicaban su goleta. con engañifa. francés e inglés. cuando una piedra certera no le rompía la cabeza al infamante. Mas. Al cabo de los años. el colegial a quien se le confió el griego. Don Marcelino vigilaba menos y se emborrachaba en grado tal. y sin vacilar. pacientemente aprendido. para maravilla de la concurrencia! Cierta vez. mañana para ayudar a misa. así. En las procesiones. Por otra parte. se quedó en el colegio. en el gran salón de actos. con altas ventanas enrejadas a la calle de la Universidad. y en las fiestas solemnes. que en el pueblecito batía el dulce de leche sin cesar para vestirle. levantábase a las tres de la.. y descendió saludado por salva de aplausos entusiastas. salves. y cuando de gala. En septiembre ascendió. y aprovechar los cabos de velas y cirios para fabricar gallos y boliches. sintiéndose alabado cuando atravesaba el salón con su carga de premios. ¡ Si en tales instantes triunfales le hubiese visto su madre. en realidad. el Padre le arrojó a puntapiés. ¡Cómo bramó el viejo inquisidor hasta que el propio Padre lo libertara! En los primeros exámenes de fin de curso. finando su servicio religioso sin haber cultivado la matita de mística reseda. acumulaba sobresalientes. el tío Tomás había mejorado de situación económica y le enviaba la comida.

La Historia le enseñaba con sus espejismos el secreto del poder. con fama de valor e inteligencia. Pío IX promulgando el dogma de la Infalibilidad. sus placeres y sus beneficios. congregó en torno suyo a los azules liberales. que ya había ejercido la magistratura. de rato en rato. dedada de miel en el áspero cáliz de las flores. y que. . laborioso. alias Lilís. leía con avidez. valor. Antonio apartábase de los entretenimientos. eran dos estampas: la una. empero. a Moya. de repente. tenía en su haber los resonantes éxitos militares del Cibao y Boca del Vía. Instalado en ella. joven de atractivo talante. con algo de donjuanismo. propios de sus años. la otra. En las tardes. seguido de tropas y de muchedumbre. Estas nociones científicas alimentaban su mente. la gente ignara creíale brujo. escapar por los patios. señor de horca y cuchilla de la Línea Noroeste. vagamente supuestas. y. y él. vencido por su rival Heureaux. huyendo hasta ganar la provincia de Azua. luciendo al sol la membrana traslúcida del cuello. mas el dardo. perseguido. no retrocedía ante los obstáculos ni le temía a los muertos. inteligente. Rompía el silencio una lagartija reptando entre el follaje. aunque huérfano de popularidad. y Benito Monción. muerto un yanqui. atraíale con sus encantos de poesía y misterio el estudio del cielo. imaginando una vida gloriosa de luchas y triunfos. quedábase mirando a aquel poderoso. energía. de quien se había sorbido «Los Miserables». le mordió. y quien. levantando el cuerpecito. le escupió con rabia hasta dejarle túmido el rostro. en los guarismos que escribía con tiza en el pizarrón. acosado. en la cual las lianas habían tejido una hamaca. solo. sirviendo de cimientos a la empresa. un grabado de «El Correo de Ultramar»: el entierro de Víctor Hugo. herida su señora. atemorizada. un cromo. La una proclamaba a Ulises Heureaux. permaneció clavado muy adentro. a la juventud recién nutrida por las doctrinas de Hostos. en un féretro. Veíase muerto. y Monseñor Strossmayer irguiendo su rebeldía en el púlpito. hasta que una ráfaga retozando con las anchas hojas de los bananos. enredábase en mil cálculos por los que llegaba a ser presidente de Francia. aun cuando en las mismas filas militaran. A medida que sumaba ciencia. Era inexorable. resolviendo problemas aritméticos o ecuaciones algebraicas. a la postre murió por su propia mano. se recogía con un libro en una apartada celda del patio. La otra. o bien subyugando hombres. Dos candidaturas presidenciales se disputaban el triunfo. Sus imágenes de la gloria y grandeza humanas. y en duermevela delicioso. le placía más la soledad. la Capital estupefacta vio cercada la casa del ex-presidente Guillermo. y a cuantos poseían aspiraciones y soñaban con el progreso. además. entregábase a divagar. Meses atrás. en el concilio de mitras deslumbradoras. le pateó. Cuando un enemigo caído le gritó que su padre fue al lugarejo a darse baños porque estaba podrido. después de apagar a tiros las lámparas. durante el recreo. y. en donde se alzó en armas. le ofrecía.haciéndole llorar entre las sábanas. que por cierto no fue de gracia. sus virtudes: audacia. IV Corría el año 1886. su primer dolor de hombre. conmilitones de los tiempos pasados. encalabrinada por la lectura de las novelas de capa y espada que le prestaba el guardián complaciente de la biblioteca pública anexa al instituto. presentía la fuerza del oro. Presidía la República un general de treinta años.

a lo cual opuso el Presidente: «no. Miguel Ángel Garrido. La tarde de un domingo. Y un coro de carcajadas acogió la ocurrencia maleante. exprimidos de la malicia campesina y de. cambiando los nombres para que sufragaran dos veces y hasta tres en un colegio. Mariano A. altivo. En la capital. y que no se cayó un día que se le encabritara. entre estandartes. y travestidos. Votaron las tropas. banderas. la observación urbana. tertuliaban hombres notables. se dividían en moyistas y lilisístas. y al pie de los Manifiestos impresos. Cestero y José G. con calor. en donde se efectuaba la función electoral. se libraban batallas. un negro lacertoso y bellaco. músicas. García. en el atrio mismo del Palacio del Concejo. que servían a Lilís en décimas chispeantes. A la octava siguiente. los moyistas protestaron. apretábanse millares de firmas de vivos y difuntos en pro de cada uno de los candidatos. Una madrugada. En pequeñas . En todos los pueblos de la República ocurría otro tanto. perteneciendo la supremacía al grupo que contara con la autoridad. La juventud recién salida de las aulas de San Luis Gonzaga y la primera hornada de la Escuela Normal. amén de repetir en San Carlos y Pajarito. Y el mismo Presidente solía concurrir aportando comentarios picantes. Los comicios duraron tres días del mes de julio. los de Lilís. frente al parque. Por las ventanas del colegio entraban las lenguas de fuego que abrasaban las calles. Referíase. rociaban la arena con su partidismo ardiente. fue el turno de los lilisistas. pugnando por Moya. Los adictos se agradaban luego. la imagen de Nuestra Señora de la Altagracia. desfila por las calles brillante y numerosa manifestación moyista. A las adhesiones sucedíanse las protestas por usurpación de firmas. oponíase el ingenio del poeta Scanlan y el del coplero popular Juan Antonio Alix. cuyo tío es partidario de Moya. custodiada por centinelas. Los Comités Centrales dirigían con tesón la campaña. soplan las llamas. y en las propias barbas de las Comisiones fiscalizadoras les sustituían los votos. su tipo predilecto era uno de sus profesores. A la oratoria cordial de Federico Henríquez y Carvajal. En las aulas. ya la cabeza había alcanzado la plaza de la Catedral por la del Conde. Los externos traían el eco de los sucesos. el negro llora de noche». Ambos candidatos tenían para su guarda y defensa escolta de valientes. En la Librería. vivas y cohetes. tomando el camino del Cibao. cierta mañana. y los periódicos. primero de uniforme. se siente solicitado por este candidato a quien había visto alguna vez jinete en potro overo de larga cola. repitiendo que cuando la cola estaba en el arquillo de la calle Santo Tomás. se les conducía en rebaños. más agresivas en el uno y no menos tenaces en el otro. Moya montó a caballo. había aparecido escrito con carbón un letrero que decía: abajo el negro mañé. recogiendo las palpitaciones de ambos partidarios. inferiores en cantidad.. a pedradas. A los campesinos se les afeitaba. de las conversaciones y disputas escuchadas en las casas. con el imperio de sus nobles pasiones. y el vocerío de las fiestas cívicas transponía los altos muros. en banderas y en indumentaria. que en la casa de Lilís.La atmósfera se caldea pronto. Los boletines por Moya lucían en el reverso los galanos colores nacionales. Además. el fogoso. García opina que sólo el propio Lilis podía haberlo puesto. en el cual confundíanse el amor a la ciencia y las simpatías por el caudillo. llevando la voz cantante. y entre los plátanos. con un gran perro al lado. después de paisanos. entre todos los que luchaban en la prensa y la tribuna.Antonio. Apoyado por la autoridad. en la mañana y al crepúsculo. coaccionaba.

En la segunda quincena del mes se celebraron los exámenes. las alegres canciones de una parranda rompen el silencio. delatados. Villanueva le espera en el «Sillón de la Viuda». practicando el cuarto evangelio con sigilo. según argüía. En alta noche. pero al que no vota por el compai Lilí. con su natural despejo. Billini. desocupada previamente por Moya. A la mañana siguiente. ¡Buenos tiempos aquéllos! Conquistó a la negrita sirvienta de la casa. al primer empellón. Lilís entró en La Vega.comunas se registraron miles de electores.. Ahora a las diversiones del patio se unía el interés por las noticias políticas. al extenderle el brazo en tal actitud. y por la calle del Arquillo. las elecciones son libres. se hacían familiares a causa de los pleitos que en ellos se libraban. Las más disparatadas noticias corrían de boca en boca. se afirmaba. conservaba su empleo en la Aduana. en el negrito (ataúd común del Hospital militar). se encontraron piltrafas de carne y los troncos cercenados. en la Línea. No existía alambre. el Aguacate. puso en ella su clásico machete de cabo y arengó: «señores. Heureaux salió una hora más tarde al frente de sus tropas. y de una se cuenta que el Comandante de Armas. para combatir la revolución. una noche. porque. pero sí el telégrafo de los campesinos. lugares que Antonio ignoraba a pesar de sus estudios de geografía patria. Se formaban planes en los corrillos queriendo transmitirlos . y Monción. como si el escultor. Las nuevas llegaban del Cibao con asombrosa rapidez. señalando hacia el Cibao. candidato a la vicepresidencia. Se organiza con actividad una columna a las órdenes de Lilís. la Ceiba de Madera. que sobre el pedestal de granito. se conmovieron los rocosos cimientos de la ciudad: había explotado la dinamita que dos franceses preparaban aceleradamente para Lilís: en las rendijas de los tabiques de madera. y se combinó un golpe de mano. pasaron los tres cadáveres destilando sangre. Pasó las vacaciones en casa del tío Tomás. esperaba el momento solemne de la inauguración. le trozo la cabeza».. la estatua del Gran Almirante de la Mar Océano. suena un disparo de revólver. El Gobierno cae. hubiese previsto los sucesos de aquellos días. con la que se encerraba en la letrina. y un cuarto de hora después estaba en el calabozo. aunque moyista puro. se decía. Los ciudadanos pusieron sordina a las voces. y ya se le veía caer en la emboscada en aquel estrecho pasaje de la montaña. Antonio había estudiado poco. y en la repartición de premios recitó el discursito. fueron cercados en las casas en donde estaban reunidos y capturados los jóvenes que debían realizarlo. soplando a los vecinos para ser oído por el examinador y protestando cuando lo hacían con él. sin embargo. Un mediodía. pues le habían sorprendido escondiendo en su pupitre los dulces que le cometía brindar a la concurrencia. y el Hoyo de Lima. pero. caídos los lienzos sobre el zócalo. era amigo particular del Presidente. frente a la Catedral. fue preso y muchos otros más. granjeó los sobresalientes de costumbre. El 21 de julio se pronuncian Moya en La Vega. en el techo de la casa junto al mar. El sol alumbró una mañana la ejecución sumarísima de tres presos políticos. sentándose a la mesa de la Comisión. aparece. Y las propagandas comenzaron en la medida de la expectación. valiéndose de mañas. Los de ambas facciones las aliñaban según sus deseos. y un balazo en la cabeza. enmarañando la madeja de las propagandas. El tío Tomás.

bajo su jefatura. ¡ tanto mejor si era una beata! El del palo le suplicaba que se lo agarrara y cuando éste asía la punta. pues eran tenidos por hombres de empuje. Menuda follisca se armó en la casa. a quien gritaban ángel de un ala.En casa del tío Tomás. y corriendo en dirección contraria a los pasantes. en la puerta del patio. y la disputa se prolongaba hasta que un transeúnte intervenía. un negrito. y organizó. al abrigo de miradas inquisidoras. ¿Por qué habían dejado llegar a Lilís hasta La Vega? se interrogaban. o en Galindo. En tales hablillas. También. criticando las operaciones militares y exponiendo su plan. Desde luego. sólo le halagan las conversaciones de la tertulia de su tío a la prima. el tío Tomás. tiraba de él y corrían todos como alma que lleva el diablo. o bien. El olor avisaba al emporcado su mala ventura. el único que produciría el triunfo en brinco y medio. una mano de amigos íntimos y correligionarios. le hirió con una lezna en la rodilla. Comisarios de policía. hasta que una noche. extra-muros. También solían ir a la briba. gallina de una pata. los mataperros del barrio. entontecido por aquellas burlas. con guayabas. para después. mientras unos distraían con regateos a la ventorrillera. Si no te gusta. cuya punta había sido embadurnada de la más ruin materia. Desatendido de la caza de mariposas y lagartijas. tirando el cordel escabullirse con la presa. la desesperación de aquel Hilario. hasta el hueso. Fue Antonio. y a pedradas en la Sabana del Estado. debatían sus prematuras controversias políticas. el gran golpe habría sido prender al Presidente Wos y Gil cuando estuvo en La Vega: . La vieja salía. descaecido. que las propagandas daban jugo sustancioso a la charla. larga americana de dril. los fondillos flojos. le sacudió el polvo. congregábase en las primas noches. y quien les apedreaba con furia. de acera a acera. El pequeño exigía: «sin palo». los cuales glosaban a su antojo las noticias del día. con voz de emasculado. y de Rivié. Las negras en los patios. aplanó a los moyistas. Si tú eres Moya. Para unos. y cada uno desarrollaba allí sus inéditas aptitudes de estratégico.telepáticamente al caudillo. en tanto la burlada llenaba la calle con el escándalo de sus maldiciones. Cuando rondaban por una calle. eran el espanto de los moyistas. lavando. con sus secuaces. otro clavaba un anzuelo en un racimo de guineos. tratando de explicarse el retroceso de la revolución. el mayor esgrimía un garrote. De día y de noche. concertaban una riña entre dos de corpulencia distinta. Aquellas vacaciones fueron realmente las últimas de su infancia. por las calles trajinaba gente de armas. saqueando los ventorros. provistos de un cordel que mantenían tenso. los escondidos salvaban los muros medianeros preparándose a correrías por toda la manzana. les derribaban en el arroyo. curada y vendada la herida. La muerte de los generales Cartagena y Tavárez. afectos a Moya. Yo Lilí. cantaban: General Benito Yo se lo decía Que en el Aguacate. siervo y beato de la Catedral. jefe del enemigo. manco y fañoso. según la gráfica expresión.. Tomás García y Linares. o en un haz de cañas y hasta en un tocino. para lo cual. con el paraguas viejo. entreteníanse. Yo pa mí.

—Todo eso será así. que se ha escondido. hay que darles candela. porque ésos son como el maquey. Mariano tenía razón. ha sido ésa una debilidad de Casimirito. habitante de un bohío de yaguas en el patio del ex-convento de Dominicos. pues que Alejandrito es azul. —Pero chico. caray. que le emboza el rostro. —Y Guelito. —Pero. . el hombre de Santiago. cuyas escrófulas rebosaba en hojas y sucio barboquejo. ¿cuándo se ha visto perder una revolución que baja del Cibao? ¡ Ya verás sorpresa uno de estos días! Les contaremos un cuento a estos lilises. y le darán mucha agua a beber al Gobierno. cuando vean al manquito volver con el rabo entre las piernas. Eso me da mala espina. los Tiburcios se meten en las lomas y será como cuando la de Los Pinos. El negro es brujo. —Bueno. no seas pesimista. el cual transitaba por las calles. de almidonada bata de prusiana. Y suerte que no pudo llevar la dinasmita. y aployarnos. y. como piedra en charco de ranas. —Ah sí. Y se relataba entonces que Lilís poseía dos muñequitos. Cuando se descubre. como dice Luperón. y con tal disfraz sale a tomar lenguas. Y si se perdiere de momento. que no era hora de hacer capú. hicotea mea domine. Dejémonos de ilusiones. puede entenderse con Gautier y Damián. Es uno de los amigos. no nos salva ni la chiquitina de Higüey __concluye uno. Una noche cae en la tertulia. zambo sexagenario. a los cuales consultaba en unión de la Vieja María Vicenta Pavilo. con aspecto de lavandera en solicitud de algo a cuenta de la ropa. de hirsutas barbas de troglodita. en compañía de una nietezuela. que si no. si ése fue el plan de Villanueva. que se deja prender asando batatas. —No y no. caray. don Pablo es rojo. pero Mariano Cestero se opuso. pero lo que yo sé es que revolución que no avanza retrocede. —Pero chico. a Lilís en el Sillón de la Viuda? Eso sí era darle en la yema. el asombro rompe en carcajadas estrepitosas. rodeado de laureles rosa de sangrientas flores tóxicas. —Las intransigencias de los sabios nos perderán. qué imprudencia. hay que ser prácticos. compadre. que vivía en una casita semejante a un palomar.—Y no hay que darle vueltas. sosteniéndole a don Pablo. una vieja. y ¿por qué no esperarían. muy ancha. la cabeza envuelta en un abrigo de los que llaman de piel de cabra. si llega primero. y de Mauricio Vega. —No. en su misma cara.

desflecados los bordes y rotas las asas por el trajín. el cerrojo rechina en las anillas. —Hombre. la estera que la luz ha extendido sobre los ladrillos. Sin duda que el alcaide lo recibió a las ocho de la mañana y se lo sirve a las diez. como cantaleteaba el viejo Silverio claveteando las suelas. En tales noches. puesta en la cabeza la tabla de pan de gloria. avanza hasta la mesita. caminando a trancos. Pa tomá con té.é Tostaíto. argollas de plata en las orejas. él se presta a traerle las comidas. contiene el desayuno.. —Sí. casi por caridad. esquivando las puertas abiertas. y los accidentes por las calles. belfos fláccidos y.. —¿Y si te topas con Tomás García? Y las miradas escudriñan recelosas. chirrían los goznes. no ande por allí el temido esbirro.. por oír una voz humana. é. El alcaide entra. barcino. portador del cestillo de mimbre. sesentón. escucha ávido. salvando paredes. Se encamina a la mesa. «dicen que viene y no viene ná». evocando la figura de aquel negro viejo. rechoncho y vulgar. y olvida que le aguarda con sus caricias silenciosas la negrita oliente a aceite de coco. al abrirse.. y al fin pregunta: —¿Pero qué hay de nuevo y de cierto. y le mojaron las nalgas con agua salada. Como en la casa no hay criados. quebrada cintura. macizo. inmóvil para no ser advertido. dicen. Pa bebé café. en tiempos de Báez..Sólo a ti se te ocurre esto. caray?. —Uenos días.. Antonio. y seguido de un penado astroso. —Buenos días. en la penumbra.. El recién llegado refiere el fastidio del escondite.. interpela: —¿Quién lo trajo? —El viejo. desde su rincón. las carreras por los techos. que pregona por las calles al son de: Pan sobao. con el manojo de llaves pendiente del cinto. siquiera fuese la propia. no le importan las diversiones callejeras. sin perder palabra. La cestilla. por hablar. húmedos. El carcelero. y la puerta parte. después de . con ancas de eunuco. Antonio. V La llave gira en la cerradura. algunas erizadas de fondos de botellas.

Masca callado con desgana visible. hermana de uno de los condiscípulos. agitándose. y la tarifa que regía su industria marcaba sus admiraciones: en las de a tres por un real. Ningún elogio le placía tanto. al fermentar. el preso le recomienda: —Mande decir a casa que me envíen ropa limpia y libros. pero la altivez de Antonio le cohíbe. en las de a medio. avivarían los odios. y de un tirón cierra la puerta haciendo sonar con fuerza el cerrojo y la llave. y. Antonio. sin que a su vez la chupa bajara más allá de la rabadilla. El preso. Las noticias se reflejaban en las caras de los externos. extrae la cafeterita de hoja de lata. que compraba por un agujero practicado en un muro del patio. a fin de ganarse las motas para los jalaos. Lilís había triunfado.un registro minucioso. por donde se comunicaba con una casa del vecino callejón. y traía a las aulas el rumor de sus polémicas. escribiendo en la mesa desvencijada de la clase las cartas a la novia. encogida la tela por las continuas lavadas. se sintió superior a ellos. y la imagen de una muchachita. Comenzó de nuevo el desfile interminable de los días. el porte viril de su testa. expanden sus pestilencias. obstinada en durar sin estirarse a la par que el dueño. El alcaide recoge la cesta. El alcaide se balancea en el mecedor. y escrito cartitas. y a la cual había hecho plantón al sol y bajo la lluvia en la esquina. entrevista en el patio en las visitas de los sábados. escribiendo las cartas amatorias que los compañeros enviarían los domingos de salida con las criadas. y las golosinas que traían las dulceras. aumentándose sus simpatías por aquel de sus maestros que tenía en los tobillos la huella de los hierros. y sus jugos acidulados le producían sensaciones perturbadoras. Sus compañeros le distinguieron. que arrojaba al balcón cuando estaba sola. a Napoleón. Supino sobre el catre. Tras el último sorbo. puso mesa de memorialista. Dos simientes trajo en el espíritu. difundíanse por aulas y claustros las alternativas de la guerra hasta que se supo que Moya y Monción habían traspuesto la frontera. cambió de clase. le habían de distraer de los estudios: las pasiones políticas hervorosas. ensayaba sus gestos. que con la altanería de los vencedores.. en cuyo ambiente respiró durante las vacaciones y que continuarían entrando en ráfagas por las ventanas. y una arepa de maíz amarillo. Tiene ganas de charlar. habituado a tales penalidades. y la prosa inflamada y restallante de sus artículos. y su satisfacción rebozó el día en que le encargara repasar la lección: parecióle recibir el mandato de comunicar a los demás la influencia que le . Antonio. Antonio ensarta de nuevo el hilo de sus recuerdos. adobadas por los intereses de cada bando. untado de mantequilla norteamericana. deseando imitarle en todo. soplos caldeados del ágora. a su vez. se refería a César y a la conquista de las Galias. mientras el penado carga en hombros el baché con las excretas que. o lanzarían los audaces con su propia mano. Sus compañeros fueron entonces jóvenes que le superaban en más de tres años. sorbe por el pico el café frío. las cuales. y por cierto que. y al entusiasmo en los moyistas sucedía el temor a las persecuciones y venganzas. Cuando el 1° de septiembre volvió al Colegio. un pan partido en dos. Entre bocado y bocado. En ambos frutos en agraz mordió con ganas. nunca le da pie. Un profesor encomió un borrador que le fue aprehendido en un libro de texto. Así se inició en las letras. A solas. él era el único que vestía aún calzones. que repetían lo oído en sus casas. se le engarabitaban por encima de las rótulas. Siempre seco. y así.

que en el pueblo riente. con el ardimiento de la sangre nueva y sana. Cierto día le pilló aceptando una dádiva. La recia palmeta de roble se alzó indignada. La reclusión pesábale. alzaban el puño. y por intermedio del hermanito de ella recibía cartitas que le sabían a almíbar! El carnaval de este año señala un hito en su existencia. y campanillas. descalzos. y otro. caía en servilismo político nada grato —jamás tuvo las simpatías de sus discípulos. alto. dibujando a la pluma. y de que nunca les pegó—. Ningún castigo le dolió tanto. Tales aves de paso. laborioso. y profesaba las de francés y astronomía en mal castellano. Lloró con ira aquella debilidad. medía el lapso que le separaba del fin del curso. pulcro. para perdonar una falta. La vieja roba-la-gallina. y la novia. Pardo. el venezolano Miguel E. Aquello no se había visto jamás. arriesgándose de cuando en cuando por el de las meretrices. sustituidos por pandillas organizadas por jóvenes. puercas vejigas. Antonio cumplió los dieciséis años. y un inglés. timbre del plantel del cual procedía. o dibujaban en sus memorias perfiles que al discurrir de los días les hacían reír o añorar. lucían carátulas finas. a los que el espíritu filantrópico del Padre Billini acogía. e impaciente. bien infladas y hasta limpias. por las aulas pasaban de tiempo en tiempo. deslumbrándole primero con su lujo. en la cual las maderas tintóreas de Chile se mezclaban con aquellos nombres de ríos y montañas que las hazañas estupendas de conquistadores hispanos y libertadores americanos han hecho célebres. Se creía un hombre y reñía con los profesores. figuras errantes de proscriptos o traídas por el oleaje de la vida. profusión de cascabeles. Los diablos cojuelos. y los chicos. de fluvial barba blanca. al azar. y hasta con el mismísimo don Marcelino se atrevió. e hiriéndole luego hasta provocar su indignación. quería realizar. rojos o negros. seguida de vagabundos. las manos finas. sin embargo. de cuyos exámenes saldría armado Caballero de la Ciencia con su título de Bachiller. Entre los profesores se contaban un extranjero librepensador. Además. Eran los días del Empréstito. aduriéndole la diestra pecadora. o recorrer los barrios en busca de sancochos. cayó sobre el papel. ¡extraño contraste! siendo probo. el recuento de cuyas campañas periodísticas y duelos les distraía en la asignatura de lectura razonada que regentó. que tal momento lanceaba al tirano. Todos los diablos del mismo color. Las lecturas en la quietud del patio excitaban sus ansias. que le rebajaba ante su modelo. y racimos de grandes vejigas de vaca.dominaba. Antonio formó en una de ellas. La pluma. un medio. colgándosele de las barbas. un tanto indiferente a la inquietud de aquellas adolescencias. era una simple lección de geografía. que decía descender de los Courtenay de las Cruzadas. quien. y si las truhanerías le sobornaban. Tascaba el freno. Transcurrió un año más. mueve y mueve la paila de dulce de leche. En las noches se escapaba con dos o tres de los mayores para asistir a las zarzuelas que en el Teatro de La Republicana se representaban. tenaz. nutrido de ciencia. de toscas caretas. No le bastaba vaguear. que seguía las explicaciones. pues había sido correspondido por vez primera. arrojaban una semilla. en la época en que se celebran las fiestas consagradas a los patrones. ¡Cómo se pondrían la madrecita. cencerros. con un macuto lleno de maíz en el brazo izquierdo y una escoba enastada en la diestra. rompiéndole el pecho cavernoso. ¡El Prefecto no les inspiraba ya temor! La tos. sacudíale. que en antes recorría las calles. cuando hacía sus primeras armas con la pluma. a pesar de la largueza con que les repartía en premio libros y dinero. que volteaban en cada esquina al grito de . Dos no olvida Antonio. les echaba.

le reprochaba su debilidad. callan corridas a la vista de la mascarada que figura la Cámara de Diputados. El tío Tomás. los sabuesos de la Gobernación le husmearon. que en las Pascuas del Espíritu Santo venían desde su aldea fluminense de San Lorenzo a bailar sus tangos africanos al son de los cañutos. . se sintió arrebatado por el torbellino. obsequiaban a tiples y coristas en el Teatro. y el viento barrió los restos del arroyo. preso en la Torre del Homenaje. y las flores y joyas con que los magnates. y con el mismo impulso que le empujara días atrás bajo una careta bicorne. y en el ardor del combate. vino a verle y le regañó. tan perfectamente imitada que pocos hablan. escribió un artículo corto. y de quien las malas lenguas echaban cuentas. frailes.. Rumbamba. apagando el júbilo de los cascabeles. trenzan danzas. alimentada por las libras esterlinas del banquero holandés. Manatí. pero cuando el Miércoles de Ceniza puso la cruz en las frentes. agitaba las manos de los privilegiados que al sol primaveral encadenaban la autonomía financiera de la República. por las que remedan a los negros Minas. que disfrazando la flor y nata capitaleña. enviólo a El Eco de la Opinión. pensó con tristeza y vergüenza que su maestro. y al siguiente domingo le deleitó leyendo su prosa de estudiante. de vecinos de los solares del Almirante y Aguacate. que acompañándose de acordeón y güira vociferaban hasta altas horas de la noche Rumbamba. divididos en banderías adversas. para terminar amenazando a aquéllos con el anatema de los Padres de la Patria. y hasta copian el físico de algún representante popular. aconsejándole: «muchacho. recibió y devolvió los objetos que esparcía la insensatez desde los coches. cotejando las teorías de los economistas sobre el empleo reproductivo de los empréstitos con las escenas de Carnestolendas. enhiesto en las bocacalles. ovillos de hilo. a los notables de la política y del comercio. payasos. Palo con ella. rumbamba. Antonio. conducen al Presidente. arroz pintado. o pasmadas por el espectáculo de un navío que navega sobre ruedas. Ti-ti-tí. Mi caballero. comparando el sueldo con sus gastos y los ahorros convertidos en casas. y los grupos de dominós. Los engalanados coches de plaza y los particulares. Lo copió con su mejor letra. objetos de fantasía. déjate de lirismos. Por ti me muero. pomos de esencia. ceñida a las reglas de la Retórica. rumbaba. compuesta de parejas distinguidas que sobre tallos de caña brava bailaban con elegancia. cuanto en las tiendas hay que pueda servir de proyectil más o menos galante. La locura carnavalesca. quienes derraman sobre las mujeres.Roba la gallina. huía desalojada de sus dominios por las comparsas de indios emplumados y relucientes de cuentas. de seda y raso. sentadas en las aceras o asomadas a balcones y ventanas. monjas. Las mojigangas barrocas. por haberse opuesto en la prensa al Empréstito. en las tardes del domingo.alegran y perfuman las calles en la prima noche y bailan en las casas donde hay piano. ¡Cómo había manejado los tropos! ¡Y qué sonoridades tenía su nombre impreso! El lunes temprano. que en torno de un mástil encintado. que Lilís no olvida ni perdona». pero contra ellos prevalecieron las puertas de San Luis Gonzaga y la cólera del Padre Billini. murciélagos y Parcas. confites. y sé prudente. muñecos. lunes y martes. que conservaba su empleo en la aduana. copia de rosas. oriundos de Curazao.

a la salida del circo de toros. de doble intención. con los doce Césares de Suetonio y los discursos de Castelar. los economistas y los poetas deleitándose con los versos de Mármol contra Rosas. ¿se ha podrido acaso en el fango? Sin embargo. en su telar de encuadernador. incitado por los títulos o la fama de los autores. ingresó en el profesorado... Ese día y en el mismo sitio. si ya casi no restan nombres que tachar entre los firmantes del manifiesto sustentador de la candidatura Moya-Billini. debía permanecer en el asilo del Colegio. la Capilla con su ventanillo que permite robar al celo de los carceleros el espectáculo de unos metros de calle. mientras don José. sin ser cierto. cual si fusta candente brillara amenazante sobre las cabezas gregarias? ¡Y a tal rebaño de castrados. enterrando sueños de gloria y de amor! VI La hora meridiana. había vivido lo florido de su juventud. en verdad. casi subterráneo. que luego habían de vibrar en su prosa con redobles de tambor. Su nombre figuraba en las listas de la Gobernación y. pero no le fue dable ir a abrazar a su madre. ¡y Dios sabe hasta cuándo! —¡Ah!. comentando los sucesos cotidianos.. y escribe la historia en humilde pupitre de pino.. Del ochenta y seis a acá. sin orden ni método. extrajo algún provecho. húmedo. excelente memoria. y con su voz meliflua. donde se dice. boca arriba. . ¿En dónde están los varones? Y la simiente de hidalguía. En la rebotica de la Librería. decíase que Moya y los expulsos se movían. el del pañuelo. Desde entonces. También Lilís no desdeña entremeterse de raro en raro a la tertulia. hasta la tarde de un domingo en que. de orden del Gobernador». que obliga a los ciudadanos a andar encorvados y mudos. ascendiendo las gradas de piedra de la Torre! Unas por sus escritos. tan ansiada. en las propias calles capitaleñas.. el del Profeta. pocos. ni una gota refrescantes.. se hicieron numerosos presos. el tirano en sus papeles públicos y él en sus artículos denominan pueblo dominicano! . el de Colón. del incendio de la cocina de un bohío de San Carlos. sin vocación. que corren de boca en boca por el país entre risas y alabanzas. ¡Qué horror! ¡Entre estos muros siniestros. en este ambiente mefítico. frases rotundas y palabras sonoras y brillantes.. donde Báez mantuvo durante seis años al general Jacinto Peynado. Había habitado todos los calabozos de la Torre: éste. Leyó con furia.. se le inculpó conjuntamente con otros correligionarios. manchado por la tinta nada más. y hay aún. escudriña la rúa. Antonio. el busto desnudo. otras por conspiraciones o porque acaecían levantamientos en el Cibao. libertad tan querida. De tales graneros. a menudo caen espigas al surco. sazonarla con uno de sus cuentos. cuántos tránsfugas. ¿Siempre le oprimirá la tiranía. en verdad. cierta vez.En julio se graduó. tensos aún los nervios por los lances de la corrida. Enrique Peynado señala con una raya en un ejemplar del manifiesto a quienes se pasan. que tiene la forma de un pañuelo esquinado. a pleno sol en el cadalso. indigestando mente y memoria de hechos y nombres históricos. —¡Qué vida! ¡Ni una ráfaga. Lilís tiene. la atmósfera escalda en la celda. a través de sus lentes. El calor le angustia. Después. ¡cuántas veces había entrado por la puerta monumental de la Fortaleza. corazones leales que en el exilio y en la misma tierra palpitan por la patria. el de Peynado. que fue encerrado el Descubridor por Bobadilla. o en las sombras. mezclando los juristas con Sué y Víctor Hugo. un oficial de la Policía le puso la mano en el hombro a la voz de «venga conmigo. como medio de vida. el del aljibe.

espían. y les anuncia que para evitar efusión de sangre. aún combaten péñolas: Eugenio Deschamps. Es un círculo de hierro al rojo blanco. en lo más recóndito. sin embargo. había ocurrido a destiempo. que un italiano industrioso edita. al embarcarse provisto de pasaporte diplomático. peregrinan unos por playas extranjeras. no era ése el momento. Garrido. ¿Quién. en el muelle. conocimiento de la estructura íntima de la tiranía. cabestrero. ni cosa que lo valga. Los ánimos se enardecen. tocados a las puertas de sus comités eleccionarios. Empero. pues según expresión del mandante. En los días de las elecciones. Y las esperanzas se alejan cada vez más. ¡Cuántas plumas rotas! Los paladines del ochenta y cuatro contra Gollito. ¡De buena había escapado! . Los lilisistas se dividieron en partidarios de Nanita y de Figuereo.. Marchena.. fusilado en La Clavellina. agregándose: «Lilís le teme». tras un año largo de prisión. y el que se descuida se achicharra. el caudillo mesiánico? ¡ Y cómo le escuecen a Antonio las fatigas electorales del 92! Lilís había promulgado su decisión de retirarse del poder. «ése era el saco en que iba a coger toíta la oposición». otros anotan cifras en los libros del comercio.. el general Morales había resuelto renunciar en su favor. retira su candidatura. hartos de ayunos. en donde la campana tañía convocando a los ciudadanos. desaparecido por siempre bajo el oropel de los funerales. con todos sus prestigios de caudillo restaurador. La vida es una pesadilla. también Antonio y los principales partidarios. Ni el hermano es de fíar. arrebatando sufragantes de San Carlos y Pajarito al Parque Colón. ducho en hermenéutica criolla. un diario de información. en la esquina frente a la Casa comunal. a pesar de pesares. más o menos periódicas. Al pobre candidato le dejó entelerido tan estupenda declaración. Las paredes oyen. cuyos penachos han atraído tantas veces el rayo. y en seguida. se disponía a bajar. Semanarios anodinos. mas a pesar de la ola de cieno calcinante. a caballo. destruida la edición del primer tomo de su autobiografía en oculto acto de fe por la propia mano cesárea. Pero. Ya no hacía el cuento de la novia y la escalera. Luperón. El segundo día hubo las protestas de rigor. revistas literarias efímeras. la mirada de Caín que penetra hasta el fondo. arrebató a uno de sus agentes un puñado de votos. Ni entidad. y los del ochenta y seis contra Lilís. Antonio recorrió las calles.¡Parábolas del Anticristo criollo! —Y la prensa. ni poder. Una tarde. Surge entonces la de Tomás D. Se le atribuye carácter. —Estoy cansado— afirmaba. derrotado y burlado en los comicios de 1888 por atabales mandingas. días más tarde. por haber lanzado su nombre al debate en 1892. Enmurado yace el pensamiento. arruinado. el cañón anunció la muerte del primero. regresa caducas las aspiraciones. ministro de Guerra y Marina. que sólo él tomó en serio. Moya. la comedia no había terminado allí. Miguel A. Y Lilís. Morales. Eugenio Generoso de Marchena. Las gentes cargan ese cadáver a la cuenta de Lilís. y algunos. y rompiéndolos ordenó: «que no voten más mis electores». Lilís reúne a los generales y gobernadores del Cibao. irritado. ¿ qué es? se interroga Antonio. y hojas impresas. apoyado en la espada de Máximo Gómez. y hoy ni éstas. ni siquiera se es libre para elogiar. fue preso.. La candidatura Morales-Rivas había triunfado. cofrades. se han apropincuado al festín. Y por todas partes. llega de París unos días antes de los comicios y presenta la suya. después de nueve años de destierro. Marchena. En derredor de su bandera reúnense cuantos de veras anhelaban la caída de Lilís. Figuereo. Se pensó en oponerle el rico comerciante Juan Jiménez. ni se anuncian los movimientos de los cruceritos de la armada. valor. pues. riqueza.

el árbitro supremo. en presencia de Estay. Y. medro. el Pacificador inaugura su tercer período. negro ardido y zahareño. al salir del teatro. Así. y confía el gobierno del distrito a un leguleyo. A él no le importa que sus tenientes roben. mantiene la enemiga entre la autoridad y el pueblo. que cree su prisión fingida. la da como feudo a un negro sin letras. les anuncia la nueva espeluznante. ¡Cuántos de sus amigos. Tres años más tarde. pagando dos y tres por ciento al mes por los préstamos que se le hacen. que dice preparada contra él. va a prosternarse. en La Punta. exclama: «General. arreglándole el revólver que el otro se ha echado hacia adelante. que vive. Luego. y allí se abatió fulminado por la emboscada. trepado en una mesa. de quien busca con sus actos el aura popular o tiene veleidades políticas! Lilís no les perdona que pongan piedras en ajeno bien o. Su vida y su poder significan el goce pacífico de tales beneficios. bigardo corajudo. de día y de noche. el uno en la calle. Marchena y ocho más en Azua. y en la misma orilla quedan derribados ambos. ¡así se hace justicia!». La avaricia. en los montes de Neyba. pero ¡ay.colchón de plumas para caer. afirman con la elocuencia terrible de sus muertes. y el oro le acorre porque incita la angurria. detuvo la mula ante un gajo tendido en la vereda. el otro en un camino. dirigiéndose al director de la ejecución. de allí en adelante. porque así se convino. el telón se alza para la tragedia. taimado y matrero. y es. Su voluntad cargó las armas asesinas. y cuando éste. que a las claras dice: «tú.—Lilís logra el máximum de poder. alentaron la ambición de sustituirle o se acercaron a otro candidato. Pide un cuchillo. Y sin tropas. que reside en Macorís del Este. Lilís le soporta. en todas las regiones. Formidable tela de araña que se extiende por todo el ámbito de la República. En el Consejo. fusila a Castillo. Antonio tiembla al considerar la trama de intereses ingentes. y. los lleva a un careo. González. mueren. le hace un cuento. Isidro Pereyra y Joaquín Campo. audaz. La villa que conserva en su sociedad la tradición de los caballeros fundadores. ministro de Relaciones Exteriores. Lilís reúne luego a los notables en la sala de actos de la Gobernación. los apresa y transpórtalos a su patio de Macorís. Lilís le llama a la Capital. transita de un lado a otro. y. en tanto el Prelado entona el Te Deum bajo las naves góticas. Y Pablo Mamá. engañados por sus propias manifestaciones. centro del sistema. si no reconoce al viajero. y abriéndola con sus propias manos. no le teme ni a las iras de los hombres ni a las espinas de la guazábara. Una hora después de la ejecución. que el poder es suyo y nada más que suyo!. Ramón Castillo. descubre las entrañas explosivas. éste le responde: «pues ahora es tu turno». da la horrible noticia: ¡todos eran azuanos! y muestra una bomba. permanece una semana. a mí no me matarás». insaciable pulpo que chupa oro y sangre. ojea las sabanas. se fuga en un cañonero español y denuncia tratos para arrendar a los Estados Unidos la bahía de Samaná. maten. ¿Y quién resiste a sus órdenes? Un panzudo y . El 27 de febrero. gallea. observa las huellas. la ruta está indicada por cadáveres. y por ante las tropas formadas frente a la Catedral. Toda culpa tiene en él refugio. mulato bravo y soberbio. a pesar de la autoridad que inviste. violen. Castillo. de la cual el sátrapa es remate. Dispone de las vidas como le peta. cuyas rivalidades animó el Pacificador. Todos son sus cómplices. gobernadores provinciales. ministro de Guerra y Marina. en casa inabordable. Lilís convoca al pueblo en la plaza de armas y. acusa al Gobernador Estay de tentativa de asesinato en su persona.

El es el amo. Impera por el hierro y por el oro. el arroz con habichuelas tan revuelto. espera la visita de los ejecutores que. rubia la barba. Se oprime la frente entre las palmas. Antonio lo ha aprendido. El país se arruina. ejecutado preagónico.repulsivo esbirro. Un dólar vale veinte pesos en billetes. cubierta por una capa de grasa fría. murmurando palabras vengativas? ¿Y no murió envenenado en esta cárcel (acaso en este mismo cuarto). marmóreo. El olor de la sangre le embriaga. redima? ¡Quién sabe! Un escalofrío le sacude. ¿Y quién protesta. ¿Y no se cuenta. que no leerá la historia. la camisa desabotonada. uno a uno. con ademán felino. por un artículo mal pergeñado? ¿Y en el extranjero. Sin embargo. siéntase al borde del catre. Lilís arrojó un ejemplar del periódico en el que éste le atacara. hay que derribarlo. no ha recibido Eugenio Deschamps dos balas en el pecho. los platos. Pero. mira a Manuel Cruz Bobadilla. cintilando en los pelos de tetillas y ombligo. Emite papel moneda sin garantía. VII El ruido de la puerta al abrirse. a manos del Jefe de la Policía nocturna. calmada. Se le acusó de fraguar la muerte de Lilís. Voz amiga le recuerda ¡cuánto cuadra a su grandeza la clemencia!. inaugurando un ferrocarril. ¡ Son los que van a morir! Pero no. demuestra horror por la letra impresa? En la propia cabeza. El preso. se interroga: ¿ya? Si despierta al conticinio. y Abelardo Moscoso puñaladas en la espalda? Así ha creado el silencio. encarar el pelotón. luego. sacude la altanera cabeza. amortajado por las rosas del sol occiduo. en escucha de los más leves ruidos. conmovido por tal recuerdo. parque y pericia? Una idea le martilla las sienes. se dice Antonio. en pie. si los cadáveres aconsejan resignarse? Las vidas están a merced suya y el oro es su aliado. Custodio Santo. la carne guisada y el plátano salcochado. muere en las calles de la Capital. Sus propios pensamientos le infunden pavor. ¿Y cómo. cual si le hubiese escarbado una gallina. si suyos son los hombres de armas. ¡un día será! Cuantas veces se abre la puerta. y tiene dinero. pobre negrito. Antonio. aunque dice riendo. frente y nuca. y arrimando una silla se sienta a comer. si ha rendido o muerto a los adversarios. arranca a Antonio del soliloquio. y después de aspirar con fuerza. le darán cuatro tiros o. si él. toda la sangre. sospecha que los pobres manjares han sido envenenados. El alcaide entra con la cantina del almuerzo. el panamá inclinado hacia adelante. El tirano presencia el fusilamiento. que esa moneda es tan eficaz contra la avaricia como la de Solón. La sopa. duros como suela. El negro poderoso se enjuga. Los conjurados descienden. retira la cuchara y el tenedor de estaño. las narices se le dilatan. mientras él afirma. ¿quién sería capaz de la hazaña libertadora? ¿ En dónde está el héroe que matando. En el ardiente crepúsculo. ¿Y quién chista. No obstante. Gotas gruesas de sudor le corren hasta la empella. Las cosas alcanzan precios fantásticos. si come. al pie del Aguacatico. que en la fosa del poeta Juan Isidro Ortea. y. exclama: . Resopla como un escualo varado. Recuerda una escena trágica. porque no cumplió una de aquellas órdenes de exterminio. Ansía sangre. y tal vez muriendo. que fructifica a la vera del río. desahogando el dolor y la cólera impotentes en un grito mudo: «¡maldito negro! ». El carcelero se desploma en el mecedor. en el patio de la Fortaleza. la fiera. les muestra como lección saludable el cadáver del compañero. le chispean las pupilas y ordena imperioso: «traigan a los otros».

ya tú sabes. Eso de la papeleta. El alcaide continúa: —Mañana voy a ver como te paso al Salón. Cuando él se va. no parece ni que hay gobierno. que con los derechos por las nubes no ganamos ni para comer. si aquí no ha parlo madre otro igual. A más de un gobernador le he remachao . ni lo pare. no se compra en la plaza una libra de carne. yo y todos. caray. con él no hay quien puea. —Ahora hay pocos presos políticos. La República está como una balsa de aceite. El Generai está por el Cibao. —¿Y en qué anda por el Cibao? —Dicen que a recoger la papeleta. —¿Y qué hay de nuevo? —inquiere. Mira que yo los he visto. quince con ésta. callado. allí estarás fresco y te divertirás mirando pal río y pal corral de los criminales. qué calor! Antonio engulle a prisa. —No creas na. ¿ qué dice? —Ello. pero nunca he permanecido tanto tiempo ni tan solo. papá Quin. —Se lo agradeceré mucho. —Y el comercio. —Pero el país es quien. y el Palacio vacío. Lilí sabe más que los blancos de la Impruven y les sacará más cuartos. muchacho. que estos zapatos me han costado cien pesos hace una semana. El Generai lo arreglará to. a la postre. —Pero esa situación es insostenible —replica Antonio con viveza. que ya tienes un año aquí. —Na. hombre. repinga su miajita. salir de aquí y al otro día ser Papacotes. pagará los vidrios rotos. —Yo ni entiendo de eso. ni me meto. Déjate de caballás y arréglate con él. haciendo una mueca lúgubre. pero al que no coge el billete. —¿Usted cree? —¿Que si lo creo? No jeringues. con un peso. —Y se pasa el índice por debajo de la papada. ¿Cuántas veces te han metido? —¿A mí?. caray. —Sí. y hoy. que mordían las rejas de rabia. usted. Figúrate. no pasa na. si que no me gusta.—¡Caray. muchacho.

Lo que te digo es que sabe más que yo mismo lo que pasa en la caice. hormiga. se le volvió puerco. arruina los templos y rompe los pétreos escudos nobiliarios de los portones señoriles. de abigeo. que la conversación con el carcelero ha hecho aún más evidente: la potencia de su enemigo. Será Presidente hasta que se muera. pero mi compai sí. pero oye lo que te digo por tu bien: arréglate.. poniendo en íntimo contacto nuestra sociedad débil con el invasor fortalecido en una guerra feroz. Antonio se queda de nuevo frente a la realidad atroz.. caray. la cultura y la riqueza. siendo pedáneo. ¿Cómo ha escalado la presidencia este hombre. —Pero de veras. tradiciones y costumbres. —¿Y qué es eso? —Ah. por la madre. —Pues un hombre que tiene la virtud de volverse animal: perro. hay quien se atreva. Yo tengo un compadre seibano. A él. más que de guerra. ¿tú no sabes lo que es un galipote? —Palabra que no. odia al haitiano. nativo de la frontera. —Dicen que es brujo —le interrumpe Antonio. —¿Y la que le pegó en la nuca en El Cibao?. Su presencia en la Española arroja al Continente y a las Antillas españolas. cerquininga de una mata de la sabana. papá Quin. El alcaide se incorpora y concluye: —Sí. No seas sonso. Ese negro es el demonio y no hay quien se menee.. temerosos de . clausura la Universidad. y al pecharse con él. que cree que Lilí es galipote. y en cuyas manos puso la espalda libertadora el consejo de los conservadores. hijo de haitiano. ¡pero Heureaux!.endenantes buenos pares de grillos. de un prócer venezolano. Antonio rompe a reír. con un poder tan absoluto? ¿Qué hado le solivia constantemente desde las aventuras en la frontera sur. distinto de origen. El barcino. arrastrando los pies. nieto. hasta el Capitolio? Antonio se explica que dominaran Santana y Báez. ¿usted cree en eso? —Te diré: yo no lo he visto. La empresa separatista ofrece campo propicio a Pedro Santana que. ríete. según se dice. cierra tras sí la puerta. mira que Lilí está untao y no le entran las balas. To se lo cuentan o lo adivina. que era brujo. Los veintidós años de ocupación haitiana habían subvertido las costumbres patriarcales de la colonia en aquella época denominada «España Boba». —Ello pué que lo sea. gallo. idioma. y dime si con un marchante así. le dieron la orden de prender a un vividor de su sección.

En su hato del Prado. para lo cual tiene concertada entrevista con el Papa. En el peñón de Curazao. que es alternativamente amigo. Voluntarioso. el hábito del mando. rompe las reglas de la disciplina. y se indigna cuando uno de aquellos oficialitos rosados. Rico por su casa. Y tales epístolas se leen con deleite.los sueños de los jóvenes del 27 de Febrero. equipados y pagados por el emperador francés. un decreto castiga el robo con la muerte. le escogieron por caudillo los afrancesados. es el mismo que sus contemporáneos han visto acoquinado. le ordena quitárselos y le increpa por su falta. con ademán de petimetre se descalza para no ensuciar la mesa del bufete. el árbol más útil de la tierra. se le confía la dirección suprema de la guerra. es decir. Cuando en el curso de una discusión tumultuosa. produciendo confusión inenarrable. se impone a todos y restablece la calma. para él. y que desposeído de la autoridad que venera como a cosa suya. bien regalado. él come en vajilla de porcelana de Sevres a ropas franjas rojas —el color de su divisa—. y en aquel tiempo de pobreza. el Presidente Jiménez invade la sala de sesiones del Senado con un grupo que esgrime pistolas. aparezca en los campamentos. escribe a los que vagan hambrientos en el exilio. buscaban las fuerzas necesarias en el protectorado de una potencia. del cual vino y a donde caído o alejado del poder. aprendió en la lidia con los toros las mañas que sirven para sojuzgar pueblos. en que los personajes más conspicuos se sientan en las primas-noches a tertuliar en las puertas vistiendo viejas. Cuando pasea por Europa. en las tantas revoluciones que acaudilla. valen el árbol y el ganado más que los ciudadanos. Báez. con un par de chancletas debajo del brazo. y de un salto. Su valor cívico es grande. y él cabalga con maestría. con la acometividad de los mestizos. fuerte cuando manda. En 1847. le restaurarán en el poder tan pronto como arregle la pendiente cuestión de la Iglesia. solía retirarse. su voluntad en la diaria brega con los subalternos y con los capitanes generales que le sustituyen. de brillantes uniformes. bufa como los toros. siega laureles y se abre paso al poder. Cinco veces le alzan sus partidarios hasta la presidencia. yaguas y tablas para fábricas. porque engorda al cerdo con sus granos. uno de sus edecanes se le presenta calzado con botines de charol. sus triunfos en las Cortes: ha bailado un rigodón con Isabel II. y porque hubo de vencer. y cuatro meses después se ejecuta a Bonifacio Paredes. Luis Napoleón le promete cinco mil zuavos que. espadas y puñales. Su caballo es el mejor. los que por no confiar en la capacidad del dominicano para el gobierno. bravo. Cuida de mantener su predominio: cierto día. Buenaventura Báez que preside. muere sin honor en la patria anexada. por consiguiente. culpable de haber robado un racimo de plátanos. Es un hombre del agro. erigiendo sobre ésta su pequeño cuerpo. en el muelle. Encarna el principio de autoridad. camino del desierto. En su mansión reina la abundancia. brinda al hombre para regalo del paladar la pulpa tierna del palmito. espera que vayan a buscarle para ofrecerle el poder conquistado a costa de la sangre de sus huestes fascinadas. y a las abejas exquisito licor. y son creídas. sin que una sola. corta una palma. y . pintada a mano. iguales a los suyos. Porque había sido jefe de milicias y tenía. y con sus iniciales doradas. es una figura de jefe nato. Por buenas y malas artes. descuella. Cuando el enemigo de allende la frontera y los del lado de acá le asedian y se despeña en la anexión a España. en la época haitiana ha sido corregidor y diputado. sucesor y émulo de Santana. sin que los procesos sean conocidos por los jurados. imperioso. zorro.

meliflua la voz. le ha roto la diestra de un balazo. Valor y audacia. en la plaza de Moca.. atrancan puertas y ventanas. meloso. Suave. comprando y matando. saludado por salvas de cañones y discursos de ancianos. alzan arcos bajo los cuales. Cuéntase que el famoso violinista negro Brindis de Salas. y una cadena que ostenta la inscripción «Paso al progreso» cierra la barra. furioso. al acostarse. sin ahorrar la vida del propio cuñado. la colonia española y la prensa. premia con largueza a los servidores. Castigo de propietario depredado o desquite. ¡Es el Soberano! ¡Dios le es propicio! En la prima noche. y una vez en él. Desde el río hasta la Puerta del Conde. para que. El artista le visita para darle las gracias y le enristra enfática peroración. Lilís. por las calles jocundas. un viento fresco agita las banderas. cumple el mandato siniestro. se queman fuegos artificiales: ilumínanse las plazas.. mozos y señoritas. Antonio ha visto expuesto el poder de Lilís. El Presidente Heureaux intervino. Las casas tendidas de colgaduras. y dos veces. al alcance de todos los abrazos. la rompa el crucero «Presidente» a cuyo bordo está el feliz magistrado. rige la República. y calles y parques tejidos de garambainas. Negro es la palabra más ingrata a su oído y el insulto que jamás perdona. cuando entre en la ría. con un relampagueo de sus ojos. agasajado. y al regreso a la Capital. él se sirve a sí mismo. frío y profundo psicólogo. periodistas y damas. Báez. En tres apoteosis. Durante años es uno de tantos guerrilleros. desgreñando el follaje de sauces y laureles tachonado de farolillos. realizando venganzas inútiles. recorre triunfalmente la República. a la cabeza de tropas cibaeñas entra triunfador en ella. e implacable. expresándole cuán orgulloso sentíase de que uno de su raza hubiese llegado tan alto. y apoyándole la mano en la rodilla. que captura y fusila. guirnaldas y palmas. procede por cálculo. conoce a los hombres y los maneja como a títeres. El oro y el hierro adquieren en sus manos virtudes inagotables. el poeta nacional le da la bienvenida. el Concejo le prepara un banquete. y tres generales le saludan en malos versos impresos en seda y desfilando por entre soldados vestidos de gala. Él sabe olvidar agravios. aunque no tiene como éste ideas. en su honor se convida a los niños a un bazar.aquellos hombres se lanzan al campo. de paso en Santo Domingo. en balcones y ventanas la bandera nacional. le corta el hilo. Luperón imperante dispara contra el Palacio de la Capital. Después del fusilamiento de los nueve en La Clavellina.. termina la audiencia con esta frase: «Mime. que yo estoy hoy muy ocupado». criatura de Luperón. rodeándose de blancos. granjea cómplices venciendo. el viento silba. a la veneciana. Es el dardo que desde Puerto Plata. limpiando su camino. Los empleados fieles erigen un castillo en la esquina de Palacio. condonándole la pena. un oficial. venga otro día. luciendo la alegría de sus colores. le piden la libertad de los presos políticos. sus méritos. Heureaux aparece por primera vez en la Historia. Después de las doce. El mar. la ciudad se adereza para recibirle. se pintan y empavesan las embarcaciones. ni ideales. apuntando con su arma al general Salcedo. va al templo. se hacen obras de misericordia. se mete al fin en el Palacio.. ño Brindis. pero no veja ni se abandona a sus pasiones. y disimula sus preocupaciones de raza. aprovechar al enemigo de ayer y penar al traidor. achicándose. y de nuevo. . el Ayuntamiento. honrado por todas las ciudades. fue multado por infracción a las ordenanzas de policía. escupe sus espumas hasta el faro. y desde la colina de San Miguel hasta el mar. a oír el Te Deum que entona el Prelado. tolerando desórdenes. figuración del principio aristocrático del Orden. Cuando sus corifeos le creen instrumento dócil. Los vecinos. ni le escudan las sergas de la guerra restauradora.

ante las imágenes iluminadas por lucecillas votivas. incansable. ruge. aquel 27 de febrero.brama. El viento y el mar acuerdan antífona estupenda. se discute. Dizque las cosas están muy malas y no se cobran los alquileres de las casas. que bien puede. mujeres desoladas buscan los hijos perdidos. de las muchachas que se afanan en busca de adornos y perendengues.. amontonados. El baile de trajes que la Sociedad Entre Nous ofrece en el local del Club Unión. dando entre risa y beso. ¡qué te cuento.. y familias desvalidas abandonan las habitaciones destechadas.. ¿Recuerdas qué linda estaba en el baile en casa de.. —Y las. Las centellas alumbran la escena trágica. —No creas nada. hembras encinta.. las mujeres rezan: «Dios te salve María. ni la inauguración del nuevo edificio de la Aduana. en las primas noches. y los laureles del Parque mostrando al sol sus raíces. de locura. vuelan en las tinieblas planchas de cinc.. de planchas de cinc. —¿Y tú? . —Y Antonia P. guardándose el secreto para evitar imitaciones. De hinojos. Por las calles se advierte inusitado ajetreo de domésticas que van a las tiendas por muestras y telas. Dale duro en el codo para que abra la mano. se reúnen a garrulear. expectación febril sacude la ciudad. La lluvia impetuosa inunda. Los árboles arrasados impiden el tráfico por los caminos vecinales. modifícanse modelos hasta elegir. representaciones de personajes históricos. arcos y adornos. le costará un ojo de la cara. descuaja árboles. Clamor de miseria surge de los hogares en ruina. llena eres de gracia». acapara toda la atención. y que se anuncia magnífico.. Figurines y grabados. derriba casas. los faroles por tierra. seda y piedras finas. ni el Te Deum. chica. han corrido de mano en mano.. Por el arroyo corren torrentes desbordados.. si tiene el gobierno en casa. y. María se está haciendo un traje de Margarita. el viejo está imposible. y ¡con qué lujo!. amenazando cercenar cabezas. chica!. —Niña.. su tijeretazo a las ausentes. las últimas ráfagas cimbrean los cocoteros y juegan con los restos de castillos. —¿Y tú? —Ya verás. sacude las puertas. Desde que la banda de cornetas y redoblantes ejecutó la Diana en la Puerta del Conde. se oponía al raso y ahora pretende que no le ponga cascabeles. Durante un mes ha sido pasto de las lenguas. rimeros de tablas.. hombres contusos. todo de seda. cumbreras de bohíos. Y el Pacificador. En casa de las modistas.! van las cuatro. porque no se puede negar que tiene gusto. atareadas a no poder más. de Trovador. Es el Ciclón. — Quién como ella. pero. ni la retreta con fuegos artificiales interesan a sus moradores. herrajes de balcones. va de puerta en puerta . pidiendo a los ricos una limosna para los pobres. "¡No hay leche!" gritan las madres ante las cunas tibias. . A la mañana siguiente. Los osados se arriesgan en las calles. ¡y qué avíos. —Le resultará un primor. pintado por ella misma. Ni el mensaje presidencial leído por el propio Lilís en el Congreso. de raso.

. en cuya cinta deslumbran gruesos brillantes y un espejito frontal. colores y líneas. entre los brazos de galantes caballeros de Carlos III. repúblicas. Ricos y pobres. Cuando rompe el primer vals. la orquesta toca el himno nacional. Le acompaña un alto personaje. Carlos V. A las nueve. La cuestión es ir.. Y con los comentarios picantes regodéase la masa pedestre. se deslizan. transforma sin cesar crines de caballos en pelucas del siglo XVIII.. me ha prestado su firma. cuajado el sombrero y el peto de diamantes: es un ministro poderoso. reinas. en una letra a sesenta días.. Lambrequines de papel de colores y guirnaldas de flores naturales paramentan los arcos de las puertas. floristas. El Presidente viste calzón negro de seda. grecas enlazan las guardamalletas. musas. margaritas. Francisco rutila. Lechuga. vampiros. gordas pantorrillas rurales. por el entablado pulido. —Pues. Los tres salones del Club resplandecen iluminados a giorno. luces. En los balcones y tejados vecinos. palomas.—De gitana. mostrando. la acera frente al Club está ocupada por multitud abigarrada. En las esquinas los jóvenes dialogan: —¿Qué tal? ¿Has conseguido el traje? —En ello ando. —¡Qué turpén eres! A las 8 de la noche.. ¡Cuánto lujo! Nunca vióse una fiesta igual. clowns y pierrots. —¿Y tú? —Yo he comprado en casa de los Bazil un terciopelo blanco que por mareado lo dan barato. Mis hermanas me hacen . A su entrada.. novias suizas. pues se lo he prometido a la muchacha. que se ahoga ceñido por el frac violeta y la chistera gris embutida hasta las orejas. hechiceras. los unos en coche. racimos humanos. y la golilla me la acredita Rocha Hermanos. Un rumor de admiración sigue por el amplio portal a cada recién llegado. Mi amigo. Tengo vendidos tres meses de sueldo y estoy negociando otros tres. Abelardo lo pintará. mohíno. Del brazo de los galanes las damas se pasean exponiendo sus gracias a la vista de los que han hecho del balcón tabladillo para contemplar el espectáculo. es un banquero millonario.el traje de pierrot. pero como de noche no se le ven las manchitas. A sotto voce alguien pregunta: —¿Cuál es el traje de Lilís? . esperanzas. el ministro H. lanza en asta y escudo al pecho. trovadores. —¡Una obra de arte! Los caballeros no se han empeñado menos. mariposas. se entreveran armonizándose. los espejos recién dorados y las arañas de cristal. empieza el desfile de los convidados. se confunden. los borceguíes rojos me los presta un amigo. un centurión romano.. que no le solapa los vellos pectorales. y se toca con sombrero panamá forrado de raso gris. poesías. calza escarpines de charol con hebillas de oro y medias negras. grandes y chicos asistirán a la fiesta. ya estoy listo. rigoletos. Los sastres rechazan los encargos.. No me salva ni la burburaca. los otros a pie.

Y las risas estallan a dúo. que vestidas de colores serios como sienta a sus años y estado. ¡qué va! pero la gente es muy mala y cuando el río suena. ¡qué hermosa y bien puesta!. No hay que negárselo.. ¡quién se lo había de decir a su abuela. Cada oveja andaba con su pareja. tan apurada. . si el papá no tiene en qué caerse muerto. que está en aquel rincón? —Sí. custodian a las muchachas. En los huecos de los balcones aposéntanse las mamás. pero si ha tenido tantos novios. —¿Y el del otro? —De Lorenzo XVII de la Mascota. de azul marino. —Pues que no es casada. —¡Mira a Fulanita. —Y Zutanita. —¿Y esta princesa? Pues si es fulanita. Es muy buena. Ahora la cargan con un ministro casado. yo que la conocí de cocinera! —¿Y aquella mulatica. No sé en qué piensan los jóvenes. hoy todo está revuelto. —En mi tiempo no se veían estas confusiones. pero ya se ve. la pobre. para poder acompañar a las hijas a los bailes. ellas hacen trizas los elegantes trajes ricos. ya anda cerca de los treinta. La envidia invectiva.—Dicen que de etiqueta parisiense. Yo no lo creo.. ni sociedad. —Te equivocas.. ni religión: lujo y nada más. y mientras éstas se divierten. de dónde ha salido? —No niña.. —¿Cómo? —Que está quemada por el sol. __Chica. —¡Ave María Purísima! —¿Qué te sucede? —¿No ves ésa. y se atreve a presentarse aquí. es quimá pa sol. se casó hace dos semanas en intimidad. y. —Pero se está quedando. qué lujo! Después serán los dolores de cabeza y los cobros.

fuertes y blancos. no era así.. traga pastelillos y emparedados. las mamás soñolientas aguardan en el primer peldaño. en los salones desiertos. luce su marcial apostura. deliciosa pastora de Watteau. En su tiempo. escondiendo bajo las faldas de la levita un pudín de dos libras. sin desguantarse. Las damas saludan.. ceremonioso. previene a los vecinos: «coman turcos. La comparsa de los payasos triunfa con sus blancos mamelucos amplios. las manos calenturientas y las testas que desfallecen graciosas. y para todos tiene una amable palabra oportuna. caldos de manos impacientes.. Al terminar las piezas. El champaña atiza la sangre. mustios. Cuando avanza solo. se cierran conteniendo un alarido de voluptuosidad revelada en las pupilas lánguidas. En la Poule. un grupo . acarician. Luego. en los cuales penetra ya la luz blanquecina del alba. pintarrajadas caras y cráneos. se indignan contra los gandíos que no las sirven. Al final de cada figura. afirman. Con el ademán felino que le es familiar sécase frente y nuca sudorosas. la grasa mancha la cabritilla y con la boca atestada. sus cobres y cuerdas excitan.. los caballeros se mueven mecánicamente. El buffet se abre luego de la medianoche. dos tinajones de frutas cristalizadas desaparecen. Un viejo. dulces. aceleran los giros. Con el ímpetu con que el ganado se escapa de los corrales tras el ordeño. no hay en la fiesta quien le supere a cortés. las últimas parejas descienden la escalera de mármol. enseñando los dientes. amigos complacientes. una aduana para el padre. cabezas antiguas se muestran sin peluca. la multitud lo invade. La tanda presidencial elige por escena el segundo salón. Hay quien prefiere templarse con una copa de coñac o de ron del país. Carlos V se ha desplomado. claman voces. A las cuatro de la madrugada. que están número uno». aceitunas. ¡Qué mujeres. sin probar una gota de licor. mientras güira y pandereta cosquillean los nervios. En varias sesiones ha sido esmeradamente ensayada.. Por el balcón. es bailado con los chales sobre los hombros femeninos. no pierde un compás. favorecido por mayor número de espectadores. Las mamás olvidadas. temerosos de equivocarse. Dios mío! —Le estará pidiendo un salvoconducto para el tío.. desbordándose por los potreros. con un rictus que le contrae los labios bezudos. suscitando discusiones rápidas. La orquesta ejecuta con más brío. baila con decencia sin arrimarse a las damas. El carabiné. al soslayo va un galán.—Mira al negrito cubaneándose con. sacuden. muchachos. arrían a los que están en la calle botellas de champaña. las parejas de la cabecera indican la próxima. baila con garbo. y en pechos y espaldas reptiles cabalísticos. atropellándose. en donde estacionan de preferencia los que no bailan. El General se retira temprano. y los labios secos. y entre alegres risotadas relatan sus impresiones. ¡la cuadrilla!. sonríe a las lisonjas cortesanas murmuradas. Los pies aplastan melindres. —No seas tonta. para no perder tiempo. se contonean con gentileza.. y junto a él ríe su compañera. El Presidente. En los tres salones se organizan sendas tandas. En la primera embestida. allí escancian champaña. ¡La cuadrilla!. Por la escalera de servicio. pues un error es un delito. el golpe de un cuerpo contra el pavimento interrumpe la danza. ¡y el tío expulso! Fíjate con qué dulzura le habla él. danza final. algunos mozos se arriman a la cantina. Las ligas de la etiqueta se aflojan. y ella le pone los ojos en blanco.

tirado por yegua mora. Es tan cuidadoso de su persona.masculino apura las postreras copas. costeada por subscripción pública. En su oficina de Palacio. corbata de color. pantalón de casimir a cuadros o de dril blanco. Luego. en la cabeza un gorro encarnado. la justicia. Lilís da los buenos días a sus vecinos. De paso. Por las calles doradas. a pie. el manto a la cara. calamocano. Erase el aniversario de la independencia. Cierto día. y fino jipijapa con estrecha cinta negra. se contiene toda la vida nacional. proxenetas. enguirnaldado. el Presidente se levanta. Le rodean funcionarios y diplomáticos. improvisan a puja. El sol los derrota. una anciana enlutada. en el cual le acompañan sus secretarios privados. Carlos V les escucha complacido. obligándolas a alzar el vuelo. ¡Es una madre que desde el arroyo implora por la vida del hijo. elévase una. y de nuevo en sus habitaciones continúa las audiencias mientras se viste y desayuna. y entregan al Presidente la espada de honor. En esa cima. El recuerdo de la tercera de aquellas apoteosis. a la tarde. Por los escalones asciende una teoría de capullos. tribuna a la cual se accede por amplia escalinata. Se sienta en el coche. envuelto en una bata color de castaña. se dice. con interrupción de una hora para el almuerzo. arrullándose y disputándose el maíz. En la empuñadura de oro fulgen brillantes y rubíes. esgrimido por su mano potente taja en la hacienda y en la carne del pueblo. acongoja al preso. marcada en la frente la cruz de ceniza. rebosa de gente. y las tropas le presentan las armas. el médico que le pasa la sonda. sin lujo ninguno. Al amanecer. las artes.. chaleco blanco. aparece en el balcón de la calle de las Mercedes a cumplir un dulce rito: dar de comer a las palomas realengas que se congregan allí. que con sus propias manos hace la raya al pantalón. Es pulcro. y su ojo de halcón contempla el concurso. los cabellos sueltos. espías. Va al Palacio. se detiene en casa de algunas de sus mancebas o con un mendigo o con algún personaje. dominicano el otro. escandaliza a las beatas que salen de las iglesias. el Pacificador se yergue. ¡Es el Señor! El himno nacional vibra. amigos íntimos. no hiede. ¡Es el Señor! Su hierro. a quien en aquel mismo instante ejecutan en la Fortaleza! Con su voz suave. en la cual trabaja sin descanso hasta las 5 de la tarde. venezolano el uno. infantitas pueras. y que con su disfraz de pierrot. Entre el Palacio del Ejecutivo y el sardinel de la plaza. de americana negra de alpaca. que personifican la libertad. embanderado. reseñará en el diario la suntuosa fiesta mágica. y en el baño comienza a recibir las primeras visitas. su continente es gallardo. en tanto que un pintor le embroma golpeándole el abdomen con el clac. la república. con las piernas abiertas y la diestra manca apoyada en el bastón de concha de puño de oro.. constelado el pecho de condecoraciones europeas y terciada la banda tricolor. . de gran uniforme. que le trae el informe de las ocurrencias de la noche. El Pacificador la ciñe. y las rimas galantes cantan las bellezas de cuantas han zarandeado los corazones. En aquel sencillo despacho. A las 9 sale en coche. El Parque de Colón. Antonio Portocarrero se dirige a su casa en compañía del cronista López que. que entran a su morada por la puertecilla de la calle Luperón: el jefe del Cuerpo de Serenos. Dos poetas. asustadas. las perturba.

policía de seguridad nocturna. y otro tanto paga a los fiadores de sus letras.recibe y escribe: es oficina de mandatario y de comerciante. cree mantenerse vigoroso merced a inyecciones de Brown Sequard y a pociones copiosas de Elixir Godineau. En tales bailes. Estos. sus allegados le prestan propósitos de conquista. bajo su inspección. da la mano para agarrarles por el pie. y ante su vientre fecundado. pero ello no entorpece para que firme protocolos secretos acerca del territorio discutido y negocie con los yanquis. mulatas. desvía hacia sus bolsillos las rentas y amontona deuda de millones sobre la República. y sin someterle a juicio. sin embargo. compra. interviene para castigar o proteger al Don Juan. y con el mismo descoco con que arregla los asuntos internos. El Erario es su hacienda: dispone de él. Emite papel moneda. él mismo disfraza a los que en una tarde de carnaval encarga una alta obra de venganza. él dice riendo que necesita un hijo blanco para meterlo cura. son el espanto del vecindario. su actividad incansable. convertido en patíbulo. a quien ordena un asesinato. defendiéndose. trata las cuestiones internacionales. Habla francés e inglés. lo cobra con la muerte. Casa. El Presidente ha premiado con cien pesos a uno que dio muerte. Si raptan una doncella. Blancas. y al efecto visita el vecino Estado con pompa. y lo mismo visita a un diplomático o familia principal o interviene en el milagro de una histérica o platica con una de sus barraganas. suminístrale dos cartuchos embrujados con una cruz en el plomo. de don Francisco de Quevedo y Villegas. combina siniestros planes políticos y organiza bailes y bromas a los íntimos. De los diplomáticos extranjeros se aprovecha: les halaga. según le convenga. Es un sátiro. y él mismo se jacta de que le inspiró la reelección de 1892 la lectura de la Vida de Marco Bruto. los serenos ocupan las puertas apuntando con sus armas al interior. y escolta en un crucero un balandro. se solazan la juventud elegante y los funcionarios del gobierno. y castigó con el máximum del arresto al jefe del cuerpo por no haber obedecido la orden de hacer fuego sobre un baile de prostitutas en el cual habíase armado un zipizape y uno de cuyos concurrentes era el. de distintos países las posee. ¡malhaya quien tenga que hacer con ellos! El culatazo es la expresión favorita de su autoridad y las carabinas que gastan se disparan solas. no lee. acotado por él. en coches que pasean la ciudad con . cometerán los serenos en persona que le estorba. extramuros. e instruyendo a un gobernador supersticioso. sin percatarse que haya o no ministros en la sala. Debe millones: no importa. anota. cuanto le dicen y cuanto observa. arregla los matrimonios desavenidos y divorcia. para el asesinato de un hechicero. No cede a sus tenientes el puesto de peligro. escribiendo con hermosa letra la pequeña historia vil de su época. No conquista. Al crepúsculo pasea en coche por la ciudad. y teniendo excelente memoria. el presidente de Colombia. el champaña y la cerveza desbordándose de las copas enchumban el piso. Mantiene el arsenal bien provisto de fusiles y cañones. Crea instituciones a semejanza suya y a la medida de sus necesidades. amén de las aventuras que la miseria y el temor le proporcionan y de las hetairas portorriqueñas. distribuyendo regalos. como prepara un fandango para que sirva de ambiente propicio al asesinato que a la medianoche. Dos de éstos han sido cogidos en alegre compañía.comandante militar de la plaza. le da el caballo ensillado y le prescribe emplear el puñal. En la capital mantiene dieciocho mancebas. arma más segura que el revólver. negras. firma una dádiva para una iglesia o una carta de amor. Minucioso. al jefe de su Estado Mayor.. con la misma pluma con que ordena una ejecución. y cuando las querellas degeneran en trifulca. El ridículo de un cuerno. De París le han provisto a una doncella. es fino en sus maneras. los hombres riñen disputándose las hembras. vela por la fidelidad de sus queridas y las de sus amigos. Su capacidad de trabajo es extraordinaria. aunque alguien asegura haber visto en su alcoba un libro de Núñez. e ignorante de las teorías científicas del gobierno y la historia de los pueblos. Toma dinero a préstamo al 3 por ciento mensual.

una poción de cacao. y dejó de encontrarla. Antonio revive sus amores. y mientras una llena los cascarones. éste es envío de su amigo Arturo Aybar. hojea los libros. el predicador se metió diablo. la montaña hecha del almodrote de todos los crímenes. hasta un día de San Andrés. Luego. intransigente. entretanto un muchacho coloca aquellos proyectiles en cajones. y «Cosmópolis» de Bourget. Antonio sorbe el chocolate de agua. que ha regresado de París. calentada por sus declamaciones ciceronianas. La víspera se inicia el juego. y ahora le envía esos dos libros para que ellos le muestren en su celda los placeres que serían el precio de su conciencia: la tentación. apóstol. En la mañana comienza la faena de preparar las municiones. redondos. Desde mediados de noviembre. eminente magistrado se ayunta sobre la grama con una grofa. que pasa con brío y paciencia la plancha: heroína silenciosa. humilla. Lilís anda por la ciudad. evocando tales escenas. ¡ Si él quisiera. intercalados con bocados de pan. El es el supremo árbitro. ¡Cuántas veces. pero ¡cuan dolorosa! ¡Cómo la conoció! Púber la veía. se transó con Lilís. se funden unas libras de cera. y en las de fiesta nacional se confunde con la multitud apiñada en el parque de Colón y se pasea de chistera. la retiraron de la escuela. y en torno de la tina de agua de tuna perfumada con «Agua de Florida». un mollete con mantequilla y un piñonate de coco. que la tercera impregna de cera caliente y con ellos tapa los agujeros. También le han enviado dos libros y un hatillo: A tragos gordos.. desde la esquina. mañana y tarde. Y acogiéndose al mecedor. y a través de los muros. En las noches. la chiquillería proveyéndose de tunas en los batiportes anuncia el famoso día del santo crucificado. impera. Antonio. Sobre el brasero. casaca de paño azul con botones de oro estampados con las armas de la nación. movida por sus insinuaciones. látigo en la diestra.los faroles apagados. mide la pesadumbre que aniquila al país. apagaría la sed de una sola vez! Y desata el lío envuelto en un ejemplar del Listín Diario: calzoncillos y camisilla. en compañía de una hermanita en dirección del Colegio «El Dominicano». sin que jamás atrajera su atención aquella chiquilla flacucha y sin gracia. De la ropa blanca y lustrosa se desprenden olores de carbón y cera. tragedia sin sangre ni muerte. se reúnen dos o tres mujeres. mira él a su mujercita inclinada sobre la tabla. Luego. la otra corta parches de trapo. ¡Qué punto!. lavando los cascarones de huevos que han sido cuidadosamente almacenados durante el año. de todos los intereses y de todas las pasiones en cuya cima el tirano. en donde él y otros hacían plantón para ver entrar y salir a las muchachas. en cambio. mientras paladea el dulce. en cazuela vidriada. se yergue con su carnavalesco frac rojo. canastos y . Corrompe.. otro hace montar guardia a la puerta de una zorra para obligarla a serle fiel. la fimbria de la falda tocó el calzado. rayando de rojo las paredes de las casas y las ropas de los compañeros y de las negritas sirvientas que transitan por las calles. a la rústica: «París» de Zola. ¡Ah!. y que en varias casas constituye industria. luchador. en traje civil o disfrazado. Tras la cubierta amarilla.. VIII A las cinco de la tarde un ayudante del alcaide le trae la cena: en el mismo cestillo del desayuno. la pluma de Antonio atacó al tirano y fue encarcelado!. lee manuscrito: Arturo Aybar. y helo ahí cónsul en París. que vive siempre bajo su mirada zahorí. y en el ardor de una de esas bacanales. dadivoso y temido.

los hombres sin cesar arrojan cascarones. entiéndase la ducha. La faena excita a ambos bandos. Los adversarios. toneletes y latas que. El día 30 desde el amanecer. después de una confortante fricción de bay-rum. y más si no juegan. y se mojan cuerpo a cuerpo. o en carretas.barriles. Después de tales encuentros. cada cual rememora en casa. y en el arroyo briznas de cáscaras de huevos. sustituyen los cascarones con flores y confites. pues no todos reciben de buen grado. muertos de cansancio. entusiastas impacientes. en cambio. fuerza es cambiar las ropas ensopadas. azul. chorro que hace estallar las lámparas. blancos y frágiles. con el macuto al hombro. inflama. amén de uno que otro herido de puñal o revólver. armados de una jeringa. en tanto detrás de la reja rompe un ¡ay! A las diez. que el combate se reanudará en la tarde con más bríos. y cuando descubren una cabeza medrosa. Al mediodía. empieza el trajín. y que el progreso ha desterrado de las costumbres dominicanas. los bailes blancos. brazos molidos. se sumergen en los baños. o en la pared chorreándola. carnaval barato con que. una libra de harina o de almagre en la cabeza. o en coches. los cascarones vuelan agresivos. el accidente es ligero. ahí están las luchadoras en balcones y azoteas. importando. Alguno de estos grupos lleva un charanga que con sus sones alegra la algarada. o echan pelucas a los transeúntes. . de chiquillos que. los criados acarrean agua de pozos y aljibes. y sobre el corpiño de la hermosa pinta flor purpúrea. se grita. cargan los cascarones en barriles. mas suele ser grave o por lo menos exige fomentos constantes y reposo. Cuando la lidia. Tal era el inculto y deleitoso San Andrés. se empapan. y los proyectiles. a tiempo que de arriba cae sobre ellos una lluvia roja. nuestros abuelos de la Colonia se desquitaban por adelantado de las penas del Adviento. lanzando proyectiles a diestro y siniestro. amagando hasta hallarlas descuidadas. Las muchachas les esperan a pie firme. En las casas donde se juega. En estas casas se congregan las muchachas. colmando bateas. los combatientes están listos. Un armisticio para almorzar. canastas y macutos. El cascarón revienta en la reja. en acecho del lechero o del panadero. La mañana es propicia a los jugadores furtivos. se escurren con mucho tiento junto a las paredes. cubiertas las miedosas con mascarillas de alambre. baños. A las cinco. recorren las calles a pie o en coche. quienes protegiéndose de los balcones con los paraguas. no por más galantes. en grupos pedestres o a caballo. los lances de semejantes horas de locura que dejan párpados hinchados. delante de un pocillo de chocolate. amarilla. Sonadas las diez. constituyen el material de guerra de la tropa femenina. y se mantienen a obscuras los salones. arrancándole un grito de susto. Los más pudientes. y aquéllos. o entra traidor. transportados a balcones y azoteas. y del balcón o de la calle se retira un combatiente con la mano en el ojo averiado. o se empelucan con polvos de color: hay quien haya dejado un diente o medio carrillo en el canto de una batea. En la noche la gente se recluye en las casas calafateando las rendijas. los de la calle asaltan la casa. salpicándola. en la noche. manchas multicolores en las paredes. Desde el arroyo. A veces. éstos visitan las casas. La ventana se cierra con estrépito. se entrecruzan innúmeros. vestidos de dril blanco o de colores desteñidos. Al atardecer. De raro en raro. con los cuales molestarán a las señoritas ventaneras. algunos jóvenes. los ofrecen a las muchachas. vienen a comprar su par de docenas. se oye un grito. algunos. rociando a las muchachas con polvos y esencias finas. disparan el cascarón que ocultan en el bolsillo y se escapan. introducen por las rendijas o por el ojo de la cerradura.

pero ya le parecía simpática. El Día de Reyes. Buscó un confidente entre las amigas de ella. en el atrio de la Catedral. organizaron entre varios un bailecito a escote. Pero eso no era mucho. Aquella noche Lilís le pareció menos perverso. discurrieron los días. tan cerca. les fue favorable. Un golpe de agua en pleno rostro ahogó la mirada lasciva. dijo sí. Ella paseaba con su hermana y un grupo de amigas. maní largo y congo. Ante su alborozo le recomendó cautela. tienes que darle pruebas. a pararse en la esquina. Y Antonio comenzó a pasear la calle. le miraba altanera. o en donde las guardan las que habitan lejos. cuyas tres noches aprovechó. él. sintióse feliz. a quien había de regalar motas para dulces. pues el amor existía en sus dominios. el Carnaval parecíale demasiado distante y recurrió a las cartitas.En un asalto. rebosante de multitud que choca y se confunde. la primera y la segunda le fueron devueltas sin abrir. el 27 de febrero en la noche. . El traje ceñíale las carnes. entre risas y burlas de las vecinas fisgonas. de plantón en la esquina y esperándola a la salida de la misa dominical. Esta afirmóle: «le eres simpático. y mientras volteaban al compás de la charanga. decían a las claras que sus propósitos eran conocidos. pidiendo la sala a una familia respetable. Alimentada la llama por miradas furtivas y sonrisas. Ella misma tiraría la carta por el balcón en el momento de cerrarlo al día siguiente. las fiestas finaron. y además no le caes bien a la mamá». y el galán respondió arrojando el capullo de rosa que le adornaba la solapa. hasta que por pascua de Navidad. No era una buena bailadora. un chubasco inoportuno interrumpía el plantón obligándole a guarecerse a escape en una de las casas o debajo de un balcón. A las diez. La noche de San Silvestre. cambiando de disfraces para no ser descubierto por la vieja perspicaz. lerenes. los músculos. Se detuvieron. y ella le concedió el primer vals y una danza. y así los otros domingos. le habló de su amor. El domingo siguiente. Se acercó. nerviosas. y Antonio. la vio pasar grave y serena. necesitaba oírla decir que le amaba. hasta el Carnaval. y las puertas de la casa cerradas violentamente por la madre. y con ellas las ocasiones de hablarse. la muchedumbre se derramó por las calles adyacentes. pero chico. porque en su casa se oponían. magra y nada bonita. y las restantes fueron bien acogidas. para llevarle la silla hasta la casa vecina del templo. el Parque de Colón. la charanga partió tocando marcial pasodoble. Antonio se encontró de improviso frente a frente con aquella chica. ya sospechada por los demás. y prometió escribirle. En el bullicio de las máscaras le susurró algunas palabras al oído. y con las expansiones del año nuevo. entre los abrazos efusivos de los amigos. pero la tercera presentaba señales de lecturas. mucha prudencia. Hubo de comprar la criada para que las llevase. apretados los dientes. Continuó haciendo el oso. de sus esperanzas. fláccidos. y sintió fuego en las manos de ella cuando estrechaban la suya. Ella. contemplando la fina silueta que se desvanecía. de sus proyectos. se insinuaron bromas denunciadoras de una afinidad electiva. mostrando los pechos erectos y la cadera firme. expresivo y sincero. la casualidad los reunió en tertulia para esperar el cañonazo en la cena tradicional: pastelitos. retándole. que sentía el calor de sus alientos. la encontró en una jaranita en casa amiga. que las presta. Furiosamente se bombardearon con higüeras de agua. quien arrellanado en un banco divertíase con los fuegos artificiales. Después. turbados. graciosa: algo de ella entraba en él. A veces. anhelantes. Comenzaba a sentir impaciencia. al salir de la misa. y bailaron una danza. pastoreadas por el papá. Ya tenía esperanzas. Las malacrianzas del hermanito de la muchacha. cerca. Al fin. y la chica muy queda.

el jueves del Concilio. en conmemoración de la entrada de Jesús sobre la mansa borrica. cargaba la Cofradía de los Sanjuaneros. a las diez. El Viernes de Dolores. encomendado siempre a un reputado predicador. rosario y sermón en la Iglesia Mayor. Mercedes. el paso de Jesús en el Huerto salía del Convento de Dominicos para recorrer las calles de Universidad. y ¡qué larga y mortificadora aquella cuaresma! Entretanto había que contentarse con hablar por letras de mano. la mejor como talla. ¡cuán difícil! Un minuto. ni bestias. repartiéndose a los fieles palmas bendecidas. Jesús en la Columna. Plateros. y horas cantadas. Hasta el preciso momento en que las carracas sonaban. de la Catedral. El Sábado. ni se barría con escobas. leyéndola a la luz de un farol. las cuales. horas cantadas después. Alto. A los privilegiados se les obsequiaba con pencas de hojas entretejidas y adornadas con cintas. Sonadas las cinco. y alguna vez por medio de la hermanita complaciente. itinerario común a todas las procesiones siguientes. convencía. El Martes. en el interior de la Metropolitana. revelaban una mujercita orgullosa y leal! El correo se estableció. embrazado el guión de plata. El primer número del programa correspondía al Sermón de la Magdalena. El Presidente de la República. era el día de la iglesita del Carmen: misas desde la madrugada hasta las doce del día. Pero conversar. es señalado honor que se atribuyen y debaten los de la hermandad. conmovía. sermón. Quince días antes del Domingo de Ramos. y. a Jerusalén. la recogió. El Lunes. marcha con ritmo de cuadrilla delante del palio . envuelto en la púrpura episcopal. El Domingo. subyugaba. el orador. prevalecerían contra las obras del demonio. de humano parecido. durante el día. En la noche. que en los tiempos coloniales. Se cuenta que el imaginero oró varios días para que Dios le inspirase. celebrábase la fiesta de los Ramos. tan pronto como encerraran el jueves en la Catedral ni circulaban vehículos. El espectáculo de la Pasión de Nuestro Señor exigía vestidos y sombreros bonitos y de moda. con frase sobria y perspicua. nieve en la testa altiva. presidida por el Meso Polanco. La Semana Mayor era un acontecimiento público en Santo Domingo de Guzmán. Antonio espió ansioso todas las puertas. y la mayor. Comercio. si acaso. suerte de telégrafo que manipulaban con extraordinaria rapidez. ni se daba un martillazo. aun las más amorosas. Jesús en la Peña (Ecce Homo) o la Humildad y Paciencia. El Miércoles. misa solemne. Jesús Cautivo salía de la iglesia de la Merced. Desde el púlpito de la Catedral. hermoso. la imagen más venerada y prestigiosa de todas. A la ceremonia concurren el Gobernador de la Provincia y un batallón de infantería con bandera. de Santa Bárbara. propicias contra las tentaciones y los rayos. la elocuencia del Padre Meriño cerníase sobre las cabezas de los feligreses que invadían las tres naves. Llevarlo en hombros. El Jueves consagración de los óleos en la Catedral y procesión dentro de la iglesia para encerrar el Santísimo Sacramento.A la siguiente. porque eso sí. Nueva de las Mercedes y Universidad hasta la propia iglesia. los domingos. discurriendo en torno de la vida de aquella pecadora redimida por el amor que inspiró las sublimes palabras de la Cena en casa de Simón. y cuyas frases. Un silencio de dolor envolvía las cosas. colocadas en las ventanas. se oía el ruido de las máquinas de coser. y cuando las de la cuadra estuvieron cerradas. ¡Cuántas cosas dulces contenía aquel pliego escrito con letra menudita y buena ortografía. desesperante para los curiosos. Había que esperar la Semana Santa. y en cada iglesia. maguer las gentes rieran y los amantes aprovecharan para sus citas las ceremonias litúrgicas y las procesiones. valiéndose de la criada. principiaba el ajetreo de las costureras y el movimiento en las tiendas. procesión de Jesús Nazareno. pues las Ordenanzas reconocen al Nazareno el grado de Coronel. la cartita cayó revoloteando. o por el balcón. a las cuatro de la tarde. en la noche.

El comercio abre sus puertas. tinieblas en Regina. de la Capilla de San Andrés. los tonos serios.episcopal. y pasadas las diez. la corona de espinas. rojos. Después de las diez de la noche. El Viernes. derribado. hasta que. lo cargan los isleños de San Carlos y le preceden minoristas. y la antífona continúa por sobre las cabezas abatidas. misa en la Catedral. . En la noche se baila: ¡Cristo ha resucitado! ¡Hosanna! El domingo. Agios o theos. la chiquillería lo arrastra y quema. Y luego de sepultado en una capilla de la iglesia Mayor. la procesión del Sexto Dolor: la Virgen con el Hijo en brazos. con un cepillo al lado para recibir las limosnas de quienes prosternados besan sus llagas. luego bendice el agua y el fuego. al otro. El pesado sarcófago de cristal. acompañado de San Juan. el Gobernador de la Provincia. Al primero corresponden los trajes azules. sale de Santa Bárbara la procesión de la Soledad. y a las diez. entona las letanías. misa en la Catedral. y el Descendimiento de la Cruz. En la noche. —Agios o theos —impreca un coro. la Madre Dolorosa. —Agios athánatos eléison imás. —Sanctus fortis. Gloria in excelsis Deo!. encintados. y. en cuyo cortejo forman el Arzobispo y el clero diocesano. Lavatorio en la Catedral y en Regina Angelorum. la concurrencia juvenil luce sus galas en el Parque de Colón En la noche. un batallón con la bandera enlutada y armas a la funerala. Le siguen uno tras otro los altos dignatarios. Por la tarde. El Presidente con la llave del Sagrario al cuello. —Agios ischyros. En la tarde. que cuelgan de una soga tendida de casa a casa. la Virgen. procesión del Santísimo en torno de la iglesia. gualdos. mientras el prelado y los canónigos cantan: —Pópule meus. hace tres genuflexiones. la imagen de la Resurrección —Jesús con un estandarte rojo— es conducido a la Merced. gris o negro. en la iglesia de la Merced. —Santus inmortalis miserére nobis. y a las campanas ladinas suceden las roncas carracas. portadores del gallo. deposita un ósculo en el cristiano pie y una morocota en el cepillo. quid feci tibi? aut in quo contristavi te? Respónde mihi. el clero de bruces sobre las gradas del presbiterio. Jueves y Viernes son los días de exhibir el lujo. los clavos. el velo negro que cubre al altar se rasga y aparece la Resurrección. María Magdalena y las dos mariquitas. blancos. lila. Quia eduxi te de terra ¡Egipti. el sermón de las Siete Palabras. Y la Semana Santa fue. las escaleras y el paño de la Verónica. y contra el cual se disparan piedras y tiros. parásti crucem Salvatóri tuo. los caballos de los lecheros relinchan. Calles y templos tienen aspecto de jubileo. a las cuatro de la madrugada. —Santus Deus —responde el otro. rodeado de macetas de flores de seda. en seguida. seguido de la procesión del Santo Entierro. adoración del Santísimo en todas las iglesias: Cristo yacente. a la voz del oficiante. Pópule meus. Las campanas propagan la buena nueva. y dan su nota grave los burros portadores del pan y del carbón. El Sábado en la mañana. Como por ensalmo. el paso de la Cruz en la Catedral. en las calles estallan cohetes y triquitraques y se ajusticia a Judas. que peregrina en busca del Hijo. la esponja. muñeco de trapo. se reanuda el tráfago de coches y carretas. la lanza.

o bien cuando quedan prendidas dos beatas por los mantones de lana a flecos. en pie en las naves o agrupados en las puertas. ¡ los normalistas. mirando y haciendo señas a las muchachas. la Virgen. de hinojos. pero en cuya tez ambarina. Gibbes. El misterio de la Pasión. para ver pasar las procesiones. en la boca de grana. al mando de un capitán. trasmutando la carne y la sangre. y las manos salvas aprovechan. con los críos de la mano o en hombros. simulando perseguir al otro. No. acariciado por el aroma del incienso. Durante las funciones matinales. una compañía de infantería. a la pata coja. al pasar de las procesiones. o cuando ha recibido en la cabeza un golpe de cocomacaco.En tales días la ciudad se anima. introduce el pie y lo apoya con fuerza para que las monedas se adhieran. colocado en donde su novia pudiera mirarle sin volver la cara. en los ojos negros y luminosos. cargado por los de la hermandad. que siempre fue la iglesia predilecta. Durante las ceremonias en los templos. En las noches. transida por la espada de los dolores. y al acercarse para besar el Cristo. a quien había calificado de fea. No faltan las pelazgas cuando el que va delante sorprende al de atrás goteándole la americana de casimir con la vela. filas. . se entretienen charlando. ni las imágenes. Las filas se clarean o se nutren. sujeta por una cuerda elástica al puño de la camisa se alarga y encoge rápidamente. del Jueves al Sábado. según se detenga el Santo ante la puerta de un devoto que ha pagado un motete. contemplaba aquella muchacha. formadas de esta guisa: la cruz alta y los cirios. cada cual con su vela encendida y protegida por guardabrisa de papel. la multitud se agolpa para ver pasar las santas imágenes. llevados casi en vilo por la gente joven. Le sigue San Juan Evangelista. atropellados por la muchedumbre apiñada. detrás un coro y orquesta de cuerda. le importaban poco. que marcha a paso lento y levanta nubes de polvo. los jóvenes. el amor había impreso una gracia nueva. y. Ese año aumentó la concurrencia de muchachas en Regina. los ateos. la Magdalena. La romería del Jueves a los monumentos con su entrevero de gente. de roja capa y pluma en ristre. en la cabellera que si suelta le caía hasta las corvas. lo cual efectúa el designado untándose de sebo la suela del zapato. se apretaban las manos. sólo inquietábales el temor de que los sorprendieran el padre o los hermanos. con pobre túnica violeta. rendían parias a Jesús! Antonio no formó en aquellas filas milicianas. hay zagalejo que esgrime tijeras para cortar las trenzas o que riega cerillas en el piso para que en ardiendo se asusten las mujeres. las voces gangosas del coro. con uñas de maya encontradas. y el beaterio. el más largo sargento que haya sido uniformado y con el fusil terciado! El Padre Billini sonreía complacido. pelota de cera endurecida y con perdigones que. los vecinos se echan a la calle en pandillas. el lujo chillón. el paso del día. en la iglesia de turno. empujado por el cómplice. y montan la guardia en el atrio para chicolearlas a la salida. quienes se recogen las faldas chillando. sus ardientes miradas comulgaban. algunos diabólicos confabúlanse para robar los cepillos. adolescentes y hombres destocados. entre el polvo y los olores fuertes. y por entre los fieles. ¡había que ver a Pancho Peynado y a Lucas T. el tal sale de estampía. escondiéndose en la manga. cuando el oficiante alzaba la hostia sobre el cáliz. Para ellos no existían las amigas. la contemplaba a su sabor. de uno en fondo. él tenía necesidad de todo el tiempo. que runrunea el rosario. de niños. favorece las travesuras. En aquella Semana Santa. En las esquinas. en último término. los camaradas de Antonio idearon formar una compañía para velar el Monumento de Regina Angelorum. tres sacerdotes con capa pluvial. una idealidad magnética. en las esquinas. musitando la dulce letanía del amor. cerrando el desfile. a un lado y otro de las aceras.

a coger la leche. No te cuento más. que no se dejara ver. bueno. pero todos están contra ti. la gran trifulca. el domingo de Resurrección: «ahora hasta Corpus». quiero saberlo todo. descubrió.. —¡Qué gusto. Venga conmigo. —Pues figúrate que le han puesto un anónimo a la familia. lo leyó y. —Sí. Transcurrió una semana. y cuando el diálogo mudo se iniciaba. que la hará desgraciada con la política. dame noticias. Esta. empezó a contar los días.Aquella Semana Santa terminó. comentarios y chismorreos. Una vez el balcón permaneció cerrado. Acudió a la amiga confidente. porque te quiere con toda el alma. Desde por la mañana le avisaron que por el Cibao había movimiento. Herminia. y como la madre es la primera que se levanta. lo que tal invitación significaba: el Homenaje. y qué alegría para la pobre Luisa cuando te vea! —¿Y cómo está?. pero Luisa dijo que nones. Ya puedes estar satisfecho. ¡Nunca le pareció Lilís más abominable! El carcelazo duró seis meses. que tengas paciencia y consideres lo que sufre. El sabía bien. por debajo de la puerta. La vieja empezó por aconsejarla que peleara. —Oye: dice Luisa que en estos días no pases por la calle ni le escribas. chico. te apoya.—Son unos infames. pero no me vayas a meter en líos.. corrió a casa de la confidente. —¿Pero de verdad que no sabes nada? —Absolutamente. y el amante. sólo la hermanita. que si tu familia esto y otro. por las tardes y primas noches. ¡qué gozo! dos brasas que brillaban detrás de las celosías. El hermanito no le pidió motas. al despedirse en la plazuela de la Merced. chico. la galleta hereje. dejando a los vecinos de Santo Domingo de Guzmán tópicos para un mes de relatos.. Al fin. los ojos de ella. y entonces fue lo gordo: la madre se enfureció y 1e cayó a moquetazos. la pobre. igual mutismo. ¡Qué te parece!. Antonio rondó por la casa a todas horas: el balcón siempre hermético. no digo más. Luisa le había dicho. —Bueno. El día en que lo pusieron en libertad.. no te pueden ver ni en pintura. lo recibió con las manos en la cabeza. se le acercó un oficial diciéndole: —El Gobernador quiere verlo. pero propio era ese momento para esconderse. sí. y que patatín y patatán. porque tú no ere más que un candidato perpetuo a la cárcel. y asimismo al día siguiente. En la noche.. de facción en la esquina. El padre intervino.. y ahora. .

la mamá cocina y plancha. Semejante a fuste de columna. Pero si no tienes pérdida. y la ancha bata de prusiana morada arremangada en las caderas y arrollada hasta el codo. por delante un barril de sal con el cuartillo de medirla. en hojas de naranjo. los martinicos. amén de un montón de leña. en el cual. madejitas de lana y horquillas. frijoles colorados. y gruesos cárdenos. fornida. para granjearse la voluntad de la ventera. y en el opuesto. los mampurios. compraba cigarrillos y fósforos. mal nombre) y un tocino del Seibo. una cecina (a la cual seña Catalina llama carne de. en una bateíta. ¿de quién es? —De quién va a ser: de Alardo. En uno de los rincones. —¿Medio-Tocino? —Angelina. fideos. en cajones. figúrate. sin criada. y en otros que fueron de aceitunas: nuez moscada y canela. Una damajuana de manteca de cerdo con tapón de tusa. famosos en la ciudad. Antonio estableció su campamento en el ventorrillo de la esquina. ítem más. en la cabeza atado siempre un pañuelo de madrás. ha ido en todo este tiempo. en platos y tacitas. mostrábanse en frascos bocones que antes contuvieron ciruelas pasas: cigarrillos del país. mangos. cerca de la iglesia.—Buena... En el aparador de pino. las botellas de prú espumosas. Al mediodía. pintada de azul. chichiguas y un manojo de pulidas higüeras. azul de bolita. ajíes. la pila de tortas de casabe. los huevos frescos. un rimero de petacas de carbón esmeradamente estibadas. y hasta lavan. perejil. hilo. y pendones. y en cajoncito. racimos de guineos. pasto de las moscas. una lata de mantequilla norteamericana. El establecimiento ocupaba el espacio de una mediana habitación. Pendidos: macutos y escobas de Baní. Érase una negra alta. tomates. doblada más que sentada en una sillita . enfrentico de la pulpería de seña Catalina. a lo largo del cuarto. una casa de portón grande. sólo a misa. mamones. ¿la recuerdas? —No. una tabla de dulce de coco hecho con melaza. paquetes de velas y de fósforos. sobre otro y en una batea. cincuentona. algarrobas. a rezar por ti. la color de caoba. latas de petróleo y de melado. En la calle de la Merced. azúcar. hay majarete. ñames y batatas. harina con dulce y funde. si tú no te la mereces. amarillos taraceados de negro los manzanos. alegría de ajonjolí. caramelos y café en polvo. ristras de ajos y cebollas. y al lado el vidrio con el embudo. cortado en cuadros y colocados los jalaos. pan. berenjenas y aguacates. haces de caña de azúcar. agujas. y las muchachas cosen para fuera. En el suelo. La familia se ha mudado. arroz. con dos ventanas. —¿Adónde? —Al papá le han quitado el empleo y están mal pasando. En el mostrador. ostentan sus magras y gordos. cocos. En la tarde. verdes veteados. Debajo del mostrador. plátanos. papayas. La ventera. alineadas. En el arroz. sin pintar. puerros. —¿Pero dónde viven? —Ya te lo diré. con los cuales se arman los papalotes. En dos cordeles. conservas de coco y de naranja envueltas en hojas secas de plátano. las frutas de la estación: cajuiles. esa misma. guayabas. ¡y qué bien se ha portado! No. del propio corral. colgando de las alfaljías.

respondióle: —Ajá. rematando la gráfica acción con una sonora carcajada. Seña Catalina. que se levanta cuando las campanas de Regina tocan el Avemaría. pero yo me río. fuma un tabaco que los dientes han convertido en escobilla. cuantas veces hacía una diablura por la cual habían de pegarle. y ahí tá. Los parroquianos. ¿por qué le dicen Medio-Tocino? Y ella. y un maldecío cabo españó. ansina mesmo. se pasó el índice y el mayor por las narices. regateando. siempre irritada. Sus manos no están nunca ociosas. manque le vamo a jacer. jizo un acumulo endespués. maja café. a la perra que te volvió a parí. como toiticos los españoles. pidiendo ñapas o devolviendo lo comprado. con singular destreza. disparaba una piedra y entraba en la casa gritando: «Mamá. y cuando se encariba. desgrana mazorcas de maíz o ralla cocos y batatas. se distrae bailando la chancleta en la punta del pie desnudo. que no le da ni pa jabón. o masca andullo y escupe por el colmillo hasta la acera. La oposición de la madre se mantenía tensa. No te pué figurá tú los blanquitos que me cortejiaban. y el hermanito menor. riendo.baja. eso es de familia: a nojotras nos tiran los melitares». a la una. pero la gente que é mu mala. Antonio continuaba profesando en San Luis Gonzaga. es hija de un general y está aplazada con un oficial del Batallón Pacificador. la sacan de quicio. expresando de ese modo su delectación por los últimos conquistadores. las manos en jarras. y los olores del café tostado y de las fritangas que trascienden de la cocina. pero más que en el aula y en su casa. eso fue cuando la España. al regresar. a las cinco de la tarde y después de la cena. cuando iba para clases. alzóse la falda con la siniestra. Cuando no duerme. curcuteando una pollona pa encontrale la gordura. y una real jembra. a las doce. Endentonces estaba yo moza. sonantes en la Catedral. revolcando con brío el pilón. cierra sus puertas al tantán de las nueve. respira a sus anchas el humo de verduras y carnes. La madre dice: «es un sinselvir. le zumbé una piedra . ¡qué buen medio tocino!. encelada la joven por el cancel de „madera que defendía el interior de las miradas inquisidoras. me dio una nalgá diciendo: paisana. que le sacó al sol doble hilera de dientes fuertes y níveos. y mi. al llegar a la esquina. para la chuma jablanchina. Una mañanita estaba yo en el mercao. hasta que la vieja con un bostezo ruidoso le intimaba la orden de retirarse. se le encontraba en el ventorrillo a las ocho. —¿Y qué tal era el cabo? —Un güen mozo. canijo! » Antonio le interrogó un día: Seña Catalina. y si reposa con las piernas cruzadas. niño. Y la negra juntó „los dedos cabezones y los besó. para ir a mercar sus frutos a los campesinos que vienen por el camino de Güibia. Tiene una hija. los muchachos y las negritas sirvientas del barrio. los sacudió castañeteándolos y volviéndose. pellizcando las frutas. Conversaba con Luisa en la ventana. mulata galana que la suple a ratos en el ventorro y que se ocupa en los quehaceres de la casa. vivo pegá almate pa no necesitá de nadie. en espera de los compradores. Y con mímica despectiva. echá palante. les increpa: « ¡Condenao. enseñó el tocino entero.

y ya lo ve. La ventorrillera apuntaba en la memoria los créditos. Y la madre engreíale. y deja que jablen. que vide al mundo da mucha vuelta. y abierta de piernas. repasaba la vida del vecindario y de más allá. El padre. la vieja jabla. Tú ve ese tocino. con un plátano a medio pelan en la mano. manoteando en muslos y regazo. Yo conoco en ete pueblo a tó Dió. saltó de la hamaca. pero no e mala ná. las probe. Antonio le regalaba de vez en vez. Son buena. y los vio crecé a tós. pue lo que falta se lo han comío ellos. niño. Muchacho tú no sea pendejo. detrás de la puerta. acudiendo en mangas de camisa y pantuflas.. El otro día la muchacha le regalaron una ecofieta a mi nieto. Tú pué creé. el primer piano. concluía: —Ansí mesmito é. Y la negra. Y le mostraba la cuenta de la familia. y lo mesmo fue mi jija. que trujenon aquí fue pa ellas. ella replicaba con malicia: —Ni por pienso. La seña Catalina. Yo los conozco desdenantes. se llevó la mano al revólver. y cuando sumaban un peso. habichuela y plátano. La seña Catalina le instruía de los movimientos de la casa. Por la puerta. Son buena gente. aparecieron los dos hermanos sin sombrero. Para tener a la ventorrillera contenta. hay día que no comen ma que arró. por eso yo le fío tó. Desde el umbral. hasta que dio su mal paso. y mi taita nació en el hato del agüelo de don Pedro. —Las probe. Luisa suplicó: «vete pronto que ahí vienen mis hermanos». vive una sin tené en qué caese mueta. las altas y bajas de las familias. les increpó: . primenito. mientras los novios pelaban la pava a la reja. Antonio se dirigió al ventorrillo. en pie en la acera. con su parlenía. pué tú no te figura la plata que tenían: ésa era gente de mucha campanita. mi mama fue cocinera de la familia de la niña Rosita. que dormía la siesta. un pañuelo de madrás de vivos colores o algún pomito de esencia barata. y hasta solía también intervenir en el servicio postal. Un mediodía estival. abierta con estrépito. que te lo digo yo. an pué. —Ahora va a saber lo que es bueno.a ese vagamundo». furiosos. la madre les acuciaba. —¿Dónde está ese vagabundo? —preguntaban a la par. sonaron voces destempladas en el interior. ansí me cogen meno fíao. Tú ve las. sí mi amitades son del cogollito. a mí me jié la brosa. Luisa le dirigía miradas de angustia.. hasta por allá trá. librándose el pillastre de la cueriza dos veces merecida. hacía un palote con carbón en la pared.. la probes. indignada. por el Tripero. con sendos garrotes. Mejó. tan mal que etán. Por entre los hierros de la ventana. según los avatares de la política.. Antonio. Si Antonio se refería a los perjuicios que su permanencia podía ocasionarle. El chiquillo saltaba de regocijo en la esquina. avisándole cuando Luisa salía y por qué calle tomaba. conteniendo el ímpetu de los agresores. a tu mandao en cuantico empuñe.

allí el tintero y la pluma. El padre se dormía con el benjamín en las piernas. al cual se opondrían en la casa. Minutos después. al que apalearían. del brazo del papá. confiábanse proyectos. empezaron a llegar las domésticas de las amigas con bandejas y ramilletes de flores. en el salón recién encalado. resuelta. y más tarde. asomándose a la ventana después de reojear el cielo. reconviniéndose por naderías.. favorables o adversas. cambiáronse las arras y anillos. y comulgaron. en donde llenó el pañuelo con un par de botellas de cerveza y un gran pedazo de pudín. Luego . en torno de la misma mesa que sirvió para el matrimonio de la madre y de la abuela. esperanzas e ilusiones. mientras la hermana.. para terminar por mimarlo. los invitados fueron sentándose en filas paralelas. durante cuatro años. ¡Manita con la gente! El padre y dos o tres vecinos. La escena cambió como por encanto. con la boca llena de saliva. que ella misma confeccionara. fue nombrado director de una escuela nocturna con un ayudante y pocos alumnos. reinó la alegría en todos. en el aposento. fue comprando muebles de lance y dándole a la novia para la habilitación. sentado frente a sus librotes. En el centro. por lo que la vieja. canijo. atraídos por el alboroto. feísimo. y de acuerdo todos. se mecía y abanicaba. sonriente. El día de las bodas ha sido el único feliz de su vida. El oficiante les unció con la cadena. El padre de Luisa emprendió un negocio. masculló los actos y los artículos del Código. Por la noche. entonces salió la comitiva nupcial del aposento: la novia. para él y su mujer. las lenguas se calentaban. en voz baja. en dos mecedoras bajo la mirada de la vieja que. Cuando todos estuvieron en sus puestos. y resultó que le concedieron a Antonio autorización para visitar la casa en las primas noches y en la tarde de los domingos. el Oficial del Estado Civil. lanzaron bolitas de migas de pan a la nariz de los galanes. y aun al despedirse una postdata en la puerta. envuelta en amplio velo albo. El hombre de la ley fuese en dirección del comedor. De hinojos. en cuyo condimento doña Rosita puso sus primores. conferenciaron. hubo vayas alusivas que provocaron pucheros de risa.—¿Qué e eso? Ustedes tan loco y do contra uno. y en pie.. tocadas por el vino. según tradición familiar. enlazadas las manos. les tomó la promesa que unía sus cuerpos y sus bienes. en la reja. Los colores de los trajes femeninos y el negro uniforme de levitas. carraspeó. renovando a crédito el estrado de la sala. esto es. americanas y de alguna que otra casaca masculina se concertaban. fueron bendecidos. La desposada. y detrás los testigos. en la sala. Cada noche. y en los mediodías y atardeceres. mientras Antonio. solía regalarle con un platito de piñonate o de malarrabia o de suspiro. y el padre de Luisa. que eran amigos de infancia. lo que le permitía asistir de siete a ocho. En el almuerzo. ya apaciguada. se resolvió que el matrimonio se quedara a vivir en la casa. exclamaba: « ¿cómo que va a llover?». esperando su turno entre bostezo y bostezo. las íntimas de Luisa que habían de pasar con ella el día. se mudaron a otra más amplia. marchándose Antonio. oyeron la misa. color de tabaco. y muchachas que. en cuyo ápice tiembla un angelito de biscuit. y poco a poco. El libro registro circuló recibiendo las firmas de novios y testigos. promediaron. el funcionario. mohíno y agraviado. velado. como los pájaros acarrean briznas para construir el nido. mesa redonda de caoba. El matrimonio religioso habíase celebrado en la madrugada. haciendo entrar a los hermanos. dos horas. La puerta se cerró. Antonio mejoró económicamente. para el efecto. Antonio ceñido por la levita. En el último año de las relaciones. con la suegra.que eran colocados en jofainas de agua para que no se marchitaran. Desde temprano. recibió besos y congratulaciones. el novio. toda la ciudad conocía el suceso. El tío Tomás. El paso se estableció cerca de la puerta. A las ocho en punto. iba de abrazo en abrazo. adornada con el ramillete de azucenas y rosas blancas. en la acera.

La cerrazón del horizonte. Los chicos de la familia ofrecieron a la concurrencia el tradicional pudín. a meterse debajo del velo. ¡La casa. y por grupos. y ya habían comenzado a comprar encajes. iluminada por una lámpara rosada. y la pulpería. para capear el temporal. la gente moza se apresuró. no le notificaba desahucio lo haría cuando le conviniera. y con hijo. Sentíase rodeado por muro infranqueable: la tiranía. En esta misma prisión le anunciaron el nacimiento del primogénito y aquí también. y el médico. porque le debe a éste y al otro. asentó sus sueños. se tomó festiva. y más tratándose de uno de los «impenitentes enemigos del orden». Este los realizaría. en la plataforma de la torre. Luego. lo hubo de recibir en sus brazos. En los planteles. Había sido preciso deshacerse de los mejores muebles y de algunas prendecitas. así como el vaso de cerveza espumosa. lo aprisionan en su red formidable los intereses creados. El cejo se cuela sutil. Entonces comenzó el calvario de Luisa. y la leche que criaba al hijo. quiere vivir de la política». los que tejiera su imaginación infantil. Sitiado. . «No trabaja. la criada del niño! ¡Cuántas puertas cerradas en su presencia! Sólo mostrábanse benévolos los contrarios: el propietario de la casa. Antonio. Ayudar a quien es mal visto por el Presidente. para repartir a las amigas las flores de azahar del ramo prendido en el pecho. La suegra. menos aún en el comercio. Había que trabajar y buscó medios: en el periodismo. completa. que no ha venido por cierto con una hogaza debajo del brazo. a una predilecta tocó la corona. pues tales amuletos y prácticas tienen la virtud de facilitar los matrimonios. Antonio desprendió el velo estrechando contra su corazón a la virgen grave que se daba íntegramente. Ni siquiera interroga el porvenir. tal un pestilente. y la botica que acreditaba las medicinas. El ventanillo recorta un lienzo de cielo claro. claveteado de oro. a tientas. acorralado. encontró el hogar en la miseria. y entre dos barrotes fulgura Venus. de los potreros de otro. En aquella cabecita cubierta de hebras rubias. Cada hora medía una angustia.. fueron marchándose aquellos testigos de su ventura. Y las gentes murmuran. la leche. aliviada de los quehaceres de la cocina.. ¡Pobre muñeco! Cuando lo excarcelaron. que tan grato calor daban a sus mejillas cuando lo añoñaba. batista y lana para la canastilla cuando la eclipsó Lilís con la más injusta prisión.. a otra. y sobre la almohada empata el soliloquio. en la alcoba de ladrillos. agradable. Sí. los guantes. es comprometerse. a quien debía meses. a eso de las diez.. por causa de la ausencia prolongada. se dirige a la cama. merced a un permiso del Gobernador para que la esposa le visitara. en parejas. Se dijera que las paredes han rezumado sombras.volvió ella a la sala. ¡Maldita política!. ni pensarlo. personaje de la situación. IX La celda en tinieblas. mal dicen. cortado en trozos y servido en platillos. y la tienda. La luna de miel fue realmente plácida. y la suspicacia escudriña en su vida. le remplazaron.

el odio es también una fuerza y ya se las pagarán. dolores y placeres. deja esos amores. y amorosa. Mortifícale tal interés. sintió vergüenza de sí mismo pero respiró libre de la duda terrible que le había atormentado durante los meses de la preñez. altiva. Cuando la comadrona saliendo del aposento le avisó: «una niña. nació muerta». y sospecha las que en su ausencia taladran los oídos de la esposa: «Bien que te lo repetí. y frunce los . líquido álgido circula por sus venas. ¡ Qué dolor! La inquisición del galeno penetró la ascendencia hasta el abuelo. demuele la obra hecha. tal vez en el extranjero». La madre no desespera. fogata impetuosa le caldeó. ¡ Esos son los virtuosos! ». Inútiles los andadores. tus ilusiones. y el suyo se arrastra por los ladrillos húmedos del piso o se agita con movimientos de arácnido. ¡Y por qué. Y por un hilo tenue los conduce hacia la montaña de oro. ¡tan milagrosa! Y en promesa. humíllale exasperándole. acaso maligno. citando íos casos de muchachos pesados para hablar. ¿no comparte ya con orgullo e integralmente sus empresas? Los pesares del noviazgo. Antonio muerde la almohada con ira. no le sugiere: «claudica. se vistió un año entero de listado. sentencia: «un macrocéfalo ». mientras él. Es lindo. hasta que un doctor recién llegado de París. pero ¿ cómo romper la cadena de agravios y sufrimientos en la que cada minuto soldó un eslabón? No. los que asesinan y roban al país poseen el contento en el hogar y se recrean con hijos sanos. sufrida.. que hablan y corren. los había escuchado impaciente. y come ya pan mojado en salsa de habichuelas. ahora. cuando se ase a la esperanza de ir al extranjero en busca de los recursos de la ciencia. le enfadan los conocidos. y ella no vacila. la elegida. y continuó moviendo el pedal de la máquina de coser sin quejas ni reproches. Lágrimas ardientes le rescaldan las mejillas. «el pobre». Ese es el castigo de tu desobediencia». son adversarios suyos. ¡Aquella larva había sido engendrada por él! En los ojos de la suegra lee la acusación implacable. En la calle. la injuria del colegio: «tu padre. atónito. los fortificantes y las fricciones de aguardientes balsámicos. ¿pero es que eso mismo es posible? A los vencidos. honesta. arroja lejos de ti el pasado infecundo.Al niño le han salido todos los dientes. pero su lengua no ata las sílabas. Los meses transcurren. y si le obligan a hacer pinitos. un podrido». Y ¡cómo le laceraron esta vez los gritos de la puérpera! ¡ Qué distinta la emoción! Antes. reconoce el derecho.. que pregunta y recetan. le hiere. pon tu conciencia en almoneda». las mejillas ardiendo. y les concede además sol y aire libres. Cuando alguien dice. las piernecitas se doblan. Ella y todos. Se arrastra por sobre la estera. para ganar su misericordia.. le han bautizado. tu dignidad. le ama. y Antonio recordó. tampoco anda. eso se ve todos los días. el torcedor es cruel: si el niño reptando se le acerca. el corazón se le oprime. para que se atasquen hasta la nariz en el fango purulento. La idea de inspirar conmiseración. «Los médicos se equivocan. En la casa. que no produce pan ni salud?». pero no acepta sin reservas la comunidad. ciega. si le llama pa o si aferrado a una silla grita cimbreándose.. ¿Y ella misma.. ¿no es con él una en carne y espíritu?. y cuando al fin se rinda. oyó misas de rodillas. Si. y hoy el hijo les separa. La abuela recorre la escala de la familia. Señor. los preceptos del Código y los del apóstol. el coro voceará: «se ha vendido para gozar. el tirano todopoderoso les tira un mendrugo. gozoso: era la corola que se abría para dar a luz el fruto inmortal de su sangre. espiaba el vientre de nuevo fecundado. Aquel guiñapo humano exige sacrificios. ¿Y qué Poder humano ni divino transmutará el veneno que corre por sus arterias? Muertos y vivos le precipitan. ni siquiera gatea. encomendándose a la Virgen de la Altagracia. tan tremenda expiación! ¡Ah!. a través de la charca.. y su lengua que sólo articula monosílabos inconexos le grita: «sacrifícame tu vanidad. decía para fortalecer sus esperanzas. les apretaron. Comienzan las consultas facultativas y las opiniones de los amigos y las recetas caseras.

Su primer cuidado es acomodar los grillos. mesa y demás trebejos. y en la que se detienen. el dinero. antes que el otro. despernanca los calzoncillos que se mudó ayer. Más adelante. El preso sigue al carcelero por celdas y pasillos. Los anillos muerden la piel. Antonio reconoce la antigua Capilla. a pulso. no se sulfure. y. y los martillazos sobre la chaveta remáchanle en el hueso. ase los barrotes. ¡ Había revivido su vida! *** La puerta. Oficiales y soldados trajinan por el patio. soldado». que ya cobraremos. han colocado cuatro cañones. Se apoya en la cama para que se los ponga. toma un libro. Los ayudantes cargan catre. y. Antonio. algo serio sucede en el país cuando interesa asegurar los presos. se asoma al ventanillo. pulidos por los primeros rayos solares. entre la torre y la puerta. se les escapan. va al catre. tiene cominillo. la hora de la venganza está próxima. seguido de dos ayudantes. El alcaide entra. rodea los anillos de modo que se amortigüe el roce del hierro. pensando: cambio de calabozo y grillos de noche. Buenas noches. acarrea la silla. y entonces dormirá sin ellos y aun se librará durante el día. después no se quejen. X Las cornetas de la diana cantando «despiértate. y tejiendo con tres de éstas un cordón. Boca arriba. que esto no es cosa nuestra. La llama de un candil rasga las sombras. pero mis enemigos entre las sábanas finas. .párpados de miedo a ver materializarse recuerdos y pensamientos. y haciendo tiras. lo anuda por la mitad a la barra a fin de mantenerla suspendida y aligerar el peso. y puerco no se rasca en javillo. taja el silencio. todavía cerrada. sírvese de ella como escalón. se desperece. despertado. temen. traslado: este calabozo tiene vista al patio de la fortaleza y a la calle. para ensayar. El poder. frente a frente. voy a querer me haga el favor de venir. salta hasta el mecedor. Se alegra del. a saltos de rana. Algunos paisanos salen a la calle solitaria por el postigo de la puerta monumental. Antonio prorrumpe: —¿No hay otros más estrechos? Dense gusto. limará la chaveta. se incorpora. que brillan. le sacuden. En el patio. Y con ese néctar en los labios se duerme. Está nervioso. vuelve a repetir. Los gallos. Yo dormiré mal. silla. al efecto. Uno de los ayudantes se le acerca con un par de grillos. La voz del hierro rebota en las piedras. Antonio se alza. y arrimándola a la pared. —Amigo. va al lavabo y se ablusiona. La claridad se tamiza por el ventanillo. Y avanzando un pie. al abrirse. se consuela. desenroscan las cintas de sus quiquiriquís. ¿Qué demonios ocurrirá? ¡Daría lo indecible por saber! Se baja. y le ordena: —Amigo. después.

pues. Se detiene. limita la calle Santo Tomás. y ávido lee: «Hay mucho movimiento desde ayer tardecita. que da a la calle Colón. ¿Qué pasará? Las manos le escuecen. Se siente libre. cargados de flores marchitas. y es capaz de fingir su propia muerte para averiguar quiénes se alegran» . un engañ9 más no le importa. Por la galería cruza una negra con una jarra de leche hacia la cocina. la sangre circula vivaz. Gana el mecedor. y la bandera nacional asciende lentamente. entra el alcaide.A las seis. y alejándose unos pasos dispara. ¿saberlo todo?. aspira con fuerza. El estampido rueda por el ámbito de la ciudad dormida entre la colina y el mar. Sería tan triste equivocarse. La pieza recula. Bailaría de gozo. un chiquillo en cueros corre. un cabo toma del arcón un cartucho. mentira». mira abrirse las hojas de roble a grandes clavos. busca. Un rayito de sol cabriola en la calva. En abriéndole lo pone al sol.« ¡ Caramba. ¿ Cómo vencer las dudas?. Los balcones cerrados En el patio se yergue un árbol enfrutecido de pomas de oro. aparece un tupo: cuatro o cinco personas.. Se acuesta. la cierra. y se marcha sin pasar de los buenos días. Improviso arruga el ceño: «si fuese. y junto a él dos cayucos altos. Y en seguida. Las tropas están acuarteladas.. ¿ dónde y quién le dio muerte? Y su imaginación concede al desconocido las virtudes creadoras de los héroes. Nunca le ha parecido tan lento el ritmo de las horas. En la terraza. por la primera cuadra advierte gentes presurosas y bien vestidas que entran en casa del Gobernador. abre la recámara. ¡imposible! Va del ventanillo al mecedor. Leer. El pecho se le hincha. hay un obstáculo que re-presa el líquido. ¿A quién? ¿Al ministro de la Guerra? No. ¡Ajá! entre s dos disparos ha transcurrido un intervalo largo son: honores.. desabrochado el cuello. En viéndole. la guardia de prevención reforzada. saludada por toque marcial. es el prócer. desecha la idea. Aunque la masa de la Catedral n sus cúpulas. coloca el tirafrictor.. derruido las paredes. Le parece que un puño invisible le ha roto el grillete. es un papelito cuidadosamente doblado. como las espaldas corcovadas de un gigante. Es letra de su mujer. continúa suspenso atalayando.. es un buen hombre.A cosa de las ocho. ni tan insoportable la pesadumbre del silencio. De nuevo lee y relee. el humo sube. frontera al cuartel. «Este hombre es muy marrajo. pero eso sería demasiado fúnebre! ». en mangas de camisa. espinosos. y de súbito abate cabeza y brazos. Ese que no ha tenido siquiera tiempo de vestirse completamente. De nuevo la voz del cañón retumba. En el patio sigue el trasiego. y no se atreve a aceptar la otra tan grata. un oficial acerca uno de los dos cañones. estalla: .. tiene envarados los pies. A mediodía.. que hablan con aparato de misterio. no importa. Mataron a Lilís en Moca». un ayudante le introduce el desayuno. La guardia de prevención se forma presentando las armas. la noticia le pasma. ¡ si fuera Lilís! ¡ Cómo le pesa no saber de memoria las Ordenanzas Militares! Y se complace observando cómo el sol hila sutilísimos alcatifes sobre los ladrillos. El isócrono tronar del cañón interrumpe sus cavilaciones. Se frota las manos. ¿quiénes serán? Y se empeña por distinguirlas. Las cornetas a la sordina y los a tambores destemplados indican duelo. Antonio registra el pan: ¡ nada! y por el pico de la cafetera comienza a apurar el café. con el almuerzo. ¿De qué tratarán? ¡Ah! ¡poder de adivinar el pensamiento! No le es posible mantenerse más tiempo en vilo. Pero la han izado solamente hasta media asta.

¡qué va!. pero los pecharán. no. pero yo «visto y después Lisboa» —y el viejo se golpea con fuerza las rodillas.. —No creas todo monderó. eso es palucha.. ¿qué hay de nuevo? —El desmandingue. —¡Al fin. —¿A quién? —Al Generai. sin cuidarse de la cantina.. verá usted como habrá más prosperidad. ¿verdad? —Ello.—¿Cómo está Papá Quin?. —¿Y usted no me decía que Lilís estaba untado. exulta. alégrese usted también.. al fin! —No te alegre. El viejo se desploma sobre el mecedor. carijo. mira que ese hombre va a ser mucha falta pa toos.. —Y usted cree que está muerto de verdad. aunque el monte sea más grande que la iglesia. —-No crea eso. y a este país no va a haber quien lo gobierne. —Así será. Lilís ha sido un padre para nosotros. —¿Y los capturaron? —No. amigo.. cogieron el monte. la boca húmeda. que los ha explotado a todos ustedes. que lo mataron ayer de tardecita. Lilís ha sido un tirano y no otra cosa. que ahora vamos a tener derechos. libertad. Antonio. así decían. las manos azogadas. un hijo de Memé Cáceres y otros. —¿Pero es verdad? —Hombre sí. las pupilas brillantes. que no le entraban balas? —Ello. ... Tú no conoces la gente. Antonio. —No. ¿quién? —En Moca. —¿En dónde?. insiste: —¿Pero qué es? —¡Qué va a ser!.

cuenta. En la calle.Y el alcaide. pero yo te digo. de un dulce. chico. no creas too». a veces dentro de una arepita frita. y de estirarse los puños de la camisa. . Mientras tanto. en instante tan propicio a su energía. comienza su peroración: —Recordarás que cuando me convencí de la inutilidad de las revoluciones contra el poder de Lilís. ya verás. el mismo que viste y calza. a mí y a unos cuantos más. inútil. en la mansión vecina. un día sigue a otro. Y sentándose el uno en el catre y el otro en el mecedor. y él está retenido allí.. cuando el tedio de la expectación se trueca en pesimismo. Eso no pué sé. —Cuenta. —Yo me negué. que en la frontera Noroeste hay gente en armas. y en su marco aparece la figura parisiense de Arturo Aybar. los mensajes clandestinos de su esposa. se rasca la cabeza en la cual bullen dudas. Eso está muy bueno en los papeles. —¿Tú.. le quita los grillos. exacerban su impaciencia. tú no conoce esta tierra. y Enriquito nos invitó a ti. Antonio. las conversaciones con el alcaide. o escritos en el fondo ahumado de la cafetera con un alfiler. pero no eres de la situación? —Sí y no. Y el viejo replica: —Muchacho. «no creas too. Una tarde. fastidiado. parque y un cañoncito. que aguantan too. Y se estrechan en un abrazo afectuoso. A retazos sabe que los matadores de Lilís escapan a la persecución. con la frazada terciada. —¿Has venido a visitarme? —No. preso también. pero se ha suavizado. el bienestar del país. en el cuartel. Ha visto desfilar fuerzas del Batallón Pacificador. y componen una semana. se abre la puerta. en los mediodías continúa su prédica. Arturo Aybar después de carraspear para limpiarse la garganta. Antonio le observa de arriba abajo y exclama: —¿Pero eres tú? —Sí. registra menos la comida y se hace más comunicativo. confuso. El alcaide sólo suelta noticias vagas. El rosario de las horas es interminable para el preso. ponderándole las libertades que ahora disfrutarán todos. el tejemaneje de militares y civiles denuncia la agitación exterior.

como antes todo proyecto de revolución. pero Loló ha dado un batatazo y me zampa en la cárcel para demostrar que es más fuerte que Enriquito. Una vez en paños menores. —¿Pero por qué te prenden? —A eso voy. pero muy fácilmente Lilís habría escapado. —Bueno. y atacarlo. porque la tengo de muy buena tinta. me movía para ligar los jóvenes. Al efecto fui nombrado Cónsul General.. las autoridades locales. sostiene la una la pura doctrina lilisiaca: el chicote. ahí vienen. según sus órdenes. ¿ Tú conoces a Moca? —No. Lilis sabía desde La Vega que algo serio se tramaba. Pero en la bajaíta lo espero. la revolución tiene a Juan Calvo. porque Lilís era invencible. pues cada uno relata a su acomodo. en París. Mon Cáceres rechazó el plan.. porque convencido de que cambiando elementos gastados y malos por nuevos y buenos. qué calor! Y Arturo se desviste. El Gobierno es una olla de grillos. Mientras tanto. Esto gotea como los guineos maduros. y héteme aquí. he apoyado la evolución para ir preparando el terreno. y se quedó solo con un oficial y el Secretario para seguir aquella misma tarde. no te satisfizo la oferta. y ayer no más han cogido a San Francisco de Macorís. ¡Caray. Hace un mes. pero no me interrumpas. Como comprenderás. narra: —Hay varias versiones. . y la otra propende a la evolución. y sin embargo. pero los que mangonean aquí no aflojan. y además que yo no servía a Lilís. sino al país. ¿Y quién se atreve? Y Mon tomó para sí la empresa en la cual habían de colaborar otros muchachos. Pues bien. fiel a mis convicciones y a mi historia. y en la Línea se pelea. ¿y tu prisión? —Ya llegamos. y con razón. aunque tienen detrás fuerzas numerosas. A los conjurados ya les arreglarían las cuentas. llamado por el Presidente. La culebra se mata por la cabeza.. eso hubiera sido muy caballeresco. e inicié la lucha con un artículo en favor del Manifiesto de Manolao. los mozos de Moca triunfan. rompe el equilibrio. cada uno de los jefes tira de la manta con el propósito de empuñar la herencia de Heureaux. ladeándose a la izquierda. despachó el Estado Mayor por delante para Santiago.—Sí. regresé. y el Gobierno está dividido por dos tendencias. en sentido liberal. —¿Y cómo y quiénes mataron al negro? __Un momento. y Manolao. y a paso de carga. Verás: Horario Vázquez propuso esperar a Lilís en el camino con un grupo igual al que le acompañara. colocando en el catre las ropas. yo acepté. los de Moca. cuidadosamente dobladas. más o menos. civilista. se mejoraba indudablemente. pero esta mía es el evangelio. porque temen el encumbramiento de aquéllos. por gente de adentro. que en cincuenta años de vida pública jamás ha caído. Los que operan en El Cibao piden dinero y armas.

Aún caído. hablando con don Jacobo. cuando al fin cayó Lilís. buen tirador y gran jinete. Un azafate bien surtido dos veces al día. A Arturo le mandan las comidas del Hotel. ¡Qué toro! —Era valiente. El último disparo fue a quemarropa. el matador de Lilís es un libertador. y una guásima. con botas y espuelas calzadas. al cual. y a Mon mismo debió de asombrarle aquel hombre que acometía impávido. El aburrimiento de Antonio se disipa. —Sí. —Óyeme. preguntó: «¿qué hace ahí ese joven Cáceres?».. El almacén de los Lara forma esquina. ha hecho servicio eminente al país. le examinó para cerciorarse de que estaba bien muerto. y con el panamá le hacía visajes de brujo. y hasta ahora la carga es para él. —Sí. y como la casa es la última de la calle transversal. y se batieron. en la que están las oficinas. escapándoseles de milagro. y un desayuno suculento. quien tomó el revólver que llevaba en bolsillo trasero del pantalón con la izquierda. sin que nadie se acercara. aunque lo malo es que en este caso la gloria cae dentro del Código. le había regalado una papeleta de cinco pesos. detrás de ella hay una barranca. Mon es alto. y en el acto. Como oyera en la tienda la voz de Mon Cáceres. y ¡qué ganas tengo de darle un abrazo!.—Bueno. pero la verdad es que cuando el lance se trabó. Sin embargo. en cuyo tronco amarró Mon Cáceres su caballo. —Mejor. y más aún. Lilís infundía pavor. que también tiene puerta a la otra. a quien hubo de conocer la noche antes en el Club. Mon estuvo siempre frente a frente a Lilís. —Es verdad. El cadáver quedó tendido en la calle. apoyado el cañón en la boca. a grupas. a pesar del plomo que le destrozaba el pecho. Lilís estaba sentado en la acera. Dicen unos que Lilís mató a un viejo limosnero. así se ve en la fotografía del cadáver. Otros dispa-raron. pues fíjate bien. —¡Ah! eso ya lo supongo. cargó de nuevo el revólver. El primer tiro. vio a Mon enfrentársele. Avanzaba increpándole. pero ese Mon es un héroe epónimo. le esperaron más de una vez. hercúleo. pero le cerró el paso Manuel. dicen que se lo dio por la espalda Jacobito de Lara que salió por la puerta del patio. Lilís se irguió. se quedaron solos Lilís y Mon. de espalda al árbol. en la puerta de la oficina. dura lex sed lex. el bembe chamuscado y tumefacto. Ahora todos encuentran la hazaña fácil. Mon. en la diestra un revólver y en la siniestra una daga. ¡Le parecía mentira! Y saltó sobre el caballo y escapó con Pablito. como dos gallos. a una calle da la tienda. pues los otros se sacuden. El oficial que le acompañaba acudió a los tiros. otros que fue Pablito Arnaud que hacía fuego desde la esquina. también su responsabilidad es grave. y pasándolo a la manca hizo un disparo. pero tenía que ser: entre él y la sociedad había pactado un duelo a muerte. y despídete de los que la pensaron. la gloria será toda suya. retrocediendo cuando Mon le amagaba con el puñal. No olvides ese detalle. rato antes. ya puede seguir el curso de los . un hermano de Cáceres..

no. —Pero chico —replica Arturo—. si cuando lleguen a Palacio. —¿Cómo? ¡Ah! de modo que vamos a seguir por el mismo camino. Lo primero es el orden.. Los intereses creados son mayores de lo que te figuras. . Antonio.acontecimientos. desde el Puente Viejo a media noche a Notre Dame. —Sí. lo comprendo. cuando era un iluso. Antonio estalla: —¡Hay que acabar con el lilisismo! Es obra gigantesca. comentan y discuten. y así será mientras no lo eduquemos cívicamente. media docena. no lo ignoras. —¡Ah! . pero sólo así se salvará el país. se cuidarán de buscar a los prácticos para que los ayuden. no aflijas. tarea que requiere tiempo y paz. Oye mi consejo: consigue un Consulado y vete al extranjero. a olvidar culpas. lo que yo decía hace años. el pueblo en este país baila al son que le toquen. aprenderás a sentir la voluptuosidad de nuestro ambiente y a descubrir las sensaciones estéticas contenidas en los arcaicos sillares de La Primada.¿pero tú crees que le temo a los que vienen? No hombre. Hay que sanear por el hierro y por el fuego. —No me importa. —Oye. Una cosa son las teorías en los libros y otra la acción. compadre. lamiendo el Louvre que la luz matiza. y si le apalean. y ése será el fruto de la transigencia. la luna entre las dos torres o al Sena. aspiro a que gobiernen los honrados. aunque te contraríe. ponen entre ambos barricadas. pe bu. te juro que no somos tan malos y que abundan bellezas junto a las cuales pasamos indiferentes. Como tú. así pensaba yo. y cuando hayas contemplado. —¿Y el pueblo? ¿Acaso no apoyará a los que le han librado de la tiranía? —Estás repitiendo. y hoy después de conocer a Nueva York y a París. y a esta hora ya se está tramando una malla impenetrable para los intransigentes como tú. palabra por palabra. y a nuestra capital fea y fastidiosa. Créeme. Échale agua al vino. hasta que los tropezones me hicieron levantar los pies y mirar hacia el suelo. Los revolucionarios necesitan a los gobiernistas. y ¿quiénes son los aptos para esa empresa? ¿Quiénes los puros? Si el que más o el que menos tuvo que hacer con él: unos directamente. lo que importa es restablecer el orden y administrar. Al que no quiera lo haremos digno y libre a la trágala. ésa es la realidad. por ejemplo.. __¿Pero cuáles son?. acuérdate de que has pasado muchas crujías. otros por trasmano. __Tú hablas así porque te conviene. si no. —¡Pues estamos frescos! Con esa cantaleta nos jeringan desde el 44. yo encontraba pésimo cuanto hacía el Gobierno. silencio. y prepárate al desquite. tendremos jandinga para rato. como dice don Fellé. las noticias de los éxitos de la revolución o la varadura del crucero Restauración en las patas de ñame del puerto de San Pedro de Macorís.

dos. Señor. Y no me culpes. por . repiten durante los cuatro años del enganche los mismos ejercicios. y el gran mercado. que exprime tantas vidas.. pálido.! XI En aquellos días caniculares. otro siglo y otros hombres. a quien los éxitos de la revolución han amansado. Y Arturo corea el arrebato lírico con una risotada. expone las visiones tentadoras de París. Con mi país de promisión no acierto. a través de una copa de champaña. y también las cátedras. Montmartre. y las bibliotecas. a fuerza de planazos y constancia de los instructores. y que a la postre. Mis tiempos son los de la antigua Roma. —Lee esos versos de Zenea. no. frére. sin marcialidad. En las mañanas y tardes. aquí o allá. en donde la primavera resta gravedad a la Ciencia. bajo las aspas rojas del simbólico Molino. en columna de honor. —Bueno. que tú sabes bien que yo tengo razón. al salón. y las alcantarillas. los dos presos. la alegría del Barrio Latino. llegan hasta desfilar. señala a su contrincante un muro del calabozo. Nana. que a la voz de uno. sal por la boca del Ozama. adolorida Por unas penas que no tienen nombres. porque te pida. rematándola con el refrán popular: —¡Ay.. limpiaremos la República. y si la realidad es la que pintas. la verás desnuda. y los museos. Al grito de abajo el lilisismo. tal cual es. Y óyelo bien: nunca apreciarás el valor de sus teorías en nuestro ambiente encendido. en un café de la plaza de la Sorbona. el mayor de los departamentos de la torre. los aniversarios patrios. pero sigue mi consejo.. y no se mezclan impunemente las manzanas buenas con las podridas. Que aquella edad con que soñé no asoma.¿Has visitado de noche las ruinas del Alcázar de los Colón? —No me vengas con esas filfas. en calzoncillos. la Virtud y el Vicio comparten aquel reino encantado. concluyendo: —¡Qué escuela!. un par de horas les distraen las evoluciones de los soldados. y porque amo la libertad lucho para que rija nuestra vida. los escribió la mano viril de otro intransigente como yo. cuyas ventanas miran al patio de la Fortaleza. así será... y la voz de los sabios y las risas de las cocottes se armonizan seductoras.Y Arturo balanceándose en el mecedor o recorriendo la celda. el Bulevar. Y mis hermanos con la Grecia han muerto. trasladados el alcaide. Otra patria. languidecen. —¡Nunca! La verdad es una. La realidad. yo repetiré con el poeta: Tengo el alma. al río y al interior de la mazmorra. en compañía de una griseta. se aburren. Y Antonio.

en Báez. se arañaron. las pasiones eran sinceras. No. leen o disputan acerca de las últimas noticias. como Antonio y muchos piensan. Después del toque de paseo. son mal pagados. pueden aislar seres y cosas. De niños las dirimían a puñetazos. Con la perspicacia de los ojos que vuelven a ver. y si desertan. amodorrado en el mecedor. por un quítame allá esas pajas. limpian las vías o trabajan en las edificaciones de los magnates. que no compra a tiempo la autoridad local con potranca fina u onza pelucona. Arturo. él que tuvo puesto en la mesa del festín. En Santana predomina el instinto. el . esperan en las esquinas el condumio con que les regala la criada corteja.delante de la mansión presidencial. ¡Pobres sol. y en seguida. por tanto. y si la brisa refresca un tanto. las procesiones religiosas. que se acusa de tal pecado. se dieron las manos. y fueron los restos de éstas los que dieron molde a las dos facciones contendientes en la primera república. o son lectores de novelas. el kepis ladeado hacia la oreja. hiere o se quiebra. Ninguna idea les concierta encerrándose con frecuencia en silencio hostil. tuvieron los mismos ensueños. dados de una democracia! La injusticia les recluta entre la hez urbana y la gente moza campesina. les fusilan. no ha sido adventicia. arma terciada. exterminar. las clases se mezclan. monologa. El odio a la tiranía los unió. Sí. fueron a calmar la calentura con sendos helados en el café La Diana. les apalean. observándolos por los cuatro lados. haciéndolos semejantes. de esas con la efigie del rey Carlos IV. por cierto. más astuto y frío. Es como un dardo: ciego. no conoce a los hombres y acepta con la mayor candidez que la tiranía desaparece con Lilís. no es. de año en año. A la verdad. balanceándose sobre las piernas abiertas. o empollan. pues no modelaba los espíritus. Arturo recuerda con cierta ternura la última vez que riñeron. nunca supieron el dolor que cuesta alumbrar una idea. sin miedo ni fatiga. que la avaricia entierra. y en las horas francas. reconoce y admira. de ahí el fervor. en la Plazuela de los Curas: revolcándose. carabina al brazo. pero ambos llegan a su hora. porque poseen titulo académico. duermen en duros camastros. la disciplina social desaparece. jamás apropiado a sus pies. Por las calles. y a seguir a paso lento. adviene un factor nuevo. de pipiripao. custodian las yuntas de penados que. de noche. Cree que su misión es combatir. aquella no era una escuela. ahora con palabras a veces agresivas. o hacen frases y chistes. cuenta las rejas. comunes. Y como él tantos otros. Antonio y Arturo matan el tiempo jugando a la brisca o al tute. Mientras visten el uniforme de dril azul. y en la primas noches. pegaron y mordieron. y que. las manos atrás. Se conocieron en los bancos de San Luis Gonzaga. y Arturo. Caudillos y huestes concordaban. Antonio pasea a zancadas a lo largo de la estancia. estudiaron en los mismos libros. La tiranía de Heureaux. se dice. la fiereza con que Portocarrero se ha estrellado contra la tremenda realidad. a rastras la cadena. pero el uno. un articulejo. hacen oficio de mandaderos. y sacudiéndose mutuamente los trajes empolvados. Los veintidós años de dominación haitiana disgregaron las castas coloniales. más o menos ingeniosos. la abnegación y la implacable saña de sus bregas. Los hombres tienen prisa de gozar. y desde entonces datan sus divergencias. jugaron juntos. el intelecto. el consejo virgiliano: cuida el árbol para que tus nietos recojan los frutos. aprovechóse del impulso ingenuo del otro. ya adolescentes. en los corrillos. y ataca sin mirar a su alrededor. Arturo registra ayer y hoy en busca de un hilo para guiarse mañana. Para ellos. sufren la horrible tortura del zapato. jadeantes. Con la levadura de los restauradores triunfantes de España. que se dicen intelectuales.

o un novel general enamorado de las doctrinas de Hostos. vadean la ría. por sentimentales. la ocasión es de perlas. en tal ambiente de asonadas. la existencia es la más dura condena. dar y recibir golpes. sacrificarse por una idea. a los pronunciamientos. de los campos cultivados vendrá el varón fuerte. fusilamientos y asesinatos. inexorables en el juicio. apurarían la cicuta sin temblar. dispersas. El laurel. acres vozarrones de bestias en brama. volando chichiguas. un hombre de levita. en el vino añejo. ¿En dónde el corazón que nos nutra con su sangre generosa? ¿ En cuál cerebro anida el pensamiento mentor? ¿Los viejos? Uno. hasta que la anarquía engendra a Heureaux. Arturo. y. aquí no será profeta uno a quien han visto en mamelucos. los capitaleños se reirían de él. a espaldas de la ley se libertan. por merced arbitraria o por la de su arrojo. a los golpes de estado. pero no. encastillados en sus virtudes. son demasiado honrados para algunos. así la arriesgan frente a los fusiles de los cabos de vara al primer descuido. y encumbrará un civil. rotos los ídolos. sin embargo. que basta vitorear la libertad para alcanzarla. se destacan un austero ideólogo. las figuras efímeras se suceden en Palacio. Y. una mente patricia caída en la dictadura y un poeta epicúreo. cuya voluntad suma todas las ajenas. consuela o fulmina. mas no sabrían encontrar el ritmo de la vida en la cabellera del discípulo juvenil. Más te importa leer a Maquiavelo y estudiar a Lilís. que tenga. como quería el florentino. en la mesa rica. no se concilian en una sola aspiración. . no queridos. respetados. esparcen tales miasmas por los campos . Arturo. Expulsar de sí al sibarita que se place en la lectura de libros bien impresos. odiar.. de la raposa y del león. El baecismo sobreviviente impera con más vigor que antes frente a los azules. y cercenando cabezas.peculado asoma. esta frase es de Castelar. triunfar. a la postre. sin temer a los dientes de los tiburones ni el mar. Y de un salto. Los hombres. Fragmentados ambos. No. Pero como a su sombra maléfica no ha creado ni una oligarquía vigorosa ni una conciencia nacional. acoplamientos infames. en la obra de arte. en la cama mullida. —Déjate de pamplinas. ser un hombre como los otros. amar. En la anafaga del río expira la tarde. y las mismas manos lo derribarán al día siguiente. de cadenas. padecen hambre. troncos sin savia para otros. las regiones se imponen. en la hembra entre encajes y perfumes. atisbar en las almas. duermen en calabozos infectos. sin género de duda. vencer. redime. estudiando a los hombres y sus flaquezas. medio desnudos. que no comprende. contagian al adversario. dos. a los gobiernos estériles. satisfechos de lo que han sido. temidos más bien. La exaltación revolucionaria presumió. tal vez cuatro. miseria del cuerpo y del alma. mete al país en el puño de su diestra manca. La empresa es hermosa. y. decir la palabra que alienta. bajo un jefe único. y cuando. permanecerán aislados. sanguinarios. Como el griego. bajar de la torre de marfil a la arena. o salvando el muro y las rocas. ¡pero qué va!.. se planta en una de las ventanas orientales. Del corral de los criminales suben ruidos de cacharros. se inicia la era de los caudillejos ignorantes. —Oye. quienes. el capricho aparea el asesino con el ratero. tornamos a las andadas. ¡Quién se atreviera! El diablillo del orgullo le tienta.

y de una vez. Los ojos de la mujercita reflejan inquietud resignada. Algunos han vestido chamarra de dril.. Pero ésta no debe permanecer inerte. Antonio baja a saltos los escalones de piedra y atraviesa como una flecha el patio hasta ganar la puerta. La cuñada. y una impresión. sujetándose a la puerta. ella le acompaña hasta el umbral. le presenta un gran plato de natillas con sus iniciales en canela espolvoreada. de bombito y . mezcla de alegría y tristeza. Desde las siete de la noche en el Parque de Colón nótase la presencia de corrillos y el ir y venir de gente moza armada. pero a qué remover las penas del cautiverio. El pronunciamiento se impone. apá. Hay. y de que la revolución. ya era tiempo! Y ahora ¡a triunfar. fecundándolo con un beso. jubilosa. Cuando el coche desemboca por la esquina próxima a su casa. *** Las cinco de la tarde. pero no tengas cuidado —y en la oreja siembra el secreto. Y Antonio abraza con fuerza afectiva. El hechizo del ambiente le encadena. desde las puertas y aceras le saludan. Por el trayecto hasta su casa le enteran del acontecimiento del día. naturalmente. otros.Del antro asciende una voz fresca que entona una canción penetrante. pero hay que arrancarse de allí. y cuando se dispone a salir. pues. es preciso dar un golpe y derribar el Ministerio que asume el Poder Ejecutivo. a través de los gruesos muros. que aúlla amá. pétalo. la misma que a la vera de las rejas sollozan las guitarras a la luz de la luna. Un abrazo los confunde a los tres. El contento se pinta en los rostros familiares. ala. que avanza por el Norte y el Este. Manos a la obra. ¿cómo es posible que la victoria sea íntegra para cibaeños y seibanos? No. El lee en todas las pupilas un acuerdo tácito. lo que importa es el porvenir que empezará dentro de dos o tres horas. la renuncia del Presidente Figuereo. vecinos y transeúntes. toca ya con las culatas de sus fusiles a las puertas de la capital. ¡Cómo ha crecido! Antonio le carga en vilo y entra con él en la casa. la letra vulgar conmueve acercando a los hombres. ha de ser de todos. ¡Caramba. que apresurarse. ¡En libertad al fin! Tiene alas en los pies. Y esta noche será. Por las calles del tránsito. se empina el hijo. sugestiva. a realizar los sueños! Le hacen coro.. efusivos. la palestra lo espera. Le ha anunciado. Sí. Antonio acoge el proyecto con fruición. que saborea en compañía de los amigos. no me esperes. temblequeante. que promete días de prosperidad. destila una lágrima de las piedras siniestras: Símbolo de mi amor Inmenso y triste Guardo el blanco pañuelo. de dicha. En la calle esperábanle dos amigos en un coche. y con voz insinuante pregunta: —¿A qué hora vuelves a cenar? —No sé. le oprime.

y se echan de nuevo a la calle. a la planta tercera. concertando pareceres. conviene pronunciar la Capital. sus a él! Y las piedras golpean las mansiones de los engrandecidos. el enemigo se esconde en las casas. y manos y pies le hacen trizas. En cada calle erige un pretorio. Antonio. sí. sí. hacen añicos las ventanas. a repartir desde ya la parte que a cada cual corresponde. en el cual están la sala y los dormitorios. toma camino de su casa. El pronunciamiento culmina en una Junta Gubernativa. Antonio rehúsa la botella de cerveza fría con que le invita uno de sus correligionarios. cuyas borras hierven. inflamado. ¡Ese rasgo merece más respeto que los fusiles de sus azuanos! Y los gritos llevan el ardimiento de la pasión regeneradora a los habitantes de La Primada. se enjuaga la boca gargarizando. toalla al hombro. Aunque el nuevo Gobernador simpatiza con la revolución.. El grupo. Pedrada certera rompe una vidriera. y sin que la policía. y. a relatar los hechos. Una voz apunta: «¡a donde Manolao. y a su impulso el grupo se dirige por la calle dcl Conde a la Gobernación de la Provincia. cantarinas. uno de cuyos miembros perteneció al Ejecutivo derrocado. compuesta de zaguán. Un chalet que irradia luz por sus cristales atrae las miradas. comedor. y otra. El objetivo de la épica jornada ha sido descubierto. ¡Es verdad! Y la multitud piensa que sería inútil manchar con sangre tal proeza cívica. ¡Viva la revolución! ¡Muera el tirano! Un bastón de ébano fracasa el cristal del retrato ecuestre de Lilís. empiema unos pantalones remendados. se frota los dientes con el índice. ¡Pues. en donde el ministro de Relaciones Exteriores entretiene un corro con su charla amena. los caídos pueden reaccionar— los otros. roncas las gargantas. Luego se sienta en la clásica sillita criolla a esperar el café.» Pero otra detiene el coraje. Descuélganlo. ¿quién quita?. los pies desnudos en holgados chanclos. Hay que galvanizar la ciudad. en camisilla.. dejando el lecho. reflexiva: «hay que tomar precauciones. Se cuentan entre sí los comprometidos. abrazado. echar por tierra el Ministerio. y escupe las bocanadas al patio. Antonio. felicitado. tiene azuanos armados en su casa. lo llena en el tinajero y asomándose por la ventana de la cocina. porque. presa de vago malestar.. XII Muy de mañana. embrazan larga carabina y cruzan al pecho la cartuchera repleta. ¡Abajo el Ministerio! grita una voz. escaleras arriba gana el despacho del Gobernador.saqué cola de pato. y. baja del piso alto. que se están quedos y a cal y canto. acusa lapidando. y recuerda que el general Figuereo ha renunciado al poder. a pesar del triunfo. va de aquí para allá. mientras ellos les devuelven el bien sumo de la libertad. El contentamiento los impele. desmayados los brazos. con él. La fogosidad los ciega y los concita. y no falta quien se tercie el machete de cabo. y ciento. Provisto de un vaso. los unos a montar guardia en la Gobernación —es necesario estar alerta. les moleste. cocina y cuarto de baño. y el grupo se disuelve. . a guisa de cepillo. en anafe cerca de la puerta. edificadas con el oro del pueblo: tiembla entre su lujo. cuyo cuartel está en la planta baja. en el Casino o en el en el Club Unión.. cuchicheando.

faena que abandona para preparar el café de los madrugadores o cuando en el portal suenan la tapa de latón del panadero o las vasijas de la leche. espiga el llantén y brilla el terciopelo de la yerba buena. En uno de los ángulos. En el umbral de la puerta del patio. En cajoncitos. tres». ruda y albahaca. que regala con su sombra el lavadero: una batea de roble sobre un barril vacío. salvia y sábila. en cuartucho cobijado de cinc. En el jardincillo. se mira coqueta en el agua y lustra con el pico las plumas pectorales. entre la ventana y la puerta del patio. espumadera y guayo. Aquí y allá. Antonio examina la estancia. «cámbieme ese mollete que es de ayer». despercude cacharros. De un clavo cuelgan colador de metal. En la pared del fondo. y tuatúa. dividen el espacio los cordeles de . reposan. flaca. guanábanos y limoneros. y alta claraboya mira al colindante. y «éste que está blandito como barriga de viejo» o «llene bien la medida». en la mesa cuadrilonga. que es fuerza mantener con las alas cortadas. la protege de resfriados. los calderos. restando dominio al sol. Al lado. y por encima de la pared medianera extiende el ancho abanico de sus hojas y carga las hermosas esmeraldas peludas de sus mazorcas un pan de fruta. Antonio observa complacido una blanca pollona moñuda. en el borde de aquél. las ollas vidriadas y las pulidas cucharas de higüero. un casco de tinaja de hierro. En uno de los extremos medra un humilde jardincillo. recién fregada. cetrina la rugosa piel de trigueña. o «esta leche está bautizada y se le ve el azul de la batata». y hacia arriba son eméticas. macetas. en el cual ponen y encluecan al amor de un gallo una docena de gallinas. bolillos. No. el aparador de pino. cuyas hojas purgan arrancadas hacia abajo. Es un cuadrilátero. cerrado por tres tapias erizadas de fondos de botella que lo guardan de los rateros. la señora en cuclillas. tenazas. y detrás de éstos. el frasco de bija con su muñequita. La mitad la ocupa el gallinero. Entonces se escucha su voz que cuenta: «uno. entre arriates de caracoles marinos. de la misma madera añosa. la higüerita con la sal. atadas con tiras de yagua. una ventana lateral se abre sobre éste. brinda tribuna a sus estrepitosos cacareos. el pilón de algarrobo de moler café y rajas de cuaba para juntar candela. De tapia a tapia y de árbol a árbol. Todo está igual. machetes y otros enseres. sale al patio y lo revisa con mirada curiosa. dos. naranjos. enfloran mosquetas y cienhojas. tiene su sede el fogón: hasta cinco anafes de hierro de diversos tamaños asentados en poyo de mampostería. ha envejecido también. Hay también hinojo. que en un pie. en fila. Dos puertas la comunican con el comedor y el patio. un geranio escarlata y un clavel de olor. y un cocotero. plantado de árboles. el bebedero. según decir. el barril del carbón. por cáscaras de huevos enhiestas en varillas de coco. tres piedras carbonizadas y la lata de lejía. las pailas estañadas de hacer dulces. en cuyos tramos escurren boca abajo la loza a flores. debajo de la misma. y con ademán cordial le alarga el pozuelo de café tinto. revelando la frecuencia con que el cuchillo raspa las manchas que la afrentan. reclinados en el tabique. cercado de cañas de Castilla. después de sorber la última gota azucarada. que infesta el recinto y hasta la misma casa. En un ángulo. recostadas en el muro. caliente y aromoso. y reclama. defendidos de la adefagia de las lagartijas. Antonio. Mientras lo paladea a sorbitos. un pañuelito blanco anudado en el occipucio. cuyo tronco forma un codo. cuchillos. está el retrete.La suegra preside en el ámbito. el almirez de piedra y la hachuela de picar carne. «Eso no es tener conciencia». El sultán engalla la cresta cárdena. Un limoncillo las ampara del sol con sus ramas. concordándose el placer estético con la utilidad de la medicina casera.

Musgo fino tapiza el brocal de piedra. para que las hilachas no le molesten ni el sudor lo ablande Quiere una corbata roja. que surte agua fresca a dos casas. de súbito. de la cual afirma la conseja popular que. tanto mejor. sustrayéndose a un pensamiento: ¡sería tan fácil acabar. y sigue unos instantes el curso del lácteo chorro. y es necesario también que ésta sea la última revolución». Está un poco estrecho. En el baño. Le sujeta los pantalones por los bajos para que el pie entre recto. ¡Cómo le ama y admira! Antonio parte el revólver W. y en la espalda ni un pliegue. así marca las líneas varoniles del tórax. donde le espera un desayuno extraordinario. mientras se estruja la piel hasta enrojecerla y se enjabona copiosamente. Y en compañía de la esposa. de regreso a su cuarto atraviesa por la cocina. La mirada escruta la pétrea garganta cavernosa. la copa circuida por cinta negra de dos dedos de ancho. las muchachas casaderas que se asomen ven retratado el futuro. Cuando. Mas. En el seno profundo espejea la líquida pupila. Caía hasta las cejas el sombrero de yarey. En la opuesta esquina asienta sus reales el pozo. aquél cuyo nombre será el mismo del primer pordiosero que en tal día haya tocado a su puerta. Con la higüera se empapa la cabeza. baja al comedor. y echa el recado. y de la boca surgen graciosos helechos. y avienta los cabellos que han caído sobre la pechera. dormir para siempre. Bienhechora sensación de calma y de poesía le acaricia. Y del pretil al baño acarrea el agua.tender la ropa. la leche que hierve forma una cúpula de nata y se derrama sobre las brasas. expresión de su radicalismo. burbujas le cosquillean por la espalda. boca arriba. En su cuarto encuentra ya listas sobre la cama y en el espaldar de una silla. . y empinándose al final. las solapas caen bien. para ayudarle a vestirse. pero no la posee. Sube las escaleras ágilmente. dice para sus adentros: «no importa lo que cueste. le besa. ya cesará en cuanto le dé el aire. ceñido el saqué se planta ante el espejo. Sentado. y el húmedo vaho le penetra. El claro ojo le fascina. el día de San Juan. haciendo molinetes con la varita de corozo. Antonio. Aún hay más: dos pesos para los cigarrillos. se allega a él. libertar y restaurar el país. el tronco sumergido hasta la nuca. La suegra acude presurosa. Antonio mata con la esperma de un cabo de vela el filo del cuello. Se aparta. le interesan estas faenas domésticas. ¡Qué delicia! Y pensar que más de un año estuvo privado de ella. es urgente que El Homenaje no sea en lo adelante el domicilio de los dominicanos que piensen en voz alta contra el Gobierno. de alas acanaladas. la trasiega repetidas veces para enfriarla. y si huele a bencina. vertiéndose en la batea. flamante. repasadas por la mano amorosa de la mujercita. lo aceita. que está allí. y en el bolsillo de pecho guarda el pañuelo blanco de seda perfumado de Yˆlan Yˆlan. rondando. and 5. Luisa acude a uno de los hermanos y vuelve con una. encarnada. ella misma le hace el nudo. las ropas. Antonio se detiene. y cargándole lo vuelve a la canana colocada en el costado izquierdo. Antonio. asida por la abrazadera la lata que fue de manteca. En el silencio se escucha el raudal. en la paz de lo hondo del pozo! Rocía el carrillo para que no chirríe. en las cuales descubre la belleza sencilla. soga de majagua con dos bambúes. enfrascándose en sus planes de sanear. las piernas encorvadas. goza de la impresión voluptuosa del agua fría.

inmoral --dice uno. sangre. mozo inofensivo. huevo frito y media vara de longaniza. de Palacio para sus casas. bien entendido. pero ¿ cómo referir que las piedras vejaron a quienes más de una vez han favorecido a la familia y a él mismo? Del embarazo le sacan tres conmilitones que llegan presurosos. El habría preferido una pelea. usted es muy sano. base de la piedra musgosa que destila el agua. está puesto en una de las cabezas de la mesa de caoba. ¡Qué sacos ni ocho cuartos. desean saber qué fue lo de anoche. de los mentados dominicos de los campos de San Cristóbal. relata el pronunciamiento. Todos interrogan. El buen hombre les . aunque no lo confiesa. asado con cáscara en la hornilla. don Pedro. encorvado ligeramente. —Es necesario que nos reunamos en seguida para constituir una Asociación Cívica. como tremenda lección. baúles viejos. aunque yo sé que desde esta madrugada están sacando carabinas y cápsulas. a la panzuda tinaja. pacífico. La amueblan un tinajero de pino pintado. —Sí. esta gente es capaz de todo. los culpables colgados de los faroles.. con un reflejo de bondad en el rostro rasurado. En un plato. . las golosinas y el azúcar por temor de los muchachos. y no deben creer sus intrigas. Antonio. sobre los cuales atadijos de ropa recién almidonada. mueble secular. unas perchas o cosa así. Vienen a buscarle. medio de mantequilla. lo primero es ir a la Gobernación para poner en cuenta a la Junta. que debemos impedirlo. pero que no se les dé a ellos. si en las cajas no hay más que papeles! —¡No. El primero ha sido empleado de la tiranía hasta ayer. A la verdad. en él están metidos hasta el gollete los jefes de San Carlos y Pajarito. nosotros los conocemos! —Vamos. La habitación es adyacente al zaguán. rechoncho. cargando sacos llenos en un coche —asegura el último.. y el tercero. Don Pedro los ha oído suspenso. ha vuelto del mercado a donde él mismo va con la negrita sirvienta a hacer la compra. y de momento rompen los tiros —noticia otro. que vele por que no se emplee a los lilisistas. un pan de corteza dorada. entre bocado y bocado. porque eso sería injusto. un cajón alacenado con puertas de tela metálica. —Eso no lo logran.El mantel de alemanisco azul. En torno de la mesa la familia se sienta. un plátano maduro. pues ya hay un complot para reaccionar. se siente mohíno. gota a gota. que hay mucha gente mala. no está satisfecho. destinadas a las tablas para secar al sol los cajuiles y al mármol para estirar y cortar los caramelos. un pocillo de leche. La cosa está que arde. los han visto con los claros del día. en el cual se guardan bajo llave la loza. doblado en cuatro. No pediremos nada para nosotros. —Lo que importa es abrir los ojos y no dormirse sobre los laureles. y en un platillo. el segundo. color encubridor. El suegro. pero lo más gordo es que se están llevando el dinero. ¡santo Dios! ¡qué transformación tan rápida! de espía y alcahuete le reputaban. excelente bailador. estregada a diario con estropajo de hojas de guayabo.dice persuasivo: —Vayan despacio.

El ejemplo de los Estados Unidos y de Suiza se cita como meta de la democracia. Antonio Portocarrero desenvuelve como en un cinematógrafo las visiones de los catorce años de tiranía. armada de largos machetes y al hombro el saco de yute en que almacenan frutos y objetos realengos. Por la Puerta del Conde seguían entrando los lecheros. Las serenatas a los triunfadores sucedíanse por las calles. los dineros del Estado y los servicios públicos. de la necesidad de que . En el grupo de jinetes que precede. y restalla el látigo de siete colas en su verbo indignado. lee las cuartillas de sus arengas. Arturo Aybar habla del orden. Eugenio Deschamps. y gimiendo con los presos. los comentarios corren quemantes. ambiciosos y amigos de hacer coca! Acuérdense de Santana. contra el asalto de las pasiones irascibles y de los nuevos intereses voraces. los mal intencionados murmuran: «¡son las mismas que bailaban con el negrito!» y los rapazuelos callejeros. que enantes corrían tras los carruajes en los bautizos rumbosos. un nuevo espíritu animó la ciudad. manos inexpertas lubrican los fusiles. a lo largo de la empavesada calle de la Separación hasta La Fuerza. A su paso. Un día. encaramada en sillas claudicantes. y la Junta forcejeaba. vigorizada por la intransigencia de una cabeza dantoniana. Miguel A. y a los oídos de la gente moza las canas duchas insinúan: —¡Cuidado con los del Este. o medio a medio de las calles. de la educación cívica. hermoso. tararean las canciones procaces. se adhirió al vocabulario político. ¡homérica risa que durante doce años resonará preponderante en la política nacional! Sobre sus cabezas caen pétalos. y la palabra meeting. veló las armas. mirando el hembrerío de los balcones. graduado de doctor en una Universidad del Norte. el aire embalsamado por las pomarrosas de las sabanas orientales. Se confeccionó una lista de candidatos a mejorar las instituciones desde las oficinas. enciende los cohetes de su prosa. Los soldados de la revolución desfilan. y la vieja barca cruzaba el río con los pasajeros trafagadores. el héroe. con su taifa de paso tardo. Ramón Cáceres. mirando a los balcones engalanados. importada por un negro autodidacto. jinete insigne. derrama sobre el pueblo las doctrinas constitucionales de Hostos. son matreros. revuelan los aplausos y aletean las aclamaciones. pasan los revolucionarios. cuyos faldones ahueca el viento. En los días siguientes.Y los cuatro salen a cumplir el arduo deber de salvaguardar la paz de la ciudad. ojo avizor hacia San Carlos y Pajarito. Vale más esperar a los del Cibao. La Junta se opone. rico en dicterios. de la libertad. trajo nuevas explosivas: el jefe revolucionario de esas provincias se proponía entrar en la Capital. alto. Cada plaza se convirtió en sucursal del ágora. que no desamparan ni en las marchas penosas ni en las refriegas. en los cuales la juventud. En las esquinas. aún oxidados. un tanto ladeado. La magna lucha duró seis días. La juventud audaz. En la tarde del sexto día. las manos entusiastas señalan figuras conocidas: el Jefe. hace sonar los grilletes y saca de la tierra en que se pudren los cadáveres de las víctimas. que sea el triunfo uno solo. en corrillos. con una palmita de guáyiga en los sombreros rotos: es la divisa de las tropas que desde Santiago a la Capital cuentan en su jornada una sola baja: un oficial herido en un muslo por el cuchillo con que hacía rajas una caña. Garrido. por debajo del Baluarte del Conde. y a las que en ellos agitan manos febriles. recién llegado. los discursos premiaban el esfuerzo de los caudillos. de gallardo talante. que pasea su vehemencia de chistera y levita. la cara de risa. en las cuales la chusma ha sacudido el lodo de sus chancletas sobre las faldas de seda. la negra barba en punta. cual tallado en mármol.

ni tienes ideas gubernamentales. Pero una noche. anunciando: ¡se maquina en la sombra! Las miradas se vuelven buscando a los impenitentes lilisistas. en las esquinas alternas. se lee el Decreto presidencial nombrando el Gabinete. con sus panamás alones. Es cátedra de política criolla. Un día de noviembre. la levita inglesa abrochada. igualmente istas. En las palabras. ¡Usted verá! ». el presidente futuro. Dicen que eres muy intransigente. su mejor título para legislar. exhibe la mordedura de los grillos. y limpios de culpas. los cibaeños retornan a sus lares. usted tendrá otro en mi Gobierno. Mas. y no eres un hombre práctico. En el Jordán de la Revolución zabullen todos. Cuando la naciente oposición da en el blanco. En los bancos del Parque se despelleja a los agraciados. dice que va a desenvainar el encabao y a entrar a planazo limpio a La Bandera Libre. A diario. borracho de palabras. un compañero de la Asociación le confía que el Gobierno Provisional no le apoya. Acusación o ejemplo. en los pensamientos. roídos de ambiciones indiscretas. se le combate. entona el Te Deum laudamus. distinguido y de confianza» . la pasión grita en el Parque: «Horacio está que trina. pero está presente. Y el pueblo. Se le niega. El Metropolitano. —¡A mí! ¡Eso no es posible! —Sí. En una asamblea lanza su candidatura a Diputado. con títulos alusivos. es presa de las lenguas implacables. Los vencedores se dividen en dos grupos. «yo porque no le quise aceptar un puesto». se insulta. En la tarde. que lo discutes todo. en una conferencia. que sus oyentes acogen con aclamaciones. Portocarrero está asombrado: nunca supo que tuviera tantos admiradores ni la tiranía tales enemigos. bajo un laurel del Parque. Los papeles impresos. se advierte una sombra: Lilís. se le abomina.los hombres idóneos gobiernen. uno explica: «yo porque no le saludaba». otro. señalados a la burla pública desde los periódicos. dice la gente. con gran sigilo. suena en todas las bocas y obsede las imaginaciones. la prensa registra nombramientos. En los días siguientes. bajo las naves de la Catedral. y las diestras apuñan bajo las chaquetas las cachas de los revólveres. cruzado el pecho por la banda tricolor. a son de bando. reluciente el parisiense sombrero de copa. y levantándose el pantalón. La candidatura gana prosélitos « ¡Se lo merece y sabrá defender nuestros derechos!». palmotea. El ditirambo y la diatriba se codean. bregan por hacer la felicidad de la Patria. más o menos jacobinos. diciéndole: «Necesito ese puesto para una combinación. aumentan: las piedras de la épica noche se han transformado en tipos de imprenta. otro hace cambiar las sonrisas que produjera esta poesía. por un gesto de espanto. el elegido jura la Primera Magistratura. en la cual están anotados los que debían morir por el hierro de sus esbirros. Se ha descubierto que existía una lista de puño y letra del tirano. ni tampoco el candidato a la presidencia. o «acuérdense de Lilís que tenía experiencia y sabía en donde apretaba el zapato». a ti. Cada apellido que cae de los labios del pregonero. y al pie de los artículos se leen todos los signos del alfabeto o seudónimos. Vientos de Fronda desmadejan el ramaje de álamos y laureles. en los actos. Se elogia. pasean por las calles. Ningún mérito se les reconoce. Todos están en la nómina. Algunos jefes lilisistas venidos de las provincias. Ese muerto gobierna. domina. amenaza. Algún orador novel alude al sol y al cielo. el Listín Diario . se repite: «el hacía esto así». y del olvido de lo pasado. le contesta.

los rapaces vociferan: El Listín Diario a rial articulo caliente de Portocarrero. seguido de dos edecanes. le interroga con timidez: —¿Otra vez? —Si quieren lucha.. en tanto. anunciándole su puesto. atraviesa el Parque. agregan. ratificado en su Consulado en París. el rollo de periódicos debajo del brazo. la pluma rasga las cuartillas. y sin que el espumante vino se derrame. y está preparando una combinación. Los amigos le traen del Palacio consuelos: el majarete cuajará. Antonio espera cada día. sin ruido. la tendrán. acusa: «ese huevo quiere sal». «Ese es un despechado__afirma otro. ¡Ya sabrán lo que es candela! Al crepúsculo. en las cuales se recoge el rumor: «se dice que nuestro querido amigo el brillante periodista Antonio Portocarrero. enseña a los contertulios del Club a descorchar las botellas de champaña. mientras prepara las maletas. acorralado. menos para él. devoran la prosa vibrante. maldito. mansa y taimada hostilidad ambiente. Los acreedores presintiendo el fracaso. hay algo que le repele. «Pero. y arrellanados en los bancos públicos o en los mecedores de bejuco. se cruzó en la calle con el Presidente. le aconsejan calma. desconocido. Es un «espíritu de contradicción». poco a poco. Arturo Aybar. » En Palacio se le ha ido descartando. y un Secretario del Despacho. No. asedian a Antonio: siempre hay un cobrador de facción en la puerta. ¡Ah! el triunfo para los otros. y airada. La suegra murmura. condenado al dolor. Los periódicos suelen publicar gacetillas. El pueblo. «tiene muchos ingleses». Al día siguiente. impaciente. descalzos. otros le asaltan en la calle. la chistera parisiense y el yarey portorriqueño permanecieron inmóviles en las respectivas testas. habla siempre de ti con cariño. le pone motes chocarreros. . y él nota un ardor de súplica en las pupilas de su esposa. viéndole escribir. en cuyas cláusulas adquieren las palabras extraño sentido. acariciándose las patillas. a zancadas. y el Presidente. cuatro veces al día. será nombrado próximamente secretario de Estado de. Ten paciencia». incisiva. han sentenciado. Luisa. Se rebela contra la sorda.continúa publicando las listas de nombramientos. «Don Juan —le dicen—. y producen sensación de fragua. nunca. La palabra intransigente ha sido escrita como un inri sobre su cruz. de abajo. aun para sus propios contrarios. Los lilisistas se soban las manos con gusto. Las manos les arrebatan el papel. ¿Qué hacer? De arriba. los faldones al aire. la carta del Presidente. un cigarrillo en la boca. a la miseria. Los compañeros que ya alcanzaron su tajada en el botín. de azul y oro. XIII . de todos los cargos. ¡Pobre mujer!» —opina uno. a trizas la sucia camisa. «Tampoco es serio». este hombre nunca está conforme.

han aparecido virginales camisas ensangrentadas con monogramas. su fuerza se enfrenta al poder. qué. » La redacción. e insinúa que aceptó los favores de la tiranía. desmenuzando al contrario. El edificio cruje al golpe de las piquetas demoledoras. Cada error gubernativo es una piedra más en su pedestal. Este. Es el blanco de todas las flechas. interdiario que ha fundado y dirige. aquél. que este Pan sobao se las trae. y un misterioso colaborador que se disfraza con un seudónimo desliza su manuscrito envenenado. la gente le estrecha la mano con efusión o esquiva el saludo. con una mesa de pino. y los domingos oye devotamente la misa en la Catedral. el cronista de salones deshoja flores a los pies de las damas concurrentes al último sarao. Allí se reúnen los opositores y también quienes gustan de encandilar a salva mano. que al fin capitulará. Los lilisistas le elogian. por lo menos». suerte de bubón cuyo pus pringa todas las caras. ni un día menos». hum. y los forasteros visitan para que les pongan un saludo de bienvenida. pues a su juicio.. madriguera del despotismo para él. los nuevos mandarines la violan desahogadamente. recomendando el secreto. inquiere cómo ha vivido hasta hoy. A su vez. su prosa estalla. otro le amenaza con el Archivo del Tirano. Un seudónimo impenetrable. .. lectores impacientes aguardan a la puerta. charlan. cabeciduro. porfían. Los errores de los jefes comunales analfabetos. según sirva o ataque sus intereses. ni examina quiénes le impelen. fuerte. amigo. quebrando lanzas por la Constitución. le pisan una punta y se levantan las otras tres. Al oído del Presidente se insiste: «Usted es muy bueno. Antonio no mira hacia atrás. —Esa es la obra de los lilisistas. y truena contra los mismos procedimientos que sólo han cambiado de antifaz.En las columnas de «La Libertad». sentados sobre la mesa y en los rimeros de periódicos sobrantes. Portocarrero siéntese satisfecho. le dice al oído: «siga. Las propagandas. Sus cartas circulan de mano en mano. entre tales papeles. las noticias. El Presidente continúa recorriendo las calles a trancos.industria costea su existencia. odiado. pero él. En los días en que de antemano se sabe que «La Libertad» viene picante. y es preciso defender los vitales intereses del país». con sonrisa maligna le susurra: «Usted no sabe cómo anda la procesión por dentro. arrójalos sobre la cabeza de turco del Ejecutivo: el Palacio es el único responsable. porque la mulita corcovea. «Este país no se puede gobernar así». los chismes. que nos están dividiendo para vencemos. con sus edecanes a la zaga. Su enemigo es el Palacio. los jimenistas le denigran. aplaudido o denostado. es un mentidero. y la maldad adoba y cuchichea que. mientras Antonio escribe. ¡Marea de sanies! En la calle. los discutidores se enfurecen. Los que entretienen sus ansias. rimbombante. repite con acento afrancesado su estribillo: «Ni un día más. y los reporteros voluntarios acarrean gacetillas. tres sillas y otros tantos cajones vacíos por mueblaje. A horcajadas. incluyen su nombre en primera línea. haciendo combinaciones ministeriales. En el Parque. y don Juan debe pelar el ojo. que ejerce autoridad. acompañado de su familia. y Horacio. establecida en una accesoria de la imprenta. convergen y se transforman en prosa candente. Elocuente. admirado. Lilís le habría metido en la cárcel. Antonio derrama su ira contra el gobierno. y agarrarse. —Sí. Esto es un cuero tieso. el santurrón quiere embestir.. los plumíferos empleados le atacan.

¡Un mentecato! . El bombín del insultador rueda roto. XIV La noticia le precedió. cuando debe ser tan sagrada como la bandera nacional». sin piedad ni rebozo. «Esta vez sí que llego». y el otro estalla: —Usted no es más que un sinvergüenza. y aunque les habían avisado que nada le ocurría. «La Libertad» relata el duelo. Su popularidad medra. el otro se escuda en el tronco de un álamo. los movimientos. y se le reconocen cualidades. junto a la puerta. ¡hombrearse conmigo! Después del lance. enumera los errores en que ha incurrido. y en sus altares. —No ha sido nada. pum. Portocarrero se planta en la avenida. Antonio se sentía más varonil. En todas las combinaciones ministeriales publicadas por los periódicos se le nombra. los testigos se apartan y los revólveres relucen. lloraban lamentándose. «La Constitución es un trapo. ofrendará la vida». le satisface. que muchas veces con su dinero le ha matado a usted el hambre. enumerando los disparos. si necesario fuere. Los combatientes. los granujas vocean: «La Libertad». y lo que es peor. de usar las mismas prácticas corruptoras. alguno afirma que Portocarrero será al fin ministro. y mi tío es un hombre honrado. o perfilados detrás de los árboles hasta que las cámaras se vacían. sólo una le repulsa. entonces los otros promedian y la policía acude: Muchas puertas se han cerrado. El tributo de tantas manos que estrecharon la suya alabándole por haberse portado como un hombre. Las balas habíanle respetado. Los cobradores le han concedido una tregua. una pelotera sin importancia. El paladín le mira retador.. En los mentideros del Parque de Colón.. La única baja. Los espectadores la cuentan de chiripa.Una tarde. le abrazó. Todos querían saber. las manos se tienden afables. es una borrica que pasa por la calle cargada de petacas de carbón y haces de caña de azúcar. Luisa. los dos hombres se bombardean. y Portocarrero enristra una catilinaria al Presidente. ilesos. a todos les ha pellizcado el plomo las orejas. la que herida en una pata. Cuando llega en busca de los laureles de la jornada. clava en la picota o elogia sin tasa. . y hasta los tenderos le saludan con una sonrisa prometedora de nuevos créditos. su péndola. pum. En la casa estaban conmovidos. con «la caída del Ministerio». Los amigos le asedian. «lo que le dicen a don Juan». Todo ha terminado. saltando. El bastón del periodista se alza. excluye. escribe. «Nuestro querido Director —termina— se debe a la Patria. se repetía a sí mismo. los incidentes y haciendo constar que ni insultos ni tiros le detendrán en su camino. acusa. aclama o anatematiza. y entre los gritos de los presentes.. algunos le piden puestos. y barajando los nombres que se indican para el nuevo Gabinete. y la guardia de la Gobernación está firme. Tres secretarios de Estado han renunciado. se comenta el artículo. amusga las orejas y lanza un rebuzno formidable. los ojos acuosos y enrojecidos. le acusa de acoger a los lilisistas. zigzagueando.

de acera a acera. Luisa. El país necesita. caminos. convidándole a una entrevista. a pesar de sus errores: pero los compromisos. balbuceando. Con acritud agrega: «no lo nombran ahora tampoco. En Relaciones Exteriores.—El nombramiento de los nuevos ministros.. y volviendo el brazo derecho. a las doce para la comida y a las siete para la cena. . poner a raya a los diplomáticos extranjeros. gastos reproductivos. y no falta quien. En una esquina de la mesa. habichuelas rojas y plátanos salcochados. calla siempre. textos en mano. compuesto de carne guisada. pero se muere antes que confesar que él es un embustero». » Y deleitándose promulga sus planes de gobierno: no importa el Departamento que se le destine. —Así es. El Presidente está bien inspirado. otros de café con leche. las que convienen. Antes había anunciado distintos nombramientos: Cónsul general en New York. administración. hace un cuerno.. ya verás como se le pela». y las responsabilidades. que sorprende las murmuraciones.. si no. y en la noche sorben el pozuelo de chocolate unos. molesto le alarga un pedazo. Y se produce el silencio. arroz blanco. «ésta no lo cree. En la casa. con retintín. los que. y cuando ha terminado con su ración.. replica: «Todavía no sé nada de cierto. Esta vez parece seguro. hacer cumplir la Ley con energía. Antonio.. ni sé si me convenga aceptar. mucha administración honrada. nacionalismo. él está preparado. se adhiere: « ¡porra para él!». esperando al conserje de la Presidencia. escuelas y educación cívica. tembloroso. le interpela: —¿Qué fue el bando de esta tarde?. En Hacienda.. le fueron ofrecidos. mientras toman la sopa y yantan el plato cotidiano. en aquella miseria que abate su vanidad. sí. según él. puertos. sólo interrumpido por los sorbos y la masticación. y la abuela doña Altagracia... La suegra. concluye. Reclamos y palabras hostiles le obligan a mentir para engañar la espera dolorosa. ofreciéndome el Ministerio de Hacienda o el de Correos y Telégrafos. sonriente. inmigración. rechazando. y fuera las asignaciones. y nacionalismo. para salvar la independencia amenazada. si Instrucción Pública. Interventor de Aduanas. -¡Ah!.. La familia se reúne en torno de la mesa dos veces a día. Antonio. y alguno de infusión de jengibre o de hojas de naranja. ministro». apán. El. se mantienen alerta. apá. le diga cariñosamente: «adiós. Hombres como tú e ideas como ésas. nos hundimos — asientan los oyentes. relata: —Don Juan me mandó un recado ayer. en Hamburgo. frente a la taza de chocolate humeante. En Interior. displicente. con lentitud unta de mantequilla el mollete de pan.musitándole: «ya sabes que siempre he sido tuyo». chacharean hasta acalorarse de los sucesos del día. el unigénito forcejea por alcanzar un pan. habiéndose negado. portador de la tarjeta de don Juan. La suegra protesta:. economías. pero le contesté que no podía aceptar. En Fomento. sus reclamaciones dolosas y sus pretensiones humillantes.

Aquí. Debe de ser la serenata que le traen a Antonio porque lo han hecho ministro —No.. a juicio del zapatero. clama inconforme: —Bueno. Unos atacan y otros defienden. yo. Si me hubiera ofrecido la Cartera del Interior. ¿pero qué han hecho esos tales para que los nombren ministros? ¡Comprométase uno para que otros gocen! Y un burlón... De la mitad de aquel lado hasta la esquina de la calle de Plateros. los franceses y la Deuda flotante interior. exasperado. un zapatero curazoleño y un pirotécnico los cuales disertan sobre política internacional. con un álamo por medio. si no ha querido —refunfuña la suegra. domina todas las voces. un tipógrafo mudo. en busca de aire. La batuta la lleva un hombre fornido. En el ángulo nordeste. agrega: . se monda a cuanto ciudadano recibe la gracia de un nombramiento. parroquianos del café vecino.— La Hacienda está muy embrollada. y no voy yo a exponerme a fracasar. En el Parque los bancos están concurridísimos En el ángulo sureste. entre bromas y veras. los belgas. En el segundo y tercer banco del frente del Palacio Municipal. se juntan los políticos activos: empleados. médicos y gente de lengua chispeante. Porque las cosas andan de mal en peor. y pronto llegaremos al rompimiento y a la revolución Luisa aprueba con energía: «has hecho bien.—¿Qué sueldo gana un ministro? —pregunta la suegra con viveza. amén de algunas parejas de amartelados que se agradan en el claro. tienen su sede. replica todos los argumentos. conversan a gritos. En los bancos fronteros a la calle Separación. puesto que mi criterio radical. Y Antonio sale disparado. de cortar por lo sano. que quiere buscarle la boca. señora. Los nuevos ministros están en la mesa de disección. son dueños los galleros. los bisturíes afanosos escudriñan en los pliegues de lo pasado. y afirma contundentemente: —A mí de gallos no hay quien me enseñe. Alguien. Sones musicales lejanos llegan hasta el comedor. se sientan comerciantes. El tópico palpitante es la guerra entre Francia y Alemania que. abogados y políticos graves. que forman coro en derredor de un álamo.. las altas voces reseñan las últimas riñas y enumeran las condiciones de un giro o de un malatobo. Doña Altagracia pone la oreja en escucha. desenredando esa madeja de la Irnprovement. descotada la camisa. tal vez me habría sacrificado y eso para tratar de unir a Horacio con don Juan. porque yo sé hasta cuando les duele la cabeza. aludiendo al grado de coronel que las Ordenanzas militares reconocen a Jesús Nazareno. obligado a asumir las responsabilidades de los errores cometidos y de los disparates que seguirán. blanco. La honradez tiene una condición fatal: la cesantía. es una tontería comprometerse a última hora».obscuro protector. no habría de ser adoptado por el Gobierno. música. Allí. abogados. —Ninguno de los dos me conviene —prosigue Antonio sin responderle. y anuncia: —Oigan. estallará de un momento a otro. entre la Catedral y el Palacio Nacional. Como decían. Y en Correos y Telégrafos sería una figura decorativa. analizando los cablegramas del Listín. bajo un laurel. periodistas. que habla y gesticula sin cesar.

—Y lo peor es que han nombrado coronel a Jesús. y con frecuencia su mujer mueve el pedal de la máquina. se estira. En el hogar. Más allá de las lomas. Y abriendo los brazos. y el suegro. El editor ha fallado el pleito. y el público se cansa. sólo resta Horacio. hazmerreír de una trulla de chiquillos que le burlan. y eso sería el acabóse. por otra parte. haciendo de policía o de cura. hasta muy entrada la noche.. las cosas están muy malas. ni poder ni riquezas. y escucha gotear los higuillos de los ramos sacudidos suavemente por el terral . pero late en su reserva una protesta. en vista de que se tira en sus talleres un periódico de oposición. el dueño de la imprenta en que se edita «La Libertad». necesita el dinero. —Ahí está. En Gobierno nada es posible. ¿cómo continuar? Su oposición ha perdido autoridad. le torturan y le enseñan a balbucear obscenidades Es la pesadilla que le abruma. porque eso sí. a cada artículo suyo teme que le despidan del empleo que tiene en Palacio. ¿A qué seguir combatiendo? Y lo que es peor. ¡Pobre muchacha. Esta tarde. y en la cocina borbota el almíbar en la paila estañada. La última ilusión se ha pulverizado. y ¿qué méritos tiene Jesús para eso? Está visto. tiene que hacer pagos en Europa y. el Gobierno. y «La Libertad» habrá muerto. inclina la cabeza. en donde se sentiría mortificado. de las palabras altisonantes. y se ha cargado la cantidad. El patio está siempre lleno de tablas con cajuiles secándose al sol. cosiendo para la calle. hay que tomar una resolución —se dice—. ha logrado. está en ruinas. Herminia lava y hace dulces. Los cuñados apenas ganan para sus necesidades. y se acoge a la penumbra de la Plaza Duarte. y cuando se case. Este país está perdido. ¡Jesús Nazareno! Y el coro se desternilla de risa. sus ojos descubren dos cuerpos que se abrazan bajo un árbol — una negra sirvienta y un soldado—: animalidad vibrante. que ha tomado a cuenta seis meses de sueldo. Uno o dos números más. y el casero no la repara para que se muden. —¿Y qué Jesús es ése? —Hombre. Y ha mostrado las cuentas muy claras. De esa tiranía nadie le libertará. pago. no le da trabajo de sus oficinas. al fin. cavila. . que nunca maldice. __Sí . le ha exigido con urgencia: se le deben tres semanas. Antonio esquiva el Parque de Colón. tanto. Luisa no se queja. temblequeante. Esperará una semana más. continuará igual! La suegra cocina y plancha. los brazos abiertos y un hilo de saliva colgante del labio belfo ¡Qué horror! A menudo lo encuentra en la calle. el Cibao que quita y pone Presidentes. La casa no la pagan hace años. ya he quemado las naves. Y allí. caminar. y que las ventas disminuyen. conminándole al. En la oquedad de la plaza. y él mismo está muy alcanzado. frente a la Iglesia del antiguo Convento de Dominicos. El administrador dice que los agentes del interior no remiten los fondos. la situación es intolerable. él es un honrado padre de familia. Luisa y su hermana trabajan de seis a seis. solo. y agrega: «más no puedo hacer». y el hijo crece.

Fecundamos la tierra y el vientre de nuestras mujeres. una revolución sucede a otra. la nariz aguileña y el mentón pronunciado denuncian la energía de quienes por el mar o en la tierra impusieron su voluntad heroica. marchita. Y ella. bordada. la besa en los ojos murmurando:. Las que tienes se están deshaciendo y quería darte la sorpresa el día de tu cumpleaños. El polvo ornamenta la cal de los muros con extraños arabescos. venturosos? Nosotros izamos nuestras velas al viento desconocido y desentrañamos del océano un mundo. se zarandean de un lado a otro bajo el peso de las personas. matamos indios. ogaño una arañita prende sus hilos leves a uno de los ángulos superiores del cuadro. descaecido por los años.Hay. y que aquellos labios sensuales le interrogan. cojo. y cuando el Rey nos cedió al francés. En el marco. Conquistamos imperios. — ¡Qué buena eres! Se sienta a su lado siguiendo atento el pulgar que pliega las alforcitas de la pechera. descascarados. entre vigas y alfaljías. Veinte hijos sanos. y restituimos al Rey la Hispaniola. muchacha —le dice entre cariñoso y reprensivo. En el testero se destaca el retrato de cuerpo entero de uno de los antepasados de Luisa: señor potentísimo de la Colonia. que avivar el fuego y mientras tanto. le contempla satisfecha. alzando las dulces pupilas. la humedad dibuja fantásticas figuras. esclavizamos negros. en cuyo pecho prominente ostenta. —¿Qué has hecho de grande en tu vida? ¿Por qué dilapidas tu energía en palabras? ¿ Qué obra digna de las tradiciones de esta tierra. si son camisas para ti. realizan los hombres de estos tiempos? ¿ Sois libres. armas y atributos de guerra. y bajo una cicatriz que parte la frente. defendimos nuestros bienes del asalto de los corsarios y enseñamos al bucanero de Occidente el hierro de las lanzas castellanas. hecha a regir hombres en las filas y a dominar negros en el hato. De regreso. que fueron el lujo de sus bodas. desvencijadas. encuentra a Luisa. Antonio siente la presión física de aquellos ojos que le dirigen reproches. pues. Los mecedores de bejuco de Viena. y le parece que la diestra que reposa entre dos botones de la túnica militar. colgante en mitad de la sala. las sillas. al frente de mesnadas campesinas vencimos a los soldados napoleónicos. conserva toda su altivez. Y vosotros peleáis sin cesar. cuyos muebles nunca le parecieron tan viejos. Y una sonrisa melancólica enarca levemente la boca fina. y la negrada de mis ingenios proclamó que fui amo pródigo de mis caricias y de mi oro. desde que . se apoya en la pared. la mesa del centro. desasnando muchachos. edificamos hermosas catedrales. —No debes matarte tanto. el sofá. y se excusa: —No. prósperos. llena de máculas. el buril talló entre hojas de laurel y bellotas. la roja espadilla de una encomienda. no hay necesidad. La mirada de águila. Antonio le toma la cara por la barbilla. se abre indicándole un camino. fundamos ciudades. otra vez a ludir los fondillos. cosiendo a la luz de la lámpara de petróleo. Luego pasea la mirada por la estancia. y a1zándola. pregonaron mi estirpe. rota la rejilla. tantas veces renovada. en las sillas de las escuelas.

prende a las orejas zarcillos de azabache y oro. medias blancas y guillotinas de marroquín morado. las prisiones. ella conserva inmutable la forma del traje y las mismas amistades. las pasiones de la política le encarcelaron esposo. otra. aunque siempre muestra recato en el juicio. las expulsiones. y besó la carne muerta de los vástagos. Sufrió reveses de fortuna. la abuela. A1máciga preciosa. Así. que con los años ha ido perdiendo serenidad. junto al nieto.. en el ex Convento de Dominicos. bíblica. y pasar ese día en casa de una de sus amigas de infancia y comadre. Recorre la casa sin cesar. nietos y biznietos. las ejecuciones y los pronunciamientos. Cuando recibe en su morada interior la eucaristía. tócase con manto de merino a flecos. las angustias de los asedios. camina erguida y despacito.. En la casa. escribe: «he cumplido con Dios». XV Doña Altagracia. que triunfa corrompiendo y humillando. desde los albores del siglo. adorna el cuello con un pañuelo blanco sujeto por un medallón con el retrato del esposo. a flores. es cierto. y el ruido pasajero de bailes. y es cada vez más terca. pero irreducible cuando le rectifican. buen hombre de figura quijotesca. Nadie la ha visto llorar. el primer diente o el primer pinito. por empleos. y al registrar la muerte de un hijo: «Dios le tenga en su santo reino». rumbo al exilio. ¡míseras hazañas! El ruido monorrítmico de la Singer. y a los impenitentes les . entre los párpados abotargados. lágrimas o comentario. cruzó el mar en buques de vela. ha anotado los sucesos de su casa y los de la calle. Empero. la pluma consigna el hecho y nada más. la muerte de los seres más queridos y la primera comunión. ella que ha sido perseguida y martirizada en los suyos. con lacito en la punta y dos borlas en el remate de la caña. las pupilas vivas. luce sus sayas negras de viuda. el domingo tercero en la Catedral. que toca la trompa en la misa cantada de los sábados. Sale dos veces al mes: una para adorar al Santísimo. en sus páginas se asocian la noticia política. Y frente a Lilís. a pesar de sus noventa años. Su memoria comienza ya a desvariar. hijos. regaña a los nietos. y calza botín de ternel. la exaltación y caída de los caudillos. partida en dos trenzas que rodean la cabeza y se juntan en mono. brillan. cerró los ojos a los padres. porfía y curiosea. es una mujercita seca. Las modas pasan. que la auxilia en los accidentes de las aceras. y la bandera cruzada ondea sobre las piedras yertas que cobijó el pabellón de os leones. hechas especialmente por José Mena. con malísima ortografía y letra redonda. ni una sola vez agrega al relato. se atiene a su dicho y acude al testimonio de su libro de apuntes. viste bata de prusiana morada. Con los años ha perdido la ecuanimidad. Sin embargo. y carga el paquete con la muda de entre casa. En tales efemérides. exclama sin ufanía: «¡nunca le he dado la mano! ». devocionario en mano. un pañuelito esquinado cúbrele la cabellera nevada. y tal amor por los suyos que no les conoce defecto. gozó diez veces el dolor de la maternidad. En el rostro arrugado y moreno. pina. Es un cuaderno con tapas de cartón. siempre serena. en el cual. en su largo vivir ha sido traspasada por los siete puñales. alto el talle. el en que se pone de hinojos ante su confesor. hermanos. de gruesos perfiles. husmea. fuerte. palpita en el silencio.la Colonia se hizo República. Combatís. los hombres nacen y mueren. con el nacimiento de hijos.. con el mismo ardimiento de nuestra sangre. y se destaca aquilina la nariz. mojigangas callejeras y fuegos artificiales.

quien desde chico frecuenta la casa. la madejita de lana. resiste a los más duros embates de la miseria y se conforma con su empleo. botones. gracias a un optimismo ínsito. Todas las tardes. satisface los primeros menesteres de la vida. y cuando se despide. sino de pozo. falda de lanilla azul obscuro y zapatos de tacón alto. cree en los hombres. en arquilla de cedro. y sus raíces espirituales se han afirmado hace ya trescientos años en la tierra quisqueyana. haciéndole comparecer a su presencia díjole: «Sé que eres merecedor de llevar el nombre de mi hermano. ebanista de oficio. la familia se reúne en la sala. digno. y los miércoles. a quien ha consagrado su prole. Jamás habla mal de nadie.planta en el cráneo un cocotazo dado con sus nudillos huesudos. Dos veces al día escancia agua endulzada con papelón. les sonríe. después de la faena. el retrato del abuelo coronel de milicias. rebaños. tez cobriza. tales sus achaques. siempre de excelente humor. Herminia. En su alcoba se consume constantemente una lamparilla de aceite ante la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes. Hablan una hora de las cosas que fueron y de las que son. pone su fe en otro. charla con su amigo en torno de los sucesos de la política. cómo él pudo alcanzar en el comercio. mayor de veinticinco. fino. no tuvo la tiranía enemigo más firme. que siendo hijo natural. cuya paga. para ella indiscutiblemente el tiempo pasado fue mejor. depositada en negra alcarraza española. que llega invariablemente a las siete y media y se despide a las diez. se baña. tampoco usa vaso sino una higüerita. guarda la ropa. componiéndose con blusa de batistilla adornada de encajes y cintas. Cose. El domingo primero de cada. que viene en calesa y con chistera. después de recogidos los peroles de hacer dulce y la tabla y las planchas. y otra higüera grande le sirve de jofaina. tanto. los papeles y novenas. mes. El novio es un buen muchacho. y en cestillo cuyos mimbres crecieron hace cincuenta años. y la tertulia animada y. cuando las cosas mejoren. hilo. después de misa. una pierna sobre el brazo del mecedor. Los jóvenes se marchan tras el último trago de chocolate. En armario de caoba. la visita un primo suyo. La silla de comodidad procede de su padre. nunca se descubrió al paso de Lilís ni le aceptó una sonrisa. de pocas palabras. doña Altagracia cuenta. y prepara su espíritu para el coloquio amoroso. En la tertulia inicia las bromas y corta el nudo de tristeza con que suelen atragantarse. se asea. en mangas de camisa. ante la de Jesús Nazareno. y una palma bendita renovada cada Domingo de Ramos. pero ingresan dos visitas: el novio de Herminia. y si le engaña uno. reidora. para casarse. Cubre la cama con colcha de retacitos de diversos colores. y la grandeza ancestral la libra de injurias y de vanidades efímeras. de los pozos profundos y poéticos. de la cual es devota. un día el padre de ella. Florece la negra cabellera con una rosa. dura hasta las diez. mayorazgo. Desde el muro. la novia. sin meter un solo contrabando. Cada noche. y desde hoy te autorizo a usar nuestro apellido». a duras penas. que era de su madre cuando ésta casó. gana cuarenta pesos y espera que le aumenten. y cuya madera fue cortada y labrada en tierras propias. después de la cena. agujas. Empleado en el comercio. acicala y perfuma. posición desahogada. por ella misma coleccionados y añadidos.. hasta que llega el novio. zurce y pone plantillas nuevas a los calcetines. y un viejo amigo. Alto. trapiches. pues es preciso que su amada lo crea el más elegante. No bebe agua de aljibe. de Feval o de Pérez Escrich. fue desde joven honesto. Su casa poseyó capilla. que ajetrea desde que amanece. discreto y varonil. a veces. . Los días modernos no le impresionan. cuyas hazañas rememoran. dedales. ni alimenta dudas. tijeras y un cabo de vela. protege el lecho. y se sienta en el balcón a leer novelas de Dumas. Don Pedro. esclavos. Sano de cuerpo y de espíritu.

Nunca salía a la calle de noche sin pedirle la bendición a su taita. A Antonio le gusta oírla y la hace hablar. sopla la capa de grasa fría que cubre el líquido. aunque también toma parte en la tertulia. —¡Quita de ahí. Luisa. que son patrañas! Mi tío Miguel fue hombre muy de bien. apelotonada. pues remueve pasado y presente. Entonces cada uno vivía de lo suyo. si la dispepsia la atenacea se rebela. casado dos veces y que a sus hijos naturales les dio nombre y les encaminó. “Mi taita reunió a los suyos. consciente de su destino que será igual hasta la tumba. altanera recuenta.cuando éste vino del Guarico. pero él ase con ambas manos el tazón. confundiendo fechas y nombres. —¡Malhaya quien lo diga! —replica. Y ella. —Doña —suele decirle Antonio—. no la tomes. alguna de las tantas famosas indigestiones paternales. reviviendo días y hombres pretéritos. virtuosa. que les pone con gracejo hilarante. las piernas en cruz. nunca le falta tema. en la cual había entrado de tapadillo. Para ella casi todos los vecinos de la ciudad tienen un apodo. lee un grueso novelón y.. que niega indignada. con gran escándalo de doña Altagracia. y si es verdad que iba a visitar a sus amistades. acarreando objetos estrafalarios. ora interrogándola. Doña Rosita en un rincón. y que despertando azorado. trabajando hasta pagar su rescate. volvía temprano. y los alzamientos de los esclavos. aconseja doña Altagracia. que te va a hacer daño». Ni preocupaciones ni pesares le quitan el apetito.. La voz de la abuela es la que más suena en la tertulia. la esposa echa de ver con lástima que se ha quedado una taza de sopa de la que se guardó a mediodía y se va a perder.. al mismo tiempo cose o teje o cuida del hijo que anda de un lado para otro. replica risueño: «lo mismo era papá y no murió del estómago». le encontró el padre en la alcoba de la moza. los brazos en balance. —Pero si cuentan que una noche. la espada debajo del brazo y un farol en la mano —porque entonces no había alumbrado—. las piernas temblorosas.por la que pasa sin odios ni envidias. hasta que se duerme sobre el sofá. y en seguida intercala. entre párrafo y párrafo. ora contradiciéndola. ciento. y ni jugaba ni tenía deudas. envuelto en la capa. «qué gandío eres». ¡Cuándo los negros de hoy. . y todos. toditos se quedaron en el ingenio y en los hatos. he oído hablar de un tío de usted que era muy mujeriego. Y que otra vez un amigo guasón metió por debajo del portal de la casa. «Muchacho. y poca religión». si evoca. originado por defecto físico o por historieta chusca. Un siglo entero se anima en su memoria. a veces. a menudo. tal como se las contó su mamita. trepando para entrar por la azotea se cayó de un alero y estuvo tendido en la acera hasta que el fresco de la madrugada le devolvió el sentido. Y es su conversación pintoresca. y cae. y les dijo: mis hijos. Incansable en el trabajo. —«Tráemela». quedándose allí cual un pelele desmadejado. reclama con gozo—. es un buen diente cuando hay qué y a toda hora. después de los postres. y la apura con deleite. Y si la madre o la consorte le reprochan.! Ya todo está cambiado. los percances del año de Toussaint L‟Ouverture. coloca un chiste mordaz. un mazo de triquitraques. ustedes son libres. hay mucho libertinaje. y es entonces cuando sus saetas se clavan en el yerno y da recias nalgadas al nieto.

y el único refresco era el vaso de agua de melao. si en aquella época la gente. se retiró. Cada familia llevaba sus sillas. su potiza con agua. — ¡ Ofrézcome al Señor! Si no hacía maldita la falta.. cuatro bolas y la bandera roja señalaron vapor del oeste. y cajones de pesos columnarios.. ¡Ave María Purísima. erguida.. Y en los bailes. desde la torre del Homenaje. Y se representaban muy buenas comedias y misterios. Antaño era otra cosa. hacía hilas. en el patio del Café de la Reina se levantó un tablado para el escenario. de caoba. y además cumplía con su madre. —¡Alabado sea Dios!. ¡Esos sí eran varones!. fue a caer abrazado a mi amiga Pepita Contreras. y mientras estuvieron aquí los titiriteros no se asomó más a la ventana. y se comía el cuero de las butacas sancochado. un gran actor como no vienen agora. como en mi tiempo. ni existía moneda. donde cabíamos seis personas. La herida de la frente se la hizo un franchute con quien se batió frente a frente en Palo Hincado. ¡Qué diferencia de las muchachas de hoy en día. a fumar la cachimba.. . la misma que después vino a ser mi comadre. y copas. —Esas son historias. y cuando estuvo en la Corte. ¡ Cata uno ahí! —y señalando el retrato del coronel de milicias. se refugia en su alcoba a pasar ante el retablo de Nuestra Señora de las Mercedes. Por cierto que. después del toque de las oraciones. en chancletas. ni crea fina de hilo.. el Rey Don Fernando le agasajó tanto. se sentaba en la puerta. Mi taita hizo colocar un escaño grande. qué pena! Ella se puso como la grana. Media hora más tarde. que están siempre callejeando o con los dientes al sol en las rejas! —Pero doña. XVI La campana del vigía. Ya no vienen cómicos buenos. le quiso mucho. y muy buenos. entre las murallas.—¡Anda a la porra. y se han dejado guberciar catorce años por un negro mañé. triunfante. todas muy bien puestas. y los jóvenes. de casaca azul con botones de oro. ¡Quién se lo hubiera dicho a mi compadre el general Santana! Y la anciana. Entonces había valor y virtud. —Así será ella —dice la abuela—. por el ánima de vivos y de muertos. Su compadre. y en el semáforo. sino cambalache. quince casas de su rosario. Ojalá ustedes se dieran un trasunto a aquellos hombres. Don Juan Sánchez Ramírez. mi mamita.. uno que saltaba una docena de sillas a lo largo. ni mantones de china. prosigue—: ése fue rico. de los campeones de la Reconquista. rezaba. Ninguna señorita correspondía a un enamorado si aquél no tenía con qué casarse. También venían maromeros. una noche. y miles de cabezas de ganado en los hatos. y sin la inmoralidad de hoy en día.—El Listín anuncia que viene una compañía dramática. Cuando vino Pizarrosa. ¿Emborracharse? ¡Eso nunca! Se comían pastelitos y se bebía sangría. con pantalones viejos... condenado! Ustedes se mofan de los viejos. ¡qué mala lengua tiene este demonio! ¡Ojalá los de hoy! Mucha onza pelucona se guardaba. ¡Y las mujeres! Mientras mi abuelo sitiaba la ciudad. su esposa. desgranó dos repiques.. muy rico. y bravo. —Pero no había teatro.

A espalda de las casas. un hombre en mangas de camisa expende vasos de leche. en fila. y escuchado la cuenta de sus triunfos pregonados por la prensa extranjera. En los balcones de la Capitanía del Puerto. alto. con las piernas muy abiertas. goletitas y balandros costeros cabecean. lenta. mientras se diligencia el abono. el talante aristocrático de los galanes. los pantalones arremangados hasta la rodilla. se exhiben las fotografías de los artistas dramáticos. frente a la calle del Tapado. los unos con sus fustas. De una a otra banda del río. trojes de yerba de maíz. frente al pequeño mercado. dijérase que entre las rocas hirsutas que soportan la torre y la estacada del muellecito el vapor se ha clavado. «Ese es Roncoroni». sobre el mostrador. observa uno. en otro colmado. desgarra la ambiente serenidad matinal. los curiosos atalayan la barra. tranquilo remanso que el Ozama forma al pie de la muralla. que es el depósito de la Aduana. coches y carretas estacionan. Un coro de saludos acoge a Alcón. cuyos reflejos vivos hieren las pupilas. —El suelo está tapizado de cáscaras y relieves descompuestos. «Mira. Cuando la masa obscura del «Julia» aparece en el estuario. comienza el desfile. es la Adams». En El Tanque. y junto a él. la gorra blanca con galón dorado. cruzan yolas. Detrás de la jaula de hierro. Amarradas. granujas en cueros bañan caballos. conservas criollas y prú. que trae en . que ya pica. bonita. y deslizándose por el cable. Malla. reviste el agua. Más allá. una mulata gruesa. límite del mercado. Desde un mes antes. y el público que atiende a descubrirlos saluda a los conocidos. Al término del muelle. el vapor hace la ciaboga. en el café «La Tertulia». el barba. el «Julia». lava su vehículo. en cuclillas. una gruesa cadena enroscada al tronco vencedor del tiempo y de los hombres. puesta la escala. La multitud. el negro piloto. y un cochero. De acera a acera. los espectadores se sienten sobrecogidos. flagelada por el sol. pidiendo práctico. las canoas de los campesinos. esa alta. apiñada. majestuosa. de abultados pechos fláccidos. Frente a la Aduana. por la aleta de un tiburón. La floresta ribereña trepando por la ladera oriental despide por cada una de sus hojas fulgores metálicos. «Es la mejor compañía que ha venido». una grey humana se mueve por la vera del muelle. que hierve en anafe. torsos de bronce o de mármol negro. qué hembra! » Algunos se colocan cerca de la escalera para ver las pantorrillas.en El Placer. girando merced a los cables. una negra comercia en arepas con entresijo. los pasajeros pasan de babor a estribor. Los estibadores medio desnudos. muy a la vista. los aurigas y los carreteros se confunden con los espectadores. llenando la boca estrecha. Aún quedan restos del tráfico de la madrugada: pilas de petacas de carbón. las patillas largas. en gran cuadro de felpa. «Ha envejecido». y allí. frutas y casabe. En la puerta de una casilla de madera. avanza silbando. fríe lonjetas de tocino y mielosos plátanos maduros que vende ensartados en varillas de coco. tomando helados los parroquianos han examinado las bellezas que el retoque presta a las mujeres. que allí semeja esqueleto de enorme animal atascado. Al fin. por delante de la mitad que resta del puente de hierro. esperan apoyados en las carretillas. alza su ramaje centenario la Ceiba colombina. Gentes presurosas bajan en dirección del muelle. los otros armados de un cuchillo cachicuerno a la cintura y del garrote de guayabo con que castigan las bestias. en el limo fangoso de la orilla. suda impaciente. rota a veces. « ¡Compai. pero no. En el puente de mando. de la matrícula de La Habana con su ronco silbato. La maniobra dura cerca de una hora. los índices señalan la figura familiar del capitán Vaca. la barca va y viene. grueso. concluyen convencidos por la locuacidad amena del agente. se preguntan: «¿No vas al río?» «¿Qué hay?» «La Compañía de Roncoroni que llega».

La farándula pasa. ante la mirada pública. El teatro. y se reparte en los coches. que no se suspende por causa de mal tiempo. y muchos. una herradura dividida por batandas forma doble serie de palcos. las mujeres siguen ansiosas las escenas y los hombres discurren. El público masculino disemínase por las dos naves laterales. La Compañía se estrena con una de las obras preferidas del público: «Felipe Derblay». Inclinadas sobre la barandilla. de rico relleno. el teatro abre sus puertas. en las casas vecinas también hay expendio de pastelitos de harina de Castilla y de catibía. dulces y maní tostado. no hay comparación. ásperas columnas adosadas al muro. a mediodía. más de cien butacas. en los palcos ruedan sillas acomodadas a prisa. A las 8. vestidas a escape. los críos gritando y sucios. Se forman corrillos en los cuales se enristran polémicas. altos y bajos. escoltada por una turba de mocosuelos. con cachuchas. ¿ te acuerdas? —Y Roncoroni. despeinadas. solazándose en el ensayo general. bien. La bóveda ensordece la voz de los cantantes. pero Roncoroni se muerde los puños demasiado. contando las monedas en la taquilla. verdes aún por los efectos del mareo. los hombres sin cuellos. está de bote en bote. entrando en la ciudad por la puerta de San Diego. de Georges Ohnet. invadiéndolos. En la acerca de enfrente. . como escriben los cronistas. Los espectadores de infantería se aglomeran detrás de los palcos.. la característica le sigue. algunas en bata. las mujeres.. austero edificio de sillería.—Pero. cargada con un loro y un perrito. Los muchachos de la cantina destapan botellas y corren de un lado a otro llevando bandejas con cerveza y dulces a los palcos. En el interior. Hay que abrirse paso a fuerza de codos para circular. —¡Ah! no. la noche del estreno. mañana se cobrará en su crónica del Listín. es inferior a la Salas. hubo ciudadanos de facción en la acera del teatro «La Republicana». ¿no es verdad frére? Antonio Portocarrero preside un grupo. y a la Adams le encuentro un no sé qué. los fardos de las decoraciones. presenciando la descarga del equipaje. a veces en voz alta. el foso y los camarines de los artistas. El escenario.. que no pueden asistir al espectáculo. es la antigua iglesia de jesuitas. alumbrados por un candil de aceite. en sala donde flotan las nubes de polvo que levanta la escoba. sabe llevar muy bien el frac. y las segundas partes. y en tanto se alza el telón. servidos calentitos. en el que fue presbiterio. El telón cae. La sala. Por fuera conserva su aspecto secular. Está furioso porque no le han dejado entrar en el escenario a saludar a los artistas. —¿Qué te ha parecido? —Bien. e interviniendo en las querellas de los carreteros. La campanilla del apuntador suena. chico. No hay ventilación.cada brazo un niño. se ha edificado con madera. sin los prestigios emotivos y deslumbrantes de las candilejas. aquélla sí hacía una Clara. pues tal como reza el programa. y en la platea. amén de la cerveza fría y del ron. sobre ésta una galería. Dos vallas humanas forman pasadizo en la puerta central. otros. media hora después principiará la función. la sala. Durante el día. una línea baja luminosa marca los puestos de pastelitos..

¿y Don Juan Tenorio y El Gran Galeoto? Ahí hay yema. Yo no le discuto a usted de telas.creen ustedes —predica— que esto es arte. los pulgares en los bolsillos del chaleco. en pie. y no estas piezas. según la opinión de sobremesa de un viejo publicista. ni del campo de Don Nuño. imaginando si después de la reconciliación serán o no felices Felipe y Clara. la orquesta toca valses y danzones. En el próximo entreacto continuarán los debates. no arrugue que no hay quien planche. palmotea en el piqué blanco a puntos rosas. —Y ustedes ¿en dónde han visto na mejor? —Amigo mío. —Sí. o si la justicia castigará a su tiempo al Lázaro de la «Dolores». y aun a la salida. donde todo se arregla al final. un corcel encabritado sobre una cornalina. por entre las lunetas. ni de los árboles gigantes. Ohnet es un pobre diablo. en el trayecto hasta los respectivos domicilios. charlan con las muchachas recostadas en el antepalco. ¡Hablarme a mí de teatro! —Y obeso y currutaco. ¿Qué problemas plantean? —Y Hamlet. Lea mañana mi crónica. No y no. cuyos libros se venden. Durante los intermedios. En los palcos ondula la línea de trajes femeninos de colores tiernos. empujándose. —Amigo. pero no me toque a la literatura. y en los días siguientes. porque la policía no actúa prendiéndole y el juez penando el homicidio. pero gusta. mas la alta crítica no le tiene en cuenta. y los hombres se creen vengados de sus ocultas humillaciones familiares por Felipe. esa la pintura de la realidad. haciendo sonar la gruesa cadena de oro y el dije. —Pero. los espectadores ganan sus localidades. La campanilla del apuntador les separa. socio.. y Echegaray no tiene en todo su teatro un verdadero tipo de cerebral. —No me hagas reír. si eso está mandado a recoger. Eso. todas las mujeres se sienten Clara. drama in-completo. Don Juan Tenorio es para los isleños de San Carlos. ni de otras vascuencias por el estilo? —Bueno. otros desde los pasillos miran y hacen . glosarán los episodios. No. incómodas en las lunetas de hierro y madera. el coloso? ¡Qué «Enemigo del Pueblo»! Esa es la humanidad. ¿ Quién se acuerda de eso. ¿No han leído ustedes a Ibsen. las sillas cambian de posición por causa de los mozos visitantes. Usted no sabe que yo soy aficionado. y en tropel atorados por el último bocado. En la platea sólo quedan algunas señoras que. es cierto.. ¿qué te parece? —A mí me gusta más el «Puñal del Godo» y «Flor de un día» —interrumpe un mercachifle del Navarijo. ¿y «La Dama del Mar»?. un cerebral. señores. Algunos. ganapán de la pluma. —Naturalmente. he pisado las tablas y mucho que me aplaudían. qué fuerza de símbolo. se abanican. —pontifica Portocarrero—. arte es el de Ibsen. cada uno entiende de su oficio.

Escápate. fúgate de esta prisión». tienes talento y nobleza de espíritu. a quienes la vigilante oposición de los papás les veda acercarse. las injusticias y persecuciones que el escritor padece. provocando la hilaridad del público. el otro. el aroma de los manjares ha trascendido. en el sube y baja de los telones que a veces se resisten a medio camino. y le suscita deseo de emigrar. y duélese de su tarea ingrata. sin duda. Las bombillas eléctricas y potentes lámparas de keroseno rescaldan el ámbito. A la tarde siguiente. relata sus sensaciones. casi un pasquín. a mediodía. con el seudónimo de un personaje de Ibsen. presienten las rechiflas que provocarán cuando les reconozcan sus compañeros de las altas galerías. Antonio descubrió que el cómico era una buena persona.. La crónica está esmaltada de citas. el artista le recibe alargándole un recorte impreso: «mira. asqueada de las cábalas de entre bastidores. Antonio en el escenario se distrae con el trajín de entre bastidores: los chismes de los artistas urdidos en los ensayos. y paseando bajo los laureles. los lectores del Listín. a la cazadora. ruda brega con los otros y con sí mismo para. sonora. las carreras de los utileros. exclama con voz rauca y marcado acento italiano: « —Esto es miserable. de tentar la fortuna más allá del horizonte nativo.señas a las dulcineas. En la noche. acarreando los viejos tereques con que se amueblan las casas ricas: sillas de bejuco. de poder. El artista se había arruinado más de una vez. los gritos de los comediantes. Cierto día. o de una olla de arroz. Antonio sonríe con tristeza. El cómico. además. ¿A quién daña su amistad? ¡Ah! sí. en el Parque Colón. Roncoroni se hizo presentar y prodigándole elogios. Sentado en el umbral del de su amigo. Había exprimido en ella sus lecturas. quebrar de nuevo. culta y discreta. mío caro. reuníanse ante una fuente de macarrones sazonados con salsa de pollo y tomate. acotan el margen de sus vidas respectivas. se traba pronto entre ambos amistad sincera. a la milanesa.. Era un artículo en que meses antes un seudónimo fisgaba con saña en la vida de Antonio. aquello le hiere humillándole. de triunfo. que luego detonan en palabras malsonantes lanzadas por sobre los tabiques de los camarines. sofás desvencijados. los apuros para amoldar a las cajas las decoraciones. ¿Y per qué lo hacen? Si has cometido errores en tu vida política no me importan.alentada por la sola ambición de ganar dinero para volver a Italia a descansar. de nombres de dramaturgos y artistas de todos los países y épocas. inspirados por el vino de Chianti. dando de paso su pellizco a las primeras partes de la Compañía por la ejecución de la obra. muchachos de la ciudad que. encarnar tipos que no le placen. en la cual Antonio Portocarrero. espolvoreada de parmesano. erguido sobre el payés de ladrillos. bajo un sobre cerrado dirigido a mí». observa atento el tropel de los tramoyistas. y el artista entrevió las luchas dolorosas. El cómico era. de la existencia diaria. ni una sola hora de voluptuosidad. y las llamadas desesperantes del traspunte que cortan riñas y coloquios. camas de hierro crujientes.. Cada noche de función. excelente cocinero y. lealmente indignado. con frecuencia. leían dos columnas de prosa vibrante. que reclaman una espada o una peluca. la confusión de los comparsas. Antonio no había conocido el placer. En tales momentos. preso en los hilos misteriosos de un reato. . Al autor lo aplastó con una frase de Lemaitre. o de fideos. trufas y marsala. en payama. toscas mesas de pino. ¿Cómo romper la red en que ambos forcejean? El uno tiene en la Península. metidos en los trajes. familia que convierte en futilezas el oro de su cerebro. a cuyo condimento contribuyeran hongos. eso me lo ha traído hoy un negrito descalzo.

los ojos grandes y febriles. miran arriba y abajo. al servicio de su dama pone su pluma. vulgar y triste: tiene un padre anciano y un hijo paralítico en su tierra. los partidarios se manifiestan con esplendidez en canastillos floridos y regalos. si le hacen caso. en las cuales las miserias de la vida se exponen a la luz de los candiles. el polvo y los trastos viejos! De raro en raro. quienes suelen apelar a la policía para que los desaloje. las miradas de los machos la acarician desde la sala. va con cualquiera que la pague. A medida que la temporada avanza. por las confidencias del director. Y tales desventuras le conmueven. pálida. «No digas. ofrendados desde los palcos más próximos a las actrices. que rebaten con tempestades de aplausos y a golpe de ramilletes de flores. granjeándole simpatías. que cada noche declama pasiones y dolores extraños. En torno suyo siente el fuego de las pasiones.Antonio. En los entreactos. enterados del embullo creciente. ya lo sabes. y en las crónicas baraja las cualidades que le inventa con las penas que ella le relata. y por un parrafito. boquiabiertos. Julieta se mofa de la calva de Romeo. que capitanea uno. Las demás son injustas con ella. brazo o pantorrilla desnudos. mendiga los aplausos. cuando se encuentran al azar detrás de los bastidores. Los poetas entusiastas desde la escena recitan poesías en honor de la agraciada. disputándose sus elogios. y los demás se maltratan con furor infatigable. . Las noches de los beneficios. ¡cuántas intrigas y pendencias. Antonio. A su vez. para esta gente. los pollitos invaden el escenario. bromean: «Pero si es una gata tísica». afirman. Los demás le reprochan desamor de artista y liviandades de mujer. La ciudad se regocija y amortigua las pasiones políticas con las aventuras de las comediantas. En el fondo de las pupilas negras. impiden los movimientos a los tramoyistas. el menor reproche impreso le irrita.. y enracimándose frente a los cuartuchos cerrados. sin embargo.. Es la querida del consueta. obsequio de algún conquistador. el hombre desaseado que suda y grita dentro de la concha. ella le ha referido una historia. acechan a fin de entrever pecho. pasa un mozo de cantina con una botella de champaña. Ella es la única que nada le ha pedido. apenas si lee el ejemplar del periódico que él le ofrece. los cosméticos. hermosas. y Antonio le oprime las húmedas manos descarnadas. perfidias. El director le previene: «no vale nada. Amojamada. todo mérito se empina sobre el defecto ajeno. y. el olor de las aguas sucias. conoce a la compañía por dentro: celos. Las mujeres son partidarias de la primera dama. No obstante. Es mentira lo que cada uno cuenta. envidias. Las frases rimbombantes de las crónicas le son casi indiferentes. porque las desprecia. y cada noche se acrece el homenaje floreal. y la carne de teatro. Entre dos escenas. Poco a poco. en los pasillos o estallan vociferantes en aquella atmósfera inficionada por las emanaciones de la letrina. según la opinión de otro: ni virtudes ni éxitos. Don Juan censura la frialdad marmórea de Doña Inés. y Desdémona cuenta cómo los rugidos de Otelo estuvieron a punto de hacerla romper en carcajadas al estrangularla. El director se desespera en los ensayos sin lograr una vibración de su cuerpo a líneas de harpa. no nació para esta vida de bohemia. Hamlet murmura de Ofelia. se siente atraído. la cabellera negra formándole casco de azules destellos. formándose bandos rivales. una llamita turbadora. que es toda una señora. la muerte del esposo. brilla. Los amigos. la escena es un taller donde amasan el pan. dándole relieve en sus crónicas. No es bonita. sin embargo. Nadie pide sin desmedro para otro. pero desgracias de familia. Los hombres se dividen en dos o tres campos. la admiración del público se divide. los bombos de que se ufanan han sido pagados con monedas o caricias. cara y mala». Antonio va interesándose por ella. a ti siempre te han gustado las feas». felina.

Sí. afirma el cómico. y las palomas óptimas. se finge loco. y el anciano. ¡eh!. interroga a Antonio: «¿Cuál es la que te gusta? ¿Esa? Te diré. pero a la verdad. al sazonar sus guisos. ¿ ser ministro?. los amigos le incitan: « ¿qué espera. silvestres. atribuyéndole en el reparto el papel de Ninette. ¡Lástima que no las mojemos con un añejo borgoña. vaticina sobre los políticos. pero la empresa debe complacer al cronista. los huesos mascados segregan un amargor delicioso. tiene una cabeza muy parecida a una gallinita moñuda que tuve y que. o a cenar en innoble figón. porque no va con ninguno. imponiéndose. pues tales huesos pesan mucho en la ruta. el director. porque tiene necesidad de creerla. la salsa es suculenta y la rebañan con arepitas de maíz recién fritas.. durante unos meses. El mozo. un hombre raro. cuya voz tonante martillea en la noche. Antonio y Roncoroni. oyendo en la habitación vecina los zipizapes y relatos de los cocheros. «Esto es único. o con uno de nuestros vinos hechos con sol! Es cosa de maravilla». contento. le repite. ¿qué porvenir tiene?. la curó de un acceso de furia. ha obtenido para ella un beneficio. suavecita. ¿ ganar trescientos pesos. de hembras. desconcertantes. y gesticula. semeja un brujo preparando filtros. me tenía revuelto todo el gallinero». pero también ella habla. Las palomas son exquisitas. gallero de profesión. ¿ cuál es su aspiración?. en donde sobre mesa pringosa. con sobrada perspicacia. y en la boca ardiente le quedó un sabor de carmín. pequeño como un gnomo. esmirriado. dueño de sí mismo. ostenta un bigote bufo por lo luengo y espeso. frente al cementerio.. ¡ Si el querido no fuera tan celoso! ¡ No la deja a sol ni a sombra! Ella no le quiere. por el contrario. de vivir una novela. gritando las escenas que en su casa representa o. y con un sollozo cubre las voces acusadoras. viejo. Los hombres hablan a voces. ocultos por un rimero de telones en el foso. por qué no le manda un coche a la salida de la función. El italiano se exalta en aquel ambiente. o bien. pieza de lleno seguro. saborean un guiso de palomas. y para vencer a la otra. con voz de marica. destronándola. invitándole a marcharse con él: su pluma le hará brillar en una gran ciudad vecina. no gusta de las piezas modernas. de puñaladas. Intrigados por su charla copiosa y estrambótica. libre. Aquí. con la Dama de las Camelias. perdió un caudal en experimentos espiritistas. que su imaginación escarnecida por la locura ancestral descubre en los seres a quienes aplica las observaciones hechas en los gallos. a cambio de injurias y claudicaciones? Y en cuanto a ella. Las demás chillan protestando.Por las noches. junto a las brasas del fogón. pero le hace falta un apoyo. suave. también. precisa sacudirle los nervios. pues el mundo es muy malo. y así. romántico remedo de apolillado infolio de caballerías. El empresario está satisfecho de la temporada: los sábados y domingos se llena el teatro. que se creía reina. Suele concurrir a esas tertulias al aire libre. y el niño paralítico. Antonio la cree. a la una. Sólo una vez la ha besado. en el arco de su voluntad tiembla la flecha que se plantará triunfadora en el blanco. me parece muy peligrosa. Todos la asedian. En gacetillas hábiles ha preparado al público.. de tiros. y el público acude goloso a los estrenos. el mesonero. vagan por la ciudad dormida o van a comer un sancocho o un locrio que en San Miguel o por el barrio de la Misericordia han preparado amigos suyos. refiriendo cosas curiosas. aturde a Antonio a consejos. pero él es el único que le agrada. es la calumnia. incitando la curiosidad con promesas de novedades en la . no vale la pena de perder el tiempo. explica sus ideas sobre la locura: su hermana y su mujer lo son. la carne prieta nutrida con frutas fragantes.. Antonio. A su vez. sería peligroso echársela a cuestas. por el vellón canoso y largo que le cubre la testa. discurren acerca de las piezas. los sucesos de entre bastidores y la política. después de la función. de repente. bajo los laureles del Parque. El miedo le puebla las sombras de ojos que espían. como han hecho otros? » Antonio les oye.

Ella. Excitado. Antonio. muerde los labios encarminados.. El piano de la orquesta desaparece bajo flores. cincuenta cañas de azucena en los arriates de la plaza de Colón. al pelo. la besa oprimiéndola. de dramaturgos y tribunos. y un vuelo de pétalos enflora las tablas. los mangos que protegen las casas de las quintas. si todo está listo. lánguida. descienden. Antonio se ha despedido. Nadie ignora que Antonio es el tenorio. rumor formidable que desfallece en la orilla con dulzuras de brama. de un salto. A la salida. cruzadas. los javillos. La luna menguante recorta los cocales. A la entrada de la vereda que conduce a la playa... desde las galerías. ensanchándose. cortó la víspera. En el frontis de palcos y galerías. la orquesta y los admiradores ruidosos le forman séquito acompañándola hasta la fonda. que toca una danza criolla. arrebujada la cabeza en un chal. « ¡Qué escándalo! —cuchichean abanicándose con ira— y la infeliz pegada a la máquina. y su mujer y su cuñada han confeccionado ramilletes. sobre banderas. aplaudiendo y taconeando estorban por minutos la representación. La tierra fecundada exhala el aroma de flores. hija. le musita lamiéndole la oreja. rijo. rompen en estruendosa ovación. cautelosa. ha repartido palcos y lunetas. ¡valiente sinvergüenza! » «Si mi marido me hiciera una así.presentación del drama y artístico adorno del teatro. un capítulo de su novela. de vivir juntos siempre: «quiero ser tu Margarita Gautier». mientras el otro se come un sancocho en San Antón con un grupo de amigos. ¿qué le importa a Antonio?. tres almendros en fila coronan las almenas con sus copas redondas. le habla de amor. subyugado por la naturaleza. de Mirabeau. ¡Ay. Al aparecer en escena. Entre las cercas.. su hora voluptuosa. El besa. La puerta se cierra. La sangre le arde en las venas. en persona. de Castelar. manda a callar la música. la sienta en sus rodillas. chupa. arrastrados por la última creciente. Antonio hace destapar cerveza. fingen animales fantásticos. En las peñas. Las olas retozonas tejen randas. liras y canastillos ostentando el mayor ancha cinta azul. El castillo enhiesto desafía al tiempo. corridas las cortinillas. De la línea argentada del horizonte brota. después de la función. y guirnaldas de flores de papel en el contorno. Su imaginación se inflama. Las señoras se indignan en los palcos. los perros ladran. es el placer que llega. ¡La tiene al fin a su lado! El coche parte hacia extramuros por la solitaria calle de las Mercedes. Ella. Han adornado el severo pórtico del teatro con palmas de coco. ansioso espera en el coche. un mozalbete. en escudos de cartón. que alargan sus brazos colosales. y comienza a hablar. Esta noche. para cantar a la divina artista. y en una esquina próxima. Desde el foso. Todavía un cuarto de hora más y la ve salir. ella y él. lamentando no poseer la elocuencia de Danton. que prestan idéntico servicio desde las fiestas del Cuarto Centenario del Descubrimiento de la América. vence las armas de las provincias y reinos de España. los muchachos a los cuales se ha dado entrada gratis. Antonio ha despojado todos los jardines y hasta el camposanto. de Bossuet. abraza a la hembra . encaramándose sobre una. frutos y bálsamos. El caballo trota por el camino de San Jerónimo.mesa. pobres de nosotras las mujeres! » Mas. y una mano le alarga un vaso de cerveza. hasta que los aplausos le apagan la voz. con su propia mano. y todo por esa ética. burlando la vigilancia de la policía. y disparado. acompañados de una fotografía en la que el lápiz de Abelardo ha idealizado su figura. las manos ávidas aprietan la carne estrujando la leve muselina. troncos esqueléticos. intimidados por el rodar del coche. henchido el pecho. mezcla nombres de cómicos y de guerreros.

. y pensar que para eso ha escandalizado y ha sufrido su mujer. Un repórter de Le Figaro.. La revolución está en el aire... y aprovisiónanse de sal. ¡Qué ridículo! . De noche bajo los haces de yerba. la ciudad en las primas noches recuperó su monótona calma. Y el otro. El caballejo trota.. necesito un traje de raso rosado y unos zapatos Luis XV. El coche salta en los baches. en las aceras. enfoca la escena con su kodak. ha exclamado. un docto de vara alta. El camino es interminable.magra. jadeantes como dos perros. cogidas del brazo o aparejadas con galanes. por la calle del Conde. Alea jacta est!. con dos o tres amigos se refugia en la Plaza Duarte. ¡ unos zapatos doré!. La situación política cada día está peor. acuerda un voto de censura. Los caballos están ensillados. Se pegaría para castigarse. para atajar a los gallos que quieren arremeterse. Una mañana radiosa de aquella primavera. y jueves y domingos. han introducido. Antonio se siente cautivo. El coche se detuvo.. el revólver en la diestra. tal instante el precio de tantos afanes! Ella rompe el mutismo hostil: —El sábado se estrena una comedia. aumentándose la división entre los dos hombres que usufructúan el poder en un tira y encoge insostenible. trasponen carabinas fuera de la ciudad y damajuanas y bidones llenos de proyectiles. es posible conversar. mientras rinde la cuenta de la compra a la señora. cual un centauro. Al regreso. pasa un general. intercalándola entre los fideos. a comadrear sobre política. una chispa sola y las llamas crepitarán. que ha oído. maquinar. la carne y las verduras. que estuvieron un mes en Nueva York. alisándose la barba. ¡ Qué imbécil ! Sí. negrito? —Sí —ha pronunciado él involuntariamente. fusilado por sus perseguidores desde la esquina de la Gobernación. Más . silenciosos. según la moda que las yanquis y las criollas. XVII Partida la Compañía de Roncoroni. en carretas y en coches. me los regalarás. mortificado aún por el escozor de su lance amoroso. las mujeres a balancearse en las puertas de las casas. durante las horas de la retreta. a dar vueltas en el Parque de Colón. los amigos tenían razón. Los hombres. tendido sobre el cuello del corcel. distendidos los nervios. felina. rotos los músculos. lo repetirá a su barragana. Antonio. Las dueñas de casa almacenan petacas de carbón.. las intrigas bullen y los personajes moran en los caminos.. El Congreso pide cuentas al Ejecutivo del manejo de los fondos nacionales.. y cada cocinera llevará la noticia a la casa en que sirve. y ésta lo dirá en el mercado. las verduras y gallinas suben de precio. de raso color de rosa». y ella en el estribo. en cafés y parques. a escape. disparando. y después de acalorado debate. se apelotonan en los rincones. harto de viandas y licor. La prensa partidaria pega. Será el hazmerreír de la ciudad. ¡ Qué asco. la humillación de pedir a un tendero fiadas unas varas de tela. se despidieron con un beso helado. se revuelcan en la arena. mal iluminada y solitaria. tan deseada. doré. insiste: «no te olvides. Las lenguas se anudan y. ¿ no es verdad. y aun conspirar. En la penumbra. Los partidarios del Presidente recogen adhesiones al pie de un documento que le da un voto de confianza. a salvo de miradas delatoras. de París. chapaleando en el lodo. De boca a oreja se divulgan frases sibilinas.. y encima. estará mofándose. y los campesinos se llevan a las hijas que sirven como domésticas. Y el cochero.

.Por detrás de la muralla. Antonio ganó La Fuente. los campesinos que han venido a mercar.. y a mí. ese Consulado en El Havre? —¿Y las armas. defendiéndolas de la policía que las requisa. ¿ es seguro? —¡Cómo!. El bote está oculto en la sombra. A la luz de las estrellas. y que en esta tierra guapos somos todos. se alza el paredón cubierto por manto verde de hiedra. Tengo dos carabinas 50-70 y un sable de cabo. Portocarrero ha recibido la visita de su amigo y contertulio Miguel Gómez. Horacio se ha pronunciado en el Cibao y viene sobre la capital. se arremolinan. disfrazado con el sombrero de cana alón y el traje rural. a las ocho. y con el nombre que tú tienes. y nosotros. —Y. si no. —Hasta la noche. —Sin pero.. y . —Sí. socio. éste. yo quiero probar que soy hombre de acción. nos adueñamos de la cosa y damos tamaño golpe. ya rompieron los tiros. que es. doscientos tiros en un macuto. pongo las carabinas entre un paquete de cañas. en la margen del Ozama. —Sí. nos meten en la cárcel. si cogemos el pueblo de Los Llanos. con un grupo. he leído el telegrama en clave que le ha puesto a Corderito. lo llevas en clavaos. Esta noche. que serás el jefe. yo llevo diez pesos cambiados en nacionales para que abulten. que tienen su gentecita lista. —Pero. en Guerra. Muy de mañana. . y en el patio. no te olvides de comprarte un sombrero de cana con su divisa roja.bajo al río. nos espera un bote con dos marineros de confianza. —Estamos entendidos. en este país los intelectuales no sirven más que para secretarios de los macheteros: hay que hacerse general. junto al brocal del pozo. hay que moverse. Desengáñate. Oye el plan. Es la revolución. busca lo más que puedas.. aferrados al cabestro de sus bestias. se sale esta noche para Baní. rinden más. en La Fuente. nos vamos por el Este. socio. sí. aguada de los buques. ése para ti. y ya sabes.. se alzarán Amador y Marcos del Rosario. Compai. tú. En cuanto a dinero. y una chamarra de dril. conferencian. —Bueno. tapados con naranjas de china. ¿ Quién le quita a usted ese Ministerio de Relaciones Exteriores.tarde. en un coche. si estás dispuesto. Allí. —Pero. clamorosos. —Así me gusta. y el dinero? —Todo está arreglado. y Lalo en Bayaguana.

es manso. En la guardarraya. en las abras que sirven de atracadero. cantando: ¡ Eh! tololé-tololá. cuando triunfen hay que conseguirme mi despacho de capitán y mi racioncita. les prestará el mulo de hacer los mandados. Y entrambos conducen al bote las cañas y el macuto de naranjas. pariente de Miguel. mano Miguel. soy yo. la impulsa con el canalete. se dirigen a la casa del potrero cercano. les despide: —Buena suerte. El agua trifurcada susurra entre los mangles de la isleta. y ya sabes. de rechupete. un coche de punto se detiene en el camino. la noche está fresca y clara. El macho trota de modo infernal. ¡Eh! tololé-tololá. —Socio. El campesino. los manglares se esfuman con extraños perfiles. a cada salto. En la soledad del camino el arrebato de Antonio decae. no hay quien te lo despinte. pues corcovea.Momentos después. en tres horas. —Sí. de yerba y de frutos. No hay silla. El bote boga río arriba. Pronto entran en la parte desierta. una vez corrida la tranquera. y Antonio. Antonio se acerca al farol del vehículo. una ceiba abre sus ramas o un mamey se yergue alto. sable en mano. desnudo el torso. el estómago le llega a la boca. Mas como éste no ha sido prevenido. ni una casa. derecho. la yerba páez crece lozana hasta tapar el ganado. De rato en rato. la carabina. y les da el pie para montar. El cochero. Déjame verte bien. un negrito de ojos vivos y finos rasgos. se excusa: «los caballos están sueltos en los vasos. la saqueta. en donde el mayoral. mañana riegas en el paradero del parque nuestra salida. que no se sepa. eso sí. sino aparejo. Le molesta el compañero que va a grupas. le pesan sobre hombros y costillas. y cuídeme mucho el mulo y los aperos. y andador. inmóvil. el mayoral les dice adiós: —La Virgen los acompañe. Has prestado un gran servicio a la causa. En ambas laderas. sentado en el centro. pues no quiere comprometerse». atraviesan los potreros. les proveerá caballos. el sable. Las carabinas en bandolera. en dirección contraria pasa una canoa cargada de carbón. En los tres brazos del río desembarcan. Al pasito. los pantalones arrollados. recomendándoles no tocarlo por detrás. y los acompañará hasta ponerlos en el camino de Guerra. Por ahí. un general. las saquetas de cartuchos a la espalda. El terral les trae olores de vacada. pueden llegar. Callados. no se perderá. El mayoral mismo les apera el macho. —¡Cará! no te había conocido. pa que no digan. y grillos y ranas conciertan sus discantes. y en cuanto te tercies el cabo. y ¿quién puede enlazarlos a tal hora? ¿Por qué no le mandó un recao? ¡Qué cosas las del primo! Pero ya que están en el apuro. que ha vigilado el camino. y ya sabe. ni . oro molido que quieras. compadre. y luego. Alas torpes agitan las hojas. sombría. —Venga. Miguel registra con la vista el paraje.

El mastín ladra alarmado. Un candil aclara la habitación. Siguen. compai. que tengo que esperarlo. dio la vuelta. después de cerciorarse bien. y ahora ¿qué hacemos? . ábrame. La comadre. de toa confianza de Horacio. comai.. si entran pueden encontrarse con el Jefe de Orden y ser aprehendidos. —Aquélla es. —Este es el amigo que le dije. al fondo la casa de calderas. ¡Ave María! una pasá na má. El aroma de la caña molida les sonsaca. el ayudante. Asina es. —De manera que todo se ha vuelto bulla. compai. al compai Juan que me abra. Compai. pintadas en el rostro las huellas del sueño.alma viviente a quien interrogar.. —Entonces. compai. divisan las primeras casas del pueblecito.. los recibe. —Y el jefe Horacio. ¡ Qué descanso! Miguel toca en la ventana. me dijo que el Gobierno mandaba esta noche mesma tropa de la Capital. Miguel Gómez. La plaza está casimente sola. compai. salió por la puerta del corral y. Hombre de mucho prestigio. pero no. ya Miguel es baqueano. —Compai. tiene un flamboyán en la puerta. Y aparece éste. pa comer vacas na má. fue a un velorio y entoavía no volvió. y hace falta plata. conoce el bohío de un su compadre. registrando. es Miguel Gómez. too el Cibao. De adentro una voz femenina pregunta: —¿Quién va? —Comai. concluye: —El hombre Juan. —El no tá. con los índices obscuros de las chimeneas. ¡ Qué barbaridad! ¿Cuándo llegarán? A mucho andar. va a vení ahoritica. Y los muchachos de usted ¿dónde están? —Ello. con quien en días atrás habló. con tres mil hombres. Miguel le abraza efusivo presentándole a Antonio. en enaguas. Precavido.Es del otro lado.. ¿es verdad? —Cómo. distinguen la puerta de un ingenio. Al fin se abre la puerta.. si ya está en Antonsí. soy yo. escondío en el monte. pero mi compai. a la entrada del camino de Los Llanos. El jefe Marco del Rosario anda desde ayer por la sabana con unos viejitos. —Espérese. con él tiene usted seguro su nombramiento de Jefe comunal. sin armas. y luego de un rato de conversación exploradora. Al fin. En el interior se oyen murmullos de voces y de ropas. Ahora. Los canes ladran. Una mano desconfiada alza la aldabilla de la ventana y por la rendija un ojo escudriña..

parten detrás del compadre Juan por la sabana. la mujer contesta. pa que le haga café al vale Juan y la compaña. Aceptan. entre árboles de mangos y caimitos. a la postre. El compadre Juan llama. Y de nuevo. cuando el primer trago le conforta. así no se toma en la Capital. corean Antonio y Miguel. La siña Atanasia. en las brasas que enterradas guardó el día anterior. conviene: —Vale. él oye con la cabeza gacha. armado de un trabuco. un bocado húmedo de saliva. el fogón. para endulzar su poción. Vamo pa allá. —¡Siña Tanasia. inclinado bajo u propia pesadumbre. lo amarra con la soga larga en una cejita de monte. cubierto de yaguas. La cocina es un cobertizo hecho de cuatro varas. sopla con vigor. a horcajadas en el mulo. —Asigún. El huésped les brinda los asientos hechos de troncos toscamente labrados por las caras. él es seguro. cuando llegan un destartalado bohío de palma y yagua. cucharas y un colador. El aroma de los granos tostados emerge. Luego. compai... —Este es café legítimo. El perro ladra furioso. se abre la ventana. cuando llamea. y. les brinda en jarritos de hoja de lata con asa. sale el vale Pedro. —Y alzando la voz—: Tanasia. la mete debajo de la leña colocada entre las piedras del fogón. —¿Pero en dónde? —Aquí. que lo mejor es aplastarse un tiempecito. tiende la otra a las visitas y pregunta por la mujer del vale Juan. vuelvo y digo.El compadre Juan. y el vale Pedro. es un buen escondedero. La luz láctea del alba mancha el cielo. El compadre Juan se marchó. en el cual esparce puñados de café. con mano firme. yo soy suyo. y una y otra vez lo pasa. después de un parlamento. prometiendo volver al anochecer y recomendándoles no dejarse ver de nadie. una raja de cuaba. el ajuar. el busto desnudo. en donde la yerba medra lozana. si al jefe Antonio le parece. a los de confianza en higüeritas. se acuestan sobre la tierra. yo creo. qué mano. Dios se la guarde! —exclama el vale Juan. indeciso.agarrándose con una mano las polleras. latas ahumadas. por detrás del rancho. lo deposita en el colador. bañándolo con agua hirviente. y cuando ha rumiado bien. hombre de mucha concencia. Con una paleta lo mueve para que no se pegue. y. . El vale Juan le explica. Asina es. en ca el vale Pedro Espíritu Santo. Enciende. se internan detrás del bohío y. desvían el camino. desenjalmando el mulo. que se duermen en pie. cerquininga. arrodillándose. recogiendo con un pedazo de higüera el polvo fragante. y muerde en el terrón de raspadura con sus dientes amarillos. —Magnífico. Tres piedras ennegrecidas. la cabeza baja. higüeras. A los forasteros. escupe y se rasca el dedo gordo del pie. hasta que la gente del jefe Horacio llegue a Sabana Grande. da a cada uno. alevántate. alargándolo con marchas y contramarchas estratégicas por entre las matas. bajo un mango. afirma el burén. Que los amigos desmonten sin cuidado. los pila. Los dos revolucionarios.

cuando le visitan. y un venerable revólver de pistón. pica el tabaco. o corta con pulso sereno finas hebras de andullo. y . y por tal mérito. sus maduras pomas. los hijos. No hay que preocuparse. para los apuros mayores. que cuelga en la cabecera. morro de huevos o banda de tocino. da una vuelta por el fogón. y allí mismo. Desde Hato Mayor hasta Santiago de los Caballeros ha engendrado veinte hijos. y luego rellena el cachimbo de barro rojo bien curado. en vaina historiada de arabescos.Roncaban como benditos. ése es punto de guerrilla. y las palmas le engordan los cerdos. el tejado de yaguas se clarea. ¿has oído? —Sí. que espera de ellos cuando «en sus glorias se vean» un alguito para lavarle la cara al rancho. Las tropas de la Capital que llegan. comprarse una muda. hembras y varones. Con el general Miches bajó al Cibao. una noche. El vale Pedro es alto: fornido. La tez del rostro y del busto. —Socio. se escarba los dientes y se extrae las niguas. los sujeta a la cintura con una correa de la cual penden el «Collins» de monte. deslomando un azul. y los pantalones terrosos. ha aprendido que los Gobiernos olvidan siempre lo que prometen los caudillos revolucionarios. el general Cesáreo le recompensó con el grado de comandante. el moblaje consiste en tres cajones que hacen de armarios y baúles. aplazados todos. largo y lacio. tabaco o un pantalón. las desmenuza entre las palmas. se mezcla con la barba gris ensortijada que le cubre el mentón. que realizó en plena capital. la costra de los pies es dura como pezuña. otea la sabana. y si no. un árbol de higüero le provee la vajilla. curtida por el sol. de quince milímetros. el trabuco se lo regaló Pedro Guillermo por una acción de flor. Y el comandante Pedro Espíritu Santo vive tranquilo. en la calle del Comercio. cuando un toque de corneta en dirección del pueblo les despertó. cacha de nácar. las abejas le engríen con la miel y la cera de sus panales. una barbacoa cubierta por una estera. El bigote. única prenda que viste. un cuchillo puntiagudo y afilado con el que come. el comandante Pedro Espíritu Santo confía al jefe Antonio y al jefe Miguel. siendo buen amigo de las autoridades. Desde entonces es ciudadano pacífico. Sus manos son tenazas. de la que aún renquea en los días lluviosos. y el machete. batatas y auyamas frutecen para él. de rato en rato. los empresta al vale Juan o a otro compadre. la gente se quedará en el pueblo y por estos lados no vienen ni mosquitos. Sentado a la puerta. A una legua reconoce a los conocidos por la pisada de los caballos. y si ha menester ron. En otro tiempo fue hombre de guerra. El platanal le regala pan nutritivo. ahí está el Ingenio: corta caña una semana. le traen. Allí le rompieron una pierna. de esos que llaman marmitas. pavón negro. es áspera y dorada como cordobán antiguo. en un tronco de roble. y basta. Sin embargo. a un paso. El sol estaba en el cenit. ¿Para qué trabajar? La mujer se ocupa en las faenas de la casa y del conuco. por cama. Usa camisa cuando va al pueblo. que aspira primero con deleite. lo desenvainó la última vez en La Pomarrosa. Posee el bohío: dos piezas de piso de hormigón. sala y aposento. —¿Y tú crees que estamos seguros aquí? —¡Uy! ¡Como en la iglesia! El vale Pedro se les reúne. y mangos y caimitos. un revólver Miste y Ueso.

y antes de partir les envía con la Tanasia. ¿ no son correligionarios? Pero es un militar de honor y no aceptará. hablar con él. Cocina. ¡ Qué suerte si lo consigue! Con esas fuerzas. con frisa y cachufuces nuevecitos. sí. porque ello haberá guardia en la boca de los caminos. con puerto y aduana.un nombramiento de Alcalde pedáneo de la sección. intranquilo: las pulgas le corren por las piernas. ello son mucha. y las cartucheras jartas de tiros. Regocijado con la formal promesa. sí. Pero ¿cómo? Escribir a Chávez. Tal vez. las noticias le inquietan. tomaría a Pajarito. hermano del cantor que viene al pueblo pa las fiestas de San Antonio. esos descoloríos capitaleños van a sentir bajo e berraco. asados en las brasas. pero desde su escondite. En tanto Miguel ronca ruidosamente. ¿no sería ese éxito brillante. parqueadas y veteranas. y suaves corno bizcochos. título indiscutible para una . de súbito. mejor plan es entrar a Bayaguana y Los Llanos. lo hace por San Carlos y San Jerónimo. convencerle. buena carabina y amigo nuestro. conviene en ir al pueblo a brujulear. flaquito y feo que ñaman Chavito. él medita. —Cañones ¿cuántos? —Yo vide uno. las pasas cervunas. —¡Anja! Y dice el vale Juan. A la puesta del sol el vale Pedro regresa de su excursión: había visto al compadre Juan. es amiga de las mancebas de su señor. deshierba el conuco. toos vestidos de azul. imagina: «Hay que moverse. sitiando a Santo Domingo por esta parte del río. el suelo es duro. Nunca fue celosa. que en esta nochecita no pué vení. bien equipadas. que en cuantico se ponga al habla con sus muchachos. El obscuro pigmento se ha desvanecido adquiriendo un agradable matiz de caoba. está en atisbo. carga el agua en calabazas desde el cachón. En la sala se acomodan los dos amigos para dormir. Durante el día se alimentaron con plátanos asados y batatas salcochadas. —¡Ah! sí. —¿Y quién es el jefe? —Un chiquito. en casa del cura. y con más de una ha compartido en dulce paz el hogar. No. y ha parido doce hijos. brazos y pantorrillas viriles. y por almohadas los aperos sudados del mulo. —¿Y las tropas? —le interrogan. cabecera de provincia. el comandante Chávez. quien tan pronto como vibrara la corneta. dos plátanos verdes. cortar el telégrafo. castra las colmenas. a San Pedro de Macorís. aunque más joven. ha visto cincuenta veces florecer los flamboyanes. calientes. ¿por qué no? El Gobierno está caído y la resistencia será inútil. La siña Atanasia. no es posible permanecer inertes. pero que no tengan cuidao. Antonio se revuelve. así quedaría eclipsado por la presencia del jefe superior. teniendo por lecho el piso erizado de pedrezuelas. —Cómo tropa. y mata y sala el puerco ajeno. El rostro libre de arrugas. con las tropas del Cibao. Son del batallón y también trujeron cañones. ¡Qué golpe! ¡Cómo quedarían los charlatanes de la Capital! Y luego. mientras Horacio. si Dios se lo depara. se encuevó. reunir los elementos revolucionarios de esas localidades y atacar rápidamente.

y al extremo el floripondio morado donde la abeja vagabunda liba. yo no la llevo. se impondría a la capital misma. diré a montear. rascándose la cabeza interviene: —Mi jefe. sostienen grandes racimos. y quizás la Delegación en el Este. pa que no digan. en el Gabinete no hay suficiente independencia. el vale Pedro es inconvencible. de la moticas pa el bohío y del papel de Pedáneo. manque yo esté viejo. usted me dispensa. El vale Pedro irá al pueblo a comprar papel y un lápiz para la carta que escribirá al comandante. y. decididamente. ´ —Eso será cierto. los dos revolucionarios comienzan a sentirse nerviosos. General Antonio Portocarrero”!. ¡Eso sí! ¡Cuántas cosas haría! Parques. y los errores de éste recaen sobre los Secretarios. Gobernador de Macorís. El medio es infalible. a desesperarse de la expectación. Y el porvenir. Al fin propone: —Güeno. el Presidente hace sombra. ¡A güeno! En el platanal. ¡Quién sabe!. Las pulgas voraces le cosquillean chupándole la sangre. Miguel parlamenta con la siña Atanasia. tan desamorada de sus propios hombres y tan fácil para los del Cibao. escuelas. Los argumentos y las promesas son inútiles. endempués no se olviden del revólver. a dudar. que la política no se ecribe.. contemplando las gráciles columnas de jaspe que. a ver si me pecho con el vale Marco del Rosario. nada se pierde. y jefe Antonio. su merced me perdone. Ese comandantico tiene la cara muy seria. pero yo le oí a un Don de la capital. diez ingenios que asisten a las iniciativas progresistas. la fiesta del árbol. De ese modo. su prestigio irradiando a las otras provincias. Sí. más le conviene la Gobernación de Macorís. discursos. Antonio expone su plan. El vale Pedro.. además. cuenta con numerosa colonia extranjera. pero esa carta hay que enviarla. Pónselo en la carta. cada plátano es un dedo de gigante. A la mañana siguiente. rodeadas de cepas mustias y tiernos retoños. las mujeres entoavía me apetitean. alumbrado eléctrico. Miguel asienta: —Después de todo.. leyendo en las esquinas promulgue: “Secretario de Estado en los Despachos de lo Interior y Policía.cartera en el Gabinete? ¡Qué cara pondrían sus detractores envidiosos cuando el pregonero. al grato abrigo de las amplias hojas de malaquita. Los estómagos reclaman algo más que frutas y viandas. Eso sí. .. ¡Le parece que ya oye los alegres redobles del tambor! Pero no. —Pué. Aquello se presta. mientras toman el café. veladas. acueducto. que eso le hará efecto. que vino a alcanzar a Cesáreo. El fue enemigo de Lilís no le ha de gustar ver a Perico y a otros cacaos lilisitas peleando por Jiménez.». calles.

Pero el recuerdo de la familia le perturba: cómo estará su mujer. El Gobernador del Seibo. y de Caño Hondo. dale que dale a la lengua. ya no sueña con la gobernación. De sólo pensarlo. las guerrillas recorren los contornos. es humo e sabana. y que el compadre Juan. que le voy a regalar un pañuelo de madrás de a vara. jijo. Antonio empieza a dudar del éxito de la empresa. ha dicho un tenientico. si la última que me trujo una jija que tengo por la vuelta e lo Mina. que una columna salió de Caño Hondo con dirección a Guerra. entrar a Santo Domingo prisionero. mamita. pronunciado contra el Gobierno. para cuando vaya a verme a la Capital. la espera le extenúa. en Bayaguana y Los Llanos. que Horacio está ya cerca. saludados por sonrisas irónicas y burlas! No. a dos pasos. reconociéndolos por las voces. las interpretan optimistas. .. Y cierra los ojos para no verle resbalando tremulento por las paredes. —¿Y usted no tendrá algún pedazo de tocino? Vea. piden agua. —Ma. y. sin saber nada de él. permanece en casa del párroco. el muelle repleto de curiosos. una columna que avanza sobre Santo Domingo. lamentables. tendidos boca abajo entre matorral tupido.. Ese no es más que un mancuenco. —No. ni con la cartera. si el jefe Marco no tiene ma que unos viejitos desarmaos. y fuerzas de éste marchan sobre Santiago. otra.. —¡Ay. La angustia de. En torno a la lata en que se cuece el sancocho. lo malo es que Marcos les aconseja esperar quietos aquí. tan mentado. ¡ Propagandas!. No obstante. sí. con noticias y un cuarto de novilla. Antonio se estremece. están por el Gobierno. de ningún modo. sin embargo. y en el tránsito. lo maldito perro jíbaro. será el centro de todos los debates. se la comieron. —Hay que atacar a Guerra cuanto antes. y lo de la columna que dicen. cristiano! —suspiró la negra. ¡Diablo! si a alguno se le hubiese ocurrido registrar. llegan al bohío. enseñando los afilados caninos. hasta la Fortaleza. se la pagamos bien. astrosos. No. y el hijo. ¿no habrá por ahí un pollo o una gallinita?. Por la tarde. se ha transado por la diputación. afirma Miguel. si el triunfo es un hecho. eso es una pendejada.. Así supieron que en Los Jovillos se ha peleado. pobrecita. una vez. y la suegra. El vale Pedro trae del pueblo noticias desalentadoras: Puerto Plata. gente en el monte.—Mamita. Los días transcurren sin cambios. habiéndoles ofrecido sus servicios. la Línea y el Sur. la situación de ellos se hace más difícil. han oído hablar a los oficiales. preguntan si no han visto revolucionarios. apenas tuvieron tiempo de meterse debajo de la barbacoa. el vale Pedro volvió del cantón de Marcos. de viajito. ¡ Qué ridículo. sería insufrible. en la cual. por independiente. de un momento a otro puede suceder. —Ay.

A Antonio. ¿y qué ha ganado? Allí. —Peor estoy yo. Cuando cesa el combate.. habría sido tendero. se bañaría en el río y aspiraría a presidir el Ayuntamiento. —¡Qué voz tan argentina! —exclama Miguel. ¡Bonita situación para un caudillo! Y los días transcurren. el vale Pedro anuncia: «el potro moro del compadre Juan». ya ganamos. lo que me faltaba. ¿Quién? —La colunia que a venío de arriba —asegura el vale Pedro. observa atento la labor de la hormiga. un tiroteo graneado les sorprende. seguido durante media hora de descargas cerradas. la brisa les trae las albricias. Miguel le interrumpe el soliloquio. rato después. aquellos se desprenden lastimándole. con botones militares dorados. es él.— ¡Ya era tiempo! Se escucha el galope de un caballo. —Hombre. —¿Qué general Rafael es ese? . de bruces sobre la tierra fresca. los calzoncillos se adhieren a los bezos. Al fin. A la sombra de los mangos. ¿por qué los abandonó por las calles polvorientas.Desde la copa de un caimito abarca la pampa que se tiende leguas y leguas. seguro. además tendría chivales. tengo una comezón en el dedo gordo del pie derecho. sombrero de yarey y divisa colorada. le ha salido una negrita. ¿qué será? —Niguas. un ruiseñor canta.—¿Pero usted ha tomado el pueblo? —En compañía del general Rafael. que vino con una columna por Bayaguana. —Compai. que esa gente iba a sentir bajo e berraco?. de la abeja. cuando camina. ¿No se lo mandé a decir. que vestido de rayadillo. y. y el pus sanguinolento le moja los muslos. los parques empedrados de malas intenciones y las luchas mezquinas de la ciudad?. el valle plácido. la acción es mía y de mis muchachos. y esa Comandancia no hay quien me la quite. enseñando las espuelas de plata. como sus condiscípulos. el río bullidor!. tiene las nalgas reventadas. Atacan a Guerra. la cabalgata de la primera noche en aparejo le produjo una peladura en la rabadilla. apiarios. y luego otra y diez más. después. pero en justicia.. que parecen desafiar el rayo. Entre las ramas. cortado aquí y allá por meandros de hicacos o por robles solitarios. bebería leche recién ordeñada. Al lejos. unido plano verde. en efecto. un buen caballo para caracolear los domingos por las aldehuelas. un jinete pasa bajo el sol de fuego. de la lombriz viscosa. ¡Ah la villa nativa. se zarandea... « ¡Viva Horacio! » se oye distintamente. —Socio.

mientras las tropas desfilaban por la calle del Conde.! —vocea haciendo escarcear el jaco. ¿Qué han hecho esos hombres. en los bancos del parque de Colón su campaña es motivo de risa. a la diestra del General victorioso. de concupiscencias. y cuáles méritos poseen los que el cariño regional empina en los eminentes cargos del Estado? Hasta las futuras curules tienen ya dueño. expresó que era voluntad de éste que no se exacerbara al vencido atacándole en la prensa. y trajo el uno los pies cuajados de niguas y el otro padece aún de las diabólicas negritas? Lo que es en otra. nada. Antonio adormecía su impaciencia.. A mañana y noche le tienen con dolor de cabeza. en tanto que los nuevos. ¡ca. sobre sacos de azúcar. acostado en un lanchón. abrazándole casi le desmontó del caballo. ¿Y para tales cosas expusieron Antonio y Miguel sus vidas. y Miguel. no puede andar ni sentarse. y los directores de periódicos han entendido que tampoco es lícito combatir al vencedor. La Capital capituló. En el pueblo.. y Antonio se encuentra sentado ante una mesa de pino. a otros. él lo hará por el río. en alta voz repite: . La Gaceta Oficial. todos pertenecen al partido revolucionario. sin orientación en laberinto de intrigas. entre enjambres de moscas. imposible montar a caballo.. el general Rafael. visita diaria. Miguel Gómez. El Presidente provisional está abatido. del reparto del botín. En la tertulia. ¡ Qué gusto se darán los de los bancos del Parque! ¡ Qué suerte la suya! Las posaderas le torturan. de ambiciones. Los empleados del régimen anterior ni con candela renuncian. XVIII En la hamaca. y en cambio. ¡Viva Horacio!. ahí detrás vienen dos caballos que les manda para que se vayan al pueblo. El médico habló de cortar. concluyen. putrefactas. al día siguiente de la instalación del nuevo Gobierno. no encuentran plato para sus apetitos. los que se echaron al monte o conspiraron des-de los escondites. le ha mantenido al tanto de los sucesos públicos. en derredor de la hamaca. y padecieron hambre y tribulaciones.—El los conoce. La campaña había terminado sin las hazañas proyectadas. en un suelto. pluma en ristre. logra restablecerlo sin intervención del bisturí. pero la mujer terca y cariñosa. Las nalgas pútridas le han recluido en la casa desde el retorno de la campaña.. mil cuentos jocosos se refieren. asilándose el Presidente en una Legación. Por corrillos de parques y esquinas circulan persistentes rumores de disgusto. El lilisismo entra de nuevo en Palacio. y mientras Miguel entrará por la Puerta del Conde. meciéndose. Algunos han asaltado las oficinas en el tumulto de la primera hora. se protesta contra los nombramientos: a unos se les ha dado en demasía. convertido en secretario de aquel jefe de operaciones. lavándole y aplicándole fomentos de hierbas medicinales. no los pescan.

¿ Quién entre ellos repulsaría un consulado? En su casa estalla. cruza por entre los que esperan. nuevo laurel. una vaga sonrisa triste le endulza el rostro. Pero ¿y su dignidad y sus aspiraciones? Y además. en la cual puede hacer lo que le place? La suegra opina que ha debido aceptar. inflado el pecho. en isla vecina. muchos en demanda del pago de sus cuentas de revolucionarios. ¿Qué cree el Presidente? ¿La República es su casa. una verdadera ofensa. —¡Malsines! —truena Antonio. y los oficiales de la tropa gobiernista. son quinientos nacionales y hay que trabajar mucho para ganarlos. Antonio no acierta a responder. ladeándose—. ¿Qué quieres?.. y por mal jinete te has peleado hasta el ombligo. En la mañana encontró una colección de ciudadanos de todos colores. nadie quiere trabajar. renuncia. presa de pasiones que le cercan y de apetitos que tuercen sus miras. Portocarrero. Alto. clases y cataduras. Estos en solicitud de empleo. indica el edecán. los empleos no alcanzan. y citándole para el siguiente día temprano. interrogan las miradas. El Presidente lo recibe cordialmente. cobra cien. y termina pidiéndole que acepte un consulado. en espera de turno. lo que se da a cualquiera!. Echa de menos el campo y su caballo. pues hay que aprovechar. y a la vez compadece al hombre que tiene delante. en los labios la huella del no rotundo. se divertían acercándose a la puerta para asustarnos? —¡Charlatanes! —Dicen que llevabas el sable colgado del pescuezo. y despidiéndose con una negativa. del tiempo que se pierde en contentar a los que piden. ¿y su vida de sacrificios.. su estancia. con cien pesos. Quien gastó cinco. y cuando el mulo corcoveaba te agarrabas de las orejas. con que fustiga a esa traílla. un consuladito. el oficial del Cuarto Militar de servicio que le anunciara. por ahora. y las batallas de su pluma? Se indigna. que se vayan al monte en la próxima y sabrán dónde les aprieta el zapato. de mirada límpida. viéndonos los pies. aquéllos a buhar. la patria es de todos. y Antonio entra. de los cuatro puntos cardinales de la República. y sus prisiones. cien dólares.—¿No dicen esos malditos. La primera salida de Antonio ha sido para visitar al Presidente. pues es necesario hacer economías para pagar las deudas extranjeras. la mirada soberbia. Aplastado bajo el repentino derrumbe de sus ilusiones. con ese sueldo . la testa engallada. El castillo de naipes cae por tierra. que no es posible iniciar. piensa. El calor de la capital le acosa. que hemos estado cinco días debajo de la cama del cura. que le visitaban. Los presentes miran al recién llegado con recelo: uno más a contender por el hueso. fuerte. Se presentó en la tarde. . le trajo recado. Y los compromisos y las combinaciones. Con palabra adusta le habla de sus planes. Si esto sigue. Eso ha sido un insulto. y cuando se cierra detrás del privilegiado la puerta del despacho. excusándose por hallarse reunido con el Consejo de Ministros. ¡A él. desazón común turba sus ánimos. es terrible lidiar con tantos vagabundos. sí. armado de buenas intenciones.

siempre resignada. la frontera próxima le asila. Nadie está satisfecho. el malestar colectivo que precede a las revoluciones. estos hombres no durarán en el poder. y a su insistencia oponen una negativa rotunda. insinúan. «la lechosa está madura y al caer de la mata». En su refugio de la Plaza Duarte.. su misma mansedumbre vibra. Vacila. disuadiéndole. Su enojo crece en razón de su impotencia. bajo las caretas. la protesta armada toma y pierde poblaciones.. No y no. cada noche. El Presidente. a la hora en que la familia se reúne. se nota pronto la labor de zapa. mientras comen. hacia quien torna la opinión veleidosa. mas para su artículo no hay letras en las imprentas. ya llegará su hora. desaparece en un crepúsculo y a la mañana siguiente. refiere su. En casa. El país está perdido. y las deudas acumuladas en tantos años que hay que pagar. ningún periódico ha querido publicarle un artículo. ¡Nunca fue él segundo en la protesta! En el aire cunden voces tentadoras.nueva desventura. los hombres del poder y sus contrarios. ¿No calcula que le expone a perder el empleo. quienes a su vez afirman que él mismo no sabe lo que quiere. enfermo. Es cosa de meses. Esgrime de nuevo el látigo de sus acusaciones. Cucharas en el aire. la efervescencia solapada que arroja a la superficie palabras imprudentes. esta gente no respeta pluma». diestramente algunos le pintan con exageración el cuadro repulsivo de la dictadura y lamentan el silencio de la prensa.. y por las plazas de las Antillas vecinas vagan los expulsos. En efecto. Antonio. el descontento hondo. que comprime su altivez en presencia de los demás. perplejas. por calles y plazas de la Capital pululan los confinados. Los cruceritos de la armada fatigan sus máquinas trasegando soldados reclutados violentamente. que desertarán a la primer coyuntura o morirán en las llanadas aquellas sin que les calme la sed una fruta ni les perfume una flor. Los acreedores le perseguirían como tigres. en los clubs. oyendo las noticias de los contertulios siente latir su rebeldía. bailan confundidos. vive a caballo en el camino del Cibao. él no debe ser el sacrificado. En los campos escabrosos y asoleados de la Línea noroeste iníciase la brega. los directores de los periódicos le aconsejan «no meterse en eso. La revolución se propaga por otras provincias y se alza el patíbulo. y vive del ganado que pasta en sus sabanas.. le exaspera este miedo que escuda al Gobierno. Es el momento. todas las caras se vuelven hacia él. El terreno le es propicio. desalentado. ensangrienta las lomas. le desautoriza. El Homenaje rebosa de presos. En los días de carnaval. No. empeñado en unificar las voluntades de sus amigos. lo único con que cuentan para vivir? Y la mujer. pero el cadáver del primer fusilado le invita. ¿qué ha conseguido con tantos años de luchas. cárceles y .no podrían vivir decorosamente en el extranjero. certero en el tiro. y aumenta el prestigio del caudillo caído. Don Pedro interviene. el regnícola es cazador. más pujante. los mismos empleados critican en voz alta. —¿Pero este demontre está loco? ¿Pero usted no se alzó por Horacio? ¡ Su abuela le llevará la comida a la cárcel! —grita la suegra. le impele. bocas abiertas. duda.

desde los fuertes de la muralla que cual cintura de piedra rodea la ciudad.miserias. y a un periodista que corre a la refriega con una larga carabina. está ya en el collado de San Miguel. Por el . azul. ahumados y enloquecidos. La sangre enrojece el arroyo. La ingente hoguera enrisca sus grumos hasta el cielo. alimentándose con la paja de sus bohíos. arden. Los del castillo de Santa Bárbara. se enreda entre los alambres de la cerca.. altas columnas iluminan la ciudad. Camina. «No seas bobo». Los cañones braman. achicharrados por el calor. que a su vez elevan las colisas de la Concepción y San Gil. rasga las cuartillas y las avienta. Por entre las rejas de las ventanas. primero en la Fortaleza. el tiroteo de los sitiadores se aproxima nutrido. Y hosco. los que le traen y llevan chismes y le calientan la cabeza para que se lance. le busca. estrellado.para que otros medren? No. De improviso. el revólver cae al suelo. Treinta bocas de fuego. En El Placer están surtos navíos americanos. golpea en el plato de hojalata. sería una tontería. Todos contra él. engrosan sus filas. y rápido. con barbacanas de alambre de púa y gruesos tubos de hierro. sigue desde las alcobas aquel duelo. los penados.. sin darse cuenta. En el aire inflamado vibran los clarines como alaridos. antes de que lo adviertan los de la trinchera cercana. ¡Es la guerra!. Los heridos. jóvenes imberbes. vomitan metralla. y dotaciones suyas protegen legaciones y consulados. Presa de irresistible exaltación. cerrando las salidas de la ciudad. el de la Concepción ha sido tomado. respiran contentas y sigue el yantar. cruza el . dulces ojos femeninos vigilan. italianos. han tomado La Fuerza mal guarnecida. sienten la caricia terrible de las llamas que. ni uno solo le apoya. El vecindario. disparan sin cesar. seguidos de descargas. sus recuerdos le guían. descerrajadas las puertas del presidio por la revolución. angustiado. la ciudad es la presa de una facción acéfala. le reprocha con dulzura. Las caras sonríen. los de La Fuerza conmueven los cimientos del Homenaje. que escriban ellos. capitula. sitiado en el Baluarte 27 de Febrero. las casas vecinas y los fuertes del ángulo N. transitan máuser al brazo. pidiendo más comida. y desde una furnia que las lluvias han escarbado en la calle. magnífico fuego de artificio colosal. carne de horca. ¡Es la guerra! Antonio Portocarrero contempla el espectáculo estupendo. suben por las cuestas pedregosas de San Carlos. mientras el de 9 del Conde.Este avanza el Presidente con tropas. Combate y entra a Guerra: dos días después. sentado en la escalera de piedra. sale por un portillo de la muralla. Un mediodía de marzo. acarreando cajas de municiones. ¡Es la guerra!. otros dos. los jueces se topan en el umbral de sus hogares con aquellos que la víspera condenaran. interrumpieron la siesta. desfallecientes. El hijo. franceses. tiros. gruñe por entre los cocoteros como un enorme mastín danés. La facción se atrinchera. Las balas granizan en la población. profundo. sables en la boca. El Gabinete. el del Conde es abandonado por los defensores. repercuten en el cauce del río. O. El Presidente está en Santiago. a su paso encuentra paisanos. Los heridos pasan fugitivos por las calles. y San Carlos es tomado. . Negros feroces.Una prima noche. Los altos muros de las ruinas del Convento de San Francisco se destacan bermejos. Los presos políticos. devoran cadáveres. bajan el tono las piezas pequeñas de San Antón y la Caridad. sus sentimientos les son extraños. los hombres. distinguiendo las voces de los cañones. avanza alucinado. Pajarito es teatro de una acción reñida. los asaltantes trepan por las piedras urentes. libertados y armados por un carcelero. luego en las calles.

Antonio se orienta. cubierto en parte por las paredes de la iglesia. y cuando reúne un puñado de oro. ¡Es la guerra! En los días siguientes. algunos avanzan y disparan sobre la ciudad. y soldados regulares. jamás dispara. y ya está entre los guayabos de Galindo. El último revés. sin disciplina. se desploma sobre un banco. Esta es nuestra retreta. reúnen los hombres y los empujan: ¡es inútil. Uno de éstos. y corre. A partir de allí hasta la muralla se extiende un surco de brasas. deserta. ¿Cómo ha venido. son mansos. ríen y padecen. Desde el cerro. dice el compañero risueño. sin espíritu militar. disputándose unos con Otros constantemente por trampas en el juego. Antonio les grita excitándoles. Un oficial le ordena imperativo: « ¡corra a la iglesia. híbrida milicia.camino. desde el día del pronunciamiento ha permanecido en su casa encerrado. pulseras en los brazos. norte. y el incendio. Los jefes. sale al descampado. muerde los bejucos del cundeamor. celos. destruyendo los bohíos que formaban una suerte de reparos contra las baterías de la línea. Los jefes son esforzados. y por qué? El horror de la realidad calma el arrebato impulsivo que le dominó la voluntad. es la carne que huye del hierro y del fuego. o por las condiciones de un caballo. improvisan sobre el terreno sin estrategia. Un amigo le ofrece lecho. La tropa. fatigados. el asalto del fuerte de la Concepción. domina la iglesia de San Carlos. Antonio. preñadas de mieles y bálsamos. en donde estuvo hasta que el incendio le encalabrinó la sangre. tan fácil al combate como al saqueo. a la cabeza. Mil interrogaciones le asedian. y prontos a dirimir con los rémingtons sus divergencias. libres de la embriaguez de la pólvora o del alcohol. a bailar un zapateo endiablado. les ha quebrantado el espíritu. pero desprevenidos. haciendo añicos la luna de un armario. vestido con un traje de mujer. y las llamas. atestado de heridos que bromean. rompe las malezas. no llegarán! El templo. diga que manden refuerzos volando!». tocado con sombrero de pluma. enronquecidos. el fusil a la espalda. vía que remata en el fuerte de la Concepción. Y se duermen. otra se abre en medio de una decena de soldados que tallan en corro y los destripa. las balas silban sinfonía macabra. sitibundo. devoran seres y cosas. las . Reconoce rostros amigos. reclutados el día mismo de la partida. o por si los del Cibao son más bravos que los del Sur o el Este. desvalija los cadáveres. una granada rompe el seto. desmazalado. En el Parque. otro marcha a vanguardia. Y cuando su cabeza se apoya en la almohada. y con heridos que se arrastran por la cuesta. y cátalo aquí. segando el follaje de los laureles. a la mira de la cortina. Mañana hablarán. Cada bohío es una candelada: sus pies tropiezan con muertos. y allí quedó. les deja a merced de los cañones que comienzan a hacer blanco. dificultando la acción unánime e intensa. reflejándose en las selvas aledañas. se desgarra las carnes en las púas de la otra empalizada. compónenla campesinos de distintas regiones. vanidades y ambiciones les dividen. las murallas les infunden respeto. al fin llega a la Fagina. pudriéndose al sol la carroña carnavalesca. Empero. Antonio estudia el ambiente. Detrás de las esquinas descubre soldados en pandilla. cárdena. Los cañones de continuo arrojan granadas de acero que revientan floreciendo en rosas de bengala. No sabe nada. Son los refuerzos que abandonan a los oficiales. agazapados. las llamas insaciables. de oeste a este. un jefe es decapitado por una granada.

consintiéndoles sus bellaquerías con frecuencia penadas por el Código. ya he ganado la Comandancia de Armas y la quiero gozar». La realidad. ora le abrazan afectuosos. deserta o se prodiga en palabras. pero cae fulminado de la mula. contando y comentando el desastre.victorias nunca son completas. De tal manera crean entre unos y otros el vinculo gracias al cual afrontan con decisión la muerte. antes de que amanezca. por donde pasen sembrarán el espanto. y por entre el monte suena el rugiente rumor del río. con sombrero. Ascienden a saltos: el soldado de hoy es general mañana. brutal. les seducen los botones dorados de las guerreras militares y las ventajas del poder. Hay quien diga: «no peleo más. ahora pálidos. las riendas en el cuello de la bestia. Pero el alcohol les deslumbra haciéndoles olvidar los mejores. logra el uno abrirse paso. y es herido ante la puerta obstinadamente cerrada. podría reaccionar. el otro. alcanza a San Carlos. vigoroso. Al anochecer. Antonio. quiere entrar a la ciudad por una casa edificada a ambos lados de la muralla. flaquean casi al empezar la acción. Una madrugada. como un espectro. Un disparo. y pequeño. conscientes o ignaros. ora doblan o tienden por tierra a un hombre a planazos. el empuje de la acometida desfallece en breve. la tropa retrocede. Es un mecanismo cuyo resorte se ha roto.. lanzan los oficiales contra las obras de acero y alambre. atravesando las estancias. A . rudos y amables a un tiempo. El viento sacude colérico los ramajes. buen mozo. se desborda por detrás del cementerio y. a la zaga de los comandantes: rubio. Para imponerse a sus mesnadas. reflexivo. contempló durante largo espacio aquellos hombres antes tan fieros.. entró en la ciudad silenciosa. las columnas se forman: tres que atacarán la capital por el Oeste. tan imbécilmente vertida. Llueve con furia. Aman el caballo y el arma: su dios es la Fuerza. se enfrentan a las trincheras. el otro irguiéndose ante la noticia. los jefes. Las sombras invaden la ruta. vuelve grupas. Los hombres huyen. el tercero se abraza al cañón enemigo y recibe en el pecho la carga. a caballo. Sereno. cálculos. ¿Qué concepto tienen estos hombres de la vida. Con el sol alto. deshaciendo la autoridad opresora que. Y decepcionado. su malicia instintiva les detiene cuando creen que han sumado méritos bastantes para sus aspiraciones. y aquella masa que ninguna voluntad contiene. y atormentado el espíritu por impías dudas. la fusilería los diezma desde la muralla. Los hombres. Las filas se mueven con desgana. destocados. anduvo. el derrotado se retira a salvo o si quisiera. recalado. delgado. impetuoso el uno. abandonando los cadáveres. Antonio Portocarrero hubo de volver maganto. La gente se desbanda. forcejear por entrar en la barca que cruza el Isabela en Santa Cruz. sin embargo. ola deshecha. crearon con sus brazos armados. el fruto no se cosecha. si es gala exponer la propia y sacrificar la ajena? Aunque algunos poseen hacienda. desmarrido. XIX De la última andanza. precipitarse. mulato. Antonio los compara con los actores de la noche hermosa y trágica: son los mismos seres los que ahora huyen por los caminos hacia sus campos lejanos. de vivos ojos. no hay persecución. a pie. un grito les pondría en fuga. y. habíale quebrado las alas a su fantasía. como si el agua quisiera borrar de la tierra las manchas de la sangre. entrechocar las monturas. ¿A qué seguirlos?. superiores a la adversidad. El fracaso desolador y rápido conmueve al caudillo tanto como al inferior. y mientras el vencedor se distrae en contar fantaseando la hazaña. anduvo. el tercero.

en busca de entretenimientos. el cadáver flota con el vaivén de la ola. en los cuales. que es el terror de los gallineros. hurta los relieves de la mesa. la familia grita. hierba cuyas hojas aterciopeladas amortigua la dureza de las rocas. Por la tarde contempla el mar. se arriesga. La puntilla del matarife la descabella. En las tertulias de los parques se perpetúan las mismas cábalas y malsinerías en derredor del presupuesto. Aquí. que está al lado. y el hijo. cada vez más desgraciada. esquivando. vertidos al mar. triscaban sirenas entre las algas: las abuelas que se bañaban en camisa y los muchachos. En el Matadero público. a los paseos solitarios por los barrios populares. plañe.cada instante las visiones impresas en sus pupilas violan su fe. añangotado. trepánale días y noches. tiende desde el horizonte paño de ormesí esmaltado de lentejuelas áureas. e infecundo todo grano sembrado en ese barro? Separado de los suyos por los mismos prolongados sufrimientos que les ha impuesto. y sus ideas habrán de secarse sin el goce del alumbramiento? La reclusión en la casa. la sangre al tobillo. Una cuadra más al oeste. persiguiendo al atrevido. Ella. El Caribe. ataviando de espumas hervorosas la roca plana del tripero. rociando la calle. cayó al agua. Un negro. los tiburones desprevenidos huyen. vaga por las estancias. las fauces terribles. que fumaba su pipa con el cordel entre los dedos del pie. rodeada de gente. estréllase contra el acantilado. un cuchillo en la diestra. le acongoja. pues. amén de los paseantes. siente vivir a los humildes. médicos y concejales. En el corral. veían los cuernos al Diablo en la grieta denominada Boca del Infierno. aletargado por el bochorno del mediodía. esperando que los jureles picaran. Sobre las rompientes. el pantalón a la rodilla. Se acoge. panquea. Muchachos haraposos compran los menudos que cargan en petacas. ¿ Sería verdad? El tan doloroso empeño de su vida. Una vela que lo surca o la estela de un vapor. a soñar. muge patético. aún palpitantes. arrancándole vientre y tórax. cuando repuestos. se congregan. ¿no alcanzará éxito. e introdúcese por la sopeña para surtir en chorro esbelto. La res enlazada por la cornamenta. En las rocas. Al instante. desnudo hasta la cintura. mediante la promesa de diez pesos. y el recuerdo de ambos. Los pescadores tienden el aparejo a la voracidad de los escualos. será eterno espejismo para él. Cuantas veces se detiene en este paraje de la costa. siquiera sea el. ase el cadáver y gana la orilla. la explanada del antiguo fuerte de San Gil es un punto de vista admirable para las marinas que pinta el ocaso. le dan un aspecto de hechizamiento. son amables invitaciones a divagar. entre cuatro y seis de la tarde. tirada por un torniquete hasta sujetarla en una de las columnas de hierro sustentadoras de la techumbre. seis aletas ya hendían veloces el cristal. se cisca y juega con zulla. la desuella y descuartiza. no estampará jamás su nombre al pie de un Decreto o de una Ley. profiriendo palabras obscenas e impregnándolas de su locura. ceban los . y luego. La abuela. colgando las bandas blancas y róseas. el ganado que olfatea la muerte. que expresa con monosílabos las ansias del adolescente. brinda asiento a los que entretienen el ocio con el tráfico del camino líquido. por lo menos. acaecida años atrás: un viejo pescador. revuelve el agua ensangrentada. como un íncubo. temblequeante. decrépita. se resiste. ¿habría sido estéril. Antonio recuerda una escena de espanto. efímero de la posición política. si lo en-crespa la brisa. si en calma. medio siglo ha. mientras desperdicios y coágulos. apuñala en torno. tablajeros. las fieras le atacan. que el azar dispensa? ¿Lo que es tan fácil a los demás. sucia. forcejea. atándose a un cable por las axilas.

tiburones. Enrojecido como un verdugo medioeval, un jifero se ha acercado a Antonio, diciéndole con acento malicioso: —Cuente conmigo. ¿Cuándo empuñamos la jicotea? En las primas noches barzonea por el altaicín del norte, que el terral de los montes de Galindo refresca y aroma, prefiriendo las callejuelas estrechas e intrincadas de uno y otro lado de las fortificaciones. Por las puertas abiertas examina las habitaciones: lámpara mortecina ilumina escasos muebles desvencijados. En los umbrales, las mujeres sentadas sobre las piedras, charlan y fuman; los chiquillos, en cerros, retozan en el arroyo, en el césped de las plazuelas o se escurren por los boquetes de la muralla, por cuya cornisa corretean. Dos novios, recostadas las sillas en las jambas, la doncella al interior, el galán afuera, pelan la pava o puntea el segundo la guitarra, acompañando a la novia que entona melancólica canción de amor. Calle por medio, dos comadres, recogidas las faldas, lo brazos en jarra, riñen a causa de la lejía derramada por un rapaz travieso o de una gallina extraviada; otra, de vuelta del pozo profundo, común al barrio, la lata colma a la cintura, exclama escandalizada: ¡Ave María Purísima y se santigua. —Los hombres forman corros en las esquinas o en los timbiriches que a guisa de pulperías o cafés sirven de puntos de reunión. Estos son los que durante el día sudan al sol en los muelles, calles y talleres, aquéllas las que lavan y planchan de seis a seis. Las mujeres miran a Antonio con picardía; «pájaro de la mar en tierra», suponen que anda a caza de aventuras eróticas o que como tantos otros viejos y mozos mantiene su pelazga por aquellos andurriales. Los hombres le dan las buenas noches con respeto; a los conocidos les estrecha la mano, deteniéndose a charlar con ellos. Quisiera penetrar sus pensamientos, el secreto de sus vidas, saber qué aspiraciones alientan; pero esquivos, se lamentan de la escasez de trabajo, de lo caro que está todo y, de paso, tiran su chinita al Gobierno. Antonio se da cuenta de que algo les separa; acaso le indispone la altivez ingénita de su figura, desprovista del aura de la popularidad, y en sus frases mañeras, equívocas, nota la desconfianza, pues aun los más expansivos, parecen decirle: si vienes a nuestros barrios pobres y nos hablas, si sonríes a nuestras hembras y acaricias las cabezas desgreñadas de sus hijos, es porque buscas escalera para subir. Sin embargo, ellos le inspiran simpatías; pero ¿ cómo lograr que las crean sinceras ni menos que comprendan sus anhelos de bien, nutridos con generosa savia cordial? Y por la periferia cada noche, escapándose de las garras de sus propios recuerdos, continúa sus excursiones, y queriendo sentir las palpitaciones de la ciudad, la circunda. De los altos de San Antón, San Miguel y San Lázaro, baja a las vías nuevas de extramuros, por donde la capital se ensancha en casitas de madera y cinc, pintadas y limpias; entra por la Puerta del Rey a la calle de la Misericordia, cuyas primeras cuadras la forman ruinosos bohíos de tablas de palma; recorre la de San Pedro, en la que alteman el cinc, la yagua y la piedra, y moran pared por me-dio vírgenes y hetairas, y en donde, detrás del fuerte de San Fernando, ofrendan a Afrodita marinos y soldados, con prostitutas alcohólicas, de marchitas carnes enfermas, mulatas y negras que, en batas de colores crudos y en chancletas, se exhiben con un túbano en los belfos, y por quienes las riñas mortales son frecuentes. Más al este, en las celdas donde tiempo atrás oraban las Clarisas germina el hampa ciudadana —borrachos, mendigos, cuanto hiede y repugna —,.oculta a la vista del transeúnte por las casitas fronteras a La Fuerza, habitaciones de buenas gentes

modestas. Sigue después por los solares del Almirante y del Aguacate, separados por la empedrada calle de la Atarazana, extendiéndose el uno detrás de la Casa de los Colón y el otro entre la puerta de la Atarazana, a espaldas de los almacenes y las calles Comercio y Marina, lugares donde procrean y bullen curazoleñas y martiniqueñas, las que enfaldan y anudan el pañuelo en la nuca, con donaire, y preparan los azafates de dulces que se expenden al aire libre. Por fin, Antonio se pierde en las intrincadas callejuelas que corren del Castillo de Santa Bárbara al bastión del Angulo, abrigo de maleantes porteños, y sitio en donde, las vísperas de fiestas, resuenan atabales y acordeones, pautando las guarachas transmitidas de playa en playa por los lobos del Mar Caribe. En el espacio de dos años, las películas se han sucedido en el cinematógrafo político con rapidez ofuscadora. Antonio, desgarrada el ánima, tan pronto febril de deseos, como desasido de todo, ha seguido el desarrollo de los acontecimientos. Los generales que admiró días antes en los campamentos, vienen a inclinarse ante el nuevo Presidente, quien tras un simulacro de comicios, en una mañana de agosto, pasa por las calles en carroza descubierta, en el pecho la banda tricolor, entre improvisados dragones de pantalón de grana, a jurar el cargo. El oro del Erario se dilapida. El Presidente, que es un clubman culto, prosigue frecuentando los casinos, platica de arte, de ciencias, de caballos, de perros, de logística, y recita versos de Virgilio en latín, o pasea la ciudad, en piafante corcel portorriqueño, plantado en la silla con todas las reglas de la equitación. La prensa, temerosa. Al Ejecutivo se le suponen ímpetus y energía. Se conspira. El Homenaje se llena de presos; los vapores que zarpan, llevan cargamentos de expulsos. En noviembre, la capital es sitiada y capitula. Jimenistas y horacistas se han unido y traen en hombros a un cura que ahorcó la sotana, inteligente, audaz. Apenas entra en el Palacio, los jimenistas parten en guerra, y, en diciembre, un cerco de bayonetas se extiende de Pajarito a San Jerónimo, suspendiéndose el tráfico en la ría. Durante cincuenta días, Santo Domingo de Guzmán, encerrada entre sus murallas, se arrulla con la música de cañones y fusiles; su juventud la defiende en las fortificaciones, y las mujeres van a misa, se visitan, y las retretas continúan jueves y domingos, mientras los beligerantes entrecambian plomo. Entonces acaece un hecho insólito, que deprime al soñador: las granadas de navíos de guerra norteamericanos estallan en tierra dominicana, para castigar a los revolucionarios que desde Pajarito han osado cañonear un buque mercante de la Unión. El nuevo Jefe del Ejecutivo, a la cabeza de una charanga, cada vez que sus armas obtienen un triunfo, discurre por la ciudad, exaltando su gente con vítores y promesas. En febrero, una salida de los sitiados rompe el cerco, y Santo Domingo de Guzmán respira. En el Homenaje, no caben más presos, los desterrados pueblan las vecinas islas. El tesoro vacío; hipotecadas las rentas. En el ámbito de la república, dos guerrilleros señalan, con rastro de sangre, el camino de sus victorias. Atan a la cola de sus bridones la devoción de los civiles y de los mismos intelectuales. Una comedia de elecciones consagra constitucionalmente al jefe, quien inaugura su periodo, fusilando en la puerta del Camposanto, a pleno sol, a dos de sus contrarios. El Presidente, vestido de dril blanco, desaliñado, va por las calles inspeccionando las incipientesobras públicas, dialogando de acera a acera, y predicando con la palabra y la iniciativa el progreso en ese campamento en reposo. Los odios partidarios provocan cismas en los hogares; las amistades se quiebran; de reja a reja se cruzan miradas, y alguna vez, palabras agresivas; se querellan las mujeres en las tertulias,

ruegan en los templos, se mortifican con promesas, desertan los bailes; los hombres, en tanto, desaparecida aquella devoción ciega que caracterizó las banderías de la primera república, saltan de una a otra sin más norma que el interés del momento. Llegada la noche, manos salvajes dañan las obras públicas en construcción, y las cartas anónimas, echadas en los buzones van por las manos del cartero a zaherir al primer magistrado y al ciudadano. La prensa discute el nuevo pacto internacional convenido con la Unión. Cercena la soberanía, afirman los opositores, mientras el Gobierno se encarama en él, como en tabla de salvación, y flota. Luchas intestinas dividen a los copartícipes del poder; el telón baja sobre el alzamiento del propio Presidente, quien perseguido por tropas, acusado ante la Cámara, habiéndose fracturado una pierna, atraviesa la ciudad una tarde de enero hacia el exilio. Al nuevo caudillo adornan prestigios de héroe; es fuerte, sano de cuerpo y espíritu, y la general aspiración a la tranquilidad funda en su energía y sencillez la esperanza de días prósperos y tranquilos. El Homenaje continúa siendo medio pacificador, y la razón de Estado siega vidas. Antonio se pregunta, inmutado, si la tragedia se repetirá indefinidamente, cambiando tan sólo la figura corporal del cacique. ¿A qué, pues, luchar? Le enoja la Convención; sus sentimientos la repulsan. ¿A dónde dirigirse, cómo ganarse la vida? Para los particulares, él es un político, bueno nada más que para vivir del presupuesto; para los gobiernos, un opositor inconforme siempre, al cual hay que vigilar y castigar, y para los políticos, un intransigente petulante que les enfada con sus actitudes. Miguel Gómez le reprocha inacción e inhabilidad para abrirse camino hasta Palacio, no entiende la hermenéutica ni sabe menear el majarete, términos con los cuales se significa la destreza para desenmarañar o urdir las intrigas y lograr un puesto gubernativo. El siéntese encadenado al pasado, que le acogota señalándole a la ojeriza de las gentes. « ¿ Para qué puede servir este hombre? ¿ Qué obra ha realizado?», expresan las miradas de sus oyentes cuando, demoledor, critica los sucesos. La prensa alza el tono, traduciendo el malestar del país que discute la Convención. El Gobierno la mantiene; sus contrarios la impugnan. Campaña de palabras desabridas, ayuna de razones reales, que encubren temores y apetitos. Antonio, obligado a permanecer en casa, por un ataque de gripe, las puertas entornadas, recibe a los jóvenes que le traen los ecos de la polémica y le explanan con ardor sus inquietudes e interrogaciones. «El gobierno se impondrá, y el país naufraga. Es necesario luchar, sublevar la conciencia nacional. Su palabra falta, su verbo dará dirección, la autoridad de su vida es indiscutible. En los bancos del Parque nadie se explica su abstención». La fiebre lo debilita y el cerebro le duele; les promete escribir más adelante; pero Miguel Gómez insiste: —No, socio, el momento es de oro. Horacio está a caballo; hable, hable, un catarro no mata. Entonces, con voz débil, entrecortada por la tos, dicta un artículo corto, vibrante como una arenga. Erguido el pecho en la mecedora, cada frase parécele un lanzazo asestado a la Convención. El auditorio aplaude con ahínco aquel estallido impetuoso de sentimientos, de cólera, de amargura. Su índice vengador señala a los réprobos, los acusa, los juzga, los sentencia y ejecuta; y termina con un rasgo soberbio, emplaza en nombre de la patria a los quecomprometen sus libertades, negociando la soberanía y evocando los manes de los héroes de Febrero. Magnífico, afirman; y mientras Miguel Gómez se escapa con las

En el Parque de Colón y en las esquinas. Sentadas en los alféizares de las ventanas o en mecedores en las aceras. contrasta con la palidez de convaleciente. de tres asientos. Respirando salud el uno. dos al fondo y uno junto al auriga. que aceptes un ministerio de este Gobierno. en un catre de tijera. —Creo un disparate. zahareñas. El coche rueda. salta y cruje en baches y zanjas. de cuando en cuando le aplica un zurriagazo. A simple vista. le conduce al aposento. que escucha cuanto conversan los pasajeros. hilvanan el diálogo de amor. Circulan las criadas con la cesta del pan. el Congreso Nacional aprobó la Convención Dominico-Americana. vestidas de muselinas claras. Un oficial. quienes gozan además el privilegio de olerle latagarnina y el sobaco. mejor estás en tu Consulado de París. las facciones demacradas y el terno gastado del otro. El representante de la fuerza ve al temido luchador. sin cuello. echa sus esbirros a la calle y El Homenaje hospeda a los agitadores. miran con sus ojos brillantes. la pupila viva. pero todos se encalenturan y elevan el tono transportados por el ardor de las palabras. el revólver de ordenanza al cinto. las muchachas. el queso y la mantequilla para la cena.cuartillas hacia la imprenta. negro. después de la larga y emocionante sesión legislativa. es presa de una tenaza que le aprieta el cráneo. en el umbral. algunos con el diario en la mano gesticulan. Arturo. y los demás corren a pregonar la aparición de la catilinaria destinada a conmover a los diputados y hacer bambolear al Ejecutivo. Otras parejas. las manos cuidadas. rechoncho. un niño que forcejea por correr a su antojo. sin responsabilidades. los rostros revelan la alegría del triunfo o la depresión de la derrota. contraída la faz por los agudos dolores que le trituran el cerebro. El cochero. circuidos de ojeras. replican con un ¡vaya parejero! El vehículo es pequeño. leyendo novelas o El Listín. se presenta a solicitar a Antonio. en pie. ligero. las tablillas de chocolate. los hombres departen agrupados. las manos en los fierros. La mujer. de uniforme de kaki. Arturo Aybar y Antonio Portocarrero. hundido en el mecedor. el Presidente montó a caballo y fuese a galope camino del Cibao. El día anterior. El Poder Ejecutivo barruntando la conjura detrás de las palabras violentas incubadoras de revuelta. hecho un ovillo. En algunas rejas. . pasean por la ciudad en coche. Antonio solo. elegante el traje. fuma un cigarro. engarzado en el brazo y a remolque. y de luego en luego requiebra a las negritas que. los transeúntes que las saludan quitándose el sombrero o familiarmente con la diestra. envuelto entre velos de polvo. suda. experta ya. al sagitario. XX En la tarde cálida de mayo. una flor en la cabellera. agregando un piropo cuando la intimidad lo permite. de parte del Gobernador. y en la misma noche. desgolletada la camisa. acabado de salir del horno. ella acodada y él afuera. y sin cesar excita al caballejo con las riendas y la lengua.

Convengo con que mortifica a nuestro patriotismo. Aún persisten en nosotros rastros de aquella voluntad heroica del dominador y los resultados del sometimiento doloroso de los otros. No te engañes. —No y no. todos los gobiernos que han logrado sostenerse. para ser reemplazados por el negro. —¿Y qué?. —Extremista siempre. sólo que nosotros no nos damos el trabajo de analizar el medio para convencernos. —¿Y por qué no? ¿Crees tú que es ella obra del Gobierno? No y no. lloran y patean por un juguete que olvidan a los cinco minutos o lo despedazan para ver lo que tiene dentro y acaban por extasiarse amasando el lodo de la calle. —La Convención. que no es la ambición y las pasiones de los caudillos. serviré al país con más utilidad. quiso y conquistó la América. el error es tuyo. Entrando al Gabinete. somos un pueblo falto de voluntad. proeza estupenda. Antonio. —Sí. Por otra parte. transportaron y esclavizaron. la República debió ser como la querían los hombres de Febrero. y el basse ball da músculos y enseña a los jóvenes a pensar y ejecutar con ardimiento. socio. es sencillamente un acto criminal para mantenerse en el poder. ya nuestro pueblo baila tow steps. audacia y energía. —A esos blancos le jié mucho el negro —interrumpe el cochero. pero como los chicos que gritan. no los espasmos de violencia que son nuestras revoluciones.—No. —No exageres. nos pone en contacto con una gran nación. —Pero te haces solidario de la Convención. —No. y pronto los muchachos jugarán a la pelota. Recuerda: desde el año 44. El yanqui lo . enerva en cambio el tow steps es un baile gimnástico. ésa es la fórmula con que se pretende excusar la anexión a España. que tanto clamorea. fórmula o no. Los indios haitianos eran más de un millón y se dejaron extinguir en las minas por el jinete blanco. demasiado voluptuosa. es el fruto natural de los desaciertos de tres generaciones. que la realidad destruyó en crisálida. El español. —Pues bien. han buscado el equilibrio más allá del mar. a quien arrancaron de sus tierras nativas. Verás qué labor realizo. Arturo. como lo he prometido al Presidente. de cuyas instituciones y costumbres civiles tenemos que aprovecharnos. es el caballo de Troya. la danza. —Sí. y tendré ocasión para adaptar lo que he aprendido en medios civilizados. pero no amenaza la independencia: el mal no está en ella sino en nosotros mismos. preciso es convenir que existe algo positivo. y eso es lo que necesitamos. en la sucesión de tales hechos. queremos. obedece ella a una realidad nacional que se impone a los gobernantes y los apresa. un sueño hermoso. compelidos por los desórdenes internos que nos debilitan y por el peligro vecino. Créeme. sí. óyelo bien. La oposición misma. la habría pactado gustosa. a ellos que se creen dueños absolutos. —Sí.

. y la línea verde de los uveros.. los restos de la primera ermita edificada en la tierra de América. ella fue la cuna de la Conquista y amamantó la gente leonina que en la Costa Firme y en las islas se hizo gloriosa por medio de la espada y de las letras. —Pues la depuraremos. cuantas veces pasamos frente a las casas en ruina que ellos adornan y rejuvenecen. las escuelas y la riqueza. y las ideas y sentimientos del colono que primero la vivió. y. En la margen oriental del Ozama. cintila. muchas veces he sentido la curiosidad de saber quién construyó la casa. nos vienen el ímpetu y la resignación repentinos. por el contrario. que indios y negros regaron copiosamente con su sangre. dices tú. en incesante comunión con nosotros. aplico la lección de los hechos consumados: hay que ser fuertes. —No. y a la república un prócer en Luperón. elocuentes páginas de historia. del tiempo y del brazo destructor de la naturaleza. nubecillas policromas suben de los cascos y las ruedas. bonitas palabras. yo no sentencio. el negro dio a España un nuevo Cid en Suero. hemos engendrado a Máximo Gómez. y exportó al Continente su cultura. y Lilís mismo. Palabras. —No. marina y fluvial.. En esta tierra. Pues bien.quiere. reverbera. Cada piedra de esas iglesias. en el polvo. reconquistándose para darse al Rey. tú concluyes que nuestro destino es ser absorbidos por el yanqui. . nos complace admirarlos. y nuestra isla está en las avenidas de ese gran camino.. la suspicacia letal y la aspirabilidad. —En resumen. revestida de un manto de brocado. supones tú que han terminado para siempre? —Aún no. amar el pasado. sin embargo. ¿Quién era? ¿Lo sabes tú? Ese es un detalle. ¡Cochero. remata frente a la Torre del Homenaje. ambos amigos abarcan la ciudad que áurea lluvia inunda. El colono combatió con los filibusteros ingleses. —Ilusiones. De la mezcla. el español exterminó al indio.. y cinco búcares abren los rubíes de sus flores. primer vagido de la nacionalidad. es el eslabón de una cadena. pero dime. cuya rebeldía transvirtió el estrecho con Hatuey... aunque nuestras pasiones lo nieguen. cocoteros y almendros. con los bucaneros. sobre el firme de la ladera. en ellas se nutren raíces de nuestro espíritu. Al Sur. al Palacio Viejo! Desde la azotea de la que fue Capitanía General.. y los gobernantes?. las tenemos en la sangre: genio y figura.venció al francés. ¿ Entonces? Por eso caemos hoy donde ayer nos rompimos la crisma. el último de los libertadores americanos. socio. En las aguas. Mira: hay en la ciudad dos ajimeces. el estilete de la punta Torrecilla corta las olas. por esos motivos debemos defenderlas de los hombres. pero las matarán los ferrocarriles. cultivar la voluntad. Aquí. mas no como a cosa muerta sino como a ser vivo. señoreando los dos océanos. formando abra al mar azul. en yegua fina que compró en doscientos cincuenta castellanos. la violencia enfática. —Palabras. ¿Quiénconoce la Primada? ¿ Qué poeta dominicano ha extraído de estas piedras la intensa poesía que en ellas vibra? Por estas calles paseó Hernán Cortés. ¿es que estudiamos nuestra historia tú y yo y los demás de nuestra generación. ¿y las revoluciones... —Bueno. es un tipo representativo. pero no lo olvides.. y óyelo: partirá el istmo de Darien. ¿Pero quieres admirar un espectáculo tónico?.

tú eres. los muros negros del convento de San Francisco coronados por un laurel. Ahora resulta que yo. con la higuera bravía arraigada en la cúpula como un penacho. toda esa historia petrificada y la lujuria potente de la naturaleza? Atrévete. el de voluntad demiúrgica. A través de los árboles. Durante veintiséis años. españoles. se columbra.. sacude el pesimismo. —Atrévete. cubiertas de árboles. constante. la ignorancia la afrentó. los sillares gafados por los siglos y bronceados por la luz: tres ventanas al mediodía. hierbas. Presión más fuerte de la tenaza que me comprimía el cerebro era suficiente. y más cerca. estuvo a pique de matarme. cima eminente de la cordillera. —Sí. En la margen occidental. se admiran San Nicolás. basta un poco de ese leve polvo dorado que vuela detrás de los coches. dijo en ella plegaria a su dios. Hacia el Oeste. indios y negros la edificaron sillar a sillar. y la pequeña villa colonial. y si la miró con tristeza menguada por las tinieblas. quiere algo con voluntad cierta. por detrás de aquellas ruinas. la Puerta de San Diego. quiere. un triunfador. La Catedral se adivina: ella es la materialización de un sueño. En un balcón. y las ruinosas chimeneas del Ingenio La Francia. tres al levante. hombre. que habrían sido la meta de la potencia creadora. desiguales.. y las paredes dentadas semejan enorme parrilla. es bello. —¿No te invita a la acción. haz. en los agujeros anidan palomas. pues. La lámina de acero bruñido del Ozama se descoge entre las riberas. luchar? Y lo peor es que el médico afirma que mi carácter. bello. o rimeros de petacas de carbón. que revuelan en torno. el Alcázar de los Colón. la espadaña de San Antón. soberbios caimitos de hojas bicolores. incendia el cielo. a la mañana siguiente. no soy yo. Por la Puerta de San Diego entran carretas cargadas. Hacia el Norte. y a su izquierda. y así triunfa del hombre y del tiempo con su gracia ingente: el leopardo dejó una garra en sus naves. para ser hollado por cuantos pasaren. Cada cual. vacías. El sol. los bohíos de Pajarito. en cambio. En la meseta. ¿A qué. los terremotos la desquiciaron. del artífice inspirado al oscuro picapedrero.yacía Alonso de Ojeda. Tufo cálido emerge de la tierra. y el médico anuncia que una recaída será mortal. burros arrastrando trojes de cañas. se destacan de los follajes de Galindo. pero ya soy un vencido. y galanas palmas solitarias. las plumas suavemente irisadas.. mientras que en el umbral. jadeantes. Los hombres que laboran en las oficinas de los muelles. la iglesia de Santa Bárbara. detrás del codo del río. crecido el gentil edificio. de redondas copas. de virutas cobrizas los tejados pajizos.festonada de lianas. enclavada entre los dos mundos. y la torre cuadrada de la Merced. trepando por la cuesta arcillosa. juntándolos con dolores y esperanzas. el Sillón de la Viuda. tres al poniente. la cuesta empinada. sino consecuencia de terrible herencia. árboles próceres. suben sudorosos. . una doncella espera el amor que la hará fecunda. a lo lejos. miintransigencia. no es virtud. cabujón zafirino en mitad de ondulosa raya de azur. Hace unos días la gripe que aquí es un coriza molesto y nada más. pero calienta entre sus columnas los restos del grande y testarudo ligur. no obstante las torres ausentes. entre las antorchas de los cocoteros.. mi altivez. Bajo las bóvedas abatidas reposa Don Bartolomé Colón. largas varas que huellan ruidosas. debió de sentir el orgullo de haber realizado empresa perdurable. descollando entre los tejados planos de las casas. y sobre la colina. mameyes erectos. la descubrió. El rumor del mar se difunde confundiéndose con los sonidos urbanos.

miserable. dibujará al caminar. le apretó contra el corazón. hasta la Antilla ensangrentada. Me conformo con la idea de que le harán justicia a mi cadáver. el más perfecto. traerá en las manos los paños blancos que sirven para cargar los muertos. roja. Ceñido el casco. abre los brazos para estrechar en magnífica elación las piedras seculares. lo triste es que cuando todos vuelvan del Camposanto. repite ahora. y por sobre la cabeza de lo que muere. zigzagueante. La floresta aledaña avanza sus tentáculos constrictores. su cuerpo tremó de angustia. pronunciarán discursos en los cuales me calificarán de rebelde. a la deriva hacia fatal destino. tal una ala rota. pues bien. la voz de bronce lleva de puerta en puerta la divina promesa. Minutos después. La silenciosa tragedia se le revelaba de improviso. cubierto de flores el ataúd de tercera clase. esclarecido por su luz inmortal. la bandera desciende del asta. y créeme. El vaho ardiente de la tierra enardece sus arterias. que harán reír.. Nuevos griegos dialogaban en el jardín de Platón. y mientras el sepulturero tapa la fosa. conmovido. esas risas me flagelarán hasta debajo de la tierra.bufas. seré conducido en andas. a la luz de los focos eléctricos. vacilante. En La Fuerza. mi sangre. y con los brazos abiertos. el pueblo. y convirtiendo la vista más allá del golfo de Eleusis. interrogó. El cejo del río humedece el aire.. El numen le posee. cincelada exquisitamente. las proas armadas hacia Levante. y libertándose de la materia. lenta. Habana 1911. soy un vencido. de la cual ascendía concierto de fuerzas poderosas. Exaltado. amó la belleza pura. mi hijo. la diosa de formas virginales. ¿es su ánima la de un hombre o la de toda la gavilla de averiados adoradores de Dulcinea cuya es la prole de débiles turbulentos..—No. Por el oriente.. blanca. las sombras estarcidas ahuman el cielo. ansió sembrarlos en la patria lejana. los mercachifles. asistirán los niños de las escuelas. en el Pireo. siluetas extrañas. Es horrible. la guardia de prevención presenta las armas. — Roma 1913 . al declinar el día. libres de la costra de turcos y venecianos. la siniestra en la lanza y abierta la diestra en la cadera. alzándose sobre las tumbas vecinas. Carne tundida por estacas de yagüeses. con mentes inferiores a su tiempo. azul. ¿por qué no? ¿Por qué no?. de grávidas entrañas. que lapidan en las tardes las estatuas por sus propias manos modeladas en la mañana. comprendió. profesaban con su milagrosa euritmia rota la más elocuente lección de moral y belleza. Arturo había experimentado una intensa emoción ante la imagen de Atenea. golpeada por molinos. los pies descalzos. inclinóse hacia la flor o la espiga que los ojos de la diosa miran deleitados. Las campanas de la Catedral tocan el Ángelus. los sacros mármoles. mientras los generales ignaros triunfan y les uncen? En el Acrópolis. los jóvenes. como he sido maestro a palos. elevó la razón. Arturo. fija la pupila beata en la tierra en donde perfuma una flor o crece una espiga. En mi infancia soñaba tener un entierro suntuoso.. ¿verdad? Un sollozo se extinguió en los labios de Antonio. ¡el gran rebelde! Pero. a prisa en busca de la cena que espera en la ciudad. En aquel ápice del espíritu humano. desde el Partenón contempló la ciudad blanca. los políticos. mientras sus ojos escrutan la villa y el campo vecino. y al son marcial del clarín.

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