"La Sangre", obra que publicara Tulio Manuel Cestero en 1914, es una novela que logra reflejar aspectos del

ambiente urbano y de las tribulaciones político-sociales de la época.

Por el ventanillo del calabozo, un rayo de sol entra jocundo, adorna con ancho galón de oro los ladrillos y trepando por las patas del catre, cosquillea al durmiente en el rostro. Antonio Portocarrero despierta restregándose los ojos con ambos puños, bosteza, la boca abierta de par en par y mira en torno suyo con asombro. Siéntase en la barra del lecho examinando la celda de hito en hito y cual si al fin, libertándose de una pesadilla, comprendiese, murmura: «todavía... otro día más». Joven, de estatura prócer, la fisonomía enérgica y simpática la color melada, cuya palidez actual aumenta la sombra de la barba ida. Los cabellos negros, de rebeldes vedijas, la nariz roma y los labios carnosos de bordes morados, denuncian las gotas de sangre africana que, desleídas, corren por sus venas. Las pupilas grandes y brillantes, henchido el pecho. El preso registra la estancia, tal si la viese por primera vez. En un ángulo, un aguamanil desportillado, de hierro esmaltado, sostenida la jofaina en una trípode. En mitad del testero, junto al muro, una mesita de pino, sin barnizar; al lado de ella una silla, cerca una mecedora, y encima una alcarraza, una copa y varios libros: «Los Girondinos», dos tomos de «El Consulado y el Imperio», «Los Misterios de París», «Historia Universal» por Juan Vicente González, y los «Tres Mosqueteros». El recuerdo de los amigos que le proporcionan el placer de la lectura, le saca a la cara la luz de una sonrisa. En extremo opuesto, vecino a la puerta de roble con hileras de clavos cabezones remachados, un cuñete, ceñido por arcos de acero, receptáculo de sus deyecciones, que dos veces por día un penado carga en hombros y vierte en el mar. Sus emanaciones infectan. Estos objetos, una escoba y el catre con una almohada y dos sábanas, componen el ajuar. El enladrillado es frío. Las piedras de las gruesas paredes han sudado durante siglos. Musgo verdinegro vetea el enjalbegado. La humedad se caía hasta los huesos. Por el día el calor agobia, en las noches invernales el fresco molesta. El aire y la luz entran por el ventanillo de fuertes barrotes de hierro. En las paredes, enlucidas de raro en raro, los cautivos han escrito con carbón sus penas e indignaciones. Entre ellas hay una de su propia letra: «26 de Julio de 1898, a las 9 de la noche». Cuando la hubo leído dos veces, arruga el sobrecejo, exclamando con dolor: « ¡un año ya! » y se pone en pie, encaminándose al lavabo. Con vigor se enjuaga rostro, cuello, sobacos y muñecas; luego arrima la sólida silla de sabina y majagua, y encaramándose en ella, ase los barrotes, y a pulso alcanza el poyo. ¡Qué fiesta para sus ojos! El cielo, azul, límpido, sin una nube. El sol derrama oro obrizo sobre Santo Domingo de Guzmán, con amor fecundante inagotable. El mar cabrillea deshilando sus randas de espuma en la arena de la Playa del Retiro, y muge con ternura de toro en celo en las peñas del acantilado, sostén de la Torre del Homenaje, en donde él está recluso. La vista complacida recorre la ondulosa línea de vegetación que arranca de los almendros de elegantes amplias copas y los guayabos silvestres de la margen del río, y sigue por los uveros, de hojas de abanico, hasta las ríspidas malezas de la Punta Torrecilla. Las lanchas

pescadoras, rezagadas, entran en la ría, a rastras los chinchorros repletos. En la caía, entre los pies de los tripulantes, saltan agónicos jureles y carites de argentinas y róseas escamas. En el Placer de los Estudios, balancean airosos sus cascos blancos, al tope el gallardete tricolor, dos cañoneras de la armada nacional. Una vela cazada vira la punta y enfila hacia la boca, obstruida por la arena acarreada por las dos corrientes. Un bote, al compás de sus cuatro remos, salé. El ambiente, con serenidad jubilosa, afirma que el hombre, señor de esta naturaleza, no ha de sufrir. Sin embargo, Antonio es un contemplador impotente. Y ¿por qué? ¿Qué leyes humanas o divinas violó? Su amor a la libertad, al progreso, le ha sumido en prisión. La tiranía le oprime paralizando sus fuerzas vitales. Las manos entumidas se niegan a sostenerle y, con ira, se arroja al suelo, sentándose en el mecedor, y entre impaciente y perplejo, se pregunta qué hará para ocupar el día. ¿Leer? No. Los libros le hablarán de poder, de riqueza, de amores, de cuanto es triunfo, alegría o dolor en los hombres. Uno, dos, tres..., insensiblemente cuenta los clavos de la puerta. Se levanta, barre; pasea a trancos, empeñándose, pueril, en no pisar las rayas del pavimento, y el nimio detalle conduce su imaginación hacia los días venturosos de la infancia. De nuevo se sienta, gusta la necesidad de enfrentarse con su vida, remontando su curso hasta hoy, hora por hora, reconstruiría analizarla... ¿ Su vida? Sí, ¿ qué ha sido su vida? II En el verdor de la sabana, con sus casitas pintadas de colores vivos, de metálicos tejados relucientes, y los bohíos de adobe cobijados de palma, finge la villa, al lejos, un rosal florido. Colinas suaves la protegen de la una parte, mientras por la otra la pradera abre vía al mar cercano. El río cantor la circunda, y sus linfas retratan garridas doncellas, cuyos cuerpos acarician las aguas voluptuosas borbotando en los chorros y en la somnolencia de los regatos. En las florestas aledañas la atabaiba embalsama leguas y leguas los caminos asoleados. La cabra extrae de las hierbas aromosas leche exquisita, y la abeja, reina de aquel jardín, ahíta de ambrosía, multiplica los panales. Las muchachas de la capital, encuentran en su regazo morbideces para los cuerpos enjutos y paz espiritual ara las penas de amor. El aire sano y los baños fluviales excitan el apetito, y la hospitalidad de la gente crea el contento en torno de los limpios manteles. Galana tierra de bucólica, si engendra héroes, les impone la ecuanimidad de la naturaleza y les siembra en el alma un grano de poesía. Tal es el solar de Antonio Portocarrero. En la soledad del enclaustramiento, ¡cómo le alegra la visión del riente valle nativo, y con qué placer buscaría reposo y olvido en sus montes fragantes! Cada casa, todos los árboles, las vueltas del río, las piedras de las veredas, presentes en su memoria, le evocan mil incidentes que podría hojear ahora cual páginas de álbum iluminado. Su primer recuerdo data de los cinco años: una vecina entra de improviso en la casa tirándole de la oreja y acúsale de haberle sorprendido con su hijita, escondidos entre la ropa sucia. «Jugábamos a los matrimonios», balbucegirimiqueando, y la madre, entre bromas y veras, asienta: «comadre, amarre su gallina que yo tengo mi gallo suelto»; pero a renglón seguido, con un rebenque, le aplica en las espaldas la primera prédica de moral y la mas elocuente demostración de la existencia del pecado original. Diablo de chiquilla aquélla, le

aventajaba en dos años y fue su iniciador. ¿ Qué será de ella? ¡ Honesta casada> sí, y cargada de hijos! Los ojos le echan chiribitas. Hasta los ocho años su vida transcurrió entre juegos con la chiquilla, perturbados por las insinuaciones tempraneras del genio de la especie, y baños en el río, en compañía de las vecinas. ¡ Qué cosas veía!.., y tanto, que alguna guapa moza, advirtiendo su embelesamiento, exclamaba: « ¡miren qué ojos tiene este malvado!». Cada día le aportaba en sus horas un momento de dicha. A la sombra del mango frondoso que asombra el patio, después del almuerzo, su madre cocía en paila de cobre, de interior estañado, sobre cuatro piedras y a fuego de leña, el dulce de leche, industria famosa del lugar y de la cual era ella especialista Toñico, como le apodaban, y su novia, en cuclillas, velaban la paila, siguiendo ansiosos los vaivenes de la paleta moviendo la jalea para que no se pegara del fondo. Las bocas se les hacían agua; pero al fin, extendida la pasta sobre la pulcra tabla para cortaría en panetelas, se les adjudicaban paila y paleta. Los pulgares rebañaban veloces hasta pulir estaño y madera. La saliva fluíales por las barbillas hasta los cuellos. Las disputas menudeaban, y afirmando los moquetes el predominio del macho, desmentían el proverbio, pues, a pesar del amor, no bastaba que uno solo comiese. Otro de sus grandes placeres se lo ofrecía el juego de escondite, entre el pajón de la plaza en cuya linde habitaban. En los atardeceres, de la hierba emergía deliciosa tibieza. El abrojo enjoyaba la verdura con sus estrellas de oro. Los cuerpos chafando tallos y hojas, les extraían sus aromas. Los insectos, viscosos algunos, les hurgaban las piernas, picábantes hormigas, y las espinas arañábanles; acontecía también, y esto era lo más terrible, que a lo mejor, entre los matojos, erguíase Pepe, el gallo de la casa: la cresta sangrienta, las barbas trémulas, erizadas las. plumas, hiriéndoles casi con sus pupilas vidriosas. Molestado en su señorío, empinábase con gravedad cómica, presto a defenderse con sus afilados espolones. ¡Cuántas cosas decía aquella actitud de coraje y retroche! y en tales instantes, cortos felizmente, pues el galio convencido de sus pacíficas intenciones, dardeaba su cantio y aleteando con ruido tornaba a escarbar gusanos, Pepe, les infundía más miedo que las correas de su madre a las cuales llamaban: «Juan Gómez, tanto pica como come». Y a través de los años le impresiona aún la gallardía de aquel reto. ¡Ah, si todos sus compatriotas alegaran así sus derechos, no estarían él y otros en esta cárcel inmunda‟ y el país perdido! Cuando había visitas en las casas respectivas, provistos de la merienda — una galleta sobada y media panetela de dulce de leche —, les enviaban a buscar gambusinas bajo un guayacán rodeado de mullido tapiz de hojas muertas, o enlazadas las manos, serios y cuidadoso! de sus trajes limpios, iban al patio de un bohío inhabitado a encelar en una espiga de pata de gallina, un ñoño. de jazmines don Diego de noche, para adornar la imagen de la virgen de Regla, santificada en los hogares. ¡Dichosa edad! Cumplidos los ocho años, sufrió los primeros cambios desagradables en su vida. Terciada al busto la saqueta de tela con el libro primero de Mantilla, pizarra, cuaderno de escritura, tintero, pluma y clarión, tomó el camino de la escuela de varones. En su casa había aprendido a deletrear, y la escuela fue siempre castigo con el que su madre le amenazó. Ya no le llevaron más a bañarse con las mozas del vecindario, y terminaron los retozos en la grama con la chiquilla. Medrado el cuerpo, la musculatura se anunciaba vigorosa. Nadador como un pez, exploró el fondo de los charcos del río; jinete audaz, echarle la pierna a un burro y tirarle del pelillo obligándole a corcovear, era su placer. La escuela convirtióse pronto en sitio de recreo: la lectura, algarabía coreada, y en los ratos de silencio, una mosca que volaba con un rabo de papel hacía estallar las risas. El‟

maestro manejaba recia palmeta de roble. Los chicos se untaban ajo en la palma de la mano, suponiéndole al zumo, según fama, la virtud de partir la madera. Y con qué hombría las extendían saboreando de antemano la venganza; pero la palmeta resultaba intacta y la mano encandecida. ¡Cuántas ilusiones como ésa habíanse desvanecido en sus luchas con la fuerza! Además de las vacaciones reglamentarias de estío, las de Pascua de Navidad, Semana Santa, los domingos y las numerosas fiestas de guardar, los más de los días eran de asueto, ora por quebrantos de salud del maestro o de los hijos, ora por partos de la mujer y otras causas domésticas. Cuando las puertas del aula cerrábanse, abríanse las del campo. Aquello sí valía la pena. El río, con sus hondos remansos y su rápida corriente, ofrecía liza a los ardidos, quienes zambullían hasta coger arena con la boca o se dejaban ir aguas abajo. Agazapados en las cucarachas del cascajal, atisbaban a las lavanderas que, las faldas arremangadas, bateaban en las grandes piedras marginales, y a las bañistas, al salir, modeladas las formas por la camisa mojada, o cuando tendidas boca arriba, el agua borbollante les cubría el pecho de encajes y las descotaba o alzaba la fimbria, descubriendo ocultas delicias. Si la imprudencia de alguno les vendía, arrancándoles a la contemplación golosa de un blanco muslo venusto, perseguidos por gritos y maldiciones airadas, partían cual potricos por sobre los cayados calientes. Pero mejor eran las carreras en burro, en pelo, en la sabana, y más todavía, una pelea. Dividíanse en dos bandos, uno en cada ribera, baecistas los unos, azules los otros, afiliados de acuerdo con las simpatías partidaristas de las familias. Servíanles de proyectiles los duros cocorrones del guayabo, y se batían, reidores, regocijados, arremetiéndose en el agua misma, con las peripecias de la refriega, hasta que una de las dos guerrillas ponía en práctica el «pies para qué os tengo», o un guijarro lanzado por mano artera, hacía una baja, que conducían a la casa entre gritos de protesta, mientras el aporreado sollipaba presintiendo que encima del chichón recibiría una cueriza. Antonio, de tarde en tarde, placíase paseándose solo por la sabana. Echado sobre la hierba rica en esencias, observaba el cielo azul, muy alto, hasta la hora en que los chivales entran en la población, la abuela a la cabeza, y en pos de ella, en ringla, el cabrio barbudo y apestoso, las hembras, con los cabritos pegados a los pezones, en tanto que berreando los chivos triscan con las madres. Así, iguales, sucediéronse los días medidos por el toque, a la del alba y a la oración, de las alegres campanas de la iglesia, hasta la madrugada de noviembre en que, a horcajadas sobre un caballo, emprendió el camino de la Capital. Contaba a la sazón catorce años. Desde meses antes, un su tío, informado por su madre de su inteligencia y progresos en la escuela, de la que era el primer alumno, había escrito pidiendo se lo enviaran para que ingresara como interno en el Colegio San Luis Gonzaga. La partida, prorrogada de semana en semana, al fin se fijó para después de las fiestas de la Virgen, aprovechándose así la compañía de los capitaleños que viniesen a ellas. ¡Nunca fueron las fiestas como aquel año! Desde las vísperas se animaron las calles solitarias por el tráfico de campesinos que vienen a mercar, y de las pandillas de muchachas, que afanosas y parleras, recorren las tiendas en miras de las novedades recién llegadas de la Capital. En la iglesia se hacen los preparativos, y en las casas el trajín doméstico se aumenta con la labor de pintarlas de nuevo. La cosecha de café fue buena, y todos tenían monis que gastar. La orquesta de baile llegada de Santo Domingo estaba formada por los mejores

instrumentistas, y, entre ellos, el bombardino, natural del pueblo. A la alborada, a la salida de misa y de las salves, a los acordes de danzas y valses, sumábase el estrépito de los triquitraques, cuyos mazos apagaban los granujas con pies y manos, de los montantes y de las detonaciones de las cámaras. ¡Y qué misa, la del día de la Virgen! La iglesia de bote en bote. En la tarde, la imagen de Nuestra Señora de Regla recorrió en procesión las calles principales, barridas, desherbadas ex profeso y cubiertas de pétalos multicolores. Seis doncellas cargaban las andas florecidas. La Virgen, con su joyante túnica blanca bordada de oro, manto azul y corona de pedrería, entre cálices, turíbulos, diosa de aquella Arcadia, ponía en cada pecho el contento de vivir o la promesa de un milagro. Teorías paralelas de muchachas tocadas de albos velos, con cirios encendidos hechos de la cera más fina de las colmenas, precedían: una de ellas, la chiquilla, su ex-novia, que, grave, casta, ni le miró. ¡Quién hace cuenta de cosas de niños! Los bailes, rumbosos Como jamás, y hasta le pareció a él que ni las feas comieron pavo, y las notas de las danzas sugerían más elocuentes las declaraciones de amor a los ladinos capitaleños. ¿Y las corridas de anillos y macutos, y las cenas? No, si todo fue magnífico, hecho adrede, para que él no lo olvidara.‟ ¿ Y el Peroleño?... Érase el Peroleño, legítimo descendiente del ilustre señor don Pedro Leño, perniquebrado, pequeño y redondo, el lampiño rostro malicioso, en los labios finos y rojos, sonrisa despreciativa. La nariz remangada; negro el mostacho; la cabeza de escaso pelo lacio, plantada en un cuello arrecho, se iluminaba con la lumbre de los saltones ojos azules y picarescos, hasta la desfachatez. El pecho abultado y los hombros anchos desafían los golpes del contrario. Colocado en su trono, de modo que se moviera al menor contacto, lucía espada, cruces y medallas; cimera empenachada y adarga embrazada en la diestra. En la izquierda sostenía una calabaza o vasija llena de agua de tuna. Los jinetes contrarios, a escape, le pegaban con la siniestra, y el muñeco a su vez, aplicábales un lamparón bermejo. La victoria era de quien salía ileso del encuentro, y para él, la ofrenda de un lazo con ancha moña rizada que antes se ostentó en corpiño femenil, o palma que, las más de las veces,. correspondió al triunfante Peroleño. Toñico sentía cominillo, irresistibles ganas de correr; se le antojaba fácil el éxito: alcanzar el lazo de la ex-novia, ser admirado y aplaudido. Y tal empeño puso, que alguien complaciente le prestó caballo, por una carrera nada más, e hipándose sobre los estribos, pasó, alcanzando al muñeco con tan leve pasa-gonzalo, que apenas si unas gotas señalaron su primera derrota. ¿Y el testamento del Peroleño .... ¡De rechupete! El noveno día, caballero en un borrico, seguido de ruidosa cabalgata de damas y galanes, paseó el pueblo. En las esquinas fue leído el testamento, en verso, con sal y pimienta, satirizando a las autoridades y notables. Al maestro también le tocó su chinita; y cómo la rieron los alumnos, exclamando: "¡ya nos las pagó todas juntas!". Y después, la despedida de su madre, llorosa, repitiendo consejos y recomendaciones. «estudia, sé bueno, que eres la única esperanza para mi vejez». A cada vado del río, el corazón le da un vuelco. De entre los cendales de la aurora, las lomas surgen azules o verdes, según la distancia, y su mirada zahorí distingue con arrobamiento el guano, la

yaya y el maguey que las tupe, y en la vera del camino, hasta a los cayucos, alpargatas y guazábara ve con afecto olvidando las veces que sus garras le sangraron. Desde sus nidos, ocultos entre las madejas áureas de los fideos, chinchilines y julián-chivies salúdanle con sus píos onomatopéyicos, alborozados con su partida que les libra de un enemigo, mientras las campanillas aljofaradas y las carmíneas flores del carga-agua y las cabritas, con la frescura de sus cerezas, le invitan a quedarse. Los viajeros satisfechos, caminan a pares, escapeando de trecho en trecho, comentaban los incidentes de las fiestas. Alguno se confesaba preso entré las redes de una linda pueblerina; otro insinuaba observación maleante acerca de este o aquel acto, que hacía prorrumpir a esotro: «por eso nos llamanbúcaros a los capitaleños»... Y así, entre bromas y chichisbeos galantes, las lindas amazonas y sus caballeros corrieron las catorce leguas, excediéndose de ojos y boca estrepitosa la alegría. ¡Cómo ha volado el tiempo y mudado los hombres y las costumbres! Su riente pueblo de bucólica ya no será el mismo; pero con todo, con qué placer iría a limpiar su cuerpo de las inmundicias de la prisión, tirándose de cabeza en Los tres charcos o en las chorreras de la Piedra del Chivo, para que el agua corriente le lustrara el espíritu puliendo huellas dolorosas... III Cuando Antonio, conducido por el tío Tomás, traspuso el umbral de «San Luis Gonzaga» al día siguiente de su llegada, sintió que algo se desgarraba en sus entrañas. El severo edificio, de dos pisos, adyacente a la iglesia de Regina Angelorum, abría sobre la calle numerosas ventanas altas y bajas y una sola puerta, flanqueada ésta por dos cañones enterrados boca abajo; Convento de clarisas franciscanas hasta fines del siglo XVIII cuartel en 1822 y en 1863. A su vista, el muchacho se había detenido vacilante, sobrecogido, y su tío hubo de empujarle por el pasaje abovedado comunicante con el claustro. El negro portero, que guardaba la entrada como antaño la hermana tornera, tañó una campana. Detrás de ellos venían, en hombros de dos rapaces, el catre de tijera, con su forro de recia cotonía, un lebrillo y un baulito de cedro, herencia de los abuelos, en el cual el cuidado de la madre había ordenado dos mudas de rayadillo y dos de pearl river vuelto del revés, seis camisas y otros tantos pares de medias; jabón, peine, una latita de betún de la marca «El Gallito», y un cepillo, un par de guillotinas de marroquín morado, aguja, hilo, botones, sus libros y útiles de escritorio, y en un rinconcito, envueltas en papeles de seda y estraza, panetelas de dulce de leche, y un escapulario de la Virgen de Regla relleno de alcanfor. El claustro se ofreció a la mirada de Antonio hecha a registrar el campo con todos sus detalles en pocas ojeadas. Era un cuadrilátero en cuyo límite alzábase el primer cuerpo del edificio en todo su largo. A la derecha, un cuartelillo ruinoso; a la izquierda, la iglesia y viejas paredes, y al fondo, el refectorio, la cocina y un lienzo más, también caduco. La mayor parte del espacio ocúpalo el jardín. Dos palmas airosas le forman portada, y lo encuadra una verja de madera descaecida, apoyada en pilares de mampostería. Los arriates, formados por botellas vacías clavadas de pico, están plantados de cien hojas, mosquetas, purpurinas y un nido de amor que se atavía con espléndidas rosas. Erectas cañas de azucenas, suspenden blancos cálices odorantes; carmesíes lágrimas de Venus que acendran una gotita de miel; la humilde flor de todo el año,inodora; amarillas copadas reventonas como su pariente el clavel; celias, modestas rivales de la

es un coágulo sanguino. El jazmín del Malabar reta a sus vecinos con el armiño de sus pétalos. En el marco de la ventana más occidental. mientras los pomposos girasoles siguen el curso del astro. Los catres. LaSangre de Cristo resplandece por sus cinco pétalos. la celeste rueca hila el linón róseo de la Vara de San José y el níveo o con purpúreas vetas. sonriente del Padre Billini. Don Marcelino le señaló su sitio. y con su vocecilla aguda y el índice. y Antonio. nariz aguileña y finas manos de cera. el añoso tronco mútilo. el hinojo. tal era la fama de su caridad. a quien se le había enseñado a venerar como a un santo. El Padre le entregó al nuevo interno. y dos naranjos gemelos. ígnea mano crispada.margarita. cual cinco llamas prendidas por la flecha del pistilo. se mantenían sobre sus patas por una cuerda enlazada en una de las cabezas. la tónica yerbabuena. de hojas verdes o manchadas de blanco. por la escalera de ladrillos. apretándole las alas. a la par. fuerte. y escalera. Un cerezo que. la cara de hombre. Aguaceros. del que tomó posesión. que cubre con sus ramas sin hojas el brocal del pozo y cuyas vainas negras restallan derramando las duras semillas. de los lirios. Antonio subió detrás de su tío. La mano rectoral sonó por dos veces una campanilla. después de abrazar a su tío. cuando enfrutecido. un flamboyán. riega granates. Cuatro naranjos de pomas de oro. colocando catre y baúl. malangas. echó a andar a su zaga hasta las aulas. La cambutera con sus corales escala graciosamente la verja. la salvia y la ruda. un almendro crece a prisa. nervioso. La verdolaga. al que se llegaba por un pasadizo húmedo y estrecho. y su prima. cerrados. conviven con los orgullosos rosales. cubiertos por sábanas pringosas y teñidas de sangre de chinches. sarmentoso. al fondo. albahaca y reseda. y momentos después. apareció la cara pálida. A la puerta de la iglesia. extiende el terciopelo de sus hojas. con luengas barbas canosas. Mientras su tío expresaba la gratitud de la familia por la merced de recibirlo gratis o correspondía a las preguntas del Padre indagando por los del lugarejo. defendidos por cercas de cañas. y el llantén de hojas y espigas eficaces para colirios y tisanas. Entre el jardín y el edificio. de frutos regañados por las propias mieles. Era don Marcelino. comunes ambos al campanario. rastreando. y en último término. nardos. alza un solo ramo nevado. Junto al aljibe. como si estuviera ganoso de favorecer la ventana del Rector. Y tras un imperioso venga. aunque las estrellas de sus corolas no hayan sido jamás interrogadas por amantes. amparan bancos de piedra y nutren orquídeas cuyas flores semejan mariposas. avellano peral. que se agitaba dentro de la sotana de merino. les señaló la puerta de acceso a su departamento. de ojos inquietos. En el curso primario ingresó el . se mantuvo en pie con el sombrero en las manos. ceñudo. y en fila. escaleras abajo y arriba. y entre la coraza verde de las hojas fulge la flor de cigarrón. él examinaba con suspicacia campesina al cura. canijo. hasta el dormitorio. y una mata de rabo de ratón. propicio contra el ahogo. parientes y conocidos. sendos raquíticos ejemplares de manzano. vasto salón con ventanas a un ángulo del patio y al coro de la iglesia. el Prefecto. la cayena. un redondo arbolillo de granos rojos escuda del sol una tinaja de hierro. ascética. El cuartelillo está cubierto por las hojas rígidas de la efímera y nocharniega flor de baile y las guirnaldas de la trinitaria. tal una lámpara azotada por el viento. la malva. de zumos benéficos. que rodea su vela blanca con guarda-brisa violeta.de hojas caprichosamente matizadas y el Corazón de Jesús. acudió un vejete menguado de estatura. siguió a aquél por salas y pasillos. Con discreción de pobres. que saturan la noche con sus aromas capitosos. y en la presencia del Padre.

sin examen previo. las greñas aceitosas. variaban la asignatura y el número de porrazos. y si los discípulos. jamás se violentó contra aquella hampa infantil. ¡Pobre maestro! Antonio evoca su figura con simpatía. sintióse oprimido por una sensación angustiosa. A los lados. e igualmente de dos a cuatro de la tarde. hasta la meridiana. recorriendo los rangos. temblequeaba por la espalda. pegándosele al cuello. Este. descubrió caras de compueblanos que le habían precedido. que eludía las preguntas que no estuvieran formuladas con las mismas palabras que él aprendiera. A cada hora. sin que le percibiera el profesor que declamaba a gritos la lección. entre otros orates que vociferan. Del techo pendían dominguillos zarandeados por la brisa. recto el índice y con voz tonante. fornido. Érase una sala. alto. Ni lluvias torrenciales ni ciclones le intimidaban. se extraviara. le sentenció diciendo de él. él truena predicando a las vecinas y. marcada en el reloj de níquel con gruesa cadena de plata. la zambullidura inesperada y . Su paciencia superaba a su memoria. se acogió al asiento más próximo a la entrada. estalló un coro de risas: le habían lanzado un monigote de papel con una pelotilla mascada que. en el manicomio. a medida que sus ojos reconocían el ámbito. acosado. todos los libros de texto. con sus puntos y comas. Recitaba. otros más pequeños. él imponía la autoridad inapelable de la letra impresa. Vestía de dril.recién llegado. perplejo. Y proseguía. cuando alguien recomendándoselo enumeraba entre sus conocimientos el latín: . largas las uñas y con orla negra. y la americana tenía siempre las sobaqueras señaladas por una mancha sarrosa. pupitres colectivos con sus bancos de pino y. fue recuperando ánimo. sin encuesta alguna que clasificara sus conocimientos. para obligarle a razonar. a manera de columnas. el día en que vagando solo por la sabana. y Antonio. De memoria sin rival y puntualidad intachable. escurriéndose. o un alumno que prevalíase de la ocasión para mofarse del maestro. no el método. le alcanzó. A su paso.por primera vez en un charco hondo del río. Hasta un ciento de alumnos los ocupaban y producían constante rumor de colmena irritada. entraba y salía a la hora exacta. vinieron los apóstoles San Pablo y San Bernabé». y de tal modo mecánico. se refugió silencioso junto al amigo y continuó la inquisición. desde un muro del ex-Convento de San Francisco. interrogaba sin que nadie le contestara. azuzados por otros profesores. y otra. Le revoleaban los ojos chispeando en las órbitas. grasiento. A las siete en punto de la mañana descargaba otras tantas veces sobre la mesa un mazo. El Presidente Lilís. por las cuales se traficaba en golosinas y solía asomar la cara algún muchacho callejero que arrojaba por entre las rejas un grito chusco. Por las mañanas. que había experimentado dos veces ya en su vida: una. Tocábase con sombrero alón de fieltro blando. Aquí y allá.. La sala tiene ventanas enrejadas a la calle. Poco a poco. él mismo con rapidez ensartaba la respuesta. si en cortísimo tiempo aprendió sin faltarle una tilde las doscientas páginas de un tratado de Agricultura. en los intercolumnios. partida longitudinalmente por vigas blanqueadas. a los raros transeúntes. suscitábanle discusiones. Uno de éstos. mulato. Corrido. Cuando Antonio. comenzaba la clase de Religión: «Diez años después de haber ascendido Nuestro Señor Jesucristo a los cielos. La política le separó de las aulas y le encaramó en la judicatura y cátale ahí. le llamó con la mano desde el extremo opuesto. despistado.

y cuando al fin. a caza de mutuas simpatías en los rostros vecinos. alineados o en pelotones. confesó haber sido uno de los que en la calle del Turco. entreteníanse. Durante todo el primer día. pero ligados todos por dos sensaciones: hambre y miedo. reñían. Ex el Prefecto. los muchachos. que se aplicaba en cuclillas. bajo el ojo de don Marcelino. saltar. Los había vestidos con lujo. Mientras profesaba. o a ley de Bayona. y cuando la tisis le extinguió el aliento en los pulmones. y cuando el escándalo invadía las otras aulas. calzados de cabritilla. Sólo el alcohol le dominaba. Antonio no olvidará mientras viva la sorpresa dolorosa de una madrugada: soñando hablaba en voz. de limpias ropas reveladoras de los afanes maternos. enternecido o vicioso. para ellos encarnaba a Satanás. después de más de hora. Luego el Prefecto mandó las evoluciones militares. el cigarrillo en los labios. sañudo. acercándose. receloso. Antonio fue a sentarse en el cuadro . piojosos. expósitos y vástagos de familias potísimas. Los ingenuos echábanse de bruces escondiendo las caras. implacable. al servicio del más rico y del más fuerte. pobres. alta. otros harapientos. la reata se desbordó en todas direcciones. A las cuatro. Siempre zahareño. ni perdonó jamás ni acarició nunca. fingía equivocarse con el vecino. con las orejas terrosas. don Marcelino. airado. En el internado se mezclaban orígenes y colores. Antonio permaneció quieto. quienes labrando con un cortaplumas la madera de los bancos y pupitres. pero su fiereza no igualaba al inquisidor. el profesor de gimnasia les hizo mover a compás las extremidades. don Marcelino oyó sus relaciones y le despertó macerándole con la soga las flacas carnes desnudas. El demonio castigador. según publicara un periódico local.«malo. El viejo desfilaba pegando. desollábanse las rodillas y sangraban las bocas. sordos a sus lecciones. constantemente renovados. Viejo terrible. volteaba por sobre su cabeza una pita del grueso del pulgar. y cuando el muchacho se regodeaba. con alegría bulliciosa de la toma que arrolla la presa. aparecía. estudiando el terreno. malo. atados a una vara. o los denunciaba alguna venganza empapada en lágrimas. era una jauría. y así pasaban horas aduncos o tendidos sobre el piso duro y meado. en dos. A las veces les golpeaba en las corvas con una maceta de roble. y ejercitarse en barras paralelas. debajo de la escalera principal. y a éstos se agregaban los externos que sólo concurrían a las clases. asesinaron al General Prim. pulcros. huérfanos y ricos. escalas y argollas. negro que sabe latín se vuelve loco». A la verdad. recibía el formidable latigazo. pues ninguno tenía puesto fijo. aquella congregación. en el espacio medianero entre el jardín y el edificio. quienes pintando monos en los cuadernos o peleando pajaritas de papel engomado. o hacer en el suelo determinado número de cruces con la lengua: las frentes sudorosas manchábanse con el polvo rojizo. además palmeteaba a trocha y mocha. concluidas las clases. o con la cabeza debajo de los travesaños de bancos y sillas. creyéndose a salvo. grabando en ellos palabras obscenas. su voz ordenó «rompan filas». Adivinaba a los delincuentes. Para las faltas graves existía el calabozo: covacha obscura. la piel curtida. el pelo enredado. que seguía la maniobra hasta que huía la víctima o se doblaba sollozante bajo el flagelo cruel. A los impenitentes metíanles de pies y también de manos en un cepo. Otros castigos consistían en arrodillarlos con los brazos abiertos. con puerta al pasillo de ingreso y ventilada por una claraboya. por debajo de las corvas y sobre los codos. Disputaban.

En el recreo dividíanse en corros o se aislaban. Baní no tuvo más chinches. tejiendo mantos de verdura. o los belicosos firmaban la paz en el calabozo. los demás jugaban a los toros. desgarrando las pantorrillas de quien buscara en su maraña el gordo fruto escondido. de colores. hiriéndole en los amores por su pueblo. al menos en su presencia. y desde entonces. La riña había terminado en el mismo instante. que recogidos en la palma de la mano eran lanzados de punta al canto de monedas o botones. cuya nostalgia sentía con intensidad. como en los charcos del. situado detrás del claustro. y otro sentenciaba: «su madre del que acuse». o bailaban trompos. La puya se le clavó. El mayor interés estaba en las disputas por los distintos valores de las bolas de vidrio. La congregación sumaría hasta unos ochenta. por lo cual las intervenciones del zurriago eran frecuentes. vigilada por un decurión. fifises gaticas. En las primeras semanas. el trasmano. debía salir del espacio demarcado por una raya. Las parchas y caguazas cuelgan. con usté no va ná». El cundeamor. pero Antonio conquistó de sus pares respeto y también un mote. El patio. bolas. Las riñas menudeaban. pues ningún sedante más eficaz que aquella suerte de caponera para calmar iras y olvidar agravios. habiéndosele promovido a la categoría de ayo. el ovejo. y . y por los turnos de salida para determinar quién era el mano. El vencido se levantó. a lo cual llamaban la moteca: el ochavo o el botón. más o menos de su tamaño. aludiendo al cuento que pretende que las chinches fueron traídas a la capital por los habitantes fugitivos de Baní cuando la invasión de Dessalines. y entonces acataron todos al triunfador. Los demás se arremolinaron. el mismo juego de bolos. que consistía en introducir monedas desde una distancia convenida en un pequeño agujero escarbado en la tierra. jadeante. la que le otorgaba autoridad de segundo sobre una sección de diez. y ya al morir de cabeza. luego del recreo y la cena. había o no robado tierra. río y en el pajón de las sabanas. descubría que también allí sobraban medios de solaz. o sobre si el contrario al disparar un por todo lo que coja o un ponte allá. En las mismas celdas de las monjas. cubría las tapias. convidando al zumbador y a los chicos con la pulpa roja de sus abiertas cápsulas de oro. Antonio buscó en torno suyo otro pollo. que mató. sumó amigos y restó simpatías. Para tales comisiones escogíase a los mejores o a los más hipócritas. una lasca redondeada y semillas de cajuil. «compai Toño. entre los siete y dieciocho años de edad. otros dábanse a los bolos. Mas. es decir. el trastrás y el porra. mangos y caimitos. Tales partidas efectuábanse a resguardo de la mirada zahorí de don Marcelino. Los más pobres contentábanse con la rayuela. el temor a don Marcelino y la morriña hicieron de Antonio un colegial modelo. advirtiendo el cogote recio y las manos encallecidas por las jáquimas. bolones. fingiendo uno de bicho con un palo en los dientes a guisa de cuernos. en una o varias veces. rápido. clasificadas en razón del volumen y pintas en su germanía. que reía enseñándole los puños. o con el chato. mientras le decían «yo soy tu amigo». aguas y güesos. chinchoso». El chayote y la auyama. ganándose tantas cuantas en él cayeran. duchos en «tirar la piedra y esconder la mano». sitio de descanso. señal de reto. Le miró sin ira. intactas aún las cuatro paredes de algunas. le embistió derribándole de soberbia morrada en el esófago. lechosos. y como viera uno. También se jugaba al hoyo. Los mayores conversaban o leían. pronto se adaptó.formado por bancos de madera entre el aljibe y el pozo. adaptado a los medios naturales. Se plantó. le confió sus secretos. y la gritería manteníase siempre en el tono más agudo. Entonces otro gritó: «banilejo. lapatilla y el melón extendían sus sarmientos. Alguien le colocó una pajita en el hombro. crecían guineos. conociendo a cada uno de los condiscípulos. La escobita respetaba tan sólo las construcciones pétreas de antiguas tumbas. la cabeza gacha.

y a las doce el almuerzo: un plato de sopa. tal como la frase del «saber la luz». y antes del segundo. ¡ y qué gabacho! Aún retiene una frase de las que ululaban en coro: . algunos de los cuales pudieron ser consumidos por el fuego bíblico. Una hora más de estudio. sentados en el salón de estudio. En seguida. con boca— y ésta sazonada al ir y venir con un coro en español. y entre días. cosechados en el propio colegio. o mangos. clases. Luego otra hora de estudio. gimnasia y ejercicios militares. y tras de cantar las Completas en latín de cocina. sin concierto ni sentido. aspirando el olor de la tierra y el aroma de las plantas en aquellos boscajes. Transcurridos los primeros días. o caimitos. para la cena —pocillo de cacao y un pan seco. Tres campanadas ordenaban silencio. Una hora de estudio. sus ojos y piernas habituados al campo sin vallados. a la cama. vestidos. y por el permiso. y así por el estilo. comulgaban aquellos a quienes le cumplía. vaciándose encima cubos de agua acarreados por cada quisque. De siete a once. en el cual nadan fideos. y otro de plátanos salcochados. Los sábados se suprimía el estudio en la prima. ¿Y los domingos? ¡Tremendos! Obligados a levantarse para asistir a la primera misa. maguer las amarguras de entonces y los dolores de hoy. ante una imagen de cuerpo de la Purísima. pura jerigonza. en el que las expansiones naturales eran comprimidas por la vigilancia del Argos. a la hila. luego. Sólo los primeros domingos de mes se les permitía salir hasta el atardecer. causantes de una dosis temprana de rebenque.te peti-pié de la yurné. ¡Y luego. carne guisada. faltaban para que los encerraran en el calabozo. la voz imperativa del Prefecto despegábales las sábanas. la vida del colegio se le va haciendo soportable. peccato gomorrhoerum dijo el santo sienés. se enjabonaba. en ringla. en torno al brocal del pozo. hechas las abluciones con poca agua. al refectorio a desayunarse con una tacita de café claro y un mollete de pan de dos onzas incompletas. ha recorrido la escala de los castigos y sido clasificado entre los revoltosos. A las seis. que por parejas se les concedía para ir al patio. cantaban las primas en latín. pero en cambio repetíanse los ejercicios militares y se cantaban las Letanías.. Su inquietud de azoguillo. comenzando las aulas a las dos. Y ¡qué latín!. ni los esclavos africanos de Roma lo entendieran. El trayecto lo amenizaban con una canción en francés. Aquello era de verse. destituido de su cargo honorífico de ayo. sin el alboroto y regodeo de las cátedras.. que algunos (entre ellos él). o subir agarrándose de los agujales. dirigíanse al salón de estudios.para alcanzar sus nectarios. completándose en éstos el denominado bandera nacional. arroz y frijoles colorados. y corno postres dos guineos. la de alba. y antes de dormir. . convertida en «Isabel la aguja». De cuatro a cinco. al cabo del primer mes acepta. una hora de recreo. y cuál sería el fastidio. y diez minutos después. tan uniformes y reglamentados los días! A las cinco de la mañana. De nuevo al estudio. el convento en pelota. bostezando. y luego. o jobos. según la estación. preciso es trepar por los bejucos tramados „que suelen ceder al peso. en fila india. como no había baños en el plantel. peinados. invierno como verano. padecen en el espacio estrecho de las aulas. en donde. baño general. ninguna distracción vale como tenderse boca arriba. El recuerdo de tales cosas le hace reír. Para Antonio. interrumpida por quejas de vecinos quisquillosos. Allí lo pasaban mejor.

manifestábanse entonces el polvo en el piojillo de las horas. disputándose quién nadó hasta peñita. En primavera y verano. o el brazo en cabestrillo y con el relato. Desde las ocho de la mañana. se deslizaban hasta los naranjos. naranjos. ¡Zoquete quien revelara! Antonio aprendió en sus propios carrillos que importaba más callar. recogidos en la madrugada. los bananos. mangos y caimitos. a vergajazos. desguazando mangos. con puños. Había. tenía sus variantes. con paradas en el pueblo de Los Minas. participaba en ellas. y los árboles que la víspera fingieron grandes vasos de malaquita incrustrados de áureas gemas. encontrábanse baúles y pupitres atestados de naranjas. amanecían libres de las pesadumbres de las pomas. pies. pero como Antonio poseía la maña necesaria para captar las gallinas que dormían en el higüero del traspatio. o a pedrada limpia. hinchadas las caras por la ponzoña de las avispas. mameyes y cocales. ahogándolas sin que gritaran. separados en manos y escondidos entre las cepas. Don Marcelino. hasta curazao o hasta santomas. el patio con sus escondrijos era palestra: a pares o en pandillas. Sonadas las doce. de enero a diciembre. a pesar del tirano que la regía a precio de cardenales y encierros. arremetía al modo de amigable componedor. goteados o trepando por las ramas a favor de las paredes. en otoño jobos. el secreto se conservaba fielmente. uñas y dientes. para sancochos y locrios. Durante el día. y en una cinta negra en letras doradas «Colegio de San Luis Gonzaga». pues forasteros y huérfanos quedaban en libertad en el jardín. hecho entre risa y pavor. Los domingos primeros de mes eran gloria pura. y en invierno. tan provisto de frutales como un huerto. y los paseos en bote hasta los Tres Brazos. rebasando la punta de La Torrecilla. Además. para comprar casabe de ajonjolí. pues. traidoramente esgrimida. según las consejas. y alguna vez cuchilla. caimitos en Pajarito o limoncillos en San Carlos. y así. que no temerles. y el calabozo apaciguaba los ánimos. y la irrupción en las quintas vecinas. en la noche vagaban las ánimas en pena de aquellos cuyos huesos suelen encontrarse excavando el suelo o que reposan en las tumbas de cal y canto que aún existen. naranjas. se ventilaban las cuestiones de honor. heridos los pies. cuya madera frágil causaba frecuentes caídas. y empinados sobre los poyos de piedra o resistiendo clavadas de espinas y rasguños de los muñones resinosos. Esto llamábase hacer un nido. no pasaron más pecados que los comprendidos en los cuatro primeros mandamientos. Esta era hazaña de los mayores. Las aventuras de tales asuetos eran tópicos para el mes: el baño en la playa de Güibia. uniformados de rayadillo. jarto reso y conservas de coco y naranja. se practicaba un registro. o se disponía una confesión general. La rapiña de éstas constituía la más escabrosa empresa: por claustro y patio. el patio. con sus opimos racimos que. haciéndoles otomías a los campesinos que allí trafican. Cuando acaecían tales depredaciones. por la rejilla del confesionario. y las excursiones a comer guayabas a los montes de Galindo. se desbandaban por las calles capitaleñas quienes tenían en la ciudad familias o encargados. Toño era de los valerosos. o por El Placer. y al pequeño mercado del Ozama. cabeza. a gatas. con los correspondientes baños en los remansos del río a la sombra de ceibos y copeyes o en la playita del Retiro. a los doce días cabales estaban maduros. de haber tragado agua en un cantil. cajuiles. También se robaban las gallinas en complicidad con el propio cocinero. les brindaba. provistos de una funda de almohada. devorados en conventículos. gorras de paño azul con viseras de hule. . que así se nombran las tres peñas que casi cuadran el hondo y amplio balneario. De tales correterías regresaban algunos. desnudos.Pero tan monótona existencia. mas. consumaban el despojo.

rompió a reír. en cada dedo un dulce. miraba espantada cómo aquellas manos ágiles. se les autorizaba el asalto a las bateas de las vendedoras de dulces que. sonándose la piel de la barriga como un tambor. en viéndole pasar. y le manearon. él. pudines de a dos libras. tenía ganas de sentirse pinpin. pegados en las orejas. siendo lícitas todas las diversiones. y eso era lo de p p y w. fuentes de trémulas natillas. le oyó la voz cantarina. los pies. Los primos eran tímidos. Era el Padre que venía a despertar a los acólitos que le ayudaban a misa. sin derecho a repetir. todo medido. corrió a encerrarse con su botín. Además. y de los guayabales de Galindo y la Fagina. El Padre. gandío! ». confites y una banderita en el ápice— que entraban majestuosas en manos de la negra azafata. a compás del chorro: « ¡ey. Así discurrían semanas. meses. años. los frágiles y levemente dorados merengues. sabrosos muslos y alas. llenas de fragantes licores. presidiendo su imagen. Al primero se le hacía el novenario. «¡muchacho gandío. dos días magnos. de pasta tan suave como los bizcochos esponjados. y como esto lo sabían las interesadas. a filo de las tres. revestida de cándida sobrepelliz. jamás mereció la merced divina. suspendíase toda suerte de castigos. pero cuando pasaron las mariposas de San Juan. y ¡con qué ganas!. se indultaba a los presos y se penaba a quien fuese con chismes y quejas a los superiores. de corazón fundente. que los pilluelos cazan en las calles con varillas de coco. acostumbraban poner tienda bajo la propia ventana del Rector o a la sombra de los naranjos de la Virgen. su voz estridente gritaba: «este condenao me está perdiendo mis hijos». su presa preferida era el pescuezo. de esos pollos silvestres nutridos con hierbas . En las primeras vacaciones de verano se hospedó en casa del tío Tomás. que al romperse corren por las barbillas. empaladas las distintas figurillas acarameladas. las pastas de leche. y ésta. con prohibiciones. y los gordos canteros de pan de batata. reposado arroz con leche. regañona. ey! ¿quién es el soldado meón? ». cual cangilones de noria. si la hubo. las botellitas. deleitándose.Pero entre todos los del año. Dos veces. baqueanos de los caminos de Güibia y de La Fuente. exclamando en tono tanto más alegre cuanto era raro. se abrían y cerraban apuñando los piñonates melcochosos. espolvoreado con canela. A cada paso. se fastidió. únicamente. ¿y no había inventado ¡mal rayo lo partiera! que del pollo. vestida de limpias y sonantes sayas. el bienmesabe. recordando aquel su salto felino. chinchosos. orinando por una ventana del dormitorio que daba al claustro. para caer sobre la repleta batea de la mulata curazoleña que. traían su venta íntegra. en su mayoría golosinas —frutas. criados entre las faldas de la madre. ésa y una madrugada en que. y el del Rector. El Padre pagaba. señalábanse en el calendario del Colegio con dos cruces: el del patrón San Luis Gonzaga. le tenía ojeriza. el azucarado huevo-mejía sobre papelitos de veriles plegados. el alfajor empolvado como presumida señoritinga. santo joven Luis Gonzaga»—. y en la mesa. después del mediodía. dispéptica. con el amargor del palomo. San Francisco Xavier. Desde la víspera de ambas fiestas. blanqueados con suspiro y adornados con grajeas. a pesar de la garantía. echando de menos el bullicio del colegio. tal un instrumento de tortura. la capillita del estudio. Antonio se ríe. y ante ella cantaban a coro —«pide a Dios que yo te imite. las palmas agobiadas. los chupa-bebis. ¡cuánta cosa buena! Los bolsillos atestados. intercesión que. en busca de un rincón oculto entre cepas y sarmientos para darse un atracón. que después de las mosucasdel colegio. y a chupar carreteles le condenó mientras los demás engullían tiernas pechugas. surgió de las tinieblas mudas. El segundo sobresalía por la copia de regalos.

en el gran salón de actos. y púrpura y sobrepelliz dieron en el calabozo. reuníanse las familias de los alumnos. mañana para ayudar a misa. tres veces al día. se desvanecía de rodillas en las duras gradas del presbiterio. pronunciar con genial desenfado el discurso en español. ¡Cómo escamoteaba padre-nuestros y avemarías. Estas punzábanle conmoviéndole hasta las lágrimas. . por supuesto. se le olvidó el texto. Allí estaba más a sus anchas. Don Marcelino vigilaba menos y se emborrachaba en grado tal. En las procesiones. levantábase a las tres de la. y sin vacilar.. el Padre le arrojó a puntapiés. y en las fiestas solemnes. que en el pueblecito batía el dulce de leche sin cesar para vestirle. En la prima noche. griego. para maravilla de la concurrencia! Cierta vez. con altas ventanas enrejadas a la calle de la Universidad. engullirse los recortes de las hostias. encarnado como pitahaya. un oficiante desapegado. alternando. los muchachos repicaban su goleta. El escozor de semejantes agravios removíale las entrañas. aludiendo a que aquél era empleado de aduana. Mas. cuando una piedra certera no le rompía la cabeza al infamante. quienes en él vinculaban el éxito de los exámenes. echando el incienso en cantidad producía humo negro y de olor ingrato. y el hijo de. aunque desaplicado. pero sí castigó siempre. de las suntuosidades litúrgicas. con la sotana de púrpura. inteligente.. atento más que a las puertas del paraíso a capar el dinero que los feligreses depositaban el cepillo. ¡Cómo bramó el viejo inquisidor hasta que el propio Padre lo libertara! En los primeros exámenes de fin de curso. conjugó los verbos ser y amar. el tío Tomás había mejorado de situación económica y le enviaba la comida. próximo al departamento del Rector. pues en esas ocasiones recitábanse hasta en latín. predilecto de los profesores. salves. en ayunas. Por otra parte. las injurias alusivas a su madre. ¡ Si en tales instantes triunfales le hubiese visto su madre. así. si le hubiese oído. ninguna huella en su espíritu. Antonio demostró los buenos elementos aportados de su pueblo. en realidad. le zamparon en el cepo. que una noche. cansado de encontrar aquel diablillo en la sacristía. rodeado de beatas hediondas a andullo y a cucaracha! Empero. hacíase notar por sus travesuras: si le confiaban el incensario. Los éxitos le acercaban más y más a las puertas del plantel. francés e inglés. mientras el maestro. sintiéndose alabado cuando atravesaba el salón con su carga de premios. le fulminaba con las miradas. confesaba y comulgaba con más frecuencia. finando su servicio religioso sin haber cultivado la matita de mística reseda. y en veces. y cuando de gala. los jurados y los profesores. no podía reñir por parejo con quien remataba una disputa con un «tu tío es un ladrón». se quedó en el colegio. acumulaba sobresalientes. novenas. reventaba de satisfacción.aromáticas? En las vacaciones siguientes. Entonces. y tras una maldad de a folio. el colegial a quien se le confió el griego. ganó varios premios. pacientemente aprendido. Sus conocimientos crecían más que su cuerpo. y aprovechar los cabos de velas y cirios para fabricar gallos y boliches. fue un buen alumno. seguro de que sólo el catedrático caería en la cuenta. expiraba bajo su puño en los labios ensangrentados. sin medir el tamaño del contrario. de puntillas en la tribuna. balanceábalo de manera que las brasas cayeran sobre la gente apiñada en las bocacalles del trayecto. con engañifa. tercios. Fue. alentando envidias y rivalidades. si la naveta. y descendió saludado por salva de aplausos entusiastas. de las frecuentaciones de la iglesia. El Padre le hizo monaguillo y lo trasladaron al dormitorio de los que pagaban. desde las cuales se espiaban los patios de las casas fronteras. en cambio. En septiembre ascendió. Al cabo de los años.

quedábase mirando a aquel poderoso. resolviendo problemas aritméticos o ecuaciones algebraicas. a Moya. alias Lilís. o bien subyugando hombres. Rompía el silencio una lagartija reptando entre el follaje. enredábase en mil cálculos por los que llegaba a ser presidente de Francia. IV Corría el año 1886. Cuando un enemigo caído le gritó que su padre fue al lugarejo a darse baños porque estaba podrido. no retrocedía ante los obstáculos ni le temía a los muertos. seguido de tropas y de muchedumbre. Estas nociones científicas alimentaban su mente. con fama de valor e inteligencia. eran dos estampas: la una. y. en la cual las lianas habían tejido una hamaca. Veíase muerto. hasta que una ráfaga retozando con las anchas hojas de los bananos. propios de sus años. energía. en el concilio de mitras deslumbradoras. sus placeres y sus beneficios. encalabrinada por la lectura de las novelas de capa y espada que le prestaba el guardián complaciente de la biblioteca pública anexa al instituto. laborioso. que ya había ejercido la magistratura. en donde se alzó en armas. la gente ignara creíale brujo. y en duermevela delicioso. atemorizada. de repente. atraíale con sus encantos de poesía y misterio el estudio del cielo. imaginando una vida gloriosa de luchas y triunfos. conmilitones de los tiempos pasados. Meses atrás. y quien. perseguido. un grabado de «El Correo de Ultramar»: el entierro de Víctor Hugo. valor. la Capital estupefacta vio cercada la casa del ex-presidente Guillermo. vencido por su rival Heureaux. y él. y Benito Monción. a la juventud recién nutrida por las doctrinas de Hostos. Antonio apartábase de los entretenimientos. tenía en su haber los resonantes éxitos militares del Cibao y Boca del Vía. congregó en torno suyo a los azules liberales. La una proclamaba a Ulises Heureaux. aunque huérfano de popularidad. de quien se había sorbido «Los Miserables». sirviendo de cimientos a la empresa. durante el recreo. en un féretro. a la postre murió por su propia mano. de rato en rato. levantando el cuerpecito. aun cuando en las mismas filas militaran. inteligente. se recogía con un libro en una apartada celda del patio. Instalado en ella. leía con avidez. Presidía la República un general de treinta años. un cromo. Pío IX promulgando el dogma de la Infalibilidad. y que. y. vagamente supuestas. En las tardes. permaneció clavado muy adentro. le mordió. dedada de miel en el áspero cáliz de las flores. solo. Era inexorable. en los guarismos que escribía con tiza en el pizarrón. después de apagar a tiros las lámparas. le escupió con rabia hasta dejarle túmido el rostro. le ofrecía. señor de horca y cuchilla de la Línea Noroeste. y a cuantos poseían aspiraciones y soñaban con el progreso. luciendo al sol la membrana traslúcida del cuello. acosado. escapar por los patios. muerto un yanqui. y Monseñor Strossmayer irguiendo su rebeldía en el púlpito. además. entregábase a divagar. con algo de donjuanismo. Dos candidaturas presidenciales se disputaban el triunfo.haciéndole llorar entre las sábanas. empero. le pateó. sus virtudes: audacia. herida su señora. La otra. le placía más la soledad. su primer dolor de hombre. A medida que sumaba ciencia. . joven de atractivo talante. mas el dardo. la otra. que por cierto no fue de gracia. Sus imágenes de la gloria y grandeza humanas. huyendo hasta ganar la provincia de Azua. La Historia le enseñaba con sus espejismos el secreto del poder. presentía la fuerza del oro.

en el atrio mismo del Palacio del Concejo. la imagen de Nuestra Señora de la Altagracia. y en las propias barbas de las Comisiones fiscalizadoras les sustituían los votos. La tarde de un domingo. En pequeñas . Miguel Ángel Garrido. Los externos traían el eco de los sucesos. García.. A la oratoria cordial de Federico Henríquez y Carvajal. García opina que sólo el propio Lilis podía haberlo puesto. se siente solicitado por este candidato a quien había visto alguna vez jinete en potro overo de larga cola. después de paisanos. Los Comités Centrales dirigían con tesón la campaña. oponíase el ingenio del poeta Scanlan y el del coplero popular Juan Antonio Alix. Cestero y José G. exprimidos de la malicia campesina y de. En las aulas. que servían a Lilís en décimas chispeantes. llevando la voz cantante. coaccionaba. con el imperio de sus nobles pasiones. tertuliaban hombres notables. Ambos candidatos tenían para su guarda y defensa escolta de valientes. en la mañana y al crepúsculo. entre todos los que luchaban en la prensa y la tribuna. se les conducía en rebaños. cuyo tío es partidario de Moya. banderas. a lo cual opuso el Presidente: «no. los de Lilís. el negro llora de noche». entre estandartes. y el vocerío de las fiestas cívicas transponía los altos muros. Los adictos se agradaban luego. custodiada por centinelas. Mariano A. repitiendo que cuando la cola estaba en el arquillo de la calle Santo Tomás. desfila por las calles brillante y numerosa manifestación moyista. y al pie de los Manifiestos impresos. pugnando por Moya. recogiendo las palpitaciones de ambos partidarios. En todos los pueblos de la República ocurría otro tanto. tomando el camino del Cibao. fue el turno de los lilisistas. A las adhesiones sucedíanse las protestas por usurpación de firmas. se libraban batallas. Votaron las tropas. apretábanse millares de firmas de vivos y difuntos en pro de cada uno de los candidatos. A la octava siguiente. un negro lacertoso y bellaco. cambiando los nombres para que sufragaran dos veces y hasta tres en un colegio. Y el mismo Presidente solía concurrir aportando comentarios picantes. ya la cabeza había alcanzado la plaza de la Catedral por la del Conde. músicas. con un gran perro al lado. Los comicios duraron tres días del mes de julio. los moyistas protestaron. rociaban la arena con su partidismo ardiente. se dividían en moyistas y lilisístas. y entre los plátanos. con calor. había aparecido escrito con carbón un letrero que decía: abajo el negro mañé. más agresivas en el uno y no menos tenaces en el otro. Moya montó a caballo. En la Librería. A los campesinos se les afeitaba. Además. la observación urbana. En la capital. frente al parque. el fogoso.Antonio. y travestidos. Los boletines por Moya lucían en el reverso los galanos colores nacionales. y que no se cayó un día que se le encabritara. Por las ventanas del colegio entraban las lenguas de fuego que abrasaban las calles. vivas y cohetes. altivo. inferiores en cantidad. que en la casa de Lilís. en el cual confundíanse el amor a la ciencia y las simpatías por el caudillo. de las conversaciones y disputas escuchadas en las casas. en banderas y en indumentaria.La atmósfera se caldea pronto. en donde se efectuaba la función electoral. Apoyado por la autoridad. Y un coro de carcajadas acogió la ocurrencia maleante. La juventud recién salida de las aulas de San Luis Gonzaga y la primera hornada de la Escuela Normal. cierta mañana. Una madrugada. primero de uniforme. perteneciendo la supremacía al grupo que contara con la autoridad. amén de repetir en San Carlos y Pajarito. soplan las llamas. su tipo predilecto era uno de sus profesores. y los periódicos. Referíase. a pedradas.

conservaba su empleo en la Aduana.. granjeó los sobresalientes de costumbre. pero sí el telégrafo de los campesinos. se hacían familiares a causa de los pleitos que en ellos se libraban. y en la repartición de premios recitó el discursito. aparece. con la que se encerraba en la letrina. era amigo particular del Presidente. Y las propagandas comenzaron en la medida de la expectación. El tío Tomás. Los de ambas facciones las aliñaban según sus deseos. y un cuarto de hora después estaba en el calabozo. pasaron los tres cadáveres destilando sangre. pero. y un balazo en la cabeza. en el techo de la casa junto al mar. y por la calle del Arquillo. suena un disparo de revólver. y el Hoyo de Lima. ¡Buenos tiempos aquéllos! Conquistó a la negrita sirvienta de la casa. El sol alumbró una mañana la ejecución sumarísima de tres presos políticos. al extenderle el brazo en tal actitud. hubiese previsto los sucesos de aquellos días. se afirmaba. frente a la Catedral. las elecciones son libres. y se combinó un golpe de mano. que sobre el pedestal de granito. sin embargo. No existía alambre. se decía. puso en ella su clásico machete de cabo y arengó: «señores.. Ahora a las diversiones del patio se unía el interés por las noticias políticas. Se organiza con actividad una columna a las órdenes de Lilís. pero al que no vota por el compai Lilí. lugares que Antonio ignoraba a pesar de sus estudios de geografía patria. En alta noche. Billini.comunas se registraron miles de electores. Las más disparatadas noticias corrían de boca en boca. en el negrito (ataúd común del Hospital militar). una noche. delatados. porque. soplando a los vecinos para ser oído por el examinador y protestando cuando lo hacían con él. la Ceiba de Madera. desocupada previamente por Moya. Un mediodía. Se formaban planes en los corrillos queriendo transmitirlos . Antonio había estudiado poco. Las nuevas llegaban del Cibao con asombrosa rapidez. Pasó las vacaciones en casa del tío Tomás. en la Línea. según argüía. las alegres canciones de una parranda rompen el silencio. la estatua del Gran Almirante de la Mar Océano. caídos los lienzos sobre el zócalo. Los ciudadanos pusieron sordina a las voces. el Aguacate. Lilís entró en La Vega. y Monción. El 21 de julio se pronuncian Moya en La Vega. Villanueva le espera en el «Sillón de la Viuda». para combatir la revolución. pues le habían sorprendido escondiendo en su pupitre los dulces que le cometía brindar a la concurrencia. le trozo la cabeza». se encontraron piltrafas de carne y los troncos cercenados. El Gobierno cae. Heureaux salió una hora más tarde al frente de sus tropas. con su natural despejo. sentándose a la mesa de la Comisión. practicando el cuarto evangelio con sigilo. y ya se le veía caer en la emboscada en aquel estrecho pasaje de la montaña. enmarañando la madeja de las propagandas. señalando hacia el Cibao. al primer empellón. fueron cercados en las casas en donde estaban reunidos y capturados los jóvenes que debían realizarlo. se conmovieron los rocosos cimientos de la ciudad: había explotado la dinamita que dos franceses preparaban aceleradamente para Lilís: en las rendijas de los tabiques de madera. esperaba el momento solemne de la inauguración. candidato a la vicepresidencia. A la mañana siguiente. En la segunda quincena del mes se celebraron los exámenes. fue preso y muchos otros más. valiéndose de mañas. como si el escultor. aunque moyista puro. y de una se cuenta que el Comandante de Armas.

Yo pa mí. provistos de un cordel que mantenían tenso. debatían sus prematuras controversias políticas. o bien. En tales hablillas. le hirió con una lezna en la rodilla.En casa del tío Tomás. cuya punta había sido embadurnada de la más ruin materia. la desesperación de aquel Hilario. con sus secuaces. el mayor esgrimía un garrote. sólo le halagan las conversaciones de la tertulia de su tío a la prima. para después. saqueando los ventorros. manco y fañoso. cantaban: General Benito Yo se lo decía Que en el Aguacate. Yo Lilí. tirando el cordel escabullirse con la presa. afectos a Moya. otro clavaba un anzuelo en un racimo de guineos. Aquellas vacaciones fueron realmente las últimas de su infancia. en la puerta del patio. tratando de explicarse el retroceso de la revolución. el tío Tomás. los cuales glosaban a su antojo las noticias del día. con el paraguas viejo. y quien les apedreaba con furia. una mano de amigos íntimos y correligionarios. y la disputa se prolongaba hasta que un transeúnte intervenía. El olor avisaba al emporcado su mala ventura. y cada uno desarrollaba allí sus inéditas aptitudes de estratégico. y corriendo en dirección contraria a los pasantes. Si no te gusta. descaecido. por las calles trajinaba gente de armas. La muerte de los generales Cartagena y Tavárez. Las negras en los patios. Fue Antonio. con guayabas. o en un haz de cañas y hasta en un tocino. También solían ir a la briba. el único que produciría el triunfo en brinco y medio. siervo y beato de la Catedral. que las propagandas daban jugo sustancioso a la charla. Para unos. larga americana de dril. Tomás García y Linares. tiraba de él y corrían todos como alma que lleva el diablo. Si tú eres Moya. jefe del enemigo. Comisarios de policía. ¡ tanto mejor si era una beata! El del palo le suplicaba que se lo agarrara y cuando éste asía la punta. extra-muros. de acera a acera. o en Galindo. a quien gritaban ángel de un ala. bajo su jefatura. gallina de una pata. Desatendido de la caza de mariposas y lagartijas. y de Rivié. les derribaban en el arroyo. congregábase en las primas noches. Cuando rondaban por una calle. criticando las operaciones militares y exponiendo su plan. con voz de emasculado. lavando.. en tanto la burlada llenaba la calle con el escándalo de sus maldiciones. los fondillos flojos. curada y vendada la herida. los mataperros del barrio. hasta el hueso. De día y de noche. ¿Por qué habían dejado llegar a Lilís hasta La Vega? se interrogaban. La vieja salía. el gran golpe habría sido prender al Presidente Wos y Gil cuando estuvo en La Vega: . eran el espanto de los moyistas. y a pedradas en la Sabana del Estado. También. un negrito. entontecido por aquellas burlas. pues eran tenidos por hombres de empuje. según la gráfica expresión. y organizó. hasta que una noche.telepáticamente al caudillo. al abrigo de miradas inquisidoras. Desde luego. para lo cual. El pequeño exigía: «sin palo». concertaban una riña entre dos de corpulencia distinta. le sacudió el polvo. entreteníanse. Menuda follisca se armó en la casa. aplanó a los moyistas. mientras unos distraían con regateos a la ventorrillera. los escondidos salvaban los muros medianeros preparándose a correrías por toda la manzana.

si ése fue el plan de Villanueva. pero lo que yo sé es que revolución que no avanza retrocede. —Pero. que no era hora de hacer capú. en su misma cara. qué imprudencia. —Ah sí. el hombre de Santiago. puede entenderse con Gautier y Damián. que le emboza el rostro. y le darán mucha agua a beber al Gobierno. en compañía de una nietezuela. zambo sexagenario. no seas pesimista. a Lilís en el Sillón de la Viuda? Eso sí era darle en la yema. y. sosteniéndole a don Pablo. porque ésos son como el maquey. Y si se perdiere de momento. la cabeza envuelta en un abrigo de los que llaman de piel de cabra. que vivía en una casita semejante a un palomar. —No y no. ha sido ésa una debilidad de Casimirito. —Bueno. Y se relataba entonces que Lilís poseía dos muñequitos. . con aspecto de lavandera en solicitud de algo a cuenta de la ropa. rodeado de laureles rosa de sangrientas flores tóxicas. —Las intransigencias de los sabios nos perderán. a los cuales consultaba en unión de la Vieja María Vicenta Pavilo. los Tiburcios se meten en las lomas y será como cuando la de Los Pinos. Es uno de los amigos. —Todo eso será así. cuando vean al manquito volver con el rabo entre las piernas. que se deja prender asando batatas. Una noche cae en la tertulia. si llega primero. hicotea mea domine. que se ha escondido. —Pero chico. cuyas escrófulas rebosaba en hojas y sucio barboquejo. una vieja. pero Mariano Cestero se opuso. como piedra en charco de ranas. habitante de un bohío de yaguas en el patio del ex-convento de Dominicos. El negro es brujo. —Pero chico. que si no. muy ancha.—Y no hay que darle vueltas. Eso me da mala espina. y con tal disfraz sale a tomar lenguas. Mariano tenía razón. pues que Alejandrito es azul. don Pablo es rojo. Y suerte que no pudo llevar la dinasmita. y de Mauricio Vega. no nos salva ni la chiquitina de Higüey __concluye uno. y aployarnos. Dejémonos de ilusiones. Cuando se descubre. —Y Guelito. hay que darles candela. y ¿por qué no esperarían. —No. compadre. como dice Luperón. hay que ser prácticos. el asombro rompe en carcajadas estrepitosas. caray. de hirsutas barbas de troglodita. de almidonada bata de prusiana. el cual transitaba por las calles. ¿cuándo se ha visto perder una revolución que baja del Cibao? ¡ Ya verás sorpresa uno de estos días! Les contaremos un cuento a estos lilises. caray.

Pa bebé café. La cestilla. y seguido de un penado astroso. El recién llegado refiere el fastidio del escondite. dicen. por oír una voz humana. después de .Sólo a ti se te ocurre esto.. El carcelero. y olvida que le aguarda con sus caricias silenciosas la negrita oliente a aceite de coco. escucha ávido. sesentón. no ande por allí el temido esbirro... —Sí. al abrirse. casi por caridad. El alcaide entra. en tiempos de Báez.. —Uenos días. puesta en la cabeza la tabla de pan de gloria. avanza hasta la mesita. caminando a trancos. belfos fláccidos y. y le mojaron las nalgas con agua salada. desde su rincón. húmedos. él se presta a traerle las comidas. Se encamina a la mesa. con ancas de eunuco. En tales noches. macizo.é Tostaíto. é. Sin duda que el alcaide lo recibió a las ocho de la mañana y se lo sirve a las diez. —Hombre. Antonio. —Buenos días. las carreras por los techos. V La llave gira en la cerradura. no le importan las diversiones callejeras. Pa tomá con té. por hablar. salvando paredes.. chirrían los goznes. —¿Y si te topas con Tomás García? Y las miradas escudriñan recelosas. en la penumbra. evocando la figura de aquel negro viejo. siquiera fuese la propia. «dicen que viene y no viene ná». algunas erizadas de fondos de botellas. quebrada cintura. caray?. portador del cestillo de mimbre. argollas de plata en las orejas. con el manojo de llaves pendiente del cinto.. desflecados los bordes y rotas las asas por el trajín. como cantaleteaba el viejo Silverio claveteando las suelas. sin perder palabra. que pregona por las calles al son de: Pan sobao. inmóvil para no ser advertido. interpela: —¿Quién lo trajo? —El viejo. rechoncho y vulgar.. contiene el desayuno. esquivando las puertas abiertas. la estera que la luz ha extendido sobre los ladrillos. el cerrojo rechina en las anillas. y al fin pregunta: —¿Pero qué hay de nuevo y de cierto. y los accidentes por las calles. Antonio. Como en la casa no hay criados. y la puerta parte. barcino..

por donde se comunicaba con una casa del vecino callejón. un pan partido en dos. Un profesor encomió un borrador que le fue aprehendido en un libro de texto. untado de mantequilla norteamericana. soplos caldeados del ágora. y una arepa de maíz amarillo. que arrojaba al balcón cuando estaba sola. Sus compañeros fueron entonces jóvenes que le superaban en más de tres años. Antonio. y al entusiasmo en los moyistas sucedía el temor a las persecuciones y venganzas. Tras el último sorbo. Antonio ensarta de nuevo el hilo de sus recuerdos. Masca callado con desgana visible. y su satisfacción rebozó el día en que le encargara repasar la lección: parecióle recibir el mandato de comunicar a los demás la influencia que le . Tiene ganas de charlar. Ningún elogio le placía tanto. y la imagen de una muchachita. Supino sobre el catre. hermana de uno de los condiscípulos. a su vez. El preso. que repetían lo oído en sus casas. Las noticias se reflejaban en las caras de los externos. El alcaide se balancea en el mecedor. deseando imitarle en todo. y sus jugos acidulados le producían sensaciones perturbadoras. y traía a las aulas el rumor de sus polémicas. sin que a su vez la chupa bajara más allá de la rabadilla. avivarían los odios. adobadas por los intereses de cada bando. Sus compañeros le distinguieron. Comenzó de nuevo el desfile interminable de los días. se le engarabitaban por encima de las rótulas. en las de a medio. pero la altivez de Antonio le cohíbe. sorbe por el pico el café frío. Dos simientes trajo en el espíritu. El alcaide recoge la cesta. extrae la cafeterita de hoja de lata. le habían de distraer de los estudios: las pasiones políticas hervorosas. puso mesa de memorialista. y así. las cuales. Cuando el 1° de septiembre volvió al Colegio. y la prosa inflamada y restallante de sus artículos. y las golosinas que traían las dulceras. él era el único que vestía aún calzones.. A solas. al fermentar. nunca le da pie. encogida la tela por las continuas lavadas. que con la altanería de los vencedores. y escrito cartitas. Siempre seco. escribiendo las cartas amatorias que los compañeros enviarían los domingos de salida con las criadas. expanden sus pestilencias. agitándose. en cuyo ambiente respiró durante las vacaciones y que continuarían entrando en ráfagas por las ventanas. Antonio. Así se inició en las letras. cambió de clase. y por cierto que. aumentándose sus simpatías por aquel de sus maestros que tenía en los tobillos la huella de los hierros.un registro minucioso. mientras el penado carga en hombros el baché con las excretas que. el preso le recomienda: —Mande decir a casa que me envíen ropa limpia y libros. entrevista en el patio en las visitas de los sábados. y. En ambos frutos en agraz mordió con ganas. difundíanse por aulas y claustros las alternativas de la guerra hasta que se supo que Moya y Monción habían traspuesto la frontera. o lanzarían los audaces con su propia mano. y de un tirón cierra la puerta haciendo sonar con fuerza el cerrojo y la llave. el porte viril de su testa. habituado a tales penalidades. que compraba por un agujero practicado en un muro del patio. a fin de ganarse las motas para los jalaos. a Napoleón. se sintió superior a ellos. ensayaba sus gestos. se refería a César y a la conquista de las Galias. escribiendo en la mesa desvencijada de la clase las cartas a la novia. y la tarifa que regía su industria marcaba sus admiraciones: en las de a tres por un real. y a la cual había hecho plantón al sol y bajo la lluvia en la esquina. Entre bocado y bocado. obstinada en durar sin estirarse a la par que el dueño. Lilís había triunfado.

que volteaban en cada esquina al grito de . Pardo. y los chicos. o dibujaban en sus memorias perfiles que al discurrir de los días les hacían reír o añorar. cayó sobre el papel. arriesgándose de cuando en cuando por el de las meretrices. un tanto indiferente a la inquietud de aquellas adolescencias. y si las truhanerías le sobornaban. al azar. sin embargo. pulcro. Dos no olvida Antonio. figuras errantes de proscriptos o traídas por el oleaje de la vida. y un inglés. les echaba. por las aulas pasaban de tiempo en tiempo. La reclusión pesábale. dibujando a la pluma. profusión de cascabeles. seguida de vagabundos. La recia palmeta de roble se alzó indignada. era una simple lección de geografía. con el ardimiento de la sangre nueva y sana. Tales aves de paso. bien infladas y hasta limpias. sustituidos por pandillas organizadas por jóvenes. nutrido de ciencia.dominaba. y profesaba las de francés y astronomía en mal castellano. ¡El Prefecto no les inspiraba ya temor! La tos. descalzos. rompiéndole el pecho cavernoso. de fluvial barba blanca. e hiriéndole luego hasta provocar su indignación. en la época en que se celebran las fiestas consagradas a los patrones. que tal momento lanceaba al tirano. Lloró con ira aquella debilidad. a los que el espíritu filantrópico del Padre Billini acogía. que en el pueblo riente. caía en servilismo político nada grato —jamás tuvo las simpatías de sus discípulos. Se creía un hombre y reñía con los profesores. y racimos de grandes vejigas de vaca. aduriéndole la diestra pecadora. e impaciente. tenaz. Aquello no se había visto jamás. cencerros. alto. Cierto día le pilló aceptando una dádiva. quería realizar. mueve y mueve la paila de dulce de leche. colgándosele de las barbas. a pesar de la largueza con que les repartía en premio libros y dinero. sacudíale. Transcurrió un año más. Eran los días del Empréstito. cuando hacía sus primeras armas con la pluma. Los diablos cojuelos. En las noches se escapaba con dos o tres de los mayores para asistir a las zarzuelas que en el Teatro de La Republicana se representaban. y hasta con el mismísimo don Marcelino se atrevió. Todos los diablos del mismo color. alzaban el puño. que decía descender de los Courtenay de las Cruzadas. laborioso. quien. el recuento de cuyas campañas periodísticas y duelos les distraía en la asignatura de lectura razonada que regentó. para perdonar una falta. No le bastaba vaguear. timbre del plantel del cual procedía. Antonio cumplió los dieciséis años. con un macuto lleno de maíz en el brazo izquierdo y una escoba enastada en la diestra. y de que nunca les pegó—. ¡Cómo se pondrían la madrecita. y por intermedio del hermanito de ella recibía cartitas que le sabían a almíbar! El carnaval de este año señala un hito en su existencia. puercas vejigas. en la cual las maderas tintóreas de Chile se mezclaban con aquellos nombres de ríos y montañas que las hazañas estupendas de conquistadores hispanos y libertadores americanos han hecho célebres. La pluma. el venezolano Miguel E. La vieja roba-la-gallina. Antonio formó en una de ellas. que en antes recorría las calles. o recorrer los barrios en busca de sancochos. arrojaban una semilla. pues había sido correspondido por vez primera. rojos o negros. lucían carátulas finas. Ningún castigo le dolió tanto. y campanillas. deslumbrándole primero con su lujo. que le rebajaba ante su modelo. medía el lapso que le separaba del fin del curso. Tascaba el freno. Las lecturas en la quietud del patio excitaban sus ansias. de toscas caretas. que seguía las explicaciones. un medio. Entre los profesores se contaban un extranjero librepensador. y la novia. las manos finas. ¡extraño contraste! siendo probo. Además. y otro. de cuyos exámenes saldría armado Caballero de la Ciencia con su título de Bachiller.

frailes. huía desalojada de sus dominios por las comparsas de indios emplumados y relucientes de cuentas. de vecinos de los solares del Almirante y Aguacate. por haberse opuesto en la prensa al Empréstito.Roba la gallina. a los notables de la política y del comercio. payasos. y con el mismo impulso que le empujara días atrás bajo una careta bicorne. que en las Pascuas del Espíritu Santo venían desde su aldea fluminense de San Lorenzo a bailar sus tangos africanos al son de los cañutos. enhiesto en las bocacalles. que disfrazando la flor y nata capitaleña. que conservaba su empleo en la aduana. rumbamba. y sé prudente. agitaba las manos de los privilegiados que al sol primaveral encadenaban la autonomía financiera de la República. El tío Tomás. copia de rosas. arroz pintado. trenzan danzas. oriundos de Curazao. y las flores y joyas con que los magnates. y en el ardor del combate. enviólo a El Eco de la Opinión. y los grupos de dominós. ceñida a las reglas de la Retórica. por las que remedan a los negros Minas. murciélagos y Parcas. pensó con tristeza y vergüenza que su maestro. Lo copió con su mejor letra. que en torno de un mástil encintado. que acompañándose de acordeón y güira vociferaban hasta altas horas de la noche Rumbamba. en las tardes del domingo. pomos de esencia. ¡Cómo había manejado los tropos! ¡Y qué sonoridades tenía su nombre impreso! El lunes temprano. La locura carnavalesca. Manatí. apagando el júbilo de los cascabeles. Palo con ella. o pasmadas por el espectáculo de un navío que navega sobre ruedas. muñecos. quienes derraman sobre las mujeres. rumbaba. callan corridas a la vista de la mascarada que figura la Cámara de Diputados. ovillos de hilo. los sabuesos de la Gobernación le husmearon. preso en la Torre del Homenaje. obsequiaban a tiples y coristas en el Teatro. sentadas en las aceras o asomadas a balcones y ventanas. cotejando las teorías de los economistas sobre el empleo reproductivo de los empréstitos con las escenas de Carnestolendas. y hasta copian el físico de algún representante popular. Ti-ti-tí.. lunes y martes. escribió un artículo corto. déjate de lirismos. comparando el sueldo con sus gastos y los ahorros convertidos en casas. tan perfectamente imitada que pocos hablan. pero contra ellos prevalecieron las puertas de San Luis Gonzaga y la cólera del Padre Billini. pero cuando el Miércoles de Ceniza puso la cruz en las frentes. Antonio. conducen al Presidente. cuanto en las tiendas hay que pueda servir de proyectil más o menos galante. recibió y devolvió los objetos que esparcía la insensatez desde los coches. Rumbamba. objetos de fantasía. compuesta de parejas distinguidas que sobre tallos de caña brava bailaban con elegancia. confites. de seda y raso. y de quien las malas lenguas echaban cuentas. Mi caballero. se sintió arrebatado por el torbellino. Los engalanados coches de plaza y los particulares. divididos en banderías adversas. . monjas.alegran y perfuman las calles en la prima noche y bailan en las casas donde hay piano. que Lilís no olvida ni perdona». para terminar amenazando a aquéllos con el anatema de los Padres de la Patria. le reprochaba su debilidad. y al siguiente domingo le deleitó leyendo su prosa de estudiante. Por ti me muero. alimentada por las libras esterlinas del banquero holandés. aconsejándole: «muchacho. Las mojigangas barrocas. vino a verle y le regañó. y el viento barrió los restos del arroyo.

el del Profeta.En julio se graduó. sin orden ni método. otras por conspiraciones o porque acaecían levantamientos en el Cibao. Antonio.. como medio de vida. con los doce Césares de Suetonio y los discursos de Castelar. comentando los sucesos cotidianos. pero no le fue dable ir a abrazar a su madre. boca arriba.. sazonarla con uno de sus cuentos. si ya casi no restan nombres que tachar entre los firmantes del manifiesto sustentador de la candidatura Moya-Billini. Del ochenta y seis a acá. y hay aún. excelente memoria. se le inculpó conjuntamente con otros correligionarios. corazones leales que en el exilio y en la misma tierra palpitan por la patria. mientras don José. en las propias calles capitaleñas. el busto desnudo. y con su voz meliflua. —¡Qué vida! ¡Ni una ráfaga. cual si fusta candente brillara amenazante sobre las cabezas gregarias? ¡Y a tal rebaño de castrados. la atmósfera escalda en la celda. en verdad. o en las sombras. extrajo algún provecho. en su telar de encuadernador. a pleno sol en el cadalso. de orden del Gobernador». ¿En dónde están los varones? Y la simiente de hidalguía. ¿Siempre le oprimirá la tiranía. escudriña la rúa. se hicieron numerosos presos. tan ansiada. ¡cuántas veces había entrado por la puerta monumental de la Fortaleza. enterrando sueños de gloria y de amor! VI La hora meridiana. ¡y Dios sabe hasta cuándo! —¡Ah!. Leyó con furia.. cuántos tránsfugas.. sin vocación. casi subterráneo. ¿se ha podrido acaso en el fango? Sin embargo. tensos aún los nervios por los lances de la corrida. Su nombre figuraba en las listas de la Gobernación y. que fue encerrado el Descubridor por Bobadilla. cierta vez. que obliga a los ciudadanos a andar encorvados y mudos.. los economistas y los poetas deleitándose con los versos de Mármol contra Rosas. a través de sus lentes.. libertad tan querida. pocos. ¡Qué horror! ¡Entre estos muros siniestros. en verdad. incitado por los títulos o la fama de los autores. el tirano en sus papeles públicos y él en sus artículos denominan pueblo dominicano! . a menudo caen espigas al surco. ascendiendo las gradas de piedra de la Torre! Unas por sus escritos. que corren de boca en boca por el país entre risas y alabanzas. el de Colón. De tales graneros. Había habitado todos los calabozos de la Torre: éste. hasta la tarde de un domingo en que. en este ambiente mefítico. ingresó en el profesorado. . el del aljibe. decíase que Moya y los expulsos se movían. En la rebotica de la Librería. manchado por la tinta nada más. húmedo. donde se dice. También Lilís no desdeña entremeterse de raro en raro a la tertulia. El calor le angustia. frases rotundas y palabras sonoras y brillantes. de doble intención. el de Peynado. había vivido lo florido de su juventud. sin ser cierto. Desde entonces. Lilís tiene. el del pañuelo. Enrique Peynado señala con una raya en un ejemplar del manifiesto a quienes se pasan.. debía permanecer en el asilo del Colegio. la Capilla con su ventanillo que permite robar al celo de los carceleros el espectáculo de unos metros de calle.. Después. ni una gota refrescantes. un oficial de la Policía le puso la mano en el hombro a la voz de «venga conmigo. indigestando mente y memoria de hechos y nombres históricos. Ese día y en el mismo sitio. del incendio de la cocina de un bohío de San Carlos. y escribe la historia en humilde pupitre de pino. mezclando los juristas con Sué y Víctor Hugo. que luego habían de vibrar en su prosa con redobles de tambor. donde Báez mantuvo durante seis años al general Jacinto Peynado. que tiene la forma de un pañuelo esquinado. a la salida del circo de toros.

Figuereo. más o menos periódicas. arrebatando sufragantes de San Carlos y Pajarito al Parque Colón. tras un año largo de prisión. Pero. Marchena. En derredor de su bandera reúnense cuantos de veras anhelaban la caída de Lilís. regresa caducas las aspiraciones. ¿ qué es? se interroga Antonio. Antonio recorrió las calles. Marchena. Al pobre candidato le dejó entelerido tan estupenda declaración. Ni el hermano es de fíar. Se pensó en oponerle el rico comerciante Juan Jiménez. revistas literarias efímeras. espían. Semanarios anodinos. derrotado y burlado en los comicios de 1888 por atabales mandingas. Y Lilís. —Estoy cansado— afirmaba. un diario de información.. el caudillo mesiánico? ¡ Y cómo le escuecen a Antonio las fatigas electorales del 92! Lilís había promulgado su decisión de retirarse del poder. se han apropincuado al festín. Miguel A. La vida es una pesadilla. Eugenio Generoso de Marchena. no era ése el momento. ¡Cuántas plumas rotas! Los paladines del ochenta y cuatro contra Gollito. a caballo. tocados a las puertas de sus comités eleccionarios. y en seguida. Y las esperanzas se alejan cada vez más. se disponía a bajar. el general Morales había resuelto renunciar en su favor. ¡De buena había escapado! . arrebató a uno de sus agentes un puñado de votos. Moya. la comedia no había terminado allí. cabestrero. retira su candidatura.. por haber lanzado su nombre al debate en 1892. peregrinan unos por playas extranjeras. ni poder. Las gentes cargan ese cadáver a la cuenta de Lilís.. ministro de Guerra y Marina. Los ánimos se enardecen. también Antonio y los principales partidarios. Lilís reúne a los generales y gobernadores del Cibao. El segundo día hubo las protestas de rigor. Ni entidad. ni se anuncian los movimientos de los cruceritos de la armada. en el muelle. cofrades. y les anuncia que para evitar efusión de sangre. riqueza. pues según expresión del mandante. otros anotan cifras en los libros del comercio. «ése era el saco en que iba a coger toíta la oposición». con todos sus prestigios de caudillo restaurador. pues. Y por todas partes.¡Parábolas del Anticristo criollo! —Y la prensa. cuyos penachos han atraído tantas veces el rayo.. había ocurrido a destiempo. ni siquiera se es libre para elogiar. desaparecido por siempre bajo el oropel de los funerales. mas a pesar de la ola de cieno calcinante. Las paredes oyen. hartos de ayunos. irritado. y hojas impresas. Enmurado yace el pensamiento. la mirada de Caín que penetra hasta el fondo. sin embargo. aún combaten péñolas: Eugenio Deschamps. después de nueve años de destierro. ducho en hermenéutica criolla. Empero. Los lilisistas se dividieron en partidarios de Nanita y de Figuereo. Una tarde. y rompiéndolos ordenó: «que no voten más mis electores». en donde la campana tañía convocando a los ciudadanos. días más tarde. valor. apoyado en la espada de Máximo Gómez. llega de París unos días antes de los comicios y presenta la suya. y el que se descuida se achicharra. que un italiano industrioso edita. y hoy ni éstas. agregándose: «Lilís le teme». en lo más recóndito. y algunos. destruida la edición del primer tomo de su autobiografía en oculto acto de fe por la propia mano cesárea. La candidatura Morales-Rivas había triunfado. el cañón anunció la muerte del primero. En los días de las elecciones. ni cosa que lo valga. que sólo él tomó en serio. en la esquina frente a la Casa comunal. Morales. ¿Quién. Es un círculo de hierro al rojo blanco. a pesar de pesares. al embarcarse provisto de pasaporte diplomático. arruinado. conocimiento de la estructura íntima de la tiranía. fusilado en La Clavellina. Ya no hacía el cuento de la novia y la escalera. Luperón. Se le atribuye carácter. y los del ochenta y seis contra Lilís. Surge entonces la de Tomás D. Garrido. fue preso.

que cree su prisión fingida. de la cual el sátrapa es remate. y abriéndola con sus propias manos. cuyas rivalidades animó el Pacificador. audaz. descubre las entrañas explosivas. engañados por sus propias manifestaciones. Luego. insaciable pulpo que chupa oro y sangre. le hace un cuento. A él no le importa que sus tenientes roben. transita de un lado a otro. y allí se abatió fulminado por la emboscada. ojea las sabanas. y. fusila a Castillo. a pesar de la autoridad que inviste. medro. a mí no me matarás». ¡así se hace justicia!». Dispone de las vidas como le peta. Toda culpa tiene en él refugio. González. Una hora después de la ejecución. En el Consejo. que el poder es suyo y nada más que suyo!. Lilís convoca al pueblo en la plaza de armas y. va a prosternarse. La villa que conserva en su sociedad la tradición de los caballeros fundadores. permanece una semana. porque así se convino. Así. gobernadores provinciales. pagando dos y tres por ciento al mes por los préstamos que se le hacen.colchón de plumas para caer. maten. da la horrible noticia: ¡todos eran azuanos! y muestra una bomba. los apresa y transpórtalos a su patio de Macorís. en los montes de Neyba. Marchena y ocho más en Azua. ¿Y quién resiste a sus órdenes? Un panzudo y . en presencia de Estay. mueren. en La Punta. el otro en un camino. la da como feudo a un negro sin letras. en tanto el Prelado entona el Te Deum bajo las naves góticas. Tres años más tarde. éste le responde: «pues ahora es tu turno». y cuando éste. al salir del teatro. violen. observa las huellas. centro del sistema. La avaricia. y por ante las tropas formadas frente a la Catedral. que vive. se fuga en un cañonero español y denuncia tratos para arrendar a los Estados Unidos la bahía de Samaná. que a las claras dice: «tú. Y sin tropas. Antonio tiembla al considerar la trama de intereses ingentes. exclama: «General. taimado y matrero.—Lilís logra el máximum de poder. El 27 de febrero. Castillo. Lilís le llama a la Capital. Y Pablo Mamá. y el oro le acorre porque incita la angurria. si no reconoce al viajero. no le teme ni a las iras de los hombres ni a las espinas de la guazábara. de quien busca con sus actos el aura popular o tiene veleidades políticas! Lilís no les perdona que pongan piedras en ajeno bien o. bigardo corajudo. Todos son sus cómplices. arreglándole el revólver que el otro se ha echado hacia adelante. pero ¡ay. mantiene la enemiga entre la autoridad y el pueblo. ministro de Guerra y Marina. mulato bravo y soberbio. ¡Cuántos de sus amigos. de allí en adelante. trepado en una mesa. Lilís reúne luego a los notables en la sala de actos de la Gobernación. los lleva a un careo. afirman con la elocuencia terrible de sus muertes. Lilís le soporta. y en la misma orilla quedan derribados ambos. les anuncia la nueva espeluznante. en todas las regiones. Formidable tela de araña que se extiende por todo el ámbito de la República. y es. y confía el gobierno del distrito a un leguleyo. Isidro Pereyra y Joaquín Campo. Pide un cuchillo. Su voluntad cargó las armas asesinas. Su vida y su poder significan el goce pacífico de tales beneficios. la ruta está indicada por cadáveres. el telón se alza para la tragedia. el árbitro supremo. Ramón Castillo. y. dirigiéndose al director de la ejecución. ministro de Relaciones Exteriores. que reside en Macorís del Este. el uno en la calle. alentaron la ambición de sustituirle o se acercaron a otro candidato. negro ardido y zahareño. detuvo la mula ante un gajo tendido en la vereda. gallea. el Pacificador inaugura su tercer período. Y. de día y de noche. acusa al Gobernador Estay de tentativa de asesinato en su persona. en casa inabordable. que dice preparada contra él.

conmovido por tal recuerdo. cual si le hubiese escarbado una gallina. luego. Impera por el hierro y por el oro. ¿Y quién protesta. por un artículo mal pergeñado? ¿Y en el extranjero. Los conjurados descienden. si come. cintilando en los pelos de tetillas y ombligo. Se le acusó de fraguar la muerte de Lilís. Sus propios pensamientos le infunden pavor. VII El ruido de la puerta al abrirse. mira a Manuel Cruz Bobadilla. Un dólar vale veinte pesos en billetes. en escucha de los más leves ruidos. ¿quién sería capaz de la hazaña libertadora? ¿ En dónde está el héroe que matando. ¡ Son los que van a morir! Pero no. El preso. El país se arruina. frente y nuca. sospecha que los pobres manjares han sido envenenados. desahogando el dolor y la cólera impotentes en un grito mudo: «¡maldito negro! ». les muestra como lección saludable el cadáver del compañero. encarar el pelotón. el panamá inclinado hacia adelante. siéntase al borde del catre. cubierta por una capa de grasa fría.repulsivo esbirro. redima? ¡Quién sabe! Un escalofrío le sacude. le darán cuatro tiros o. y arrimando una silla se sienta a comer. con ademán felino. El alcaide entra con la cantina del almuerzo. La sopa. porque no cumplió una de aquellas órdenes de exterminio. si él. El carcelero se desploma en el mecedor. Antonio lo ha aprendido. El es el amo. Custodio Santo. se interroga: ¿ya? Si despierta al conticinio. que en la fosa del poeta Juan Isidro Ortea. y tiene dinero. y después de aspirar con fuerza. Resopla como un escualo varado. hay que derribarlo. la camisa desabotonada. pobre negrito. Se oprime la frente entre las palmas. muere en las calles de la Capital. En el ardiente crepúsculo. No obstante. parque y pericia? Una idea le martilla las sienes. Voz amiga le recuerda ¡cuánto cuadra a su grandeza la clemencia!. que esa moneda es tan eficaz contra la avaricia como la de Solón. Gotas gruesas de sudor le corren hasta la empella. y. espera la visita de los ejecutores que. El tirano presencia el fusilamiento. en pie. si los cadáveres aconsejan resignarse? Las vidas están a merced suya y el oro es su aliado. demuestra horror por la letra impresa? En la propia cabeza. ¿Y quién chista. Emite papel moneda sin garantía. y Abelardo Moscoso puñaladas en la espalda? Así ha creado el silencio. exclama: . uno a uno. si suyos son los hombres de armas. la fiera. le chispean las pupilas y ordena imperioso: «traigan a los otros». Las cosas alcanzan precios fantásticos. si ha rendido o muerto a los adversarios. El negro poderoso se enjuga. la carne guisada y el plátano salcochado. Pero. Antonio. al pie del Aguacatico. sacude la altanera cabeza. amortajado por las rosas del sol occiduo. Ansía sangre. en el patio de la Fortaleza. marmóreo. Lilís arrojó un ejemplar del periódico en el que éste le atacara. ejecutado preagónico. que no leerá la historia. murmurando palabras vengativas? ¿Y no murió envenenado en esta cárcel (acaso en este mismo cuarto). rubia la barba. El olor de la sangre le embriaga. que fructifica a la vera del río. las narices se le dilatan. duros como suela. inaugurando un ferrocarril. retira la cuchara y el tenedor de estaño. ¿Y no se cuenta. los platos. Sin embargo. toda la sangre. aunque dice riendo. a manos del Jefe de la Policía nocturna. arranca a Antonio del soliloquio. calmada. y tal vez muriendo. no ha recibido Eugenio Deschamps dos balas en el pecho. se dice Antonio. ¡un día será! Cuantas veces se abre la puerta. Recuerda una escena trágica. mientras él afirma. ¿Y cómo. el arroz con habichuelas tan revuelto.

—¿Usted cree? —¿Que si lo creo? No jeringues. si aquí no ha parlo madre otro igual. pagará los vidrios rotos. quince con ésta. qué calor! Antonio engulle a prisa. papá Quin. muchacho. que ya tienes un año aquí. no se compra en la plaza una libra de carne. —¿Y qué hay de nuevo? —inquiere. si que no me gusta. ya tú sabes. —Ahora hay pocos presos políticos. —Se lo agradeceré mucho. muchacho. El Generai está por el Cibao. —Sí. y el Palacio vacío. que estos zapatos me han costado cien pesos hace una semana. allí estarás fresco y te divertirás mirando pal río y pal corral de los criminales.—¡Caray. —No creas na. salir de aquí y al otro día ser Papacotes. —¿Y en qué anda por el Cibao? —Dicen que a recoger la papeleta. Déjate de caballás y arréglate con él. —Yo ni entiendo de eso. que mordían las rejas de rabia. caray. El alcaide continúa: —Mañana voy a ver como te paso al Salón. callado. Cuando él se va. caray. usted. hombre. A más de un gobernador le he remachao . repinga su miajita. que con los derechos por las nubes no ganamos ni para comer. ni lo pare. El Generai lo arreglará to. ni me meto. pero al que no coge el billete. no pasa na. —Pero el país es quien. pero nunca he permanecido tanto tiempo ni tan solo. haciendo una mueca lúgubre. con un peso. y hoy. —Na. —Y el comercio. La República está como una balsa de aceite. con él no hay quien puea. —Pero esa situación es insostenible —replica Antonio con viveza. yo y todos. Mira que yo los he visto. Figúrate. Lilí sabe más que los blancos de la Impruven y les sacará más cuartos. ¿Cuántas veces te han metido? —¿A mí?. a la postre. —Y se pasa el índice por debajo de la papada. no parece ni que hay gobierno. Eso de la papeleta. ¿ qué dice? —Ello.

pero mi compai sí.. —Pero de veras. papá Quin. El barcino. distinto de origen. —Pues un hombre que tiene la virtud de volverse animal: perro. El alcaide se incorpora y concluye: —Sí. nieto. tradiciones y costumbres. —Ello pué que lo sea. y al pecharse con él. ¡pero Heureaux!.. que cree que Lilí es galipote. mira que Lilí está untao y no le entran las balas. se le volvió puerco. La empresa separatista ofrece campo propicio a Pedro Santana que. y en cuyas manos puso la espalda libertadora el consejo de los conservadores. con un poder tan absoluto? ¿Qué hado le solivia constantemente desde las aventuras en la frontera sur. y dime si con un marchante así. ríete. cerquininga de una mata de la sabana.. —¿Y la que le pegó en la nuca en El Cibao?. pero oye lo que te digo por tu bien: arréglate. temerosos de . arrastrando los pies. Su presencia en la Española arroja al Continente y a las Antillas españolas. Los veintidós años de ocupación haitiana habían subvertido las costumbres patriarcales de la colonia en aquella época denominada «España Boba». Ese negro es el demonio y no hay quien se menee. que la conversación con el carcelero ha hecho aún más evidente: la potencia de su enemigo. hasta el Capitolio? Antonio se explica que dominaran Santana y Báez. caray. clausura la Universidad. —¿Y qué es eso? —Ah. hay quien se atreva. siendo pedáneo. hormiga. Antonio rompe a reír. poniendo en íntimo contacto nuestra sociedad débil con el invasor fortalecido en una guerra feroz. nativo de la frontera. más que de guerra. To se lo cuentan o lo adivina. Yo tengo un compadre seibano. A él. Antonio se queda de nuevo frente a la realidad atroz. según se dice.endenantes buenos pares de grillos. por la madre. No seas sonso. odia al haitiano. Será Presidente hasta que se muera. de abigeo. ¿usted cree en eso? —Te diré: yo no lo he visto. que era brujo. —Dicen que es brujo —le interrumpe Antonio. de un prócer venezolano. ¿Cómo ha escalado la presidencia este hombre. arruina los templos y rompe los pétreos escudos nobiliarios de los portones señoriles. le dieron la orden de prender a un vividor de su sección. idioma. gallo. hijo de haitiano. Lo que te digo es que sabe más que yo mismo lo que pasa en la caice. cierra tras sí la puerta. ¿tú no sabes lo que es un galipote? —Palabra que no. la cultura y la riqueza.

y cuatro meses después se ejecuta a Bonifacio Paredes. con la acometividad de los mestizos. y . es una figura de jefe nato. Su valor cívico es grande. con ademán de petimetre se descalza para no ensuciar la mesa del bufete. corta una palma. Cinco veces le alzan sus partidarios hasta la presidencia. pintada a mano. y a las abejas exquisito licor. Cuando en el curso de una discusión tumultuosa. Y tales epístolas se leen con deleite. de brillantes uniformes. para él. le escogieron por caudillo los afrancesados. por consiguiente. Por buenas y malas artes. escribe a los que vagan hambrientos en el exilio. En el peñón de Curazao. el hábito del mando. se impone a todos y restablece la calma. le ordena quitárselos y le increpa por su falta. Es un hombre del agro. brinda al hombre para regalo del paladar la pulpa tierna del palmito. del cual vino y a donde caído o alejado del poder. aprendió en la lidia con los toros las mañas que sirven para sojuzgar pueblos. produciendo confusión inenarrable. es el mismo que sus contemporáneos han visto acoquinado. un decreto castiga el robo con la muerte. bufa como los toros. con un par de chancletas debajo del brazo. y que desposeído de la autoridad que venera como a cosa suya. los que por no confiar en la capacidad del dominicano para el gobierno. sin que una sola. muere sin honor en la patria anexada. sus triunfos en las Cortes: ha bailado un rigodón con Isabel II. siega laureles y se abre paso al poder. para lo cual tiene concertada entrevista con el Papa. Encarna el principio de autoridad. En 1847. es decir. Cuida de mantener su predominio: cierto día. camino del desierto. Porque había sido jefe de milicias y tenía. el árbol más útil de la tierra. Báez.los sueños de los jóvenes del 27 de Febrero. y él cabalga con maestría. erigiendo sobre ésta su pequeño cuerpo. buscaban las fuerzas necesarias en el protectorado de una potencia. en la época haitiana ha sido corregidor y diputado. espera que vayan a buscarle para ofrecerle el poder conquistado a costa de la sangre de sus huestes fascinadas. y son creídas. y en aquel tiempo de pobreza. bravo. imperioso. Su caballo es el mejor. sin que los procesos sean conocidos por los jurados. se le confía la dirección suprema de la guerra. y se indigna cuando uno de aquellos oficialitos rosados. en el muelle. Rico por su casa. le restaurarán en el poder tan pronto como arregle la pendiente cuestión de la Iglesia. que es alternativamente amigo. sucesor y émulo de Santana. el Presidente Jiménez invade la sala de sesiones del Senado con un grupo que esgrime pistolas. y porque hubo de vencer. porque engorda al cerdo con sus granos. Buenaventura Báez que preside. descuella. aparezca en los campamentos. culpable de haber robado un racimo de plátanos. en las tantas revoluciones que acaudilla. Cuando el enemigo de allende la frontera y los del lado de acá le asedian y se despeña en la anexión a España. Cuando pasea por Europa. iguales a los suyos. rompe las reglas de la disciplina. Luis Napoleón le promete cinco mil zuavos que. uno de sus edecanes se le presenta calzado con botines de charol. yaguas y tablas para fábricas. fuerte cuando manda. espadas y puñales. él come en vajilla de porcelana de Sevres a ropas franjas rojas —el color de su divisa—. su voluntad en la diaria brega con los subalternos y con los capitanes generales que le sustituyen. En su mansión reina la abundancia. zorro. en que los personajes más conspicuos se sientan en las primas-noches a tertuliar en las puertas vistiendo viejas. Voluntarioso. equipados y pagados por el emperador francés. solía retirarse. bien regalado. y con sus iniciales doradas. En su hato del Prado. valen el árbol y el ganado más que los ciudadanos. y de un salto.

premia con largueza a los servidores. la rompa el crucero «Presidente» a cuyo bordo está el feliz magistrado. Castigo de propietario depredado o desquite. se hacen obras de misericordia. él se sirve a sí mismo.. ño Brindis. achicándose. la colonia española y la prensa. Después del fusilamiento de los nueve en La Clavellina. y una cadena que ostenta la inscripción «Paso al progreso» cierra la barra. en la plaza de Moca. recorre triunfalmente la República. Los empleados fieles erigen un castillo en la esquina de Palacio. sin ahorrar la vida del propio cuñado. Las casas tendidas de colgaduras. granjea cómplices venciendo. comprando y matando. y calles y parques tejidos de garambainas. le ha roto la diestra de un balazo. a la veneciana. con un relampagueo de sus ojos. Valor y audacia. en su honor se convida a los niños a un bazar. el poeta nacional le da la bienvenida. El mar. desgreñando el follaje de sauces y laureles tachonado de farolillos. procede por cálculo. Desde el río hasta la Puerta del Conde. Los vecinos. ¡Es el Soberano! ¡Dios le es propicio! En la prima noche. que yo estoy hoy muy ocupado». que captura y fusila. Cuando sus corifeos le creen instrumento dócil. conoce a los hombres y los maneja como a títeres. y una vez en él. y de nuevo. le corta el hilo. Báez. cumple el mandato siniestro. fue multado por infracción a las ordenanzas de policía. El Presidente Heureaux intervino. saludado por salvas de cañones y discursos de ancianos. expresándole cuán orgulloso sentíase de que uno de su raza hubiese llegado tan alto. el Ayuntamiento. Cuéntase que el famoso violinista negro Brindis de Salas. tolerando desórdenes. un viento fresco agita las banderas. honrado por todas las ciudades. guirnaldas y palmas. aprovechar al enemigo de ayer y penar al traidor. meloso. va al templo. Durante años es uno de tantos guerrilleros. escupe sus espumas hasta el faro. agasajado. Heureaux aparece por primera vez en la Historia. Es el dardo que desde Puerto Plata. ni ideales. periodistas y damas. frío y profundo psicólogo. se pintan y empavesan las embarcaciones. . alzan arcos bajo los cuales. por las calles jocundas. Antonio ha visto expuesto el poder de Lilís. apuntando con su arma al general Salcedo. El oro y el hierro adquieren en sus manos virtudes inagotables. aunque no tiene como éste ideas. e implacable. pero no veja ni se abandona a sus pasiones. limpiando su camino. de paso en Santo Domingo. un oficial. Negro es la palabra más ingrata a su oído y el insulto que jamás perdona. realizando venganzas inútiles. a oír el Te Deum que entona el Prelado. y dos veces. se queman fuegos artificiales: ilumínanse las plazas. cuando entre en la ría. ni le escudan las sergas de la guerra restauradora. el viento silba. En tres apoteosis.. le piden la libertad de los presos políticos. la ciudad se adereza para recibirle. atrancan puertas y ventanas. y al regreso a la Capital. se mete al fin en el Palacio. al acostarse. Suave. el Concejo le prepara un banquete. y tres generales le saludan en malos versos impresos en seda y desfilando por entre soldados vestidos de gala. y desde la colina de San Miguel hasta el mar. para que. sus méritos. venga otro día. El artista le visita para darle las gracias y le enristra enfática peroración. y disimula sus preocupaciones de raza. rodeándose de blancos. meliflua la voz. Luperón imperante dispara contra el Palacio de la Capital. condonándole la pena. en balcones y ventanas la bandera nacional.. al alcance de todos los abrazos. Después de las doce. figuración del principio aristocrático del Orden.aquellos hombres se lanzan al campo. termina la audiencia con esta frase: «Mime. rige la República. Lilís. luciendo la alegría de sus colores. mozos y señoritas.. criatura de Luperón. furioso. a la cabeza de tropas cibaeñas entra triunfador en ella. y apoyándole la mano en la rodilla. Él sabe olvidar agravios.

amontonados. chica!. En casa de las modistas. atareadas a no poder más. rimeros de tablas.. pero. le costará un ojo de la cara.! van las cuatro. Desde que la banda de cornetas y redoblantes ejecutó la Diana en la Puerta del Conde. llena eres de gracia». —No creas nada.brama. — Quién como ella. —¿Y tú? —Ya verás. arcos y adornos. que bien puede. ruge. Figurines y grabados. herrajes de balcones. y los laureles del Parque mostrando al sol sus raíces.. de las muchachas que se afanan en busca de adornos y perendengues. dando entre risa y beso. su tijeretazo a las ausentes. chica. —Niña. y. ante las imágenes iluminadas por lucecillas votivas. y ¡con qué lujo!. Es el Ciclón.. De hinojos. acapara toda la atención. de Trovador. ¡y qué avíos. Durante un mes ha sido pasto de las lenguas. expectación febril sacude la ciudad. Clamor de miseria surge de los hogares en ruina. ni el Te Deum. ni la inauguración del nuevo edificio de la Aduana. modifícanse modelos hasta elegir. se discute. derriba casas. . descuaja árboles. incansable. La lluvia impetuosa inunda. pintado por ella misma.. va de puerta en puerta . —Y las. porque no se puede negar que tiene gusto. ¿Recuerdas qué linda estaba en el baile en casa de. María se está haciendo un traje de Margarita. en las primas noches. de locura. representaciones de personajes históricos. y que se anuncia magnífico. se reúnen a garrulear. Por el arroyo corren torrentes desbordados. ¡qué te cuento.. sacude las puertas. de planchas de cinc. Las centellas alumbran la escena trágica. Dale duro en el codo para que abra la mano.. pidiendo a los ricos una limosna para los pobres. vuelan en las tinieblas planchas de cinc. Ni el mensaje presidencial leído por el propio Lilís en el Congreso. los faroles por tierra. —Y Antonia P. El baile de trajes que la Sociedad Entre Nous ofrece en el local del Club Unión. las últimas ráfagas cimbrean los cocoteros y juegan con los restos de castillos. —Le resultará un primor.. A la mañana siguiente. ni la retreta con fuegos artificiales interesan a sus moradores. han corrido de mano en mano. aquel 27 de febrero. Por las calles se advierte inusitado ajetreo de domésticas que van a las tiendas por muestras y telas. cumbreras de bohíos.. Y el Pacificador. las mujeres rezan: «Dios te salve María. "¡No hay leche!" gritan las madres ante las cunas tibias. Dizque las cosas están muy malas y no se cobran los alquileres de las casas. de raso. y familias desvalidas abandonan las habitaciones destechadas. hembras encinta. El viento y el mar acuerdan antífona estupenda.. se oponía al raso y ahora pretende que no le ponga cascabeles. seda y piedras finas. guardándose el secreto para evitar imitaciones. Los árboles arrasados impiden el tráfico por los caminos vecinales. —¿Y tú? .. todo de seda. Los osados se arriesgan en las calles. hombres contusos. el viejo está imposible. si tiene el gobierno en casa. amenazando cercenar cabezas. mujeres desoladas buscan los hijos perdidos..

. gordas pantorrillas rurales. palomas.—De gitana.. Lambrequines de papel de colores y guirnaldas de flores naturales paramentan los arcos de las puertas. mariposas. la acera frente al Club está ocupada por multitud abigarrada. los unos en coche. Francisco rutila. empieza el desfile de los convidados. se confunden. es un banquero millonario. grecas enlazan las guardamalletas. El Presidente viste calzón negro de seda. ¡Cuánto lujo! Nunca vióse una fiesta igual. lanza en asta y escudo al pecho. en una letra a sesenta días. clowns y pierrots. A sotto voce alguien pregunta: —¿Cuál es el traje de Lilís? . —¡Una obra de arte! Los caballeros no se han empeñado menos. En las esquinas los jóvenes dialogan: —¿Qué tal? ¿Has conseguido el traje? —En ello ando. A las nueve. Del brazo de los galanes las damas se pasean exponiendo sus gracias a la vista de los que han hecho del balcón tabladillo para contemplar el espectáculo. racimos humanos.. novias suizas. reinas. calza escarpines de charol con hebillas de oro y medias negras. rigoletos. luces. Carlos V. cuajado el sombrero y el peto de diamantes: es un ministro poderoso. y se toca con sombrero panamá forrado de raso gris. esperanzas. mohíno. ya estoy listo. mostrando. —Pues.el traje de pierrot. Cuando rompe el primer vals. No me salva ni la burburaca. los espejos recién dorados y las arañas de cristal. musas. y la golilla me la acredita Rocha Hermanos. repúblicas. Le acompaña un alto personaje. la orquesta toca el himno nacional. hechiceras. poesías. Los tres salones del Club resplandecen iluminados a giorno. pero como de noche no se le ven las manchitas. pues se lo he prometido a la muchacha. Ricos y pobres. transforma sin cesar crines de caballos en pelucas del siglo XVIII. colores y líneas.. los borceguíes rojos me los presta un amigo.. Lechuga. me ha prestado su firma.. en cuya cinta deslumbran gruesos brillantes y un espejito frontal. los otros a pie. La cuestión es ir. Abelardo lo pintará. trovadores. el ministro H. entre los brazos de galantes caballeros de Carlos III. A su entrada. Mis hermanas me hacen . Tengo vendidos tres meses de sueldo y estoy negociando otros tres. por el entablado pulido. un centurión romano.. —¿Y tú? —Yo he comprado en casa de los Bazil un terciopelo blanco que por mareado lo dan barato. Los sastres rechazan los encargos. En los balcones y tejados vecinos.. floristas. Un rumor de admiración sigue por el amplio portal a cada recién llegado. —¡Qué turpén eres! A las 8 de la noche. se entreveran armonizándose. margaritas. vampiros. grandes y chicos asistirán a la fiesta. que se ahoga ceñido por el frac violeta y la chistera gris embutida hasta las orejas. se deslizan. Y con los comentarios picantes regodéase la masa pedestre. Mi amigo. que no le solapa los vellos pectorales.

¡quién se lo había de decir a su abuela. tan apurada. La envidia invectiva. —¡Mira a Fulanita. —En mi tiempo no se veían estas confusiones. —Y Zutanita. —Te equivocas. Y las risas estallan a dúo.. No sé en qué piensan los jóvenes. —¿Y el del otro? —De Lorenzo XVII de la Mascota. es quimá pa sol. se casó hace dos semanas en intimidad. y. de dónde ha salido? —No niña. ya anda cerca de los treinta. —¡Ave María Purísima! —¿Qué te sucede? —¿No ves ésa. y mientras éstas se divierten. yo que la conocí de cocinera! —¿Y aquella mulatica. ellas hacen trizas los elegantes trajes ricos. y se atreve a presentarse aquí. En los huecos de los balcones aposéntanse las mamás. —¿Cómo? —Que está quemada por el sol. qué lujo! Después serán los dolores de cabeza y los cobros. —¿Y esta princesa? Pues si es fulanita. No hay que negárselo. para poder acompañar a las hijas a los bailes. . que vestidas de colores serios como sienta a sus años y estado. Ahora la cargan con un ministro casado. hoy todo está revuelto. ni religión: lujo y nada más. —Pues que no es casada. ¡qué hermosa y bien puesta!. Yo no lo creo. custodian a las muchachas.. ¡qué va! pero la gente es muy mala y cuando el río suena. Es muy buena.. ni sociedad.—Dicen que de etiqueta parisiense. que está en aquel rincón? —Sí. pero si ha tenido tantos novios. pero ya se ve.. __Chica. —Pero se está quedando. la pobre. Cada oveja andaba con su pareja. si el papá no tiene en qué caerse muerto. de azul marino.

mientras güira y pandereta cosquillean los nervios. en los cuales penetra ya la luz blanquecina del alba. temerosos de equivocarse. —No seas tonta. y en pechos y espaldas reptiles cabalísticos. La orquesta ejecuta con más brío. El General se retira temprano. dulces. afirman. dos tinajones de frutas cristalizadas desaparecen. arrían a los que están en la calle botellas de champaña. no pierde un compás. El carabiné.. favorecido por mayor número de espectadores. El buffet se abre luego de la medianoche. fuertes y blancos. En su tiempo. pintarrajadas caras y cráneos. en donde estacionan de preferencia los que no bailan. caldos de manos impacientes. ¡Qué mujeres. enseñando los dientes. una aduana para el padre. previene a los vecinos: «coman turcos. Las mamás olvidadas. los caballeros se mueven mecánicamente. y los labios secos. es bailado con los chales sobre los hombros femeninos.. atropellándose. al soslayo va un galán. Por el balcón. pues un error es un delito.. aceitunas. En los tres salones se organizan sendas tandas. mustios. Por la escalera de servicio. suscitando discusiones rápidas. Dios mío! —Le estará pidiendo un salvoconducto para el tío. claman voces. y para todos tiene una amable palabra oportuna. El champaña atiza la sangre. Carlos V se ha desplomado. En varias sesiones ha sido esmeradamente ensayada. El Presidente. aceleran los giros. la multitud lo invade. ¡La cuadrilla!. en los salones desiertos. muchachos. que están número uno». La comparsa de los payasos triunfa con sus blancos mamelucos amplios. baila con garbo. deliciosa pastora de Watteau. la grasa mancha la cabritilla y con la boca atestada. allí escancian champaña.. traga pastelillos y emparedados. Con el ademán felino que le es familiar sécase frente y nuca sudorosas. La tanda presidencial elige por escena el segundo salón. danza final. Hay quien prefiere templarse con una copa de coñac o de ron del país.—Mira al negrito cubaneándose con. sus cobres y cuerdas excitan. y junto a él ríe su compañera.. amigos complacientes. sin desguantarse. En la Poule. con un rictus que le contrae los labios bezudos. Los pies aplastan melindres. se indignan contra los gandíos que no las sirven. las últimas parejas descienden la escalera de mármol. ¡y el tío expulso! Fíjate con qué dulzura le habla él. Al terminar las piezas. un grupo . Al final de cada figura.. y ella le pone los ojos en blanco. acarician. las mamás soñolientas aguardan en el primer peldaño. no era así.. Las ligas de la etiqueta se aflojan. algunos mozos se arriman a la cantina. ¡la cuadrilla!. Las damas saludan. A las cuatro de la madrugada. no hay en la fiesta quien le supere a cortés. cabezas antiguas se muestran sin peluca. desbordándose por los potreros. escondiendo bajo las faldas de la levita un pudín de dos libras. luce su marcial apostura. Un viejo. ceremonioso. y entre alegres risotadas relatan sus impresiones. sin probar una gota de licor. Con el ímpetu con que el ganado se escapa de los corrales tras el ordeño. sacuden. las parejas de la cabecera indican la próxima. En la primera embestida. las manos calenturientas y las testas que desfallecen graciosas. Luego. baila con decencia sin arrimarse a las damas. se cierran conteniendo un alarido de voluptuosidad revelada en las pupilas lánguidas. sonríe a las lisonjas cortesanas murmuradas. para no perder tiempo. el golpe de un cuerpo contra el pavimento interrumpe la danza. se contonean con gentileza. Cuando avanza solo.

el manto a la cara. chaleco blanco. en la cabeza un gorro encarnado. enguirnaldado. arrullándose y disputándose el maíz. envuelto en una bata color de castaña. y las rimas galantes cantan las bellezas de cuantas han zarandeado los corazones. con interrupción de una hora para el almuerzo. que personifican la libertad. Dos poetas. la república. Cierto día. pantalón de casimir a cuadros o de dril blanco. En aquel sencillo despacho. se contiene toda la vida nacional. acongoja al preso. tribuna a la cual se accede por amplia escalinata. Carlos V les escucha complacido. aparece en el balcón de la calle de las Mercedes a cumplir un dulce rito: dar de comer a las palomas realengas que se congregan allí. amigos íntimos. se dice. improvisan a puja. Le rodean funcionarios y diplomáticos. Por las calles doradas. Es tan cuidadoso de su persona. ¡Es una madre que desde el arroyo implora por la vida del hijo. venezolano el uno. el Presidente se levanta. embanderado. De paso. El Parque de Colón. tirado por yegua mora. ¡Es el Señor! El himno nacional vibra. que con sus propias manos hace la raya al pantalón.masculino apura las postreras copas. obligándolas a alzar el vuelo. El Pacificador la ciñe. de americana negra de alpaca. asustadas. a pie. y que con su disfraz de pierrot. escandaliza a las beatas que salen de las iglesias. . y su ojo de halcón contempla el concurso. su continente es gallardo. constelado el pecho de condecoraciones europeas y terciada la banda tricolor. Antonio Portocarrero se dirige a su casa en compañía del cronista López que. proxenetas. el Pacificador se yergue. dominicano el otro. El sol los derrota. en tanto que un pintor le embroma golpeándole el abdomen con el clac. las perturba. la justicia. el médico que le pasa la sonda. en la cual trabaja sin descanso hasta las 5 de la tarde. y las tropas le presentan las armas. se detiene en casa de algunas de sus mancebas o con un mendigo o con algún personaje. Se sienta en el coche.. y entregan al Presidente la espada de honor. Entre el Palacio del Ejecutivo y el sardinel de la plaza. y en el baño comienza a recibir las primeras visitas. las artes. El recuerdo de la tercera de aquellas apoteosis. En esa cima. no hiede. En la empuñadura de oro fulgen brillantes y rubíes. con las piernas abiertas y la diestra manca apoyada en el bastón de concha de puño de oro. Es pulcro. en el cual le acompañan sus secretarios privados. elévase una. una anciana enlutada. reseñará en el diario la suntuosa fiesta mágica. Luego. Al amanecer. Lilís da los buenos días a sus vecinos. esgrimido por su mano potente taja en la hacienda y en la carne del pueblo. Va al Palacio. y de nuevo en sus habitaciones continúa las audiencias mientras se viste y desayuna. a quien en aquel mismo instante ejecutan en la Fortaleza! Con su voz suave. ¡Es el Señor! Su hierro. costeada por subscripción pública. rebosa de gente. A las 9 sale en coche. los cabellos sueltos. que le trae el informe de las ocurrencias de la noche.. y fino jipijapa con estrecha cinta negra. a la tarde. corbata de color. sin lujo ninguno. que entran a su morada por la puertecilla de la calle Luperón: el jefe del Cuerpo de Serenos. calamocano. de gran uniforme. En su oficina de Palacio. Por los escalones asciende una teoría de capullos. marcada en la frente la cruz de ceniza. espías. infantitas pueras. Erase el aniversario de la independencia.

a quien ordena un asesinato. Casa. Mantiene el arsenal bien provisto de fusiles y cañones. son el espanto del vecindario. Crea instituciones a semejanza suya y a la medida de sus necesidades. e instruyendo a un gobernador supersticioso. como prepara un fandango para que sirva de ambiente propicio al asesinato que a la medianoche. cree mantenerse vigoroso merced a inyecciones de Brown Sequard y a pociones copiosas de Elixir Godineau. sus allegados le prestan propósitos de conquista. los hombres riñen disputándose las hembras. de don Francisco de Quevedo y Villegas. Es un sátiro. sin embargo. y otro tanto paga a los fiadores de sus letras. De los diplomáticos extranjeros se aprovecha: les halaga. Al crepúsculo pasea en coche por la ciudad. y sin someterle a juicio. le da el caballo ensillado y le prescribe emplear el puñal. bajo su inspección.comandante militar de la plaza. suminístrale dos cartuchos embrujados con una cruz en el plomo. según le convenga. lo cobra con la muerte. y lo mismo visita a un diplomático o familia principal o interviene en el milagro de una histérica o platica con una de sus barraganas. distribuyendo regalos. Habla francés e inglés. y escolta en un crucero un balandro.. arma más segura que el revólver. e ignorante de las teorías científicas del gobierno y la historia de los pueblos. escribiendo con hermosa letra la pequeña historia vil de su época. mulatas. aunque alguien asegura haber visto en su alcoba un libro de Núñez.recibe y escribe: es oficina de mandatario y de comerciante. convertido en patíbulo. cometerán los serenos en persona que le estorba. es fino en sus maneras. en coches que pasean la ciudad con . su actividad incansable. negras. Blancas. No conquista. Dos de éstos han sido cogidos en alegre compañía. y él mismo se jacta de que le inspiró la reelección de 1892 la lectura de la Vida de Marco Bruto. Si raptan una doncella. Estos. de distintos países las posee. y al efecto visita el vecino Estado con pompa. se solazan la juventud elegante y los funcionarios del gobierno. No cede a sus tenientes el puesto de peligro. con la misma pluma con que ordena una ejecución. De París le han provisto a una doncella. En tales bailes. acotado por él. no lee. defendiéndose. Su capacidad de trabajo es extraordinaria. y ante su vientre fecundado. policía de seguridad nocturna. El ridículo de un cuerno. el champaña y la cerveza desbordándose de las copas enchumban el piso. Emite papel moneda. anota. los serenos ocupan las puertas apuntando con sus armas al interior. trata las cuestiones internacionales. vela por la fidelidad de sus queridas y las de sus amigos. él dice riendo que necesita un hijo blanco para meterlo cura. Minucioso. compra. extramuros. firma una dádiva para una iglesia o una carta de amor. interviene para castigar o proteger al Don Juan. al jefe de su Estado Mayor. Debe millones: no importa. combina siniestros planes políticos y organiza bailes y bromas a los íntimos. sin percatarse que haya o no ministros en la sala. cuanto le dicen y cuanto observa. y castigó con el máximum del arresto al jefe del cuerpo por no haber obedecido la orden de hacer fuego sobre un baile de prostitutas en el cual habíase armado un zipizape y uno de cuyos concurrentes era el. y con el mismo descoco con que arregla los asuntos internos. pero ello no entorpece para que firme protocolos secretos acerca del territorio discutido y negocie con los yanquis. En la capital mantiene dieciocho mancebas. el presidente de Colombia. él mismo disfraza a los que en una tarde de carnaval encarga una alta obra de venganza. y cuando las querellas degeneran en trifulca. arregla los matrimonios desavenidos y divorcia. El Erario es su hacienda: dispone de él. y teniendo excelente memoria. Toma dinero a préstamo al 3 por ciento mensual. amén de las aventuras que la miseria y el temor le proporcionan y de las hetairas portorriqueñas. para el asesinato de un hechicero. da la mano para agarrarles por el pie. ¡malhaya quien tenga que hacer con ellos! El culatazo es la expresión favorita de su autoridad y las carabinas que gastan se disparan solas. El Presidente ha premiado con cien pesos a uno que dio muerte. desvía hacia sus bolsillos las rentas y amontona deuda de millones sobre la República.

a la rústica: «París» de Zola. ¡Ah!. Desde mediados de noviembre. y a través de los muros. apóstol. Luego. y ahora le envía esos dos libros para que ellos le muestren en su celda los placeres que serían el precio de su conciencia: la tentación.los faroles apagados. eminente magistrado se ayunta sobre la grama con una grofa. Antonio sorbe el chocolate de agua. casaca de paño azul con botones de oro estampados con las armas de la nación.. rayando de rojo las paredes de las casas y las ropas de los compañeros y de las negritas sirvientas que transitan por las calles. ¡Qué punto!. se yergue con su carnavalesco frac rojo.. y mientras una llena los cascarones. ¡Cuántas veces. en cazuela vidriada. entretanto un muchacho coloca aquellos proyectiles en cajones. intercalados con bocados de pan. En las noches. y dejó de encontrarla. tragedia sin sangre ni muerte. canastos y . evocando tales escenas. se transó con Lilís. Sobre el brasero. de todos los intereses y de todas las pasiones en cuya cima el tirano. apagaría la sed de una sola vez! Y desata el lío envuelto en un ejemplar del Listín Diario: calzoncillos y camisilla. que ha regresado de París. en traje civil o disfrazado. y en el ardor de una de esas bacanales. otro hace montar guardia a la puerta de una zorra para obligarla a serle fiel. en cambio. Antonio revive sus amores. hasta un día de San Andrés. De la ropa blanca y lustrosa se desprenden olores de carbón y cera. mañana y tarde. luchador. redondos. se funden unas libras de cera. que la tercera impregna de cera caliente y con ellos tapa los agujeros. lavando los cascarones de huevos que han sido cuidadosamente almacenados durante el año. dadivoso y temido.. que pasa con brío y paciencia la plancha: heroína silenciosa. la retiraron de la escuela. pero ¡cuan dolorosa! ¡Cómo la conoció! Púber la veía. mientras paladea el dulce. y en torno de la tina de agua de tuna perfumada con «Agua de Florida». y helo ahí cónsul en París. lee manuscrito: Arturo Aybar. Y acogiéndose al mecedor. la chiquillería proveyéndose de tunas en los batiportes anuncia el famoso día del santo crucificado. intransigente. el predicador se metió diablo. ¡ Si él quisiera. y en las de fiesta nacional se confunde con la multitud apiñada en el parque de Colón y se pasea de chistera. la pluma de Antonio atacó al tirano y fue encarcelado!. látigo en la diestra. También le han enviado dos libros y un hatillo: A tragos gordos. y que en varias casas constituye industria. la montaña hecha del almodrote de todos los crímenes. mira él a su mujercita inclinada sobre la tabla. que vive siempre bajo su mirada zahorí. La víspera se inicia el juego. la fimbria de la falda tocó el calzado. desde la esquina. Lilís anda por la ciudad. humilla. Tras la cubierta amarilla. mide la pesadumbre que aniquila al país. El es el supremo árbitro. en compañía de una hermanita en dirección del Colegio «El Dominicano». se reúnen dos o tres mujeres. éste es envío de su amigo Arturo Aybar. En la mañana comienza la faena de preparar las municiones. sin que jamás atrajera su atención aquella chiquilla flacucha y sin gracia. Luego. una poción de cacao. VIII A las cinco de la tarde un ayudante del alcaide le trae la cena: en el mismo cestillo del desayuno. impera. movida por sus insinuaciones. hojea los libros. la otra corta parches de trapo. Antonio. calentada por sus declamaciones ciceronianas. un mollete con mantequilla y un piñonate de coco. Corrompe. en donde él y otros hacían plantón para ver entrar y salir a las muchachas. y «Cosmópolis» de Bourget.

disparan el cascarón que ocultan en el bolsillo y se escapan. los combatientes están listos. Desde el arroyo. Las muchachas les esperan a pie firme. y del balcón o de la calle se retira un combatiente con la mano en el ojo averiado. Al mediodía. después de una confortante fricción de bay-rum. constituyen el material de guerra de la tropa femenina. El cascarón revienta en la reja. La faena excita a ambos bandos. o en carretas. en grupos pedestres o a caballo. En la noche la gente se recluye en las casas calafateando las rendijas. La ventana se cierra con estrépito. vienen a comprar su par de docenas. los bailes blancos. A las cinco. y sobre el corpiño de la hermosa pinta flor purpúrea. y más si no juegan. los ofrecen a las muchachas. nuestros abuelos de la Colonia se desquitaban por adelantado de las penas del Adviento.barriles. lanzando proyectiles a diestro y siniestro. o se empelucan con polvos de color: hay quien haya dejado un diente o medio carrillo en el canto de una batea. sustituyen los cascarones con flores y confites. En estas casas se congregan las muchachas. entusiastas impacientes. muertos de cansancio. salpicándola. empieza el trajín. de chiquillos que. El día 30 desde el amanecer. y que el progreso ha desterrado de las costumbres dominicanas. Tal era el inculto y deleitoso San Andrés. o echan pelucas a los transeúntes. los hombres sin cesar arrojan cascarones. transportados a balcones y azoteas. Después de tales encuentros. Al atardecer. toneletes y latas que. Los más pudientes. o entra traidor. y aquéllos. delante de un pocillo de chocolate. entiéndase la ducha. y se mantienen a obscuras los salones. o en coches. los de la calle asaltan la casa. colmando bateas. Alguno de estos grupos lleva un charanga que con sus sones alegra la algarada. se sumergen en los baños. se grita. Sonadas las diez. La mañana es propicia a los jugadores furtivos. introducen por las rendijas o por el ojo de la cerradura. y los proyectiles. amén de uno que otro herido de puñal o revólver. recorren las calles a pie o en coche. algunos. Cuando la lidia. rociando a las muchachas con polvos y esencias finas. importando. inflama. manchas multicolores en las paredes. en la noche. y cuando descubren una cabeza medrosa. cada cual rememora en casa. ahí están las luchadoras en balcones y azoteas. los cascarones vuelan agresivos. carnaval barato con que. con el macuto al hombro. A veces. cargan los cascarones en barriles. De raro en raro. los lances de semejantes horas de locura que dejan párpados hinchados. blancos y frágiles. en cambio. no por más galantes. mas suele ser grave o por lo menos exige fomentos constantes y reposo. en tanto detrás de la reja rompe un ¡ay! A las diez. chorro que hace estallar las lámparas. con los cuales molestarán a las señoritas ventaneras. baños. pues no todos reciben de buen grado. Los adversarios. fuerza es cambiar las ropas ensopadas. canastas y macutos. éstos visitan las casas. azul. el accidente es ligero. a tiempo que de arriba cae sobre ellos una lluvia roja. arrancándole un grito de susto. se oye un grito. cubiertas las miedosas con mascarillas de alambre. . o en la pared chorreándola. en acecho del lechero o del panadero. se empapan. armados de una jeringa. amagando hasta hallarlas descuidadas. los criados acarrean agua de pozos y aljibes. una libra de harina o de almagre en la cabeza. y se mojan cuerpo a cuerpo. que el combate se reanudará en la tarde con más bríos. y en el arroyo briznas de cáscaras de huevos. amarilla. brazos molidos. Un armisticio para almorzar. quienes protegiéndose de los balcones con los paraguas. En las casas donde se juega. se entrecruzan innúmeros. se escurren con mucho tiento junto a las paredes. vestidos de dril blanco o de colores desteñidos. algunos jóvenes.

Ella. Las malacrianzas del hermanito de la muchacha. y con las expansiones del año nuevo. la primera y la segunda le fueron devueltas sin abrir. A las diez. o en donde las guardan las que habitan lejos. pidiendo la sala a una familia respetable. sintióse feliz. de sus proyectos. fláccidos. discurrieron los días. el Carnaval parecíale demasiado distante y recurrió a las cartitas. pastoreadas por el papá. mostrando los pechos erectos y la cadera firme. la charanga partió tocando marcial pasodoble. apretados los dientes. Comenzaba a sentir impaciencia. pues el amor existía en sus dominios. El Día de Reyes. Buscó un confidente entre las amigas de ella. Después. les fue favorable. le miraba altanera. Aquella noche Lilís le pareció menos perverso. turbados. las fiestas finaron. maní largo y congo. la casualidad los reunió en tertulia para esperar el cañonazo en la cena tradicional: pastelitos. quien arrellanado en un banco divertíase con los fuegos artificiales. la encontró en una jaranita en casa amiga. Hubo de comprar la criada para que las llevase. El domingo siguiente. hasta que por pascua de Navidad. tan cerca. Pero eso no era mucho. pero la tercera presentaba señales de lecturas. Ella misma tiraría la carta por el balcón en el momento de cerrarlo al día siguiente. Y Antonio comenzó a pasear la calle. . En el bullicio de las máscaras le susurró algunas palabras al oído. y sintió fuego en las manos de ella cuando estrechaban la suya. Al fin. y la chica muy queda. rebosante de multitud que choca y se confunde. retándole. Se acercó. de sus esperanzas. expresivo y sincero. cerca. y bailaron una danza. la vio pasar grave y serena. y así los otros domingos. Furiosamente se bombardearon con higüeras de agua.En un asalto. hasta el Carnaval. a pararse en la esquina. cambiando de disfraces para no ser descubierto por la vieja perspicaz. decían a las claras que sus propósitos eran conocidos. y las puertas de la casa cerradas violentamente por la madre. Ella paseaba con su hermana y un grupo de amigas. en el atrio de la Catedral. y mientras volteaban al compás de la charanga. Ya tenía esperanzas. y las restantes fueron bien acogidas. entre risas y burlas de las vecinas fisgonas. al salir de la misa. magra y nada bonita. graciosa: algo de ella entraba en él. Un golpe de agua en pleno rostro ahogó la mirada lasciva. el 27 de febrero en la noche. y prometió escribirle. Antonio se encontró de improviso frente a frente con aquella chica. un chubasco inoportuno interrumpía el plantón obligándole a guarecerse a escape en una de las casas o debajo de un balcón. que sentía el calor de sus alientos. pero ya le parecía simpática. ya sospechada por los demás. y el galán respondió arrojando el capullo de rosa que le adornaba la solapa. nerviosas. que las presta. entre los abrazos efusivos de los amigos. pero chico. Continuó haciendo el oso. tienes que darle pruebas. de plantón en la esquina y esperándola a la salida de la misa dominical. mucha prudencia. los músculos. le habló de su amor. anhelantes. Esta afirmóle: «le eres simpático. A veces. El traje ceñíale las carnes. contemplando la fina silueta que se desvanecía. cuyas tres noches aprovechó. y Antonio. organizaron entre varios un bailecito a escote. porque en su casa se oponían. él. se insinuaron bromas denunciadoras de una afinidad electiva. la muchedumbre se derramó por las calles adyacentes. y con ellas las ocasiones de hablarse. a quien había de regalar motas para dulces. Alimentada la llama por miradas furtivas y sonrisas. y ella le concedió el primer vals y una danza. No era una buena bailadora. Se detuvieron. dijo sí. y además no le caes bien a la mamá». La noche de San Silvestre. necesitaba oírla decir que le amaba. para llevarle la silla hasta la casa vecina del templo. Ante su alborozo le recomendó cautela. el Parque de Colón. lerenes.

Mercedes. la elocuencia del Padre Meriño cerníase sobre las cabezas de los feligreses que invadían las tres naves. horas cantadas después. ¡cuán difícil! Un minuto. El Presidente de la República. Comercio. Plateros. A la ceremonia concurren el Gobernador de la Provincia y un batallón de infantería con bandera. propicias contra las tentaciones y los rayos. Jesús en la Columna. la mejor como talla. Un silencio de dolor envolvía las cosas. valiéndose de la criada. La Semana Mayor era un acontecimiento público en Santo Domingo de Guzmán. procesión de Jesús Nazareno. y. A los privilegiados se les obsequiaba con pencas de hojas entretejidas y adornadas con cintas. misa solemne. Desde el púlpito de la Catedral. en la noche. encomendado siempre a un reputado predicador. revelaban una mujercita orgullosa y leal! El correo se estableció. El espectáculo de la Pasión de Nuestro Señor exigía vestidos y sombreros bonitos y de moda. de humano parecido. envuelto en la púrpura episcopal. El Jueves consagración de los óleos en la Catedral y procesión dentro de la iglesia para encerrar el Santísimo Sacramento. Hasta el preciso momento en que las carracas sonaban. a las diez. colocadas en las ventanas. tan pronto como encerraran el jueves en la Catedral ni circulaban vehículos. la cartita cayó revoloteando. pues las Ordenanzas reconocen al Nazareno el grado de Coronel. de Santa Bárbara. discurriendo en torno de la vida de aquella pecadora redimida por el amor que inspiró las sublimes palabras de la Cena en casa de Simón. principiaba el ajetreo de las costureras y el movimiento en las tiendas. y ¡qué larga y mortificadora aquella cuaresma! Entretanto había que contentarse con hablar por letras de mano. y alguna vez por medio de la hermanita complaciente. Antonio espió ansioso todas las puertas. Pero conversar.A la siguiente. El Miércoles. sermón. el orador. la recogió. Había que esperar la Semana Santa. presidida por el Meso Polanco. Alto. marcha con ritmo de cuadrilla delante del palio . El Viernes de Dolores. El primer número del programa correspondía al Sermón de la Magdalena. El Lunes. El Sábado. prevalecerían contra las obras del demonio. es señalado honor que se atribuyen y debaten los de la hermandad. rosario y sermón en la Iglesia Mayor. nieve en la testa altiva. Llevarlo en hombros. se oía el ruido de las máquinas de coser. el paso de Jesús en el Huerto salía del Convento de Dominicos para recorrer las calles de Universidad. En la noche. Nueva de las Mercedes y Universidad hasta la propia iglesia. era el día de la iglesita del Carmen: misas desde la madrugada hasta las doce del día. leyéndola a la luz de un farol. El Martes. ni se daba un martillazo. desesperante para los curiosos. Se cuenta que el imaginero oró varios días para que Dios le inspirase. las cuales. que en los tiempos coloniales. subyugaba. y la mayor. embrazado el guión de plata. Jesús Cautivo salía de la iglesia de la Merced. durante el día. ¡Cuántas cosas dulces contenía aquel pliego escrito con letra menudita y buena ortografía. si acaso. en conmemoración de la entrada de Jesús sobre la mansa borrica. la imagen más venerada y prestigiosa de todas. aun las más amorosas. el jueves del Concilio. Sonadas las cinco. los domingos. porque eso sí. en el interior de la Metropolitana. hermoso. y cuyas frases. convencía. maguer las gentes rieran y los amantes aprovecharan para sus citas las ceremonias litúrgicas y las procesiones. a las cuatro de la tarde. ni se barría con escobas. itinerario común a todas las procesiones siguientes. con frase sobria y perspicua. a Jerusalén. suerte de telégrafo que manipulaban con extraordinaria rapidez. ni bestias. o por el balcón. celebrábase la fiesta de los Ramos. Jesús en la Peña (Ecce Homo) o la Humildad y Paciencia. y cuando las de la cuadra estuvieron cerradas. de la Catedral. y horas cantadas. conmovía. y en cada iglesia. Quince días antes del Domingo de Ramos. repartiéndose a los fieles palmas bendecidas. cargaba la Cofradía de los Sanjuaneros. El Domingo.

un batallón con la bandera enlutada y armas a la funerala. la Madre Dolorosa. el paso de la Cruz en la Catedral. . el velo negro que cubre al altar se rasga y aparece la Resurrección. y pasadas las diez. muñeco de trapo. y contra el cual se disparan piedras y tiros. hasta que. El pesado sarcófago de cristal. Después de las diez de la noche. con un cepillo al lado para recibir las limosnas de quienes prosternados besan sus llagas. Le siguen uno tras otro los altos dignatarios. se reanuda el tráfago de coches y carretas. —Santus Deus —responde el otro. y el Descendimiento de la Cruz. —Santus inmortalis miserére nobis. en cuyo cortejo forman el Arzobispo y el clero diocesano. —Sanctus fortis. rojos. El comercio abre sus puertas. los clavos. En la tarde. que peregrina en busca del Hijo. sale de Santa Bárbara la procesión de la Soledad. lila. acompañado de San Juan. los tonos serios. y a las diez. y. El Presidente con la llave del Sagrario al cuello. procesión del Santísimo en torno de la iglesia. entona las letanías. hace tres genuflexiones. al otro. luego bendice el agua y el fuego. a las cuatro de la madrugada. En la noche se baila: ¡Cristo ha resucitado! ¡Hosanna! El domingo. Al primero corresponden los trajes azules. Pópule meus. blancos. Agios o theos. misa en la Catedral.episcopal. rodeado de macetas de flores de seda. el clero de bruces sobre las gradas del presbiterio. Y la Semana Santa fue. encintados. la imagen de la Resurrección —Jesús con un estandarte rojo— es conducido a la Merced. Calles y templos tienen aspecto de jubileo. portadores del gallo. en la iglesia de la Merced. las escaleras y el paño de la Verónica. —Agios o theos —impreca un coro. la Virgen. el Gobernador de la Provincia. Lavatorio en la Catedral y en Regina Angelorum. la esponja. El Sábado en la mañana. y dan su nota grave los burros portadores del pan y del carbón. en las calles estallan cohetes y triquitraques y se ajusticia a Judas. la lanza. —Agios ischyros. la procesión del Sexto Dolor: la Virgen con el Hijo en brazos. la corona de espinas. Quia eduxi te de terra ¡Egipti. —Agios athánatos eléison imás. gualdos. tinieblas en Regina. adoración del Santísimo en todas las iglesias: Cristo yacente. la concurrencia juvenil luce sus galas en el Parque de Colón En la noche. que cuelgan de una soga tendida de casa a casa. derribado. Gloria in excelsis Deo!. la chiquillería lo arrastra y quema. Jueves y Viernes son los días de exhibir el lujo. quid feci tibi? aut in quo contristavi te? Respónde mihi. el sermón de las Siete Palabras. Las campanas propagan la buena nueva. misa en la Catedral. Como por ensalmo. en seguida. Y luego de sepultado en una capilla de la iglesia Mayor. mientras el prelado y los canónigos cantan: —Pópule meus. seguido de la procesión del Santo Entierro. gris o negro. parásti crucem Salvatóri tuo. los caballos de los lecheros relinchan. deposita un ósculo en el cristiano pie y una morocota en el cepillo. María Magdalena y las dos mariquitas. de la Capilla de San Andrés. El Viernes. lo cargan los isleños de San Carlos y le preceden minoristas. y la antífona continúa por sobre las cabezas abatidas. a la voz del oficiante. Por la tarde. y a las campanas ladinas suceden las roncas carracas. En la noche.

los ateos. le importaban poco. a un lado y otro de las aceras. filas. o cuando ha recibido en la cabeza un golpe de cocomacaco. los camaradas de Antonio idearon formar una compañía para velar el Monumento de Regina Angelorum. formadas de esta guisa: la cruz alta y los cirios. escondiéndose en la manga. pero en cuya tez ambarina. en último término. en las esquinas. con los críos de la mano o en hombros. la Virgen. los vecinos se echan a la calle en pandillas. y por entre los fieles. No. en los ojos negros y luminosos. cada cual con su vela encendida y protegida por guardabrisa de papel. rendían parias a Jesús! Antonio no formó en aquellas filas milicianas. contemplaba aquella muchacha. del Jueves al Sábado. sujeta por una cuerda elástica al puño de la camisa se alarga y encoge rápidamente. Le sigue San Juan Evangelista. mirando y haciendo señas a las muchachas. las voces gangosas del coro. la multitud se agolpa para ver pasar las santas imágenes. de niños. los jóvenes. en la cabellera que si suelta le caía hasta las corvas. el más largo sargento que haya sido uniformado y con el fusil terciado! El Padre Billini sonreía complacido. algunos diabólicos confabúlanse para robar los cepillos. a la pata coja. ¡había que ver a Pancho Peynado y a Lucas T. En las esquinas. La romería del Jueves a los monumentos con su entrevero de gente. al mando de un capitán. entre el polvo y los olores fuertes. en la iglesia de turno. introduce el pie y lo apoya con fuerza para que las monedas se adhieran. el lujo chillón. al pasar de las procesiones. No faltan las pelazgas cuando el que va delante sorprende al de atrás goteándole la americana de casimir con la vela. ¡ los normalistas. y montan la guardia en el atrio para chicolearlas a la salida. En las noches. de uno en fondo. lo cual efectúa el designado untándose de sebo la suela del zapato. según se detenga el Santo ante la puerta de un devoto que ha pagado un motete. para ver pasar las procesiones. empujado por el cómplice. una idealidad magnética. la Magdalena. y al acercarse para besar el Cristo. Para ellos no existían las amigas. quienes se recogen las faldas chillando. con uñas de maya encontradas. de hinojos. cuando el oficiante alzaba la hostia sobre el cáliz. a quien había calificado de fea. En aquella Semana Santa. de roja capa y pluma en ristre. él tenía necesidad de todo el tiempo. tres sacerdotes con capa pluvial. en la boca de grana.En tales días la ciudad se anima. sólo inquietábales el temor de que los sorprendieran el padre o los hermanos. simulando perseguir al otro. la contemplaba a su sabor. se entretienen charlando. ni las imágenes. que siempre fue la iglesia predilecta. una compañía de infantería. el paso del día. . que runrunea el rosario. pelota de cera endurecida y con perdigones que. detrás un coro y orquesta de cuerda. Durante las ceremonias en los templos. y las manos salvas aprovechan. cargado por los de la hermandad. Durante las funciones matinales. llevados casi en vilo por la gente joven. favorece las travesuras. en pie en las naves o agrupados en las puertas. se apretaban las manos. musitando la dulce letanía del amor. con pobre túnica violeta. el amor había impreso una gracia nueva. Gibbes. adolescentes y hombres destocados. hay zagalejo que esgrime tijeras para cortar las trenzas o que riega cerillas en el piso para que en ardiendo se asusten las mujeres. atropellados por la muchedumbre apiñada. cerrando el desfile. o bien cuando quedan prendidas dos beatas por los mantones de lana a flecos. y. y el beaterio. acariciado por el aroma del incienso. Ese año aumentó la concurrencia de muchachas en Regina. que marcha a paso lento y levanta nubes de polvo. el tal sale de estampía. El misterio de la Pasión. Las filas se clarean o se nutren. sus ardientes miradas comulgaban. colocado en donde su novia pudiera mirarle sin volver la cara. trasmutando la carne y la sangre. transida por la espada de los dolores.

y qué alegría para la pobre Luisa cuando te vea! —¿Y cómo está?. por debajo de la puerta. quiero saberlo todo. igual mutismo. —¡Qué gusto. Transcurrió una semana. que la hará desgraciada con la política. El día en que lo pusieron en libertad. Al fin. Esta. Una vez el balcón permaneció cerrado.. se le acercó un oficial diciéndole: —El Gobernador quiere verlo. lo leyó y.. y entonces fue lo gordo: la madre se enfureció y 1e cayó a moquetazos. El hermanito no le pidió motas. El padre intervino. Ya puedes estar satisfecho. y ahora. ¡Nunca le pareció Lilís más abominable! El carcelazo duró seis meses. chico. bueno. y asimismo al día siguiente. pero propio era ese momento para esconderse. descubrió. lo que tal invitación significaba: el Homenaje. y que patatín y patatán. sí. El sabía bien.. pero todos están contra ti. a coger la leche. el domingo de Resurrección: «ahora hasta Corpus». pero no me vayas a meter en líos. —Pues figúrate que le han puesto un anónimo a la familia. empezó a contar los días. —Bueno. por las tardes y primas noches. la pobre. pero Luisa dijo que nones. y cuando el diálogo mudo se iniciaba. —¿Pero de verdad que no sabes nada? —Absolutamente.—Son unos infames. Venga conmigo. Desde por la mañana le avisaron que por el Cibao había movimiento. te apoya. ¡Qué te parece!. Luisa le había dicho. chico. los ojos de ella. Herminia.Aquella Semana Santa terminó. y como la madre es la primera que se levanta. dejando a los vecinos de Santo Domingo de Guzmán tópicos para un mes de relatos. Antonio rondó por la casa a todas horas: el balcón siempre hermético. que tengas paciencia y consideres lo que sufre.. al despedirse en la plazuela de la Merced. la gran trifulca.. de facción en la esquina. —Oye: dice Luisa que en estos días no pases por la calle ni le escribas. la galleta hereje. lo recibió con las manos en la cabeza. comentarios y chismorreos. sólo la hermanita. La vieja empezó por aconsejarla que peleara. no digo más. dame noticias. que si tu familia esto y otro. no te pueden ver ni en pintura.. Acudió a la amiga confidente. . —Sí. corrió a casa de la confidente. y el amante. ¡qué gozo! dos brasas que brillaban detrás de las celosías. que no se dejara ver. porque te quiere con toda el alma. En la noche. No te cuento más. porque tú no ere más que un candidato perpetuo a la cárcel.

alegría de ajonjolí. Pendidos: macutos y escobas de Baní. ítem más. en una bateíta. los mampurios. y al lado el vidrio con el embudo. fideos. pan. plátanos. papayas. La familia se ha mudado. amarillos taraceados de negro los manzanos. agujas. ¿de quién es? —De quién va a ser: de Alardo. mostrábanse en frascos bocones que antes contuvieron ciruelas pasas: cigarrillos del país. En el arroz. berenjenas y aguacates. mangos. El establecimiento ocupaba el espacio de una mediana habitación. En el suelo. latas de petróleo y de melado. un rimero de petacas de carbón esmeradamente estibadas. las botellas de prú espumosas. En la calle de la Merced. y en cajoncito. una tabla de dulce de coco hecho con melaza. —¿Pero dónde viven? —Ya te lo diré. a rezar por ti. con los cuales se arman los papalotes. cocos. guayabas. en cajones. azúcar. una casa de portón grande. En uno de los rincones. los martinicos. mal nombre) y un tocino del Seibo. ¡y qué bien se ha portado! No. Pero si no tienes pérdida. figúrate. si tú no te la mereces. del propio corral. y pendones. harina con dulce y funde. En el mostrador. —¿Medio-Tocino? —Angelina. arroz. madejitas de lana y horquillas. y en el opuesto. —¿Adónde? —Al papá le han quitado el empleo y están mal pasando. alineadas. hilo. ajíes. una lata de mantequilla norteamericana. amén de un montón de leña. ¿la recuerdas? —No. fornida. Antonio estableció su campamento en el ventorrillo de la esquina. Debajo del mostrador. en platos y tacitas. en la cabeza atado siempre un pañuelo de madrás. ristras de ajos y cebollas. y gruesos cárdenos. la color de caoba. frijoles colorados. colgando de las alfaljías. una cecina (a la cual seña Catalina llama carne de. Semejante a fuste de columna. paquetes de velas y de fósforos. En dos cordeles. tomates. caramelos y café en polvo. y hasta lavan. en hojas de naranjo. perejil. conservas de coco y de naranja envueltas en hojas secas de plátano. sin criada. y la ancha bata de prusiana morada arremangada en las caderas y arrollada hasta el codo. y en otros que fueron de aceitunas: nuez moscada y canela. por delante un barril de sal con el cuartillo de medirla. esa misma. azul de bolita. las frutas de la estación: cajuiles. pasto de las moscas. sólo a misa. a lo largo del cuarto. ñames y batatas. famosos en la ciudad. haces de caña de azúcar. compraba cigarrillos y fósforos. y las muchachas cosen para fuera. verdes veteados. la pila de tortas de casabe. para granjearse la voluntad de la ventera. Al mediodía. cortado en cuadros y colocados los jalaos. pintada de azul. doblada más que sentada en una sillita . Una damajuana de manteca de cerdo con tapón de tusa. algarrobas. sobre otro y en una batea. ha ido en todo este tiempo. mamones. racimos de guineos. cerca de la iglesia. la mamá cocina y plancha. sin pintar. con dos ventanas. ostentan sus magras y gordos. en el cual. puerros. chichiguas y un manojo de pulidas higüeras. En el aparador de pino. los huevos frescos.. hay majarete. La ventera.—Buena. Érase una negra alta.. cincuentona. En la tarde. enfrentico de la pulpería de seña Catalina.

a las doce. Conversaba con Luisa en la ventana. los sacudió castañeteándolos y volviéndose. y cuando se encariba. mulata galana que la suple a ratos en el ventorro y que se ocupa en los quehaceres de la casa. pero yo me río. y una real jembra. Sus manos no están nunca ociosas. expresando de ese modo su delectación por los últimos conquistadores. respondióle: —Ajá. ansina mesmo. ¿por qué le dicen Medio-Tocino? Y ella. jizo un acumulo endespués. con singular destreza. Endentonces estaba yo moza. maja café. la sacan de quicio. Una mañanita estaba yo en el mercao. y mi. No te pué figurá tú los blanquitos que me cortejiaban. disparaba una piedra y entraba en la casa gritando: «Mamá. canijo! » Antonio le interrogó un día: Seña Catalina. y un maldecío cabo españó. La madre dice: «es un sinselvir. Seña Catalina. cuantas veces hacía una diablura por la cual habían de pegarle. a la una. eso fue cuando la España. desgrana mazorcas de maíz o ralla cocos y batatas. como toiticos los españoles. revolcando con brío el pilón. sonantes en la Catedral. las manos en jarras. y el hermanito menor. respira a sus anchas el humo de verduras y carnes. pero más que en el aula y en su casa. pero la gente que é mu mala. Los parroquianos. La oposición de la madre se mantenía tensa. o masca andullo y escupe por el colmillo hasta la acera. en espera de los compradores. se le encontraba en el ventorrillo a las ocho. se distrae bailando la chancleta en la punta del pie desnudo. pidiendo ñapas o devolviendo lo comprado. y ahí tá. enseñó el tocino entero. fuma un tabaco que los dientes han convertido en escobilla. para la chuma jablanchina. ¡qué buen medio tocino!. que se levanta cuando las campanas de Regina tocan el Avemaría. Y con mímica despectiva. Cuando no duerme.baja. curcuteando una pollona pa encontrale la gordura. se pasó el índice y el mayor por las narices. los muchachos y las negritas sirvientas del barrio. cuando iba para clases. pellizcando las frutas. eso es de familia: a nojotras nos tiran los melitares». siempre irritada. al regresar. para ir a mercar sus frutos a los campesinos que vienen por el camino de Güibia. regateando. le zumbé una piedra . niño. —¿Y qué tal era el cabo? —Un güen mozo. y los olores del café tostado y de las fritangas que trascienden de la cocina. Y la negra juntó „los dedos cabezones y los besó. manque le vamo a jacer. y si reposa con las piernas cruzadas. a las cinco de la tarde y después de la cena. alzóse la falda con la siniestra. Antonio continuaba profesando en San Luis Gonzaga. al llegar a la esquina. cierra sus puertas al tantán de las nueve. les increpa: « ¡Condenao. que le sacó al sol doble hilera de dientes fuertes y níveos. hasta que la vieja con un bostezo ruidoso le intimaba la orden de retirarse. que no le da ni pa jabón. vivo pegá almate pa no necesitá de nadie. rematando la gráfica acción con una sonora carcajada. me dio una nalgá diciendo: paisana. Tiene una hija. encelada la joven por el cancel de „madera que defendía el interior de las miradas inquisidoras. echá palante. es hija de un general y está aplazada con un oficial del Batallón Pacificador. a la perra que te volvió a parí. riendo.

Tú pué creé. Luisa le dirigía miradas de angustia. y cuando sumaban un peso.a ese vagamundo». conteniendo el ímpetu de los agresores. El otro día la muchacha le regalaron una ecofieta a mi nieto.. que te lo digo yo. La seña Catalina le instruía de los movimientos de la casa. y hasta solía también intervenir en el servicio postal.. se llevó la mano al revólver. hacía un palote con carbón en la pared. Desde el umbral. ella replicaba con malicia: —Ni por pienso. pue lo que falta se lo han comío ellos. la probes. y ya lo ve. hay día que no comen ma que arró. saltó de la hamaca. Y la negra. Luisa suplicó: «vete pronto que ahí vienen mis hermanos». librándose el pillastre de la cueriza dos veces merecida. Un mediodía estival. a mí me jié la brosa. con sendos garrotes. La seña Catalina. —¿Dónde está ese vagabundo? —preguntaban a la par. con su parlenía. les increpó: . la madre les acuciaba. un pañuelo de madrás de vivos colores o algún pomito de esencia barata. Son buena. el primer piano. El padre. sí mi amitades son del cogollito. mi mama fue cocinera de la familia de la niña Rosita. Muchacho tú no sea pendejo. por eso yo le fío tó. Y la madre engreíale. pué tú no te figura la plata que tenían: ésa era gente de mucha campanita.. las probe. y deja que jablen. Antonio. concluía: —Ansí mesmito é. La ventorrillera apuntaba en la memoria los créditos. Por la puerta. niño. primenito. en pie en la acera. manoteando en muslos y regazo. Mejó. ansí me cogen meno fíao. an pué. acudiendo en mangas de camisa y pantuflas. Antonio se dirigió al ventorrillo.. hasta por allá trá. tan mal que etán. Por entre los hierros de la ventana. y lo mesmo fue mi jija. Son buena gente. repasaba la vida del vecindario y de más allá. abierta con estrépito. pero no e mala ná. vive una sin tené en qué caese mueta. por el Tripero. Tú ve ese tocino. furiosos. y abierta de piernas. indignada. —Las probe. El chiquillo saltaba de regocijo en la esquina. Para tener a la ventorrillera contenta. sonaron voces destempladas en el interior. que dormía la siesta. las altas y bajas de las familias. con un plátano a medio pelan en la mano. Yo conoco en ete pueblo a tó Dió. Y le mostraba la cuenta de la familia. y mi taita nació en el hato del agüelo de don Pedro. habichuela y plátano. mientras los novios pelaban la pava a la reja. detrás de la puerta. Antonio le regalaba de vez en vez. Yo los conozco desdenantes. a tu mandao en cuantico empuñe. que trujenon aquí fue pa ellas. Si Antonio se refería a los perjuicios que su permanencia podía ocasionarle. hasta que dio su mal paso. que vide al mundo da mucha vuelta. aparecieron los dos hermanos sin sombrero. Tú ve las. —Ahora va a saber lo que es bueno. y los vio crecé a tós. la vieja jabla. avisándole cuando Luisa salía y por qué calle tomaba. según los avatares de la política.

enlazadas las manos. El padre de Luisa emprendió un negocio. Los colores de los trajes femeninos y el negro uniforme de levitas. El oficiante les unció con la cadena. según tradición familiar. tocadas por el vino. cambiáronse las arras y anillos. sonriente. A las ocho en punto. que ella misma confeccionara. se mudaron a otra más amplia. y detrás los testigos. marchándose Antonio.. asomándose a la ventana después de reojear el cielo. feísimo. masculló los actos y los artículos del Código. entonces salió la comitiva nupcial del aposento: la novia. oyeron la misa. las lenguas se calentaban. esto es. dos horas. en dos mecedoras bajo la mirada de la vieja que. y en los mediodías y atardeceres. con la suegra. esperando su turno entre bostezo y bostezo.. del brazo del papá. en cuyo condimento doña Rosita puso sus primores. promediaron. Cuando todos estuvieron en sus puestos. recibió besos y congratulaciones. El libro registro circuló recibiendo las firmas de novios y testigos. ya apaciguada. que eran amigos de infancia. conferenciaron. lanzaron bolitas de migas de pan a la nariz de los galanes. De hinojos. Antonio mejoró económicamente. en el salón recién encalado. para terminar por mimarlo. canijo. La escena cambió como por encanto. y en pie. La desposada. durante cuatro años. ¡Manita con la gente! El padre y dos o tres vecinos. en la sala. carraspeó. las íntimas de Luisa que habían de pasar con ella el día. Cada noche. como los pájaros acarrean briznas para construir el nido. mientras la hermana. para él y su mujer. En el centro. color de tabaco. velado. El padre se dormía con el benjamín en las piernas. Minutos después.—¿Qué e eso? Ustedes tan loco y do contra uno. La puerta se cerró. americanas y de alguna que otra casaca masculina se concertaban. sentado frente a sus librotes. al que apalearían. reinó la alegría en todos. En el almuerzo. mesa redonda de caoba. y comulgaron. en la acera. exclamaba: « ¿cómo que va a llover?». renovando a crédito el estrado de la sala. en donde llenó el pañuelo con un par de botellas de cerveza y un gran pedazo de pudín. mientras Antonio. envuelta en amplio velo albo. el Oficial del Estado Civil. adornada con el ramillete de azucenas y rosas blancas. fue comprando muebles de lance y dándole a la novia para la habilitación. y poco a poco. en torno de la misma mesa que sirvió para el matrimonio de la madre y de la abuela. El paso se estableció cerca de la puerta. Luego . al cual se opondrían en la casa. confiábanse proyectos.. mohíno y agraviado. los invitados fueron sentándose en filas paralelas. el funcionario. El día de las bodas ha sido el único feliz de su vida. fueron bendecidos.que eran colocados en jofainas de agua para que no se marchitaran. Desde temprano. atraídos por el alboroto. en la reja. en voz baja. les tomó la promesa que unía sus cuerpos y sus bienes. en cuyo ápice tiembla un angelito de biscuit. por lo que la vieja. en el aposento. reconviniéndose por naderías. y de acuerdo todos. haciendo entrar a los hermanos. Antonio ceñido por la levita. toda la ciudad conocía el suceso. En el último año de las relaciones. favorables o adversas. y el padre de Luisa. el novio. El hombre de la ley fuese en dirección del comedor. iba de abrazo en abrazo. empezaron a llegar las domésticas de las amigas con bandejas y ramilletes de flores. allí el tintero y la pluma. y muchachas que. El matrimonio religioso habíase celebrado en la madrugada. y aun al despedirse una postdata en la puerta. esperanzas e ilusiones. Por la noche. se mecía y abanicaba. y resultó que le concedieron a Antonio autorización para visitar la casa en las primas noches y en la tarde de los domingos. El tío Tomás. y más tarde. se resolvió que el matrimonio se quedara a vivir en la casa. lo que le permitía asistir de siete a ocho. resuelta. solía regalarle con un platito de piñonate o de malarrabia o de suspiro. con la boca llena de saliva. para el efecto. fue nombrado director de una escuela nocturna con un ayudante y pocos alumnos. hubo vayas alusivas que provocaron pucheros de risa.

Este los realizaría. y el médico. En aquella cabecita cubierta de hebras rubias. que no ha venido por cierto con una hogaza debajo del brazo. Antonio. no le notificaba desahucio lo haría cuando le conviniera. a eso de las diez. para repartir a las amigas las flores de azahar del ramo prendido en el pecho. y la pulpería. pues tales amuletos y prácticas tienen la virtud de facilitar los matrimonios. Los chicos de la familia ofrecieron a la concurrencia el tradicional pudín. agradable. Luego. El ventanillo recorta un lienzo de cielo claro. Sentíase rodeado por muro infranqueable: la tiranía. para capear el temporal. a tientas. Había sido preciso deshacerse de los mejores muebles y de algunas prendecitas. «No trabaja. Ni siquiera interroga el porvenir. ni pensarlo. se dirige a la cama. y sobre la almohada empata el soliloquio. y la suspicacia escudriña en su vida. es comprometerse. que tan grato calor daban a sus mejillas cuando lo añoñaba. de los potreros de otro. La cerrazón del horizonte. y la tienda. y la leche que criaba al hijo.. porque le debe a éste y al otro. personaje de la situación. Se dijera que las paredes han rezumado sombras. Y las gentes murmuran. a una predilecta tocó la corona. Cada hora medía una angustia. y con hijo. así como el vaso de cerveza espumosa. aliviada de los quehaceres de la cocina. y más tratándose de uno de los «impenitentes enemigos del orden». acorralado. IX La celda en tinieblas. fueron marchándose aquellos testigos de su ventura. merced a un permiso del Gobernador para que la esposa le visitara. claveteado de oro. ¡Maldita política!. En esta misma prisión le anunciaron el nacimiento del primogénito y aquí también. asentó sus sueños. Antonio desprendió el velo estrechando contra su corazón a la virgen grave que se daba íntegramente. . los guantes. Sí. En los planteles. Entonces comenzó el calvario de Luisa. los que tejiera su imaginación infantil. la criada del niño! ¡Cuántas puertas cerradas en su presencia! Sólo mostrábanse benévolos los contrarios: el propietario de la casa. Ayudar a quien es mal visto por el Presidente.. en la plataforma de la torre. lo aprisionan en su red formidable los intereses creados.. mal dicen. en la alcoba de ladrillos. se tomó festiva. a quien debía meses. La luna de miel fue realmente plácida. tal un pestilente. a meterse debajo del velo. y la botica que acreditaba las medicinas. batista y lana para la canastilla cuando la eclipsó Lilís con la más injusta prisión. El cejo se cuela sutil. menos aún en el comercio. La suegra. y ya habían comenzado a comprar encajes. y por grupos. cortado en trozos y servido en platillos. encontró el hogar en la miseria. por causa de la ausencia prolongada. la gente moza se apresuró. ¡La casa. la leche. ¡Pobre muñeco! Cuando lo excarcelaron. y entre dos barrotes fulgura Venus. lo hubo de recibir en sus brazos. iluminada por una lámpara rosada. Había que trabajar y buscó medios: en el periodismo.. a otra. Sitiado. completa. en parejas.volvió ella a la sala. quiere vivir de la política». le remplazaron.

si le llama pa o si aferrado a una silla grita cimbreándose. sentencia: «un macrocéfalo ». citando íos casos de muchachos pesados para hablar.. Cuando la comadrona saliendo del aposento le avisó: «una niña. la injuria del colegio: «tu padre.. que pregunta y recetan. ¿Y qué Poder humano ni divino transmutará el veneno que corre por sus arterias? Muertos y vivos le precipitan. y sospecha las que en su ausencia taladran los oídos de la esposa: «Bien que te lo repetí. fogata impetuosa le caldeó. decía para fortalecer sus esperanzas. dolores y placeres. La madre no desespera. que hablan y corren. tampoco anda. Cuando alguien dice. y frunce los . el coro voceará: «se ha vendido para gozar. Y por un hilo tenue los conduce hacia la montaña de oro. Antonio muerde la almohada con ira. En la casa. el corazón se le oprime. mientras él. altiva. Es lindo. ¿no es con él una en carne y espíritu?. a través de la charca. hasta que un doctor recién llegado de París. honesta. no le sugiere: «claudica. Señor. le ama. Comienzan las consultas facultativas y las opiniones de los amigos y las recetas caseras. el torcedor es cruel: si el niño reptando se le acerca. que no produce pan ni salud?». humíllale exasperándole. sufrida. se vistió un año entero de listado. La abuela recorre la escala de la familia. En la calle. pero ¿ cómo romper la cadena de agravios y sufrimientos en la que cada minuto soldó un eslabón? No. reconoce el derecho.Al niño le han salido todos los dientes.. pon tu conciencia en almoneda». oyó misas de rodillas. para que se atasquen hasta la nariz en el fango purulento. le enfadan los conocidos. encomendándose a la Virgen de la Altagracia. y si le obligan a hacer pinitos. para ganar su misericordia.. espiaba el vientre de nuevo fecundado. Ese es el castigo de tu desobediencia». demuele la obra hecha. la elegida. ¿pero es que eso mismo es posible? A los vencidos. los preceptos del Código y los del apóstol. Inútiles los andadores. nació muerta». los había escuchado impaciente. el odio es también una fuerza y ya se las pagarán. son adversarios suyos. líquido álgido circula por sus venas. sintió vergüenza de sí mismo pero respiró libre de la duda terrible que le había atormentado durante los meses de la preñez. y cuando al fin se rinda. Si. tus ilusiones. Y ¡cómo le laceraron esta vez los gritos de la puérpera! ¡ Qué distinta la emoción! Antes. tan tremenda expiación! ¡Ah!. y les concede además sol y aire libres. y come ya pan mojado en salsa de habichuelas. les apretaron. ¡Y por qué. y continuó moviendo el pedal de la máquina de coser sin quejas ni reproches. le hiere.. La idea de inspirar conmiseración. acaso maligno. atónito. «el pobre». ahora. ¡ Esos son los virtuosos! ». eso se ve todos los días. deja esos amores. un podrido». gozoso: era la corola que se abría para dar a luz el fruto inmortal de su sangre. ¿Y ella misma. pero no acepta sin reservas la comunidad. le han bautizado. las mejillas ardiendo. el tirano todopoderoso les tira un mendrugo. los que asesinan y roban al país poseen el contento en el hogar y se recrean con hijos sanos. Los meses transcurren. y su lengua que sólo articula monosílabos inconexos le grita: «sacrifícame tu vanidad. ¡ Qué dolor! La inquisición del galeno penetró la ascendencia hasta el abuelo. y Antonio recordó. Lágrimas ardientes le rescaldan las mejillas. y ella no vacila. «Los médicos se equivocan. y el suyo se arrastra por los ladrillos húmedos del piso o se agita con movimientos de arácnido. Ella y todos. pero su lengua no ata las sílabas. ¿no comparte ya con orgullo e integralmente sus empresas? Los pesares del noviazgo.. y hoy el hijo les separa. Se arrastra por sobre la estera. cuando se ase a la esperanza de ir al extranjero en busca de los recursos de la ciencia. tal vez en el extranjero». ni siquiera gatea. las piernecitas se doblan. ¡tan milagrosa! Y en promesa. tu dignidad. Mortifícale tal interés. arroja lejos de ti el pasado infecundo. Aquel guiñapo humano exige sacrificios. ¡Aquella larva había sido engendrada por él! En los ojos de la suegra lee la acusación implacable. y amorosa. los fortificantes y las fricciones de aguardientes balsámicos. ciega.

todavía cerrada.párpados de miedo a ver materializarse recuerdos y pensamientos. pulidos por los primeros rayos solares. ¿Qué demonios ocurrirá? ¡Daría lo indecible por saber! Se baja. ¡ Había revivido su vida! *** La puerta. que esto no es cosa nuestra. Antonio prorrumpe: —¿No hay otros más estrechos? Dense gusto. y arrimándola a la pared. y tejiendo con tres de éstas un cordón. El alcaide entra. salta hasta el mecedor. despertado. Oficiales y soldados trajinan por el patio. antes que el otro. ase los barrotes. se desperece. frente a frente. y. mesa y demás trebejos. taja el silencio. y los martillazos sobre la chaveta remáchanle en el hueso. va al lavabo y se ablusiona. Antonio. al abrirse. Buenas noches. pero mis enemigos entre las sábanas finas. Boca arriba. Antonio se alza. Su primer cuidado es acomodar los grillos. Algunos paisanos salen a la calle solitaria por el postigo de la puerta monumental. En el patio. lo anuda por la mitad a la barra a fin de mantenerla suspendida y aligerar el peso. y. X Las cornetas de la diana cantando «despiértate. limará la chaveta. Más adelante. Se alegra del. silla. y en la que se detienen. voy a querer me haga el favor de venir. se asoma al ventanillo. que ya cobraremos. y haciendo tiras. después no se quejen. Está nervioso. toma un libro. Se apoya en la cama para que se los ponga. a pulso. Los anillos muerden la piel. Uno de los ayudantes se le acerca con un par de grillos. Antonio reconoce la antigua Capilla. Los ayudantes cargan catre. La llama de un candil rasga las sombras. la hora de la venganza está próxima. Los gallos. se consuela. le sacuden. el dinero. entre la torre y la puerta. Y avanzando un pie. traslado: este calabozo tiene vista al patio de la fortaleza y a la calle. va al catre. rodea los anillos de modo que se amortigüe el roce del hierro. y le ordena: —Amigo. temen. El preso sigue al carcelero por celdas y pasillos. La voz del hierro rebota en las piedras. no se sulfure. acarrea la silla. al efecto. —Amigo. a saltos de rana. se les escapan. y entonces dormirá sin ellos y aun se librará durante el día. . después. que brillan. La claridad se tamiza por el ventanillo. Y con ese néctar en los labios se duerme. tiene cominillo. y puerco no se rasca en javillo. soldado». pensando: cambio de calabozo y grillos de noche. algo serio sucede en el país cuando interesa asegurar los presos. Yo dormiré mal. han colocado cuatro cañones. despernanca los calzoncillos que se mudó ayer. sírvese de ella como escalón. se incorpora. vuelve a repetir. El poder. desenroscan las cintas de sus quiquiriquís. para ensayar. seguido de dos ayudantes.

y ávido lee: «Hay mucho movimiento desde ayer tardecita. frontera al cuartel. no importa. un oficial acerca uno de los dos cañones. en mangas de camisa. Se acuesta. En la terraza. ni tan insoportable la pesadumbre del silencio. es un buen hombre. Nunca le ha parecido tan lento el ritmo de las horas. como las espaldas corcovadas de un gigante. Los balcones cerrados En el patio se yergue un árbol enfrutecido de pomas de oro. pero eso sería demasiado fúnebre! ». y la bandera nacional asciende lentamente. coloca el tirafrictor. limita la calle Santo Tomás. y de súbito abate cabeza y brazos. mira abrirse las hojas de roble a grandes clavos. espinosos. El isócrono tronar del cañón interrumpe sus cavilaciones. Las tropas están acuarteladas. saludada por toque marcial. y se marcha sin pasar de los buenos días. hay un obstáculo que re-presa el líquido. La pieza recula. Sería tan triste equivocarse. «Este hombre es muy marrajo. por la primera cuadra advierte gentes presurosas y bien vestidas que entran en casa del Gobernador. la sangre circula vivaz. De nuevo lee y relee. ¡ si fuera Lilís! ¡ Cómo le pesa no saber de memoria las Ordenanzas Militares! Y se complace observando cómo el sol hila sutilísimos alcatifes sobre los ladrillos. abre la recámara. es un papelito cuidadosamente doblado. ¿quiénes serán? Y se empeña por distinguirlas. cargados de flores marchitas...A las seis. la noticia le pasma. aparece un tupo: cuatro o cinco personas. A mediodía. y es capaz de fingir su propia muerte para averiguar quiénes se alegran» . con el almuerzo. Aunque la masa de la Catedral n sus cúpulas. ¿ Cómo vencer las dudas?. tiene envarados los pies. Se detiene. y no se atreve a aceptar la otra tan grata. En abriéndole lo pone al sol. Leer. La guardia de prevención se forma presentando las armas. ¡Ajá! entre s dos disparos ha transcurrido un intervalo largo son: honores. estalla: .. ¿saberlo todo?. ¿A quién? ¿Al ministro de la Guerra? No. Ese que no ha tenido siquiera tiempo de vestirse completamente. En viéndole. y junto a él dos cayucos altos. pues. Por la galería cruza una negra con una jarra de leche hacia la cocina. El pecho se le hincha. Mataron a Lilís en Moca». un engañ9 más no le importa. derruido las paredes. un ayudante le introduce el desayuno. desabrochado el cuello. el humo sube. Gana el mecedor. Pero la han izado solamente hasta media asta. Improviso arruga el ceño: «si fuese. y alejándose unos pasos dispara. mentira». que hablan con aparato de misterio. Es letra de su mujer. un chiquillo en cueros corre. ¿De qué tratarán? ¡Ah! ¡poder de adivinar el pensamiento! No le es posible mantenerse más tiempo en vilo. que da a la calle Colón.« ¡ Caramba.. Se frota las manos. Un rayito de sol cabriola en la calva. ¿ dónde y quién le dio muerte? Y su imaginación concede al desconocido las virtudes creadoras de los héroes. desecha la idea. entra el alcaide. un cabo toma del arcón un cartucho. continúa suspenso atalayando. ¿Qué pasará? Las manos le escuecen. Le parece que un puño invisible le ha roto el grillete. ¡imposible! Va del ventanillo al mecedor. El estampido rueda por el ámbito de la ciudad dormida entre la colina y el mar. Y en seguida. Se siente libre. En el patio sigue el trasiego.. Bailaría de gozo. Antonio registra el pan: ¡ nada! y por el pico de la cafetera comienza a apurar el café. De nuevo la voz del cañón retumba. Las cornetas a la sordina y los a tambores destemplados indican duelo. busca. la cierra.. es el prócer. aspira con fuerza.A cosa de las ocho. la guardia de prevención reforzada..

. que ahora vamos a tener derechos. exulta. ¿quién? —En Moca. —¿A quién? —Al Generai. amigo... eso es palucha. libertad. El viejo se desploma sobre el mecedor. Antonio. Lilís ha sido un padre para nosotros. al fin! —No te alegre.. no. carijo. alégrese usted también. así decían. aunque el monte sea más grande que la iglesia. un hijo de Memé Cáceres y otros. que los ha explotado a todos ustedes. pero los pecharán. ¿verdad? —Ello. —¿En dónde?. —No creas todo monderó. mira que ese hombre va a ser mucha falta pa toos. cogieron el monte. sin cuidarse de la cantina. ¿qué hay de nuevo? —El desmandingue. —No. —¿Y usted no me decía que Lilís estaba untado. la boca húmeda. verá usted como habrá más prosperidad.. insiste: —¿Pero qué es? —¡Qué va a ser!.. —¿Y los capturaron? —No. las manos azogadas. . —-No crea eso. que lo mataron ayer de tardecita. las pupilas brillantes. —¿Pero es verdad? —Hombre sí. pero yo «visto y después Lisboa» —y el viejo se golpea con fuerza las rodillas. Antonio.. y a este país no va a haber quien lo gobierne. Lilís ha sido un tirano y no otra cosa. ¡qué va!. —¡Al fin.. —Así será. que no le entraban balas? —Ello. —Y usted cree que está muerto de verdad. Tú no conoces la gente.—¿Cómo está Papá Quin?.

Mientras tanto. con la frazada terciada. pero se ha suavizado. Una tarde. —¿Has venido a visitarme? —No. «no creas too. fastidiado. Ha visto desfilar fuerzas del Batallón Pacificador. —¿Tú. En la calle. Eso no pué sé. preso también. a veces dentro de una arepita frita.Y el alcaide. el bienestar del país.. Eso está muy bueno en los papeles. ya verás. exacerban su impaciencia. y él está retenido allí. chico. pero yo te digo. y componen una semana. Antonio le observa de arriba abajo y exclama: —¿Pero eres tú? —Sí. El alcaide sólo suelta noticias vagas. de un dulce. Y el viejo replica: —Muchacho. un día sigue a otro. confuso. las conversaciones con el alcaide. Antonio. el tejemaneje de militares y civiles denuncia la agitación exterior. y de estirarse los puños de la camisa. y Enriquito nos invitó a ti. A retazos sabe que los matadores de Lilís escapan a la persecución. a mí y a unos cuantos más. Arturo Aybar después de carraspear para limpiarse la garganta. —Yo me negué. no creas too». le quita los grillos. El rosario de las horas es interminable para el preso. registra menos la comida y se hace más comunicativo. se abre la puerta. Y sentándose el uno en el catre y el otro en el mecedor. que en la frontera Noroeste hay gente en armas. cuando el tedio de la expectación se trueca en pesimismo. o escritos en el fondo ahumado de la cafetera con un alfiler. Y se estrechan en un abrazo afectuoso. que aguantan too. tú no conoce esta tierra. en instante tan propicio a su energía. los mensajes clandestinos de su esposa. —Cuenta. en la mansión vecina. en el cuartel. en los mediodías continúa su prédica. y en su marco aparece la figura parisiense de Arturo Aybar.. pero no eres de la situación? —Sí y no. parque y un cañoncito. cuenta. comienza su peroración: —Recordarás que cuando me convencí de la inutilidad de las revoluciones contra el poder de Lilís. . el mismo que viste y calza. inútil. ponderándole las libertades que ahora disfrutarán todos. se rasca la cabeza en la cual bullen dudas.

y sin embargo. y atacarlo. fiel a mis convicciones y a mi historia. ¿y tu prisión? —Ya llegamos. La culebra se mata por la cabeza.. no te satisfizo la oferta. Lilis sabía desde La Vega que algo serio se tramaba. cada uno de los jefes tira de la manta con el propósito de empuñar la herencia de Heureaux. y en la Línea se pelea. —¿Pero por qué te prenden? —A eso voy. he apoyado la evolución para ir preparando el terreno. —Bueno. eso hubiera sido muy caballeresco. porque convencido de que cambiando elementos gastados y malos por nuevos y buenos. —¿Y cómo y quiénes mataron al negro? __Un momento. en sentido liberal. y el Gobierno está dividido por dos tendencias. y además que yo no servía a Lilís. pues cada uno relata a su acomodo. Pues bien. y a paso de carga. y con razón. los mozos de Moca triunfan. más o menos. sostiene la una la pura doctrina lilisiaca: el chicote. Esto gotea como los guineos maduros. los de Moca. se mejoraba indudablemente. llamado por el Presidente. despachó el Estado Mayor por delante para Santiago. porque Lilís era invencible. me movía para ligar los jóvenes. Los que operan en El Cibao piden dinero y armas. pero esta mía es el evangelio. Al efecto fui nombrado Cónsul General. qué calor! Y Arturo se desviste. Hace un mes.. por gente de adentro. A los conjurados ya les arreglarían las cuentas. rompe el equilibrio. y héteme aquí. pero Loló ha dado un batatazo y me zampa en la cárcel para demostrar que es más fuerte que Enriquito. Como comprenderás.. porque temen el encumbramiento de aquéllos. ¿Y quién se atreve? Y Mon tomó para sí la empresa en la cual habían de colaborar otros muchachos. sino al país. y la otra propende a la evolución. pero no me interrumpas. El Gobierno es una olla de grillos. que en cincuenta años de vida pública jamás ha caído. civilista. yo acepté. ¡Caray. pero muy fácilmente Lilís habría escapado. en París. según sus órdenes. Una vez en paños menores. la revolución tiene a Juan Calvo. y se quedó solo con un oficial y el Secretario para seguir aquella misma tarde. y ayer no más han cogido a San Francisco de Macorís. colocando en el catre las ropas. cuidadosamente dobladas. Mon Cáceres rechazó el plan. como antes todo proyecto de revolución. porque la tengo de muy buena tinta. Pero en la bajaíta lo espero. ladeándose a la izquierda. ahí vienen. ¿ Tú conoces a Moca? —No. pero los que mangonean aquí no aflojan. las autoridades locales. y Manolao. narra: —Hay varias versiones. Mientras tanto. e inicié la lucha con un artículo en favor del Manifiesto de Manolao. aunque tienen detrás fuerzas numerosas. . regresé. Verás: Horario Vázquez propuso esperar a Lilís en el camino con un grupo igual al que le acompañara.—Sí.

y con el panamá le hacía visajes de brujo. —Sí. El último disparo fue a quemarropa. —Sí. y se batieron. pero la verdad es que cuando el lance se trabó. el bembe chamuscado y tumefacto. preguntó: «¿qué hace ahí ese joven Cáceres?». Lilís se irguió. apoyado el cañón en la boca. pues fíjate bien. se quedaron solos Lilís y Mon. Lilís estaba sentado en la acera. con botas y espuelas calzadas. y a Mon mismo debió de asombrarle aquel hombre que acometía impávido. Lilís infundía pavor. rato antes. la gloria será toda suya. y un desayuno suculento. el matador de Lilís es un libertador. sin que nadie se acercara. escapándoseles de milagro. —Es verdad. —Mejor. —Óyeme. Mon es alto. Dicen unos que Lilís mató a un viejo limosnero. ¡Le parecía mentira! Y saltó sobre el caballo y escapó con Pablito. y una guásima. detrás de ella hay una barranca. y hasta ahora la carga es para él. Como oyera en la tienda la voz de Mon Cáceres. pero ese Mon es un héroe epónimo. de espalda al árbol. El primer tiro. pero le cerró el paso Manuel. en la puerta de la oficina. pero tenía que ser: entre él y la sociedad había pactado un duelo a muerte. y ¡qué ganas tengo de darle un abrazo!. así se ve en la fotografía del cadáver. Sin embargo. dura lex sed lex. Ahora todos encuentran la hazaña fácil. dicen que se lo dio por la espalda Jacobito de Lara que salió por la puerta del patio. hablando con don Jacobo. al cual. también su responsabilidad es grave. Un azafate bien surtido dos veces al día.. en la que están las oficinas. a grupas. aunque lo malo es que en este caso la gloria cae dentro del Código. en la diestra un revólver y en la siniestra una daga. El almacén de los Lara forma esquina. —¡Ah! eso ya lo supongo. quien tomó el revólver que llevaba en bolsillo trasero del pantalón con la izquierda. ha hecho servicio eminente al país. El oficial que le acompañaba acudió a los tiros. un hermano de Cáceres. como dos gallos. pues los otros se sacuden. otros que fue Pablito Arnaud que hacía fuego desde la esquina. en cuyo tronco amarró Mon Cáceres su caballo. Otros dispa-raron. hercúleo. buen tirador y gran jinete. que también tiene puerta a la otra. y como la casa es la última de la calle transversal. ya puede seguir el curso de los .—Bueno. le había regalado una papeleta de cinco pesos. Mon estuvo siempre frente a frente a Lilís. y despídete de los que la pensaron. vio a Mon enfrentársele.. cargó de nuevo el revólver. Avanzaba increpándole. A Arturo le mandan las comidas del Hotel. a pesar del plomo que le destrozaba el pecho. y pasándolo a la manca hizo un disparo. ¡Qué toro! —Era valiente. y en el acto. y más aún. le esperaron más de una vez. No olvides ese detalle. cuando al fin cayó Lilís. retrocediendo cuando Mon le amagaba con el puñal. Mon. El cadáver quedó tendido en la calle. a una calle da la tienda. le examinó para cerciorarse de que estaba bien muerto. El aburrimiento de Antonio se disipa. a quien hubo de conocer la noche antes en el Club. Aún caído.

¿pero tú crees que le temo a los que vienen? No hombre. yo encontraba pésimo cuanto hacía el Gobierno. si no. y así será mientras no lo eduquemos cívicamente. se cuidarán de buscar a los prácticos para que los ayuden. Al que no quiera lo haremos digno y libre a la trágala. Lo primero es el orden. y a esta hora ya se está tramando una malla impenetrable para los intransigentes como tú. palabra por palabra. desde el Puente Viejo a media noche a Notre Dame. y prepárate al desquite. y cuando hayas contemplado. a olvidar culpas. —¿Y el pueblo? ¿Acaso no apoyará a los que le han librado de la tiranía? —Estás repitiendo. y a nuestra capital fea y fastidiosa. ponen entre ambos barricadas. Los revolucionarios necesitan a los gobiernistas. Hay que sanear por el hierro y por el fuego. lamiendo el Louvre que la luz matiza. —¡Ah! . Como tú.acontecimientos. __Tú hablas así porque te conviene. compadre. media docena. te juro que no somos tan malos y que abundan bellezas junto a las cuales pasamos indiferentes.. Oye mi consejo: consigue un Consulado y vete al extranjero. así pensaba yo. lo que importa es restablecer el orden y administrar. lo comprendo. silencio. otros por trasmano. aspiro a que gobiernen los honrados. pe bu. pero sólo así se salvará el país. y hoy después de conocer a Nueva York y a París. si cuando lleguen a Palacio. Antonio. Créeme. Échale agua al vino. —No me importa. Los intereses creados son mayores de lo que te figuras. el pueblo en este país baila al son que le toquen.. lo que yo decía hace años. ésa es la realidad. —¡Pues estamos frescos! Con esa cantaleta nos jeringan desde el 44. no lo ignoras. acuérdate de que has pasado muchas crujías. comentan y discuten. . la luna entre las dos torres o al Sena. no aflijas. —Sí. aunque te contraríe. cuando era un iluso. —¿Cómo? ¡Ah! de modo que vamos a seguir por el mismo camino. tendremos jandinga para rato. aprenderás a sentir la voluptuosidad de nuestro ambiente y a descubrir las sensaciones estéticas contenidas en los arcaicos sillares de La Primada. y si le apalean. tarea que requiere tiempo y paz. como dice don Fellé. hasta que los tropezones me hicieron levantar los pies y mirar hacia el suelo. las noticias de los éxitos de la revolución o la varadura del crucero Restauración en las patas de ñame del puerto de San Pedro de Macorís. —Oye. Antonio estalla: —¡Hay que acabar con el lilisismo! Es obra gigantesca. no. —Pero chico —replica Arturo—. y ¿quiénes son los aptos para esa empresa? ¿Quiénes los puros? Si el que más o el que menos tuvo que hacer con él: unos directamente. __¿Pero cuáles son?. y ése será el fruto de la transigencia. por ejemplo. Una cosa son las teorías en los libros y otra la acción.

Que aquella edad con que soñé no asoma. yo repetiré con el poeta: Tengo el alma. tal cual es. el Bulevar. a quien los éxitos de la revolución han amansado. Y óyelo bien: nunca apreciarás el valor de sus teorías en nuestro ambiente encendido. así será. y no se mezclan impunemente las manzanas buenas con las podridas. trasladados el alcaide. a través de una copa de champaña. porque te pida. un par de horas les distraen las evoluciones de los soldados. al salón. concluyendo: —¡Qué escuela!. La realidad. a fuerza de planazos y constancia de los instructores. pálido..! XI En aquellos días caniculares. el mayor de los departamentos de la torre. en donde la primavera resta gravedad a la Ciencia. y las alcantarillas. y la voz de los sabios y las risas de las cocottes se armonizan seductoras. y si la realidad es la que pintas. En las mañanas y tardes. Con mi país de promisión no acierto. la Virtud y el Vicio comparten aquel reino encantado.. que exprime tantas vidas. Y Antonio. expone las visiones tentadoras de París. y las bibliotecas. limpiaremos la República. Señor.. repiten durante los cuatro años del enganche los mismos ejercicios. Y Arturo corea el arrebato lírico con una risotada. frére.¿Has visitado de noche las ruinas del Alcázar de los Colón? —No me vengas con esas filfas. Otra patria. aquí o allá. los dos presos. y también las cátedras. —¡Nunca! La verdad es una. que a la voz de uno. y los museos. dos. Montmartre. bajo las aspas rojas del simbólico Molino. pero sigue mi consejo. que tú sabes bien que yo tengo razón. los aniversarios patrios. cuyas ventanas miran al patio de la Fortaleza. Al grito de abajo el lilisismo. por . en un café de la plaza de la Sorbona.. y porque amo la libertad lucho para que rija nuestra vida. llegan hasta desfilar. al río y al interior de la mazmorra. Nana. Mis tiempos son los de la antigua Roma. sin marcialidad.Y Arturo balanceándose en el mecedor o recorriendo la celda. y el gran mercado. —Lee esos versos de Zenea. Y mis hermanos con la Grecia han muerto. la verás desnuda. y que a la postre. señala a su contrincante un muro del calabozo. la alegría del Barrio Latino. rematándola con el refrán popular: —¡Ay. en calzoncillos. Y no me culpes. —Bueno. languidecen. los escribió la mano viril de otro intransigente como yo. no. adolorida Por unas penas que no tienen nombres. en compañía de una griseta. se aburren. en columna de honor. sal por la boca del Ozama.. otro siglo y otros hombres.

¡Pobres sol. las pasiones eran sinceras. que se acusa de tal pecado. y si desertan. porque poseen titulo académico. leen o disputan acerca de las últimas noticias. de noche. cuenta las rejas. tuvieron los mismos ensueños. por cierto. Los veintidós años de dominación haitiana disgregaron las castas coloniales. un articulejo. se dice. Sí. limpian las vías o trabajan en las edificaciones de los magnates. Cree que su misión es combatir. a rastras la cadena. el intelecto. o hacen frases y chistes. se dieron las manos. Antonio pasea a zancadas a lo largo de la estancia. Ninguna idea les concierta encerrándose con frecuencia en silencio hostil. les fusilan. las manos atrás. en la Plazuela de los Curas: revolcándose. custodian las yuntas de penados que. pegaron y mordieron. más astuto y frío. Y como él tantos otros. La tiranía de Heureaux. jamás apropiado a sus pies. pero ambos llegan a su hora. aprovechóse del impulso ingenuo del otro. la fiereza con que Portocarrero se ha estrellado contra la tremenda realidad. se arañaron. la abnegación y la implacable saña de sus bregas. son mal pagados. hiere o se quiebra. en Báez. y sacudiéndose mutuamente los trajes empolvados. en los corrillos. las clases se mezclan. Caudillos y huestes concordaban. No. Arturo. y a seguir a paso lento. el consejo virgiliano: cuida el árbol para que tus nietos recojan los frutos. jugaron juntos. Arturo recuerda con cierta ternura la última vez que riñeron. y fueron los restos de éstas los que dieron molde a las dos facciones contendientes en la primera república. arma terciada. carabina al brazo. de ahí el fervor. De niños las dirimían a puñetazos. sufren la horrible tortura del zapato. el . Antonio y Arturo matan el tiempo jugando a la brisca o al tute. o empollan. aquella no era una escuela. jadeantes. que no compra a tiempo la autoridad local con potranca fina u onza pelucona. y Arturo. Arturo registra ayer y hoy en busca de un hilo para guiarse mañana. Para ellos. esperan en las esquinas el condumio con que les regala la criada corteja. amodorrado en el mecedor. hacen oficio de mandaderos. A la verdad. de año en año. y ataca sin mirar a su alrededor. El odio a la tiranía los unió. el kepis ladeado hacia la oreja. y en seguida. reconoce y admira. por tanto. y en la primas noches. monologa. adviene un factor nuevo. y si la brisa refresca un tanto. que la avaricia entierra. balanceándose sobre las piernas abiertas. las procesiones religiosas. más o menos ingeniosos.delante de la mansión presidencial. ya adolescentes. por un quítame allá esas pajas. nunca supieron el dolor que cuesta alumbrar una idea. comunes. Se conocieron en los bancos de San Luis Gonzaga. pero el uno. como Antonio y muchos piensan. Con la perspicacia de los ojos que vuelven a ver. ahora con palabras a veces agresivas. no es. y en las horas francas. de pipiripao. duermen en duros camastros. observándolos por los cuatro lados. Con la levadura de los restauradores triunfantes de España. haciéndolos semejantes. y que. En Santana predomina el instinto. no ha sido adventicia. exterminar. sin miedo ni fatiga. la disciplina social desaparece. Es como un dardo: ciego. o son lectores de novelas. estudiaron en los mismos libros. Los hombres tienen prisa de gozar. pueden aislar seres y cosas. les apalean. y desde entonces datan sus divergencias. él que tuvo puesto en la mesa del festín. dados de una democracia! La injusticia les recluta entre la hez urbana y la gente moza campesina. Por las calles. pues no modelaba los espíritus. fueron a calmar la calentura con sendos helados en el café La Diana. de esas con la efigie del rey Carlos IV. que se dicen intelectuales. Mientras visten el uniforme de dril azul. Después del toque de paseo. no conoce a los hombres y acepta con la mayor candidez que la tiranía desaparece con Lilís.

no se concilian en una sola aspiración. acoplamientos infames. dar y recibir golpes. atisbar en las almas. tornamos a las andadas. La exaltación revolucionaria presumió. Como el griego. y las mismas manos lo derribarán al día siguiente. rotos los ídolos. que tenga. sin temer a los dientes de los tiburones ni el mar. ¡pero qué va!. o salvando el muro y las rocas. en la cama mullida. por sentimentales. por merced arbitraria o por la de su arrojo. sin embargo. apurarían la cicuta sin temblar. odiar. vadean la ría. estudiando a los hombres y sus flaquezas. medio desnudos. mete al país en el puño de su diestra manca. Pero como a su sombra maléfica no ha creado ni una oligarquía vigorosa ni una conciencia nacional. a los golpes de estado. dispersas. encastillados en sus virtudes. La empresa es hermosa. acres vozarrones de bestias en brama. troncos sin savia para otros. mas no sabrían encontrar el ritmo de la vida en la cabellera del discípulo juvenil. así la arriesgan frente a los fusiles de los cabos de vara al primer descuido. esta frase es de Castelar. de cadenas. bajo un jefe único. temidos más bien. El baecismo sobreviviente impera con más vigor que antes frente a los azules.. pero no. Arturo. sanguinarios. dos. a los pronunciamientos. tal vez cuatro. las figuras efímeras se suceden en Palacio. como quería el florentino. Del corral de los criminales suben ruidos de cacharros. a los gobiernos estériles. inexorables en el juicio.peculado asoma. o un novel general enamorado de las doctrinas de Hostos. padecen hambre. aquí no será profeta uno a quien han visto en mamelucos. miseria del cuerpo y del alma. en la mesa rica. consuela o fulmina. contagian al adversario. duermen en calabozos infectos. hasta que la anarquía engendra a Heureaux. satisfechos de lo que han sido. Expulsar de sí al sibarita que se place en la lectura de libros bien impresos. vencer. Los hombres. cuya voluntad suma todas las ajenas. Arturo. ¡Quién se atreviera! El diablillo del orgullo le tienta. Y. y encumbrará un civil. y. un hombre de levita. sin género de duda. Fragmentados ambos. que basta vitorear la libertad para alcanzarla. bajar de la torre de marfil a la arena. el capricho aparea el asesino con el ratero. las regiones se imponen. amar. a la postre. en el vino añejo. se inicia la era de los caudillejos ignorantes. redime. No. Más te importa leer a Maquiavelo y estudiar a Lilís. y cuando. en tal ambiente de asonadas. —Déjate de pamplinas. se destacan un austero ideólogo. son demasiado honrados para algunos. decir la palabra que alienta. y. a espaldas de la ley se libertan. El laurel. quienes. de los campos cultivados vendrá el varón fuerte. —Oye. sacrificarse por una idea. la ocasión es de perlas. Y de un salto.. ser un hombre como los otros. respetados. se planta en una de las ventanas orientales. volando chichiguas. esparcen tales miasmas por los campos . la existencia es la más dura condena. en la hembra entre encajes y perfumes. no queridos. permanecerán aislados. y cercenando cabezas. En la anafaga del río expira la tarde. en la obra de arte. los capitaleños se reirían de él. . de la raposa y del león. ¿En dónde el corazón que nos nutra con su sangre generosa? ¿ En cuál cerebro anida el pensamiento mentor? ¿Los viejos? Uno. triunfar. fusilamientos y asesinatos. que no comprende. una mente patricia caída en la dictadura y un poeta epicúreo.

. El pronunciamiento se impone. Pero ésta no debe permanecer inerte. naturalmente. la palestra lo espera. Un abrazo los confunde a los tres. El contento se pinta en los rostros familiares. Manos a la obra. El lee en todas las pupilas un acuerdo tácito. toca ya con las culatas de sus fusiles a las puertas de la capital. Hay. le presenta un gran plato de natillas con sus iniciales en canela espolvoreada. ya era tiempo! Y ahora ¡a triunfar. ha de ser de todos. y de que la revolución. desde las puertas y aceras le saludan. a través de los gruesos muros. Y esta noche será. le oprime. es preciso dar un golpe y derribar el Ministerio que asume el Poder Ejecutivo. ¡Cómo ha crecido! Antonio le carga en vilo y entra con él en la casa. pero a qué remover las penas del cautiverio. ¡En libertad al fin! Tiene alas en los pies. vecinos y transeúntes. pero hay que arrancarse de allí. ella le acompaña hasta el umbral. sugestiva..Del antro asciende una voz fresca que entona una canción penetrante. se empina el hijo. Los ojos de la mujercita reflejan inquietud resignada. Algunos han vestido chamarra de dril. la misma que a la vera de las rejas sollozan las guitarras a la luz de la luna. apá. sujetándose a la puerta. mezcla de alegría y tristeza. pues. ¡Caramba. la letra vulgar conmueve acercando a los hombres. a realizar los sueños! Le hacen coro. Sí. jubilosa. ¿cómo es posible que la victoria sea íntegra para cibaeños y seibanos? No. no me esperes. En la calle esperábanle dos amigos en un coche. temblequeante. de dicha. Por el trayecto hasta su casa le enteran del acontecimiento del día. ala. Desde las siete de la noche en el Parque de Colón nótase la presencia de corrillos y el ir y venir de gente moza armada. Le ha anunciado. Antonio acoge el proyecto con fruición. Y Antonio abraza con fuerza afectiva. y con voz insinuante pregunta: —¿A qué hora vuelves a cenar? —No sé. que saborea en compañía de los amigos. pétalo. El hechizo del ambiente le encadena. pero no tengas cuidado —y en la oreja siembra el secreto. de bombito y . que avanza por el Norte y el Este. y de una vez. la renuncia del Presidente Figuereo. lo que importa es el porvenir que empezará dentro de dos o tres horas. y una impresión. que aúlla amá. *** Las cinco de la tarde. destila una lágrima de las piedras siniestras: Símbolo de mi amor Inmenso y triste Guardo el blanco pañuelo. efusivos. Antonio baja a saltos los escalones de piedra y atraviesa como una flecha el patio hasta ganar la puerta. otros. Por las calles del tránsito. y cuando se dispone a salir. La cuñada. Cuando el coche desemboca por la esquina próxima a su casa. fecundándolo con un beso. que apresurarse. que promete días de prosperidad.

» Pero otra detiene el coraje. Provisto de un vaso. empiema unos pantalones remendados. a relatar los hechos. con él. en el cual están la sala y los dormitorios. Descuélganlo. XII Muy de mañana.. reflexiva: «hay que tomar precauciones. El pronunciamiento culmina en una Junta Gubernativa. toma camino de su casa. . y el grupo se disuelve. se enjuaga la boca gargarizando. sus a él! Y las piedras golpean las mansiones de los engrandecidos. embrazan larga carabina y cruzan al pecho la cartuchera repleta. a repartir desde ya la parte que a cada cual corresponde. los unos a montar guardia en la Gobernación —es necesario estar alerta. baja del piso alto. comedor. Antonio. y escupe las bocanadas al patio. que se están quedos y a cal y canto. en donde el ministro de Relaciones Exteriores entretiene un corro con su charla amena. presa de vago malestar. ¡Abajo el Ministerio! grita una voz. toalla al hombro. y. sí. inflamado. conviene pronunciar la Capital. felicitado. y a su impulso el grupo se dirige por la calle dcl Conde a la Gobernación de la Provincia. sí. va de aquí para allá. escaleras arriba gana el despacho del Gobernador. y ciento. Un chalet que irradia luz por sus cristales atrae las miradas. cantarinas. a guisa de cepillo. echar por tierra el Ministerio. hacen añicos las ventanas. y recuerda que el general Figuereo ha renunciado al poder. Aunque el nuevo Gobernador simpatiza con la revolución. dejando el lecho. acusa lapidando. roncas las gargantas. los pies desnudos en holgados chanclos. ¡Ese rasgo merece más respeto que los fusiles de sus azuanos! Y los gritos llevan el ardimiento de la pasión regeneradora a los habitantes de La Primada. a pesar del triunfo. y otra. El contentamiento los impele. En cada calle erige un pretorio. edificadas con el oro del pueblo: tiembla entre su lujo. Una voz apunta: «¡a donde Manolao. y no falta quien se tercie el machete de cabo.. el enemigo se esconde en las casas. en el Casino o en el en el Club Unión. tiene azuanos armados en su casa. cuyas borras hierven. en anafe cerca de la puerta. cocina y cuarto de baño. ¡Pues. los caídos pueden reaccionar— los otros. Antonio rehúsa la botella de cerveza fría con que le invita uno de sus correligionarios. compuesta de zaguán. mientras ellos les devuelven el bien sumo de la libertad.. ¿quién quita?.. y manos y pies le hacen trizas. abrazado. Hay que galvanizar la ciudad. Luego se sienta en la clásica sillita criolla a esperar el café. se frota los dientes con el índice. Pedrada certera rompe una vidriera. El objetivo de la épica jornada ha sido descubierto. El grupo. ¡Es verdad! Y la multitud piensa que sería inútil manchar con sangre tal proeza cívica. desmayados los brazos. Se cuentan entre sí los comprometidos. porque.saqué cola de pato. ¡Viva la revolución! ¡Muera el tirano! Un bastón de ébano fracasa el cristal del retrato ecuestre de Lilís. uno de cuyos miembros perteneció al Ejecutivo derrocado. y sin que la policía. La fogosidad los ciega y los concita. cuchicheando. concertando pareceres. en camisilla. y se echan de nuevo a la calle. a la planta tercera. y. lo llena en el tinajero y asomándose por la ventana de la cocina. Antonio. les moleste. cuyo cuartel está en la planta baja.

despercude cacharros. En uno de los ángulos. El sultán engalla la cresta cárdena. en el borde de aquél. en fila. concordándose el placer estético con la utilidad de la medicina casera. cuyas hojas purgan arrancadas hacia abajo. las ollas vidriadas y las pulidas cucharas de higüero. Dos puertas la comunican con el comedor y el patio. «Eso no es tener conciencia». Entonces se escucha su voz que cuenta: «uno. cuyo tronco forma un codo. enfloran mosquetas y cienhojas.La suegra preside en el ámbito. faena que abandona para preparar el café de los madrugadores o cuando en el portal suenan la tapa de latón del panadero o las vasijas de la leche. en el cual ponen y encluecan al amor de un gallo una docena de gallinas. se mira coqueta en el agua y lustra con el pico las plumas pectorales. En un ángulo. En la pared del fondo. Al lado. según decir. un casco de tinaja de hierro. y detrás de éstos. De un clavo cuelgan colador de metal. la higüerita con la sal. Antonio examina la estancia. «cámbieme ese mollete que es de ayer». y hacia arriba son eméticas. macetas. de la misma madera añosa. sale al patio y lo revisa con mirada curiosa. reclinados en el tabique. flaca. restando dominio al sol. un pañuelito blanco anudado en el occipucio. que en un pie. el barril del carbón. Mientras lo paladea a sorbitos. y con ademán cordial le alarga el pozuelo de café tinto. espumadera y guayo. En uno de los extremos medra un humilde jardincillo. salvia y sábila. cetrina la rugosa piel de trigueña. y tuatúa. y alta claraboya mira al colindante. reposan. recostadas en el muro. Un limoncillo las ampara del sol con sus ramas. recién fregada. Es un cuadrilátero. debajo de la misma. tres piedras carbonizadas y la lata de lejía. el frasco de bija con su muñequita. entre la ventana y la puerta del patio. después de sorber la última gota azucarada. las pailas estañadas de hacer dulces. brinda tribuna a sus estrepitosos cacareos. machetes y otros enseres. Antonio observa complacido una blanca pollona moñuda. espiga el llantén y brilla el terciopelo de la yerba buena. un geranio escarlata y un clavel de olor. tres». naranjos. No. la protege de resfriados. bolillos. tiene su sede el fogón: hasta cinco anafes de hierro de diversos tamaños asentados en poyo de mampostería. dos. En cajoncitos. que infesta el recinto y hasta la misma casa. tenazas. y por encima de la pared medianera extiende el ancho abanico de sus hojas y carga las hermosas esmeraldas peludas de sus mazorcas un pan de fruta. entre arriates de caracoles marinos. una ventana lateral se abre sobre éste. por cáscaras de huevos enhiestas en varillas de coco. que regala con su sombra el lavadero: una batea de roble sobre un barril vacío. Antonio. atadas con tiras de yagua. o «esta leche está bautizada y se le ve el azul de la batata». cerrado por tres tapias erizadas de fondos de botella que lo guardan de los rateros. en la mesa cuadrilonga. en cuartucho cobijado de cinc. plantado de árboles. De tapia a tapia y de árbol a árbol. está el retrete. ha envejecido también. Aquí y allá. y un cocotero. ruda y albahaca. caliente y aromoso. y reclama. y «éste que está blandito como barriga de viejo» o «llene bien la medida». revelando la frecuencia con que el cuchillo raspa las manchas que la afrentan. Todo está igual. el bebedero. que es fuerza mantener con las alas cortadas. dividen el espacio los cordeles de . defendidos de la adefagia de las lagartijas. los calderos. En el jardincillo. En el umbral de la puerta del patio. cuchillos. cercado de cañas de Castilla. Hay también hinojo. el pilón de algarrobo de moler café y rajas de cuaba para juntar candela. el almirez de piedra y la hachuela de picar carne. en cuyos tramos escurren boca abajo la loza a flores. el aparador de pino. La mitad la ocupa el gallinero. la señora en cuclillas. guanábanos y limoneros.

Se aparta. Luisa acude a uno de los hermanos y vuelve con una. goza de la impresión voluptuosa del agua fría. las ropas. de súbito. las piernas encorvadas. y en la espalda ni un pliegue. repasadas por la mano amorosa de la mujercita. le besa. flamante. Le sujeta los pantalones por los bajos para que el pie entre recto. mientras se estruja la piel hasta enrojecerla y se enjabona copiosamente. Cuando. ella misma le hace el nudo. ya cesará en cuanto le dé el aire. dormir para siempre. rondando. de la cual afirma la conseja popular que. se allega a él. para que las hilachas no le molesten ni el sudor lo ablande Quiere una corbata roja. Mas. y si huele a bencina. Con la higüera se empapa la cabeza. la copa circuida por cinta negra de dos dedos de ancho. Bienhechora sensación de calma y de poesía le acaricia. el día de San Juan. La suegra acude presurosa. de regreso a su cuarto atraviesa por la cocina. y sigue unos instantes el curso del lácteo chorro. and 5. Sentado. Musgo fino tapiza el brocal de piedra. sustrayéndose a un pensamiento: ¡sería tan fácil acabar. En su cuarto encuentra ya listas sobre la cama y en el espaldar de una silla. enfrascándose en sus planes de sanear. Caía hasta las cejas el sombrero de yarey. expresión de su radicalismo. En la opuesta esquina asienta sus reales el pozo. la trasiega repetidas veces para enfriarla. donde le espera un desayuno extraordinario. de alas acanaladas. y de la boca surgen graciosos helechos. Antonio. burbujas le cosquillean por la espalda. lo aceita. aquél cuyo nombre será el mismo del primer pordiosero que en tal día haya tocado a su puerta. que está allí. Y en compañía de la esposa. el tronco sumergido hasta la nuca. La mirada escruta la pétrea garganta cavernosa. En el seno profundo espejea la líquida pupila. y empinándose al final. y avienta los cabellos que han caído sobre la pechera. dice para sus adentros: «no importa lo que cueste. en la paz de lo hondo del pozo! Rocía el carrillo para que no chirríe. encarnada. tanto mejor. Antonio. Aún hay más: dos pesos para los cigarrillos. ¡Qué delicia! Y pensar que más de un año estuvo privado de ella. y cargándole lo vuelve a la canana colocada en el costado izquierdo. y el húmedo vaho le penetra. Antonio se detiene. Sube las escaleras ágilmente. ¡Cómo le ama y admira! Antonio parte el revólver W. haciendo molinetes con la varita de corozo. para ayudarle a vestirse. es urgente que El Homenaje no sea en lo adelante el domicilio de los dominicanos que piensen en voz alta contra el Gobierno. El claro ojo le fascina. ceñido el saqué se planta ante el espejo. en las cuales descubre la belleza sencilla. asida por la abrazadera la lata que fue de manteca. y es necesario también que ésta sea la última revolución». Está un poco estrecho. boca arriba. Antonio mata con la esperma de un cabo de vela el filo del cuello. En el baño. pero no la posee. y echa el recado. vertiéndose en la batea. le interesan estas faenas domésticas. . libertar y restaurar el país. que surte agua fresca a dos casas. las solapas caen bien. baja al comedor. soga de majagua con dos bambúes. En el silencio se escucha el raudal. las muchachas casaderas que se asomen ven retratado el futuro. Y del pretil al baño acarrea el agua. la leche que hierve forma una cúpula de nata y se derrama sobre las brasas.tender la ropa. y en el bolsillo de pecho guarda el pañuelo blanco de seda perfumado de Yˆlan Yˆlan. así marca las líneas varoniles del tórax.

como tremenda lección. y no deben creer sus intrigas. ¡santo Dios! ¡qué transformación tan rápida! de espía y alcahuete le reputaban. El habría preferido una pelea. con un reflejo de bondad en el rostro rasurado. en él están metidos hasta el gollete los jefes de San Carlos y Pajarito. mueble secular. no está satisfecho. —Es necesario que nos reunamos en seguida para constituir una Asociación Cívica. unas perchas o cosa así. encorvado ligeramente. ¡Qué sacos ni ocho cuartos. gota a gota. mozo inofensivo. un cajón alacenado con puertas de tela metálica. sobre los cuales atadijos de ropa recién almidonada. En un plato. color encubridor. a la panzuda tinaja. pero lo más gordo es que se están llevando el dinero. y en un platillo. en el cual se guardan bajo llave la loza. de Palacio para sus casas.. aunque no lo confiesa. nosotros los conocemos! —Vamos. las golosinas y el azúcar por temor de los muchachos. rechoncho. ha vuelto del mercado a donde él mismo va con la negrita sirvienta a hacer la compra. inmoral --dice uno. usted es muy sano. y el tercero. entre bocado y bocado. y de momento rompen los tiros —noticia otro. un plátano maduro. —Sí. pero ¿ cómo referir que las piedras vejaron a quienes más de una vez han favorecido a la familia y a él mismo? Del embarazo le sacan tres conmilitones que llegan presurosos. pacífico. Todos interrogan. doblado en cuatro. —Lo que importa es abrir los ojos y no dormirse sobre los laureles. esta gente es capaz de todo. desean saber qué fue lo de anoche. No pediremos nada para nosotros. Vienen a buscarle. A la verdad. —Eso no lo logran. El buen hombre les . el segundo. se siente mohíno. pues ya hay un complot para reaccionar. porque eso sería injusto. La amueblan un tinajero de pino pintado. bien entendido. pero que no se les dé a ellos. que hay mucha gente mala. sangre. que vele por que no se emplee a los lilisistas. cargando sacos llenos en un coche —asegura el último. baúles viejos. de los mentados dominicos de los campos de San Cristóbal. El suegro. . que debemos impedirlo. La habitación es adyacente al zaguán. don Pedro. un pocillo de leche. asado con cáscara en la hornilla. excelente bailador. si en las cajas no hay más que papeles! —¡No. En torno de la mesa la familia se sienta.dice persuasivo: —Vayan despacio. aunque yo sé que desde esta madrugada están sacando carabinas y cápsulas. Don Pedro los ha oído suspenso. base de la piedra musgosa que destila el agua.El mantel de alemanisco azul. destinadas a las tablas para secar al sol los cajuiles y al mármol para estirar y cortar los caramelos. La cosa está que arde. los han visto con los claros del día. los culpables colgados de los faroles. un pan de corteza dorada.. huevo frito y media vara de longaniza. está puesto en una de las cabezas de la mesa de caoba. estregada a diario con estropajo de hojas de guayabo. Antonio. relata el pronunciamiento. lo primero es ir a la Gobernación para poner en cuenta a la Junta. El primero ha sido empleado de la tiranía hasta ayer. medio de mantequilla.

y restalla el látigo de siete colas en su verbo indignado. los discursos premiaban el esfuerzo de los caudillos. cual tallado en mármol. por debajo del Baluarte del Conde. de la necesidad de que . y a los oídos de la gente moza las canas duchas insinúan: —¡Cuidado con los del Este. recién llegado. derrama sobre el pueblo las doctrinas constitucionales de Hostos. en los cuales la juventud. pasan los revolucionarios. o medio a medio de las calles. En la tarde del sexto día. ¡homérica risa que durante doce años resonará preponderante en la política nacional! Sobre sus cabezas caen pétalos. jinete insigne. que pasea su vehemencia de chistera y levita. de la libertad. la cara de risa. las manos entusiastas señalan figuras conocidas: el Jefe. con una palmita de guáyiga en los sombreros rotos: es la divisa de las tropas que desde Santiago a la Capital cuentan en su jornada una sola baja: un oficial herido en un muslo por el cuchillo con que hacía rajas una caña. Antonio Portocarrero desenvuelve como en un cinematógrafo las visiones de los catorce años de tiranía. Arturo Aybar habla del orden. Garrido. Se confeccionó una lista de candidatos a mejorar las instituciones desde las oficinas. encaramada en sillas claudicantes. graduado de doctor en una Universidad del Norte. la negra barba en punta. los comentarios corren quemantes. La juventud audaz. con su taifa de paso tardo. contra el asalto de las pasiones irascibles y de los nuevos intereses voraces. lee las cuartillas de sus arengas. y la Junta forcejeaba. Un día. enciende los cohetes de su prosa. y gimiendo con los presos. cuyos faldones ahueca el viento. se adhirió al vocabulario político. En las esquinas. En el grupo de jinetes que precede. El ejemplo de los Estados Unidos y de Suiza se cita como meta de la democracia. alto. y la vieja barca cruzaba el río con los pasajeros trafagadores. La magna lucha duró seis días.Y los cuatro salen a cumplir el arduo deber de salvaguardar la paz de la ciudad. el héroe. Vale más esperar a los del Cibao. veló las armas. rico en dicterios. y a las que en ellos agitan manos febriles. mirando a los balcones engalanados. de gallardo talante. los dineros del Estado y los servicios públicos. el aire embalsamado por las pomarrosas de las sabanas orientales. a lo largo de la empavesada calle de la Separación hasta La Fuerza. ojo avizor hacia San Carlos y Pajarito. un nuevo espíritu animó la ciudad. ambiciosos y amigos de hacer coca! Acuérdense de Santana. de la educación cívica. en corrillos. manos inexpertas lubrican los fusiles. armada de largos machetes y al hombro el saco de yute en que almacenan frutos y objetos realengos. Por la Puerta del Conde seguían entrando los lecheros. que no desamparan ni en las marchas penosas ni en las refriegas. que enantes corrían tras los carruajes en los bautizos rumbosos. en las cuales la chusma ha sacudido el lodo de sus chancletas sobre las faldas de seda. tararean las canciones procaces. aún oxidados. son matreros. y la palabra meeting. Los soldados de la revolución desfilan. trajo nuevas explosivas: el jefe revolucionario de esas provincias se proponía entrar en la Capital. En los días siguientes. mirando el hembrerío de los balcones. que sea el triunfo uno solo. Eugenio Deschamps. los mal intencionados murmuran: «¡son las mismas que bailaban con el negrito!» y los rapazuelos callejeros. hace sonar los grilletes y saca de la tierra en que se pudren los cadáveres de las víctimas. La Junta se opone. vigorizada por la intransigencia de una cabeza dantoniana. A su paso. Miguel A. Las serenatas a los triunfadores sucedíanse por las calles. Cada plaza se convirtió en sucursal del ágora. Ramón Cáceres. revuelan los aplausos y aletean las aclamaciones. un tanto ladeado. importada por un negro autodidacto. hermoso.

El Metropolitano. Ningún mérito se les reconoce. su mejor título para legislar. Pero una noche. a son de bando. que sus oyentes acogen con aclamaciones. suena en todas las bocas y obsede las imaginaciones. exhibe la mordedura de los grillos. pasean por las calles. aumentan: las piedras de la épica noche se han transformado en tipos de imprenta. En los días siguientes. En las palabras.los hombres idóneos gobiernen. se le abomina. Vientos de Fronda desmadejan el ramaje de álamos y laureles. y las diestras apuñan bajo las chaquetas las cachas de los revólveres. En una asamblea lanza su candidatura a Diputado. uno explica: «yo porque no le saludaba». la prensa registra nombramientos. se lee el Decreto presidencial nombrando el Gabinete. En los bancos del Parque se despelleja a los agraciados. Los papeles impresos. en las esquinas alternas. «yo porque no le quise aceptar un puesto». Dicen que eres muy intransigente. en los pensamientos. Portocarrero está asombrado: nunca supo que tuviera tantos admiradores ni la tiranía tales enemigos. más o menos jacobinos. Un día de noviembre. Algunos jefes lilisistas venidos de las provincias. que lo discutes todo. dice que va a desenvainar el encabao y a entrar a planazo limpio a La Bandera Libre. ni tienes ideas gubernamentales. es presa de las lenguas implacables. borracho de palabras. señalados a la burla pública desde los periódicos. y levantándose el pantalón. y del olvido de lo pasado. dice la gente. El ditirambo y la diatriba se codean. La candidatura gana prosélitos « ¡Se lo merece y sabrá defender nuestros derechos!». palmotea. diciéndole: «Necesito ese puesto para una combinación. se advierte una sombra: Lilís. en la cual están anotados los que debían morir por el hierro de sus esbirros. y no eres un hombre práctico. la pasión grita en el Parque: «Horacio está que trina. y al pie de los artículos se leen todos los signos del alfabeto o seudónimos. distinguido y de confianza» . ¡Usted verá! ». un compañero de la Asociación le confía que el Gobierno Provisional no le apoya. entona el Te Deum laudamus. en los actos. el presidente futuro. Se le niega. igualmente istas. Acusación o ejemplo. Y el pueblo. bajo un laurel del Parque. la levita inglesa abrochada. En el Jordán de la Revolución zabullen todos. Algún orador novel alude al sol y al cielo. el elegido jura la Primera Magistratura. con títulos alusivos. A diario. se repite: «el hacía esto así». En la tarde. el Listín Diario . los cibaeños retornan a sus lares. Ese muerto gobierna. se insulta. Es cátedra de política criolla. y limpios de culpas. se le combate. bregan por hacer la felicidad de la Patria. pero está presente. amenaza. Cuando la naciente oposición da en el blanco. anunciando: ¡se maquina en la sombra! Las miradas se vuelven buscando a los impenitentes lilisistas. Todos están en la nómina. Se elogia. —¡A mí! ¡Eso no es posible! —Sí. otro hace cambiar las sonrisas que produjera esta poesía. Se ha descubierto que existía una lista de puño y letra del tirano. Mas. otro. cruzado el pecho por la banda tricolor. reluciente el parisiense sombrero de copa. usted tendrá otro en mi Gobierno. a ti. Los vencedores se dividen en dos grupos. bajo las naves de la Catedral. o «acuérdense de Lilís que tenía experiencia y sabía en donde apretaba el zapato». le contesta. por un gesto de espanto. domina. con sus panamás alones. ni tampoco el candidato a la presidencia. Cada apellido que cae de los labios del pregonero. roídos de ambiciones indiscretas. en una conferencia. con gran sigilo.

la carta del Presidente. devoran la prosa vibrante. le aconsejan calma. será nombrado próximamente secretario de Estado de. este hombre nunca está conforme. XIII . ¡Ah! el triunfo para los otros. mansa y taimada hostilidad ambiente. Se rebela contra la sorda. acariciándose las patillas. ¡Ya sabrán lo que es candela! Al crepúsculo. de azul y oro. . cuatro veces al día. de todos los cargos. le interroga con timidez: —¿Otra vez? —Si quieren lucha. a trizas la sucia camisa. sin ruido. otros le asaltan en la calle. los rapaces vociferan: El Listín Diario a rial articulo caliente de Portocarrero. «Don Juan —le dicen—. menos para él. le pone motes chocarreros. ¡Pobre mujer!» —opina uno. los faldones al aire. «Pero. agregan. La palabra intransigente ha sido escrita como un inri sobre su cruz. «tiene muchos ingleses». y está preparando una combinación. la chistera parisiense y el yarey portorriqueño permanecieron inmóviles en las respectivas testas. anunciándole su puesto. El pueblo. se cruzó en la calle con el Presidente. a la miseria. Luisa. Al día siguiente. Los amigos le traen del Palacio consuelos: el majarete cuajará. acorralado. seguido de dos edecanes. Los periódicos suelen publicar gacetillas. atraviesa el Parque. y sin que el espumante vino se derrame. ¿Qué hacer? De arriba. «Tampoco es serio». el rollo de periódicos debajo del brazo. hay algo que le repele. viéndole escribir. en cuyas cláusulas adquieren las palabras extraño sentido. habla siempre de ti con cariño. » En Palacio se le ha ido descartando. de abajo. Las manos les arrebatan el papel. Antonio espera cada día. desconocido. Los lilisistas se soban las manos con gusto. asedian a Antonio: siempre hay un cobrador de facción en la puerta. a zancadas. en tanto.continúa publicando las listas de nombramientos. y producen sensación de fragua. acusa: «ese huevo quiere sal». Los acreedores presintiendo el fracaso. La suegra murmura. en las cuales se recoge el rumor: «se dice que nuestro querido amigo el brillante periodista Antonio Portocarrero. Ten paciencia». incisiva. impaciente. enseña a los contertulios del Club a descorchar las botellas de champaña. y un Secretario del Despacho. poco a poco. mientras prepara las maletas. nunca. ratificado en su Consulado en París. un cigarrillo en la boca. y arrellanados en los bancos públicos o en los mecedores de bejuco. maldito. «Ese es un despechado__afirma otro. Arturo Aybar. aun para sus propios contrarios. han sentenciado. y el Presidente. descalzos. y él nota un ardor de súplica en las pupilas de su esposa.. Es un «espíritu de contradicción». No. y airada. condenado al dolor. Los compañeros que ya alcanzaron su tajada en el botín. la pluma rasga las cuartillas. la tendrán.

los nuevos mandarines la violan desahogadamente. odiado. según sirva o ataque sus intereses. la gente le estrecha la mano con efusión o esquiva el saludo. le pisan una punta y se levantan las otras tres. En los días en que de antemano se sabe que «La Libertad» viene picante. convergen y se transforman en prosa candente. Lilís le habría metido en la cárcel. recomendando el secreto. su fuerza se enfrenta al poder. mientras Antonio escribe.. los chismes. El edificio cruje al golpe de las piquetas demoledoras. otro le amenaza con el Archivo del Tirano. quebrando lanzas por la Constitución. Allí se reúnen los opositores y también quienes gustan de encandilar a salva mano. Un seudónimo impenetrable. —Esa es la obra de los lilisistas. y la maldad adoba y cuchichea que. acompañado de su familia. Portocarrero siéntese satisfecho. Es el blanco de todas las flechas. Las propagandas. han aparecido virginales camisas ensangrentadas con monogramas. que este Pan sobao se las trae. Los errores de los jefes comunales analfabetos.. «Este país no se puede gobernar así». y los domingos oye devotamente la misa en la Catedral. Antonio no mira hacia atrás. Cada error gubernativo es una piedra más en su pedestal. —Sí. con sus edecanes a la zaga. Los que entretienen sus ansias. charlan. incluyen su nombre en primera línea. entre tales papeles. y don Juan debe pelar el ojo. admirado. las noticias. le dice al oído: «siga. ¡Marea de sanies! En la calle. y Horacio. rimbombante. los jimenistas le denigran. .industria costea su existencia. haciendo combinaciones ministeriales. madriguera del despotismo para él. con sonrisa maligna le susurra: «Usted no sabe cómo anda la procesión por dentro. Al oído del Presidente se insiste: «Usted es muy bueno. cabeciduro. y los forasteros visitan para que les pongan un saludo de bienvenida. y es preciso defender los vitales intereses del país». » La redacción. aplaudido o denostado. Esto es un cuero tieso. porque la mulita corcovea. inquiere cómo ha vivido hasta hoy. el cronista de salones deshoja flores a los pies de las damas concurrentes al último sarao. los discutidores se enfurecen. su prosa estalla. ni un día menos». ni examina quiénes le impelen. Elocuente.. y los reporteros voluntarios acarrean gacetillas. Sus cartas circulan de mano en mano. El Presidente continúa recorriendo las calles a trancos. aquél. y un misterioso colaborador que se disfraza con un seudónimo desliza su manuscrito envenenado. qué. Este. porfían. tres sillas y otros tantos cajones vacíos por mueblaje. Los lilisistas le elogian. Antonio derrama su ira contra el gobierno. pues a su juicio. y agarrarse. A horcajadas. e insinúa que aceptó los favores de la tiranía. A su vez. repite con acento afrancesado su estribillo: «Ni un día más. establecida en una accesoria de la imprenta. En el Parque. el santurrón quiere embestir. que al fin capitulará. sentados sobre la mesa y en los rimeros de periódicos sobrantes. arrójalos sobre la cabeza de turco del Ejecutivo: el Palacio es el único responsable. y truena contra los mismos procedimientos que sólo han cambiado de antifaz. desmenuzando al contrario. que nos están dividiendo para vencemos. los plumíferos empleados le atacan. suerte de bubón cuyo pus pringa todas las caras. que ejerce autoridad. es un mentidero. por lo menos». Su enemigo es el Palacio. interdiario que ha fundado y dirige. lectores impacientes aguardan a la puerta.En las columnas de «La Libertad». fuerte. con una mesa de pino. amigo. hum. pero él.

En los mentideros del Parque de Colón. sin piedad ni rebozo. el otro se escuda en el tronco de un álamo. Antonio se sentía más varonil. sólo una le repulsa. se comenta el artículo. Cuando llega en busca de los laureles de la jornada. Los amigos le asedian. aclama o anatematiza. y barajando los nombres que se indican para el nuevo Gabinete. le acusa de acoger a los lilisistas. una pelotera sin importancia. Portocarrero se planta en la avenida. Las balas habíanle respetado. saltando. los incidentes y haciendo constar que ni insultos ni tiros le detendrán en su camino. excluye. los movimientos. junto a la puerta. Los combatientes. algunos le piden puestos. amusga las orejas y lanza un rebuzno formidable. a todos les ha pellizcado el plomo las orejas. Tres secretarios de Estado han renunciado. y aunque les habían avisado que nada le ocurría. Todo ha terminado. y la guardia de la Gobernación está firme. Los espectadores la cuentan de chiripa. Su popularidad medra. ilesos. los granujas vocean: «La Libertad». escribe. —No ha sido nada. pum. los ojos acuosos y enrojecidos. de usar las mismas prácticas corruptoras. ¡Un mentecato! . El bastón del periodista se alza.. y se le reconocen cualidades. los dos hombres se bombardean. La única baja. «La Libertad» relata el duelo. y entre los gritos de los presentes. «La Constitución es un trapo. Todos querían saber.Una tarde.. enumera los errores en que ha incurrido. «Nuestro querido Director —termina— se debe a la Patria. En todas las combinaciones ministeriales publicadas por los periódicos se le nombra. o perfilados detrás de los árboles hasta que las cámaras se vacían. alguno afirma que Portocarrero será al fin ministro. los testigos se apartan y los revólveres relucen. con «la caída del Ministerio». Los cobradores le han concedido una tregua. El paladín le mira retador. y en sus altares. zigzagueando. y mi tío es un hombre honrado. entonces los otros promedian y la policía acude: Muchas puertas se han cerrado. clava en la picota o elogia sin tasa. pum. y Portocarrero enristra una catilinaria al Presidente. Luisa. «Esta vez sí que llego». su péndola. le satisface. la que herida en una pata. . que muchas veces con su dinero le ha matado a usted el hambre. cuando debe ser tan sagrada como la bandera nacional». ¡hombrearse conmigo! Después del lance.. si necesario fuere. le abrazó. El tributo de tantas manos que estrecharon la suya alabándole por haberse portado como un hombre. se repetía a sí mismo. lloraban lamentándose. En la casa estaban conmovidos. y hasta los tenderos le saludan con una sonrisa prometedora de nuevos créditos. XIV La noticia le precedió. El bombín del insultador rueda roto. «lo que le dicen a don Juan». y lo que es peor. ofrendará la vida». acusa. las manos se tienden afables. y el otro estalla: —Usted no es más que un sinvergüenza. es una borrica que pasa por la calle cargada de petacas de carbón y haces de caña de azúcar. enumerando los disparos.

portador de la tarjeta de don Juan. el unigénito forcejea por alcanzar un pan. ni sé si me convenga aceptar. chacharean hasta acalorarse de los sucesos del día. Con acritud agrega: «no lo nombran ahora tampoco. Reclamos y palabras hostiles le obligan a mentir para engañar la espera dolorosa. hacer cumplir la Ley con energía. Luisa. La familia se reúne en torno de la mesa dos veces a día. le interpela: —¿Qué fue el bando de esta tarde?. y cuando ha terminado con su ración. caminos. En la casa. Interventor de Aduanas. —Así es. y en la noche sorben el pozuelo de chocolate unos.. concluye. los que. le fueron ofrecidos. La suegra protesta:. gastos reproductivos. apá. sonriente.. escuelas y educación cívica. El país necesita. Esta vez parece seguro. a las doce para la comida y a las siete para la cena. Hombres como tú e ideas como ésas. y alguno de infusión de jengibre o de hojas de naranja. habiéndose negado. mucha administración honrada. calla siempre.. le diga cariñosamente: «adiós. convidándole a una entrevista.. En Hacienda. él está preparado. Antonio. y volviendo el brazo derecho. En Fomento. El. rechazando. ya verás como se le pela». de acera a acera. Y se produce el silencio. otros de café con leche. ofreciéndome el Ministerio de Hacienda o el de Correos y Telégrafos. sólo interrumpido por los sorbos y la masticación.—El nombramiento de los nuevos ministros. sus reclamaciones dolosas y sus pretensiones humillantes. nos hundimos — asientan los oyentes. en Hamburgo. si Instrucción Pública. displicente. En Interior. . a pesar de sus errores: pero los compromisos. «ésta no lo cree. En una esquina de la mesa. habichuelas rojas y plátanos salcochados. en aquella miseria que abate su vanidad. las que convienen. con retintín. para salvar la independencia amenazada.musitándole: «ya sabes que siempre he sido tuyo». se mantienen alerta. y las responsabilidades. inmigración. tembloroso. balbuceando.. pero se muere antes que confesar que él es un embustero». y nacionalismo. si no. frente a la taza de chocolate humeante. nacionalismo. compuesto de carne guisada. -¡Ah!.. Antes había anunciado distintos nombramientos: Cónsul general en New York.. En Relaciones Exteriores. sí. ministro». que sorprende las murmuraciones.. esperando al conserje de la Presidencia. puertos. textos en mano. hace un cuerno. administración. molesto le alarga un pedazo. poner a raya a los diplomáticos extranjeros. arroz blanco. según él. economías. mientras toman la sopa y yantan el plato cotidiano. con lentitud unta de mantequilla el mollete de pan. Antonio. se adhiere: « ¡porra para él!». y no falta quien. La suegra. relata: —Don Juan me mandó un recado ayer. y la abuela doña Altagracia. » Y deleitándose promulga sus planes de gobierno: no importa el Departamento que se le destine. y fuera las asignaciones. El Presidente está bien inspirado.. pero le contesté que no podía aceptar. replica: «Todavía no sé nada de cierto. apán.

¿pero qué han hecho esos tales para que los nombren ministros? ¡Comprométase uno para que otros gocen! Y un burlón. replica todos los argumentos. porque yo sé hasta cuando les duele la cabeza. agrega: . El tópico palpitante es la guerra entre Francia y Alemania que. exasperado.obscuro protector. clama inconforme: —Bueno. se monda a cuanto ciudadano recibe la gracia de un nombramiento. tal vez me habría sacrificado y eso para tratar de unir a Horacio con don Juan. En el segundo y tercer banco del frente del Palacio Municipal.. Y Antonio sale disparado. abogados y políticos graves. un tipógrafo mudo. Debe de ser la serenata que le traen a Antonio porque lo han hecho ministro —No. Sones musicales lejanos llegan hasta el comedor. con un álamo por medio. un zapatero curazoleño y un pirotécnico los cuales disertan sobre política internacional. son dueños los galleros. y pronto llegaremos al rompimiento y a la revolución Luisa aprueba con energía: «has hecho bien. y afirma contundentemente: —A mí de gallos no hay quien me enseñe. obligado a asumir las responsabilidades de los errores cometidos y de los disparates que seguirán. yo. los bisturíes afanosos escudriñan en los pliegues de lo pasado. La honradez tiene una condición fatal: la cesantía. Unos atacan y otros defienden. parroquianos del café vecino. estallará de un momento a otro. se juntan los políticos activos: empleados. Y en Correos y Telégrafos sería una figura decorativa. periodistas. La batuta la lleva un hombre fornido. los franceses y la Deuda flotante interior. En el ángulo nordeste. entre la Catedral y el Palacio Nacional. descotada la camisa. desenredando esa madeja de la Irnprovement. que forman coro en derredor de un álamo.—¿Qué sueldo gana un ministro? —pregunta la suegra con viveza. aludiendo al grado de coronel que las Ordenanzas militares reconocen a Jesús Nazareno. Si me hubiera ofrecido la Cartera del Interior. Alguien. puesto que mi criterio radical. Doña Altagracia pone la oreja en escucha. Como decían. De la mitad de aquel lado hasta la esquina de la calle de Plateros. bajo un laurel. entre bromas y veras. conversan a gritos. señora. música. los belgas. Porque las cosas andan de mal en peor. las altas voces reseñan las últimas riñas y enumeran las condiciones de un giro o de un malatobo. médicos y gente de lengua chispeante. se sientan comerciantes. En los bancos fronteros a la calle Separación. En el Parque los bancos están concurridísimos En el ángulo sureste. Los nuevos ministros están en la mesa de disección. abogados. que quiere buscarle la boca. que habla y gesticula sin cesar.— La Hacienda está muy embrollada. y anuncia: —Oigan. tienen su sede. domina todas las voces. a juicio del zapatero. Allí. no habría de ser adoptado por el Gobierno.. Aquí. analizando los cablegramas del Listín. blanco. y no voy yo a exponerme a fracasar. —Ninguno de los dos me conviene —prosigue Antonio sin responderle.. amén de algunas parejas de amartelados que se agradan en el claro. en busca de aire. de cortar por lo sano.. es una tontería comprometerse a última hora». si no ha querido —refunfuña la suegra.

la situación es intolerable. porque eso sí. cavila. hay que tomar una resolución —se dice—. y el suegro. __Sí . sólo resta Horacio. La casa no la pagan hace años. Y ha mostrado las cuentas muy claras. y agrega: «más no puedo hacer». está en ruinas. ha logrado. pago. En Gobierno nada es posible. conminándole al. Uno o dos números más. no le da trabajo de sus oficinas. De esa tiranía nadie le libertará. y en la cocina borbota el almíbar en la paila estañada. y se ha cargado la cantidad. continuará igual! La suegra cocina y plancha. en donde se sentiría mortificado. El editor ha fallado el pleito. En la oquedad de la plaza. y el público se cansa. de las palabras altisonantes. pero late en su reserva una protesta. las cosas están muy malas. el dueño de la imprenta en que se edita «La Libertad». El patio está siempre lleno de tablas con cajuiles secándose al sol. cosiendo para la calle. ¿A qué seguir combatiendo? Y lo que es peor. —Ahí está. Herminia lava y hace dulces. se estira.—Y lo peor es que han nombrado coronel a Jesús. y el hijo crece. y ¿qué méritos tiene Jesús para eso? Está visto. ¡Pobre muchacha. los brazos abiertos y un hilo de saliva colgante del labio belfo ¡Qué horror! A menudo lo encuentra en la calle. y que las ventas disminuyen. que ha tomado a cuenta seis meses de sueldo. por otra parte. La última ilusión se ha pulverizado. tanto. y se acoge a la penumbra de la Plaza Duarte. sus ojos descubren dos cuerpos que se abrazan bajo un árbol — una negra sirvienta y un soldado—: animalidad vibrante. Luisa y su hermana trabajan de seis a seis.. a cada artículo suyo teme que le despidan del empleo que tiene en Palacio. solo. Antonio esquiva el Parque de Colón. haciendo de policía o de cura. ni poder ni riquezas. le ha exigido con urgencia: se le deben tres semanas. Luisa no se queja. . Más allá de las lomas. caminar. Esta tarde. frente a la Iglesia del antiguo Convento de Dominicos. y él mismo está muy alcanzado. temblequeante. le torturan y le enseñan a balbucear obscenidades Es la pesadilla que le abruma. Esperará una semana más. Este país está perdido. El administrador dice que los agentes del interior no remiten los fondos. En el hogar. al fin. que nunca maldice. y «La Libertad» habrá muerto. el Cibao que quita y pone Presidentes. y con frecuencia su mujer mueve el pedal de la máquina. hazmerreír de una trulla de chiquillos que le burlan. Y allí. y escucha gotear los higuillos de los ramos sacudidos suavemente por el terral . —¿Y qué Jesús es ése? —Hombre. ¡Jesús Nazareno! Y el coro se desternilla de risa. Y abriendo los brazos. y cuando se case. ya he quemado las naves. en vista de que se tira en sus talleres un periódico de oposición. el Gobierno. necesita el dinero. tiene que hacer pagos en Europa y. hasta muy entrada la noche. inclina la cabeza. y el casero no la repara para que se muden. él es un honrado padre de familia. ¿cómo continuar? Su oposición ha perdido autoridad. y eso sería el acabóse. Los cuñados apenas ganan para sus necesidades.

la nariz aguileña y el mentón pronunciado denuncian la energía de quienes por el mar o en la tierra impusieron su voluntad heroica. descaecido por los años. venturosos? Nosotros izamos nuestras velas al viento desconocido y desentrañamos del océano un mundo. una revolución sucede a otra. armas y atributos de guerra. y bajo una cicatriz que parte la frente. esclavizamos negros. alzando las dulces pupilas. En el marco. —No debes matarte tanto. tantas veces renovada. desasnando muchachos. en cuyo pecho prominente ostenta. Y ella. muchacha —le dice entre cariñoso y reprensivo. y le parece que la diestra que reposa entre dos botones de la túnica militar. En el testero se destaca el retrato de cuerpo entero de uno de los antepasados de Luisa: señor potentísimo de la Colonia. y se excusa: —No. pues. la humedad dibuja fantásticas figuras. marchita. que avivar el fuego y mientras tanto. se abre indicándole un camino. Y vosotros peleáis sin cesar. Conquistamos imperios. y que aquellos labios sensuales le interrogan. De regreso. rota la rejilla. si son camisas para ti. desde que . Las que tienes se están deshaciendo y quería darte la sorpresa el día de tu cumpleaños. el sofá. y a1zándola. matamos indios. prósperos. encuentra a Luisa. Antonio le toma la cara por la barbilla. las sillas. entre vigas y alfaljías. llena de máculas. — ¡Qué buena eres! Se sienta a su lado siguiendo atento el pulgar que pliega las alforcitas de la pechera. ogaño una arañita prende sus hilos leves a uno de los ángulos superiores del cuadro. realizan los hombres de estos tiempos? ¿ Sois libres. que fueron el lujo de sus bodas. y restituimos al Rey la Hispaniola. al frente de mesnadas campesinas vencimos a los soldados napoleónicos. la mesa del centro. colgante en mitad de la sala.Hay. y la negrada de mis ingenios proclamó que fui amo pródigo de mis caricias y de mi oro. Fecundamos la tierra y el vientre de nuestras mujeres. la roja espadilla de una encomienda. Los mecedores de bejuco de Viena. en las sillas de las escuelas. Y una sonrisa melancólica enarca levemente la boca fina. La mirada de águila. defendimos nuestros bienes del asalto de los corsarios y enseñamos al bucanero de Occidente el hierro de las lanzas castellanas. el buril talló entre hojas de laurel y bellotas. hecha a regir hombres en las filas y a dominar negros en el hato. otra vez a ludir los fondillos. El polvo ornamenta la cal de los muros con extraños arabescos. pregonaron mi estirpe. y cuando el Rey nos cedió al francés. se zarandean de un lado a otro bajo el peso de las personas. cuyos muebles nunca le parecieron tan viejos. Antonio siente la presión física de aquellos ojos que le dirigen reproches. edificamos hermosas catedrales. le contempla satisfecha. bordada. Veinte hijos sanos. conserva toda su altivez. cosiendo a la luz de la lámpara de petróleo. se apoya en la pared. descascarados. —¿Qué has hecho de grande en tu vida? ¿Por qué dilapidas tu energía en palabras? ¿ Qué obra digna de las tradiciones de esta tierra. la besa en los ojos murmurando:. desvencijadas. fundamos ciudades. cojo. no hay necesidad. Luego pasea la mirada por la estancia.

siempre serena. se atiene a su dicho y acude al testimonio de su libro de apuntes. y la bandera cruzada ondea sobre las piedras yertas que cobijó el pabellón de os leones. con lacito en la punta y dos borlas en el remate de la caña. aunque siempre muestra recato en el juicio. que toca la trompa en la misa cantada de los sábados. porfía y curiosea. pero irreducible cuando le rectifican. brillan. el en que se pone de hinojos ante su confesor. medias blancas y guillotinas de marroquín morado. Así. nietos y biznietos. las ejecuciones y los pronunciamientos. ha anotado los sucesos de su casa y los de la calle. luce sus sayas negras de viuda. las expulsiones. a flores. Empero. camina erguida y despacito. partida en dos trenzas que rodean la cabeza y se juntan en mono. rumbo al exilio. las angustias de los asedios. viste bata de prusiana morada. y es cada vez más terca. Es un cuaderno con tapas de cartón. tócase con manto de merino a flecos. bíblica. y se destaca aquilina la nariz. cerró los ojos a los padres. y a los impenitentes les . otra. husmea. la exaltación y caída de los caudillos. En la casa. y tal amor por los suyos que no les conoce defecto. pina. Nadie la ha visto llorar. Recorre la casa sin cesar. y carga el paquete con la muda de entre casa. en sus páginas se asocian la noticia política.. los hombres nacen y mueren. Sale dos veces al mes: una para adorar al Santísimo. prende a las orejas zarcillos de azabache y oro. ella que ha sido perseguida y martirizada en los suyos. cruzó el mar en buques de vela. entre los párpados abotargados. y el ruido pasajero de bailes. y besó la carne muerta de los vástagos. ni una sola vez agrega al relato. las pupilas vivas. Las modas pasan. con el nacimiento de hijos. Sin embargo. el primer diente o el primer pinito. regaña a los nietos. gozó diez veces el dolor de la maternidad. y calza botín de ternel. en el ex Convento de Dominicos.. por empleos. en su largo vivir ha sido traspasada por los siete puñales. fuerte. en el cual. adorna el cuello con un pañuelo blanco sujeto por un medallón con el retrato del esposo. exclama sin ufanía: «¡nunca le he dado la mano! ». las prisiones.la Colonia se hizo República. es una mujercita seca. palpita en el silencio. con malísima ortografía y letra redonda. Su memoria comienza ya a desvariar. la abuela. devocionario en mano. buen hombre de figura quijotesca. que la auxilia en los accidentes de las aceras. a pesar de sus noventa años. Con los años ha perdido la ecuanimidad. alto el talle.. Y frente a Lilís. que con los años ha ido perdiendo serenidad. ¡míseras hazañas! El ruido monorrítmico de la Singer. hermanos. mojigangas callejeras y fuegos artificiales. desde los albores del siglo. lágrimas o comentario. las pasiones de la política le encarcelaron esposo. y pasar ese día en casa de una de sus amigas de infancia y comadre. ella conserva inmutable la forma del traje y las mismas amistades. junto al nieto. la pluma consigna el hecho y nada más. En tales efemérides. Cuando recibe en su morada interior la eucaristía. hijos. XV Doña Altagracia. hechas especialmente por José Mena. el domingo tercero en la Catedral. Combatís. un pañuelito esquinado cúbrele la cabellera nevada. Sufrió reveses de fortuna. con el mismo ardimiento de nuestra sangre. escribe: «he cumplido con Dios». es cierto. A1máciga preciosa. En el rostro arrugado y moreno. la muerte de los seres más queridos y la primera comunión. y al registrar la muerte de un hijo: «Dios le tenga en su santo reino». que triunfa corrompiendo y humillando. de gruesos perfiles.

La silla de comodidad procede de su padre. tez cobriza. trapiches. reidora. de la cual es devota. charla con su amigo en torno de los sucesos de la política. fue desde joven honesto. no tuvo la tiranía enemigo más firme. pone su fe en otro. satisface los primeros menesteres de la vida. protege el lecho. que siendo hijo natural. cuyas hazañas rememoran. sino de pozo. Empleado en el comercio. y cuya madera fue cortada y labrada en tierras propias. la visita un primo suyo. y se sienta en el balcón a leer novelas de Dumas. digno. después de recogidos los peroles de hacer dulce y la tabla y las planchas. posición desahogada. Alto. que era de su madre cuando ésta casó. y sus raíces espirituales se han afirmado hace ya trescientos años en la tierra quisqueyana.planta en el cráneo un cocotazo dado con sus nudillos huesudos. de los pozos profundos y poéticos. Dos veces al día escancia agua endulzada con papelón. cuando las cosas mejoren. tanto. ebanista de oficio. y los miércoles. que ajetrea desde que amanece. En su alcoba se consume constantemente una lamparilla de aceite ante la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes. rebaños. cuya paga. para casarse. Herminia. y un viejo amigo. Los días modernos no le impresionan. pero ingresan dos visitas: el novio de Herminia. mes. depositada en negra alcarraza española. los papeles y novenas. que llega invariablemente a las siete y media y se despide a las diez. después de la faena. un día el padre de ella. Desde el muro. quien desde chico frecuenta la casa. haciéndole comparecer a su presencia díjole: «Sé que eres merecedor de llevar el nombre de mi hermano. y la tertulia animada y. el retrato del abuelo coronel de milicias. en arquilla de cedro. la novia. y cuando se despide. En la tertulia inicia las bromas y corta el nudo de tristeza con que suelen atragantarse.. nunca se descubrió al paso de Lilís ni le aceptó una sonrisa. Cose. ante la de Jesús Nazareno. cree en los hombres. tales sus achaques. después de la cena. pues es preciso que su amada lo crea el más elegante. tampoco usa vaso sino una higüerita. mayor de veinticinco. Cada noche. y desde hoy te autorizo a usar nuestro apellido». doña Altagracia cuenta. la madejita de lana. se asea. No bebe agua de aljibe. y prepara su espíritu para el coloquio amoroso. componiéndose con blusa de batistilla adornada de encajes y cintas. falda de lanilla azul obscuro y zapatos de tacón alto. tijeras y un cabo de vela. Su casa poseyó capilla. a quien ha consagrado su prole. fino. Jamás habla mal de nadie. mayorazgo. discreto y varonil. después de misa. para ella indiscutiblemente el tiempo pasado fue mejor. de pocas palabras. la familia se reúne en la sala. a duras penas. sin meter un solo contrabando. guarda la ropa. Hablan una hora de las cosas que fueron y de las que son. esclavos. Florece la negra cabellera con una rosa. hasta que llega el novio. gana cuarenta pesos y espera que le aumenten. y en cestillo cuyos mimbres crecieron hace cincuenta años. Sano de cuerpo y de espíritu. Don Pedro. Todas las tardes. dedales. y si le engaña uno. siempre de excelente humor. por ella misma coleccionados y añadidos. de Feval o de Pérez Escrich. les sonríe. y otra higüera grande le sirve de jofaina. agujas. y la grandeza ancestral la libra de injurias y de vanidades efímeras. En armario de caoba. El domingo primero de cada. botones. dura hasta las diez. zurce y pone plantillas nuevas a los calcetines. hilo. cómo él pudo alcanzar en el comercio. y una palma bendita renovada cada Domingo de Ramos. ni alimenta dudas. acicala y perfuma. El novio es un buen muchacho. Cubre la cama con colcha de retacitos de diversos colores. gracias a un optimismo ínsito. que viene en calesa y con chistera. una pierna sobre el brazo del mecedor. se baña. resiste a los más duros embates de la miseria y se conforma con su empleo. en mangas de camisa. . Los jóvenes se marchan tras el último trago de chocolate. a veces.

las piernas temblorosas. ora contradiciéndola. y es entonces cuando sus saetas se clavan en el yerno y da recias nalgadas al nieto. pues remueve pasado y presente. coloca un chiste mordaz. envuelto en la capa. Y es su conversación pintoresca. aconseja doña Altagracia. que te va a hacer daño». acarreando objetos estrafalarios. apelotonada. volvía temprano. y en seguida intercala. los percances del año de Toussaint L‟Ouverture. los brazos en balance. tal como se las contó su mamita. y les dijo: mis hijos. replica risueño: «lo mismo era papá y no murió del estómago».. ustedes son libres. La voz de la abuela es la que más suena en la tertulia. Doña Rosita en un rincón. y si es verdad que iba a visitar a sus amistades. Ni preocupaciones ni pesares le quitan el apetito.cuando éste vino del Guarico.por la que pasa sin odios ni envidias. entre párrafo y párrafo. virtuosa.! Ya todo está cambiado. pero él ase con ambas manos el tazón.. Entonces cada uno vivía de lo suyo. y la apura con deleite. aunque también toma parte en la tertulia. que niega indignada. A Antonio le gusta oírla y la hace hablar. —«Tráemela». trabajando hasta pagar su rescate. —Pero si cuentan que una noche. Y si la madre o la consorte le reprochan. «qué gandío eres». en la cual había entrado de tapadillo. ora interrogándola. la esposa echa de ver con lástima que se ha quedado una taza de sopa de la que se guardó a mediodía y se va a perder. un mazo de triquitraques. alguna de las tantas famosas indigestiones paternales. Un siglo entero se anima en su memoria. y cae. y que despertando azorado. casado dos veces y que a sus hijos naturales les dio nombre y les encaminó. es un buen diente cuando hay qué y a toda hora. reclama con gozo—. no la tomes. sopla la capa de grasa fría que cubre el líquido. y los alzamientos de los esclavos. —¡Quita de ahí. he oído hablar de un tío de usted que era muy mujeriego. Incansable en el trabajo. ciento. “Mi taita reunió a los suyos. quedándose allí cual un pelele desmadejado. hasta que se duerme sobre el sofá. confundiendo fechas y nombres. hay mucho libertinaje. Y ella. consciente de su destino que será igual hasta la tumba. si evoca. reviviendo días y hombres pretéritos. y poca religión». que son patrañas! Mi tío Miguel fue hombre muy de bien. Y que otra vez un amigo guasón metió por debajo del portal de la casa. toditos se quedaron en el ingenio y en los hatos. ¡Cuándo los negros de hoy. si la dispepsia la atenacea se rebela. con gran escándalo de doña Altagracia. Nunca salía a la calle de noche sin pedirle la bendición a su taita. . altanera recuenta. originado por defecto físico o por historieta chusca. a veces. le encontró el padre en la alcoba de la moza. a menudo. la espada debajo del brazo y un farol en la mano —porque entonces no había alumbrado—. lee un grueso novelón y. Luisa. —Doña —suele decirle Antonio—. que les pone con gracejo hilarante. y ni jugaba ni tenía deudas. nunca le falta tema. —¡Malhaya quien lo diga! —replica. al mismo tiempo cose o teje o cuida del hijo que anda de un lado para otro.. «Muchacho. y todos. trepando para entrar por la azotea se cayó de un alero y estuvo tendido en la acera hasta que el fresco de la madrugada le devolvió el sentido. después de los postres. Para ella casi todos los vecinos de la ciudad tienen un apodo. las piernas en cruz.

Media hora más tarde. —Esas son historias. desde la torre del Homenaje.—¡Anda a la porra.. y además cumplía con su madre. se sentaba en la puerta. uno que saltaba una docena de sillas a lo largo. a fumar la cachimba.. el Rey Don Fernando le agasajó tanto. Y en los bailes. ¡Quién se lo hubiera dicho a mi compadre el general Santana! Y la anciana.—El Listín anuncia que viene una compañía dramática. y los jóvenes. y copas. le quiso mucho. Don Juan Sánchez Ramírez. y cajones de pesos columnarios. condenado! Ustedes se mofan de los viejos. Antaño era otra cosa. . quince casas de su rosario. triunfante. —¡Alabado sea Dios!.. ¡Ave María Purísima. muy rico. y cuando estuvo en la Corte. Cuando vino Pizarrosa. por el ánima de vivos y de muertos. como en mi tiempo. entre las murallas. y el único refresco era el vaso de agua de melao. todas muy bien puestas. fue a caer abrazado a mi amiga Pepita Contreras.. ni crea fina de hilo. y se han dejado guberciar catorce años por un negro mañé. se retiró. Mi taita hizo colocar un escaño grande. Cada familia llevaba sus sillas. La herida de la frente se la hizo un franchute con quien se batió frente a frente en Palo Hincado. y en el semáforo. una noche. ¡qué mala lengua tiene este demonio! ¡Ojalá los de hoy! Mucha onza pelucona se guardaba. erguida. Ya no vienen cómicos buenos. un gran actor como no vienen agora.. de casaca azul con botones de oro. ¡Qué diferencia de las muchachas de hoy en día. su esposa. y muy buenos. Su compadre. ¿Emborracharse? ¡Eso nunca! Se comían pastelitos y se bebía sangría. y miles de cabezas de ganado en los hatos. ¡Esos sí eran varones!. de caoba. se refugia en su alcoba a pasar ante el retablo de Nuestra Señora de las Mercedes. con pantalones viejos. Entonces había valor y virtud. su potiza con agua. ni mantones de china. y se comía el cuero de las butacas sancochado. También venían maromeros.. donde cabíamos seis personas. Ninguna señorita correspondía a un enamorado si aquél no tenía con qué casarse. qué pena! Ella se puso como la grana. ni existía moneda.. desgranó dos repiques. Y se representaban muy buenas comedias y misterios. mi mamita. — ¡ Ofrézcome al Señor! Si no hacía maldita la falta. y mientras estuvieron aquí los titiriteros no se asomó más a la ventana. de los campeones de la Reconquista. cuatro bolas y la bandera roja señalaron vapor del oeste. después del toque de las oraciones. ¡ Cata uno ahí! —y señalando el retrato del coronel de milicias. que están siempre callejeando o con los dientes al sol en las rejas! —Pero doña. en el patio del Café de la Reina se levantó un tablado para el escenario.. prosigue—: ése fue rico. XVI La campana del vigía. sino cambalache.. Ojalá ustedes se dieran un trasunto a aquellos hombres. la misma que después vino a ser mi comadre. en chancletas. y bravo. y sin la inmoralidad de hoy en día. hacía hilas. ¡Y las mujeres! Mientras mi abuelo sitiaba la ciudad. Por cierto que. rezaba. —Así será ella —dice la abuela—. si en aquella época la gente. —Pero no había teatro.

alza su ramaje centenario la Ceiba colombina. La multitud. Al término del muelle. En el puente de mando. reviste el agua. en gran cuadro de felpa. Los estibadores medio desnudos. los unos con sus fustas. cuyos reflejos vivos hieren las pupilas. «Ha envejecido». se preguntan: «¿No vas al río?» «¿Qué hay?» «La Compañía de Roncoroni que llega». tranquilo remanso que el Ozama forma al pie de la muralla. Aún quedan restos del tráfico de la madrugada: pilas de petacas de carbón. una negra comercia en arepas con entresijo. lenta. observa uno. las patillas largas. en cuclillas. majestuosa. una gruesa cadena enroscada al tronco vencedor del tiempo y de los hombres. puesta la escala. el talante aristocrático de los galanes. Amarradas. De acera a acera. grueso. En la puerta de una casilla de madera. el «Julia». los pasajeros pasan de babor a estribor. la gorra blanca con galón dorado. bonita. flagelada por el sol. en el café «La Tertulia». y escuchado la cuenta de sus triunfos pregonados por la prensa extranjera. coches y carretas estacionan. el barba. comienza el desfile. se exhiben las fotografías de los artistas dramáticos. que ya pica. girando merced a los cables. frente a la calle del Tapado. apiñada. de la matrícula de La Habana con su ronco silbato. en fila. fríe lonjetas de tocino y mielosos plátanos maduros que vende ensartados en varillas de coco. de abultados pechos fláccidos. esperan apoyados en las carretillas. De una a otra banda del río. es la Adams». A espalda de las casas. La maniobra dura cerca de una hora. «Ese es Roncoroni». Malla. límite del mercado. alto. lava su vehículo. pero no. mientras se diligencia el abono. dijérase que entre las rocas hirsutas que soportan la torre y la estacada del muellecito el vapor se ha clavado. « ¡Compai. los índices señalan la figura familiar del capitán Vaca. con las piernas muy abiertas. la barca va y viene. que allí semeja esqueleto de enorme animal atascado. pidiendo práctico. «Mira. —El suelo está tapizado de cáscaras y relieves descompuestos. granujas en cueros bañan caballos. los aurigas y los carreteros se confunden con los espectadores. Un coro de saludos acoge a Alcón. avanza silbando. por la aleta de un tiburón. concluyen convencidos por la locuacidad amena del agente. Desde un mes antes. goletitas y balandros costeros cabecean. en el limo fangoso de la orilla. Frente a la Aduana. una mulata gruesa. en otro colmado. el negro piloto. «Es la mejor compañía que ha venido». un hombre en mangas de camisa expende vasos de leche. una grey humana se mueve por la vera del muelle. torsos de bronce o de mármol negro. Al fin. muy a la vista. las canoas de los campesinos. rota a veces. los otros armados de un cuchillo cachicuerno a la cintura y del garrote de guayabo con que castigan las bestias. frente al pequeño mercado. y el público que atiende a descubrirlos saluda a los conocidos. En El Tanque. En los balcones de la Capitanía del Puerto. los curiosos atalayan la barra. La floresta ribereña trepando por la ladera oriental despide por cada una de sus hojas fulgores metálicos. los espectadores se sienten sobrecogidos. y deslizándose por el cable. Detrás de la jaula de hierro.en El Placer. que trae en . esa alta. por delante de la mitad que resta del puente de hierro. que es el depósito de la Aduana. y junto a él. desgarra la ambiente serenidad matinal. y allí. y un cochero. conservas criollas y prú. qué hembra! » Algunos se colocan cerca de la escalera para ver las pantorrillas. Gentes presurosas bajan en dirección del muelle. cruzan yolas. frutas y casabe. suda impaciente. tomando helados los parroquianos han examinado las bellezas que el retoque presta a las mujeres. Cuando la masa obscura del «Julia» aparece en el estuario. el vapor hace la ciaboga. sobre el mostrador. Más allá. que hierve en anafe. trojes de yerba de maíz. llenando la boca estrecha. los pantalones arremangados hasta la rodilla.

en las casas vecinas también hay expendio de pastelitos de harina de Castilla y de catibía. y las segundas partes. las mujeres. solazándose en el ensayo general. altos y bajos. más de cien butacas. sabe llevar muy bien el frac. chico. La campanilla del apuntador suena. —¡Ah! no. . y en la platea. e interviniendo en las querellas de los carreteros. en sala donde flotan las nubes de polvo que levanta la escoba. Se forman corrillos en los cuales se enristran polémicas. vestidas a escape. y en tanto se alza el telón. En la acerca de enfrente. pero Roncoroni se muerde los puños demasiado. en el que fue presbiterio. El telón cae. Hay que abrirse paso a fuerza de codos para circular. bien. se ha edificado con madera. sin los prestigios emotivos y deslumbrantes de las candilejas. a veces en voz alta.. como escriben los cronistas. es inferior a la Salas. algunas en bata. invadiéndolos. Inclinadas sobre la barandilla. Dos vallas humanas forman pasadizo en la puerta central. Los espectadores de infantería se aglomeran detrás de los palcos. —¿Qué te ha parecido? —Bien. y muchos. a mediodía. el foso y los camarines de los artistas. La Compañía se estrena con una de las obras preferidas del público: «Felipe Derblay». contando las monedas en la taquilla. la noche del estreno. está de bote en bote. de rico relleno. y a la Adams le encuentro un no sé qué. es la antigua iglesia de jesuitas. las mujeres siguen ansiosas las escenas y los hombres discurren. El teatro. los hombres sin cuellos. La sala.. con cachuchas.. servidos calentitos.cada brazo un niño.. La bóveda ensordece la voz de los cantantes. que no pueden asistir al espectáculo. dulces y maní tostado. media hora después principiará la función. aquélla sí hacía una Clara. que no se suspende por causa de mal tiempo. la característica le sigue. Los muchachos de la cantina destapan botellas y corren de un lado a otro llevando bandejas con cerveza y dulces a los palcos. escoltada por una turba de mocosuelos. los fardos de las decoraciones. Está furioso porque no le han dejado entrar en el escenario a saludar a los artistas. ante la mirada pública. los críos gritando y sucios. hubo ciudadanos de facción en la acera del teatro «La Republicana». presenciando la descarga del equipaje. A las 8. el teatro abre sus puertas. verdes aún por los efectos del mareo. ¿no es verdad frére? Antonio Portocarrero preside un grupo. no hay comparación. alumbrados por un candil de aceite. entrando en la ciudad por la puerta de San Diego.—Pero. En el interior. otros. El escenario. de Georges Ohnet. Por fuera conserva su aspecto secular. El público masculino disemínase por las dos naves laterales. mañana se cobrará en su crónica del Listín. cargada con un loro y un perrito. una herradura dividida por batandas forma doble serie de palcos. en los palcos ruedan sillas acomodadas a prisa. una línea baja luminosa marca los puestos de pastelitos. despeinadas. ásperas columnas adosadas al muro. No hay ventilación. Durante el día. La farándula pasa. sobre ésta una galería. amén de la cerveza fría y del ron. pues tal como reza el programa. la sala. y se reparte en los coches. austero edificio de sillería. ¿ te acuerdas? —Y Roncoroni.

he pisado las tablas y mucho que me aplaudían. Usted no sabe que yo soy aficionado. ni de otras vascuencias por el estilo? —Bueno. Don Juan Tenorio es para los isleños de San Carlos. ¿qué te parece? —A mí me gusta más el «Puñal del Godo» y «Flor de un día» —interrumpe un mercachifle del Navarijo. ¿No han leído ustedes a Ibsen. En la platea sólo quedan algunas señoras que. el coloso? ¡Qué «Enemigo del Pueblo»! Esa es la humanidad. y en tropel atorados por el último bocado. —Pero. ¿y Don Juan Tenorio y El Gran Galeoto? Ahí hay yema. o si la justicia castigará a su tiempo al Lázaro de la «Dolores». socio.. en pie. —Naturalmente. La campanilla del apuntador les separa. señores. si eso está mandado a recoger. un corcel encabritado sobre una cornalina. no arrugue que no hay quien planche. pero gusta. otros desde los pasillos miran y hacen . empujándose. y los hombres se creen vengados de sus ocultas humillaciones familiares por Felipe. y aun a la salida. en el trayecto hasta los respectivos domicilios. No y no. charlan con las muchachas recostadas en el antepalco. ¿y «La Dama del Mar»?. palmotea en el piqué blanco a puntos rosas. esa la pintura de la realidad. y Echegaray no tiene en todo su teatro un verdadero tipo de cerebral. drama in-completo. No. —No me hagas reír. arte es el de Ibsen. cuyos libros se venden. Eso. En los palcos ondula la línea de trajes femeninos de colores tiernos. según la opinión de sobremesa de un viejo publicista. por entre las lunetas. mas la alta crítica no le tiene en cuenta. Durante los intermedios. un cerebral. todas las mujeres se sienten Clara.creen ustedes —predica— que esto es arte. Yo no le discuto a usted de telas. donde todo se arregla al final. haciendo sonar la gruesa cadena de oro y el dije. qué fuerza de símbolo. y en los días siguientes. ni de los árboles gigantes. los pulgares en los bolsillos del chaleco. la orquesta toca valses y danzones. ni del campo de Don Nuño. los espectadores ganan sus localidades. En el próximo entreacto continuarán los debates. glosarán los episodios. se abanican. —pontifica Portocarrero—. —Amigo. —Y ustedes ¿en dónde han visto na mejor? —Amigo mío. porque la policía no actúa prendiéndole y el juez penando el homicidio. ¿ Quién se acuerda de eso. imaginando si después de la reconciliación serán o no felices Felipe y Clara. —Sí. Algunos. ganapán de la pluma. es cierto. las sillas cambian de posición por causa de los mozos visitantes. ¡Hablarme a mí de teatro! —Y obeso y currutaco. cada uno entiende de su oficio. Ohnet es un pobre diablo. ¿Qué problemas plantean? —Y Hamlet. incómodas en las lunetas de hierro y madera.. pero no me toque a la literatura. y no estas piezas. Lea mañana mi crónica.

quebrar de nuevo. Antonio descubrió que el cómico era una buena persona. provocando la hilaridad del público. la confusión de los comparsas. que luego detonan en palabras malsonantes lanzadas por sobre los tabiques de los camarines. ¿Y per qué lo hacen? Si has cometido errores en tu vida política no me importan. el artista le recibe alargándole un recorte impreso: «mira. Escápate. en el Parque Colón. trufas y marsala. En la noche. Cierto día. y paseando bajo los laureles. a cuyo condimento contribuyeran hongos.señas a las dulcineas. sonora. en la cual Antonio Portocarrero. de poder.. bajo un sobre cerrado dirigido a mí».. los gritos de los comediantes. se traba pronto entre ambos amistad sincera. las carreras de los utileros. en el sube y baja de los telones que a veces se resisten a medio camino. y duélese de su tarea ingrata. a mediodía. a la cazadora. relata sus sensaciones. La crónica está esmaltada de citas. inspirados por el vino de Chianti.. los lectores del Listín. Antonio sonríe con tristeza. de triunfo. en payama. reuníanse ante una fuente de macarrones sazonados con salsa de pollo y tomate. Era un artículo en que meses antes un seudónimo fisgaba con saña en la vida de Antonio. ruda brega con los otros y con sí mismo para. excelente cocinero y. de tentar la fortuna más allá del horizonte nativo. Había exprimido en ella sus lecturas. ¿Cómo romper la red en que ambos forcejean? El uno tiene en la Península. preso en los hilos misteriosos de un reato. sin duda. las injusticias y persecuciones que el escritor padece. muchachos de la ciudad que. acotan el margen de sus vidas respectivas. A la tarde siguiente. casi un pasquín. camas de hierro crujientes. tienes talento y nobleza de espíritu. y le suscita deseo de emigrar. los apuros para amoldar a las cajas las decoraciones. Antonio en el escenario se distrae con el trajín de entre bastidores: los chismes de los artistas urdidos en los ensayos. sofás desvencijados. Roncoroni se hizo presentar y prodigándole elogios. metidos en los trajes. encarnar tipos que no le placen. aquello le hiere humillándole. observa atento el tropel de los tramoyistas. leían dos columnas de prosa vibrante. Sentado en el umbral del de su amigo. dando de paso su pellizco a las primeras partes de la Compañía por la ejecución de la obra. el aroma de los manjares ha trascendido. de la existencia diaria. y las llamadas desesperantes del traspunte que cortan riñas y coloquios. eso me lo ha traído hoy un negrito descalzo. o de fideos. El artista se había arruinado más de una vez. o de una olla de arroz. ni una sola hora de voluptuosidad. fúgate de esta prisión». mío caro. lealmente indignado. a la milanesa. Antonio no había conocido el placer. erguido sobre el payés de ladrillos. El cómico era. que reclaman una espada o una peluca. además. y el artista entrevió las luchas dolorosas. asqueada de las cábalas de entre bastidores. con el seudónimo de un personaje de Ibsen. de nombres de dramaturgos y artistas de todos los países y épocas. El cómico. . presienten las rechiflas que provocarán cuando les reconozcan sus compañeros de las altas galerías. ¿A quién daña su amistad? ¡Ah! sí. Al autor lo aplastó con una frase de Lemaitre. Las bombillas eléctricas y potentes lámparas de keroseno rescaldan el ámbito. el otro. Cada noche de función. En tales momentos. familia que convierte en futilezas el oro de su cerebro.alentada por la sola ambición de ganar dinero para volver a Italia a descansar. acarreando los viejos tereques con que se amueblan las casas ricas: sillas de bejuco. a quienes la vigilante oposición de los papás les veda acercarse. exclama con voz rauca y marcado acento italiano: « —Esto es miserable. culta y discreta. toscas mesas de pino. con frecuencia. espolvoreada de parmesano.

Las demás son injustas con ella. que es toda una señora. Julieta se mofa de la calva de Romeo. si le hacen caso. el polvo y los trastos viejos! De raro en raro. Y tales desventuras le conmueven. Las frases rimbombantes de las crónicas le son casi indiferentes. granjeándole simpatías. Ella es la única que nada le ha pedido. y en las crónicas baraja las cualidades que le inventa con las penas que ella le relata. perfidias. los cosméticos. va con cualquiera que la pague. pero desgracias de familia.Antonio. no nació para esta vida de bohemia. formándose bandos rivales. En torno suyo siente el fuego de las pasiones. Hamlet murmura de Ofelia. según la opinión de otro: ni virtudes ni éxitos. mendiga los aplausos. por las confidencias del director. vulgar y triste: tiene un padre anciano y un hijo paralítico en su tierra. en las cuales las miserias de la vida se exponen a la luz de los candiles. brazo o pantorrilla desnudos. que rebaten con tempestades de aplausos y a golpe de ramilletes de flores. No es bonita. Los hombres se dividen en dos o tres campos. que capitanea uno. brilla. Nadie pide sin desmedro para otro. envidias. en los pasillos o estallan vociferantes en aquella atmósfera inficionada por las emanaciones de la letrina. No obstante. Antonio. En el fondo de las pupilas negras. y enracimándose frente a los cuartuchos cerrados. sin embargo. los ojos grandes y febriles. obsequio de algún conquistador. ella le ha referido una historia. el menor reproche impreso le irrita. Los poetas entusiastas desde la escena recitan poesías en honor de la agraciada. el hombre desaseado que suda y grita dentro de la concha. pálida. El director le previene: «no vale nada. bromean: «Pero si es una gata tísica». los pollitos invaden el escenario. En los entreactos. y cada noche se acrece el homenaje floreal.. Las mujeres son partidarias de la primera dama. Los amigos. pasa un mozo de cantina con una botella de champaña. disputándose sus elogios. El director se desespera en los ensayos sin lograr una vibración de su cuerpo a líneas de harpa. la muerte del esposo. y Antonio le oprime las húmedas manos descarnadas. todo mérito se empina sobre el defecto ajeno. y Desdémona cuenta cómo los rugidos de Otelo estuvieron a punto de hacerla romper en carcajadas al estrangularla. A su vez. dándole relieve en sus crónicas. boquiabiertos. los partidarios se manifiestan con esplendidez en canastillos floridos y regalos. Los demás le reprochan desamor de artista y liviandades de mujer. porque las desprecia. para esta gente. felina. Las noches de los beneficios. Antonio va interesándose por ella. A medida que la temporada avanza. impiden los movimientos a los tramoyistas. y los demás se maltratan con furor infatigable. . La ciudad se regocija y amortigua las pasiones políticas con las aventuras de las comediantas. la cabellera negra formándole casco de azules destellos. miran arriba y abajo. que cada noche declama pasiones y dolores extraños. y. Es mentira lo que cada uno cuenta. ofrendados desde los palcos más próximos a las actrices. cara y mala». «No digas. Don Juan censura la frialdad marmórea de Doña Inés. ya lo sabes. Poco a poco. ¡cuántas intrigas y pendencias. las miradas de los machos la acarician desde la sala. los bombos de que se ufanan han sido pagados con monedas o caricias. Es la querida del consueta.. afirman. apenas si lee el ejemplar del periódico que él le ofrece. hermosas. a ti siempre te han gustado las feas». al servicio de su dama pone su pluma. la admiración del público se divide. y la carne de teatro. sin embargo. Amojamada. la escena es un taller donde amasan el pan. acechan a fin de entrever pecho. enterados del embullo creciente. una llamita turbadora. Entre dos escenas. cuando se encuentran al azar detrás de los bastidores. y por un parrafito. el olor de las aguas sucias. conoce a la compañía por dentro: celos. quienes suelen apelar a la policía para que los desaloje. se siente atraído.

saborean un guiso de palomas.Por las noches. es la calumnia. atribuyéndole en el reparto el papel de Ninette. pero la empresa debe complacer al cronista. en el arco de su voluntad tiembla la flecha que se plantará triunfadora en el blanco. ocultos por un rimero de telones en el foso. destronándola. y el niño paralítico. Los hombres hablan a voces. ¿qué porvenir tiene?. y el anciano. ¡ Si el querido no fuera tan celoso! ¡ No la deja a sol ni a sombra! Ella no le quiere. Sí. Las palomas son exquisitas. El empresario está satisfecho de la temporada: los sábados y domingos se llena el teatro. y el público acude goloso a los estrenos. el mesonero. En gacetillas hábiles ha preparado al público. con sobrada perspicacia. A su vez. con la Dama de las Camelias. la curó de un acceso de furia. ¿ ser ministro?. de hembras. silvestres. Todos la asedian. viejo. pequeño como un gnomo. Suele concurrir a esas tertulias al aire libre. pieza de lleno seguro. porque tiene necesidad de creerla. que se creía reina. contento. los amigos le incitan: « ¿qué espera. también. el director. y las palomas óptimas. perdió un caudal en experimentos espiritistas. porque no va con ninguno. afirma el cómico. de repente. libre. un hombre raro. ostenta un bigote bufo por lo luengo y espeso. «Esto es único. Sólo una vez la ha besado. en donde sobre mesa pringosa. gallero de profesión. por el vellón canoso y largo que le cubre la testa. junto a las brasas del fogón. suave. y con un sollozo cubre las voces acusadoras. no vale la pena de perder el tiempo. y gesticula. de tiros. pero le hace falta un apoyo. interroga a Antonio: «¿Cuál es la que te gusta? ¿Esa? Te diré. al sazonar sus guisos. suavecita. cuya voz tonante martillea en la noche. ¡eh!. aturde a Antonio a consejos. de puñaladas. Antonio la cree. me parece muy peligrosa. por qué no le manda un coche a la salida de la función. que su imaginación escarnecida por la locura ancestral descubre en los seres a quienes aplica las observaciones hechas en los gallos. precisa sacudirle los nervios.. refiriendo cosas curiosas. pero a la verdad. y para vencer a la otra. vagan por la ciudad dormida o van a comer un sancocho o un locrio que en San Miguel o por el barrio de la Misericordia han preparado amigos suyos. frente al cementerio. ¿ ganar trescientos pesos. Antonio. y así. y en la boca ardiente le quedó un sabor de carmín. no gusta de las piezas modernas. imponiéndose.. romántico remedo de apolillado infolio de caballerías. El italiano se exalta en aquel ambiente. pues tales huesos pesan mucho en la ruta. a la una. como han hecho otros? » Antonio les oye. gritando las escenas que en su casa representa o. ¿ cuál es su aspiración?. o a cenar en innoble figón. los huesos mascados segregan un amargor delicioso. la salsa es suculenta y la rebañan con arepitas de maíz recién fritas. sería peligroso echársela a cuestas. incitando la curiosidad con promesas de novedades en la . la carne prieta nutrida con frutas fragantes.. durante unos meses. semeja un brujo preparando filtros. se finge loco. bajo los laureles del Parque. le repite. ha obtenido para ella un beneficio. Intrigados por su charla copiosa y estrambótica. o con uno de nuestros vinos hechos con sol! Es cosa de maravilla». a cambio de injurias y claudicaciones? Y en cuanto a ella. o bien. los sucesos de entre bastidores y la política. invitándole a marcharse con él: su pluma le hará brillar en una gran ciudad vecina. El mozo. vaticina sobre los políticos. ¡Lástima que no las mojemos con un añejo borgoña. desconcertantes. pero él es el único que le agrada. El miedo le puebla las sombras de ojos que espían. pero también ella habla. de vivir una novela. oyendo en la habitación vecina los zipizapes y relatos de los cocheros. me tenía revuelto todo el gallinero». pues el mundo es muy malo. Las demás chillan protestando. tiene una cabeza muy parecida a una gallinita moñuda que tuve y que. por el contrario. esmirriado. con voz de marica. Aquí. después de la función. explica sus ideas sobre la locura: su hermana y su mujer lo son. discurren acerca de las piezas. Antonio y Roncoroni. dueño de sí mismo..

tres almendros en fila coronan las almenas con sus copas redondas. las manos ávidas aprietan la carne estrujando la leve muselina. cincuenta cañas de azucena en los arriates de la plaza de Colón. hasta que los aplausos le apagan la voz.presentación del drama y artístico adorno del teatro. y todo por esa ética. después de la función. Antonio. El caballo trota por el camino de San Jerónimo. la orquesta y los admiradores ruidosos le forman séquito acompañándola hasta la fonda. fingen animales fantásticos. los javillos. ¿qué le importa a Antonio?. de un salto. cautelosa. rijo. y una mano le alarga un vaso de cerveza. y en una esquina próxima. y guirnaldas de flores de papel en el contorno. Todavía un cuarto de hora más y la ve salir. Antonio hace destapar cerveza. mezcla nombres de cómicos y de guerreros. ensanchándose. su hora voluptuosa. Al aparecer en escena. ¡valiente sinvergüenza! » «Si mi marido me hiciera una así. con su propia mano. encaramándose sobre una. ansioso espera en el coche. hija. El piano de la orquesta desaparece bajo flores. ha repartido palcos y lunetas. Ella. La tierra fecundada exhala el aroma de flores.. Antonio se ha despedido. la besa oprimiéndola. Nadie ignora que Antonio es el tenorio. que prestan idéntico servicio desde las fiestas del Cuarto Centenario del Descubrimiento de la América. La sangre le arde en las venas. Las olas retozonas tejen randas. al pelo. y su mujer y su cuñada han confeccionado ramilletes.. para cantar a la divina artista. troncos esqueléticos. de Bossuet. A la salida. Ella. En las peñas. subyugado por la naturaleza. En el frontis de palcos y galerías. Han adornado el severo pórtico del teatro con palmas de coco. La puerta se cierra. vence las armas de las provincias y reinos de España. cruzadas. de Castelar. Las señoras se indignan en los palcos. frutos y bálsamos. Desde el foso. rumor formidable que desfallece en la orilla con dulzuras de brama. lamentando no poseer la elocuencia de Danton. burlando la vigilancia de la policía. pobres de nosotras las mujeres! » Mas. los muchachos a los cuales se ha dado entrada gratis. acompañados de una fotografía en la que el lápiz de Abelardo ha idealizado su figura. los perros ladran. ¡Ay. que toca una danza criolla.mesa. es el placer que llega. Entre las cercas. arrebujada la cabeza en un chal. y disparado. y un vuelo de pétalos enflora las tablas. ella y él. en persona. manda a callar la música. le habla de amor. un mozalbete. si todo está listo. y comienza a hablar. « ¡Qué escándalo! —cuchichean abanicándose con ira— y la infeliz pegada a la máquina. muerde los labios encarminados. en escudos de cartón. cortó la víspera. El castillo enhiesto desafía al tiempo. aplaudiendo y taconeando estorban por minutos la representación. los mangos que protegen las casas de las quintas. desde las galerías. descienden. De la línea argentada del horizonte brota. mientras el otro se come un sancocho en San Antón con un grupo de amigos. liras y canastillos ostentando el mayor ancha cinta azul. rompen en estruendosa ovación. ¡La tiene al fin a su lado! El coche parte hacia extramuros por la solitaria calle de las Mercedes. A la entrada de la vereda que conduce a la playa. El besa. de dramaturgos y tribunos. Antonio ha despojado todos los jardines y hasta el camposanto.. de vivir juntos siempre: «quiero ser tu Margarita Gautier». intimidados por el rodar del coche. de Mirabeau. La luna menguante recorta los cocales. un capítulo de su novela. lánguida. corridas las cortinillas. arrastrados por la última creciente. sobre banderas. abraza a la hembra . la sienta en sus rodillas. henchido el pecho. Esta noche. chupa.. que alargan sus brazos colosales. Excitado. le musita lamiéndole la oreja. Su imaginación se inflama.

que ha oído. se apelotonan en los rincones. harto de viandas y licor. de raso color de rosa». ¡ unos zapatos doré!. Los caballos están ensillados. con dos o tres amigos se refugia en la Plaza Duarte. en las aceras. ¡Qué ridículo! . que estuvieron un mes en Nueva York.. negrito? —Sí —ha pronunciado él involuntariamente. Será el hazmerreír de la ciudad. a escape. Las dueñas de casa almacenan petacas de carbón. maquinar. estará mofándose. y los campesinos se llevan a las hijas que sirven como domésticas. las verduras y gallinas suben de precio. un docto de vara alta. Alea jacta est!.. La revolución está en el aire. En la penumbra. Los hombres. Al regreso. alisándose la barba. Una mañana radiosa de aquella primavera. ¿ no es verdad. Los partidarios del Presidente recogen adhesiones al pie de un documento que le da un voto de confianza. a salvo de miradas delatoras. El camino es interminable. me los regalarás. y ésta lo dirá en el mercado. y después de acalorado debate. fusilado por sus perseguidores desde la esquina de la Gobernación. De boca a oreja se divulgan frases sibilinas. y pensar que para eso ha escandalizado y ha sufrido su mujer. se despidieron con un beso helado. Y el cochero. distendidos los nervios.. Más .. tendido sobre el cuello del corcel. a comadrear sobre política. doré. mortificado aún por el escozor de su lance amoroso. la ciudad en las primas noches recuperó su monótona calma.magra. chapaleando en el lodo. una chispa sola y las llamas crepitarán. los amigos tenían razón. y cada cocinera llevará la noticia a la casa en que sirve. tal instante el precio de tantos afanes! Ella rompe el mutismo hostil: —El sábado se estrena una comedia. han introducido. de París. mientras rinde la cuenta de la compra a la señora. las mujeres a balancearse en las puertas de las casas. se revuelcan en la arena. en cafés y parques. El coche se detuvo. para atajar a los gallos que quieren arremeterse. La situación política cada día está peor.. necesito un traje de raso rosado y unos zapatos Luis XV. disparando. XVII Partida la Compañía de Roncoroni. trasponen carabinas fuera de la ciudad y damajuanas y bidones llenos de proyectiles. ¡ Qué asco. silenciosos.. intercalándola entre los fideos. El coche salta en los baches. y encima. Y el otro. a dar vueltas en el Parque de Colón. Las lenguas se anudan y. acuerda un voto de censura. en carretas y en coches. cogidas del brazo o aparejadas con galanes. enfoca la escena con su kodak. El Congreso pide cuentas al Ejecutivo del manejo de los fondos nacionales.. y aprovisiónanse de sal. cual un centauro. es posible conversar. según la moda que las yanquis y las criollas. jadeantes como dos perros. pasa un general. lo repetirá a su barragana. durante las horas de la retreta. ha exclamado. aumentándose la división entre los dos hombres que usufructúan el poder en un tira y encoge insostenible. felina. rotos los músculos. y jueves y domingos. De noche bajo los haces de yerba. las intrigas bullen y los personajes moran en los caminos.. Antonio se siente cautivo. La prensa partidaria pega... por la calle del Conde. Antonio. mal iluminada y solitaria. ¡ Qué imbécil ! Sí. y aun conspirar. Se pegaría para castigarse. El caballejo trota. y ella en el estribo. Un repórter de Le Figaro. insiste: «no te olvides. tan deseada. la humillación de pedir a un tendero fiadas unas varas de tela. la carne y las verduras. el revólver en la diestra.

tú. se alzarán Amador y Marcos del Rosario. hay que moverse. ¿ Quién le quita a usted ese Ministerio de Relaciones Exteriores. —Sí. en este país los intelectuales no sirven más que para secretarios de los macheteros: hay que hacerse general. que tienen su gentecita lista. —Bueno. en Guerra. si no. —Hasta la noche. aferrados al cabestro de sus bestias. socio. pongo las carabinas entre un paquete de cañas. El bote está oculto en la sombra. nos meten en la cárcel. y en el patio. en la margen del Ozama. A la luz de las estrellas. rinden más. aguada de los buques. —Estamos entendidos. ése para ti. sí.. nos vamos por el Este. que es.Por detrás de la muralla. he leído el telegrama en clave que le ha puesto a Corderito. ¿ es seguro? —¡Cómo!. Muy de mañana. Tengo dos carabinas 50-70 y un sable de cabo. y el dinero? —Todo está arreglado. y que en esta tierra guapos somos todos. defendiéndolas de la policía que las requisa.. y Lalo en Bayaguana. no te olvides de comprarte un sombrero de cana con su divisa roja. se alza el paredón cubierto por manto verde de hiedra. Allí. Portocarrero ha recibido la visita de su amigo y contertulio Miguel Gómez. que serás el jefe. conferencian. yo llevo diez pesos cambiados en nacionales para que abulten. lo llevas en clavaos. a las ocho. tapados con naranjas de china. —Sin pero. en un coche. . se sale esta noche para Baní. y una chamarra de dril. Horacio se ha pronunciado en el Cibao y viene sobre la capital. —Pero. ese Consulado en El Havre? —¿Y las armas.bajo al río. —Así me gusta. doscientos tiros en un macuto. y a mí. en La Fuente. y nosotros. Antonio ganó La Fuente. yo quiero probar que soy hombre de acción.. y con el nombre que tú tienes. En cuanto a dinero. con un grupo. clamorosos. —Sí. se arremolinan. disfrazado con el sombrero de cana alón y el traje rural.. junto al brocal del pozo. —Pero. busca lo más que puedas. Es la revolución. si estás dispuesto. Esta noche. y ya sabes. Oye el plan. éste. Compai. nos adueñamos de la cosa y damos tamaño golpe.tarde. si cogemos el pueblo de Los Llanos. ya rompieron los tiros. —Y. los campesinos que han venido a mercar.. Desengáñate. y . nos espera un bote con dos marineros de confianza. socio.

y en cuanto te tercies el cabo. les proveerá caballos. El mayoral mismo les apera el macho. —Sí. Por ahí. un coche de punto se detiene en el camino. y ya sabe. Mas como éste no ha sido prevenido. pariente de Miguel. y andador. De rato en rato. sentado en el centro. sombría.Momentos después. un negrito de ojos vivos y finos rasgos. en las abras que sirven de atracadero. es manso. una ceiba abre sus ramas o un mamey se yergue alto. En la guardarraya. en tres horas. la impulsa con el canalete. y ¿quién puede enlazarlos a tal hora? ¿Por qué no le mandó un recao? ¡Qué cosas las del primo! Pero ya que están en el apuro. pues corcovea. El terral les trae olores de vacada. inmóvil. los pantalones arrollados. las saquetas de cartuchos a la espalda. en donde el mayoral. que ha vigilado el camino. cuando triunfen hay que conseguirme mi despacho de capitán y mi racioncita. el mayoral les dice adiós: —La Virgen los acompañe. El bote boga río arriba. que no se sepa. una vez corrida la tranquera. El agua trifurcada susurra entre los mangles de la isleta. En la soledad del camino el arrebato de Antonio decae. compadre. desnudo el torso. le pesan sobre hombros y costillas. el estómago le llega a la boca. y cuídeme mucho el mulo y los aperos. la carabina. pues no quiere comprometerse». —Venga. la saqueta. sino aparejo. y los acompañará hasta ponerlos en el camino de Guerra. los manglares se esfuman con extraños perfiles. Miguel registra con la vista el paraje. sable en mano. El campesino. oro molido que quieras. En ambas laderas. Al pasito. a cada salto. ni una casa. no hay quien te lo despinte. pueden llegar. y luego. de rechupete. ni . se dirigen a la casa del potrero cercano. ¡Eh! tololé-tololá. pa que no digan. de yerba y de frutos. la yerba páez crece lozana hasta tapar el ganado. les prestará el mulo de hacer los mandados. y Antonio. y grillos y ranas conciertan sus discantes. mañana riegas en el paradero del parque nuestra salida. en dirección contraria pasa una canoa cargada de carbón. un general. atraviesan los potreros. Callados. la noche está fresca y clara. El cochero. Antonio se acerca al farol del vehículo. —¡Cará! no te había conocido. En los tres brazos del río desembarcan. y ya sabes. les despide: —Buena suerte. no se perderá. El macho trota de modo infernal. No hay silla. Has prestado un gran servicio a la causa. derecho. Y entrambos conducen al bote las cañas y el macuto de naranjas. soy yo. cantando: ¡ Eh! tololé-tololá. y les da el pie para montar. recomendándoles no tocarlo por detrás. el sable. Alas torpes agitan las hojas. Las carabinas en bandolera. Le molesta el compañero que va a grupas. se excusa: «los caballos están sueltos en los vasos. —Socio. mano Miguel. Déjame verte bien. eso sí. Pronto entran en la parte desierta.

después de cerciorarse bien. Hombre de mucho prestigio. a la entrada del camino de Los Llanos. Al fin se abre la puerta. compai. con quien en días atrás habló. —De manera que todo se ha vuelto bulla. con él tiene usted seguro su nombramiento de Jefe comunal. salió por la puerta del corral y. —Compai..alma viviente a quien interrogar. La plaza está casimente sola. tiene un flamboyán en la puerta. distinguen la puerta de un ingenio. divisan las primeras casas del pueblecito. si entran pueden encontrarse con el Jefe de Orden y ser aprehendidos. compai. y hace falta plata. el ayudante. —Aquélla es. too el Cibao. ¡ Qué descanso! Miguel toca en la ventana. Un candil aclara la habitación. Precavido. De adentro una voz femenina pregunta: —¿Quién va? —Comai. registrando. pero no. El jefe Marco del Rosario anda desde ayer por la sabana con unos viejitos. con los índices obscuros de las chimeneas. con tres mil hombres. al compai Juan que me abra..Es del otro lado. pintadas en el rostro las huellas del sueño. ¡Ave María! una pasá na má. comai. concluye: —El hombre Juan. Compai. dio la vuelta. ya Miguel es baqueano. al fondo la casa de calderas. sin armas. Los canes ladran. pero mi compai. pa comer vacas na má. En el interior se oyen murmullos de voces y de ropas. Una mano desconfiada alza la aldabilla de la ventana y por la rendija un ojo escudriña. El mastín ladra alarmado. La comadre. Y los muchachos de usted ¿dónde están? —Ello. y ahora ¿qué hacemos? . —Este es el amigo que le dije. ¡ Qué barbaridad! ¿Cuándo llegarán? A mucho andar. —Y el jefe Horacio. escondío en el monte. Asina es. El aroma de la caña molida les sonsaca. conoce el bohío de un su compadre. es Miguel Gómez. de toa confianza de Horacio. ábrame. si ya está en Antonsí. y luego de un rato de conversación exploradora. compai. —El no tá. —Espérese. me dijo que el Gobierno mandaba esta noche mesma tropa de la Capital. Ahora. soy yo. compai. Y aparece éste. —Entonces. Miguel Gómez. que tengo que esperarlo. ¿es verdad? —Cómo. Miguel le abraza efusivo presentándole a Antonio. va a vení ahoritica. fue a un velorio y entoavía no volvió. Siguen.. Al fin. en enaguas.... los recibe.

cuando llamea. indeciso. y una y otra vez lo pasa. y. —Este es café legítimo. cuando llegan un destartalado bohío de palma y yagua. —Y alzando la voz—: Tanasia. Asina es. y. la mete debajo de la leña colocada entre las piedras del fogón. La cocina es un cobertizo hecho de cuatro varas. lo deposita en el colador. para endulzar su poción. que se duermen en pie. latas ahumadas. conviene: —Vale. Que los amigos desmonten sin cuidado. Aceptan. alargándolo con marchas y contramarchas estratégicas por entre las matas. lo amarra con la soga larga en una cejita de monte. Luego. cucharas y un colador. Y de nuevo. cuando el primer trago le conforta. da a cada uno. hombre de mucha concencia. en ca el vale Pedro Espíritu Santo. armado de un trabuco. —Asigún. se acuestan sobre la tierra. prometiendo volver al anochecer y recomendándoles no dejarse ver de nadie. qué mano. el busto desnudo. así no se toma en la Capital. La siña Atanasia. se abre la ventana. sopla con vigor. cerquininga. entre árboles de mangos y caimitos. una raja de cuaba. cubierto de yaguas. Vamo pa allá. El compadre Juan se marchó. a los de confianza en higüeritas..agarrándose con una mano las polleras. El huésped les brinda los asientos hechos de troncos toscamente labrados por las caras. se internan detrás del bohío y. que lo mejor es aplastarse un tiempecito. y el vale Pedro. inclinado bajo u propia pesadumbre. el ajuar. compai. por detrás del rancho. en las brasas que enterradas guardó el día anterior. con mano firme. desvían el camino. El aroma de los granos tostados emerge. yo soy suyo. él es seguro. Dios se la guarde! —exclama el vale Juan. A los forasteros. la cabeza baja. y cuando ha rumiado bien. a horcajadas en el mulo. El perro ladra furioso. el fogón. los pila. bañándolo con agua hirviente. yo creo. —¡Siña Tanasia. él oye con la cabeza gacha. les brinda en jarritos de hoja de lata con asa. arrodillándose. es un buen escondedero. higüeras. en el cual esparce puñados de café. Con una paleta lo mueve para que no se pegue. tiende la otra a las visitas y pregunta por la mujer del vale Juan. un bocado húmedo de saliva. en donde la yerba medra lozana. vuelvo y digo. la mujer contesta. Los dos revolucionarios. El compadre Juan llama. a la postre. desenjalmando el mulo.. Enciende. bajo un mango. —Magnífico. corean Antonio y Miguel. y muerde en el terrón de raspadura con sus dientes amarillos. La luz láctea del alba mancha el cielo. alevántate. Tres piedras ennegrecidas. recogiendo con un pedazo de higüera el polvo fragante. . afirma el burén. después de un parlamento. si al jefe Antonio le parece.El compadre Juan. parten detrás del compadre Juan por la sabana. pa que le haga café al vale Juan y la compaña. hasta que la gente del jefe Horacio llegue a Sabana Grande. El vale Juan le explica. sale el vale Pedro. escupe y se rasca el dedo gordo del pie. —¿Pero en dónde? —Aquí.

y . a un paso. el tejado de yaguas se clarea. se mezcla con la barba gris ensortijada que le cubre el mentón. ha aprendido que los Gobiernos olvidan siempre lo que prometen los caudillos revolucionarios. da una vuelta por el fogón. Posee el bohío: dos piezas de piso de hormigón. El bigote. ése es punto de guerrilla. única prenda que viste. A una legua reconoce a los conocidos por la pisada de los caballos. Sus manos son tenazas. Sin embargo. y los pantalones terrosos. largo y lacio. No hay que preocuparse. las abejas le engríen con la miel y la cera de sus panales. aplazados todos. las desmenuza entre las palmas. siendo buen amigo de las autoridades. el general Cesáreo le recompensó con el grado de comandante. es áspera y dorada como cordobán antiguo. los hijos. comprarse una muda. el moblaje consiste en tres cajones que hacen de armarios y baúles. en la calle del Comercio. o corta con pulso sereno finas hebras de andullo. se escarba los dientes y se extrae las niguas. y las palmas le engordan los cerdos. Sentado a la puerta. de esos que llaman marmitas. y basta. cuando un toque de corneta en dirección del pueblo les despertó. Allí le rompieron una pierna. sala y aposento. y mangos y caimitos. Desde Hato Mayor hasta Santiago de los Caballeros ha engendrado veinte hijos. una barbacoa cubierta por una estera. que cuelga en la cabecera. pavón negro. en un tronco de roble. tabaco o un pantalón. y si no. por cama. morro de huevos o banda de tocino. y luego rellena el cachimbo de barro rojo bien curado. Y el comandante Pedro Espíritu Santo vive tranquilo. que realizó en plena capital. una noche. deslomando un azul. que aspira primero con deleite. y allí mismo. los sujeta a la cintura con una correa de la cual penden el «Collins» de monte.Roncaban como benditos. un árbol de higüero le provee la vajilla. —¿Y tú crees que estamos seguros aquí? —¡Uy! ¡Como en la iglesia! El vale Pedro se les reúne. y un venerable revólver de pistón. y el machete. para los apuros mayores. cuando le visitan. ¿Para qué trabajar? La mujer se ocupa en las faenas de la casa y del conuco. en vaina historiada de arabescos. Con el general Miches bajó al Cibao. el trabuco se lo regaló Pedro Guillermo por una acción de flor. La tez del rostro y del busto. y por tal mérito. que espera de ellos cuando «en sus glorias se vean» un alguito para lavarle la cara al rancho. curtida por el sol. ahí está el Ingenio: corta caña una semana. de la que aún renquea en los días lluviosos. le traen. —Socio. cacha de nácar. la costra de los pies es dura como pezuña. pica el tabaco. El sol estaba en el cenit. un revólver Miste y Ueso. la gente se quedará en el pueblo y por estos lados no vienen ni mosquitos. de quince milímetros. otea la sabana. el comandante Pedro Espíritu Santo confía al jefe Antonio y al jefe Miguel. El vale Pedro es alto: fornido. ¿has oído? —Sí. los empresta al vale Juan o a otro compadre. Desde entonces es ciudadano pacífico. batatas y auyamas frutecen para él. hembras y varones. El platanal le regala pan nutritivo. lo desenvainó la última vez en La Pomarrosa. un cuchillo puntiagudo y afilado con el que come. En otro tiempo fue hombre de guerra. Usa camisa cuando va al pueblo. Las tropas de la Capital que llegan. sus maduras pomas. de rato en rato. y si ha menester ron.

La siña Atanasia. toos vestidos de azul. conviene en ir al pueblo a brujulear. y antes de partir les envía con la Tanasia. está en atisbo. imagina: «Hay que moverse. ¿por qué no? El Gobierno está caído y la resistencia será inútil. título indiscutible para una . brazos y pantorrillas viriles. y con más de una ha compartido en dulce paz el hogar. asados en las brasas. lo hace por San Carlos y San Jerónimo. bien equipadas. intranquilo: las pulgas le corren por las piernas. —¿Y quién es el jefe? —Un chiquito. hablar con él. sí. En tanto Miguel ronca ruidosamente. Regocijado con la formal promesa. parqueadas y veteranas. que en esta nochecita no pué vení. tomaría a Pajarito. castra las colmenas. Tal vez. deshierba el conuco. así quedaría eclipsado por la presencia del jefe superior. ello son mucha. con frisa y cachufuces nuevecitos. cortar el telégrafo. En la sala se acomodan los dos amigos para dormir. el suelo es duro. esos descoloríos capitaleños van a sentir bajo e berraco. sitiando a Santo Domingo por esta parte del río. que en cuantico se ponga al habla con sus muchachos. Cocina. y ha parido doce hijos. No. convencerle. porque ello haberá guardia en la boca de los caminos. el comandante Chávez. A la puesta del sol el vale Pedro regresa de su excursión: había visto al compadre Juan. hermano del cantor que viene al pueblo pa las fiestas de San Antonio. flaquito y feo que ñaman Chavito. las pasas cervunas. calientes. de súbito. aunque más joven. si Dios se lo depara. quien tan pronto como vibrara la corneta. Durante el día se alimentaron con plátanos asados y batatas salcochadas. Antonio se revuelve. y las cartucheras jartas de tiros. a San Pedro de Macorís. Pero ¿cómo? Escribir a Chávez. buena carabina y amigo nuestro. —Cómo tropa. —¿Y las tropas? —le interrogan. él medita. El rostro libre de arrugas. en casa del cura. con las tropas del Cibao. Son del batallón y también trujeron cañones. sí. ¡ Qué suerte si lo consigue! Con esas fuerzas. ¿no sería ese éxito brillante. es amiga de las mancebas de su señor. ha visto cincuenta veces florecer los flamboyanes. —¡Anja! Y dice el vale Juan. —Cañones ¿cuántos? —Yo vide uno. teniendo por lecho el piso erizado de pedrezuelas. se encuevó. mientras Horacio. reunir los elementos revolucionarios de esas localidades y atacar rápidamente. y suaves corno bizcochos. El obscuro pigmento se ha desvanecido adquiriendo un agradable matiz de caoba. y mata y sala el puerco ajeno. no es posible permanecer inertes. las noticias le inquietan. y por almohadas los aperos sudados del mulo. ¿ no son correligionarios? Pero es un militar de honor y no aceptará. mejor plan es entrar a Bayaguana y Los Llanos. carga el agua en calabazas desde el cachón. dos plátanos verdes. cabecera de provincia. —¡Ah! sí. con puerto y aduana. Nunca fue celosa. pero desde su escondite. pero que no tengan cuidao. ¡Qué golpe! ¡Cómo quedarían los charlatanes de la Capital! Y luego.un nombramiento de Alcalde pedáneo de la sección.

Aquello se presta.. discursos. El medio es infalible. De ese modo. diré a montear. usted me dispensa.». Las pulgas voraces le cosquillean chupándole la sangre. nada se pierde. el Presidente hace sombra. mientras toman el café. cada plátano es un dedo de gigante. los dos revolucionarios comienzan a sentirse nerviosos. el vale Pedro es inconvencible. a dudar. —Pué. . ¡Eso sí! ¡Cuántas cosas haría! Parques. de la moticas pa el bohío y del papel de Pedáneo. y quizás la Delegación en el Este. ¡A güeno! En el platanal. la fiesta del árbol. que vino a alcanzar a Cesáreo. Eso sí. diez ingenios que asisten a las iniciativas progresistas. pero yo le oí a un Don de la capital. Los argumentos y las promesas son inútiles. Miguel asienta: —Después de todo.cartera en el Gabinete? ¡Qué cara pondrían sus detractores envidiosos cuando el pregonero.. veladas. y los errores de éste recaen sobre los Secretarios. leyendo en las esquinas promulgue: “Secretario de Estado en los Despachos de lo Interior y Policía. en el Gabinete no hay suficiente independencia. ¡Le parece que ya oye los alegres redobles del tambor! Pero no. pero esa carta hay que enviarla. endempués no se olviden del revólver. Sí. Gobernador de Macorís. ´ —Eso será cierto. El vale Pedro irá al pueblo a comprar papel y un lápiz para la carta que escribirá al comandante. Al fin propone: —Güeno. El fue enemigo de Lilís no le ha de gustar ver a Perico y a otros cacaos lilisitas peleando por Jiménez. a ver si me pecho con el vale Marco del Rosario. calles. su prestigio irradiando a las otras provincias. acueducto. que eso le hará efecto.. las mujeres entoavía me apetitean. que la política no se ecribe. El vale Pedro. Y el porvenir. Los estómagos reclaman algo más que frutas y viandas. A la mañana siguiente. escuelas. tan desamorada de sus propios hombres y tan fácil para los del Cibao. más le conviene la Gobernación de Macorís. alumbrado eléctrico. Antonio expone su plan. General Antonio Portocarrero”!. a desesperarse de la expectación. y. Miguel parlamenta con la siña Atanasia. manque yo esté viejo.. decididamente. ¡Quién sabe!. sostienen grandes racimos. cuenta con numerosa colonia extranjera. rodeadas de cepas mustias y tiernos retoños. yo no la llevo. se impondría a la capital misma. su merced me perdone. y jefe Antonio. contemplando las gráciles columnas de jaspe que. pa que no digan. además. al grato abrigo de las amplias hojas de malaquita. Ese comandantico tiene la cara muy seria. Pónselo en la carta. rascándose la cabeza interviene: —Mi jefe. y al extremo el floripondio morado donde la abeja vagabunda liba.

El Gobernador del Seibo. sería insufrible. —¡Ay. De sólo pensarlo. el muelle repleto de curiosos. ¡Diablo! si a alguno se le hubiese ocurrido registrar. permanece en casa del párroco. se la pagamos bien. enseñando los afilados caninos. saludados por sonrisas irónicas y burlas! No. de un momento a otro puede suceder. piden agua. sin saber nada de él... lamentables. eso es una pendejada. pronunciado contra el Gobierno. y fuerzas de éste marchan sobre Santiago. lo maldito perro jíbaro. ¿no habrá por ahí un pollo o una gallinita?. mamita. en la cual. una columna que avanza sobre Santo Domingo. Así supieron que en Los Jovillos se ha peleado. No obstante. otra. el vale Pedro volvió del cantón de Marcos. si el jefe Marco no tiene ma que unos viejitos desarmaos. habiéndoles ofrecido sus servicios. a dos pasos. es humo e sabana. ha dicho un tenientico. y en el tránsito. La angustia de. —Ma. sí. han oído hablar a los oficiales. se la comieron. El vale Pedro trae del pueblo noticias desalentadoras: Puerto Plata. por independiente. jijo. con noticias y un cuarto de novilla. y que el compadre Juan. la situación de ellos se hace más difícil. No. —No. ¡ Qué ridículo. Por la tarde. Y cierra los ojos para no verle resbalando tremulento por las paredes. están por el Gobierno. reconociéndolos por las voces. Ese no es más que un mancuenco. que le voy a regalar un pañuelo de madrás de a vara. gente en el monte. apenas tuvieron tiempo de meterse debajo de la barbacoa. entrar a Santo Domingo prisionero. dale que dale a la lengua. una vez. la Línea y el Sur. —Hay que atacar a Guerra cuanto antes. que una columna salió de Caño Hondo con dirección a Guerra. llegan al bohío. cristiano! —suspiró la negra. Los días transcurren sin cambios. si el triunfo es un hecho. hasta la Fortaleza. y lo de la columna que dicen. astrosos. —Ay. Antonio empieza a dudar del éxito de la empresa. las interpretan optimistas. . de viajito. de ningún modo. ni con la cartera. será el centro de todos los debates. En torno a la lata en que se cuece el sancocho. las guerrillas recorren los contornos. para cuando vaya a verme a la Capital. y de Caño Hondo. sin embargo. lo malo es que Marcos les aconseja esperar quietos aquí. si la última que me trujo una jija que tengo por la vuelta e lo Mina. tan mentado. ¡ Propagandas!. se ha transado por la diputación. ya no sueña con la gobernación. —¿Y usted no tendrá algún pedazo de tocino? Vea. y la suegra.—Mamita. pobrecita. y.. Pero el recuerdo de la familia le perturba: cómo estará su mujer. preguntan si no han visto revolucionarios. la espera le extenúa. que Horacio está ya cerca. afirma Miguel. tendidos boca abajo entre matorral tupido. Antonio se estremece. en Bayaguana y Los Llanos.. y el hijo.

el río bullidor!.. sombrero de yarey y divisa colorada. se bañaría en el río y aspiraría a presidir el Ayuntamiento. un tiroteo graneado les sorprende. ya ganamos.. seguido durante media hora de descargas cerradas. pero en justicia. de la abeja. tengo una comezón en el dedo gordo del pie derecho. le ha salido una negrita. ¡Ah la villa nativa. ¿por qué los abandonó por las calles polvorientas. A Antonio.. seguro. —¿Qué general Rafael es ese? . los calzoncillos se adhieren a los bezos. que vino con una columna por Bayaguana. ¿y qué ha ganado? Allí.—¿Pero usted ha tomado el pueblo? —En compañía del general Rafael. de bruces sobre la tierra fresca. además tendría chivales. —Hombre. A la sombra de los mangos. tiene las nalgas reventadas. lo que me faltaba. cortado aquí y allá por meandros de hicacos o por robles solitarios. —Socio. apiarios. la acción es mía y de mis muchachos. Miguel le interrumpe el soliloquio. el vale Pedro anuncia: «el potro moro del compadre Juan». ¡Bonita situación para un caudillo! Y los días transcurren. Al fin. después. Atacan a Guerra. un buen caballo para caracolear los domingos por las aldehuelas. y. como sus condiscípulos. aquellos se desprenden lastimándole. y esa Comandancia no hay quien me la quite. es él. de la lombriz viscosa. unido plano verde. observa atento la labor de la hormiga. la brisa les trae las albricias. el valle plácido. ¿qué será? —Niguas. que vestido de rayadillo. y luego otra y diez más. que esa gente iba a sentir bajo e berraco?. rato después. —Peor estoy yo. un jinete pasa bajo el sol de fuego.. la cabalgata de la primera noche en aparejo le produjo una peladura en la rabadilla. Cuando cesa el combate.— ¡Ya era tiempo! Se escucha el galope de un caballo. « ¡Viva Horacio! » se oye distintamente. los parques empedrados de malas intenciones y las luchas mezquinas de la ciudad?. bebería leche recién ordeñada. enseñando las espuelas de plata. se zarandea. ¿Quién? —La colunia que a venío de arriba —asegura el vale Pedro. con botones militares dorados. Al lejos. cuando camina. que parecen desafiar el rayo. —¡Qué voz tan argentina! —exclama Miguel. —Compai. Entre las ramas.Desde la copa de un caimito abarca la pampa que se tiende leguas y leguas. un ruiseñor canta. habría sido tendero. en efecto. y el pus sanguinolento le moja los muslos. ¿No se lo mandé a decir.

.. nada. los que se echaron al monte o conspiraron des-de los escondites. La Gaceta Oficial. Algunos han asaltado las oficinas en el tumulto de la primera hora. en los bancos del parque de Colón su campaña es motivo de risa. Los empleados del régimen anterior ni con candela renuncian. pero la mujer terca y cariñosa. En la tertulia. en tanto que los nuevos. meciéndose. a la diestra del General victorioso. y trajo el uno los pies cuajados de niguas y el otro padece aún de las diabólicas negritas? Lo que es en otra. putrefactas. todos pertenecen al partido revolucionario. visita diaria. expresó que era voluntad de éste que no se exacerbara al vencido atacándole en la prensa. Antonio adormecía su impaciencia. El Presidente provisional está abatido.! —vocea haciendo escarcear el jaco. el general Rafael. concluyen. a otros. XVIII En la hamaca. La Capital capituló. Las nalgas pútridas le han recluido en la casa desde el retorno de la campaña. él lo hará por el río. no encuentran plato para sus apetitos.. logra restablecerlo sin intervención del bisturí. convertido en secretario de aquel jefe de operaciones. ¿Y para tales cosas expusieron Antonio y Miguel sus vidas.. se protesta contra los nombramientos: a unos se les ha dado en demasía. mil cuentos jocosos se refieren. en alta voz repite: .—El los conoce. sin orientación en laberinto de intrigas. y Miguel. En el pueblo. y padecieron hambre y tribulaciones. El lilisismo entra de nuevo en Palacio. ¡Viva Horacio!. Miguel Gómez. La campaña había terminado sin las hazañas proyectadas. y mientras Miguel entrará por la Puerta del Conde. entre enjambres de moscas. de ambiciones. asilándose el Presidente en una Legación. imposible montar a caballo. y en cambio. sobre sacos de azúcar. ¿Qué han hecho esos hombres. ahí detrás vienen dos caballos que les manda para que se vayan al pueblo. al día siguiente de la instalación del nuevo Gobierno. abrazándole casi le desmontó del caballo. pluma en ristre. le ha mantenido al tanto de los sucesos públicos. de concupiscencias. ¡ca. A mañana y noche le tienen con dolor de cabeza. Por corrillos de parques y esquinas circulan persistentes rumores de disgusto. no puede andar ni sentarse. lavándole y aplicándole fomentos de hierbas medicinales. en un suelto. acostado en un lanchón. El médico habló de cortar. y los directores de periódicos han entendido que tampoco es lícito combatir al vencedor. del reparto del botín. no los pescan. en derredor de la hamaca. ¡ Qué gusto se darán los de los bancos del Parque! ¡ Qué suerte la suya! Las posaderas le torturan. y cuáles méritos poseen los que el cariño regional empina en los eminentes cargos del Estado? Hasta las futuras curules tienen ya dueño. mientras las tropas desfilaban por la calle del Conde. y Antonio se encuentra sentado ante una mesa de pino.

un consuladito. —¡Malsines! —truena Antonio. en los labios la huella del no rotundo. interrogan las miradas. excusándose por hallarse reunido con el Consejo de Ministros. piensa. y citándole para el siguiente día temprano. se divertían acercándose a la puerta para asustarnos? —¡Charlatanes! —Dicen que llevabas el sable colgado del pescuezo. y cuando el mulo corcoveaba te agarrabas de las orejas. son quinientos nacionales y hay que trabajar mucho para ganarlos. armado de buenas intenciones. ¿Qué quieres?. y por mal jinete te has peleado hasta el ombligo. inflado el pecho.. y termina pidiéndole que acepte un consulado. y sus prisiones. Aplastado bajo el repentino derrumbe de sus ilusiones. muchos en demanda del pago de sus cuentas de revolucionarios. del tiempo que se pierde en contentar a los que piden. nadie quiere trabajar. y los oficiales de la tropa gobiernista. Y los compromisos y las combinaciones. presa de pasiones que le cercan y de apetitos que tuercen sus miras. Los presentes miran al recién llegado con recelo: uno más a contender por el hueso. El calor de la capital le acosa. sí. ¿y su vida de sacrificios. ¿Qué cree el Presidente? ¿La República es su casa. aquéllos a buhar. la patria es de todos. con que fustiga a esa traílla. es terrible lidiar con tantos vagabundos. Se presentó en la tarde. Antonio no acierta a responder. lo que se da a cualquiera!. renuncia. y las batallas de su pluma? Se indigna. de mirada límpida. fuerte. la testa engallada. ¿ Quién entre ellos repulsaría un consulado? En su casa estalla. con ese sueldo . clases y cataduras. los empleos no alcanzan. La primera salida de Antonio ha sido para visitar al Presidente. . que se vayan al monte en la próxima y sabrán dónde les aprieta el zapato. El castillo de naipes cae por tierra. Con palabra adusta le habla de sus planes. ¡A él. Alto. viéndonos los pies. Pero ¿y su dignidad y sus aspiraciones? Y además. y despidiéndose con una negativa. por ahora.—¿No dicen esos malditos. y Antonio entra. la mirada soberbia. le trajo recado. cobra cien. que hemos estado cinco días debajo de la cama del cura. su estancia. y a la vez compadece al hombre que tiene delante. en isla vecina. nuevo laurel. Estos en solicitud de empleo. con cien pesos.. en la cual puede hacer lo que le place? La suegra opina que ha debido aceptar. pues es necesario hacer economías para pagar las deudas extranjeras. Eso ha sido un insulto. el oficial del Cuarto Militar de servicio que le anunciara. que no es posible iniciar. En la mañana encontró una colección de ciudadanos de todos colores. ladeándose—. que le visitaban. de los cuatro puntos cardinales de la República. cien dólares. una verdadera ofensa. en espera de turno. desazón común turba sus ánimos. Portocarrero. indica el edecán. y cuando se cierra detrás del privilegiado la puerta del despacho. Quien gastó cinco. pues hay que aprovechar. El Presidente lo recibe cordialmente. cruza por entre los que esperan. Si esto sigue. una vaga sonrisa triste le endulza el rostro. Echa de menos el campo y su caballo.

diestramente algunos le pintan con exageración el cuadro repulsivo de la dictadura y lamentan el silencio de la prensa. No. más pujante. hacia quien torna la opinión veleidosa. y las deudas acumuladas en tantos años que hay que pagar. a la hora en que la familia se reúne. le impele. le desautoriza. ningún periódico ha querido publicarle un artículo. Es el momento. enfermo. esta gente no respeta pluma». y aumenta el prestigio del caudillo caído. El Homenaje rebosa de presos. cada noche. ¿qué ha conseguido con tantos años de luchas. Cucharas en el aire. y a su insistencia oponen una negativa rotunda. Los acreedores le perseguirían como tigres. los directores de los periódicos le aconsejan «no meterse en eso. Nadie está satisfecho. Don Pedro interviene. que desertarán a la primer coyuntura o morirán en las llanadas aquellas sin que les calme la sed una fruta ni les perfume una flor. insinúan. El Presidente. Antonio. bocas abiertas. Los cruceritos de la armada fatigan sus máquinas trasegando soldados reclutados violentamente. le exaspera este miedo que escuda al Gobierno. Es cosa de meses. En efecto. Vacila. en los clubs. el descontento hondo. la protesta armada toma y pierde poblaciones. el regnícola es cazador. mientras comen. su misma mansedumbre vibra. desalentado. El terreno le es propicio. la frontera próxima le asila. desaparece en un crepúsculo y a la mañana siguiente. y vive del ganado que pasta en sus sabanas. La revolución se propaga por otras provincias y se alza el patíbulo. los mismos empleados critican en voz alta. En casa. disuadiéndole. la efervescencia solapada que arroja a la superficie palabras imprudentes. ensangrienta las lomas. vive a caballo en el camino del Cibao. cárceles y . el malestar colectivo que precede a las revoluciones.. y por las plazas de las Antillas vecinas vagan los expulsos. perplejas. mas para su artículo no hay letras en las imprentas.nueva desventura. quienes a su vez afirman que él mismo no sabe lo que quiere. —¿Pero este demontre está loco? ¿Pero usted no se alzó por Horacio? ¡ Su abuela le llevará la comida a la cárcel! —grita la suegra. certero en el tiro. los hombres del poder y sus contrarios. pero el cadáver del primer fusilado le invita. bajo las caretas. No y no. él no debe ser el sacrificado. estos hombres no durarán en el poder.no podrían vivir decorosamente en el extranjero. Esgrime de nuevo el látigo de sus acusaciones. bailan confundidos. En los campos escabrosos y asoleados de la Línea noroeste iníciase la brega. «la lechosa está madura y al caer de la mata». siempre resignada. que comprime su altivez en presencia de los demás. Su enojo crece en razón de su impotencia. refiere su. duda. empeñado en unificar las voluntades de sus amigos. oyendo las noticias de los contertulios siente latir su rebeldía. todas las caras se vuelven hacia él. ¡Nunca fue él segundo en la protesta! En el aire cunden voces tentadoras. por calles y plazas de la Capital pululan los confinados... El país está perdido. se nota pronto la labor de zapa. En su refugio de la Plaza Duarte. ¿No calcula que le expone a perder el empleo.. ya llegará su hora. En los días de carnaval. lo único con que cuentan para vivir? Y la mujer.

Presa de irresistible exaltación. desfallecientes. Combate y entra a Guerra: dos días después. sus recuerdos le guían. distinguiendo las voces de los cañones. con barbacanas de alambre de púa y gruesos tubos de hierro. acarreando cajas de municiones. angustiado. mientras el de 9 del Conde. profundo. De improviso. En el aire inflamado vibran los clarines como alaridos. que escriban ellos. sería una tontería. otros dos. La ingente hoguera enrisca sus grumos hasta el cielo. achicharrados por el calor. le reprocha con dulzura. cruza el . Pajarito es teatro de una acción reñida. O.miserias. ¡Es la guerra! Antonio Portocarrero contempla el espectáculo estupendo. se enreda entre los alambres de la cerca. interrumpieron la siesta. En El Placer están surtos navíos americanos. Los presos políticos. disparan sin cesar. luego en las calles. el del Conde es abandonado por los defensores. sienten la caricia terrible de las llamas que. y dotaciones suyas protegen legaciones y consulados. y rápido. vomitan metralla. Todos contra él. sin darse cuenta. jóvenes imberbes. El Gabinete. El hijo. bajan el tono las piezas pequeñas de San Antón y la Caridad. suben por las cuestas pedregosas de San Carlos. rasga las cuartillas y las avienta. seguidos de descargas. primero en la Fortaleza. franceses.Este avanza el Presidente con tropas. dulces ojos femeninos vigilan. ahumados y enloquecidos. altas columnas iluminan la ciudad. italianos. azul. los jueces se topan en el umbral de sus hogares con aquellos que la víspera condenaran. Por entre las rejas de las ventanas. avanza alucinado. sitiado en el Baluarte 27 de Febrero. sentado en la escalera de piedra. que a su vez elevan las colisas de la Concepción y San Gil.para que otros medren? No. Negros feroces. capitula. Por el . los hombres. le busca. Los cañones braman. Y hosco. Camina. Un mediodía de marzo. los que le traen y llevan chismes y le calientan la cabeza para que se lance. desde los fuertes de la muralla que cual cintura de piedra rodea la ciudad. tiros. los penados. las casas vecinas y los fuertes del ángulo N. La sangre enrojece el arroyo. repercuten en el cauce del río. magnífico fuego de artificio colosal. transitan máuser al brazo. a su paso encuentra paisanos. carne de horca. los de La Fuerza conmueven los cimientos del Homenaje. sus sentimientos les son extraños. Treinta bocas de fuego. . y a un periodista que corre a la refriega con una larga carabina.. pidiendo más comida. descerrajadas las puertas del presidio por la revolución. devoran cadáveres. Los heridos. arden. alimentándose con la paja de sus bohíos. libertados y armados por un carcelero. y San Carlos es tomado. engrosan sus filas. y desde una furnia que las lluvias han escarbado en la calle. estrellado. Las caras sonríen. La facción se atrinchera. antes de que lo adviertan los de la trinchera cercana. Los altos muros de las ruinas del Convento de San Francisco se destacan bermejos. El Presidente está en Santiago. sale por un portillo de la muralla. el de la Concepción ha sido tomado. gruñe por entre los cocoteros como un enorme mastín danés. ni uno solo le apoya.. Los heridos pasan fugitivos por las calles. la ciudad es la presa de una facción acéfala. el revólver cae al suelo.Una prima noche. ¡Es la guerra!. «No seas bobo». Las balas granizan en la población. los asaltantes trepan por las piedras urentes. golpea en el plato de hojalata. han tomado La Fuerza mal guarnecida. sables en la boca. respiran contentas y sigue el yantar. El vecindario. cerrando las salidas de la ciudad. Los del castillo de Santa Bárbara. está ya en el collado de San Miguel. ¡Es la guerra!. el tiroteo de los sitiadores se aproxima nutrido. sigue desde las alcobas aquel duelo.

a la cabeza. deserta. jamás dispara. un jefe es decapitado por una granada. cárdena. vanidades y ambiciones les dividen. se desploma sobre un banco. el asalto del fuerte de la Concepción. una granada rompe el seto. son mansos. Y se duermen. y cuando reúne un puñado de oro. a bailar un zapateo endiablado. vestido con un traje de mujer. Esta es nuestra retreta. pulseras en los brazos. Y cuando su cabeza se apoya en la almohada. tan fácil al combate como al saqueo. celos. Antonio se orienta. Cada bohío es una candelada: sus pies tropiezan con muertos. Los jefes. pudriéndose al sol la carroña carnavalesca. compónenla campesinos de distintas regiones. a la mira de la cortina. desmazalado. y prontos a dirimir con los rémingtons sus divergencias. Antonio. ¡Es la guerra! En los días siguientes. Detrás de las esquinas descubre soldados en pandilla. otro marcha a vanguardia.camino. A partir de allí hasta la muralla se extiende un surco de brasas. Antonio les grita excitándoles. domina la iglesia de San Carlos. agazapados. diga que manden refuerzos volando!». libres de la embriaguez de la pólvora o del alcohol. y soldados regulares. segando el follaje de los laureles. fatigados. tocado con sombrero de pluma. y allí quedó. desde el día del pronunciamiento ha permanecido en su casa encerrado. el fusil a la espalda. Un oficial le ordena imperativo: « ¡corra a la iglesia. reúnen los hombres y los empujan: ¡es inútil. se desgarra las carnes en las púas de la otra empalizada. pero desprevenidos. las llamas insaciables. de oeste a este. disputándose unos con Otros constantemente por trampas en el juego. sale al descampado. dificultando la acción unánime e intensa. las murallas les infunden respeto. es la carne que huye del hierro y del fuego. preñadas de mieles y bálsamos. enronquecidos. rompe las malezas. o por las condiciones de un caballo. y por qué? El horror de la realidad calma el arrebato impulsivo que le dominó la voluntad. y ya está entre los guayabos de Galindo. improvisan sobre el terreno sin estrategia. En el Parque. otra se abre en medio de una decena de soldados que tallan en corro y los destripa. Los cañones de continuo arrojan granadas de acero que revientan floreciendo en rosas de bengala. destruyendo los bohíos que formaban una suerte de reparos contra las baterías de la línea. reclutados el día mismo de la partida. Son los refuerzos que abandonan a los oficiales. no llegarán! El templo. muerde los bejucos del cundeamor. ¿Cómo ha venido. haciendo añicos la luna de un armario. y cátalo aquí. No sabe nada. sitibundo. dice el compañero risueño. Mañana hablarán. o por si los del Cibao son más bravos que los del Sur o el Este. sin espíritu militar. reflejándose en las selvas aledañas. desvalija los cadáveres. Antonio estudia el ambiente. ríen y padecen. atestado de heridos que bromean. norte. Un amigo le ofrece lecho. y las llamas. y el incendio. y corre. al fin llega a la Fagina. las balas silban sinfonía macabra. les deja a merced de los cañones que comienzan a hacer blanco. Empero. devoran seres y cosas. les ha quebrantado el espíritu. sin disciplina. Desde el cerro. las . Reconoce rostros amigos. cubierto en parte por las paredes de la iglesia. algunos avanzan y disparan sobre la ciudad. Uno de éstos. El último revés. en donde estuvo hasta que el incendio le encalabrinó la sangre. Los jefes son esforzados. vía que remata en el fuerte de la Concepción. híbrida milicia. Mil interrogaciones le asedian. y con heridos que se arrastran por la cuesta. La tropa.

entrechocar las monturas. contando y comentando el desastre. A .. a caballo. consintiéndoles sus bellaquerías con frecuencia penadas por el Código. anduvo. y mientras el vencedor se distrae en contar fantaseando la hazaña. crearon con sus brazos armados. entró en la ciudad silenciosa. el fruto no se cosecha. y pequeño. forcejear por entrar en la barca que cruza el Isabela en Santa Cruz. destocados. Llueve con furia. Los hombres. recalado. sin embargo. y atormentado el espíritu por impías dudas. lanzan los oficiales contra las obras de acero y alambre. La realidad. el derrotado se retira a salvo o si quisiera. abandonando los cadáveres. y aquella masa que ninguna voluntad contiene. ora doblan o tienden por tierra a un hombre a planazos. flaquean casi al empezar la acción. los jefes. como un espectro. antes de que amanezca. las riendas en el cuello de la bestia. El fracaso desolador y rápido conmueve al caudillo tanto como al inferior. pero cae fulminado de la mula. brutal. buen mozo. a la zaga de los comandantes: rubio. les seducen los botones dorados de las guerreras militares y las ventajas del poder. precipitarse. La gente se desbanda. Las filas se mueven con desgana. Sereno. anduvo. ya he ganado la Comandancia de Armas y la quiero gozar». Al anochecer. Y decepcionado. por donde pasen sembrarán el espanto. de vivos ojos. ¿Qué concepto tienen estos hombres de la vida. el otro irguiéndose ante la noticia. podría reaccionar. el tercero se abraza al cañón enemigo y recibe en el pecho la carga. si es gala exponer la propia y sacrificar la ajena? Aunque algunos poseen hacienda. se enfrentan a las trincheras. deshaciendo la autoridad opresora que. un grito les pondría en fuga. Es un mecanismo cuyo resorte se ha roto. y. la fusilería los diezma desde la muralla. y es herido ante la puerta obstinadamente cerrada. De tal manera crean entre unos y otros el vinculo gracias al cual afrontan con decisión la muerte. la tropa retrocede. Para imponerse a sus mesnadas. Ascienden a saltos: el soldado de hoy es general mañana. el tercero. delgado. atravesando las estancias. reflexivo. se desborda por detrás del cementerio y. Antonio. vigoroso. desmarrido. y por entre el monte suena el rugiente rumor del río. quiere entrar a la ciudad por una casa edificada a ambos lados de la muralla. ora le abrazan afectuosos. alcanza a San Carlos. con sombrero. el otro. como si el agua quisiera borrar de la tierra las manchas de la sangre. Las sombras invaden la ruta. cálculos. Antonio los compara con los actores de la noche hermosa y trágica: son los mismos seres los que ahora huyen por los caminos hacia sus campos lejanos. tan imbécilmente vertida. conscientes o ignaros. ola deshecha. XIX De la última andanza. mulato. logra el uno abrirse paso. Antonio Portocarrero hubo de volver maganto. no hay persecución. contempló durante largo espacio aquellos hombres antes tan fieros. vuelve grupas.. Los hombres huyen. superiores a la adversidad. habíale quebrado las alas a su fantasía. Una madrugada. ahora pálidos. ¿A qué seguirlos?. Aman el caballo y el arma: su dios es la Fuerza. Hay quien diga: «no peleo más. su malicia instintiva les detiene cuando creen que han sumado méritos bastantes para sus aspiraciones.victorias nunca son completas. impetuoso el uno. Con el sol alto. el empuje de la acometida desfallece en breve. rudos y amables a un tiempo. El viento sacude colérico los ramajes. las columnas se forman: tres que atacarán la capital por el Oeste. deserta o se prodiga en palabras. Pero el alcohol les deslumbra haciéndoles olvidar los mejores. Un disparo. a pie.

Antonio recuerda una escena de espanto. el ganado que olfatea la muerte. la familia grita. En el corral. que es el terror de los gallineros. si en calma.cada instante las visiones impresas en sus pupilas violan su fe. ase el cadáver y gana la orilla. vertidos al mar. desnudo hasta la cintura. en busca de entretenimientos. la explanada del antiguo fuerte de San Gil es un punto de vista admirable para las marinas que pinta el ocaso. tirada por un torniquete hasta sujetarla en una de las columnas de hierro sustentadoras de la techumbre. que está al lado. ataviando de espumas hervorosas la roca plana del tripero. forcejea. y sus ideas habrán de secarse sin el goce del alumbramiento? La reclusión en la casa. cayó al agua. esperando que los jureles picaran. las fieras le atacan. y luego. la sangre al tobillo. si lo en-crespa la brisa. como un íncubo. Muchachos haraposos compran los menudos que cargan en petacas. efímero de la posición política. plañe. veían los cuernos al Diablo en la grieta denominada Boca del Infierno. que expresa con monosílabos las ansias del adolescente. revuelve el agua ensangrentada. arrancándole vientre y tórax. le acongoja. Cuantas veces se detiene en este paraje de la costa. seis aletas ya hendían veloces el cristal. y el recuerdo de ambos. no estampará jamás su nombre al pie de un Decreto o de una Ley. Aquí. Los pescadores tienden el aparejo a la voracidad de los escualos. se congregan. Un negro. que el azar dispensa? ¿Lo que es tan fácil a los demás. mediante la promesa de diez pesos. triscaban sirenas entre las algas: las abuelas que se bañaban en camisa y los muchachos. El Caribe. profiriendo palabras obscenas e impregnándolas de su locura. ¿ Sería verdad? El tan doloroso empeño de su vida. apuñala en torno. médicos y concejales. son amables invitaciones a divagar. Al instante. el pantalón a la rodilla. La puntilla del matarife la descabella. En las rocas. amén de los paseantes. e introdúcese por la sopeña para surtir en chorro esbelto. se arriesga. siente vivir a los humildes. los tiburones desprevenidos huyen. hurta los relieves de la mesa. La res enlazada por la cornamenta. esquivando. ¿no alcanzará éxito. aún palpitantes. la desuella y descuartiza. que fumaba su pipa con el cordel entre los dedos del pie. En el Matadero público. tablajeros. Por la tarde contempla el mar. en los cuales. panquea. muge patético. cada vez más desgraciada. un cuchillo en la diestra. las fauces terribles. brinda asiento a los que entretienen el ocio con el tráfico del camino líquido. sucia. mientras desperdicios y coágulos. a los paseos solitarios por los barrios populares. se resiste. entre cuatro y seis de la tarde. será eterno espejismo para él. le dan un aspecto de hechizamiento. Una vela que lo surca o la estela de un vapor. pues. a soñar. e infecundo todo grano sembrado en ese barro? Separado de los suyos por los mismos prolongados sufrimientos que les ha impuesto. temblequeante. el cadáver flota con el vaivén de la ola. vaga por las estancias. ¿habría sido estéril. por lo menos. Una cuadra más al oeste. siquiera sea el. aletargado por el bochorno del mediodía. trepánale días y noches. rociando la calle. medio siglo ha. Se acoge. estréllase contra el acantilado. ceban los . Ella. En las tertulias de los parques se perpetúan las mismas cábalas y malsinerías en derredor del presupuesto. hierba cuyas hojas aterciopeladas amortigua la dureza de las rocas. Sobre las rompientes. se cisca y juega con zulla. añangotado. acaecida años atrás: un viejo pescador. colgando las bandas blancas y róseas. cuando repuestos. atándose a un cable por las axilas. rodeada de gente. La abuela. decrépita. y el hijo. tiende desde el horizonte paño de ormesí esmaltado de lentejuelas áureas. persiguiendo al atrevido.

tiburones. Enrojecido como un verdugo medioeval, un jifero se ha acercado a Antonio, diciéndole con acento malicioso: —Cuente conmigo. ¿Cuándo empuñamos la jicotea? En las primas noches barzonea por el altaicín del norte, que el terral de los montes de Galindo refresca y aroma, prefiriendo las callejuelas estrechas e intrincadas de uno y otro lado de las fortificaciones. Por las puertas abiertas examina las habitaciones: lámpara mortecina ilumina escasos muebles desvencijados. En los umbrales, las mujeres sentadas sobre las piedras, charlan y fuman; los chiquillos, en cerros, retozan en el arroyo, en el césped de las plazuelas o se escurren por los boquetes de la muralla, por cuya cornisa corretean. Dos novios, recostadas las sillas en las jambas, la doncella al interior, el galán afuera, pelan la pava o puntea el segundo la guitarra, acompañando a la novia que entona melancólica canción de amor. Calle por medio, dos comadres, recogidas las faldas, lo brazos en jarra, riñen a causa de la lejía derramada por un rapaz travieso o de una gallina extraviada; otra, de vuelta del pozo profundo, común al barrio, la lata colma a la cintura, exclama escandalizada: ¡Ave María Purísima y se santigua. —Los hombres forman corros en las esquinas o en los timbiriches que a guisa de pulperías o cafés sirven de puntos de reunión. Estos son los que durante el día sudan al sol en los muelles, calles y talleres, aquéllas las que lavan y planchan de seis a seis. Las mujeres miran a Antonio con picardía; «pájaro de la mar en tierra», suponen que anda a caza de aventuras eróticas o que como tantos otros viejos y mozos mantiene su pelazga por aquellos andurriales. Los hombres le dan las buenas noches con respeto; a los conocidos les estrecha la mano, deteniéndose a charlar con ellos. Quisiera penetrar sus pensamientos, el secreto de sus vidas, saber qué aspiraciones alientan; pero esquivos, se lamentan de la escasez de trabajo, de lo caro que está todo y, de paso, tiran su chinita al Gobierno. Antonio se da cuenta de que algo les separa; acaso le indispone la altivez ingénita de su figura, desprovista del aura de la popularidad, y en sus frases mañeras, equívocas, nota la desconfianza, pues aun los más expansivos, parecen decirle: si vienes a nuestros barrios pobres y nos hablas, si sonríes a nuestras hembras y acaricias las cabezas desgreñadas de sus hijos, es porque buscas escalera para subir. Sin embargo, ellos le inspiran simpatías; pero ¿ cómo lograr que las crean sinceras ni menos que comprendan sus anhelos de bien, nutridos con generosa savia cordial? Y por la periferia cada noche, escapándose de las garras de sus propios recuerdos, continúa sus excursiones, y queriendo sentir las palpitaciones de la ciudad, la circunda. De los altos de San Antón, San Miguel y San Lázaro, baja a las vías nuevas de extramuros, por donde la capital se ensancha en casitas de madera y cinc, pintadas y limpias; entra por la Puerta del Rey a la calle de la Misericordia, cuyas primeras cuadras la forman ruinosos bohíos de tablas de palma; recorre la de San Pedro, en la que alteman el cinc, la yagua y la piedra, y moran pared por me-dio vírgenes y hetairas, y en donde, detrás del fuerte de San Fernando, ofrendan a Afrodita marinos y soldados, con prostitutas alcohólicas, de marchitas carnes enfermas, mulatas y negras que, en batas de colores crudos y en chancletas, se exhiben con un túbano en los belfos, y por quienes las riñas mortales son frecuentes. Más al este, en las celdas donde tiempo atrás oraban las Clarisas germina el hampa ciudadana —borrachos, mendigos, cuanto hiede y repugna —,.oculta a la vista del transeúnte por las casitas fronteras a La Fuerza, habitaciones de buenas gentes

modestas. Sigue después por los solares del Almirante y del Aguacate, separados por la empedrada calle de la Atarazana, extendiéndose el uno detrás de la Casa de los Colón y el otro entre la puerta de la Atarazana, a espaldas de los almacenes y las calles Comercio y Marina, lugares donde procrean y bullen curazoleñas y martiniqueñas, las que enfaldan y anudan el pañuelo en la nuca, con donaire, y preparan los azafates de dulces que se expenden al aire libre. Por fin, Antonio se pierde en las intrincadas callejuelas que corren del Castillo de Santa Bárbara al bastión del Angulo, abrigo de maleantes porteños, y sitio en donde, las vísperas de fiestas, resuenan atabales y acordeones, pautando las guarachas transmitidas de playa en playa por los lobos del Mar Caribe. En el espacio de dos años, las películas se han sucedido en el cinematógrafo político con rapidez ofuscadora. Antonio, desgarrada el ánima, tan pronto febril de deseos, como desasido de todo, ha seguido el desarrollo de los acontecimientos. Los generales que admiró días antes en los campamentos, vienen a inclinarse ante el nuevo Presidente, quien tras un simulacro de comicios, en una mañana de agosto, pasa por las calles en carroza descubierta, en el pecho la banda tricolor, entre improvisados dragones de pantalón de grana, a jurar el cargo. El oro del Erario se dilapida. El Presidente, que es un clubman culto, prosigue frecuentando los casinos, platica de arte, de ciencias, de caballos, de perros, de logística, y recita versos de Virgilio en latín, o pasea la ciudad, en piafante corcel portorriqueño, plantado en la silla con todas las reglas de la equitación. La prensa, temerosa. Al Ejecutivo se le suponen ímpetus y energía. Se conspira. El Homenaje se llena de presos; los vapores que zarpan, llevan cargamentos de expulsos. En noviembre, la capital es sitiada y capitula. Jimenistas y horacistas se han unido y traen en hombros a un cura que ahorcó la sotana, inteligente, audaz. Apenas entra en el Palacio, los jimenistas parten en guerra, y, en diciembre, un cerco de bayonetas se extiende de Pajarito a San Jerónimo, suspendiéndose el tráfico en la ría. Durante cincuenta días, Santo Domingo de Guzmán, encerrada entre sus murallas, se arrulla con la música de cañones y fusiles; su juventud la defiende en las fortificaciones, y las mujeres van a misa, se visitan, y las retretas continúan jueves y domingos, mientras los beligerantes entrecambian plomo. Entonces acaece un hecho insólito, que deprime al soñador: las granadas de navíos de guerra norteamericanos estallan en tierra dominicana, para castigar a los revolucionarios que desde Pajarito han osado cañonear un buque mercante de la Unión. El nuevo Jefe del Ejecutivo, a la cabeza de una charanga, cada vez que sus armas obtienen un triunfo, discurre por la ciudad, exaltando su gente con vítores y promesas. En febrero, una salida de los sitiados rompe el cerco, y Santo Domingo de Guzmán respira. En el Homenaje, no caben más presos, los desterrados pueblan las vecinas islas. El tesoro vacío; hipotecadas las rentas. En el ámbito de la república, dos guerrilleros señalan, con rastro de sangre, el camino de sus victorias. Atan a la cola de sus bridones la devoción de los civiles y de los mismos intelectuales. Una comedia de elecciones consagra constitucionalmente al jefe, quien inaugura su periodo, fusilando en la puerta del Camposanto, a pleno sol, a dos de sus contrarios. El Presidente, vestido de dril blanco, desaliñado, va por las calles inspeccionando las incipientesobras públicas, dialogando de acera a acera, y predicando con la palabra y la iniciativa el progreso en ese campamento en reposo. Los odios partidarios provocan cismas en los hogares; las amistades se quiebran; de reja a reja se cruzan miradas, y alguna vez, palabras agresivas; se querellan las mujeres en las tertulias,

ruegan en los templos, se mortifican con promesas, desertan los bailes; los hombres, en tanto, desaparecida aquella devoción ciega que caracterizó las banderías de la primera república, saltan de una a otra sin más norma que el interés del momento. Llegada la noche, manos salvajes dañan las obras públicas en construcción, y las cartas anónimas, echadas en los buzones van por las manos del cartero a zaherir al primer magistrado y al ciudadano. La prensa discute el nuevo pacto internacional convenido con la Unión. Cercena la soberanía, afirman los opositores, mientras el Gobierno se encarama en él, como en tabla de salvación, y flota. Luchas intestinas dividen a los copartícipes del poder; el telón baja sobre el alzamiento del propio Presidente, quien perseguido por tropas, acusado ante la Cámara, habiéndose fracturado una pierna, atraviesa la ciudad una tarde de enero hacia el exilio. Al nuevo caudillo adornan prestigios de héroe; es fuerte, sano de cuerpo y espíritu, y la general aspiración a la tranquilidad funda en su energía y sencillez la esperanza de días prósperos y tranquilos. El Homenaje continúa siendo medio pacificador, y la razón de Estado siega vidas. Antonio se pregunta, inmutado, si la tragedia se repetirá indefinidamente, cambiando tan sólo la figura corporal del cacique. ¿A qué, pues, luchar? Le enoja la Convención; sus sentimientos la repulsan. ¿A dónde dirigirse, cómo ganarse la vida? Para los particulares, él es un político, bueno nada más que para vivir del presupuesto; para los gobiernos, un opositor inconforme siempre, al cual hay que vigilar y castigar, y para los políticos, un intransigente petulante que les enfada con sus actitudes. Miguel Gómez le reprocha inacción e inhabilidad para abrirse camino hasta Palacio, no entiende la hermenéutica ni sabe menear el majarete, términos con los cuales se significa la destreza para desenmarañar o urdir las intrigas y lograr un puesto gubernativo. El siéntese encadenado al pasado, que le acogota señalándole a la ojeriza de las gentes. « ¿ Para qué puede servir este hombre? ¿ Qué obra ha realizado?», expresan las miradas de sus oyentes cuando, demoledor, critica los sucesos. La prensa alza el tono, traduciendo el malestar del país que discute la Convención. El Gobierno la mantiene; sus contrarios la impugnan. Campaña de palabras desabridas, ayuna de razones reales, que encubren temores y apetitos. Antonio, obligado a permanecer en casa, por un ataque de gripe, las puertas entornadas, recibe a los jóvenes que le traen los ecos de la polémica y le explanan con ardor sus inquietudes e interrogaciones. «El gobierno se impondrá, y el país naufraga. Es necesario luchar, sublevar la conciencia nacional. Su palabra falta, su verbo dará dirección, la autoridad de su vida es indiscutible. En los bancos del Parque nadie se explica su abstención». La fiebre lo debilita y el cerebro le duele; les promete escribir más adelante; pero Miguel Gómez insiste: —No, socio, el momento es de oro. Horacio está a caballo; hable, hable, un catarro no mata. Entonces, con voz débil, entrecortada por la tos, dicta un artículo corto, vibrante como una arenga. Erguido el pecho en la mecedora, cada frase parécele un lanzazo asestado a la Convención. El auditorio aplaude con ahínco aquel estallido impetuoso de sentimientos, de cólera, de amargura. Su índice vengador señala a los réprobos, los acusa, los juzga, los sentencia y ejecuta; y termina con un rasgo soberbio, emplaza en nombre de la patria a los quecomprometen sus libertades, negociando la soberanía y evocando los manes de los héroes de Febrero. Magnífico, afirman; y mientras Miguel Gómez se escapa con las

fuma un cigarro. es presa de una tenaza que le aprieta el cráneo. agregando un piropo cuando la intimidad lo permite. la pupila viva. salta y cruje en baches y zanjas. los transeúntes que las saludan quitándose el sombrero o familiarmente con la diestra. El representante de la fuerza ve al temido luchador. contrasta con la palidez de convaleciente. en pie. quienes gozan además el privilegio de olerle latagarnina y el sobaco. vestidas de muselinas claras. de cuando en cuando le aplica un zurriagazo. zahareñas. una flor en la cabellera. El coche rueda. El cochero. después de la larga y emocionante sesión legislativa. experta ya. el Presidente montó a caballo y fuese a galope camino del Cibao. el Congreso Nacional aprobó la Convención Dominico-Americana. le conduce al aposento. rechoncho. En algunas rejas. las muchachas. se presenta a solicitar a Antonio. hundido en el mecedor. que escucha cuanto conversan los pasajeros. y sin cesar excita al caballejo con las riendas y la lengua. un niño que forcejea por correr a su antojo. en un catre de tijera. algunos con el diario en la mano gesticulan. En el Parque de Colón y en las esquinas. La mujer. dos al fondo y uno junto al auriga. pasean por la ciudad en coche. El Poder Ejecutivo barruntando la conjura detrás de las palabras violentas incubadoras de revuelta. las tablillas de chocolate. acabado de salir del horno. Otras parejas. al sagitario. de uniforme de kaki. Respirando salud el uno. en el umbral. Arturo. las manos cuidadas. mejor estás en tu Consulado de París. elegante el traje. pero todos se encalenturan y elevan el tono transportados por el ardor de las palabras. desgolletada la camisa. miran con sus ojos brillantes. negro. ligero. contraída la faz por los agudos dolores que le trituran el cerebro. Sentadas en los alféizares de las ventanas o en mecedores en las aceras. Circulan las criadas con la cesta del pan. y los demás corren a pregonar la aparición de la catilinaria destinada a conmover a los diputados y hacer bambolear al Ejecutivo. Antonio solo. que aceptes un ministerio de este Gobierno. replican con un ¡vaya parejero! El vehículo es pequeño. envuelto entre velos de polvo. de tres asientos. hilvanan el diálogo de amor. circuidos de ojeras. leyendo novelas o El Listín. los rostros revelan la alegría del triunfo o la depresión de la derrota. sin cuello. las manos en los fierros. XX En la tarde cálida de mayo. y en la misma noche. las facciones demacradas y el terno gastado del otro. ella acodada y él afuera. hecho un ovillo. sin responsabilidades. echa sus esbirros a la calle y El Homenaje hospeda a los agitadores.cuartillas hacia la imprenta. y de luego en luego requiebra a las negritas que. el queso y la mantequilla para la cena. Un oficial. —Creo un disparate. Arturo Aybar y Antonio Portocarrero. el revólver de ordenanza al cinto. El día anterior. suda. los hombres departen agrupados. A simple vista. engarzado en el brazo y a remolque. . de parte del Gobernador.

ésa es la fórmula con que se pretende excusar la anexión a España. proeza estupenda. la danza. somos un pueblo falto de voluntad. La oposición misma. de cuyas instituciones y costumbres civiles tenemos que aprovecharnos. la República debió ser como la querían los hombres de Febrero. Arturo. —Sí. un sueño hermoso. —La Convención. compelidos por los desórdenes internos que nos debilitan y por el peligro vecino. sí. Convengo con que mortifica a nuestro patriotismo. pero como los chicos que gritan. —No y no. la habría pactado gustosa. es sencillamente un acto criminal para mantenerse en el poder. que no es la ambición y las pasiones de los caudillos. Por otra parte. lloran y patean por un juguete que olvidan a los cinco minutos o lo despedazan para ver lo que tiene dentro y acaban por extasiarse amasando el lodo de la calle. han buscado el equilibrio más allá del mar. El yanqui lo . en la sucesión de tales hechos. que tanto clamorea. No te engañes. y tendré ocasión para adaptar lo que he aprendido en medios civilizados. El español. ya nuestro pueblo baila tow steps. todos los gobiernos que han logrado sostenerse. nos pone en contacto con una gran nación. el error es tuyo. y eso es lo que necesitamos. socio. que la realidad destruyó en crisálida. pero no amenaza la independencia: el mal no está en ella sino en nosotros mismos. obedece ella a una realidad nacional que se impone a los gobernantes y los apresa. Recuerda: desde el año 44. a ellos que se creen dueños absolutos. no los espasmos de violencia que son nuestras revoluciones. Los indios haitianos eran más de un millón y se dejaron extinguir en las minas por el jinete blanco. serviré al país con más utilidad. óyelo bien. como lo he prometido al Presidente. Verás qué labor realizo. —¿Y por qué no? ¿Crees tú que es ella obra del Gobierno? No y no. para ser reemplazados por el negro. —¿Y qué?. —Sí. Antonio. transportaron y esclavizaron. preciso es convenir que existe algo positivo. es el fruto natural de los desaciertos de tres generaciones. demasiado voluptuosa. fórmula o no. —Pues bien. —Pero te haces solidario de la Convención. es el caballo de Troya. Aún persisten en nosotros rastros de aquella voluntad heroica del dominador y los resultados del sometimiento doloroso de los otros. —No. Créeme. y el basse ball da músculos y enseña a los jóvenes a pensar y ejecutar con ardimiento.—No. queremos. quiso y conquistó la América. Entrando al Gabinete. a quien arrancaron de sus tierras nativas. sólo que nosotros no nos damos el trabajo de analizar el medio para convencernos. —Sí. —A esos blancos le jié mucho el negro —interrumpe el cochero. audacia y energía. enerva en cambio el tow steps es un baile gimnástico. —Extremista siempre. y pronto los muchachos jugarán a la pelota. —No exageres.

¡Cochero.. sobre el firme de la ladera. y la línea verde de los uveros. . Al Sur. y exportó al Continente su cultura.. en ellas se nutren raíces de nuestro espíritu.quiere. sin embargo. y a la república un prócer en Luperón. y cinco búcares abren los rubíes de sus flores. —Pues la depuraremos. Mira: hay en la ciudad dos ajimeces. aunque nuestras pasiones lo nieguen. En la margen oriental del Ozama. supones tú que han terminado para siempre? —Aún no. De la mezcla. al Palacio Viejo! Desde la azotea de la que fue Capitanía General. reconquistándose para darse al Rey. hemos engendrado a Máximo Gómez. las tenemos en la sangre: genio y figura. —No. señoreando los dos océanos.venció al francés. Palabras.. por esos motivos debemos defenderlas de los hombres. ambos amigos abarcan la ciudad que áurea lluvia inunda. yo no sentencio. nos complace admirarlos. dices tú. tú concluyes que nuestro destino es ser absorbidos por el yanqui. y nuestra isla está en las avenidas de ese gran camino. nubecillas policromas suben de los cascos y las ruedas.. reverbera. la violencia enfática. En las aguas... en el polvo. es el eslabón de una cadena. formando abra al mar azul. cultivar la voluntad. —Palabras. del tiempo y del brazo destructor de la naturaleza. ¿Quiénconoce la Primada? ¿ Qué poeta dominicano ha extraído de estas piedras la intensa poesía que en ellas vibra? Por estas calles paseó Hernán Cortés. revestida de un manto de brocado. cintila. las escuelas y la riqueza. ¿Quién era? ¿Lo sabes tú? Ese es un detalle. aplico la lección de los hechos consumados: hay que ser fuertes. Pues bien... muchas veces he sentido la curiosidad de saber quién construyó la casa. nos vienen el ímpetu y la resignación repentinos. marina y fluvial. remata frente a la Torre del Homenaje. el estilete de la punta Torrecilla corta las olas. cuya rebeldía transvirtió el estrecho con Hatuey. en yegua fina que compró en doscientos cincuenta castellanos.. —Bueno. bonitas palabras. pero no lo olvides. y las ideas y sentimientos del colono que primero la vivió. ¿ Entonces? Por eso caemos hoy donde ayer nos rompimos la crisma.. pero las matarán los ferrocarriles. ella fue la cuna de la Conquista y amamantó la gente leonina que en la Costa Firme y en las islas se hizo gloriosa por medio de la espada y de las letras. ¿y las revoluciones. los restos de la primera ermita edificada en la tierra de América. y Lilís mismo. y. socio. cocoteros y almendros. cuantas veces pasamos frente a las casas en ruina que ellos adornan y rejuvenecen. el último de los libertadores americanos. —No. En esta tierra. —Ilusiones. el negro dio a España un nuevo Cid en Suero. primer vagido de la nacionalidad. El colono combatió con los filibusteros ingleses. con los bucaneros. por el contrario. amar el pasado. ¿es que estudiamos nuestra historia tú y yo y los demás de nuestra generación. en incesante comunión con nosotros. elocuentes páginas de historia. Cada piedra de esas iglesias. mas no como a cosa muerta sino como a ser vivo. la suspicacia letal y la aspirabilidad. y los gobernantes?. el español exterminó al indio. pero dime. ¿Pero quieres admirar un espectáculo tónico?. Aquí. es un tipo representativo. y óyelo: partirá el istmo de Darien.. que indios y negros regaron copiosamente con su sangre. —En resumen.

hierbas. a lo lejos. En un balcón. —Atrévete. que revuelan en torno. descollando entre los tejados planos de las casas. haz. tres al poniente. ¿A qué. tú eres. sino consecuencia de terrible herencia. entre las antorchas de los cocoteros. basta un poco de ese leve polvo dorado que vuela detrás de los coches. trepando por la cuesta arcillosa. Ahora resulta que yo. el de voluntad demiúrgica. y más cerca. y la torre cuadrada de la Merced. Tufo cálido emerge de la tierra. y la pequeña villa colonial. la descubrió. suben sudorosos. largas varas que huellan ruidosas. en cambio. mameyes erectos. una doncella espera el amor que la hará fecunda. para ser hollado por cuantos pasaren. juntándolos con dolores y esperanzas. Bajo las bóvedas abatidas reposa Don Bartolomé Colón. el Sillón de la Viuda. la iglesia de Santa Bárbara. indios y negros la edificaron sillar a sillar. por detrás de aquellas ruinas. y si la miró con tristeza menguada por las tinieblas. a la mañana siguiente. Durante veintiséis años. las plumas suavemente irisadas. con la higuera bravía arraigada en la cúpula como un penacho. El rumor del mar se difunde confundiéndose con los sonidos urbanos. constante. En la margen occidental. luchar? Y lo peor es que el médico afirma que mi carácter. y sobre la colina. cabujón zafirino en mitad de ondulosa raya de azur. desiguales.. se admiran San Nicolás. cima eminente de la cordillera. se destacan de los follajes de Galindo.. En la meseta. españoles. árboles próceres. A través de los árboles. bello. de redondas copas. La lámina de acero bruñido del Ozama se descoge entre las riberas. no soy yo.yacía Alonso de Ojeda. de virutas cobrizas los tejados pajizos. y el médico anuncia que una recaída será mortal. se columbra. sacude el pesimismo. El sol. y así triunfa del hombre y del tiempo con su gracia ingente: el leopardo dejó una garra en sus naves. debió de sentir el orgullo de haber realizado empresa perdurable. mi altivez. incendia el cielo. la Puerta de San Diego. detrás del codo del río.. no obstante las torres ausentes. tres al levante. la espadaña de San Antón. Los hombres que laboran en las oficinas de los muelles. los muros negros del convento de San Francisco coronados por un laurel. el Alcázar de los Colón. y las ruinosas chimeneas del Ingenio La Francia. y las paredes dentadas semejan enorme parrilla. quiere. y galanas palmas solitarias. Presión más fuerte de la tenaza que me comprimía el cerebro era suficiente. los sillares gafados por los siglos y bronceados por la luz: tres ventanas al mediodía.festonada de lianas. no es virtud. Por la Puerta de San Diego entran carretas cargadas. que habrían sido la meta de la potencia creadora. pero calienta entre sus columnas los restos del grande y testarudo ligur. la cuesta empinada. los terremotos la desquiciaron. vacías. hombre. crecido el gentil edificio. Cada cual. en los agujeros anidan palomas.. y a su izquierda. un triunfador. Hace unos días la gripe que aquí es un coriza molesto y nada más. quiere algo con voluntad cierta. es bello. Hacia el Oeste. o rimeros de petacas de carbón. dijo en ella plegaria a su dios. cubiertas de árboles. jadeantes. enclavada entre los dos mundos. del artífice inspirado al oscuro picapedrero. estuvo a pique de matarme. pues. miintransigencia. los bohíos de Pajarito. toda esa historia petrificada y la lujuria potente de la naturaleza? Atrévete. La Catedral se adivina: ella es la materialización de un sueño. burros arrastrando trojes de cañas. . mientras que en el umbral. —Sí. —¿No te invita a la acción. la ignorancia la afrentó. Hacia el Norte. pero ya soy un vencido. soberbios caimitos de hojas bicolores.

mi sangre. la siniestra en la lanza y abierta la diestra en la cadera. hasta la Antilla ensangrentada. Carne tundida por estacas de yagüeses. cubierto de flores el ataúd de tercera clase. La floresta aledaña avanza sus tentáculos constrictores. lenta. y créeme. los pies descalzos. mi hijo. soy un vencido. abre los brazos para estrechar en magnífica elación las piedras seculares. y libertándose de la materia. zigzagueante. que harán reír. En La Fuerza. al declinar el día. traerá en las manos los paños blancos que sirven para cargar los muertos. las proas armadas hacia Levante. inclinóse hacia la flor o la espiga que los ojos de la diosa miran deleitados. en el Pireo.bufas. Exaltado. Ceñido el casco. y al son marcial del clarín. con mentes inferiores a su tiempo. como he sido maestro a palos. y por sobre la cabeza de lo que muere. ¡el gran rebelde! Pero. repite ahora. esclarecido por su luz inmortal. La silenciosa tragedia se le revelaba de improviso. la guardia de prevención presenta las armas. lo triste es que cuando todos vuelvan del Camposanto. Nuevos griegos dialogaban en el jardín de Platón. que lapidan en las tardes las estatuas por sus propias manos modeladas en la mañana. ¿por qué no? ¿Por qué no?. golpeada por molinos. blanca.. En aquel ápice del espíritu humano. la voz de bronce lleva de puerta en puerta la divina promesa. las sombras estarcidas ahuman el cielo. Habana 1911. a la deriva hacia fatal destino. desde el Partenón contempló la ciudad blanca. y con los brazos abiertos. le apretó contra el corazón. asistirán los niños de las escuelas. Arturo. tal una ala rota. a prisa en busca de la cena que espera en la ciudad. esas risas me flagelarán hasta debajo de la tierra. azul.. cincelada exquisitamente. amó la belleza pura. Arturo había experimentado una intensa emoción ante la imagen de Atenea. y convirtiendo la vista más allá del golfo de Eleusis. ansió sembrarlos en la patria lejana. pronunciarán discursos en los cuales me calificarán de rebelde.—No. libres de la costra de turcos y venecianos. seré conducido en andas. ¿verdad? Un sollozo se extinguió en los labios de Antonio. miserable. el más perfecto. los sacros mármoles. mientras sus ojos escrutan la villa y el campo vecino. alzándose sobre las tumbas vecinas. mientras los generales ignaros triunfan y les uncen? En el Acrópolis. de grávidas entrañas. Por el oriente. comprendió. ¿es su ánima la de un hombre o la de toda la gavilla de averiados adoradores de Dulcinea cuya es la prole de débiles turbulentos. los jóvenes. Minutos después. los políticos. a la luz de los focos eléctricos. de la cual ascendía concierto de fuerzas poderosas.. El numen le posee. y mientras el sepulturero tapa la fosa. Es horrible. Me conformo con la idea de que le harán justicia a mi cadáver. El vaho ardiente de la tierra enardece sus arterias. la diosa de formas virginales. — Roma 1913 . fija la pupila beata en la tierra en donde perfuma una flor o crece una espiga. su cuerpo tremó de angustia. roja. pues bien. En mi infancia soñaba tener un entierro suntuoso. Las campanas de la Catedral tocan el Ángelus. siluetas extrañas. dibujará al caminar. la bandera desciende del asta. elevó la razón. profesaban con su milagrosa euritmia rota la más elocuente lección de moral y belleza. interrogó. los mercachifles. conmovido.. El cejo del río humedece el aire. el pueblo. vacilante..

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