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Editorial Gedisaofrece los siguientes títulos sobre el

TEMA

HlSfORIA, ANTROPOLOGIA y ETNOGRAFlA

pertenecientea sus diferentes colecciones y series

Se encuentran aquí agrupados los libros de nuestro foodo cuyo lema es la sociedad, pero

C<Il enfoques mulridiscípñnar ios que no quedan incluidos en la sociología. Se trata de

libros universsarios de reno o con visioo

fundamental de la cult ura.

ROBERT NLlólBET

PIERREClASTRES

MARÍA DEL CARMEN CARLÉ

y COLS.

l\<1ARÍA DEL CAR}tEN CARlÉ

y COLS.

JACQLT.5 LE GoFF

GEORGE STEl'ü"R

MARSHAlL SAHLl"\S

Historia de la ideade progreso

Investigación en antropoíogia política

La sociedad hispano

medieval. 1.0 ciudad La sociedad hispano

medieval: Sus estructuras

Lo maravillosoy lo cotidiano in el occidente medieval

Antígonas Culturay rozónpráctica

L\CQUES

LE GoFF

Los intelectuales en ía Edad Medifl

l\L\RSHALL SAHUl'iS

Islasde historia

JEA1'~··PIERRE VER.'iANT La muerte en los ojos

L\CQUES LE GoFF

CLlFFORD GEERTl

BEIt."'ARD UntaN

MARC AUGÉ

GEORGES DUBY

La bolsay ía vida La interpretación de las culturas

Los gitanos de España

TravesÚl por losjardines de Luxemburgo

El Año Mil

EL ANO MIL

por

Georges Duby

de las culturas Los gitanos de España TravesÚl por losjardines de Luxemburgo El Año Mil EL

Título del original en fran cés:

L'An mil

© by Editions Julliard 1967 et &h uons Galhmard

Traducción: Irene Agoff Diseño de cubierta: Ju lio Vivas

la . Reimpresión en México, 1989

Derechos para todas las ediciones en castellano

© by Editorial oedíse Muntaner 460, emlo., la.

08fJ()6.Barce/o na. España

Te!.: 20 1 60 00

Gestión, representación Y dirección Para esta edici6n Editorial Gedisa Mexicana, S.A. Guanajuato 202-302 Col. Roma

06700 Mexko, D.F.

Tels.: 564-5607 • 564-7908

ISBN: 968-852-066-7

cualq uier medio d e. lmpre-

síón, en forma id éntica, extractada o modificada, en castellano o eualquier otro

idioma.

Queda prohibida la eeprod ucc ión total o parcial por

Impreso en México Printed in Mexico

INDICE

Loe testlga. "

M

• M

. M

_

_

I.

Conocimiento del Año MU

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_

 

_

11.

Los

n arra do res

111.

Los

testimonios y

la evolución c:ultural

rv .· Para u na h isto ria

de las acUtudes m entales "

l . El unUdo de la historia .

l.

11.

El m ü éetmc año de la Encarnaci ón

la

espera

2. Lo. mec:an1funM menWes

.

_

_

.

l .

Los est ud ícs,

 

11.

La

e nse ñanza d e Gertberto en Relms

III.

La

Instrucción de los monJes

 

_

3. Lo visible y lo invisible

~

~

~

I. Las correspon de nc ias m isUcas

11.

1II.

IV.

V.

Ord en soc ial y s upernat u raleza Presencia de los d1funtos_

ReUqulas

Mtlegro e

~

_~

_

~

.~

4. Lo8 prodigio. d el mUenarlo ~

 

_

_

l

.

Los s ignos en el cielo

_

_

11 .

Desórdenes b loI6glcos _

 

_

_

111.

El

trastorno

esplrttual: la slmonla

IV.

El

males tar

he reucc

V.

La s ubvers ión del templo

 

5. Interpretacl6n

_

I.

El desencad enamiento d el maL

 

n.

Las fuerzas be néflcas

 

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9

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8 6

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98

6. La p urificación _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
6.
La p urificación
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_
103
t.
Exclustones .,
_
Peniten cia s in dM dual es
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_
105
11 .
_
109
111.
La paz de DI0 5
_
_
117
IV.
Las peregrinaciones cclecttvas., _
_
_
121
7.
Nueva alianza
12 5
1.
La
p rimavera d el mundo
_
_
127
11.
La
reforma
d e
la Igles ia .
.
1 28
111.
Las Iglesias nuevas
_
_
134
IV.
Cosecha de re llqu las
_
_
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_
138
8 . El auge
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_
_
_
139
H
••• • •• _
I.
Propagación d e la fe
La Guerra San ta
Dios se
:
_
142
H
_
ti.
145
11 1.
147
IV.
La cruz
15 1
Cronotogia
155
ReCerenclas bibliográficas
157
: _ 142 H _ ti. 145 11 1. 147 IV. La cruz 15 1 Cronotogia

Los testigos

1. Con ocimiento del Año Mil

Un pueblo ate rrado por la Inminencia del fin del mundo: esta Ima - gen del Año Mil sigue viva aún en el espírttu de muchos hombres de cul- tu ra. pese a lo que escnbíeron. para destruirla, Marc Bloch. Henrt Focl - non o Edmond Pognon. Prueba d e que, en la conciencia colectiva de n uestra é poca, los e squemas m ñenartstas no han perdido su poder de seducción. Aquel espejismo hi stórico se Instaló, pues, con toda facilidad en uri universo mental dispues to a a cogerlo. La historia romántica lo here daba de ciertos hi storiadores y a rqueólogos que en los siglos xvn y XVIll emprendieron la exploración científica de la Edad Medía, época os- cura. sojuzgada. madre de todas las supersticiones góticas que la Luces comenzaban entonces a disipar. Y. de hec ho. es precisamente a finales del siglo }IN, con los triunfos del nuevo humanismo, cuando a parece la ptimera descr1pclón conocida de los terrores del Año Mil. El retrato res- ponde al desprecio que profesaba la Joven cultura de Occidente respecto de los siglos sombrío s y toscos d e los qu e procedía, y de los que re nega- ba para mira r. m ás al lá de este abismo harbara, hacia la An tigü edad . su modelo. En el centro de las tinieblas medievales. el Año Mil. anñtesís de l Renacimiento. o frecía el e s pect ácu lo de la muerte y d e la estúpida pros-

ternación. Una representación de es ta indole extrae gran parte de su fuerza de todos los obstáculos q ue impiden ver con claridad ese momento de la hist oria europea . E n efecto . aq u el año. q u e fue el m t1esimb d e la e n ca m a -

ción de Cristo - según los cálculos, in exactos. de Denls el Peq ue ño-. ,

apenas si posee u na existencia. tan poco co nsistente es la red de testi-

monios e n los que se basa el conocimiento hístórtco. Y ello al extrem

de

que para al canzar este punto cronológico - y para formar el dossier a qu l presentado- por fuerza s e ha de ensa nch ar, de un modo sustan-

cial el campo de observación y

franja de algo m ás de medio

siglo que rodea al Año Mil. a proxi madamente entre 980y 104 0. La visión sigue siendo aún muy poco cla ra. Pu es la Europa de en - tones s al ia de u na profunda d epresión. Las Incursiones de pequeñas bandas de saqueadores llegados del Norte, el Este y e l Mediodla , habían refrenado los prtmeroe Impulsos de progreso desarrollados Umidamen- te en la epoca carolingia. provocando un retomo ofensivo d el salvajismo y da ñando. en particu la r. los edifi cios cult urales que los Emperaoores del s iglo IXse a plicaron a constrn.ir. El circulo de los letrados, que se Uml-

considerar la

JI

taba a las cúspides de la soc iedad ecles.astíca. fue tan maltratado des- pués de 860 que el uso de la escrttura, ya muy reet rtngido. se perdió casi por com pleto. Para esto el Occide nte del siglo x. Esa tierra de bos-

ques, tri bus y brujería. de reyezuelos que se odian y se traicionan, salló prácticame nte de la historia y dejó me nos huellas de s u pasado que la propia Africa ce ntral de l siglo XIX. que tanto se le asemeja. Ciertamente,

Mil. el grueso del peligro y del in -

fortunio h a q u edado atrás; piratas normandos ve ndrán todavía a cap- turar princesas en Aquitanla Imponiendo rescate. y se verá a los ejercí- tos sarracenos poner sitio a Narbona; pero sin e mbargo los grandes

está en ma rcha el progre-

so lento y co ntinuo cuyo movimien to no ce sará de arrastrar desde en - tonces a los paises de Europa occiden tal. se produce de inmediato u n despertar de la cultura. u n resurgimiento de la escritura; reaparecen de ínmedíato los docume ntos. Por consiguien te. la historia del Año Mil es posible. Pero es la htstorta de una primera in fan cia , que balbucea. inven- ta.

atropellos han terminado y se adlv1na que ya

para la generación que precede a l Ano

La arqueología

A decir verdad el historiador no se sirve únicamente de los textos y todo lo que la a rqueología recoge para u so propio puede Iluminarlo sin-

gula rme nte.

esperar de u na in vestigación minuciosa de los vestigios de la vtda mate-

fondos de cabañas. del análisis

de los residuos de un a ocu pación a ntigu a que el paisaje o la toponomia actua les conservan . Excavaciones recientes le revelaron. e n efecto. lo qu e fueron e n la s planicies polacas las "ciuda des" del Año Mil. esas ele -

vaclo nes d e madera y ti erra e ncerrando en muralla s contin uas e l pala -

cio del pti nclpe y s us guerreros. la catedral recién constru ida y e l burgo

embargo, los arqueólo-

gos polacos. c hecos. hún ga ros y escandinavos. estimulados por la a u -

se ncia casi total de textos que se

nacional y

por e ntero a la vanguardia de una arqueología de la vida cotidiana. En

Francia, ésta sigue aú n experime nta ndo s u s técnicas . Por lo ta nto. en

comie nzo

del siglo XI procede de fue ntes escritas. Este libro s e propone presen tar y comentar algunas de ellas. elegidas en un acervo documental que. a u n en las co ma rcas fran ce sas situadas no obstante por entones en la

de los a rtesanos doméstícos. A de cir verdad. s in

rial. de la exploración de la sepu ltu ras y

El eje m plo de Polon ia le hace ver

q ué cosa tie ne derecho a

refiriesen a este periodo de s u h istoria

forzados a utilizar otros materiales pa ra edificarla. se sitúa n

lo que se re fiere a la ma yor parte de Europa. lo que se s abe del

cima del renuevo cu ltu ral. se muestra singularmente restringido.

Las cartas

De los sesenta años que en marca n al Año Mil. da tan cierta cantl· dad de text os que no pretendían relatar sucesos sino qu e servían para

establecer derechos. So n tit ul as que notifican de cision es reales, cartas

o noti cias referid os e n su eno rme mayoría a tran sferencias de posesio-

nes. Raras todavía e n Inglaterra y en e l norte de Germanía. estas actas son. en los archivos de Franela . Italia y Ale mania del s ur. mucho más

títulos a nálogos proceden tes del s iglo x o incluso de

an terior de la historia europea ofre-

ce tal can tidad. Y no es que e n ese momen to los re dactores estuviesen

siglo IX, seguramente

me nos que e n el v, Pero. por una parte. el ma terial que empleaban. el per- gamino. era mu cho más sólido y d urable que el papiro de la a lta Ed ad Media : por la otra. y principalme nte. estos escritos fueron conservados con más cuidado. En efec to. poselan u n valor esencial para los monjes y

que m u chos establectmie ntos re ligiosos se ha -

s u restauración; por consi-

guiente. en el sistemático reordenamiento de s u fortuna . para lo cual conservaban precisamente todos los escritos que garantizaban sus pre- rrogativas. los titulos y prívñegioe reales. la cartas de donaciones y los acuerdos celebrados con las potencias rfvalee. La escritura. en efecto. carecía de u tilidad en las reyertas judíctales. Y. a no d udarlo. fuera de

los hombres de Igles ia . en esa época nadie sabia lee r . Pero e n las asam- bleas en que mo naste rios y obispados venían a pleitear contra los usur- padores de sus posesiones. los jefes de bandas y sus secuaces no se atrevían a despreciar abiertame nte los pergaminos. que sus ojos po- dían ver a qu¡ y alll sellados co n e l signo de la cruz. y donde los hom bres capaces de descifrarlos encontraban la memoria prec isa de la s anti- guas transacciones y los nomb res de quienes habían actuado como tes- tigos. De esta época datan los primeros archivos. todos ellos eclesiásti- cos. y esos cartu larios en que los escribas de la Iglesia copiaban . clasifi- cándolos, los m últiples Ululas aislados co nservados en e l armarlo de

' arias.

no

clérigos e n una época e n llaban en plen a reforma

numerosas q ue los

la época carolingia.

Ningún periodo

muy a ctivos. Tal vez lo estaban menos q ue e n el

y debían asentar

En el cu rso del tiem po estas colecciones han sufrido mu cho. pero en Italia y Ale mania algunas está n casi in tac tas; e n Francia. muchas fueron objeto de transc ripciones s istemáticas a ntes de la grolongede in curia d el siglo XVIII y de las d is pers iones del periodo re volu cion ario. qu e la dañ aron se rtamente. Archivos de la a badía de Clu ny. por ejem-

plo , fueron s alvados para e l period o que los ocupa:

trocientas cartas y noticias (mu ch as de ellas no llevan fecha precisa y su enume ración exacta es Impos ible). Estos escri tos constituyen te sti- monios irreemplazables . S in e llos. no sabriamos casi n ad a de las condi- ciones económicas, so ciales y jurtdícee: ellos permiten e ntrever de qué modo se establecía la Jerarqula de los estatuios pe rsonales, cómo se

anudaban los lazos del vasallaje. cerno crecían los patrimonios. y arro-

son más de m il cua-

Jan también curiosas lu ces so bre

la explotación de las grandes fortunas

territoriales . Pero la utthdad de este tipo de documentos depende de s u densidad. Sólo re u niendo e n manojo las lacónicas Indicaci ones que con -

tiene cada un o de ellos es

más esplenden-

ciertas re glones

privilegiadas, ce rcanas a los establecimientos re ligiosos

posible. e n lo que co nc iern e a

tes de la epoca, Intentar uUllzarlos para reconstruir. no sin titubeos ni enormes la gu nas, la red d e las re laciones h u man a s . En cambio . a is lada . ca da una d e estas cartas no dice nada o dice muy poco. Pues antes de mediados del siglo XI. la mayor parte de los escrtbas sigu en siendo pri - sioneros de un foonullsmo antiguo, mal adaptado a las innovaciones de los tiempos presentes; bajo su pluma, la modernidad de s u epoca que- da en mascarada por vocablos anticuados y marcos esclerosados de ex-

presión. La gran con moción de las re laciones políticas y socia les

que fue sede el período que s e ordena en tomo al Año Mil. esa autentica

de las

1

revolución. más precoz tal a por muchos s iglos

efect o d emasiado re cien tes. demasiado actuales para repercutir ya

los termtnoe rituales de la escritu ra jurídíca, la más estereotipada de to- das, la más lenta e n prestarse a la expresión de lo nuevo. Por tal motivo, para extraer de semejantes fuentes todas sus en señanzas. es pre ciso

espesos fajos. por series. Separado de los qu e lo preced en,

a compañan y suceden. ningu no de e stos a ctos ofrece las riqu ezas que

revelan , a

En la epoca en que los htstoriadores no s e ocupaban más que de reyes y prlnclpes , de batallas y política. los escritos literarios s u mi nis- traban a los erud itos s u alim ento e se ncial . En cambio. no bi en el exa- men de la economía y de los fenómenos soctales pasa a ser el fin príncí- pa1 d e la Indaga d ón h íst órtca , estos escritos quedan relegados. Tod avia

hasta hace di ez años. prácticamente nadie

la a ctualidad. un nuevo afán de cu r10sldad y el esfuerzo por re construir el modo que adoptaban e n el pasado las actitudes psicológicas. los ele- van nuevamente a la cond ición de fuente esencial. Ast. pues. es te libro. deliberadamente orien tado a la historia de las mentalidades . sacará a la 1\12 precisamente esos textos.

tratarlas por

en las comarcas francesas. que deja s u rgir e Ins - las estructu ras que llamarnos feudales. e ran en

en

la primera lectura. los escritos literarios.

se ocupaba de ellos. Pero e n

II. Los narradores

Obrssllterarlas

Pobre literatu ra. La única escrita era la tina . Se forjaba en el peque-

ñ c circulo de los letrados y para su uso exclusivo.

unl.an a las Instituciones escolare s; por esta r azón . se vincula direc ta-

mente con el renacimiento carolingio: se la ve florecer. pasada la tormen- ta, sob re el delgado tallo que los pedagogos amigos de Carlomagno ha- blan plantado, a finales del siglo VIl!. en la barbarie franca Como todas

Estrechos lazos la

14

las obras compuestas en tiempos de Luis el Piadoso y de Carlos el Cal. va. la del Año MlIse muestran fascin adas por los modelos de la antigüe-

dad latina y se aplican estu diosame n te a Imitarlos. Lo que nos

de elllas pertenece , pues, a los g éneros practicados en las le tras roma-

nas y deja trasuntar estrechas semejanzas con los cucrcees. las "au to rí- dades", conservadas por las bibliotecas de l Año Mil y comentadas por los maestros. Asi s u cede co n casi todas las obras cuyos extractos he reunido aquí: del poema dedicado al rey de Francia Roberto el Piadoso

escrito al final de

viejo Intrigante estrec hamen te mezclado, como lo habían estado los pre-

lados carolingtos, co n la politica real; de la cart as que cenberto, el papa

del Año MU. escr1bló y editó soñ ando con

quedó

s u vida . hacia 1030. por el obispo de Laón Adalberún,

Pllnlo y Cicerón; por ultimo.

de todas la blografias de personajes sagrados. reyes, santos o abates . que se inspiran e n la lit eratura penegtrtce anUgua y especialmente en

el Epitoma vitae reg is Roberti pll. la vida del rey Roberto que HeIgaud.

monje de Saínt-Benoít-eur-Loíre, redact ó entre 1031 y 1041. En lo que

las ob ras propiamente históricas . m erecen un examen m ás

re s pecta a detenido.

Escribir la historia

Son relativamen te muy a bu ndantes. En la época d el re nacimien -

un marco estric- romana y de se-

gu ir las huellas d e 1l to efecto. por otra a ctitud

la religión cr1sUana. Porq ue el cris tianis mo sacraliza la historia. la

transforma e n teofanía. En los m onasterios . que fueron los prtnclpales

focos culturales de la epoca d e Carlo magno y que volvieron a serlo e n el Año Mil , la prácttca de la hi storia se integraba con toda naluralidad en

los ejercicios relígt osos. y cu a ndo

ascetismo y que repudiaban hasta e n

los ejercicios espirituales cual-

de

to ca rolingio. que introdujo a toda la cul tura escrita e n tamente ecl esiástico, e l afán de prolongar la tradición

LMo o d e TácUo fue fuertemente estimu la do. en Int electual : el sentldo de la duración Inherente a

c iertos reformadores impregnados

quíer ocasión de place r, Inci taron a los monjes a no frecuentar mas las

le tras paganas. los historiadores fueron prácticamente los

únícos, en-

tre

los autores profanos. que esca paron a s us sospechas.

Conocemos

los liros dados a los monj es de C lu ny para sus lectu raa de Cuaresma. un afio situado a mediados del siglo xr. uno de cada diez miembros de la

comunidad recurrieron a los trabajos históricos. la mayotia crtstíanos:

.Josephe. pero también paganos. como Ti to Ll-

vio. Se en te ndía q u e los textos que con te nía n la me morta de l pasado po - dían ayudar de dos maneras a esa gran obra cuyos talleres eran por en-

tonces la s abadías: la constru cción del reino de Días. En primer lu gar ofrecían. en efecto, ejemplos morales; por lo tanto. ponían gula a l cristia - no en su progreso espiritua l. ponerlo en guardíe contra los peligros y

orientarlo por las rectas vías: estos textos edificaban. Pero además. y es - to es lo prtncípal, daban testimonio de la omntpotencía de Dios. que, a

partir de la Encamación, se h abia in s ertado él m ismo

Seda el Venerable. orose.

en la duración

15

histórica: al ce lebrar los actos de los h ombres a qu ienes el Esplritu San- to habla Inspirado, manifestaban la gloria divina En el prologo a su libro De las maravillas, escrito en 1140, el abate de Cluny, Pedro el Venerable. definió como sigue los m érttoe de la obra histórica y su utilidad: Buenas o malas. todas las acciones que se prod'u-

cen en el mundo pcr la voluntad o el pennlso de Dios deben seroir a la

gloria Y la edifICación de la Iglesia. Pero sf no se las conoce. ¿cémo pue- den contribuir a alabar a Dios y a edifitnr la Igles ia? Eecríbtr la historia es. por tanto. una obra necesaria. íntimamente asoclada a la liturgia:

po r vocación, le corresponde al monje ser su principal artesa no: hay que incttarlo para que se vue lque a la tarea, y Pedro el Ve nerable prosi- gue en los siguientes términos su exhortación: 1.LJ. apatia que se repliega en la esterilidad del silencio ha llegado a ser tan graJYle que todo lo que se prod'l.!Jo desde hace cuatrocfentos o quinientos años en la Iglesia de Dios o en los retnos de la cristiandad nos es. romo a todos. casi desccnc- cido. Entre nuestra época y las épocas que la precedieron. es tan grande la diferencia que conocemos perfectamente sucesos que se remontan a quinientos o mil aftos atrás. mfentrns que ignoramos los hechos ulte- riores e incluso aquellos que tuvieron lugar en nuestros días. Cien años antes. cuando Raoul Olaber. el mejor historiador del Año Mil. dedicó su obra a otro abate de Cluny. Odílón, no decía otra

rosa,

Las muy justas quejas que a menudo he oiclo expresar a nues- tros hermanos de estudio y a veces a oos mismo. me han conmovido:

en nuestros dias no hay nadie que trClJU>mita a quienes vendrón des- pués de nosotros un relato cualqulero de esos milltip1es hechos. de nin - giuJ. modo superfluos. que se manljiestan tanto en el seno de las ~le­ srcs de Dios como entre los pueblos . El Saluador declaró que. hasta la última hora del último dia. harta llegar cosas nuevas al mundo con la ayuda del EsplrUu Santo y con su Pad re. En cerca de doscientos años. después de Beda. sacerdote de Gran Bretaña. y de Pablo. dllzconode Ita· lIa. no romo nadie que. animado por tal designio. haya dejado a la poste- ridad el menor escrito histórico. Cada W10 de eUos. ademós. hizo sólo fa historia de s upropfo pueblo o de s upais. Mientras que. con toda eviden- cia. tanto en el mundo romano como en las reglones de ultramar o b6:r-

be-cs. pasaron cantidad de cosas que. confiad as a la memon:a. serian

mu y provechosas a los hombres y los íncitOt1an partfculannente a la prudencia. y se puede dec frptro tanto de los hechos que, dice n. se multI- plicaron e n la s proxtmidades del m flés imo a no de Cristo nuestro Salva· do ro He aq u t por que. en la med ida de mts recursos. obedezco a v ue stra recomendación y a la oolun tad de nuestros hermanos 1 En esos tiem pos exIs Uan cuatro géneros de escrttos hi st6rtoos:

I V. Los A nales, primeramente, donde se a puntaban año por año los principales acontecimientos conocidos. Esta forma h abla sido brt -

ilan tem ente practicada en los mo n as terios carolingios. En e l Añ o

só lo quedan residuos de esos Anales, cada vez

crtto de los Annales Ftor!acensís, llevado en la abadia de Fleury. es decir

Mil.

más pobres. En el manus-

sólo siete años. después del Año Mil. so n

1026. 1028. 1058- Sofia de Beneven-

to. fueron llevados hasta 1130. mientras que 100 Annales v írídunen- ses. 4 del monasterio de san Migue l de Verd ú.n. se fntenumpieron des- pués de 1034.

por un a u-

tor. quien les da fonna de obra literarta. En la época que nos ocu pa. pre- se ntan Importancia tres de estas obras.

a l El ChronJccn NovaUcfense:; fue compuesto antes de lOSO en la abadia de Novalaise. situada sobre uno de los grandes pasajes de 10s Alpes Y que. destruida por los sarracenos, habla sido restaurada hacia elAñoMIL

bJ Al obtspo Thíetmar de Mersebo~le debemos ocho libros de Crónícas.e Nacido en 976 de un conde sajón. este hombre es uno de los mejores representantes del Oorectm1ento cultural conocido por sajonia. una de las comarcas hasta entones más salvajes de Europa. cuando sus prlncipes, en el curso del siglo X. alcanzaron la realeza germánica y después el Imperio. En sus castílloe erigieron obispados (como Merse- bourg. ft.mdado en 968) y monasterios que fueron sede de una nueva re- nooatfo. de una resurgencta del renaclm1ento caroI1ngto. Ed ucado en el monasterto San Juan de Magdeburgo. Thletmar se hizo sacerdote en l 003 y se Vlneul6 con e l arzobispo del lugar, gracias al cual fue designa- do obispo en 1009. Sus Crónicas. eecrítas al ftnal de s u vida. llegan has- ta el año 1008. el Ademar de Chabannes. como Thíe tmar, fue prtmero monje y lu ego a lcanzó el sacerdocto y se in tegro en un círculo episcopal. Nacido en 988 de una rama lateral de un gran linaje de la nobleza lemosina . s ien do muy Joven se lo ofreció d. la a badía de San Cibardo de Aoguíeme . Pero dos tlos s uyos oc upaban altas digni dades en e l monasterio de U- mogee. donde se veneraba la tumba de san Marctal. el santo tutelar de

Aquttanía. EUos atrajeron

tural, donde fue formado en las bellas letras. De regreso en Angulema ,

dedicó a escribir. S u eró-

entre los nfea 7 es

pueblo franco entero. A decir verdad, tanto los dos primeros libros ce- mo la mltad del t e rce ro 80 11 só lo osm pílac íones: sól o la última part e es

ortginal y una vez que deja atrás el año 980, se convierte . de hecho. en una crónica de la a rts toc racta d e Aqultan ia. Modificaciones y adiciones posteriores alteran un texto que plantea graves problemas a la crttlca erudita. 3 9 Cabe considerar como obras hístórícas a los LIbros de Mila- gros, compuestos en las grandes basWcas de peregrtnact6n, en la vecin- dad de los relíceríoe más venerados y cuyo fin era precisamente difun- dir su r enombre . Est os I1b ros c ue ntan los prod igios o perados por obra de los cue rpos s antos. Son textos de carácter heteróclito: varios redacta- re s recogen anécdotas s ucesivamen te y esta misma eucesíón íntrodu-

de aaínt-Bencrt-sur-to íre.

objeto de una no taci6n,

1003. 1004. 1017, 1025,

1Ota

1060. 2 Los Annales Beneuentam~3 escritos en 5

2 9 Las Crtnlcas son anales retomados y elaborados

a Ademar a este

Importantlsimo ce ntro cu l-

sacerdotes adscrttos a la catedral. se

muy amplia y toma el aspecto de una verdade ra historia. la del

ce la cronologta en el relato. Dos recopilaciones de este género son suma- mente Importantes para el conocimiento de la Francia de alrededor del AñoMO.

fo-

cos más es plenden tes de la vtda monástíca: estaba cerca de o rleans. re - sidencia prtnclpal del rey de Francia, y pretendía conservar las reli- quias de san Benito de Nurcía. patriarca de los monjes de Occidente. Era donde más se cultivaba el género hlstórtco. Atmoln, autor de una H istoria Fmncon.un. se abocó en 1005 a la tarea de añadtr dos libros a una prtrnera recopilación de los Milagros, compuesta en honor de san

Benito a

mediados del siglo IX. Trabajó el libro 11 como hislorta dor e intro-

d ujo, en un relato de fuerte estructura cronol6gica. la de scrtpdón de los

prodigjoe : pero en el libro ID, los clasificó región por regl ón . En un plano

semejante, otro monje de nombre André s e propuso,

contar los nuevos milagros y lo hizo

después de 104 1, e llos, al Igual que

los cronistas. alusiones frecuentes a los acontectmlentos políticos, a las intemperies. a los meteoros.e

bl Bernardo. antiguo alumno de la escuela eptscopal de Chartres

asombrado las reliqu ias d e

y en 10 1O d irector d e la de Angers, visitó

santa Fe co nservadas en Conques: en dos nu evas ocasiones realizó la pe regrtnect ón y ofrectó al obis po F'ulberto de c hartres, uno de los gran-

des intelectuales de la época. un relato de las maravillas que tenlan lu- gar Junto a la famosa estatua. Este texto constituye los dos prtmeros li- bros de l Uber mImculorwn sante Fidls;9 los otros dos so n obra de un

co n tln ua dor el siglo XI .

al En esta época, la abadía de Fleury-eur-Loíre e ra uno de los

combinando con

redactadas por enton ces ,

conocemos sólo tres,

al Dudo, decano de la colegiata de San Qulntin en Vermandols, re -

dactó para los "d u ques de los piratas" lUla Historia de !os nonnandos.

"tre s libros sobre las costumbres y los altos hec hos de los prtmeros du-

qu esde Normandja", que él lleva hasta 1002 .

bl CUatro libros de Histerias, que abarcan un periodo comprendi-

do e ntre 888 y 995, son obra de Rícher, monje de San Remigk> de

Reíms .rc

4 1', En cuanto a

verdaderas Historias

cl Otro monje, éste indócil e inquieto. Raoul, llamado Glaber. an-

duvo por diversos monasterios borgoñoneses donde su talento lite ra- rio le valló ser bie n recibido a pesar de sus defect os. En San Benigno de

DlJón, se liga a Guillermo d e v olptano. p rotagonis ta feroz d e la reforma

re ligiosa, quien lo incita a de dicarse a historiador. Al parecer, habría

completado en Clu ny, h acia 1048, ctnco libros de ht stortas . u na hi sto -

ria del mundo desde el cortl1enzo del siglo x dedicada a l abate sa n OdUón. 1I Raoul no goza de buena repu tación. Se le considera charlatán, crédulo. torpe y s u latin es calificado de dífuso. Convtene no Juzgar su obra en función de nuestros hábítoe m entales y de nuestra propia lógi- ca. Si aceptamos íntroducírnos en su modo de pensar. de inmediato se nos aparece como el mejor testigo de s u tiempo. y de muy lejos.

18

r

III. Los testimonios y la evolución cultural

Raoul pertenece a lo que trfunfa, es decir. al monaca to cluniacense ; Richer, a lo que muere, a ese tipo de cultura episcopal que

había brillado en Re lms en e l s iglo IX, e n tiempos de Hin cmar,

pe ro q u e

después del Año Mil pierde toda Influencia; la vieja escuela histórica

carolingia muere co n él y co n los a na les que se amarillean. Así, pues,

basta hacer el

fonna en que se re parte por el espacio de la cris tiandad latina, para

a pre hender un movtmtento de los clmtentos

la gran co nmoción de las estructuras de qu e fu e sede Occiden te en los

tie mpos de l m ilenio.

Inventarto de esta lite ratura htst órtca y observar la

cu lt urales q ue participa en

Una Visión m onástica

Como ya he di cho, todas estas obras proceden del renaci miento carolingio. Ahora bien, éste dio un gran Impul so al e piscopado. la catedrales y las escuelas que de ellos dependían. En 840, cuando estaba dando sus m ás bellos frutos. todos los grandes hombres -todos los grandes escrttores- eran obispos. Pero la be lla época de los obispos

X: su papel se desd ibuja al mismo tiempo que

el de los reyes. El poco brtllo que co nservan está Junto a los tronos.

Efectivamen te . en nuestra lis ta de

q ue dos n omb res de obis pos. que s on prelados reales : Thletmar. ligad o

a los reyes de l Es te, los e mperado res sajones

del rey del Oeste, Roberto de Francia . En los paises occid entales , cuya

evolución e s má s precoz . don de s on mas poderosas la s fuerzas de

la vez. minan los fundamentos del poder monárquico

e impregnan el oücío sacerdotal co n los Intereses tem porales. el

repliegue de la functón epis copal se muestra más marcado. Por otra parte, el panfleto de Adalber6n es una critica acerca del debilitamiento real, ligado a la Intrusión de los monjes en los asuntos públicos. En cuanto a la biografia del rey Roberto. no proviene de un clérigo de la corte; escrita en Salnt-Benoit-sur-Lolre, es monástica y exalta lo que

di solución que, a

y Adalberón, dependiente

obras lít erartas ya no figuran más

tennlna a finales del siglo

en el comportamiento del soberano concu erda con el ascetismo y con la

vocación IItúrgtca de l monacato. Pues el Año Mil es sin d uda . otra vez. el

tie m po de los monjes. Todos los htsto riadores q ue he errado s e

formaron en mo nasterios: la mayoría no salieron de ellos. Las abadías

de Occidente, mejor adaptadas a los marc os puramente rurales de

la

vtda materíal, mejor dispuestas a re sponder a las exigencias de

la

piedad laic a - ya qu e a lbe rgaba n reliqu ia s. estaban rodeadas de necrópolis. se oraba en e llas el dla entero por los vivos y los muertos. acogían a los hijos nobles y los viejos señores se retiraban a ellas para

19

mortr-. fueron ganadas más tempranamente que los cleros cate- dralicios por un esptr1tu de reforma que reedlftc6 sus ruinas, restauró la regularidad, reforzó su acción salvadora e hiz o afluir las Iírnosnaa hacta ellas. Las dona ciones piadosas no van entonces a los ohlspos sino a los abates. y los cartu larlos e piscopales so n mucho m ás pobres que los de los monasterios. Entre estos últlmos se sit úan las cimas d e la cultu ra: los grandes mon umen tos del arte ro mánico fu eron a bacíales y no catedralicios. Casi todo 10 q~ podemos barruntar de esa época . lo percíbtmoe por los ojos de los monjes.

De las observaciones locales

A es te desplazarnJento de los polos culturales se le suma ot ra

transferencia, ésta de carácter geograñco. El re nacimien to carolingio

habla favcrecído a los paises propIamente francos. la región situada entre el Lolra y el Rín . Un examen atento de la literatura histórica muestra que la zona antaño privilegiada ha perdido brillo y que los fennentos de actMdad Intelectual tienden a dreperserse hacia la

pernería del anttguo Imperio. Hacia sajonia. que e n el stglo x fue un refu- gio para las comunidades reltglosas que escapaban de los saqueadores nonnandos o húngaros y cU}'O$ príncipes. ahora emperadores. a tra- Jeron hacia ellas las reliquias. los libros y los hombres de ciencia. y donde se formaban los míeícneroe consagrados a la conversión de los crtetíanos paganos del norte y del este. Hacia la vieja Neustne. agobiada poco antes por las incursiones escandinavas pero cuyos fecundos potenciales se están reconsutuyendo en tomo a Ruán, Chartree U Orl eáns. Sobre todo hada la Galla del sur. Borgoña y Aquttanía. comarcas romanas largo tIempo sometidas a la expl otación fran ca. siempre reacias pero q ue ahora se han ltberado del yugo carolingio y

son ca paces de explotar s u s viejos patrtmonlos

los grandes monasterios y sus reliquias. entre los cuales se extiende poco a poco la tnñuencía de la congregactón cluniacense. Esta día- persión refleja el decisivo hundimiento dellmperto. Todos los hJsto11adores de la e poca, analistas. cronistas y. más que todos los otros. los que se esforzaron por construir una auténtica historia. siguieron peBuadldoe de la unidad del pueblo de mas. idenUftcado con la cr1stiandad latina. y fascinados por el mito 1mpe:r1al. expresión de esa misma cohesión.

culturales en tomo de

Aslpues. dice Raoul Glaber, descfeel año 900 del Verbo encama-

do que crea y vwljica todo hasta nuestros dias. hablaremos de los

hombres UustTes que brlIlaron. en el mundo romano. de Jos seroeícees

~~frrommY~~~~~~~d~~fr

y en lo que hemos visto; habl.arm1os tamblht de Jos aa::ntedmlentos

numerosos

y

memorables que se ~

tanto en

las

santas

tllesias como en uno y otro pueblo; y. en primer lugar. consagra_

en uno y otro pueblo; y. en primer lugar. consagra_ mas nuestro relato al lmperb q

mas nuestro relato al lmperb q ue fue antaño el del l'7UDldo entero. el Imperio romano. 12 Pero. en realidad, la propia materta de estas dtversas obras históricas traduce el reciente freccíonamíento de Occidente. La alta aristocracia que en otro tiempo se agrupaba en te-

rarnente alrededor de un único jefe, el amo dellmperlo franco. y d e la

que cada famIli a peseta dominios dtspersoe

Occidente. ahora se muestra d1vtdtda; algunas grandes estirpes

domtnan. cada una de ellas . un prtndpado terrítortal. En los escritos de Dud o d~ San gulntln se Inaugura una hístoríograña locaI ent erament e

un pI1nclpe.

Thtetmar habla casi únicamente de Sajonia y sus confines eslavos. y et

se oc u pa mucho de los emperadores es porque son precisamente sajones. Aquttania sola. y más exactamente la Angulema y el LIrno6In. aparecen en la crónica de Ademar cuando éste cesa de ut1llzar los trabajos de otros. Este estrechamien to progresivo de la curtosldad y la

procede del gran movimiento que se desarrolla

infonnac16n h istóricas

por todas las provinctas de

consagrada a ce lebrar un ltnaje. No ya el del rey. sino el de

en el M.o Mil, movimiento que fracciona el poder. lo localiza, Instalando asl a EUropa en las estructuras feudales.

IV. Para una historta de las actitudes mentales

Como casi todas las piezas de este dossier han sido tomadas de obras Ilterar1as. conviene precisar qué pueden aportar hoy a la cons- trucción de la histor1a. l . InútU e s Interrogarlas sobre las condlctones de la vida mate - rial. En el M.o Mtl lo cotidiano no interesa en absoluto a los histo- riadores ni a los crontstas y menos aun a los analistas. Por el contrarío -voívere sobre eeto-, lo úntco que les merece alguna atención es lo excepcional, lo Insóltto. lo que rompe el orden regular de la cosas. A decir verdad. las actas Jurldicas levantadas en las cancelarlas no surntntstran prácticamente más indicio sobre 10 común y corrien te ni sobre los marcos normales de la exístenctec a lo sumo. algunos rasgos aislados cuya significación no se aclara más que por referencia a lo que por otros medios podemos adtvtnar de los tiempos que precedieron y stguieron a esta época. Asl es posible entrever un mundo salvaje. una naturaleza cast virgen. hombres muy poco numeroece. provistos de herramíentae e lemen tales y lu chando a brazo partido con tra las fuerzas vegetales y las potend as de la tierra, Incapaces de dom1narlas . penando por arrancarles un paupérrtmo elímentc, arnl1nados por las Intemperies. acosados pertódlcamente por la escasee y la enfermedad.

atenazados constantemente también una sociedad ~re:ade ambre. As i es posible discernir

I

r

h

clavos. un pueblo campesino t ra . gtcamer Jerarquizada. tropas de es-

entero al poder de unas cuanta

f;can;ente carencíado, sometido por

menos Ilustres, pero sólidamentes ami las abiertas en ramales más o por la fuerza de los lazos de reunidas en tomo de un tronco Ílníco

cuantos Jefes. am os de la gu=~~~. AsI es posible ad1v1nar a u nos un u niverso m is erable y apod . de a oración, re com endo a cabal lo

adornar s u persona

su

I

.eran

ose de s us pobres riquezas para

radas de Dios.

pa acio. las re liquias de los santos y las mo-

política

mu ch os de los cuales fu eron escrí t

hombres

cuyos actos pare cí an Inaugurar e~ ~ncomelndado co nd uc ir al p u eblo y

2.

La

a

se

Olas

d iscierne

hab¡

ás

I

e aramente

m 0 8 en a la banza de los prtn clpes. esos

textos

en

es tos

quienes

As l como recorriendo las

nces e curso de la h istoria:

sobre la inmensa extensión de lovastas tferras del mundo o navegando hacia las cimas de los montes o !:ac~7s.cada cual se vuelve a menudo

ellas su mirada afm de que estos ~::: de los ~s y dirige a

ambición. de hacerroncx::,.elT'Seasf::ode su víaJe. así también. en nuestra

y nuestra atención se ~tra a la posteridad. nuestras palabras

relato. en la persona de los

~a menudo. en el curso de nuestro

ellosesemismorelatoganeen~hombres. a fm de que gracias a

ayuden a llega r s in extra re

al

reconocidos de lejos. lo

En e l prtme

la

YPresenJemás./irmeza.13

l E d m pera

d

or y el Rey {es deci r. e l

qu e ve la n co nju n ta me n te por l a sal:a~IÓero~ ~e C ar lom ag no y Cés.ar

rey de Franela). los dos mo na rca s he

r p

no se yerguen

mundo. Pe ro tembten

la

de los

~le:"a. Ademar de Chabannes

atri bu t os de l a s oberan ía y e~PI~:ue e os aq u lta nos. con todos los

di slocación feudal van Instalando ensttu quienes

u ací ón de au tono mía. un d uque

reviste a Gu illermo el Grande

apare cen ya los Jefe s

normandos , u n

de

provtn i

de An

d

n

e

los

progresos

de

co nde

retóricasantañoreservadasalabJo rati'para trazar su re trato. las form as

El

I"~

d

g

ras tmperíeles.

uque de Aquitania y conde de fbil/ers'

de

el

-

r

~'lr.>U Guillermo. se mostraba amable

admirable por su sabidLUfa

de los pobres. padre de los ~::;a muy liberal generosidad, defensor

sobre todoamlgode la santa /gle~ia :tructor y amigo de las iglesias y A lU donde iba, aUl donde rea l' ana

impresión de ser un rey más ilus tre que cubrtan s u persa

. con todos. de sabio ronsljo.

muy gUJIIll5Q

_

Y

IZaba asambleas públicas. daba la

el honor y la gloria

q~un duque. por

a s u poder a toda

sino que además el rey de ;{.anc':a 1::osaba levantar la ma no COntra él.

rey de Espai'la Alfonso. el rey Sancho :;mla e norme aprecio. M ás a un. el

Aq uitanCa hasta el punto de ::ea. arlo sólo sometió

daneses y de los anglos . e Na varra y

todos los años le enViaba~=:aban

ta mb ién el rey de los

por él tanta seducción que

y él

emperador Enrique le unla tal amr:t::J.°s más

22

mismo

las

despedla

con!1

cargarlas de preciosos presentes.

preciosos

aun.

Con

el

que uno Y otro se honraban con

presentes magnlflros. Y. entre ecos Innumerables regalos. el duque

Guillermo envió al emperador una gran espada de oro fino que llevaba

grabadas

estas palabras: HEn."iq ue. emperador César Augusto H _Cuan-

do venfa

a Roma . los pontifices

romanos lo recibían con la misma reve-

rendas que si hubiese sido su empercuJ.or augusto. y todo el senado romano lo aclamaba como su padre. Como Foulque. el duque de A'lfou. le habla hecho un regalo. él le concedió en feudo Ludún !J varios otros castillos del pals de /bft iers. as! como Safntes y algunos castUlos. Este mismo d uque. cuando ve ía brillar a u n clérigo por su saber. lo rodeaba de las mayores consideraciones. FUe cs t que e l monje Re lnaldo, apo- dado Platón, debió a la ciencia que lo am ab a ser nomb rado por él aba /e del monas terio de salnt- Maixent. Asimismo. h izo venir de Francla al obispo de Chartres Fulberto. notable por su ciencia. le otory6 la tesorería de San Hilario y exh ibib públicamente toda la reverencia que le

Inspiraba

Este duque había sido Instruido en las letras desde su

Infancia y conocfa muy bien las Escrituras. Conservaba en su palado

cantidad de libros y. cuando por azar la guerra le daba algún respiro. lo consagraba a leer él mismo. dedicando largas noches a med.i1.ar entre sus libros hasta que el sueño lo vencfa. Esta costumbre era igualmente la del emperador Luis y fa de su padre. Carlomagno. Teodoro también. el emperador victorioso. se entregaba con .frecuencia en su palacio no sólo a la lectura sino a la escritura. Y Octavio César Augusto. cuando terminaba de leer. no mostraba pereza para escribir de mano propia la historia de sus combates. los altos hechos de los rumanos y toda clase

de otras coses.t e

s u Interés a

los muy ex cel sos so be ra nos y como lo ex cepcional re tie ne toda s u agudeza. revelan muy poco d e lo q u e. e n ese mismo mo me nto. trans -

de man do.

De lo político m uestra n el acontecimiento, la superñcie. no las eetruc-

en la Calla me ridional. los propios prt n -

clpados regionales sufrían los ataques de las fuerzas dtsolventee que poco antes los hablan liberado de la autoridad monárquica. Sin em- bargo. los relatos históricos no enseñan prácticamente nada sobre los castillos. puntos de apoyo de las nuevas potencias. ni sobre ese grupo social que en Francia tomó cuerpo precisamente entre 980 y 104 0. la clase de los caballeros. Repugna a los historiadores más lucidos e mplear términos que entonces comenzaban a aparece r en la cartas y documentos de la práctica para calrñcar las nuevas situaciones socia-

les.

formaba de arrtba abajo el j u ego y el re part o de los poderes

Sin em bargo. como

todo s es tos esc ritos sól o d tr tgen

turas. Por este entonces.

Estos titulas les parecen dema siado vu lga res. dem asiado indign os

de u n texto qu e pretende igu a lar a los clásicos: prision eros de su voca-

bul arto y de s u re tórica , son co mpletame nte incapaces de des cribir en s u actual verdad la jerarquía de los estatu tos pe rsonales. 3. Pero. a l menos es tos textos, y en ello reside su valor pri ncipal. aportan una contribución sin igual a la historia de las actitudes men- tales y de las represe ntaciones de la psícologta colectiva. Su testlmonlo sigue siendo limitado sin duda. porque emana de un círculo muy

reetríngído. el de los "íntelectuajee", porque ofrece solamente el punto de vista de la Iglesia o. para ser más precteoe. de los monjes. MentaUdad cerrada por definición; retirarse entre los muros de un claustro. ¿no era dar la espalda al mundo camal. romper con el. huir? ¿Y no era vMr sólo desde ahora. e n la estrecha concentración comu- n ita ri a que preecnbe la regla benedictina. para u n único oficio. la cele- bración por la liturgia de la gloria dMna? Visión deformada. ensom- brecída por un peetmíemc Inherente a la vocaci ón monástica. que rechaza la sociedad de los hombres por corrupta y elige las prtvaclones

de la penttencía,

Mado que la necesidad de traductr estos textos empobrece singularmente su mensaje. En efecto. ¿las propias modalidades de expresión. no se muestran acaso desde las perspectivas de una historia petcol ógíca. por 51 sola muy Instructivas? Esta ret órica ampulosa que quíenee deeprecten a Raoul Glaber condenan por su htnchazbn. sus t érmínoe. su tlac íón. por el vuelo -te la frase. sus enlaces. sus rttmos. cuya elección deddla entonces todo el arte de escribir, propone a los especialistas en I1ngoisUca y en pstcologla de las mediaciones todo un material aún inexplorado y cuyo atento análisis promete ser apasto- nante. Exigendas técnicas imponen traducir estos documentos. o mejor dicho ofrecer de ellos una transposición no desprovista de arbitrariedad. Dejemolos hablar ahora y tratemos de adivinar por su intermedio de que modo vieron sus autores el Año Mil. de qué modo vivieron ese momento de esperanza y temor y se prepararon para afrontar lo que para ellos eígníñco una nueva primavera del mundo.

prepararon para afrontar lo que para ellos eígníñco una nueva primavera del mundo. l. El sentido

l. El sentido de la historia

1. El milésimo año de la Encarnación

No queda, de la época feudal, mas que una sola crónica que habla del Año Mil como un año trágico: la de Stgeberto de Gernloux. se viven en ese momento - leemos en su texto- muchos prodigios, un terrible temblor de tierra, un cometa de estela íutgurant -: la irrupción luminosa

Invade hasta el íntertor de las casas y . por U :1a fractura del cielo, aparece la imagen de una serpiente. El autor de ese texto habla hallado en los Anna/es Lecdienses una mención del sismo. Pero el resto ¿de dónde lo sacaba? No en cualquier caso de su propia experiencia: él escrtbió mucho después, a comienzos del siglo XII: personalmente no había visto nada. Subsiste un hecho: sobre su caución se apoyó la leyenda cuyas primeras huellas aparecen en el siglo XVI. Redactarlos en este momento, los Annales de Hirsau reproducen. adornándolo. el contenido de la Cronolog!a de Sígeberto: En el año mil de la Encamación violentos temblores de tierra sacudieron Europa entera. destruyendo por doquier edificios sólidos y magnlflOOs. Ese misnw año apareció en el

cielo

tul

horrible cometa.

Muchos

que

lo vieron creyeron

que era

el

anuncio del d!afUlal Aqul tenemos la adición gratuita: de los terrores del Año Mí!, la crónica de Stgeberto de Gembloux no decía nada. Pero cuando se examinan los escritos históricos compuestos por los contemporáneos, sorprende descubrir la poca Importancia que dan, prácticamente todos, al rnílée ímo año de la Encarnación. Este pasa desapercibido en los Anales de Benevento, en los de verdún. en Raoul Glaber. Si leemos, en los Anales de S. Benoft-sur-Loire una noticia bastante extensa sobre el año 1003, que se hizo notar por inun- daciones insólitas, un espejismo. el nacimiento de un monstruo

ahogado por sus padres: pero el emplazamiento del milésimo año de la Encarnación sigue estando vado. En verdad, no es mucho lo que dice este silencio. ¿Acaso no son todos textos escritos pasado ya el fin de ese año, es decir, pasado ya el espanto, si es que tuvo lugar, y en un momento en que, considerando que tales temores hablan sido Injustificados, parecía absolutamente innecesario habla de ellos? Ast. pues, nada permite descuidar otros Indicios. Veamos dos de ellos.

27

Elsueilo de OtOn m

Sin precisión de fech a. uno de los manuscritos d e la cr ónne de Adema de Chabannes evoca uno de los sucesos mayores que se pro- dujeron en el M o MU y que también re latan 1htetmar y la Chr6nlque

de Nova /atse.

En esos d las el emperodor- Otón m fue adoertldo en sueños de

que

estaba enterrado en Aoc Pero el tiempo habla tm ido el olv ido y se

ynoraba el lugar exacto en que reposaba. Y. después de un ayuno de

tres dlas.jue descubierto en el mlsmo sUb en que el emperodor-lo habla visto en sueños, sentada sobre un trono de oro en la cr1pta abovedada

que se hallaba !xyo la basilbl Santa Maria: lo ooronaba tU1a corona de

oro.fino !I su cuerpo estaba perfectamente conservado. Fue exhumado Y expuesto a la vista del pueblo. Sin embargo. wt canónigo del lugar. AdaIberto. hombre de una cultura colosal, tomó la corona de Carias y. como sI lo hldera para medfrla. ctñh con ella su propia cabeza.: se VIO entonces que su c-énec era más estrecho: la corona ero tan a ncha que le rodeaba toda la cabeza. Comparando después s u plema con la de( soberano. se enoontró con que era más pequeña; y de Inmediato. por

obra de la potenda d ivina. su pierna se quebró. Adalberto vivió aún cuarenta a ftas y quedó listado paro. siempre. El cuerpo de Carios fue

habla que exhumar el cuerpo del emperodor- Carlamagno. que

depositado en el ala derecha de la misma basUlca. detrás del altar de san J uan Bautista; enctma fue construida una magn!fica cripta dora· da, donde se h izo célebre por los muchos mHagros que real izó. Pero no

es objeto de n ing una solemnidad espectal: slmplemenle se celebra s u aniversario. coroo el de los di.ftmtos oon1entes I

Para captar todo el sentido de esta ceremonia conviene remitirse' a l Pequ e ño tratado del Anticr1sto. escrito en 954 por Adson. abate de Montíe-en-Der. Este a bate se dirtgta a quienes vMan preocupados por el dla d el Juicio; apoyándose en san Pablo. él los tranquUlzaba

afirmando que e l final d e los tiempos

todos los reinos de l mundo se hayan separado del lmperto romano. al que hablan sido precedentemente sometidos. As! pues. para los letrados del siglo X. el destino del unrverso perecía lntlmamente ligado

al del Imperto: la dísgregecíón de esta estructura maestra de la ciudad terrestre precedería al retorne al caos y a la destruccl6n de todo. De este modo. la elevacl6n de las relíqutee de Carlomagno en Aíx-le- c hape üe. como por otra parte todo el comportamíento del emperador Otón III en los cuatro años que precedieron al mflenarío, su esplrltu de penitencia. su voluntad de restablecer en Roma la sede del Imperio y de "renovar" a éste en sus fundamentos tígándolo más estrechamente con

romanos y carolingios. lno pueden ser Interpretad os

los precedentes

como medidas propicíetoríee destinadas a conj u rar u n Inminente

. Cuando fue a Instalar su sede sobre el Avennno. cuand o tomO

pelJgro?

de los despojos de Carlomagno la cruz de oro. signo de víctorta, para

no Iba a eobrevenír an tes de que

llevarla el mi sm o, n o era emp uj ado angustia d el p ueblo. y po r s u p ropia slmbólJeoslos cim1entos del mundo?

el E m pe rador- del Año Mil po r la angustia. a consolidar con gestos

A propOslto.del fin del mundo

Otro testimonio. m ás expüctto. acerca de la creencias populares y d e una ansied ad la tente de la que los predicadores de la pe nitencia

sacaban partido: lo que di ce el El m enciona un recuerdo d e fech ar alrededor del 1975.

A propósito del fln del mundo. ol predlcar al p ueblo en una iQ'lesla de Parls que el A nticristo Uegarla al flnal del A ño Mil Y que en poco

tiempo le sucederla el Juido generaL Yo combatl vigorosamente este

parecer. bas6.ndome en los Evangelios. el Apocalips is y

Dan iel. 2

Ciertame nte Abb6n era un sabio. un erudito y no compartía es tos te mores; como é l m ismo escribe en 998. es legitimo pensar que 51 estos. ante la in mediata p roxlm1dad del mílenío. hubieran sido real- mente vio lentos e n el pueblo crteuano. él habrla tenido que enfatizar mucho más. para disiparlos. s us argumentos. Pe ro al me nos sigue sien - do indudable, q ue, al borde del slgb XI . en el centro d e la conciencia colectiva se había Instalado un senurmentc de espera.

el Libro de

abate de Saín t-Benclt-s u r -Lcíre, Abb6n . s u juventud. un s uceso q ue podemos

Il. La espera

,

Para el crístíamemo. la Historia está orientada. El mundo tiene una edad. Dtos, en d eterminado momento. lo creó. Entonces elJgló para si un pueblo. cuya marche é l gula. En cierto eñe. cierto día, él mIsmo tomó cuerpo entre lós hombres. Hay textos. los de la Sagrada

Escritura. que permiten calcular fechas . la de la

creecíen, la de la

encernacton. y por tanto dtecerrur tos ritmos de la Historia. Estos

mismos textos -los que utUlza Abb6n- . los EvangelJos y el ApocalIpsis. anuncian que alguna vez el mundo termínará. Surgirá el Anticristo que eeducíra a los pueblos de la tíerra. Después el cielo se abrirá para el retorno de Cristo en gloría, viniendo a juzgar a los vivos y a los muertos. En el Reino. en la Jerusalén celeste culminará la larga procesión del pueblo de 0108. Conviene estar listos para afrontar el d1a de la c ólera. Los monjes dan el ejemplo: víeten el h ábtto de abstinencia y se han apostado a la vanguardia de la marcha cclecüve. Su eacrtñcto no tiene

sentido sino en la espera. Ellos la mantienen. Ellos exhortan a cada cual a acechar los prelíminares de la Parusta.

Milenium

Ahora bien, una página de la Escritura, el capítulo XX del Apocalipsis, proporciona la clave de una cronología prospectíva: Vi un

ángel que descendfa del cielo. trayendo la llave del abismo y una gran c~dena en su mano. Tomó al dragón, la serpiente antigua. que es el dlabl~, Satanás. y le encadenó por mil años. Le arrojó al abismo y cerró, y encuna de él puso un sello para que no extraviase más a las naciones hasta tenninados los mil años. después de los cuales será soltado por

poco tiempo.

", Cuando se hubieren acabado los mil años. será Satanás soltado de su prisión y saldrá a extraviar a las naciones que moran en /os cuatro ?rIf!ulos de la tierra, a Gag y a Magog. y reunirlos para la guerra, cuyo eJercito será tan nwnerosocomo las arenas del mar

Es decir que "cuando se hubieren acabado los mil años", el mal invadirá el mundo y comenzará el tiempo de las ttibulaclones. He aquí el fundamento del mllenatismo. Monje, Instruídc en las técnicas del cómputo, es decir precisamente en el cálculo de los ritmos del tiempo, penetrado por el sentimiento de que la historia está ordenada según

dilucidar el mistetio recurtiendo

a las analogías y a las virtudes místicas de los números, Raoul Glaber propone para la hístona de la humanidad estos periodos:

y como ese mismo Creador, cuando puso en marcha todas las piezas de la máquina del mwtdo tomó seis días para completar su obra y, hecho eso, descansó el séptimo. de igual modo. durante siete veces ~il años, trabajó en la enseñanza de los hombres multiplicando a sus 00s los p-catatos significativos. Así pues, en los siglos pasados. nin- guna época transcutrió sin que se vieran aquellos signos mUagrosos que proclaman al Dios eterno, hasta ·aquella en que el gran príncipe de todas las cosas apareció sobre esa tierra revestido de Jonna humana. y que es la sexta de la historia del universo. Y se cree que en la séptima tocarán a sujln las diversas agftaciones de este bajo mundo, sin duda para que todo /o que ha tenido un comienzo encuentre en el autor de su ser eljln más conveniente a su repose.o

cadencía s regulares, acostumbrado a

Elaño 1033

Pero. ¿de qué milenio se trata. en verdad? ¿Del milenio del nacimiento, o del de la muerte de Jesús?¡"Delde la Encamación o del de la re dención'! En el crts üamsmo del siglo XI . Semana Santa tenia mucha más Importancia que Navidad. Alrededor de esta fiesta se organizaba el ciclo ftturgtco: ella marcaba el comienzo del año. Y en la

existencia de los hombres. en un tiempo en que se desarrollaban los ritos de los funerales y de la celebración de los difuntos. el objeto de atención y ceremonia era el arnversarto del deceso del hombre y no aquel otro, mal conocido. de su entrada en el mundo. La era ctistlana partía, ciertamente, de la Encarnación. Pero, pasado el Año Mil sin per- juicio, ¿no habla que trasladar la espera hasta el año 1033. tenido por el mllenatio de la Pasión?

Raoul Glaber -que esctibe con postetiotidad a

estas fechas-

ordena su htstoría en función de un doble millenium. Optó por recoger

los hechos que. según dicen, se multiplicaron en las proximidades del milésimo año de Cristo nuestro Salvador. Parte del año 900; avanza

tanto como le está dado hacerlo. Descubre alrededor del Año Mil signos

de corrupción que concuerdan con la profecía de Juan. según la cual Satanás será soltado tras cumplirse mil años. Pero después de tes numerosos signos y prodigios que. o bien antes o bien después se produieroa en el mundo alrededor del Año Mil del seilDr Cristo, no faUaron hombres ingeniosos y de mente penetran- te que'predyeran otros no menos considerables al aproximarse el mile- niode la Pasión del Señor- Io que se produJoen efecto con evidencia.4

Pues, a decir verdad, lo que importaba a estos hombres no eran los acontecimientos sino en realíad los "signos y prodigios". La htsto- tia, en efecto. no cumplía para ellos otro papel que el de alimentar la meditadón de los fieles, aguzar su vigilancia: y para esto pone en eviden- cia las advertencias que Dios prodiga a sus criaturas por medio de "milagros", "presagios", "profecías". Hay que hacer notar. en efecto. de

qué modo progresivamente. desde el romienzo del género humano, se manifestó el conocimiento del Creador. Primero Adán y con él toda su raza, proclama a Dios su creador cuando. privado por su culpab).e desobediencia a los preceptos divinos de las alegrías del Paraíso y condenado al exilio, llora con sonoros gritos su miseria. Pero desde que el género humano se multiplicó a través de toda la tierra, si la previsora bondad de su Creador no lo hubiese atraído al seno de su misericordia, hace mucho tíempo que todo él se hubiese sumido sin recurso en el abismo de su error y su Ceguera. Por eso, desde sus comienzos. tes divinos decretos de su buen Creador suscitaron para él prodigiosos mUagros en las cosas. presagios extraordinarios en los elementos y también, en boca de los más grandes sabios. profecías destinadas a inculcarle por vía dwina a la vez la esperanza y el temor.5 Cuanto más se acerca el jIn del mundo, más vemos multiplicarse esas rosas de las que hablan los hombres.6

Ellos hablan de esas cosas: se Inquietan por ellas; se interrogan sobre su sentido oculto. sobre las advertencias que encierran. Escu- chan a aquellos cuyas virtudes y saber los guran hacia el Reino, esos clérigos y monjes que nos han dejado su testimonio. Pero éstos, para descifrar la historia, utilizaban los recursos de su espíritu. Así pues, antes que cualquier otra cosa, importa informarse sobre sus hábitos mentales.

-

2. Los mecanismos mentales

1. Los estudios

Todos nuestros testigos pertenecen al pequeño grupo de los letrados, de los prívñegtados que habían frecuentado las escuelas. Ahora bien, ciertas fuentes nos permiten conocer la formació n que

habían recibido. Sea como fuere, tanto en este punto como en los otros.

mejor

estos documentos no hablan más que de lo excepcional : de quien

nos informa n es de Oertbcrto. el más sabio de los hombres de su tiem -

po . Antes de ser

nombrado arzobispo de Reíms, después de Ravenne y

de llegar a ser por último, bajo el nom bre de Silvestre 11. el papa del Año Mil. Ocríberto había dirigido la escuela episcopal de Retrns. Richer, que fue su alumno, habla largamente de la ctencía del maestro.

Describe primero la forma en que Geriberto se instruyó. El arzobispo de Reíme. Adalberón. empeñado en la reforma de su clero,

intentaba educar convenientemente a los hijos de su iglesia en las artes liberales. Mientras deliberaba en si mismo sobre esto, la propta Pro- videncia lleoo hasta él a Geri1x'rto, hombre de gran genio 11 admirable elocuencia. Por éste muy pronto toda la Galia reslpandedó y extendió sus rayos como una antorcha encendida. Aquitano de nacimiento, se educó desde su infancia en el monasterio del santo confesor Ceraldo {en Aurillac] y .fue instruido en la gramática. Mientras , siendo -cdo- tescerue. proseguía al1i sus estudios, ocurrió que Borrell, duque de

España citerior {Cataluila} vino a orar a este mismo monasterio. El aba·

te del lugar lo redbió con mucha urbanidad y en el curso de la con-

versación le preguntó si había en Espafta hombres mtlY expertos en las artes {liberales}. El duque respondió de inmediato enforma afirmatioo;

el

abate lo convenció rápidamente de que tomara a uno de los religiosos

y

lo llevara consigo para aprender las artes. El dLUlue asintió gene-

rosamente a esta petición; con el consentimiento de los hermanos, se llevó a Geriberto y lo confió para su instrucción al obispo Hatlán {de Vrt:h}. A su lado, Geriberto estudió las matemáticas con proji.mdidad y

eficacia.

Pero como la providencia quena que la Galia, aún enterebrecida.

relumbrara con grandes luces. índt.yo en el espíritu del duque y del obispo la idea de ir a orar a Roma . Terminados los preparativos, se pusieron en camino 11 llevaron consigo al adolescente que les habían confiado. llegados a la ciudad. tras orar ante los santos apóstoles.

de buena memoria y a ofrecerle a su bien

fueron a presentarse al papa lo que lefuera agradable.

No escaparon al papa ni la inteligencia del adolescente ni su volwltad de aprender. Como por entonces la música y 'o astronomía

eran completamente ignoradas en Italia . pronto el papa t izo saber por

un legado a DLón. rey de Cennania e llalia , la llegada de unjoven que

conocía muy bien las matemáticas y podía enseñarlas ron ahínco.

Pronto el rey sugirió al papa que le cediera uljoven y no le .~ ara medio

algW10 para oolLll?l'" a partir. Al duque y al obispo que habían venido de

España con el. el papa le dyo simplemerúe que el rey quer1a hacerse por

un tiempo del muchacho, que en poro tiempo /o restltulrta con honor y que sus gracias lo recompensarían. De este modo, duque y obispo fue-

ron persuadidos de que debían oolve r a E spaña c:Utiando al muchacho

ron esa ca1d ición.

fJfjadD

ron

el

papa.

el jo ven fue ofrecido por éste a l

rey.

Pregwttado sobre s u arte, respondió que

dominaba las matemáticas

pero que quena aprender la cfencia de la lógica. Como se empeñó en

lograrlo. nopermaneció aqut mucho tfempo ensenando.

archidiácono de Reims. tenía gran reputación

de lógico. En ese mismo mom ento acababa de ser en viado por 1.otario,

rey de F'rancia, a o r ón, rey de Italia. A su llegada. el Joven se p resentó

plenc de entusiasmo ante el rey y logró que se lo confiara a G. Estuoo

con éste algún. tiempo y fue conducido por él a Retms. Aprendió de él la

ciencia de la lógica y progresó rápid amente. En cambio. a

que se había

p ropuesto

E n e sa época.

G

aprender fas matemáticas •.fue vencido por la dt.fia dtades de

este arte y nmund6 a la música. 1 Este texto sumamente esclarecedor po ne al d eecubíeto:

( l . g ue los estudios se h allaban integrados e n el marro de la siete artes liberales. to mado e n otro tiempo por los pedagogos carolingios de las escuela del Bajo Imperio. Del trivium. en san Geraldo de Awillac sólo se enseñ aba la gramática les decir. el laün], pero no la retónca ni la dialéct1ca OOglca). En Cataluña. a orillas del Islam. el conoc1mlento del quadtivlwn (Rtchd h abla de "ma temátícas". y precisa: "m úsica y astro- nomía1 estaba mucho más avanzado que e n ningún otro país. 2 . gue n o exíeua escuela es trtctamenta hablando. pero que el joven clérigo que deseaba progresar en sus estudios b uscaba po r toda la cristiand ad maestros a qu ie nes ligarse su cesi vame nte. También bu scaba tíb rce. o tros dos tes tímoníos nos pennitlrán j uzga r esta extre- ma movilidad. es ta Incesante persecución de los Instrumen tos del l saber.

Rlcher llamado a estudiar en Chartres

Reflexionaba yo mucho y con.frecuend.a sobre las artes ¡·i erales y deseaba aprender la lógica de Hlpócrates de ces. cuando un lía me

enco nt ré' en

la ciudad de Reims con un escudero de

Cha. -res. Le

pregWl1é quién era y de quién. por qué Y de dónde venia, y me flY<>que /o enlJiaba Hi1debrando. clérigo de Chartres, y que debla hablar con

36

Rtchzr. rnalje de San Remigio. Sorprendido por el nombre del amigo Y por el .:bJelO de la misión. le indiqué que !JO era a quien buscaba. Nos

dir.lOS W1 beso y nos apartamos para conrersar. Pronlo sacó una carta

donde se me invitaba a la lectura de los Aforismos. Ueno de contento. lomé un sirvlenle y me apresté a partir para Cho.rtres

As! que estudié asiduamente en los Aforismos de Hipócrates Junto al maestro Huaeíxonao. hombre de gran generosidad y gran

Como aut sólo podía encontrar el diDgnéstico de las enferme- comO e ste simple conodmiento de las enferinedades no

~pondía a mi ~tativa. le sOOd1é la /e:tlua de su libro intitulado Del

ci.enda-

dades y

acuerdo de HIp6crates. Galeno y Surano. Lo obtuve. pues para W1 110m- bre ta n experto en el arte. las p ropiedades de la farrnad.a, la botlmica Y

Ia cirugia no tenfan secretos.a

La correspondencta de Gerlberto:

"de los oopistas Y de los libros

"

A Evrardo. abate de S. Julián de Tours.

de la más grande utilidad saber hablar de tal f arma que se persw:u:la y contenga el arrebato de espirttus exlravlados ron la dulzt.ua

de la elocuencia. Con

este }in estoy dedicado a formar una b iblioteca. En

Roma desde hace laIyo tlempo. en toda Italla, en Germanla !J en Bél·

gica., empleé mucho dinero para pagar cvplstas !J libros. ayudado en

cada provincia por la benevolencia !J solicitud de mis amigos. PermUeme pues rog arte hacerme el mismo servk:io. Conforme lo que me digas.

enviaré al copista el pergamJno Y el dinero necesarios. y te quedaré

es

ra::onoc1LIopor tufalXlr

A Reynaldc, monje de Bobbio.

\.

••.Sabes con qué ardor busco libros por todas partes; también sabes cuántos copistas encuentra uno en la dudades !J campos de

ltaHa. fbn.te pues en marcha

y . s in d ed rs elo a nadie. de tu bolsillo.

De la Retórica.

hazme copfDr M. Manllfus. De la Astrología. VIctortnus.

Demóstenes. OftAlmJca. Te prometo guardar tul s Uendo inviolable so-

bre tu.fiel senRdo Y loable ce-reste, Y me conpraneto a deoolverte con creces /o que hayas gastado, según tus cá/ct.dos Y cuando lo este -

blezcas.•. 3

JI. La enseñanza de Geriberto en Reims

Gerlberto, que se había recomendado al a rzobispo por la nobleza de su saber. se granjeó todos sus jaoores . Pcx petIct/Jn suya. fue encwyado de lnstndr en las artes a Iosequlpos deescolares.

37

HEn qué orden utilizó los libros para enseñar": este titu lo del capítulo 46 de las Historias de Rtcher insiste en el papel que cumplía en las técnica'> escolares la "lecci ón". la lectura de un autor por el maestro. Rlcher describe también la marcha de los estudios: los alumnos de Gerlberto ya han recibido la enseñanza elemental del gramático: son sucesivamente iniciados en las otras dos ramas del trilJium Las lecturas del maestro se orie ntan pnmero a la dta lécuca.

Lógica

El e.qJlicó la dialéctica y aclaró el sentido de las palabras recorriendo por orden estos libros: primero comentó la Isa goge d e Porf uiD. es decir las Introducciones según la traducción del retórico vtcrormus y también según Boedo, estudió el libro de Aristóteles sobre las categorías. es decir los predlroOOs, después expuso perfectamente lo que es el Pert Herrnenetas, es dedr el libro De la interpretación: por último ensero a sus oyentes los Tópicos. es decir el fundamento de las pruebas. traducidos par Cicerón del griego al latÍTl Y adarridos por los

seis libros de oomen.tarios de Boedo.

Leyó

tambien y

e.q>llcó útilmente los

cuatro libros

sobre los

diferentes tópicos. los dos

libros sobre los sílogisrnos ca tegóricos.

los

tres sobre los hipotéticos. un

libro sobre la s definiciones

y

un

libro

sob re las divislmes.

Retórica

Práctica mente todos los trabajos sobre los que se basa la enseñanza de la lógica so n de Boecto. Gerl berto pasa luego a la retó rtca. En una carta al mo nje Bernardo de Aurtllac. dice haber trazado un cuadro de la retáica desplegado en veintiséis hqas de pergamino ensambladas y formando un todo en dos columnas yuxtapuestas. cada una de trece h0as. Este trobojo sin objeción parece admirable a los ignorantes; es útü a los escolares estudiosos para hccertes corTlpn>nder las reglas muy sutiles de la retórica Y parofijarlas en su meraJria.

S in e mbargo,

temiendo que s us a lumnos pudiesen alcanzar el arte oratorU:> sin conocer los modos de elocución que sólo pueden aprenderse en los poe- tas , utilizó pues a éstos. con los cuales juzgó oportuno familiar t w r sus alwnnos. Ley ó, pues . y comentó a los poetas Vf1yWo, Estaclo y Terendo. asl como a los sa Hricos Ju venal. Pers io y Horado, y por úi - timo al historiador Lucano. Cuando sus alumnos los hubieron ro- nocido bien. y advertidos que jueron de sus modos de elocución. los

iTttrod

a

go

en la retórica.

38

Astronomía

Sin embargo. donde Getiberto sobresalía era en el quadriviwn. denominado aqui matemáticas y compuesto. en este orden. por la aritmética. la múslca, la astronomía y la geometría. Comenzó por iniciar a sus alwnnos en la aritmética, que es la

primera parte de las mcremérrcas. Después enseñó a fondo la música,

Gali a. D is pon iendo las notas sobre

el monocordio. distinguiendo en sus consonandas y sinf onías los tonos y semitonos, los dí tonos y die sis, y dist ribuyerul0 raciona lmen te los tonos en sontdcs. hizo perf ectamente d aras sus relaciones. Construcción de una esfera plena: -Para manifestar la sagaci- dad de este gran hombre y hacer sentir más cómodamenle al lector la eflCUCia de su método, no es lniLlil mencionar al precio de cuentos esfuerzos reunió él los principios de la astronomía. Siendo que esta ciencia es casi Ininteligible. logró. para admiración de todos. hna>rla conocer 'gradas a lUlOS cuantos instn.unentas. Representó primero la esfera del mtmdo en modelo reducido mediante una esfera redonda toda de madera; la inclinó. con sus das polos. oblicuamente sobre el horizonte; proveyó al polo superior de las constelaciones septentrio- nales y al polo inferior de las conste/aciones australes; reguló su posición según el circulo que los griegos Uaman "horizonte" y los latinos "limitante" o "determinante" porque grada s a él se distinguen y de-

limilan las constelaciones visibles de las que no lo