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APUNTES SOBRE LA LUCHA POLÍTICA

Pier Paolo Marzo R.

1. La política como lucha

“La guerra es la prolongación de la política; pero con otros medios” (la


violencia), famosa cita de Karl von Clausevitz, ilustra tanto sobre guerra,
como sobre la política, y ha sido validada en la historia 1. Pues tanto la
una como la otra implican una lucha contra adversarios, en la que se
busca la victoria de la propia posición. Al respecto nos sirve la siguiente
definición de lucha: “Esfuerzo que se hace para resistir a una fuerza
hostil o a una tentación, para subsistir o para alcanzar algún objetivo”2.
Y la actividad política, precisamente, implica esencialmente el alcanzar
objetivos. Es más, la dimensión política de los seres humanos alude
tanto a su vida en comunidad o sociedad, como una actitud estratégica
ante los actores y circunstancias de esa vida. Esa actitud estratégica es
una de lucha, en el sentido de la definición anotada.

¿Pero qué tipo de lucha? Veamos algunas de sus expresiones, sin


jerarquizar entre ellas: lucha por votos (electoral), lucha por proyectos
de comunidad, lucha por la dirección, por ejemplo. En general, se trata
de luchar por un tipo de objetivo: la dirección de un ámbito social,
específicamente, de los ámbitos públicos de la vida humana, y por
extensión, por los medios (confianza de la gente, votos) para conseguir
esa dirección3.

2. La lucha política como parte de una lucha moral

En consecuencia, la lucha política o es vacía (busca la dirección por ella


misma, sin proyecto alguno más allá de la voluntad cambiante de quien
la busca), o es una lucha moral, por un proyecto que expresa pautas
objetivas acerca de cómo debe organizarse la comunidad que se
pretende dirigir. Esta característica de la lucha política es tal que incluso
se presenta en su prolongación más cruda, como también lo advirtió von

1
El autor de la frase fue oficial prusiano y servidor del ejército ruso durante las guerras napoleónicas, y luego
de ellas, director de la Escuela de Guerra de Berlín, donde desarrolló las teorías que décadas después,
puestas en práctica lograron las victorias militares y políticas de Otto von Bismark, vencedor de austriacos y
franceses y con ello, unificador de Alemania.
2
Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.
3
Ese concepto de lucha política como lucha por la dirección puede aplicarse también a ámbitos no públicos,
cuando se ejerce la dimensión política del ser humano en ellos.

1
Clausevitz: «la guerra está surcada en todas direcciones por fuerzas
morales, capaces de superar su desarrollo». Es decir, los propósitos y los
espíritus que los sostienen juegan papeles centrales en las guerras y con
mayor razón, en la lucha política.

Claro que la lucha moral tiene expresiones distintas a la política, por


ejemplo, las llamadas “luchas interiores”. La existencia de estas
expresiones no políticas no debe llevar a desconocer el carácter moral
de la lucha política cuando ésta es por objetivos trascendentes a las
voluntades de quienes la asumen.

3. Las maniobras o jugadas de la lucha política. El “cabildeo”


entre ellas

Distinguida la lucha política de los géneros que la abarcan, debe


distinguírsela también de sus estrategias, en especial, del “cabildeo”, es
decir, de la práctica de “gestionar con actividad y maña para ganar
voluntades en un cuerpo colegiado o corporación”4. Es decir, el cabildeo
es un medio de la lucha política, dirigido a modificar la voluntad de los
decidores. Mediante el cabildeo quien no tiene la responsabilidad de la
decisión política efectiva sobre una materia, busca lograr que ésta se
tome de acuerdo con el sentido de su voluntad o intereses. Mientras que
el objetivo central de la lucha política es llegar a ser un decisor directo.
En esa lucha, y mientras no se llegue al objetivo, el cabildeo puede
servir tanto para acumular fuerzas como para realizar aspectos
puntuales del proyecto que le da sentido a la lucha política.

Lo que nos facilita mostrar otra diferencia: los objetivos del cabildeo son
siempre puntuales y en ese sentido, parciales. Por eso sus logros más
visibles se han dado en el contexto de movimientos de agendas
parciales (aunque también transformadoras y por ende, valiosas):
ecologismo, antiracismo, pacifismo, feminismo. Incluso, las campañas
puntuales de cabildeo en una organización política, son sólo parte de
lucha más grande. El cabildeo es, pues, a la política como una batalla a
la guerra.

4. La parte, el todo y su confusión

A pesar de lo dicho, hay cierto discurso entre los “expertos” en cabildeo


y en “vigilancia ciudadana” – que tiene en aquél su técnica máxima de
incidencia -, que implícitamente pretende sustituir la lucha política por el

4
Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Que recuerda que “cabildear” viene de “cabildo”.

2
cabildeo. Es decir, se trata de sustituir el todo por una de sus partes,
vieja falacia que en este caso lleva a un reduccionismo empobrecedor.
Al hacerlo, despolitiza el impacto de la medida que se pretende
conseguir, al ocultarle su contexto histórico y las posibilidades de
transformarlo.

En el fondo, tras esta actitud reduccionista está la idea de que los


ciudadanos lo son a medias, al no poder llegar a ser ellos mismos los
decidores directos. Es una concepción de refugio en un momento
histórico en que los caminos de acceso a las instancias de decisión
directas se ven como cerrados para los ciudadanos en general. Por el
contrario, asumirlo el cabildeo como una estrategia más, como lo hace
Constructores, asume que dichos caminos, si bien no son fáciles, pueden
abrirse y transitar.

5. La vida humana como lucha

Esto nos remite a una concepción de fondo: que los caminos del poder
público, siempre pueden abrirse, con independencia del régimen político
en el que se esté. El actuar ante un horizonte utópico que orienta la
acción da sentido a la paciencia y perseverancia históricas, es decir, a
asumir que en la práctica, para quienes deseen mejorar la comunidad, la
lucha es permanente.

Asumir esto no es sólo una opción existencial, resulta también de la


revisión de la experiencia humana, en la política ciertamente; pero
también en otras facetas: los seres humanos han luchado contra los
prejuicios y miedos de sus entornos sociales, y también contra
adversidades naturales. Hemos luchado por progresar, individual y
colectivamente, y por no retroceder.

Nuestras actividades – también las de cabildeo - tienen que hacerse


conscientes de esa característica, sabedoras del contexto histórico en el
que se inscriben, y significar una experiencia práctica de lucha política,
por lo tanto, deben suponer un paso en nuestro camino transformador;
pero mediante la dirección política de nuestras respectivas comunidades.