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Pregunta 7 - ¿ Cuántos panes tenéis ?

Pregunta 7 - ¿ Cuántos panes tenéis ?

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Jesús sólo puede trabajar milagros con lo que le entreguemos incondicionalmente.
Jesús sólo puede trabajar milagros con lo que le entreguemos incondicionalmente.

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05/17/2014

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Las Preguntas de Jesús Marcos 6:30-44 y Marcos 8:1-21 Atalaya

6:30 Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. 6:31 El les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer. 6:32 Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto. 6:33 Pero muchos los vieron ir, y le reconocieron; y muchos fueron allá a pie desde las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él.

6:34 Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. 6:35 Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada. 6:36 Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan, pues no tienen qué comer.

6:37 Respondiendo él, les dijo: Dadles vosotros de comer. Ellos le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer? 6:38 El les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces. 6:39 Y les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde. 6:40 Y se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta.


6:41 Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos. 6:42 Y comieron todos, y se saciaron. 6:43 Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró de los peces. 6:44 Y los que comieron eran cinco mil hombres.

8:1 En aquellos días, como había una gran multitud, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: 8:2 Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; 8:3 y si los enviare en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos. 8:4 Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?

8:9 Eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió. 8:10 Y luego entrando en la barca con sus discípulos, vino a la región de Dalmanuta. 8:11 Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole señal del cielo, para tentarle. 8:12 Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación. 8:13 Y dejándolos, volvió a entrar en la barca, y se fue a la otra ribera.

8:14 Habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca. 8:15 Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes. 8:16 Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan. 8:17 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?

8:18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis? 8:19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce. 8:20 Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete. 8:21 Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?

El amor se revela en el momento en que uno lo traduce en hechos, y se distingue por preferir la felicidad ajena a la propia.

Dame - Adrian Roberto

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Esta simple pregunta, repetida más de una vez en el Evangelio, abre un camino nuevo para resolver los problemas humanos: “¿Cuántos panes tenéis?” Largas horas ha andado la muchedumbre detrás de Jesús. La gente desfallece. Empieza a oscurecer. A pesar del desierto, el calor y el cansancio, la muchedumbre, que no tiene pastor, ha estado largo tiempo escuchando al Maestro. Parece que en tales circunstancias el hombre, más que un pan, añora una Palabra... pero el Señor, con ternura se preocupa del hambre de su pueblo.

Jesús pide a sus discípulos que busquen el modo de alimentar a sus hermanos. Ellos no dudan en decir al Maestro: “Despídelos para que vayan a los caseríos y aldeas del contorno y se compren algo de comer. (...) ¿Vamos a comprar nosotros doscientos denarios? La solución propuesta por los apóstoles, ante el hambre y el desamparo, es sorprendentemente actual: que cada uno se las arregle como pueda; que acuda al mercado. ¡Cómo si las cosas se arreglaran comprando! En estas circunstancias, Jesús los sorprende con la pregunta “¿Cuántos panes tenéis?”.


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Esta pregunta los saca de su lógica y los invita a compartir lo poco que tienen. Jesús pide una aportación. No importa cuánto sea. Pide que el hombre ponga su parte en la tarea, que participe poniendo su migaja. No importa que sean cinco panes. Dios no quiere hacer solo lo que pueda hacer con el hombre. Esa tarde todos pudieron comer hasta saciarse y sobró pan.

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La bendición de Jesús cayó sobre ese gesto de compartir lo que se tiene. En el desierto era difícil desprenderse, ya de noche, del único sustento. El milagro fue hacer fecundo el compartir... y el alimento alcanzó para todos y hubo restos. El Señor nos necesita... ¿Cuántos panes tenemos? En un mundo que nos enseña a producir, a acumular para hacer viable la economía, el Señor nos invita también al riesgo de entregar a los otros lo que tenemos.

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“¿Cuántos panes tenéis?” El Señor quiere que revisemos las alforjas para que pongamos en común lo que hemos recibido y acumulado. Se trata de ofrecer nuestro dinero, nuestra profesión, nuestras cualidades para que otros sacien su hambre. A menudo, como país, salimos a mendigar a otras latitudes para resolver nuestros problemas. Tal vez tengamos que hacerlo.


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Pero previamente hemos de preguntarnos cuántos panes tenemos para compartir... quizás nos quedemos sorprendidos al ver que a pesar de la pobreza, nos sobran varias cestas. Porque el Señor nos necesita, nos vuelve hoy a preguntar: “¿Cuántos panes tenéis?”. Es hora de revisar nuestros haberes. Es hora de dejar de discutir, porque no tenemos pan. Que es lo que no entendemos, ni comprendemos? Porqué tenemos endurecido nuestro corazón aún?

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Hechos 2:44-47 2:44 Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; 2:45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. 2:46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 2:47 alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

Qué Dirías? – Adrián Roberto

La fe ve lo invisible, cree lo increíble y obtiene lo imposible.

Anécdota de una reina de África

En la costa occidental de África se encuentra una misión que siempre despertó gran interés en mí. Hace años, un joven del estado norteamericano de Pennsylvania fue a misionar allí. Se llamaba Adolphus Good. Pero no voy a hablar del Dr. Good, sino de una muchacha africana de aquel puesto misionero que llegó a ser una cristiana ejemplar. El día de Navidad, ella y todos los creyentes nativos asistieron a la misión para conmemorar el nacimiento del Señor. No lo hacían para recibir regalos o hacérselos unos a otros. Iban para ofrecer el mejor obsequio que pudieran a Aquel cuyo cumpleaños celebraban.

Anécdota de una reina de África

Concluido el culto de oración y alabanza, que incluía diversas canciones acerca de Jesús, como es costumbre entre muchos cristianos por estas fechas, los fieles se dirigieron en ordenada y larga fila al presbiterio. Uno a uno fueron entregando al misionero las ofrendas que llevaban para el Señor y Su obra. La gente era muy pobre. Sus dádivas humildes. Es posible que, de haber estado nosotros presentes, hubiéramos sonreído al verlas. Sin embargo, eran fruto de un amor intenso. Se trataba de contribuciones generosas, ya que no eran parte de una abundante provisión, sino donativos de gente que vivía en extrema pobreza.

Anécdota de una reina de África

Nos viene a la memoria el episodio de la mujer que dio dos monedas de poco valor al templo: Jesús dijo que con eso ella contribuyó más que los ricos, porque Dios no se fija en la cantidad que damos sino en lo que nos queda, y a ella no le quedó nada. Lo entregó todo.(S. Marcos 12:41-44.) Aquellos nativos africanos llevaron, pues, sus presentes: éste, un manojo de verduras; aquél, un ramo de flores o un centavo. Entre los creyentes que portaban sus ofrendas había un rostro nuevo aquel año. No recuerdo el nombre de la muchacha, pero la llamaré Reina. Era una hermosa joven de dieciséis años, que hasta hacía poco tiempo adoraba ídolos. De sus gastadas ropas extrajo una moneda de plata y la colocó en la mano del misionero.

Anécdota de una reina de África

Éste se sorprendió tanto que al principio no quiso aceptar la ofrenda. Dijo a la chiquilla que regresara más tarde. Ya, en privado, averiguaría de dónde había sacado semejante fortuna, pues temía que la hubiera robado. Asombrado, descubrió que la joven se había vendido como esclava de por vida al dueño de una plantación vecina a fin de poder ofrecer a Jesús un presente que ella considerara digno. El precio: una moneda de plata. La obsequió a su Señor, que la había rescatado de una esclavitud mayor que aquella a la que se había vendido. Ignoro lo que pasó después. Sospecho que el misionero compró la libertad de la joven. Lo que sí sé es que ella actuó movida por un gran amor, y me pregunto si habrá en el mundo un mejor cristiano que Reina.

Anécdota de una reina de África

Era tan noble su amor que no le importó entregarse a sí misma a fin de que otros llegaran a conocer el grandioso mensaje de la Navidad y el presente que hizo Dios por amor al mundo. Dios no regaló al mundo oro, plata ni otras riquezas. Nos obsequió Su Amor. Se ofrendó a Sí mismo, como hace el que verdaderamente ama.

Por fe - Tercer Cielo

Versículos sobre la Fe
Capítulo de interés especial:  Hebreos 11 «El capítulo de la fe» o de «los grandes exponentes de la fe». A. La fe legítima y creyente tiene un poder enorme:  Mar.9:23 Si puedes creer... todo es posible.  Jn.14:12 El que en Mí cree... mayores (obras) hará.  Hch.6:8 Esteban, lleno de gracia (fe)... hacía grandes prodigios y señales.

Versículos sobre la Fe
D. Las oraciones son respondidas según nuestra fe; el Señor puede hacer lo que sea, pero es preciso que creamos:  Mat.9:27-30 ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí. [Jesús  añadió:] Conforme a vuestra fe os sea hecho.  Mat.8:13 Como creíste, te sea hecho.  Mat.17:19,20 ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? Por vuestra poca fe.  Mat.21:21,22 Si tuviereis fe, y no dudareis... lo recibiréis.

Versículos sobre la Fe
E. El Señor premia la fe expectante y creyente:  Mat.15:28 Grande es tu fe; hágase contigo como quieres.  Mar.9:23 Al que cree todo le es posible.  Mar.11:23Cualquiera que... no dudare en su corazón, sino creyere... lo que diga le será hecho.  Luc.1:45 Bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho.  Jn.11:40 Si crees, verás la gloria de Dios.

Versículos sobre la Fe
G. Fe y paciencia:  Rom.8:25Si esperamos (con fe) lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.  Heb.6:12b Por la fe y la paciencia heredan las promesas.  Heb.6:15 Habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa.  Heb.10:35,36 No perdáis vuestra confianza (fe)... para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.  Stg.1:3 La prueba de vuestra fe produce paciencia.

Versículos sobre la Fe
10. Si tenemos verdadera fe: A.Seguiremos confiando en Dios aun cuando la situación parezca desesperada:  Job 13:15 [Job, habiendo perdido sus riquezas, familia y salud, dijo:] Aunque Él me matare, en Él esperaré.  Mat.8:24,26 Se levantó... una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; [pero Jesús reprendió a Sus discípulos por haber temido].  Rom.4:20Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios. (V. también 2Cró.32:7,8; Isa.26:3)

Taller ¿Cuántos panes tenéis?
Cuando has tratado de dar y has dudado, Jesús te pregunta qué has hecho, cuándo, cuánto, con quién y para qué lo has hecho, cuáles han sido los resultados y que cambiarías?:
Qué Hacer? Qué Mantener? Qué Eliminar? Qué Reducir? Qué Aumentar? Qué Hacer Nuevo?

Cómo Hacerlo?

Con qué ?

Dónde?

Cuándo?

Cuánto?

Con Quién?

Para qué Hacerlo?

Para quién?

Cómo Medir?

Cuál es el resultado?

Por qué?

Qué pasa si no se hace?

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