DE GOLOSOS Y TRAGONES… Mientras esperamos a su papá, Carlos ha sacado de la nevera una enorme tarta de chocolate y dos cucharas, una

para cada uno. Inmediatamente hemos atacado el pastel con paletadas profundas y rítmicas, como si estuviéramos cavando una fosa para enterrar a alguien. Mi mamá siempre dice que si sigo comiendo así nadie me va a querer nunca, porque las niñas gordas no gustan a nadie, y no importa si eres inteligente, cariñosa o amable, pues no ven más allá de tus michelines, tu papada o los anillos que se te clavan en los dedos. ero mi mamá está equivocada, porque no puede ser malo comer dulces, chocolate, gominolas, con lo buenos que están. ! ahora, desde que cono"co a Carlos, sé que tengo ra"#n. $%&a gusto verte comer'$ fueron sus primeras palabras, la tarde que nos encontramos en el parque, cuando escondida entre unos arbustos daba buena cuenta de un bollycao que había conseguido robar del (ios(o de la glorieta de los patos. ! como le gusta tanto verme, dice, no ha de)ado de aportar dulces y chucherías para que me deleite a escondidas de mi mamá, mientras él me contempla agradecido. or eso no me e*trañ# cuando me di)o que su papá quería conocerme+ al contrario , me resulta halagador que me quieran por lo que soy. ,hora estamos en su casa, esperando a que llegue. -emos retirado los restos de la tarta y traído un maletín con las herramientas de su papá. arece que .ltimamente tiene algunas dificultades en el traba)o y, seg.n Carlos, puedo ayudarle a superarlas. ,unque no se me ocurre c#mo podré hacerlo, porque realmente no sé nada de las ocupaciones de un sacamantecas.

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