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150 Motivos Para Aumentar Su Fe

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El catedrático de Historia Contemporánea,
Doctor en Ciencias Químicas y en Filosofía y Letras,
Ricardo de la Cierva, hizo unas declaraciones sobre
la escatología y la divinidad de Jesús que me han
dejado arrobado leyéndolas. ¡Hace tanto bien la buena
lectura y tanto mal la perniciosa, que si hubiera una
información nítida sobre este tema, más del 90 por
ciento de los libros sólo los autores los leerían!. No
hay nada más triste que los hechos y la proyección de
un talento malvado. El hombre no nace tan malo como
se piensa, pues son sus semejantes con ingenio
perverso los que le inculcan la malignidad.

Ricardo de la Cierva nos dice que «el positivis-
mo ateo está marchito y los enemigos de Dios buscan
otras vías de agresión mucho más sutiles. Es Nietzsche
quien ha muerto. Dios vive». Y yo digo que si Dios
está muerto es porque antes existía y vivía, lo que
siempre ha negado este hombre contradictorio que
tantos lectores tiene y que tanto mal ha hecho a la
humanidad. De la Cierva continúa disertando sobre
el argumento ontológico de San Anselmo que han asu-
mido pensadores universales de la categoría de Des-
cartes, Leibniz y Brentano. Y luego nos dice: «No se
puede pensar en Dios sin incluir en la idea de Dios a
todas las perfecciones; pero la existencia es la perfec-
ción primordial; luego Dios existe».

También le preguntan al mismo interlocutor si
cree que Jesucristo es Dios: «Sí, creo en la divinidad

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de Cristo. Llego a ese acto de fe de forma racional,
como decía San Pablo». Esto nos demuestra que el ilus-
tre historiador conoce perfectamente lo que con mu-
chos siglos de antelación habían anunciado los profe-
tas. Pues, lejos de la fe del carbonero, él sabe que todo
estaba previsto más de 800 años antes de la venida
del Mesías, y como sólo Dios puede predecir lo que
sucederá en el mundo pasados unos siglos, los que
aún vivimos y lo hemos podido constatar, es claro que
eso nos infunde una fe racional inamovible.

Continúan entrevistándole sobre la inmortali-
dad del alma, y en su respuesta nos dice que «sí,
creo en la vida eterna, que se me reforzó en la rei-
terada lectura del Fedón platónico. El espíritu como
una armonía que sobrevive a la destrucción física
del cuerpo. La inmortalidad como exigencia cons-
tituyente de la persona humana».

También se identifica personalmente con la fi-
gura y la doctrina de Juan Pablo II, de forma cada vez
más incondicional. «Creo -nos dice- que la explica-
ción de su capacidad atractiva es precisamente su fe».
Y es que la fe llega al extremo de ofrecernos más se-
guridad que lo que estamos viendo y palpando. Yo
creo que ahora estoy escribiendo, pero puedo estar
soñando que escribo. Lo que no puedo estar soñando
40 años es que Dios existe y mi alma vivirá eterna-
mente feliz, porque la fe «es el fundamento de lo que se
espera y la prueba de lo que no se ve» (Hebreos 11, 1).

Publicado en «LA VOZ DE AVILÉS» 23-Julio-1998

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