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150 Ejemplos a Seguir

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Don Alfonso Guerra se ha definido a sí mismo
como «un hombre bondadoso y amigo de los niños».
Inconscientemente se ha puesto por encima de todos
los seres humanos, porque «bueno sólo es mi padre
Dios» (Lc 18, 19; Mc 10, 18). Pero esto no tendría la
menor importancia sabiendo que casi todos somos un
poco dicheros. Lo que yo nunca voy a saber es si se
trata de un hombre ingenuo, de un irresponsable o
de un execrador pérfido. Pues recuerdo muy bien
cuando nos dijo que harían una fábrica de indultos -
si no conseguían el aborto libre- para absolver a los
ejecutores de los crímenes abortivos que se pudieran
cometer en contra de la ley penal.

La contradicción del señor Guerra es irrefuta-
ble: ¿cómo se puede ser amigo de los niños si no
se les permite nacer?. Y, ¿cómo se puede ser bon-
dadoso si se autoriza a las madres para matarlos?.
¿En qué consistirá la bondad y el amor a los niños
para el vicesecretario del PSOE?. Si existe algún
hombre sesudo con buena moral que lo entienda,
me gustaría que dilucidara este enigma, pues con-
fieso que yo no tengo capacidad de juicio para ha-
cerlo.

Creo que Juan Pablo II no exagera en absoluto
cuando dice que el aborto es el mayor peligro para la
paz mundial. Pues si la vida de los inocentes no está
protegida por la ley como está la descontaminación y
la vida de los osos y lobos, cuando son los mismos
padres los que provocan la muerte de sus hijos, cuan-

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do algunas instituciones médicas están al servicio de
las muertes, eludiendo el deber que tienen de pre-
servar la vida de todo ser humano, es claro que se
han quebrantado las bases más firmes donde reposa
el derecho y el orden natural, y estas aberraciones son
las que más incitan al hombre honorable para promo-
ver cruzadas dictatoriales y guerras santas. Y esto es
lo que diplomáticamente nos viene a decir el Santo
Padre, como castigo que viene de lo alto.

El Obispo de Roma también nos ha dicho en
Polonia que «una nación que asesina a sus propios
hijos es una nación sin futuro». Y la Madre Teresa
de Calcuta, cuando disertaba en la conferencia
mundial en El Cairo sobre los mayores problemas
de la Humanidad, con gran seguridad y firmeza
nos dijo: «El mayor destructor de la paz en el
mundo de hoy es el aborto. Pues si una madre
puede matar a su propio hijo, qué nos impedirá a
tí y a mí, matarnos recíprocamente».

Todos nos hemos enterado de cómo un em-
presario catalán ingresó en la prisión por permitir
que los vertidos de su empresa contaminaran el río.
Entretanto, posteriormente, dos médicos -en Cata-
luña también-, fueron condenados por numerosos
abortos ilegales, pero como la supuesta muerte de
los peces es más importante que la vida de los ni-
ños, los facultativos asesinos fueron indultados
antes de entrar en la prisión. Espero que todo esto
aumente la fe de los cristianos, pues nos hace ver
lo que es un mundo ausente de Dios y de sus le-
yes.

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Publicado en «LA VOZ DE AVILÉS» 11-Junio-1997

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