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Cuentos de Parinacota

Cuentos de Parinacota

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Cuentos de Parinacota
de Juan Carlos Mamani Morales
Ediciones Cinosargo
Cuentos de Parinacota
de Juan Carlos Mamani Morales
Ediciones Cinosargo

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

Juan Carlos Mamani © 2009. Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción, total o parcial de este documento, por cualquier medio, sin el previo y expreso consentimiento por escrito del autor. Fotografías: Juan Carlos Mamani Morales Dibujos: Héctor Contreras Salinas y Memo Pérez

Ediciones Cinosargo
Contacto: carrollera@gmail.com Web: www.cinosargo.cl.kz

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

A la memoria de:

Nuestros recordados y estimados Achachilas (ancestros): Benedicto Morales Choque, Cipriano Morales Huanca, Carmela Soto Soto, Ludovina Paco Poma y Victoria Mamani Yucra, ancianos que ya partieron. Nuestros amautas con quienes seguimos conversando sobre la Pachamama: Francisca Morales Mamani, Matilde Morales Huanca de Parinacota-Chucuyo; Irma Huaylla Paco, Matiaza Poma Chávez, Silverio Blanco Baltasar, Bonifacio Yucra, Ana Inquiltupa de Caquena; Celia Cariz Apaz, Florentina Poma,

Wenceslao Lázaro de Guallatire; Ängela Copa, Irma Medina, Julián Huanca, de Putre; Elsa Gutiérrez Loredo, Emilia Humire Vásquez, Radomiro Huanca de Socoroma; Alejandro Colque Quispe de Pachama; José Lino Castro de Surire; Rómulo Zubieta, Domingo Gómez, Alejandro Flores de Ticnámar

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

ÍNDICE
CUENTOS DE ANIMALES.....................................................................- 5 La zorra que quiso tener hijos más hermosos.........................................................................................- 9 La zorra engañada por la señora suri*...............................................................................................- 12 -

La apuesta del zorro y el cóndor..............................................................................................................- 16 De cómo el lari murio por provocar al jampato ...................................................................................- 18 • •

El lari que creyó ganar la carrera ......................................................................... - 18 El lari que quiso tener la piel como el jampato ................................................. - 20 -

La golpiza que marcó al jampato..............................................................................................................- 22 El compadre del gallo ...................................................................................................................................- 24 -

CUENTOS DE PERSONAS Y ANIMALES ................................................ - 27 El cóndor enamorado de Pancara*............................................................................................................- 28 El cholo buen mozo y sus amigos elegantes..........................................................................................- 34 El peor marido: el más hermoso y distinguido......................................................................................- 37 -

CUENTOS DE OBJETOS ENCANTADOS .................................................. - 41 La mesa de la muerte...................................................................................................................................- 42 La campana desaparecida............................................................................................................................- 45 -

CUENTOS SOBRE LUGARES................................................................ - 47 La laguna gritadora.......................................................................................................................................- 48 • • •

La laguna que grita en las malas horas ................................................................. - 49 La mujer encantada ............................................................................................... - 49 La aparición de una torre de oro ........................................................................... - 50 -

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. • • •

La aparición de toros en la laguna Casiri .............................................................. - 50 La pelea de los toros encantados ........................................................................... - 51 El sereno del Casiri................................................................................................ - 53 -

Las peleas de Pedro Acarape, llamado también Parinacota ..............................................................- 55 El soberbio camiri de Nacatmarca*........................................................................................................- 59 Los músicos desobedientes de Marcapertita* ........................................................................................- 61 El intruso que en Sunkumayani perdió una mano ...............................................................................- 64 El opulento y celoso Marqués.....................................................................................................................- 66 • •

Las visiones de oro en un abrir y cerrar de ojos ................................................... - 69 Los hermanos que pensaron hacerse ricos .............................................................. - 69 -

• El trueque secreto de los Mallkus........................................................................... - 70 -

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

A manera de introducción
La presente antología es el producto de un trabajo de sistematización y recreación de una serie de relatos de la tradición oral de los aymaras de la provincia de Parinacota, Chile, específicamente de la Comuna de Putre. Como resultado de un proceso de sistematización implicó una recolección, trascripción, ordenación y selección de ellos. Su recolección se hizo desde tres fuentes: a) De la rememoración de algunas narraciones o parte de ellas escuchadas por el autor durante la infancia a su madre, a sus abuelos y a otros parientes. b) De una base de aproximadamente 70 relatos transcritos de versiones orales en aymara a una versión escrita en aymara y castellano, para la publicación del texto Markajana jawarinakapa, cuentos de mi pueblo (2006). Trabajo realizado etnográficamente. c) De una base de relatos orales y de antecedentes contextuales de las historias narradas, obtenida para esa obra a través de entrevistas abiertas en lengua castellana a ciertos informantes de Caquena, Parinacota, Putre, Socoroma y Ticnámar, puntualmente.

Como un proceso de recreación implicó el traspaso y adecuación de los relatos, con sus distintas versiones orales, a una versión escrita en castellano. Ello significó, por una parte, una recomposición y ordenación selectiva de componentes y aspectos narrados, por otra parte, una adición de elementos descriptivos relativos a los ambientes físico y sociocultural, a los personajes y a los acontecimientos narrados.

Las versiones orales de los relatos, base de esta antología escrita, algunas en lengua aymara y otras en castellano, fueron entregadas por personas mayores de 60 años. Algunos fueron obtenidos de ancianos que ya fallecieron como Benedicto Morales Choque y Cipriano Morales Huanca de Parinacota; Carmela Soto Soto de Putre; Ludovina Paco Poma y Victoria Mamani Yucra, ambas de Caquena. Otros se obtuvieron de ancianos que aún nos acompañan como Irma Paco Huaylla, Matiaza Poma Chávez, Silverio Blanco Baltasar, Bonifacio Yucra, Ana Inquiltupa de Caquena; Francisca Morales Mamani, Matilde Morales Huanca de Parinacota-Chucuyo; Celia Caris Apaz, Wenceslao Lázaro de Guallatiri; Ángela Copa, Irma Medina, Julián Huanca de Putre; Elsa Gutiérrez

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.
Loredo, Emilia Humire Vásquez, Radomiro Huanca de Socoroma; Alejandro Colque Quispe de Pachama; José Lino Castro de Surire; Rómulo Zubieta, Domingo Gómez y Alejandro Flores de Ticnámar.

De acuerdo a lo anterior el texto presenta diecisiete relatos principales divididos en las siguientes categorías: (i) Cuentos de animales, (ii) Cuentos de personas y animales, (iii) Cuentos de objetos encantados y (iv), Cuentos sobre lugares. De los diecisiete, tres se subdividen en más de dos relatos. Así “De cómo el lari murió por provocar al jampato”, tiene dos; “La laguna gritadora” contiene seis y “El opulento y celoso Marqués” contiene tres. Es decir, la antología presenta un total de veinticinco relatos breves.

Los ambientes de los cuentos de animales, como los de personas y animales se focalizan en un contexto altiplánico general. Los relatos de objetos encantados y de lugares aluden a referentes físicos de la Provincia de Parinacota. Así, sitios concretos de los pueblos de Caquena y Parinacota y sus alrededores son aludidos en “La laguna Casiri”, en “Las peleas de Pedro Acarape, también llamado Parinacota”, en “El soberbio Camiri de Nacatmarca” y en “La mesa de la muerte”; un lugar cercano al pueblo de Putre en “La campana desaparecida”; los alrededores del pueblo de Socoroma en “Los músicos desobedientes de Marcapertita” y en “El intruso que en Sinkumayani perdió una mano”; los alrededores del pueblo de Ticnámar en “El opulento y celoso Marqués”. De acuerdo a ello algunos de los primeros se acompañan con ilustraciones; los segundos, con ilustraciones y fotografías alusivas.

La mayor parte de los relatos fueron obtenidos a través de entrevistas personales en situ, grabadas y luego transcritas al castellano, que implico viajar por dos y tres días a los pueblos mencionados arriba. En el proceso de trascripción se han acomodado las expresiones propias del la variedad castellana hablada en la precordillera y altiplano a una variedad escrita más estándar. Allí se ha mantenido algunos nombres procedentes de la lengua aymara alusivos a animales, plantas, lugares, etc, con su forma castellanizada; sus significados en castellano y la forma aymara de la que derivan se explican en notas de pie de página,

En el trabajo en terreno, además, se obtuvo antecedentes más específicos sobre los lugares aludidos en las narraciones. Incluso en algunos casos se visitó y comprobó la

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.
existencia de ellos. Así se conoció y obtuvo imágenes de la laguna Casiri cerca del pueblo de Caquena, la mesa de la iglesia de Parinacota, el cerro Pusiricollo de Socoroma, el Cerro Marqués de Ticnámar, etc. Ello permitió obtener una mejor descripción de los espacios narrados.

Se puede decir, por todo lo anterior entonces, que esta selección de cuentos es representativa de la Provincia de Parinacota y de su gente. Cada uno de ellos representa una acuñación de muchísimos años de la memoria colectiva aymara de los pueblos de esa provincia. Ella ha llegado como una herencia innegable a nuestra generación más urbana que rural, más castellano hablantes que aymara-hablantes, con una experiencia más cercana a la cultura textual y a la cultura de la informática que a la cultura tradicional. Asumiendo esas circunstancias actuales y a la lengua castellana como materna de una buena vez, sin dejar de identificarnos como aymaras y sin minusvalorar a la lengua ancestral, recibimos y proyectamos ese legado con ese medio que mejor sabemos manejar. Por consiguiente, nos permitimos este trabajo en la forma escrita para las generaciones de aymaras, actuales y futuras, que tienen al castellano como su 1º o 2º lengua funcional y a todos los no aymaras que deseen acercarse a través de estos relatos, hacia un “nosotros” regional y universal, tan humano como cualquier otro colectivo.

La presente antología, en alguna medida es producto de un largo proceso de interculturalidad que hemos vivido y seguimos viviendo en nuestra región. Por eso, con ello, queremos contribuir, en alguna medida, en la construcción de una identidad regional más autentica en la que las expresiones y referencias aymaras son ineludibles.

Juan Carlos Mamani Morales Arica, comienzos de un nuevo ciclo Julio del 2009

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

CUENTOS DE ANIMALES

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

La zorra que quiso tener hijos más hermosos1
Era el tiempo final de las lluvias, cuando las lagunas del altiplano alcanzan el máximo nivel de aguas contenidas y cuando sus orillas reverdecen con el iruwichu2, con el paco-paco3. En esa temporada los patos, las parinas4, las guallatas5 y otras aves empollan aprovechando la bonanza de las lagunas y sus orillas para proteger y alimentar a sus pollos. Así, un día una guallata había bajado de los altos de un risco en donde anidó, con sus crías hasta las orillas de una laguna, para enseñarles a buscar el alimento.

Por allí también andaba una zorra con sus crías, que olfateaba debajo de las piedras, tolas y pajas, buscando huevos, restos de animales muertos, algo con que alimentar a sus zorritos. Aunque dicen que eran comadres, la guallata al verla tan cerca, rápidamente azuzó a sus polluelos a meterse a la laguna.

La raposa al verla, se quedó mirando atentamente por un momento a las crías de la guallata. Ésta más alarmada por esa actitud de su comadre, apuraba a su prole a meterse al agua. Y ya cuando el último pollo estaba en la laguna y se aprestaba a nadar hacia el centro escuchó, para su sorpresa, que la zorra la llamaba. _Comadre, comadre guallata. ¡Qué lindas son tus guaguas! ¿Cómo es que son así, tan blanquitas con sus patitas rojas? Dime…_ _ Yo las echo al horno. Allí las hago tostar por eso es que son así, blanquitas_, le dijo la gansa, sin pensarlo mucho.

Sobre las versiones de Ludovina Paco Poma de la Estancia Chañupalca, de Victoria Mamani Yucra de la Estancia de Ungalliri, de Irma Huaylla Paco de la Estancia T’aqat’a, de Matiaza Poma Chavez de la Estancia Qaqani, de Silverio Blanco Baltasar, todos del pueblo de Caquena; de Florentina Poma y de Wenceslao Lázaro, ambos del pueblo de Guallatire.
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Iru wichu: cierta especie de paja que sirve de forraje para los auquénidos domésticos Paco-Paco: del aymara, paku-paku, otra especie vegetal que crece de manera compacta en los humedales, tiene un fruto de color rojizo muy apetecido por algunas aves y mamíferos.

Parina: del aymara, flamenco

Guallata: del aymara, wallata, especie de ganso silvestre, de color blanco con la punta de sus alas de color negro y patas rojizas, típico del altiplano.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. _ Anda a tu casa, calienta el horno y mételos ahí. Cuando escuches tres golpes los sacas, entonces ahí encontrarás a tus hijos hermosos como los míos_, le aconsejó.

La zorra se alegró dicen. Ahora mis guaguas serán blancas, pensó. Así, apurada subió con sus hijos a su casa, debajo de un gran peñasco, cerca de la cumbre de un cerro. Allí, la raposa tonta, no demoró en hacer todo lo que le había dicho la gansa: puso fuego y calentó el horno, echó a sus hijos ahí, y espero los tres golpes. Después los sacó; sus hijos estaban mostrando los dientes. ¡Aaaah…! Mis guaguas se están riendo, pensó alegre. Pero después los miró bien: estaban todos muertos Así, había matado a sus zorresnos, todos quemados.

Después de darse cuenta del engaño, muy triste y enojada, la zorra sólo pensó en la forma de vengarse del ave. ¿Acaso no puedo pillarla y matarla?, pensó. Y partió tras ella. Bajó corriendo hasta la orilla de la laguna. Su comadre se había ido a una pequeña isla, en el centro del lago. Unos dicen que allí la gansa estaba tejiendo mientras sus crías picoteaban por las orillas; otros, que estaba sacándoles los piojos. Lo cierto es que la zorra, impotente por no alcanzarla y no poder meterse al agua porque no sabía nadar, le gritó desde la orilla: _¡Comadre, sale! ¡Comadre, sale, conversemos! La guallata toda indiferente no le contestó.

La raposa desesperada y furiosa, dio vueltas de un lado a otro, preguntándose: ¿qué voy a hacer, qué voy a hacer? hasta que se le ocurrió tomarse el agua de la laguna para secarla y así llegar hasta la guallata. Entonces, empezó a recogerla sorbo a sorbo y a arrojarla en los arenales cercanos, una y otra vez. Sin embargo, no pudo vaciar la laguna; de muchos intentos se cansó , además, tragaba parte del líquido hinchándole la panza. Por eso estaba tan hinchada que ya casi no podía caminar. Entonces, la pobre, al verse así derrotada, se dispuso a retirarse toda triste, resignada y alarmada por lo que le podía pasar. Con grandes

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. esfuerzos se encaminó como pudo a su casa. Esto está mal: un palo me puede pinchar, la tola me puede pinchar, la paja me puede pinchar, se decía, mientras avanzaba paso a paso

Finalmente, la pobre zorra no llegó a su cueva, ya que, según unos, la paja lo pincho; otros aseguran que fue la kaylla6; unos terceros que fue un tábano7 , unos cuartos que fue un palo de tola seca. Lo cierto es que la pretenciosa raposa ahí mismo explotó, desparramando el agua. Así no más fue, dicen.

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Kailla: especie cactácea pequeña muy compacta y profusa de espinas, típica del altiplano. Tábano: especie de mosca, relativamente grande que se alimenta de la sangre de los mamíferos, incluyendo el hombre.

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La zorra engañada por la señora suri8*
En otra ocasión la zorra, dejando sus crías mejor protegidas en su cueva, había salido a buscar alimentos para ellos. Esa vez había cazado una buena cantidad de pequeños pájaros que llevaba cargada al hombro en un saco. Mientras caminaba por una pampa entre pajas y tolas, sintió la necesidad de ir al baño. Por eso apuró el paso hasta llegar a una casa que se hallaba sobre un gran arenal. Allí encontró a la señora suri, que se hallaba tejiendo. _ Buenos días, señora ñandú_, la saludó, primero. _ Buenos días. _ ¿Qué estás tejiendo?_, preguntó después, tratando de iniciar la conversación. _ Unas medias para mis guaguas _ respondió recelosa la señora suri. Y como su necesidad de ir al baño era urgente, le pidió a la dueña de casa: _ ¿Me puede decir donde hay un baño, por favor? Necesito ir a uno, ahora, que no aguanto más. _Sube aquel cerro, da la vuelta, y ahí puedes hacer tus necesidades_, le dijo la ñandú.

La raposa, como estaba urgida por su necesidad y viendo que tenía que subir al cerro aún, tuvo que dejar su q’ipi9 . Así desconfiada le pidió al ave corredora: _Abuelita, no vas a mirar mi carga, por favor. _ ¡Qué voy a mirar yo!_, dijo la ñandú, haciéndose a la indiferente. _Estoy atrasada en tejer. ¡Qué voy a estar ocupándome de otras cosas!_, agregó. _ Tienen grande el pico_. Le advirtió, finalmente, la zorra, que rápidamente, casi corriendo partió y dio vuelta la loma.

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Sobre la versión de Irma Huaylla Paco, Estancia T’aqata, pueblo de Caquena; de Florentina Poma, pueblo de Guallatire *Suri: del aymara, ñandú, avestruz americano. 9 Q’ipi: del aymara, atado, bulto que generalmente se carga en las espaldas en un awayo (manta multicolor)

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. Mientras la zorra tomaba su tiempo, la vieja ñandú miraba una y otra vez el bulto. Qué será, pensaba. La raposa le había dicho que tienen el pico grande. Por qué diría eso, se preguntaba. Así, después de cavilar un rato no aguantó la curiosidad. De un salto se paró, dejando sus tejidos a un lado, tomó el sacó, lo desamarró y lo abrió. Y no acababa de hacerlo, cuando de un sopetón muchos picaflores desplegaron sus alas, elevándose rápidamente por los aires. La vieja suri, primero, pegó un grito de susto, reculando casi hasta caerse. Luego se calmó al darse cuenta que sólo eran pájaros, mirándolos con sus grandes ojos alarmados, que se escapaban sin que ella pudiera hacer nada.

Al otro lado de la loma la raposa había escuchado vagamente el ruido que hicieron los pájaros al salir del saco. Ella, tratando de relacionar el ruido, se preguntaba qué sería aquello. Y se contestaba a sí misma: será alguna banda, estarán tocando el bombo o habrá explotado un volcán pensaba. Y sin darle mayor importancia siguió atendiendo sus necesidades con calma.

En el arenal, la señora ñandú al comienzo no sabía qué hacer, ni qué le diría a la zorra. Así estuvo por unos instantes mirando urgida alrededor suyo por si aparecía aquélla, buscando una solución. Alrededor de su casa, sólo había pajas, tolas y bastante kaillas. Y al ver a estas últimas se le ocurrió la solución. Con el temor de que en cualquier momento apareciera la raposa, tan rápida como pudo, incluso pinchándose los dedos de sus manos recogió las hojas espinosas de la kailla, ovaladas como tunas, pero muy profusas de espinas, y las metió en el saco. Allí las acomodó de tal manera que quedara tal como la zorra lo había dejado. Amarró el saco, lo puso donde estaba y volvió a sentarse retomando sus tejidos simulando que no se había movido de allí.

Regresó la zorra y mirando cuidadosamente su q’ipi y a la ñandú, preguntó. _ ¿No revisaste mi carga? _No, no. Yo no he visto nada_, respondió la ñandú.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. _ Me voy, entonces. Gracias por todo, hermanita_. La raposa se despidió de la ñandú, tomó, cargó el bulto y se encaminó rumbo a su cueva.

Durante el trayecto sintió varios pinchazos en la espalda, dicen. Ella creyendo que eran los picotones de los picaflores soportó el dolor. Sólo atinaba a caminar más rápido mientras se quejaba hablando: _ Ay, ay, ayayay…no me picotees picaflor, rico picaflor_, decía

aguantándose, como una forma de amortiguar las molestias. Y así, llegó hasta donde sus crías. Las llamó a todas. _ Rápido abran la boca les voy a dar comida_, les dijo. Todos los zorritos, que eran más de seis, se acercaron rápidamente y, hambrientos como estaban, abrieron sus pequeños hocicos. Y allí la madre, tomando el saco les hecho las kaillas directamente, que caían como tunas. Sólo al cabo de hacerlo se dio cuenta la madre que sus crías empezaron a aullar lastimeramente, retorciéndose y tratando en vano, de sacarse las espinas clavadas en sus lenguas y encías. Como no pudieron hacerlo, empezaron a sangrar, muriendo de uno en uno con sus hocicos hinchados.

Sucedido esto, la pobre zorra lloraba de pena e impotencia, sin poder hacer nada. Después muy enojada se decía: cómo me pudo engañar, esa vieja. Acaso ahora yo no la puedo pillar y comérmela. Así, decidida, partió a buscarla a su casa, pero la gran ave corredora no estaba allí. Todas las puertas estaban con candado y no se la veía por los alrededores: había desaparecido. No obstante, halló sus grandes huellas marcadas en el arenal, y decidida como estaba, siguió la dirección de ellas. Llegó al final de la pampa, subió y bajó una loma, avanzó por otra planicie que terminaba en un barranco, siguiendo siempre los rastros del ave corredora.

Efectivamente, al llegar cerca del barranco encontró a la vieja ñandú que estaba tendida con sus alas desplegadas y lacias sobre el suelo. La zorra,

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. recelosa, se acercó al cuerpo para revisarlo. Allí vio que de los ojos y de la boca salían gusanos. Entonces convencida exclamó: _ Aaaaaah…. la maldita vieja se murió. Resignada y guardando su rabia había empezado a devolverse, mirando una y otra vez al cuerpo del ave. Y ya se estaba alejándose cuando recordó que para corroborar la muerte efectiva, también debía revisar el trasero. “Aaaaah….no revisé la cola de la vieja”, se dijo y regresó. Se acercó al cuerpo del ave, tomó la cola y la levantó para ver si de su trasero también salían gusanos. En eso estaba cuando repentinamente, la vieja suri reacciona dándole una feroz patada, tan fuerte que arrojó a la pobre zorra por el borde del barranco. Así murió la zorra; así perdió una vez más, dicen los abuelos.

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La apuesta del zorro y el cóndor10
Un día en alguna parte del altiplano, cerca de las cumbres nevadas se encontraron el zorro y el cóndor. El primero no se conformaba que el segundo fuera más que él. Había visto que el rey de las alturas, a quien también llamaban mallku11, volaba muy alto hasta perderse sobre las nubes, se posaba en las

cumbres más elevadas, incluso en aquellas cubiertas por la nieve sin congelarse y sin inmutarse por el frío. Eso no lo podía aceptar. Por eso en esa ocasión aprovechó de medir fuerzas con él. Así, muy sobrado y suelto le dijo al ave: _Yo soy más fuerte que tú. Unos dicen que el camaqui12, afanoso, a continuación, le ofreció una apuesta a su contendor; otros dicen que más bien fue el cóndor, todo sereno y seguro de sí mismo, el que le contestó con hacer la apuesta para que pruebe lo que decía. El hecho es que apostaron. La apuesta consistió en subir una de las cumbres nevadas y quedarse sentado toda una noche allí para ver quién soportaba el frío bajo cero grado de esos lugares. Incluso, dicen los abuelos, que el zorro muy campante le dijo al cóndor: _Ahí veremos quien de los dos muere: Si tú mueres yo te como; si yo muero, tú me comes. _Está bien, hermano zorro, no hay problemas_, respondió el cóndor, acostumbrado al frío de las cumbres más altas, pues allí vivía gran parte de su vida. Así dicen que el sonso del zorro apostó, sin pensar que él estaba acostumbrado a vivir en la pampa, en las cuevas de los roqueríos que se hallan en las lomas bajas donde el frío no es tan intenso.
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Sobre la versiones de Irma Huaylla Paco, estancia Taqata, Caquena; de Matiaza Poma Chavez , estancia Cacani, ambas de Caquena y Alejandro Colque Quispe, Chapiquiña – Pachama ) Mallku: denominación de los principales cerros de género masculino, considerados como entes tutelares y protectores de los pueblos o comunidades aymaras; con ese sentido también se le llama así al cóndor. 12 Camaqui: del aymara, qamaki, sinónimo de lari , zorro.
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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

En efecto, una tarde se juntaron, subieron a la cumbre de un cerro y allí se sentaron a pasar la noche. Unos dicen que el zorro lo hizo más abajo que el cóndor, que éste se había posado en lo alto de una peña sobresaliente; otros, que se sentaron frente a frente. Y como aquella noche era de las más oscuras en el altiplano, pues no había luna, no se podían ver. Entonces, mientras el frío arreciaba con intensidad y los contendores se acurrucaban lo más que podían uno en su pelaje fino y el otro en sus grandes plumas, se llamaban continuamente cada cierto tiempo. Antes y durante la medianoche, en las primeras horas del otro día hasta el alba o era el cóndor que le llamaba diciendo: _¡Zorro!, unas veces y otras: ¡Juan o Juanito!_ (que así también le llaman al zorro) y el zorro contestaba: _¡Cóndor, mallku!_ O viceversa. Así pasaron las largas horas de esa helada noche andina.

Al amanecer del otro día la voz del zorro estaba muy débil. Finalmente, en un momento dado, no respondió más a los llamados del cóndor. Éste miró al lugar de su apostador y allí estaba el pobre cuadrúpedo: encogido y congelado en el suelo. Entonces se acercó a él, comprobó que estaba bien muerto y luego, tranquilamente, pedazo a pedazo se lo comió. Así se hizo congelar, así una vez más perdió el zorro tonto, dicen.

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De cómo el lari13 murio por provocar al jampato14
En las tierras altiplánicas del gran mallku Guallatiri15 cuentan los abuelos que sus abuelos le transmitieron dos historias de cómo murió el lari por meterse con el jampato16.

El lari que creyó ganar la carrera
Andaba el lari, por las laderas de un cerro como siempre hurgando debajo de las piedras, de las tolas y pajas, de aquí para allá, de allá para acá, esta vez buscando agua. Había caminado tanto que, cansado y con mucha sed, se sentó en lo alto de una roca para avizorar mejor algún riachuelo o vertiente. Así, al final de la ladera, en la quebrada, corría un río. Contento bajó raudo hacia él para saciar su sed

Y mientras el zorro bebía agua desde la orilla del riachuelo se encontró frente a frente con el jampato. Entonces, le preguntó: _ ¿Sapo, que haces ahí? _ Aquí vivo yo_, le respondió el sapo desganadamente. _ ¡Aah!_, murmuró, el otro. Y mientras se secaba los bigotes con la lengua, se le ocurrió provocar al anfibio: _Oye, jampato, tú no sabes correr ¿no?. Nunca has salido del agua, no como yo que he corrido cerros y pampas_, le manifestó burlonamente. _ Aah…, sí puede ser, pero tú sólo sabes brincar. Eres apenas un zorrito, _le respondió, con un tono de indiferencia, el sapo. _ Bueno, entonces apostemos, ¿Qué te parece?. Yo corro por la orilla del río y tú por el agua hasta aquella loma. Ahí vamos a ver quién gana, _le dijo picado el lari. _ Yo te voy a ganar. Está visto que será así _ dijo el sapo, todo seguro y chapoteando relajadamente en el agua.

Lari: del aymara, zorro Jampato: del aymara jamp’atu, sapo 15 Guallatiri: del aymara wallata = ganso + el sufijo _ri = poseedor. Nombre del único volcán activo en la frontera con Bolivia, también denomina a un pueblo en sus cercanías en territorio chileno. 16 Sobre las versiones entregadas por de José Lino Castro de Surire; de Florentina Mamani Mamani, de la estancia Vilubio y de Wenceslao Lázaro de Guallatire.
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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.
_ Entonces mañana temprano corremos. Ahí te quiero ver _, dijo el otro más picado retirándose hacia su guarida.

A la mañana siguiente, llegó el lari puntualmente. Allí ya estaba su contendor esperándole. Sin intercambiar muchas palabras dirigió la partida pidiendo al otro que se colocara en línea horizontal con él. Acabado eso, iniciaron la carrera.

Durante el evento no podían verse: uno tenía que mirar atentamente hacia adelante porque debía sortear rocas, piedras, pajas, tolas y otras yerbas que a menudo crecen en las riberas, mientras corría; el otro se desplazaba en gran parte sumergido en el agua. Por eso el lari desconfiado y burlón como era, quiso comprobar cómo le iba ganando al otro. Así a cada tantos metros preguntaba: _ Sapo, ¿dónde estás? _ ¡Aquí!_, contestaba el anfibio, más adelante que él. Así, una y otra vez volvía el zorro a preguntar lo mismo. _Sapo ¿Dónde estas? Y recibía la misma respuesta desde unos cuantos metros más adelante, que él: _ ¡Aquí!

Eso, por supuesto, desesperó al lari que después de cada respuesta se esforzaba por correr más rápido, pero en vano, ya que comprobaba más adelante que el sapo le estaba ganando. Así llegó hasta la loma acordada y, después de escuchar que el sapo había llegado primero al final, jadeando como nunca, con la lengua colgando más grande que otras veces, cayó y murió de fatiga ahí mismo.

El lari, no se había dado cuenta y no tuvo cómo saber que durante la tarde y noche anterior, el jampato había convocado a sus hermanos que vivían en ese lado del río. Allí todos habían acordado cooperarle ante el desafío del zorro: que correrían, en postas, uno a uno, hasta el final. Y como son tan parecidos el zorro creyó que estaba compitiendo con uno. Eso cuentan los abuelos.

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El lari que quiso tener la piel como el jampato
En otra ocasión andaba el lari oliendo todo lo que hallaba en la orilla de un

riachuelo, por ver si encontraba algo de comer. Allí, otra vez se encontró con el jampato que nadaba todo tranquilo y sereno en medio del agua. Desde la orilla, moviendo su nariz respingada, como para olerle mejor, el zorro le observó detenidamente, pues le llamó la atención su piel lisa y brillante. Después de observarlo, trató de acercarse más al anfibio, incluso metiendo las patas al agua. Desde allí le habló. _ ¡Buenos días, hermano sapo! _¡Buenos días, lari!_, le respondió todo calmo el sapo, asomando apenas sus ojos sobre la superficie del agua _ Hermoso y suave sapo, ¿Qué haces en el agua tan tranquilo? ¿Cómo haces para mantenerte de esa forma con tu piel suave y brillante?_ le preguntó entonces el zorro.

Al jampato, esas palabras afectuosas del lari le parecieron extrañas. Sabía ya que el zorro era un tanto socarrón, pero mañoso. Por eso después de pensarlo, mientras empujaba el agua con sus patas traseras para irse a la otra orilla, le recomendó: _Sácate todo el cuero, desnúdate completo, luego entra y sumérgete en el agua por un momento, entonces quedarás lindo como yo. _¡Bien!_, dijo el lari. Luego, apenas terminó de escuchar la instrucción, tan ansioso como estaba, raudamente se sacó toda su piel y completamente calato17 entró al agua. Estaba seguro de que tendría la piel como el anfibio, que ya se perdía en la otra ribera.

Una vez en el agua, el zorro la sintió tan fría que quiso abandonarla al momento y abrigarse con su fina y gruesa piel. No obstante, se esforzó en soportar por algún rato la bajísima temperatura, pero el agua gélida del río altiplánico poco a poco lo fue entumeciendo hasta quedar completamente congelado. Al otro día, al amanecer, en medio del agua congelada del río, estaba el zorro mostrando sus blancos dientes, desnudo y completamente congelado. Así murió el lari, dicen, por tratar de ser más lindo.

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Calato: del aymara q’alanchu o q’alala, desnudo

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

La golpiza que marcó al jampato18
Antiguamente, el pichuncho19 y el jampato eran personas y vecinos de un mismo pueblo. Un día el pichuncho recibió el cargo de alférez20 de la festividad principal del lugar. Así, cuando llegó la fecha de la celebración debió recurrir a la ayuda y servicio de otras personas, pues debía atender a mucha gente. Por eso contrató al sapo como despensero y niñero, pues debía cuidar a su retoño mientras duraba la fiesta.

En la primera noche de la celebración, en las vísperas, después de la misa y procesión del santo patrono, todos estaban en pleno jolgorio, bailando de lo mejor. Entre ellos se distinguía el pichuncho, quien como alférez pasante, vestía un elegante y novísimo poncho de vicuña. Él estaba muy entretenido danzando cada pieza y atendiendo los saludos afectuosos de sus paisanos y visitantes. En eso estaba, cuando repentinamente entró el sapo al local irrumpiendo en el evento público gritando, una y otra vez: _¡Pichitanka, pichitanka, tu guagua está llorando y no quiere callarse!.

18 19

Sobre la versión de Marina Poma Mamani, Estancia Viluvio, Guallatire.

Pinchuncho: del aymara pichunchu, nombre del pájaro conocido también como chincol en castellano. 20 Alférez: cargo tradicional que asume una pareja para hacerse cargo de la celebración de ciertas festividades, como las patronales y otras, en un pueblo o comunidad. De acuerdo a ello debe hacerse responsable de atender sobre todo en alimentación a los asistentes y en la ejecución de actos tradicionales del evento.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.
El pichuncho tratando de atender de la mejor manera a los últimos concurrentes y ante la insistencia del sapo, que no cesaba en llamarle, salió furioso del local. Llegó a la casa detrás del sapo y sin decir palabras, furibundo le dio una retahíla de fuertes picotazos y patadas. Estaba muy molesto con él porque, además de interrumpirle, le había llamado pichitanka. A él eso lo avergonzaba.

Después de ese evento el sapo nunca se recuperó de la golpiza que le dio el chincol. Por esa razón, hasta ahora él no puede caminar dando pasos regulares como los demás, sino que lo hace a saltos: Eso cuentan.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. El compadre del gallo21
Un día el zorro rondaba por el pueblo donde vivía el gallo y su esposa. Había visto que aquél tenía varios hijos. Después de andar por aquí y por allá pensando en cómo acercarse al emplumado cantor, discurrió en una idea. Por eso en esa mañana esperó que el gallo saliera de su casa y simulando que se cruzaba de casualidad con él, le habló: _Buenos días, amigo gallo_ le dijo, en tono zalamero. _Buenos días_ contestó el gallo, un tanto sorprendido, ya que no conocía bien al zorro. _Tienes muchos hijos, podríamos ser compadres_. Se adelantó a plantearle el zorro. _Podría ser…_ contestó el otro, un tanto dudoso y mirándole con más atención. Ante la desconfianza de su interlocutor, el astuto zorro, que había previsto aquello, le argumentó: _ Tus hijos podrían ir a la escuela. _ Pero aquí no hay escuela_ le respondió el gallo _ Por eso mismo, yo podría llevármelos a mi pueblo que tiene escuela. Allí podrían estudiar_ insistió el lari Finalmente, el ladino zorro convenció al gallo y decidieron hacerse compadres. Así un día realizaron el bautizo del hijo mayor, quedando el lari como su padrino oficial. Éste después de aquello se llevó al ahijado a su pueblo convenciendo al padre que le mandaría a la escuela.

Después de un tiempo, el zorro regresó a la casa del gallo. Éste quiso saber de su hijo mayor: _ ¿Cómo está mi hijo?_ le preguntó. _Bien, muy bien. Le mandó muchos saludos_ respondió el zorro y agregó todo serio:. _Ahora podría llevarme dos más _ _Bueno, compadre, que vayan. Si Ud. quiere, no hay problema. Llévelos no más _

respondió el gallo, viendo que ello sería bueno para sus hijos. _ Si siguen aquí no podrán nunca estudiar.

Entonces nuevamente el compadre de nariz respingada se llevó a otros dos hijos del gallo. Éste quedaba contento, pues estaba convencido de que no había otra persona tan
21

Sobre la versión de doña Elsa Gutiérrez Loredo, pueblo de Socoroma.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.
bondadosa y generosa como él; aunque era el padrino de su hijo mayor, se preocupaba de los otros también.

Pasado un tiempo el zorro volvió a visitar a su compadre, mostrándose siempre atento y generoso con él. _ ¿Cómo están mis hijos?_, inquirió el padre, contento de verlo y ansioso de saber de su prole. _ Muy bien, muy bien. Todos están asistiendo a la escuela_. Respondió el lari, agregando inmediatamente: _ Tu hijo menor y la comadre podrían irse para allá también_ _ ¿Y por qué mi señora?_ pregunta el gallo, perplejo _ Lo que pasa, compadre, es que tus hijos son tres y más los míos son muchas personas que atender en la casa y dan bastante trabajo. La comadre podría estar allá y atenderlos. Ella puede llevarse al menor y así estar con todos tus hijos. Por eso he venido_ afirmó. El emplumado cantor después de meditarlo brevemente, considerando siempre que ello sería beneficioso para sus hijos, aceptó. Así el zorro se llevó también a la comadre y al último hijo del gallo.

Después de varios meses volvió el raposo a donde el gallo. Éste de inmediato, como siempre, preguntó por su familia: _¿Cómo están, mi señora y mis hijos? _ Bien, bien Todos están muy bien. Respondió solícito el lari y añadió _ La comadre te manda a decir, si tú puedes ir también, compadre. El gallo, aunque con muchos deseos de ver a su familia se negó ir inmediatamente, pero convino en acompañarle otro día _ ¡Bueno compadre, entonces te vengo a buscar otro día. Lo vamos a pasar muy bien. Allá podemos hacer una fiesta con los niños y con los profesores de la escuela_. Le animó, finalmente, el zorro, sobándose de contento las manos

Y así sucedió, pasado un tiempo, el zorro cumpliendo su palabra vino por cuarta vez a donde el gallo. _ Compadre, he venido a buscarte, ¿Estás listo? _ Si, te estaba esperando.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.
De esa manera partieron, como buenos compadres, dejando atrás el pueblo del gallo.

Ya en el camino, después de haber avanzado por un gran desfiladero el zorro repentinamente agarró del cuello a su compadre. Entonces, éste le pregunta entre asustado y sorprendido: _ ¿Qué le pasa compadre? _Nada, nada… sólo trataba de sujetarte, me pareció que te ibas a caer. El camino no es muy bueno, hay que pasar de a uno_ le explicó el zorro, disculpándose.

Sin embargo, esa explicación no convenció al gallo, que de ahí en adelante caminó a cierta distancia y vigilante de las actitudes del zorro. Así mientras avanzaban por el desfiladero se dio cuenta que su compadre raposo, cada vez que él desviaba la mirada a otra parte fruncía el ceño, abría la boca y extendía las manos tratando de agarrarlo por atrás. Así avanzaron por el camino serpenteante y estrecho sobre el barranco, hasta que el gallo quiso salir de sus dudas. De un salto empujó al zorro hacía el fondo del

precipicio, luego, mientras el otro trataba de componerse de la caída, empezó a apedrearlo a la par que le preguntaba, con serias sospechas: _ ¿Dónde están mi señora y mis hijos?. _ Me los he comido_, le confirmo débilmente el compadre. _ Claro, maldito, a mi también querías comerme, ¿no? _ Exclamó el gallo arrojándole con más fuerzas las piedras. Ahí murió el zorro que quiso pasarse de listo con el gallo, dicen.

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CUENTOS DE PERSONAS Y ANIMALES

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El cóndor enamorado de Pancara22*
Antiguamente, cuentan los abuelos, que el cóndor era un joven enamoradizo. Andaba siempre elegantemente vestido con su
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muy

poncho negro,

bufanda blanca y su llucho

de color rojizo, rondando sobre el cielo de los

caseríos y estancias. Cierto día mientras volaba solitario sobre el altiplano, entre Caquena y Guallatiri, a grandes alturas y enormes distancias, esperando oler la carne de alguna vicuña, alpaca o llama muerta, vio desde el cielo, a Pancara una hermosa chiquilla. Ella estaba sola, pastoreando su ganado, como todos los días, lejos de su estancia. El Cóndor rondó varias veces en lo alto y sorpresivamente, mientras la chiquilla miraba el ganado apoyada sobre un muro de piedras, se le presentó, como un joven galante y hermoso. Se acercó a ella con palabras halagüeñas. Después de varias visitas, incluso le propuso ser pareja.

Finalmente, el cóndor convenció a Pancara de irse a vivir juntos. Entonces la tomó y la cargó a sus espaldas. Dicen que la llevó al fondo de una quebrada hasta lo alto de un barranco. Nadie los vio y nadie supo de ello.

Sólo al llegar a la casa del cóndor Pancara se dio cuenta que se había equivocado, pues allí era un peladero de rocas lejos de su familia. Arrepentida lloró de pena los primeros días y aunque gritó pidiendo auxilio, todo fue en vano, pues a ese lugar nadie podía llegar ni verla. Allí, además padecía de hambre, pues cuando le pidió al cóndor algo de comer éste, solícito en atenderla, bajaba del barranco, recogía un trozo carne desde algún lugar y todo crudo como estaba, le pasaba a la chiquilla. _Nooo, yo no como así. Yo la como cocida_, le decía al cóndor.

Sobre las versiones de Ludovina Paco Poma, Estancia22 Chañupalca, de Irma Huaylla Paco, de la Estancia T’aqat’a, de Matiaza Poma Chávez de la Estancia Qaqani, todas del pueblo de Caquena; de Matilde Morales de Chucuyo; de Celia Cariz Apaz, estancia Ancuta, Guallatiri; de Wenceslao Lázaro, Guallatire; y de Francisca Morales Mamani de Parinacota * Pancara: del aymara, panqara, flor. 23 Llucho: del aymara, lluchu, gorro de lana tejida de los hombres aymaras.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

En una de esas, el joven mallku tratando de satisfacer a su amada había retomado el vuelo con un trozo de carne. Rondó cerca de una estancia hasta hallar una fogata que aún estaba humeando entre los tolares24. Descendió presuroso hasta ella, golpeó la carne un par de veces en las pocas brasas y luego volvió a llevársela a la chiquilla.. _No, no yo no puedo comer así. Está cruda y con ceniza. Yo como carne cocida_, le insistió Pancara. Así el mallku volvía una y otra vez a buscar la manera cómo cocer la carne.

Mientras tanto la mamá de Pancara, llorando tristemente su pérdida, no había cesado de buscarla y de preguntar a todos los que pasaban cerca de la estancia. _ ¿Dónde podría estar mi hija? ¿Quién la ha visto?. Por favor, que me lo diga alguien_.
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Tolares: lugar de muchas tolas, arbustos pequeños típico del altiplano, que generalmente se hallan en los bajíos, y se caracterizan por ser relativamente más abrigado en el espacio frío del altiplano.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. Así pasó varios días sin que nadie pudiera darle alguna información. Una mañana atinó a pasar por allí el Luli25, que era un pájaro un poco más grande de lo que es actualmente. Éste cuando estaba sorbiendo el néctar de las flores de una queñua26, escuchó los gemidos de la madre, por eso acercándose a ella le dijo: _ Yo sé sobre tu hija_. _ ¡Dime por favor!_, le pidió la madre _ El mallku la tiene escondida en la cima de un barranco_, respondió el Luli. _Entonces, si sabes, baja a mi guagua, por favor. Yo te voy a compensar con esta chuspa27_, le rogó la mujer.

25 26

Luli: en aymara, picaflor Queñua: Del aymara qiñwa, nombre de una especie arbórea, la única que crece en el altiplano. 27 Chuspa: del aymara ch’uspa, pequeño bolso de lana tejida, que usan los hombres aymaras para guardar la coca e intercambiarla en ritos y ceremonias ocasionales.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. El picaflor aceptó, por eso subió hasta el barranco donde estaba Pancara y aprovechando que el cóndor aún no regresaba, la bajó. Así la llevó hasta su casa, dicen. Allí la niña contó a su madre de cómo había sido engañado por un joven apuesto y bien vestido, que la cargó hasta lo alto de un barranco y de cómo había pasado hambre. _ Por eso no hay que prestar atención ni conversar con los desconocidos, pues pueden no ser gentes_, le amonestó finalmente, la madre.

Mientras tanto el

cóndor había regresado al barranco muy cansado y

frustrado por no haber resuelto cómo cocer la carne. Allí se encontró con la sorpresa que la chiquilla había desaparecido. La llamó: _¡Jiwaki Panqara, Panqara, jiwaki Panqara28…!. En vano la llamó y buscó, una y otra vez, en los alrededores de su casa.

Entonces, desesperado, furioso, el cóndor convocó a una reunión urgente a todos los pájaros y, amenazante, le preguntó a cada uno quién había bajado a su chiquilla. Tan grande y fuerte como era y es, todos le temían, por eso nadie quería hablar. _ ¿Quién me la bajó?_, insistió iracundo mirando a los ojos a cada asistente _Yo vi a Lorenzo,_ que así también llamaban al Luli, _él la bajó_, le dijo al fin, un tanto temerosa, la paqa29, tratando de ganarse el favor del mallku.

El cóndor sabiendo aquello y que el picaflor siendo más pequeño que él había osado actuar en su contra, más se irritó. Furibundo gritó a todos: _¿A dónde se habrá ido? ¿Dónde estará ése? ¿Por qué me la bajó? ¡Me lo voy a comer!…_dicen que dijo. Luego desplegó estruendosamente sus grandes alas y raudo voló hasta la casa de Lorenzo.

28 29

Expresión en aymara: ¡Hermosa Pancara, Pancara, hermosa Pancara! Paca: del aymara, paqa, águila.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. El luli tan pronto se enteró que había sido delatado por el águila, se escondió en la casa de una rata, un hoyo profundo, que había cerca de la suya. Sabía que el cóndor, mucho más grande que él no sólo podría golpearle, sino también despedazarle y comerle. El mallku, primero lo buscó en su casa y al no encontrarlo, colérico, la destruyó con sus garras. Luego, al darse cuenta que estaba en el túnel de la rata, simulando calma le dijo: _ Sale de ahí, Lorenzo, quiero hablar una cosa contigo. Sale, sale. Hablemos_, le repetía.

Lorenzo sabía que el Cóndor fingía, que su intención era comérselo. Por eso él también pensó en simular que saldría. Así mientras el cóndor, desde afuera le decía: _Lorenzo, hermano, sale. Hablemos, sale rápido. Él empezó a responder: _ No, me estoy colocando el pantalón. _Sale rápido_, repetía el cóndor. _No, me estoy poniendo los zapatos_, respondía el Luli. _¡Saleee!_ _No, me estoy colocando la camisa. Así, espérame me estoy poniendo los pantalones, espérame me estoy poniendo los zapatos, la camisa, repetía Lorenzo a cada insistencia.

Entonces el cóndor cansado de la burla, grita con todos sus pulmones: _¡Sale, carajo!. Sin moverse desde el fondo del túnel Lorenzo, por el contrario, le respondió desafiante e insistente: _Entra a buscarme; entra, a ver si puedes, grandulón. Entonces el cóndor enfurecido hasta el extremo, exclama: _ ¡Te voy a sacar, Te voy a sacar_. Y metió la cabeza de una sola arremetida a pesar de lo estrecho del hueco. Allí después de varios intentos, agarró a Lorenzo y de un bocado se lo comió entero, dicen.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. Después de comerse al picaflor, el cóndor no pudo sacar la cabeza inmediatamente, pues la tenía atorada en el agujero. Tras varios intentos y forcejeos finalmente la sacó, pero la fricción le sacó las plumas del cuello, por eso ahora lo tiene pelado, incluso más delgado que antes, dicen.

Y el luli no desapareció. Dicen que después salió vivo y enterito por el trasero del cóndor. Por eso hoy es el más pequeño. No obstante, lleva colgada la chuspa verde que le regaló la mamá de Pancara en el cuello, Así cuentan los abuelos.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

El cholo buen mozo y sus amigos elegantes30
En algún pueblo del altiplano era el tiempo de carnaval: tiempo de jugar con challa31, tiempo de la alegría, Todos participaban, pero los más entusiastas eran los jóvenes que se reunían en la casa del preste32 una vez entrado el sol cada noche para bailar y enamorar hasta el amanecer. Allí se reunían con otros mozuelos que venían de las estancias y pueblos vecinos. Entre esos jóvenes afuerinos llegó un grupo muy alegre y elegantemente vestido, muy atento y cordial con las señoritas, ganándose la atención y favor de ellas. Entre ellos destacaba un cholo muy hermoso, de nariz respingada, de ojos vivaces, con bufanda color vicuña, que siempre traía una guitarra. Dicen que las chiquillas se peleaban por bailar con él, incluso muchas se enamoraron.

Como el carnaval duraba una semana, de domingo a domingo, de a poco las chiquillas y esos jóvenes entraron en confianza. Así se juntaban todas las noches, se divertían y bailaban hasta el alba. Y, aunque la fiesta continuaba, ese grupo de jóvenes siempre se retiraba después del primer canto del gallo, esto es, antes de que aclarara. Apurados tomaban sus ponchos y salían despidiéndose hasta la próxima noche. Por mucho que las señoritas les rogaban que se quedaran, incluso haciéndolos bailar a la fuerza un poco más, siempre se iban raudos y ellas quedaban decepcionadas.

Hasta que llegó la última noche del carnaval, la noche que nadie desea que acabe para que la anata33, el carnaval, con su libertad, con su alegría, con su juego, con sus enamorados continúe y dure lo más que pueda. Por eso esa noche
Sobre las versiones de Irma Huaylla Paco, estancia T’aqata y de Bonifacio Yucra , estancia de ambos Caquena; de Matilde Morales Huanca, Chucuyo; Francisca Morales Mamani de Parinacota y de Celia Mamani, estancia de Ancuta, Guallatire 31 Challa: del aymara, ch’alla, papel picado de colores, con la que se juega durante la época de carnavales en algunas localidades mezclado con harina. 32 Preste: cabecilla o alférez, persona encargada de realizar la celebración y de atender a los asistentes 33 Anata: en aymara, tiempo de la alegría, de las primeras cosechas que corresponde generalmente al mes de febrero. También se le llama así al espíritu que anima los días de esa celebración. Es lo que en español se denomina carnaval.
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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. todos bailaban y se alegraban como si hubiese sido el último día de su vida. Así como los demás, esos jóvenes y las chiquillas no perdían ocasión de divertirse y bailar todas las piezas. Tan entregados y apasionados estaban que no se dieron cuenta de las horas que pasaron hasta cuando escucharon el primer canto del gallo. Empezaron a preocuparse, pero el deseo de que el carnaval continuara fue más fuerte y siguieron con la jarana. Después escucharon el segundo y el tercer canto del gallo. Algunos preocupados dejaron de bailar y pensaron en terminar la fiesta. Pero desde la multitud enfiestada, uno de ellos de ojos grandes y redondos, que estaba cerca de los músicos, exclamó: “Tiempo de día, no te hagas día; tiempo de amanecer no amanezcas.¡Bailemos huayno34, bailemos huayno, bailemos!.” Y siguieron bailando un rato más, con frenesí. A uno de los músicos se le rompió la bandola con el entusiasmo y todos rieron. Y otro de los jóvenes elegantes, todo de negro y bufanda blanca, que bailaba en un rincón cantaba: “No te hagas de día, no he bailado ni siquiera un huayno con la hija del patrón. ¡Bailemos huayno, Bailemos huayno, bailemos!”. Así esos jóvenes elegantes, ya medio bebidos y ante la noche tan alegre se olvidaron de que debían irse antes de que aclarase.

Rato después el alba fría del altiplano llegaba con el sol. Por eso repentinamente el joven de la nariz respingada sobresaltado gritó ¡Vámonos¡ y fue el primero que intentó salir corriendo de la casa. Sin embargo, las chiquillas habían previsto que él y sus amigos se iban a retirar, por eso se adelantaron al joven y se pararon todas en la puerta. Allí sujetaron al cholo buen mozo tratando de impedirle que saliese, pues querían que siguiera en la fiesta. Sin embargo, sorpresivamente el joven mordió a las chiquillas que le sujetaban. Ellas de un grito lo soltaron y todas sorprendidas se retiraron de la puerta. Entonces esos elegantes jóvenes salieron veloces hacia las lomas cercanas.

Ya en pleno día, las muchachas y otras personas impresionadas por lo que había sucedido decidieron seguirles para saber quienes eran esos jóvenes que se
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Huayno: del aymara wayñu, danza popular, precolombina vigente en el mundo panandino

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. comportaban de esa manera. Lo hicieron siguiendo sus rastros en la arena Así después de cierto trecho vieron que los pasos frescos se perdían detrás de una tola35 grande. Se acercaron hasta allí y hallaron, primero a un zorro caminando tranquilamente que al verles huyó fugaz por la pampa y más allá vieron a un cóndor y un alcamari36 que, también alarmados por su presencia, inmediatamente alzaron el vuelo. Detrás de la tola, las huellas se convertían en las de un zorro y en la de las aves de rapiña que habían visto. Allí, además, hallaron un tacataca37, una paleta de llama, bastante pulida por el uso. Las chiquillas y demás gente, muy sorprendidos por lo sucedido, regresaron comentando el hecho a la casa. Allí en un rincón donde estaban los músicos encontraron a un búho medio adormilado en lo alto de un tijeral del techo.

Dicen que el cóndor, el alcamari, el búho y el zorro solían presentarse como jóvenes elegantes y simpáticos a las chiquillas en las fiestas. Y que el zorro llevaba una taqataqa como guitarra. Por eso que las madres recomendaban a sus hijas tener mucho cuidado con las gentes extrañas en las fiestas. Así dicen.

Tola: del aymara tula, arbusto siempre verde, de varias especies, uno de los pocos que crece en el altiplano y en la precordillera andina. 36 Alcamari: del aymara, allqamari, buitre andino 37 Tacataca: del aymara, taqataqa, uno de los huesos de las extremidades delanteras de la llama, comúnmente conocido como omóplato o “paleta”.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

El peor marido: el más hermoso y distinguido38
Había una vez tres jóvenes hermanas viviendo en un pueblo del altiplano. Esas chiquillas cada vez que asistían a una fiesta siempre se encontraban con tres mozuelos. Dos de ellos eran hermosos y el tercero no lo era. El que era considerado más hermoso y elegante de todos siempre se presentaba vestido de terno con pantalones blancos y chaqueta negra; el otro mozo codiciado, era de nariz respingada, ojos vivaces, siempre alegre y con una bufanda de vicuña al cuello. El tercero era considerado feo y poco agraciado, pues era corpulento y ñato, esto es, de nariz chata y aplastada, aunque vestido con pantalones y chaleco de fina jerga39.

Las hermanas con el tiempo se fueron enamorando de los jóvenes, especialmente de los dos que eran hermosos. De hecho la mayor, eligió al muchacho de terno; la del medio al de la nariz respingada; la menor tuvo que resignarse, no muy contenta, con el mozo corpulento y ñato. Así, pasado un tiempo se casaron y se fueron a vivir cada una en su casa.

Un día, después de un tiempo de convivencia con sus maridos, las hermanas se juntaron y se pusieron a conversar sobre sus vidas de casadas, aprovechando la ausencia de sus parejas. La menor comentaba que con su marido estaban viviendo bien; que ella estaba conforme, ya que proveía con buena carne a la casa. Sus hermanas le replicaron un tanto envidiosas: _Pero si él es feo. Sí, _ afirmó la mujer_ será feo, pero es atento y trae buena provisión a la casa.

Luego habló la hermana del medio. Ella no estaba satisfecha, sino desilusionada. Había elegido a su marido por ser lindo, por su nariz y sus ojos,
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Sobre las versiones de Irma Paco Huaylla de la estancia T’aqata, de Ludovina Paco Poma del estancia Chañopalca y de Bonifacio Yucra de la estancia Caicuni, todas del pueblo de Caquena; de Celia Cruz de la estancia Ancuta, Guallatire 39 Jerga: tipo de textil, que se usaba para la confección de pantalones y chaquetas

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

pero no era un buen proveedor de la casa, ya que sólo traía carne de crías nada más y eso a ella ya le tenía aburrida.

Siguió después la mayor, también quejándose de su mala suerte. Ella que había elegido al más bonito de todos, al más distinguido, había resultado una decepción completa: no traía nada a la casa, pasaba vagando la mayor parte del tiempo, era flojo, no colaboraba en ningún trabajo. Contaba que a veces ella le pedía que fuera a pastorear, y aunque salía con el ganado, este aparecía abandonado y disperso en los cerros, sin ningún cuidante. Decía que siempre desaparecía por muchas horas y regresaba a la casa sin nada, sólo de vez en cuando traía desdichada. unas tripas hediondas y revueltas en ceniza. Por todo eso era

Después de ese encuentro ellas volvieron a sus casas y siguieron con sus vidas. Un día, la mayor estaba tejiendo en su casa cuando regresó el marido y

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. quiso besarla. Ella molesta, no sólo porque no había traído ninguna provisión, sino también porque tenía mal aliento. Le dijo: _Nooo, tu boca está hedionda, anda a lavarte, flojonazo. Sale el joven y después de mucho rato regresa e intenta acercarse otra vez a su esposa. _¡Nooo…!, Está igual de hedionda. Anda de nuevo y lávate, te digo_ le insistía la mujer.

El esposo fue a lavarse varias veces, pero no se le quitaba la fetidez de su boca, pues cada vez que volvía donde ella, ésta le rechazaba más furiosa. Hasta que, según unos, en un último intento de besar a su mujer, ésta le pegó con un palo en la cabeza y al momento se convirtió en alcamari. Según otros, la mujer, por último salió detrás de él sigilosamente hasta un río cercano para ver que hacía, si se lavaba o no la boca. Al acercarse para verlo mejor, dio un grito de espanto: vio que su marido no había sido persona, pues allí halló sólo a un alcamari que agachaba la cabeza, repetidas veces, agitando el pico en el agua y levantándola después, como lo hacen las gallinas cuando beben.

La menor, también intrigaba porque su marido salía todos los días rápidamente, incluso sin despedirse antes de que el sol asome y porque

regresaba vez siempre en las primeras horas de la noche, un día no lo dejó salir. Le inquietaba que no apareciera en todo el día, para llegar en las noches sólo con carne de crías. Por eso en esa ocasión, el marido no pudo salir, pues la mujer le había echado candado a la puerta por dentro. Por más vueltas y ruegos no pudo salir. Hasta que los primeros rayos del sol asomaron por las rendijas de la casa. Entonces la mujer vio, con la claridad de la mañana, estupefacta, que el que estaba allí dando vueltas desesperado por salir de alguna manera, era un zorro no más.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. De la hermana menor no se sabe si siguieron juntos o se separaron tan sorprendentemente como las otras, pues los abuelos dicen que el joven, ñato, macizo y poco agraciado, era un puma. Así cuentan: de cómo estos animales solían presentarse como jóvenes encantadores a las chiquillas.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

CUENTOS DE OBJETOS ENCANTADOS

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

La mesa de la muerte40
Una pequeña mesa de madera, con su superficie hecha de varias tablas unidas y descoloridas, aparentemente común y corriente, se halla al interior de la iglesia de Parinacota, cerca del altar. Lo que llama la atención es que ella tiene una de sus patas, atada a una soga que en su otro extremo está sujeta a un palo clavado a una de las paredes interiores de uno de los atrios del templo. Ella parece una mesa de centro cualquiera, rústica y artesanal, con una apariencia pueblerina, toda inofensiva y hasta poco llamativa.

Sin embargo, dicen los abuelos, que esa mesa no solo solía andar por el pueblo y sus alrededores. También recorría grandes distancias. Además, ella no se dejaba ver, pues ante el intento de descubrirla se convertía en perro o en burro. Así le pasó a un viajero que llegó a Las Cuevas41 para pasar la noche. Allí dicen que se encontró con un burro. El asno al parecer era manso, pues no huyó al acercarse el hombre. Y como no había ninguna persona que reclamase o
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Sobre las versiones de Cipriano Morales Huanca, Benedicto Morales Choque, ancianos ya fallecidos, ambos de Parinacota; de Matilde Morales Huanta, Francisca Morales Mamani, ancianas residentes del pueblo de Chucuyo y Parinacota, respectivamente y Hugo Morales Pacaje, también de Parinacota 41 Las Cuevas: lugar de descanso en la antigua ruta tropera entre los pueblos Putre y Parinacota

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. estuviera con el animal, el viajero se alegró, pues pensó en ocuparlo al día siguiente para llevar su carga y así aliviarse el camino aún distante hacia Putre. Por eso para asegurarse de que el jumento no se aleje durante la noche, como no tenía ni cordeles ni soga, lo ató con su bufanda de una pata a una piedra.

Al otro día despertó y no encontró al burro. Lo buscó en los alrededores sin hallarlo. Resignado tomo su atado se lo cargó y se fue rumbo a Putre. Grande fue su sorpresa al llegar al pueblo, pues allí la gente comentaba que habían encontrado una extraña mesa pequeña con una bufanda atada a una de sus patas

Cuentan que ella durante el día permanecía en la iglesia como cualquier otro mueble. Y que era durante la noche cuando hacía sus andanzas sin que nadie supiera de aquello. Hasta que ciertos hechos misteriosos empezaron a ocurrir: ruidos de un ser desconocido que andaba durante las noches oscuras por las calles y cercanías de las casas, haciendo aullar lastimeramente a los perros; golpes en las puertas de ciertas casas; muertes continuas de personas y, lo más

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. extraordinario, es que esa mesa aparecía, en ciertos días, con restos de barro y paja en sus patas. Nadie podía explicar todo aquello.

Los habitantes, alarmados por las continuas muertes de personas estaban en alerta. Una noche un vecino, al escuchar ruidos, como de cascos pisando sobre la piedra en las calles del pueblo, subió a la torre de la iglesia. Desde allí, después de un momento de vigilia, vio que ese caminante misterioso era esa mesa pequeña. Y ella no solo andaba por las calles, también golpeaba la puerta de alguna casa y después aparecía cargando un cuerpo humano con las velas encendidas en sus esquinas. Así descubrieron que era la mesa de la muerte, pues siempre moría alguien en la casa frente a la que se detenía. Por eso una vez descubierta fue amarrada en el lugar donde hoy se halla.

Cuando muere un vecino de Parinacota, mientras se celebra su réquiem final en la iglesia, suelen colocar su féretro sobre esa mesa. Hoy ella permanece atada, si la liberan empieza a morirse la gente", después de un punto seguido.

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La campana desaparecida42
En una ocasión, cuando Putre43 aún era apenas un villorrio sin mucha importancia, venían desde Bolivia, bajando por el antiguo camino tropero que lleva a las yareteras44 del Taapaca45 y que hoy la gente llama Campanani.46, una caravana de viajeros. Ellos venían arreando a ocho yuntas, cuatro que arrastraban una carreta y cuatro para el relevo de las anteriores. La carreta traía cargada una inmensa campana. Era una campana muy grande de oro macizo, por lo tanto, muy pesada.

Venían por la ladera este del Nevado Taapaca, en donde la noche les sorprendió. Por eso decidieron descansar en un parte cercana a la quebrada de Umachuma, pues allí había agua dulce necesaria para reponer las energías. Así, los viajeros detuvieron la carreta, ataron y manearon a los toros para que no se alejen luego bajaron a la quebrada para lavarse y abastecerse de agua.

Después cuando las personas regresaron donde habían dejado a las yuntas y la carretas, no encontraron la campana. En el lugar donde la habían dejado sólo encontraron un inmenso y profundo hoyo. Dicen que el agujero era tan profundo que no podían ver su fondo. Uno de los viajeros se le ocurrió arrojar entonces una piedra. Dice que después de un rato el talán de la campana se dejó escuchar por breves instantes. Alguien exclamó allí que era el diablo el que se la había llevado. Todos se asustaron, así temerosos cogieron sus cosas, cargaron las mulas, ensillaron los caballos y rápidamente se vinieron al pueblo. Otros dicen que de ahí se devolvieron, pues eran solamente arrieros que estaban haciendo un servicio de transporte, perdida la campana, no tenían nada que hacer en el pueblo.

Sobre la versión de Carmen Soto Soto (fallecida), de Ängela Copa, de Irma Medina, y de Don Julián Huanta, todos de Putre 43 Putre: Nombre de la capital de la Provincia de Parinacota 44 Yareteras: lugar donde hay bastante yareta. El término yareta, del aymara yarita, alude a un tipo de vegetación muy compacta, que una vez seca es utilizada como excelente combustible. 45 Taapaca: nombre de origen aymara, del nevado a cuyo pie, lado oeste, se halla la ciudad de Putre 46 Campanani: palabra híbrida castellano-aymara. Está formada por la palabra campana del español y el sufijo –ni del aymara que significa: lugar de, poseedor de. Campanani, entonces, puede traducirse como lugar de campanas o que tiene campanas.

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Dicen que muchos arrieros y caminantes que han pasado por allí han visto el agujero, han arrojado piedras y han escuchado a la campana. Por eso ese lugar hasta hoy se llama y se recuerda como Campanani

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CUENTOS SOBRE LUGARES

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La laguna gritadora47
En plena cordillera de los Andes, al este del pueblo de Caquena, cerca de los grandes nevados Payachatas, específicamente al norte del Pomerape, se halla la laguna Casir48i. Es una pequeña laguna que se haya a unos cuantos metros del hito fronterizo chileno-boliviano del mismo nombre, al pie de dos pequeñas cumbres y que es alimentada por un riachuelo que baja desde la nieve de uno de ellos. Además, está conectada por otro riachuelo que lleva el agua a una laguna más grande llamada Chojñacota49 distante a unos dos kilómetros

aproximadamente hacia el oeste de ella, formando una leve quebrada. Está rodeada una flora escasa propia de las áreas de altura como la paja brava, tolas, pupusa, cura que se va raleando hacia las cumbres de las pequeñas lomas del entorno. En sus riveras hay presencia de bofedal50 y en sus aguas viven ajoyas51, pilpiles52 y patos. Por su rivera sur pasa un antiguo camino de pastores y arrieros que unía el pueblo de Caquena, Chile, y el pueblo de Sajama, Bolivia, al otro lado de la cordillera.

Esta laguna fue un lugar preferido de los antiguos espíritus de la tierra. Allí, generó temor, respeto y advocación. Hasta hoy su rememoración concita esos sentimientos a los lugareños. Algunos sucesos asociados a ella, que contaban los abuelos de los abuelos, tienen que ver con dos eventos extraordinarios: que la laguna grita, de ahí su nombre, en las llamadas “malas horas”, cuando está oscureciendo, los martes y los viernes; que por allí ocurren apariciones insólitas en determinados momentos y a ciertas personas.

Sobre las versiones de Don Silverio Blanco, Bonifacio Yucra, Ana Inquiltupa, oriundos del pueblo de Caquena, y sobre algunas informaciones locales entregadas por Francisca Morales Mamani, anciana oriunda de Caquena, que reside en Parinacota y de Hugo Morales Pacaje oriundo del pueblo de Parinacota, informante de trabajo en terreno. 48 Casiri: del aymara q’asiri, gritador/a 49 Chojñacota: del aymara chuxña = verde y quta = laguna; laguna verde 50 Bofedal: Humedal o vega. 51 Ajoya: nombre aymara, local, de una ave lacustre de color negro y pico amarillo. 52 Pilpiles: nombre aymara, local, de una especie de ave lacustre, similar al somorgujo.

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La laguna que grita en las malas horas Cuentan algunas personas, que por andar pastoreando en los alrededores de la laguna y andar buscando huevos de las aves lacustres se les pasaba el día. Por esa razón se quedaban a dormir en sus cercanías, ya que después del horas

crepúsculo, el frío y la noche les impedían regresar. Entonces en

avanzadas de la noche, espantados y horrorizados escuchaban que la laguna gritaba. Dicen que era un alarido sobrehumano muy fuerte como la bocina de los antiguos trenes a carbón o como la sirena de los bomberos en la ciudad. Ello causaba mucho terror, por eso al alba rápidamente abandonaban el lugar. Y los que conocían esa situación pasaban apurados o trataban de hacerlo siempre en pleno día. La mujer encantada En la laguna Casiri también aparece una hermosa mujer desnuda a los caminantes y viajeros, sobretodo hombres, que se atreven a pasar por allí a en las llamas malas horas. Dicen que es una mujer que quedó encantada una noche hace mucho tiempo atrás. Ella con su esposo venían del pueblo de Sajama a Caquena. Este matrimonio, por sorprenderles la noche en el trayecto, decidió descansar en las cercanías del lago. Dicen que en algún momento de la noche, el hombre vio que su mujer se levantaba y se retiraba del lugar donde estaban durmiendo. Él no dijo ni hizo nada pensando que ella iba a hacer alguna necesidad corporal, por eso se volvió a dormir. Sólo al otro día vino a darse cuenta que ella no se encontraba con él. Después de buscarla intensamente por los alrededores sin hallarla vino a darse cuenta del rastro que ella había dejado. Sus huellas salían del lugar donde descansaron y se dirigían hacia la laguna, allí se perdían. Perplejo por ello el marido miró hacia el centro de la laguna y allí en medio dicen, que apareció la mujer sentada en una piedra, desnuda y alisándose el cabello. El marido sorprendido, la llamó. Al momento la mujer desapareció.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. Desde entonces, dicen, que por allí suele aparecer una mujer joven y desnuda tentando a los hombres que pasan por el lugar. La aparición de una torre de oro Otra aparición es la de una torre de oro en medio del lago. Dicen que una vez venía por allí el arriero Pedro Aranda, muy conocido en la zona y en ese tiempo, con su tropa de mulas cargadas desde el pueblo vecino de Sajama a Caquena. Le acompañaba su ayudante que era Juan Tito. Pasaban por allí en horas de la madrugada, ya cerca del amanecer. Repentinamente el ayudante vio una torre de oro con varios y grandes pisos en medio del lago que brillaba intensamente. Pasmado, sin dejar de mirarla, gritó: _ ¡Patrón, patrón, qué es eso! _ Ya, ya… Arrea las mulas. ¡Qué hacerle caso, más bien retándole. estás mirando!_, le respondió Aranda sin

Y a pesar de que él después vio que la torre caía con fuerza, insistiendo en llamar la atención de Aranda, éste no le hizo caso. Sólo atinaba a decirle, ya, ya… arrea las mulas. Así contaba el ayudante de Aranda.

La aparición de toros en la laguna Casiri Cuentan del caso de un pastor de llamas machos de una estancia cercana al pueblo llamada Alpaquiri que en una ocasión vio muchos toros en la laguna Casiri. Este pastor, que ya estaba medio loco, contó que pastoreando por el lugar, llegó a sus orillas y allí, para su sorpresa vio muchos toros de distintos colores.

Había visto a la laguna en otras ocasiones y nunca se presentaba nada extraño. Por eso, aquella vez le llamó la atención la presencia de tantos toros. Se preguntaba de dónde serían, si la tropa sería de Chile o de Bolivia. Con la intención de ver para dónde se movían los toros, les arrojó piedras. Las piedras

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. rebotaron sobre otras e hizo rodar algunas por donde baja el riachuelo que

alimenta la laguna. Eso hizo levantar a los toros que estaban echados; después movieron la cabeza en una y otra dirección y mugieron largamente. Mientras tanto, sorpresivamente, por el lado del salto del agua que baja a la laguna, el cerro se abrió y por allí se encaminaron los toros. Así desaparecieron todos.

Ello causó mucha impresión al pastor, que después de eso sufría dolores de cabeza. Desde esa fecha estoy así, cuentan que decía.

La pelea de los toros encantados Otro caso, según cuentan, le pasó a un hombre que venía del pueblo de Sajama. Y como ya era tarde, el hombre además de abastecerse de agua decidió pasar la noche allí, en una de las orillas de la laguna, cerca de un peñasco. Este hombre, sobresaltado a medianoche despertó y vio que de la laguna Casiri salieron a una de sus orillas dos toros: uno blanco y uno rojo. Ahí mismo las reses empezaron a bufar y a pelear violentamente, tanto qué él debió parapetarse detrás de ciertas rocas. Desde su refugio vio cómo después de pelear un momento, el toro rojo con una fuerte cornada mataba al blanco. Mientras tanto iba amaneciendo.

En la mañana comprobó que efectivamente el toro blanco estaba muerto y que el rojo había desaparecido. Se acercó al animal muerto y quiso aprovechar la carne, pero no tenía cuchillo ni nada para cortar y desollar adecuadamente al animal muerto. Al menos me llevaré los testículos, pensó. Entonces con unas piedras, arrancó los testículos y los acomodó en su q’ipi (atado, carga) y siguió su camino hasta llegar a un lugar llamado Aguas Calientes. Allí decidió descansar y asar los testículos. Así al sacar los “cocos” de su atado, comprobó sorprendido que estos se habían convertido en plata. Inmediatamente pensó que el toro completo sería de ese valioso metal.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

Entonces decidió regresar. Tomó su gorro de lana, envolvió en él los argénteos testículos y los dejó debajo de una tola. Luego buscó en los alrededores algo que le ayudara a cortar una porción o una pieza más grande de la res muerta. Encontró algunas latas medias oxidadas, las abrió y las afiló. Con esto, por lo menos voy a cortar un pedazo más grande como una pierna, pensó. Así, optimista, volvió al lugar donde había encontrado al toro muerto. Sin embargo, el animal había desaparecido. Buscó, afanoso rastros, de algo o alguien que se lo hubiese llevado, pero no encontró nada. Sólo halló las huellas de sus hojotas. Perplejo, por un momento se quedó pensando en esa extraña desaparición.

Finalmente, decidió retomar su camino. Por lo menos tengo los cocos, dicen que pensó. Llegó al lugar donde había dejado el envoltorio, tomó el gorro y para su sorpresa no estaban los testículos. Estos también habían desaparecido. ¿Qué sería eso? Encanto sería, dicen los abuelos. Por eso desde antes a esa laguna se la llama también Turunakquta (la laguna de los toros).

El sereno del Casiri Dicen que en la laguna Casiri don Pedro Payro y sus músicos invocaban con ofrendas al sereno53 pidiendo su bendición y compaña. Payro era un recordado y mentado director de una banda de bronce del pueblo de Sajama, muy solicitada por la gente de Caquena, incluso de Parinacota. Su banda era contratada regularmente por los alféreces caqueneños para que animara la fiesta grande del pueblo: el 30 de agosto, día de su patrona, la Virgen de Santa Rosa de Lima.

Así cada vez que don Pedro venía con su grupo desde el lado boliviano debía pasar por la ruta de la Laguna Casiri. Cuando llegaban allí, presentaban una mesa de ofrendas al sereno pidiéndole su compaña y bendición. Hecho eso, tocaban una pieza en su honor y se retiraban rumbo a Caquena. Más adelante,
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Sereno: espíritu de las vertientes y saltos del agua.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. después de caminar un trecho, dicen que escuchaban la música de una banda que provenía del lago: era la señal del sereno. Eso les daba confianza y llegaban con optimismo a animar la fiesta.

Entonces, cuentan, que

la música ejecutada en el pueblo durante los maravillosamente bien. Por eso don Pedro

eventos de la festividad, les salía decía:

_Siempre hay que pedirse al Casiri, al sereno, porque así la banda, los instrumentos tocarán muy bien. Efectivamente, después todos los asistentes quedaban maravillados y contentos por la excelente música del grupo. Y ante los buenos comentarios, Don Pedro, sólo replicaba escuetamente: _Es que trajimos al Casiri.

Después cuando la banda regresaba de Caquena a Sajama tenían que dejar el sereno en la laguna. Por eso ahí tenían que volver a hacer una mesa con ofrendas y sahumerios, tocar una pieza y despedirse agradeciéndole por todas las bendiciones, luego se iban. Si no lo hacían así, su espíritu les seguía, enloquecían escuchando en todo momento la música; quedaban como perseguidos por la música del sereno.

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Las peleas de Pedro Acarape, llamado también Parinacota54
Dicen que hace mucho, mucho tiempo atrás, las grandes montañas nevadas del altiplano pelearon por el amor de una mujer, que también era una montaña. La contienda fue ardua y violenta entre ellos, ya que sólo uno se quedaría con la mujer. En esos tiempos eran jóvenes, hablaban y hacían cosas como los seres humanos. Uno era Pedro Acarape55 también llamado por algunos como Miguel Acarape. Hoy es más conocido como Parinacota56. Es el nevado que se halla al noreste del lago Chungara. Otro era, según dicen los abuelos, el Dr. Sajama, conocido hoy simplemente como Sajama, una montaña nevada que se encuentra en las pampas, al este del pueblo del mismo nombre en Bolivia. El tercero era el Tacora, que antiguamente se llamaba Chapiquiña, un nevado que se haya al norte en la frontera chileno-peruana. Ella, por la que peleaban, era la María Anselma Pomerape, más conocida simplemente como Pomerape, es la montaña que se haya hoy al lado del Parinacota. Ambos son conocidos hoy como los Payachatas57

No se sabe exactamente quienes pelearon primero ni quiénes después. Los antiguos sólo cuentan que Pedro Acarape o Parinacota disputó por el amor de la María Anselma Pomerape con el Sajama y con el Tacora. Finalmente, él se

queda con ella. Por eso hoy se yergue, victorioso a su lado en la cabecera de las ciénagas de Parinacota.

Sobre la versión de Cipriano Morales Huanta y de Benedicto Morales Choque, ancianos de Parinacota ya fallecidos; de Silverio Blanco y de Bonifacio Yucra ambos de Caquena; de Francisca Morales Mamani, de Matilde Morales Huanta, de Parinacota y Chucuyo respectivamente 55 Acarape: del aymara Aq’arape; apellido 56 Parinacota: nombre de uno de los nevados que proviene del compuesto aymara: parina = flamenco y quta = lago 57 Payachatas: del aymara paya = dos y chata = cerro; gemelos, hermanos.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

En los tiempos cuando sólo eran testigos los cóndores, las vicuñas, los pumas y otros habitantes del frío, Pedro Acarape o Parinacota cortejaba a la María Alsema Pomerape. Por entonces él se paseaba, orondo y juvenil por las pampas altiplánicas, seguro de conquistar el corazón de la solicitada Pomerape. Sin embargo, ella era tan bella y atractiva que no sólo sedujo con sus encantos al ansioso Parinacota, también había hechizado a otros dos jóvenes mallkus: al Dr. Sajama y al Tacora.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

. Cuentan que el Dr. Sajama era muy mujeriego y que en algún momento ya tenía convencida a Pomerape para irse con él a las grandes planicies del este, a la tierra de las grandes chullpas, donde era el mallku principal de los antiguos aymaras de esa zona. De hecho ya se la había llevado. Unos cuentan que para sacarla del lado del Parinacota, el nevado sajameño envió cientos de cuyes, que eran del tamaño de un burro en esos tiempos. La intención era que los cuyes con sus rápidas excavaciones aplanaran a su contendor hasta el suelo, haciéndolo desparecer del lugar. Ello hubiese ocurrido, si el Illimani no hubiese intervenido. Este nevado paceño era amigo del Parinacota, por eso hizo que cayera un gran nevazón sobre él cuando lo vio invadido por los cuyes. Así, esos roedores no alcanzaron a escarbar las faldas del Parinacota, muriéndose todos congelados.

Otros cuentan que el Parinacota al ver que el Dr Sajama ya se había llevado a la María Anselma, ni corto ni perezoso, inmediatamente envió con el lari un mensaje en un cántaro a su contendor sajameño: que deje a Pomerape. Cuando el Dr. abrió el puño58, salieron ciento de sartanejos59 que raudamente empezaron a excavar hoyos y túneles hiriendo el cuerpo del Sajama. Por eso dicen que hoy los faldeos del Dr, están lleno de hoyos y túneles de los topos. Mientras trataba de sacarse esos roedores, el Parinacota aprovechó de llevarse a Pomerape. Al darse cuenta de la estrategia de su enemigo, el Sajama coge una piedra y con una honda se la arroja al Parinacota, arrancándole parte de la cabeza, que vino a caer a las costas de Arica, formando la que era antiguamente conocida como isla Alacrán. Después, enardecido el Parinacota le responde también con un hondazo. El fuerte impacto de la piedra arrojada le arrancó el corazón al Sajama que, según dicen algunos, hoy yace en la pampa en la forma del pequeño cerro llamado Curahuara, el único cubierto de queñuales60, entre el pueblo Sajama y el pueblo de de ese mismo nombre en Bolivia. Por eso dicen, que hoy el Sajama presenta un boquerón en uno de sus costado..
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Puño: del aymara, puñu, cántaro, vasija de greda Sartanejo: término local, al parecer del aymara, que alude a una especie de topo 60 Queñuales: lugar de muchas queñuas, árbol del altiplano

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

Dicen que también el joven Tacora, mallku de las frías tierras del norte, más allá de la profunda quebrada de Allane, rondó a la Anselma Pomerape una y otra vez. Y a cada intento el Parinacota lo corría a hondazos. En una vez fue tanta su osadía e insistencia que se acercó bastante, incluso pasando la quebrada de Allane. Pero fue descubierto por Aqarape quien aprovechó la cercanía para

causarle fuertes daños al cuerpo. Por eso El Tacora tuvo que retirarse, sangrando y muy malherido, incluso, se le cayeron partes de su cuerpo en su huida que quedaron botadas en las pampas entre Colpitas y Chujlluta.

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El soberbio camiri 61 de Nacatmarca62*

Al pie del nevado Parinacota, hace muchos, muchos años atrás existía un pueblo, de cuyo nombre hoy nadie se acuerda. Cuentan los abuelos que en los faldeos que forman la rivera este del lago Chungara y que se destaca por su color negrusco, había un pueblo de características vallunas. Dicen que de ese lado veían salir tropas de mulas cargadas con angarillas de los frutos más apetecidos y que no se veía por ese sector del altiplano.

Allí, en el espacio que hoy ocupa el lago, existía además, una estancia del hombre más rico del lugar, una verdadero camiri, que tenía miles de cabezas de ganado. Las llamas y alpacas suyas pastaban en un extenso bofedal, que hoy es ocupado por el agua lacustre del Chungara. Ese hombre, además de ser adinerado, era una persona muy mala y prepotente. Se aprovechaba de los pobres, haciéndoles trabajar gratis para él.

Un día llegó por allí un anciano muy mal vestido, harapiento, sucio, hediondo buscando alojamiento. El dueño le negó el hospedaje, incluso lo hizo echar de su casa por su aspecto desagradable y maloliente. Entonces el anciano se acercó a las casas de los sirvientes y en una de ellas encontró a una señora que cargaba a su guagua en las espaldas. Ella, que era una de las pastoras del ricacho, aceptó darle hospedaje. La mujer piadosa no sólo le dio alojamiento, sino también le dio de comer.

Al otro día el anciano inquirió sobre el dueño de la estancia. La pastora le contó de las penurias que allí pasaba, de los abusos que se cometían contra ella y otros sirvientes, que no recibían ningún pago por los servicios que prestaban al acaudalado estanciero, que era un verdadero abusivo. El anciano entonces, con
Camiri: del aymara, q’amiri rico, ricachón. Sobre la versión de Benedicto Morales Choque (fallecido) y Francisca Morales Mamani de Parinacota; de Don Silverio Blanco y Bonifacio Yucra de Caquena. * Nacatmarca: del aymara nakhata = quemado y marka = pueblo; pueblo quemado
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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. una voz perentoria le dijo: Mujer, coge algo de comer, cárgate la guagua y ándate. Vete por el camino a Sajama inmediatamente y no mires atrás, porque ¡ay de este lugar, no sé lo que pasará!. La mujer obedeció. No muy convencida, temerosa y perpleja se alejó de la estancia. Cuando estaba saliendo por la ladera de la rivera oriental de lo que hoy es el lago, no pudo contener la curiosidad y miró hacia atrás. Unos dicen que vio la estancia ardiendo, que del cielo caía rayos y fuego que quemó todas las casas, ganado y bofedales del ricachón; otros, que llovió y granizó hasta inundarlo todo. Y la mujer al momento de volver los ojos hacia la estancia, se convirtió en piedra. Muchos viajeros que transitaron por ese camino después, dicen que allí hay una piedra con forma de una mujer que carga un bebé, que ellos la han visto.

Hoy la ladera este

del Chungara es de color negrusco: son las huellas de

Nacatmarca, del pueblo quemado y el lago Chungara es la inundación de los bofedales del potentado soberbio que allí desapareció, así dicen los abuelos.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

Los músicos desobedientes de Marcapertita63*
El pueblo de Chuquruma, más conocido como Socoroma no es el mismo que encontramos hoy; estaba en otro lugar. Dicen que antes se había establecido más al norte, al otro lado del hoy conocido Pusiricollo64 o cerro de los zampoñeros.

En ese pueblo antiguo, cierto día estaban realizando una gran fiesta. La celebración que se hacía era con gran derroche de comidas y bebidas; copiosa de bailes y alegría. En medio de ella, sin que nadie se diera cuenta, se presentó un anciano todo estrafalario, mocoso, mugriento y andrajoso pidiendo algo de comer. En un primer momento nadie quiso atenderlo. Por el contrario, algunos enfiestados, medio curados, exclamaban: _ ¡Voten a ese viejo cochino, hediondo! _¡Sáquenlo, viejo feo! _¡Échenlo!. Así, lo empujaron y trataron de sacarlo del lugar. El anciano los miró muy triste y apenado por esa actitud.

Después el abuelo se acercó al grupo de zampoñeros que estaban animando la fiesta. Ellos habían dejado de tocar para comer y al ver al abuelo le hicieron un lugar para que se sentara. La cocinera, también compasiva con él, le dio un plato de comida. Luego de comer el anciano llamó la atención por lo que dijo: que allí estaban haciendo un despilfarro de vida, que se estaban portando mal, que el pueblo iba a recibir un castigo, que ellos debían irse al momento del lugar. Les advirtió, además, de manera insistente: _Ustedes, váyanse, váyanse. El pueblo está perdido; aléjense y no miren en ningún momento hacia atrás, pase lo que pase, no miren.

Sobre las versiones de doña Juana Gutiérrez; Radomiro Huanca, ambos de Socoroma y de Victoria Mamani Yucra de Caquena. * Marcapertita: del aymara, marka = pueblo y pertita, termino del español aymarizado, perdido 64 Pusiricollo: del aymara phusiri = músico, soplador y qullu = cerro

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. Los zampoñeros y la cocinera dudaron en un primer momento, pero después le hicieron caso y salieron del pueblo.

Cuando el grupo estaba alejándose de ese pueblo de antaño hacia el sur escucharon un ruido estruendoso y gritos desesperados. Así, trataron de continuar hacia delante sin mirar atrás, pero cuando estaban dando vuelta el pequeño cerro Pusiricollo, fue tanta la curiosidad por saber qué estaba pasando en ese pueblo que volvieron la cabeza hacia él. Vieron, según algunos, que el pueblo se estaba quemando, y según otros, que estaba ocurriendo un terremoto y la tierra se estaba tragando las casas. Sin embargo, al momento los zampoñeros y la mujer quedaron petrificados en el lugar.

Hoy esos músicos y la mujer petrificados en el tiempo, son las piedras en forma de pollera que se encuentran en el cerro que hoy se llama Pusiricollo: el cerro de los zampoñeros. Esas formas pétreas hasta ciertos años emitían un sonido musical, pero las movieron y desde entonces no se escucha nada

Dicen, los ancianos de Socoroma, que en ese lugar de Marcapertita, del pueblo perdido, la tierra es insegura, inhabitable hasta hoy, ya que siempre se

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota. está moviendo y desplazando hacia una quebrada cercana. Así no más dicen las abuelitas.

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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.

El intruso que en Sunkumayani perdió una mano65

Por el antiguo camino tropero que unía el pueblo de Socoroma con el valle de LLuta, entre Marcuma y Sillancani, lugares de pastoreo y cultivo cercano al pueblo, existe una cueva, ante cuya entrada cae una pequeña cascada de agua, como una cortina, sobre todo después del tiempo de lluvias. Esa cueva era ocupada por los piratas que frecuentaban la región en la época colonial española, recorriendo los pueblos y robando todo tipo de joyas. Una de esas rutas llegaba a esa cueva. Ella sería la entrada a una serie de laberintos que desemboca después en las costas de Arica, por una de las cuevas del gran Morro, en donde atracaban sus barcos.

Un día, según algunos, un socoromeño, decidió entrar en ella sin que nadie lo supiera. Como él era una persona muy intrusa y entrometida quiso saber si el túnel llegaba hasta Arica y si era verdad que los piratas guardaban sus tesoros allí. Así se perdió durante varios años. Un día cualquiera salió de la cueva todo desnudo, con el pelo largo, desfigurado con la tierra pegada en la piel por el sudor, que le daba un aspecto desagradable. Y lo más llamativo: era sunco66. Dicen que no se sabe quién le cortó la mano, sólo que corría como un loco por los cerros. Así estuvo casi durante un año..

Otros dicen que ese hombre era muy malo y ambicioso. Enterado que los piratas estaban en Arica decidió robarles, por eso, en forma silenciosa sin avisar a nadie llegó hasta los barcos de los salteadores. Subrepticiamente entró a uno de ellos y mientras buscaba las joyas fue descubierto por los guardias. Allí mismo fue golpeado, maniatado y luego interrogado: los piratas querían saber quién era y de dónde venía. El hombre se empeñó en no hablar a pesar que lo golpearon bastante.

Encerrado en el calabozo por bastante tiempo e interrogado a golpes, constantemente, el hombre al comienzo no quiso hablar. Sin embrago, después de cierto tiempo cansado de tanto padecimiento y maltrato, confesó: _Soy socoromeño. Como ustedes roban joyas en los pueblos, yo vine a robarles a ustedes_, les dijo a sus captores
Sobre las versiones de dona Elsa Gutiérrez Loredo (81 años) y doña Emilia Humire Vásquez (76 años) residentes de Socoroma 66 Sunco: del aymara sunku = persona que no tiene una mano
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Juan Carlos Mamani Morales – Cuentos de Parinacota.
Así enterado, los piratas, decidieron llevarlo de vuelta a su pueblo. Atado y a puntapiés lo sacaron de LLuta por el camino tropero en dirección a Socoroma. Ya en el alto, cerca del pueblo, en esa quebrada donde está la cueva, se detuvieron. Allí le volvieron a dar una dura golpiza de puntapiés y puños. Luego le cortaron una mano diciéndole: _Para que nunca más vuelvas a robarnos, y ahora, ándate. Así lo dejaron y ellos se regresaron a la costa. Desde entonces ese lugar se llama Sunkumayani67. Por eso, también, les decían a los niños que pastoreaban por los alrededores, que no debían acercarse por ahí ni entrar a la cueva, que no debían ser intrusos. Así dicen que contaban las abuelas de las abuelitas en Socoroma.

Sunkumayani: del aymara, compuesta por sunku = que no tiene una mano; maya = uno y por el sufijo _ni = que tiene o poseedor de. Se traduce como: donde hay un sunco o lugar que tiene un sunco.

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El opulento y celoso Marqués68
Allá por tierras de las famosos Tanganis69 ticnameños en el lado sur de la carretera que lleva al Pueblo de Ticnámar cerca del cruce o desvío de otra que va al santuario de Timalchaca, se halla un cuerpo montañoso que después de cierta altura se divide en 4 cumbres. La cumbre más oriental, frente al santuario mencionado, se llama Margarita; la del medio en conjunto con la cumbre occidental se conoce como el cerro Marqués y finalmente la cumbre del extremo sur se denomina Purintica. Para los pocos versados, a menudo, se habla sólo como del cerro Marqués.

El gran Marques es un reconocido y rememorado mallku de los habitantes de su entorno y de los peregrinos que visitan el santuario de la Virgen de los Remedios de Timalchaca70. No se sabe por qué tiene ese nombre español y no uno aymara como las otras cumbres de la región Lo cierto es que él y su compañera, el cerro Margarita, son los únicos con nombres hispánicos en la región.

La memoria colectiva, transmitida de generación en generación, dice que el Marqués es rico en plata y otros metales preciosos. Unos dicen que el lugar habría sido uno de los últimos refugios de los incas, que allí habrían guardado parte de sus tesoros. Otros dicen, simplemente, que allí el supay71 guarda sus tesoros. Esa fama se ha acrecentado debido a que el mallku es considerado como uno de los más celosos de sus ricas entrañas y de las intenciones de quienes se acercan a sus cumbres y alrededores. Por eso, esta rodeada de historias misteriosas, de encantos y visiones que se han

transmitido hasta hoy.

Cuentan los abuelos, que les han contado a ellos, que para que el Marqués pueda entregar o dar a conocer dónde guarda sus riquezas a alguien, éste debe entregar u

Sobre las versiones de Don Rómulo Zubieta, Domingo Gómez, ancianos y de Segundo Zubieta, todos de Ticnámar y Sergio Tiglli de Belén 69 Tanganis: nombre en aymara de tres montañas, cerca del pueblo de Ticnámar, que se caracterizan porque tienen una cima plana. 70 Timalchaca: pequeño pueblo, al sur de la Provincia de Parinacota. Es considerado el segundo Santuario de peregrinación de los devotos cristianos católicos, después del Santuario de Las Peñas. Allí se venera a la Virgen de los Remedios cada 21 de noviembre. 71 Supay: del aymara, espíritu del mal, malvado, perverso. Es tomado como el diablo o demonio de la creencia cristiana.

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ofrecer en una wilancha72 a nueve hombres, según algunos y según otros, a tres. Cada uno debe ser de distinta raza. Tal ofrenda debe ser realizada por medio de un yatire73 conocedor de las mediaciones entre los hombres y los mallkus. Aquel que suba a sus cumbres a excavar con la clara intención de hallar el oro o la plata sin ofrendar aquello se pierde, muere o enloquece. Muchos han llegado a su cumbre, en tanto subieron sin intenciones de buscar las vetas mineras no les ha sucedido nada. Estos cuentan que arriba han visto cierta parte de color negruzco en donde estaría la veta de plata y una parte de color rojizo en donde estaría, la de oro.

Y ese decir incluso habría llegado a oídos de algún ingeniero que años atrás llegó hasta Ticnámar desde Arica, con el objetivo de comprobar tal hecho, en más de una vez, en compañía de arrieros y guías locales. En su ascensión, habrían enfrentado los males de la altura: desangramiento por las narices del ingeniero, incluso de los caballos; dolor de cabeza generalizado, aun en el guía local, etc, nada más. Sus exploraciones, sólo habrían comprobado indicios y residuos de una antigua fundición de cobre, oro y plata y7 la existencia de algunas terrazas de construcción antiquísima. Esas indagaciones en general no habrían encontrada la mentada gran veta de plata o de oro, sólo según algunos, la presencia de esos metales, pero de una insignificante baja ley.

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Wilancha: del aymara, ofrenda de sangre Yatire: del aymara, yatiri, sabio y médico

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No obstante lo anterior, la memoria colectiva hasta hoy dice que el Marqués tiene muy bien guardada sus riquezas. Ello se reafirma, según dicen, con algunos hechos: el hallazgo de una copa de oro en sus faldeos por una antigua pastora del pueblo de Timalchaca; la visión real de una gran puerta cubierta por cueros de res que habrían observado a la distancia muchos viajeros y arrieros que pasaron por la ruta tropera de Codpa a Tilmalchaca; y los extraordinarios eventos de los que habrían sido protagonistas o testigos algunos caminantes y viajeros que pasaron la noche en sus laderas. Tales sucesos hablan de la legendaria riqueza de esa montaña,

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Las visiones de oro en un abrir y cerrar de ojos
Algunos viajeros, dicen que los faldeos y alrededores del Marques es “un mal paraje”. Por eso cualquiera que pase por allí en una mala hora puede, en un pestañeo ver un pueblo, una casa o sacos de oro. Así cuentan que años atrás, venía un ticnameño bajando en su camión desde el pueblo Timalchaca en horas del crepúsculo. Cuando estaba pasando frente al Gran Marqués se topó con una tropa de burros cargados de sacos que subían por el camino en dirección contraria, levantando una gran polvareda. El hombre, deteniendo a su vehículo, para no atropellar a la cuadrilla de asnos que ocupaban la carretera, aprovecho de palpar y ver rápidamente que contenían los sacos. Dicen que él, efectivamente, comprobó que los animales llevaban oro. Sin embargo, de un segundo a otro, como por encanto, en un cerrar y abrir de ojos, vio después que solo era una cuadrilla de burros salvajes que pasaban ariscos sin carga alguna en sus lomos.

Los hermanos que pensaron hacerse ricos
Cuentan que dos hermanos muy caros y unidos entre sí, cuyos padres ya habían fallecido, decidieron un día marcharse de su pueblo para probar suerte en otro. Así después de mucho caminar llegaron a Timalchaca por la ruta que pasa al pie del cerro Marqués. Se quedaron en ese pueblo trabajando por varios meses hasta que el recuerdo de sus padres y el deseo de visitar sus tumbas los motivó a retornar.

Con ese cometido salieron de Timalchaca una tarde rumbo a su pueblo. La noche les sorprendió cuando estaban pasando por las orillas del cerro Marqués por eso decidieron descansar allí. Tras dormir algunas horas a uno de ellos le despertó un constante martilleo en medio de la silenciosa y oscura noche. Impresionado despertó a su hermano quien medio dormido en un primer momento no escuchó nada. Después de un rato también escuchó los golpes de un martillo sobre una superficie dura, metálica, que provenía de la loma del cerro. Aunque sorprendidos y atemorizados por tan inusual hecho, se levantaron para ver quien era el autor.

Llegaron hasta el sitio de donde provenían los golpes. Allí no vieron a nadie sólo hallaron una ruma de sacos llenos de oro. Sorprendidos por semejante hallazgo, por un

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rato no se dijeron nada y sólo atinaron a revisar la gran cantidad de sacos por el entorno. El primero que reaccionó fue el hermano mayor, que viendo la oportunidad de hacerse ricos, le dijo a su hermano que cada uno debía llevarse un saco. Así lo hicieron, y regresaron al sitio donde estaban alojando.

Después de dormir por un rato el hermano mayor sintió un terrible y constante dolor de cabeza, que despertó, todo quejoso, al menor. Éste cada vez más angustiado ante los desesperantes lamentos de su hermano, trató de ayudarle dándole una infusión de yerbas. Todo resultó en vano, pues antes del amanecer el mayor falleció. El menor esperó el alba, llorando amargamente su deceso. Una vez que aclaró el día se dio cuenta que uno de los sacos de oro había desaparecido y también el cuerpo de su hermano. En su lugar sólo halló la ropa. Muy asustado, rápida y atolondradamente recogió el vestuario y lo enterró en el lugar. Luego se retiró a su pueblo sin llevarse el oro.

Dicen unos, que el gran Marqués habría reclamado el cuerpo del hermano mayor a cambio del oro; otros, creen más bien, que fue el diablo, el demonio, el que se llevó su alma y su cuerpo por el oro que quiso llevarse.

El trueque secreto de los Mallkus

En un tiempo muy lejano dicen que el cerro Marqués no tenía oro, como lo tiene ahora. Lo mismo el Caragua74, un cerro cercano, tampoco tenía plata. Ambos deseaban tener otras riquezas. Por eso un día el Caragua, enterándose que el Marqués era rico en plata, después de pensarlo bastante, le envió la propuesta de intercambiar con él su metal precioso. El mallku de hispánico nombre aceptó la oferta.

Entonces ambas montañas convinieron en que una le daría la mitad de su oro y la otra, a cambio, le entregaría la mitad de su plata. Ese intercambio se realizó por mucho tiempo sobre el lomo de una numerosa cuadrilla de mulas. Fue testigo del hecho un arriero boliviano que pasaba una tarde por las cercanías del Marqués. El hombre, como ya estaba oscureciendo, decidió descansar en una de las laderas. Cerca de la

Caragua: Cerro que se halla en la confluencia de la quebrada de Ticnámar y la quebrada de Belén, en la precordillera de la Provincia de Parinacota

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medianoche, los silbidos de unos arrieros y el traqueteo de muchos cascos sobre el suelo le despertaron. Sobrecogido vio en el horizonte nocturno a una tropa de mulas cargadas que ascendía por la pendiente. Se levanto para seguirla a prudente distancia. Así pudo ver que la tropa de mulas llegaba a la cumbre del gran Márquez, hasta una parte rocosa en donde se distinguía una forma de puerta. Frente a ella, un arriero se apeó y gritó: _ ¡Abre tu puerta! Sorprendentemente el peñasco se abría con el ruido estremecedor. El arriero pasmado vio como dentro de la cueva se veían apilados la plata y el oro que refulgían con la poca luz de la noche constelada. Allí los jinetes misteriosos descargaron el oro caragueño y después cargaron sobre las mulas la plata marquesina. Luego se volvieron por el rumbo que habían llegado.

Intrigado e impresionado por esa visión, el viajero boliviano quiso seguir esa tropa de mulas. Con esa idea en la mañana del otro día buscó las huellas de las mulas, sin embargo, no halló el mínimo indicio de lo acontecido la noche anterior. Era como que esa cuadrilla de mulas y sus jinetes nunca hubiesen pasado por allí. Tanto intrigó aquello al arriero curioso, que revisó todos los senderos y caminos, los abrevaderos y pastizales cercanos, en vano. No halló absolutamente nada. Después de ese día de búsqueda la noche le sorprendió, en una majada llamada Llactire, en la que decidió alojarse.

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Y esa noche nuevamente el ruido de la cuadrilla de mulas y sus jinetes lo

despertaron. Esta vez se dio cuenta que iban desde el Marqués en dirección al Caragua.

Al otro día continuó con su búsqueda hasta acercarse al cerro Caragua. Llegó hasta un alfalfar, allí dejó a su cabalgadura y en sus faldeos esperó que oscureciera. Efectivamente, cerca de la medianoche llegó la tropa de mulas al pie de ese cerro y luego ascendió a la cumbre. Allí una entrada similar al del Marqués se abrió como por encanto. Por allí entraron los arrieros y descargaron los sacos de plata y luego cargaron el oro.

Dicen, que al día siguiente de estos sucesos, el arriero boliviano siguió su camino rumbo a Belén, contando lo que habían visto a todos con quienes se encontraba en el camino.

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JUAN CARLOS MAMANI MORALES: Es escritor, profesor de castellano, magíster en educación intercultural bilingüe. Nació en el pueblo de Putre, Comuna de Putre, Provincia de Parinacota, Región Arica-Parinacota, Chile. Realizó su educación básica en ese pueblo y continuó sus estudios medios y superiores en Arica. Tiene una vasta experiencia docente en diversos colegios de las comunas de Arica, Pica, Huara, Putre y General. Lagos. Hoy es académico hora de la Universidad de Tarapacá. Entre sus actividades y producción literaria se hallan: “AVES ERRANTES, AVES AUSENTES” bajo el sello editorial de los “Rapsodas Fundacionales”, colectivo literario de Arica; en marzo del 2007 publica una antología de cuentos aymaras en versión bilingüe castellano-aymara “MARKAJAN(A) JAWARINAKAPA: CUENTOS DE MI PUEBLO“, como producto final de la ejecución de su proyecto “Rescate y difusión escrita de la lengua aymara de la Comuna de Putre a través de relatos breves” realizado con aportes del consejo Nacional de la Cultura y las Artes, FONDART 2006. En julio del 2008 publica su segundo libro de Poesías, “Ocarina del Frío”. En materia de investigación, en el Año 2005 es publicada su tesis de maestría “LOS ROSTROS DEL AYMARA EN CHILE: EL CASO DE PARINACOTA”, un estudio sociolingüístico del aymara, por PINSEIB/PROEIB Andes PLURAL Editores, en la Paz, Bolivia.

Proyecto financiado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Fondo nacional del libro y la lectura.

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