Cantar de mio Cid, III

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CANTAR TERCERO

112 En Valencia estaba mio Cid con todos los suyos con él sus dos yernos, los infantes de Carrión. 2280 Echado en un escaño dormía el Campeador; un mal suceso sabed que les pasó: se salió de la jaula y se desató el león. Mucho miedo tuvieron en medio del salón; embrazan los mantos los del Campeador 2285 y rodean el escaño y se quedan junto a su señor; Fernando González [................] 2286b no vio dónde retirarse, ni habitación abierta ni torre, se metió bajo el escaño, tal fue su temor; Diego González por la puerta salió diciendo a voz en grito —¡No veré más Carrión!—, 2290 tras la viga de un lagar se metió con gran temor, el manto y la túnica todos sucios los sacó. En esto se despertó el que en buena hora nació, vio el escaño rodeado de sus buenos varones: —¿Qué es esto, mesnadas, y qué queréis vos?— 2295 —¡Nuestro horado señor, nos asaltó el león!— Mio Cid hincó el codo, en pie se levantó, el manto echado a la espalda, se encaminó hacia el león;

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Cantar de mio Cid, III

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el león, cuando lo vio, así se le humilló, ante mio Cid agachó la cabeza y el hocico bajó. 2300 Mio Cid don Rodrigo por el cuello lo cogió, lo condujo con la mano y en la jaula lo metió. Lo tienen por maravilla cuantos hay en la reunión y se vuelven al palacio, al salón. Mio Cid por sus yernos preguntó y no los halló; 2305 aunque los están llamando, ninguno de ellos responde. Cuando los encontraron, vinieron así sin color; no habéis visto tales burlas como corrían por el salón, lo hizo prohibir mio Cid el Campeador. Se sintieron muy ofendidos los infantes de Carrión, 2310 tenían un gran pesar por lo que les sucedió. 113 Ellos estando en esto, que les daba gran pesar, ejércitos de Marruecos vienen Valencia a cercar, cincuenta mil tiendas hay plantadas de las grandes. Este era el rey Bucar, si lo oísteis nombrar. 114 2315 Se alegraron el Cid y todos sus hombres, que les crece la ganancia, gracias al Creador, mas sabed que no complace a los infantes de Carrión, pues veían tantas tiendas de moros que de su gusto no son. Ambos hermanos aparte tienen reunión: 2320 —Contamos la ganancia y la pérdida no. En esta batalla habremos de entrar nosotros, esto está preparado para no ver más Carrión, se quedarán viudas las hijas del Campeador.— Oyó su charla en secreto aquel Muño Gustioz, 2325 vino con estas noticias a mio Cid Ruy Díaz el Campeador. —¡Ved qué miedo tienen vuestros yernos, tan valientes que son,
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por entrar en la batalla desean irse a Carrión! Idlos a consolar, y que os ayude el Creador, que se queden en paz y no tengan participación. 2330 ¡Nosotros con vos los venceremos y nos ayudará Dios!— Mio Cid don Rodrigo sonriendo salió. —¡Dios os guarde, yernos, infantes de Carrión! Dais abrazos a mis hijas, tan blancas como el sol. Yo deseo ir a la lucha y vosotros a Carrión; 2335 en Valencia descansad a vuestra satisfacción, que de aquellos moros ya me encargo yo, me atreveré a derrotarlos con la gracia del Creador.— [................] 115 —Ojalá vea el día en que os lo pague duplicado.— En compañía han vuelto ambos. 2340 Tal lo confirma don Pedro como se jacta Fernando, les agradó a mio Cid y a todos sus vasallos: —¡Aún, si Dios lo quiere y el Padre que está en alto, ambos yernos míos serán buenos en el campo!— Esto estaban diciendo y la gente va llegando. 2345 En la hueste de los moros tambores están sonando, maravillados estaban muchos de esos cristianos, pues nunca lo habían visto, que nuevos habían llegado. Más se maravillan juntos Diego y Fernando, por su propio gusto allí no habrían llegado. 2350 Oíd lo que dijo el que nació con buen hado: —¡Ea, Pedro Bermúdez, mi sobrino caro! Cuidadme a don Diego y cuidadme a don Fernando, mis dos yernos, aquellos que mucho amo, pues lo moros, gracias a Dios, no aguantarán en el campo.—

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2355

—Yo os digo, Cid, hacedlo por caridad, que hoy los infantes a mí por ayo no me tendrán, que los cuide quien sea, de ellos nada se me da, yo con los míos quiero acometer delante, vos con los vuestros firme la retaguardia tengáis;

2360

si algún problema hubiese, bien me podréis ayudar.— Aquí llegó Minaya Álvar Fáñez:

2361b —¡Oídme, Cid Campeador leal! Esta batalla el Creador la dará y vos, tan digno que con él tenéis parte, mandadnos atacarlos por donde os parecerá; 2365 su deber cada uno que cumplirlo tendrá. Lo veremos gracias a Dios y a vuestra ventura grande.— Dijo mio Cid: —¡Tengamos tranquilidad!— Ved al obispo don Jerónimo, muy bien armado está, se paraba delante del Campeador, siempre con ventura grande: 2370 —Hoy os he dicho la misa de la Santa Trinidad. Por eso salí de mi tierra y os vine a buscar, por las ganas que tenía de algún moro matar. Mis órdenes y mis manos las querría honrar y en esta acometida quiero ir delante. 2375 Traigo un pendón con corzas y armas de un emblema igual, si a Dios le agradase las querría emplear y que así mi corazón se pudiese calmar y vos, mio Cid, de mí satisfecho estar. Si este favor no me hacéis, de vos me quiero apartar.— 2380 Entonces dijo mio Cid: —Lo que queréis me complace. Ahí tenéis a los moros, idlos a probar; nosotros desde aquí veremos como lucha el abad.— 117
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El obispo don Jerónimo se lanzó a la carga los fue a acometer junto a la acampada. 2385 Por su ventura y porque Dios lo amaba, de los primeros golpes dos moros mató con la lanza; el astil ha quebrado y echó mano de la espada. A fondo se empleaba el obispo, ¡Dios, qué bien luchaba!, a dos mató con la lanza y a cinco con la espada. 2390 Los moros son muchos, en derredor le cercaban, le daban grandes golpes pero no le atraviesan las armas. El que en buena hora nació los ojos en él clavaba, embrazó el escudo y abatió el asta, espoleó a Babieca, el caballo que bien anda, 2395 los iba a acometer con toda su alma. En las primeras filas el Campeador entraba, abatió a siete y a cuatro mataba. A Dios así le agradó, con aquello fue ganada. Mio Cid con los suyos a perseguirlos se lanza; 2400 veríais romperse las cuerdas y arrancarse las estacas, y abatirse los mástiles de madera muy labrada. Los de mio Cid a los de Bucar de las tiendas los sacan. 118 Los sacan de las tiendas, en su persecución van, tanto brazo con loriga veríais caer aparte, 2405 tantas cabezas con yelmo como por el campo caen, caballos sin dueño irse por todas partes. Siete millas completas les anduvieron detrás, mio Cid al rey Bucar persiguiéndole va: —¡Vuelve aquí, Bucar! Viniste de ultramar, 2410 te verás con el Cid, el de la barba grande, nos saludaremos ambos y trabaremos amistad.

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Respondió Bucar al Cid: —¡Impida Dios tal amistad! La espada llevas desnuda y te veo espolear, a lo que me parece en mí la quieres probar, 2415 pero si el caballo no tropieza y conmigo cae, no te juntarás conmigo antes de llegar al mar.— Aquí respondió mio Cid: —Eso no será verdad.— Buen caballo tiene Bucar y grandes zancadas da, pero Babieca, el del Cid, alcanzándolo va. 2420 Alcanzó el Cid a Bucar a tres brazas del mar, arriba alzó a Colada, un gran golpe le fue a dar, los rubíes del yelmo se las ha arrancado ya, le cortó el yelmo y, pasando por lo demás, hasta la cintura la espada le hizo llegar. 2425 Mató a Bucar, al rey de allende el mar y ganó a Tizón, que mil marcos de oro vale. Venció esta batalla maravillosa y grande, aquí se honró mio Cid y cuantos con él están. 119 Con estas ganancias ya iban regresando. 2430 Sabed, todos de firme saqueaban el campo, a las tiendas habían llegado donde estaba el que nació con buen hado. Mio Cid Ruy Díaz, el Campeador renombrado, con dos espadas que el tenía en algo, 2435 por el campo de batalla venía apresurado, la cara arrugada y el almófar quitado, la cofia sobre el pelo, arrugada un tanto. Algo veía mio Cid que le producía agrado, alzó los ojos, adelante está mirando 2440 y vio venir a Diego y a Fernando, ambos son hijos del conde don Gonzalo.
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Se alegró mio Cid, sonríe de modo claro: —¡Ya llegáis, mis yernos, mis hijos sois ambos! Sé que de luchar bien os habéis saciado, 2445 a Carrión de vosotros irán buenos recados, cómo al rey Bucar lo hemos derrotado. Según confío en Dios y en todos sus santos, 2448 2455 2499 2450 de esta victoria nos iremos con agrado.— De todas partes sus vasallos van llegando, Minaya Álvar Fáñez entonces ha llegado, el escudo trae al cuello y todo tajado, los golpes de las lanzas no podían ser contados, aquellos que se los dieron no los han aprovechado. Por el codo abajo la sangre goteando, de veinte para arriba de los moros ha matado: 2456 —¡Gracias a Dios, al Padre que está en lo alto, y a vos, Cid, que nacisteis con buen hado! Matasteis a Bucar y los echamos del campo; todos estos bienes son vuestros y de vuestros vasallos, 2460 y vuestros yernos aquí bien se han empleado, se han hartado de luchar con los moros en el campo.— Dijo mio Cid: —Esto es de mi agrado, pues si ahora son buenos luego serán muy apreciados.— Por bien lo dijo el Cid, pero ellos lo tuvieron a mal. 119 bis 2465 Todas las ganancias a Valencia han sido llevadas, alegre está mio Cid con todas sus mesnadas, que en cada porción tocaban seiscientos marcos de plata. 119 ter Los yernos de mio Cid, cuando estos bienes tomaron de esta victoria, que lo tenían a salvo,

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Cantar de mio Cid, III 2470

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pensaron que en su vida estarían necesitados. Todos iban por Valencia muy bien equipados, con excelente comida, buenas túnicas y mantos. Muy alegres están mio Cid y sus vasallos. 120 Fue un gran día en la corte del Campeador,

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después que esta batalla vencieron y al rey Bucar mató. Alzó la mano, de la barba se cogió: —¡Gracias a Cristo, que del mundo es señor, cuando veo lo que ansiaba de corazón, que lucharon conmigo en el campo mis yernos los dos!

2480

Buenos recados irán de ellos a Carrión, cómo son de honrados y que os harán gran favor. 121 Enormes son las ganancias que todos han ganado, lo uno es nuestro, lo otro lo tienen a salvo.— Mando mio Cid, el que nació con buen hado.

2485

que de esta batalla en que han triunfado todos recibiesen su derecho exacto, y que su quinto no fuese olvidado. Así lo hacen todos, pues estaban concertados. Le tocaron en su quinta al Cid seiscientos caballos

2490

y otras acémilas y camellos no escasos, tantísimos eran que no podrían ser contados. 122 Todas estas ganancias hizo el Campeador: —¡Gracias a Dios, que del mundo es señor! Antes era un necesitado, ahora rico soy,

2495

pues tengo dinero y tierra, oro y posesiones, y son mis yernos los infantes de Carrión. Venzo las lides como quiere el Creador,

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Cantar de mio Cid, III

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moros y cristianos de mí tienen temor. Allí dentro de Marruecos, donde hay mezquitas para la oración, 2500 que les daré un asalto quizás alguna noche, ellos lo temen, pero no lo pienso yo; no los iré a buscar, en Valencia estaré yo, ellos me darán tributos con ayuda del Creador, que me los paguen a mí o a quien yo crea mejor.— 2505 Muy grande es el gozo en Valencia con mio Cid el Campeador de todas sus mesnadas y de todos los suyos. Muy grande es el gozo de sus yernos los dos, en aquella victoria en que lucharon de corazón botín por cinco mil marcos ganaron los dos; 2510 por muy ricos se tienen los infantes de Carrión. Ellos junto con los otros acudieron al salón, aquí están con mio Cid el obispo don Jerónimo, el bueno de Álvar Fáñez, caballero luchador, y otros muchos que crió el Campeador. 2515 Cuando entraron los infantes de Carrión, los recibió Minaya por mio Cid el Campeador: —¡Venid aquí, cuñados, que más valemos por los dos!— En cuanto llegaron, se alegró el Campeador: —Ved aquí, mis yernos, a mi mujer de pro 2520 y a mis dos hijas, doña Elvira y doña Sol, que os abracen bien y os sirvan de corazón. 2524 2225 ¡Gracias a Santa María, madre de nuestro señor Dios, de estos casamientos vuestros obtendréis honor, buenos recados irán a tierras de Carrión!— 123 A estas palabras contestó don Fernando: —Gracias al Creador y a vos, Cid honrado,

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tantos bienes tenemos que no pueden ser contados. 2530 2522 2523 2531 Por vos tenemos honra y hemos luchado, vencimos a los moros en el campo y matamos a aquel rey Bucar, un traidor probado. Pensad en otras cosas, que lo nuestro lo tenemos a salvo.— Los vasallos del Cid se reían por lo bajo sobre quién luchara mejor o quién les fue tras los pasos, pues nadie recordaba allí ni a Diego ni a Fernando. 2535 Por estas burlas que iban aumentando que de día y de noche tanto los van escarmentando, muy mal deliberaron estos infantes ambos. Ambos salieron aparte, ¡en verdad que son hermanos!, en esto que ellos dijeron ninguna parte tengamos: 2540 —Vayámonos a Carrión, mucho aquí nos demoramos. Los bienes que tenemos son muchos y extraordinarios, en toda nuestra vida no podremos gastarlos. 124 Pidámosle nuestras mujeres al Cid Campeador, digámosle que las llevaremos a tierras de Carrión 2545 y que vamos a enseñarles dónde están sus posesiones. La sacaremos de Valencia, del poder del Campeador; después en el camino actuaremos a nuestro sabor, antes que nos reprochen lo que pasó con el león. Nosotros somos del linaje de los conde de Carrión, 2550 llevaremos cuantiosos bienes que valen gran valor, escarneceremos a las hijas del Campeador. Con estos bienes siempre seremos ricos hombres, podremos casar con hijas de reyes o de emperadores, pues somos del linaje de los condes de Carrión. 2555 Así escarneceremos a las hijas del Campeador antes que nos reprochen lo que hubo con el león.—
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Ambos han regresado con esta decisión, habló Fernán González e hizo callar al salón: —¡Que el Creador os valga, Cid Campeador! 2560 Si agrada a doña Jimena y primero a vos, y a Minaya Álvar Fáñez y a cuantos hay en la reunión, dadnos a nuestras mujeres que recibimos con bendiciones, las llevaremos a nuestras tierras de Carrión, les entregaremos las villas 2565 que les dimos por arras en posesión. Verán vuestras hijas lo que tenemos nosotros, los hijos que tengamos en qué tendrán partición.— 2569 2568 2570 De ser por esto afrentado no pensaba el Campeador; dijo el Cid: —Os daré a mis hijas y algo de mi porción. Les disteis villas por arras en tierras de Carrión, yo les quiero dar de ajuar tres mil marcos de oro, os daré mulas y palafrenes muy buenos y en sazón, corceles para la guerra, fuertes y corredores, y muchas vestiduras de tejidos bordados con oro. 2575 Os daré dos espadas, a Colada y a Tizón; bien sabéis que la gané luchando como un hombre. Mis hijos sois ambos, cuando a mis hijas os doy, allí me os lleváis las telas del corazón. Que lo sepan en Galicia, en Castilla y en León, 2580 con qué riqueza envío a mis yernos los dos. Atended bien a mis hijas que vuestras mujeres son; si bien las atendéis, yo os daré un buen galardón.— Esto lo han concedido los infantes de Carrión, aquí reciben a las hijas del Campeador, 2585 empiezan a recibir lo que el Cid mandó. Cuando lo han recogido a plena satisfacción,

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ya mandaban cargar los infantes de Carrión. Grandes noticias corren por Valencia la mayor. todos toman armas y cabalgan con vigor, 2590 porque despiden a las hijas del Cid hacia tierras de Carrión. Se disponen a cabalgar, llega la separación; ambas hermanas, doña Elvira y doña Sol, se hincaron de rodillas ante el Cid Campeador: —¡Merced os pedimos, padre, que os ayude el Creador! 2595 Vos nos engendrasteis, nuestra madre nos parió; delante estáis ambos, señora y señor, ahora nos enviáis a tierras de Carrión, es nuestro deber cumplir lo que nos mandéis vos. Así por favor os pedimos nosotras dos 2600 que nos enviéis mensajes a tierras de Carrión.— Las abrazó mio Cid y las besó a las dos. 125 Él hizo esto, la madre lo duplicaba: —Partid, hijas, desde aquí Dios os valga. De mí y de vuestro padre tenéis toda nuestra gracia. 2605 Id a Carrión, donde están vuestras arras; yo tengo para mí que bien estáis casadas.— Al padre y a la madre las manos les besaban, ambos las bendijeron y les dieron su gracia. Mio Cid y los otros a cabalgar empezaban 2610 con buenos atavíos, con caballos y armas. Ya salían los infantes de Valencia la renombrada, despidiéndose de las damas y de todas las mesnadas. Por la huerta de Valencia salían jugando armas, alegre va mio Cid con todas sus mesnadas. 2615 Lo vio en los agüeros el que en buena hora ciñó espada que estos casamientos no estarían libres de mancha;
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Cantar de mio Cid, III

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no se puede arrepentir, pues casadas están ambas. 126 —¿Dónde estás, sobrino mío, tú Félez Muñoz? Primo eres de mis dos hijas de todo corazón, 2620 te mando que vayas con ellas hasta el mismo Carrión, verás las heredades que a mis hijas dadas son. Con noticias de ello vendrás al Campeador.— Dijo Félez Muñoz: —Lo haré de todo corazón.— Minaya Álvar Fáñez ante mio Cid se paró: 2625 —Volvámonos, Cid, a Valencia la mayor, que si a Dios le place, al Padre Creador, las iremos a ver a tierras de Carrión.— —A Dios os encomendamos, doña Elvira y doña Sol, comportaos de modo que de ello tengamos gozo.— 2630 Respondieron los yernos: —¡Así lo quiera Dios!— Muy grande fue el dolor en la separación, el padre y las hijas lloran de corazón, lo mismo hacían los caballeros del Campeador. —Óyeme, sobrino, tú, Félez Muñoz: 2635 iréis por Molina, allí haréis noche; saludad a mi amigo el moro Abengalbón, que reciba a mis yernos como pueda mejor. Dile que envío a mis hijas a tierras de Carrión. de lo que necesiten que las sirva a satisfacción, 2640 luego las escolte hasta Medina, que me haga el favor; por todo cuanto haga yo le daré buen galardón.— Como la uña de la carne fue su separación, ya se volvió a Valencia el que en buena hora nació; comienzan a irse los infantes de Carrión. 2645 En Santa María de Albarracín tomaban posada,

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espolean cuanto pueden los infantes de Carrión, ya están en Molina con el moro Abengalbón. El moro, cuando lo supo, se alegró de corazón, los salió a recibir con grandes alborozos. 2650 ¡Dios, que bien los sirvió a su satisfacción! Al día siguiente con ellos cabalgó, con doscientos caballeros escoltarlos mandó. 2653 2656 2657 2654 2655 2658 Iban a cruzar los montes, los que llaman de Luzón, atravesaron Arbujuelo y llegan al Jalón, donde lo llaman El Ansarera ellos acampados son. A las hijas del Cid el moro regalos dio, sendos buenos caballos a los infantes de Carrión; todo esto les hizo el moro por afecto al Cid Campeador. Ellos veían la riqueza que el moro sacó, 2660 juntos ambos hermanos planearon una traición: —Puesto que hemos de dejar a las hijas del Campeador, si pudiésemos matar al moro Abengalbón, cuanta riqueza tiene la tendríamos nosotros, tan a salvo lo tendríamos como lo de Carrión, 2665 nunca obtendría justicia de nosotros el Cid Campeador.— Cuando esta alevosía decían los de Carrión, un moro que sabía castellano bien se lo entendió, no lo guarda en secreto, se lo dijo a Abengalbón: —Alcaide, cuídate de estos, pues eres mi señor. 2670 Tu muerte oí planear a los infantes de Carrión.— 127 El moro Abengalbón era un bravo capitán, con los doscientos que tiene se puso a cabalgar, iba ostentando sus armas, se paró ante los infantes. Lo que el moro les dijo a los infantes no les place: 2675 —Decidme, ¿qué os hice, infantes?

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Cantar de mio Cid, III

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Yo os servía lealmente y vosotros mi muerte planeasteis. Si no lo dejase por mio Cid el de Vivar, os daría tal escarmiento que por el mundo sonase y luego llevaría sus hijas al Campeador leal. 2680 ¡Vosotros en Carrión ya no entraríais jamás! 128 Aquí me separo de vosotros como de malos y traidores. Me iré con vuestra venia, doña Elvira y doña Sol, en poco tengo el renombre de los de Carrión. Dios lo quiera y lo mande, que de todo el mundo es señor, 2685 que este casamiento agrade al Campeador.— Esto les ha dicho y el moro se volvió, hace alarde de sus armas al cruzar el Jalón; como era prudente, a Molina se volvió. Ya se fueron de El Ansarera los infantes de Carrión, 2690 se ponen a andar de día y de noche. A la izquierda dejan Atienza, una peña muy fuerte, la sierra de Miedes la pasaron entonces, por los Montes Claros espolean con vigor. A la izquierda dejan Griza, que Álamos pobló 2695 (allí están los subterráneos donde a Elfa encerró), a la derecha dejan San Esteban, que queda más remoto. Los infantes han entrado en el robledo de Corpes, el arbolado es muy alto, las ramas suben a las nubes, los animales salvajes 2700 andan alrededor.

Hallaron un vergel con una limpia fuente, mandaron plantar la tienda los infantes de Carrión, con cuantos traen consigo allí duermen esa noche, abrazando a sus mujeres les demuestran amor, ¡mal se lo cumplieron cuando salió el sol!

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Cantar de mio Cid, III 2705

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Mandaron cargar las acémilas con bienes en gran número, han recogido la tienda en que pasaron la noche, por delante se han ido sus criados todos, así lo mandaron los infantes de Carrión, que no quedase allí nadie, ni mujer ni varón,

2710

salvo sus dos mujeres, doña Elvira y doña Sol, solazarse quieren con ellas a su satisfacción. Todos se habían ido, ellos cuatro estaban solos, Tanta infamia planearon los infantes de Carrión: —Tened por seguro, doña Elvira y doña Sol,

2715

que seréis escarnecidas aquí, en estos fieros montes, hoy nos separaremos y seréis abandonadas por nosotros, no tendréis parte en las tierras de Carrión. Irán estos recados al Cid Campeador, nosotros vengaremos con ésta la del león.—

2720

Allí les quitan las túnicas y los mantones, las dejan solo en el cuerpo la ropa interior. Llevan espuelas calzadas los malos traidores, con la mano cogen las cinchas resistentes y fuertes. Cuando esto vieron las damas, hablaba doña Sol:

2725

—¡Don Diego y don Fernando, os lo rogamos por Dios! Dos espadas tenéis fuertes y tajadoras, a una la llaman Colada y a la otra Tizón, cortadnos las cabezas, mártires seremos las dos; moros y cristianos hablarán de esta cuestión,

2730

que por lo que merecemos no lo recibimos las dos. Tan grandes crueldades no cometáis con las dos; si fuésemos golpeadas, os quedaréis sin honor, os acusaran de ello en vistas o en cortes.— Lo que rogaban las damas de nada les valió,

2735

entonces les empiezan a dar los infantes de Carrión,

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Cantar de mio Cid, III

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con las cinchas corredizas las golpean sin compasión, con las espuelas agudas, que les causan gran dolor, les rompían las camisas y las carnes a ellas dos. Clara salía la sangre sobre los bordados de oro, 2740 ya lo sienten ellas en sus corazones. ¡Qué gran ventura sería, ojalá lo quisiese Dios, que asomase ahora el Cid Campeador! Mucho las golpearon, pues no tienen compasión, ensangrentadas las camisas y las túnicas bordadas en oro. 2745 Cansados están de herirlas ellos dos, esforzándose ambos por cuál dará mejores golpes. Ya no pueden hablar doña Elvira y doña Sol, por muertas las dejaron en el robledo de Corpes. 129 Se les llevaron los mantos y las pieles de armiño, 2750 las dejan desfallecidas en túnicas y en camisas a las rapaces del bosque y a las fieras temidas. Por muertas las dejaron, sabed, que no por vivas. ¡Qué ventura sería si asomase ahora el Cid Campeador! 130 Los infantes de Carrión [................], 2755 en el robledo de Corpes por muertas las dejaron, que la una a la otra no puede darle amparo. Por los montes por donde iban ellos se iban jactando: —De nuestros casamientos ahora nos hemos vengado, 2759-2760 no las debimos tomar ni por concubinas si no nos lo hubiesen rogado,

pues no eran nuestras iguales para estrecharlas en abrazos. ¡La deshonra del león así se irá vengando!— 131 Así se iban jactando los infantes de Carrión,

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Cantar de mio Cid, III

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pero yo os contaré de aquel Félez Muñoz, 2765 que era sobrino del Cid Campeador. Le mandaron seguir adelante, pero a su gusto no fue; por el camino en que iba tuvo una intuición, de todos los otros él se separó. En un bosque espeso Félez Muñoz se metió 2770 hasta que viese venir a sus primas las dos o ver qué han hecho los infantes de Carrión. Los vio venir y oyó su conversación, ellos no lo veían ni sospechan la situación. Sabed bien que, si lo viesen, no escaparía de muerte. 2775 Se van los infantes, espolean con vigor; por el rastro se volvió Félez Muñoz, halló a sus primas desmayadas las dos. Llamándolas: —¡Primas, primas!—, al punto descabalgó, ató el caballo por las riendas y a ellas se encaminó: 2780 —¡Primas mías, primas mías, doña Elvira y doña Sol! Mal se esforzaron los infantes de Carrión. ¡Quieran Dios y Santa María que reciban por ello mal galardón! Las pone boca arriba a ellas dos, están tan inconscientes que nada decirle pueden. 2785 Sintió que se le partía en el pecho el corazón, llamándolas: —¡Primas, primas, doña Elvira y doña Sol! ¡Reanimaos, primas, por amor del Creador, mientras es de día, antes que caiga la noche, que las fieras alimañas no se nos coman en este bosque!— 2790 Van volviendo en sí doña Elvira y doña Sol, abrieron los ojos y vieron a Félez Muñoz: —¡Esforzaos, primas, por amor del Creador! En cuanto me echen de menos los infantes de Carrión, con gran prisa seré buscado yo.
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Cantar de mio Cid, III 2795

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Si Dios no nos socorre, aquí moriremos todos.— Con muy gran dolor hablaba doña Sol: —¡Que bien os lo pague, primo, nuestro padre el Campeador, dadnos agua y que os premie el Creador!— Con un sombrero que tiene Félez Muñoz

2800

(nuevo y recién estrenado, que de Valencia lo sacó) cogió agua en él y a sus primas se la dio. Han sido muy maltratadas y a ambas las sació,

les rogó mucho, hasta que las incorporó; las va reconfortando y dándoles valor 2805 hasta que cobran fuerzas y a ambas las cogió, y de inmediato en el caballo las montó, con su manto a ambas las cubrió. El caballo tomó por la rienda y luego de allí se marchó. Los tres van solos por los robledos de Corpes, 2810 entre el día y la noche salieron de los bosques. Ellos han llegado a la orilla del Duero, en la Torre de doña Urraca él las dejó. A San Esteban se fue Félez Muñoz, halló a Diego Téllez, el que de Álvar Fáñez fue. 2815 Cuando él lo oyó, le dolió de corazón, tomo monturas y vestidos de pro, fue a recoger a doña Elvira y a doña Sol. Dentro de San Esteban él las metió, lo mejor que pudo allí las honró. 2820 Los de San Esteban siempre mesurados son, cuando de esto se enteraron, les dolió de corazón, a las hijas del Cid les dan esfuerzo. Allí estuvieron ellas hasta su curación. Se iban jactando de aquello los infantes de Carrión,

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Cantar de mio Cid, III 2825

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de corazón le dolió al rey don Alfonso. Van tales noticias a Valencia la mayor, cuando se lo dicen a mio Cid el Campeador, un buen rato pensó y caviló. levantó la mano, de la barba se cogió:

2830

—¡Gracias a Cristo, que del mundo es señor, cuando tal honra me han dado los infantes de Carrión! ¡Por esta barba que nadie nunca mesó, no han de disfrutarla los infantes de Carrión, que a mis hijas bien las casaré yo!—

2835

Les pesó a mio Cid y a toda su corte,

2835b y a Álvar Fáñez de todo corazón. Cabalgó Minaya con Pedro Bermúdez y Martín Antolínez, el burgalés de pro, con doscientos caballeros como mio Cid mandó. Les dijo tajantemente que anduviesen día y noche, 2840 que le trajesen sus hijas a Valencia la mayor. No demoran el mandato de su señor, deprisa cabalgan, andan de día y de noche, llegaron a Gormaz, un castillo muy fuerte, allí se albergaron en verdad una noche. 2845 A San Esteban el recado llegó de que venía Minaya por sus primas las dos. La gente de San Esteban, como hombres buenos que son, reciben a Minaya y a todos sus hombres. Le presentan a Minaya esa noche un gran don, 2850 no se lo quiso aceptar, pero mucho lo agradeció: —Gracias, varones de San Esteban, que sois prudentes hombres, por la honra que nos habéis dado en esto que nos pasó; mucho os lo agradece, allí donde está, mio Cid el Campeador, así lo hago yo que aquí estoy.
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Cantar de mio Cid, III 2855

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¡Que el Dios de los cielos os de un buen galardón!— Todos se lo agradecen y reciben satisfacción. Van a aposentarse para descansar esa noche; Minaya va a ver donde están sus primas las dos, en el clavan los ojos doña Elvira y doña Sol:

2860

—Tanto os lo agradecemos como si viésemos al Creador, agradecédselo a Él si estamos vivas las dos. 132 [................] en los días de descansar,

2862b toda nuestra aflicción la sabremos contar.— Lloraban en silencio las damas y Álvar Fáñez, y Pedro Bermúdez consolándolas está: 2865 —Doña Elvira y doña Sol, preocupación no tengáis, pues estáis sanas y vivas y sin otro mal; si buen casamiento perdisteis, mejor podréis alcanzar. ¡Ojalá veamos el día en que os podamos vengar!— Allí pasan esa noche y muchas alegrías hacen, 2870 a la mañana siguiente se disponen a cabalgar. Los de San Esteban escoltándolos van hasta el río de Amor, dándoles solaz. Desde allí se despidieron y empiezan a retornar, y Minaya con las dueñas seguía adelante. 2875 Atravesaron Alcoceba, a la derecha dejan Gormaz, por el llamado Vadorrey el río van a cruzar, en el lugar de Berlanga fueron a acampar. A la mañana siguiente se ponen a andar, en la llamada Medina se iban a albergar 2880 y de Medina a Molina en otro día van. Al moro Abengalbón de corazón le complace, los salió a recibir de buena voluntad,

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Cantar de mio Cid, III

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por afecto hacia mio Cid rica cena les da. De allí hacia Valencia encaminados van. 2885 Al que en buena hora nació le llegaba el mensaje, rápidamente cabalga, a recibirlos sale, iba jugando armas, grandes alegrías hace. Mio Cid a sus hijas las iba a abrazar, se puso a sonreír besándolas a ambas: 2890 —¡Ya llegáis, hijas mías, Dios os guarde de mal! Yo acepté el casamiento, no me atreví a decir más. ¡Quiera el Creador que en el cielo está que os vea mejor casadas de aquí en adelante! De mis yernos de Carrión Dios me haga vengar.— 2895 Le besaron las manos las hijas al padre. Iban jugando armas, entraron en la ciudad, mucho se alegró con ellas doña Jimena, su madre. El que en buena hora nació no lo quiso retrasar, habló con los suyos, en secreto lo fue a tratar, 2890 al rey Alfonso de Castilla un mensaje fue a enviar: 133 —¿Dónde estás, Muño Gustioz, mi vasallo de pro? En buena hora te crié a ti en mi corte. Llévale un mensaje a Castilla al rey Alfonso, por mí bésale la mano de todo corazón, 2905 como yo soy su vasallo y él es mi señor, de esta deshonra que me han dado los infantes de Carrión que le pese al buen rey de todo corazón. Él casó a mis hijas, que no se las di yo; cuando las han dejado con tan gran deshonor, 2910 si hay alguna deshonra en ello contra nosotros, la pequeña y la grande toda es de mi señor. Se me han llevado mis bienes que numerosos son,
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Cantar de mio Cid, III

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eso me debe pesar con el otro deshonor. Que me los traiga a vistas o a juntas o a cortes 2915 y que así obtenga justicia de los infantes de Carrión, pues la aflicción es muy grande dentro de mi corazón.— Muño Gustioz deprisa cabalgó, junto con dos caballeros que le sirven a satisfacción y varios escuderos que sus criados son. 2920 Salían de Valencia y andan cuanto pueden, no se dan descanso de día ni de noche. Al rey en Sahagún lo encontró, rey es de Castilla y rey es de León, y de las Asturias hasta San Salvador, 2925 hasta llegar a Santiago de todo es señor y los condes gallegos a él le tienen por señor. En cuanto descabalga ese Muño Gustioz, se postró ante los santos y rezó al Creador; se dirigió al palacio donde estaba la corte, 2930 con el dos caballeros que lo escoltan como a señor. En cuanto entraron en medio de la corte, los vio el rey y reconoció a Muño Gustioz; se levantó el rey, muy bien los recibió. Delante del rey las rodillas hincó, 2935 le besaba los pies ese Muño Gustioz: —¡Por favor, rey Alfonso, en vastos reinos a vos llaman señor! Los pies y las manos os besa el Campeador, él es vuestro vasallo y vos sois su señor. Casasteis a sus hijas con los infantes de Carrión, 2940 alto fue el casamiento, pues lo quisisteis vos. Vos ya sabéis la honra que a nosotros nos pasó, como nos han ultrajado los infantes de Carrión.

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Cantar de mio Cid, III

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Mal golpearon a las hijas del Cid Campeador, golpeadas y desnudas con gran deshonor, 2945 abandonadas las dejaron en el robledo de Corpes a las fieras alimañas y a las rapaces del bosque. He ahí a sus hijas, en Valencia están las dos. Por esto os besa las manos como vasallo a señor que se los llevéis a vistas o a juntas o a cortes. 2950 Se tiene por deshonrado, pero la vuestra es mayor, y que os pese de ello, rey, como prudente que sois; que obtenga justicia el Cid de los infantes de Carrión.— El rey un buen rato se calló y caviló: —En verdad te digo que me duele de corazón 2955 y tienes razón en esto tú, Muño Gustioz, pues yo casé a sus hijas con los infantes de Carrión, lo hice para bien, que fuese a su favor; ¡si al menos el casamiento no estuviese hecho hoy! Tanto a mi como a mio Cid nos duele de corazón, 2960 lo ayudaré en justicia, así me salve el Creador, lo que no pensaba hacer en toda esta estación. 133 bis Andarán mis porteros por todo mi reino, pregonarán mi corte para reunirse en Toledo. 133 ter Que allí me acudan condes e infanzones; 2965 mandaré que allí vayan los infantes de Carrión y que den reparación a mio Cid el Campeador, 134 y que no tenga querella si puedo yo evitarlo. Decidle al Campeador, el que nació con buen hado, que de aquí a siete semanas se prepare con sus vasallos, 2970 que acuda a Toledo, esto le doy de plazo.

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Cantar de mio Cid, III

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Por afecto hacia el Cid esta corte yo hago, saludádmelos a todos, entre ellos haya descanso, de esto que les sucedió aún saldrán bien honrados.— Se despidió Muño Gustioz, a mio Cid ha regresado. 2975 Según lo había dicho, de ello se ha ocupado; no lo detiene por nada Alfonso el castellano, escribía sus cartas a León y a Santiago, a los portugueses y a los galaicos, y a los de Carrión y a los hombres castellanos, 2980 que hacía corte en Toledo aquel rey honrado, que al cabo de siete semanas allí se hubiesen juntado, quien no viniese a la corte que no se tuviese por su vasallo. En todas sus tierras estaban pensando en no faltar a lo que el rey había mandado. 135 2985 Ya les está pesando a los infantes de Carrión porque el rey en Toledo hacía corte, miedo tienen de que irá mio Cid el Campeador. Se reúnen a deliberar todos los parientes que son, le ruegan al rey que los dispense de esta corte; 2990 dijo el rey: —No lo haré, válgame Dios, pues a ella vendrá mio Cid el Campeador, él se querella contra vosotros y le daréis reparación. Quien no lo quiera hacer y no ir a mi corte que abandone mi reino, pues no es de mi satisfacción.— 2995 Ya ven qué han de hacer los infantes de Carrión, se reúnen a deliberar todos los parientes que son; el conde don García en el asunto se metió, enemigo era del Cid, que mal siempre le buscó, éste aconsejó a los infantes de Carrión.

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Cantar de mio Cid, III 3000

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Llegaba el plazo, se aprestan a ir a la corte, entre los primeros van el buen rey don Alfonso, el conde don Enrique y el conde don Ramón (este fue padre del buen emperador), el conde don Fruela y el conde don Beltrán.

3005

Allí estuvieron de su reino muchos otros conocedores, de toda Castilla todos los mejores. El conde don García con los infantes de Carrión

3009 3008 3010

(Diego y Fernando allí están los dos), y Asur González y Gonzalo Ansúrez y con ellos un gran partido que trajeron a la corte, piensan agredir a mio Cid el Campeador. De todas partes acuden a la reunión, aún no había llegado el que en buena hora nació, porque se retrasa tanto al rey le molestó.

3015

Al quinto día ha llegado mio Cid el Campeador, a Álvar Fáñez adelante lo envió, que le besase las manos al rey su señor, que estuviese seguro de que llegaría esa noche. Cuando lo oyó el rey, le agradó de corazón,

3020

con mucha gente el rey cabalgó y fue a recibir al que en buena hora nació. Bien dispuesto viene el Cid con todos los suyos, buenas mesnadas que tienen tal señor. Cuando lo tuvo a la vista el buen rey don Alfonso,

3025

echó pie a tierra mio Cid el Campeador, humillarse quiere y honrar a su señor. Cuando lo vio el rey, ni un momento tardó: —¡Por San Isidro, esto no lo haréis hoy! Cabalgad, Cid, si no, no me daría satisfacción;

3030

nos saludaremos de todo corazón,

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Cantar de mio Cid, III

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de lo que os aflige a mi me duele de corazón. ¡Dios quiera que por vos se honre hoy la corte!— —¡Amén!— dijo mio Cid el Campeador, le besó en la mano y otro en la boca le dio: 3035 —¡Gracias a Dios cuando os veo, señor! Os presento mis respetos y al conde don Ramón, y al conde don Enrique y a cuantos hay en la reunión. ¡Dios salve a nuestros amigos y a vos más, señor! Mi mujer doña Jimena, una dama de pro, 3040 os besa las manos y mis hijas las dos, que esto que nos ha pasado os duela, señor.— Respondió el rey: —¡Lo hago así, válgame Dios!— 136 Hacia Toledo el rey la vuelta da, esa noche mio Cid el Tajo no quiso cruzar: 3045 —¡Por favor, rey, que el Creador os salve! Disponeos, señor, a entrar en la ciudad y yo con los míos me hospedaré en San Servando. Mis mesnadas esta noche llegarán, haré una vigilia en este santo lugar, 3050 mañana por la mañana entraré en la ciudad e iré a la corte antes de almorzar.— Dijo el rey: —Me complace de verdad.— El rey don Alfonso en Toledo ha entrado ya; mio Cid Ruy Díaz en San Servando se fue a hospedar, 3055 mandó encender candelas y ponerlas en el altar, en este santuario tiene ganas de velar, para rezarle al Creador y en secreto conversar. Junto con Minaya y los buenos que allí están se pusieron de acuerdo cuando vino la mañana.

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Cantar de mio Cid, III

Versión modernizada 137

3060

Maitines y prima dijeron hacia el albor, acabada fue la misa antes que saliese el sol y han hecho su ofrenda muy buena y muy rica. —Vos, Minaya Álvar Fáñez, mi brazo mejor, vos vendréis conmigo y el obispo don Jerónimo,

3065

y Pedro Bermúdez y este Muño Gustioz, y Martín Antolínez, el burgalés de pro, y Álvar Álvarez y Álvar Salvadórez, y Martín Muñoz, que en buen momento nació, y mi sobrino, Félez Muñoz,

3070

y conmigo irá Malanda, del derecho conocedor, y Galín García, el bueno de Aragón, que con estos sumen cien de los buenos de la reunión; cubiertos con belmeces para aguantar las guarniciones, encima las lorigas, brillantes como el sol;

3075

sobre las lorigas armiños y pieles nobles, y que no se vean las armas, bien ceñidos los cordones; bajo los mantos las espadas, tenaces y tajadoras: de este modo quiero ir a la corte, a reclamar mi derecho y decir mi acusación.

3080

Si buscan alboroto los infantes de Carrión, donde tenga a tales cien bien estaré sin temor.— Respondieron todos: —Eso queremos, señor.— Tal como lo ha dicho, así se han dispuesto todos. No se detiene por nada el que en buena hora nació,

3085

con calzas de buen tejido sus piernas cubrió, sobre ellas unos zapatos que de gran trabajo son; vistió camisa de lino, tan blanca como el sol, de oro y de plata todas las presillas son, en el puño quedan bien, pues él así lo encargó;

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Cantar de mio Cid, III 3090

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sobre ella una túnica muy bien bordada con oro, los hilos del bordado se muestran con fulgor; sobre esto una piel bermeja cuyas bandas de oro son, siempre la viste mio Cid el Campeador; una cofia sobre el pelo de batista de la mejor,

3095

con oro está bordada, y se hizo por la razón de que no le arrancasen los pelos al buen Cid Campeador; llevaba la barba larga y la sujetó con un cordón, esto lo hace a causa de proteger todo lo suyo; por encima se echó un manto que era de gran valor,

3100

tendrían que fijarse en él cuantos hay en la reunión. Con estos cien que equiparse mandó, deprisa cabalga, de San Servando salió. Así va mio Cid preparado a la corte, en la puerta de fuera a gusto descabalgó,

3105

prudentemente entra mio Cid con todos los suyos, él va en medio y los otros alrededor. Cuando lo vieron entrar al que en buena hora nació, se levantaron en pie el buen rey don Alfonso y el conde don Enrique y el conde don Ramón,

3110

y a partir de ahí, sabed, todos los otros: con gran honra lo reciben al que en buena hora nació. No se quiso levantar el Crespo de Grañón ni ninguno del bando de los infantes de Carrión. El rey le dijo al Cid: —Venid aquí a sentaros, Campeador,

3115

en este escaño que me regalasteis vos. ¡Mal que le pese a algunos, que nosotros sois mejor!— Entonces le dio muchas gracias el que Valencia ganó: —Seguid en vuestro escaño como rey y señor, aquí me quedaré con mis hombres todos.—

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Cantar de mio Cid, III 3120

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Lo que dijo el Cid al rey mucho le agradó. En un escaño torneado luego mio Cid se sentó, los cien que le escoltan se ponen alrededor. Están mirando a mio Cid todos los que hay en la corte, a la barba que lleva larga y sujeta con el cordón;

3125

en sus disposiciones bien se ve que es todo un hombre. No le pueden mirar de vergüenza los infantes de Carrión. Entonces se puso en pie el buen rey don Alfonso: —¡Oíd, mesnadas, y que os proteja el Creador! Yo desde que soy rey sólo he hecho dos cortes,

3130

una fue en Burgos y la otra en Carrión, y esta tercera en Toledo la ha venido a hacer hoy por afecto hacia mio Cid, el que en buena hora nació, para que obtenga justicia de los infantes de Carrión. Le han hecho gran injusticia, bien los sabemos todos,

3135

sean jueces de esto [................]

3135b el conde don Enrique y el conde don Ramón y todos los otros condes que del otro bando no sois. Puesto que sois entendidos, prestadle mucha atención, para sentenciar lo justo, que lo injusto no mando yo. De una y de otra parte paz tengamos hoy; 3140 juro por San Isidro que el que revuelva mi corte habrá de dejar el reino y perderá mi favor. Con quien tenga el derecho, yo de esa parte estoy. Ahora exponga su demanda mio Cid el Campeador y sepamos qué responden los infantes de Carrión.— 3145 Mio Cid la mano le besó al rey y en pie se levantó: —Os lo agradezco mucho, como a rey y señor, ya que esta corte la hacéis en mi favor. Esto les demando a los infantes de Carrión: por haber dejado a mis hijas no recibo deshonor,
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Cantar de mio Cid, III 3150

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pues vos las casasteis, rey, ya sabréis que hacer hoy; pero al sacar a mis hijas de Valencia la mayor, yo bien los quería con todo mi corazón, les di dos espadas, Colada y Tizón (estas yo las gané luchando como un hombre),

3155

que se honrasen con ellas y os sirviesen a vos. Cuando dejaron a mis hijas en el robledo de Corpes, conmigo no quisieron tener parte y perdieron mi amor: ¡denme mis espadas, cuando mis yernos no son!— Así lo otorgan los jueces: —Todo esto es de razón.—

3160

Dijo el conde don García: —Hablemos de esto nosotros.— Entonces salían a parte los infantes de Carrión con todos sus parientes y el bando que les apoyó; deprisa lo discutieron y acuerdan la resolución: —Un gran favor nos hace el Cid Campeador

3165

cuando por deshonrar a sus hijas no nos demanda hoy, ya nos avendremos bien con el rey don Alfonso. Démosle sus espadas, si así acaba su alegación, y cuando las tenga se disolverá la corte, ya nunca obtendrá justicia de nosotros el Cid Campeador.—

3170

Tras estas palabras volvieron a la corte: —¡Por favor, rey don Alfonso, sois nuestro señor! No lo podemos negar, que dos espadas nos dio; cuando nos las pide y las quiere a su satisfacción, se las queremos dar estando ante vos.—

3175

Sacaron las espadas Colada y Tizón, las pusieron en manos del rey su señor. Saca las espadas y relumbra toda la corte, los pomos y los gavilanes todos de oro son, se maravillan de ellas los hombres buenos de la corte.

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Cantar de mio Cid, III 3180

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Recibió el Cid las espadas, las manos le besó, se volvió al escaño del que se levantó, en las manos las tiene y a ambas las miró, no se las pueden cambiar, pues el Cid bien las conoce, se le alegró todo el cuerpo, sonrió de corazón;

3185

levantó la mano, de la barba se tomó: —Por esta barba que nadie nunca mesó, así se irán vengando doña Elvira y doña Sol.— A su sobrino Pedro Bermúdez por su nombre lo llamó, estiró el brazo, la espada Tizón le dio:

3190

—Tomadla, sobrino, pues mejora de señor.— Hacia Martín Antolínez, el burgalés de pro, estiró el brazo, la espada Colada le dio: —Martín Antolínez, mi vasallo de pro, tomad a Colada, la gané de buen señor,

3195

del conde don Ramón Berenguer, de Barcelona la mayor; por eso os la doy, para que bien la cuidéis vos. Sé que si os sucediese [................]

3197b con ella ganaréis gran gran valía y renombre.— Le besó la mano, la espada tomó y recibió; luego se levantó mio Cid el Campeador: 3200 —¡Gracias al Creador y a vos, rey y señor, ya estoy satisfecho con mis espadas, con Colada y Tizón! Otra querella tengo contra los infantes de Carrión, cuando sacaron de Valencia a mis hijas las dos, en oro y en plata tres mil marcos les di yo, 3205 habiendo hecho yo esto, ellos realizaron su acción: ¡devuélvanme mi dinero, cuando mis yernos no son!— Aquí veríais quejarse a los infantes de Carrión, dice el conde don Ramón: —¡Contestad sí o no!— Entonces responden los infantes de Carrión:
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Cantar de mio Cid, III 3210

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—Por eso le dimos sus espadas al Cid Campeador, que más no nos pidiese y acabase su alegación.— —Si al rey le parece bien, así decimos nosotros: a lo que demanda el Cid que respondáis vosotros.— Dijo el buen rey: —Así lo otorgo yo.—

3215

Se puso en pie el Cid Campeador: —Este dinero que os di yo,

3126b que me lo devolváis o de ello deis razón.— Entonces salieron aparte los infantes de Carrión, no logran ponerse de acuerdo, pues los bienes muchos son, se los han gastado los infantes de Carrión; 3220 vuelven con su decisión y hablan a su satisfacción: —Mucho nos apremia el que Valencia ganó cuando de nuestros bienes así le entra afición. Le pagaremos en posesiones en tierras de Carrión.— Dijeron los jueces, después de su confesión: 3225 —Si eso le agrada al Cid, no se lo prohibimos nosotros; pero en nuestra sentencia así lo mandamos nosotros: que aquí lo entreguéis dentro de la corte.— Ante estas palabras habló el rey Alfonso: —Bien conocemos esta cuestión, 3230 que en justicia se querella el Cid Campeador. De estos tres mil marcos doscientos tengo yo, ambos me los dieron los infantes de Carrión. Devolvérselos quiero, pues están tan pobres, que se los den a mio Cid, el que en buena hora nació. 3235 Cuando han de pagarlos de multa, no los quiero yo.— Habló Fernán González y así se expresó: —Dinero en efectivo no tenemos nosotros.— Luego respondió el conde don Ramón:

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Cantar de mio Cid, III

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—El oro y la plata lo gastasteis vosotros. Por sentencia lo damos ante el rey don Alfonso: 3240 que le paguen en especie y lo reciba el Campeador.— Ya vieron qué han de hacer los infantes de Carrión. Allí veríais conducir tanto caballo corredor, tanta robusta mula, tanto palafrén en sazón, tanta buena espada con toda la guarnición; 3245 lo recibió mio Cid como lo tasaron en la corte. Junto a los doscientos marcos que tenía el rey Alfonso pagaron los infantes al que en buena hora nació; les prestan de lo ajeno, pues no les basta lo suyo. Mal burlados salieron, sabed, de esta situación. 138 3250 Estos bienes en especie mio Cid los recibe ya, sus hombres los tienen y de ellos se ocuparán; pero cuando esto acabaron pensaron en lo demás: —¡Por favor, rey y señor, por amor y caridad! La querella mayor no se me puede olvidar; 3255 oídme toda la corte y afligíos con mi mal; a los infantes de Carrión, que me deshonraron tan mal, por menos de un reto no los puedo dejar. 139 Decid, ¿qué mal os merecí, infantes de Carrión, en broma o en serio o en cualquier ocasión? 3259b Aquí os lo repararé a juicio de la corte. 3260 ¿Por qué me habéis arrancado las telas del corazón? A la salida de Valencia mis hijas os di yo con muy gran honra y bienes enormes. Si ya no las queríais, perros traidores, ¿por qué las sacabais de Valencia, sus posesiones? 3265 ¿por qué las golpeasteis con cinchas y espolones?

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Abandonadas las dejasteis en el robledo de Corpes a las fieras alimañas y a las rapaces del bosque. ¡Por cuento les hicisteis menos valéis vosotros! Si no respondéis, que lo juzgue esta corte.— 140 3270 El conde don García en pie se levantaba: —¡Por favor, rey, el mejor de toda España! Está avezado mio Cid en las cortes extraordinarias. La dejó crecer y larga trae la barba, unos le tienen miedo y a otros los espanta. 3275 Los de Carrión son de un linaje tal que no debían querer a sus hijas por barraganas y ¿quién se las diera por sus iguales casadas? Han obrado en justicia al abandonarlas, todo lo que él diga no lo apreciamos nada.— 3280 Entonces el Campeador se tomó de la barba: —¡Gracias a Dios, que cielo y tierra manda! Por eso es larga, que con deleite fue cuidada. ¿Qué tenéis vos, conde, que reprocharle a mi barba? Pues desde que nací con deleite fue criada, 3285 pues no me cogió de ella nadie que nacido haya ni me la mesó hijo de moro ni de cristiana, como yo a vos, conde, en el castillo de Cabra, cuando tomé a Cabra y a vos por la barba. No hubo allí un muchacho 3290 que no mesase su pulgada,

la que yo mesé aún no está igualada.— 141 Fernán González en pie se levantó, a grandes gritos oiréis cómo habló: —¡Deberías dejaros, Cid, de esta alegación!

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De vuestros bienes se os han pagado todos; 3295 que no crezca más el pleito entre nosotros y vos. Del linaje somos de los condes de Carrión, debimos casar con hijas de reyes o de emperadores, pues no nos correspondían simples hijas de infanzones; porque las dejamos en justicia obramos los dos, 3300 en más nos apreciamos, sabed que en menos no 142 Mio Cid Ruy Díaz en Pedro Bermúdez repara: —¡Habla, Pedro mudo, hombre que tanto callas! Ya las tengo por hijas y tú por primas hermanas, a mí me lo dicen, a ti te dan las bofetadas. 3305 Si yo llego a responder, tú no entrarás en armas.— 143 Pedro Bermúdez empezó a hablar, se le traba la lengua, no se puede soltar, pero cuando comienza, sabed que descanso no le da: —Os diré, Cid, que tenéis unas costumbres tales, 3310 siempre en las cortes Pedro mudo me llamáis; bien lo sabéis, que yo no puedo más, pero lo que haya de hacer, por mí no quedará. ¡Mientes, Fernando, en todo al hablar: por el Campeador valisteis mucho más! 3315 Tus mañas yo te las sé contar. Acuérdate cuando luchamos junto a Valencia la grande: le pediste las primeras heridas al Campeador leal, viste un moro, con él te fuiste a emplear, 3318b pero huiste antes que a él te acercases. Si yo no te ayudara, el moro te la jugara mal; 3320 pasé junto a ti, con el moro me hube de juntar, con los primeros golpes lo fui a derrotar.
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Te di el caballo, en secreto lo quise guardar, hasta este día no se lo descubrí a nadie. Ante mio Cid y ante todos te empezaste a jactar 3325 de que mataste al moro y que hiciste una hazaña; todos se lo creyeron, pues no saben la verdad, que eres muy galante, pero nada audaz. ¡Lengua sin manos, cómo osas hablar! 144 Di, Fernando, concédeme la razón: 3330 ¿no se te viene a la mente en Valencia lo del león, cuando dormía el Cid y el león se escapó? Y tú, Fernando, ¿qué hiciste con el temor? Te metiste bajo el escaño de mio Cid el Campeador, te metiste, Fernando, en donde te envilece hoy. 3335 Nosotros rodeamos el escaño para cuidar de nuestro señor, hasta que despertó mio Cid, el que Valencia ganó; se levantó del escaño y se fue hacia el león, el león inclinó la cabeza, a mio Cid esperó, se dejó agarrar por el cuello y él a la jaula lo metió. 3340 Cuando volvió el buen Campeador, a sus vasallos los vio alrededor, preguntó por sus yernos y a ninguno encontró. ¡Te reto tu persona por malo y por traidor, esto te lidiaré aquí ante el rey don Alfonso! 3345 Por las hijas del Cid, doña Elvira y doña Sol, por cuanto las dejasteis menos valéis los dos. Ellas son mujeres y vosotros sois varones, en cualquier circunstancia valen más que los dos. Cuando sea la lid, si lo quiere el Creador, 3350 tú lo concederás a modo de traidor;

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en cuanto he dicho por veraz quedaré yo.— De estos dos la querella aquí acabó. 145 Diego González oiréis lo que dijo: —Del linaje somos de los condes más limpios, 3355 estos casamientos no debieran haber surgido, para emparentar con mio Cid don Rodrigo. De haber dejado a sus hijas aún no nos arrepentimos; mientras vivan podrán dar suspiros, les será reprochado lo que les hicimos. 3395b ¡Esto le lidiaré al más atrevido: 3360 que porque las dejamos honrados hemos sido!— 146 Martín Antolínez en pie se fue a levantar: —¡Calla, alevoso, boca sin verdad! Lo del león no se te debe olvidar: saliste por la puerta, al patio fuiste a dar, 3365 te fuiste a esconder tras la viga del lagar, la túnica ni el manto no los vestiste más. Yo te lo lidiaré, de otro modo no será: las hijas del Cid, porque las dejasteis, en cualquier caso, sabed que más que vosotros valen. 3370 ¡Al acabar la lid, por tu boca lo dirás, que eres traidor y mentiste en todo al hablar!— De estos dos la querella acabada está. 147 Asur González entraba por el palacio, con un manto de armiño y una túnica arrastrando, 3375 colorado viene, pues había almorzado, en lo que habló fue poco mesurado: 148
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—¡Señores! ¿quién vio nunca tanto mal? ¿Quién nos fue a dar noticias de mio Cid el de Vivar? Mejor que se vaya al río Ubierna los molinos a picar 3380 y a recoger los impuestos, como acostumbra a actuar. ¿Quién le iría a conceder con los de Carrión casar?— 149 Entonces Muño Gustioz en pie se levantó: —¡Calla, alevoso, malo y traidor! Almuerzas antes de ir a la oración, 3385 a los que deseas la paz los fastidias a tu alrededor. No dices la verdad ni a amigo ni a señor, mentiroso con todos y más con el Creador, de tu amistad no quiero una ración. ¡Te lo haré decir, que eres como digo yo!— 3390 Dijo el rey Alfonso: —¡Acabe esta alegación! Los que se han retado lidiarán, válgame Dios.— Conforme acabaron esta alegación, he aquí que dos caballeros entraron por la corte, al uno llaman Ojarra y al otro Íñigo Jimenoz, 3395-3396 uno es del príncipe de Navarra y otro del príncipe de Aragón,

besan las manos del rey don Alfonso, le piden sus hijas a mio Cid el Campeador para ser reinas de Navarra y de Aragón, 3400 y que se las diesen con honra y con bendiciones. Con esto se callaron y escuchó toda la corte, se puso en pie mio Cid el Campeador: —¡Por favor, rey Alfonso, vos sois mi señor! Esto le agradezco yo al Creador, 3405 cuando me las piden de Navarra y de Aragón. Vos las casasteis antes, que yo no;

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ved que mis hijas en vuestras manos son, sin vuestro mandato nada haré yo.— Se levantó el rey, hizo callar a la corte: 3410 —Os ruego, Cid, cabal Campeador,

que ello os agrade y lo concederé yo. Este casamiento hoy se otorgue en esta corte, pues os crece en él honra, y tierra y posesiones.— Se levantó el Cid, al rey las manos le besó: 3415 —Cuando a vos os complace, yo lo concedo, señor.— Entonces dijo el rey: —¡Dios os de buen galardón! A vos, Ojarra, y a vos, Íñigo Jimenoz, este casamiento os lo concedo yo con las hijas de mio Cid, doña Elvira y doña Sol, 3420 para los príncipes de Navarra y de Aragón,, que os las dé con honra y con bendiciones.— Se pusieron en pie Ojarra e Íñigo Jimenoz, le besaron las manos al rey don Alfonso y después a mio Cid el Campeador. 3425 Dieron su palabra y las promesas hechas son de que, como lo han dicho, así sea o mejor. A muchos les agrada de toda esta corte, pero no les agrada a los infantes de Carrión. Minaya Álvar Fáñez en pie se levantó: 3430 —¡Un favor os pido, como a rey y señor, que no le parezca mal al Cid Campeador! Os he dado reposo en toda esta corte, ahora querría decir algo de mi opinión.— Dijo el rey: —Me agrada de corazón, 3435 hablad, Minaya, a vuestra satisfacción.— —Yo os ruego que me oigáis toda la corte, pues tengo una gran querella contra los infantes de Carrión.
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Cantar de mio Cid, III

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Yo les di mis primas por mandato del rey Alfonso, ellos las tomaron con honra y con bendiciones; 3440 muchos bienes les dio mio Cid el Campeador. Ellos las han dejado a pesar de nosotros: ¡les reto sus personas por malos y traidores! Del linaje sois de los Benigómez, de donde salían condes de gran valía y renombre, 3445 pero bien sabemos qué mañas tienen hoy. Esto agradezco yo al Creador, que piden a mis primas doña Elvira y doña Sol los príncipes de Navarra y de Aragón. Antes las teníais como iguales para abrazarlas a las dos, 3450 ahora besaréis sus manos y las llamaréis señoras, las habréis de servir mal que os pese a los dos. Gracias al Dios del cielo y a este rey don Alfonso, así le crece la honra a mio Cid el Campeador. En cualquier circunstancia sois como digo yo; 3455 si hay quien me contradiga y dice que no, yo soy Álvar Fáñez, contra cualquiera el mejor.— Gómez Peláez en pie se levantó: —¿Qué vale, Minaya, toda esa alegación? Que en esta corte bastantes hay para vos, 3460 y quien sostenga otra cosa corre un peligro mayor. Si Dios quiere que de ésta bien salgamos nosotros, entonces veréis si lo mantenéis o no.— Dijo el rey: —¡Acabe esta cuestión! Que ninguno haga sobre ella otra alegación. 3465 Mañana sea la lid, cuando salga el sol, de estos tres contra tres que se retaron en la corte.— Luego hablaron los infantes de Carrión:

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Cantar de mio Cid, III

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—Dadnos, rey, un plazo, pues mañana ser no puede. Nuestras armas y caballos tienen los del Campeador, 3470 nosotros tendremos que ir antes a las tierras de Carrión.— Habló el rey hacia el Campeador: —Sea esta lid donde mandéis vos-— Entonces dijo el Cid: —No lo haré, señor. Prefiero irme a Valencia que a tierras de Carrión.— 3475 Entonces dijo el rey: —Por supuesto, Campeador. Dadme vuestros caballeros con todas sus guarniciones, que vayan conmigo, yo seré su fiador, yo os lo garantizo como a buen vasallo hace el señor, que no les haga fuerza ni conde ni infanzón. 3480 Aquí les pongo de plazo dentro de mi corte, que al cabo de tres semanas en las vegas de Carrión hagan esta lid estando delante yo. El que no acuda en el plazo, que pierda la razón, sea dado por vencido y salga por traidor.— 3485 Aceptaron la sentencia los infantes de Carrión. Mio Cid al rey las manos le besó 3486b y le dijo: —Me agrada, señor. Estos tres caballeros míos en vuestras manos los dejo yo, desde ahora os los encomiendo como a rey y señor. Ellos están dispuestos para cumplir todo lo suyo, 3490 ¡enviádmelos honrados a Valencia, por amor del Creador!— Entonces respondió el rey: —¡Así lo quiera Dios!— Allí se quitó el sombrero el Cid Campeador, la cofia de lino, que era blanca como el sol, y se soltaba la barba y la libró del cordón; 3495 no se cansan de mirarle cuantos están en la corte. Se dirigió al conde don Enrique y al conde don Ramón, los abrazó estrechamente y les ruega de corazón
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Cantar de mio Cid, III

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que tomen de sus bienes a plena satisfacción. A ésos y a los otros que de buena parte son 3500 a todos les rogaba a su satisfacción; algunos hay que toman, algunos hay que no. Los doscientos marcos al rey se los dejó, quien cogió de lo demás como le pareció mejor. —¡Un favor os pido, rey, por amor del Creador! 3505 Cuando estos asuntos todos así concluidos son, beso vuestras manos con vuestra venia, señor: irme quiero a Valencia, con afán la gané yo.— [................] 150 El rey alzó la mano, la cara se santiguó: —Yo lo juro por San Isidro el de León 3510 que en todas nuestras tierras no hay tan buen varón!— Mio Cid en el caballo adelante llegó, fue a besarle la mano a su señor Alfonso: —Me mandasteis galopar con Babieca el corredor, ni entre moros ni entre cristianos otro semejante hay hoy. 3515 Yo os lo regalo, mandadlo tomar, señor.— Entonces dijo el rey: —Eso no lo apruebo yo. Si os lo quitase, el caballo no tendría tan buen señor, que tal caballo como éste es para alguien como vos, para vencer moros en el campo e ir en su persecución; 3520 a quien quiera quitároslo no le ayude el Creador, pues por vos y por el caballo honrados somos.— Entonces se despidieron y luego se disolvió la corte. El Campeador a los que van a lidiar muy bien los aleccionó: —Vos, Martín Antolínez, el burgalés de pro, 3525 y vos, Pedro Bermúdez, y Muño Gustioz,

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3525b estad firmes en el campo, como hombres. Que me llegan buenas noticias a Valencia de vosotros.— Dijo Martín Antolínez: —¿Por qué lo decís, señor? Hemos aceptado el deber y cumpliremos la misión; podréis oír de muertos, pero de vencidos no.— 3530 Se alegró con esto el que en buena hora nació, se despidió de todos los que sus amigos son, mio Cid rumbo a Valencia y el rey rumbo a Carrión. Las tres semanas del plazo llegan s su conclusión. Han llegado en el plazo los del Campeador, 3535 cumplir quieren la misión que les mandó su señor; están bajo protección del rey don Alfonso el de León, dos días esperaron a los infantes de Carrión. Vienen muy bien equipados de caballos y guarniciones, y todos sus parientes van con ellos en reunión, 3540 pues si pudiesen apartar a los del Campeador, los matarían en el campo, por deshonra de su señor. El propósito era malo, pero a más no se llegó, pues tuvieron gran miedo de Alfonso el de León. De noche velaron las armas y le rezaron al Creador. 3545 Ya ha pasado la noche, ya rompen los albores. Se juntaron muchos de los buenos ricos hombres para ver esta lid, pues le tenían afición. Además sobre todos allí está el rey Alfonso, para querer el derecho, pero la injusticia no. 3550 Ya se ponían las armas los del buen Campeador, los tres se ponen de acuerdo, pues son de un señor. En otro lugar se arman los infantes de Carrión, los estaba aconsejando el conde Garcí Ordóñez. Suscitaron un problema, se lo dijeron al rey Alfonso, 3555 que no estuviesen en la lucha Colada y Tizón,

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que no lidiasen con ellas los del Campeador. Muy arrepentidos están los infantes de haberlas dado las dos. Se lo dijeron al rey, pero no lo consintió: —No exceptuasteis ninguna cuando tuvimos la corte; 3560 si las tenéis buenas, de provecho os serán a los dos, lo mismo les harán a los del Campeador. Levantaos y salid al campo, infantes de Carrión, necesitáis combatir como hombres, que no ha de quedar por los del Campeador. 3565 Si del campo salís bien, gran honra tendréis los dos, y si sois vencidos, no nos hagáis reproches, pues todos saben que os lo buscasteis los dos.— Ya se están arrepintiendo los infantes de Carrión, de lo que habían hecho tienen gran contrición, 3570 no querrían haberlo hecho por cuanto hay en Carrión. Ya están los tres armados los del Campeador, los iba a ver el rey don Alfonso, dijeron los del Campeador: —Os besamos las manos como a rey y a señor 3575 que juez seáis hoy de ellos y de nosotros; ayudadnos en lo justo, pues en lo injusto no. Aquí tienen su bando los infantes de Carrión, no sabemos si ellos planearán algo o no.

En vuestra custodia nos puso nuestro señor, 3580 ¡defended nuestro derecho, por amor del Creador!— Entonces dijo el rey: —¡De todo corazón!— Les traen los caballos, buenos y corredores.; santiguaron las sillas y cabalgan con vigor, los escudos en el cuello, que de buenas blocas son, 3585 en la mano cogen las astas de hierros tajadores,

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estas tres lanzas tienen sendos pendones; alrededor de ellos hay muchos buenos varones. Ya han salido al campo donde están los mojones. Los tres han concertado los del Campeador 3590 que cada uno de ellos bien acometiese al suyo. Ya están en la otra parte los infantes de Carrión, muy bien acompañados, pues muchos parientes son. El rey les dio jueces para decidir el derecho solo, que no disputen con ellos sobre sí o no. 3595 Cuando estaban en el campo habló el rey don Alfonso: —Oíd lo que os digo, infantes de Carrión: esta lid en Toledo la hicierais, pero no quisisteis vosotros. Estos tres caballeros de mio Cid el Campeador yo los conduje a salvo a las tierras de Carrión. 3600 Defended vuestro derecho, lo injusto no queráis vosotros, pues al que lo quiera hacer bien se lo impediré yo, en todo mi reino no tendrá satisfacción.— Ya les va pesando a los infantes de Carrión. Los fieles y el rey les mostraron los mojones, 3605 se apartaban del campo todos alrededor, bien se lo indicaron a los seis que son, que por eso sería vencido quien se saliese del mojón. Toda la gente despejó el sitio alrededor, mas de seis astas de lanzas hasta llegar al mojón. 3610 Les sorteaban el campo, ya les repartían el sol, salían los jueces del medio, ellos cara a cara son. Allí atacan los de mio Cid a los infantes de Carrión, y los infantes de Carrión a los del Campeador; cada uno de ellos se ocupa del suyo. 3615 Embrazan los escudos delante del corazón, abaten las lanzas a una con los pendones,
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inclinaban la cara sobre los arzones, picaban los caballos con los espolones. Temblando está la tierra por donde iban al galope. 3620 Cada uno de ellos se ocupa del suyo, cada uno de los tres al contrario se juntó; piensan que van a caer muertos los que están alrededor. Pedro Bermúdez, el que primero retó, con Fernán González de cara se juntó, 3625 se golpean los escudos sin ningún temor. Fernán González a Pedro Bermúdez el escudo le pasó, le dio en vacío, en el cuerpo no le acertó, bien por dos lugares el asta se le rompió. Firme estuvo Pedro Bermúdez, por eso no se ladeó, 3630 un golpe ha recibido, pero él otro dio, le rompió la bloca del escudo, aparte se la echó, se lo atravesó todo, de nada le valió, le metió la lanza por el pecho, que nada le protegió. Cota de triple malla tenía Fernando, esto le ayudó, 3635 dos se le rompieron, la tercera aguantó. El belmez con la camisa y con la guarnición dentro de la carne un palmo se la metió, por la boca afuera la sangre le salió. Se le rompieron las cinchas, ninguna le aprovechó; 3640 por la grupa del caballo en tierra lo echó, así creía la gente que está herido de muerte. Él dejó la lanza y mano de la espada echó; cuando lo vio Fernán González, reconoció a Tizón, antes que esperar el golpe dijo: —¡Vencido estoy!— 3645 Lo confirmaron los jueces, Pedro Bermúdez le dejó. 151

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Martín Antolínez y Dia González se golpearon con las lanzas, tales fueron los golpes que las quebraron ambas. Martín Antolínez echó mano de la espada (relumbra todo el campo, tal es de limpia y clara), 3650 le dio un golpe, de través le acertaba, el casco de encima aparte se lo echaba, las lazadas del yelmo todas se las cortaba, también se llevó el almófar, hasta la cofia llegaba, la cofia y el almófar todo se lo llevaba, 3655 le raspó el pelo de la cabeza, a la carne le llegaba, una parte cayó al campo, la otra arriba le quedaba. Cuando este golpe ha dado Colada la apreciada, vio Diego González que no escaparía con el alma. Volvió riendas al caballo para ponerse de cara; 3660 entonces Martín Antolínez lo recibió con la espada, un golpe le dio de plano, con el filo no le daba. 2662-3663 Dia González espada tiene en mano, pero no la empleaba,

entonces el infante muy grandes voces daba: 3665 —¡Ayúdame, Dios, glorioso señor, y líbrame de esta espada!— Al caballo tiene las riendas y, apartándolo de la espada, lo sacó del mojón [................] 3667b Martín Antolínez en el campo se quedaba. Entonces dijo el rey: —Venid vos a mi mesnada. Por cuanto habéis hecho, vencido habéis la batalla.— 3670 Los fieles le confirman que es veraz en sus palabras. 152 Dos de ellos han ganado, os contaré de Muño Gustioz con Asur González cómo se las arregló. Se asestan en los escudos unos golpes muy grandes. Asur González, forzudo y de valor, 3675 hirió en el escudo a don Muño Gustioz,

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tras el escudo le pasó la guarnición, en vacío dio la lanza, que en el cuerpo no le acertó. Habiendo asestado este golpe, otro dio Muño Gustioz, tras el escudo le pasó la guarnición: 3680 por el centro de la bloca el escudo le rompió, no le pudo proteger, le pasó la guarnición, le acertó por un lado, no junto al corazón, le metió por la carne adentro la lanza con el pendón, por la espalda una braza se la sacó, 3685 con él dio un giro, de la silla lo ladeó, al tirar de la lanza en tierra lo echó, 3685 rojos salieron el asta, el hierro y el pendón: todos piensan que está herido de muerte. La lanza recuperó y junto a él se paró; 3690 dijo Gonzalo Ansúrez: —¡No lo hiráis, por Dios! ¡Ha ganado el campo, pues esto se acabó!— Dijeron los fieles: —Esto oímos nosotros.— Mandó despejar el campo el buen rey don Alfonso, las armas que allí quedaron él se las apropió. 3695 Como honrados se parten los del buen Campeador, vencieron esta lid gracias al Creador; muy grande es el pesar en tierras de Carrión. El rey a los de mio Cid de noche los envió, que no les asaltasen ni tuviesen temor. 3700 Como hombres prudentes, andan de día y de noche, ya están en Valencia con mio Cid el Campeador, por infames los dejaron a los infantes de Carrión, han cumplido la misión que les mandó su señor; se alegró por eso mio Cid el Campeador. 3705 Grande es la infamia de los infantes de Carrión:

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quien a buena dama injuria y la deja después lo mismo le suceda o acaso peor. Dejémonos de historias de los infantes de Carrión, de lo que han recibido guardan muy mal sabor; 3710 hablemos nosotros de este que en buena hora nació: muy grande es la alegría en Valencia la mayor porque fueron tan honrados los del Campeador. Se agarró la barba Ruy Díaz, su señor: —¡Gracias al rey del cielo, mis hijas vengadas son, 3715 ahora tendrán libres las posesiones de Carrión! ¡Sin vergüenza las casaré, que a unos pese y a otros no!— Tuvieron negociaciones con los de Navarra y Aragón, celebraron su reunión con Alfonso el de León, hicieron sus casamientos con doña Elvira y doña Sol. 3720 Los primeros fueron grandes, pero estos son mejores, con mayor honra las casa de la que primero fue. ¡Ved como le aumenta la honra al que en buena hora nació, cuando señoras son sus hijas de Navarra y de Aragón! Hoy los reyes de España sus parientes son, 3725 a todos les alcanza honra por el que en buena hora nació. Ha salido de este mundo mio Cid el Campeador el día de Pentecostés, ¡de Cristo tenga el perdón! Así hagamos nosotros todos, justos y pecadores. Éstas son las noticias de mio Cid el Campeador, 3730 en este lugar se acaba esta narración.

Al que escribió este libro Dios le dé el paraíso, ¡amén! Pedro Abad lo escribió en el mes de mayo en era de mil doscientos cuarenta y cinco años.

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Cantar de mio Cid, III Y el romance se ha leído, 3734b dadnos vino; 3734c 3735 si no tenéis monedas, echad ahí unas prendas,

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3735b que bien nos lo darán por ellas.

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