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Spinoza y su teoría de las emociones a la luz de la psiconeurología contemporánea

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MARTES 30 DE DICIEMBRE DE 2008

http://vygotski-traducido.blogspot.com/2008/12/vygotski_30.html

SPINOZA Y SU TEORÍA DE LAS EMOCIONES A LA LUZ DE LA PSICONEUROLOGÍA CONTEMPORÁNEA*
L. S. Vygotski Traducción: Efraín Aguilar
*Este artículo corresponde al último capítulo de la monografía de L. S. Vygotski titulada "Una teoría de las emociones a la luz de la psiconeurología contemporánea. Investigaciones histórico-psicológicas”. La monografía lleva también el encabezado "Spinoza, ensayos de psicología. El problema de las emociones". El texto fue preparado por R. N. Vygótskaya y trae una presentación de Piotr Ya. Galperin. La presente traducción es de la versión al inglés publicada en Soviet Studies in Philosophy, primavera de 1972: 362-382, y editada originalmente en la revista soviética Problemas de filosofía 1970, 6: 110-130.

Presentación
El periodo que va de la mitad del decenio de 1920 a la mitad del de 1930 fue portentoso para la psicología soviética. A medida que se aleja en el pasado, la figura de L. S. Vygotski crece más y más ante nosotros. Vygotski murió de tuberculosis cuando apenas tenía 37 años de edad. Fue psicólogo durante sólo 10 años y en los últimos 6 realizó el trabajo que asociamos ahora con su nombre. Durante esos pocos años Vygotski escribió más de 120 trabajos, incluyendo más de 10 grandes libros. Su vida fue corta pero llena de un trabajo inspirado, infatigable y heroico. Una parte importante de su trabajo escrito ha permanecido inédita y mucho de ella quedó inconclusa. Una colección del trabajo de Vygotski en siete volúmenes está en proceso, y no contendrá todo lo que él escribió. El volumen final de la colección incluirá sus artículos "El significado de la crisis en psicología" y "Spinoza y su teoría de las pasiones". Cupo a Vygotski dar el primer y quizá más difícil paso en trasladar la concepción marxista-leninista del hombre hacia una teoría psicológica concreta. Él dio este paso en su teoría de la diferencia cualitativa entre las funciones mentales superiores (lo social) e inferiores (lo natural). Arguyó que, tal como en el trabajo, las funciones mentales superiores están mediadas por sus propios instrumentos especiales, por signos, esto es, por los signos del lenguaje. Para Vygotski las funciones mentales superiores se construyen primero como formas del intercambio verbal entre personas y más tarde vienen a ser las formas internas del pensamiento verbal. El camino general del desarrollo de la mente humana es, así, desde el "exterior" al "interior". Esta idea recibió confirmación experimental en los trabajos de Leóntiev.

Ha sido una idea de gran significado. Más que otra cosa, ha proporcionado una base de principios para refutar dos tesis fundamentales de la vieja psicología: la tesis de la naturaleza eterna y cerrada de la consciencia individual, y la tesis de la diferencia primaria y absoluta entre el mundo "mental" y el resto del mundo "físico". Después de convertirse en psicólogo, Vygotski enfocó sus esfuerzos a dos tareas. La primera fue hacer un análisis crítico de la psicología burguesa. (El rápido crecimiento de esta psicología fue proporcionado por la desesperación de sus practicantes en hacerla una verdadera ciencia.) La segunda tarea fue elaborar una nueva teoría positiva de la consciencia humana. Los hitos básicos de esta teoría vinieron a ser: signo significante, concepto significante y concepto célula de la consciencia. En resumen, el desarrollo del concepto es la línea básica del desarrollo de la consciencia humana. Así, Vygotski resultó ser un racionalista en psicología. Se sentía incómodo en este papel y constantemente señalaba lo inadecuado del racionalismo. Forcejeaba con el racionalismo mecanicista de la psicología burguesa y su típica contraposición de la razón y el sentimiento, del intelecto y el afecto. De esta lucha surge el interés de Vygotski por el debate entre la "psicología fisiológica" (explicativa) y la "psicología descriptiva" (comprensiva), y por el estudio de los sentimientos. De esta lucha surge también su interés por Spinoza, pues vio en él a un pensador que se anticipó a la eliminación de tal antítesis falsa. Aun aquellos que están familiarizados con los trabajos de Vygotski encontrarán algo nuevo y quizá inesperado en la selección aquí publicada. Cada lector, sin embargo, sentirá la intensidad y el gran esfuerzo de un pensamiento dirigido hacia un elevado entendimiento (o, como gustaba decir Vygotski, hacia un "pináculo" del entendimiento) del hombre con todas sus posibilidades. P. Ya. Galperin *** El campo de estudio llamado "la psicología descriptiva de las emociones" aborda la naturaleza de los sentimientos superiores. La psicología descriptiva pregunta: ¿Las emociones superiores representan simplemente modificaciones y combinaciones complejas de las emociones elementales? ¿O representan algo bastante nuevo respecto a las emociones elementales, algo que demanda un enfoque científico muy especial? La psicología descriptiva escoge la segunda parte del dilema como premisa básica, y afirma que la marca distintiva de los sentimientos superiores radica en su intencionalidad, en su direccionalidad, en su conexión significativa con un objeto. Sin esta experiencia directa -la conexión significativa con un objetoun sentimiento superior deja de ser lo que es.

En uno de sus primeros trabajos, Scheler señaló la distinción entre los sentimientos superiores e inferiores justo en esa dirección. La conexión de los sentimientos inferiores con un objeto siempre es mediada y establecida por subsecuentes actos de referencia. No hay direccionalidad inherente. Esto lo vemos en el hecho de que es a veces necesario buscar un objeto a nuestra tristeza. Por el contrario, un sentimiento superior es dirigido siempre a una cosa específica, tal como lo es la representación de algo. Este es un proceso no meditado, en principio disponible sólo para el entendimiento. Los estados elementales del sentimiento sólo pueden dar una explicación causal. Cuando estoy triste o contento, las experiencias de valor están dando origen a sentimientos específicos. Pero amor y odio son intencionales en el sentido estricto de la palabra, como Brentano lo señaló. No amamos acerca de algo, más bien amamos algo. Así, los sentimientos superiores no demandan una investigación causalexplicativa, sino una psicología conceptualista (una psicología del entendimiento) cuyo único propósito es entender varias conexiones inmediatamente experimentadas. La experiencia de valores no evoca sentimientos superiores específicos con base en cierta clase de conexiones lógicas, como aquéllas entre las premisas silogísticas y una conclusión. Aún más, aquí la conexión es teleológica. La naturaleza de la vida consciente está estructurada de tal modo, que yo respondo con gusto a cualquier cosa que experimento como de cierto valor, la cual mi deseo está motivado a conseguir. Esta conexión permite sólo el entendimiento que está unido a la experiencia, el de su direccionalidad hacia el objetivo, y debe contrastarse con una conexión que permanece no entendida y no interpretada, tal como la conexión de algo dulce con el placer y algo amargo con el displacer. Sólo puedo tomar esas conexiones como hechos. En sí mismas, no son el tipo de conexiones que puedo entender o interpretar. En principio, esta no interpretabilidad de los sentimientos básicos o primitivos, es una de las piedras angulares de la teoría cartesiana de las pasiones. Descartes afirmaba que la tristeza y la felicidad como pasiones no sólo son distintas al dolor y al placer como sensaciones, sino que se las puede separar por completo de ellos. Podemos imaginarnos el dolor más vívido siendo experimentado con la indiferencia emocional de una sensación más ordinaria. Sin embargo sorprende que el dolor frecuentemente acompañe a la tristeza, y el placer a la felicidad. Puede sorprendernos que el hambre (una simple sensación) y el apetito (un deseo) vayan tan íntimamente conectados que siempre ocurren juntos.

Así la contemporánea psicología descriptiva de las emociones repite sólo, en palabras de Scheler, la vieja tesis cartesiana de la completa insignificancia de las emociones elementales (que en principio excluye toda posibilidad de su entendimiento) y confiere tal privilegio sólo para los sentimientos superiores. La teoría de la intencionalidad de los sentimientos superiores, desarrollada por Brentano, Scheler, Pfender, Geiger y otros, sentó las bases para la moderna psicología descriptiva de las emociones. Con el apoyo de esta teoría, la psicología descriptiva de las emociones intenta evitar la trampa de la teoría naturalista del sentimiento, la que ve a un sentimiento superior como un complejo o producto del desarrollo de elementos mentales más simples. Scheler no considera que el error de esta teoría sea el explicar incorrectamente la vida de los sentimientos superiores, sino que simplemente no ve esos fenómenos, está ciega a ellos. Si la teoría naturalista sólo examinara el fenómeno del amor espiritual o sagrado, vería que tal fenómeno de ningún modo puede ser entendido a partir de los hechos del amor sensual. En esta falla reposa el defecto principal de cualquier forma de teoría naturalista. El énfasis de la teoría naturalista le impide ver que muchas cualidades y actos nuevos emergen durante la vida de una persona. De modo muy esencial esas cualidades surgen de manera desigual y espasmódica. Nunca se las puede ver como el desarrollo simple y gradual de las viejas formas que observamos entre los animales. La orientación de la teoría naturalista le ciega ante el hecho que niveles fundamentalmente nuevos y más profundos de ser y de valor pueden emerger en el curso de una vida, y que sobre esos niveles pueden surgir nuevas áreas completas de objetivos y valores para una vida en autodesarrollo. Sólo a medida que se desarrolla la vida es que esas nuevas áreas de ser y de valor comienzan a revelarse y apropiarse de la riqueza total de sus cualidades definitorias. Sin embargo, para la teoría naturalista cada nueva cualidad significa una nueva ilusión. Como toda filosofía naturalista, esta teoría no alcanza la meta. Las consideraciones anteriores muestran claramente cómo la futilidad y limitaciones de la psicología explicativa inevitablemente ocasionaron el ascenso de la teoría teleológica de los sentimientos superiores. Es en la vida de los sentimientos donde la psicología descriptiva encuentra su más profundo y vital objetivo. Ahí vemos ante nosotros, dice Dilthey, el verdadero centro de la vida mental. Es ahí donde la poesía de todas las edades encuentra sus objetivos. Los intereses de la humanidad están dirigidos constantemente hacia la vida de los sentimientos, sobre los que depende la felicidad o infelicidad de la existencia humana. Por esta razón la psicología del siglo XVII, que dirigió a profundidad su atención al contenido de la vida mental, se concentró en la teoría de los estados del sentimiento, hacia ella dirigió sus afectos.

Dilthey asume que los estados del sentimiento son importantes y centrales porque no pueden ser analizados y descompuestos. En su mayoría, nuestros sentimientos se pierden juntos en un estado común en el que las varias partes componentes vienen a ser indistinguibles. Nuestros sentimientos, como nuestros motivos, no pueden ser voluntariamente reproducidos o requeridos por la consciencia. Para revivir los estados mentales debemos experimentalmente aportar a la mente las condiciones bajo las cuales emergen esos estados. De ahí que nuestras definiciones de los estados mentales no analizan ni descomponen el contenido de esos estados; sólo indican las condiciones bajo las cuales ellos surgen. De tal naturaleza son las definiciones de los estados mentales dadas por Spinoza y Hobbes. Definición, nomenclatura precisa y clasificación, comprenden la primera tarea de la psicología descriptiva en esta área. Es verdad que se han abierto nuevos medios auxiliares al estudio de los movimientos expresivos y símbolos de representación para los estados mentales. El método comparativo, que introduce relaciones más simples en los sentimientos y motivos de animales y gente primitiva, nos permite ir más allá de las fronteras de la antropología del siglo XVII. Pero aun usando esos medios auxiliares, no se ubica en terreno sólido un método explicativo que trate deducir los fenómenos de un área dada a partir de un número limitado de elementos definibles únicos. En este punto, Dilthey primero señala que hay ensayos muy idóneos para explicar la vida de nuestros sentimientos y que a la vista no hay una respuesta definitiva. Así, la primera proposición de Dilthey es que, por lo pronto, no hay una psicología explicativa de los sentimientos bien fundamentada. Con base en esta deficiencia fáctica de la psicología explicativa de los sentimientos, Dilthey concluye que una explicación de los sentimientos es innecesaria e imposible. Es esta su segunda proposición. Si echamos un vistazo, dice, al asombroso caudal de la literatura mundial sobre los estados mentales y las pasiones humanas, podemos notar que todos los enunciados fértiles que aclaran esta área no requieren el mismo tipo de argumentos explicativos. Uno sólo requiere analizar los hechos para ver lo inútil de tal hipótesis explicativa en el área. Para defender tal idea, Dilthey da el ejemplo del gozo estético evocado por un trabajo artístico y que es caracterizado por la mayoría de los psicólogos como un estado de placer. Pero, dice, el esteticista que estudia el efecto de los diferentes estilos en varios trabajos artísticos, está forzado a reconocer lo inadecuado de tal entendimiento. El estilo de un fresco de Miguel Angel o de una fuga de Bach fluye del ánimo de un gran espíritu y de su entendimiento del arte; ello se comunica al espíritu de quien disfruta una forma específica de ánimo, en la cual el espíritu se expande, crece, y se propaga.

Así Dilthey asocia la pobreza teórica de la psicología explicativa con la futilidad de la hipótesis explicativa en esta área y con la imposibilidad, en principio, de una explicación causal de tales formas superiores de ánimo estético. Hecho esto, da un rodeo y arguye como su tercera proposición que la psicología explicativa no está preparada para resolver el problema de los sentimientos, de donde la psicología descriptiva debería construir el camino para la psicología explicativa. Concluye así que el dominio de la vida mental no está listo realmente para un completo análisis. Por ello, la psicología descriptiva y analítica debe primero desarrollar en detalle su propio programa. Dilthey primero dice que la psicología explicativa no ha dado aún alguna explicación satisfactoria de la vida de nuestros sentimientos; en segundo lugar, que tal explicación es bastante fútil e innecesaria y no puede, en general, ser dada; y tercero, que la psicología explicativa será capaz de dar esta explicación sólo después que la psicología descriptiva complete su tarea de descomposición y análisis. Esta combinación de proposiciones conflictivas también aparece en el programa de investigación positiva de Dilthey para una psicología descriptiva de los sentimientos. Como lo ve Dilthey, la investigación debería moverse primariamente en tres direcciones. Debería reflejar los tipos básicos del flujo de los procesos mentales. Deberíamos tratar de hacer asequible para el análisis conceptual lo que los grandes poetas, como Shakespeare, nos dan en imágenes. La investigación debe escoger ciertas relaciones fundamentales que fluyen a través de la vida de los sentimientos y motivos humanos. Ello debe tratar de establecer las partes componentes de los estados motivacionales y de los sentimientos. Para Dilthey, la ventaja del método analítico y descriptivo sobre el explicativo descansa en que el método explicativo está limitado a examinar problemas que han sido ya resueltos. Obviamente, para Dilthey la tarea de una psicología explicativa de los sentimientos es irresoluble. En general no había olla -ni rota ni entera-, a pesar del hecho de asegurar que la olla se tomó rota y se regresó entera. Tal contradicción es evitada por Munsterberg quien dedujo, tan agudamente como Dilthey y otros, la distinción entre una psicología causal y una teleológica como dos ciencias independientes e igualmente aptas. Esta idea, subrayada por el completo desarrollo histórico de la psicología moderna, maduró simultáneamente en varios investigadores, tal como (en palabras de Goethe) las manzanas caen simultáneamente en jardines diferentes. Pero Munsterberg fue más consistente que Dilthey, y aunque dedicó toda su investigación concreta a la tarea de una psicología explicativa, también elaboró un programa completo y un plan de investigación para la psicología descriptiva. Como lo ve Munsterberg, el estado desastroso de la psicología moderna, en la cual conocemos más hechos desordenados que nunca y sabemos menos acerca de lo que es realmente la psicología, resulta del hecho que la psicología moderna está

luchando con prejuicios y ello es simplemente una forma de psicología. El concepto de psicología contiene dos tareas científicas bastante diferentes, que deberían diferenciarse en principio y debería dárseles nombres especiales. La psicología, en realidad, tiene doble naturaleza. Si el prejuicio domina, de modo que una de esas naturalezas sea suficiente para la ciencia, es entonces normal que algunos psicólogos cultiven sólo una forma de psicología y dejen aparte la otra, mientras que otros se dedicarán a esa otra forma y se olvidarán de la primera. Alternativamente, ambas formas estarán mezcladas dentro de una unidad imaginaria, con los datos arbitrariamente distribuidos entre ellas, o una de ellas estará más o menos entrelazada con la otra. Todas esas posibilidades están representadas en la psicología científica moderna. Parece razonable que tales formas disímiles de psicología no existirían una junto a la otra y no estarían en comunión espiritual si no hubiera algo común entre ellas. Sus elementos comunes primero que nada están en que cada psicología tiene que ver con las experiencias del individuo. En esto, la psicología es distinta de las ciencias de la naturaleza corpórea y de las ciencias normativas. La personalidad individual es el punto de partida decisivo para cada psicología. Pero dos psicologías pueden partir de este punto y divergir en principio. En cada oscilación de nuestra experiencia vital, dice Munsterberg, resulta obvio entender nuestra propia vida interior en una faceta dual; podemos alcanzar un conocimiento dual de ella. Por una parte, podemos comprender el sentido de nuestros sentimientos y deseos, de nuestra atención y pensamientos, de nuestros recuerdos y representaciones. Es decir, de todo aquello que tratamos comprender en cierta cualidad presente en todas nuestras experiencias, en la cualidad de la realidad de nuestro "Yo", como una intención de nuestra personalidad dirigida hacia cierto objetivo. Entonces podemos trazar cómo un deseo está incluido en otro, cómo una idea se dirige a otra, y cómo un mundo de relaciones internas se ensancha dentro de nuestro espíritu. Pero podemos visualizar nuestras experiencias de otra manera. Podemos contrastar nuestras experiencias en tanto personalidad espiritualmente activa, con nuestras experiencias en tanto simple observador. Cuando hacemos esto, nuestras experiencias vienen a ser los contenidos de nuestra percepción. Con seguridad, esos contenidos son bastante diferentes del contenido de origen. Los distinguimos de los contenidos externos como contenidos de nuestra consciencia, pero nos interesamos en ellos del mismo modo que nos interesamos en las cosas y procesos externos. E investigamos los contenidos de consciencia sólo desde el punto de vista de un observador que describe su flujo y entiende sus conexiones necesarias, es decir, como un observador que trata de explicarlas. A través de la descripción los contenidos de consciencia devienen una combinación de elementos, y a través de la explicación estos elementos devienen

una cadena de causas y efectos. Así llegamos a un entendimiento bastante diferente de la vida mental. En el primer caso llegamos a un entendimiento de las relaciones internas y captamos las intenciones y conexiones entre ellas. En el segundo caso llegamos a una descripción y explicación de los elementos y sus efectos. Si llevamos a término esos dos diferentes métodos para estudiar nuestra vida interior y los colocamos de una forma científicamente completa, tendremos dos disciplinas teóricas diferentes en principio. Una disciplina describirá la vida mental como la totalidad de los contenidos de la consciencia y buscará explicarlos. La otra, interpretará y entenderá la misma vida espiritual como una totalidad de relaciones de propósito y significado. Una es psicología causal, la otra es psicología teleológica e intencional. Además, puede no haber clasificación exclusiva de los datos en una u otra de esas psicologías, ya que todos los datos deben ser examinados necesariamente desde ambos puntos de vista. Cada sentimiento, cada recuerdo, y cada deseo puede ser entendido tanto bajo la categoría de causalidad (como un contenido de la consciencia), como desde el punto de vista intencional (como una actividad espiritual). En la psicología histórica y moderna, ambas formas están mezcladas en una falsa unidad. Cada una rara vez aparece de manera realmente pura y lógica. Pero en general, la psicología teleológica permanece en conjunción externa con los elementos de la psicología causal. En tal caso los procesos de memoria, por ejemplo, están configurados como causales, y los procesos de sentimientos y deseos están configurados como intencionales. Esta es una mezcla que fácilmente surge bajo la influencia de ideas ingenuas de la vida diaria. Así es que junto a la psicología causal, podemos hablar de una psicología intencional o del espíritu. Es así que podemos hablar de una psicología de la consciencia o del entendimiento junto a una psicología explicativa. Al definir las tareas de los dos tipos de psicología, Munsterberg desarrolló consistentemente la diferencia hasta sus conclusiones lógicas. Excluyó por completo la necesidad y posibilidad de una explicación causal a partir de la psicología descriptiva, que sólo permite un entendimiento y una comprensión de las relaciones de propósito y significado entre las experiencias. Así la psicología descriptiva requiere una investigación de la actividad espiritual como una parte completamente autónoma de la realidad, que permanece fuera de la naturaleza y la vida. En palabras de Spinoza, no es una cosa natural que sigue las leyes generales de la naturaleza, sino una cosa que permanece más allá de los límites de la naturaleza. Es, en otras palabras, un reino dentro de otro reino. Pero si examinamos los argumentos de Dilthey y Munsterberg podemos ver de inmediato su fuerza y su debilidad, sus polos positivo y negativo, sus aciertos y

sus errores por igual. La fuerza y el acierto de su argumento yacen exclusivamente en el reconocimiento de la futilidad, la insuficiencia y lo inadecuado, en principio, de la explicación hasta ahora lograda por la psicología fisiológica de los fenómenos mentales superiores. Su acierto y fuerza recaen exclusivamente en que toma los más importantes problemas de la vida superior del hombre y así, por vez primera, define la tarea completa de una psicología del hombre vivo y real. Pero en este preciso punto recae la debilidad y el error del argumento. En esencia, dice que la nueva psicología no es tan diferente de la vieja. En algo, o en el aspecto más central e importante, las dos psicologías coinciden a pesar de su aparente contradicción. La psicología descriptiva como un todo acepta por completo la idea básica de la psicología explicativa: que una explicación causal no puede ser más que una reducción mecánica de los procesos superiores y complejos, a elementos atomísticamente incoordinados de la vida mental. Al decir esto, la nueva psicología llega a la misma posición donde comenzó la vieja psicología. La nueva y antigua psicologías confluyen y coinciden en que ambas toman la causalidad mecánica como la única posible categoría para explicar la vida mental. Ambas limitan la explicación causal en psicología, a los estrechos límites de la parodia socrática. Así el único argumento válido en favor de la psicología descriptiva en desarrollo e independiente, es la vacuidad de una psicología explicativa que no va más allá de las fronteras de una explicación causal mecanicista de la vida espiritual. Como lo hizo notar correctamente Scheller, es indiscutible que la psicología explicativa no da una falsa explicación de los problemas reales de la psicología humana, ya que simplemente no toca esos problemas y está ciega a ellos. Es igualmente indiscutible que esos problemas deberían colocarse ante la psicología científica como los más primarios y centrales problemas que demandan solución. De esto, uno sólo puede concluir que los fundamentos de la psicología moderna deben ser reconstruidos radicalmente. ¿Deberíamos concluir entonces, a partir de esas premisas, que es necesario asignar la solución de tales problemas a algún género de ciencia nueva y especial que excluya en principio la posibilidad de una explicación causal? Esto sería justificar por completo el estado presente de la psicología explicativa con todos sus errores, aceptar completamente sus equivocaciones, fallar en elevarla y dominarla. Simplemente es pedir a la psicología explicativa que construya una casa de fantasía para la "psicología del espíritu" sobre una base corrupta. Por esta razón la teoría de James-Lange, con su parodia de una explicación causal de los sentimientos humanos, inevitablemente genera la teoría de Scheller, que se rehúsa por completo a explicar los sentimientos superiores y coloca el entendimiento de las conexiones teleológicas en el lugar de la explicación. Pero Scheller, junto con James, parece asumir que la única explicación psicológica aceptable es una explicación basada en las leyes de la mecánica fisiológica. Así,

como lo hace toda la psicología descriptiva, falla en resolver el problema y además lo rodea. Hay un problema dirigido a toda la psicología moderna como prototipo de todas las cuestiones básicas que demandan una explicación causal: es la duda de porqué Sócrates permaneció en la cárcel de Atenas. La teoría de James-Lange contesta la pregunta en términos de contracción y relajación de músculos y fatiga de las extremidades, mientras que la teoría de Scheller dice que Sócrates permaneció en la cárcel para satisfacer un sentimiento de valor superior intrínseco. Ambas teorías son igualmente indiscutibles y tan obvias como infantiles. Ambas están igualmente lejos de una respuesta genuinamente científica del problema, y ninguna dirige su atención a la verdadera causa. Aún más, como lo señala Sócrates, habla con la verdad quien dice que sin los huesos y los nervios no podría hacer lo que desea. Es más, sin una contracción de los músculos, Sócrates no habría ido a la cárcel y no se habría sentado en ella. Pero el contenido real de la experiencia habría permanecido igual si hubiera sido guiado o llevado a la cárcel. Y los mismos movimientos musculares habrían llevado a Sócrates de la cárcel hacia el lugar oculto que sus seguidores habían preparado. Bastante análoga es la verdadera tristeza de una madre que llora la muerte de su niño. Como lo señaló Lange, la tristeza está directamente conectada con sus lágrimas, aun cuando la tristeza puede ser experimentada en su espíritu sin ser acompañada de lágrimas, e incluso cuando las lágrimas pueden resultar de un sentimiento bastante opuesto, como aquellas de la alegría. Todo ello es indiscutible pero, como decía Platón, buscar una causa en esto sería una tontería más allá de las palabras. Es igualmente indiscutible y obvio que la decisión de Sócrates en permanecer encarcelado estaba conectada con procurar cierta motivación vital y ello satisfacía cierto sentimiento de valor. Pero una experiencia bastante opuesta como su fuga pudo haber tenido el mismo carácter motivacional y de valor. En resumen, el repudio de toda explicación causal y el intento de rodear el problema por depender de un análisis teleológico, no nos permite avanzar más allá de la psicología explicativa de los sentimientos, con toda su indudable imperfección. Por el contrario, tal movimiento nos lleva muy hacia atrás. El mismo Dilthey reconoció esto cuando, en busca de un programa para una psicología de los sentimientos, propuso primero que nada perfeccionar el método de Spinoza y Hobbes. Definición, nomenclatura y clasificación, decía Dilthey, comprenden la primera tarea de la psicología descriptiva en esta área. Sin embargo, olvidó que esta vía de definición y clasificación que la psicología recorrió por varios siglos, llevó a una situación en la cual la psicología de los sentimientos fue la más infértil y molesta rama de toda la psicología.

Sin duda James estaba en lo correcto cuando decía que la descripción y clasificación son los estadios inferiores en el desarrollo de la ciencia. Así, a partir de lo insubstancial de la explicación causal de las emociones de James, la psicología descriptiva fracasa en proporcionar la única conclusión correcta; esto es, que la explicación debe ser reemplazada por una mejor y más verdadera, que provenga de una base diferente y mejor fundamentada. Más que ampliar las bases de una explicación causal, la psicología descriptiva trata de negar la posibilidad y noción de la explicación causal. Toma el error fáctico de cierta teoría y de todo aquello basado en ella y hace de esto un error de principio. Al hacerlo, la psicología descriptiva revela el vínculo entre su propia doctrina discutible y la ejecución de esos principios fundamentalmente erróneos. En este aspecto es natural que la nueva psicología deba voltear hacia atrás más que hacia adelante. Dilthey nos dice que debemos regresar a la antropología del siglo XVII y perfeccionar sus métodos. Lo que toma él de los pensadores del siglo XVII, y especialmente de Spinoza, es lo más anticuado, lo vacío, lo inanimado; es decir, la nomenclatura, la clasificación y las definiciones de Spinoza que no revelan el contenido de nuestros afectos y sólo indican las condiciones bajo las cuales surge un estado mental dado. Así, a partir de la teoría de las pasiones de Spinoza, la psicología descriptiva toma no la parte viva dirigida al futuro, sino la parte inerte dirigida al pasado. Según Dilthey, la única vía que la nueva psicología puede alcanzar más allá de la antropología del siglo XVII es aplicar un método comparativo en el estudio de los movimientos expresivos y los símbolos de representación para los estados mentales. Pero da sólo una técnica auxiliar nueva para resolver el mismo problema, lo cual no nos lleva más allá de la psicología de las pasiones del siglo XVII. De un plumazo casi tres siglos de desarrollo del pensamiento y conocimiento psicológico son borrados. El movimiento hacia al siglo XVII, hacia las profundidades de la historia, es declarado ser el único camino de progreso científico en psicología. En cierto sentido la psicología descriptiva, que coloca la investigación teleológica y estructural de los fenómenos mentales en lugar de la explicación causal, nos remonta a la época del pensamiento filosófico previo a Spinoza, quien luchó por una explicación natural determinista, materialista y causal de las pasiones humanas; luchó contra una explicación ilusoria basada en los fines. Spinoza fue el primer pensador en establecer filosóficamente la posibilidad de una verdadera psicología explicativa científica del hombre y en señalar un camino para su desarrollo subsecuente. Aquí Spinoza se ubica contra la psicología descriptiva contemporánea como enemigo irreconciliable. Constantemente peleó con el dualismo cartesiano, con el

espiritualismo y el teleologismo, que habían sido revividos en la moderna psicología descriptiva. Considerando la relación entre la teoría de las pasiones de Spinoza y la psicología contemporánea de las emociones, es importante contrastar la concepción de Dilthey con la realidad. Es especialmente notable que al proponer los problemas básicos de una psicología del hombre, el nuevo enfoque tuviera que retornar a la psicología del siglo XVII, la cual había dirigido su atención hacia el verdadero centro de la vida espiritual y hacia el contenido de nuestros afectos, y que la nueva vía invocara el nombre de Spinoza como guía para la nueva investigación. En Spinoza los partidarios de la nueva ruta encuentran no sólo una nomenclatura y una clasificación de las pasiones, sino también ciertas relaciones básicas que van juntas a través de toda la vida de los sentimientos y las motivaciones. Estas relaciones básicas tienen significado decisivo para el entendimiento del hombre, y contienen temas para un método descriptivo preciso. Ejemplo de esas relaciones es que tanto los estoicos como Hobbes y Spinoza toman el instinto de la autopreservación, o el crecimiento del "Yo", como un esfuerzo hacia la plenitud de los estados espirituales, hacia el dominio del sí mismo, hacia el desarrollo de las fuerzas y motivaciones propias. Así no sólo el método, sino también el contenido de la teoría spinozista de las pasiones, es propuesto como punto de partida para la investigación hacia una dirección nueva; en dirección del hombre inteligible. Esta invocación a Spinoza, sin embargo, está basada en la misma mezcla de verdad y falsedad que encontramos en la concepción de Dilthey, de las relaciones entre la teoría de las pasiones de Spinoza y la psicología contemporánea de las emociones. Con objeto de comprender el significado completo de la idea de Dilthey, que una psicología descriptiva de los sentimientos debería suceder a la psicología de Spinoza, debemos recordar que Lange también citaba a Spinoza como el pensador que abordó más de cerca su teoría fisiológica de las emociones. La razón para esto es que Spinoza no consideró el fenómeno corpóreo de las emociones como dependiente de los movimientos espirituales, ni puso los fenómenos corporales lado a lado con los movimientos espirituales, y casi ubica los fenómenos corporales en primer plano. Así Lange y Dilthey, y las psicologías descriptiva y explicativa de las emociones, que forman los dos polos contradictorios del entonces conocimiento científico de los sentimientos humanos, voltean hacia sus orígenes, hacia la teoría spinozista de las pasiones. Esta coincidencia no puede ser accidental. En ella reposa el más profundo significado histórico y teórico, que dilucidaremos en la tercera parte de nuestra investigación. Incluso en este punto hay un elemento esencial que deberíamos comprender en este retorno de dos teorías contradictorias hacia una base común en Spinoza.

Ya hemos hablado acerca de la relación de la teoría de Lange de las emociones con la teoría de Spinoza de las pasiones, y hemos establecido que la noción de una relación histórica y conceptual directa entre la teoría de los afectos de Spinoza y las teorías de James-Lange está basada en una ilusión. El mismo Lange entendió vagamente la falsa similitud entre su propia teoría y la de Spinoza. Con alegría él ve concluida la teoría vasomotora del fenómeno corporal de las emociones en Malebranch, quien con la penetración de un genio descubrió la verdadera conexión entre los fenómenos. Es verdad que en Malebranch encontramos el esquema de un mecanismo emocional expresado en el vago lenguaje de la fisiología de ayer, que puede ser traducido al lenguaje de la fisiología contemporánea y combinado con la hipótesis de James-Lange. Esta coincidencia fue hace tiempo establecida por Airons, quien señaló que Descartes compartió la misma posición de James. La más reciente investigación, en particular el trabajo de Kerzh, confirma esta opinión. Pero no basta. En el curso de nuestra investigación hemos tratado demostrar no sólo que una descripción fáctica del mecanismo de la reacción emocional da origen a estas teorías, que están separadas por casi tres siglos, sino que esta coincidencia es por sí misma consecuencia de un parentesco metodológico más profundo entre ellas. Este parentesco se basa en que toda la psicología fisiológica contemporánea heredó el principio naturalista y mecanicista de Descartes para interpretar las emociones. Mecanicismo, automatismo y dualismo cartesianos, son las verdaderas bases de la hipótesis de Lange y James, lo cual dio a Dunlop todo el derecho a llamar al Gran Filósofo el verdadero padre de la contemporánea psicología reactológica. En esencia, la teoría de Lange regresa no a la teoría spinozista sino a la teoría cartesiana de las pasiones del alma. Podemos decir que cuando Lange citó el nombre de Spinoza, lo hizo en vano. Recordamos que esta fue la conclusión de nuestra más temprana investigación del tema. Completemos esta conclusión con otro aspecto más substancial e importante, que surge de la contradicción entre las psicologías descriptiva y explicativa de las emociones: en cierto aspecto, la teoría spinozista tiene mucho mayor parentesco con la psicología explicativa que con la descriptiva. Esto es, que la teoría spinozista debería estar más relacionada con la hipótesis de Lange, en la cual los principios básicos de la psicología explicativa de las emociones encuentran su más clara expresión, que con el programa de la psicología descriptiva de las emociones de Dilthey. Entre una psicología causal y una teleológica, en la lucha entre una concepción determinista de los sentimientos y una indeterminista, en la colisión de las hipótesis espiritualista y materialista, Spinoza debería ser colocado al lado de aquellos que defienden el estudio científico de los sentimientos humanos en oposición al estudio metafísico.

Donde la teoría spinozista de las pasiones se entrelaza con la psicología explicativa de las emociones, es donde se desvía del modo más irreconciliable de la psicología descriptiva. En este punto fue Dilthey, no Lange, quien citó en vano el nombre de Spinoza justo al inicio de su investigación futura. Es más, ¿qué puede haber en común ahí entre estos investigadores que a conciencia revivieron las concepciones teleológica y metafísica de la antropología del siglo XVII, junto a Spinoza quien discutía continuamente con el determinismo estricto, la causalidad y el materialismo de su sistema? Como lo hemos dicho, no es por nada que Dilthey coloca en primer plano la parte más anticuada, formal y especulativa de Spinoza, es decir, su nomenclatura, clasificación y definición. La psicología de Dilthey no puede concordar con los grandes principios del sistema spinozista, y en realidad parece oponérseles de manera ruda. Después de lo que hemos visto, no hay duda que al revivir los principios espiritualistas y teleológicos del siglo XVII, la psicología descriptiva se dirige esencialmente hacia Descartes y no hacia Spinoza. Es en la teoría de las pasiones del alma de Descartes que la psicología descriptiva encuentra su programa verdadero y completo. Spinoza no está de acuerdo con Dilthey y Munsterberg, ni con sus teorías de la autonomía e independencia que existen exclusivamente en virtud de las relaciones de propósito y de significado de la vida mental. Aún más, Spinoza está de acuerdo con James y Lange en su lucha contra las esencias espirituales inamovibles y eternas, contra vislumbrar las emociones no como emociones del hombre sino como fuerzas que yacen más allá de los límites de la naturaleza, como demonios que poseen al hombre. Por cierto, Spinoza nunca diría -y en este punto Lange sin duda tiene razón- que una pasión mental puede por sí misma explicar porqué uno palidece o tiembla. Como James, Spinoza considera la descripción y la clasificación como los estadios más inferiores en el desarrollo de una ciencia. Él toma el estudio de la conexión causal como una investigación más profunda, de un orden superior. Si bien la falacia puede ser el intento de basar una psicología descriptiva de los sentimientos en la teoría spinozista de las pasiones, el intento por cierto contiene algún elemento de verdad. El problema propuesto por la psicología descriptiva de los sentimientos, es el problema de las características específicas de los sentimientos humanos, el problema del significado vital de los sentimientos, el problema de qué es lo superior en la vida emocional del hombre. Todos estos problemas -ante los que la psicología descriptiva está ciega y los cuales en su verdadera naturaleza van más allá de las fronteras de la interpretación mecanicista- fueron presentados por vez primera en su total dimensión por la teoría de Spinoza de las pasiones. En este aspecto la teoría spinozista resulta estar al lado de la nueva psicología. Apoya a Dilthey contra Lange.

Nuestro resumen final es complejo. Vemos que las líneas del pensamiento de Spinoza encuentran su continuidad histórica tanto en Lange como en Dilthey; en las psicologías explicativa y descriptiva de nuestros días. Cada una de esas teorías contiene algo de la teoría spinozista. En su esfuerzo por una explicación científica natural causal de las emociones, la teoría de James-Lange resuelve uno de los problemas centrales de la psicología materialista y determinista de Spinoza. Pero tal como lo vimos, la psicología descriptiva, al enfatizar el problema del sentido y el significado vital de los sentimientos humanos, trata de resolver el problema fundamental y central de la ética spinozista. Resumamos brevemente la verdadera relación de la teoría spinozista de las pasiones con las psicologías explicativa y descriptiva de las emociones. La teoría de Spinoza busca resolver un problema unitario simple: el problema de una explicación determinista, causal, de los elementos superiores en la vida de las pasiones humanas. En tal esfuerzo, la teoría de Spinoza contiene parcialmente una psicología explicativa que preserva la idea de una explicación causal, pero excluye el problema de los elementos superiores de las pasiones humanas. Además, la teoría de Spinoza también contiene una psicología descriptiva, que descarta la idea de una explicación causal y conserva el problema de los elementos superiores de las pasiones humanas. Así, en su más profundo interior, la teoría de Spinoza contiene lo que falta en las dos partes disociadas de la psicología contemporánea de las emociones: contiene la unidad de la explicación causal y el problema del significado vital de las pasiones humanas, la unidad de las psicologías descriptiva y explicativa de los sentimientos. Así, Spinoza es totalmente relevante para los más urgentes y discutidos problemas de la psicología contemporánea de las emociones, así como para los problemas que nos hacen inclinar la cabeza y embrollarnos en paroxismos de crisis. Los problemas de Spinoza permanecen claramente a la vista en espera solución. Y sin su solución, nuestra psicología no verá el mañana. Con todo, las psicologías explicativa de Lange y descriptiva de Dilthey se desvían de la teoría de Spinoza en su solución a este problema. Como lo indicamos antes, ambas psicologías están por completo contenidas en la teoría cartesiana de las pasiones del alma. Así la crisis de la psicología contemporánea de las emociones, dividida en dos partes irreconciliables y antagónicas, representa para nosotros el destino histórico del pensamiento filosófico cartesiano pero no del spinozista. Esto es lo más claro del punto que sirve de parteaguas entre la psicología explicativa y la descriptiva en la cuestión de la explicación causal de las emociones humanas.

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