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Nicholas a Christakis, Conectados

Nicholas a Christakis, Conectados

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taurus

T
Nicholas A. Chrlstakis
James H. Fowler
CONECTADOS
P ARA SABER QUI ÉN ES SOMOS, DEBEMOS COMPRENDER
CÓMO ESTAMOS CONECTADOS
En los últimos años websites como Facebook. Twi t ter o
MySpace han disparado tanto la i nformaci ón sobre las
redes sociales como el deseo de entenderlas. Ést as de-
terminan cómo nos encontramos. con quién nos casamos.
si nos ponemos o no enfermos. cuánto dinero ganamos y si
acudimos o no a las urnas. Nuestros amigos. o incluso los
amigos de los amigos de éstos. pueden hacernos engordar;
pero también la felicidad es contagiosa. A pesar de su im-
portancia. pocos tienen una idea clara de cómo se forman y
actúan en realidad estas estructuras.
Chr istakis y Fowler, dos de los teóricos de las redes
soc iales más reconocidos del mundo. presentan una no-
vedosa concepción de estas redes humanas basada en
descubrimientos recientes en campos tan dispares como
la genética. las matemáticas. la psicologia o la sociol ogía.
Conectados ac lara el origen y funcionamiento de ést as,
revela sus efec tos concretos en nuestra vida cotidiana y de-
muestra que en nuestro mundo rige lo que los autores deno-
minan la Regla de los Tres Grados de Influenci a: personas
que se encuentran a tres grados de separaci ón de noso-
tros nos inf luyen más de lo que podríamos slquiera imagi-
nar. Según Christakis y Fowler, el amigo del amigo de un
amigo ejerce una infl uenci a mayor en nues tr o est ado de
ánimo que cinco mil dólares en el bolsillo.
NICHOLAS A. CHRISTAKIS / JAMES H. FOWl
J
,
¡
CONECTADOS
NICHOLAS A. C H RI STAKI S
y J AMES H. FOWLER
CONECTADOS
EL SORPRENDENT E PODER DE LAS REDES
SOCIALES y CÓMO NOS AFE CTAN
TAURUS
PENSAMIENTO
Título original: Connected: y/U! Surprising Power o/ OuT Social Neusorks and
Hour They Shape Our Líues
D. R. © 20 10, Nic holas A. Christakis yJ ames H. Fowler; Todos Jos derechos
rese rvados.
Tr aducción: Amado Diéguez, La ura Vida] y Ed uardo Schmid
© De la ed ició n española:
Santillana Edici o nes Ge ne rale s, S. L., 20 10
Torrel aguna, 60 . 28043 Madr id
Tel éfono 91 744 90 60
Tel efax 91 744 92 24
www.taurus.santill aua. es
D. R. © De esta edición:
SantiJlana Ediciones Generales, S. A. de C. w., 20 10
Av. Universidad 767, Col. d el Vall e
México , 03 100 , D. F.
Tel éfono 5420 753 0
www.ediu>n altaurus.com.lll X:
Primera edición: marzo de 2010
l SBN, 978-607·11-o44 3--4
D. R. © Diseño de cubierta: Ca rri ó / Sánchez I LacasLa
Impreso en México
Todos los derechos reservados.
Esta publicación no p uede ser re producida. ni en todo ni en parte. ni registrada en o lr.l1Um.itida por
un si$ll".:ma de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecdníee,
fc toquímlco, eíecrrémco, magnéeee. ejectrcépuco, por fotocopia. o cualquier mro, sin el permiso prC'VIO
por e5crito de la edi torial.
Pa-ra Erika, Sebastian, Lisandro y Eleni
y para Harla, Lucas yfay,
con quienes mantenemos una conexión eánica.
ÍN DI CE
I NT R OD UCCI ÓN .. ... .. .. . .. ... ... ... .. . . . . ..... • ••• •
C RÉDITOS DE LAS [LUSTRACIONES .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . .
2 . CUANDO TÚ SONRÍES, EL MUNDO ENTERO SONRÍE .. . . ~ ~ ~ ~
A GRADECIMIENTOS
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17
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1
75 I
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221
263
295
313
317 '
339
341
353
. . . . . . ... . . . . . . . .. . " oc ••
r , E STAR EN EL AJO.......... . .. . ... .. .. ... . .. ... ••• •
g. LA GRANDEZA DEL TODO '. . . • • • • .
5. S ECUrR LA PISTA AL DINERO.. .. .... . . . . . . . . .• • ••• • •.
3. AMA A TU PAREJA .. . . ... . . ..... ..... .... •• .•••• ••.
6. CONECTADOS POLÍTI CAMENTE
4. A MÍ ME D UELE TANTO COMO A TI .
7. ESTÁ EN NUESTRA NATURALEZA . . . . . . . . . . .. .. . . . . • . . .
8. HIPERCONECTADOS .. .. . .. . . . . . . . . . . . . . . •• •••• . . .
Í NDICE . .. . . ... .. . . . ......... . ..• . . • .. . • . • • • • •• • ••.
N OTAS . . . . ......... .. .. .... ...... . . . . . . . . . . . . .•• , .
SOBRE LOS AUTORES . . .. . .. .... .. . ...• • .. . . ... . . • • •• • .
,i
I
1.
INTRODUCCIÓN
L as redes sociales so n de una bell eza intrincada. Son tan elabora-
das y complejas. so n . e n realidad. tan ubicuas, que uno no puede
evitar preguntarse a qué propósit o superior sirven, ¿Por qu é perte-
necemos a e llas? ¿CÓlTIO se fonn an? ¿Cómo fun cionan? ¿I-Iasta qué
punto nos afectan?
A mí (Nicholas) es tas preguntas me han intrigado durante buena
parte de los' últimos di ez años , Empecé inte resándome pOI' la red
so cial más simple: un par de personas, una díada. En un principio
estudié las díadas compuestas por marido y mujer. Como médico
especializado en cu idar a pacientes con enfermedades terminal es y
a sus familias, advertí e l alto precio que paga e l cónyuge c uando
muere la persona a qui en más amaba. Y me interesó de qué forma la
enfe rmedad de una persona pued e causar la de otra. Porque intuía
qu e si las pe rsonas estamos interconectadas, nuestra sal ud también
lo está. Si una muj er enferma o muere , aumenta e l ries go de que su
marido tambi én muera. Con el tiempo llegué a darme cuen ta de
que podía estudiar todo un aban ico de diadas, desde parejas de her-
man os y parej as de amigos hasta parej as de vecinos que están unidos
(y n o separados) por la valla que separa sus jardines.
Sin embargo, el núcl eo in telectual de l a materi a no res ide e n eS-t
tas rel aci ones tan simp les. No. Lo importante fue comprender que
las díadas se agl omeran para formar enormes redes de vínculos que se
extienden hasta más all á del h ori zonte. La es posa de un h ombre
tiene una muy buena amiga qu e tiene un marido que tiene un com-
pañ ero de trabajo que tiene un hermano que tiene un amigo, etcé-
tera, e tcé te ra. Estas cadenas se ram ifican como rayos de luz fo rman-
11
CONECTAOOS
do estructuras muy intrincadas que atañen al conj unto de la sociedad
humana. Al parecer. pues. la situación era mucho más complicada.
Con cada paso que da , uno se a lej a d el individuo pa ra integrarse e n
una red social y el número de vínculos con otros seres humanos y la
complejidad de esos vínc ulos crec en y crecen a gran velocidad.
Mi e ntras re fle xi o naba sobre es te p robl ema, e mpecé a le e r la o bra
de otros cie ntíficos de lo soci al. desde los soli tarios e r ud itos alema-
nes d e fi nales del siglo X IX h as ta los visi onari os sociólogos de la d é-
cada de 1970, que estud iaron red es sociales que iban d esde tres h as-
ta trei nta personas. Por mi parte , lo que más me interesaba eran las
redes sociales compuestas por u-es mil . por treinta mil o, incluso.
por tres mill o n es de personas.
l e percaté d e q ue, tr a tándose d e una materia tan comp leja, pro-
gresaría más colaborando con otro investi gador. Y resultó queJames
Fowler, un compañero de la Universidad de Harvard, también es ta-
ba est udiando las redes so ciales, aunque d esd e un punto d e vista
completame nte diferente .James y yo no nos con ocíamos, a pesa r de
llevar trabajando varios años en el m ismo caln pus y en edifi cios con-
ti guos. En 2002 n os p re sent ó un am igo común. co mpañero d e am-
bos, e l p o litól ogo Ca ry King. En o tras pal a b ras, e m peza mos nues tro
viaj e porque los d os é ra mos am igos d e un amigo. A Cary se l e ocu-
rri ó que podíamos ten er intereses intel ectuales comunes y acer t ó.
En realidad, e l h e cho d e que lle gásem os a co n ocer nos gracias a
nuestra red social ilustra uno de los puntos importantes so b re el
cómo y e l po r qué d el fu ncio namiento d e las r edes sociales y la for-
ma e n que nos benefician.
James ha pas ado varios años estu di a nd o el origen d e las creencias
políticas d e la gente y ana lizando h as ta qué p unto e l modo e n que
una persona intenta resolver un problema soci al o políti co infl uye
e n otros. ¿Cómo llegar o n los hombres a conseguirjuntos lo que no
p odían consegu ir por separa do? Por lo demás , J ames compar tía
conmigo el in te r és por Otros temas que también forman parte rele-
vante de esta histo ria: el altruismo y la bondad. esenciales para que
nuestras redes sociales crezcan y perduren.
Al mismo tie mpo, en el momento en que tuvimos la idea de que
las personas es tán conectadas por inmensas redes sociales, nos di -
mos cuenta de que nuestra influencia no termina en las personas
que conocemos. Si es cierto que tenemos alguna influencia e n nues-
(TOS amigos y si es también ci erto que éstos tienen influencia e n sus
12
INTROOUCCIÓN
ami gos, entonces en teoría nuestras acciones pued en alcanzar a per-
sonas a las qu e ni siquiera conocemos .
James y yo e mpezamos estud iando los efectos d e las redes socia-
les e n la sal ud y d escubrimos que si e l ami go d el a migo d el amigo d e
un amigo tuyo aumenta de peso , tú aumentas de peso. Descubrirnos
además que si e l amigo del amigo del ami go de un amigo tuyo em-
pieza a ser fe liz, tú empiezas a se r feli z.
Finalmente comp rendimos que h ay reglas fu ndamentales q ue
gobiernan la fo rmació n y el funcionamiento de las redes sociales.
Ll egamos a la co n cl usió n d e que si íbamos a estudiar la forma e n
que las redes ope ran. tambié n teníamos que entender cómo surgen.
No se puede, po r ejem p lo. ser a migo d e todo e l mundo. Las perso-
nas estarnos limitadas por la geografía, por la tecnología e incluso
por los genes, y en vi r tud de todas estas cosas tenemos cieno tipo de
relaciones sociales y d e terminado núme ro d e ellas. La cl ave para
comprender a las personas es comprender los lazos que las unen, así
que nos concent ramos en esos lazos.
. Nuestro interés en es tos te mas ha coinci dido con e l de muchos
o tros investigadores qu e en los últimos diez años han es tudiado las
redes d esde e l p unto d e vista de la ci encia y d e las matemáti cas.
Cuando e mpezamos a estudiar las conexiones humanas. nos e nc on-
tramos co n que había inge nieros estudiando las conexio nes de las
centrales eléctricas, ne uró logos estudiando las redes neuronales,
genetistas es tudiando las redes gené ticas y físi cos estudiando las re-
des que lo conectan cas i todo. Sus redes también pued en se r valio-
sas, nos dijimos, pero las nuestras son más interesantes, mucho más
co mp lejas y ti enen mayores consecue n cias. Al fin y al ca bo, los n od os
de nuestras redes ¡son se res humanos pensantes ! Pueden tomar sus
propias d ecisi ones; pueden cambiar las redes incluso cuand o for-
man parte de ellas o éstas los afectan . Las redes de se res humanos
tienen una vida muy es pecial.
Al igual que los cie n tíficos se interesan por la belleza subyacen te y
por e l poder cl arifi cado r d e las redes, es cada vez más fr e cuente
que e l bombre d e la cal le piense e n e llas. Esto pare ce deberse a que
ahora ti ene la p osibi lidad d e co nectarse a Internet d esde su casa, lo
cual da a todos una idea de la forma en que pueden estar interco-
nectadas un buen número de cosas. Ya es normal hablar en tono
coloq uial d e «la red. e incl uso d e la «(wo rld wide ) web» ( por no men-
cionar que una de las pe lículas d e mayor éxi to de los ú l ti mos a ños,
13

Matrix, se ocu pa d el tema ) , y muchas personas se dan cuen ta d e que
no sólo los ordenadores es tán interconectados, sino de que tambi én
e llas lo están. Las co nexi ones, adem ás, so n ex plícitamente sociales,
hasta el ex tre mo d e que hoy en día casi lod o e l murido ha o íd o habl ar
d e sitios we b como Facebook y MySpace , que son , específica mente,
redes sociales.
A medida que J ames y yo íbamos es t udiando las re d es so cial es
co n mayor profundidad. empezábamos a verlas como una especi e
de humano. Ti en en vida propi a. Pueden crecer y
evo lucio nar, En su se no p ueden flui r y moverse todo tipo d e cosas.
El su perorganismo tiene su propia estructura y fu nciones yJ ames y
yo nos obsesionamos por comprender su funci onarni e n to .
Vernos a nosotros mi smos co mo parte de un supe rorganismo nos
permite ver nuestras acc iones, nuestras el ecciones y nuestras expe rien-
cias bajo un nuevo prisma. Si formar parte de las redes sociales 110 S
afecta y nos afectan tambi én Otras pe rsonas que mantienen con noso-
tros lazos muy estrechos o muy laxos, es evidente que perdemos cierto
poder sobre nuestras e lecciones. Una pérdida d e in dividualidad se-
mej ante puede dar pi e a reacciones especi almente fuertes cua ndo
las pe rsonas descubren que sus vecinos o incluso qu e unos descono-
ci dos pued en ej e rce r cie rta infl uen cia e n alg unos hábi tos v co nduc-
• • • I
tas que nenen cousecuencias morales o socia les. Por el contrario, el
lado posi tivo de esto es d arse cuenta d e que los indi viduos podemos
tr ascendernos a nosotros mi smos y nuestras limi taciones. En es te li-
bro sostenemos que la interconexi ón con los demás no sólo es una
y necesaria de nuestra vida. sino tambié n una fuera po-
51uva. De Igual modo qu e el cerebro hace cosas que una sol a neurona
no puede hacer, las re des pueden hacer cosas d e las que una sol a per -
so na es incapaz.
Dura nte décadas, siglos in cluso, e l debate so b re las preocupaci o-
nes más graves de la hu manidad. como las que giraban en tomo a la
vida o la muerte de una persona, O en torn o a su riqueza o pobreza. o
a la justici a o injusticia de sus actos, se reducía a los siguie ntes t érrni-
nos: individuo frente a responsabilidad colectiva. A grandes rasgos,
los cien tífi cos, los filósofos y todos los q ue han re flexionado sobre la
sociedad se p ueden di vidir e n dos grupos: los que piensan que los in-
dividuos co n trolan su d esti no y los que creen que la cu lpa de todo
(es to es, desde la ausencia de una buen a educación pública hasta la
presencia de un gobierno corrupto) es de las fuerzas sociales.
14
INTRODUCCi ÓN
Pero n a so u-os opi namos que en este debate fal ta un tercer factor.
A la vista de nuestras investigaciones y de las di versas experiericias
que hemos vivido -desde conocer a nuestras esposas a co nocer nos
nosotros dos, desde cuidar de paci ent es con una enfe rme dad termi-
nal a constrt..ur letrinas en aldeas pobres- . cree mos que n u estras
conexio nes con o tras personas son lo qu e más impo rta y que. al
vincular el es tud io de los individuos con el es tudio de los grupos, la
ciencia de las redes sociales tiene mucho que decir sobre la expe:
ri ericia humana. Este libro trata de nuestras relaci ones con los de-
más y de cómo afectan a nuestras emociones , al se xo, a la salud , a la
polí tica, al dinero, a la evolución y a la tecn ología. Pero so bre tode
trata de lo qu e nas hace singularn1enle h umanos. Para saber qu i é-
nes Sainas, debemos comprender cómo es tamos conectados.
15
CAPÍTULO 1
ESTAR EN EL AJO
E n la década de 1840 e n Levie, una ald ea de las monta ñas de C ór-
ce ga , Anton Claudia Pere tti supo que Maria Angeli na, su esposa,
mantenía un a aven tura con otro ho mbre y, todavía peor, que su
hija no era su hija. Maria le dij o que tenía intenci ón de dejar a aquel
hombre y, ayudada por Corto, su hermano , se dispuso a hacerlo.
Esa mi sma n oche, Anton les pegó un tiro a ella y a su hij a y huyó al
monte. Destrozado .J o Único qu e Co no deseaba era matar a Anton,
pero no pudo encon trarlo. Co n un arre bato de violenci a simétrica
que, al parecer, todos los habitantes del lugar encontraron lógico,
Corto mató a Francesco y a Aristotelo, el hermano y el sobri no de
Anton.
Pero la cosa no termin ó ahí. Cinco años después , G i a CO ITIO, her-
mano del difunto Ari stotelo, vengó la muerte de su hermano y de su
padre matando al hermano de Corto. También quiso matar al padre
de COrto, pe ro había muerto ya por causas naturales, privando a
Gi acomo de la sati sfacción de cu mplir con su ve nganza' . En medio
de esta cascada de muertes. Giacomo y el hermano de Cono estaban
conectados por uri im portante nexo: Giacomo era hij o de Francesco,
qu e era hermano de Anton, que se había casado co n Mari a, que era
la hermana de Corto, cuyo hermano fue obj eto d e la ira asesina de 1
Giacomo.
Desde un punto de vista histórico o ge ográfi co, esta clase de hechos
no se limi tan a lugares tan lej anos. Vamos a relatar otro caso mucho más
próximo. No mucho antes del verano de 2002 en Saint Louis, Missouri,
Kirorny, una bailarina de stripteose, le dej ó un bolso con novecientos
dólares a una amiga para que se lo cui dara mi entras trabajaba. Cuando
17
·,
CoNECTADOS
volvió a recoger el bolso, su amiga se había largado. Una semana des-
pués, un primo de Kim.myvio e n un a tienda a una amiga de la mujer
que había robado el bolso y llamó a su prima. Kimmy llegó d e inmedia-
to armada co n una barra de metal y atacó furi osamente a la amiga d e
su amiga. Más tarde declaró con o rgullo que había «zurrado a su ami-
ga [e s decir, a la a miga d e su amiga] [...] Por lo menos hi ce algo [para
vengarme] [...] Era lo único q ue podía hacer- ".
Casos como és tos resul tan asombrosos. Al fin y al cabo, ¿qué te-
nía n e l hermano y e l sobri no d e Anton y la ami ga d e la ami ga d e
Kimmy que ve r con e l as unto? ¿Qué sentido tiene h acer d año o ma-
tar a u n pobre in ocente que pasaba por allí? Incluso d esde l os in-
comprens ibles parámetros de la vio lencia asesina . ¿qué se ntido tie-
nen los ases inatos de Ciacomo, que por otra pa rte se produjeron
ci nco años y una semana después de los hech os que quería vengar?
¿Qué los ex plica?
Tenemos tendenci a a calificarlos de su cesos pecu liares. de prác-
ti cas an te di lu via nas p ropi as d el at raso d e una sociedad o d e un sec-
tor de la sociedad, como la vio le ncia intestina e ntre los ch iíes y los
s u rues, como los ci clos de at entados e n Irlanda del Norte, o como
la vio lencia d e bandas ca llejeras e n l as ci udades es ta doun idenses.
Pero esta lógi ca so mbría tiene raíces antiguas. Y no se trata sól o de
que el impulso de vengarse sea viejo, ni siquiera d e que ese tipo de vio-
lencia sea el cauce de expresi ón d e la solidarida d d el gru po (.so-
mas los Capule to y odiamos a los Montesco ») , sino de qu e esa vio-
lenci a - en sus formas más y menos extremas- pu ed e difundirse a
través de los nexos socia les y en realid ad lo h a he cho d esde q ue
aparec ie ro n los se res humanos en la sabana africana. Y se puede
difundir d e manera directa (con represali as con tra los perpetrado-
res) o e n fo rma generalizada ( hacie ndo d año a personas cercanas
que nada tie nen que ve r con los hech os). De a mbas man eras, sin
embargo, un solo asesinato puede dese ncad enar una cascada. Es
típ ico que los actos d e agres ión se exp andan ha ci a afuera d esde su
punto d e partida, co mo e n una riñ a d e ba r cuando un hombre ata-
ca y otro lo es quiva, de modo que es un te rce r hombre e l qu e recibe
e l golpe y muy pronto (en lo que se ha conve rtido en un cliché pre-
cisamen te porque evoca impulsos muy arraigados de viol encia desa-
ta da) l os puñe ta zos vuelan po r todas partes. A ve ces, estas ep ide-
mi as d e vio le ncia p ueden durar d é cadas, es ta llen e n una aldea d el
Mediterráne o o e ntre bandas urbanas' .
18
EnAR L." I!:L AJO
Las id eas de c ul pa y ve nganza colectivas qu e subyacen a las cas-
cadas de viole ncia de que h emos habl ado sólo nos pare ce n extra-
ñas si cons ideramos qu e la responsabilidad es un atributo i ndi vi-
dual. Sin embargo, en muchos esce narios, la moral reside en e l
gnlpo y no e n e l individuo. Otra pi sta sobre la colec?va
de la viol enci a es que tiende a ser un f en ómeno público y no pri va-
do. Las dos terceras partes de los actos de violencia interpersonal
que se producen en Estados Uni dos son presenciados por te rce ras
pe rso nas, y e ntre los j óvenes esta fracción se apro xima a las tres
cuartas pa rte s",
A la vista de es tos datos, la propagaci ón de la vio le ncia e ntre
personas quizá no debería Como suele.
ci rse: <dos amigos de mis amigos son rrus am igos»; pero tambi én :
«los e nemigos de mis e ne migos son mis ami gos», al igual qu e e l
am igo de mi enemigo es mi enemigo. Estos aforismos condensan
ci ertas verdades sobre la animadversi ón y e l afecto y asimismo re-
velan un as pecto f u ndamental de la humanidad : q ue estamos co-
nec tados. Si bien Giacomo y Kimrny ac tuaron solos, sus accio nes
demuestran con cuán ta facilidad pueden la responsabilidad y las
represalias pasar de persona en perso na e n persona , a través de los
vínculos sociales.
E n realidad no hay por qué buscar complicadas sendas por las
cuales se d ifunde la vio lencia, porque e l p ri mer paso, el q ue se pro-
duce e ntre la primera pers ona y la siguie nte, es un refl ejo de la ma-
yor parte d e la viole ncia d e nuestra soc iedad. Cuan do se tra ta d e
explica r la vio le ncia, es de mi opes co ncentrarse sólo e l pe rpetra-
d or - en su fo rma d e pensar, e n su d edo e n el gatl llo-, porque
sólo e n contadas ocasio nes es el asesinato un hecho cometido al
azar e ntre desconocidos. En Estados Unidos, en e l 75 por ciento de
los homicidi os están involucrad as personas qu e ya se conocían y
que a menudo tenían una rel aci ón muy estrecha. Si se es tá pregun-
tan do qui én puede ser la persona que le quite la vida, fíjes e e n qui e-
nes están a su alrededo r.
Pe ro en su re d social ta mbién está la pe rson a que se la p ue d e
salva r. • EI 14 d e marzo de 2002 d oné mi riñón dere cho al marido
d e mi mej or amiga», d e cl a ró Cathy e n un fo ro d e la we b que con-
grega a «donantes vivos» de órganos. El verano anterior, en un a
conversació n muy e mo ti va, Ca thy se había e n te rado de que la d o-
le nci a renal del marido d e su amiga h abía e mpeorado y de que e l
19
_-..-,
CONECTADOS
hombre sólo podría so bre vivir con un trasplante d e r i ñón . Ll evada
por su deseo de ayu dar, Cathy superó una serie d e exámenes médi-
cos y psicológi cos e n su afán p or logra r su obj e tivo de donar uno de
sus riñones. «Ha sido la experi encia más gratificante de mi vida
-dijo luego-o Esto y tan agr adecida de haber podido ayudar al
marido de mi mej or amiga.. . Una mujer ha recuperado a su mari-
do . Unos hijos han recuperado a su padre [... ] Es una si tuació n e n
la que todos ganan. Todos hemos vencido. Me han h ec ho el regalo
de rm vida-?
Historias como és ta o simi lares abundan , yen es te tipo de «dona-
ciones directas» de órganos incluso pueden llegar a verse implicadas
con rel aci ones much o más laxas que la rueri cionada: por
ejem plo , e l e mpleado de un St arbucks con un clie nte habitual. Has-
ta pueden existir cascadas de donaciones de ó rganos que re cuer-
dan. lige ram e n te a la cascada de asesi natos d e los Peretti . J ohn
LaV1s, .un horn bre de sesenta y dos años qu e vivía e n Mississauga,
Oritario, y te nía cuatro hijos y tres ni etos, agonizaba a consecuenc ia
de un fallo ca rdiaco en 1995. Su corazón ha bía fal lad o durante una
para co locarle un trip le bypass y, provi si o na lme nte, lo ha-
blan co nec tad o a un corazón ar tificial. En un in creíbl e golpe de
suerte, le trasplan taron e l corazón de un donante tan sólo ocho
días después, c uando se encon traba al borde de la muerte. Su hij a
lo recuerda así : «Toda la famili a siente una in mensa gratitud [...]
[MI padre] recibi ó el mayor r egalo que nunca podrán hace rl e. Le
la vida ». Moti vados por esta experienc ia, los hijos de
se hi ci eron donantes de órganos. pensando qu e es te gesto si-
merri co era lo menos q ue podían h acer. Más tar de , e n 2007 Da n
Lavis, uno d e los hij os de John, murió a causa de un accide;te de
trabaj o . Och o personas se beneficiaron de su decisión de donar sus
ó rganos. La m uj e r que recibi ó su corazó n escribió a la famili a Lavis
dándole las gracias por «habe rle dado un a vida n ueva- ". Ese m ismo
año, en Estados Uni dos se produjo e ntre un os donan tes vivos de 0 -
ñori es que previ amente no se conocían una cadena sim ilar de tras-
nada menos que por di ez eslabones (a unq ue
exisuo, como no. una coordinació n médica explícita) que acabó
salvando otras tantas vidas ".
Los lazos de las re des sociales pueden - y como ve remos, normal-
o:' ente reportar benefi cios que nada tienen que ver con la
viole ncia, sino todo lo contrario. Pueden cons titui rse e n el vehículo
20
EsTAR EN }:L AJO
de gestos al truistas mediante los cuales unas personas devuel ven con
creces una deuda de gratiuld. El pa pe! que las redes sociales dese m-
peñan en la difusión del bien y del mal ha impulsado ya la creación
de estralegi as novedosas para abordar los pro blemas sociales. Por
ejem plo , e n di versas áreas metro polit anas de Estados Uni dos hay
equipos de «inte rcepto res de violencia». Estos individuos están
liamados con la vida e n las calles - muchos de ellos h an perte ne ci-
do a alguna banda- y se esfue rzan por poner fin a los asesinatos in-
terrumpiendo e! ciclo de transmi sión. Corren al lecho d e las víc timas
o a las casas de sus fami lias y de sus amigos y les a n iman a no buscar
venganza. Basta con qu e convenzan a una solape rso na para que se
salven varias vidas.
Nues tras conexio nes afectan a mu chos aspectos de nuestra vida
cotidiana. Aco ntecimientos tan excepc ionales como un asesinato o
la donaci ón de ó rganos n o so n más q ue la punta del iceberg. Cómo
nos se ntirnos, lo que sabemos, con quién nos casamos, si enferma-
mos o no , cuánto dinero ganamos y si votamos o dejamo de hacerl o
son cosas to das ellas que de pe nden de los n exos que nos vinculan los
unos a los otros. Las redes sociales difunden fe licidad, ge neros idad y
amor. Siempre están ahí, ej erci endo una influencia sutil y al mi smo
tiempo determinante en nuestras elecciones, acciones, pensamien-
tos y se ntimie ntos. Y tambi én en nuestros deseos. Además. esas co-
nexiones no terminan en las pe rsonas que conocemos. Más allá de
nuestros hori zontes sociales ) los amigos de los amigos de nuestros
amigos pueden impulsar reacci ones en cadena que acaben por al-
canzarnos, como las olas que , ven idas de tie rras lej anas, rompen en
nuestras p layas .
BRI GADAS DE CUBETAS y ÁRBOLES TELEFÓNICOS
Imagi ne que se está quemando su casa. Po r sue rte. hay un río
cerca. Pero usted es tá solo. Corre de la casa al río y del río a la casa!
cube ta en mano echando litros de agua en su saló n, qu e está en lla-
mas . Por d esgraci a, todo esfuerzo es inútil. Sin ayuda no podrá aca-
rrear el azua con la velocidad necesaria para sofocar el incendi o .
o
Ahora suponga qu e no está solo, que tiene cien vecin os y que )
por suerte para usted , los cien tienen ganas de ayudarl e . Además, da
la casualidad de que todos tienen una cu beta, Si sus veci nos son lo bas-
¡
¡
CONECTADOS
tan te fuertes, podrán ir al río y volver, y hacerlo varias veces. echan-
do agua al fuego co mo buenamente puedan. Que cien pers onas le
ayude n a echar agua a su casa. que está ardiendo. es, evidenrernen-
te, mucho mejor que hace rlo usted sol o . El problema es que, en
cuanto se ponen a ello. sus vecinos pierden mu cho tiempo yendo y
viniendo del río. Algunos se cansan pronto , otros no se coordi nan
bien y se les cae mucha agua, alguno que o tro se pierde y no vuelve
del río. Si todos actúan por su cue nta. 10 más seguro es que su casa
acabe derrumbándose a consecue ncia de las llamas.
Por fo rtuna, esto no ocurrirá porque tienen a su alcance una
peculiar fo rma de orga nización so cial: la bri gada de cube tas. Sus
cie n veci nos forman una fila e ntre el río y su casa, y de mano e n
mano se van pasa ndo cube tas llenas de agua e n dir ecci ón a su casa
y cubetas vacías de vuelta al r ío . La brigada de cubetas no sólo supo-
ne que la gente no pierda tie mpo y energía yendo y vinien do de l
río, impli ca también que los más débiles, posi blemente incapaces
de caminar o acarrear una cube ta llena de agua durante un largo
trecho, pueden aportar algo. Organizadas en una brigada de cube-
tas , cien personas pueden hace r e l mi smo trabajo que dosci entas a
toda prisa pero a su aire.
Pero ¿por qué exactamen te un grupo de personas así organizado
es más eficaz que el mismo grupo - o un grupo mayor- trabajando
de forma independiente? Si, en efecto, el todo es más gran de que la
suma de las partes , ¿có mo llega es to a producirse? ¿De dónde sale
exactame nte esa cualidad de «más grande»? Es asom broso qu e para
aumentar la efec tividad de los seres humanos un o rden de magni-
tud baste co n cambiar la fo rma en que están organizados. Pero ¿y
por qué al combinarse en grupos de configuraciones particularesso n
las personas capaces de hacer más y más dive rsas cosas que la suma
de sus ind ividualidades?
Para responder a estas preguntas y antes de entrar en la pane di-
vertida del asunto, hace falta explicar algunos t ér-mi nos e ideas bás i-
cos de la teoría de redes. Esos co nceptos básicos preparan el escena-
rio para las histo rias individuales y otras ideas más complicadas que
pronto exploraremos mi entras descubrirnos el sorprendente poder
de las redes sociales para incidir en todo el es pectro de la experie n-
cia humana.
Primero deberíamos clarifi car lo que queremos decir con la expre-
sión «un grupo de gente». Un grupose puede definir por un atributo
22
E STA K EN er. AJ O
(por eje mplo, el de las muj eres, el de los demócra tas, el de los aboga-
dos, el de los co rredores de fondo) o como una colección específica
de individ uos a quienes, li teralmente, podemos se ñalar (<<esas pe rso-
nas de ahí, las que hacen cola para entrar en el concierto »). Una red
social es otra cosa. Aunque es , al igual que un grupo, una colección de
personas, requi ere tambi én algo más: un conjunto específico de co-
nexi ones entre las personas que la componen. Estas conexi ones y la
particul ar rel ación que existe entre ellas resul tan cruciales para com-
prender cómo operan las redes.
La brigada de cube tas que salva una casa es una red social muy
simpl e. Es lineal y sin ramifi caciones : todos sus co mpon en tes (salvo
el primero y el último) están co nectados con otros dos, el que tiene
del ante y el que tiene d etr ás. Para trasl adar un ele men to co mo el
agua por una distancia larga, la brigada de cubetas es una buena for-
ma de organizarse. No obstante, la organización óptima de cm. ce nte-
n ar de personas en una red depende mucho d e qué tarea tengan
que llevar a cabo. La mej or forma de conectar a cien personas que
tienen que a pagar un fuego no tiene nada que ver co n la mejor for-
ma de o rganizar a cien personas qu e, por ejemplo, tienen que con-
seguir un objetivo militar. Normalme nte, una compañía de ci en so l-
dados se organiza en di ez pel otones de di ez so ldados. Est o permi te
que cada so ldado conozca bi en a todos SLIS co mpañeros d e pel otón
en lugar d e que conozca mal a la masa de camaradas que tiene de-
lante y a la masa de camaradas que tiene detrás. Los ej ércitos se es-
fuerzan e normeme nte en que los componentes de un pelotón lle-
guen a conocerse muy bi en; tan bien como para que todos sean
capaces de dar la vida por todos los demás.
Co ns idere mos ahora otra red social: el árbol tel efónico. Suponga
qu e necesi ta ponerse en contacto cuanto antes con cien personas
para que se pan que el co legio de sus hij os está cerrado. Antes de
que existieran las fo rmas de comunicación modernas e In te rne t,
esto era todo un reto. porque hasta hace poco no he mos contado
con una fuente de informaci ón «al min uto» a la que todos te nemos
acceso desde nuestras casas (aun que ahora me viene a la cabeza ef
re picar de las campanas de las igl esias) . En vez de ello, habría que
ponerse en contacto con los demás directamente. El teléfono facili-
tó much ísimo esta tarea, pero hacer cie n llamadas tel efónicas sigue
siendo muy tr abajoso para una sol a p ersona. y au nque al guien se
encargase de ell o, resultaría difícil llegar a las últimas personas de la
23
CoNECTADOS
lista, que es muy posible que para e n to nces ya hubi eran salido de sus
casas e n dire cción al coleg io . Que una sola persona haga todas las
llamadas es ineficaz y pesado .
I d ealme n te , un a persona podría poner e n marcha una reacci ón
e n cadena para ll egar a todos co n la mayor celeridad posible y con
la menor ca nti dad de trabaj o para todos los es labones d e la cadena.
Una o pción co ns is te e n organizar una lista y que la primera perso-
na de la lista llame a la segunda , la se gunda a la terce ra, etcétera,
h asta que todo e l mundo haya r ecibido e l me nsaj e , como e n una
brigada de cubetass. Esto supondría una di stribuci ón eq ui ta tiva de
la carga, pero au n as í, llevaría mucho tiempo llegar a la pe rsona
n úmero cie n de la lista. Además, si al guna persona no es tá en casa
cuando la llama n, todas las que figuren d etrás de e lla e n la lista no
recibirán e l mensaje .
Un model o de conexi o nes alternati vo es e l ár bol tel efóni co. La
primera perso na llama a dos personas , quien es a su vez llaman a
o tras dos, e tcétera, hasta que se co n tac ta con todas las personas de
la lista. A diferencia de la bri gada d e cubetas, e l árbol tele fó nico
está ideado pa ra, formando u na cascada, difundir la inf o rmaci ó n
simultánea mente a tantas personas co mo sea pos ible. La carga de
trabaj o se d istribuye por igual e n tre todos los miembros de l gr u po
y, as imismo, se reduce el problema de que una pe rsona no esté en
casa. Además, con una sola lla mada u na pe rso n a puede desencade-
nar un a sucesión de acon tecimien tos suscep tibles de afe ctar a ci en-
tos o a mi les d e personas (de la mi sma manera q ue la persona qu e
donó e l corazón que le f ue trasplantado a Joh n Lavi s impulsó otra
donaci ón que sal vó o tras ocho vidas ) . Por o tro lado, e l á rbol te lefóni-
co tambié n reduce e normeme n te e l n úmero de pasos que hay que
dar para que todos los mi embros del grupo reci ban la info rmación,
minimi zando las posibilidades de que e l mensaj e se tergiverse . Es ta
parti cular estructura e n red nos ayuda a ampli ar y a co nse rvar e l
mensaje . De hecho , transcurridas po cas dé cadas desde la implanta-
ció n de los tel éfonos fUOSen Es tados U nidos, los á r boles tel efónicos
le empleaban para todo tipo de p rop ósitos, Por ejemplo, e n 1957,
un artículo publicado e n Los Angeles Times hablaba de l empleo,
co mo parte del "Sis te ma de Vi gi lancia de la Luna- del Observato-
rio Astrofísico d e l In sti tuto Smithsonian, de un á r bol te le fó nico
oa ra movi lizar a los as tró no mos afici onados co n el fin de seguir la
.rayectoria de los satélites [Usos y estadoun id e nses''.
24
EsTAR EN EL AJO
Desgraciadamente, es te mismo siste ma hace posible que algún ca-
radura estafe a mi les de personas. En las conocidas como estafas de
Ponzi , el dine ro fluye «hacia arriba» e n una estructura parecida a la
de un árbo l telefónico . A medida que se van sumando a la red, las per-
sonas envían dinero a las personas que están «por e nc ima» de ellas y
reclutan nuevos mi embros, que quedan «po r debajo » y co nsiguen I
más dinero. A meclida que pasa e l tiempo son cada vez más las perso-
nas q ue van a portando. En la que pudo se r la mayor estafa de Ponzi
de tod os los ti em pos, e l FB1 descubrió que a lo largo de tr ein ta años
Bernie Madoff les había birlado cincuenta mil millones de dólares a
mi les de inversores. Al igual que co n la red de la vendetta co rsa que
describimos ante riorme nte, todos querríamos evitar red es de inve r-
sio nes como la de Madoff.
La il ustrac ión mues tra los cuatro tipos de redes que hernos con-
siderado has ta aho ra. Primero contamos con un grupo de ci en
personas (en el q ue cada una de ellas es tá repres entada por un
c írcul o, o nodo) e ntre qui ene s no hay ni n g ún VÍnculo. A continua-
ción aparece la bri gada de cubetas. Aquí, además d e las cien perso-
nas, ha y un total de noventa y nueve vín cul o s e ntre los mi embros
del grupo: todas las personas ( me nos la primera y la úl tim a) están
conectadas a otras dos personas por un vínculo mutuo (es decir, que
las cu betas ll enas y vacías p asan e n ambas direcciones ) . En e l á rbol
te lefónico hay c ien personas y, o tra vez, noventa Ynueve vín culos.
Pe ro aq uí todo el mundo, co n la ex cepci ón de la primera persona
y de las últ im as, está conectado con otras tres personas mediante
un ví nculo d e ll egada (la perso na d e la que reciben la llamada ) y
dos ví nculos d e salida (las personas a las q ue hacen la ll a mada ) .
No hay vínculos mutuos y la informaci ón cir cula en una sol a di re c-
ci ón, corno los ví nculos e n tre lo s mi embros del g rupo. En una
co mpa ñía d e cie n soldados, tod os los mi embros d e un p elotón co-
noce n bien a lodos los demás y todas las personas tienen exac ta me n te
nueve vínculos. Aq uí hay cien person as conectadas por 450 ví ncu los
(la raz ón de que no haya no ve cientos ví ncu los es que cada ví ricu-r
lo cue n ta só lo una ve z para las dos personas que conecta). En la
il ustraci ó n damos por sup uesto q ue no h ay víncul os e n tre los pe lo-
to nes o , al menos, que los víncul os que exis ten de ntro de e llos son
mucho más es trechos que los que hay e ntre unos pe lotones y o tros.
Evidentemente , es to es simplificar exces ivame nte las cosas, pe ro
as í conseguimos ilustrar o tro factor de las comunidades organiza-
EsTAR t:.>,r El. "JO
Las corn uriidades se defi nen por conexio nes estructurales y no
necesariamente por ningún rasgo parti cul ar qu e pueda conectar a
sus mi embros e ntre sí.
Di cho muy sencilla men te , p or tanto, una red social es un con-
junto o rgan izado d e pe rsonas formado p or dos tipos de elemen tos :
seres humanos y conexiones entre ellos. Sin embargo, n o r mal me n te
y a d ife rencia de lo que sucede e n la bri gada de cubetas, el árbol
telefónico y una compañía de so ldados, la organización de las re-
des soci ales natural es no viene impuesta desde arriba. Las redes
soci ales real es y cotidianas evolucionan orgánicamente a partir de
la tendencia natural de toda persona a establ ece r rel aciones y a ha-
cer pocos o muchos amigos. a tener un a familia grande o pequeña
y a trabajar en lugares donde se establecen relaciones anodinas o
acogedoras.
Por ejemplo, en la ilustraci ón siguie nte mostramos una red de
105 es tud iantes de un co legio mayor d e una universidad es tadouni -
dense y los vínc ulos que tienen en tre ellos. De medi a. todo es tudian-
te está conectado con otros se is amigos In timos, pero hay estudi antes
que tie nen un solo amigo y o tros q ue tienen muc hos. Además, algu-
nos estudiantes están más integrados qu e OlfOS, es decir, man tienen
más conexiones con otras personas de la red por vía de amigos o de
amigos de amigos. En realidad, el soft ware de visualización de la red
es tá dise iiado para colocar a los que están más interco nectados en el
centro), a los que lo están men os en la perife ria. lo cual con trib uye a
que veamos m ej or qué posici ón ocupa cada persona dentro de la
red. Cuando nuestros am igos y nuestra familia se conectan mejor.
aumenta nuestro nivel de conexió n con el conj unto de la red soci al.
Nosotros deci mos que eso nos centra porque contar co n amigos bien
conectados nos aleja literal mente de los márgenes haci a el centro
de la red social. La' centralidad se puede med ir contando no sólo el
n úme ro de amigos y de otros co ntactos qu e tenemos, sino conta ndo
también el número de amigos de nuestros amigos, el n úmero de ami-
gas de los amigos de nues tros amigos, etcétera. A diferencia de la bri-,
gada de cubetas, donde todos tienen la sensación de que su posici ón
es la misma (<<a mi izqui erda hay un hombre que me pasa las cubetas
y a mi derecha un hombre a quien le doy las cubetas; no impo rta en
qué lugar de la fi la me encuentre yo-) , aquí, los lugares en que se
sitúa n las personas son muy di stintos entre sí.
Brigada de cubetas
Pelot ones militares
Árbol telefónico
Grupo desconectado
CoNEcr"OOS
Cuatro formas distintas de conectar a cien personas. Cada GÍ11;U [O
( << nodo») representa a una persona y cada línea ( -annculo») una rela-
ción entre dos personas. Las líneas con flechas indican una relación
en una sola dirección: en el árbol telefónico, una persona llama a otra.
Si no hay flechas, los vínculos son siempre recíprocos: en la brigada de
cubetas, las cubetas llenas y las cubetas vacías se desplazan en ambas
direcciones; en los pelotones mi litares, todas las conexiones entre los
soldados son de doble dirección.
das e n redes sociales . Podemos definir a una comunidad en red como
un grupo de personas que están mucho más conectadas entre sí de
lo que lo están con otros grupos de personas conectadas en otras
partes de la red.
26
27
CoNECTA1)OS

J .,
En esta red natural de amistades cercanas entre 105 estudiantes de un
colegio mayor, cada círculo representa a un estudiante y cada línea
una relación de amistad. Aunque tant o A como B tienen cuatro ami-
gos, hay más posibilidades de que los amigos de A se conozcan (hay
vínculos entreellos), mientras que ninguno de los amigos deB se cono-
ce. A tiene mayor transitiuidad que B. Asimismo, aunque los dos ti e-
nen seis amigos, ey D ocupan lugares muy dist intos en la red social.
e ocupa un lugar mucho más central y D más Periférico. Los amigos
de e tienen muchos amigos, mientras que, en general, los amigos de D
tienen pocos o ninguno.
La f orma de u na red, también llamad a es tructu ra o tipología, es
unade sus propiedades básicas. Mie ntras que esa forma se puede vi-
sualiza r o representar de maneras distintas, el entramado real de
conexiones que la determina sigue siendo el mismo con indepen-
dencia de cómo se visualice la red. Imaginemos un conj u nto de 500
botones es par ci dos por el suelo. E imaginemos que di sponemos de
2,000 hi los para conectarlos. Ahora imaginemos que escogemos dos
botones al azar y los conectamos con un hil o, anudando cada bo tón
a uno de los extremos del hil o. A continuación repetimos el proce-
y v:unos co nectando pares de botones hasta que nos que-
damos SIn hilos. Al final algu nos. botones tendrán muchos hilos y,
puesto qu e establec emos las conexio nes al azar, otros no tendrán
ninguno y, por tan to. no estarán conectados con ningún otro botón.
28
,
EsrAR EN EL AJO
Es posibl e que algunos grupos de bo tones estén conectados entre
ellos, pero se parados de otros grupos. A es tos grupos -incluso a los
que consisten en un so lo bo tón desconectado-s- los llamaremos com-
ponentes de la red. Es frecuente que, cuando ilustramos las redes;
sólo r epresentemos el componente más grande (e n es te caso, el que
tiene más botones).
Si tuviéramos que se leccio nar un botón de un componente y co-
gerlo e1el suelo, todos los botones conectados a él d irecta o indirecta-
men te se levantarían también. Ysi tuviéramos que so ltar esa masa de
nuevo e n otro p unto del suelo, tendría un aspecto distinto al que te-
nía cuando la cogi mos por primera vez. Pero La topología --que es
un a propiedad fundamental e in trínseca de la red de botones-sería
exactamente la misma, sin importar cuán tas veces levantásemos y so l-
tásemos la masa de botones conectados. Todo botón tiene la misma
posición rel acional , con respecto a otros botones e n parti cul ar, que
tenía antes; su localización en la red no h a cambiado. El software de
visualización intenta mostrar esto en dos dimensiones y pone de ma-
nifiesto la topología subyacente situando a los botones con más co-
nexi ones en e l centro y a los que tienen men os co nexiones e n los
bordes . Es como si intentásemos desenredar un e mbrollado cordón
de luces de Navidad y cons iguiéramos tirar de algunas de ellas pero
quedasen también varios nudos d e luces en trelazadas por más vuel-
tas que le diésemos a la e nmarañada masa.
Por numerosas razones de las que ya hablaremos, las personas
llegan a ocupar pun tos e n particular de las redes soci ales que su r- .
.gen y evolucionan continua y naturalme nte en tomo a nosotros. Las
redes orgá nicas tienen una estruct u ra, complej idad. función, espon-
taneidad y belleza que no se e ncu en tran e n las redes organ izadas, y
su existencia provoca preguntas so bre la forma en que sur gen, las
regl as a las que obedecen y el propósito al que resp onden.
REGLAS DE LA VIDA EN .LA RED
Las redes sociales tienen dos aspectos fundamentales, tan to si
son tan se nc illas como una brigada de cubetas como si son tan com-
plej as como una gran fami lia mul tigeneraci onal, un colegio mayor,
una comunidad entera o la red global que nos vinc ula a todos. En
pri mer lugar, hay conexum , lo cual tiene que ver co n qui én está ca-
29
cosecrxoos
neceado co n qui én. Cuand o un grupo se co ns tituye co mo red, una red
particul ar de vínculos conecta a sus mi embros. Este entramado de
VÍnculos es la topología d e la red. Además , los VÍnculos son corn ple,
jos: pueden se r efí meros o durar toda la vida, pueden ser su pe rfi cía,
les o p rofun dos, pueden ser personales o anónimos. La f orma de
construir o visuali zar una red depende de cuáles sean los vínculos
que más nos inte rese de stacar. La mayoría de los análisis subrayan
los vínculos familiares y de am istad, y con los compañeros de trabajo
y los veci nos. Pero exis ten todo tipo de víncul os sociales y, por tanto,
todo ti po de redes sociales. En realidad, cuando d entro d e una red
circulan cosas como las enfermedades de transmisión sexual o bille-
tes d e d ól a r, el hecho de que exista esa circulación basta para d efinir
los vínc ulos y, por tanto, la es truc tura de un conj unto particular de
conexiones en red.
y luego está el contagio, que si a algo concierne es a aquell o que
fluye por los VÍncu los. Por su p uesto, pueden fluir cubetas d e agua,
pero tambi én gérmenes, dinero, viol encia, modas, riñones, felicidad
u obesidad. Cada una de estas cosas quefluyen se co mporta d e acuerdo
con unas reglas . Por ejemplo: e l fuego no se pued e tr anspor tar has ta
el río en cube tas, los gérmenes no pueden afec tar a una persona in-
mune y la obesidad, d e la que nos ocuparemos e n el ca pít ulo 4, suele
difundi rse con mayor rapidez entre personas del mismo sexo.
Comprender po r qué existen las redes sociaJes y cómo funcionan
requi ere que comprendamos ciertas normas relativas a sus conexio-
ne s ya la forma en qu e se contagian: su es tructura y su funci ón. Es-
tos principios explican por qué los vínc ulos pueden hace r que e l tocio
sea mayor que la suma d e las panes.
1 Q. regla: somos nosotros quienes damosforma a nuestra red
Los seres humanos organizan y reorgani zan redes sociales co nti-
nuamente . El p rime r ej emplo de esto es la homofilia, la tendenci a
consc iente o inconsci ente a asociarnos con pe l-sonas que se parecen
a nosotros (el ténnino significa, literalmente. «a mor a los igual es»).
Tan to si se trata de los H ell 'sAnge ls, ese famoso club internaci onal
d e moteros , como d e los Testigos d e J ehová, d e los adic tos a las dro-
gas o al café; d e los d emó cratas o d e los republicanos, de coleccio-
rustas de sell os o d e aficionados al puenting, lo cie rto es que busca-
mos a aqu ellas pe rsonas que comparten nuestros int e reses, historias
y sueños. Cada o veja con su parej a, o Dios los cría y e llos se juntan.
30
I pero tambi én elegirnos la estructura d e nuestras redes sobre todo
de tr es formas. En primer lugar, d ecidimos a cuántas personas esta-
rnoSconectados . ¿Quere mos jugar a las damas y, por tanto , nos basta
una sola persona, o al escondite, y entonc es es mejor contar con más
de una? ¿Queremos mantener el contacto con ese tí o nuestro que
está loco? ¿Que rernos casarnos o seguir explorando el terreno? En
segundo lugar, modificamos la forma en que n uestra famili a y nues-
tros amigos es tán co ne ctados. Al o rganizar el banquete de bodas, ¿co-
locamos al compañero de habitación de l novio al lado de la dama de
honor? ¿Montamos una fiesta para que se conozcan todos nuestros
amigos? Si tengo dos socios y no se conocen, ¿los presento? Yen ter-
cer lugar, co ntrolamos en qué lugar ele la reel soci al nos encontrarnos:
hacia el ce ntro o hacia los márge nes. ¿Somos los reyes de la fiesta y
nos relacionamos con lodo el mundo o nos quedamos en un rincón?
Las posibil idades so n tan diversas que es asombrosa la variedad
de es tructu ras de la red de la que acabamos formando parte. La di -
versidad de nuestras elecciones -una di versidad cuyos orígenes so n
sociales y genéticos, corno ve re mos en el capítulo 7- nos sitúa a
cada uno de nosouos en un a posici ón Única dentro de nuestra red
soc ial. Por supuesto, a veces no podemos elegi r y tal ve z ocupe lnos
lugares donde hacer amistades nos resu lte difíci l aunque queramos.
y tampoco podemos e legi r la famil ia e n la q ue hemos nacido. Pero
también cuando nos han venido dadas, estas redes o estructuras so-
ciales gobieman nuestras vidas.
En re ali dad sabemos bastante acerca de la forma e n que las perso-
nas varían segú n qué amigos y contactos tengan y d el modo e n que és-
tos están conectados entre sí. Pero ide ntificar los contactos sociales de
alguien p uede se r complicado, porque las personas manti enen m u-
chas intera cciones de diversa intensidad con todo tipo de gente. Se
puede conocer a ce ntenares de personas de vista y de nombre, pe ro lo
normal es que só lo mantengamos relacio nes estrechas con un as pocas.
Una d e las fo r mas q ue los sociólogos ti enen d e identificar a es tas po-
cas es p reguntar: ¿co n qui én habla d e los as untos importantes? O ¿co n
q uién pasa su tiempo libre? Al responder a es tas pregun tas, la gen te
menci onará a una heterogénea mezcla de amigos, parien tes, compa-
ñeros de trabajo, de estudios o de vecinos.
Reci entemente hemos hecho estas preguntas a una muestra de
más d e tres mil estadounidenses e legidos al azar y hemos descubier-
to que el estadounidense medio só lo tiene cuatro rel aci ones es tre-
3]
2" regla: nuestra red nos da forma a nosotros
A su vez, nuestro lugar en la red nos afe cta. La vida de una perso-
na sin un so lo amigo es muy dif erente a la vida de un a persona con
much os amigos . Por ejemplo, en el capítulo 4 veremos que hacer un
nuevo ami go puede reportar todo tipo de beneficios a nuestra sa-
lud, aunque esa perso na no haga nada en particular por nos otros.
Cierto estudio real izado a ci entos de mil es de reclutas noruegos
I
- 1
nos ofrece un ej e mplo muy se ncillo del modo e n que e mero nume-
ro de con tac tos sociales (e n es te caso, entre hermanos) nos puede
afectar!' . Sabemos desde hace algún tiempo que los primogé nitos
suelen estar algunos puntos por e nci ma e n cociente intelectual que
los hijos nacidos en segundo lugar, que a su vez están algunos pun-
tos por e ncim a de los hij os nacidos e n te rcer lugar. Uno de los te mas
ESTAR EN EJ. "JO
Aunque estos rasgos corresponden a las redes que podemos ver,
bién nos reve lan algo de las redes q ue no podemos ver. En e l in-
ta1J1 so tapiz que forma la humanidad, to da persona es tá conectada
roen .
sus ami gos, familia, compañeros de u-abajo yvecinos, pero es tas
con . e mili'
rso
nas
también están conectadas con sus aJTIlgOS, la a, compa-
de uabajo y veci nos, etcétera, e tcé tera, hasta más allá del hori-
n te hasta conectar a to dos los habi tantes de la Tierra de una fo r-
zon , .
roa O de o tra. De modo qu e, aunque creamos que nu estra propia
red tie ne un al cance social y geográfi co limitado, las redes que nos
codean a lodos y cada uno de nosotros tienen muchas conexiones
entre sí.
Este rasgo es tructu ral de las redes es lo que subyace a la expre-
sión «el mundo es un pañuelo ». Ocurre con frecu encia que, por
medio de unas pocas conexiones de persona a pe rsona, un i nd ivi-
duo des cubre que tiene una conex ión con otro . Es famoso (al me-
nos entre sociólogos) un ej emplo mencionado e n un ensayo escrito
en la década de 1950 por dos figuras p recoces en e l es tud io de las
redes sociales , 1th iel de Sol a Pool y Manfred Rachen. Uno de los auto-
res oyó que u n paci ente de un pequeño hospital de Illi n o is le decía
al paciente de la ca ma de a l lado, que e ra ch ino: «¿Sa be usted? En
toda mi vid a sólo he conocido a o tro chino. Era __ , de Shanga i». y
el chino respondi ó: «Era mi tíO»1 0. Los autores del articulo no da-
ban e l nombre de l ch ino de Shangai , no fu era a ser que, en un ej em-
plo más de lo pequeño q ue e n e fec to puede llega r a se r el mundo , el
lector tambi én lo conociera.
CoNECTADOS
chas y que la mayoría tiene e n tre dos y seis. Tristemente, el 12 por
cie n to de los encuestados no mencionó a nadi e con qui en consultar
los asuntos impor tantes O pasar el tiempo libre. En e l otro extremo
el por cie nto de los estadounidenses tiene a ocho personas
quien hacer ambas cosas. Por otro lado, casi la mitad de esas personas
( las p ersonas con quienes p asar el tiempo libre o hablar de lo que
nos Im po rta ) son amigos y la o tra mitad pueden ser el cónyuge, los t
SOCIOS, los padres, los hermanos, los hij os, los compañ e ros de traba-
jo. Jos colegas del cl ub, los vecinos y profesiona les de ayuda. El soció-
logo Peter Marsden h a llamado a es te grupo de gente que to dos te-
nemos «red de conversación nucl ear». Por una e ncues ta de án1bito
naci ona l hecha a 1,531 es tadouruderises sa bemos que e l ta maño de
la red de conve rsación nuclear di sminuye a medida que envejece-
mos, qu e en es to no existen diferenc ias significativas entre hombres
y muj eres y qu e las personas con un título uni vers itario tienen redes
de co nve rsación nucleares cas i dos veces más grandes que qui enes
no terminaron el instituto".
ya dentro de nuestras propias investi gaci o n es,
ped imos a di versas personas que nos dijeran cómo estaban conecta-
en tre si sus contact os sociales. De modo qu e si una pers ona nos
dij o que Tom, Dick, Harry y Sue so n sus amigos, le preguntamos que
si Tom conocía a Di ck, a Harry y a Sue, si Di ck conocía a Tom, a Ha-
rry y a Sue, e tcé te ra. A continuació n aprovechamos es tas respu estas
para ca lcul ar la probabilidad d e que dos amigos cu a lesq uie ra de una
persona fu eran también amigos. Es ta probabilidad es una propi e-
dad Importante qu e empleamos para medir hasta qué punto es tá
bien entrel azada un a red.
Si usted conoce a Alexi yAl exi conoce a Lucas y Lucas lo co noce a
usted , decimos de es ta relación que es una relaci ón transitiva: las tres
personas a las que atañe forman un triángulo. Algunas personas viven
e n e l meollo de muchas rel aci ones transitivas (como la persona A de
la ilustración d e l a pági na 27) , mi entras que otras tiene n amigos que
no se co nocen (como la persona B de esa m isma ilustraci ón) . Las rel a-
ciones de al ta transitividad suele n estar profundamente incrustadas
den tr o de un solo grupo, las de baj a transitividad suelen afectar a per-
sonas de varios grupos di stintos que no se conocen entre sí, con lo
cual, es más pro.bable que actúen co mo puente e n tre los di stintos g ru-
pos. La probabilidad de que dos conoci dos cuales quiera de un esta-
douniden se medi o se conozcan es de un 52 por ciento.
32 33
CoNt:CTAOOS
más so bresalie ntes dentro de esta área de investi gació n, sin embargo,
consiste en averiguar si la diferencia se debe a razones biol ógi cas fija-
das desde el nacimi ento o a factores sociales, que intervienen después.
El estudio de los soldados noruegos demuestra que rasgos muy simp les
de las redes soci ales, como el tamaño y la estructura de la familia, SOn
los responsables de las diferencias. Si has nacido en segundo lugar y tu
hermano mayor muri ó cuando eras niño, tu e l aumenta yse asemeja
al e l de un primogénito. Si eres un niño nacido en tercer lugar y uno
de tus herma nos mayo res ha muerto, tu el se parece al de un hij o na-
cido en segundo lugar; ysi tus dos hermanos mayores han muerto, tu
CI se acerca al de un primogénito.
Que tus amigos y otros contactos sociales sean amigos también es
muy relevante para tu experienci a vital . La transitividad puede afee-
tar a lodo, d esd e las p robabilidades de e ncontrar pareja sexual hasta
las probabilidades de terminar suic idá ndose. Sus efectos se apreci an
con fac ilidad en el ejemplo de cómo el divorcio afecta a los niños. Si
los padres d e u n niño están casados (conectados) es p robabl e que
d ialoguen , pero si están divorci ados (d esconectados) es probabl e
que no lo hagan . Un divorcio signifi ca que muchas vec es la cornun i-
cación se reali za a través del niño (<< ¡Dile a tu padre que no se moles-
te en ir a recogerte el sábado que vierie! ») yes más difi cil coordinarse
para educar al niño ( <<¿Me estás diciendo que tu madre tambi én te
ha comprado u n hel ad o ?») . Lo notabl e es que , aunque el ni ño man-
tie ne una conexión profunda con am bos padres. su rel aci ón con
ellos cambia a raí z del divorcio . Pero es tos cambios resultan de una
pérdida de conexió n entre los padres. una conexión con la que el
niño tie ne poco q ue ver. El niño sigue tenie ndo madre y padr e. pe ro
su vida se modifica en función de que estén conectados o no .
El número de contactos de nuestros amigos y d e nuestra fa mil ia
ta mbié n es r el evante . Cuando mej o ran las conexiones de las perso-
nas con qui enes es tarnos conectados, se reduce el n úmero de pas os
que hay que da r entre persona y persona para alcanzar a otra perso-
na de la red. Ocupamos una posición más ce ntral. ]0 cual nos hace
más susceptibles a las fluctuaciones de la red. Po r ejemplo, e n la il us-
tración de la página 27, e ocu pa una posición más cen tral q ue D.
Pregúntese qué p ersona preferi ría ser si em pieza a difundirse por la
red a lgún ch.isrne inte resante ; evideu tern e rne, preferiría se r C. Pero
pregúntese ahora qué persona le gustaría ser si un germen mortal se
extiende por la red; está claro que le gustaría ser D. Es to es lo que
34
EsTAR EN EL AJO
ocurre incluso cua ndo personas como eyD tie ne n el mi smo núme-
ro de víncu los sociales, que en este caso so n se is. En capítulos poste- .
nares mostraremos de qué forma la centralidad en la red afecta a
todo, desd e al sueldo hasta a nuestra posibilidad de ser fe lices.
3' regla: nuestros amigos nos influyen
Por sup uesto, la forma de la red que nos rodea no es lo úni co que
' impo r ta . Aquello que fluye por las conexio nes ta mbié n es cruci al.
Una bri gada de cubetas no se fo rma para que usted pueda comp ro-
bar lo bonita que es mientras su casa se quelna, sino para que las
personas pasen cubetas de agua y sofoquen el fuego. Y las redes so-
ciales no se forman só lo para transpo rtar agua. En reali dad, trans-
portan todo tipo d e cosas d e un a persona a otra.
Como veremos en el capí tulo 2. una de las cosas que más determi-
nan el fluj o es la tendencia de los seres humanos a influenciarse ya co-
piarse entre sí. Lo normal es que toda persona mantenga muchos
vínculos directos con u na gran variedad de gente, incluidos padr es e
hij os, hermanos y hermanas, cónyuges (y ex cónyuges simpáticos y
amables), j efes y compañeros d e t rabaj o, y vecinos y amigos. Y cad a
uno de esos vínculos nos ofrece oportunidades de influir y de recibir
influencias. Si un es tudiante de un colegio mayor tiene un compañe-
ro de habitación estudioso. se vue lve más estudioso. Los comensales
que se sientan al lado de una persona que come mucho co men más.
Quien tien e un vecino que cuida de su j ardín también cuida de su
j ardín. Así pues. esa simp le tendencia que consiste en que una perso-
na influya en otra tiene tremendas consecuencias cuando nos fuanlos
en algo más que en nuestras conexiones inmediatas.
4'regla: los amigos de los amigos denuestros amigos también nos influyen
Resul ta que las personas no só lo copian a sus amigos, sino que tarn -
bién co pian a los amigos de sus amigos y a los am igos de los amigos
de sus amigos. Considere mos el juego del teléfono descompuesto.
ese entretenimiento infan til que consiste en pasarse un mensaj e en-
tre susurros. El mensaje que cada niño recibe contiene todos los erro-
res introd ucidos por e l ni ño que lo comparte amén d e todos los q ue
anteriorme nte han introducido los niñ os co n qui enes el primer niño
n o ti ene una conexión d irecta. De igual mane ra, to d os los pad re s
advierten a sus hijos que no se met an monedas e n la boca: las mone-
das, creen, tienen los gérmenes de tod as las pe rsonas por cuyas ma-
35
Es TAlt EN EL "JO
nos han pasado y no sólo del último par de manos que las han toca-
do. De igual modo, nuestros amigos y nuestra famil ia pueden influir
en las co as que hacernos, como ganar peso o ir a votar. Pero los ami -
gos y la familia de nuestros amigos tambié n nos p ueden infl uir. Es lo
que se llama difusión hipe-di ádica, es decir, la tendenci a de los efectos a
pasar de perso na en persona más aJlá de los vínculos sociaJes di rectos
de un individ uo. El he rmano de Cono pe rdi ó la vida por es to m ismo
Es fác il pensar e n los efectos hiperdiádicos cuando la red es una
línea recta ( <<A ese tipo de ahí, el tercero de la fi la, más le vaJe pas ar
la cubeta o varnos a tener muchos problernas») . Pero ¿cómo apre-
ciarlos e n una re d social natural como la de los uni versi tarios de la
ilustraci ó n d e la página 27 o e n redes más complejas de miles de
perso nas donde to do tipo de ví nculos e ntrecruzados se extienden
más allá del ho rizonte sociaJ? (Más adelan te nos ocuparemos de
ello). Para descifrarlo que ocu rre n ecesi tamos dos tipos d e informa-
ción. En p rime r lugar de bemos i nvestigar más aJlá de las díadas se n-
cillas, secuenciales: necesitamos conocer a los indi viduos y a sus ami-
gos, y a los amigos de sus amigos, y a los a migos de los amigos de sus
amigos. e tcétera. Y sólo podemos o bte ner esta i nformación o bser-
vando el conjun to d e la red. Hacerlo a gran escala só lo es posible
desde h ace muy poco. En segundo lugar, te nemos que o bservar
cómo fluyen las cosas de persona e n persona y luego necesitamos
informaci ón de las personas y de los vínculos q ue las conectan e n
más de un punto a la vez. Si no, es imposi bl e comprender las propie-
dades d iná mi cas de la red . Sería como in te n tar a prender las reglas
de un d epone mil-ando la foto de unajugada.
Vamos a consid e rar muchos ejemp los y variedades de difusi ón
hi perdiádi ca, pero podemos empezar con uno muy simple . Normal-
meri te pensamos que e l contagio ocurre cua ndo una perso na que
tiene algo e ntra e n Contac to con o tra persona, y que ese contacto
basta para que la segunda persona adq uiera lo q ue la pr ime ra tiene.
Nos pueden contagiar un germen (es el ejem plo más directo) O un
ch isme O una informació n (e l ejemplo menos obvio). Cuando una
sola persona nos contagia, los contactos adicionaJes con o tras perso-
nas suele n ser redundantes. Por ejemplo , si nos han di cho si n que
quepa lugar a duda que la acción q ue cotiza e n Bol sa XYZ cerró en
ci ncuen la dól ares, que o tra persona nos transmita e l mi smo dato no
añade gran cosa a nuestros conocimien tos. Además, nosotros tam-
bié n podemos tran smitir la misma informaci ón.
36
Pero hay cosas --como las normas y las cond uctas-- q ue tal vez no
difundan así y es posible que para h acerlo requieran de un proceso
complej o e n el que inte rvenga el refue rzo mediante múltiples
contactOS sociales. Si esto es así, quizá una red lineal --como una bri-
. gada de cubeta-e- no permi ta trans misión de fenómenos más.com-
lej os. Si quisiéramos transrruur a un grupo de personas que
dej ar de fumar, no las pondríamos e n fila y le pediríamos a la pn-
mera que dej ase de fumar y que pasase el mensaje. Por el con trario,
pedi ríamos a much as personas que no que rodeasen a un
mador, y tal vez les pidié ramos q ue se orgamzasen como un pelot ón
del Ejérci to.
El cé le bre experunento del ps icólogo Stanley Mi lgram reaJ izado
en un a acera ilustra la importan cia del refuerzo de múltipl es perso-
nas ' •. En 1968 e n Nueva Yor k, e n dos frías ta rdes de invierno, Mil-
gram o bservó e l comportamien to de 1,424 cami-
naban por un tramo de acera de quince metros. Situ ó «grupos de
esú mulo« formados por desde uno has ta qui nce de sus ayudantes.
Sigui endo sus indi caciones, es tos grupos artific iales se paraban y mi-
raban haci a una ve ntana del sexto piso de un edifici o cercano du-
rante un minuto exactamente. En la ventana no había nada intere-
san te, tan só lo es ta ba o tro de los ayuda ntes de Mil gram. El psi cól ogo
grabó e l experimento y, a continuación, sus ayudantes contaro n el
núme ro de personas q ue se pa raban y miraban adonde mil-aban los
gm pos de esúmulo. Si e14 por ciento de los peatones se detenía c uan-
do ese «grupo« estaba compuesto por una persona, hasta el 40 por
cie nto lo hací a cuan do el grupo es taba compuesto por quince. Evi-
dentemente , que los peatones se detuvieran o no a imitar un com-
portami e n to tenía mucho q ue ver con el tamaño del gm po co n que .
se e ncontraban.
Un porcentaj e a ún mayor de pea tones imitó la acción del grupo
de forma incompleta: miraron adonde estaba mirando el grupo de
estímulo, per o no se detuvier on. Si la mi rada de una sola pe rsona
modificó la del 42 por ciento de los peatones, la mi rada de qui nce,
personas modificó la del 86 por cie n to . Más interesante que esta d io '
fe re ncia, sin e mbargo, es que el grupo de esú mulo compuesto por
cinco personas influye ra casi tan to e n el comportamiento de los
pe atones como el grupo de quince . Es de cir, e n e sceriario, 1.os
grupos compuestos por más de cinco personas Casi no causaban nm-
gún efe cto nuevo e n la cond ucta de los peatones.
37
\
CoNECTADOS
5· regla: la red tiene vida propia
Las redes sociales pueden tener propie dades y funci o nes que sus .
miembros ni controlan ni perciben. Para corn prerider estas propie-
dades hay que estudiar al grupo entero y su estructura y no só lo a
indi viduos aislados. Entre los ejemplos más básicos están los atascos
y las estampidas. No se puede comprender un embote llamie nto in-
te rrogando a una persona que es tá se ntada al volante de su coche
echando pestes, por mucho que su coche allí parado es té co ntribu-
yendo al proble ma. Ejemplos más complejos incl uye n la noci ón de
cultura o, como veremos más adelante, el hecho de que grupos de
personas interco nectadas puedan compartir conductas sin coordi-
nación ni conciencia explícitas.
Muchos de los ejemplos más si mples se pueden comprender me-
jor si ignoramos po r comple to la volu ntad y la cognición de los in di -
viduos implicados y tratamos a las personas como si fueran «agentes
de inteli genci a ce ro». Co nsideremos las olas humanas en los grandes
acontecimientos deportivos que se dieron a conocer en el Campeo-
nato Mundial de Fútbol cele brado e n México e n 1986. En es te fe-
nómeno, grupos de espectadores se ponen e n p ie, levan tan los brazos
y luego los bajan y se sie ntan siguie ndo un movim iento secue ncial.
El efecto es es pectacular. Un grupo de fís icos que no rmalmente es-
tudi a las o ndas de la superficie de los lí quidos sintió tanta in triga
que deci dió estudiar un conj unto de ejem plos de «olas» grabados e n
grandes estadios de fútbol y advirtiero n que, normal men te, las «olas
se desplazan e n la dirección de las agujas del rel oj y se mueven a una
veloci dad de «vei nte asie ntos por segundo). 15.
Para comprender cómo e mpiezan y se propagan estas o las huma-
nas, los científicos recurrieron a model os m a te m áticos de medi os
excitables que normal me n te se emplean pa ra comp re nder fe nóme-
nos inanimados, como la p ropagaci ón de un fuego en un bosque o
la de una señal e léctrica por el m úsculo cardiaco. Un medio excitable
es aq uel q ue pasa de un es tado a otro (igual qu e un árbol que puede
arder o no) dependiendo de lo q ue hagan los que están a su al rede-
dor (¿están ardiendo los árboles ce rcanos?). Estos model os nos ofre-
cen predicciones m uy fidedignas de los fe nómenos sociales y sugie-
ren qu e la «Ola» se podría comprender aunque no su pié ramos nada
de la biología o psicología de los se res humanos. En efecto, la Ola
no se pu ede com pre nder estudi ando las accio nes de un solo indivi-
duo q ue se levanta y se sie nta. Tam poco está o rq uestada por una
38
ESTAR EN U. AJ O
perso na subida a un poyete y ar mada con un megáfono. La Ol a tie-
ne vida prop ia.
Los mod el os matemáti cos de las bandadas de páj aros, los bancos
de peces Ylos e njambres de insectos que se mueven al unísono de-
muestran lo mi smo: no hay control ce n tral del mo virmento del gru-
a pero el grupo manifiesta un tipo de inte ligencia colectiva q ue
p , di d· I
con tribuye a que todos sus componentes lo gren huir o isua a os
predadores . Esta conduc ta no es indi vidual , sino una
grupaL El examen de las bandadas de pájaros que «deciden» haci a
dónde volar revela que se mueven de una fo rma que no se corres-
ponde con la suma de las intenci ones de todos los componen tes de
la bandada y, lo cual es todavía más im portante, que, normalmente, la
direcci ón que toma el grupo sue le ser la mejor e n esas
Todos los páj a ro s con tri buyen u n poco y la elección cole ctiva de la
bandada es mejor que la que cualquie r páj a ro pod ría tomar de fo r-
ma individual !". Al igual q ue la « Ola» y q ue las bandadas de páj a ros,
las redes sociales o bedecen a reglas propias , a regl as que no tienen
que ver di rectamente con las personas que las siguen. que a ve-
ces no se trata de divertirse presenciando un parti do de fú tbol, 5100
de donar órganos o de engorda¡' o de se r feliz. .
A este respecto , se dice que las redes sociales tienen p ropiedades
e mergen tes. Las propiedades emergerues son atributos del todo que su r-
sre n de la in teracción y conexión de las partes. Compre nderemos
;;'ejor la ide a de e mergencia con una analogía: un pastel sabe como
no sabe ninguno de sus ingredientes. Su sabor no es sól o la suma
los sabores de sus ingredientes, algo. por ej emplo. a mitad de carni-
no entre los huevos y la harina . Es mucho más q ue eso. El sa bor de
u n pastel trasciende la sim ple suma de sus ingredientes.
comprender las redes sociales nos permite compre nder de que
modo e n el caso del se r humano , el todo llega a se r mayor que la
, ,
suma de las partes.
SEIS GRADOS DE SEPARACIÓN y TRES GRADOS DE INFLUENCI A
Stanl ey Milgram ideó otro experimento mucho más famoso q ue
demostró que todas las personas del mundo es tamos conectadas por
una media de «se is grados de separació n » (tu a migo está a un grado
de ti , el amigo de tu amigo está a dos grados, y as í sucesivamen te).
39

Este ex perimento, que Milgram llevó a cabo en la década de 1960
consistió e n entregar a cien personas de ebraska una carta
a un hombre de negocios de Bastan que vivía a casi dos mil ki ló me-
tros! ", Mil gram pidió a los ci udadanos d e Nebraska que e nviase n la
a la persona que, e ntre todos sus conocidos, más posibilidades
t uviera de conocer al hombre de negoci os de Bastan y Contó el n ú-
me ro qu e tuvo la carta has ta llegar a ese hombre.
De media, .hicieron falta se is desti natarios, incl uido el bostoniano .
hecho aso mbroso dio pie a di versas in ves tigaciones sobre la
Idea de que «el mundo es un pa ñuel o », es tudiada por vez p r im e ra
por Sol a Pool y Kochen, y caló e n la cultura popular con la o bra de
teatro Seis grados de sepa ración, deJohn Guare, y e1j uego ((A se is zra-
dos de Kevin Bacon». o
Si n e mbargo, e n e l mundo académico a bundaban los escép ticos
que , po r ejemplo, ad uc ían que, por a lejados q ue p ueda n es tar (geo-
gráfica y cult uralmen te), e n realidad Nebraska y Bastan se e ncuen-
tran dentro de Estados Unidos. Así que e n e l a ño 2002, el fís ico de-
ven ido e n sociólogo Duncan Watts y sus colegas Pete r Dodds y Ro by
Muhamad reproducir el experimento de Milgram a es-
cala global, solo que esta vez emple aron e l correo e lectrónico en lu srar
d I 16 o
e postal . Reclutaron a más de noventa y ocho mil personas (esta-
s,u mayoría) yles pidieron qu e enviasen un mensaj e
a. ((o bJe uvos .. repartidos por todo el planeta co n la cori d i-
de a aquel de sus conoci dos que en su o pí-
ruon mas pos lbl lIdades tuviera de conocer a la persona-obj eti vo .
A todas las personas d e l numeroso grupo inicial se les asignó al azar
un o bj e ti vo de una lista de di eci ocho objetivos posibles de trece paí-
distintos. En tre los objetivos se encontraban un profesor de una
Importan te uni versidad estadouni dense, un inspecto r de bibli ote-
cas de un cons ultor tecnológico de la Indi a, un policía de
un ve ter'i nario del Ejército noruego: es decir, un conj un-
to vanopmto, De nue vo y para paslno de todos, de Inedi a só lo hi ci e-
ron falta para que el mensaje de co rreo original llegara a
cada de final , con lo cual qu edaba refrendado el expe ri-
m eri to de Mil gram so bre la «pequeñez» del mundo.
Sin embargo , que tocios es temos conectados con tocios-los dem ás
p or se is grados de separaci ón no significa que tengamos a lguna in -
Flueri cia sobre todas esas personas que se en cuent.ran a determinada
distan cia social de nosotros. Nuestras propias investigaci ones han
40
E.'iTAR EN EL. AJ O
demostrado que e l grado de influenci a de las redes soci ales o bedece
a lo que llamamos Regl a de los Tres Grados de Influencia. Todo lo
qu e hacemos o decimos tie nde a difundi rse -como las olas- por
nues tra red y tiene cie rto impacto e n nuestros a migos (un grado),
en los amigos de nuestros amigos (dos grados) e incluso en los a rn i-
ga s de los amigos d e nuestros amigos ( tres grados) . Nuestra influen-
cia se di sipa gradualmente y deja de tener un efecto perceptible en
las personas que se e ncu e n tran más a llá de tres grados de se par a-
ción. Asimismo estamos influ idos por ami gos que se encuentran a
tres grados de separación de nosotros pero, e n general, no por qui e-
ne s es tán más lej os.
La Re gl a de los Tres Grados se puede a plicar a un a mplio a ban ico
de actitudes. se ntimientos y conduc tas ya fenómenos tan di versos
co mo las op inio nes polí ticas, la obesidad y la fe licidad. Otros es tu-
diosos afi rm an que entre las redes de inventores, las ideas innovado-
ras se trans mi ten has ta los tres grados, de modo que la c reatividad
de un inventor puede influir e n sus colegas, en los colegas de sus
colegas y e n los colegas de los colegas de sus colegas. Los consejos
boca a boca para los asuntos cotidianos (e ncontrar un buen profe-
sor de pi ano o un bogar para regalar a un cachorro) tambi én suele n
difundi rse tres grados.
Existen tres razones posibles que expliquen esa limitación de la
influencia. En p rimer lugar, al igual que las ondas que forma una pi e-
dra al caer en un es tanque, la infl uenci a qu e podemos ejercer en
los demás acaba por agotarse. Cuando tiramos la piedra, desplazamos
cierto volumen de agua, pe ro la energía de la ola se va di sipando a
medida que se expande. Una forma de abordar es to desde un punto
de vista social es que la fidelidad de la info rmación va decreci endo a
medida que se transmite, igual que en e l juego del teléfono descom-
puesto. Así que. tanto si dej amos de fwnar como si votarnos a este o a
aquel candi dato, cuando ambos hechos llegan al co nocimie nto de los
amigos de los amigos de nuestros amigos , es muy posi ble que esas per-
sonas no reciban ya información fiabl e so bre lo que e n realidad hici-
I
mas. Llamamos a es to explicación tú! la decadencia intrínseca.
En se gund o lugar, la influencia puede di sminuir porque, a causa
de su inevitable evoluci ón. la red misma co ntribuye a que los ví ncu-
los que quedan más a llá de los tres grados sean inalcanzables. Los
vínculos de las redes no duran siempre: los amigos dejan de ser ami-
gos, los vecinos se mudan, los esposos se divorcian, las pers onas
41
1
I
1
CONEcrAOOS
mu eren . La úni ca manera de perder un a conexi ón directa con al-
gui en que conocemos es que el vínculo que nos une desaparezca.
Pero para que perdamos el contacto con una persona situada a tres
grados de nosotros, basta con que desaparezca cual quiera de los vincu-
la s que nos relacionan con ella. De ah í que, de media y te niendo en
cuenta las modificaci ones constan tes qu e sufre n los vinc ulos, no
tengamos vínc ulos estables con personas que se encue ntran a cua-
tro grados de se paración de nosotros. Por cons iguiente. no influi-
mos e n las personas que se encue ntren a cuatro o más grados de se-
paraci ón de nosotros ni tampoco recibimos su .influencia. Llamamos
a esto la explicación de la inestabilidad de la red.
En tercer lugar, también hay que tener en cuenta el papel de la
bi ol ogía evolu tiva. Co mo veremos en el capítulo 7, parece que los
humanos evolucionaron en grupos peq ueñ os en los que todos sus
mi embros esta ban conectados e ntre sí por tres grados o menos.
Es en verdad muy útil sa ber si alguna persona de nuestro grupo es
nuestro aliado o nos la lienej urada, o si o tras personas pueden ne-
cesitar nu estra ayuda o noso tros la suya. Y es útil poder influir en
otras personas de nuestro grupo para q ue h agan lo mi smo que no-
sotros. Pero no hemos vivido en grandes grupos el tiempo suficien te
para que la evolución haga posible que haya personas capaces de
extender su influencia más allá de tres grados. Por decirl o de otra
manera, es posibl e que no seamos capaces de influi r en las personas
que se e ncue ntran a cuatro grados o más de nosotros porque, e n
n uestro pasado de homínidos, nadi e estaba a cuatro grados de dis-
tancia de nosotros. Llamamos a esto la explicación a efectos evolutivos.
Parece probabl e q ue todos estos fac to res desempeñen un p apel.
Pero las razones n o importan. Da la impr esión de que la Regl a de los
Tres Grados es un a parte muy importante del funci onami ento de
las redes sociales humanas y es muy posibl e que siga limitando nu es-
tra capaci dad para establecer conexiones, por mucho qu e la tecno-
logí a act ual nos facilite el acceso a much as más personas que antes.
Aunque es te limite inh erente puede parecer, ¿cómo decirlo>, li-
rn itador (¿quié n no qui ere dominar el rnundo?), debemos rec ordar
que el mundo es un p añuel o. Si estamos conectados con todos por
seis grados d e se paración y podemos influir en su cond ucta cuando se
enc ue ntran hasta a o-es grados de noso tros, se podría deci r que cada
uno de los habitantes del planeta estamos a mitad de camino de to-
d os los demás.
42
ESTA R Ef'/ U AJO
Por otra parte , aunque estemos limitados a tres grados, el alcanc
de los efectos qu e pOdelTIOS causar en otros es ex traordinario . La
redes sociales naturales se estruc turan de tal forma que la mayorí:
de nosotros es tarnos cone ctados con miles de personas. Suponga
IDOS, por ejempl o, que te nemos vei nt e co ntactos sociales , incl uido
ci nco amigos, cinco compañeros de trabajo y diez miembros d.
nuestra fam ilia, y que, a su vez , todos e llos tienen un n úmero sim ila
de amigos y famili ares ( para sim plificar las cosas. vamos a su pone
que compar ten contactos con nosotros) . Esto significa que estarna
conectados indirectamente con cuatrocientas personas po r dos gra
dos de se paración. Pero nuestra influencia no se deti en e aquí y v,
un paso más allá , has ta los veinte amigos y famil iares de todas esa:
personas, lo cual nos da un total de 20 x 20 x 20 personas, es
sobre las ocho mi l personas que están a tres grados de se paraclon.de
nosotros, lo cual equivale a la población del pueblo de Oklah om:
dondeJ ames se crió.
Así que, mi entras que la observación de que hay sei s grados de
se paración entre dos personas cualesquiera expl.ica cómo
conectados, la observación de que todos tenernos tres grados de I n
flu encia explica hasta qué punto somos contagi osos. De estas pro
pi edades, la conexió n y el contagio, decimos so n la
la función de las redes so ciales . Son la anato rma y la fisiología de.
superorganismo humano.
CONECTADOS
La mayoría de nosotros somos co nscientes del efec to que
eje rcemos en nuestros ami gos y en nuestra familia. Dependierido de
nuestras acciones pueden ser felices o desgraciados, sanos o enfermos,
hasta ricos o pobres. Pero rara vez nos paramos a pensar que cuanto
creemos, se ntimos , hacemos o decimos puede llegar más all á de las
personas a qui enes conocemos. A la inversa, nuestros am igos y n u estra
famil ia son conduc tos por los que nos pueden llegar las influencias de
cientos o de mil es de personas. En una espe cie de reacción social en
cadena, podemos vemos profundamente afectados por hechos de los
q
ue no somos resti zos y en los que intervienen personas a qUIenes no
o 'al
conocemos. Es como si pudiéramos sentir el pulso del mundo SOCl
que nos rodea y responder a sus persistentes ri tmos. Co mo parte de
43
C ONE.CTAÚOS
una""'red social, nos trasce n d emos, para bien o para rnal , ynos converti-
mos en parte d e algo mucho mayor. Estamos co nectados .
El hecho de que estemos conectados tien e consecue nci as radicales
para nuestra concepción del ser humano. Las red es sociales tienen
valor precisamente porque nos pueden ayudar a consegu ir lo que no
seriamos capaces de lograr por nosotros mismos. En los próximos ca-
pítulos estudiaremos la forma en que las redes influyen en la difusión
de la alegría, la bús q ueda de pa rej as sexuales, el mantenimiento de la
sal ud, e l hmcionami ento d e los mercados y la lucha por la d emocra-
cia. Pero los efectos de las redes sociales no sie mpre son positivos. La
depresión, la obesidad, las enfermed ades de transmisión sexual, el
pá nico financi ero, la violencia e incluso el suicid io también se difun-
den . Porque resul ta que las redes socia les tienden a magnificar los
frutos d e todo lo que plantamos en e llas .
En parte por este m o ti vo , las redes soci al es so n creativas y10 qu e
crea n no pertenece a ningún individuo y lo comparten todos sus
mi embros. Una red social es como un bosque comunal: todos nos
beneficiamos de él, pero todos hemos de asegurarnos de que siga
es tando sano y sea productivo. Esto sign ifica qu e las redes soci ales
requieren cui dad os: por parte d e los individuos, d e los grupos y d e
l ~ institucio nes. Au nque las re des sociales son fundamentalmente y
si ngularmen re humanas , amén de omnipresentes, no d ebernos dar
su existencia por garantizada.
Si eres más feliz o más rico o estás más sano que o tros, puede que
ello tenga que ver COn el lugar que ocu pas e n la red, por mucho que no
puedas di scernir bi en c uál es . Ypuede tambi én que tenga mucho que
ver con la estr uctura global de la red , aunque no podamos controlar-
la. En a lgu nos casos, además, e l p roceso retroalimcnta a la red. Una
persona con muchos amigos pued e hacerse rica y hac er nuevos ami-
gos. Este tipo de din ámica, la de «riqueza ll ama a riqueza) , sign ifica
que las redes sociales pueden reforzar es pectacularmente d os tipos
di f erentes de d esigua ldad: la desigualdad sítuacional (hay personas que
se enc ue ntran mej or desde un punto de vista socioeconómi co) y la
desigualdad posicional (hay personas q ue disfrutan d e mej or posición
d ependi endo d el lugar en que se e ncuen t ren e n el seno d e la r ed).
Los legisl adores no han considerado todavía las consecuencias
d e la d esigualdad p os ic io na l. Aun as í, comp ren der la forma e n que
estamos conectados es un paso esencial para crear una sociedad más
justa y para ap licar políticas en ámbi tos tan diversos co mo l a salud
44
ESTAR .EN e, AJO
pública o la econo mía. En el caso de las epidemias, es posible que
sea mejor vacunar a los indi viduos situados en el ce ntro de la red
que a los más débi les. Es posible que sea mejor convencer a los ami-
gos de los f umadores d e que el tabaco es ma lo que diri girse directa-
mente a los propios fumado res. Es posibl e qu e sea mejor ayudar a
grupOSinterconectados de personas a evitar las conductas deli cti vas
que prevenir o cas tigar los delitos individualmente .
Los p ode rosos efec tos de las re des sociales so b re las con d uctas
_individuales y sus resultados sugieren que el ser humano no tiene
un control co mple to de sus decisiones. La influen cia que un os tienen
sobre otros en las redes soci ales, por tanto, susci ta algunas cues tiones
moral es. Nu estra conexión con otras personas afecta a nuestro libre
albedrío. ¿Cuá nta culpa tien e el cors o Giacomo de sus actos? ¿Cuán-
ta responsab ilidad ti ene e l canad ie nse Dan Lavis d el suyo? Si sólo
actuasen como víncul os de una cadena, ¿cómo hay que ente nder su
libertad d e e legi r sus actos?
Hay esp ecialistas que expl ican la cond ucta colectiva del ser hu-
mano estudiando las decisiones y los actos de los individuos. Otros
pres cinden del individuo y se cen tran excl us ivamente en los grupos
que se forman e n vi rtud d e la raza, la clase so cial o la afiliación polí-
tica, grupos que tien en identidades colectivas que hacen que, miste-
riosa y mágicamente, sus miembr os actúen al unísono. La ciencia de
las redes sociales nos obliga a ver el mundo de otra manera, porque
se trata de individu os y de grupos, y de cómo los pr-imeros llegan a
formar los segundos.
Si queremos comprender el funcionamiento de la soci edad, n e-
cesi tarnos llenar los vínc ulos perdidos entre los individuos. Necesita-
mos comprende r de qué forma las interconexlones y las interacci o-
ne s entre las personas dan pie a aspectos totalmente nuevos de la
experiencia .h urnan a que no es tán presentes en el individuo. Si no
comprende mos las redes sociales, no existe ninguna es pe ranza de
que co rn pr cridamos comple tamente cómo S0 0 10S y cómo es el mun-
do que habitamos.
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'1
'1
I
I
CAPÍTULO 2
C UANDO TÚ SONRÍ ES, EL MUNDO ENTERO SON RÍE
E n 1962 ocurrió e n Tanzania algo muy curioso. En un in tern ado
femenino de una misión d e l distrito de Bukoba, muy cerca del lago
Victoria. estalló una epidemia de risa. Yno es que unas cuantas cole-
gialas compartie ran un chiste. sino que un irres istible deseo de reír
surgió de pronto y se co ntagió de persona e n perso na hasta afectar a
más de mil.
La e pidemia brotó bruscamente . El estallido ini cial de ri sa dura-
ba e ntre unos cuantos minutos y un as cuantas horas. a lo que seguía
una fase de conducta norma l. Por últi mo , se producían varias recaí-
das a lo largo de un periodo que podía llegar a los dieciséis días . En
lo qu e tendría que darnos una pi sta sobre la ve rdad era natural eza
de esa epidemia, las afectadas solían hablar de inquie tud y de temor,
aun a pesar de la risa.
Los primer os médicos que investigaron y dieron a conocer el
brote --el doctor Rankin, de la Un ive rsidad de Makerere, y el doc-
tor Philip, ofic ial médico de l distri to de Bukoba- reali zaron un tra-
baj o extraor dinariamen te rigur oso ' . Descubrieron que todos los pa-
cientes habían rn ante rudo un contac to reciente con otra persona
q ue ya padecía la dolenci a. Observaron q ue el pe riodo de incuba-
ción e n tre e l con tacto y e l brote de los síntomas podía durar desde ,
unas pocas ho ras hasta unos pocos días. Po r fortuna y co mo anun-
ciaron sin ironía, «no se informó de ningún caso mortal», y las per-
sonas afectadas se recuperaron por completo . .
La ep idemia e mpezó e l 30 de e nero de 1962 cuando tres chicas de
entre doce y dieciocho aiios empezaron a reír de forma descontrola-
da. Yse extend ió con rapide z. Al poco, la mayor parte de las personas
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CONECTADOS
relacionadas de alguna manera con el internado padecían de una
afección muy grave; la ri sa tonta. El 18 de marzo, 95 de las 159 alum-
nas sufrían la dol enci a y el colegio se vio obligado a cerrar sus puertas.
Las alumnas regresaron a sus pue blos y aldeas . Di ez días después esta-
lló otro brote de ri sa incontrolable en la aldea de Nshamba, situada a
noventa kil ó me tros del colegio, donde vivían algunas al umnas . Hubo
un total de 217 perso nas afectadas. Otras niñas regresaron a su pue-
bl o, q ue estaba próximo a la escuela secundaria de Ramans henye, que
se vio afectada por la ep idemia a mediados dejunio. Esta esc uela tam-
bién t uvo que cerra r, porque 48 de sus 154 al umnas padecían de risa
in controlabl e. El 18 de junio se produjo otro brote e n la a ldea de
Kanyangereka, y, de n uevo, porque una alumna había vuelto a casa.
El brote e mpezó en el seno de su familia y se extendió a dos colegi os
de chicos muy próximos que tambié n se vie ron obligados a cerrar.
Transcur ridos unos meses, la epidemia re mitió.
Los doctores Rankin y Ph ilip se esforzaron po r encontrar las cau-
sas bio lógicas de la e pide mia. Realizaron pruebas de laboratori o, exá-
me nes físicos y punci ones lumbares, exami naron los ali mentos en
busca de toxi nas y se aseguraron de que la regi ón no hubi e ra p adeci-
do antes una epidemia similar. Los lugareños no sabían lo qu e estaba
ocu rrie ndo. En Bukoba, donde la enfermedad susci tó un inte rés
enorme , existía la «creencia de que la atmósfera se había envenenado
a co nsecuencia de las explosio nes de bombas atómicas". Otros habla-
ban de una especie de «propagación de la locura». o de «endusara
yokusheka», que sign ific a, si mple men te, «la enfe rmedad de la risa".
Como los lugareños y los médi cos que la investi garon muy bi en
sabían, la epidemia no era, desde luego, cosa de risa. No suponía la
propagaci ón de una alegría y una felicidad verdad eras (aun q ue es to
tambié n puede ocurrir. si bi en no de la mi sma forma) . Por e l contra-
rio, a provec hando la muy a rraigada te ndencia de los se res humanos
al contagio emocional, era más bi en un caso de hi steria epidémica.
Todo tipo de emociones -las gozosas y las que no lo son tanto- se
p ueden contagiar dentro de una parej a de personas o en el seno de
grupos más num erosos. Así pues. el origen de las e moci ones es co-
lectivo y no sólo individual. Cómo nos sintamos dep ende de cómo
se sientan las personas con quienes estamos conectados estrecha-
mente o no .
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C Ut\NOO TÚ SON IÚl':S, EL.MUNOO ENTERO SON Rie
NUESTROS ANTEPASADOS TAMBIÉN TEN í AN SENTIM IENTOS
Todos tenemos emociones. Y consisten en varios elementos. En
prime r lugar, lo normal es que seamos conscientes de ellas, es decir,
cuando es tamos co n ten tos. lo sabemos. En segundo lugar. las emocio-
nes suelen afectar a nuestro estado físico: la forma en que nos senti-
rnos se refleja e n nuestras caras, en nuestras voces y hasta en nuestra
postura; y además, te niendo en cuenta e l papel que las emocio nes
desempeñan en las redes soci ales, sus manifestaciones físicas son es-
pecialmente importantes. En tercer lugar, las emociones están asocia-
das con una actividad neurofisiológica específica: si nos enseñan una
foto de algo que da miedo, el fl uj o de sangre que llega a nuestro cere-
bro se altera de forma instantánea. Y po r último, las emociones están
asociadas a conductas visibles como reír, Ll orar o grir.a.r2.
Al gunos experi mentos han demostrado que las person as p ueden
«contagiarse» de estados emocionales que observan en otras en pe-
ri odos q ue oscilan e ntre al gunos segundos yalgunas semanas'. Cuan-
do a los alu mnos recién llegados a un colegia mayo r les asignan al
azar un compañero de habi taci ón qu e sufre una ligera depresión,
no tardan ni tres meses en deprimirs e", El contagio emocional tam-
bién puede producirse e ntre desconocidos y tras un co ntacto efíme-
ro. Cuando los camareros «atienden con una son risa», sus clientes
están más satisfec hos ydejan mej ores propinas'' . Nues tras emociones
y estados de ánimo pued en modificarse en virtud de las emociones y
de los estados de ánimo de las personas con quienes interactuamos.
¿Po r qué y CÓITIO ocurre es to?
En primer lugar podemos considerar otro as unto: ¿por qué no
son las emociones tan sólo estados internos> ¿Por qu é nuestros se n-
timi entos no son e nteramente privados? No cabe duda de que tener
emociones nos da cierta ventaja evolutiva. Por ejemplo, la capaci dad
de sobresaliarnos probabl emente sea buena en situ-acio nes en que
necesitamos reaccionar con rapidez para sobrevivir. Pero es que no
só lo nos sobresal tamos, sino que. además. lo demostrarnos: salta-
mos, gritamos>maldecimos o apretamos los pu ños. y ninguna de es!
ras accio nes pasa desapercibida. Y, además, otros la copian.
Te niendo en cuenta. que los primeros homíni do se organi zaban
en grupos sociales, la difusión de las emociones se rvía a un propósi-
to adaptativo'' . Los primeros humanos tenían que confiar en los de-
más por mera supervivencia. Sus in teracci ones con el ento rno físico
49
CONECTADOS
(clima, pai saj e, depre dadores) se ve ían moduladas o afectadas por
sus interacciones con e l e ntorno soci al. Los human os se vinculaban
con otros para hace r fren te al mundo con mayor efi caci a y d esarro-
llaban mecanismos para reforzar esos vínculos (sobre todo l a co m u-
nicació n ve rbal, pero tam bi én el mimetismo e mocional) : El desa-
rrollo de las e mociones en los humanos, mostrar esas e moci o nes y la
capacidad para le er las emociones de los d e más contrib uían a coor-
d inar la actividad grupal p or tres medios: facili ta r los vínculos inter-
perso nales, sincro nizar las conductas y comunicar informaci ón.
Es probable que las emociones y el contagio e mocional surgieran
p rimero para facil itar e l vínculo madre-h ijo y que luego se exte ndie-
ran a los miembros del clan y, en últi ma instan cia, a qui enes no perte-
necían a éste. El contagio emocional fo menta la sincronía e n la in-
teracción. Al nivel de las parejas madre-hijo, es posibl e que a causa de l
contagio emocio nal las mad res fue ran más ate ntas yprote cto ras cuan-
do los niños necesi taban atención. De hecho , nos ponemos más tristes
cuando tambié n está ui ste un miembro de la familia que cuando lo
está un desconocido . Nos co nfie re ventaja coordinar nuestro estado de
ánimo co n el de las personas con qu ienes es tamos e mparentados.
Con el tiempo , esta sincronía e n las e mociones y e n las acciones
pued e haber resul tado muy beneficiosa para actividades d e grupo
más importantes co mo cazar o pro tegerse del e nemigo. Para coo rdi-
nar una partida de caza, ayuda qu e los mi embros del grupo es té n
e nardecidos. Yal contrario: si detectas miedo e n la mirada d e al gún
mi embro d el grupo, puede que se d eba a que éste haya visto un d e-
p redador que tú no has visto. Adoptar rápidamente el estado emocio-
nal d e los d emás puede incrementar las posibilidades d e su pervive n-
cia. De hecho, se cree que las e mocio nes positi vas pueden funci onar
es pecialmen te bie n para au mentar la co hesión d el grupo (.Estoy con-
te nto; quédate conrni go» ) y que las emocio nes negativas p ueden fun-
cionar bien como herramienta de comunicación ( << Huelo a humo ;
te ngo mi ed o »).
Para transmi tir informaci ón sobre un e ntorno pote ncialmente
seguro o peligroso , Jas emociones pueden se r mucho más rápidas
que o tras formas de com un icación. Además, parece comprobado que
las emociones son a n teriores al lenguaje . Lo que con respecto al le n-
guaje o ral a las e mociones les falta e n concreción, lo ganan en inme-
di ate z. No tardamos mucho en darnos cuenta de que nuestra muj er
está e nfadada, pero si e lll'pieza a explicarnos sus motivos tardará
50
C UANDO TÚ SON Il,h,:.S. t:L MUNOO EN'rERO SONRi l::
mucho más (especial mente si insiste en que los adi vinemos noso-
tras) . Nad a más ll egar a tu casa al final del día y en c uan to e n tras pOI
la puerta, sabes si la atmósfera es segura o peligrosa, un rnecani srnc
heredado d e nuestros ante pasados.
Por sup uesto, que las e mociones se coordinen de inruediato o c
sie mpre es bueno. Si llegas a casa y estás de mal h umo r, tu pareja le
detectará a ntes d e que recurras al labori oso proceso d e explicar po,
qué. Y a n tes d e que tengas la posibilidad de explicar te, e lla puede
haberse a propiado ya d e tu mal humor, lo q ne p ue d e llevar a un a
discusió n que no sea más que la pri mera de otras muchas,
EL CONTAGIO EMOCIONAL
Las emociones pasan de persona a persona a ca usa de dos r a s g o ~
de la interacción humana: estarnos biológi came nte co nstituidos para
imitar la apa ri e nci a de los d e más (su aspecto externo) y, al imita r su
aparienci a, adop tamos su estado de án imo (su interi or ). Si tu amigo
está contento, sonríe , t ú sonríes y, en el acto de sonreír, tambi én te
pones con te nto. En los bares y en los dormitorios, e n e l trabajo o en
la ca lle; la zen te interact úa en todas partes y tiende a sincroni zar SU5
expresiones facial es, su forma de habl ar y su postura de for ma ráp i-
da e inconsciente . Y co mo resultado de ell o, nuestros estados de áni-
mo también se confu nden.
Ninguna parte de nuestro cuerpo expresa mejor nuestras e mo-
ciones que nuestra cara. No es difícil explicar po r qué nuestras ex-
presiones faciales camb ian para responder a los es úmulos medio-
am bie n tal es ni por qué e llo p uede ser un mecanismo adaptativo y
evolu tivo . Investigaciones recientes h an demostrado, por ejemplo ,
d e q ué fo rma d os expresiones faci ales, d e miedo y de asco, moderan
la forma en que recibimos detenninadas se nsaci ones que provi enen
del exterior". Cuando tenernos mie do, se agrandan los ojos y las ale-
tas de la nari z se abren para ayudarnos a ver y a o ler mej o r, igual que
un perro cuando levan ta las o rejas al oír algo inte resante . De igual
forma, cuando se n timos asco ante, por ejemplo, un mal o lo r, la na-
riz se arruga y frunci mos el ceño para reduci r e l impacto. I nhala mos
más aire cuando tenemos mi edo y menos cuando algo nos da asco.
A] pa recer, sin e mbargo, las exp resio nes facial es no só lo han evo-
luci onado para modificar nuestra experiencia del mundo como in -
51
CoNECTADOS
di viduos, sino porque son un a fo rma de comunicació n con los de-
más . As i mismo, es posibl e que con e l paso del ti empo es te aspecto
de las exp res io nes faciales haya eclipsado su papel o rigi nal. En e l
ámbito evolutivo, es te tipo de cambios ocurren coo frecuencia. Pue-
de qu e las plumas surgi eran para aisl ar el cue rpo de los reptil es pre-
hi stóricos, pe ro acabarían reportando un a ve ntaja di stinta y much o
más importante : la capacidad de volar.
He mos desarroUado la capaci dad d e le er las exp resiones faciales
de los demás, de ahí que extraigamos algú n benefi ci o cuando n ues-
tros se mblantes se contraen de asco y también d e la capacidad de ad-
ve rtir si el se m blante de los demás se contrae de asco. Los seres hu-
manos tenemos una extraordi naria habili dad para detectar hasta los
ca m bi a s más sutiles d e l as exp resio nes faci ales. Esta capacidad está
loca lizada e n un á re a parti cula r del ce re b ro, aunque podemos lle-
gar a perderl a, algo qu e la medicina conoce con el término de prosa-
pagnosia. Es muy posible que le e r las expresio nes d e los d emás fuera
un paso clave hacia la sincronizació n de los se ntimientos y el desa-
rrollo d e la e mpatía e mo cio nal q ue subyace a l p roceso d e contagio
emoci onal .
Ya e n 1759, e l impor tante fil ósofo y economista Adam Smith sa-
bía que el pen sami ento consciente es un a forma de se ntir algo por
los demás y, a continuac ión, de sentirnos como ellos: «Aunque sea
nuestro h ermano [y no noso tros] e l que está e n e l potro de tortura
[oo.] la imaginaci ón nos pe rmite ponernos en su lugar, nos concebi-
mos so portando los mismos tormentos, nos pare ce que e ntramos e n
su cue rpo y. has ta cierto punto, nos co nvertirnos en él; y por e llo nos
hacem os cierta idea de sus se nsaciones y se ntimos algo que, aunque
e n menor grado, no es enteramente distinto de lo que él siente»8.
Sin embargo. las emociones se difunden e n formas que van más
allá de la sim ple interpretación de la exp re sión facial y de pensa r
so bre las experiencias de otros. En realidad existe un proceso de
contagi o emocional más pri mitivo, menos deliberati vo, una especie
de instinto e mpático. Las perso nas imitamos las expres io nes de
los demás y luego, COll10 co nsecuenc ia directa, sentimos como ellos.
A esto se le llama aferencia afectiva, o te o ría d e la retroalimentaci ón
facial, porque las señales va n d e los músculos (d e la cara) al cerebro
y no a l contrario, q ue es lo más habitual . Los efectos benéficos de las
expresiones facia les en el ánimo de una persona son una de las razo-
nes d e qu e, po r ejemplo, a los telefon istas se les enseñe a sonre ír
52
CUANDO Tú :>ON Rí t:.s, EL M UNDO E.NTERO SONRÍ E
cuand o trabaj an, a unq ue la pe rsona que es té al otro extremo d e la
línea no pueda ve rlos. Esta te oría tambi én explica por qué cuando
te han roto el corazón, sonreír ayuda .
Un meca nismo biológi co que hace que las emoci ones ( y las con-
ductas ) sean contagiosas puede se r el llam ad o sistema de las neuronas
de espejo del cereb ro humano", Nues tros cerebros ensayan acc iones
que observamos en los demás como si fuéramos nosotros qui enes las
estamos llevando a cabo. Si e l le ctor ha obse rvado a lguna vez a un
hincha faná ti co durante algún partido, sabrá a qué nos re ferimos:
gesti cula con cada e rror, ans ioso por transmi tir sus propi as acciones
motoras a losjugadore s. Cuando vemos co rrer, saltar o ch utar a los
jugadores, en nosotros no sólo se activa el córtex visual o la par te del
ce re b ro que piensa en lo que es ta mos obs ervando, ta mbién aq ue llas
partes del ce rebro que se ac tivarían si fuéramos nosotros qui enes
es tuviéramos corrie ndo, saltando o ch u ta ndo.
En cierto experimento rel ativo al contagio emocional, los suj etos
ten ían que escuchar un as gra baciones de reacciones vocales no ver-
bales que comunicasen dos ernociones posi tivas, como la diversió n y
e l t ri unfo, y d os e moci o nes nega tivas, co mo e l miedo y e l asco. Los
investigadores monitori zaron el cerebro de los suje tos con una má-
quina de resonanci a magné ti ca (MRM) l 0. A los sujetos se les d ijo,
ade más, que no reaccionasen a lo que oyeran. Si es cierto qu e los
suj etos n o r espondieron visibl e mente a los ruidos, los r esultados de
la MRM d e mostraro n que cua ndo los suj etos oían las voces , se es ti-
mulaban las partes d e su ce re b ro que controla n las exp resiones fa-
ciales correspondie ntes. Al parecer, siempre estarnos preparados
para sen tir lo q ue o tros sie nten y para hacer lo que otros hacen .
E STAMPIDAS E.MOCIONALES
Todo el mundo ha experi men tado e l contagio e mocional: com-
partimos una broma con un amigo, nos se ntimos vistes si nuestra I
pareja llora, compartimos la rabia de nuestros veci nos contra el
Ayuntamiento y abrazamos con fu erz a a nu estros hijos cuando han
tenido un mal día. Pero un aspecto de este comparti r que con fre-
cue ncia pasarnos por al to es que nuestras emoci ones no só lo les lle-
gan a nuestros amigos, sino a los ami gos de n uestros amigos y aún
más allá incl uso cuando no estamos prese ntes. Somos como un re-
53
CoNECTADOS
C UANDO Tú SONRi l!S, EL MUN DO UITF.KO SO/'l Rh:
baño de búfalos pastando tranquilamen te e n la p radera... has ta que
uno de nuestros vecinos ec ha a correr. Yentonces nosotros echamos
a correr y Otros ec han a correr y. de pronto, mi steri osamente. la ma-
nada entera se ha puesto en marcha.
Que hay e pidemias de es tados emoci o nal e s lo sabemos d esde
hace siglos , a u nq ue ninguna d e ellas fu era, como la d el distrito tan-
za no de Bukcba, una e pidemia de risa. Cuando las e mocio nes pas an
d e persona en pe rsona y afec tan a un gran número de gente, se ha-
bla d e enfermedad psicogénica masiva (EPM) más que de epidemia de
hi steria, una denominación más poética pero anticuada. La EPM es
un fenómeno específicamente social que afec ta a personas sanas
que e n tr an e n una es pecie d e cascad a d e contagio psicológi co. Al
Igual que suced e cuand o e l mi edo d e un solo búfal o as us ta a toda la
la reacci ón emocio nal de una so la pe rsona puede en algu-
nas ocasiones hacer que qui enes la rodean reacci onen de la misma
forma. y se habl a e n tonces d e estamp ida e mocion al .
Existe n d os tipos principal es d e EPM. En e l tipo de ansiedad pura,
los afectados pueden senti r di versos sín tomas físicos, incluidos dol or
abdominal, d ol o r d e cabeza, d esmayos, falta d e aire, mareos, arca das
e tcétera. e l tipo motor, los afectados se pueden dejar llevar por un
baile falsos ataques epilépticos y, como hemos visto , ata-
ques de risa, aunque los se ntimientos que subyacen a todo ello sean
el mi edo o la ansiedad. Ambos tipos de EPM, p or ta n to, aluden al
mismo tipo de procesos psicol ógicos básicos.
La d ocumentaci ón de estos fenómenos se remonta al menos a
1374, PO?o después d e que la Peste Negra asolase Europa,
estal laba aqUl y alla «la manía d e bail ar». La p rimera «manía» brotó e n
lo que hoy es la ciud a d a le mana d e Aquisgrán. Tal y como afi r mó
en 1844 e l hi storiador al emán J. F. C. Hecker, es pecial ista e n historia
d e la medicina, en su libro Las epidemias dela Edad Media, és tas afecta-o
ron a personas que , «unidas en su común deliri o, montaban en pú bli-
co en las calles co mo en las igl esias- e l siguien te espectá cul o:
se cogmn de la mano y formaban un círc ulo y, habiendo perdido e n
el. control de sus sentidos y sin que les importase que las
mi rando, se ponían a bail ar durante ho ras llevadas por un
frenesí salvaje hasta que caían al suelo exhaustas. Luego se quej aban
de sennr un gran a hogo y gruñ ía n como si estuvieran a las puertas d e
la muerte»[l . Evidentemente, esas personas no se sentían más feli ces
bailando que las colegialas del internado afri cano ri endo.
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En la Edad Media se creía que la cul pa d e esos ataques la tení an
los d e moni os y las brujas . En la actu al idad, si n e mbargo, las causas
se buscan en los productos tóxi cos y en la contaminac ión medi oam-
bienta l. Sin embargo, si bie n es verdad que las to xinas causa n algu-
nas dol enci as físicas , no so n ni mu cho menos e l motivo de los b r otes
de EPM. El o rigen del p robl ema, y también su mecanismo d e trans-
misión, es psicológico. No obstante, mu chas veces los individuos
afectad os y las personas que los observan se muestran reacios a as ig-
nar a es te fen órrieno una causa psicol ógica.
Un ejemplo relativamente reciente de EPM se produjo en la escue-
la secund a ria de Warren Cou n ry, situada e n McMinnville, un pueblo
de Tennessee . El insti tu to con taba co n 1,825 alumnos y 140 profeso-
res y d emás personal. El 12 d e noviembre de 1998, a una profesora le
pareció que había olido a gasolina, y se quej ó d e tener dolo r de cabe-
za, desali ento y mareos. Al ver su estado, algunos de sus alumnos no
tardaron en mostrar síntomas simi lares. A medida que la clase se iba
vaciando y o bservando lo que ocurria, o tros al umnos afi rmaron que a
ellos les sucedía 10 mismo que a sus compañeros. Se activó la alarma
de incendios y se evacuó el instituto. Llevar on a la maestra y a varios
al umnos a un hospital cercano, y todo e llo a la vista d e otros profeso-
res y a lwnnos que habían salido al patio pre cisamente a causa de la
alarma. U n gran número d e policías , bombe ros y personal de emer-
ge ncia acudieron d esde otros tres cond ad os. Un total de cien perso-
nas pasaron aq uel día por el hospital y treinta y ocho fueron in gresa-
das . Se suspendieron las clases.
El instituto permaneci ó cerrado cuatro días. El d epartamento d e
bomberos lo inspeccionó y tambi én la compañía del gas y los funci o-
narios d e la Oficina d e Sanidad y Seguridad e n e l Trabajo, p e ro no
encontraron ningún proble ma. Cua ndo la seguri d ad d el instituto
quedó total mente garantiza da, los profesor es y los alu mn os regresa-
ron a las clases. Por desgraci a. muchos todavía olían cosas y el 17 de
novi embre setenta y una personas sufrie ron nue vas dolenci as. Vol-
vie ron a llamar a las ambul anci as y el instituto fue prime ro evacu ado
y luego clausurado.
El director es taba harto. Cansado de hacerse e l com p re nsivo, d e-
cidió ll amar a varios o rganismos, incluido el céle b re Servi cio d e In-
teligencia d e Epidemias d el Cen t ro de Control d e Enfermedades
(CDC e n sus siglas en ingl és ) . Tambié n llamó a la Agencia de Prote c-
ción Medioambiental, a la Agencia de Sustancias Tóxicas y Registro
55
CoNF.CTADOS CU..... NDU TÚ SONRíES, EL MUNDO r.NTERO SON Ril:
de Enfermedades, al In sti tu to Nacio nal d e Seguridad y Salud e n el
Trabaj o, al Departamento d e Sanidad d e Tennessee y a numerosas
organizaciones de emergencia locales. La investigación fue exhaue,
tiva: unas patrull as de reconoci.miento aé reo identificaron fuentes
potencial es de conta minación medi oambi ental , una parte del per-
sonal exploró las cue vas próximas al instituto, se inspeccionaron
tambi én los cond uctos de aire, las cañerías y los desag ües del institu-
to, se extraj e ron muestras de los te rrenos colindantes , y tambié n de
ai re (incl uidas las d e los días d e l brote ), y se examinaron muestras
de agua y de basura. Analizaron el ai re con una aso mbrosa colec-
ción de instrumentos tecnol ógicos como tubos calorimétricos, de-
tecto res i ón icos, det ect ores de fotoioniza ci ón, medidores de ra-
di aci ón e indi cadores de gas-eombustible.
Dos años después, un artículo del Neto Englandj oum al of Medicine
describía los exhaustivos exámenes de las posibl es causas medioam-
bi e ntal es de la e nfe rmedad y recogía los resul tados de las investi gacio-
nes de l CDC. Al fin al, y como sucedió con e l es rudio de los doctores
Rank.i n y Ph ilip de la e pidem ia de risa de Tanzania, los in vestigado-
res llegaron a la concl usión de que los facto res psicogénicos esta ban
e n el ori gen d el caso del in stituto de Warre n Couney. Descubrieron
que la e nfermedad estaba asociada co n la observación directa de otra
persona enferma y con el hecho de pertenecer al se xo fe meni riol''.
¿El di agnóstico? Epidemia de histeria,
Aqu el diagn ósti co no sentó bien en la co rn u ri idad ymolestó a mu-
chas de las personas que se habían se ntido enfermas , como una chi-
ca de di eciocho años q ue decla ró : «Dice n que nos volvimos locas [ oo .]
Me pone fu riosa. Cuando es to y mala, no me gUSta que me di gan que
estoyfingíendo. No me habrían llevado al h ospital y no se me habría
subido la presión a las nubes si no hubi era estado e nfer ma- P. Por su-
puesto , los sí ntomas ele las personas con EPM, tanto si sufre n un
ataque de risa como si les da por bai lar, tanto si se desmayan como si
sufre n mareos, son muy reales. No «fi ngen» su e nfe rme dad de un
modo deliberado, premedi tado. La asombrosa reali dad es que nues-
tra ansiedad n os enferma y que tambi én nos enfe rma la ansiedad de
los demás.
Los investi gadores del CDC también se preguntaron por qué las
comunidades tienden a em p lear tantos recursos en tratar de encon-
trar causas medioambientales cuando, e n apariencia. el caso es psico-
génico . El probl ema es que, aunque los p rofesional es de la salud pú-
56
blica sospechen q ue un brote es psicog éni co, co ns ideran ~ u e no les
eda más remedio que poner en marcha una invesugacion escasa-
~ . ·dd Y
!Dente j ustific ada para a placar la a ns iedad de la cornuru a . ,por
supuesto, es muy dificil, cuando no imposible, demostrar qu_e una mI S-
teriosa sustancia tóxica ha burl ado los sistemas de detecci ón . Lo.s In-
vestigadores de l CDC se ñal aron la posibilidad de que la comunidad
reaccionara negativamente a un episodio catalogado de psicogénico
afirmando: «Los médico y arras profesionales so n comprensible-
mente reacios a anunciar que el brote de una enfermedad es ps ícogé-
nico por la vergüenza y la ira que el di agnóstico puede susci tar..14.
UN I NSO PORT ABL E D ULZOR
Las ep ide mias de histeria no son e xclusivas de los n iños y los c o l ~ ­
zios. También se han documentado en adultos. Un estudio siste ma-
cica de las epidem ias de hister ia identifi có se tenta brotes ocurridos
entre 1973 y 1993: e l ci ncuen ta por cie nto se produjo e n co legios ; el
cuare nta por cien to en pueblos peque ños y fábricas, y sólo e l diez
po r ciento e n o tros Iuga res " . En todas las epidemias, lo normal era
que fueran al menos treinta las personas afectadas, aunque a menu-
do pasaban de varios centenares . La mayoría de los brotes duraban
menos de dos se manas, pero el veinte por ci ento duraba más de un
me s. .
Uno de los ejemp los más improbables es e l del «a nestesista fan-
tas ma de Mauoon». En 1944 y a lo largo de al gunas semanas que
coincidieron co n el periodo decisivo de la Il Guerra Mundial , m u-
chos ad ultos de Ma tto ori, Illinoi s, un pueblo de quince mil habi tan-
tes. llegaron a creer que por sus calles andaba suelto un «genio ma-
l éfico ». Esta persona a la que nadie vio e ntraba en los dormitorios y
roci aba con UD gas anestésico «de olor dulzón» a sus víctimas, que se
qu edaban parali zadas durante un tiempo . Curiosamente, sin e m-
bargo , las personas qu e co m part ian dormitori o con las víc timas no !
notaban nada. Los ciudadanos se reuni eron y o rganizaron patrullas
a rmadas, pero j amás a traparo n al anestesi sta. Temiendo que algún
in oce n te recibiera un disparo, el sheriff de la locali dad o rdenó la
di soluci ón de las patrullas. Como una d e las personas que investigó
este caso declaró co n ironía: «La hipó tesis d el "gas ead o r" afirma que
los síntomas los producía un gas con el que ci erto demo ni o muy in-
'\7
CoNECTADOS CUANDO TÚ SONR[ ES. EL M UNDO ENTERO SONRiI!:
geniose, y ca pa d b l
J
. . z e ur ar a la policía rociaba a las vícri E-
exp ICaClon [ ] generalm mas. sta es la
" . e n te aceptada L hi - .
que los síntomas se debían a la I . t . a rpotesis alternativa es
lIS erta-
En 1990 se produjo otro caso e n l '
puente de Tri borough, e n Nueva del peaj e del
do res empeza ron a quejarse ele dolor e e rero, los trabaja_
n al, mareos y dolor en I de cabeza, malestar abdo mj,
_ a ga rga n ta y e n el pech Al I
días el número de trab . d . o. o argo de varios
aj a ores que iban d
yor. Algunos de Jos trab . d cayen o era cada vez roa-
el aire. Los sín tomas _ores e nfermos ha bl aban de «d ulzo r. en
peaj e y remi tían en e ntraban e n las ca binas del
feb re ro cuando a1gtmos d SI lan
r
e ellas. El brote termin ó el 22 de
. e oSJel es se Sentaro I . .
a los Para e h ' n e n as ca bmasJunto
. esa .l ec a, tre in ta
bian se ntielo lo bastante _ r " y CUatro e mp leados se ha-
e nr e rmos co mo par . di
muchos o tros com pa rtían los misrn a acu .n- al hospital, y
de miles de dólares e n bus os S1llt0 0 1a5. Tras gastar ci en tos
sicas del problema qued _cal r en vano docenas de posibles causas fí-
, o c aro que la enf d d .
Cuaren ta y cuatro emplead e e rme a e ra Ps' cogénica
e as .l ue ron al h . l' .
varones que h bf f ri os p rta r, casi el doble de los
a ran s u ndo ta d bT
Estos casos com panen much as ca e 1 nantes síntomas.
tomas suele n surgi r de proru di f ractens ticas de la EPM. Los sín-
que exis te n muchas inte o Y. I undlrse por comuni dades en las
rconexiones (y d d
dad) . Por Jo demás suele t t d una re e al ta U..nsitiví -
, ra arse e corn id d .
sadas. Rara vez se e ncuentra . a es aisladas y es tre-
mayoría de Jos casos las m . un origen físi co de la dol.encia y e n la
, uJeres son las m - af . d
por qué es te tipo d e fenóme 1 "d "" ec ta as. No está claro
. - I os Inel en mas en la .
runas , pero es posible que sea por ue 1 ' . m uj eres y e n las
dencia a hablar de los sínto d
q
. as mUjeres tienen mayor ten-
. mas, e SimpatIzar m " I
otras mUJe res. El h echo d e ue las m . as os casos de
se ntido del olfa to tambi é n q d uj eres tengan mas sensi ble el
Por alguna " e tener su Importanci a.
razon qu e todavía no com d .
- real es e jmaginarios_ pren e mos bie n, Jos o lores
so n, con mucha f .
an la mayoría de los casos de EPM u los que impul-
posible que es to tenea que ver q le se han d ado ultimamente. Es
olfato y las emocioneOs L a conocicía co nexión entre el
. os expe nmentos I d
fato y la e moción están contr I d ran emostrado que el 01-
_ o a os por la rms d
el co rtex orbitofrontal 17 L . ma parte e! cerebro:
. os ex pe n mento t bi .
do que los recuerdos evocado di s am len han demostra-
_ . s me .ante o lo re " d
nes mas intensas que lo s 111 ucen a e mocio-
s .q ue e vocan las descripciones ver bales del
58
010r
18
. Las palabras so n poderosas , pero un tufiUo f amiliar puede
crasl adar a la mente directamente al pasado con mayor intensidad
emoci onal q ue cualq uier o tro es tímulo. Es lo que se lIamafenámeno
1'roust, por el escri to r q ue evocó un r ecuerdo muy poderoso al o le r
una magdal ena. Oler un perfume asoci ado a un recuerdo feliz es ti-
mula mayor ac tividad e n la amígdala (u na parte de! ce re bro relaci o-
nada co n la e moción y con e l recuerclo de la emoción) que ve r e l
frasco de ese mismo perfu rne P .
Paradóji camente , la p resenci a de la auto ridad -es decir. agentes
de policía, trabajadores de los cuerpos de e merge ncia, inves tigado-
res o funciona rios- suele empe o rar la e p idem ia, porque refuerza
la creencia de que está ocu rr ie ndo algo grave y de que la situació n
es potencialmente peligrosa. Cuando la propia autoridad in tenta
tranqui lizar a los afectados afi rmando qu e la situaci ón es tá con trola-
da yq ue no se han e nco ntrado causas, lo normal es que surjan sospe-
chas y que los afectados y su e n torno pi ensen q ue les están ocultan-
do algo, sobre todo porque la r espuesta in icial de la mi sma au tori dad
ha sido tan impo rtante. También la paranoi a se puede difundir y
socavar e l principi o de auto ridad, que tan ne cesari o es para poner
fin a este tipo de e pisod ios.
El tratamiento rec omendado pa ra los bro tes de EPM se ce n u.. e n
las redes sociales y re conoce que los ví nc ulos co muna les son su me-
di o d e propagaci ón. Entre otras, l os trabaj adores de los servicios de
urgencia tienen las siguientes dire ctri ces ps icológicas: «proporci o-
nar se gur idad [... ] tratar al pacie n te con ca lma y a uto ridad » y «sepa-
rar a los enfermos de quienes no lo están»20. Como di ce un experto:
«Estas cosas sólo se pueden parar sie ndo since ro. ( .. .] Yo tambi én
po dría caer e n la misma es pi ral, p orque soy padre o, se ncilla me n-
te, porque soy persona. Todos podríamos" Es muy poderos o y hay
que respe tarl o y comprenderlo. Yel pe rsonal de ayu da no d ebería
te ner miedo a ll amar a las cosas por su n ornbre»?'.
Con fr ecuenci a resulta dificil establecer por qué e mpiezan estas
epidemias . De igual modo que un ruido extraño puede provocar
qu e una manada de ganado eche a corre r, muchas provocac iones
pueden dar como res ultado una estampida e moci onal. Sin embar-
go, normalmente resu lta muy se ncillo identificar los primeros casos.
Por ejemplo, e n la ep idemia d e risa de Tanzania, au nq ue los in vesti-
gadores no p odían explicar por qué empezó, identificar on con faci-
lidad a las primeras chi cas que tuvieron sí ntomas.
59
CONECTAOOS
Si para e mpezar la O la del estadio d e fútbol de ciudad de México
y si para cons eguir que e n una acera de 1 ueva York los peatones se
parasen a mirar una ventana bastaron unas pocas personas. lo mismo
puede decirse de los b rotes de EPM. Cuando un pequeño grupo de
personas empieza a actuar al unísono o a experimentar síntomas S1-
m ilares, la epidemia se puede extender a través de los víncu los socia-
les por vía del conta gi o e moci o nal y, r ápi damente, grandes grupos
de personas pueden llegar a es tar sincronizados emocionalmente.
Es posible que sea interesante observar la o bsesión que existe ac-
t ualrnerite e n Estados Unidos con la alergia a los f rutos secos. El n ú-
me ro de colegios en los que está prohibido co me r frutos se cos no
dej a de a umentar, Los frutos secos y algu nos productos básicos de la
di e ca estado unidense como la mantequilla de cacah ue te están to tal-
mente vetados en los campus, y lo luismo suc ede con los product os
horneados y con todo los ali mentos que no lleven una etique ta que
d e talle sus ingredientes. En la e ntrada de los cole gios hay carteles
que advi erten a los visitantes de que tienen que lavarse las manos
a ntes d e entrar para proteger a los niños de todo posibl e co ntagio.
Aproxi madamen te 3.3 mi llones de es ta dounidenses son alé rgi -
cos a los frutos secos y todavía más , 6.9 mi llones, son al érgicos al
marisco. Sin embargo, las alergias alimenticias sólo causan dos m i l
hospitali zacio nes al año (de más de t reinta millones de hospi ta liza-
ciones que se producen anualme nte e n toda la nación) y, como mu-
c ho, sólo cie n to cincue nta personas (e ntre ni ñ os y ad ultos ) fa lle cen
al año por este mo tivo. Comparemos este dato con las cin cuen ta
personas que mue ren todos los años por la pi cadura de una a bej a,
las ci en que mueren al al canzarl es un rayo y las cuarenta y cin co mil
que mueren en accidente de tráfico. O cornparé moslo con lo di ez
mil niñ os que son hospitalizados todos los años por trauma cerebral
causado durante la prácti ca de algún deporte, o co n las dos mi l per-
so nas qu e mueren ahogadas, o con las cas i trece mil que mueren
por herida acciden tal de arma de fue go . Pe ro n adi e ha pedido que
prohíban hacer deporte y hay miles de padres que han prohibido e n
su casa la mantequilla de cacahue te pero no las armas d e fuego . y es
seguro que mueren al año m uch os más niños atropellados O en el
ve hículo q ue los ll eva a l colegio qu e por al ergia a los frutos secos.
La cue stió n no es si la alergia a los frutos se cos existe o si ocas io-
nalmente puede Ll e ga r a ser g rave, ni si hay q ue tomar medi das ra-
zo nables destinadas a los n iños que pad ecen ale rgias graves. La cu es-
60
CUANDO TÚ SONRí ES, EL MUNDO ENTERO SONR íE
tión es, ¿a qué se debe la exagera da reacci ón de la sociedad a nte la
al ergi a a los frutos secos? Por descontado, la respuesta tiene mucho
que ve r con la EPM. Pocas personas han documentado cl ínicamen-
te su preocupaci ón, pero mu chas qu e no lo han he cho copian su
co nduc ta. La ansiedad se contagia, y cuando es to sucede se pi erden
la confianza y e l se ntido de la proporción.
En realidad, los bi enintencionados esfuerzos por reducir las posibi-
lidades de qu e los niños pruebe n los frutos secos sólo sirven para agudi-
zar el problema, po rque los padres tienen la impresión de que los fru- .
tos secos co nstituyen un peligro real ymuchos de ellos se preocupan, lo
cual aviva la epidemia y los padres quie re n someter a sus hijos a las
pruebas pertinentes. que, por supues to, det ectan levís imas e insigni-
ficantes al ergi as a los frutos secos . Y, finalmente, esto provoca que sean
cada vez más las personas que no pru eban los frutos secos, lo cual, e n
realidad, puede cond uci r precisamente a un aumento de las al e rgi as,
porque la fal ca de exposición a los productos al erg éni cos en los prime-
ros años de la vida contribuye a co ntraer al ergi as e n la edad ad ulta"".
La EPM es un fe nómeno pa tol ógico, pero se a p rovecha de un
proceso no patológi co fu ndamental pa ra los humanos, es to es, la
tendencia a imitar los es tados emoci onales de o tros. La risa auténti-
ca también puede ser con tagiosa, como lo puede ser la fe li cidad au-
ténti ca. pero co mparar las e pi d e mias de hi steria co n estos procesos
normales es como comparar la estampida de un rebaño con su mi -
graci ó n ordenada.
SEGUIMOS LA PiSTA A L CONTAGI O EMocrON AL
Medir la experi encia e mocional subjetiva (frente a sus manifesta-
ci ones visibl es, bi ológi cas o neurológicas ) exige que le preguntemos
a la gente cómo se sie nte. Una de las formas más sistemáti cas de h a-
ce rIo es el método de muestreo de experiencias. Este método recurre a
una se rie de aler tas (como las señales enviadas a un locali zador o a
un teléfono móvil) en momentos in esperados para impulsar a los 1
sujetos a documentar sus sentimientos, pen samientos y acciones en
e l mo mento en que las experímenta n'", El resultado es un exhausti-
vo mapa de los altibajos de la vid a cotidiana de las pe rsonas .
Una de las ventajas de este método es que permi te que grupos de
personas que interact úan entre sí se puedan es tudiar simultánea-
61
CON ECTAOOS
mente y en tiempo real . Po r ejem plo, un eq uipo de investi gadores
interesados e n la propagaci ón de las emocione s e n el seno de las fa-
milias, equipó a ci ncue nta y ci nco familias (compuestas por madre,
padre y un ado lescen te) con local i zad o res durante un a se mana . A
los partici pantes se les llamaba cada noventa o ci ento veinte minu-
tos e ntre las 7:30 de la mañana y las 9:30 de la noche. En total se re-
cogieron 7, 100 puntos tempo ra les e n los 165 individ uos es tudi ados
y se obse rvaron y midi eron varios es tados emocionales, como la ale-
gria o tristeza de los sujetos . Aunqu e no podían desca rta r la posibili-
dad de que toda la famili a se expus iera simultá nea mente a al go que
les pusiera a todos a la vez contentos o tristes (una ci rcuns tancia des-
concertante que co men ta remos con mayor detalle en el capítulo 4),
lo que los investigadores intentaban era desentrañar la forma en
q ue las emociones se contagian e n e l se no de un a fa milia.
El vínculo más fuerte era e l de la madre y e l pad re co n sus hij as,
mientras que , en cambio, el estado emoci onal de los padres no pare-
cí a afectar en modo al gun o a sus hij as. Las emocio nes de los padres
afectaban a sus es posas y a sus hijos varones, pero DO a sus hijas, y
esto ocurría so bre todo en el momento en qu e los padres volvían de l
trabajo: cuando pa pá llega a casa de mal h umor, todos en casa se
ponen de mal humo r'",
Se ha e mpleado para exam inar la transmi sión de emociones den-
tro de eq ui pos de e nfe rmeras, de atletas e incluso de co n ta bles un
m étodo simi la r'", En estos ámbi tos profesionales, un o de los asuntos
clave es sabe r si un profesional mo tivado puede mej orar el estado de
ánimo y por tanto e l rendimiento profesional de sus compañeros.
No es de extrañar que un es tado de ánimo opti mista es té aso ciado
con una mej ora de la conduc ta del grupo, incluido un compo rta-
mi ento más a ltruis ta , mayor crea tividad y más eficacia en la toma de
decisiones. En uno de los experimentos más curiosos, treinta y tres
j ugadores profesional es de cr íquet ll evaro n o rdenado res d e bolsillo
que registraban su es tado de ánimo cuatro veces al día durante un
día entero (los partidos de cr íq uet pueden durar has ta ci nco días ).
Exi stí a un fuerte vínculo entre el es tado de ánimo de un jugador y e l
de sus comp añ e ros, independientemente de có mo fuera el partido.
Además, cuando los compañeros de un j ugador están más conten-
tos , el eq uipo obtiene mej ores r esul tados.
62
1
CUANDO TÚ SO N lÚES• .E.LM U NDO ENTERO SONRÍE
LA. p RO PAGAC IÓN DE LA FELI CIDAD
" A pesar de que exis te n pruebas biol ógi cas y psicológi cas de que los
seres humanos imitamos las emociones y a pesar también de que se
hayan producido tan tos casos de epidemias de ansiedad, hasta hace
poco apenas sabíamos nada del pa pel de las redes sociales en la pro-
pagación de las e mocio nes. Y si n embargo, los casos de EPM nos su-
gieren que las emocio nes se difunden , fl uyen por los vín culos de las
redes sociales de persona a perso na, y q ue debería de existi r un fenó-
meno normal anál ogo a ese fenómeno patol ógico . En realidad, en el
vasto tapi z de las relaciones humanas pueden darse oleadas de emo-
ción , de tal manera que personas que se enc ue ntran en un lugar par-
ticular de la red social tienen cierta experiencia emocional y pe rsonas
que se encuentran e n otros lugar es de la red y baj o di stintas influe n-
cias tienen otra experiencia totalmente distinta.
Curiosamente, mientras que los investigadores de di versos cam-
pos , incluidas la medicina, la econom ía, la psicología, la neurocien-
cia y la biología evolu tiva, han identificado un amplio a banico de
estí mulos de la feli cidad humana, no han abo rdado una clave ( tal
vez , la cl ave ) de suma importanci a: la fe licidad de los demás . Quizá
. resulte obvio afirm ar que nuestros amigos y nuestras familias pue-
de n hacemos felices , pero an tes de abordar nue stra pro pia investi-
gación, nadie ha exp lorado jamás de qué forma puede e xte nderse
la felici dad por las redes sociales de persona a persona.
A los autores nos pi có la curiosidad. En parti cular, nos int e resaba
dete rminar si la difusión de las emoci ones se produce no só lo entre
usted y sus a migos (d ifusió n diádica) , si no tambié n e n tre usted y los
amigos d e sus am igos, y e n tre us ted y los amigos d e los amigos de
sus amigos (d ifusión hipe rdiádi ca). ¿Has ta dó nde lle gan las e mocio-
nes en la red? ¿Tie ne la difusi ón lími tes temporales o geográficos?
Nuestro primer paso para responder a estas p reguntas cons istió en
reunir un conj un to de datos que mi diera las emociones y las cone xio-
nes sociales a lo largo del tie mpo (un p roceso del que nos ocupare-
mos e n el capítulo 4). A co nti n uación trazamos un gráfi co de la red
social d e la fe lici dad, e l que a pa rece en la ilustraci ón I (ve r pli e go
ce ntral). Esta ilustraci ón muestra los vínculos entre hermanos, ami-
gos y cónyuges ysus niveles de fe licidad (se trata de un estu di o reali za-
do en el año 2000 a 12,067 pe rsonas ori gi narias de Frarni ngham, Mas-
sachusetts) . Has ta ese mo mento nadie había real izado un gráfico de
63
CoNECTADOS CUAN DO TÚ SONRft:S, EL MUNDO ENTERO SON RÍE
carac terísticas semejantes. Mil veinte pe rsonas están representadas y
ca da nodo está coloreado e n un es pectro d e colo res que va d el azul
(in fel ici dad) al amari llo (fe lici dad) segú n e l ni ve l d e fe licidad d e l su-
j e to. Mi rand o la imagen se nos ocurre n d os observacio nes. En p rimer
lugar que , d e n tro de la r ed, las pe rsonas que no so n fe lices se agrupan
con otras personas que no so n felices y que las feli ces se agrupan COn
o tras perso nas felices. En segun do lugar, que las personas más infelí,
ces están en lugar es periféricos y es más p robable que aparezcan e n el
extremo de un a cadena de relaciones sociales o en los márgenes de la
r e d ~ t i .
En este tipo de redes sociales, son d iversos los p roce sos que pue-
d en d ar luga r a las agnrpaciones. Las pe rsonas fe lices pueden esco-
gerse las unas a o tras como amigos O es tar expuestas a los m ismos
e ntornos q ue las hace n fe lices a tod as a l mismo tiempo. Pe ro n ues-
tro análisis nos permiti ó inte rpreta r estos efe ctos y nos percatamos
de que las agrupaciones se d eben tambi é n a l efec to causa! que la fe-
licidad d e una pe rso na ti ene sob re la fe licidad d e otra. Los análisis
matemáticos de la red sugieren qu e una persona tie ne alrededor de _
u n 15 por cie n to más de p robabilidad es de ser fe liz si está conectada
di rectamente (co n u n grado d e separación) con una persona fe liz:
y la p ropagación d e la fe licidad no se d etiene aqu í. Las personas q ue ·
se e ncuentran a dos grados d e separació n (el am igo d e un a migo)
de una persona que es feli z tienen un di ez po r cie nto más de proba-
bilidades de se r fe lices, y las pe rso nas que es tán a tres g rados de se-
paraci ón (e l amigo de un amigo de mi amigo) tiene n alre dedor de
un seis por cie nto más d e probabil idades d e Ser feli ces. A cuatro gra-
dos d e se paración, no hay inciden ci a. Ésta es la p rime ra prueba de
la vigencia de la Regla de los Tres Grados d e I nfluencia. Las emocio-
nes (y. como 111ás tarde veremos, las no rmas y las co nductas) se di-
funden dentro de las redes sociales d e pe rsona e n pe rsona, pero n o
se propaga n a todo e l mund o . Igual que las ondas de un esta nq ue
acaban perdi énd ose , las o ndas d e la fe licidad individ ual se pi e rd en
e n la re d social.
A primera vista. es posible que estos efectos no sean muy signi fi-
cativos, pero com par érnoslos con el aumen to de la renta. U n ingre-
so extra d e cinco mil dólares d e 1984 (que más o menos se cor res-
ponden con d iez mil dólares d e 2009) se asociaba a un incre mento
d e sólo u n d os por ciento e n las posi bili da d es de q ue una persona
fuera más fe liz. As í q u!", a! parecer, tener amigos y parientes fe lices
64
es una manera más fiable de p redecir la fe licid ad d e una perso na
que el hecho de qu e gane más dinero. Y lo más asombroso es que
inclusOl as personas que están a tres grados d e noso t ros, a quien es
tal vez ni siquiera conozcamos , puede n te ner mayor impacto e n
t1uescrafe licidad que tener un fajo de cientos de d óla res m etido e n e l
bolsill o . En con trarse en un luga r parti cular de la red social , e n con-
racLO con personas que tienen determinados sen ti mientos, puede
tene r consecuencias muy im po rtantes en nuestra vida.
Es bi en sabido q ue tener un buen puñado d e amigos y parientes
puede hacem os ir por el mundo con una sonrisa mayo r que la que
provoca tener una cuenta bancaria saneada'". Pero las investigaci o-
nes realizadas e n el pasado nun ca se han de te nido a cons iderar po r
qué los amigos importan tanto. Hay por lo menos dos posibilid ades .
En p rimer luga r, la mera existe ncia d e la red social p uede mej orar
nuestra felicidad; es el efecto es tructu ral de la red (la segu nda r egl a
de las redes sociales, de la que hablamos e n e l capí tulo 1) . Como co-
men taremos e n e l capítulo 7, estarnos he ch os para buscar las relaci o-
nes sociales, así que no es tan extraño que nos sintamos sa tisfechos
cuando pasarnos ti empo con los am igos o con la familia. En segundo
lugar, los am.igos y los pari entes nos hace n susceptibles al contagi o
emocional , así que los estados de ánimo de nuestros amigos afectan
al nuestro (la terce ra regl a d e las redes sociale s) .
Au nque es probable que am bos me canismos co n tri bu ya n a la fe-
licid ad de la gen te , las p r uebas que los a u to res h e mos h all ado su-
gieren que es posi ble q ue e l con tagio sea e l más importa nte d e los
dos. Hemos d escubierto que to dos los amigos fe li ces que ti e ne una
persona incre mentan las posi bilidades de que esa persona sea feli z
en alrededor de nueve puntos. Cada amigo infeliz las reduce e n al-
rede dor de siete p untos, Así que, teniendo e n cuenta estos datos. y
aun que no sepamos nada del esta d o e mocio nal d e una persona a la
que acabamos de conoce r. 10 más probabl e es que queramos traba r
amistad con ella. Puede que nos haga inf e lice s, p er o ha y más p ro-
babi lidades d e que n os haga fe lices. Esto con tri b uye a exp licar po r
qué muchas i nves tigacio nes realizadas e n eJ pasado han e ncontra-
do que la feli cidad y el n úmero d e amigos y fami li a res guardan rela-
ció n. Pero cuando co no ce mos los estados e mocionales de nuestros
amigos, nos damos cue nta de que te ne r más amigos no es sufi ci e n-
te. de que la clave de nuestro bienestar emocional es te ner más ami-
gos fel ices.
65
Esto no signifi ca que la estruct ura de las redes social es no sea irn,
porta nte . Resulta sorprendente, pero no sólo el n úmero de vinculo
s
di ádi cos es importante . tambi én el número de ví nculos hiperdi ád],
cos influye en la felicidad de una perso na. Cuando medimos la ceno
tral idad de las personas e n la red social , nos dimos cuen ta de que las
personas cuyos amigos tienen a su vez más ami gos tienen también
más posibilidades de se r feli ces. Y lo que es más n o ta ble todavía,
es to era así incluso para las pe rsonas con el mi smo número de relacio,
nes sociales directas. Esto qui ere decir que cuan tos más amigos ten-
gan nuestr os amigos (con independencia de su es tado e mocional) ,
más pro babil idades tendremos noso tros de ser felices.
Cabe preguntarse si nos topamos aquí con una es pecie de pro-
bl ema de l huevo y la gallina. Al fin y a l ca bo es posibl e imaginar qU,e
cuando nos hacemos más feli ces atraemos más amigos. ami gos que
tienen much os amigos. Esto qu erría decir qu e la feli cidad significa
dominar la red en lugar de que la red nos do mi ne a nosotros. Pero
cuando examinamos los cam bios de la red a lo la rgo del tiempo,
nos dimos cuenta de que las personas fe lic es no tienden a situarse
más haci a e l cen tro. Así qu e co ntar con un círculo soci al amplio
pued e hacernos más fe lices, pero ser feli z no am p lía necesari amen-
te nuestro círculo social. Estar situado en e l centro de la red nos
conduce a la feli cidad, pero ser felices no nos conduce al centro de-
la red. La es truc tura de la red y nuestra posi ci ón en ella tienen rnu-
ch a importancia.
Teniendo e n cue nta cuán importante parece ser la interacci ón
directa para que h aya con tagio emocional, los autores nos plantea-
mos la hipótesis de que el efec to de la fel icidad de nuest ros co n ta c-
tos sociales en nuestro estado emoci onal pued a depe nder de lo cer-
ca o lej os que se encuentre n . La idea es la siguie nte: es más probable
que con las pers onas más cercanas es temos más en co ntacto y) pOf'
tan to, es también m ás probable que nos contagiemos mutuamente
nuestro estado de á ni mo. La di stanci a geográfica se puede e mplear
para medir (ap roxi madamen te) la frecu encia de la interacción so-
cial. En nuestro es tudio, una de cada tres personas vive dentro de un
ra dio de una mill a (1,609 metros) d e su m ej or amigo, pe ro h ay mu-
chas variacio nes, y a lgunos amigos viven a mil es de millas de distan-
cia. Descubrimos que cuando un am igo qu e vive a menos de una
mill a de distancia es feliz, la probabilidad d e que nosotros también
se amos feli ces aumen tan en un 25 por ci ento. En cambio, la fe lici-
66
CUANDO TÚ SON RíES, EL M UN DO I'.NTERO SONRíe
dad de u n amigo que vive más allá de esta di stanci a no produce nin-
gún efecto. De igual modo, si vivimos con nuestra parej a y ésta es fe-
l
· nuestra probabilidad de se rlo a umen ta, pe ro cuan do las parej as
iz ,
o vivenJ'untas (po rque se han separado) la fe licidad de uno de sus
n .
miembros no afecta a la fe licidad del o tro. Si uno d e nuestros her-
roanos es feliz y vive a menos de una milla de di stancia , nuestra posi-
bilidad de se r fe lices aumenta un 14 por cie n to , pero los hermanos
que viven a mayor di stancia no un efecto en nues-
tra fe licidad. Si so n felices, los vecmos de al iado tambi én a umentan
nuestra probabilidad de ser fe lices, pero si viven más lej os (a unq ue
sea en la misma manzana ) , su felicidad no tiene mayores consecuen-
cias en nosotros.
Todos estos hallazgos sugieren la im portanci a de la p roximidad
entre las personas que se ven influidas por sus e mociones, y la in-
fluencia de los vecinos nos indica que la d ifusi ón de la feli cidad pue-
de depender tanto de las conexio nes pe rsonales profundas como de
la frecuencia de la interacci ón cara a cara. Aunque en es te caso he-
mos considerado la difusi ón de un estado de ánimo de cie rta dura-
ción, estos hall azgos también guardan relaci ón con los estudios de
la mímesis faci al que comen tamos anteriormente.
La fe licidad, por tanto, no depende tan sólo de la experie ncia o de
las e le cciones individ ual es, la feli cidad es también u na propiedad
de los grupos. Los cambios en la feli cidad individual pued en atrave-
sar las conexiones sociales y crear agrupaciqnes de gran escala den-
tro de la red , dando pie a grandes grupos de in dividuos fe lices o in-
felices. Desde la publicaci ón de nuestro trabaj o, se han o bservado
resultados similares sobre la propagación de la felicidad e n una
muestra de diez mil cam pesinos chinos
28
. Aunque no hemos podido
obse rva r por qué motivos se difunde la feli cidad, sí se pueden con-
cebir diversos mecanismos. Es posible que las personas felices com-
partan su buena sue r te (por ej emplo , ayuda n a los demás en cos as
prácticas, so n generosas eco nómicamen te) o, quizá, ta n sólo dejen
escapar una emoción que es contagiosa. Estar rodeado de personas I
felices también podrfa tener efe ctos biológicos be neficiosos. En to-
do caso, sea cual fuere e l mecanismo, parece eviden te que necesi-
tamos cambiar nuestra forma de pensar acerca de la felicidad y de
otras emociones.
67
CoNECTADOS
LA FELI CI DAD COMO RUTINA
Todos conocemos a pe rsonas hedonistas , son esas que nunca se
cansan de la bue na vida. En re al idad, la fel icidad d u rade ra resulta di.
ficil de alcanzar porque las pers onas estarnos atrapadas e n la «rutina
del hed onismo». Aunque un cambio en las circunstancias ele un indi-
viduo le pueda hacer más feliz (por ejemplo, e ncontra r pa rej a, ganar
la lote ría) o más desgraci ado (por ejemplo, quedarse sin trabajo, Su-
frir una pa rál isis ) , son muc hos los estudi os q ue han demostrado que
las personas tienden a regresar a su ni vel previo de fe licidad después
de este tipo de acontecim ientos'P. En realidad, el segui miento de pero
senas que han ganado la lo tería yde paci entes con daños en la médu-
la es pinal revel a que , al cabo de un año o dos, esas personas no SOn
más felices ni más tristes que los de más. Nuestra sorpresa al saber eSto
proviene en parte de nuestra incapacidad para damos cuenta de que
hay cosas que no cambian. La persona que gana la lo tería seguirá te-
menda parientes con quienes no se lleva bien y quien es sufren una
paráli sis se se gui rá n e namorando. Como el psicólogo Daniel GiJbert
ha demostrado, cua ndo pensamos en las cosas que podrían suceder.
nos, te ndernos a centrarnos sólo en lo 111ás evidente'". Además, no te-
nemos e n cuenta nuestra capacidad para adaptamos a las circunstan-
cias. Por eso, que un a persona intente se r feliz es corno in tentar subir
por una escalera mecáni ca de bajada. Aun que el esfuerzo ayuda, se ve,
con tra rrestado por e l proceso de adaptación que impulsa a regresar
al estado origi nal ,
Muchas personas inte ntan superar este proble ma impli cándose
en activi dades que pu edan mejorar su feli ci dad. Podríamos modifi-
car n uestra co nduc ta haci endo ejerci cio de fo rma regular o procu-
rando se r a mables con los de más o viviendo ce rca d el tra bajo (se ha
demostrado que los trayectos largos en tre el trabaj o y e l hogar so n
pa rti cul armente pe rjudi ci al es pald la feli cidad) . Podríamos cambiar
de ac titud y detenernos a enumerar nuestra suerte y bondades o a
pensar en nuestras experi encias desde un pun to de vista más posi ti-
vo (como h ace n los monj es ti betanos). Tambi én pod rí amos dedica r
nuestros esfu erzos a causas que para nosotros ten gan signifi cado o
esfor zarnos por al can zar importantes metas personales. En realidad,
hay razones pa ra sospechar q ue un esfuerzo prolongado por in volu-
crarnos en estas actividades (oe gene radoras de felici dad» podría ayu-
darnos a subir por la escalera mecán ica que baja.
68
C UANDO Tú SO NlÚES, El. MUNDO I!NT'ERO SONRí E
Pero a pesar de nuestros esfuerzos , todos tendernos a mantener
I
misma Ype renne acti tud; al parecer te nemos un a idea fij a de la
a . al
felicidad q ue no es fáci l cambiar. En realidad, al igu que otros ras-
os de la perso na, la felicidad personal parece muy influida po r
~ u e s t r o s genes. Los estudi os de gemelos idénticos y no idé n ticos de-
muestran que los gemelos id énti cos tienen mayor teridenci a a exhi-
bir el mi smo ni vel de felicidad q ue los gemelos frate r nos o los h e r-
roanos. Los genetistas de la conducta han empleado estos estudio s
ara calcular cuántos ge nes importan y ha n llegado a la conclusión
~ e que la felici dad d uradera depende e n un cincuenta por ciento de
la idea fija que de la felicidad te nga la persona (y si la ha hecho rea-
lidad ) , e n un di ez por ci ento de sus circ u nstancias (por ejemplo ,
dónde vive, cuánto (line ro tiene , c uál es su estado d e sa lud ) yen un
cuarenta por cie nto de lo que e lige pensar y hace r?' . Por supuesto,
nuestraS experiencias en la vida pueden cambiar nu estro estado de
ánimo durante un tiempo, pero e n la mayor ía de los casos estos cam-
bios son transitorios.
, ¿Y qué hay de la red que difunde nuestra feli cidad? ¿Respon de
también a las mismas limi taci ones ysólo nos hace felices durante un
peri odo breve de tiempo? ¿Tiende a atenuarse el efecto de que un ami-
go sea fe liz? Gracias a nuestro es tudi o nos hemos dado cuenta de
que una persona tiene un 45 por cie nto más de probabilidades de ser
. feliz si un amigo ha e ncontrado la felicidad e n los Últimos se is me-
ses. En cambio, las probabi lidades se reducen al 35 por ciento si am-
pliamos el periodo e n seis meses y desaparecen en period os más lar-
gos. De modo q ue la fe licidad de nuestros amigos nos afecta, pero
sólo duran te un a ño. Igual que q uien gana la lo te ría acaba po r acos-
tumbrarse a su sobreve ni da rique za, todos nos acostumbra mos a
que n uestros a migos hayan e ricon trado la felicidad . Pero si di stintos
amigos enc uentran la fe licidad en diferentes momentos, es posible
que nos le van ten e l ánimo de f o rma periódica, ayudándonos a man-
ten e rnos por encima de nuestro nivel na tural de fe lici dad.
SOLO EN TRE LA MULT I T UD
Si la felicidad pued e contagiarse - al me nos d urante u n tiern-
pa-., ¿qué OCUlTe con las demás emociones? Uno de los sentimie n-
tos qu e más di rectamente concierne a nuestra red social es la sole-
1; 0
CoN!:CTADOS
dad. En cierto se nti do, la so ledad es lo contrario de la conexió n, es
la se nsación de es tar desconectado. La obr a del psicól ogo J ohn Ca-
ci oppo ha demostrado que la soledad es un com plejo conj un to de
se ntimientos que experimentan las personas que no satisfacen sus
necesidades bás icas de intimidad y conexión social'". Con frecuen-
cia, esto motiva que la mayoría de las personas (pero no todas) abor-
den su situación con la intención de modificarla, lo cual sugiere que
la f unción de la so ledad es promove r la recort exi ón (n os ocupare-
mos del p ropósi to evolu tivo de la soledad en e l ca pítu lo 7) .
Los psicól ogos han identificado la forma en que los sen timientos
de so ledad encajan con un amplio conj unto de se ntim ientos y estados,
incluidos la autoestima, la ans iedad, la ira, la tristeza, el o ptimismo y la
timidez. Las investigaciones psicol ógi cas sugieren que el sentimien-
to de so ledad surge cuando existe una discrepancia entre nuestro de-
seo de conexión con los demás y la conexión que realmen te tene mos
con ellos. Esta investigación se centró en la percepción subjetiva de es-
tar solo, pero sentirse so lo no es lo mismo. Mientras que algunos estu-
dios han demostrado (lo cual no es de extrañar) que te ner un amigo
puede mi tigar la se nsación de so ledad, lo que no se ha bía estudiado
previamente eran los efectos del conjunto de la red social en nuestra
tendencia a sentimos so los incluso en medio de una multi tud.
Co n la misma red a la que recurrirnos para es tudiar la feli cidad.
examinamos si estar sol o estaba asociado con sentirse so lo y si tales
se nt imientos podían propagarse'". y nos dimos cue nta de qu e las
conexio nes del mundo real causan un efecto e n la fo rma en que nos
se ntimos. Las personas que tienen más am igos tienen me nos proba-
bilidades d e experimentar la so ledad. Cada amigo extra reduce e n
torno a dos el número de días en que nos sentirnos so los en todo un
año. Puesto que (según nuestros datos) las personas se sie n ten so las
una media de cuarenta y ocho días al año, tener un par de amigos
extra reduce nues tra so ledad en torno a un di ez por ciento. Resulta
interesante e l da to de que e l núme ro d e miembros d e la famili a no
tenga ni nguna incidenci a en es te aspecto. No es tá cl aro por qué. Es
posi ble que qui enes pe rtenecen a famili as más reduci das se pan qu e,
ya que so n menos para repartirse los tumos de visita, tienen que asu-
mi r la responsabilidad de pasar más tiempojuntos. Pero ta m bién es
posibl e qu e quienes pertenecen a una gran familia se sientan más
próximos a un núcleo fami liar m ás peque ño , lo cual limi ta la in-
fluenci a de las conexiones adicionales. Con independencia del me-
70
CUANDO TÚ SO NRi t:s , EL MUNDO ENTEkO SONRi E
canismo, está claro que la sensación de so ledad es tá más es trecha-
mente vinculada a nu estras red es de conexio ne s social es opcionales
que a las que recibimos al nacer.
En realidad, la sole dad puede dar fo rma a la re d social. Las perso-
nas que se sienten solas todo el tiem po pierden de medi a en torno a
un ocho por ciento de sus amigos en un periodo de entre dos y cuatro
años. Las personas so lita rias suelen atraer menos amigos, pero tam-
bié n suelen e numerar menos ami gos cuando se les pregunta. Es to
qui ere decir que la soledad es tanto una causa COIDO una consecuen-
cia de estar desconectado. Las emociones y las redes pueden r eforza!'
se entre sí y crear un ciclo «riqueza llama a riqueza» que premia a
q uienes más amigos tie ne n. Es más probable que las personas con
pocos amigos se sientan so las, que esta sensación difi culte que atrai-
gan nuevos amigos y que intenten formar nuevos vínculos sociales.
Nuestro estud io sugiere que la proximidad fís ica es tan rel evante
en e l cas o de la soledad como e n e l de la felic idad . Los am igos y los
pari entes que viven cerca se ven con mayor fre cuenc ia, lo qu e ten-
dría q ue con tribuir a que la proba bilidad de se n tirse solo di sminu-
yera, pero la cercanía también los hace más susc eptibles a Jos se nti-
mientos de los demás. Por eje mplo, si un amigo que vive ce rca se
sie nte solo al año diez días más de la media que hemos mencionado,
noso tros nos se ntiremos so los un os tres días más. Si esta persona es
un amigo íntimo. el efecto es mayor y nos se ntiremos solos cuatro
días más. La so ledad tambi én se contagia entre los veci nos que viven
puerta con puerta y di e z días de soledad extra llevan a que nuestro
vecino se sienta so Lo dos días más de lo que le corresponder ía , Sin
embargo, la soledad de los vec inos y de los amigos que viven a más
de un a milla no incrementa nuestra soledad.
Las parejas q ue viven j untas tambi én se pueden contagiar la soledad,
pero con resul tados menos dramáticos. Por cada diez días extra de
soledad de un a persona, su parej a só lo se se n tirá so la un día extra. YaI
parecer, en este aspec to los hermanos no tienen ninguna incidencia
(ni siquiera a unque viva n aliado ) ; lo cual aporta ot.ra prueba adicio-
nal de q ue la soledad la se ntimos con personas con quienes escoge-
mos conectar y no co n las relaciones que hemos heredado.
Más allá de estas conexiones di rectas, nos damos cuenta de que
la soledad se extiende h as ta los tres grados, es decir, igual que la feli-
cidad . La sole dad de una pe rsona no sólo de pende de la soledad de
sus amigos, sino de la de los amigos de sus amigos y de la de los a mi-
71
CONECTAOOS
gas d e los ami gos d e sus amigos. El co nj u n to d e la red demuestra
que se tienen e n tomo a un 52 por ci ento m ás d e probabilidades d e
senti rse solo si una pe rsona con la que mantie nes una conexió n di-
recta (es d ecir, que esté a un grad o de separ aci ó n) se encuen t ra so la .
Para que se e ncuen tr a n a d os grados de separación , las
p robabilidades se red uce n hasta el 15 por ciento. A cuatro zr ados
d e separación y CO ln O se corre sponde CO n la Regl a d e los Tr;s Gra-
d os de Influencia, e l efec to d esaparece. .
Por último, los autores hemos o bservad o una circunslanci a extraor-
en los de la re d social. En la periferi a", las pe rsonas
uenen menos arru gos, 10 cual hace q ue se sien ta n más solas, pero es to a
su vez las lleva a renu nciar a los víncul os que todavía les quedan. Sin
a n tes de h acerlo, pueden con tagiar a sus amigos la m.isma
sensacio n de soled ad, co n lo cual el ciclo vuelve a empezar. Estos efec-
tos refuerzo significan que nuestro tejido social se puede fraguar en
los margenes, com.o el punto que se suel ta en la manga d e unj ersey. Si
queremos combati r la se ns ación d e so ledad en nuestra socie dad, de-
abo rdar con a las personas que se encue n tran en la pe-
ri feria y reparar co n di versas in terven.ci ones sus redes social es. Si las
ayu damos a ellas , podemos crear una barrera protectora con tra la so le-
dad que evitará que toda la red se deshilache.
E NAM O RARSE
La psi cología de e mociones co mo la felicidad y la soled ad ilumi-
na la rn artera en que se f orman y disuelven los víncu los en las redes
social es. En realidad, s.e-?ti mie o tos como la i ra, la t risteza, el dolor y
e l o peran al servicio de los vínculos sociales. Nos podemos po-
n er fu r-iosos con la naturaleza o nos podemos entristecer ante el in-
cendi? d e un bosque o pOdelTI OS que rer a un p e r ro, pero todas es tas
tienen su origen y encuen tran su plena exp resió n en la
ira, la tristeza o el a mor que sentim os e n e l escenario d e las rel acio-
n es interpersonal es.
. las person.as del mundo tienen ideas , creen cias y o pi ni ones
- pensamIe n tos distintos-, p ero sus sen timie n tos So n muy
sirrrilar'es, cuando no id énticos. Y r esponden d e forma similar a los
sentimientos d e los demás: prefi eren amigos felices a am igos d eprimi-
d os, amigos ama bl es C! arrugos mezquinos yamigos afectuosos a amigos
72
CUANDO T Ú SO NRí f.$ , EL MUNOO li:N'1'[RO SON Rí E
violentos. Se puede p ropagar toda una gama d e emociones, d esde la
ira y el odio h asta la a ns ie dad y el temor y hasta la fe lici dad y la sole-
dad. Pero hay una e moció n primordial de la expe ri e ncia humana d e
la que todaví a n o hemos hablado y que si n embargo es fundamen tal
para com p render las conexi o nes sociales: el amor.
Evid e n te mente, la ps icología d el amor y d e l afecto es esenci al
para en te nder la formaci ón d e los lazos sociales e n tre las per son as.
Como sostie n e la antropóloga I-Iel en Fi sher, la sensibilidad d e estar
en amorado se puede decantar e n lujuri a, amor yapego, sen timieri-
to s que tu vie ro n i m po r tantes propósitos evolu tivos!", La se nsación
de deseo lujuri oso ti ene e l evi d e n te o bjetivo d e al entar la rep roduc-
ció n, casi co n cualquier parej a. La sen saci ó n d el amor román tico es ,
por su p ues to , algo distinto y suele focal i zarse en una parej a en par ti-
cula r o, al menos, en una p a reja cada ve z. Desd e el puntO de vista d e
la evo lución, es to permite que e l individuo conserve re cursos val i ó-
sos y no los mal gaste en la bús queda d e varios o bjetos afectivos. La
sensación de a pego, y el vi ncu lo d e seguri dad con otra persona q ue
representa , pudo surgi r para que los progenito res cu idase n conjun-
tamen te de sus crías, lo cual también tiene ventajas evolutivas.
En el capítu lo 7 comen taremos co n más detalle el papel d e l a se-
lección natural e n las redes sociales humanas, pero an te s d e abordar
es te tema es importante pensar en las co nsecu e ncias d e nuestras co-
nexiones más p rofun d as . Aparte de las ventajas y d esve ntaj as evol u-
tivas , la lujuri a, e l amor y el apego tienen e normes implicaci ones en
la forma e n que conectamos con los demás . El objeto d e n u estro
afecto se co nvie rte e n el «ce n tro d e nuestro universo ." alr ededor
d el cual gira todo lo d emás . L'lS personas tenemos in tensos se n ti-
mientos haci a los se res que amamos, los idealizamos, nos d an una
enorme e nergía y, evid e n te men te, tenemos con e llos una conexi ón
muy profunda. No r malmen te, expe rime n ramos este amor rorn ánti-
co con tan sól o una persona a la vez, as í que elamor romántico no
d etermina la o rganizació n d e las r e des sociales, Al fin y al cabo ,
n o a rnarnos a todas las personas que co nocemos. Y e l a mor que sen-
timos por nuestros padres, hij os, h ermanos y o t ras relaci o nes es un'
amor muy distinto. Sin e mbargo y como ve re mos e n el próximo ca-
pítulo, es tar enamo rado es un mecanismo cl ave mediante el cual se
forman d etermin ad os vín culos sociales muy importantes, 10 que,
por lo tanto, es muy relevante para e l origen - y la fun ci ó n- d e las
redes so ci ales.
73
1
I
I
CAPÍT ULO 3
AMA A TU PAREJA
A Nicholas ya Erika, su mujer, les gusta deci r, en broma, que su ma-
uim onio fue concertado, como los que se estilan e n e l sur de Asia.
Aunque llegar on a vivir a tan sólo cuatro manzanas de distancia y los
dos estudiaban en Harvard, j amás se cruzaron. Erika tuvo que viajar
hasta Bangl adesh para encontrarse co n Ni cholas. En e l verano de
1987, Nicholas se m a ~ c h ó a Washington, O. c., donde había crecido y
había ido al insti tuto , para cuidar de su madre enferm a. Era estudiante
de Medicina, estaba sol tero y- al menos eso cre ía tontamente él- to-
davía no estaba pre parado para una relación se na. as i, un amigo del
insti tuto, tambi én se encontraba en Washington, pasando las vacacio-
nes. Bemy, la novia de Nasi , que había llegado a en tablar con Ni chol as
una rel ación tan buena que sus co ntin uas bromas e ran motivo de re-
gocijo para los tres, también se encontraba en la capital. Acababa de
volver de pasar un año en una zona rural de Bangladesh, donde había
realizado trabajos para el desarrollo de la comuni dad.
En la anegada aldea donde Bemy habia vivido, h abía conocido a
una j oven y bell a estadou ni dense con quien , amén del ard ie n te de-
seo de acabar co n la pobreza. compartía un barreño me tálic o para
lavarse el p el o . Es probabl e que el lector haya adivinado ya adónde
nos lleva esta hi stori a.... pero continuemos . Una tarde. en pl ena es-,
ración de los monzones y mie ntras le estaba escribie ndo un a postal a'
Nasi, Bemy se volvió de pronto a su amiga Eri ka y le soltó:
-Me acaba de venir a la cabeza el hombre con qui en te vas a casar.
Ese hombre era Nicholas.
Erika se 10 tomó con escepticismo. pero pocos meses después acce-
di ó a conocerlo y quedaron a cenar los cuatro en la casa de Nasi en
75
CoNECTADOS
Wash in gton. Por su p ues to, Ni choJas quedó r endido nada más ver
a Erika. Ésta confesaría más tarde que Nicholas "no le había resul tado
indiferente• . Esa noche, tras llegar a su casa, Erika despenó a su her-
mana para anunciarle que, en efecto, acababa de conocer al hombre
co n qui en se iba a casar. Después de quedar tr es veces. Nicholas le con-
fesó su amor a Erika. Y así es corno Nicholas llegó a casarse co n una
mujer que estaba a tres grados de separación yde qui en prácti camente
había sido vecino pero a la que no había llegado a conocer hasta que
Nasi se la presentó. Una mujer que era perfecta para él.
Historias como ésta, con variaciones en cuanto a compleji dad y
detalles ro mánticos, ocu rren todos los d ías. En realidad, bas ta teclear
e n Google las pal abras «có m o conocí a mi muj e r» O «CÓlTIO conocí a
mi marido" (e n inglés: luno 1 met ""Y toi]« Yhoto 1 met ""Y husband), para
que aparezcan mil es de rel atos maravi llosamen te conservados en In-
ternet. Pueden se r breves, corno el siguiente:
¿Que cómo conocí a mi mal-i do? En un bar. Era a migo d el ca nalla
del n ovio que iba a conver ti rse e n el rn ari d c d e mi mej or amiga (sí, e n
efecto, ya están di vo rc iados) . Me lo presentaron en un bar [... ] conecta-
mos [... ] y seguimos juntos, y casados [...] iY mi mejor amiga no!
y los hay más elaborados:
Entré en el Parque Nacio nal de YosemiLe reci én anoche cido co n mi s
dos amigas y un pi tb ull . Había trabajado allí los dos úl timos veranos y
llegaba para trabajar también la n ueva te mporada. Cuando nos baj a-
mos d el coche hacía mucho frío y tuvimos que abrirnos paso entre la
ni eve hasta la ca baña de n uestro amigo. Él no estaba, pero nos había
dejado una nota para que nos diri gi éramos a otra cabaña. Cuando lle-
gamos estába mos em papadas hasta la rodilla. A mí no me ape tecía me-
te rme en la ca baña d e a lguien a quien no conocía, rne se n tía incómoda.
Por suene, fue nuestro amigo quien nos abrió la p uerü"l y n os invitó a
pasar. Hizo las presentaciones y yo debí de ser algo brusca , po rque me
acerqu é directamente a la estufa y le di la espalda a todo e l mu ndo. No
sé cómo, porque no me di cue n ta, pero la estancia se fue vacia ndo y ter-
miné se n tada e n una ca ma fr ente a mi futu ro marido. Me recorda ba a
Dave Mauhews d e joven. Tenía un acento sureño e ncantador y un os
ojos.. . Dios mío, qué oj os. Estuvimos hablando hasta bien entrada la
noc he, hasta que mi amigo. que se había acomodado en una cama que
76
AMA A TU PARLJA
había a mi lado , sus piró y nos pidió que nos marchásemos. Le di las gra-
cias po r su hospitalidad y él respondi ó:
·- Ya sabes dónde vivo, pásate cuando quieras.
Ya fuera, de vuelta e n la fría noche de la montaña, nos dirigimos en-
tre ri sas has ta el a pa rcamiento y al llegar me volví y les dij e a mi s amigas
es tas p roféticas palabras :
- ¡Va ya casarme con ese hombre !
Dos años y cinco meses después 10 hi ce ".
CÓMO CONOcí A MJ PAREJ A
Lo romántico de estas historias es que en ellas parecen conj ugar-
se la suerte y el destino. Si lo pe nsamos por un momento, sin embar-
go . lo cieno es q ue esos encuen tros no so n tan fortuitos. Lo que to-
das las historias que hemos contado tienen en com ún es que los dos
mi embros de la f utura parej a empezaron co n dos o tres grados de
separaci ón an tes de que la brecha que se abría e ntr e ellos se cerrase
inexora bl emen te.
El id eal románti co d e encontrar pareja suele llevar cons igo tam-
bién la se nsación de que se tiene «química" o de que los dos impli-
cados se enamoran por razones mis te rio as e inexplicab les. Enamo-
rars e nos parece al go profundamente pe rsonal y dificil de explicar. En
reali dad , la mayoría de los estadounidenses creen que la elección de
su parej a es as unto suyo y de nadi e más. Algunas personas esco?"e n
a su parej a impulsiva y espon tá neamente, otras, tras muchas delibe-
raciones. En am bos casos, la elección de parej a se considera algo
personal. Esta visión de las rel aci ones es coheren te con nuestra t ~ n ­
dencia ge neral a ver las gra n des d eci siones d e la vida como eleCCIO-
nes in d ivid uales. Nos gusta creer que llevarnos el tirn ón de nuestro
barco. q ue nosotros marcarnos el rumbo por picada que es té Ja mar.
Resul ta so rprendente. y puede ser también d esal entador, descubrir
que, en reali dad, navegamos por rutas bien conocidas y que emplea-
mos instrume n tos de navegación universal es.
Como estarnos ta n seguros de nuestro poder como individuos
para tomar d eci siones, no somos conscie ntes de hasta qué punto
nuestra elección de una parej a es tá dete rmi nada porlo que nos ro-
dea y. e n particul ar, por nuestra red social. Esto también con tri buye
a explicar el romántico atractivo de las hi storias de encu en tros pre-
77
79
A.\lA A TU PA REJA
sus có nyuges después de que los presentara al guien a quien co-
nocían. mientras que só lo el 32 por ciento se co noci ó por vía de la
autopresentación», Incluso en las rel aci ones se xuales cortas, tal vez
de una noche , al 53 por ciento de las par ejas las presentó o tra perso-
na. Así qu e, si bien los e nc uentros casuales e ntre dos desconoci dos
ocurren y si bien hay personas que encuentran a su pareja sin ayuda,
a mayo ría de las personas encuentra a sus esposos y esposas y a sus
parejas al conocer a amigos de amigos y a arras personas con quie-
nes tienen una lejana conexión.
Si es cierto que nuestro amigos nos presentan a todo ti po de pa-
rejas sexuales (e n un abanico que , dependiendo del tipo de rela-
ción, va del 35 al 40 por cie mo), es lógico que n uestros famili a res
n OS presenten a nuestros futuros cónyuges y no a pe rsonas con quie-
nes terminamos por mantener re laciones de una sola noche. La for-
ma de conocer a la parej a ta mbi én está rel aci onada con la rapidez
para llegar al se xo. Seg ún el Sondeo de Chicago, las personas que
conocieron a sus parejas por medio d e a migos te nían más probabili-
dades - au nque sólo ligeramente- de mantene r relaci ones sexua-
les dentro d el p lazo de un mes (45 por cie n to) que las que se cono-
cieron por ejem plo e n una reunión fami liar (24 p or cien to), lo cual
no es de extrañar, porque , normalmen te. uno no está pensando en
el sexo durante una reuni ón farni liar''.
Estos d a tos sugieren que recurrimos a di sti ntas estrategias para
encontrar pareja se gú n el tipo de rel ación que queramos mante-
ner. Hay quien pi de a sus famili ares que le pres enten a personas
co n las que podría casarse y confia en sus propios recu rsos para
encon trar una pareja provisional . Lo cual tiene mucho se ntido
desde un punto de vista intuitivo: la mayo ría de los universitarios
bo rrachos no les preguntan a sus madres si pueden invi tar a pasar
la noch e a es a preci osa desconocida qu e está en la barra del bar. As í
que lo que e ncontremos al investi gar nuestra red social depende
por una parte de lo que es temos buscando y por o tra del lu gar don-
de lo busq ue mos.
Por otro lado es evi dente que las personas co nfiamos m ucho en
los amigos y e n la familia para todo tipo de rel aci ones. Cuando co-
nocemos a un a pe rsona que nadie nos presenta o de la que no he-
mos oído habl ar, só lo tenemos informaci ón so bre nosotros mis mos.
En cambio , cuando so n otros los qu e nos presentan a alguien , tie-
nen información so bre nosotros y tambi én sobre nuestra potenci al
I )
u.
.
a
a

-
o
-
o
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y
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e
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,
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J ,-
1.287
aúmero de
5Uje: tOS
25J
319
920
me: presente nos presentó
yomismo otra penona
32%- 2%
36% 3%
42% 1%
47% 2%
¿Quién me presentó a mi parej a?
CoNECTADOS
78
Relaciones cercanas Relaciones mt:nos importante¡
TIpo de compañero compañero
relación familiar amigo de: uabajo dedase vecino
matrimonio 15% 3S% 6% 6% 1%
pareja
de hecho 12% ' 0% 4% 1% 1%
pareja 8% 36% 6% 4% 1%
relaciones
carlas 3% 37% 3% 4% 2%
Nota: Los porcentajes no suman el cie n por cien debido al redondeo.
suntamente cas uales. lo cual pare ce sugerir que hay fuerzas más
grandes que nosotros y qu e una historia román tica con una perso n
desconocida e n particular es al go mági co y predestinado. Ahora
bi en, al deci r es to n o estam os sugir ie ndo que n o haya algo so rpre n
dente e n el e ncuen tro con el amor de nuestra vida tras abrirnos pas
por la nieve de Yosemite o lavarnos el pelo e n un barre ño e n Bangla
desh . Es só lo que esos momen tos mági cos 110 son tan fo rtuitos com
a nosotros' nos gustaría pensar. -
Fijémonos ahora en algunos datos sistemáti cos so bre la forma en
que e ncontrarnos a nuestra parej a . El Sondeo Nacional de Salud
Vida Social, al que tam bié n se conoce por e l cu rioso tí tulo d e Son
deo del Sexo en Ch icago, a na lizó una muest ra de 3,432 personas d
entre dieciocho y cincuenta y nueve años en 1992 y cons ti tuye una d
las descripciones más precisas y completas de la conduc ta amorosa
sexual de los esradounidenses''. Contiene inform aci ón detall ada so br
la elección de pareja, las p rácti cas sexuales, los rasgos psicol ógi cos, las
medidas sanitarias, e tcé tera. Y tambié n incluye cierto tipo de da to
que. aunq ue parezca mentira. no aparecen en casi ni ngún estudio
datos como, por ejemplo, la forma yel lugar e n que los sujetos del estu
di o han conocido a sus parejas sexuales de ese momento. La tabl
muestra quién presentó a las parejas en diferentes tipos de relación:
Las personas que presentaron a las dos personas no lo hi ci eron
necesariamente con la inten ci ón de que acabaran sien do parej a
pero el caso es que su iniciativa condujo a la formación de una pare
j a. En torno al 68 por cie rno de las personas del estudio conocieron
CoNECTADOS
parej a, y a veces (conscie ntemente o no) desempeñan el pape l de
alcahueta concertando e nc uentros entre pe rsonas qu e a ellos les pa,
van a tener cierta afi nidad. Es probable que los amigos y la
co nozcan la fo rma de se r de am bos, nuestra proced enci a SQ..
cial y nuestro c urríc ulo profesi onal , y tambié n es probable que ca-
importan tes, corno nuestra ten dencia a dej ar la ropa
m terior orada e n e l suelo o a regalar rosas. La presentación mediati-
zada es men os arriesgada y más informativa que lanzarnos so los al
ruedo, que es el mo tivo de que las personas lle ven m iles de años
co nfiando e n las presentaciones.
Sin e mbargo, la mayo ría de las sociedades modernas tienen una
de Jos rnau-imonios conc ertados y a todos nos resulta
imposi ble Imagi na r lo que supondría casarse co n un desconocido
y los pari entes bi enintenci onados que tan
se mrru cuye n e n nuestras vidas para ayudamos a enco ntrar pareja
nos figuras cómicas, co rno Ye n te, el personaje de El uiolinis-
:a en el tejado. en realidad, n uestros am igos, parientes y compa-
neros de trabaj o só lo se sitúan e n e l pa pel de alcahueta cuando
que tenemos p roble mas para encontrar parej a por nosotros
mismos. Y: e n ::fecto , nuestra red social fun ci o na con gran eficie ncia
e n es te tema , Incl uso cuando insistimos e n que lle vamos las riendas
de nues tro propio desti no.
La es truc tura de las redes sociales que surge n de fo rma natural se
ac?pla perfecramen re a un sinfín de ej enlplos. En red es Como las
bngadas de cubetas y los árboles telefó nicos, só lo existe un número
limitado de personas a pocos grados de se paración de otra. Pero en
la de las redes sociales na tural es, ese n úmer o so brepasa los
miliares. Como comentamos en el capítulo 1, si conocemos a
ve in te pe rsonas (Jo sufi cientemente bien para que nos in viten a una
fi esta) y cada una de ellas conoce a otras veinte, etcétera, estarnos
conectad?s con .ocho mi l pe rsonas a tres gra dos de separación. Si
estamos Slll pareja, es m uy probable que u n a de esas ocho mil perso-
nas sea nuestra futura parej a.
supuesto, los e n cu e n tros cas uales pueden re unir a dos des-
co nocid os, en es pe cial cuando se produce contacto físico. Normal-
rnente, es tos accidentes felices suele n se r Jos desencadenantes del
e n las historias románti cas del ci ne, la literatura y la te le-
VISlOn, como sucede e n la pelíc ula Serendipity, en la q ue los pro tago-
rustas q ui er en co mprar ,e l mismo par de guan tes, o en Regreso a
80
AM A A T U P....REJ...
Howard's End, donde , [ras un co ncie rto, un pe rso naj e se lleva por
error el pa raguas de otro , o como cua ndo e n 101 dálmat as las co-
rr eas de los perros se e nredan . Inci dentes como éstos ofrecen nue-
vas o porw n idades de aumentar la in teracción social y pueden, con-
ducir al sexo o al ma trimonio , porque requi e ren lo que el soci ólogo
Erving Co ffman ha llamado ritual es «correcti vos»: es necesario re- .
parar el «da ño» , lo cual, a su vez , da pie a que los se conoz-
can . U11 buen fli rteo puede tra nsfor mar una casualidad en un a
oportunidad real (los grandes artistas del fli rteo pueden llega r a
preparar un «accidente» para conocer a al guien: se su prop Ia
suerte ). Pero son casos excepc ionales. Es notable que Incl uso en
esos encue ntros con desc onocidos tenga que habe r, al me nos hasta
cieno punto: algún interés compartido: po r la ropa, por la música o
por los perros, po r ejemplo.
In cl uso e n el caso de las personas que se conoce n sin q ue nadie las
haya prese n tado, sin que ayude a que se conozcan ningún amigo de
ambos, se p roduce un proceso de prese!e cc ión socia!. Yese proceso
influye en el ti po de perso nas con qui enes mayores pr-obab'iliclades
[enemas de to parnos. El Sondeo del Sexo en Chicago, por ejemplo,
también preguntó a los encuestados dónde suelen conocer a sus pare-
j as. El 60 por ciento de los sujetos del es tudio conocieron a sus cónyu-
ges en el instituto O en la universidad, en el trabajo, en un a fiesta, en
la igl esia o en un cl ub social; todos esos lugares suelen con?"regar a
personas que comparte n algunas características. El l 0. por cie n to de
las personas co noció a sus esposas en un bar, por medi o de un
cio personal o en el lugar donde pasaba las vacaciones , donde la di-
versidad es mayor pe ro el núme ro de tipos de perso nas q ue pueden
llegar a se r pareja sigue siendo limitado"
Los lugares y las circuns tancias e n las cuales las personas conocen
a sus parej as han ido cambiando a lo la rgo del siglo .pasado. Los da-
tos más exhaustivos de esta ci rcunstancia proceden de un estud io
llevado a cabo en Franci a. Examinando un amplio abanico de siti os
donde las personas conociero n a sus es posas, incl uidos cl ubes. 0 0 '1-
tumos, fiestas, lugares de trabajo , destinos vacacionales, reuruones
fami liares o, senci llamente, «e n el barrio... , los inves tigadores traza-
ron una historia del siglo xx de los lugar es donde los franceses co-
nocí an a sus có nyuges. Por ejemp lo, entre 1914 y 1960, del 15 al 20
por cie nto de los encuestados declararon habe r a las per-
so nas co n quienes se casa ron e n el barri o, pero en el ano 1984 este
81
l
1
CONECTADOS
porcentaj e descendió has ta e l 3 por ciento, lo cual refl eja e l de cli ve
de los vínculos socia les basados e n la proximidad geográfica como
consecuenc ia de la modernidad y del creci miento de las ciudades".
La geografia es todavía menos importante d esde la invención d e
Internet. En el año 2006, uno d e cada nueve adul tos estad oun idenses
que usan lntemet --en conj unto, unos dieciséis millones de peno-
nas-- afi rmaron que empleaban un sitio de encuentros de la web
(como Match.com , eHarmony.com, Pl entyoff'ish.com -maravilloso
nombre: muchos pe ces.com- o mu chos o tros) para conocer a otras
personas". De todas las personas que se han «en co n trado » en estas pá-
ginas, el43 por ciento --o casi sie te miUones de ad ul tos- han Uegado
a co nocerse en persona y e l 17 por cien to de ellas ---<:asi tres millones
de ad ultos- han iniciado rel aciones duraderas o se han casado con
sus parej as virtuales (se gún los datos d e u na encuesta exha ustiva reali-
zada e n Es tados Unidos) ' . En cam bio, sólo e l 3 por ciento de los usua-
l; OS de Internet que están casados o tienen relaciones de pareja dura- ...
d eras afirmaron haber conocido a sus compañeros O compañeras en
la red, una cifra que muy probablemente se e levará en los próximos
años". Los tiempos en que nos ertarnorábamos de la vecina quedaron
atrás. Son cada vez más las personas que conocen a sus compañeros o
compañe ras por Inedia de las redes sociales (personales o interna úti-
cas), que están mucho menos limitadas por la geografía que antes.
MJ PAREJA ES COMO YO
En los últimos años y siendo mucho me nor el número de parej as
que se conocen den tro de Jos limites d e su barrio, las personas ya no
buscan un espacio geográfico en el que encon trar pareja. No obstante,
co ntinúan buscando un espacio social. En lugar de ir de casa en casa o
d e ci udad e n ciudad, saltarnos d e persona e n persona en busca d e la
parej a perfecta. Examinamos nuestra red (de amigos, de compañeros
d e trabajo, etcéte ra) en busca de parej a y, si no encon trarnos a nadie,
buscamos más allá (por ej emplo, entre los amigos de nuestros ami gos,
o e n tre los hermanos d e nuestros compañeros de trabajo). También
buscamos circunstancias propicias, como una fiesta, para conocer a
ami gos de amigos y a personas que aún quedan lejos de nuestra red.
Mantenemos «víncul os d ébiles» con los amigos d e los amigos y
con otro tipo de personas a qui enes no conocemos demasiado bien.
AMA" TU t'ARf;JA
Pero, como veremos en el capítulo 5, es te tipo de vínculos pueder
ser Increíb le men te val iosos para conectarnos con personas a qui e
nes no conocemos, lo cual nos da acceso a mu chas más persona:
en tre qui enes poder e legir. De modo que la mej or forma d e in vesti
rrar en nu estra red es mi rar más allá d e nuestras conexio nes directas
e
aunque no tanto como para no tene r nada en común con las persa
nas con quienes contactamos. El amigo de un amigo o el ami go d e
un amigo de un amigo puede se r la persona que nos pres ente (
nu estro futuro marido o a nuestra futura es posa.
En al gunas socied ades, los p roce d imientos de b úsqueda d e pare
ja están sujetos a una r ígida normativa, y aunque limitan seve rarnen
te la e lecció n personal d e los inte resados, a provechan sin duda algu
na las conexiones de las redes sociales. En esas sociedades, lo:
matrimonios son concertados por motivos económicos o legales má
que por e l d ese o de encontrar la parej a adecuada (en e l sen tido oc
ciden ta l d e la expresión) y son lo normal en O ri ente Próximo y er
Asi a. En algunas cul tur as, la costu m bre prescribe que los novios tie
nen que conocerse y los padres d esempeñan un papel muy acti vo :
ti ene n la po sibil idad d e ve tar al posible cónyuge y a su familia. El
o tras , sin embargo, el matrimonio queda concertado desde un prin
cipio y no hay cortejo. Según las cul tu ras, además, l os prornotore.
d e l matrimonio varían (p ue den ser los padres, al gún re ligioso, al
gún profesional, los anci anos, e tcé te ra) y también varían las presio
nes que puede n ejercer, qué virtudes deben d e mostrar los cónyuge
(reputación, rique za, casta , religi ón, e tcé te ra) y qué sanciones Se
imponen si uno de los dos renuncia (perder la he renci a, pena de
muerte, etcétera) .
Pero es tas prácticas no son inmutables, ni siq uiera en las sa ci e da
des donde el matrim onio concertado siempre ha sido la norma, Po
ejemplo, el porcentaje de muj eres d e Chengd u, ci ud ad de la provin
cia ch ina d e Sechuán, cuyo mauimonio fu e concer tad o pasó del 61
por cien to e n tre 1933 y 1948 al 2 por ci ento e ntre 1977 y 198'1'. Sir
embargo, los vincul as de las redes sociales siguen siendo muy irn
portan tes y e l 74 po r cie nto d e las encuestadas d e Che ngd u afirmar
que las redes que conectan a los j ó venes con sus potenciales par eja
son, principa lmente, las d e los a migos y famil iares d el mismo grup<
d e ed ad.
A pes ar d el tipo d e r ed al que re curran las personas y tanto si es;
red es real como si es virtual, normalmente, el p roceso d e buscar pa
82
83
CoNECTADOS
rej a suele estar impulsado po r la homogamia, que es la te ndencia de
las personas a casarse con personas igual es °parecidas a ellas (igual
qu e la hemofilia es la tende ncia a trabar amistad con nu estros igua-
les? Las personas buscan -o, e n todo caso, e ncue ntran- parej as a
quien es se parecen (en atributos) yqu e so n «cual irativa menre, corn-
para bles. El Sondeo del Se xo en Ch icago, POl-ejemplo, muestra que
la gran mayoría de los matrimonios son homógamos en prácti camen-
te todos los ele mentos analizados, desde la edad has ta la educación
y la raza. Otros estudios añaden que los cónyuges suele n te ner los
mismos hábi tos de sal ud (en comida y tabaco, p o r ejemplo), e l mis-
mo ni vel de atractivo y la mi sma fili aci ón e ideol ogía pol íti ca (con
raras y notabl es excepciones, comoJames Carville, un asesor de BiJ1
Clinton que estaba casado con Mary Matali n, miembro destacado
del Pa rtido Republicano). Cabr ía esperar mayo r he mofi lia en las re -
laci ones a largo plazo y men or e n las más breves (se es menos escr u-
puloso con las parej as sexuales que con los potenciales cónyuges) y,
h.asta cierto punto, esto es precisam en te lo que sucede: en el 72 por
ciento de los rnatrimo nios hay hornofil ia (según cierta magnitud
preestableci da q ue incl uye varios rasgos), mientras q ue e n o tro tipo
de relaciones sexuales sólo hay e n tre un 53 y un 60 por cienro!".
A?emás y como más adelante veremos, con e l paso del tiempo los
conyuges cada vez se parecen más por la influen cia qu e ej erce n el
uno e n e l otro ( por ejemplo, e n las ideas políticas, la cond uc ta an te
e l tabaco o la fe licidad) .
Por un lado, desde un PW1tO d e vista intuitivo, la homogamia tiene
mucho sentido. A las p e rsonas les gusta rodearse de gente parecida a
ellas y a la mayo ría le gusta im aginar que las parej as se parecen, por-
q ue e llo les da esperanzas de q ue algún día también e llas serán fe lices
en el seno de una cál ida y amorosa relación con algún esp íritu afín.
Por otro lado, pensemos e n las probabilidades mínimas de encontrar
a alguien exactamente igual a nosotros. Los anuncios de las personas
que buscan pareja es tán llenos de requisitos que resul ta muy difíci l
cuando no imposible de sa tisfacer: Se busca a un demócrata de izquierdas
alegre, j7mgmático y nofumador que baile salsa, al que le gust en las mmas, las
películas tú Bollywood, las carreras NASCAR, la ouija, ÚJs atardeceres en la
playa y sea cosmopolita, le guste ir al campo y p racticar el triation.
En realidad, la si ngularidad de todo ser humano tiene sus conse-
cuencias, en el sentido de que sólo unas pocas personas en el mun-
do pueden satisfacer tantos requisitos. El eterno de ba te sobre si sólo
84
AJ.,,, "TU PAREJ"
tenemos una o un milló n de medias naranj as depende en parte de
lo quisquillosos que seamos. Pe ro a un q ue haya e n el mundo un mi-
llón de personas compatibles conmigo, no so n más qu e una de cada
seis mil de todas las que viven en la Ti erra. Si nos decantamos por
elegi r al azar, más nos val e sal ir con muchas parej as potenciales. Y lo
no rmal es llegar a la poco román ti ca y desal entado ra concl usión de
que nu nca encontraremos a nuestra medi a naranja. No, al menos,
sin un poco de ayuda.
El asombroso poder de las redes sociales es que congregan a per-
sonas semejantes y consiguen que dos al mas gemelas se reúnan en
una mi sma sala. Cuanlo más grande y más amplia es una red social,
mayores son las opciones para sus miembros, amén de que se facili ta
el fluir de la información de las parejas qu e más se convienen a tra-
vés de los a mi gos y de los a migos de los am igos y así la búsq ueda es
más fácil (más efic ie nte, más p recisa) . De ah í que al final las parej as
o los cónyuges sean «mej o res" . De este modo, las p robabi lidades de
encontrar a nu estra pareja ideal mej oran sustancialmente.
Dada la es tructura de las redes sociales, nuestra tendencia a que
nos presenten a nu estras parej as y la comodidad natural que se nti-
mos con personas a las que nos parecemos, no es de extrañar que
normal men te acabe mos por quedar, acostarnos y casarnos con pe r-
sonas parecidas a 0 0 50U·OS. La elección de pareja es tá limitada por
las mi smas fuerzas sociales que crean los vínc ulos de la red. De quién
nos hacemos a migos, a qué colegi o va mos, dónde trabajamos, todas
es tas elecciones dependen en gran medida de nuestra posición en
una red social determinada. Poco i mp o rta dónd e busquemos, lo
no rmal es qu e nuestra red social reúna a pe rsonas simi lares a noso-
tros. El hecho de que los cónyuges sean con frecuencia tan similares
desautoriza la idea de que conocemos y elegimos a nuestras parej as
por casualidad.
PEz GRAN DE EN ESTANQUE PEQUEÑO
H. L. Mericken, famoso prosista satí rico estadoun idense, dij o q ue
' la riqueza es «cualqui er ren ta anual al menos cien dól ares superior
a la renta del marido de la he rmana de mi es posa- oCon esta frase,
Me ncke n resumió una idea familiar pa ra la mayoría de las personas
pero curiosamente impopular en la economía formal, es decir, que
85
CoNECTADOS
a las personas les suele preocupar más su posición rel ativa que su.
posición absoluta en el mundo. Son envi diosas, quieren lo que otros
tie nen y lo q ue otros q ui eren. Como sos tuvo el economista J ohn
Ke nneth Galbraith e n 1958, muc has de las demandas del co naum j,
dor provienen no de nece sidades innaras, sino de la presión social!'.
Las personas valoran lo que hacen no tanto por el dinero que ganan
o por las cosas que consumen como por cuánto ganan y cons umen
en comparació n con las personas a qui enes conocen.
Hay una ve rdad esencial en la ocurrencia de H. L. Me ncken: los dos
hombres se comparan con quienes están a tres grados de se paraci ón,
No se comparan con desconocidos. En vez de ello, parecen obsesiona-
dos con impresionar a las personas a quie nes conocen. En un experi-
me nto clásico que estudió este fe nómeno, la mayoría de las personas
señalaron que preferían trabajar en una empresa en que ganase n
33,000 dólares y todos los demás e mpleados 30,000 a trabajar en otra
donde ganase n 35,000 pero los demás ganasen 38,000
12
. Aunque sus
ingresos abso lutos serían menores, los encuestados creían que serían
más feli ces en el pri me r empleo. Preferi mos ser un pez gran de en un
estanque pequeño que un pez más grande en un océano de ball enas.
Quizá no sea de extrañar que es to también sea ci erto de nu estro
de seo de resultar atractivos. En cierto experimento muy creativo, a
los encuestados se les preguntaba en cuál de las ci rcunstanci as si-
guie ntes les gustaría e ncontrarse:
A: Su a trac tivo fí sico es 6 y el d e los demás 4
B: Su atractivo físico es 8 y el de los demás 10
·EI 75 por ciento de las personas prefe rían la si tuación A a la si tua-
ción B. Para la mayoría de las personas, su atractivo rel ativo e ra más
importante que su atractivo a bso lu to". Los autores repetimos es te
experimento con estudiantes universi tarios de Harvard y las res-
puestas fue ron todavía más contundentes: el 93 por ciento prefería
la situación A y el 7 por ciento la situación B. Naturalmente, es to es
al go que compren de cualq uie r madrina de boda obligada a llevar
un vestido poco favorecedor.
Los resultados de es te es tudio demuestran que nuestra preferen-
cia por el atractivo relativo es lnayor que nuestra preferenci a por los
ingresos rel ativos. Las personas sabe n que el atractivo físico es crucial
cuando quieren mantener rel aci ones sexuale s yse dan cuenta de has-
86
AMA ... TU l"AREJ A
ra qué punto es importante ser más atractiva O atractivo que sus com-
petidoras o competidores. En otras pal abras, el estatus rel ativo es im-
portante si tiene lo que se llama premio instrumental: ser físicamente
más atractivo que los demás es un medio para lograr un fin .
La preferencia por el estatus relativo recu erda o tra anécdota cl á-
sica : dos a migos que caminan por un bosque lle gan a un río. Se qui-
tan la ropa y los za pa tos y se dan un c ha puzó n . Al sali r del agua, ven
a un oso hambriento que de inmediato echa a correr haci a ellos.
Uno de los hombres sale huyendo, pero el Otro se detiene a calzarse .
El primer hombre grita al segundo: «¿Por qué te pones los zapatos?
¡No vas a correr más que el oso !». A lo cual , el segundo h ombre res-
ponde, con much a calma: «No los necesito para correr más que el
oso, los necesito para correr más que tú...
Es el mismo razonamiento qu e lleva a un número cada vez mayor
de perso nas a hacerse varias o pe racio nes de cirugía estética y cada
vez con mayor fr ecuencia. Es posible que la 1iposu cci ón dé ve ntaj a
física a los pri meros que se la hacen, pero cuan do todo el mu ndo se
la ha hech o, esa ventaj a se esfuma. En consecuencia, las personas
piden otro tipo de cirugía plástica en una especie de carrera de la
sili con a. El n úmero de se rvi cios demandados se expande en parale-
lo al núme ro de los se rvicios de que dispone la red.
La competencia por co nsegui r parej a p uede e n reali dad resul tar
muy es tresante. Una investigación llevada a cabo por los autores su-
giere que cuanto mayor es la proporci ón varón-hembra cuando los
varones apenas han superado los veinte años, más corta es la vida de
éstos. Un h ombre rodeado de otros hombres tiene que esfo rzarse más
por encontrar parej a y en este entorno donde la compe tencia es tan-
ta, la sal ud termina por resentirs e. A es te respecto, el hombr e no es
muy distinto de otras especies. En un análisis, los autores examinamos
el efecto de la proporción de género a propósito de las cifras de alu m-
nos de Último curso de algunos institutos de Wi sconsin e n 1957 : 4,183
chicos y 5,063 chicas de un to tal de 411 instit utos. os percatamos de
que los varones que cursan el último año de instituto en una clase r
donde la proporci ón de varones es 111ayor tienen una es pe ranza de
vida menor (\ 0 cual se comp rueba alrededor de cincuen ta años des-
pués) . En otro es tudi o realizado a 7.6 mill ones de varones de todo
Estados Unidos, nos dimos cuenta de que la di sponibilidad de las mu-
j eres casaderas tenía un impacto perdurable en la sal ud de los hom-
bres, lo cual tambi én afec ta a su esperanza de vida" .
87
CoNECTADOS AMA ..... TU PAREJA
Estos resultados sugiere n que las personas que nos rodean no
sólo son un entorno donde encontrar pareja o una fuente de infor_
maci ón para consegu ir a nuestra parej a. 50n también nu estros co m-
petido res. En consecuencia. la red social e n la que nos encontramos
delimita nuestras posibil idad es y lo hace defini endo cómo tie ne que
ser la persona con quie n nos e ncontrarnos, influyendo e n nu estros
gustos , en qu é considerarnos deseable en una pareja, y, por último,
especifica ndo c ómo nos percib en los demás y con qué ven tajas y
desventajas contam os para competir. No es necesa.rio se r la persona
más bell a o la más rica par a consegu ir la parej a más deseable, lo úni-
co qu e hace falta es ser más atractiva o más atrac tivo que e l resto de
las muj eres o de los h ombres de nuestra red. En resumen, las re-
des a las que pe rtenecemos funcionan como grupos dereferencia, que
es corn o los cienúfi cos llaman a los «estanques».
En la década de 1950 , Robert K Merton, un influyente sociólo-
go, cod ific ó las formas bási cas en que los grupos de referencia nos
afecta n: pueden tener efectos comparativos (la manera en que n os va-
loramos a nosotros mi smos u otros nos valoran), efectos de influencia
(de qué forma o tros di ctan n uestras co nductas y actitudes) , o am-
bOS1
5
. Tener contactos sociales poco atrac tivos puede hacer que nos
si ntamos su periores (co mpa ració n), pe ro también p uede ll evar-
nos a d escuidar n ues tro as pecto (infl uenci a). Estos dos efe ctos pue-
den tener propósit os cruzados en nuestra búsqu eda de pareja.
Durante décadas, hem o visto a los grupos de referencia como
ca tegorí as abstractas: n ormalmente, las personas se compara n con
o tros «estadounidenses de clas e medi a» o con otros «alu m nos de su
cur so» O co n otros »j u ga d ores de fú tbol aficionados». Pero los emo-
cionantes avances experimentados por la ci enc ia de las redes nos
perrniteri trazar con exactitud qué personas cons tituye n un grupo
de refe rencia para o tra p ersona en particular. Puede haber muchas
personas más atractivas que nosotros , pero nuestros únicos competi-
dores reales son las personas de nuestra red social.
TODOS LOS DEMÁS LO HACEN
Las personas a quienes conocemos influyen en nues tra forma de
pensar y de actuar en lo tocante al sexo. Para ernpezar, tanto los ami-
gos corno los d esconocidos influyen conscien te e inconsci enternen-
88
le en nuestra percepción sobre cuán atractiva se r una posible
areja- Esta influencia va más allá de la terrden ci a de hombres y mu-
ieresa establecerjuicios sobre el as pecto; por ej emplo, s,: ha demos-
tr<ldo re petidamente que a los hombres les parecen mas atraeuvas
las mujeres de cintura es trecha y que las mujeres valoran enorme-
mente ciertos rasgos faciales d e los hombres. H asta hace poco, la
mayoría de las investi gaci ones so bre la elección de parej a y la valora-
ción del atractivo de hombres y mujeres se han centrado en las
fer encias ele los individuos, pero hay buenas razones para su po ner
que las percepciones sob re el atractivo de los d emás pueden conta-
giarse de persona a persona. . _ . .
Hay un experimento que sugiere como. En pnme r lugar los l.nve s-
tigadores hi ci eron algun as fo tografías a algunos hombres a qwe nes
un grupo de muj eres co nside raban igualmente atractivos ' ". A
nuación e nse ñaron varios pares de fotografías de dos hombres Igual -
mente atractivos a otro grupo de mujeres, pero en tre par y par de
fotografías. insertaban una de una muj er que «miraba» a uno de los
hombres . Esta muj er so nreía o tenía un a expresió n neutra. Las mu-
j eres qu e era n obj eto de la investigaci ón so lían decir.que un
era más atrac tivo que su competidor cuando la mUjer de la fo to in-
terpuesta le so nreía.
En otro es tudio, otro grupo de muj eres val oraba tambi én el atrac-
tivo de un os hombres que aparecían e n unas fotografías. Las fo tos
iban acompañadas de unas d escr-ipciones breves y cuando és tas de-
l
. - . b 17
cían que los hombres estaban «casados», su va oracio n mej ora a .
En otro estudio reali zado con muj e res, que e n la fotografía apare-
ciera acompañado de una «n ovi a- atrac tiva también realzaba el
atrac tivo del hombre. Tener una «novia» del montón, sin embargo,
no lo real zaba tanto!". Y, por asombroso que parezca , las preferen-
cias de una mujer por hombres que ya es tán compro metidos pue-
den variar según en qué filamento de su cicl o menstrual se
tr eoCuando es tán e n la fase fértil de l ciclo, tienen mayor preferenci a
po r hombres que ya están vincul ados a otras muj e res!". f
Existe, por tanto, un a es pecie de contagio social inconsci ente, y
que una muj er cons idere atractivo a un hombre hace a éste más
atrac tivo a oj os d e .otras muj eres. Lo cual tiene mucho se n tido desde
un .pun to de vista meramente evolutivo, porque copiar las es trate-
gias de otras muj eres puede ser una es trategia muy efi caz para de-
cid ir qué h ombres so n deseabl es cuando, en términos de tiempo
89

,
1
CONECT¡\OOS
y la valo ración tiene UD cos to o cuando decid irse resulta
difícil . 51con una sola mirada un a mujer puede valorar por sí mism
de un hombre que pueden estar asociados con
aptitud geneuca (asp ecto, al tura, tal ento par a bail ar), valo rar otros
re lacl on.ados con su aptitud como compañero de reprod u-;
cion (su capacIdad como padre, la probabilidad de que sea tierno
con sus hij os) p uede requerir más tiempo y esfuerzo. En estos cas os
la va!oración de otra mujer puede ser de gran ayuda. En efecto, eÍ
p sic ólogo Dan iel Gilbert ha d emos trado q ue cuando una mujer
qUIere sa ber lo bien q ue lo pued e pasar con un hombre con el qu
, e
es ta a punto de sa lir, la o pin.ión de alguna muj er con qui en ese hom-
bre ya haya sal ido es m uc ho más valiosa q ue conocerlo todo d e é12".
Un hecho qu e ha sido explotado con propósi tos comerciales: exis te
una página we b de contactos que só lo permite anunciarse a los hom-
bres «recomendados» por un a novi a anterio r.
En una elección de pareja directa, elegirnos a q ui en n os g us ta, pero
en una eleccion depareja indirecta, como la qu e ve nimos co me n tand o,'
elegirnos a una persona que gusta a los de más . La elecció n d e p areja
Indirecta pue de llevarnos incluso a elegir parej as con características
ni siquie ra habíamos considerado. Ante la ligera
inclinació n de algunas muj eres p or los hombres tatuados, por ejem-
pl o, enteras de hombres pueden ta tuarse y, a su vez , insp irar
en mas mujeres deseo por los hombres tatuados.
Los hombres, lo cual qui zá no resulte tan extraño, reaccionan de
otra a la informaci ón que reciben de su red social. Aunque
es eVIde nte. que com parten much as características so bre lo qu e re-
sulta en una muj er, las sugerencias contextuales pueden,
en reali dad, llevarles en un a dir ecci ón totalmente con traria'" Las
un ive rsi tarias encues tadas solían considerar más atractivo a un hom-
bre si e n la foto que se les mostraba a parecía rodeado de cuatro
muje res que si aparecía solo. Pero a los universi tarios, una muj er
de cuatro hombres les parecía menos atrac tiva que un a rnu-
Jer s.ola. Lo nuevamente, tiene mucha lógi ca desde un punto
de Vista evolutivo: a la ho ra de escoger pareja, los varo nes suele n se r
men,:>s quisquillosos q ue las m ujeres y, por tanto, la o pinión de los
demás les impo rta menos. Por otra parte, la p resencia de otros h om-
br es les sugiere otra cosa, a saber, que puede llevar mucho tiempo (y
resultar muy es tresante) competir por el interés de un a mujer tan
so lici tada.
90
t\MJ'. ¡\ TU P¡\ REJA
, De ahí que las redes sociales afecten a nu es tras relaciones en dos
aspectoS muy importantes. En primer lugar, los rasgos estructurales
de nuestra posici ón en la red SOCIal pueden en lo atractivos
que resul temos para los demás . ¿Ya reriernos pareja? ¿Estamos muy
conectados? ¿Te nemos mu chas o pocas parej as? ¿Tenemos muchos
o pocos amigos? Los demás se fijan en estos detalles porque es tos de-
talles habl an de nosotros. En segundo lugar, la red social puede .di-
fu
di r ideas V cambiar actitudes con respecto a qué resul ta atractivo
n I . .
yqué no. Las preferencias es pecíficas por el otro sexo se. contagi an
rto hombr es como muj eres acaban valorando a parejas de dete r-
: nado aspecto basándose e n lo q ue opinan los amigos. Natural men-
te, ade más, nu estros amigos y familiares también aportan
ríos explíc itos sobre nuestras parejas e infl uye n de forma consciente
en nues tras perce pciones y conductas. .
Por desgracia di sponemos de muy pocos datos sobre el conj unto
de una red social y la fo rma e n que las acti tudes y las cond uctas sexua-
les se difunden por ella, y la mayoría de las redes estudiadas e n el SIglo
pasado sólo estaban compuestas por entre y
aproximadamente. En 1994, y tras reconocer la unportano a de las Ie-
des sociales y la necesidad de contar con datos que nos es tu-
cliarlas y estudiar su papel en la cond ucta sexual y,otrOS fenomenos
(como la violenciaj uvenil, el éxi to oc upacional , e tc étera) , un os Inves-
tigadores de Carolina del Norte, e n tre quienes se e ncontraban los so-
ciólogos Peter Bearman, Richard Uclry, Barbara EMW1sle y
Harri s, elaboraron y pus ieron e n marcha un es tudio de la red saoal
consti tuida por el conj unto de la poblaci ón adolescente de Estados
Unidos (un es tudio que todavía no ha concl uido) .
Conocida como e l Add H eal th Study (Estudi o de la Salud de los
Adolescentes) , esta importan úsima investigación incl uye me-
nos que 90,118 alumnos de 145 institutos repartidos por el conj unto
de Estados Unidos. Unos 27,000 alumnos y sus padres fueron se lec-
cio nados para realizar un seguimiento en 1994,1995 y2001. El estud io
incluía cientos de preguntas y lo abordaba todo: desde los
tos haci a los amigos y la familia has ta la participaci ón en asOCIaCIO-
nes estudiantiles y religiosas o cond uc tas de r iesgo como el cons umo
de drogas o las rel aci ones sexuales sin prese rvativo . Se pi dió a todos
los a lum nos que nombraran a di e z amigos (cin co varones y Cinco
hembras) , la mayo ría de los cual es, y esto es crucial, formaban parte
de la mi sma muestra. El estudi o también reuni ó info rma ci ón sobre
91
CoNfCTAOOS
la pareja romántic a de los suj e tos de estudio. Todo e llo permi tió q
los especiali stas vié ramos por primera vez y de una forma
va, d e tallaria y masiva una red socia l y pudi éramos desentrañar I
es cruct ura precisa d I - uJ . a
. e os VInc os sociales de una pers ona y cóm
e l paso del tiempo. Estos datos nos pueden se rvi r
encuentra en e l ce ntro de la red y quié n en la
qui en f O.1 parte de una camari lla cerrada y quién prefiere aso-
ctarse Con d.l stlntos grupos.
_Los vínculos e n tre los padres y sus hij os adolescentes resultaro
cr ruco e n la. transmi sión de normas y en la o ri e ritaci ón de las co
due tas . Por ejemp lo, cie rta in vestigaci ón q ue se valía de los datos r:-
cogidos por e l Ad_d Heal th Srudy demostr ó que las chicas q ue rnan,
llenen una 1elaclo n es trecha con sus padr es so n en ge ne ral me
ti . I <)2 ' ' . nos
ac vas mente· . Sin embargo, en la red de los adolesce ntes
mucho mas trn p o rtan res que los padres son nuestros pares. El Add
Hea l th Study d emuestra que e l número d e amigos , la ed ad y el é-
d e a mIgos y sus r esultados académicos modifi can la
de Inl CJaCI on en la activi dad sexuaf
l 3
. La rel igi osid ad de los .
ta b¡ - infl o os amigos
m luye en que los adolescentes declaren si ya han tenido
se xuales °no, y la infl uen cia es todavía mayor en redes so-
densas, donde los ami gos de cada uno de los adolescentes tam-
bi én so n amIgos e ntre sj24.
Lo qu e est?s es tudios demue stran es qu e la cond ucta sexual se
puede con tagia r y que e l impacto e n la red d epende de l o es trechas
que sea n las coneXIones de las personas in te rconectadas . Pero ha
ve<:es en que la es más complicada. Pe ter Bearman y su cor:
panera Bnlckner investigaron las «promesas de virsrí ni -
fenomeno que fue creciendo a raíz de un movimiento
Impul sado po r la Igl esi a Baptista del Sur que defie nde que los ado-
lescentes debe rían a.bstenerse de practi car el sexo hasta det ermina-
do momento. es d e cir y preferi ble nl ente, hasta el matri monio25 Lo
inici ales demostraron que, con independencia de
influencias , esa promesa re d ucía de fo rma Sustancial la p robabili-
dad de tener la p.nm era rel aci ó n sexual en la adolescencia. Sin ern-
bargo,. tras examinar esta circunstancia más pOlmenorizadanl ente
es deci r, dente? del soci al de cada colegio, surgió una
gen mucho mas mati zada.
En un núme ro de colegi os «abie rtos», es decir, aquellos
e n que la mayona de las rel aci ones románti cas y de a mis tad se
.
92
AMA " TI..! lOA.REJA
ducen con personas de fue ra, la mayo ría de los adolescentes que
habían suscrito la pro mesa sí retrasaron su es treno se xual. Sorpren-
dentemente. sin embargo , en los colegios «cerrados», es decir, en
aquellos donde la mayoría de los víncu los están dentro de l cole gio,
el estren o e n la sexualidad se producía much o an tes aun a pesar de
la promesa. Estos datos sugiere n que el movi mi ento patrocinado
por la Igl esia Ba ptist a ti ene mucho q ue ve r con la identidad y no
sólo con a bs te nerse d e practi car sexo. En los colegios ce rrados, la
adhes ió n a este movimiento pue de se r be nefici osa (e n t érminos de
retraso en el inicio de la sexualidad) cuando uno está en minoría,
pero si mantener la promesa se convierte en norma, los benefici os
psicológi cos de una identidad singular di sminuyen y e l efecto se
pierde. No se trata únicamente de que la promesa limi te la conduc-
ta, sin o de q ue confie ra un estat us especial. Montar e n moto y llevar
una cazadora de cuero negra adornada con una calavera y unas ti-
bias cruzadas puede o to rgarte una id e ntidad es pecia l e n un lugar
donde so n pocas las pe rsonas con mo to, pe ro en un lugar donde
todo el mundo tiene una 010 to, puede indicar únicamente que te
gusta a ho rrar gasolina.
Naturalmente , las normas pa ri tarias también pueden lleva r a un
aumento de la ac tividad se xual. De hech o, entre iguales es más fácil
que se produzca el fomento de l se xo q ue lo con trario. Entre los ado-
lescentes qu e cree n que sus iguales mirarían con buenos ojos que
ellos fueran bastante activos sex ualmeri te es más probabl e qu e sur-
jan rel aci ones pu ramen te sexuale s'". En reali dad, practi car el sexo
oral con una parej a puede co nferi rte mayor popularidad'". Este ti po
de presio nes e n tre igual es es sin duda lo que su byace al cambio d e
las cos tu mbres con respecto al sexo oral entre los adolescentes es ta-
dounide nses que se produj o a fin al es de la década de I 990. O tros
es tud ios de la poblaci ón ad u lta han demostrado que las pe rso nas
que tienen más parej as también tien en una vida sexual más variada
y manti enen prácticas se xuales más «in n ovad o ras-J".
Prácticas sexual es y amorosas tan diversas como el uso de anticon- :
ce ptivos , el sexo anal, las decisiones so bre ferti lidad y e l di vo rci o se
ven fuerte mente influidas por la existencia o no de es tas conductas
dentro de la propi a red. Po r ejemplo, e n un a rtíc ulo titulado «¿Es
contagioso tener hij os?», la economista Ilyana Kuziemko estudió a
ocho mil famili as estadounidenses desde 1968 y descubrió que la pro-
babilidad de que una persona tenga un hij o aume nta sus tancial men-
93
1


te en el p lazo de dos a ños a partir del momento e n q ue uno de sus
hermanos tenga descen dencia. Y es to no sólo sucede con respecto a
la coinci dencia en el tiempo a la hora de tener un hijo. sino con el in-
cremento e.n el núme ro de hijos que una persona decide tener29. Se
han observado circunstancias similares en los países en vías de desa-
rrollo, donde las decisiones sobre el número d e hijos ysobre el uso de
métodos an ticoncep tivos se propagan a tr avés de las redes sociales"'.
Que la ho mosexu a lidad sea cada vez más ac e ptada también se
puede e ntender co mo un proceso propio de las redes sociales. Es
muy probable que en 1950 hubiera tantos cama ah o-
ra, pe ro la mayoría d e e llos no habían sali do del armari o. H arvey
Milk, concej al de San Franci sco y activi st a en pro de los derechos ci-
viles , presionó explí ci tamente a sus compañeros activi stas para que
hablaran con los miembros de su familia, sa bedor del efecto q ue esto
tendría e n la red. Como la acep tación de la homosexualidad fue
aume ntando paul atin amente. eran cada ve z más las personas que
iban sal ie ndo del armario y, por tanto, cada vez más las que eran
conscientes de que en su red social había gays, a uno O dos grados de
se parac ió n de e llas. El tí o Harry, el vecino, un co mpañero de trabajo,
e l amigo de un amigo , todos e llos e ran gays y bastante normales y tan
amables como cualqui er heterosexual . Esto. a su vez . conduj o a un
bude de retroalimentación positiva qu e aumentó la aceptación de
los gays y las probabilidades de que fu eran cada vez más las personas
que salían del armario .
Po r desgracia, el proceso tambié n puede funcionar a la inversa y la
es tigmatización y la dis criminaci ón tambi én se pueden propagar.
En este ejemplo y en o tros que más tarde daremos, el eq uili bri o suele
determinarlo un elemento externo a la red. De igual modo que para
que se desencadene una epidemia son necesarios un germen y un a
persona que lo co ntraiga (y si no, no hay epidemia ) , normalmen te
hace falta un elemento ajeno a la red para que un hábi to nuevo. como.
por ej e mplo, la to le rancia, se difunda, asunto f undamental del con ta-
gio social del que volveremos a ocuparnos en el capítulo 4.
¿ M ORI R DE PE NA ?
Sin tremendos esfuerzos como los que e l equ ipo del Add Healt h
Study llevó a cabo para re coger datos relativos a las rel aciones y al
94
AMA A TU PAREJA
sexo, sabríamos muy poco sobre el modo en que las prácticas sexua-
les se propagan a través de las redes sociales. En e l ca pítulo 8 es tu-
diarelTIOSde qué forma la revolución ac tual en la ciencia de las redes
sociales se ve impulsada en pa rte porque ahora, con Inte rne t, tene-
j1l 0 S a nuestra di sposici ón un a enorme can tidad de datos. No es de
extrañar. por tanto, qu e las primeras observaciones sobre cómo nos
.afectan las 'in terco nexio nes sociales coi ncidan tambi én con los pri-
meros esfue rzos por recopilar datos relativos al conj unto de la soci e-
dad, que se lle va ron a cabo en e l siglo X IX.
Cuando e l Parlamento británico creó la Oficina del Re gistro Ge-
neral e n 1836 para contabiliza r y a rchivar e l número de nacimientos
y de muertes que se producían en Inglaterra, bus caba garantizar
que los derech os de pro piedad de los te rra tenientes se preserva ran
co n e l paso de las generacio nes. Casi por casualidad, por tanto , aca-
bó por legar a la socie dad un te rreno a bonado para el es tudio d e las
co nexiones humanas. El hombre desi gnado como primer compila-
dor de la reci én creada ofici na no era ningún burócrata, sino Wil -
liam Farr, médi co de o rigen humilde y gra n crea tividad que aprove-
chó la oportun idad para establecer e l primer sis te ma nacional de
estadísticas vital es del mundo. En las cuatro décadas siguientes, ana-
lizarla esas estadísticas de formas que ni el Parl amento ni los ie rrate-
ni en tes habían previsto.
Las estad ísticas vital es fueron para Farr lo que los pinzones de las
Galápagos para Charles Darwin: urra inspiraci ó n para una nueva
ciencia y la cl ave de di ve rsas in tu icio nes IDUY impo rtantes acerca de
la condici ón h umana. Al p rin cip io, Wi lliam Farr in ves tigó las tasas
de mo rtalidad de distintos oficios y profesiones, e l modo óptimo d e
clasificar las e nfermedades (s u sis te ma se sigue e mple ando hoy en
día ) y los índices de mortalidad de los mani comios. Pero e n 1858 y
tras estud iar datos r ecopilados e n Francia, descubrió al go to davía
más im po rt ante y de mostró que las personas casadas vivían más
tiempo que las viudas y que las solteras.
Sin pretenderl o. F31T se había inmiscui do en un debate qu e en
1749 había ini ci ado el matemático &ancésAntoine Deparcieux, que !
había investigado la lo ngevidad de las monjas y de los monj es. De-
pa rci eux afi rmaba que las personas que disfrutaban de la «be ndi ta
soltería» vivían más que las qu e no vivían recl uidas y no eran cé libes.
Al co n trari o de lo que aflrma ba Deparcieux, o tros estudiosos de la
época aducían lo siguiente: «La supres ión de una funci ón fisiológi ca
95
CONECTADOS AMA A TU P1\R.(J"
[es d ecir, del sexo ] es perjudici al para la sal ud». Así pues, la cues tió n
era la siguie nt e : ¿es el ce libato bueno para la sal ud o no?
En su artículo de 185 8 «Infl uenci a del ma trimonio en la mortali-
dad d el pueblo fr ancé s», William Farr respondi ó de forma corivi n,
cen te a la cuestión (de h echo fu e el primero e n hacerlo ) . Farr d ocu-
mentó los benefi cios d el m a t rirnoriio para la sal ud y tambi én las
consecuencias adversas para la salud de no casarse o de e nviudar.
«Una serie muy notable de observaci ones - dijo- que atañe n al
conj unto de 'Francia, nos permite determinar por pri mera vez el
efecto d e las circu nstan cias co nyugales en la vida d e una gran pane
de la poblaci ón». Farr analizó los datos de veinticinco mill ones de
adu lt os franceses y llegó a la siguiente concl us ión: «El matrirnon io
es un estado sal udable . El individuo soltero ti ene más probabilida-
des de naufragar en es te viaje que los que se un en en ma trimonío vu .
Con ta blas muy detalladas, Fart-demostró que, por ejemp lo , e n 1853, .
entre los hombres de entre veinte y treinta años de edad, se produ-
cían 11 falleci mientos por cada 1,000 solte ros, 7 por cada 1,000 casa-
d os y 29 por cad a 1,000 viud os. Entre los hombres d e e n tre sese n ta y
se tenta años, las cifras , según los grupos correspondie ntes, eran 50
por cada 1,000, 35 p or cada 1,000 Y54 p or cad a 1,000.
Co n las muj eres ocu rría prácti camente lo mi smo , aunque Farr
señaló que, entre las j óvenes, ser soltera (y presumibl emente virgen)
prolo ngaba la vida. No obstante , d eduj o, es te d ato reflej aba la cifra
de muj e res casadas qu e morían al dar a luz - o , como Far r dijo, que
morían a consecue ncia de «las penalidades del partov-s-, que era
muy elevada e n ese sig lo.
No mu cho después de las observaciones de Farr, otros ci entífi cos
empezaron a es pecular ace rca de las razones de que, al parecer, el
matrimonio p rolongara la vida. Su explicación todavía tien e vigencia,
en realidad la comprendemos mucho mejo r ahora qu e hace cie nto
ci nc uenta años. Entender de qué forma una conexión entre dos
pe rsonas mejora la supe rvivencia ayudó a sentar las bases para en-
te nder cómo la conexión entre m uchas personas, la que se p roduce
en las redes sociales complej as. afecta a n ues tra salud, como vere-
mos en el próxi mo capítulo . Y tambié n se ntó las bases de la ciencia
de las redes sociales con respecto a un enorme abanico de fen óme-
nos. U na parej a es l a más sim p le de todas las redes so ciales p os ibles y
la salud de los cón yuges contri buye a ilustrar có mo actúan la sal ud y
e l contagio.
96
.w A finales d el siglo XIX, algunos o bservadores sostuvieron que e!
hecho de que el matrimonio supusiera una ventaj a para la salud era
.mera apariencia, que lo qu e en realidad ocurría era que las pe rso-
nas casadas par ecían más sanas a causa de la se lección natural . Las
personas men os'sanas tienen menos pr obabili dades de con traer ma-
trimoni o que las pe rsonas más sanas. En 1872, Douwe Lubach, un
médi co hol andés, sostuvo que las personas vícti mas de «incap acid ad
física, sufrimiento men tal o inf amia» no se casaban, por ello daba la
impresión de que las que sí se casaban estaban más sanas corno re-
"sultad o d el ma trlrnonioé", En 1898, el ma temáti co Barend Turksrna
seflaló : "Las personas que tienen menos vitalidad, las que apenas son
capaces de valerse por sí mismas. casi están obligadas apasar por la vida
solteras»33, Es decir, los mi smos factores que acortan la vida -la po-
breza, las enfermedades ment ales y otras limitaciones físi cas, men ta-
les ysociales- tambi én impiden el acceso al m atrimonio. Fin almen-
te y teniendo en cuenta todo lo men ci onado , a los inve stigadores se
les planteaba el siguie nte p roblema: ¿q ué fue primero, la salud o el
matrirnonio?
En e l siglo XIX ningún observador fue capaz d e e ncon trar l a res-
puesta y la confusión ci entífica persistió cie n años, hasta la década
de 1960, momen to en que apareció toda una avalancha d e articula s.
Uno de e llos fue muy impor tan te . Se publicó e n el Lancet, un bole-
tín médico británico, y se titulaba «La mortalidad de los viudos". De
nuevo , se apoyaba en los d a tos de la Oficin a d e! Re gi stro Gene ral " .
El artíc ulo anali zaba el índic e d e mortalidad d e 4,486 viud os a lo
largo de los cinco años transcurridos a partir del fallecimie nto de
sus esposas y re cogía los resul tados de una investi gaci ón que William
Farr no pudo llevar a cabo: hacer el seguimiento d e la trayecto ria vi-
tal d e los hombres tr as la muerte de sus espos as y d ocumentar aq ue-
llos momentos en que el riesgo de fallecimiento de esos hombres se
incrementaba. Los autores del artículo llegaron a la conclusión de
que el riesgo de fall eci mi ento e ra un cuarenta por ci ento mayo r
del que cabía esperar en los primeros se is meses post eriores a la muer-
te de la es posa y que, luego y poco a poco, el índice de mortalidad I
regre saba a los índices normales. Desde entonces varios es tudi os han
confirmado esta tendenci a. La ce rcanía en el tiempo del aument o
en el ri esgo d e f all e cimiento d el viudo y el d e ceso de su esposa e ra la
primera prueba que apoyaba una conexión causal e ntre la muerte
d e la muj er y la muerte del marido. La conexión de ambos en vida
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CoNECTADOS
mejoraba la salud; la pérdida de esa conexión la empeoraba, au n.
que sólo por un tiempo.
Dejando a un lado e l azar, este fe nó me no puede tener tres ex plí,
cacio nes. En prime r luga r, al igual que los cien úficos del sigl o XIX,
los autores del artículo publicado e n Lancet apuntaron la posibili-
dad de que hubi era h omogamia. Como es tos a uto res señ alaron, la
homogami a incluye «la tend encia del sa no a casarse con e l sano y
del enfermo a casarse con e l e nfer mo ». Si dos personas e nfermas se
casan, no debe rla sorprendemos que la mu erte prematura de una
de ellas se vea seguida de la enfermedad o de la muerte prematura de
la otra. Porqu e . desde un principio, a rri bas personas estaban en-
fe rmas.
Una segunda exp licación , que a lgu nos e mpezaron a co ns iderar
se riamente e n la década de 1960 , era la posibilidad de que existier a
un entorno común desfavo rable. Tal vez ambos cónyuges es tuvie ran
expuestos a factores q ue au men taban sus p robabilidades de morir,
como las toxinas del entorno o un autobús circulando a demasi ada
velocidad. Si el a utob ús los a tropellaba a ambos, pero el marido so-
brevivía algo más que la muj er, es evidente que no se podía a6rmar
que la muerte de la mujer precipi tó la del marido, por mucho que él
fal leciera poco después que ell a. A es te p robl ema se le llama un pro-
bl ema de confusión, p orque el tercer factor ajeno (las toxinas, el a uto.
bús) in terfiere e n la capacidad de los cienúficos para di scemi r lo
q ue realmente hay en juego.
y tercero y más impo rtante, como e l propio William Farr soste-
nía. puede existir un a verdadera rel aci ón causal entre matrimonio y
salud. Centrándose en la viudez y e n e l costo para la sal ud de pe rder
al có nyuge, los auto res del artícu lo de Lancet señalaron acertada-
mente que la muer te de su es posa podría causar la muerte de un
hombre e ilustraron esta posibrlidad con esta pintoresca sugere ncia:
«La alimentación de los viudos es susceptible de eIn peorar cuando
ya no tien en un a es posa que los cu ide».
Exi ste toda una se rie de mecanismos sociales, biológicos y psico-
lógicos para que la viudez provoque ciertos efec tos en las mujeres y
e n los ho mbres. Como advirtieron los au tores del ar tíc ulo de Lancet:
«Las lágrimas, la ral eri tizaci ón de los movimi entos yel es tre ñimien to
no pueden se r las únicas secuelas fisiol ógi cas [de e nvi udar], y sean
cuales sean los de más efectos, no pueden dej ar de tener consecuen-
cias secundarias en la resistencia a di versas enfe rmedades» . Hay más
98
AMA A TU PARJ!JA
cienóficos que empiezan a equiparar la viudez con «mo rir de pena-
hay p ersonas que buscan - y encuentran- pruebas de que, e n
tras la muerte del cónyuge a umenta e l riesgo de sufrir un
ataque a l corazón causado por e l dol o r". Al p arece r, estar conecta-
do a un cónyuge tiene consecuencias para nues tro cuerpo y para
nuestra mente.
Lo asombroso es que las tr es explicaciones -homogamia, confu-
sión y r elació n causal- no sólo so n rel e vantes para las parejas y Pa;"
la lucha por compre nder si el ma trimonio es sano o no, son tamb i én
rel evantes p ara o tros fenómenos que están más allá de la salud, e
incluso para el fu ncionamiento de las redes sociales desde un punto
de vista más general. Por ejemplo, cuando cons ideramos la propa-
gación de las e mocio nes dentro de una fam ilia, te nemos que d ecidi r
si es cier to que la feli cidad se propaga o SI resulta que la abuela traj o
un perro y; de p ron to , to dos los componentes de la. familia se
ron muy contentos. O. por poner un ejemplo del ám bi to econorm-
ca: ¿por qué podrían se r pob res dos ami gos ? ¿So n an;igos porq ue
son pobres? ¿Empre ndieron un ne gociojuntos y se a rr umaron
que el negocio fracasó? ¿O prime ro se arruinó uno y luego se arrui-
nó el otro por copiar los mal os hábitos de gasto del primero?
POR QUÉ LOS NOVIOS SALEN GANANDO
Las modernas investigaciones confirman que el- matrimonio es
bue no, pe ro q ue los hombres y las muj eres no o btienen los
benefici os de él. Los es tudios estadísticos nos sugieren que SI p udi é-
ramos se leccionar al azar a diez mil hombres para qu e se casaran
con di ez mil muj eres, y si luego pudiéramos real izar durante varios
años un seguimiento a estas parejas para ver quién moría y cuán.do.
nos daríamos cuenta de lo siguiente: estar casado prolo nga en siete
años la vida de un h ombre y en dos la vida de una muj er, lo cual, en
todo caso, significa qu e el matrimonio es más benefici oso .para la sa- .
lud que la mayoría de los tratamientos m éd icos'". '
La innovado ra y reciente obra del demógrafo Lee Lilla rd y sus
colaborad o res, Linda Waite y Co nstantij n Panis, se cen tra en desen-
trañar cómo y por qué ocurre esto. Esta investigaci ón
\0 q ue les ha ocurrido a más de o nce mil h ombres y mUjeres que iru-
ciaron y concl uye ron sus Inatrimonios en el periodo rranscur ri do
99
CONECTADOS
)
Tiempo
El riesgo de f allecimiento de los hombres y de las muj eres se modifica
ant es, durante y después del matrimonio.
o
-
c:
'" ·E r-,
'ü I ---
~ ~ - - - - - - - Hombres
:L'§
~ •• _ • • _ _ • - • - - - e - • • - Mujeres
~ • • _ u _ ... · _ .. u \.:.• • • • • _ . •.'
a:
Enviuda
Contrae
mat rimoni o
buye a que su vida se prolongue. Da la impresión de que este proce-
SO de con trol social por e l cual las muj eres modifican la cond ucta de
sUSmaridos es crucial pa ra que e l matrimonio mej ore la sal ud de los
homb res. En cambio , el matri mo n io mejora la sal ud y la longevidad
de las muj eres de una fo rma mu cho más simple: las muj er es casadas
tienen más dinero .
Este so mero esbozo de un gran corpus de investi gaci ón demográ-
fica puede parece r sexista y pasado de moda. En rea lidad, algunos
demógrafos h an co me n tado que tal vez se trate de la clásica histo ria
et seXo a cambio de dinero»: las mujeres aportan a los hombres inti-
midad y se n tido de pertenencia y los hombres a portan a las muj eres
una cuenta corrie nte más abultada. Es importante se ñalar que los
sujetos de estos estudios e ran pe rsonas que se casaro n e n una época
en que las mujeres ten ía n me nos poder adquisitivo que los hom-
br es . No obstante, los estudios indi ca n algo más profundo y menos
conflictivo, es to es, que Las parejas de individuos intercambian todo
tipo de cosas que afectan a su sal ud y que ---como cu al q uie r transac-
ción- estos intercambios no tienen po r qué ser sim étricos ni por el
tipo de cosas que se intercambia ni po r su cantidad .
e ntre 1968 Y1988' '. Estos investigadores realizaron un meti culoso
seguimiento del g rupo mencionado desde antes de q ue las personas
que lo componían estuviesen casadas y hasta después de que su ma-
uimonio co ncl uye ra (bie n por fal leci mien to o bi en por divo rci o ) , y
también tuvieron e n cuenta rnatrimori ios pos teriores . Además, exa-
minaron cuidadosamente de qué f orma e l matrimo nio puede tene r
efectos benefi ciosos para la supervive ncia y la salud y cómo es tos efec-
tos pueden se r disti ntos para los hombres y para las muj eres.
El ap oyo e mocio nal q ue los cónyuges propor cio nan tie ne nume-
rosos be neficios biológicos y psico lógi cos. Encontrarse cerca de una
pe rsona que nos es familiar - si nos ocurre co n un conocido, cómo
no va a ocurrir con nuestra pareja- puede tener efectos tan benefi-
ci osos como disminuir el pulso cardiaco, refo rzar el sistema inm une
y pr evenir la depresi ón' ". Los có nyuges se propo rci onan apoyo so-
cia l y se conectan e l uno al otro a una red soci al más amplia de ami-
gos, vecinos y parientes. En términos de respaldo prácti co , e l ejem-
pl o más evidente de que los maridos y las muj eres se ayu dan es la
econo mía domésti ca qu e pro picia el matrimoni o : es menos caro vi-
virjuntos que separados . Te ne r pa rej a es tamb i én tener un a pe rso na
que nos ayuda en todo y que ) al me nos e n teoría, puede satisfacer
to das nuestras necesidad es. Los cónyuges son depósitos de informa-
ción y fu entes de asesoramien to, de a h í que e l uno influya e n el
co mportamiento del otro . Ti enen opiniones sobre todo , desde si te-
nemos qu e ponernos vaqueros hasta si abrochar nos el cinturón de
seguridad, si comer fuera o encargar una pi zza, si hay que ahorrar o
gastarse todo el dine ro. En parte porque tienen un defe nsor devoto
de sus intereses, las personas casadas eligen hospi tales de mayor ca-
lidad y los tratamientos médicos les causan men os complicacio ne s
qu e a los viudos y a los solteros' ".
En cuaI)to a los pape les de género, LiJlard y Waite desc ubri eron
q ue el ma trimo n io es sobre todo benefi ci oso pa ra la sa lud de los
hombres porque , a través de sus esposas, les proporci ona apoyo so-
cial y co nexiones co n el mun do soci al . Igualmen te importante es
q ue los h o mbres cas ados dej e n lo que se ha dado e n llamar «los ri -
dículos hábitos del solrero-v". Cua ndo se cas an, los hombres asumen
su papel de adu lto: ve nden la moto que te nía n a parcada e n e l gara-
j e , dej an de co ns umi r d rogas ilega les, come n de forma ordenada,
consiguen trabajo, vuelven a cas a a una hora razo nable y empiezan a
asumir responsa bil idades con mayo r se r ie dad; todo lo cual co n tri-
100 101
CoNECTADOS
Que el matrimoni o tiene efectos di stintos según e l sexo y qu e los
elementos que se intercambian so n muy di versos también se ve re-
flej ado e n el ritmo con que los ben efici os para la salu d se van acu-
mulando pa ra los h ombres y las muj eres d esd e e l momen to en que
se casan . Cuando con traen matrimonio, l os hombres experi men ra-,
un sustancial y marcado d eclive en su riesgo d e fall e cimie nto (la sú-
bita e limi nación d e los estúpidos hábito s del soltero), mi entras que
las muj eres no o b tienen ningún beneficio inmediato. A e llas les lle-
va más tiempo, y su índice d e mortalidad (de las muj eres casadas)
d esciende más gradualmente y es men or. Es lo que ilustra el gráfico
que apa rece más arri ba.
Como ya hemos come ntado. algo similar ocurre co n la viudez'.
Cuando su esposa mue re, e l ri esgo de fallecim ie n to del mari do se
el eva bruscamente, has ta e l extremo de que los hombres que pier-
den a sus muj eres tie nen e ntre un 30 y un 100 por ciento más de,
probabilidades de fal lecer d u rante su primer año de viu dez. Éste es
un dato cl aro y persistente. Al cabo de pocos años. sin embargo. el
ri esgo de fallecimiento d e los hombres viudos d e cre ce.
Se ha d ebati do mucho la posibilidad de que la viudez no tenga
consecuenc ias en las muj eres. Tras la pi one ra investigación de Wi-
lIiam Farr y hasta la d écada d e 1970, muchos es tu d ios llegaron a la
conclusión de que las mujeres no se resentían de su viudez. Luego
al gunos investi gado res han p ublicado análisis mu y conocidos, pero
si a lgunos de ellos sugería n que las mujer es no sufría n los efecto s de
la viud ez. otros afirmaban que sí lo hacían , aunque en menor grado
que los hombres. Investigaci ones reci entes han ll egad o a la conclu-
sió n de que tanto los hombres como las muj eres sufre n los efectos
d e la viudez y d e que es posible que éstos sean comparab les e n am-
bos sexos"
I
.
Pero aún q uedan pregun tas sin responder sob re la incidencia d el
sexo e n la vida durante la viudez. Por ejem plo, es posible que las mu-
j er es se recupe ren antes qu e los hombres de la conmoción de la
m ue rte de su cónyuge. Ahora bien, ¿por qué podría existir una dife-
rencia e n la magnitud. la du raci ón o la forma del due lo? ¿Sufren los
hombres más las consecuenc ias de la muerte de sus es posas porque
los hombres quieren más a sus es posas que las mujeres a sus mari-
d os? No. Pe ro sí podría ocurrir que cuando los hombres mueren, lo
que más incide en la salud d e su espos a d e cuan to a po r tan al matri-
monio -es decir, e l d i nero-s- no des a pare ce (y está presente en fo r-
102
AMA A TU PAKt.J A
ma de acti vos como una casa y una pensión) . En cambio, cuando
una muj er fall ece, lo que más incide en la salud de su esposo de
cuantas cosas ella aporta al matrimonio. es decir. el apoyo emocio-
nal. la conexión con otras personas y un hogar bi en gestio nado. sí
desaparece. Con frecu enci a. los viudos se ven aislados de su univer-
so social y carecen d el respaldo soci al que ne cesitan. Puesto que e n
la mayoría d e las socie dades los hombres h an cedido la gestión del
ho gar a las mujeres, los viudos se ali me n ta n d e forma desordenada y
viven en casas en las que reina el caos (suponie ndo que éste no rei-
ne tam bién e n to d os los ámbitos de su vida).
Todavía no sabemos lo que ocurre con los matrimonios del mis-
)00 se xo. Podría suce der que la esperanza d e vida de los hombres ho-
mosexuales aumente siete años y la de las mujeres homosexuales só lo
aumente dos, como les sucede a los hombres y a las mujeres hetero-
sexu ales . Pero también es posible que los hombres homosexuales
casados ganen d os años de vida y las mujeres homosexuales sie te. Si
ocu rriera es to último , significaría que lo sal udable no es e l matrimo-
nio , sino el matrimonio con una mujer.
Es tas d iferencias e n tre hombres y m ujeres inciden e n e l hecho
de que puede se r tan importante con qui én es te mos co nectados -
como que estemos conectados o no. Dos personas pueden tener el
mismo o un número distinto de amigos . pero una podría tener ami-
gos cultos y la otra amigos incultos. De es te ejemp lo se d educe que,
con frecue ncia, la diferenci a en la naturaleza y no só lo en el número
de nuestros contactos sociales suele tener mucha importancia.
Por ejemplo, tanto la e dad como la raza d e nuestra es posa pue-
den tener consecuenc ias en nuestra sal ud. Casarse con una muj er
másj oven es benefi cioso para un hombre. mi entras que casarse con
un hombre más j oven no es be neficioso para una mujer. Di versas
investi gaciones han d emos trad o que (hasta cie rtos límites) cuanto
mayor es la diferencia d e edad entre un marido mayor y una muj er
rnásj oven, mayo res son los benefi ci os para la sal ud de ambos". Para
algunos esto es coherente con el hech o de que el ma trimonio pueda
ser un a transacció n del tipo «sexo a ca.mbio de dinero»: si es cierto
que la instituci ón del matrimonio funci ona porque proporciona sa-
lud al mej o rar el bienestar económico de la mujer y el bie nestar so-
cial d el hombre , es más p robabl e que ambas situaciones, y sus bene-
ficios correspondie ntes. se produzcan cuando el hombre tiene más
edad q ue la m ujer.
103
CoNI!CTAOOS
Por supues to, es tamos habland o de promedios y. por sup ues to, hay
muc has pe rsonas cuya experiencia nada tiene que ver co n lo que esta-
rnos d iciendo. Es probable que, e n las parej as e n las que la esposa es
quien mayor aportación económica realiza y a su !TI uen e deja unos
activos sustanciales , y en las que es el mari do qui en proporciona las
conexio nes social es , la muerte de la muj er no sea tan perjudi cial para
la salud del marido En realidad, e n sociedades más iguali tarias, las
consecuencias de la viudez pueden se r más pareci das en hombres y
mujeres'". Esto es Jo que cabría esperar si el papel de «el que gana el
pan ). y el de «co nector social», que ahora dependen tanto del género,
aportan las mi smas ventajas a los mari dos y a las muj eres.
Además, los hombres y las mujeres tambi én pueden diferir en su
ca pacidad para ofrecer y recibir los benefi ci os del matrimonio. lo
cual plantea una cuestió n interesan te: ¿se beneficia n los hombres
más que las mujeres del matrimonio porque aprovechan mejor la
conexión matri monial o porque las muj eres tienen más qu e ofre-
cer?¿O am bas cosas?Junto con el sociólogo Felix El wert, Jos autores
abordamos es tas preguntas estudi ando la variación racial en la viudez
y descubrimos q ue las parej as de raza bl anca sufren los efectos de la
viudez, pero las pa rej as de raza negra no . Esto p odr ía te ner varias
explicaciones. pe ro la más pl ausibl e parece se r qu e, tras la mue rte
de la esposa, los benefici os del rnatrirnonio sí duran e n las parejas de .
raza negra pero no en las parejas de raza blanca. Ahora bi en , ¿un
hombre bl anco lo pasa peor en el peri odo de duelo porque es blan-
co o porque estaba casado con una blanca?
As í que estudiamos una muestra numerosa de parej as in terracia-
les para resolver es tos int errogan tes y descubrirnos que los hombres
casados con una muj er negra no sufren el efecto de la viud e z, mi en-
tras qu e Jos h ombres casados con una muj er blanca sí, co n indepe n-
dencia e n ambos casos de la raza del hombre v'. Pero ¿cómo p uede
la raza de una muj er influir e n el riesgo de fa1Jecimiento de su mari-
do cuando se q ueda viudo? Evide ntemen te. los efectos que la viudez
tenga e n la sal ud del mari do no pueden estar rel aci onados con los
esfuerzos de la muj e r -que ya ha mueno-, si no bi en con aspec-
tos relacionados con CÓIUO se tornan Ja di soluci ón del matrimonio Jos
grupos raciales. bien con circunstancias propias de la viud ez. Por
ejemp lo, es p osible que, de medi a, las familias de las es posas negras
ofrezcan más apoyo a l marido e n e l peri odo de duel o q ue las fami-
lias de las es posas blancas.
104
AMA A TU PAIlI!JA
A su vez, esto puede es tar relaci onado con el hecho d e que las fa-
milias blancas sienten mayor rechazo por los matrimonios in te rra-
ciales que las familias negras. Puesto q ue lo ha bi tual es que sean las
esposas las q ue mantengan la cohesió n de las redes de parentesco,
es más probable que los hombres negros casados con un a m ujer
blanca sufran más aislamie n to, desconexión de la red soci al del ma-
trimonio y falta de apoyo de su familia política cuan do muere su es-
posa que los hombres blancos casados con una mujer negra. De all í
que sea muy p ro bable q ue el hecho de que los hombres y las muj e-
res obtengan di stintos beneficios del matrimonio se deba a que las
mujeres tienen más habil idad para mantener a sus esposos conecta-
dos a su red so ci al.
~ ' 1 0 R , SEXO y MULTIPLEXIDAD
Las redes sociales funcionan e n gran parte proporcionándonos ac-
ceso a lo que fluye por ellas. Por ejemplo, sabemos que casarse con
una muj er ed ucada, ri ca y sana es más beneficioso para nuestra sal ud
que casarse con una persona que carece de esas cuali dades. Pero es to
no se debe exclusi vamente a quién sea nu estra es posa, sino a lo que
esos fac to res nos a portan. Las parejas sa nas, cultas o acaudaladas son
más ca paces de a portar informaci ón útil, re sp aldo social y bi enes ma-
teriales. Yel fluj o de an10r y afecto entre los cónyuges también resul ta
de crucial importancia. Un estudio re ali zado a 1,049 parej as de las que
se lle vó a cabo un segui miento a lo lar go d e ocho años descubri ó
que un mal matrimonio acelera el declive normal de la sal ud q ue se
produce a medida que e nvejecemos. Esto se debe en parte a que las
interacciones negativas con el cónyuge acen túan el estrés de los siste-
mas cardi ovascul ar e inmune, una especie de de sgaste natural que se
acumu la co n el tiempo. Corno resu ltado de ello, el fallecimie nto del
có nyuge que n o te q uiere ni se ocupa de ti o a qui en no qui er es y de
qui en no te ocupas no petj udi ca tanto la salud corno la mue rte de U ~ l
có nyuge co n e l que se manti en e una relación es trec ha y amorosa'".
Así pues, no es de extrañar que pasemos tanto tiempo buscando pare-
j a. Las cualidades de las personas co n quienes es tarnos conectados
tienen un efecto grande e n todos los aspectos de nuestras vidas.
Se puede recurrir a muchos ti pos dis tintos de redes sociales que
nos ayuden en nuestra b úsq ueda, sean redes de compañeros de tra-
105
CoNE:CTA.DOS
bajo, d e amigos d e l Face book, d e fami liares o d e veci nos. A la ten-
dencia a tener relacio nes de varios tipos (y a veces, varios tipos de
relación con la misma persona ) se le llama multiplexidad. En reali-
dad, n uestra red sex ual es un subconj unto de la red social mayor
dentro de la cual buscarn os parej a. En cierto se ntido, es ta última es
una red potencial y la a nterio r es una red real (al ig ual que la red de
contac tos de un fich ero profesi onal de direcci ones: con algunos
d e esos Con tactos llegamos a hacer negocios y con otros no ) .
Si vivimos e n redes multiplex, la forma d e percib irlas y la manera'
e n que los cien tífic os las d escriben d ependen d e e n qué tipo de relaci o-
nes D OS ce ntremos, como hemos visto en la ilustraci ón 2 (ver pliego,
central). Hay muchas capas y nuestra posici ón en cada una de ellas de-
terminará lo conectad os que estemos. Por ejem plo, podriamos tener
much os amigos y pocas parejas sexuales. Es to significarla que estaría,
ma s más centrados en la red de la amistad que en la re d sexual, aunque
las dos formarian parte d el co njunto de n uestra red social. En conse-
cue nc ia. es más probabl e que recibamos elementos que circulan por la
vía de la amistad (corno un chi sme) q ue cosas q ue circulan pa rla vía de
las relaciones sexuales (co mo una enfermedad de transmisi ón sexual).
Yalgunas personas mantendrán rel aciones m últiples con la mis ma per-
sona, como la pareja rodeada por un cí rculo de la ilustración 2.
Podríamos recurrir a las interacci ones sexuales para trazar a través '
de la red rutas que de otra fo rma parecerían absurdas o que no se rían
las más p robables si, por ejemplo, es tu viéramos hablando d e relaciones
de trabaj o. Tru rnan Capote se inspir ó en esta observación para inven-
tarse un j uego d e sa ló n que describió d el siguie nte modo: «Se llama
IDC, por lnternationa l Dai sy Chai n [Cadena In ternaci ona l Dai sy] ,
y consiste en inventarse una cadena de personas. cada una de las cua-
les está conectada con la siguiente porque ha mante nido rel aci ones
sexuales co n e lla. El o bjetivo es llegar lo más lej os posible y has ta el
l ugar menos pe nsado. Por. ejemplo, esta cadena va d esde Peggy Gug-
genheirn has ta e l rey Faruk: de Peggy Guggenhe im a Lawrence Vail a
Jeanne Connolly a Cyri l Connolly a Do rothy Walworth y al rey Faruk.
¿Comprendéis cómo funciona?..46.
Una p ropi edad importante d e las redes multiplex es que se so-
lapan. Podríamos ser amigos d e n uestro cónyuge, amantes de un com-
pañero d e t rabaj o y arnigos de un ve cino. Ycuan do buscamos parej as
sexuales , lo normal es que recurramos a o tro tipo de redes. No es ta-
blecemos vínculos al azar.co n cual qu ier ser humano. No escogemos
106
AMA A T U PARf.JA
pareja tirando dardos a la guía de teléfonos. Llegamos a conoce r a
nuestros veci nos, compañeros de trabajo, compañeros de colegio y
a otras personas a quienes nos presentan O, con me n o r frec ue nc ia, a
quienes conocemos por casualidad de una forma que normalmente
está regida por otras limitaci ones sociales.
Por tanto, podríamos aprender mu cho de las redes sociales e n
ge neral observando las re d es socia les en parti cular. Y estas redes son
especialmente importantes porqu e mantener relaciones sexuales
co n a lgu ie n es, claramente, una forma d e liberada y placentera d e
vínculo social. Es a los es t udios de las redes sociales lo que la muerte
a la medici n a: un punto de llegada e n e l que acaban las ambig úeda-
des. Si qu eremos saber con qui én está conectada una persona den-
tro d e determinada red, podemos p reguntarl e qui énes so n sus ami-
gos o en qui én confía. pe ro estas preguntas están m ás abiertas a
interpretaci ón y se pueden responder con vaguedades. mi entras
que si le preguntamos co n quién se ha acostado, no hay du das. Ha-
ciendo esta pregunta se puede trazar u n mapa de las redes sociales
bien definido. Yso nd e ando de qué manera e ncuentran las p e rsonas
a sus parejas sexuales y o tra infinidad de fo rmas en q ue las redes so-
cial es afectan a nuestra vida sexual podemos com p re nder mu ch as
cosas no só lo del sexo, sino de la experiencia hu mana y de la int e-
racción social. En el próxi mo capítulo abordare mos cómo han apro-
ve chado las redes sexuales los in vestigador es para es t ud iar la difu -
sión de las enfermedades y h asta qué punto a lgunos trabajos muy
importantes han modificado por comple to n uestra forma d e pensar
en nu estra salud .
107
CAPÍTULO 4
A M Í ME DUELE TANTO COMO A TI
Enel condado d e Rockdale, es tado de Ge orgia, a unos treinta kiló-
metros de Atlanta, hay una tranquila zona residencial de clase medi a
alta. Sus colegi os se cuentan e ntre los mejores del estado y celebra
una feria anual que congrega a un gran n úmero de visitantes atraídos
por los concurs os de belleza y por los conciert os nocturnos del coro
de la iglesia. Entre las personas nacidas e n Rockdale hay algunas fa-
mosas, como las ac trices Dak ota Fanning y Holl y Hunter, Según la
página web del condado, esta comunidad «acoge con cord ial idad a
las famili as y resulta idónea para todos esos padres que buscan un en-
torno sano, seguro y progresi sta en el que criar a sus hijos»l. En pocas
palabras, no es el lugar en el que urro imaginad a que puede llegar a
producirse una epidemia de sífilis entre adolescentes.
y sin embargo, e n 1996 unos adolescen tes de cor ta edad acudie-
ron al centro de salud del condado contagiados de sífilis y otras ETS
(e nfermedades d e transmisió n sexual). Cuando los funci onarios del
centro empezaron a o ír los só rdi dos relatos que contaban los ado-
les centes de los institutos, que afirmaban habe r participado en nu-
. merosas orgías) resu ltó evidente que algo extraño estaba ocurrien- j 1
do. Kathleen Toomey, directora de Salud Pública del estado de
Georgia, afLITIlÓ en el Atlatua fournai-Constuution: «Lo que nos sor-
I
prende es que todo se baya producido en una comunidad en la que
nunca hay cas os de sífilis. [... ] Ell o, sin embargo, nos permite cono-
ce r las conductas d e alto riesgo de los adolescentes de Rockdale- ",
La sífi lis es una enfermedad extraordinariamen te rara en los adoles-
centes de cl ase media alta, p ero e n Rockdal e h ubo d iecisiete casos
y muchos más de o tras ETS.
109
CoNECTADOS
Algunos estudian tes del con dado habían tenido docenas de pa-
rejas sexuales . El descubrimiento de la ep idemia chocó enorme-
mente a los adultos: «Cuando la in vestigaci ón concl uyó, curtidos in-
ves tigadores de los se rvic ios sanitar ios formados para no emitir
juicios se quedaron ató nitos. Muchach os de catorce años habían
nido hasta cincuenta parejas, niñas de doce años se habían di sputa-
do las atenciones sexuales de alumnos de instituto, algunas niñas
habían mantenido rel aciones con tres chicos a la ve z. [ ...] En una
fiesta con treinta o cuare nta chicos, una chica se ofreci ó voluntaria
para practi car sexo con todos ellos.. . y lo hi zo. "Se me hundi ó el
mundo - afirmó [Peggy] Cooper [ps icóloga de uno d e los institu-
tos]-, me di eron náuseas, tenía ga nas de llo rar't - ".
Cuando la situac ió n salió a la lu z, todo el mundo empezó a pre-
guntarse por qué los adoles centes de esta comu nidad ri ca se habían
comportado así. Al parecer, muchos de los chicos vivían en familias
desestructuradas, suman de falta de supe rvisió n o no tenían otra
cosa que h ac er. Pero, e n realidad, las ETS no eran más que un refle-
jo de un proceso de red distinto: la difusión e n tre los adolescentes
de una norma qu e decía que e l se xo - y no sólo e l sexo, sino un
ti po de sexo muy parti cular, el que se practica con múltiples pare-
jas- era ac eptable . La verdade ra e pidemia, la que desencadenó la
epidemia de ETS, era de ac ti tudes. La sífi lis no era el problema, sólo
un sín toma.
El cisma e n tre los padres y la ac tividad sexual de sus hij os r esultó
evidente al ver la reacci ón de los progenitores y de otros adultos
cuando co nocie ron lo sucedido. Como Kathl een Toomey declaró al
Washington Post, los padres «se negaban rotundamente » a creer que
lajuventud de la zona se hubiera iniciado ya en la práctica de l sexo,
del tipo que és ta fu ese' . Una e nfer mera come n tó al Atlanta joumal-
Constitution que había «encon trado una gran falta de comunicación
en tr e los hijos y sus padres. [...] Algunos n o sabían que sus hijos ya
mantenían relaci ones sexuales , o tros se negaban a cree rlo incluso
cuan do les e ns eñáb amos las pruebas . Una mujer me insultó y me
dijo que es taba segura de que su hij a e ra virgen, hasta que le contes-
té que no, que su hij a es taba embarazada- P.
En el marco de una investiga ción oficial se realizaron entrevistas
a noventa y nueve ado lescentes, entre los que había di ez contagia-
d os de sífilis, y se pudo reconstruir la red de personas co nectadas
sexualmen te" . Resultó qu.c los que tenían sífilis se encontraban en e l
no
A Mí MI!.: DUELE. TA ."ITO CO MO A TI
centro de la red y tenían muchas co ne xiones. Con el paso del tiem-
po, la red se amplió para in cl uir a más perso,nas recl utadas para las
prácti cas sexuales de grupo, lo cual aumento probabilidades de
contagio de la sífi lis a más adol escentes. En el nucleo de la red se xual
había un grupo de muchachas de raza blanca, la mayoría de ellas me-
nores de di eciséi s años. Estas chicas partici paron en varias orgías con
di versos grupos de chicos , lo que hi zo que se conectaran grupos se-
parados que, de otra forma, no entrado e n contacto. Un añ,o
más tarde, sin embargo , la red se habla escindido e n muchas redes mas
peq ueñas debido e n parte a los esfuerzos de la por ata-
jar el problema. Finalmente, si bien la mayoría de los Jovenes co nu-
nuaron manteniendo rel aci ones sexuales, disminuyó la probabilidad
de propagación de ETS porque la población ya no estaba interco-
nectada. La e pidemia se detuvo porque cambió la co nfiguración de
la red.
EL EX AMANTE DEL AMANTE D E T U EX AMANTE
En la Última década, buen n úmero de investigaciones se han cen-
trado e n la es tructu ra de las redes soci ales y e n su papel e n la di fu-
sió n de las ETS. Estos estu d ios suponen analizar gé rmenes que se
detectan con facilidad y de los que , además, es fác il seguir e l rastro.
y puesto que el sexo es una prueba irrefutable de que existe co-
nexión e ntre dos personas, estos estudios resultan una herramienta
muy útil para examin ar de qué forma dos personas se pueden u nir
para formar estructuras de red más complejas y có mo, a su vez, e l
proceso afecta.a la experie ncia social de los individuos y a la propa-
gación no sólo de gérmenes , sino también de otras cosas . Los estu-
di os de las ETS demuestran la e mergente propiedad de las redes,
esto es , de qué forma los fenómenos que más nos interesan han de
co mprenderse es tudia ndo el grupo e n su conj unto y no los indivi-
duos, ni siq uiera a los pares de individuos. El ri es go de que una per-,
so na contraiga una e nfe rmedad no depende Únicamente de su pr o--
pi a cond ucta si no de la conducta de los demás , algunos de los cuales
pueden estar den tro de su mi sma red pero muy alej ados de la perso-
na en cuestión.
Basándose e n los datos del Add Health Study (Estudio de la Salud
de los Adolescentes), los soci ól ogos J ames Moody y Katherine Stovel
111
CoNl:CTAOOS A Ml ME DUELE TA NTO COMO A T I
formaron un e quipo con Peter Bearman y tr azaron un m apa co rnpl- ,
to d e la r ed sexual d e un i nstituto del Medio Oeste de tamaño medio
y al umnado p re do minantemente blanco. Pa ra e Uo se valieron d e toda
la información relativa a las relaciones amorosas entre alumnos, in-
fo rmación que recopilaron a lo largo d e u n periodo d e d ieci ocho me-
ses. Este instituto, al que de nominaron ~ e l f e r s o n Hi gh», un nombre
fi ctici o, se enc ontraba e n una comunidad sim ilar, al menos en apa-
ri e ncia, a la del cond ad o d e Roc kdal e. Moody y sus colegas d e invesn,
gación descubrieron que un sorprendente 52 por ciento -sorpren-
dente po r la dimensión- de todos los alumnos que mantenían o
habían mantenido alguna relación amorosa pertenecían a una gran
es tructura de la red q ue se asemejaba a «u na larga cadena de interco-
nexi ones q ue a traviesa una población, como e l tendido te le fó nico de
los puebl os, que se d esvia hacia los hoga res desde la hil e ra de postes
que llevan la linea»7. Lo más llamativo de esa red en forma de rueda
con radi os compuesta por 288 alumnos e ra su fal ta d e vincu las redun-
d antes, lo cual significa que, como mues tra la ilustraci ón , la mayoría
de los alumnos estaban conectados a la superestructura só lo por una
ruta. Es d eci r, que se trataba de una red con poca transitividad.
Red de 288 alumnos que mantenían o habían mantenido relaciones
de pareja en el ins tituto -f efferson High» según el Estudio L ongi tudi-
nal Nacional de Salud en la Adolescencia. L os nodos claros represen-
tan a las chicas y los OSCU'TOS a los chicos. La situación de los nodos A,
BY X se comenta en el texto.
112
I J ames Moody y su e q uipo d escubri eron d os normas relativas a la
f.ntera<;ción soci al -o, eneste cas o, es pecíficamente se xual- que se
produce en los institutos y que tuvie ron grandes consecuenc ias en
laestructura de la red que nos ocupa. En primer lugar, exi ste la con-
venci ón de qu e las personas nos emparej amos con perso nas pareci-
das a nosotros (e l socorrido principio de la horno fili a, aquí con r ela-
ción al curso, la raza, e tcétera) . En segundo lugar, parece haber un a
,regla referida al sexo en los institutos que dice: no salgas con la ex
parej a de la parej a d e tu ex parej a.
Seguro q ue el le ctor ha tenido que le e r por lo menos dos veces
esta norma para entenderla. Yseguro que no la tenía escrita en le-
tras mayúsculas e n la p rimera página d e su cuaderno cuando iba al
. [nstirur.o. Pero si recuerda por un momento todas las chicas o chicos
con quienes ha salido seguro que tiene que estrujarse e l cerebro
para d escubrir un solo ejem plo que transgreda esta norma. Una for-
ma muy sencilla d e comprobar si lo ha h echo, si ha trasgre dido la
norma, es preguntarse : «¿rIe int ercambi ado alguna vez parej a con
mi mejor arn ígo>». Lo más probabl e es qu e su respues ta sea «no» .
Esta norma, la de no inte rcambiar parej a con nu estros ami gos , es
un ej e m plo d e cómo los procesos sociales pueden determinar toda
la es tructura de la red sin que los individuos lo puedan apreci ar ni
modificar. Es decir, los individ uos sigue n (conscie n te men te o no )
una norma nluyse nci lla yacaban por formar parte de una red con una
estructu ra parti cul ar. No pue den cam biar d e forma significativa la es-
tructura de la red por mucho que ésta infl uya en e llos hasta el extre-
mo de orientar con quién mantienen relaciones sexuales y si corren
el ri esgo de co n traer una ETS.
Una consecuencia muy interesante de es ta norma es que parece
contradecir las co nductas a las que nos hemos referido en el capítu-
lo anterior. Muchas personas salen co n otra que está, li teral men te, a
tres g ra d os d e separación d e e llas, pero aq uí nos to pamos con una
norma según la cual no podemos salir con el amigo de un ami go de
un amigo. ¿Cuál es la diferenci a? Pues, según parece, el gé nero y la
sec uenci a concreta de las relaci ones sexuales e ntre los contactos so-
cial es impor ta mucho. La mayoría d e las amistades más es trechas se
forjan e n tre personas d el mismo sexo, así que el cu rso normal de los
hechos consiste en que dos amigos se conozcan a través de una pare-
ja he te rosexual ( un a migo d el novio conoce a un amiga d e la novia )
ya continuación. si así lo qui eren, inicien una r elaci ón. Sin ernbar-
113
PROPAGAR LOS GÉR.. l\1ENES
A ~ t í ME DueLe T ANTO COMO A T I
115
de vista de páj aro como la nuestra) es de tales caracte rísticas q ue la
ETS puede rodear el anillo por el otro lado y al canzarlo. Es cierto
que el germen tendría que trans itar por muc hos vínculos. Pero us-
ted no es inmune a lo que les ocurre a otras personas que tambié n
forman parte de la red, e n algun os casos ni siquiera aunque dej en
de mantener rel aci ones sexuales o usen protección.
Ahora imagine que usted es la persona B. Al igual que la persona
A, está ust ed conectado a tres parejas sexuales. Y tambi é n está a ci n-
co par ejas de la persona X, pero, si un vínculo que se encuentra a dos
personas de usted desaparece o se inte rrumpe , usted estará a salvo
de la epide mia. Su posición en la red es muy d istinta a la de la per-
sona A, pero no tiene usted perspectiva sufi ciente para darse cuen-
ta . Por lo qu e a usted respect a, só lo ha mantenido relaciones sexua-
les con tres parej as, igual que la persona A. Sin un punto d e vista
comp leto de la red , no hay forma de que usted ten ga tal perspecti -
va, se encuen tra a mer ced de la red de la que forma parte y só lo
co ntrola en cierta medida con qué personas se rel aciona directa-
mente y e n ninguna medida con qué personas se rel aci ona indirec-
ltarnente.
Para darn os cue nta de por qué importa tanto qué es tructura tie-
nen las redes, vamos a comparar la red de J efferson High con otra
que incluye a un número simi lar de personas. La siguiente ilus tra-
ción representa una red d e 410 mujeres y hombres, adolescentes
en su mayoría, que fue ron víctimas de una epidemia de ETS qu e se
produj o a lo largo de un periodo de dos años en Co lorado Spri ngs''.
Al igual que la red de Jefferson High, la de Colorado Sp ri ngs de-
muestra que las personas por lo gene ral respet an la norma de «no
salgas con la ex pareja de la parej a de tu ex parej a». Sin embargo,
aquí los grandes entramados de contactos son mucho más comple-
jos, de modo qu e, cuando uno de sus vín cul os se interr-umpe, es
menos probable que una persona pierda contacto con el res to de la
red. Por ejemplo, advirtamos que en ambas r ed es la persona A ha
tenido tres parej as sexual es, pero en la red de Colorado Springs
cada una de esas tres parej as tuvo muchas más parej as. Esto incre-
menta la probabilidad de que al guna parej a de A contraíga la en-
fermedad y, por tanto , de que A la con trai ga tambi én. Así que ll ega-
mos a una regl a bien sencilla: cuantas más rutas le conecten a otra
persona de la r ed, más exp ues to estará usted a lo que fluye por el
interior de esa red.
114
CoNECTAD OS
go, si una mujer deja a su novio para salir con el novio de su mejor
amiga, es poco probable que el novio despechado y la mejor amiga
de la ch ica (ahora muy probabl emente, la ex mej or amiga de la chi-
ca) formen una nueva parej a.
Dej ando aparte la liberal cultu ra de la década de 1970, en la que
mucha gente practi có el intercambio de parej as, en Estados Uni dos,
estas rel aci ones a cuatro bandas siempre han sido una excepción.
Esto puede deberse a lo que J ames Moody y sus colegas llaman el
problema de los «segundos». Los dos amantes despec hados han que-
dado en segundo luga r e n una competición co n algún mi embro de la
otra pareja. Nad ie tien e in terés en la batalla por la medalla de bron-
ce en las Olimpiadas y nadi e quie re salir con la ex amante del amante
de la ex a man te.
Ah ora que hemos refl exi onado un poco acerca de la estrUctura
de la red, pensemos e n el modo en que di cha es tructura afecta a los
mecanism os de transmisión. Imaginemos que la persona X de la red
de par ejas que aparece en la ilustración de la página 112 con trae u na
ETS. Imaginemos ahora que usted es la persona A. Está usted a cinco
personas de la persona X y no hay forma de aver iguar lo qu e le está'
ocurri endo a esa mujer (supongamos que es una mujer): con quién'
Se acuesta, qu é está pensando, si insiste en que su pareja use preser-
vativo O qué tipo de prácticas sexuales le gustan. No obstante, usted
es tá conectado de forma indirecta con esa persona y el hecho de que
ella haya con traído una ETS tiene para su propia vida unas conse-
cuenc ias que no tardará en descubrir. El germen se puede contagiar
de persona a pe rsona y, en cinco sal tos, alcanzarlo a usted.
Imagin emos ahora que un víncul o qu e se encuentra a cinco gra-
dos d e se paración de usted se interrumpe, bien por que la conexión
en tre las dos personas que lo mantenían termina (es decir, dej an de
tener rel aci ones sexuales) bien porque esas personas empiezan a
~ s a r preservativo (de modo qu e, aunque las relaci ones sexuales pro-
SIguen, la cadena del contagio cesa) . ¿Puede usted es tar seguro de
que no contraerá una ETS? En realidad no, porque la red que n os
ocupa tiene forma de ani llo y usted es parte del anillo. La es tructura
de este tipo d e r ed (q ue usted n o podrá apreciar sin una perspectiva
CoN"I!CTADOS
,1
Red de 41 0 mujeres y hombres adolescentes que se uieron afectados por
u ne¡ epidemia de enfermedades de transmisión sexual que se produj o e¡
lo largo de dos e¡ños en Colorado Slmngs. La situación del nodo A la
comerüamas en el texto.
La mayoría de los modelos e labo rados para explicar las enferme-
dades de transmisión sexual presuponen la existencia de «núcl eos»
de individuos muy ac tivos sexualmente qu e contagian la e nferme-
dad a los indi viduos menos activos qu e se encue ntran en la periferia
y que mantie ne n la epidemia porque hacen las veces de rese rv o ri os
de la i nfección. Se ha recurrido a las redes para, por ej emplo , com-
prender' c órno influye la raza en las enfermedades de transmisión
sexual en Estados U n idos. El sociólogo Ed Laurnann y sus colegas
plantearon la hipótesis de que la incidenci a de las ETS e ra mayor
e ntre los neg ros que e ntre los blan cos po rque las red es sexual es de
ambos grupos tie nen es tructuras disti ntas". Una persona de raza ne-
s it uada en la periferia de su re d (en la periferia quiere decir que
solo ha tenido una p areja sexual e n e l último año) tiene cinco veces
más probabilidades de e le gir a una pareja si mada e n el n ú cleo de su
red (en el quiere_deci r que ha te ni do cuatro o más parej as
sex uales en e l último a no) que una persona de raza blanca situada
en la periferia de su prop ia red . Nadie ha d escubierto la razón toda-
A Mi ME DUELE TANTO COMO A TI
vía, pero lo ci erto es que entre las personas d e raza blanca, las ETS
suelen concentrarse en el núcl eo de la red sexual y entre las perso-
nas de raza negra suel en repartirse po r la periferia.
. Dicho de o tra manera, los bl ancos con muchas parejas tiene n te n-
dencia a mantener relaciones sexuales con otros blancos con muchas
parej as y los blancos con pocas parej as tienen tendencia a mantener
relacio nes sexuales co n blancos con pocas parej as. Esto hace q ue las
ETS se mantengan dentro del núcleo de parejas blancas ac tivas. Por su
parte, los negros con muchas parej as mantienen
con negros con muchas parej as y co n negros con pocas parejas, de ahí
que las ETS se repa rta n más en tre el ,:onj unto de la pob:ación.
Un estudio llevado a cabo e n el ano 2001 a provech o los datos q ue
aportaron los suj etos so bre su número de parejas sexuales para el a-
borar la «Red Se xual Sueca. (10 cual más parece el tí tulo de una pe-
lícula X que una investigaci ón académica). y tambi én encontraron
que los núcl eos de esa red eran muy ac tivos'". Además, es te :srudio
concl uyó q ue las campañas para fomentar el sexo se guro serian mu-
cho más eficaces si los mensajes estuvieran dirigidos a las personas
que más activid ad sexu al tenían (los núcleos de las redes) e n luga r
de a todos los mi embros de la comun idad.
Tener una pe rspectiva ampli a de la red tambi én evita que pense-
mos que los principales factores de riesgo de con traer una ETS son
atributos co mo la raza. En reali dad, una pe rspectiva mucho más efi-
caz para comprender los riesgos que corre mos cons iste en ce ntrarse
en la es tructura de la red social de una pe rsona, es decir, en su posi-
ción estructural. y no en su posición socioeconómica. No d eber íamos
dar por se ntado que el dine ro, la educación o e l colo r de la pi el son
las causas de que las personas incurran en más o en menos conductas
de ri esgo. Los es tudios de las redes sociales de muestran que las perso-
nas se colocan en situaciones de riesgo no tanto por qui én es son, sino
por a quié n conocen, es decir. en virtud de l lugar de la red en que se
e nc uentran y de aquello que las rodea. Esta perspectiva es tructural
ayuda a entender mej or gran parte de los procesos sociales.
ADISTINTA RED , DISTI NTA RECETA
La e pidemia de sífi lis del condado de Rockdal e demuestra que,
más allá de las simples dicotomías «núcleofrente a periferia»o «sexual-
116 ]]7
. Los AMIG OS D E TUS AMl GOS PUEDEN HACERTE EN CORDAR
119
A Mi M E D UY.LE TANTO COMO A T I
Los génnenes no son lo único que se contagia de persona per-
sona. Las conduc taS también se contagi an Ymuchas de ellas tienen
enormes consecuenci as para la salud. Por ejemplo, cuando so mos
jóvenes, nuestros conoci dos influyen en nuestrOS hábitos
nos y más concretamente en los q.ue , entre adolescen.tes.
que ver con el peso. Los desconocidos tambi én Cier-
ta influencia: personas escogi das al azar a las qu e se cerca de
desconocid os que se atiborran de comi da acaban por imi tarl os: el
hecho puede llegar a ser tan su bconsci ente q ue se le h a llam ad o
«alimentación mecáni ca»13. Parece ser que nos es imposible no Imi-
tar a los d emás .
Resulta que no só lo imitanl0 S a las personas que se sientan a nues-
tro lado en el aula o en el comedor, sino tambi én a otras que se : ,n-
cuentran mucho más lej os. Al igual que sucede co n la propagacion
de los gén nenes, los fenómenos relaci onados con la salud se pueden
propagar d e persona a persona y d e persona a p ersona a perso n a ,
y todavía más a llá.
.as-- que se encuentran en la periferia de la red. La simp le erru-
par eJ - II
lI1eración de las parej as sexuales de cada persona no bastaría para e-
ear a estos descubrimientos Yes ne cesano trazar un mapa de las redes .
o En re su men , com p re n der la difusi ón d e las ETS, cómo se pJ"Opa-
1 e incl us o por qué lo hacen depende d e los gran des patrones d e
d e tod a la red. Sin informaci ón sob re las pateJas de las p a-
rejas de los individuos y sus inte rconexiones con otros individuos de
la poblaci ón no podemos determinar si una persona o
menor peligro de con traer una ETS. En la su uacion es to-
davía más com p lej a po rque, idealmente, ad e mas de la estructura de
l red habría también que tener en cuenta que la estructura de los
;ncuÍos y la es t ructura gl obal d e la r ed camb ian con el pas o d el
tiempo l2. P or fortuna, los ci entíficos y los médICOS datos
de forma cada día más r igurosa y están d esarrollando te crucas pa ra
visualizar y analizar las redes . Ell o contribuirá ,la lu-
cha con tra el sida y otras ETS y nos pennitirá estudia r la d ifusi ón d e
otrOS fenómenos relaci onados con la salud en redes SOCiales much o
men os ortodoxas.
CoN"ECTADOS
118
mente ac tivos frente a sexualrn e n te inacti vos». los datos específicos
acerca d e la es tructura y d e la conducta d e las redes sociales son muy
rel evantes para la propagaci ón de las ETS. Esa e p idemia d emuestra,
además, que si desaparece el único vínculo e n tre dos grupos, la
transmisi ón de la infección entre esos dos grupos se inte rrumpe y
la red se di sgrega en varios com ponen tes d esunidos. Algunas redes
sexuales (como la deJefferson High) son muy vuln erables a la des-
aparici ón de algunos víncul os o a los cambios de la cond ucta indivi.
dual . En estas circuns tancias. la mejor estrategi a de prevenci ón es,
por tanto. un programa exhaustivo de «control de transmisión» d
las ETS dirigido a la poblaci ón entera y n o sólo a gn lpos específicos.
El cam bio d e con d ucta de u na so la persona puede interrumpir la
cadena.
Al estudi ar la e p idem ia d e si da d e l Áfri ca subsahariana, un grupo
de investigadores recopiló informaci ón acerca de las últimas parejas
sexuales de los h a b ita n tes de sie te aldeas si tuadas e n una isla del
lago Malau i
ll
y ave ri guó que, al con trari o de lo que ca b ía esperar, las
parej as hab ían sido rela tivamente pocas . Entre núcl eo y peri fe ria,
además , no cabía establecer distinción alguna y cas i todos tenían los
mi smos ni veles de ac tividad sexual . La red sexual de Mal a ui no tenía
ningún núcleo de gran actividad. es deci r, no se podía identifi car a
individuos o grupos cu lp a bles d e que la epidemia d e sid a se prolon-

A pesar de es tos d escubrimientos, sin e m ba rgo, al d esentrañar la
red sexual, los investigadores se toparon con el sorprendente dato
de que el 65 por ci ento de la población de e n tre di eci ocho y treinta
y cinc o años formaba un gran conj un to interconectado similar a la
red d e Colorado Spr in gs. A d ifere nci a d e las redes d eJefferson High
o d e Rockdale , la estructura d e esta red era sor p re nden te mente re-
sistente ante la int errupción de 19s vínculos individuales o la retira-
da de los nodos, ya que tenía numerosas rutas redundantes (es to es,
casos en los que las personas comparúan directa o indirectamente
más d e una parej a sexu al).
Estos descubrimientos cuestionan m uchas presuposi ciones sobre
el con tagio de las ETS en el África subsa hariana y o tras regi on es. La
epidemia no se d ese n cadena por un núcl eo de gran activid ad com-
puesto por trabaj adores d el sexo ysus cli entes, ni por ningún otro tipo
d e individuos que d esarrollan gran actividad sex ual y transmiten la en-
fermedad a los con menos actividad sexu al -una o pocas
CONECTADOS A Mí ME DlfELE TANTO COMO A TI
En nuestros esfuerzos por comprender el funci onami ento de
es te mecanismo, los autores nos centramos en la obesidad. Nos llevó
a este tema la difundida opinión de que Estados Unidos padece una
«epidemi a» de obesidad. Una expresió n de es te tipo sugiere una pla-
ga descontrolada cuando, en realidad, la palabra epidemia tiene dos
acepciones. En p r ime r lugar. alude a un predomini o muc ho rnayoj-
de lo habi tual de una determinada condición . En segundo lugar, sig-
nifica contagio ysugiere aJgo que se propaga con gran rapidez.
Es evidente que el predomi nio de la obesidad es cada vez mayor.
Una medida estándar de la obesidad es e l índice de masa corporal
(el 1MC es el peso en kilos d ividido por la altura en metros e levado
al cuadrado). Se considera que un!MC normal está entre 20 y 24,"eI
sobre peso entre 25 j' 29 Yla o besidad a par tir de 30. Entre 1990 j'
2000, e l porcentaje de personas obesas en Estados Unidos se incre-
mentó del 21 al33 por ciento y en la ac tualidad un 66 por ciento de
los es tadounidenses sufre so bre peso u obesidad. Lo que no está tan
cl aro es si la obesidad se puede cons iderar una epidemia en la s :..
gunda acepción del término . ¿Es la epidemia no só lo metafóri ca?
¿Se contagia de persona a persona? En el caso de se r así, ¿cónlO lo
h ace?
Para estudiar es te asunto son precisos unos datos es peciales. Fue
muj' di fícil r ecopilarl os p orque n ecesitábamos informaci ón sobre
grupos enteros de personas y las interconexiones e ntre ellas . Había
qu e reunir datos co nc re tos sobre la posici ón de las personas en una
red a gran escala y sobre la estructur a de sus vínculos: a qué perso->
nas conocían y a qué personas conocían es tas personas, etcé tera.
Tambi én era preci so conocer el peso y la altura de las personas y mu-
chos más datos so bre ellas. Y necesitábamos conocerlos a lo larzo
del tiempo, observando en repetidas ocasiones a todas las personas de;
la red. Cuan do empezamos a interesamos por el problema de la
obes idad, este tipo de datos no exi stían en ni nguna parte.
Sin e mbargo no nos desalentamos y decidimos comenzar con un
es tudio epidemiológico conocido como e! Estudio Cardiológico de
Frami ngham, que a parti r de 1948 se llevó a ca bo en Framingham,
un pueblo de Massachusetts, al oes te de Boston, Gran parte de lo que
los médi cos saben de los factores que determinan las enfermedades:
cardiovasculares se debe a este famoso estudio. En el momento de
ponerl o en mar cha, unos dos tercios de la poblaci ón ad ulta de Fra-
mingham se co mpromen óa dej arse examinar por médicos cada dos
120
años y, lo cual no dej a de resultar sorprendente, quienes aún viven,
siguen fieles a ese compromiso. Si cuando se ini ció e! estudio todos
los sujetos resid ían en Framingham, desde entonces mu chos se han
mudado de Massachusetts y de Estados Unidos. Los hij os y los ni etos
de estas personas también se comprome tieron a colaborar en los es-
tudi os de seguimie nto q ue comenzaron en 1971 y 2001 res pectiva-
men te y. po r tanto, también son examinados a int ervalos regulares.
Cas i por casualidad descubrimos que los médi cos del Es tudio
Cardiol ógi co de Fra mingham llevaban unos me ticulosos arc hivos
escri toS a mano con e! fin de poder local izar a todos los sujetos de! es--
tudio ca da dos o cuatro años y recordarl es que regresaran para so-
met erse a nuevos anál isis. Fue tanta nues tra suerte que cas i no nos
lo podíamos creer, porque es os archivos, que previamente nadie ha-
bía util izado con fines de investigaci ón, contenían informaci ón de-
tallada de los ami gos, pari entes, vecinos j' compañeros de trabaj o
de todos los sujetos del es tudio. Además y puesto que Framingham es
una comunidad muy com pacta, muchas personas que eran parien-
tes o ami gos o vecinos o compañeros de trabajo de los sujetos del
estudi o tambi én participaban en él. Así pues, aprovechamos esos ar-
chivos para reconstruir pormenorizadamente las redes soci aJes de
todos los suj e tos del es tudio de Framingham y, fin almente, cons e-
guimos trazar un mapa co n más de cincuenta mil víncu los (si n con-
tar las conexiones con los vecinos) centrándonos en un grupo clave
de 5,124 personas in legrado e n una red mayor co mpuesta por un
total de 12,067 p ersonas. También pudimos estudiar cómo habían
ido cambian d o los vín culos entre 1971 y el presente, y rel acionamos
los datos de la nueva red social con la informaci ón preexi stente so-
br e el peso, la altura j' otros datos importantes de las personas.
Para comp re nder mejor unos datos tan complejos, nuestro pri-
mer pas o cons istió en cartografiar la red para ver si podíamos di scer-
nir a simp le vista grupos d e individuos gruesos y del gados, como
muestra la ilustraci ón 3 (ve r pliego ce ntral) I<. Obse rvando es te grá-
fico, resulta eviden te que hay grupos de individuos obesos j' grupos,
de individuos del gados, y que las agrupaci ones no son meramente
azarosas. Con la so rprendente regularidad con la que , según hemos
co mprobado, se produce en muchos fenómen os de red. la agru pa-
ción obedecía a nuestra Regl a de los Tres Grados d e Influenci a: es
más probabl e que algunos amigos, amigos de los amigos y amigos de
los amigos de los amigos del obeso m edi o también sean más obesos
121
CoNI!:CTA1)()S
de lo que cabría espera r a te ndi e ndo únicamente a las leyes del azar.
De igual modo es más probabl e que el no o beso medio te nga conra-,
tos con personas que tampoco son obesas hasta los tres grados de se-
paración. Más all á de los tres grados, las relaciones se interrumpen.
En realidad da la impr esi ón de que , dentro de la red, las perso,
n as ocupan ni chos donde adquirir peso o perderlo se co nvie rte en
una es pecie de val or local. Normal men te, es tos ni chos pueden estar
compuestos por ci en o dosci entos individuos int erconectados . Este
descubrimiento ilustra una propiedad más general de las redes s<>-
ciales de gran tamaño: e n su se no hay comun idades que pueden
definirse no sólo por sus interconexi ones, sino tamb i én por las ideas-y
co nd uctas que sus mi embros comparte n. Estas ideas y co nd uctas SUr-
ge n e ntre individuos colindantes que también las manti enen, y. de
alguna manera, dependen del en tramado particular de vínculos de la
región de la red en la que un a persona se mueve.
Nuestro siguiente reto consistía en mostrar que los grupos de per-
so nas obesas y no obesas de la red social no se creaban só lo porque las
personas que pesan aproximadamente lo mismo tienden a rel acio-
narse ( homofilia) ni porque esas personas están expuestas a deter-
minadas fue rzas que las hacen engo rdar de forma simultánea (co nfu-
sión), cuestiones familiares que vimos en los es tudios sobre el efec to
de la viudez y otros . Lo que queríamos era comprobar si existía una
relación causal, es decir, si era posibl e que una persona pudiera en
efecto lograr que o tras engo rdasen, en una suerte de pro ceso de con-
tagio social. Abordamos la incidencia de la h e mofilia directamente:
nos limitamos a incl uir en el anál isis informaci ón sobre los tipos de
amigos que elegía la gente, es decir, tuviJTIOS en cue nta la tendencia
de las pe rsonas a entabla r amis tad con personas parecidas a e llas. Pero
el efecto de co nfusió n no se podía abordar de la misma forma.
Supongamos que Nicholas yJ ames son amigos. Le preguntamos
aJames qui én es su mejor amigo y nos contesta q ue Nic holas . Pe ro a
continuación le preguntarn os a Nicholas quién es su mejor amigo y
nos da otro nombre. Esto significa que au nque Nicholas yJames sean
amigos, lo más probable es que Nicholas infl uya más e n J ames q ue
J ames e n Nicholas. Además , si a l preguntarles quién es su mej or
amigo, J ames y Nic holas se nombraran el uno al o tro (es d ecir, el
uno fuera el mejor amigo del otro y viceve rsa ) , lo más p robabl e es
que su am istad fuera todavía más íntima de lo que es si só lo uno de
los dos responde a la pr<:gunta nombrando a l otr o. De modo q ue es
122
A M I M E D UELl: TANTO COMO A T I
de esperar que las mayores influencias se produzcan cuando la con-
dición de mejor amigo es mutua. . . .
, Supongamos aho ra qu e la confusión es la Única causa de sirn ili-
. d en tre am igos e n lo que r especta al peso . Si Ni chol as yJ ames e rn-
W . "d " d
piez
an
a frecuentar el nuevo restauran te de corm a rapt a que aca-
ba de abri r en la esq ui na, es muy posibl e que ambos e ngorden
(efecto de confusión), a raíz de lo cual puede parece r q ue uno d e
ellos se co ntagia de la cond ucta del o tro. Pero lo CI e rto es que en-
ordarán independientemente de quié n sea su mejor amigo. Esto
que los mejores amigos, q ui e nes consideramos nuestros
[Dejares amigos y las personas que nos conSideran sus mejores arru-
os ejercerán en teoría la mi sma influencia e n n osotros . Por otro
fado, que h aya dife re ncias de magni tud en los efectos sugiere que
confusió n no es el único origen de la similitud. A la namburgueserta
que e ngorda a ambos amigos no le preocupa si uno es e l mej o r arru-
go del otro o viceversa. . .
La va riació n en virtud del vínculo de amistad es precísarnente lo
que encontramOS. Cuando nuestro mejor amigo e ngo.rda,
riesgo de engorda r se tripli ca. Además, nuestros
ejercen en nosotros el doble de influencia q ue los ami gos a qlllenes
cons ideramos n uestros mejores amigos pero no nos consideran sus
mejores ami gos. Y. por último, las personas que n.os consideran ami-
gos pero cuya amistad no no en noso tros
ninguna influenci a. En otras pal abras, SI para NlcholasJames n o es
un ami go, James no ej ercerá ninguna influencia e n Nicholas por
mucho q ue]ames co nsidere a Nicholas su amigo. .
Además de por la red de ami gos, des cubrimos que la terr de rt cia a
engordar se puede p ropagar a través de dive rsos vínculos sociales
siempre que las personas conectadas tengan una es rrecha.
Los cónyuges y los hij os se influyen mutuamente, y tambi én los com-
pañeros de trabajo, sie mpre y cuando trabajen e n una e m.pre sa pe-
queña en la que todos se conozcan. La infl uenci a tamb i én
alcanzar a personas que no mantienen una relaci ón es trecha rmen-
tras se transmi ta a través de personas que sí lo hacen. Puede que us-
ted no lo conozca personalmente, pero el compañero de trabajo d el
marido de su amiga puede hacer que usted e ngorde. Ye l n ovi o de la
amiga de su he rmana puede hacer q ue usted adelgace. .
El Último paso de nuestro estudi o consistió en realizar
de animaciones en vídeo para mos trar la evolución de la adq uísíci ón
123
A M í ME nuer.s; T ANTO COMO A T I
y pérdida d e peso y las conexiones d e la red so cial a l o la rgo de tre in_
ta y dos años. Cuando iniciamos la tarea, creímos que la epidemia ee,
literalmente a n te n uestros ojos. Creímos tambi én que
observ aríamos engordar a una perso na y a continuación c ómo una
de obesidad recorría el tiempo y el espacio social de esa persona,
pfll,;ero ha:ta uno, lu ego hasta dos y lu ego h asta u-es grados de sepa_
racion. Terr íarnos e n mente una imagen basada en un cé lebre experi_
físico que conocerán : se tira una piedra a un estanque:
y e mp iezan a su rgi r unas o litas que fo rman círculos concéntricos. Si
las o las alcan zan e l borde del estanque, rebotan y, cuando las circu ns-
tancias son propicias, cobran más fuerza y forman crestas y senos de
«olas es tables», como las que a veces se o bservan desde la playa, que
no pare cen moverse. De igual modo, esperábamos ver regiones con-
c én tricas de la red social con crestas y senos formados por personas
obesas y no o besas. ' 1
Pero cuando viro.os los vídeos, la im age n era mucho más compli-
cada. Al parecer, se producía una tendenci a caó tica a engordar que
abarcaba toda la red. Y nos dimos cuenta de que la de la piedra en el
estanque no era una buena analogía. La imagen que te níamos
nosotros era más parecida a la de un puñado de piedras arrojadas en
un mar encrespado, que, además, no dejaran ve r bi en las ondas ori-
ginadas por un a so la piedra lan zada al azar. Por supuesto, la o besi-
d ad se puede p rop agar, pero no desd e un solo punto, Ylos contactos
soci ales son el único estímulo que nos lleva a engordar. Las perso-
nas a comermás, dejan de hacer ejercicio, se divorcian, pier-
d en a alguie n a qui en quieren, dej an d e f u mar o se dan a la bebida,
y de c:s tos cambios puede constituir el ep icentro de otra pe-
quena ep idemia d e obesidad, a la manera d e los miles de temblores'
de tierra superpues tos que todos los años sacuden la'5 placas tectóni-
cas . Los vídeos que vimos nos estaban diciendo algo muy importa nte:
la ep idem ia de obesidad no tie ne un paciente cero; no es un ic én tri
ca, sino multi céntrica.
. d e que la o besid ad es contagiosa, que:
h icimos públi co e n el año 2007, susci tó fuertes reacciones. Recibi-
mos cientos de mensajes de correo electrónico y otros tantos comen":
rari os en nu estros bl ogs. Lleno de indignaci ón, un lector escribió:
«Sí, porsupuesto, la obesidad se puede extender, como las modas». Al
fin y al cabo, el id e al de bell eza no es s ie mp re el mismo , ¿no es ver-
dad ? U n año es tán de moda las mujeres lá nguidas y aniñadas y al
124
año siguiente las supennodeJos brasileñas pechugonas. Bas ta con
verfotografías d e soldados a pun to de partir h aci a el frente para que
cualqui er observador superfic ia l de la histo ri a mili tar se percate d e
cómo ha cambiado la fi gura masculina e n tre la II Guerra Mundial y
laguerra de Irak. «Y, por cierto - señalaro n nuestros críticos- , qué
colosa l derroche d e d inero para los cien tíficos de lo social dedi carse
a demostrar lo obvio». Otros apuntaban en sentido contrario y se
sentían igualmente ofendidos ante la insinuaci ón de que algo tan
personal , tan individua l, tan clínico como engordar p udiera depen-
.dersiquiera remotamente d e los ca pri chos d e l gusto popular. ,,¡Es
1mposible que e ngo rd a r se a contagioso! -aseguraban-o Tod o e l
mundo sabe que e ngor dar d epende d e los ge nes y d e lo s niveles
hor mo nal es y de to d o tip o d e e le cciones y o portunidades a las q ue
la gente se enfre nta. Algo falla en su investigación. y. por cierto,
cuánto di nero malgastado».
Í> y sin e mba rgo, sa be mos q ue la obes id ad es con tagiosa . Desde la
publicaci ón de nuestro es tudio, otros tres equipos independientes
han co mp robado co n tagi os d e o besid ad en var ias p oblaciones dis-
,till tas
15
. La obse rvación tiene tanto de sent ido comú n como de no-
vedad, pero ¿cómo se contagia la obesidad? ¿H ay o t ros p roble mas
'de salud que tambi én sean contagiosos? ¿Qué consecuencias tiene
• saber que un facto r fu nd amental d e n uestra sal ud d epe nde d e un
factor fundamental de la salud de otras personas que, aun pertene-
ciendo a nuestra misma red social , pue den encontrarse a mayor o
menor di stan cia de nosotros?
I
¿CAMBIA.R LO QUE HACEMOS O CAMB IAR LO QUE PENSAMOS?
En ci erta ocasión , el es tibador' y críti co so cial Eric Hoffe r op inó:
«Cua ndo las p ersonas ti enen li be rtad para hacer lo que les p lace, lo
normal es que se imite n ». La imitación es un a de las fo rmas en que
_se con tagia la obesidad. Si empezamos a correr regularmente par a
pone rnos en forma, es n1UYposible que alguno de nuestros amigos
haga lo mismo , aunque también es posible que, sencillamente, lo
invitemos a venir con nosotros y acc eda a acompañarnos. De igual
modo, si empe zamos a COl11.er a lim e n tos que engordan, nues tro ami-
go puede imitarnos; p ero tam bién puede suceder que lo i nvite mos
a comer en res taurantes donde sirven comida alta en calo rías.
125
l

!
\
A Mí MI!: DUELE T ANTO COMO A T I
127
engordar es normativo, para subir d e peso una persona podría adqui-
rir los mismos hábi to s de las pe rsonas que la rodean u otros to talme n-
te di stintos. Por ejem plo , las personas que la rodean podrían engor-
dar porque se alimentan mal , pero e lla podría e ngordar no po r eso,
sino porque ha dej ado de hace r ejercici o. En es te ejemplo, a unque la
norma que se propaga es la misma (engord ar está bi en) , la co nd uc-
ta no lo es. Por tanto, puede haber coincidencia de normas incluso
aunque no haya coincidencia de cond uctas. La difusión de la obesi-
dad no só lo es una cue stión de «culo veo, culo qui ero».
En el caso de la obesid ad, existen pruebas d e que hay influe nci as
normativas en juego. En primer lugar, d e ntro de las redes sociales,
la difusión d e la o bes idad no sólo d epend e d e la di fusión interpe rso-
nal de cond uctas parti culares que con trib uyen a e lla. Di cho d e otra
manera, después de llevar a cabo análisis estadísticos que tienen en
cuenta el hecho de qu e dos personas podrían copiar mutuamente
s u conducta, seguirnos e ncon tra nd o pruebas d e que ocu rre algo
más, d e que la ad q uisició n y la pérdida d e peso se siguen propagan-
.do en vi rtud d e otros parámetros.
En segundo lu gar, la o besid ad se pue d e contagiar incluso e ntre
personas socialmente pr óximas pero geográficamente muy d ista n-
tes. Resul ta increíble, pero los d a tos d el Es tud io Cardiol ógico d e
Framingham sugi eren que personas qu e se encuentran separadas
por una distancia de miles d e ki lómetros pueden influir e n sus p esos
co rporales re spectivos. Puesto que a los parientes y ami gos que viven
a mucha distancia sólo los vemos en raras ocasiones, es improbabl e
que e l contagio se produzca por pura imitación. Suponga us ted , por
ej emplo, que sólo ve a su hermano el día d e Navidad, es decir, una
vez al año, y q ue d e un año para otro su herma no ha e ngordado mu-
cho. Cop iar los hábitos alimenticios d e su hermano e l único d ía q ue
se ve n no modifi cará su propio peso corporal a largo plazo, pero al
ver la nueva figura que luce su he rma no, tal vez cambie su opini ón
ace rca d e lo que es un peso corporal aceptable. «iUf, Di rnitri ha
engordado mucho! - se diría usted- , pero sigue sie ndo Dirni tri ».
y cuan do vue lva a su casa , seguirá pensando «Di rn itr i tiene 'un aspec-
to es tupe ndo)" lo cual ejercerá cierta influencia en su conducta y es
posible que a partir d e ese momento us te d coma más y, qui zá, haga
menos eje rcicio.
Las normas se pueden transmi tir incluso aWlque no haya modifi -
caciones de conducta. Algunas perso nas pueden ser portadoras de
126
La imitación de conductas pued e se r consciente o inconsci ente.
En el capítulo 2 advertimos que cuando vemos a alguien comer o
correr, en nu estro cerebro se acti van las mi smas regi ones de neuro-
nas espej o qu e se activarían si fu éramos nosotros quienes es tamos
comie ndo °corriendo. Es como si nuestro cere bro ensayara algo de
lo que d e momento sólo hemos sido o bs ervadores. Y a su vez, esta
prácti ca nos hace más fácil observar la mis ma conducta en el futuro.
Hay otros procesos fisiol ógi cos donde intervi ene la imitación, como
el bostezo o la risa co n tagi osa!". En otras palabras, la imi taci ón pue-
de ser cognitiva (algo en lo que pe nsamos intenci onadamente ) o fi-
sio lógi ca ( un pro ceso bi ológico natu ral ). Está p ro fu ndamente a r rai-
gada e n n uestra capacidad biológica para la empaña e incl uso para
la moral. y está conectada con nuestros orígenes como espe cie so-
cial, al go que comentaremos en e l cap í tu lo 7.
Pero la imitación r:t 0 es la ú ni ca forma de propagaci ón de la o besi-
dad. Los seres huma nos también co mpar ti mos n uestras id eas y estas
ideas pued en influir hasta cierto punto e n la can tidad de comida que
ingerimos y e n la can tidad de ejercicio que h acemos. Por ejemp lo,
podríamos observar a las personas que nos rodean, ver que están en-
gord ando y esto podría cambiar n uestra idea de cuál es el tamaño
corporal aceptable. El hecho d e que muchas pe rsonas em piecen a
e ngordar p uede modificar nuestro pun to d e vista sobre lo que signi-
fica estar gordo. Lo que se contagia d e pers ona a persona es lo que.
los sociól ogos llaman un a norma, que es una expectativa compartida
d e lo que resulta a propiado". Al igua l que los adolescentes d el co n-
dado de Rockdale cambiaron sus normas sexual es (para cons te rna-
ci ón d e los ad ultos), las ideas d e la gen te so bre lo que se cons idera
gordura han cambiado con rapidez. Además, de ntro de una red so-
cial p ueden surgir nichos en los que las pe rsonas pueden reforzar
una norma en particul ar de tal forma que las pe rsonas directa o indi-
rectamente conectadas compartan un a idea sobre algo sin darse
cuen ta d e que los unos están influye ndo en los o tros.
Ej emplos d e estos dos mecanismos - la imi tación d e no rmas y la
imi tación de conductas- aparecían en el capítulo anterior al hablar
d e la fo rma e n que el matrimonio influye en la sal ud. Ahora bien, d is-
tinguir e l uno del otro puede resultar d ificil. Cuando un h om bre q ue
acaba de casarse regal a su moto, ¿está copiando la conducta de su mu-
jer (que no tiene moto ) o adop tando una n ueva norma (esos cacha-
rros infernales no son seguros)? Además, tras aceptar la idea de que
CoNECTAOOS
CONECTADOS A Mí ME. evece TANTO COMO A TI
una idea sin que su conduc ta es té relaci onada con ella. Por cons],
guierue, podemos influir en los amigos de nuestros amigos sin in-
fluir en nuestros amigos. Cons ider érnoslo de esta manera: Arny tie-
ne una amiga, María, que a su vez tie ne o tra amiga, Hea the r, yArny
y
Hea th e r no se conocen. Heather dej a de hacer ejercic io y engorda.
Puesto que María aprecia a H ea ther, su opinión sobre lo que signiñ-
ca engordar cambia y llega a pensar que estar gorda no es ta n malo.
No obstante, María no modifi ca su conducta. Si n embargo, cuando
Amy interrurnpe su plan para estar e n forma (salía a correr con Ma,
ría todas las semanas), es menos probable q ue Maria la presione
para que no lo abandone. Aunque sus há bi tos no haya n cambiado al
respecto, María sí ha cambiado de idea acerca de lo que supone en-
gordar, y Amy se ve afectada por es te cambio. Es decir, la conduela
de H ea th e r puede inll ui r en Arny aun que la conducta de María no
cambie.
¿Cómo p ueden las pe rson as d etectar e imitar las normas de las
re eles locales q ue dete rminan hasta q ué punto es aceptable e ngor-
dar c uando ela la imp resió n de que la socieclad e n su conj unto pre-
mia la del gade z? Los famosos y las mode los nunca ban es tado tan
delgados como a hora y, sin embargo, el resto de la poblaci ón es cada
vez más obesa. Esta paradoja ilustra la diferen ci a entre normas e
ideol ogía. En los medi os de comunicación aparecen imágenes de
cuerpos ideal es, pe ro al ci udadano le infl uye n menos esas imáge nes
-y las id eas que transmiten- que la co nd ucta y el aspecto de las
personas reales con qui enes está conectado. Co mo dij o la co lurn n is-
ta Ellen Goodman: «Anoré xicas profesionales como Kate Moss, Ca-
lista Floc kh art y Vic toria Beckham p ueden r epresentar e l ideal de
delgadez, pero en la vida real nos co mparamos con nu estras amigas.
Milíme tro a mitlrneu-o- !", Co mo veremos en el capítulo 6. 10 lui smo
ocurre con las ideas políticas.
Conviene subrayar que los efec tos d e las red es sociales no son la
única explicació n de la e pidemia de o besidad. En los últimos vei nte
años se han producido e normes cambios que fomentan la inactivi-
dad: la invenci ón de máquinas que ahorran trabajo. los entre teni-
mientos sedentarios, e l es ti lo de vida de los barrios residencia les de
las ci udades y la transición generalizada a una economía de serví-
cios. También. y a raíz del incremento en el preci o de la comida. se
han producido cambios espectaculares en los h ábitos alimenticios,
cambios en el contenido nutritivo de los alimentos y en sus cantida-
128
des y un in cremento de las es trategias de marke ting. Pe ro las redes
social es tambi én desempeñan un papel muy importante. Como ya
hemOScomentado, las redes pueden magnificar cual quier cosa que in-
trod uzcamos en ellas por mucho que sean o tros factores los que hayan
impulsado una epidemia de o besidad . Cuando a lgo arraiga e n una
pobl aci ó n conectada e n red. sea un elemento patógeno o el están-
dar de o besidad, se puede extender a través de las conexiones socia-
les afectando a un número de personas todavía mayor.
POR QuÉ FUMAR y BEBER SON COMO UN DO.LOR·DE ESPALDA y
COMO EL KORO
.' La conexión tie ne la misma importancia e n pro ble mas de salud
distin tos a la o besidad. Las pe rsonas copia n los bábitos de consumo
de sus tancias noci vas, los hábi tos de cons u mo de alcohol y tabaco de
personas a las que conocen directamente y. lo que es más importan-
te, de otras pe rsonas que se encue ntran a mucha mayo r di stanci a e n
la red social. Comprender las redes sociales nos ayuda a e ntender e l
acusado in cremento de la o besidad en el se no d e nuestra sociedad y
a entender también la e norme disminuci ón del hábito de fumar. la
rel ativa persistencia del d e beber y la am plia di ve rsidad de cond uc-
tas co n respecto a otras actividades que afectan a la salud.
l. En los últimos cuare n ta años, el porce n taj e de fumadores e ntre
la poblaci ón ad ulta estadou nidense ha pasado de l 45 a l 21 po r cien-
to. Si hace cuare nta años en las ofic inas. en los restaurantes e incl u-
so en los avio nes el ai re estaba si empre ll e no de bumo de cigarrillos
(la prohibici ó n de fumar e n los avio nes fu e acogida co mo un gran
avance e n 1987) , e n la ac tual idad los fumado re s tienen que bajar a
la calle y fo rmar grupitos e n las esqu inas.
Pe ro casi nad ie h a dej ado de fumar po r sí solo. Al contrario, los
fumadores han dej ado e l tabacoj untos, e n manada. Los a utores e m-
pleamos los datos de la red socia l del Estudio Cardio lógico de Fra-
mingham para analizar e l descenso del hábi to de fumar e n las cua- ,
tro úl timas décadas y encontramos pautas semejantes a las de la
epidemia de obesidad, pe ro a la inve rsais Que una pe rso na dej e de
fumar causa un efecto de onda expansiva en sus am igos, en los ami-
gos de sus amigos y en los amigos de los amigos de sus amigos. Como
en e l caso de la obesidad , e l h ábito d e fumar alcanza has ta los tres
129
131
A Mf MI!: DUELE TA NTO COM O A TI
igual modo que ahora, para fumar, están obligados a salir a la calle
incluso en pleno invi erno . Y no es sólo que la sociedad los acoj a
peor, es que suelen trabar amistad con personas a las que la sociedad
'ya ace ptaba peor, lo cu al contnbuye a aumentar el espectacular m-
Gremento de su aislamie nto social.
En segundo lugar, si a p rincipios de la década de 1970 los fuma-
dores y los no fumadores se confund ían o entremezclaban con natu-
ralidad, con el paso del tie mpo ambos grupos han ido formando sus
propios corros dentro de la red y cada vez hay menos interconexi ón
entre ellos. Corno en el caso de la polarizaci ón entre los demócratas
• ylos republicanos del Congreso estadoun ide nse (d e la que hablare-
-mos en el cap ítulo 6) , la se paraci ó n entre fu madores y no f umado-
res ha aumentado con el paso del tiempo . y sus consecue ncias se ex-
tienden más allá del hábito mismo de fumar. Cuando se producen ,
unas divisiones tan profun das pueden conducir a la formaci ón de
identidades en el seno de cada grupo, lo cual evita mezcl as posteri o-
res y refuerza la cond uc ta del gru po. Un au men to de conexio nes e n
el seno de los grupos (e n lo que llamamos 'red concentrada) puede re-
forzar una cond ucta den tro de los grupos, pero más conexiones en-
tre grupos (e n lo que llamamos red integrada) pueden traer consigo
conductas nuevas y cambios de comportamiento para mejor o para
peor.
Que se extienda la decisión d e dejar de fu mar tambi én ilustra el
papel de los individuos de alto estatus en la difusión de innovaci o-
nes. Al es tudiar los datos d e Framingham, se comprueba que la edu-
cación parece reforzar la capaci dad de una persona para influi r en
otras: es más probable que una persona dej e de f umar cuando u no
de sus contactos soci ale s más cultos lo deja. Además, la educaci ón
incr ementa el deseo d e innovar de una persona: hay más probabi li-
dades de que ·una persona culta imite a sus iguales cuando éstos de-
jan de fumar que de que lo haga una pe rsona menos culta. De ahí
. que, iró nicamente, en el caso de fumar, la pres e nte oleada reflej e.
co mo la imagen invertida de un es pejo, 10 qu e ocu rri ó hace sesenta
o cie n años, cuan do el hábito de fumar arraigó en nuestra sociedad,
y lo hi zo entre las personas de estarus re lativamente elevado. En los
anuncios de la década de 1930 y 1940 a parece n médicos sonrientes
que hacen publicidad del tabaco y disfru tan fumando'v.
Al igual que el estatus cultu ral de los in d ividuos de la red está re-
laci onado con la propagaci ón del hábi to de fumar dentro de la mis-
CoNí. CTAOOS
grados d e se paración, lo cual se corresponde con nuestra Regla de los
Tres Grados de Influencia. Per o los efectos del grupo en los d emás
so n todavía mayores en el tabaco que e n la obesidad. Existe una
es pe cie de sincro nía en el tiempo y e n el espacio en lo que se refi ere
a dej ar de fumar que r ecuerda al comportamiento d e las bandadas
de pájaros o de los bancos de peces. Grupos in terconectados de fu-
madores que tal vez no se conozcan dejan de fumar prácticamente a
la misma hora, como si una oleada de oposición al tabaco se es tu vie.
ra extendiendo por toda la población. Es pos ible que un fumador
te nga tan to poder para d ejar de fumar como un páj aro para detener
el vuel o de la bandada. La decisión de dejar el tabaco no la toma el in-
di viduo de forma aislada, sino que refleja la e lec ción de grupos de
indi vidu os conectados entre sí tanto directa como indirectamente.
Los antropól ogos tienen una palabra para las costumbres local es:
cult ur a. Pero la cul tura a la que aqu í nos refe rimos es local en el senti-
do de que es tá confi nada a grupos de personas interconectadas den-
tr o de una regi ón o ni cho de la red social, en vez de a un lugar geo-
gráfico o a un grupo que se defina por una reli gión, una lengua o
una etnia comunes. Por lo demás, la cultura de las regi ones del con-
junto de la red social puede cambiar. Puede h aber di stintos grupos
interconectados de individuos a qui enes fumar les parezca inacepta-
ble y dej en de hacerlo de forma coordinada, influyendo los unos en
los otros sin que sea necesario que se conozcan personalmente ni
coordinen de forma explíci ta su conducta. Lo que ci rcula por la red
es una norma so bre si fumar es ac eptable o no, de lo cual resultan la
creencia coordinada y la acción coordinada de personas que no tie-
nen vínculos di r ectos. Ésta es una de las formas principales en que
los individuos se combinan para formar un superorganismo.
La conducta de los fumadores refl eja los mecanismos de funcio-
nami ento de un super organismo de maneras di stintas. En primer
lugar, las personas que insisten en fumar se encuentran progresiva-
men te marginadas en la red, como muestra la ilus traci ón 4 (ver pli ego
cen tral ) . En 1971 , fu mar no guardaba ninguna relaci ón con la posi-
ció n social: dentro de sus redes socia les, las personas que fumaban
podían ocupar posici ones tan ce ntrales como quie nes no fumaban..
tener tantos amigos como quie nes no fumaban y ocupar una posi-
c i ( ~ m ce ntral dentro de grupos extensos y numerosos. Sin embar gos
a medida que, con el paso del tiempo, la ge nte iba dej ando de fumar,
los fumadores se veían ,:xpul sados haci a la periferia de sus redes, de
130
Com:CTAOOS A Mí MI!: D UELE T ANTO CO MO A TI
ma, e l sexo de las p ersonas in cide en la del hábito de beber. La red
social de Fra mi ngham r evel a que el h áb ito de beber se extiende has-
ta los tres grados de se paración. como sucede con la obes idad y el ta-
baco. Pero la influencia no llega igual a todos, al contrario, sobre el
hábito de bebe r las mujeres parecen tener una enorme infl uencia.
Si una muj e r e mpieza a beber mucho, es probable que sus amigos y
amigas copien su conducta de inmedi ato. Sin embargo. cuando un
hombre em pieza a bebe r más , ni sus amigas ni sus amigotes del bar
sue le n imi tarl o. Todavía n o es tá claro por qué, pero estos datos sugi e-
ren q ue las mujeres son la clave e n la d ifus ión por la red de l há bito de
beber y es posibl e , por tanto, que sean tambi én la cl ave d e las inter-
venciones terapéuticas exitosas.
El consu mo de alcohol se ha mantenido más o menos estable en
Estados Unidos, no así e n otros pa íses. En e l Reino Un ido, po r ejem-
pl o, tienen un problema. Allí son cada vez más losj óvenes que con-
su men grandes cantidad es de be bi das alcohólicas ( nada me nos q ue
di ez copas cada día que salen) y lu ego , e n públ ico, vomitan, se des-
mayan, orinan, profieren gritos y amenazas y se pe lean . De cierto
estudio se deduce q ue e l 16 por ciento d e los jóvenes bri tá nic os de
e ntre dieci ocho y vei nticuatro años se ernborrachan'". De quienes
lo h acen, e l 54 po r ciento aseguraron q ue todos o casi todos sus ami-
gos también se e mborrachan habi tualmente, frente a un 15 po r
cien to q ue afi rmó que sus amigos bebían sin llegar a e mborrachar-
se. El análisis de estos datos sugiere que e n efec to existe agrupa-
miento social y transmisi ón de conduc ta. rl
Si e l género y la ed ucación tienen algún efecto e n la d ifus ió n de
los hábitos relacionados co n la sal ud, e l ti po de rel aci ó n también
tiene mucha importancia. o todos los vínculos sociales so n iguales.
Po r ejemplo, los autores hemos descubierto que, e n la di f usi ón de la
o besidad, los am igos influye n más que los cónyuges. Cuando nos
perca tamos de ello, nos q uedamos per p lej os, p orque es frecue nté.
que las pa rej as coman juntas , practique n ejercicio j u ntas y pas en
más tiempojuntas que con los amigos. Sin embargo. tras analizar el
asunto más detenidamente, nos dimos cuenta de que los amigos y
los hermanos son m ucho más vulnerables a la infl ue nci a de sus igua-
les si és tos son del mismo sexo que si so n del sexo conu-ario. Por
tanto, aunque lo más no rmal es que los cónyuges sean am igos, tarn-
bién son, normalmente , de distinto sexo, de forma que ambos efec-
tos se anulan.
132
. Otras con d uctas re lacionadas con la sa lu d que podrían d ifun-
' dir se de n tro de las r edes sociales son la te n dencia a hace rse che-
queos periódicos, a ir al médico, a acatar sus recomcridacio nes e
incl uso a acud ir a determinados hospi tales. Según un estudio, exis-
úa un 8.3 por ciento más de probabilidades de que un estudiante de
Harvard se vacunase de la gripe si otro 10 por cie nto de sus amigos
también se vacu naba'P, Además , los síntomas se pueden contagiar
entre las personas debido a dive rsos mecanis mos bio lógicos y socia-
les. En e l cap í tulo 2 vimos q ue la an siedad y la fe licidad se pueden
p ropagar, y que tam bi én lo pued en hacer un dolo r de cabeza, un
picor o la se nsación de cansancio.
El d olo r de espal da es otro ejemplo de un estado físico que se
pued e propaga r por las redes sociales. Un grupo de investi gad ores
alemanes es tudió la posibl e transmisión de l dolo r de es palda me-
diante un experimento natural qu e fue posible gracias a la reunifi -
cación de Ale ma nia. Antes de la caída de l Muro de Berl ín, a los
ale man es orie n ta les les dolí a menos la es palda que a los occiden ta-
les, pero transc urridos diez años desde la reunifi caci ón, a los ex
ale manes o rientales la es palda les duel e ya ta nto como a los alema-
nes de la antigua Alemania Occidental. Al parecer, los mensajes de
los medios de comunicación a los que ahora se exponen los alema-
nes que antes pertenecían a la parte o riental , mensajes que di cen
que e l dolor de espa lda es «frec ue nte e ine vitab le » y «un di agnósti-
co y un en igma terapéuti co que necesita cuidadosa atención m écli-
ca» han desempeñado un papel mu y impor tante . Pero los mismos
investigadores sostenían tambié n que el dolo r de espalda era una
"e nfermedad comunicable » cuya transmisió n podía interrumpirse
mediante una es pecie de «descontam inaci ó n psicosoci al - P . Pensar
en el dolo r d e espalda de esta fo rma puede ilumin ar otro m iste rio y
ayudar a .ex plicar por q ué e l n úmero de personas q ue se q uej an de
dol or de espalda varía tanto e n los paí ses industri alizados. En Es tados
Uni dos, el índice de dolo r de espalda e n tre la po blación ac tiva es
del 10 por ciento, en el Re in o Un ido, de l 36 por cie nto, e n Alema- ,
ni a, del 62 por ciento. en Di namarca, del 45 por dento, en Hong
Kong, del 22 por ciento'".
En cierto se ntido, la variación de es tos índices y las fo rmas es pecí-
fica mente c ulturales e n q ue se experi men ta el dolor de espalda su-
gie ren que és te puede ser un síndrome ligado a la cultura. un a enfe r-
medad reconocida e n algunos países y n o en otros, de tal f o rma que
133
S UICIDIO CONTAGIOSO
135
A Mi Ml: DUY..u: TA.."'ITO COMO /i. T I
ras y, al igual que los no fumadores d e nuestro propio estu d io, se
despl azaban haci a e l centro de la red socíal'". Las e pidemias d e des-
órde nes alimenticios so n un ejemplo extremo de la transmisión de
conductas relaci onadas con la obesidad que los autores documenta-
mos en e l Estud io Card io lógico de Framingham.
Es posible que el con tagi o del suicidio sea la ilustr aci ó n más d e-
vastadora d el poder d e l as redes socia les. Existen muchas causas
de suici dio, pe ro la idea de que las personas podrían matarse senci-
llamente porqu e otras 10 hace n pa rece con trari a a toda lógi ca y sin
duda pone en tel a d e juicio la idea d e que el suicidio es un acto pu-
ramente individual .
Agrupaciones d e suicidas d entro d e la red social se han d ado por
todo el mundo y e n comu n idades de todos los tipos: ri cas y po bres,
grandes y pequeñas ; y los ejem plos se remontan a la Antigüedad. Si
. bi en es d e es perar que, dentro d e la red so cial, los suicidas se agru-
pen de forma al eatori a, muchas agrupacion es reflejan procesos d e
co ntagio y no se produce n por azar, ni por fenómenos d e confusión
o por h ornofilia (entre personas que, d e a lguna forma, ya tenían
predisposi ció n a qui tarse la vida) 27. Dicho d e o tra manera, es tas
agrupaci ones so n distintas a las qu e organizan carismá ticos líderes
de cul to comoJ im J o nes, que co nd uj o a más d e noveci entos d e sus
adeptos a suicidarse e n masa en 1978 (un ejem plo particularmente
poderoso del efecto d e confusión y d el d e hornofili a ) .
El es tudio por excele ncia sobre el contagi o del suicidio lo publicó
el sociólogo David Phillips e n 1974
28
. Phillips demostró que durante el
periodo transcurrido entre 1947 y 1968 , el número d e suicid ios se in-
crementaba en tod o Estados Uni dos d urante el mes siguien te a la pu-
blicación e n la primera pági na d el New YIYTk Times de alguna noticia
dedicad a a un suicid io, Phillips llamó a esto «efecto We rther. por la
novel a d e Johann Wolfgang va n Goethe L as penas del joven Werther, pu-
bli cada e n 1774. Esta novel a fu e muy leída, y cuando algunos jóvenes
empezaron a suicidarse d e formas que parecí an imitar la d el protago-
nista, las autoridades d e Itali a, Alemania y Dinamarca la prohibieron.
H ay d os tipos d e cascadas de sui cidios: las q ue se p rod ucen por
contagio a través de los medi os de comunicación, como la de Werther
134
las personas la padecen dependiendo de e n qué entorno se e ncuen,
tren, El ejem plo clásico d e un síndrome ligado a la cult ura es e l kMo,
una dol enci a docwnentada en algunos países asiáticos. Los hom-
bres que la sufren experi mentan una fuerte a ns ie dad ca usada por el
convencimiento de que su pene es tá empezando a retrae rse , que
terminará desapareciendo e n su abdomen y que. COIUO co nsecuen-
cia d e e llo, pod rían morir. El tratamie n to cons iste e n pedir a los fa-
miliares de más co nfianza del afectado que le soste ngan el pe ne las
vei n tic uatro ho ras del día duran te varios d ías para evitar e l temido
retroceso. Para los forasteros, esta dolencia no tiene base biomédica
o e ti o lógica ci ara, pe ro para qui enes la sufr e n es muy real . En r eali-
dad, se han docu mentado epidemias de koro e n Mal asi a y e l su r de
Chi na (donde lo llaman suo yang). Pa ra los mal as ios, e ntre quie nes
p robabl emente sea infrecuente e l d olor d e espalda, el hecho de q ue
muchos estadou nidens es tengan dificultades para di agnosti car bi o-
rnédi camente un estado qu e obliga a los afec tados a ausentarse del
trabajo y que e n general no se manifiesta mediante signos físicos
objetivos puede resul tar igual mente in e xpli cabl e.
De la a norexia y la bulimia también se puede decir que son sí n to-
mas ligados a la cul tura, Estas enfermedades son predominantes en
los paises industrializados r icos y, d entro d e e llos, e n chicas adoles-
ce ntes de cl ase Inedia y raza blanca. Su incidenci a ha ido en aumen-
to d esde 1935, cuando sólo un 0. 5 po r cie n to d e las m ujeres es tado-
unidense s sufría anorexia y un 1.1 sufría b ulimia, frente al 3.7 por
ciento y al 4.2 por cie n to que las sufren en la act ualidad (en tre los
hombres. los índi ces suponen apenas una déci ma parte de es tos por-
centajes)25. Aunque estas dolencias son totalmente real es para quie-
nes las padecen y sus famili as, sus orígenes so n oscuros . ¿Qué im-
pulsa los h ábitos a limen tic ios? Además d e se r específic os d e cada
cul tura , los .trastornos alimentici os se parecen a otros síndromes li-
gados a la cultura p orque pueden re co rrer una re d social e n o lea-
das, lo cual sugiere la posi bilid ad de q ue las conductas relacionadas
con pé rdi das (muy acusadas) d e peso se transmitan de persona a
persona. Las colegialas de un insti tuto pueden compe tir entre sí por
baj ar d e pes o y las de un cole gio mayor pue d en co piar de su s com-
pañeras la costum b re de a tiborrarse d e comida. En real idad, es tas ,
conductas p ueden afectar a la posició n en la red de una persona: en
cierto estudio centrado en algunas he rmandades universi tarias. las
alu mnas más comilonas eran más populares entre sus co mpa ñe- :
CONECTADOS
y las d e los artículos de primera página del Ne» York Times (puede n,
c o m o vemos, referi rse a s uic id ios re al e s o fi cti ci os ) , y las que actúan
por contagio di recto en las pe rso nas que están conectadas a una
persona que se ha suicidado.
La preocupación por el contagio a trav és de los medios de comu-
nicación ha si do Jo bastante impo r tan te para que el COC (Cen tro
de Control de Enfermedades e n sus siglas e n in glés) haya sugerido
formas alte rnativas de pu blicar noti ci as d e su ícidios ' ". ÉSle induso
ha difundido ejemplos de obituarios pe ri odís ticos. A continuación
copia mos el ti po de noticia que , según el CDC, tiene un «al to po ten-
cial para fomentar el contagio de l su ic id io»:
Cientos de pe rsonas ac udieron e l lu nes al funeral de Pepito Carda,
de quince años de edad, que el pasado viernes se suicidó de un tiro en
la cabeza con e l rifle de su padre. El señor P érez, presiden Le de la
Asamblea Municipal, e l se nado r Ramírez y el señor Fe r nández, presi-
dente de la j u nta Munici pal, se encontraban e ntre los pe rsonajes de
re nombre que ofrecieron sus condolencias a María yJosé Carcía, los
ape nados padres del alumno del Instit uto de la Ciudad. Aunque nadie
conoce a cienc ia cie rta los moti vos de l suici dio de Pe pito Carda, sus com-
pañeros de clase, que prefieren mante nerse e n e l anonima to, afirman
que él yJuanita, su novia, que asimismo cursa segundo de bach illera-
tO en e l I nstituto de la Ciudad, estaban atravesa ndo un pe riodo d ifícil ,
Al parecer, Pepito también e ra conoci do P O I- su afici ón a los vídeoj ues
gas de lema fantásti co. El ins tituto ce rró sus pue rtas e l lunes y se orgal.
ni zaron autobuses para transpo nar a los es tudiantes que deseaban
acudir al fune ral. Algunos e mpleados de l Insti tuto afi rma ro n que a la
ceremonia asistieron cas i todos los alumnos del ce ntro, es decir, unos
mi l doscíernos es tud iantes. L"lS bande ras de la ciudad ondearon a me-
di a as ta en hono r de l fallecido. Los mi embros del Comité Escolar y de
ía junra Municipal están pensando e n e rigir frente al i nsti tuto un asta
de bandera como homenaj e al difunto. Además, un gru po de amigos de
Pepi to Carera van a plantar un árbo l co nmemorativo e n e l Parque de la
Ci udad en una ceremonia que le nd rá lugar e l domingo que viene a las
dos de la tarde. '
Pep ito Careta naci ó en O u-aciudad y se trasl adó a Estaciudad hace
diez años en co mpañía de sus padres y de su hermana, Ana. L'1. pasada
primavera formó parte de l equipo de natación del I nstituto, del que era
uno de sus miembros más ac tivos, y di sfrutaba coleccionando có mics.
136
A Mf ME DUELE TANTO COMO A T I
También participaba en muchas asociacio nes j uve n iles locales, aunque
llevaba varios meses sin asistir a las reuniones.
Y a continuación re co g emo s una redacci ón de la m isma noticia
fictici a q ue según el CDC tien e «poco potencial de promove r el con-
tagio del suicidio»:
Pepito Carcfa, de quinc e años, que vivía en Maplewood Drive , mu-
rió el viernes a consecuencia de una herida de arma de fue go que él
mismo se infli gi ó. Pepito, hijo de María y deJosé García, cursaba segun-
do año e n e l Insti tuto de la Ci udad.
Pepito vivía en Cualquier Lugar desde que hace diez años se trasla-
dó aquí desde Otraci udad , donde naci ó . Su funera l fue oficiado el p a ~
sado domingo. Los psic ólogos del ce ntro escolar están a disposición de
LOdos aquellos alumnos que deseen hablar del fallecimiento de Pe pi to .
Además de sus padres, le sobrevive su hermana Ana.
Muy amable mente, el COC n os recuerda qu e «los nombres de las
personas y lugares que a parecen e n esos ejemplos son ficticios y no se
c;orresponden con la real idad». Es posible que el COC q u iera evita r
toda po sibi lidad de inducir al suici d io incluso con una noti ci a ficti-
cia. Lo impor tante, sin e mbargo, es que la segunda noticia omite to-
dos los elementos personales q ue apare ce n en la pri me ra, todo aq ue-
llo q ue podría ins pirar la compasión del lecto r. Las d irectrices del
COC recomendaban que las notic ias de este suicidio ficticio no abun-
dasen e n la forma de m u er te e legida ni menci onas e n lo «maravillo-
so. q ue e ra el adolescente, y que tampoco sugiriese n q ue el sui cidio
había con tri bui do a resol ver los problemas del su icida, como, por
ejemplo, el de aj ustar cuentas con su novi a, Juan ita ( <<Cu ando nos
pusimos en contacto co n ella,J uanita so llozó y nos dij o cuánto ec ha-
ba de menos a Pepi to - ) ,
y funci ona . Cuan do, e n 1978, la ciudad de Viena concl uyó su red
de m e tro , no pasó mucho tie mpo ante s de que lo s vie ne ses e mpeza-
ran a utiliz ar la para un p ropósi to para el q ue no estaba prevista:
arrojarse a las vías. Las noti ci as de los s uicidios e n e l m e tro eran muy
gráficas y los intentos de suici dio (la mitad de los cu ales se saldaba n
con éxi to) casi ll e garo n a cuarenta po r año. Lle vado s p or la pre o cu-
paci ón , los psiquia tras vieneses trabajaron en colaboración con los
periodi stas . En 198 7 se cambio la forma de dar las notici as y los i n-
CoNECT,o.DQS
tentos d e su icid io d escendieron d e inmediato y de forma espectaou.
lar h as ta quedar re d uci dos a seis el año siguien te .
Desde e l ar tículo publicado por David Phill i ps en 1974, la sofisti-
caci ó n d e los análisi.s sobre el suici d io h a crecido e normemente y la
escala geográfica se h a reduci do h asta cen trarse en los brotes lo cali-
za dos y e n lo s que se producen po r con tagio directo . Como e n el
caso de las EPM, la ca rga parecen soportarla especial mente los insrí.
tutos y las com uni dad es pequeñas que , como suele d ecirse , son las
más u n idas. Además , e l con ta gio del suicidio se produce casi excl u-
sivamente e ntre j óve nes. En tre los ad u ltos d e más d e veinti cuatro
años casi no e xiste y muy po cos o casi n inguno se suici dan cu an do
alguien a qui en conocen lo hace o cuando lee n la n o ticia de al gún
su icid io e n los peri ódicos'" . Pe r o con los adolescen tes, que so n es pe-
cialmente impresionables y suscep ti bles a l contagio e n tre iguales en
ta n tos as pectos d e su vida , e l as u n to es bi en disti nto. El vín cu lo entre
la edad d e l sujeto y su susceptibi lidad es otra mane ra d e ilustrar la
fo rma e n que los atri butos de los nod os d e una re d so n cruciales
para determinar cómo circulan los distintos fenómenos.
Así es co mo se d espl iega n estos brotes. El p romedio d e suici d ios
en Manitoba , Canad á , es d e 14.5 cas os p o r cada 100,000 h abitantes,
pero e n 1995, e n un p ueblo de 1,500 h a bitantes situado e n el n orte
d el país, e l ín d ice se el evó a 400 por cada 100,000. Seis jóvenes se
qui taron la vida , e n la mayoría d e los casos ahorcánd ose , en un pe-
ri odo de cua tro me ses, y o tros di ecinu eve lo intentaron. La se nsa-
ción d e ep idemia y la fo rma en q ue ésta se propagó a través de las
conexio nes perso nal es d e los habitantes d el pueblo se puede apre-
ciar en e l informe d e uno d e los médi cos que llegó a la comuni dad
p a ra ocuparse del caso. A con ti n uación trascribi mos su descripción
d e lo que sucedió e n u n centro d e sal u d d e la lo cal i d ad a lo lar go d e
u n periodo d e tres días que se inició d os semanas d espués d e l últi-
mo d e los seis suici d ios que sí se concretaron, cuando todavía eran
visib les las graves secue las d e los suicidios:
Un varón de diecinueve añ os se present óen e l cen t ro d e salud a las
dos se manas del sexto su ici d io. La poli cí a esta ba preocupada po r él;
..Tres de mis amigos han m uerto y no puedo soportarlo más ... H a bía
i n te ntado a horcarse en su ha bitaci ón h acía dos semanas. Su h ermano y
un amigo Jo descu b rie r o n y cortaron la cuerda. Después de que uno de.
su s pri mos muri ese en la carrete ra el invi erno an ter ior, es te chico ha bía
138
A MI ME OUELE. T ANTO COMO /1. TI
in tentado pega rse un ti ro, pero sus pad res se lo habían impedido . Pas ó
la noche en la cárcel, pasó una semana e n cama e n su habi taci ón y Iue-
go. según sus propias palabras, se sintió mejor. En la consulta re conoci ó
q ue oía las voces de d os de las víctimas, q ue lo invi taban a un irs e a ell os.
Es to oc ur r-ía so bre todo cuando estaba solo y as ustado . Sin sí n to mas ve-
getarivos d e depresión. Pedía una oportunidad para ..hablar y sacar las
cosas...
El mismo día vimos a un chico de trece años porq ue su padre estaba
preocupado por él. Los infor mes r evelaban que la p rimera víctima del
suici d io había sido un primo de es te ch ico, quien ad emás ha bía descu-
biertc a la segunda víctima todavía colgando de la soga. Su cu ñado era
la tercera víctima. egaba ideas suicidas y no había intentado in fligirse
ni ngún daño. El paciente no q ue rí a vo lve r al colegio. Se sentía solo y
so ñaba con los fallecidos, cosa que le as ustaba . J ugar a l hockey con su
he rmano y cortar leñ a con su padre e ran sus d os pasati empos favoritos.
Al di a siguiente eval uamos e n la cons u lt a a una ch ica d e quince
a lias. Guardó silencio cincuenta minutos, hasta que nos confesó q ue
era prima de dos de las víctimas. Admitió q ue h a bía o ído la llamada de
sus primos in vi tá ndo la a unirse a ellos, au nque no e n las t res últi mas se-
manas.
El mismo d ía, al go más tarde, ll egó a la consu lta una muj er de ve in ti-
trés años. Be b ía más desde los suicidios. Había ll egado a escri bir una
nota de suicid io , pe ro la te rcera víctima, su tío, la había ganado ..por la
mano..; «me arrebató el num erf ro», dij o esta m uj er. Q uemó la no ta . [oo .]
La segun da vícti ma de sui cidio era sobri na de su novio .l.a paciente h a-
bía o ído a alguien llamarla por su nombre . [.. .]
Una chica de catorce años q ue era amiga de cuatro de las víctimas y
prima de la quinta ll egó a la consulta acompañada d e su madre , q u e
ha bía insistido en traerla. H abía soñado que su pri ma estaba colgada de
una cuerda y le sonreía. Un mes d espués, ha bía pas ado por consulta
d espués de un intento de suici dio. Con anterioridad había intenta do
suicidarse var-ias veces.
A conti n uación vimos a un chico d e catorce a ños. H abía in tentado
a horcarse cuatro meses a trás. Co nocía a las seis víctimas. Era pri mo d e
u na d e e llas. Antes d e su intento de suic idio, ha b ía soñado con «una
muj e r d e pelo largo , algo encrespado por arriba, con la cara n egra y u n
abrigo largo... Dijo: «Aq u í, todo e l mundo ve a esa muj er por las n o-
ches... Es te chico tambié n oyó que alguien lo ll amaba, pe ro no acertó
a preci sar q ui én .
139
CONECTADOS
Esa mi sma noch e , más tarde , unos po licías trajeron a una chica de
catorce años. [ ... ] A las 9:00 de la noch e se había to mado siete pas tillas
de glyburide [un medicamento para la di abetes] y luego se lo había di-
che a una amiga. Las dos chicas que se sui ci daron eran amigas. Una se-
mana antes. esta chica había visto en sue ños a una de el las y ésta le ha-
bía pedido que se marara ' ".
Bas ta leer el informe para depri mirse inmediatamente. Y no es
dificil imagi n ar lo q ue debieron d e sen ti r los habitantes d e ese p ue-
bl o de Mani toba a l verse atrapados por la e pidemia.
Otro b rote bien documentad o se p rodujo e n un in stituto d e Pitts.
burgh, Pensilvania, d e 1,496 al u mnos. Dos d e e llos se suicidaron en
un pl azo d e cuatro d ías impulsados al pare cer por e l su icidio d e un
chico de veinti ún años que tambi én habia cursado es tudios en el
mismo ins tituto, y en un peri odo de di eci och o d ías en el que tam-
bi én se produj eron esos dos casos otros siete al umnos int entaron
suici darse y o tros ve in ti trés aseguraron que la ide a se les había pasa-
do por la ca beza". Fue posible trazar la ruta d e t ransmisi ón d el sui-
cidi o porque el primer alumno suicida era amigo del ex alumno
suici da y co nocía al segun do alumno su ici d a . Además, muchos de
los chicos que pensaron en suicidarse o que lo intentaron sin éxi to
mantenían vínculos es trech os y probados co n los c hicos que se suici-
daron y e ntre sí. Aunque muchos chicos d el gr up o habían pasado
por e pisod ios previos d e depresión, o tros tantos no lo h abían he"
cho, Esto pl antea un asunto clave con respect o a las casc adas de sui-
cidios: ¿co nocer a alguien qu e se ha qui tado la vida só lo invita al
suici dio si previamen te se han tenido ideas sui cid as, o conocer a
al guien que se ha quitado la vida convie n e d ir ec tamente a quien 1"
hace e n una nueva ví ctima d e la e pidemia? Es una pregunta análoga
a la q ue nos pl ante amos e n e l cap í tu lo 3 con resp ecto a las cascadas
d e fertilidad, y al lí vimos que cua ndo una pe rsona te nía un herma-
no y és te tenía un hijo. no só lo se adelantaba la fecha en que esa
persona tambié n tenía un hijo, sino que se incrementaba el número
total de hij os q ue esa pers ona le n ía.
El contagio dire cto puede funci onar d e igual manera e n el sui-
ci d io q ue e n la o besidad , es d ecir, más por medio d e la d ifusi ón de:
ideas q ue de co nd uctas compartidas. Que un a pe rsona se stticide pue-
d e hacer que e n otras disminuya e l umbral de a ceptación del sui-
ci d io, po rque e l suicidio d e a lguie n su pone un cambio d e normas
A Mf MI!. OUIU.t. TA."ITO COMO A TI
yactitudes. Un suici dio puede awnentar la sensación de que suici-
darse es d eseable e«mira qué tristes están to das esas personas aho ra
que ha muerto esa o tra»). Ante un suic id io, a1gtti en puede ll egar a
pensar que la presión social que normalmente exis te e n contra de
matarse se relaja parcialmente. El suicidio de algui en que conoce-
mos también puede propo rcionarnos informaci ón sobre la manera
de hacerlo . Natural men te , hay casos e n los que puede haber colabo-
ración (como e n los cl ubes de su icidas d e Internet que ha habido e n
Japón, e l Reino Unido, Estados Unidos y muchos o tros países d esa-
rrollados, clubes fo rmados por dos o más desconocidos con la idea
de ma tarse j untos o a la vez )?'.
Los estudios más re ci entes d e las cascadas d e suic idios han fusi o-
nado mé todos d e red y grandes recopilaciones d e d atos para investi-
gar más a fondo y confirmar el contagio directo. Un es tudio reali za-
do por Ad d Heal th a 13,465 ad olescentes confirm ó que tener un
ami go sttici da incrementaba la posibilidad d e tener ideas sui ci das.
Si el ami go de un chico se había suicidado el año ante rio r, ese ch ico
tenía e l tripl e de probabilidades d e tener ideas suicidas y casi el d o-
ble d e posibilidades d e intentar suici darse q ue los demás . Las chicas
con una ami ga suici da tenían dos veces y media más de probabilida-
des d e pensar e n m a tarse y, como los ch icos, casi el d oble d e proba-
bilidades d e intentarlo que las d emás. Asimismo, gracias a los d atos
del Add Health Study, fu e posible examinar muchos o t ros factores
relaci onados con la posici ón de una persona en la red soci al . Ade-
más del s uicid io d e un amigo, hay otros factores d e la est r uctu ra d e
la red social qu e hacen que aumente el riesgo ele suicidio, como te-
ner menos amigos y encontrarse en una posici ón en la que tus ami-
gos no son a migos e n t re sí (es decir, que no haya transitividad en la
red) _ Las adolescentes ( pero no los ado les centes ) cuyas amigas no
son amigas pueden verse e n la enc rucijada de tener qu e elegir e ntre
normas contradictorias so bre cómo vivir la vida. lo cual puede resul-
tar muy estresante . Y e llo incrementa e n más d el d oble la posibili-
dad de tene r ideas suic idas'". Es como si se dijeran: «Si vosotras no !
os llevái s bien, ¡yo me pego un tiro!- .
El contagio d el suicidio n o es un fenómeno e nteramente d esco-
nocido e ntre los adultos. Un estudio realizado e n Esto colrno a 1. 2
millones de pe rso nas d urante la d écada de 1990 d emostró que los
hombr es (pero no las mujeres) con comp añeros d e u-abaj o suici das
tenían 3.5 más probabili dades d e suicidarse que los que no los te-
I
140 141
UNA NUEVA BASE PARA LA SALUD PÚBLICA
143
A M I MI!: DUEU TANTO COMO A Tl
dad es una meritocracia que recoInpensa las decisi ones firmes y cre a
oporeun idades para q ui enes están bi e n preparados. La idea, radical-
roente individuali sta, es que somos dueños de nuestro destino y que
cambiá ndolo todo, desde lo que comemos b as ta nuestra forma de
cepillar nos los di entes, pod emos mejorar nuestras posibil id ades
de supervive ncia. nuestra estabilidad mental o nuestras perspecti vas
reproductivas.
Pero la realidad es mucho más compleja. Que inevitable me nte
formemos parte de redes sociales significa que lo que les ocurre a
otras personas -que conocemos y que no conocemos- puede re-
correr la red y afectarnos. La salud de los demás es uno d e los facto-
- res más determinantes de nuestra pro pia sal ud. os afectan no sólo
la sal ud y la conducta de nuestros amigos y compañeros de trabajo,
sino la sa lud y la cond ucta de cie ntos de mil es de personas de nues-
tra red so cial más a mplia.
La mayoría de las personas sabe muy poco de la forma e n que se
cui da la salud de los ciudadanos e n general. Y lo que conocemos es
siempre e n térmi nos individua les: la adve rte ncia anti tabaco e n los
paquetes de cigarri llos o la e tiqueta con el contenido nutritivo de
los alimentos que imponen las au torida des sanitarias es tán desti na-
dos a cada co nsumidor a títul o indi vidual , no a la co munidad e n su
conjunto. Normalmente no nos darnos cue n ta de que la fo rma en
que una perso na o pta por ciertas conductas afecta a la sal ud de los
, demás ni de sus impli caciones para la salud públi ca
Sí sa bemos e n cambio que los programas p ara dej ar e l tabaco y e l
alcohol y las te rapias para reducir la obesidad e n las q ue hay resp al-
do de un grupo so n rnás eficaces q ue las que se di rige n a ind ividuos
en solitario. Programas como Alcohólicos Anónimos y Weight Wat-
chers [Vigilantes del Peso] ac túan p recisamente de esta manera: fo-
mentan la formación de vínculos sociales y la solidaridad del grupo.
Los experimentos confi rman el beneficioso efecto de estas terapias.
Un estudio re unió a varios sujetos que querían baj ar peso y los repartió
de una de estas u-es formas en una te rapia: cada uno se inscri bía
bien e n solitari o, bi en asignado por los terapeutas a un grupo de
cuatro pe rsonas Ob ien se integraba a un gI:UpO de cua tro person as
(un método parecido al que se emplea para conceder mi crocr édi tos
a los po bres, algo que veremos en el capítulo 5). Cuando los sujetos
formaban parte de u n grupo, baj aban un 33 por cien to más de peso
yse mantenían así más ríempo?".
CoNECTADOS
142
nían
36
. Como en e l caso de la obesida d. qu e . como los autores des-
cubrimos, se transmite entre compañeros de trabajo sólo en las e r n ~
presas relativamente pequeñas. el suicidio de una persona parecía
incre mentar el riesgo de que otras se suicida desen sólo en e mpresas
co n menos de cien emp leados. Porq ue es más probable que una per-
sona tenga contac to físico real con la víctima en una empresa peque-
ña que en una empresa grande.
En realidad, en las últi mas décadas se h a producido e n Estados
Unidos una e pidemia de suici dios latente per o muy e xtendida . Un
es tu dio realizado e n 1997 reflejaba que el a ño a nteri or el 13 por
ciento de los adolescentes es tadoun idenses consideró se riamente
el suicidio y qu e un cuatro por ciento llegó a in tentarl o'". As imismo,
el 20 por ciento de los adolescentes aseguraron tene r un amigo que
había intentado su icidarse el año an te rio r. Entre 1950 y 1990 , el ín-
dice de su icidios e ntre los jóvenes de e ntre quince y veinticuatro
años pasó de 4.5 a 13.5 por cada 100,000
38
. Resulta inter esante que
en el mi smo periodo también se produjera una e pidemia de suicidios
en la ficción. Según un análisis de argumen tos cinematográficos que
hemos consultado e n una base de datos de Interne t (IMDB.com), el
porcentaje total de películ as en las que aparecía un suicidio se elevó
del 1 po r ciento en la década de 1950 al 8 por ciento en la de 1990''' Si
ámbos datos están relacionados y qué fenómeno se p rodujo primero es
dificil de saber, pe ro lo que resulta evidente es que las conexiones que
nos pueden dar la fe licidad tambié n nos pueden cond ucir al sui cidio.
«Me pones e nfe rmo » es una expresió n col oquial qu e refl eja una
r ealidad. Nuestra salud depende de algo más que de nuestras carac-
te rísti cas biol ógi cas o, incl uso, de al go más que de nues tras eleccio-
nes y acciones. Nuestra sa lud también depende, lite ralmente, de las
características biol ógi cas, de las elecciones y de las acciones de quie-
nes nos ro dean.
Pa ra algunas personas esta afi rm ació n puede parec er algo abo-
minahl e. Particularmente e n Estados Unidos estamos acostumbrados
a co nsiderar que nuestro destino está sobre todo e n nuestras manos ,
creemos que «sal imos adelante po r nuestros propios medios» y que
«cualquie ra puede hacerse ri co». ' Co nsideramos que nuestra socí e-
.'
CoNECTAOOS
A Mi M io: OUEL.ETANTO COMO A T I
Otros experime ntos han confi rmado asimismo que los fe nóm-,
nos re lacionados con la sal ud también se transmi ten de forma inte(-
perso nal . Por ej e m plo, un es tud io desi gnó al azar a 357 personas
para que se sometieran , o no , a una terapia para bajar de peso, pero
a continuaci ó n - lo cual es inusual- reali zó un seguimiento a los
357 cónyuges d e los suj etos del es tu dio. Resultó q ue no sólo los suje-
tos del es tudio bajaron de peso. sino qu e también lo hici eron sus
c ónyuges". Esto se produj o principalmente por medio del sigu ie nte
mecanismo: el cónyuge que no estaba en terapia copiaba los hábitos
ali men tarios del que sí lo estaba (si bien es verdad que tambi én se
di eron OtrOS muchos m ecanismos) .
Cons iderar es te tema d esde la perspecti va de la red social da más
crédi to a las terapias familiares y de grupo y co nfi rma que estos feri ó-
menos sa nitarios inte rpersonales podrían operar a una esc ala mucho
mayor. Una perspecti va de red exige un replanteamiento de las
formas e n que nosotros co mo sociedad a bordamos la sal ud y los ctti-
dados sanitarios y plantea nuevas solucio nes para la sal ud pública. ~
Las redes se podrían man ip ula r e n términos del modelo de co-
nexiones o del proceso de contagio con el fin de fomentar la sal ud
individua l y colectiva. Si los vín culos de red se p udieran discernir en
una escala co mu nitaria a mplia (por ejemplo , u tili zando al gunos de
los nuevos métodos y tecnologías de la comunicaci ón que describi-
remos e n e l ca pí tulo 8), podríamos locali zar a los individ uos más
infl uyentes o a los que más riesgo tienen de ve rse afectados po r me-
di o de procesos de salud interpersonales. Asimi smo , si conociéra-
mos los vínc ulos de las personas a gran escala, podríamos idear in-
terve nci ones para diri girnos a grupos de personas interconec tadas,
Co rno hemos visto , en nosotros influyen más las personas con qui e-
nes estamos conectados directamente que las conexiones imaginarias
que podamos mantener co n los famosos. La ciencia de las redes nos
ofrece fo rm as mej ores de identificar a los individuos influyentes loca-
lizando qué núcl eos se encue ntran en las posiciones ce ntrales de la
red'12. Para que esto funcione, primero es nec esario trazar un lnapa de
toda la red . Por ejem plo, si lo que queremos es reducir e l número
d e fumadores de un instituto de educació n secundaria o de una ofici-
na, lo que normalmente se hace es dirigir un mensaj e a todos los
miembros de la re d o trabaj ar con un gm po pequeño, el que podría
correr e l mayor riesgo. En este segundo caso, a los individuos se les
podría ide n tifi car por f¡j emplo porque son los más pobres o porque·
sabemos que so n los que más fuman. Pe ro una manera al terna tiva de
aborda r el problema co ns isti ría en identificar los núcleos de la red
social (q ue podrían ser pobres o fumadores o no se rlo) y lanzarl es
mensaj es para que dejen de fumar. Esta forma de intentar solucionar
los problemas ya ha dado resul tado con la a plicación de dietas más
sanas yformas más seguras de prac ticar el sexo'".
Sin embargo. este enfoque uansforma la manera en que, duran-
te décadas, se han hecho las cosas en la sa n idad pública . No tienen
en cuenta las desigual dades so cioecon ómicas ni la vuln erabil idad
soci oeconómica o conductual per se, sino la desi gualdad y la vulnera-
bílidad es truc turales. Las personas corren más riesgos san itarios en
virtud de su posici ón e n la r ed y, por e l bi en de to dos, las inte rven-
cion es de la sanidad pública varían en virtud de esa posici ón. Ade-
más de centrarse, por ejemplo. e n si una pe rsona es pobre o en su
lugar de residen ci a. la sanidad pública debería ce ntrarse en a qui én
conoce ya qué tipo de r edes perte nece.
Investigaci ones reci entes han clarificado en qu é circunstancias
específicas pueden los i ndividuos más influyentes ejercer su influen-
cia. Y resulta que no basta con que existan personas influyen tes, ade-
más, e n la po blación debe haber pe rsonas influenciables; y r esul ta
tambi én que la rapidez con la q ue se propaga una innovaci ón de-
pende más de las propiedades y núme ro de integrantes del se gundo
grupo que de l prirnero'" . La cl ave, si n embargo, es tá e n q ue las re-
des con de terminados rasgos y topologías en parti cular so n más sus-
cep ti bles a las cascadas, en que ambos tipos de personas son necesa-
rios para que. e n efec to, h aya cascadas, y e n que comprender la
forma de la red es crucial para e n te nder cómo funci onan las casca-
das na tural es y las inducidas de forma ar tifici a l.
Que las personas infl uyentes ejer zan su influenci a o no puede
depender e n te ramente de la es tructu ra precisa d e la red e n la que
se encuentran. algo sobre lo que tienen un con trol muy lim itado.
Como ya h emos visto, a lgu nas redes permiten cascadas de amplio
alcance y o tras no. Que el hech o de prender un tronco se convi er-
ta en un incendio o en una hoguera depende much o del ent orno
del tronco : de la distancia a la que haya otros á r boles, de lo seco
que es té el terreno, de lo grande o denso q ue sea e l bosque. Cuan-
do se dan las condiciones para qu e se produzca e l ince ndio , cual-
v qui e r chispa lo prenderá; cu ando no se dan , nin guna chispa será
sufi ciente.
144
dad, ¡se puede lograr el mismo ni vel de protecci ón inmunizando
a apenas el 30 por ciento de las personas ide ntificadas por este méto-
do que inmunizando al azar al 99 por cie nto de la poblaci ónl Ideas
simila res se pueden poner e n p ráctica a raíz del probl ema contra-
rio, es to es . cómo abordar mejor un hábito nuevo o un nuevo pató-
ge no (o un ataqu e bioterro ri sta ) : ¿realizamos un seguimiento de
pe rsonas escogidas al azar o elegimos a esas personas según la posi-
ció n qu e ocupe n e n la red? Elegi r según los parámetros de la ciencia
de las redes podría ser se tecientas veces más eficaz y eficienre?".
Por último, la relaci ón costo/eficacia de las intervenci ones de
red es mucho mej or. Por ca da dólar que se gasta e n mejorar la sal ud
de un empleado, tambi én mejoramos la sal ud de los pari entes, com-
pañe ros de trabajo y amigos de ese e mpleado, e in cluso de los am i-
gos de sus ami gos. Esto incrementa sustancialmente el retorno de
las inversiones. y en el caso de los patronos o de las ase guradoras
esto puede resultar especi almente importante, porque apenas dos
terci os d e los costos de la salud e n los luga res de trabaj o es tá n rel a-
cionados con los problemas de sa lud de los cónyuges y de otras per-
sonas que dependen del trabaj ador. Abordar d irectamente a un tra-
baj ador y de paso consegui r que mej ore la sal ud de su familia n o
puede por menos que se r un buen negocio. Como veremos en el
capí tulo próximo, las redes p ueden magnifi car los beneficios ec o-
nómicos no só lo en el ámbito de la salud. Por otro lado, nuestra
comprens ión de la cond ucta 'eco nó-mica requier e ql.le nos reconci-
liemos con la idea de que no hay hombre ni muj er que sean una isla .
Las personas es tamos conectadas, y nuestra salud y bie nestar tam-
bi é n lo está n .
147
A Mí MY. DUELE TANTO COMO A T I
146
CoNECTADOS
. Los modelos por ordenador de la epidemia de obesidad de Fra,
mingham confirman que dirigi rse a los individuos que se encue n,
t ~ en el centro de la red puede ser una es trategia muy eficaz tanto
SI estas personas padecen de sobre peso como si no
45
. Pero es tos rno-
d.el os sugieren una estrategia todavía más insólita: desde el punto de
VIs ta tanto del individuo corno del conj u nto de la población, lo más
eficaz es perder peso con los ami gos de los a migos, y no con los ami-
gos. Ocurre 10 siguiente: si intentásemos perder peso con nuestros
amigos, podríamos consegui rlo, pe ro el pequeño grupo formado
por nosotros y por nuestros amigos está rodeado por un grupo ma-
yor de personas que ejercen presión para que vol vamos a engordar.
Así que, con toda probabi lidad, tanto nosotros corno nuestros ami-
gos acabaremos por recupe ra r los kilos perdidos.
Por tanto, una buena es trategia para perder pes o podría consistir
en .invitar a ce nar a unos ami gos y pedirles qu e designaran a otros
amIgos a los que a su vez invi taríamos a ce nar y a qui enes rogaría-
mos que se uniesen a un cl ub para practi car ejercicio. Si pudi éramos
hacer es to, crearfamos una fuerza social que presionaría a nues-
tros a migos para que perdieran peso (estarían rodeados) y crearía-
~ o s en tomo a noso tros un cí rculo de gente que se esforzase por me-
Jorar su salud.
Compre nde r el funcionami ento de las redes nos puede llevar a
otras estrategias innovadoras y nada obvias. Normalmente, i n rn uni-
zar de fo rma aleato ria a una poblaci ón para evitar que una infección
se extienda requi ere que se inmun ice al ochenta o al cien por ci en
de esa p o bl ación. Para evitar una ep idemia de saramp ión h ay que
mrnuruzar al 95 por ciento de la p oblaci ón. Una alte rnati va más efi-
ci ente es abordar di rectamente los núcl eos de la red, es decir, a
aq ue llas personas que se e nc ue ntran e n el ce ntro de ella o a las q ue
tien en más contactos. Sin embargo, con frecuencia no es posibl e
di scernir previamente los vínculos de red de un a población cuando
tratamos de dar con la mej or forma de inmunizarla. Una altemati va
creativa es la de inmuni zar a los conocidos de algunos individuos
escogi dos al aza ro", Esta estrategia nos permite explo tar una propi e-
dad de las redes aunq ue n o vislumbremos toda la es tructur a. Los
conocidos ti enen más vínculos y están en puntos más centrales de la
re d que las personas escogidas al azar que los nombran. Esto sucede
porque lo normal es qu e Lodos nombremos como conocidos a las
pe rsonas que más conexiones tienen y no a las que menos. En reali-
t
C APÍTULO 5
SEGUIR LA PISTA AL DINERO
,
D esde 1866 Ingl aterra no había vivido una cr isis se mejante . En el
ve rano de 20 07 la burbuja inmobiliaria mundial estaba a punto d e
es ta lla r, l os mercados h ipote carios se despl omaban y los ba ncos b ri-
tánicos tenían cada vez mayo res dificul tad es para reunir capital en
los mercados mone tarios . Los acreedores hipotecari os resultaron
esp ecialmen te afectados, y algunos se estaban quedando sin re cur-
sos. El miércoles 12 d e septiembr e el banco No r thern Rack cerró
sus puertas ypidi ó al Banco de Inglaterra qu e intervi ni era para ga-
rantizar sus depósitos. Las noticias se exte ndi ero n con rapidez por
los medios d e comuni caci ón y verbalmen te . El gobierno h i zo púb li-
. ca una declaraci ón asegura ndo a los clie n tes que ni sus cuentas co-
r rie rrtes ni sus préstamos hipo te cari os corrían peligr o , pe ro f ue e n
vano. El viernes 14 de se p tie mb re, cuan do e l Northern Bank abri ó
sus p uertas, se d esató el primer pánico bancario d e l país e n más de
ciento cuare nta años.
Desde las seis d e la mañana la gen te em pezó a formar cola a la
puerta d e las sucursales d el Northem Bank d e todo el país. Al gunos
cli entes te mian quedarse sin e l dinero que tenían metido e n el ban-
co. «Lle vo años ahorrando y no quie ro perderlo», dij o Jacqueline
Porte, que hab ía logrado avanzar siete metros en la fil a de la sucur- .
sal de Golders Green cuando habló co n los periodistas' .
Otros estaban menos info rmados de la situación del banco, pero
ac u d ieron igualmente p orque h abían vis to las colas en tel evi sión o
al pasar delante de las sucursales . Una cl ien te que se identifi có como
Marilyn afirmó que las d eclar aci ones d el go bie rno la habían tran-
quilizado, pero que n o h abía podido res istir el impulso cuan do vio
149
CoNECTIU>OS
SI:CU I K LA PISTA A.L D I NUO
a todo e l Inundo sacar su dinero: «Pensé que si no venía me arre pen_
ti ría despu és- ", Un hombre de unos cincuenta años que prefiri ó no
dar su nombre declaró: ..Soy contable [...] Sé co mo so n estas cosas y
no debe rí a es tar aquí [...] Mi ca beza me di ce que no hay razón para
asustarse, pero mi corazón dice otra cosa-". An ne Burke, de ci n,
cuenta añ os, hi zo cola j u nto a su padre de n oventa años y a o tras 130
personas a la puerta de la suc ursal de Bri ghton. ..No es que d escon,
fíe del Northern Rock [...] Pero todo el mundo es tá preocupado y
n o qUIero se r la última de la ftla . Si todos los demás lo hacen, es que
es lo correcto»
4
.
El pánico del Nor them Bank atraj o a personas que no tenían sus
ahorros depositados en él. Tim Price, un agente de invers iones , se
despl azó expresamente para ver en persona las largas colas de gen-
te de cl ase media es perando para retirar su dinero. «Fue un pán ico
muy británi co», comentó. «Las colas eran ordenadas, pero el impac-
to emocional dej ará secuelas en la gen te que durarán generacio-
nes-". Much os estaban de acuerdo con él. Frente a la sucursal de
Edim bu rgo, una valla publicitaria móvil an unciaba terapias de p re-
vención de suic idio. Para no se r menos, empleados de otros bancos
acechaban cual buitres a la puerta de las sucursales repartiendo ho-
j as volanderas que venían a confi rmar los mi edos de los clientes del
Nort hern y animándolos a cambiar de e n tidad bancaria. .1
Mien tras esto ocuma, la di r ectiva del Northem Bank reclutó
plantilla extra y amplió su horario de aper tura al p úbli co para poder
atender a las interminables col as de gen te y a los descontentos c l i e n ~
tes. En una suc ursal de Newcastle el público se ec hó a reír cuando
un empleado preguntó: «¿Alguie n para hacer un íngreso -- ". Pero -
e n o tros lugares la situación se iba volviendo más tensa. La policía
de Strathclyde tuvo que cerrar una oficina del Northern como me-
dida con tra posibles di sturbios. y en Chelte rth am la p olicía ta mbién
tuvo que ac ud ir e n ayu da de un director de sucursal al que una pare-
j a había arrinconado en su despacho, exigiéndole que les permitie-
ra re tirar e l mill ón de libras que tenían depositado en su cuenta.
Estas intervenci ones no lograro n atajar la oleada de pánico, que
se prolongó durante tres días más. Conforme progresaba, se hacía
evi den te que las redes sociales estaban desempeñando un pape l en
los acontecimientos. Por ejemplo, Terry Mays,jubilado, al principió
pensó que la garantía del Banco d e Inglaterra era suficie nte, pero el
lunes se e ncon tra ba en la cen tral del Nor thern en Londres y afirma-
bao..Me he estad o informando durante el fin de semana y he decidi-
do sac ar mi s ahorros para estar más tran quilo. Es el d inero de mi j u-
bilacióo»
7
.
Esa red verbal de contactos h izo qu e mucha ge nte que de otra
manera habría ignorado el páni co se suma ra a la histeri a colectiva.
Yla propagación de di cha histeria fue simila r a la que se p roduce en
las enfermedades psicológicas colectivas que discutimos e n el capí-
tulo 2. Al igua l que éstas, los pánicos bancarios cobran vida p ropia .
Si se dan las condiciones adecuadas, lo que empieza siendo un com-
portamiento anormal ais lado se propaga como el fuego por las re-
des sociales.
Estos se ntimientos se exti ende n no só lo entre quie nes tienen
cuentaSen los bancos, sino tambi én entre los inversores, dando lugar
alo que se llama «co ntagio bancario ». Conforme las noti cias sobre el
Northern Bank acaparaban los suple men tos de finanzas de los perió-
dicos, la gen te empezó a preguntarse qui én sería el sigui ente, y pr on-
to el pánico se extend ió a otras compañías. El banco Alliance & Lei-
cester perdió un tercio de su valo r de mercado (1,200 mill ones de
libras ) poco después del pánico del North ern y tambi én caye ron las
acciones de otras entidades bancarias. Se extendió un temor genera-
lizado a que otros bancos estuvieran en una si tuación parecida y no
tardaran en hacerlo público, lo que a su vez desatarla una nueva olea-
da de pánicos. Afortunadamente, an tes de que las cosas se descon-
trolaran por comple to, Alistai r Darling, ministro del Tesoro bri táni-
co, reali zó una decl araci ón ofici al asegurando que el gobierno y el
Banco de Inglaterra garantizarían los depósit os del Northern Ra ck.
Ello puso fin al pánico bancario y los mercados se estabilizaron.
Claro que la hi storia no terminó allí. La crisis de las hipotecas
subprime siguió su curso y, en 2008, el contagio fin anci ero se exten-
dió a los mercados internaci onales . Primero golpeó a instituciones
como Bear Stearns, d irectamente implicadas en el mercado h ipote-
cario (Bear St earns h abía sido adquiri da por JP Margan Chase al
mísero preci o de dos dólares por acción) . A conti nuación se desplo-
mó el 1ndyMac Bank (e l cuarto cola pso bancari o más importante de
la historia de Estados Unidos) y pronto el gobierno federal se vio
obligado a in tervenir Fanni e Mae y Freddie M ~ c , dos compañías hi-
potecarias privadas que avalaban cerca de la mitad de los 12, 000 mi-
llones d e dólares que sumaba el mercado hipotecario del país , Una
semana después, la crisis alcanzó a los bancos de inversión: Merrill
150 151
CoNECTAOOS S ECUI R LA PISTA AL DINERO
Lynch, desesperadamente necesitado de liquide z, aceptó se r adqui_
n do po r el Bank ofAmerica y Le hman Bro the rs se declaró en quie bra.
Dos días más tarde la cri sis se exte ndió a la gigantesca aseguradora
AlG, forzando al gobierno a intervenir de nue vo con un préstamo
de 85,000 millones. Cuan do otros dos bancos (e l Washington Mu-
tu al y e l Wachovia ) también quebraron, los mercados se congelaron
y lo ' bancos dej aron de prestar di nero. Un inve rsor comentó co n arna-,
gura que para e nto nces las únicas inversiones que podía conside rar
segu ras e ran el agua. e mbote llada, los r efugi os antibombas y una caj a
debaj o de su colc hon . En octu bre de 2008 el go bie rno d e Es tados
Unidos anunc ió que iba a financi ar W1 plan de rescat e bancario de
700,000 mill ones de dóla res, pero ya e ra un poco tarde. Los índi ces
Do wJ ones y S&P 500 ha bían caído por debajo del 40 por ciento de
sus máximos del año anterior, lo que su ponía unas pé rdidas de 8. 4
bi llones de dólares.
. El co lapso de 2008 ilustra con qué faci lidad se p uede propagar el
paruco por las redes financieras. Cuando una gran compañía se des-
pl o ma, las q ue están conectadas a e lla corren peligro . De hecho, el
famoso inversor Wa rr-e n Buffer, en su carta anual a los accionistas de
2009, descri bía así la cascada de desplomes fin anci eros: ..Los p artid.
pa u tes [e n el mercado] que bus quen evi tar confl ic tos se enfrentan
al mismo problema qu e alguien que pret enda evitar Contraer una
e nfer medad venérea [ .. .] No se trata sólo de Co n q uién se ac ueste
uno. sino de con qui én se acuestan los dem ás- ", Propagaci ón hiper-
di ádica e n toda r egla. .
Con forme se ac u m ulaban las pérdidas , la economía e ntró e n la
peor recesi ón que se conoce desde la Gran Depresi ón. Miles de per-
so nas perdieron sus hogares y millones se quedaron si n empleo. En
medio de esta cris is de confianza generalizada en las pe rsonas y en
las instituci ones. e l gobierno dejó claro que no dudaría en interve-
nir para evitar nuevos desplomes, los bancos empezaron de nuevo a
prestar di nero y los me rcados comenzaron a estabilizarse. Esto ha
llevado a varios expertos a preguntarse si no se podría haber preve-
n ido e l problema actuando antes.
Au nque muchos de los vínculos que existe n e n las redes fin anci e-
ras son d e carácter formal (por ej emplo, muchas de las e mp resas afec-
tadas tenían contratos legal es con otras compañías que se arruina-
r on) , no debemos menospreciar el poder de los vínculos informales y
p ersonales. WalJ Street ha desarrollado una vasta cul tu ra que fomenta
152
laS relaci ones entre banqueros y di rectores generales. entre agentes
de ventas y clientes e incluso entre empresarios competidores. Estos
tíranes de la industria y señores del universo mantenían contacto asi-
duo por tel éfono , e n reuniones de negoci os y e n círcul os sociales.
y cuando dejaban sus puestos de trabajo para unirse a otras compañías
se co nve rúan en conectores, vinculando a todos los empleados de sus
anti gu as compañías co n los de las nuevas. Como resultado de e llo, los
mercados que mueven inmensas sumas de din ero a través del sistema
financie ro internacional están dirigidos por redes es trec hamente co-
nectadas de hombres de negocios que son ca paces de identifi car con
quién están tratando con sólo ver una cotización en sus pantal las de
<>rdenaclor. Los h ombres de negocios pueden ignorar esta info rma-
ción, claro, pe ro no es probabl e q ue sea así. Cuando la gente en la que
confían e mpieza a vender, ellos tambi én deciden vender. Si bie n
que quiebren algunas compañías es algo esperable dentro de una re-
cesión económica, las redes sociales pueden exacerbar el pro bl e ma al
propagar el mi edo entre las mis mas personas e instituciones que de-
ben asumir riesgos para revertir la situación.
Uno pensaría que la era de las modernas tecnologías nosha hecho
más inte rdependientes y por tanto más vulne rables a pánicos como
éstos. Sin embargo, e l papel de las redes sociales e n los contagios fi-
. nanci eros no es una novedad. Los economistas Margan KeUy y Cor-
mac ü 'Grada estudiaron a titulares de cue ntas irlandeses en un ban-
co neoyorquino (e l Emigran t Industrial Savings Bank) durante dos
situaciones de páni co ocurridas e n la década de 1850
9
Disponían de
gran cantidad de informaci ón so bre estos cli entes, incluido el conce-
j o parroqui al a que pertenecían e n Irlanda. Con e l argumento pl ausi-
ble de q ue era muy p robable que los clientes de una misma parroqui a
se conocieran, emplearon esta información para construir red es so-
ciales y para comprobar si los individuos socialmente próximos toma-
ban decisio nes parecidas respecto a re tirar o no su dine ro del banco
mientr as d ure el pánico. Kelly y O'Grada descubrieron q ue las redes
soc iales e ran el factor pri nci pal a la hora de explicar el cierre de cuen-
tas duran te ambos momentos de páni co bancario, más importante
aún que el importe de las cuen tas o e l tiempo que llevaban abie rtas.
Así pues, los pánicos fi nancieros pueden se r el resultado de la propa-
gaci ón de emociones o de información de persona a persona.
Es interesante que este tipo de fen órne nos ec onómicos se vean
por lo general como algo anómalo . Los economistas más conserva-
153
¿DÓNDE EST Á GEORGE?
Es evide nte que las redes sociales tienen un papel deci sivo e n las
crisis financieras, pero tambi én afectan a las transacciones di arias:
¿Se ha preguntado usted alguna vez de dónde p roceden los bille tes
que le devuel ve la cajera del su permercado> Algun os están muy gas-
tados y dan la impresión de habe r pasado po r la lavado ra al menos
una docena de veces, olvidados dentro un bol sill o; son esos billetes
que no aceptan las máquinas de r efrescos por mucho que los alise-
mos o les demos la vue lta. Esta clase de billetes tienen una hi storia
d etr ás. Han pasado de mano a mano en toda sue ne de transaccio-
nes, desde comprar un re fresco hasta pagar al fontanero, hacer UD-1
regalo a n uestros ni etos a comprar drogas o sexo. Los billetes que
llevamos e n la cartera tiene n una vida secreta y variopi nta.
Esta vida de hech o representa un camino a través de la inmensa
red so cial en qu e vivimos. Si hubiera una manera de distinguir es tos
,
S ECUl R W. PISTA AL DINERO
155
caminos, estos intercambi os in terminables que se produce n en la
economía de todo el mundo , en tonces tal ve z e nte nderíamos mej or
los lazos que nos unen . El fluj o de dinero depende de las re laciones
dentro de las r edes sociales , pero tambié n las defin e .
Muchas personas sienten c uriosidad por saber dónde ha estado
su dine ro y adónde va. Algunas escriben su nombre e n bille tes con
la vana esperanza de q ue u n día vuelvan a sus manos. Pe ro e n 1998,
un consulto r de bases de datos de Brookline, Massachusetts, llamado
Hank Eskin ideó una mane ra de satisfacer esta curiosidad. Puso en
marcha una página web llamada WheresGe orge .com (¿Dón de es tá
George?) . El George en cuestión era George Was hington, cuyo re-
rrato empezó a aparecer en los bille tes de dól ar norteameri canos e n
1869. Antes de q ue existiera Inte rnet, segui r la pi sta a los billetes d e
la forma q ue Eskin ideó habría resultado imposible.
Su página we b permite a la gente se guir un bill ete de dól ar e n con-
creto introduciendo en una base de datos un número de seri e y e l có-
digo postal del luga r donde se obtuvo. Cual q uiera puede registrar un
bille te, y si algui en lo h a registrado previamente la página web infor-
ma de dónde ha sido. Estos registros se conocen como «ltits» o «co in-
cidencias». Los visitantes de la página pueden tambié n dejar cons-
tanci a de cómo llegó el bill e te a sus manos. De manera que es posibl e
seguirl es la pista mi entras pasan de una perso na a arra.
En 2008 se habían rastreado más de 133 millones de billetes, q ue
suma ban un to tal de 729 millones de dólares (la página ac e pta bille-
tes de d istinta denominación). Un solo usua ri o, GaryWattsburg, ha
registrad o más de un mill ón de esos billetes, pero la mayoría proce-
den de usuari os di stintos.
Casi todos los bille tes so n registrados más de una vez, pe ro el 11 por
ciento llega a dos o más pe rsonas. De hecho, uno de ellos pasó por las
manos de 15 usuarios diferentes de WheresGeorge.com. Había tenido
una vida bastante ajetreada. Se registró por primera vez e n 2002 e n
Dayton, Ohio, y pronto viajó a Scottsville, Kenrucky, donde un usuario
lo recibió a modo de propina en una hamburguesería. Después cruzó
la fr onte ra por Tennessee y se di o como cambio en el Shell Food Mart
de Chapel Hill, Ca ro lina del Norte, y más tarde e n una tie nda e n Halls
MilI, cerca de Uriionville. De ahí viajó hasta Texas, donde se di o como
cambio a un clie nte de un McDonald's de la ci udad de Kelle r. A conti-
nuación se en tregó otra vez como cambio en una ven tanill a de apues-
tas e n Lone Star Park, en Grapevine, y después alguie n lo en co n tró e n
CoNECTADOS
dores dirían que no se trata de un comportami ento racional. Des-.
pués de todo, muchas de las p ersonas que hicieron cola frente al .
Northe rn Rack para sacar su dinero no pensaban real mente que el
banco f ue ra a quebrar. Algunos incluso llegaron a admitirlo de for-
ma explic ita. Pero, es poleados por la direcci ón e n que avanzaba el
re bañ o, lo sigu ie ron ciegamente. De esta manera. las red es sociales
ge neran comportam ie ntos que no son consistentes con la imagen
ideali zada y simplis ta del comprador y el vendedor racionales que
convienen un precio para una transacci ón de bienes . Y: durante mu-
chos años, los economistas reac cionaron a es ta in consistencia igno-
rando por comple to es te tipo de conductas.
Los pánicos bancarios son un eje mpl o cl ásico de cómo e l Com-
portamiento individual racio nal p uede cond uc ir a un comporta-
miento colectivo irraci onal. Todos so mos capaces de pensar con la
cabeza, pero nuestros corazones no pu eden evitar seguir a la mayo-
ría, y en ocasio nes esto nos conduce al desastre. Las redes sociales
pueden agravar un problema p orque hace n posible que los prime-
ros individuos que experimentan el páni co lo transmitan a los de-
más (co mo aq uella parej a que decidió sacar su dinero del banco
cuando supo que sus amigos lo habían hecho ) . La sa bid uría popu-
l ar pronto puede tomarse en tontería popular.
154
"
1P.'"... .
CoNECTADOS S ECV1 R L\ "\ STA AL DINERO
NEUMONÍA ATÍ Pl CA, GAVIOTAS y MARINEROS
157
En 2003 e l mun do se e nfrentó a una ep id e mia de una nueva e n-
[ennedad llamada neumonía atípica o sí nd rome agudo respi ratori o
severo (SARS). En los meses q ue siguieron a l brote de la e pidemia,
muchos científicos se interesaro n por el impacto de la propagación
de la e nfermedad en las redes sociales. Como ve re mos e n e l ca pítulo
8, a lo la rgo de los siglos ha a u men tado radi calmente la capacidad
de viaj ar de los individ uos, y e l al cance físico de las redes sociales
mode m as ha incrementado la velocidad a la que se pueden propa-
ga r los patógenos. En la Europa del siglo X IV, la peste no se propagó
demasi ado rápido de una ciudad a otra p orque la gente no solía des-
plazarse más allá de unos pocos kil ó me tros a l d ía, y las pe rsonas con
quienes inte ractuaba so lían vivir en los alre dedo res. En aquel tiem-
po una plaga tardaba más d e tres a ños e n d espla zarse d esde el sur
de Europa a los rincones más septentrionales, con una velocidad de
cuatro o cinc o kilóme tros al d ía !". En cambio, uno de los afectados
por la e pidemia de SARS de 2003 transpor tó la infección casi 13,000
kilóme tros (de Ch ina a Canadá) ¡en un solo d ía !
, La ve locidad con que se p ropagó es ta e pidemia hizo q ue se co n-
vocara una cumbre cie ntífica en Montreal para di scutir e l impacto de
las redes socia les y de los viajes e n la incide n ci a d e las e n fermeda-
des. Un o de los pro bl emas co ncre tos estudiados fue la cuestió n de
las medi ci ones a emplea r. ¿Cólno era posibl e seguir los rnovirnie n-
. tos e interacci ones de un n úmero suficiente de individu os conc retos
de modo que fuera posible e labo rar un model o es tadístico capaz de
_predecir e l radio de a lca nce del patógeno? La respuesta a esta pre-
, .gunta llegó poco después de la r euni ón De regreso a Al e mani a,
Dirk Brockmann, investigado r de l Instituto Max Planck de Din ámi-
ca yAuroorgánízaci ón, hizo escala en Vermont para visitar a un amigo.
El a migo de Broc kmann, car pi n te ro de profesión, e ra seguidor de
la págin a web WheresGeorge.com. Yle enseñó cómo podía seguirse la
circulació n de dinero de unas pe rso nas a o tras y de un lugar a o tro.
Broc kman n se sintió intrigado. La gente ll eva e ncima bi lletes de dó-
lar y los in te rcam bia e n contac tos de persona a pe rsona, de l mismo
modo que lleva e intercambia virus y bacterias. Si los investigado res
eran ca paces de comprender el movimiento del dinero, era posible
que tambi én pudie ran apren der algo de la p ropagaci ón del SARS,
las pandemias de g ripe y otras enfermedades mortal es.
156
el sue lo de l Penthouse Key Club de Dali as, un negoci o «o den tado-a1
sexo» que sido cerrado unas cuantas veces por el Ayuntamie nto de
Dal ias por ejercerse en él la prostitución 10 Después de pasar breve-
men te por Shreveport, Luisiana, e l dólar regresó a Texas e n forma de
cambio e n e l resta uranteJack in th e Box, e n Roc kwa ll, y después en el
Mr. K Food Mart de Irving. Al parecer concl uyó su periplo e n 2005
después de pasar por Panguitch, Utah, y por Kinche loe y Rudyard, Mi.
chigan, donde la Última pe rsona en dar noti cia de él escri bi ó: «Este bi-
llete empieza a tener W1 aspecto bastante gastado».
Con tod o, e l bill e te recorri ó al menos 6,000 kil ómetros e n poco
más de tres años, a razón de aproximada mente U-es kilómetros dia-
d os. N ingú n o tro bill e te ha sido rastreado durante tanto tiempo.
Pe ro las e ntradas de es ta página web contie nen informaci ón sobre
los «sal tos" que innumerables bi lletes han dado, incluye ndo la dis,
e ntre orige n y desti no y el tiempo qu e le llevó llegar de un si-
tio a otro. Así que, por ejemplo, el bill ete que acabamos de describir
probableme n te pasó po r las manos de más de q uin ce pe rsonas . Pero
nunca a n tes habíamos tenido tanta informaci ón sobre dónde, cuán-
d o y cómo viaj a e l dinero .
El fl uj o de billetes d e dólares po r las redes de con tactos financie-
ros se ase mejaal de las enferme dades de transrn isió r¡ sexual a tra v és de.
las redes d e con tac tos sex uales. En estos ejemp los, la red se p ue-
d e ded ucir simp le me nte por lo que fluye a través de e lla. Esto es una
buen a notici a para los investigadores, porque tanto los gé rmenes
cama el di ne ro pueden emplea rse para rastrear conexio nes qu e de
otro modo podían no se r evidentes. En una red explícita (co mo por
ejemplo una red d e amistades) . conocem os todas las co nexi o nes y
sabe mos qu ién tie ne el potencial de transmitir algo a alguie n, inclu-
so si l a tra ns misió n no llega a prod ucir se . Po r ejemplo , uno puede
en _co ntacto con un amigo del instituto aunque no lo haya
VIsto en anos. En una red no explíci ta, sin embargo, só lo podemos
ver las in te racci o nes qu e han tenido verdaderamente lugar. Las re-
des no explícitas son por tanto un refl ej o in co mp le to de las redes
socia les. De modo que, por ej emplo, dos personas pueden te ner
una rel aci ón sexual pe ro no llegar nunca a transmitirse una e nfer-
med ad. La ciencia de las redes sociales a menudo pasa por saber
qu é ti po de red hay q ue es tu diar y cómo di stinguirl a.
I
CoNECTADOS
Brockmann y SUS colegas Lars H ufnagel y Theo Ceisel pronto se
pusieron en con tacto con Hank Eskin en WheresCeorge.com para So-
lici tar acceso a su base de datos. Es kin consintió y pronto los in vestiga-
d o res se e nco ntraron con que aque llos d a tos por los q ue sus p iraban
tan sólo unas semanas antes estaban a su disposición. Como dijo H U f ~
nagel: «Pues to que no podernos seguir a las personas insertándoles Un
dispositivo como hacemos con los animales, necesi tábamos datos que
nos informaran de mil lones de movimientos de individuos»!". No ten-
drían un registro d e cada transacció n, pero la can tidad d e informa-
ción disponible significaba que podían establecer una seri e de reglas
generales que serían válidas incluso para las transacciones que no esta-
ban documentadas. Los investigadores publicaron sus resultados en la
p restigi osa revi sta Nature a p rincipios de 2006
13
• Desde e ntonces los
cie n tíficos han e mpezado a trabajar con o tras fu entes de datos sobre
movimientos, como el rastro que dejan los teléfonos móviles, que ve-
re mos en e l capítulo 8. Los datos procedentes de teléfonos móviles
permiten a los investigadores estudiar con quién están conectadas
las personas y dónde se enc uentran minuto a minuto ydurante meses.
Brockmann y sus co legas d escubrieron que los saltos que los bi-
lle tes d e d ó lar dan de un lugar a otro o bedece n a u na se ncilla r egla
matem áti ca. Un típ ico bille te de dólar camb ia de manos varias veces
dentro de una local idad, desplazándose sólo un os metros o unos
pocos kilómetros en una sucesión de inte rcambi os ; pero ocasional-
mente uno se lleva la cartera a la boda de un amigo, una re unió n fa-
miliar o de trabajo e n e l otro extremo d el país. La mayo ría d e las ve-
ce s el dinero no permanece mucho tiempo en la bille te ra, sino que
sal e de a llí poco d espués de haber entrado. Pe ro e n ocasiones se
queda con uno mucho tie m po; uno lo o lvid a e n el bolsillo d e un
abrigo y se lo encuen tra al invierno siguiente .
El patrón general revel a dos características clave d e la in teracción
humana. En primer lugar, que los billetes se quedan ce rca de casa
d urante mucho más tiempo d e l que prede cían o tr os modelos previos
de comportamiento humano. Nuestra rutina diaria consiste en des-
plazarnos poco y gastar di nero cerca de donde vivimos o trabajamos.
Sin embargo, cuando los billetes «sal ta n- d e un lugar a otro, la distan-
cia que recorren suele se r mu cho mayor que la que pred ecían mode-
los anteriores de comportamien to humano. }'
De hecho, los saltos siguen un patrón matemático que recibe el
poéti co nombre d e «vuelo de Lévy», por el matemático francés Paul
158
S EC UI R U PISTA AL OI N ERO
pierre Lévy. Imaginemos una gavi ota en busca de alimento. Es posible
que encuentre un lugar ce rca de la ori lla d onde pueda cazar cangre-
JOS, y permanecerá allí varias horas tratando d e atraparlos en tr e las olas.
pero cuand o cambia la marea es posible q ue vue le a gran d istancia en
busca de nuevo al imento. Los vue los d e Lévy, con su patrón de muchos
saltoScorros que se alternan con un número pequeño d e saltos largos,
son muy distintos de los llamad os caminas o paseos aleatorios, donde cada
salto que se produce es más o menos de la misma longitud y su direc-
ción es arbitraria. Para entender lo que sería un paseo aleatori o basta
imaginar, en lugar de a una gaviota cazando, a un marinero muy borra-
cho. Empieza asido a una fa rola . Cuando se suelta, ¿hacia dónde se
tambaleará? ¿Izquierda o d erecha? ¿Tropeza rá hacia d elante o hacia
atrás ? y si lo abandonarnos y vo lvemos pasado un rato, ¿dó nde estará?
Paseo
aleatorio
El paseo aleatorio (izquierda) muestra 5, 000 pasos de igual longitud
en un patrón aleatorio de 'movimiento. En contraste, el vuelo de Lévy
(derecha) muestra 5,000 pasos de longit ud ucriable, con algún "vue-
lo» devez en cuando, en un patrón aleatorio demovimiento.
159
CON ECTADOS SE GU I R LA PISTA AL DlNT.RO
ESTAD OS DE ÁNIMO DE LOS MERCADOS
I
·1
161
" El famoso matemá tico Bcri óit Mandelbrot es autor de muchos d e
los conceptos matemáticos que se emplean para d escribir los vuel os
de Lévy. Desarrolló estas técnicas para es tudiar los cambios e n los
precios que ha bía observado por p rimera vez a principi os d e la d é-
.cada de 1960 e n el mercado del algodón y en o tros me rcados fi nan-
cieros. Los expertos habían pe nsad o al prin ci pio q ue los cambios en
los precios dentro de estos me rcados obedecí an a una di stribuci ón
normal de curva de la campana, con muc hos saltos de tamaño simi-
lar y uno s po cos de tamaño mod erad o a qu í y allá. Pero Man delbrot
demostró q ue tanto los cam bios pequeños co mo los grandes eran
mucho más comunes ele lo que cabía es perar. Al igual q ue las gavio-
ras cazadoras, los mercados tienden a oscilar en las proxi..mi dades de
un preci o dado por un tiempo y después saltan a uno nuevo.
Existen numerosas razones por las que los mercados saltan ·de un
precio a otro, y nuestra in terco ne xi ón es una de ellas . Algun as piezas
de información son tan importantes que los mercados responden a
ellas e n cuestión de segundos. Po r ejemplo, el gobierno publi ca d e
forma rutinaria estad ísticas so bre crecimie nto económico, des em-
pleo, el mercado inmobiliario e inflación que pueden tener un a gran
influencia e n los precios de bonos y "acci o nes. Pe ro otra de las razones
es que los p recios no son sólo una es timación imparcial del valor obje-
:ttivo de un artículo: también incl uyen expectativas sobre hasta qué"
punto otras personas valoran ese artículo. Cuantas más personas pi en-
sen que el oro es una buena inversión, más subirá el precio de l mis-
mo. Nuestras ideas sobre el valor y la conveniencia de un artículo son
similares a las que tenemos so bre el valor y la conveniencia de una
pareja sexual: d epend en mucho d e cómo lo p e rciba n otras personas.
Las presi ones sociales pueden de terminar la demanda .
Es to hace que los mercad os sean muy di stintos d e las gavio tas ca-
. zadoras. Cuando una gaviota se come un cangrejo obtiene de él el
mismo valor nutricional independientemen te de cuántas más gavio-
tas qui eran comerse un cangrejo; un cangrejo no deja de ser un can-
grejo. Por el contrario , cuando un individuo compra oro, el benefi-
cio obteni do depende en gran medida de cuántos individuos más
' estén interesados en con1 prar oro.
Así pues, ¿qué es lo que de termina el núme r o de personas intere-
sadas en comprar oro? Los eco nomistas afirman que los mercados
160
Al igual que el ave, el marinero d ará la impresi ón d e estar movién_
dose de forma aleatori a . Pero si trazáramos sus recorridos respectivos
tendrían un aspecto muy di stinto, tal y como se muestra en la ilustra:
ción . A simp le vista ambos parecerán unos es paguetis enrollados, en-
trelazándose más y más conforme avanzan. Pero llegado un deter-rn],
nad o pun to la gaviota abandona e l lugar donde está cazan d o y se aleja
volando varios kilóme tros e n busca de una nueva fue nte de alimento.
El marinero, dando un paso del mismo tamaño cada vez , no puede
hacer eso (aunque, si está lo bastan te borracho tal vez imagine que-sí
pued e) . Como resu ltado, las predicciones sobre lo lej os que pueden
desplazarse la gaviota y el marin ero en un espacio de tie mpo determi-
nado son muy di stin tas. Al final el mari n ero no podrá alejarse mucho
de la farol a. La gaviota del vu el o d e Lévy en cambio sí pod rá hacer
u n d esplazamiento grande y, por ta nto, será capaz d e al ej arse de su
pu nto de partid a a m uchamayo r vel oci dad .
Puesto q ue los sal tos d e los bille tes d e d ólar se parecen más al vue-
lo d e Lévy, la velocidad media d e u no de ellos d ebería ser m uy su pe-
rior a la que alcanzaría si siguiera el patrón de paseo aleatorio. Sin
embargo, Brockmann y sus colegas descu brieron que el movimien to
de bille tes d e d ól ar d e p e rsona e n pe rsona seguía un pa tr ón que esta-
ba a med io camino e n tr e los marineros y las gaviotas, viajand o a mayor
velocidad que en un paseo aleatorio pero menor que en un vuelo de
Lévy. Para averiguar por q ué, es tu d iaron tambi én el tiempo d iscu rri-
do e ntre saltos y no só lo la distancia recorrida, y enco ntraron que, a.\
igual que con el patrón de di stanci as, el de tiempo entre lID intercam-"
bio de un bill e te y o tro es taba marcado por in te rvalos b reves , q ue en
ocasiones podían se r realmente largos. Algunos dólares cambiaban
de manos con frecuencia, mientras que unos pocos se quedaban en el
bo lsillo d e un individuo, en la caja fuerte de un banco o iban a parar
con los calce tines que se pierden durante la lavada. Esto podía expli-
car e n parte por qué los dólares se propagaban m ás le n tame n te de lo
es perado den tro de una red social en la qu e los movimi entos de
los individuos seguían e l patrón d el vuelo de Lévy. Y d eterminar mo-
delos del tie mpo y la distancia d e n tro de las redes d e transacciones ti-
nanci eras ha ayudado a los investigadores a entender mejor con qué
frecuencia las personas entran en contacto físico y a qué velocidad se
propaga una enfermedad como la neumonía atípica.
se guían por la oferta y la demanda, pero ¿de dónde viene la deman_
da? En parte, procede del valor inherente del objeto en cuestión. .El
o ro puede e mplearse para hacer anillos de boda, coronas reales, re-
vesti mie rrto de naves es paci ales y prótesis dentales . Pero en la de-
manda tambi én influyen las n ecesidades y exp ectativas de otros con
quienes una persona está conec tada. Además, la gente puede n e c e ~
sitar confiar e n qu e está invirti endo en algo que otros qu errán en el
futuro. Eso d a a los mercados una cualidad su bjetiva inherente.
Por ejemp lo, uno puede fabricar objetos por valor de 500 dólares
a partir de una moneda de oro de tantos gramos. pero si piensa
que a lguie n e n el mercado está dispuesto a compra r la moneda por
1,000 dólares, entonces probabl emente intenta r á venderla a ese
preci o. Y una vez se han pedido 1,000 dólares se está envian do una
se ñal a todos los que ve n que está e n ve n ta la moneda, cuyo dueño
es tá conven cido d e que su valor es muy super io r a 500 dólares. Pue-
de que uno n o obte nga el preci o que pide, pero sí más de 500 dóla-
res. De se r así. entonces el aumento en el precio del o ro enviará una
señal a otros p articipantes e n el me rcado de que la demanda de oro
ha crecido. lo que aumentará su confianza en que otros querrán
comprarlo a un precio más alto en el fu tu ro. Al igual que la gente
qu e hacía la Ola e n los eventos d eportivos. los inversores de los mer-
cados extraen información unos de otros en sinc ronía. alejando los
preci os de la realidad. Es la si tuación que ll eva a la llamada «exube-
rancia irraci onal » de los mercados de valo res, inmobiliarios e inclu-
so de t ulipanes (e n la Holanda del siglo xvu) 14.
Los mercados por tanto tienen estados de ánimo económicos.
Nada ilustra mej o r la naturaleza colectiva de es tos humores que el
le nguaj e que empleamos para hablar de los cambios en la econo-
mía. El auge de la década de 1890 e n Bastan y Nueva York dio paso a
«los alegres nove nta», y em p leamos expres iones igualmente evoca-
doras cuando hablamos de crisis económicas en términos de «páni-
cos» y «depresiones». Como vimos en el capítulo 2, los estados de
án imo puede n transmiti rse de persona en pers ona, haci endo que la
situación económica parezca aún peor de lo que sugieren los datos
obj e tivos.
Ll egados a es te punto los economistas más tradic ionales pueden
estar e n desacuer do. Después de todo, de Adam Smi th en adelan te,
la perspectiva convencional ha sido que los mercados son efic ie n tes:
qu e hay una «mano invi sibl e» que fija el preci o correc to para cada
CONECTADOS
162
SI':CUI R LA. PI ST A AL DINY.RO
aróculo con e l que se comercia. Si hay demasi adas personas que
piensan que e l precio es dem",:iado alto, és te caerá porque la gente
empezará a comprar menos. SI hay demas iadas personas que pie n-
san que el precio es demasiado bajo, és te sub irá porque la gente
compra.rá más. El precio último reflej ará la estimaci ón más aproxi-
mad a del eq uili brio entre las diversas expectativas .
Yde hecho te nemos numerosos ejemplos que demuestran q ue el
mercado casi sie mpre acierta. Uno de los más prosaicos provi ene
del a rtí culo publicado en la r evist a Naturepor e l polimatemático y
estadista Franci s Galton titulado «Vo x populi- (voz del pueblo ) 15.
Galton visitó e n e l oeste de Inglaterra una feri a de ganado donde
había W1 conc urso que consistía en adivinar el peso de un buey en-
gordado. Los participantes tenían que pagar se is cénti mos p ~ r a
apostar, y qui enes más se acercaran al peso real del animal o bte n ían
premio. Galton se las a rregló para co nseguir las tarjetas e n las que la
gente había escrito sus estimaci ones aproximadas y comprobó que
la mayoría se eq uivocaba con mucho . Sin embargo, cuando las orde-
nó de menor a mayor comprobó que la estimación media (546 ki-
los) se acercaba mucho al peso real del buey (542,5 kil os). Galton
concl uyó , para su sorpresa, que la toma de decisiones democrática
no era tan mala como se había pensado. Cuando tenían que adivi-
nar e l peso exacto del buey, la mayoría de los individuos se equ ivoca-
ba, pero e l grupo e n conj un to sí lograba acertar. Si e l buey hubie ra
estado a la venta, lo mismo habr ía ocurrido con respecto a su preci o
y podría haberse determinado e l valor real del a nimal .
Hay más ejemplos de esto e n mercados modernos que o peran coa
mecanismos de elección-predicción, como 10w3o Electronic Markets e
Intrade. En e llos es posible apostar a cualquier resultado e mpleando
dinero real , y si ese resultado resul ta se r cierto, se gana din ero. Por
ejemplo e n las eleccio nes de 2068 era posible comprar co ntratos de
futuro para Barack Obama,John McCain y cu alq ui er o tr o ca nd ida to
a la presidencia. Si uno comp raba un contrato de futuro de Obama,
cobraba el día siguie nte a las eleccio nes, pe ro si compraba uno de
cualquier otro candidato no cobraba nada. El precio de estos merca-
dos es un refl ejo de las probabilidades que las personas creen que
algo tiene de ocurri r. De manera que si un futuro de Obama tiene va-
lor de un dólar y se paga a 60 cen tavos, quie re decir que las ex pectati-
vas son de que Obama tiene un 60 por ciento de posibilidades de ga-
nar. Los expertos han comparado las predicci ones de mercado con lo
163
CONECTAOOS SEGU IR LA i"lST/l. AL DINERO
q ue ocurre en reali dad y han demostrado que los mercados de pre-
dicci ones de futuro son más fiables q ue, po r ejemplo, las e ncuestas'•.
De hech o, so n tan precisos que en la actual idad los e mplean regular4
mente grandes compañías como Siemens, Google , General Elec tric,
France Tel ecorn, Yahoo, Hewlett-Packard, IBM, Intel y Mi crosoft para
reunir informaci ón sobre programas de producción y sobre produ-,
los de la competencia , Estos mercados pueden usarse incl uso para
predecir el riesgo de ataques te rr oristas!".
Mientras que los economistas no dudan en afirmar que la exis ten-
cia de estos mercados demuestra la existenci a de un a mano invisible.
es impo rtante sa be r que so n de hecho casos especiales de ac tividades
de gmpo. En e l ej emplo del buey, las es timaciones individ ual es se ha-
cían de manera independiente . Sin duda hubo personas que di scu tie-
ron sus estimaciones con sus amigos en la feria , pero és tas no eran
públicas. C00 10 ocurre con los precios en e l mercado de valores. Ade-
más, el premio estaba vincu lado a un da to o bj e tivame n te verifi ca ble,
Se pesaba al buey y se determinaba q ui én e ra el ganador. De igual ma-
nera, en los mercados de predicciones de futuro se producía un resul-
tado y los ga nadores cobra ba n su di nero.
Por el contrario, las acci ones y las casas son obje to de con tinuas
transacci ones hasta que la compañía va a la qui ebra o la casa se que-
Ol a e n un incendio . Es cierto que las compañías publican sus benefi-
cios pe ri ódicamente ; y que estos informes tiene n un efecto real en
la percepció n del valor de sus acciones. Tambi én es ci erto que el
precio de cons truir una casa nueva determina en gran medida lo
que alguie n es ta rá d ispues to a pagar por ella después. Sin e mbargo,
el valo r general de las acci ones y las propiedades i nmobili arias de-
pe nde e n gran medi da del valo r que le o to rguen o tras personas. Es
posible que los mercados co mpe titivos opere n medi an te W1a mano
invisibl e , pero las redes sociales pueden disto rsionarlos y en ocasio-
nes hacerlos trope zar estrepitosamerrte .
Aunque a menudo sucede que la opinión de la mayoría es la co-
rrecta, es ci erto también que a veces puede estar muy equivocada.
La dife rencia en tr-e es tos dos extremos (equivalente a la diferencia
e ntre unas elecciones ordenadas y un a revue lta popular) tiene mu-
cho que ver con la manera en que circula la informaci ón a través de
las redes. Qu e un gr upo de p e rsonas sea ca paz de to mar un decisión
correcta so bre al go (el valor de un prod ucto. el peso de un buey, la
ca ntidad de caramelos '1ue hay dentro d e un frasco) depende de si
164
las deci siones se toman al tiempo o de manera secue ncial . Si un gru-
o de in divid uos trata d e decid ir e l precio de un a rtículo y cada uno
P d"
de ello s hace una apue sta de forma indepen lente. ento nces su esti-
maci ón es proba blemente un buen indicador del valo r de mercado
de di cho producto. Si en cambio los individuos tornan deci siones de
forma se cuenciada y conociendo las decisiones que se han tomado
previamente, si la informaci ón pasa de una pe rsona a la s i g u i ~ n t e
(como en el j uego del teléfono descompuesto) , podemos terrrunar
con un ci ego guiando a otros ci egos. Una vez qu e una masa cr-itica
de pe rsonas ha tomado un a deci sión , el resto del gm po la acata , tras
razonar que la mayoría no puede estar equivocada. Al igual que las
personas del capítulo 1 que se detenían a mirar UQa ventana en la
ciudad de l ueva York, se ponen a la cola. Así q ue uno puede fiarse o
no d e la opinión de la mayoría dependiendo de si sus miembros han
actuado al mismo tiempo y de forma independiente o uno detrás
del otro y de forma in te rd e pendi ente.
Los sociólogos y físicos Mathew Sal ganik, Peter Dodds y Duncan
Watts estud ia r o n es te probl ema emplea ndo un mercado de música
on line'". Diseñaro n un experimento con un siti o we b que crearon
específicamente y que regal aba desca rgas de músi ca. Un to tal de
14,341 perso nas e ntraro n e n el sitio web y se d escargaron 48 ca ncio-
nes. Los visitan tes de la página. sin e mbargo, podían expe ri mentar
con dife rentes «mundos... que habían sido creados por usuarios pre-
vios. Los visitantes podían descargarse canciones de grupos que no
conocían y eva luar su calidad después d e escucharlos. En uno de los
«mu ndos» los suj etos podían acceder a informaci ón so bre 10 qu e
otros usuarios opinaban acerca de una canción. mi en tras que en otro
no podían. Los científicos e ncon traron que en el mundo donde las
valora ciones de las cancio nes estaban a la vista, la val oración del pri-
mer usuari o influía en el resto de las valoraciones de esa canción y la
man tenía entre las más votadas duran te rnucho tiempo . En o tras pa-
labras, los gustoS musicales también se contagian. La más m ínim a
alteración e n la secuenc ia de interacci ones sociales cuando la gent e
está haci endo eleccio nes culturales puede transformar un a rn e lod fa
cualquiera en l a canción del verano.
Este experimento ilustra lo que ocurre cuan do las perso nas to-
man decisiones de forma secuenci al. Las canciones e n cuestió n no
tienen un valor absoluto. El valor y la cal idad de cada una de ellas
depe nde de un proceso al eatori o e ic!iosincrático que da lugar a una
> I
I
CONt:CTAOOS
secue nci a panicul ar de personas tornando deci siones. Dada nuestra
tendencia a querer lo que quier en los demás, y dada también
tra inclinaci ón a ver las elecciones de los demás corno una forma
efi ci ente de compre nder el mundo, nuestras redes soci ales tien enla
capaci dad de magnificar lo que e mpie za siendo una variación esen,
cialmente aleatoria. Y es tas pequeñas variaciones pueden en
nes marcar grandes diferencias en nuestra capacidad o no de traba.
jarjuntos e n la re soluci ón de problemas.
TRES GRADOS DE FL UJO DE I NFORMACI ÓN
Los habi tantes de la comunidad andina de Tigua Lo ma dis ponían
de unas estupendas letrinas . Como volu ntario del p rograma Peace
Corps e n Ecuador, James visitó Ti gua Loma y trabajó e n muchas co-
munidades donde las condicio nes sanitarias bási cas brillaban por su
ausencia y enfermedades fác ilmente preve nibl es como el cólera e ran
e ndé micas. Las agenci as de desarrollo económico invertían tiempo-y
dinero en la cons trucció n de letrinas . Cada familia pasaba horas ex-
cavando, trans portando materiales y levan tando paredes. Cuando las
letrinas estaban terminadas la comunidad lo ce lebraba con los volun-
tarios que les habían prestado su ayuda. Sin e mbargo e n Tigua Loma
nadi e usaba las letrinas . ¿Por qué? ¿Y por q ué algunas comunidades
lograban modificar sus cond uc tas y otras no?
Las nuevas tecnol ogías a menudo traen cons igo mejoras en las
condiciones de vida. Incluso in ventos tan básicos como las bom-
bas de agua y las le trinas pueden mej o rar d e man era radical la sa-
lud y el bienestar económi co de personas en rincones remotos del
mun do no industri alizado. Y sin embargo ocurre a menudo que,
incl uso cuando los nu evos recursos es tán disponibles. su uso no cala
e n los hábi to s de la poblaci ón. 'Entender po r qué y cómo ado p tan
las personas nuevas ideas y cómo se extienden éstas de persona en
persona para mejorar economías subdesarrolladas h a sido uno de
los moto res que han impulsado la ciencia de las redes sociales desde
su n acimiento. De hech o, uno de sus primeros objetivos fue enten-
der cómo se p ro pagan las ideas nuevas dentro de un a po bl aci ón.
Ex penos en desarrollo querían saber cómo podían difundir m ás
eficazmente técnicas agrícolas de granjero a gr anj ero. Los funcio-
narios de salud p úbli ca querían sabe r cómo se extendían las nu evas
SEGUIR LA PISTA AL Oll'/E.RO
prácticas médicas de médico en médico o de famili a en familia. y las
compañías comerciales es taban in teresadas en averiguar cómo cir-
culaban las recomendaci ones de comprar sus productos de un con-
sumidor a otro.
Una de las carac terís ticas de estos primeros estudios era que rara
vez inclui an información sobre vínculos es pecíficos entre indivi-
duos. Por ejemplo, el sociólogo Eve re tt Rogers e n su libro fundaci o-
nal Diffusion of Innouations [Cómo se difunde la innovación] compa-
raba la irrupci ón de la tecnología e n una poblaci ón con una gota de
tinta azul e n un vaso de agua
l
" Afirmaba que la tecnol ogía se propa-
¡¡aba lentamente al principi o, después con rapidez ydespués otra vez
despaci o, conforme iba alcanzando al total de la población . Sin e m-
bargo investigaciones recientes que tienen e n cue nta la es tructura de
las redes sociales han demostrado q ue las cosas no son tan simples. En
conc re to, muchas ideas nunca llegan a despegar y la influencia de la
decisión de una persona de ntro de la red puede se r limitada.
Algo era distinto, e n efecto, e n la estructura de la red social de Ti -
gua Loma. Sus habi tantes desconfiaban más los unos de los otros ,
había menos mingas (fae nas agrarias compartidas durante la r eco-
lecci ón) y me nos conexiones e ntre vecinos . Las instituci ones locales
que podrían haber dado a la gente oportunidades para crea r lazos
; tenían rn enos presenci a en esta comunidad que en otras de la mis-
ma zona. Los habi tantes de Tigua Loma tenían un p roble ma. No se
comunicaban los unos con los otros .
Los expertos han empezado a ce ntrarse en la estruc tura de las
redes sociales y e n cómo afecta a los fl ujos de información. En un
estudio en particul ar, los investigadores examinaron ate ntamente
la red de recomendaci ones boca a boca so bre tres profesores de
piano en Tempe, Arizona. Estos profeso res no anunciaron sus servi-
cios públicamente y por ta nto dependían d e las r edes sociales para
trabajar. La mayoría de las recomendaciones se producían entre
amigos cercanos qu e estaban conectados directamente , pero las re-
ferencias a menudo se propagaban has ta llegar a personas a q uie-
nes e l autor de la recomendación original no conocía. De hech o. el
38 po r cie nto de las recomendaciones venían de perso nas que esta-
ban a tres grados de separación del p rofesor de pia no que es ta ban
recomendando (e l amigo del amigo del a migo del profesor). Sin
embargo los caminos tendían a desvanecerse a part ir de ese mo-
me nto, con menos de un uno por ciento de las recorn err daci on es
166 167
CoNECT-'OOS
SECUIR LA PI STA M. OINERO
que lle gaban a personas a se is grados d e se par ació n'". La gran ma-
yo ría de los alumnos procedían d e un entorno a tres grados de dis-
rancia de los profesores.
El ejemplo siguien te provi ene de un á mbi to completamen te dis-
tinto . La difusi ón de la informaci ón es obvi amente cruci al para el
proceso de invenci ón. Aunque la informaci ón se difunde entre in.
ventares. su rango de alcance es limi tado . Cuando los inventores
presen tan sus solici tudes de patente. cas i siem p re vinculan sus ideas
al trabajo de otros innovadores citando sus paten tes. Aunque exis-
ten varias razo nes para esto. la principal es qu e los invento res ad-
quieren así informaci ón de o tro invento que les resul ta de utilidad
para el suyo?' . Además, much as pat entes reciben dos O más so lici tu-
des, d e ma nera que las solic it udes de p a tente pueden servi r para
identifi car la red social de inve ntores: qu ién colabora con qui én.
Por tanto hay dos g rupos básicos de inf ormaci ón e n los datos de pa-
te ntes: la red de ideas y la re d de cola boracion es .
Un a nálisis de más de dos mi llones de patentes que e ra n mencio-
nadas e n otras emp le ódi ch as menciones para identificar los efec tos
de las redes sociales en la difusión de ideas entre i nventores' ". De-
mostró qu e existe un a f uerte probabi lidad de qu e inventores Con
fuertes vínc ulos de colaboración se citen e ntre sí; de hecho, lo ha-
ce n un a media de cuatro veces más que lo qu e sería es perable si se
deja ra al azar. Pe ro e l efecto se exte ndía más todaví a dentro de la red.
A dos grados de sep ara ció n (dos p ersonas que no colabora ban direc-
tamente pero que compa rtían un colaborador com ún) , tenían un 3. 2
más de probabi lidades de citarse mutuamente, ya tr es grados de cola-
bo ra ción (un col abo rador del colaborador del colaborado r) las posi-
bili dades se reducí an a 2. 7. Más a llá de los tres grados de se paraci ón el
efecto p rácti came nte desaparece. Estudios comple me ntarios demos-
traron que es tas relaciones no existían sólo porque dos inventores tra-
bajaranj un tos e n d ise ños similares. En lugar de ello eran el resultado
directo de la difusión de informaci ón dentro de la red social.
LA FUERZA D E LO DÉBIL
•s
La idea central que subyace a la difusión de la innovación es que
la inf ormaci ón y la influenci a tienden a propagarse mediante co-
nexi o nes cercanas y profundas . Si tenemos al gún impacto en perso-
168
as que no conocemos es porque nos aprovec hamos de una serie de
n d -
vincul os fuertes. CalDO las fi ch as de dominó que caen un a e tras
de otra, también podemos difundir la info rmació n o influir e n el corn-
ortan
1
iento de la pe rsona de al lado, la cual hará lo mismo con la
~ u e tiene al iado y así sucesivame nte.
Sin e mbargo esta idea pas a por al to un rasgo fundamental de las
redes sociales hwn anas. Como vimos e n el ca pít ul o 1, te ndemos a reu-
nirnos en grupos estrecharnente conectados . Pensem os en dos ami-
gOS nuestros al azar y las probabilidad es de que se an ~ i g o s e ntre sí
asciend e al 50 por ciento. Como resultado, los fuertes vín culos a tra-
vés de los que infl uimos los unos en los o tros no so n como las fich as
de dominó. Los lazos no se extie nden haci a fuera yen línea recta,
como los radios de una rueda. En lugar de ello los circuitos se doblan
sobre sí mismos y en espiral como un plato de es pague tis, entrecr u-
zándose unos con o tros y si n sal i rse apenas de l p lato.
y si bi en es ta es tructura hace fác il pode r llega r a to das las pe rso-
nas de un gr upo e incluso refo rza r e l comportamie nto de uno por
medi o de bucles de retroalimentaci ón, no favorec e entrar en co n-
lacto con perso nas fue ra del grupo. El sociólogo de Stanford Mark
Granovet ter fue uno de los pri meros en identifi car es ta diferenci a.
Otr OS habían co ns ide ra do que la «de bilidad- de los ví nculos y el
orado de fo rmal idad de las a mistades no tenían ninguna influe ncia
o b
en la difusió n de la info rmaci ón . Pero Granovette r argumenta a
que es tas conexiones más débiles a menudo actúan como puentes
en tre un grupo y otro y por tanto tienen un pape l decisivo . Los lazos
fuertes pueden unir a in divid uos dentro d e los grupos, pero los d é-
biles unen a los grupos con el resto de la sociedad y son de te rminan-
tes pa ra la difusió n de la informaci ón de los be neficios de , po r ej e m-
plo, usar letrinas, encontrar un buen profesor de piano, local iza r
, informaci ón de valo r en o tros inventos y muchas cosas más.
Granove tt e r empleó un se ncillo es tudio económico para probar
su teoría. Hi zo un seguimiento de varios trabaj adores técnicos. con
empleos di rectivos y especializados en un barrio residencial de Bas-
tan, todos los cuales habían recurrido reci entemente a contactos pe r-
sonales para e ncontrar un nuevo e mpleo, y les hizo la siguie nte pre-
gu nta: «Antes de cambiar de crabajo, ¿con qué frecuencia veía us te d a
la persona que lo ayudó a e ncontrar el nuevo empleo?». Descubrió q ue
sólo el 17 por ci en to respondía «a menudo», mientras que e l 55 por
cie nto contestó «de vez en cuando» y el 28 po r ciento restante, «muy
SEGUI R LA PI STA AL DL" t. RO
171
ofrece oportunidades a cambio de informació n o acceso. En otras
pala bras, las personas que actúan de puentes en tre grupos pueden
terminar sien do centrales para el f uncionami en to general de la red
ypor tan to tienen más posibilidades de verse r ecompensadas econó-
micamente y de arras m aneras .
La o tra implicación es que en ocasiones saltamos por enc ima de
las fr onteras naturales de la red cuando estarnos buscando en ella
info nnación u oportunidades. El flujo de influenci as puede que se
detenga en los tres grados, pero todo indi ca que a menudo em peza-
mos nuestra búsqueda de información a dos o tres grados de se para-
ción, con objeto de asegurarnos de que encontramos algo nu evo.
Esto lo hacemos en nuestra vida cotidiana, ya es temos buscando U-a-
bajo, ideas o un profesor de piano, y precisamente es ta región de
nuestra red, la qu e se extie nde más allá de nuestr o h ori zonte social,
es la que tiene un efe cto decisivo en nuestras vidas .
Para que sea más fá cil pensar en cómo afectan las redes a la eco-
nomía, a menu do convie ne asumir que nu estros vínc ulos con los
demás so n fij os . Pero, como en el caso de las redes sexuales (cuya
estructu ra se desp liega con el tiempo porque por lo general la gente
enc ue n tra p areja de forma secuencial) y las redes de sol edad (don-
de las conexi ones pueden fo r marse y ro mperse dependiendo de las
caracterís ticas de una persona), las redes económicas no so n está-
ticas, sino di námicas. El flLUOde dinero , de informaci ón y de influen-
cia implica que nuestras acciones afectan a nuestros amigos y a los
amigos de nuestros amigos, y que durante este p roceso la red cobra
vida propia, transformándose con el paso del tiempo . Si el dinero es
lo que mueve el mun do, no es porque acepte la red tal y corno está.
Los individ uos ri cos y los grandes negocios dan forma a sus redes de
acuerdo a sus objetivos económicos yfinancieros y, a su vez, la forma
qu e adoptan sus redes determina en gran medida su capaci dad de '
alcanzar esos objetivos. Los amigos se unen y se protegen los unos a
los otros .
Algunos de los p rimeros in dici os d e intentos por moldear redes
proced en del Renaci mi ento . Cosme de Médicis su bió al poder en
la Florenci a del siglo xv y encabezó una coalició n de familias y partí-
TODO QUEDA EN FAMI LIA
de vez en cuando». La mayoría de los trabajadores habían encontrs,
do empleo a través de antiguos compañeros de universidad, ex cole,
gas profesionales o anti guos empleadores. El contacto co n la persona
era, en gran parte de los casos, esporádico, y muy pocos habían pasado
tiempo con ella fuera del lugar de trabaj o . Según Gra no vetter, «por lo
ge neral los lazos no habían sido muy fuert es cuando se formaron por
primera vez [P.] Los e ncuentros casuales o ami gos co munes habían
o pe rado para reactivarlos. Es llamati vo con qué frecuencia las pers o-
nas recibimos informaci ón crucial de individuos cuya existencia mis-
ma hemos olvidado»". En otras pal abras , la mayoría de sus sujetos de
estudio habían conseguido sus empleos (casi) gracias a la amabilidad
de desconocidos. Conoci dos o amigos de amigos que habían pasado
sus n ombres a un e mpleador o que habían pasado informaci ón sobre
posibles empleos a posibl es candi datos. Dicho de otra manera, la gen-
te encue ntra trabajo de forma nluy parecida a co rno enc uentra pare-
j as sexuales (como vimos en el cap ítulo 3): buscando dentro de su red
social más allá de sus vín culos inmediatos.
Los vínculos débiles son por tanto una fuente importante de infor-
mación nueva a la que recurrimos cuando tratamos de mejorar nues-
tra suene. Y parece se r que hace mos esto de forma intuitiva, incluso
aunque no conozcamos la es tructura de la red en que nos movemos o
no estemos pensando conscientemente en el probl ema de la manera
propuesta por Granovette r. De hecho, con fr ecuencia la ge nte se apo-
ya en víncu los lejanos para bus car informaci ón útil en redes de gran
tamaño, corno en el estudi o global de reenvío de co rreos electrónicos
que describimos en el capítulo 1. La ge nte a menudo confiaba en
amigos socialmente di stantes para realizar esta tarea. Puesto q ue la
informaci ón fluye libremente den tro de un círc ulo estrecho de ami-
gos, es probable qu e todos los miembros de ese círculo dispongan .
más o menos de la misma información. Por tanto es difícil que nues-
tras familiares ce rcanos y amigos sean más capaces que nosotros de,
por ejemplo, localizar a al guien en indonesia. Pero si nos al ej amos
de ese círculo social y acudimos a otros habrá men os coincidencias de-
información y experiencia. Puede que confiemos men os en personas
socialmente di stantes de nosotros, pero la informaci ón y los contactos
de que d isp onen pueden tener más valor intrínseco, porque noso-
tros no tenemos acceso direct o a ellos. ,t
U na de las implicaci ones de esto es que a las personas que tie nen
numerosos ví nculos débiles se les pide consejo a menudo y se les
CoNt.CTADOS
170
CoNECTADOS SECU IR LA PI STA AL OINERO
da ri os qu e consolidó e l e mergen te sistema bancari o de Europa, y a
conti nuación gobernó el norte de I tali a durante tres siglos. J ohn
Padge tt, politól ogo del SantaFe Institute y de la Un ivers idad de Ch],
cago, ha recopilado una can tidad in gente de informaci ón sobre los
Médicis y otras famili as florentinas durante este p eriodo y ha demos-
trado que los cambios radi cales e n las redes sociales a través de la
hi stori a han influido profurrdamen te en nuestras sociedades capita-
listas democráticas modernas.
El a uge del come rcio con Asia hi zo que una se rie de familias se
e nriqueciera de la noche a la mañana, trastocando la red social feu-
dal , q ue era e xtre madame nte j erárqui ca y desconectada. Las nuevas
fami lias ricas e mpezaron a co mpe tir con las viejas por el control so-
cial y, para e ll o, concertaro n matrimonios CO Il co merciantes y maes-
tros gremiales (q ue cada vez e ra n más importantes debido a l apogeo
del comerc io) y buscaron alianzas co n e llos. En e l ce ntro de es ta nue,
va red social se encontraban los M édi cis, que congregaban en torno
a sí a muchos grupos antes desconectados. Como resultado, los Mé-
dicis pudieron derrocar de una vez por todas a los oligarcas q ue has-
ta ento nces habían gobernado Florenci a. En la última batalla entre
ambos bandos, el 26 de septiembre de 1422, Rinaldo Albizzi, lí de r de
los oligarcas, convocó a sus par tidarios pa ra un ataque al Ayunta-
miento de la ci udad. Pero sólo unos cuantos se presentaron a tiempo
y su fal ta de entusiasmo los hi zo retirarse antes incluso de se r sufi-
cientes para atacar. Por el contrario, los M édi cis organ izaron una re-
presali a masiva a la que se unieron todos sus seguidores e n el Palazzo
Vecch io. Al fi nal no hubo batalla, pues e ra evidente q uién era el ven-
ce dor, y los oligarcas se retiraro n al exilio sin oponer res iste ncia. El
resultado de este cambio e n la estructura de la red social (terminada
ya la oligarquía) fue ' IDa di sminución del co n tr ol social y, con e lla, la
aparició n de nuevas instituci ones que democratizarían Florencia y
más tarde OUaS regiones de Itali a y del mundo. Esta conve rge ncia de
din ero y sistemas políticos abiert os dio un impulso defini tivo a las ar-
tes y las ci encias que ha p erdurado has ta nuestros días
24
. "
En las corporaciones modernas se dan procesos similares. Aun-
que las multi naci onales de hoy día rara vez sellan sus pact os co n-
alianzas matrimoni al es , sí comparten m iembros de sus consejos de
admi nistración. Algunos de és tos son pe rso naj es célebres -Bill Clin-
ton llegó a fo rmar parte de doce consejos al m ismo tiempo-- pero
la mayoría son ho mbres d e negocios q ue lle van un bue n núme ro de
añoS trabaj ando e n un mismo sector", Los directores pueden crear
víncul os e n tre las múltiples compañías para las que trabajan y pue-
den fácilmente pasar informaci ón de unas a o tras. Es to a umenta las
posibilidades d e que se p roduzcan manipulación de mercados y
conni vencia, y ha sido objeto de investigaci ones oficiales durante
más de un sigl o .
Un es tudio clásico de las 800 co mpañías con mayo r ca pitaliza-
ción de mercado (el valor total de sus acciones) d esc ubri ó que los
consejos de administració n de los bancos es taban especialmente
bien relacionados co n los principales negocios y que estos negocios
estaban a su vez caneelados con otros negocios. co nvirtiendo a los ban-
cos en los agent es cen trales de la red econ órnica-". Es el patrón qu e
cabría esperar si pe nsáramos que los bancos estaban tratando de usar
la red social de miembros de consej os de admi nistración para ejer-
cer control so bre los agentes más poderosos de la economía o in-
terceptar e l fluj o de informaci ón sobre industrias. Sin embargo, puesto
que los consejos de adminístraci ón y las conve rsaciones entre direc-
tores son privados, ha sido muy dificil verificar si la red d e hecho in-
fluye e n la toma de decisiones de una compañía.
Una forma de abordar es to sería examinar un comportamiento
común a to das las compañías y que se a público y observable, a saber,
sus contribucio nes políticas. Cabría esperar qu e dos compañías con
'intereses simila res o ce rcanas geográficamente apoyaran a los mi s-
mos candidatos pol íticos. Yes as í, pero ade más, resul ta que cuantos
más consejeros comparten ambas compañías más parecidas son sus
contribuciones electorales'". Esto sugiere qu e aumentar los vínculos
entre grandes corporaciones las ayuda a si nc ro nizar sus conductas .
Las redes soci ale s también afectan a la manera en que los negoci os
intercambian bienes. Las teorías más simplistas de los mercados a me-
nudo dan po r se ntado que todas las compañías vende rán al mej o r
postor y co mprarán del proveedor más barato , independientemente
de las trayecto rias de las personas y empresas involucradas. Sin em-
bargo, las interacci ones del mundo real a menudo se basan en fuertes
rel aciones personales entre negocios que están anclados (firmemen-
te conectados) e n redes estables de co nfianza y reciprocidad.
El sociólogo Bri an Uzzi, p rofesor en la Universidad de No rthwes-
tern y cuya mad re trabajó de modista e n Nueva York, o bservó p e rso-
nalmente cómo determinados negocios e n la in dustria de la mod a
- estaban «anclados» y otros no . Realizó una serie de entrevistas en va-
172 173
CoNECTADOS
ri as compañías y encontró que las que estaban ancladas te nían más
posibilidades de sob revivir que aq uellas que no se apoyaban en las re-
des social es a la hora de deci di r con quién hacer negocios
28
. Pero tam-
bién comprobó que un exceso de anclaje puede ser negativo. Un Com_
promiso incondi cional (vínculo fuerte) con un socio de negocio
determin ad o puede ser desastroso si hace que la co mpañía ignore por
completo las oportunidades que le ofrecen otras empresas (vinculos
débiles) . Así, lo ideal es mantener un equili brio entre construir rela-
ciones estables con un número determi nado de socios y estar dispues-
to a abandonar esas relaciones cuando los cambios en el mercado las
hagan menos viables. Es importante saber combinar los víncul os fuer-
tes y débiles, y saber cuándo usar cada un o es la clave del éxito.
CREATIVIDAD EN RED
e
A continuación Uzzi extendió su campo de investigaci ón a un
pequeño rincón d el mundo corporacívo'". Desd e Cats « Spamalot;los
musicales de Broadway han sido un gran negocio durante décadas,
pero los inverso res por lo general tien e n que guiarse por su instinto
cuando deciden apoyar un espec táculo u otro. Bye Bye Birdie, prota-
gonizado por Di ck Van Dyke, alcanzó las 607 representaciones en
Broadway y fue u n éxi to to tal , pero Bri ng Back Birdie fracasó estrepi-
tosamente y sólo es tuvo cuatro días en cartel. ¿Cuál era la diferen-
ci a? ¿Por qué unos es pec tác ulos funcionan y otros no?
Uzzi opin aba que las redes sociales formadas por las productoras
de musical es desempeñaban un papel importante en esto , de mane-
ra que, ayudado porJanet Spiro, se dedicó a estudiar colaboraciones
entre los productores d e 321 mus icales estrenados en Broadway en-
tre 1945 y 1989. En concre to les interesaba averiguar si los colabora-
dores formaban redes similares a las identificadas por Duncan Watts
y Steven Strogatz en su arú cu lo de Nature de 1998"". Las redes que
responden a la idea de que «e l mundo es un pañuelo» se caracteri-
zan por dos rasgos fu ndamentales: los vínculos erure perso nas son
de medi a bas tante corta (bastan unos pocos intermediarios para
que unas personas puedan llegar) y de al ta transitividad (casi todos
los amigos de una persona son amigos entre sí) . Wa tts y Strogatz de-
mostraron que se podía situar a todo el mundo d entro de una red
altamente estructurada (como una anilla o una reúcula donde los
174
S ECUIR LA PI STA AL OINERO
vecinos están sólo conectados los unos a los arras) ya continuación
añadi r un as cuantas conexiones al azar para convertirla en un a red
del tipo «el mundo es un pañuel o», con una media de longi tud de
conexi ones corta. El resultado era una red altamente organizada con
numerosos subgrupos (conj untos de individuos qu e están todos co-
nectados en tre sí) pero también con muchas maneras en las que pue-
de circular la info rmaci ón entre estos subgrupos de perso na a per-
sona a perso na.
Uzzi comp ro bó que los equipos formados por indi vid uos que
nun ca antes habían trabajado juntos rendían poco, aumen tando en
gran medida las probabilidades de que la producción fra casara, Es-
tas red es no es taban bi en co ne ctadas y es taban constitu idas casi ex-
clusivamente por vínculos débil es. En el o tro extremo, los equipos
formados por individuos qu e habían colaborado en ocasiones ante-
riores también tendían a produci r musicales que fracasaban. Puesto
que estos grupos carec ían de aportaciones creativas exte rnas, ten-
dían a rec icl ar las mismas id eas que habían em pleado la primera vez
que trabajaron juntos. Sin embargo, Uzzi encontró también ejem-
plos de la fórmula que combina con éxito la diversidad apo rtada
poruo equi po nu evo con la estabi lidad de relacio nes asentadas. Las
redes que más se aj ustaban a la idea de que «el mundo es un pañue-
lo- eran aque llas qu e obtenían mayores éxi tos.
Las redes de productoras teatrales con combinación de vinculas
fuertes y débiles faci litaban las comunicacione s, pero tambié n fomen-
taban la creatividad gracias a las ideas aportadas por los nuevos miem-
bros del grupo y a las sin ergias que propici aban. Así, la es tructura de
la red parecía tener un gran impacto en el éxi to de público y crí tica.
Producir musicales de cal idad puede muy bie n no estar en la lista
de priori d ades mundiales, pero saber es tim ular la creatividad de
equipos de trabajo tiene muchas más aplicac iones. Uzz i también ha
estudiado los avances cien tíficos y su rel aci ón con las redes sociales.
Las teorías previ as so bre des cubrimientos en la ci encia, por ejem-
plo, atribuyen los grandes avances al talento humano individual ,
pero en el curso del siglo xx el descubrimiento y la innovación pasa-
ron gradualmente a conve rtirse en atri butos de gn'pos a ntes que de
indi viduos. Claro que la inn ovaci ón rara vez, o nunca, aparece sin la
.aporta ci ón de otros, como vimos e n las redes de inve ntores. Los
grandes avances se obtienen d entro de círculos cooperativos y las
redes pueden magnifi car el tal ento (es to 10 podemos comprobar to-
175
C ON'ECTA DOS S¡':CUIR LA PISTA AL DI N ERO
d os los d ías: las destrezas y los cono cimi en tos complementarios en-
ri q ue cen n uestras tareas d e eq uipo, hacie nd o el tod o más grande
que cada de las partes) . La cuestión empírica aquí es cómo de,
mostrar que los individuos tien en m ás éxito cuando forman parte
de equipos que cuando actúan so los. r
Para dar respuesta a es to Uzzi estudió el número de menciones
como indicador del «mejor>, trabajo ci entífico. Recopiló datos so bre
21 millo nes d e artículos cientfficos p u bli cados e n todo e l mundo
en tre 1945 y 2005 y 1.9 mill ón d e soli citudes de patentes d e un pe-
d e 15 a ños. A con ti n uación comparó los artículos escri tos
individuos con los escritos por equipos . Empleando las menciones
como medida de cual idad, encontró qu e, de media, los esfuerzos de
equipo eran más valo rados en la comunidad ci en tífi ca que los indi-
viduales .
Uzzi también evaluó si exis tía verdad alguna e n lo q ue muchos aca-
démi cos conocen irúorrnalme nt e corno «la regla de los treinta pies»,
q ue establece q ue las p ersonas só lo cola bo ran con aquellas que se en-
cuentran a 30 pi es (diez metros más o menos) de distancia de ellas'.
Pero como vimos en el caso de las parej as sexuales, donde los indivi-
duos pasan de buscar parejas «en el vecindario » a hacerlo den tro de
la re d a la q ue pertenecen, y co mo vimos también en el ejem plo de la
obesidad, donde las con exi o nes dentr o de las redes sociales e ran más
importantes que las geográfi cas, la distancia física cada vez importa
menos e n el ám bito de la colaboración cien úfica. Tras es tudia r 42,000
ar tícu los pu bli cad os en tre 1945 y 2005, Uzzi enco n tró que los eq ui pos
de colaboración que incluían investigadores de universidades distintas'
superaban en número a los formados por investigadores de un a mis/
roa universidad. Esta tendencia tien e que ver con la crecie nte impor-
tancia de la especialización y sin .duda se ha visto impulsada en parte
por la globalización. Pero lo que resulta cada vez más evidente es que
la colaboració n científica funci ona mej or en modelos de o rganización,
de l tipo «el mundo es un pa ñu elo», que hacen más fácil trabajar con,
un grupo d e personas que p rovienen d e diferentes lugares. ,j
CONJUNTAD OS

Aunque los estudios de Uzzi muestran una asociación entre d e ter-
minadas fo rmas o estructuras de red y trabajo en cola boració n, es
176
cil saber si las r edes están haci endo que la gente colabore d e mane ra
difere nte o si la gente que tiene más tendencia a cola borar sim ple-
mente forma otro tipo de redes. Por esta razón, el ingeniero informá-
tico Michael Kearns y sus colegas de la Unive rsida d de Pensilvania
decidi eron desarrollar un expe rimento para ver có mo funci onaban
las redes sociales en el entorno de las colaboraciones de labor a tori o.
Reclutaron es tudiantes y los repartieron en re d es d e 38 individuos
'. cada una con estr ucturas di ferentes, tal CO lTIO se obse rva en la ilus-
tración 5 (ve r pliego cen tral)". L os investi gadores d ieron a elegi r a
los estudiantes de cada red qué color querían se r. Y con una única
cond ición: d ebían elegir un colo r que fuera distinto d e los e legi dos
por los otros miembros d e la red .
A conti nuación los es tudian tes se sentaron fre nte a terminales de
ordenador que mostraban los colores escogidos por sus vecinos in-
mediatos (no podían ver los de toda la red) , se les d aba un menú de
color es y tenían que e legir uno que fue ra distinto d e lo s d e sus com-
pañeros . Podían cambi ar de col or en cualq uie r momento. Y trabaja-
ban co n un ti empo limitado. Si el gm po llegaba a una sol ución den-
tr O del ti empo permitido , de mane ra que cada individuo elegía un
col or di stinto del de sus compañeros, entonces se les recompensaba
. .
ecorró micamerite.
¿Cómo se comportaron los es tudiantes? Resultó que la estructura
de la red tenía una gran influencia e n su capacidad para resol ver el
problema. Las redes co n forma de anillo (plasmadas e n las i lus tracio-
nes A-D de la l ámina 5) tardaban menos e n resol ver el pr oblema que
las redes entreme zcladas . Y, en contra de lo que cabría esperar, cuan-
tos más vecinos tenía una persona denu-o de una red, antes alcanzaba
el gm po la solución al acertijo. El tiempo medio que tardaron los 38
individuos en terminar iba de 144 segundos (re d A) y 121 (red B) a 66
(red C) y 41 (red D). Las red es más co mplicadas tard aron todavía más
tiempo en r eso lver el acer tij o (la re d E tardó 220 segundos y la F 155).
El contraste e n tre las redes D y E r e sulta especial men te revelador.
Los individuos de estas dos redes se enfrentaban a ci rcunstancias
muy simi lares, con aproximadamente el mismo número de vecinos
y aproxi madamente los mismos grados de separaci ón en tre dos per-
sonas cualquiera dentro de la re d. Los estudiantes de es tos experi-
m entos no pod ían identifi car a q ué tipo de red per tenecían; tan sólo
veían a sus veci nos inmediatos. Sin embargo la red E tardó hasta cin-
co veces más en resolver e l p roblema que la D. De mod o que di fe-
177
SEGUIR lA PISTA AL OI N"ERO
Está claro que las élites como los di rec tores de corporaciones S{
benefician d e dar fo rma a las redes sociales de acuerdo con sus necesi
dades. Sin e mbargo, no está. tan claro que estos benefic ios alcancen 2
otros ni vel es d e la sociedad . En todo caso, las redes soci ales pued en
verse como una explicación de por qué los ricos son cada ve z más ri-
cos y por qué la d esigua ldad económica no d ej a de crecer. La lógi ca e'
bien sencilla: si e res rico atraes más amigos, y si tienes más amigos en
contrarás nuevas formas de hacerte rico. Ylos recientes cambios en 12
tecno logía pueden muy bien habe r empeorado el proble ma. Cuandc
resul ta más fá. cil buscar y navegar dentro d e las redes sociales, e l bucle
de retroalimentaci ón positiva entre conexiones soci ales y éxito puede
co nuibuir a concentrar más pode r y riqueza en las manos de aquellos
que ya los tenían.
Po r fo rtuna, no todo está. pe rdi d o para los millones de po bres de
todo e l m undo. Durante los últi mos 30 años se há pr oducido un irn-
portante movimiento para usar las redes sociales como arma para como
batir la d esigualdad y mejorar la situación de los desfavorecidos.idán-
doles acceso a algo que nu nca antes habían tenido: crédito. Aunque
esto p uede resul tar difícil d e creer en las democracias capitalistas, don-
de la gente continuamente recibe por correo tarjetas de crédito que
no ha so licitado, en otras panes del mu ndo muchas personas no pue-
den ni siquie ra pedir u n dólar prestad o. Yla razón pri ncipal es que no
tienen aval; no son propietari os de una casa o de una propiedad, y las
pocas cosas que poseen tienen un valor tan reducido que los prestado
res tradicionales no están dispuestos a ace ptarlas como garantia.
con más vecinos eran capaces de convencer a toda la red de q U t
escogiera su color. Los investigadores llamaron a es to «efecto de
poder de la minoría». pocos individuos situados en
de infl uenci a pueden sal irse con la suya todas las veces que qUIeran
por otra parte, un grupo así también p uede fac ilitar la unidad glo
bal y evitar e l resu ltado segú n e l cual n adi e gana nada. De manen
que a u nq ue las red es sociales p ueden ayud arnos a hacer lo q ue nc
conseguiríamos solos , también pueden dar poder a personas qw:
estén bien conectadas. Ycomo resultado, aquellos con mayor núme-
ro de conexi o nes a menudo obtienen las mejores recompensas.
Tus AMIGOS LO VALEN
CoNt:CTADOS
rencias pequeñas en los patrones de co nexión generale s de ntro de
una red pued en infl ui r mucho en el rendimiento d el grupo.
La lección que pueden extraer d e aq u í aquellas personas que tra,
tan de coordinar esfuerzos para resol ve r p ro blemas económicos es
que puede ser útil crear vínculos explíc itos dentro de las redes u o _
. _ r
garuzar estas de una mane ra que sea cons iste nte con la tarea a rea h,
zar. Por ejem plo, la legis laci ón de estímulo económico de 785,000
mill ones d e dó la res p romu lgada en Es ta dos Unidos e n 2009 dab
miles de agencias locales. estatales y fe derales que s:
su porua d e b ía n gastar e l di ne ro lo más rápidamente posib le. Ypara
evitar d uplicar gastos, cada una debía invertir el di ne ro e n un p ro-
yecto El expenmento de Kea rns sugiere q ue para p royectos
como es tos, los gobie rnos deberían crear canales estructurados de co-
agencias, al margen de los canales informales que
puedan exrstrr, En otras pala bras, los gobie rnos d ebe rían impulsar
las conexione del npo «e l mundo es un pañuel o».
Pe ro e n ocasiones los actores e n juego.0 0 se ponen de acuerdo
e n los objetivos a p e rseguir. e l d esastre que fu e e l es-
fu erzo federal para soco rrer a las víctimas d el hu racá.n Ka rri na. Las
a u to ri dad es federales querían evacuar a los habitantes d e Nueva Or-
leans, pero la policía loca l d e Gretna ( una población cerc ana), te-
rn.ierrdo ver minada su au toridad, entorpeció la evacuación.
Kearns y sus colegas querían saber cómo afectan las nuevas redes
a la to ma de decisio nes en preci samente este tipo de situaciones. en
que las perso nas tienen ince n tivos diferentes pero deben trabaj ar
Juntas. Para e llo realizaron otra serie de experimentos e n Jos cuales
indi vidu os integrados en redes de estruc turas dife rentes trataban de
alcanzar un consenso global (todos debían ser e l mismo colo r) ' 2. En
ocasió n además) los inv.estigadores añadieron tensión álos obje-
nvos d e l gr upo. Se dij o a la mitad d e los sujetos que ganaría 50 ce n-
tavos extra_si todos el egían roj o y a la o tra mi tad q ue los gan arían si
lodos e legfan azu l. Como e n los ante riores experimentos con colo-
res, si pasado u n tie mpo no se llegaba a u n consenso, nadi e cobraba.
Si las pe rsonas se obstinaban en un colo r llevad as po r su d eseo d e
alcanza: la recompensa, nadie ganaría. De f orma que algunas perso-
nas teman que ce der.
De nuevo, la veloci da d co n que se al can zó e l consenso en los dis-
ti n tos g rupos estuvo e n función de la es tructura d e la red. En las re-
des donde ciertas tenían más vecinos que otras, aquellas
l'
I
J,
178
179

CONECT....OOS Secura u.. PISTA AL DIN ERO
Los ba ncos tradi ci onales de todo e l mundo han pasado po r alto
clase de aval qu e incluso tienen los más desfavorecidos: sus arn],
gos y fa milia. Las redes sociales están e n todas panes y por ta nto
pueden emplea rse com o garante de un préstamo . El economista
bang ladeshí Mohamed Yunus fu e e l primero e n tener esta idea
qu e se le ocu rrió cuando visi taba unas aldeas es peciaJmente
cerca de la Un ivers idad de Ch ittagong, donde trabaj aba . Cuan do
Yunus supo que las muj eres de l pueblo deJobra estaban sie ndo aco-
sadas por los p restamistas locales para que pagaran p or e l bambú
qu e comprado para convertirlo en mu ebl es. accedió a pres-
ta r les dinero de su bolsillo. ¿Cuál era la suma que necesi taban es tas
muje res? Unos ve intisie te dólares. Menos de un dólar por cabeza.
Había nacido el mercado de los mi crocr édi tos. "
Conscie nte de la necesidad que h abía de este tipo de créd itos e n
todo el país. Yunus se puso en con tac to con un banco y se convirtió
e n avalista de crédi tos que éste concedía a distintas aldeas, puesto
que la e n tidad no presta ba dinero a gente sin activos. Sorprendente-
mente, el tipo de interés d e los préstamos que hi zo el banco superó
al que nonnaltnente recibía. A continuación Yunus puso e n marcha
e l Grameen Bank d e Bangladesh, q ue se con vir tió en pi onero de los
mi crocréd itos en el país.
,Una de las caract erísti cas más importantes de estos pequeños
prestamos es qu e se conceden a grupos antes que a individuos, para
ayudarlos a poner en marcha pequeños negocios o hacer inversio-
nes que I.os ayuden a escapar de la pobreza (co mo pagar el cole gio
de sus hIJOS o los altos intereses de prestamistas local es) . Bási ca- -
me:ue, los recur ren a sus ami gos y familiares para que
actu en de avalistas y el banco tenga asegurada la devol ución del
prés tamo. Esto hace via ble s es tos créditos de al to ri esgo porque re-
duce radicalrnerite la probabilidad de impago. Las red es sociales
ayu dan a repartir e l ri esgo y a q ue los gr u pos puedan hacer frente
de f o rma efectiva a conti ngencias tales co mo una sequía o la muer-
te de .un Pero sobre lodo, se trata de un me canismo que
perrmte co nve r trr tos vínc ulos sociales e n recursos económicos . El
banco por lo general requiere que e l g rupo conste de al menos cin-
co pers onas, y si cada una de ellas supera un examen tras una se ma-
na fo rmación e l negocio en cuestión, entonces el grupo se
convier te en candi dato al cré dito. Los préstamos se hacen primero
a dos personas, y si és tas .10 devuelven, entonces las dos siguientes
ueden solicitarlo ; si éstas a su vez lo devuel ven entonc es el quinto
de l gr upo lo pide.
Yunus a tri buye el éxi to del modelo del Grameen Bank a las carac-
terísticas de la red soci al: «La presión de gm po, sutil y a veces no tan
sutil. ayuda amanten er a cada mi embro de l g'rupo en su sitio». El ban-
co también se a bstie ne de crea r grupos artificiales, porque «la solida-
ridad se rá mayor si los grupos se forman de manera espontánea».
Después, hasta ocho grupos pueden unirse y se r admin istrados desde
centros donde un rruernbro p reviamente el egido fil tra las solicitudes
de crédi to. Este diseño tipo «el mundo es un pañuelo» es exact arnen-
te lo que Brian Uzzi enco ntró e n el mundo de los modistos, en Broad-
way ye n e l mundo acadé mico. El Grameen Bank fomenta los víncu los
sólidos dentro de grupos para fortalecer la confianza e n tr e sus rruern-
bros y a continuación los conecta entre sí medi ante vínculos dé biles
con miembros de arras grupos>para a umentar así su capacidad de
hall a r so lu ciones creati vas cua ndo su rgen problemas. En opinión
de Yunus: «la sensaci ón de perten ecer a un grupo y de interactuar
con o tros anima a cada mi embro a mejorar su rendimi ento»3!\.
Otro ras go fundamen tal de es te ti po de red es q ue el banco p res-
ta dinero casi excl usivamente a muj eres. Esto tiene se ntido por o tra
parte , pues la muj er tien e el incentivo de multiplic1ar los
bene fici os del préstamo, ya que las muje res ti enden much o mas qu e
los hombres a invertir en mej orar las condiciones de vida de los hi-
jos mediante la escolarizac ió n y e l acceso a la asistencia Las
mujeres también tienen más tenden ci a a inverti r en sus mandos que
a la inversa.
Desde la fundaci ón del Gramee n Bank los mi crocréditos han de-
mostrado ser capaces de miti gar la pobreza, incluso entre los más
desfavorecidos, y su éxito ha estim ulado la creación de programas
simi lares e n ci entos de otros paises . Incl uso e l murido industrial iza-
do es tá e rnpeza ndoa emplear programas de es te tipo para es tudian-
tes universitarios y a rras individuos de bajos ingresos . Es interesante
ver cómo se ha extendido un a innovaci ón de Bangladesh co nstruí- !
da so bre la base de un profundo entendimiento de las ventaj as natu-
ral es de las redes social es .. El movi miento de las mi crofinanzas ha
despertado tanto interés e n todo el mundo que Wall Street ges tiona
hoy los cr éd itos y los ve nde e n forma de bonos, como SI fueran 111-
potecas u o tros valor es negociables. La Fundaci ón Nobe l reconoci ó
los esfue rzos del Grarn cen Bank y de Moharned Yunus «po r sus es-
180
1
CoNECT,o.OOS
fuerzos po r ayudar al d esarrolio social y económico desde a baj o.
conced iendo a es te último el Premio Nobel d e la Paz e n 2006.
A lo largo d e la hi stori a h an su rgi do instituci ones simi lares que
capitalizan los vín culos sociales. Por ej e mp lo. los fo ndos rotatorios ó
ROSCAS, por sus siglas e n ingl és, también llamados fo ndos d e so-
lidaridad, están formados po r personas qu e cons tituye n grupos de
forma voluntaria y se reúnen pe riódicamente para contribuir a Un
fondo que procede en su totalidad o e n parte d e uno de los contrib ui-
dores en rotación. Estas asociaciones so n un ejemplo típico de auto-
organización; no dependen de instituciones fo rmales y tampoco tie-
nen un líder. Existe n e n todo e l mundo, desde Corea y Chi na hasta
J apón. Pakist án , India, Nigeria y Camerú n, y a menudo se emplean
por grupos d e inmigr antes e n Es tados Unidos para reunir el capi tal
necesari o co n que poner e n marcha proye ctos (habida cuenta que
muchos inmi grantes no tien en acceso al sistema bancario oficial en
es te país) . En la Inglaterra d el sigl o XIX había asoci aci ones similares
formadas po r jóvenes trabajadoras. Y la tradi ci ón d e cons truir gra-
neros en tre los granj e ros de Es tados Un idos en e l mismo siglo e ra una
variante del mismo model o: los veci nos se reunían y se turnaban,
por ejem plo e n e l primer domingo d e cada mes, para construir jun-
tos un grane ro para cada famil ia.
El antrop ólogo Clifford Geertz realizó en 1962 lo que muy bi en
pudi e ra ser la prime ra descripción académica de estas instituciones, y
sugería que sus orígen es entroncaban con la tradición de las «fiestas
rotatorias. e n las que los miembros d e un grupo re d ucido de perso-
nas se turnan para organizar fiestas o ce lebraciones. En Indonesia,
donde Ceertz hi zo sus primeros trabajos de campo, yen la mayoría de
los otros lugares donde los fondos rotatorios formaban parte d e la
cultura tradicional, los habi tantes los consideran no tanto una herra-
mi en ta económica sino una costumbre con funciones sociales y sim-
bóli cas. «Asociacio nes como éstas refuerzan la solidaridad y la armo-
nía en nuestra comunidad», dicen'" . «Existe una variedad asombrosa
de asoc iaciones de esta clase, y muchas incluso cuentan con comple-
j os procedimi entos para cobrar intereses o d eterminar el orden en
qu e se pe rcibe n los fondos- P. Pero lo qu e todas tienen en común
es que las conexiones sociales funcionan para impedir que una perso-
na abandone d espués d e haber reci bido e l dine ro. Los bill etes pasan
de mano en mano de acuerdo a vínc ulos sociales es tablec idos y todo
el mundo sabe dónde es tá George.
182
SEGUI R LA PISTA AL DIN"f:RO
Resta por ve r si seremos capaces d e utili za r el d e las redes
ial es para rneiorar la vida de los pobres tan rapldrunente como
50 C1 :J . .
tá Inejorando la de los ricos. Sin embargo so mos opurrustas y pen-
que las redes pue d en servir para la d esig;lal d ad ,
directamente, en fo rma de préstamos y pol íti cas eco norn Lcas
que hagan frente a los estados d e ánimo de los me rcados. como 111-
directa.mente, mediante mej oras e n la salud ñsica y mental las
rs
onas. La pri ncipal cuestión que queda por resolver no es SI se re-
pe _. . . l
Ol as capaces de usar las redes social es para es te proposlto, Sino SI o
haremos. En otras pal abras, ¿có mo afectan las r edes a nuestra capa-
cidad de gobernarnos a nosotros mismos y de alcanzar nuestro o bje-
tivo d e difundir e l bienest a r e n e l mund o?
183
CAPÍTULO 6
C ONECTADOS POLÍTICAMENT E
Ensu discurso de acep tación , la noche de las e lecciones del 4 de
noviembre de 2008, Ba rack Obama dij o: « unca f ui el cand idato
más probabl e. Empezamos sin mucho di n ero y sin demasiados apo-
yos. Nuestra campaña [.. .] la hi cieron posibl e hombres y muj eres
trabajad or es que donaron cinco, diez, ve inte dó lares de sus ahorros
a esta ca usa». La realidad es que su equipo bati ó todos los récords de
recaudaci ón de fo ndos. Para cuando terminó la campaña había reci-
bido 600 millones de dól ares en co ntr ibucio nes p rocedentes de más
de tres mill ones de personas. La campaña elec to ral de Obama se des-
cribió como una operació n perfectamente orquesta da que tuvo po-
cos errores (si es que tuvo alguno ) . Pero ¿có mo decidió la gen te su-
marse a ella antes de que se exte ndiera la percepci ón pública de que
había posibilidades de ganar? ¿Cómo logró Obarna persuadir a ta n-
ta ge n te que nunca an tes se había impl icado e n políti ca d e que lo
votara, en especia l aque llos qu e en e l pasado estaban conve ncidos
de que su voto no contaba?
übama triunfó en gran med ida porqu e estos «hombres y muj e-
res trabajadores » se si n tieron conec tados. Su campaña supuso un
hito hi stórico en muchos aspectos, pe ro qu izá e l más revoluci onario
de todos fue la recaudación de fondos. Much os han co mentado la
extrao rdinaria capaci dad de Obarna de conectar con los votantes,
pero m ás impresionante aún fu e su capacidad de conectar a unos
votantes con otros.
Durante las elecci o nes a la presidenci a de Es tados Unidos de
2008 se produjo un a umento drásti co d el uso de Internet e n todas
las ca mpañas políti cas, pero la de Obama en par ticular se be nefició
185
i
CoNr.cTAOOS
d el poder de las redes sociales on line y d e los medios sociales (de
pe rsona a persona ) . De h echo, e l e mpleo d e la red por parte de Oba-
rna inspiró comparacio nes con el uso queJohn F. Kennedy hizo de
la tel evisi ón para acceder a la presidencia d el país e n 1960. Ambos
hombres cambi aron para sie mp re la image n de la política mediante
su uso de las nuevas tecnologías, forzando a partidarios y detracto-
re s por igua l a adoptar sus métodos de llegar a las masas .
Al carecer de una base de apoyos sólida, Obama pronto en te ndió
que Internet se ría cr ucial pa ra él. En las pri m ari as de 2004 e l candi-
dato demócrata a la presidencia Howard Dean ya había usado la red
como arma contra los candidatos más tradici onales, pero para en-
tonces el trabajo soci al en red aún no se había inventado . La campa-
ña de Dean recaudó mucho d in ero, pero fr acasó a la ho ra de movi li-
zar apoyos, po rque los votantes a ún no es taban conectados entre sí.
Obama reclutó a dos hombres de gran tal ento para que dirigieran
su campaña on line,Joe Rospars, veterano de la campaña de Dean, y
Chris H ug hes, uno de los cofundadores de Facebook.
Hughes puso e n marcha un inmenso si tio web, My.BarackOba-
ma.com, que, en su punto álgido, tuvo un mill ón y medio de us uarios
regi strados. Los usuari os de la página podían opinar sobre el ca ndi-
dato. donar dinero y. sobre todo, po ne r en marcha accio nes socia les
real es on lineoEn el curso de la campaña hubo más de 150, 000 actos
re lacionados con la campaña en 50 estados di stintos. Mientras tan-
to , los partidarios on line del candidato formaron 35, 000 grupos, ba-
sa dos e n proximidad geográfica, ad hesión a puntos específicos del
p rograma político o interes es cu lturales co munes. Los usuarios de
iPhone podían d escargarse una ap licación que les facili taba llamar
a amigos para animarlos a votar o a contribuir económicamente a la
campaña. Di cha ap licació n organi zaba los contactos tel efónicos por
orden de importanci a , poni endo primero a aquellos ami gos de es ta-
dos clave (stuing-states), aquellos -donde no hay un ganador cl aro. y
e n la última y deci siva se mana de la carrera e lectoral, la campaña de
Obama o rgan izó más de mil avalanchas tel efónic as (phone-banki ng)
para recabar votos .
En opin ión del Pew Iruerriet and American Life Proj ect, del Pew
Research Cen ter, todas estas ac ciones fueron d ecisivas'. Los se gui-
dores de Obama fueron más activos que los seguidores de Hillary
Clinton a la hora de m ovili zar a a migos y fami liares, firmando peti-
ciones en Internet y envi a.ndo comentarios por correo electrónico en
186
CONECT¡o,OOS l'OLÍTICAM"ENTt:
redes sociales on lineoEn parte es to se exp lica porque Oba ma tenía
más partidarios e ntre los jóvenes. pero incluso con usuarios dentro
de la misma franj a de edad , los seguidores de Obama tendían a em-
plear más sus redes que los de Cli n to n. y la brecha en es te se nti do
entre seguidores de ü bama y de McCai n era Incluso mayor y te rrru-
naría por llevar a l primero a la presidenci a de Estados Unidos.
TuVOTO NO CUENTA
Muchas personas - ya sean republicanas , demócratas o indepe n-
dientes- se sintiero n es timuladas por su participaci ón en la campa-
ña electoral de 2008. y muchas más animaron a familiares y a migos
a votar porqu e «es lo correc to». Pero este comportamiento resulta
en ci erta manera desconcer tante . Aunque las personas adultas en la
mayoría de los paí ses democráticos tienen derecho a vo to, cada uno
de estos vo tos es uno más e ntre millones. Los políticos a rneriudo
di ce n a sus se guidores que «cada voto cuenta» y la gente suele afirmar
que vota pa ra ayudar a que gane su candida to . Pe ro ¿qué circunstan-
cias hacen que un voto cuente realmente? Esa pregunta fundamen-
tal ha llevado a una se rie de investigaciones por parte de científicos de
renombre, cada una de e llas apoyada en la labo r previa de o tros pen-
sadores pero todas abocadas a un a mi sma concl usió n. En t érminos
racionales, cada vo to no cuenta. La razón de que votemos, en reali-
dad, tiene mucho qu e ve r con nuestra perte nencia a grupos y con e l
pode r de las redes sociales.
En 1956 Anthony Downs, licenciado en Ciencias Económicas de la
Universidad d e Stanford, decidi ó ap licar la ci encia de la «raci o nali-
dad. al es tudio de la polfrica- . Para él esto no e ra una contradicció n .
La palabra racionalidad adquie re aq uí un significado muy preciso, que
no es el opuesto a locura. Racional idad alude a tres cosas. En primer
lugar, las pe rsonas racionales tienen preferencias yson conscientes de
ellas. Uno p uede escoger e ntre pe ras o manzanas , e n tre dólares y pe-
niques, e ntre se r demócrata o republicano. O le puede dar igual . La
cuestión es que es ca paz de comparar dos cosas y de saber cuál de las
dos prefi ere o si no le gusta ninguna de las dos. En segundo lugar,
las el ecciones de las pe rsonas racionales son coherentes . Si uno pre-
fiere una pera a un a man zana, y una manzana en lugar de una naran-
j a, entonces no escogerá la naranj a antes que la pe ra. En álgebra, la
187
CoNfCTAOOS CoNECTADOS POUT I CA M ENTE
cohe rencia equivale a la transitividad: si A es mayor que B y B es mayor
que C, en to nces debe se r cierto q ue A es mayor que C. En tercer lu-
gar, las personas racionales se mueven por objetivos. Una vez sabemos
lo que queremos, tratamos de consegui rlo.
Downs quería saber si el p ro ceso de VOtar podía considerarse ra-
cional y, de se r así, e n q ué circunstancias. Se percató de q ue la polüj,
ca en Estados Unidos a menudo era una cuestió n de alternativas
n a ~ a más. Votar a los demócratas o vo tar a los republ icanos. Baja;
los Impuestos o su birl os. Vetar una ley o apoyarl a. De hecho, la ad.
ministraci ón es tadounidense está repleta de procedimientos que
reducen el abanico de opci ones a dos. Downs asu m ió que los votan .
tes se centrarían en un a de las alternativas (Barack Obama, por
ejemplo) y pensarían detenidamente e n todo lo q ue ocurriría si su
alte mativa resul taba elegi da. A continuación asignarían un valo r a
este resul tado que describiera los be nefi ci os qu e traería consigo. En
o tras pal abras, tratarían de responder a la pregunta de ¿has ta qué
pu nto ll: e benefici arí a a mí personalmente que Obama saliera elegi-
do presidente> Después pensarían detenidamente so bre la otra al.
te rnativa (McCain e n es te caso) y asig narían tambié n un valor al he-
cho de que resultara ve ncedora. Cada votante a continuación votaría
por la alternativa q ue tuvie ra más valor para é l.
Pero votar no es obliga torio en Estados Unidos, COmo no lo es en
casi ningú n país del mundo. ¿Qué impulsa a alguien a ac udir a las
urnas? Downs se di o cuenta de que los vo tan tes también tomaban
en cons ideraci ón los costos de ir a vo tar. Puede que terisramos que
robar tiempo a nu estras horas de trabajo o de ocio para ;cudir a las
urnas. Por ejemplo, en las e lecciones p resi denciales de 2004, algu-
nos votantes de Ohio tuvie ron q ue es perar ho ras baj o la ll uvia para
poder votar. También pued e llevar tiempo recopilar informaci ón so-
bre las elecciones para decidir a qui én votar. f
To mando en cuen ta los costos y los p osibles be nefi ci os, cada
perso na e ntonces decidiría si vo tar o no. Si un votan te pi ensa que
a mbas alternativas lo benefi ci an por igual , tal vez d eci da a horrarse
los costos de votar y quedarse en casa. Downs llamaba a esto absten-
ción racional : para determ.i nadas personas ac udir a vo tar no tien e
sentido porque li teralmente pi ensan «que no hay La más mínima
d iferencia entre los dos [candidatos] " . A la in versa, a las personas
que pi en san que un a alternativa es much o mejor que la Otra les im-
por ta mucho más el r esu l tado de las e lecciones y por ta nto es más
188
probable que es tén di spuestas a votar, ineluso si los costos de hacer-
lo son elevados. Aquellos votantes de Ohio empapados hasta los
huesos son sólo un ejemplo de este tipo de individuos altamen te
motivados.
Pero ¿explica realme n te esto por qué vota la gente, en especial cuan-
do puede pensar q ue su voto no infl uirá en el res ultado final? ¿Se limi ta
a calc ular los costos y los beneficios y a tomar una decisión?
En realidad es mucho más comp licado que todo eso. William
Riker; un politólogo de gran influencia de la Universidad de Ra ches-
ter e n las décadas de 1960 y 1970, señaló que Downs había pasado por
alto el hecho de que no hay un único votante que torna una decisi ón,
sino millones", Así pues, para determinar el valor de votar necesita-
mos decidir no só lo q uié n nos gusta más, sino la probabilidad de que
nuestra acción -nuestro voto- ayude a esa persona a ganar. Obama
podía de rrotar a McCain por tres millones de vo tos. O por 2,999,999.
O podía p erder fr ente a McCain por 1,354,267. O... Las posibilidades
son infi nitas.
Por sup ues to exis te una única circunstancia en la que el vot o de
un individuo cuenta. Y ésa es cuando se es pera un empate. Para
comprobar que esto es cierto basta preguntarse qué haríamos si tu-
viéramos una bol a de c ristal y viéramos q ue Obama iba a ganar las
elecciones por tres mill ones de vo tos . ¿Qué efe cto te ndría nuesrro
voto en el resultado final? Absolu tamen te ninguno. Podríamos ca m-
.bia r ese margen a 2,999,999 o a 3,000, 001 y Obama seguiría ganan-
do. El mi smo razonamiento sirve para todas las elecciones así de
aj ustadas. Si n d uda algunos ciudadanos de FIOI;da se la me n ta rían
de no haber votado e n 2000 cuando se e nteraron de que George W.
Bush había ganado el estado (y por tanto las elecciones generales)
por 537 votos. Pero incl uso en es te caso, todo lo que un votante indi-
vidual habría podido hacer es cam biar el margen de 537 a 536 o 538,
lo que en ning ún caso habría variado el resultaclo fin al.
Así pues ¿cuáles son las probabilidades de que se produzca un e m-
pate exacto? U na de las maneras de enfocar es to es asum ir que cual-
quie r resultado es posible. Supongamos que 100 millones de personas
votan a Obama o a McCain. McCain podría ganar por IDO millones a O.
O por 99,999,999 a 1. También podría ganar por 99,999,998 a 2. Cree-
mos que la idea queda clara. Si se suman todos, hay 100 mill ones de
resul tados d iferentes posibles ysólo uno de ellos será un empate. Dado
que el número de personas que vota en las el ecciones presidencial es
189
191
CoNECTADOS POI..fT1CAMENTI:
Re gresemos pues a la pregunta ini cial p lanteada por Anthony
'Downs. Supongamos que tuvi éramos que decidir si vo tar o no e n las
elecci ones de 2008. Teniendo e n cuenta todo lo que hemos visto
¿cuándo tiene senti do votar d esde un punto d e vista racional?
En primer lugar hay q ue valorar la diferencia en tre u na p resi d en-
cia d e McCain y una d e Obama. Una d e las formas d e hacer esto es
pr eguntarnos: ¿cuán to es toy dispuesto a pagar por ser la Úni ca per-
sona con poder para decidir si e l p ró ximo p residente d el país será
McCain u Obama? Pod emos ir a l banco y sacar cual quie r cantidad
de din e ro. ¿Cuánto estaríamos dispuestos a pagar po r se r q uien de-
cida el no mbre d el fu turo presid ente ? ¿Un d ó lar? ¿Diez'. ¿U n m i-
Il ón ? Cuando se formula es ta pregunta a es tudian tes uni versi tarios.
suelen responder ci tando cantidades po r d ebaj o d e los 10 dólares, Jo
que re sul ta sorprenden te , ya que probablemente no h aya nada e n el
mund o más barato que es to: 10 dó lares a cambio d e poder elegir al
presidente de una nación. Sin embargo. y por seguir con nuestra ex-
posició n. supongamos que pensamos que se trata de una decisión muy
importante y que es tamos di spuestos a gastar 1,000 dólares d e nuestro
bolsill o por poder tomarla.
En segun do lugar hay que tener e n cuenta el hecho d e que, al vo-
tar, tenemos la o portunidad d e determinar el resul tado de las eleccio-
nes sólo cuando haya un empate exacto. De otra mane ra el resultado
no cambiará, vo te mos o no. Así q ue e l valor d e vo tar no es d e 1,000
dól ares, sino de una posibi lidad entre un millón de que recupe remos
la inversión de 1,000 dólares.
En tercer y último luga r, h emos d e comparar los benefici os que
esperamos obtener con los costos q ue implica votar. La mayoría d e las
. personas afirma que reunir informaci ón y acudir a las urnas no son
expe rie ncias especialmente gratas. así qu e asumiremos que los cos tos
ascienden a un dó lar. Podrían ser muy su periores, claro está, pero en
todo caso siempre serán mayores que ce ro.
Ahora que ya hemos ca lcul ad o todos los costo s y beneficios, el
análisis racional de la decisión de votar sugiere que ésta equivale
más o menos a la decisión de gastarse un dólar en un billete de lo te-
ría que nos da una posibi lidad entre un mill ón de ganar un premio
de 1,000 d ól ar es. En Las Vegas d isfrutarían pudiendo ve nder es te
tipo d e billetes; ganar ía n 10 mill ones d e d ólar es y sólo tendrían que
gastar 1,000 en p re mi os. Pero incl uso e lj ugador más e mpedernido
se negaría a com p rarlos, sabedor de que la.relación costo-benefici o es
CoNECTADOS
190
de Estados Unidos es de cerca de cien millones, la probabilidad apr osj,
mada de empate es d e una en tr e un millón"
La proba bilidad exacta es obviamente mucho más co mp licada
q ue eso, puesto q ue es poco p roba bl e que O bama o McCai n ganen
e n todos los d istritos e lectorales. Los resultados reñid os son mucho
más probables que las vict o rias aplastantes . De mane ra que en Iu,
gar de teo rizar so bre las probabilidades de e mpate, podríamos es tudi a-
un mont ón de elecciones real es para averiguar con qué frecuen cia se
p roducen los empates. Un es tu dio realizado sobre un to tal d e 16,577
elecciones al Se nado de Est ados Unidos d uran te los últimos cien
años reveló q ue e n ninguna de e llas había habido e mpates. La que
más cerca es tuvo fue una el ección para el represen tante del distrito
36 d el estado de Nueva York e n 1910, cuando el ca nd idato d emócra-
ta ve nció p or un único vo to, 20 ,685 fr ente a 20, 684. Sin em bargo, un
recuento posteri or reveló un error ma tem ático que aumentaba Con-
siderablemente el margen de victoria, lo q ue d emues tra que no hay
ejemplos de victorias por un único voto en la vida real.
En este estudio de elecciones el número medi o de votantes era
d e 100,000. Es u n número muy inferior al de los millones que acuden
a las urnas en una e lección general y por tanto cabría espe rar que las
posibili dades de empate se rían mayores. Sin embargo. calcul ar esta
pro babilidad no es sencillo. Las elecciones a la p resid encia de Es ta-
dos Uni dos son co mplicad as, porque no se deciden por voto popular.
En lugar d e e llo, cada estad o tie ne un número d e el e ctores a los que
en vía a l colegio electoral para que voten po r un presidente. Los está-
d os más grandes tienen más representantes , y la mayoría d e los es tados
asignan sus rep rese ntan tes a l candidato que ha ganado el vo to po pu-
lar en e l estado correspondiente. Como re sul tado, es posible ganar
en unos cuantos estados por un margen pequeñ o y obtener la presi-
d enci a ganando el vo to d el colegi o electo ral pero perdi endo el voto
popular (c o mo le ocu rri ó a Geo rge W. Bush e n 2000). Agrupando
todas estas com plej id ades en un ú ni co g ran model o es tad ístico, los
politólogos Andrew Ge lman, Gary Ki ng yJ ohn Boscardin e mplearon
datos reales ex traíd os de cien años de elecciones p r esid enci al es para
examinar la int enci ón de voto de ntro de cada es tado y el efecto que
tendría en los votos d e los colegi os e lectorales•. Su modelo d emostró
que las posibilidades d e que u n em pate en cualq uie r estado ca mbia-
ra el vo to de colegio e lectoral, y por tan to e l resultado de las eleccio-
nes. e ra de alrede dor de una entre un mill ón.
CoNECTAOQS
CONECTAOOS POLÍTICAMENT E
193
1
No VOTAMOS SOLOS
En es te agitado panorama ini ciamos un estudio e ncami nado a
averiguar por q ué la gen te d eci de votar en las elecciones . Pensába-
mos que los expertos defensores de una y o tra postura e n el d ebate
so bre la ra ci onalidad es ta ban pasando por a lto un as pecto crucial:
las personas no deciden de fo rma aislada si vo ta rá n o n o . Abordar e l
problema desde la perspectiva de l vo ta nte i ndi vid ual impide verlo
en su totalidad.
Hay numerosas pruebas que demuestran que la decisió n de votar
de un solo individuo a umenta las probabilidades de q ue otros vo te n .
también. Es bien sabido que cuando decidimos votar tambié n a u- .
mentan las probabilidades de q ue nuestros amigos, familia res y co-
legas hagan lo propio 10 Esto sucede e n parte po rque nos están imi-
ta ndo (como he mos visto en ca pítulos anterio res) yen parte porque
hacemos un esfuerzo cl aro por conve ncerlos. Y sabemos que esto
último funciona. Si llamamos a una puerta y pedimos a quien nos
nO había votado e n los últimos 30 años. A los pocos días se recibie-
00 en la redacci ón varias cartas al direct or pidiendo la dimisión
Johnson de la Un iversidad. Johnson no fue despedido, pero sí
acudi ó a las urnas una se mana después e n parle para aplacar la con-
[foversia suscitada por su colum na".
En terce r lugar, la in capacidad de explicar la decisión de vo tar
pone e n tel a de juicio e l análisis racional d e comporta-
miento políti co . Puesto que no podemos recum r al a nál isis costos-
benefi ci os para explicar algo tan básico corno la deci sió n de ac udi r a
las urnas , algunos expertos afirman que no tiene se ntido a plicar la
racionali dad a otras decisio nes tales como a qui én votar, presentarse
COD10 candidato, negociar con adversarios políticos, etcétera, En lu-
nr de hacer eleccio nes racionales que tengan e n cuenta los cos tos y
benefici os de sus acciones. los agentes políticos podrían actuar mo-
vidos por sus se nti mientos. o por contextos específicos qu e no pue-
den general izarse. En 1990. e l profesor de la U nivers idad de Stan-
ford Morris Fi orina (al umno de William Riker e n la Unive rsidad de
Rocheste r ) llamó a es te desconcertante problema «la paradoj a que
se comi ó a la e lec ción racio nal-". Es la forma que tienen los acad é-
i mi cos de decir que algo no tiene sentido.
192
extre madamente injusta. El individuo medio necesitaría segura,
mente otros al ici entes para comprar un bi llete, porque las máqu inas
tragaperras , e l blackjack y la ruleta ofrecen más probabilidades de
ganar. Incluso las loterías del Estado , que invi erten e l dine ro recau_
dado e n se rvicios públicos después de pagar los premios ofrecen a la
gente millones, y no mil es, de dólares en ganancias por un a apuesta
simi la r, De manera qu e seguimos como al principio . ¿Po r qué votan
mill ones de personas a pesar de lo limitado de las probabilidades de
ganar y lo reducid o d e los benefi ci os potenciales? ¿Q ué hace a las
elecciones tan diferentes de la lotería?
Este anál isis racional de la decisión de votar resul ta extraor d ín s,
ri amente dep ri men te por (al menos) tres razones.
En pri mer lugar sugiere que el derecho fu n damental so bre el
que se apoyan las democracias modernas no tie ne ningún se ntido.
Los economistas dirán qu e votar es un acto irraci o nal porque va en
co n tra de las preferenci as d e las personas que lo reali zan. Por algu-
na razó n, las personas deciden vo tar aunque no es tarían di spuestas
a comprar un bi llete de lo te ría con las mismas posibilidades de ga-
nar, idénti co cos to e idénticos beneficios potenciales que su voto.
Los economistas suele n pensar que la gente qu e vota corne te un
e rro r, o que votar en traña otro tipo de beneficios qu e no hemos te-
nido e n cons ideració n . Por ejemplo, Downs apuntaba que la gente
vota impul sada po r un se nti do de debe r cívi co o pa ra hacer valer su
der echo a vo to. O tros e xper tos han s ugerido después de é l q ue las
perso nas porque di sfrutamos expresando nuestra opinión"
de l mismo modo que disfrutamos expresándonos cuando apoyamos
a un eq uipo de fútbol. .,
En se gu ndo lugar, co mp robar que el acto de votar es i rraci onal
tiene un efecto d eprimente . En 1993 los pol u ólogos canadienses
André Blai s y Robert Young dieron una charla de d iez minutos a sus
clas es sobre la raci onalidad de vo tar y después compa raron el com-
portamiento electoral de sus alumnos con el de otros que no habían
as istido a la charla. El r esultado, tal vez no ta n sorprendente, fue
que los est udiantes que habían escuchado la char la se mostraron
menos dispuestos a vo tar'. Mientras tanto, e n Estados U n idos, e l día
de las elecciones d e 1996, la revista Laurrence Journal-World publicó
una colum na escri ta por el politólogo de la U nive rsi dad de Kansas
PaulJohnson e n la que e xplicaba sus razones p a ra no vo tar. Exponia
un argumel1l0 raci ona l y explicaba q ue ésta era la razón por la que

ab re q ue acuda a las u rnas, estamos a umentando las probabilidad",
d e que lo haga. Esta sencilla y ya clásica técni ca de pe rso na a perss,
na ,:o n tinúa sie ndo la herramienta básica que em plean los partido,
pol íticos e n las eleccio nes mode rnas . As í pues tenemos pruebas So-
bra das que in d ican que las conexiones sociales pueden ser la pi eza
clave d el rompecabezas d e po r qué vota la gente.
Sin e mbargo esta info rmaci ón sobre los de terminantes sociales a
la ho ra de votar nunca ha pasad o d e los preliminares. Al igual que
Anth ony Downs y otros expertos que as umían que todos los iridiv],
duos so n independientes, los es tudiosos que repararon en la influen,
cia socia l que ejercen unas pe rsonas sob re otras d aban por hecho
q.ue los pares de pers onas ta mb i én ac tuaban independientemente.
SI yo VOlO, puede que mi muj e r se anime a votar tambié n, pero la ca__
d ena se detie ne ahí. Los expertos nunca se han pregun tado qué su-
cedería si se tornaran e n consideración grupos más gra ndes de per-
sonas. Tal vez la respuesta a por qué votamos - y a por qué vo tar es
para noso tros un acto racional- sea que estamos conectados dentro
de red es más amplias.
Cuando era niño en la década d e 1970, james veía demasi ada tele-
visió n. Recuerda un an uncio e n parti cul ar e n el que una muj er está
tan e ncantada con su nuevo champú qu e habla de é l a dos amigas.
La panta lla a co n ti n uació n se divide para mostrar a las a migas, y u na
voz e n off di ce: «En ton ces se lo contó a dos am igas más... y éstas a
o tras dos ... y así sucesivame n te ». El número de muj e res en la panta-
lla se duplica cad a vez q ue la vo z en offre pi te : «se lo co n tó a d os ami-
gas », de mane ra que para cuando te rmina e l anuncio 62 muj eres
es tán usando e l nu evo c hampú. 1
Es te anunci o aú n se usa como ejemplo d e marketing social, pero
la idea que nos intrigaba a nosotros era ésta: ¿qué ocur riría si susti-
tuyé ramos el ac to de probar un nuevo champú por e l de vo tar? ¿Ysi
e l hecho de q ue yo vo te influye no sólo a mi amigo si no tam bié n a
los amigos d e mi amigo? Una persona puede tener sólo cinco a mi-
gos, pero si cacla uno de e llos tie ne a su vez o tros ci nco, e nto nces tal
vez sea posibl e q ue una so la pe rsona p ueda infl uir en 25, y en 125
más, amigos de éstas . Es fáci l imaginar cómo puede aumentar e l nú-
mero de p e rsonas que resultan afe ctadas por una sola d ecisi ón. Co n
una media de 10 amigos y familiares po r persona, podríamos su po-
ner que cada uno d e nosotros puede infl uir e n 10 personas, d e ahí
a 100 y de ahí hasta 1,000. y si un voto con d ujera no sólo a 10, sino
CoN ECTAOOS PQLI TICAMF.NT E
a cientos d e miles d e votos, entonces tal vez las probabilidades de
influi r en los resultados de una e lección aumentarían de tal manera
ue bastarían para explicar por qué vota tanta gente. Tal vez no vea-
q . . í ood t
[l) OS a cuánta gente afectan nuestras decl slOnes. pe ro S I po e mos e-
er' la se nsaci ó n de que nuestro voto real mente cue nta.
n El p rimer trabajo d e investi ga ción so b re la propagaci ón s oci al de
los componarnientos políticos fue ron los ya clásicos estu.dios sobre
el vo to que realizaron lo s cienúficos sociales d e Colu mbia Paul La-
zarsfeld y Bernard Be relson e n la d é cada de 1940 e n las Ciudades d e
Ene, Pe nsil vania, y Elrnira, Nueva Yo r k" . Aunq ue no recopilaron in-
formaci ón sobre toda la red que inter cone ctaba a sus sujetos de es-
tud io , pidieron a éstos q ue explicaran q uié n los infl u ía y de qué rna-
era p ropo,-cionándo nos así el primer ejemp lo de la im po r tancia
n , .
de las re d es sociales e n las co nd uctas po líti cas . Una d e las coriclusio-
nes más importan tes de es tos estudi os fue que los In e di as de coruu-
ni caci ón no llegan di re ctamente a las masas . En lugar d e e llo, una
serie de «líde re s de opin ió n» suele n actuar de intermedlal1. 0S, fil-
trando e in te rpre tando la informaci ón de los medi os para aquellos
de sus a rni zos y familiares qu e prestan menos ate nción a la políti ca.
a f .
En otras palabras. los medios de comunicación pare cen unci o nar
haci endo ll e ga r su mensaj e a quie nes ocupan un lugar central
tro d e sus redes sociales. También los p olíticos siguen una estrategra
simi lar, recabando el apoyo d e líderes lo cal es y centrándose e n con-
vencer a qui enes vo tan con asiduidad. en lugar de tratar de pe rsua-
dir a aq uellas personas e n l a perife ri a de la red y q ue p ueden o no
participar en las elecciones.
Investi zaci ories posteriores realizadas por Robert Huckfeldt y
. j ohn Sp r.:'gue e n las décadas de 1970, 1980 Y1990
los estudios anteríores' ". Sus trabajos e n Sou th Be nd e Iri dia n ápolis,
Indian a, y en Saint Louis, Mi ssouri , e mplearo n un di seño tipo «bola
de ni eve », e n e l que se pedía a los encuestados que ha blaran de los
amigos que los influían y que facili taran su información contac-
to, d e manera que se p udiera incluirlos tambié n e n e l estu dio. Huck-
feldt y Sp rague comprobaron que, en la política, e l refrán de, «D IOS
los cría y e llos se juntan » es perfe ctamente válido. Los dem ócratas
tie nden a te ner a mi aos demócratas y los re publican os tienden a te-
ner amigos rep u blic:nos. Los liberales se rel aci onan con libe ral es y
los conservadores con co nservadores . Los vo tantes uenden a hablar
de po lí tica con pe rsonas q ue tambié n votan. Es deci r, d a la impre-
'.
194 195
CONE(''TADOS POLÍTI CA M ENTE
sión d e que las personas se agrupan po r afi n idades p olíticas, acttian.
do y pensando d e manera consensuada con qui enes las r od ean.
Nos preguntamos si es te h echo podr ía arrojar luz sobre la inco
' . .. og.
ru ta d e por que vota la gente. Tambi én n os p reguntamos si la simiU.
tud e n tre per sonas de una misma red podía d eberse a qu e COm
- . par-
uan corn portarrueruos e i deas p olíticas afi n es. ¿Acaso los individuos
buscan asociarse con q uienes tienen cosas en común o la similitud
e n tr e ell os es el resul tado de la infl uencia que ej e rcen los unos en
los o tros? H uckfeld y Sprague nos h abía n m ostrado e l efecto de
per-
so na a pe rsona , pero a hora que ríam os saber có mo funciona y si es te
efecto se p ropagaba a otras personas den tro d e una red. ¿Podí a un
s?IOVOto estimular a miles d e otros en una au téntica cascad a d e afl ue n-
CIaa las urnas ?
P OLÍTt CA REAL EN UN MUNDO SO CIAL
¡v\
Con o bjeto d e com p r o ba r h asta qué extremo podíamos llevar la
idea de q ue el acto d e votar se propaga d e persona e n persona d eci-
dimos ,tr atar d e responde r a la p regunta : si yo vo to ¿cuántas perso-
nas m as es p robabl e que vo te n? 'Muc h as d e las interacci ones e ntre
a migos y fam iliar es p ueden afectar a nuestra decisi ón d e VOta r o no'
La gen te verse i nfluida con sólo observar e l cornpor tamíenn,
d e (¿Vo tan? ¿Participan e n actividades d e grupo O CQ-
murntariasp ¿TIe ne n s ímbolos p olíti cos en sus balcones?) . Tam bién
p ueden infl.uirle las discusiones so bre temas políticos que
con a,mIgos o I n cluso los e ncuentros fo rtuitos p ue- .
d e n infl uir, Como esc r-i be H uckfeldt, «las in teracciones d e carác ter
menos Intimo que h asta a hora h emos ignorado --charlas in for mal es
con un vecino en e l POrtal o con algu ie n con qui en n os encontra-
rn os dando pas eo , o ,en la cola d el supermercad o, etcé te ra- pue..
den se r p oh t1camente In.fluyentes , aunque n os se p rod uzcan en tre
p ersonas es trechamen te relaci onadas»13.
Var ios est udios reali zados en el cu rso d e elecciones d emuestran"
q ue p o r lo gen e ral h ablam os de políti ca sólo con unas cuan las per-
sonas; en un estudi o en e l qu e se p edí a a los indi vid uos que n om bra-:
ran a sus «pa rej as d e discusión», alred edor d el 70 por ci ento citó a ,
menos d e ci nco (discusion es sobre cualqui er tema ) 14. Los sujetos '
afirmaron hablar con estas p ar ej as d e discusión ce rca d e tres veces
196
por semana, y la mayoría con testó .que d e «a veces»
o!« a menudo ». y a un q ue las el e cci ones no SIempre esta n pr esentes
en el pe nsami ento de las pe rsonas , un gran núme ro de ellas afi r m ó
que so lían seguir las campañ as , en es pecial du rante los meses pre-
vios a unas e leccio nes. Emp leando datos de d ive rsas fuente s, calcu-
larnos que los suj e tos d e estudio mantenían d e media unas veinte
discusiones so bre política d urante el peri odo cr u ci al d e una campa-
;ña, e n e l que la gente trata d e d ecidir si va a votar, p er o el número
de oportu n idades d e influir es pr obablemente mayor. Un porcenta-
je signifi cativo de los encues tados del es tud io de lndia n ápolis y Sain t
Louis - en concreto el 34 por cie n to-e-admiti ó h aber intentado co n-
vencer a al guien de que votara al ca nd idato d e su elección, d emos-
trando que son m uc has las perso nas con ve n ci das de que o tras las
imitarán . Aunq ue es tos esfuerzos iban e ncam inados a influir e n el
voto d e otras p e rso n as, ta mbi én n os di cen algo sobre si u n as e leccio-
• nes so n importantes y sob re lo que puede influir e n la d e cisión d e
los individuos d e a cudir o n o a las urnas llegado e l mo m e n to .
Pero ¿ti ene n éxito es tos inten tos d e influir en los demás? Si se pro-
duce la imitación, entonces d eberíamos ve r una correlación en tre el
· compor tamien to de dos personas que están social mente conectadas.
·y d e hecho eso es exactamente lo que observamos al estud iar la afluen-
. cia a las urnas. Inclus o tomando en consideración otras causas qu e
" exp liquen com por tamientos simi lares, tales como compartir nivel d e
ingresos, ed ucación , id eología o interés e n la política, e l sujeto típico
de es tu dio tiene un 15 po r cien to más de p robabilidad es de votar si
, una d e sus parej as d e discusión vota. Pero ¿se exti en de esta infl uencia
al resto d e la r ed? El caso es que hemos o bservado una correlación
en tre las pe rso n as que están conectadas di rectamente y tambi é n en':'
tre personas que están conectadas indirectamente, a través d e un ami-
go com ú n. En otras pal a bras , si yo voto , a umen to las probabilidades
de que los amigos d e m is amigos voten tambié n .
Los expe rtos que anal izan e l compor tamiento d e voto han co m-
probado que los individuos tienden a co n gr egarse e n gru pos que
con1panen id eas si mi la res . Como resultad o, la mayoría d e los lazos
social es se dan entre personas que comparten los mism os intereses.
Cu an d o individu os con intereses in fluidos por la ideolo gía o la clase
social no están rod eados por ind ivid uos que p ie nsan como ellos,
tien d e n a alej arse y a r el aci onarse f uera d e esos círculos. En e l estu-
dio d e las elecci ones en lndianápol is, ap roxi madame nte dos d e
197
199
Co",'-':CTADOS POLiTICAMENTf;
La gente sue le preguntarse si programas informáti cos como és te
tienen algún se nti do e n el mundo real. Nadi e ha visto nunca una
cascada de afluen cia a las urnas, de mane ra que ¿có mo podernos
probar que existe n? Tal vez so n sólo un pro ducto d e la imaginació n
d el programador.
LA AFLUENCiA A LAS URNAS EN EL MUNDO RE.4.L
de que se produj eran cascadas e n la afluenci a a las urnas y co m p ro-
bar a cuántas personas de media podía influir un a persona con su
compor tamiento .
Los resultados fueron sor p re n dentes. En algun os casos el voto de
un indi viduo se propagaba co mo el fuego , desen cadenando un a
cascada de hasta cien personas más votando. aunq\.le de media cada
indi viduo só lo es taba conectado con dos o tres . De Inedia. la deci-
sión de una so lapersona de votar motivaba a tres personas más a
hacer lo mismo . Además , puesto que los liberales tienden a asoci ar-
se con liberales y los conservadores con conservadores, es tas cas ca-
das generaban aume ntos cons iderables e n el número de personas
que votaban lo mi smo. La mayor parte de las veces el voto de una
persona se traducía en dos votos adicionales para el candidato. Así
pues, parece que cuanto más nos polarizamos haci éndonos amigos
de personas de ideologías sim ilares a las nuestras, más motivados esta-
. mas para participar en política. Esta certeza a su vez crea un dil ema
para las personas que piensan que la polarización es mala y que la
afluencia masiva a las urnas es buen a.
Resulta int eresante que el núme ro total de personas que votaban
no influía prácti camente en c ómo se propagaban las cascadas e n
nuestro model o informático . Al principia pensamos que el tama ño
de las cascadas de individuos que acud ían a votar sería mayor e n po-
blaci ones mayores , porq ue habrí a más personas a las que influir.
Pero e n lugar d e eso descubrimos que las cascad as d e afluen cia a las
unlas son básicamente un fe nómeno local qu e se produce dentro
de pequeños secto res d e poblaci ón con po cos grad os de separación
en tre sus miembros. Tal y como s ugiere nuestra Regl a de los Tres
Grados de Sepa ración, e l poder de un solo individuo d e inIlui r e n
muchos está li mi ta do po r e l efecto d e o leadas d e influencia ri val es
que e manan d el resto d e los individuos que componen la red.
cada tres amigos del en cuestado compartían ideol ogía con és te. De
hecho. esto es cierto a una escala todavía mayor en las últimas elec_
cion es estadounidenses. Basta observar el aumento de la polarización
entre los estados d emócratas (az u les) y republicanos (rojos).
La polarizaci ón ide ol ógi ca no afecta a la afluenci a general a las
urnas. pero sí a cómo un voto pue de traducirse en mu ch os VOtos
par.a un mi smo candidato. Si los liberales y los conservadores co nvi-
ve n mezcl ados entre la población, e nto nces una aflue nc ia masiva a
la urnas tien e idénti cas posibi lidades de animar a seguidores de
cada partido a votar. Yo puedo se r conse rvador. pero si mi alnigo,
que es liberal , me imita acudiendo a vo ta r (aun q ue sólo sea para
vota r 10 contrario qu e yo) y su am igo d em ócrata hace lo propio.
ento nces puede qu e mi decisi ón de votar haya afectado a un nú-
mero igual de liberales y conservadores . El efecto neto de es to se-
rian dos votos extra para el candidato demócrata y dos para el repu-
bli cano, as í que al final sald ría lo co mido por lo servi d o . Con la
polarización, sin em bargo, la afluencia masiva de vo tantes tiene
más posibi lidades de influir a indi viduos de ideas afines y traducirse
por tanto e n votos e xtra para el can d idato al q ue yo apoyo. Supon-
gamos e n lugar de esto que mi amigo es conservador. igual qu e su
am igo y qu e la amiga de su ami go. de m ane r a que mi decisi ón de ir
a vo tar genera cua tro votos conservadores extra y ninguno liberal .
Si yo supie ra que iba a conseguir que mucha gente apoyara a mi
ca nd idato por e l simp le hecho d e ir a vo ta r, es probable que estu-
viera más dispu esto a acudir a las urnas que si supi era que mi voto
iba a quedar n eutralizado por una mezcl a de votos d e dere chas e
izqui erdas. Esto significa que. en un entorno ideol ógicamente po-
lari zado, los incentivos para votar podrían aumentar en fun ci ón del
número de indi viduos afi nes a los que consiguiera moti var para que
acud ieran a las urnas .
Emp leando todo lo que h abíamos ap ren d ido d e Huckfeldt y
Sprague sobre las redes reales d e i n teraccio nes p olíti cas, desarrolla-
mos un programa informático qu e simulara lo que ocurre en toda
una red cuando UQ individuo decid e votar!". En cada simulación
d ej amos a to dos los miembros de la red que intentaran influir en
aque llos con quienes estaban conectados. A continuac ión medimos
las cascadas según las cuales un VOtO se convertía en dos y luego en
cuatro y en ocho, igual que e n e l a n u ncio d el champú. Repetir el
modelo mill ones de veces nos permitió observar las probabilidades"
CONECTADOS
198
CoNECTADOS CONt:CTADOS POl. íTI CAMENTE
Muchos d e los resultados a rrojad os por el modelo tenían sen tido
y resultaban probados . Cua nto m ás se insiste a algu ie n en que acuda
a vo tar, más probabilidades hay de que lo haga. Esto era al go es pera.
ble. Lo que necesi tábamos er a un resul tado posible que fuera en
contra d e lo es perado y que pudiéramos verific ar con datos . Y, de
hecho , una de las predicci ones que h izo el programa informático
era muy sutil y nunca antes había sido te nida en cue nta por los ana-
listas políticos . El programa sugería que las cascadas se rían mayores
SI emanaban de algui en que es taba dentro de un grupo Inoderada_
mente transitivo (e s decir, un grupo donde todos los amigos se co-
nocen) . Demasiada transiti vidad significaría que e l grupo estaba ai s-
lado del resto del mundo, y demasiado poca, que es taba d emasi ado
desorganizado como para reforzar el comport amien to de sus mi em-
bros. Las personas pueden no saber exactamente cómo están conec.
tados sus amigos, pero probabl ernerue te ndrán una idea de si pue-
den llegar a ge nte fuera de su gr u po.
Por tanto, si hay un entorn o especialmente favorabl e a que se pro-
duzcan cascadas d e afl uencia de voto, cabr ía esperar que las perso-
nas de di cho entorno e n la vida real mu estren una mayor disposición
a vo tar, porque es tán mej or situadas para influir a muchas Otras per-
sonas para que hagan lo mi smo. Según es te razonamiento, cabría es-
pe rar que esas mismas personas muestren mayor di sposici ón a con-
vencer a alfas de que vo ten. Y de hecho es to es exactamen teIo que
e ncon tramos en lo s datos d e lndianápolis y Saint Louis. Los indi-
viduos que tenían m ás tendencia a vo tar e ran aque llos cuya tran-
sitividad ro ndaba el 0.5 (es decir, que la mi tad de sus amigos eran ami-
gos en tre sí) . Los individuos cuyos amigos nose conocían participaban
menos, pe ro lo lu ismo ocunia con aquell os que pertenecían a subgru-
pos muy cerrados de amigos. Y hace poco tuvimos ocasión de com-
probar es tos resultados al descubrir qu e se repetían en una enc uesta
Ga llup a escala nacional sobre redes y afluenci a a las urnas.
Esta, concl us iones con trad icen algunas de las teorías del pol itó-
logo Robe n Putnarn y sus colegas, q uie nes es tud iaron el impacto
del «capital social . en el es tado de sal ud de la d emocracia estado-
id 16 P
uru ense . utnam afirma que los lazos estrechos dentro de redes
muy cerradas favorecen el fluj o de informaci ón y aumentan la reci-
procidad en toda una socie dad, porque todos es tán p endientes de
todos. En o tras palabras, que las conexiones estrechas son positivas
para la socied ad . Sin nuestro trabajo demuestra que, llega-
200
do un ci erto punto, las redes se vuel ven tan transitivas que los hábi -
ros de conduc ta y la información se limitan a circular dentro de los
...-upos , en lugar de entre unos grupos y otros. Como los grupos de
y de productores musicales de Bri an Uzzi que vimos en el
capítul o 5, los ciudadanos de países democráticos funcionan mejor"
en modelos d el tipo «el mundo es un pañuelo » , en el que algunos
de sus amigos se conocen y otros no. .
Aunque nues tro programa informáti co nos proporci onó las pn-
meras pruebas indirectas de que las cascadas de afluencia a las urnas
son reales, las pruebas e mpíricas no tardarí an much o e n ll egar.
En 2006, el politól ogo de la Universidad de Norre Dame David Nicke r-
son viaj ó a di stintos vecindarios de Denve r, Colo rado y Minneapolis,
l\Ilinesota, para llevar a cabo un estu dio experimental sobre afluen-
cia a las urnas !". En di ch o es tu di o los investigadores iban casa por
casa contactando a ciudadanos que vivían e n un idades familiares de
dos personas. A cada una de es tas unidades famili ares se le as ignó
de forma aleatori a un mensaje de «tratam iento» o de «control». En
el de tratamiento, el encuestador-inves tigador animaba a la persona
que le abría la puerta a que votara en unas elecciones qu e es taban
próximas. En el de control, se animaba al ciudadano a su
basura. Nicke rson tomó no ta de todas las personas que abn eron la
puerta y a con tin uación es peró a q ue se hubi eran ce lebrado las el ec-
ciones para comprobar si habían vo tado o no.
Los estudios basados en contactar a votantes potencial es son muy
comunes, y está compro bado que las campañas para animar a la
gente a que vote funci onan. De manera que no fue una sorpresa
que los ciudadanos de Denver y Minneapolis que abrieron la puerta
yescucharon a la persona que los animaba a votar tu vieran un IDpor
ciento más de probabilidades de acud ir a las urnas que los que escu-
charon el di scurso so bre las bondades del reciclaj e. Lo verdadera-
mente so rpre ndente, sin e mbargo, fue el compo rta mien to de los
ciudadanos que no contes taron al timbre . Resulta que e n es os casos
la segunda persona que formaba la familia tenía un 6 por ci ento más
de probabilidades de votar. En otras palabras, un 60 por ciento de la
influencia en la persona que había con tes tado al timbre se tras ladó
a la pe rsona que no lo había co ntestado.
Cons id eremos por un momen to cómo estas influenci as indirec-
- tas pueden fluir dentro de toda una red. El es tu dio de Nicke rson
demostró que bastaba con animar a una persona a votar para cam-
201
PEBER cíV1CO bi ar- su comportamiento político y para extender sus efectos a Otra
persona que ni escuchó el mensaje ni ll egó a encontrarse personal.
mente co n e l investigador. Pero ¿se d ete ridrfa aquí el fl ujo? La per-
so na q ue no co ntestó a l a p ue rta p uede trasladar sus efectos también
a sus a m igos y fami liares. El efecto p robabl e me n te no se rá ta n fuerte
co mo a l pri n ci pi o ; al igual qu e eljuego d e l te léfo no descomp u es to
puede que se diluya en el cami n o. Pero su ponga mos que d e cr ece d ~
la mi sma mane ra e n tre cada par d e perso n as y pasa del 100 al 60 por
ci ento con cada nu evo eslabón de la cadena. Si la primera persona
ti e ne un 10 por cie n to de probabilida d es más d e vo ta ry la seg un da un
6 por ciento, e nto nces la te rcera tendrá un 3.6, la cuar ta un 2.16 y así
suces ivamente. Esto tal vez no parezca un gran cambio, pero recor.
demos que aunque los efec tos de una e nfermedad contagiosa dismi-
nuyen con cada persona a la qu e se transmi te, el número to tal de
personas afectadas aumenta de forma expone nc ial cada vez . En un
m u ndo d onde cad a a m igo tiene o tros dos am igos, tal vez h aya sólo
d os pers onas con e l l O por ci e nto de p roba b ilid ades más d e valar,
pero ha brá cuatro más con u n 6 por ci e nto m ás d e p robabili dades, 8
co n un 3.6 por cie rno, 16 con 2.16 por ciento y así sucesivame nte.
Sumemos todos estos porce ntajes para una ciudad del tama ño de
Denver o Minneapo lis y el resultado es que una única llamad a al
voto podrí a h ace r que 30 pe rsonas más acudan a las u rnas . y si la lla-
mada se hace a unas tres docenas de perso nas, podemos encontrar-
nos con que son mil más las que van a vo tar.
Claro que en las redes sociales de l mundo real tendemos a ten er
más de dos am igos, 10 que aumenta el número de pe rsonas qu e es-
tán lo suficientemente ce rca de nosotros como para que nuestras
acc io n es les afecte n de forma directa. Sin embargo, ta l y co mo he-
mos apuntado. mu chos de nuestros amigos ya se conocen. lo que
p uede h acer que e l fl ujo de influenci a termin e rebotando y n o lle-
gue a alcanzar a personas que es tán fuera de n uestros círculos más
inmedi atos. También puede ocurrir que el mensaje se con-o mpa
más ráp id a men te de lo que co mp robó Nickerson. Es difíci l sa ber
cuál de es tas características de las red es sociales del mundo real será
la que se imponga, p ero el estu dio de Nickerson n os da una idea
a p roximada d e la in me nsa cascada d e infl ue n ci as que podría resul-
tar de nuestra decisión de acudi r a vo tar.
203
CONECT" DOS rO I.íT ICAME....,- r.
Así pues, ¿dón de n os d ejan es tos resultados co n respecto a la pre-
gunta d e por qué vota la gente? La existencia d e cascadas. d e afluen-
cia a las urnas sugiere que los modelos raci onal es del eJerclclo de
votar, como los propuestos por Anthony Downs, William Riker y
arras han me nospreciado tos benefici os que entraña ir a votar. En
lugar de «un hombre, un voto», resul ta que cada un o tenemos varios
yque n uestras probabilidades de infl ui r en el resu ltado de u nas e lec-
ciones son mayores d e lo que pensábamos. Y e l h e cho d e que u n a
sola person a p ue d a in fl u ir en tantas puede ayudar a explic ar por
qué algunos individuos tienen un gran sentido del deber cívico. Es-
tablece r el hábi to de ir a votar e n tr e nuestros conocidos es una ma-
nera de infl uirlos para que acudan a las urnas. Las personas que no
cwn p le n con di ch o d ebe r p ierden la oportunidad d e influir en per-
sonas que comparte n sus puntos de vista, y al fi nal es to se trad u ce en
que sus ca nd idatos ob tienen peores resu ltados. En los e lectorados
numerosos. el impacto en el resultado final puede se r demasiado
margi nal como para crear una din ámi ca qu e favore zca a la gente
que cum ple co n el d eber d e ir a votar. Si n e mbar go, co mo a p u ntó
Alexis d e Tocquevill e h ace casi d os siglos, e l d eber cívico d e votar se
origi nó en e ntornos políticos mucho más reducidos, tales como
asambleas municipales , donde transformar el comportamiento de
unas pocas personas sí suponía una gran di fere ncia
18
. De hecho, y
corno ve re mos e n el capítulo 7, el o rigen de la colaboración socia! se
. remonta mucho más atrás en el tiempo .
y la idea d e que vo tar es un deber pare ce estar tan e nraizada en la
soci edad que mu chas personas mienten cuando participan en so n-
de os electorales. Por lo general, entre un 20 y un 30 por ciento de
los ci udadanos que afi rman habe r vo tado e n una elección en reali -
dad n o lo ha n h echo. ¿Cómo lo sabemos' El vo to en Estados Unidos
es secreto, pero se lleva un registro de todos los votantes , de mane ra
que disponemos d e i nfo rm a ció n o ficial sob re qui én h a votado y
quién rro . El probl ema de mentir en los sond eos electo rales es un
viejo conocido de los analis tas políticos y tema comú n e n las cl ases
de la nnive rsidad l'' . Uno de nuestros rno rnentos preferidos del cur-
so de Ciencias Políticas que impa r timos es cuando pedimos a nues-
tros alumnos que levanten la mano si no votan en las elecciones. Por
lo gen e ral menos d e una cuarta parte lo hace. Y sin embargo, son
CoN"ECT"OOS
202
CoNECTAOOS
CoNECTADOS POÚTI CAMEI'ITl!
qui enes d icen la verdad, porque sabemos por los registros electora-
les que probablemente la mitad de la cl ase no vo ta.
¿Por qué mi ente la gente sobre esto? Una posibilidad es e l miedo
a las sanciones sociales. O tra es qu e creen qu e pueden influir en los
demás con sus acci ones. Pensemos en lo que ocurriría si contáramos
a todo el mundo qu e sí vamos a votar, pero luego nos qu edamos en
casa. Nuestra acción aumentará la afluencia a las urnas, aunque ha-
yamos d ecidido n o vo ta r. Pero además, puesto que es probabl e que
la mayoría de las personas que nos co nocen y que d eciden VOtar
compa rtan nuestra ide ol ogía, podern os aumentar el margen de vo-
tos para nuestro candida to aun cuando no acudamos a las urnas. Ya
tenemos una explicación plausible a por qué la gente mi ente sobre
si vota o no. Pero, lo qu e es más impor tante, tenemos la explicación
a por qu é votamos: porque es ta rnos conectados y la decisión de ir a
votar es algo raci onal precisamente por estas conexio nes.
PERO ¿y LOS PE CES GORDos?
Los votantes no so n los únicos agentes políticos a qui enes influ-
ye n las redes sociale s. Las redes de políticos, grupos de presión, acti-
vistas y burócra tas son todavía más importantes a la h ora de determi-
nar cómo nos go be rnamos. De hecho , los políticos suelen hacer
públi cas sus relaci o nes con otras personas importantes . Cada apre-
t ón de manos se fo tografía y muchas campañas incluyen imágenes
del ca ndidato en compañ ía de los ri cos y los poderosos para demos-
trar que es una persona con capacidad de hacer cosas. .
Sin e mbargo, a los votantes tambi én les preocupa q ue sus repre-
sentantes políticos estén conectados con las personas equivocadas:
En la víspera del escándalo por tráfi co de influenci as e n e l Congre so
estadou ni dense que sal ió a la luz a final es d e 2005, se ac usó al lobbis-
ta j ack Abramoff de compra r vo tos y la prensa lo descri bi ó como el
«mej o r conectado» d e la colina del Cap itolio. Al presidente George
W. Bush y otros políticos , como el presidente de la Cámara de Repre-
se n tantes Dermis Haste rt y e l líder d e la mayoría en e l Senado Bill
Fri st , les preocupaba hasta qu é punto podían es tar «conectados» con
Abramoff, yse apresuraron a devolver donaciones recibidas durante
la campaña y a nega r pública mente haber tenido tra tos con é l. In-
cluso se abstuvie ron de rel aci onarse con otros lobbi stas por miedo a
dar la impresión de que es taba n inDuidos de al guna manera por
en;onas a qui enes había sal picado e l escán dalo. _ .
P, Be aq uí un problema que no se da ca? los votantes. Los pol íu-
saben qu e están siendo obse rvados, aSI que uenen un Incenti vo
[os - hl icar trri a f
ara mani pul ar sus redes sociales. Estas pueden pu . icar un a loto
una reunión con e l presidente, pero el presidente puede no sa-
ber qui énes son. Pueden encubrir una rel aci ón un lobbista po-
derosO a un a be caria fogosa hasta qu e so n a r.evel ar la
.erdad baj o juramento. y pueden escoger a sus arrugas (o Incl uso a
sus parejas) para que los ayuden a ganar las elecciones . Todo
hace que sea prácticamente imposibl e emplear los meto-
dos para estudiar a los polí ti cos que para los SI queremos
saber qui énes so n los a migos de un vo tan te, ?asta ra preguntar. S,
queren10s conocer las conexiones de un pol fti co, tendremos qu e
ser algo más as tutos.
EL RA STRO DEL PAPEL
,. Aunque los legisl ado res n o hacen públicas las listas de sus a mi-
gos y e ne migos, sí d ej an tras de ell os un e norme rastro d e papel
qu e podemos estudiar en busca de pi stas . d e pnmeros
intentos por descubrir rel aci ones entre pohucos d ic has
cone>dones e n función de cuántas veces vo taban lo rrusmo en vota-
ciones nominales. La idea es que si los demócratas Hillary Cli nton y
Barack Obama sie mpre votan a favor d e los mi smos proyectos de
ley. tal vez quiera decir qu e es tán conectados e incluso son a rru-
gas. Sin embargo, estas coincidencias de voto puedensimple men te
significar qu e ambos tienen las nHsmas sobre
los proyectos d e ley que deberían a probarse. Dos potiticos pueden
muy bi en votar por un mi smo proyecto de reform.a sanltana,. pero
no diri girse la palabra. De manera qu e las votaciones 11.omm ales
pueden tener que ver más con la ideol ogía que co n las rel aCIOnes per-
sonales . Los politólogos Keith Poole y Howard Rosenthal han d esa -
rrollado técnicas al tamen te so fis ti cadas que muestran que los regi s-
tros de votaci ones sirven para situar a los políticos dentro de una
escala que va de libe ral a conservador'o Han comprobado q ue la
división ideolóQi.ca entre demócratas y republicanos es cada vez ma-
o .
yor, per o que no se corres ponde necesadamente con un a err erms-
1
\
\
\
204
9M
CoNECTADOS CONECT....OOS roLfTI CAMENTE
tad. Si nos fiamos de las votaciones nomi nal es para tratar de des
en.
tra ñar la red social de senadores y congres istas pas a remos por ah
.. . o
Innumerabl es co nexiones en tre partidos que sabe mos existen , COIno
la es trecba a mistad e n tre e l d emó crata Patri ck Le a hy y el hoy ex re-
publi cano Arle n Spe cte r.
En lugar de votaciones nominales, por tanto, decidimos guiarnos
por una ac tividad diferente. Cada vez que se presenta un proyecto
de ley e n e l Se nado, la persona que lo in troduce recibe el nombre de
sponsor o "patroci nador». Los miem bros de la cámara a cont inua_
ció n tienen la oportunidad d e expresar su apoyo al proyecto e n cali-
dad de «co pa tr ocinad o res». Los patrocinadores tienden a pasar mu-
cho tiempo redutando copatrocinado res, contactando Con otros
miembros de la cámara e n persona o por carta. Hacen es to porque
as í a umentan las p robabilidades d e que e l proye cto d e ley sea apro-
bado, pe ro tam bié n po rque los ayuda a ganar e lecciones . As im ismo
se refieren co n f recuencia a los apoyos que ha n recibi d o para su pro-
yecto en debates públi cos, cartas a sus e lec tores y en las c a m p a ñ a s ~
Po r ejem plo, cuando e l todavía senador Bar ack Obama trató d e per-
suadi r a otros miembros del Senado d e que apoyaran una ley a favo r
d e la transparencia gubernamental, señaló p ú blica me nte q ue dicha
ley «estaba pau-ocinada por más de cuarenta colegas»21.
El acto de copatrocinar una le y co nt iene infonnaci ón valiosa so-
bre la red social en qu e se mueven los polí ticos con cargos públicos.
En algunos casos los copatroci nadores ayudan a red actar o a promo-
ve r la legis lación, lo que es u n claro indi ca d or d e que han pasado
tiempo co n su patrocinador. En otros casos se limitan a susc ribir la
ley que apoyan. Aunq ue es posibl e que es to suceda au n cuan do no
exista una relació n pe rsonal entre patroc inador y copa trocinador,
es poco probable. Cuanto más es trecha es la re laci ón más posibilida-
d es hay de que e l pa tr ocinad o r haya pedido personalmente su apo-
yo al copatrocinador. También puede ser q ue éste confíe en e l pa-
trocinador o le deba u n favor, y por eso decida suscribir la ley. De
manera que, en términos generales, los model os de patrocinio com-
partido son un bue n medidor de las conexiones sociales e nt re re-
presen tantes políticos.
Nues tro p royecto d e redes de copatrocinad ores fue uno d e los
primeros en e l terre no de las cie nc ias políti cas que se benefi ci ó
de una base de datos de gran escala'". La Bibli o te ca d el Congreso de
Estados Unid os co nse rva, registros de las leyes que pasan po r el Con-
206
greso, de manera que tu vimos acceso a más de 280,000 propuestas de
leyp resentadas en e l Se nad o y e n la Cámara de Represe n tantes d es-
de 1973, e n las cuales había a lrededor de 84 millones d e copatrocí-
Di os. Hay muchas mane ras de emplear es tos d ato s para m edir cuán-
to apoyo recibe un congresista por parte de otros mi embros de la
cámara. La m ás sencilla en contar el número total de copa trocinios
que reci be. Cuan to más influ yentes so n los políticos, más a poyo de-
berían recabar e ntr e sus colegas para sus proyec tos de ley.
Es interesante que la primera vez que usa mos este método para
medir infl ue nci as, el re prese ntante que más influyente resultó se r
más corrupto que carismático. El miembro de la cámara que más
apoyos re ci bi ó e n el cu rso parlamentari o d e 2003-2004 fue e l repu-
blicano Randy «Du ke» Cu n ni ngham, d e l d istrito sur d e Cal ifo rnia ,
quien, segú n e l Washington Post, participó en «la cons piración
cha n taj ista más descar ada d e la historia moderna d el Congreso»2' .
Cun ningham vendió su casa a l contratista d e d efensa lv1itche ll Wade,
quien pagó u na su ma muy su peliar a l valor re a l d e la propie d ad
(la ve nd ió inmediatamente d espué s, perdiendo 700.000 dóla res
en la transacció n). Al poco tiempo la e mpresa de armamento de
Wade empez ó a recibir contratos millonarios. Cunningham vivía
además en un yate propiedad de Wade y, según el Wall Street J our-
nal, éste le fi n a nci aba p rostitutas, habi taci ones de hotel y limusi- ·
nas e n pago po r la adj ud icación d e con tratos. Al final Cu n n ingham
se declaró culpa ble de evas ió n de impuestos. conspirac ió n para co-
me te r ch an taje y f ra ud e postal y e lectrón ico a n te un tri bu nal fe d e-
ral, que lo condenó a cie n meses de prisi ón ( la sentenc ia más larga
jamás impues ta a un ex representan te del Congreso de Estados
Un idos).
Otra característica interesante de los datos era e l grado d e apoyo
mutuo . Si los copatrocinios revelaban algo so bre rel aciones perso-
nales, en to nces cab ría esperar un a lto grado de reci p ro cidad ( << Hoy
por ti, mañana por m í») . Aqu í me dimos el núme ro de vec es que un
representante devol vía un favo r. No nos sorprendió constatar que el
copatrocinio mutuo e ra bastan te elevado, en espe cial dentro de las
redes de influenci a d el Se nado, y se trata d e un patrón que ha pe r-
manecido constante d esde principios d e la d é cada d e 1970 .
Puesto qu e los copatrocinios so n un buen indi cador de si dos
pe rso nas trabaj a n bien juntas, tambi én podemos e m plearlos para
decir algo sobre la red en su co nj unto. Consideremos la o pinión ge-
207
CONECTADOS CoNECTADOS PQÚTICAME-VTE
209
El físi co Ma rk Newma n ha desarrollado un os inte resantes algo-
riunos para medir la modulari dad e iden tifi car com uriidades cohe-
rentes de ntro de las re des sociales. He mos empleado al gunos de e llos
en nu estra investigació n para ver cómo ha cambiado en el tiempo
la polarizaci ón en las cámaras del Congreso de Es tados Uriidost ".
Los resul tados muestran un marcado aumentO a finales de la déca-
da de 1980 y principios de la de 1990, pero después se pr oduce u n
equilib '-io. Algunas pe rsonas culpan al preside nte d e la Cámara d e
Re presentan tes Ne wt Gingrich y a la ll amada "revol ució n rep ubli-
cana» del aume nto d rásti co de la pola rización. En 1994, é l Ysus
compañeros de partido Tom DeLay y Bill Fri st consiguieron la ma-
yoría para los republicanos e n la Cámara de Rep resentan tes gracias
a su proyecto «contrato con Am érica», transformaron la jerarquía
basada en e l grado de veteranía para dar más p resenci a a republica-
nos j óvenes e n los comités y trabajaron para consolidar di stritos
electo rale s re publi canos e n Texas y o tros es tados. Sin embargo, e l
análisis de las redes muestra que la po lari zaci ón e mpezó a agudizar-
se mucho a n tes d e 1994. Es posib le que los rep u bli ca nos con tribu-
yeran a la brecha entre los parti dos, pe ro las pruebas sacadas de las
redes sociales sugieren que e l cambio de lide ra zgo de 1994 fue pa r-
te de un a te ndenci a muc ho más ampli a y generalizada haci a una
situaci ón polí tica más polarizada .
Aunq ue Estados Unidos es un país muy p ol ari zado p ol íticame n-
te, las p robabi lidad es de que Jo siga sie ndo no son mayo res q ue las
que tene mos los se res humanos de ser infelices u obesos. El conoci-
miento es poder, ysaber cómo funcionan las redes es el prime r paso
para resol ve r probl e mas potenciales. Si Jos expertos hubie ra n sido
ca paces de detectar la pol arizaci ó n en las redes de copatrocinios
en 1990 y 1992 , ta l vez los ciudadanos estadounidenses se habrían e n-
terado an tes de los cambios que se estaban produci endo en las redes
sociales del Congreso, y tal vez habría podido h acerse un esfu e rzo
por evitar los e nfrentam ie n tos más p erjudiciales y que enturbiarían
el panoratna políti co e n las décadas sigui entes. Po r ejemplo, tal vez la
mayoría demócra ta en el Congreso en 1992 habr ía trabajado más por
superar las di visiones par tidistas si hubie ra sabido q ue con e llo preve-
nía los cambios a gran escala en la políti ca es tadounidense que lo aleja-
rían del poder durante doce atl as.
Alta polarización
Polarización baja
Polarización tota l
Polarización media
Redes hipotéticas formadas por cien senadores estadoun idenses reue-
lan hasta qué pun! o pueden estar polari zadas. Los círculos negros ca-
r;esponden a dem ácrotas, los cuadrados blancos a republicanos y las
l ineas entre ambos 'relaciones de colaboración.
208
n e ral i zada de q ue en los últimos atlas se h a intensificado e n Estad
Unidos la polari zación en tre de móc ratas y re publicanos. Si eso
cier to, en to nces debería mos o bservar que con el paso del tie m
los coparrocinios int erpartidistas disminuye n e n comparación c
Po
l laci on
as re anones en el seno de un mism o partido.
I magine mos una red e n la q ue los dem ócra tas sólo tr a baj an e
otros y los re publi canos sólo con republi ca nos.
tlu,straclo n estan representados como dos comu nidades se paradas
moduloso Sup o ngamos ahora que lin os pocos demócratas
a cruzar la fro ntera que separa estas com uriidades, o a la inversa. La
red entonces sería menos modular; se ría men os obvio que se trata
de dos grupos claramente defi n idos q ue tienden a no trabajaj- j un-
En caso extremo en que los demócratas trabaj aran con repu.
blicanos tan a menudo como lo hacen con demócratas y viceversa el
panorama general sería el de una red de gran tamaño en la que '
. ' bl 00
se na P OSt e ide ntifi car módu lo al g uno. Así q ue cuan to más modu-
lar es la red, más polarizada es tá.
CoNECTADOS POLÍTI CAMENTE
211
erata que en un determinado momento creímos qu e 10 habíamos
asignado al partido equivocado al p reparar los datos. Luego resultó
que la red nos estaba avisan do de que pronto se pasaría a fila s d ernó-
craras, lo que ocunió efectivamente a pri ncipios de 2009.
También descubrimos relaciones personales. Por ejemplo, los sena-
doresJohn McCain yPhil Gram m no estaban rel aci onados ni geográfi-
ca ni oficialmente, y sus registros de votos en el Congreso diferían en
los principales puntos. Pero la red de copatrocini os sugería una rela-
ción de proximidad en 2001 y 2002. Luego resultó que McCain había
dirigido la campaña presidencial de Gramm en 1996 y que McCain ha
aludido públicamente a su amistad con Gramm, la cual data de 1982,
cuando estuvieron juntos en el Congreso'". De manera que el ras tro
del papel parecía estar conducié ndonos a la red que buscábamos.
A la inversa, la red de co patrocinios tambi én puede empl earse
para identificar enemistades personal es. Al gunos representantes
pu eden tener id eol ogías similares y llevarse mal , tal vez como resul -
.tado de un acuerdo de negoci os fracasado, una indiscre ci ón sexual
.o algún o tro conflicto de índole personal. El enfr e nta miento en tre
los senadores demócratas Frank Lautenberg y Bob Torricelli es fa-
mos o. En el transcurso de una reunión a puerta ce rrada de senado-
res demócratas en 1999, Lautenberg re prochó a 'Torri cellí haber ad-
mi tido ante un periodista que se sentía más ce rca d e Ch ris tie Todd
Whirrnan (gobernador republicano de Nueva j e rsey) que de su co-
lega demó crata. To rricell i se e nfureció de tal manera que se levantó
. ygritó: un cabrón y te voy a co rtar las pelotast »26. Co mo no es
de extrañar, Lautenberg yTonicelli rara vez co patrocinar o n pro yec-
tos de ley, a pesar de su ce rcan ía ideol ógica y geográfi ca .
La red de copatrocinios tambié n nos permite ve r có mo están co-
nectados los r epres entantes en tre sí. Los si tua dos en e l cen tro de la
red vienen a ser un a especi e de qui én es qui én de la política es tado-
uni dense e in cl uyen a Tom DeLay, Bob Dal e, Jesse Helrns o John
Kerry. Sin información es pecífica sobre estos co ngres istas, apa rte
de su actividad como copatrocinadores, la red revela qui énes son los ,
más influyentes y qui énes tiene n más probabilidades de prese ntarse
a elecciones presidenci al es (nuestra última lista tenía en los 20 pri-
meros puestos a Hillary Cli n to n , Ron Paul, Tom Ta ncredo y Dermis
Kucinich). y cuando estudiamos todos los datos resultó que el con-
gresista con mayor puntuación eraJohn McCain, can didato republi-
cano a la presidenci a en 2008.
EL p oLÍTICO MEJOR CONECTADO
210
Los teóricos de las redes sociales han descri to una variedad de
maneras en que se puede usar la informaci ón sobre vínculos socia
4
les para medir la importanci a rel ativa de los mi embros de gTIlpos.
Pero ninguna de estas mediciones tiene e n cue nta otra cl ase de in.
formación disponible: la fortaleza de las rel aciones entre represe -,
tan les pol íti cos.
Co n tra lo que ca bría suponer, los pro yectos de ley que pasan por
e l Co ngreso y que mej or permi ten medir las relaciones sociales son
aquellos que recibe n menos apoyo. ¿Por qué? Porque los proyectos
de ley con muchos copatroci nado res a menudo están apoyados por
que no han tenido co ntacto co n el patrocinador p rin,
cipal . Por ej em plo, 90 se nadores firmaron el proyecto de ley de Ted
Kennedy de «re ndir h o menaje al sac rificio de mi embros de las Fuer-
zas Armadas estadoun idenses que habían resultado muertos e n Irak
y Afganistán». En cam bio, los proyectos de ley con pocos copatrorj,
nadores implican que todos han trabaj ado juntos y que se conocen
bien. Por ej emplo, en 2003 el co ngresista d e Virginia Edward Schrock
fue el único co patrocinador de un proyecto de ley patrocinado por
Todd Akin, de Missouri. En sus páginas web ambos admi tían que tra-
bajaban juntos y al udían a su re lació n de amistad y cola boración.
Así que empleamos proyectos de ley con pocos copatrocin adores
para deducir de ellos con exio nes entre representantes y dibuj ar una
red de re laciones de mutuo apoyo. Cuando examinamos dicha red
vimos que conf ir maba la exp res ió n de «dime co n qu ién andas y te
qui én e res ». Las personas que se supone deben trabajar juntas
tienden a estar más cercan as, incl uso si pe rtenecen a partidos dife-
remes. Los líderes de la mayorí a y d e la minoría a menudo han teni-
do rel aci o nes muy estrechas (como en el caso del rep ublica no Bill
Frist y el demócrata Tom Dasch le) , como también las han tenido
presidentes de comités de am bos partidos (e l republi cano Bob Ney
y el demócra taJohn Larson ) . También descubrimos relaci ones es-
trechas e ntre personas del mismo estado o de dis tri tos e lectorales
vecinos (como la de los representanlesJim DeMint, de Carolina del
Sur, y Su e Myri ck, de Carolina del Norte). Pero en ocasio nes la cer-
can ía a miembros d el o tro partido puede ser un anuncio d e que el
p olítico está a punto de cambiar de fi las . As í ocurrió con el senador
republicano Arlen Specter, tan relaci onado con el Partido Dernó-
CoNECTADOS

V
lf
l l '
..
.'
CoNECTADOS I'OÚTI CAMENl'f.,
Pero el propósi to de mencionar todos estos datos y nombres no
era sólo d e termin ar cuál es e l pe z más gordo. Queríamos co mp ro bar
si era válido nu estro argumen to de que la estructura d e l a red afecta a
lo que Ocu r re en ella. A primera vista, la red pare ce identificar diri.
gentes d e partido, p r esidentes d e comité s y a o tros individuos bien
conectados. Los congres istas que recaban más apoyos en la red por-
que están bien conectados e n general o con o tros congresistas irn.
portantes d eberían te ner más capacidad que e l resto d e influir en la
legisl aci ón que sal e d e su cámara. Yd e hecho la tie nen'". En la Cáma.
de Re presentantes, los mi embros en el cen tro d e la red d e copa tro-
c.trUOS logra ban hace r a p robar tres reformas d e ley más que aq uellos
Situados e n la pe rif e ri a. En el Senado la difer encia es aún mayor;
los se nadores al tamente conectados lograban aprobar siete e nmien.
das más de media.
Est ar bi en co necta do d entro d e las r edes sociales supone u na
gran diferencia cuando se trata de prop oner e nmie ndas a los proyer,
las de ley conforme avanzan por los circ uitos legis lativos. Sin embar-
go no nos d ice nad a el éxito de dichos p royectos d e ley. Los senado-
res y los mi embros de la Cámara de Representantes pueden añadir
todas las e nmiendas que q ui eran, pero si la ley no se aprueba todos
los es fuerzos habrán sido e n va no. ¿Hasta qué punto la conecti vidad
influye e n la votación final ? Si los congresistas más conectados tie-
nen de verdad mayor poder de influenci a, entonces deberían se r ca-
paces d e recabar más a poyo para las leyes que patrocinan. De otra,
manera, ¿qué sentido tiene estar bien cone ctado?
Cuando es tud ia mos e l e fecto de la posici ón d entro d e las redes
sociales e n las vo tacio nes nominales encon tramos que Jos represen-
tantes de la cá mara mejor co nectados rec ababan diez vece s m ás vo-
tos d e media (de u n total de 435 congresistas) , mi entras que los se-
nadores conseguía 16 más (de un total d e 100 senadores). Eso puede
no parecer mucho , pero conside remos cuán a pretadas resultan mu-,
de es tas votaci ones nominales. Cambiar la conectividad de l pa-
trocinador d e una le y d e media a a lta tendrfa un 16 po r ci ento de
posibil id ades d e al te rar e l resultado final d e l a votación en la Cama-
ra de Representa n tes y un 20 por cie n to e n la d e l Senado. En otras
palabras , si l a ley es propuesta por una persona si t uada en el ce n tro.
d e la red,. se rá ap ro ba da; pero si la misma ley la propone algui en eri'
la periferia, n o se ap robará. As í es d e importante la conectividad .
212
LA ARQUI T ECTURA DE LA RED DE INFLUENCiAS POLÍTI CAS
" Además de l os vo tantes y los políticos, los lobbistas y los ac tivistas
rnbién viven dentro de redes sociales que tienen una gran infl uen-
: a en el éxito de sus ini ci ativas. Es sabido qu e los lobbistas tienden a
asar tiempo con represent antes políticos de ideol ogía afín , 10 que
Pos lleva a preguntarnos pa ra q ué sirve n realmente los gr upos d e
nres í ón. Después d e todo, un lob bista d e la compañía petrolera H a-
no tiene más posibilidades d e influir e n Dick Cheney qc:
e
n r epresentante del lobb y ecologista Sie rra Clu b en Al Gore. Sena
u . d
como predicar a los conversos . La imagen popular que se e
los lobbistas es d e gen te que se d edica a presionar, pero la re a lidad
es que pasan más tiempo cultivando sus amis tades; otra vez aquello
de «Dios los cría y ellos sej u n tan».
Los politó logos Dan Carpe n ter, Kevin Esterling y David Laz,: r es-
tudi aro n con atención las recles sociales d e los lobbies de las areas
de e ne rzfa Yatención sanitari a y se encontraro n con una histori a
llena de°matices'!8. Aunque es cierto que los lo bb istas tiende n a desa-
rrollar estre chos lazos con sus homólogos ideológi camente cerca-
nos e n el go bie rno, sus éxi tos dependen e n gran medida d e cómo se
comporte la to talidad de la red. Además , ti e nen más p roba?,hdades
de acc eder a los prin cipales actores gubernao1entales SI es tan conec-
tad os co n a lzuie n que ya goza d e ese acceso. De forma que cuan tos
más amigos acceso tie nen, mej or para ellos . Est o qu iere decir-
que los lobbistas que más éxi to tienen en sus so n aquellos co:'
vínculos más débil es, a sabe r, quienes tienen mas amigos co n mas
amigos e n los círc ulos de poder. Los vínculos fu ertes ayudan, p ero
los débiles son más útiles, porque aumentan el n úmero to tal de co-
nexiones. Igual qu e las personas en bus ca de trabajo
sus vínculos más débiles (ca pítulo 5), ganar influenci as es mas fácil
dentro d e una red más amplia. De h echo , Car pen te r y sus colegas
encontraron que el número de vinculas fuertes no determina si un
lobbista o bte ndrá e l acceso a los círculos que ne cesita. Puesto que
cada víncul o débil puede conduci r a much os o tros, se crea una diná-
mica ascend e n te que hace posi b le que indi viduos comoJ ack Abra-
moff acumulen poder e infl uencias y qu e explica por qué está tan
extendida la corrupc ión. .
y si los Iobbistas suelen estar firmemente an clados den tro del SIS'
tema pol íti co, no ocurre lo mismo con los activistas. Abbie Hoffman
213
CoNECTADOS
-miembro del grupo revolucionari o «los sie te d e Chicago» y cof un.
dador d e un gru po activis ta en la d é cada de 1960 llamad o Youth In,
te rnational Party (Par tido Internaci onal d e la Juventud) , a podado
«los yippies,- animó a sus seguidores a u-abaj ar con tra el sistema y
les ense ñó a cultivar marihuana, robar tarjetas de crédito y fabri car
bom bas caseras'", Los movimientos sociales e n Estad os Unidos a
menudo mantien en posturas e nfr e ntadas sob re la cuestió n d e si bay
que trabajar p or e l cambio d esde el siste ma o al margen de él. Los
poli tó logos Mi cha el He aney y Fabi o Roj as estaban inte resados en
descubrir por qué escogían una y o tra opción y descubri eron, cómo
no, que las redes sociales tenían mu cho qu e ver.
Co nforme cob raba fu erza e l movimi ento co n tra la guer ra d e Irak
en 2004 y 200S, He aney y Roj as recopilar on info rma ción d e 2,529
ac tivis tas e n di stintos act os, incluida una pro testa qu e congregó
a SOO,OOOpe rsonas frente a la Convención Nacional Republicana e n la
ciudad d e Nueva York el 29 d e agosto d e 2004; una pro testa durante
e l segundo discur so d e investidura de George W. Bush e n Washing-
ton, D. C., e l 20 d e e nero d e 200S; manifestaci ones con tra la guerra
e n Nueva York, Was hi ngton, Faye tevi lle (Caroli na d el Norte), India.
nápo lis , Ch icago, San Die go y San Francisco con memora nd o el
segu nd o anive rsario de la g uerra d e Irak e l 19 y e l 20 d e marzo
d e 200S; concentraciones e n NuevaYork e l primero de mayo d e 200S,
y la p rotesta contra la guen-a que congregó a 300,000 personas en
Washington el 24 d e sep tie mb re d e 2005
30
. Cada uno d e los activis-
tas pro porcio nó información básica so bre contra qué protestaban
así como los nombres de o rganizaciones que habían contactado
para q ue acud ieran a las manifestaci ones. Es to d io a los investigado-
res un panorama extremadamente de tallado d e la re d global d e in-
teracciones y les permi tió llegar a dos importantes concl usiones. (
En primer luga r, l o a d mitan o no, e l com por tamien to d e los a",
tivis tas está determinado por actitudes partidi stas contrarias, por-
qu e tie nden a unirse a o rgani zaci ones qu e están afil iadas a su mis-
mo partido. Pue d e que los que se manifiestan e n las ca lles pi ensen
que es tá n muy alejados d e los miembro s d e su p artido e n e l gobie r-
no, pero lo cie rto es qu e todos co mparte n u na mi sma ideología.
En seg u ndo lugar, y tal como ca b ía esperar, l os activistas que ocu-
pan p osici ones más centrales d entro d e la red ti enen más pr obabi-
lidades de te rminar trabajando dentro del sistema, recurriendo a
tácticas instituci onal es como formar lobbies, e n lugar de a la d e-
214
CONECTADOS POLiT l CAMUITI:
sobedie ncia civi l. De manera qu e individuos que se consideran de-
mócratas pue d en unirse a l lobby ecologista Si e rra Club, pero es
poco probabl e que se unan a grupos menos instituci onalizados
co mo los yip-pies, que pe rsigue n sus m ismos o bjetivos p ero e mplean
métodos diferentes.
ACTl v rSMO ON UNE
Cuando hicimos públi cos por primera vez los r esul tad os d e nues-
tro progran1a informático sobre por qué vota la gente, un número
de activistas on line se mostraron muy interesados en la idea de que
votar es contagioso. En concreto, la organizaci ón GROvVdems.com
pronto se puso en contacto con nosotrOS para qu e incluy éramos
nuestro es tudio e n un libro e lec trónico que habían creado para sus
campañas d estinad as a animar a la gente a votar, Creía n que saber
que un solo vo to podía generar much os más darí a a los voluntarios
de la organización un incentivo añadido y que los animaría en su
tarea de conve ncer a más personas a que colabo raran en la campaña.
Un grupo on line llamado Ci rcleVoting.com también e mpezó a usar
nuestras investigaci ones para animar a las personas a que sacaran
partido d e sus redes soci ales con el fin de llevar a gen te a las urnas .
Pero estos esfuerzos son sólo la p unta del iceberg. El uso d e Inter-
net y de la tel efonía móvil e n l a cam pa ña pres idencial d e Obama
d emuestra e l verdadero poder de las redes sociales on lineoEm plea-
ron medios co mo YouTube para hacer p ublici dad gratuiú'l. Los usua-
rios d e Internet llegaron a ver has ta 14.5 mill ones de ho ras de anun-
cios electorales on lineo Para hacernos una idea, esa cantidad de es pacios
publici tarios e n tel evi siones d e pago habría costad o alrededo r d e 47
mill ones d e d ólares, También usaron YouTube para d efenderse d e
a taq ues políticos. Cuando el a ntiguo pastor de Obama, el reverend o
J eremial1 Wright, sal tó a la op inión públ ica con su sermón «Dios
maldi ga a América», los medios de comunicación tradicionales se
hici eron eco de la noti ci a durante varios días. Mientras tanto, los se-
guidores d e Obama se a p resu ra ban a reenviar vínculos al discu rso
de éste sobre la cuestió n de la raza, cuyos co nteni dos hacían muy
difí cil creer que el senador com partiera el p unto d e vista del reve-
rendo . Sól o durante las primarias, 6. 7 mill ones de personas si guie-
ron e l discurso d e 37 minutos de d uraci ón d e O bama por YouTube.
215
CoNECTADOS
OU"OS candidatos trataron tambié n de organi zar a sus seguidores
en Interne t, pero con menos éxi to. El Pew Research Ce nter informó
que los seguidores de Obama eran más aficio nados que los de Hi,
llary Cli n ton a seguir d iscursos, deba tes, a n uncios e lecto rales y en-
t revi st as con los candida tos por Inte rne t. Tambi én es taban más dis-
puestos a clonar dinero en on tine",
Activistas de lodo el mundo es tán e mpezando a usar Jn te rrier
para organizar manifesta ciones a gran escaJa. Por ejemplo, en enero
d e 2008, Óscar "Mo r ales, un ill genie ro de treinta tr es años d e Ba-
rranquilla, en Colombia, movilizó a mill ones de p e rso nas emplean.
do sus re des socia les. Empezó crean do una red e n Facebook fo r-ma,
da por cinco a migos (Hécto r, Juan, Mi guel , Mari tza y Cabo ) y él
mismo para protestar por los rehenes retenidos por las FARC. El
gr upo de Mora les, llamado ..U n Millón de Voces co n tra las FARC.,
creció e n e l plazo de un mes h asta sumar 225, 578 mi e mbros on lineo
En e l cibe re spacio empezaron a circ ular co nvocato rias a manifesta-
cio nes y la inten sidad del movimiento fue subiendo en cues tió n de
pocas se manas. Fi nalmente, e l 4 d e fe brero de 2008 y según lo pl a-
neado, millones de personas en países de todo el ruundo salieron a
la ca lle e n protesta: en Colom bia hubo casi 400 concen tr ac iones que
congregaron a 4.8 mill ones d e p e rsonas, y varios cie ntos de miles
más se manifestaron en Venezuela, Sueci a, España, México, Argen-
tina, Francia y Estados Unidos'".
Las concentraciones de Colo mbia so n ejemplo del poder de las
red es sociales en Int ernet para multipl icar los efectos de cualqui er
iniciativa. Una so la persona ini ció una campaña que llegó a millones.
Pero el activismo on line es muy anterior a la campaña elec toral de
O bama y a la creación de Face boo k. En los albo res de Internet, perso-
nas como Glen Barry usaron la nueva tecnología para esc ribir so bre y
promover causas políticas. Ya e n 1993 Barry escri bía un di ari o on line
(Cai a's Forest Conservation Archives) , en el que comentaba hechos
de actualidad relativos al medio ambiente y urgía al gobie rno a con-
se rvar los es pacios na tu ral es (todavía puede consultarse). Poco des-
pués la gente empez ó a mover las más variadas causas por Internet
desde sus web logs o bl ogs. H a bía nacido la blogosfe ra .
Puesto que la infor maci ón es tan fáci l de trans mi tir po r Internet,
algunas personas pe nsaron que la blogosfe ra nos ace rcaría pol íti ca-
men te. Co nfiaban en que di scuti rfarn os los asuntos del día en una
suerte de diálogo democrático ideal . Pero Lada Adamic, física de la
216
n
.. 1 R d de 1 000 amigos CÓ0V1 1ges e hijos conectados sacada de l Fra-
ustraCIOn . e , - . , -
rningham Heart Srudy del año 2000. Cada nodo re prese nta a una perso na y su
forma indica su sexo (círculos para las mujeres, cuadrados para los ho mbres) .
Las líneas entre nodos indican el tipo de rel ació n (las negras so n ~ a r a h e ~ a .
nos, las rojas para amigos y cónyuges ) . El co lor de l nodo ind ica que. tan feliz ~ s
cada persona: los azules son para las personas menos felices, los amar- ill os las mas
felices' e l verde señala a quienes están en un ni vel in termedie- Las personas des-
graciadas y las fe lices tienden a formar grupos diferentes. Además. las personas
desgraciadas tienen más posibilidades de estar e n la periferia de la red.
..
..
..
Red de contact os sexuales
Todas las redes co mbinadas
..
Red de amistad
Red de personas que t ra bajan [untas
..
..
J

¡
Ilus traci ón 2. Tipos de redes diferentes se pueden solapar, como ocurre aquí, en
una red hipotética de 130 personas. La re d de amigos (a r ri ba a la izquierda) es
tambi én la fue n te princ ipal de parej as potenciales e n la red de contactos sexua-
les (arri ba a la derecha) . Otras redes, como las profesionales (abajo a la izquier-
da). también pueden ser fuente de amistades y de parej as sexuales potenciales.
La red de la esquina inferior derecha es mult íplex; co n dife re n tes tipos d e rela-
ciones. la suma de las cuales da la red. Algunas personas tienen relaciones -mulu-
píex (por ejemplo, dos person.as pueden ser amigas. trabajar juntas y ser pareja
sexual, tal y como indica e l circulo) .
Il ustraci ón 3. Red de 2,200 personas sacada del Framingham Hear t St udy del
año 2000. El color del borde de los cí rc u los in d ica sexo (roj o para las mujeres,
azul para los hombres) ; el color del relleno de los nodos indica obesidad (amari-
llo para índice de masa corporal [IMC] de 30 o superior, verde para IMC menor
de 30); los tamaños de los nodos so n proporcionales al IMC y el co lo r de los vín-
culos indica el tipo de re lación (morado para amigos o cónyuges, naranja para
familiares). En distintos puntos de la red se observa cómo los individuos obesos
y los n o obesos. tienen tende ncia a formar subgrupos.
E
D
e
Ilustración 5. Ejemplos de redes empleadas en ex pe ri mentos de labo ra to rio so-
bre coord inación. Se asignó a ca da partici pan te una ubicació n específica dentro
de una de estas seis redes p redefi nidas (todas las cuales te nían exactamente 38
pu estos ) . Los pa rticipantes podían ver única mente su propio co lo r y los de aque-
llos a los que es taban directamente co nectados. A co ntin uación se les daba u n
menú de colores para el egi r y se les permi tía cambiar de co lor tantas veces como
quisieran. Sólo se les recompensaba económicamente si, den tro de un tie mpo
estableci do, ningún participante d e la re d elegía el mismo co lor que otro. Aquí se
ilustra una d e las soluciones posibles al acertijo para ca da red. Difere n tes es truc-
ruras de red (A·F) infl uían en la ca pacida d de los grupos de coordi narse para lle-
gar a una solución.
Ilustració n 4. Ej e mpl o aleatorio de J ,000 sujetos procedentes d e la red social del
Frar n i ngham Heart Study d el 3110 200 l . El co lor d el borde de los nodos ind ica
el sexo (rojo para las mujeres, azul pa ra los hombres) ; el color de rell eno de
os nodos mide el Cons umo de cigarr illos (a mari llo para al menos un ciga rri llo
II día, verde para los no fu madoresj ; el ta maño de los nodos es propo rcional al
t úrnero d e cigarril los q ue se fuman, y el color de las flechas indi ca el ti po de re-
ación (naranja para a migos y cónyuges, mo rado pa ra familiares) . La imagen en
oom muestra cómo los fumador es tienen más p ro babilidades de situa rse en la
-erife ri a de las redes a las que pertenecen.
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Ilus traci ón 6. Blogosfe ra política de Estados Unidos, q ue muestra los blogs libe.
ra les (az ules) y co nse rvadores (rojos) y los vincu los e n tre sus si tios web. El color
del vinculo in di ca de qu¿ tipo es (azu l para el vínculo entre dos blogs liberales,
rojo para el vinculo e n tre dos co nse rvadores, naranj a para vínculos de un blog
liberal a uno co nse rvado r, morado para la situ ac ió n inversa). El tamaño de los
nodos indica el número d e blogs co n vínculos que dirigen a él. Este mapa de re-
des muestra que la blogosfera polí tica está al tamente polarizada.
Il ustración 7. La blogosfera políti ca iraní. Los di stintos co lor es se ñalan comuni·
dades de blogs que tie nen muchos más vínculos entre sí que con el resto de la
bl ogosfera (las eti quetaS llevan el nombre que los investigadores ha n dado a
cad a comun id ad). Los dos nodos rodeados co n un ci rculo son los escritos po r
d os import antes líd eres pol íticos. el e x p residente Mohamed]aramí y el presi-
dente Mahmud Ahmadinej ad. (Co rtesía de Morningside Anal ytics)
Ilustración 8. Dife rencias en e l grado de co nexión entre e l mundo virtual y el real
de 140 estudiantes universitarios. L1. red de arriba a la izquierda muestra, e n gris,
la malla de amistades cercanas en la vida real. La de arr-iba a la derecha muestra,
e n verde , los lazos e ntre pe rsonas pertenecientes al mismo cl ub. En la de abajo a
la izquierda, se añaden e n azul los vínculos entre personas que comparte n habita.
ció n. Po r últi mo. e n la de abajo a la derecha se añaden en naranja los vínculos de
ami stad a través de Facebook. Las conexiones de l mundo virtual superan con
creces las co ne xio nes en persona, e incluso llegan a OSCurecer las rel acio nes rea-
les. Esta ilus traci ón también muestra có mo algunas parej as de individuos son
amigos, pe rtenecientes al mismo club o compañeros de habitación , pero o tras no
(y es un problema cuando dos éo mpañeros de habitación no so n amigos) .
217
CoN ECTAOOS roLiTICAl>IENTE
Universidad de Mi chigan, nos ha proporcionado unas imágenes que
demuestran que la reali dad no puede ser más distinta" . En la ilustra-
ción 6 (ver pliego cen tral) se reproduce la imagen correspondiente a
las el ecciones de 2004. En e lla se representan los principal es blogs polí-
ticos d e d erecha y d e izquie rdas , incl uye ndo Dail y Ka s, Andrew Su-
llivan, Instapundi t y Real ClearPolitics. Los blogs co nservadores y los
vincula s e n tr e ellos es tán representados e n rojo; los libe ral es, en azul.
Lo qu e llama la ate nci ón de entrada es la ex trema separaci ón
en tre libe rales y conservadores. Si se esperaba que Inte rne t fomen-
tara e l d iálogo pacífi co e n tre ambos grupos , las redes de blogs de-
muestran que no ha si do así. Al igua l que la política d e l mundo real
que es tud iaron Lazarsfeld y Berelson y más tarde Huckfeldt y Spra-
gue, la red socia l on line d a la impresión d e ser profundamente ha-
mófi la y estar m uy po larizada. Esto sugi ere que la información polí-
tica se e mplea antes para reforzar opiniones ya exis tentes que para
int ercambiar puntos de vista divergentes. Ada mic recu rri óa un pro-
ce dimie nt o para detectar «comunidades» dentro de la red simi lar al
d e modulari dad de Newman qu e utilizamos para n uestro es tud io de
copa troc in ios. Las co m un idades es taba n formadas por aq uell os
blogs que es taban más conectados en tre sí que con el resto de la red .
Adami c encontró que los blogueros conservadores es taban más de n-
samente conec tados en tre sí dentro de su «co munidad» que los li be-
rales, lo que sugería que e l efecto de refuerzo es todavía mayor e n la
d erecha po líti ca q ue e n la izqui erda. Pero aunque Jos liberales pueden
estar más di spuestos a buscar puntos de vista contrarios , lo marcado
de la separación d emuestra que, al igual que los republicanos, siguen
muy aferrados a las id eas que les so n propias .
En es te ejem plo puede q ue no haya d emas iada co mu nicación e n-
tre qui en es a poyan y qui enes se oponen al gobie rno, pero al menos
en Estados Unidos existe un partido en la o posici ón. Investigadores
d el Cen tro Berkrnan sobre Internet y Sociedad d e la Faculta d de
Dere cho d e Harvard han trasladado e l proyecto d e investigación
de Adarni c a o tros países para co mprobar si sus blogosferas siguen
patrones similares. El primer país que exam inaron fue Irán , donde
recopilaron informaci ón cada día y durante sie te meses de casi cien
mil p áginas d e blogs en len gu a persa>', Como in vestigad ores d el
proye cto I n terne t y Democracia,John Ke Uy y Bruce Etlin g estaban
muy inter esados en averiguar si la bl ogosfe ra tenia un impacto per-
sonal en la libe rtad de expresión o un' impacto más glo bal en las
I
amigos cercanos y vinculados por
pertenencia a un club
amigos cercanos, vinculados por
pertenencia a un club. campaneros
de habitac ión y amigos en Facebook
<>
<>
amigos cercanos
<>
<>
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amigos cercanos, vinculados por
pertenenci a a un club y compañeros
de habitación
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1
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1
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CONECTADOS
probabilidade s de que I rán li be rali za ra la fo rma de gobie rno. Dada
la reputaci ón del pa ís e n cuanto a re presión política, es peraba n en.
contrarse con un di scurso político altamente controla do y autorita_
rio. En lugar de e llo descubrieron u na red d e blogs n o muy di stinta
de las que existen e n e l mundo lib re.
La ilustraci ón 7 (ver pliego central) muestra un m apa d e la bl o,
iran í , Son tan tos los vínculos que existen que se han supri-
mido para poder te ner un pan orama más claro de la situación. Una
vez más, los nod os más grandes corresponden a los blogs más im-
po r tantes (medidos p or el núme ro d e vínculos q ue remiten a e llos),
pero, al con trario q ue e n la lá mi na 6 (el mapa de la bl ogosf e ra de
Estados Unidos). aquí aparecen varias «comuni dades» centradas en
as u ntos políticos y no políticos. Ta l y como apuntan Kell y y Et! ing,
«los blogueros iraníes incluyen a mi e mbros d e He zboll ah, ad o lescen-
tes d e Te herán , jubilad os d e Los Ángeles , estudiantes de Teología
en Qom, periodistas di sidentes q ue d ej aron el país hace al gunos
años, exi liados que ll evan fue ra tres décadas, miembros del Parl a-
mento (majlis), políti co s refo rmistas , poe tas y al preside nte d e I rán,
e ntre otra mucha ge nte»35.
La blogosfera iraní se divide e n cuatro comunidades más o me-
nos coherentes que se definen por e l contenido de sus bl ogs. Dos de
ellas tie nen po co que ve r con la po líti ca o con temas de ac tua lidad.
Una está dedicada só lo a la poesía y la li te ratura pe rsas y la o tra es
una suerte de cajón de sas tre de inte reses y asuntos varios (informa-
ción sobre famosos, deportes y culturas mi noritarias). Pe ro las otras
dos son explícitamente políticas.
La primera está fo rmada po r dos grupos q ue p rác ticamente se
sola pan: una comu n.idad d e reformistas pol í ticos integ ra da por d isi-
dentes internos y una comunidad de seglares /expaoiados a la que
pertenecen disi d entes y p eri odist as d e relieve -q ue abandonaron
I rá n y ahora viven en el extranjero. Los temas de debate so n los d e-
re chos de las muj e res, los presos políticos y l os as u ntos de actuali-
dad, incluidos problemas po lí ticos e n I rán como e l consu mo de
drogas y la d egradaci ón medioambien tal. Puesto q ue estos fo ros so n
e n gran medida críticos con e l gobierno, res ulta sorprende nte qu e
la mayo ría d e los blogueros e mpleen sus n ombres reales e n luzar de
seudónimos. Un segundo grupo pol íti co, fo rmado por
res yj óvenes religiosos, escri be hl ogs de apoyo a la r evoluci ón iran í y
a la filosofía política religiosa del gobierno de Irá n. Dentro de es te
218
COt"F..CT....OOS POl.iTI C.'l.MEN'T1i:
aropo de staca una comunidad llamada secta de los Doce Imanes,
cree que Mohamed ben Hassan ben A1i (el duodécimo imá n)
regresará para salvar a la h umanidad y crear ,u na SOCie dad perfe c;ta
antes de que llegue el día final de la resurrecci ón. Pero no se nata solo
de un puñado de iluminados; muchos de los. conservado l-es_ de este
r upo atacan de he ch o al gobierno por consi derarlo d emasi ado co-
o d emasi ado ind ulgen te .
Dos d e los presidentes de Irá n tienen bl ogs q ue son bas tante po-
pulares. El presidente Ahmadinej ad fo rm a parte d el,gr u po conserva-
dor y su pred e cesor en e l cargo, e l p resid e n te J ataml , d el refo rrnista .
Pero ambos bl ogs ocu pan posiciones centrales d entro d e la bl ogosfe-
ra, p uesto que tienden a se r citados e n blogs p rocedentes d e una va-
ried ad de comu nidades. Sus posiCI ones Indi can que se
en el cami no de un número de caminos que van de unas
des a otras, actuando CQIUOlos «vínculos d ébil es» que caracteri zan a
los iobbi stas y políticos d e éxito en Esta dos Unid os. .
De hecho, la bl ogosfem iraní se pare ce un poco a la es tadoun iden-
se, lo que resul ta desconcerta n te. ¿Cómo puede un r égimen d o nd e
no existe n las libertades permitir tamaña variedad de voces de talante
obviamente democrático ? El gobie rno iraní bloq uea d e hecho el ac-
ceso a varias páginas we b, pe ro es to afecta a menos del 20 por. cien to
de los blogs refo rmistas y a cas i ninguno de los l? cl uso
aquellos qu e son más crí ticos. Esto sugiere que e l gobie rno o bi en no
puede o bien no quiere acallar estas voces. Cuesta creer que se. trate
de lo primero, d ado que e n más de una ocasió n medios d e
comun icación ( incluidos periódicos de ta o posi ci ón) y
(o al go peor) a qui enes l os di ri gían.P e ro incluso _,,:,í, es pos ibl e que la
capacidad d e trasladar las red es sociales d emoclaucas y el fluj o resul -
tante de información a un e ntorno on Iine pueda frustrar los Inten tos
del gobie rno de interceptarl as, de su o de irn-
pedir la autoorganización de u na oposicron De he cho, en
iulio de 2009 los medios anunciaban la «revoluci ón de Twitte r- con-
J . . d .
forme los ciudadanos de Irán empezaban a utilizar el servic io e rru-
croblogs de Twi tter para di se minar informaci.ó n por la red y a o rganI-
zarse en contra de lo que parecían unas e lecaones Pero
sólo el tie mpo d irá si la blogosfe ra iraní te ndrá un efecto libe ral izad or
en el gobierno d el país.
Todo esto sugiere que los cam bios e n la tec nología pueden estar
alterando la fon na en que vivimos dentro de nuestras redes SOCiales
219
221
CoNECTADOS
CAPÍTULO 7
ESTÁ EN NU ESTRA NATURALEZA
L as redes sociales pueden resultar difícil es d e ente nder e n parte
debido a la complej id ad que entr a ña manipularl as . No se p uede d ar
un amigo a alguien lo mismo que se le d a una as pirina . Pero si de
alguna manera co nsiguié ramos que un gnlpO de d esconocidos se p er-
di e ra en una isla d esie r ta y obse rváramos c ómo y con qué fines se co-
nectan en tre ellos, quizá pudiéramos identificar las red es sociales co rno
en un experimento. Lo sorprenden te es que es to ya se ha hecho, y
no por estudiosos d e las cie ncias sociales Llevados p or la curiosi d ad,
sino por productores d e televisión.
En e l verano de 20 00 la CBS emi tió e l e pisod io piloto d e Suroiuor
(Su pervivien te) J un programa que causó se nsación y di o lu gar a l a
fiebre d e los realily shouis. La premisa es senciJla: coger a 16 estadou-
nidenses tipo d e diversas procedencias y abandonarlos en mitad de
la nada para que se las arregl en so los. Cada tres d ías los «su pe rvivien-
tes» se reúnen en un consejo tribal para votar la expulsión d e alguno
de los miembros del eq uipo. Al final, e l último su pe rviviente gana un
miJJón d e d ólares.
La temporada d e mayor a udiencia d e Suroiuor se rodó e n 2001 en
el d esierto australiano, y atraj o a casi treinta mill ones de es pectad o-
res, que cada semana sintonizaban su tel evi sor para o bservar, e n t re
o tras cosas, CÓlTIO se desarrollaba la dinámi ca social d el gn lpo. En e l
primer e p isod io se obligó a los co ncursantes a p ermane cer en sile n-
cio h asta que ll egaran al que sería su emplazamiento, y se les dividió
en d os tribus riva les, los Kucha (canguro, en idi o ma aborigen) y los
Ogakor (cocodrilo) . Se les dio ci nco minu tos para r ecoger sus p er-
tenencias antes d e emprender una ex tenuan te marcha d e ocho ki -
220
y tener efec tos duraderos en n uestr as formas d e g bier- Y:
. o ierno a hem
VIsto que las redes social es d el mundo real pued ' Os
fu di , e en usarse para d'
n Ir mtorrnac í ón y aumentar la capacidad d 1 l·
para co nseg uir sus metas. En l os d os a; t bien
exarrunaremos COn m ás d etalle la l pula s slgu le n tes
natura eza y el o ' d
d ese o d e estar conectados có m o 1 n gen e nuestro
biand o la forma en que lo ¡, aYce Ea puede estar cam,
mas. n CIe rto se 'rtid "
mund o nuevo. Nuestras red ' 1 I o, VI VImos e n Un
es SOCJa es cr e ce n e t -
con cada tecla d el ordenador ue ul s n amano y velocidad
SMS, cor reo el ectrónico Twitte; Fa';'b conectarnos por
nas que conocemos Ce incluso las
oo
o ySpace ca n l as perso_
nuevo mundo n os pl'apa rej on a una vis que Y este
cial es e n que vivimos h a ci d _ ta d e páj aro d e las redes so-
. ' len a nos rnas co nscien tes
Im pOrta ncia d e estar conectad Pe .... qu.e nunca de la
os , ero ta m ble n da la ' -
que estas redes no son un ' . Impreslon de
a Ulvenelon n ueva H . id
duran te mi llones d e año N . ernos VIVI o con ell as
s. uestros an tepasad
para vivir d entro d e e lla L 11 ' os nos pre par aron
s. as e vamos baio la ' I Y
nos a pensar ha cia d - d _ . pie . arr tes de p Oner-
. 00 e vamos, sena ú til d e ten . .
refl eXIonar acerca d e d ó d e ve n¡ er rros un Ins tan te y
o n e vernrnos.
C ONI!CTADOS EsTÁ EN NUESTR."- NATUltAUZA
"

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I
i
1
hasta sus camp amentos . Debb Eaton, de cuaren ta y cinco
anos, funcionaría de pnsrones en una cárcel de hombres en N
Hampshire, se h izo rápidamente co n el mando de la tribu Kuc:
W
peto es ta inici ati va fue su perdició n. Sus compañeros se harta a,
. id t 'Orr
tan rapl amen te de su carácter autoritario que fue la primera ex.
pulsada ' .
Algunos supe rvivie ntes no tardaron e n hacerse anligos , mi e ntras
que Otros empezaro n a conspirar para expulsar a sus compañero
de tribu. Por ejemplo, ]erri Manthey, una actriz de Los Ángeles acu-
. K I G' ' ,
so a e leas o n , oficial del servicio de in te li z encia del Ejército d
Es tados Un idos de Fort Hood, Tej as, de introducido cecin:
de contraban do en el campamen to y de negarse a compar tirla. Al-
gunos mi embros de la tribu r egistraron las pertenencias de Kel y no
e ncontraron nada, pero e l pasado y la honradez ya esta ban en en tre-
di cho, y fu e exp ulsado e n el siguiente consej o tribal
por vo tacio n unamme.
Cada tres d ías las tribus Ogakor y Kucha competían en un a ..prue-
ba de mmunidad» y la tribu perdedora quedaba obligada a elim inar
a uno de mi embros. Co mo resul tad o. los mi embros más fuertes
de. cada tribu eran muy valorados, dado que podían ayudar a los de-
a evitar una expulsió n temprana. Por otra parte, los
también cons tituí an un objetivo a e xpulsar, al
se r l?s mas de derr otar en un a competición frontal, un a vez
el numero d e 10 tegran tes de la tribu se hubiera reducido. A medida
qu e parti cipantes maquinaban para formar coalicio nes, también
pr esionaban a sus compañeros de juego con argumentos como los
an tenormente expues tos para eliminar por igual a con trincan tes
fuertes y débiles.
En e l transcurso de la tercera semana las dos tribus se unieron en
un a. En es ta nueva forma de organización social , las pruebas de in-
munidad enfrentaban a todos contra todos y el ga nador no p odía
ser exp ulsado has ta el sigu iente consejo tribal. El objetivo ahora es-
taba cl aro: había que e li minar al concursante individua] más fuerte
Se podría pensar que es to llevaría automáticamen te a la expulsi ón
del segundo conc ursan te más fu erte (a quel que no logró la inmuní-
dad), pero había otra impor tante fuerza e n j uego. En el transcurso
de las tres semanas anteriores de luch a contra los el ementos en
ca da tribu se h ab ían formado vín culos. y es tas coal iciones se manru-
vi eron después de la uni ón de las dos tribus.
222
El poder de las conexiones sociales se hi zo más evidente que nun-
ca en la primera prueba de inrnunidad de la tribu unida. Se obligó a
los concursan tes a permanecer de pie en pilares de madera sobre
un rí o . El objetivo era simple . La últi ma persona en quedar de pie
sobre e l pil ar o btendría la inmunidad . U no a un o los co ncursantes
se fu eron rindi endo, saltando al río y nadando has ta la orilla. Al gu-
nOSse rindi eron porque estaban agotados. Otros lo hi cieron cuan-
do]effProbst. el presentado r del programa, les ofreció mantequilla
de cacahuete si abandonaban. Después de n ueve horas sólo queda-
ban en pie tres concursantes , y una de e llos, Ali cia Ca laway, prepara-
dora fí sica de Nueva York, se lanzó al agua. Los o tros dos supervi-
vientes eran Ke ith Famie, un chef profesional de Detroi t, Michi gan ,
yTina Wesson, una enfermera de Kn o xvill e, Tennessee . Resultó qu e
ambos eran d e la tribu Ogakor. Pero Keith corr ía mayor ri esgo de
ser expulsado del concurso, así es que le dijo a Ti na: «Necesito ga-
nar ésta» , y ell a voluntariamente se lanzó al agua. Keith logró así la
inmunidad e impidió que los antiguos mi embros de la tribu Kuch a
coorclinal-an sus vo tos para exp ulsarlo. Más tarde Tina declaró: ..Fue
más difíci l tirarme al agua que agu anta r de pi e todas esas horas. Sa-
bía que por el bi en de nuestro equi po debía dej ar gan ar a Keith».
L'1 tempo rada llegó a su clímax en e l día cuarenta y uno, cuando
los tres concursan tes que quedaban eran Tina, Keith y un tejano de
veintisé is a l10S de edad llamado Colby Donaldson. Colby ya había
ganado la inmunidad. yen el consejo tri bal se decidiría cuál de los
otros dos concu rsantes se ría eliminado. Tina gozaba de popul ari-
dad entre los concurs antes que habían sido anteriormen te expul a-
dos y que a la postre eran los encargados de d ecidir quién de los dos
últimos concursantes ga naría. En tre tanto, Keith se había granjeado
la antipatía de varios concursantes al insistir e n que sus habilidades
como chef era n esenci ales para la supervi ve ncia del gru po. La mayo-
rí a de los televide ntes pensaron que Co lby eliminaría a Tina para
poder com pe ti r con tra Kei th . Sin embargo. Colby con mocio nó al
país, y probabl emente pe rclió un millón de dólares . al elegir elimi-
nar a Keith en lugar de a Tina.
Tras la votación de esa noche, el e pisod io concluyó con m uchas
esce nas grabadas en días anteriores que dej aban bi en claro que Col-
by y Tina habían llegado a la fin al debido en parte a que habían
cons truido una alianza muy fu erte que los había ayudado a superar
muchas situaciones difíciles. Colby eligió la amistad an tes que una
223
victori a que parecía segura. Y: en c:fecto, cuando se reali zó el recuen,
to de votos e n un estudio de Los Angeles ante la audie ncia en dire-,
t o , Tina Wesson f u e declarada ga nadora del co ncurso .
Mucha gen te c ues tionó la d ecisi ón de Colby y ma n tuvo q ue ha-
bía incu rrido e n un e r r o r de cálc ulo . Sin embargo. otra in te r pr e jg,
ció n pl a usi bl e q ue la a mis tad y la lealtad prevalec ieron sob re el
in te rés propio. Este es exactame nte el d ile ma al q ue nos e nfrene¿
mos cada día: ¿ayudaolos a nuestros a.migos o nos ayudamos a noso.
tros m.ismos? ¿Y cuáles serán las consecuencias? ¿Pareceremos estú-
pidas si ayudamos a los dem ás? ¿Pareceremos mezqui nos si no lo
hacemos? ¿Es posi bl e se r bueno y so brevivir? ¿Ycómo podemos to-
mar estas decisio nes cuando tenemos much os a.migos en un patrón
variable y cam biante de alianzas e intereses?
La cl ave de fascin aci ón q ue es te pr ogram a ejercía e n e l públi co
residía no sólo en los personajes. si no tambié n e n sus comp licadas
in te ra cci ones. Superviviente presenta una se rie de biografías entrela-
zadas, con ec tadas (un a sociog rafía, de becbo, al go parecido a una
nove la) :Y, corn o en una novela rusa. la histo ria se desarrolla siguien-
do las d iferentes conexiones cambiantes e ntre las perso nas de l gru_
po y toda su co mplej idad social, así como las dife re ntes actitudes
moral es de sus miem bros. Los programas co rno Suruiuor so tv atracti-
vos precisame n te porque r eflej an la lu cha ance stral del hombre
contra los de más y co ntra sí mi smo.
UNIDOS PO R VíN CULOS ANCESTRA LES
Como las ho rmi gas, las a bejas, los lo bos, los delfi nes y los cbim-
pancés, los seres humanos somos animales soci ales que vivimos en
grupos y próximos unos de otros. De hecho, la caracterís tica más
important e del e ntorno humano es la prese nci a de otros miembros
de nuestra es pecie. Dado qu e carecemos de auténticos depredado-
res, la úrii ca amenaza para un se r humano la cons tituye otro se r hu-
mano. Si no necesit áramos tanto a otros se res humanos tendría mu-
cho se n tido tratar d e evitarlos por comple to .
. Nues tras reJaci ones con otros se res humanos so n por tanto cru-
ciales . De manera delibe rada hemos e legido crear conexiones soci a-
es con individuos específicos. con los que compartirn os en mayor o
n enor grado n uestra in ti midad o afecto du rante periodos de tiem-
224
EsrÁ EN NUesTRA NATURALEZA
o breves o di la tados. Y, al con trario que e n el resto de las es pecies
;ociales, tenemos u na habilidad especial pa ra imaginar lo que o tros
e nsando y sintie ndo, incl uye ndo lo q ue pie nsan y sie nten so-
p d . l .
bre n oso tros mismos. Es tar «anclados» dentro de es sc:>cla es
ni fi ca que debemos cooperar con o tros. j uzgar sus rnt err cr o nes e I n-
fluir O ser influidos por ellos. ..
En resumen los humanos no sólo vivimos en gn lpos, SI no qu e VI -
vimos en redes. Én los capítulos anteriores he mos mostrado cómo
las redes sociales i nfluyen e n tod o, desde las e mocio nes a la, salud o
-a la pol ítica. Sin e mba rgo, aún q ueda 1"; pregunta: ¿po r ':!u e los hu-
manos formamos estaS redes? Dive rsas vias de mvesn gacion
dan una respuesta sorprendente: nuestrOdeseo de formar conexro-
nes provie ne e n parte d e nuestros genes. _
Resul ta ve rosfm il que la evolución desempene un papel e n la for-
ma en que nos conectamOSun os a otros, ya que el mismo acto de la
conexión está sujeto a la se lección natural. Reco rdemos la en
lla mas que vimos e n el capítulo l . Es necesari o tra er agua del n o de
la mane ra más rá pi da posible para apagar el fuego y h ay q ue o rgam-
zar a un grupo de pe rso nas pa ra que ayuden. Algunas redes funcio-
narán mej or q ue o tras. Podr íamos decir que la q ue mej or fu nCIOn a
está «mej or adaptada» a la tarea que las de más.
Supongamos ahora que organizamos un campeonato en el qu e
di sti n to grupos (como los Ku cha y Ogakor) comp i te n a pagand?
inc endi os. En cada ronda provocatiamos dos In ce ndios y cada e.quI-
po te ndría q ue exti nguir Wl0 de ellos lo más rápidamente pOSIble.
Tras cada ronda eliminaríamos al eq uipo con el nempo de respuesta
más len to e invitaríamos a un nuevo equipo a compe tir. de
muchas rondas apar ecerían equi pos qu e j uegan bi en, lo
que sugiere que habrían descubier to maneras de y
baj ar j untos. Los equipos cuyos in teg,-ante: se ded icaran a co rrer
erráticamente entre el río y el lnce ndlo seri a n eli lTIl nados. pero los
equipos organ izados e n cadenas que. a?ua
seguirían adelante . Los equipos e nvidiosos y ego rstas se r-ian
dos, no así los servici ales y colaboradores. De es ta manera, los eqw-
p os con redes soci ales mej o r adap tadas serían los La
estrUc tu ra de la red soci al se adaptaría para desempenar los requisi-
tos fu nc io nales que de be cum plir. Formamos una cadena porque el
agua debe fl ui r. De hecho, algunas es pecies muestran este upo d e
comportamiento. porque es uoa adapL:: '1ci óll efi ciente a su entorno;
225
\
por ejemplo las hormigas o breras, que forma n cadenas para transpor_
tar alimentos".
. E n el mundo moderno somos testi gos to do e l tiempo de comp-,
nerones que Influye n e n las es tructuras sociales. En el fútbol ameri_
cano, el equipo atacante debe colocar a siete de sus once jugado-
I 1
- .es
e n a m ea de melé (detrás de la pel o ta ) al ini ci o de cadajugada. Los
cuatro Jugadores restantes pueden colocarse dond e qui e ran. Esta
libe rtad ha dado pi e a una enorme divers idad de formacio nes, entre
las que se e ncuentran la T, la 1, pro-ses, ala única, ala doble, shotgun,
pistol; unshbone, [lexbone, uring-T, y A- ll . Algunas fo rmaciones CU m -
ple n propósitos es pecíficos, como la formaci ón de li nea de e nsayo,
se hace pa.ra marcar un gol. Cada una tiene sus ventajas. depen-
d ie ndo d e los Jugadores que inte ractú en y d e l o bjetivo a conseguir.
Por ejemplo, la formación shotgun sitúa al quarterback más lej os de la
pel o ta para que te nga más tiempo de co mple tar un pase al receptor,
evitando el a taque del eq uipo defensor. ,
Uno de los moti vos de la enorme varied ad de formaci ones ofensi-
vas es que los revisan continuamente sus estrategi as
para sortear lasjugadas defensivas más comunes, En ocasiones, estas
innovaci ones dan lugar a una manera completamente nueva de ju-
gar, a la que la defensa debe rá adaptarse. Emory Bella rd, e ntrena-
dor de los Texas Longhorns, in ventó la formaci ón wishbone en el ve-
rano de 1968. Dado que el equipo contaba con u n quarterback, un
halfback y un f ullback que co rrían bien con la pe lo ta, Bell ard quiso
darle al quarterback tres o pciones que podían ejecutarse al ini cio de
unajugada (la tri pe o pción) . En primer lugar, e l quarterback debía
decidir si darl e la pel o ta al fullback col ocado justo detrás de é l. Si no
lo y se quedaba con la pel ota, co menzaría a co rre r e n al guna -
di recci ón. Un vez e n carrera, el quarterback podría avanzar hacia el
campo co ntrario o e ntregar la pel o ta al halfback que co rría con é l e n
la misma Con dos halfbacks detrás flanqueando al fullb ack; la
ru,spoSlc.on de los cuatroj ugadores de la retaguardia del eq ui po te-
nia forma de horquilla, como e l hueso de la clavícula de las aves [en
ingl és, unshbone], lo que ll evó a Mi ckey H ersko witz, periodista del
J-Iousto"n Chronicle, a acu ñar e l té rmi no unshbone formation, utilizado
despues por todo e l m undo par a referirse a es te tipo de estrategia.
El halfback adic io nal te ni a como función bl oquear a los jugado re s
ri val es, y la simetría de la fo rmación implicaba que lajugada podría
desarroll arse p or e l flanco izq uie rdo o por el de recho, o bligando al
226
f:N I'l Ut:STM"- I'lATURAUJ'..A
equipo defensor a teIl er en cuenta que cua tro zagueros disti ntos po-
drían llevar la pel ota .
Con es ta fo r mación el eq ui po de Texas e mpa tó su primer partido
perd ió el segundo. Si n e mbargo ganó los treinta si guie ntes, inclu-
Yendo dos campeonatos nacionales. Al fichar po r la uníversidad de
A&M Ymás tarde po r la Mississippi State Unive rsity, Bellard si-
guió aplicando esta es trategia ganadora: _que f ue írnuada por _oo-os
equipos, como el Okla homa , y los del EjerCIto y las Fuerzas A éreas .
Sin e mbargo, los e ntrenadores defenSIVOs pron to desarrollaron es-
trategias para bati r a la fo rmaci ón unshbone, como la defensa backbone.
Estas nuevas contraestrategias elun inaron la ven taja inicial de la for-
maci ón wishbone y obligaro n a los entre nadores como Be-
llard a perseverar e n la búsqueda de la fo rmación ofe nsiva pe_r fecta.
Las redes socia les natural es no son como los e q uipos de fútbol o
los Teali ty shotus. o hay un e n trenador que nos di ga cómo e legi r a
nuestros a migos y nadie nos e liJn ina si perdemos un parudo o so-
mos incapaces de apagar un incendio . Sin emba rgo, los huma-
nos esmnlOS y siempre hemos estado sometidos a un de
restricciones similares, que determi nan e l tipo de redes soclal,es. que
funcio nan y pe rsi sten en e l tiempo- Entre los primerosl"om.mdos,
los individuos perteneci entes a un a red social qu e permItía al
acceder a más comi da y defenderse mejor de sus atacan tes te ruan
mayores probabilidades de sobrevivir y reproducirse. As í, Ya lo lar-
go de un dila tado periodo de tiempo, lI1dlV1duos
redes de manera es pontánea o que teman las pi Opl-
cias a la fo rmación de redes parti culares pose ían una ventaja en la
se lección natural. y con e l tiempo han tenninado siendo mayoría
dentro d e la poblaci ón. Las redes que h oy día formamos e mplean
di ferentes herrami entaS (como los tel éfonos móviles o Internet) y
operan en entornos distintos, pero las que tenernos de
conectar y organ izarnos e n grupos de amigos se han
en un momento en que la evolución genética ha favorecido unos
patrones e n detrimento de otros.
E L SORP RENDENTE PAPEL D E LA CONEX1ÓN EN LA COOPERACiÓN
La sel ección natural es despiadada. Sól o los indi viduos «mej or
adaptados» sobreviven y se re producen, trans mi tiendo sus genes a la
227
sigilÍente'generaci ón. Esto hace muy difíci l identificar las interaccic;>.
nes sociales. Supongatnos que uno tie ne te nde nci a a compartir Su
comida con amigos con los que no tiene ningún víncul o familiar. Si
la comi da escasea, mi generos idad contribuirá a que mi s amigos es-
tén mejor adaptados, pero uno estará menos adaptado (con menos
probabilidades de so brevivir). Por tan to, los genes que con tribuye n a
mi deseo de compartir comida so n men os susceptibles de ser transmi-
tidos que los genes q ue m e impulsa n a quedarme con toda la comida
pat-a mí so lo. ¿De dónde vien e es te de seo de compa rtir?
Ést e es el rompecabezas que pl antean la cooperació n y el al rru is,
rno: e n principio parece que las personas in cli nadas a ayudar a los
demás te ndría n menos probabilidades de so brevivi r que aq uellas
que sólo vela n por sus propios intereses. Expresado de manera más
formal , los cooperadores, que están di spuestos a asumir un costo per-
so nal por el bien del gr u po, tienen menos pro ba bilidades d e so bre"
vivir que los oportunistas O parásitos', que no asumen costo alguno,
pero que sí se benefician de las actividades del gm po. Por ejemplo,
hace cientos de mil es de años los humanos aprendie ron a cazar
grandes presas , y los gru pos que sabía n hace rl o adq ui rieron una '
ve ntaja en la se lección natural. Pero si cazar a un mastodonte en tra-
ña ries gos. ¿por qué no dejar que sea otro qui en lo cace? Si eres la!
persona más egoísta del grupo en principio parece qu e tendr ás más
probabilidades de so brevivi r.
En la novel a Amor perdurable, que se inicia con uno de los p asaj es
narrativos más acl amados de la ficci ón moderna, l an McEwan ofre-
ce un a vívida ilustraci ón del problema de la cooperación . U n globo
ae ros tático planea ce rca del sue lo en un verde prado inglés azotado
por fuertes vie ntos. Ac urrucado dentro de la cesta hay un niño asus-
tado, y fuera de la ces ta, colgado de una cuerda está su a buelo, que .
in tenta desesperadamente controlar el glo bo a n tes de que se Jo lle- ,
ve el viento . Pide auxi lio, y cin co hombres co rre n a ayuda rlo. Cada
LUl O de los se is hombres tiene ahora agarr ada la cuerda qu e sujeta al
, lobo y ninguno sigue las sugerencias de los demás; no hay un líder
los guíe. Llega u rr a nueva rach a de viento que eleva al globo tres
n etros so bre el suelo, llevando en vola ndas a los hombres. Si todos
, 1I 0s sigu e n agarrados, volverán al suelo de manera segura y rápida.
'ero uno d e ellos se suelta, y el glo bo, libe rado de las tre , se eleva
En ingl és. free riders. Literal rue n re, «viaj eros sin billete... . [N. del T.]
228
EsrÁrn NUESTR.", NATURAL E'.7.A
más. El resto de los hombres se e nfrenta a una difícil decisi ón. Otro
de ellos decide soltarse, y después otro , incrementando la presión
para que el resto lo siga, has ta que al final só lo queda un hombre
asido a la cuerda. Ese hombre , un hombre verdaderamente bueno,
en el que «la llama del altruismo [ ...] ardía con mayor f ue rza », resis-
te. Se lo lleva el viento y si gue al globo como la cola de una cometa
hasta que, ante el horror y la humillaci ón de los ci nco h ombres que
ahora contemplan la esc e na , no le queda otra opción que soltarse
de sde ci en metros de altura, precipitándose haci a su muerte. Co mo
escribió McEwan , esos se is hombres «encarnaban el d ilema ances-
tral e irresolubl e de la moralidad: o nosotros o YO>t
3
.
La buena noticia es que la gente a menudo ignora SllS tendencias
egoístas cuando In te ract úa con otros co n qu ienes está conectada.
En Suruiuor, T ina podría haber obligado a Keith a permanecer d,e
pie sobre el pilar, pero decidió coopera r Ylan za rse al agua cuando el
se lo pidi ó. y una gran di versidad de expen men tos de labora to ri o
que estudian di lemas entre altruismo y co?pe ración d_elnuesu-aIl que
los individuos deciden ayudar a los demas e n ap rOlo madamen te la
mitad de las ocasio nes, incluso a perso nas con las qu e nunca volve-
rán a interactuar. Así pues, parece que un a aplicación simplista de la
teoría de la evoluc ió n a la cuestió n de si tiene sentido ayudar a los
demás se ría incorrecta. El egoísmo no siempre da resultados. Si fue-
ra así , todos se ríamos ego ístas_
Pero en e l mundo real , fue ra del laboratorio , existen otras mu-
chas co nsideracio nes, porque vivimos en un a mara ña de interaccio-
nes de unos con otros y porque es tas int eracci ones se repiten y se
mantierten a lo largo del tiempo. Tina quizá cedió porque sabía que
competi ríajunto a Keith e n retos futuros y su .. Esto
es lo que los teóricos evoluci onistas denominan reciprocidad directa.
Si tienes varias oportunidades de cooperar con un a misma persona.
un a de las maneras de conseguir que esa persona le ayude es com-
prometerte a cooperar con ella e n el fu tur o . .
En un famoso e ingenioso estudio di señado para exammar la
ciprocidad, el poli t ólogo Robert Axelrod mostr ó que una es trategia
cooperativa denonlinada «oj o por ojo» es a menudo más que
sie mpre cooperar o sie mp re ser egoísta' . Según la regl a del «oJo por
ojo» uno coope ra la primera vez que se e ncue nt ras con una perso-
na, y a partir de a hí se li mi ta a rep ro d ucir exactamen te el comp,0:u'-
miento de esa persona o el de la última interacción. Esto eS1 bási ca-
' )')0
CoNECTADOS
mente, una inversión de la Regl a de Oro : trata a los demás como
quieres que te traten a ti. Si alguien coopera, ofréceJe cooperaci ón
en la siguiente interacción. Si al guien no coope ra, cas tígalo en la si-
guiente interacción no cooperando con él. Se nci llo , pero efi caz.
. En un mundo lleno de gen te que usa la estrategi a del «oj o por
oJo», la cooperación ocurrirá con tin uamen te. Pero e n un mundo lle-
no eg?ístas, alguien qu e use el «ojo por ojo» no prospe-
rara demasiado. S1 usas el «ojo por ojo» , la primera vez que te en-
cuenr:es con egoísta cooperarás co n él, pero él no lo hará contigo.
Habras aprendido la lecci ón e imitarás su comportamie nto en inte-
racciones fut uras. pe ro ese primer enc ue ntro significa que es más
probable que a él le vaya bien, ya que r ecibió al go de ti en vues tra
primera interacción. Si no te encue ntras con gente que se arriesgue
a cooperar, muy pronto tú y tus genes tendréis las horas contadas.
Esta situación co n d uj o al matemático Chris H auert y a sus co le-
gas a considerar otra posibilidad , desarroll ada en un importante
mod el o evoluti vo publicado p or la re vis ta Science en 2002' . En el es-
tud io de Axelrod y e n la mayoría de los mod el os teóricos anteriores'
los ::staban obligados a inter actuar entre sí. ¿Pero qué
pasana SI d ecidi eran no interactuar? En lugar de intentar cooperar
as um ie ndo el ri esgo d e que el o tro se aproveche sin ofrecer coope-
ración recíproca. un a persona podría arregl ársel as por su cuenta.
En o tras palabras. se podrían cortar los vínculos con otras personas
de la red. A los individ uos que adoptan es ta estrategia Hauert los de-
nominó «soli tarios» .
Utili zando in geniosas fórmulas matemáticas, .Hauer-t y sus cole -
gas demostraron q ue en un mundo lleno de solitarios es fácil que la
cooperación se desarroll e, porque no hay nadi e que se aproveche
de los cooperadores. Los so litarios se las arreglan por sí solos y los
coope radores forman redes con otros cooperadores. Pronto los coo-
peradores se convie rten e n mayoritarios, porque siempre prospe-
ran más que los so litarios. Pero una vez que el mundo está lleno de
cooperadores, es muy fáci l que a parezcan los oportu nistas, que di s-
fr utan de los fr utos de la cooperación sin aportar nada a cambio
(igual que los parásitos) . A medida que los oportunistas se convier-
ten en el tipo predominante en es ta sociedad, desaparecen los coo-
peradores de quienes se aprovecha n y emerge n de nuevo los solita-
l; OS, que no quieren tener nada que ver con esos sinve rgüenzas . En
resumen , la cooperación aparece porque juntos podemos hace r
230
EsTÁ EN NUESTRA NAT U RA L"ZA
más que por separado. Pero debido al problema de los oportuni stas,
el éxito de la cooperació n no está garan tizado.
Para U-atar con los oportunistas se necesita otro tipo de indivi-
duos, a los que llamaremos justicieros. En todas partes la gen te sien te
la necesidad de hace r cumplir las no rmas soci ales que so n violadas.
Hay personas que tocan la bocina cuando un coche se les echa e nci -
ma, aunque e l boci nazo no cambie en nada la situaci ón. Otros se
arriesgan a una confro ntación cuando piden a alguien qu e no fume
en una zo na de no fumado res. Y en muchas ocasio nes hay testi gos
inocentes que se ofrecen a prestar testimonio en un j u zga do so bre
algún crimen que han visto, a pesar de que eso suponerles un
peli gro. Todas es tas personas asu me n un pequeno costo para Impo-
ner un costO mayor a alguien qu e no coope ra. Y éste es otro tipo de
conexión. Los cooperadores conectan con o tros coope radores para
crear más; los oportunistas conectan para aprovecha rse de aquellos
que crean y losjusti ci eros e ntran enjuego para ahuyentar a los opor-
tunistas.
Las teor-ías so bre el cas tigo existen desde hace tiempo, pero siem-
pre han presentado difi cultades a la hora de explicar los o rígenes de
este tipo de conductas'' . En un mundo dominado por los oporrun1s-
tas , e l j usticiero debe utilizar su energía continuame nte para corre-
gir todas y ca da una de las transgres iones (lo que se antoja agotador).
Losjusticieros se ve rían so brepasados fácilmente . Sin embargo. en
un mundo de so litarios desconectados, los justicieros no tendrían a
qui én cas tigar. Siguiendo este razonam iento hemos creado nu estro
propio modelo, en e l que d emostrarnos que pequeños grupos de
cooperadores y justi ci eros podían evoluc ionar conj unta me nte. e n
un mundo de genle solitaria. y qu e es to resultaría en mayores nive-
les de conexión y cooperación para toda la poblaci ón",
Posteri ormente Hauert y sus colegas ampliaron nuestro modelo,
demostrando que en circ uns tancias generales creada una mezcla de
p e rsonas que cooperan y otras que n o lo hacen (oportunistas) ,j un-
to con personas que se conectan y otras que no lo hacen". Además
demostraron que la població n a menudo experimentaba cambios ,
con distintas pro porciones de ca da tipo d e individuo para cada mo-
mento . Al contrario que otros modelos qu e predicen un exceso o
una falta de cooperació n, e l model o ampliado muestra que la coo-
peraci ón se produci ría con frecuenci a e n un mundo en el
posible vigilar y castigar a los oportun istas, y en donde hubiera dife-
231
.... k CO.NECT.ADOS ESTÁ F..N NUESTRA NATURALEZA
rencias en la prop ensi ón de las personas a unirse a un grupo. En re.
sumen, el model o hace dos predi cciones. Algunas perso nas coopera_
.rán y otras no lo harán; y algunas personas estarán bien conectadas
de redes sociales, mi entras que otras -los so litarios- no J;
es taran.
L ARGA YrDA AL H a MO OICTYOUS
. Este tipo de diversidad e n e l comportamiento h u mano es muy
difícil de explicar para los ecoriormstas tradicionales. En econom
I . la,
e sobre los seres humanos co nsiste en supo-
que cada individuo toma sus decisiones sin tene r en cuenta los
Inte reses de los demás (salvo que es tos intereses entren en confl icto
Con los suyos pmp.ios). Desde esta perspectiva, e l motivo par a que
sUIJa la cooperaci ón es que las decisiones tomadas por los indiví.
d uos presen compatibilida.d de incentivos: yo te rasco la es palda p OI' .
que creo tu me la rascaras a mi . Si es tuviéramos en un a situac ión
e n la que a u fuera posible evitarlo, me negaría a ayudane. Ta n to tú
C?I:n
0
todos tus conocidos sabé is que si es tuvie rais en mi lugar ha-
lo mismo. En otras palabras, no existe ninguna
va nacion Inherente e n el grado en el qu e la gente está disp ues taa
ayudar los demás, y las redes sociales carece n de significado.
En efec to, el Homo economi cus habita un m undo brut al, dond e el
h ombre es un l o bo p ara e l hombre y n o exis te preocupaci ón por
el La expres ión Homo econornicus, de signi fica do
tan to iraruca, se empleó por primera vez hace por lo menos cien
: nos pa:a teoría de la especie humana segú n la cual
esta por mte res propi o y siempre en aras de obtener el mayor
personal a l menor costo posibl e . Pe ro ya antes, e n 1836, el
filosofo ] ohn Sruarr Mil l p ropugnó un model o del «ho mbre econó-
qui en hace aquello qu e le repo rte la mayor
can udad de bienes, comod idades y luj os con la menor cantidad de
trabajo y sacnficio físico posi bless", Esta visió n lle va impl ícita la idea
de que los s.eres hU1l1anOSso n perezosos y codiciosos, pero también
que son. racio nales, conscientes de Jo que les conviene y Con ini ciati-
va propia. En es te modelo no hay espacio para e l a ltruismo, yade-
mas deja completamente ínexpro rado el p roceso mediante e l cual
las personas empiezan a desear algo en concreto.
232
Proponemos una alternativa. El Homo dictyIYUS (del la tí n homo, «hom-
bre"y del griego dictyous, «red») u «hombre en red» es un a visió n de
la natu raleza hu mana qu e tiene en cuenta los orígenes del altru is-
mo y del castigo, y tambié n de los deseos y re pulsi ones. Esta perspec-
tiva nos permite dejar de lado el interés prop io como moto r de todo.
Dado que estamos conectados con los otros y que he mos evolucio-
nado de manera que nos importan los demás, tenemos en cuenta su
bienestar al lo mar decisiones sobre cómo actuar. Además, al subra-
yar e l hecho de q ue estamos integrados en una red, esta perspectiva
nos permite incluir de manera formal un elemento esencial en nues-
tra comprensión de los deseos de los individuos: los deseos de aque-
llos que los rodean. y, corno hernos visto, esto es válido para lodo,
desde nuestros hábitos de salud o nuestros gustos musicales has ta
nuestra decisión de votar o no. Queremos 10 mismo que quieren
aque llos co n quienes estamos conectados.
En efecto, en las redes sociales circula un fl uj o interminabl e d e
prefe renci as y deseos, p ropagando idiosincrasi as y genera ndo g us-
tos determinados. Al gunos de nuestros deseos básicos (como el in-
terés po r el sexo) n o de penden ta n to de los deseos específicos de los
que nos rodean . Pe ro tambié n tenemos much os deseos arbi tra-
rios - aque llos referidos a la ropa o a la música, por ejemplo-- que
es tán fuertemen te infl uidos por los demás . En otras pal abras, al gu-
n as cosas pueden gusta rnos más porqu e o tros también las desea n .
Una vez que, po r cualq uier motivo, surgen estas preferencias, se pue-
den difundir y amplificar a través de la red. No impo rta si es tas prefe-
rencias, deseos o gustos aparecen como irregularidades aleatori as o
si tiene n un o rigen más cons iste nte y fundame ntado (por ejemplo, la
ideología política y la re ligiosidad tienen e n parte un a base genéti-
ca) , el caso es q ue la red las am plifica y fluyen a través de e lla.
¿ QUIÉN MATÓ AL H a MO ECONONUCUS?
A partir de la década de 1970 los economistas menos tradiciona-
les empezaron a poner en tela de j uicio algunos de los supuestos
básicos de su disciplina, indagando sobre la cooperació n y e l origen
de los gustos. Muchos se quedaron sorprendidos por sus hallazgos.
En 1982 un grupo de economistas desarroll ó e l del ultimá-
tum », un experimento senc illo pero ingenioso en el que dos juga-
233
CONtCTADOS
Es"rA EN NUt:STRA NATURALEZA
e
dores nego cian sobre un billete de 10 dólares que les ha sido en tre_
gado por el d irector d el experimernot v. Se di ce aJ primer jugador
que de be hacer una «ofer ta» al segundOj'ugador sobre cómo re
irse I ' par-
urse os 10 dolares. La oferta podria ser dárselo todo queda- 1
d '" • rse o
to o, divi.dir-lo po,· la mi tad o e n cualq uier p roporci ón posi ble . El
segu ndo jugad o r debe d eci dir si acepta o re chaza la oferta. Si lá
acepta, clivi.de n e l dmero en función de lo acordado y se lo quedan.
SI e l segundo j ugador rechaza la oferta, nin<Yu no recibe nada S
acabó e lj uego. .,.e
Los economistas tradicionaJes, aquellos q ue suponen q ue tod os
los de sus model os son Horno economicus, es decir, que actúan
por razon.aron de la .siguiente manera: el segundojugador
p referirá conseglIl r aJgo d e di rie ro a no conseguir na da. Es to lo sabe
e l pnmer j ugad or: y piensa que el segundo jugador aceptará cual-
qurer oferta supenor a cero. Los economistas (trad icio naJes) predi-
j e ron el pnme r le ofrecería aJ segundo un centavo y se.
quedana con 9.99 dolares, y que el segundo j ugad or aceptaría la ·
oferta.
Pero no es ni mucho menos lo que ocurrió en realidad. En
los expen menlos ini cial es. real izados con estudiantes universitarios
estadounidenses, los economistas se encontraron con que los suje-
tos a menudo rechazaban ofe rtas bajas. Las ofertas d e d os dólares
fueron rech azadas en aproximadamente la mi tad de las ocasiones y
inferiores fuero n rechazadas con mayor frecuenc ia
Ademas, las personas que hici eron de primerjugador parecían sa-
ber qu e esto ocurriría, dado qu e las ofertas injustas fueron escasas.
La. o ferta más común fue un reparto al 50 po r ciento, y d e media el
pr;merjugado r ganó u n poco más que e l segu ndo, pe ro no m ucho
p uesto que e n las ofertas rechazadas ambos j ugadores lo pe r-
d: an todo. Dado q ue el primerj ugador parecía saber qué ofertas se-
nao y cuáles se rían rec hazadas sin tan siquiera habl ar con
e l segundo jugad or, su comportamiento era consistente con e l de
aJguien p urame nte por e l in te rés p ropio que inten ta ganar
la mayo r cantIdad de dmero posi ble. Sin embargo, e l comporta-
rmen to del segundo jugad or e ra completamente inexplicabl e. ¿Por
que uno o dos dólares extras de una persona anónima y
d esco noc ída y con la quejamás se volvería a cruzar?
Los experi mentos con j uegos d e ul timá t um llevaron a d esa rroll ar
otra serie de experimen tos con e l d e nomin ad o «juego d el di cta-
234
dar. , a fin de estudiar los efectos derivados d el poder del segu ndo
jugad or a la ho ra d e aceptar o :-echazar una oferta. En,este j uego,
el p rimerj ugad or recibe di ez dola res y los divide e ntre SI mismo y el
segundo jugador de la manera que mejor le p arezca. La diferencia
eS que aq uí e l segundoj ugador no puede hacer nada. La oferta d el
primerjugador se acepta sin más, siempre . Dado que el segu ndoj U-
¡rad a r carece de poder, los economistas esperaban e l p rimer
j ugador se que d a ra con todo el diner o, y de h e cho aSI fue e n mu-
chos casos. Pero en todavía más ocasiones no fue así. De media, el
primer jugador dio dos dólares aJ segundo. Los resul tados de este
experimento extremadame n te senci llo son muy difíciles de explicar
si pensamos que el comportamiento hu mano es tá guiado excl usiva-
mente por el interés propio. La gente estaba lite ralmente sacándose
dinero del bolsillo y regalándoselo a d esco nocidos.
Adem ás, el experimento demostró qu e e n tre un individuo Yotro
existen diferencias inherentes que pueden determi nar su cornpor-
tamieri to. En nuestro prop io estudio hemos mostrado c ómo la gen-
te que da más e n e1j uego d el di ctador es tam bié n la más prop ensa a
votar, a donar di nero para una campaña, a prese ntarse a unas elec-
ciones, a asistir a una manifestación ya ayudar a las víctimas del hu-
ta cán Ka rrina!". Tamb ién presenta puntuaci ones más elevadas en
pruebas ps icológicas desti nadas a evaluar e l carácter hu_rna.nitario
de las personas. Y, tal Y como predicen los modelos evolutivos de
H a ue r t encontramos diferencias e n la disposició n de los individuos
a costos personajes por ayuda.r a otros. Hay gen te que sólo
se preocupa de sí misma, pero la mayoría de nosotros tenemos en
cue n ta el bienestar y los intereses de los demás.
Situaci ones como éstas no so n del todo extraordi narias. De he-
cho en la vida real es tos j uegos de ultimátum tienen lugar de marre-
ra continua. Por ejemplo , en 2006 u n contratista llamad o Bob Kitts
es taba demoliendo los m u ros de una casa de 83 años d e a n tigüedad
cerca d el lago Er ie, e n O h io, cuando encon tró d os cajas me táli cas
de color verde cuidadosamente suspendidas po r alambres en el in-
te rior de una pared. De ntro de las cajas había unos sobres blancos
con e l membrete «P. Du nne News Agency- q ue contenían 182,000
dólares en billetes de la época de la Gran Depresión. Kitts, q uien
declaró que su educación le impedía actuar de cualq uier otra mane-
ra n otifi có su hall azzo a la dueña d e la casa, Amanda Ree ce, a n tigua , .,
compañera de clase del ins ti tu to y q uie n lo había contratado p ara
235
CoNT.CTADOS
EsTÁ NUESTRA NATURAllZA
237
<Iusrrial izado. y puso e n práctica losj ue gos con los Machiguenga. un
pueblo indígena d e l Amazonas peruano que é l esta ba
Curiosamente, estas gentes se comportaban de manera m ucho mas
«racional . que las d e l mundo d esarrollado. Aquellos que desempe-
ñaban e l pape l del p rimer jugador e n e l j uego d el ul timátum hicie-
ron ofertas más bajas , y los segund osjugadores tendieron a aceptar-
las, un resul tado much o más pr óximo a las predi cci ones de los
economistas tradicionales.
El «valor aúpico Machi guenga» se convirtió rápidamente en una
cu riosidad p ara divers os investi gadores, var ios d e los cuales d ecidie-
ron unirse a Henri ch en un consreso de tres días de duraci ón e n la
U nivers idad d e Califo rnia, Los An gel es. e n 1997. Allí di señaron un
estudio que se distribuiría a todos los rincones d e l mundo para lle-
var los juego s d e l ultimátum y del di ctador a gen tes de diversas
sociedades a pequeña escala. La lista d e países y p uebl os a est udi ar
incluía Bolivia (Ts irnan é) , Ch ile (Ma puche) , Ecuador (Ach uar, QtU-
chua), Kenia (O r ma), Tan zania (Hadza, Sangu) , Indonesia (Lamal e-
ra) , Mongolia (Torgu ud, Khazax) , Papúa Nueva Guinea Gllau):
Perú (Machi guenga) y Zimbabue (Shona) . El grupo tambi én realiz ó
experimentos de control en escenarios tan «exó ticos» co mo Ano.
Arbor, Michigan y Brentwood, California. En la mayoría d e los casos
se ofreció a los sujetos cantidades sustanciales de di nero. Para asegu-
rarse de que las decisiones se tomarían en serio se negociaba so bre
el equivalente a un jornalo más.
El resultado fu e q ue los Mach iguenga no estaban so los. De u na
sociedad a otra había importan tes variaciones, tanto en la oferta ini-
cia! co mo en la tenden cia a rechazar ofertas injustas. Los participa n-
te s d e Ann Arbor, Michigan, se comportaron como Jo h ici eron los
estudiantes universitari os , con una oferta media del 44 por ciento
por parte de l primer jugador e n e l juego de l u ltim átum. Los Hadza
de Tanza nia y los Quichua d e Ecuador o frecie ron mucho menos
qu e los estudian tes universitarios, un 27 por ciento de media.
tan to, los Lamalera de Jn d o nesia y los Aché d e Paraguay ofrecieron ,
algo más (58 y 51 por cie nto respectivamente ) . , . .
Los an tropólogos que realizaron es te estudio teman cW; 0sl da_d
pOI' conocer los motivos por los q ue al gun os g rupos o frecían mas
dinero que otros y decidi eron exammar van os aspectos de cada so-
ciedad. incluyendo la naturaleza y el orige n d el idi oma lo cal y la,re-
la ción d e sus habi tantes con el e n tom o físico . Al gunos grupos vivían
236
B USCANDO AL H OMO ECONONUCUS POR TODO EL MUNDO
que re!ormara la casa. Las fotos que se hicieron los muestran aJ egres
y son riemes, se ntados en el suelo cerca de una mesa baja cubi erta
con fajos d e bille tes bien ali nead os.
Los problem as comenzaro n poco después, cuando di scuti era
' . n
<:,0010 rep_arnr el dine.ro. Reece le ofreció a Kitt.s e l lO por cien to.
Es te quena el 40 por CIe nto. Es posible que si Re ece hubi e ra conoci_
d o los resul tad o d eljuego d el ultimátum su primera o fe rta h ubiera
sido más alta, y con e IJo se habrían ahorrado un mont ón d e probh-,
mas. Co mo fueron incapaces de ponerse de acu erdo en un repart
. °
J usto, la información se filtr ó y el periódico lo cal Cleveland Plain Dea_
ter publicó la noticia d el hallazgo del dinero e n di ci embre d e 2007.
llamando la a te nción de los herederos d e Dunne (que e ran 21 en to-
tal ). Nat w-a!mente, quer ían e l dinero. Entre tanto. Reece se había
gastado una parte en un viaje a H awa¡ y mantenía que le habían ro-
bado 60,000 d ó lares d e una caja de za patos guard ada e n su armario.
Al final no quedaba mucho que repartir entre Ree ce, Kitrs y los he-
rederos d e Dunne. Un a bogad o de los Dunne resumió la situación
can crudeza: «Si estos dos individuos se hubieran sentado a resolver
sus disputas y se hubi eran repartido el dinero. los herederos no se
e nterado n unca. Como f ue ron incapaces de sentarse y re-
partírselo de una manera racional, ambos acabaron perdi endo»1 2.
Los experimentos eco nómi cos que hemos des crit o se desarrolla-
ron casi excl usivamente en campus un ivers itarios estadounidenses.
Este tipo de investi gación normal mente suel e atraer a es tudiantes
d e dine ro. por l o que algunos han seña lado que sabe-
nos mas so bre los es tudiantes universitarios estadounidenses de se-
rundo q,ue so bre cualquier otra especie animal. Sin em bargo,
mvesugadores d e o tr os países lle van a cabo los juegos d el
110 matU1n y de l di ctador con estudiantes locales los resul tados so n
nuy similares . La excepc ión más notable se da entre los estudiantes
le Ec o nómicas d e primer ciclo. Les han e nseñado que e l interés
-rop ro es la opción más racional, así es que Son significativalnente
lenas propensos a colaborar-P.
El a n u'opólogoJ oseph Henrich se preguntaba si es tos resul tados
o drían general izarse para gente que no pertene ci e ra al mundo in-
239
EsTÁ EN NUESTRA NATURALEZA
• El nombre del puebl o, Twinsburg, significa «ciudad de geme los... [N. del T.]
ido conectando progresivamente, incluso a desconocidos. 1'; como
veremos en el capítu lo 8, este desarrollo se ha tras ladado del mundo
real al cibe respacio. Pero no todos somos en granajes in tercambi a-
bies e n una máquina. Los se res humanos presentan cl aras diferen-
cias en su propensión a cuidar de los demás y e n su capacidad de
conectar. Aunque nues tras experie ncias vitales pued an influir sobre
nue stra di sposici ón a ayudar a desconocidos o e ntablar amistades,
está cl aro que llevamos esas diferenci as e n lo más hondo de nu estro
ser desde hace mucho tiempo, cuan do nu estros ancestros apren-
dían a vivirj untos e n pequeños grupos.
Los an tropólogos creen que co menzamos a cazar grandes presas
hace medio millón de atl as. Esto fue un a toda una inn ovación, por-
que entonces los anim ales gran des eran a bundantes y con una sola
presa se podía al imentar al gm po durante varios días . Sin emba rgo,
para tener éxito nuestros ancestros humanos tuvi eron que cooperar.
y ya hemos visto que la participación e n un gm po gene ra varias estra-
tegi as posibles de coexistencia. Algunas personas van po r su cu enta,
otras contri buye n al grupo, o tras se aprovechan del esfuerzo de los
demás y hay qui en voluntaria mente castiga a los que se ap rovechan. Si
és ta ha sido la co ndición humana durante cientos de mil es de años,
quizá nu estro comportamie nto en red no sea simple mente el resul ta-
do d e los mercados o de una densidad de población creciente. Po-
dríamos haber evolucio nado genéti camente para adaptarnos a los
riesgos y oportunidades derivadas de la coo peració n e n grupo. Si así
fuera, esperaríamos hallar pruebas de nue stro co mportamien to coo-
perativo y tendencia a conectar es cri tas en nuestro ADN.
Para probar esta teoría empezamos en un lugar «insó li to» . En el
ve rano d e 2006 viaj amos con nuestro colega Chris Dawes a un tran-
quil o pueblo llamado Twi ns burg, e n pleno O hio rural . Allí se cele-
bra un festi val an ual con j uegos de carnaval, cabal gatas y churros; e n
muchos aspectos se parece a cualquie r otra feri a rural. Pero este fes- .
tiva l es diferente. Se comenzó a ce le brar e n 1976, cuan do algunos
ciudada nos p ensaron que se ría bonito fe stej ar e l nombre del pue-
bl o dedi cando un día de las cele braciones del bicen te nario de la In-
dependencia de Estados Unidos a los gemelos. En ese primer año 37
parej as de ge melos se presentaron y fu e un gran éxito. En 1985 más
de mil pa rej as de gemelos acudieron al festi val d el día de los geme-
238
en bosques, o tros e n llan uras y o tros e n desierto Al
zadores-recolectores, Otros past ores otros s. e ran Ca-
Unos llevaban vida se dentari a establ Y
d
p equenos granj eros.
eran nómadas, cubrie ndo d ' eci e n un lugar Fu
o
, y o tros
dad de Sus sociedades tambié s lStanClas. El grado de COmplej i_
en la famili a a Otras era muy vari ado, desde algunas basadas
o poblados. J as e n to rno a grupos de familias, tri bUs
Sin e mbargo, las variables ue -
más eSlrechamente con las d:
c
q ,pareClan es tar corre lacionadas
Ueren clas en el com . - .
gr upos eran explíci tamente social U pOI tamlento de los
do de anonimato, una rnedición na de vaIiabl es era el gra.
i nteractu aba con desconoc.d P ecuencía con la que cada g rupo
lOS. or ej empl o I A h
dor casi nunca ve ían a deseo .d • os e uar de Ecua-
se los e ncontraban .I?s Shona de
qu e realizaban transaccí d am bl en la frecuenCIa COn la
ccro n es e mercad . b
di stin tos gru pos, Los r ecolect H d o vana a mucho en tre los
o res a za e n Tan' ,
mente autosufi ci entes y po ta Zanja e ran practi ca-
r oto mantenían' . . ,
los mercados. mi entras u . poca ¡nteracCIon COIl
nudo comp raban y gl como Orma de Kenia a me-
J ornales de manera espora'd
g a
, y tambl en trab<yaban ganando
rca.
. Los investigadores concl uyeron que Jos
mayor co ntacto Con desco no id grupos que mantenían
CJ os eran los más li
lo que denominaron un comporta . . proc tves a presen tar
labo raron con o tros en e lj ue o d f>r;>soczaL Esto sign ifica que co-
das pero tambi é b g e u umaturn haci endo ofe r tas e leva
, len es ta an di sp . -
palabras, a medida u e los uestos a rechaza r ofer tas b,yas. En o tr as
unidad fa mih q grupos expanden sus redes más all á de la '
lar, parecen tender a corn
e l Homoeconomicus portarse cada vez menos como
ym as COmo el Homo dicty Lasi .
lizada por los economistas d . ous. Simp lificación rea-
acerca e una persona fr
nada a sus semejantes sería válid que o ece poco o
dos , privados de interaccio' aal
Po r
tanto sol o para individuos ai sla-
n sOCJ . un es tado q <' .
contrar ni siquiera en las ue no es fácil de en-
. partes mas remotas del d
ha SIdo característico de la con Ii .' h . mun o y que nunca
e rcro n umana.
ApRENDER DE LOS GEMELOS
A lo largo d e la hi storia n os hemos id o a .
te en cl anes y aldeas is tard grupando paulatmamen_
, y mas tar e e n pueblos y ciudades. Nos hemos

EsTÁ EN' NUESTRA NATURALEZA
l os, y hoy día con tin úan as istie ndo al m ' .
festival ha pasado a ser la ma o r con .ntmo, con lo que el
d el mundo y centracLOn anual de gemelos
Cada año las celebrac iones ca mi
de salc hichas pa ra los g I e nza n con una barbacoa a base
. . e me os y sus familias seg id d
mi entas ablen os al ptibt¡ ti , a e entl-ete-tli_
ICO, como e l d esfil e de . d
el que los genlelos pasean de d l «mua a doble», en
nos de la feria, y d e una seri sd e e cen tro del p ue blo hasta los te rre_
d
. e e concursos e n tre ge 1 .
o vanas competic io nes d el tí me os, Inc1 uyen_
. e po «mas parec 'd
c idos». En un lalera Lde J e . l OS» y «menos pa(e-
_ < a le n a se desarrolla Otr -
mas di scre to . De cenas d e . - d o espectacul o bas tante
invesuga ores d e t d 1
cada año a Twinsbu rg p ar a • d i I o o e mund o acuden
los gemelos. Instal ados ..u d
lar
a salud y e l comportaJniento de
. e n uen as de cam - los ¡ .
Interrogan a los geme los sobre s . c. . pana, os Investigadores.
u mtancra toma
y sang l-e, les examinan la vista y 1 d .' n de saliva
taduras. Los e o rno e Incluso les r evi san las den-
. que se somete n al es t di .
d mero, que p ueden tar e n las . u 10 reci ben al go d e
suele haber d e laa:::
lOnes
de la fe ria, De h echo,
bnentos vo llUltari os se agol de c órner; cuando los ham-,
- . pan en torno a la ti d
gurr dinero con que parra rse h s e n as para conse-
. b unos c UTTOS
A los m vesti gadores les g usta acudir al . . 1
los ofrecen una opor tu nid d _ , fes tiva! po rque los gerne-
rn el os monoci CTóticos so id para estudiar los genes. Los ge-
. o n I e nneos: compart
las vanan ces de todos I en exacl:.:l.ffien te todas
o, genes que com
melas son di cigóticos y d e di _ p onen su ADN. O tros ge-
ge nes. Las di fe ,-enci as ' en e l comparten la mi tad d e sus
LJ n poderoso experirne nto ngatu 1 e slffiJ lltud genética res ul tan ser-
,n ra que nos perrní . _
nuuyen los o-e nes en una d' te es tunar cuanto
o e tenrunada ca .
os ge lnelos idénti cos . . . . raclensllca. Por ejemplo
cas¡ sIempre tienen 1 d - '
>ero los genlelos di cig óu os oj os e l lTI IS mo co lor
, cos a menudo los ti d '
ssto parece sugerir qu l e nen e co lo r distinto.
e os genes desempeñ
le los ojos, y d e he cho lo s generí , an un papel en el colo r
- e rie usras han id enuñ d .
speclficos qu e de ternÜnan e l c i d. ca o vanos genes
)S cien líficos pueden es ti lo or e ojos. De la misma mane ra
mar e papel d e e - d '
n c ualqUier Otro rasgo fisl co al ca s o por los genes
)S monoci góti cos con la si Ji d rnpar ar la slmduud entre geme-
. Sll1l1 tu entre g emel di e¡ -.
xisten diferenci as los g . . os IClgOUCOS. Si no
, e nes n o Son signif . S' .
as , la magnitud d e és tas' di _ canvos. I hay diferen-
:: nes. In reara en qu é medida se deben a los
240
Este método d e estudiar gemelos no carece de de tractores, Algu-
nOSargwnentan que si los gemelos se clasifican a sí mi smos como idén-
ticos procurarán siempre parecerse el uno al otro, su familia los tratará
así y también sus ami gos. Por tan to su parecido se deberá a motivos so-
ciales, no genéticos . Si los gemelos idénti cos se visten de la mi sma ma-
nera, comen lo mismo y ven las mismas películ as, pued e que se d eba a
que su entorno social los anima a parecerse e ntre sí. Esta crítica ha
sido refutada de forrna ingeni osa. Haygemelos que so n erróneamente
considerados idénticos, y basta una simple prueba gené tica para de-
moSU-ar que no lo son. Si es el entorno social lo que real mente hace
que los gemelos sean más parecidos, entonces Jos gemelos tomados
po r idénticos deberían se r tan parecidos e ntre sí como unos geme-
los id énticos verdaderos. Pero cuando los cie n úficos llevan a cabo
pruebas sobre una variedad de caracte rísticas (in tel igencia, personali-
dad, actitudes y d emás) se encue n tran con que los gemelos aparente--
mente idénti cos no se parecen más entre sí que unos gemelos dicigó ti-
coso Esto significa que la si militu d se produce por estados genéticos
idénticos y no corno co nsecue ncia de un a a u ropercepci ón".
En Twinsburg uti lizamos e l método d e estud io d e gemelos para
medir el papel que des empeñan los genes en una prueba sim ple d e
cooperación denominada e l «juego de la confianza». En este experi-
mento pusimos a cada gemelo con un desconocido y les asignamos
los roles de primer jugador y segu ndo jugador. Le dimos al primer
jugador 10 d ólares y le pedirnos que d ecidie ra cuánto dine ro d arle
al segu ndo. También les dijimos a ambo s jugadores que cada d ó lar
e n tregado al segundo jugador ser ía tripticado , de mane ra q ue si,
por ej emplo, e l primerjugador e n tregaba los 10 d ól ares, el segundo
recibirí a 30, A co n ti n uació n se preguntaba al segundojugador cuán-
to dinero querría d evolverl e a l primero (esta vez sin triplicar). Así, si
e l segundo j ugad or h ubi era re cibido 30 d ólares y quisie ra repa rtir-
selos a medias con el primerj ugador, le claLia 15 d ól ares y se guarda-
ría 15 para é l. Co mo resul tado, el primerjugador ganaría 5 d ól ar es,
Este j uego se llama «de confianza» porque la decisi ón del primer
jugador refl ej a e l grado de confianza q ue tiene en que el segundoju-
gado r le devuel va parte del dine ro. Cuanto más dinero entregue, ma-
yo r será su confianza e n e l segundoj ugador, Anál ogamente, la deci-
sió n de l segundojugador nos indi ca hasta qué punto es merecedor
de esa confianza. Cuan to más di nero devue lva, mej or estará corres-
pondiendo a la generosidad inici al del primerjugador, Val ores al tos
241

de confianza y de d errci
. correspon enca a la confianza indi can
portamJento prosocial, más cooperativo. un
A lo largo de dos veranos e n Twi nsbu r real"
to can unos o chocientos gemelos, cadaguno el
con un desconocido Com e e os emparejado
melas idén ticos con ios de los resultados de ge-
los genes influyoo sign"fi " os IClgOtlCOS y d escubrimos que
1 IcatIvamente tanto 1 fi
la co rres po nde ncia a la co nfianz a. y e n a co n lan.za como en
ces que tan a menudo ocu ¡ por uno de esos accl de ntes feli-
intercambiáramos correos cle ncla
D
, la : as uaJ idad hizo que
. ICOS Co n avi d e '.
n orrusra d el Massa chusetts Ins ti tu te of Tl esanru, un eco-
ll evando a ca bo exacta men te 1 " echn o logy (MI T) q ue estaba
d
" " as rmsmas pruebas c " .
e p arej as d e gemelos en S . Y on vanos CIentos
. uecr a resul tó que I l
es tudIOS e ran cas i id én tico l os resu tados de sus
s a os nuestros asf .
fu erzas y publicamos n uestr dO ' . I que uni mos nuestras
D d os es tu lOS COIlJun tamen tel6
es e e nto nces, Da vid Cesari ni Ch r-í .
los genes influyen e n e l com r rr s Dawes han co ncl uido q ue
y d e l ul timáulm Esto SI·gnifjPortamlento en los juegos d e l d ictad or
. lCa que la ca .
castigo y e l aprove charse del esfue operaClOn, el el
escritos en n uestro ADN N b rzo ajeno (o portunISmo) están
cías vital es tie nen un . o ca e duda de que nuestras experie n_
per o p or primera vez he unpacto sobre todas es tas características
mas e ncon trad o b d '
dad e n estas preferencias sociales es prue as e que la di versi-'
nuestra evolución ge né n ' al menos e n parte, resultado de
ca.
I
,
LAs REDES TAMB (ÉN ESTÁN EN NUESTROS GENES
La sociabilidad huma 1 .
genéticas. Los simi os fo::::n redules sociales tie nen antiguas raíces
l
· vm c os cazan e n g ru .
a zos social es durad eros y de 11 b ti ' . po, mantienen
e o o trene n ventaras
esperanza d e vida y re prod __ P " en temu nos de
# • UCCI OO. e ro en los h
te n sucas se llevan a Otro . 1d i . umanos es tas carac,
mve rstan to La tend . e
n es sociales más allá d I ' e ncia a rorrnar unio-
. e a me ra reproducci ón tá bi 1- .
codilicada e n los seres human . b . es 10 oglcamen le
. - os . uscamos amigos . I
Jas para la reproducción Ygra . . ' no sl mp es pa re-
d
. Clas a nuestras mvesti .
escubierto que l os genes ta bi é d _ gaciones hemos
m len esempenan fu '
gunos de los aspectos más I . una n er ón e n al-
socia les. De hecho los g com p ej os de la es tructura d e las redes
. cne.s uenen un gran impacto no só lo en si
242
somos o no amistosos, sino tambié n a la hora de d e termina - e n
qué luga r d e la a mp lia red social que nos rodea a te r ri za mos.
Para explorar e l papel d e los genes e n las r ed es soci al es es tud ia-
mos a 1,100 gemel os extraídos d e una muestra nacional d e 90, 115
adol es centes pro cedentes de 142 escue las (ésta es la mi sma muestra
de Add Hea lth q ue se empleó pa ra estudiar el comp o rtamie n to sex ual
ad olescente, tal y como vimos e n el capítulo 3) 17 A est os al u mn os se
les preguntó acerca de sus redes de amigos, y además se conocían
las redes de amistad de cada escuela, así como la posició n exacta de
cada alumno e n la red. Empezamos estudiando la pieza fu n damen-
tal de una re d social humana: e l n úmero de veces que se menci ona a
una persona co mo amigo . Nos encontramos con que los factores
ge né ticos e ran m uy importan tes y expli caban e l 46 po r cien to d e la
va riación en los nive les de populari dad de los es tudian tes . De me-
dia, una persona con ci nco ami gos tiene una composición genéti ca
diferente d e una pe rsona que sólo ti ene un ami go .
Por sí solo este resul tado no es demasiado so rprendente . Ya sa-
bíamos q ue la simetría faci a l se hereda y se asocia a la be lleza, y es to
p uede exp licar por q ué hay pe rsonas q ue de forma natu ral atraen a
más amigos. Si n e mbargo, lo so rp renden te fue que in cl uso los as-
pectos estructurales de o rde n supe rior respe cto a la posici ón de
una persona e n la red parecían estar bajo influencia de los genes.
Nuestros ge nes no sólo afectan al número d e ami gos que tenemos,
sino tambi én a nuestra posición e n la red: en e l ce ntro o e n la perife-
ria. De media, las personas que ocupan e l centro de la red tienen una
composición genética distinta a aquellas situadas en la periferia.
Tambi én estu d iamos el efecto d e l os genes e n el grado d e inter-
conexión de los amigos de un individuo dete rrn inado. Re corde mos
que la transitividad refleja la probabilidad de que dos amigos míos se
hagan amigos e ntre sí. Las perso nas con al ta transitividad viven en
grupos d ensame nte con ectados e n los que todo ",1 mundo se cono-
ce. Po r contra, la gente co n baj a transitividad tie nde a tener amigos
repartidos e n varios grupos dis tintos, y a menudo actúa corno puen-
te e ntre unos y otros . En nuestro estudi o d escubrirnos que la transi-
ti vidad ti e ne un componen te her e ditar io significativo , dado que el
47 por ciento d e su variación se d e be a d ifer enci as e n los genes . Por
tanto, una persona con ci nco amigos qu e se co nocen e ntre ellos y
una pe rso na con cinco amigos que no se conocen e ntre e llos tiene n,
de media, una composición genética di stinta.
243
De es te ha llazgo se despr ende que si con ocié ramos qué ge nes
participan en la transi tividad p odríamos usar esa informaci ón sobre
una p erson a para predecir si es probable que o tras dos personas Se
hagan amj?"s. SiJuani to, Pepito yJ aÜnito están e n un mismo grupo,
¿significara es to que los genes deJuanito pu edan afectar a la posible
a mistad e ntre Pepito yJ aimi to ?
¿Cómo puede ser es to? Recordemos que e n el capítulo 3 ill seuti-
mos acerca de córno la gen te suele conocer a sus parej as a través de
terceras personas . Las presentaci on es son un e le mento clave de la
vida huma na. Pe ro no todo el mundo se dedica a reunir a sus arrugos.
De hecho, haygente q ue Intenra evitarlo a toda costa. En un memora,
ble e pisodio de Seinfeld, e l personaje de George Constanza intentaba
impedir como f uera q ue sus dos grupos d e amigos se acabaran cono-
ciendo, porque e Uo, afirmaba, «sería e l fin del George independien_
te ». Este episodio resumía perfectamente en el es píritu de la época y
di o a la «leon a de los mundos en co lisió n», la cual, según el UT-
ban D z.ctwnnary, que recoge el argot norteameri cano, «sos tiene que
un hombre debe mantene r su vida personal (amistades) se parada de
su vida afectiva (por ejemp lo, su novia) . Si e ntran e n cornacto (por-
que su novi a se hi ciera amiga de sus amigos) los dos mundos sal tarán
por l os aires»1 8. .
Basándonos e n nuestros hallazgos sobre la herencia de los atri- '
butos de red soci a l, h e mos desarrof lado un modelo matemáti co
acerca de có mo se forman las redes sociales . Es te mode lo de «atrae '
y presenta. es tá co ns tr- ui d o sobre dos sencilios supuestos. En pri-.
lugar, hay personas que son más atractivas qu e otras , ya sea
físi camenre o de o tra manera. así es qu e aparecen menci onadas
como amjgos m ás a menudo. En segundo lu gar, hay p ersonas que
son m ás propensas a presentar nuevos amigos a
su CIrculo de a mis tades o a intentar emparejar a sus amigos (de
manera que estas personas mejoran s u transitividad de manera in-
directa ) .
Estos dos comportam ie ntos influyen en la posi ci ón. ITI ás o menos
central. qu e ocupamos e n la red. La di versidad en estas decisi ones
(ya sean conscie n tes o no ) da l ugar a un a asombrosa canti dad de
posici ones posibles den tro de nuestra red social , y esto a su vez tiene
importantes en nuestras vidas. Si los genes pueden
determinar o no S1 nos e ncontramos en el cen tro o e n la periferia de
una red social , también pueden afectar a la velocidad con la que nos
esT Á EN NUESTRA. NATURALl:l.J1.
245
llega un rumor (el centro es mejor) o la probabilidad de co ntraer
una enfermedad e pidém ica (el cen tro es peor) .
Lo deseable de estas posiciones varia dependiendo de las circuns-
tancias (adq uis ició n de informaci ón, evitar un virus), lo que ayuda a
expli car p or qué no Ladas las posici ones e n las redes sociales humanas
son idénticas. Si sie mpre fuera beneficioso tener cierto número de
amizos y cieno número de conexi ones e ntre ellos, nuestro mundo
" d -
social sería un e n tramado predecible yaburri o, como a tamos atra-
pados e n un cristal de sal . Todos tendríamos el mismo ti po de red.
Las características que son siempre adaptativas oenden a al can-
zar lo que los ge netistas han denominado la fijación e n la
a largo plazo. lodo el mundo se parece. Pero cuando e xiste n presto-
nes contradictorias -en las que bajo unas circuns tancias una carac-
terísti ca es benefici osa, pero en otras no lo es- es posibl e mantener
la diversidad en la poblaci ón ante la selección natural. Si fuera ven-
tajoso que todos tuvi ésemos la misma estatura. todos la tendríamos.
porque hace much o que la sel ección natural habría e li m inad o a los
muy altos y a los muy baj os. De igual modo , si sólo una clase de r ed
social y una posición dentro de ella fueran óp ti mas, todos tendría-
mos e l mismo tipo de redes sociales y ocuparíamos posi ci ones idén-
'ticas dentro de e llas.
Probablemente existan muchas r azones q ue exp lique n la varia-
ci ón ge néti ca e n la capacidad .de atraer amigos o en el deseo de p re-
sentados unos a otros. Tener más amigos puede suponer mayor apo-
yo social bajo algunas ci rc u nstancias, o mayores co nflictos en otras.
Tene r conexiones sociales más densas (mayor transitividad) puede
mej orar la soli da ri dad del grupo, pero también puede ai slar al gru-
po de la infl uencia o informaci ón beneficiosa procedente de
de fuera. Sin embargo, lo más importante es que las redes so ciales
pueden contribuir a la funci ón adaptativa de transmitir es tados emo-
cionales, recurs os materiales e información entre individuos.
Algunas de las ca racterísticas que hemos demostrado que se
transm..iten por medio de las redes sociales tambi én parecen se r.he-
redables (como la obesidad , e l fumar, la fel icidad y el co rrrpor- tarruen-
to político ) . Esto signilica que un entendimi ento pleno de estas ca-
racterísti cas seguramente requerirá una mejor comprens ió n de los
factores que determinan la influencia de los genes sob re la es truct u-
ra de la r ed social, y también de cómo han podido evolucionar los
patrones que hoy reconocemos en nuestras redes.
244
Es-rÁ. EN NUESTRA N ATURAL.E7.A,
.. . . 1 ca í tulo 2 vi.mos que las emoci ones pue-
das son sugeren tes. En e p a y que los individuos que se
d e pe rso na en person ,
den propaga rse tras a d esconectarse d e l a red .
I ás p ropensos que o
sien ten so os so n ibl e u e los genes r egu le n la estructura
Como n uestros es ta dos de án imo.
de nuestras r e es SOCl taia cuan do el resto d e la p o bla-
r - su pone u na ven 'J
Si se r un so r tari o _ d ores oportunistas o justicieros,
' " ti tui d a por coo pe1a ,
uión esta cons I f a>a los genes que promueven
le cci é n a tura avorecer
en tonces la se eccio n Sin e m bargo , las ve n tajas de
la se nsación d e soledad y la p ropagan . 'límite su perior al núm e ro
lar conectado implican que exist e un .
personas que podrían benefi ci arse de Ir por su cuen ta,
247
TOPILLOS, MACACOS, VACAS Y SENADO RES
> . . u e un f enómeno comp lejo que segu-
La co nexió n SOCIal co nstlt y bableme nte esté
. Ji ue a cen tenares d e genes y q ue p ro
ramente rmp q .. e n tre éstos y e l en to r no.
. , erabl es mte r accr ories
i nfluido po r In n UID Ifi rece n te ner efectos verdadera-
Pero algu nos genes e.spe:
fi
ICOSh
Pa
d emost rado que u na Única va-
mente n otabl es. Los ci enu cos t d e apaream ie nto y cria.nza
u .1 comportamIen o
riante de gen.exp i ca e s21 Los machos d e topillo d e la prade ra
en una espe.ele d e r oedore - . i éridose a su primera pareja
di d la monogamIa , 'u rn .
son e l para Igma e " E cambio los m achos d e to pt-
id íd do d e sus cnas . n ,
de por VI a y CUI an í s oromiscuo s menos propensos
Uo d,e la montaña "so n e n comportami e n to
a cu idar d e sus cn as . Esta u e la evolu ción n o siempre d a lugar a
de apaream ien to sugIe re q id íamo s moral es, A ve-
. los humanos co nSl erar
comportamientos er nidad i r responsable. Pero, lo que
ces promueve la lujuri a y la pa
l
t d i fe r eri ci a que un único gen
> . tan te muestra a gr an 1
es mas Impar • - los animales se conecta n
bl la ma nera en que
puede esta ecer en li zari estigaciones simila res e n se-
" 1 II do a rea Izar m v
e n tre SI. Y esto l a eva d las pe rsonas con cierta va-
h an mostra o que
res humanos, que . .d d 1 as tan te más diner o a recepto-
. rel aci ona o a n ) "
n a nte en u n gen ,. d 1 d' ta d o r es d ecir que son mas
res anónimos e n e l Jue go e l C , ,
. 1 22
prosoCla 1de los genes en las re d es social es y en el comporta-
Dado e pap e . I h ch o de que otros an i males pare cen afee-
m ien to cooperauvo, y e e . .1 odr ía pare cer que las r edes
tados por los genes d e manera sirru ar, p
246
CONECTA OOS
Los genes p odrían influi r en nuestra tendenci a a formar redes
sociales regulando nuestros estados emocio nales_ Cuando las ne ce_
sidades básicas d e intimidad, amor y co nexión social no se cumplen,
las personas a menudo se sie n te n solas . Sentirse so lo n o es lo mismo
que es tar solo, y a menudo se produce una disparidad e n tre la se nsa_
ción psicológi ca d e d esconexión experi men ta da por un sujeto y el
punto d e vista más o bjetivo, sociológico, d el lugar que ocupa esa
per sona dentro d e u na red social. Los sen timien tos d e soledad pue.
d e n su rgir d e la discrepancia e n t re n uestr o d eseo d e conexi ó n So-
cial y nuestras conexiones sociales real es.
En términos de supervi vencia exis te un benefi cio para aq uellos
que e ncuentran utilidad en las rel aci ones sociales, y esto habría pro-
movid o la se lección genética d e Individuos con ese tipo d e r espuesta
e mocional. Sin embargo , e n los m od e los evo lutivos d escritos an te-
ri o r mente ya he mos comproba do que para los SOli ta rios (a q uellos
que d eciden n o participar d e las actividades del gr upo) la su pervi_
venci a es posibl e . El psicól ogo J ohn Cacio p po y sus colegas hacen
m ás concreta esta predicci ón matemá tica con el argumento de que
hace muchos mil es d e a ños los cazadores-recolectores que luchaban
por s u supervive ncia en épocas ele desnutri ci ó n podrían haber con-
siderad o n o compar tir Sus alimentos con su famili a; es d ecir, podrian
h aber adop ta do la es trate gia del so jjtario
l 9
• Los individuos que no
sin ti e ran so le dad ante la ause nci a de fami lia o amigos qui zá tuvi eran
mejores p robabilidades d e sobrevivir, pero sus crías h abrían te n í-
d o menos p robabilid ades de so brevivir d ada la falta d e al i mentos.
En cam bio, los individuos propensos a compartir sus alimentos
Can o tros habrian reducid o sus pr obabilidades de supervi vencia, pero
i ncreln entado las d e sus drías, lo que sugiere que n o existe una única
estrateg ia que sea mej o r q ue o tra. En consecuencia, evolucio naron
una di ve r·sidad de sen tÜni entos so br e estar conec tado ycompan ir con .
otros, lo q ue ha llevado a diferenci as h e redables en la so ledad e n
ad ul tos . Es tudios reci entes sobre 8.387 gemelos d el Regis tro de Ge-
melos d e Holan da confi nnan qu e a proxi mada men te la m i tad de la
vaIiación e n la sensació n de soledad exp erimentada por una p ersona
d epende d e sus ge nes '",
Descono cemos si los mismos genes que afectan a la so ledad d e
una p ersona afectan tam bién a sus redes sociales, pero los resul ta-
LA SOLEDAD DEL CAZADOR- RECOLECT O R
CONEt.'TADOS
E ST Á lo:N N UEST RA NATUAAU,:ZA
sociales humanas no so n n ada espe cial. Los ser es h umanos tienen:
111ucho en com ún con Otras es peci es d e animales sociales. Por ej em_
plo, las r edes sociales d e prima res (ch itn pancés, gori las, oranguta_
n es v d emás) están basadas e n e l acicalado, eso que tantas veces
los d o cumental es e n la tel evi si ón e n donde los simios apa-
recen rebuscando entre el peJo de sus co mpaii.eros. Esta actividad
d e pro ximidad permito que un individuo conozca a otro, su CO O1_
p on .an1ien to, su sal ud, su tendencia a se r violento , Su di sposición a
co r responder y d em ás. Los primates tambi én u tili zan e l acicaJadOr
para fo.rmar al ianzas, y se ha o bservado que la disposi ción d e l os ani-
mal es a prestarse ayuda mutua es di recta men te propolTi onal a la
ca n tidad de tiempo que pasan acicalánd os e unos a otros.
La ptimatólogajessi ca Flack y s us colegas recie ntemente uLiliza_
r on un es tud io d e «eli n1in aci ó n» para d emostrar que si se apartaba a
l os in d ividuos importante s d e un g rupo d e macacos co la de cerdo,
se pro d ucía un cam bio significativo en l a es tructura d e in teraccio-
n es en la red d e acicalado yjuego
23
. Es te can1bio en la estructura de,
la red res ultó e n una menor cOoperación y una mayo r inestabilidad
en e l co mport amien to d el gr upo. Por pone r un ejemplo con se res
humanos, conside ren10s lo que o curre e n un aula de secundaria
cuan do e l profesor se marcha , o en e l campo d e fú tb ol c uando el
árbitro exp ulsa a un jugador, Desapare cen la p ersona y todos sus,
vínculos y las cosas e m piezan a torcerse.
La rel a ci ón ent re cooperación y r edes no pare ce ser exclusiva;
mente humana, Los soció logos Katherine Fausr y J ohn Skvo re tzi
a bordaron este tema de manera frontal e n un es tud io que.i nc1uía 42 '
muestras d e redes socia les tornadas d e 15 es pecies diferentes, en tre
las que había chiIn pancés, tres tipos de Inacacos, monos ve rdes, va- t
cas, h ie nas, porri s de las f-lighlands, ciervos comu nes, p áj a ros de an-
.eojos, gon-iones, páridos y seres humanos Entre los ser es humanos
mali zaron las red es d e ge ren tes d e e mpr esa, monjes e incluso se na-
l o re s es tadouni denses. En es ta e no rrne variedad d e es tructu ras d e
e d encontraron a lgunas silu ilitud es impo rtam-s. Descubrieron
[ue a la h o ra d e reali zar p redicciones válidas era mucho más impor-
a. n te el tipo de relació n e n la re d que la id e n tidad d e la especie aria-
zada. Po r ejem plo , las r e laci ones d e acical ado er an muy similares.
n todas las espe ci es, De he cho, el mod elo que mej or prede cía la
str ucrura d e la red social d e los senado res estadounidenses e ra el
el lamido social entre vacas-".
248
, bilid d cogni tivas esp ecial-
Sin emba rgo, los Pueden reco-
. - d ara enten el' a liuo rm
men te dise ña as p ... ri entes d e los que no lo son,
' li id distinguir a sus pa
,na cer a I nc IVl uos, 1valor de los recursos y se rvicios p or
evaluar y com parar e , d con mi embros es pecíficos del
otros, recordar .in teracclOnes pasdO,areas s y oportunist as y eval uar la cali-
d· tinzuir en tre coopera . .
'gr upo, 1S <':). • l i el También tien e n «co nocnru e n-
dad de futuros rivales, parep s ya la os, ' 1 ' demás mie mbros d e
I • d las r elaci o nes entre os e
to a traves d e terceros» e . . o d e experimen tos con
P [emplo cuan do en un grup ,
su gru po . o r eJ . : o res re roduiera n u na grabación co n gn_
. monos verdes los investi gad p igieron sus m iradas hacia
- l d lt s d el gru po no m
tos d e una erra, os a u o baci , si 10 a la hembra que sabían
el a parato .q ue (un co rnportamien-
era la mad rede lacnac y ° 1 - b be' llorando en un avi ón r.T,o
. . al d lo humanos a G il' un e d
to similar e. s bi é capaces d e mani pular su r e
. 1 rimates tam len son
crucial es que os p , , o la pérdi da de un co m pa-
. ta a acontecuruentos com
SOCIal en re spues b d a especie respondieron a la
. 1 las hern ras e un .
ñero, Por eJemp o, , tando e l ti empo d edi cad o a l
. cercano Incr emen
muerte d e u n pariente .al 1 I mero de individuos co n los
acicalado d e sus co ntactos soci es y e n u -t de fo rma parecí-
' t ractuaban Los seres humanos se co mpo r an . _ q
ue In e . . eia puede un u-
. . - e ha perdido re cien temente a s u par :J
da: una nluJeI qu l amigos o e ncon trar una nueva
. - nuevos para 'tacer'
se a vanos gr upos . bi én 'untarse d e manera voh mta-
parej a, y sus a mistades p ueden, tarn le J
ria para acele rar su en los primates es si milar (a unq ue
Dado que el coo:ponal le _ _ m uch os d e los comportarnien-
más simp le), no se na de ex tranar que. ro ramadas. Por su-
tos d e las redes sociales hUIn a?as] con las redes so-
puesto, los sere s humanos .icads pu an tras animal es y en e l proceso
' e .c com plica a que o · ,
ciales d e ro r ma mas bi Parad óiicamerite como vere-
d .ales pueden cam lar. :; ,
n uestras re es SOC1 1 d dependen d e sus mi embros,
ma s en e l capítulo 9, au nq ue as bk es la llegada y partida ele nuevos
tam bién son inher entemente esta es
d
y
evolución ysupervivencia. .
miembros forma pa r te de su p roceso e
UN CEREBRO PARA LAS RE DES SOCIALES
ido r uebas procedentes d e sociedad es
Hasta ahora hemos r ecog p . 1 imi os e lin cluso d e nues-
d tra s -pn mos os suruo humanas r'e.mOtaa, e n ues
1
1
l'
CONECTADOS EsTÁ f.N NULSTRA NATURALEZA
tros genes, para apoyar la idea de que las redes social es consti tuyen
una parte de nuestra herencia genéti ca. Pero al contrario
que otros a n imales, los seres humanos coo pe ran con individuos d
·d
os en enormes y complejas . y navegar por esa com,
plejidad requiere algunas ha bilidades especi ales que só lo poseemos
los humanos. En concreto, parece que nuestro ce rebro ha sido co
·d
tru i o para las redes sociales.
Comparados con Otras es pecies, los seres humanos tienen cere-
bros extraordinariament e y capacidades cognitivas ún icas,
q ue a barca n des de el len guaj e a las ma temáticas abstractas. Los bió-
logos evoluc io nis tas y los a ntropó logos físicos han desarrollado di-
versas explicaciones acerca del o rigen y función del cerebro huma-
no. La hipótesís de la inteligencia general sostie ne que un cerebro más
grande ha permitido a los se res huma nos desempeñar todo tipo de
ope raci ones cognitivas mejor que otras espe cies (desde una memo-
ri a más poderosa hasta un ap re nd izaje más rápido) . La hipótesis de la
inteligencia adaptada sos tiene que de terminadas fac ultades mentales
evoluc ionan en respues ta a determi nados retos e n el entorno. Por
ejemp lo, los páj aros que ac u mulan alimento e n diversos lugares tie-
nen memorias prodigiosas , y los insec tos sociales tienen habilidades
comunicativas complejas.
Una teoría altem ativa para explicar el tamaño de nuestro cerebro
y que recie n temente ha ganado impulso es la hipótesis de la inteligfmci't
social; que subraya los re tos espec iales derivados de la convivencia en
proximidad ce rcana a los demás y de enfrentarse a un en torno social
complejo que continuamente exige coope raci ón o competencia. En
otras palabras, se trata en esencia de una teoría sobre redes. SUgiere
que los humanos so n «ultrasociales», con habilidades que abarcan
el le ngu,ye has ta el razonamiento abstracto, la empa tía y la in-
tui cron, y que es tas habilidades están adaptadas a un en torno al ta-
mente social. Ta mbié n sugiere que las habilidades han evol ucio nado
en los humanos para crear y dar fo rma a grupos sociales, para mani-
pul ar el mundo social y moldear la arquitectura de los grupos e n los
que estarnos Inmersos. Estos grupos se pueden discernir tanto a gran
escala (e n donde cons tituyen culturas enteras) como a pe queña esca-
la (donde únicamen te hay interaccio nes entre grupos de parientes,
por ej emplo) . Una vez que los human os forma n determinados grupos
SOCIales con det erminados víncul os de red social pued en transmitir
sus conocimien tos a todos los demás.
250
En algún punto de la hist oria evolu tiva los prima tes a plicaron las
habilidades inici almente desa rroll adas para e ncontrar parej a y rnan-
ener una unión reproductiva estable a rel aci ones que no tenían la
como fin. Tal Ycomo argumentan los primatól ogos
Robin Dunbar ySusanne Sch ul z, en las relaci ones coti d ianas mu-
cbos primates interviene un tipo de apego que en otras esp ecies se
da únicamente e n tre parej as de individuos unidos para la reproduc-
ción. Los primates del mi smo sexo o de sexos contrarios
formar relaciones estables a la rgo pl azo m utuame nte beneficiosas.
Cada una de estas relaci ones trae consigo el po tenci al de otras mu-
chas relaciones más, dado que cada amigo es tá potencialmente co-
nec tado con otros amigos. Só lo existe una relaci ón posib le entre
personas, pero hay tres rel aci ones posibles e ntre tres personas,
enu-e cuatro personas y di ez ent re cinco personas. Dado que e l n_u-
mero de relaciones posibl es crece expone nci al mente con el tarnano
del grupo, es muy probable que seguir el desarrollo de u na vida so-
cial plena re quiera un gra n salto e n la capacidad cogru nva. .
Las pruebas en favo r de la h ipótesi s social proviene n de la aplica-
ció n de la resonancia magné tica al estudio de los corre latos neurona-
les en la toma de decisiones sociales. Los neurocientíficos han descu-
bierto que utilizamos una parte muy grande de nuestr?
denominada red de estado predeterminado, para contro tar las I D teraccio-
nes sociales , y que incluso hemos extendido el uso de estas regiones
cerebrales para pensar so bre coalici o nes y conflic tos en potíti ca' ".
Los biólogos tambié n han des cubie rto que la visión e n color, que
ocupa aproximadamente dos terceras partes del ce rebro humano,
está óptimamente cal ibrada para det ectar difere nci as de
la pi el. Esto puede ser para que los individuos puedan di stinguir los
estados emocionales de otros mi embros de su es pecie. y, rrusteri osa-
mente, las especies que poseen esta habi lidad tambi én tienen poco
vello facial (como el se r humano, a veces denominado el «mono des-
nud o »} , lo que apun ta a que la visión en color evolucionó conj un ta-
mente con la necesidad de ve r las caras del re sto de los miembros del
grupo para eval uar sus estados de ánim0
26
. Así, a lo largo de millones
de años, nu estra vida social ha afectado no so lame nte a nuestra habi-
lidad para observar a los demás y tomar d ecisiones; puede haber
cambiado incluso nuestra manera de ver el mundo .
El a n tropólogo Michael To rnasello y sus colegas ha n llevado la
teoría de la in teli gencia social un paso más allá, p roponiendo una
251
fsrÁ EN NUES TRA SATURALf.ZA
variante denominada hipótesis de la inteligencia cultural; que manti e_
ne que las cogni tivas más elevadas tienen su base e n tod
un comp lejo d e h abilidades sociales . Escribe TomaseIl o : «De be
haber un a e da d [... ] antes de que los niños esté n seriamen ra il1ft · . .
I I UI-
dos por e enguaj e es crito, las matemáti cas simbólicas y la ed u
. • ti 1 c.
cro n arma , e n la que sus habilidades de cognició n física (las
nadas con el es pacio, las cantidades y la causal idad ) sea n muysimiJ ar
a las d . • es
e nues tros pri mares mas ce rcan os, pero en la que sus
dades socicultural (en especial las que in te rvi erre n en
la el aprendizaje cultural , como e l aprendizaje social , la
cOlnull l':.aclon y la teoría de la mente ) sean caracterís ticamente hu-
manas - f",
La.hipótesis d e Ia inteligenci a cult ural se ha visto refo rzada por
ex pe l_ln1entos con chi mpanc és, orangu tanes y niños de
y a los que se some tió a u n a serie de pruebas de Cog-
ru cion para Primates - una suerte de test de coci ente intelectual
muy general- e n e l que se o frecían premios po r realizar di ve rsas
tareas, localizar una recompensa, rastrear una recompensa
que ha s ido desplazada de manera no visib le , di scerni r cantidades
la apari.encia de las cosas puede cambiar,
der las. p ropledades fu ncionales y no funci onal es de las herramientas
y Los tests de inte le ctual se administraron por igual
a ?ebes humanos y primates ad u ltos, yen dos de las pruebas los be-
se claramente su periores: e ran capaces de seguir la
mirada d e ".n sujeto hasta un o bjeti vo y p odían leer las intenciones
de los dernas. Estas pruebas demostraron que incluso a una edad
tan cuando la cognición física de l os be bés es simi lar a la
de los Simios. los bebés human os superan a los prima tes en- tar eas
desarrolladas específicamente en e l ámbito social.
En res.umen, el cere bro human o parece es tar construido para las
redes sociales. A lo largo dellie mpo, la selección evolutiva h a favore-
y con mayor capacida d cognitiva para satisfa-
.. er las eXJ?"e nclas de un ento rno social 'más co mplejo. Los i n divi-
.q.ue VIVen e n redes sociales se e nfren ta n a un conj un to de re tos
.og ru uvos a los q ue no es tá n exp ues tos los individ uos solitarios o
lque ll?s. que vive n en grupos desconectados. Estos retos surge n de
a necesidad e ntender a los otros y cooperar con ellos, así como
le actuar de manera altruista e n benefi ci o del gru_
10 . Se necesna un mayor para evitar la agresión autodes-
252
lfll cti va. para cazar un mastodonte y para evitar se r e l menos votado
yacabar expulsado de la isla.
CONECTADOS A UN PODER SUPERIO R
Hay cada vez más indicios de q ue tantO la r e ligión como la p ro-
pensión a formar redes sociales fo rman de nuestra
bi ol ógi ca y de que ambas pueden estar relacionadas. La religi ón es
un medio para inte grar a las personas en un colectivo. La creencia
en Di os puede ser rel evante para las redes social es de
direct a: Di os puede verse como una parte de la red social. Esto Im-
pli ca no sólo la pe rsonificaci ón de una deidad, si no su integraci ón
en e l tej ido socia l, .
U na mane ra de dar estabilidad a las redes SOCiales es a l donar-las
de man era que todo el mundo es té co nectado a un nodo inmutable.
Así. a través de este nodo inmutable existiría un camino dire cto que
conecta a cada persona con todas las demás. Pe ro incluso la persona
más popular en una socieda d se ría incapaz de cu m plir-esta función,
ya que es poco realista pe nsar que un Único individuo pueda es tar
co nectad o a absolutame nte todo el mundo . E in cluso SI fuera POSI-
ble qu e algui en estuviera conectado de esa manera, el efecto sobre
la red no sería permanente , puesto que l os huruan os son mortal es.
Sin e mbargo estas co nsideracio nes no valen para la idea de Dios.
Si se co ncibie ra a Dios como un nodo e n la red, grupos grandes de
zente podrían unirse no sól o a través de un a idea común, sino a tra-
vés de una re lac ió n soci al específica con todos los demás creyentes.
La gente perci biría un vínculo social es pecífico con los otros, y las
perso nas tend rí an un único grado de se paración con todos los de-
más . Aquellos que sintieran una conexión con Di?s estarían t:un-
bi én conectadas a los demás. En otras pal abras, DIOS hace posibl e
qu e todos seamos «el amigo de un ami go ».
Esto no es simple men te un a idea abst racta. La gente a menudo
percibe las redes sociales de esta mane ra. Por ejem plo: a prin:ipio
de la década de 1980, la psi cóloga Catalin Mama]¡ se intereso por
cómo las pe rsonas perciben sus relaci ones con los demás y cómo
forma mapas mentales de sus re laciones. Desarrolló un.mé tod o para
pl asmar estos mapas mental es pidiendo a la gente qu e identificara a
aq uellos con los q ue interac tu aba y que dibujara sus relaciones e n
253
1,
, I
CoNF.CTAOOS
una es pecie d e gráfico d e red' S. Se le dij o a sus sujetos de estudio
que pensaran e n gen te «cercana» y «al tamen te significativa» en sus
vidas , y que dibujaran las conexiones. Se menci onaron ejemplos,
como padres, hij os, hermanos, parej as, mejores a migos, amigos y
vecinos. Sorprend enternente , un número e levado d e personas in.
duyó a Di os como un nodo d e su red y conectó e xp lícitamente a to-
dos los miembros d e la red con Dios. El gráfi co que se r eproduce en
la página siguiente es un ejemplo de «autógrafo social », en es te caso
el de u na es tud ian te universitaria d e di eci o cho años.
La idea d e que Dios puede ser personificado y visto co mo parte
d e una r ed social humana está reforzada por e l he cho d e que la gen-
te suele volverse más religiosa después d e perder a un se r querido.
Es como si, al perder la conexión con o tras personas, se reforzase la
conexión con Di os. Tambi é n se puede recurrir a Di os para alimen-
tar la creencia en la vid a e ter na, y este d eseo puede soste ner la espe-
ranza de re cone ctar co n o tros que ya han f allecido. El hecho de que
la mayoría de los dioses hayan sido p ersonificados es cons iste n te con
la inclusi ón d e Di os e n las redes sociales y con la sensaci ón q ue mu-
cha gente ti ene, y que las re ligi ones fomentan, de que «Dios está
en t re nosotros».
Existe una tendenci a e n tre personas socialmente aislad as - y no
só lo e n tre las que han perd ido a un ser querido- a «a n tro po mo rfi-
za r» e l mundo que las rodea, d esde las sirenas d el mar hasta caras en"
las piedras. Los estu d ios del psi có logo J ohn Cacio p po y sus colegas
muestran que las personas a las que se inducía expe ri men tal me n te
a una sensaci ó n d e so led ad alteraban sus es ta d os mental es para per-
sonifica r, y sen tirse conectadas con «apar a tos, gal gos y di os es », La
reli gi ón es e l o pio del pueblo, según e l famoso d icho d e Karl Marx,
pero resulta que, e n concreto, es el o pio d e la gente descone ct ada.
Cacio ppo y sus colegas ad minis traron un test d e personalidad a 99
personas (de las cuales 50 sí creían en Di os y 49 no ) y les as igna ron
d e manera al ea to ria uno d e los dos posibl es resultados d el test, inde-
pendi entemente d e sus respuestas . U no de los resultados era: «Eres
d el tipo d e personas que manti enen rel aci ones g ra tifican tes a lo lar-
go de su vid a » (es decir, estarás conectado); y e l otro: «Eres d e l tipo
d e personas que acaban por quedarse solas e n la vid a» (es decir, es-
tarás d escone ctado ) .
A con ti n uación se cl asificaba a los sujetos de es tu d io en funci ón
d e si creían e n ángeles, e T! los espíri tu s y en Di os. Corno era previsi-
254
EsTÁ f:.N NATUR....u:2.A
.::
/
- ,r. . 1 de relaciones identzificadaspar una estudiante uni-
«A'utograJo soCta » . 'l '
't . de dieciocho años (sujeto de estudio 19875A) que' ustra
versz. ana . portantes en
cómo percibe sus conexiones las personas que son 1m
su vida (cortesía de C. lVlamal1).
. ble los su jetos que habían afi r mado ser creyentes antes d e ini ci ar
," . . t preguntas S10 embargo, m
test respo ndi e ron poaitivarnerrte a es as . . 1
d e e ndie n te men te de si creían o no en Dios , aq uellos a os que se
que a cabarían descone ctados afirnlaron tener mayo r fe e n los
agentes sobrenatu rales. - .d - '
y a ra que no pensemos que es tos son os
p . I i ón a Dios es tos mi smos lnvestl gad 01es reahzato
mente con l e acrori a w -o e. di er
' men to e n el que se inducía a los sujetos de estu 10 a
un expen did a con nnua-
ue es taban conecta dos e n mayor o meno r me a , y 1
q. les pregunt.:'1ba acerca d e sus se n ti mie ntos con a as
cion se L . es u'gadores pensaron que si la d esconeX1on e n1p u-
masco tas. os inv ara
j aba a la gente a buscar y personificar agentes d e su en to r no P
255
257
I
1
, ,
ESTÁ EN NuesTRA NATURAU:ZA
uma no está dise ñ ad o par a manejarse dentro d e grandes r ed es so-
ciales , de h e cho nuestra capacidad para tener amigos no es ilimi ta-
da. Como exponente cl ave de la h ip ótesis d el cerebro social, Robin
-Dunbar h a a rgumentado que la evolución h acia grupos sociales más
¡grand es req ui r ió y se benefició de la evolución d e un n e o có rte x (la
parte ex terna, pensan te d e n uestro cerebro) d e mayo r tamañ o , y
'que la gestión de la comp lejidad social requirió y se benefi ci ó d e la
evolución d e l lenguaj e . En un famoso artículo d e 1993, publicado
-con los corncritarios d e más d e tr ei nta científicos, Dunbar exam inó
la relaci ón e n tre el tamañ o del cere bro y el tamaño d el grupo e n va-
rios p rima tes, y por extrapolación d edujo que el tamaño esperable
de los gm pos sociales humanos, tomando como base n uestros grandes
. cerebros, deb la de ser de 150 i n d ivid uos ap roximad a men te. Esta ci-
fra se conoce CalDO el número de Dunbar", Los animal es n o pued en
mantene r la cohesión e inte gridad de grupos sociales cuyo tamaño
supere la capaci dad de procesar informaci ón de su cerebro. Y los
se res humano s tienen tanto los grup os sociales m ás gran des como
los ce re bros más grandes.
Pero ¿q ué qu e rem os decir cuan do habl amos d e grupos?Está cl a-
ro q ue n o vemos congregaciones de hum anos acicalándose u nos a
otros e n la calle. Entre pri mates es fácil d efinir las fron te ras d e un
grupo; qui én p ertenece al gru po y quién n o . Pero e n los humanos
hay gru p os tan gran des como tribus y n aciones-Est ado y tan peque-
ñ os como famili as y aldeas. Según Dunbar, un gmpo es el número
máximo d e h umanos e n el que todos y cada uno d e sus miembros
conocen a todos los d emás , saben si son amistosos u hostil es y conocen
las r e la ci ones e n tre e llos . Es e l núme ro d e perso n as que r econoces
y con qui en puedes mantener una relación esta ble y coherente, que
Dunbar d efine como «aq uella q ue puede reestablecerse d espués d e
una ausen cia si n n ecesidad d e tener q ue rei terar nuestra p osic ión».
Se gún Duri bar, una d efinici ón informal po d ría ser «el número de
personas a las que n os uniríam os sin senti rnos iri c ómod os y sin invi-
tación previa en un encuen tro casual e n un bar»,
Per o para con trastar esta predicci ón ¿cómo decidimos cuál es la
co n dición n atur al pa ra los humanos?Aquí Du n ba r em p leó d atos d e
vari as f uentes d e mane ra creativa. Por ej emplo, un estud io d e litera-
tura e tnográfica que revisaba todos los censos do cumentados d e ca-
zadores-recolecto res m ostraba tres tipos d e agrupaciones sociales: e l
«campamen to d e una so la noche», la «ban d a o al dea » y la tribu. Los
256
CONECTADOS
re cuperar la sensación d e esta r conectados, este razonamien to se
aplicaría igual men te a las m as cotas . De h e cho , esto es lo que el ex-
peri m en to confi rmót''.
Po r sup uesto, p rovocar que la gen te se sintiera d escone c tada no
convirtió a los ateos e n perso n as profundamen te reli gi osas , pero sí
los emp uj ó de manera general a creer en Dios. Si es cierta la afinna_
ción de que «n o existen ateos e n las tri n cheras », podemos tal Ve '
añad ir u n peq ueño m ati z: «so b re todo si se está completarnente solo
en la trinchera».
Nuestro raz onami enu, n o es que Di os fo rme par te d e nuestras
redes sociales, si no que u na manera d e ente n der la religión consiste
en estudiar su p apel e n funci ón d e las reeles sociales. Las sensi bilida_
están e n parte pro gramad as en n ues tros ce re bros, y
estan relacio nadas con nuestro d eseo d e conexión social con los de-
más, y no sólo con n uestra conexión espiritual con Dios. En otras pa-
la bras, u na de las funci ones clave de la religión es es ta bilizar las co-
n exiones socia les.
Las investigacio n es sobre las maneras en que básicamente funcio-
na la mente confirman esta teor ía. Por ejem plo , h ay estudios funciona-
l es de resonancia magn éti ca que muestran cómo al experi menta r
sentim ientos rel igi osos y estados al te rad os d e conciencia, la parte del
cerebro que regul a la conciencia d e l yo e n el ti empo y e n el espacio
d ej a d e funcio nar. Esto con tribuye a la se nsación d e «todo es uno,, ·y
p uede ayudar nos a su perar la rigide z inherente con la q ue percibi-
mos nuestra p osición con r espe cto a los d ern ás'". En esencia, al cere-
b ro se le e ngaña para que crea que las f ronte ras sociales no existe n
0, 10 que es lo mismo, q ue to d o el mu n do es tá conectado con todo
e l m u ndo. Así, gen te que es tar-ía dispuesta a ha cer a lgo p a ra ayudar .
a sus a m igos d e rep e n te puede tene r m uchos más a migos y senti rse
motiva da para actuar e n su favor. De esta manera un movimi ento
reli gioso puede aglu tinar a grupos d e individu os disp ares e n busca
de u n objetivo común , ya sea ayudar a los pobres, cons truir grandes
estructuras o ini ci ar una guerra con tra gru pos ri val es. '.
¿CUÁNTOS AMIGOS SE PUEDEN TENER?
Corno veremos e n el cap ítu lo 8, la gen te a veces afi r ma te n er ce n-
te nares d e amigos en sus redes sociales virtual es. Aunq ue el cerebro
1
259
EsTÁ. EN NUESTRA NAT URA l..E. 7.A
La evaluación d e Dunbar sob re la relaci ón entre el tamaño del
ce rebro y e l tamaño d el gr up o d io lugar a n uevas aseveraci o nes. Pre-
dijo cuán to tiempo pasarían los p r-imates aci: alánd ose para _mante-
ner la cohesió n d e los grupos de mayor tarnano que e l tamano tam-
bié n mayor del cereb ro había hecho, Dunbar esti mó que par a el
grupo de 150 individuos es tablecido para los huma nos ¡deberíamos
pasar e l 42 por ciento d e n uestro tie mpo acica lánd o nos los u nos a
los o tros! Tambi én razonó qu e el le nguaj e apareció e n los human os
en parte pa ra sus tituir a l acica lado . El le nguaj e es básicamente una
manera más e ficiente y menos asquerosa de conocer a nuestros com-
pañeros, d ado q ue pode mos habl ar co n vari os al mismo tie mpo ,
pero acicalarlos sólo d e uno e n uno . Ade más podemos ha bl ar con
alguien mientras es tarnOS inmersos en otra actividad, como por ejem-
plo buscar algo de co mer en la neve ra.
De he cho esto es una ide a bas tante radica l. H asta h ace poco se
pe nsaba q ue el lenguaj e había evo luci onado para facili tar el i n te r-
cambio de informació n - sob re la lo cal izaci ó n d e los d epredadores
o de la caza, por ejemplo-- o como una consecuencia secu ndaria
d erivada de nuestro d esarr ollo d e las herramie n tas. Pero la perspec-
tiva social d el lenguaj e sugiere que és te ha evolucionado como me-
d io para ma ntener la cohesió n d el grupo . Al igual que las e mocio-
nes, el lenguaj e es la clave para la adquisici ón y man ipulación d e
información so cia l sobre o tros miembros de nu estra especi e . Esto lo
corro bo ra e l hecho de que la mayoría de nuestras conversaciones
tienen poco co ntenido inte lectual y desde luego no se centran en
ideas complej as acerca del e ntorno que habitamos o ni siquie ra so-
bre la cultura y la economía. Y, a menos que seamo s niños de diez
años, ¿co n qu é frecuencia so le mos habl ar de de predad ores o de na-
vegación, y mucho menos d e física o d e Ho me ro? _ .
Dunbar es ti ma que e l le nguaj e es 2.S veces mas efic ie n te que el
acicalad o para mantener la cohesió n d e grupos del tamaño como
l os que forma n los humanos. Así , determina q ue los gru pos d e co n-
versación humanos deben es tar en torno a las cuatro perso nas: un
-A CI CALAR A TUS AMI GOS, o SlMPLEMENTE HABLARLES?
<
quién, y cómo son de fuertes , débiles , agresi vas o coope rativas esas
.relK iones. .
258
CoNECTADOS
tamaños p rome dios e ran d e 38, 148 Y1,155 indi viduos, respectiva_
mente. Cosa curiosa, e l tamaño de la banda o ~ d e a se corres pondía
en todos los casos con e l número de Dunbar. Este también compro-
bó qu e la po bla ción d e los asentami e n tos n eolí ti cos d e Mesopota_
mia e n e l pe ri odo com p rend ido e ntre 6, 500 a. C y 5,500 a. e era
de 150 a 200 ind ividuo s. O u-o ma tiz que revelaban es tos es tu di os es
que mien tras el tamaño de los campamentos y las tribus fl uctuaba
ampliamente, el tamaño de la ban da o alde a e ra m uch o más co nsh,
ten te , lo q ue sugie re e l car ácte r predominante d e es te tipo d e agru-
parruento.
Dun ba r tam bién es tudió el caso d e los Huteri tas d e Schmiede_
leut, un gm po f u ndame ntalista cristiano que vive y cul tiva la tierra
de forma co mu nal e n Dako ta d el Sur, Dakota d el NOI·te, Minnesota
y Mani toba, Canadá. De manera explícita, los Huteri tas co ns id eran
que e l tamaño límite para u n grupo es de 150 personas , y toman me-
d idas para d ividir se e n dos grupos cuan d o se a ce rca n a esa cifra. Se-
gún ellos, és te es el tamaño máximo para que un a congregación
pueda mantene rse sólo mediante la presi ón de l grupo, mientras
que grupos mayores requie ren un a fuerza policial y una estructura
j erárqui ca.
Duran te siglo s, el tamaño de las uni dades de combate en los ejér-
citos ha sido d e 150 hombres. La unidad bási ca d el ejérc it o romano
(el manípul o) era d e 120 hombres, y e l ta maño promedio d e l bata-
lló n , su equivalente en los ejérc itos mod ernos, es de unos I SO. Estos
números sugieren la exist encia de un lí mite supe rior al tamaño de
un grupo cuyos miembros u-abaj e n j un tos como un equipo coordi-
nado y co nozcan las fortalezas , d ebilidades y fiabili dad de sus co m-
pañeros. U no puede i ncl uso imaginarse q ue la guerra representa
un tipo particu la r d e p resió n evolutiva selectiva, y que a lo la rgo de
los siglos los ejérc itos han llegad o a es te tamaño a tr avés d e la o bse r-
vación empírica sobre qu é tamaño de grupo tie ne las mayores pro-
babil idades de sobrevivir.
Es interesante señalar que , a pesar de que cabría pensar que las
te lecomun icaciones modernas faci litan una mayor coordinación, el
ta maño d el g rupo en los ejérc itos modernos no ha variado. Esto pa-
rece indi car que la comun icació n no es el fac tor crucial, Es más im-
por tante la hab il idad de la meri te huma na para rastrea r rel aciones
sociales, imagi nar orga nigramas que identifican qu ié n es qui én y di-
bujar ma pas mentales de la red para saber q ui én está conectad o co n
!
CoN"ECTADOS
orador y 2.8 oyentes. Pero ¿có mo podríamos h acernos una idea rá-
p ida del tamaño de los grupos que la gente forma pa ra conversar?
Una estrategia consisti ó en recoger informaci ón so bre reservas de
rest aurante. A lo largo d e un periodo d e 98 días e n 1968, 3,070 gru-
pos reservaron mesa en el r e stauran le [ ovak's de Bro okli n e , Mass
a
-
ch usetts. Aunq ue había pi cos de dos y cuatro personas, el promedio
de ta maño de g rupo fue de 3.8. Por supuesto la experi e ncia coti día.
na de cen as co n invitados confirma este resultad o. En cenas con mu-
chos invitados se tienden a formar grupos de cuatro. Otro académi-
co aventurero - y apa ren te men te sin motivos ulteriores- observó
e l ta ma ño de los grupos de gente que lle vaba traj e d e baño e n la pla-
ya y llegó a una concl us ión parecida.
Po r Último, Dunbar pone de manifi esto que la a parición del len-
guaje tuvo una consecuencia añadida e in esp erada. Después de que
el lenguaje evoluc io nara para manejar interacciones sociales a pe-
queña escala, los se re s humanos fuimos libres para emplearlo en
cosas tales CO ITIO escribir poesía ( igual qu e las plumas. que evolucio-
naron para mantener cal ientes a los reptiles prehist óricos pero que
acabaron siendo utilizadas para vol ar) . Pero además, y esto es más
importante a ún, pudimos emplear el lenguaje para gestionar inte-
racciones sociales a gran escal a, es deci r, en grupos corno tribus o
incluso naci on es.
El len guaje permite esta transición a int era cci ones a gran· escala
de al menos dos maneras. En primer lugar facilita la catego rizaci ón de
las personas, permitiéndonos interactuar con ellas como tipos en lu- '
gar de como i ndivid uo . Por ejemplo, e n lugar de conocer a todos
los policías (y acicalarlos), interactuamos con ellos de una manera
es ti lizada ( <<¿Hay al gún proble ma, agente?»), En segundo luga r, nos
pe rmite ense ñara otros cómo deben comportarse con cienos tipos de'
individuos ( <<Cua ndo e l profesor e ntra e n e l aula los al um nos deben-
ponerse en p íe »). Así, una persona que interact úa con otra por pri-
mera vez sabe cómo hacerlo, sin haber tenido el benefi cio de cono--
cer previamente a ese individuo e n parti cul ar. ~
La tendencia a establecer vínculos y vivir nuestras vidas en redes
sociales ha tenido un importante efecto en nuestro desarrollo como
es pecie. Las redes soci ales es timul aro n el rápido creci mie nto de
nu estros cerebros, 10 qu e nos permiti ó adquirir el lenguaj e y conver-
tirnos en la es pe cie dominante del planeta. Al mism o tiempo, estos'
cam bios biológi cos nos han dado la capacidad de coo perar e n gru-
260
pos gra ndes, incluso con comp le tos desconocidos, en la creación de
soci edades a gran escala, co m plejas y magníficas. Nuestras conexro-
nes -en parte determinadas por nuestros genes, pero tambi én pro-
fundamente influidas por nuestra cultura y e n torno-e- se hacen y
rehacen cada día. Elegimos a nu estros amigos, d esarrollamos nor-
mas cul turales sobre e l orden social, hacemos y obedecemos reglas
sobre con qui én podem os salir o casarnos, hacemos cumplir nues-
tras ideas so bre la reciprocidad y reaccionamos a los aconteci mien-
tos que afectan a la gente de nuestro entorno, en parte porque esta-
mos provistos de empaúa. Ytal ycomo vere mos en e l próximo ca pítul o ,
nuestra habilidad pa ra manipul ar y participar e n redes es altamen te
relevante para los nuevos re tOS y o portun idades a las que n os enfrenta-
mos e n este mundo hiperconectado. Al trasladar nuestras redes del
mundo real al In undo elec trónico . llevamos con nosotros las herra-
mientas forjadas por la sel ec ción natural para crear un nuevo mundo,
jan1ás visto por la naturaleza.
261
CAPÍTULO 8
HIl'ERCONECTADOS
Cada mes, once millones de personas de todo el mundo se conec-
tan a unjuego d e Internet llamado World o f Warcraf t. Se trata de un
«[uego multijugador a gra n escala», e n e l que participa un n úmero
de jugadores tal qu e si formaran una naci ón, ésta se ría más grande
que Grecia, Bélgi ca. Suecia y Otros cas i ci ento cinc uenta países. En
este j uego la gente adopta una identidad vir tual , ll amada avatar, que
vive en un mundo virtual e interactúa con otrosjugadores. El avatar
tiene una apariencia vívida, tridime nsional , mol deabl e a gustO del
jugador y. en el transcurso de juegos que a veces duran varios meses,
ad q uie re propi edades, poderes e incluso mascotas. En e l juego, la
gente traba ami stades, se comunica usando mensajería instantán ea,
colabora para alcanzar metas comunes , reali za transacciones econó-
mi cas, mantiene una interacci ón sostenida co mo grupo y lucha e n
com plejas batall as . Los avatares vive n e n diferentes ámbitos del
mundo virtual, y cuando «mueren» durante un combate o en otras
activi dades son autom áticamen te devuel tos a sus casas , en donde fe-
lizmente vuelve n a la vida y se reincorporan al juego.
Sin e mbargo en ocasiones las cosas se d escontrolan. EI 13 d e sep-
tiembre de 2005 los p rogramadores d el juego ab rieron una nueva
zona parajugadores avanzados, habitada por Hallar, una ser p ie nte
al ada con poderes colosales. Hakkar es ta ba e q uipad a co n diversas
armas y habilidades, entre e llas la d e propagar una e n fe r me dad con-
tagiosa denominada «sangre corrupta» con la que podía contami-
nar a sus enemigos. Cuando uno de sus adversarios se infectaba, to-
dos los avatares cercanos se co n ta gi aban también . Para losjugad o res
fuertes q ue se habían unido para luchar co n tra H akk.ar, esta infec-
263
CONECTADOS HI PERCONECTAOOS
ción represen t.:'Uia una molestia menor que en lodo caso añadiría
interés al com ba te. Una vez muerta Hakkar, los jugadores podrían
abandonar el área y l a en fe rmed ad remitiría.
Los programadores d e World ofWarcraft pensa ron que se t ra taba
de un re cUI"SO bastante inge nioso co n e l que re tar a sus jugadores.
Sin e mbargo, és tos respondi eron a l contagio de forma imprevista.
En lugar d e seguir luchando con tra Hakkar hasta mori r por sangre
co r-rupta, algunos usaron su ca pac idad de tele trans pone para esc a-
par a Otra zo na del juego . Como resultado, la infe cción se ex te nd ió
po r todo el j uego, no sólo e n tre los jugadores que se e nf rentaban a
Hakkar; Lo que se había diseñado como un peque ño o bs táculo para
Jugadores poderosos en una zo na lo calizada - al go así corno un cata-
ITa en un adulto sano que vive en un puebl o pequeño- se convirtió
en una epidemia mundial que no tardó e n an iquilar a centenares de
mil es d e jugadores más d ébi les .
A medida que los jugadores regresaban a sus casas virtuales exten-
dían la infección por todas partes, inclui das ciudades d ensamente po-
bladas. Además, en o tro e rror de programaci ón, se había permitido
que la infección se pudiera propagar tambi én a las masco tas. Aunque
ést as eran inmu nes y no mor ían, servían de reserva para e l patógeno y
se convirtie ro n e n una fu e nte inruedia ra de reinfección una vez sus
d ue ños volvían a la vida o ha bían sido cu rad os de la enfermedad.
La pand emia se extendía ylos prog ramado res buscaban desespera-
d amente una explicaci ón. No en te ndían qué era lo que mataba a tan- ·
tos j ugadores, y terminaron po,· imponer u na cuarentena, ais lando a
los jugadores infect ados de las zonas no infectadas . Pero esta medi da '
fracasó porq ue losj ugad or es se negaban a res petar la cuaren te na y, en
cualquier caso, era imposible limi tar sus m ovimientos de manera que
és ta sirvi era d e algo. Co mo último recurso, los prog ramad ores idearon
una es trategia que es tá fue ra del al cance de los médicos y responsables.
de la sal ud públi ca: desenchufaron e l mundo virtual. Después d e que
la e pidemia de sangre corrupta llevara una se mana ex te ndi éndose sin
pausa, reini ciaron los se rvidores y la Co rtaron e n seco .
M UNDOS V1RTUALES. COMPORTAMIENTOS REALES
Estos cu riosos acontecimien tos afectaron a literalmente mill ones
fe j ugadores, pero tam b i én ca u tivaron la imaginación de los acadé-
264
micos. Microbiólogos, matemáticos, psicólogos y e p idemió logos que-
daron fascinados por la e pid emia d esatada por Hakkar. Aunque e l
brote y sus víc ti mas habían sid o virtuales, el com po rtamie nto de los
avatares había sido com pletamente realista , tanto , que los académi-
cos lo han estudiado como indi cador de cómo puede respo nde r la
gente a un ataque b ioter ror'ista o a la reapari ci ón de una pandemia
como la g ri pe e n e l m u ndo real.
Algunos d e los pro tagonistas d el j uego poseían poderes curativos
e intentaro n (sin much o éxi to) curar a los e nfermos de sangre co-
rrupta. Actuaron d e fo r ma a lt ruista , a menudo d espl azándose a las
zonas infectadas para in tentar ayudar, y normalmente murie r o n por
ello. Por d esgra ci a, su generoso com po rtamie n to e mpeoró la e p ide-
mia de dos mane ras. Por un lado los sanadores a menudo se conver-
tían en vectores d e infe cci ó n, y por otro, los paci entes a los que ha-
bían «curado » seguían siendo portadores, infec tando a más gen te
que si simplemente hubi eran muerto. Los otros prota gonistas del
juego, que carecía n d e l a ltruismo y sentido del d eber d e los sa nad o-
res, huyero n despavoridos de las ciudades infectadas para salvarse .
pero acabaron propagando la enfermedad. Otros, llevad os por la
curiosidad o la b úsqueda de emociones f uertes, se acercaron a los
focos del brote e p idémico para ver qué ocurría o qué aspecto tenían
los enfermos (las vícti mas se desplomaban entre charc os d e sangre).
Y aún hubo o tros que se co mportaro n co mo sació patas, exponién-
dose a la infecci ó n y trasladándose rápidamente al terreno de sus
enemigos, o incluso a su propio te rri torio, para extender la epide-
mia y causar e l mayor n úmero de mue rtes posible .
El Lance/ Infectious Disease, una publi ca ci ó n méd ica por lo general
dedicada a la biología y el tratamiento d e patógenos d el mundo real,
p u blicó un estud io detal lado sobe e l brote d e sangre co r r u p ta ' . El
objetivo del es tudi o e ra determinar si el mundo virtual podría se rvir
de mode lo de comportami e nto durante una e pidemia e n e l mundo
real . Los autores señalaba n que si se di señaban futuras e pidemias
virtuales d e forma que pudieran in tegrarse por com ple to e n un jue-
go virtual, se ría posibl e estable cer una analogía razonabl e con las
reacciones an te una e pidemia en el mundo real . y que esta analogía
po dría inc luso manipularse.
Durante mi les de a ños, la interacción social ha es tado basada ex-
clusivamente e n la comunicaci ó n cara a cara. Pero es to ha cambiado
con la te cnología y la invención de sistemas d e difusión pública d e
265
HII' ERCONECTAOOS
1
1,
t
,
r
r
información ( l ~ Campa nas de las igl esias, señales de humo, libros,
megáfonos, radio, tele visión) y d e fo rmas d e com un icación a distan_
cia (cartas, tel egramas, teléfonos) . Hoy, además d e las ilimitadas pers-
pecti vas que nos ofrece e l mundo virtual , par tici pamos e n otras for-
masde co municación e interacción, que no por estar m uy extend idas
d ej an de ser e xtraord inarias : tenemos mensaj es d e SMS, Twit te r, el
correo e lectró nico, los blogs, la mensajería instan tánea, Googl
e,
YouTube y Facebook, todos los cuales e mplean tecnologías que no
existían hace ape nas unos años. Aun así, hay cosas que la tecnol ogía
no cambia.
La invención de cada nuevo método de comunicación a lo largo
de los siglos ha generado sie mpre d e bates so b re el efecto de la tec-
nol ogía e n la socied ad. Los más pesimist as han exp re sado su preo-
cupación P OI- que las nuevas formas de comunicación debiliten las
maneras tradi ci onal es de relaci ón, llevando a la gente a rechazar un
conj unto de inte racci ones en persona que e n o tras épocas forma-
ban parte ne cesaria y n ormal de la vid a. Los optimist as a rgumen tan
qLle es tas tecnologías simplemente amplían y com ple mentan las for-
mas tradicionales en que la gente establece conexiones.
En parti cular, e n e l caso de Internet, sus defensores razonan que
las rel aciones que e mergen de su uso no están limitadas por la geo-'
grafía, ni siquiera por incómodas restricci ones atribuibles a la tirni-
dez o la di scriminaci ón. Los de fensores de Interne t también apre-,
cian un benefici o e n las inte racci ones anóni mas a gran escala, que,.
son m ucho más dificil es de organ izar e n el mundo real. En lugar de
manlenervínculos personales con un número pequeño de personas.e
ahora tenemos vínculos más tenues con centenares . o millares. En
lugar de simplemente conocer a nuestros amigos, o quizá a los ami-
gos de nuestros amigos, podemos ahora asomamos más allá de nues-
tros horizontes sociales, e incluso o bservar representaci ones gráficas
del lugar que ocu pamos d entro de u na exte nsa red social mundial.
Sin emba rgo, las nuevas tecnologías -ya sean juegos masivos on
tine con mil es d e jugadores como World ofWarcraft o Second Life;
portales de redes sociale s como Facebook o MySpace; po r tal es d e
in formaci ón colectiva como YouTu be, Wikipedia o eBay, o portal es
de e nc uentros como Match.corn o e Harmony- se limitan a ha cer
posibl e nuestra ancestral tendencia a conectar con o tros human os.
aunque en estos casos sea por medio de electro nes que viajan por el
ci beres pacio y no de con ver saciones que fluyen e n el aire. Por muy
266
abstractas, grandes, complejas y supermodemas que sean las redes
sociales formadas e n e l ciberespacio, siguen reflej ando tendencias
humanas universal es y fundamen tales que aparecie ro n e n nuestra
prehistoli a. c uando nos contábamos historias al rededor de una
hogue ra en la saba na africana. Ni siq uiera adelan tos asombrosos
e n tecno logía de las comunicaci ones, eOOlO la imprenta, el teléfo-
no e Interne t, nos al ejan de es te pasado. si no que nos acerca n aún
más a él.
T AN REAL QUE RESULTA CHOCANTE
Para e nte nder cómo es de ve rdad el compo rtamie nto on line, y
có mo puede ser a la vez novedoso y pedestre, hemos de remontar-
nos 50 años atrás . a un experimento de referenci a reali zado en torn o
a un comportamie nto human o que puede cal ificarse de ex tremo.
Stanley Milgram, céleb re por sus es tudios so bre los se is grados d e
se paración y la acera y los peatones que vimos e n e l cap ítulo 1, es
autor de un experi mento aún más famoso. En 1961. e n la Universi-
dad d e Yal e, poco desp ués d el jui ci o a Adolf Eichman n en Jerusalén
y como respuesta a la curiosidad reinante acerca de có mo se podía
inducir a personas a qu e «cumplie ran ó rdenes» ymal trataran a o tros
seres humanos, Milgram diseñó un experimen to para eval uar la
obedienci a. Quería demostrar cómo gen te normal res pondía obe-
dientemente a la autoridad, y co n qué facilidad se podía co n ve ncer
a los indi viduos para que ca usaran dolor -un dolor le tal incluso--
a otros seres humano s.
En el experimento de Milgrarn, los suj e tos de la investigaci ón,
confusame n te llamados «maestros». recibían instrucci ones de un
«expe rime ntado r» sentado a su lado quien les o rdenaba admi nis-
trar descargas e léctricas de voltaje creciente a un «alumno» cada vez
que éste respondía de forma err ónea a una prueba que con sistía en
memorizar palabras . Los maestros y al umnos se elegían por sorte o .
Pero el sorteo era una farsa , y de he cho e l «al umno» so lía ser un al ia-
do d e Milgram, un contable estadounidense d e origen irlandés d e
cuare nta y sie te años especialme nte e ntre nado para desempeñar
es te papel. El experimen tador tambi én era un aliado d e Mil gram,
un p rofeso r d e bi ología más bien severo que ves úa bata d e laborato-
rio. Se ll e vaba al alum no a un cu bículo , y el ma estro -el úni co que
267
HIPERCONI!. CTA.DOS
269
· Desde el momento de su publicación, el exp er-im en to de Mil-
'gramrecibi ó numerosas críticas que lo. acusaban ser poco ético.
No só lo hacia uso d e l e ngaño (a los suj e tos se l es creer que su
· pape! había sido e legid o al azar y q ue el sufna de verdad) ;
también implicaba provocar una fuerte se nsacion de an gusti a a los
suj etos, a lgunos de los cuales llegaron a pensar habían matado a
al gui en. De hecho, pocos años d espués del expenmento d e Milgram
· era ya imposible realizar experimentos similares .
y es aquí d onde e n tra e n juego e l mundo virtual . En 2006 u n gr u-
po d e informáticos, psi cólogos y neurocientíficos repitió e! experi-
men to con maestros de carne y hueso, pero con alumnos VIrtual es.
Estos investigadores crearon un ento rno de inmersi ón en el que se
dijo a 34 s uj e tos que su alumno era una animación por ordenador,
algo q ue en cual q u ie r caso e ra obvio. Los m aestros llevaban cascos
de rea lidad virtual y r ecibían ó rde nes d e apli car descargas al alum-
n o cuando éste se equivocaba en el test de memori a. Se dividió a los
34 sujetos e n dos grupos. Veintitrés d e e llos podían obse r var a l alum-
no virtual cuando reci bía las descargas , y onc e se comunicaban con
él solo a través de un interfaz de texto.
A pesar d e que todos los participante s sabí an que ni el alumno ni
las des cargas eran real es, cuando podían verlo y oírlo reaccionaban
como si lo fueran. Cuando el alumno virtual pedía que se le repi tie-
ran las preguntas en un tono de voz más alto, los res-
pondían como si ello pudiera influir e n el resul tado del
too Cuando el alumno se quejaba del ( dolor» que sufría, muchos
participantes se dirigier on al expe rimentador que estaba a
su lad o para preguntade qué d ebían h ace r, a lo q ue e l e xpe n m e n ta-
dar contestaba : «Aunque puedes parar cuando qUIeras, lo mejor
para el experime nto es que sigas adelante» . Doce de los veintitrés
sujetos que podían very oír al alumno virtual decidieron parar antes
de que el experimento concl uyera, cosa que sólo hi zo uno de los
once que se comunicaron mediante te xto". _. '
Este tipo d e exper imen tos (e n los que no hay engano m sufri- ,
miento verdaderos) ofrecen una so lución alternativa, dadas las ob-
jeciones é ticas a las pruebas d e este tipo en la vida r eal . Com o si se
tratara de una rana virtual , los sociólogos pueden diseccionar el
comportamiento social en un mundo virtual. Pero .10 q.ue resul ta
más impo r tante pa ra n uestr os propósitos e s que la vida virtual pue-
de e m ular y am pliar las interac ci ones humanas reales. Las personas
CoNECTADOS
268
no sabía lo q u e de ve r d ad e sta ba ocurriendo- se sentaba fUera
, es-
cuchando al alumno a trav és de la pared. Tal y co mo se esperaba 1
I ,e
a umno se equivocaba e n la prueba de memoria. El interés de Mil-
gram se ce n tra ba en ver hasta qué punto e l exp e ri men tad o r podó
persuadir al maestro de que actuase. a
. En una proporción alarmantemente el evada -hasta e l 65 por
del tiempo en uno de los casos- los maestros, a petición del
experimentado r, continuaron ad min istrando descargas eléctri cas h
. as-
la un ni vel letal cada vez que el alumno daba una respuesta incorrecta.
De h echo, lo hici eron a pesar de los gritos y golpes en la pared que
daba e l alumno. Aunque casi rodos los maestros dieron se ñales de
que. comportamiento los angus tiaba, y muchos expresaron preocu-
pacio n el alumno, siguieron ad mi nis trá ndole descargas a petición
del exper im entador; que pennanecía sentado impasible a su lado , pro-
n u nciando frases neutras del tipo «el experimento requi ere usted
siga ad ejan re-". .
Mil g rarn (y otros) repitieron este experimento muchas veces y
co n muchas var ian tes. Por ejem p lo , Milgram eva luó el g rad o e n el
qu e el co nfor m ismo o la au tori dad consti tuian motivaciones para
el de los sujetos . En un experimento en particular,
se juntaba a los participantes con otros dos «m aestros- ( también sa-
cados d e la in terminable colección de colaboradores d e Milgram).
SI estos dos maestros se negaban a seguir las instrucci ones del expe-
sólo un 10 por ciento de los sujetos aplicaría la descarga
EVIdentemente, la presencia de o tros que se negaban a re-,
cibi r ordenes .Ie permitía a uno hacer lo mismo, un resultado que
fue un presagi o del posterior ex pe r im e n to de l a acera d e Milgram.
SU1 embar go, en 1999, una revisión sistemática de muchos experi- "
mentas de este tipo reveló unas tasas de obediencia sorprendente-
ment e consistentes, en las qu e, y en diversas circunstan cias , entre
un .61 y un 66 por ci e nto de los suj etos se mostraban dispuestos a
aplicar descargas eléctricas mortales".
Milgram propuso dos explicaci ones sobre la obedienci a que ha-
bía observado. En primer lugar) a las personas las motiva el con fo r-
mi smo. Tienden a renunciar a tornar decisiones propias y a acatar
las del grupo y de su jerarquía, en especi al cuando se encuentran <'
bajo presi ón. En segu n d o lugar, l os indivi d u os son capaces d e diso-
oarse de sus actos yverse como un in strum ento de la voluntad de tul
te rcero; por tanto, no se consideran responsables de sus actos.
j
!
CoN ECTADOS
sigue n reglas de comportami e nto huma no q ue están ya profunda_
mente arraigadas incluso e n ci rcunstancias .inusua les. La asombrosa
se nsaci ón de realismo que mucha gente experimenta al interacttlar
en mundos virtuales se conoce co rno presencia.
¡QUÉ BONITO ES TU AVATAR!
Una de las características que distinguen a los mundos virtuales
d el real es nuestra ca pacidad d e control ar nuestra prese ncia. En el
mundo real , la manipulaci ón humana del cuerpo - ya sea a través
de ropa, cosmética, tatuaj es o cirugía p lásti ca- es un rasgo cultural
uni versal. En parte esto se debe a que nuestra aparien cia fís ica afee.
ta a có mo. nos tratan los d emás . Po r ejemplo, la ge nte al ta o guapa
atrae a mas amigos, perci be salarios más altos por el mismo trabajo y
has ta reci be mejo r asist encia sani tarias. Nuestra apariencia física
ta m bi én afecta a Cómo nos percibimos a nosotros mismos , y por tan-
to a có mo ac tuamos.
Por desgraci a, los científi cos que se han in teresado por este asun-
to han visto limi tada su tarea por la ausencia de métodos senci llos
para alt erar la a par-ienr-ia de alguien de un a manera Sustancial, pero
se ncilla y transi toria. Aquí los avatares ofrecen una alt erna tiva. En
principio, los ava tares p ueden adoptar cualq ui e r apariencia, y las
opcio nes en los j uegos on Une son en o rmes. Po r ejemplo,
en e l mundo virtual d e Second Life, los jugadores p ueden manipu-
lar 150 parámetros para cambiar to do, d esde su color de oj os has ta
el número d e pie que gastan.
Parece qu e es tas manipulaci o nes de la apariencia virtual aparen-
temente arbi trarias influyen en las in teracciones on lineoEn un estu-
di o concre to se asignó a los voluntarios diversos avatares que iban
de: de co rrientes hasta a tractivos (y que n o guardaba n ninguna r e la-
Cla n con el as pecto d e los vo lu n tarios e n el mundo real ) . Los vol u n-
tarios se colo caron los cascos de reali dad virtual y ITIanipularon a sus
avatares para que en traran e n un a habi taci ón e interactuaran con
avatar, por un asisten te de investigación que no po-
día ve r los rostros virtual es de los avatares (y q ue por tanto in teractua-
ba co n todos de manera un ifo rme ) . Así, los investigadores fueron ca-
pac es d e manipular as tutamente los avatares para que los vo lu n tarios
pudi eran verse de manera.distinta a como los veían o tros (en este
270
H IPERCONE.CTADOS
caso e l asistente de investi gaci ón) . Esto es importante , po rque si,
por ejemplo, un o tiene un avatar atracti vo que.reci be un trato prefe-
rencial en el mundo virtual, quizá actúe con más confianza.
Aquellos vo luntarios a los q ue se ha bía asignado d e manera a lea-
toria avatares atractivos man tuvieron un a distanci a interperso nal
mucho menor que aque llos co n avatares poco atractivos. Los ava-
tares atractivos se acercaron un metro a los demás, mie ntras que
los avatares feos se mantenían a dos metr os de di stancia. Aque llos
con avatares atractivos mos trar on mayor confianza en sí mi smos de
otras maneras, como por eje mplo mostrando una mayor di sposici ón
a hablar sobre sí mi smos. En o tras pal ab ras, los voluntarios se reafi r-
maron a sí mismos con un grado de confianza proporci onal al
atrac tivo de sus avatares, en lugar de a su atrac tivo e n la vida real. A
este impacto de la perce pci ón de nuestra apa rie ncia sobre nu estro
compor tamiento los in vesti gadores lo lla ma ro n el efecto Proteo, en
hono r al dios de la mitol o gía g riega q ue pod ía cambia r de as pe cto
a vo l u ntad"
En o tro experimento, se asignó a los parti cipantes avatares de di-
fe rentes estaturas. A continuación, los avatares se se ntaron yjuga-
ron alj uego d el ultimátum d escrito en el capí tulo 7. Losjugadores
con avatares más altos exigi eron más dinero durante elj uego. Cuando
se les e n tregaban 100 d ó lares a re partir con OtrOjugado r, se queda-
ba n d e media con 61 y ofrecían 39 a l o tro j ugador, mie ntras que
aquellos co n avatares baj os p roponían de media u n repa r to d e 52 y
48 d ó la res respe cti vamente. Al cam bia r d e pa pel e n e lj uego, y fr en-
te a una oferta (<< inj usta») d e 75 y 25 d ólares, losjugado res con ava-
tares altos la aceptaron un 38 por ci ento de las ocas iones , frente a
un 72 por ciento de aq uellos con avatares d e baj a estat ura".
Lo más sorprendente es qu e las in teracci ones en e l mundo vir-
t ual pueden traslad arse al real . Trasj ugar con avata res a leatorios, las
personas a las que se hab ía as ignado avatares atractivos mostraron
mayor confi anza en el mundo real. En un experimento se e nseñó a
los partici pantes una serie de fotos sa cadas d e un portal de I n te rne t
para en co n trar pareja. Los vo luntarios a los que se había
, un avatar atractivo estaban más segu ros de que personas atractivas
es ta rí an d isp uestas a sali r con e llos". Este tipo d e efectos p ued e n in-
cluso te ner ap licaci ones terapé uticas. Qui zá e l uso d e avatares para
d esempeñar roles (co mo ser discapacitado ) e n e ntornos virtual es
podría au mentar la empaúa hacia los d iscapaci ta dos de l mund o
271
CONECTADOS
H¡PERCON'ECrAOOS
273
oa turaleza d e las inte racciones humanas, al co ncen tra rse la pobla-
ción en lugares cada vez más pequeños . Si n embargo , lo más llarnati-
vo ha sido el cambio en los pa trones de movilidad huma na que la
mej ora d e los transportes ha traído cons igo. Si la po blación se ha
multiplicado p or siete e n 200 años, la movilidad se h a multiplicado
'por más de mil e n el mismo plazo de tie mpo, aumentando la agIo-
l
roe
ració n .
Al fi n al es del sigl o XIX la n ave gación a va po r en mar abierto e clip-
só a la navegaci ón a vela. Especiahnente desde e l inicio de la década
lde 1860, los avances en el d iseñ o d e los cascos, las hél ices y los mo to-
res reduj e ro n dr ásticam.e n te e l tie mpo de navegación entre puertos
distantes entre sí. Por ejemp lo , e n 1787 la llamada Primera Flota
bri táni ca tardó ocho meses e n llegar a Aus t ral ia desde Inglaterra,
cubriendo una di stanci a de 12,000 millas marinas. Un sigl o más tar-
de es e mismo viaj e duraba menos de 50 días. No much o después, en
1925, se in troduj o el transpo rte aé reo e n tre los dos países, y en 1928
el aventurer o Bert Hinkler re ali zó un vuelo e n soli tario en tan sol o
J6 días. Sorprendentemente, las duraciones d e l os vuelos mostraron
un patrón de descenso muy si mi lar al del antiguo transporte maríti-
mo. La duración d el vuelo e n tre Inglaterra y Australia d ecreci ó de
forma e xponencial hasta llegar a dos días en 1955 ya menos de uno
en la actuafid acl- ".
El im pacto de la tecnología del transporte sobr e la movilidad es-
pacial de los individuos tambi én puede apre ciarse al examinar
relativos a Fra ncia y correspondientes al mismo periodo de 200 anos.
En es te espacio de tiempo , la distanci a media diaria atravesada por
perso nas que utilizaban los nuevos medios de transporte según éstos
iban apareciendo -desde ca bal los y barcazas, fer rocarriles y au to-
móviles hasta trenes de alta velocidad y aviones- se multiplicó por
más de 1,000, pasando desde menos de 100 metros hasta alcanzar
;¡ casi los 100 ki lómetros
l 2
.Junto con el creci mie n to demo gráfi co d e
Francia, que pasó d e aproximadamen te 35 a 58 mill o nes d e habitan-
tes e l resultad o de este au me nto d e la movili dad fue una población
,
cada vez más heterogénea.
Qu izá la mejor manera d e ilus trar los cambios en la movili dad hu-
mana sea un es tudio realizado por el e pid e miólogo David Bradley
cuando investigaba la genealo gía de su familia . Bradle y d o cumen tó
los patrones d e viaje d e su bisabuelo, su ab uelo, su padre y el suyo pro-
pio durante los cien años a n teri ores a la década de 1990
13
.
real. Asignar avatares atractivos a individuos co n baja autoestima
. o
que u enen una imagen distorsionada de su cue rpo podría ayudarlo
. . s
a expe n mentar e l mundo de manera dife re n te .
es posible utilizar estos experi men tos para evaluar el ya
cl ásico tema de c ómo afe cta nuestra aparie ncia a la manera en que
o tros. n os tratan, y no só lo a nuestra percepción de nosotros 111i smos.
Por ejemplo, en el mundo virtual la gente parece actuar según es tereo-
tipos raciales. En un estudio realizado en el mundo virtual There.com
se in vestigó la d isposición a ayudar a individuos de otras r azas que así
lo solici ta ban. Resultó que las peticiones de ayuda procedentes de ava-
tares de piel Oscura se atendían e n mucha menor medida". Ylos avata-
res tam bién siguen las normas d e gé nero del mundo real ; pOI' ej empLo,
d os ava tares masculi nos (independ iente mente del sexo d e las perso-
nas que los controlan) mantienen mayor distancia inrerpersonal en el
mundo virtual que la que mantienen los avatares femeninos, y los ava-.
tares masculinos miran menos a las ojos de otros avatar es l0 . J
Así pues, en e l mundo de la inte racci ó n virtual ya pesar de las
fronteras digitales que hemos cruzado, seguimos actuando de for-
ma h u mana. Somos tan capaces de dejar atrás el inte rés propio,
la envid ia, los p rej u ici os, e l al tru ismo o los afectos cuando cruzamos.
al mund o digital Co mo lo fueron Hernán Cortés ysus hombres cuan-
do c ruzaron el Atlánti co. .Ji;:
VAGAR POR EL MUNDO
272
..¡
El m u ndo vir tu al e s sólo u n paso más en una larga mar cha de '
cambios tecnológi cos y soci o e co n ómicos que están transformando
la entre seres h umanos. El creci miento demográfi co
mundial y la urbanización, junto con avances asombrosos en l os'
transpones y las comu nicaci on es, h an tenido efectos profundos en.'t:
las personas a q ui enes co nocemos) co n las que hacemos n egocios, :
vamos a la escuela yde las que nos enamoramos. r
En los últimos 200 años la p oblaci ón d el planeta ha pasado de],
menos d e 1,000 mi llones has ta cas i 7,000 millones, y la mitad de ese,
ha producido a partir d e 1960. La d e nsidad d e pobla- •
ha crecido aún más r ápido, dada la urbanización que se ha pro-
ducido d e ma nera simultánea a lo largo y ancho del planeta. Este"
mcremeri to e n la d ensidad d e po blaci ón h a modificado de p or sí la -.'
1
1
¡
CoNECT,o\. OOS
La vida de su bisabue lo ha bía es tad o ci rcunscrita a una aldea en
No rthamptonshire, e n las Midlands bri tánicas , y no había salid o de
un, cuad rad o d e 40 p or 40 ki lómetros. Su a buelo se movi ó un poco
mas, ya que hizo viajes a Lo ndres, pero segu ía limitado a un á re a cua-
drada, e n e l sur d e Inglate rra, con 400 kilóme tros po r cada costado.
El padre d e Bradl e y babía viaj ado p or toda Europa, recorr iendo Un
cuad rado cuyos lad os medían 4,000 kil óme tros, y e l propio Bra,
d ley se con virtió e n u n trotamund os, cu bri e nd o los 40,000 kilóme-
tros de ci rcunfere ncia de la tierra. De man era aproximada, con cada
generación, el rango d e viaj e d e la familia Bradley se había multipli-
cado por di ez. Para mantener esta progresión, el hijo de Bradley de-
berá ser astronauta.
En un mund o ideal , para e n te nder verdaderamen te la movilidad
implantaríamos rni crochi ps en las personas co n el fin de seguir su ras-
0"'0 de mane ra continuada. A los cien tíficos esta idea les pareci ó com-
pletamente ext ravagan te , hasta que se dieron cuen ta d e q ue la gente
ya llevaba voluntariamente un mecanismo así. Al encenderse, los telé-
fonos móvil es están continuamente conectados a una. red de antenas
lo que con un poco d e geome tría compleja p uede e mp learse pan:
trazar los movimientos de qui en los lleva. y esto constituye una mane-:
ra de entender los movim ie ntos human os mucho más de tallada que
ras trear la trayectoria d e los bill etes de d ó lar e n Wheresfs eorge. com.v,
Con esta ide a e n la ca beza, el fí si co Lás zló Barabási y sus co legas
obtuvieron una muestra anónima de los regi stros de más de seis mi-
llones d e usuarios d e tel éfonos móvil es d e un p a ís!". Trabajando con
d atos d e 100,000 individuos y tr as d ete ctar 16,264,308 cambios de
posici ón, crearon registros d e movil idad d e es ta població n para un
penado de seis meses, anotando su situaci ón cada vez que realizaba
o recibía una llamada. Barabási d escubrió que e l pa trón global d e
movilidad humana e ra el resultado de una combinación de factores.
En p rim e r lugar, la gente se d espl aza (hasta cierto punto ) siguiend o
el pa trón d e vuelo d e Lévy, tal Ycomo vimos e n el capírnlo 5. En se-
gundo lugar, hay g randes variaciones respecto a cuánto se desplaza,
con algu nos individuos qu e recorren di stan ci as mucho mayores qu e
o tros. En parte, es te panorama tan com plejo se d ebe a que atend e-
rnos a regresar una yo tra vez a los mismos si tios, co mo nuestras casas,
lugares de trabajo o restaurantes favori tos y ti errdas . Además nues-
tros «vuelos» no so n tan aleato rios a través de l tiempo; por lo ge ne-
ral tendemos a dormir en la mi sma cama la mayoría de las noches.
274
H.iI 'ERCQN"ECT"-OOS
El vigoroso movimiento d e los se res y la progresiva de-
sapa ri ci ó n d e l as distanci as geográficas han te nido efectos radical es
en la d ifusión d e to do, d esde gérmenes hasta bienes, pasando por
información e id eas . Hoy dí a podemos establecer conexiones sob re
áreas mucho mayores que nuestros ancestros homí n idos, y encon-
tramos una mayor variedad de i ndividuos con quien hace rlo para
una variedad de p ropósitos ta mb ié n mayo r. .
H ABLAR A DISTANCIA
Además d el p rogreso e n las tecnologías d e transporte , se han h e-
cho e normes avances e n tecnologías de la comunicación en este
mismo periodo d e 200 a ños. En su libro The Victorian Internet [La In-
ternet victoriana], el periodista Torn Standage documenta el efe cto
de la in venci ón y difusi ó n del tel égrafo e n la vida social d el siglo XIX" .
Antes d e la inve nci ó n del tel égrafo, la rapidez co n la que l as perso-
nas podían comu nicarse a distancia estaba limitada por la ve locidad
a la que e l h umano que ll evaba el mensaj e pudiera vi ajar (a p ie, a
caballo o e n barco ) . Pero el tel é grafo hizo pOSible u na forma d e co-
municaci ón que elim inaba el es pacio y el ti empo . Esta t e cnología
pronto se e mp leó para los negoci os y las re laci ones y
di o lugar a nuevos tipos de inte racci ó n en to dos los ámb itos, desde
el periodismo a la gu erra. favo reciendo la apa rición de nuevas cos-
tumbr es y vocablos.
La invenci ón del tel éfono rep resentó un nuevo paso adelante e n
este proceso. A finales de l siglo X1X y principios d el xx muchos acogie-
ron con en tusias mo la difusión del tel éfono e n Es tados Unidos, con
la es peranza d e q ue eliminaría las barre ras d e clase y la
sociedad' ". OtrOS pensaro n que reduciría la soledad , .espe Cla lmen te
e n comuni dades agrícolas. Incrementando la in teracción social !".
OtrOS e n cambio, e n un presagi o de las preocupaci ones contempo-
ráneas respecto a Internet, mantuvieron .un punt? vista. más
mi sta. A muchos les preocupaba que la Vida domesoca se Viera cono-
nuamente intelTl.unpida por demandas del exterior qu e la
intimidad y tranq ui lidad del hogar. También h ubo preocupaclOn so-
bre la pérd ida d e intimidad derivada de te ner a un operador e ntrome-
tido que p udiera escu char a escondidas, por eJem r:lo. Otros pensaron
que las conversacio nes telefónicas apresuradas serian SOCIal mente pe-
275
CONECTADOS
H¡ PERCONECTAOOS
277
du os interactuar con ge nte anónima de países lej anos , con la que d e
, otra manera no h abrían estable cido co n ta cto . Yno hay duda de que
I nternet hace posibles nuevas con ex io nes que d e o tra manera n o
ha b r ían existi d o. Además estas rni srnas tecnologías ofrecen oportu-
nidades para cam bia r las co mun.idad es y las interacci o nes locales.
Los estudios de los sociólo gos Kei rh H ampton y Barry Wellman
ilustran este punto a la perfección. A finales d e la década de 1990
estudiaron un barrio a l as afuer as d e Taranta, al que d enonuna-
ron Netville, en e l que se estaba instalando tecnología d e band a
ancha CT ratu i ta y di spon ible para todos los vecinos. Cualquiera
u n a de las 109 viviendas unifamiliares nuevas. barno
tendría acceso li bre a Internet d e al ta velocidad, un vi de óforio y
una variedad d e ser vi cios on line q ue iban d esde la a tención sa n i ta-
ria a foros de debate l ocale s. Por diversas r az ones no
co n las preferencias d e los residentes, el 60 por cien to este
t paquete de servicios y e l 40 por ci ento n o , formando a:'l dos gr u-
pos que p odía n ser co mp a rados e n una suerte d e na-
tural. H arnpton en persona estab leció su residen ci a Ne tvil le d e
1997 a 1999 y estud ió e l efec to de la nueva tec n o lo gía en las mte-
raccio n e s de la comunidad. ,
Los residentes con a cc eso a estos servi cios desarrollaron coriexio-
nes más amplias y p rofun d as con otros y establ ecie,r.,?fl un m ayor
mero de vínculos con sus ve ci n os, Un a com paracJo n e n tre los ve cr-
nos conectados y no con ectad os revel ó que los p rimeros conocían a
muchos más vecinos por su nombre de pila (25 frente a 8) , habla-
ban co n e l doble de vecinos de manera regular (6 frente a 3), h a-
bían visitado en más ocasiones la casa de sus vecinos en los últimos
seis meses (5 frente 3) y los telefoneaban con mucha mayor frecuen-
ci a (22 llamadas al mes frente a 6) . En lugar de sus tit ui r los, esta co-
municación electrónica había mejorado l os víncul os directos que
los estadounide nses mantienen hab itualm e n te con sus vecinos .
Esta te cnología también ayu dó a preservar l,os vínculos: interac-
ciones entre l os residentes de Nctvill e y los amigos que teruan antes
de cambiar de barrio y que vivían a cierta distancia, Por ej emplo,
comparación con los vecinos n o conectados: los con ec ta? os exp e n-
mentaron un ligero incremento e n su s r el a ciones d e
su red social que vivían a más de 50 de co.n tra-
rrestan d o así el impacto a dve rso potencial de su ca mbio d e resid e n-
cia en el mantenimiento de los vínculos soci al es .
ligrosas, ya que «los in terlocu tores n o pueden p repararse o
s?bre lo que discuten, como cuando se comuni can por cart:a» 18. El
tambi én representaba una amenaza para muchas costumbres
trad,c, onales (como visitar a los amigos sin aviso previo) y algunos ob-
se rvado res se pregun taban cóm o afectar ía el te léfono a los rituales d
co rtejo y co nd ucir ía a co n tactos sexuales inadecuados.
Por sup uesto, l a rn ayo rta d e es tas preocupaci ones se parecen a
.
que Se es gnmen hoy a Interne t: las in te racci on es So n apre_
su.radas, favo rece la p érdida de intimidad, contribuye a la degrada_
cton mo ral. Pero m ás revelador que todo esto es quizá el miedo 'a
que. la gen t: amistades cercanas en su comunida.j por co-
nexIOn es d ébiles con amigos dis tantes. En 1912 e l sociólogo Charles
Hartan Cooley o bservó que , debido a l teléfono y otras
«en VIda, la In tImIdad del barrio se ha roto como resultado
de l creClIn le n to de una in tr in ca d a mal la de contactos más aITIplio
.
que con VIe r te en a los oj os d e personas que viven
en l,a,mlsma casa [00'] d IsmInuyendo nuestra COlll u n ión econóolica y
espintuat COn nuestros vecinos»)1 9.
En realidad el tel éfono hizo más por extender yfortal ecer los vincu-
que por debilitarlos. Las interacci.on es locales se volvieron
mas fáci les y la maYOlia de las llamadas fueron y siguen sien do de gen-
te q ue VIV: en un radio de ocho kilómetros de la casa a la que l1aman
20
.
La rn ayo ria de las personas se niega a calificar sus relaciones tel ef óni-
cas-ya sean local es o de la rga distancia-de supe rficial es. Ya en 1911 .
u n _a n alis ta partidario del te léfono lo explicó muy bien al d ecir: «[Ei .
te lefonoJ nos ha permitido ser más socia les y cooperativos . Ha ab oli- ,
d o hte ralmented d e l a familia separada. Hasta tal pun-
to se ha convertido e n un ór ga n o del cu er po social, que ahora
rnos a a cuerdos, testifi camos, ponemos p le it os, damos discursos,
proponemos matrimonio, otorgamos títul os, atraemos a los votan-
tes y hacernos cas i tod as las transacciones verbales a trav és del teléfo-
n o»?' . El tel éf ono complementa las interacciones sociales, no las su-
p lanta .
276
, En una repetición de la co n tro versia sobre el teléfono, las discu-
.ron es so br e In ter n e t h a n puesto de relieve que permite a los in divi- !
¡OH, PEQUEÑO PUEBLO DE NETVILLE!
I
1
,!
CoNECTADOS
estos vínculos social es se movilizaron de forma colectiva
en actividades yacontecimi entos para la comunidad. En una de esas
ir onías de l destino, uno de los o bjetivos de la movili zación de los r
.
siden tes fue precisamente e l promotor que había instalado la tecno-
logía en Netville. Los residentes e mplearon sus conexiones reale
. s
y vir t uales para trabaj a r juntos y p rotestar por determinados defec_
tos en la construcci ón de sus casas y presi onar al promotor para que
los arreglara. La rapidez con la q ue los residentes fueron ca paces de
coordinar esfuerzos pilló desprevenido al promotor, quien se vio
O?ligado a a tender a las exigencias de los residentes «mej o r y más
rá pidamente de lo que tenía pe nsado»:". Los residentes tambi én
coordi naron una campaña para que e l Ayuntamiento impidiera al
promotor trabajar e n una segunda promoción urbanísti ca. Tal y
como res umió H a mptori con ironía: «Después de su experie ncia en
Nervi lle, e l promotor deci di ó que j amás volvería a cons trui r un ba-
rrio residencial con cableado de banda ancha- P.
DE LOS SEIS G RADOS DE SEPARAC lÓN A FACEBOOK
Las redes sociales virtuales , que han al canzado una gran populari-
dad en es tos últimos añ os, son se rvicios que permiten a los usuarios
co nstruir un perfil público o semipúblico en un en torno de acceso li-
mitado, mostrar una lista de o tros usuarios con quienes comparten una
conexión yver y navegar por las conexiones de o tras personas del mi s-
lTIO siste ma?", Aunque es posible hacer nuevos amigos y conexiones en
es tos se rvicios, ése no es su propósit o principal (al co ntrario de lo que
oc urre con o tros portales de e ncuentros como Match.com) . Algunos
servicios prestan soporte a amistades ya exis tentes, como Friendster.
co rn, mientras que otros cubre n las necesidades de colec tivos étnicos
políti cos, reli giosos o profesi onales específicos, co mo la red de profe-
sores y cien tíficos de MySDSci ence.com. En tre estos se rvicios hay gran
van edad e n lo refe rente a la privacidad, a quién puede unirse a la red,
a se puede postear y a có mo otros pueden ver y navegar por las co-
nexiones de la red. La característica que distingue a los se rvicios de re-
des sociales es que hacen visible para noso tros y para los demás nuestra
propia red de contactos. Además, y al co n trario q ue otros gmpos o co-
munidades virtuales, como unkis y listserus, los servicios de redes socia-
les están organizados en torno a personas, no a temas .
278
HI.l' ERCONI'.CT .... OOS
Cie ntos de mill ones de pe rsonas han integrado el uso de servicios
de redes sociales en su vida cotidiana. Reciben actualizaci ones de esta-
do sobre sus amigos, hacen nuevos contactos. j uegan , y «cuelgan» nue-
vos vínculos todos los días. Pero en esencia, los se rvicios de redes socia-
les fundamental men te reflejan interacci ones reales , no virtuales .
A pesar de que nos permiten mante ner contacto con gente con la que
de otra manera sólo mantendríamos lazos débiles (como por ejemplo
antiguos co mpañe ros de apartamen to, co mpañe ros de clase del insti -
tuto, personas a las que hemos conocido breve mente en una fi esta, e t-
cétera), no están diseñados para co nocer ge nte nueva.
El primer portal reconoci do como red social, SixDegrees.com, se
lan zó en 1997
25
. Atrajo a gran número de us uarios , pero fracasó
co mo negocio en 2000, probabl e mente porque e l me rcado aún n o
estaba preparado para asimilar este co nce pto . Parte del probl em a
fue que , como ocurre con e l tel éfono o con e l fax, una red social
vir tual no es útil hasta que mucha otra gen te la usa.
En 2002 se lanzó Frieridster par a co mpe ti r con Match. corn. Al
co ntrario que Match.com y otros portal es de encuen tros dedi cados
a facili tar la presentación de desconoci dos, Friendster explo tó la
idea de que los a migos de amigos son la mej o r fuente de recursos
para encontrar pareja. En esencia, era la ve rsió n informatizada del
proceso d e búsq ueda de parej a e n redes sociales del mundo real
que d escri bimos en el capítulo 3. Friendster creció rápidamente , lle-
gando a los 300, 000 usuarios en 2003. Sin em bargo, cuando comen-
zó a llama r la a te nció n de los medi os el interés se disparó, yapare-
cieron los primeros probl e mas técnicos y socia les. Sus servidores y
bases de datos no fueron capaces de hacer frente a las necesidades
logísti cas de una red cuya complej idad crecía de forma expone n-
cial. Desde el p unto de vista social, y t omo si de una avalancha mast -
va de es tud iantes universitarios nudosos y borrachos e n una tran-
quila isla griega se tratara, e l al uvión de nuevos USUa..I; OS la
cu lt u ra del portal, llevando a la ruptura de las no rmas conve nciona-
les y de la cohesió n en tre usuarios.
Por ejemplo , en su ini ci o Frie ndste r l imit ó los perfiles que un o
podi a ver a cuatro grados de separación (a migos de amigos de ami-
gos de amigos). Es interesante que esta práctica estaba sólo un gra-
do más allá de la esfera de infl uencia normal (record e mos la Re gla
de los Tres Grados de Influenci a) y d e la cadena de presentaciones a
las q ue u no tiene acceso en el mundo real ( ta l y como vimos en el
279
. )}
CONECTADOS
capítu lo 3). Es decir; d e forma implíci ta, el d ise ño d e Fri endste r se ser.
vía de la tecnología informáti ca para amp liar nuestros horizontes so.
ciales en un grado. Sin embargo, los nuevos usuarios inte ntaron
erar más la red creando atajos. La estrategi a era hacerse amigo de
desconocidos a cuatro grados de separación para ganar acceso a ár
d
.
is tantes de la red que de otra manera les esraría n vedadas. Sin embar_
go, la capacidad d e ve r más al lá del horizo nte social natural h izo qu
. e
un porcentaje mucho mayor de las amistades d el portal no es tuvier-dn
basadas en una co nexión e n el mundo real. Lapop ulari dad de Friends-
ter e n Estados Un idos cayó, e n parte debido a este factor;
MySpace se l a nzó en 2003 pa ra ca pitalizar la decepción de los
antiguos usuarios de Friends ter. Desd e e l p rincipio se esforzó por
atraer a los fans de ba ndas de rock inde pendiente y permitió a los
us uanos desarroljar conexiones co n dichas bandas y co n otros fans .
MySpace también permitió a los usuarios desarrollar perfiles alta-
mente personalizados y cortar y pe gar ma terial es de o tros sitios web
e n sus perfiles. Sin e mbargo, como re d social general, pronto se vía
desbancada por un competidor.
La re d social virtual d e Facebook nació e n Harvard e n 2004, pe ro
su hi sto ri a uene su o ngen e n un fe nómeno del mundo real. El nom-
bre proviene de una an tigua costumbre de Harvard In uy anterior a
Inte rne t. Cada año la u ni ve rsid ad publicaba y d istribuía un lib ro en
el q ue figura ban todos los al umnos d e la pro moci ón y su dire cci ón
e n e l.. unive rsi tari o . Se trata ba de una especie de dire ctorio
telefomco co n fotos , y los estudiantes acabaron dependiendo de él
para su social. De he cho , un año e n el que la impres ión de es te'
Iacebook ( Iibr o de caras) se re trasó d ebid o a proble mas ed ito r iales,
:uatro al umnos de una de las res idenc ias de Harvard se declararon
en huelga de hambre' 6.
. En un a práctica que se anticipó a la ve rsió n on une. algunos estu-
parej a utili zando ei facebook, mientras que o tros , más
lITlbIClOSOS. in te n taba n aprenderse de memo ria los nombres y las ca-:
as de todas y cada una de las personas que aparecían en él. La refe-
te mprana al facebook aparece escrita en e l peri ódico uni-
H aruard Crimson (1979) por u na j oven Susan Faludí (que
tarde g",?aría el premio Pul itzer al periodismo divuJgativo). Rela-
) que en la epoca los alumnos de primer año lo u tilizaban para eva-
lar po te ncial es mentores: «Util izá bamos el facebookpara ver qué pin-
l tenía la gente [... ] a veces. una foto bas ta pa ra hace rse una id ea. 27.
280
HIPY.RCON ECTAOOS
Veinti ci nco años más tarde, Mark Zuckerberg, entonces un es ru-
(liante d e segundo año en Ha rvard, lle vó e l faceboo k a la red y éste se
volvió tan po p ul ar que pronto se extendió a otras in su rucro nes. On-
ginahnente los usuari os debían, ser de
universi tari a y el portal promovIa una se ns acron de i ntimi dad y
vacidad, algo parecido a la versión virtual d e un mundo real p ro teg>-
do. Los miembros podían ver el perfil de todos los otros miembros
de la comunidad como si se h ubieran encontrado co n e llos en el
campus , sólo que ahora de fo rma anónima. Además ' . Ünpo rtante
e ra que los vi nculas virtuales que se formaban e ran visibles pa ra los
demás. En el plazo d e un año Facebook abrió sus p ue r tas a los estu-
diantes de secundaria y. más tarde, a comunidades de dete rminadas
áreas geográficas y a red es d e empresas. .
Enjunio d e 2008 Facebook superó a MySpace en us_uanos mun-
diales convirtiéndose e n la red social de mayor tamano. A pnnCI-
pios de 2009 más d e 175 millo nes ele usuari os se habían y
u tili zaban e l portal de forma a cti va'". Una de las caracterisucas que
probablemente haya co n ui b uid o al éxi to de Facebook, y donde
Frie ndster f racasó. so n las restricciones sobre lo que pueden ver los
us ua rios de la red. Al contrario que Fri eridst er, que mostraba a pe r-
sonas con hasta cuatro grados de separación, Facebook sólo
ver a los amigos directos (un grado) y ocasiona lmente a armgos d e
amigos (dos grados, a través de l a fu nción «Ge n te que talvez conoz-
cas»). Es to reduce e l númer o de vínculos e ntre desconocidos y hace
que la gente sie nta que su vida on linees relevante para sus redes so-
ciales del mund o real.
No está cl aro si los portales d e red es sociales perdurarán y d e qué
fo nn a lo harán, pero después de una década de innovaci ón parece
que so brevivirán de alguna manera. Las redes sociales virtuales es-
tán añadie ndo funciones de comunicación en tiempo real , coo:o la
mensaj ería instantánea, el correo e lectró nico y demás. Al
tiempo. otros po rtales co n conte nido generado l.os
(como Flickr.com para las fo tos, o iLike. com para la m úsica) anaden
fun ci ones propias d e las re d es sociales. Incluso los ad ultos d e mayor
edad están uni én dose a portales d e redes sociales co mo Eons, ReZoo m
y Multiply. Lentamente. pero co n paso firme, estamos lleva nd o nues-
tras vidas reales al mundo virtual.
9Rl
1
I
CoN"ECTAOOS
MASIVO y PASI VO
Second Life, World ofWarcraft, Facebook y MySpace son pOrtal
1
. es
comp etarnente mde pendientes. Para participar en los cuatro, uno
debe mantener un perfi l y una id en tidad separada para cada portal.
SIO embargo, pronto será posible te ner una única identidad gestiona_
da desde un perfil único q ue nos perrrtita e n trar e n muchos mund
. ill
VIrUl es y redes sociales . Algo parecido ocu rrió con e l correo electro
. L
Oleo. -?sprogramas ori ginales de correo e lec trónico sólo permitían
con gente que tuviera e l mismo programa. Esa restrie,
Clan fu e superada pronto, y la in te rope rabilidad se convirtió e n la
norma, a medida que la gente exi gía un único punto de acceso a to-
das las de co rreo e lectrónico. De hecho , es posible que este mos
dejando los portales que están di señados exclusivamente para la
mteraccion SOCial. Es seguro que los nuevos sitios virtuales estará
. 1 n
men os aJS ados.y que cada vez será más fáci l comunicarse con gente
e n portales sociales de redes múltiples, llevar listas de amigos de un
portal,a o tro o utilizar fun ciones de búsqueda de portales ajenos. Pero
ademas: otras fuentes de da tos e mpleadas desde hace tiempo podrán
convertirse en la base de las redes socia les virtual es.
Las listas de correo el ectrónico ya capturan much a informaci ón
relevan te desde el punto de vista de una red social, y lo hacen de
manera más dinámica y explíc ita que los portales de redes sociales.
Las agendas ycale ndarios tamb ién ofrecen informaci ón de valor. Las
carpe tas de correo recibido y enviado de una persona nos i ndican
con quié n se pone en contacto, cuándo ycon qué frecue ncia. Esta in-
formaci ón podría em p learse para dibuj ar redes y clasifi car a los indi-
viduos en función de lo as iduo o lo reci ente de sus contactos . El co-
rreo e lectrónico incluso permi te graduar la di recci onalidad de un
un o rec ibe un montón de correo deJuanito y Pepito. pero
a J uanito. Así. los sis temas de correo electrónico po-
d rían su rmrustrar la infraes tructura para las red es social es, incluso
a unq ue no hayan sido diseñados para es te propósito .
. En la las redes sociales vir tuales nos obligan a facilitar
acerca de nuestras conexi ones con otros y nues-
tras ac tividades diarias, pero pronto es tas redes serán implícitas. Hay
sistemas e n evolución que automáticamen te generarán can ti-
dades de información 1m line, recogida de forma pasiva y que
nos pe rrmnran seguir e l rastro de nuestros amigos. Con ilike se pue-
282
HU"ERCONP.:CTADO S
de el egir enseñar a nues tros amigos qué cancio nes estamos escuchan-
do en nuestro ordenador o iPhone. Tambi én podemos publicar nues-
tra agenda en Google y difundir nuestra posición GPS mediante
nuestro tel éfo no móvil usando aplicaciones como Twinkle. Estos pro-
gramas pronto nos darán acceso a ali,n más
bre nuestros amigos, con algoritmos que utilizan infor maci ón pasiva
para realizar inferencias so bre su vida, Una de co rreos a una
nueva persona puede indicar que nuestro arrugo ha hecho una nu eva
arrUstad. VIsi tas repetidas a un portal pueden sugerir que nuestro ami-
go tiene una nueva afici ón. De hecho, las empresas se están apres u-
rando a sacar partido de estas nuevas tecnologías, porque les pueden
ayudar a concentrar su publicidad y a predecir qué productos y servi -
cios comprará una persona. Si yo sé lo que tus amigos están haciendo,
puedo adivinar lo q ue ha rás tú dentro de poco tiempo.
El reciente auge de los te léfo nos móviles, de Inte rne t y de las re-
des sociale s vi rtuale s ha mul ti pli cad o nuest.ra capacidad para es tar
en contacto los unos con los otros y nos ha ll evado a es tar hiperco-
nec tados. Esta nueva tecnol ogia n os puede informar del grado de
conexión o desconexión en tiempo rea l. ¿Nos pe rmitirá tambié n
mej o rar la eficacia del lenguaj e de la misma manera que e l lenguaj e
en sí supuso un a mejora'sobre el acicalado? ¿Cómo cambiará la tec-
nología las r edes sociales?
Internet ha facili tado nu evas formas soci ales que introducen cua-
tro modificaciones radicales e n los tipos de redes de in teracci ón so-
cial exi sten tes hasta ahora:
1. Enormi dad: la vasta magnitud de nuestras redes y del número
de personas a las que se puede ll egar.
2. Comunalidad: una ampliación de la escala en la que podemos
compartir informaci ón y contribuir a esfuerzos colectivos.
3. Especifidad: un impresi onante incremento e n la particularidad
de los vínculos que podemos formar.
4 . Virtualidad: la capacidad de asumir identidades virtual es.
¿DEMAS IA DOS AMIGOS?
Aunque muchos usuari os de redes socia les virtuales tienen cen te-
nares o incluso millares de pers onas qu e citan como amigos, la reali-
283
CoNECTADOS H¡PERCONE(.. ,ADOS
dad e. que el usuario medio d e Facebook ti ene ap roximadamente
CIen amigos
29
. Y está claro q ue só lo una pa rte d e ellos son ami
P
. ".
cercanos. ara averiguar quien es un amJgo cercano y qui én no lo
es , he mos d esa r roll ado e l método d e «la fo to del amigo», basado en
las fo tografías que la gente p u hli ca e n su página d e Facebook. La
Ide a es que d os personas que publican y etiquetan fotos el uno del
otro estén más cerca socialmente que aque llas que
no lo hacen. Es tudiamos todas las caras e n el Facebook de una u .
.
versidad ( no podemos revelar cuál ) ycontamos el n úme ro d e fotos el
. e
armgos que los estudiantes tenían en sus p áginas. Descubrimos q
d
d i O ' ue,
e me la, só lo 6.6 eran amigos cercanos.
estos estudios ponen de manifi esto el gr
que existe e ntre las redes socia les virtuales y las re al es.
numero de amigos que la gente tiene en las redes sociales está cerca
de 150, e l n úme ro d e Dunbar (exp licado en e l cap ítu lo 7). y el nú-
mero _de anl.igos ce rcanos tampoco se aleja de cuatro , el tamaño
esencia l d e red (disc u ti do e n el ca p ítulo 1). Las redes social es virtua-
les no parecen aumen ta r el número de personas con las qu e de ver..
dad mante.nemos una relación es trecha, y tampoco mej oran de ma-
nera ese ncia l nuestra relación con nuestros gru pos centrales. Todavía
estamos gobernados por nuestras tendencias y capacidades e n ta n to
p rimates.
. Sin embargo, las redes soci aJ es virtuales sí ofrecen nuevas opor tu-
nidades, Un gr u po de «ami gos - de Facebo ok es muy di stinto d e un
grupo de habi tantes de una aldea pal eolítica, no tanto en términos
de qu ié nes so mos, sino más bi en en lo qu e se cons idera una in terac-
ción soci a l n ormal y coherente. Los portales d e re d es sociales pue-
y redefi nir lo que cons tituye un «a migo» , y al mi smo
tiem po .el man tenimiento d e ví ncul os e n tre es te grupo de
gente mas am p lio. Los portal es d e redes sociales se utili zan p ara se-
g u u' los pasos d e amigos y p ari entes real es, por su p uesto, pero la
mayona de la.gente manti ene conexiones virtuales con personas de
que, por ejemp lo, no tiene e l n ú mero d e te léfo no, a q uienes se-
n an J..ncapaces de reconocer en la cal le y con las que, francamente,
podr ían no sentirse cómodas char lando en un bar.
Los amigos que tenernos en nu estras redes soci ales virtuaJes se
de nuestros amigos real es en otros aspectos: es tas amista-
:les tienden a se r acumulativas (e n el mundo virtual la ge nte tie nde
I añadir conexiones y no cor tar las ) y la naturaleza d e la interacci ón
284
se ve fu ertemente influida po r e l medio (pe q ueñas llamaradas d e
activid ad e n lugar de conversacion es soste n idas, por ejemplo). Ade-
más. en las redes virtuales no só lo gestio namos nuestra relaci ón di-
recta con todas estas personas; también seguimos las rel aci ones en-
tre todas e IJas e n mucho mayor grad o d el que haríamos e n el mundo
real. Cada ruptura entre nu estr os ami gos se anuncia con un peque-
ño corazón rotojunto al nombre del am igo; e n las redes virtual es d e
instiultos y universidades, la we b media probabl emente conte nga
docenas de almas necesitadas de co nsuelo. De repente tenemos mu-
cha m ás informaci ón sobre las vidas cotidianas de personas que ha-
bríamos o lvidado o co n las que habríamos pe rdido e l contacto e n
nuestras redes sociales del mundo real.
La rel evanci a de los víncul os virtual es puede ilustrarse de forma
gráfica. La ilustraci ón 8 (ve r pli ego central) muestra la d ifere ncia e n
el grado de conexión entre el m undo virtual y e l real d e 140 estudian-
tes universitarios de nuestro estudio sobre Facebook. Primero mostra-
mos la malla de amistades cercanas, basada e n nuestro a lgori tmo d e
las «fotos ele amigos». Después añadimos víncul os por pertenecer al
mi smo club (arri ba a la d erecha) o se r co mpañeros de casa (abajo a la
izquierda). Por último, en la esquina inferior de rec ha, añadimos las
ami stades de Facebook. ¡Lo q ue era una tela de araña se ha converti-
do e n un ovillo en marañado! Y esto es parte d e la re d. Cuando incl ui-
mos a los 1,700 estudiantes de la promoción universitaria. las interco-
nexiones de Facebook se volvieron de una densidad imp en etrable.
REALIDAD y WlKJAUDAD
La escala masiva de las interacciones sociales virtuales ha hecho
posible una ampli a vari edad d e redes de co noci dos que nunca antes
habían existido. El resul tado es un enorme in cre mento e n la canti-
dad de información compartida. Hay portal es para p lanear vacacio-
nes, a l os que la gen te sube fo to grafías de los lugares de destino para
otros viajeros, esfuerzos colaborativos para corregi r bases de datos
on line (alguie n llega a un punto muerto no refl ejado e n un mapa y
rápidamente lo notifi ca a qui en ha proporcionado dicho mapa ), e
incluso portales como Couchs urfi ng.com, que ofrecen listas d e con-
tactos para que sus miembros pue da n llegar a un acu erdo co n un
d escono ci do y d ormir e n su sofá cuando están d e viaje. Los portal es
CoNECTAOOS H IPt:RCONt:CTADOS
287
Si la broma descri ta anteriormente acabó en una pequ eña esca-
f ramuza, lo ocurrido con la e n trada de Sarah Palin en Wikipedia
cuan do fue el e gida candidata a la vicep residencia por el Partido Re-
publicano constituyó una auténtica guerra. En su calidad de uno de
los candidatos nacionales más controvertidos en la hi storia política
moderna de Estados Unidos, Pali n insp iró un a «gu erra de edición»
que generó cientos de cambios e n su entrada de Wikipedia d uran te
la campaña. Sus parti dari os e limi naron entradas que rel a taban su
apoyo ini ci al al fiasco del «pue nte a ninguna parte» ysus de tractores
se mbraron rumores de que simulaba su embarazo para esconder el
supuesto embarazo de su hij a de diecisé is años . Sin embargo , a pe-
sar d e cambios in tr oducidos que di storsionaban la verdad por pa rte
de extremistas de ambos bandos, la información global sobre Palin
quedó re lativamente neutral. Los con trib uidores de Wikipedia esta-
ban fuerteme nte comprometi dos con la regl a de pllll tOde vista n eu-
tral (POV, por sus siglas e n inglés), creada por e llos m ismos, y vigila-
ron to dos los cambios para asegurarse de q ue fueran relevantes y
es tuvie ran avalados por fu entes publicadas. Cualq uie r cambio que
mostrase un excesivo sesgo fue eliminado rápidamente. Además, los
innumerables cambios que se encontraban en la zona gri s, a medio
camino entre el sesgo y los hechos , promovi eron debates en la pági-
na de di scusi ón correspondiente a la e ntrada de Palin, a med ida
que los contribuidores se esforzaban po r dilucidar qué información
es ta ba basada e n hechos y cuál no.
El éxi to de portales como Wikipedia parece desafi ar todas las pr e-
di cc io nes. Co rno escribió la experta en unkis Anja Ebersbach , «la ma-
yo ría de la gente, cuando conoce el co ncepto de wiki por p rimera vez,
su pone que un portal que puede ser edi ta do por cualquiera pronto
será inútil debido a aportaciones destructivas. Es cama ofrecer esprays
de pintura de forma gratuitajunto a un muro de cemento nuevo. El
único resul tado veros ím il se rán feos grafi tis y lugares comunes , y la
mayo ría de los esfuerzos artísticos no serán duraderos. Aun así, pare-
ce funcionar bastante bien . ". De hecho, un estudio publicado en la
revista ci entífica Nature reveló que el artíc ulo medio de Wikipedi a
era casi tan exacto como el de la Enciclopedia Brit ánico" ,
Los unkis son parecidos a las elecci ones, los mercados y los distur-
bios callej eros. pero sustituyen los VOtoS, las transacciones y las emo-
ciones por la informacióLl. Se parecen a un grupo de individ uos que
trata de calcular e l peso de u n buey: trabajan de forma indepen-
. ,
.
.
! (-
"
H
286
de software de código a bierto como SourceForge. com permiten que
la gente a por te sus propios códigos para mejorar p rogra mas infor_
máti cos, lo que ha lle vado al desarroll o de navegado res web como
Firefox y sistemas operativos co mo Linux, que compite n abierta_
mente con productos de Mi crosoft yAppl e.
Pero e l ejemplo más extendido de esta nueva forma de interac_
ción social es el wiki. Los wi kis, que toman su nombre de la palabra
hawaiana para «r ápid o» , están diseñados para permitir que cual-
q uie ra q ue te nga acceso a ellos pueda modifi car su co n te nido. Es to
hace posible q ue grupos de gente con un inte rés común p or una
determinada info rmació n puedan aunar recursos y trabaj ar juntos .
Al el imi nar casi por comple to los cos tos de co ne xión, los tuikis apro-
vechan e l pod er de mill ones de peq ueñas acciones desinteresadas
para crea r algo nuevo y po te n te. El ejemplo por excele ncia de wi k.
es Wikipedia, una enci clope dia on line qu e en el último recuento
co nta ba más de doce mill ones de e n tradas escritas e n 200 idi omas.
No existe u na a utoridad ce ntralizada en Wikipedia. Como cualq uier
a lfa unki, se mantiene por medi o de vol u n tarios que cola boran jun,.
tos y establecen sus propias normas acerca de la interacción.
En su programa The Colbert Report, Ste phan Colbert, del canal de
televisión Comedy Central, se burla de es tas nuevas formas de cola-
boraci ón e n Interne t. Parodiando los programas de actualidad basa-
dos en la personal idad de p resentadores como Billy O' Reilly y Rush
Limbaugh, Colbert j uega con la id ea de que un presentado r caris-
mati co puede consegui r que la audienci a se crea cualquier cosa. y si
permites que esta gente in teractúe on line, acabarán creando una
realidad propia que no te ndrá n inguna base en el mundo real. Col-
bert define esta unkia iidad como «u n a realidad en la qu e, si un nú-
me ro sufici e n te de gente se cree algo, ese algo se convierte e n la
verdad- P". Para demostrar su capacidad para infl uir sobre la wikiali-
dad, a nunció en The Colbert Report que la pobl aci ón m und ial de el e-
fantes ya no necesi taba esta r p rotegida porq ue se h abía tri plicado
en la últi ma década. En cuestión de minutos, la entrada de «el efa n-
te» en Wikipedia había sido editada para reflejar es te «hecho- A' . Sin
embargo, in st antes después la e ntrada fu e cor regida po r los volunta-
rios que habi tualmente conlri buían a su mantenimi ento. A conti-
nuación hu bo un enfre ntamiento y los bromistas acabaro n cedi en-
do . La gen te comprometi da con man tener información co rrecta
ganó la batall a, y la e ntrada volvió a su estado o rigi nal.
CoNECTADOS HI PERCQNECTADOS
Corn o vimos e n el cap í tu lo 3, mi llones de personas usan hoy In-
te r net para buscar parej a. Aunque la bús q ueda d el a mor verdadero
no es algo nue vo , Internet ha faci litado el encuentro y la interacción
con muchas más parej as po tenci al es y con un treme nd o grado de
es peci fici dad . Pero aho ra también es más f ácil e ncon trar todo tipo
de personas en o tros ámbitos de nuestra vida .
En otoño d e 2005 Al lison Pollock e ra u na niña de quince años
con una enfermedad rara, conoci da como laringe hendida, que ha-
cía que su lari nge y su es ófago estuvieran co m u n icados, Corno resul-
tado, la comida y los líquidos que in ge r ía ac a baban e n sus pul mo-
nes, causándole brotes recurre ntes de neumonía. Después de un
largo p eregrinaj e por di stintos médicos acudió al Hospital I nfantil
de Bostori , donde una cirugía especiali zada le curó la malforma-
ción. La revista e lectró nica del hospi tal publicó un reportaj e sobre
di en te, pero colaboran para crear al go que es tá fuera de su alean
. d ' ' d ~
In lV1 ual . Al recoger y evaluar información de varias fuentes I
'k " , ~
W'Z ts crean un camino al conoci m iento similar a cómo decide una
bandada de páj aros e n qué d ir ección vo la r.
E! motivo de l so rpre nden te éxito de Wikipedia es que en torno a
cada te ma su rge una r ed social. En estas redes hay cooperadores (que
con tnbuyen con informaci ón nueva e im parcial) y o portunistas o.fret
riders (aq uellos que utilizan la credi bilidad de la informaci ón sumin i.. .
trada por otros para propósi tos perso nal es) . Si éstos fueran los únicos
tipos de compo rtami ento sería fác il creer que Wikipedia fracasaría
Si n e mbargo existe un tercer tipo: el justiciero. Miles de vigil antes pa:
~ r u l l a n Wikipedía e lim inan do contribuc io nes malintencionadas y de--
Jando notas personales en las páginas de di scus ión de sus autores. In-
cluso pueden unirse para prevenir que ci ertos usuarios inrroduzcan
cambios. Sorprendentemente, lo que vemos en el mundo virtual es lo
que puede haber es tado ocur ri e ndo desde los albores de la civiliza-
ción humana, tal y COIDO vimos en el capítulo 7. No cooperamos entre
nosotros porque un estado o una autoridad ce ntral nos obligue a ello.
Al contrario, nuestra capaci dad para entendernos eme rge espontá-
neamente d e las acciones descentralizadas de pe rsonas q ue forman
grupos con destinos interconectados y propósitos co munes.
LA AGUJA EN EL PAJ AR .1
SU caso, y un j oven llamado Sarn Kase, que padecía la misma enfer-
medad, lo leyó e int entó ponerse en contacto con ella: «Allíso n se
someti ó a la ope ració n más o men os a la misma edad que tenía yo
entonces , en 2005, quince años" , expli caba Sarn «y supuse que a es-
ias altu ras cursaría ya último año de enseñanza secundaria o prune-
ro de universidad, de manera que era bastante probabl e que tuvi era
un perfil en Faceboo k. Esperaba encon trarla para hacerle pregun-
tas so bre la operación y su recuperaci ón». Allison es tuvo encan tada
de contestar a las pregu ntas de mane ra desinte resada, y los dos aca-
baron escribiéndose correos electrónicos a menudo. antes ydespués
de la o peració n quirúrgi ca de Sam; incluso llegaron a ve rse perso-
nalrnerrte en compañía de sus pad resé".
, Algunos porta les es tá n diseñados e xplíc itarue n te para propósi tos
de es te ti po. Por ej emplo, e n la página de bienvenida de l portal de la
Asociación de Recursos Online sobre e l Cá ncer (ACOR) se puede
leer: «No estás solo. Uti liza las list as de correo de ACOR para contac-
tar on line con gente como tú y compartir apoyo e información (...]
ACOR es una de las redes sociales originales [... ] desde se p tie mbre
de 1995 los usuarios de ACOR in teresados e n formas es pecíficas y a
veces raras de cáncer se han beneficiado de la inteligenci a colectiva
de centenares d e pacientes y cuidadores- P. En 2008 es te portal e n-
viaba más de un mill ón y medi o de COITeos electrónicos por semana
. a todos los lugares del planeta.
Este alto grado de conexión pa rece algo positivo. Al fin y al cabo,
¿a quién no le gustaría enc ontrar exactamente a la persona a la que
está buscando? Pero la conectividad tambi én tiene un costo. El es ta r
más conectado significa que podemos encontrar a más gente, pero
tambié n que más gen te nos puede e ncontrar a n osotros. o todas
estas pe rsonas son bienintenci onadas, y no todas las conexiones so n
positi vas.
Por ejem plo , algunas personas utili zan In ternet para incremen-
tar su n úmer o de parejas sexuales. El resultado es un aumento del
riesgo de contraer enfe rmedades de transmisi ón sexual , y ya se han
dado algunos brotes relacionados co n el uso de Internet. En un es-
tudi o d enominado «Rastreando un brote de sífilis por e l ciberespa-
cio » un gnlpo de especialistas en salud pública de S ~ _ Francisco
concl uyó que buscar pareja en In terne t multipli ca por más de tres las
probabilidades de contraer una e nfermedad de transmisi ón sexual
respecto a los métodos tradi ci onales'".
288 289
.1
CoNl:CTADOS
Por desgracia, los más vulnerables al lado oscuro de las redes So-
cial es virtuales son los jóvenes, e I n te rnet es el espacio donde pasan
su tiempo de ocio. Más del80 por cie n to de los adoles centes estado-
unidenses utiliza Internet, y de ellos casi la mitad lo hace a diario".
Más de l 75 po r ciento usa el correo electrónico, la mensajería ins-
tantánea u o tras formas de comunicaci ó n electrónica. Más del 50 por
cien to tiene varias direcciones de correo el ectrónico o alias a través de
los cuales inte r-actúan de manera anónima con otrosj óvenes en chats,
foros y lugares de encuen tro'". Las inte racciones on line ofrecen Un
apoyo social valioso para adolescentes potencialmente ais lados, pero
tambi én pueden validar y hace r rutinarios comportamientos p eligro-
sos como la anorexia, e l vandalismo y e l suicidio.
Además, la especific idad , amplitu d e inmediatez de la cultura de
las redes sociales virtual es, d esde los me nsaj es de texto has ta los
grandes portales. segurament e contribuyen a difun dir estos COm -
por tami entos. En la comunicación ele ctró nica se puede producir la
retroalimentación instan tánea y e l refuerzo de impulsos extraños o
negativos. qu e en ge neraciones anteriores podrían haberse disipa-
do por sí so los al no existir es tas tecnologías de la comunicac ión.
Por supue sto, los ado lescentes sie mpre se han influido e ntre sí, pero
en el pasado ese tipo de refuerzo res ultaba más costoso. Ah ora en
cambio está a una tecla de di stanci a.
Por ejemplo, un es tudio e ncontró más de cuatrocientos foros en
In te rne t dedicados a una forma de auto lesión denominada
El cutt ing está e mergi e ndo como el último trastorno adolescente y
ag n lpa una diversidad de comportamie ntos de autoles i ón qu e pro-
bablemente afecten a más del 4 por cie n to de los j óvenes de estas
ed ades. Este com portamien to ha awnentado de forma preocupante
e n los últimos a ños y muchos profesional es sanitarios sospechan que
se extiende por contagio social, ya que sigue patrones similares a las
e pidemias, con brotes locali zados t'1 11 colectivos determinados' ", Por
complicados motivos psicol ógi cos y fisiol ógi cos, los adolescentes que
lo practi can afi rman que los ayuda a «su perar las te nsio nes».
Un estudio e xhaustivo de mensajes en foros dedi cados a este com-
portamieruo revel ó que e l más corriente, que sumaba un 28 por-ciento
de los mensaj es, era la ofe rta de ayuda a los demás con co mentarios
del tipo «Nos alegra que hayas ac udi do a nosotros» O«Reláj a te e inte n-
• Del ing les lo cul, que significa .... cortar... [N. del T.]
290
H ¡ PERCONECTADOS
41 SI·n embargo un 9 pOI· ciento de
. I fundamente» . ' al
ta respIrar enta y pro , ter adicti vo del cutting (. lgu
los mensaj es hablab a del supueslto carac
go
siempre soñaré con cuchi-
- 1 OUlc1uso SI o consi ,
intento dejar o, per . to de las técnicas e mpleadas.
Ilas y sangre-) Yun 6 por cien ha congregado e n el mundo vir-
O tro grupo de personas que delirios paran oi des. Por ej em-
rual so n aq uell os que e xpen dmen
F
eedom from Ca ve n Harassment
d nomina o « r .
pl o hay un grupo e. ., del acoso Yde la vigilancia e ncuble r-
d S
ill a nce > [Liberaci ó n . d f . a
an urvei d ar-ios interca.mbl an e a l m
. e ntenares e usu
tos ] , donde varios c , . do V1·gilados . •Fue un gran
h de q ue estan SIen
habitual sus sospec as unidad.. d iio De rri ck Robinson, un conser-
alivio encontrar esta COIU . ll de edad que preside la
. d . e nta y ci nco anos
je de Ci nci nnatt e : lncu , , ente pero no estaba seguro
orga nización . "Pens e q ue habnadmdas gOtro'grupo está dedicado al
, la comu ru a vr , • •
hasta que encontre es . el determinados Irrdivid u os
llamado gang stalki ng, la cree
1
nc
d
1a ye qesupeiados por "un a forma de
t ente acec va os id
son permane n em d . todos los aspectos de la V1 a
. , . que busca estnnr . .
contrOl slstemaoca,. bi eri Espías civiles siguen y Vl gl1an
. id zido como o 2
del in d iví uo es cogí al d í ie te días a la se mana>" .
al obj etivo veinticuaU·o ha:' es tos portales les ofrecen la
A los individuos que pa ece n le d ra experie ncia que todos ao-
e ante y tranquI Iza o . di .
P
o te n te . reCOI1Lort . d Po r una vez es tos In rvi-
I . n que n os enue n e . . ,
siamos : estar con a gul e tros ue les ase guran que no estan
duos pueden encontrarse con O l q , ·camente con o tra gente
.d d d o rrectar e ectro nl
locos. La capaCl a e c . al ofrecer un grado de apoyo Y
P
od r ía ser socialmente idi na nor mal qu izá no sea posi-
e en la VI a con la d
contacto humano qu I · tuac ió o desde e l punto e
ede empeorar a SI .
ble. Pero este apoyo pu . . d estos siste mas de cree nClas
. ,. L puntos de vista e
vista pSlCO\OgtCO. « os llrnentar constantemente,),
ib ' I que hay que a l.
son como un O uro n a . ia tra de Yale. «Si no se ah-
Ral h Hoffman un pSlqUl
señala el doctor P , .' d ·sminuirá por sí mismo. La
l i ri , te pronto monra o I 43
menta el de m o , es e a -lo constantemente» .
ra persistir hay que retorz I
es te caso Internet facilita la tarea.
REINVENTARSE A UNO MISMO
as trasladan sus d el irios al mundo vir-
y mientras algunas pe rson . .. sus expe rie ncias reales .
al
otrOSutilizan I nternel para dej a r arras
tu ,
291
CoN"ECTADOS H II' 2 RCON"ECT"-DOS
293
ba establecien do una conexión. O por lo menos eso le pareció a Amy
Taylor, y para e lla éste fue el factor decisivo. " _
De todas formas , si las personas se perci ben a SI mlsmas?e mane
ra di stinta e n el mundo virtual - aque llas con avatares atraen-
vos ac túan de fo rma más gregal;a o se comportan. mas
mente- e nto nces puede ocurri r que e n las ComuI1.1dades vir-tuales
se den caracte rísticas qu e no se producen e n
do real , características que alto no hemos expen lnen ta.?O 0 1 IInag¡-
nado. Nuestros mu nd os virtuales podrán parece r mejores que el
mundo real, no sólo por lo que los p rogramadores han construido
en e llos. sino por nuestra manera de comportarnos. e n tanto seres
humanos. e n estos nuevos e ntor nos.
En e l Inundo virtual es posible ll evar una «segunda vida» e interac.
ruar si n las restr icci ones del mundo r eal . Gente co n discapacidad fí-
sica puede tene r avatares normales. o los ho mbres pueden preten.
der ser muj eres y experi men ta r con los rol es sociales de una forma
que hubiera sido imposible an tes de Inte rne t. Es tos com po rtamien_
tos co nstituye n nuevas fo rmas sociales. no una mera modifi cación
de las in teracci ones e n una red social ya existe nte.
y estas nuevas formas pu eden difuminar las fronteras en tre los
m undos re al y virtual. En un juego virtual, una mujer j aponesa de
cu are nta y tres años se casó con un ofici nista de tre inta y tres años al
qu e afirm ó no co nocer e n persona. Eljuego trans currió con norma-
lid ad , hasta q ue é l se d ivorció de e lla sin p re vio aviso . Au nque el ma-
trimonio era puramen te virtual e im agi nario . la muj e r se e nfadó tan-
to que utilizó la i nformaci ón qu e tenía sobre el hombre para matar a
su avatar. No había plan e ado ninguna vengan za e n e l mundo rea l;
aun así fu e detenida po r la policía. y posteriormente se e nfre ntó a
un a co ndena de hasta cinco años de cá rcel y u na mul ta real de 5,000
dólares por su comportamien to destructivo e n Inrerner''".
Aún más extraña es la siguie nte secuenci a de acontecimientos.
En 2003, Amy Taylor, de vein titrés a ños, conoci ó a su esposo, Dave
Pollard , d e treinta y cinco, e n un chat de Interne t. Se casaron en la
/ida real e n 2005 y cele braron una boda extremadamen te luj osa e n:
Second Lif e. Después d e su boda, Taylor sorprend ió al avatar de su
'nari do mantenien d o re laci o nes sexuaJes con el ava tar de o tra mu-
e r que hacía el pape l d e prostituta. Llevaba tiempo a lbergando sos-
oechas y. po r surrealis ta que pare zca, había contratado a una agen-
:ia de de tecti ve s virtual para seguir las actividades on Une de su
narido. «Nunca hi zo nada e n la vida real », admitió e lla. «pe ro yo
e n ía mis sospechas sobre sus ac tivida des e n Second Life». En su
lemanda d e di vorci o, TayJor calificó las activid ades d e su marido d e
adulterio». Pollard admi tió haber mantenido una rel ación virtual
iero negó haber sido infiel (en la vida re al ) . Tiempo después, Taylor
,ició un a rel ación con un h ombre al que habia conocido jugando
n Wo rl d o f Wa rcraf t'",
¿En q ué se diferencia el comportamiento d e Poll ard d el de, por
jemplo, u n hombre a l que su p arej a d escubre cons umien do pomo-
rafia? La di ferenci a pod ría 111UY bi en ser la existencia de un a co-
exión. Pollard no buscaba simplemente a algui en desnudo en l a
anralla de l o rdena dor, ni siqui era un avatar desnudo , sino qu e esta-
292
Lo MISMO PERO DIFERENTE
Podemos usar Internet para e nco ntrar a gente que ya
en el mundo real y traslad ar nuestras relaci one s a la esfera VIrtual.
Tambi én podemos usar Internet para conoce r gente e n e l mundo
virtual co n la es peranza de establecer conexiones e n el mundo re al.
O bien nuestras conexiones pueden e mpezar y pennan e ce r en su
In undo respectivo . virtual o real. Nuestras conexiones virtual es se
pare cen en muchos sentidos a las reales. pero e n o tros aspectos re-
flej an maneras y pau·ones de interacci ón nuevos.
La h iperconectividad que hace posible e l mundo vir tu al ex p lo ta una
a ncestral maquina ri a biológica de mane ras novedosas , pe ro que to-
davía están al servici o de o bjetivos ancestrales. .
Las redes virtuales ofrecen nuevas vías pa ra la y con-
tagi o social. La rápida o rganización faci litada por las
e lectró nicas e n Netvi lle , l as manifestaci ones on line de impul sos
tan d iversos co mo e l racismo y e l altruismo y la manera en. Oba-.
ma y los ac tivistas colombianos utiliz.an para .moVl I.lzar a
seguidores sugie re n que la influencia SOCIal puede difundirse a tra
vés de Interne t de la misma fo rma e n que lo hace e n las re des SOCIa-
les del mundo real. _ _ .
Sin embargo, al gunas cosas se podrán mas fácilmente
que otras. Como vimos e n el capítulo 2, la difusi ón d e emocio nes p a-
.. . a Así aunque las conexio nes
re ce requerir Inte raCCl on cara a care: . > • •
virtuales aume ntan la frecuencia de contacto, no esta claro S1 nenen
¡
!
,1
CoNECTADOS
e l efecto que estar presente en carne y hueso. Por contra, en el
capitulo 4 mostramos cómo la frecuenc ia de contacto no es tan im-
portante en la difusión de normas sociales. Las Costumbres de Co-
mer, beber y fumar de amigos que viven a centenares de kilómetros
parecen tener la misma infl ue nci a que las de los amigos que vive n al
lado. Esto significa que las ideas sobre el comportam ie nto pued
difundirse e n ausencia de contacto personal di r ecto y
CUente. Aun asr, parece que la difus ió n d e estas ideas es tá basada e
. . n
coneX10nes sociales profundas, y que po r tan to un os vínculos virtua-
les débiles ad icionales tendrán poco o ningún efec to sobre nUestra
capacidad cam bia r las norm as. Desde el punto de vista glo bal,
la expe rienc ra de las redes sociales reales indica que las redes virtua-
les pueden usarse para mej orar los fluj os existentes entre amigos y
pari entes del mundo real , pe ro aú n desconocelnos si Interne t au-
mentará la velocidad o el ámbito del contagio social e n general.
uestras 10 teracciones, apoyadas y p romovidas por nu evas tec no,
Iogías, pero que existen incluso en su ausencia. crean nuevos ferió-
sociales qu.e trascieriden .Ia experiencia indi vidual enrique-
ci én dola y agrandandola, y es to ne ne importantes repercusiones en
el bien colectivo. Las redes pueden ayudar a q ue el conjun to de la
humani dad sea muy superior a la suma de sus partes, y la invenci ón
de nuevas formas de conectar p rome te fortalecer nuestro poder
para lograr aq uello que la na tu ral eza n os tie ne destinado.
294
C APÍTULO 9
LA GRANDEZA DEL TODO
El Gé nesis nOSdice que e n Babil onia, la primera ci udad construí-
da después del mítico d ilu vio, la humanidad estaba unida: . Y dij o
J ehová: He aquí el pue bl o es uno, y todos éstos tienen un solo len-
guaje; y han comenzado la o bra, y nada les ha rá desistir ahora de lo
que han pensado hacer »'. Y lo primero q ue los descontrolados resi-
dentes de Bab ilo nia habían pensado hacer era un a torre tan inmensa
q ue llegara a los cielos. El Génesis narra como Dios castigó a los hom-
bres destruye ndo la torre, obligándolos a habl ar en múltipl es lenguas
y dise mi nándolos por toda la Tierra. Esta hi storia ilustra la locura de-
rivada de la arroganci a y al recordarla sole mos centrarnos e n sus con-
secuenc ias p olígl otas. Sin e mbargo a menudo se pasa por alto que los
babilonios fu eron cas tigados a hablar di stintas lenguas, p ero so bre
todo a quedar desconectados los unos de los otros,
A] uni rse, los ci udadanos habían logrado algo --consuuir la to-
rre- que no habrían sido capaces de hacer por se parado. Otras hi sto-
ri as de la Biblia alude n al poder de las conexiones dando un enfoque
más positivo a lo que puede lograr un grupo de se res humanos corree-
tados. CuandoJ osué y los israelitas llegaron a las puertas deJet;CÓse
encontraron con que las murallas de la ci udad eran demasiado altas
para que una so la persona las escalara o para ser destruidas. Ysegún la
historia, Dios ordenó a los israe litas permanecerjuntos y marchar al-
rededor de la ciudad. Cuando escucharan el so nido de las trompetas
resonantes «b ab larían con una so la voz» (en una sincronización pare-
cida a la «O la» ) , y los muros deJ eri có se derrumbarían.
Las o bservaciones sobre la conexió n ysus impli caci ones son anti-
guas , y ello se debe e n gran parte a que los teólogos y fil ósofos, igual
295
CONECTADOS
que los Cien tíficos modernos y sociólogos, sie mpre han sabido qUe
las conexiones sociales -r--llenas d e promesas y peligros_ Son una
de nuest ras se ñas de identidad. A menudo se ha co ns iderado qUe
estas conexio nes SOn lo que nos distingue de los animales o de la
ausencia de civilización .
En 165 1 el filósofo inglés Thomas Hobbes re alizó un experi mento
intel ectual en el que descri bió la condición p'-ototipi ca de la existen_
cia human a. En su famosa o bra Leviatán propugnó la exi sten ci a de Un
«estado natur al ), en e l que rei na beiium omnium contra omnes, la «(gtle-
na de todos con tra todos». Es la anarquía total. De hecho, a Hobbes
de bemos la afirmación de que la «vida del hombre es sol.itar-ia, pobre,
grosera, brutal y mezquina»:? El uso que Ho bbes hace de solitaria
- paJahra que a men udo y de manera i nexplicabl e se omite e n esta
ci ta- sugiere que una vida desconecL: 1.da está llena de desgraci as.
Hobbes teori zó qu e , dadas estas circunstancias, los h ombres ha-
brían decidido crear un «co ntrato social », sacrifi cando parte de su
libertad a ca mbio de seguridad . En el corazón de una sociedad ci-
vilizada se form arían conexio nes e ntre un os y Otros. Estas conexiones. .
mi tigarían la viol enci a yserí an una fue nte de cons ue lo, paz y orden.
La gente dej aría de se r sOlita.ria y se volvería COoperadora. Un siglo
más ta rde, el fil ósofo fran cés]ean]acques Rousseau prop uso argu-
men tos simila res, defendiendo e n El contrato social que el estado na-
tural d e la human idad era e n efecto brutal, desprovisto de leyes o
códigos mo raJes y marcado por la r ivalidad y la viol encia. Fue el de-
seo de defe nderse de las amenazas de los otros lo que a nimó a la
genre a unirse para crear una p resencia co lectiva.
Esta p rogresión de Jos se res humanos desde una situadón tan os-
,ensjbl eln e nte anárquica hacia congregaci ones cada vez más grandes y
nej o r ordenadas -clanes, aldeas, ciudades y Estados- puede de he-
-h o e ntenderse co mo el a umento gradual en el tamaño y complej idad
le las re des sociales. y hoy d ía este p roceso continúa desarroll ándose
n la medida e n que estarnos hiperconectados.
L SUPERORGANISMQ HU MA NO
Las redes que crea mos tienen una vida pro pia. Crecen, cambian,
reproducen. sobrevive n y mueren . En su in teri or hay cosas qu e
ryen y se desplazan . Una so ci al es una suerte de superorganis_
296
Lo. GRANDEZA I) lC L TODO
a anatomía y una fi si ología - una est ructu ra
. roo humano; con ias. Desde las cadenas humanas para llevar
y una funció n dfos ; las bl ogosfe ras, el supe ro rganis mo human o
agua a los lnc.en rsona odria hacer por su c uenta. Nuestras
hace lo que nInguna pe 1 'al humana tienen consecuen-
contri bucio nes a
d
: cada día y hace n posi-
cias qu e afectan a la V1 a , la construcción de torres o la des-
bl es logros mucho m ayores qu e
. - d murall as .
truccion e. . . as es el r ototipo de superorgalllsmo, e n
Una colo n ia de horrnig p b bl es dir ectamente e n las
. dades que 110 son o serva ,
el que se dan . de la interacci ón y cooperacro n
propias h o rmigas , 5100 que 1 o qu e trasciende al in di-
entre ellas". Al unirse , las bo.rrnl gas crean a
e
g
n
como peque ñas torres
l ei horrrugueros aparec .
viduo. Los corn p eJos . _ . os La h or-miga solitana
. - para nUlOS travies .
de Babel , una te ri tacron . o lei os de su hormigu ero
] . hasta un azucai er :J
que e ncuentra e CarnII1.o. 1 L . ambos logros so n posibles
. a ta pisando a una.
es como un astron II . . la comun icaci ón e ntre muchos
a los esfuerzos manera estos in d ivid uos solita-
individuos. Si n e mbargo, g bos te de un superorganrs mo-
'. as tro na uta, am os par
ri os - h ormIga y _ I que el pulpo extiende para ex-
so n muy distintos del tentacu O
no . . Ita .
pl orar una hendidu ra ocu '. ltice lu lar e s pueden expli-
De hecho, las cé l ulas d e co nj u ntamen te , las cé lu-
carse de forma muy parecld a
d
· ra aJan
o r
qlle es totalmente distin ta
f . a de VI a supen .
las ge neran una orrn - 1 1 Por ejemplo nuestra di-
. . t rno de una ce u a. :J '
del fu ncionamie nto In e d _ . a c él ula ni siquie ra de un tipo
f ci ón e una unle.: . , .
gestió n no es una un pensami entos no se locali -
de cé lulas. De m. a nera an áloga'dnuestrooqS ue surgen de un patrón de
. d e termina a SI n
zan en una ne ui ona ' ueden aparecer nuevas pro-
conexiones neuronales. En un. grupo # delindividuos ya sean és-
. de la mteraccron J •
pi edades a consecuenci a I y las in teracci ones cooperau-
- h . as o seres 1 trrna.n.Os.
tos ce 1ulas, ormlg _ de los saltos evolu tivos que se
ñal di . tiva de la mayona .
vas so n la se n isun . d I id como por ejemplo la 1Il- ,
·d d de el onge n e a VI a,
h an produci o es . I -1 J eucar ió ticas la aglo me-
. - 1 -t condna a as ce u as '.
corporaClon de a rru o f al' organismos mul ti ce-
i ón de organismos unic elulares para o rm . 4
raCl . . _ . divi duos e n su perorgallls mos . .
lulares o la umon de In 1 u: tar un ti po de inteli genci a que
. I ueden rrr a.nrtes .
Las re des socia es p . . . . dividual de la misma
1 ta a la in teli gencia In 1 ,
aumenta o co mp io-as r-s « inteli gen te» a pesar de que
manera que una colonia de hormigas es I
...
I
¡

individualmente las hormigas no lo sean, o que una bandada de •. .
d id haci • p<ya-
ros eCI e acra donde volar combinando los deseos de cada ave.
divi d 1
5
In-
VI ua . Las redes sociales pueden recoger y contener informac'
. IOn
que se tran snute a través de personas y del tiempo (como las norm
de confianza, las tradiciones de reciprocidad, las hi storias orales o 1:
Wlk2S Vl r tuales) y pueden llevar a ca bo cálculos que incluyen millones
de decisiones (como por ejemplo establecer el precio de mercad
para un producto o elegir al mej or candida to e n unas el ecciones)o.
y las redes pueden mantener este efecto de manera
de la mte.ligencJa de sus miembros individuales. Pensemos, por ejem-
plo, en como se la forma en que los seres humanos cons truye_
ron el ferrocarnl e n Inglaterra durante el siglo xx a la manera en
que los hongos (otra esp ec ie que forma superorganismos) exploran'
colaborauvarne nte una zo na del bosque para explotar y transpor tar
r ecursos, creando para ell o redes su b terránease Los hongos pueden
Inel.uso «colaborar» para e ncontrar el mejor camino de salida de la-
benntos colocados expresamente por investigadoresi.
Las redes tien en memoria de su propia estructu-
ra Incluso cuando sus miembros vienen yvan)
y de su propia fu nci ón (p rese rvar una cultura incluso cua ndo sus
mi embros y van) . Por ej emplo, si un o se un e a un grupo de
gente que ti ende a ten er confianza en los demás, un o se benefi cia
d: esa confianza y se ve influido por ella. En muchas ocasiones no es
solo que la gente de la red a la que uno pertenece sea más confiada
o su comportamiento basado en la co nfianza le inspire a uno
mas confianza en sí mismo; más bien, la red facilita esta confianza y
alte ra el modo de comportamiento de los individuos.
Al igual que los seres vivos , las redes pueden aUlorreproduci rse a
lo la r?u del espaci o y del tiempo. Yal contrario que los o rganismos
corp óreos, las redes pueden reagrupars e a distancia si han sido des-
montadas. Si tod as las personas tienen un recu erdo de CaD qui én
han estado conectadas, podemos restablecer todas las conexiones y
transportar a toda la ge nte de un lugar a o tro y la re d rea parece rá. El
conocumen n, de los vínculos sociales significa que la red
puede v? lver a c:merger Incluso sin que exis ta un individuo que co-
nozca como estan conectadas el resto de las personas.
Las r edes se autorreplica n e n el sentido de que d uran más que
sus mlem?ros: la red. puede sobr-evi vir- incluso si la gente que la inte-
gra cambia, d e la misma manera q ue las cé lulas de nuestra piel se
298
LA CRAN Dl!.1.A DEL TODO
reemplazan unas a otras, los ordenadores se intercambian dentro
de los grandes se rvidores y nuevos compradores y ve ndedo res ac u-
den a mercados que du rante siglos han es tado situados en un mi s-
mo emplazamiento. En un es tudio de una red de cuatro mill ones de
pe rsonas conectadas por llamadas tel efónicas , los in vestigad o res ha-
llaron que , paradój icamente, los gr upos con más de 15 integrantes
que experi mentaron la mayor rotación entre miembros fueron tarn-
bi én los que duraron más tiempo" Es posible que de hecho las redes
sociales grandes necesi ten esa rotación para so brevivir, de la mi sma
manera que nuestro cuerpo necesi ta la renovaci ón de las cé lulas.
Estas observaciones resaltan otra propiedad so rpre ndente, sim ilar a
la de los organismos vivos: las redes soci ales a menudo se regeneran
a sí mismas. Pueden ce rrarse en torno a sus aguj eros, de la misma ma-
nera que los bordes de una herida tienden a un irse. Una persona
puede sal irse de la ca dena de cubetas de agua, pe ro e nto nc es las otras
dos personas a las que estaba conectada se acercarán, formando un a
nueva conexión para ce rrar el vací o, ycomo resultado el agua seguirá
fluyendo. En redes real es más complicadas parece verosímil que el
p ropós ito de los vínculos re d undan tes y de la transitividad sea precisa-
mente consegui r redes to lerantes a este tipo de pérdida, como si las
redes sociales humanas estuviesen diseñadas para perdurar.
Co mo un gran sistema nervioso mundial, nuestras redes p errni-
ten enviar y recibir mensaj es a cas i la mitad de los habitantes del
planeta. A medida que estamos ca da vez más hiperconectados la in-
formaci ón ci rcula de mane ra más efi ciente, interactuamos con rna-
yor facilidad y ca da día gestionamos más y más variadas co nexi ones
soci ales. Todos es tos cambios hacen del se r humano, el H amo dictyous,
algo cada vez más parecido a un superorganismo que actúa con un
propósi to común. La ca pac idad de las redes para crear y apoy'"
nuestros objetivos col ectivos sigue creciendo . y todo 10 que hoy d ía
se difunde d e persona a pe rsona pro nto se esparcirá más lej os y ,
tnayor velocidad, dando lugar a la aparici ón de nuevas caracte r ísti
cas a mectida que aume nta la escal a de la inte ra cci ón.
N I T UYO N I Mío
Las redes sociales crean un valioso recurso común cuyo uso aca
rrea grandes ben efici os. Desgraciadamente, no todo el mundo est:
299
CoNt:CTAOOS
en la mejor pos ición para disfrutar de esos benefici os, y esto nos re-
mite a cuestiones esencial es de eq uidad y políticas públicas .
Los en ciencias sociales denominan a es te tipo de
recursos compar ti dos bienes públicos. Un bien privado es aquel cuyo
puede excl u.ir a los d emás de u cousu mo.y que una vez,
co.nsumldo no pued e vo lverse a cons umir. Si tengo W1 pastel puedo
evit ar que algui en se lo co ma, y una vez que me lo he co mid o ya no
hay pastel para nadi e más . Por con tra, el bien público puede consu.
sin perjudi car los intereses de los demás y sin reducir la capa-
cidad de los demás para cons um irlo. Pensemos en un faro. Un bar,
ca que hace uso d e l faro para evitar e ncaJ larse en las rocas no impide
que o tro barco haga lo mismo. La radio p ública, los fuegos ar tificiales
d e las fiestas naci onal es y la f1uorización d el agua potabl e co ns ti tuyen
otros ej emplos d e bie nes p úblicos . Por supuesto, no todos los bienes
social es han sido creados po r el hombre. Cons idere mos el ai re. El que
no implica qu e otros tengan menos aire para res-
pUar, ru Impide respirar a los demás.
Otros bi enes públicos so n incluso menos tan gi bles que e l aire o
la luz. Pensemos por ejemp lo e n e l d eber cí vico. Tal y como explicó
Alexis d e Tocquevi fj e a principios d e l siglo XIX, si todo el mundo
está co nve nci do de la necesidad de mantener una socie dad civil , de
actuar de manera que se genere confianza y de ofrecerse volun tario
a su nación cuando és ta se vea amenazada, todos los ciudadanos se
bene ficiarán de es tas tradici ones y normas. Y el beneficio de una
oe rsona no afecta al de las d emás.
Pero los bienes públicos so n diflciles de crear y d e mantene r, A me-
ludo parece qu e nadie tiene incentivos para cui dar de ellos, como
lemues.tra un a bocanada de aire no tan fres co en cualquier ciudad
:ontarnl.nada. Así. los bi enes públi cos a menudo surgen co mo con-
de las acciones de individuos qu e actúan. de alguna ma-
le ra, Impulsados por e l interés propio . Por ejemplo, una compañ ía
.avre ra que construye un faro para proteger a sus naves acaba bene-
ciando a todas las embarcaciones.
bienes públicos mejoran cuan to más se producen. Ej ern-
los c1asICOS son el tel éfono o la máquina d e fa x. La primera pe rso-
a que Ináquina de fax la encuentra inútil. porque no
ene a quien ::nVl ar un fax. Sin embargo. a medida que más y más
en te la ad q uie re, la máquina d e fax cobra valor. Otro ej e mplo de
.te upo d e bienes p úbli cos, a un q ue m ás a bstracto, es la confi a nza.
300
LA GRAN Ot.l.A O¡';'l. TODO
Tal y como vimos e n capítulo 7, la confianza es más va liosa cuando
los demás tam bié n la poseen; y vivir confiado e n u n mundo d e opor-
tunistas puede se r muy duro . Much as o tras creencias y
mientas humanos aumentan su valor de esta. manera. Por ejemplo.
los efectos positivos en el bi enestar social de se r religioso son más
elevados en países que. de media, so n más reli giosos", Co mo las má-
quinas d e fax, la religión es más útil si d emás también creen, en
parte porque l a religi ón trabaj a para mejorar el bienestar por medi o
d e vínculos sociales.
Las redes sociales creadas por los seres humanos tambi én son
bienes públicos. Todo e l mundo escoge a sus amigos, pero en el pro-
ceso se crea una red social infinitamente compleja. una red que na-
d ie contro la pero d e la que n os beneficiamos todos. Desde e l pun-
to de vis ta de cada ind ividuo que participa e n la re d, no hay manera
de determinar con exactitud en qué tipo de mundo vivimos, a pesar de
que hemos con tr-i b ui do a crearlo . a nuestros amigos ,
familia, vecinos y com pañe ros de trabajo y qUlza sepamos a lgo sobre
cómo es tán conectados entre sí, pero la forma en que es tamos co-
nectados a la red más allá de nuestro horizonte social inmediato es,
por lo general , un misterio. Pero. como hemos visto una y arra vez, la
es truc tura exacta de la red que nos rodea y la naturaleza exacta de
l as cosas que por e lla pasan nos afectan a todos. Nos pare cemos a al-
guien q ue bail a en una pista abarrotada. Sabe que nene a di ez per-
sonas muy ce rca. pero no está seguro de si se encuentra e n el
o e n un lado d e la sala, d e si lo que se avecina es una ole ad a d e ex ta-
sis o de terror.
Por supuesto, n o todas las redes cre an al go útil , val ioso y compar-
tido , por no decir positivo . Cuando usamos la «bie n» en rea-
lidad q ueremos d ecir: «cua lq uier cosa», pues las pistolas y l os vene-
nos tambi én so n bienes. Y las redes pueden se rvir como conducto
para los patógenos o e l pánico. En efecto, " '. pueden las re-
des sociales para malos propósitos. Como se ñala mos e n e l ca pit ulo 1,
la violencia se difunde e n las redes, igua l que e l sui cid io, la rabia, e\
fraude el fasci smo o incluso las acusaciones de bruj ería.
La difusión interpersonal del compor tamie n to d elictivo es un
ej em plo ilustrativo de un r esult ado ind esea bl e en e l furrciorrarme n-
to de la red. U n misterio persistente sobre la delincuencia .es su
n ación e n e l ti empo (cambia d e año a año ) yen e l espacIo (va na
e n trej efa turas y comisarias adyacentes ). Por ej emplo , en Ridgewood
CONECTADOS
Village , Nueva jersey, se co mete n 0.008 delitos graves per cáp ita
mi entras que al lado, en Atlantic Ci ty la tasa es de 0.384,
veces superior. Esta variac ión pare ce ser demasiado grande como
para atribuirl a a una disparidad en tre los costos y beneficios del de -
lito o a características o bservables del e nto rno, como la ofer ta de
programas extraescolares o los ni vel es educativos. ¿Aqué se debe la
di ferencia? Hay pruebas sustan ci al es que apuntan a que en parte se
debe a la reverberación de las interacciones soci aJes: cua ndo los de-
lin cuentes ac túan e n un momento ylugar determinados, incremen-
tan las probabilidades de que gente cercana a ellos cometa un deli-
to, de manera que se registran más d eli tos de lo esperado'". y los
grupos sobre los que se pueden exten der estos efectos se cifran en
varios centenares.
Un es tud io de tal es efec tos real izado por el economista Ed Gl aeser
y sus colegas demostró que ciertos delitos se contagi an co n mayor
faci lidad que o tros, que es exac tame n te lo que cabría esperar si cree-
mos que las in1luencias sociales son más importantes que las ci rcuns-
tan cias socioeconómicas. Es mucho más probabl e que una persona
se vea inci tada a robar un coche cuando ve hacerl o a o tro que a robar
una cas a o comete r un atraco, y esta influencia es aún menor en de-
litos como el incendio premeditado o la viol aci ón. Cuanto m ás arri es-
gado o grave sea el delito, menos probable es que otros se animen a
segui r el ejemplo (a u nque tambi én se pueden producir comporta-
mi entos asesinos frenéti cos, como e n e l genocidi o de Ruanda). Ade-
más, y para ilustrar la naturaleza básicamente social del delito, baste
decir que cas i dos terceras partes de lodos los criminales cometen
. sus delitos e n colaboraci ón con alguien!'.
Aunque no co noce mos ningún experimento específicamente rea-
lizado para incitar al delito a través del co n tagio social, sí se han
reali zado varios para estudiar comportamientos poco é ticos algo
menos radical es. En la uni versidad Camegi e Mellon se pidió a los
es tudiantes que hi cieran un e xamen de matemáti cas dificil. En el
centro de] aula, los investi gadores col ocaron a un co laborador e n-
cubie rto. que e n un momento determinado e mpezó a co piar de ma-
ne ra manifi esta, Cuan do los es tudian tes fueron testigo del compor-
tamiento del tramposo también empezaro n a h acer trampas 12. Lo
especial mente relevante fue el d escubrimiento de que las trampas
só lo aumen ta ban si el tramposo era al guien con quien el r esto de los
estu diantes se se n úa conectado. Si el tramposo llevaba una camiseta
302
LA GllANDE2.A o EL T ODO
normal , los estudiantes mostraban mayor propensión a hacer tram-
pas que si llevaba una ca mise ta de la Universidad d e Pittsburgh (la
otra unive rsidad local, rival de Carnegíe Mell on) .
LADI FUSi ÓN DE LA BONDAD
A pesar de todos es tos potenciales efectos negativos, todos es ta-
mos conectadOS por una razón . El propósi to de las redes social es es
transmitir resultados positivos y deseables, ya se an al egría.
cias so bre depredadores o fu turas parej as sen timen tal es. Hasta crer-
t O punto , la transmisión de compo rtamien tos negativos y de otros
fenómenos adversos (co mo los gérmenes) son meros efectos secun-
dari os que debemos tole rar para aprovechar las de las re-
des; es tán inj ertados en un aparato con struido, e n t errmnos evol uti-
vos, para oU·Opropósito, más beneficioso. . _ .
Por decirl o claramente. no estarnos sugi rie ndo una progresl on li-
neal a lo largo de la historia o del periodo desde la
al Estado y de ahí a la utopía. Sin embargo, SI cree mos que siempre
hemos tenido un impulso utópico que nos lleva a formar redes. Gana-
mos más de lo que perdemos al convivir con redes sociales , y esto nos
lleva a integrarnos en las vidas de los demás. Las ve n taj as natural es de
una vida conectada explican por qué las redes SOCiales han perdurado
y por qué hemos acabado un su perorganismo humano .
Las caracte rísticas y comportaIDlentos esencIales que
y alientan las conexio nes sociales tienen un co mponente
El altruismo, por ejemplo , es un ele men to cl ave para la for-maci ón y
funcionamie nto de las redes sociales. Si la gente nunca se comporta-
ra de manera altrui sta y nunca actuara de forma recíproca an te ese
tipo de compo rtamien to. o . peor aún, si fuera si em,pre vioL:nta, en-
tonces los vínculos soci al es se disolverían y se deslIlte grana la red
que nos rodea. Por tanto, para que las . redes social es aparezcan )
perduren son ne cesarios en el al truismo y la
'dad y también las emocio nes posruvas como e l amor y la feli ci dad
Cl , . al
Ade más, una vez que se han establecido las redes. las acciones .
truistas -desde las buenas acciones al eatorias a cascadas de d ori a
ciones de órganos- pueden difundirse a través de ellas. _
La caridad consti tuye un ejemp lo de la bondad que fluye a trave:
d e las redes. Cada año, el 89 por cien to de los hogares estadourn
303
CoNECTADOS LA GRANOF:.U DEL TODO
denses dona dinero a ca us as benéfi cas (la d ona ción a n ual media
e ra d e 1,620 d ó lares e n 2003) y los esfuerzos d e recaudaci ón d e fo n-
dos a es tar di señados para aprovechar los proce"-
sos de Influen ci a social y las nociones de integraci ón en la corn un..
dad. Las cuestaciones no rmalmente se organ izan para qu e sea gente
C?l1 la que es tamos conectados, como antiguos compañeros de cole-
glO o fa miliares d e un a migo que pade ce cáncer, la que nos pida di-
nero, e n lu gar de d es conocidos (por su p uesto, tam bién result a más
barato a voluntari os para es tos cometidos}. Se organizan;
carreras de bi cic letas o marchas a pi e pa ra generar un se ntimie nto
d e com u nidad e n tre los participantes y estimul ar e l Contacto di recto
e n tre e llos y los amigos y parientes que los patrocinan. Y to do ti po.
d e organtz:'.c!ones , d esde los hospitales hasta los Boy Sco uts pasando
por p equenos p ueblos, emplean una especie d e termómetro que lle-
va l.a cuenta de las donaci ones a la causa y que impl ícitamente di ce:
«Mira, toda es ta gente ha d ado dinero, ¿y tú ? . De hecho, los estud ios ·
so bre gente que ha donad o dinero para di versas causas han reve la-
d? q:-,e e l 80 por cie nto d e los dori antes lo hi ci eron porque así se lo
pid ió alguien a quien conocían bien13.
En un es tudio que demuestra la difusi ón de las normas prosocia-
es, e n 2000 y 2001 la economista Kati e Cannan analizó las d onacio-
;:s benéfi cas (vía d educci ón salaria] a favor d e Un ited Way) d e los
:>, 000 e mpleados d e un gran banco es ta dou nid e nse que o pe raba
:n 20 es tados diferentes . Se e nco n t ró con que los em plea dos dona-
ian .cuando t:abajaban con compañ eros generosos. Carman
ecopilo Informaci ón de tallada acerca de las conexio nes de los ern-
rleados y d ónde estaban espe cíficame n te situados e n las ofic inas
l.a... Haci endo e l uso más imaginati vo posible de un a inform a,
:o n tnV1al-los códigos postales para repartir e l co r reo y los paque-
-s dentro de los edifici os d el banco-- fu e capaz de identificar a gru-
os de personas , cuyo tamaño ll egaba en un caso a las 537 personas ,
ero cuya media e ra d e sólo 19 personas . Carman estu d ió lo q ue
cu r r ía con las donaci ones cuand o se trasladaba a los e mplead os d e
n lugar del banco a otro. Cuando la gente e ra transferida d e un lu-
Ir d onde no se donaba mucho a Otro d onde sí, cada dólar extra del
onauvo medio de sus compañ eros cercanos se traducía en un in-
e rne n to de 53 centavos en la contribuc ió n propiaH . Existen por
.p uesto varios posibl es me canismos para ejercer esta influencia :
la persona podría ofrecer irtforrnaci ón so bre cómo donar, podría
304
p resio nar a otra pa ra que donara o simple mente podría actuar como
model o en la contri bució n.
Mi entras que el trabajo de Carman a p unta a la difusión d e persona
a persona de las normas del altruismo, nuestros expe rt ruen-
tos ilustran la so rprendente propiedad d el al truismo pa ra p rovocar
cadenas d e favo res . Sa bemos que si Jay es generoso con Harla, Harla
también lo será con Jay, pero siJay es generoso con H arla, ¿será Har-
la zenerosa con Lucas? Inven tamos un experimento para evaluar la
idea d e que e l altruismo puede pasar d e una persona a otra y luego a
otra te rcera. Reclutamos a 120 es tudi antes para que partlClpa ran e n
una serie de juegos de cooperación repartidos en cinco rondas' .En
cada ronda di stri buirnos a los es tudiantes en grupos de cuatro yaJUS-
tamos la composición de los grupos para que dos nunca
estuviesenjuntos en un grupo más de una vez. Se dinero a los es-
tudiantes, y ellos d ecid ían cuán to daban al grupo a personal , y
al final d e cada rond a les info rmábamos de lo que habla he cho el re s-
to de es tudian tes.
Cuando a nal iza mos su comportamie n to e ncon tramos que e l al-
trui smo ti ende a co n tagiarse y que sus beneficios pueden magnifi-
carse. Cuando una persona d ona un d ólar ad icional en la pnme ra
rond a, la gen te d e su grupo ti ende a d ar 20 cén ti mos más en la se-
gund a ronda ¡a p esar d e que han sido colocados e n grupos.n uevos y
completamente diferentes! Cuando una persona ha
da por otra, trata bien a los demás en e l futuro. Y, lo que es aun mas
sorprendente, to das las personas de es ta segu nd a ronda nueva tam-
bié n se vie ron afectadas en la tercera ronda, donando unos CInco
ce n tavos más por cada d ólar que l a persona generosa había gastado
en la primera ronda. Dado que cad a grupo a tres in di vid uos
nuevos en ca da ronda, es to significa que e l dolar adici onal d e dona-
tivo origi nal provocó un incremento total de los donativos de terceros
d e 60 centavos en la segunda ronda y 45 cen tavos e n l a terce ra. En
o tras palabras, la red social se com portó co mo W1 con tn bw d o r e q w-
vale nte, gen e rando 1.05 d ól ares en donao,:os futuros totales por,
cada dólar inicialmente donado por un mdmduo .
El com por tamien to altruista tambi én está d eterminad o por la es:
tructura de la red social. U n expe rime nto ingenI OSO documento
una «ley de la donaci ón» e n una escuela en Ca-
lifornia". Los investigadores pidie ron a 76 chicas d e diez y
años de e dad q ue identificaran a hasta cinco amigas, lo que perrmua
CoNECTADOS
a los investigad o res determinar la r ed social de las chicas y distingu'
, hi le
c leas amigas. quiénes eran amigas de amigas, amigas de
a migas d e a migas, e tcéte ra. Pidieron a las chicas que p arti ciparan en
el Juego ,d el ,dic ta dor d escrito en el cap ítulo 7, y a cad a chica se le '
cuanto compartiría de un total de seis d ólares con o tras 10
que aparec ían enume radas por su nombre. Las chicas eran
mas generosas con sus amigas. y la generosidad decrecía confo rme
a u mentaba la distanci a social. De media, las chicas ofrecieron e l 52
por Cie nto d e los 6 d ól ar es a sus amigas , u n 36 por ciento a amigas'
de amigas y u n 16 por Ciento a amigas d e a migas d e amigas. La varia-
ble q ue mej or predecía la donación d e cada chica no estaba r el acio-
nada con nin guna de las donantes o de las receptoras,
como la altura, e l numero d e hermanos o si lle vaba gafas o u n apara-
to d ental. La variable e ra e l grad o d e separaci ón e n tre la donante
la receptora. y
. És ta e s una d e las maneras e n que la popularidad r esulta ben efi-
ciosa. Si uno sle encuen tra en el ce ntro de una red social es más pro-
babl e que es te a uno, d os o tres grados d e separación d e o tros mu-
chos in dividuos que si está si tuado en la periferi a d e la red. En
consecuencia, un o cuenta con ventaja si por la red ci rculan cosas
b uenas (como e l di ne ro o e l respeto) . Hay más gen te d isp uesta a
actuar de manera al truista had a uno qu e hacia los qu e están en la
periferia. Cuando se comp le ta ron las rondas e n tre las ch icas las más
populares habían ga nado cua tro vec es más que las menos 'pop ula-
r es. La capacidad de las r edes sociales para magnificar lo que se
siembre en e l.las favo rece más a unas personas que a o tras.
Do.s expen mentos con es tudiantes universitari os contribuyeron
a mauzar resul tadosl6. Uno de e llos recogi ó informaci ón so-
569 esru di antes que vivían en dos grandes res ide ncias universi-
lanas. El o tro analizó cómo usa ban Face bo ok 2,360 es tudian tes en
2004. Los ?,studiantes eran cada vez menos generosos con gente
cada mas apanada d e la red, y no eran más g ene rosos con gente
c?n mas de tres grados de se parac ión que con completos des cono-
cidos. Los uni versi tar¿os te nían mayores pr obabi lidades de compor-
tarse de forma a l tr uis ta y generosa con contac tos sociales con los
que muchos ami gos en Com ú n. Es más probable que
Katr-ina actúe de manera altruista haci a David si ambos tienen a Ro-
nan y Maddox como amigos que si sólo tienen a Ronan Co mo ami -
gocomún.
306
Lo. C RAND EZA Ot;L TODO
Además, la mo tiva ci ón d e donar dine ro a amigos con los que e l
sujeto no esperaba volver a inte ra ctua r era e l d oble de poderosa q ue
la motivación d e donarl o a d escono cid os con los q ue los suj e tos sí
esperaban VOlver a e ncon t ra rse. Dicho e n o tras pal abras, preferirnos
darle un regalo a un amigo que nunca nos corresponde rá que hacer-
lo a un desconocido que sí 10 hará. La razón estriba en que darnos para
mantener a la red. y es la red en sí lo qu e valoramos. Nuestros víncu-
los sociales so n la recompensa por nuestras donaciones. La gene ro-
sidad un e a la red, pe ro la red también funciona para fomentar la
generosidad.
Este ensayo sobre es tudiantes unive rsitariosco nfi rmó un aspecto
determinante. crucial. En las inter accio nes del mundo real . tal y
como predicen los modelos teó ri cos d escri tos e n e l ca pít ul o 7, los
cooperadores tienden a unirse a otros cooperadores. y hay un com-
ponente d e homofi lia en la incl inaci ón a l altruismo. De media, los
estudiantes altruistas tenían el mismo núm ero de ami gos que Jos es-
tudiantes egoístas. Sin e mbargo. los altruistas estaban integrados e n
las redes d e o tros altruistas.
TENER o NO T ENER. LA DESIGUALDAD EN LAS RE DES SOCIALES
Actualmente en nuestra sociedad es común ce ntrarse en las de-
sigualdades que se d erivan d e raza, nivel d e renta, sexo o geografía.
Nos llama la ate nción que la gente con mejor educación general-
mente goce d e mejor sal ud o mej ores opor tunidades econó micas, y
que los bl ancos di sfruten d e más ve ntajas que las mi no rí as, o que el
lugar de reside nci a de las personas afecte a sus pe rspectivas vita-
les. A los pol íti cos, activistas, filántropos y críticos los mueve e l reco-
nocimiento de que no todos tenemos el mismo acceso a Jos bienes
d e la sociedad y que el patrón d e acceso es a veces manifi estamente
inj usto. En res umen. vivimos en una sociedad j erárquica, y nuestras
características sociodemográficas nos estratifi can y divi den.
Pero existe una manera alternativa de entende r la estratificaci órt
y la j erarquía basada e n d ónde se sitúa la gente r especto a sus co-
nexiones. La desigualda d de posición ocurre no por qui énes somos,
sino por las conexiones que tenemos. Estas conexione s afectan dón-
de nos si tuamos en las redes sociales. y a menudo son más relevantes
que nuestra raza, clase, sexo o educación. Algunos tenemos más ccr
307
CoNECfADOS
nexi ones, y o tros menos. Algunos estamos colocados de manera más
central y arras estarnos en la periferia. Algunos tenemos redes socia_
les densamente inter conectadas y todos nuestros amigos se conoce
_ . n
e ntre SI, mientras que otros habitamos un mundo en e l que nuestros
amigos no se l l ~ v a n bie n e ntre e llos. Y estas diferencias no siempre
son consecuencia de nuestros act os, porque nuestra posici ón soci al
tambié n depende d e decisi ones lomadas por otras personas de nues-
tro en to r no ,
No to do e l mundo tiene acceso a los bie nes públicos creados y
fo me n ta d os por las redes social es. La probabilidad d e que uno mue,
ra tras u ~ ataque cardiaco puede depender más de si tiene amigos
qu e d e S I uno es blanco o negro . Nues tras o portu ni dades de e ncon.,
:rar trabajo puede n tener tanto que ver co n los amigos de nuestros '
i rn igos co mo con n uestras capacid ades profesio nales. Y la probabiJi-
i ad de ser tra tado de forma gener osa o altruista d e pe nd e d e lo bi en
.o nec radas que estén las personas de nuestro e nto rno.
Los es tudiosos d e las ciencias sociales y los políticos han te ndid o
~ igno rar es te tipo d e desi gualdad , en pa rte debido a que es muy di-
ícil de medir. o podernos entender la desigualdad de posición sim-
i lemente es tudiando a individuos, ni siquie ra a grupos. A un indivi-
luo no se le puede preguntar con la misma faci lidad po r su posici ón
.n la red so cial que por su nivel de ingresos. Tenemos que estudiar
a red social como u n tod? an tes de pod er e ntender el lu gar qu e en
·Ila ocu pa un ind ividuo. Es te no es un p robl ema tri vial . Afortunada-
nente, tal y como vimos e n el capí tu lo 8, e l adve nimiento de las co-
nu n ica cione s di gitales (c o rreo e lectrónico, grandes portales de re-
.es sociales) está haci endo posible la observación d e redes a gran
scala SLn n ecesi dad de incurri r e n costosos sondeos individual es.
~ están abrie ndo nuevos caminos para la inte rvenci ón polí tica, po r
[ernplo al re lacionar la posi ci ón de un a persona e n la red con su
iesgo d e mo rtalidad o con su p ropensi ón a d elinquir o a d ejar de
amar, o al rel aci onar su transitividad con la probabil idad de q ue
evu elva un préstamo .
Per o e n un m urido cada vez m ás interconectado, la gen te con
luch as vín culos se co nec ta aún más, dejando cada vez más atrás a
qu e llos que tienen po cas conexi o nes . Co mo resultado , las recorn-
e nsas se concentraráJ? a ún más e n aquell os que ocupen dete rmi na-
os lugares en a l red. Es ta es la au té n tica brecha digital. La d esigual-
ad en las redes crea y r efue rza la d es igualdad d e opor tuni dad es.
308
I
I
L\ G RA N D a.... DEL TODO
De hecho , la tendencia de la gente con muchas co nexiones a conec-
tarse a su vez con gente con muchas co nexio nes es lo que distingue
a las redes sociales de otras redes ne uronal es, metabólicas o mecáni-
cas no humanas. Ya la situaci ó n i nversa tambié n se da : los que están
po co co nectados normalmente tienen fami lias y amigos desconecta-
d os d e la gran red.
Para afrontar las d esigualdad es sociales d ebemos. por tan to, re-
conocer que las conexiones son mucho más re levantes que e l color
de nuestra pi el o el tamaño de nuestras carte ras. Para resolve r las
diferencias en e ducación, n ive l de renta o sani da d debernos tene r
e n cuenta tambi én las conexi ones pe rsonales de la gente a la que
pre tende mos ayudar. Para reducir la delincu encia debernos optim i-
zar el tipo de conexiones que man tienen los delincuentes e n poten-
ci a (una pr opuesta delicada, puesto que a ve ces no queda más reme-
d io que dete ner a los crim inales) . Pa.ra que los programas orientados
a d ej ar de fuma r y perder peso sean más eficaces hay q ue implicar a las
famili as. a los amigos e incluso a los amigos de los amigos. Para re du-
cir la pobreza no deberíamos ce ntrarnos e xcl usivame nte en dar di-
nero o e n la fo rmación té cni ca; de be ríamos ayudar a los po bres a
establecer nuevas relaciones con o tros miem b ros de la socie dad.
Cuando nos fij amo s e n la pe riferia d e una red para ayudar a la gente
a re conec tarse estamos ayudando a todo el tejido social, no só lo a
los ind ividuos d esfavo recidos ele la periferi a.
UNO PARA T ono s y TOD OS PARA UNO
Los es tándares tradici onales con que med íamos el co mpo rtami en-
to humano yano sir-ven. Uno de los mé todos clás icos para e ntender el
cOln portamiento colectivo de los seres human os consiste e n exami-
nar las o pciones y las acciones d e los indivi duos. Por ejem plo, pode-
mos conte mplar los mer ca dos, las elecciones y los di sturbi os como
meros resultados de las de ci siones de comprave nta, voto o expresió n
d e ira de un grupo d e i ndivid uos. El ejem plo clás ico d e este enfoque, '
conoci d o como indivi dualismo metodológico, lo ofrece Adam Smith e n
su concep to del mercado como una simple suma d el d eseo de varios
individuos d e o fe r tar o d emandar u n d e terminad o bi en.
Otro mé todo cl ási co para e ntende r el cOln portamiento colectivo
humano igno ra a los individuos y se centra exclusivamente e n gru-
309
I
lo
CONl'.CT....OOS
pos d efi nid o s, por ej e m p lo, por sexo, clase social o raza, cada uno
de e llos con identidades colecti vas que hacen que los individuos de
es tos grupos ac t úen de forma co ncer ta d a. Algunos eruditos de esta
trad ic ión, como Karl Marx, creen qu e lo s grupos tienen una
ciencia» propia qu e les otorga un a personalidad indivisible. que no
puede deducirse o e n te nderse a partir de las acciones de sus miem_
bros. Otros se han cen trad.o e n la primacía d e la cul tu ra d e grupo.
Po r ejem plo, e l sociólogo Emile Durkheim ar gumentó que las tasas
de sui ci d.io relati vamente constan tes e ntre mi embros de distintos
grupos reli gi osos a lo lar go d el tie m po no pueden exp licarse por las
acciones de n i ngún individuo , dado que los grupos ten ían una reali-
dad duradera que sobrevivía con much o a sus mi embros . ¿Có mo es
posible , se p reguntaba, que la gente fu era y vini era, y que la tasa de
suici dio entre los protestantes fran ceses permanecie ra constante?
Este e nfo que, co nocido COlTIO h olisrn o metodológico. percibe los fe-
n ómenos soci al es como una totalidad que es d istinta de los in divi-
duos y que no puede en tenderse a través de su mero estudio.
El individuali smo y el h olismo arroj an l uz sobre la cond ici ó n hu-
mana, pero dejan fuera algo es e ncial . En contraste co n estas dos
tradiciones, la ciencia de las redes sociales ofrec e una nueva forma
de en tender la soci edad humana, porque se ocupa de los individuos
y los gm pos, y d e cómo los p rimeros se convierten en los segundos.
Las interconexiones entre pe rsonas dan lugar a fenómenos que no
se producen e n i ndividuos o que no pueden reducirse a sus deseos y
acciones en so litario. De hecho, la cu ltura en sí es uno de estos fenó-
men os. Cuan do perdemos nuestras co ne xiones lo perdemos todo'.
El es t ud io de las red es sociales es de he cho parte d e un proyecto
de integraci ón en la ci encia moderna mucho más amplio. Durante
los cuatro úl timos siglos. llevados por un fervor reduccionista y un
éxito cons iderable. los cie ntíficos han examinado con de terminación
obj etos d e la n aturale za cad a vez más pequeños para intentar obtener
una visión d el to do. H e m os descompuesto la vida e n ó rganos, des-
pués e n célul as, molé culas y g enes. Hemos d econstruido la materi a
en átomos y después en núcl e os y partícul as subatómicas. Hemos in-
ventado de todo, d esde microscopios a aceleradores de partículas.
Pero en muchas di sciplinas los ci entíficos están ahora intentando re-
componer las piezas , ya sea para pasar d e macrornol éculas a células,
de neuronas a cerebros, de es pecies a ecosistemas . de nutri entes a ali-
mentos o de individuos a redes sociale s. Cada vez son más los científi-
310
lA CRANDEZA DEL TODO
ue empiezan a ver acontecimientos como terremotos. incendios
cosq .. , . . di
forestal es. extinciones de especies. cambios climaucos: ntmos car .
os revoluciones y desplo mes bursátil es como exploslo nes de aCQVl-
c
d
de n el marco de un siste ma mayor, que sólo es i n teligi bl e cuando
a . fen é
se estudi a e n el contexto de much os ejemplos
También están dedicando su atenci ón a entender y por
encaj an las partes y al estud io d e las reglas q ue :igen la mterConeXlOn
yla cohere ncia. Entender la estructura y funci ón d e las redes sociales
yentender el fenómeno de la emergenoa (es d eci r, que el o ngen d e
las caracte rís ti cas colectivas del todo no se da e n l as partes) so n por
tan to elemen tos d e es ta te ndencia cien tífica más amplia.
Todos estos retos nos obligan a reconocer que aunque los seres
humanos so mos individualmente poderosos d ebemos actuar j untos
para conseguir lo que no logramos por separado. Lo hemos h echo
antes: domando enormes ríos. cons truyendo grandes CIudades. crean-
do biblio te cas d e co noci mie n to y viajando al es pacio. Lo hemos he-
cho sin ni siquiera conocer a todas las pe rsonas que han trabajado
con nosotros para lograrlo . El milagro d e las redes sociales e n el mun-
do moderno es que nos co nectan con otros seres humanos y nos dan
la capacidad pa ra cooperar a una escala muy su perior a la disponible
en nuestro pasado remo to,
Volviendo a la esfera individual, las redes soci ales afe ctan a todos
los aspectos de nu estraSvidas . Acontecimientos que tienen
lugares distantes pu eden determi nar e l curso de existencia:
qué pensamos. qu é deseamos, si enfermamos o n:or:mos. una
reacción e n cadena social reaccionamos a aconteCi mie ntos lej an os,
incluso sin se r consci entes de ell o. . '
Al es tar integrados en redes sociales y sometidos a la Infl uencia
de o tros a quienes es tamos vinc ulados. -necesariamente
parte de nuestra individualidad. en las coneXlo nes
de una red di sminuye la re levanCI a de los individuos a la hora d e
en te nder compor tamientos de grupo. Además, las re d es
sobre varios cOlnportami entos Yresultados que tienen res onanCIas
moral es. Si la amablilid ad o el cons u mo de drogas son com porta-
mi entos contagiosos. ¿significa es to que deberíamos recomponer
nues tras redes social es para favorecer a los benevo lentes ylos abste-
mi os? Si imi tarnos de forma inconsci en te las buenas acciones de
otros individuos a los que es tarnos conectados. ¿merecemos re-
co mpensad os? y si adoptamos los mal os h ábi tos o malos pensamlen-
311
CoNf.:CTADOS
.,
313
AGRADECIMIENTOS
E stos agradecimientos so n un ejemplo más del so rpren dente po-
der de las redes sociales. Mucha gen te con la que estamos conecta-
os desempeñó un papel decisi vo e n la publica ci ón de este libro .
Ga ry King inici ó una larga cadena de presentaci ones en las que
conectó a gente que an terio rmen te estaba a varios grados de distan-
cia. Como asesor de James en Harvard, Gary conocía su trabaj o so-
bre los efec tos del contagi o e n la política. Gary tambié n era am igo
de Nic holas y conocía su trabaj o so bre el con tagio e n la sanid ad, as í
que e nco ntró la ocasión perfecta para ejercer e l arbitraje multidisci-
plin ar, Dan Gilbert, colega y amigo de Nicholas, ofreció comen ta-
rios ex tre madamen te creativos y valiosos en los primeros borradores
del libro, pero lo primero (y lo más crucial) que h izo fue prese ntar-
nos a Katinka Mason y a J oh n Brockman, que lu ego se rían nuestros
agentes. Katinka yJ o hn n os ofrecie ro n la o po rtunidad de comuni-
car nu estras ideas de un a forma qu e nunca hubiéramos pensado po-
sibl e. Además , nos pres entaron a Tracy Behar, nuestra maravill osa
editora e n Little, Brown , quie n hi zo las funciones de cui dadosa críti-
ca y animadora. Agradecemos a László Barabási , Peter Bearman, Da-
vid Lazer y Brian Uzzi sus brillantes con uibucio nes a la lite ratu ra
sobre redes y haber actuado como i nterlocutores de primera clase.
, En este libro d escribimos sus trabajos, y ca da uno de ell os nos dio
importantes consej os so bre los temas que hemos abor dado aq uí.
Muchos amigos, colegas y familiares leyeron los primeros borra-
dores de este libro, ofreci éndonos comentarios valiosos. Entre ellos
están Marcus AIexander, Sam Arbesruan, Heather Calvin, Felix
Elwert, Mi chae l Heaney, Tom Keegan, Mark Pachucki , Kathryn Schultz,
"
~ 1 9
[os d e aquellos que nos son cercanos o incl uso d e o tros que no lo
son. ¿es culpa nuest ra? ¿O suya? Si las redes sociales colocan restO _
ciones a la informaci ó n y opiniones que tenemos, ¿qué libertad de
decisi ó n te ndr-emos? e
Reconocer esta pérdida de la propia di recci ón puede ser traumáti_
co. Sin embargo, e l sorprenden te poder de las redes sociales no resi-
de só lo e n el efecto que los d emás tienen so bre nosotros, sino tam-
bién el que nosotros tenernos so bre los demás . No hay que ser una
superest re lla para ten er es te poder. Bas ta con co nectarse . La ubi cui-
dad de la conexió n humana implica que cada uno de nosotros tiene
un impacto so bre los demás mucho m ayor d e l que podemos observar.
Si nos cui damos más , otros muchos tambi én lo harán. Cuando lleva-
mos a cabo actos de altruismo al eatorio , és tos se contagian a decenas
o incl uso ce ntenares de pe rsonas. Ycon cada buena ac ción ayudamos
a mantener la propia red que nos mantiene a nosotros. J...
El gran p royecto del siglo XXI --eom prender cómo l a humani-
dad puede se r mayor que la suma d e sus partes- es sólo el princí-
pIO. Como un niño que d espierta al m un do que lo rodea, el supe-
rorgarusrno human o está comenzando a ser consciente de sí mismo.
y es to seguramente nos ayudará a conseguir nuestros objetivos. Pero
e l mayor regalo de esta nueva co nciencia será e l puro placer de des-
cu brirnos a nosotros mi smos y damos cuen ta de que, pa.ra co ncer-
nos de ve rdad, primero d ebemos entender có mo y por q u é esta mos
todos co nectados.
314
CoNl'.:CTADOS
Hol ly CoIlins
ACRAOECIMI ENTOS
Boll y Shakya, Geoff Sterrilieb yJim Zuckerman. La directora de te-
sis d e Ni chol as , Renée C. Fox, sigue desempeñando un papel im-
portante e n su vida, y aportó su incomparable y profunda perspecti-
vaso bre el tema.
También tenemos W1a deuda de grati tu d in telectual co n Paul
Allison, WeibuaAn,Joh n Cacioppo, Chri s Dawes, Pete Dewan, A. J.
Fri e rid , Lei Jin, Cindy Kam, El izabeth Lamont, Pe ter Marsden, Peter
Mucha, Martin Nowak, James O'Mall ey, Mason Poner, Niels Rosen-
quist, Rob Sarnpson, Darren Schreiber, Amanda Traud, Alan Zasl a-
vsky y Van Zh ang por col aborar con nosotros en varios proyectos de
investi gación que hemos descrito en es te libro o por aportar ideas a
nuestr o pensami ento. Agrad ecemos a LadaAdamic, Michael Kearri s,
John Kell y, Catalin Mamal i, J im Mood yyJ ohn Po tterat las bellas ver-
siones de imágenes publi cadas e inéditas que hemos adaptado y pre-
sentado aquí. Tambi én agradecemos a Robe n Bond, Cesi Cruz,
Chri s Fariss, Brad LeVeck, Peter Loewen, Yonatan Lupu, Steven Oli-
ver, Al ex Ruiz, J aime Settle, alivia Twose, Andrew Waugh y en espe-
cial a Alison Wheeler su incansable ayuda en la investi gación y sus
colaboraciones . Darnos las gracias a Marie Salter por su ex traord ina-
rio trabajo de corrección.
J ames qui ere dar las gracias en particular a Ch ris Dawes por ense-
ñarl e a ser un mejor cie ntífico y por haberlo llevado al mejor parti-
do de béisbol de su vida. También es tá en deuda con Oleg Smirnov,
su pr-imer colaborador, que lo es timuló a pensar sobre el cas tigo al-
truista y la psicología evolutiva, y co n el Santa Fe Institute (donde se
conocie ron) por favorecer que la gente se interese por temas qu e
están fuera de sus disciplinas.
Nuestro trabajo no hubi era sido posibl e sin un apoyo financie ro
y logístico ge neroso. Richard Suzman yJohn Haaga del ational In s-
titute o n Agi ng, y Brian Humes y Phil Paolino de la National Science
Foundation se arriesga ron con las redes sociales y la investigaci ón
sob re el compor tamie nto ge nético . Risa Lavizzo-Mourey y Lori Meli-
char, de la fundación Robert WoodJohnson, a través de su p rogra-
ma Pioneer tambi én o frecieron apoyo temprano para el desarrollo !
de datos y esfuerzos metodológicos. Emelia Benjamin , Dan Levy,
Joann e Murabi to , Karen Mutali k, Greta Lee Splanskyy Phi! Wolf apo-
yaron n uestro trabajo co n el Framingham Heart Study (un tesoro
naci onal ) y Manan Bellwood nos di o a conocer las «páginas verdes»
que contenían todo esa valiosa informaci ón so bre redes social es que
315
CON ECTA DOS
no h abía sido u tili zada hasta entonces. Laurie Meneades y Reb .
J
. eCca
oyce (y a ntes que ellas MoUy Collins) nos ofreciero n unos datos d
ap?yo maravillosos con la red socia l Frarningham, y Kevin Lewis
lizo un valioso tra baj o inici ando la recogida d e datos so bre Face50ok.
Agradecemos e l enérgi co apoyo adrniriistratívo de Alma Palazzol
Carole Ring y Nancy Smith; también le damos las gracias a Nancy po-
su paciencia.
Por último, igual que los reyes que sa le n al escenario al finJ d
las tragedias de aparecen aq u í las p ersonas más impo:
tantes de nuestras VI das. Nicholas agradece a Aleco Christakis
valiosos comentarios y su conexión clave con El eni Saranti. Tamb)ién
agrad ece a Erika Christakis la le c tu r a crítica d el lib ro y las mejoras
sustancIales que propuso. Su gr atitud se extien d e más allá de es te' Ij,
bro : todo lo bueno en su vida está conecta d o a ella. Eleni , Lysander
y Sebasti an tuvi eron muchas cosas interesantes que decir sobre los
mensaj es de texto, Facebook, World ofWarcraft y muchas otras co-
sas qu e a su padre le cuesta co mprender de e n trada. ;1.'
J ames agradece a Jim Fowler su s valiosos comentarios , a Zóra
Fo,:ler su en tusiasmo desbocado y a ambos por su enor-me ap<?yo
SOCIal, y p or Ser loa encar nación perfec ta de lo que hace fa lta para
crear una duradera. Tam bié n da las gracias a Harla Yesner
por haber leído varios ca p ítu los y aguantado so bremesas obsesivas
labr e el conteni do d el libro, y po r ser siempre la par ej a perfecta.jay
Fowle r y Lucas Fowl er tambi én le co ncedieron a lgo de Su tiempo
jurante los [ mes de semana, cuando deberían haber estado j urran-"
i o con la Wii Super Smash Bros. Brawl. ",tr
Gracias a todos. .;,tal1
,¡ (
316
NOTAS
CAPiTULO 1
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338
CRÉDITOS DE LAS ILUSTRACIONES
Todas las ilustraciones son cortesía de sus autores, a exce pci ón de
las siguientes:
Página 78: Adaptado de Laumann el al., The Social Organization of
Sexuality: Sexual Practices in the Uni ted States (Ch icago: Un ive rs i ty of
Chicago Press, 1994) , 235.
Página 112: Adaptado de P. S. Bearman.]. Moody y K. Stovel, «Ch ains
ofAffection», Ameri.canjoumal ofSociology 110 (2004) : 44--9 1.
Página 116: Adaptado de].]. Potterat et al., «Sexu al Network Srruc-
ture as an Indicator of Epidemi c Phase», Sexually Transmitt ed InJee-
tions Tñ (2 002) : 152-158.
Página 255: Por cortes ía de C. Mamali, «Par tici pa tive Pictorial Repre-
sentarions of Self-Other Relarionships: Soci al-Autograph Method»,
artículo presentado en la Conferencia general de la Asociación Euro-
pea d e Psi cología Social Experi mental , Croacia, 1 a 14 d e junio , 2008.
Ilustración 1: Reimpresión de]. H. Fowler yN. A. Christakis, «Dyn a-
mic Spread of Happiness in a Large Social Network», British Medical
joumal 337 (2008): a2338.
Ilustraci ón 3: Reimpresión de N. A. Christakis y ]. H . Fowler, . T h e
Spread of Obesity in a Large Social Netwo rk Over 32 Years», Neui
Englandjoumal ofMedicine 357 (2007): 370-379 .
339
341
ÍNDICE
1,
alergi a a los frutos secos, 60, 6]
ajtruísmo, 12, 228, 229, 242, 252,
265,303-307: inte rés propio
fr ente a, 232, 233; propagación
on line del, 293
amor y afectividad, 72, 73, 75-78,
303 ,304
Amor perdurable (McEwan), 228
anclaje: negocios, 174; e n grupos/
redes sociales , 187, 225, 233
anonilnato , 238, 281
anorexia, 128, 134, 290
ansiedad: epide mia de, 56, 57, 61,
63; de tipo puro, 54
antropología, 237, 239
apariencia fís ica: atracti vo rel ativo
frente a absoluto , 86-88;
expresiones faci ales, 5 1-53;
pe rcepci ones d e, 89, 91, 243. 27(}.
272
árbo l tel efóni co , 23-27
AtlantaJoumal-Constitution, 109, 110
au tógrafo social, 254, 255
avata res, 263, 265, 27(}.272, 292,
293
Axelro d, Robert, 229, 230
AbramofI, ] ack, 204, 213
ace ra (mirar una ven tana) :
expe rimentos en la, 37, 165
ACOR (Asociación de Recursos
O n líne so bre el Cáncer) , 289
ac tivistas. Véase conductas políticas
Adamic, Lada, 216, 217
Ad d Health Study, 91, 92, 94, 111,
141, 243
ade la ntos cie ntíficos, 175, 176, 310,
31] . Véase también tecnologías
ado lescentes: conducta sexual, 92,
109-113,115; control d e peso e n
ch icas, 119, 120, (anorexia) 134,
290; on line y conduc tas
pel igrosas, 290, 291; suicid io, 137,
142
aferencia afectiva (teoría de la
retroalimentaci ón facial). 52
agrupaciones, 64, 121, 123, 200,
201; d e suici das, 135, 136
Ahmadinej ad, Mahmoud,
presiden te de Irán, 219, ilustr. 7
Akin,Todd , 210
Albi zzi, Rinaldo , 172
Alcohóli cos Anónimos, 143
alcoholismo, 129, 132, 143
straci ón 5: Adaptació n d e M. Kearns, S. Suri , y N. Montfort, «An
) e n menta I Study of the Co loring Probl em on Human Subject
tworks», SC7ence3 13 (2006): 824-827.
C ON ECTADOS
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CoNECTADOS
-
342
Darling, Ali stair, 151
Darwin, Charles , 95
Das chle, To m, 210
Dawes, Ch rís , 239, 242
Dean, Howard, 186
DeLay, Tom, 209, 211
DeMint,]im, 210 '
demócratas, 205 , 206, 208-211, 215
densidad de poblaci ón, 272
d esigualdad: ec o nómica, 179 ,183;
comportamiento, 119, 311, 312;
emocional, 49-62, (fel icidad) 63-
69, 72,73; grado d e, 202; de
gustos musi cales, 165, 166; e
inm unización, 146, 147; social,
94,122 , 290,293,294,302, (y
a tractivo físico) 89 , (y sal ud) 96;
suicida, 135-142, 290. Viase
también epidemia
contrato social, El (Ro ussea u) J 296
Co nve nc ió n Nacio nal Republican a,
214
Cooley, Charles Ho rton, 276
Cooper, Peggy, 11O
cooperación, 288: conexión y, 228-
232, 239; ge nética y, 247, 250;
puesta a prueba en el ..j uego de la
con fianza» 241, 242, Véase
también altruismo
co pa trocin ios. Véase conductas
políti cas
correo electrónico, 282, 289:
e xperimento de ..el mundo es un
pañuelo», 40
cultura, 130,310; Wall Street, 152
cul tura, síndrome ligado a la, 133,
134. Véase también e pi demias
Cun ni ngham, Randy «Duke», 207
343
i l'lD ICE " ",,,úTICO
comportam iento se xual:
adolescente, 92 , 93,109-113, 115;
ad ulto, 93, 94, (parej as sexuales)
78 , 79,84,251, ilustro2; campañas
por el sexo seguro, 117, 144;
e nfe rmedades de transmisi ón
sexual (ETS) , 109-119, 156,289,
(progra ma de co ntrol) 118,
(dife re ncias raciales e n) 116,117;
norma de no intercambiar pareja
con los amigos, 113-115
conciencia, 52, 310, 312
conductas políticas, 193, 195-202:
activi stas, 213-215, (e n línea) 215-
22 0; co ntribuciones políticas,
173, 216; e n Irán, 217-219;
legi slación, 204-209,
(copa trocinios) 205-208,210-212;
po larización, 198, 199,208,209,
217,287, ilustr. 6; tecnol ogía y,
186, 310, 311. Vi ase también vo tar
conexión. 29, 30: y cooperació n,
228- 232,239; evolución y, 225;
impo rtancia de , 43-45. 212.
(como clave para la humanidad)
295,296, ( poder de ) 311,312,
(ve ntaj as de ) 179; preve nci ón
internaci onal de , 244; y sal ud. 96-
. 99, 129
confusión: como objeto de
investi gación, 98, 99, 122, 123, 135
Congreso es tadounidense:
polarización e n, 209; proye ctos
de ley propuestos en, 207 , 210.
Véanse también Cámara de
Represe ntantes estadounidense ;
Se nado es tadoun idense
contagio, 30, 36, 43: y aume n to de
peso, 122, 123; de
Carman, Kati e, 304, 305
Camegie Mell an, un ivers idad 302
303 ' ,
Carpenter, Dan, 213
Carville,]ames, 84
cas tigadores/ cas tigos, 231, 233
239,242, 288 '
CBS (cade na d e televisión), 221 .
CCE (Ce n tr o de Co ntrol de
Enfermedades), 55-57, 136, 137 ',
cerebro y redes social es, 2 4 9 ~ 2 5 3
259,260 '
Cesar-irri , David. 242
Che ney, Dick, 213
Chicago, los siete de, 214
Chicago, So ndeo del Sexo e n 78
79,81, 84 ' ,
China, 134: matrimoni os
concermdos e n, 83
el (cociente intel ectual ): orden de
nacimiento y, 33, 34; tests de
in telige ncia . 252
Cleueland Plain Dealer, 236
Clin to n, Bill. 84, 172
Clinton, Hillary, 187, 205,211, 216
colaboració n, 298, 302 : model o
con códigos de co lo res, 176- 179,
ilustr. 5
Colbe n , Stephen ( The Colbert
Repon) , 286
Colo mbia: manifestaciones contra
los secuestros e n, 216, 293
compati bilidad de incentivos. 232
compe tencia, 85-90
comportamie nto colectivo: es tudios
so bre ,45,309,310
eomportamien[Q crimi naJ , 45, 302
comportam iento prosocíat , 238,
242,248
Babilonia, ciudad de, 295
baile histérico, 54
bandadas de pájaros, 39, 130 288
298 ' ,
bandas callej eras: vio lenci a de , 18
Ba rabásl, Lászlo, 274
Barry, Gle n, 2] 6
Bearm an, Pe ter; 91, 92, 112
Bell ard, Emory, 226. 227
ben efi cios del mauimonio para la
salud. Véasematrimoni o
Berelson, Bernard, 195, 217
Berl ín: Muro de, 133
bien público, 300
Blais, André, ] 92
bl ogosfera, 216, 217, ilustro6; iraní
218,219, ilustr. 7 '
Boscardin,]ohn, 190
BradJey, David, 273, 274
brigada de cu be tas, 21-27, 29, 35-
37,80, 225,299
Broadway: musi cales de, 174
Brockmann, Di rk, 157, ] 58, 160
Brúckner; Hannah, 92
buey engo rdado: conc urso para
adivi nar el peso de un,163,164
287 '
Buffer, Wa rr en, 152
bulimia, 134
Burke, Anne, 150
Bush , Geo rge w, 189, 190, 204, 214
Cacioppo,]oh n, 70, 246, 254
Calaway, Alicia, 223
Cámara de Represen t.mtes
estadounidense, 207, 209, 2lJ, 212
Capote, Tru man, 106
caridad, 303, 304. Viase también
al truismo
CoNECTADOS
e situación y posici ó n, 44 , 307-
09
1
1
11
1
.1
1
1
economía
Plo rin a , Morris, 193
Fisher, Hel en, 73
Flack,jessica,248 . _.
Framingham, Estudio Cardiol ógico
de, 120, 121 , 127, 129,131, 132,
135, 146: es tudio sobre la
feli cidad, 63, il ustr; 1
Franc ia: es tudios co nducidos e n,
81 95.96
.. fro m
an d Surveí llance- (asociaci ón on
line),291
Friendste r.com. 278-281
Frist, Bill , 204, 209, 210
f 37 45 129-132,143-145, umar. , ,
ilustr. 4. Véase tambien tabaco
Gal braith, joh n Kenneth, 86
Gall up: encuesta, 200
Calton, Francis, 163
Ceertz, Clifford, 182
Fal udi , Susan, 280
Famie , Keith, 22 3, 229
Fannie Mae yFreddie Mac
(compañ ías h ipotecarias) , 15 1
Fanni ng, Dakota , 109
Farr; Wi lliam, 95-98, 102
Faust, Katberine, 248 .
felicidad , 63-69, 72, 73, 303, ilustr. 1
fen ómeno de Proust, 59 .
fi nanzas: circulaci ón del diner o,
154-1 60 ,182,274; cré di to y
éd i 180' pánicos rnicrocré 1tOS , ,
financieros, 149- 154; pre cios del
161 162' préstamos de oro, , ,
microfinanzas, 179-182; redes
. 151-154 (yvaloresde
fi nancieras. , ..
d ) 161-165 Véasetambién merca o .
Facebook, 186, 216,220, 266, 280-
282, 284,285, 306
345
fN0 1CE ANA UTICO
ep idemias de hi ste ri a
. ' ,'ea masi va - EPM) , 48, t> pS'teogen
63 , 138: de dos tipos (pura y
motor) , 54; tratam.iento
recomendado de , 59
EPM t enf ermedcd psieogrniea
masiva). Véaseepidemlas de
hi ste ria 9
. s de fútbol americano, _26. equipo
227
Eskin, Hank, 155, 158
es peranza de vida y géne ro, 87
df ricas vitales: sistema Farr de , esta 1S
95-98
. ial esy racisrno on es tereotipos raer
line; 272, 293
Es rerli ng, Kevin, 213
'. del eo¡o por ojo», 229, 230 estrategta :J
Etl ing, Bruce , 217, 218
ETS . Véase comportamiento sexual
evolu ción, 51, 73, 229, 239: y _
comportamiento, 242, 247, 200,
251 , 298, 302; y conectividad,
225; explicación a efectos .
evo lutivos, 42, 49; del lenguaj e ,
257, 259-261 ; selección natural,
227,245 ,247,252; de redes
sociales, 27, 41, 42
experimentos e n la acera. Véase
ra (mirar una ventana)
ace
. • .J - la decadencia intrínseca,
expl icación ue
41
• • - J - la inestabilidad en la red, exp íícacíón u.t:
42
expresiones faci ales. Véase
aparien ci a física
también finanzas
efecto dom¡ri ó , 169
efecto «el mundo es un Pañue lo»"
33,40,42, 174- 176, 18 1,201: USa
por pa rte del gobierno del , 178 ,
«efecto del poder de la minOríalO ,
179
efectoProteo, 271
«efecto Werther», 135
efectos co mpara tivos, 88
eHarrnony.com, 82, 266
Ei chmann. Adolf. 267
ejé l-citos: esc uad rones mili tares,
26; tamaño de las unidad es, 258
El
wert
, Fel ix, 104
emociones: contagio e mocio nal,
47-62. (felic idad) 63-69, 72, 73;
iruormación transmitida po r, 50,
51; med ición d e, 61, 62; olo res
asociados a, 58, 59; transmisión
entre equipos, 62
e ncon trar parej a, 80-83: sitios web,
82,90,266,279
enfermedades psicogén icas . Véase
epidemi as de histe ria
En twisle, Barbara, 91
epidemia: ans iedad, 54, 56 , 57, 6 ],
63; desenca denalnie nto de, 94;
dos sign ificados de la palabra,
120; obesidad, 119-130, 132,
(modelos infor máticos de) 146;
risa, 47, 48,54,56,59, 61, 126;
sida, 118, 119; sífi lis, 109-111,
117; síndrome ligado a la cu ltura
y, 133, 134; World Of Warcraft,
263,264,266. V'anose tambien
páni cos bancaJ;os; Contagio
epidemias de laEdad Media, Las
(Hecker ) , 54
-
344
;parcieux, An taine. 95
das , 11, 36: propagación d e las,
3.66
rend as de raza: en benefi ci os
matrimoni o para la salud,
14; en índices de e nfermedades
: transmisión sexual , 116
aíon 01hmovati<ms (Rogers), 167
si ón hipe¡'di ádi ca, 36, 63 , 66,
2
ro, circ ulac ión del. Vétu e
anzas
io tipo «bo la de nieve», 195
netas geográficas, 40, 66, 71,
82, 127: desaparición de , 275;
o balización, 176, 311
cio: efectos e n los hijos, 34
ls, Pe ter; 40, 165
Bob,211
de es palda, 133, 134
. i ón de órganos, 19-21, 24
ldson, Co lby, 223, 224
s, Anthony, 187-189, 191, 192,
. 203
ar; Robin, 25J, 260: n úmero
157-260, 284
" P.: h e rede.·os de, 235, 236
eirn, Émi le, 310
Debb,222
66
ach, Anja, 287
nía, 85, 86. 232-238 , 311: y
-ios económicos, 162-164,
I desigualdad económica,
182. 183; pánicos
cieros, 152-155, 162. V'ase
-
346
Lancee (revista médica), 97, 98;
Lancee lnfectious Diseases, 265
Larson,joh n, 210
Laumann, Ed, 116
Laute nberg, Frank, 211
Lavis,joh n y Dan, 20 , 24 , 45
Lawrence[ ournai-World, 192
Laza rsfeld , Paul, 195, 217
Lazer, Paul, 213
Lea hy, Patri ck, 20 6
le nguaj e: e n Babilonia, 287;
evoluci ón del, 25 7, 25\}.261
Leoíat ón (Hob bes), 296
L évy, Paul Pi erre: y el vuel o d e Lévy,
158-161 , 274
Lillard, Lee, 99, 100
Kase, Sam, 289
Katrina, hu ra cán, 178, 235
Kearns, Michae l, ] 77, 178
KelIy,joh n, 2] 7, 218
Kelly, Morgan, 153
Ken nedy, joh n F., 186
Kennedy, Ted, 210
Kerryjo hn, 2] 1
King, Gary, 190
Kit ts, Bob, 235, 236
Kochen, Manfred, 33, 40
hora (e nf e rmed ad asiá tica) , 134
Kucinich, De rmis, 211
Kuziemko, Uyana, 93
j ohnson, Paul , 192, 193
j ones,jim, 135
«juego de la confianza.., el, 241
juego d el di ctador, 235-237, 242,
247, 306
«j uego del ultimátum», 233-238,
242 ,271
347
j atarní, Mohamed (p residen te de
Irán) , 219, ilustro7
fN DlCE AI'JAL1TI CO
imitación de co nductas, 53, 126-128
Indianápol is ySaint Louis: estudio
de las elecciones en, 195, 197, 200
índices bursátiles: DowJones, 152;
S&P, 152
indivi dualismo metodol ógico. 309, 310
influencia int erpersonal, 35, 45, 88,
145: lími tes a (Regla de los Tres
Grados), 4 1-43, 64, 65, 71, 72, 121,
122 , 130, 199,279; refuerzo y, 37
inmuni zaci ón, 146, 147
Instituto Smithsouian:
Observatorio Astrofísico del , 24
int«:ligen cia: colectiva, 39. 289 ;
h ipótesis so br e, 250-252, 259
«in terce ptores de violencia.., 21
Internet, 13: activis mo on li ne, 215-
220; bl ogosfera, 21&-219, ilustr. 6;
y ca mpaña de Obama, 185, 186,
215, 216,293; cancio nes para
de scargar, 165; e nco ntrar a
perso nas e n, 288-290, 293;
experime ntos e n línea, 267-272;
juego World ofWa rc raft, 263-267,
282, 292; lado oscu ro d e, 28\}'292
(clubes d e suici d io ) 141, 142;
navegadores web, 285, 286, 289;
pági nas web y campañas para
animar a la gente a votar, 215;
páginas web para encontrar
pa reja y hacer amigos, 82, 90,
266, 277-281; pre ocupaci ones
sobre, 275-277, (refu tadas) 277,
27 8. Véanse también Face boo k;
MySpace; wheresgeorge:
Wikipedi a
.,
Hampton, Ke ith, 277, 278
Har-ri s, Kathle en, 91
Harvard Crimson, 280
Haste rt. Dennis, 204
Ha uen , Ch ris, 230, 231 , 235
H eaney, Michael , 214
H ecker,]. F. c., 54
Helms,jesse, 211
Henri ch,josep h, 236
He rskowitz, Mickey, 226
Hi nk1er, Be rt, 273
histeria epidé mica. Véase e pidemias
de histeri a
Ho bbes, Thomas, 296
Hoffe r; Eri c, ] 25
Hoffin an, Abbi e, 213
Hoffman, RaJp h (doctor), 291
holi smo metodológico, 310
Horno die/yous (h ombre e n red)
233 , 238, 299 '
Homo economicus ( hombre
económico) , 232, 234, 238
ho mofil ia, 30, 84, 113, 122, 135,
217, 307
homogamia, 84, 98, 99
ho mosexuali dad , 94,103
hOlmigueros, 297, 298
Houston Chroniek, 226
Huckfeldt, Roben, 195, ] 96, ] 98
217 '
HUfnageJ, Lars, 158
Hughes, Ch ris, ] 86
Humer, Ho Ll y, 109
H trter-i tas, 258
]DC (Inte rnationa! Daisy Chai n )
106 '
]MC (í nd ice d e masa corporal)
120, ilustro 3 '
Ge ise l, Theo, 158
Gelman, Andrew, 190
ge melos , 69, 238-243, 246: y
TWlnsburg (Oh io), 239-242
239-242: y felicidad, 69 ; y
VInculas sociales, 213- 250. Véase
también evolución
ge nocid io de Ruanda, 302
Gilbe n , Dani el, 68, 90
Gingri ch, Newt, 209
Glaeser, Ed , 302
Gleason, Kel, 222
Goethe, johann Wolfgang von, 135
Go ffman, Erving, 81
Goodman, Ellen, 128
Google, 76, 164, 266, 283'
Gore, Al , 213
grados de separa ción, 41-43, 64, 65
71,72, 167, 168, 171 , 281: y ,
alt ru ismo, 306; en actividad
sexual, 113-11 5; e n la e lecci ón de
parej a, 17, 80; y o besidad/ no
obesidad, 12 1 19 9 129 130 .
• --, , ; sers,
39,40, 42, 43, 168, (SixDegrees.
com) 279 .
Grameen Bank (Ban glad esh) 180
18] , ,
Gramm, Phi!, 211
Granovetter, Mark, 169, 170
gru pos: anclaje dentro de, ] 87;
autoorganizació n de 182'
de, 22, 23: 257: 258; de
estimulo, 37, 165; influencia de
130; referen cia 88· tarnañ d '
" o e
(n úmero de Dunbar), 257-260, 284
Gua re, j o hn,40
guerra de Irak, 210; movimien to e n
con tra, 214
CoNu:TADOS
CoNECTADOS
h"D ICE ANAL!Tl CO
nba ug h, Rush , 286
ibislas, 204, 205, 213-215
;Angeles Times, 24
bach, Douwe , 97
chigue nga: valor atípico . 23 7
doff Bern¡e, 25
.ual i, Caral ¡n, 253, 255
-idel bror, Ben óir, 161
mía de bai lar», 54
i they, Be-non, 222
-sden. Pete r, 32
'x, Kar-l, 254, 310
alin, Mar-y, 84
rirnoruo: ben efi cios para la
.ud del , 96-99, 105, ( hom bres y
.!.J e res) 99- 105; compe te ncia
r conseguir parej a, 87, 90, 91;
ncertado, 75, 80, 83; y
e rencia de edad, 103; e lección
pareja, 77-85, 88-91 , (d irecta e
lirectamente) 90; entre
'se nas del m ismo sexo, ] 03·
iación de raza en, 104 •
oon {Hl irro is}: «anes tesista
tasrna» de . 57
Terry, 150
un . john, 163, 187-191 , 211
van. Ja n, 228, 229
:is, Costrno de, 171
-is, fami lia, 172
excitable, 38
ke n, H. L. , 85, 86
.dos de e lección-predicci ón
Véase también votar .
n, Robe n K.. 88
de muestreo de experiencias, 6 1
m, Sran ley, 37, 39, 40, 267-
348
Milk, Harvey, 94
Mil1 ,j ohn Stuar t, 232
Moody, j ames, IJ 1-l!4
Morales, Osear, 216 ~
"
M.RM. Véaseresonancia magnética
Muh amad , Robj ; 40
muj e res: casadas/solteras ysal ud, li
88,96,99-105, (trastorn os de
al imenti cios) 119, 120,134,135;
co mo inversoras, 181;Yconswno de
alcohol, ] 32; EPM en, 58;
valoración del atractivo físico, $91
Mundial de Fú tbol (Méxi co). 38
Myri ck, Sue, 210
MySpace , 14, 220, 266, 280-282
Nat.." e (re vista), ] 58, 163, 174, 287
Netville: es tu dio d e, 276-278, 293
neu mon ía a típica. VéaseSARS
neuronas espejo. 53. 126
New England[ ournat ojMedicine, 56
New York Times, 135, ] 36
Ne wma n, Mark, 209 , 21 7
Ney, Bob, 2] O
Nickerson , David , 201, 202
Nobel: Fundaci ón y Premio de la
Paz, 18 ] , ] 82
no rmas , ] 26-128, 130, 200: a la hora
de votar, 203
Obarna, Bara ck, 163,185-191, 215,
216: uso de Inte rne t en su
campaña, 186, 205, 206, 293
obediencia a la autoridad:
demostració n d e , 267, 268
obes idad: conductas de control de
peso e n a dolescen tes . 119;
ep id emia de, 119-130, 132,
(modelos informáti cos de) 146;
med id a d e !MC, 120, ilustro3;
medidas para favorecer la
pérd id a d e peso , 144, 146
O ' Gra da , Corrnac, 153
«Ola- h umana , la, 38, 39, 60, 162 ,
295
olfato ye mociones, 58, 59
opor tun istas ! o'por-turrisrno, 228 .
230, 231, 242,247,249,288,301
o rden de n aci mie nto y C], 33 , 34
O ' Re illy, Bill , 286
oro , precio de l, 161, ] 62
Padge tt.john, 172
Palin , Sa rah , 287
pánicos bancarios. 149-154
Pani s, Co ns ta n tij n, 99
Partido Republ icano, 287: y
re publ icanos, 205-211
paseos aleatorios, 159, 160, 166
Paul, Ron, 211
Peace Corps (programa). 166
penas del joven Werther, Las
(Goethe), 135
peso , aume nto o pérdida de . Véase
obesidad
Peste Negra, 54 , 157
Pew Rese arch Cerner, 186. 216
Ph illips, David , 135, 138
Ple n tyo fFish. com, 82
Pollard, Davi d , 292
Pol lock, Alisen, 288
Ponzi , estafas de , 25
Poo le , Ke ith, 205
Porte .jacqueli ne, 149
posici ón soci al relativa frente a
absolu ta , 86, 87
premi o ins trum.enta l, 87
presencia e n el mundo virtual. 270
presió n d e grup o, 92 , 93, 119, 132,
133,181, 257,258
Price, Tim, 150
primates, prue bas de cognición
para, 252
Probst, Jeff,223
propiedades emerge ntes, 39
-prosopagnosía; 52
Pulirzer, pre mio, 280
Putn am , Rober t, 200
racionali dad de ir a votar, 187, 193:
abs tención racional, 188
rec iprocidad dil -ecta 229, 303. Véase
también altruismo
red de co nversación nucl ear, 32, 284
red de estado jJ1'edeterminado, 251
«Red Se xual Sueca », 117
redes -muliíplex, 106, ilustro2
redes sexuales, 107, 156. ilus tro2;
insti tu tos, 113, 115, 116, 118;
relaciones a cuatro bandas . 114
redes soci ales: y afluen cia de voto,
193-20'1, 215; Ya lt ru ismo , 303-
307; a nclaje e n, 143, 186, 187 ,
225,233,311 ,312; d e an imales,
247-250 ,257; Yca mbio
eco nómi co. V¿aseeconomÍa;
cam bios modernos e n las, 171-
175; características que defi nen
las, 298. 299; centralidad e n, 27,
31,34,35, 45,66,245,306,
(relación con riesgo de
mo rtalidad} 308; el cerebro y,
250-253,259,260; ciencia d e las ,
45,167,310,311; colaboración
e n, 177-179; componentes de , 29;
concentradas o integradas, 131;
costal eficacia de las
349
, \
I
j
I
350
í NDI CE "-N"-LiT tCO
Tempe (Arizon a), profesores de
pi ano e n, 167
terrorismo: predicción de y
resp uesta a, 164, 265
Tigua Loma (Ec uado r) , 166, 167
Tocquevill e, Alexis de, 203, 300
Tomasell o, Mi chae l, 25 1
Too mey, Kathleen, 109 , llO
Torri celli , Bob, 211
transitivi dad, 28 , 32, 58, 141, 174,
200,201,243; cohe re nci a análoga
a, 188; de h ijos d e padres
divorciados , 34
trans misió n de e nfermedades.
Véanse contagio ; compo rtamie nto
sex ual
trastornos alimenticios, 119, 120,
134,135 . Véase también obesidad
Triborough Bridge, empleados del
peaj e de, 58
Tur kama, Barend, 97
Van Dyke, Dick, 174
ven tÚtt a cOr"Sa, 25
venganzas familiares, 17-19, 21, 36,
45
Victorianlntemet, The (Standage ) , 275
Viena (Austria): red de me tro de ,
137
uinculos mutuos, 25
viole nci a: ban das callejeras, 18;
intestina, 18; í rne rpe rsonal, 19;
naturaleza colectiva de , 19; Véase
también comportamiento criminal
Ud ry, Ri chard, 91
Unlted Way: donaciones be néficas
a,304
U zzi, Bri an, 1 7 ~ 1 7 6 , 18 1, 201
351
tabaco, 45 , 84, 129-132 , 143. Véase
también fumar
Tancredo, Tom, 211
Taylor, Amy, 292, 293
tecnologías: co municaci ones , 265,
266, (y políti ca) 186, 216,
( teléfono) 275 ,276; fracaso de,
166,167; inventos, 168; nu evas,
166,167,179, 272, 273; redes
sos tenidas por, 100; viajar, 273,
277. Véase también In ternet,
teléfonos móviles: datos de, 158,
274
sexos: rol es de los, 132 ; y
es peranza de vida, 87. Véase
también muj eres
sida, e pidemia de, ll 8, ll9
sífilis, e pidemia de, 109-111, 117
si tios we b. VéaseInternet
Skvore tz,john, 248
Smith, Adam , 52, 162,309
Sola Pool , lthiel d e, 33, 40
so ledad , 69-73, 246, 24 7, 254
so li tar ios , 230-232, 24 6, 24 7, 252
Specte r, Arle n, 206, 210
Spiro,janet, 174
Sprague,john, 195, 196, 198,217
SARS (sín drome agudo
respiratorio severo), 157, 160
Standage, Tom, 275
Stovel, Katherine, 111
Strogatz, Steven, 174
suici d io, 310; con tagioso , 135-142,
290
su perorganismo, 14,43, 130, 29&-
299, 303, 312
S'lLTVivor (programa de tel evisión),
22 1-224 , 229
Regl a de Oro: inversión de la, 230
«regla de los treinta pies- , 176.
Véase también distancias
geográfi cas
Regla de los Tres Grados. Véase
influencia interpersonal
religión, 253, 256
resonancia magn éti ca, 25 1, 256:
(MRM) máquina d e, 53
«revo lució n Twi tter.. (Irán), 219
Ri ker, William, 189
risa, epidemia de, 47, 48, 54, 56, 59,
61, 126
ritual es correc tivos, 81
Robinson, Derrlck, 291
Rogers, Eve rett, 167
Rojas, Fabio, 214
Rosenthal , Howard, 205
Rospars,joe, 186
Rousseau.jean-jacques, 296
Ruanda: genocidi o de , 302
rutina del hedonismo, 68. Véase
también feli cidad
Sal ganik, Matthew, 165
salud: co nsecuenc ias de la
cond uc ta pa ra la, ll9-135, 1 4 ~
147 , 311. Véase tambien epidemias
Schrock, Edward, 210
Schultz, Susanne, 251
Science (re vista) , 230
Second Life (juego on line), 266,
270,282,292
Seínfeld (serie de tel evisión) , 244
Seis grados de separación (Guare),
40
se le cció n natural. Véaseevo tuci ón
Se nado estadounidense, 190,206,
207, 212
inte rvenciones, 134; creatividad
en, 174-1 76; cuatro tipos
di ferentes de, 26; efectos
negati vos de las, 44; y e lección de
cónyuge. V éase matrim o nio ;
estudiantes universitari os, 27, 28,
ilustr, 8; es tudio naci onal de las,
9 1; evolución/genética de, 27,
41,42,242-250; flujo/ circulaci ón
dentro de, 30, 35, 36, 123, 124,
156; forma o estructura de las, 28,
29,30-33,44, 66, 91, 113,
(cambios e n) 119, (impo rtancia
de) 114, 1l5, ll7,177,
(infl uencia en ) 22&-228,245;
formaci ón de grupos
diferenciados, 23 , 24; como
fu ente de avales, 179-183;
inferida frente a observada, 156;
co rno instrume nto co ntra la
desigualdad, 179, 183;
«intelige ncia- de las, 39, 297, 298;
magn ifi caci ón de efectos por
parte de, 44, 129, 216, 306;
muit ípíex, 106, ilustro2; políticas ,
204-21 2; programa de tel evi sión
SUrviVOT, 221-224, 229 ; Y
propagaci ón de e nfe rmedades.
V éasee pide mias; redes real es ( no
virtual es) , 82, 280, 284, 285, 29 3;
regl as de las, 29-39; religión y,
2 5 ~ 2 5 7 , 301; se xual es. V éase
redes sexuales; software di señado
para visualizar, 27, 29; como
su perorganismo, 29&-299;
víncul os d ébiles en, 82, 83, 174,
175, 219, (é xi to de) 168-171 ,213
Reece,AJnanda, 235, 236
refue rzo , 37, 72
CoNECTADOS
ió n en color, 251
ar- afl ue ncia a las urnas 185
93-204, (In ternet y) 21;; ,
.rograma informático, 198-201;
acionalidad de 187 193'
, , ,
:>laci o nes nominales, 205
de, Mitchell, 207
lte, Linda, 99, 100
UStr-eet, 152, 181
~ Streetfournat; 207
Ten County (Ten nessee) ,
sti ru to, 55, 56
'/¡ington Post, 110, 207
ts, Duncan, 40, 165, 174
tsburg, Cary, 155
s para e ncontrar pareja y hace r
1igos. Véase Interne t
352
Weight Watchers (programa), '143
Wellman , Barry, 277
Wesson , Ti na, 223, 224
WheresCeorge.com, 155, 158, 274
WhHman, Christi e Tod d, 211
Wikiped ia, 266, 286-288
World of Warcraft UlIego), 263,
264,266,282, 292
r
Wrigh t.je re mi ah (reverendo) J
215 '
Young, Roben, 192
Youth I nternationaJ Par- ty, 214
YouTube, 215, 266
Yurr us, Mohamed , 180, 181
Zucke r berg, Mark, 281
SOBRE LOS AUTORES
Nicholas A. Christakis es d octor en Medicina y Ciencias Sociales. Es-
tas dos disciplinas so n como dos primos lej anos q ue d e tan to en tan-
to se encuentran, descubren que tienen much as cosas e n com ún y
después se e nzarzan en una di scusión. Ch ris takis lleva años intentan-
do arbitrar esa cl ase de discusio nes, en ocasio nes con so rpre ndente
éxito. Es profesor d e Soci o logía Médica en el d epartamento d e Po lí-
ti ca Sanitaria en la Facultad d e Medicina d e Harvard, profesor d e
Soci ología e n el De parta mento de Sociología de la Facultad d e Artes
y Ciencias d e Harvard y profesor d e Medi cina en la Facultad d e Me-
di cina d e la misma universidad. En 2006 fue e legido académico d e l
Instituto d e Medicina d e la Academia Nacio nal d e Ciencias. Después
de terminar su fo rmació n en medi cina interna compaginó sus inves-
tigaci ones con la práctica de la profesión en una residenci a de anc ia-
n os, con la intenci ón de mejorar la atención sanitaria a la terce ra
e dad. Desde 1999 investi ga la forma e n q ue los facto res y las in terac-
ci ones sociales afectan a la salud y a la esperanza de vida de los indivi-
duos. Es famoso por sus es tudi os sobre la fo rmaci ón ycomportamien-
to de las red es sociales. Cuando no trabaja en su laborato rio , ense ña
en diversas fac ultades d e Ha rvard y e n hospi tales afi liados a dicha
unive rsidad. Los estudiantes lo eligen todos los años «profesor favori-
to - d ebid o a lo ameno de sus clases y a lo generoso d e su dedicaci ón.
En 2009 la revist a Time lo incl uyó e n su list a d e las 100 personas más
influyentes d e l mundo.
James H. Fowler es doctor e n Cie ncias Po lí ticas y encarna una nueva
concepción de esta disciplina. Con el p ropósi to d e conectarla con
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CoNECTADOS
las cie ncias de la naturaleza, h a traspasado las fronteras de su campo
de estudio para identificar las fuerzas sociales y biológi cas que subya-
cen en la natural eza human a. Su labor como voluntario del Peace
Corps en regi ones de Ecuador asoladas por epidemias de cólera le
in spi ró la pregun ta siguiente: ¿Por qué determinados pueblos traba-
j an mej or en grupo fre n te a la advers idad que otros? Estudió Cie n-
cias Pol íticas en Harvard, d onde se doctoró, y desd e entonces ha de-
dicado su vida a anal izar las relaciones entre fenómenos políticos y
o tros procesos naturales. En la act ualidad es profesor asociado en la
Univers idad de Californ ia en San Di ego, en el departamento de
Ciencias Pol íticas y e n el Cerner fo r Wirel ess and Popul a tio n Heal th
Systems . Además de sus trabaj os so bre redes sociales , Fowler es céle-
bre por sus inves tigaciones sobre la evolución de la cooperación, la
economía cond uc tista, la participación en la vida política y la ge no-
política (el estudio del componen te genético e n el comportamien to
político) . Durante su época de profesor en Harvard ganó varios pre-
mi os, pero hoy su s es tudiantes lo conocen por ser el primer polit ólo-
go que demostró científicamente el llamado «e mpuj ón Co lbert», un
fe nómeno según el cual los candidatos políticos ven crecer su popu-
laridad tras parti cipar en el shotu televisivo de Stephen Co lber t.
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