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Repaso de la Escuela del Ministerio Teocrático (Noviembre-Diciembre 2013)

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02/23/2014

Repaso de la Escuela del Ministerio Teocrático para Noviembre-Diciembre 2013.

1. ¿Qué nos ayudará a ser apacibles con las autoridades? (Tito 3:2.) [4 de nov., 03 1/4 pág. 25 párrs. 18, 19.] A muchos se les hace difícil mostrar apacibilidad en el trato con las autoridades civiles. Es cierto que quienes mandan actúan en algunos casos sin bondad ni compasión (Eclesiastés 4:1; 8:9). Sin embargo, por amor a Jehová, reconocemos Su autoridad suprema y prestamos a los miembros de la administración la sumisión relativa que les corresponde (Romanos 13:1, 4; 1 Timoteo 2:1, 2). Hasta si hay altos cargos que tratan de limitar las facetas públicas de nuestra adoración a Jehová, buscamos con gusto otros medios disponibles de ofrecer el sacrificio de alabanza (Hebreos 13:15). No obstante, jamás recurrimos a la agresividad. Por el contrario, procuramos ser razonables, pero sin traicionar los principios justos. Esta actitud, que nos permite efectuar nuestro ministerio en 234 países, está en consonancia con el consejo de Pablo: “Estén en sujeción y sean obedientes a los gobiernos y a las autoridades como gobernantes, [...] estén listos para toda buena obra, [...] no hablen perjudicialmente de nadie, [...] no sean belicosos, [...] sean razonables, y desplieguen toda apacibilidad para con todos los hombres” (Tito 3:1, 2). 2. ¿Qué podemos aprender de las palabras de Pablo registradas en Filemón 4, 5 y 7? [4 de nov., w08 15/10 pág. 31 párrs. 2, 3; w92 15/4 pág. 25 párr. 2.] Pablo encomia a Filemón por ser un ejemplo del “amor y de la fe” cristianos. El apóstol siente “mucho gozo y consuelo” al saber que Filemón ha sido una fuente de estímulo para sus compañeros cristianos (File. 4, 5, 7). Al referirse a la delicada situación de Onésimo, Pablo no da ninguna orden a Filemón, sino que lo exhorta “sobre la base del amor”, y así pone un ejemplo a los superintendentes. Le dice: “Confiando en tu anuencia, te escribo, pues sé que harás aún más de las cosas que digo” (File. 8, 9, 21). La carta de Pablo también recuerda a los ancianos el valor del encomio y la discreción. Él empieza por reconocer que ‘los tiernos cariños de los santos fueron refrescados por medio de’ Filemón (versículo 7). Sin duda ese encomio sincero puso a Filemón en un estado de ánimo más receptivo. Del mismo modo, hoy día a menudo el consejo se puede amortiguar con encomio afectuoso y sincero. Y tal consejo no debe ser brusco ni indiscreto, sino que debe estar bien ‘sazonado con sal’ para que al oyente le sea más aceptable. (Colosenses 4:6.)

3. ¿Cómo podemos entrar en el descanso de Dios? (Heb. 4:9-11.) [11 de nov., w11 15/7 pág. 28 párrs. 16, 17.] Hoy día, a ninguno de nosotros se nos ocurriría insistir en que nuestra salvación depende de que obedezcamos ciertos mandatos de la Ley mosaica. A fin de cuentas, en su carta a los Efesios, Pablo dice sin rodeos: “Por esta bondad inmerecida, en verdad, ustedes han sido salvados mediante fe; y esto no debido a ustedes: es dádiva de Dios. No, no es debido a obras, a fin de que nadie tenga base para jactarse” (Efe. 2:8, 9). Entonces, ¿qué debemos hacer si queremos entrar en el descanso de Dios? Recordemos que Jehová separó el séptimo día —su día de descanso— para un fin especial: llevar a cabo su propósito para la Tierra. Por lo tanto, para entrar en el descanso de Jehová —es decir, tomar parte en él—, debemos obedecerle y colaborar en el cumplimiento de su propósito según nos lo va aclarando su organización. Jamás debemos quitarles importancia a los consejos bíblicos del esclavo fiel ni guiarnos por nuestras opiniones personales. Si lo hiciéramos, nos pondríamos en contra del propósito divino y nos arriesgaríamos a perder la amistad con Jehová. Ahora bien, ¿qué situaciones ponen hoy día a prueba nuestra obediencia? En el próximo artículo analizaremos algunas y veremos cómo las decisiones que tomamos en esos casos revelan si hemos entrado en el descanso de Dios. 4. ¿Qué aprendemos del ejemplo de Samuel y los fieles profetas y jueces que “efectuaron justicia”? (Heb. 11:32, 33.) [18 de nov., w11 1/1 pág. 25 párrs. 5, 6.] Siglos más tarde, el apóstol Pablo incluyó a Samuel entre los jueces y profetas que “efectuaron justicia” (Hebreos 11:32, 33). Así es, Samuel contribuyó a que se hiciera lo que era justo y recto a los ojos de Jehová. Y lo logró porque, en lugar de dejarse vencer por las dificultades, siguió realizando su labor mientras esperaba con paciencia a que Jehová enderezara los asuntos. Además, demostró ser una persona agradecida. Tras la victoria en Mizpá, levantó un monumento para recordar lo que Dios había hecho a favor del pueblo (1 Samuel 7:12). Si queremos hacer lo que es justo a los ojos de Jehová, tenemos que ser pacientes, humildes y agradecidos, como lo fue Samuel. ¿Y quién no tiene necesidad de cultivar esas cualidades? A Samuel le fue muy útil desarrollarlas cuando todavía era un hombre joven, pues en su vejez afrontó pruebas y desilusiones mucho más graves, como veremos a continuación.

5. ¿Por qué escribió Santiago que “la sabiduría de arriba es primeramente casta, luego pacífica”? (Sant. 3:17.) [25 de nov., w11 15/8 pág. 30 párr. 15.] Es cierto que los cristianos debemos buscar siempre la paz. Con todo, la Biblia afirma: “La sabiduría de arriba es primeramente casta, luego pacífica” (Sant. 3:17). Como vemos, Jehová considera que mantener la castidad —es decir, la pureza moral y espiritual— es aún más importante que conservar la paz. Por eso, si nos enteramos de que un hermano ha cometido un pecado grave, debemos animarle a que se lo confiese a los ancianos (1 Cor. 6:9, 10; Sant. 5:14-16). Pero si no lo hace, tenemos el deber de informárselo nosotros. Sería un grave error quedarnos callados, tal vez creyendo que así mantenemos la paz con el pecador. Si lo hiciéramos, nos convertiríamos en sus cómplices (Lev. 5:1; léase Proverbios 29:24). 6. ¿Quiénes eran “los muertos” a los que se les declararon las buenas nuevas? (1 Ped. 4:6.) [2 de dic., w08 15/11 pág. 21 párr. 8.] Eran los que antes de escuchar las buenas nuevas “estaban muertos en sus ofensas y pecados”, es decir, muertos espiritualmente (Efe. 2:1). Cuando aceptaron las buenas nuevas, empezaron a vivir en sentido espiritual. 7. ¿Qué mandamiento dijo Juan que era “viejo” y a la vez “nuevo”? (1 Juan 2:7, 8.) [9 de dic., w08 15/12 pág. 27 párr. 6.] ¿A qué mandamiento llamó Juan “viejo” y a la vez “nuevo”? El apóstol se refería al mandamiento sobre mostrarse amor fraternal y abnegado (Juan 13:34). Lo llamó “viejo” porque Jesús lo había establecido más de sesenta años antes de que Juan escribiera su primera carta inspirada. Por eso dijo que los creyentes lo habían tenido “desde el principio” de su vida como cristianos. Sin embargo, el mandamiento también era “nuevo” en el sentido de que ya no implicaba solo ‘amar al prójimo como a uno mismo’, sino estar dispuesto a sacrificarse por él (Lev. 19:18; Juan 15:12, 13). 8. ¿A quién se le llama “el Alfa y la Omega” y “el Primero y el Último”? (Rev. 1:8, 17.) [16 de dic., w09 15/1 pág. 30 párr. 6.] Es a Jehová a quien se le llama “el Alfa y la Omega”. Este título destaca el hecho de que ni antes ni después de él hay dios que pueda comparársele. Él es “el principio y el fin” (Rev. 21:6; 22:13). Ahora bien, aunque Revelación 22:13 llama a Jehová “el primero y el último” —pues no hay nadie antes ni después de él—, el título “el Primero y el Último” que aparece en el capítulo 1 se refiere a Jesucristo, tal como lo demuestra el contexto. Él fue el primero y el último ser humano a quien Jehová resucitó personalmente para vivir como espíritu inmortal (Col. 1:18).

9. ¿En qué dos etapas se sella a los cristianos ungidos? (Rev. 7:3.) [23 de dic., w07 1/1 pág. 31 párr. 1.] No obstante, el proceso de sellar a los ungidos se efectúa en dos etapas. Ambas difieren entre sí en 1) el propósito y 2) el momento. La primera etapa del sellado sirve para elegir a una nueva persona a fin de incorporarla al grupo de los cristianos ungidos. La segunda etapa del sellado sirve para confirmar que esta persona, que ya ha sido elegida y sellada, ha demostrado plenamente su lealtad. Y es entonces, durante esta etapa final, cuando el sello quedará permanentemente impreso “en la frente” de los cristianos ungidos, identificándolos de manera indiscutible como “esclavos de nuestro Dios” probados y fieles. El sellado que se menciona en Revelación 7:3 corresponde a esta última etapa del sellado. 10. ¿Por qué podemos estar seguros de que las bendiciones del Reino predichas en la Biblia se harán realidad, y qué efecto debería tener en nosotros esa esperanza? (Rev. 21:5, 6.) [30 de dic., re pág. 303 párr. 9.] Es como si Jehová mismo estuviera firmando para la humanidad fiel una garantía, o un título de propiedad, en cuanto a estas bendiciones futuras. ¿Quién se atrevería a dudar de tal Garante? De hecho, estas promesas de Jehová son tan seguras que él habla como si ya se hubieran cumplido: “¡Han acontecido!”. ¿Acaso no es Jehová “el Alfa y la Omega [...], Aquel que es y que era y que viene, el Todopoderoso”? (Revelación 1:8.) ¡Claro que lo es! Él mismo declara: “Yo soy el primero y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios”. (Isaías 44:6.) Por eso, puede inspirar profecías y cumplirlas con todo detalle. ¡Cuán fortalecedor para la fe! ¡Por eso él promete: “¡Mira!, voy a hacer nuevas todas las cosas”! En vez de poner en tela de juicio la realización de estas maravillas, de seguro deberíamos preguntarnos: ‘¿Qué tengo que hacer personalmente para heredar esas bendiciones?’.

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