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DOS CURAS DEL CÁNCER: UNA VITAMINA Y UNA VACUNA.

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VITAMINA B17 (AMIGDALINA O LAETRILE)


y
LA VACUNA MEL 1 (ONCOVAC O MVA E2):

CURAS DEL CÁNCER

El cáncer no me asusta. Mi padre murió por su culpa y a mi madre le entra un temor


supersticioso tan grande con el tema, que ni siquiera es capaz de decir la palabra
cáncer aunque esté hablando de los nacidos a finales de junio y principios de julio.
Pero a mí no me asusta. Conozco algunas de sus curas y la mayor parte de sus
causas, además como prefiero tomar medidas preventivas para evitarlo, sé que gozo
de un margen de seguridad mayor que el de aquellos que lo ignoran todo de él.
Se piensa que cuando alguien contrae esta enfermedad sólo tiene tres opciones
para sanar: la radioterapia, la cirugía o la quimioterapia. El sentido común que
obsequia la experiencia nos dice que con esas curas la supervivencia queda muy
restringida, por lo tanto creemos, gracias a los malos resultados de la medicina
moderna, que un diagnóstico de cáncer es casi automáticamente una sentencia de
muerte, como en el caso del sida; en ambas enfermedades este postulado es falso: la
cura y prevención reales sí existen, pero pocos médicos y pacientes se han percatado
del engaño en el que nos mantiene la industria que produce y explota a los enfermos.
Por dar unos ejemplos de esa farsa en la que los medios y los doctores nos tienen
metidos citaré algunos casos verdaderamente reveladores del grado de podredumbre
moral de aquellos que tienen los hilos del poder en sus manos...
En la Universidad Nacional Autónoma de México el Ingeniero Ricardo Rosales
Ledesma logró inventar una vacuna que cura a los aquejados con un virus
particularmente oncogénico, es decir, productor de cáncer. La bautizó con los nombres
Oncovac y MVA E2 (Modified Vaccinia Ankara).
En algún momento nada lejano aquellos que sí se informan estuvieron
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esperando su salida al mercado farmacéutico nacional o su incorporación al cuadro


básico de medicamentos del sector salud pues ya había cumplido con todos los
requisitos científicos para considerarla segura y efectiva. Con gran sorpresa de parte
nuestra, los medios dejaron de hablar de esta maravilla de la ciencia mexicana
dándole promoción en cambio a otra vacuna: Gardasil, hija a su vez no de una
universidad estatal que recibe fondos públicos, sino de una trasnacional farmacéutica
voraz y maquiavélica. Gardasil no sólo es incapaz de curar el cáncer “in situ”, las
lesiones precancerosas y las infecciones de papiloma (lo cual sí consigue Oncovac),
sino que además es altamente iatrogénica, es decir, capaz de producir daños en quien
recibe la vacunación. ¿Cómo sucedió este desplazamiento desleal de un producto
universitario que el erario pagó -altamente efectivo-, por otro que sólo previene
algunas cepas del virus durante poco tiempo y conllevando reacciones secundarias
que pueden ir desde las graves hasta las mortales pasando por las discapacitantes, y
además excesivamente caro (más de trescientos dolares por persona)? Se lo debemos
a los intereses comerciales de los laboratorios trasnacionales que la fabrican, capaces
de comprar con bastante dinero a los responsables directos de las políticas de salud
pública de cualquier país, lo cual de hecho ya consiguieron en España, por citar un
caso cercano. Recordando solamente dos características de la iatrogenicidad de
Gardasil quiero destacar que ya ha producido decesos entre sus inoculadas; esas
bajas silenciosas permanecen a la sombra de la promoción multimillonaria que le han
hecho en todos los medios. También alcanza su amenaza al futuro lejano de quienes
decidieron participar en este peligroso experimento: el aluminio añadido al fármaco
para preservarlo en la solución inyectable produce a la larga Alzheimer, una
enfermedad deteriorante, progresiva, mortal y espantosa. ¿Se le advierte de estos
riesgos al público cuando hablan de sus supuestas bondades los publicistas que pasan
por ser reporteros científicos imparciales e informados?
Los mexicanos contribuimos con nuestros impuestos al presupuesto que usaron
el ingeniero Ricardo Rosales Ledesma y la UNAM para llevar a cabo la investigación
que culminó en este revolucionario invento: la vacuna mexicana Oncovac (mva e2);
pagamos también el monto que la secretaría de salubridad y asistencia dedicó para
que el protocolo científico que probaría su efectividad e inocuidad tuviera buen
término. Y aquí seguimos, como si nada impresionante hubiera pasado para la salud
de millones, con diputados en la mal llamada honorable cámara haciendo mil
maromas verbales para promover Gardasil a costa del Estado, es decir de nosotros;
quieren esos divinos señores y señoras de las curules que se deroguen miles de
millones de pesos para vacunar masivamente a niñas inocentes en una campaña
supuestamente preventiva mientras diariamente mueren en la República mujeres
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víctimas del cáncer cervicouterino que un fármaco mexicano gratuito es capaz de


curar.
¿Saben dónde está el ingeniero en estos momentos?, en otro país curando
extranjeros: en Venezuela vacunando venezolanas y venezolanos. ¿Es que en verdad
nadie es profeta en su tierra? Cuando Cristo llegó al pueblo del que era oriundo no
realizó sanaciones milagrosas porque nadie le creía y en cambio lo ponían a prueba a
cada paso que daba, recordémoslo aquí de forma oportuna. ¿Saben qué le ocurrió al
laboratorio de este hombre en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM,
orgullo de México y del mundo? Un día llegó el Ingeniero Rosales a su cubículo para
llevarse la sorpresa de que las altas autoridades de la UNAM habían decidido
desmontarlo, sacar todos sus instrumentos a la calle y clausurarlo. Por fortuna no lo
mataron, como les sucedió a los personajes de la película “El jardinero fiel” que
decidieron denunciar las atrocidades de los laboratorios farmacéuticos en África.
Mientras llega la verdad al puesto que merece, mientras conseguimos suficiente
dinero los aquejados por el virus o el cáncer para irnos a curar al extranjero con un
invento nacional, mientras llega esta noticia a los encargados de otorgar el Nobel de
Medicina al ingeniero, te propongo conocer una cura del cáncer que todavía está a la
mano, y que todos podemos comprar en el mercado sobre ruedas o en los mercados
tradicionales de las colonias que se han salvado de los demoníacos gual marts: la
vitamina B 17.
-Lamento informarle que tiene cáncer en el pulmón, el intestino grueso y el
estómago.
-¡Dios mío!, ¿y qué hago doctor?
-Váyase de volada al tianguis a comprar manzanas, ciruelas, uvas, duraznos,
albaricoques, almendras amargas, chabacanos, melocotones y cerezas, que se me va
a poner a fabricar su medicina para curarse de volada. Yo le enseñaré cómo.
Increíble anécdota, pero tan cierta como que éste fue el caso del doctor Han
Dong Kyu, aquejado de todos esos cánceres, y curado gracias a las propiedades
anticancerosas de la vitamina B 17, presente en las semillas de todas esas frutas,
sabrosas y benditas. ¿Cómo fue posible una sanación que cualquier doctor incrédulo y
poco avezado en las propiedades terapéuticas de los alimentos calificaría de
milagrosa, casual o excepcional?
La célula normal tiene dos enzimas cumpliendo puntualmente una dupla
misteriosa de procesos bioquímicos: la primera, la β-glucosidasa, desarma la molécula
de la vitamina B 17 en sus componentes, entre los que se encuentran el benzaldehido
y el cianuro; la segunda, la rodanasa, es el antídoto celular al venenoso cianuro.
Casualmente la enzima que neutraliza a tan potente químico sólo se encuentra en las
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células sanas. En las cancerosas no existe nada que pare la destructora acción del
cianuro liberado en la reacción protagonizada por la β-glucosidasa y la B 17, así que
les sobreviene sin remedio una destrucción masiva: el cianuro les roba el oxígeno
matándolas de anoxia, se produce lisis celular absorbiéndose los residuos resultantes
y eliminando de esta forma lo que quedó del cáncer ahogado. Simple como preparar
un café soluble. Así son Dios y sus milagros. Nada de cañones metastásicos de rayos
gamma, de afiladísimas navajas tajando al cuerpo y mutilándolo irremediablemente, o
de químicos que matan por igual a las células sanas y a las enfermas. Dios tiene ojo
clínico. Sabe discriminar entre la malignidad de una célula egoísta que ha perdido la
apoptosis, y la bondad de otra que no pervirtió sus fines casándose con la eternidad
falsa de la reproducción desenfrenada y desordenada del cáncer, símil perfecto del
individuo moderno.
De esta forma, con fe absoluta en el huerto del edén, fue que el doctor Han
Dong Kyu consiguió curarse él mismo y curar a su vez a los pacientes que llegaron a
su consultorio desahuciados por los representantes de una ciencia médica inútil y
soberbia, como esas células tumorales indignas de la vida.
Es verdaderamente una lástima que el ministerio médico de su país haya
decidido perseguirlo penalmente por usar terapias no convencionales hasta conseguir
retirarle la licencia médica y encarcelarlo por el delito gravísimo de curar a sus
enfermos terminales. Han, que Dios te dé la gracia que libera al espíritu y alegra al
corazón; bendito seas donde te encuentres; ¡gracias!, por el ejemplo, la enseñanza y
tu Cruz inmerecida dignamente llevada.
Si quieres conseguir ésta vitamina para prevenir o curar, no oses ir a gual mart,
porque al partir los huesitos de durazno en pos de la almendrita sabrosa que
supuestamente te espera adentro, has de llevarte una desagradable sorpresa: no hay
tal, te la hurtaron. En lugar de una píldora diseñada ex profeso por el médico de
cuerpos y almas que nos rige, y empaquetada impecablemente en un envase
ecológico, encontrarás un gel infecto y transparente, cortesía de los ingenieros
genéticos que se prostituyen a la industria “alimentaria” yankee. Se llama “semilla
terminator”. La fabricaron mezclando porciones de la cadena de ADN de algunos
insectos con la de la semilla, y las pudieron meter en su cromosoma utilizando virus
que también alteraron genéticamente para infectarla con la nueva orden de producir
frutos estériles que no sólo fueran incapaces de dar pie a que de sus semillas nacieran
otros ejemplares de durazno, sino que de paso también carecieran de esa vitamina
que puede significarnos la diferencia entre seguir sanos o enfermarnos
irremediablemente. Y sí, hombre, ¡no nos quieren!
¿Quieres colaborar con una industria que produce enfermos, que los mantiene
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así, que vive a sus expensas y que termina por matarlos?, sigue comprándole a los
mercaderes del mal: asegúrales un presupuesto para seguir con su proyecto tanático.
Pero por favor no olvides, antes de proseguir con esta decisión, ver detenidamente las
caras y cuerpos macilentos y tristes de los enfermos que nos han hecho creer que no
tienen cura; si después de verles la muerte en la mirada decides comprar un durazno
transgénico, págalo en efectivo con tu cáncer: la comida transgénica te lo producirá.

Jn 4,44: “...quia propheta in sua patria honorem non habet.”


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ONCOVAC,
LA VACUNA CONTRA EL CÁNCER,
POR FIN CON NOSOTROS

Después de esperarla por algunos años y de comprobar con impotencia que una
vez más las farmacéuticas trasnacionales triunfaban en nuestro país desplazando
nuestra vacuna (la inventó un investigador mexicano en una institución pública: la
UNAM) para imponernos una inyección altamente dañina (la cacareada Gardasil, que
día con día añade víctimas a su historial), concluí la jornada; gracias a haber activado
un sistema automático de búsqueda de términos sensibles en los servicios de Google
llegó un día a mi buzón una carta generada por sus maravillosos circuitos avisándome
de que en una página del sistema competidor (“Yahoo Preguntas y Respuestas”)
alguien había posteado (insertado texto) que contenía la palabra “Oncovac”. Ya me
habían llegado muchas cartas similares producidas por el robot informático de Google
Searchs, pero siempre eran de artículos relacionados con el tema que repetían una y
otra vez la misma información, de páginas de instituciones que comentaban
marginalmente este invento, o de gentes que en sus blogs y en foros preguntaban
repetidamente dónde se podía conseguir la vacuna. En esta ocasión el hipervínculo
me llevó a un servicio de Yahoo en el que las personas que tienen una duda la
preguntan y aquellos que conocen la respuesta la responden. Y en medio de los
farragosos textos de esa gramática característica de los “posts” descubrí un nombre,
un teléfono y un sitio de Internet que no conocía. El nombre corresponde al Doctor
que aplica en la Ciudad de México la vacuna, el teléfono es el de su consultorio, y el
sitio de Internet tenía la siguiente tarjeta de presentación:

¿Sabes quién es Ricardo Rosales Ph.D.? El Ingeniero de la UNAM que inventó la


vacuna Oncovac. Te preguntarás por qué motivo está ennegrecida la parte de la
tarjeta en la que está el número de su celular. La respuesta es que yo edité esta
imagen para que a nadie se le ocurra llamarle y radiar su cerebro con microondas que
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cocinan las neuronas; no sólo las suyas, capaces de producir tan importante fármaco,
sino también las de todos aquellos que viven en las inmediaciones de las torres de
telefonía celular que captan y retransmiten las señales de los hornitos portátiles.
Nunca está de más un encomio a respetar la integridad del prójimo, y en este caso no
se trata de cualquier connacional, estamos hablando de un hombre que sin duda
merece el premio Nobel de Medicina, al igual que la Doctora Soto Peredo,
descubridora de la cura de la diabetes, también mexicana y parte de otra institución
pública de enseñanza e investigación, la UAM Xochimilco. Después de esta obligada
promoción, continúo.
Cuando se visita la página web www.virolab.com.mx uno se encuentra ante una
sola pantalla con un recuadro en el centro que contiene un menú con tres opciones en
el márgen izquierdo: Información, Pruebas de Diagnóstico, y por último: Mas
Información.
Es en la primera opción donde aparece la tarjeta de Ricardo Rosales que incluí
letras arriba. Te ruego por segunda ocasión ignorar el número de celular que veas, en
caso de que visites la página del Ingeniero.
En la opción siguiente, Pruebas de Diagnóstico, encontraremos un listado de
las enfermedades que podremos saber si padecemos mediante los servicios de un
consultorio que se presenta sólo como un laboratorio de diagnóstico molecular.
Y por último, en Mas Información, encontramos una lista con menos
enfermedades, pero más detalladas; incluso acompaña a cada padecimiento una foto
del bicho que lo produce.

EL PROCEDIMIENTO PARA RECIBIR ONCOVAC


Cuando me comuniqué al consultorio y pregunté sobre la vacuna confirmaron
que la tenían y que vacunaban a quien lo necesitara, previa consulta o análisis. Los
costos varían según el sexo del paciente, porque en el caso de los hombres sólo se
necesitan cuatro vacunaciones (aproximadamente $2,000), y en el de las mujeres seis
($3,000). Este costo con el pago previo de la consulta o del análisis respectivo, que en
este caso consiste en detectar visualmente o en sangre el virus del papiloma (HPV,
por sus siglas en inglés, o PVH en castellano). Las citas son semanales, por lo que en
un mes o mes y medio, quien padezca al virus lo erradicará de su organismo para
siempre en la gran mayoría de los casos.

EL CÁNCER CONCOMITANTE AL PAPILOMA,


LAS LESIONES PRECANCEROSAS PAPILOMATOSAS,
Y EL PAPILOMA BASAL
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Antes de proseguir quiero intentar explicar cómo entiendo que vive en un


organismo el papiloma y los diferentes estadios en los que se puede encontrar su
colonización del cuerpo que ha infectado. No hablaré aquí de las infecciones por VPH
que remiten de forma natural sin tratamiento alguno, aunque son un porcentaje
mayoritario y significativo.

MICROSCOPÍA ELECTRÓNICA DEL VIRUS DEL PAPILOMA HUMANO:

1. BASAL - De la misma forma en que cuando uno inicia el día tiene bajos el pulso, la
presión cardiaca, la respiración y el consumo metabólico (los especialistas llaman a
esto estado basal), también el virus puede en sus primeras fases vivir en un nivel
“metabólico” bajo, en el que no hace un abuso de su víctima al consumir
demasiados recursos de ella para replicarse masivamente.
2. PRECÁNCER - El virus se ha vuelto agresivo y demanda demasiados recursos de
las células del posadero del cuál es huésped, al tejido que ha invadido le hace más
y más demandas y las células que lo conforman (al tejido) dejan de servirse a sí
mismas y se convierten en esclavas del huésped, que ahora se ha convertido en su
explotador. De esta forma, dejan de hacer sus labores domésticas y la casa se
convierte en una fábrica de virus fabricados por ellas mismas. Así, la casa se cae en
pedazos. Es decir, la célula comienza perder sus funciones normales
sustituyéndolas por órdenes que la obligan a replicar virus en su interior.
3. CÁNCER CONCOMITANTE – La célula se olvida de las funciones que cumplía en la
gran comunidad de células del cuerpo, y muta a dos funciones unívocas: replicar
células perversas y hacerlo con la encomienda de que sigan produciendo más virus
maléficos. Entonces, la hectárea donde se encuentran las innumerables células-
fábricas empieza a hacer con el cuerpo-mundo en el que vive el mismo tipo de
demandas metabólicas que le hacía el virus a ella cuando la comenzó a convertir en
un precáncer, en una lesión precancerosa. Así nace el cáncer concomitante al
papilomavirus, dicho de manera muy elemental y dejando de lado otros procesos
involucrados en la formación de los cánceres, como el tabaquismo o los
cancerígenos (sustancias que promueven cánceres en el organismo, como las
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grasas trans: agt's).


4. LA VACUNA ENTRA EN ACCIÓN - Es en estas 3 fases donde la vacuna puede
actuar. La vacuna le dice al cuerpo cuáles son las características del
enemigo para que concentre sus ejércitos en él, entonces las células de
defensa como los linfocitos van y atacan tanto a los virus circulando como
a las células que declaran por fin ser una fábrica de bichos. Obviamente
existe una definición científica del mecanismo de acción exacto de Oncovac y dicha
en términos nada metafóricos, pero éste no es el lugar de decirla y no soy la
persona correcta para declararla. Esa parte de la historia le corresponde al
Ingeniero Rosales.

BÚSQUEDA EN LA SANGRE DEL PAPILOMAVIRUS Y EL TOXOPLASMA


El VPH puede encontrarse en demasiados lugares del organismo y deja en la
sangre un rastro que sensibles reactivos químicos pueden detectar. Justamente es
éste tipo de análisis el que se ofrece en el consultorio del Ingeniero Rosales. Y parece
que también ofrecen la detección de un parásito (es mucho más grande que un virus)
que los gatos contagian a los seres humanos produciéndoles esquizofrenia, conductas
alteradas de forma diferenciada si uno es hombre o mujer, abortos espontáneos y
males congénitos (niños que nacen con lesiones permanentes en sus órganos). Se
llama toxoplasmosis:
TOXOPLASMA
(PARÁSITO DEL GATO):

¿CÁNCER SIN VACUNA?


Desafortunadamente no creo que pueda hacer mucho la vacuna del Ingeniero
en contra de los cánceres cuyo origen es debido al uso del celular. O aquellos que
causa la industria alimenticia, como los generados por comer grasas trans (agt 's). O
los producidos por la adicción al tabaco y al alcohol. O los que los agroquímicos y
pesticidas causan a los campesinos.
Pero no está nada mal ayudar a los aquejados de cáncer pulmonar, genital,
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cerebral, bucofaríngeo, de piel y quizá también de algún otro órgano interno como
el hígado, ¿quién puede saberlo? Y es que es en esos órganos en dónde se ha
conseguido detectar papilomavirus colonizando los tejidos y siendo concomitantes al
cáncer.
CONCLUSIÓN
Sin duda este consultorio/laboratorio encontrará una bienvenida feliz en
aquellos que hemos esperado con paciencia y esperanza que este logro científico y
mexicano pudiera estar al alcance de algunos que lo requieren. Los otros, los
excluidos por ser pobres, aunque lo necesiten, no podrán pagar su remedio. Ese está
siendo el precio de que el gobierno haya apoyado la vacuna trasnacional Gardasil y le
hubiera cerrado el paso a nuestra vacuna: Oncovac. Enhorabuena por el Ingeniero y
por la comunidad de portadores del virus del papiloma humano.

A partir de hoy termina una noche oscura.

Iván Ardila Anzúres: ivanardila@gmail.com


“Yahya Ata Alláh”

Te invito a visitar los blogs (bitácoras en internet) que he creado para ti:

tepantzintlacaztalli.blogspot.com
ivanardila.blogspot.com
islamenmexico.blogspot.com
nomarqueselnumerodelabestia666.blogspot.com