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Intervinieron en la elaboración e implementación del presente curso: Leopoldo Vareta, Gregorio KlimovsJ:y, Guillermo
Intervinieron en la elaboración e implementación del presente curso:
Leopoldo Vareta, Gregorio KlimovsJ:y, Guillermo Boido, Eduardo H.
F/ichnulIl. El diseño, la supervisión general y la selección de colaboradores
de Pensamiento Científico fue realizado por Guillermo Boido. Eduardo H.
F1ichman colaboró en la supervisión general. Las labores de procesamiento,
corrección de p.ruebas y supervisión de compaginación y edición estuvo a
cargo de Andrea Pacífico y Jorge Yagüe.
1lllroducción. Autor y redactor: Guillermo Boido
Módulo J. Autor: Guillermo Boido con aportes de Eduardo H. Flichman.
Preparación y redacción del material: Horado Arló Costa, Guillermo Boido,
Andrea Pacífico y Jorge Yagüe. Redacción final: Guillermo Boido.
Módulo 2. Autor: Guillermo Boido. Preparación y redacción del material:
Horacio Arló Costa, Guillermo Boido y Graciela Domenech. Redacción
final: Guillermo Boido.
Módulo 3. Autor: Eduardo H. Flichman. Preparación y redacción del
material: Guillermo Boido, Eduardo H. Flíchman, Andrea Pacífico y Jorge
Yagüe. Redacción final: Andrea Pacífico y Jorge Yagüe. Colaboró en el
procesamiento: Leonardo Varela.
Módulo 4. Autor: Eduardo H. Flichman. salvo el tema Elfundamento
teórico de la tecnología científica, de Guillermo Boido. Preparación y
redacción del material: Guillermo Boido, Eduardo H. Flichman, Andrea
Pacífico y Jorge Yagüe.Redacción final: Andrea Pacífico y Jorge Yagüe.
Módulo 5. Autores: Guillermo Boido y Jorge Yagüe. Preparación y
redacción del material: Guillermo Boido, Andrea Pacífico y Jorge Yagüe.
Redacción final: Andrea Pacífico y Jorge Yagüe.
Reeditado y corregido bajo la supervisión de Andrea Pacífico. t996.
©1996
CONICET
Depósito Ley 11.723
ISBN 950-687-024-1
Pensam iento científico Guillermo Boido Eduardo H. Flichman Horacio Arló Costa Andrea Pacífico Jorge Yagüe
Pensam iento científico
Guillermo Boido
Eduardo H. Flichman
Horacio Arló Costa
Andrea Pacífico
Jorge Yagüe
Graciela Domenech
Leonardo Varela
Libro 1 (de 3)
Material de lectura para el curso a
distancia de Pensamiento Científico,
Programa Prociencia, CONICET
Publicado por CONICET con
financiación del Ministerio de
Cultura y Educación de la Nación
Reeditado y corregido por
Andrea Pacífico
Buenos Aires, 1996
ISBN 950-687-024-1
-' INDICE Algunas sugerencias previas de la sabiduría y las propiedades del gato de Chesire,
-'
INDICE
Algunas sugerencias previas de la sabiduría y las propiedades del gato de Chesire,
Introdu·cción,
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Módulo 1
Un caso histórico a modo de introducción,
15
¿Por qué iniciamos nuestro curso con el esrudio de un "caso histórico"?,
El surgimiento de una teona,
Una perplejidad histórica,
El mundo sin vacío,
Los mecanicistas del siglo XVII y el desafío de la técnica,
La conjetura de Galileo,
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La
teoría del
"mar de aire",
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Pero, ¿qué es una teoría?,
Regreso a la historia,
Ciencia antigua y ciencia moderna: primeras reflex.iones,
Sociedad y técnica en tiempos de Torricelli,
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El orden feudal,.J7
El surgimiento del capitalismo y la revolución tecnológica europea,
38
El
siglo XVII y los albores de la Revolución Industrial,
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Una andanada de investigaciones: la creación de la neumática,
La prehistoria de la máquina de vapor,
Primeras enseñanzas de un caso histórico: las complejidades del Gato,
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No se pierda el pró:úmo episodio,
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Módulo 2
La revolución copemicafla,
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Introducción,
~as cosmologías precientíficas,
El gnomon en la Argentina,
El surgimiento de las primeras cosmologías científicas,
Las primeras teorías astronómicas,
El problema de los planetas,
La cosmología aristotélica,
La astronomía ptolernaica,
Un poco de historia,
Interludio: Tres tradiciones científicas.
La tradición organicista o aristotélica.
La tradición mística o neoplatónica,
La tradición mecanicista
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Coda, La ruptura copemicana, La astronomía y la cosmología que heredó Copémico, El sistema planetario
Coda,
La ruptura copemicana,
La astronomía y la cosmología que heredó Copémico,
El sistema planetario copemicano,
Los herederos de Copémico,
Las etapas de la revolución científica,
Tico Brahe (1546-1601),
Johannes Kepler (1571-] 630),
Galileo Galilei (1564-1642),
La cosmología de Isaac Newton,
El surgimiento del método experimental,
No se pierda el próximo episodio,
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Recuadros
Aristóteles,
Ptolomeo,
La ciencia y la Iglesia Católica,
Copérnico,
Kepler,
El caso Galileo,
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Módulo 3
Primeras reflexiones sobre las teorías científicas (1),
Introducción,
Observables,
La demarcación entre 10 observable y lo no observable,
De la observación a las leyes empíricas,
La inducción en sentido estrecho,
El problema de las hipótesis subyacentes,
La inducción estrecha debilitada,
El método hipotético deductivo,
El método hipotético deductivo para las leyes empíricas,
El método hipotético deductivo para las leyes teóricas,
Reglas de correspondencia,
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113
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Metodología y creatividad,
Teorías,
La confirmación de hipótesis y la inducción en sentido amplio,
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Contextos de descubrimiento y de justificación,
Recordatorios,
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No se pierda el próximo episodio.
Recuadros
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Observación, ex.perimentación y medición.
El empirismo, el sitivismo y el neo sitivismo,
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El círculo de Viena y la escuela de Berlín, ¿Cómo evolucionó el positivismo lógico?, Un
El círculo de Viena y la escuela de Berlín,
¿Cómo evolucionó el positivismo lógico?,
Un poco de lógica,
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Módulo 4
Primeras"reflexiones sobre las teorías científicas (/1),
Explicación y predicción,
El falsacionismo,
Críticas al falsadonismo,
Reorganizando aTorricel1i,
Lo observable y el contexto,158
Pero. ¿qué es el método científico?,
El fundamento teórico de la tecnología científica.
¿Técnica o tecnología?,
Ciencia básica, ciencia aplicada, tecnología,
Reglas técnicas,
El fundamento teórico de una regla técnica.
Valores,
No se pierda el próximo episodio,
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143
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160
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Recuadros
Hipótesis rivales y experimentos cruciales,
Sobre las hipótesis auxiliares,
Leyes naturales vs. reglas convencionales,
Las hipótesis ad-hoc,
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Módulo 5
Técnicas y sociedad hasta el siglo XVI/,
Introducción,
El paleolítico,
Los primeros instrumentos,
El fuego,
El lenguaje,
Las variables en el progreso técnico,
La organización social,
La primera gran revolución tecnológica,
Nacimiento de la agricultura,
De la aldea a la ciudad,
Técnica para la administración,
Técnica y civilización,
Griegos y romanos,
La Edad Media,
El resur ir de las técnicas,
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INTRODUCCIÓN LA IMPOSffiILIDAD DE DEFINIR AL GATO Nada mejor para iniciar un curso que tratará
INTRODUCCIÓN
LA IMPOSffiILIDAD DE DEFINIR AL GATO
Nada mejor para iniciar un curso que tratará acerca de la ciencia, podrá pensar us-
ted, que ofrecer desde el inicio una definición clara y precisa de qué entendemos cuan-
do nos referimos a ella. De hecho, muchos libros de texto sobre ciencias particulares lo
hacen, u ofrecen una breve descripción de lo que el autor considera es "el método
científico". Pero esto es engañoso. De ser posible acordar el significado de términos
tales como "ciencias" o "método científico" este curso carecería de sentido. Puesto que
sus autores han decidido diseñarlo, se desprende que no creen que tales definiciones
sean, al menos en principio, demasiado útiles.
En efecto, en distintos momentos históricos y aun hoy, entre distintos grupos de
personas, la pregunta "¿qué es la ciencia?" recibirá distintas respuestas. La nuestra es
este curso. Desde ya aclaramos que nuestro propósito no será agregar una definición
más a las que existen, sin.o mostrar cuánta complejidad hay en esa empresa humana que
llamamos, de modo impreciso en la mayor parte de los casos, ciencia.
Pero empecemos por ofrecer ejemplos de la diversidad de significados que suelen
atribuirse al término. El más usual, al menos en los libros de enseñanza media, se refie-
re a la ciencia como "un conjunto acumulativo de conocimientos obtenidos a partir de
un método". (La "definición" puede presentarse en un lenguaje más preciso y detalla-
do, pero ello no nos interesa por el momento.) Aquí es tentador señalar las etapas del
"método científico"-observación, medición, formulación de hipótesis, etc.-y luego
concluir que la ciencia es "conocimiento acorde con dicho método". Lamentablemente,
las concepciones acerca del dichoso "método científico" son muy disímiles y originan
furiosas polémicas entre los especialistas. La palabra "método" significa camino, pero
no parece plausible reducir el método a un conjunto de recetas infalibles para la resolu-
ción de problemas científicos. Como se ha señalado alguna vez, la investigación cien-
tífica dispone a lo sumo de una brújula, y el camino "se hace al andar".
Si ello puede afirmarse de ciencias naturales tales como la física, la química o la
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biología, con mayor razón se presentarán dificultades en el caso de las ciencias socia- les.
biología, con mayor razón se presentarán dificultades en el caso de las ciencias socia-
les. El científico social se ocupa de estudiar el comportamiento de las sociedades hu-
manas en cuanto, por ejemplo, a sus creaciones culturales, sus modos de producción
económica o de conducción política. El "problema del método" adquiere aquí una enorme
complejidad, pues los científicos sociales estudian su sociedad (u otras) sin poder elu-
dir los patrones que esa sociedad-a la que pertenecen-les ha inculcado. (¿Es posible
estudiar una sociedad esquimal empleando patrones característicos de las sociedades
europeas? ¿Qué dificultades metodológicas específicas encontraría un investigador de
la Universidad de Bratislava para realizar un estudio sociológico del arrabal porteño?)
No es de extrañar que la mayoría de los científicos sociales cuestionen la existencia de
un método científico, en particular cuando se pretende que el estudio de la conducta
humana o del accionar de las sociedades debe realizarse por procedimientos semejan-
tes a los que emplean el físico o el químico, es decir, los científicos de la naturaleza.
Pero, si admitimos la existencia de estos debates acerca de los cuales se realizan con-
gresos internacionales y se escriben tesis doctorales, parece un tanto abusivo identifi-
car a la ciencia con un método, al menos hasta tanto no se indague lo suficiente acerca
de este último. (Por ejemplo: ¿qué es lo que hacen los científicos cuando dicen estar
aplicando el método científico?)
Otro significado que se asigna a veces a la palabra "ciencia" tiene una connotación
cultural o filosófica. Ello es así porque la ciencia es una fuente incesante de nuevas
ideas que afectan las concepciones elaboradas por los filósofos acerca de la realidad
física y social. En muchos casos, la frontera entre ciencia y filosofía dista de ser clara.
Descartes, Leibniz y Kant fueron a un tiempo científicos y filósofos; Galileo y Einstein
reclamaban para sí ser considerados filósofos antes .que físicos. Las polémicas acerca
del espacio, el tiempo y la materia se remontan por lo menos a veinticinco siglos atrás,
pero ninguna discusión actual entre filósofos que se ocupan de esos temas puede igno-
rar la obra de Einstein y de tantos otros científicos modernos. El pensamiento filosófico
de la antigüedad quiso fundamentar la "condición natural" del esclavo o de la mujer
asignándoles una inferioridad innata, pero la ciencia moderna ha mostrado la falacia de
tales justificaciones. Por lo demás, el impacto científico sobre las visiones tradicionales
del mundo ha vuelto anticuada la noción de que el término "cultura" alude solamente a
un conjunto de ideas o creencias filosóficas, realizaciones artísticas o jurídicas, historia
y literatura. La ciencia y la tecnología modernas pertenecen hayal núcleo más dinámi-
co de la cultura humana, y la escisión entre "ciencias" y "humanidades" no sólo es falaz
sino también perniciosa. Pero, aun cuando reconozcamos la gravitación de las ideas
científicas sobre la filosofía y su pertenencia a una cultura humana que es única y no
puede ser escindida, está claro que la ciencia NO es filosofía y que la búsqueda cientí-
fica difiere de la composición musical o de la escritura de un poema.
Un tercer significado de la palabra "ciencia", quizá el más difundido, la identifica
con la tecnología, e inclusive con la producción industrial. En ciertos suplementos
"científicos" de los periódicos sólo encontramos noticias acerca de una nueva técnica
para recapar neumáticos o los detalles de un nuevo lenguaje de computación, o bien
del inicio de actividades de una empresa destinada a la fabricación masiva de
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videograbadores. La confusión, a nuestro entender, es perjudicial, si bien se explica porque la estrecha
videograbadores. La confusión, a nuestro entender, es perjudicial, si bien se explica
porque la estrecha simbiosis ciencia-tecnología-industria es el motor del aparato pro-
ductivo de las sociedades modernas. Un ejemplo del malentendido lo constituye la
habitual afirmación de que talo cual técnica quirúrgica reciente (o nuevo medica-
mento, o automóvil, o detergente, o nave espacial) constituye un "logro de la cien-
cia". Sin duda, se trata de realizaciones que han tenido su fundamento en la investiga-
ción científica pero que, en sí mismas, no constituyen aportes al conocimiento cien-
tífico.
Para colmo de males (o, si usted prefiere, para mayor riqueza temática de reflexión)
los efectos sociales de estos malentendidos distan de ser inofensivos. Se identifica a la
ciencia, por una parte, con la obtención de drogas milagrosas o con el logro de porten-
tosas hazañas espaciales. El adjetivo "cientít1c~" confiere prestigio y seriedad. Se habla
de la "ciencia de la belleza" o de procedimientos "científicos" para aprender a conducir
automóviles o confeccionar horóscopos. Se respeta a la ciencia porque (en esta visión
popular de la misma) es fuente de confort y bienestar. Se la puede considerar, incluso,
como el único recurso para resolver, con tiempo y perseverancia, problemas acuciantes
que afectan a la especie humana:
Nombrenme cualquier problema del mundo y yo le puedo decir que, aunque es
posible que la ciencia y la tecnología no puedan resolverlo, ninguna otra cosa podrá
resolverlo.(*)
Pero al mismo tiempo, y coexistiendo con esta visión "angélica" o "deificada" de la
ciencia, se encuentra difundido un temor concreto ante sus realizaciones o las perspec-
tivas que derivan de ella. Se la identifica con guerra y bombas nucleares, masificación
del individuo, contaminación ambiental, manipulación genética sin control ético: tal es
la visión "demoníaca" de la ciencia. Compárese la cita anterior con ésta:
Ciencia y máquina se fueron ¡úejando hacia un olimpo matemático, dejando solo y
desamparado al hombre que les había dado vida. Triángulos y acero, logaritmos y
electricidad, sinusoides y energía atómica, extrañamente unidos a las fonnas más
misteriosas y demoníacas del dinero, constinlyeron finalmente el Gran Engranaje,
del que los seres humanos acabaron por ser oscuras e impotentes piezas.(**)
Sería apresurado intentar un juicio acerca de la concepción de la ciencia que susten-
ta cada uno de estos autores a partir de tan breves fragmentos, extraídos de su contexto.
Tampoco pretendemos que usted, en este momento, tome partido por uno u otro. Sólo
hemos querido poner de manifiesto dos conclusiones diametralmente opuestas, obteni-
das por dos pensadores dedicados a la reflexión acerca de un mismo y controvertido
tema: el impacto social de la ciencia y de la tecnología.
(*)
Asimov, 1, "El mejorpasoatrós", en El planeta que no estaba. Buenos Aires. Adiax. 1980.
(**) Sábato, E, Hombres y engranajes, Ruenos Aires, EMECE. 1979.
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Párrafos eliminados Hemos dicho al comienzo que trataremos de dar una respuesta a la pregunta
Párrafos eliminados
Hemos dicho al comienzo que trataremos de dar una respuesta a la pregunta "¿qué
es la ciencia?" por medio de este curso. Pero, podrá preguntarse, ¿por dónde comenzar?
Si en el ténnino "ciencia" confluyen a un tiempo una actividad que procura conocer el
comportamiento de la naturaleza o de la sociedad, si brinda fundamento a la tecnología,
si origina concepciones del mundo que afectan a la filosofía y a la cultura, si involucra
factores sociales y económicos
¿cómo abarcar tanta complejidad? En principio, cada
uno de esos aspectos podría ser tratado por separado, pero no sin antes ponerlos de
manifiesto en el caso de una investigación real, llevada a cabo en un momento histórico
detenninado.
Eso es lo que haremos. El primer módulo de este Libro está destinado a mostrar las
complejidades de una investigación que tuvo lugar hace tres siglos y medio. Confiamos
en que, al cabo de su lectura, le resultará a usted claro el diseño que ha guiado la
elaboración de este curso.
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'
MÓDULOl UN CASO HISTÓRICO A MODO DE INTRODUCCIÓN ¿POR QUÉ INICIAMOS NUESTRO CURSO CON EL
MÓDULOl
UN CASO HISTÓRICO
A MODO DE INTRODUCCIÓN
¿POR QUÉ INICIAMOS NUESTRO CURSO
CON EL ESTUDIO DEUN "CASO HISTÓRICO"?
Nuestro curso comienza, efectivamente, con el análisis de un episodio histórico
muy conocido, ocurrido a mediados del siglo XVII en Italia. Quizá pueda sorprenderle
la elección. Un caso histórico protagonizado por científicos que vivieron hace tres si-
glos y medio, ¿no será un tanto anticuado para comprender la ciencia de nuestra época?
Bien, la pregunta es atinente, pero la respuesta sencilla: se trata de la misma ciencia.
Pero, ¿acaso la ciencia moderna no trata con reacciones nucleares, códigos genéticos o
agujeros negros, todo ello ignorado por los científicos del siglo XVII? Es verdad, pero
aquí es necesario discriminar entre ciencia moderna y ciencia reciente. Galileo o Newton,
que vivieron en el siglo XVII, procedieron, en su abordaje de los problemas científicos
de su época, de un modo similar al que lo hace un físico actual. Fueron científicos
modernos, y el físico de nuestros días se siente "como en su casa" cuando lee (si es que
lee) alguna página de los Diálogos acerca de dos nuevas ciencias. de Galileo, o de los
Principia Mathematica. de Newton. Los reconoce como a uno de los suyos, como a un
colega, aunque el texto trate del movimiento de proyectiles y no de quarks o de
superconductores. Y se siente muy a gusto (muy moderno) cuando expone en una clase
o conferencia algún aspecto de la obra de esos grandes científicos fundacionales.
La ventaja de escoger un episodio vinculado con los orígenes de la ciencia moderna
es que, a grandes rasgos, las complejidades de la investigación no se acentúan por el
desconocimiento que podamos tener de sus aspectos técnicos. Sería tentador analizar el
surgimiento de la teoría de la Relatividad o la de la transmisión hereditaria por medio
de un código genético, pero, ¿cuánta ffsica o biología deberíamos presuponer de todos
nuestros lectores? El episodio elegido trata, en cambio, con ideas que hoy (aunque no
entonces) resultan familiares, y con experiencias de laboratorio que pueden repetirse
con un instrumental muy sencillo. Tiene en común con la obra de Einstein o de cual-
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quier otro científico actual de nota la originalidad y el genio, un patr6n común en
quier otro científico actual de nota la originalidad y el genio, un patr6n común en cuan-
to a la metodología para dar respuesta a un problema y ofrecer fundamento a dicha
respuesta. Pero, además, el período histórico en el cual transcurre nuestro caso real de
investigación científica tiene para nosotros particular interés, pues cabe hallar allí, en la
Europa del siglo XVII, los orígenes de un modo de existencia socioeconómica y políti-
ca que acabará, con el tiempo, por ser el nuestro. Su incidencia en el desarrollo poste-
rior de la ciencia y de la tecnología ha sido decisiva.
La elección de un caso histórico tiene además interés estrictamente educativo. El
carácter ahistórico que suele tener la enseñanza de la ciencia es pernicioso, porque:
se corre e] riesgo de ofrecer una imagen desnaturalizada del quehacer científico y
de la ciencia misma, conocimiento provisional, evolutivo, dinámico, autocrítico y
autocorrectivo. El libro de texto y el docente, salvo excepcion~s muy contadas, pre-
sentan los conceptos, operaciones y leyes científicas al modo de un aséptico, neutro
y objetivo informe de las actuales revistas especializadas: sabrá Dios de qué galera
salió el conejo. En verdad, s610 puede comprenderse el significado de una investi-
gación si se la entiende como compleja intersección de creencias filosóficas e ideo-
lógicas, de pasiones y motivaciones personales, de aciertos y errores, de obstáculos
y tentativas fallidas, en un marco sociopolítico que promueve o inhibe la tarea del
científico y de su comunidad, que origina la polémica o el conflicto, y aun puede
llegar a poner en peligro la integridad de quienes, significativamente, fueron llama-
dos "hombres de ciencia" hasta tiempos recientes. (*)
Ahora bien, ¿de qué episodio hist6rico se trata? En 1643, un año después de la
muerte de Galileo, su discípulo Evangelista Torricelli concibió los lineamientos gene-
rales de una teoría capaz de explicar ciertos fenómenos que por entonces intrigaban a
los científicos. Para extraer agua de las galerías de las minas, ,los mineros empleaban
bombas no muy diferentes de las que hoy se encuentran todavía en uso en el ámbito
rural. Se podía explicar por qué un émbolo, al ser traccionado hacia arriba, eleva el
agua, y por qué luego, al ser empujado hacia abajo, el agua es expelida por un tubo de
salida. Sin embargo, tales bombas no operaban cuando se pretendía elevar el agua por
encima de unos diez metros. Tal era el problema, al cual Torricelli dio respuesta.
Párrafos eliminados
(*) Boido. a" "Historia de la ciencia y vida de la ciencia: algunas reflexiones educativas", en Revista
de El1señanza de la Física. a.l, n.l, junio de 1985.
16
EL SURGIMIENTO DE UNA TEORÍA Una perplejidad histórica En 1556 se publicó en Alemania uno
EL SURGIMIENTO DE UNA TEORÍA
Una perplejidad histórica
En 1556 se publicó en Alemania uno de los tratados técnicos más famosos de la
época: De Re Meta/Jica. "Su autor, Georg Bauer, es más conocido por el nombre latino
de Agrícola. Se trata de un compendio de técnicas mineras y metalúrgicas vinculadas
con la industria de entonces, con numerosas í1ustraciones.
Aquí reproducimos una de ellas (Fig. 1). Una serie de bombas neumáticas, A. B YC.
extmen el agua del fondo de una mina: al realizar las perforaciones, los mineros se
topaban con napas de agua y el líquido inundaba con frecuencia pozos y galerías. Si
examina con cuidado el grabado. verá que las bombas son operadas simultáneamente
por medio de un sistema de palancas. El conjunto es accionado desde la superficie por
lIna rueda hidráulica.
Fig. I:Bombas de succiólI Ílrsraladas en serie y acciolladas por lit/a sola rueda hidráulica.
18 r;:'l
Observe también este detalle: no hay una sola bomba, sino tres. La más profunda,A, eleva
Observe también este detalle: no hay una sola bomba, sino tres. La más profunda,A,
eleva el agua y la vierte en un recipiente; la segunda. B, toma el agua de allí y la eleva
hasta otro recipiente, mientras que la tercera, e, eleva aún más el agua y la vierte en una
canaleta de desagüe.
Pero, ¿por qué no emplear sencillamente una sola bomba? Para aclarar el punto,
veamos con cierto detalle cómo funciona este ingenioso mecanismo.
En la figura 2 se observan sus componentes principales.
El émbolo ,p!!,ede ser traccionado hacia arriba o empujado
hacia abajo desde el exterior. Las válvulas A (en el émbolo) y
Fig.2
B
(en la ba.<¡e del cuerpo de la bomba) abren hacia arriba: en
posición horizontal obturan su correspondiente orificio. En
1
In
figura vemos lo que sucede cuando el émbolo es llevado
h.\cia arriba: A queda cerrada y B abierta, y el agua sube por
tubo inferior y el cuerpo de la bomba del mismo modo en
que lo h.\ría porunajeringa hipodérmica. La distancia h, me-
dida desde el nivel externo del agua, indica la máxima altur
d
a
la que llegarán el émbolo y el agua en su recorrido hacia
arriba.
Fig. }
h
En la figura .\ el émbolo t!~empujado hacia abajo. Ahor \
A
est~í abierta y B cerrada; por tanto, hay una columna de
agua (de altura d) dentro del cuerpo de la bomba. El émbolo
la
atraviesa sin dificultades en su camino hacia abajo.
Fig. 4 f---::>:f---=--,,\
1
Una vez llegado a su posición inferior, el émbolo es nue-
vamente traccionado hacia arriba (Fig. 4). A queda cerrada. y
por ello el agua aspirada en la etapa precedente es expulsada
por el tubo de salida. Al mismo tiempo, una nueva cantidad
h
de
agua ingresa por B (abierta). tal como sucediera anterior-
mente. Llegado el émbolo a la altura h, se reiniciará el proceso.
~
19
ACTIVIDAD 3 En la figura 2 se supone que la bomba ya se encuentra en
ACTIVIDAD 3
En la figura 2 se supone que la bomba ya se encuentra en funcionamiento: el
agua ocupa el cuerpo de la bomba y el tubo inferior.
En esa situación, al "bombear" (obligar al ~mbolo a
realizar un movimiento de vaivén) el agua sale perió-
dicamente, a chorros, por el tubo de salida.
Pero, ¿qué sucede cuando se inicia el bombeo? Ob-
serve la figura 5. El émbolo se encuentra en su posi-
ción inferior; por encima hay aire. Entre B y el nivel
de la napa de agua (en el tubo inferior) también hay
aire.
Se inicia el bombeo: el émbolo sube. A queda cerra-
da y B se abre. Intente describir qué sucede de allí
en más a ml;!dida que se bombea. (Use la intuición.
si es necesurio.) ¿SaJe.el agua de inmediato, a lós
Fig.5
primeros "bombazos"? ¿Ha tenido esta experiencia.
por ejemplo. al emplear una simple bomba oper.lda por medio de una palanca?
En principio. podría pensarse que, si el tubo inferior fuese suficientemente lar-
go. una bombil como la descripta debería bastar para extraer el agua desde cual-
q/lier profundidad. Sin embargo. no es así. y el autor de los dibujos de Agrfcola lo
sabía muy bien. Si usted analizó correctamentl.! la situación que propusimos en la
anterior aCliviund, sabrá que. cada vez que d émbolo sube. el nivel de agua en el
tubo numcnla hasta que el agua penetra por B en el cuerpo de la bomba. Allí, el
agua es "levantada" por el émbolo como si éste fuera un balde. Pues bien. ¿qué
sucede si se construye una bomba cuyo tubo inferior fuese de (digamos) 15 m? La
bomba no extraerá el agua: el nivel del líquido llegará hasta algo más de 10m en el
tubo y no superará ese valor. Será inútil bombear y bombear. Lo que los mineros de
la época de Agrícola sabían era esto: la altllra Ir (en las figuras 2, 3 Ó 4) 110 puede
ser mayor de algo más de 10 m. (Ellos hubiesen dicho: unos 18 codos, equivalentes
a unos 10.3 ni.)
En este punto podemos olvidar los detalles del funcion~mienlo de la bomba y
remitirnos a la figura 2, asimilando el dispositivo a una simple jeringa hipodérmica.
Si trntáramos de succionar agua con una larguísimajeringa vertical sólo podríamos
hacerlo hasta una altura de 10,3 m, pues a partir de allí, aun cuando apliquemos la
fuerza necesaria para levantar el émbolo. éste subirá pero no el agua.
En verdad, en la época de Agrícola (siglo XVI) esta imposibilidad de elevar el
agua más allá de los 10,3 m no podía ser e:cplicada. ¿Qué es una explicación? Es una
respuesta a la pregunta "¿por qué?". Pero en nuestro ejemplo de la jeringa podemos
identificar dos hechos o fen6menos que parecen requerir explicaci6n, a saber:
20
~
I . ¿Por qué el agua sube por la jeringa cuando se hace subir el
I . ¿Por qué el
agua sube por la jeringa cuando se hace subir el émbolo?
2. ¿Por qué el agua no puede subir más allá de los 10,3 m?
En el siglo XVII, época en que este tipo de cuestiones tomó estado .público entre
científicos que sostenían disímiles concepciones de la naturaleza, dos bandos en pugna
intentaron dar respuesta a la cuestión. El bando A pretendí~haber dado una ex.plicación
plausible del primer fenómeno (la succión del agua por el émbolo); en cambio, no
lograban hacer lo mismo con el segundo (la existencia de una altura límite para tal
succión).
A su vez, el bando M sostenía que era necesario rechazar la explicación ofrecida
por el bando A para el primer fenómeno. y. desde una perspectiva científica radical-
mente distinta, intentar la explicación de ambos fenómenos.
Veamos. por tanto, algunos aspectos de esta controversia, que involucra. entre otras
cuestiones, la siguiente: ¿existe el vacío?
El mundo sin vacío
¿Existe el vacío? La pregunta. en el marcO de nuestra cultura. parece un tanto fuera
de lugar. Damos por supuesto que "hay vacío" del mismo modo I!n que "sabemos" que
hay atmósfe
l. Las inscripciones de nuesúos paquetes de café afirman que ha sido
envasado "al vacío total" y, mientras desayunamos. la r
¡dio
nos informa ucerC<1 de lu
"presión atmosférica" o del último paseo dI! ciertos astronautas por el "vacío interpla-
netario". Al parecer, nuestras actuaks crel!ncias en el vacío o la atmósfera se han incor-
poJt.ldo a cierto conocimiento vulgar bá!'.ico que sería dificil cuestionar. como la esferi-
cidad de la Tierm o la existencia de los á[omos.
Eliminar la creencia en el vacío sería. por otm parte. un e~pcdiente muy molesto si
pretendemos con:-;crvar nuestra actual cic!ncia física. amén dc l,tl credibilidad en las
publ icidades eJe café. Enunciados muy dement~llcs que aparecen en los tCltLOS escola-
res deberían ser modificados; por ejemplo. el que afirma: "la materia está compuesta
por LÍlomos. que se mueven en el vacío". Habría que pagur un alto precio por ello.
Somos deudores de ~deascosmológicas fuertemente influidas por el pensamiento cien-
lífico. es decir. por teorías que afinnan no sólo que el vacío puede existir, sino que de
hecho existe en la naturaleza y que se lo puede producir por medio de técnicas detenni-
nadilS (por ejemplo, una bomba neumática).
Pero al menos. si se quiere a modo de ejercicio intelectual, podríamos imaginar un
universo factible completamente lleno. en el que la materia no dejase resquicio alguno.
Cien" comunidad, sin el auxiJio de nuestra ciencia actual, bien podrfa afinnar que tal
cosa es evidente, pues vemos y tocamos materia por doquier mas no vacío. A partir de
observaciones sencillas y ex.periencias inmediatas, tal comunidad podría agregar más y
más enunciados acerca del universo hasta ofrecer de él una descripción relativamente
coherente. La observación de los astros podría sugerir que el centro de su rotaci6n es
también el centro del universo, y que ésti! no es otro que el de nuestra Tierra, inmóvil.
Los objetos más lejanos. las estrellas, podrían estar ubicadas en una gran superficie esfé-
~
21
rica. y más allá no parecería haber nada. Tal universo sería entonces finito y esférico,
rica. y más allá no parecería haber nada. Tal universo sería entonces finito y esférico,
lleno de materia, y su centro coincidiría con el de nuestra madre Tierra.
Una concepción tal del universo ha resultado aceptable en algún momento de la
historia. En particular, las creencias u opiniones cosmológicas que señalamos en el
párrafo anterior forman parte del modelo de universo diseñado por Aristóteles (siglo IV
a.C.) y desarrollado y/o modificado en algunos aspectos por sus adherentes posteriores.
En la antigüedad griega convivieron, a partir del siglo VI a.C., ideas cosmológicas de
muy diverso carácter, debidas a diferente~ escuelas filosóficas. El universo fue consi-
derado finito o infinito, y la TIerra móvil o inmóvil, y se formularon muchas suposicio-
n~s sobre la naturaleza de la materia y de los astros. Sin embargó, por razones que
hemos de discutir más adelante. el sistema de creencias aristotélico predominó hasta
tiempos muy recientes al menos hasta bien entrado el siglo XVI.
Las cumcterísticas del universo aristotélico. tales como su finitud y su ausencia de
vacío. se apoyan mutuamente unas en otrJ.S y adquieren así una coherencia que vuelven
muy persuasivos los argumentos del gran filósofo griego. Si se admitiese la existencia
del vacío. afinna Aristóteles. podríamos imaginar una concatenación de materia y va:
cío que. en principio. no tiene por qué tener límite; y ello nos conduciría a admitir un
universo infinito. Lo que quererryos señalar con este ejemplo es que, si se cuestiona un
aspecto particular de la cosmología aristotélica, se ven afectados muchos otros. Por
ello hay. en la obra de Aristóteles. muchos argumentos "por el absurdo". es decir. el
mostrar que SI se admite: que puede existir vacío entonces deber.! admitirse también
que ocurrirá algo que a todas luces (sl!gún Aristótl!1es) es obviamente absurdo.
Por cjl!mplo. para Aristóteles. carl!ce: de sentido imaginar que un cuerpo puede mo-
verse indefinidamente en vecindades de la superficie terrestre. (Más específicamente
en la región del unive:rso "sublunar".) Ofrece en apoyo de esta tesis una serie de eviden-
cias baS<luas en obse:rvacioncs cmllitativas y de "!'e:ntido común". Entonces puede argu-
mt!nl<tr así en contm de la existencia de:l vucío:
nadie podría decir por qué una cosa en movimiento en el vacío deba pararse en
algún !'itio: porque. ¿por qué debería pararse aquí y no allí? De este modo una cosa
debería estar en reposo o moverse ad illfi"itll1/1. (*)
Aristóteles entiende que la conclusión (en bastardilla) es absurda, pues para él no
hay evidencia de que ex.istan cuerpos que se muevan "ad infinitum". Pero esto es )0 que
sucedería. precisamente, SI ex.istiese vacío; por tanto, el vacío ~s imposible.
Aristóteles es, pues. un plenista: concibe un universo "pleno" (lleno) de materia.
Este es un rasgo esencial de su cosmología. que en tiempos de Agricola constituía el
fundamento de las creencias de sus adherentes, los aristotélicos. Estos serán los miem-
bros del bando A que mencionamos en el parágrafo anterior. Pero por entonces tales
ideas se hallaban fuertemente cuestionadas por los partidarios de otras cosmologías
incipientes. En particular, los llamados mecanicistas (el bando M) intentaban sentar
(*) Aristóteles. Obras completClS. ~ÚI Física", Buenos Aires. Bibliográfica Omeba. 1967.
22
~
las bases de un nuevo esquema conceptual del universo que rompiera definitivamen- te con el
las bases de un nuevo esquema conceptual del universo que rompiera definitivamen-
te con el heredado de Aristóteles. Y algunos de ellos, aunque no todos, trataron de
enfrentar ciertos problemas desde la óptica opuesta, es decir, la aceptación de espa-
cios vados en la naturaleza. Uno de tales problemas fue, precisamente, el que tanto
intrigaba a los mineros: ¿por qué una bomba neumática no puede elevar el agua más
allá de los 10,3 m?
Los mecanicistas del siglo XVII y el desafío de la técnica
A diferencia de los aristotélicos, poco propensos a aceptar que ideas emanadas de la
técnica pudiesen incidir sobre el conocimiento de la naturaleza, los mecanicistas del
siglo XVII usaban analogías mecúnicas en su concepción del universo. (Uno de ellos,
el padre Mersenne, atinnaba que Dios debía ser considerado una suerte de Gran In-
·geniero.) El problema gener.ldo por la imposibilidall de elevar el agua más allá de los
10.3 m despertó de inmediato su interés. pues la lIificultad con la que tropezaban los
mineros parc~íaafi!ctar un aspecto esencialllel pensamiento aristotélico. Veálllosl.o con
cierto detalle.
Al interrog:lIlte " i.por qué asciemk d
.
agua por una jeringa cuando se I!lcva el,
émbolo'!" el aristot.:lico podrü respomkr ddsiguii!llte modo: si d agua no aSCélHlie-
se. se generaría vado entre d émbolo)' la superficie lid líquido; pero no pUi!di! i!X is-
tir vado. por tanto. el agua dehe ascender. Este razonamiento (una explinH:iólI del
hccho observ'ldo. cs dccir. dd ascenso dd agua por la jeringa) tiene la misma fonnLl
que el yu ITIl!nciOn'II.1o dI! Aristóteles: la negación de un enunciado conduce por dl!-
ducción u un absurdo. por tanto, el enunciado ha de ser afirmado. Desde luego. el
punto cJavc de hl explicación es aquí fa tajante afirmacil)n aristotl!lica ue que el vacío
110 pucue existir en la naturaleza. (O bicn. pam cmplear el kngU<ljc hoy UII tanto
pintorcsco dc los aristotélicos medievales. quc la naturaleza "aborrece" d vacío. o
quc éste le "repugna".)
A la luz del esquema conceptual aristotélico. el fenómeno de succión dd agua por la
jeringa no tiene nada de "extraño", pues puede ser explicado en términos de ciertas
suposiciones sobre la natur.lleza que gozan en cierto momento histórico de aceptación
general. Pero. en el marco de ese mismo esquema. la observación por los técnicos
mineros de que el agua no asciende más allá de los 10.3 m no podía dejar de ser
perplejizante. Y aquí debemos ponemos en guardia contra el anacronismo: si el esque-
ma aristotélico fuese el único del que dispusiéramos (o bien el único que estuviéramos
dispuestos a aceptar), la existencia de una altura límite para el ascenso del agua seña
sin duda un hecho altamente "extraño". Pues, ¿cuál podrá ser la razón por la cual esa
"repugnancia al vacío" no se manifiesta a alturas mayores de 10.3 m? Distinto seña el
caso de un físico actual ante el mismo fenómeno, pues el esquema conceptual que
adopta es el de la ciencia moderna. no aristotélica. y en él la limitación para la succión
del agua por lajeringa es perfectamente explicable. Para nuestro físico, no hay nada de
perplejizante o extraño ante el fenómeno que llenaba de asombro a los aristotélicos del
siglo XVII.
o
23
Los mecanicistas de esa época advirtieron que disponían de un buen argumento en contra de
Los mecanicistas de esa época advirtieron que disponían de un buen argumento
en contra de las ideas físicas de Aristóteles, en particular la hipótesis del "horror al
vacío" por la naturaleza. Muchos de ellos aceptaban de buen grado el atomismo, de
acuerdo con la antigua concepción de Dem6crito de que, más allá de la experiencia
sensorial inmediata, el universo consta de espacios vacíos y partículas indivisibles
(átomos), y de ninguna otra cosa. Dicho de otro modo, su esquema conceptual (una
alternativa al aristotelismo, por entonces sometido a fuertes críticas desde distintos
puntos de vista) incluía la posibilidad de que ei vado existiese en alguna región del
espacio, y aun la de que se lo pudiera crear por medio de algún mecanismo. Al abor-
dar desde una óptica nueva la dificultad revelada por los técnicos mineros, crearon
una de las más simples y bellas teorías de la historia de la ciencia, a la par que inicia-
ron el desarrollo de investigaciones de importancia crucial para la ciencia y la técnica
subsiguientes.
Este logro. sin embargo, no culminó sino al cabo de una Serie de intentos más o
menos aL\rosos que muestran la complejidad real de la investigación científica. Nues-
tm'afirmación de que existieron por entonces dos bandos claramente definidos y anta-
gónicos en pugna es una simpliticación excesiva si se entiende por ello el enfrentamiento
de visiones del mundo claramente explicitadas eri todos y cada uno de los aspectos
pnrticulares ~uinenles a un problema determinado. Esto no fue así (*). Por eso debemos
comenzar con un inlento fallido: el de Galileo. el más ilustre mecanicista de la primera
mil~,d del siglo XVII, quien trató de encarar el problcmu de la limitación en la succi6n
de las bombas ncum:í.ticas sin ab:tndonar por completO la concepción aristotélica del
"horror al vacío".
La conjetura de Galileo
Gali leo Gali lei. en su Ditílogo so!Jre dm I/lIel"a.\" ciencias (163M), menciona haber-
se ocupado del caso de una bomba aspirante que funcionaba mal y no podía elevar el
agua más allá de determinada alturOl. Abordó el problema y sugirió unu solución al
mismo. Pensó que la columna líquida se comporta como un alambre o una barra
rígida tendidas enlre dos puntos de apoyo, y que. cuando la distancia entre los puntos
de apoyo sobrepasa cierto valor. el alambre o la barra se rompen. La analogía procu-
raba resolver el problema conservando el principio del "horror al vacío". a condición
de admitir gue dicho "horror" tiene un límite (10.3 m). Sobrepasado el límite, el
vacío es posible.
¿Desdibuja esta "conjetura estéril" de Galileo la imagen de quien fuera llamado por
Einstein "el padre de la moderna ciencia de la naturaleza"? Antes de emitir juicio sobre
el particular, podrá ser interesante leer este comentario del historiador James B. Conant.
(") Y aún más: el mecanicismo no fue la única allemativa propuesta por entonces ante la crisis del pensa-
mienlo aristotélico. A los bandos A (aristotélicos) y :VI (mecanicistas) deberramos agregar un tercero:
el bando N (los neoplalállícos). Pero de este último nos ocuparemos en el módulo siguiente. pues no
jugó un rol destacado en la polt:mica que aquí nos ocupa.
24
P
Acerca de este episodio. escribe Martha Omstein: "Es extraño que Galileo fuese tan tradicionalista en
Acerca de este episodio. escribe Martha Omstein:
"Es extraño que Galileo fuese tan tradicionalista en algunos aspectos. Por ejemplo.
aceptaba al estilo aristotélico un horror vacui modificado, como explicación del
motivo por el cual una bomba no podía elevar el agua más que a algo menos de 10,3
metros. En Discorsi e dimostrazioni marematiche. Galileo dice que, de igual modo
que una espiTaI de alambre suspendida tiene una longitud en la cual sú propio peso
la quiebra. otro tanto debe ocurrir con la columna de agua elevada por ta bomba. Por
cuanto, además, Galileo sabía que el aire pesa y había ideado tina manem de medir
su peso, todo esto resulta más extraño, y en cierta medida estimula el interés histó-
rico del hombre."
"Es extraño que Galileo fuese tan tradicionalista en algunos aspectos." iDios nos
asista! ¿Supone acuso la autora de este excelente libro sobre descubrimientos cien-
tíficos del siglo diecisiete que los sabios precursores lo primero que hacen es
romper con todos los conceptos anteriores y luego tratan de llenar con algo el
hueco? Este pasaje presupone que un gran hombre sufrió un lapso momentáneo al
no poder introducir todo un nuevo concepto en la ciencia. como resultado de la
meditación concentrada en una serie de hechos. Fácil. pero lamentablemente pa-
sado por alto. Destaoo la afirmación como ejemplo de la forma en que se ha difun-
dido entre los profanos un cierto grado de malentendido' en materia científica en
virtutl de los escritos de historiadores que no supieron .;ntender que los conceptos
Iluevos SI! desarrollan solamente después de un arduo período de experimenta-
ción."(*)
En verdad, las creencias de Galileo acerca del vacío parecen h;tllarse a mitad de
camino entre el aristotelismo "puro" yel punto de vista claramente anti;lristotélico de
sus discípulos inmediatos. La creencia en que el agua sube por "horror al vacío" es
aristotélica. pero la aceptación de que ese "horror" tiene /111 límite es claramente 1/0
aristotél ica. La enseñanza que podemos extraer de este episodio. por el momento. es
que lus ideas científicas que han resultado fructíferas para explicar una serie de he-
chos no se abandonan "de un día para el aIro" ante la aparición de un nuevo hecho
que al parecer las refuta. Tal fue el caso de Galileo. cuyo "horror al vacío limitado"
conserva parte de la concepción aristotélica. En la ciencia coexisten siempre dos
tendencias: una, conservadora, que procura no abandonar (de ser posible) lo que ha
sido"fecundo: otra. revulsiva. destinada a transformar lo establecido cuando ello re-
sulta necesario. Esto último aconteció en el caso histórico que estamos analizando.
Era imprescindible una ruptura total con los conceptos heredados de Aristóteles a
propósito del vacío y la ascensión del agua por jeringas y bombas neumáticas. Tal
paso revolucionario lo dió el más brillante de los discípulos de Galileo: Evangelista
Torricelli (1608-1647).
(oo) Conant. J. B
Ln cOlllprensió" de la cienda. B3f'cetona. Plaza & Janés. 1963.
~
25
ACTIVIDAD 4 En la figura 6 representamos un recipiente con dos orificios, A y B.
ACTIVIDAD 4
En la figura 6 representamos un recipiente con dos orificios, A y B. El orificio A
está obturado por un tapón, y el recipiente está lleno de agua. La experiencia
puede realizarse con un frasquito de plástico con tapa (A), perforado en su base
(B). El agua no sale por B, a menos que se retire la tapa A. (En lugar de tapa
puede usar simplemente el dedo.) Trate de dar una explicación aristotélica del
hecho. (Inicie su razonamiento así: "¿Por qué el agua no sale por B cuando la
tapa A está colocada?" Si saliese agua por B, en el recipiente tapado se crearía un
vncío
".)
Verá que la explicación aristotélica es razonable y que, incluso, ¡quizá
muchos de nosotros seamos mas aristotélicos de lo que creemos!
Fi.II. 6 .
La teoría del "mar de aire"
La explicación aristotélica dL!1
aSCL!IlSO del ilguill!n jeringas y hom-
bas neumút ieas eSI<lb<t basada en la
suposición <
le
que el vacío es im-
posible en la naturaleza. Torricelli.
en cambio. reunió tres suposiciones
a partir de las cuales no sólo se ex-
plica por qué el agua asciende sino
también por qué sólo lo hace hasta
ciel1a altura. Lo interesante es que
ningunn de ellas era, por separado,
totalmente novedosa. La originali-
dad del genio consistió aquí más
bien en considerarlas como LIII haz
Evangelista Tonicelli. Grabado de S. L. Pelaco.
Museo Galileo - Istituto e Museo di Storia della
Scienza, Florencia, Italia.
(Esta imagen fue modificada digitalmente y no
figura en el texto original.)
26
~
y emplearlas en conjunto para construir una teoría. (Más adelante profundizaremos el significado de este
y emplearlas en conjunto para construir una teoría. (Más adelante profundizaremos el
significado de este término clave.)
l. En primer lugar, Torricelli supuso que el aire pesa. Esto ero bien conocido por su
maestro Galileo, quien incluso había determinado su peso específico
2. En segundo lugar. Torricelli supuso que todo lugar de la superficie terrestre está
cubierto por una capa de aire. esa suerte de "cáscara" que hoy llamamos atmósfera y
que el físIco italiano denominó "mar de aire". Como él mismo dice, en una carta dirigi-
da al cardenal Ricci:
Vivimos inmersos en el fonde:> de un mar de aire elemental, que de acuerdo con
comprobaciones experimentales indudablemente tiene peso. tanto peso que el
aire más denso en [as proximidades de la superticie de la TIerra pesa aproxima-
damente las cuatro centésima parte dd peso del agua.('~)
Esta idea es (o debería ser. si no hubiésemos perdido nuestra capacidad de asombro).
un tanto angu::¡tiante. Se dice con frecuencia que "lo último que descubriría un pez es la
existencia del agua". y lo mismo cabe decir de nosotros con respecto a la atmósfera
terrestre. Somos "peces de aire" que viven comprimidos en el fondo del marque imagi-
nó Torricelli. En cierto momento de la novda Solaris. del escritor polaco Stanislaw
Lem. su protagonista comprende que e! mar de! extraño p.'aneta en donde ha rec¡)lado
es. en realiLlad. una suerte de ser vivo. Entonces comienza ¡) ver todo dt!sde una óptica
distinta: las olas que acarician el borLle de su nave, por ejemplo, se vuelven scudopodios
de una criatur.t inmensa que se extiende y se agita a su alrededor. No sabemos qu¿
experimentó Torricelli en el momento en que concibió la idea de qUI! "vivimos inmersos
en el fondo de un mar de aire elemental". pero es probable que [e h,lya ocurrido lo que
al prot;¡gonista de Solari.\'.
De aClll!ruo con la suposición 2 de Torricdli. el aire que nos rodea ejerce presión sobre
todos los objetos de la superticie tcrre.<;tre. tal como lo hace e[ agua sobre los peces. la~
piedms y el fondo de una pecer.l. Esta similitud entre el comportamiento del agua y del aire
fue explícitamente incorpor.lda por Torricelli a su teoría como una tercera suposición:
3. El ¡tire y los líquidos tienen. en algunos aspectos. un comportamiento semejan-
tee'¡'). En particular. cumplen con la propiedad de que la presión en un punto del aire o
del Iíquido es independiente de la dirección. y cumplen. adem¡ís. con el llamado "teore-
ma general de la hidrostática". De este modo. Torricelli extendió al aire propiedades de
los Iíqujdos ya expuestas en el siglo XVI por el ingeniero belga S.imón Stevin.
('lO) De A sOIlrr:e Brmk j'l Physics. de W. F. Magie. cilado por Conan! en la obra mencionad:l. Observe que
Torricclli habla dcl "airc más denso en proximidades de [a superficie de [a Tlcrra". esto es, tienc
conciencia de que la dcnsid3d del ¡¡irc disminuye con la a[tur.!
El valor que le asigna a la densidad es
0.04 kg/litro; su valor aceptado actualmen!e es OJlO13 kgll. La notable diferencia. debida a [o rudi-
mentario del procedimiento de medición empleado. no afecta [as conclusiones de Torricclli.
(*") w líquidos y los gases nolienen un comporuunientototalmentc semejante. Pero en el ámbito de los fenó-
menos estudiados porTOTTicelli la suposición de éste fue absolutamente COITeCIa, y particularmente feliz.
r;1
27
Las suposiciones de Tomcelli acerca de la existencia de un "mar de airen que pesa
Las suposiciones de Tomcelli acerca de la existencia de un "mar de airen que pesa y
está regido por las leyes de la hidrostática permiten explicar satisfactoriamente los
fenómenos a que hacíamos referencia al comienzo: ¿por qué el agua sube por el tubo de
la bomba (o de una jeringa) cuando se hace subir el émbolo? y ¿por qué no sube más
allá de los 10.3 m? Veámoslo en detalle.
Para los aristotélicos, la subida del émbolo obliga a ascender al agua para impedir la
formación de vacío: el émbolo "succiona el agua". (Todavía decimos "chupar el mate",
cuando extraemos el aire de la bombilla. ¡El inconsciente aristotélico nos traiciona!).
Pero para TorriceIli la función del émbolo es bien otra (Fig. 7). El aire atmosférico
presiona sobre la superficie del agua de la mina y obliga al agua a subir por el tubo.
Cuando el émbolo estáen reposo, el agua sube hasta el nivel que aquél le pennite; pero.
cuando el émbolo es elevado, el agua continúa ascendiendo pues queda liberada de la
presión que antes ejercía el émbolo sobre ella. En síntesis, el émbolo no "chupa el
agua?' (no tim de ella), sino que permite que la presión del aire sobre el agua de la mina
la haga subir por ellUbo: desaloja el aire por encima del émbolo y libera así al agua de
la presión atmosférica.
Prcsi6n de 1;\
;1!I1\(isfl!ra
Pig. 7.
rlltmcdmltll' (/,'wlt· /1/('/'(/ d émbolo ""da arriba. el agl/a
SI/he I'0r el CI/('/1m lit' fa /J01II1J(/ tlebiclo a la presión qUf' fa
CllIIlCí.ift·m t:j"T('t' .mh,.,. l·f lIglIIl dI! fa 1II;1IC1.
En cuanto a la segunda pregunta ( ¿por qué existe un límite para el ascenso del agua
por el lubo?) la respuesta de Torricelli es ésta: el agua subirá hasta que la presión del
aire externo tenga el mismo valor que la presión ejercida por la columna de agua en el
tubo. En esas condiciones, el agua ya no subirá más. Y si se tracciona el émbolo, entre
el nivel del agua en ellubo (siempre invariable) y el émbolo no habrá agua, ni aire
ni
llalla. Habrá vacío. En verdad. mientras los aristotélicos del siglo XVI fundamentaban
la imposibilidad del vacío, ¡los mineros lo estaban creando!
Aquí es posible imaginar un "tubo de aire" y un "tubo con agua" (como indica la
figura 8) al modo de vasos comunicantes. y afirmar que el peso de la columna líquida
de 10.3 m equilibra al peso del aire del "tubo de aire". Así, Tomcelli pudo estimar el
valor de la presión atmosférica en ténninos de la presión de una columna de agua: la
presión atmosférica equivale a la que ejercen 10,3 m de agua.
Torricelli bien pudo haber imaginado, para poner a prueba su teoría, una situación
similar a la de la figura 9. Si se llena un tubo de más de 10,3 m con agua. cerrado en
un extremo. y se lo invierte de tal modo que permanezca vertical con su extremo
abierto sumergido en agua, el nivel debe descender hasta 10,3 m y por encima habrá
28
~
Fig.8. Fig.9. vacío j I Vasos comunicantes I t=: 76 cm I--~---t----t t-I---I----- ----~ -------:f----=-
Fig.8.
Fig.9.
vacío
j
I
Vasos
comunicantes I
t=:
76
cm
I--~---t----t
t-I---I-----
----~ -------:f----=-
J=.
~'E0
-=-: =
------
-
--
-- -=---
--l
vacío. Pero el equipo habría sido difícil de manipular. Así que Torricelli optó por
reproducir la situación de la figura con mercurio, cuyo peso específico es unas 14
veces mayor que el del agua. La ahum 1ímite ser;1, por tanto, 14 veces menor que la
del agua: 10.3/14 es aproximadamente 0.76. De modo que, si se llena un tubo de un
metro con mercurio y se lo invierte sobre una cubeta, el nivel deberá descender hasta
los 76 cm. Así ocurrió.
Como vemos. se tr.lla de un r.lZonamienlo sencillo. o al menos así lo presentan
ciertos libros de texto. Pero tanta sencillez requiere genio. En particular, la novedosa
concepdóll del "mar de aire pesante" habría tenido poco poder explicativo de no haber
generolliZáldo Torricelli al aire leyes hidrostáticas ClulI/t;tativa.f. Atinnaciones tales como
que la presión atmosférica equivale a la que ejercen 10,3 ro de agua o 76 cm de mercu-
rio. o bien que puede construirse un instrumento "parn medir las variaciones de la pre-
sión del aire" gmduando un tubo de Torricelli (el barómetro), resultan de la última y
osada suposición de que, en parte, existe un comportamiento semejante entre gases y
líquidos.
Observe finalmente que, si se aceplan los razonamientos de Torricelli. su céle-
bre experiencia con el mercurio involucm una técnica para producir vacío. En tal
sentido decimos que la teoríafimdamellla esa técnica. esto es, sugiere un procedi-
miepto que permite. empleando ciertos dispositivos y realizando ciertas acciones.
lograr un propósito determinado. En el módulo 4 volveremos sobre este importan-
tísimo punto.
En síntesis, a diferencia de la teoría aristotélica (que sólo explica el ascenso del agua
cuando se tracciona el émbolo), la teoría de Torricelli:
l. Explica por qué asciende el agua;
2. Explica por qué dicho ascenso es limitado;
3. Predice lo que acontecerá cuando se realice la experiencia con mercurio;
4. Fwuiamellta un procedimiento técnico para obtener vacío.
~
29
ACTIVIDAD 5 Como dijimos en la página 20 si se tratara de elevar agua por
ACTIVIDAD 5
Como dijimos en la página 20 si se tratara de elevar agua por medio de una
jeringa vertical, sólo podríamos hacerlo hasta una altura de 10,3 m. En esas con-
diciones, el émbolo seguiría subiendo, pero no el agua.
Analice las siguientes afirmaciones:
A. La fuerza necesaria para elevar el émbolo es equivalente al peso de una co-
lumna de 76 cm de mercurio, independientemente de la sección del émbolo.
B. La fuerza necesaria para elevar el émbolo es equivalente al peso de una co-
lumna de 76 cm de mercurio y sección igual a la del émbolo.
C. La fuerza necesaria para elevar el émbolo es equivalente al producto de la
presión atmosférica por la sección del émbolo. (Nota: El peso del émbolo se
supone despreciable.)
Son correctas:
1. Sólo la A
2. Sólo la C
3. Sólo la B
4. Sólo
la
B y la C
5. Ninguntl de las afirmaciones
Pero, ¡.qué es uno} tcorín?
Empecemos con algo sencillo: una teoría es un conjunto de enunciados vinculados
entre sí por medio Je la 16gica (deductiva). Los enunciados 1,2 Y 3 de Torricelli (que
mencionarnos en páginas las 25 y 26) constituyen el punto de partida de su teoría. en el
sentido de que a partir de ellos. empleados como premisas. es posible iniciar una serie
de razonamientos y obtener así conclusiones. Son enunciadosft/JIdamel/tales o illicia-
les de la teoría. Pero ésta no consta sólo de tales enunciados. sino también de todas las
consecuencias lógicas que se obtengan a partir de ellos.
Los enunciados que se desprenden de la teoría (es decir, que son conclusiones obte-
nidas a partir de los enunciados fundamentales) pueden tener distinta naturaleza, pero
algunos serán de esta forma:
"Al realizar la experiencia de Tomcelli con este tubo de vidrio, empleando mercu-
rio. en tal lugar, a tal hora
el líquido descenderá hasta 76 cm de altura".
A este tipo de enunciado se lo llama observaciO/wl: nos dice qúé deberemos obser-
var o medir cuando realicemos la experiencia. Hasta aquí. todo transcurre en el plano
de la deducción lógica. Lo que enseña el proceder de Torricelli es que, para abrir juicio
acerca de la teoría. es necesario realizar la experiencia y cotejar el resultado con la
descripción anterior, obtenida por medio de un razonamiento deductivo. Como resulta-
do de la "interrogación a la naturaleza" puede ocurrir:
30
~
A. Que el mercurio descienda hasta una altura de 76 cm. B. Que ocurra cualquier
A. Que el mercurio descienda hasta una altura de 76 cm.
B. Que ocurra cualquier otra cosa: que descienda hasta 25 cm, o ascienda hasta 82
cm, o que no descienda en absoluto o que todo el mercurio del tubo vaya a parar
a la cubeta.
Este proceso constituye una contrastaciÓll de la teoría. Como resultado de la misma
pueden acontecer dos cosas: que haya acuerdo entre el enunciado observácional y lo
que realmente acontece (A), o bien que haya desacuerdo (B). En el primer caso, tal
como le sucedió a TorriceJli, la teoría "ha pasado felizmente la prueba". Pero digámoslo
con cautela: ello, a lo sumo, nos permite "tenerle cierta confianza" y n9 más. Como
veremos en los Módulos 3 y 4, se han propuesto distifltas denominaciones para el "esta-
do" en que permanece una teoría cuando "pasa muchas pruebas" del tipo A: se ha dicho
que:: la teoría está verificada o confirmada. o corroborada. Pero cada uno de estos térmi-
nos responde a distintas concepciones acerca de la naturaleza de las teorías científicas,
debidas a distintos autores, y por ello dejamos la cuestión en suspenso.
De suceder el caso B. se suele decir que la teoría e.o;tá (o fue o quedó) reji,/ada. En
principio, la ausencia de refutaciones permite seguir tratando a la teoría con respeto. y
.;mplearla para el desarrollo de nuevas investigaciones. De otro modo. es probable que
ulla sea descartada por los cientíticos, o bien que deba ser modificada en algún aspecto.
(Por éjemplo. rccmplaz:tndo algún enunciado flllH.lamcnta! o agregando algún airo.)
Tambi¿n ¿SIC es un (cma polémico. y será discutido más adelante.
NOfO: Existen importantcs r.lzones lógicas, vinculadas con la naluraleza del ra-
zonamiento deductivo. por las cuaJes la ocurrcncia tic! caso A no !lOS penllitc
asegurar la ,'erc!lUI eJc la tcoría. Trat.m:mos el Icma en el Módulo 3.
Ohserve ahora lo siguientc: los razonamientos de Torricelli coneJujcron u una con-
clusión que descrihc lo que sucede cuando se intenta elevar el agua por medio de lIna
bomba neumáticu. Tal cOlldusitln fue: el agua no asciende más allá de cierto límite.
Torricclli cOllstruy(). de t!ste modo. una explicaci(J" de un hecho ya conocido de ante-
mano. La respuesta que pudo dar a la pregunta "¿por qué
?"
fue un ra:,ol/amielllo del
siguiente lipo:"En tules y tales condiciones. y a partir de tales y tales enunciados funda-
mentales
concluyo que el agua no podrá ascender más allá de cierto límite".
P¿ro además, Torricelli pudo construir un razonamiento semejante para el caso del
tubo de vidrio con mercurio. Lo que iba a suceder al realizar la experiencia no había
sido observado nunca. La pregunta a la cual contestó Torricelli en este caso no es "¿por
qué
?" sino. más bien, "¿qué suceder.í si
?".
Por tanto, real izó una predicció" acerca
de un hecho no observado.
Las explicaciones y predicciones de una teoría, si resultan exitosas, no son otrd cosa
que contrastaciones en las cuales ella "ha pasado la prueba". Por el contrario, si la
teoría fracasa en la explicación de un hecho o predice algo que no sucede, queda refu-
tada. Obviamente, nadie. propondría una t.:oría destinada a explicar un hecho si no lo
explica, pero en cambio bien puede suceder que alguna de sus predicciones no se co-
~
31
rresponda con los resultados experimentales, quizá obtenidos por un investigador dis- tinto de aquél que
rresponda con los resultados experimentales, quizá obtenidos por un investigador dis-
tinto de aquél que la propuso. En este caso, aunque la teoría haya tenido éx.ito en cuanto
a ex.plicaciones y predicciones anteriores. quedará refutada.
Una observación final: una teoría., como hemos dicho. es una red de enunciados
vinculados por la lógica. Pero sus enunciados reciben nombres muy diversos: suposi-
ciones (término que hemos empleado nosotros a propósito de la teoría de Torricelli),
hipótesis, leyes
y muchos otros. Por ahora, vaya como sugerencia. no se complique
con la nomenclatura. Pero observe lo siguiente: la denominación que se emplee destaca
la existencia de algún aspecto polémico. que será tratado más adelante. Por ejemplo, si
usted
llama hipótesis a los enunciados 1, 2 Y 3 de Torricelli, está avalando un punto de
vista: que tales enunciados se proponen a modo de conjetura ("01 ver qué pasa si acep-
tamos provisoriamente que
"). Lo mismo ocurre si adopta el término suposiciólI. Hay
aquí mucha tela para cortar, pero no se impaciente. El Gato es bastante más complicado
que su sonrisa.
ACTIVIDAD 6
Suponga que a un aristotélico le comunican el proceder de Torricelli con su tubo
lleno de mercurio. ¿Qué predicciólI hubiera hecho acerca de lo que debería ocu-
rrir al invertir el tubo?
ACTIVIDAD 7
Vuelva atr
ís
y trate de precisar, con sus palabrJ.s. lo que en primera aproxima-
dún entendemos por:
1. Teoría.
2. Enunciados (o suposiciones) fundamentales de la teoría.
3. Enunciados observacionales.
4. ConlrJ.slación de una teoría.
5. Verificación o confirmación o corroboración de una teoría (que no son sinóni-
mos. pero quieren expresar un "estado" de la teoría posterior a su contrastación).
6. Refutación de una teoría.
7. Explicación ofrecida de una teoría.
8. Predicción de una teoría.
En cada caso, remítase a la teoría de Tomcelli.
ACTIVIDAD 8
Si conoce bien alguna teoría física. química o biológica, trate de reiterar con ella
la actividad anterior. Ejemplos clásicos: mecánica de Newton, teoría atómico-
molecularde Dalton y Avogadro, teoría de la evolución de Darwin.
32
~
Regreso a la historja La teoría de Torricelli y el éxito de su contrastaci6n fueron
Regreso a la historja
La teoría de Torricelli y el éxito de su contrastaci6n fueron conocidos en 1644. y en
pocos años otros investigadores imaginaron nuevas experiencias destinadas a prestarle
apoyo o bien a refutarla. La más conocida se debe a Blaise Pascal, quien concibió una
contra.'Itación sumamente original y sencilla. Si es verdad que vivimos en un "mar de
aire pesante". la presión sobre los objetos deberá disminuir a medida que nos alejamos
de la superficie terrestre. Por tanto Pascal obtuvo esta predicción: si la experiencia de
Torricelli se realiza en lo alto de una montaña. allí la presi6n atmosférica será menor
que a nivel del mar; y para equilibrarla también será menor la altura necesaria de mer-
curio. En la cima de la mOlltaiia la columna de mercurio deberá tener una altura me-
I/or de 76 cm.
La experiencia fue realizada en 1648 en el Puy-de-Dome, un monte de la cordillera
central de Francia. por Périer. cuñado de Pascal. Un barómetro de control fue dejado al
pie del monte a cargo de un ayudante y no experimentó variación alguna a lo largo del
día. En la cima. por el contnuio, el barómetro de Périer indicó una altun.l de 68.5 cm. El
éxito de esta nueva contrastación cimentó la "confianza" en la teoría de Torricelli. Por
lo demás. pronto se desencadenarían nuevas líneas de investigación. estrechamente
vinculalh<; con ella. pero también motivadas por los desafíos teóricos planteados por el
comportamiento de las bombas neumáticas.
En este punto nos detendremos transitoriamente. Es indudable que el intcn!s de
Galileo, Torricclli y sus sucesores inmeúiatos se lmIlaba potenciaúo por requt!rimientos
lI!cnicos dc la época. Pero éstl! es un rasgo de la ciencia moderna, que no advertimos en
siglos
anteriores. Bastaría mencionar un ~pisudio muy conocido: en
el siglo 1 d.e. (la
¡!poca es incierta) el ingeniero alejanclrino Hcrón construyó uml rudimentaria turbina
de vupor. que s(Slo fue emplc!ada para opeiJ.r juguetes mecánicos. Herón vivió en una
societbd r~ldicalll1l!ntc!distinta de (a que sirvió de murco a TorriceIli y su dispositivo no
tuvo tnmsfercncia alguna a (a tecnología. ¿Por qué? Analizaremos, a modo de primer
intento de respuesla. dos concepciones alternativas de la ciencia en (o que respecta a
sus vinculaciones con la tecnología: una clásica, de origen griego. y otra moderna. que
comienza a manifestaflie a partir del siglo XVII. Tenemos ya (os elementos para hacerlo.
~
33
CIENCIA ANTIGUA y CIENCIA MODERNA: PRIMERAS REFLEXIONES Corno ya dijimos, en la actUalidad los problemas
CIENCIA ANTIGUA y CIENCIA MODERNA: PRIMERAS REFLEXIONES
Corno ya dijimos, en la actUalidad los problemas que plantea la tecnología y la
industria pueden ser sometidos al at'lálisis científico, mas ésto es una característica de la
ciencia en su significación. actual. La tradición clásica, vigente aún en tiempos de
Torricelli, había concebidO la ciencia a modo de una indagación esencialmente reflexi-
va, sin aplicación pi'áctica alguna. Es-por ello que'la ciencia antigua no tuvo gravitación
sobre el desarrollo de las técnicas, salvo episodios accidentales.
Los fundamentos de esta concepción especulativa de la ciencia, de origen helénico,
están claramente sentados en la obra de Platón y Aristóteles, filósofos de extraordinaria
influencia hasta bien avanzados los tiempos modernos. ~n La República. de Platón, por
ejemplo, el portavoz de las concepciones del autor (Sócrates) pregunta a su interlocutor
acerca de la conveniencia de enseñar astronomía a los jóvenes, y recibe por respuesta:
""""'-Üpino que sí (debe ser enseñada)~ Porque conocer con exactitud el momento del
mes y del afto en que nos encontramos ha de interesar no sólo al agricultor y al
navegante, sino también al estratega.
Ante esta defensa de la astronomía fundada en la utilidad de sus apJicaciones técni-
cas, recibe por respuesta:
-Me haces gracia Temes, o pareces temer, que el vulgo te reproche la prescripción
de enseñanzas inútiles. Estas de que hablamos tienen cOl1siderables ventajas. pero es
difícil hacer comprender la más importante, o sea la de purificar el instrumento del
alma, corrompido .y cegado poi' otras ocupaciones,· y que es preferible conservarlo,
más que salvar diez mil ojos, pues solamente con él se contempla la verdad.(*)
Más adelante, el interlocutor de Sócrates reconoce que ,su concepción "práctica" de
la astronomía es un "torpe elogio" de esta ciencia. Detrás de estas consideraciones
subyace la convicción de que la búsqueda del conocimiento está reservada alciudada-
no, al hombre libre. El trabajo manual, lasartesanfas, la creación y puesta a prueba de
técnicas son consideradas serviles, despreciables: se identifican estas actividades con
la condición infamante del esclavo. Aristóteles, en su justificación de la esclavitud,
escribe: "Cuando la lanzadera camine sola, los esclavos serán innecesarios". (La ironía,
con los siglos, se convirtió en profecía.)
Esta dicotomía social se observa todavía con claridad en la Europa renacentista: el
médico "clínico" es un egresado universitario que diagnostica a partir de antiguos trata-
dos de medicina hipocrática (y no desdeña consideraciortes astrológicas), mientras que
el "cirujano" es un artesano que se ocupa de realizar intervenciones quirúrgicas tales
como entablillar un hueso fracturado o extraer muelas. El gran anatomista Andrea Vesalio,
que vivió en el siglo XVI, describe críticamente una clase de disección de su época:
(.) Platón. La República, Bs. As. Eudeba, 1981.
34
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Cuando la realización de todas las operaciones manuales-escribe-fue confia- da a los barberos, no sólo
Cuando la realización de todas las operaciones manuales-escribe-fue confia-
da a los barberos, no sólo perdieron los doctores el verdadero conocimiento de
las vísceras, sino que pronto desapareció la práctica de la disección, sin duda
porque los doctores no emprendían operaciones, en tanto que aquéllos a quienes
se encomendaban las tareas manuales eran demasiado ignorantes para leer las
obras de los maestros de anatomía. Pero era además imposible que esos ho~­
bres preservaran para nosotros un difícil arte que habían aprendido sólo mecáni-
camente. Es igualmente inevitable el lastimoso desmembramiento del arte de
curar introducido en nuestras escuelas por el deplorable procedimiento en boga,
de que sea un hombre quien practica las disecciones y otro quien describe las
partes. Este último se encarama en un púlpito cual si fuera un grajo y con un
notable aire de desdén susurra informaciones sobre hechos que nunca conoció
de primera mano pero que aprendió de memoria en libros ajenos, o cuya des-
cripción tiene ante su vista. El disector, ignorante en las cosas del idioma, es
incapaz de explicar la disección a la clase y se limita a ilustrar la demostración
que debe ajustarse a las instrucciones del médico, en tanto que el mé4ico jamás
pone manos a la obra sino que, por el contrario, desdeñosamente esquiva el
bulto, como vulgarmente se dice. De esta manera, todo se enseña mal; se mal-
gastan los días en cuestiones absurdas, y en la confusión se enseña menos a la
clase que lo que un carnicero en su establo podría enseñar a un doctor.(*)
Pero ya por entonces la concepción clásica de la ciencia comenzaba a ser seria-
mente cuestionada. La revalorización de las técnicas, las artesanías y el trabajo ma-
nual fue llevando a un grupo cada vez más numeroso de estudiosos a encarar el eStu-
dio de la naturaleza empleando la observación controlada y la experimentación.(**)
Las nuevas "ciencias experimentales", fundadas en un abordaje metodológico
similar al que emplean hoy la física, la química o la biología, no desdeñaron el
contacto con la técnica y la industria. Como 10 ilustra el caso de Torricelli, los
nUevos científicos no vacilaban en abordar problemas que intrigaban a los técnicos
y artesanos; su solución. a veces, desencadenaba el estudio de nuevos e inoitantes
aspectos del mundo natural no tratados hasta entonces. Incluso, en ocasiones, la
ciencia experimental prometía ya ser una adecuada vía para acceder al diseilo de
nuevas técnicas y prestarle fundamento. Tal cosa ocurrió, como veremos más ade-
lant~ en el caso de la teoría de Torricelli.
El proceso histórico por el cual surgieron estas "ciencias experimentales", que
supone cambios de perspectiva y de metodología con relación a la concepción clásica
de la ciencia, fue arduo y complejo. Incidieron en él transformaciones sociales, económi-
(*) Citado por B. Farrington en Mano y cerebro en la GrecUl Antigua, Madrid, Ayuso, 1974.
(**) La circunstancia de que los nuevos estudiosos recurriesen sistemáticamente a la observación y a la
experimentación no involucró desdén por el razonamiento y la especulación teórica. Por dio la denomina-
ción "ciencia experimental", todavía empleada, sólo quiere destacar que el experimento es indispensable
para controlar la argumentación teórica. (¿Acaso Torricelli procedió sólo experimentando?) En módulos
siguientes volveremos sobre este punto.
35
cas, políticas y culturales que son, en definitiva, las que dieron origen a las sóciedades
cas, políticas y culturales que son, en definitiva, las que dieron origen a las sóciedades
actuales cuyas raíces se encuentran en la Europa del siglo XVII. La llamada "Revolución
científica de los siglos XVI y XVll", de la cual Torricelli fue partícipe, no puede ser
desvinculada de tales transformaciones. Veamos de qué se trata.
ACTIVIDAD 9
¿Persiste aún hoy cierto desdén por las actividades que involucran tarea manual?
Trate de detectar, en la región donde usted vive, si existe alguna correlación
entre las distintas modalidades de la enseñanza media (bachillerato, orientación
comercial o técnica) y el nivel socioeconómico de las familias a las que pertene-
cen los alumnos. Por ejemplo: ¿es usual que una familia de alto nivel socioeco-
nómico envíe a sus hijos a una escuela técnica? ¿Por qué? ¿Subyacen ciertos
juicios de valor, en tales elecciones?
AcnvIDAD10
El siguiente texto pertenece a Carlos Pellegrini, una de las figuras más representati-
vas de la llamada·"generación del 80" y presidente argentino entre 1890 y 1892.
Sintetiza su pensamiento en materia educativa.
"La instrucció~ice Pellegrini-debe estar dividida en tantas grandes divisiones
cuantas son las necesidades que nacen del rol que el individuo \la ajugar en la vida
social. El individuo pertenece a la clase baja que se dedica a los trabajos materiales;
o a la clase que se dedica a e?,plotar las riquezas del país, es decir al comercio en
general; o a]a clase que se dedica a los estudios elevados
La instrucción primaria
basta para las necesidades de aquella masa del pueblo que se dedica al trabajo pura-
mente corporal. Quererla recargar con otros estudios sería hacerle perder tiempo
inútilmente, sería hacerle aspirar a estudios que no le corresponden, sería por fin
empobrecer ]a industria quitándole brazos útiles
La obligación de instruirse debe
limitarse aquí
La instrucción secundaria tiene que dividirse en dos partes. Para los
que se dediquen al comercio (y aquí comprendemos el estudio del pastoreo y la
agricultura) y para los que pretenden pasar a estudios más elevados".(*)
(a)
¿Qué reminiscencias del texto de Platón se advierte en este fragmento?
(b)
¿Conoce usted modos actuales de concebir la educación semejantes al que se
sostiene en el texto?
(c)
A partir de la concepción educativa del texto, trate de inferir el modelo de socie-
dad avalado por Pellegrini.
(d)
Los tex.tos de historia suelen comentar la llamada "ley 1420". ¿Qué coincidencias
y qué discrepancias surgen de ]a comparación entre el texto de Pellegrini y el de
la mencionada ley de educación?
(*) Mignonc, E., Relaciones entre el Sistema Político y el Sistema Educativo, Buenos Aires, Ed. Docencia, 1986.
36
SOCIEDAD Y TÉCNICA EN TIEMPOS DE TORRICELLI Para comprender a grandes rasgos los cambios socioec0n6micos
SOCIEDAD Y TÉCNICA EN TIEMPOS DE TORRICELLI
Para comprender a grandes rasgos los cambios socioec0n6micos y políticos que se
manifiestan en Europa en tiempos de Torricelli (estrechamente vinculados con el rol de
la nueva ciencia experimental surgida por entonces), debemos retroceder un milenio en
la historia europea, y remontamos a un episodio bien conocido: la.cafdadel Imperio
Romano Occidental. Entre los siglos V y VId.C. la homogeneidad. del Imperio fue
destruida por la migración, muchas veces violenta, de los pueblos bárbaros ("extranje.-
ros"). El historiador y filósofo francés Pierre Ducassé narra lo acontecido con 'síngular
dramatismo:
Los desórdenes cada vez más frecuentes, el conflicto entre las ciudades y el campo, la
destrucción o el pillaje de los centros urbanos, la deteriorización de las rutas, de los
puentes y de los acueductos, las epidemias y la inseguridad de los transportes acompa-
ñaron el debilitamiento progresivo del orden romano. Por causa de la descomposición
polftica, la desorganización administrativa y el entorpecimiento en los intercambios la
cantidad y calidad de los bienes producidos alcanzaron su nivel más bajo; una miseria
indecible se extendió sobre Occidente y el hambre se hizo endémica.(*)
El orden feudal
La destrucción del orden romano fue hasta tal punto irreversible que de sus cenizas
surgió un nuevo modelo de sociedad: la sociedad feJIda\. En ella la agricultura constitu-
yó la actividad económica crucial, ya que las operaciones comerciales se hallaban muy
restringidas por falta de adecuadas vías de comuniCación entre centros productivos.
(En particular porque a partir del siglo VIII la expansión musulmana impidió el inter-
cambio marítimo.) Las comunidades se constituyeron en predios rurales, propiedad de
un señor feudal para el que trabajaban siervos bajo un régimen coactivo: el señor brin-
daba protección y subsistencia al siervo a cambio de su trabajo, yen la práctica poseía
también derechos sobre la persona' del mismo. (No el de la vida, sin embargo, como
sucede en un régimen de esclavitud.) El servicio que prestaba el campesino no tenía
retribución pecuniaria: no percibía dinero por su trabajo. Por lo demás, este nuevo
orden feudal se correspondía con un orden consagrado por la Iglesia Católica, en el
cual cada individuo ocupaba un estamento que le había sido asignado por Dios y la
naturaleza.
La colonización agrícola característica de este primer período medieval manifestó
el interés de la Iglesia por "reencontrar el sentido de la tierra". En particular, ciertas
órdenes religiosas (como la de los benedictinos) promovieron el uso y la reinvención
de técnicas agrícolas simples, vinculadas con el trabajo de la tierra: arados primitivos,
azada, hoz. Pero en general el bagaje técnico de esta época era muy rudimentario.
(*) Ducassé. Historia deJas técnicas. Buenos Aires. Eudeba, 1985.
37
Miniatura medieval en la cual se expresa el ore/en feudal: en la parte superior guerreros.
Miniatura medieval en la cual se expresa el
ore/en feudal: en la parte superior
guerreros. intelectuales y comerciantes;
debajo quienes producen recursos.
ACTIVIDAD 11
¿Cree usted que aún hoy persisten, en alguna parte del mundo, sociedades feuda-:-
les? Si la respuesta es afirmativa, ¿dónde?
Observación importante. A partir de aquí, y a fin de que usted se familiarice con los
distintos períodos. características. hechos y protagonistas de la historia europea. remí-
tase con frecuencia al cuadro de la página 43.
El surgimiento del capitalismo y la revolución tecnológica europea
A partir del siglo XI esta situación comenzó a modificarse. El gran imperio árabe,
que desde el siglo VID impedía el intercambio comercial por vía marítima de la Europa
mediterránea, se encontraba en franca declinación. La cristiandad, definitivamente con-
solidada en lo polftico e ideológico. inició las Cruzadas, y la actividad económica y
comercial se expandió hacia el norte y hacia el este de Europa. Grandes ciudades co-
menzarona constituirse en el epicentro de la vida social, la industria y la transacción
comerciá}; en el campo prosiguió exclusivamente la actividad agrícola. Un creciente
número de individuos abandonó gradualmente la condición servil y se convirtió en
artesano libre. Surgieron la especialización profesional y aparecieron los oficios; los
artesanos q~e practicaban un mismo oficio se agruparon en gremios o corporaciones.
La subordinación del siervo al ~eñorfeudal fue reemplazada gradualmente por obliga-
ciones contractuales que tuvieron en cuenta el valor del trabajo producido. La circula-
ció,n c~da vez mayor de moneda odginó el crédito, esto es, el "comercio del dinero".
Surgieron bancos. dinastías de mercaderes, grandes ferias comerciales. Gradualmente,
et.ststcmáfeQdal se descompuso y aparecieron, hacia los siglos'XIVy XV, las primeras
m~i3stjlcionesde un nuevo modo de producción; el capitalismo.
Hasta el siglo XV las poderosas corporaciones de artesanos impedían la libre con-
tratación de sus miembros por terceros, pero ya por entonces las nuevas formas de
gobierno europeo (monarquías absolutas), necesitadas de dinero para afrontar intermi-
nables guerras, comenzaron a dar su apoyo político a comerciantes y banqueros a cam-
38
bio de préstamos. Surgió así una nueva clase social que comenzó a acumular enormes riquezas:
bio de préstamos. Surgió así una nueva clase social que comenzó a acumular enormes
riquezas: la burguesía. Gradualmente, los burgueses se volvieron propietarios de los
medios de producción, y los artesanos, incapaces de competir con la incipiente produc-
ción masiva, se convirtieron en asalariados. La expansión maíitima europea y la con-
solidación de los imperios coloniales en Arnédca, África y Asia alentaron aún más en la
burguesía el afán de financiar la producción al sólo efecto del beneficio y para un
mercado cada vez más creciente.
ACTIVIDAD 12
El siguiente fragmento describe los orígenes de la actividad capitalista en este
período histórico. Léalo atentamente.
(El propietario del· taller) tiene el trabajo, y de él dependen para vivir no sola-
mente 19s obreros y obreras que emplea por su cuenta en su· propia casa o a
domicilió, sino también los pequeños artesanos cuyas herramientas a menudo
son de sup~ópiedad,que no pueden procurarse materia prima fuera de él y no
pueden vender los productos de su trabajo sin pasar por él. Ahora bien, engafia
sobre la calidad de la materia prima, y sobre el peso, y se hace pagar precios
eXorbitantes. En cuanto a los salarios o las compras, paga poco y nada, y practica
el truck system, el pagó en especies.("')
A esta etapa del desarrollo del modo de producción, capitalista se la U8Jlilt. del
capitalismo manufacturero. ¿Puede, con la información del texto, indicar por qué?
El desarrollo técnico europeo a partir del siglo XI acompañó esta serie de sustancia-
les cambios socioeconómicos y polfticos hasta 1,ln punto tal que puede hablarse de una
auténtica "revolución tecnológica medieval" a partir de entonces. La gradual desapari-
ción de la esclavitud, característica de los imperios antiguos, obligó a inventar (o
reinventar) técnicas capaces de aprovechar la energía animal, la del aire y la del agua de
los ríos. El perfeccionamiento del arnés del caballo y la difusi6n de molinos de viento
y de agua fueron factores decisivos en la primera etapa de la gran revolución tecnológi-
ca medieval. A ello se agregó paulatinamente el desarrollo de latnetalurgia y lastécni-
cas de extracción de minerales. El apogeo de este brillante período en la historia de las
técnicas se'manifestó a fines de la Edad Mediá con la difusión de la brujula, lap6lvora,
la relojería y la imprenta.
La trascendencia social de esta revolución tecnológica merece esta significativa re-
flexión por parte del historiador contemporáneo Lynn White
El efecto acumulativo de las nuevas fuerzas disponibles. o sea la de los animales, la
hidráulica y la eólica, sobre la cultura de Europa, no ha sido estudiado atentamente.
Pero desde el siglo XII, y aun el XI, se produjo un rápido reemplazo de la energía
(ole) Le Goff, J., Mercaderes y banqueros en la Etúul Media, Buenos Aires, Eudeba, '1970.
39
humana por la extrahumana allf-donde se necesitaban grandes fuerzas o donde se requerían movimientos tan
humana por la extrahumana allf-donde se necesitaban grandes fuerzas o donde se
requerían movimientos tan sencillos y tan monótonos que el hombre podía ser re-
emplazado por un mecanismo. La gloria principal de la Edad Media no se funda en
sus catedrales, en sus epopeyas ni en su escolástica: se cifra en haber edificado por
primera vez en la historia una compleja civilización que no descansaba sobre las
sudorosas espaldas de los esclavos o de los peones, sino principalmente sobre fuer-
zas extrahumanas.(*)
El dibujo de las bombas neumáticas del libro de Agrícola, en la figura 1 de este
módulo, ilustra a la perfección el juicio ético de White. (**)
lA más antigua representación europea de un arnés moderno (aproximadamente delBOO dC.).
ACTIVIDAD 13
(a) Trate de imaginar una sociedad en la cual no existe la imprenta (como en la
Europa anterior al siglo XV) y proponga ejemplos concreto~de ámbitos en
los cuales tal invención provocó cambios sociales y culturales revoluciona-
rios.
(b)¿En qué sentido la difusión.de la imprenta pudo afectar a las formas poéti-
cas? (Ayuda: relacione la información recogida con esta reflexión, no tex-
tual, del poeta argentino Leopoldo Marechal: "la rima es atpoema lo que el
gancho a la percha: sirve para colgarlo en el ropero de la memoria".)
(e) ¿Cómo supone usted que se transmitían antiguos textos como lA ll¡qda o lA
Odisea de Homero, compuestos en una época y en una región donde la escri-
tura no tenía aún gran difusión?
(*) Este texto fue escrito en 1940. Desde entonces se han acumulado mucl:!0s trabajos sobre la historia
social de las técnicas, salvándose así en parte las carencias que señala el autor.
(*"') White, L., Tecnología medieval y cambio social, Buenos Aires, Paidós, 1973.
40
El siglo XVII y los albores de la Revolución IndUstrial A partir del Renacimiento, el
El siglo XVII y los albores de la Revolución IndUstrial
A partir del Renacimiento, el incipiente desarrollo del modo de producción capita-
lista despertó en las clases burguesas en ascenso un creciente interés por el perfeccio-
namiento de las técnicas. Las alianzas entre señores de la nobleza y comerciantes o
financistas promovieron la tarea de grandes tecnólogos, como Ldmardo da VirtCi,quie-
nes recibieron protección de los Estados a cambio'de su tarea. La "nueva ciencia expe-
rimental", que se gestaba por entonces, parecía también conducir a aplicaciones técni-
cas más o menos inmediatas, y por ello fue también alentada: Kepler, Stevin, Tartaglia,
Gilbert y Galileo fueron protegidos 'por príncipes y monarcas, aliados de la burguesía.
En tiempos de Agrícola y Vesalio (s. XVI) la industria minera y metalúrgica se
hallaba en pleno desarrollo, lo cual se manifestó en la aparici6n de industrias derivadas,
tales como la armería, la cerrajería y la herrería. Desde el siglo XIII se disponía en
Europa de altos hornos, y la explotación de minerales debía realizarse (por agotamiento
de las capas superficiales) a profundidades cada vez mayores. Estas actividades indus-
triales se hallaban ya en poder de la burguesía, por la necesidad de contar, para su
realización, con suficiente acumulación de capitales, mano de obra numerosa y maqui-
naria de alto costo. Y puesto que el éxito de la producción capitalista radicaba en el
acrecentamiento del capital, problemas como el qu~ abordó Torricelli resultaban del
mayor interés, pues de su resolución podían esperarse innovaciones técnicas de aplica-
ción industrial.
Pero en el siglo XVII, época de Torricelli, se manifestaba una aguda contradicción
entre las nuevas formas de la industria vinculadas a la actividad de las clases burguesas
y las estructuras políticas vigentes, en lasque aún persistían rasgos del sistema feudal.
El modo de producción capitalista sólo podía desarrollarse en plenitud a condici6n de
que la burguesía accediese al poder. Ello ocurri6 por primera vez en Inglaterra, entre
1640 y 1688. Sucesivos movimientos revolucionarios acabaron por instaurar un régi-
men político en el que el gobierno fue ejercido por monarcas cuyas atribuciones esta-
ban fuertemente restringidas por UA parlamento controlado por la burguesía, 10 cual
garantizó el ejercicio de libertades polítiéQ,S inéditaS para la época.
Como consecuencia de estas "revoluCiones burguesas", se generó en Inglaterra, en
el siglo XVIII, un contexto sociopolítico y económico' singular.I~1país era por entonces
el centro de las principales corrientes comerciales del mundo. La acumulación de capi:'
tales por la burguesía, ahora en goce de derechos constitucionales específicos, dio paso
a una nueva forma de capitalismo industrial, es decir, de producción mecánica. pPSibi-
litado por numerosas innovaciones técnicas. (Recuerde que en siglos anteriores, COOlQ
se mencionó en la Actividad 12, la producción era manual, y por ello a esa fase del
capitalismo se la denomina manufacturera. ) Los artesanos se volcaron masivamente a
las ciudades, en las que grandes fábricasprorríetían trabajo·. cambio de un saJario.
Aquí, a partir de mediados del siglo XVIII, estamos en presencia de un episodio histó-
riCo que gravitará decisivamente en la formación de las sociedades modernas, pues
somos sus herederos: la Revolución Industrial.
41
ACTIVIDAD 14 El siguiente es un anónimo recibido por un pañero de Gloucestershire en los
ACTIVIDAD 14
El siguiente es un anónimo recibido por un pañero de Gloucestershire en los
comienzos de la Revolución Industrial:
"Hemos sido infonnados de que has puesto tijeras en máquinas y si no las quitas
antes de quince días las quitaremos nosotros por ti, condenado perro del infierno.
y vaya por el Dios Todopoderoso que destruiremos todos los talleres que tengan
tijeras mecánicas y partiremos en.pedazos vuestros malditos corazones."("')
¿Qué consecuencia social trajo aparejada la Revolución Industrial, según se pone
de manifiesto en eSte texto? ¿Puede vincularlo con episodios similares del mun-
do actual? (Trate de imaginar ejemplos concretos.)
En el módulo 5 analizaremos con cierto detalle las relaciones que se advierten entre
los distintos modos de existencia social y económica y el desarrollo técnico de cada
época híst6rica. Por el momento, nos limitaremos a señalar cómo las investigaciones
de Torricelli se proyectaron en campos científicos y tecnológicos conexos, y cómo
afectaron, con el tiempo, a la historia de la invención y el perfeccionamiento de la
técnica más trascendente vinculada con la primera,fase de la Revolución Industrial: la
máquina de vapor.
Desolador paisaje de
máquinas y chimeneas
vomitando humo.
Grabado de época.
(oto) Las "tijeras en máquinas" o "mecánicas" no son otra cosa que cortadoras mecf-' -~sde paño, en reem-
plazo de las tijeras manuales_
42
,.r-o'a.T ,n I I XIVXII ~TACIO~ IX XVXIII XIXI I XVIIl i ~ISMOFEUD X JO
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I I XIVXII ~TACIO~
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de
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y la pólv
Torricelli
WftlPascal
I
Boyle
Algunos episodios, períodos socioeconámicos, tecnológicos y científicos (y protagonistas) de la
europea. Este cuadro (aún rudimentario) se volverá más detallado a lo largo del curso.historia
~
Una andanada de investigaciones: la creación de la neumática Los estudios sobre el vacío de
Una andanada de investigaciones: la creación de la neumática
Los estudios sobre el vacío de Torricelli y Pascal confluyen hacia J650 con otra
línea de investigación independiente, la de Qtto von Guericke, célebre alcalde de
Magdeburgo. Guericke, hombre de fortuna, diseñaba y construía bombas de succión
con el propósito de perfeccionarlas, hasta que cierta vez descubrió que una de sus bom-
bas fundonaba perfectamente en el tercer piso de su casa pero no en el cuarto. Intriga-
do, comenzó a hacer operar la bomba de succión en condiciones de laboratorio. Por
ejemplo, intentó extraer agua de un barril herméticamente cerrado: el barril implotó.
Luego logró cOnstruir un barril de bronce, muy resistente, en el cual había agua y aire.
Pudo entonces sin inconvenientes extraer toda el agua, y finalmente extrajo aire. Había
creado una bomba de vacío. Con una de ellas, muy perfeccionada, realizó en 1654 la
célebre "experiencia de los hemisferios" (que hoy ilustra casi todos los libros de física):
dos hemisferios huecos, encajados, entre los cuales se había hecho el vacío, no pudie-
ron ser separados por la tracción de ocho caballos. Ello sí ocurrió, fácilmente, cuando
se dejó penetrar el aire entre los hemisferios.
Aun cuando se ignora cuánto debió la obra de Guericke a las de TorriceIli y Pascal
(pues no existe documentación al respecto), no cabe duda de que el tema del vacío y
cómo producirlo "estaba en el aire" de la época. Las propi_edades de un "espacio vacío"
fueron investigadas por diversos estudiosos, en particular por el irlandés Robert Boyle,
el más influyente de los mecanicistas británicos de entonces. Boyle construyó una bomba
de vacío que podía ser conectada a un recipiente dotado de un soporte; en éste era
posible colocar objetos u animales. El sonido de un reloj se amortiguaba hasta desapa-
recer cuando Boyle quitaba gradualm~nte el aire del recipiente, las velas se apagaban,
un ratón moría. En el vacío, concluyó Boyle, no se propaga el sonido, ni es posible la
combustión ni la vida. (¿Habría, quizá, alguna relación entre ambas?) En cambio, la luz
se propaga sin dificultades. Entre 1643 y 1660, fecha en que Boyle publicó sus traba-
jos, el vacío había entrado "de lleno" en el campo de la investigación científica, des-
pués de dos milenios de reinado de la tesis aristotélica de su imposibilidad.
~~uuumu~
~Fig.W
De inmediato, los estudios de Boyle se orientaron hacia las pro~'edades generales
del aire. Empleando tubos en forma de U con un extremo cerrad (como indica la
figura 10) el aire encerrado en A puede ser sometido a distintas presi nes si se modifica
la cantidad de mercurio vertida en B. Se observa que, al variar ésta, el aire se comporta
(*) Tal como se la enuncia hoy, la leyes válida si no se modifica la temperatura. Pero en tiempos de Boyle
este concepto no era aún suficientemente claro, y no existían tenn6metros (sino rudimentarios
tennoscopios). Si bien Boyle modific6 la temperatura del gas durante sus experimentos, no advirti6
diferencia alguna.
44'
como un resorte. Boyle logr6 establecer por este camino la relaci6n inversa entre el volumen
como un resorte. Boyle logr6 establecer por este camino la relaci6n inversa entre el
volumen de una masa de aire y la presi6n que soporta. Esta "ley de la elasticidad del
aire", como él la lIam6, no es otra cosa que la célebre ley que hoy lleva su nombre.(*)
La primera de las leyes de la neumática, el estudio científico del comportamiento de los
gases, había sido
Por otra parte, Boyle observ6 que, cuando el émbolo de una máquina extractora de
aire es tracCionado hacia afuera y luego es liberado, vuelve a su posici6n inicial como
impelido por el "resorte de aire" . La experiencia del alcalde Guericke, en verdad impre-
sionante, mostr6 que el "mar de aire" de Torricelli es capaz de originar fuerzas muy
poderosas sobre las paredes de un recipiente en el que se ha producido un vacío parcial(*)
¿No podrían esas fuerzas ser aplicadas al diseño de una máquir:ta de aplicaci6n indus-
trial? El propio Guericke diseñ6 un dispositivo, fundado en esta idea práctica, que con
el tiempo daría lugar al actual freno de aire.
La experiencia de Torricelli con su tubo invertido es un procedimiento para crear
vacío; el empleo de las bombas extractoras de Guericke c;> Boyle es otro. Pero hay un
tercero. Desde comienzos del siglo XVII era conocida la diferencia entre el aire y el
vapor de agua, y el mecanismo de condensaci6n del vapor de agua por enfriamiento.
Las nuevas ideas sobre el vacío y su producci6n por mecanismos diversos se vincula-
ron con ello. Poco a poco se comprendi6 que es posible generar un vado parcial en
un recipiente lleno de vapor de agua que es refrigerado desde fuera. En ]690, casi
medio siglo después de que Torricelli enunciara su teoría, el francés Denis Papin, ex
ayudante de Boyle, imagin6 esta síntesis: al calentar el agua contenida en un reci-
piente provisto de un émbolo, se genera vapor, y el émbolo asciende; cuando se en-
fría con agua el recipiente, parte del vapor se condensa, se genera un vacío parcial y
el émbolo desciende.
Aunque el dispositivo de Papin no pudo ser empleado para finalidades prácticas,
su diseñ? es ejemplar. La obra de Torricelli y sus sucesores había mostrado a las
claras que las dificultades inherentes al empleo de bombas neumáticas para elevar el
agua más allá de 10,3 m eran insalvables,por lo cual la atención de los técnicos se
volc6 al estudio de las "bombas de fuego" (como la proyectada por Papin). Se inicia
aquí, entonces, la prehistoria de la máquina de vapor.
ACTIVIDAD 15
Diseñe y realice una simple experiencia para ~9strarla fonnaci6n de un vacío
parcial en un recipiente que contiene vapor de agua cuando se lo enfría. (Indi-
que los elementos a ser utilizados, el procedimiento a emplear y los resultados
que se esperan obtener. Luego haga la experiencia y redacte un breve infpnne
acerca de ella.)
(*) La expresión "vacío parcial", que se empleará frecuentemente a partir de aquí, significa simplemente
que se ha extraído parte de la materia gaseosa contenida en el recipiente. De hecho, el vacío obtenido
por Torricelli también era "parcial", pues, como se supo más adelante, en la parte superior del tubo hay
gases de mercurio.
45
ACTIVIDAD 16 ¿Cómo imagina el dispositivo proyectado por Papin? Haga un esquema ¿Cómo po- dría
ACTIVIDAD 16
¿Cómo imagina el dispositivo proyectado por Papin? Haga un esquema ¿Cómo po-
dría utilizarse pana hacer girar una rueda (por ejemplo, con alabes, y así impulsar una
embarcación) teniendo en cuenta que el movimiento que se obtiene es de vaivén?
La prehistoria de la máquina de vapor
La idea central de los numerosos proyectores de "bombas de fuego" no era novedosa, y
yala hemos mencionado: se trata de crear un vacío parcial por enfriamiento y condensación
de vapor de agua. y aprovechar así los efectos de la "fuerza de la atmósfera". Ninguno de los
intentos, tales como el pionero de Somerset (1628) o el de Papin, resultó adecuado para su
utilización en escala industrial. Ello sucedió al fm con la creación del ingeniero inglés Thomas
Savery, que en 169810gr6 construir una "bomba de fuego" realmente eficaz, empleada por
mucho tiempo para desagotar el agua de las minas.
ACTIVIDAD 17
La figura 11 ilustra las partes principales de la máquina de Savery; A, B Ye son
grifos que pueden abrirse o cerrarse a voluntad desde el exterior. El funciona-
miento de la máquina comienza así: con Ay C abiertos, se inyecta por A vapor de
agua previamente obtenido en una caldera; B permanece cerrado. Una vez que el
cuerpo de la bomba ha sido llenado con vapor, se cierran A y
C, y se enfría con agua, desde el exterior, dicho cuerpo.
Salida
Vapor
t
¿Qué sucede entonces dentro de la bomba?
2. Ahora se abre B. ¿Qué ocurre entonces?
3. Se cierra ahora B, y se abre e, al tiempo en que se abre A y por
él se inyecta una nueva cantidad de vapor. ¿Qué ocurre?
Haga esquemas para facilitar su razonamiento. A partir de 3 el
proceso se reinicia, y, si sus conclusiones son correctas, verá que
- --
- -
-
la máquina extrae continuamente el agua de la parte inferior y la
.expulsa por el tubo de salida.
Fíg. 11
ACTIVIDAD 18
Savery era ya consciente de las posibles implicancias económicas y sociales de su
invención, y no es extraño que la bautizara "El amigo de los mineros" en su solicitud
de patente. Al tiempo que seftala la utilidad de su creación para disminuir "las enor-
mes cargas y dolores que padecen los mineros que tienen que desagotar el agua", no
deja de agregar que ello representará para Inglaterra un aumento de su riqueza pues
aumentará la mano de obra disponible para la extracción de minerales.
Este documento prefigura ya un aspecto característico de la Revolución Indus-
trial, extensible a las modernas civilizaciones tecnológicas. ¿Cuál? (Consulte las
opiniones de Asimov y de Sabato que hemos mencionado en la Introducción.)
46
La máquina de Savery era una "bomba de fuego" sumamente incómoda, pues obliga- ba a
La máquina de Savery era una "bomba de fuego" sumamente incómoda, pues obliga-
ba a los operarios a abrir y cerrar continuamente los grifos. El vapor debía calentarse y
enfriarse altemativame~te, lo cual implicaba una gran demanda de combustible (carbón).
Para ser empleada a grandes profundidades, era necesario disponer de vapor a gran pre-
sión y, por no disponerse de calderas resistentes, no eran raraS las explosiones: invento-
res, operarios y mineros acababan volando por los aires. En buena medida, estas dificul-
tades fueron resueltas por el siguiente eslabón en la prehistoria de la máquina de vapor, la
invención del obrero inglés Thomas Newcomen.
La obra de Newcomen es una real hazaña tecnológica, pues sintetiza los intentos ante-
riores, en particular los de Papin y Savery. El mecanismo cilindro-émbolo de Papin se
conjuga con elementos extraídos de la idea central de Savery para la succión del agua La
máquina, que por sucesivas modificaciones diera lugar a las de James Watt en la segunda
mitad del siglo xvm, se esquematiza en la figura 12, tal como era empleada hacia 1705.
El vapor es inyectado por B y eleva el émbolo hasta el punto más alto de su recorrido
(A cerrada, C cerrada). Se cierra B y se inyecta por A agua dentro del cuerpo de la bomba.
El agua refrigera el recipiente y el vapor se condensa, formándose allí un vacío parcial. El
émbolo, por efectos de la presión atmosférica, desciende. (por ello a la máquina de
Newcomen se la l1ama "atmosférica".) La válvula C permite desagotar el agua., y así
reiniciar el ciclo. Como consecuencia, se logra un movimiento de vaivén del émbolo. En
una innovación posterior, el movimiento que se transmite al balancín abre o cierra las tres
válvulas en el momento adecuado, con lo cual la máquina adquiere automatismo y evita
la necesidad de contar con la mano del hombre para realizar esa tarea.
Aun cuando no existe acuerdo entre los historiadores acerca del conocimiento que
bombl.
e
Fig.12
UfUJ de las primeras máquinas de
Newcomen. Grabado de época.
Obsen'e la dimensión de la misma
comparándola con el persofUJje que
se (IIcuentra a la izquierda.
47
el propio Newcomen pudo téner de la obra de los físicos neumáticos o de los
el propio Newcomen pudo téner de la obra de los físicos neumáticos o de los diseños de
Papin, no hay duda de que en este período histórico se inicia una etapa de intercambio
y confluencia de ideas científicas e ideas técnicas, promovidos por las exigencias de la
producción. El carácter simbiótico ciencia·técnica·industria sólo adquiriría sentido
moderno en el siglo XIX, pero es interesante señalar rasgos del mismo en la obra.de un
tecnólogo genial: James Watt. En 1763 Watt, reparador de instrumentos de física, reci-
bió de la Universidad de Glasgow una máquina de Newcomen en mal estado de funcio-
namiento, y su interés por la misma desembocó en una obra crítica y de perfecciona-
miento de tal envergadura que su nombre se asocia desde entonces al de la máquina de
vapor. Esto obedeció, en parte, a la estrecha relación que Watt mantuvo con el físico
Black, profesor de la Universidad de Glasgow, pionero del estudio científico del calor
y la temperatura. (Por ejemplo, el notorio aumento de la eficacia de uno de los prototi-
pos de Watt se debe a la plena comprensión del concepto "calor latente de vaporización",
formulado por Black o quizá, independientemente, por el propio Watt.) En 1770 las
posibilidades de lasmáquinas de Watt comenzaron a ser explotadas, y el mundo indus-
trial no permaneció ·estático ante las promesas del nuevo mecanismo. Arruinado
financieramente, Watt se asoció con un poderoso industrial, Boulton, de donde surgió
una firma comercial: Boulton & Watt.
La incorporación de la máquina de vapor de Watt al proceso' de industrial ización en
Occidente (por ejemplo, en el ámbito de fa producción textil y en el de los transportes)
fue, como señalamos anteriormente, el factor primordial de cambio en la evolución del
sistema capitalista. La manufactura cedió su lugar, con gran rapidez, a la producción
fabril con maquinarias y se originó, en particular, un notable aumento de la concentra-
ción de mano de obra asalariada. En EL CapitaL, Karl Marx, al referirse a las implican-
cias socioeconómicas de esta ruptura, escribe: "Hasta la edad de la gran industria la
manufactura es la forma dominante del modo de producción capitalista. pero en ella el
capital no consigue apropiarse de todo el tiempo de que dispone el obrero manufacture-
ro". y también, desde una perspectiva
algo diferente: "(
) en la manufactura y el
artesanado, el obrero se sirve del instrumento, mientras que en la fábrica es el obrero el
que sirve a la máquina".
Las frases anteriores bastan para destacar la importancia que los estudiosos de las
sociedades, como Marx, han otorgado y otorgan a la tecnología como variable a ser
tenida en cuenta en el aná~isisdel cambio social. En el siglo XIX, la Revolución Indus-
·trial fue potenciada por .un desarrollo técnico sin precedentes fundado en los logros de
la ciencia. La alianza ciencia-tecnología mostró a las claras que el antiguo sueño de un
"conocimiento puro" (al modo de Phltón y Aristóteles) iba a ser sepultado por la
instrumentación política y social del poder técnico. La tecnología científica exhibió su
doble faz: en el anverso, su capacidad de facilitar y aliviar el trabajo humano, de ofre-
cer mayores condiciones de salubridad y confort, de difundir la educación y la cultura.
En el reverso, la posibilidad de generar condiciones de explotación y degraQación del
hombre, de consumismo enajenado, de masificación del individuo, de destrucción del
medio ambiente y aun del exterminio definitivo de la.especie.
A 10 largo de este curso tendremos oportunidad de profundizar el análisis de esta
48
contradicción que parece ser inherente al poder técnico 'i que, si bien es característica de
contradicción que parece ser inherente al poder técnico 'i que, si bien es característica
de toda sociedad, adquirió relevancia mundial a partir de la Revolución Industrial.
Párrafos eliminados
PRIMERAS ENSEÑANZAS DE UN CASO HISTÓRICO:
LAS COMPLEJIDADES DEL GATO
El camino zigzagueante que hemos seguido a lo largo de este Módulo 1 preanuncia
la tarea que nos aguarda. Hemos tratado de mostrar cómo el episodio histórico analiza-
do, la formulación de la teoría de Torricelli, puede ser contempfado desde distintas
perspectivas, cada una de las cuales será tratada a partir de ahora.
Sinteticemos. La polémica acerca del vacío en el siglo xvn ilustra aspectos de una
controversia mucho más amplia, referidos a grandes concepciones del universo. Se
trata de una pugna entre distintas cosmologías, esto es, creencias acerca de la naturale-
za de los cuerpos terrestres y celestes, sus cambios, las leyes que los rigen, la inmovilidad
o movilidad de la Tierra, la finitud o infinitud del universo. Entre los siglos XVI y
XVII, del "choque" entre tres cosmologías alternativas surgió una concepción del mun-
do estrechamente vinculada con la investigación científica. Tendremos que rastrear sus
orígenes históricos y analizar de qué modo se manifestaron en ese período revoluciona-
rio de la historia de la ciencia. Lo haremos en el módulo 2.
Al
analizar someramente la propuesta teórica de Torricelli, señalamos que existen
serias polémicas ac;erca de la naturaleza de teorías científicas. Tendremos que pregun-
tarnos acerca de su estructura lógica, el carácter de sus enunciados, o el modo de vali-
darla (es decir, de los procedimientos de contrastación y de 10 que podemos afirmar de
la teoría una vez contrastada). Habrá que profundizar el sentido de las explicaciones y
predicciones que derivan de una teoría, y hasta qué punto ella puede o no garantizar la
eficacia de las técnicas que fundamenta. Emprenderemos esta tarea en los Módulos 3 y 4.
Finalmente, hemos tratado de poner en evidencia la estrecha vinculación entre el
carácter de la investigación científica en los siglos XVII y XVIII Yla sociedad europea
de entonces, dispuesta a promover cuanto pudiese significar aportes técnicos para el
desarrollo del modo de producción capitalista. Ello nos ha puesto en contacto con la
historia de las técnicas y su relación con los distintos modos de existencia socioeconó-
mica y P9lítica que se han sucedido a lo largo de la historia europea. Profundizaremos
estos aspectos en el módulo 5.
El cuadro de la página 50 muestra, sintéticamente, de qué modo el análisis de nues-
tro caso histórico, centrado en el "problema del vacío", origina el interés por las tres pers-
49
pectivas ya mencionadas, que podemos denominar: (1) cosmológica; (2) epistemológica; (3) histórico-social. y ahora
pectivas ya mencionadas, que podemos denominar: (1) cosmológica; (2) epistemológica;
(3) histórico-social.
y ahora sí podemos explicarle cómo hemos concebido el resto de nuestro curso. En
el Libro 2, cada una de estas perspectivas será aplicada a una teoría científica específi-
ca: la mecánica de Newton (Módulo 1); la teoría atómico-molecular (Módulo 2); la
teoríade la evolución (Módulo 3) y la geometría (Módulo 4). En este punto analizare-
mos el carácter formal de la geometría matemática, lo cual nos permitirá tratar el pro-
blema de la Clasificación de las ciencias (Módulo 5). Finalmente, el Libro 3, a modo de
prosecución de lo tratado en el Libro 1, estará dedicada a ofrecerle un panorama dél
debate epistemológico actual (Módulos 1 y 2), para concluir con la presentación de los
orígenes y características de las complejas (y conflictivas) relaciones entre la ciencia y
la socifdad en el mundo moderno (Módulos 3, 4 y 5). Que es como decir: el Gato hoy,
en carne y hueso.
DESARROLLO DEL LIBRO 1 DE ESTE CURSO A PARTIR
PELMÓDULOl
ABANDONO DE LA
COSMOLOOíA
ARISTOTÉLICA
al Módulo r--C-O-S-M-O-L-OO-t'-A-'
2
MECANICISTA
Sustitución del régimen feudal
por el régimen burgués
Expansión del capitalismo
Valores de la ideologfa burguesa
(En particular: revalorización
ATOMISMO
I
del saber técnico)
I
ABORDAJE MECANICISTA
DE TORRICELLI: TEORfA
DEL "MAR DE AIRE" (I643)
I
Ltmltac
t
neumáticas
±
I
Primitivas
1PROBLE~ADEL I
,hstructura de la teona
Explicaciones
Predicciones
Contrastaciones
VACIO
máquinas
de vapor
al Módulo S
¡
---
IExperiencias de Pascal I
aMódulos
!
3 y4
l· Experiencias de Von Guericke I
!
Investigaciones de Boyle I
Ley de Boyle
¡
Desarrollo de la neumática I
50
NO SE PIERDA EL PRÓXIMO EPISODIO La imposibilidad del vacío es sólo un aspecto, aunque
NO SE PIERDA EL PRÓXIMO EPISODIO
La imposibilidad del vacío es sólo un aspecto, aunque fundamental, de la cosmología
aristotélica. Aristóteles y sus seguidores sostenían una visión del universo que perduró
(al menos en sus rasgos esenciales) entre el siglo IV a.e. y el siglo XVI. En total: veinte
siglos, es decir, dos milenios. En esta cosmología la Tierra ocupa el centro del universo, y
los astros giran alrededor de ella ubicados en caparazones concéntricas. La última capara-
zón corresponde a las estrellas. Más allá no hay materia ni espacio: no hay nada.
En los dos siglos anteriores a Aristóteles se propusieron otras cosmologías alternativas.
Los atomistas (Leucipo, Dem6crito) imaginaron un universo infinito en el cual carece de
sentido hablar de un "centro". La Tierra es un astro más, perdido en el espacio. Los pitagóricos
.tampoco pensaban que la Tierra fuese un lugar privilegiado, y la imaginaron, a diferencia de
Aristóteles, en movimiento. Estas dos cosmologías parecen tener más puntos de contacto
con las cosmologías científicas actuales. ¿Por qué entonces la de Aristóteles prevaleció
durante dos milenios? En el siglo ID aC. el astrónomo alejandrino Aristarco propuso un
sistema heliocéntrico, tal como iba a hacerlo Nicolás Copérnico en el siglo XVI. Pero el
sistema de Aristarco fue repudiado por sus colegas astrónomos, mientras que el de Copémico
desencadenó nada menos que la "revolución científica" que asociamos con los nombres de
Kepler, Galileo o Newton. ¿Por qué?
Copémico sostenía que la Tierra está en movimiento alrededor del Sol. Nada más obvio,
dirá usted. Pero, ¿está seguro? Cierta evidencia de los sentidos parece indicar lo contrario.
Suponga que deja caer una piedra desde lo alto de una torre: la piedra cae al pie de la misma.
Si la Tierra se moviese debería caer a un costado, pues la torre (durante la caída de la piedra)
se ha estado moviendo junto con la Tierra. Debe ser una cuestión de física, dirá usted. Pero,
¿de qué física? Para la física de Aristóteles todo está claro como el agua: la piedra cae al pie
de la torre porque ni la torre ni la Tierra se mueven. ¿Y cómo podían levantar esa objeción
Copémico y los copernicanos? Únicamente creando una nueva física, que fuese compatible
con una Tierra en movimiento. ¿Cómo lo hicieron, quiénes lo hicieron? Es algo que se verá.
No se pierda el pr6ximoepisodio.
51
MÓOUL02 LA REVOLUCIÓN COPERNICANA INTRODUCCIÓN El mundo es nuestro hogar. Los hombres lo observan y
MÓOUL02
LA REVOLUCIÓN
COPERNICANA
INTRODUCCIÓN
El mundo es nuestro hogar. Los hombres lo observan y se observan a sí mismos
desde tiempos inmemoriales. percibiendo. o tratando de descubrir un orden permanen-
te en él. detrás de los acontecimientos y cambios naturales. ¿Por qué lo hacían nuestros
antepasados? ¿Por qué lo hacemos nosotros? Seguramente porque las regularidades en
el comportamiento de la naturaleza vuelve nuestro mundo más confiable o seguro. Para
los pueblos primitivos. la noche debió haber sido un período de indefensión y temor.
pero el convencimiento de que a toda noche sigue un nuevo día debió también operar a
modo de tranquilizante. En un relato de Isaac Asimov. los habitantes de un remoto
planeta desconocen la noche. pues siempre existe al menos un sol sobre el horizonte.
Pero en cierto momento ocurre una circunstancia que. según el lector comprende a
medida que transcurre el relato. sólo acontece una vez en milenios: todos los soles que
alumbran el planeta permanecen por debajo del horizonte y cae la noche. Entonces el
orden natural parece haberse destruido: la visión de las estrellas en la oscuridad y la
percepción de la profundidad del espacio se vuelve insoportable. y la población enlo-
quece y se autodestruye.
Las regularidades que parecen manifestarse en el universo sugieren la idea de cosmos,
palabra de origen griego que significa precisamente "orden". Si concebimos un univer-
so ordenado y creemos haber logrado cierta comprensión de las leyes que lo gobiernan
podemos predecir acontecimientos: que el sol saldrá al cabo de la noche. que la semilla
de trigo se convertirá en trigo, que un trozo de hierro se fundirá si se lo calienta sufi-
cientemente. Sería imposible hacer tales predicciones si concibiéramos al universo en
desorden. un caos. La convicción de que el universo es un cosmos gravita en nuestra
vida cotidiana; no esperamos encontrar el patio cubierto de nieve cuando nos levanta-
mos una mañana de enero en el Chaco. pero sí esperamos que los cachorros de perros
sean perros y no dragones.
Pero. ¿en qué consiste el orden del universo? ¿Cómo se manifiesta? ¿Cómo descll-
~
53
brir las regularidades de la naturaleza? Distintas culturas. aun las más antiguas, intenta- ron dar
brir las regularidades de la naturaleza? Distintas culturas. aun las más antiguas, intenta-
ron dar una respuesta a estas preguntas. Crearon. así. cosnwlogías. es decir, sistemas de
creencias (más o menos fundadas) acerca de la estructura del universo. De hecho, la
ciencia moderna es uno de esos intentos.
LAS COSMOLOGíAS PRECIENTÍFICAS
¿Con qué elementos elaboraron cosmologías las antiguas civilizaciones? Los histo-
riadores nos dicen que dichos elementos se hallaban en relación directa con la necesi-
dad de otorgar sentido a los fenómenos de la vida cotidiana y de los actos humanos. Por
ejemplo. la cosmología egipcia otorga una importancia primordial al río Nilo, pues las
tareas agrícolas estaban estrechamente vinculadas con los períodos de crecimiento y
decrecimiento de sus aguas. Los rasgos fundamentales de esa cosmología son descriptos
así por el historiador de la ciencia y epistemólogo Thomas S. Kuhn:
La Tierra era una especie de plato alargado. El Nilo corría paralelamente a la dimen-
sión mayor de dicha bandeja, en cuyo fondo se hallaba el lecho de aluviones en el
que se encontraba confinada la antigua civilización egipcia, mientras que sus bordes
curvados y ondulados constituían las montañas que delimitaban el mundo terrestre.
Por encima de dicha tierra-bandeja se hallaba el dios aire. que sostenía una bandeja
invertida en forma de bóveda: el cielo. Por su lado, la bandeja terrestre era sostenida
por otro dios, el agua, quien a su vez reposaba sobre una tercera bandeja que delimi-
taba simétricamente al universo desde abajo. (*)
Podríamos decir. en síntesis, que la creación de estas cosmologías primitivas servía
al efecto de hacer sentir "como en su casa" a aquellas comunidades, al ofrecer un signi-
ficado a los hechos y a los actos humanos. Pero ello no involucra que ofrecieran. al
(*) Kuhn. Too La revolución copemicana. Barcelona. Ariel. 1978.
54
~
mismo tiempo, una explicación detallada de los fenómenos naturales. por ejemplo, por qué ocurre un
mismo tiempo, una explicación detallada de los fenómenos naturales. por ejemplo, por
qué ocurre un eclipse en determinado momento o por qué en ciertas épocas del año el
arco que describe el Sol sobre el horizonte es mayor que en otras. Históricamente. estas
preguntas pudieron formularse solamente después que en el seno de algunas culturas
surgiera la necesidad de realizar observaciones astronómicas. Ello ocurrió hace unos
6000 años atrás, cuando sacerdotes babilónicos comenzaron a hacer registrar tablas
astronómicas en las que se indicaba la posición, con respecto a las estrellas, de los
planetas, el Sol y la Luna a lo largo de los meses.
Estos registros permitieron, por ejemplo, construir calendarios muy precisos e, in-
cluso, en ciertos casos, predecir eclipses. Sin embargo. no hay rastros históricos de que
los babilonios dispusiesen de una teoría astronómica, esto es, una serie de suposiciones
acerca de la posición del Sol, la Tierra, los planetas y las estrellas, y de sus movimien-
tos relativos, capaces de explicar por qué (por ejemplo) Marte se encuentra tal noche en
tal lugar de la esfera celeste. Se limitaron a registrar las posiciones planetarias: ello
bastó para sus necesidades inmediatas.
Para aclarar este punto, podemos presentar dos analogías.
l. El rol de los registros astronómicos babilónicos sería semejante al de un Torricelli
que se hubiese limitado a registrar la altura máxima que alcanzan distintos tipos de
líquidos en el tubo invertido, sin intentar explicaciones basadas en conjeturas sobre la
atmósfera, la presión atmosférica, etc.
2. El rol de los registros astronómicos babilónicos es semejante al de los registros
actuales de las alturas de las mareas. La gran masa de datos de los que se dispone
permite estimar, día a día, dichas alturas. No es necesario. para ello, disponer de una
teoría acerca de las mareas. (La teoría existe, pero sería muy engorroso aplicarla para
realizar las predicciones; por ello siguen empleándose las "tablas de mareas" con "co-
rrecciones por posible acción meteorológica".)
Hubo un momento en la historia en que los creadores de cosmologías exigieron de
ellas que fuesen capaces de explicar los hechos observados a partir de teorías. Comen-
zaron a proponerse, por ejemplo, teorías acerca del movimiento de los astros o de la
materia y sus transformaciones. Ello ocurrió por primera vez hacia el siglo VI a.c., en
los comienzos de la civilización griega clásica.
Pero antes de seguir adelante. analicemos un ejemplo concreto de observaciones
que pueden ser realizadas de un modo sorprendentemente simple, y que revelan la
complejidad de los movimientos del Sol a lo largo del año.
El gnomon en la Argentina
Si colocamos una estaca vertical en un lugar plano y descampado al amanecer, a la
salida del Sol. veremos una larguísima sombra proyectada por esa estaca o gllomoll.
A medida que transcurre el día, la sombra se acortará poco a poco--a la vez que
cambiará de dirección-hasta llegar a una longitud mínima para luego, tan lentamente
como antes de alcanzar el mínimo, alargarse tanto que al morir el día será, nuevamente,
infinitamente larga (Figura 1).
~
55
Alrededor del 21 de septiembre las dos larguísimas sombras-la del amanecer y la del ocaso----están
Alrededor del 21 de septiembre las dos larguísimas sombras-la del amanecer y la
del ocaso----están prácticamente sobre una misma recta.
Visto el gnomon desde arriba las sombras habrán "dibujado" un abanico como el de
la figura l.
puesta
sombra del amanecer
sombra del ocaso
salida
del
del
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Sol
Sol
,
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------ ---
Fil:.
I
Sur
La observación diaria nos mostrará que la sombra mínima señala siempre hacia el
mismo lugar: el rumbo sur. El opuesto es el norte. La perpendicular a la dirección sur-
norte es la dirección este-oeste (Figura 2). El gnomon nos pennite. por tanto. determi-
nar los puntos cardinales. En este sentido es una brújula.
N
N
0--
---E
O-=~~~-E
s
Fig.2
s
Si efectuamos nuevas observaciones. entre el 21 de septiembre y el 21 de diciembre.
advertiremos ciertas modificaciones. Las sombras correspondientes al alba y al ocaso
no volverán a estar en una misma recta. Además la sombra del mediodía. la que señala
el sur. es mucho más corta (Figura 3).
56 ~.~
\ / , sombra, ,.llid.l del Sol del puesta del Sol mediod(a Fig.3 ¿Qué conclusiones
\
/
,
sombra,
,.llid.l del Sol
del
puesta del Sol
mediod(a
Fig.3
¿Qué conclusiones podemos obtener?
l.
El Sol en esta época no aparece exactamente por el Este. Desde el 21 de sep-
tiembre el punto de salida se ha ido desplazando, día a día, hacia el Sur.
2.
Tampoco se pone en el Oeste. El punto de puesta
se desplazó,
día a día,
tam bién hacia el Sur.
3.
La sombra más corta, al mediodía, implica que el
Sol ha alcanzado una altura mayor sobre el
horizonte (Figura 4).
4.
El arco diurno (que se corresponde con el tiempo
en que el Sol está sobre el horizonte) es
mayor en diciembre que en septiembre.
Fig.4
sombra de
verano
sombra
de invierno
Si continuamos realizando observaciones resultará que, alrededor del21 de marzo,
se repetirá una situación exactamente igual a la que observamos el día de la primavera
pues. desde el 21 de diciembre, el Sol habrá vuelto a dirigirse hacia el Norte tanto en su
salida como en su puesta. El 21 de marzo vuelve, entonces, a salir exactamente por el
Este y a ponerse exactamente por el Oeste.
El Sol, en los días sucesivos, seguirá su camino hacia el Norte, la sombra del medio-
día será cada vez más larga (el Sol alcanzará menos altura sobre el horizonte) y se hará
máxima el 21 de junio. Las sombras, durante un día, serán aproximadamente como se
observa en la figura 5.
",lid. del Sol
\ \
\
sombra
\
,
dol
I
\
mediod
I
/
Fig.5
~
57
Por último, a partir de esta última fecha, el Sol volverá a hacer un camino
Por último, a partir de esta última fecha, el Sol volverá a hacer un camino inverso,
dirigiéndose nuevamente hacia el Sur hasta reproducir la primem situación que estudiamos.
Resumimos estas observaciones en la figura 6.
Todo esto nos muestra que el gnomon nos permitiría confeccionar un calendario solar.
21/3
21/6
21/9
alba
E
21/12
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21/3 V
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21/9
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Fig.6
--"::
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o
:~"::.
o
ocaso
Si marcamos el punto de sombra mínima (21112) y el de máxima (21/6) y dividimos el
segmento que tenga por extremos esos puntos en seis segmentos iguales podremos leer el
mes y apreciar aproximadamente el día, según donde llegue la sombra al mediodía.
Por otra parte, en cualquier momento del día podremos estimar "cuanto falta" para el
21/12
21/01
ó
21111
21/02
ó
21/10
21/03
ó
21/09
21/04
ó
21/08
21/05
ó
21/07
21/06
mediodía, o "cuanto ha pa
ado"
desde el mismo. Y así, empíricamente, podremos cons-
truir un reLoj de sol.
La descripción que hemos hecho del comportamiento de las sombras del gnomon es
válida para lugares ubicados al sur del trópico de Capricornio, es decir para "casi toda" la
Argentina. En ciudades como La Quiaca (Jujuy), Tartagal (Salta) o El Chorro (Formosa)
habrá días de verano en que, al mediodía. la sombra apuntará hacia el Norte. Y dos veces
al año no proyectará sombra alguna, pues el Sol estará en el cenit.
ACTIVIDAD 1
La información que se obtiene al emplear un gnomon es muy variada y de gran
utilidad práctica. Fue empleado mucho antes del siglo VI a.e. ¿Presuponen estas
aplicaciones técnicas del gnomon alguna teoría acerca de la naturaleza del Sol y la
Tierra. de su posición relativa o del movimiento de uno con respecto de la otra?
58
~
Curiosidad. La inclinación de las paredes del obelisco de Buenos Aires ha sido escogida de
Curiosidad. La inclinación de las paredes del obelisco de Buenos Aires ha sido
escogida de tal modo que e121/12 no proyecte sombra.
EL SURGIMIENTO DE LAS PRIMERAS COSMOLOGfAS CIENTfFICAS
Fueron los griegos, en particular los jónicos que vivieron en las costas del mar Egeo,
quienes comenzaron a construir cosmologías con las características de lo que desde
entonces llamamos ciencia. ¿Qué hicieron estos primeros griegos? ¿Qué fue tan distin-
to en su cultura que permite separar la historia de nuestros conocimientos sobre la
naturaleza en antes y después de ellos? Estos primeros filósofos transcribieron las no-
ciones de justicia y legalidad desde su ámbito de aplicación-la vida social y política
de las ciudades- al reino de los fenómenos naturales. Así comenzó a gestarse la idea
de leyes de la naturaleza. expresión que con tanta frecuencia utilizamos diariamente.
Ellos propusieron conexiones causales que intuían en el devenir y el perecer de las
cosas como una contienda jurídica en la que las cosas debían responder de sus actos.
Estos primeros filósofos asignaron, como sus predecesores egipcios, una ruta a cada
uno de los astros. Por ejemplo, para Anaximandro (siglo VI a.c.):
el
Universo es infinito en extensión y duración. La materia prima no consiste en
ninguna de las formas familiares de la materia, sino en una sustancia sin propieda-
des definidas. salvo las de su indestructibilidad y eternidad. Todas las cosas se desa-
rrollan a partir de esta sustancia. a la cual retornan luego. Antes de este mundo
nuestro existieron ya infinitas multitudes de otros universos que se disolvieron nue-
vamente en la masa amorfa. La Tierra es una columna cilíndrica rodeada de aire.
Flota verticalmente en el centro del Universo, sin apoyo alguno, pero no cae porque.
hallándose en su centro. no hay dirección hacia donde pueda inclinarse. Si ello ocu-
rriera se perturbarían la simetría y el equilibrio del todo. Los cielos esféricos encie-
mm la atmósfera como la corteza de un árbol, y hay varias capas de esta envoltura
para que se acomoden en ellas los diversos objetos estelares. Pero estos no son lo
que parecen ni, en modo alguno "objetos". El Sol es tan sólo un hueco situado al
borde de una gigantesca rueda. El borde está lleno de fuego y, cuando gira alrededor
de la Tierra. también lo hace el hueco, un punto del gigantesco borde circular lleno
de sus llamas. De la Luna se nos da análoga explicación: sus fases resultan de repe-
tidas detenciones parciales del agujero. y así se producen los eclipses. Las estrellas
son como agujeros hechos con alfileres en una sustancia oscura a través de la cual
percibimos un atisbo del fuego cósmico que llena el espacio entre dos capas de la
corteza.(*)
¿Qué diferencia al sistema cosmológico de Anaximandro de la descripción aceptada
por los egipcios? Ya no tenemos una barca que transporta al dios Sol por el cielo para
explicar su movimiento. En su lugar aparece un juego de ruedas, capas y cortezas: es
una primera aproximación a un modelo que concibe al universo como una inmensa
(*) Koesller. A
Los sOl/ámbulos. Buenos Aires. Eudeba. 1963.
~
59
maquinaria. Estamos tentados de pensar en ruedas y engranajes de un reloj gigantesco. No caben
maquinaria. Estamos tentados de pensar en ruedas y engranajes de un reloj gigantesco.
No caben gmndes libertades para el movimiento del Solo de la Luna. Todo el mecanismo
los hará aparecer donde deben. No hay aquí caprichos. Hay sucesiones de acontecimien-
tos que determina el movimiento del propio mecanismo que no pueden ocurrir de otra
forma. Es una primera aproximación a una descripció1I mecánica del universo. Todo el
sistema se sostiene solo. Las causas de todos los fenómenos se buscan en la naturaleza.
Antes de volver nuestra atención a la cosmología sobresaliente de Aristóteles, como lo
haremos en páginas siguientes, nos referiremos a algunos intentos anteriores. Ello nos
permitirá descubrir cuáles son los problemas de los que hay que ocuparse si a una
cosmología le exigimos. no sólo que nos brinde la confiabilidad de un hogar, sino además
que esté de acuerdo con el resultado de las observaciones. Este no era un requisito indis-
pensable para las primitivas cosmologías. Pero la cultura que convierte al mundo en un
inmenso mecanismo no puede menos que pedir a su máquina que se mueva de acuerdo
con los fenómenos que han sido observados. Veamos entonces algunas cosmologías, des-
criptas en sus rasgos esenciales:
Los atomistas del siglo V a.e. (como Leucipo y Dem6crito) veían al universo como
un espacio infinito y vacío en el que pululaban un número infinito de partículas mi-
núsculas e indivisibles, los átomos, desplazándose en todos los sentidos. Dentro de
dicho universo la Tierra era una más entre los cuerpos celestes, todos semejantes en
cuanto a sus características esenciales, que se habían formado aleatoreamente a través
de los choques y agrupaciones de átomos. No era única, no estaba en reposo, no era el
centro del universo.(*)
Los pitagóricos del siglo V a.e. atribuían a la TIerra un movimiento
Situaban a las
estrella
sobre una esfera gigante en movimiento, pero en su centro colocaban un
inmenso fuego, el altar de Zeus, invisible desde la Tierra
La Tierra no era más que un
cuerpo celeste entre muchos otros, incluído el Sol, todos ellos moviéndose según cír-
culos alrededor del fuego centra1.(**)
Vemos que entre las cosmologías de los primeros griegos la Tierra no ocupaba un
lugar preponderante. Es más, en el siglo IV a.C., otro griego -Heráclides de Ponto--
sugirió que el movimiento que observamos de los astros en el cielo se debe a que la Tierra
rota diariamente sobre sí misma y no a que los cielos rotan alrededor de ella. Un siglo más
tarde. Aristarco de Samos imaginó una TIerra móvil alrededor del Sol. por lo cual es
llamado todavía el "Copérnico de la Antigüedad".
Sin embargo, a partir de Aristóteles y durante diecinueve siglos, predominó la certeza
de que el mundo está constituido por una TIerra esférica. inmóvil, situada en el centro
geométrico de una enolme esfera en rotación que arrastra en su movimiento a las estre-
llas. Y de que más allá de esa esfera no hay nada, ni espacio ni materia.
¿Por qué la concepción aristotélica del universo perduró durante tanto tiempo? Es
(*)
Kuhn. T
O". dI.
(""') Kuhn. T
O". cil.
60
~
necesario tratar de contestar esta pregunta para comprender el significado de la gran revo- lución
necesario tratar de contestar esta pregunta para comprender el significado de la gran revo-
lución científica que, en los siglos XVI y XVII, provocó el derrumbe de tan magno edifi-
cio. Pero debemos, para ello, volver nuestra atención a un tema previo: el surgimiento de
la astronomía teórica.
Las primeras teorías astronómicas
El origen de la astronomía teórica está asociado con la necesidad de ofrecer una expli-
cación plausible de los fenómenos que se observan en el cielo con el transcurrir de los
días, meses y años. Dichos fenómenos pueden ser agrupados del siguiente modo:
l. El nwvimiento de las estrellas. Las estrellas se agrupan en constelaciones, esto es,
"dibujos" constituidos por estrellas cuya posición relativa no se modifica. En la actuali-
dad los ao¡trónomos han dividido el cielo en 88 constelaciones de un modo convencional,
pero en ellas es posible reconocer las antiguas figuras que las culturas antiguas creyeron
reconocer en sus estrellas más brillantes: el Escorpión, el guerrero Orión, el Toro. Las
cuatro estrellas que llamamos "Cruz del Sur" forman parte de una región del cielo más
amplia, y todas las estrellas de esa región (una de las 88 hoy reconocidas por la Unión
Astronómica Internacional) constituyen la constelación Crux (cruz, en latín) (Figura 7).
El movimiento de las estrellas puede ser explicado suponiendo que se encuentran
"'igura 7 A.
Fragmellfo lle un atlas celeste llel siglo XVIIJ.
Figl/ra 7 B.
La misma regióll del delo, "proximadamente,
ell WI catálogo mMemo simplificado, ell el que
aparecell las est,.ellas más brillantes de cada
constelaciál/. Se de.ftaccul tres constelaciones,
cl/yos limites son cOl/vel/ciO/ulle.f, y ql/e apa·
recell ell el viejo (/lit,S: Sagitario. Escorpio y
Lobo ( Lupus J.
adheridas (nclavadas como tachuelas") en una gran superficie esférica que rota unifor- memente alrededor del
adheridas (nclavadas como tachuelas") en una gran superficie esférica que rota unifor-
memente alrededor del eje Norte-Sur, e invierte 23 horas y 56 minutos en realizar un
giro. El "desfasaje n de 4 minutos diarios explica lo siguiente: si noche tras noche obser-
vamos el cielo a medianoche (hora 0.00) advertimos un ligero desplazamiento de las
constelaciones, que se va incrementando con los días y meses del año. Por eso en las
medianoches de verano vemos a Orión en el mismo sitio. (Lo mismo sucede con la
Cruz del Sur: en ciertas épocas del año se la observa vertical; en otras, a la misma hora,
esfem de las estrellas en rotación
B
Figuro 8. La suposicióllfulldamental de la astronomía precopemicafla. La TIerra Tes l/1/a esfero
im/l(j"il en el centro de/universo. La esfera estelar (H de las estrellas Jijas"). de mucho mayor
uUlILllio. gim lle Este a Oeste alrededor de un eje NS. IIflijormemeflle. a razón de una vuelta cada
23 hOlYLf y 56 minutos. Úl iflclinac;ón del eje con respecto al horizimte depende de la IIbicaciófI
delob.fen,ador; en lafigura. se supOlle a éste ubicado en un puma de/hemisferio sur. Al girar. la
esfera este/a/'lIeva consigo a las estrellas. La estrella A. que describe un arco pequeño alrededor
del p%. (AA' es la sección de/ arco. ell corte) pennanece siempre por encima del horizollle. La
estrella B. en cambio. pennanece duronte cierto tiempo por debajo del misnw. Obsérvese que el
horizonte deberla ser trazado de tal modo que re.fultara tangente a la esfera terrestre. pero. puesto
que las dimensiones de ésta son mucho menores que las de la esfera estelar. el ¡'oriZOllle puede ser
cOllsiderado como WI plallo que contiene al cefltro de la Tierra.
62
~
inclinada o "patas arriba".) Al cabo de un año, la posición de las constelaciones, a
inclinada o "patas arriba".) Al cabo de un año, la posición de las constelaciones, a la misma
hora de observación, vuelve a ser la misma que un año atrás, y así sucesivamente.(*)
Se puede, por tanto, explicar los desplazamientos anuales de las constelaciones su-
poniendo la existencia de esta gran superficie esférica o bóveda celeste, llamada por los
antiguos astrónomos "esfera de las estrellas fijas" que rota uniformemente alrededor de
la Tierra (esférica y en reposo, en el centro del universo) (Figura 8).
Lamentablemente (para los astrónomos) no sólo de estrellas se compone el
firmamento.
2. El mov;m;eIllO de [os "astros errantes". Si las estrellas fuesen los únicos astros
cuyo movimiento debe ser explicado por la astronomía teórica, la suposición de una
Tierra esférica alrededor de la cual gira la esfera estelar habría resuelto el problema.
Pero existen en el cielo astros cuyo movimiento aparente es mucho más complejo. En
efecto, no sólo acompañan el giro de la esfera estelar, sino que además se desplazan
con respecto a las constelaciones.
Tales "astros errantes" son el Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.
(La lista incluye a los observables a simple vista.) Todavía hoy se denominan así a los
últimos cinco. pues, en griego, "planeta" significa errante, vagabundo. El problema
central de la astronomía teórica, desde el siglo IV a.e. en adelante, fue explicar la
complejidad de sus movimientos con respecto a las "estrellas fijas".
¿Por qué podemos afirmar que el Sol es uno de esos astros vagabundos? Basta ob-
servar las estrellas que se encuentran en su proximidad, poco antes del amanecer o
después del ocaso. a lo largo de un año: las constelaciones que acompañan al Sol no son
las mismas. El comportamiento de la sombra del gnomon también lo prueba. La si-
guiente actividad lo mostrará.
ACTIVIDAD 2
Suponga que el Sol fuese una de las "estrellas fijas" como A ó B en la Figura 8.
Trate de imaginar su comportamiento a lo largo de los días. Luego responda esta
pregunta: ¿qué observación, realizada con el gnomon, muestra que el Sol NO se
comporta como las estrellas sino que se mtleve COIl respecto a ellas?
Si se marcan en un mapa estelar las posiciones que ocupa el Sol diariamente en el
momento de ponerse y se unen luego dichos puntos, veremos que queda trazada. al
cabo de un año. una curva: la eclíptica. La eclíptica. un círculo máximo de la esfera
estelar. se mueve diariamente con el conjunto de las estrellas. Pero además el Sol se
desplaza a lo largo de ella minuto a minuto. Es como el cobrador de boletos de la
calesita: gira junto con ella pero además se mueve de un caballito a otro al solicitar los
boletos a cada uno de los niños. Si se observa desde fuera de la calesita está claro que su
trayectoria es bien complicada (Figura 9).
(*) El lector versado en astronomía deberá disculpar lo esquemático de estas explicaciones y las que
vendrán acerca de los movimientos celestes. Las descripciones detalladas son complejas y no hacen
(para los propósitos de este curso) a las cuestiones fundamentales que queremos tratar. En la Biblio-
grafía se encontrarán referencias para ampliar lo que aquí s610 presentamos en forma somera.
~
63
Al cabo de un año, el Sol completa su viaje a lo largo de la
Al cabo de un año, el Sol completa su viaje a lo largo de la eclíptica y regresa a su
posición original en la esfera celeste.
OESTE
ESTE
Fij!.9 .
Fig.
9
La Luna, a su vez, se mueve en proximidades de la eclíptica en dirección Este a una
velocidad trece veces mayor que la del Sol, pues recorre en un mes la distancia que el
Sol recorre en un año. Es decir que la Luna tarda veintiocho días y una hora, aproxima-
damente, en dar la vuelta desde un punto de determinada constelación hasta el mismo
punto, completando así el mes lunar. Por consiguiente. la trayectoria que la Luna reco-
rre trece veces en un año. el Sol la recorre solamente una vez en el mismo período.
Por su parte, cada planeta marcha a su propio ritmo. Marte. por ejemplo, almviesa
las constelaciones y retoma al punto inicial de su trayecto en 683 días. aproximada-
mente, mientras que Júpiter retoma luego de once años y trescientos trece días al punto
en que se hallaba poco menos de doce años antes. Estos desplazamientos de los plane-
tas a través de las constelaciones transcurren a velocidades variables y siguiendo intrin-
• •
• •
••
TAVAUS
¡;¡g. lO
cados trayectos. Tomemos a Marte como ejemplo. Su trayectoria es la siguiente: luego de moverse
cados trayectos. Tomemos a Marte como ejemplo. Su trayectoria es la siguiente: luego
de moverse de manera continua a través de las constelaciones durante algún tiempo, se
detiene una vez más y finalmente reanuda su marcha hacia el Este: describe así una
especie de rulo. A este tramo de su movimiento se lo denomina movimiento retrógrado
(Figura 10).
Hemos dado estos ejemplos al sólo efecto de mostrar la enorme complejidad de los
movimientos de los "astros errantes" con relación a las estrellas.
El problema de los planetas
Se atribuye a Platón, a principios del siglo IV a.c., haber formulado con claridad la
índole del problema que iba a desvelar a los astrónomos teóricos hasta la época de la
revolución científica de los siglos XVI YXVII. Consiste, esencialmente, en formular
una serie de suposiciones acerca de la posición y los movimientos de los planetas (ade-
más del Sol y la Luna) de tal modo que quedasen explicados sus movimientos aparen-
tes, esto es, lo que se observa cuando se mira a esos astros desde la Tierra. La propuesta
de Platón conduce, por tanto, al desafío de formular un modelo teórico planetario cuyas
predicciones coincidan con las observaciones ya realizadas por babilonios y egipcios.
Pero Platón agregó una condición-adicional al formular su problema: exigió que los
únicos movimientos atribuibles a los planetas debían ser circulares y uniformes. Esta
exigencia, fundada en su concepción de la "perfección" de la forma circular y de un
movimiento cuya rapidez no se altera, fue aceptada por todos los astrónomos
¡hasta
el siglo XVII! De allí que se la haya llamado, irónicamente, la "maldición de Platón".
Hemos visto que el movimiento de las estrellas puede ser explicado admitiendo que
ella'i se encuentran fijas a una gran superficie esférica que rota alrededor de un eje que
pasa por la Tierra, de manera uniforme. (Todas las estrellas, por tanto, realizan movi-
mientos circulares y uniformes, como lo
exigía Platón.) Si se admite que el Sol, a su
vez, ocupa un círculo máximo de una se-
gunda esfera cuyo eje no coincide con el del
anterior es posible (¡créanos!) explicar el
movimiento del astro. ¿Porqué no imaginar
un sistema de superficies o caparazones es-
féricos, todos ellos centrados en la Tierra, y
girando alrededor de ejes que se intersectan
en ella?
Tal cosa debió pensar Eudoxo, un discí-
pulo de Platón, a quien se debe el primer
intento de solución del problema de los pla-
netas. La figura 1I muestra el modo en que
Eudoxo concibió su modelo planetario, que
semeja la estructura en capas de una cebo-
lla. En total, Eudoxo debió introducir 27 Fig. 1/
~
65
caparazones esféricas (en rotación uniforme) para que su modelo pudiese explicar. por ejemplo, las retrogradaciones
caparazones esféricas (en rotación uniforme) para que su modelo pudiese explicar. por
ejemplo, las retrogradaciones particulares de cada planeta.
Aunque los detalles del modelo son complejos y no nos interesan, hay motivos para
abandonarlo sin más como intento de solución al problema de los planetas. Si observa
la figura, advertirá que por complejo que sea el movimiento resultante del planeta (so-
metido a rotaciones superpuestas) su distancia a la Tierra permanece constante. Pero
los astrónomos siguientes a Eudoxo tuvieron una buena razón para rechazarlo, pues era
bien conocido por ellos que cuando el planeta retrograda su tamaño y brillo aumentan.
Era razonable suponer, entonces, que en esos tramos el planeta se acerca a la Tierra. La
refutación del modelo bastó para que los astrónomos posteriores (desde Hiparco y
Ptolomeo hasta Copérnico y Kepler) buscasen nuevos caminos para la solución del
problema de Platón.
Tales caminos, que analizaremos más adelante, constituyen el eje histórico astro-
nómico de la gran revolución iniciada por Copémico en el siglo XVI, época en la cual
el problema de los planetas todavía no había sido resuelto. Sin embargo. la formulación
del modelo de Eudoxo tuvo un impacto histórico sorpresivo en un ámbito más amplio
que el de la astronomía. A su contemporáneo Aristóteles, que no era un "astrónomo
profesional", le resultó sumamente convincente, y lo adaptó a las necesidades de su
cosmología. Por ello la región celeste del universo aristotélico se concibe como una
superposición de caparazones esféricas, centradas en la Tierra. y que contienen a las
estrellas, los planetas. la Luna y el Sol. Tal fue la deuda de Aristóteles para con Eudoxo.
Pero es hora ya de que describamos, al fin, los rasgos esenciales de la influyente
cosmología aristotélica y las razones de su asombrosa perduración durante dos milenios.
LA COSMOLOGfA ARISTOTÉLICA
¿Cuál fue la inmensa labor de Aristóteles en lo que a cosmología se refiere? El gran
filósofo intentó reunir en un todo coherente ideas acerca del movimiento de los cuerpos
que existen en proximidades de la Tierra, de la naturaleza de los seres vivientes e inani-
mados (y de sus cambios) y del carácter y movimiento de los astros. No todas sus
suposiciones fueron enteramente originales; por ejemplo, sus ideas astronómicas pro-
vienen de Eudoxo. Lo novedoso en Aristóteles radica en la formu lación de un ambicio-
so programa de síntesis. cuya culminación fue una propuesta coherente y unificada
capaz de explicar a la vez el movimiento de planetas y proyectiles, las transformacio-
nes de las sustancias, el nacimiento, evolución y muerte de los seres vivos. Gran parte
del programa fue formulado y desarrollado en sus libros Física y Del Cielo. Hoy pode-
mos afirmar que el intento aristotélico de síntesis resultó prematuro, pero ello no invalida
la audacia y creatividad del mismo. En verdad, el programa de síntesis cosmológica
que siguieron los protagonistas de la revolución científica de los siglos XVI y XVII (a
partir de Copémico) fue similar, y esta vez, dos milenios después de Aristóteles, tuvo
éxito. Pero en ese lapso, que separa a Aristóteles de Newton. no surgió cosmología
alguna que pudiese sustituir a la del filósofo griego.
Consideremos en primer lugar la constitución de la región "celeste" del universo
66
~
aristotélico. es decir. la porción que se extiende más allá de la Luna. El modelo
aristotélico. es decir. la porción que se extiende más allá de la Luna. El modelo de
Eudoxo era un artificio matemático, que intentaba explicar las observaciones de los
astros sin pretender de aquél que tuviese realidad física. Pero ello no podía satisfacer a
Aristóteles, que como buen cosmólogo se hallaba mucho más cerca de lo que hoy lla-
maríamos un físico, un químico o un biólogo que de un matemático. Lo que Aristóteles
concibió fue un sistema de caparazones esféricas (o simplemente "esferas"), vincula-
das entre sí, destinadas a transmitir el movimiento de la gran esfera de las estrellas o
"primer motor" al resto de los planetas, el Sol y la Luna. En total debió emplear 56
esferas. y el resultado semeja un sistema mecánico. físico, antes que meramente
geométrico o cinemática.
El movimiento de los astros es eterno. Con excepción de tales movimientos, que re-
sultan de la composición de las rotaciones uniformes de las esferas celestes, no es posible
admitir que ocurran en esa región privilegiada ("perfecta") otro tipo de cambios. De he-
cho. propone Aristóteles, toda la región celeste del uni verso está compuesta por un único
elemento. el éter, sustancia inexistente en la Tierra y sus proximidades.
En tal sentido, Aristóteles establece una tajante diferencia entre el mundo supralunar y
el sublunar. En este último, en el que se incluye a la Tierra y las regiones situadas por
debajo de la esfera de la Luna, predomina el cambio, asociado a seres vivos e inanimados.
Aquí los elementos son cuatro: térreo ("tierra"), aéreo ("aire"), acuoso ("agua") y
flamígero ("fuego"). Esta doctrina de los cuatro elementos, original de un filósofo ante-
rior (Empédocles), permitió a Aristóteles explicar de un modo vago y cualitativo la
constitución de las variadas formas de la materia y sus transformaciones. Al quemarse
un leño verde, por ejemplo, es posible (según Aristóteles) observar su descomposición
en los cuatro elementos: el líquido que exuda mientras se quema (agua), el vapor y el
humo que se desprenden (aire), las llamas que se producen (fuego) y las cenizas que
perduran al finalizar el proceso (tierra) (Figura 12).
¿Qué decir de las ideas de Aristóteles acerca de los movimientos en proximidades
de la Tierra? Los clasifica en naturales y forzados. Los cuerpos "pesados" (en los que
predominan la tierra y el agua) tienden a caer, por su propia naturaleza, hacia el centro
de la Tierra. Por el contrario. los cuerpos "livianos" o "leves" (en los que predominan el
aire y el fuego) tienden a alejarse de él: ascienden. La piedra cae porque "busca su lugar
natural", el centro de la Tierra; la llama sube porque su "lugar natural" es la región
contigua a la esfera sublunar. Tales son sus movimientos naturales. que presuponen un
centro de la Tierra, coincidente con el centro del universo, y un arriba y un abajo abso-
lutos. (Analice cuidadosamente la figura 12).
El movimiento vertical de la piedra que cae o de la llama que asciende no requiere,
panl Aristóteles, ninguna otra explicación. pues está en la naturaleza de la piedra caer
y en la de la llama ascender. Pero podemos levantar una piedra con la mano o provocar
que una llama se mantenga inclinada soplando sobre ella. En estos casos, la piedra y la
llama realizan movimientos no naturales,forzados. Todo movimiento forzado. por opo-
sición al movimiento que por su propia naturaleza el cuerpo habría realizado, debe ser
explicado en términos de una causa o agente externo: la mano, por ejemplo. es el agen-
te que obliga a la piedra a subir en lugar de caer. según le dicta su naturaleza.
~
67
ARISTÓTELES Aristóteles nació en el 384 a.e. en Estagira, reino de Macedonia. Su padre era
ARISTÓTELES
Aristóteles nació en el 384 a.e. en Estagira, reino de Macedonia. Su padre
era médico. A los diecisiete años viajó a Atenas y se unió a la Academia de
Platón, quién sería su maestro. La abandonó en el 347 n.e., a la muerte de nqué\.
Posteriormente el rey Filipo de Macedonia lo requirió para que fuese tutor de su
hijo Alejnndro, el futuro Alejandro Magno. Cuando éste inició la conquista de
Persia, Aristóteles se instaló en Atenas y fundó su propia escuela, el Liceo. En el
323 a.e. murió Alejandro, y Aristóteles, temeroso de sufrir persecusión por los
adversarios del conquistador. se refugió en Ca\cis. pueblo natal de su madre. y
allí murió al año siguiente.
Se le atribuyen un centenar de libros. de los cuales se han conservado la
mitad. si bien se duda de la autenticidad de algunos de ellos. Salvo en matemáti-
ca. a la que no era muy afecto. su obra se ocupa de una enorme variedad de
temas: lógica. cosmología. botánica. zoología. mineralogía. política. ética. críti-
ca literaria
A comienzos de la Edad Media. su obra (con excepción de algunos
tratados de lógica) era desconocida en Europa. Entre los siglos XII y XIIl regre-
só, en traducciones árabes. y su impacto fue tan poderoso que los eruditos me-
dievales se referían a él como "el Filósofo" (a secas).
Su pensamiento fue. sin duda (junto con el de Platón), uno de los más
intluyentes en la historia de la cultura occidenta\.
Estas ideas sobre lo que se ha dado en llamar la "física de Aristóteles" serán amplia-
das en el módulo I del Libro 2 de este curso. en el que trataremos en particular la
historia de la mecánica. Pero bastan para mostrar la fuerte interconexión entre los dis-
tintos conceptos y afinnaciones que integran la cosmología aristotélica. Admitir un
Fi811ra 12.
U II/';'·{T.W ari.Hotélico. 1'/1 ////CI ,'eniú/I clllwlIO
e.l'f'eciali:at!a tll' 1523. Las 56 caf'Clm;::OIles e.~ré­
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Oc/lO. /lIIa JlClm cada "(/stm 1'l/8ablllldo".r la re.\'-
tC/l/te Imm ICI.I' estrella.\'. E/I esta tíltima .\'l' desta-
cCln la.\' {,o/lstelacio/l".\' :odillc(/Ies. aqllél/l/s que
l'l Sol mr(ll'iesCl a lo IlI'K(} del mio el/ .\'11 //10 vi-
miel/lO solJl'e ll/eclípticCl. 1:'/1 la regió/I .wblwwr.
el alllor del grahado !ta I/hicado alfllego. el aire
r el (/gl/a ('11 .\'11.1' "'ligare.\' /latl/mle.\·
centro del universo es clave para sustentar la teoría del movimiento, pues con respecto a
centro del universo es clave para sustentar la teoría del movimiento, pues con respecto
a él los cuerpos se mueven hacia "abajo" o hacia "arriba". Pero si el universo fuera
infinito carecería de sentido hablar de puntos privilegiados: no habría "centro" con
relación al cual caer o ascender. El universo, pues, debe ser finito. Pero ya hemos visto,
en el módulo I (página 21), que aceptar la posibilidad del vacío involucra la de un
universo infinito. No puede, pues, haber vacío en el universo. De este modo. aspectos
de la cosmología aristotélica que en principio parecen desvinculados (teoría del movi-
miento, finitud del universo, imposibilidad del vacío) se hallan en realidad firmemente
entramados. Aunque la trama no responda siempre a las exigencias de la lógica, cons-
tituye un elemento de persuasión formidable, en especial si se tiene en cuenta que
muchac¡ afirmaciones de Aristóteles parecen respaldadas por el "sentido común"(*)
ACTIVIDAD 3
Señale algunos rasgos que diferencian nítidamente la cosmología aristotélica de
las cosmologías pitagórica y atomista. (Vuelva a leer la página 54 .)
La coherencia del aristotelismo resultó. a la postre, un arma de doble filo. Pues con
el tiempo quedó en claro que el objetar por separado algún aspecto de tal cosmología
implicaba cuestionar el edificio entero. Admitir, por ejemplo, el movimiento de la
Tierra. conlleva negar la validez de las ideas aristotélicas sobre el movimiento de las
piedras o la imposibilidad del vacío. Si la Tierra se mueve no hay un "arriba" y un
"abajo" absolutos, ni lugares privilegiados del espacio. Si la Tierra es "un planeta
más" (como se dirá en el siglo XVII), ¿qué quedará de la dicotomía Cielo-Tierra,
fundamental en la cosmología aristotélica?
En los siglos XVI YXVII Copérnico y los copernicanos sostendrían que el centro
del universo debe ser asignado al Sol, mientras que la Tierra y los planetas deben
concebirse en movimiento alrededor de él. Pero tuvieron que enfrentarse con obje-
ciones muy poderosas y de larga dala. No s610 el sentido común parece asegurar que
la Tierra está en reposo. Si la Tierra se mueve, ¿por qué los cuerpos no ligados a ella,
como las nubes o la Luna, no son dejados atrás? O bien: ¿por qué una piedra que se
deja caer desde lo alto de una torre llega al suelo al pie de la misma? Al fin de cuentas,
mientras la piedra estuvo cayendo, la Tierra y la torre se desplazaron un trecho
(Figura 13 ).
(*) En muchos libros de texto se practica todavía la "moda" de ridiculizar a Aristóteles, en particular
cuando se comentan episodios vinculados con el derrumbe de su cosmología en el siglo XVII. (Por
ejemplo: académicos que se niegan a mirar por el telescopio los satélites de Júpiter porque Aristóteles
no los menciona en su obra.) Pero el escarnio debería reservarse para sus adeptos de la época. y no para
todos. Aristóteles vivió en siglo IV a.C., y sólo dos milenios después estudiosos de la talla de Galileo,
Kepler y Newton pudieron edificar una cosmología de reemplazo. Por lo demás. el dogmatismo de sus
adherentes europeos no está presente en la obra del filósofo. Baste recordar que Galileo. protagonista
de innumerables polémicas con aquéllos. solfa lamentarse de que Aristóteles en persona no se hallara
presente para avalar con su espíritu cTÍtico los nuevos puntos de vista sobre el universo.
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69
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1
Fig. /3.
El "argumelllo de la torre". En A, se deja caer la piedra. En D, la piedra está cayendo. mientras que la
torre y la Tierra se mueven. En C. la piedra golpea contra el piso
lejos del pie de la torre. ¿Ocurre
así? No. La piedra llega al pie. Quien afirme que la TIerra se mueve debe poder explicar esta aparellle
incongruencia
y por qué a la nube no le ocurre lo que se ve en el dibujo
ACTIVIDAD 4
Un poco de cálculo. En la actualidad afinnamos que la Tierra rota alrededor de
su eje describiendo una vuelta cada (casi) 24 hs. El ecuador terrestre tiene unos
40000 km de longitud. Suponga que allí está la torre. y que la piedra tarda 3 s en
caer. Calcule la velocidad del pie de la torre (40000 km/24h) y luego estime
cuanto debería haberse desplazado mientras la piedra estuvo cayendo. es decir.
durante esos 3 s.
Para realizar la experiencia debería emplearse una torre de algo más de 40 m.
pues en ese caso la piedra demora unos 3 s en caer al suelo. Un aristotélico le
mostraría a usted que la piedra debería caer a:
l. un par de milímetros
2. algo menos de un decímetro
3. alrededor de un metro
4. unos diez metros
5. casi un kilómetro y medio.
Escoja la alternativa correcta de acuerdo con sus cálculos. Y trate. si puede. de
refutar al aristotélico.
Nota. En el ejercicio sólo se tiene en cuenta el movimiento de rotación de la
Tierra alrededor de su eje. y no (además) el de traslación alrededor del Sol.
Argumentos como el que acabamos de mencionar explican. al menos en parte. el
prestigio de la cosmología aristotélica en los siglos siguientes a su muerte. El universo
único. finito y lleno de Aristóteles. con su estructura celestial de "capas de cebolla"
operada por el primer motor de la esfera de las estrellas. sus cuatro elementos. sus
lugares naturales y. muy en especial. su geocentrismo y geoestatismo. se incorporaron
70
~
de lleno a la corriente principal de la cosmología. Fueron desdeñadas (aunque no olvi- dadas)
de lleno a la corriente principal de la cosmología. Fueron desdeñadas (aunque no olvi-
dadas) otras cosmologías alternativas, como la de los pitagóricos y la de los atomistas.
Aun cuando están formuladas en un lenguaje altamente elaborado, las propuestas de
Aristóteles semejan generalizaciones de nuestras experiencias cotidianas. de nuestro
"sentido común". Insistimos: no existió, hasta el siglo XVI, otra cosmología que pudie-
se presentarse como alternativa de fuste capaz de desplazar a la que tuvo su origen en la
obra del gran filósofo griego.
Nos interesa aquí destacar la influencia de la cosmología aristotélica a propósito de
la astronomía teórica. El primer intento de resolución del problema de los planetas, por
Eudoxo, proponía un modelo planetario geocéntrico. El mismo camino siguieron los
grandes astrónomos de la antigüedad y sus herederos árabes y europeos medievales y
renacentistas: la posición central y la inmovilidad de la Tierra no fueron cuestionadas,
pues ello hubiese involucrado destruir la coherencia del universo aristotélico. Propues-
tas en contrario, como las de Heráclides y Aristarco, quedaron relegadas por ello.
A la muerte de Aristóteles, y como resultado de las conquistas de Alejandro, el
epicentro de la cultura mediterránea se tr'*.iladó "Alejandría, junto al Nilo. La ciencia
alejandrina, que incorporó a su raíz griega ideas e informaciones de origen egipcio y
mesopotámico, resultó menos filosófica, más cuantitativa y más "práctica" que la del
período anterior. Los astrónomos, en posesión de los registros astronómicos babilónicos,
atacaron el problema de los planetas desde una perspectiva diferente a la de Eudoxo.
Los nombres más ilustres de la astronomía antigua se vinculan con esta etapa histórica:
Aristarco, Hiparco, Ptolomeo. Con excepción de Aristarco, todos ellos adoptaron una
posición cosmológica de tipo aristotélico. Y sus modelos planetarios fueron, por ello,
geocéntricos.
LA ASTRONOMÍA PTOLEMAICA
Los astrónomos alejandrinos abordaron el problema de los planetas por un camino
radicalmente distinto al que había emprendido Eudoxo. Admitieron la existencia de la
gran esfera de estrellas que rota alrededor de una Tierra esférica central e inmóvil, pero
introdujeron un modelo geométrico distinto para explic~ los movimientos aparentes
de los "astros vagabundos". La idea central es la de la figura 14. Cada uno de esos
astros tiene asignada una circunferencia, cuyo centro es la Tierra; el astro, a su vez. gira
alrededor de un punto O, describiendo una segunda circunferencia. La primera fue
llamada deferente; la segunda, epiciclo. Los movimientos de O (alrededor de T) y de P
(alrededor de O) son uniformes, de acuerdo con la "maldición de Platón", y de su com-
binación resulta una trayectoria semejante a una roseta (Figura 15).
La función del epiciclo es esencialmente explicar las retrogradaciones planetarias.
En la figura 15, en I el planeta se mueve con relación a las estrellas hacia el Este. pero
en el tramo 3-4-5 vemos desde la Tierra que el sentido del movimiento se ha invertido:
estamos ~~presencia de una retrogradación. Luego el planeta retoma su movimiento
hacia e~Estt;~ También se deduce que el planeta, al describir el "lazo" 3-4-5, se acerca
a la Tierra, con lo cual se explica el aumento de brillo y tamaño que observamos durante
~
71
la retrogradación. (En particular, el Sol no retrograda, y por ello no se requiere emplear
la retrogradación. (En particular, el Sol no retrograda, y por ello no se requiere emplear
el recurso del epiciclo para explicar su movimiento con respecto a las estrellas.)
Fig. /4
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Fig. /5. ComposiciólI del
movimielllO de O alrededor de la
Tierracon el movimielllo del planeta
P alrededor de O (Línea de puntos).
ACTIVIDAD 5
Suponga que un planeta describe tres vueltas alrededor del centro de su epiciclo
o en el mismo tiempo en que dicho centro da una vuelta alrededor de la Tierra.
Dibuje "a ojo" la trayectoria del planeta.
Sin embargo, la sencillez de estos recursos geométricos (deferente y epiciclo) es
sólo aparente. La actividad anterior muestra que si existiese un planeta cuyo comporta-
miento fuese tan regular, la solución al problema de Platón no hubiese generado el
rompecabezas más complejo de la historia de la astronomía anterior a Copémico. Mer-
curio, por ejemplo, retrograda una vez cada 116 días, pero vuelve a ocupar su posición
72
~
original en la esfera estelar al cabo de 365 días ("año" de Mercurio). Puesto que
original en la esfera estelar al cabo de 365 días ("año" de Mercurio). Puesto que 365 no
es múltiplo de 116 (365 =3x 116 + 17) la curva que resulta de la composición de los dos
movimientos no puede ser cerrada. El modelo epiciclo-deferente deberá ajustarse a
estos hechos, y el resultado se indica en la figura 16.
lb)
Fig. /6. Cuando el punlO O retoma a su posición
il/icial, al cabo de 1111 giro, P ha dndo algo más de
tres vueltas, y se encl/entra en r. La curva que re-
sI/Ita l/O es cerrada .Y se ajusta más eficazmente al
comportamielllo de Men:urio.
Fig. /7. Un ejemplo de la versatilidad de
la construcción deferente-epiciclo. ¡La
curva que resulta es cuadradn!
ACTIVIDAD 6
Observe atentamente la figura 16. ¿Qué sucede con la posición de las retro-
gradación (con respecto a las estrellas fijas) con el transcurso de los "años de
Mercurio"?
La versatilidad de esta construcción es muy amplia (como ejemplo, vea·la figura
17). Pero ¿será posible ajustar las dimensiones relativas de cada par epiciclo-deferente
y sus períodos de rotación de tal modo que las predicciones del modelo resulten acor-
des con las observaciones realizadas desde la Tierra? La respuesta es negativa. Para
lograr un ajuste razonable con los datos observacionales, los astrónomos se vieron obli-
gados a introducir nuevos recursos geométricos; por ejemplo, a emplear deferentes
cuyo centro no coincide con la Tierra ("excéntricas") o a hacer girar el planeta alrede-
dor de un segundo epiciclo (con centro en el punto P). El resultado fue catastrófico para
la sencillez y belleza que reclamaba Platón a modo de solución de su célebre problema.
El sistema de epiciclos y deferentes tuvo su origen hacia el siglo III a.c., si bien sus
orígenes no han sido develados por los historiadores. Fue empleado por astrónomos como
Apolonio (siglo III a.c.) e Hiparco (siglo II a.c.), pero se lo vincula con el último de los
grandes astrónomos de la antigüedad, Claudio Ptolomeo, que vivió en el siglo 1I d.C. En
particular, Ptolomeo sistematizó todo el saber astronómico de su época en su muy famoso
libro Almagesto (nombre que le asignaron los árabes). Su modelo astronómico introduce
una serie de artificios geométricos destinados a tratar, no siempre con éxito. de
~
73
compatibilizar las predicciones con los resultados observacionales. En el siglo XIII, ante las complejidades del
compatibilizar las predicciones con los resultados observacionales. En el siglo XIII,
ante las complejidades del "instrumento astronómico" ptolemaico, el rey de España
Alfonso el Sabio comentó que, si Dios lo hubiese consultado antes de diseñar el univer-
so, le habría sugerido algo más sencillo.
En la figura 18 se dan dos ejemplos de artificios que los astrónomos ptolemaicos debieron
emplear para hacer concordar las observaciones con las predicciones del modelo.
PTOLOMEO
Es poco lo que se sabe con exactitud de Claudio Ptolomeo. Vivió en el
siglo 11 d.C. y floreció entre 127 y 15t, en Alejandría. A partir de la obra de su
ilustre antecesor Hiparco de Nicea (siglo 11 a.C.) realizó una gran síntesis, con
aportes propios, de la astronomía antigua. El resultado fue la obra más influyen-
te, en este campo, hasta la época de Copérnico: la "Gran síntesis matemática",
título en griego que los árabes tradujeron como Almagesto. Esta obra volvió a ser
conocida en Europa, en versión árabe, a fines del siglo XII. Curiosamente,
Ptolomeo fue también autor del más célebre tratado de astrología en boga duran-
te el Renacimiento: los "Cuatro Libros" o Tetrabiblos. Se conservan de él, además,
escritos sobre técnicas para construir relojes de sol, teoría musical y geografía.
s
T
(a)
(b)
Fig. 18. Para lograr un razonable acuerdo con las observaciones, no bastó emplear solamente defe-
rentes y epiciclos. EII (a) el astrónomo introduce un segundo epiciclo: el planeta P gira alrededor de O',
que gira alrededor de O, que gira alrededor de la Tierra. En (b) el astro gira alrededor de B, que no
coincide con le, posición de la Tierra ("excéntrica"). Este artificio fue empleado por Ptolomeo para expli-
ca,. por qué el Sol (S), si bien no retrograda .v por ello no requiere epiciclo, se mueve con velocidad
variable a lo largo de la eclrplica. ¡Todo se complica!
Al referirnos al modelo ptolemaico, en el párrafo anterior, hemos empleado adrede el
término "instrumento astronómico". En efecto, las complejas construcciones que el astró-
nomo se veía necesitado de emplear para calcular las posiciones de los planetas involucraban
el trazado de innumerables deferentes, epiciclos. circunferencias excéntricas segundos
74
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epiciclos, etc. El resultado está bien lejos de semejar un mecanümo explicativo del movi- miento
epiciclos, etc. El resultado está bien lejos de semejar un mecanümo explicativo del movi-
miento de los a'itros, como lo hubiera deseado un cosmólogo. Es, ante todo, un procedimien-
to de cálculo, e ineficaz en muchos casos. En esta etapa histórica, los astrónomos han aban-
donado la pretensión de coherencia de un sistema planetario, de encaje entre unos elementos
y otros: les basta poder predecir, con cierto margen de error, la posición de Marte o Júpiter en
determinada época del año. Y aun así, no siempre lo logran.
La teoría de Ptolomeo sólo "salva los fenómenos", es decir, explica las posiciones
planetarias y los movimientos de los "astros errantes" y predice acontecimientos futuros
mediante cálculos. No pretende ir más allá y afirmar, por ejemplo, la realidad de deferentes
y epiciclos. En una época en que, en Alejandría, la astrología era guía de pueblos y reyes, era
exigible de los astrónomos que pudiesen predecir la marcha de los astros y no más. Este
programa. como es obvio, dista mucho del que trazara Aristóteles casi seis siglos antes.
Pese a lo cual, Ptolomeo (en materia cosmológica) se declara aristotélico. En el Almagesto
reitera argumentos en favor de la esfericidad de la Tierra., su inmovi lidad, su ubicación en el
centro del universo. Critica a quienes, como Aristarco y Heráclides, habían sostenido el
movimiento terrestre. "La opinión de tales gentes", escribe, "se nos muestra ridícula". Ello
no obsta para que muchos de los artificios del sistema ptolemaico sean incompatibles con la
física aristotélica. (Por ejemplo, el movimiento alrededor del epiciclo violenta el principio de
que el movimiento circular exige un centro fijo en tomo del cual girar.)
Ptolomeo fue el último de los grandes astrónomos antiguos. Con la caída del Imperio
Romano y el surgimiento de la sociedad feudal en Europa. la herencia griega y alejandrina
fue retomada por los árabes y reingresó muchos siglos después, a partir del siglo XII, a una
Europa radicalmente distinta de aquélla en la que se había originado.
El cuadro de la figura 191e permitirá ubicar históricamente a algunos protagonistas de la
cosmología y la astronomía antiguas.
Fig. /9
VI
V
IV
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JI
I
I
II
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1 ~LES
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PITÁGC
RAS
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IMPER o ROM.A NO
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CIEf CIAAU ~ANDRI ~A
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75
UN POCO DE HISTORIA Ptolomeo vivió en siglo 11 d.C., durante el apogeo del Imperio
UN POCO DE HISTORIA
Ptolomeo vivió en siglo 11 d.C., durante el apogeo del Imperio Romano, en una época
en la cual la cultura alejandrina se hallaba en plena decadencia. Luego sobrevendría el
derrumbe imperial y con él la finalización de lo que los textos llaman "Edad Antigua".
Hemos comentado. en el módulo I (página 38) las consecuencias de esta destrucción
del orden romano y el surgimiento posterior de las sociedades feudales. La actividad
cultural se redujo a la tarea de salvar unos pocos restos del naufragio. pues los antiguos
textos se habían perdido. Los eruditos de esta época, imposibilitados de acceder al fondo
documental griego y alejandrino, se ocuparon de redactar resúmenes de segunda mano,
imprecisos y carentes de todo espíritu crítico. (Por ejemplo, los Elementos de Euclides
quedaron reducidos a una serie de enunciados de los que no se daba demostración alguna).
Los grandes problemas astronómicos y cosmológicos cayeron en el olvido: Ptolomeo
era desconocido, y de Aristóteles habían sobrevivido apenas algunos textos de lógica. La
influyente ideología cristiana, por otra parte, menospreciaba el estudio de los fenómenos
naturales: la meta del cristiano no debía ser el conocimiento sino la salvación personal.
(Véase el recuadro pág. 79 .) Pero en el 570. lejos de la cuenca mediterránea, nació
Mahoma y con él cambió la historia de Occidente. A partir del siglo VII los conquistadores
musulmanes invadieron Egipto y todo el norte africano. hasta penetrar en España. (El
poderoso imperio franco impidió que se extendieran más allá de los Pirineos.) Hacia el
este. la dominación árabe alcanzó a la India. Fueron ellos quienes recuperarían para
Europa la perdida "sabiduría antigua".
Si bien Mahoma había predicado una guerra santa de conquista y adoctrinamiento.
también manda cultivar y enseñar la ciencia. En el Corán se lee:
Quien enseña (la ciencia) teme a Dios. Quien la apetece le adora. Quien combate
por ella, traba una pelea sagrada. Quien la reparte, da limosna a los ignorantes.
La tinta del sabio es tan preciosa como la sangre del mártir.
El paraíso espera lo mismo a quien hizo buen uso de la pluma que a quien cayó
al golpe de la espada.
Los cuatro apoyos del mundo son: la ciencia del sabio, la justicia del grande, la
virtud del bueno y el arrojo del valiente.
Al ocupar los territorios conquistados. los árabes tomaron contacto con los ma-
nuscritos que, en su mayoría. habían sido transportados a Oriente por emigrados de
Alejandría. Se ocuparon de traducir al árabe las grandes obras de Aristóteles.
Ptolomeo, Euclides y Arquímedes (con lo cual, al mismo tiempo, crearon los mati-
ces de su propia lengua). Su tarea de conservación y difusión de la tradición clási-
ca, basada en el respeto hacia la cultura de los pueblos conquistados, impidió la
pérdida definitiva del saber griego y alejandrino.(*)
(*) Una anécdola es ilustrativa: el conquislador Almamún obligó al emperador bizantino Miguel 111. a
quien había derrotado en batalla, a concertar la paz a cambio de un tribulo de libros griegos. Con ellos.
Almamún fundó en su cone una academia.
76
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Al mismo tiempo, al asumir como propia aquella tradición, sus estudiosos reiniciaron el debate de
Al mismo tiempo, al asumir como propia aquella tradición, sus estudiosos reiniciaron
el debate de los problemas que habían abordado los antiguos en materias tales como la
astronomía. la óptica. la matemática. (Algunos de estos aportes de la ciencia árabe
serán tratados a lo largo de nuestro curso.)
A partir del siglo X. consolidada la cristiandad europea, la gradual recuperación de
los territorios ocupados por los árabes permitió el reingreso de los antiguos textos a
Europa mediterránea. La caída de Toledo en 1085 Yla de Sicilia en 1091 fueron episo-
dios trascendentes. Una Europa dinámica tomó posesión de grandes centros de cultura
musulmana, en particular en España. Traductores célebres de la época, como Gerardo
de Cremona y Adelardo de Sath, empeñaron su vida en verter al latín las magnas obras
de los clásicos griegos. Toledo fue el epicentro de esta empresa. A veces la traducción
se realizaba directamente del árabe al latín; otras veces. un grupo de traductores traba-
jaba "en equipo", en el que se incluía al castellano o al hebreo como lenguas interme-
dias. Puesto que muchas obras habían sido vertidas al árabe a partir de versiones siríacas
del original griego, éste pudo haber sufrido traducciones múltiples: griego-siríaco-ára-
be-castellano-latín. Como se comprende, la versión final latina contenía múltiples de-
formaciones con respecto al original.
De hecho. un solo traductor, Gerardo de Cremona, pudo haber alterado el curso de
la ciencia en Occidente. Tradujo el Almagesto, la obra cosmológica de Aristóteles (Fí-
sica, Del Cielo, De la generación y la corrupción, Meteorología), los Analíticos poste-
riores (obra metodológica fundamental de Aristóteles), los Elementos de Euclides, el
Álgebra del matemático árabe AI-Khwarizmi (que recoge aportes de la matemática
hindú, desconocida por los griegos), el Arte médico de Galeno, y muchos otros. Sin este
pequeño grupo de traductores como Gerardo, no puede concebirse revolución científi-
ca alguna. El volumen de la "nueva ciencia" fue, por otra parte, abrumador, y el proceso
de elaboración ocupó todo el siglo XIII. La tarea ofreció múltiples dificultades. No
existía la imprenta. El copista no siempre comprendía qué estaba copiando, o carecfa
del término adecuado pard traducir al latín. A veces trabajaba con fragmentos desorde-
nados, y debía determinar por su cuenta y riesgo la secuencia correcta. La "sabiduría
antigua" era considerada "en bloque" y no siempre había elementos para decidir si
Aristóteles había vivido o no antes de Euclides o Ptolomeo. Pero a comienzos del siglo
XV, Occidente disponía nuevamente del bagaje cultural antiguo, razonablemente
sistematizado y elaborado. Los problemas astronómicos, físicos y cosmológicos eran
nuevamente debatidos, y de tal debate surgirá la revolución científica (Figura 20).
ACTIVIDAD 7
A comienzos del siglo XIII surgen las primeras universidades europeas (París,
Oxford, Solonia. Padua). ¿Qué relación supone usted que puede existir entre
este hecho y el reingreso del saber antiguo en Europa?
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77
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Figura 20.
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la cultura
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donde pero
se fusionaron
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textos
fueron llevados
Oriente
y reco¡idOl
traducido :
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y cuyo hacia
apogeo
tuvo lugar
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A fines del ligio XI, con la caída de Toledo en manos de la cristianidad europea, le inJcia un aluvión de traducciones al latí:
e le expande
por Europa en el siglo XD(4). A rmea del mismo, la obra COIIDlol6gíca de Aristóteles ya era bien conocida en lo
,diol
eultal europeos.
ACTIVIDAD 8 ¿Cuántos siglos abarca la "sabiduría antigua", que en un comienzo fue conside- rada
ACTIVIDAD 8
¿Cuántos siglos abarca la "sabiduría antigua", que en un comienzo fue conside-
rada como un único y coherente cuerpo de conocimientos? (Utilice como refe-
rencia los textos griegos y alejandrinos traducidos por Gerardo de Cremona).
ACTIVIDAD 9
¿Qué c1a.~de malentendidos podría originar, entre los eruditos medievales del siglo
XIII. identificar. por ejemplo. el pensamiento de Aristóteles con el de Ptolomeo?
LA CIENCIA Y LA IGLESIA CATÓLICA
La actitud de la Iglesia ante la investigación científica de la naturaleza
tuvo matices dispares a lo largo de la historia. La autoridad espiritual y política
de la institución eclesial no se consolidó en Europa hasta el siglo X. Hasta enton-
ces, el pensamiento cristiano fue francamente hosti I a la ciencia, identificada con
el "paganismo" de los antiguos. Por ejemplo, en el siglo 11, el teólogo Tertuliano
expuso con claridad su posición al respecto:
¿Que tiene que ver Jerusalén con Atenas, la Iglesia con la Academia (de Platón),
el
cristiano con el herético? Nuestra doctrina proviene de la casa de Salomón,
y
éste nos ha enseñado: debemos buscar al Señor en la simplicidad de nuestro
corazón. (
) Toda curiosidad tennina en Jesús y toda investigación en el
Evangelio. Debemos tener fe y no desear nada más.
Tertuliano fue contemporáneo de Ptolomeo. A San Agustín, el más influ-
yente teólogo de este período (murió en el 430), se le conocen opiniones seme-
jantes. Pero a partir del siglo X, en una Europa ideológicamente controlada por
una Iglesia organizada, una parte del clero adquirió para sí el privilegio del ocio
necesario pam interesarse y discutir cuestiones naturales. En particular, el rein-
greso de la obm cosmológica de Aristóteles en traducciones árabes (segunda
mitad del siglo XII) produjo un formidable impacto intelectual y doctrinario. Por
una parte. no era posible ignomr la coherencia y persuasión del gmn filósofo: por
otra, no podían violentarse las afirmaciones de las Escrituras en aquellos aspec-
tos en que la opinión de Aristóteles entraba en conflicto con ellas. (Por ejemplo,
el universo aristotélico es increado y eterno. a diferencia del cristiano.)
La síntesis fue realizada en el siglo XIII por santo Tomás de Aquino, quien
compatibilizó (hasta donde ello fue posible) el pensamiento cristiano con el
aristotelismo. Con ello se aliaron el prestigio del "pagano" Aristóteles y la auto-
ridad de las Escritums. Pero esta alianza fue un arma de doble filo, pues la libre
difusión de las ideas aristotélicas facilitó su crítica y la detección de contradic-
ciones en distintos sectores de su cosmología. (Tal fue el caso de sus "leyes del
~
79
movimiento". que trataremos en el Libro 2, discutidas con entera libertad pues no parecían afectar
movimiento". que trataremos en el Libro 2, discutidas con entera libertad pues no
parecían afectar cuestiones de doctrina cristiana.)
Este período de aceptación y promoción de los estudios científicos por parte
de la Iglesia acabó abruptamente en el siglo XVI, en que se produjeron los cismas
luterano y calvinista (\a Refonna). En 1563, veinte años después de la muerte de
Copérnico y un año antes del nacimiento de Galileo, el Concilio de Trento precisó
al máximo los aspectos doctrinales del catolicismo; desde Roma, el Santo Oficio
comenzó a actuar a modo de policía intelectual en defensa de la ortodoxia. Nueva-
mente se recreó la original hostilidad de la Iglesia hacia la ciencia y las filosofías
alternativas del tomismo. manifestadas en célebres episodios tales como la muerte
en la hoguera de Giordano Bruno (1600) Yel proceso y condena de Galileo (1633).
ACTIVIDAD 10
La remodelación del aristotelismo por santo Tomás de Aquino se halla en su
Suma Teológica, pero su manifestación artística más difundida es la Divi1la Co-
media, de Dante Alighieri, quien vivió entre los siglos XlII y XlV. En la figura
21 se reconstruye el universo que el Dante recorre a lo largo de las tres partes del
poema (Infierno. Purgatorio y Cielo).
Compare el universo aristotélico de la
figura 12, página 68, con el que se mues-
tm aquí. ¿Qué similitudes encuentra?
Fig 21.
ACTIVIDAD 11
El tema ético cristiano por excelencia es el de la salvación y la condena. Trate de
hallar, en el lenguaje en que se lo presenta, resabios de la física de Aristóteles.
(Ejemplo: "caída".)
80 r;.:.1
Interludio TRES TRADICIONES CIENTÍFICAS A fines de la Edad Media, los eruditos europeos redescubrieron la
Interludio
TRES TRADICIONES CIENTÍFICAS
A fines de la Edad Media, los eruditos europeos redescubrieron la cultura antigua e
intentaron conciliarla con el pensamiento cristiano. El impacto de este episodio históri-
co fue espectacular y signó el desarrollo posterior de la cultura occidental. La tarea de
traducir, absorber, comprender y elaborar aquella "sabiduría antigua" fue abrumadora;
sobrevino. además. la certidumbre de que griegos y alejandrinos habían dicho, en cuan-
ta disciplina podía imaginarse, cuanto podía decirse. Pero hacia el siglo XV la ciencia
escolástica medieval. centrada en la visión cosmológica de Aristóteles, no sólo había
alcanzado su pleno desarrollo: también había acumulado una serie de críticas
antiaristotélicas dentro del marco escolástico. Además, la "sabiduría antigua" había
traído consigo muchas obras griegas y alejandrinas (e incluso árabes) que tenían un
carácter muy distinto de las de Aristóteles. Fueron redescubiertos tratados sobre los
atomistas, los pitagóricos, sobre la alquimia alejandrina y árabe, la geometría de Euclides,
la mecánica de Arquímedes. Aunque el pensamiento aristotélico tuviese carácter "ofi-
cial" para la influyente Iglesia Católica, numerosos eruditos se volcaron al estudio de
textos que proponían visiones alternativas del mundo. A ello debe agregarse que. fuera
de las cortes y las universidades, florecían talleres en los cuales aspirantes a pintores,
escultores o ingenieros debatían problemas técnicos de gran interés para la época. en
apariencia alejados de aquéllos que preocupaban a filósofos y académicos. En uno de
ellos fue educado Leonardo da Vinci.
Las teorías científicas y las visiones del mundo no nacen ni crecen en un vacío
cultural. social, económico y político. La historia de la ciencia suele a veces ser narrada
como una acumulación de hallazgos en el tiempo. sin mayores vinculaciones con el
contexto en el cual sus protagonistas vivieron y trabajaron. Se piensa en un modelo
"acabado" de la ciencia, el actual. y se concibe el quehacer de los científicos anteriores
como un "borrador del presente". Se destacan los "logros" de talo cual científico en
mérito a que se los puede vincular con ideas posteriores que hoy consideramos "verda-
deras" o al menos. aceptadas por la comunidad científica actual. En cuanto a sus "erro-
res". se los ignora o se los considera el desliz momentáneo de un genio.
Este modo de concebir la historia ha sido llamado Ii'hig por el historiador Herbert
Butterfield en un hoy célebre ensayo publicado hace cuarenta años. El término ha sido
tomado del nombre que recibieron, en el siglo XVII. los promotores de las revolucio-
nes burguesas en Inglaterra, quienes se consideraban "progresistas" (whigs) por oposi-
ción a los "conservadores" (tories). Narrar una historia whig significa clasificar, según
patrones actuales. a sus protagonistas en "progresistas" y "conservadores", sin tener en
cuenta el contexto en el cual realizaron su obra o a partir del cual formularon sus pro-
puestas. En el caso de la historia de la ciencia, un historiador whig nos diría que Aristarco
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81
de Samos fue un "progresista" (pues propuso un sistema planetario heliocéntrico mu- cho antes que
de Samos fue un "progresista" (pues propuso un sistema planetario heliocéntrico mu-
cho antes que Copémico), incomprendido por los astrónomos de la época, quienes
recibirían por ello la calificación de "conservadores". Pero si se abandona este esque-
mático punto de vista, se comprende que las objeciones al modelo eran tan poderosas
(basta considerar el "problema de la torre") que fue razonable su repudio y a juicio de
Ptolomeo: una "opinión ridícula".
ACTIVIDAD 12
Considere el modo habitual en que se expone la historia argentina en la enseñan-
za primaria y secundaria. Analice, por ejemplo, el término "patriota" que se em-
plea para ciertos protagonistas en detrimento de otros. ¿Advierte rasgos de lo
que Butterfield llama historia whig en estas exposiciones? Si la respuesta es afir-
mativa, ¿cree que ese enfoque permite una comprensión mínimamente objetiva
de la historia argentina? Redacte un breve texto y cotéjelo con nuestra opinión en
la Clave de Respuestas.
Es importante que aquí vuelva a leer la cita de la página 16. en la cual se hace referencia
a los puntos de vista modernos en materia de historia de la ciencia. Una comprensión
integral de la misma obliga a considerar factores históricos que incluyen creencias
extracientíficas, valoraciones, aspectos que tradicionalmente han sido considerados
"irracionales" o "supersticiosos".
En el origen y desarrollo de la revolución científica de los siglos XVI Y XVII, que
comenzamos a tratar ahora, abundan los ejemplos. Kepler, por ejemplo, era astrólogo a
la vez que astrónomo; adhería al "culto del Sol" y el lenguaje de sus libros está mucho
más cerca de la mística que de la ciencia (¡actual!). Newton. por su parte, dedicó déca-
das de su vida a la alquimia y a tratar de determinar la fecha de la Creación a partir de
los textos bíblicos. Hoy en día, el historiador no desdeña esos rasgos "no científicos" en
la actividad de Kepler o Newton; por el contrario, cree que le ayudarán a comprender la
génesis de las leyes planetarias de Kepler o la de la mecánica de Newton.
El historiador escocés Hugh Kearney en su libro Orígenes de la ciencia moderna
adopta el punto de vista de que, si se quiere comprender el surgimiento y el desarrollo
de la revolución científica de este período, es necesario considerar la existencia de tres
"tradiciones científicas" en pugna. Se trata de modalidades de acercamiento a la natura-
leza que en mayor o menor grado incidieron sobre la comunidad científica de la época
y sus protagonistas. Keamey las llama tradiciones orgallicista. mágica y mecallicista.
La., describiremos brevemente.
La tradición organicista o aristotélica
El origen de esta tradición se remonta a Aristóteles. e incluye a Ptolomeo y al médi-
co Galeno. su contemporáneo. Concibe al universo como una suerte de ser vivo, orgá-
nico (de allí su nombre), sometido a cambios regulares: la semilla origina un árbol. y
82
~
éste. a su vez, frutos y semillas, que darán lugar a nuevos árboles. En el
éste. a su vez, frutos y semillas, que darán lugar a nuevos árboles. En el cosmos hay una
intencionalidad, un desarrollo hacia un fin que se manifiesta en el cambio. De allí el
lenguaje aristotélico a propósito de las cosas inanimadas: la piedra cae porque "busca
su lugar natural" (el centro de la Tierra), el hierro "crece" en lugares montañosos que le
son propicios. Los teólogos medievales hallaron esta concepción finalista muy adecua-
da para conciliar el aristotelismo con el pensamiento cristiano: identificaron el fin de la
vida con la salvación personal.
Esta tradición no atribuye a la matemática sino un rol secundario: la riqueza y diver-
sidad del mundo y de la vida no puede traducirse en cantidades. La realidad parece
manifestarse por las cualidades concretas que perciben los sentidos: colores, olores,
sonidos. La física de Aristóteles es una "física de cualidades".
El Dios de los aristotélicos es una divinidad cuya inteligencia se pone de manifiesto en
el finalismo del uniyerso. Es, ante todo, un Gran Lógico. De allí el "método demostrati-
vo" que Aristóteles adopta como procedimiento de acceso al conocimiento. Por este camino,
santo Tomás de Aquino propone sus célebres "pruebas lógicas" de la existencia de Dios.
EII esta miniatura deL siglo XIII vemos un
astrónomo que observa Las estrellas con UII
astrolabio.v Le dicta cifras a un escriba. A su
(Iel'echa IIn sabi() le presenta IIn malluscrito en
~9 ••• íI_Wl_;ili:.J ámbe. Del Universo de Galileo), Newton. de W.
ID
Bixbi.
La tradición mística o neoplatónica
En el siglo XV el llamado humanismo modificó los cánones literarios y artísticos
medievales a partir del conocimiento de obras griegas en versiones originales. Estas
obras tenían un carácter fuertemente antiaristotélico, y originaron una concepción del
mundo radicalmente distinta. Las fuentes son diversas, pero entre ellas se destaca el
misticismo que caracteriza a parte de la obra de Platón y que se remonta a Pitágoras de
Samos (siglo VI a.c.). Detrás del mundo que percibimos, pensaba Platón, existe una
realidad trascendente, a la que sólo puede accederse por medio de la pura intelección.
En la huella de Platón, los llamados "neoplatónicos" de los primeros siglos de la era
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83
cristiana (como Plotino, siglo III d.C.) revitalizaron tales ideas y combatieron el racionalismo aristotélico. Pero
cristiana (como Plotino, siglo III d.C.) revitalizaron tales ideas y combatieron el
racionalismo aristotélico. Pero la tradición, tal como llegara a Europa, reconoce tam-
bién la influencia de escritos alquímicos y mágicos alejandrinos. En el siglo 111 d.C., en
Alejandría, fueron compuestos una serie de libros atribuidos a un misterioso personaje,
Hermes Trismegisto. que ejercieron gran influencia en los medios cultos europeos cuando
fueron vertidos al latín en el siglo Xv. (De allí proviene el término hemlético, que se
aplica a tales escritos.)
Esta tradición, neoplatónica, mística o mágica, está teñida de un fuerte contenido
estético: la simplicidad y la armonía deben ser tenidas en cuenta en el momento de
concebir una visión del-mundo. El Sol, creían sus cultores, es símbolo de divinidad y
por ello no puede ocupar otro lugar que no sea el centro del universo. Dios. el Gran
Mago, el Gran Artista, cifró los secretos del cosmos en un lenguaje perdurable, el de la
matemática. La armonía del mundo es una armonía matemática, como la de la música.
y ese mundo ha de ser infinito, pues Dios, en su infinita bondad, no pudo haberse
limitado a crear un número finito de seres y cosas. Quien intente develar los "secretos
de la naturaleza" ha de comportarse como un mago o bien como un místico, pues debe
previamente acceder a una contemplación casi religiosa del universo.
Como veremos más adelante, Copémico adoptó algunas de estas ideas al concebir
su modelo planetario heliocéntrico: las que se refieren a la ubicación del Sol y la exi-
gencia de sencillez y armonía para toda concepción del mundo. (En Bolonia estudió
astronomía con el neoplatónico Domenico Novara, quien criticaba el "desorden" del
sistema ptolemaico.) Pero no fue más allá. Kepler, en cambio, adoptó una actitud deci-
didamente mística, que lo convierte en el principal representante de esta tradición en la
historia de la revolución copemicana.
La tradición mecanicista
Los mecanicistas repudiaron por igual a las tradiciones organicista y mágica. Fue
criticado el aristotelismo, pero también el esoterismo y ocultismo de los neoplatónicos.
El interés se centró en la obra del más célebre matemático e ingeniero de la antigüedad:
Arquímedes (siglo III a.c.). A diferencia de los filósofos que admiraban organicistas y
neoplatónicos. Arquímedes había atacado y resuelto problemas de interés práctico, y lo
propio habían hecho otros "ingenieros alejandrinos" como Herón, citado en el Módulo
l. En esta tradición se enrolan quienes. lejos de las universidades y del pensamiento
meramente especulativo, prestan atención a las máquinas: Leonardo da Vinci. Simón
Stevin. Nicoló Tartaglia. y en particular Galileo Galilei.
El universo es concebido como un gran mecanismo, un gran reloj. Puede compren-
derse el funcionamiento de la máquina universal si se desmontan sus partes y se las
analizan por separado. Por ello los mecanicistas abordan problemas limitados y con-
cretos: de qué modo oscila un péndulo, por qué ciertos cuerpos flotan en agua y otros
no, qué leyes se aplican al movimiento de los proyectiles. Dios es el Gran Ingeniero. La
naturaleza está escrita en caracteres matemáticos, pero no al modo "místico" de los
neoplatónicos, sino porque se revela un instrumento apto para describirla. Para emplear
84
~
con precisión dicho instrumento es necesario cuantificar, medir, tratar de hallar relacio- nes funcionales entre
con precisión dicho instrumento es necesario cuantificar, medir, tratar de hallar relacio-
nes funcionales entre cantidades.
En el siglo XVII, esta tradición se vinculó con el atomismo de Leucipo y Dem6crito,
popu larizado por el poeta romano Lucrecio en su libro Sobre La naturaleza de las cosas
(siglo I a.c.). Un universo constituido por partículas en movimiento, que chocan entre
sí y que originan los cuerpos macroscópicos al reunirse en grandes cantidades parecía
más adecuado a la visión mecanicista que el plenismo de Aristóteles. Las experiencias
sobre vacío, que hemos descriptQ en el Módulo 1, volvieron aún más persuasiva esta
creencia. Sin embargo, no todos los mecanicistas adhirieron a ella. No lo hizo René
Descartes. por ejemplo, en cuya visión del mundo perduran aún rasgos aristotélicos.
Coda
La palabra "científica" aplicada a estas tradiciones no implica que hallan concebido
a la ciencia tal como lo hacemos hoy en día. Lo que se quiere destacar es que existieron
en ellas elementos que. al incorporarse al gran debate cosmológico de los siglos XVI Y
XVII, incidieron en el género de preguntas que sus protagonistas se formularon y trata-
ron de responder. Ilustran además la complejidad de las influencias sobre la investiga-
ción de factores que en principio podrían parecer ajenos a la misma, y que señalaremos
con el correr de esta historia.
Como cualquier encasillamiento, también éste puede ser peligroso. Las tradiciones
XIII
XIV
XV
XVI
XVII
XVIII
ORESME
BURIDÁN
REI 'lGRESO
,
DEI SABER
COPÉF NICO
KEP
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AN" :1GUO
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BOYLE
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TORRICELLI
FUNDACIÓ)'l
IMPRENTA
DE
REVOLl CIÓN CIENTfJ ICA
JNIVr""'")A J)J ~
RENACI~ lENTO
Figura 22
Las tres tradiciones cient(ficas. (1) La tradición organicista. originada en la obra de Aristóteles y sus
adherentes árabes y medievales (escolásticos). tales como Jean Buridán y Nicolás de Oresme. (2) La
tradición mágica o neoplatónica, cuyas fuentes se remontan a Pitágoras (siglo VI a.c.), Platón (sigloV a.c.)
y los escritos herméticos atribuidos a Hermes Trismegisto. (3) La tradición mecanicista, heredera del
alOlnismo y de la obra de ArQuCmedes.
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85
permiten ordenar. en cierto modo, el panorama extremadamente complejo que sirvió de marco a la
permiten ordenar. en cierto modo, el panorama extremadamente complejo que sirvió de
marco a la revolución científica. Pero cada una de ellas tuvo sus matices. su propia
evolución. Y los grandes protagonistas no puede ser encasillados rígidamente. El tibio
neoplatonismo de Copémico puede explicar su convicción extracientífica de un universo
heliocéntrico, pero. en muchos aspectos. Copémico era aristotélico. El mecanicismo de
Galileo tiene rasgos neoplatónicos (su convicción en la existencia de leyes numéricas
simples) y aristotélicos (su creencia en un universo finito). Con estas salvedades, veremos
a continuación que puede ser útil referimos a las tres tradiciones científicas como marcos
de referencia válidos para el estudio de la revolución científica. (Figura 22).
LA RUPTURA COPERNICANA
Durante el siglo XVI se produjo un auténtico cataclismo intelectual en el pensa-
miento europeo. El temblor de tierra comenzó aproximadamente en 1543 (aunque sus
efectos más intensos no acontecieron sino hasta algunas décadas después) con la publi-
cación del libro de Nicolás Copémico Sobre la revoLución de las esferas celestes. Su
importancia fue tal que puede, de un modo quizá un tanto convencional, delimitarse el
período llamado "Revolución científica de los siglos XVI y XVII" o "Revolución cien-
tífica" entre dicha fecha y 1687, en que Isaac Newton dio a conocer sus Principios
matemáticos de fiLosofía natural. El período abarca. por tanto. casi siglo y medio. Como
resultado de esta gran conmoción, se produjo el desmoronamiento del gran edificio
cosmológico construido por Aristóteles y el afianzamiento definitivo de una nueva
cosmología. de carácter mecanicista, fundada no sólo en una nueva concepción de la
naturaleza sino también en novedosos procedimientos de abordaje y resolución de los
problemas científicos.
¿Por qué ese proceso revolucionario se inició cuando promediaba el siglo XVI? La
pregunta, que ha concitado el interés de todos los historiadores de la ciencia quizá en
mayor medida que cualquier otra, se ha revelado de una extrema complejidad. Décadas
atrás era habitual narrar esta historia de un modo lineal (es. decir. whig, como lo carac-
teriza Butterfield). Con palabras, de Keamey:
Reducida a síntesis. la interpretación whig de la historia de la ciencia (en lo que respecta a
la revolución científica de los siglos XVI y XVII) quedaría corno sigue. La primera brecha
de importancia fue obra de Copémico, astrónomo polaco (1473-1543). quien propuso la
teoría de que la tierra gira en tomo del Sol, y no al revés, como pensaban los "conservadores".
Su punto de vista lo aceptó a finales de siglo el científico alemán Johannes Kepler (1571-
1630) Ytambién el italiano Galileo Galilei (1564-1642). Keplerdescubrió que la" trayectorias
de los planetas eran elípticas. no circulares, y Galileo fue quien usó por primera vez el
telescopio en astronomía y quien formuló la ley matemática de la caída de los cuerpos. Por·
fin apareció Isaac Newton (1642-1727), que en sus Principias aplicó brillantemente la
misma ley al movimiento planetario y a la caída de los cuerpos por igual. ("')
(") Kearney. H
"Orígenes de la ciencia moderna". Madrid. Guadarrama. 1970.
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A fin de eludir la tentación de desarrollar una descripción esquemática de la revolu- ción
A fin de eludir la tentación de desarrollar una descripción esquemática de la revolu-
ción científica, es necesario considerar una serie de factores que la desencadenaron y
promovieron su desarrollo. Tales factores son de muy diverso orden, e incluyen (de
acuerdo con las orientaciones actuales de la historia de la ciencia) aspectos tradicional-
mente considerados "no científicos" e incluso "no racionales". Comencemos desde esta
perspectiva, con el análisis de la obra de Copérnico.
La astronomía y la cosmología que heredó Copérnico
En tiempos de Copérnico (fines del siglo XV y primera mitad del siglo XVI) el
Renacimiento se hallaba en su apogeo. Fue contemporáneo de Colón, de Leonardo, de
los grandes artistas del período (Boticelli, Miguel Angel, Rafael, Durero). La imprenta
se hallaba en plena expansión y con ella culminaba la revolución tecnológica medieval.
En Europa se asistía ya a las primeras manifestaciones de importancia del modo de
producción capitalista y, con ellas, a una revalorización cada vez más creciente de la
invención técnica. El viejo problema de los planetas aún no había sido resuelto. Los
astrónomos árabes y sus herederos medievales, en base al Almagesto de Pto-
lomeo.continuaban luchando con deferentes, epiciclos y demás artificios para intentar
el cálculo de las posiciones planetarias. Al cabo de dos milenios, la pregunta de Platón
no había sido contestada. El instrumento ptolemaico empleaba distintas construcciones
para distintos planetas, o para un mismo planeta en distintas épocas del año. Un nuevo
enfoque parecía necesario, y ello por dos razones. La primera era la estrecha relación
que guardaban la astronomía y la astrología. Los planes y decisiones de los gobernantes
de la época estaban fuertemente influidos por las predicciones astrológicas, cuyas fallas
se atribuían a la deficiencia de los cálculos astronómicos. (Astrónomo y astrólogo solían
coincidir en el mismo individuo. Kepler iba a resumir en una frase esta relación: "Dios
provee a todo animal de su medio de subsistencia, para los astrónomos ha provisto la
astrología" .)
Una segunda razón que exigía la pronta resolución del problema de los planetas
estaba referida a cuestiones que afectaban a la navegación (elaboración de mapas, orien-
tación en alta mar), en una época de gran expansión colonial y viajes de exploración y
conquista. Era necesaria una reforma del calendario, para lo cual debía conocerse con
la mayor precisión posible la duración del año en términos de posiciones planetarias. El
calendario juliano ( por Julio César) considera un año de 365 días + un cuarto de día,
por lo cual se agrega un día al almanaque cada cuatro años (en el mes bisiesto). Pero el
ajuste no es perfecto, por lo cual, con la acumulación de los siglos, la Pascua resultaba
exageradamente adelantada.(*) El problema se convirtió en asunto de gran interés para
la Iglesia. Cuando Copémico fue consultado al respecto, respondió que una nueva re-
forma sólo era posible si se dispusiera de un "instrumento astronómico" más confiable
que el ofrecido por Ptolomeo y sus herederos.
(") De acuerdo con la tradición, la fecha de la Pascua se estahlece a partir del conocimiento del día en que
el Sol pasa por el "punto vernal" (intersección de la eclíptica con el ecuador celeste). La determinación
de este punto requiere conocimientos astronómicos.
~
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¿Qué decir en materia cosmológica? Como ya hemos señalado. la reinterpretación de Aristóteles por el
¿Qué decir en materia cosmológica? Como ya hemos señalado. la reinterpretación
de Aristóteles por el pensamiento cristiano. en el siglo XIII, había pretendido fusionar
la autoridad del gran filósofo con la palabra bíblica. Pero. al mismo tiempo. ello permi-
tió someter a discusión aspectos parciales de su cosmología con entera libertad. En el
siglo XIV, intelectuales provenientes de la Iglesia (Jean Buridán, Nicolás Oresme) so-
metieron a crítica las ideas aristotélicas sobre el movimiento de los cuerpos que se
mueven en proximidades de la superficie terrestre, como los proyectiles. y mostraron
su incoherencia. (En el Libro 2 trataremos este tema.) A ello debe agregarse, entre los
siglos XIV y XV. la aparición de argumentaciones que señalan la imposibilidad de
decidir. sobre la base de observaciones. si los movimientos aparentes de los astros se
originan en la rotación de una esfera celeste o si ésta permanece fija y la Tierra gira.
¿Cómo afectó a la credibilidad de la cosmología aristotélica este tipo de "crítica
interna" en el seno mismo del aristotelismo? Refutar a Aristóteles en cuanto a sus creen-
cias sobre el movimiento de los proyectiles puede parecer "inocente". por cuanto el
tema parece muy alejado de cuestiones de dogma cristiano que podrían irritar a los
teólogos. (Al fin de cuentas, el tema no está contemplado en la Biblia.) Pero deja de
serlo si se tiene en cuenta que la coherencia de la cosmología aristotélica es tal que una
grieta en el sistema repercute en muchos otros ámbitos del mismo. En cuanto a la posi-
bilidad del movimiento de la Tierra, ello fue destacado como un mero ejercicio de
imaginación destinado a mostrar que lo que ocurre en realidad no puede decidirse por
observación o razonamiento sino recurriendo a las Escrituras. Ello pensaba. entre otros.
el cardenal Nicolás de Cusa. en el siglo XV. Sin embargo. tales cuestiones "estaban en
el aire" de la época de Copémico. e iban a ejercer gran influencia entre los futuros
partidarios de un universo heliocéntrico.
COPÉRNICO
Nació en Thom, Polonia, en 1473. Fue educado por su tío. un obispo. y
luego estudió matemática en Cracovia. (Por entonces, Colón llegaba por primera
vez a América.) En 1496 se marchó a Bolonia. Italia, donde estudió leyes, medicina
y astronomía; también frecuentó la Universidad de Padua. En estas ciudades
italianas. en las que la actividad intelectual era intensa y crítica. concibió proba-
blemente la obra que sería el detonante de la revolución científica de los siglos
XVI y XVII. De regreso a Polonia, en 1505, se instaló en Frauenberg, una ciudad
prusiana. de cuya catedral fue canónigo (administrador) prácticamente hasta su
muerte. ocurrida en 1543. Pero muy pocos días antes había sido publicado Sobre
la revolucióll de la.'! esferas celestes. dedicado al papa Pablo I1I, libro que cam-
bió el curso de la historia de la ciencia.
Por último debemos tener en cuenta la difusión. en tiempos de Copémico, de ideas
de raigambre neoplatónica y que reactualizaban antiguas cosmologías radicalmente
distintas de la aristotélica. Pertenecen a lo que Keamey llama la "tradición mágica" o
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"mística". con su creencia en la armonía y simplicidad del mundo, en el rol preponde-
"mística". con su creencia en la armonía y simplicidad del mundo, en el rol preponde-
rante del Sol y en la infinitud del universo. Al parecer, Copérnico no fue indiferente a
estas convicciones "extracientíficas".
Pri",itil'Cl representación del univer.w copemica/lo.
Aquí la.~estrellas ya no se I'e/l confinadas a perma/le-
cer sobre la .wper:ficie de la esfera estelm:
* •••
:: ~.
==-.--~
El sistema planetario copernicano
En Sobre la revolución de las esferas celestes. Copémico instala al Sol en el centro
del universo y asigna a la Tierra un movimiento de rotación alrededor del eje polar
Norte-Sur y un movimiento orbital alrededor del Sol. El primero explica el desplaza-
miento diario de los astros; el segundo, el desplazamiento anual del astro con respecto
a las estrellas, como indica la figura 23. (Un tercer movimiento, que Copémico atribu-
ye a la Tierra, no requiere ser considerado aquí.)
6rbita de
la Tierra
Fil? 23. E\plicación copemicana del movimieflfo al/ual del Sol. CI/o/ldo la Tierra .~edespla:.a de J a 2. se
obserl'll que el Sol, proyectado sobre el fO/ldo de estrellas, se IIl11el'e con respecto a ellas.
~
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La figura 24 muestra cómo el sistema copemicano explica la retrogradación de un planeta, en
La figura 24 muestra cómo el sistema copemicano explica la retrogradación de un
planeta, en este caso Marte. El observador desde la Tierra ocupa las posiciones TI' T 2 ,
T, al tiempo que el planeta se encuentra en MI' M~, MJ
Sobre el fondo de estrellas,
cuya esfera está fija con respecto al Sol, se observa al planeta proyectado en 1, 2, 3
El
movimiento aparente durante el tramo 1-2-3 se cumple en un sentido. pero éste se
invierte en el tramo 3-4-5. En el tramo 5-6-7 el planeta vuelve a moverse con respecto
a las estrellas en el sentido habitual. Se ha producido una retrogradación.
3
842
S
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y
'irhi
Ik
Fig.24.
IDli~IT"J.
ACTIVIDAD 13
¿Se explica de este modo también el aumento de brillo y tamaño aparente del
planeta cuando éste retrograda? ¿Por qué?
Con la inmovilización del Sol en el centro de la esfera de las estrellas y la asignación
del doble movimiento terrestre, junto con la suposición de que los planetas describen
trayectorias circulares alrededor del Sol, Copémico parece encaminado a hallar una
solución del problema de los planetas no sólo más exacta, sino también más armoniosa.
Así lo hace saber al Papa Pablo III, a quien dedica el prefacio de su obra. Luego de
quejarse acerca de lo insatisfactorio de las construcciones de raíz ptolemaica emplea-
das hasta entonces, y de los magros resultados que producen, explica otro tipo de moti-
vaciones que lo llevaron a elaborar su modelo helioconcéntrico:
) En lo que respecta al problema principal, es decir la forma del mundo y la
inmutable simetría de sus partes, (los astrónomos) no han podido ni encontrarla
ni deducirla. Su obra puede ser comparada a la de un artista que, tomando diver-
sos lugares, pies. cabeza y demás miembros humanos (muy hermosos en sí mis-
mos, pero no formados en función de un solo cuerpo, y por tanto sin correspon-
dencia alguna entre ellos) los reuniera para formar algo más parecido a un mons-
truo que a un hombre.
(
90
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El "problema principal" de Copémico es, pues, eliminar la "monstruosidad" de la astronomía matemática
El "problema principal" de Copémico es, pues, eliminar la "monstruosidad" de la
astronomía matemática heredada, su falta de elegancia, simplicidad, economía y clari-
dad. En estas preocupaciones estéticas del gran astrónomo es posible rastrear la in-
fluencia del pensamiento neoplatónico. Copémico creyó que, al asignar al Sol funcio-
nes que en el sistema ptolemaico se atribuían a la Tierra, su "instrumento astronómico"
resultaría más eficaz y más bello. Lamentablemente no ocurrió así. Los datos de obser-
vación de que disponía Copémico (heredados especialmente del Almagesto) no con-
cordaban con las predicciones de un modelo tan simple (una órbita para cada planeta) y
también él debió recurrir a epiciclos y circunferencias excéntricas. Incluso debió ubicar
al centro de la órbita terrestre en un punto que no coincidía con el centro del universo,
el Sol. El sistema copemicano resultó, en suma, un instrumento de cálculo al menos tan
complejo como el ptolemaico, y no más eficaz.
Dicho de otro modo, tampoco Copérnico resolvió el problema de Platón. Propuso
nuevas formas de componer movimientos circulares y uniformes para el cálculo de
posiciones planetarias, esta vez a partir de un Sol central y una Tierra en movimiento,
pero no con ello logró su objetivo de predecir con exactitud por medio de un sistema
armonioso. ¿Por qué, entonces, se dice que inició una revolución científica. llamada
incluso "copemicana"?
En páginas anteriores hemos señalado el carácter "instrumental" de la astronomía
ptolemaica; se trata de calcular la posición de los planetas, no de filosofar acerca de la
realidadfísica del modelo planetario en análisis. Esta última función queda reservada a
los cosmólogos (que hoy llamaríamos "físicos"). Y acerca de ello Aristóteles parecía
haber dicho la última palabra. Copémico puso fin a este divorcio entre astronomía y
cosmología. Sus herederos (Kepler, Galileo) iban a negar que el problema de los plane-
tas y la cuestión cosmológica pudiesen ser encarados como aspectos desvinculados
entre sí: la revolución científica fue la respuesta a una serie de preguntas que Copémico
formuló aunque no pudiese él mismo responder.
Copémico incluye, en su libro, toda una serie de consideraciones cosmológicas.
Cuando trata el tema de la movilidad de la Tierra, no elude la consideración de las
serias objeciones que pueden plantearse a tal hipótesis. Intenta, desde una perspectiva
aristotélica, responder a las mismas. Lo que quedará claro a sus lectores venideros es
que, si se quiere sostener la realidad física del movimiento terrestre, no bastará con
"remendar" aspectos parciales del aristotelismo. sino edificar una nueva cosmología y.
en particular. una nueva física. Y este programa. formulado tímidamente por Copémico,
es de tal envergadura que la "revolución copemicana" bien merece su nombre.
Los herederos de Copérnico
Copémico murió en 1543, en el mismo momento en que se publicaba Sobre la revo-
lución de las esferas celestes. (La tradición afirma que recibió el primer ejemplar im-
preso en su lecho de muerte.) Mientras el libro se hallaba en pruebas de imprenta, su
amigo Osiander, un pastor luterano a cargo de la edición, añadió un prólogo sin firma
en el cual se aclara que el sistema copemicano no debe ser entendido literalmente, sino
~
91
como un conjunto de "hipótesis sin pretensión de realidad". A los astrónomos, dice Osiander, les
como un conjunto de "hipótesis sin pretensión de realidad". A los astrónomos, dice
Osiander, les corresponde calcular el movimiento de los astros, y no decidir acerca de
la verdadera naturaleza del mundo, tarea reservada a la teología. Copémico, en verdad,
opinaba otra cosa, durante décadas los lectores no especializados (a quienes las com-
plejidades técnicas del libro les eran inaccesibles) atribuyeron al astrónomo polaco el
prólogo y los puntos de vista que allí se exponían.
Los astrónomos recibieron la novedad con interés exclusivamente profesional.
Copémico ofrecía nuevos procedimientos de cálculo de posiciones planetarias, y se
reconoció que su obra era el único tratado de astronomía de nivel comparable al
Almagesto.
Por su parte. el prólogo de Osiander tranquilizaba a quienes podían inquietarse ante
la perspectiva de tener que salir al cruce de opiniones en abierta contradicción con la
Biblia. La Iglesia Católica enfrentaba una crisis trascendente, a raíz del movimiento
cismático originado en la actitud contestataria de Martín Lutero, cuyas ideas se propa-
gaban rápidamente por el centro y el norte del continente europeo. Todo ello parecía
muy alejado de la problemática astronómica, y, por lo demás, Copérnico era un buen
católico, sobrino de un obispo y canónigo de una catedral.
Las únicas objeciones provinieron, precisamente, del campo protestante. Decididos
en materia doctrinaria a volver a la~fuentes del cristianismo, los partidarios de Lutero
o Calvino no aceptaban interpretaciones metafóricas de la Biblia. Todavía en vida de
Copémico. y enterado de oída!i de que éste trabajaba en la elaboración de un sistema
planetario heliocéntrico, LUlc.:ro había montado en cólera:
Este loco (Copérnico) anhela trastocar por completo la ciencia de la astronomía.
pero las Sagradas Escrituras nos enseñan que Josué ordenó al Sol y no a la Tierra
que se detuviese.(*)
Pero su discípulo Melancthon era más explícito:
Los ojos son testigos de la revolución de los cielos a través del espacio cada
veinticuatro horas. Sin embargo, algunos por amor a la novedad o por hacer gala
de ingenio, han referido de ello que la Tierra se mueve y sostienen que ni el sol ni
la octava esfera giran
Es
una falta de honestidad y decencia mantener pública-
mente tales ideas. y el ejemplo es pernicioso. Un espíritu justo debe admitir la
Verdad Revelada por Dios y someterse a ella.(**)
Como indicamos en la página 79 de éste módulo, la Iglesia Católica pasó a la ofen-
siva ante el desafío reformista en 1563, finalizado el concilio de Trento. Se inició en-
tonces la Contrarreforma, destinada a proteger la ortodoxia católica y perseguir, por
medio de la intensa actividad del Santo Oficio, a los disidentes. El contenido de los
(*)
Kuhn. T
Op cit.
(**)
Kuhn. T
Op cit.
92
~
libros en circulación en los países católicos fue atentamente analizado y el "índice de libros
libros en circulación en los países católicos fue atentamente analizado y el "índice de
libros prohibidos" (lndex) se incrementó cada vez en mayor medida. Sin embargo, por
razones que ya señalamos, el libro de Copémico no produjo ninguna conmoción en el
ámbito católico de la segunda mitad del siglo XVI. Para que ello ocurriese se necesita-
ban lectores atentos, capaces de comprender que Copérnico había trazado un proyecto
y que el proyecto podía ser llevado adelante. Protegido por las complejidades técnicas
de la astronomía y el tranquilizador prólogo de Osiander, Sobre la revolución de las
esferas celeJtes parecía un artefacto inofensivo. En los primeros años del siglo XVII,
Galileo y Kepler comprendieron que era, en realidad, una bomba. Y la hicieron estallar.
LAS ETAPAS DE LA REVOLUCIÓN CIENTíFICA
Las objeciones que podía recibir un adherente al heliocentrismo copemicano a par-
tir de la segunda mitad del siglo XVI eran de diversa naturaleza. Además de aquéllas
que invocaban el sentido común o la tradición religiosa, las había de carácter físico y
astronómico. Muchas de ellas, de hecho, habían sido esgrimidas a propósito de las
propuestas de antiguos astrónomos como Heráclides o Aristarco, el "Copérnico de la
Antigüedad".
LAs objeciollesfísicas. Para Aristóteles, el movimiento circular uniforme es un "es-
tado" inherente a los astros. Todo movimiento circular, en la Tierra, es necesariamente
forzado (no natural) y requiere una explicación en términos de algún agente externo. Al
inmovilizar a la esfera de las estrellas fijas, Copérnico le había sustraído su carácter de
motor universal que mantiene en movimiento a las demás esferas planetarias. Pero
entonces. ¿qué mantiene en movimiento a los planetas alrededor del Sol? Además, si la
Tierra se mueve, ¿por qué no abandona a la Luna, las nubes, etc. al hacerlo?
Ya hemos mencionado otro argumento físico importante: el "de la torre". El astró-
nomo Tico Brahe, en la segunda mitad del siglo XVI, lo reformuló imaginando una
bala de cañón que es disparada verticalmente: al retornar a tierra, la bala ingresa nueva-
mente en la boca del cañón. ¿Por qué habría de hacerlo, si durante ese intervalo el
cañón, junto con la Tierra, ha estado moviéndose?
Las objeciones astronómicas. Dos de las más importantes objeciones astronómicas
al copernicanismo están vinculadac; con fenómenos que. de ser correcto el punto de
vista heliocéntrico, deberían observarse y que NO habían sido observados. El primero
se refiere al comportamiento del planeta Venus. El heliocentrismo predice la observa-
ción de un ciclo completo de fases, como las de la Luna: nadie había observado nunca
tal cosa. La segunda objeción consiste en que, si la Tierra describe una órbita alrededor
del Sol. debería observarse un desplazamiento anual. periódico, de las estrellas, al que
los astrónomos llaman paralaje estelar. La figura 25 explica en qué consiste. Tampoco
había sido observado jamás.
Los herederos de Copérnico lograron edificar una cosmología capaz de eliminar
estas objeciones y muchas otras. Las objeciones físicas obligaron a fundamentar una
~
93
física de carácter radicalmente distinto de la aristotélica, cuyos cimientos edificó Galileo. Su contemporáneo
física de carácter radicalmente distinto de la aristotélica, cuyos cimientos edificó Galileo.
Su contemporáneo Kepler, a la búsqueda de una solución definitiva del problema de los
planetas. dio con el modelo planetario que permitió tratar al sistema solar como un
mecanismo gobernado por las mismas leyes que se aplican a los cuerpos terrestres. La
observación telescópica de los cielos, iniciada por Galileo, mostró importantes fenó-
menos ¡nobservados hasta entonces. Con el aporte de muchos otros científicos pudo
Newton, en la segunda mitad del siglo XVII, realizar su gran síntesis y presentar al fin
la nueva cosmología. (El cuadro histórico de la figura 22 le permitirá ubicar cronológi-
camente a estos protagonistas.)
- -'
. "---
//
esfera de las
estrellas
~
Fig. 25. La paralaje estelar. La Tierra gira "Irededo,. del
Sol (S)'y octlplllas posiciones T,.Y T! en momentos separa-
dos por IIn lapso de meclio "'10. El eje polar N-S 110 moclijiCl/
su di,.ección. Por tamo, los ánglllos a y b, formaclos !'o,. el
eje y la visual a IIna misma estrella, E, no SOIl igllales.
VisUillmente, el efecto deberí" traducirse ell WI desIJla:fl-
miento lle la estrellll ell la esfera celeste. a medida que la
Tierra ~'iaja desde T, a T!.
ACTIVIDAD 14
Copérnico, desde luego, era consciente de la objeción referida a la inobservación
de la paralaje estelar, por lo cual tuvo que aceptar (sin otra razón que lo justifica-
ra) que las estrellas se hallan a ellonnes distancias del Sol. Redacte un breve
texto destinado a explicar porque, si la suposición es correcta, la objeción no
afecta la posibilidad del movimiento terrestre.
Tico 8rahe (1546-1601)
El a'itrónomo danés Tico Brahe fue el más importante observador de los cielos de la
era anterior al empleo del telescopio, utilizado por Galileo a partir de fines de 1609.
Pudo haber sido un heredero inmediato de Copérnico. pues vivió en la segunda mitad
del siglo XVI. sin embargo, no adhirió al heliocentrismo. Los argumentos que
mencionamos en la página 93 • en particular la inobservancia de la paralaje estelar. lo
convencieron de que el modelo copernicano no podía ser aceptado.
La pericia técnica de Tico le permitió construir instrumentos muy sofisticados para
construir tablas de posiciones planetarias en base a la observación. Estas resultaron de
una precisión extraordinaria(*). Más importante aún fue la continuidad y el gran núme-
(") Las posiciones planelarias de TIco adolecían de errores del orden de sólo 4', si se las comp¡lra con
mediciones posleriores, más precisas, realizadas con lelescopios. Es la dislancia angular mínima a la que
dehen cnconlrnrsc dos cSlrellas para ser discernibles por el ojo humano.
94
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ro de observaciones acumuladas durante décadas: de un plumazo, Tico sustituyó un conjunto de datos
ro de observaciones acumuladas durante décadas: de un plumazo, Tico sustituyó un
conjunto de datos imprecisos, muchos de los cuales eran originarios de Hiparco, que
había vivido dieciocho siglos antes, por otro mucho más preciso y sistemático. En rea-
lidad. con el solo apoyo empírico de los datos de que disponía Copémico, lIingú" siste-
ma planetario podía acordar con los hechos, como lo han señalado repetidas veces los
historiadores de la ciencia. En tal sentido, la contribución de Tico resultó fundamental
para el enfoque renovado que iba a dársele al problema de los planetas.
Otras observaciones de Tico tuvieron consecuencias inmediatas. Observó cometas
cuya trayectoria, según pudo comprobar por procedimientos de triangulación
astronómica, se hallaban sin duda en la región supralunar. A fines de 1572, fue el privi-
legiado observador de una "estrella nueva" en los cielos: el brillo de la misma, en su
momento de mayor esplendor, era comparable al de Venus. Tico estudió esta "nova" y
determinó que no podía hallarse en la región sublunar. Las observaciones rigurosas
ubicaban ahora a los cornetas a la distancia que correspondía y prestaban atención a la
aparición de novas.
Las conclusiones de Tico entran en conflicto con la idea aristotélica de que el mun-
do supralunar es inmutable. Los cometas o las novas observados en siglos anteriores no
bastaron para alterar la imagen del mundo. Pero en este período histórico en el cual el
debate cosmológico comienza a "estar en el aire", tales hechos despertaron la atención
de los astrónomos. (Como veremos más adelante, no cuenta sólo qué miramos. sino
también qué esperamos ver de acuerdo con ciertas expectativas o creencias previas.)
Sin embargo Tico no era ajeno a la influencia de lo que hemos llamado la tradición
mágica y no pudo sustraerse al encanto de la armonía que representaba el heliocentrismo
frente al "monstruoso" sistema con excéntricas, epiciclos, deferentes y demás compli-
caciones de la astronomía ptolemaica. Entonces ideó un sistema que intentaba explicar
las observaciones. que era matemáticamente elegante y que al mismo tiempo no tenía
las inexplicables incongruencias del copemicano. A ese sistema se lo llama ticóllico. y
se lo muestra en la figura 26.
Fill. 26. E/sistema ticóllico. ws cin:urrfe-
rendas SO/l defaelltes del mismo.
~., 95
En el sistema "de compromiso" de Tico Brahe, la Tierra conserva su lugar privile- giado
En el sistema "de compromiso" de Tico Brahe, la Tierra conserva su lugar privile-
giado en el centro del universo. El Sol gira a su alrededor, pero los planetas, a su vez,
giran alrededor deL Sol. Para el astrónomo danés, la solución era satisfactoria: su siste-
ma pretendía conservar a un tiempo las ventajas de los sistemas de Ptolomeo y de
Copémico. Pero Tico. formidable observador de los cielos, no era un astrónomo teóri-
co. Nunca trató de cotejar las predicciones del modelo con sus propias observaciones.
Delegó esa tarea en la persona indicada: Kepler.
ACTIVIDAD 15
¿Qué objeciones anticopernicanas no pueden ser empleadas para el sistema
ticónico? ¿Qué aspectos del copernicanismo se integran al mismo? En ambos
casos, confeccione una breve lista. (Le servirá de repaso).
Johannes Kepler (1571-1630)
A comienzos de 1601, Ya menos de dos años de su muerte, Tico Brahe recibió en la
corte de Praga (donde era "matemático imperial") la visita de unjoven astrónomo, Johannes
Kepler. En 1596 éste había publicado un libro, el Misterio Cósmico (del cual había envia-
do ejemplares a Tico y a un matemático de Padua, (Galileo Galilei), en el cuál se decla-
raba ferviente copemicano. Kepler era un místico atormentado, enrolado en la tradición
neoplatónica, para quien los argumentos de simplicidad y armonía esgrimidos por
Copémico debían ser llevados hasta sus últimas consecuencias. Su presencia en Praga
obedecía a una razón muy ostensible: deseaba convertirse en ayudante de Tico y así
acceder a la formidable serie de observaciones recopiladas por el danés. Lo consiguió.
En el Misterio Cósmico, Kepler había tratado de imaginar un curioso modelo planetario
a partir de su "veneración" por los números y su creencia de que el "misterio" del mundo se
expresa por medio de relaciones numéricas sencillas. Había seis "astros vagabundos" (los
conocidos ha.<;ta entonces) y hay cinco poliedros regulares (el tetraedro, el cubo, el dodecaedro,
el icosaedro y el octaedro, todos los cuales pueden ser inscriptos en una superficie esférica
y, a su vez. inscribir a otra). Kepler pensó que ello no podía deberse a una coincidencia, y
que por allí debía buscarse la huella de un Dios afecto a la matemática.
En la figura 27 se muestra un prototipo del universo juvenil de Kepler. La superficie
esférica exterior corresponde a Saturno; ella inscribe a un cubo, que inscribe a la esfera
de Júpiter: ésta inscribe a un tetraedro, que inscribe a la esfera de Marte, y así sucesiva-
mente. En el centro del modelo se encuentra, por supuesto, el Sol. Como convencido
neoplatónico. Kepler escribe a propósito de él:
El Sol. situado en medio de las estrellas móviles (planetas), quieto él mismo,
aunque sea la fuente del movimiento, lleva la imagen de Dios, Padre y Creador:
distribuye su fuerza motora a través de un medio que contiene los cuerpos móviles
En este fragmento ya se observa en el joven Kepler su creencia en que el orbitar de
los planetas debe atribuirse a algún tipo de "medio" originado en el Sol.
96
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KEPLER Johannes Kepler es una de las figuras más fascinantes de la historia de la
KEPLER
Johannes Kepler es una de las figuras más fascinantes de la historia de la
ciencia. Nació en Wurttenberg, Alemania, en 1571, nueve años antes de la segunda
fundación de Buenos Aires. Su infancia fue un catálogo de desdichas; descendía
de una familia de enfermos mentales y de extrema pobreza, padeció viruelas y su
visión siempre fue defectuosa. Fue educado en una escuela administrada por
funcionarios luteranos destinada a la formación de religiosos, pero Kepler optó
finalmente por la matemática y la astronomía. Adhirió a las doctrina'i neoplatónica'i
del "culto del Sol" y de la "armonía del mllndo", según la cual el Dios Creador ha
cifrado el universo en términos matemáticos que involucran sencillez y belleza.
La lectura del libro de Copérnico fue un aliciente formidable. De allí en más, su
convicción en un mundo heliocéntrico se volvió inamovible.
Saturno
Júpiter
Marte
Tierra
Venus
Mercurio
La mlÍsica de los planetas seglÍlI Keple/; de JI/libro Armonía del mundo. (olo)
En 1594 Kepler fue designado a'itrónomo y astrólogo en Gratz, Austria, pero
las luch<l'; religiosas de la época lo obligaron a abandonar la región. Se dirigió a
Praga, donde fue aceptado por el astrónomo más célebre de entonces, Ttco Brahe, en
calidad de ayudante. A la muerte de líco, en 160 1, Kepler heredó sus valiosas obser-
vaciones astronómicas y su cargo en la corte del emperador Rodolfo n. A la muerte
de éste. en 1612. siguió una época de nuevos padecimientos personales y económicos
para Kepler, en 1620 debió defender a su madre de la acusación de brujería, por lo
cual ella estuvo a punto de perecer en la hoguera. Murió en 1630, en la miseria, luego
de deambular por distintos lugares de Europa y reclamar de sus antiguos protectores
el pago de salarios adeudados. El mismo escribió su epitafio:
Medí los cielos, ahora las sombras de la tierra mido.
Celestial era el espíritu, ahora el cuerpo yace en las sombras.
(") Cohen. EL "EI/wcimienlO de l/na nuevafisica". Buenos Aires. Eudeba. 1961.
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Los escritos de Kepler. redactados en un complejo y hermético lenguaje místico. son hoy prácticamente
Los escritos de Kepler. redactados en un complejo y hermético lenguaje
místico. son hoy prácticamente ilegibles salvo para los especialistas. Sus dos
primeras leyes del movimiento planetario se encuentran en Astronomía Nueva
(1609); la tercem en Armonía del mUlldo (1619). Después de su muerte se conoció
un texto inconcluso. el Sue,io. en el que Kepler narra un viaje a la Luna al modo
de la moderna ciencia ficción. Kepler realizó también importantes aportes a la
óptica. pues fue el primero en explicar correctamente el funcionamiento de un
telescopio construido personalmente por Galileo.
I
/
lb)
Fig. 27. Prototipo del unil'uso jU~'enilde Kepler (a).y "uta ell corte de parte del mismo (b).
Copérnico había tratado de estimar las distancias relativas entre el Sol y Mercurio.
Venus. la Tierra, la Luna, Marte, Júpiter y Saturno. Kepler pensaba que esas distancias
podían ser inferidas "a priori" de su modelo de "caja china" (esfera-poliedro-esfera-
poliedro-esfera
). Pero no hubo acuerdo con los cálculos de Copérnico, y Kepler pos-
puso la cuestión hasta poder disponer de los datos de nco. Aunque hoy nos resulten
extrañas estas consideraciones místicas de Kepler (y algunos historiadores de la ciencia
se refieran a ellas como "demenciales") muestra bien a las claras la influencia de facto-
res extracientíficos en el proceso de creación de las teorías.
A la muerte de neo. Kepler heredó su cargo y sus célebres observaciones. El pro-
blema de los planetas había sido formulado dos milenios atrás, pero aún no había sido
resuelto. Con los registros de nco y una perseverancia única en la historia de la ciencia,
Kepler asedió una y otra vez la fortaleza. Decidió que ninguna versión del modelo
ptolemaico ni del modelo de Copérnico podían predecir razonablemente las posiciones
planetarias registradas por Tico. Fiel a una promesa que había hecho a éste, intentó utili-
zar su "sistema de compromiso", pero tampoco resultó. Las mejores predicciones estaban
afectadas por errores del orden de medio grado (30'), mientras que Tico había logrado
estimar posiciones planetarias del orden de 4'. Kepler no podía darse por satisfecho.
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Al cabo de innumerables tentativas, Kepler comenzó a abandonar la creencia de que la simplicidad
Al cabo de innumerables tentativas, Kepler comenzó a abandonar la creencia de que
la simplicidad del modelo planetario buscado podía hallarse en una composición de
movimientos circulares. Yal fin, renunciando a la "maldición del círculo" platónica,
propuso su propia versión de sencillez: asignar a cada planeta una sola órbita, aunque
ésta no fuera una circunferencia. Comenzó a suponer que Marte (el planeta elegido por
él para su análisis) tiene una trayectoria en forma de óvalo. (El óvalo es una curva
cerrada formada por arcos de circunferencia.) Las discrepancias persistían, pero Kepler
fue capaz de advertir que ellas variaban según una ley matemática definida, lo cual le
permitió dar con la forma de la órbita correcta: una elipse. Asignó a cada planeta una
órbita elíptica, con un foco común en el cual se encuentra el Sol (Figura 28).
Fig. 28. El modelo keplerial/o. Cada pla-
neta describe l/na elipse, cl/yo foco es común
a 10das ellas y en el que se enCUl!nlra el Sol,
S (Primera ley). Los segmentos que unen el
Sol con el planeta barren áreas iguales en
liempos iguales (Segunda ley). En laJigllra,
se
sI/pone que el lapso que demora el pÚlne-
la
en viajar de P, a Pz es igual al qUl! demo-
ra
en
viajar
de
p
a P.( lLJs áreas sombreadas
son, por tanto, iguales. Como consecuencia.
en proximidades del Sol el pÚlnela se mueve
con mayor rapidez,.
Al cabo de esta tarea, que le llevó casi ocho años, Kepler pudo enunciar dos leyes,
que describen el movimiento de los planetas alrededor del Sol:
l. Los planetas siguen trayectorias elípticas. En uno de los focos de cada elipse está
ubicado el Sol.
2. El segmento que une el Sol con el planeta barre áreas iguales en tiempos iguales
(Ley de la áreas). En la figura 28 se aclara el significado de este enunciado.
La historia de este resultado trascendental para la revolución científica fue narrada
en Astronomía Nueva, que Kepler publicó en 1609. En este libro asombroso Kepler
describe cada uno de sus intentos fallidos, con honestidad ejemplar, y explica de qué
modo acabó por barrer con deferentes, epiciclos, excéntricas y demás artificios "como
un montón de estiércol", según sus propias palabras. Al emplear su propio modelo de
órbitas elípticas, la concordancia con los datos observacionales de nco resultó exce-
lente. Aunque no en los términos que exigía Platón (composición de movimientos cir-
culares y uniformes) Kepler había resuelto el problema de los planetas.
Los razonamientos y especulaciones de Kepler para arribar a sus dos leyes son de
una extrema complejidad, pero están siempre orientados por convicciones cosnwlógicas.
en la tradición de Copémico. (Del prólogo de Osiander, que presentaba al libro de
Copérnico como un mero "instrumento de cálculo", Kepler afirmaba que había sido
escrito "por un asno para ser leído por otros asnos".) Nunca dudó de la realidad de su
~
99
sistema planetario. De hecho infirió la segunda ley antes que la primera por considera- ciones
sistema planetario. De hecho infirió la segunda ley antes que la primera por considera-
ciones místicas acerca de cómo el Sol hace mover a los planetas. Kepler pensaba que el
Sol. con su infinito poder y majestad, emite rayos que chocan contra el planeta. suerte
de efluvio que llamaba "anima motrix" (Figura 29). Esta idea es un anticipo de lo que
luego sería la "ley de la gravitación" de Newton y se hallaba ya presente en las páginas
del Misterio Cósmico.
Fig. 29. El "ánit/Ul motrix" de Kepler. emana-
da del Sol, obliga a /llover a los plcUJetaJ a su
alreded(}/: Kepler suponía que dicha '1uer.,a"
era inversamente proporciOlUlI ula distancia.
A ello agregó que la "fuer:.a" era proporcio-
nal a la velocidad del planeta (suposición tí-
picamellle aristotélica) de donde concluyó que
la velocidad del planeta es inversamente pro-
porcional a la distancia que lo separa del Sol.
Este último enunciado es aproximodamellle co-
rrecto. y conduce {/ la segunda ley
que las premisas son falsos!
¡pese a
En su búsqueda de armonías matemáticas Kepler halló, años más tarde, una tercera
ley. que relaciona cantidades correspondientes a distintos planetas. Si dA Y Te son las
distancias medias al Sol y el período del planeta A, y d B Y Tn son las cantidades corres-
pondientes del planeta B, Kepler halló que d\IY-A=d J e ff2 A' Esta constante caracteriza
al sistema solar como un todo: es independietlte del planeta que se considere.
Con el auxilio de su nuevo modelo planetario, Kepler calculó posiciones planetarias
y las editó en forma de tablas para uso de astrónomos. Estos las emplearon a total
satisfacción, y la cuestión "instrumental" quedó clausurada. Sin embargo. las conside-
raciones keplerianas que pretendían fundamentar la "mecánica" del sistema solar (es
decir. el por qué los planetas describen órbitas elípticas) están teñidas de misticismo
neoplatónico y no fueron suficientes para sustituir al aristotelismo. De hecho. la tradi-
ción neoplatónica en ciencia acabó con Kepler. Había dado respuesta aJ problema
cinemático de decidir cómo se mueven los planetas. La tarea de construir un universo
regido por leyes mecánicas, capaces de explicar por qué los cuerpos terrestres y celes-
tes se mueven como lo hacen, sería misión de la tradición mecanicista. A la muerte de
Kepler. en 1630, parte de ella había sido ya cumplida por su ilustre contemporáneo
Galileo.
Galileo Galilei (1564-1642)
Cuando Kepler envió un ejemplar de su libro Misterio Cósmico a Galileo, en 1596,
recibió de éste una amable carta en la cual el matemático italiano confesaba profesar
también él su adhesión por el copemicanismo. Las razones de ello no son claras, pues
Galileo no simpatizaba con el misticismo neoplatónico, y las objeciones anticopemicanas
aún conservaban su poder de convicción. Sin embargo, Galileo había orientado hasta
l~
entonces sus investigaciones hacia el estudio de los movimientos de los cuerpos que se mueven
entonces sus investigaciones hacia el estudio de los movimientos de los cuerpos que se
mueven en proximidades de la superficie terrestre (péndulos, cuerpos que ruedan por
planos inclinados o que caen libremente, etc.) y es posible que ya por entonces tuviese en
mente la clave para mostrar que era posible diseñar una física nueva, no aristotélica,
capaz de explicar por qué las objeciones físicas (como el argumento de la torre) perdían
validez desde el nuevo punto de vista. En otras palabras, que es posible conciliar el movi-
miento de la Tierra con los resultados de la observación, aunque éstos parezcan, en prin-
cipio, corroborar lo contrario.
Galileo nunca fue un "astrónomo profesional", al modo de Copémico y Kepler. Adop-
tó el copemicanismo como posición cosmológica general y con ello le bastó. Pero en
1609. de manera accidental, cayó en sus manos un curioso instrumento que aumenta el
tamaño de los objetos que se observan a través de él y lo empleó magistralmente para
indagar las cosas que se ven en el cielo. El telescopio modificó sustancialmente su vida.
Cada observación parecía. a su entender, entmren conflicto con la cosmología aristotélica.
Podía observar innumerables estrellas, pero Aristóteles afirmaba que no podía haber más
que las que se ven a simple vista. La Luna no era una perfecta esfera: había en ellas
montañas y valles. Saturno tenía "orejas" y un aspecto cambiante con el tiempo: algo era
capaz de cambio en la región celeste. (Galileo no pudo. con su rudimentario instrumento,
advertir que se trataba de anillos, cuya inclinación sufre modificaciones.)
En los primeros días de 1610, Galileo observó que Júpiter tenía cuatro pequeñas
estrellas que giraban a su alrededor (satélites). No podía explicar por qué la Luna no
abandona a la Tierra si ésta se mueve (clásica objeción al copernicanismo) pero. pensó,
sea cual fuere la razón, a JLÍpiterle pasa lo mismo: se mueve, y pese a ello, sus satélites
no lo abandonan . También observó que los planetas se presentan como discos a la
observación telescópica, lo cual no sucede con las estrellas . Esto vendría a corroborar
que las estrella.\· se halla" a gralldes distal/cias del Sol, y por ello no puede detectarse
la paralaje estelar. (De hecho, sólo fue hallada en el siglo XIX .)
Galileo observó también las fases de Venus. En la figura 30 se muestra por qué ello
es una corroboración del heliocentrismo.
(a)
(b)
Fig . 30. (a) Venus en el modelo
¡,tolemaico. D('stle la Tterm siem-
pre se ohsert'aría ulla pequeña
parte de la superficie iluminada
por el Sol. (b) VelllLf 1'11 el modelo
copemicano. Desde la Tierra se
observaría 111/ ciclo complelo de
fmes . Tallto 1'11 (a) como en (b) re-
cuérdese que al planeta se lo ob-
.fen'C/ siempre en pro,Timidades del
Sol. (c) Lo que obsen'ó Galileo:
fases y aumellto del diámetro apa-
(e) rente . {/ medida que el plallew se
acerca a la Tierra.
~101
ACTIVIDAD 16 Cuando la Luna se encuentra en cuarto creciente, se observa en la parte
ACTIVIDAD 16
Cuando la Luna se encuentra en cuarto creciente, se observa en la parte no bri-
llante una leve luminosidad llamada "luz cenicienta". Galileo se preguntó cuál
podría ser la causa de esa iluminación. Hizo un esquema, razonó y concluyó que.
si pudiéramos ver la Tierra desde la Luna, aquella semejaría "un planeta más".
¿Puede usted reconstruir su esquema y su razonamiento? De ser correcta la
inferencia de Galileo, ¿qué aspecto crucial de la cosmología aristotélica se ve
afectada por ella?
Al margen de que estas observaciones refutasen aspectos parciales del aris-
totelismo y corroborasen otros del copemicanismo. el mérito mayor de Galileo
radica en haber lanzado el debate cosmológico a las calles. En el El mensajero de
los astros (un "best seller" de la época) explica cómo construir un telescopio, y con
legítimo orgullo escribe:
Con la ayuda de un telescopio, cualquiera puede contemplar esto de manera que
entran claramente por los sentidos que todas las disputas agitadas entre los filó-
sofos durante tanto tiempo quedan refutadas de inmediato por la innegable evi-
dencia de nuestros ojos; nos vemos libres así de las disputas verbales acerca de
este tema.
A partir de 1611, Galileo inició su defensa pública del copemicanismo, entendido
(como lo había hecho Copémico y 10 hacía Kepler) como una propuesta de realidad
física y no como un mero instrumento de cálculo. Ello le valió una seria admonición de
la jerarquía eclesiástica, en 1616, como consecuencia de la cual fue prohibido el libro
de Copémico y se prohibió a Galileo la defensa de las ideas heliocéntricas. Se inició así
un doloroso episodio histórico que culminó con su proceso y condena, en 1633.
EL CASO GALILEO
Galileo era un hombre áspero y franco, amante de la polémica y la abierta
confrontación de las ideas. A diferencia de Kepler, pensaba que la ciencia no
puede ser concebida como una tarea solitaria de espíritus selectos o una mera
especulación desvinculada de posibles aplicaciones técnicas; entrevió, con lucidez,
la estrecha simbiosis entre ciencia y sociedad que iba a caracterizar a los tiempos
modernos. Comprometió. por tanto, todo su genio intelectual, su asombrosa vi-
talidad y su talento publicitario en la empresa de persuadir al poder polftico para
que promoviese la libre investigación. Destinó el desprecio y la refutación bri-
llante al mundo de las universidades, en la que se invocaba sin mayor crítica a la
autoridad de Aristóteles (por quien Galileo sentía gran admiración). Ello le aca-
rreó enemigos irreconciliables, que con el tiempo precipitarían su tragedia.
La nueva burguesía en ascenso le brindó su apoyo, y estuvo al servicio de
l02~
la corte toscana durante largas décadas. Su contlicto con la Iglesia se originó al intentar
la corte toscana durante largas décadas. Su contlicto con la Iglesia se originó al
intentar mostrar al mundo eclesiástico la necesidad de conciliar el dogma con la
ciencia, las Escrituras con los resultados de la investigación. El científico quiso
salvar la autonomía de su actividad ante el autoritarismo teológico; el honesto
creyente (pues Galileo lo era), impedir que su Iglesia cometiese el error de asi-
milar los fundamentos del pensamiento cristiano a su expresión temporal e his-
tórica. No lo logró.
En cartas divulgadas entre 1613 y 1615 Galileo sostuvo la tesis de que el
científico que renuncia al lenguaje bíblico, destinado al "vulgo iletrado", no renuncia
a la Biblia y a su autoridad; se limita a traducir la verdad revelada al lenguaje
matemático en el que Dios escribió el "libro de la naturaleza". La teología es reina
en virtqd de la excelsitud de los temas que trata, y en modo alguno puede rebajarse
a reunir y sintetizar el conocimiento que ofrecen las "ciencias menores" como la
geometría o la astronomía. Si ello es así, ¿por qué el teólogo habría de inmiscuirse
en cuestiones científicas que desconoce? Sería, dice Galileo, como si un poderoso
príncipe, sin ser médico o arquitecto, ordenase que se curase o construyese según
sus indicaciones, con grave perjuicio para enfermos y edificios.
La propuesta fue rechazada. El teólogo papal Roberto Bellarmino no objetaba
el
empleo instrumelltal del copemicanismo. es decir, como una "ficción útil" para
el
cálculo astronómico. Tratar así el contenido del libro de Copémico, escribió a un
partidario de Galileo, "es hablar con buen sentido y sin correr riesgo alguno". En
cambio le resultaba temerario que alguien pudiera afirmar que en verdad la Tierra
gira alrededor de un Sol inmóvil, pues, por ejemplo, el Josué bíblico ordena (en el
episodio de la batalla de Gabaón) detenerse al Sol y no a la Tierra. En 1616, en
sesión secreta, los expertos del Santo Oficio declararon "herética" la opinión
copemicana, pero de hecho, oficialmente, nunca se informó públicamente que ella
configurase herejía alguna, lo cual requiere ser refrendado por un pronunciamiento
papal. A la prohibición del libro de Copérnico siguió una severa admonición privada
a
Galileo. exortándolo a abandonar la censurada opinión.
No se conoce con exactitud lo ocurrido c()n Galileo en 1616, y existe sobre
el
episodio abundante literatura polémica. La mayoría de los historiadores coincide
en que Galileo aceptó la intimación de no defender ni soslenerel copemicanismo,
pero no se comprometió a dejar de enseñarlo y discutirlo al modo instrumental,
como lo permitía Bellarmino. Sin embargo, se conserva un acta, semejante a un
borrador y no firmada por Galileo ni por Bellarmino, en la que se da cuenta de la
imposición formal de un mandato absoluto: la prohibición de "sostener, enseñar
o convertir en objeto de demostración, de cualquier modo" el sistema copemicano.
Se trata, casi con certeza, de un documento fraguado en 1616 sin el conocimien-
to de Bellarmino. y destinado a agravar la situación de Galileo en caso de un
hipotético proceso futuro. Ello fue lo que, efectivamente, ocurrió.
Luego de algunos años de prudente silencio, Galileo volvió a la carga. En
1623 fue elegido papa, con el nombre de Urbano VIII, el cardenal Maffeo
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Barberini, con quien Galileo había mantenido una relación amistosa. Parecía haberse inaugurado una nueva etapa
Barberini, con quien Galileo había mantenido una relación amistosa. Parecía
haberse inaugurado una nueva etapa de diálogo entre la ciencia y la fe, pues el
nuevo pontífice decía amar las ciencias y las artes, y se declaraba admirador de
Galileo.Pero sólo fue un espejismo. Galileo, con cierta ingenuidad, creyó poder
convencer a creyentes y eclesiásticos de sus puntos de vista y escribió una obra
maestra de la literatura polémica: los Diálogos acerca de los máximos sistemas
del mundo (1632). La censura eclesiástica no opuso reparos, y el libro fue
publicado sin que el autor tuviese conciencia de la tempestad que se avecinaba.
Galileo fue conminando a presentarse ante el Santo Oficio. Los motivos del
proceso han sido vinculados con la historia política de la Iglesia: el papado afron-
taba una dura crisis, originada en el apoyo que Urbano VIII prestaba a Francia en
detrimento de España y Austria. El cardenal español Borgia lo acusaba de "transar
con herejes" y carecer del "celo apostólico" de sus antecesores. Influyentes adver-
sarios de Galileo, por su parte, alimentaron en Urbano VIII el rencor por Galileo,
quien, para colmo, era el más prestigioso servidor de la casa de Medici, partidaria
de España en la disputa. Por tanto, el papa habría decidido el proceso y la condena
a modo de un golpe de efecto destinado a restablecer su prestigio y autoridad. Los
inquisidores exhibieron ante Galileo el acta de 1616 y, al cabo de una serie de
maniobras y argucias destinadas a atemorizar a un anciano enfermo, se lo acusó de
dos cargos: perjurio (por haber difundido la doctrina copernicana por medio de un
libro) y malaJe (por no haber mencionado a los censores la existencia de aquél
pretendido mandato absoluto). Puesto que Galileo ignoraba la existencia del acta,
negó infructuosamente los cargos. Finalmente, agobiado, aceptó retractarse:
con
corazón sincero y no fingida fe abjuro, maldigo y aborrezco los susodichos
errores y herejía'i, y en general cualquier otro error, herejía y secta contraria a la
Santa Iglesia; y juro que en el futuro no diré nunca más ni afirmaré, por escrito o
de palabra cosa'i por las cuales se pueda tener de mí semejante sospecha. y que si
conozco a algún herético o a alguno que sea sospechoso de herejía lo denunciaré
a este Santo Oficio, o al Inquisidor u Ordinario del lugar donde me halle.
Es difícil no conmoverse ante este texto, en el cual un hombre moralmente
aniquilado es obligado a maldecir la causa a la que ha ofrecido toda su vida, por
obra de lo que el propio Galileo llamaría luego "una conjura de la ignorancia,
madre de la malignidad y de la envidia". Pero no menos conmovedor resulta
comprobar que en sus restantes ocho años de vida, en la villa donde permaneció
recluido por orden del Santo Oficio hasta su muerte, pudo recuperar su estatura
de gigante intelectual y escribir su obra maestra, los Discursos acerca de dos
lluevas ciencias, piedra basal de la física moderna y de la nueva cosmologfa que
se estaba gestando por entonces.
No fue sino hasta 1822 en que el Santo Oticio decretó que. a partir de ese
momento. no se debía negar autorización para la publicación de obras que tratasen
10~
acerca de la movilidad de la Tierra. La encíclica Providentisimus Deus. de fines del siglo
acerca de la movilidad de la Tierra. La encíclica Providentisimus Deus. de fines
del siglo XIX, que regula las relaciQnes de creencia entre el catolicismo y la
ciencia, recogió parte de las argumentaciones en favor de la libre investigación
que Galileo había presentado, infructuosamente, a principios del siglo XVII.
ACTIVIDAD 17
En sus célebres cartas "teológicas" de 1613-1615, Galileo insiste en reservar
para el estudio de la naturaleza los enfoques y métodos de la nueva ciencia.
Para comprender el proceder de Bellarmino al negar el carácter libre de la
investigación, trate de "ponerse en su lugar". ¿Qué temor pudo albergar con
relación al desarrollo futuro de la ciencia? Ese temor. ¿fue comprensible a la
luz del curso que siguió la investigación científica en siglos posteriores?
ACTIVIDAD 18
La defensa del copemicanismo por Galileo en su objetado libro de 1632 se
apoya en poderosas razones físicas. (Por ejemplo, allí suponía erróneamente
que la<; mareas se originan en la rotación y traslación de la Tierra.) Por tanto,
Galileo defiende la realidadfísica del movimiento terrestre, en abierta contra-
dicción con la Biblia. De proponérselo, el Santo Oficio hubiese podido justifi-
car una condena a muerte. ¿Por qué cree que no lo hizo? (Imagine hipótesis
históricas, algunas de las cuales podrían estar avaladas por la información del
texto. En la Clave de Respuestas damos la opinión de los historiadores).
Documento de /6/6 en el cual la Inqllisición basó sus aCIl.mciones contra Galileo.
~105
Además de estas contribuciones a la astronomía. Galileo realizó el aporte funda- mental de sentar
Además de estas contribuciones a la astronomía. Galileo realizó el aporte funda-
mental de sentar las bases de la física moderna en lo que respecta al movimiento de los
cuerpos terrestres. El principio sobre el cual se asienta esta nueva física es la "ley de
inercia", que elimina toda contradicción entre la certeza de que la Tierra realmente se
mueve y el hecho observado de que la piedra que cae desde lo alto de la torre impacta
al pie de la misma. La misma ley le permitió a Galileo realizar un estudio detenido y
cuantitativo del movimiento de los proyectiles. Pero esta historia merece un análisis
muy cuidadoso. pues obliga a remontarse nuevamente a Aristóteles y a sus ideas sobre
el tema, discutidas y criticadas a partir del siglo XIV. A ello hemos destinado el módulo I
del Libro 2 de este curso. En la última parte del presente módulo nos referiremos, sin
embargo, a otro aporte fundamental de Galileo: la utilización sistemática, para la
realización de sus investigaciones, del llamado "método experimental".
La cosmología de Isaac Newton (1642-1727)
La acumulación de evidencias en favor del heliocentrismo a mediados del siglo
XVII. por obra de Kepler y Galileo, era imponente pero dispersa, como un gigantesco
rompecabezas cuyas partes no encajaban entre sí. Por una parte, Kepler había trazado
el diseño del sistema solar, con sus órbitas elípticas; por otra Galileo había roto con los
conceptos aristotélicos acerca del movimiento de los cuerpos que caen o se desplazan a
modo de proyectiles. Otros investigadores iniciaron el estudio "a la Galileo" de los
movimientos circulares cotidianos, o provocaron la ruptura definitiva con conceptos
aristotélicos que aún perduraban, como jirones de su cosmología. Tal fue el caso de
Torricelli, que expulsó la imposibilidad del vacío de la nueva cosmología mecanicista
en plena construcción.
En la segunda mitad del siglo XVU, el epicentro de la investigación científica se
había trasladado a Holanda e Inglaterra, países desvinculados de la autoridad eclesiás-
tica que había condenado a Galileo. Como señalamos en el módulo 1, la revolución
burguesa en Inglaterra había creado condiciones que permitían y promovían la investi-
gación científica y la invención técnica. Allí vivieron y trabajaron Boyle, Hooke, Halley,
protagonistas de la revolución científica, a veces en franca polémica con estudiosos
"del continente": el holandés Huygens, el francés Descartes o el alemán Leibniz. Allí
vivió también Newton, quien vino a mostrar que aquél rompecabezas podía ser conver-
tido en el diseño armonioso de una nueva cosmología.
Las preguntas claves que "flotaban en el aire" en la segunda mitad del siglo XVII
estaban destinadas a llevar al copernicanismo hasta sus últimas consecuencias. La vi-
sión heliocéntrica del mundo había orientado la tarea de Kepler y Galileo, y seguía
haciéndolo. ¿Sería posible explicar, por medio de un mismo cuerpo de leyes, el com-
portamiento de los planetas "keplerianos" y de los péndulos y proyectiles "galileanos"?
Newton dio respuesta afirmativa a esta pregunta, y con ello realizó la magna síntesis
que expuso, en 1678, en su libro Principios matemáticos defilosofía natural.
Trataremos la obra de Newton, con cierto detalle, en el módulo I del Libro 2. Pero
intentemos aquí un resumen muy esquemático. En lo esencial. Newton edificó una
IO~
teoría abarcadora de leyes preexistentes, a partir de cuatro hipótesis: las leyes de inercia, de
teoría abarcadora de leyes preexistentes, a partir de cuatro hipótesis: las leyes de inercia,
de masa, de interacción y de gravitación universal. Por medio de ellas fue capaz de
ex.plicar el movimiento de cuerpos en caída libre, el de proyectiles, el de los planetas
alrededor del Sol, el del agua de los mares (mareas), el de los cometas
El tratamiento
de las órbitas elípticas de Kepler lo obligó a desarrollar una nueva rama de la matemática,
el cálculo infinitesimal, creado en forma independiente por su contemporáneo Leibniz.
Con Newton quedó destruida la dicotomía Cielo-Tierra, tan cara a Aristóteles, pues las
cuatro leyes mostraron ser aplicables a ambos.
Tales leyes regían ahora un cosmos radicalmente distinto del aristotélico. Se impuso
la creencia en un universo similar a una máquina gigantesca, un mecanismo de reloje-
ría creado por un Dios Ingeniero. Pero, además, el nuevo universo fue concebido infini-
to y corpuscular.
Copérnico, Kepler y Galileo concebían un universo finito. Pero ya Copérnico, al
inmovilizar a la esfera de las estrellas, le había quitado su condición