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KATE CREHAN GRAMSCI, CULTURA Y ANTROPOLOGIA ise de a eobier:Fnqua Mone (© Kate Cetin, 2002 Patlicad pr Pio Press, 2002 (© Bicioos Beiter, SL, 2008 Navas Tl, 289 is 8036 Breton wee belatrs.om (ean gran oy sn erin na des ae eli ‘Sots none ete ens lejer eepeacin lop rapt it met renin capricorn eens. jin dncneoe de ropnmr or ala meane alee pre pln peso en Espa ‘he in Si, ISBN: eer290-280-8 eps Lega 8 28.1752008 preo por Harpe, SL, Lins, 3 is, 08090 Barcelona indice Leer @ Gramsci, par Joseph A. Buttigieg, 9 Abreviaturas, 13, 1, Introduccién, 15 PRIMERA PARTE Contextos 2, Vida y obra de Gramsci, 27 3. Antropologia y cultura: algunas hipétesis, 53 ‘SEGUNDA PARTE Gramsci y la caltura 4, La cultura y a historia, 91 5. Lacultura subaltema, 119 6. Los intelectuales y la produecién dela cultura, 149 ‘TERCERA PARTE Gramsci y la antropologia 7. Gramsci 109, 185 Bibliogratia, 235 Indice elfabético, 243 Leer a Gramsci - Editor general: oseph A. Buttigieg Antonio Gramsci (1891-1937), poco conocido fuera de los cfrculos ‘comunistas en el momento de su muerte, es hoy uno de los te6ricos politicos y criticos culturales mas citados y traducidos del siglo xx. La primera Oleada de interés por Gramsci surgi a rafz de la publicacién en Italia de sus escritas de la cércel, empezando por la carta, apare- cidas en 1947, y siguiendo con los seis volmenes de 1a edici6n temé- tica de Ios cuadernos, el sltimo de los cuales fue publicado en 1951. En el lapso de unos pocos iis se escribieron cientos de articulos y de libros explicando, analizando y debatiendo el concepto de hegemonia de Gramsci, su visidn revisionista dela historia de Ia unificacién de {alia su versién antieconomicistay antidogmaética de la filosoffa mar- xista, su teoria del Fstado y de la sociedad civil, su erica literaria anfi-croceana, su imnovador enfoque del estudio de la cultura popular, sus extensas observaciones sobre el papel de Ios ntelectuales en Ia so- ciedad, y otros muchos aspectos de su pensamiento. Pese a los alos ‘ranseurridos desde su muerte, Gramsci se convirtié en algo més que ‘en. objeto de estudio desapasionado; la intensidad del debate en tor- no a su obra y las controversias, muchas veces acaloradas, acerca de sulegado tuvieron, y continéan teniendo, un profundo efecto en Ia cul- tura politica yen las politcas culturales de la Talia de la posguerra. ‘A finales de Tos aos sesenta y en los aflos setenta, el nombre y las ideas de Gramsci empezaron a circular cada vez con més frecuen- cia por toda Europa, América Latina y América del Norte (y, en me~ nor medida, en otras regiones). Las diversas cortientes asociadas all ceurocomunismo y a la enueva izquierda» asociadas ala ola de interés por el llamado «— y a la publicacién en Italia de la tedici6n eritica completa de los Quaderni del carcere por Valentino Gerratana (1975). La influencia'de Gramsci se incrementaria en los afios ochenta con la expansin de los estudios culturales, la creciente fascinacién por la cuestin del «poder» y el creciente interés de los estudiosos de diferentes disciplinas por las relaciones entre la cultura, la sociedad y Ja politica. El xipido declive del interés hacia el pensamiento marxis- ta tras los acontecimientos de 1989 no afect6 ala «suerte» de Grams- y abandonar las viejas tradiciones; sin embargo, ‘para otros la modernidad es un faso dios en cuyo nombre se abando- na la auténtica«tradicidn» y, por lo tanto, hay que volver & ella, Pero ‘muchos intelectuales y no intelectuales del Norte y del Sur estarfan de acuerdo en que interpretar e1 mundo contemporéneo supone com- prender esa oposicién basica entre Ia etradicisn» y la «modernidad>. En la antropologia, que siempre se ha enorgullecido de su interés por las descripciones que hacen las propias gentes de sa mundo, el hecho de que esta oposicién esté en boca de Ja misma gente que el antropé- logo pretende conocer tiende # legitimarla, Pera el hecho de que los ‘miembros de una Sociedad dada utilicen estas categorias en la elabo- racién de sus descripciones de su propio mundo ;significa necesa- riamente que esta es efectivamente la mejor manera de «nombrar» 1o que ocurre? Hay muchos elementos en Gramsci que pueden ayudar ‘hos como antropélogos a reflexionar sobre este tema concreto, En calidad de antrop6loga estoy convencida de que la disciplina hha acumulado experiencias y conocimientos importantes a lo largo de suhistoria, aunque algunas de esas experiencias sigan asociadas ale- zgados menos itles. En suma, si sugiero a los antropélogos una lectu- rade Gramsci es porque puede ayudarnos a librarnos de ciertos baga- jes instiles que acompaan, a menudo de forma sutil ¢ implcita, a Cconcepto antropoldgico de cultura, y también por evanto apunta for- ‘mas potencialmente productivas, a partir de nuestra experiencia como 4isciplina, de pensar la cultura y la clase, Gramsci nos sugiere, me- diante percepciones sugerentes ¥ a veces provocativas, eémo repen- sar todo el complejo dmbito de Ja cultura, la clase y la desigtaldad. El ‘valor del enfoque gramsciano reside, en primer lugar, en su reconoci- ‘miento de Ia realidad de unas desigualdades fundamentales y siste- itis y su rechazo de toda reduccionismio é¢ondmico, Y en segun- do lugar, en su insistencia en que hay que tomarse en setio la complejidad y la especificidad de los mundos culturales que habitan diferentes gentes —y examinar con seriedad las descripciones que ellos mismos hacen de esos mundos, Inodacsi6n Organizacién del libro Los dos captulos dela Prznera pate se dedican al contexto, En el cap ‘lo 2 se hace un esbozo dol vida de Gramsci se analiza larelacinen- tres vida y sus obras y a natraleza profundamente politica de 84 pro- yesto intelectual en Jos cuademos dela cércel. Gramsci, que escribe desde su celda tal vee puede parecer desvinculado de a vida politics ac- tiva; sin embargo, par lsu trabajo intelectual y sus escritos dela rel eran uaa manera de sepuirimmplicéndoseen los acontecimientos politicos de su 6poca. Mediante sus nots pretend ofecerunandlissriguroso de 1a desigualdad y de Ia injustcia que él eefainisociabe dela Tacha por la tansformacién socal: las sociedades slo pueden tranformarse si se ls conoce. El capitulo 3 se centraen el concepto de cultura en I an ttopologia. Pero también aviso que mi andlsis es sumamente parcial y limitado, Tan soo pretendo lama a stencién sobre algunos postlados acer dl cardter de la cultura y dels clrras,asociados al historia de la emergencia dela antropologia como discptina,y ue han desem- pefado un papel determinanteen la forma en que muchos antrop6log0s {aunque no todos) ban sbordado ls temas de cultura. ¥ aunque ee en- foque de los temas de culture por parte de los antrop6logos haya cam- biado en los limos as, y muchos afimarian que esos postulados pe tenecea al pasado dela dseiplina y no asuprctca actual yo creo que sabre el wabsjo de los antopélogoscontemporsneos siguen plneando fragmentos de esa antiguas concepciones dela cltra Los tes capftulos de la Segunda parte tratan de poner de mani- fiesto Ta nocién bien distinta de cultura que tene Gramsci y su indiso- ciabilidad de la nociGn de clas. ¥ para ello he intentado servieme, en la medida de lo posile, de las propas palabras de Gramsci, median- te a inclusién de extractosrlatvamente extensos de sus escrito; de hecho, los capitulos se pesentan como una especie de lecture comen- tada con citas de Gramsci organizadas teméticamente. Los te ees temiticas de los tes capftulos son: a cultura y I historias la cultura subaltema; y los inteleetwales y la produccién de cultura. To largo el libro, pero sobze todo en estos capitulos, he reducido deliberads- ‘mente a minim las nota apie de pépin, con la idea de mantener al lector centrado en lo que el propio Gramsci iene que decir y no en los comentarios y debates de los estudiosos de Gramsci. ¥ para que eee- {or fie su atencion en la idea de cultura del propio Gramsci, también 24, (rams, cals ysntoplogia he evitado al maximo en estos capitulos referinme alas diferencias que cexisten entre su enfoque y las concepciones de los antropdlogos al res- ‘pecto, dejando el tema para el capitulo final. Espero que con esta intro- ucei6n estracturada alos escritos de Gramsci, y una generosa exposi- cin de sus propios textos, el lector interesado, aunque no comulgue con algunas de mis lecturas de Gramsci, dé un paso més y lea las hoy ‘numerosas ediciones y antologias de sus obras actualmente disponi- bles.’ En Ia bibliografia se oftece una relacién completa. En el capitulo final analizo la utilizacién que han hecho los an- trop6logos de Gramsci, su aparici6n como interlocutor antropol6gico y el interesante rol de Marxismo y literatura de Williams en este pro- ‘ceso- Luego pss'wexaminar Ie teorizaciéa de la cultura y le clase en In obra de Brie Wolf, un antropGlogo decisive en el renovado interés {de la disciplina por la economia politica. Por timo, menciono la uti- lizacion reciente de Gramsci por parte de dos antropélogos, Matthew Gutmann y Roger Keesing. En el fondo, este capstulo no pretende sino proponer una reflexionar sobre el necesario acercamiento entre los antropélogos y este te6rico diftll pero también fascinante; es de- cir, mo conocer mejor a Gramsci y no sélo citalo ‘Termino esta introduccidn con algunos agradecimientos. Prime- 10 y ante todo quiero dar las gracias @ Joseph Buttigieg: fue él quien sugiris la idea de un libro sobre Gramsci y Ia antropologfa, y st apo- ‘yo ha sido decisivo en toda la gestaci6n del libro. Tanto él como Frank Rosengarten leyeron el manuscrito; sus profundos conoci- iientos de Gramsci y su obra me han sido de gran ayuda. Los antro- élogos Shisley Lindenbaum, Steven Stiffer, Michael Blim y Steven Caton también leyeron el manuscrito y me hicieron sugerencias muy tiles. Asimismo fueron de gran ayuda os comentarios de Bruce Knauft ¥ de oto lector, anénimo, que leyeron el mauscrito para la University ‘of California Press. La City University of New York me concedié una beca PSC-CUNY que me garantiz6 un tiempo preciaso pars trabajar en el proyecto. 5. _Aligual que muchos otros autores qo eszriben sobre Grams en inglés, me he basado en las tradacionsiglesas de lon esses de Grn. No queden apes cx xitos de Gramsci qu esta tradacios al igles ara auellos tres ineresos nlos debates ittianos sobre Gramsci, tay una serie de volimeaes endo por Mie ‘James (2201), em Routledge, que olvce una arpa slecsin de ensayo oe ao. res itaianosantrionnente a tatacios sobre Gramsci PRIMERA PARTE CONTEXTOS 2. Vida y obra de Gramsci No ereo que sea diffcil encontrar magnificas fSrmulas part le vida, ‘ero es diffi vivir (PLE, p. 33). ste capftlo esboza algunos de los principales perfiles del passe politica intelectual que enmarcan la vida y la obra de Grams. Gramsci, como todos los teérics, fue el producto de un impo y de tn espacio eonrets; sus esrios son idisociables de ese momen- to isrico. Sisu obra ba de ser relevant sl para los entropslogos ‘que estadian dstintos tiempos y espacos, es preciso deseredar al gunos hilos y analizar su relacién con el contexto intelectual y politi- 0 en que viv y trabajs.Tambign es importante malizar qué clase de teérico-era y Ia forma que adoptaron sus escritos. Por ejemplo, {por que son ten fragmentaros los cuadernos del ice? Se debis Simplemente alas Tinitaciones que suponfaesriiros en uns cécel fascistao habia razones més profundas relacionadas con el cardeter desu proyecto inteleesal? Pero empecemos con un breve relato dest ida" y del Inger que ocupaen la historia italiana. 1 ars quienes desen uns expliccigo mis completa exsten ues biogralias ex ‘bases de Gramsci, ade Giuseppe Fon (1965), la de Alastair Davidson 1977) Is de Dante Germino (1990), La de For, Anonio Gram Life of = Revluionary. ‘rier eicin Illna en 1963, os una ca saclabasaa sbeetodo en 1s 16= fuerdos de quienes coneieron a Gramsci. La de Davidson, Anion Gramsci: To- ‘wards an Iellectaal Biography, explora con gran detalle a evelacon inlet y polls de Grams su agar en la stor det comanismo aliano Tnloe abi ‘relat de a infancin de Grams en Cerda libro de Getino, Aono Grams (L Arhitet of New Poly, tas sobre todo de joven Gracy det xe5 a teriors as enarslamients, oa eC «Tiempos de hierro y de fuego» Cuando escribe a su madre poco después desu aresto, Gramsci dice aque el hecho de haber conocido la pobreza y Ie vida dura de nto, como era su caso, tenfa sin duda sus ventjas. Tema que las cémodas circunstancias que envolvfan la vida de su sobrina, Edmea, podtan acabar (PLI, p. 84). Si bien los cuadernos de la cércel analizan muchos otros temas, y el estudio de Pirandello nunca legé ‘materializarse, en todos los cuadernos aflora un interés por wel espf- ‘itu creativo del pueblo», esto es, por el modo en que el pueblo italia- no (los intelectuales y la masa del pueblo), en diferentes momentos y lugares, ha entendido e imaginado las circunstancias en que viven, {el papel de esos imaginarios en la historia italiana. ‘Lo que Gramsci plantea en este esbozo preliminar de sus estudios fen Ja creel es de hecho y sobre todo un proyecto cultural, siempre y cuando entendamos Ja cultura en un sentido amplio. El interés de Gramsci por las cuestiones culturales esté presente incluso en sus pri- rmexos eseritos. Segin Buttigieg, el interés del grupo de L’Ordine Nuo- +o por Ios asuntos culturales (recuérdese que L’Ordine Nuove se auto- definfa como «Revista de Culmura Socialista») se debia en gran medida la influencia de Gramsci, En varios capitalos analizo el concepto de cultura y algunos de sus muchos y distintos significados, y examino el ‘uso que hace Gramsci de este complejo y resbaladizo concepto, Pero an- tes es preciso hacerse una ides dela clase de pensador que era Gramsci, y de su manera de abordar las cuestiones que més le interesaban. ‘Un buen punto de partida es el interés de Gramsci por hacer algo sr ewig». {No es extraio que este comprometido militant politico 44._eLaexpesienci en ln que se basa losfla del pris no ae paste exquemst- 2a esTaistoria en tos 9 ia vrieday mulpised> (SPN, p. 128) SP Se ana ncaa potas describa, aunque sea entre comillas, sus planes de estudio sirviéndo- se de la nociGn de Goethe de investigacién desinteresada y «fir ‘ewig? Lo que aquf resulta relevante es la profunda conviccién de ‘Gramsci de que por mucho que un te6rico desee romper con el pasa- 4do y con las Viejas ideas y los viejos lenguajes, 1o nuevo es siempre ‘una respuesta al pasedo y sigue vinculado al pasado. Paradéjicamen- te, Io nuevo, por muy revolecionario que sea, debe expresarse (8 ll ‘quire ser inttigibe), al menos inicialmente, a través del lenguaje y ‘de los conceptos existentes, Gramsci, siempre atento a que sus i faerarraccetibles, solfa adoptar la estrategia de valerse de un término existente para forzar al méximo e incluso subvertir su significado, Gramsei, por asf decir, «limpia de broza el lenguaje>, para recrear tna de las metéforas de Walter Benjamin.’ De un modo ms irénico aunque similar, utiliza deliberadamente una expresion de Goethe, ‘dr ewig», repleta de asociaciones con el idealismo alemén que Gramsci, como Marx, rechazaba, y le dala vuelta de tal forma que, de hecho, euestiona la posibilidad misma de un estudio noble y desinte- resado mAs alld del contaminado mundo de la politica: Pero con la expresin «flr ewig Gramsci también Mama la atencién sobre una important distincidn entre sus escrtos periodts- ticos anteriores a su encarcelamiento, segtn é escritos «para el come le dice a Tatiana en otra carta posterior PLIL,p. 66), y sus es- tudios més profundos, exhaustivos. La diferencia estaba entre eseri- bir articulos a menudo polémicos en el contexto de las luchas del dia 1 dia en el seno del partido socialista, lego el partido comunista, arn- ‘os divididos por las discusiones casi siempre ida sobre la estrate- gia y la téctica, y la indagacién, menos perentoria, de temas desde ‘una perspectiva més amplia y en general més «erudita» propiciada ‘por su aislamiento en la prisiGn.* Gramsci siempre fue muy conscien- te de a gran diferencia existente entre el andlisis que busca un mejor ‘conocimiento fundamental, to6rico de las realidades politica, soci les y econdmicas (a menudo del pasado, lo cual permite el Iujo de la retrospecciéa), basada.en.unarigntnsa investigncin el anliss es- 5. Anne Showstack Sassoon examin manera aro interesante este aspect de ls sue eatin de Grameen eGramos Subveeson of te Language of Pol toss (Sassoon, 200) fo Vease PN pp. 211, pra el anlisis de Bugg do acre donde figura el fur gs 3.6 ontecas tratégico que requiere el mundo mucho més cadtico de la politics co- ‘diana, Para él, estas dos formas de andlisis son igualmente necesa- igs. Lo que importa sobre todo es comprender las formas de interac- tales andlisis no pueden ai deben convertrseen un fin en s{ mismo (2 menos que se eseribe un capitulo de historia del pasado) y que ad- ‘quieren un significado slo en cuanto sirven para jusificar una eccién prictca, una inieiativa de voluntad. Ells muestra cules son los pan {os de menor resistencia donde la fuerza de Ia voluntad puede aplicar se de manera més frucifera, sugieren las operaciones técticas inme- datas, indican cémo se puede lanzar mejor una campaiia de agitacién politica, qué lenguaje ser el mejor comprendido por las multitudes, {ete (SPN, p. 185) En otras palabras, el andiss «ftir ewigy que Gramsci, el militate ‘omprometido, tenfa en mente era importante en la medida en que po- 4a arojar Iz sobre las lucha politcascontemporsneas, pero aun- ave podiasugerirestrategias politica, no pod proporconarningin “2__ se de respuesaspredeterminadas. En este sentido es distant y«de- 25 sinteresado 83 Silas ideas iicales de Gramsci sobre sus estudios onl coe 4 enftiza os temas de cultura en un sentido ampli, el significado de cultura en Gramsci hay que entendero en un marco marxista, Para "5 Gramsci, a ultra y le clase hunden sus rafces en las props rela- sions basics de poder Tl como tatré de demostrar, el marxismo > «Grassi puede ser un marxismo sumamente flexible que poco 0 = nada tene que ver con los rgidos dogmas que caracterizaran el esta- linismo de la Union Sovitiea, pero aun ates importante subrayar 73 que Gramsci consideraba su proyecto intelectual de os cuademos-de & Ineétee! arrizado-en.el:marsismo, igual que siracividad-potticean- .& 8. de samesto-Para Gramsci ers un axioma, por ejemplo, que el smotor de la dinémica de Ie historia son las relaciones econsnsicas * tundamentales de la sociedad, a as que Mars denomins base o infa- {estractura, No esque viera en ells una simple relacion cas-efecto ‘enue la estroctura evondmicay las reaidades sociales concreta que se desarolan en sociedades concretss en momentos conceetos. Para ‘vida y obra de Gramsci Gramsci, c] problema que habia que estudiar era precisamente la pro- pia relaciéa, y Ia progunta fundamental es, a su juicio, «cdmo suxge-el movimiento hist6rico en la base estructural? .. Este es el quid de to- (das Tas preguntas que Se han planteado en tomo a la filosofia de la praxis» (SPN, pp. 431-432). La filosoffa de la préxis es el término ‘que Gramsci suele utiliza en sus cuadernos de Ia céreel para referir~ seal marxismo, Adopts el término de Antonio Labriola (1843-1904), ‘uno de los primeros y ms originales estudiosos del marxismno cuya dobre tuvo tun considerable impacto en el marxismo de Gramsci, ‘Gramsci utilizaba diversos circunloguios para no levantar las sospe~ cchas de los censores de la creel que lefan todo cuanto él escribfa —para referirse, por ejemplo, a Lenin (cuyo nombre completo era Viadimir Hich Lenin) hablaba de Hich—-, y el término filosoffa de 1a praxis se ha interpretado a menudo como uno de ellos. Pero esta hi- ptesis ha sido drésticamente rechazada por algunos estudiosos sgramscianos que afirman que en realidad describe con precisiGn su forma de entender el marxismo.”Es indudable que, aunque Gramsci apenas tuvo acceso directo @ las obras de Marx desde la cércel, Marx, esté presente en todos los euademas. Las Tesis sobre Feuerbach, Ele ‘manifiesto comunista, la Contribucién a la critica de la economia po-S_ lirica y La Sagrada Familia fueron, al parecer, especialmente impor- ‘antes para Gramsci ‘Si bien Gramsci consideraba las relaciones econdmicas bisicas es Uw'término muy importante en el vocabulario de (Gfamsci. Continuamente comparaba lo orgénico con lo no orgéinico, como en estos ejemplos que siguen (en todos ellos la cursiva es mia). Los dos primeros proceden de una Nota sobre «La organizacién de la ceducacidn y de la cultur [Lacrisis del programs y de la orgaizaciGn escolar, 0 sea de Is orienta: cin general de una politica de formaciéa de los modemos eusdros in {electutes, es en gran parte un aspectoy una complicacin de la crisis onganica mAs compeehensiva y general (SPN, p. 26 ‘También se puede observar cada vez mis que los Grganos deliberantes sienden adistingur su actividad en dos aspectos y ddesinteresados,seleecionados en Ia industria, en la banca y en las fi ‘nanzas. Este es uno de los mecanismos por ls cuales la burocracia de carrera acabé por controlar los regimenes democréticosy los parlamen- tos; ahora el mecanismo se va extendiendo orgénicamente yabsorbe en su eiealo alos grandes especilistas de la actividad pritica privada,y sf contola los regimenesy las burocracas. Se trata de un deserrollo, orgénico necesrio que tiende a integra el personal especializado en, téenica politica con el personal especializado en Iss cuestiones eonere- tas de la administracion de las actividades preticas esenciales de ls _randes ycompleja sociedades nacionales moderns. Toda tentativa de Videy obra de Gramaci 8D cxorcizar esta tendencia desde fuera no puede producir més que prédi as morale ylamentaciones retércas (SPN, pp. 2728). Pero quizé el mejor uso conocido que hace Gramsci de «orgénico» aparece en su distnci6n entre intelectuales orgénicos y tragicionales ‘Aunque el toma se analiza en profundidad en el capitulo 6, aqus s6lo pretendo ofrecer un par de citas para ilustrar el uso de Gramsci del ‘concepto de corgénico» en este contexto: ‘Se puode observar que los intolectuales worgénicos» que cada nueva clase crea junto a ella forma durante su desarrollo son en general ‘especializaciones» de aspectos paciales de la primitiva actividad del ‘nuevo tipo social nacido de la nueva clase (SPN, p. 6) ‘Se podrfa medir la corganicidad» de los dstntos estratosintelectuales y s0conexién mds 0 menos estrecha con un grupo socal fundamental, fijando una gradacion de las fanciones y de las superestructaras de bajo arriba (desde a base estructural hacia eaiba) (SPN, p. 12) Para prehender I esencia de lo que Gramsci entiende por convine recordar su formacin folic el sigaiiado de or- into en Alogi: ePennecient a Te esoetraetimol6gica de tna palabra: no secandaro ni formats, Se uata de una dstinion pr smordial ea, ‘parxismo de Gramsci, que fe permite distinguir entre ello ud it efcuvamentecondisionado por ls fuerza econ teas fUndaMetaes odes las cversaseimpredeibescontingens cias de RSTONE EY eveHTE GUC ln itni6n no refea ct ‘maiiera simple el confuso desorden de la realidad, pero puede ser una ula tl pare ovientarse reves de ese confuso desorden Para Gramec fs plantamintos de Marx y de Engels son pun- tos de pana, on marco par planar pregunias importantes, peo as respuesta ess preguas en contextosconcrets requeren un t= Guo metros aniss de as reaidade empties mis relevant Lo qe la tora por a sola puede decimos acerca de las sociedades txistnts iene su ites a exprinca ena ques as afl sofa dea praxis no se puede exquemalizar. sl histories toda intr reat tae Cena ealdades econSmicesfondamentales pueden enresbrit determinadas posbiiades, pero nose puede sabe: Je an‘emano A aE rg aprovecharén o no. Para que asf ocurra hay que identifica estas posi- bilidades y plasmarlas en movimientos politicos reales. Uno de los pensadores mas interesantes para Gramsci, y al que dedicé buena par- te de sus cuadernos de la cércel, era el gran te6rico politico italiano del Renacimiento Nicolés Maquiavelo,* Lo que més le fascinaba de este pensador era sobre todo su vertiente como teérico de un proceso hist6rico concreto (la creacién de un Estado nacional italiano) que Italia pudo adoptar en Ia época de Maquiavelo pero no lo hizo. Ast lo explicaba en una carta a Tatiana donde comentaba la gran cantidad de articulos dedicados al 400 aniversario de la muerte de Maquiavelo: ‘Me ha sorprendido el que ningtin autor del ceatenaro haya relacions- do los libros de Maquiavelo con el desarrollo de los estados en toda Europa durante aquel mismo periodo histrico.. No han advert que ‘Maguiavelo fu el teérico de os estadosuacionales goberatdos por as rmonarguias absoluas, es decir, que él en Talia tori lo que Isabel realiz6 enérgicamente en Inglaterra, Fernando el Catslico en Espa, Luis XI en Francia eTvn el Terrible en Rusia, aunque no conoca bien, ni pod conocer, algunts de esas experiencia nacionaes, que on fea" lidad representaban el problema histbico propio de la épaca que Ma- 4quiavelo tuvo el geno de intur y de presentar de manera sistemética (PLL p. 153). Este sentido de Ia historia como abanico de posibilidades explica la ‘importancia que Gramsci concedta tanto 2 las ideas como a la volun- tad politica. Transformar las posibilidades histéricas en realidades cexige el reconocimiento de estas posibilidades y su articulacién en forma de discursos convincentes capaces de movilizar grandes masas de gente y convencerles de que ciertas acciones no son s6lo posibles, sino también deseables, o inevitables,o la voluntad de Dios, 0 la 16- gica de la historia, etc. Nada es inevitable en la historia: En realidad s6to Ta lucha se puede prever ecientficamente», pero no Jos momentos concretos de esa lucha, que solo pueden se el resultado ‘de fuerzas opuestas en continuo movimiento... En realidad se puede sprever» el aleance de nuestasacciones, el alcance dela aplicacia de 8._Hegemony and Power: On the Relation between Gramsel and Machivel, de [enedeto Fontan, ea excelente ings sobre ramet y Maquisvelo, Vida obra de Grams ‘un esfuerzo voluntario que asf conribuye concretamente a crear el re- sultado «previsos, La prediceign se revels no como un act cieniico, sino como la expresin abstracta del esfuerzo realizado, la manera prdetca de crear una voluntad colectiva (SPN, p. 438) compartida por suficiente gente se convierte enuna 2 Nuovo llevaba en su cabecera eHlema~«pe- lavoluntad>, Gramsci Io hab adoptado del socialista francés Romain Rolland, y resume muy bien Ja filosofia politica de Gramsci. Si bien es preceptivo realizar un ané- lisis ldcido y totalmente realista de una determinada sitacién polit y . existen historias particulates s6lo en el marco 4 la historia mundial. la lengua nacional es impensable fuera del marco de Iaslenguas qu inluyea en ella através de numerosos cans- ‘ida y obra de Gramseh 8 les difcles de controlar (;Quién puede controlar ls innovationes lin _gUlstcas que introducen los emigrantes que regresan, ls viajes, los Teetores de peridioos y de lenguas extranjeros, los traductres, ee?) (SCW, p. 181) {En suandlsis dela sociedad italiana y de la historia italiane contem- pordneas, Gramsci siempre trata de comprender las realidades emp- Fieasefectivas en toda su mutante confusign y de no eneasilarlas en rigidos marcos te6ricos predeterminados, No esque Gramsci rechace [a teora; él cefa apasionadamente que aquellos gue desean cambiar 1 mundo tienen que conocerlo y para ello la teoria es necesaria. Lo «que rechazaba era a teofa quest haba separado y-distanciado deat ongeta de la historia real, En una Nota talaga «Conta el bizantnismo», Gramsci dice: ‘Se plante el problema desi una verdad tsrica, cuyo descubrimiento corresponds Una préctca concrets, puede generalizarse y universli- ‘argo atoda una época histérica. La proeba de su universalidad consis- te precisamente en 1) su capacidad de convertrse en un estimulo para ‘conocer mejor la realidad concreta de una stuacién distin dela si- tuacin en que ba sido deseubierta (estes la principal medida de suf ‘cundidady; 2) una vez estimuladoy coadyuvada a ese conocimiento de la ealidad concreta, su capacidad para incorporase a ese misma reali- ‘ded como si originalmente fuera una expresin de ella. En esta incor poraciéa rics precisamentesuuniversalidad real, y 20 slo en su 60- herencia logic o formal, oenel hecho de ser un instrumento polémico ‘tl pare confundir al enemigo .. toda verdad, aunque sea univers. debe si efectivided al hecho de venir expreseda ene lengua adecua- do alas sitaciones coneretas. Sino puede expresarseen esos trminos especifcos es una abstraccinbizantna y escoldstice, slo valida para los demagogos (SPN, p. 201) Para Gramsci, conceptos como , acampesinado» 0 | anacion» son siempre «constructos préticos» que pueden ayudar al | te6rico a comprender la realidad concrete, pero no las entidades, | existentes en esa realidad. Por ejemplo, hacia el principio de «As- ppectos de la cuestiOn meridional», que en esencia es una argumenta- ci6n en favor de Ja necesidad de una alianza entre los obreros y 108 ‘campesinos, Gramsci insiste en que en Italiano existe el campesino, sag eee Eee Comex sino slo diferentes sectores de campesinado con sus propias histo- sas particolares que es han dado forma de muchas maneras. Afirma, por ejemplo, que «la cuestén campesina en Italia est histricamen- te determinada; no es “la cuestién eampesina y agraria en general”, sino que en Italia I cuestién eampesina, en vrtud de Is tradicia ita. liana concreta y del desarrollo concreto dela historia italiana, ha adoptado dos formas tpicas y particulazes..» (SPWIL, p. 443). Y nis adelante en ese mismo ensayo descrie detalladamente el com- plicedo entramado social de a Italia rural, ua entramado que todo grupo politico que pretenda movilizar a grupos especficos de cam- pesinos debe conocer ‘Bésicamente, para’ Gramsci, los fenémenos que dan pie a con- cxptos tericos stiles que, come €l dice, son «na expresién» de aguéllos no son nunca entidades scotadas de una forma simple odi- recta, sino que forman un conjunto de relaciones yuxtapuestas cuyos limites varfan segin el punto de vista que se adopte. Es importante {que esto quede claro, Gramsci no exefa en un mundo earente de es tructara donde todo fluye sin cesar El hecho de escribir sus cuader” 10s como Io hizo, seatado en una celda fascist y con cada pégina su- {ete al sello del censor, no le impidié conocer Ia realidad de ciertas estracturas de poder. Como dice en «Elementos de politica», «los pri- eros en ser olvidados son justameate los primero elementos, las cosas mis elementales.. El primer elemento es que existe realmen- te gobernados y gobernantes, dirigentesy dirgidos» (SPN, p. 144). Para Grasmei, entre los «gobernados» y los «dtigidos»estaban los ‘obreros (0 proltaries) y los campesinos, yen determinados contex- tos considera que sf es apropiado referirse al proletriado,o a los campesinos, como grupo. Acaba Una vez obtenido el permiso para escribir en la celda, Gramsci se ‘puso de inmediato a trabajar intensamente en sus cuademnos, pese a su mala salud y alas frecuentes recafdas. Cuando al final ya estaba de- rmasiado enfermo para continuar, habia dejado escritos ms de treinta ceuadernos. Pero cuando escribfa los cusdernos Gramsci no terminaba ‘ano para pasar luego al siguiente, sino que utilizaba diferentes cua ‘demnos para trabajar sobre temas distintos y a menudo en més de un ‘evaderno a la vez. Pero no siempre resulta evidente por qué una de~ terminada Nota apazece en un cuaderno y no en otto, Son bésicamen- te una serie de notas, no un trabajo acabado, ni siquiera una recopila- cid de ensayos acabados. Como dice Buttigieg, todas las notas som provisionales, yes evidente que «ninguna de las partes de los cuader- nos estaban destinadas (y mucho menos listas) para ser publicadas por su autor» (PNI, p. X). Los cuadernos de la cdrcel son esencial- mente algo muy parecido a los fragmentos de un gran tapiz donde las istntas piezas parecen partes de un todo, pero sin que se advierta de {nmediato e6mo encajan unas con otra. Esa fragmentacién es una de las razones de la dificultad de los cuadernos de la cdrcel. Es probablemente el motivo principal de que los antrop6logos que uilizan los cuadernos tiendan a beber de fuentes secundarias, come Raymond Williams 0 Stuart Hall, en lugar de ir los propios cuadernos. Una explicacién posible de esa frag- ‘mentaci6n, segin algunos autores, serfan las condiciones en que fue- son escritos: escribir en una cércel fascista, teniendo que pedir a sus ccarceleros permiso cada vez que queria trabajar en un cuaderno, s2- biendo que cada pagina seria escrutada y tamponada por los censo- res de la céreel, y dependiendo casi siempre de su memoria de las fuentes més relevantes dada Ia imposibilidad de acceder a una bi- blioteca especializada, son factores que sin duda alguna habrian ‘obligado a Gramsci a limitase a realizar tan s6lo una serie de notas provisionales. Sin duda hay algo de cierto en ello. Gramsci fue siempre un es- tudioso muy concienzudo. La educacién académica que habia recibi- do Ia habia logrado gracias al trabajo duro y sentfa un enorme respe- to por el trabajo minucioso del estudioso serio. En algunas cartas ‘Tatiana quiere distanciarse de sus primeros textos periodisticos, y en 46 Constr tuna de ellas dice: «En diez afios de periodismo escribs suficentes I- ‘eas como para lenar quince o veinte voldmenes de 400 péginas cada uno, pero se escribieron para el diay, en mi opiniGn, hablan de morir con el dia, Siempre me he negado a autorizar la publicacié de une antologia de aquellos articulos, ni aun reducida» (PLU, p. 66). Y en otra carta a Tatiana, también se referia a sus «Aspectos de Ia cuestion meridional», el ensayo en el que estaba trabajando en el momento de su arresto —y, por lo tanto, ampliamente reconocido, en palabras de Buttigieg, como «una contribucién sumamente valiosa a la teoria so- ciopolitica como tab» (PNT, p. 22)— como un , unig asus ‘igorosas normas académieas, también favoreoia que un tema se fers ampliando hasta incluie nuevas Iineas de investigacién. Una carta 2 Tatiana esrita en agosto de 1931 (PLT, pp 50-53 s muy revladora respecto a su manera de entender les exigencias y ios rquisios de todo estudio digo de tal nombre. Empiezaexpicando e6mo ea una detominad fase el trabajo riguoso sobre un tema se transform «en tne fase de documentacin y luego en wna fse de teabajo y elabors cig que require grands bibioecas». Y menciona un ejemplo de cémo un ema poede i amplindose hasta aleanzar prporciones cas inmanejabls. Merece la pena citar este pra en s totaldad porque ‘usta aa perfeccin a forma que iene Gramsci de abordar ls temas 48 sates ue le preocupaban. El ejemplo que Gramsci menciona son los inte- lectuales italianos, y como tales parte de su interés por el Estado y por «el desarrollo hist6rico del pueblo italiano». Escribe: ‘Aunque uno se Timi a las nas esenciales de a investigacién 6ta no Aeja de ser un trabajo formidable. Hay que retroceder inevitablemente al Imperio romano y ala primera concentracia de intelectuales «cos- mopolitas»(simperiales») que produjo; yInego estudiar Ia formacién ea organizacié papal-ristiana que ineorpora al legado del cosmio- Politismo intelectual impesial una forma ade catas» europea, et. Slo sen mi opinién es posible explicar que slo despaés del siglo xv, cs decir, tras el inicio de las primeras lucha jurisdiceionales entre Ia Tlesiay el Estado, puede hablarse realmente de intelectualesitalianos «cnacionaleso; hasta entonces, ls intlectualestalianos eran cosmopo- tits, retizaban una funciéa universalistay anacional (tanto para la Tplesia como para e! Imperio), ayudaban a organiza ottos estados na- ~ ci sobre la cultura, es importante que clarfiquemos no sélo Jo que Gramsci quiere decir cuando habla de la cultura, sino también lo {que estd impli cito en nuestros propios usos antropolgicos del térmi- 10. Qué postulados no formulados puede haber.rs las nociones-aa— tropolégicas de cultura? De entrada diré que este capitulo no es ni ‘micho menos una historia de le utlizaciGn del concepto de cultura en antropologfa, Mi propésito es bastante més modesto. Simplemente deseo lamar la atencién sobre determinados postulados sobre la «ul- ‘uray que creo han planeado sobre esa historia. Algunos pensar que esto equivale a fabricar un ser de pajaahistGrico y demasiado simpli- ficado que no hace justicia a 1a compleja y rica historia de Ia disci- pina, una historia que ha deparado toda wna serie de maneras distintas de entender esa entidad llamada «cultura». ¥ es cierto que paso por alto gran parte de esa diversidad y de ese debate. También he optado Aeliberadamente por centrarme en aquellos antropSlogas que ban $4 cones considerado Ia elucidacn de I cultura como objetivo primordial det proyecto antropolégico. Evidentemente, no estoy diciendo que los postulados que he identificado definen la nocién antropol6gica de cultura de una manera exhaustiva, Hay otros muchos legados y co- rrientes intelectuales que podsie mencionar. Sélo he tratado de lamar la atencion sobre algunos postuladas con historia que, en mi opinisn, hhan pervivido a pesar de las muchas mutaciones que ha conocido la antropologia durante los iltimos euarentaafios; no en la obra de todos Jos antrop6logos, claro est, pero en los suficientes —aunque muchas ‘veees de modo impreciso y no reconocide-— para que este ejercicio rmerezcala pena. Asi ues, jeudles son-esos postulados? En pritér lugar, el de due Jas cultaras son de algiin modo.sistemas, no necesariamentc bo- mogéncos y-sin-confitos,-quo,-sin-emhargo. constituyen de algiin ‘modo un todo ordenado. En segundo Tagan, ef de que las «culturas», tambien de algsin modo, constitayen entidades diferenciadas y acota- das. ¥ en teccerlugael de qu ls sociedadescuyo esis Propicss el nacimiento dé la antropologia como disciplina (en términos mo- ‘demos, las sociedades del Sur) se-caracterizan pT une oposiciéa fun- ‘damental entre también empen6 a utilizarse para desribis un proceso de desarrollo humano se convetiéen so prineipal signifi Eo hasta principio de siglo 20x. Pero poco a poco, desde por lo stenos el siglo xv, por vias dficiles de aster con pecisién, «cul ture» empez6 aincorporar parte de se significado modern. Qi sé tao geste it-yqucensuaizenibrte Camente vinculado al concepto de cults, fue el de «civilizac ‘A Tigales del siglo ti, Ta palabra wcivilizaci6ireomerdige Wi- Tiams, «tiene detrs el esptitu general de la Mustraci6n, con su énfa- sisen el antodesarolo humano secular y progresivo» (1983, p. 58). Yacetrado el sigh xr, ecivilizciGn»y eculura se tlizaron como sinénimos. Pero es precisamente a finales del siglo Xv y prinepios del siglo xix cuando «culture» adopta sus significados moderos en {inglés fuertementeinfluidos por el signifiado que los términos cu ture y CulturCaego escrito Kultur emperaron tener en francés yen ale respectivamente. ‘La emergencia de este nuevo conjunto de significados coincide con las convulsions histricas que tenfen lugar en toda Europa en {xe periodo histrico, cuando el pensamiento de la Mustacién irum- plaen toda Europa, la Revolucisn frances sbola ls viejsjrarquias Y.algo més tarde, Napolesa lderaba el ecto revolucionario fan- 66s yoo oa op reseando as otras natn, Ea arte como respuesta as ideas dela Tustracin, naci6 una corrien {Er pensamonto muy dierent qu se asia l Romanticism, En ugar del racionalismo secular de la Hstraciéa, los pensadores r0- 5. El poder vnculdo la denotacign e a realidad social oe analiza ex Crehan 19973 pp. 2025. 58 Contexts ‘ticosensalzaron las emociones, la rracionalidad y In auténtica steadiciGn». Adems, «fnimamente asciado alas coentes oma. tice e itustrada(aungue deforma comple y dversa en distintos pa. °S,, 8 yépocas),surgieron varias formas de nacionalisme afiemande el =) derecho de las enaciones» a su utrnitaro nacional». Usa de las mo. 528 vas acepciones que adopt la «cultaran en elcontexto de aque vo. eS) gar anne nce surnam , $0. principal significado en a sntropotgts es decir, In eularaentend- ‘S" da como «el modo de vida de un pueblo». La genealogia dela culty, £5 ra como una forma de vida peculiar de un puchlo merece cierta atom * cién, ya que creo que la nocién. /antropoldgica de cultura est plagada de Teninscencas de est historia Eneste setido, una figura clave ese flsofo romntco alemn Johann Herder. su obra inacabada Ideas para una flosofia dela storia de la Humanidad (1784-1791), Herder atacaba I eleotogia dela Mustracién y su visi de Ie historia humana como un proceso aque culminaba en la cultara europea «civilizada», yafizmaba pore] contario—y es es su nupta radical —que no cab hablar de cul. ‘ura» en singular sino decultras, Para Herder, diferentes naciones y diferentes épocas tenfan diferentes culturas, y en el seao de Wairha- lv eeulturae deja de ser un Sinnimo de «civilivacibi> para convertrse en una alternativa, incluso en un ‘nténimo. Utilizada primero por los roménticos, especialmente refe- ida a las culturas «nacionales» y «tradicionalese (que tendfan a ver- ‘se como totaldades orgénicas), més tarde se uilizaria para contrapo- ner las viejas culturas «auténticas», centradas en las necesidades de Tos seres humanos, frente a lo que tendia a considerarse el cardcter ‘mecénico de la emergente «civilizaciGn> industrial. Més adelante en este capitulo volveré al tema de esta contraposicién romntica Para complicar aiin mas las cosas, también estaban quienes si- uieron utilizando «cultura» y «civilizacién» como sinénimos hasta finales del siglo xrx. Es interesante recordar que una de las definicio- nes de cultura més citadas en los manuales de antropologia, la de Ed- ward Tylor en su obra La cultura primitiva, publicada en 1871 y con- siderada en general como uno de los primeros textos fundadores de la antropologia moderna, dice en Ta versin original: «La cultura o civi- Tizacion, tomada en su sentido etnogréfico més emplio, ¢s ese todo ie 59 amwopoogt y ulus algnashisesis que incluye eonocimientos,crencias, rte, ora ley. cos- ae toda eapucidedy hibit aquido rl Kowbre como sumbro de la soiedad>. La definicion de Tylor se inspira en ou0 ‘vio alemén, GF. Klemm, encuya Historia cultural general dela remanded (1843-1852) sborabe la evolucéa dea sociedad buma- veges ss origenes hasta su culminaci6n ena libertad La «cul ian come singime deeivilizacn» cay en dsuso ene ilo X% “hs ela palabra iviiacin ambien se fuer omigendo cn I de- finicén de Tylor que citaban Ls antzopsloos “Ademés de los dos principales sigificados, como cum proce- 0 general de evoluci6a intelectual, espirtual yestética» (Williams, 1983, p. 90), y como una forma de vida, ya sea de grupos especificos Ode ina en eer aus feo un eS ales del silo my pincipios del siglo x, Lacltrsem- Teno afin piss el ih La be oda Hoy «cultura significa para muchos sobre todo insic,lierator,pinura,escultua, teatro y ene. Esta version altos enfendda como sun proceso genera Ue evolciéninte- Jectual, espiritual y estéca», pero ampliada para inclur tds aque: las cosas qe se sapne representa esa evlucgn ycondyovanasa desarolo \ ‘Dado este complejo y a veves contraictrioconjunto de sign- ficados, es important resistse ala tenacin de fjar uno de ellos com el significado ecorrecto», Como dice Williams . ak En téminos generale, lo importante son el lence ¥ a turtaposcin “> 95% Sse soi un nin a ns 'V A plsj oe sean ent el desrollo ener wamao yunde- § E Smid md ei yon obs passes 6 33S intoigencia (Willams, 1983, . 91). Como confio en poder demosrar en la Segunda parte es precismen- te este dscurso complejo el ncleo dela indagaciones de Grams sobve la cultura Pero en antropolot, especialmente en Estados Uni- dos, el significado hegeménico de culture ha-sido.el_propuesio por eer Klemm, et es, a cultura como an mode de video, una forma de etencerla clara que une ss aces en el Romatici= mo sendn. A esaoctnatopolge deca se san os 3 a 69 ers ‘supuestos ya mencionados: que las culturas son en ciesto modo siste- :aticas,entidades acotadas, y que existe una dicotomfa fundamental entre «tradicién» y «modernidad>. En las préximas dos secciones se- ‘alo la presencia de estos supuestos en las obras seleccionadas de Geertz, Sahlins y Ortaer, y en algunos manusles populares de antro- pologia. También me ocupo de una influyente antologia de ensayos de Victor Turner, y en la seccién final de algunos textos antropol6gi- 0s contempordneos. Insisto en que se trata de una interpretacién muy parcial basada exclusivamente en las constantes que he ideatificado. Este andlisis esquemitico y sucinto en absoluto hace justicia a la for- ma matizada y elaborada de analizar el ema de la cultura de muchos aniropélogos individuales. También subrayo que no digo que esos su- ppuestos estén necesariamente equivocados, ya que mi propésito es simplemente describir algunos elementos del sustrato comtin gue ‘comparten antrop6logos muy diferentes respectoa la naturaleza de la «citura> como objeto del estudio antropol6gico. «La l6gica informal de la vida real» El hecho de que las culturas sean en cierto modo totalidades regladas ha sido fundamental para la nocién antropol6gica de cultura como ‘aan modo de vide», con independencia de eémo se haya entendido, Roger Keesing, por ejemplo, en su articulo de 1974 publicado en An- nual Review of Anthropology sobre las teorias de la cultura vigentes ‘en antropologfa, afirma que las muchas y diversas «relecnras recien- tes de “cultura>, a menudo contradictorias, encajarfan en cuatro _grandes tipos: las culturas como sistemas adaptativos, las culturas ‘como sistemas cognitivos, las culturas como sistemas estructurales y las culturas como sistemas simbélicos. Pese ales diferencias que pue- 4a haber entre antrop6logos tan distintos entre s{ como Marvin Ha- sis, David Schneider, Claude Lévi-Strauss y Clifford Geertz, todos pparece estar de acuerdo en que las culturas son de algtin modo siste- ‘mas. Estos sistemas culurales pueden contener elementos opuestos ¥ Contradictorios, y, en efecto, muchos antropSlogos se han centrado precisamente en el conflicto y 1a contradiccién, tanto en el seno de las istintas entidades culeurales como entre ells. le 6 anropologny callers: algunas pts Geertz, uno de los antropélogos mas influyentes de los ltimos treinta afos, entiende las culturas como totalidades regladas. Para Geertz, la cultura es ante todo un dmbito de creencias e ideas. Por ajemplo, tas describir en su « (1999, p. 28). Est insistenciaen que diferentes pueblos tienen Gferentes eultaras, sus propios modos de ver y de hacer ls cosas, 64 Cooteos puede considerarseen parte como una reaccién frente alas propuestas ‘nivetalistas de los pensadores de la Hutraci6n, que enfatizaban Ia {ea de la humanidad como un todo indiferenciado con una Sica his- tora que avanza hacia una la aisma meta guiada pr la r26a huma- tu umiveral una forma de pensar gue algunos asoearon a Tos poste~ Flores excasos de la Revolucin francesa. Como esceibié Joseph de DMatkre (1753-1821), un aristrata emigridoy uno de los fndadores dela sociologt: «La constitucién de 1795, igual que sus predecesors, Se hizo para el hombre, Pero eso lamado hombre no existen el mn- do. Conozeo franceses,italians, russ... ero en cuanto al hombre, dectaro que no lo he visto on mi vida» (citado en Walt, 1998, p. 28), ‘Cuando el ejecitoFevolucionari de Napoleén se extends por toda ‘Baropa ehacigndola sepa su propa imagen usrada, la resistencia, fobre todo eae los ntletaalesslemanes, opis en muchas ocasio- tes Informa de reinvinicaciones neionalista, qu afirmaban que los ‘iferentes «pucblos»tenfan derecho a su propia auionomi. ero Tas {easy el lenguaje del nacionaismo también se basaban a su vez en Jas idas de la Mustain llegado iustredo de un discurso de dere- {hos humanosuniversles y el discurso del Romanticismo se enee- tnevclan por ntincadns vis. Es en ese complejo contexto histxico ‘donde nage la concep antropoeica del ultra extend, sean ‘ano de los manuales mis conoeios, como +el modo dela vide de wn tropa de gente» (Bailey and Peoples, 1998.15) Lainnovacién cl te com he dicho, es gueen ugar dec auras —— “"Tamibignes importante subrayar que las ideas nacionslisas que se difundieron por Europa en esa épocainluyeron en la peculiar pe epi de ess diferentes cltras, que empezaron a merece amismna onsideaci de ttalidades acotadas del mismo tipo que las nacions- Tigades. Por ejemplo, una cultra, igual que una nacionalidad, endia a tenticarse con un pueblo determinado, a menudo asociado aun ter tori conereto, eratrizado por una Vsin del mundo espe, ex- presaa atavés de una lengua comin, No es que se dijra que tod ss aftr eomparan ncesnriamente todos estos aos, sino que la 20- Cin de cultura arastaba consigo basta certo punto, y aunque s610 {were implicitamente, todo ese conjuno de asoeiaciones mientras esa Cultura dearollab sus significado antropogieos istintivos. En ‘Sas palabras, considera que las circonstanas de so macimiento han modelado de temminada, manera la norign de cultura ilustran esta idea subyacente de clturas como universos facotados del mismo tipo que las naciones,y 125 quelos indivisuos _spétfeneiem: del mismo modo que perenecen auna nacion determi ‘a. Geertz explica aq lo que él entende por una interpetacién de ‘otras cultura besads en Ios actres: (la iterpretacion basada en los actores) significa que las descripciones {de la cultura beréber, judo francesa deben hacerse en funcign de las ‘construcciones que nosotros creemos que realizan los berébere, Is ju dios oles franceses a partir de lo que ello experimentan, ls fnmulas ‘que utlizan para defini lo qu les pasa (19753, p. 15) Geertz concluye su razonamiento diciendo: «Es decir, que los textos antropolgicos son en sf mismos interpretaciones, ¢ interpretaciones {de segundo y tecer orden. (Por definiciGn, s6lo un enativon hace it~ terpretaciones de primer orden: es su cultura)» (1973a, p. 15). Hasta aquf me he referido# la antropologia cultural norteameri- cana, pero ,qué pasa con la antropologfa social britinica? ,Ha tenido ‘una nocién andloge de «culturas» como totalidades coherentes y 00- tadas? Opino que, aunque he podido haber importantes diferencias de énfasis, como denotari el témino de antropologia social en vez de 88- tropologfa cultural, el concepto de cultura también ha sido central en la antropotogia briténics y, aunque tal vez han existido diferencias en la forma de conceptualizar la cultura —y sin duda una renuencia & utilizar el término— el logo consiste en anaiz a grupos concretos es comin &ambasa- icionesantropoldgicas Noes este] momento nie lugar para abor- dar este tema en detalle, pero mencionaré brevemente a modo de sjemplo dos textos cléscos publicados a meiados dels fos sesen- tepoco anes de aquel «repensar la ntroplopta que finales de 1s sesentay en los setenta, empez6 a cuestionar muchas de las viel ceridumbees? Ambos texts srgen de Ia tradcin de la antropoiogie 5. Dos abajo lav some de Hynes, 1969, en Estados Unies, el de Asad, 1973 ‘ola Gran Bret, Comes as social briténica, Uno es el de Victor Turner, La selva de los simbolos aspectos del ritual ndembu, todwvie-cofsiderado un clisico de la an tropologfa simbdlica, y el ow es el de John Beattie, Otras culturas objetivos, métodos y realizaciones de la antropologta social. Merece 1a pena mencionar que, si bien Turner era en gran medida un pro- dducto de la tadicién antropoldgice briténica, ensefié varios afos en Chicago, y que Besttic estuvo un afio en Stanford mientras trabejaba en Otras culturas. Desde los inicios de la disciplina, siempre he ha- bido una continua interaccién entre los antropélogos briténicos y norteamericanos, asf como un importante didlogo entre amas tradi- (1964, p. 20), Pero como deja claro elt {ulo desu libro, para Beattie, como para Geer, lo qv en verdad os- tugian os antropélogos son etrascultoras, Por razones relacionadas {mpare con la cferenca entre una antropologia que se desrollé en fl eontesto de un imperio formal (Ia antropologt socal britinica) y tne antropologi que nais de un chogue muy distino entre una so- tiodad americana avanzada y diverss pueblos anttonos, quiz os {zop6logosbrtinioos demostraron un especial interés por la insti rucionesformales de los pueblos qu estdiaban (que en machos {os todavia existen, al menos nominalment), pero la cultura seguta Siendo un tema central. Beate establece adem otra diferencia, la tendencia de los antropslogos norteamericanos a estudiar «rasgos cculturales» en vez de interesarse por «cl anslisis de tas culturas 0. s0- ciedades com sotalidadés sistémdticas» (1964, p. 21; la cursiva es ‘mfa), que es lo que estudian, en St Opinida, los antropélogos sociales tritaicos Beatie insist en que ls diferencias entre abs radicio~ nes son subre todo de prioridades, «no implicn . que ls atropéo gos socials y los antropélogos cultural estudian ds clases de cosas distintas» (1964, p21). Por sikimo, me parece que lo que aq se de- time no es tanto si un antropslogo esta 0 no la cultura, sino mo Se entinde el concenta mismo declturarLo que est lato esque a= {S para Beatie como para Turner, el principal abjeto de estudio de an- trop6logo son as totaldadessistematicas 0 coltarasacotadas 68 ones Ultimamente, Ie idea de culturas como totalidades acotadas ha sido muy criticada. En Ia actualidad, los antropélogos dedicen mucho ‘tiempo a hablar de la naturaleza fluida y cambiante de las fronteras coulturales y de a yaxtaposicion y mezcla de diferentes culturas, pero la mayoria de Ios antropdlogos siguen dedicando su trabajo a estudiar la diferencia, la existencia de «otras culturas», aunque sean fluidas y cambiantes. La antropologia es, después de todo, una diseiplina que se desarrolls especificamente en torno a la cuestiGn de emo se vefan las cosas desde una perspectiva distinta de la de Occidente y de la ‘modemnidad, y de c6mo se hacfan las cosas en esos otros mundos, Esta preocupacidn habria estado presente en toda la empresa colonial yenel proceso de emergencia de una hegemonis capitalista ccciden- tal, y habria sido en cierto modo el producto de una empresa imperia- lista, pero se trataba de una preocupacién que, aunque de un modo plagado de contradicciones, se toms en serio Io no occidental e in- tent6 hasta cierto punto comprender aquellas sociedades en sus pro- pios términos. Asi se comprende que los antropélogos se hayan es- forzado, en general por aferrarse a esa atencién a la diferencia, a ina visién del mundo «globalizado» contemporineo que trata de ver ‘cémo se perciben las cosas desde uns perspectiva distinta de lade sus ccentros hegeménicos. En la prOxima seccién presento algunos ejem- plos recientes de esta preocupacion y de esa forma de entender el proyecto antropol6gico, pero por el momento Voy a centrarme en tn pperfodo anterior de la historia antropol6gica, en Jos aos ochenta ‘Strerry-Orinez/en un ensayo muy citado de teorfa antropol6gica escrito a mediados de los aios ochenta, y erftico con el entonces in- ‘luyente peso de la economia politica en la antropologfa, se mostraba preocupada por lo que consideraba el abandono del objeto tradicional 4e la antropologia, los «otros mundos» més allé del Norte en nombre Gel reconocimiento del poder del capitalismo mundial. Su objecién cra la siguiente: Conccetamente, considero cuanto menos discuible la visién del mun- do centrada en el capitalismo, especialmente para la antropologta. En lcorazin del modelo subyacelapremisa de que et sistema-mundo ca- pitas ya ha tocado («penetrado») pricticamente todo lo que esudia- ‘mas, que, por lo tanto, hay que tener en cuenta que gran parte de lo ‘que vemos en nuestro trabajo de campo y describimos en avestras mo- _aniropologhy clr: alguns ipétesis 0 noptafias ha sido moldeado en respuesta a ese sistema. Tal vez esto sea {erto en el easo de los campesines europeos, pero aun en ese caso se- ria mejor dejar al menos la cuestin abiera Pero cuando mas nos al |jamos del , més problemitica parece esa premise. Una soci ‘ad, incluso una aldea, iene su propinestrctura y su propia historia, y debe former pare del andlisis en la misma medida que su relaciones, con el contexto mayor en el que opera ‘Los problemas que derivan de Ja cosmovisin centada en el pitasmo inflayen también en la manera que tienen Ios economists politicos de ver Ie historia. La historia suele trtarse como algo que, como un barca lege de fuera dela sociedad en cuestion. De modo que pacto de la (nvesta) a suelen er muy poco satstactras em cuanto los ober os anropoldgcosrradctonales a orgoiacton real eitent a buna dela soledad en cestin ‘ars economists poco tenden a siarsencl barcode iso euptalista) ¥no enn orila det mar. Dice en efecto que de todos modos mncapodremos conocer c6mo el oo sstema, en sus spect snios, . Ella enfstiza 1a autonomérdes-sociedades individuales, {¥afirma que «una sociedad. inclso.una aldea», es un sistema en sf_ smo, con uns existencia previa independiente del contexto. més “Emplio de poder donde se enmarca. Repito que no es que ese acento err hr ammonite SEC RCESATTARENTE EVOHES, simplemente quiero Ila- tar la atencién sobre el hecho de que aqui el proyecto antropol6gico gp anna Coc vse refiere al contenido dentro de os Iimites de estos sistemas autno- 8 separados. S6lo cuando se han comprendido ests sistemas ~autGnomos puede el antropdlogo empezar a analizar sus inercone- xiones, Esta manera de entender el proyecto antropol6pico como el estudio de sistemas autGnomos, cada uno con su propia historia gene- ra por su propia dindmica interna a sido, eomo destaca Orne, un rasgo importante ydistitivo de la antopoloefa como discipins. Ortner define su propio enfoque en antropologfa como un «en- oq prcticow.Inspirdndose en el andlsis de Raymond Williams en Marsismo y literatura del conceptode hegemonta en Gramsci, Ortet dice: {yla costambre» se conviteron en ‘gunas de esas implicaciones. En primer lugar, hfbrido es un rérmino {gue procede de la biologia y no de la cultura. Segtin el OED, su sig- nificado principales: «los véstagos de dos animales 0 plantas de dis- tintas especies o (en sentido menos estricto) variedades; un mestizo, ‘un cruce». Incluso cuando se utiliza en sentido figurado como adjeti- vo, sigue siendo una palabra que indica un origen en entidades dis- tintas, «derivado de fuentes heterogéneas o incongruentes; poseer un caracter mixto; compuesto de dos elementos diversos; cruzado, mes tizo. Los organismos hibridos estarian formadas por elementos ée al- «lin modo incongruentes, Me parece importante mencionar que ni si 4quiera como metéfora el hibridismo se libra totalmente de la mécula de lo bioldgico. El propio Clifford trata de eludir ls asociaciones con clingrediente orgénico del témino «cultura», denunciando «el seseo ‘orgdnico, naturalista del término “cultura, como si fuera un cuerpo ‘mplantado que crece, vive, muere ete» (1997, p. 25) Sin embargo, el término que él favorece, el de hibridez, en mi apinién también con- tiene un fuerte «sesgo orgénico y naturalistay, aunque relacionado con la distintividad de las especies y no con los eiclos vitaes. ‘Ast pues, gqué hace que una cultura sea hfbrida»? Clifford dice cen Itinerarios transculturales que su primer libro, publicado en 1982, -cestudiaba Ia estrategia de supervivencia de los canacos de Nueva Caledonia bajo un r6gimen colonial particularmente violento (y tods- fa vigente), y emo descubrfan en un cristianismo hfbride nuevas fas para ser diferentes» (1997, p. 175). Mas o menos en Ja misma €poca en que los canacos de Nueva Caledonia creaban su peculiar forma de cristianismo, algunos teGlogos catSlicos intentaban conjugar elementos de Ia teorfa marxista con elementos de la teologfa cistiana (sin duda dos «fuentes heterogéneas 0 incongruentes») para fundar lo que ellos denominaron la «teologia de la liberaciéa». La teologia de 80 Contextos la liberacién ha sido encomiada y también demonizada, pero que yo sepa nunca se ha considerado un cristianismo hibrido. Es evidente aque algunas incongruencias son més probleméticas que otras, pero son precisamente esos elementos que se consideran més propios de las «culturas» subordinadas —de las culturas colonizadas y no de las colonizadoras, de la minoria y no de la mayoria— los que indicarfan claramente su origen extrafio» (alien). Las innovaciones culturales de los canacos de Nueva Caledonia dan como resultado un cristianis- ‘mo hifbrido, no una cultura canaca hibrida Me parece que lo que sustenta la metafora del hibridismo es 1a ‘persistente presunci6a de la existencia de distintas culturas, y de que si bien algunos de sus elementos pueden entremezclarse de mil for- smas distintas, de alguna manera siguen arraigadas en esa cultura a la que «pertenecens La presentacién oral original de Clifford de «Cul- tras Viajeras» fue seguida de un debate, partes del cual se incluyeron nla versi6n publicada en Itinerarios transculturales. Uno de los par- ticipantes en el debate, Keya Ganguly, llam6 la atenci6n precisamen- te sobre esa persistente presuncién de cultura distintas y arraigadas en «Culturas viajeras, y le pregunté a Clifford: ‘Cuando usted extrapota la metifora dela bifecalidad para eclamsr un estudio comparativo de, pr ejemplo, los baitianos de Halt y Ios hati ‘os de Brooklya, Nueva York, 00 est usted haciendo la clase de ref cacion que Appadurai critica como una forma de «otteat» al otro? AL ‘denificarlos como hatianos en un espacio continuo entre Hit y Nu- va York, indos 6 a Inde inios de Nueva York, no reintroduce wna ‘deologia de Ia diferencia cultaral? Siendo como soy bijo de inmigrantes Indios, me resulta muy diffe idenificerme con esta clase de ideologia yy «modernidad>, Una de las razones para escribir este libro fue mi ‘conviceién de que una lectura seria de Gramsci puede ayudarnos a ahuyentar algunos de esos fantasmas que siguen persiguiendo ala dis- iplina. ¥ es que, como veremos en la Segunda parte, la teoria grams- cana de la cultura es radicalmente distinta de la teorfa de la cultura de Ja antropologia hegemnica. é pow eee te Contertos Ninguno de ls sobrentendidos que he identificado aparecen en ‘Gramsci. En primer lugar, porque para Gramsci el mundo cultural de los subalternos no es sistemtico. Est sardo que erecié entre campe- sins vefa la cultura subalterna como tna mezcla incoherente que se ‘habia amasado lentae irregularmente durante siglos (véase especial- ‘mente el capitulo 5). Se impacientaba con quienes, como los folklo- Fistas de su época, defendian su preservaciéa. En segundo luger, en Gramsci cl principal objeto de estudio no es nunca une «cultura» de- terminada, sino siempre el poder. y més concrotamente Jas paticula- £28 constelaciones de Jas relaciones de poder en determinados-mo- -RIEALOSy Tuigizes. Lo que le interesa no son las totalidadesculturales establed 7 aeotadas; sino las relaciones y ls entidades sociales fu das y cambiantes que aquéllas crean; dénde debertatrazar con exac- titud las fronteras un teGrico social depende de Ia pregunta que se plantee. En tecer lugar, y relacionado con su interés por las relacio- nes de poder, Gramsci considera que la oposicién bésica en una so- iedad noes la que se da entre lo tradicional y lo moderno, sino la que existe entre el dominante y el dominado. Segéin Gramsci, una socie: dad no ¢s un mosaico de distints culturas, sean 0 no hibrides, sino tuna constelacin de diferentes grupos de poder, donde las categorfas fundamentales son las clases, siempre que entendamos el concepto de clase de una forma abierta y no dogmatica. Los tres capitulos siguientes analizan con cierto detalle la teoria sramsciana de la cultura. Cada capitulo aborda una serie de cuestio- nes centradas en la cultura y retine extractos relevantes de sus escri- tos relativos a esas cuestiones. El capitulo 4 aborda el problema de la cultura y la historia; el capitulo 5 la naturalezs de la culvara subalter- ‘a; y el capitulo 6 la produccién de cultura y el papel de los intelec- ‘ales en eli. Dada la rica complejidad de los textos de Gramsci, y la dificultad mencionada en el capitulo 2 de sintetizar adecuadamente su pensamiento, en estos capitulostrato de deseribir el terreno que ocu- pala «cultura» en su obra —Io cuel implica necesariamente examinar la cuestiGn de la «clase», En estos capitulos he intentado, en la medi- da de lo posible, dejarle hablar directamente. Por eso, en lugar de pa- rafrascarl, he preferido incluir numerosos y largos extractos de sus escritos, para que el lector pueda conocer dizectamente al propio Gramsci y no mi versiGn de su proyecto ola de sus incontables inter pretes. Este propésito también ha comportado que ao haya pensado _asvopologi cults algunas hipstesis -81 «estos capftulos en funcidn de los postulados antropol6gicos sobre 1a ‘cultura que se han mencionado en este capitulo, y me limito sols mente @indicar de vez en cuando la ausencia de estos postulados en Gramsci. Con respecto a los tres capitulos siguientes confio que el Iector sige las grandes lineas que utliza Gramsci para estudiar y des- cribirel campo cultural. Una vez trazado ese mape cultural, estare~ mos en disposici6n de volver a sbordar en el capftulo 7 el tema de la jmportancia que tiene la teorfa de Ia cultura de Gramsci para los an- ‘rop6logos. SEGUNDA PARTE GRAMSCI Y LA CULTURA 4 La cultura y la historia {Cuil es el punto de referencia del nuevo mundo en gestaci6n? El ‘mundo de la produceién; el trabajo (SPN, p. 242), Cuando se lea @ Gramsci munca hey que olvidar que fue un militante ¥ que su principal objetivo era la transformaciGn radical de Ia socie- dad captalista. Si bien para Gramsci Tos ators ikimos de la tans- formacién eran las clases, también la cuestiéa de la cultura tenia que ser una parte esencial de un proyecto revolucionario puesto que la cultura erefere ala manera de experimentary vivir a clase. ¥ la for- ‘ma que tiene la gente de ver el mundo y su modo de vivir en € forjan, necesariamente su capacidad para imaginar el cambio y para ver si «s0s cambios son facibleso deseables. La preacupacin por cul rest presente en todos los esritos de Gramsci, desde el primer ar siculo hasta los cuadernos de la efrcel, pero es importante no perder ‘nunca de vista que, en dltima instancia, su interés por la cultura nacia de un proyecto palitico reyolucionario. Su interés prioritero-erael = cambio; no s6lo e6mo facilitar lo que 6 consideraba los cambios © ‘mutaciones culturales progresivos, sino también e6mo superar alas fuerzas cultrales consideradas reaccionarias. Podfa mostrarse muy satcdstico respecto a alos admiradores del folklore, que defienden su preservacién» (SPN, p. 197). Para Gramsci, lo importante era cémo Jograrnstauear un orden més justo y més equitativo, e identifcar qué hay en el modo que tienen las personas de vivir eimaginar sus vidas cn determinados momentos y lugares capaz de favorecer 0 bloguear el progreso hacia ese orden mas justo y equitativo. Empezaré por este punto porgue, tal como he argumentado en el capftulo anterior, se ta- 92 rats y I at ta de una pregunta sobre la cultura muy distinta de las preguntas plan- teadas por quienes forjaron 1a moderna disciplina de la antropologia (que libraban otras batallasintelectuales). Este capitulo y los dos que siguen tratan de descifrar algunas de las grandes Iineas del ambito que ocupa el ambiguo y problemtico concepto de «cultura» en la obra de Gramsci, y en la medida de lo po- sible dejar que sea el propio Gramsci quien hable. La primera seccién de este capftulo incluye algunos extractos de sus escritos anteriores @ ‘su encarcelamiento en los que Gramsci define por primera vez lo que €lentiende por cultura. Luego se recogen extractos de los cusdernos de Ia cércel relacionados de alguna manera con Ta gran pregunta de ‘Smo emergen los modos de entender y de viviren el mundo, eémo y or qué persisten o no; y e6mo son, o podrian ser, transformados; es decir, el problema de la cultura y Ia historia. Un tema central es a profunda y compleja relacién entre la cultura y la relaciones econé- ‘micas bésicas. Como ya se ha dicho, del primer Gramsci al titimo se trata de un marxiste —aunque siempre extraordinariamente abierto y {lexible— para quien os actores fundamentals de Ia historia son las clases. ¥ aunque su marxismo con el paso del tempo experiments al- ‘gunos cambios, su compromiso bésico respecto a la centralidad de la clase nunca vari6. ‘También es importante subrayar que Gramsci no ve le «cultura» como un mero epifensmeno, o como un simple reflejo de las relacio- nes econémicas mas fundamentales. i bien hasta en Sus ttimos escri- tos sigue fie! al lengua de la base y 1a superestructara, en la prctica lrasciende esta metéfora demasiado simple de estratos superpuestos. ‘Aqui el concepto crucial de Gramsci es worgénice», ya mencionado enel capitulo 2, En tliima instancia, el que se consideren o no deter- raleS> supuestamente superestracturales como parte orpénica de una estructura econémicebésica dé In sociedad es para Gramsci una cues- tin que s6lo puede respond sociales concretis #5 momentos-coneretos, En efecto, muchos de los textos de Gramsci que tratan de la cultura traducen tn continuo es- fuerzo por comprender esta relaci6n orgénica en contextos histéricos coneretos. ¥ relacionado con ello esté el timo punto que quiero se- fialar antes de centrarme en Ios textos de Gramsci: la «cultura» nunca representa un émbito aut6nomo. Si no contraponia la cultura a una ‘pase econémica fundamental, tampoco contrapone la cultura y a his toria. La cultura es para Gramsci sobre todo un sedimento que se ge- ‘era continuamente a-lo-largo.- dels historia. En.otras palabras, oS ‘modos de ser y de vivir en el mundo que consideramos cultura serfan las formas coneretas que adopta Ia interaccién de mltiples procesos histéricos en determinadas coyunturas. Por lo tanto, 1a teorfa de la cultura de Gramseiesté muy lejos dela teorfa antropol6gicatradicio- nal de , Solo falta que los progresis- tas organicen y desarrolen esa cultura prolearia embrionaria En enero de 1916, casi dos afos antes de escribir este articulo, Gramsci habia eserito un texto para otro peri6dico socialist, I! Gri- do del Popolo titalado «Socialismo y culture», donde analizaba la naturaleza de la «cultura» y su relacin con el cambio revolucionario. ‘Merece la pena citar este articulo en extensin porque, si bien repre- senta claramente al joven Gramsci, com algunos 2c0s de-Croce,J8 vie sin de la «cultura» como un medio o herramicnta para comprender y ‘cambiar el mundo serd un tema central en el proyecto intelectual de Gramsci en los cuademnos de la cércel. También es una buena intro- duccién al estilo de Gramsci y una forma de constatar cudn precoz- mente desarrolé ese estilo combativo, directo y dstintivo. Como en el anterior extract, Gramsci empieza polemizando con la idetifica- cin de la cultura con un conocimnient pasivo. .Tenemos que librarnos del habito de ver lacultura como un saber enci- clopéico, ya los hombres come meros receptéculos de un montin de datos empircos y de una masa de datos primarios sin conexi6a alguna ‘quehan de archivarse en el cerebro como si fueran columnas de un die: 95 colt ya storia — cionario para que su propietrio pueda responder alos divesos es tiulos del mundo exterior. Esta forma de culture realmente pei- cosa, especialmente para el proletariado. Sl srve para crear genes inadaptadas,getes que se teen superores al resto de la humanidad porque han memorizado determinada cantdad de datos fechas que recitan Ja menor oportunidad, levantando at una barera care ellos y Jos dems. Peo esto no es cutur, sino pedanterfs, noes inteligen- cia, sino intelecto, yes absolutameateletimo combat. Laculura es algo muy diferente. Es organizacin, disciplina del propio yo imerion,aceptar la propia personalidad; es oleanzar un ni- ‘vel superior de consciencia, con cuya ayuda se logra comprender el ‘propio valor histrico, la propia funciénentavida, los propos dere- hos yobligaciones. Pero nada de esto se logra por evolui6n espont- nea, mediante una serie de accionesy de reacciones independiente de Ia propia volontad Por encima de todo, el hombre es mente, es det, sun producto de la historia, no de la naturaleza. Sino emo explcat elnecho, dado que sempre he habido explotadoresy explotados,crea- ores de riguezay sus consumidoresegostas, de qu lsoialismo to- avian sa ua realidad? El hecho ex queso por espa, paso «paso, la boraaidad se ha hecho content desu propis Valo y ganado park "sel Wareens x wevesha Ins mdeIOs 8 or¥inizacin impuestos por fod anterior de historia ¥ esa conscincia ‘no sha forado bajo el volento aguijén dela necesidadfisiologica, sino como resultado dele reflexi6n ineligene, al principio s6lo de unos pocosy luego de toda una clase, sobre as razones de que exstan interesado en comprender las relaciones con los demas, incluidos los Ff sppopios aderechos yobignciones» en relacia coals demds ynies- £7 ro gar en historia. a ver acerado logue €lentiende por cult +2, Gramsci se dedia a rechazar Is idea de la wemergencia esponté- rca» de la conscienci, porgue si Ia consciencia de las reaidades sociales fucraantomitica, «jem explicer el hecho, dado qu sem pre ha habido explotadres y explotdos,creadores de rqueza y sus consumidores egofstas, de qe el socalismo todavia no sea una real dad. Se acusa muchas veces a Gramsci, y tambien a Marx ya otros autores marxstas, de pensar teleolégicamentey de creer que cl so- cialsmo es de algin modo inevitable y que toa ia historia humana tiene y se desarola hacia ese in. De aha importancia de clarifcar 1 Novalis ral ptunio de Friedrich von Herdeabers (1982-1801, on poet y vor romaico nema llamado el epofes del Romantiismor. Toda as notas & le de pigina elativas alos exacos de los exeios de Grae son mie Ae clr a isos ” 1s posicién de Gramsci al respecto, y como esa supuesta teleologia esti considerada una de las eriticas més demonizadoras contra Marx 3 el marxismo, consagramos a esa clarificaciéa una breve seccisn, Gramsci y la teleologia Es evidente que Gramsci no tenia una visién teleoldgica de Ia historia Jpumana y dedicé poco tiempo a quienes la tenfan. Esa actitud des- pectivaaflora claramente en los evadernos de la cércel, como cuando fustiga a los que se oponen por principio a toda clase de compromiso politico: La concepein sobre Ia que se Funds esta aversign no puede ser otra ‘que la certeza inguebrantable de que en el desarrollo histricoexisten eyes objetvas dl misma cardcter qu ls leyes naturales, a1 cual se agrege la creencia en uns teleologiepredeterminada similar a una reli- in; como las condiciones favorabes se verficardn ineludiblemente, ¥ como de ellas se derivaréa, de forma bastante misteriose,aconteci- Imientos palingenésicos, es evidente que toda inicatvetendeate a pre- Aisponery a planificar estas condiciones es no s6lo inti sino perjudi- cial (SPN, p. 168). De hecho, Gramsci dedies mucho tiempo.antesde-serencercelado «~ Iuchar contra este tipo de intransigencias insensatasenrel-seno-de-su ‘propio partido. Y en los cuademnos de Ie e&rcel dedica muchas pag tas ala trtica de la Teor(a del materialismo histérico: un manual de sociolog(a popular de Bujasin’ precisamente porque, a su juicio,redu- cia el marxismo a un xgido dogma teleol6givo. Ya en el muy prime- rizo artculo de It Grido del Popoto reconocia el problema bésico de {que aquellos colectivos que un observadorexterno considerarfa como ‘grupos explotados no ven las cosas necesariamente del mismo modo, Y con frecuencia manifiestan frente al observador externo una extra- 2, Niko jain (1988-1938) ue un dertacad commis aso eecutado por St fin en un de la primers pargs de los aos elm Su Tova del matrialimo is. tdhice este inerpre‘cin dvulgsiva del marino pensag para un pUblico noni Sado, mente su recharo ineuivoc del teleology dl osc deteinisno as pp etiaeseeataeeeaestneaede Gramsey lca fia e irvtante resistencia a asumir su obligacién hist6rica de rebelarse ‘contra sus opresores. Pero al mismo tiempo en este articulo Gramsci supone claramente algtin tipo de avance del progreso humano, cuyo ‘componente decisivo es el desarrollo de nuevas formas de conscien- cia entre las gentes subyugads, en la medida en que toman conscien- cia de sus condiciones de subyugacién. Pera Ia visi6n de Gramsci no es teleol6gica, puesto que no considera inevitable el desarrollo de es tas nuevas formas de consciencia, Como explica en los cusdernos, «La politica es, de hecho, en cada caso el reflejo de las tendencias de _y_ desarrollo de Ia estructura, tendencias que no tienen por qué verifi- J carse necesariamente> (SPN, p. 408). Gramsci tampoco es un deter- > -minista econémico. Dice, por ejemplo: ad F Se puede excluir que las crisis econémicas produzcan, por s{ mismas, £ 3 § scontecinicowsfendamentales; so puoden crea an ereno mis f {55 verb la dition de cits manera de enn de ln ee _§ 2 Sheri cmos ta con earl tet de +35 sida nacional (SPN, p. 184. 33 : Biro sine ds nts, Gam ep a 3 histricoadoptado por algunos de los seguidores de Marx, hablacn ‘cambio de la importancia de 1a voluntad humana, pero —utilizando Jos conceptos voluntaristas de Henri Bergson, como sefalan los edi- toes ingleses de Selections from the Prison Notebooks déndoles un significado algo distinto para apoyar su argumentacién? Posiblidad no es realidad, pero es una realidad: que el hombre pueda o ‘no hacer algo tiene su importancia para valorar lo que se hace real ‘mente. Posbildad significa libertad». La medida dela libertad esté ‘nciuida en el eoncepto de hombre, Que exista Ia posibilidad abjetiva de que la gente no muere de hambre y que la gente sf muera de bambre tiene sa imporanca, o al menos es0 es lo que uno cree. Pero la exis- teacia de condiciones objeivas de posiildades o de libertad, ain no 3. Hear Bergson (1859-1941 fe un sof francés cays oc del lan ital © ‘impalio creativos como element cv dela inter haman ovo mocha afer ‘inn muchos pensadores de a epoca, Vest lan 4 (SPN. p. 325) y lan. 50 (SPN, 360) para un ands doa posible suena de Bergeon sobre Graz. le | sory, — —_» ces sufleiene: hay que «conocer» y saber servrse de lls. ¥ querer servrse de elas. En este sentido, el hombre es voluntad conerets, es ‘decir, la aplicacié efeciva de la voluntad abstracta o imps vital @ Jos medios coneretos que realzan dicha voluntad (SPN, p. 360). 'y precisamente porque este tipo de voluntad progresista no nace es ponténeamente, ¥ porque la historia humana no estd programada hacis ‘i nico zelos, el problema de la cultura y el papel de los intelectua- Jes en esa historia ocupa un lugar tan preponderante en Gramsci. Vol~ viendo al articulo de I! Grido de! Papolo, las nuevas formas de cons- ciencia no nacen antomaticamente, no se forman «bajo el violento aguijén de la necesidad fisiolégica, sino como resultado de la refle- ign inteligente al principio s6lo de unos pocos y luego de toda una clase, sobre las razones de que existan determinadas condiciones y sobre la manera de transformar el vasallaje en seiales de rebelign yy de reconstrucciGn social». La descripcién de una «reflexién intel ‘gente, al principio s6lo de unos pocos», prefigurs ya la posterior im- portancia que concede Gramsci l papel de los intelectuaes en la crea cign de nuevas «cultaras». Ci de «cultura» es decisiva lac ‘ienda el estrecho interés de las «masas de hombres» por «solucionar por sf Solos sus probleinas econémicos y politico ‘conoeimigito Capaz de enender los lazos que Vinculan aestas centralidad de la cuestién de la «cultura» en su proyecto intelectual. Hasta aqui el tema de la teleologfa. Ahora quiero analizar pri mero algunos ejemplos de los cuadernos de a edreel donde Gramsci explica explitics o implcitamente lo que él entende por «cultura» y Juego pasaré a ocuparme de algunos pésrafos que sbordan la idea de revolucién cultural. Cultura y revolucién cultural en los cuadernos dela cércel ‘Cuando en la famosa carta de 1927 a su cufiada (mencionada en el ca- pitulo 2) Gramsti expone sus planes de estudio en la prisiGn, explica {que los cuatro temas elegidos (los intelectuales italianos, la lingtifsti- ce comparads, el teatro de Pirandello y la novela por entregas) estén 4e alguna manera relacionados con «el espiritucreativo del pueblo en I 101 Lacaltu y lakers sus diversas fases y grados de desarrollo» (PLI, p. 84). Ese espiritu creativo, asf como el potencial de.una.consciencia cultural critica verdad interesaba a Gramsci. Se~ ‘sobre el mundo. En una de las Notas sobre ‘Americanism y fordismo»,* escribe, por ejemplo: 1a deep ene I asin re gue modifies de una form ands tment Piombrey las externa en a pobre, a clara reat eel aticanismo, la flsad aatna q es 6a thtdelarda pr que lo mdi el nda v at ons, aa textes lina dl ome GEN, p37 Ica) En una Nota en la que impugna la ides de que Ia filosofia es una acti- vided extrafta y arcana limitada a una clase de filsofos, profesionales, Gramsci aduce que en cierto modo todos somos fil6sofos, «porque {incluso en la mds minima manifestacin de cualquier actividad intelec~ tual, en el “lenguaje”, ya esté contenida una determinada concepeiéa donde eximialas ansfontacines de los metedos de prodvciéa ests ‘lunidenes tas fa pera gua mull, comeata sv impacto ex Europ Elia- tee fandamectel de Grameen est Nota adc, en palabas de Hoare y Nowell Smith «Ean los embios qu estan Lugar en el mundo dela preci en el mo- ‘mento en que esebia de importancia al como para coneti ol pacipie de una ‘ova epoca isis o erin s6o na conjuaicn de eps de inperancia eine [Ps SPN p27. 02 _______ ami ytscutara concepsién del mundo conscientey erticamentey, en conexin con ‘estos tabajos del propio cerebro, elegir la prop esfera de actividad, artcipa activamente en a creacin de Ia historia del mundo, ser guia de nosotros mismos y negarse a aceptarpasiva y supinamente que ‘nuestra personalidad sea moldeada desde fuert? Cuando se adquie +e una concepeisn del mando propia pertenecemos siempre a una de- terminada agrupaciéa que es Ia de todos los elementos sociales que ‘comparten un mismo modo de pensar y de actus. Todos somos con: formistas de alg ipo, siempre somos hombre-masau hombre colec- tivo (SPN, pp. 323-324). Las dos tiltimas frases nos deparan otra definicién de cultura: las cul ‘turas son determinadas agrupaciones formadas por «todos los ele- mentos sociales que comparten un mismo modo de pensar y de ‘obrar», y todos pertenecemos a algtin tipo de agrupaci6n, «todos so- ‘mos conformistas de algtin tipo». Lo que Gramsci quiere enfatizar ‘aqué-es a diferencia-entreamna.adopcién- des- ct culture ylabistoria 105 ‘de abajo, se abrirsn nuevas posibilidades de autodiscplina, es decir, de libertad, incluia la del individuo (SPN, p. 242), Gramsci se reiereaqut al colapso de un orden culcural existente que impidea clos antiguosKideres intlectuales y morales dela sociedad» ‘ontarconel viejo consenso cultural sobre la manera de gobernar la Sociedad y el mpd de vivir de las genes, y proclaman La revolucién que él veiaocreia ver avanzaren su propia €po- ca era.a su juicio equivalente a la revolucién que habfa abolide-el-1é- simen feudal y creado el ss. Y aquellarevolucia tam- “Sign habia comporiado necesariamente una transformacién cultural radical En Tos cuadernos de la ercel dedice mucho espacio a aali- zat elcarécery ls historia de Ia evolucién burguesa —sobre todo dada la versidn atrofiada que se represents en Itlia— y las lecciones ‘que los socialistas contempordneos podian apcender de esa historia En una Nota ttulada «Humanism y Renacimiemto>, Gramsci are- ‘mete conta las interpretaciones demasiado iereflexivas y generales del Renacimiento y su «descubrimiento del hombre>, peso la Nota también muestra la concepci6n del Renacimiento como una ¢granre- vyolueién cultural {2Qb6 significa que el Renacimicato descubrié al xhombre», que 1o ‘onvitis en el centro del universo, et.” ,Signific que antes del Re- nacimiento el «tombre> no era el centro dl universo? Se puede decir aque el Renacimiento creé una nveva cultura o eivilizacin, en oposi- cin alas cultura precedentes 0 como un desarrollo de ells, pero es preciso «delimitar o cespecificar» la esencia de esa cultura. {ES cier- te que antes del Renacimionto el «hombres no era nada y luego lo fue todo, 0 acase hubo un proceso de formacién cultural donde el hombre tenia a serlo todo? Me parece que To correcto es decir que antes del Renacimiento la cultura medieval se basaba en lo trascendente; pero ‘quienes representaban esa cultura no eran enadas o acasoesa cultura Cnn ting 106, Gramsci y la clara soe stom deseo sd Een for ga Scars gna capa pergoe yy siansivs cal anges a eft pct Yb ceineclonsinenten tou sins be san spenegun nnfton ein mare isensvoty ton aids doin SOW ph Gramsci insiste en caracterizar Ia «gran revoluciéa cultural» del Re. AS és nacimiento como algo destindo a erer «un nuevo tip de bombre en las clases dominantes». Para Gramsci, el humanismo del Renaci- ‘miento fue un movimiento cultural esencialmente elitista sin conse- ‘eueneias més allé de las clases dominantes. La Reforma, en cambio, representaba para 61 una revoluci6n cultural que se extendi6 a las capas sociales populares. En una Nota ttulada «La filosofia de la pra xis $a cultura moderna», escrbe: En Is historia de los desarollosculturales debe tenerse especialmente ‘en cuenta le organizacin de la cultura y del personal mediante el cual cesta organizacin adopta una forma conereta.. (Los intelectuies dela Reforma, como Erasmo] se dablegaron ane las persecuciones y las ho- eras. Por esto quien encarné la Reforma fue el pueblo alemn en su Conjunto, como masa indisina, no los intelecuales. Esta desercin de Jos intelectuales ante el enemigo explica, precisament, la ester dad» de la Reforma en la esferainmediata de I lta cultura, hasta que ‘mediante un proceso de seleccién, del seno del pueblo, que habia er ‘manecido fic ale causa, surgié un nuevo grupo de intelectual que cculming en I filosoffa lisica (SPN, p. 397; la cusiva es mia) Aqui también se observa que, a juicio de Gramsci, es «el pueblo» el (ave ba generado an nuevo grupo deintcectunlesn Volver sobre (Cio ene capal 6 'Un arclo del histoiadrlteario Vtoro Rossi provoes ea Gram I siguiente reflecn sobre el lnguaje y sobre! Renes mient como revolcion cll y como n confit ene concep. Clones del mndordicalmeate diatea: Rossi tiene azén cuando dice que wel uso que hace un pueblo de una Tengua y no de otra con fines intelectules desnteresados noes un ca- ‘richo individual 0 colecive, sno el ato espontineo de una particu. acaltre aistria 107 ta vida intro, que rode nica fomm posible, Es deci, una icngnes na consti gral de mando yn neo pac ps eves cualquier oot, Enoner Acar significa oe {loans Rencinieat] habla ds concepeiones del mundo opues tas ant popular bsguse qe sexe en lengua versus ‘blocdicefeual qu se expreaba en ny qu oe remonaba ale gdad romana? (¥ aca el Renacniento nos eraterza por txt contioy no por por lasers crescin dene cara tafe? (SeW.p.26, Es importante insistis en que la revoluci6a cultural, como la propia cultura, aunca fue para Gramsci un simple «eflejo» de una base eco- ‘némica mas profunda. La lucha lingistica entre la lengua vernécula yl latin que agut deseribe, por ejemplo, constitufa una parte integral Ge la lucha econémica y politics par la hegemonta burguess, “También es importante clasficar lo que Gramsci quiere decir al afirmar que «una lengua es una concepcién integral del mundo y no un mero ropaje capa de vestitcalquigr Contenido, ¥ qu dante ‘ef ReiiaSiiento habia dos econcepciones del mundo» distinss y d ‘yo subrayaba que Gramsci no cntiende las culturas como sistemas coberentes y Iogicos, pero ,aca- so no habla agut de dos légicascalturales? En mi opinion, a diferen- cia radica en que para Gramsci la coherencia Iégica de estas dos «concepciones del mundo» deriva de una concordancia con las res- pectivas «necesidades» de dos posiciones de clase distntas y defini- das de forma muy amplia, lo que forga a ambas una orem, general, pezo también espacio para na considerable heterogencidad 4 contradicein. A Gramsci Ie interesaben tanto las contradicciones y los eanflictos.como-a-coherensia. Pero, aun a riesgo de Ser acusa- 4a de funcionalista, quisiera clarficar lo que entiendo aqut por «ne- cesidedes». No entiendo que esas concepciones del mundo surjan smecénicamente para racionalizar unas determinadas formas de ex- plotacién, sino que es muy probable que quienes se ubican econémi- camente de determinada manera encueatren explicaciones plausibles del mundo en que viven que de alguna manera concuerden con la ex- petiencia desu posicién econémica. Con el tiempo, si esas distntas posiciones econémieas soa fundamentales, como cree Gramsci, ten- ‘deréa a produc interpretaciones del mundo concordantes con cada oe, wa PHO Mini # > punto de vista concreto. Pro digamos que la producin de nterpre- © taciones coherentes implica en Grams la emergencia de intelectua- les orgénicamente vinculados a esa posicin de las.“ Fs importante ), «un témino que con- nota a la vez compasi6n y desprecio»; SPN, p. 272), es un buen ejem- plo de cémo enfocaba en Ia prictica el andisis de la relacién entre ‘una situaci6n econémica concretay Ia consciencia politica. Los «eros de hambre (mori fame)» no son un estate homogéne0, Y puede incurirse en erores graves s se les identifica de manera abs- tract En Ia aldea, y en los pequetis cents urbaaos de alguns re- 7._‘SiMagiavelo haba teoizao la ree de wn Estado nacional italiano bao an Sto Principe, nel pecedo moserao habla qe tear tna auevahegementa soley lise cape de ssi ala hogeroaiaburgotes existent, Peo xa aubvahegemonia no pola ensemareeo un slo ndviduo en ots palbrs, el quivelente dl Pac ‘ede Maguavelo. el prscipe mosemo, ere para communis acolyte 1 4 ionesagricolss, exsten dos estratosditintos de emort i fame>: Ios Jomaleros y os pequefios intelecuales. La caractersticaesencial de qos jomaleros noes su situsciGn econémica, sino su condiciéu moral € jetclectual. El tipico campesino de estas rogiones es el pequetio agri= ‘ultor o minifundistao el mas primitivo aparcero(cuya renta se redu- ean terco, la mitado incluso alos dos tecios de su cosecha, seein Is ferlida y el lugar de su campo de cultivo), que posee unos pocos, aperos, un par de bueyes yuna cabata que casi siempre ha consruido {mismo en los ratos en que no trabja, y que ha obtenido el capital ne cesaioemnigrando durante algunos afoso trabajando unos aflos wen Ios pozose osirviendo en ls carabinier "ete, ocomosirviente de un gran terrateniente —por ejemplo, «con apatiose y ahoros. El jomaleto, en cambio, no puede o no quiere «apaios», no posee nas, es un «marta, Ai fame, porque I joenada de wabajo es preceria e inregular, El emoro di fames pequenioburpués procediaoriginalmente dela Dburguesia rar. La propiedad de las grandes familias se va dividiendo hasta que acaba desspareciendo del todo, pero los miembros de esta clase no estin preparados para wabajar con las manos, De ese modo ‘acaba formandose un famélio estrato de aspirantes a puestos munici- pales menotes, como oficnistas, recaderos, ee. Este estrato es un ele mnento desestabilizador en Ia vida rral, siempre sediento de cambios (elecciones, et.) y alimentando al «subversivo» local; como es bas- ‘ante mmerosa, iene una cietaimporancia Se alia especialmente con la burguesfa real contra el campesinado, y organiza a los «mort fame> pata que sirvan a sos itereses (SPN, p. 273-274). [Estructura y superestructura En Ios euademos de la cércel, Gramsci brega con frecuencia con «el problema de las relaciones-entre estructura y-superestructuras’ tomo en la Nota «Andlisis de las situaciones. Corfelaciones de fuerza». Gramsci dice en ella que es importante distinguir entre los diversos ‘momentos 0 niveles» de las elaciones de fuerza existentes en Ia so- ciedad. El primer nivel, isicamente el nivel de la «estructura», ¢s 1. Los carabiniert son a efecto un cuerpo de plc, pero organizada militares ‘We lndepeniente dl cuerpo de policaconvenconl eee eee eee ce ee eee ECE coeeet years una correlacisn de fuerzas sociales esrechamente vinculadss a la es. tructura, objtiva, independiente de Ie voluntad de los hombres, que puede medirse com los sistemas de las ciencias exacasofiscas. Eni. ‘el de desarollo de las fuerzas materiales de produccis constituye la base para la emergencia de las distintas clases sociales, cada una de los ‘cuales representa una funcin y tiene una poscicnespectficaen la pro- pia produccisn. Esta elacin es lo qu es, una realidad obstinads: nadie puede modifica el mimero de empeests 0 e sus empleados, el nStnero dela cudades y dela poblacion urbana, etc. Esta Fundamental disposi «nde fuerzas permite descubrit si existe en la sociedad las condicio ‘nes necesaiasy suficientes para sutransformaciGn, ose permite con. ‘molar el grado de realismo y de posibilidades de realizacién de las diversas idcologia que nacieron en ela misma, en el terreno de las con- ‘uadieciones que ha generado durante su desaroll (SPN, pp. 180-181). > SAdvignase que «et nivel de desarrollo de las fuerzas materiales de produccisn» es la «base para la emergeacia de las distintas clases so- ciales», y que cada una de esta clases «presenta una funei6n y iene una posicin especfice en la propia produceién>, Pero lo importante es que para Gramsci se trata de una «zealidad obstinada»,objetva, ave «es lo que es». Ua segundo nivel «momento seria la relacién de las fuerzas politica; es deis, wna valoracién del grado TE HSATOge- -neidad, de autoconseiencia consciencia de sy de ongenizacisn al- ‘anizado por las distnias clases sociales» (SPN, p. 181). La dstincion “qu hace Gramsci entre laste’ «clase paras" es esencia- mente la misma que hace Mar, y es uoa distinein entre la porencia- lidad creada por determinadas relaciones estrutarals para la emer- gencia de una clase con conscencia de sf como clase, ya realidad de ‘una clase con esa consciencia ya alcanzada. Y en efecto, una de las cuestiones centrales en Gramsci es ese pasar, ono, de la potenialidad ‘la realidad. Gramsci analiza luego los distitos niveles dentro de este se- undo nivel politico, y describe el largo camino.quetienen que.reco- rer determinados intereses economicos Tundamentales pare adquirt Tentay-progresivamente esa autoconsciencia como actors pol 9. Bxadisincéa se encuentra en La miseria de a flosofia (Mary 1963,p. 179) Si bien Ia erminologi ha sido muy euesiomada, creo que, deando do lado el engesje Iegeisno, ep na veces come dsacla que exis entre determines realdades sobjtvas dela ida dela pote ya fra de ver estrada, ecalnr yain 113 * nesta alcanzar finalmente una hegemonfa sobre toda la sociedad. He aventuado ciertas frases y expresiones que evidencian que Gramsci habla aquf de un proceso (que puede o no realizarse; 1 que se derime cs una posibilidad histérica, no una certidumbre) desencadenado en ‘ltima instancia por las realidades econdmicas, la «estructura» de la sociedad, Estos distntos niveles corresponden «os diferentes momentos de la consciencia potticacoletiva, al como se han manfestado basta ahora en historia. El primero y mds elemen- tales el nivel econémico-corporaiv un comerciante se sene obliga do (a cusiva es de Gramsci] a ser soldari con otro comerciante, un fabricante con oto Fabricant, ec, pero el comerciante nose sieate ain soliderio cone fabricante; en ouas palabras, se sent la uniad homo- ‘nea del grupo profesional y el deber de organizara, pero nose siente si le unidad es sae Un segundo momento es aguel fen que se alcanza la consciencia dela slidaridad de intereses entre to- dor tos miembros del grip ssi per toda nel compa meron te-econdmlce, Yaen este momento se plantea la cuestin deL Estado, pero s6lo como elemento par lograr una igualdad potice-jurdica con Tos grupos dominantes, ya que se revindicael derecho a paticiparen la Iegislcign y en la administraciny basta de modificrla, de reformar- Ja, peto en las estractura fundamentalesexistentes. Dn tercedmomen- toes aquel en ques logra la consciencla de que los propia intereses corporatves, en su desarrollo actualy fauro,superan tos limits de la corporacion de wn grupo puramente econémicey pueden ¥ deben con- Vvertrse tambien en los intereses de oros grapossubordinados. Esta es lafase mds esrictamentepoltca, que sea el paso decsivo de ta es- srutara ata exfera de las complejassuperestracturas esl fase en ‘que las ideologies que han ido germinando se tansforman en «partido», se enfrentan y Iocan hasta que una sola de ess al menos uua sola combinaciGn de ells, tendo a prevalecer, a imponers, a propagerse por toda la sociedad, propiciando no slo la unidad de los fines econs- Inicos y politico, sino también [a unidadintelecaly moral plantean- Go todas las evestiones ea tore alas cuales se desarolls la lucha n0 en ‘un plano corporaivo, so en un plano euniversal», ceando asf lahe- ‘gemonia den grupo social fundamental sobre una serie de grupos su- ‘ortinados. Es certo que el Estado es concebido como organismo pro- pio de an grupo, destinado a crear las condiciones favorables para la ‘mésima expansin de ese mismo grupo; pero este desarrollo y esta ex ‘pansin se conciben y presentan como la fuerza motriz de una expan- sn universal, de un desarrollo de todas las energies «nacionales», En 114. Gramsei ys clara ‘ots palabras, e grupo dominante se coordina concretamest ¢on los ineteses generaes de los grupos subordinados y la vida esatl se con cibe como una formacién yuna superacicn continua de equilibis ines Lables (en el émbito dela ey), ene ls intereses del grupo fundamen. tal y los de los grupos subordinades, quilibrios en donde los intereses el grupo dominant prevalecen, pero hasta certo pant, 0 sea, hasta el ‘punto ex que chocan con el mezquino interés econémico-corporativo (SPN, pp. 181-182; la cusiva es mia, salvo indicaciGn contara), Este texto demuestra claramente que para Gramsci, como pera Marx, los actores fundamentales de la historia humana son las clases. Lo ‘cual no quiere decir evidentemente que Gramsci entendiera las clases como tinicos actores posibles de la histori, sino que para él estas ‘grandes agrupaciones que ocupan una posicién econdmica similar en luna Sociedad dada, son las que explican en iiltima instancia los gran- des cambios auténticamente revolucionatios de una época, como la emergencia del mundo burgués del seno del feudalism, o la posibili- {dad de abolir la sociedad capitalist El problema para quienes, como Gramsci, trabajaban por esa abolicin era que la clase potencialmen- te revolucionaria bajo el capitalismo no babfa sleanzado el mismo ni vel de desarrollo politico que la burguesfa en la épace de la Revolu- ci6n francess, «lactis actual ¢s més profunda que Ia criss de la Edad Media; esta ‘dima dur6 varios siglo, hast la Revolucin francesa, cuando la agra- pciGn social que habia sido econdmicamente la fuerza motriz de Euro- ‘pa darante todo et mitenio pudo presentarse como un «Estado» inte= ara, con todas las fuerza intelectales y morales necesarias para ‘organizar una sociedad plea y perfecta (SPN, pp. 270-271) Si a Gramsci, como evidencia Ia Nota sobre Maquiavelo citada ante- rlormente, le preocupaba enormemente la manera de ° mento «pintorescor .. Pero habria que estudiarlo como una sconcep- tm det mundo» implicta en determinados estratos de la sociedad (en “ye espacio y en el tiempo) x-en.nposicitin. las.concepciones «oficia- 1.) 9° les» del mando (también en su mayor parte implies, mecnicas yob- po? etivas on un setido mas emplio, las concepciones de las partes cul- ‘us de las sociedades histéricamente detenminadas) que sean sucedido _sa.cl pragesa histérice. (De abi la estrictarelaciGn entre folkiore y ‘sentido comtn», que es el flklore flossfico,) Esta concepcién del 1, ease el capital 7 par un anliss de ete debate en Ia medida en gue se rela ‘ona con I uillzaciéa de Grass por oe atopslogc, scaler subslors ® mundo noes elaborada ni sstemética porque, por definicin, el pueblo fla suma tral de lax clases insirumentalesy subalernas de todas las Ssociedades que han exsido hasta la fecha) no puede poseer concep- clones elaboradas,sstemdticas ypoiticamente organizadas y central. ‘das en su desarrollo por lo dems contradictario (SCW, pp. 188-190). En una bre el. término «subversivar, Gramsci. habla de la_ -consciencia caracteristica de la Italia rural. Et concept tipicamente italiano de «sovversivo» puede explicarse dela siguiente manera: una psicia de clase nepativa, no postiva—el «pue- blo» es conzciente de que tiene enemigos, pero solamente los identifica ‘empiticamente con los Lamados signori». Enel concepto de «signote> hay macho dela vieja aversin 427Campo ala cde a forma de ves- ‘sun elemento fundamental de dstncin. También existe una aver™ nla burocrata la nica forma de ver al Estado. Elcampesino, ei cluso el pequeto agricltor, odie al funcionari; no odia al Estado ‘porque nolo comprende. Ve el funcionaso como un esignoren, aunque {mismo disfate de una stuaci6n econémica mejor; de ei la evidente contraicein de que el «signore> sea al mismo tiempo un «mort di ames? desde el panto de vista del campesino. El odio «genécico» no es ‘de carkcter moderna, sin todavia «semi-feudal, y no puede conside- "ase como evidencia de consciencia de clase, sSlo como el primer atis- ‘bode esa consciencia, es decir, meramente como acttud bisica negat- va, polémica, El pueblo no sélo no posee una conscencia precisa desu propia identidadhistérca,tampoco es consciente de a idenidadhist- rica o de los limites precisos de su advesaro. Las clases inferiores, hi toricamente ala defensva,sélo pueden aleanzar la autoconsciencia a través de una serie de negaciones, a través de su consciencia de la ident y linites de claze desu enemigo: peo es precisamente este ‘proceso el que tin noha salido a la superficie, al menos noa nivel na Cional (SPN, pp. 272-273; la cursiva es mi). ara Gramsci, el cardcter bésico de la cultura subalteme deriva del _ hecho de estar shistéricamente a la defensivay; la cuestion del poder ‘std en el centro de su teorfa de la cultura, De hecho explica su fre~ 122. Gramsci a calor, pltlidad de 1os subordinados. Es su subordinacisn, su cardcter subal- 310, 10 que determina su forma de ver e] mundo. Como ha quedado “Glaro en el capitulo anterior, Graimsct no ecHazabA la tesis de Marx de las relaciones econdmicas fundamentales como resorte iltimo de Ja historia, pero su proyecto intelectual daba prioridad a la reflexién sobre las condiciones de la emergencia de determinados paisajes po- litics, con sus posibilidades concretas de transformaciéa, en mo- ‘mentos histéricos concretos y en el marco de unos pardmetros econd- ‘micos amplios. Puede que sea cierto que las relaciones econsmicas bésicas, ya sean las del feudalismo o las del capitalismo, contienen en su seno contradicciones susceptibles de hacerlas trizas, pero asf como ‘es imposible saber-con exactitud cuando y dénde las fallas s{smicas roducidas por la colisin de las placas tecténicas provocarin terre- ‘motos o erupciones voleénicas, tampoco es posible prever las con- vvlsiones sismicas de las sociedades humans. Adems, y a diferencia del mundo inanimado de la geotisica, los terremotos y los voleanes Ia Aisciplina de los grupos que no wconsienten» ni activa ni pasivamente, ‘pero que est constituido para toda la sociedad en prevsion de los mo- restos de crisis de autoridady de direceiéa cuando no se da el con: seatimiontoespontineo (SPN, p. 12). 4, El movimienn que prope ls unificacisn de Talia como Estado independiente ‘om capital en Roms 1870, 124, Gramsci y lca ‘Aqu‘ ls hegemonfa se define al parecer como consentimiento organi- zado por las organizaciones de la sociedad civil y no del Estado con sus aparatos de poder coercitivo. Pero es importante recordar qu la hhegemonfa viene aquf definids en el contexto de un andlisis del pa- peel de los intelectuales. Volveré sobre este texto en el capitulo si- sEuiente, ‘Sin embargo, en otros eseritos Gramsci no contrapone sociedad civilhhegemonfa y Estado/coercién como hace aqui. En una Nota, por ejemplo, la hegemonfa, o Ia organizacién del consentimiento, se in- cluye como una de las actividades del Estado, Dice Gramsci que «el Estado ¢s Ia totalidad del complejo de actividades précticas y teéricas ‘mediante las cualés Ia clase dominante no s6lo justifieay perpetia su dominio, sino que obtiene el consentimiento activo de aquellos a quie- nes domina». (SPN, p. 244) Y en otra Nota se refiere al «Estado (en su significado integral: dictadura + hegemon‘a)...» (SPN, p. 239). EL elemento bisico que cabe inferir de estas definiciones distintas del Estado es que, a veces, para comprender una manifestaci6n concreta del poder, como por ejemplo el de os intelectuales, conviene distin- guir entre «dos “niveles” superestructurales»,e] que representaria la hhegemonia y el consentimiento, y el dela coerci6n y la fuerza, Otras veces hay que analizar de qué forma incluye el Estado, la fuerza y el ‘consentimiento, como hace Gramsci en su critica de un libro de Da- niel Halevy. Para Halévy, l Estado» et el aparato representative; y deseubre que Jos acontecimsientos més importantes de la historia francese desde 1870 hasta hoy se debea n0 alas iniciatvas de organismos politicos deriva- os del sufagio universal sino a las de organismos privados (empre- sas capitalists, consejos de administracon, et.) 0 de alos funcions- tos desconocidos ene pais, et. Pero .qué significa todo eto sino que ‘por «Estado» habria que entender no slo el aparato de gobiemo, sino también el aparato «privado> dela hegemonia o sociedad civil? (SPN, .261; Ia cursiva es mi), En una de sus muchas Notas contra el economicismo, Gramsci viene a decir lo mismo, prologandolo con la sumamente wil elaificacién de que la distincidn entre sociedad politica (fuerza) y sociedad civil (hegemonfa) debe entenderse s6lo como una distincién metodol6 Bs jail cole baie 125 a, El Estado y la sociedad civil no representan dos universos acota- Steamer srs sno un no eas aoe ee eget einer etre manera ‘en diversas agrupaciones. También conviene subrayar que, precisa- ‘mente porque para Gramsci la sociedad civil representa en general el consenso y no la fuerza, de ello no se deduce ni mucho menos que la sociedad civil sea necesariamente benigna. Este me parece un punto particularmente importante a destacar en el clima politico contempo- Las ideas del movimiento del lbrecambio se basan en un erort6rico ‘yo origen prietico no es diffi identifies, pues se basa en la dstn- Gramsci apt algunos ‘elementos que son centrales en su manera de entender la cultura su~ ‘alterna que merece la pena citar en toda su extensién. El extracto {que aqui presentamos empieza con la breve seccién incluida al prin- cipio de este capitulo, ‘Me parece que el folklore ha sido estudiado asta ahora como un ele- ‘mento .. Pero habria que estudiarlo como una «concep ‘in del mundo» implictaen determinados estatos dela sociedad (en cl espacio y ex el tempo) y en oposiisn a las concepciones wofcia- Jes» del mundo (también en so mayer parte implicit, mectnicas y ob- 128______-_Gramseiy acuta {eva enun etd ms ampli conepeiont es pts ca ts des ecedads tne deermiads) ue hn sce do cael poco histéaco. (De ah next lacgn ee fllrey Se mn eile sn Bae nein mundo nas elaorada !ssmnca porque Por dino, e uc Dio la smd 2 a eas sranomalesy ibllemes de todas tas soledades qu han exo hase feca} no puede pose on cepcons labored sstendteasy politcannsorgeizade jer tales oan esl oro dents conti, E ls in thiplecvel seat de qoses ne ous juapeiin mecha Se divers concepcons Se! mand, so sons pore eee cada uo conus aplomerin de tagents Geos con cepts det nay lain gure han sd ena histor De tes, slo eel fire sc pueden encour rs de ove adulterada y mutilada, de la mayoria de esas concepciones. 7 Tnelto I flea la Seala moderna apran avs e- remorse tedemos en coo que cers efimecones nin 9 cies opiniones, spurs ds nes yo mens Gisosionasy, aca consamtment ene doiio popular se = tern nel mosico dln sun, (La Scopera dl Amero a Procarle mursa cin las noises es mamas Iaescucls mene sobre sto Coli etospenenjes on ‘xtufamenssimlads) Bl flone stlrpede emer one {oe as conosco bee deters on Sine epctias del follonepemancee an despues de gue ‘estas condiciones Se Rajan modificado para producircombinaciones ecu Cenament cist una eign del publ epeimente on los pen ction ontdansqueeomay rca dela delay ime Tetons os elgiso) sore todd eign epiniament e- teri por orgs cles. Paa eines tod ls Ulones ele ls ms eid soisicdn son eee en ‘lain co pean modem. Pero esta ieccia eel de gues eligoes, 9 ant ool casas, son elses ye tbs or ones pra erga cclesast, Pro tam, psertn peas especie. Ua qu ver sun tl toma no ren peter pun mastnet lotr famed hope: las conicones de lesa aes ests eu Reforma $ elconcto de Teno y sino desralls istir-cltal eos ates rormasyocodonce sa Reform y Teno on eles ny dices) De mado ques eto qs exe uu coral —_19 colt sabaema el puebion, entendida como un conjunto determinado (en el espacio ¥ nl temp) de princpios para la conductaprictica y costumbes que {Gerivan de ellos 0 los han produc, Como Ta supersicgn, esta mors- Tidad estéestechamente vinculada a creencias reigiosas reales. Exis- ten imperetivos que son mucho més fueresy tenaces que los dela mo- ‘al «oficial. También en esto smbito babria que distinguirdiversos ‘tratos: los foslizados, que reflejan las condiciones de! pasado y, Por To tanto, son conservadoresy reaecionarios, y Tos que consisten en una ‘erie de innovaciones, a menudo creaivasy progresstas, determinados tesponténeamente por las formas y condiciones de vida que estan en proceso de desarrollo y en contadiccién con, o simplemente dfieren fs, la moralidad de los etratos gobernantes (SCW, pp. 188-190) El primer punto de interés en este texto es el valor que concede Gramsci al estudio del folkiore dada la posibilidad que ofrece de infe- rir las concepciones del mundo y de la vida potencialmente alternati- ‘vas, de oposiciéa, que mantiene la gente subaltema y que, aparte de tse folklore, no han quedado registradas en Ia historia. «Sélo en el fol- lore se pueden encontrar restos de evidencia, adulterada y rautilada, ela mayoria de esas concepciones.> Pero como esas concepciones s¢ laboran de forma implicita yno explicita, s6lo podemos tener de las certs visiones fugaces, Una de las caracterfsticas findamentales-del ‘pensainiento subalterno es para Gramsci su incoherencie-y-suscontra- digciones. «Es una confusa mezcla de fragmentos de todas las con- cepeiones del mundo y de la vida que se han sucedido en Ia historia.» Para Gramsci, el «folklore» no representa una tradicién primordial transmitida inalterada desde e] mundo premodemo, sino que «la filo- sofia y la ciencia modemas también aportan constantemente nuevos clementos» que se «insertan en el mosaico de la tradiciOn». En otra ‘Nota sobre el folklore, Gramsci recverda que «el folklore siempre ha ‘estado vinculado @ le cultura de la clase dominante y, a su manera, s¢ ha inspirado en los motivos que Iuego se han insertado en combina ciones con las tradiciones anteriores .. no hay nada més contradicto- rio y fragmentario que el folklore» (SCW, p. 194). Digamos también que este enfogue de las culturas no elitistas ‘std muy lejos de la bésqueda de etotalidades regladas» con sus pro- pias I6gicas sistemétices que, como se ha visto en el capitulo 3, han sido un tema dominaate ea la antropologia; y elude cualquier nocién ée una oposicién basica entre «tradiciGn» y emodernidad». Lo que oe Gramsci taculies, Gramsci destaca es la vertiente del folklore como posible representa cidn de una cultura bésicamente de oposicidn (aunque se trate de ung critica «implicita, mecénica» y no explicita y consciente) una culty. +a «opuesta .. a las concepciones “oficiales” del mundo», En otras palabras, larelacién més importante es Ia que se da entre el dominan. tey el dominado, no entre la tradicién y la modernidad, La inestabilidad del folklore y su disposicién a absorber ele ‘mentos de 1a cultura dominante son importantes porque dan al fol- lore una cualidad potencialmente progresista. Gramsci subraya la necesidad de diferenciar los estratos «fosilizados» y, «por lo tanto, conservadores y reaccionarios» de los estratos «que consisten en una Serie de innovaciones, a menudo creativas y progresistas, determina- {os exponténeamente por las formas y condiciones de vida que.estén en proceso de desarrollo y en contradiccin con, o simplemente di- fieren de, la moralidad de los estratos gobernantes». La aotitud basica de Gramsci hacia la religidn, especialmente hnacia el catolicismo, de tan profundo calado en la sociedad italiana de ‘su época, se evidencia claramente en este péerafo, Como laico mili- tante que era, para él «todas las religiones, incluso las mds refinadas Y sofistcadas, son «folklore» en relacién con el pensamiento moder ‘no», con la diferencia —indicada por el entrecomiliado de la palabra «folklore» de gue las grandes religiones son welaboradas y estable- cidas» por los intelectuales y son instituciones religiasas organizadas, En el capitulo siguiente abordaremos con mAs detalle la enorme im- pportancia que concedia Gramsci al papel de los intelectusles en Ja di ‘ndimica de la historia humana, Al final de sus «Observaciones sobre el folklore», Gramsci ex- plica que una de las razones de tomarseel folklore tan en serio es por- {que en sus aspectos reaccionarios representsrma'concepeiéa del mun- ddo que los educadores progresistas tienen que «estirpars.— 'B1Estado (aquf Gramsci piensa en un Estado progresista noes agnée- ‘ico, iene su propia concepcisn dela vida y essa deber difundicla por ‘medio dela educacin de ls masas nacionles. Pero esta actividad for- sativa del Estado, que se expresa sobre todo en el sistema educativ, asf como ena actividad politica, nose relize contra una tabla rasa. En realidad, el Estado compitey choca con otas concepcionés explictas implica, y el foKlore no es precisamente de ls menos imporantes i | _131 scalar soars ences: poroamo, ene ue seper, Pane meso, comet tone non concer qué xs concrpiones el mundo ea {da estan ese ena formacn tle y moral ols rene Tenn, pre pec exprissy sss por conepions tecnico eperes e ‘Es evidente que, para lograr el fin deseado, habria que cambiar el esp Sl sts el llores come profntizaoy dfs, Sahin souseran con ua cena 0 eo pleoresc, sine como na ora muy siaqu ay qo fms Sa Sean enstanea el ore ser mis fez propia ‘Sinn tecmerenca de ana aera cura ee ls grades mass ‘Gyula dren a separa nec moda cl vara fetes. Un acid eet, Hevata a abo ao ihn cnesponeraielacaimente loge fe la Reforma cals putes press CW. p. 19. wamiento de Gramsci es que n0 _Adviértase que la conclusién del razonamiento ‘Se debe ni preservar el «folklore» como un «elemento pintoresco> ni extrpario totalmente, porque es preciso eeonacer sus aspects os tivos para propiciar «realmente la emergencia de una nueva cultura Ss gendes mass populte>, ca taming dave eb los evudos de Gramsci dela mentlidad uber er el een comin, un ino gue en lino es mis sete que eninglé Gramsci lanabaal element postive de set Ao com uc senior La prima secn examina as noone fremaranas de etd coma buen seni ‘Sentido comtin y buen sentido Para Gramsci, el sentido comiin, como explica en este pérrafo, ocupa ‘una posiciGn intermedia entre el folklore y el conocimiento produci- do por los especialistas su propio «buen cada estrato socal posee su propio esentdo comin» y su prop ‘sentidov, que son bisicamente la concepeién més generalizada de la ‘ida y del hombre, Cada coriente filoséfica deja tas de sf un sedi- Jnento de «sentido comin»; as es como documenta suefiaci hstir- [8 El sentido comin noes algo régidoeinmévil, sino que estd en con- \imua transformacién, enrigueciéndose con ideas ctenificas y con lay feviniones seas que han penetrado ena vida cotdiana. El een ido comtin» es el folklore de Ia Gilosafia, y siempre esté a medion ‘mino entre el folklore propiamente dicho ylaflosfia, la ciencia y la economfa de los specialists. El sentido comin real folklore del fu. ‘ro, como una fase relativamenterigida de sabiduria popular en un ‘momento y ugar determinados (SPN, p. 226) Otra categorfa clave, evidentemente, es la religi6n, En la Nota si- _iente, que se cite en su totalidad, Gramsci describe de modo sucin- _to su visiGn de la relaci6n entre sentido comin, eligiGn y filosofia La filosofa s un orden intelectual, cosa que no pueden ser nil relic dn ni el sentido comtin. Se observa que areligign y el sentido comin ‘mpoco coinciden, sino que la religin es un elemento del disperso sentide comin, Ademés, «sentido combi» es un nombre colectivo, como «teligiOn»: no existe un unico sentido comin, porque también ‘sofia es a extica yin superacin del eligigny det sentido comin, ¥ en ese sentido coinciden cone] «buen sentidow, que se contrapone al Sento comsn (SPN, pp. 325-526), En Ja Nota titulada «La relacion entre la ciencia, la religion y el sen- tido comtin», Gramsci expone la diferencia entre flosofie y sentido ‘comin: (Quizd sea dil desde el punto de vista prictioon distinguc la flosofia el sentido comin para indicar mejor el tensito de uno a oto: en Ia f- Tosofi destcan especialmente los rasgos de la elaboraciGn individual el pensamiento, mientras qu en el sentido comién destacan fos rasgos difososy dispersos de un pensamiento genérico propio de una dete ‘minada época en un determinado entorno popular Pero toda filosofie tiende a converts en el sentido comin de un entorno igualmente res twingido —de todos los intelectuales—. Se trata, por tanto, deeleborar ‘una filosofia que, teniendo ya difusion, odifusivided, por estar conec- tada con la vida prctica eimplicta en ella, se convierta en un sentido ‘comin renovado con a coherency el nrvio de las filosoiasindivi- ales: y eso no puede ocumtie sino se siente siempre la exigencia del contacto cultural com las agentes sencilas» (SPN, p. 330), ua producto de I historia -una parte del devenic hist@eico-La” 133 sncltre subse Volveremos sobre Ia insistencia de Gramsei en la importancia de quienes tatan de forjar un «sentido comin renovados, sin perder nunca de vista Ia necesidad de permanecer en contacto con las gentes esencillas»[simplice). En los cuademos de la cércel, Gramsci dedica un espacio consi- erable a criticar el intento de Nikolsi Bujarin de ofrecer una guts popular del marxismo, Teorfa del materialismo hist6rico. Manual po- ular de sociologia. El pécrafo que sigue explica el significado de sentido coma para Gramsci y su relacin con Ia «alta» cultura y con el catolicismo. ‘Uns obra como el Manual popular, destnada a unos lectores que no son intelectual de profesion, deberia haber partido del andlisis cxt- ‘ca dela filosofia del sentido com, a filosofa de los no filésofos», 2s deci, la concepeién del mundo absorbida ariticament por los di- ‘yersos entomos sociales ycultrales en que se dessroll Ia individns- lided moral del hombre medio, E sentido comin no es uza concepciéa ‘inca, iéaticaen el tiempo y en el espacio: es el «folklore» de la flo sofa y, al igual que ésta, se presenta en innumerales formas. Su rasgo fundamental y ms caracterstco es el de ser una concepcin (ineluso en cada cerebro individual disgregada, incoherente, inconsecuente, conforme a la posicin social y cultural de las multitdes de Is que constituye la flosafia, Cuando se forma en Ta historia un grupo social hhomogéneo, se elabora también, contra el sentido coma, una filosotla ‘homogénea, es decir, coberentey sistemstica, El Manual popular se equivoca al partir Cimplicitamente) del presupuesto de que a esta elaborecién de una filosofia original de las rasas populares se oponea los grandes sistemas de las flosofas tra dicioalesy lareligin del alto clero, es decir, a concepcin del mun- 440 de los intelectuaes y de la alta cultura. En realidad, estos sistemas son ignorados por la multtud y no tienen una eicacia direct sobre su mode de penser y de actuat. Esto no quiere decir que carezcan de efi ‘aciahistria: pro es una eficacia de otro tipo, Estos sistemas iflo- ‘yen en Ine masas populares como fuerza politica externa, como el ‘mento de fuerza cohesiva de las class dirigenes, es decir, como clemento de subordinacién a una hegemonfa exterior, que limita ne- _ativamente el pensamient orginal de las masas popolares sin inflir «en é postivamente, como ferment vital de transformacién intima de Ja que las masas piensan embrionara y casticamente sobre el mundo 1 la vida, Los elementos principales del sentido comin son suminis- 134, Geamssiy ta clare trados por las religiones,y por esto Is relaci6n entre el sentido coméa y la eligién es mucho mas profunde que larelacién entre el sentido ‘comin y Tos sistemas flos6ficos de Tos intelecuales, Pero también, hhay que hacer distinciones eriticas ea lo que concieme a la religicn, ‘Toda religin, incluso el catolicismo (y especialmente el catalicismo, ‘or sus esfuerzos por permanecer nitario «supericialmente» para no «scindirseen iglesias nacionales y en estraificsciones sociales) es en realidad, una mulviplicidad de rligiones distintas y a menudo conta. ictorias: hay un catolcismo de Ts campesinos, un catoicismo de los [pequetis burgueses y de Tos obreros de la ciudad, un eatolicismo de Jas mujeres yun eatoicismo de los ntelectuales,abigarado eincone- ‘xoasu vez. Peron el sentido comin no slo influyen as formas ms {oscas y menos elaboradas de estos diversos catolicismos actualen- te existentes: han intIvido y son components del actual sentido co. ‘nt Tas religines precedentesy as forms anteriore del catolicismo ‘actual, los movimientos heréticos populares, as supersticiones cient fleas vinuladas als religiones de pasado, ete. En el sentido contin ‘predominan los elementos «realistass, materalistas, es decir, el pro- ‘ducto inmediato de las sensaciones elementals, Io cual no esté en contraicci6n, ni mucho menos, co el elemento religioso; pero estos elementos son esupersticiosos»,acrtcos. Est es, por consiguient, el peligro que offece el Manual popular: a menudo confirma estos cle ‘mentos aritices, que hacen que el sentido comin permanezca todavia ‘nla fase ptolemaica, antropomérfica, anropocéntic, en vez de ct ticarlos centficamente (SPN, pp. 419-420), Esta Nota revela con toda claridad uno de los hilos argumentales bé- sicos que recorren toda la obra de Gramsci: la oposicidn entre con ‘cepciones coherentes ¢ incoherentes del mundo, y Ia insistencia en {que toda concepcisn potencialmente contrahegeménica tiene que set coherente. Elaborar ese discurso contrahegeménico coherente re- uiere un riguroso aniliss crtico de los discursos hegeménicos que std llamado a sustitir. En el caso de las amplias masas populares, ‘que viven inmersas en «el mundo fragmentatio, incoherente» del sen- ‘ido comtin, ¢s precisamente este mundo del sentido comin el que hhay que superar, no «los grandes sistemas de las filosofias tradicio- nales y la religi6n del alto clero>, ya que «estos sistemas son ignora- dos por la multitud y no tienen una eficacia directa sobre su modo de pensar y de actuar>. Por eso Gramsci es tan eritico con Bujaria, por ‘no adoptar como punto de partida en un texto espectficamente desti- 135 scalar sabherna ado a1un pablico masivo nofiniciado «un andlisi exftico de la filo- {ofia del sentido comin», Lo que la gente necesita es comprender futoconsciente y criticamente la incoherencia y la inadecuaciGn de tos postulados establecidos del sentido comin que sencillamente han absorbido acritica y mecdnicamente de los y dinémica de la mezclaincoberente de frag rmentos que conforman el sentido comin. El sentido comiin existe en lahistoria, Como eseribe Gramsci en la breve Nota ya citada (véase a p. 132), «"sentido contin” es un nombre colectivo, como “religin” no existe un tinico sentido comin, porque también eso es un produc- to de la historia y una parte del devenir hist6rico» (SPN, pp. 325 326). Es decir, no se debe considerar la religi6n ai el sentido comin 136_ ‘como una tradiciGn fosilizada y estética; estén en continua transfor- ‘macién y adaptaciGn, muchas veces de forma impredecible, en la me dida en que los contextos en que existen mutan y cambian, Un argumento importante de la critica de Gramsci al. Manual popular es el estrecho ligamen entre la emergencia de nuevas filoso. las contrahegeménicas y la emergencia de nuevas clases, Es precisa- ‘mente en esos momentos de la historia en que surge una nueva clase (can grupo social homogéneo», segén uno de los eufemismos de los cuadernos de la cércel) cuando «también nace, en oposicién al senti- do comin, una filosofia homogénes, es decit, coherente y sistemiti- cee». A medida que nacen categorias fundamentalmente nuevas en el mmbito econémico bésico —es decir, nuevas clases—, también emer- gen nuevas concepeiones del mundo que reflejan Ja visin del mando de esas nuevas categorias. Y yo aiado que, aunque esto es posible, no ¢ inevitable; no estamos hablando de teleologia, Si tales concepcio- nes han de emerger y alcanzar un dominio hegeménico, como oci- ‘6, por ejemplo, en el caso de las concepciones burguesas del mun- do que sustityeron a las interpretaciones feudales, la nueva clase tiene que ser capaz de crear sus propios intelectuales «orgénicos» ca paces de claborar y dar coherencia a su ideas embrionarias. Enel ca- pitulo siguiente se aborda en profundidad la nocién gramsciana del intelectual orgénico; de momento tan s6lo mencionaté que en esa n0- cidn radica Ia idea de un constante didlogo entre quienes viven real- ‘mente una experiencia de clase concreta y quienes, debido a su forma- cign y a sus capacidades especificas, pueden articular esta experiencia enn dscarso coherent, May importante ages la diferencia entre concepeiones implicitas y explicitas del mundo, Concepciones explicitas ¢ implicitas del mundo + En varias Notas, Gramsci examina la diferencia entre unas concep- ciones del mundo que adoptan una forma verbal explicitay las que, no siendo articuladas, estin implicit en la actuaci6n de la gente. En laNota «La celaci6n entre la ciencia, la religién el sentido comin», ‘yacitada, Gramsci dice: ee Gramsci y nutans | acoltre subtems ST En realidad no existe I filosofia en general: exsten diversas Hlosftas ‘ concepeiones del mundo y siempre se hace una elecciGn entre el 1C5mo se realiza es elecida? {Es un hecho merameate intelectual 0 sgo més complejo? ¥ sno ocure con frecuencia que entre el echo in- teloctul la norms de conducta existe uns conttadicsi6n? ;Cual ser centonces a verdadera concepcin del mundo, la afirmada lésicamente ‘como hecho intelectual o Ia que resulta de la actividad real de cada ‘uno, que estéimplicita en su actuacién? Y puesto qve toda acciéa es poliea,jno se puede decie que a flosofa eal de cada uno est con- tenia toda ella en su sccin politica? [ste contrast entre el pensar el actuary, s decir, la cocristencia de dos concepeiones del mundo, una airmada con palabra y a ota puesta de manifesto en Ia manera efectiva de actuar, no siempre se debe a la mala fe. La mala fe puede ser una expliacisn stisfactria para algunos indviduos tomades asladamente, o también para grupos més 0 menos numerosos, pero no es satisfactoria cuando el contraste sparece en las manifestaciones de la vida de las grandes mases:enton- ‘ces ese contrase entre pensamiento¥ acciGn no puede sr sino la ex: ‘resin de contastes mas profundos de orden hstérico-socal, Signifi- ‘ca yas un grupo social, que tiene su propia concepcn del mundo, por cembrionaria que sea, que se manifiesteen Ia accién, pero slo de for: ‘ma ocasional y esporidice,o se, cuando el grupo acta como una to- talidad orgénice, ba adopaado, por razones de sumisin y subordi ign intlectsl, una concepeiéa extras, prestada por oo grupo, ya afima con sus palabras y cree incluso seguira, porque es Ia concep cin que sigue en «tiempos normales>, es deci, cuando su conducta 0 ces independiente y autsnoma, sino sumisa y subordinada. De abi que no se pueda sepatar Ia ilosofia de le politica; y se puede demostrar también que la eleccién y Ia extica de una concepcién de! mundo es también un hecho politico (SPN, pp. 326-327) ‘Un punto a destacar agut es Ia presuncién bisica de que «toda accién 5 politica». En otras palabras, como ya se ba dicho en el capitulo 2, para Gramsci todas las relaciones sociales implican poder. Una con- secuencia de ello es que la forma que tienen los subalternos de ver el ‘mundo es en parte un producto de su posicién subordinada y domi- nada. Su visién del mundo se forja necesariamente en el contexto de ‘unas vidas vividas en condiciones de subordinacién y de unas con- cepciones hegeménicas que reflejan Ja visi6n del mundo desde la perspectiva de los grupos dominantes de la sociedad. Pero es a partir ae 198 nny tn ctr | ecltre batons 139 de ia experiencia vvide de la subordinacién que con el tiempo puc- en emerger las concepciones contrahegeménicas de la realidad, aunque al principio sélo de forma embrionaria. En este pécrafo Gramsci explica eémo esta concepcién contrahegeménica puede emerger en el curso de la lucha: «se manifiesta en la accin, pero s6lo de forma ocasional y esporddice, o sea, cuandb el grupo actiia como una totalidad orgénica>. Una vez finalzada esa accién pun- tual, las furzas hegemsnicas pueden reafimarse y hacer que la nve. va consciencia embrionara regrese @ un estado inarticalado, aunque ‘quiz con cierta memoria de su emergencia. Una forma de deseribir lo que Gramsci dice es percibirlo como un aspecto del a menudo la- 0 tenso proceso de transformaci6n (para usr la terminologta de Marx en La miseria dela flosofi) de una clase en sf» en «ana cla se para si» (véase supra el capitulo 4,n. 9. ‘Mis adelante en la misma Nota, Gramsci habla de las concep- cones verbales y artculadas heredadas del pasado interiorizadas acriticamente y de su capacidad para bloquear la emergencia de una rueva conscienciaarticulada en el individuo, aunque ella ya esté «mplictaen su actividad» y cle una realmente asus camaradas en la ‘ransformacién prictica del mundo real. [El hombre activo de la masa acta on la préctica, pero no tiene una c ra conciencia teGrca de ese actuar suyo, que sin embargo es un cono- cer acerca del mundo por cuanto Io tansfoma. Més adn, su conciencia teérica puede hallarsehistéricamente en contradiccién con su actuar. Casi se puede docir que tiene dos coascieacias teéreas (0 una cons- ciencia contradictori), una implicia en su quchacer y que le une real- ‘mente asus camaradas en la ransformacién préctica del mundo real, y tre superficialmente explicit o verbal que ha heredado del pasado y ha inerorizado acricameate. Sin embargo, esa cancepein «ver- bal» no deja de tener consecnencias: vincula a un gropo social deter minado,influye en Ia conducta moral y en la direccién de la voluntad, de manera mas o menos enérgica, que puede lege aun punto en que la contredctoriedad dela conciencia no permitaaccién alguna ning 1a decisién, ninguna eleeein, y produzea un estado de pesividad mo- ral politica (SPN, p. 333) De nuevo se plantea el problema para Gramsci de la absorci6n acrii- ca de una concepeién existente del mundo. En otra Nota, dtulada <«{Qué es el hombre?», Gramsci habla de la necesidad de adquirir un ‘conocimiento critco de las relaciones en las que se vive. Es decir, se debe concebir el hombre como una serie de relaciones ac- tivas (on proceso) en las cuales, aunque la individualidad tenga Ia mi -xima importancia, noes el Unico elemento a consierar La humanidad ‘que se refleje ei cada individvaidad se compone de divesos elemen- tos: 1) el individvo; 2) los demds hombres; 3) el mundo natural. Pero ‘estos dos limos elementos no son tan simples como parece. El ind- Vidno no entra en relacién con los demés hombres por yuxtapesicién sino orgénicameate, esto es, en la medida en que entra a formar parte de organismos que van desde los més seneills alos mds complejos. Del mismo modo, el hombre no entra en relacin con I naturaezasim- plemente por el hecho de que también él es natualeza, sino activa- ‘mente, por medio del trabajo y de la técnica, Ms an: estas elaciones ‘ho son mecénicss, Son activas y conscientes, es decir, corresponden a ‘un grado mayor 0 menor de la intelegencia que de ellos tiene el hom- bre singular, Por esto se puede decir que todos se cambian asf mismos, se modifican en Ia medida en que cambian y modifican todo el com- plejo de relaciones de las que son el centro aticulador. En est sentido, cl verdadero isto es, y no puede dejar de sro, e politico es decir, hombre activo que modifica e] medio, entendiendo por medio el con- unto de relacones del que cada individ singular ears format pat, ‘Sila propia individulidad es elconjunto de ests relaciones, hacerse ‘ona personalidad significe tomar conciencia de estas elaciones, y mo- de sus intelectuales, pero ‘como individuosaislados, no como expresinrepresentatva de grupos populares (SPN, pp. 396-397), ‘Mientras que, segtin Gramsci, e] marxismo lucha coatinuamente por «clevar nuevos estratos de 1a poblacién a una vida cultural supe- rior», al catolicismo le interesa «mantener un contacto puramente ‘mecéinico» con su grey, basada en Ia aceptacién acritica de «la litur- sia y en un calto visualmente lamativo para las grandes masas», ‘dejando su sofisticado andlisis teolégico en manos de una élite inte- lectual ‘Aunque Gramsci juzgaba con severidad el talante provinciano y ‘estrecho de la cultura subalterna, también le fascinaba y-creia que se podia aprender mucho de éI. All, y a menudo sélo all, se podfa en- ccontrar, como dice en una de las Notas ya citadas sobre el folklore, < de las cconcepciones histdricas subalternas del mundo. Merece la pena citar enextensién una Nota especialmente interesante sobre el caso del re- belde visionario campesino Davide Lazzarett.*En esta Nota, Grams- ci conteste un articulo de 1928 de Domenico Balferetti que mencio- nnaba una serie de libros y articalos sobre Lazzaretti de diversos autores, incluido Giacomo Barzelloti. A Gramsci no le interesa es- 5. Lavearet también se meacion en Rebelderprinitivos de Ere Hobebawm, acalur bates pecialmente rescatar a Lazzaretti «de una posteridad excesivamente ‘condescendiente», pero lo toma muy en serio. Le interesa especial- mente To que el caso de Lazzaretti nos dice de Ta cultura subalterna en ‘quel preciso lugar y en aquella época concreta, v, muy importante, ccémo la cultura dominante modela y da forma a esa cultura, Davide Lazzaretti Lazzarettinacié en 1834 en un rinoSn remoto de la Toscana, Era ca- sretez0 de profesion,y sirvié como voluntari en el ejécito nacional en 1860. En 1868 empe26 su carrera como visionario religiso, reti- réndose a una cueva dela que salia peiddicamente para profetiza la Ilegada de un nuevo orden del que él era el mesfas. Atrajo a muchos seguidores hasta el punto de alarmer a las autoridades locales, y en 1878 fue muerto a tros por los carabinieri cuando bajaba de Ia mon- tafia para proclamar la instauraciGn de Ia repdblica de Dios. Los deta- Iles coneretos del caso Lazzaretti son menos importantes para el pro- pésito de este capitlo que lo que la Nota revela sobre el enfoque sramsciano de este tipo de episodios. Lo que a Gramsci més le inte- resa del movimiento de Lazzareti es su forma de reflejar el «male tar general.que-existia-en Ktaliay; a base de-uilizar te retoriea'y ef ideario de Ia religién popular, pero una religién popular estrecha- ‘mente lgada ala politica contemporénea italiana. Gramsci menciona sobre todo la acttud hostil del Vaticano hacia el evo Estado unifi- liano seculat-En 1871, diez afios despues del establecimiento ‘de ajuel Estado, el Vaticano declaraba «no conveniente (non expedit) —de hecho una prohibicién— para los cat6icos patiipar en la elee- ciones nacionales. Gramsci cree que Lazzaretti debe entenderse en relacién con Ia cultura de su tiempo, y no con la de unas trediciones culturales ancestrales heredadas del remoto pasado. Lazzareti, por «ejemplo, basaba sus visiones no, como cree Barzellot, en ciertas le xyendas del siglo x0, sino en una novela histérica contemporénca. “Me parece que el ibro de Barzellot, que tanto influido en La opi- ‘ia piblica sobre Lazzareti, no es més que una manifestacin dela tendencia epatriética»(jpor amor a la pata!) que espoles el fn de 102. Gramsci yn cultore ‘cultar ae causas del malestar genera existent en Italia a ase dere curtr a explicaciones estrechs,individuaes,patolégicas de inciden- tes explosivos sislados, Lo mismo ba ocurrido con Davie Lazzaretti ‘ycon los sbandidos» del Sur de Sicilia. A 1s politicos no les preo- Gupa el hecho de que el asesinato de Lazzaret fuera salvajemente rue yfrfamente premeditado (Sofa interesante conocer Ls instruc- ‘ones del gobierno a las autoridades locales). A pesar del hecho de (que Lazareti muri lanzando vivas ala repablica (el epublicsnismo el movimiento de Lazzaretttuvo que tener un considerable impacto ‘en a determinacin dol gobierno de asesinarle), incluso los republics: os lo ignoraron, tal vez porgue el republicanismo del movimiento de Lazzareticonteniaingredientesreligiosos y proféticos. No obstante, ‘ping que este es precisamente el principal rasgo distntve del caso LLazzaretti, que estaba politicamente relacionado con el non expedit ‘el Vaticano y demostaba el ipo de tendencia subversiva-popular-- dimeataria que podia brotar del abstencionismo del cleo. (En cusl- {quier caso, habria que descabrir si quienes estaban en la oposicidn en ‘<4 époea adoptaron alguna posiiém al respecto: no hay que olvidar {que se trataba de un gobierno de izquerdss recién llegado al poder, Gato que también puede ayudar a explicarsu falta de entusiasmo ala hora de apoyar una lucha contra el gobierno insprada pore criminal asesinato de alguien que podria caracterizarse de reaccionato, papis- ta, clcialist, etc) ‘Bulfereti abserva que Barzllot no investig6 el proceso de for. ‘meciéa de la cultura ala que hace eferencia. Habra advertido la bun dancia de octavllas, paflets y ibros populares impresos en Miléa ‘qv legaban incluso « Monte Amsata (pero emo ha podido Bulferet- ti saber algo asi). Lazzareti fue un lector insaciable de 30s materi es, que consegufa gracias a suofcio de caretero, Davide macié en Ar ‘idosso el 6 de noviembre de 1834 y trabaj6 con su pare hasta 1868, ‘cuando ebandon6 su vid blasfema para recluse y hacer penitencia en ‘una cueva de Sabina, donde «vio» el espirta de un guerrero que se ‘cantorevel6 como el padre ancestral de Lazzareti, Manfredo Palls- vicino, de Dinamarca, hijo ileptimo de un rey francés, et. Et doctor Enilo Rasmussen, de Dinamazca,everigué que Manfredo Pallavicino ‘era el principal personaje de una novela histérica de Giuseppe Rovani titulada,preisamente, Manfredo Pallavicino. La rama y los episodios ‘dea novela reapazecfan tal cual en la erevelacim» de Ia cucva, yes & partir de esas revelaciones que empieza la propaganda religiosa de ‘Lazzareti, Pero Berellt estaba conveacido de que Lazzareti seins piraba en leyendas del siglo xv (as aventuas del rey sienés Gianni- acuta subalterns 13 no), el deseubrimiento de Rasmussen an s6lo le Hevé aisertar en la ‘ima edici desu libvo una vagaalusién alas lecturas de Lazare, pero sin mencionar a Rasmussen y dejando intacta a secciénéel libro p 18), Para Gramsci era crucial que Jos itelectuales progresisas centrata sw atenci6n en las crticas lanzadek por personsies como ~ 4+ Lazzareil precisamente porque emanaban de los propios subaltemos Y captaban retazos de la vsiém del mundo desde una perspectivasi- balterna. No hay que olvidar que, en Gltima instanci el interés de ‘Gramsci por este tipo de movimientos nacta de su preocupacién por Jp elaboravin de una cultura de oposicién gemuinamente progresista + popular. Siempre fue consciente de que por muy articulados y Iosi- {2 camente caherentes que fueran los discursos de los intelectuales e- °°” volucionario, sino tenian eco entre ls capas populates estaban sbo- scados a quedarse en mera palabrera Los escrtos de Gramsci sobre Ta cultura subelterna & menudo hha servido de inpiracién a quienes estudian os pueblos colonizados Y las estracturas hegeménicas asociadas al colonialismo. Terminaré este capftulo con algunas reflexiones sobre la relevancia de Gramsci alrespecto dando para el capitulo 7 una consideraciéa més dtalla- da sobre Ia forma en que los antropélogos han uilizado a Gramsci. Colonialismo y subalternidad Referirse a los grupos subordinados de la sociedad como ssubelter- nos» se ha hecho bastante popular dtimamente, y ello e debe en gran ‘medida al trabajo del influyente grupo de Subsltern Studies, El co- lectivo de Subaltern Studies fue fundando por Ranajit Guha y otros historiadores indios y tedricos sociales decididos a darle un giro al ebate en toro al colonialismo, las luchas nacionalistas y la emer- gencia de la India moderna. Afirmaban que el papel de los grapos no elitstas habfa sido marginado y criticaban a los historiadores de Ia n- dia por «no reconocer al subalterno como el forjador de su propio destino» (Subaltern Studies III p. VID). En su empetio por teorizar el lugar del subalterno en la ereaci6n de Ia historia india, se volvieron hacia Gramsci,.especialmente a las Notas sobre la historia italiana. ‘Ademés de adoptar el término subalterno, el Prélogo a su primera an- tologia de ensayos, Subaltern Studies I, escrito por Gua, vinculaba ~ concretas. Esctibié mucho sobre los campesinos y la sociedad cam- . 145 ‘ecaltrasbalera xlictamente so proyecto al de Gramsci: «Evidetement sera iu- ‘Spor nuestra parte pretender la ms remota coincidencia de esta Sere de contribuciones con el proyecto de seis puntos de Antonio Gramsci en sus "Notas sobre I historia italiana» (Guha y Spivak, 1968, p33)¢ Mis ade, los historiadores de Sbsler Stadies eal jjron de Gras yempezaron a insprarse en Foucault yen diversos Eeseonstacionstastestcosposcolenales, ero tie suba temo como una forma dereferse alos pueblos cooniaaos y rapos {Nbordinads del mundo poscolonial ive iendo popu. Creo que le aroximacion de Granisci alanis de Tos pueblos «grupos subalternos pose deprarpereepeones les al aniss dl Colonialismo y del mundo poscolonil pero conviene no olvidar que Tas Notas de Grams sobre los sbalieraos natan ens ameasa m= ora dels ealidades Tu Bisa ialianss. Como se ha dicho en el capitulo 2, el enfoque de Gramsci parte siempre de lugares ¢ historias. pesina, pero las relidades que describia eran muy italianas, no una ‘sociedad campesina» genéricay abstracta aplicable a todo tiempo ¥ Inger. Hay que tener cuidado de no extrapolar las conclusiones a las {que lega Gramsci basadas en su conocimiento de las condiciones ita- lianas a lugares del mundo totalmente diferentes y seguramente con ‘unas configuraciones de poder muy distintas, Por ejemplo, los cam 6. Lapa relevant de os cuaderaos den fel ev uns Nota tua os sociales poets, capa mental sdeologlay objesvosconservan durante ‘Sn empo2) eu aliacin activo pasvs a is formaciooespoliiasdominants, us Inteos de infst en os prograznas de esa ormacionespaalipooet ss propia i= “indcacone, yas conseeuenias de exo ntentos ea la eetrmincion de los proce- Tose descomposcgn,renoacin oneotarmacin; 3) Increacn de nuevos partidos ‘los gros dominant, dsinados a preserva a aolesceaca de los grupos sale tere 9 muntono convo sobre ello, las formactones qe produce os propias [ups subalemce cone fn de loge reindicaciooes de cardter parcial Ii 30:5) agus macs formaciones ue afrman la atone dels grupos subse tos pero dette del angoo mare; 6 aguellsformaciones que aia a aionomis Integra. et SPN p52) 146. Gramsci ya etary pesinos de la Italie rural fueron durante siglos elementos subordina os en el marco de sociedades més amplias —porque, aunque Italia como unidad no existié antes dl siglo x1, existian blogues de poder regional—, y durante todo ese tiempo Ta Iglekia catlica tavo una pre- sencia local poderosa e influyente. El efecto asfixiante dela Iglesia contra Ia emergencia de una consciencia subalterna de oposicién fue, ‘como hemos visto, un tema recurrente en Gramsci. Pero cuando, como ccurre en muchas partes de Aftica, una potencia colonizadora ocupa luna regiGn durante apenas dos generaciones y durante ese tiempo ‘mantiene, en términos culturales, sélo una presencia perifésica, lo ‘mas probable ¢s que cree un tipo distinto de paisaje hegeménico. La historia del colonialismo briténico en la India, y del complejo mossi co de constelaciones locales de poder con las que el imperio briténi- ‘co mantuvo relaciones tan complicadas y variadas, es tambiéa muy distinta de la de Italia. En efecto, aunque es evidente que ningtin po- 4er colonial puede imponerse tnicamente mediante la coercién di ‘ecta —aparte de otras consideraciones, los dominados siempre son ‘muméricamente superiores—, e equilibrio entre el consenso y Ia coer- cid tendré seguramente un cardcter bésicamente distinto en una si- ‘wacién colonial. Guha, utilizando el lenguaje gramsciano, insste en este punto en su volumen de 1997, Dominance without Hegemony: EL Estado colonial en Asia fue muy distinc y fundamentalmente dife- rente del Fstado burgués metropolitano que lo habia engendrado, La diferencia consstiaenel hecho de que el Estado metropolitan era de cardcter hegeménicoy proclamaba el derecho als dominacin basén- dose en una relacin de poder en la que el momento dela pesuasién superaba al dela coercién, mientras que el Estado colonial era no he- _gemenicoy Ia coereién superaba ala persuasin en su estructura de do- ‘minaciga... En consecuenci, hemos definido el caréter del Estado co- Toni como dominacin six hegemonta (Guba, 1997, p. XI. sta caracterizacién esté may en inea con Ios eseritos de Gramsci sobre €lcolonialismo, como era de esperar de un estudioso tan imbuido de Gramsei como Guha. En «Andlisis de las situaciones. Correlaciones de fuerza», por ejemplo, donde Gramsci sugiere eémo abordar el nexo en- tre las relaciones econsmicas bésicas y los acontecimientos politicos, «examina los distintos niveles de andlisisy el funcionamieato de la dis- nce abate dT sintas relaciones en la historia.” El tercer nivel idemtficado por Gramsci tse de aquellos momentos histéricas en que los acontecimientos se di ‘imen mediante la fuerza militar directa. Luego Gramsci establece otra ‘iferenciacién dentro de ese tecer nivel entre «el nivel militar en senti- ddoestricto o téenico-militar, y el nivel que podrfamos llamar politico ailitar» y dice que wen el curso del desarrollo histrico estos dos nive- Jes se han presentado bajo una gran variedad de combinaciones», Luego smenciona el ejemplo de una lucha en favor de la independencia nacio- nal como ejemplo de lo mds parecido a la pura coerciGn, ‘Un ejemplo tpico que puede servir como demostracin-limite es el de larelacin de opresi militar de un Estado sobre una macion que tata Ge lograr su independencia. La rlaciGn no es purameate militar, sino politico-militar; en efecto, este tipo de opresion seri inexplicable sin Lestado de disgregacién social del pueblo aprimido y la pasividad de ‘5u mayorit; por lo tanto, Ia independencia no podté alcanzarse con fuerzas puramente militares, sino que require fuerzas militares pol- tivo-militares, Sila nacia oprimida, antes de embarcarse en la cha ‘or la independencia,taviera que esperar a que el Estado hegeménico le pemmitiera organizar un eéreito propio en el sentido estictoy téeai- ‘co dela palabra, rendrfa que esperar bastante (puede ocurir que ln na- ‘in hegemenica aceda ala eivindicacién de un eérito propio, pero ‘esto sé signifia que gran pate de a lucha ya se he librado y ganado nel terreno politico-militar) (SPN, p. 183). En general parece razonable concluir que en la era moderna del na- ‘ionalismo y del Estado-naci6n, lo més probable es que la aceptacién de la legitimidad, o al menos de Ia inevitabilidad del dominio colo- nial, tenga raices més superficiales que las de un Estado-nacién sobe- rang. Para aquellos interesados en el andlisis de las sociedades pos- ‘coloniales y del Sur, tal vez la leceién ms importante de Gramsci sea Ja de prestar mucha atencidn a las especificidades de las historias lo- cales,intentando leer los relatos fragmentarios dejados por los subal- temmos en sus propios téeminos y no dejar nunca de analizar la rela- cign simulténea de estas relidades locales con el mundo. He empezado este capitulo diciendo que la pretensién de Grams- ci no era ni mucho menos rescatar a los subalternos «de una posteri- 1. Véase el capital 4 (pp 12-114) para oo extracted eta Nott 148__ Gramsci y Ia cla dad excesivamente condescendiente». Pero sfcrefa, como demuestra la Nota sobre Lazzarett, que las interpretaciones fragmentarias de las visiones del mundo subordinadas que se vislumbran entre las som. bras de las interpretaciones oficiales debian de tomarse may en serio ¥ tratarlas con el respeto que esas interpretaciones oficiales les nega- ban. Terminaré este capitulo con un breve texto de Gramsci que, en ‘mi opiniGa, capta la esencia de To que buscaba con sus estudios de la cultura subaltema, es decir, rescatar los vacilantes inicios de una ge- ‘ina contrahegemonfa de entre laescoria acumulada del sentido co- ‘min. También refleja su caracteristico realismo antisentimental sobre Ja naturaleza de 1a cultura subelterna que 61 consideraba atrasada y torpe, pero tambiéin la auténtica y Gnica fuente posible de une cons- ciencia capaz de superar la cruda brutalidad de Ia hegemonia capita- lista, ‘Es posible que una nueva concepeién se presente «formalmenter bajo lun ropajedistinto del ristico y desliado vesido propio de ia plebe? Y., sin embargo, e histriador, con la perspectva agcesia, llega af ary a comprender que Tos inicios de un mando nuevo siempre &pe- ‘ros ypedregosos, son superiors al declina de un undo en agonia y a os cantos de cisne que produce (SPN, pp. 342-343). Para Gramsci, la tarea de transformar esos balbucientese irregulares inicios en culturas coherentes, poteates y plausibles correspondfa a 10s intelectuales. En el capitulo siguiente se analiza precisamente 10 ‘que Gramsci entendfa por intelectuales y su papel en la produceién cultural 6. Los intelectuales y la produccién de cultura “He amplificado muchfsimo la idea de lo que es un intelectual y no me limito a la nocign vigentereferida slo alos intelectuales ms preemi- rentes .. esta concepei6n de Ie funcién de los intelectuales permite ‘rrojar luz sobre la r426a 0 una de las razones del acaso de ls-comu- ‘nas medievale, es decir, del gobiemo de una clase econdmica que fue incgpaz de crear su propia categora de intelectualesy ejerer asi ae _gemonia en lugar do una simple dictadura (PLU, p. 67) En 1920, recordando la fundacisn de L'Ordine Nuovo, Gramsci dice: Cuando en el mes de abril de 1919 nos reunimos tes. 0 cuato 0 cinco de nosotros y deidimos empezar a publicar esta revista de L’Ordine Nuo- +0 ningun de nosotros (segurameate) pensaba en cambiar a faz del ‘mundo, en renovar ls corazonesy as mentes de las masas humans, 0 ‘en iniciar un nuevo cielo histrco. Ninguno de nosottos (qui algunos, sofia con 6,000 suscriptres en pocos meses) se hacia ilusiones acer ca del éxito de la empresa. ;Quiénes éramos nosotres? ;Qué represen tdbamos? {Qué nuevas ideas encarnsbames? Lo nico que nas unt en ‘aguelasrewniones nuestra, eraelsenimiento nacido de una wage pa sin por una vaga cultura proletarta, Quetamos hacer algo. Estabamos ‘esesperads,desorieatados, inmersos en la excitacin dela vide de ‘aquellos meses después del Armistcio, cuando en la socieda italiana cl caacismo paretainminente (SPWL, p. 291; a cursiva es mi). ara Gramsci, parte del éxito de una revoluciGn socialista era Ie crea~ cia de una cultura proletaria. Es imposible prever de antemano la naturaleza de esa cultura, evidentemente, dado que representaré una 150 rns ct ruptura radical respecto a la cultura burguesa. Pocos meses después, de nuevo en L’Ordine Nuovo, escribié un asticulo sobre el futurista Marinett: Et campo de botalla de la creacién de una nucva civiizacién es, por ota lado, absolutamente misterioso,enteramentecaructerizado por lo Jimpredecibe y lo inesperado, Cuando la fabrca heya pasado del poder capitalsta al poder de los trabajadores, seguré produciendo las mis- ‘as cosas materiales que abora produce. Pero ide qué manera y bajo ‘qué formas aaceria la poesia, el eatro, la novela, la music, la pinturs 1y as obras morales y lingUisticas? Ninguna ftrica material producirs ‘estas obras. No-podré ser reorganizada por el poder de los teabajadores conforme a un plan. No se puede estabecer su ritmo de produecién, ‘ara satisacer las necesidadesinmediatas, ni comtrolarla ni determi- hatla esadisticamente, Nada cn este campo es previible excepto Ia _guientehip6tesis general: habré una cultura (ana cvilleeldn)proleta- ria completamente diferente de la burguesa, yen este Smbito también las diferencias de clase serin ablidas. Se abolird el aribismo burgués 1y habré una poesta, una novel, un teatro, un cédigo moral, un lengus je, una pintura yuna musica propas de Ta civilizacin proletaria, flo- recimiento y omamento de Ia organizacién social proletria (SCW, .50; la curva es mia), He decidido empezar este capitulo sobre los intelectuales y la cultura con estos dos textos anteriores al encarcelamiento de Gramsci, por- {que me parece importante destacar que no considera la «cultura» como algo que meramente persiste en el tempo y que se transmite de generacién en generacién. Para él, la «cultura» no s6lo ésté intima ‘mente vinculada alas relaciones econdmicas bésicas, sino que es algo ‘ue hay que crear acrivamente, en especial siun grupo 0 una clase as- pira a la hegemonfa. También cabe destacar que, tal como sugieren estos dos pasajes, el significado de cultura en Gramsci engloba el complejo de significados de Williams, que indica «an discurso com- plejo sobre las relaciones entre el desarrollo general humano y un de- terminado modo de vida, y entre las obras y Iss précticas del arte y la inteligencia» (véase el capftulo 3, p. 59). La cita de Williams es aquy particularmente relevante, puesto que el problema de la relacién en- tte los dstintos signficados de cultura esté en el centro de las inda~ gaciones de Gramsci Los imeleewales y la produccén de extra 1ST Gramsci considera los intelectuales un elemento crucial pars celproceso de creacisn de una nueva gran cultura, una cultura que re presente Ia visin del mundo de una clase emergente. Son los intelec- tuales quienes transforman las , le teoria producida por los intelectuales progresistas no puede ir en con- ‘ade los «sentimientos» de aquellos a quienes en teorfarepresentan, Puede Ia teorix modems ir en contra de los Sentimientos (OED). La defini- cidn de Gramsci es totalmente opuesta {Cuil son los limites amézimos que admite el émino «intelectual»? {Es posible encontrar un critero untario para caracterizar igualmente las mips actividades de los iteleewales y distnguilas al mismo tiempo y de un modo eseacial de las actividades de otssagrupaciones sociales? Bl error de método mas generalizado es, en mi opinidn, el de haber buscado este citerio de diferenciacin en Ia naturalezaintrinse- ca de ls actividades intelectalesyno en el conto del sistema de re- laciones donde esas actividades (y, por tanto, los grupos que las repre- sentan se desarrollan ene complejo general dela relaciones sociales ‘Yen verdad el obreo oe proletaro, por ejemplo, nose caracteriza es pecificamente por el trabajo manual o instrumental sino por realizar ese Itabajo en detemminadas condiciones y en determinadas relaciones s0- ciales.. Ya hemos observado que el empresari, en virtud de so fon- in, debe de tener hasta cierto pont algunas cuslidades de tipo intelec- ‘uals bien su papel socal en I sociedad no viene determinado por esas ualidades, sino por las relaciones sociales generals qu caraeterizan la posicin de! empresario en Is industria (SPN, p. 8; la cursva es mis), Por lo tanto, lo que define al intelectual noes el hecho de poses «po- deres del intelecto superioress, sino el de tener en la sociedad la res- ponsabilidad de producir conccimiento y/o de transmitir ese conoci- ‘mento a otros La funcién te Ios intelectuales es, ante todo, «directiva y orgalizativa, es decir, educativa, 0 sea, intelectual» (SPN, p. 16; ‘véase en la p. 171 el contexto de esta afirmaci6n). Los intelectuales no son meramente aquellos que piensan, sino aquellos cuyos pensa- Los intlecuales yl produce de cuts 153 mmientos se considera qu tienen un cierto peso una cietaautorided. GGrasmei recuerda que no ese hecho de pensar To que hace a un ite- Jectual todo ser sensible piense. «No hay actividad humana de a que se pueda exclur toda intervencin intelectual, no se puede separar el homo faber del homo sapiens» (SPN, p. 9) Pero si bien «todos los hombres son intelectuales» en la medida en que piensan, «no todos Jos hombres tienen en a sociedad la funcién de intelectuales» (SPN, .9). ¥ Gramsci aiade en una nota a pié de péigina: «Asi aunque €s posible que en un momento dado todo el mundo haya feo un par de Innevos o zucido un rasgén de la chaqueta, no por eso diremos que todos son cocineros o sasres» (SPN, p. 9). ‘Gramsci también amplia la definiién canénica de intelectual al incluir a todos aquellos que tienen wna responsabilidad para tans- nitirconocimicnto a otros y asegurar, aunque sea minimamente, a reproduccién de un modo determinado de ver el mundo. Como le dice a Tatiana en la carta de la que procede el epieafe de este eapf- tulo, che amplificado muchisimo la dea de lo que es un intelectual y no me limito a la nocién vigente referidas6lo« los intelectuales més preeminentes> (PLI,p. 67). En esta eategora de intelectual incluye, or ejemplo, a quienes realzan labores organizativas, como expica cen una de las Notas sobre Ja historia italiana: Por sintelectales» no deben entenderse aquellos estratos que denotan habitualmente est tEmino, sino en general todo el estat socal que realiza una funcién orgenizativaen sentido amplio, bien en la esfera de Ja produccién, bien en el émbito dela cultura o en el de Ia adminsts- cia politica. Equivale alos suboficiaes y jovenes oficiales del ejé- ito, y pacialmente también aos altos oficiales emanados de sus filas (SPN, p.97) {Lo ms relovanteaqu sl importania gue obncede Gramsci al o- aniacin, igual or ejemplo, qu en los dos aticuosctados al co- tienzo de capitulo 4. Cree que la debildad fundamental de a clt- ses subalieras ess incapacidad para orgaizase lo quebloques la posiblidad de superar su subordnacin, Sin gro aspiraadominat ¥ aconverir su concepeién del mundo en hegemnic y lego repro- Guciresahegemonts, necesita organizacion. La func de a on zacién es para Gramsci una parte integral de a prodace6n del con0- 4154. Gramsci ya ctara cimiento capaz de actuar en el mundo, mientras que el conocimiento {que no actia en el mundo es pura y estéril pedanterfa Las definiciones coavencionales del intelectual, como 1a del ‘OED citada, presuponen que hablamos de individuos. Pero Gramsci , que no produce sus propios intelectuales porque «como masa son incapaces de dar luna expresiGn centralizada a sus aspiraciones y necesidades». La rei- terada afirmacién de Gramsci de que los campesinos no producen sus propios intelecwales —postura que lea valido numerosas erticas— 8 un punto que analizaré con més detenimiento en la préxima seo- cign. El segundo nivel lo forman «los intelectuales de la pequeia y medias burguesfa rural, y el tercer nivel «los grandes terratenientes y grandes intelectuales». Los intelectuales hablan en nombre de los ‘grupos fundamentales de la sociedad; en iltima instancia, crean sus refinadas y articuladas interpretaciones de la realidad a partir de los fragmentos de barro de la vida diaria de esos grupos. Un aspecto del estrecho vinculo entre las realidades econémicas y lo intelectuales es Ia asociaciGn que existe entre Ia emergencia de nuevas clases y Ia cemergencia de nuevos tipos de intelectuales. Por ejemplo, la emer- gencia del capitalismo industrial es indisociable, tal eomo explica en la Nota anies citada, de cum nuevo tipo de intelectual: el organizador ‘éenico, el experto en ciencia aplicada». Elpostulado basico de Gramsci de que, en tlkima instancia, son las clases las que crean los intelectuales est implicito en la diferen- ciacién esencial que establece entre intelectuales orgénicos e intelec- ‘wales tradicionales. En la préxima seccidn se examinan estas dos ca- tegorfas gramscianas bésicas y su engarce con su teoria general dela cultura y de su produccién, Sing sete eee eee reece ee ce Carey Intelectuales orgénicos e intelectuales tradicionales Gramsci abre su Nota «La formacién de los intelectuales» con una pregunta: «;Son los intelectuales tun grupo social autSnomo ¢ inde- ppendiente, o por el contrario cada grupo social tiene su propia cate- orfa especializada de intelectuales». Para contestar a esta pregunta, ‘que «es compleja, dada la variedad de formas que ha adoptado hasta hoy el proceso histérico real de formacién de las distintas categories de intelectuales» (SPN, p. 5), Gramsci empieza por diferenciar lo que 61 considera las dos grandes categoria, los intelectuales orgénicos y los tradicionales. Gramsci utiliza en general el término «orgénico» para deseribir cualquier relacién que él cotsidera fundamental y es- tructural, no meramente fortuits 0 secundaria (véase el capitulo 2; las pp. 38-39 son importantes aqui). Para Gramsci, los intelectuales orgéicos son aquelios que tie: nen ligémenes fundamentales y estructurales con una determinada clase, Cuando una clase se hace sutoconsciente, cuando pasa de ser ‘mera clase en sf para convertirse en una clase para si, da a luz a sus ‘propios intelectuales. En el easo de Ja categoria de los intelectuales orgénices: ‘Se puede observar que los intlectules sorgénicos» que cada nueva clase ees junto allay forma durante su desaroo son en general «es pecializacionese de aspectosparciales de Ia primiiva actividad del aue~ ‘Yo tipo socal nacido de Ia aseva elase (SPN, p. 6). ‘Ahora bien, esta relacién orgénica entre las clases como entidades ‘econdmicas y sus intelectuaes es una relacién mediatizada La relacén entre los inteletuales y el mundo de Ia produccién no es inmediata, como ocurre con los grupos sociales fundamentales, sino (que esté «mediatizada>, en diversos grados, por todo eltejido social y l complejo de las superestrucrras, del que los intelectules son preci- Ssamenteefuncionarios», Se podria medir la xorganicidads de los di- ‘vers0s estatos intelectaalesy su conexiéa mis 0 menos estrech con ‘nn grupo social fundamental, fjando una gradacin de las funciones y ‘de las superestructaras de abajo ariba (desde la base estructural hacia suriba) (SPN, p. 12), Los intlcrses ya prodociéa de calwra 159 sta nace del prestigo(y, por lo tanto, de Ie confian2s) de que gozaelgru- po dominante gracias asa posiciGn y a su funcién en el mando de le produccisa:*| 2. el aparatocoeritivo del Estado que asegura «legalmente> Ia disci plina de los grupos que no «consientem ni activa ni pasvamente, pero ‘qu estéconsttido para toda la sociedad en previsién de los momen- tos de criss de autoridad y de diceccién cuando nose da el cosenti- ‘miento espontineo (SPN, p. 12) Es importante subrayar que la «organicidad» de los inteleetuales de- pende del alcance de su implicacién en el proceso de creacién de he- gemonfa (entendida en su sentido amplio de fuerza y consentimiento;, ‘véase, por ejemplo, SPN, p. 80) por parte de una determinada clase, No existe un nexo necesario entre estoy el origen de clase de los in- telectuales, Su vasta percepcién de la funcién de los intelectual tiene im- portantes consecuencias para la definicién gramsciana de intelectual, La «calidad superior», original y creativa del pensamiento comtin- mente asociado a Ia idea del intelectual es tan importante como Ia ‘wansmisiGn y reproduccién de concepciones coneretas del mundo, Conviene subrayar aquf que lo que a Gramsci le interesa en dltima {nstancia son los sistemas de poder y su reproduccién o transforma cig; y To que los cohesiona y los hace funcionar son determinadas 2. sta definicn de hegemoni suns de las me cites, 160. Geamse ya clara concepeiones de la realidad. Por ejemplo, la afirmacién de que los ‘mecanismos del libre mercado constituyen la manera mejor ¥ més préctica de produeit y distribuir bienes y servicios es una presuncién Ge Ia que —aparte de que sea cierta o no— dependen las modemnas sociedades capitalistas. Gramsci reconoce que su definicién de inte- leetual supone alejazse del uso establecido, Tras deseribir las dos fun- ciones que cumplen los intelectuales, dice: [Este planteamiento del problema da como resultado una considerable textensin del concepto de intelectual, pero esa sinica manera de lograt tuna aproximecién conereta a la realidad, Este modo de plantear la ccuestion también choca con las preconcepciones de casa: sin duda Ja funein de organiar Ia hegemonie social yel dominio estatal prop cia une particular division dl abajo y, por consiguinte toda una je argue de ualificaciones, en algunas e las cales yano hay ninguna atribucién drectva a organizativa Por ejemplo, en el aparato de receisn socal y estatl hay toda una serie de empleos de carécterma- ‘ual e instrumental (rabajo no ecutive, ms de agentes que deoficia- Tes o fancionarios, ete) es evident que hay que hacer esta distneiGn, como también es evidente que habré que hacer otras distinciones. En efecto, la actividad intelectual debe distinguirse por sos caracterstieas Inrinsecas en el nivel ms alto estarian los eeadores de las diversas, ciencias, de la filosofia, cl arte, et; en el nivel inferior, los ms mo- {estos sadministradoress y divulgadores dela preexstene iguezain- telectual tradicional acumalada (SPN, pp. 12-13) ‘Y en la misma Nota Gramsci habla del papel de los intelectuales or- ‘xénicos burgueses en el mantenimiento de la dominacién politics: En el mando modem la categoria de Tos intelectuales, at entendise, hha conocido una expansin sin precedentes. El sistema social demo- ‘rétco-burocritico ha dado origen a una gran masa de fanciones, no todas jusiieadas por las necesidades sociales de la produccién, aun- {qu sf por las necesidades potas del grupo fundamental dominance (SPN, p19). ‘Segiin Gramsci, un ejemplo concreto de intelectuales orgsnicos de la clase dirigente on la historia italiana fueron los moderados, un parti- do politico surgido del catolicismo liberal de principios del siglo xix ‘que tras la unificacién de Talia se convirti6 en un partido derechista Los otelotales yin produceign decals 161 Gramsci indaga en el proceso que lew al partido inoderado a hacer se con las rendas del gobiemo tra Ia ereaci6n del Estado italiano, ‘cuando el motor real de Ia unificaciGn italiana habia sid el mas iz- ‘quierdista Partido de la Acci6n. Los moderados logreron imponerse ‘gracias a su fuerte presencia en la sociedad civil italiana, Ea otras pa- Tubras as fuerzas de la sociedad que representabanhabtan logrado ‘rear un poderoto geupo de intelectuales, lo que signifcaba que los moderados estaban en situacién no s6lo de gobernar sin de liderar. Sobce las moderados, Gramsci dice: ‘Los moderados eran intelectuales ya naturalmente «condensados» por Ts organicidad de sus relaciones com las clases de las que eran expr sin. (En toda una serie de ello se realizaba la identiad de represea- taco y representante de expresado y expresivo, os, los intelectales ‘moderados eran una vanguard real, orgénice de las clases alta por ‘gue ellos mismos perteneefan econémicamente a ls clases alas: eran intelectuales y organizadores politicos, yal mismo tiempo dirigentes que emerge als historia desde a es- ‘ractura econsmica precedente como expresin el desarrollo de esa ‘estructura, bs encontrado (al menos en toda la historia asta hoy) cate- gorias de intlectuales ys existentes y que parecfan representar una ‘continuidad hstérica no intereumpida por los cambios ms complejos {radicals de las formas politica y sociales (SPN, pp. 67. {Pore uch de grpos» Grams entiende la uca de clases, Este 2 to de 8 ‘peo femme prs no lvantarvrpechs ee los ceasores dela risa 162 ramsey cts Luogo Gramsci da ejemplos de este tipo de intelectuales tradiciona. Jes, En Italia un grupo sumamente importante de intelectuales han sido los eclesidstcos, «que durante siglos han monopolizedo algunos servicios importantes: la ideologia religiosa, es decir, la filosofia y Jn ciencia de su tiempo, con las escuelas, la educacién, la morale, fa Justicia, a caridad, las buenas obras, ete.» Los eclesidsticos también fueron en su época intelectuales orgénicos, ¥y no como simple orador (pero superior al espirtu matemético abs- ‘uacto; de Ia t6nica-trabajo se pasa ala técnice-, que es cuando estamos ante una fase cbjetivamente regresiva oreaccionara, amngue esa reaccién (como ocure invariablemente) 10, se reconozea como tal y tate de aparecer como simbolo de una nueva cultura (SPN, pp. 264-268). Bs probable que la manifiestahostilidad de Gramsei hacia el plurals ‘mo que aqui se rfleja —aunque sustituyamos «totalitario» por «glo- bal»—hiera algunas sensibilidades contemporéneas. Pero es impor- tante recordar que para Gramsci las sociedades no son terrenos de juego neutrales donde coexisten felizmente distintas culturas aut6n0~ ‘mas: son un terreno de lucha por la primacia entre quienes defienden concepeiones del mundo radicalmente distintas. En un determinado momento, ciertos grupos son hegeménicos, aunque conviene puntos lizar que por hegeménico que parezca un determinado régimen de po- der, 1a hegemonia nunca es total; siempre es una hicha en continuo ‘proceso, aunque a niveles variables. Los grupos que ostentan el poder actéan, a menudo con extrema sutileza, para sofocar la emergencia de las concepeiones del mundo que cuestionan su propia interpretacién de la realidad. También es preciso recordar que el interés primior- dial de Gramsci es la lucha entre los grupos 0 clases sociales funda ‘mentales, En el seno de esos grupos o clases siempre bay una consi- erable heterogeneidad, que es una de las razones de que para Gramsci las culturas no sean nunca entidades homogéneas acotadas, Su interés son las grandes Ifneas que separan ciertos intereses fundamentales. Por esa razén en su préctica politica Gramsei abog6 en favor de la creacién de alianzas y compromisos rechazando todo dogmatismo seetario y miope. Pero no por ello dejé de reconocer Ios limites de esa ‘cooperacién; un intento de acercamiento a Mussolini y alos fascistas, por ejemplo, habria sido absurdo, [La parte final de «Aspectos de la cuesti6n meridional» es un ‘buen ejemplo de la préctica politica de Gramsci, desu actitud abierta y antidogmatica con quienes no siendo comunistas y ni siquiera mar- xistas, compertian determinados «principios bisicos». También su- 168 rams yin cuts siere 1a enorme importancia que é1 concedia al papel de los intelec- tales en la lucha politica. En este texto, escrito poco antes de su en- carcelamiento, entendemos las rezones de la gran importancia que ‘concedfa al tema de los intelectuaes, hasta el punto de situarlo de he- cho en el epicentro de su proyecto en los cuadernos dela cércel, como cexplica en su famosa carta a Tatiana. Pero también es una respuesta a las erticas de algunos miembros del partido comunista italiano que le acusaban a 61 y a otros de no haber denunciado al liberal Piero Go- Deiti. Gobet era el fundador del peri6dico La Rivoluzione Liberale y ‘murié en cl exilio en 1926 a rafz de las secuelas de la brutal paliza {ue le habfan propinado los ascistas. ‘No podiamos luchar contra Gobet, porgue ea el fundador yrepresen- tante de un movimiento conta el que no se debfa lucha, al menos por Je que asus grandes prncipis se refer. No comprenderlo significa no comprender Is cuest6n de losin telectles y la funcién que desempesian en a lucha de clases. Gobet, cn la préctice, epresentaba para nosotros un vinculo: 1) con aquellos ielectuales nacidos en el Ambito de las técnicascapitalistas que en 1919-1920 adoptaron una posicion de i2quierdas favorable ala dicta dura del profetariado; 2) coa una sere de iptelectules del Sur que, me- diane relaciones mas complejas,plantearon la cuesién meridional a ‘un nivel distinc del tradicional, al incorporar al proletariado del Norte {Por qué habriamos debido luchar conta el movimiento de Rivalu- ione lberale? ;Acaso porque no eran comunista puroscapaces de co- smulgar con nuestro programa y nuestras ideas dela A la Z? Eso es algo que no se les podia pei, porque habriasupuesto politica e hists- ricamente wn paradoj, Los intelectalesevolucionanlemtamente, mucho més lentamente (que cualquier otro grupo social, por su misma naturaleza ys funcin bistrica. Representan la entra traicién cultural de un pueblo, con la pretension de sinteczar toda su historia. Est es aplicable sobre todo a in- telecnal de viejo eufo lintelocmal nacido en el ito campesino. Es absurdo pensar que estos ntelecuaes, en masse, Sean capaces de romper ‘on todo el pasado y de sitmarseen su otalidad en el dmbito de una aue- ‘a ideologla, Es absurdo para la masa de intelectslesy seguramente ‘también es absurdo para muchos intelecualestomados individualmente, pesar de los honrosesesfuerzos que realizany sean realizar ‘Ahora bien, & nosotrs nos interesa la masa de los intelectuales, ‘no s6lo los individuos, Claro que es importante y til para el prolet ‘osintelectolesylaproduccién de culms 169 lado que uoo o més intelectuales,individvalmente, aopten su progra- ta y sus ides, que se confundaa con el proetariedo y sean y se sien- tan parte integrante de €. El proletarado, como clase, carece prcti- ccamente de elementos de organizacién. No cuenta con su propio testrato de intlectuales,y solamente pode crearlo my lentay labo- riosamente, tras conguistar el poder del Estado. Peto tambign es im- portane til que sede una ruptra en la masa de los intelectual, une ruptura de tipo orginico, caracterizadahistricamente, para que pueds hacer, como ina formaciéa de masss, uns tendencia de inquierda, ex cl sentido moderno de la palabra, es deci, orientada hacia el proleta- ado revolucionaro, [La alianaa entre el poletariadoy ls masas campesinas necesita de esta formacidn. Pero quien ms la necesita es la alianza entre el pro- letarado y las masas campesina del Sur, EI proleaviado destruiré el logue agrario meridional en la medida en que consiga, a través de su ‘partido, organizar a masas cada vez mayores de campesinos pobres en “formaciones auzénomas ¢independientes. Peo sumayor o menor éxi- to en esa urgentetarea también dependerd de su capacidad para rom ‘perel Bloque intelectual que es la coraza flexible pero extremadamen- le resistente del bloque agrario. Piero Gobet ay al protetariado en ‘esa tarea,y ereemos que los amigos el difunro continvaré, aun sn sa liderargo, el abajo que él emprendis. Es una tare gigantesce ydif- cil, pero presisamente por eso merecedora de toda clase de socrificios {Gncluso el secrficio de Ia vida, como en el caso de Gobet) por parte 4 aquellos intelectuales (y hay muchos, més de To que se cree) —e) [Norte y del Sur— que han comprendido que sélo dos fuerzas sociales son esenciaimentenacionales y portadoras del futuro: et protetariada {les campesinos (SPWIL, pp. 461-462; l eursiva es mi). (Como indicaa las frases que he destacado en cursiva, pare Gramsci la clase obtera ha de crear sus propios intelectuales organicos, pero es tun proceso largo y dificil que slo puede eulminar después de la con- auista del «poder del Estado». Pero al mismo tiempo s6lo un grapo ue ya haya empezado a crear sus propios intelectuales estard en si- tuacién de conquistar el poder del Estado, como en su ia hizo la bur- guesfa. De ese modo evita sorpresas desagradables en parte gracias & larelaciGn entre los emergentes intelectuales orgénicos en emibrién y los intelectuales tradicionales ya existentes, de ah Ia importancia de~ cisiva de establecer alianzas con intelectuales como Gobetti. En los ccuademos de la céreel, en «La formacién de los intelectuales», Grams 170 Gramssiy a culaag ci analiza de una forma més te6rica y menos empirical rol de os ine telectuales orgénicos de una clase emergenterespecto vis-A-vis de los intelectuales tradicionales, ‘Asi se forman histricamente determinadas categories especializadas paral ejercicio de Is funcin intelectual; se forman en cone conto, dos los grupos sociales, pero sobre todo con ls més importantes, expe, ‘imentan una claboraién mas extesay comple en relain cone gra po social dominante. Una de las earacteritcas més elevantes de todo ‘grupo que aspire Ia dominacion es su Iuehs por asimilar y conquistat ‘ideol6picamente» a os intelectuales tradicionals,ssimilaién y con. ‘quista que seré ms ripida y fic sie grupo en cust logra crear. ‘molténeamente sus propis intelectuales orgsnicas (SPN, pp. 9-10), En otra Nota en la que compara a Jos intelectualesrurales y urbanos, Gramsci describe el proceso de itegracién de intelectuales tradicio nales y orgénicos en el seno del partido politico. Para todos los grupos, el partido politico es precissmente el mecenis ‘ios que desempetiaen la sociedad civil a misma funcién que desem- pets el Estado, de forma mis extensay snttica, en la sociedad polti- ca, En otras palabras, le corresponde amalgamar los intelectuales, ‘orgénicos de un determinado grapo —el grupo dominante— con ls in telectuales tradicionales. Fl partido desempedi esa funcién en estricta ‘dependencia de su funciéa fundamental, que es la de formar sus pro- Pias partes componentes es decir, aquellos elementos de un grupo so- cial que ha nacido y se ha desarolado ea tanto que grupo eecondmi com, ¥ la de converilos en intelectuales politicos eualificados, en irgentes y organizadores de todas las actividades y fanciones inhe- rentes al deserolloorgnico de una sociedad integral, tanto civil como politica, Puede decise que, en su mbit, el partido poktico cumple su funcidn de modo més completo y orgénico que el Estado en el émbito ‘que lees propio. Un intelectual que entra formar parte del paride po- Ittico de un determinado grapo social se mezcla y confunde con ls in- telectuales orgénicos del grupo, esté intimamente ligado al grupo (SPN, pp. 15-16), ‘os intlectosles yl prodsceiga de cokra TL telectual orgénico coleetivo. En el mismo pésrafo Gramsci dice, por cjemplo: {Que todos los miembros de ua partido politico deben considerarsein- {electuales es una afimaciGn que puede prstase a la burlay ala car- ator, Peto si se reflexions sobre ello, nada hay ms exact. Eviden- Cement cae sr sinsoses de nie. Ua patio pve ner mayor ‘menor proporcidn de miembros del nivel mas alto o del més bajo, pero ese no es el problema, Lo que importa esa funcién, que es ditee- {iva yorganizativa, es decir, edvcativa, oS, intelectual (SPN, p. 16). fe una determinada ‘Silos intelectuales orgénicos son Ta encarnacién de una determin cosmovisién de clase, entonces es en el marco del partido politico donde esta concepcién del mundo se transforma en una fuerza hist6- rica. Como dice Gramsci en «La relacién entre la ciencia, la religion yee sentido comin»: i ponerse importa sisicasn ue nen o> Pree ns isp ona caoractny i- de las masss, CY no hay que olvidar que en esta {ase ical I lealtady Te discipna som las formas que tenen Is ma- sis de participar y colaborar al desarrollo del movimiento cultural como un todo.) Elprocess de desrzollo va ligado una dalétic entre los inte- leomales y as masts; el estrato intelectual se desarolla euetitativa y cvalitativamente, pero cada avance hacia wna nueva amplitud y una ‘nueva complejidad del estat intelectual va acompatiado de un movi- Imieato anslogo por parte de la massa de «gents sencillas», que se ele- ‘van a nivelessuperires de ealturay al mismo tiempo amplian su érea 4e influcacia hacia el estrato de los inteleceuales especializados,pro- ‘duciendo individuos y gropos extraordinarios de més 0 menos impor- ‘ancia (SPN, pp. 334-335). Este continuo movimiento pendular entre Ios intelectuales y las «gen- tes sencillas» es central en el tratamiento gramsciano de la emergen- cia y reproduecién, o no reproducein, de las culturas. Para comprender el papel que Gramsci otorga alos intelectuales ‘en Ia produccién de Ia cultura es dil retomar la nocidn de «voluntad ‘colectiva nacional-popular» que ya he apuntado en el capitulo 4 Crear una voluntad colectiva nacional-popular En el contexto de una Nota sobre Ia forma que deberia adoptar un movimiento revolucionario modemo Gramsci plantea la pregunta ‘«.Cusindo puede decirse que existen las condiciones para que se pue- da suscitar y desarrollar una voluntad colectiva nacional-popular’>» (SPN, p. 130), El primer elemento 2 reseiar es que para Gramsci todo movimiento susceptible de desafiar realmente a un Estado capitalista Ls inlets y la prodaccé de culurg 173 ‘moderno como Italia tiene que ser un movimiento de masas. Tiene {que haber un sentido colectivo del fin sltimo. No basta con Ta mera ‘conquista de los aparatos formales de coerci6n del Estado. Eso tal vez funcionara en Rusia en 1917 porque ali, como dice Gramsci, «el Es- tado Io era todo, a sociedad civil era incipientey gelatinosa», pero no cra una estrategia adecuada para Italia En Occidente bi una verdaderarelacign ear el Estado y Ia socie- {dad civil, y cuando el Estado tembl6 de media se hizo patente la s6- lida estructura de la sociedad civil. El Estado no era ms que un foso ‘exterior, que detrs escondia todo un poderoso sistem de fortalezas y terraplenes (SPN, p. 238). Si se aspira a una transformacién radical de Ia sociedad, hay que mi- nar esas fortalezas y casamatas. En otras palabras, un grupo emer- gente ha de alcanzar un determinado grado de hegemonta antes de ha- cerse politicamente dominante. Como dice Gramsci en una de las Notas sobre la historia italiana: ‘Ua grupo social puede, y debe, ejercer Ia wirecciéme antes de hacerse com el poder (se tata sin duda de una de las principales condiciones ra conquitaro); una vez en el poder se converte en el grupo dom ‘ante pero, ungue Io mantenga con pulso firme, tene que continuar Aiigi¢ado (SPN, pp. 57-58). Seguramente, el punto més importante es la distincién fundamental ‘que Gramsci establece entre el ejercicio del poder basado en la fuer- za, y el poder basado en la persuasisn. Lo que Gramsci entendia por dizeccin 0 liderazgo aflora en una Nota sobre los sistemas electora- les y de gobierno, donde dice: Uno de los lugares comunes més banales que se vienenrepitiendo con- tunel sistema electivo para la formaciéa de los 6rganos esatles es ‘ste: queen 61 el nimero es «ley suprema» y que las opiniones de cual- ‘quer imbécil que sepa escribir (yen algunos pases incluso un anafa- eto) tene exactamente el mismo peso ala hora de determinar el eur- so politic del Estado que aquellos que dedican al Estado y la nacién sas mejores fuerzas, ec. Pero lo cierto es que no es en absolut verdad {que el nimero lo decid todo nique el peso de a opinign de cad eloo- 14, Grams ya eultara {or sea cexactamente» el mismo. La cantidad, también en este e380 te pe un simple valor instrumental que da una medida y una relacin y ‘nada més. Pero entonces qu se mide? Se mide pecisamente la ec ia y la capacidad expansiva y persuasiva de as opiniones de unas po eas personas, las minoria activa, las élites, las vanguardias, es deci, surationalidad,historicidado funcionaidad concreta. Lo cual sigaifi- cx que no es verdad que la opinion de todos los individuos tenga espon- ‘éncamente en el cerebro de ea individvo: ham temido un centro de formacién, de iradiaciGn, de difsién y persuasion un grupo de hom ‘bres 0 incluso un individuo concreto que la ha elaborado y presenta do en la forma politica actualizade. El xecuento de 1s «votos> es Ia ‘ceremonia final de un largo proceso, en el que el mayor peso corres pponde precitamentea quienes dedican al Estado y ala natin sus me- ores fuerzas (cuando son tales). Si este hipottco grupo de caciques, no ‘obstante el imitado poder material que posee, no obtiene el consent riento de la mayori, habri que juzgarto como inepto 0 como n0re- presentativa de los intereses en la que «todo maestro es siem- pre alumno y todo alumno es maestro». De hecho, segin Gramsci Este forma derelaciGn existe en toda Ia sociedad en general y para to os los individuos respecto a otos individuos, entre capasinelectua tes y no intelecwales, entre gobernantes y gobernados, entre dltesy sus seguidores, entre dirigentesy diigidos, entre vanguardias y cuer- os del eérito, Toda elaién de ehegemonia» es necesaramente una relacion pedagdgiea y se verifca no s6lo dentro de una nacién, entre las diversas fueras que I componen, sino en todo el campo inteaa- ional y mundial, entre complejos de civilizacin nacionales y conti- rentals, Por esto puede decirse que la personalidad histrica de wn ilso- {individual viene dada tambin por la elacign activa entre él el me dio cultural que quiere modificar, medio que acta sobre el fil6sofo y Ie contre a una actividad autoeriica, opera como «maestro». Por ‘esto una de las mayores reivindicacionés de las moderas capes inte- lectuales en el émbito politico ha sido la dela llamada «libertad de 78 at yt ctr Pensamiento y de expresin del pensamiento» (prensa y asociacién), Porque sélo donde exsten estas condiciones politicas se reali la Tac de macsiro-disefpulo en ef sentifa més general que acabamos de recordar, y, de hecho, se realizaehistdricamente> un nuevo tipo de f- sof que se puede llamar afilsofo democriticon, esto eel fil6sofo ‘convencido de que su personalidad no se limita a su individualidad ft. sice, sino que es una relacin social activa de modificacidn del medio oltre... unidad de I ciencia y de la vida s precisamente una uni- dad ectva, y slo en ella puede realizaree la libertad de pensemiento: 5 una relacién maestro-alumno, entre el flésofoy el medio cultural ‘donde ha de trabajar y del que deberéextrae los problemas a planteary resolver, es decir la relacin entre filosoiae historia (SPN. pp. 350- 35h, Gramsci contrapone con frecuencia el pape de la Iglesia catdica, una de las influencias més poderosas en la vida de las clases subalternas de Italia, al papel de Ios intelectuales marxistas: ‘La posicign dela filosofie de Ia pranis es antitétice a a cetica: la f= Iosofia de la praxis no tiende a perpetuar ea las «gentesseacillase su rimitiva filosoia del sentido comin, sino que quiere conducinas a ‘una concepein superior de Ia vida Si afirma la necesidad de contacto entre Ios intelectules y las gentes sencilla ao es con el fin de restin- sir I actividad cientifica y preservar la unidad a nivel inferior de las ‘masas, sno precisamente para construir un blogve intelectual-moral {ue posibilite policamente un progreso intelectual de las masas y no slo de pequeiios grupos inteleeuales (SPN, pp. 332-333). Para Gramsci a relacin entre os intelectuslesy la masa del pueblo cra especialmente problemética en Italia porque, segtn él, os inte- Jectualesitaianos estaban muy alejados del pueblo italiano. En Talia el término cnacionaly tiene vn significado ideoligicamente ‘muy resringidoy para nada coincide con qv Ios eX : |Las fuerzas laicas han fracasado en su labor hist6rica de educe- ore foxes dl intl y dla conclencia moral da pueblo Si, Han io incapaces Ge star as csi itelectaes dl pueblo prciaente org noha aida repesatar sa cltr li fas pore no an eb claborar a ehunanamo ico cap dee fav ata as cles ma seca y menos eatveda, an neesrio. Gesde ol punto de vita sactooal, y pogue ba extad igados aun Imundo atcuado,esteco,sbemsto, demasiado individualist © de Casta (SCM, pp 208-211. Hay que destacar Ia importancia que concede Gramsci a esa incapa- cidad, 0 negativa, de los intelectuales italianos a relacionarse con la ‘masa de la poblaci6n & la hora de explicar el peculiar cardcter del Es- tado italiano, La auseneia en Italia de una «voluntad cotectiva nacio- nnal-popular» significa que el «pueblo» est efectivamente excluido de la vida de Ia «nacién». Gramsci cree que esta ausencia explica la . Sus aspiraciones eran necesariamente vagas ya que, sun aque se vieran a sf mismos desempefiando un papel decisivo en la ‘ransformacién del fermento de la €poca en un movimiento politico real, el papel que babrfan de desempetiar y el tipo de movimiento cul- tural y politico que habrfa de surgir depends del desarrollo de la lu- ‘cha entre las distintas fuerzashist6ricas. En este capitulo y en los dos anteriores he intentado trazar a ‘grandes lineas el peso y Ia importancia de la «cultura» en la obra de Gramsci. He optado deliberadamente por indagar directamente en el pensamiento de Gramsci en lugar de estructurar los capftulos en fun cign de las diferencias entre el enfoque gramsciano y el de os antro- pélogis. Pero confio en que mi sproximacién al concepto de cultura fen Gramsci haya mostrado su escasa similitud con la «cultura» tal ‘como la entiende la corriente dominante en antropologia y concreta- ‘mente hasta qué punto la noci6n gramsciana de cultura difiere de los tres postulados mencionadas en el capitulo 3, a saber, que las culturas constituyen algsin tipo de totalidades regladas, que son entidades di ferenciadas y acotadas, y que una de las oposiciones més fundamen- tales en las sociedades que suelen estudiar los antrop6logos es la que existe entre «tradiciGn» y «modernidad>. Pese alas divergencias en- tre la teorfa de la cultura de Gramsci y os enfoques de la antropologia , mientras que «la literatura... se hha problematizado por vias muy nuevas» (1977, p. 1), Es cierto que Williams cuestion6 el concepto de «literatura» y que siguié sus pro pos derroteros a través del marxismo y otras tradiciones teéricas prs. ximas, pero su objetivo fue siempre desarrollar «una teorfa de Ias es- pecificidades de 1a cultura material y de la produceién literaria en et ‘arco del materialismo hist6rico» (1977, p. 5). Con ello no quiero decir que le lectura de Williams no aporte a os antropélogos muchas percepciones ities, pero no hay que olvidar gue cuando habla de culture en Marxismo y literatura él mismo for- ma parte de un didlogo bastante distinto, con objetivos y preguntas ‘diferentes, que difieren del didlogo (0 dislogos) que los antropslogos suelen entablar. Creo que los antrop6logos no siempre han estado lo suficientemente atentos respecto al hecho de que la «cultura» que in- teresa a Williams no es la misma eee toil trae (1977, . 6). No ostartesens nis de Pr paronia, se enpetsen demos goo cl concept de hese sexe rendt a cogt» pre centre el bate on tro ala toto ol marco de a adicion marssta,eLo deiivo> ice ‘iano, eesng wl esistema consciente dees y ree, sino Mr lida Gl proces sci! vivid tal como aparece oxgnizad we saucamentecegn determinado signiicads valores doninan- fro GOT, p10). ngs deat die {Laneresonia] ev sistema vv de siiindosy valores —oone (fats comajemes qe codon viven como ps Pre aencontrmare mut, Conte, aun sent de area Tr apa dela pbc, un seni de lo absluo pores va ee dad evs mia decal a monde my itil pera rath ea snide pricicament rods ay esfers david Se : yerte, pero una cultura que tam- tap de sculansen endo fet Tiedt vons como dominacin yi suborinacin qu Wve cde dhase (1983 p10) ee ee re sre amerens scasectalat rem a ae eel en i seen Sc ee cleans Se a pence a rte i eC Le cae came en So en 194 Gramsci ye atopotots como dicen los Comaroffs (1991, p. 19), las formulaciones de Wi- Uiams pueden parecer stile. Pero entonces desgraciadamente la hege. ‘mona puede Fécilmente asimilarse a un concepto referido solamente a1 Ambito de las ideas, las creencias, los significados y los valores, pese {418 importancia que el propio Williams concedia# las cireunstancias ‘materiales en que se inscriben esas ideas y las creencias, El andlisis de Jean y John Comaroff de la hegemonta constituye ‘ua buen ejemplo de esa lectura de Gramsci que entiende la hegemo- nfa referida exchusivamente al terreno de las ideas, las creencias, los signficados y los valores. Dado que la incerpretacion que hacen los Co- ‘maroff de la hegemonta se cita con mucha frecuencia, merece la pena observarla mas de cerca, Ambos autores empiezan encomiando lo que pars ellos serfa la indeterminacion de Ia idea de hegemonfa: «El hecho mismo de que 4a idea gramsciana de hegemonia esté formulada de forma tan poco sistematizada ha sido de gran utiidad; como un término relative. ‘mente vacio, a sido capaz de prestarse & distintos fines y posiciones analiticas» (1991, p. 19). Mas adelante reproducen un pésrafo de los cuademos de la cércel donde Gramsci «ofrece lo més cercano a una Aefinicin de “hegemonia»: «Una concepciéa del mundo que se ma- nifiesta implicitamente en el arte, en el derecho, en la actividad eco- ‘némica y en todas las manifestaciones de vida individuales y eolecti- ‘yas» (SPN, p. 328); citado en Comaroff y Comaroff 1991, p. 23). Este fragmento de los cuadernos aparece en una Nota sobre la nocién de ideologfatitulada «La relaciGn entre la ciencia, le religion y el sentido comin», y me parece importante reproducir el pérrafo entero para ver 10 que dice antes y después del fragmento (aqui en cursiva) citado por los Comaroft: Pero legados a este punto [Gramsci habla del problema de sepaear la flosffa wienifica» del sentido comin se plantea el problema funds. ‘ental de toda concepcin del mundo, de toa fiosofia coavertia ex ‘movimiento cultural, ea una «religi6n», en una wfe>, es decir, que haya roducido una actividad préctca 0 una voluntad que contenge esa flo. Sofia como una «premisa> teticaimpicita. Se podria considera una ‘sdeologia», pero a condicién de dar ala palabra su més alto significa. 0 de una concepcidn del mundo que se manifesta implicitamente en clare, en el derecho, n la actividad econdmica, en todas las mani ‘festaciones de vida indviduales y colecsvas. Nos refetimos al proble- 195 Geamsci boy sma de preserva Ia unida ideol6gica de todo el bloque social que esa ‘deologia ha cimentado y unificado (SPN, p. 328) CE ae tam 7 er nt ee Se nee mauenaeten coueee i a mcr ween, Pi en ta srt nmap Se ata cee St ae er any SC eee ale logia. de Marxismo y jna pregunta interesante es por qué el Gramsci y ln ea aca se En ener catenin ee eee eee poder en continua mutacin qu incluye tanto una descripcin de la a hase Sa ee Darna a ee tarse en el marco de alguna forma de discurso. Lo que come ees Some potas segurado— suele incluir una Se eae 196 — Gramsci y I ntcopologia pretaciones de la realidad y de las crudas realidades que son algo més {gue un discurso, Por To tanto, la hegemonfa «es» algo extraotdinaria- ‘mente versétil. De modo que de Gramsci no eabe esperar ese concep. ‘o tebrico rigurosamente espectfico que parecen desear los Comaroff ‘otros muchos, sino més bien una serie de preguntas sugerentes y es- larecedoras sobre el poder en contextos empiricos coneretos,y S610 tras una lectura en profundidad de lo eseritos del propio Gramsci. La obra de Gramsci exige una lectura atenta y minuciosa; si querenios captar realmente el leitmotiv de conceptos como el de hegemoni, en ver de contentamos con buscar definiciones més manejables en «afir- maciones superficiales y en aforismos aislados», es preciso «viajar» ‘con Gramsci, seguir los giros y recovecos de sus debates con sus in- ferlocutores explicitos pero més frecuentemente implicitos. Por lo tanto, el atractivo de Marzismo y literarura se debe en parte a que ofrece una sucinta explicaci6n relativamente concisa y clara de hege- ‘monia que nos shorta el trabajo de abordar las complejidades de los cuadernos de Ia edreel, Pero la simple oferta de un Gramsci accesible no basta para ex: Plicar Ia popularidad entre los antropélogos de Marxismo y literatu- ra, ode Williams en general. Un segundo factor de su éxito es el em- Pefio de Williams, tanto en Marxismo y literatura como en el resto de su obra, de analizar la «cultura», su elaboracién en diversos émbitos de poder, y su centralidad como factor de producci6a y reproduccién {de es0s mismos émbitos de poder. Si Williams resulta atractivo para los antrop6logos, especialmente a quienes simpatigan con la interpre- tacién marxista del poder, se debe no s6lo a su énfasis en la cultura, sino a su interés por la cultura y el poder. El problema, como ya he sugerido, es que los antropélogos han dado por sentado con excesiva rapidez que cuando Williams —y por extensién Gramsci— habla de cultura est pensando en lo que los antrop6logos entienden por cultura. Dadi la centralidad del concepto de cultura en Ia antropologia—y tam= bign su incuestionabilidad— y dado el estrecho vinculo que existe en- tre el significado antropolégico y el significado literario de cultura, es {cil que los antropélogos pasen por ato las divergencias entre ambos significados. Eso explicarfa, en mi opinién, que a los antrop6logos se Jes haya escapado gran parte de lo que el Gramsci de los cuademnos de Ia cétcel tiene que oftecerles. El Gramsci incorparado a la antropolo- sfa.es extremadamente parcial, un Gramsci despojado de buena parte Gramsci boy aaa tf de su ponds prepcn de a materia poder qu afr en. Tovcundeos dea tcl El problema eon el Gram hiperdstita que demasiaos an opsiogos han enesteado de su ects Willams lene ocular aun Gram! cho més ee interesante, eo tambia fas exratoeincomodo, qo subvert mich vedas ices tbls da dcp, Cie qe ete Gri no tan fiir tee ‘fos tnuoplogs ips dev digo macho mas inersa- te) taco queel Grams erenad ymodeado, domestica si ‘care, pra uacomodoenel pargnawatoplipico. lo cb Seven pe preament a iagen exe OC fo blir que os anopdlgose han eco de Grane Bun rams Ge ls cesta no slo or su dina maera de etender I al firey su vad muy erie aca a clr suber c gene, Sino nin po su declare, que mckos qv ea fan in clda dl muro de Bern con eli del maxi yd co froninmow consdean hoy mburostnt ingenuoy pasado de tod, por ao dec carament fersvo, Cro be tatado de demas ts adit rden en quel proyecto tlc de Grail se Comarca coun la problema marks, Leyendo a Grams Sats impoxle spre sos ideas des asin in roc un CGramse peifcaow,Comprontersesramente con soba Sig fen neceeanentecomproetere serine on su mars nia segunda pte de est capil bund entosoxles fe ts scone prin ne mar i dos taopologo dure bstn explicate en rams, eo anes me Ba pneu sefeionat sobre le ntncada sti Se a acacia dl mariomo onl antsopologi, Daa la imposidd de teu agt ent stom he eat enn ao pero gan at pologo Eas Wot, Wol us mid en 198, espe un pel Fandatental en el viaje de a antopologianoneamescan hci Mary wenn nscctv analiza su tgetra tlc se {niin dt proyecto antopolgio y dl ga queen opal coal 198 ceartet yin topotot Eric Wolf y el proyecto antropol6gico ‘Marx, aunque ahora no esté de moda, ha tenido una presencia impor- ‘ante, si bien casi siempre oculta y no reconocida, en la antropologta briténica ynorteamericana durante buena parte de su historia come dis- ciplina modema. Pero slo después de los turbulentosafios sesenta sais 1 marxismo de las sombras para convertirs, al menos durante unos po~ 0s afl, en un corpus sumamente influyente entre los antropélogos nnorteamericanos y britinicos. La obra de varios antropélogos marxistas franceses, como Maurice Godelier, Claude Meillassoux y Emmaniel ‘Tesray fue especialmente devisiva para la recuperaci6n de las obras de ‘Marx como textos relevantes y tiles para Ie antropologfa contempori- nea. Fue en este contexto de un interés renovado por Marx que las cobras de Gramsci empezaron a gozar de una atencién ereciente. ‘Una de las razones para centrarme on Wolf es que se trata de al- ‘euien que en su obra tardfa rechazaba cleramente la nocién de cultu- ras acotadas, tan fundamental para la antropologia dominante, como ya he explicado en el capitulo 3. En un ensayo publicado original- ‘mente en 1984 sostenfa, por ejemplo, que las culturas 10 habia que verls como hechos dados,integrads por una especie de sencia interna, rin organizatve o plan maestro, sno come conjun- ‘os culturales,y como conjuntos de conjuntes, que xe construyen, des- tmuyen y reconstruyen contisuamente, bajo cl impacto de miltiples, rocescs que operan en grandes espacios de coneniones sociales y cul turales 2001, p. 313). Y afirmaba asimismo que los antrop6logos tienen que tener presente Iahistocia ‘Lo que la atencin aa historia hace posible es observa eéme os proce- sos se desencadenan, se entremezclan se despliegany se dluyen con el tiempo, Significa repensar las unidades de nuestas indagaciones —fa- nilias, comunidades, regiones, entidades nacionales— y verlas no como entidadesfijas, sino como entesproblemitice: que se confign- ‘ran, se reconfiguran y eambian ea el tiempo (2001, p. 390), ‘Wolf puede considerarse en muchos sentidos parte de una importante antitradiciGn basada, a veces explicitamente, pero casi siempre im- Gramsci hoy in plicitamente, en Marx, y que puso en entredicho los presupuestos ‘que, como he dicho, han estado estrechamente vinculados a los con ‘ceptos antropol6gicos de cultura, Con todo, y pese a su critica radical de los postulados de la antropologfa dominante, existen también en ‘Wolf inteesantes limites en cuanto asa proyecto antropolégico, sobre todo por Io que se refierea su teorizaci6n de la cultura y su manera de bordar la relacin entre cultura y clase. Identficar estos limites ays- da a revelar as diferencias entre la idea de cultura de Wolf y la de Gramsci, y la forma en que Ios antropélogos podrian utilizar Grams- ci para repensar determinados aspectos de su concepto de cultura, Creo conveniente empezar por situar hist6ricamente a Wolf Para ello me baso en una breve autobiografia (2001) que 61 mismo es- cribi6 al final de su vida. Nacido en Viena en 1923 de padres judtos, ‘Wolf crecié en una Europa dominada por el creciente auge del fascis- ‘mo. Ely sus padtes emigraron a Estados Unidos en 1940 tras recalar primero en Europa central y luego en la Gran Bretafa. Durante la se- srunda guerra mundial luché en el ejército estadounidense. Tras tes alios de servicio, finaliz6 su licenciatura en el Queen's College de Nueva York, donde antes de alistarse en el ejérito ya habia deseu- bierto la antropologia. Poco después se doctoré por la universidad de Columbia, que en aquella Epoca, como él mismo dice, era «el baluar- te de la antropologia boasiana>. La gran figura intelectual del depar- tamente en aguella 6poca era Ruth Benedict, discipula de Boas. Wolf incorpors a su antropologia uaa cierta sensibilidad europea y con ella ‘una consciencia de la importancia de la historia intelectual y una orientacién politica iaquierdista. Como antropélogo siempre tuvo en ccucnta el contexto macropolitico. En Columbia formé parte de un ‘grupo de estudio de licenciados en antropologia autodenominado, medio en broma, la Mundial Upheaval Society (MUS, Sociedad de Agitacidn Mundial). Todos eran veteranos, izquierdosos y todos com- ppartien un cierto malestar hacia la corriente antropol6gica de Bene ict, «cultra y personalidad», que prevalecia en el departamento de Columbia, El grupo MUS buscabe una antropologia més materialist, y 1a hallaron en Julian Steward, que se incorporé al departamento en 1947. Steward, que se autodefinfa como un ecologista cultural, fue ‘una figura decisiva en el temprano desarrotlo de Wolf como antropé- logo. La investigacién de Steward, profundamente materialista, se 200 + Gramsci yin snopotosts centraba, en palabras de Wolf, «en el estudio comparativo de las rela- ciones entre el medio y las tecnologfas que posibilitan su utiizacién hhomana> (2001, p. 4), Steward recluts a Wolf ya varios miembros de [MUS incluido Sidney Mintz, para que realizaran su trabajo de docto- rado en el marco de un amplisimo estudio multicomunitario de campo enPuerto Rico. Wolf y Mintz figuraron como coautores del volumen final The People of Puerto Rico (Steward, 1956). La investigacién di- rigida por Wolf se desarrollé en una zona de cafetales de las monta- fias centrales dominadas por unas «propiedades desintegradas y des- capitalizadas», mientras que Mintz trabajé con los jomaleros sin tierra empleados en «la plantaci6n de azticar mas tecnificada, itiga- ay racionslizadarde propiedad americana de Ia costa meridional de Puerto Rico» (2001, p. 5). Reflexionando a posteriori sobre los puntos fuertes y débiles de The People of Puerto Rico, en 1978, veintitin afios después de la pu- blicacién del libro, Wolf lamentaba no haber abordado el tema de la {nserci6n de las comunidades estudiadas,y del propio Puerto Rico, en el marco de las macroestructuras econsmicas (globales en ditims ins- fancia) que ai ellos ni Puerto Rico controlaban. Parte de la razén de aque! fallo, segdin Wolf, era que «la teoria de la dependencia estaba en- tonces en pafiales, y apenas habia calado en la antzopologia (1978, . 23). Pero la teoria de Ia dependeneia era s6lo, dice Wolf, una va- riante del debate secular sobre el imperialismo, el colonialism y el desarrollo desigual en el seno de la tradiciGn marxista. Como la antro- pologfa habia nacido en tomo al estudio de unas sociedades conside- ‘adas «primitivas», «premodemas», «precapitalistas», ete, resulta in- teresante constatar la escasez de referencias a esa literatura marxista cn Ie antropologia briténica y norteamericana antes de finales de los afios sesenta. Pero a partir de finales de os setenta, era evidente para Wolf que las distntas comunidades que él y otos diseipulos de Ste- ward estudiaban representaban no, como dirfa Steward, diferentes ssubculturas, sino «una particular combinacién de capital y trabajo en un determinado momento de la historia (1978, p. 25) Fiel a su com- promiso con el analisishistGrico, Wolf concluye su critica situando ‘The People of Puerto Rico bistéricamente ‘Quizé todo esto (1a reinterpretacién de Wolf de 1978 del material por ‘orrigueio) no habs sido posible hace veintiin aos. Estos comenta- Gramsci hoy 201 sos on posites pia aa enon a sno pak Snr deo ints company metotpicn ete ls ‘er ces ie. alr iiyconta deo ceca {or emvinos de srr shai sonore ee ane alien tomo qe tonne resins nena ein ioep 9. propio Wol justo con Mint, ¥ 0 de pono el reese brane dea eonoma plc e I snrpolgi oteaericana lado ails de oases, Sean Wl, rand de qu ese tedescarimiento vier gar nonce 0 as ni gue Yr d- ‘tenet con leone atoplfin «Tl ez fs mpi- lsum cn elton dos ssent To ost cvs pre- font bueas respuesta (1978p. 2). s importante subrayar fe nes qr anes to bia aneplogs gu oestnsran eo tage dominant yascamente istic dl estado ds cls Tov angoplogo ef echarban, xpi oimpictamen, 900 iat cles e ods ls ase ela historia dea dscpin Dos in cane ejemplos pineos en ea a aropolgianaeamercaa, ‘Aeander Lee, de Colanbia, yen a bitin, Codey Wilson, Get Ries Livingstone Isat de la Roos de ete. Logue» ul nos neresa es subrya 6 dominio, 0 acts, dos pos tan genes sea wate qu edntfcato Enteias Se Gramch can pre de ura hegemoia ene sno de editing espn deinen determina enfog detalii acura tvs nso de maser de ras tls, io dl onto! Genes ees wo ocean cnoiaento snopes aor - Después del proyecto de Puerto Rico, Wolf trabajé en México, onde signs estudado a secedd capes, soe 0 9 forms de organisation ple. nals de los seseta yaaa podido toscana seed pueatnes intents ente elas seca Smvetgenten Pesont Wars ofthe wench Contry poate 1968 Pon enoncscl enon anropoeca de Wa aera expce tment ple sconmin,basado on Marx yen a tain ma ‘ina, Enos toy seen tas el frbeliao dele seen yee escorts de are por pre de muchas dpi cai, ‘Wo enperddecntase ada vez ns pra cra eos esicos de 202 _s__ Gramsci yin anropotogis Ia dopendenciay e ios sistemas-mundo, como Gunder Frank y Ems- uel Wallerstein. Segsn Wolf, 1a gran pregunta era: de qué manera habia influido el comercio de larg distancia en I historia de los pue- ‘los Lamados «primitivos> que estadiaban los antropélogos? Este compromiso te6ricoculminé en su libro Europe and the People wit hhout History, publicado en 1982, y en el que Wolf trataba de «ident- ficar los procesos generales que operaban en el desarrollo mercantily capitalist, investigando al mismo tiempo sus efectos en las micropo- blaciones estudiadas por los emohistoriadores y los antropélogos> (1982, p. 23). Wolf fue extremadamente proifco hasta su muerte en 1999, y su dltima gran obra fue Envisioning Power: Ideologies of Do- ‘minance and Crisis. Poco antes de su muerte tering de recopilr una ampli selecci de los ensayos que habia publicado ao largo de me- dio siglo, y que se publicé péstumaments con el titulo Pathways of Power: Building an Anthropology ofthe Modern World. La obra de Wolf es exteemadamente ria. En el capitulo 3 ya me he referido ex- tensamente a Envisioning Power; pero aqui me ocupo slo de dete sinados aspectos del concepo de «cultura» del skimo Wolf, posterior a la erenovacién de la economta politica y ala superacién de ls imi- tes conceptuales y metodoldgicos entre las distintasciencias sociales» Mis reflexiones se basan en sus tes obras principales, Europe and the People without History Envisioning Power y Pathways of Power. Cultura y clase en el ltimo Wolf He dicho que Wolf insiste en subrayar la importancia de Ia historia, ‘como cuando escribe en el Prologo de Europe and the People without History: «Play que repensar el discurso de la antropologia. la luz de ‘una nueva economia politica de orientaci6n histérica» (1982, p. IX) E insiste igualmente en la necesidad de abandonar la vieja nocién de culturas acotadas y fijas: «Pero una vez identificada Ia realidad de la sociedad en miltiples y ramificadas alineaciones sociales historica- ‘mente cambiantes e imperfectamente acoladss, la idea de una cultura fija, unitaria y acotada debe dejar paso a un sentido de la fluidez y de Ja permeabilidad de los conjuntos calturales» (1982, p. 387). ¥ con- ‘ima diciendo: Coramssi hoy 203 En el urbulento mundo de la interaccin social, sabemos que los gru- pos explotan las ambigiodades de las formas heredadas para dares, nuevos valores o walencias, adapta formas que expresea mejor su tereseso crear formas completamente nuevas para responder alas nic vas circunstancias. Ademés, si consideramos esta interaccién no como ‘causal en sus propiostéminos, sino como una respuesta las grandes fuerzas econémicas y polities, Ia explicacidn de las formas eulturales deberd tener en cuenta ese macrocoatexto, ese gran smbito de fuerza. ‘cUna cultura» ee aprecia macho mejor considerindola como una serie 4e procesos que construyen, destuyen y desmantelan materials cult rales, en respuesta a determinantes identifcabes (1982, p. 387) En un ensayo ttulado «Cultura: panacea o problema», originalmente tuna poneneia presentada en 1982, Wolf presenta una formulacién muy parecida: «En consecuencia, en Iugar de unidades separadas y estéticas, claramente acotads, ahora tenemos que trabajar con dmbi- tos de relaciones donde se ensamblan y se descomponen conjuntos culturales» (2001, p. 314) Pero hay que destacar que en estas formlaciones, Wolf, a dife- rencia de Gramsci, parece aferrarse a una nocién de coherencia, como ceusndo dice que hay que sustituir la idea de cultura «fija, unitaria y acotada>, 0 «separada y estitica» por Ia nocién de «conjuntos cultu- rales fluides y permeables, o que una cultura debe entenderse «como tuna serie de procesos que construyen, reconstruyen y desmantelan materiales culturales». Y en el ensayo «Cultura: panacea 0 proble- rma», Wolf cita con aprobacién a Alfred Kroeber: «Tal vez deberia- ‘mos adoptar nuevamente Ia desconfianza [de los difusionistas) hacia lacoherencia automética u orgénica de toda cultura y ver una cultara, todas las culturas, en palabras de Kroeber, como “la articulacién de partes diferenciadas, partes que confluyen en un todo ms o menos viable"» (2001, p. 313). Todas estas formulaciones, si bien rechazan cualquier nocidn de cultura ahistérica y acotada, postulan una cierta I6gice o pauta coberente que, de alguna manera y en tltima instancia, ¢ cohesionadora: Ia cultura tiene que ver con conjuntos culturales, consiste en partes diferenciadas que se unen para formar un todo mas ‘omenos viable. En Envisioning Power, tras reclamar una redefinicién de la cultura, Wolf subrays lo que él considera valioso en el concepto antropol6gico de cultura: «Tenemos que procurar que nuestros con~ ceptos heredados sean més flexibles y operativos, pero sin olvidar el 204 Gramsci yn atopic Yalorrelacional de algunos concepios como el de cultura que, a dife- rencia del concepto anterior de “costumbre" —y pese asus limitacio- nes busca conesiones entre fendmenos» (1999, p. 67; lncutsiva es mia). sta persistene sensacin de que las culturas son de alguna for sma coherentes posiblemente puede relacionarse con el lugar que oct pa la cultura en la economia politica segtin la versién antopolégica de Wolf y esto a su vez con la vieja dicotomia marxiana entre la base yl superestactra, Uno de los aspectos més frucfeos del discuso _ramsciano sob la cultura es su modo de tascender esa dicotomia Es decir pesea que Gramsci nnca abandona c Tenguaje del ase y la superestrutia, ca prética lo raseiende. Como, or ejemplo, en ltema dela hegemonia. La dificultad de aprehender la resbaladiza nocién de hegemonia quchafrestrado a tantosestudosos puede obe- decer en parte ala negativa de Gramsci a definirla en téminos de base o de superestactra Ia hegemonfaes en Gramsci precisemente tne forms de pensar el poder que niega esta dicotomia. Fs sitomat- co que Wolf, queen las rara orasiones que cita a Gramsci lo hace on aprobacién, compara hasta certo punto esta frostrcién cuando tsribe en Envisioning Power: «Tl vez para evitc star Ia atencisn de sus careleros, Grams! munca expictab su visidn de las cone- ‘iones ent los procesos hegeménicosy el Estado» (1999, p45), Su- sero que para Wolf tambien era fundamental una dicotomiarelativa- mente andloga ade base/superestutara. En Europe and he People withou Histor, por ejemplo, refiriendose de quevo a un antrop6logo anterior, Wolf dstingue entre la esfers instrumental y la esfer dcol6- sic de acuta. El contextoconcreto es la tendencia de os antops- Jogos a dar por hecho que as culturas persistn en el tempo. Hace cas cincuenta aos Robert Lowie ditingufa entre los «sos pre- ‘cosy las sinterpeetaciones secundaria» 0 «raconslizaciones» .. Esta Aistincén ain es i. Incluso el mis simple de los grupos recolectores cuenta con un abanico impresionante de objetos,costumbres y conoci- smientos en su relacia con el mundo, asf como tna serie de instuccio- res para su uso. Ese es el nivel prctco, factual, de los feaémenos eul- turales. A otc nivel, estas formas instramentales —objetos, sciones © fdeas—aparocen como elementos en cédigosculturales, que pretenden defini Tugar en las relaciones entre los seres humanos,y las de los se- res humanos con el mundo circundente. Las instrucciones sabre el us eet yea ee EEE DS instrumental de las formas culturales estn sncroizadas con Is coma niceciones sobre lenaturaleza yla praxis dee sitwaci humana. Estees| el nivel de interpretacin, de racionalizacién ode ieologia, de os pos taladosy las perspectivas que definen una vision deteminada det hecho hhumano, Estas comunicaciones no son slo denotatvasy Ties: ame ‘nudo son tabi somites, cinstésica,afectvasy estas, [Los antropSlogos han lamado 8 esta particular eombinacign de sos pricticos y de racionalizacionesideol6gicas «cultura, tatindo 1a como si poseyera una coherencia inherente en el tiempo (1982, pp. 387-388) En un ensayo titulado . Creo gue ol Po- tie platen ou dst ex qu formas oles dela nts i itis ome len ord i. Spins revnalactss de etn “GRomene derraauntes en ima sania, De ah el eso de sea mise aco gu poor nnarse as egenont emote Sint con completes cpa de ae sae ida snadone prenatunment, Por Skim, me parse twin Wena pani a ones us IrEasfntunnale, un seo valor, vsve acer en une tame de teupresvuctrs eel goa caters abrda ome reno operes= sn yam conyers ne ope od a eiina Histor§ Ensoning Power ie pus rej ts dun vis deen el pont, cone St pens apace Come avon aeons ae Sein pn oc ln) mats gen sepa crepes ane cea Comoe ia ene Bop ote Pee io oy Maes cs ramen ncoua verbal expla, mies sanee jotonng Power aclu as es) aparece como ua ‘Rte inepentes Chae aly 20,947. Es co he ies adn de clase ent en pir plano, ene oo, cl ti yg aan anon en oo congue Wolf neg: de fora pe- re Fee Bacau elconr econnts bac de lsc con Tepeseos ses, Sein Baty ols lat de tsi siora a clara ea xvsonng Power patec waspasat Tete aertomo y lenin, dosed Mars pare seca Wee (tp. £7 Une pete de ble tettacn de Wolfs proponer ona co cls capa ei Shor esa ctr, nino el ina st SEitcomeyn cola co nae di sng Oy thu sean en ans ev oneri i Rhea Bvsontng Power ea bo que prio Welf conser Sula contnucion de Europe andthe Pople wow History 6 ease Wot, 2001, . 9 208 Grams yt anopoogia Wolf insiste en que no debe entenderse la cultura y la clase como dos totalidades separadas: Exos conceptos [clase y cultural, cuando aparecieron por primera vez on su significado actual, parecfan totalmente incompatibes, sobre ‘odo en el discurso politico. Pero no se excluyen mutuamente; discu. ‘ren juntos y se yuxtaponen de mil manera, De hecho, ambos mines son y no son deinasiado pretenciosos. Sugieren que «las clases» 0 las cultures» cepresentanttalidades, entdades homogéness, omniabarca. oras, una y ota caractrizadas por una pespectiva comin y eapaz de luna accidncolectiva (1999, p. 65). 'Y més adelante propone repensar el concepto de clase en términos ‘mis histéricos y menos estructurales, con referencia a La formacién hhistOrica de la clase obrera de E. P. Thompson y a su reconocimien- to de que las clases «se hacen», y se hacen «a partir de grupos disper- 0s de gente de tradiciones culturales distintas» (Wolf, 1999, p. 65) Pero Wolf cree que también es preciso repensar la cultura, y aqui el fantasina que quiere conjurar es el concepto de cultura de la contra- Tustracién, El uso inical del concepto al servicio de la contra-ustracindestaca- ‘be una supuesta unided interna, mareada por una contnuidad desde los inicios més remotos. Una wcultura se concebia asf como la expresin 4e a fuerza espiritual interna que animaba sun pueblo oa uaa nacién Esta forma de entenderla past ale anttopologi, junto con la expecta. iva implictao expicta de que una cultura constituia un todo, basado «en determinados fundamentos que lo difereniaba de otros, Tarsbiza se consideraba capsz de reproducirse y de regenerarse, y de enmendat ‘ualguierdesgarro en su teido a través de procesos internos. Una vez abandonamos esta visién de a cultura como una «cosas reificada y animade, también ha de cambiar el problema de emo en- tender los fendmenos eulturales.Lo que Mamamos «cultura» englobs ‘un amplisimo stock de inventarios materiales, repertorios de compor- ‘amiento y epresentaciones meatales, movidos por una maltiplicidad {e actores sociales, diversifcados segdn géneros, generacione, profe- siones y actividad rtsl (1999, pp. 65-66). Se trata de una eritca importante. Ya he hablado en el capitulo 3 de Ja emergencia de esta nocién de cultura, inspiréndome bisicamente ‘Gramsci hoy ee en Wott Peco hora quiero subpar que cuando Wola a per STvenia de vestigs de aguel lls conasrado en 1s con Sepiosanropolgics de cltura osterioresnorechaza del odo lk franc de coberenci dessa, De hecho conlue uae enalncn Envtoning Poveraconejndo no abandcnar loo Indes de conoig,advertencia que ya be menconao, pero ae tai lagen voters car: (WO, 199, Sporn crv xm). el bro acaba com as iguente ass fans ‘Las cuestiones planteadas por Ia ideologfa apenes han merecido Ia stencién de la antropologia desde el adveimiento del funcionalismo y fel estrcturalismo, pese a que tatan de la esencia misma de uns so- cedad o una cultura, Alas puertas de un auevo milenio, Is capscidad ‘humana para pensar mundos imaginarios parece estar cambiando a gran velocidad Para los antropSlogos y ottos, parece eminentemente jastficado un interés mucho mayor pore ema de la convergenciaen- tre ls ideas y el poder (1999, p. 291). ‘Lo que me parece més interesante agus es la préctica desaparici6a del cconcepto de clase en Ia ecuacién. Tomados conjuntamente, casi po= 20 rant y a enpetogta fa deciese que Europe and she People without History y Envisioning Power se conjuran para imposibilitar de hecho la visvalizacién si- ‘multénea de la clase y 1s cultura, Una atenta lectura de Gramsci tal vex nos ayuie a superar este impasse teérico, En la Introduccién he dicho que Gramsci nos aporta importantes clemientos pare repensar el complejo dmbito de la cultura, la clase y la desigualdad. Ahora, en las tltimas secciones de este capitulo, me propongo empezar a esbozar las grandes Iineas de lo que es0s ele- ‘mentos podrian suponer. Siguiendo el estilo dialégico tan caro a Gramsci (véanse las pp. 49-50), he seleecionado dos textos antropo- 1gicos, ambos basados explicitamente en Gramsci, para tratar de ‘Compararlos no con el Gramsci petrificado cercano a la antropologia, sino con el Gramsci més ertico, el de las complejas interpretaciones de Is topografia del poder que hemos examinado en la Segunde parte. [Los dos textos aludidos son una monografia de Matthew Gutmann, The Meanings of Macho, y un articulo de Roger Keesing, «Colonial ‘and Counter-Colonial Discourse in Melanesia», En las primeras tres seeciones se establece una comparacién entre el uso que hace Gut- ‘mann del concepto de clase y el de Gramsci, bastante diferente, Dos conceptos de clase Hace tiempo que los antropSlogos, los cientificos sociales y los his- toriadores debaten la utilidad o no del concepto de clase. En la actua- lided Ia clase no es precisamente un eoncepto que esté de moda. Una critica habitual es que la teorfa de la clase es un discurso demasiado ‘general que, en primer luges, mete con calzador elementos de desi- ualdad muy distintos y complejos en una serie de compartimientos ‘excesivamente simples y rfgidos y, en segundo luger, se reclama uni- versal, aunque de hecho se hay configurado a partir de las particu- lridades de 1a historia europea occidental. Fustigada severamente Por ignorar las cuestiones rlativas a la cultura, la clase como cate _gorfa se considera a menudo particularmente inadecuada a la hora de teorizar las desigualdades de género y de raza. A pesar de todo, el concepto de clase sigue teniendo sus defensores, entre Ios que me in cluyo. Creo que aun siendo cierto que hay que trar por la borda las au (Geamsci hoy viejas y toscas nociones mecénicas de clase, deshacerse sin més del concepto seria, para usar un viejo cliché, como tirar al bebé junto con el agua del bafio. Si abandonamos por completo el concepto de clase, podemos fécilmente encontrarnos a la deriva en medio de mil remolinos de la diferencia compitiendo entre ellos por lamar nues- ‘ra atencin, pero sin encontrar el modo de abordar determinadas de- sigualdades sistémicas, excesivas y muy reales, que existen en el ‘mundo contemporéneo, desigualdades flagrantes en nuestro flaman- te mundo «globalizado> que privilegian a una minorfa mientras con- ddenan a la mayoria « la miseria, A partir de finales de los afios se- tenta, los antropSlogos especializados en Ia descripcién de ese mundo y sus desigualdades empezaron a mirar cada vez mas hacia Gramsci, Gutmann es uno de ellos. The Meanings of Macho se basa en el trabajo de campo realiza- do en Santo Domingo, un barrio pobre de la ciudad de México don- {de Gutmann vivi6 durante un afo con su mujer y su hija aprincipios de los afios noventa, El proyecto de Gutmann se proponfa analizar «lo {que significa ser hombre para los hombres y las mujeres que viven en Ia colonia popular de Saato Domingo, ciudad de México» (1996, p. 11). Y lo hizo a través del estudio de la paternidad. Sobre el estudio de Gutmann merodea el espectro del machismo, lo cual no es de extra ‘iar en un libro sobre los hombres mexicanos. E] machismo es, efecti- ‘vamente, un puntal de todo el edificio de la cultura mexicana «tradi- ional» tal como la han entendido los observadores antropol6gicos y otros. The Meanings of Macho puede leerse, en parte, como un inten to de Gutmann de eludir esa excesiva y preponderante presencia, yre- contextualizar el andlisis de la masculinidad mexicana en términos distintos. En todo el libro subyace una ertica de 1a nocién misma de ‘machismo en tanto que cliché bastante trillado que nos dice muy poco sobre emo viven realmente sus vidas los hombres y las mujeres de ‘Santo Domingo. Volveré sobre la interpretaci6n de Gutmann del ma- chismo en Ja proxima secci6n. ‘Aceptando por un momento que el concepto de machismo cons- tituye uma gufa muy pobre para conocer elcardcter dela masculinidad y la paternidad mexicanas, ;hay alguno mejor? Sobre esto Gutmann se muestra menos claro. El pésrafo final de su libro, por ejemplo, em- pieza asf 212 —_________ Grant yt snropoogia En la colonia popular de Santo Domingo, en ciudad de México, el po- sible significado de macho y lo que los hombres puedan hacer en el fa- turo no es en absolut evidente. Lo que se sabe y lo que es cultural- ‘mente ms significative sctualmente es que alt is dentidadesy las, relaciones de género se caracterizan por la inconsstencia, pero tam bign por a arogenca, el idealsmo, Ia manipulacin, la diserimina- cin, el oportnismo —y siempre con generosas dosis de humor. Lo ‘que mares profundamente la identidades masculinas mexicanas no ¢s s6lo el nacionalismo, sino tambin la clase, la eticidad, la generaciin Y otros factores.. los discursossobce un cardcter uniforme de la mas- ‘linda mexicana, de un ubicuo macho mexicano, deben abendonar- (1996, p. 263), Pero sienterramos al macho mexicano y si, come Gutmann afirma conviacentemente, es necesario hacerlo, ge6mo proceder? Es impor- tante Hamar la atenci6a sobre la inconsstenciay la confusin en las formas en que los hombres mexicanos viven sus idetidades mascli- nas, y también sobre los muchos factoes que determina esta iden- tidades, pero ;acas0 no son necesarias también conceptos tedricosca- paces de identificar las preguntas més importantes y las menos? En ovras palabras, a qué bilos concretos de esa desordenads madeja de factores debemos dar prioridad? ;No necesitamos una problemética distin en la que enmarcar el significado de sex hombre en Santo Do- singo? Me parece que en The Meanings of Macko se perciben deste- ios de una problemstice alterativa, pero Gutmann no acaba de dar- Je laimportancia que merece. Es la problemtica de la clase, Cuando se ee el estudio de Gutmann, la historia que event es tna historia es- tructurada sobre todo en funciGn de la clase, aunque el peso gue Gut- ‘mann otorga a la dimensi6n de clase en esa historia eum tantotimi- do. Me parece que aqui puede se ilustativo un didlogo més explicito con Gramsci. Debido tal vera su preocupacién por la clase —aungue slo sea como un factor teGricamente equivalene a otros, como einicidad © generacién— Gutman mira hacia Gramsci para tratar de contar sa historia en términos diferentes de los del machismo, No es que Gut- mann se inspire slo en Gramsci, pero es Gramsci Ie fuente primaria 4e lo que 6l considera sus dos conceptos teércos clave: la conscien- cia contraditora y la creatividad cultural (1996, pp. 14 y 22). Con todo, el Gramsci de Gutmann es un Gramsei cuya teorizaciGn dl po- Geansciboy 213 der sido despejaade suds fundamental clas Para Gat tm, Gran slave noun eco de a lain ene o- ont eldomiano, er abuse sit tma does dowinaign rer aber, a ‘Sobre el concepto de consciencia contradictoria, Gutmann cite un penj deca elaine a lnc align yl eto co- nun donde rams de del tombre-mas cv ss pede dex ue [homie mas ee dos conse t- (Seow cocina contacto na imp en su qchaer Goelvoefeament so camara oh a tansfortai rsti Soto realy owe sopertcalneat expt vrs qua edad Set peuad'y ba iertradosetcament (SPN, p33; cdo en uma, 1956 p18) Este mismo pasaje se cite, en extensin, mas arriba (véase lap. 138). {Gutmann no cite ningsin texto concreto en relacién con el concepto d& creatividad cultural, s6lo una referencia general a los «actores eman- cipadores» de Gramsci. También menciona Marsismo y literanura de ‘Williams, concretamente sus «comentarios relativos & la préctica cu tural emergenter (1996, p. 23). Respecto @ la nocidn de conseiencia ‘contradictoria, Gutmann dice: Tal como se emplea en este libro, 1a consclencia coniradictoia es wna {ase descriptiva qu sive para orenter esto anslisis de Its concep- cones, identidadesy preticas populares en relacién con las concepcio tes, identidades y prctieas daminantes. Por ejemplo, especto# las prdcticas de los hombres mexicanos como pales, machos canocen une ‘imagen de las ciencias sociales sobre el hombre mexicano urbano po- ‘bre persnificado en el macho progenitor. Pero mientras las creencias {Tes prfeticas de muchos hombres corsientes no encajan totalmente on esta imagen monacromtica, los hombres y las mujeres communes ‘Suclen ser perfectamente conscientes de la existencia y de Ia influencia, por diferentes vis, de los estreotipos «tredcionales» dominantes so- ‘re fos hombres (1996, p. 24 In cursive es suys). Sutmann buscara a Gramsci y st Puede que una de las razones de que Gutmann bus noci6n de consciencia contradictoria es porque esa noci6n le permitis cexplicitamente rechazar toda presuncién de una cultura sistemdtica 4 rams y a atrpotogta de la masculinidad mexicana. Como he dicho en el capitulo 3 y en amis referencias a Wolf, el fantasma de la cultura como sistema sigue presente en la antropologie; el claro rechazo de Gutmann de la idea de una cultura sistemdtica coherente de la masculinidad mexicana es ‘importante y stil y volveré sobre ello en la préxima seccién, Sin em- ‘argo, esa peculiar tilizacién de Ia nocién de conseiencia contradic- toria de Gramsci altera profundamente su significado, ya que de lo que Gramsci habla en realidad es de la clase. Lo que ocurre com la interpretacion de Gutmann es que lo que en Gramsci es un concepto muy concreto de una coascienciaimplicta que cemana de Ia actividad compartida con «los camaradas en la transfor ‘macién préctica del muindo teal» se convierte en econcepciones, iden- tidades y précticas populares» muy distintas y mucho més vagas. El ‘concepto de Gramsci de consciencia contradictoria en este pérafo se refiere aun tipo particular de contradicciGn: la contradicciGn entre la visiGn del mundo de un grupo dominante (cuya dominacién se apoya en titima instancia en su posicién econsmica dominante y en la explo- ‘acién econémica de los dominados) y una visi6n implicit, atin inarti- cculada, de «emo son las cosas» segin los dominados. Esta vision del ‘mundo alternativa, impifcita, emana de las relaciones mismas que se establecen en el curso de la transformacién préctica del mundo real, ‘una transformaci6n préctica que produce las plusvalias que se apropian los grupos dominantes. Es decir, la consciencia contradictoria de Ta que habla Gramsci no se refiere simplemente a «concepciones, identidades ¥ prcticas» distints y a veces contradictorias (esto corresponderia ‘més bien a lanocién gramsciana del sentido comin como mezela inco- herente acumulada en ef transcurso del tiempo; véase la seecisn sobre . La explicaci6n que le dieron a Gutmann de por qué los hombres realizaban més tareas domésticas en casa fue, en general, que «en nu- merosas familias se ha hecho econdmicamente necesario que tanto el hombre como la mujer tengan un trabajo remunerado, y que eso ha llevado a veces a que el marido se haga cargo de algunas tareas del hogar» (1996, p. 156). Gutmann aflade que las mujeres tendian a des- tacar que un importante factor de ese cambio era su iasistencia en que sus hombres asuman esas responsabilidades, y sefiala el impacto del pensamiento feminista como un factor importante de ese cambio. Pero otro factor importante para Gutmann es la clase. Afirma, por ejemplo, que no pueden hacerse «generalizaciones acerca de las pau- fas culturales universales, modernas e incluso nacionales [mexicanas] relativas @ la ctianza de los hijos sin tener en cuenta los efectos de las divisiones y desigualdades de clase en las creencias y précticas pa- rentales» (1996, p. 83). Al mismo tiempo, para Gutmann la clase se- ria una forma especifica de desigualdad distinta de otras formas, como el género 0 la etnicidad. Lo explica asf: «Aunque hay muchas semejanzas analiticas entre las clasificaciones de género, clase y etnici- dad —por ejemplo, cada una de elas inclufa elementos de desigualdad social, privilegio y consenso organizado— todas ellas poseen tam- piéa sus propias particularidades» (1996, p. 257). Para Gutmann, la clase serfa, pues, esencialmente un factor entre ottos. Pero H0 es esa 1a concepeion que tiene Gramsci de la clase, como a estas alturas ya pabrin comprendido quienes hayan leido los tres capitulos anteriores. Entonces {qué lugar ocuparia la clase en la historia de Gutmann si nilizétamos un concepto de consciencia contradictoria més pr6ximo 31 espirita de Gramsci? ‘Al igual que Gramsci, tendsfamos que empezar por Marx y st 1oci6n de clase (véase el capitulo 4). Para Marx (cuya nocién de cla- ¢ ¢s mucho més matizada y compleja de lo que suele afirmarse), la iociGn de clase se refiere, ante todo, y a nivel muy general, al modo 2 que se organiza, en un lugar y momento determinados, la produc- én y la distribucién de Ios recursos y del producto social: y también Tas formas de desigualdad asf ereadas. Una de las principales con- (Gramsei hoy 217 tribuciones del neofeminismo es su revisién de Ia concepcién con- ‘vencional de la producci6n y de la productividad para incluir en ella ‘no s6lo las actividades realizadas en el Ambito de las relaciones mer- ‘cantiles, sino rodas aquellas actividades destinadas a satisfacer y a atender las necesidades de sus miembros. La crianza de los hijos y el ‘cuidado de los miembros de la familia puede ser un trabajo no remu- ‘nerado, pero es vital no sélo para la reproduccién diaria de los traba- Jjadores existentes, sino también para la educaciGn de las generacio- nes futuras;y, por lo tanto, habrfa que verlo como parte integrante de Ja produceién de una sociedad, Como se organiza este trabajo por lo general no remunerado y quin asume la responsabilidad de realizar- 10 es una dimensién importante de cualquier sociedad y de su estruc- tra de clase. En otras palabras a clase siempre presenta una dimen- sin de género, Esta estructura o paisaje con sus distintivosniveles de desigualdad —en un sistema capitalist, por ejemplo, la desigualdad entre quienes compran Ia fuerza de trabajo (los empresarios) y quienes la venden (los empleados)— siempre leva implicitas oposiciones y contradiceiones, como las existentes entre el capital y el trabajo. Yen “Marx esa confrontacién entre esas opasiciones y contradicciones re- cibe el nombre de lucha de clases, que es el motor basico de Is histo- ria, Pero es importante destacar que lo que aqut se describe es un mo delo de relaciones: emo viven estas relaciones los individuos reales es otra cuestién, La segunda pregunta, lade c6mo se vive la clase, ocupa un lugar central en los cuadernos de la crcl. Por ejemplo, lo que signifi ser ‘un obrero, o.un campesino, en un momento y un lugar determinados ro viene dado simplemente por el trabgjo asalariado u otra relacién ‘econémica: sucede mas bien que en el tanscurso de historias conere- tas se han desarrollado determinadas culturas subalternas. Y son e3- tas culturas subalternas, contraditorias eincoherentes, las que deter= ‘minan el significado de determinadas posiciones de clase en tanto que vivencias reales. Véase, por ejemplo, la minuciosa descripcién que have Gramsci de las realidades de clase de Ia Italia rural en su texto sobre los «morti de fame» ya mencionado (véanse las pp. 110-111). Entre las vivencias de clase estéel sesgo étnico y de género de las distints desigualdades, y también la forma de presentarse como rea- lidades nacionales concretas. Coresponde al analista social identifi- ‘car de qué manera ciertas contradicciones bésicas han levado a de- 21g _____rameciy a snnopotogie terminadas vivencias. Para Gramsci, y para Marx, la clase es Ia pro- tagonista de la historia, pero acuta a través de las identidades politi- cas y sociales generadas por historias anteriores. Siguiendo a Grams- ‘cimés de cerca que Gutmann, podriamos ver la compleja y mutante ‘mezcla de creencias y practicas asociadas al «ser hombre» que Gut- ‘mann detect6 en los afios noventa en Santo Domingo relativas a a vi- vvencia de una determinada realidad obrera y de género. La clase no s, como eree Gutmann, una dimensi6n dstiativa de la desigualdad, o un factor més entre otros muchos, como el nacionalismo, la etnicidad y la generacién, sino més bien una forma de analizar pautas sistem4- ticas de desigualdad, que se reproducen en el tiempo, ¥ que presentan ‘de mil maneras distintas un sesgo étnico y de género, etc. ‘Vistas las distntas formas que tienen Gutmann y Gramsci de entender Ia clase como concepto te6rico, ahora quiero volver ala Ii cida critica que realiza Gutmann del concepto de machismo mexicano, Me parece que en este terreno, aunque no se base explicitamente en Gramsci para abordar este aspecto de su estudio, se halla mucho més préximo a Gramsci que cuando habla de clase. El estudio de Gutmann es un buen correctivo a dos de los postulados que —como ya he ex- plicado— siguen habitando la nocin de cultura dominante en la an- tropologia: el postulado de que las culturas son entidades diferen- ciadas y acotadas, y el postulado de que las sociedades del Sur se caracterizan por una oposicién fundamental entre «tradicién> y «modemidad». Cabe entender su critica del concepto de machismo mexicano como un rechazo de Ia idea de una nica cultura de la mas- cullnidad mexicana y de la tendencia generalizada a enfocar el and- lisis de Mexico en el marco de una oposicién fundamental entre «tra- dicién» y «modernidad». The Meanings of Macho constitaye de hecho un buen ejemplo concreto de Ios problemas inherentes a una, visin de la historia basada en une oposicién entre tradicién y mo- dernidad. Tradici6n, modernidad y machismo mexicano Para Gramsci, las culturas subalteruas, por sus mismas condiciones de emergencia, estén muy lejos de ser esas entidades diferenciadas y | Gram tey ——_______________219 “seotadas que, como se ha dicho en el capitulo 3, el concepto de cul- ‘ura de la antropologta hegemnica ha tendido explicit 0 implicita mente a adoptat.El panorama que dibuja Gutmann de la mezcla frac- turada, incoherente y a veces contradictoria de ideas y pricticas que configuran ese aser hombre» en Santo Domingo se acerca més a Gramsci en su claro rechazo de Ia idea de una entidad dstintiva iden- tificable como «cultura mexicana». The Meanings of Macho demues- tra claramente que ni las explicaciones de los hombres de Santo Do- ‘mingo sobre sf mismos, ni las concepciones implicitas encamadas en 1a forma que tienen realmente de vivir sus vides, pueden explicarse en términos de una realidad puramente mexicana —como, por ejem- plo, cuando Gutmann dice que las realidades de esas vides, y la for- ‘ma que tienen quienes las viven de entender esas realdades, se deben fen parte a Jas ideas de un movimiento feminista internacional.” Algu- ‘nos antropélogos han objetado que, ain siendo innegable esa in- fluencia, existe en Ultima instancia y pese a todo alti tipo de culta~ ra mexicana aut6noma sobre la que acta esta influencia externa. Esta es, por ejemplo, a posiciéa de Ortner en su atfculo de 1984, ya cita- do enel capitulo 3, donde afimma que «una sociedad, incluso una aldea, tiene su propia estructura y su propia historia (véase la p. 69). Creo que lo més destacable aquf es que si un lugar como Santo Domingo, cl propio México, puede efectivamente tener su propia historia, re- sulta mucho més discutible afirmar que Santo Domingo 0 México pposeen su propia estructura, es decir, una estructura separada y dife- renciada de las grandes redes de relaciones econémicas, politicas y sociales de las que ambos forman pare. ‘Uno de los problemas mas serios con que Gutmann tuvo que Dregar en su anlisis de Ia vivencia de la masculinidad en Santo Do- :mingo fue cémo abordar el concepto de machismo, dado el papel cen- tral que ha desempetado en las interpretaciones antropoldgicas (y tras) de «la masculinidad» mexicana. Gutmann meaciona la siste~ mtica invocacién del machismo como explicacién de la violencia: «Ese fendmeno conocido como machismo, el ethos al que todos res- ponsdbilizan de la violencia masculina en México y otros pafses» (1996, p. 220). Gutmann cita 2 una antropéloga de México, Roma- rnacei-Ross, autora en 1973 de una monografia del México rural. Con 7.1996, pp. 96236. 220 rami apt 1 finde subrayar Ia importancia del concepto de machismo para sus tesis, Romanueci-Ross uliza como epigrafe de su iro un proverbio popular, #E! macho vive mientras el cobarde le dejen. Gutmann dice «que el hecho de consideraro un proverb le otorga una aureola de sabiduria ancestral, y emite a a idea de algo transmitido desde tiem- os inmemoriales. En el libro, Romanucci-Ross habla de «una sub- cultara machocéatsicahecha de vestigios dela versién masculina de tu horizonte cultural anterior. El hecho de gue este subgrupo y esta subculture representen un atraso en el proceso de aculturaciéa de la aldea es muy importante» (Romanucci-Ross, citada en Gutmann, 1996, p. 286). Aqulasrafces del machismo aparecen ancladas en un Mérico més antigu, eifrentado a la moderidad, que representa un atraso en el proceso de ecaltracién». Es decir el problema dela vio- Jencia mascalina en México obedecerfa aun chogue entre Ia tradici6n y la modemidad, Por un lado, tenemos al macho «tradicional», des- crito hace cuarenta aos por Oscar Lewis, el antropBlogo ms influ- yyente de México, con tes frases pronunciadas por uno de sus in- ormantes: «En una lucha nunca abandonasfa y nunca dis “bast” aunque el otro me estuviera matando, Intent ir aa muerte con una sonrisa Esto es lo que significa para nosotros “macho”, ser un hom- bre» (citado de Lewis, 1961, p. 38, en Gutmann, 1996, p. 231). Estas tres frases tuvieron un eco extaordinario, puesto que se haa utliza- do, segin Gutmann, «con sorprendent frecuencia en textos atropo- 1gicos para representarel pasado, el presente y ol futuro de ls hom. bres mexicanos» (1996, p. 231). Eco al que noha sido ajeno su més ue evidente poder poéico, Por oto lado, feat al macho tenemos el ‘mundo modemo, dande est tipo de acttudes, heredadas al parecer de un pasado premoderno,consttayen un retrocesoatévico, De este modo, la cuestin de lo que significa sex hombre en Mérico se remi- te directamente a una oposicin bisica entre tradicicn y modernidad. ‘Como Gutmann explica en un capitulo que reserva para el final de su libro, el problema es que este uso de «macho» es en realidad bastante reciente. Baséndose en un ensayo de Américo Paredes de 1967, Gutmann revela que la imagen supvestamente inmemoril del ‘macho que va ala muerte con una soatisa en lo labios es fundamen- talmente un producto de los moderaos medios de comunicacin, de la radio y del cine mexicanos de los afos weintay cuarent. Y afirma aque, en realidad, es poco probable que el «proverbio popular» de Ro- Gramsci hoy aca ‘manucei-Ross sea tan antiguo como se da aentender porque «este uso de la palabra macho es muy moderno» (1996, p. 26). Esta particular -cinvenci6n dela tradiciGn»! surgi en el contexto concreto del nacio- nalismo mexicano y su lucha por definir una identidad mexicana ‘auténoma, siempre a la sombra de su poderoso vecino del norte. Le- jos de ser un vestigio de un pasado sislado, el machismo tl como hoy ‘se entiende ha de verse como una creacién de Ia historia mexicana ‘moderna, tan deudora del Iugar de Estados Unidos en esa historia ‘como de la historia contra la que la identidad mexicana tuvo que ima- ‘ginarse a sf misma, Gutmann describe asf este contexto: La consolidacién de a nacin mexicana, ideoligica y materialmente, fe forj6 muy pronto no slo en las guerrs de I indémita fontera, no slo en las Votaciones rituales de Ia politica presidenia, sino también, {gracias ala imagen ya la invencisn de lo mexicano y de la mexicani- ‘dad en el cine nacional. (Mas tarde tanto la radio como Ia televisin de sempetrian roles estlars al dar al pueblo en toda la Repblica un sentido de sf mismo como partiipe de una historia y de un destin co- in, eso es, de uns identdad nacional). fueron los aetres varones os que mejor encarnazon el infatigable y explosivo potencial dela emergeate nacién mexicana. Y de todas ls estes de cine de esa épo- 2, hbo una que represent wel macho ene los machoso, Jorge Ne- ‘ree, que legs a personiticar a la anogente nacién mexicana, cuando cantabe Yo soy mexicano, y esta tera bravia es mi tiewa Palabra de macho, no hay terra mds linda ni mis bravia Yo soy mexicano, y estoy rpulloso, act despreciando la vida y La muerte, ‘y aungue be sido bravueén, nunca he sido un cobarde FE temperamento del macho mexican se frjé en las cantinas rurale, los vires templos dela era dorada del cine mexicano (1966, p. 228) No es descabellado imaginar al informante de Lewis, que con tanta tlocuencia describfa su sonrisa ante Ia muerte, como espectador de este tipo de peliculas en su tiempo libre, o copiando su imagen del ._ Una expresin acu por Esc Hobsbawm y Try Range ens obra lisica La Invencin de la tradicin. grt yn atrpoto macho, al menos en parte, de quienes vefan esas peliculas. Cirta- ‘mente, la imagen del macho no se creé ni surgié completamente de la ‘ada; seguramente se inspirabaen temas preexistentes que resonaban entre el pablico mexicano, pero como arquetipo nacional de la esen- cia de lo que significa ser varén mexicano es una creacién moderna producida por I histori reciente de México, no una realidad cultural preexistente que explicnexa histori Es interesante al especto recordar las especulaciones de Grams- «i sobre el campesino rebelde visionaro italiano del silo xxx, Dav de Lazzareti(véanse las pp. 141-144), que potenciabs su critica vi- sionatiavaliéadose de elementos narratives procedentes no de vicjas tradiciones campesinas; como muchos crefan, sino de una novela his- ‘rica popular Para comprender por qué Ia citica de Lazzaret adop- 16 aguella forma conereta, es importante tener en cuenta su posicién subalterna. Es poco realista pensar que un eampesino rebelde italiano 4el siglo xrxpudieraelaborar un discursoantibegeménico coherente y bien hilvanado con el que oponerse a as fuerzas hegeménicas que tenia frente a . Como dice Gramsci en una Nota citada en el eapita- 1o 5 (vase lap. 121): «La clases inerioes,hiséricamente a a de- fensva, s6lo pueden acceder a a autoconscienca através de una secie de negaciones» (SPN, p. 273). En la ttima secciéa de este capitulo quiero retomiar la cuestin de la hegemonta en el contexto de la obra del antroplogo Roger Keesing La chegemonia petrificada» y Ia hegemonia de Gramsci ‘Ya he dicho que la cultura es para Gramsci, en part, la vivencia de clase en un espacio y un tiempo determinados. Una dimensi6n crucial cde esa vivencia de clase soa las relaciones de poder conctetas. Elcon- ccepto de hegemonta nos ayuda a entender cOmo se vive el poder en un contexto dado, y emo se producen y reproducen ciertos regimenes de poder —recordemos que no hay régimen sin contestacién—en la vvida cotidiana de los individuos. El estudio de Keesing de las luchas anticoloniales en las islas Salomén constituye un buen ejemplo de ce6mo se plasma la hegemonta en Ia prctica, ‘Antes he dicho que los antropslogos, en su mayorsa, han erefdo sf cearae a |eevsvdeesednesadeeataneaetaee arses aeseeeePEE que el concepto de hegemonfa en Gramsci se referfa a la lucha por imponer una determinada descripcién del mundo. De acuerdo con cesta forma de entender la hegemonia, lo que cuenta al finales: cus les soa las concepciones, ideas y creencias sobre «cémo es el mundo» {que acaban imponiéndose? Para los Comaroff, «donde (Gramsci] més cerca est de una definicisn de ehegemonfe» es cuando habla de «una ‘concepeién del mundo que se manifiesta implictamente en el arte, en cl derecho, en Ia actividad econémica y en todas las manifestaciones 4e vida individuales y colectivas» (véase lap. 194; a cursivaes mis). Pero en esta formulacién Gramsci se refiere ala ideologia, no a la he- ‘gemonia, como ya he mencionado. Transformar asf la hegemonia en poco més que un sinénimo de ideologia equivale,sise lee « Gramsci, a despojar a la nocién de hegemonia de buena parte de su utilidad y su eficacia para abordar la cuestiGn del poder. Yo dirfs que en los cus- ddeenos de la cércel a hegemonfa es una manera de enfocar la cuesti6n del poder, que cuando aborda las realidades empiricas —cémo se vive cl poder en determinados espacios y tiempos— se niega a privilegiar as ideas o las realidades materiales, a las que considera engranadas ‘entre sf y en continua interaccién, Fs, pues, un concepto que rechaza ‘cualquier tipo de jerarquia simple entre la base y la superestructura, Yo diria que es precisamente ese rechazo lo que hace de la hegemo- ‘nfa una herramienta tan potencialmente fructifera para abordar el tema del poder. En su articulo de 1994, «Colonial and Counter-Cotonial Dis- course in Melanesia», de inspiracién bésicamente gramsciana, Kee sing nos ofrece una interesante y sélida descripeién de hegemonia ero se observa una contradiccién entre la definicién de hegemonta de Keesing, esencialmente «petrficada», y las realidades hegeméni- cas que describe en su estudio de casos, donde parece aflorar algo ‘mucho més préximo al esprit de Gramsci y a su versiGn de la hege- ‘monia, Al exponer claramente esta diferencia, para establecer un did Jogo entre la chegemonia petsficada» de las definiciones explicitas de Keesing y la concepeisn més sustancial de hegemonia implicta en el material del estudio de casos, conffo en poder demostrar la uildad de Gramsci & la hora de enalizar los complejos perfles dela cultura, laclase y Iadesigualdad. ‘Keesing es uno de los paces antroplogos de inspiracin grams- ciana que no hace referencia ni a Raymond Williams ni a Sout Hall, aa 224 Grassy a stops sien su articulo ni en su libro de 1992 (del que procede gran parte del material de su articulo posterior)’ Empieza contextualizando su ar- tieulo en términos de «dominacién ideolégica», afirmando que «el primero en exponer claramente los procesos hegeménicos de domina- cid ideolégica fue Gramsci» (1994, p. 41). ¥ luego define el articulo como una indagacién de «c6mo el discurso colonial ha impuesto es tructuras categoricas y formas concretas en el discurso contrahegem6- nico de resistencia y descolonizacica del suroeste del Pacifico» (1994, pp. 41-42), Hasta aqui el autor parece moverse en el mbito del dis- curso y de laideologia. Pero cuando Keesing pasa a abordar Ios mate- Flales de su estudio de casos, el punto de mira del andisis se desplaza ‘los procesos que indujeron la imposicién de determinadas estruc- turas categéricas, ya la convivencia obligada de Ios isleBios con ese ‘mundo colonial, donde eran claramente subalternos, forzdndoles lu char contra ese mundo colonial en los tminos impuestos por éste. Y no fue tanto una lucha entre distintas concepciones del mundo cuanto, bisicamente, entre los representantes de un Estado modemno con un ar- senal de armas de coercién modernas y unas gentes cuya fuerza coer- citiva consistiaen guerreros provistos de palo, lanzas, arcos y fle- chas» (1994, p. 47), Pero también fue una lucha entre un nuevo orden ue lleg6 enarbolando un cuerno de la abundancia poderosamente se- ductor de nuevos bienes de consumo y un mundo incapaz de competit en términos tecnolégicos. Las hachas de piedra poco podian hacer contra las espadas de acero capaces de arrasar bosques en menos dela mitad del tiempo que las hachas de piedra,y lo mismo ocurria con los palos, las Ianzasy la indumentaria locales frente a las armas de fuego y la indumentaria coloaiales. Como fuente de todos esos nuevos bie- res deseables, e] mundo colonial, con sus comerciantes y sus misio- eros, sus soldados y su policfa, rezumaba un poder que era una mez~ clade coezciGa y de seducciéa, Inicialmente, cuando los habitantes de Ia isla de Malaita entra- ron en la Grbita de un sistema capitalista mundial en expansién a fi- nnales de siglo x1x via exploradores, balleneros, comerciantes y per- 9. Yo tmbién me he inspira ene bro de Keesing de 1992, Cast and Con ‘Frontarin, para a prt gae viene cotinuacin, pero coo fa nocn de begemonta ‘hms clara on su acu osteo, meaos carga de concepts trices, me be cen {Eado mis en el cul que ee io Grams Boy 225 sonal encargado de reclutarlos como fuerza de trabajo para las plan taciones de Queensland y Fiji (Keesing, 1992, p.9), utiizaron, como cra de esperar, sus propias estructuras y conceptos categsricos para tratar de acomodar a aquellos nuevos personajes y fuer7as en su pro- pio mundo conocido. Como muchos ors en ots partes del mun- {do,® primero intentaron utilizar a aquellos recién llegados para sus propios fines locales, y cuando es0 no funcion6, tataron de resistrse por fuerza, La historia de los habitantes de Malaita con los que Kee fing trabajo, 10s kwaio, era une historia de resistencia: ataques contra barcos de reclutamento en la década de 1880, el asesinato del primer misionero blanco que se estableci6 en la zona en 1911, y la masacre ‘de un oficial de distrito particularmente impopular y de su entora0 lunos quince aflos ms tarde. Das afios después de la llegada de Kee~ sing y su proyecto de trabajo de campo en 1963, los kwaio mataron a ‘otto misionero (1994, p. 44). No parecfan gentes dispuestas a aceptar con resignacién su transformacién en stibditos coloniales. En la década de 1940, en el contexto de la segunda guerra mundial y de los disturbios que caus6 en la regién, surgié un movi- imiento explicitamente anticolonial ms organizado, el Maasina Rule, ‘Aunque aparentemente desmantelado finales de los aos cincuenta, 1 movimiento pasé a una existencia clandestina. Una de las princi- pales seivindicaciones del movimiento era el reconocimiento por el Estado colonial de la «Ley consuetudinaria de Malaita». A simple ‘vista parecia un claro ejemplo de resistencia contra el gobierno co- Tonial; un rechazo de la ley colonial y el derecho a regirse por la ley indfgena de la época precolonial. Pero en realidad, como explica Keesing, la propia nocisn de lo que en la lengua local lemaban kas tom (ecostumbre») era en s{ misma un producto del orden colonial. FE propio Keesing tardé bastante tiempo en comprendeo. Ha- biendo legado @ Malaita como flamante estudiante recién graduado para desarollar su primer trabajo de campo a principios de los afios Sesenta —an perfodo antropolégico lejano visto desde la década de 1990, Keesing enfocaba su proyecto segtn las coordenadas antropo- 1égicas convencionales, preparado para registrar la vida y Ia cultura de tos kwaio. Los propios kwaie lo vefan como alguien que , pero no siempre compreadey, sobre odo, rho siempre esiente» El eror del intelectual coasise en creer que se pede saber sin comprender y, especialmente, sin sentir ni apasionase (20 s6lo por el saber ens, sino también por el objeto de saber), es de- ‘iz, que el intelectual s6lo puede ser un intelectual (y no un mexo pe- ‘ante en lamedida cn que se ifeencia y se separa del pueblo-naci6n, es deci, sn sentir las pasiones elementales del pueblo, comprendiéndo- las, explicsnolasy jusifeéndolas en la situaica histricaconcret, y relaciondndolas diiésticamente con las leyes de la historia y com une ‘concepeién superior de! mando, cientifica y coherentementeelabora- 4s, que es el «conocimiento». No se puede hacer politica histori sin ‘sa pasidn, sin ese nexo sentimental entre los intelectualesy el pueblo- nacisn (SPN, p. 418) Mantener esta conexién es con frecuencia especialmente dificil para Jos intelectuales de las sociedades poscoloniales como la de las isas ‘Salomén, donde ser intelectual tiende a ser sinénimo de desconectar- se de las supersticiones «primitivas» del pasado y de socializarse adoptando el pensamionto «moderno», «cientifico» y todas las ideas cstablecidas del captalismo global contemporsineo. Los comentarios de Gramsci sobre los intelectuaes italianos de su época son relevan- tes al respecto: «Toda la “clase culta’ y toda su actividad intelectual, cesta separada del pueblo-nacién .. en relacién con el pueblo-nacién cl elemento intelectual autdctono es ms “extraio” que los extranje~ 10%» (SCW, p, 210). Si bien no hay que idealizar el mundo de Ios kwaio tradicionalistas, tal vez es posible discernir en él, aunque de forma embrionaria y fragmentaria, elementos de una critica ala fuer- za inexorable del capitalismo capaces de inspirar a quienes tratan de construr una autéatica contrahegemonia, una contrahegemonfa capaz de oftecer una alternativa viable, que por definicién deberia tascen- der los estrechos limites del mundo kwaio. Una interpretacién con- twahegeménica asf concebida habrfa de contener una verdad que pu (Gramsci boy —__ 231 dieran reconocer y en la que pudieran identificarse emocionalmente {quienes realmente sufren las consecuencias de esas fuerzas inexora- bles de esta particular manifestacién poscolonial, Una nota final Espero haber empezado a sugerir en este capitulo las vias de una po- sible implicaci6n de Ie antropologia no s6lo con el Gramsci parcial y mds «antropol6gico» que esté asentado en ella, sino con el personaje mucho més complejo y desconocido que brots de una lectura cont ‘nuada y seria de sus escrtos, una figura que se resiste a todo resumen, Sieste libro ha logrado su propésito, habré conseguido remitir al lee- toral propio Gramsci, y me parece apropisdo dar a Gramsci la ultima palabra. He optado por finalizar con tres extractos de una serie de car- tas que Gramsci escribié a su cuitada Tatiana desde la cércel Gramsci podia mostrarse muy cortante con Tatiana, incluso des- piadado cuando detectaba algo que a él le parecia vago o sentimental Por ejemplo, en otofio de 1931 Tatiana escribié a Gramsci para ha- blarle, entre otras cosas, de una pelfeulaalemana que habia visto ttu- Tada Dos mundos. La pelicula narraba la historia de una relacién amo- +0sa imposible entre una mujer judfe y un oficial austefaco, y esa relacién estaba condenada porque Ios amantes pertenecfan a dos ‘mundos diferentes. A Tatiana (cuya madre, la suegra de Gramsci era judfa) la idea de dos mundos incompatibles le parecfa convincente y asi se lo escribi6 a Gramsci. Pero Gramsci no estuvo en absolute de acuerdo, pues para él se trataba de la tipica manera de pensar sensi- bleta y sobre todo peligrosa. Sus cartas a Tatiana sobre el tema refle- Jan su irritaci6n, pero ademas muestran de nuevo su absoluto rechazo dde cualquier nociGn de entidades culturales fijas y acotadas capa- ‘ces de existir mas allé de un espacio y un tiempo concretos. Lo cual ‘no significa que no se pudiers hablar de grandes entidades culturales, ‘como la cultura judfao 1s cultura italiana. Sin embargo, para Grams- ci las «culturas>, que son en dltima instancia el producto de historias concretas, siempre son entidades fluidas y versitiles; y nosotros siempre debemos recordar cuando hablamos de «culturas» coneretas que su cardcter particular depende del lugar concreto y del momento 22am yn antopetonic histérico concreto que nos ocupa. ¥ es igualmente importante recor- ddar que Io que constituye una «cultura» depende de las preguntas concretas que queramos plantear. Por ejemplo, en el contexto de ese intercamibio con Tatiana, Gramsci reafirma su identidad cultural como italiano. En otros contextos habria enfatizado'la identidad cultural proletaria que compartfa con los trabajadores rusos o alemanes fren- tea la identidad cultaral burguesa de los patronos dela Fiat. Creo que ro es artiesgado decir que Gramsci no habria perdido el tiempo con el concepto de hibridez tan popular hoy en dia (véase el capitulo 3), Para Gramsci el contexto o era todo. E113 de septiembre Gramsci le eseribe a Tatiana: {sCémo es posible que creas que estos dos mundos [reflejados en Dos ‘mundos} existen realmente? Esta forma de pensar es propia de los Cien Negros, del Ku Klux Klan americano o de ls esvstcesalemanas Ja pelicula debe de ser de origen ausiaco, producto del anssemitismo ela posguerra (PLIL, p. 71). Y continda su argumentacién en su carta del 5 de octubre: Los comentarios ateauantes que haces respecto al problema de los su- ‘puesto dos mondos no mitiga el error fundamental de punto dev ‘tay no:merma en absolute el valor de mi afirmacin de que se rata de ‘una ideologi propia, si bien marginal, de fos Cien Negros, et. Sé muy bien que td no participarias en un pogrome, pero para que tenga lugar ‘un pogrom es necesario qu I deologta de os «cos mundos» impene- luables, de ezasdistints, se propaguey se popularce hasta formar esa atmdsferaimponderable que los Csea Negros explotan manipulando la ‘muerte de un nfo desangrado para acusat alos judios de haberioase- sinado en un sscrifici ritual. El etallido de la guerra ual nos ha ‘demostrado que las clases y los grupos dirgentes saben cémo explotar estas ideologies aparentementeinocuas con el fin de arrastar ala opi aida pdblica..;Qué quieres decir con «dos mundoss? Se trata de dos tierrasincapaces de un acercamiento mutuo y de comunicase? Sino te refieres a es, y si se tata de una expresia metarica y elativa, sig nifica muy poco, porque metaricamente hay miles de «mundos»,in- luido el del proverbiocampesino: Toma esposes y bueyes dom pro 12. Los Cen Negros eran bandas montis que, dara y después de a Revol in asa 1905, atacabun aos judo, aos estudiantes conoidosnguierdistas IGeaaa fg ass issae ase sess essseeaeseeaseeeeEEEUEEOG| pio pueblo». zA cunts sociedades pertenece cada individuo? {¥ no ‘hacemos cada uno de nosotros continuos esfuer20s por unificar nuestra propia concepcisn del mundo donde siguen subsstendo fragmentos Iheterogéneos de mundos culturalesfoslizados? ,Y no existe un proce- ‘0 istrico general que tende continuamente a unr a toda la humani- dad? ;Acaso nosotres dos, cuando nos escribimos, no descubrimos ‘constantemente motives de discord sn po ello dejar de entendernos sobre ciertas cuestiones? ;Y acaso no tende cada grupo, partido, secta ‘oeligién e crear su propio (no en sentido pasivo © _regatio)?(PLIL, p. 82) Y¥ por éltimo, 12 de octubre Ie dice: ‘Yo no tengo raza: mi padre es de reciente orgen albanés. mi abuela cxtuna Gonziler descendiente de uns faniliaitelo-espaiola del sur de Talia. mi madre es sards por parte de padre y matte, y Cerdeas610, se unié al Piamonte en 1847, tras haber sido feudoy patrimonio perso- ral de los principes piamonieses... No obstane, mi cultura es funda- rmentalmente italian y este es mi mundo; en ningtin momento me he sentido desparrado enire dos mundos.. (PLU, p. 87). Bibliografia Obras de Gramsci (1971), Selections From she Prison Notebooks, editado por Quintin Hoare y Geoffrey Nowell Smith, Lawrence & Wishart, Londres. (1977, Antonio Gramscl: Selections From Political Writings 1910-1920, caditad por Quintin Hoare, Lawrence & Wishart, Londres. (1978), Antonio Gramsci: Selections From Political Writings 1921-1926, editado por Quintin Hoare, Lawrence & Wishart, Londres. (1985), Antonio Gramsct: Selections From Culrural Writings, editado por David Forgacs Geoffey Novell Smith, Lawrence & Wishart, Londres. (1992), Antonio Gramsci: Prison Notebooks (ol. editado por Joseph But tigiog, Columbia University Press, Nueva York (1994), Letters from Prison (2 Vols) editado por Frank Rosengarten y trad ‘ido por Ray Roseathal, Columbia University Press, Nueva York. (1995), Antonio Gramsct: Further Selections From the Prison Notebooks, ed tado por Derek Boothman, University of Minnesota Press, Minneapolis. (1996), Antonio Gramsci: Prison Notebooks (vol. I), edtado por Josep ‘Bustigieg, Columbia University Press, Nueva York, Otras referencias ‘Anderson, P. (1976-1977),