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Una fábula

El secreto

de los zapatos viejos 4 fórmulas para obtener excelentes resultados trabajando bien con los demás
de los
zapatos viejos
4 fórmulas para obtener
excelentes resultados
trabajando bien con los demás
Dick Lyles
de los zapatos viejos 4 fórmulas para obtener excelentes resultados trabajando bien con los demás Dick
Albert estaba lívido. Absolutamente lívido. –¿Cómo se atreven? –se preguntó–. ¿Cómo se atreven a pedirme
Albert estaba lívido. Absolutamente
lívido.
–¿Cómo se atreven? –se preguntó–. ¿Cómo
se atreven a pedirme a mí, cómo pueden pedirle
a cualquiera con algo de inteligencia que acepte
que lo traten de esta manera?
El joven no cabía en sí de la furia cuando se
sentó pesadamente frente al computador.Si el ratón
hubiera sido un animalito de carne y hueso, habría
terminado aplastado por la brusquedad con que
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su dueño lo zarandeó para hacer desaparecer el protector de pantalla y poder ver el
su dueño lo zarandeó para hacer desaparecer el
protector de pantalla y poder ver el menú en el
monitor.
Albert colocó rápidamente el cursor sobre el
icono del explorador de Internet e hizo doble clic.
Impaciente, golpeteó el suelo con el pie derecho
y casi fulmina con la mirada la pared de su cubículo,
echando chispas mientras aguardaba a que el com-
putador mostrara su página principal.
Su ira pronto cedió el paso a un profundo
sentimiento de temor y ansiedad,mientras reflexio-
naba sobre lo que acababa de suceder. El estómago
se le hizo un nudo cuando se dio cuenta de que
su segunda experiencia de trabajo en equipo se
había convertido en algo peor que la primera.
El primer “Equipo Tigre” al cual lo habían
asignado ya había sido bastante malo. Pero por
fortuna –tanto para Alberto como para los demás
miembros– su misión había sido corta. Cuando se
incorporó al grupo, ya la mayor parte del trabajo
se había completado. Su contribución no influyó
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de modo crucial en el resultado, pero sí había sido importante para el éxito global
de modo crucial en el resultado, pero sí había sido
importante para el éxito global del proyecto. La
parte positiva era que, si bien el aporte de Albert
representaba un desafío, no requería mucha cola-
boración con los demás miembros del equipo.
Desde el comienzo, Albert presintió cierta
animadversión entre los demás integrantes del
Equipo Tigre. Parecían sentirse a gusto entre ellos,
pero con él nunca se mostraron muy simpáticos.
Pero lo peor fue que, en su opinión, no le res-
petaron su intelecto ni sus ideas. En lo más íntimo
de su ser sabía que él era más listo que los demás,
salvo una sola persona,e incluso en ese caso se sentía
a su altura.Pero sobre todo,los miembros del equipo
habían adoptado una actitud rayana en la arrogancia
con respecto al trabajo que ya habían realizado,
aunque Albert estaba seguro de que él lo habría
hecho mucho mejor.
Sin embargo, pese a la tirantez y las tensiones
subyacentes, el equipo y Albert concluyeron el
proyecto antes de que se hirieran irreparablemente
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las susceptibilidades. El joven reanudó su propio trabajo, aliviado de que el proyecto hubiera ter-
las susceptibilidades. El joven reanudó su propio
trabajo, aliviado de que el proyecto hubiera ter-
minado. Prefería mil veces trabajar solo, sin tener
que preocuparse por todos los líos, las frustraciones
y las demoras infinitas de tratar con gente más
interesada en lo que los demás hacían que en realizar
el trabajo.
Luego vino este segundo Equipo Tigre.
El término mismo le molestaba.¿Qué diantres
significaba EquipoTigre? Sospechaba que se trataba
de algún tipo de manipulación para hacer que la
gente se creyera especial si hacía algo en colabo-
ración con otros.
Albert, en todo caso, no se sentía especial. De
hecho, el trabajar en grupo más bien le producía
dolor de cabeza.
¿Por qué no pueden simplemente decirle a la gente
qué se necesita, dividir el trabajo y dejar que lo hagan?
No, eso sería demasiado fácil, reflexionó.
Albert se sintió frustrado con este segundo
equipo casi desde el comienzo. A su juicio, la
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orientación estaba equivocada.Pensaba que estaban tratando de satisfacer a demasiadas personas con el diseño, y
orientación estaba equivocada.Pensaba que estaban
tratando de satisfacer a demasiadas personas con
el diseño, y eso complicaba el producto final.
Cuando le indicaron que ése era el enfoque
que debían adoptar porque así lo estipulaba espe-
cíficamente la misión del equipo,optó por no decir
nada más. Háganlo como quieran, pensó con petu-
lancia. Ya verán.
El
siguiente momento incómodo se produjo
durante la segunda reunión del equipo, cuando le
dijo al director que su nombre era “Albert
no
Al. Dos sílabas, no una”. Por un instante se sintió
un poco culpable de que el director se hubiera
sentido avergonzado cuando lo rectificó frente a
los demás.Pero sólo un poquito culpable.Le pareció
insultante que el tipo ni siquiera se refiriera a él
por su nombre completo.
Y
ahora esto.
Se había acordado de que cada uno de los
miembros del equipo debía realizar una tarea durante
el lapso de tres semanas comprendido entre la
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segunda y la tercera sesiones. Luego, cuando se reunieran, juntarían todas las piezas para sentar
segunda y la tercera sesiones. Luego, cuando se
reunieran, juntarían todas las piezas para sentar las
bases del resto del proyecto.
Después de comenzar el trabajo que le asig-
naron según los criterios acordados por el grupo,
a Albert se le ocurrió una mejor idea. Reorientó
sus esfuerzos y le dedicó toda su energía al desarrollo
de un nuevo plan.Durante las siguientes dos semanas
trabajó día y noche, incluso los fines de semana.
Salvo por un par de horas que dedicó el sábado
y el domingo a jugar con su mascota, un pastor
australiano llamado Digger, trabajó sin parar.
Ansiaba demostrarles a los demás que su plan era
mucho mejor que el de ellos.
Preparó una presentación que pensaba expo-
ner ante el grupo al comienzo de la tercera reunión.
Incluso la tituló “Una mejor manera”, para ir
directo al grano y para que sus compañeros no
perdieran más tiempo siguiendo la mediocre orien-
tación original que, a juicio de Albert, estaba
completamente equivocada. Incluso ensayó varias
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veces su presentación en voz alta frente a Digger, quien manifestó su aprobación con varios
veces su presentación en voz alta frente a Digger,
quien manifestó su aprobación con varios ladridos
entusiastas.
Albert pasó la noche en blanco perfeccionan-
do su discurso y al día siguiente llegó temprano
a la oficina, impaciente por presentar sus ideas a
los demás miembros del equipo.
Y
entonces vino la reunión.
Tras intercambiar unas cuantas frases triviales
con los otros, Richard, el director del proyecto,
presentó el temario. Albert lo interrumpió para
preguntarle si le podía conceder unos minutos para
hablarle al grupo antes de proceder con el orden
del día.Le aseguró que todos quedarían gratamente
sorprendidos y que considerarían bien empleado
el tiempo.
El
grupo accedió.
Albert comenzó a esbozar sus ideas y el plan
en el que había trabajado las últimas dos semanas.
La
presentación no cayó nada bien, por decir
lo menos.
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Apenas comenzó a explicar la superioridad de su idea en comparación con la que había
Apenas comenzó a explicar la superioridad
de su idea en comparación con la que había
concebido el grupo, los miembros del equipo
empezaron a crisparse.Varios se cruzaron de brazos.
Los rostros adquirieron expresiones serias; en al-
gunos incluso percibió cierto reproche.La reacción
general fue negativa,de eso no cabía la menor duda.
Cuando sus colegas quisieron saber las razones
de algunas de las sugerencias de Albert, éste se puso
a la defensiva y se empeñó aun más en convencer
al grupo de que su plan era mejor. Levantó la voz,
impaciente por persuadir a los demás,pero mientras
más alto hablaba, más protestaban los otros. La
reunión pronto se convirtió en una clásica lucha
de poder.
Albert perdió. ¡Y de qué manera!
No sólo perdió al exponer sus argumentacio-
nes, sino que perdió la calma.
Salió del salón dando un resoplido –un re-
soplido altivo e iracundo– que dejó una estela de
emociones perturbadas y un conflicto no resuelto.
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Total, aquí estaba. Navegando mecáni- camente en el ciberespacio, meditando sobre su situación y preguntándose
Total, aquí estaba. Navegando mecáni-
camente en el ciberespacio, meditando sobre su
situación y preguntándose el porqué era tan difícil
llevarse bien con algunas personas.
Albert añoraba su época de estudiante. Se
había graduado cum laude de la Universidad de
Northeastern Michigan (UNM), en ingeniería
informática.Terminó sus estudios en sólo tres años,
en vez de los cuatro o cinco usuales. Habría pro-
nunciado el discurso de despedida en la ceremonia
de graduación, de no haber sido por sus califica-
ciones deficientes en humanidades. En los cursos
que realmente le gustaban –los que tenían que ver
con computadores, matemáticas y ciencias– le iba
de maravilla. Estudiaba con fervor, asistía puntual-
mente a las clases,prestaba atención a sus profesores
y archivaba todo lo que aprendía en su cerebro
computarizado. Era capaz de memorizar fórmulas,
ecuaciones y programas, y siempre acertaba en las
respuestas. Cumplía con sus responsabilidades,
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estudiaba a conciencia y su éxito académico de- pendía exclusivamente de él. Cuando se graduó,
estudiaba a conciencia y su éxito académico de-
pendía exclusivamente de él.
Cuando se graduó, le llovieron ofertas de
trabajo y muy pronto ingresó a United Global
Advance Technologies, UGAT, una firma de alta
tecnología con sede en Chicago y sucursales en
varios países.Rápidamente se acomodó a su empleo
y
se le consideró la estrella en ascenso más pro-
metedora de la compañía.
A los diez meses de haber entrado a la empresa,
lo
asignaron a su primer EquipoTigre. Este equipo
tenía como misión ayudar a concluir el proyecto
principal de la compañía.
Albert pensó que su contribución no había
sido muy destacada debido a su tardía incorpora-
ción al proyecto, pero como formaba parte del
grupo cuando se concluyó la tarea, también a él
le reconoció el éxito.De hecho,incluso le dieron
crédito por haberse integrado tan rápidamente y
por ayudar en el último minuto.
Por esta razón, Megan Godwine, la directora
se
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del departamento de Albert, lo asignó al equipo actual desde el comienzo. Era una magnífica
del departamento de Albert, lo asignó al equipo
actual desde el comienzo. Era una magnífica opor-
tunidad,que por lo general se habría reservado para
una persona con mayor experiencia y antigüedad
en la compañía. Pero Albert había adquirido pres-
tigio por su trabajo en el primer equipo, y Megan
consideró que este segundo equipo sería una gran
oportunidad en su carrera. Megan parecía desear
genuinamente que Albert triunfara. Fue ella quien
lo detectó en la universidad y lo convenció de
trabajar con UGAT. También Megan había estu-
diado en la UNM y, de hecho, había sabido de
Albert por antiguos profesores suyos. Como direc-
tora de departamento, siempre andaba a la caza de
grandes talentos y los profesores lo sabían. Por esto
le recomendaron vivamente a Albert, y Megan
reconoció de inmediato su potencial. Ahora le
había ofrecido lo que consideraba la oportunidad
de su vida, y él quería renunciar a ella.
¿Qué le digo cuando me reúna con ella?, se pre-
guntó Albert. Tenía una cita con su supervisora a
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las ocho de la mañana del día siguiente,para conversar sobre el proyecto y contarle cómo
las ocho de la mañana del día siguiente,para conversar
sobre el proyecto y contarle cómo marchaban las
cosas.
Había aguardado con ilusión esta reunión,
pues pensaba que iba a poder contarle cómo había
cambiado la orientación del proyecto,mejorándolo
notoriamente.Pero ahora sólo pensaba en cuál sería
la mejor manera de decirle que quería que le
asignaran un proyecto diferente.
No podía trabajar con esas personas.No ahora.
No después de que lo humillaron de esa manera,
rechazando sus ideas sin siquiera considerarlas. ¿Por
qué no podían dejar de lado sus egos y escuchar aunque
fuera un poquito? ¡Casi todos habían dejado de prestarle
atención al cabo de los primeros tres minutos! Megan
no podía esperar que él aceptara semejante comportamien-
to. Era una señal de irrespeto y un indicio de que no
querían trabajar con él.
Quizás es porque todavía soy nuevo aquí, pensó.
Pero no está bien que me traten así, aunque sea de los
nuevos. Además, ¿acaso no entienden? Lo que importa
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son las ideas, no yo. Apuesto a que si a alguno de ellos se le
son las ideas, no yo. Apuesto a que si a alguno de ellos
se le hubiera ocurrido esa misma idea, les parecería
excelente. Lo que pasa es que les intimida que alguien
de mi edad los supere. Están tratando de darme una
lección, de hacerme pagar.
Pues bien, que se queden con sus lecciones, pensó.
Mañana, cuando me reúna con Megan, tal vez lo mejor
sea decirle que los mande a freír espárragos, y que yo
me retiro del tal Equipo Tigre.
De una cosa sí estaba seguro, y era que no
iba a permitir que Megan pensara que él tenía algo
de culpa en todo esto. Aunque sospechaba que el
nudo que se le había formado en el estómago se
debía en parte a que en su fuero interno sabía que
de alguna manera él había provocado las reacciones
del equipo, no estaba dispuesto a admitirle eso a
Megan.
No, pensó. De la manera más amable y respetuosa
posible, le pediré que me retire del equipo.Tal vez haya
otro equipo con otras personas y más bien me asigne a
ése. Pero lo que en realidad me gustaría es trabajar solo.
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